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                    <text>~·

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TOIIO I.

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MEXICO, M.A. VO z3 DE I897.

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V.OP

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Antes de Acostarse
t{tmcnse las POlloríl.'i. del Dr. Ayer
" s&lt;" tlormir:i nwjor. para despnta.rsr

;nc'.jc,r dispuestos á c•mprender las
faena~ del dta.

Las Píldoras Catárticas
del Dr. Ayer
no

tie1H'll

igual

como

~~\\08/t

remedio

·1•rnul.1 hh• ,. c,fit'az para &lt;·l estreü1~:;iP11tr1. 111:1osilb!, j:1queca y todos
111,:; 1h·~:irn·~los tkl hí~,1do. Esl,í.11
• z11r-ar:1tl:u•, y ¡m•panulas ('Oll tanta
111•r\1'(·&lt;·1ún 1¡11c &lt;'Hr:111 sin ir arompaibd;•s 11:• las nio\(•slias •lt&gt; olrns
¡,lidqra!'i tlt•l 11wn·adn. Pítlan:•;t• al
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u. CABELLO.

Jlll'llJJ:: LA l'M )LHUIA t:.UIU IIU, l'tU,,

1.nr.~ us t:~;\.\~ Y l.lUl'IA LA CAilEU.
PREfERllll.E A TOIH 1'111.l'Al~.\1.IO;\ !JE Qlll:,i_\
DE llrNTA U TOOlS LAS OROGllEt.111S Y P!:RFUIIIERliS

&amp;1 notno oficia l.
l!'Áll:!tIOA ESPECI.AL do AFZIT:.S do TOCADOR pa.r~ PASEO y 'I'EA'I'l!O
CREMA CAMELIA, CREMA EMPERATRtl.
POLVOS para eu.-pol1·nr 101 enbelloe. Blondo, bl.nnco.
ROJ~ y BLAftCO en eh.1peta1.
oro, plnui y diamanle.
ROJO VEGETAL en polTO.
BU#CO de PERLA en po!To, blnnto, r6'eo, Rache\.
LÁPICES eapeclnliu para ennegrecer peata!l:u y ce}Q1. POMADA ROJA para IO! \nbloe, en botes 1 en rolloe.
los P•nductns de CH . FAY se ,ncuentran en el Mundo ent1ro, en casa de 101 Prlncloales Perfumls1as J Droguts111

RESERYADO

{l&gt;lbujo de Jo..,é

» ..

Vlllaeana..J

•

NUBEil.0 :n.

�EL MUNDO

340

" E L MUNDO"

Semanario Ilustrado.
Teléfono 434,-Calle de Tiburcio nllm. 20.-Apartado 87 b.

MBxrco
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B.é:GIBTBADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNUA CLASE.

tllotos tilitorittlc,.
f,1 terminactón he la !JIICrrn ~el t)nqni.
Acaban de eofocarse los últimos gérmenes revolucionarios que se agitaban en el país en eete largo J)friodo de
fecunda pez ·nacional: la fatigma lucha empr.endidacontra los indios _rebeldes en las márgenes del Yaqni.
Esta campafia ha sido soste:nida merced á ventajas es•
tratégicas proceaentes de la configuración especial del
tenen0 1 del conocimiento práctico de éste, del dieimulo
y la emboscada, elementos al servicio de las tribus insurrectae, que las habían hecho casi invencibles. El impulso de las armas iba á estrellarse contr8 estos enemigos invisibles que á fuerza de alfilerazos lograron detener la corriente de las generales aspiraciones: la total
extirpación de las revueltas públicas.
La paz del Yaqui es un prodigio de eagacidad y de
energía al mismo tiempo, una feliz tentativa de energía
heroica; ee combate al león en la llanura y se caza al lobo eri Fn madriguera. Frente á la refinada aetucia del indio rebelde, foé necesario oponer la diplomacia complaciente del hombre civilizado y junto á la bravura indómita del feroz guerrero inconquietado, la calma serena
del jefe dieciplinado.
Un acto de reeolµción fué bastante para deelumbrar á
esos grupos disperrna; una línea de conducta apoyada en
la suavidad, hizo caer las aqnae de sns crispados brazos.
Todo el plan del coronel Peinadu es de nna profunda
liepcil lez humana: vencer á e1:tos paciente-a por la pacien. cia, asombrar{, estos frenéticos del valor por un ejemplo
de resuelta valentía. El coronel reinado, rodeando al
indio cautivo, qn~ le sirvió de lazo de unión con el jefe
de la tribu rebeld ~, de afables comideracionee, doblegando eu fiereza con la dulzura, es un modelo acabado de
político co11sumadn; pero al presentarse solo y sin armas
en el campo enemigo se impone como un hombre de extraordinaria pujanza. A estas dos causas combinadas se
debe Ji; terminación de la campafia,
Pacificada la guerra de caetas en Yucatán y sometidu
el Yaqui, han dado término dos viejas complicaciones,
que parecían haberse arraigado eternamente, y que al
cesar, no sólo eliminan 103 gas~os inherentes, sino taro,.
bién hacen entFar en el marco de la civilización á unidades humanai, hostilee Uasta el día á los grandes intereses sociales.

li)olític11 ®cutral.
RESUMEN-El Emperador Guillermo y el Bazar de Carldad .-Odios y rivalidades.-Abismo que no se
colma.-EI patriotismo y la cortesía.-Altivez de la
Sublime Puerta.-EI Consejo del Sultán.-Las embriagueces del triunfo.-La humillación de Grecia.
-Esperanzas desvanecidas.-Conclusión: la omnipotencia de Rusia.

E.:t tan hondo el abismo que Ef'para á franceses y 8.lemanee, tan profunda la rivalidad que los divide, tan reconcentrados loa odios que los apartan; está tan vivo to•
da vía el sentimiento que Pf9VOcara. en el pueblo del Sena
la humillación de Sedán, que algunos órganos de la
prensa parisiense, se han atrevido á censurar el acto mag•
nánimo del emperador Guillermfl, d ~ enviar cuantioso
donativo en favor 3.el Bazar de Carid ad, destruido por
la1 llamas en loe primeros días dd presente mes.

Nó, dicen; no debemos tolerar nada que signifique una
inteligencia con el gobierno de Barlín, y no fa lta algún
fanáti ~o, que en arrebato delirante, pretenda que no i:!e
acepte el imperial donativo.
Cuando el duelo y el pesar ha aca!Jado las fiestas, mar·
chitado las flores, apagado las luces re~plandecientes
en los salones aristocráticos de la gran Capital; cuando
visten de luto las familias de la élite, que vieron á muchos
de sus miembros distinguidoe perecer en espant~sos tor·
mento1:11 durante la catástrofe de la calle de Jean Goujon,
y el pueblo mis.no que recibía inmensos beneficios de
manos de las vfotimae, el pueblo que sentía con las ter•
nuras del agradecimiento cómo bajaba de los palacios la
onda bienhechora que iba á alegrar los tugurios, derramando consuelos y esparciendo bondades: sí, no nos extralla que los diarios ao.cialistas y los periódicos que sos·
tienen el fermento tenebroso de la anarquía, hayan ·permanecido impasibles y fríos, ein lanzar una nota armó·
nica, en medio del universal dolor que ha afligido á la
Francia entera por el infausto acontecimiento, sí llama
y mucho la atención que haya repraeentantes de la opi·
nión púb lica, que aticen odios antiguos y renueven con
eaña rencillas no olvidadas, porque el poderoso Hohenzollern se dignó desde su olímpica grandeza, volver la vista al pueblo-sol y ofrecerle un obsequio de sus fondos
particulares.

•••

Háblase mucho de concierto europeo; repítese hasta la
saciedad la unión de los embajadores -extranjeros para
contener las rapacidades de Tarquia y hacer lo posible
por dar pacífica solución á la enmarañada cueetión de
Oriente¡ murmúrase por lo bajo de las maquinaciones
británicas, para rodear en círculo de hierro el continentr africano; cuchichéase en los gabinetes sobre la alianza
formidable que se necesita para poner coto á las tenden •
ciils absorbentes, inaggtables y perpetuas, de la Gran Bretafla; Francia es la primera que toma parte en ese con·
cierto y se asocia á esaq murmuraciones, y sería también
la primera por sus pingües colonias africanas, por los inmensosintere~ee que ahí radican, por aue ambiciones sobre el Egipto que juzga legítimas, sería la primera en
entrar y tomar la iniciativa en esa cruzada anti-británica; pero que no se la hable de Alemania, que no se la
miente al nieto del conquistador que se coronó en Versalles, que no se la haga suponer un posible avenimiento
cnn los detentadores de Alsacia y de Lorena; ante esa idea
todo lo olvida, colonias, intereses, misión civilizadora,
todo, hMta su proverbial cortesía.
Afortunadamente Franc i¡\ no está constituid a por la
prenea socialista ni por algún periódico intransigente; ei
guarda eecret,amente el inexünto impulso del desquite,
sabe guiarse sabiamente por lai inspiraciones del público
interés y del sentimi,mto nacional.

•
••

Orgullosa de eu fuerza, y engreída con eus triunfoF, pre•
sentábase Turquía ante la asombrada E11ropa. Débil la
resietencia que ofrecieron los griegos parapetados en su.
ingente patriotismo y atriocheradoa tras de sus suefios
de grandeza¡ fuerte el empuje de los turcos que lograron
encontrar á última hora dinero bastante á sus neces-idades en los Bancos europeos, y apoyo suficiente en el emperador Guillermo que inesperadamente abrió los tesoros desu simpatía á favor de la causa mumlmana y e~ el
autócrata moscovita, que, contrarian lo las tradiciones de
su familia y de su raza, se ha inclinado más del lado de
la iniquidad que repre1:enta Abdul-Hamid, que de parte del rey Jorge qne encarna los arranques caballerescos
de otras edades, el resultado de la lucha no era dudoso·
.
. . .
'
s1 en un p1·mc1p10 los helenos lograron poqnef\as ventajas en las costas de Epiro, y soñaron aprovecharse drl la
prepoderancia de B!J armada eobre los viejos buques otomanos, muy pronto se convenció el mundo y con él los
soñadores griegos, que era en vano oponerse á la fuerza
incontrastable de las huestes guiadas por Edhem-Pachá.
Ebrios loe ministros del Yieldiz -Kiosk con el vapor de
l~ sangre, deslumbrados con el esp lenJor de sus fácilee
victorias, sintiendo removerse en sus almas d'e agareno, loB
fermentos del odio secular contra el· nombre cristilll.no·
acosados por las masas fanáticas, que cien veces han en-'
sangrentado sus yataganes hasta el pufio en las carnes
indefensas de loe míseros armenios; atentos al clamor
salvaje que se levanta en general protesta contra la 80 •
jeción en que ha vivido' el imperio de los o.~manlies, por
gracia y virtud de las potencia3 occidentales; preten lien-

DOMINGO 23 DE MAYO DE ,897=,,,,

DDMINGO 23 DE MAYO DE 1&amp;97

do romper las ligadura.a que han atado por tantos añosá la nación caiuca, enfermo, deehauciado de Europa,
oprobio de la civilización moderna, mancha asquerosa
entre los pueblos regenerados por la revolnción, manu •
mitidos por la :filo.rnfia, y engrandecidos por la ciencia:
intentaron un punto, imponer al Sultán eus maquioacio.
ries torpes de grandeza, o"aligarlo á desdefiar individual
y colectivamente á las potencias europeas, y recojer con
voracidad inaudita, loa frutos de la guerra con Grecia, entre humillaciones odiosas é inicuas ex':\Cciones contra los
helenos vencidos, á quienes creyeron desamparadoe de
Dios y de los hombres.

•*•

A la primPra intimación de loe embajaderes, solcitan.
do un armi~ticio para tratar de los preliminares de la paz,
contestaron con soberanl'desprecio¡ áloe clamoree angustiados del gabinete de Atenas, que ponía la suerte del
pueblo y de la nación confi¡\dos á su cuidado en manos
de loa fuertes, y se ab1adanaba á la magnanimidad de loe
poderoeos, re~pondió el sombrío consejo que rode"aal pérfido Sultán con desmedidas exigencias, y en vez de ceder ante la suplica, envió órdene.1 terminantes de ocupar
á sangre y fuego la ciudad sagrada que se reclina '!obre
las faldas del Himeto, se arrulla entre las ondas del C,efiso, y suei'ia á veces á la eombra de la divina Acrópolis,
dormida eobrP. el polvo venerado del Parthenon.
Sin aparentar eiquiera intenciones de tratar de paz,
pide la entrega de Td1:1alia 1 santificada con la sangre de
millares de mártires, rompiendo abierta y audazmente
el tratado de Berlín¡ exije cuantiosa indemnización, muy
por encima de los recursos todos de Grecia¡ aspira á retener la armada del rey Jorge como garantía de paz, y á.
borrar de una plumada los derechos y preeminencias
concedidas á los helenos en convenciones anterioree; y si
no pidió quedar en poeesión de todo el territorio conquistado, íué tal vez por un resabio de mentido pudor ·
en sus iniquidades.

•*•

Absortos los representantes de las naciones occi'lent.ales ante tamaña audacia, ellos que veían sin inmutarse
cómo ee degollaban cristi&amp;aos en los desfiladeros de Milona, en las fortalezas de Larissa y en las llanuras deFarsala, y que no pudieron impedir Ja sangrienta batalla de Domokos, donde había de recibir el golpe de gracia
el ejército helénico, discutían ent,re sí _la manera de obligar á Turquía á firmar el armisticio. Todo en vaao, la ca•
marilla del Sultán prevalecía en sus consejos de exterminio, y la fuerza, la abrumadora fuerza, caía como pesada mole sobre los helenos1 arreb'atándoles sin piedad
toda esperanza.
Pl:!ro habló el omnipotente Czar, y su voz de trueno
como la de Júpiter tonante, se impuso á las ciegas multitudes, levantó en armae á los búlgaros, encendió un iris
de esperanza en el límpido cielo de Hélade, y fué á deepertar de su letargo de muerte y de venganza al sombrío
Abdul-Hamid, arrullado por las canciones de sus odaliecae, adormecido por las adulaciones de sus genfzaros
y embriagado con el vapor de sangre derramada en las
llanuras de Teealia,
Se ha salvado la Grecia: la. iutimación del Emperadorde toda3 las Rugias, árbitro soberano de Europa, ha sido
acogida por todos !" por tod ,s acatada. El Sulfá.n ordena la suspensión de hostiliJ.adeP¡ el potente Hohenz0llern afloja los !azoe de inexplicable simpatía que lo arraetraban en favor de la Sublime Puerta; Inglaterra se ex•
1iremece1 Francia se regocija , Anstria apoyaabiertamentelos inteotos del Ci:ar, é Ita lia. mira con placer alejarse la
desencadenada tempestad que amenazaba la patria de eus.
abuelos los helenos.
Dura ha sido la lección para el rey Jorge¡ ojalá que la
aprovechen él y su pueblo que Ae dejaron arrebatar por
líricos espeJismos y hermosas utopías.
X. X. X.
Mayo 20 de 1897.

Las gentes son tales que en un salón puede uno ep':1r
cubierto de lodo en todo su cuerpo y en toda su ah , a ;.
para ser allí bien acogido no se exije sino una cosa ira:- .
prochable .... .. ¿La conciencia? ¡No! las botas.
-El que no ha visto sino la. mieeria del hombre, no ha
visto nada; es preciso que vea la miseria de la mujer; el
que no ha visto sino la miseria de la mujer, .ao ha visto
nada aún; es menester que vea la miseria del niño.
V KTOTliUGO.

EL MUNDO

Noche rústica de Walpurgis.
(SINFONIA. DRAMATICA.)
.A. JOsé Peón -y Contreras.

XI

VI
lNVITA.ClÓ::T Al, PORTA

E L POETA

El. R ÍO

Coje la lira de oro y abandona
el tabardo, dernálzate la espuela
deja las armas. que para eeta veÍa
no has meneeter ni daga ni tizona.

Triscad, ¡oh linfae! con la grácil onda;
gorgoritae, alzad vuestras canciones;
y vosotroe, parleros borbollonee,
dialogad con el viento y con la fronda.

Vamos al aquelarre.-En la sombría
cuenca de la montafla, las inertes
osamentas se animan á los fuertes
gritos que arroja la caterva impía.

Si tu voz melancólic"l no entona
ya sue himnoe de amor, conmigo vuela
á esta región que aeol'nbra y que coneuela·
pero antt:s ciñe la triunfal corona,
'

Chorro garrulador, sobre la honda
cóncava quiebra, rómpete en girones
y estrella contra riscos y pPñones
tus diamantes y perlas de Golconda.

Van llegando sin Dios y sin María,
présagos de catástrofes y muertes ..... .
Pieneo que el cielo llora, ...... ¿no lo adviertee?
La luna ea una lágrima muy fría .. -

Tú, que de Pan comprendes el lenguaje,
ven de un drama admirable á eer testigo.
Ya el campo eleva eu canción salvaje¡

Soy vuestro padre el río. Mis cabellos
son de la luna páUdos destelloe,
arieta! mis ojos del cerúleo manto.

Tras nahuales y brujas, el coyote
aulla feroz y lúgubre corea
tan monstruoso concierto el tecolote;

Venus ~e prenrle el luminoso broche ..... .
Sube al agrio peñón, y oirás conmigo
lo que dicen las cosas en la noche.

Es de muego mi barba transparente,
ópalos desleídos son mi frente
y risas de iaa náyades mi canto.

la lechuza con silbo horripilaate
ee junta á la fatídica ralea,
¡y el Vag ueTo Marcial ( * ) llega triunfante!

lI
lNTEMPESTA NOX

Xll

VII

LAS BRUJ.AS
L.'\S E':ITRELL AS

Media noche.-Se i11u11da.n las montañae
en la luz de la luna transparente
que vaga por loa valles tristemente
y cobija, á lo leJos, las caba.i'ia!!.

¿Quién dice que los hombrea nos parecen,
desde el profundo mar del :firmamento,
átomos agitados por el viento,
gusanos que se arraetran y perecen?

Lanzae de plata en el maizal las cañas
parecen al temblar, nieve el torrente,
y se cuaja el pavor trágicamente
del barranco en lae lóbregas entrañae ..... .

¡No! Sue crá.neoa que heróicos se extremecen
son el más grande asombrador portento:
¡fraguas donde ee forja el pensamiento
y que más que nosotras reeplandecenl

Noche profunda, noche de la eelva,
de quimeras poblada y de rumores,
sumérgenoe en tí; que nos envuelva

Bajo la eetrecha cavidad caliza,
las ideas, en ígne11. llamarada
contemplamos arder, y es, ante ellas,

el rey de tue fantásticos imperios
en la clámide azul de sus vapores
y en el sagrado horror de tue misterios.

toda la creación polvo y ceniza ..... .
¡Loa astros son materia iuaaimada
y las humanas frentes son estrellas!
Vll

-Tráe un cadáver írio como el hielo.
Yo á. loa b.ombres daré del vino impuro
que arranca la eepelanza y el coneuelo,

EL HARPA

EL GRILLO

LOS N.AlTU.ALES

Hay en medio del rústico boscaje
un troucn retorcido y corpulento:
enorme roca Pírvele de asiento
y frondas opultjntas de ropaJe,

¿Dónde hallar, oh mortal, las alegrías
que con mi canto acompaB.é en tu infancia?
¿Quién mide la enormí1:ima dietancia
que éetoe separa de tan castos días? ........ .

Cuando, como á través de fino encaje,
el rayo de la luna tremulento
pasa, desde el azul del fir.namento,
la verde filigrana del follaje,

Luces, flores, perfumes, barmonías,
sueños de poderosa exuberancia
que llenaron de albura y de fragancia
la vida ardiente con qne tú vivias,

desbarátase en haz de vibradores
hilos de luz que tiemblan cual tañidos
por un plectro que el céfiro weuea.

Ya nunca volverán¡ pero cantando,
cabe la triste moribunda hoguera,
de tu destruida tieuda. bajo d toldo,

¡Harpa inmensa del campo!, no hay cantores
que á. tus himnos respond,rn, no hay oídos
que comprendan tu ef,:trofa. gigantea.

haeta morir te seguiré moetrando
la ilueión en la llawa posLrimera,
el recuerdo en el último ret1coldo.

IV

IX

EL BOSQUll:

LAS AVXS NOCTURYA.S

Bajo las frondas trémulas é inquietas
que forman mi basHica si. grada,
ha de escucharee la oración alada,
no el canto celestial de los poetas.

en lae ruinas de sótanos hendidos!

Albergue fui de druidas. Los ascetas
en mie troncos de crú9tula rugada
infligieron su frente macerada
y colgaron eus harpas los profetas.

¡ A. seguir á los pájaros perdidos
de la arboleda entre la sombra obscura,
y con la garra ensangrentada y dura
Ji darles muerte y á asolar eus nidos!

Y en tremenda ocasión, el erraliundo
viento espantado suependió su vuelo,
al escuchar de mi interior profundo

á lanzar tan horrísonos acentos

V
EL RUISE60R

-Sin ojoe, pues ae( se ve en lo obscuro
como ven los murci~lagos, yo vuelo
hasta escalar del camposanto el muro.

XIII

III

brotar, coa infinito desconsuelo,
la más grande oración que desde el mundo
ae ba alzado basta la cúpula del cielo.

-Todas las noches me convierto en cabra;
Para servirá mi eefior el chivo,
puee, vieja ya, del hombre no recibo
ni una muestra de amor, ni una p1:1,labra.
-Mientras mi eeposo eetá labra que labra
el terrón, otras artes yo cultivo.
¿Ves? traigo un niño ensangrentado y vivo
Para la cena trágica y macabra.

•

¡A infundir con el vuelo y los chirridos
máe horror en la noche, m&gt;ls negrura
en los antroe del montt:1 y más pavura

¡Deede la cruz del viejo campanario,
que el valor más indómito se quiebre!
¡De dientes estridor, crujir de osario

¡Sús, Vaquero Marcial! De nue1:tra boca
loe conjuros oirái3: aunque en la brega
quedaste vencedor, eiewpre á tl llega
de los hombrea la voz que te provoca.
Por donde quiera el mal! Tu mano toca
las caropiflae tambiéo.-Ya en ronda ciega
el coro de las brujas se desplieg.t.
de tí e.a redor, sobre la abrupta roca.
Hijas sois de la víbora y el eapo:
de vuestro hediondo seno eacad presto
las efigies ridículas de trapo.
¡Oh, representación de lvs mortales!
mostrad aquí vuestro asombrado gesto
en la danza infernal de lo!! nahuales.
XIV
EL GALLO

H ..,mbre, descansa. De tu hogar ahuyento
el nocturno terror y estoy en vela.
Sombras de muertt, cuyo eoplo hiela,
con mi agudo clarín os amedrento.
Huya la luz y te descuide el viento
por preludiar eu dti\c,1 pascorela.
Co,ntra el mal, pod.-~r ,so centinela,
á su paso espectra~ t:.sLoy atento.
Xo te inquiete el horrísono alarido
que escuchee en tu su-,ño, por la vana
pesadilla maléfica oprimido.
Ya pondrá. fin á su croar la rana,
y yo con alegrisimo sonido
entonaré la vencedora diana.

ii. remedar, y trágicos lamentoe,

XV

y espasmódicos gritos de la fiebre! : .. ...
LA

X
LOS MUERl'OS

Oíd la campanita, cómo suena,
el toque del clarín, cómo arrebaLa,
las queJas en que el viento se desata
y del agua el correr sobre la arena.

¡Piedad! ¡mieericordia!. .... . Fueron vanos
t.an'° soberbio afán y lucha tanta.
¡A.y! por nosotros vuestra queja santa
levantad al Señor. ¡Orad, hermanos!

Escuchad la amoro1:a cantilena
de Favonio rendido á .F·1ora ingrata
y la inmensa y divina serenata
que Pan modula en la silveetre avena.

Si oyerais el roer de los gusanos
en el hondo silencio, cómo espanta,
sint.iérais oprimida la garganta
por invisibles y asquerosas manos.

Todo eso hay en mis cantos. Me enamora
la noche· de los hombree soy delicia
y paz; y 'entre loe árbolée cubierto,

Mas no podeis imaginar los otros
tormentos que hay bajo la losa fría:
¡la faltai la carenci11 de vosotros¡

t:ólo yo alcé mi voz consoladora,
como una blanda y celeetial caricia,
cuando mi Dios agonizó en el huerto.

¡Ay, que llegue, oh Señor, para nosotros

la eoledad, la soledad impía!.. ... .
de la re&amp;urección el claro dla!

CA l lPA.NA

¿Qaé te dice mi voz á la primera
luz Huroral? uLa mutirte está vencida,
ya en todo se oye palpltar la vida,
ya el ew.rco abiert.0 la ::iimiente esper"»
Y de la tarde en la hora poetrimera:
«Deecansa ya. La lumbre está. encendida
en el hogarn...... Y eii: lllpre te convida
mi acem0, y t~ p~r.s1g 1e donde quiera.
Convooo á la oraciórl á. los vivientes,
plaño á. los muerlioscou el ~riete y h ondo
són de sollozo en que mi duelo explayo.

Y al tremendo tronar de los torrentes
en pavorosa tempeetad, respondo
con fiirrea voz que despedaza el rayo.
l*l Nombre con que, generalmente, es designado el demeuio por
a gente po'bre del eam}XI

�342

EL MUNDO

XVI

xvm

UN TIRO

LA SEMENTERA

Duda mortal del alma se apodera,
al oír en la noche la lejana
detonación, que turba y que profana
el silencio del bosque y la prl,\dera,
¿Será la bala rápida y certera
que pone fin á, la existencia humana,
6 el gofpe salvador que en luclia insana
asesta elmontañes sobre la fiera? ........ .

,

Ese ruido mortífero y tonante
hace temblar el alma sorprendida,
euando está de lo incógnito delante.
Para arrancar 6 defender la vida,
lo producen lo mismo el caminante
y el guarda, el asesino y el suicida.

Oye cuá.l se hincha el grano rubicundo
que el sol ardiente calemó en la era.
Vendrá Otoño que en mieses exubera
y en él me mostraré gala del mundo.

Mas ¡ay! vuelve la vida ingrata y fría;
mi rneño celestial quedó suspenso ..... .
Ya alza la tierra su divino incienso
y en su carro trmnfal asoma el día.

U\ madre tierra soy: vives conmigo,
á tu paso doblego mis abrojos,

te doy el alimento y el abrigo.

Poeta: es fuerza abandonar el monte.
Bajemos, pues ya al ras del horizonte
Venus agonizante parpadea;

Y cuando eetén en mi regazo opresos
de tu vencida carne los despojos,
¡con cuanto amor abrigaré tus huesos!

tú al teatroi á la clfnica1 al Senado,
yo á vejetar tranquilo y olvidado
en el rincón obscuro de mi aldea.

jLU:m wl

No t.emas, mi sefior: estoy alerta
mi.entras tú de la tierra te desligas
y con el sueño tu dolor mitigas,
dejando el alma á la esperanza abierta.

Las sombras palidecen. Es la hora
en que fresca y gentil la madragada
va á empaparse en el agua sonrosada
que ya muy pronto verterá la aurora.

Vendrá la aurora y te diré: (despierta:
huyeron ya las sombras enemigas.n
Soy compai!.ero fiel en tus fatigas
y celoso guardián junto á tu puerta.

El cielo débilmente se colora
de virginal blancura inmaculada,
y hace del firmamPnto su morada
la luz, de las tinieblas vencedora.
Sobre las nívt&gt;as cumbres del oriente
en ópalos y perlas se deslíe,
, que G.eebarata en su cristal la fuente.
Del vaho matinal se extiende el velo,
y todo juguetea y todo ríe,

en la tierra lo mismo que en el cielo.

FABULAS E:N PROSA

EL AVISPERO Y LA COLMENA

lLCUERPOYLA SOMBRA

Anidaron las avispas en un corcho de colmena, y revoloteaban sin cesar alrededor, y entraban y salían y dEr
fendian su caea e.orno hacen las atejas.
-¿Qué os parece nuestra caea?-dijo una avispa á una
abeja vecina.
-Es de i~ual construcción y tamaño que la nuestra;
pero, ¿tenéis muchos panales, cera y miel?
-¿Qué son cera y miel?
-Son la riqueza que elaboramos con nuestro trabajo.
-No; nuesLra casa está vacía ..... .
-¿Y para eso tenéis tanta casa? Yo creo que os basta.
ría un·agujero.
Entre el pueblo que produce y el que imita sin produ•
cir, hay-la diferencia que entre el avispero y la colmena.

El cuerpo eetaba muy disgustado de la compañía de la
sombra: Caminaba hacia¡ el sol, y la sombra le seguía:
volvía la espalda al sol cuando andaba, y la sombra iba
delante. Un dia no pudo más y dijo á la sombra con to•
no descortés:
-Retírate de una vez. Quiero estar solo.
-No puedo dejarte: tengo obligación de ir contigo á
donde vayas.
-Me retiraré de tf.
-No lo conseguirás: soy tu compañera de camino en
este mundo.
-Saldré al sol cuando éste caiga sobre mí verticalmente desde el zenit.
-Y estaré bajo tus plantas.
-Pasearé siempre en el crepúsculo.
-Y te seguiré disimuladamente en la penumbra.
-C.erraré de noche mis puertas y ver.taoae y no encen•
deré luz en mi alcoba.
-Entonces será.e mío por completo y te estrecharé tan
íntimamente, que no habrá un sólo punto de tus formas
libre de mi abrazo.
,._ -Me mataré.
-Y me acostaré al .lado de tu cadáver: y si te entie•
rran te envolveré en el sepulcro, y cuando exhumen
tus restos me Qividiré en tantas partee como ellos¡ y rodaré con tu cráneo y haré guardia á tus últimos despojos
mientras existan sobre la tierra.
-¿Y mi alma?
-Esa te abandonará. para i.n!e al mundo de la luz: tú
eres e3c]avo de la sombra.

LA FALSA DELICADEZA

-¡Sucio! ¿no ves que m6 estás manchando y me pones
perdida?-dijo al rosal la calle enarenada de un jardín.
-¡No te pisan las gentes y no te quejas?-respondió el
rosal.-Singuludelicadeza la tuya. Sufres con calma que
te manchen con la suela del calzado, y te ofende que caigan sobre tí hoja~ de rosa delicadas y aromáticas.

LA BALA Y EL B LANCO

-Sí, sois perversas y dañinas por.instiato, y me deteataie y gozais en magullarme-dijo á la bala el blanco dolorido, alzando de mala gana la bandera que indicaba el
acierto y buena puntería del tirador.
-¿Qué sería de tí- repuso la aplastada bala con _Toz
triste-si tuviéramos la mala intención que nos atribuyes? ¿No sabes que en las batallas pasamos la mayor par•
te eutre loe ejércitos sin hacer ningún daño, resistiéndonos á. matar? ¿No ves que nos dirigen contra tí, y hace•
moa todo lo posible por no darte? Sin nuestra naturaleza
pacífica ¿quedarían muchos bombea? ¿No estarlas deshecho?
Y eilb3.ban entretanto muchas balas sin dar nunca en
el blanco pero á cada momento caían ramas heridas,
saltaban del suelo piedras rotas y se desconchaban las
paredes. Cesó por :fin el ejercicio del fuego, sin que el
blanco alzara la bandera por segunda vez.
-¿Te convences de tu injusticia? le dijo la bala magnllada.-Míra cuanto destrozo en todas partes, y que intacto te dejan los disparos. Siempre se han de quejarlos
que menos dañ.os snfren. A nadie respetamos t.anto las
balas como al blanco.
JosE FERNÁNnEz BREllÓN.

•
EL CEREZO

Cuando Pedro era un chiquillo, le dijo su abuelo:
-Hoy que es tu santo, planta un árbol en la huer'8, y
cuando seas mayor, te dará fruto y r.ombra y será una
propiedad.
Perico, que era un chico obediente, plantó un cerezo,
y le regaba y cuidada con esmero, pero era un d9egraciaciado.
- ¿Se secó el árbol?
-Al contrario, prosperó como ninguno¡ y dió cerezas
tan ricas, que el padre del muchacho hízo con ellas un
regalo al alcalde: al afio siguiente, Perico no las pudo
probar por que cayó soldado: cuando volvió á su pueblo,
después de rodar por el mundo muchos afios, era casi un
viejo, y nurica pudo evitar que los muchachos se le comieran la fruta antes de estar madura.
Quiso un ailo defenderla, y los mozos del lugar le diEr
ron tal paliza, que quedó baldado para siempre: los mozos que lo baldaron1 todos llevaban varas del cerezo que
plaBtó.

Cerritos, Abril-Mayo de 1897.
MANUEL JOSÉ ÜTHÓN0

EL PERRO

Y si llega con paso taciturno
la muerte, con mi aullido lastimero
también te avisaré ...... ¡Descanea y duerme!

=

¡Santa Naturaleza, madre mía!
me has cobijado en tu regazo inmenso
y dieipaste con tu soplo intenso
la nube del dolor que me envolvía.

XIX

••sn·

ADIOS AL POETA

Escucha el ruido míetico y profundo
con que acompaña el alma Primavera
esta labor enorme que se opera
en mi seno fructífero y fecundo.

XVII

Te avisaré del rondador nocturno,
del amigo t,raidor, del lobo fiero
que siempre anhelan encontrarte inerme.

DOMINGO 23 DE MAYO DE

H

PERRO MUERTO

Jesús llegó una tardeá las puertas de una villa é hizo
adelantarse á sus diecípuloe para preparar la cena. El,
impelido al bien y la caridad, internóse por las callee
hasta la plaza del mercado.
Allí vió en un rincón algunas personas ag:r:upadaa que
contemplaban un objeto en el suelo, y acercó~e para ver
qué cosa podía llamarles la atención.
Era un perro muerto, atado al cuello por la cuerda
que había servido para arrastrarlo por el lodo. Jamás
co¡µi más vil, más repugnante, más impura: sehabiaofrecido á loa ojos de loa hombree.
Y todos loe que estaban en el grupo junto á la carrofia,
miraban con asco.
·

~
-Hay una cosa infame en amor: la mentira.
-No hay monstruo absoluto en la naturaleza moraP
como en la física
PAUL BouRGET.
-El pensamiento es un poder y el talento nna liber•
tad.

Yi&lt;ior Hugo.

-Esto emponzofia el aire, dijo uno de loe presentes,
tapándose la nariz.
-Cuanto tiempo aún, este animal putrefacto estorbará la vía.
-Mirad su piel dijo un tercero; no hay un trozo en
ella que pudiera aprovecharse para cortar unas sandalias.
- Y sus orejas, exclamó un cuarto, asquerosas y llenas
de sangre.
-Habrá sido ahorcado por ladrón, añadió otro.
Jesús lee escuchó, y echando una mirada de compasión
sobre el animal inmundo:
-Sus dientes son más blancos y hermosos que las perlas! dijo:
Entonces1 el pueblo admirado, vo1Yi6se hacia él, exclamando:
-¿Quién es éste? ¿Será Jesús de Nazaret? El sólo podía encontrar alguna cosa de que condolerse y hasta algo
que alabar en un perro muerto! ........ .
Y cada uno, avergonzado, siguió su camino, inclinando la cabeza delan~ del Hijo de Dios.

Limlf ToLSTOr.

' -Obscuro ó célebre, rico ó pobre, un artista debe ser,
ante todo1 un artesano y practicar las virtudes fecundas
de éste: la aplicación paciente, la labor concieneuda, la
absorción modesta en la tarea.
PAUL BoURGBT.

OTRO PAGO DE $3,420 DE ºLA MUTUA"
E:N MORELIA.
Morelia, Mayo 6 de 1897.

Seílor D. Carlos Sommer, Director general de "La Mutu.a.''-México.
Muy selior mío:
Tengo la satisfacción de manifestará usted que hoy ante el Sr. Notario Público D. Antonio de P. Gutiérrez, y
con la intervención del Sr. D. Enrique Hernández Alba,
Agente 'de «LA MUTUAll he recibidQ del Sr. D. Antonio
Bizet, banquero de dicha Compafiía, la euma de tres mil
cuatrocientos veinte pesos, treinta cte. : ($3,420.30), valor
total de la póliza núm. 611,926, bajo la cual estuvo ase·
gurad.o mi finado hermano el Sr. Lic. D. Francisco Huerta Cañedo, en favor de sus hijos María Soledad y José
Huerta Cañedo, en cuya representación como su tutor
firmo el correspondiente recibo.
Debo advertir que la cantidad por la que se aseguró mi
expresado hermano fué la de tres mil pesos y que los cuatro cientos veinte pesos treinta centavos excedentes, for·
man la devolución íntegra de los premios pagados á »LA
MOTUA11 por la expaesada póliza.
Esta circunstancia me hace recomendar ante las perso•
nas de buen criterio las Pólizas con devolución de premios que expide la compafiía que tan acertadamente di·
rige usted en nuestro país!
Réet'ame enviará us5ed mi voto de gracias por la efica~
cia y actividad con que se c..&gt;rrieron loe trá.mites conducentes á este pago.
Quedo de usted afio. atto. y S. S.
ALll&amp;JlTO HUBRTA C~EDO.

DOMINGO '"3 DE MAYO O~ o897

EL MUNDO

543

�DOMINGO
23~
de~MAYO
18g7
ELMUNDO
=~
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~ ~ de
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~==============~~
~~~======~====================345=-'
DOMINGO •3 DE MAYO D E ~
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S44

ATENTADO
coNTRA_EL R•'f"'flu~ERro

r

El cable con eu notuia
oportunidad hizo Eaber á h,~
lectores de EL Mmrno dia•
rio, que uno de eetos últimc s
días al dirijiree t-1 tty Han,berto de Italia en landau
deecubierto á. las carreras de
Campanella, fué agredido por
nn obrero llamado Pietro Ac·
ciaretto, quien haciendo ade ·
mán de preEentar un memo·
rial á. S. M. blandió agudo p11 •
iial, que afortunadamente fué
desviado por un hábil movi ·
miento del monarca. Estepa•
reció no cuncedergrall impor·
tancia al eucern, t-:xclamando
enaon de broma ant-e loe arma·
tadoe corteeanoe que en Cam
panella le rodeaban:
-Son percance'3 del oficio.
Mas detodas eue1tesel atentado de que nos ocupam0e,
viene á afladine á una enil"'
no ¡iequei'ia regi1:trada en los
últrmoe afloe y que con razón alarma á ]as gentes que
se preocupan por el actual estado social, por que es la roa
nifeetación Bguda de una morbosidad lateute y formidablt&gt;,
hija de las djsolv1:ntes teorise
que han hecho presa en le.e
débi 1eecerebroe de los hombres infererioree.
Por deegracia el microbio del crimen es prolífico y s.e revela por una manía imitativa de fatales resultados.
Quiera la buena estrella de los poderosoe, que la locura de Acciarette no fructifique.
El grabado relativo que publicamos es una fiel reconstrución de la escena única del terrible drama de que iba
á ser víctima el rey Humber~o.
LA CUESTION DE ORIENTE

Ornamos hoy las breves páginas que regularmente coneagramos á. loe asuntos extranjeros, con algunos fotograbados-muy aug~stivos todos-que se refieren á la cuestión cretense.
_Representan dos de ellos primorosas pen:pectivas de
los desfila_deroe d~ Tesalia, todos erizados de rocas que
fingen góticas aguJae, coronados algunos por monaeterioe,
con tal atrevimiento erguidos á la orilla del abismo, que
semejan nidos de águila, puestos ah'l como avanzadas
del cielo.
Muestra un fotograbado al almirance Canevaro, deca·
no de loe almirantes de las escuadras surtas en lae aguas
de Creta, y uno máe, al príncipe Constantino á la vanguar•
dia de su ejército.
En cuanto al asunto capital que inspira e0oe grabados
M?ma para Grecia un cariz fatal que recuerda aquella iró•
n1ca copla:
Vinieron los sarracenos
y nos molieron á. palos,
que Dioe protege á. los malos
cuando son más que loe buenoe.
. Sí, eee ee el caso; por ahora loa buenos son pocos y
pierden meguer la providencial intervención que en su
favor debiera suponeree. Pierden, y eu derrota amenaza
b.!rrer con la aciual dio.astía, corroborando aquel aforismo
político:
«Los pueblos se vengan en sus gobiernos de eua fracasos
y de sus cafdas.»
Cit:r!amente, con Grecia, á. la cual no se le escatiman
loe ~1t1rambos, ee~n todas la.8 rimpatias; más hay que con•
venir en qne las simpatías valen en estos tiempos de h~
paz armada bien poco.
Si eatuviesen con ella las potenciag?
Pero la~ pot.encias esgrimidoras de la suprema ratio que
hoy ergotiza en los caf5.one■ rayados, están con la media
luna.
La estrella de Pericles deeciende al Ocaeo.
Ohel l'helleniemf',
Ohe! ..... .

1

La cuestión de Oriente.- Panor•ma en

frontera
gr&lt;e&amp;a.-Monasterio de Tcdcs Santos.
la

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11

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lista en enfermedades del oído,
cómo se las había arreglado.
para obtener tantas curaciones.
-Gran parte de mi fama y
mi fortuna la he ganado,co.n,
tes~ó sonriendo, desobstruyendo v limpiando las orejas de
mis contemporáneos.
En efecto, basta muchas ve.
ces un chorro de agua Sibia y
un Jimpia-&lt;&gt;rejas para hacer
el milagro de restituir el oído
á. los niiios sordos, sólo que es
necesario aplicar sobre la marcha el rt!medio, pues el oído
"dquiere el h1tbito de no oirY se vuelve perezoeo y tardío,
menguando al mismo tiempo
l.~ atención, que no se baila
t'Otonces tan vivamente 1:olic1tada por los ruidos del exte•
rior.

A prop6sit.o de este punto, escribe M. Gilles:
ccSabed que en la infancia, entiéndaee bien, solamente en
la infancia, las afecciones que perturban el oído ~n TODAS curablu cuando la sordera está en sus comienzos. 11
Y aftade deFtpués:
uEl sentido del oído que como los demás se desarr~lla
y fortifica mediante nn ejercicio progresivo y metódico;
y por consiguiente, cuanto en este sentido se haga en la
-eecuela 1 servirá. de poderoso auxiliar al tratamiento ordenado por el médico. quien entonces encontrará. en el
maestro, un colaborador.11
y á buen entendedor con media palabra le basta, como dice el refrán, pues ea de esperar que cuantas_ m~dres
vean este artículo, tendrá.o presentes las prescripciones
del dorctor Gilles. Advertiré, por mi parte, que la costumbre q·te tienen ciertos nifios de respirar con la boC:1
abierta es señal de que eetan enfermos del oído. El pri·
mer cuidado de la madre debe ser no reñirles, sino llevarlos en seguida á. casa de un médi_co. Muchas veces un_a
ligera operación que no ofrece peligro bastará. para librarlos de la sordera.
FRANCISCO SARCEY.

1

.

El doctor Gilles no nos dice
cómo ha de hacerse para curar la sordera, ó mejor, la mio•
p a del oído, á ese 25 por 100,
de criaturas; lo que sí afirma
E a que entre los discípulos de
no a clase las orejas más torpes
de los últimos son mejores
que las más sensibles de loa
primeros¡ en otras palabras,
a,:egura ccque no sólo tiene Ja
sordera una relación general
con los puestvsqueocupan los
alumnosen la escuela, sino que
Atentado contr.a el rey Humberto
acerca del particular puede esta
blecerse una gradación que corresponde al grado de miopía del oído de cada uno de ellos.,i
No ea que la miopía de oídos indique un estado de decadencia en las facultades intelectuales, ea que un niflo.
duro de oreja oye mal las lecciones del maestro, y perdiendo poco á. poco el gusto de escucharle no se aprove•
cha gran cosa de ellas.
La miopia de la vista ofrece síntomas tan marcados,
tan evidentes, que un maestro Iaatlvierie en seguida;coloca al alumno que padecB es1a enfermedad cerca del encerado y da aviso á los padree, los cuales obligan al niño.
á I levar lentes á propósito para corregir aquel defecto.
El miope del oído oculta á loe demás y basta á eí misma el secreto de su falta. Si está. en el último banco de
la clase, allt se queda; si ee queja de que no oye la explicación, el maestro le contestará: «Porque no me habéieescuchado.n Y tendrá. razón á. menudo; pero el niño pO•
dría replicarle: ccSí que os he escuchado, es que oigo mal,
ó que no oigo nada.11
Vierto que el profesor en clases muy numerosas se ve
imposibilitado de ocuparse particularmente de cada uno
de los alumnos, y q.ue á. causa del tiempo limitado de qu&amp;
dispone y de la umformidad qne debe dar á la ensefümza, se ve obligado á. exigir de todos la misma suma deatención y de esfuerzos.
Para él, loa últimos son todos incapaces ó perezosos,
cuando, en realidad no Bl)n otra cosa, en algunos caeos,
se entiende, más que duros &lt;le oido.
Confiar esta misión á. maestros, sería tarea inutil; porello es que propone M. Gilles que se exija, de conformidad con lo que piden algunos médicos otólogos que s&amp;
han ocupado de este particular, desde el punto de vista.
pedagógico, que se someta el aparato auditivo de los,.
alum11os á un exámen tanto más riguroso cuanto el ni15.o está más distraído.
Essa medida, exoelente en teoría, tropieza en la práctica con algunas dificultades; es la principal que el número de médicos aurisW no ea ni con mucho tan nume•
roso como el de escuelas, por lo cual creo que lo mejores dirigirse á. las familias para que miren con mayor interés y solicitud este asunto, al cual hoy tan poca impar.
tancia conceden. En efecto; una madre cuyo hijo estardo de oido, alza iostintivamente la voz para t¡ue le oiga
y si no entiende las palabras que le dirige algún coooci'Cor1tra almlunte Canevaro.
do, achaca Ja culpa á. que este no ae expresa cou clariCa 1;
Decano de los Jefes de las escuadras surtas en las aguas
y es que la madre, en eu amor por aquel pedazo de ms
de Creta.
entrañas, se resiste á creer que su hijo adolezca de ningún defecto.
Hay que decirla y repetirla que no se trata de nn de-LOS MIOPES DEL O1DO
fecto, ó que si lo es, se encuentra en muchas cri: tur11e,
como ocurre con la miopía de la 'l'ista¡ hay que Lablar
Orn el título de k s Sordos de la Escuela ha publicado cJan..1 pi,r.-1 q11e el niffo pueda curarse.
la .&amp;vista Pedag6gica u11 arc.ículo en extremo curioso, y
cuyas conclusiones int.ereea conocer á. loe maestros y á.
loe padres de los alumnos.
.
Inútil es que digamos que se trata aquí de los mnos sor
dos de nacimiento ni de los que han perdido por con1·
pleto el oído, pues'con referencia á. unos y á otros el único consejo que puede darse á. sus padres es que loe envfeu
á uno de los establecimientes especie.lea donde eeaa pobres criaturas reciben educación. En una escuela ord:•
ne.ria no aetvirían de otra cosa que de estorbo á los de·
mita alumnc&lt;i.
A ninguno ,le e3os nos referimos¡ el autor del artfcnlo,
dcctor GilleEI, Ee refiereá.aquellosque eon duros de oíJo,
enfermedad que se haya mocho más extendida de Je, qut:
algunos piE'lnean, oscilando en las eecuelas, según_ daoos
suministrados por varios médicoe, en la proporción de
un 22 á. 28 por 100, lo cual da un promedio de 25 por 100,
ó eea la cuarta parte.
Verdad es que ha contribuido no poco á elevar este
promedio la circunstancia de haber elegido los médicos
como campo de eue observaciones, las escuelas de las a 1deas, preferentemente á las de las ciudades. Exiete una
razón para que en las orejas de los niños que viven en el
&lt;'ampo no penetren tan fácilmente los ruidos del exte•
La cuestión de Oriente.-P•nor.am" en la frontera
rior. ¿Cuál es eeta razón?
gritga -Monat,teno de San N1colas.-Tesalia.
Preguntábanle en cierta ocasión á un médico especia•
1

-

LA ELECTRICIDAD MOTORA

11La emacipación universal ha sido y es la obra constante del progreso,u se emanciparon loseeclavosdel mundo antiguo. Se emanciparon lo~ siervos de la ~leba. Se
emancipó el Estado llano. Y, digan lo que qmeran los
pesimistas, se va emancipando poco á. poco la clase obre·
r.a, ó sea, el cuarto Estado. La !atalidad retr~cede; lo
mi ■mo la fatalidad del mundo fía1co que la fatalidad social. ¿Por qué ee ha de detener el progreso en s~ ca1;0ino?
¿Por qué ha de decir basta aquí llega la emanc1pac1ón y
de aquí no pasa? Ni ha dicho tal herejía, ni puede decirla: y la prueba es, que ha llegado la hora de !a emancipacíón hasta para loa caballos de los tranvías, incluyendo
los caballos de los encuartee. Al tranvía de fuerza ani·
mal se va sustituyendo en toda Europa, aunque con
cierta lentitud, el tranvía mecánico. Ya es la fuerza motora el va¡&gt;?r; ya lo es el aire comprimido¡ ya lo es, en
fin el flmdo eléctnco.
«Y acabamos de decirlo: En Europa la transformación
es lenta; apenas hay 800 á. 1.000 kilómetros de tranvías
eléctricos.
uEn América se cuenta ya de 17 á 20,(XX) kilómetros,
y de año en año va creciendo este númBro con rapidez
vert.iginosa. Es más: ei algunos tranvías tirados J?Or ca;
ballos existen en la República americana, el eapíntn de
emancipación ee ha impuesto y !!e trata á las pobres ~stiaa con toda la consideración debida á todo sér que vive
cuando es modesto y trabajador. Caii puede deJirse que
los caballos van dentro del tranvía ni máe ni menos que
los pasajeros. Me explicaré. Cuando el tranvía va de
cuesta abajo, hacer trabajar á. los pobres animales es una
torpeza y una crueldad. Basta soltar el freno para que el
coche descienda; la gravedad se encarga de poner en movimie:gto el vehículo. Puee bien, en casos tale!'!, se caler
ca un carretón delante del tranvía, los caballos entran en
él, y el carretón c~n los caballos dentro, y ~l coche con
los viajeros, deec1enden C?n toda tranquilad.ad ~r la
pendiense. Personas y animales van cuesta abaJo en
amistosa compaBía y encantadora fraternidad. Aseguran
observadores imparciales y verídicos, que al principio
loe caballos se a.sombraban un poco y aguzaban lae ore•
jas, como si les asaltase cierto míaticl terror ante la no•
vedad del lance. Pero á loa pocos viajes se hicieron cargo de la sustitución; y hoy, cuando suben á la plat.aforma de su vehículo y se siensen llevar dulcemente, levantan la cabeza y relinchan de gueto.
uEstos relinchos son un himno de gratitud ii. la huma•
nidad inteligente y compasiva. Sin embargo, la emanci•
pación no es completa; porque en las cuesiaa arriba tie•
uen que afianzar los cascos, que encorvar el lomo y que
iirar del coche del tranvía y del carretón juntamense.
La verdadera emancipación está. en el caballo eléctrico
tirando del tranvía eléctrico tambiéo.. Hay muchos eie•
~mas de tranvías eléctricos¡ pero si prescindimos del de
acumuladores, todos los demás no eon más que variedades de una idea, ee reducen á. esta sencillísima combinación. A lo.largo de la vía corre un hilo, ósea pn conduc•
t,or meSálico, y ¡&gt;0r ese hilo circula constantemente una
corriente eléctrica, engendrada en estaciones ó puntos
fijos de la red. Es poner una potencia á. lo largo del camino: ea como hace.,. qu" el camino se extienda paralela·
menie á- un rfo de fluido eléctrico. Y con esto queda re·
enelto el problema, 6 con muy poco más. Porque, en efec•
so, si en el coche del tranvía van uno á varios dinamos,
y supondremos que sea uno solo, para simplificar la explicación, bastará. tender un hilo ó aplicar una palanca
6 una pieza metálica cualquiera desde el dinamo del co•
che al conductor general, para que la corriente pase al
dinamo del vehículo y le ponga en movimienk&gt;. Con
transmitir este movimiento t las ruedas del coche, este
annzará. cobre los carriles con velocidad de 20, 30 y si se
quie"8 hasta 40 kilómetros por hora.
«Vemos pués, que el mecanísmo de los tranvías eléctricos no puede eer más sencillo. Ea una estación central,
se engendra la corriente eléctrica, ni más ni menos que
se engendra la que sirve para el alumbrado. Esta corriente ae precipita por un conductor que va paralelo á la vía.
Cualquier coche-tranvía situado en esta, se halla en comunicooión constante con dicho conductor por medio de
una pieza metálica que sobre él se apoya y eobre él desliza cuando el coche avanza. Por esta pieza metá.lioaqu.e no es, en rigor, más que una toma de eléctricidadpasa la corriente al dinamo del vehículo. El dinamo gira, hace girar las ruedas, y el coche avanza. Y lacorrien·
'te después de haber hecho trabajar al dinamo, vuelve al
polo negativo de la fabrica, ó por un conductor especlal 6
por los mismos carriles, cerrando de eete modo el cireuiio eléctrico cuya parte móvil precisamente, ea el coche
del tranvía. Nada má" 3enc:!lo, nada más elemental. Y,
por lo demás, la h.::rza que engendra la corriente eléctri•

El Prlncipc Conetantino á la vanguardia de su ejército.

ca en la fábrica, pue le ser cualquiera¡ porque eabem~a
que en el dinimo, toda fuerza se convierte en eléctr1•
cidad.
u Puede Qer por ejemplo, una caída de agua, si hay catarata!! disp 'inibl~1: puede ser en último análisis, una
máquina de vap')i-. Y eri verda i que Sales resultados son
admira.bles y curinsos á la. vez
Allá en la~ primitivas edades geológicas, un rayn de
sol penetrando en espesísimo bosque hizo vibrar el ácido
carbónico, de que la. atmósfera estaba impregnada en la
proximid11-:l, pongo pot caso, de una masa de verdura.
Y se descompuso el ácido carbónico por la-fuerza ite la
vibración. Y el carbono se depositó en la p)a.nta. Y en
ella faé acumulándose bajo diversas combinaciones qui•
micas. Má"! t-arde vinieron grandes trastornos de la corteza sólida d~I globo; estremecimientos titánicos del pla•
neta. Y la masa vegetal ee hundió bajo tierra, y pasó al
estado fó11il, y se condensó el carbono y allá. estuvo el
negro filón durante ai~los y sig!oe. Pero _un día la in~u~tria lo sacó de su tumba geoló2:1ca¡ lotraJo á una fábnca;
lo echó en el hogar de una caldera y en él ardió con llamas de alegría, al nnir3e otr&amp; vez á aquel oxigeno dE&gt; que
le aepararon violentamente en el bosque primitivo de las
viejHa edades geológicas. El calor de ~quellas lhuna_s ~e
comunicó al agua de la caldera y la hizo vapor. Oprnmó
este los émbolos de los cilindros, loa puso en movimiento, transmitiendo el movimient.o al dinamo '!Cm rapidez
vertiginosa, y al girar éste, en presencia de los imaneFI,
por su ovillo de alambre circuló la corriente eléctrica. Y
corriente eléctrica se puso á correrá. lo largo de la vía, la
cogió el paso de una pieza metálica, el 11trolley,n p01
ejemplo. la llevó al dina,no del coche que giró r!lpido é hi·
zogirar las ruedas del vehículo, y que le obligó áa,;anzar
con lott viajeros que llavaba á to lo lo largo de los ca•
rrilea.
11He aqui. cómo por qné no rayo de luz jugneteo, hace
muchoé siglo~ en un bo~que gaológico y sobre unas ver·
des hojas, hoy van unas cuantas personas en tranvía
eléctrico, llene quehaceres unos, á sus placeres otros, y
d donde quieran ir todos, sin esfuerzo ni fatiga de eu par\e. Para ahorrarles esfuerzo y fatiga, trabajaron el sol, el
bosque y el ácido carbónico de aquellos aiitlos remotos.
Hemos dicho, y perdónesenos la presente digresión, que
un condactor me~álico, un hilo, por ejemplo, corre á lo

largo de la vía, pero puede cotrer de muchos modos, y
de aquí diversos sistemas de tranvías eléctricos. Eouni.~ •
rarlos y describirlos todos, no eería propio de estos artículos. Limitémonos á consignar, que unas veces el hilo es aéreo y va sostenido por columnas ó poeles como
los hilos del ielégrafo¡ entonces ia comunicación entre
el Carruaje en marcha y el hilo conductor se efectúa por
una percha qne lleva. en su parte alta una ruedecilla de
bronce, ó utrolley,» el cual rueda constantemente sobre
dicho rondnctor. O bien se sustituye al utrolley,» un
¡trueso hilo de cobre, según el sistema de la casa Siemene.
Estos tranvías de cable aéreo han sido hasta aquf los piedilectos de lo&amp; americanos. En Europa las exigencias es•
téticas del público v la resistencia de los municipios ee
han opuesto tenazaiente á su establecimiento. O algunas
veces se coloca el conductor eléctrica bajo tierra y tenemos los tranvías de conductores subterrá.neos. Sobre el
conductor corre una eepecie de hendidura, y la Mrriente
ee toma por una varilJa metRlica aislada que baja por la
hendidura para cnnectar con el conductor electrico.
Existe todavía otro tercer sistema en que el conductor
va al nivel del auell'l. Pero este sistema e:xije disposiciones para evitar la dispersión de la corriente. La índole
de este art.ículo nos impide entrar en má.s pormenores
técnicos. P~ro el principio en que todos loa tranvías eléctricos se fondan, exceptuando los de ac11.muladorPs 1 ee
siempre el mismo. Establecer una corriente eléctrica á.
lo largo de la vía, y tomar desde el coche en marcha esa
corriente para hacerla trabajar en el inteiior de¡
vehículo.
JOSÉ ECII.EGARAY.

Nada sucede en la vida ni como se espera ni como se
teme.
.Alfonso Ko..rr.

Se ha dicho que ya no hay niilos ...... Es que ya no se
cuenta á los aacianoa.
Alfonso Dtiudtt.

�EL MUNDO

DOMINGO •3 de MAYO de 18117
DOMINGO 23 DE MAYO DE 1897

:t¡I, CASO EN CUESTION

Para "El Mundo" Ilustrado.

Sentados en contorno de una mesita del bar; aperas si
á largot1 intervalos nor dirig1amos la palabra, pitocupados cumo loestábamoa con la di1:1cusión 1:1ostemda, y para
la cual había dado tema el caso decidido en aquella misrua ruañana por el tribunal. .1:!.l docwr apuraba lentamen te su cocktail cuotid.iano 1 con el aire de un tmficientista

que ¡.,ui::o.e encajonar cualquiera tésis en un vulgar caso
}Jatológico; frente á él, mi buen amigo el irlaudét1 Patrik
tumaba1 siguiendo con la vista y distraidamentre el ince santti rodar de coches y bicicletas, á 1.r4vés Uel grueso
cris~l qutl nos separaba de la calle¡ él, como bueu sajón
hubiera querido hallar una fórmula malewát.ica para decidir la razón del caso . .r;1 viejo abogado Céspedes hacia
con el 1.0uJ1:1,do asiento de una copa circuloe tangentes evbre el marwol de la IDE'!Sa, y yo, mohíno por la derrota,
trataba de prucurarmti Ja 3usucia de aquellas tres opiniv·
nea, ya qua no Ut1.b1a obteu1do la de loe jueces.
. No cal.Je:, 1·éplica, decía yo.-Se salva la¡ley~que es la jm.•
t1cia, y salvaudo::c:, ér::ta se salva la moral que es base de
la ley. Y sin ewbargo de esta conclusión que dtbéría ea•
t1sfacer, queda en pie el hecho de que por no agraviar li
la ley se:, aherrojan J.us facultades a.isímbolae que, no pu•
uie11do obr.ar acurdes para la consecución del tia preconcebio.o, tienen qutl exustir estériles ó propeDEae á Ja consumación de clluques capaces de:, producir un delito. ..... .
-Todc, es producto de deficiencias-contestó el doc •
tor-1..legará, ha de llegar por fuerza, l'n día en que los
progreso1:1 soc1ulógicos est~b!ezcan una selección absolu•
t.amtmte indispensable ... ... porque ¿quién duda que es un
crimen la union de dos neurotas? y la ley que autoriza
eso, se hace cómplice.
-¡Lnposiblel. ..... ¡imposiblel-dijo á su vez Pd.trik.esto no t.iene remedio ......... La ley no puede reglamentar el amur, base dd matrimonio ......... El amor que ea
afinidHd de idtas, de v0Jici611, de eensacionea .. ...... . Afi·
nidad hermosa, inmensa ........ .
-P..::ro fiuita-concluy\J el doctor-¡ Ay amigo mío! Si
se pudiera.u ballar dos cosas ó do~ seres exactamente
iguales en la lllt.turaleza!
-En total, la razón es mía-dije,-La ley es la moral
en acción 1 s~gúu buenos definidores. ¿ Y puede ser moral
la ley qu~, pur no romper un molde, acaso imperfecto,
por 1it,wor a la presuncion de que la separación absoluta
uesquiciarla la sociedad, hostiga para que se odien á do::1
aéres dl:lsligadoa defacto por lo que tunda. el matrimonio,
como to·es la volumad? La gran razón de los que contra~
r1an la lésie, es un sofisma inícuo .. ....... ¡ El deaquicia wiemo social! ¡Cómo si la sociabilidad, principio absoluto que ee impone donde quiera y en todv casu, uo hu •
hiera existido y no pudiera existir sin esa lig4 declarada
iuqutlbrautablel La medida de ua apa:tamiento relativo
es msuficiente, perjudicial á la condición biológica hu.
wana, é inmoral.. ... .... Sí seí'ior, inmoral.. .... El vínculo
queda subsistente y el carácte~ adquirido ao se pierde,
ue donde resulta que al agra via'lo se le da por satisfac•
c1ón una afrenta, la de no privarlo de un epíteto que le
causa bochorno, y que la ley autoriza e1 adulterio ... .... . .
-Pero ¿y los L.ijos? arguyó Céspedes.
Lo brusco de su ataque ( comprendí bien cuánto enc'e rraba esa pregunta) y el grado de excitación en que me
hallaba, me hicieron eer rudo en la contestación.
-Los cobijaría el amor, el carifio, ó el instinto pa.
ter.nal del c~~yuge que lo tuviE;ra; y si en ninguno
existía, los h1Jos gozar1an de la misma condición con el
u.,atrimonio indisuluble que ein él.. ... .
-,Oh!
-No ...... no .... Convtugamos en que todo ea cue~ti, n
del C«.l!O ...... Yo no répugudcia el divorcio absoluto 1::11
cit:rtos cusus ...... el adult.t:rio, loa vicios que ª"rav1an al
l1ogar ...... Pero en el ca.)u tle su clit:me, l!O haY razón .
-Parece no haberla, y 1:iin embargo al. hay, y trascendeot.alít!iwa, ¡,ero fuera de la ley. Udtedes uo lo conocen
lnen y por eso juzgan asi. Es precim convenir que en toda soi.:1t:dad acuu~ce lo que eu la attuósfera y el mar.
}:stos tientin a~a cambios térmicos &gt;: dinámicos, y Jae
otras sus &lt;:amb1ós llam~mosles psiqu1cmi:. Una di::i!oca•
ción pequ~fiísinu ¡,roduce una 01~ua encontrada, esta
un mov1u11eutfl, est.e uoa perturoactóu y esta una catáa•
trofe. Basta, pacit. conva11r.:esce de esto, el caso de mi pairocinadv.
X, mi protagonista, de modesto origen, ee crió robUFI•
t? y sano, ain ~ingúu wal atavico.; se t:dJcO y bt:li!ust1ó,
smó perfecta, si bastantemente b1eu; dtl J0V1;;;n se d1sti1t•
guió lJOr su bujna indult', y dd howlJrt: 11adit, put'dt1 1e
l.Jrocharle nada: á costa ue laborioo1dad y houradez h-.1
formadu uu capüal y eti, en fin, un hombre de bien y lle
juicio: un howbre upo. Y sin embargo, este hombrd l:ie
halló precipitado al aiiorcio y buy l:ltl halla el más iult:•
liz por no haberlo alc.mzado. O.; rdfemé, enrt:suwen to
que él ~e dijo después de muOLtO tit:mpo q•1e dc-jamu1::1'de
vernos, 1guorando yo qué era de él. .....
-¡ Bah! La eternü. h11::1toria de P.Jaduichi1:ff ... : ..
-Si ...... sin adulterios, sin rnsulios ni proc.i.cidadea
sin arrenatos de imaginación, ~in niptospruductode wa:
la educación ...... 1(Usted sabu-mt:i llt:Cfa mi clieor,e-wu
cuanto esfuerzo llc:,gué á reunir uua b iuita furtuua. Oua1 1
do me ví duefio de ella y solo entoncee, me ~ntí solo y
me vino la obsesión del matrimonio. l',rnsé en casarnu·:
pero conociendo que para la fdicidai en el matrim,~mh
:_e necesita antes que todo bueua elección e1~ la cumpanera, creí ~ebe_r busc~r una que ee _me asemeJara Jo pvtible, en a"Sp1rac1one1::1, Hleaa, educación y posición: la ha)lé, nos simpatizam ,e y CJncluimo::1 por amarnos ...... 8:,
10dudablewente: nos awamos mucho, co11 un amor que
perduró wucbo tiempo, más del señalado para que el
amor conyugal se co!I~it,rta en .amistad pura y det1inte1esada. ¿Qué cosa or1grn6 la prime~ nube? Lo ignoro:
acaso fué la falta de prole en los prunerus añus de mat.ri•
monio. Yo qui~e desde luego tener hijos y conclu1 por
desearlos ardientemente; sentía la nP.cesid.ad de tt-nerlos·
en mitad de mi dicha, me pare;ía que en mi hogar falta:

ba algo. ¿Para quién sería mi fortuna? ¿No perpetuaría
mi nombrt-'! Y r::obra i~o, el·placer, el dulce placer de
acariciar un milo, E"ang1e de nuestra eangre ......... Ella
parecía no preocuparse ui sentir aquella falta, y aunque
con tal motivo nos hicimos reproches, simples reproches,
yo seguía amándola entrañablemente y ella más apasionada de mí cada dia.
¡Qué regocijo cuando supe que iba á eer madre! Y ein
embargo, en mitad de mi alegría, hubo una sombra. Me
causó una dolorc.ea impresión, una extrafieza penoea ver
que ella parecía estar moleeta con ser madre.
Nació una niña, una pobrecita nii'ia, enfermiza y endeble; un sfr que demandaba imperiosamente el calor
maternal, el jugo de los Sf'nos de ella y toda sn ternura
y todr·s sus cuidados ...... Y sin embargo, ella apenas si
la amamantó un poco de tiemp,, con manifiesta repulsión, entregándola c 1n beneplácito á loa cuidudos de una
nodriza. La niña, la pobrecira raquítica, no tuvo otras
caricias que las 1u1as, hechas con la pueilRnimidad del
qu· c ;ee lastimar acariciaudo y hechas á hurtadillas, pa•

DA~L\FO DISTINGUIDAS Mlr.XT&lt;'ANAS

ces, ante aquella impasibilidad de estatua, en aquello!I
aciagos momentos, la abofetee .... .. ¿por qué negarlo? sentí placer en aquello que ella llamó cobard.ia ... ...... Hoy no
es posible que vivamos jumos ..... . Y no obstante, cómo
habría yo de amar á los hijos de ella y mios, a los que
pudieran sin mengua Jlevar mi nombre! ¿Porqué, porqué
no es posible que yo los tenga 11:rl.f ¡ Por qué? ¿Qué cri•
men es el mio para no poderlo?
-Y sin embargo, amigo X-le dije - eso es imposible.
Apenas si de las trece prevenciones del Código, podremos apoyarnos en la sevicia ... .. .... ,, Y en eso basé la demanda, y ueteaes saben cómo ella no quizo afirmar los
malostratamientos de él, y entonces yo tuvo que apelar
á cualquier otro expediente, concluyendo por perder la
demanda ..... .... Pérdida que condena a X á vida terrible
al lado de esa mujer .. ...... .
-Lo dicho-dijo el doctor.-Deficienciaa de la ley ..... .
el caso noes más que la resultante de la unión de una
erotomaniaca con un buen hombre ........ .
-Pues que se adicione el Código-dijo Patlik.
-Insisto en que todo ea cuestión d~ educación y decircun&amp;ancias-añadió Céspedes.
-Eso ... ... de circ-U8tanciaa ... ... dijeron en coro.
ESTEBAN MAQUÉO CASTELLANOS.
Oaxaca, Mayo de 1897.

~I,

Cuando á verme viene un escritor bisoño, un princi•
piante, por mejor decir ( t'"ngo á menudo esa. visita y la
recibo perfectamente bien ), e1 primer consejo que se me
ocurre dar, es el siguiente:
-TrabaJe usted mucho, con la mayor regularidad po•
aible y el mismo número de horas cada mañana. No se
impaciente usted, espere diez años el éxito y la venta.
tiobre todo, cuide muy especialmente de no imitar nunca, y ...... eche en olvido á sus primogénitos.
Después, mi segunda recomendación, es invariable•
mente esta:
-¿Tiene usted un estómago literario; es decir, un es•
tómago fuerte, capaz de digerir todas las necedadee, to•
das las abominaciones que se van á escribir sobre usted,
y respecto á sus obras?.... .. No; por el rubor y la emoción
de usted, veo que es muy joven, muy delicado todavía y
su disgusto, muy natural, le va á causar graves deeazo•
nea ..... . Nada; todas las mañanas, al levnntarse y en ayunas, coma usted lltl sapo vivo. Se vende en lo.e mercados,
y el cocinero puede conseguírselo á usted. El gasto es de
poca monta: tres sueldos vale cada uno si se compran
por docena. Pd.sados algunos años de prueba, ustei mis•
mo se formará un estómago füerario, listo para echar en
él los peores artículos de la crítica contemporánea, t:in
que las nauseas lo mortifiquen.
El literato novel se queda mirándome con inquietud
mal reprimida, miéntras yo le acompaño hasta la puer&amp;a,
insistiendo acerca de la eficacia del método, que tan excti •
lente me ha salido.
-¡Ah, señorito, yo no qlllero decirle á usted que en
los primeros días sea esto muy agradable. .Pero al fin se
con1:1igue, se consigue, apreciable joven. Un buen sapo
vivo, ejercita á mu.ed, lo habitúa á todas las ignominias,
á todos los horrores, á todos los venenos. 0011 él quetla
usted vacunado durante el día contra todos las inru'-'ndi·
&lt;:ias imaginables. Un hombre que diariamente come t:iU
sapo, ea un hombre fuerte, al qu~ nada es capaz de su Ole•
var. ¡ Vaya usted!, ¡vaya ustea, joven, almuércese 1:1u sapo cuotiaiano y tendrá que agradecérmelo más tarde ...... !

SERENATA
III
De vaga laxitud siente la nota
La mano misteriosa que doblega
Y rota su energia, también rota,
Rueda su voz y á la quietud se, tlntrega.
Las brieas de pi.t.no
dominan
Las almas su giro
refrenan:
L'ls frentes vencidas
ae inclinan;
Y vuelan,
y vuelan,
Sobre la antigna hoguera de fororee
Todas las aves de bondad del alma,
Y allí do estuvo la tormenta, hay calma
Y allí do e~tuvo el exterminio, hay florea.
La fiebre decrece, la mano tranquila
Maneja los dedos con vaga quietud,
La noche ee aclara, la luua apartce,
Se aquj.etan las olas y surge la luz ..... .
Inciertas y convuleas
las lágrimas del piano
Nos hablan de otro mundo
que en el confín lejano
Delinea los contornus ·
sonados del ideal;
Nos cuentan los misterios
de las melancolías,
Nos hablan de las brumas
eternas y sombrfas,
Y, en medio á los eecorubros
de los pasados dfas,
Agitan loe recuerdos
sus alas de cristal.
Y ruedan lentamente
Las notae, cual torrente
Que al tiempo se agotó ...

•*•

•••

Srita. Suaana Traikil, d e Pue b la.
(De fotografía de Cosio y C~)

ra no provocar en la madre extranos enojos por mis cui•
dados hacia aquella criatura que parecía pedirme con
sus mir.td.1s de angel protección y ternura. Jamás vi que
ella diera un beso á la nifia, ni que se aflijiera por su estado, y aquella indiferenci.1.1 aquella falU de amor, aque•
119. carencia de apLitud, de sensibilidad y de educación
para la maternidad, empezaron por disgustarme y conclu•
yeron por enojarme. Y sin embargo, la veía enamorada
de mí como en el día de la boda.
La nifia enfermita y lánguida, murió por fin en brazos de la nodriza .. .. ..... ¡ Qué de extrañ.o que se volviera
al cielo si aqui no 1a 11.mabaol Ella soportó indolentemente aquella pérdila queli mi me torturó el alma. Hasta creí notar que en su egoísmo, la contentaba la desaparición de aquel bér que se interponía entre su cariño ha.
cia mí que era el tod-0 para ella, y un cariño que ee recreaba en la perspectiva de la florescencia de nu~stra
unión ....... . .
Cuando en otra vez se sintió madre, ya no tuvo obatá·
culo en manifestar su repulsión para la maternidad.
Comprendi perfectamente que en ella vivía atrofiado ese
afán que forma la dicha cooyug~l. Mi idea se confirmó
al advenimiento de un niño tan débil y enfermizo como
la hermanita muerta, y que se conquistó todo mi afecto
por que en el veía cumplidas todas mis esperanza8. 8n:
t.OLces estalló la lucha; una lucha pertiaaz y agoJt.adora,
que se caldeaba con aquel pobre niBo, que reclamaba
amor y auxilio .... ..... ¿E~ imaginable qut- un padre tenga
velos de un hijo? ~ólo así ee comprende lo que ella decia
por qlleen el conflicto yo me colocaba de Ja banda: deÍ
débil. Yo veía crecerde!icado y acbacoso al niflo, y pen •
sab~ que, si se moría, sería inútil dest-ar más descendencia ......... ¿Para qué? ... ... Yel ·nifio murió también vfcti·
ma, no meca be auda, de la crneldad de ella, á quien wrné á ver contenta, satisfécha .... .. ; la recriminé injurioea•
mente y recibió impasible mis recriruinacioi:;.ea, y enton-

Mariposa venturosa,
Si tus alas tienen galas
Y blasonas de tus alas
Y tus galas mariposa,
Y si la muerte te advierte
No la temae, mi querida,
No es t'terna despedida,
Ni la vida 1 ni la muerte.
Y hay voces exirafl.as que bajan del cielo
Tafiendo consuelo,
Y dice en las notas el lere gemido:
«Yo nunca te olvido ... !»
Se apagan
los ecoe,
La tarde
declina,
Y el piano
modula
Su canto
dormido,
Con voz
cristalina:
«Yo nunca
Te olvido ... !))

•

Y en tanto que el ••
piano de notas ligeras

Deshoja so.fiado sus vores postreras,
De c!imas lf'janos ee allega en los vientos
La estrofa perdida de:, un canto boreal;
Se esfuman las frasee, más se oye distinto
Que dicen las vocea: ¡Attá, más allá!
Yel alma
suspira
promesas
cercanas
Y cruzan
el cielo
dos nubes
hermanas....
Se allega en los vientos
.El canto boreal,
Y siempre
L1s voces
Repiten:
¡ Allá!
Buenos Airee, 1807.
lMANUEL B. UoARTE,

SAPO

•

Aquí estoy yo, que hace treinta aiios, sin faltar un so•
lo tila, antes de entregarme por las maliauas á mis ordi•
narias tareas, me engullo mi eapo respectivo, al abrir Jos
siete ú ocho periódicos qu&amp; me esperan sobre mi mesa de
trabajo; recorro con la vista las columnas de los diarios,
y ei:1 raro que yo no lo encuentre. En el ataque groeero, O
la especie injuriosa, bordada siempre de sandeces ó ero•
bustes, se ostenta el sapo de marras, ya en éste, ya en el
otro periódico, y yo me lo trago con verdadera complacencia.
Como se lo advierto á los eecritores primerizos que me
hacen el honor de visitarme; esto no es muy delicioso
en loa comienzos. Debo confe.:;ar, sin embargo, que de
seguro yo sentía especial vocación para la carrera, por•
que vencí muy pronto mi repugnancia y logré acostum•
brarme sin mucho esfuerzo. Si hice algunos gestvs la pri•
me1a vez, en la tercera y cuarta docenas, ya pude después
manifestar más entereza.
¡Ahora, con la edad, pasan y pa3an que es una waravilla! Las cosas han llegado a ponerse tle tal wod ,, que
ei yo no tuviese al desayunarme el eoneabido eapo, me
haría una gran falta. ¡ Es claro!, me parecería yo á esos
ancianos á quienes si se les suprime por la mañana el ca•
fé, la leche ó el chocolate de costumbre, se lescolldenaá
marasmo por todo el día. ¡Ah! si yo no tuviese alguua
vez el dicboso sapo, permanecería silencioso, mquieto,
melancólico, sin ningún aliento, lo que se entiende, por
inútil. Nadie se puede imaginar el vigor que tal animalito me comunica después que ha entrado en mi economía
( según el decir de algunas buenas gen tea) ese alimento,
t:!eguro que tonifica mi estómago.
Nunca trabajo coa mejor voluntad que cuando lo veo
más horroroso y ha sudado más veneno. Siento una cosa
así como golpe de fuete en el cerebro, un impulso qud
me reanima y decide á ocuparme con verdadero entuciasmo, en mi diaria labor, experimentando punzadoras
an,üaa de tener gt:nio. Sí, no solamente me torna el e~tó
mago sólido y apto para resistir y pasar bien la injusti
cia y la infamia, como si fuesen golosinas, sino que me
produce el efecto di:, un buen excitante para mis quehace•
res matinales y ensancha y fortifica mi entendimiento, y
le fa la vivacidad y la luz á que debo las mejores págiuas que he escrito.
Y no es precisamente el sapo á que me refiero el sólo
qneentra en mi desayuno, pues hay muchos manjares
ae la propia naturaleza. Hace máa de veinte años que mi
edir.or, mi antiguo y buen amigo Oharpantier me dirige
cada dos 6 t1es semanas un paquete que guarda todos
los artículos publicados sobre mia libros. Está abonado
á una agencia de publicaciones, y distribuye los sueltos
alusivos á cada uno de sus 3utores favoritos. De suerte
que fuera de las producciones que yo encuentro y leo en
wis diarios de la mafiana, el resto me llega por esa vía
ea.si del todo completo. No se trata, pues, de un sapo aislado, sino de un mar de sapos de la neaperia&gt;1 enkra en
~u más horripilante hormigueo.
¡Qué enternecimiento me sobreviene cuando pienso en
los paquetes del buen Cbarpantier! Ellos han sido á la
vez mi delicia y uno de los ejercicios más saludables de
mi vida. Por ellos he aprendido altas lecciones de prudencia y me he perfeccionado en el valor, la paciencia,
Ja resignación y el amor á la verdad y á fa justicia.
Yo no los acuso de haberme dado algo de presunción,
lo que sí no ee puede poner en duda es qu~ encierran
odio, injusticia y horror. Hay en ellos, sobre todo, mucha
tontera y mucha frivolidad. Yo quisiera exhibir al pú·
blico el contenido de uno de eso~ paquetea y mostrar có•
mo el ataque lanzado por uno de los diarios más leídos,
p 1!:a á las prov~nciaB .Y vuelve más tarde ~n la. prensa ex•
tranjera, repettdo baJ0 todas las formas 1m!'gma~les.
Viejos enemigos míos, se han tornado mts am ,gos, al•
guoos amigos por lo contrario, han ido á engrosar la fila
&lt;le wis adversarios. Después q11edael sobrante, las esco•

34'1

EL MUNDO

rias excusas que datan de veinte afias; croniq~illaa que
viven de las leyeridas socorridas, falsas acu:!ac10nes, es•
tereotipadas, cuya publicación se paga á tanr.o la línea.
E:1 preciso saber vivir.
Hace un cuarto de siglo que el conOOnido ~e loa paque•
tes no ha variado, forma hoy el montón mismo que e:°
los primeros días de mi carrera, mucho papel desperd1:
ciado inúlilmente sin que yo baya podido sacar de él lll
el más insignificante provecho.
Eo otro tiempo, (quince años hace ) me vino la idea
de publicar uu volumen con este título: 11Sus i!lj~rlas,11
una colección escoaida y delicada de los cumplimientos
y lisonjas que la c~ltica me había dirigido. Aseguro á us·
tedes que dicha recopilación, hubiera servido perfectamente bien de manual completo para los venideros car•
na veles.
¡Fácilmente se imaginará lo que el montón ha debido
crecer más tarde!
Mi granero de Medán está colmado hasta las vigas, y la
corriente llega hoy con la misma furia que ayer; nada la
calma, ni mi ~rabajo, ni mi edad. Decididamente la ~m•
pt&gt;stad no tiene fin; están abiertas las cataratas del cielo
y llueven sapos que ea una bendi~ión.

rá alguno diez años después de muerto, al audaz busca dor descehder al albafial de la injuria, donde se adormece al oleaje de todas las invectivas, pronto á desbordarse
al primer acceso de lo Jura manifi1dta?
Hoy todavía nos lo explicamoe:, pero más tarde, ¿cómo
se podrá comprender e~e cúmulo u.e ignominias, y cuanta saliva se escupe á la cara de los mái:1 nobles y de los
más grandes?
Nuestros nietos harán una obra de me-recida y verdadera justicia, poniendo cada obra del ~iglu en el lugar
que le corresponda, y una horca para los qu~ no han ea•
bido hacer otra cosa que insultar u uee1 r _, e brillantes glorias de mailana. ¡Ah! estos sapos hur,ibles, verdosos, son
para mí dulces, como las pastillas de ambrosía que nos
hacen probar de antemano el gusto divino de la iumor•
talidad.

•
••

Francamente, me pasman esos críticos infatigablee,
proveedores de sapos. ¿Por qué ee dedican á tan vil
oficio?
. .
Para perjudicará los autores que de esa manera IDJUrian? Pero ese cálculo es absurdo, puesto que no los da·
ñan, sino por el contrario, loe benefician. ),Cómonoecba.n
•
•
de ver la verdad probada, indiscutible, ~e que un escr1 ·
Habría que hacer con toda eeriedad un trabajo muy
tor se engrandece con los ataques?
interesante sobre la masa verdaderamente espam.osa de
Los más grandes son los mas atacado1:1 1 y desde el mo•
artículos que la prensa publica dfa á día á propósit.o de mento en que cesan los golpes que se les di~ige~, parealgunos escritoree,
ce también que ellos declinan. La prueb~ es 1nfahble: ¿se
No hablo de aquellos estu:lios, ¡ya muy raros! escritos me ataca siempre, luego estoy toda·vía en mi puesto..
concienzudamente é inspirados pur el alll,Or y el respeto
La verdadera muerte literaria, comienza por el silená la literatura.
cio que rodea á las obras del hombre.
Hablo de toda la inquina baja, de la•estupidez revuelLos insultadores no son en realidad otra cosa que las
ta, de la cJ lera ... nvidiosa, que hace salir á la espectación reaonaatestrompetas de la gloria del escritor, cuyos triungeneral el buen éxito de algún escritor, y más que, eso su fo@ ee empeilan en proclamar.
provecho pecunia,io.
F,n caso ñ.e que ellos quisieran dafiar vndaderamente,
Puede ser que algún día pruebe yo hacer un análisis de la táctica más adecuada sería el silencio. Pero en esto res•
ese rerrdn l Ci:,nago1:10 que determitia un hombre de letras plandece, sin duda, la justicia inmanente de las cosas.
desle el punto en qne legítimamc:,nte adquiere alguna .No puedt:n ca!lar, porque necesitan ladrar, como hace el
nombr,1d1d.. Hoy me concretaré á. seflalar tre.o géneros de perro cuando pasa la caravana. Estoy convencido de que
artículos de los que son más frecueutea.
la Providencia en la cual quiero cretir en estos momen•
Desde luego tenemos el artlculo best.ia, que .es el más tos ha dado et' viento á las velas, para impeler al nav[o
per louable. Es costumbre que lo .escriba ~n Joven can· al 'Puerto glorioso del porvenir.
di.Jo ámenos que se deba á cualqmer afemmado caduco
¡Dios mío! ¡Se dafhm á sí miemos! Las páginas legad'ls
y amigo de niñerías. De todos modoa, este critico ni sien· por la critica, son un testimonio terrible en su contra;
te nada ni comprende la obra de que se ocupa, y desatina porque si ella se engaña al juzgar una obra, la prueba de
con la mayor serenidad, sin tener la meno~ idea de ague• su error será perdurable, y ya pueden imagin~ree uste/lo á.que se refic:,re. Deja á u11 lado las intenciones del au• des el papel que hará en adelante, su .sentencia vana y
tor, lo acuea de crímenes que no ba cometido y .le .Preat_a convicba de inbecilidad ante la obra trmnfant.e.
cuanta~ perversidades pu~den caber en ~u propia 1mag1Pienso á menudo en Saint Beuve, cuya memoria tiene
nación, siempre fértil en toda clase de villanías. Y.o lo
por cierto mucho de que podamos consolarnos, porque
respeto por bestia y no por ruin. PcN cómo produce in- á dejado juicios definitivos, inspirados en verJadera y
quietudee esta dichosa estupidez y se :mnvierte en orígt:n circunspe.ta recli.ud, pero si resucitara ¡cuál no serfa su
di:, fal-edades y pareceres tantos. Yo citaría veinte ejem- bochorno al contémplar la ta.lla formidable de B3i.zac y
plos en que ha sido suficiente un mentecato nomás, pa~a el dominio indiscutible que ejerce sobre la novela moimpedir que una obr.:1. salga hermosa y sana, hasta el d1a derna! Este autor tan cowbatido y negado por él, y Baren q11e la tardia verdad se abre paso.
bey d' Aurevilly :y Planche miamo mejor equilibrado,
Muchas veces meacuerdoJ de la frase q11e Taine repetia qué bien hacen en permanecer en sus tumbas para no
delante de mí (ya hace tiempo de esto ) cuando encarga• ver la mayor parte de sus sentencias casadas, y los escri•
do d'j las publicaciones en la casa Hachette, le enviaba toree que ellos han elogiado ó deprimido, sobrevivir en
yo lue artículos que aparecían sobre su uHistoria de la Li · la perpetua renovación del genero humano.
ter.t.tura Ingleaa,11 recientemente Ealida á luz. Lo atacaban
Hablaba yo hace poco de la inmunda cloaca que se
violentamente, y con especialidad los periódicos religio• formara, con el montón de artículos legados por los ceo ·
sos le dedicaban censuras llenas de furor y de encono. t1ores que tienea la manía de injuriar. Pero sin deseen- '
El ee encogía de hombros á cada ataque de aquellos, mtis der á caaos excepcionales, de certidumbre evidente, co.n
proveuiclos de la pasión que del talento, y decía sonrien- graode extrañeza afirmo que la mayor parta de los críti•
do con dulzura: -1(E~ un artículo de cura de aldea.n En• cos no se preLcupan mucho del proceso que se instruirá
tiéndase por eEt'), ti artículo de un hombre bravoJ en el más tarde ante laa generaciones venideras, sobre sus senfondc,, pero un bravo impediio, cegado, que no entiende tencias y las otras que hayan juzgado. En esta materia,
palabra de lo que dicd. En suma, un buen sapo.
sólo la razón y la justicia será.n las soberanas, de modo
Viene, en seguida, el artículo emponzoñado, Este de• que toda critica fuera de ellas, estará mal ~iment&amp;.~a. y
manda algún talento á su autor, y es con frecuencia la sérvirá para vergueaza del que la haya escrito. La umca
obra de un hombre inteligente, de un literato, en -fin, excuea podrá ser la buena fe que tomará tal vez el nom•
porque es menester algo de erudición y arte para enve• bre de la inteligencia, En cuanto á los otros, los que
nenar hasta los puntos y comas de un escrito. El toque se hayan inspirado en propósitos poco nobles, y escrito
estriba en poner todo lo que pueda herir, todo lo que las- por pasión, por envidia ó por ira, resultarán convictos á
time y dañe, exhumar las frases olvidadas del autor, co• la püstre, de su vileza y r..1indad. J am.á.s he leído uno de
naciendo que le son desagradabl~s; coordinar los textos eaos artfouloa impregnados de hiel y de cólera sobre uno
discordantes para darles un sentido mortal, aceptar en de mis libro~, sin sentir en el fondo verdadera compasión
las opiniones lo q•1e ellas pueden tener de pernicioso; por el pobre autor á quien se los debo. Ei uno que pretender su lazo á propósito de cada frd.se; hacer que corra tende ser vil, bajo la piedra de su sepulcro, cuando loa
entre las línea~ impresas todo un caudal de abominacio• dos hayamos muerto, mientras que yo dormiré en mi
nes mal encubiertas; ocultar bajo cada frase la flecha del fosa muy tranquilo después de haber concluido mi terea
caribe que debe matar con la menor picadura.
de honrado obrero.
Conozco á dos ó tres de estos criticas que no pueden
amar ni admirar, cuyos artículos, de una apariencia ca•
Cae. cae en mi humilde casa, bienhechora lluvia de sa·
riñosa, son nidos de víboras bajo flores. Sudan naturalmente la perfLiia, como los pin9s su resina. ¿Qué rabia pos. Sigue trayéndome el valor y la entereza para ver de
tienen mezclada tin la sangre de sus venas, qué concien- frente á los hombres, sin sentir ningún desaliento.
Cada mafiana, antes de mi trabajo, haz que no me falcia de su impotente genio para mancbarasí toda creación?
Se piensa en bajezas ignoradas, en almas viles y ne• te en la mesa y entre mie diari()s el sapo vivo decostum.
gras, propias de hombres ruines, que, avergonzados por bre, que hace tanto tiempo me ayudaáeobrel1evar nues •
la mediocridad de sue obras, se solazan manchando las tra feroz vida literaria. Creo que esta medicina higiéni·
ca ea indispensable todavía para conservar mi vigor. Y
de los otrc.s.
·
Un artículo de e~tos es. según mi sentir, el mejor de el dia en que me faltare mi sapo, sospecharía que mí fin
los sapos; lo cubren las pústulas de la envidia, y está hin- estaba proximo - y Y" había escrito mi última página
chado por el veneno de todos los rencores. Cuando un buena.
¡"Yamos, un sapo ayer, y u~sapo hoy, y en espera de
escritor tiene la buena sut,rte de saborear uno dtl es tos,
sin duda. que tiene inmunidad para dos meses, y queda el sapo de mañana, para bien de mi salud y de mi
alegría!
insensible para los más eangrientos ultrajes.
EMILIQ ½oLA.
Queda, por último, el artículo que llamamos «loco.u Yo
entiendo por tal el articulo de un sectario, de un dese•
quilibrado en materias de fe ó de política. ¡Ab.! miserias
de la intolerancia ó la pasión que le vuelven el juicio al
hombre y matan toda virtud y toda justicia. Los conoces,
¿verdad?
Se lanzan ellos al combate en nombre de esa justicia y
de pi::a verdad, y realizan la más excecrabrle de las tareas,
la difamación, la delación, condenando al prójimo sin
prueba a 'guna, inventando d~moetr1'ciones á su sabor,
No escribo vnsoe aquí
aceptando como cosas evidentes las bajas murmuracio•
porque mi nombre rernerlea,
nee, encarnizándose en las mujeres y los nifios, sin ese
sinó para que w ac uerdes
simple buen sentido que nos indace á perdonar 81}. los
que yo me acuerdo de tí.
otros l11s debilidades propias de nuestra fragil humanidad. ¡De ese modo la obra que ellos pasan es la que se
C.UIPO.UJOR.
imaginan que puede ser justiciera y redent.ora ...... ! ¿Ve-

•

•••

�EL MUNDO

ILDA.
CUENTO ■ EXICANO

I
La tribu chichimeca se ufana de tener en su seno á la
hermosa Ilda, la hija de eu vieJo rey, cuyos ascendientes
han ocupado el trono de oro y cefiido á su frente Ja dia•
derna de plumas color de iris, duran'8 seis generacionee.
El pueblo la respeta, y desea que sus hijos hereden Ei
n6 su maravillosa hermosura, su bondad.
Quince anos cuenta; todos sus eneueftos son color de
roes, y entre e11os ve destacarse la figura vigorosa del
mancebo que por primera vez ha hecho palpitar su corazón de virgen.
Los poetas la cantan y comparan su divino busto con
el de Ja mujer que habita de noche las mansas aguas del
r1o, 6 el de Atonantircb, la diosa de la cauda aznl;- su
rostro resplandece cual el de la pálida metz tli cuando
en noche serena ilumina los bosques de ah uehueteP, 6
hace quebrar, en loe acuosos prismas de las o las del mar
del sur sus refulgentes rayos;-menos gentileza tiene la
palomit.a del collar negro, y voz más áspera el pito-real.
JI

con que el capricho del azar escribe
una escala cromática de hermo888:
eecueta de oropeles
y de atavíos aobria
tuert.e en el pedestal de tus encantos,
con tus gracias por únicas fiadoras,
miras en derredor, como queriendo
contestar un saludo á la victoria;
verdP esplendor ee escapa de tus ojos,
y ¡todos te proclaman vencedora!
TOBBELLINO

El vals y mi emoción 11 un tiempo vibran:
luces y ritmos por el aire ondean,
coloree y fragancias se confunden,
arpegios y fulgorps se entremPzclan.
Hay boda: del pincel y del pent.ágrama.
Hay besoe: los del tinte y la cadencia.
Gentil como t.l\ eola,
como tú sola bella,
al leve impulso qu .. ni mano imprime
sobre tu eebelto talle de Minerva,

DAMAS DISTINGUIDAS MEXICANAS

Todo está en silencio-las sombras han
cubierto con su negro crespón la ciudad y
la baja silueta del palacio se confunde ~n
la de loa árboles que la circundan.
El silencio sepulcral ea int.errumpido de
cuando en cuando por el canto agorero de
los pájaros nocturnos, ó el suave aleteo de
las alas sedoB88 de algúo buho·-atravieean en rápidos giros laseetrechaá callee los
murciélagos que ee cuelgan de loa troncoA
secoa de los plátanos, cuyas hojas macilentas se desparraman por el suelo.
III
El padre duerme y la bija vela·-eepera
la eeilal convenida para uoirsecon ~u amante y buscar, muy lejos, un ~dazo de paraíso, en el cu.ar se deslicen e1lencioeamente las horas dulcfeimaa que pasen juntos,
sof'i.andoen su porvenir, lleno de ilusiones.
La seflal convenida suena y poco después, dos siluetas caminan c~uteloaament.e, amparadas por la eombra.
Pobre viejo! ya nunca peinará. tus canas
la hija amada, ni sentirás sobre tus meji11as sus labios ardientes!

IV

. Tria~ resuena el tepona.:ra , y el rey ee dirige vacilante al te..oplo: sus cabellos caen
ell desorden, desceñ.idos de la corona de plu.
mas color de írie;-el cacUi bordado de oro
no se ajusta á su pié, y el maMne&lt;:all no ci~
fie ~u ~usto;-1.a ciudad es~á triste y hace
sacnfi~1os 11 Hmtzilopochtli por el regreso de
la pnnceaa;- el gran sacerdote riega la
ean~re de las víctimas á los cuatro vientos
la piedra de los sacrificios, techmll maná
~aogre y el cu.au.ricalli rebosa de ~orazo~
nes. Después viene la orgía, el pulque cow
rre por loe vasos de coco labrado, pero el
monarca no toma parte en ella.
. Las noches vuelven, pero el suelio no vifltta !os párpados lacrimosos del viejo rey,
11 qmen ~nsume una fiebre devoradora.
El anciano se agita en su lfcho de estera
y en su delirio ve la hija por quien muere
que lo llama, con los brazos abiertos, ensellándole como emblema de la otra vida la
reíulgente aureola que circunda su her~oea cabeza. Las lii{aduma que mantienen su
alma atada á la vieja materia, son todavía
bastan.~ fufrtee, lo que lodeseepera-¿no ve
á eu h1Ja que lo llama?
V

DD ■ INGO a3 DE ■ AYO DE ,8117

•

esta fiebre, este foco
que se nu~re de sangre de mis músculos,
que e~ mis ven.as ago~a el nectar rojo,
que a_tu'an~ m1s nervios y que ea árbitro
de mis sentidoa todos.
No lo quiere esta llama que ilumina
el ara oculto en 9-ue por cí me inmolo·
no_lo permites tu, mi casia Venu1:1
'
¡mies que.para mis campas ambiciono!
Tú, de qwen traigo á mi escondida cámara
ese calor de Agosto
que por mi ser difunden
las verdes llamaradas de tus ojo1:1,
ll&gt;uc rto Rico).

Jost

A. NEGRÓN SANJURJO.

,

RONOUS VAGOS
Pasaa por el abismo de mia tristezas

Pasas por el abismo de mis tristezas
como un rayo de luaa sobre loe mares
ungiendo lo infinito de mis pesares
con el nardo y la mirra de tus ternezas
Ya tramont.a mi vida h tuya empiezas
mas salvando del tiempo loe valladares
como un rayo de luna sobre los maree
pasas por el abismo de mis tristezas

Como blanca theoría por el desierto

AGOYA
Poderoeo visionar:o,
raro.i..oge~o tem~rariu,
por t1 tmc1endo mi inctinsario.
P~r tí cuya gran paltta,
capr1cboaa1 brusca, inquieta,
debe amar todo poeta;
por tus lóbregas vit:,ionea
tus blancas irradiaciones, '
tus negros y berm.eUones;
por wa colores danteeco!'
por tus majos pintorescos '
y las glorias de tus frtscos.
Porque entra en tu gran tesoro
el diesLro que mata al toro
la niña de rizos de oro,
'
y con el bravo torero,
el infante, el caballero,
la " antilla y el pandero.
Tu loca mano dibuja
la silueta de la bruja.
que en la sombra Bt:: arrebuja ,
y aprende una abracadat;ra
del diablo patas de cabra
que hace una mueca macabra.
Musa soberbia y confusa,
ángel, espectro, medusa,
tal aparece tu muea.
Tu pincel naombra, hechiza·
ya en sus claros electriza,
•
ya en sus aom brae sin fon iza,
con las manolas amablt1:1,
los reyee, loe mieerablee,
ó los Cristos Jamelltablee.
.En tu c!arvacuro brilla
la luz muerta y annuilla
de la horrenda ~eadilla,
ó hace encendt-r 1 u piLcel
los rojts labios de n.iitd
ó la sangre del claveJ.
Tienen ojos aeeeinos,
en sus semblantes divin(s
tus ángelPa femeninoe.
Tu caprichosa alegría
mezclaba la luz del dia
con la noche obscura y f1 fa.
Asi ea de ver y admirar
tu mieterioea y sin par
pintara crepnt!cular,
de. lo que dan testimonio:
por tus frescos, San Anto11Hr
por tus brujas, til demoniu. '

''°,-"o/'t"~~e,,
~.,,,,,,,. . -..,,,, ,

-~.-.• ...,..... """""~....
..,

CAllPOA.K OR.

'49

EL MUNDO

a3 DE MAYO DE •"91

No mlis en la tersura de mis cantares
dejará el desencanto sus asperezas
pues Dios que dió ii los cielos sus laminares
quiso que atravesaras por mis tristezas
como un rayo de luna sobre loe marea

lid.a murió antes que su padre una fleRuntN DARlO.
cha errada por Yacáne.x, buscó a'brigo en
senor
- 1•E 111 G
a
c ·
snconu:ón
lleno
de
d"
.
wi
m a onz lez os10 y Acosta. ( De fotograf1a Valleto Y e•)
_
,
sa~gre ar iente y roJa;
.
··
- l acá~x, el descendiente de los incas de alma de hiegiras
por
el
amplísim?
~ectáogulo
rro, abrió con su cuchil1o de obsidiana el pecho; poco d8'3y en pos de tí, la env1d1a que despiertas.
pu~a dos cadáyeres reposaban juntos, teniendo
r 88 .
Yo, como el ave herida
EVOLUCION
pulcro una tupida alfombra de yolos6chiLls las flores del
en la natal floresta,
corazón, y por bóveda el inmenso pálio aztil del cielo.
giro también ...... en busc3
Joet .ASC.Áft.FAGA C.
de mi nido de sueños de poeta:
T~ fiebre-~mante 11ena de caricias secretas San Salvador.
voltaica sacudida
l.: mó sus lab.1os de ~cua con mis labios marchito&amp;
precipita la saagre en mis arterias·
Y pobl.ó .loa insomnios de mis noches inquietas
chocan en mi cerebro
'
De caricias absµrdas y de ber:1os malditoi:i·
rot.aa en mil pedazos, las ideas·
'
-9/',''.~
,::.)....,
Eros quiere encarnar en mi paiabra
La tristeza-una amante sombría, taciturna,
1,, , ..
~
y torpe, el labio á balbucir se niega!
Fué, deapuée, compai'l.era d➔ mia noc}jes glaciales
rendido, hipnotizado
'
Y en las h?ras tedioB88 de mi pena nocturna
bajo la sujestión de tu preirencia
Arrolló mIS dolores con sus cantos nupcialee;
voy dando como autómata
'
la circular acompasada vuelta·
~oy se ~pagan y tiuermen mis causadas pupilas
PERSPECTIVAS
y cuando la brillante catarata'
, tendida~ l? largo de mi cuerpo insene1ble,
de melodías cesa,
Vela el. sueno .mcoloro de 1;1ii noches tranqnilas
ANTES DEL VALB
busco un sitial en que la calma logres
La Ind1ferenc1a-amante e1n nervios, impasiblequedas en él ~omo en tu solio ¡oh rei~a!
Jirón de cielo ó mar-dos infinitoe la eaya azul que en tu escarpín se adit.a
y al fin resucu.ando de aquel vértigo,
A.XTENOR LiscAKO.
me acuerdo de que eak&gt;y sobre la tierra ..... .
esfuma en~re loe pliegues aus contornos
de. la doble columna en que te apoyas;
roJa como la flor del amaran to
MI INVERNÁCULO.
la cinta que tue crenchas aprisiona
Yo sé que en torno á mf nieva y escarcha•
finge un halo de fuego
yo sé q ne el bóreas ronco
'
~n torno á un haz de rayos de la aurora;
cuaja el cristal de hielo en mis alféizares·
i.as suaves líneas de tu torso cubre
desde estas salas oigo
'
blanca almilla gaseosa,
la gota que á compás en mi techumbre
á la que, P&lt;•r la espalda, inunda en oro
cayendo está con en caPr monfito■ o·
iu destrenzada cabellera blonda•
hay en la 2cera gélidnp car.imbanos:
hasta ascender á tí, t;ónrca aguai
En cuanto al bien y al mal nada hay lejano:
hay frío ...... , mucho frio ...... en el iÚroyo·
c:i:d:1 mujer de este concul'BO es ~ata
todo se ~talla al alcance de la mano.
pero no IIPga ad: no 'o consiente
•

.,;

DO ■ INGO

Como blanca theoría por el desiert.o
desfilan silenciosas mis ilusiones
sin arbol que lea preste sus ramazones
ni gruta que lea brinde refllgio cierto
La luna se levanta del campo yerto
y al claror de sus rojas fulguracionee
como blanca theorfa mis ilusiones
desfilan eilenciosaa por el desierto
F:n ,·ano al cielo piden rPVt,lacionea
_¡;:on esfinges los astros Edipo ha muntoY á la faz de las viejas constelaciones
desfilan silenciosas mis ilusiQnes
c0mo blanca theorfa por el desierto
A1,uuo ~E1n-o.

SUINDA

I
Yoh·ámonoa, aelior. Cuando Pomb1"ro ~ nuestro lado
silba y rn eRcucha el ruido delas.alas del Suindá, alguna
desgracia ancPrle al caminante. Volvámonos, señor. Ael'.
mi guía, presa ,le supersticioso pavor, dice y se detiene
en medio del camino.
¿Y quién es Pombero?-Invisible se encuentra á. nnetic•
tro lado, adivína nuestros pensamientos;-no hay misterios ni arcanos para él.-¿Y Suindá?-Es Suindá. el compafiero de las sombras,, el profeta de la muert.e q•te busca
entre las tnrabas la tumba de su hermano, sin jamás encontrarla. Escucha rarai la leyenda de Suindá.
JI

Nunca mas puros loe rayos de la luna platizaron las
hojas del g1utp&lt;1y, jamás más bellas las ~atas de rocio, cual
líquidos diamantes, brillaron en las flores del ta,,t, s6lo
esa vez el Seembucú besó con ósculo de amor al turbulento río que lo absorbe en su corriente; flores y aromas,
amore1: y sonrisas, ecos de dulcíeimos arpegios, recuerdos
de suavísima salmo&lt;lia, ténue luz, brisa tibia, harmoníaa
indefinibles, embalsaman, aduermen é iluminan la cuna
de Suindá.
!JI

No nació solo. Vino gemelo al mv.ndo, ií. su hermano
unido en u.moroso abrazo, y al estrecharlos la madre contra su amante seno, angélica sonrisa se dibujó en los la•
bios de esos pedazos queridos de su alma. A cuál besar
primero? Instintivamente la madre posa sus labios en loe
labios del hermano de Suindá, ya que ii la vez no era po•
si ble besará loa dos. Gérmenes de la ira, embriones de
odio, semillas de venganza, envidia y celoe, tifien de rojo cá.rdeno el rostro de Suindá.

IV
Loa celos ¿son acaso ellos la mlis poderosa de las pasiones humanas? Envenenan la existencia; enemigos del hogar, destierran de él la paz, deaciendeo á la choaa pajiza
del ~aetor y suben al palacio de loa reyes;dealfaanse cual
t-epttles en~re flores y enrn~can sus anillos en el corazón
del hombre y allí matan despiadados las más nobles afee•
cianea.
Amor conyugal, dichoso porvenir, fneños é ilusiones.
aspiraciones nobles, e\Pvados ideales, abnegación y vida,
todo cae envneho entrtl la negra sombra de los celos, tras
el alud de la rastrera envidia.
\'

Cinco lustros han pa!lado desde el nacimiento de
Suíndá. Eacoudida entre lianas y diamelas, á orillas del
:Reembucú, guarda Ja rustica morada de un pa~tor la jo·
ven bella; sueño dorado del hermario dt! Suindá. Es trig ■efla como bija de loe t.rópicos, tianen aus ojos el color
de la noche y los desr.eJloa de ene astros. Sabe Suindá
qM ella y su hermano se aman; pero él también siente
latir su· oorazóu con sensación extrati.a. Y ese secreto
amor que nace y se agiganta, en co nbate con lM aíeccionee frateroalee, las ve al fin caer vencidas cuado la mano del criminal prep:irJ. l:t. fr:it:ci1.'.l n~c:l:1.

VI
Dulce t.ro'"a de amor ee escucha al pie de la ventana
de la hij~ del putor; dulcísimos idilioa, eternos juramen•
tos, ruidos de besos, y brazos que ee estrechan, corazones que laten movidos por et amor más puro.
Brillan como carbunclos en el vecino bosque los ojos de
Suindá, encendidos por el odio y por Jos celos. Dispara
la envenenada flecha que aa.ravieH et cuerpo de la bella y
de su hermano, dejando unidos sus dos cadáveres como
unidas salieron al cielo sus dos almas. Lleva en seguida
su nervuda mano al afilado darao y hasta la empufl.adura lo hunde en su corazón.

VII
Una ave miaterio!!a-dehosca mirada y cesgo vuelo, des·
de entonces recorre las tumbas olvidadas, cuando las
sombras de la noche se extienden sobre el mundo; y si
en nuestro hogar ee escucha su graznido 6 el ruido de
sus alas, cual profeta da muerte anuncia. una desgracia.
Es el alma vagsmuoda de Suindá que expía su pecado
huyendo de las luces y de las aves.
Calló mi guía. ¿Me refirió acaso la leyenda de Abel y
dé Cain? La leyenda biblica babia de celos del amor divino, la guanmi de celos del am.or mundano.
No~: TABORDA.
Paraguay.

fanfarria, encontrar Jas mismas caras y contemplar los
miamos idilim pltbeyo~.
De cuando en cuando y para descargo de. su conciencia ó más bien con la esperanza de ser ampliamente pagado en otra vida, CQlocaba algunas monedas en una de
esas manoe t.rémulas, agarrotadas y sucias que se extienden suplicantes al pasante, y en esos días recordaba su
acción á. cada instante, se encomiaba. á sí mismo y aun
si hubiera podido decírselo al mismo Dios, repi~iéndos~lo, haciéndole apunt.ari.o en un libro 1 cobrar recibo casi,
de mil amores lo hubiera hec-ho.
En sus últimos afios algo se arrepentía de no haberse
casado pero únicamente para encontrar en la mujer una
enferU:era solícita, una mujer que tal vez hubi~ra con
sus cuidaJoa proloniado sqa díae, y como el médico per•
maneciera aún ahí, le decía:
Tres años, doctor, na:la más eso, me casaré y mi mujer me cuidará bien, no ea verdad que......
.
Hizo un gesto de espanto, las manos ee a~1taron nerviosas, las sábanas subieron más aún, y bamendonuevo
gesto sus ojos tomaron la inmovilidad de ágata de loa
ojc,s de muertn.
-¡Ya está! dijo el galeno tomando el p11lso.
-¡Al fin! exclamó el imberbe sobrino que heredaba
los dineros del tio1 sin poder contener su indiscreta
alegría.
Y esta fué la oración fúnebre y las ú nicaa palabras que
la muerte del buen aenor hizo salir de humana boca.
.BE1tNAROO

Cor,-o

CA"l'TILLO.

Mayo de 1897.
ULTIMO$ MOMENTOS

Lo amariilo de la lamparilla veladora y la blancura de
la&lt;i ropas de la cama, era lo único que de pronto aedistin·
guía en la vasta estancia.
Cua11do lo, ojos Ee hacían á esa media obscuridad, so·
bre el lecho se veía el rostro flaco, de amarillentas livi•
df'ces, de ojos angustiados y humedo,, que con toda la
vida que en ellos quedaba, se fijaban ansiosamente en la
puerta del cuarto, y unas mano:1 larga~, huesosas, que se
clavaban en las aá.banas, se agitaban, tarántulas desque•
brajadas, y con mecánicoéinstintivo movimiento, atr~ian
constantemente las sábanas al rost.o, como quenen·
do, según la frase de un célebre psicólogo co11temporá.•
neo, revestirse ya del sudario.
En la puerta apareció la silueta del médico, larga figu•
ra envuelta en larga levit.a; loa ojos del enfermo chispearon; los pasos graves del enlutado personaje fueron haw
cia nn sillón mecedor, donde un joven, imberbe todavía,
bostezaba con aire fastidiado; unas cuantas palabras dichas á media voz se cruzaron, y los pasos.fueron hacia la
cama donde Jos ojos se dilasaron y una voz perceptible
apenas, balbuceo:
-Vi ..... viviré ...... un año ...... doe, nada más Doctor.
El Doctor nada contestó, pero en su r()stro de impeca ·
ble impasibilidad, hubo una involuntaria mueca de lástima que hizo saltar las inquietas manos y agitarse el cuerpo e¡;¡queleteal del enfermo.
El médico permanecia·inmovil, viendo al desechado
con eee aire de piedad y de curiosidad que aún los más
acoetnmbradae á ver pasar la fatal línea, toman ante loe
forzados viajeros. El Desgraciado leía su sentencia en esa
aciitud y, haciendo un esfuerzo pretendía dominarse,
darse valor y su cabeza monologueaba:
-¡Ya!. ..... ¡ee acabó todo 1 •••••• tenía que suceder...... .
¿y qué? ........ ¿qué es la vida? á. quien dejo, que extrafl.o,
qué podré echar de menos después de muerto? y en vano
se convencía de que era viejo, de que no tenía ni un hijo, ni un hermano, ni una mujer; fin su corazón no ha•
bfa nada, ni siquiera recuerdos. ¿Había querido algo en
este mundo, fuera de su egoista tranquilidad? No, ¿verdad? Otros van llevándose aunque sea r111naa, y en elmo·
mento de la muerte ven dibujarse rostros que aonrien 6
que lloran, figuras de amigos que pasan, recuerdos de
buenos ratos que se esfuman; para él, nada1 nada, el más
completo de los vacíos; y, sin embargo, y arn embargo se
afnraba 1í. la vida, se aferraba con ai.aiar:1 1 con su voluntad y sus fuerzas todas, si las fuerzas fueran capaces de
vencerá la muerte ......... y repaeaba lo que babia sido su
vid&amp;., la más vulgar, la más escasa de sucesos, la más monótona d"' las exíatencia 11 , capaz de desesperar al más
contentadizo de loe novelistas.
Su iníancia: unos cua.ntos ai\oa de timidez; él no t.enía
ecos de carcajadas, ni de carreras, ni de pnrazos; él no
sentía en ese momento gritos infantiles, gorgeos de traviesaa aves que lo llamaban ó lo picotearan;en su juven •
tud, dos aucesoe: la muerte de su padre y casi inmcdiatamentedeepnéEI, lade la madre; todo lo que para él represent.aban estos dos lecho!!', eran dos noches pasadas al lado de loa cadáveree, cuidando las ceras que ardían chisporroteando, y desde entonces, comer solo, dos luga1'es
menos en la mesa común; pero fuera de esto, nada cam•
biaba, las mismas criadas, la misma casa, loe mismos hechos y las mismas palabrae.
El vefa turbas de j6venel!I yendo rientes, ii su ruina tal
vez, pero una ruina precedida de clioques de cristales y
resonancias de ri@as; veía mujeres espléndidas y mujeres
sonrientes, proclamaciones raidoaas de los veinte aiioe y
huía, bufa temeroso de loa gasooe, de los movimientos,
del abandono de sn enmohecida concha de vieja tortuga.
Nunca quiso formar un hogar por horror también á loa
gastos y á las discusiones; el número de cabecit.as rubias
y tra1ea claros 111ue rodean las mesas y los lechos y animan las estancias como parlantes ram.illetes de flores, no
era) pa.ra él sino un cieno número de bocae, de trajee,
de profeaoree, un sin fin de pesos que se van,que buyeo,
y h•yen con asombrosa rapidez.
Colocar una cierta cantidad de dinero, el cambiar ama
de llaves, eran las penas de su vida; sus placeres ir á
un jardfo público determinado dfa de la semana, dar Isa
wis:n:is yueltas, oír la.a mismas estridencias tic un:i mi~ma

DE CAMPOAlllOR
SU ULTIMA DOLORA

Se intitula Lo inim ittihle la última Dolora que ha escrito el insigne poeta don R ,món de Campoamor. La 4edic6 al celebrado actor Emilio !\Iario, y la reproducimos
en seguida:
A una actriz que llegó á ser
famoea por sus laureles,
le dió Mario dos papelea,
de A ngt l y Fu ria á escoger.
-Qtté duda puede caber?
-dijo la actriz, impasible,ucualquiera mltjer sensible,
haciendo al sexo una iojuria,
puede imitar una furia,
pero uo. ángel ¡imposible!n

PINCELADAS

I
Parece que euspenso en su carrera,
Quedóse el '!ol en el cenit clavado,
Sigue el agua su curso fatigado
Y la arena del margen reverbera.
En el bosq·ie cercano, desespera
El silencio de muerte que ha reinado,
Y apenas se oye el canto desolado
De la torcaz medrosa y plañidera.
Salta un ciervo: áloe vientos interroga,
Hunde sus secas fauces con anhelo
En la corriente que su sel ahoga;
Asustada una garza tiende el vuelo
Y como nube solitaria boga
Por el azul espléndido del cielo.

II
Orando acaso por el sér que adora1
Imágen muda del dolor sombrío,
El funerario sauce sobre el río
Cuelga su cabellera protectora.
Tenaz conserva su actitud traidora
Un martín-pescador hosco y bravJ:6
Y, al parecer, durmiéndose dft hastío
Esta en la rama que se inclina y llora.
Por fin en el remanso un pez blanquea,
Rápido se derrumba de repente
Y el agua con violencia chapotea;
Yoelve á posarse en P.l saúz dolien re
Y parece al baiiarae en luz febea
Que llevara en el pico una azcua ardienie.
RonrLrn FIGUEROA.

1007.

�350

EL MUNDO

DOMINGO 23 DE MAYO DE 18~t7

DOMINGO 23 DE MAYO DE 0897

EL MUNDO

ENGAÑO SUBLIME

•

StlitlERO 10.

i
La tía Fourneron se enfadaba:
-Me he avanzado mucho, Jacobo, he hecho en tu

~nombre demand11e, promesas; he entablado negocin-

~elleza al~mana.

cionea.
-Pues bien, tía Fourneron, si babeis avanzado retroce·
deréis, he aW todo.
-Pero Eulalia te ama, era ella tan feliz!
El reía de la mejor manera.
-Si me ama, me perdonará.! Feliz ella-así lo creo-es
u na orgullosa dicha, amar! Yo bien querría estar en su
caso.
-La gota volverá, pícaro, perdido, malvado!
Todo su arsenal de injurias pasaba. Entonces la hilaridad de Jacobo no conocía límites.
-Pícaro, pícaro, repetía.
-Me adula uated----el epíteto es demasiado para mi
·edad ...... Si creería usted que me iba á. dejar bloquear
en esa satánica nevera de Pontarlier! Desde el mee
próximo me elimino y voy á instalarme á. Niza.
La tía lanzaba un largo euepiro. Lo que ee con ese ya
todo había concluido.
Lo que la oonr.rariaba eobre todo, era el descontento
de las doe Lezinee que ya no la recibían sin mezclará la
miel algún vinagre.
Eulalia hubiera perdonado crietianamente, pero Aglaé
no perdonaba, r!jprochando amargamente á la interven· tora la imprudeucia..de su conducta, que había comprometido la tranquilidad de el alma de su hermana con pa•
sos inconsiderados.
La tía FournerC'n pasaba la pena negra para calmar
ese resentimieoto. Un disgusto en una familia tao bien
unida ...... que escandalo! Y por su culpa ...... que desolación! Ella, que servía eiemple de lazo de unión, que
tan bien ee iogeniaba para unir, para aproximar loe corazones! A.sí ea que la carW\ de Felipe fué una diversión
f~liz para su pena. Desde las primeras palabras, su ener. gía se encont_tó de pie.
Cerrar la puerta á la intrigante, no dejarla penetrar en
,el arca santa de la familia, proteger .i la huerfanita, sal-

varal viudo. Qué maravilloso programa! Ya le parecia
oír á los panegiri~tas exclamará coro: «Gracias á la ener·
gía, á la solicitud, á la inteligencia da la señora Fourneron ......... » No, jamáe se había sentido con tanto aliento!
La solicitud en la aefiora Fourneron no era una de esas
fiebres benignas de raMs accesos intermitentes, sino una
enfermedad de intensidad temible, que necesitaba una
erupción conetante de buenos oficios. El deber absoluto
de mantener vi vas, sin reposo alguno, por medio de catástrofes suceeivas, las fuerzas de su alma, incumbía á
sus parientes y á em amigos. Deber riguroso al cual na•
die debla eustraerae. U nicamente Felipe se había exceptuado: podía morir en loa mares lejanos sin que ella tuviera el inefable consuelo de at.ar á sus pies la bala fatal.
Poiía nautragar ein que ella se encargara de arrojarie el
aparato de salvamento. Imposible llevar más lejos el ol•
vido de toda def~reacia. Ni aun siquiera había tenido
él jamás el menor secreto que confiarle. De suerte que en
su testamento le trataba ella demasiado mal. Más he
aquí que de pronto ese sobrino desnaturalizado abría á
la solicitud de su tía, loa más grandiosos horizontes, y le
proporcionaba al mismo tiempo laocadón de aproximar•
ee á los C)razones agriados,
Sin perder un instante corrió á casa de las sefioritae
Lezinee y á casa de J acobo de Sommeree, les convocó para la misma noche en su pequeña sala y se hizo la misteriosa, rehueando explicarse.
-No, no, ea un asunto demasiado grave, demasiado
importante, está en juego el honor de la familia: más vale:eeperar para hablará que estemos todos reunidos. Consultaremos, discutiremos. Para decidir á las Lezines,
añadió:
-Va en ello la salvación de una alma.
Para decidirá Jacobo, dijo:
- Va en ello el honor de un hombre.
Prometieron ir, y ella lee leyó desde luego la carta del
marino.
-Y ahora, preguntó alegremente ¿debo partir para
LauSllnne?

Aglaé de Lezines respondió con su voz fría:
- Yo, que no tengo vuestra solicitud, me abstengo de
ocuparme de coeas que no me conciernen, y he tenido
oportunidad de lamentar que cierta persona se haya
aparta do de esta regla de prudencia. Fer.aando ya está
en edad de saber conducirse; puede volverse á casar si le
parece, yo no veo en qué pueda peligrar la salud de eu
alma, unico caso en que deba intervenir una cristiana.
-¿Pero y si ee casa cou una pícara, con una aventurera? rugió la tía indignada.
-La caridad nos prohibe los juicios temerarios. ¿Qué
t;abéis vos de esa mujer?
La discordia estaba en el campo. Jacobo de Sommeres,
deseoso de volverá la gracia de la tía Fournerón, intervino1 llevando la discusión á un terreno en que todos
debían encontrarse de acuerdo.
-La opinión de Felipe, dijo, es de un gran peso á mis
ojos. Es él un muchacho muy recto, muy probo, un poco exaltado, un poco caballeresco, pero que marcha siempre por el camino del honor. Debe tener serias razones
para temer este matrimonio, aun cuando no las explique
demasiado. Yo desearía, cuando menos, que nos hiciese
conocer el nombre de esa mujer.
Aglaé movió los hombros:
-Persisto en sostener que Fernando no es ya un nifio.
-Aglaé, replicó la tía Fourneron, cuando se trata de
pícaras, loe hombres son niilos eternamente.
Jacobo estalló en una risa sonora, en tanto que las dos
Lezines, halagadas en sus odios de eolteronas, declararon que si verdaderamente la moral desaprobaba esta
unión, si aquella mujer era una criatura perversa, sería,
en efecto, más prudente oponerse á su entrada en la fa.
milia.
Estando netamente definido el fin de la cruzada, sepasó á examinar los planes de combate y las máquinas de
sitio.
-Yo vuelo á. Lausanne, dijo la tía, partiré desde maiiana, representaré á Fernando... .... .. le haré comprender ......... le exhortaré, le suplicaré, le sermonearé.
Ta, ta, ta! interrumpió Jacobo irreverentemente,:se ta•
pará las orejas. Mas valo no ponerlo en guardia, tía;esas
mujeres, yo las conozco ........ .
Frotó con melancolía su pierna·enferma donde se ha·
cían sentir aún, por instante~, agudos dolores.
-Si esa pícara se percibe de alguna cosa, se pegará á
nuestro primo y no dejará ya su presa. Y entonces tía
Fourneron, bien podéis gritar como Casandra, nadie os
hará caso.
El temor de un chasco puso pensativa á la tía .F ourne-

ron.
- Yo soy siempre facii de convencer, dijo ella¡ no trato
de hacer triunfar mi opinión. No tengo otro deeeo que
el de ser útil á loa míos¡ qué aconsejas tú?
-Pues hacer exactamente lo que Felipe nos pide, escribirá Fernando para comprometerlo á que vuelva aquí.
-¿Bajo qué pretexto?
-¡Oh! dijo Jacobo, los pretextos no faltan: Su gran
boeque de los Lannes está ya en tiempo de ser explotado,
eería oportuno que viniese él mismo á diri 6 ir loa cortes.
-Se podía prevenirle también que el t.echo de su casa
amenaza ruina.
-También se le puede representar que la época de la
primera comunión se aproxima, y que sería una dicha
que la pobre Lila hiciese esta grande y bella aeci6n bajo
la dirección habil de nuestro venerable pastor.
-Todo esto ea perfec to, objetó Jacobo, pero admite

�EL MUNDO

retardos, tergiversaciones. Y ea preciso gritar fuego. Teníamos la quiebra de loa 1finoret¡ ese pretexto hubiera
sido excelente, sólo que ya no existe, porque aua primos
los Daclan han respondido por ellos.
-¿Qué importa? dijo resueltamente la sefiora .Fourneron, lo importante no es que loa Minoret estén en quiebra, sino que .Fernando vuelva á Pontarlier. El ha depo·
Bitado la fortuna de Lila en eea caea que se creía tan sólida, y nada le retendrá. Y cuandoestéaqul, mis amigos,
cuento con vuestra ayuda para guardarlo. Le baremos
comprender que las afecciones de familia son las mejores, la.a más consoladoras y las más dulces, y que si desea
casarse ...... (su mirada llena de seductoras promesas se
fijó en las dos Lezines ) no hay necesidad de dirigirse á
las aventureras.
-Podéis contar con mi concurso tanto tiempo cuanto
yo esté aquí, dijo Jacobo. Yo organizaré cacerías si lagota lo permite.
Yo le pediré para nuestra capilla el retrato de Santa
Ru!elia, dijo Aglae¡ esa será una ocupación agradable al
Sefior.
-Yo, dijo la tía, yoos invitaré á venir por la noche á
tomar una taza de té¡ jugaremos un poco, y veréfs cómo
ee divierte y habremos así preservado de una mancha el
honor de la familia,
-Y acaso aEegurado la ealvación de esa alma, murmuró .Aglaé.
Los cuatro conjurados se separaron con esa dulce ea·
tiefacción de las gentes virtuoeas que van á lanzar contra la corrupción moderna un golpe temible.
XXIX
Blandamente reclinado en un gran eilló.a, con el cigarro en loe labios, Fernando Duvernoy saboreaba la quietud de un hombre á. quien ningún cuidado obscurece el
horizonte. Acababa de terminar el almuerzo1 Lila salía
del comedor para prepararse al paseo¡ un cielo sin nubes,
el barómetro en buen tiempo fijo.
La alemana permanecía frente al pintor, con las manos
cruzadas sobre las rodillas, mirándolo con sus grandes
ojos transparentes, en una admiración beatífica. Este iJJ•
cienso, estas alabanzas, esta adoración mezcladas al bu•
mo del excelente lóndres, constituían después de todo
una dósis de felicidad muy envidiable.
-De suerte, señorita Carlota que puedo contar con tres
horas de libertad ahora. Nuestra amiga me parece desde
hace algunos días mucho más triste, agitada de lúgubres
presentimientos. Habla de separación y parece temer
que cesemos de verla. Yo quería tranquilizarla, prolon•
gando á su lado el tiempo de mis visitas. ¿Podréis hacer
entrar en razón á Lila?
-Eso se hace cada día más difícil, muy honorable seflor Duvernoy, pero la humilde aya hará cuanto pueda
por asegurar la tranquilidad de 1m amo y de su noble
amiga. Pobre eefiora Beltrd.oa, la caída de !as hojas leda
miedo.
-¿Pensáis qua esté tísica? preguntó él con emoción.
¡Ay! me lo ~mo, porque un día me pidió que le leyese
esa linda poesía que lleva por título La caf.da de fo8 hoja,3,
y cuando leí:
.Fhtal oraclc d' Epidaurc,
Tu m'tlB au: "l.ajeuiJJes dti bata

.A

tuyeu.ejauniront enoore,

.Jlaü c't81.pour la fllmúrejoi,!"

ocultó elJa la cabeza entre sus manoe para desimula1me sus lágrimas.
-Oh, dijo él, pobre mujer, yo no la creía tan enferma.
Verdaderamente me causa mucha pena.
En ese momento un criado entró y depositó sobre la
mesa las cartas y los periódicos. :Este incidente cambió
el fúnebre curso de su conversación.
-8eflorita Carlot.a, antes de salir, le suplico que abra
eee molesto correo.
Cada día ee descargaba más en ella de los fastidios de
su correspondencia, viéndola tan solícita y discreta.
Abría ella la.e canas, iñdicando la procedencia1 leía la
lirma, deapnésesperaba las órdenes.
-De Pontarlier, y firmada Sía Fourneron. ¿Debo leerlA? sefi.or.
-De mi excelente tía }..,ourneron! Ciert.am en te, os escucho, setlorita Carlota.
Pero pensaba en Beltrana, había visto frecuentemente
tísicas. Era, pues, cierto que estaba atacada de esta terrible enfermedad? ¿No exageraba ella acaso la gravedad
de au estado?
Carlota, con eu áspera voz de alemana , de infleccionee

guturales, comenzó la lectura. Habitoalmenteaedívertfa
él con cíert.as dificultades de pronunciación que jamás la
buena ay&lt;\ había podido vencer, contciertas sílabas que no
acertaba á decir correctamente, pero esta vez, desde la
primera página saltó de EU silla, arrojó su puro, y con
uoa bnuquedad que la asustó, arrancóle la carta de las
manos
-¡Los Minoret.! ¡Loe M:inoret en quiebra!
Buscó con los ojos el nombre, se mordió loe labios, é
hirió el suelo con el pié.
-Es exacto ......... Entonces no hay un instante que
perder, es preciso que partamos-para Pontarlier.
Su trastorno era tan expresivo, que ella lo comprendió
todo y le miró aterrada. Tantas veces, en sus absurdos
ensueños, había compuesto esta escena, esa ruina imprevista y repentina. La primera parte del programa se
cumplía, pero el tío de América, del cual debía ser ella la
legataria universal, en qué pemaaba que no se apresuraba
á morir? Y si no moría, ella qué podía hacer. No po·seía
nada en el mundo fuera de una pob,e casuca en Bohemia¡ poseía, aí, un corazón fiel, y esto es un tesoro ina•
prec:able que ningún depositario puede robarnos, mas
para ofrecerlo, se necesila una palabra, un gesto, una
mirada, una voz de aliento. Ella esperaba, esperaba ti·
mida, ansiosa, levantando hacia é l sus ojazos llenos de
bondad.
¡Ay! él no la miraba, releía la carta, febriacitant.e 1 ra·
bioso, con las cejas fruncidas. Algunas exclamaciones
silbaban eutre sus dient.ee. La quiebra sin ser absoluta·
mente cierta, era por desgracia muy t~mida¡ las gentes
prud~n\es retiraban sus capit.ales, avisos que creia de ,e·
gura fuente, le llegaban á la señora Fourneron 1 y ella consideraba ·como u.i imperioso deber de parentesco advertirá su sobrino. No sabía exactatnente la importancia
de las sumas depositadas por Gl en aquella casa, acaso se
alarmaba demasiado1 pero ~n ese caso no vería él en el
pa.!!o que ella daba más que una prueba de su interés. Pd•
ro se decfa inminente la cat1tstofe, y be aqui por qué sin
tomarse tiempo para máe amplias informaciones, ella le
escribía.
-Vamos, dijo él, \.'amos, es preciso partir lo más pron•
to posible; matlana .á primera hora. Un día de retarlo
sería, un crimen¡ es la pequeña fortuna dejada por Elena
á su hija la que he depositad, ahí.
Pero de pronto sintió en su corazón una trieteza aguda, un desgarramiento.
¡Era yo tan feliz aquí! He pasado tan dulces horas.
¡Oh! eefi.orita Carlota1 qué sería sin nosotros de nuestra
pobre amiga?
La alemana juntó sus manos, exclamando:
-¡Magnanimidad de un gran corit.zón! En medio del
desastre de su fortuna no piensa más que en la amiga de
su humilde aya.
-Cuando menos, continuó él ein escucharla, quiero
pasar con ella este último dia. Quiero llevarle yo mismo
con toda la prudencia que su salud exige, la noticia de la
separación absolutamente necesaria, pero q•le espero no
será de larga duración. Cuidad de que Ee empaque bien
todo, set1orita, haced cerrar la casa.
Dió algunas órdenee_que ella eacuch6 con su deferencia
ordinaria, aun cuando no pudo impedir un movimiento
de decepción .
No la había llamado él su angel consolador, ni aún la
había mirado. Cómo hubiera osado ofrecerle su casuca
de Bohemia! •
En cuanto á Lila, oyendo estas palabras mágicas: KPar·
timos mafiana,i&gt; arrojó nn grito de alegría, que repercutió
en t.oda la casa, y después se precipitó loca de gozo en loe
brazos de su padre.
-!Qué dicha, papá, qué dicha!
-Pero no, mi pobrecita, no e'! una dicha, al contrario,
es un lamenta'ole accidente, una pérdida de dinero.
Ella, sacudió eu linda cabeza con un gesto, que signifi caba bien que wdae las pérdidas de dinero no podían
disminuir esa felicidad. Sólo que como acababa de encerrará Carlota saltando al rededor de ella como una cabra salvaje, el pintor tuvo miedo de sus mármoles preciosos, de sus fi.nasestát.uas; de los herm".&gt;sos bibe lots esparcidos en el taller.

-Es mejor qne yo mismo acomode todas estas cosas
antes de salir, dijo.
Y se puso en obra y ellas le ayudaron, pero las gruesas
manos de Carlot11 temblaban de tal suerte, que dejaren
escapar una porcelana de S.ue, que se hizo astillas.

DOMINGO 23 DE MAYO DE_ ,897

El pintor reprimió una exclamación de impaciencia, y
dijo secamente :
- Sírvase ocuparse de otros embalajes, señorita, Lila..
bastará para éste.
Y en efect.o, la niftita se mostraba habil y prudente;
en el exceso de su alegria, tocaba todo y no rompía nada.
La pobre Carlota, con el corazón lleno de pena, había
subido á su cuarto, donde acomodaba con mano febril su.a
más hermosos trajes: Rodaban las lágrimas por eue me·
jilJas.
-Es verdad que he sido muy torpe, pero t;engo tanta.
pena ......... abandonar á mi noble amiga en el momento
en que el fatal oráculo le ha dicho que la hoja de los boa·
ques del otoiio no amarillaería ya ante sus ojos, y saber
que mi generoso amo está. arrninado por nn depo6itarío
infiel y no poder hacer nada para ir en su socorro!
De pronto una esperanza eec6 eu.s lágrimas.
-Quién sabe, dijo, está acaso ahí y me espera. No puedo partir sin haberme asegurado. Voy en un momento,.
en tanto que Lila y el muy honorable señor Duvernoy
concluyen el embalaje del taller.
Púeose como quiera el sombrero, tomándose apenas
tiempo para sujetarlo, y partió á.gr.indes pasos.
Ahí, era el correo. U nade las inocentes manías de Car•
lota era dirigirse al correo una vez al mes con la esperanza inveterada y persistente de que podía muy bien ha
llar alguna cosa.
Latíale fuertemente el corazón cuando hizo la pregun•
ta de costumbre; después de la respuesta uegat.iva, salió.
con la cabeza baja y volvió lentamente á. la casa, decepcionada. Decididamente nada podía hacer por los que
amaba.. La suerte y el tío de América se mostraban muy
crueles.
Al subir la escalera, se admiró de no oír el ruido de los.
marr.illazos que clavaban las cajas1 ni loe grit.os de alegría de la niña. El taller estaba vacío, vacío también el
resto de la casa con excepción de la cocina, donde loa.
criados charlaban.
Se informó:
-El seilor Duvernoy salió?
-Sí, seflorita.
- Y la señorita Lila?
U na de las mujeres respondió:
-La setiorita siguió al se1ior.
8in duda, pensó Carlota, para algunos arreglos; notardarán en vol ver. Se simió tcn~adi:r. do corrtr á casa de la
princesa, pero no osó abandonar su puesto y se resignó
á esperar . .Esperl) lari:t'' r,iempo.

DOMIIIGD •3 DE MAYO DE 1897

el!crutador, deeolado verdaderamente de separarse de

ella.
-Volveré, os lo juro, mi muy querida amiga.
Ella le tendió la mano. El la tomó, la besó, y como
ella no pensaba en retirarla, la guardó entre las suyas.
-¿Ese informe que os ha llegado, es del todo exacto?
-Ay! de cualquiera ot;ra fuente podría yo dudar; pero
de mi tía Fourneron ...... es la mujer mejor informada
del mundo

EL MUNDO

habido de mi parte, lo confieso, un poco de imprudencia. Absorbido por mi dolor, no be tenido la fuerza de
ocuparme de todas esas cuestiones de dinero. Vos comprendéis esto, amiga mía, vos que comprendéiB tan bien
todas las cosas del corazón.
Ella le dirigió una mirada dura que él no comprendió.
Se sentía dominada por una cólera sorda contra él y contra su dolor. ¡Qué importaba que la amase si se había
arruinado!

presencia de usted para la pobre mujer abandonada que
morirá si ya no Je vuelve á ver.
-Pero yo volveré, exclamó él. Ocho días me bastarán
para arreglar este negocio. Dejaré á Lila en mi familia,
con su aya, y volveré al lado de usted.
-¡Qué bueno es usted! dijo ella eon voz conmovida.
Ensayó protestar contra est.a calificación de bondad;
mas con su pequefla mano, ella le cerró la boca.
- Sí, mted es bueno, y de esa bondad voy á. solicitar

XXX
El embalaje del taller babia marchado con mucha rapidez, pues el pint.or tenía prisa por desocuparse para.
correr á casa de su amiga.
-Lila, hijita, dijo, hemos acabado; vete á buscará la.
eel'iorita Carlota, yo voy á salir.
La besó en la frent.e, la despidió con un gesto, después
con el aspecto ansioso del hombre cuyos instantes de dicha están cont:.ados, se dirigió al chalet. Habíase promet.ido no decir á la pobre enferma la triste noticia sino
con el mayor cuidado quería prepar-.ula para este rudo
golpe, con protes~s de carifi.o et.arna; pero había contado sin la huespeda, sin el dón de adivinación que ella.
poseía, para leer en el fondo de loe corazones. Aan no
se había eentado frente de ella, cua.odo bruecament;e ella
le d"'cia.
-Me ocultaia algo. ¿Qué ha pasado?
El respondió olvidando los preparativos y las precau~
cianea oratorias:
-Una cosa horrible, mi pobre amiga, parto mañana.
Ella se irguió cuan alta era, pilida, temblorosa, temiendo que hubiese él a1ivinado la verdad sobre su pa•
sado.
-Acaban de escribirme, dijo él, para hacerme saber ...
-¿Qué? interrogó ella ansiosa, olvidando su habitual
prudencia.
-Los Minoret ........ .
-Los Minoret! qué ea eso de loe Minore,t
En\Qnces él le explicó:
-Los Minore,! la primera ca.sa del país, banqueros de
padre á hijo desde hace tres generaciones, están mal t n.
sus negocios. Nadie podía prever esta catástrofe. D.;
quien fiarse en lo sucesivo?
-Ella le miraba á la cara, de3confhda aún, pero él
sostuvo con la cnlma de una conciencia pura ese exá.men

-¿Bet.áis bien seguro de que vuestra tía no ,ieoe ningún interés en haceros volver á Pontarlier?
-Un in'8rés...... ¿Por qué había ella de desear mi
vuelta?
-¿Quién sabe? dijo Bellrana.
Pero una apreensión de otro orden la dominaba:
-¿Ha deposit;ado usted en esa casa de banca capitales
impar$&amp; otee?
-La foriuna personal de Lila y algunas sumas mías.
Yo creí á loe Minoret de una solidez á toda prneba. Ha

-Pues que se trata de la fortuna de vueetra bija, dijo
ella, eEta partida tan dolorosa no puedt' sn puesta en
cuenión.
Esta vez él la atrajo contra su corazón. Ella se df'jó
deslizar entre sus brazos. Respetuosamente, casi religiosamente, él posó sus labios eobre la: frente que ella le
~odia. Ella apoyó la caben sobre su hembrG y con una
voz triste y dulce, dijo:
-¿Qué. va á ser de mí sin vos, mi único amigo? ¿Sabe
usted, p~ede ust.ed comprender que beneficio ha sido la

una prueba aún. Prométame, jú.reme que si alguna circunstancia me obligase á abandonar este país, donde gracias á usted be sido tan feliz, acudirá. usted á mi llamado, vendrá asted á decirme adiós. Y más bajo, añadió:
-Un último adiós.
sif,mpre las hojas del otoño, siempre las confidencias
de Carlota. ¿Eft.B ba verdaderamente enferma? Una infinita piedad se apoderó de él:
- Volveré, ee lo juro á usted¡ pero no será para un triste adióe, eino para un alegre saludo.

�3S4

Inconscientemente, él había estrechado su abrazo y
labios ávidos se extraviaban en besos repetidos, cuando ella se desprendió dulcemente de sus brazos. El uo
osó retenerla, aun cuando experimentaba una viva tentación.
-Una última súplica, amigo mío, y usted que tan bien
comprende todas las delicadezas del alma, aprobará sin
duda alguna el sentimiento que me ha,e hablar. La
amistad como el amor, usted lo sabe, tiene sus pudores
y sus celos¡ be aquí por qué le suplico con la más instante súplica, que jamás hable de mí á sus amigos, á sus parientes, ni de viva voz ni por cartas. No baga alusión
alguna á la pobre mujer para quien ha sido usted un socorro tan poderoeo. Yo sé como en las pequeñas ciudades de provincia se muestra una fácilmente hostil á. toda
intrusión extrai"la. Tratarían de apartarlo á ue¡ed de esta desconocida que no estaría ahí para defenders6, Sé
que su corazón generoso rechazará esos ataques, pero
loe sufrirá sin duda.
Ella no había retirado sus mano3 al hablar así1 y las
es.rechaba con una presión dulce, como para hacer en•
trar en él el ardor de eu vuluntad.
i"'ie hará. como t. sted lo desea, dijo él, no hablaré de
usted, aun cuando sea para mí una privación gra~e;
pero no permitiría á nadie que ultrajase á usted con una
sospecha. ¿No sé yo acaso que es usted la más noble y la
más encantadora de las mujeres?
Un postrer beso respetuoso, un abrazo último, una
última promesa, y una última mirada, y con el corazón
turbado, Fernando se alejó.
Por grande que fuese su ceguera, su emoción era demasiado viva para que pudiese ilusionarse. &amp;ta emoción
ardiente y áspera la había resentido en otro tiempo,
cuando antes de su matrimonio una implacable pasión
lo ten fa encadenado. Iba, pues, á. amar de esa terrible manera á una enferma, cuya vida estaba condenada? ¿Iba,
á favor de la intimidad que reinaba entre ellos, á. envile cer esa alma qne el cielo reclamaba? Que Beltrana experimentaba por él una afección profunda, no podta ponerlo en duda. ¿No acababa de dejar ver simplemente y sin
falsa vergüenza el dolor que le causaba la perdida de su
amigo? Pero esta afección era casta, depurada por el sufrimiento. ¿Tendría él el monstruoso egoísmo de importunar á una moribunda con sus groseros deseos? Ade•
más, si debía perderla ea un plazo, ¡ay! muy próximo, no
valía máa cesar de verla á. .fin de disminuir la pena de su
pérdida.
-Soy, pensaba él ingenuamente, de aquellos que no
se consuelan y que no olvidan jamás.
Y por encima de todo se decía que no podría ya verla
de nuevo sin traicionar el secreto dedeeeo y de amor que
él creia también tener oculto.
Andaba con vacilación, absorto en su.3 nuevos pensamientos, con la cabeza inclinada sobre su pecho. De pron
to una personita rubia eali6 de ettre loe jardines vecinos y fué resueltamente á colocarr30 junto á él.
-Tú, Lila, tú, mi querida, ¿cómo es que está.a aqui?
¿deede qué hora?
Desde que entraste ahí1 dijo ella, designando el chaletcon su brazo, rígidamente tendido.
El se extremeció de esta larga espera; más de dos horas habían pasado. Permanecía embarazado ante su hija, como un hombre sorprendido en flagrante delito de
traición. Ensayó cambiar de conversación.
-¿Has olvidado, pues, que partimos ma.ñana para Pon·
b.rlier?
-No, dijo ella.
Y con nna voz que la inquietud hacía temblar:
-¿Es que te la llevas también?
f!US

-No, no me la llevo, dijo él sonriendo débilmente.
Después, respondiendo á su pensamiento íntimo,
afl.adió:

-EetA demasiado enferma para abandonar Lausanne.
-Pues bien, tanto mejor, dijo la sei'iorita que escuchó
con una filosófica tranquilidad una severa mercurial eo•
bre la falta de caridad para con el prójimo.
Carlota, consternada, escuchó los reproches del seflor
Duvernoy.
Si hubiéseis estado en la casa, Lila, hubiese sido mejor
cuidada.
Pero viendo la desolación de la pobre muchacha, afta·
dió más dulcemente:
-Id á decir adiós á vuestra amiga, deeea veros.

EL MUNDO

V1 última entrevista de las dos mujeres fué nutrida de
cambio!'.', de lamentaciones y de recomendaciones.
-Me escribiréis, mi buena Carlota, me diréis si ha podido ser conjurada esa quiebra, me tendréis al corriente
de todo lo que concierna á nuestro querido y gran amigo;
si parece má.:t triste y más desgraciado de lo que estaba
aquí; me hablaréis de eus amigos, de los miemcrso: de su
familia, de esa tía }"'ourneron, de sna primas de Lezines,
y también ........ .
Vaciló.
De ese joven cuifado á quien parece amar mucho, el
sen.ar Felipe de Aubián; además y sobre todo, mi buena
Carlota, me hablaréis de vos, largamente, muy larga·
meote, vuestrRs cartas no serán jamás demasiado largas
para el deeeo de vuestra triste amiga.
Como lo había hecho con el pintor, alladi6:
-La amistad, Carlota, tiene sus pudores y sus celoli!.
Prometedme no pronunciar más mi nombre ante eaá familia extrat\a que me eería hostil; ya es demasiado que
vuestra pequeña educanda sea mi enemiga. No quiero
que se liguen todos contra mí.
-Oh! exclamó C11rlota indignada, nadie osaría permitirse ...... Si os conocieran ...... Que no pueda llevaros conmigo!
Bajó la voz:
-Si un día el honorable señor Duvernoy-según mi
dulce eeperanza--cree deber recompensar la solicitud de
su fiel Carlota con el precioso dón de su mano, habrá una
habitación en nuestra cae:a para mi noble amiga.
-Gracias, diJo Beltrana dismulando una sonrisa, me
conmueve vuestra confiada afección¡ pero dadme la seguridad que reclamo.

DOMINGO a3 DE MAYO DE 1897

tas y no esperando casi nunca respuesta; no quería dejarle tiempo de reflexionar, de aeordn3e, de entrietecerse.
.A.elivinaba él también Su inte11cióo, y se la agradecía.
Cuando fué intltalado en el pequeño comedor de la tía
Foumeron, ante la mesa servida de manjares de provincia que no había comido hacía tiempo, F~rnando se frotó las manos en un eapancimiento de satisfacción.
-¡Qué bien se está. en vuestra casa, tia Fourneron, y
qué dulce ea la familia!
Terminado alegremente el desayuno bajo la impresión
de la vieja botella de vino de la Estrella, se recondujo al
pintor á su casa.
Esta vez la eeflora Fourneron no hablaba ya, sintiendo que había ganado su causa y no queriendo hacerse
importuna:
-Te dejamos con tu hija, amigo mio, volveré mastar_de á asegurarme de que nada falta para tu bienestar.
Fernando entró á. eu casa.
¿Donde estaba, pues, la emoción dolorosa que tanto había temido?
Deteniase á. cada paso, encontrando las cosas de otro
tiempo, todas en el mismo sitio, retardándose en mirar
los vie1os muebles con un infinito placer. Mariana los
había cuidado bien¡ no solamente nada faltaba, sino que
el orden y la limpieza reinaban en todas partes. La tía
Ji'ourneron practicaba, desde hacfa dos dias1 inspecciones eeveras: el taller, sobre todo, atraía eus cuidados.
Ella sabía bien que ahí era donde él se dirigiría desde
luego.
El taller no parecía haber sido abandonado, una tela
comenzada se encontraba sobre el caballete; por donde
quiera había un aire de bien venida.
El artista resentía ese lazo tan fuer~ de la casa fami-No hablaré ii nadie de mi querida princesa1 por gran liar,
del techo que le había visto nacer, que sin duda le
de que sea el anhelo de mi corazón.
vería
morir. Comprendía la fuer.za de esta palabra: el
Partieron al dia siguiente. Carlota lloraba sin tratar de
ocultar sus lágrimas. Lila permanecía inquieta como si home.
Estaba solo; ni Lila ni Carlota le habían seguido. En
esperase ver á su padre huir ó á rn enemiga surgir de
volvió
M&gt;doe los objetos con uoa larga mirada circular y
improviso.
murmuró:
Solo al aproximarse á Pontarlier se tranquilizó: no so-Todo igual, que contento estoy de haber tornado.
lo la enemiga no había aparecido sino que el afligido ros•
Ah!
si ella estuvieBe aqufl
tro de su padre se iluminaba con souriaa3 tiernas.
Y verdaderamente, no sabía bien él mismo si en ese
Reconocía loe sitios familiares y se los nombraba á. su
momento era en Elena ó en Beltrana en quien pensaba.
hija.
Pasos rápidos1 precipitados, una pequefia respiración
En laeataci60 1 la señ.oral!"'ourneron, Jacobo de Somme•
ansiosa,
le sacaron de su ensuefio: Lila llegaba loca de
res y las sefioritas de Lezines 1 esperaban no sin cierta
gusto.
ansiedad.
-¡Oh papá! ¡qué lindo está. mi cuarto lleno de ramas
-¿Es feguro que llega? Si ella le retuvie.:!e ... .. ... .
de
lilas! Yen conmigo, papá, ven á. verlo.
Aglae de Lezines, toda penetrada de las escenas bíbli •
-Ya
lo conozco, hijita, yo lo pinté.
cas1 murmuraba con terror:
-¿Tú? oh qué bueno! P&lt;!:ro es igual. Ven 6 verla,
-Debe ser una Dalila, ¿y Dalila no dominó acaso á
quieres.
Samaón?
El la siguió.
-Las mujeres de ahora, dijo Jacobo de :;ommeres, son
Ea cierto que estaba todavía encantadora aquella fresmás bien Danaes que Dalilas. Yo las conozco mejor que
ca camarita. Pa.recía que un perfume se exhalaba de
vos, prima Aglaé.
-Danae 6 Dalila, respondió audazmente la sef'l.ora aquellas ramas de flores: él las miraba moviéndo la cabe·
Fourneron, no tendrá el descoco de venir á buscarle á za con un aire de aprobación.
-Si, aí, no está mal, sin embargo, creo que las haría
Pontarlier.
mejor
ahora.
-No, sin duda, pero no lo dejará. abandonar Lausanne.
Entoncee: Lila se aproximó á. él muy cerca, muy cerca,
Es facil que de un momento á otro recibamos un telegray tomá.ndole la mano, murmuró:
ma ..... .
-Yo querría ver el cuarto de mamli.
El tren llegaba á la estacióa y gritos alegres estallaron.
El vaciló:
Todas las aprehensiones se desvanecieron: Fernando1 in•
-Ee
cierto, ea preciso, díjo, no podemos dejarlo siem
clinado en la portezuela, agitaba la mano, con la emoción del retorno que sigue á una larga ausencia. Saltó á. pre cerradao ¡ entremos juntos, hija mía.
De toda la caaa, sólo aquella cámara, cerrada por él y
tierra, las abrazó con efusión, dee:puéa presentó á su hiJa.
cuya
entrada había prohibido, no bahía podido eer ven~
Ella permanecia en segundo término como intimidada.
tilada
y abierta. Reinaba alli la tristeza eolemne de las
-Vuestra pequef'l.a Lila, tia Fourneron, su hijita Aglaé.
iglesias y de las tumbas. Esto impresionó á. la niña, que
Soy muy feliz al veros, amigos míos.
Mas de pronto pensó en aquella Elena á quien había se echó á llorar¡ él permanecía de pie, frente al lecho
llorado tanto, y aun cuando su pena se hubiese disipado mortuorio, con el corazón oprimido. Entonces el preeen•
hacía mucho tiempo, creyó sin embargo, de su deber1 te desapareció y el pasado volvió á estrecharlo con la ca•
dena melancólica de sus indestructibles anillos.
afirmar una vez más su inconsolable dolor:
Jamás se escapa al pasado; el hombre le da v.na parte
-Oh! amigos míos, no podía decidirme á volver¡ ea
de
su sér y se une á él por un lazo que cada día parece
tan duro, tan duro que ella no esté ya aquí.
aminorar,
pero que nada rompe. ._Como lo había dicho
La tía Fourneron cortó por lo sano estos eoterneci •
Beltrana,
él
era un hombre de costumbres, y las cosmientos.
tumbres de sus años felices en esa apacible casa, le adan
-Te llevo á mi casa Fernando; te he hecho preparar
de nuevo, y se enredaban al rededor de él. El sentía su
un pequefio almuerzo que te gustará. _mucho ..... . No te
corazón apegarse de nuevo á todas esas nifiadas que su
ocupes de maletas, Jacobo tendrá cuidado de ellas¡ venexistencia errante le había hecho olvidar.
te conmigo, tú también Lila, vos también, eeñorita Car·
lota; almorzaremos juntos y beberemos por vuestro feliz retorno, una vieja botella de vino de la Estrella.
Continuará.
Ella se arrastraba triunfante, abrumándose á. pregun-

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DOMINGO 23 de MAYO_:d:•~•8'.!9!_7===============-=E::L::M::_:U:_:N::_::D_:O:,,========~===================a'.3~5~7~,

LA PARTIDA DE BILLAR

Lof soldados f'Etán rendidos de caneancio: como quellevan batiéndose dos dias y hao pasado la noche con la
wocbila á cuestas bajo una lluvia torrencial. Y eso no
o.betante, van ya tres horas que se les deja consumirse
ueu EU lugar, deecansen,11 metidos dentro de los charcos
en :11s carreteras, dentró de los barrizales en los campos
empapados.
Sin fuerzas por la fatiga y por las malas noches anteriore~'t y con los uniformes choreando agua, arrimanse
unos contra otros para calentarse, para sostenerse. Los
hay que duermen de pie, apoyados en la mochila de su
,·ecino y en esos rostros inmóviles, con el abandono del
sueilo, es donde mejor se ven l.1 laxitud y las privaciouee. La lluvia, el fango, la falta de fuego, la falta de rancho, el cielo cerrado y obscuro, el enemigo á quien se
~iE!".D.te en derredor. Esto e8 lúgubre ....... ..
¿Qué hacen allí? ¿Qué pasa?
Los cañonee, con la boca apuntando hacia la selva, tienen~¡ aspecto de acechará alguna cosa. Las ametralladoras emboscadas miran con fijeza al horizonte. Todo
parece dispueató para un combate. ¿Por qué no se ataca? ¿A qué se espera?
Se esperan órdenes, y el Cuartel general no las Anvía.
Sin embargo, no está lejos el Cuartel general. Es ese
hermoso castillo, estilo Luis XIII, cuyos roJOB ladrillos,
lavados por la lluvia, relumin á media ladera entre los
matorrales.
Morada propiamente de Príncipes, muy digna de en·
galanaree con el pabellón de seda de un Mariscal de
Francia. Detrás de un gran fo30 y una rampa de piedra
que los separan del camino, suben los prados artfficiales,
haos, verdes y festoneados por macetas de floree, en derechura hasta la escalinata de iogreso. Al otro lado, hacia las habitaciones de confianza, las alamedas forman
calles de arboles luminoeas; el estanque donde nadan los
cisnes aparece como un eepejo; y bajo la techumbre, como de pagoda, de una inmensa pajarera, aletean y hacen
la rueda 10s faisanes dorados y los pavos reales larzando agudos gritos entre el follaje. Aun cuando los dueños
están ausentes, no se nota alli el abandono, ese gran 11de jadlo todoi) de la guerra! El oriflama del Jefe del Ejército ha preservado basta las menorea florecillas de los
prados artificiales; hay algo de extrafieza al encontrar
tan cerca del campo de batalla esa tranquillldad opulenla originada en el orden de las coaas, le correcta alinea•
ción de la.a masas arbóreas, la profundidad silenciosa de
los pasos.
La lluvia, que amontona allá abajo tan súcio barro en
los caminos y excava roderas tan profundas, aquí no es
más que un chaparrón ,etegante, aristocrático, que aviva
el rojo de loe ladrillos y el verde de las praderas, que da
lustre á las hojas de los naranjos y á las blancas plumas
de loe cisnes. Todo reluce, todo está apacible. Verdaderamente, sin la bandera que flota en la creste&gt;!ía de la techumbre, sin los doscentiuelasqne hay de guardfa sobre
la verja, nadie pensaría que estaba en el Cuartel general.
Los caballos descansan en las cuadras. Acá y allá se en·
cuentran asistentes y ordenanzas con traje de cartel dando vueltas á los alrededores de las cocina.e, ó algún jardinero con pantalón encarnado, paseando tranquilamente
eu rastrillo sobre la arena de las grandes calles de árboles.
El comedor, cuya.a ventanas dan á la escalinata, per•
mite ver una mesa J. medio levantar, botellas destapa•
das, vasos llenos y vacíos sobre el mantel auugado: to Jo.
un final de banquete después de irse los comensale1:1. En
la estancia inmediata óyenee voces altas, risas, bohiB de•

~

\,;

Traje de recepción. ( Figura 2.)
Traje de recepción de fular crema con abanicos de muselina de seda, cnerpo de raso verde, con afiliaciones bordadaP, escote redondo abierto Pobre unas bandas de muRelina , cuello de ra'!.O oon plicé de muselina, manga de
fular y con peque-fío volante en la falda.
Sorrtbrero Melinda. ( figura 3. )
E~ tA prPciGso Pombrero eR de paja fantasía, verde junco
y plata, ad11 rn'l lo de encaies y ga7.a,. e-in nna punta que
cae graciosamente EObre el lado izquhm..lo, saliendo de un
gran nudo de encajes y listones color violado, que detie•
nen aigrette de lilas con follaje natural.
Traje de batista moteado frente y espalda.

1

/ ',

Bata de batista azul y blanca. (FiguJ• 6.)

-~,,b

Este veetido de batista, azul marino y blanco, es nrnv
propio para la estación, y de muy Ucil confección. Cne• 'PO blusa, adornado con tiras tordsdas y rouget angosta!-&gt;.
bajándose en loe delanteros y sobre las mangas que llP.van
en su borde inferior peqnefias aldeta&lt;\ con'rouget. Cinln·
rón con lazo de moaré. La falda v9 adornada en su bor ·
de inferior con una tira bordada y un pequeflo rouget.

.

Sombrero Regina. (Figura 7. )

Este sombrero también de paja, va todo cubierto de
primavera, de distintoi, t;onos, y adornado con buclecillos
de listón angosto, y grandes cocas de color violeta, orq
viejo, rojo, malva y verde pálido.

,

Mangat.ovedad. (Número 8 ).

l ~-Forro de la manga.
2?.-Bata de encimn entera.

En materia de flores y dA amores,
estoy por los amores y la&lt;J flores.
ÜA )l P OA) IOR.

-~

,~

. ,.

( Figuras 4 y 5. )

Este traje es de hath1t,$l . moteado crema. Cuerpo blusa
con bolera de la mi Rm a t,t;:Ja adornado de encajes y entre dos. Cinturón de raE'" verde hoja con campana abierta y
signiendo el adorno del bolero. Cuello de raso con e.Qcaes. Manga entera, fr nnc i,, ..,_

-:

'

Figuras I y .t.
Traje de •eda gris perla. ( Figura 1. )
Vestido gris perla de seda indesplegable, sumamen~
aenci11o, con dntnrón y cu-allo de tela de seda escocesa
azul. Manga fruncida.

de los soldados ...... Allí arriba, en Ja Eala de billar
marfil qne ruedan , copas d&amp; cristal que chocan entre
también se baten con calor, teiriblemente: el Maria:
sí. El Mariscal está ocupado e.a jugar su partidita, y
' , . ~.
cal ha vuelto á avanzar, pero el capitá.n se defiende
he ahí por qué espera sus órdenes el ejército. Cuando
como un león......
·
el Mariscal ha comenzado Ja partida, ya puede hun·
¡Diez y siete! ¡Diez y ocho! ¡Diez y nueve!.. .. ..
_., ~ \. "'
dirse el firmamento, nada en el mundo podría iwpe,'4
.
Apena.a hay tiempo de maMar los tantos Se acerca
d.irle que la concluya.
el estruendo de la batalla. Al Mariscal no le falta
¡ ...
,'
¡ El billar! es el flaco de ese guerrero. Vedlo, como
k\ ,
más que uno para ganar Empiezan á caer granadas
en la batalla, de gran uniforme, con el pecho cubieren el jardín. Estalla una encima del estanque. El esto de placas, la mirada brillante, los pómuloa encenpe]o se hiende¡ un cisne despavorido nada entre un
didos, con la animación que dan la comida, el juego,
~
remolino de plumas ensangrentadas. Es t-l último calos grogs. Rodéandole sus ayudantea, serviciales, res·
...'(, . ·~/" ~
fionazo.
petuosos, pasmándose de admiración á. cada uno de
Ahora, un gran silencio. Nada más que la lluvia
sus tacazos. Cuando el Mariscal hace un tanto se preque cae en los sotillos, un atronamiento confuso en
cipitan todos hacia el contador; cuando el Mariscal
la falda de la colina y por los caminos empapados, altiene sed, todos quieren predararle el gr ogs. ¡Es una
go así como el pateo de un rebaño que marcha á esde tropezarse charreteras y plumeros, un entrecho·
cape .... .. El ejército va en plena derrota.
camiento ruidoso de cruces y cordone~! Esto, y el ver
El :Mariscal ha ganado la partida.
todas esas líndae sonrisas, esas finas reverencias de
cortesanos, tantos galonee bordados y uniformes nueAU"'ONSO DAl' DET,
vos, en aquel salón alto con maderaje de roble en las
paredes, con vistas á grandes jardines y patios de ho•
nor, toda esto recuerda los otoños de Compiegne y
NUESTRA SEÑORA OE LA FAMILIA
distrae reposadamente de la vista de loa capotes sucioa que se aburren al!á abajo á lo largo de los camiLeyenda.
nos, y forman grupos tan sombrios bajo la lluvia.
El compañero de partida del Mariscal ea un CapiAro.el el pastor, y Fenora la rubia, su mujer, vivían
tán de Estado Mayor, encorsetado, con el pelito rizo,
en la parroquia de San Viñol, hoy anegada, en la bacon guantee claros, de primera fuen;a en .el billar y
hía de Caucale.
capaz de vencer á todos los :Mariacales de la tierra ;
Fenora era buena y bonita, Amel fuerte y bueno.
pero que sabe mantenerse á una respetuosa distancia
El llevaba la estatua de la Virgen en la procesión del
de su Jefe y pone todo su empetio en no ganar, cui15 de Agost;o. No tenían hijos, y esto les entristecía.
dándose de no perder con excesiva facilidad tampoco.
Cierto día que Aro.el volvfa pem~ativo del monte,
Es lo que se llama un oficial de porvenir....
r
encontró á Fenora llorando, y comprendiendo el mo·
Atención joven, fijarse bien: el Mariscal tiene quintivo, le dijo:-Querida mía, teje un hermoso velo á
ce tantos y usted tiene diez. Se trata de ir llevando
la Virgen María; ya verás como en recompensa te enasí la partida hasta concluirla¡ y esto servirá más pavía un angelito á tu cuna para que lo mezcas.
ra loa ascensoa de usted que si estuviese ahí fueracon
¿Pero cuá.ndo ha diecurrido un hombre una cosa an•
los otros, bajo esos torrentes de agua que anegan el
tes que su mujer.
horizonte, ocupado en manchar el bonito uniforme
Fenora tenía ya tejido el velo, más blanco que la
de usted, en deslustrar el oro de sus cordones y espenieve y tan transparente como las nubes de verano.
rar órdenes que nunca llegan.
La Virgen de San Viñol era riquísima, porque las
Ea una partida interesante de verdad. Corren las
gentes del país la colmaban de regalos; pero al ver
bolas, se rozan, cruzan sus colores. Las bandas deaquel velo preciovuelven bien la bola el tapete se calienta .... De pronso que había puesto ilumina el cielo el fogonazo de un cañón. Un ruido
to alli la piedad,
sordo hace retemblar las vidrieras. Todo el mundo se
se alegró y lo acepestremece¡ míranse con inquietud. Por supuesto, el
tó. Amel y FenoMariscal es el único que no ha visto nada, ni oído nara tuvieron un nida: inclinado en la mesa de billar esta absorto prepafl.o, y la dicha se
rando un retroceso. ¡Son su fuerte los retrocesos!. .....
meció en su cuna.
Ved: un nuevo fogonazo, luego otro. Los estampiCuando cumplió
dos de catión se suceden, se precipitan. Loe ayudan•
el niño nueve d1s.1:1,
tes corren hacia laa ventanas. ¿Será que los prusianos
Fenora, que aun
atacan?
estaba debil, loco-PuPa bueno, q.ue ataquen, dice el Mariscal dando
gió en sue brazos
tiza al taco.-Cap1tán, á usted le toca tirar.
y lo llevó al altar
I
,
El estado Mayor tiembla de admiración. Turena,
dela Virgen.
dormido sobre su cureña, no es nada junto á este }la.
-María, le dijo
riscal, delante de la mesa de billar en el momento del
arrodillándoee, he
combate ...... entretanto, redobla el estrépito. A los
aquí el hijito que
estampidos del cañón siguen los desgarramentos de
me habéis dado.
las ametralladoras, los redobles del fuego por compaOs lo devolvemos,
ñíaa. Al final de las praderas artificiales suben unos
¡oh madre! eea pavapores rojos con bordes negros. Todo el fondo del
ra vos y que crezparque está abrasado. Los pavoa reales y los faisanes
ca siempre vestiFiguras 4 5
despavoridos, claman en la pajarera; los caballos ára•
bes, al oler la pólvora, se enea britan dentro de sus
cnadras. El cuartel general comienza á conmovPrae. Part.es sobre
No hay quien se acerque al Ma
partes. Los portapliegos llegan á rienda suelta. Piden que vaya el riscal. ¡Cuando leJ decía yo á.
Mariscal.
·
ustedes que nada podría impedirle que acabase su mesa?
-uCapitá.n, á usted le toca U·
rar.
Pero el Capitán sufre distracciones. ¡A pesar de t-odo, lo que
es eer joven! Hétele que pierde
la cabeza. olvida el juego y hace
de un tirón dos series, que casi le
dan ganada la partida. La sorpresa, la indignación estallan en
su rostro varonil. Precisamente
entonces cae reven\ando en el patio un caballo á todo galope. Un
Ayudante, cubierto de barro fuerza la consigna y aube de un salto
la escalinata: ¡Mariscal, Maria•
cal! ...... Hay que ver como ae le
recibe ...... Hinchado de cólera y
rojo como un gallo, el Mariscal
aparece en la ventana, con su ta~.&gt;:,-...\
co eo la manó:
·"~-.,, ~ '-~'-X
.....
~
-¿Qué hay? ...... ¿Qué pasa?....
·tit\~::t.i:.
¿Es que no hay centinela aquí?
:\;),'\~
-Pero, Mariscal. .....
;.;:¡_:,i\.'i.
-Bueno ..... En ~uida Que esperen mis órdenes, ... ......... .
i.&lt;;;-~
Y la ventana se vuelve á cerrar
"""~. f:,
?
con violencia.
"'": '·"
-¡Que etperen sus órdene;il
Eso es lo que hacen los infeli~ ~,,.,
,---.... '
ces. El viento les arroja la lluvia
.r. '
y la metralla á rostro descubierto.
Batallones enteros son aplMtados, mientras otros permanecen
inútiles, arma al brazo, sin poder
:)~darse cuenta de su inacción. No
se hace nada. Se esperan órdenes.
Mas como no hacen falta órde•..
-;,."a,
denes para morir, caen hombrea
á centenares tras de las malezas,
"~:':··,~: . ~ ~ ·~:r.::c;_¾.f: -,
dentro de )os fosos, frenten al
.. ::.'.:
gran castilló en silencio. Hasta
caídos aún loe destroza la metra·
~ ~-. -.·
lla; y por 11us abiertas heridas corre sin ruido la Eangre generoea
Figura¡.
Figura 6 .

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�DOMINGO 16 de IIIAYO de 1897

EL MUNDO

. . . ...

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esta modificación en la manE:ra de contar las horas, data
de 1884 de} congreso de ,vaahrngton y que íué rejuvenecida en 1890 por el congreso de caminos de fierro habido en
Lo1:1dree. Por lo demás, en ;~Ii_a se usan tiempo ha, horar10s de doble cuadraute d1v1didos por los signos zodia•
cales, tales como el que ilustra eete artículo.
De todos modos la revolución horaria, causará. ruido.

·;~;;,'

.
:
/

I

TOlllO I.

Mes de María.

Figura 8.

do con vuestro traje celeste. Miradle bien, Virgen bendita! Lo hemos llsmado Raúl, como se llamaba el padre
de su padre. Miradle, miradle para que lo conozcáis el día
que os necesite.
Y Amel respondió.-Aeí sea.
Y el niflo creció, vestido siempre con los colores celestes.
So se sabe si á causa de los pecados de los feligreses
-de San Yifiol. 6 á causa de los de las otras parroqmas de
la costa, una noche de horrible deegracia, el río creció
como la leche hirviente que se eecapa del vaso; el viento soplaba, la lluvia caia y la tierra temblaba; toda la
llanura estaba cubierta de agua, y al amanecer se vi6 que
no era el río el que se había desbordado, sino el mar.
Llegaba sombrío, impetuoso, revuelto. Rotas las barreras con que Dios contenía sus ímpetus, llegaba, ya
no como mar, sino como diluvio. La iglesia de San Vifiol
-estaba situada en una altura.
Loe inundados se refugiaron en ella; pero A.mel y Fe•
nora se quedaron en la puerta de su casa, más alta aún
que la iglesia.
Cuando les llegó el agua á la puerta, subieron al pri•
mer piso con el niño Raúl; cuando llegó allí el agua, subieron al techo¡ pero también allí les siguió.
-¡Esposo mío! exclamó Fenora1 alabado sea Dios¡ to•
dos vamos á morir juntos.
-No respondió Amel.
-¡Cómo! ¿piensas abandonarnos?
El agua le tocaba ya1 entonces afiadió poniéndose en
la punta del tejado.
-Coje á nuestro hijo, súbete con él encima de mí1 que
yo te ayudaré1 pon tus pies en mis hombros y tente
:tirme.
Fenora comprendió y se hechó á llorar.
-¡No! ¡eso nunca! exclamó.
-Date :prisa, lo mando, dijo el padre. Salvemos al ni,
..fl.o, eoateméndote sobre mí, durarás un instante más, qui.zá se detenga el agua. Adios, mujer mía, ei muero y te
salvas, dile que se acuerde de su padre.
Fenora obedeeió, y cuando subió áloe hombros de su
marido, el agua cubría la cabeea de éste,
Fenora, exhalando el corazón por loa ojos, agarraba al•
nino.
Cuando el agua llegó á eu cintura, elevó al pequeH.o
Raúl, y después de estrecharle contra su pecho, dijo:
-Súbete encima de mí; pon loe pies eobre mis hom•
broa y tente firme.
-¡Oh, madre, &lt;lijo el niño, 06 1 nó!
-Date priea1 lo mando¡ quizá el agua se detenga. Sos•
teniendote sobre mí. quizá dures un instante más, y si te
salvas me alegraré infinito. Adioa hijo mio, corazón mfo,
acuérdate de tu padre y de tu madre.
No habló más por que el agua le tapó la boca.
Solo quedaba ;J?Of encima de las olas la rubia cabecita
de Raúl, y un phegue de su traje celeste que flotaba sobre las aguas.
Pero en aquel instante, la Virgen de Vin.ol salía de la
iglesia por la ventana más alta, abandonando su pedestal anegado, para huir al cielo. Llevaba consigo todas las
ofrendas que había recibido.
A.l emprender el vuelo vió la cabeza de Raúl y el pliegue de su vestido.
La Virgen se detuvo1 y exclamó:
Este niño es mío, quiero llevármelo también.
Y en efecto, lo tomó por loa cabellos creyendo llevár•
selo fácilmente; pero el niño pesaba tanto que la Virgen
tuvo que soltar todas las ofrendas para cojerle con am •
baa manos,
Cuando dejó todo, telas, coronas y alhajas, pudo levan·
tar al niño, y comprendió por qué pesaba tanto.
Su madre Fenora, lo agarraba con sus dedos moribundos, y el padre con sus dedos crispados agarraba á. la
madre.
¡~h! dijo la Virgen contenta y conmovida al ver aquel
racimo de corazones; ¡que cosas tan hermosas hace Dios
eo la tierra!
Y en un pliegue de su manto estrellado puso al padre
C!Jn la madre y el nifio, tres amores en uno, pues que no
tiene más que un nombre: LA 1'' AMILJA, nombre bendito
en la tierra y en el cielo.
Esta hielioria se cuenta entre Caucale y Pontorson, ambos colocados frente al monte de San Miguel.
P.AUL _FEVAL.

CURIOSIDADES
LA HORA NUEVA

Es acaso la influencia del fin de siglo? Lo cierto ea que
nosotros amamos el cambio; para taltis y cuales espíritus
un poco inquietos, el cambio es el progreso! No son sin
embargo la misma cosa y así lo comprueba la experiencia de todos los días. De cualquier modo que sea, hace
algún tiempo que el mundo se preocupa de la cuestión
de la hora. La hora de otro tiempo se ha vuelto vieja.
No podría darse otra á la gente del Siglo X.."'{.? Y se
propone demoler la hora actual paraofrecernoaunacom•
pletamente nueva.
Desde luego, cómo la nación que ha imaginado el sis·
tema métrico ha tenido el mal gusto de servirse aún de
la hora duodécima? Este es un co.atrasentido. Necesita•
moa la hora decimal, la división del día, no ya en 24 partea sino en 20 ó un múltiplo de 10. Entonces seremos
consecuentes con nosotros mismos y estaremos más ade•
lantados.
LB proposición de la adopción de la hora decimal debe ser llevada á. la Cámara de Diputados. Y el tiempo
urge 1 hay que estar listos para 1900.
Torre del reloj. plaz.:a de San Marcos en Venecia,
Ahora bien, qué es lo
que se quiere? Se quiere
suprimir las horas de la
maH.ana y las horas de la
noche. Se propone contar
en adelante las horas de
:ompañía de Seguros de Vida yaccidentes
1 á 24. Media noche, O
hora¡ 1 hora¡ 2 horas; 3
rhoras; después, medio
:,:,.
día, 12 horas; 13 horas;
14 horas; 15 horas, etc.
a::
Desde entonces ya no hay
confusión posible. «Tenu
-l
drá usted la bondad de
venir á comer conmigo á
~ :111
o
las 19? El invitado que
reciba esta esquela, ee
pondrá á. reflexionar: á
'X rlas diecinueve horas? ...
¡Diecinueve horas! En
n d
fin, buscando, acabará
A
por dar con el quid. Se
n Sl
formará. un idioma nueo
vo. Pero así como se ha
:s A
necesitado un siglo para
comprender lo que ea un
CA o
p.
mE:tro y serviree de él, se
..s oca.,.
necesitará algún tiempo .:s w,
para habituarse á las 16 ¡:¡ _g_
horas; 13 horas; 18 horas, e ,g
ll&gt; .Q
et.e. uL&lt;Js unos dirán 1 has- !! i:
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ta luego, nos veremos á ., e»
las diez.11 Los otros res- "- P
penderán: 11A lás 22 ho- 6 ,.¿
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ras.11 Y aquello será la O u
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torre de Babel.
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Veamos, son las diez de e: e»
n
la mañana 6 las diez de •r::
la noche'( La simplifica•
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rá dificultades en todos :: U
A ,:
loe usos durante algunos O A
años. Y 105 horarios! ¡Qué C .,.
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paciencia para oir 17, 18, IQ O
:s ::a
19, 20 y 24 horas!
IS P.
Y qué complicaciones M
en loe movimientos de
A o
la maquinaria! Se perde o
P.
!i ca
rá tiempo en escuchar á
un cucú cantar............. .
:s
24 veces.
:&gt;
Pero en fin esta es cuestión de gusto. Loa innovadores no me recibirían
bien acaso que yo formulase una opinión contra•
Oficinas de LA FRATERNAL:
ria á su reforma. Debe
sin embargo, e n honor de
la_verdad, declarar: que
de S. Felipe Neri 7. Apa1tado

~LA FRATERNAL-~

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Atentado Rey Humberto</name>
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                    <text>DOMINGO 16 de IIIAYO de 1897

EL MUNDO

. . . ...

.

esta modificación en la manE:ra de contar las horas, data
de 1884 de} congreso de ,vaahrngton y que íué rejuvenecida en 1890 por el congreso de caminos de fierro habido en
Lo1:1dree. Por lo demás, en ;~Ii_a se usan tiempo ha, horar10s de doble cuadraute d1v1didos por los signos zodia•
cales, tales como el que ilustra eete artículo.
De todos modos la revolución horaria, causará. ruido.

·;~;;,'

.
:
/

I

TOlllO I.

Mes de María.

Figura 8.

do con vuestro traje celeste. Miradle bien, Virgen bendita! Lo hemos llsmado Raúl, como se llamaba el padre
de su padre. Miradle, miradle para que lo conozcáis el día
que os necesite.
Y Amel respondió.-Aeí sea.
Y el niflo creció, vestido siempre con los colores celestes.
So se sabe si á causa de los pecados de los feligreses
-de San Yifiol. 6 á causa de los de las otras parroqmas de
la costa, una noche de horrible deegracia, el río creció
como la leche hirviente que se eecapa del vaso; el viento soplaba, la lluvia caia y la tierra temblaba; toda la
llanura estaba cubierta de agua, y al amanecer se vi6 que
no era el río el que se había desbordado, sino el mar.
Llegaba sombrío, impetuoso, revuelto. Rotas las barreras con que Dios contenía sus ímpetus, llegaba, ya
no como mar, sino como diluvio. La iglesia de San Vifiol
-estaba situada en una altura.
Loe inundados se refugiaron en ella; pero A.mel y Fe•
nora se quedaron en la puerta de su casa, más alta aún
que la iglesia.
Cuando les llegó el agua á la puerta, subieron al pri•
mer piso con el niño Raúl; cuando llegó allí el agua, subieron al techo¡ pero también allí les siguió.
-¡Esposo mío! exclamó Fenora1 alabado sea Dios¡ to•
dos vamos á morir juntos.
-No respondió Amel.
-¡Cómo! ¿piensas abandonarnos?
El agua le tocaba ya1 entonces afiadió poniéndose en
la punta del tejado.
-Coje á nuestro hijo, súbete con él encima de mí1 que
yo te ayudaré1 pon tus pies en mis hombros y tente
:tirme.
Fenora comprendió y se hechó á llorar.
-¡No! ¡eso nunca! exclamó.
-Date :prisa, lo mando, dijo el padre. Salvemos al ni,
..fl.o, eoateméndote sobre mí, durarás un instante más, qui.zá se detenga el agua. Adios, mujer mía, ei muero y te
salvas, dile que se acuerde de su padre.
Fenora obedeeió, y cuando subió áloe hombros de su
marido, el agua cubría la cabeea de éste,
Fenora, exhalando el corazón por loa ojos, agarraba al•
nino.
Cuando el agua llegó á eu cintura, elevó al pequeH.o
Raúl, y después de estrecharle contra su pecho, dijo:
-Súbete encima de mí; pon loe pies eobre mis hom•
broa y tente firme.
-¡Oh, madre, &lt;lijo el niño, 06 1 nó!
-Date priea1 lo mando¡ quizá el agua se detenga. Sos•
teniendote sobre mí. quizá dures un instante más, y si te
salvas me alegraré infinito. Adioa hijo mio, corazón mfo,
acuérdate de tu padre y de tu madre.
No habló más por que el agua le tapó la boca.
Solo quedaba ;J?Of encima de las olas la rubia cabecita
de Raúl, y un phegue de su traje celeste que flotaba sobre las aguas.
Pero en aquel instante, la Virgen de Vin.ol salía de la
iglesia por la ventana más alta, abandonando su pedestal anegado, para huir al cielo. Llevaba consigo todas las
ofrendas que había recibido.
A.l emprender el vuelo vió la cabeza de Raúl y el pliegue de su vestido.
La Virgen se detuvo1 y exclamó:
Este niño es mío, quiero llevármelo también.
Y en efecto, lo tomó por loa cabellos creyendo llevár•
selo fácilmente; pero el niño pesaba tanto que la Virgen
tuvo que soltar todas las ofrendas para cojerle con am •
baa manos,
Cuando dejó todo, telas, coronas y alhajas, pudo levan·
tar al niño, y comprendió por qué pesaba tanto.
Su madre Fenora, lo agarraba con sus dedos moribundos, y el padre con sus dedos crispados agarraba á. la
madre.
¡~h! dijo la Virgen contenta y conmovida al ver aquel
racimo de corazones; ¡que cosas tan hermosas hace Dios
eo la tierra!
Y en un pliegue de su manto estrellado puso al padre
C!Jn la madre y el nifio, tres amores en uno, pues que no
tiene más que un nombre: LA 1'' AMILJA, nombre bendito
en la tierra y en el cielo.
Esta hielioria se cuenta entre Caucale y Pontorson, ambos colocados frente al monte de San Miguel.
P.AUL _FEVAL.

CURIOSIDADES
LA HORA NUEVA

Es acaso la influencia del fin de siglo? Lo cierto ea que
nosotros amamos el cambio; para taltis y cuales espíritus
un poco inquietos, el cambio es el progreso! No son sin
embargo la misma cosa y así lo comprueba la experiencia de todos los días. De cualquier modo que sea, hace
algún tiempo que el mundo se preocupa de la cuestión
de la hora. La hora de otro tiempo se ha vuelto vieja.
No podría darse otra á la gente del Siglo X.."'{.? Y se
propone demoler la hora actual paraofrecernoaunacom•
pletamente nueva.
Desde luego, cómo la nación que ha imaginado el sis·
tema métrico ha tenido el mal gusto de servirse aún de
la hora duodécima? Este es un co.atrasentido. Necesita•
moa la hora decimal, la división del día, no ya en 24 partea sino en 20 ó un múltiplo de 10. Entonces seremos
consecuentes con nosotros mismos y estaremos más ade•
lantados.
LB proposición de la adopción de la hora decimal debe ser llevada á. la Cámara de Diputados. Y el tiempo
urge 1 hay que estar listos para 1900.
Torre del reloj. plaz.:a de San Marcos en Venecia,
Ahora bien, qué es lo
que se quiere? Se quiere
suprimir las horas de la
maH.ana y las horas de la
noche. Se propone contar
en adelante las horas de
:ompañía de Seguros de Vida yaccidentes
1 á 24. Media noche, O
hora¡ 1 hora¡ 2 horas; 3
rhoras; después, medio
:,:,.
día, 12 horas; 13 horas;
14 horas; 15 horas, etc.
a::
Desde entonces ya no hay
confusión posible. «Tenu
-l
drá usted la bondad de
venir á comer conmigo á
~ :111
o
las 19? El invitado que
reciba esta esquela, ee
pondrá á. reflexionar: á
'X rlas diecinueve horas? ...
¡Diecinueve horas! En
n d
fin, buscando, acabará
A
por dar con el quid. Se
n Sl
formará. un idioma nueo
vo. Pero así como se ha
:s A
necesitado un siglo para
comprender lo que ea un
CA o
p.
mE:tro y serviree de él, se
..s oca.,.
necesitará algún tiempo .:s w,
para habituarse á las 16 ¡:¡ _g_
horas; 13 horas; 18 horas, e ,g
ll&gt; .Q
et.e. uL&lt;Js unos dirán 1 has- !! i:
o
ta luego, nos veremos á ., e»
las diez.11 Los otros res- "- P
penderán: 11A lás 22 ho- 6 ,.¿
:s
ras.11 Y aquello será la O u
.o o
torre de Babel.
u ro
i::
Veamos, son las diez de e: e»
n
la mañana 6 las diez de •r::
la noche'( La simplifica•
w
~
ción propuesta engendta· • P
n
rá dificultades en todos :: U
A ,:
loe usos durante algunos O A
años. Y 105 horarios! ¡Qué C .,.
!i
paciencia para oir 17, 18, IQ O
:s ::a
19, 20 y 24 horas!
IS P.
Y qué complicaciones M
en loe movimientos de
A o
la maquinaria! Se perde o
P.
!i ca
rá tiempo en escuchar á
un cucú cantar............. .
:s
24 veces.
:&gt;
Pero en fin esta es cuestión de gusto. Loa innovadores no me recibirían
bien acaso que yo formulase una opinión contra•
Oficinas de LA FRATERNAL:
ria á su reforma. Debe
sin embargo, e n honor de
la_verdad, declarar: que
de S. Felipe Neri 7. Apa1tado

~LA FRATERNAL-~

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MEXICO-Calle

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~a ofrenaa má~ pura.
[Dlhujo de Jo,.é M, Vllloto1nll.n.J

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s6o

"EL MUNDO''
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MÚ.ICO

· To:cla la correspondencia que ae relacione con la Reiaoc16n, debe aer dirigida al

Director, Lle. R.aCael Reyes Spiudola.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición

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Gerente, Lle. Fausto Mosruel.
La eubecripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al
mes, y ae cobra por trimestes adelantados.
Números sueltoe, 50 centavos.
Avieoe: á razón de $30 plana por cada publicación.
Todo paao debe acr preciaamente adelantado.
'Béol8TllADO COMO ARTÍCULO DK 81DGUNDA CLASE.

Nota, tbitarialt,.
Una &lt;frµosidótt l)ntrrnacional.
Se anuncia que una compaflía americana tomará á su
cargo el abandonado proyecto de eiposición internacional, y reanudará en breve los trabajos iniciados en el
Rancho de Anzúres de eFia ciudad. La noticia no ha podido menos de satiefaceroos, por creer ya fracasada esta
empresa, de la que eeperáb1moe para nuestro país positivas ventaja!!.
Una exposición, ha dicho alguien, es un ari, o en movimiento, un incisivo prnspeelWt de la riqueza de un pueblo
Y de las perspectivas que ofrece áloe grandes negocios.
Y México necesita de esta útil propaganda1 ya lanzada
la nación en el camino de su desarrollo económico.
Para nol:!otros ha llega.do el tiempo de dar á conocer
los elementos de que dieponE&gt;moe, aun yacentes y sin
cat.alogar todavía, la enorme suma de fuerzas vivas utili·
zabJes E&gt;n dir~cción conveniente para el ensanche del
bienestar social. Es una propaganda de ree11ltados seguros Y que han adoptado con éxioo las nacionalidades modernas.
La República tiene éobre su cabeza un mercado de
~ás de setenta millones de productore8 activos, siempre
dispuestos á consumir nuestras abundantes reeervae de
materias primas, excelente posición que debemos apro•
Techará toda costa. Semejante estímulo ha de influir
necesariamente en nuestra, energías, venciendo invencibles perezas tradieionalee, comunicanio ardor á nueatrG trabajo nacional, todavía débil y sin elevados rendi,
mientas.
Y una exposición no e.6lo servirá como repleto mue8•
trario de nuel:!tra riqueza pública, eino t.ambién de instructivo ejemplo del esfuerzo extraflo conducido hábilmente por derroteros indmtrialert. Al país le ea conveniente cambiar una buena parta de eue viejos útiles,
deeecbar afiejos procedimienKIS, para extraer de eue elementos naturales la mayor utilidad posible. Al ponernos
en contacto con el avanzado industrialismo rle otras naciones, al tomar nota de loe progresos de la ciencia mo•
derna, recibiremos una buena bocanada de aire vivificante que reanimará nuestros pulmones.
Por otra parW!, la Capital posee buenas condiciones para hacer de ella un lugar de recreo para los to-uruid americanos, que ya hoy vienen ~n respetable número.
Esd tas panadas de viajeros llegarán un día á eer nube, y
e su paso por la R~pútlica recibirá ést.a un fuerte impulso en todas sus actividades.
Así la proyectada Exposición Internacional ee una em•
presa que debe contar con todas las eimpatíad de los intereeados en el progreso del país.

l)nrrnbios tJ bomberoif.
Ahora que con motivo de 1a catástrofe del Bazar de
Caridad.de Paríe, tanto se preocupa la: atención del públi•
co en eñe orden de ainies\roe, no es ocioso examinar con
frialdad loe elementu1:1 cuu qut, contawu:3 para hacu fren •
íe á semejante categoría de peligros. Precisamente un in•
ce~dio, estallado en estos días en la ciudad, ha puesto de
relieve deficiencias, indispensables de subsBnar, en el
cuerpo de bomberos. La reorganización ee impone como
una medida irascendente, y seg6. n informes qoe encon·
t.ramoe en la prensa diaria, la Secretaría de Gobernación
ha comenzado á trabajar en tll sentid,.:,.

DOMINGO 30 de MAYO de 18s»1

MUNDO

La verdad es que has~a el día no se hab1an registrado
en la Capit.al de la Repú blica grandes incendios, y para
las modal-as proporeiona de los qoe se han producido,
los servicios prestados por el Cuerpo han sido suficientes.
Así co.m.o el m ií.&amp;,·ulo ae desarrolla en el ejercicio, toda función ee amplifica y mejora á influjo de las exigencias del
aparato que dirige. Se concibe que en Nue va York, donde los incendios revisten un carácter colosal, la organización de loe bomberos haya llegado á ser irreprochable.
Una vez más, queda demostrado que las nacesidades son
las que determinan el progreso en cualquiera dirección
del organismo social.
En México, las anejas construcciones• de la dominación espaíl.ola han persistido á la acción de los afios. Loe
caserones virreina les, coo eue gruesos muroe, ene maci•
zas bóvedas y sus granlticoe asientos, han permaneci•
do firmes, á trechos cubierWs de parches que disimulan
sus heridas de viejos combatientes, ya sostenido algún
fatigado miembro con un soporte que le sirve de muleta,
bien adhiriendo al encorvado esqueleto una ligera capa
de pintura que le da aparie ncia de joven tejido arterial.
Y así, íraccior.adoe, divididoe, compuestos y aderezados,
los conventos y loe palacios, loa cuarteles y las bodegas,
nos han proporcionado durante largos anos habitacione&lt;a,
un poco caras, es verdad, pero, por contra1 un mucho incómodas.
Pero eetos gigantes van eintiéndoee caneados, ee desmoronan con lentitud, marchan pesadamente, hasta que
una mafl.ana un robusto piquetazo de la Obrería Mayor
loe hace rodar en el polvo.
Es un hecho innegable que el vecindario necesita habitaciones, y se sefl.ala como un excelente negocio para
los hombres de empresa la cons~rucci6n de viviendas cómodas, ilentro de la existencia moderna, sin olvidar, naturalmente, las reglas higiénicas. Pero si se necesitan
casas, también se hace indispensable que el alquiler de
estas se reduzca considerablemente, dado el promedio de
sueldos en nuestra clase media. En México e~ consagra
al alquiler de l11s habitaciones un tanto por cient-0 más elevado del tolal de los ingresos paniculares del que los
economistas eei'lalan en la distribución de uo presupueet.o doméstico.
No ea posible, sin embargo, rebajar el tipo del alquiler, cuando en las construcciones se emplean materiales
que hacen subir considerablemente el dinero invertido.
Una casa que tenga para cada recámara una cúpula, y
cuya eala ofrezca muros tan espesos como el MonMterio
del Escorial, soporta un fuerte capital inutil, pero siempre digno de atención por parte del propietario.
De aquí lógicamente se desp1ende que las nuevas habitaciones que en plazo no muy lejano, substituirán á
las mansiones feudales en que habitamos, habrán de te•
ner un menor costo. Es decir, sedo habitaciones mucho más 1igeraP, más refl.idae tal vez con la tradición, pero seguramente más al alcance de las posibilidades del
vecindario. Ya han comenzado á levant.aree algunas de
estas cons\mccionee en los afueras de la ciudad y en los
pueblos de los alrededores.
Esas casas se bailan, no obeU.nte, expuestas á mayore,
peligros que las que hoy nos albergan, y entre esos peligros debemos colocar en primera línea la facilidad de los
grandes incendios. Para entonces-y este entoncei es de
actualidad inmediata-se hace preciso dotará la ciudad
de uo buen servicio de bomberos, destinado, apartar de
nuestros espíritus toda idea de un riMgo semejante, salvas las proporciones, al que ha determinado la \ragedia
de París, que tan dolorosamente ha impreeiot1ado al
mundo entero.

El dónde la vida para el escrHor, es la inmortalidad
de eus obras, sean cuales fueren las condiciones en que
ee hayan producido. Y el dón de la vida no es otro que
el don de la verdad. Cuando un personaje es verdadero
ea tterno; poco importa que esté mal vestido, que pre:
eente líneas defectuoeas¡ baata que por loe agujeros de
su traje pueda verse la carne desnuda y vi viente. Ya está levantado para muchos siglos.
En esto ha de tener-y tiene efectivamente-mucha
parte el temperamento del escritor, íemperamento que
es quien decide de la viU.lid.ad de las creaciones lisera
riae. Hay entre los artistas manos creadoras, como hay
también manos que no pueden animar nunca la materia
que M&gt;Can, por {)recioea que esa mderia eea.
EMl LIO ZoLÁ..

Política &lt;!»tneral.
RESUM EN. - Ej Senado Amuieano.-Reconocim1ent0o,
de bellgerante• á lo• ln ■ urrecto ■ cubanoa.-Su re•
■ onanciill rn Ame';riea.-Las Repúbl,eaa latino•amerlean ■ s. -Su probable marcha en lo Porveniri-EI
e•tado polltico de España. - EI tncidentedel Ouquc
de Tetuán.-1: ■ cánd.alo en el Senado.-Conaerva•
dore ■ y liberales.-Un abismo ablerto.-Temores
de a;uerra . -Conetu ■lón.

Cuando todo anunciaba c ,tma y serenidad en las regione~ oficiale'!, y la~ reiteradas declaraciones, así del gabinete eepai1ol, como del gobierno de la Isla de Cuba,
proclamaban la cuasi total conclusión del movimient.o insurreccionel que por más de dos afloe ha llenado de luto
·Y desolación, de ruinas calcinadas y deetrozadoe cadáve-res el territorio todo de la Isla ainnpre fiel, el Senado
americano en quien debemos suponer, y con justicia, la
respetabilidad que le corresponde en el fun cionamiento
político de la gran República, después de haber aplazado•
una y otra vez la discusión de la cuestión cubana, des•
puée de haber hecho Teeonar la3 bóvedas del augusto recinto, con di3cursos incendiarios é increpaciones terrible3
contra la política e~pat\ola en la direC:ci6n de la Isla, y de
levantar una y otra vez lavo.:. autorizada ae sus senadores, en favor de loa que combaten en la manigua por e1L
eoflada patria, acaba de aprobar por gran mayoría de
votoe, 1a proposición de Morgan, en que ee declara el
estado de guerra existente en Cuba, y como conaecuenci.1.
necesaria, la estricta neutralidad áque ha de sujetarse el
gobierno americano respecto á las dgs partee beligorantes.
Si el Senado americano, t:n donde tiene tanta influencia Mr. Sher~an, jefe del gabioet.e de 1\Ic Kinley,.
no ha podido libertarse de la acción, que en él ejerce u
las manifestaciones públicas de simpatía, y , pesar de
eue discutidas facultades, intervenir en el asunto sin t-1
consentimiento del Ejecutivo, se ha vist.o obligado á aprobar la proposición de Morgo.n, no es dudoso que, aprobada
la declaración en la Cámara de Representantes y sancionada por el Presidente, el reconocimienW de la beligerancia1 y la concesión de derechos á este anexos, sea
secundada por los gobiernos de las demás repúblicas americanas. La gran República del Sur, loe Estados Uni·
dos del Brasil, así lo ha prometid,11 y á nadie extranaría
que los gobiernos de naciones fuert.es y débllee, grandes
y pequefl.ae, pero que en más 6 en menos recilerdan en
la lucha antillana eu propi~ guerra de independencia,
fueran una á una reconocierdo loe miemos detecbos, y
concediendo idénticas prerrogativas á las que ha concedido el Senado de loe Estados Unidos de Norte-América.

•••
No menos influencia que en América ha tenido en Es·
paña la declaración; pero allí no ha producido las exal.
iacione8 que eo loe pasados días ocasionaba el simple rumor de que el asunto preocupaba á loe legisladores de
Washington. En general, ha sido recibida con frialdad
la decieión del Senado, y no ha faltado en las altos círculos políLicoe, quien, después de cooeiderarla extempora•
nea y fuera de lugar, la crea una bella coyuntura para
conocer _mE&gt;jor las intenciones que animan á la Repúbli·
ca amer10aoa, y una ocasión favorable para dar fin y remate, loe trabajos de la pacificación.
Declarada la beligerancia, di::en, ee hará efectivo el bloqueo máe es\recho en las costas cubanas, se cerrarán loa
puertos al comercio americano, y loe cruceroe e1paíioles
que ~uardan las aguas antillana~, podrán perseguirá los
buques filibusteros fuera de las aguas territorialea. Acosados en el iu\E'rior de la I11la loe grupos insurrecctoe, re•
chazados á lo máeenmaranado de las selvas y aleJado3
de loe ct:ntros de población; consumidos loe elemento·s .
que pudieran favorecerlos al rededor de las guaridas que
ocupan, y siu recibir del ex~rior ninguna clase de auxilios; faltos de viwrea,
de armas y de municiones' ten.
.
drá~ queE;ucumb1r al esfuerzo de los ejércitos que loepere1guen deniro, y¿ la acción combinada de Jas eecna ·
draa que los aislan completamente de Mldo el mundo.

•
••
No juzgan lo mismo que esos optimistas, ni el jefe del
partido liberal espafl.ol, ni tQdoa loe que con él trabajan
en la prensa de oposición y en 1a tribuna parlameniaria ..

DOMINGO 30 de MAYO de 1897

EL MUNDO

La Academia E:!panola, em plt&gt;rmdo el más luminoso
cerebro y la más brillante p lnma co n que ho y cuenta, co Al Sr. D. A. Gómtz Rntrepo.- En &amp;rnta F/: de b ogc,tá. menzó este trabs jo tnn p n,vechoso; pero guiada p ~r el
criterio rutinario y ultraconserva1.or qne sie mpre ha dis~
.;Qu~ no podré. ~-perar, sl en alg\1.n dta
Jo,; rragmenU"l!I dh•J&gt;e!SOS cte ¡;u mza,
tingui-lo á esta3corporacionee, te detuvo en la mitad del
en lu. µa.tria. rom\\n del patrio idioma,
d 11.n 1\. la.&lt;1 letra-'! '/ al saber morada?
camino.
~ abr,n\ llUl'\·o campo 1huscouquistas,
lle ot~ lauro~ !En\ !&lt;U sl\.°ll nrlarJa,
L'l Academia, como las agencias funerarias, sólo conlucin\n cu su cielo otras cstrella.&lt;1
y eeos :&lt;In fin pregonarán su fama.
cede valor á los muertos: impuaC"1 p 1r coneiguiente al
l L OJl. lt ?-t.O .'.\l. LL, l.::ttA~,
Origm de la ler1911Q wgtell,ma).
ilustre Me néndez y Pelayo la obligación de que e n la AnEsros verso!!, medianos por la forma, nobilísimos por tologí.ti &lt;U poeta8 americanO!, fig ura'38n so lo nombres y
el sentimiento que los inspiró, debieran grabarlos en obras de escritores difuntos, como ei la muerte fu era una
la memoria todo eapanol que bable de poet1B y escritores consagración litRraria, y quedaron tronc lJ ados los tronamericanos, y t.odo americano que, de a1gún modo, se cos más 6 menos robustos de la poesía ame rica na, sin
refiera á la, cosas de E~pafta. Importa mucho que unos y que nadie pudiese juzgar de su lozania y &lt;le su frondosi•
otros se fijen para siempre en ese coneepto amplísimo y dad, pues que en todos ellos apenas han comenzado á. ea·
generoso de la pturia común del patrio idioma, concepto lir los brotes y á trocarse éstos en ramas, cuya coneidera•
positivo, cierto científicamente, como han reconocido ción_qui;,;ii , y sin quizá , es más importante que la del tronloe maestros de la crítica filológica en Alemania, y loe de co mismo. Además, caei todos Jo3 poetas americanos
la crítica filosófica en Inglaterra: concepto nada ret.órico, difuntos, conservaban todavía en los oídos loa ecos dolonada artificial, del que puede y debe brotar nn senti- rosos y vibrantes de la lucha. con la )Ietrópoli, y en almiento grande, fuerte, humanísimo: el amor de la Me· gunos, como en Olmejo, los acentos mJe vigorosos eran
trópoli á sus antiguas colonia':!, hoy emancipadas, y la los de 1" pasión contra la patria madre. L'ls poetas de la
piedad filial de éet.as para la madre que supo roturar .A ntologta, en su mayor parte, fueron testigos de la qui
aquellos fértiles terrenos inculoos, rozar aquellos maio· ell os coutaban como guerra homérica 1 mi~utras el prorrales inhospitalarios, chapear aquellas selvas vírgenes, pio Li'batador, el ídolo Simón Bohvar, la ca lificaba con
iluminar aquellos cerebros salvajes, levantar aquellos ro- toda exactitud, llamándola nutstra pobre far; 1, ••• ......
A..fládese á esto las condiciones, un tanto ......... ari8todos corazo11.ea. Conviene que en la tragi-comedia de las
cralira-B
(6 al menos poco accesibles á. la mayoría de loe
La crisis aumenta, crece amenazadora con la tenacidad
DAJIIAS GUATEMALTECAS
lectores )1 en que se publicaron loe cuatrJ tomos de la
de loe unos y la persistencia de loe otros. Los diput.adoa
Ántologta, y se comprenderá que, sino del to.fo inútil, la
Y senadores de la fracción política que acaudilla el señor
obra
de la Academia Espaflola no ha sido fructifer.,, ni ha
S1gaeta han abandonado sus tareas parlamentarias, casi
reepondido
sino á medias, al buen deseo que la inspiró.
arrastrando, de rechazo. á la minoría conservadora que
Más
interés
y mayores consecuencias han tenido algurodea alsenor Sil vela; y en medio de ese aislamiento, el
nos trabajos sueltos de loe señores Valera y Pí y MarPreeidente del Consejo, que cuenta con la mayoria minisgall, acerca de los escri,ores americanos; pero el clásico
terial, sigue imperturbable su tarea, presentando:los pre•
empaque del primero y la incurable frialdad del segunsupue'3toe ordinarios y solicitando arbitrios y recursos
do de dichos ilustres autores, han estorbado grandemennuevoe, para acudirá colmar ese tonel sin fondo que han
te para que el tema llegase t tener popularidad y resoabierto las guerras coloniales.
nancia, aun e otre los miemos literatos.
Los resultados próximos y remotos del escándalo par•
Muchos de estos afirman todavía que no existen poelamentarlo no pueden darse por íerminad.oa; negras nutas
americanos de valor, ómiden á todoe elloe con el misbes se ciernen en el horizo~te político de ]a nación, que
mo
almud, echándoles olímpicamente el rasero de cuaaún no · gobierna Don Alfonso XIII; esa excisión, esa
tro frases hechas, como la rimbombancia, la palabrería inabierta pugna de -los partidos, no puede eer indiferente á
mbst&lt;incial, la diccitm oratoria más que poética, etc., etc.,
loe que buscan el bien positivo del país, á los que quiedefectos, á la verdad frecuentes en loe poetas del Nuevo
ren verlo libre de zozobras y ajeno de dificultadel:! 1 á loe
lluodo. Para los lectore, y para loe letrad08, falanje nada
que ansían encontrarlo próspero y feliz; no puede ser
numerosa en Eepafla, pero que poco á poco va crecienindiferente á loe que desearían ver unidos á todos loe es·
do, siguen sin existencia, y sin consi&amp;enf'ia plástica, por
pafioles, animados por el mismo sentimiento y electrizadecirlo as{, los que ya pueden llamarse poet.aa clásicos
dos por el mismo patriotismo, para salvar todas las sirde lae Indias Occidentales; Bello, Heredia, Olmedo, Cates y conjurar todas las tormentas, precieament.e en lo8
ro el viejo, figuras de tan marcado relieve y de tan hermomenKIS en que la declaración del Senado americano
.
'
mosas proporciones. Y no hay que decir lo que signifie1 encuentra eco en la Cámara de Repreeent.antee y á ella
car-4.n ni á qué sonarán loe nombres de los jóvenee poe1 .o ee opone el presidente Me Kinley, amenaza á Espai'i.a
tas americanos, más numerosos y, por lo general, mejor
tal vez con una guerra cuyos resultados LlO son fáciles de
encaminados
que los de la Península. Claro ee,á. no hay
prever.
entre ellos un Campoamor, porque, si bien se considera,
27 de Mayo de 1897.
Campoamor, más que un poeta, es la resultante, el remaX.X.X.
te feliz y esplendoroso de una larguísima tradición roéOTRO PAGO DE $3,410 DE 11 LA MUTUA"
tica y filosófica, llegada al término más refinado y exquiEN !IIORELIA.
siW de en vida. No pueden Hlir poetas como Campoamor en literatuas núbiles apenas. Pero salen, sí, poe•
Morelia, Mayo 6 de 1897.
tas semejantes, salva la diferencia de los tiempos, á Zo•
rrilla, ll Bácquer y aun á Núi'iez de Arce.
Setior D. Carlos Sommer, DirecWr general de "La MuPor lo poquísimo qne de ellos conozco, juzgo queeeto&amp;
tua. ''-México.
poetas jovenes americanos, merecen reflexiva a-tención
Muy eelior mío:
por parte de la crítica, un mucho descuidada en eete
Tengo la satisfacción de maniíestat á usted que hoy anSríta. Oltvla Santa Cruz.
ponto, y á la cual me permitiré eenalarlos, para que ella,
te el Sr. Nolario Público D. Antonio de P. Gutiérrez y
[De fotografie. de Eug, Pl.rou, Par11,]
con la intervención del Sr. D. Enrique l!ernández Alba
que puede y sabe, convierta en estudio serio mis profaA~nte de aLA MUTUA» be recibido del Sr. D. Antoni¿
Buei, banquero de dicha Compaflía1 la enma de tres mil relaciones entre Espana y A.mérica, se llegue, por fin, á nas y ligeras observaciones.
cuatrocientos veinte pe808, treinta cta.: ($3,420.30), valor la situación que loe griegos llamaban ana.gn6mia, que nos
total de la póliza núm. 6ll,926, bajo la cual estuvo aseDe tierra de Colombia, en eameraldas y oro rica, según
gurado mi finado hermano el Sr. Lic. D. Francisco Huero reconozcan y reconozcamos, que olviden y nos olvide•
el
archisimpático beneficiado de Tunja, Juan de Casteta Cat\edo, en favor de sus hijos María Soledad y Jos6
moe de lo que fué colpa de ellos y de nosotros. Conviellanos, ha llegado hace poco un volumen de Poe8ia8, ain
Huerta Oafiedo, en cuya reP.reeentación como eu tutor
ne, sobre todo, que, pues en .América aun loe más ciegos
firmo el correspandiente recibo.
otro lito.lo que ese, el más sencillo de todos. El autor,
y exaltad.os detractores de Espafla en lo polftico, la reDebo advertir que la cantidad por la que se a88(Ctll"Ó mi
expresado hermano fué la de tres mil pesos y que foa cua- conocen autoridad y potencia directiva en lo literario, I , mael Bnri.qu · .Areiniega.,, ea muy joven á lo que parece,
cientos veinte peeos treinta centaVOl!I excedentes for•
por el retraW, y po" unas notas biográfico-craicae,
man la devolución íntegra de los premios pagados á. »LJ. apliquemos t.al potencia y ejerzamos tal auWridad, y para
ltlOTu~ ¡,or la expaese.da póliza.
ello lo principal ee saber á quiénes se ha de encaminar y muy diecretamente aderezadas por D. Ricardo Becerra,
Esta circunstancia me hace recomendar ante las persodirigir, conocerlos como á gente de cau, como á -parlen .. en Caracas, donde está impreso el libro.
nas de buen criíerio las Pólizas con devolución de preDeclaro francamente no conocer otros poetas colom•
Il:1ioe que expide la compafUa que tan acertadamente di· tes muy cercanos, y estudiarlos con simpático interés, y
bianoe
que loe incluidos en la Antología ; caei wdos ellosnge Wlted en nuestro país!
hacer más que esto, vulgarizar sus obras y e:s.t.ender 8118
. Ré8tairie enviar á usted mi voto de gracias por la eflca- nombres de manera que no suenen á e:xtrafloe apellidos figuraban ya en la farragosa y defOrdenada recopilación
crn. y actividad con que se cJrrieron los trámites conduque aon loe nnestroe propios, ni parezcan exóticas ideas hecha en París con el tUu1o de La A mérica poética. Decentes á este pago.
y sensaciones de las cuales nosotros dimos la rafz 1 el las dos colecciones reunidas por el Sr. Rivae Groot, bajo
Qnedo de asted alfo. atlo. y S. S.
los nom bree de El parncuo colombiano y La lira nuei·a, soeterno protoplasma.
ALBEBTO H UERU. CA.~lIDO.

"M uy graves han sido las declaraciones del eefior 8Jgcl8ta
en la reunión que tuvieron los liberales an tes de la •?1'cienie apertura de las Cór~s. Su misma gravedad los impelía áagruparse en \Orno del ge.binete conservador, pa•
ra llevar al gobierno responsable , los ele mentos sanos
&lt;lel partido, y cooperar de consono e n la conjuración de
las dificultades originadas en las guerras de Cuba y Filipinas.
No lo comprendió así el ministro de Relaciones E:de •
riores, que, rechazando de modo inconveniente una interpelación del senor Comas, senador lib.eral, dió al mundo
el espectáculo de un alto pe!8onaje, de un noble de abolengo, de un mi nietro de la Coron&amp;¡ de un diplomático
respetable, dando y recibiendo golpee, en pre!:encia de loe
estirados senadores del reino y en el seno mismo de la
alta Cámara legisladora. Este incident.e ha venido á agre•
gar algo como nna sombra en medio de la situación; según la declaración de los liberales, muy lejos de ser eatiefact.oria y tranquilizadora, ha venido á abrir como un
abismo entre los dos partidos milit.antee que, ni quiere
colmar Cánovae con una amplia satisfacción á. loe libera~
les que con razón ae consideran ofendidos, ni quieren
traspasar loa devotos partidarios del sel'ior Sagasb, si no
ee lee tiende como puente la renuncia del Duque de Tetnán y su separación del alto puesto que ocupa.

POETAS AMERICANOS

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�DOMINGO
362

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s• DE

MAYO DE 1&amp;97

EL MUNDO

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DA MAS MEXICANAS

La catástrofe de la calle de "1ean G oujon en París.
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Srita. Carolina Rodríguez y Gómez. (De Saltillo, Coahuila.)
(l&lt;~otografia de Torres Hermanos, .México.)

lo he visto loa títulos citadoe, repe\idas veces. De este
modo, solamente puedo afirmar que Ismael Enrique Arcienagaa no se parece, cowo poeta lfrico, á ninguno de
los que en Colombia son reputados como clá!!licos. Xi tiene la reposada severidad de don José Eusebio Caro, ni
la pomposa altaneria de Arboleda, ni el naturalism-J local
de Gutiérez Gonzáles, ni la ent.onaci6n quintaneeca de
don Joeé Joaquín Ortíz, quien pudo enseflar li_isioria y
otras disciplinas á. Arciniegaa ( como dice el biógrafo de
este), pero de fijo nada le ensefió de poesfa.
Cabalmente, lo más amable del ingenio de Arciniegae,
lo más característico de él, es sn cuidado escrupuloso de
evitar loe lugares comunes de la poesía americana, las
constantes alusiones á. nuestra ominosa dominación, y al
tan acreditado y descolorido sacudir del yu90, así como
los elogios hiperbólicos á esos tiranuelos con quienes algunos inspirados vates de América han hecho lo que Yelázquez con los bobos y pícaros de la corte de Felipe IV:
inmortalizarlos por el contraste entre la ruindad de ellos,
y el sublime arle con que están pintados. De igual modo,
huye Arciniegas de laa deecripcionee enfadosas de la naturaleza americana, de las cuales todos las poetas hau
quedado muy por bajo de Humboldt.
Arciniegas sólo describe cuando es necesario y lo hace
de una manera no superada, en mi humilcie opinión, por
ningun poeta contemporaneo.
¿Pruebas? Abf va ese admirable fragmento:
En la orilla, debajo de las frondas,
se ve el plumaje de las garzas blancas,
y allá, del pasto entre las verdes ondas,
los toros muestran sus lucientes ancae.

Se ven del tigre en el fangal las marcas;
y en ia yaga penumbra entre las quiebras,
junto á las negras charcas,
yacen aletargadas las culebras.
Rt. . molinean vírgenes efluvios¡
el humo de la rosa azul y blanco
sube de la montafi.a por el flanco,
y alzan las ca.ti.as sus airones rubios,
del sol a los fulgores,
como penachos de indios vencedores¡
y traen á la vega, bulliciosos,
loe vientos iropicales,
,el ruido de los plátanos ho1osos

Sríta. Nancy Canseco. (De Oaxaca.)
[ Fotografia. Monroy y Rico , de Oaxa.ca.]

y el lejano rumor de los maizales.
Y en la playa desierta
sobre la Et!Ca arena perezosos,
cual n~gros ironcos con la jeta abierta,
descansan los caimanes escamosos.
En la cercana loma,
en un recodo del camino asoma
feliz pareja de labriegos. Ella,
núbil, fornida y bella,
de ojos negros y ardientes, y de roja
boca virgínea y apretado seno
que form9, curva en la camisa fl.C1ja:
y él, atlético y lleno
de juventud y vida, musculoso,
con munecas de recia contextura,
hechas como mutiecas de coloso
de alguna raza e:rlrafia,
para domar el potro en la llanura,
para tumbar el roble en la montaña.
Y la feliz pareja al fin ae pierde
e:ratre la selva enmarafi.ada y verde.
Quien acierta á describir con tan castiza y severa sobriedad la bochornosa naturaleza americana, hace muy
bien prescindiendo en absoluto de candores, colibríes,
pájaros-moscas y demás inaguanta'blee tópicos de la fauna poética, empleada habitualmente en este género de
cuadros. As!, no de otra manera, debe ser el poeta americano, y por eee camino debe seguir quien, como Arciniegae, marcha ya con seguro y firme paso.
En cambio, debe olvidarse por completo de que existe
el Rhin y de que hubo hace algunos siglos trovadores y
mlfmt'Bi-ngere, los cuales bien ae están mcertoe, sin necesidad de que intente resucitarlos quien tiene alientos
propios para mayores cosas. Tanto como disonaría y causarla molestia el ver junto al salt.o del Tequendama una
catedral gótica, ó en las oril1ae del Canea ó del Magdalena, la taberna de .Auerbach, disuena y desencanta el
contemplar ingenios frescos, lozanos y originales, como
el de Arciniegas, metiéndose en loe moldee de Heine ó
Bécquer, ó de sus mal disimulados imitadores y rápeodas.
Ea preciso imponerse y resistirá. esas tentaciones imi•
tativas, tanto más ala.cinadora'S cuant.o más facilidad hay
en el hacer. Quien puede ser el vate de su tierra, de una

tierra esplendorosa y magnífica, y que en otros tiempos
cubría á eus caciques
de oro molido
desde los bajos pies hasta la frenie,
como rayo del eol resplandeciente,
según el beneficiado Castellanos, obligado está á. no recorrer carreteras pataleadas por todo el mundo, y , abriree triunfalmente paso por entre la maleza nativa del
pafs, con el propio eefuerzo. ¿A. qué viene ahora hablar
de bohemios parisienses y de eetudianWe tudescos, bar•
tos de cerve:r.a, quien nació allá entre bosques inexploradde, junt.o á. las bravas corriente,, bajo loe Andes inmen•
sos? Hable en buena hora de flores del trópico y de
amoríos tropicales también, y aun cuando parezcan, tal
vez, una miaja quejumbrosos, nadie se quejará de ello:
pinte, como sabe hacerlo, cuanto al rededor tiene, ya
que es tan hermoso, y déjese de castillos feudales y de
trovas á media noche, que son la cosa más expuesta para
que un escritor caiga en la cursilería.
Porque Arciniegae es ui¡ poeta excelente, deben hacér•
eele observaciones como estas y atrae más, por quien ee
halle investido del sacerdocio de la crítica y elevado en
el oportv.110 trfpode. En cuanto á la forma, creo sinceramente que nada ee le puede tacbar. En Colombia, lapatria del insigne Don Rufino José Cuervo, ee habla y ee
escribe el castellano con pulcriiud insuperable. Arciniegas demuestra poseer muy á. fondo la gramática, y su vocabulario, no excesivamen~ numeroso, es muy expresi•
vo. La versificación, en todos loe metros, resulta igualmen\e fácil, suelta y animosa, y en ella se notan, á. veces,
recursos fónicos que acreditan oido magistral.
En suma: Ismael Enrique Arciniegae merece algo más
que esta aimple mención, que yo no acierto á. hacer interesante y atractiva.
&amp;e algo, hágalo quien pueda.
F. NAVARRO Y LEDllSll.o\.

Del hombre que duda al que niega, no hay mucha
dietancia. Todo ateo ha eido filósofo antee.
A. de M11sset.

La mujer amada es como la rtligión: se lo hace creer
á uno todo.
Eusebio Blasco.

Qn brasero

ae carne ltumana.
4.DEMA.YV,. A.LA.SIS DE LA. TA.ROE

�babilidad de salvación, la multitud, enloquecida, se lanza, se arrolla; choca desesperadamente con el obet;áculo
que parece burlar su angustia. Entonce!!, ·armándose de
un cuchillo y desplegando un vigor que aumenta el
sent.imien\O del deber, M. Gomery, cocinero del hotel,
logra en algunos intantee desprender tres de las barras..
El paso queda libre, mas no se ha conjurado todo el peligro, porque la abertura no puede dar paso más que á
una -persona, á. la vez, y bajo la influencia del terror, empieza un escalamiento insensato que á duras penas pue·
de regularize.rse en la medida de lo posible. ¡Cuá.ntoa de·
bieron la vida á. e1:1te oportuno auxilio!
El plano que en otro lugar reproducimos es el sólo que
muestra la disposición y las dimensiones rigurosamente
exactas del terreno y de las construcciones. Haciendo
constar que el espacio quP quedaba libre detrás del Bazar, tenía cerca de 100 metros de longitud -por una an•
chura mínima de 32 metro1:1, se comprenderá. cuál debió
ser la intensidad de un incendio que causó tantas víctimas, sumiendo en la desolación á. lo mejor de la Francia.

PAGINAS INSTRUCTIVAS
DIAMANTES DE ACERO

,

LA CA'l'ASTROFE DE LA CALLEJEAN GOUJON EN PARll!I
Cinco minuto• deapués.-Entre el muro y la hornaza.

El B•u1r • las cuatro y cuarto de la tarde.-La fJeata en •u plenitud.
LA CATASTRO FE DE LA CALLEJEAN GOUJON EN PARIS

El ine4:ndio del 4 de Mayo de 1807 se contará entre
eeas terribles ~t~strofes¡ que, deepuéede haber hundido
numeroaas familias en e luto y á loa contemporáneos en
1~ consternació~, dejan un imborrable recuerdo tranemii1do de_ generae16~ en generación como un ejemplo de la
poknc1a deetruct1va de ciertas plagas. La fatalidad parece, por otra parte, haber acumulado esta vez en un sin·
gular concurso, todas las circunstancias propi~ para llevar al supremo grado el horror de la catástrofe: la rapidez fulmmante del ai~iestro, lo ineficaz de loe socorros,
el nómero de las víctu:aas, loa contrastes trágicos y has
ta el °:loti'!o d~ la reunión-una fieeia de beneficencia.
Ine~1tuc16n bien ?Onocida en Parle, destinada á. saete·
ner. diversas _o~ras l.Dlpo.riantee y patrocinada por la alta
eoc1edad panmen88; el Bazar de Caridad acababa de abrir
su venta anual. Este afio, penundo con razón que au•
mentar la afluencia d;e l~s visitanies es engrosar la pane
de los pobres, los pnncipales organizadores. M. Henry
Bloun_f Y. el barón de Mackau, habían querido solicitar
la curiom~ad por t:l _atractivo de una innovación original.
El ÜOIJ?lté adquirió una 1tcalle del viejo P¡1rís,» notada
e~ _otro tiempo en el Palaci,o _de fa Industria, en la expo•
sic1ón del teatro y de la musica, y en pleno barrio de loe
campos Elíseos, calle deJean Goujon sobre un terreno
va.cante; p~eeto ~ su disposición, graciosamen\8 por l\I.
Michel lleine,_ h~zo plantar una decoración de tela pinta•
da. Un muro imitado conpletaba el fragil edificio del
cual damo_s aquí el plano, tomado de la Iluxtracilm. Franctsa. Temendo su fachada hacia la calle limitada por
otrap_~ por los altos muros de las casas vecinas con un
espacio hbre en los dos lados, medía 80 metros de longi·
Sud y 13 metros de anchura.
Asf un símil medioeval debía servir de cuadro á la
asamblea ~undan~. Loe puestos ~e veota fueron insta·
lados en tiendas prntore1:1cas, ofreciendo dos líneas paralelas de tech?s puntiagudoe, de alero1:1 coronados de ense·
nas legendarias: Al&lt;~ torre de ,/,.Vt~le, Al lefm d,, oro, Algato con botmt, etc. Un rnmenso vt&gt;lumestaba Wndido de un
l~do á_ otro de la galería. Ahí fué donde el Bll:1u &lt;k Candod 1 oauguró su «eaieon.11
Des~!;! el principio, el programa de los organizadores
cu_mpha ene pr1:&gt;meea1:1. Una afluencia enorme en que doIDJnaba el conti!'gente de la aristocracia, se agolpaba á
loe puestos servidos por damas y eefiorit.as que llevaban
loe ~as grandes nombres de Francia. Lo~ compradores
v~ctaban generosamente sus bolsas ein regatear, adquinendo los menu~os bibelots¡ muchas damas sobre todo,
ron hermo1:101:1 to1Ietres Je primaYera· niños empioándoPe con geato_s de avidez hacia un peq~efto globo camivo
cuya canae~1lla estaba colmada de jnguetes· comisados
celoeos luciendo en el ojal sus cintas¡ todo u~ público de

elección divertido con la ingeniosa miu en 8('e,u¡ y lueg,.., de br_aqa y de ceniza de que l:!st.aban recubiertos los miem•
bros 10forme1:.1, poniendo al desnudo los cuerpos tumefacnota austera, pasando entre toda aquella alegría llena sol
entre aquellas apariencias un poco frívolas, como parl ~P, contraídos,.carbonizados; huesos calcinados, craaeoa
vivos, cabez_as mconocible!!, que ya no tenían figura hu~cardará la concurrencia el caraot.er y el fin de la re11
n16n~l hábi\o de pano gris, el escapulario y la corneta mana. Cubrióse como 88 pudo esos cadávere11, en tanto
q_ue se proveía á ~u t.ransporte, sea al domicilio reconoblanca de la hermana de la caridad.
Tal eeel cuadro que se ofreció á loa parisienses desde c1d&lt;:&gt;, sea al Pal?,cio de la Indus\ria \ransformado en de·
el primer día sin dejar prever, r¡ue, ¡ay! bien pronto iba pasito mortuorio y bajo un grosero lienzo provisional
donde_yacía aquel~o que fué juventud, belleza, vida feliz¡
á \rocarse en un cuadro fúnebre y terrible.
Al dí~ siguiente, martes, el aspecto del interior del Ba.• los reh~ves, los pliegues dejabJ.n aun adivinar restos de
zai: era 1d~ntico; ncaso también la visita del nuncio apoe- buroamdad.
tóhco babis atraído más mundo ªºl'! qu_e la vispera. A eso . Loa ~iarios ha_n referido en det.alle los episodios del
de las cnatro de la tarde, la fiesta, 1ngutendo la expresión mc~ndlO, el pámco inevitable, el fnnest.o atropellamienconsagrada, lleg~b~ á su plenitud, cuando re\embló de to sobre las -puertas estrechas, la huida loca hacia eitio&amp;
pronto el grito siniestro, 11fuego,,. La explosión de una de e~capator1a problémát.icos de mujeres infortunadae,
lampara de un cinematógrafo instalado en una peque• ~m1deenudas ya por la llama fijada á. sus trajes, ó meña sala que daba á. la galería, acababa de inflamar el ve· dio muertaJ de espant.o, y también loe actos de 1alva•
lum t.raneformá.ndolo inst.antaoeamente ea una inmensa ment.o real_iza~os Ent.re esos episodios hay uno del cual
sa.bana de fuego cuyos fragmentos caían sobre las vende- nuPetroe d1buJ?B reconijtruyea la fisonomía particular•
d~raa y sobre los visitantes, en tan«&gt; qne las llamas rá- men\e dramár.1ca.
Como nuestro phmo lo indica, el fondo del terreno en
pidamente propagadas alcanzaban las colgaduras ligera[!,
el f!laderamen resinoso, el piso, las telas y demás deco· que se elev•~a el Bnar de Caridad está limitado por el
raciones, encontrando un alimento demasiado propicio muro poste~tor del b.o_tel del palacio, perr.eueciente á M.
R1eh~ Saut1er y qne t.tene su ent.rada rnbre el Par.io de
en \Odas es\as materias combustibles.
Cinco minutos después del primer grito de alarma, to· la Rema. Ese mnr? E:Btá ta.ladr\do por una sola abertudo estaba consumado. No quedab" Je la conic.ruc~ión ra, un día de_ sufr1m1ento, guarnecida de cinto fuertes
más que loa post.es medio calcinados que habí1t.n SE::rviJo barrotes de hierro. Esta e1:1.l!Ja estrecha ofrecia una propara soporr.arel lienzo que daba
á. la calle Jean Goujon y uo bra•
• U • 11
sero humeante al ras del suelo
como el que dejarían en un caro'•
po las chozas incendiadas.
Fnjjgo de pajll, hubiera podi •
do decirse, á. no saberse que en
aquellos moment.os el recinto
ince,1diadocontenfamás de mil
doscientas personas, de las cua·
lee nna centena, cuando menos
no había tenido tiempo de esca~
par de la hornaza; si aquí y ahí
montículos de aspecto caracte·
rfstíco, no hubiesen revelado la
obra de la muerte.
En efecto, loa bomberos, á pesar de toda diligencia lle~ados
demasiado tarde pará evitar 6
atenuar el desast.re, y reducidos
á la tarea de bailar los eecombro1:1, es decir, los ínfimos residuos del brasero, de.rnubrfan, en
algunos sitios, cadáveres amon·
tonados. El golp"' vigoroso de la catástrofe de la callejean Goujo11.-0espués del siniestro. Parte derecha dd
BUS lanzas pronto arroJÓ la capa
terreno donde se encontraba el principal amontonamiento de cadáveres.

Contando como cuenta la química prác\ica, con el pro•
cedimiento de Moisean para la fusión del carbono con la
masa de hierro fundido, y para la obtención de loe cristales de grafit.o, que ee ha demostrado son verdaderos diamank&gt;t:I, ha podido la ciencia experimental, con esa en•
seflanza, obtener del acero de hierro y boro, el boro
cristalizado, y fundir, además, el carbono en el manganeso, en el níquel, en el cobalto, en el it;rio, en el t,orio,
eo el zirconio, en el vanadio, en el rodio, iridio y pala•
dio. Del mismo modo se ha conseguido disolver el silico
y crietalizarlo después por enfriamiento en las masas
fundidas de plomo, estallo, ant.imonio, bismuto, oro, plata, potasio y sodio, los cuales no forman siliciuros¡ pero
sí el hierro, cromo, níquel, cobalto, mangane30{ cobre y
platino. De manera que queda est.ablecido que Ofó3 meta•
les fundidos son, en general, apropiados disolventes de
algunos metaloides que se consideran iofueibles ó poco
menos, generalizándose la idea que s~ tenía de que esa
propiedad era exclusiva de la fundición de hierrr.
Como consecuencia de esWS trabajos de Moisean y de
loe que siguen sus huellas, después de ealUdiar el eminente químico la naturaleza de las rocas y minerales que
acompaflan al diamant.e en sus yacimientoe, y después
de haber observado que en ciertos meteoritos se encuen·
tra también el diamante, ha formulado la siguiente teoría acerca de la génesis del diamante natural: Las capas
internas de la tierra, compuestas probablemente de metales en estado fundido con carbono en disolucióo, al
aparecer en la superficie por el empuje de ,as fuerzas
erupt.ivas, pe enfriaron y solidificaron, cristalizándose al
carbono en estado de diamante.
Semejante teoría, y los hechos más atrás consignados,
hacían presumible el creer que en la fabricación de loe
aceros eo los altos hornos y fábricas de fundición se de•
bían producir verdaderos diamanses, porque el procedí·
mieot.o que 88 sigue es, en la esencia, el que con más fa•
cilidad, en muy reducido espacio y á mayores Wmpera·
turas, practica M. Moie:.an con su horno de corriente
eléctrica. En efecto, así se han enca~ado de demf\strar ·
lo el muy repu\11.do profesor de química inorgánica de la
universidad de Berna, M:. Roseel, y su oompanero de la·
boratorio, Mr. León Franck, obteniendo los result.ados siguienkle:
Tomando un ejemplar de acero de 300 gramos, de un
trozo bien compacto, ae trata por el ácido nítrico¡ el residuo insoluble, compues\O de carbono crieW1lizado 1 sili·
ca\08 y o\ras substancias análogas, se lava hasta que de•
eaparezcan de la reacción las salee de hierro, y después se
hierve en ácido nítrico concentrado. El resto que quede,
lavado de nuevo, se eomete á la acción del á.cido Huorb.ídrico y después á la del sulfúrico fumante, con lo q.ue
desaparece gran parte del residuo; dilúyeee la disolución
oblenida hasta que presente la densidad¼, y quede en
su superficie una porción flo\lUlle de carbón que puede
si-pararse. No queda ya como reei.duo más que grafito,
que ae lava, des~eca y funde con clorato de potasa, vol•
viéndose á lavar y á tratarlo de nuevo como queda dicho.
Tre.s el \ratamiento por el ácido sulfúrico en ebullición, ya
no queda más que un residuo inatacable. Este residuo,
puesto en un liquido rela\ivamente denso, como el iodu·

La catástrofe de la calle Jean Goujon. -La extracción de las Joy••·

pores de la Hnea Cunarrl, elCampania y el Lucania, han
logrado sobrepujarse á sí mismos de modo que hoy ee
no hecho realizado que el viaje de Londres á. Nueva
York se puede hacer ..-n E!eis días; en cuyo viaje nuestros
antepasados se creían dichosos cuando invertían aclamen·
te tres meses. La velocidad media df'l Campania, en su
último viaje deQ11eenstowná. Sandy Hook fué de veint.iuna y media millas náut.icae por hora, y no sólo pudo
hacer el viaje apesar del vieoto que soplaba, sino que hu•
biese sido mejor aún, si hubiese tenido un poco de vien•
to de proa¡ en los tiempos antiguos de los buques de ve·
la, el viento de proa era fatal á toda navegación, y los capitanes se veían obligados á buscar un puerto cercano pa•
re. eSJ)f'rAr una brisa favorable.
Eu 1883 el Capitán Back despachado á t.oda prisa en
busca de una expedición ártica extraviada, hizo el nota
ble viaje de Liverpool á. Nueva York, desde allí por el
Hudson y Albany, y después por tierra á. Mon\real, en
dos mese@, enorgulleciéndose de haberlo hecho en un dfa
menos de lo que había calculado. Hoy bacemoe el mis
roo viaje en cosa de una semana.
«En la ocasión de proclamarse Su Majestad la Reina
Vict,oria, el día 20 de J uoio de 1838, el Almirantazgo envió un buque rápido para que llevase la noticí¡1 á Hali•
fax en la Nueva Escocia. llegó á. su destino el día 10 dt!
Agosto siguiente, ó sea después de más de siete semanas
de luchar contra mar y viento en su acelerado viaje al
través del Atlántico, ¡Qué cambio máe complet.o se ha
verificado desde entonces!
,e El Atlántico ha quedado reducido de un vae\O o~ano
que era á un insignificante estanque que se pued" at.rave ·
sar con tanta facilidad y seguridad, como se a\ravieea nn
río, y á. una velecidad mayor, que muchos trenes de fe.
rrocarril. Pero, aunque puede considerarse que 10s vapores han sido virtualmente desarrollados por completo,
en la época actual, su verdadero orfgen nos lleva wuch11
más atrás aún que la mitad del siglo dieciocho, pues fué
en el an.o de 1736, que una llamado Jt'nathan Hull aac,'&gt;
cartas de patente, por una embarcación, en la proa de
la cual había una rueda giratoria que fucionaba por me·
LOS PRIMEROS VAPORES
dio de una má.Q.uina Newcomen.
uEI objet.o de la invención era poder remolcar los
Grande es el abismo que separa la época en que el homdooks de Londres, pero no encontramos ninguna refebre primitivo desa86 las ondas del río que cruzaba en ca- rencia al uso práct.ico del aparato, ha.et.a que cerca de
mino, en una embarcación hecha de fragmentes de cor•
medio siglo después, se volvió á tratar del asunto.
teza de ar bol amarrados por tiras de cuero crudo; y aque•Entonces se hicieron experimentos en el mismo senlla en que a\raveeó el Atlániico en nn vapor de hierro de
tido de ambos lados del Atlántico, y ee creyó que se ha•
22,500 toneladas ósea.el Gre• bía adelantado tan\O, que en 1788 Fitch hizo un vapor
at Eastern. Este abismo ha de ruedas, según su patente, que marchó muy bien á. una
sido cruzado de una manera velocidad de cuat;ro millas por hora, por una corta discompleta y últimamente es• tancia, estallando entonces la caldera. En el mismo ano
pl~ndida, gracias á la fuerza Miller y Taylor t.uvieron mayor éx.ito, viéndoae que una
del vapor. Encontramos al- rueda de paletas, colocada entre dos barcos, marchaba.
gunos inteFeaantes detalles de una manera asombrosa.. Al ai"io siguiente probarou
respecto á este pun\O en un una embarcación de esta claee, sólo que con uaa maqui•
número reciente de nuestro naria má.s fuerte en el canal del Forth. y del Clyde, y diQ
colega, The Mornin!J Poit, di· los magníficos reault;ados de una marcha maravillosa de
ce así:
•Es eat;a la temporada del unos once kilóme\ros por hora.
uAlgunos anos despué1:1, el Conde Stanhope probó ta01•
afio en que loe elementos se bién
la construcción de buques de vapor 1:1egún un .úst.E:combinan para favorecer el ma muy
original, poniéndose las ruedas en el fondo dt-1
tránsito rápido á través del
buque y funcionando de m.:ido de representar el moviAtlántico y como unan.o des- miento de los pies de un pato. Todas est.as pruebas prepués de o\ro. nos hemos ido liminares, fracasaron, sin embargo, en algún sentido,
acostumbrando á ver eclipsa- pero aunque no se podía decir que tuviesen ningún éxido t;odo lo que se había he•
cho hastael;día, nohabrá.sor- to en sí, formaron la base de loa satisfactorios resultados
se obtuvieron después.
preodido á nadie saber que que
c1Eran 1¡&gt;robablemente feas y desairadas construcciones,
en el mee de Agosto de 1896
se hizo lo que nunca se ha- pero sirvieron al objeto de hacer fijará. los ingenieros la
bía alcanzado antes. Los va- atención en el inmenso valor del vapor como fuerza mopores de la línea americana triz para los buques. Desde esto tuvo lugar la construc•
está.o rebajando el tiempo ción del Charlotte Dundas por Smyngton. Se botó en el
canal de Clyde en 1803, pero no pudo seguir allí, pues su
La c;at,;istrofe de la callejean Goujon en Puís.-Despué• del siniestro.-Lo que de las \raveeíae desde Sou- velocidad era tal que amen1zaba destruir los ta:ui(!S con
quedaba del Bazar de Caridad á las seis de la tarde.
tbampton, y los famosos va•

'

ro de metileno, cae al fondo de la vasija en que ae coloca.
Sise examina con un microscopio de gran aumento, Fe \'ell
muy bien los cristales octaédricos transparentes que,
puestos en combustión sobre una hoja de platino y con
una corriente de oxigeno, desaparecen sin dejar cenizas
y dan ácido carbónico.
Los cri~tales tienen, pues, todos los caracteres -tel dia•
mante. Repetidas las experiencias con más de óO ejem·
piares, han dado reeultado3 análogos. Obsérvase q11i, los
aceros que han sido forjados y laminados, dan cristales
incompletos, dest;ruido! por loa efectos mecánicos, y que
loe aceros que no han sido sometidos á esas operaciones
dsn octaedros perfectos. Un acero contiene tanlo má.s
carbono cris\alizado, cuanto mayor haya sido la sempe·
ra\ura de su fabricación, y es probable que el acero sea
tan\O más duro cuanto más diamau'8 contenga. De un
núcleo enconsrado por Mr. Rosael en un acero proceden•
te de loe al toe hornos de E6ch-aur l' Alzette ( en Luxem •
burgo), que contenía en\re otros compuestos, fósforo, ar•
eeniuro y eiliciuro de hierro, siliciuro de manrneso, car•
buro de silicio y de titano y un ciánuro de \1tano y mu•
cho grafito cristalizado, obtuvo dicho químico, por el
procedimiento que queda expuesto, ent.re gran cantidad
de diamantes microscópicos, el mayor de cuantas artifi•
cialment.e se han obtenido basta hoy, y de ·10 grueto de
cinco decimas de milímetro, al cual han denominado en
el labora\Orio de la fábrica, la estrella de Luxemburgo.
Como hay disolventes del carbono mucho mejores que
el hierro, es de esperar, dice Mr. Franck, que empleando alguno de elloe, el que lo sea más á ~ran presión y
\emperatura, se obtendrá.o diamantes artificiales de mayor samaflo que los producidos hasta ahora y que, una
vez emprendido con éxito poei\ivo ese camino, llegará la
química á resol ver el problema de su fabricación fácil y
económica.

~~.h{e~

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EL MUNDO

DOMINGO 30 DE MAYO DE 1897
DOIIINGO 30 DE IIAYO IIE 1897

EL MUNDO

y como .en estas largas demoras sin poderse comunicar
~on la tierra, se agotaba_n pronto, los desgraciado!! pa:1a.
Jeroe mol~etaban al capitán con sus interminables y fri•
volas queJas.
11 Había, como se verá, sobradas razones para que ¡
08
vapores aumentasen y ae multiplicasen, y los dueños vie ...
ron muy pronto que para cada cien pasajeros que tenían
sus buques de vela, se podría contar con miles en los va.
pares más seguros.
11 Lo mismo en Europa que en América, los vapores CO·
!Denzaron á verse en lo~ rios principales par.1, el cabota•
Je y para remolcar, haciéndose esto en un principio solamente por los ((docks,¡¡ trasladando de una parte á otra
los boquea navales y mercantiles. Por medio del uso del
vapor á. veces en épocas de calma el Savaanab vino de
Nueva York á_ Live~l en 1819,' pe~o era un buque de
vela J!C?r esencia. El_ pnmer va:por que intentara hacer
un v1aJe transocé~mco fué el V1ctory, que salió del va•
radero de ,voolw1ch el 23 de Mayo de 1823, bajo elmand~ de Sir ~ ohn Rose, en su segundo viaje de descubrimiento ártico. Ant.es de esto, el Victory había hecho el
t1:9recto entre Liyerpool y la isla de Man, pero para el
v1aJe al desconocido No~, se le pusieron máquinas y
ruedas nuevas. Desgraciadamente la obra se hizo tan
atrozmente, que la maquinaria no cesó de dar trabajo
á loe e~ploradores desde el momento que zarparon de
Woolw1~h, tard_ando c~airo días para llegar á Land'e
En~ y die~ y_ seis en a~nbarar al Firtb de Clide. La hia•
ton~ del vtaJe á. Boothia Feli:x.:1 en donde se abandonó
el V1c~ry y en Mayo de 1832. está costantemente interru1:llp1da por alguna referencia á la rotura de la maquinana en una parte ó en otra, y á. la necesidad de recurrir
á las velas para ~uir la marcha.
HEn este viaje Sir John Rosa nos cuenta q,ue «los fuegos se mantuvieron vivos á fuerza del trabaJo de los fuelles,,, sistema que no surtiría mucho efecto hoy en et
Compania 6 en el Magnifi.cent de la Armada Real. En
1831 el R?yal Williams hizo el viaje del Canadá á. Jngla•
tel'f!,, casi enteramente al vapor pero no fué sino en
Abril de 1838, que el Sirius, de Cofk y el Great Western
de ~ristol, hicieran la travesía co~pleta al vapor iod.~
el tiempo.
1&lt;Desde entonces los ingenieros marítimoe se han esmerado, . Y, el uasno cansado)) de 1815, se ha convertido
en una vivienda elegante, comoda y bien equipada más
veloz y D?ás incansable que un caballo árabe de pu~ raza, y excita en vez de mofa y ridículo1 nuestra más sin•
cera admiración.))

/

muchachos enamorados, ee veían herm0808, gloriosos y
reales¡ él la miraba como á. una Elsa, y ella lo miraba como á un Lohengrin. Porque el Amor, ¡oh jóvenes llenoa
de sangre y de suenos! pone un azul cristal ante los ojos,
y da las infinitas alegrías.
¡Cómo ee amaban! El la contemplaba sobre las estre•
llas de Dios; su amor recorría toda la escala de la pasión,
y era ya contenido, ya tempestuoso en su querer, á veces
casi místico. En ocasiones dijéraee aquel artista un theó•
sofo, que veia en la amada mujer algo supremo y extra•
humano, como la Ayesha de Rider Hagard¡ la aspiraba
como una flor, le sonreía como á un astro, y se sentía soberbiamente vencedor al estrechar contra su ~cho ag_ue•
lla adorable cabeza, que cuando estaba pensativa y qmeta
era comparable al perfil hierático de la medalla de una
emperatriz bizantina.

•*•

~A=· =A=-"=A=""=A~
LOS EFECTOS ECONOMICOS DEL CICLISMO

Un escrito~ norteamericano, _Mr. Bishop, públicó hace
un mes t'r6x1m~ente 1 un curioso libro en el que hace
r~altar as ventaJas morale_s y sociales que re~rta el ciclismo. ~l _autor confies:1, sin embargo, que JOB progre.
sos de! c1~hsmo ~an tra1do como consecuencia la ruina
de varias mdustnas y ramos del comercio.
~ara comprobar esta última aaeverJJ.ción, uneconomis•
ta rng)éa, Mr. Shadwell ha celebrado conferencias con
los pn~cipal~s co_merciantes é industriales de Londres, y
de sus _10vest1gec1ones ha obtenido da e interesantes.
Manrfiesta Mr. ShadweH que el ciclis
ha alcanzado
en I_nglaterra tan considerable desarroy que en la ac•
tuahdad el hombre, la mujer y el niño que o se entre•
gan al citado sport, son considerados como pel8onas extravagantes y excéntricas.
Al Iniciarse la catástrofe de la calle de Jean Goujon . -Bosq ue¡ o ¡ mpres ¡ on1sta.
•
Desde loe comienzos del ailo pasado han sido construidas e_n Birmingbam y Conventry 750,000 máquinas. En
la primera de las citadas poblaciones existen 150 fábricas
e! oleaje que ocasionaba. Fulton, un americano, reconociendo el _g~n porvenir que había para loe buques de va- caballos ~e fuerza, construido eo'.Ramsgate en 1816 Hizo dea&amp;inadas á. este objeto y 100 en Conventry sin contar
la mara v1 llosa baz~fia de llevar 200 pasajeros á Caiaie
las que existen en otroe puntos de Inglater;a. Además
por, cons 1gm6 u11a copia de los planos del Charlotte Dundas, compró una máquina de 20 caballos á los ae0ores volverlos á traer sm_percaoce. No hay que extrañar u! hay que tener en ~uenta la importación procedente d~
los Estados U nidos.
Bult.on &amp; Watt, c~zó á Nueva York y en 1807 tuvo su despué~ de esto hubiese una gran demanda de va ~s
Un comerciante de coches, dijoáMr. Shadwell: •Hasta
vapor Clermo~ haciendo la travesía entre Nueva York y en particular.cuando se vióque marchabanindepelcuen:
~lbanyi por e1 Hudaon. ya se había obtenido experien- temente de viento y marea. En una ocasión el Ma·estic ~hora sigue .s~endo moda que las damas vayan en carrual d
l~ ~ hacer v1s1tas,11 _no está. admitida para estos casos la
cia sobrada pa~ probar srn que se pudiese dudar que el entró serenamente en el puerto de Margate
i~~n d~ bicicleta. En la cmdad seguimos vendiendo lo mismo
vapor podía aplic~rse á la proJ?ulsión de los buques, pe- cuatro de los mejores correos de Margate
ro ~o se notaba mnguna gran impaciencia porverelmar dRamsgate, habían estado acalrnados fuera del puerto que antes. Pero en el campo es otra cosa. La bicicleta,es
ura:nte dos d!ae, y muy maltratados por un tem oral allí la sefiora absoluta. En el comercio de música caba•
cubierto. de vapores siendo, según parece, el segundo de
~e viento del Norte al tercero. En aquellos días los ~asa- llos "f ¡·oyería es donde má.s profundamente se han' hecho
esta serie el Comet que se puso en el Clyde en 1811
Aunque C&lt;?mo hemos visto, Londres fué el origen y pun: ]eros llevaban cada cual sus propias proviciones de boca, sentir as consecue11cias del ciclismo. Los profesores de
~departida de la utilización del vapor para la propul•
música han visto en \iln afio
e16n
loe buques, no se notaba ninguno de eetoe en el
disminuida hasta la mitad de
TamésIS, bae~a el verano de 1815 siendo, según parece,
la lista de sus discípuloe.
enteramente inesperado el extraño y desgarbado monsHótel du Pala.is
~a industria de pianos de
truo.
Fenitrs parlat¡11•fl• _....,,,~
luJo no ha sufrido variación
d'l'CICtU'l!;S lns•11vttagu
c(Al bajar el río el correo para Ramegate ( un buque de
sensible, pero sí la de pianos
Mur
velas) se declaró una gran alarma entre cuantos á bordo
d_e estudio, á módicos preeet~ban al ver más adelaníe un objeto que parecía estar
cios. Es, pues, un hecho que
l:\rd1endo. Al acercaree, el capitán tranquilizó á sus paealas inglesas han preferido la
Jeroe, asegurándole5 que lo que estaban mirando tan azo•
bicicleta á. la múeica. Algo
vague
radas debla ser un buque impulsado por el vapor y aei
así sucede con los caballos.
resultót pues este era el vapor Margery, que habf~ veniBastó que este aflo en Brighd_o deeae el Clyde por la vía Dublin. icPudimos darle fa.
ton la duquesa de Fife salle•
c1l.me~t.e l.a vuelta, dijo el capitán del correo, pues eu
ra á la calle montada en bici•
maqumar1a no era bastante fuerte y era además un mocleta1 para que nadie piense
delo feo Y pesado. S~ máquina tenía la fuerza de 14 caya en el ((sport hípico11 En
ballos. N ~a po~a igualar las exfreeionee de ridículo
Londres, el número de cabacon que mis pasaJeros colmaron a desgraciado buque·
llos ha disminuido en 2ó2,000
unos lo comparaban á un asno cansado, con unos gran:
próximamente. Las señoras
d~s serones de cada lado y otros á un monstruo mitol6máa acomodadas venden los
f1~, etc. Yo, á. ll;l v~i:a,ad me avergoncé de la burla que
suyos para comprar bicicle·
1
. ac aa y seguí m1 v1aJe.• Aíortunadomente el Margery
'88. En cuanto á. la relojería
1~noraba co~ple~mente la impresión q,ue había produy joyería, Mr. Shadwell ha
cido en los d1vert1dos londoneeee. Sigwó río arriba, fué
notado que este negocio está
Rue
M&gt;m&amp;do Pªf!, hacer la travesía de Margate f en un mee
GovJOn
mu.y mal. Son pocos los que
era el favonto de todos. La emulación sirvió para aseguPouw. d00c,ufU,,..,,_14.
en Londres compran relo¡· ee
B
,,,,,,.,._N•
z
rarle 110 complemento de pasajeros, pues á loe londonede oro ni de plata, loe cua es
,o
ees les parecía. una ~n gran cosa hacer un viaje por el
son sustituidos por eólidos
JO
U.
v~por, como s1 hubieran regresado sin chamuscarse del
"
cronómetros, capaces de eo·
remo de Plutón.
portar los accidentes propios
«Después vino un vapor gigantesco, el Majestic, de 25
del ciclismo.
La catástrofe de la calle deJcan Gou¡·on.-Plano del Bazar de Caridad.

y

d«:

,,

"

,.

LA MUERTE DE LA EMPERATRIZ DE CHINA
Al Duque Job, de México.
Delicada y fina como una joya humana, vivít aquella
muchachi~, de carne rosada, en la pequen.a casa que tenía un ealoncito con Joa tapices de color azul deafalle.
mente. Era su estuche.
¿Quién era el dueiio de aquél delicioso pájaro alegre,
de ojos negros y de boca roja? ¿P.t.ra quién MDiaba su
canción divina, cuando la aeñori,a Primavera mostraba
en el triunfo del sol su bello rostro riente, y abría las flo-res del campo, y alborotaba 1a nidada? Susette se llama•
ba la avecita que había puesto en jaula de seda, peluches
y encajes, un soñador artie\a cazaior, que la había ca·
zado una maflana de Mayo, en que habfa mucha luz en
el aire y muchas rosas abiertas.
Recaredol-capricho pa'8rna1. El no tenía la culpa de
llamarse Recaredol-se había casado hacía año y_ medio.
¿Me amas? Te amo. ¿Y tú? Con toda el alma. ¡Hermoso
el día dorado después de lo del cura! Habían ido luego
al campo nuevo, á gozar libres, del gozo del amor. Murmuraban allá en sus ventanas de hojas verdes, ias cam •
panillas y laA violetas silveatres que olían cerca del ria·
chuelo, cuando pasaban los doe amante , el brazo de él
tn la cintara de ella. el brazo de ella en la cin\ura de él,
los rojos labios en flor dejando escapar los besos. Des·
llUée íué la vueha á. la gran ciudad, al nido de perfume
Heno de juventud y de calor dichoso.
¿Dije ya que R¿caredo era escultor? Pues si no lo be
dicho, &amp;bedlo.

•*•

Era escoltar. En la pequen.a caea tenía su \&amp;Her, con
profusión de mármoles, yesos, bronces y terracotas. A.
veces, loe que pasaban oían á. través de las rejas y per·
-eianae una voz que cantaba y un mat1itléo vibraDte y me•
1:tlico. Susette, Recaredo; la boca que emergía el cántico,
) el golpe del ciacel.
Luego el in~aante idilio nupcial. En puntillas1 en
puDtillaa¡ llegar donde él trabaja, é inundándole de cal.ellos la n11ca, besarlC" rápidamente.
Quieto, quietecito, lle~ar donde ella duerme en su
-obaise-longm•, 103 pieces1tos calzados, con medias ne·
_grae, uno sobre otro, el libro abierto so re el regazo, met.lio dormida; y allí, el beso en loe labios, beso que sorbe
-el aliento y hace que se abran los ojos, inefablemente lurniuosos. Y á tojo esto, las carcajadas del mirlo enjau·
lado que cuando Susette can~ Chopin, se pone triste y
110 canta. ¡ Las carcajadas del mirlo! No era poca cosa.,¿~e quierer:,?-¿~o lo sabe@?-¿Me amas?-Te adoro. Ya
t:a'8ba el animali~ echando toda la risa del pico. Se le
sacaba de la jauta, revolaba por el saloncHo azulado, se
detenía en la cabeza de 11n Apolo de yeso, ó en la frámea
-de un viejo ¡ermano de bronce obscuro: Tliiiiiirit ........ .
rrrrrrtch füü ......... Vaya qne á veces era malcriadoé in1t0lente en su algarabía! Pero era lindo sobre la mano de
~usette q•1e le mimaba, le apresaba el pico en\re susdien,tes hasta hacerlo desespc,rar, y le decia á veces, con una
voz severa que temblaba de terneza: •Sellar mirlo, es us1.ed un picaróo!11
Cuando los dos amados estaban juntos, se arreglaban
uno á. otro el cabello. 11Canta,• decía él. Y ella caDtaba
lentamente, lenta.mente; y aunque no eran sino pobres

¡;

Recaredo amaba su arte. Tenía la pasión de la forma;
hacía brotar del marmol gallardas diosas desnadas, de
ojos blancos1 serenos y sin pupilas; su taller estaba poblado por un pueblo de está&amp;uas silenciosas, animales de
metal, gárgolas terroríficas, grifos de largas colas vegetales1 creaciones góticas guizas inspiradas por ti! ocultismo,
Y sobre todo, ¡Ja gran afición! japonerías y chinerías. Re·
caredo en esto un original. No sé qu~ habria dado por
hablar chino ó japonés. Conocía loa mejorel!!I álbums¡ ha•
bía leído buenos exotist.as, adoraba á Loti y á Judith
Gautier1 y hacía sacrificios por adquirir trabajos legítimos,
de Yokoama 1 de Negasaki, de Kioto, ó de Nankin ó Pe·
kin¡ los cuchillos, la:3 pitas, las máscaras feas y misterio·
sas como las caras de los suenos hípnicoe, los mandarini·
tos enanos con panzas de cucurbiSáceoe y ojos circunfle,
jos, los monstruos de grandts bocas de bactracios 1 abier•
tas y dentadas, y diminutos soldados deT11rtaria, con fa·
cel!I de focas.
-¡Oh, le decía Sueetie, aborrezco tu casa de brujo, ese
terrible taller1 arca ex&amp;rafia que te roba á mis caricias.
El eonreía, dejaba s·1 lugar de labor, su templo de raras
chucherías, y corría al pequeflo salón azul, á ver y mirar
su gracioso dije vivo, y oir cantar y reir al loco mirlo jovial.
Aquella mafiana, cuando entró, vió que estaba su dul•
ce t:;usette, son o lienta y Lendida cerca de un tazón de ro·
sas que sostenía un trípode. ¿Era la Bella del bosque durmiente? Medio dormida, el delicado cuerpo modelado
bajo una bata blanca, la cabellera caatafla apelotonada
sobre uno de los hombros, toda ella exhalando su suave
olor femenino, era como uoa deliciosa figura de los amables cuentos que empiezan: Este era un rey, ......
La deepertó.
-¡Susette, mi bella!
Traía la cara alegre; Je brillaban los ojo3 negros bajo su
faz roja de labor; llevaba una carta en la mano.
-Carta de Robert. Susette. ¡El bribonazo está en la
China! Hong Kong, 18 de Enero ......... .
Su.sette, un tanto amo forrada se había sentado y le
había quitado el papal. ¡Con que aquel andariego había
llegado tan lejos! Hong Kong, 18 de Enero ......... Era gra·
cioso. Un excelente muchacl101 el tal Robert, con lamanía de viajar! Llegaría al fin del mundo. Robert, un
grande amigo. Le veían como de la familia. Había partido h11.cía dos alios para San Francisco de California. ¡Ha·
bráse visto loco igoall
Comenzó á. leer.

•*•

Bon Kong, 18 de Enero de 1888.
Mi buen Recaredo:
Vine y ví. No be vencido aúD.
En San Francisco aupe vuestro matrimonio y me alegré. Di un salto y cal t,n la China. He venido como agente de una casa californiana, importadora de sedas, lanas,
marfiles y demás chir.erías. Junto con esta carta, debes
recibir un regalo mío, que dada tu afición por las cosas
de este pafa amarillo, te llegará de perlas. Ponme á loa
pies de tu Susette, y conserva el obsequio en memoria
de tu
RoBEBT,

Ni más, ni menos. Ambos soltaron la carcajada. El
mirlo á su vez hizo estallar la jaula en una explosión de
gritos musicales.
La caja había llegado, una caja de regular tamafio,
llena de marchamos, de aúmeros y de letras negras que
hacían y daban á. entender que el contenido era muy
frágil. Cuando la caja se abrió, apareció el misterio. Era
un fine busto de porcelana, un admirable busto de mujer
sonriente, pálido y encantador. En la base tenía dos
inscripciones, una en caracteres chinéscos, otra en inglé8
y otra en francée. La liJm.peratriz de la China. La Emperatriz de la China! ¿Qué manos de artista asiático habían
modelado aquellas formas atrayentes de mieterio? Era
una cabellera recogida y apartada, una faz enigmática1
ojos bajos y extraños, de princesa celeste, sonrisa de es•
finge, cue:Io erguido sobre los hombros columbinos, cu•
bieroos por uoa bonda de seda bórdada de dragones; to•
do dando magia á la porcelana blanca, con tonos de cera
iamaoulada y cáDdida.
La emperatriz de la China! Sueette pasaba sus dedos de
ro38 sobre los ojos de aquella graciosa fJoberana, un tan•
to inclinados, con sus curvos epican\ua bajo los vuros y
nobles arcos de las cejas: estaba contenta. Y Recaredo
sentía orgullo de poseer su porcelana.-Le haría un gabi~
nete especial; para que viviese y reinase sola, como en el
L'Juvre la Venus de Milo, triunfadora, cobijada imperialmente por el plafond de su cuarto azul.
A.sí lo hizo. En un extremo del taller formó un gabi•
neie minúsculo, con biombos cubiertos de arrozales y de
grullas. Predominaba la nota amarilla. Toda la gama,
oro, fuego, ocre de oriente, hoja de otof\o, hasta el pálido que agoniza fundido en la blancura. En el centro, so•
bre un ¡,edestal dorado y negro, se alzaba sonriendo la
exótica impelial. Al rededor de ella había colocado Re•
caredo tod!ls sus japonerías y curiosidades chinas. La
cubría un gran quitasol nippon, pintado de camelias y

de anchas rosas sangrientas. Era cosa de risa, cuando el
artista soflador después de dejar la pipa y los cinceles1
llegaba freute á la emperatriz, con las manos cruzadas
sobre el pecho, á hacer zalemas. Una, dos, diez, veinie
veces la visitaba. Era una pasión. En un plato ¡,de laca
yokoameea le ponía floree frescas, todos las días. Tenía
en momentos verdaderos arrobos delante del buaio asiático que le conmovía en su deleitable é inmóvil majestad
Estudiaba sus menores detalles, el caracol de la oreja, el
arco del labio, la nariz pulida, el epicantus del párpado.
Un ídolo, la famosa emperatriz! Susette le llamaba de
lejos:-Recaredol-Voyl-Y seguía en la contemplacióu
de su obra de arte. Hasta que Suet:tte llegaba á llevarselo á. raetraa y á besos.
Un día las flores del plato de laca desaparecieron como
porencan~.
- ¿Qién ha quitado esas flores?-gritó el artista desde
el Sallel'.
-Yo,-dijo una -voz vibradora.
Era Susette que entreabría una cortina, toda sóti.tosA•
da y haciendo relampaguear sus ojos negros.

*
••

All~ en lo hondo de su cerebro, se decía el eelior Recareio, artis~a eacaltor:-¿Qué tendrá mi mujercita? No
comía casi. Aquellos buenos libros desflorados por su es•
pátula de marfil, estaban en el pequeñl, est.ante negro,
con sus hojas cerradas1 sufriendo la nostalgía de las blan•
dal!I manos de rosa, y del tibio regazo perfumado. El ae•
ñor Recaredo la veía triste. ¿Qué tendrá mi mujercita?
e~ la mesa no quería comer. Estaba seria; ¡qué seria! Le
miraba á veces con el rabo del ojo, y el maricto veía aque•
llas pupilasobsctll'as, húmedas, como que querían llorar.
Y ella, al reeponder hablaba como los niños á quienes. se,
ha negado un dulce. ¿Qué tendrá mi mujercita? ¡Nada!
aquel •nada1, lo decía ella con voz de queja, y entrd eHa•
ba y sílaba había lágrimas.
¡Oh, seflor Recared.o! lo que tiene vuestra mujercita,
es que sois un hombre abominable. ¿No habéis notado
que desde que esa buena de la Emperdtriz de la China
ha _llegado á vuestra casa, el salonciSO uul se ha entristecido, y el mirlo no canta, no ríe con su risa perlada?
Susette despierta á Cbopín. y lentamente hace brotar la
m~lodía enferma y melancólica del negro piano sonoro.
¡Tiene celos, señor Recaredol Tiene el mal de los celos,
abo~ador y quemante, como una serpiente encendida que
aprieta el alma. ¡Celos! Quizás él comprendió, porque
una tarde, diJo á. la muchachita de su corazón esta-J palabras frente á frente:-Eree demasiado injust.a. ¿Acaso no
te amo con toda mi alma; acaso no sabes leer en mis ojos
toque hay dentro de mi corazón?
SaeeUe rompió á. llorar. ¡Que la amaba! No, ya no la
amaba. Habían huído las buenas y radiantes horas, y
los besos que chasqueaban, también eran oídos como pá.jaros en fuga. Ya no la quería. Y á. el!a, á la que veía en
él su religión, su delicia, su ensueflo, su rey, á ella, á su
Sueette, la había dejado por la otra.
¡La otra! Recaredo dió un salto. Estaba engañada. ¿Lo
diría por la ru_bia Eulogia á q 11ien en un tiempo había
dirigido madrigales?
Ella movía la cabeza:-No.
¿Por la ricachoua Gabriela, de largos cabellos negros,
blanca como un alabastro y cuyo busto había hecho?
¿O por aquella Luisa, la danzarina, que tenía una cintura de avispa, un eeno de buena nodriza y unos ojos incendiarios? ¿O por la viudita Andrea, que al reír sacaba
la punt.a de la lengua¡ roja y felina, entte sus dientes
brillantee y amarfiladoe?
No1 no era ninguna de esas, Recaredo ee quedó con
gran asombro.
-Mira, chiquilla, dime la verdad. ¿Quién ea ella? Sabes cuánto te adoro. lfi Eisa, miJulieta, alma, luz, amor
mío ..... .

Temblaba tanta verdad de amor en aquellas palabras,
entrecortadas y trémulas, que Susette, con los ojos enro•
jecidos, secos ya de lág"Ímas, ee levantó irguiendo su
linda cabeza heráldica.
-¿M~ amas?
-¡Bien lo sabésl
-Deja, pues, que me vengue de mi rival. Ella ó yo:
escoJe. Si es cierto que me adoras, ¿querras permitir que
la aparte¡ara siempri;, de tu camino, que quede yo eola,
confiada tu pasión?
-Sea, dijo Recaredo. Y viendo irse á suavecita celosa
y serca, prosiguió sorbiendo el café tan negro como la
tinta.
No había tomado iree sorbos, cuando oyó un gran ruido de fracaso en el recinto de ea taller:
Fué. ¿Qué miraron sus ojos? El busto había desaparecido del pedestal de negro y oro 1 y entre minúsculos
mandarines caídos y descolgados abanicos, se venían por
el suelo pedazos de porcelana que crujían bajo loe peque•
ños zapatos de Suseite, quien wda encendida y con el
cabello suelto, aguardaba los besos, y decía entre carca•
jadas argentinas al maridito asustado:
-¡Estoy vengada! ¡Ha muerto ya para tí la Emperatriz de la China!
Y cuando cc,menzó la ardiente reconciliación de los
labios, en el saloncito azul, todo lleno de regocijo, el
mirlo en su jaula primorosa, se moría de risa.
Ri:eh 0ABÍO.

¡Oh! :Qaé cosas tau tiernas" te diría,
al contarte Eoriqueta, mis pesares,
si esta alma que es tan tuya como mía.
estuviese en la edad en qae tenía
el ardor del cantar de los cansares!
CA.KPOAKOB;

�DOMINGO 30 DE MAYO DE 18117

EL MUNDO

368

porque aquel pícaro vicio babia de seguirlo eternamen- diferente á. todo saltaba alborozad.a y se veía en los es
pejos en loe m~~blea y vidrieras.
.
como un acreedor á. quien nunca acaba de ~ársele.
Roiia aceptó la pobreza con mucho valor. Tnviero:°
Rosa-Tbé no sabía que Pedro jugaba. En los pri~eroa
meses de matrimonio lué, con efecto, lo más sumu,o Y que buscar una casa humilde, quitar el coche, despedir
obediente que puede apetecerse para la vida quieta del á casi todos los criados, reemplazar el raso de los mu~hogar. Pero ¡ay! á poco tiempo la pícara cost.umbre le bles con cretona é indiana; vivir, en suma, como lafaanarrastró al taptte verde. Comenzaron entonces los pre- lia de uo pobre empleado que gana ochenta P:9SOB cada
textos pam pasar las noches fuera de la casa, la acritud roes. Pero Rosa ponía tal arte ~n todo, econo~nzaba tande car:.ícter, loa ahogos y las ~úbitas desapari~i~nes del to con su vigilancia y su trabaJo, era t~o decidora Y tan
dinero. Cit:rta vez, Rmia se preparaba para asisttr fi, un alegre, que Pedro sentía menos el terrtble pes.o d';' lapobreza. Al principio, PedrC', avergonzado de s1. mismo Y
baile Pedro estaba ya de frac, esperando en el gabrnete
á. su ~eñora. Mas como estaba embebida aún en su toile• orgulloso de su mujer, se dedicó con alma y vida á trabajar. Y roea estaba más contenta ~ue antee, porque ya
Ue tardase todavía muy largo rato. Pedro entornó la
no se iba por las noches y porque siempre le veía á su
p~ert.a del tocador, y di10 á Rosa:
.
lado.
d
-Mira mientras acabas de peinarte, voy á fumar al
Sin embargo, no fué ~uy dura~era esta ventura. Pe ro
aire librt:i'. Dentro de media hora volveré. Eran las nue•
ve y rut-dia. En punto de las diez, Rosa estaba dispuesta volvió á. juntarse con crnrtos amigos que le arrastraron
para el baile. Sentóse en un silloncito y esperó. Sonó el nuevamente al juego. Ya no pod!a apo9t~r grandes ca~•
cuarto !a. media los tres cuartos, y Pedro no volvía. En- tidades como anees¡ pero sí dos, cinco 6 diez pesos: Pr.1•
tonc1::s' uomenzó ~ entrar en cuidado. ¿Qué le babr1a. BU· mero se escusaba asi mismo, diciendo en su concienCla
cedictu'/ A cada instante se asomaba al balcón, estruJan• -no hago mal. Ahora que nada tengo, es cuando _debo
do los guantes y el pañuelo. ¿Le habría atropellado u~ jogar. Es preciso que busqu.e á toda ~osta el mf:d~o de
cocht1-¡anda tan embob5:do!-de~ía Rosa. ¿i:iaprá. tem- sacará mi mujer de la situa.ctón prf'caria. en que vivimos.
do nña con alguno? ¡Nadie está hbre de enemigos! So• El juego me debe toda mi fartuna. V~y por ella. .
Y coLOenzó de nuevo á fingir ocupaciones perentorl3!\Y
bre tudo ¡hay tantos malhechores en la calle! Y adelan•
tando l¿a sucesos con la impacient.e imaginación, se á. paaar buena parte de las noches fuera de _su casa. N_o
figuraba ver entrar á su marido en angarillas coa una tardó Rosa en descubrir la verd11d. -Lls ext~uas can ti·
pierna rota ó muerto acaso. Y cada vez era más aguda dad~s que ganaba Pedro~y eran ant.es suficientes para
su congoja, tanto que al dar las on~, mandó á un mozo cubrir su reducido presupuesto, ?º lo fueron d~spués.
Convencida de que aquel vicio era rncura~le.y rad1~al en
á que fuera á buscarle por las call~s, y luego á otro, en
seguida á tres basta que el camarista y el lacayo, el co- su marido, cayó en el más prof1,?-ndo ~b~timten~o .. t'..A qué
chero el porL~ro y cuantos hombres había en la serví• lucha,? Sin atenderá sus conseJos, m mr sus suphcae, m
dumbre, se emplear'::in en busc~rle por c.alles y ~afés sin apreciar sus cuidados y trabajos, Pedro la abandonaba
dejar punto de reumón por regustrar, m detuvieron un por los naipee.
Una terrible consunción se fué apoierando de ella. Ya
instante eus peequisas.
no reia, ya no cantab:t,, perdió l~s coloree frescos de su cu·
Llegaban los sirvientes fatigados y sin noticia alguE.a tia el brillo de alis OJOS, la gracia de sus desembarazados
de su ~mo· salían después con uuevas órdenes y siempre m¿vimieotos, y se fué adelgazando poco á poco. Al cs.bo
regresaba¡{ lo mismo que se iban. Por_ fin, pasaia ya la
de algunos meree cayó en cama. .
media noche Rosa ordenó que se pusiera el coche. Iba
Los médicos dij0roi.1 que no atmaban con la cura de
á buscar á. P~dro. A todo escape los caballos partieNn
su mal: y con efecto, el único capaz de a.liviarla tra el
del zaguán. Llamó Rosa á la puerta de muchas cas~s;
marido. Este, instintivamente comprendiendo que era
apeába.l!e el lacayo presuroso, y después de confere°:crnr la causa de la enfermedad, se enmendó en esos días, r
con loa porteros subía luego al pescante, y el carruaJese buscando dinero á pr~mio, pidiendo prestado á aua ami·
lanzaba de nue;o por las callee con la mayor velocidl~d gos, se allegó los recnrDos ne~sarioa p~ra atender á la
posible. A cosa de la una, pasó Rosa por una c-9,lle y v1ó enfermita. La llevaba loe meJores méd!C'&gt;S y compraba
abiertos é iluminados los balcones de una casa. Aquello todas las medicinas, por caras que fu'7:1en. Un doctor
debía ser un club ó coaa asi. ¿Estaria Pedro en ese lugar? dió en el clavo, al parecer {ahorro á m1a lec~?res la des•
Paróse el coche, y el !acallo, sin necesidad de. llama;,
cripcióo minuciosa de .)a enfermad.ad } y diJo: i(esto se
porque eataba entornada la puerta, ent.ró al patio; su~ió cura nada más con tales y cnales mPdicinas.11
.
las eacaleras y, á poco rato, volvió á. bajarlaa más aprisa
Las compró Pedro y con efecto, Rosa-Thé se meJoraba
todavía. Llegó á la portezuela del carrua~~, por la que visiblemente. ¿P.Jr qué empEK!rÓ después? He.a9uí lo que
asomaba el semblante lívido de Rosa, y diJo, con la sa- ni Pedro ni el doctor se explican. Las medicmas eran
tisfacción del que trae una noticia largame11~ esperada:
y babian surtido al principio un ef;cto mara-El amo está arriba; está jug11indo ......... Dice que no infalibles
villoso. ¿De qué prove_nía pues, 1~ recaída? Solo yo lo sé
puede venir ........ que irá luego á la casa.
y voy á contarlo. R'&gt;stta me lo d130 la ~che en que mu·
y efecü vamente, á las seis de la mañana Pedro se prerió, mientr~s yo la velaba, porque bab1amos vuelto á ser
sentó tn las habitaciones de la señora. La infeliz habta
buenos amigos.
pasado la uoche _en cla~o, sentada allí en aquel. sillón,
-No quiero aliviarme, me decía. Tll sabes. todo, . las
viendo, con la mirada fiJa de una loca, las roan~itas del
tristezas y las angustias que he pasado, 1:'- mvenmble
reloj que giraban al rededor de la carátula, vestida aún fuerza de ese vicio que detesto y que domma á Pedro,
con su traJe de baile, con flores en el cabello y en el pe• mi amor á.éste y mi despego de la vida. ¡E,;¡toy tan con•
cho. Cada vez que sonaban pasos en la calle, R'lsa-Thé
tenta así enfermita! Pedro no juega, pasa los ~fas á la
ae asomaba al balcón. Pero eran los pasos del geodarme
cabecerade mi cama, y cuando estoy mala y ci~rro loa
6 de algún ebrio que.volvía tambaleando á su casa. Y ojos fingiendo que duermo, oigo que sollaza y e1eat? la
las estrellas fueron brillando menos y loa galloa cantando humedad de sus lagrimas en mi mano. Ahora me quiere
más. De rato en rato, Roea eacuchaba el ruido de un e~• ahora no me abandona ahora me cuida con las tiernas
rruaje: era el de alguna de sus amigas que volvía del ba1• solicitudes de una mad~e. Si me alivio, volverá á escale. Poco á poco, la luz, prim.ero tímida y bl.a~qui~ca, se parse volverá. á. buscar lejos de mi, las emociones del
fué diseminando en todo el etelo. Pasó una dlhgencia por juego: Ya no le tendré 1á mi lado, ni sentiré sus labios en
la esquina y se oyeron .las campanas de la profeaa l!al?an- mi frente. Se irá como Pe ha ido tantas veces, dejándome
do á misa. Roaa no qmeo entonces permanecer más t1em• muy triste y solitaria. Si me muero, tal vez el recuerdo
po en el balcón. ¿Qué dirían los que la vieran? Además,
de la pobre víctima le aparte del camino p0r que vá .. No,
sus dientes chocaban unos con otrof!, y un desagradable
no quiero aliviarme. Quieroeatare?f.erm1ta mucha t1e1;1•
escalofrío culebreaba en su cuerpo. Rosa, tan débil, tan po Por eso cuando me trae la med1crna, recurro á algun
cobarde y tan friolenta, había pasado una buena parte de pr~texto pa~ quedarme sola, y derramo el elixir en el
la madrugada en el balcón, y, lo que ea peo:, en traje de
suelo ......... !
baile, con los hombros y la garganta descubierta.
Tan poseída de dolor estaba, que no observó la ligereza
de su traje. Sólo cuando la luz, entrando brusca por las
Allá, bajo los altos árboles de~ Pante~n Francé~, duerpuertas emparejadas del balcón, íué á retratarla en el es•
pejo del armario, Rosa se vió ataviada por la fiesta y cu• me la pobrecita de cabellos rubios~ qmen yo qmae du•
bierta de floree, como una virgen á quien llevan á en· rante una semana ...... ¡todo un siglo!. ........ y se casó
terrar. Entonces, acurrucada en el sillOn y cubiertos los con otro.
hombros por un tápalo, soltó á llorar. ¡Había penaado
EL DUQUE JOB,
en divertirsetantoen aquel baile! PorqueBoea era al fin
y al cabo una- chiquilla. ¡Se había puesto tan linda, no
para cautivar it los demás, sino para que Pedro la llevase
con orgullo! Y en lugar de la fiesta, las congojas, la angustia, y luego ......... luego la certidumbre horrible de
que su -esposo, sin tener piedad de sus dolores, la dejaba
á las puertas de una casa de juego, donde probablemeale se
arruinaba. Rosa lloraba como una nifia y poco á. poco iba
arrancando de sus cabellos aquellas flores que tan primo•
rosamente la adornaban. Y aaf pasó todavía una hora,
oyendo el ruido de las escobas y las conversaciones de
loa ban·enderos que barrian la calle.
Por fin conoció los pasos de Pedro. ¡Sí, era él! aecó sus
111ED.A.LLON
lágrimas precipitadamente, tuvo vergüenza de haber llorado, la cólera venció en su ánimo al dolor y se dispuso
á reñir, á desahogarse, á increpar con justicia á en mariBajo el rico dosel de tu cabello,
do. Pero ......... ¡en vano! la vista de Pedro la desarmó;
tu semblante moreno y sonrosado
venía lívido, derrengado, con los ojos de un hombre que
es suave crepúspu lo bañado
ha perdido la razón, deshecho el lazo de la corbata blanpor el pálido nácar de un destello.
ca y erizado el pelo del sombrero, apenM pudo hablar!
Hermanaa lo apacible con lo bello
-Tienes razón ......... soy un mieerable ......... He pery ostenta~ la dulzura y el agrado
dido todo ......... tus coches, tus alhajas ......... mis caba•
con que tiende al sentirse 11cariciado,
!loa, ¡nada tenemos! ¡Te he arruinado! ¡Te he arruinael cervatillo tímido sn cuello.
do! ¡Soy un canalla!
Sangre de roes por Abril nacida
en tus mejlias difundir parece
La cólera de Rosa-The ee disipó como fas sombras
una 61\via magnífica de vida,
cuando viene el alba. Ant.e aquella desgracia inmensa,
bajo cuya virtud germinadora
quiso recuperar su eangre fría. ¡Era tan buena! Una ter·
tu alma de virgen á la par :florece
nura inmensa reemplazó las frases duras con que se procomo un botón de pétalos de uurora.
ponía recibir á su marido. Y abrazando su cuello, acercando la cabeza descompuesta de Pedro á su seno, le atra•
J USTO A.. F .-\CI O.
jo á. sí y llorar.on juntos, largo rato1 mientras la luz, in•

t.e

)

A"f, AGUA FUERTE

Era, la caída de la tarde, y elegante.3 carruajes de los
,opulentos llenaban ,,La Reforma.n Pasaban al trote los
caballos, eacudiendo al extremo de las lanzas cascabeles
de plata; y las damitae.i, en el fondo de los coches, entre
cojrnes y pielBS-porqué hacía frío-saludaban con sus
manecitas enguantadas á los amigos, á los lagartijos, á los
admiradores de sus graciae.
En el ctCdé Colón11 las mesas estaban todas ocupadas,
y en las meeasel ajenjo remedaba líquidos ópalos de verdosos fuegoe.
Allá lejos, las nieves del Popocatepetl, tomaban tintes
tortiaaolados¡ en el cielo pálido corría una nube blanca
y el sol amarillento como un enfermo, y sin púrpuras
como un rey destronado, bajaba lentamente hacia Cbapultepec. Un momento se detuvo el disco de oro detrás
de la eetátua de Cuauhtemoc,- formando á. su cabeza,

adornada de plumas rfgidaa, una aureola1 como las que
pintaban en sus lienzos los viejos maestros italianos; pu•
so un polvo de oro e.obre las hojas lánguidas de ka 1&lt;ahue•
huetee 1 &gt;1 cuyas siluetas eEcuá.lidas se dibujaban en el cie•
lo anémico, y por fin, como un dios que cae,. se ocultó
tras el castillo que cierra la calzada ácaballo aobre la roca. De las copas de los á.rbolea cayó-como una bruma
negTa-la noche; el Café quedó desierto y en la sombra
las estátuas tomaban proporciones fantasticaa y los j amnos de los aurigas, con sus anchas alas, fingían ainiestros
murciélagos volando sobre los carruajes, que se alejaban,
con rumbo á. la ciudad, al largo trote de loa hermosos
caballos que sacudían al extremo de las lanzas loa cascabelea de plata ..... .
Hacfe frío, un frío madrilf'ño. El aire que besaba el
rostro había refrescado sus labios en las cumbres eternamente heladas ...................................................... .

»¡Mi cajita de eerilloE1 1 señor! ¡Un centavito para _mi
pan! ¿Sí, mi niño?n
¿De dónde había salido aqne11a chicuela de dos palmo&amp;
de estatura? i De la sombra, doade mora la miseria!
Corría con sus piececitos descalzos, temHando defrlr ...... del frío del hambre tal v.,z! Mf'dio desnudo su
pobrecuerpecito y delg2ducho, delgaducho ........ .
La vocecita tenía algo de tri ~f', algo de rajad('I, comoel eonido extraño que producen las cai'ias cuando lae
azota el viento ....... ..
Y allá, por la amplia A"t"enida Juárfz, iban f'n el fon•
do de los cocheP, entre cojines y pi~lee, las damitas elf'gantes; y los caballos, trotando Jar~o, hacían rnnar a l
extremo de las lanza~ los caecabeles de plata.
RAOUT, CAY.

•
REI.IEVES

-Altiva dijo Laura,Soy la estrofa hecha carne, la Belleza
Modelo de estatuaria!

LUIS G. URBINA

Ya pulsa e:u áureo plectro la cuerda enamorada,
Y en vibración ardiente d~spierta al corazón;
Ya arranca de la herida la flecha envenenada
Abriendo sobre el verso la flor de la ilusión.
Ya·pinta en el análisis del alma encenegada
La voz de las pasiones que ofuscan la razón,
O el paternal instinto, piedad dulce y sagrada
Que vierte sobre el labio la frase de perdón.
Como fecundo cármen su lira emerge flores.
El odio no le inspira, le inspiran los amores,
Del huérfano contrístale la triste juventud:
Y al viento dando altivo eu aliento soberano,
El vate insigne pasa, llevando en una mano
La mano del pequeño y en la otra su laúd.
A ORELIO G.

Y la paloma se alejo á sn nido

Y allí plegó las alas;
La violeta ocultase entre 181!! hojas
Temblando de rubor, avergonzada .........
Y se apagó a] instante el rayo de oro,
Y la onda murió deshecha en lágrimas!
JUAN

B.

DELGADO.

Mayo de 1807.

CARRASCO.

:Mayo de 1897.

REDENCION
La perla es el dolor.-Quedó apresado
en camarín de nácar un lat.ido ..... .
y el mar rodó revuelto y lacerado,
en convulsiones de tit.án herido.

DE UN ALBUM
En floreEtal. Maf'iana transparente,
Cielo azul, aire puro que Ee empapa
F:n el fragante olor de las gardenias,
Que fingen una espléndida nevada.
- Yo soy arrullo-la paloma dijo
Meciendose en las ramas¡
-Yó soy modesto adorno de la virgen,
El perfume es rm alma ,
-Exclamó la violeta;
-8oy luz, vida,
-Clamó un rayo de sol, flecha dorada,
- Y yo vago rumor-prorrumpió alegre
Rodando u na onda de agua.
-Ah! Cal lad ante w f, q ue sois bien voco,

Y duro,ió aquel dolor.-Durmió en la obscura,
olvidada quietud,-gota de lloroel buzo la arrancó de su envoltura
para arrojarla en el festín sonoro.
Sufrir es ascender.-Van hacia el cielo
de la .flor el aroma, en loa altares
el himno y la oración, del av·e el vuelo
y el 1umor de las selvas seculares.
La cruz es ascención. Cual doble puente
que atraviesa el dolor con sus .flechazos,
-de Norte á Sur y de Occidente á Oriente,abre inflexible el símbolo sus brazos.
C ÁRLOS D í AZ

Mayo de 1807.

D UFOo.

CUENTOS COLOR DE HUMO.
DAME DE C(EUR

Allá, bajo los altos árboles del P.1nteón Francéfl, duer•
me la pobrecilla de cabellos ruliio1&gt;, á quien yo qui1:1e
durante una semana ...... ¡todo un siglo!. ..... y se casó con
otro,
Muchas veces, cuando caneado y aburrido del bul1ici('I,
escojo para mis paseos vespntinoa las calles pinto.esca~
del Panteón, en · 11entro la delicada uroa de marmol en
que reposa la que nunca volverá. Ayer me sorprendió la.
noche en esos sitios. CamPnzaba á llover y un aire helado movía las flores del Camposanto. Bmcando á toda.
prisa la salida, dí con la tumba de la muertt&gt;cita. Detú·
veme un instante, y al mirar las loeas humedecidas por
la lluvia, dije con profundísima tristeza:
-((¡Pobrecita!)) ¡Que frío tendrá en el mármol de su
lecho!
Rosa-Thé era, ea efecto, tan friolenta coma un criolla
de la Habana. ¡Cuantas veces me apresuré á echar eobresus hombros blancos y desnudos, á la salida de algún
baile, la capota de pieles! ¡CuántáE veces la vf en un rin•
eón del canapé, escondiendo loa brazOE\ entumida, bajar
los pliegues de su abrigo de lana! ¡ Y a hora allí está. bajola lápida de mármol que la lluvia moja sin cesar! ¡P(•·
brecita!
Cua11do R'}ea-Thé se casó creyeron sus padres que iba
á ser muy dichosa, Yo nunca lo creí, pero reservaba misopiniones temeroeo de que lo achacaran al despecho. La

verdad es que cuando R ,sa-The se casó,yo había dejado
de quner1a, por lo menos con la viveza de los primeros
días. Sin embargo, nunca noe hace mucha gracia el casa•
miento de de una antigua novia. Es como si nos sacaran
una muela.
Sobre todo, lo que aumentaba mi dieguato era el convencimiento profundo de que iba ti ser desgraciada. Me
ponía co~o. una furia al eECuchar las profecías risueña~
de su fam1ha. ¡Cómo! ¿Qué iba á ser P~dro un buen mR
rido? Pero ¿no Paben esas gentes-decía yo para mfque Pedro juega? Atribuyen á. la funesta ocioaidad tan
serio vicio; creen que una vez casado va á enmenda1·
se ......... pero loa Jugadores no se enmiendan.
Y -en descargo de mi concie-ncia, lo diré -yo habría.
visto, si no con alegría, con resignación á lo menos, el casamiento de Rosa-Thé con nn buen chico. Pero lo contrario de un pozo es una torre; lo contrario de un puente
un acueductó ¡ lo contrario de un buen marido eso era.
Pedro. No porque le faltasen prendas personales, ni B'.l·
Jud, ni dinero, ni cariño á la p:ibre Rosa-Thé, pero eí

FILOSOFI.A.
La fuente se une al arroyo,
el arroyo se une al mar
y las brisas y las 1:1,uras
unidas vienen y van.
Si pur ley del Universo
no hay un ser en soledad;
si todo se une con algo,
¿por qué uuida á mí no ~stás?
Loe wontea besan al cielo,
besos las olas se dan,
la flor desdeña las flores
que no besan á su igual;
rayos de sol y de luna
b~1fün la tierra y el mar:
y ¿q11é vale tan~o beso
si 1.11.1 me besM Jamás?
)L.\.N UE' t

Go.sz..i.LES

PR ,\IH.

~
EL BUSTO OE NIEVE

De amor tentado un penitente un día
con nieve un busto de mujer formaba
y el cuerpo al busto con furor jnntaba
temp lando el fuego que en Bll pecho ardfa,
Cuanto más con el bu1:1to el cnerpo unía,
más la nieve con fuego se mezclaba,
y de aquel santo el corazón se helaba
y el busto de mujer se déshacfa.
En tus luchaa, ¡oh amor!. de quíen reniego,
siempre se un~n invier~o con est!o,
y ai uno ama arn fe, qmere oko c1~go.
Así te pasa á ;"í corazón mfo,
que uniendo el la su nieve con tn fuego,
por ~atar de calor mueres de frío.
ÜAUPOA)IOIL

SPIRIT.A.
Como flor que, de noche tola.vía,
el cálíz tiende á. la invisible aurora,
así vuelves tu frente soñadora
al sol oculto del incierto día.
¿Por qué huyendo del siglo en agonia
buscas, joven sibila encantadora,
en la sombra. la luz rave ladord.
y la vida en la muerte muda y fria?
De allf, de donde lo irreal empalma
con la verdad, caerás á. este planeta;
que aun de tu cielo místico en la calma,

Al contagio invencible estás sujeta
de esa neurosis má.giea del alma
llamada amor por el primer poeta.
JUSTO 8IERR.\.

AL CRUCIFICADO

Al través de loa siglos aun perdura
la magia incomprensible de tu acento.
que se propaga de uno en otro viento ,
impregnado de mística dulzura.
El Cedrón en sus m4rgenes murm ura
tus enseñanzas, y el Tabor, atento,
destacado en el limpio firinamento,
en antorcha inmortal se transfigura.
De la Tebaida á Roma, y desde Roma
á todo el mundo, tu palabra toma

fuerza mayor, y soberaua, impera;
Y cruza peregrina las edades
eobre pueblos y baatae soledades
hasta llegar al cielo que la espera.
M. A. SulREZ.

Sabiendo mi virtud ¿por qué te extraña
que me encuentre á mi edad alegre y sano?
De remiendo en remiendo nna cabafl.a
vive más que P 0mpeya y Herculano.
C AMPO.A.l(OR.

�370

EL MUNDO

DDII IIIGú 30 DE IIAYO DE ,llg7

DOMINGO 30 do MAYO do 1897

EL

MUNDO

ENGANO SUBLIME
Por lblaría !!escot.
NUMERO II.

-Que edad tenía Santa R 1folia1 prima Aglaé? DJ.dme
alguno:3 datos. Rubia 6 morena? Joven 6 vieja? Virgen
ó viuda? En qué tiempo? en que país? E3 un poco ignorada vuestra Santa, convenid en ello. Preferiría pintaros
una Santa Ines tomando por modelo á Lila.
Aglaé no se rindió sio alguna dificultad. Una de las
inocentes manías de la vieja sefiori5a era la continua investigación de los santos y las saatas menos conocidos.
S00 los más desocupados, decía, y por lo mismo tienen
más tiempo para velar por nuestros intereses.
Sin embargo se resignó y Lila consintió en servir de
modelo; hubiera consentido en todo la pobre nii'ia con el
tin de detener á su padre en Pontarlier no pudiendo arrojar de su corazoncito celoso, el horrible temor.
El reirato comenzó entre un concierto de alabanzas.

tiempo á quienes Elena socorría. Algunas veces en las
callee de la pequefia ciadad entraba á las casas de comercio y hacfa compras inútiles á fin de verá los comerciantes detrae de sus viejos mostratf.ores.

la excelente muchacha exhalaba á 1a vez su reconocí
miento y su guEto germánico por las divisas sentimentales.

En medio de su trabajo y de sus recuerdos, pasabánae
los días dulcemente; en cuánto á las veladas, ese tiempo
tan difícil de llenar en las pequefi.as ciudades, la sefiora
Fouraeron habla peosaio en ellas, no siendo de esas generosas imprevisoras que dejan en la ciudadela un punto vulnerable. No había que contar con las señoritas de
Lezines que, levantándose á buena hora para las misas
matinales, gustaban de acostarse temprano; ni con Jaco•
bode Sommeres á quien el temor de la humedad retenía
en su casa; ella obtuvo que el presidente del tribunal y
el doctor fuesen á jugar al whist con el señor Duvernoy.

Los temores sobre la solidez de los .Minoret Re habian
disipado hacía algún tiempo y sin emb¡,¡,rgc•, Fernando
no pensaba en partir de nuevo. No había olvidado la
promesa hecha á Beltrana, pero difería su ejecu~i6n. Fre•
cuentemente hablaba con Carlota de su amiga.
-Ciertamente, señorita Carlota, volveremos á verla
muy pronto. Decfdselo cuando le escribais. Pero ese
bien pronto se transfería de semana en semana.
Jacobo de Sommeres demostró sin mucha dificultad la
necesidad de toma; medidas para la explotación del bosque de los Lannes. La sefiora Fourneron no fué mal aco•
gida caando habló de reparaciones urgentes en el techo
de la casa, reparaciones que el ojo del amo debía dirigir.
No se le dejaba respiro, contribuyendo grandemente á
esto el 1etrato de Santa Inés qne le retenía cautivo por
el lazo misterioso que une el art.1bt.a á su obra.
Loa craatro conjurados se felicitaban en voz baja, mas
una nevada prematura hizo que Jacobo apresurase su
prepara ti vos de partida.
Hubo en caea de la señora Fourneron un postrer conciliábulo y como ella ee desolaee de la pérdida de un aliado tan precioso, él emitió una duda:
-Por mi fe, tía Fouroeron, estais segura de que existe
eea mujer satánica? Por mi parte comienzo á creer que
hemos emprendido una cruzada contra los molinos de
viento. He ensayado confesará. Fernando. Yo no soy un
director de conciencia bien experimentado, pero entre
hombres, ya lo sabéis, se habla con franqueza ...... ¡Oh!
no os tapeis las orejas, primas Lezines, nada aventuraré ...... Pues bien, Fe ruando á mis preguntas solapadas
ó directas, ha respondido con e 1más grande candor de
alma, bosqueJando como artista, mas no como enamorado, las di verEas beldades femeninas encontradas á través
de sus viajes: la turca, la rumana, la montenegrina, la
italiana, pero el diabi.o me lleve si su voz temblaba ó ü
brillaba su mirada.
-Yo, dijo Aglaé, hablé á la señorita Carlota y pude
convencerme de que nada sabe. Ella proclama á Fernando el más virtuoso de los hombres.
-¿Si interro..,asemos á Lila? propuso la sefiora Fourneron.
Los otros tres protestaron.
-De ninguna manera. ¿Peneais que Je haga confidencias á su hija y la conduzca consigo á casa de las per didas?
Además,'como los cuatro eran gentes honradas, repugnaron esta información con la nifla.
- Pero entonces, dijo Aglaé, resumiendo la situación,
no valía la pena de ligarnos contra una enemiga que no
existe.
Se sentían abochornados1 y censuraban un poco á Fernando su conducta y su virtud.
-A fe mía, tanto mejor, dijo la sefiora Fonrneron, yo
podría suprimir las part.idas de whist. Me agradaríe acostarme á buen a hora.
-Además, añadió Aglaé, van á llegar los grandes frfoe.
HaY vientos colados en eu taller; yo be tiritado tres 'Veces ayer al volverá mi casa. ¿No es verdad, Eulalia?
-Entonces, declaró Jacobo, la liga de familia esta disuelta; renunciamos á salvar al que no está. en peligro.
Los cuatro coojurados se separaron.
El porvenir debia, empero, demostrarles que es imprudente desarmarse demasiado pronto.

;

•.

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---

-

Era tan linda esa niñita! Personificaba tan bién á la an·gelioal y conmovedora niña que murió mártir á los trece
arios. En tanto que eervfa de modelo con su gravedad
de santita, la tía, Jácobo y las primas €'e instalaban enel
-taller, llevando la una las noticias de afuera, los comadrazgos, y las otras lo!! ligel'$8 cancanes piadosos, anodinos y embalsamados de incienso; las señoritas de Lezines no gmtaban de criticar, solo que era preciso divertir á Fernando, a!!egurar el triunfo de la buena causa y
la derrota de la Dalila de marras.
El pintor se interesaba por todo y por todos: los cambios sobrevenidos en el seno de sus amigos viejos, el ma'trimonio de los unos, el divorcio de los otros. Había
muchas cosas que contarle¡ se interesaba aun por loa
.,-0breroe, por la gente del pueblo, por los pobres de otro

ran viejo maestro.
Cuadro de K.aulba.oh.

Carlota compuso el centésimo capftulo de su novela:
Si el honorable señor Duvernoy la había llevado á Pontarlier, era á fiu de permitirle conquistar los corazones
de toda la familia, ani1s que anunciase su proyecto de
matrimonio. Así ea que Ee aplicaba lo mejor que podía
á agradar; procuraba ganar las simpatías, levantando co1,1
inalterable paciencia las mallas que los dedos endurecí•
dos de la vieja tía dejaban caer; oyendo con ávida deferencia las piadosas homilías de A~laé, riendo con todos
sus dientes largos y blancos las bromas de J acobo aun
cuando no siempre las comprendiese, y sobre todo, amando á todos, inclusive la pobre difunta. Sobre la tumba
tan largamente abandonada, colocaba coronas donde las
palabras de 11Recuerdo eterno,n en perlas blancas, se leían
sobre un fondo de perlas azulee: ingenuos CJ.·- cota en que

XXXII
Sin embargo, no era una criatura absolutamente perversa esa Beltrana Meriadec. En otro medio, en otro siglo, hubiera sido buena quizás, mas era de este tiempo
de ambición y de avidez. El hombre que debía ejercer
tanta influencia en sus destinos, así como eo los de Valeria, su amiga de infancia y coterránea, no~había contribuido por cierto á mejorarla. Leódice era uno de esos
productos de la civilización parisiense, que acaso serían

�57~

372

EL MUNDO

DOMINGO 30 de MAYO de 1897

h ombres sín6 lee faltase el corazón. :Kinguno conducía tregada por completo á las dificultades de loa acompañ a· tinal la penetraba de una suave y blanda influencia: oía.
IBáe brillantemente un cotill ón ni decía mejor un monó- mientas, sudaba la gota gorda temiendo á cada paso e l mar que cantaba dulcemente. Sus sueños de ambición
se desvanecían para dar sitio á un hermoso ensueño de
logo, ni cantaba con más finura una copla, ni guiaba con perder el compás ó comerse alguna nota.
En verdad Beltrana no saboreaba sin placer esos lin- amor. Sí, ella amaba con todas las fuerzas de su alma ~
más habilidad el rondó loco de una orgía. Grande, andos preliminares de amor: sin embargo, al cabo de tres Y el que amaba iba á venir. Esa fugitiva y súbita eepe•
cho de eepaldas, con la barba y los cabellos negros, de
alegre humor, tenía con las mujeros numerosos éxitos, semanas ee inquietó. Era muy bello cantar con ojos in· ranza fué el instante más dichoso de su vida.
candescentee: «Leonora, amor mfon ...... pero poco prácti•
Una cortina de púrpura 1eemplazó en el Oriente la
pero no hacía locuras.
Su padre le había inculcado desde temprano los prin- co. Ella había esperado algo y ese algo no venía. Por delgada banda pálida, levantóse el sol y sus primeros
qué Leódice tardaba tanto en decir: ci Es Beltraoa la que rayos acariciaron el dolmen. Leódice no venía. La jocipios de la economía y de la cordura.
ven ee había pueeto de pie, ansiosa, interrogando la ex•
Esos consejos habían caído en buen terreno; ninguna yo amo, es ella con quien quiero casarme?11
Y á nadie podía pedir consej o para apresurar esta so• temión desierta.
mujer podía preciarse de haber conquistado· á. Le6dice,
porque ninguna flor de amor había germinado e~ su co- lución feliz.
Había en el granero de su casa, una caja llena de no•
El hermoeo Leódice durmió perfectamente bien aquerazón.
velas compradas por el capitán durante su:1 ocios en las lla noche: por un amorcillo no perdía él su sueiio. Los
No ee resignó á cargar la cruz del matrimonio sin gruciudades de guarnición. En ellas buscó la experiencia de primeros rayos del sol levante no ofrecieron á eu espíri•
fiir un poco. Fué preciso que su padre le pusiese ante los
tu de parisiense má3 que una figura dei retórica. El cre•ojos un cierto documento importante, que abriese ante que tenía necesidad.
Los
cuentos
de
hadas
y
la
historia
le
habían
ense-llado
yó levantarse á tiempo poniendo la aguja de su desper•
él cier~ libro de cuentas en que el debe y el haber no se
eqilibraban de una ma1.1era satisfactoria, El hizo una muchas cosas, las no velas le eneefiaron otras. El'.as tam- tador á las seis de la mañana. Después se acostó con el
bién proclamaban la omnipotencia de la mujer, pero alma tranquila, murmurando:
mueca.
afladian que la fortuna amaba á las audaces, y que el
-Para una primera cita hay que demostrar apresura-¡Diablo! ¡Diablo! pero casarse con una prima tan fea,
hombre no resistía jamás á dos hermosos ojos. Le en• miento y exactitud. ¡Muy inteligente esa chica y llena.
es duro, papá, sabe usted.
sefiaron algunas astucias de guerra: huir para que osper · de buena voluntad! ¡Cómo reventaría aquí yo de fastidio
-Menos duro que la ruina, hijo mío.
sigan, reservarae para hacerse desear; sólo que en esta sin ella!
-Ent.onces lo haré ya que ea preciso. Mas para qué
Dicho esto, se durmió á puño cerrado.
hacerme irá la Bretaña? Yo conozco bien á Valeria y vez las astucias de nada le sirvieron.
Fué en vano que un día apenas llegada. diera trazas de
Cuando el despertador sonó, se estir,\ se levantó, hizo
va tendré tiempo de verla. La mujer con quiea uno ee
irse; él no la siguió. Otra vez dejó pasar la hora de su su toilette, pidió su chocolate y salió de la casa todavía.
•casa es la sola á quien no se tiene interés en cortejar.
visita cuotidiana; el no acudió á buscarla. Penetraba con medio despierto. Apenas hubo puesto los pies en el din-No, no, hay que darse prisa y obrar en eso franca~
mente. Tenemos necesidad de la dote y no hay que an• mucha facilidad esta coquetería elemental y se di vertía tel, llegó á su oído una exclamación.
sin preocuparse de ella.
-Magnífico, muchach0, magnífico. Rete levantado
darse por las ramas.
Entonces creyó haber perdido la batalla y resintió duantes dt!l medio día, te perfeccionas. S11be conmigo; re•
-Perfectamente papá. Iré, aunque no con mucho
ra pena. Su corazón sufría más que su vanidad: la tris- cibí una carta de tu padre y querría platicar contigo.
gueto.
teza
que no trataba de ocultar la volvió más seductora y
Leódice hizo un gesto de despecho.
Y habfa ido á Bretafia muy contra su gusto: abando•
la
prudencia
de
Leódice
recibió
uoa
primer
herida.
Sí, tío, sólo que yo tenía la intención ...... Mi prima
nar el boulevar aun cuando fuera por dor meses, hacer
-Dónde puedo veros sola?
me hizo admirar una acuarela; yo quería ver si el colorla corte á uaa muchacha fea, le parecía ti la vez un des·
Estas breves palabras murmuradas muy bajo, la hicie• era exacto, á las primeras luces del sol levante.
1 ierro penoso y una insoportable molestia. Se fastidiaba
ron
extremeceree. No tuvo tiempo de responder. Vale -¿Del sol levante? ¡Pero si hace media hora que el
&lt;lemasiado en aquella villa Martín ti donde había ido á
ria
se
aproximaba
sin
la
menor
sospecha,
pero
con
ese
sol
se levantó! Sin embargo, si insistes en dar el paseo,.
buscar mujer, y sin una carta má.a perentoria y más in•
deseo
de
una
mujer
enamorada
de
no
perder
ni
una
sola
te
acompafio.
¿A dónde vas?
quietante de tm padre, al cabo de tres días hubiera deeer·
palabra del que ama, de encontrarse siempre ante sus
u Diablo, diablo, pensó Leódice, que posma de hombre.&gt;~
tado.
Y en voz alta añadió:
Valeria entregada por completo á su dicha, había ojos.
Leódice no podía repetir su pregunta delante de aquel
-Yo iba tío .... .. yo iba ...... ¡Diablo! voy mejor á sen•
f)lvidado á Baltrana¡ pero Beltrana no había olvidado á
oyente. Las nove!as le habfan ensefiado á Beltrana q11e
tarme con vos en vuestro gabinete. Para platicar, sabéis.
Valeria .
la
ocasión
perdida
no
se
vuelve
á
encontrar;
sin
perder
el
está
uno mejor sentado.
Una mañana loe dos novios la vieron aparecer en la
Por fin el señor Martin se explicó:
puerta del salón de la villa Martín. Llegaba tímida, ex• tiempo en vanos escrúpulos, tomó un albuw colocado so•
-Mi querido sobrino, adivinarás sin duda el objeto
cusandose y no quería molestar á nadie. Sólo tenía una bre la mesa, lo hojeó, se detuvo ante una acuarela que re p:dabra que decir á su amiga, un informe que pedir, des· presentaba una piedra druídica al borde del mar. Vale• de esta conversación. Tu padre al enviarte á Bretaña teria había agotado para la ejecución de esa obra maP.stra comunicó sin duda su proyecto. Me ha pedido para tí la
pués ee iría.
todas
las riquezas de su paleta: la piedra era verde, la
mar.o de tu prima. Yo he transferido mi respuesta; no
La buena Valeria la retuvo afectuosamente.
arena anaranjada, el cielo rojo y el mar índigo. Abajo se
soy un padre bárbaro y quiero dejar á mi hija libre para.
-No, no, ea preciso que conozcas !t mi futuro marido,
leía esta leyenda explicativa: 11La roca de las Hadae.n elegir. Ya hace tres serna.nas que estás aquí; tu padre
dejame preeentartelo; quedate á almorzar con nosotros,
Beltrana pareció absorverse en la contemplación de esta me urge para que tome una resolución. De parte de Vaquieres?
Le6dice miraba á la recien llegada como los hebreos de· página notable, y de pronto deslizó hacia el joven · una leria nada hay que temer; tu eres un muchacho demasía•
bieron ver el maná ceyendo en el desierto ante sus ham• mirada furtiva. El, atuzándose el bigote sonrió con lin• do guapo para volver la cabeza á una doncella, en esono hierras. Pero, ¿te gusta ella igualmente? ¿la amas?
brientoa estómagos. Sus ojos repetían pero mucho más da eonnrisa de fatuidad; había comprendido.
-¡Qué colección de preciosos talento:! poseia, prima
Pronunció esta última frase con una evidente vacila•
elocuentemente la invitación de Valeria: 11Quédese, quemía! pero el cielo es muv rojo: ¿son esos loe fulgores del ción. Leódice enderezándose en su sillón dejó oír un
dese.11
alba ó los fuegos del crepúsculo?
murmullo poco respetuoso.
Beltrana se quedó!
-Son los los fulgores del alba, dijo ella¡ me había le·
-Tío mio, dijo en tono de reproche; yo os creía un
Y volvió al día sigeiente y todos los días que siguieron.
Valeriá misma le hacía instancias. La excelente mu· vantado muy temprano esa maiiana. Dibujé esa roca á hombre serio, estamos tratando de negocios y me contais,
farándulas romancescas. Mi prima es encantadora y yo
chacha experimentsiba como un escrúpulo de ser tan fe• los primeros rayos del sol levante.
-¡Oh, muy bien! dijo él; después repitió mirando á estoy dispuesto á casarme con ella, puesto que lajhe pe•
liz cuando su amiga lo era tan poco, y habría querido dar
dido en matrimonio. ¿Pero qué dote me aportará?
le una parte de eu dicha. La invitaba á paseos y se la Beltrana: uA los primeros rayos del sol levante.n
Esta vez á eJla le tocó sonreír.
Desde ese momento la conversación se volvió tan inatraía sin la menor desconfianza.
Beltrana no durmió en toda la noche. Una alegría cul• teresante para Leódice, que olvidó su cita.
El triunfo da B~ltrana fué mis rápido de lo que ella se
-Yo entrego á Valeria, dijo el señor Martín, con la
e:iperaba; desde el momento en que Leódice la miró, una pable, loca, intensa, la tenía en vela. Jfo pudo permane•
corriente magnética ee estableció entre ambos. Enton• cer en el lecho. Si iba á sorprenderla el sueño! Si iba á herencia materna, es decir: 1?, 50,000 escudos llevados
ces ella pensó en que log euentos de hada e, las novelas y llegar demasiado tarde á esa primera cita! Se levantó, se como dote por mi difunta mujer; 2?, 200,000 escudos dela hiet.oria no mentían, en que la belleza era realmente vistió, se sentó cerca de la ventana. Vió desaparecer las comunidad establecidos por inventario á su muerte; y
el poder supremo, y en que la rica Valeria Martin sería constelaciones¡ un tinte palido alumbró el cielo sombrío; afiadiré 50,000 escudos como rendimientos de mis cuen•
entonces descendió con paso furtivo la escalera, abrió la tas de tutela.
vencida por la pobre Beltrana Meriadec .
-Que la peste caiga sobre vuestros escudos, tio mío;:
La primera vez que L96dice le estrechó la mano, dán• puerta y salió con el corazón palpitante de temor y de
alegria
loca.
eso
hace apenas un total de 900,000 franccs. ¿Que no podole ano de esos apretones largos y expresivos en los
Corrió más que marchó hacia el dolmen que lleva el dríais llegar hasta el millón? ¿Y qué le dejaréis á vues•
,, 1e parece que el corazón se entrega, ella se ruborizó con
orgullosa alegría. Algunas miradas amorosa a, algunas nombre de «Roca de las Hadas.n La noche estaba aun tra muerte?
-¿A mi muerte? Hombre, ao te coses por cierto la bopresiones furtivas de manos, eran ya como el pTincipio obscura, el cielo y el mar se confundían; apenas si del
Ja
para hablar.
lado
del
Este
un
fulgor
pálido
dibujaba
el
horizonte.
No
del camino; desgraciadamente Beltrana nunca lo veta so•
lo ...... siempre Valeria se encontraba entonces entram• surgían aún los primeros rayos del sol levante; sin em-Decididamente, dijo Leódice con una gravedad des·
boa; la música les sirvió de intérprete: Leódice poseía una bargo, deecepcionose de no encontrar en la cita, habién• dei"ioaa, no sois un hombre serio como yo pensaba, nada..
voz fuerte, vibranteJ algo pastosa, y cantaba romanzas doae como ella anticipado á la hora , al que amaba.
de sensiblerías. Ea I1Stural que os fastidie hacer delantt,,
apaaionlldas que Valeria le acompañaba en el piano, y en
Para tomar paciencia, trató de recordar el hermoso dis• de mí el balance de vuestros fondos, pero cuando cae a.
esos momentos, él, de pié, un poco detrás de Valeria,
curso compuesto por ella con briznas de novela y que uno á. eu hija hay que resigna.rae á ello.
miraba a su sabor á B~ltrana, quien comprendía perfec· debía infaliblemente llevar á Leódice á pedir su mano.
-Pues bien, dijo el ae:ñor Martin después de alguna&amp;
tamente que aquellas melodiosas y ardientes declaracio• Mas he aquí que todas las palabras del discurso volaron instantes de vacilación, dejaré á. Valeria ocho millonee.
nee ~ Plb sol:.l ern.n dirigidas, en tanto que Valéria, en• sin que ella acertase á asirlas; la poesía de esa hora ma.
-¿Sin contar loa 900,000 francos de su dote?

_ _;D!!;O!!aM!!,!:IN!!;G!!:0~3~o~D!EJM~AY!'O!!.,!D~E~189~7~==== ===========!E~L;;,.!M!U!:'!N!,!D~O~=============-==========aaa
- Sin contarlos.
Entonces eso alcanza una fortuna de 8 millones 900,000
francos. Muy linda suma, lo confieso; las esperanzas snn
suficientes, pero la dote ca.~i no lo ee. No podría aumen·
tal'Be la una con detrimento de las otra9?
El tío aacudio con irmeza la frente:
-No, no, muchacho, basta con 900,()(X) francos. Yo
quiero un yerno que tubaje como yo he trabajado y que
no tenga por única. ocupación hacer que tiren las mu·
jerzuelaa el dinero de su esposa. He recibido acerca de
ti informes que me inquietan: te diviertes y entretieues
perdidas.
Leódice se levanto de un salto, y exclamó con un mo-vimiento de indignación no fingida:

El sefior Mart(n rió francamente.
- Farzante, quieres que ande en eso ti los sesenta afios,
y á los di ez de viudo?
-Hum\ ya se ha visto eso; pero debo decir en ala•
bauza v11 estrn que los informes que tengo sobre vos son
excelentes; sois cuerdo. No en balde las muchachas de
BreBt os han apellidado el «oso Martín .» Yo creo en
vuestra virtud, tío mio, y os doy una brillante prueba
caaandome con mi prima; pero si me eogañaia ...... .. .
-Puedes d ... rmir en -paz, mal bur!óu: anda á buscará.
tu prima, eet,l en el járdia. Tt'ngo la. ida de que será fe.
liz sabiendo por tu conducto el resultado de nuestra en·
trevista.
Leódi::e ee dirigil hacia la playa afectan lo la ::ictirnd

de un paseante perezoeo, temiendo que le siguiesen.
Cuando percibió á. R !ltrana, Sentada al pie del viejo dol·
men con las manos cruza las sobrd las rodillas ; en la ac·
titud de las esperas vanas y lar~as, ex periinentó una ale•
gría en que no sólo jugaba el am or propio.
-PtJbre muchacha, sería dema.sido cruel dejarla pasar
así todo el dia.
Aproximóee á ella, le tomó las dos manos, las cubrió
de beso~. Ella, por su·parte, no pensó ya en disimular su
alegría radiosa. Edtaba tan linda, que é l olvidó á. Valeria
á Martín de Brest y aun sus nueve millones, Y ·eolicitó
arJien~mente otra cita pero una cita, á la hora en que
duermen lod fut.ur0e suegro~.
Continuará.
""'----'-.,,

.~ ~

- )Je hnn calumniado, LÍll mío; jnmás las he paga•
do, b:en Fe lo que tragan.
--Entonce1:1, dijo , 1 tío ya tmnquiliza&lt;lo, me jnras
l,acer feliz á Yaleria?
-La haré feliz, naturalmente.
Y en tanto que hablaba, examinabaá.su tio con des•
('Onfianza:
- Y vos, no Je comeréis sus ocho millones?
--Puedes tranquilizarte;eetan más seguros en mis
manos que en en las t.oyas.
- Y no os volveréis á. casar'l' Eso no sería un juego leal.

�DOMINGO 30 DE MAYO DE

EL MUNDO

S74

Abrigo de paño. (Fi1turas

2

y 3.)

-

"'"-,._

_IJ/'(~

~

'

&lt;

'

' ~-~

-

•

tent"r.

Y sobre Ja página en que debéis hacer el asiento de esos
gastos, escribid como encabezamiento, para tenerlos
siempre presentes, aquellos preceptos del libro que no engaña, el Evangelio:
«Atesorad vuestras riquezas en el ciélo, donde ni lapo•
lilla ni el gusano las destruye; donde los ladrones no las
pueden robar.11
uBuscad en primer lugar elreinode Dios, v todo lodemáa se os dará. por añactidura.11
·
Y aquellos otros axiomas frutos de fa experiencia:
uHay algo más esencial que lo que causa placer, lo que
ea necesar•o.11
«El verdadero medio de sn rico y de poder ser caritativo, es saber pa11ársela 1.in aquello que falta.n
«Para no ser pobre, es necesario gaí::tar algo menos de lo
que se tiene.n

'

~

Estos dos grabados representan el delantero y espalda ele un bonito saco de abrigo de pafio, color de gamuza, con mangas de capelina, forro de eeda verde, grandes botones de concha ; adorno de cinta acordonada
negra.
Cuerpo blusa. ( Figura 4.)

Cnerpo blusa de tafetán azul graciosamente adornado con cintas de terciopelo negro, cuello y cinturón
del mismo tafetán. Manga de pico, adornada con la misma cinta.

TOMO I,

MEXICO, JUNIO 6 DE I81J17,

NUMERO 23,

LA P~-\RTE DE LO.&lt;! POBR~

Cuando ya sepáis el haber con que conMis para vuestros gastoe, en un año, 6 en un mes, 6 en una semana,
comenzad por sefialar la parte que corresponde á. loe pobres, que es la d~I buen Dios.
El que ellos sean Bt!rvidos los primeros, es poder contar con que las bendiciones del cielo caerán abundantes
eobre 101:1 demáe.
Que esta pa~ sea bien amplia: nunca llegaréis á po·
bre por baber dado limüeaa. Proponeos, como dije antes,
dar tanto por semaoa, 6 tanto por mes, y que ese dinero
sea sagrado para vosotras.
Habrá circuns1,anciat1 tal vez, en que esa parte no será.
suficiente; sois libres para aumentarla, cercenando de
aquello que os está deat.inado 1 pero no para disminuirla.
Dar á las pobres, se ha dicho, es prestarle á Dios, y cada
vez que el mendigo recibe vuestra liwoima os dice, aunque ~ea por costumbre: ¡Dioi, Od lo pague! estad seguras
que Dios suscribe ese compromiso de uno de sus hijos.

LAS MUJERES PROFESORAS

En 1890, la población de los Estados U o idos se elevaba
De este número,
como unos 23 millones están ocupados en profesiones lu ·
crativas, á saber: 19 millones varones y 4 millones hem·
bras. nesulta de estos guarismos, comparados con los de
las estadísticas de¡otroe paíse@, que no existe un solo pue•
blo, en toda la redondez de la tierra, donde se encuentre
tan reducida proporción de mujeres obligadas á deman•
dar al trabajo los medios de subsistencia .. Eeto-¿no es
verdad ro.is bellas lectoras?-redunda en honor de los
ya1ikre8.
8i se analiza en detalle el género de profesiones ejercidas por mujeres norte-americanas, ve88 que hay entre
e!h1s: 44i,088 agrícult.orAe, 4,734 lecheras, 2,415 borticul•
toras, 3-1~ DJineras, 2,82.3 ub.trberas y peluqu~ri:IS,» 86,802
amas dt, 1laves de hoteltlB, 283 agentes de policía secreta,
504 banqueras, 23i carretoueras, 325 mozas de cordel, 12
empleada.o de tranvías, 4 mecánicas,.29 marineras, 1 prác•
tica de mar, 1,438 empleadas de telégrafo, teléfono, etc.,
etc.
La industria de la ropa, en los Estados Unidos, está
casi enteramente reservada á las wujeres, al rev~s de lo
que sucede en Europa, donde se ven á jóvenes fornidos
haciendo de ustdloritas de almacén.n
Los yankees, por o~ra parte, no ee han contentado con
dejar &amp; las mujt:rea el campo libre en cuanto á. las ocupa·
ciones que les 1:10 o especialmente apropiadas; también Jea
han abierto todas las carreras mercantiles y liberales, y
basta ciertas funciones públicas. Así ea·que loa Estados
Unidos coentan hoy: 4,000actrices, 22arquitectas, 11,000
pintoras y escultoras, 3,000 literatas, 12,000 clérigas, 337
mujeres dentistas, 900 periodistas femeninas, 35,000 músicas 6 profesoras de música, 245,000 instit.utricee, 634
empreearias de teatro, etc,. etc.
Y preciaameotti cuando tan considerados se manifiee·
tan loe hombres para con las damas, es que pretende una
de ellas prescindir de los hombree ......... por completo!
Apuesto cualquir cosa que al cabo del tiempo las diacípulas de Mise Walker, devorad.as por el hastío, exclamarán:
c1¡Los hombree, eh los hombres, no hay como ello&amp;fo Este se1á el condigno castigo de su u\opia.

=

Pero tened cuidado al calcular vuestras rentas, de no
dejarlos alucinar por la esperanza de ser más rica.
No contéis como cosa que ya os pertenece aquello que
sólo ee funda en un ~de 11tr; arreglad vuestros gestos según lo que en realidad tBnm, y no según lo que esperáis

Traje de verano. (Figura 1.)

Este ligero traje es de tela de lino, rojo, claro y blanco. Talle blusa, levemente cruzado y adornado con enea•
jea blancos y un cinturón de listón rojn. La falda ll~va
cinco volantes, siendo el dtl borde, de 12 centimetros do::1
alto.

,a,n

á cerca de 63 millones de babitaotes.

•

DlVJSIÓN DE J.AS RENTAS.-NO PASAR DE ELLAS.

Fi¡:ura ,.

CAPRICHOS DE LA MODA.

L1e dama:i. sajonas llevaban una túnica que bajaba hasta los pies, y sobre ésta una amplia manta que les cubría
el cuerpo y la cabeza.
Loe griegos de ambos sexos no se cubrían la cabeza sino cuando salían de su casa.
Durante el rFinado de Enriqne VII las solteras lleva•
ban el pelo suelto sobre las P.spaldas.
·
Los sajones nunca se presentaban en yúblico sin la
capucha que les cubría la cabellera y gran parte del ros·
tro.
Tanto las mujeres griegas como 1a'3 romanas, se pintaban la cara: para blanquearla. usaban blanco de plomo,
y para arrebatarla, E'I zumo de nna planta desconocida.
El turbante turco entró en moda durante el reinado de
Juan de Francia. A veces tenía tres pies de alto y era tamafi.o como un barri 1.
A Eorique 11 de Inglatnra lo representan luciendo botas verdes, espuelas ajustadáB con correas de cuero encarnado, guantes de piel negra, con sortijas colocadas exteriormente en cada uno de los dedos, y una estrella de bri •
Jlantes sobre el reverso del guante.

Una vaz bien determinada la parte de los pobree,
Dividid exactamente vuestro haber y ved, de aquello que os queda, cuánto podéis gastar cada mes, cada
semana 6 cada día; según eete cálculo, fijad la cantidad
que podéis gastar en habitación, en alimentos, en vesti •
dos, y tened cuidado de no traspasarla.
Si vuestras ren1ae fijae no son suficientes para cubrir
vuestras neceaidades1 trabajad ,,Una persona no es pobre,
dice un economista, porque no tiene nada, sino porque
no trabaja.n
El trabajo alimenta y eoetiene al que lo hace con asiduidad, y además, destruye el amor al lujo y hace amar
el interior de la casa, donde se vi ve tan económicamente
cuando &lt;Je quiere.

Sé firme en esperar, que de este modo
algo le espera al que le llega todo.

•••
PoniéndosA y quitándose alfileres
hacen sitio de Troya las mujeres.
ÜAlfPOAHOR.

LECTURA PARA LAS DAMAS
Administración y aumento de la renta en la familia.
COXOCBR BIEN LA RE:-.'TA Y ARREGLAN EL GA!ffO

BEGl'K

'.KL

TOTAL

Esta es la sabia precaución que toma en el Evangelio
aquel hombre prudente que quiere edificar una casa y
que merece loe elogios de Jesucristo.
"Se sienta, dice San
Lúras, y mira á ver si
tiene los recursos suficientes para terminar el
edificio que quiere comenzar, por temor de
que no pudiendo acabarlo, después de haber
echado Jos cimientos,
quE'de en el ridículo.,,
AEf, pues1 E'l primer
mueble que debe procurane, aun cuando no ee
trate más que de s! mismo, es un libro de cuentas en el cual inscriba
Fl¡:ura 3,
sos rentas en primer lugar, después me entradas y sos gastos, y cuyo libro ven·
ga á. ser el regulador de la vida material. (*)
Fl&amp;ura •·

1*1 El libro de IM entra&lt;las v de 10!\ ga!'tn:- se llama. en lengua téc·
nica, presupuot-i. Nn 08 asustéis por esht 1mlabra: t"I presupuesto doméstico naja, tiene de comt\n con la partida doble de los libros de comercio.

cr onfiaencias.
{D1buJo de Jo111é M. vma.sana.J

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>DOMINGO 30 DE MAYO DE

EL MUNDO

S74

Abrigo de paño. (Fi1turas

2

y 3.)

-

"'"-,._

_IJ/'(~

~

'

&lt;

'

' ~-~

-

•

tent"r.

Y sobre Ja página en que debéis hacer el asiento de esos
gastos, escribid como encabezamiento, para tenerlos
siempre presentes, aquellos preceptos del libro que no engaña, el Evangelio:
«Atesorad vuestras riquezas en el ciélo, donde ni lapo•
lilla ni el gusano las destruye; donde los ladrones no las
pueden robar.11
uBuscad en primer lugar elreinode Dios, v todo lodemáa se os dará. por añactidura.11
·
Y aquellos otros axiomas frutos de fa experiencia:
uHay algo más esencial que lo que causa placer, lo que
ea necesar•o.11
«El verdadero medio de sn rico y de poder ser caritativo, es saber pa11ársela 1.in aquello que falta.n
«Para no ser pobre, es necesario gaí::tar algo menos de lo
que se tiene.n

'

~

Estos dos grabados representan el delantero y espalda ele un bonito saco de abrigo de pafio, color de gamuza, con mangas de capelina, forro de eeda verde, grandes botones de concha ; adorno de cinta acordonada
negra.
Cuerpo blusa. ( Figura 4.)

Cnerpo blusa de tafetán azul graciosamente adornado con cintas de terciopelo negro, cuello y cinturón
del mismo tafetán. Manga de pico, adornada con la misma cinta.

TOMO I,

MEXICO, JUNIO 6 DE I81J17,

NUMERO 23,

LA P~-\RTE DE LO.&lt;! POBR~

Cuando ya sepáis el haber con que conMis para vuestros gastoe, en un año, 6 en un mes, 6 en una semana,
comenzad por sefialar la parte que corresponde á. loe pobres, que es la d~I buen Dios.
El que ellos sean Bt!rvidos los primeros, es poder contar con que las bendiciones del cielo caerán abundantes
eobre 101:1 demáe.
Que esta pa~ sea bien amplia: nunca llegaréis á po·
bre por baber dado limüeaa. Proponeos, como dije antes,
dar tanto por semaoa, 6 tanto por mes, y que ese dinero
sea sagrado para vosotras.
Habrá circuns1,anciat1 tal vez, en que esa parte no será.
suficiente; sois libres para aumentarla, cercenando de
aquello que os está deat.inado 1 pero no para disminuirla.
Dar á las pobres, se ha dicho, es prestarle á Dios, y cada
vez que el mendigo recibe vuestra liwoima os dice, aunque ~ea por costumbre: ¡Dioi, Od lo pague! estad seguras
que Dios suscribe ese compromiso de uno de sus hijos.

LAS MUJERES PROFESORAS

En 1890, la población de los Estados U o idos se elevaba
De este número,
como unos 23 millones están ocupados en profesiones lu ·
crativas, á saber: 19 millones varones y 4 millones hem·
bras. nesulta de estos guarismos, comparados con los de
las estadísticas de¡otroe paíse@, que no existe un solo pue•
blo, en toda la redondez de la tierra, donde se encuentre
tan reducida proporción de mujeres obligadas á deman•
dar al trabajo los medios de subsistencia .. Eeto-¿no es
verdad ro.is bellas lectoras?-redunda en honor de los
ya1ikre8.
8i se analiza en detalle el género de profesiones ejercidas por mujeres norte-americanas, ve88 que hay entre
e!h1s: 44i,088 agrícult.orAe, 4,734 lecheras, 2,415 borticul•
toras, 3-1~ DJineras, 2,82.3 ub.trberas y peluqu~ri:IS,» 86,802
amas dt, 1laves de hoteltlB, 283 agentes de policía secreta,
504 banqueras, 23i carretoueras, 325 mozas de cordel, 12
empleada.o de tranvías, 4 mecánicas,.29 marineras, 1 prác•
tica de mar, 1,438 empleadas de telégrafo, teléfono, etc.,
etc.
La industria de la ropa, en los Estados Unidos, está
casi enteramente reservada á las wujeres, al rev~s de lo
que sucede en Europa, donde se ven á jóvenes fornidos
haciendo de ustdloritas de almacén.n
Los yankees, por o~ra parte, no ee han contentado con
dejar &amp; las mujt:rea el campo libre en cuanto á. las ocupa·
ciones que les 1:10 o especialmente apropiadas; también Jea
han abierto todas las carreras mercantiles y liberales, y
basta ciertas funciones públicas. Así ea·que loa Estados
Unidos coentan hoy: 4,000actrices, 22arquitectas, 11,000
pintoras y escultoras, 3,000 literatas, 12,000 clérigas, 337
mujeres dentistas, 900 periodistas femeninas, 35,000 músicas 6 profesoras de música, 245,000 instit.utricee, 634
empreearias de teatro, etc,. etc.
Y preciaameotti cuando tan considerados se manifiee·
tan loe hombres para con las damas, es que pretende una
de ellas prescindir de los hombree ......... por completo!
Apuesto cualquir cosa que al cabo del tiempo las diacípulas de Mise Walker, devorad.as por el hastío, exclamarán:
c1¡Los hombree, eh los hombres, no hay como ello&amp;fo Este se1á el condigno castigo de su u\opia.

=

Pero tened cuidado al calcular vuestras rentas, de no
dejarlos alucinar por la esperanza de ser más rica.
No contéis como cosa que ya os pertenece aquello que
sólo ee funda en un ~de 11tr; arreglad vuestros gestos según lo que en realidad tBnm, y no según lo que esperáis

Traje de verano. (Figura 1.)

Este ligero traje es de tela de lino, rojo, claro y blanco. Talle blusa, levemente cruzado y adornado con enea•
jea blancos y un cinturón de listón rojn. La falda ll~va
cinco volantes, siendo el dtl borde, de 12 centimetros do::1
alto.

,a,n

á cerca de 63 millones de babitaotes.

•

DlVJSIÓN DE J.AS RENTAS.-NO PASAR DE ELLAS.

Fi¡:ura ,.

CAPRICHOS DE LA MODA.

L1e dama:i. sajonas llevaban una túnica que bajaba hasta los pies, y sobre ésta una amplia manta que les cubría
el cuerpo y la cabeza.
Loe griegos de ambos sexos no se cubrían la cabeza sino cuando salían de su casa.
Durante el rFinado de Enriqne VII las solteras lleva•
ban el pelo suelto sobre las P.spaldas.
·
Los sajones nunca se presentaban en yúblico sin la
capucha que les cubría la cabellera y gran parte del ros·
tro.
Tanto las mujeres griegas como 1a'3 romanas, se pintaban la cara: para blanquearla. usaban blanco de plomo,
y para arrebatarla, E'I zumo de nna planta desconocida.
El turbante turco entró en moda durante el reinado de
Juan de Francia. A veces tenía tres pies de alto y era tamafi.o como un barri 1.
A Eorique 11 de Inglatnra lo representan luciendo botas verdes, espuelas ajustadáB con correas de cuero encarnado, guantes de piel negra, con sortijas colocadas exteriormente en cada uno de los dedos, y una estrella de bri •
Jlantes sobre el reverso del guante.

Una vaz bien determinada la parte de los pobree,
Dividid exactamente vuestro haber y ved, de aquello que os queda, cuánto podéis gastar cada mes, cada
semana 6 cada día; según eete cálculo, fijad la cantidad
que podéis gastar en habitación, en alimentos, en vesti •
dos, y tened cuidado de no traspasarla.
Si vuestras ren1ae fijae no son suficientes para cubrir
vuestras neceaidades1 trabajad ,,Una persona no es pobre,
dice un economista, porque no tiene nada, sino porque
no trabaja.n
El trabajo alimenta y eoetiene al que lo hace con asiduidad, y además, destruye el amor al lujo y hace amar
el interior de la casa, donde se vi ve tan económicamente
cuando &lt;Je quiere.

Sé firme en esperar, que de este modo
algo le espera al que le llega todo.

•••
PoniéndosA y quitándose alfileres
hacen sitio de Troya las mujeres.
ÜAlfPOAHOR.

LECTURA PARA LAS DAMAS
Administración y aumento de la renta en la familia.
COXOCBR BIEN LA RE:-.'TA Y ARREGLAN EL GA!ffO

BEGl'K

'.KL

TOTAL

Esta es la sabia precaución que toma en el Evangelio
aquel hombre prudente que quiere edificar una casa y
que merece loe elogios de Jesucristo.
"Se sienta, dice San
Lúras, y mira á ver si
tiene los recursos suficientes para terminar el
edificio que quiere comenzar, por temor de
que no pudiendo acabarlo, después de haber
echado Jos cimientos,
quE'de en el ridículo.,,
AEf, pues1 E'l primer
mueble que debe procurane, aun cuando no ee
trate más que de s! mismo, es un libro de cuentas en el cual inscriba
Fl¡:ura 3,
sos rentas en primer lugar, después me entradas y sos gastos, y cuyo libro ven·
ga á. ser el regulador de la vida material. (*)
Fl&amp;ura •·

1*1 El libro de IM entra&lt;las v de 10!\ ga!'tn:- se llama. en lengua téc·
nica, presupuot-i. Nn 08 asustéis por esht 1mlabra: t"I presupuesto doméstico naja, tiene de comt\n con la partida doble de los libros de comercio.

cr onfiaencias.
{D1buJo de Jo111é M. vma.sana.J

�EL MUNDO

316

13olitira Q&amp;tneral.

"EL MUNDO"
Semanatto Ilustrado.
Teléfono 434,-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la Re1!1.acción, debe ser dirigida al

Director, Lle. Rafael Reyes Spindota.

RESUMEN.-La experiencia del Sultán.-Los asesinatos de Armenia y la guerra de Grecia . - l l concierto europeo y sus amargos frutos.-La resurrección
de un pueblo.-La revelaslon de una raza.-Muertas energías y olvidadas glorias.-Una nueva potencla.-La e, ísls española.-La misión de Sagasta.

Toda la correspondencia que se relacione con la edición

debe ser dirigida al
Gerente, Lic. Fausto Moguel.
La enbscripción &amp; EL MUNDO vale $1.25 centavos al
mtls, y se cobra por triroestes adelantados.
Números sueltos, 50 centavos.

A visos: á. razón de $30 plana. por cada publicación.
Todo pago debe ser precisamente adelantado.
RiolSTR..WO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE,

Ilotas tilitorialt5.
tcn martirhr n.cr.csario.
Acaban de eer colocados los restos de Melchor Ocampo

en la Rotonda de lns Hombres Ilustres, y con este motivo la :figma del infl ~xible demócrata, depurada por los
añoe, ha surgido dt'l pasado en toda aa aever.a grandeza.
Es necesario penetrar en esta s~rena :Personal.id ad, .e~tr~ña mezcla de filós ofo y revoluc1onano, espíritu diEC1plJnado en medio de las agitacioóes de .e~época, y~eecubnr
Jai decisiva influencia que su martmo 1:1ª temdo en el
triunfo de la idea liberal mexicana. Meditemos á la eom•
bra de este augmto eepulcro.
A la terminación de la guerra de Reformn,
los veacedorea de Calpulálpam habían caído
en una somnolenda enervante. Después de
tres años Je lucba sostenida, la victoria derramó, sobre aquellas energías de acero el
polvillo de oro de los ensueños. Los combatientes de ayer descansaban sus glorio~as cabezas en el regazo del ideal, y en él dejaban
alaciar sua miembros y quebrantar sus voluntades.
La poWica ded11,.tim había provocado una
embr!liguez me11tal en aqueJlos f:Bpíritus i.nquietos, desbordantes de entusiasmos, d1s•
puestos á cambiar un dogma por otro y suba·
tituir una por otra utopía, y á. los que podía
aplicarse la fraee de Mirabeau al abate Sit;. ·
yes: metafísico que viaja en un mapa-mundt.
Todos los procedimientos que informaban
el criterio de los revolucionarios franceseP,
encontraron entonces eco en el partido libe·
ral mexicano, y el comité de aalvación pública
y la contratación de un gran empréstito con
el menor gramm.et1 posible, ocupaban la aten•
eón de esOs hombres, patriotas y esforzadofl,
que s:alieron del combate recitando estrofas
de Lamartine ó con el libro de Juan . Jacobo
debajo del brazo, mientras que la reacción,
aprovechando aquella tregua, se lanzaba
nuevamente á. la pelea.
El partido liberal luchaba en Oaxaca y en
Puebla, en San Luis y en Guanajuato, pero
la capital yacía en un marasmo prolongado,
y mienrtas la facción adversa descargaba
gulpes de armas sobre la coraza de las inati·
tuciones recién conquistadas, el gabinete reEpondía con golpes de palabras y abstrusas su•
blimidadee. En la Cámara, loa oradores improvieaban arengas, y la prensa arrojaba llamaradas de elocuencia. Pero á travée:de este
entusi!tsmo de atrezzo, en el fondo de esta bri•
liante -mise en scene se resentía una ausencia
de vigor, como si el nuevo organismo creado
no arrastrara por su sistema arterial los gló•
bulos rojos de la vida.
Tal era la situación cuando la noticia de la
captura y el fusilamiento de Ocampo vino á
herir fibras atrofiadafl, á estremecer múecu•
los adormecidoe, á poner un rayo de luz en
medio de aquel morboso crepúsculo. La sacudida tuvo toda la intensidad indispensa•
ble para hacer cesar una postración precursora de la muerte, y alzará. loa abatidos y
fortificará los débiles. Y aquel mc~rtirio in•
dispensable para la causa liberal, provocando
una reacción poderosa, extendió sus alas salvadorad en el anublado horizonte de la República. Aquel hombre tranquilo é inflexible, que entró ea el sepulcro con la serenidad de un estoico, sin un grito ni una pro•
texta, creyendo haber cumplido con su deber-Eegún le.
fi:ase sencill.amente é~ica del Almirante inglés-trasfundió si espíritu superior al alma de un grupo vigoroso
sumergido por un momento en el festín del triunfo.
,
Y un delirio su_blime e.e apoderó entonces de los postrados, un frenes• de muerte se adueñó de todos l'ls áni•
moa, y Degollado y Leandro Valle, satélites del astro se
arrojaron al fondo de aquella sima que reclamaba nue~ae
víctimas con que saciar eu eioiestro apetito.
Ocampo, mu.riendo, hizo vivir á la Libertad como Cristo 4:n la cruz sal vó al Cristianismo. Las grandes ideas necesitan ser selladas con la sane:re de 11ua mártires. Por
ee.o la familia liberal se agrupa ltny en lnrn1J Ue eeta ama•
da sombra, á la que la mu~ne h a h~cho t ternameutc in·
.mortal.
¡No ha muerto Melchor o~.1mpn, puesto que alienta la
idea que constitu yó su ex ietenciu!

No bai:tó como se creía en eljprimer momento, la in·
tervenci6n del autócrata moscovita en favor de Grecia, f,ªra apresurar la conclusión del tratado de paz entre as potencias beligerantPI'! que han medido sus armas en los dee.filadervs de Tesalia. Si la intimación
del Czar eirvió para que los turco:1 victoriosos aceptaran el armisticio propuesto y consintieran en trata1 de
los preliminares de la pa1;, temerosos de ver encenderse
la insurrección en Bulgaria, fácil de comunicarse á los
otros Ei;tados balkánicos, no logró, á pesar de la aparen•
te sumisión del Sultán y de sus comejeros, que éstos
abandonaran su política p·érfida y escurridiza, de que tan
buenos rernltados han obtt&gt;nido dura11te todo el tiempo
qne llevan de estar bajo las miradas del mundo civiliza·
do, absorto ante 1anta barbari~ y estupefacto ante tan
inauditas crueldadefl.
¿Quién detuvo el brazo armado del fanatis[JlO musul•
mán, cuando se agitaba cruel, cncenando cabezas de
cristianos en Trebisonda y Diarbekir ¿quién impidió que
los feroces kurdos se entregaran á la violencia, al incendio y al asesinato, en poblaciones indefensa!:\ cuyo único
delito eran rns creencias en Cristo? ¿quién pudo marcar
el hasta aquí á los infames que arrancaban convercio•
nea falsas áfilo de espada de los ancianos miserables y
las débiles mujeres? ........ .
~adie! Las protestas de los embajadores y las reclamaciones de los gabinetes se perdían como ecos vanos

DOMINGO 6 DE JUNIO DE ,897

las potencias, e'ngañada en sus esperanzas de encontrar
aliados contra el turco pérfido, acaso seducida por algu·
na promesa formal, y más que todo, cauta para no pro•
vocar discusiones sobre la posesión de Egipto, cej ó en
sus procedimie.atos, convirtiendo en platónica conmina~
ci6n ret órica la amenaza de forzar el paso de la Dardanelos.
El fracaso diplomático de Inglaterra fué la señal de
nuevas matanzas y atrocidades nuevas; las promesas de
reformas y libertad á los súbditos cristianos, arrancadas
al Saltán, fueroa letra muerta¡ y el perjurio, la mentira
y el engaño á la Europa, no encontraron más castigo que
algunas notas salpicadas de flores oratorias y de tropos
diplomátic()e, muy bn~nos para ser leídos á Abdul•Hamid
en las delicias del harem, entre las contorsiones~ báquicas de las bayaderas y las canciones voluptuosas de las
odaliecae.
.

•'• todos recuerdan y hacen
Con taleE antecedentefl, que
estremecer Ce alegrfa á los sectaria°s del proftta, no es
extr.año que el tlultán, orgulloso de sus triunfos, se ufane
por humillará sus enemigos, no cercene una sola de sus
exigencia~, y aprovechando la debilidad material en que
ha quedado Grecia, y la desmoralización en que se agita
el pueblo heleno en explosiones de odio contra la dinas•
tía reinante, trate de burlar una vez más las esperanzas
de Europa, que ha apelado, ilusa, á los sentimientos hu•
ma11it,arios de los otc,manos, como si alguna vez se hu .
hieran conmovido las entrañas feroces de la bestia hirsuta del desierto.
Y como además cuentan cQn la proteccion cada vez
más franca y decidida del Emperador Guillermo; como
la misma Rusia, que ahora pretende cortar las uñas á la
hiena de Stambul, en favor de Grecia desangrada y rota
en desastrosa contienda, fué quien ayer se empeñó más
por convocar la cruzada anti-cristiana contra los insu•
1rec·os cretenses, y aun ahora mismo aboga los clamores de independencia al estallido de los cañ.ones siempre
dirigidos á las costas de Creta, ve::e con toda evidencia la
preponderancia que ha tomado y toma cada día el nom•
bre musulmán cou mengua y cprobio de la
civilización ocpident-al.
Xo ha mucho que ee consideraba al impe•
rio de los califas como una institución caduca, como un organismo carcomido q_ue na·
die podría galvanizar; se esperaba solamentP.
el golpe de gracia lanzado al moribULtdo ya•
ra comenzar el reparto de sus despojos. Pretendieron prolongar artificialmente EU vida
de corrupción y de ignominia, porque era la
debil Hélade quien provocaba lacrisie, y los
resultados del artificio han sido sorprenden·
tes.
Lázaro yacente enel sepulcro, envuelto en
la tiniebla de la ignorancia. y la hediondez
del fanatiemo, las complac-encias de Eurol)a
han sido la voz de la resurrección; el cadáver ha roto sus ligaduras, se ha erguido fuerte, cobrando nuevo aliente; sus miembros
ateridos nao recobrado su vigor, y recórdando sus olvidadas glorias de Plewna y Adria·
nópolis, lev,mta ejércitos que siembran el
terror de la Media-Luna entre las filas cristianas.

•
••

t

Melchor 0camp.
en 'Iepeji dei Rio, ¡:Michocaán) el 3 de Junio de 1861.

entre la grita de los muesines que proclamaban, 'como en
los tiempos medioevalea, el exterminio de loa infieles; la
santa ira en que ardían los pueblos occidentales se des•
vanecía ante las razones de Estado, que alejaban á las potencias de toda intervención armada, de toda medida
violenta que pudiera adelantar un minuto la caída del
carcomido turco; los lamentos desgarradores de las víctima!:!, los ayes conmovedores de los oprimidos, y la
algarada salvaje de los verdugos, se perdían entre las
disonantes discusiones de loa que habían tomado sobre
sí la tarea de 1eivindicar los fueros de la civilización,
villanamente conculcado!:!, y las prerrogativas de la hu •
manidaJ, atrozmente vilipendiadas.
La Gran Bre(afia que intentó por su propia cuenta la
ardua empri-!'!a de someter al turco, y pretendió obligará
la Slolblíme Pnnta, ce~ara f'D su inic ua obra d e de~olaci6n
y de rui na, a h lada enmedio del uni"\"·errnl concie1to de

No ea la humillación de Grecia el único
fruto amargo del último conflicto de Orien,t
te¡ r:o se detiene eu alcance en la sangrienta
burla jugada á la diplomacia europea, ni se
han contentar los "Tencedores con una rectificación del tratado de Berlín, que ponga en
sus manos la rica provincia de Tesalia, ya
minada por los apóstoles del Islam y sujeta á las autoridades turcas que van recorrien •
do las poblaciones en busca de adhesiones ,t
la Sublime· Puerta, arrancadas por la violen•
cia y concedidas por el terror pánico 1 qce
parece haberse apoderado de loa defensores
de Larissa y de los fugitivosdeFarsalis; nó:
la lucha ha servido para revelar la existen•
cia de un.Estado que se creía muexto, la cruzada en favor del estandarte verde del Pro•
feta, que intentaban humillar los griegos en
tierra creteru,e, ba eervido también para dar
á conocerá la arnmbrada Europa, que aun
hay latentes energías en los pueblos maho•
metanol:l, que un tiempo fueron árbitros del
mundo occidental y emporio de una civilización propia, cuando las naciones crütianas.
yacían en el letargo de la Edad Media.
Fruto será de las rivalidades hondas y
odios reconcentrados que apartaban á las
grandes potencias en ali decantado concier•
to, esa resurrección inesperada que levanta
y hace andar al desahuciado enftrm.o de la
monárquica Europa. Ya no se decídirá sin
su coneentimrnnto la suerte que le agaarda;
aún hay fuerza y vigor en en atrofiado bra·
zo; los triunfos de Edbem Pachá, recuerdan
y hacen reverdecer los lauros inmarceaiblefl,;del cautivo de.
Plewna. Nueva vida han transfundido en sus venas las
últimas victorias; de hoy en mis no sólo contará con sn
perfidia que lo ha salvado; puede apoyarse en su fuerza
que lo defiende.

j

der á éstas que él llamaba exi gencias, y e l resultado no se
ha hecho esperar: el gabinete conservador se re,ira á los
· bancos de la oposición.
Dificil es, en verdad, la situación para sortearla con
buen éxito, en los momen tos precisos en que más necesaria se bacía la cooperación de todos los hombres de
buena voluntad y la concurrencia patriótica de todos loa
partidos, para salvar á España de las dificultades que la
amenazan en el interior, de parte de cantonales y tradi·
cionalistaf", y la amagan en el ex terior, del lado de los
Eetados Unidofl , que de un día á otro pudieran decidirse
á intervenir directamen1e en !mi asuntos de Cuba.
Anúnciase como muy probable la formación de un gabinete liberal , presidido por el seüor Sagm;ta: dura es la
brega que le corresponderá al experimentado estadi~ta.
Puedan sus dotes y energías conjurar todas las tormentas y seremvel cielo político de la na 3ión hispana, donde
cruzan negras nubes á tcasiones iluminadas por el cárdeno resplandor del relámpago.
X.X.X.
Junio 3 de 1897.
LA PACIFICACION DEL YAQUI
Notas ilustradas.

1•

Precisamente en ei número a1,terior de este semanario,
hablábamos de ta capital importancia que para )léxico
tiene la pacificación de los bravos y aguerridos indios
eonorensee, y de los inmensos beneficios que para el progreso de uua exúbera y bella zona del :N'" orte, derivaría
la de-finiti va capitulación de la potente tribu 1 coneagran•
do vigoro~as y fértiles energías á tareas mejores qne las
de esgrimir el arma de la rebelión y de la fratricida re•
yerta .
No insistiremos más sobre esto, mtixime cuando los
diarios de esta casa, tras pormenerizar todos los hechos
q11e antecedieron á la definitiva pacificación de loe indios
han discurrido aceica de las ventajas que hecho de tal
significación aporta. Mas sí nos compete, si el M1.".!'."DO ha
de mostrar la tisonomía de los principales sucesos oacio·
nalee 1 sintetizar, en breve colección de grabados, el he•
cbo culminante á que venimos refiriéndonos .
Publicamot1, puee, cuatro ilustraciones importantes en
lugar preferente, de las cuales figura el retrato del Coronel Peinado, habilísimo colaboaador del Sei'ior General
Luis E. Torres y uno de los héroes de la eatir:factona
empresa.
El Coronel Peinado, presentándose eolo y sin armas en
el campo enemigo. y pactando con e1Ilpefio conciliador
con el temer{l,rio Jefe yaqtli TetafJiate, merece nuestro
sincero aplauso que hncemos exten@ivo, antes que á to•
dos, al Señor General Torres, alma de todas las operacionee, y deapuée, á los oficiales de nuestro ejército ope•
rante ea las lejanas regionesaonorenses que siempre han
sabido unir, coa brillo, la cordura al indómito valor.

Coronel Francisco Peinado.

Cisne deslizarse por el lago y la Giraja recorrer los c~mpos. -En vano H frci, les, que es el montero de eu MaJt:B•
tad, limpia y bruñe el e~c1.uto de ,S()bioski. En vano Sagitario tiene listo el carcax con flechas áureas. La Copa
permanece intacLa. Su Majestad no se ha desayunado.
En el altar ya pavonean ai,!;onizantes los blancos cirios.
Su Majestad el sol no ha dicho misa.
¿Qué ha pasado? Su Majestad la luna está de viaje.
Con sus dama9 de honor y sus menina.e, se emb&amp;rcó en
el 1Vavto rumbo á. Alemania. Mientras vuelve, el sol se
oculta ó anda en av~nturas. ¿Quién Jp ba visto? No está
de diario en el laboratorio, porque el Hornillo r¡11 ímico no
despide llama alguna. El Bul'il y él G'abu.llete drt Pintor
permanecen ociosos. ¿Qué ba pasado? El venerable Paniatowski calla, y el madrugador úri6n afirma en voz ba•
ja, que estll mañana salió 1·e11m algo páli ia.
Las dueñas refunfuñan. El DeU'in se pasea muy pen@a•
tivo. Loa corteaan()B cuchichean en la antesala. Su Majestad el sol no ee levanta.

Dos gorriones que me acompañan á almorzar todos los
días, se ponen de puntillas en el nido y me dicen por señas que hoy no salen. Desde aquí escucho su conversación. Los pobrecillos cuentan que un amigo suyo murió
anteayer de pulmonía. A no ser porque e.atán muy cona•
típados, asistirían puntuales al entierro. So tendrían
que vestirse para ello; como es público, los gorriones á
DIAS NUBLADOS
guiea de hombree graves, andan siempre de luto.
Por desgr:tcia, la atmósfera está fría. Gotas de lluvia
El sol anda á picos pardos. Da~de hace cuatro días los
resbalan titilando por las hojas del fresno. No, no irán
ast.ros de la corte se presentan, según lo exige la etique•
ta, en la antecámara del soberano y la puerta de la aleo• al entierro lo.3 gorriones. Friolentos e.e acurrucan en el
ba real no se abre para darles paso . Su Majestad el sol no nido y hablan con voz llorosa del compañero que muri6.
Su pobre novia no ha de hallar consuelo. Td.l vez en este
se levanta.
insta o te la desgraciada alondra da el útlimo beeoen el pico
Los cortesanos murmuran y cuchichean en la antesala.
de su amante. Ya el rnisefior estará entonando el Pie
¿Qué ha pasado? .l!.:t Lince asegura qua vió salir al sol,
Je,o:¡_1, y los canarioei, esos monaguillos de las aves, se
pero antes de las or11ciones, acompañado de 1\Iercurio.
El sol iba embozado basta las cejas. La Osa Mayor, que agrupariin eu el altar mayor, columpiando loa incensaco!Do. dueñ_a y vieja, es cavilosa, asegnra que pur extraña rios de filigrana. Como el gorrión era un gorrión arieto•
crático, un t'ardenal canta la mi@a de difuntos. Los gocornctdenma, la Cruz Austr11l ha desaparecido. El )joyero
rrioncitos1 mis amigos, 110 la oirán. Tienen miedo de
y Ra1g~(tro sonrien, como diciendo: ¡_va lo veremos bri·
llar hoy ó maúana. en el cuello deA1,dr(nneda6 en. el cue • morirse porque están enatnorados.
¿O:!. acordáis de aquellas golondrinas que colgaron su
llo de lkreuice! Su Majestad el eol no 81:: le11auta.
_El Cochero ee impacienta en el pescante de oro. PfgCUio nido, un año hará, en la co1 niea de mi ventana'? Las copiafa en la caballeriza. Los L elrreles quieren echar á co- quetas salían muy de mañana cantando el Pit Onit y el
~rer, y el Pnro Mayor ladra sin descanso mirando de reo- N e me chatouilkz pas. Donairosas y esbeltas, lucían el taJO al Are in.diana. Su Majestad no irá de caza noy.
lle, t!:lconeando con gracia parisiense en los alambres del
Puede el Auyila atravesar sin miedo la moutaña; el telégt a[o. )Iia gorrioncitos se enamoraron de esas dos

locuelas. Pero como eran artistafl, cuando acabó la temporada de ópera, que llaman ellas prima.vera, se marcha•
ron. Mis gvrrioncitos las esperan impacientes. Más como
la mañana est.\ muy fría, como ay e r se murió su compañero, y como están los dos apasionadoe, con profunda
iristeza hab lan así.
-Las pobrec1llas vienen en bm·ca de calor, y el vi~jo invierno, c~si paralítico, no ha po&amp;ido moverse del sillón.
-No te p1eocupes. Verás que bien las.abrigamos. Lle•
varemos al nido de nuestras vecinas todas las plumas que
tenemos en f!l nuestro. Al fin noeotroa somos hombres!
Ademá~, quién sabe si mañana venga la primavera ó ei
la traigan ellas, puesto que la s muy tra~it:sas ee la llevaron!
-Tengo miedo, hermanitCl, mucho miedo! Bien sabes
que la ruía esta un p oco anén.iica. ¡Si se muriera de tisit-L. ....
Dei::pués del gorrión habla un enamorado:
~E::tAcerracto su balcón. Paso y vuelvo á pasar; pero
la cortina de encajes no se mueve. Pocos trane.euntes
cruzan por la acera: unos embozados eu sus capas, otros
con las ruanos hundidas en los bolsillos del i;obretodo.
Los caballos resbalan en la humedad lodosa de las pie·
drae. De rato en rato, alguna amiga pae.a en eu carruaje,
con los criétales cerradot-, y di1:.ti1Jgo apenas una mano
enguantada que ealuda.
La lluvia c11e en hilbs muy delgados y parece que dice
cuando cae: 11Hoy te burlamos: hoy no la verás '. &gt;) &lt;tYome
enfado y siento impulsos de refiir contra ella. Pt:ro la
lluvia se escapa de mis manos y serié de mi cólera y
hace mofa de mí, brincando en la hojalata del tejado:
uHoy te burlamos; hoy no la verás n
Yo pido al cielo que disipe estas nublazonea y ponga
fin á este invierno.
Mis amigos bu-can calor jugando á los bolos en el Tí·
voli, 6 se entrt-gan al pockarc en uncapitonado gabinete.
En otro tiempo les habría seguido. Hoy sólo pienso eu
mi friolenta amada, que no entorna las puertas del
balcón .
¿Qué hace en estos momentos? Mi fantasía la finge recostada y cubierta por la pesada piel de búfalo. Sus ¡;raodes pupilas que á veces bajan el embozo negro parJI, ver•
me, se detienen ahora en las páginas de un libro. i::He11te
celos del fantástico D. Juan, que figura eu esa novela y
cuyas aventuras la entretieneu. Querría ocultarme entre
loa anchos pliegues de esa piel de búfalo y contemplarla
acurrucado y ea silencio. Si tú quisiera!::' ........... ! .En el
cupecito acol-::honado, cuyos cristales no dan paso al aire,
iríamos juntos al bosque. ¿No te halaga el olor de la tie·
rra húmeda? Solo las gotas, gruesas y redondae, nos ve·
rían con sus ojos de diamante, al resbalar por los crista•
les del coupé .......... delcoupé muy estrecho, tan estrecho,
que el frío no podría caber entre nuestros cuerpoe.
La cortina de encaje no se mueve .. Las gotas de la llu•
vis., brincando en la nojalata del tejado me dicen: 11¡ No
la verás! ¡No la verás!i,
·

•••

La mujer de marmol que duerme en el Ixtacihualt,
aparece como la estátua yacente de un sepulcro enorme.
¡TiJmbién como ella, duermes tú, mi perezosa. La na•
ve de la iglesia está sombría. La banca que prefieres está
desierta . .Algunos devotos rezan y tosen. La misa ha co·
menzado ........ y tú no vienes!
Acaeo, oculta todavía entre las olas blancas de tus
colchas, extiendes apenas el brazo de alabastro para tomar el libro que tenias anoche, y colocándolo en el pe•
cho junto á tf, te acurrucas y sigues su lectura. Hoy ¡im•
pía! no vendrás á la misa de las nueve.
Este sí qué es el invierno para mí! Porque el invierno
no es la helada ráfaga que se desprende, como inmensa
flecha, de las urnas inaccesibles de la nieve y baja rápidamente á la llanura; porque el invierno no es el agua
inmóvil, ni el niño muerto en los umbrales de un palacio: el invierno es eetar lejos de tí, es no sentir la intensidad de tu mirada, es lo que yo seré si tú no me amas.

•••

Y aquí calló el enamorado, se fué el gorrión y abrí yo
mi par4guas !
EL Dt:Qrn Jon.
OTRO PAGO DE $ 3 1420 DE "LA MUTUA"

E:N MORE:LIA.

•

',~'.1''
l ,,

•••

La crieis que amenazaba al Gabinete espafiol ha llega ·
do á su período agudo, y la renuncia del Eeñor Cánovasy sus colaboradores que acaba de aceptar la Reina Regente pone en graves riesgos á quienes les sucedan en el
porler.
Indomable el partidíl liberal, que se sintió last.imado
por el incidente en el Senado emre el duque de Tdtuii.11
y el Senador Comas, seapartó de las labores parlamentaria~, poniendo por condición para cooperar en lns tareas.
un!\ F'ati11fllcción decorosa de parte del ofensor.
l ufie::d b!e ~l jefe del partido conservador~ no quiso ce-

377

EL MUNDO

DOMINGO 6 DE JUNIO DE 1897

";

Coronel

:Morelia, Mayo 6 de 1897.
Sefl.or D. Carlos Sommer, Director general de "La Mu•
tua.''-México.
Muy señor mío:
Tengo la satisfacción de manifestar á usted que hoy an-

· '

te el Sr. Notario Público D. Antonio de P. Gutiérrez, y

.J: j ~
1~

P-~~
'

~

-

Recuerdos de la pacificación de los yaquis •
Capitán Joaquin Télle:i;, SPcretario del Coronel Peina/lo.
Juun Maldonado.
J uliá.n E~plnosa , Secreta rio de .llaldonado.

Fmncl~o Peinado.

con la intervención del Sr. D. Enrique Hernández Alba,
Agente de ((LA MUTuAn he recibido del Sl'. D. Antonio
Büet, banquero de dicha Compañía, la snma de tres mil
cuatrocientos veinte pesos, treinta cte.: ($3,420. 30 ), valor
total de la l)Óliza núm. 611,926, bajo la cual estuvo ase•
gurado mi finado hermano el Sr. Lic. D. Francisco Huerta Cañedo, ea favor de sus hijos María Soledad y José
Huerta Cañedo, en cuya representación como su tutor
firmo el correspondiente recibo.
Th?bo advertir que la cantidad por la que se aseguró mi
expresado hermano fué la de-tres mil pesos y que los cuatro cientos veinte pesos treinta centavos excedentes for•
man la devolución íntegra de los premios pagados á. iiLA
MuTuAii por la expaesada póliza.
Esta circunstancia me hace recomendar ante las persa•
n~s de buen ~riterio las Pólizas con devolución de pre•
mios que expide la compañía que tan acertadamente dirige usted en nuestro país!
. RéstaI?e. enviar á usted mi voto de gracias por la eficacia y actividad con que se CJrrieron los trámites conducentes á este pago.
Quetlo de usted affo. atto. y S. S.
ALBERTO HUERTA CA.SEDO.

�EL MUNDO

OOM INGO 6 de JUNIO de 1897

DOMINGO 6 DE JUNIO DE 1897

EL MUNDO

LA CANADA DE QUERETARO

II..,."'-CIA EL POLO.

O.!ho kilómetros al Soroeete de la "'apital de Q.1erétaro existe un pueblecillo r1suei'io y pin,oreeco, que ha aid~-¡ es-desd~ ha'!e tiempo -:e! utio rle recreo _de las famihas y la curiosidad de los viaJeros. Entre dos rnmensos
cerros corr.adoa á pico por la mano de la :S aturaleza, se
\"e blanquear como urt ave dormida entre el frondaje, la
iglesia parrog11ial 1 adonde los creyentes indígenas acude~
en maea c'ln frecuencia . .S!ln .Pt!dro es el santo que alh
se venera y el pat.rón del lugar; de aqní que el pueblo
lleve el n~mbre de San Poddro de la Callada.
Las calles son rectas y de pavimento desigual; las casas
de aspecto humilde, cou techumbres rojas y puertas de
romerillo, sin qne por ~sio deJe de baber1 en el ,centro de
la población, a115uoas prntadas con colores ch1llantes y
con sus zaguanc1t.os abiertos de par en par, dPjando ver
el piso alwagreado. l?s tiestos d~ e:xquisit.as fl•!res y las
jaulas que se columpian l1 los brincos de loe pilpro!!.
La plaza, de forma cuadrangular1 tiene banquetas de
Ioeas ruuy tenat1, y está adornada de trecho ~n trecho
por coluumas de Ju.drillo y por naranjos y limonero1que,
cuando eetán en llvr1 par~cen cubiert-Os por un manto ,de
nitive. Al Orientt, dt; la plaza se levanta la P,uroquia,
pequeílo templo de construcción sencilla, que yergue eu
torre sobre un boi:que. de lujosa vegetación tropical.
A dos cuadras dt! la Pdrroquia y hac1a el Xorte, están
los bal1os de agna9 termalt&gt;s, solicitados con avidez r, .....
enfermos y sanos, y el Piojo, estanque anchuroso y poco
profundo, donde willares de pesca:l1toa acornn á loa nadadores como flechas de plata.
Po; loa alrededores del pueblo, el río se de1:1parrama 1
ora formando apacible remanso rodeado de sauces me
Jancólicos, inmensa pupila que parpadea al ser herida
por los rayof! dt!I sol; ora cascaias que ~escienden estrepitoeas atronadoras, quebrando sus cristales en las afi.
ladas r~as y formanlio capelos que ealpican gotas de
iris.
¡ Qué cuadro tan poéticamente encantador! Las huer•
tas de aguacates frondosos y chirimoyos fragantes, que
en la estacióu de las lluvias ee cuajan de frutos; la mul•
tiiud de pájaros de vistoso plumaje1 q•1e parlotean eal•
tando de rama en rama¡ las hortalizas que fingen polícromas telas bordadas, v el río sonoroso que se desliza so•
bre arenales que á trM;és de las ondas se antojan regueros
de leo1ejuf'l~1:'i dan al paiaaJe tintes tan belios y raroe,
que apéuas si puede arrancarlos el ar1ieta á su paleta .....
El río á vect:-s ee arraetra con molicie entre muros formados por cantiles bermejos, de donde cuelgan Ji trechos
bierbeci !las trepadoras que arraigan y medran en el granito. Da loa Ít!stones de esas parásitas y de las maraflaa
de rafees y ratnazones que brotan entre las grietas de loa
peilaacos, se filtra constantemente una menuda lluvia de
gotas que, como un deegrane de diamant.es, cae estremeciendo la corriente.
Cuando loa rayos del sol descienden á plomo colándose por entre la red hojosa, que como un toldo cubre

)

Recuerdo de la pacificación de los hquis.-Grupo de índlos.

4

las huertas, tfilense IM ondas de glauco y relampaguean
con un verde hechiceresco y fosforescP:nte que hace re•
cordar al espíritu soi'lador, los divinos ojo!'lde las náyades.
Y en las márgenes del rfo. la vegptaclón se desarrolla
exhúbera: crecen dalias azules y moradas enredandoaus
guías en los troncos y cnlebreando ent.reapretadoa haces
de azucenas y floripondios de hiperbórea blancura; las
margaritas abren sus e1::trellas titilaates sobre el terciopelo verdinegro de los musgos, y la espadaña se balancea
al fresco aletazo del c~firo.
Cuán esoléndido el crepúsculo vespertino en aquellos
campos! --\. esa hora, las brieas húmedas del río abanican
el rostro, esparciendo efluvios orientales; las nubes se
amontonan en la occidua cordillera, como copos de espuma tint.os en los reeplandorea del sol. del sol poniente
que poco á poco va escondiendo su faz de un rojo irri•
tante.
Y es de ver en esos momentos el paisaje: cisnes y gar•
zatas nadan sobre la superficie tranquila de las linías que
sin reflejar la luz del astro, parecen, ya no como poco an•
tes, cobre ínndido en amplios cril!Oles sino cintas de
acero que se eucarrujan cuando las aguadoras introducen
el cántaro, ó el buey, con gravedad olímpica baja en tal
hora á abrevar deepués de tas faenas campestres.
Y ea de ver también 1 allli, lejos, las espirales de humo
algonado que emerge de las cabaflas, y 01r el canto tipludo y
last.imero de los indios, mezcla
do al rasgueo de la vihuela y al
llorar desgarrador de la chirimfa.
No he preeenciado crepúsculos más bellos! Allí, todo en e8Qs
momentos ee pinta de un color
ambarino; todos ios objetos parecen bafiaree en una ola de oro
que va desvaneciéndoee á. medida que concluye el triunfal
apoteóais del sol, á medida que
ee oculta en la gloria del Ocaso,
y la noche vuelca silenciosamente su rico joyero para constelar la clámide negra del in.6uito.
En la canada no dominan mlia
que dos estaciones durante el
aflo: el Est.!o con sus copiosos
aguaceros y una anticipadn, una
alegre, una prodiga Primavera
que extiende su alfombra de
variados tonos verdee, ealpicada de lirios y campánulas y rosas. Tal parece que Flora ha establecido en esa comarca sus do ..
minios, y que eólo emigra de
allí para ír á fecundar durante
breve ausencia, loe campos inmediatos.
Bello es contemplar en la Caliada la salida de la aurora; obEervar como la luz va punzando
leotamente el Orto, basta agujerearlo, basta romperlo, basWL
hacer surgir el gran disco de
lumbre¡ hermoso mirará. la hora enervante de la eieeta, espar•
cidoa y somnolientos sobre los
gramales, los rebafios de Carretas; ver como chorrea entre las
copas de los árboles, el fuego
que cae del cenit en redondeles
luminosos; encantador presenciar en u1-a noche inundada de
h10a1 de pie sobre el cerro de la
Cruz, el paso de la locomotora
bajo uno de los grandes arcos
del acueducto; grato mirar desde alll la fábrica de Hércules
como un l)Oét.ico castillo feudal¡
y oír en e1 silencio nocturn? e
ruido incesante de las maqwnariaa que se eleva al cielo como
Jefea·yaquis.-Villa. Tce.tabiate. Am.irill.is.
un himno santo al trabajo¡ pero
4

aún es más grato, aún ea más hermoso y encantador contemplar en eEe apartamiento agreste, el cuadro que presenta ante los ojos la l\l'aturaleza, en el momento solemne
en que el día y la noche, como dos enamorados ee juntan,
se confunden eu un abrazo pasional é inmenso.
Junio de 1897.

J UAX B.

DELGADO

SANGUINA

Esta tarde ha sido toda de rosa. El cielg ha puesto en
la enorme concha de su gran paleta, todas las rosas poeiblee. Ha sido el rojo el rey sangrien,o; un rojo estallante y furioso que desde el foco agonizante del sol teñía
el mar de sangre. Después que se hubo hundido la rueda de fuego púrpura, de fuego condensado :v vibrante,
de fuego único y occidental, calló la Cantacfa de loe rojoe,
se alejaron las claridadea de los candent.ea y ofensivoe
amarillos. Los cardenales fueron poco á poco fu.ndiéndoee en una suave disolución de carmín, que gradualmente
llegaba, en ternos desfallecientes y crvmáticos, al grano
de granada, al ala de flamenco, al roea de una una, al
anémico y dulce rosa té. El mar reflejaba la gloria del
poniente.
En el horizonte, la línea curva que marca á la vista el
límite, no se veía inundada.en llamas. Una espesa nube
obscura 80 partió en dos rotondas, dos 1-otondas euaten•
odas por una arquitectura inaudit.a y visionaria. Había
una balaustrada gigantesca sobre un pavimento mancha.
do como por una luminosa y reciente degollación.
Pájaro de la hecatombe, un águila anaranjada, cual ei
hubiese pasado por un iris, extendía las alas, cuyos extremos parecían aún húmedos de una agua de rubí. En
un punto del cielo, en donde la decadencia del tint.e llegaba al desmayo, el suave color trajo á mi memoria un
lejano recuerdo.
¿Fué el de una hoja exangüe y olvidado, entre I11s hojas de un libro de horas. Era el libro impreso en Brll88•
las y de antigua factura. La p.igina donde descansaba
aquella reliquia, quizás de un amor de romanza 1 tenía
una mayúscula roja, de una exquisita b,.lleza arcaica, á
manera de las que ornan los misales y los antifonarios.
De pron\o el parpa1eo r.ipido y blanco de un foco ~lectrico me eacó de mi vago pensamiento. Tras las cohnaa
cercana!!, brumas crepusculares anunciaban la noche. La
ciudad enCflndfa sus luceo. La última vibraclón de la
agonía de la tarde, fué de rosa muriente y desolada.

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J. Stuart MiU.

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RuBÉN DA.RÍO.

Los pJaceres de la vida bastan para hacerla agradable,
ei Ee recogen de paM, sin hacer de ellos el objeto principal de la existencia. Trátese de convertirlos en el fin
priucipal de la vida y al punto resultarán insuficiea_tes.
No reeis'8n á un examen r1gt.1roso. B1erta pensaren s1 es
uno feliz, para dejar de serlo. Para ser feliz no hay más
que un medio, que conaiete en buscar como fin de la vi·
da, no la felicidad, sino un fio extraño á la felicidad.
Que la int.eligencia, que el análisis, que el examen ~e la
conciencia se absorba en este 6.o, y ae respirará la dicha
como el aíre, sin notarla, sin pen~ar en ella, sin pedir á
la imaginacion que se la represente anticipadamente y
también sin hacerla huir por la fatal mania de preocu·
paree de ella.

319

•

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'jj-_-:::.

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DOMINGO 6 dejUNiO de 18!:n

EL MUNDO

HACIA EL POLO

prendió lo qae se le pedía y después de largos tanteos lo
realizó. El buque salido de sus talleres fué lo que debía
eer: una fortaleza caliente y segura para la extensa deri•
vación entre los hielos y no un fino velero ó un vapor
rápido.
i(El punto importante, escribe Naneen, era dar ii nuestra construcción flancos talee, qu6 pudiera facilmente eer
levantada durante la preeión del hielo y no aplastada
entre los bancos. Greely, Nares, etc. , tienen muy justa
razón al decir que no había ahí nada de nuevo. Yo ha•
bía tenido simplemente en cuenta las trietes experiencias del pasado. Lo que no obstante, puede ser considerado como nuevo, es el hecho de que no solamente recon&lt;&gt;eimos nosotros que el buque debía tener tal forma, sino
que se la dimos ...... »
Una carena que no ofreciese sino el mínim·1n de pre-·
sión á los estrechamientos del hielo, un casco de tal suerte construido que pudiese resistir cuando no lograr escapará. las más fuertes presiJnea exteriores, en cualquier
dirección que ee produjesen; he aquí lo quequeri.a Naneen
y lo que Colín Archer le dió.
El buque debía ser tan pequeño cuanto fuese posible.
Un pequefio navío es más Hgero que uno grande, y puede
bacérselerofl'.a robusto proporcionalmente á. 3U peso. Además, un pequeño buque ea más propio para la navegación
en loe hielos: la maniobra es más fácil en los momentos
críticos y el buque halla comod!lmente un refugio entre
loa témpanos. Naneen estimaba que una conatrucciói;i de
170 toneladas eería suficiente. Se decidió, por fin de caen•
tas por un tonelaje mucho máa confliderable aunque toda~ía débil: 402 toneladas bruto y 307 toneladas neto.
En íi.n y siempre para facilitar la maniobra en medio de
loe bancos de hielo y también por que una gran longitud
hubiese sido una fuente de debilidad en el momento de
las presiones, importaba que el buque fuese corto.
Pequeño y corto, con los flancos mu.v oblícuos, el buque de Naneen, para poseer una capacidad suficiente, es-

POR

j

FRIDTJOF NANSENTraducción para "EL MUNDO." (1 )- - llustraciones tomadas de las fotografías hechas en el curso de la expedición.

AL LECTOR

La expedición polar llevada á cabocon singular temeridad
por an noruego de inmensas energías, de in vencible cons1ancia. y de supremo vigor, el Doctor ~ ansen, es el gran
acontec:miento científico de esta última década maravillosa y da asunto á todas las revistas europeas que ocupan sendos espacios con detalladas narraciones y sugestivos grabados; unas y otros de fantástico interés por las
arcanas regiones á qpe se refieren.
EL MUNDO ha creído oportuno, a¡zradable é intereeantfeima, la tart1a de popularizar en México á su vez la sorprendente -hazaña geográfica de Naneen y empieza hoy
la 1&gt;ub1icación de una de esas reeeñae, la más be1la y
habilmente ilustrada, con la cual llenará. algunas páginas de sus números de Junio, seguro deque proporciona á sus lectores la más amena é instrucctiva lectura que
puede daree, yeacia FU natural avidPz de eaber basta qué
punto la Esfinge ártica, perpetuamente inviolada, llena
de blancas arcanidades, reveló su secreto al heroico navegante.
EL PLAN DEL DOCTOR NANSEN

t&lt;Nuestros antepawados los viejos VikingE', fueron los
primeros exploradores de las regiones árticas. ii Así se exJ'TeBBz al iniciar el relato de su expedición al polo, el Dr.
FridtJof Naneen, intrépido navegante de loe mares hiperbóreos y noruego irredentista.
De la época de los Vikings á la de Naneen, hay gran
distancia, y en el intervalo las tentativas mas variadas
han sido hechas para arrebatar á las blancuras t)olares
su secreto. Sin embai go, sólo en el curso de este siglo
fueron alcanzadas las altas latitudes y se estrechó al rededor de la extiremidad septentrional del eje de nuestro
globo el círculo de las regiones in~xploradas.
.Antes de Naneen, que ·fué en la estrategía ártba un
inovador atrevido, dos modos de penetración en la zona
polar habían sido empleados: el navío y el trineo .... ;.....
Usó Nansen de otros medios de locomooión?-No; pe•
ro UJID aquellos de otra suerte que se habían usado basta
ent.onces, y be aquí por qué.
Cuando en 1820 el oficial inglés Parry logró avanzar
oon trineos basta el Norte del i::lpitzber, haeta el 82º 45,
de latitud, debió reconocer, después de un mes de fatiga·

1!Fir
- •·••• 'lm:J4P'?J«ipark .P.,.K~ . .
.... _

lhyt1.~parh.l'ram,

,..,.,.,,,.lu,n,,

--frcy&amp;~pu-t.~.,,.,,
&lt;WUW-,yUIIBT.

oe,

la inutilidad de un esfuerzo más prolongado. No avanza
baya. Los bancos huían bajo de él, derivando lentamente hacia el Sur, en tanto que él no marchaba casi hacia
el Norte. Se detuvo á 804 .kilómetros del Polo.
En 1872- 74, cuando la expedici ón húngara de Payer y
Weyprecht descubrió la tierra de F rancisco José, fué gra·
cias á una derivación hacia el Norte de BU navío, el 1 egethoff~ aprieionado en loe hielos. En trineo, Payer llegó
á la latitud de 82°5, é sea á. 880 kilómet,roe del Polo. Pe•
ro el '1.'egethojf no pudo ser desprendido y fué abandonado.
Cuando, en 18i8, en el estrecho de Smith, entre Groenlandia y el archipiélago polar americano, el comandante,
almirante ahora Ma1kbam, de la expedición americana
Nares, después de haber dejado su navío elAle1·t, que se había fijado entre los bancos á los 82° de l!t.titud, alcanzó
en trineo el 83° 20'/ (á 740 kilómetro!!! del polo, ) no obtuvo
este resultado sino al precio de un esfuerzo heróico.
Cuando siete af'ios más tarde, el teniente Lockwood,
de la misión americana Greely ee lanzó á su vez sobre la
ruta abiert,a por Markham, no pudo eino á gran pena
paear de 5 kilómetros ½la latitnd á la cual su predeceeor
babia llegado. No por eso puno negáreele el honor de
D1antener, basta el viaje de Naneen, el record --polar:
735 kilómetros del polo; estaba de él tan cerca como de
Pníe á Avignon.
Por último-para recordar las mál:! célebres tentativascuando en 1879-81 1 en el oceano glacial de Siberia, la
Jear,netle rnlida del estrecho de Bering, cogida entre los
hielos cerca de la tierra de Wrangel, hubo sido arrastrada dos años hacia el Noroeste por eu prisión flotante,
fué rota por loe bancos al norte de las islas de la nueva
Siberia y eólo algunos de los miembros de la expedición
eecaparon al deEastre.
·
En resumen, los más felices resultados babfan sido fra.
caeos. Por donde quiera, en todas las direcciones los
bancos ee habían levantado ante los exploradores, deteniendo loa navíos, cuando no los asían paraaplastarlos ó llevar los quién eabe dónde y haciendo retroceder los .trineos ante una misterioea prominencia que anulaba sus
esfuerzos.
Parecía que, como Jo escribió Nordens Kiold en 1884,
el polo dt bia eer considerado en lo de adelante como inac•
cesible, cuando el joven doctor Fridtjof Naneen, en el
mee de Febrero de 18!:'0, en una comunicación á la Socie•
dad de Geografía de Christiaoía, declaró que él conocía el camino del Polo
Norte y que estaba dispuee\o 1:\ recorrerlo.
De todas las expediciones
que hemos enumerado, la
más deeaetrosa fué incontestablemente la de la Jeannette. Fué esta, no obstante, laque Naneen se propuso tomar como modelo, á
lo menos en cuanto á. la
dirt:cción que d~bía eegmrse.
En efecto, tres años después de la pérdida de la
Jeannelte, se bízo un descubriroienlo muy inesperado
en la costa sud-este de la
Groenladia, cerca de Ju•
lianehaal, por loe esquimales. Apresurémonos á decir
que se trat.aba nada menos
que de los reatos del buque
perdido en 1881 cerca de la
Nueva Siberia, ó más exactamente, de los objetos
provinientes de ese buque:
ana lista de provisiones,
firmada con el nombre del
capitán De Long, quemandaba la JeannetJ.e,
La autenticídad del ba•
Ilazgo de los esquimales de
Julianehaab, ha sido, es
cierto, combatida. Si esos
restos son apocrifos, hay
que convenir, sin embargo,
en que la mistificación imaginada por un lemice-Terrieux yankee, tuvo para
la ciencia resultados eingu·
larmente fe lices, pues que
se le debe el glorioso viaje
de Naneen.
Era en 1884. El profesor
Mohn de cristianía, escribió inmediatamente en un
periódico noruego, el Morgenblad, Un artícuo consagrado al descubrimiento
de JuJianehaab artículo en
el cual emitió la hipótesis

La ruta del P_o_l_o~· - - - - - -- - - -- - - 1•1 La. traducción al francts de la re lacióu completa del viaje .1el .i.&gt;octor Nan.sen, fué emprend ida
~ Carlill! Rabot, uno de los ra~os escritores de Francia que por su ex periencia personal de las exploraCl0De8 á.rt1cas y por su conocimiento de la lengua ueruega íuécapaz de llevarhl. á cabo .
EL MUNDO traduce Asu vez al cru:.tellano este relato de un interés escepcional, no pensando en darlo
U. eztenao porque en el original a bundan las oWrva ciones cielltifica.s qu1:: suspenderiuu el interés de w1a
historia que queremos hacer amena para todos.

de que loe reatos de la Jfarir1elle babfan debido atraYE&gt;earel océano ártico de Siberia en dirección del Noroeete,
después pasar entre el Spitzberg y el Polo para dernender de nuevo al Sur, á lo largo de la costa oriental de la...
Groenlandia. En el estado de nuestros conocimientos
hidrográficos ese era el solo itinerario plausible.
El artfcuto del profesor Moba fué pa1a Nansen un rayo.
de luz. El plan audaz, ineeneato, que él debía ejecutar
nueve años después, había, desde ese momento, surgidor
en- su cerebro. Durante sei3 años, reunió la hipótesis yel
proyecto; acumuló, menos por convencerse él mismosu resolución estaba tomada-que por convencerá st s com •
patriotas, numeroeas pruebas científicas demasiado com •
plicadas, para ser expuestas aquí, en apoyo de su sueño,
basta que en fin 1 á la vuelta de una f'Xpedición á Groen-landia, se decidió á. principios de 1890, á irá decir lo que ,
sigue, á la Sociedad de Geografía de Cristianía:
((Hay un camino para llegar, sinó al polo matemático,
cuando menos á su vecindad inmediata: el de la Jeannelte.
1&lt;Si la J eannette hubiese sido un buque capas de resistir
ti loe asaltos del hielo; si al mismo tiP.mpo hubieeetenido á bordo provisiones en cantidad euficiente, en tres afias
babrfa alcanzado el polo para volver en et&gt;guida, eana r
salva, á lasriberas de Groenlandia, el mundo habitable y
civilizado.
((La prueba es que frágiles restos de ee.e buque ban hecho el trayecto. Los fondofl, los cascos, los papelee amontonados sobre un témpano cerca de Juliane baab ban.
visto el polo de más cerca que la vieron Markham yLoockuood y que lo verán jamás los que se obstinen en
adoptar el mismo camino que ellos. Porque los b~ncoade hielo árticos no son una inmóvil masa helada: derivan lt&gt;nta y regularmente del océano ártico siberiano, al
mar de Groenlandia, bajo la doble influencia de una corriente marina y de vientos, sinó constantes, dominantes.
cuando menos, que siguen la misma dirección. Y es esta
derivación la que hizo retrocederá Parry, la que ha detenido á Loocwood, Mark.ham y tantos on-oe partidos de •
Groenlandia.
uDadme un buque apto para esta navegación, no enea-yada aún¡ un buque que sea en algún modo anfibio, especialmente conetruido para el mar congelado como loe .
buques ordinarios lo son para el mar líquido¡ susceptible
de luchar victoriosamente contra las convulsiones y las
presiones de los hielos, como las construcciones más vulgares ee defienden contra loa choques de las olas y de la
tempestad,-y ese navío no es un mito, estoy dispuesto
á. construirlo;-dadme una tripulación elegida, poco nu. merosa, pero de un vigor á toda prueba; dadme el equipo .
y laE provisiones indiepeneablee; dadme botes, trint::os y·
perros para prevenir toda eventualidad,-porque ninguno, cuando se embarca, para viajar sobre el hielo y Eobre
la mar libre, puede responder de que no naufragará;dadme, en una palabra, los medios de partir en las condiciones favorables requeridas, y los colores noruegos .
flotarán sobre el mar 6 sobre la tierra polar, más lejos de •
lo que han flotado jamás los colores de país alguno y, nosotros volveremos después de haber cubierto de gloria á
nuestra patria, todos sanos y salvos, el buque, la tripulación y yo miemo.n
Los que no han conservado el recuerdo, imaginarán cuan•
do menos facilmente el ruido que hicieron en el mundo •
las palabras de1 Dcctor Nansen. En tant,o que en Europa y en América, geógrafos, meteorologistas y almiran1.ee,
discutían, objetaban, proteetaban, Noruega se entusiasmó.
El 30 de Junio de 1800 el Storthing noruego votó un
crédito de 2771 800 francos (200,000 ·kroners. ) que llegó un
poco más tarde á 389 000 francos. El rey de Noruega (el
1ey de Suecia y de Noruega es para loe noruegos rey de
Noruega solamente, como el emperador de Austria para
los húngaros no es más que rey de Hungría, ) el rey
Osear II dió 20,000 kronere (más de cinco mil pesos.)
El entusiasmo y el patriotismo hicieron el n.sto, y sólo
fué aceptado el dinero noruego.
Finalmente, el total de las subscripciones y los gastos
se equilabraron con la cifrad~ 617,186 francos, represen•
tando el preéio del buque las tres quintas partes de esta
suma.
EL llFBAM»

(2)

Cuando Balzac escribía una nove1a, no dejaba jamá@,
antes de entrar en la relación de los hechos, de evocar et
escenario, en el cual sus heroes iban á moverse; de describir con ab11ndancia de detalles la casa en la .cual ibaáhacerlos vivir y obrar. El viaje del Doctor Naneen es
una novela uvividai1 mas pasional que todas las que fue•
ren imaginadae Jamás; el Fram fué el principal escenario; .
en eea habitación flotante y errante, trece de nueetros
semejantes vivieron durante tres años una existencia extrafla, casi incomprensible: no es paes inoportuno dar la
descripción de este buque tan diferente de todos los otros.
Se desprende claramente, por lo expuesto del plan del
Doctor 'Naneen, que la primera condición que debía lle~
naree para la ejecución de él, era la construcción de un
buque capaz de realizar, en las regiones polares, el viaje
sin : precedente á que estaba destinado. El constructor
Colin Archer, á. quien se dirigió Fridtjof Naneen, com·

- [21 Deseando que esta narración sea instructiva, sin dejar de ser a mena, suJ?rimimos algunos datc.s
demasiado técnicos, relativos á la estructura del Fram.
[En nuestro nümero próximo publicaremos una car ta detallad&amp; del viaje del .Fram y de la marcha
de Ñanscn hacia. el polo. La carta. que calzan estas lineas tiene por principa.l o bjeto trad ucir de una ~1u1m·ra-Oiríamos-materi al la hipóte~is y el plan de Nansen y de mostrar al mismo tiempo q ue la denYación del Fra,n ha justificado la una y ca si realizado el otro.J

EL MUNDO

DOMINGO 6 OE JUNIO DE 1897

Siberia, para que en caso de que el Fram se perdiera, la
expedición pudiese a\canzar la cost.a.
En fin, en la primavera de 1893, Naneen, á fin de po~~r
renovar su provisión de carbón antefl de penetrardefimt1•
vamente en los hielos, fletó e l sloop Uranci.a , de Brcencen
sund, para que llevBse un cargamento de carbón á Khabarova.
No solamente todo estaba listo, sino que tü40 estaba
previsto cuando vino E:l _estío de 1893, época fiJada Pª1:ª
la partida de la expedición. El doctor Naru.en no babia
consa_; rad.o menos de tres años á sus preparat~voe, de loe
cuales dependía el éxito del proyecto que hab1a madura•
do durante nueve años.
EL PERSONA L DE L A E X PEDICION.

Ápenas fué conocido el pl.an de la expedición de Fridtjof

Naneen cuando le llegaron solic1tmlee por centeoares de
todas partea del mundo,-de Europ_a 1 ~e Amé:ic_a y aun:de
Auetralia-á despecho de las predicciones srn~estras que
habían dejado oir tantos eábios geógrafos ó marmos Y tambi én de la decisión tomada de no admitir á bordo del
Fram, más que noruegos y eo número de. doce. uNo era
cosa facil, escribe Nansen hacer una elección entre todas
las buenas voluntades. »
.
Mas de EIBta emulación, la expedición obtuvo una rna-preciable ventaja: que todas las funciones, aun las más
humildes, fuesen llenadas por gentes que poseían conocimientos variados y algunas veces extensos, bue~oe ob·
servadores al mismo tiempo que excelentes marmos:
Sería enojoso hacer sus biografías¡ baste lo antei:ior
para expresar eue méritos, que Jo futuro habrá de aquilatarlos y contentémonos con publicar sus retratos, sus
nombres, y algunae breves notas empezando por el jefe
de la expedición.
.
El doctor Fridtjof Naneen, nació en 1861; era conoc1~0
ya por sua exploraciones en el Spiztberg y en Groenlandia.
Se casó y es padre de una niñita;-ha dedicada la re-

4º Theodoro Claudius Jacobsen, segundo del Fram, naeid~ en Tromece en 18ó5, que -~ª hizo marinero á loa
quinceañoe, casado y con un h1Jo;_
.
5? Anton Amundsn, jefe mecá~1co .~el Fram, nacido en
Hort.en en 1853, casado y con seis h130~;.
.
8? Ado lfo Juell cocinero de la exped1c1ón, nacido en
'1.860 en Skatre, c~rca d e Klagerre; hijo de un armador ;
capitán de navío durante muchos años; casado, padre de
cuatro hijos;
P. Lars Pettersen , segundo mecánico, 1.1ac~do en 1860
en Suecia, pero de padres noruegos; h_ab1lfe1mo herr~ro
y ajustador, había eervido en esta ca~1_dad eo la marma
noruega; casa.do y padre de muchos h9os.
S? Frederik Hjalmar Joham.en, temente en la_ :eserva.
nacido en Skien en 1867; salido de la ernuela militar como oficial supernumerario; estaba tan deoeoso de tomar
parte en la expedición que aceptó el empleo de fogonero;
9° Peter Leonard H enriksen, nacido cerca de Tromsre
en i 859; no había cesado deede la edad .de catorce años
de hacer viajes en el mar ártico como 11harponero)) y patrón¡ casado y con cinco hijos_;
. . ,
10~ Bernhard Nordhal, nac1do en Cr1st1a01a; CB;f'i?nero
de ~a marina noruega, después ingeniero electnmsta y
con cinco hijos.
11~ Ivar Otto Irgene Mogstad, nacido en 1856; era desde 1882 guardi4.n jefe eJl el hospital ~e locos de Gauetad;
Y por último, Bernt Bentzen, nacido en 1860, que fué
el 13? de la expedición y sin embargo no se portó ~al;
fué contratado en Fromere en el momento de la partida.
Una suma de 7,500 francos, extra de los gastos.generales de la expedición, fu é consagrada á pagar pnmas de
seguros sobre la vida, contraídos en favor de los co~pafieroe de Naneen que eran casados. Como á las muJert"s
bretonas, el mar disputa ein cesar á. _las mujeres t?-oruegas sus maridos: cuando el Frani levo ancl~e, _su trrp!_J.lación dejaba detrás de sí ocho esposas y ve1nt;1dós nmos.

'

_..,,

1,/ ' ..

~

La partida del ufram" de Ber11en ( Noruega ) .

.'

taba obligado á ser eetremadamente ancho: le fué dada
una anchura igual á la tercera parr.e de su longitud.
Eetando determinadas estas diversae proporciones,
comenzó la construcción y después el arreglo del Fram
(la palabra significa adelante, y jamás un buque fué mejor denominado. )
La obra así en conjunto como en detalle, fué ejecutada
con igual cuidado,
.
.
Exteriormente, era neceeano para que el Fram pud1eEe deslizándose como una anguila1 escapará los témpanos
en'ormes que podrian oprimirlo, que lae asperezas, así CO•
mo las superficies planas, fues.eB evitadas. Con este fin,
la proa, la popa, la guilla, todo fué redondeado, y esta última se diPpueo de suerte que no formara más que una
SJ1,1ida de 8 centímetros apen.11s.
Faé dado al buque un lujo de proteccióa en mil deta11('8, foé provisto de una instalación eléctrica, de ana biblioteca/ de víveres para tres años, escogidos con el mayor cuidado para evitar el escorbuto¡ de todos los ins•
inunentoe indispensables para las observaciones metereológicas, astronómicas. magnéticas, etc.; y por último, de
siete aparatos fotográficos.
Debido á.'sus excelentes relacionee, pudo Naneen procu•
raree buen0e perros y hacer im1talar tres depósitos de ví---veres en tres puntos delerminadoe de las islas de N ueva

lación de su viaje, 1&lt;ti aquella que bautizó el buque y tuvo
el valor de esperarlo.)1
( Por enci roa del expresivo retrato que reproducimos, el
artista evocó en silaetae delicadas y simétricas las dos
pasiones que existen en el corazón del hombre. Entre su
amor y su quimera, Nansen no tuvo que elegir. Jamás la
mujer cuyo ligero croquis revela el alma enérgica, lo
desalentó ni trató de hacerlo desistir de su empresa; y en
su largo camino hacia lo desconocido polar, él, en nin·
gún momento cesó de pensar en aquellas cuyos nombres
aparecen tan frecuentemente en sus notas de viaje. Eva,
la mujer digna de él, y Liv, la querida bebé. A su parti•
da, Eva bautizó el Fram; en la primera etapa del retor•
no, Naneen bautizó con loe nombres de isla Eva é isla
Liv, las dos primeras tierrae que aparecieron á su vista. )
He aquí los nombres de loe tripulantes:
l? Otto Neomann Sverdrup, comandante del Fram nacido en Bindal en 1855, marino desde la edad de diez y
siete ai'i.os; casado y padre de un niño;
2? Sigurd Scott-Haneen, primer teniente de marina,
encargado de las observaciones científicas; nacido en
1868 en Cristianfa;
3? Henrik Greve BlPseing, médicn y botánico de la expedición, nacido en Drammen en JSG6; acababa de recibir,
en la primavera de 1893, sus grados en medicina;

DE CHRISTIANÍA .AL lfAB DE KARA.

Naneen dejó Christianfael 2-:1: de Junio de 1893.
El dfa era sombrío y triste. El ealió solo, con el corazón oprimido de su casa, atravesó su jardín, pudo
ver, volviendo los ojos, á la pequeña Liv agitando eue
manos, hizo una reflexion melancólica y ganó la playa
donde lo esperaba una embarcación p:ua conducirlo á
bordo del F ram.
Un instante después, amigo y parientes de los diversos
miembros de la expedición, abandonaban el navfo, cuyo
puente invadieran hasta el último momento y elltire las
riberae, negras de multitud, palpitantes de rnmbreros y
de pañuelos agitados, el F ram se dirijió bacía la salida
del golfo. Largamen te, duraLte las ¡¡emanas que siguieron, el navío que llevaba hacia el Norte á Naneen y sus
compañeros. se retardó en las co6tBS de Noruega. En
Laurvik, el 25 de Junio, Colín Archer dijo un último
adios, conmovido, pero lleno de confianza, al buque que
constru yera y que tanto había amado.
En Bergen los turietas imvadieron de iml)roviao laem•
barcación para verá Naneen, hablarle, tocarle. Por la
noche hubo un banquete, y al día siguiente el Fram pro·
siguió su march.a, en 1tun inolvidable dfa de verano,n dice el diario del jefe de la expedición.
0

Continuará.

�EL MUNDO

DOlillNGO 6 DE JUNIO DE • ~

EL MUNDO

DOIIINGO 6 DE JUNIO DE 1897
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-1Rodolfol
Sonrió mi padre con aquella apasible sonrisa de sus
Estaba á. la puerta del corral. Todo lo había visto. D&amp;
delgados labios; brilló en rna ojos claros y siempre bené•
volos un rel ámpago de alegria, y sacó del morral colgado pronto quedé sin movimiento. Me repuse y huí por la
en bandolera un ramo de frutos morados, casi azules, un bodega. Desde allí, mientras mi padre iba li liber tará la
racimo de granadillas silvestres, y mostrándolo por lo al- prisionera, pude ver con espanto que mi chachalaquita,
laxo el cuello, se agitaba moribunda ..... ... .
to decía:
-Para la señorita Niní.. .. ... ..
IV
La blonda niña dió un salto, queriendo atrapar las fruMi
padre
no
chistó.
A
\a
hora de comer, al servirme el
tas que al punto cayeron en sus manos.
primer platillo, llamó al criado, y en voz baja le dijo algo
-Para el caballero don Ernesto ...... .. .
que no pude oir. Estaba yo avergonzado y trémulo, co~
-¿Qué?- dijimos ti una.
-Para el caballero don Ernesto y para Rod.olfo, una los ojos llenos de lágrimas; me la tía el corazón como 81
fuera á ealfrseme del pecho; era yo un criminal que .me•
CHACHALACA cosi ·a muy linda ...... ... .A.divinen ...... ¿Qué será?
recia la horca.
-¡Un nido de chupamirtos!
Andrés volvió, trayendo una fuente cubie1t,1 c-on n~a
-¡Un pajarito herido!
Allá por los
servilleta. Entonces mi padre, como nui.c,1 , ,. \·t" r&lt;1, deJó
-No.
últimos días de
su asiento y vin? á colocaree á mi lado.
-Caracolitos del almácigo ........ .
Juaiocumpliré
-Rodolfo ........ .
Mi madre sonreía; mi padre se gozaba en atormentar
cua1 enta años,
No me atreví á levantar loe ojos ni á responder.
y lo que voy á nuestra curiosidad.
- Rodolfo,-repitió con dureza hasta entonces descoAl fin hundió la mano en las proínndídadee d~l moreferirte, amien él,-de!!cubre esa fuente!
go mío, acaeció ral¡ y .nos mostró, cerca de la lampara, un huevo, un nocida
Obedecí temblando ....... .. y ¡Dios santo! ali( estaba el
cuando era yo lindo huevo blanco, tinto en la sangre de las perdi- cadáver, con el pico abierto. destilando sangrP ........ .
un rapaz, un ces.
De codos en la mesa, ocua ~ el rostro entre las manos,
-¡Un huevo de chachalaca! De !a puesta de hoy ......
-doctrino que no hubiera podido recitar de coro, sin tropiezo ni punto, los diez preceptos del Decálogo. Sin em- Cuando le cogimos estaba tibio. La ponedora se fué he• sentí que me ahogaba y me eché á llorar.
Ernesto y Niní lloraban también.
bargo, el recuerdo de la pobre avecilla no se aparta de mi rida ...... -Y pasándolo á. manos de mi madre, agregó:Papá. y mamá comían silencim.os, y, sin duda, apenamemoria, ni creo que se aparte de ella en loa días de la Límpialo ........ .
dos y tristes ........ .
ErnestJ y yo nos disputamos el huevo.
vida ......
La autoridad materna puso término á nuestra discuEsta es la historia, amigo mío. Ouando la recuerdo, y
.........el pensamiento humano
sión.
como el mar, sus cadáveres arroja.,
-Le guardaremos, para ver si la copetona blanca, que la recuerdo todos 10s días, y siempre con dolor y remordimientos cru~ les, me pregunto:
Así dijo el poeta en su admirable poema. Ciertamente, es buena l!!acadora, cJneigue empollarle.
-¿Qué sentirá el aseeioo cuando l~ ponen delante de
Y ya nos parecía verá la cbacbalacaque de aquel bue•
el cerebro es un oceano siempre agitado, con frecuencia
su victima?
tempestuoeo, cuyas olas arrojan imph1cables hacia las pla- vo naciera, ir y venir por el corr4l gritando: Hay cacao,
l{A J,'. u,:L DELGADO.
yas del olvido los deepojos del pasado: esperanzas desva- hay cacao ......... Y que deade el bosque vecino le responC. de la R. Academia E&lt;,wñola,
necidas, ilusiones malogradas, eueñ.oe azules, ardorosos día el macbo: No hay caccio, no hay cacao ....... ..
anhelos, vagas aepiraciones1 nobles ideas, recuerdos reIII
gocijados, rt::cuerdoa trietes. Pero ¡ah! ese.e de la infeliz
avecilla, lleva años, seis lustros de ti.otar en altaroar, ju•
A las tres semanas, ó poco más, cierto día, al desperguete de las olae, .sin que los t1,1rbiones de la adolescen-cia ni las tormentas de la juveutud, ui las terribles y tar, nos dit::roo una alegre noticia. La copetona blanca
t1ombrías tewpestadee de la edad madura hayan conee• tenía catorce polluelos, y muy orgullosa de su oidada
iba y venia por el corral, luciendo entre sus chiquitines,
guido arroJarle á. la cos~a.
AHí eet11., allí, siempre flotando sobre las creer.as de las uno de e.xtrafio aspecto que su~ hermanos miraban de
olas, lo ruit1wo en las noches tenebrosas que en loe días reojo, las demás gallinas con extrafieza y el eefior del
AUTUMNAi,
luminosos y serenos. Es como una gota de tinta en la harém con alti ve~ y menoi:;prec10. La chachalaca, fea,
cubierta de obscuro vello, torpe, muy distinta de sus viEro Vitre Lumen.
página más blanca del libro de mi vida.
varachitos hermanoe, fué desde entonces objeto de nues•
tros cuidados, nuestra constante ocupación, el tema inaI
En las pálidas tardee
gotable de nuestras pláticas. ¿Cuándo sería grande? ¿Cuán•
yerran nubes tranquilas
Una tarde calurosa, ardiente, una tarde primaveral. do la veríamos logradita'/ ¿No la oiríamos nunca gritar y
en el azul; en las ardientes manos
Un cielo sin nubes, pero inundado de Norte á Sud y de revolver el gallinero? ¡Qué de idas y venidas! ¡Qué de
ee posan las cabezas pensativas.
Oriente á Poniente por la calina,·oomo si humaredas leja- viajes! ¡Cómo gritábamos todo el santo día: hay cacao ......
¡Ah loe su1,1piroel ¡A.h loe dulces suefios!
nas, diseminadas en loe campos, lluuh:::~tm espesado la at- no hay cacao!
¡Ab las ttistezas hl.timae!
mósfera y extendiendo en la sabana, t:Obre las arboledas,
La avecilla plumó; un plumaje pardo, triste, luctuoso
¡Ah el polvo de oro que en el aire flota,
sobre los planteles de cafia de a2ucar un velo de azulino que hacía contraste con la blancura nítida de loe pollue'tras cuyas on,1as tréwulas se miran
crespón. A lo lejos el río que nos enviaba de cuando en los nacidos en el mismo nido. No tardó en dejar á lamalos oJOB üernoe y húmedos,
cuando IJOn el rumor sordo de sm1 aguas, aire fresco y vi- dre adoptiva, y campar por aus respetos, y, chiquita colas bocas inundadas de sonrisas,
vificante. A un lado, el viejo tni.pic.be con su ruido mo- mo era, ni buscaba abrigo por la noche ni gustaba de los
las crespas cabelleras
nótono. Al otro el sendero rojizo, quewadopor el sol, cuidados materualee.
y loe dedos de rosa que acarician!
bordado de amarillenta grama de t't1CObillaree polvoroCierto dia le dije á Ernesto:
En las pálida!:! tardea
sos, de estramonios marchitos qm, suspiraban p c. r las
-¿La cogemos?
ni.e cuenta una hada amiga
lluvias de Mayo. Delante de la C&lt;tba, eu el césped, hume-.No, porque huirá; es arisca y hurafia, ¿no lo ves? Los
las historias secretas
do y fresco por el riego 1eciente, sobre el verde tapiz, la pollitos nos conocen y nos quieren, vienen á. comer arroz
llenas de poes1a;
abuela venerable y cariñusa, cala.ú1.,S los anteujoa, repa- tin nuestra mano, mientras esa prieta asustadiza y canalo que cantan loe pájaros,
saba las páginas de no sé qué hbr·u piadoso; juuto á ella llona ......... ¡No la quieras!
lo que llevan las brisas,
nue::itra madre hacie11do labor, y eu Ja natural y mullida
Me quedé solo é wtenté atraparla ......... En vano. La
lo que vaga en las nieblas,
alfombra, Ernesto, haciendo un papelott:,¡ la chiquitina, avecilla huía ......... Hice del corral uu pueblo revuelto y
lo que aueñ.an las niñas .
la blonda Ninf, muy entretenida c1w un rvrro, y .vo,. el no sin pena hube de re nunc iará U1is propósitos. Te~ía
.vacífico RodoHo, sacando de una arca de Noe, juguete yo tantas ganas de acariciar y jugar con la cbachalaU na vez sentí el ansia
en boga, elefantt:e, camelloe, cabras, ueoe, panteras, jira- quita!
de una seJ. infinita.
fas, gallos, gallinas, y unos ht'.rwoe:os y envanecidos pa•
Algunos días después renové la intentona, pero sin éxiOiJe al hada amorosa:
vos reales, cuya brillante cola de vidrio hilado se que- to feliz. En la brega me encontró Erne~to, y por la no-Quiero tm el alma mía
braba entre mis dedos ... Frente :1. nosotros, uno á uno, che, á la hora de la cena, cuando menos me lo esperaba
tiener la inspiración honda, profunda,
lentos pacíficos, eedientos, pasaban los bueyes camino yo, prorrumpió:
inmensa; luz, calor, aroma, vida.
-P;!.pá: Rodolío anda queriendo coger la chachaladel corral.
Ella me dijo:-¡Ven! con el acento
¡Hermoso cuadro de la vida rús :ica! ¡A.mable grupo quita ....... ..
con que bab1aria una harpa. En el había
doméstico que nadie hubiera contewpladosin envidia!
-:No hará tal;-dijo mi padre-no lo hará, porque yo
un divino idi"oma de esperanza.
Al trazar estas H.neas, al consignar en estas hojas fugi- se lo prohibo. ¿Lo has oído?
¡Oh sed del ideal!-Sobre la cima
tivas tan dulces y tiernas m1;-ruorias, oeecubro por el
Con mi padre no se jugaba; una sola vez decía las code un monte, á media noche,
balcón, que tengo al frente, la casa de mis padres, la he- sas; nunca repetía sus mandatos.
me mostró las estrellas encendidas.
redad de mis abuelos. Veo loe campos, el bosque, la de•
¡ Ah, Dios mío! ¡ Qué tentación aquella! De día1 de no•
Era un jardín de oro
hesa, la vieja chimenea, de la cual asciende lentamente che, á todas horas Ule penegui~, .h;n va.noquería yopencon pé talos de llamas q11e titilan .
.al cielo una columna de lmmo azul, y repito los versos de ear en otra cosa. Aquel deseo iba creciendo, creciendo
Exclamé: -más ...... La aurora
•
-Gutiérrez González:
dominándome, subyugándome. Así debe suceder á eso~
vino después. La aurora sonréia,
hombrea que de abismo en abismo van á dar al crímen.
con la luz en la frente,
Ya. ese fuego lo enciende mano extraña,
-¿Y por qué no?-pensé,-¡A la obra!
como la jown tímida
Yt\ es ajena la casa paternal.. ...... .
Busqué un ceeto grande, el mayor que había en la caque abre la reja y la eorp1enden luego
sa, y curri hacia el gallinero.
cie.. tas curiosas, mágicas pupilas.
II
Eran las diez de la mañaaa. Los gallos escarbaban en
Y dije: -Más ...... Sonritmdo
la celeste hada amiga
Obscurece. El cielo brilla con sus mil luceros, y fulgu- la tierra floja, buscando alimañas; las gallinas se baflaban
en el polvo¡ otras estaban echadas, poniendo, y ·la cope•
prorcurupió:-Y bien ...... ¡Lae flores!
ran en las chozas lejanas las llamas del hogar.
y la!!! fl urdli estaban frescae, lindas,
Ruido de caballerías, v~ces de fieles servidores, una tona cacareaba alegremente á pico abierto: P os.... po.~....
.
empa_padae de olor, la rosa virg:en,
sonri1:a en loe lábios de nn abuela, una exclalll.ación re· pos po.~poreso!
La cbachalaqu1ta 1 al verme, huyó y fué á refugiarde en
la blanca margarita,
gocijada de mi madre;• Ninf que se olvida de su bebé,
la azucena gentil, y las vólúbilia
ernestu que se levanta arrojando los carrizos y la nava el Ultimo rincón del corral. ........ A.llá [uí yo con el cesto
que cuelgan de la rawa e~trcmecida.
ja ..... .. .. ¡Es mi padre que vuelve de caza! ¡ Mi padre, con en alto ......... Sí, sin duda, llegar y atruparla sería cosa
de un minuto .........
Y dije: -Más ...... El viento
Ja escopeta al hombro y el n10rral repleto!
No
íué
así.
Al
acercarme
corrió
al
otro
extremo
del
sólo
arras~ra rumoree, ecos, risru!,
Curr1 á recibirle. Detras de él ve01a Andrée, el criado
murmullos mis~riosos, a\~teos¡
diligente, el bondadoar. amigo, el fiel Andrés, á quien patio, saltó sobre unas matas, dió un brinco, consiguió
eacapa.r.
músicas nunca oídas.
mi padre, sin mengua de su autoridad ni menoscabo de
El bada entonces me llevó hasta el velo
-¿Te burlas de mi?-murniuré. - ¡Ya lo verás!
su ctecoro, estimaba y quería como á un hermano.
que nos cubre las ansias infinitas,
-¡Al comedor!-decia mi ¡.iadre tomando la mano de
Y empezó el ataque. La avecilla, azorada, iba de aquí
la inspiración profunda,
Ninl.-¡A J comedor! Les traigo muchas cosas ........ .
para allá, sin detenerse un instante. Las gallinas espany el alwa de las liras.
La curiosidad y la impaciencia nos hicieron correr. A tadas, volaban 6 se agrupaban medrosas á la puerta del
Y lo rasgó. Y allí todo era aurora.
poco entraba el feliz cazador, enlazando dulcemente con patio. Yo, en ,campo abierto1 jadeante, rojo, quemado
En el fondo se vía
el brazo la cintura de la dichosa compañera d~ su vida. por el sol, redoblando el brío, eeguía en pos del anima•
un bello roetrv de mujer. ¡Oh, nunca,
Pronto el morral estuvo vacío, y extendiendo en la me- lito, el cual, cansado, rendido, cuando yo daba tregua á
Piérides, diréis, rncias las dichas
sa el producto de la jornada: un gazapo y media docena mi perecaución, 1ecobraba fuerza, y luego escapaba vicque en el alma sintiera!
torioso. Aquello era un vértigo ....... . , Por fin, en momende perdices.
con su vaga sonrisa,
El conejillo estaba tibio aún: las aves yertas. De nie- tos en que él animal se detuvo, lancé'e1 cesto y ...... ¡Cháel
-¿Más? ...... dij o el bada. Y yo tenía entonces
ve parecían aquellas patitas rojas como el coral.
¡Presa!
clavad.as las pupilas
Se hablaba de loa incidentes de la caza¡ pero nosotroe
Me detuve á gozar de mi triunfo.
en el azul; y en mis ardientes manos
no oíamos nada, en espera de las maravillas que nos haCuando yo me incliné, d oblando una rodilla, para echar
se posó mi cabeza peoeativa!
•bían prometido. Niní se atrevió al fin á preguntar:
mano _á mi cautiva, oí la voz de mi padre, severa y re-¿ Y para no scitros? ¿Y para m i?
prens1 va.:
R UB ÉN D ARÍO.

A

OTTO NEOMANN SV.ERDRUP, comandant.e.

THEDORO

SIG UR D SCUTT-HANSEN, astrónomo.

ANTON AMUNDSEN, jefe mecánico.

CL. JACOBSEN, segundo.

HENRIK GREVE BLESSrNG, médico.

ADOLF JUELL, cocinero.

.r -YJ.
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"',"&lt;

··~\\·
,.'

LARS PETTERSEN,

•

segundo mccá.n.ico.

HJALMAR JOHANSEN, fogonero.

PETERHENRIKSEN, harponero.

.

BERNHARD NORDARL, electrlcl!!t&amp;.

IV AR HOGSTAD, marinero,

bERbiT BE.,,~TZ&amp;N,

marinero,

�EL MUNDO

DOMIN-,g 6 DE JUNIO DE ,&amp;97

_ ___._SONETOS I ) E JOS.,: MARIA DE HER EDIA _____
LA VlaA DE LOS MUERTOS

Al poeta Armand Silvestre.

Cuando la tumba del olvido asiento,
Haya nuestros despojos sepultado,
Tú serás como lirio inmaculado,
Y o como rosa de matiz sangriento.
La divina meürte, á. quien tu acento
En melodiosas rimas ha cantado,
Nos llevará risueña en giro alado
Por la bóveda azul del firmamento.
Llegaremos al sol, y allí en s11 lumbre
Nueatraa almas aman&amp;es, confundidas,
Alcanzarán venturas soberanas;
Mientras el tiempo, desde su alta cumbre
En la historia verá de nuestras vidas
Dos sombras que en la lira son hermanas.

FABULA EN PROSA

Estaba en las ?rillas de la Est!gia, cuando ví pasar un
liombre peraegmdo por una legión de sombras descabezadas que arrojaban, al parece:,;, caflos de sangre por sus
cuellos tronchados.
-;,A. quién persiguen esas som~ras? dije á. y~ro~te.
-A un bienhechor: al que sustituyó el suplicio meegnro del hacha y lade horca por otro más rápido y humano:
al que inventó la guillotina.
-Y ¡quiénes son los que le acometen?
-Los guillotinados.
-¡Imposible! el Cerbero tiembla al verle, y no se atreve i acercáreele: ¿Cómo ha de aproximarse al inventor
de la guillotina un perro que tiene tre3 cabezas?
-Veo otras turbas como de braceros que acoean á varios fugitivos.
-Esa es mayor injusticia: persiguen á los inventores
de las máquinae.
Lo comprendo: la_ máquina d~ mat~r.suprime dolores,
pero mata: la mágmnadetra?aJa~, ahv1.aal hombre, «pa•
ro disminuye los Jornales. ¡S1lenc10I Oigo una ~lgarabia
de muchachos: veo un viejeci\lo rodeado de legiones de
chiquillos que la aclaman1 deshojan floree á_ eu paso Y
trepan familiarmente por sus hombros. ¿Qmén es ese
viejecillo.
-Ee el que inventó la pajarita de papel..
-No digas más: el;juguete eterno de cándida :ye ncantadora sencillez: la primera obra de arte que eJecutamoe
en la infancia; el único jug11ete de loe niños e~fermos.
¡Caántas sonrisas ha hecho brotar y c·11intaa lágnmas se•
cado en loe rostros infantiles ese viejecillo!
Yo lo ves, lector1 los juguetea son cosas á la vez muy
rieueñae y muy serias.
JosÉ FE&amp;"fA11."DEZ BREllAN.

A. TRA.VES DE I.A. I.I.UVIA.

A Ramón Valle.
Llueve.-Del eol glorioso
los rayos fulgurantes
refléjanee en el agua,
cual sobre níveo tul.
Topacios encendidos
y líquidos diamantes
destilan temblorosos,
rayando el cielo azul.
El oro de la tarde
bañado por la lluvia,
inunda todo el éter,
espléndido y triunfal;
sacude sobre el campo
su cabellera rubia,
para empaparlo en gotas
de fúlgido cristal.
.
La aldea, á. lo lejos,
detrás del sembradío,
del velo que desciende
muy diáfano, al través,
su blanca torre muestra,
su alegre caserío¡
enamorad.a siempre
del aire montafiés.
8P PFcapan del ar&lt;lien'8
fogón de los jacaleij
penachos criniformes
de cándido algodón
que luego desmenuzan
los vientos boreales,
prendiéndolos al pico
más alto del pefión.

A LA PUERTA DEL TEMPLO

· Sales del Templo y tu limosna tiendes
Al mendigo que humilde te saluda:
Que el dón de tu piedad viene en ayuda
Del infeliz cuya plegaria entiendes.

Un cónsul muere en la batalla dura;

El otro en fuga sigue eu camino¡
Y ya sin fuerzas el poder latino
Aguarda más terrible desventura.
En vano el gran Pontífice procura
Rasgar el velo inmoble del destino;
Sólo h~y lamen toe de dolor contino,
Y Roma tiembla en mísera pavura.

Pero el hado, en mi suerte ~o:mpasivo,
No permite que eecondas á m1 anhelo
La luz de tu mirada encantadora,

En la tarde, revuelta muchedumbre
Ansiosa y muda inquiere el horizonte,
Con más hondo terror á. cada instante,

Y yo también tu dádiva recibo,
Pues ya me otorgas, levantando ~l velo,
La gracia que mi amor del tnyo implora.

Creyendo ver sobre la inquieta cumbre
Azul y clara del eabino monte,
Al fiero Aníbal hosco en su elefante.
J AOINTO

Agita gravemente,
sobre la verde falda,
sus cien robustos brazos
el índico nopal,
y siente coronarse
sus pencas de eeme"ralda
por tunas cremeeinas
de grana :y de coral.
Para pintar las cumbres
el sol, divino artista,
aglomeró colores
de audaz entonación:
azul de lapieiázuli,
violáceo de amatista
y rojo flameante
de ardiente bermellón.
La lluvia que chorre1
en líquidos cristales,
enciende más los vívidos
matices de la luz:
el sepia en loe troncones,
el flavo 8n loe jacales
y el glauco en la colgante
melena del eaúz.

GUT1ERREZ CoLL.

ébria de luz y vida
ve el alma aparecer,
el aire alborozado,
y esplendoroso el cielo,
· y el campo re':&gt;osante
de amor y de placer.
Y puede, tras tus gasas
flotantes y ligeras,
mirar, allá á lo lejos,
el labrador feliz,
cubiertas Jaci: campiñ.as
de blondas sementeras¡
repletos loe graneros
de trigo y de maíz.

El iris, ec-bre el cielo
que el sol poniente dora,
estalla en luminosa
polícroma explosión.
De rosa y ama,illo
las cúspides colora,
y canta en el espacio
la universal canción.
Tendido trae la sierra,
cruzado por las gotas
de la sonante lluvia
que cae sin cesar,
es una lira etérea
de cristalinas notas
que se oye con loe vientos
unísona vibrar.
Y llueve.-El sol oculta
su agonizante disco
dejando un horizonte
perlino y flor de lis;
se van desvaneciendo
la cúpula, y el risco,
y el aa1ice, sobre un vago
y enorme fondo gris.
A loe arroyos mansos
el agua pura y fresca
desciende borbollante
del limpio manantial;
ee quiebra con las gotas
que en d.1mza hechiceresca
palpitan, bullen, saltan
sobre el azul cristal.
Y en torno del pantano
que á poco se ennegrece,
bajo la red hojosa
que el eaucedal ttjió,
el fuego fátuo corre,
falgura, palidece;
travieso duendecillo
que el fósforo engendró ..... .
¡Oh, lluvia alegre y buena! .
tras tu fulge.1 te velo,

JOSÉ

¡Oh, lluvia, no decrezcas!
Fecunda las simientes
que bajo el hondo surco
ya germinando están ..... .
Que son tus hechiceros
aljófares lucientes,
para los campos, gloria;
para los pobres pan.

A. SrLVA.

MANUEL JosE ÜTHÓN.

NOCTURNO

Carritos, Mayo de 1879.

Son carne las canteras,
las lajas obsidiana,
es mármol y alabastro
la aguja del crestón
y son gigantes bloques
de tersa porcelana
los riscos de la sierra,
que descuajó el turbión.
La tarde va cayendo,
y aun llueve. Ya reclina
el sol en la montafia
su coruscante sien,
con ópalos y perlas
esmalta la colina,
irisa las alturas
con ópalos tambien.

ceniza, arrodillarse para decir vel'Eos grotescos y predicar sermonee por mano ajena. Una de las Jugadoras, una
muchacha de quince afioa, muy vulgar, vestida de mu•
eelina blanca con ramos de floree azules, dos lazos de
cintas rosadas en loe hombros y una rosa roja en el seno,
no acertó una adivinanza, y en penitencia le pintaron
con la punta de un corcho quemado, una cruz en la frente otra en la mejilla derecha y otra eu el oyuelo de la
bárba. Después, para quitar el carbón, se frotó la cara
con una toalla de lino; le quedaron las tres manchitas
negras, y en cambio la fricción, le enrojeció las mejillas
con el bermellón de la sangre, l\traída á flor de piel. Ahora para colmo de males, le tocó otra penitencia más ~fí¿il que la anterior: sacar con los dientes de ent~~ la harina de trigo puesta en.un plato hondo, una sort1Ja de oro.
Al tratar de hacerlo, una mano atrevida le empujo Jacabeza contra el plato y la l.izo enharinarse toda. Tiene
cubiertos de harina los cabellos, de visos rojos y blanqueada la cara; no puede lavarse porq he está agitada por
el juego, y para refresca~.e un poco antes de salir, se .Pasa el puñuelo por las me11llai;i, y va á sentarse, allá. leJOB,
en un rincón, donde hay poca luz, dán'lose aire con un
abanico de raso amarillo.
Al envolverlos la penumbra, aquellos colores violentos que chillaban á la claridad brutal de la lámpra de petróleo, el blanco y el rojo del pelo enharinado, el b_1!=1-nco
de la harina sobre la cara1 el bermellón de las meJillae,
el ·negro de las tres manchas del carbón, el azul de las ramazones del vestido, el rojo de la rosa, el rosado de las
cintas, el amarillo del abanico, se destiñen, ae suavizan,
se esfuminan, se terciopelan, se funden uno en otro, como sumergidos en un bailo de leche, como velados por
una niebla, y es la jngadora retozona de juegos de prendas vista así de lejos1 en el rincón obscuro1 un pastel
ado~ble de la marquesa del eiglo XVIII, uno de aque•
Uoe pasteles del gran maestro de loe lápices de color1 de
la pintura delicada como el esmalte de las alas de las
mariposas del inimitable Latour; uno de aquellos pasteles que á la caída del crepÚEculo, sonríen suavísimamente e~ la galería de Saint-Quintin.

DESPUES DE CANNAS

Pronta luego y solícita pretendes
Bajar el mamo que tu frente escuda;
Y arrebozada en él E!evera y muda,
Por las gradas del pórtico desciendes.

EL MUNDO

DOMINGO 6 DE JUNIO DE 1897

NOCHE TEMPESTUOSA

.
1

TRANSPOSICIONES
1

I
AL

CARBON

La luz fría que entra por la hoja·entreabierta de la ventana del fondo, al tr~vés de cuyos barroks de hierro se
ven á contra luz las ramazones de unos árboles que se
corta.a sobre el cielo claro y descolorido, rayado por la
llovizna, aclara el cuarto desmantelado, blanqueado con
cal y el piso de ladrillos deetefiidoe por el polvo. Al pie
de '1a ventana, hay una cama vieja con unos colchones
tirados en desorden; á la izquierda un armario abierto y
vacío¡ á la derecha una tina de zinc, y sobre el piso, con
un montón de botellas de champaña, vacías también,
una aglomeración de trastos desvencijados é inútiles; un
sillón de cuero, sin brazos1 una sartén, dos cacerolas y una
regadera de lata. El hollín de la cocina cercana y el polvo del carbón mineral han suavizado la blancura de la&amp;
pared.ea, se han acumulado en las desigualdades del paf'iete y en loa rincones tenebrosos. En el primer plano,
un burro viejo levanta la cabeza pensativa de entre el
canasto de ollejos y desperdicios que tiene al frente; la
luz que llega por detrás le platea el contorno del cuerpo,
las piernas delgadas y el pelo largo de las orejas enormes· el animal se perfila obscuro sobre la claridad debil
de 1~ pared del frente, y parece el cuarto de trastos viejos, alumbrado _así por la luz ain ~olor de la mai'iana llo•
viznoea de NoVIembre, un estudio al carbón, hecho con
imperceptibles transiciones de lo blanco á lo gris, de lo
gris claro á lo gris obscuro, de lo gris obscuro á lo nsgro
suave, de lo negro suave á la sombra intensa; un estudio
al carbón en que la penumbra ' domina el conjunto; en
que la luz brilla en el zinc de la tina, en la lata de la regadera, en el borde de las cacerolas, en el tique blanco
de una botella de champafia, y en que la sombra ae acumula en el e!lpaldar del sillón, en el mango de la sartén,
en un pliegue de loa colchones, en el interior del armario vacío, debajo de las botellas y en tres puntos de la
cabeza del burro, en la nariz entreabie1 ta, en el fondo de
la oreja peluda y en el ojo grande y redondo, sobre el
cual brillan las pestafi.as plateadas y finisimae como ra•
yae blancas que un dibujante, enamorado &lt;l.el detall~,
hubiera trazado con la punta afilada y dura de un láp1z
de tiza sobre la negrura mate y grasa de una sombi a re•
teilid.a con carbón Conté.

II
P.ASTEL

Han estado Jugando un juego de prendas, nuevo en .que
nadie acierta, y en que la due:ña de la casa, para castigar
á las perdidosae, inventa penitencias absurdas. Las ba
hecho comer huevos crudos, marcarse en la frente con

Murió la luna; e! angel de las nieblas
Su cadáver recoje en blanca gai,.a;
Y en un manto de rayos y tinieblas
El Dios del huracán. envuelto pasa.
Llueve y torna á llover; el hondo seno
Rasga la nube en conmoción violenta,
Y en las sendas incógnitas del trueno
Combate la legión de la tormenta,
¡Qaé obscuridad! ¡qué negros horizontes]
Hora fatal de angustias y pteares!
Ay de aquellos que viajan por loa montes!
Ay de aquello~ que van sobre loe maree!
Cuantos niñ.os habrá sin pan ni techo
Que se lamenten de dolor profundo!
Ouánto enfermo infeliz sin luz ni lecho!
Cuánta pobre mujer sola en el mun~o!
Salta prefiado el río sobre el llano
Y amenaza á los pobres labradores,
Y encuentran los insectos un océano '
En el agua que corra entre las flores.
Cansado el marinero se arrodilla
En la cubierta del bajel errante,
Y en vano busea en la lejana orilla
El faro salvador del navegante.
Qué triste noche y en mi hogar en tanto
Todo en el orden y en la paz reposa;
Duerme mi nifla en el silencio santo,
Y se entretiene en su labor mi esposa.
Sentimos ella y yo las agonías
Que sufre el hombr&amp;de diversos modos,
Me acuerdo yo de mis revueltos días,
Y nos ponemos á rogar por todos.
J UA,~

CLEMENTE ZENE.A.

EL CAMALOT!i:
¡Oh, si en tue tallos pensamiento hubiera.
y un corazón sensible como el mío,
¡cuánta tristeza en tí, hierba viajera,
hierba amada del río!
¡Cuánta tristeza en tí, bajo el ardiente
sol de ml tierra que en tus florea bril1a,
mientras vas á merced de la corriente
como Jeda bar::¡uilla!

¿Por qué el aire tus hojas inclinadas
acaricia al pasar en vuelo errante?
¿por qué mueve tus hojas azuladas,
ciega, vas adelante?
¡Si pudieras oír de loe zarzales .
(tan argentinos como son) las queJaa
si pudieran deeirte loe pencales:
u¡Te asustas y nos dejas!n
Acaso por tu amor te detendrías;
y arraigando en tu suelo americano,
con impulso fatal no correrías,
á la muerte, el Oceano.
Yo no te culpo á tí, hierba inocente,
ni eres ingrata huyendo á. los fulgores
de la lámiua•azul de esa corriente
que te vistió de flores.
Otros olvidan por extraño cielo
los viejas astros del bogar, la calma;
otros olvidan su paterno suelo,
¡otros que tienen alma!.. ....
RAFAEL

ría joya de preciado mérito que llenaría 1~n vacío pa~a
aquelloequeae contentan, no taa sólo.con.la luera.tura ~XtJ·
tica qoe echa grandes raísea e.n rimadores Y prosista•
mexicanos, sino que piden á gritos algo uttaw~Dte na•
cional.

OBLIGADO.

¿Vendrá un ¡:oema? Al que intente eecribirlo1 le digo
desde ahora con el poeta:
((.

.................................................... .

Y vosotros aun más, bardos amigos
Trovadores galantes de mi tierra,
Vírgenes de mi patria y de mi raza
Que templaie ellaud de loe poetas:
Seguidme juntos á. eeouch~r las notas
De una elegía qq.e en la patria nuestra
El bosque entona cuando queda só~o
Y todo duerme eu~re las ramas quietas;
Crecen laureles, hijos de la noche
Que esperan liras para asirse á ellas, .
Allá. en la obscuridad en que aun palpita
El grito del desierto y de la selva.&gt;i
MANUEL

PARDO.

Ingeniero,

Ziltipa~, Vera.cruz. Mayo de 1897.

¿QUIEN SERA EL POETA?
Para "El Mundo"

Para pi atar con su aell(? local }as_bellezae de la nat~mleza americana en toda su salvaJe riqueza, se ha necesitado el genio literario de un Zorrilla de San Martín, que
tomando por eubltme asunto el acabamiento de una raza,
ba legado en su inimitable poem~ uTabar_é" junto co~ la
triunfal múeica de ene versos el tipo cláBICO de una ht&amp;ratura nueva.
Loa ondulantes abanicos de las palmeras rasgando con
su gigante silueta un cielo roj~, que todo_ lo abras~ con
sus fulguracionee dantescae, piden un Pierre Lott1 que
dejando un momento 11El Desierto,u mojara la misma
pluma en la misma tinta para que 1 sujetando 111 forma á
la idea, hiciera una verdad de lo que otrvs hacen una
ficción .
Al pisar por la primera vez las costas mexicanall, se siente algo nuevo, algo infiltrado por una naturaleza siempre
con fiebre siempre grande, siempre libre. Se puede so.fiar
mucho, se' puede con_ el d~rad? acica~ del clima cost.eñ.o,
hacer encabritar uoa 1magmac1ó11, haciéndola saltar como
jaca de circo por sobre todo lo imposible; ni aun así se llega á la verdad. L'l flora americana tiene secretos inmensos y sublimes. Atravesar los seculares bosques de h\
costa ea algo como hojear un gran libro que tuviera en
páginas de oro, rimas de todos los poetas y cuadros de
todos los artistas. Las nocht-e tropicales tienen algo solemne en esos ruidos cuya cauea no ee adivina; concierto inmenso que surge de la somera, rompiendo s~a tenebrosidades, para llegar hasta el oído como triunfal
sonata. Miles de coleópteros luminosos que se prenden
en todas las rugosidades y que se dejan llevar por el
viento ayudados de Rus minúsculai:I alas, son emigrado•
ras toe'foreacenciae que en fantásrico vuelo siembran el
suelo de luces y el aire de estrellas. Hay algo pavoroso
pero inmensamente bello en esas soledades que el hombre no ha profanado; yo be eemido placer cuando he
oído el golpe del hacha que derriba un arbol para aliqieIJ.•
tar el fuego de una caldera; pero be sentido también eecreto dolor al ver aparecer en la selva virgen al hombre.
civilizado. Se me figura ver al sátiro levantar las blancas
cortinas de una alcoba de n:ña.
Cuando expedicioné en las montafiae de Oaxaca, en~
tonces vírgenes y ahora convertidas en gran parte en ri•
cae fincas cafeteras, me seducía ese silencio de claustro
de las grandes selvas, tan sólo interrumpido por hojas
que se beean ó ptjaroe que vuelan¡parecíael silencio que
precede á las grandes tempestades. Allí la voz del hombre era una nota extrafta, no se le hubiera encontrado
un acorde. ¿Por qué-decía-tocar esta naturaleza que
parece sagrada? ¿Por qué el hombre ha de destruir para
producir? Y sin embargo así es.

~
EL REINO DE LO AZUL

¡Oh reino de lo azul! ¡Oh re~no de Ja luz, de)ajuventud, y de la felicidad, que he visto en eueñ?s! ...,._
Ibamoe varioe en. una hermosa l.ancha, ricamente empavef!ada. Una ~ran vela redondeábaee en forma de pecho de cisne, baJo loe ondulantes gallardete~. No sabía
quiénes eran mis compaileros; más todo _mi sér sentía
que eran tan jóvenes, tan alegres, tan fehces como yo.
Sin embargo mi atención no se paraba en ellos. Sola•
mente veía tin torno mío fll mar infinito, el mar azul salpicado de eecamitas dor11dae¡ y sobre mi cabeza, un cielo azul también, tan a:1,u\ como el otro, y ~ncima de ~~e
cielo rodaba alegremente, en triunfo, rad1oea 1 la car101a
del sol.
Y también entre nosotros alzábase de vez en cuando
una risa sonora y alegre, como la risa de los inmorta!es.
O bien 1 derrepente, surgían palabras de algunos lab10s,
versos henchidos de una. fuerza inspirada.
El cielo mismo y el mar vibrante y h~rmonios~, co~teetábanoe, y otra vez imperaba el silencio, ese silencio
de la ventura.
Calando ligera en plácidas ondas, nuestra rápida barca
boizaba.
No era el viento quien la arrastraba: dirigida por nuestros propios corazones regocijados, lánzábase á donde
queríamos, docil, cual un aer viviente.
Encontrábamos mágicas islas, semi transparentes, con
reflejos de piedras preciosas, de esmeralda y 6¡:,alo. Desde sus bordee redondeados, llegaban basta nosotros embriagadores perfumes. U nas llovían sobre nosotros lirios
del valle y rosas blancas; de las otras se alzaban de pronto aves irisadas. Giraban las aves sobre nosotros¡ convalaritae y rosas caían al mar, y fundíanae en la nacarina
espuma que resbalaba á lo largo de las lisas bordas de
nuestra barca.
Con las flores y los pájaros, volaban basto. nosotros sonidos de una dulzura inefable ...... ¿Eran vocea femeninas? ... .. . Y en torno nuestro, el cielo, el mar, la ondula•
ción de la vela, el murmullo del surco que hacía nuestra
proa ...... todo hablaba de amor, de uu amor afortunado.
Y allí estaba, -invisible y presente, aquella á quien cada cual de nosotros amábamos ...... Un instante no más
y su sonrisa se despliega, sus ojos iluminan, su mano se
apodera de la mía ...... y en pos de sí me coµ.duce al paraíMo inmortal.
¡Oh reino de lo azul, te he visto sólo en suefiosl
TOURGUENEFF.

He aentido dentro de mí la vida, he creido que la sangre al golpear en mie arterias iba á romperlas, cuando .
dominado por la salvaje poesía de las selvas americanas,
he pensado en el bardo que llevara á su lira todas las
inspiraciones de la musa ooetefla. 8d adivina1 se siente
la apateoaie del poeta.
¿No pensáis, que así como las selvas uruguayas tuvieron un plectro que hizo con cada magnificencia una nota y con cada impresión un verso, las mexicanas deben
tener también un cantor que las describa?
Novel pléyade de poetas valientes ha surgido de improviso en la literatura nacional, ha prendido sus estrofas en las coluwnas de loe periódicos y sin tocar, muchas
veces, los peldafioe de las tribunas, las ba abordado precipitand(I desde ellas la lluvia de oro de sus rimas. ¿Por
qué no pedirles que, dejando por un momento la pálida
lamentación hecha con lágrimas y nacida en la cuna
opalina del ajenjo, busquen en otra escuela menos siniestra antídoto á sus neurosis y asuntos para sus versos?
La vida de ciudad cobijando en sus sombras todos loe
crímenes yenredando en su tela todas las imaginaciones,
mata en la pubertad las actividades y pone junto á lo
trágico lo innoble y junto á lo sarcástico lo estúpido•
Cuánto se desea y con cuánto entusiasmo se vería aparecer una obra que, tomando un asunto cualquiera como
tema. pintara con el órillante colorido que merecen las
belle;as pJco cono~idas de la naturaleza mexicana. Se-

SERENATAS

I
En la sombra, poblada de astros sangrientos,
Ya Selene !a pálida resplandece;
Como pájaros locos vuelan loa vientos
Y una turba de airados remordimientos
Crucifica á mi espíritu y lo escarnece¡
Clavado, en el patíbulo, desfallece
Y agoniza con bruscos sacudimientos;
En la sombra, poblada de astros sangrientos,
Lo apostrofa y maldice mientras perece
U na turba de airados remordimientos.
¡Oh, Tiniebla, efl. tus reinos el mal florece!
Tu ofreciste á mis ojos calentunentos
Esaa florea infames y hoy te obedece
Una turba de airados remordimientos
Que iza en muz á mi espíritu y lo escarnece
En la sombra, poblada de astros sangrientof&gt;....
A~Y'l"ENOR LESCANO.

1897.

�DOMINGO 6 DE JUNIO DE •&amp;o,

EL MUNDO

86

f

DESDE LA CUMBRE

'

DOMUIIGO 6 DE JUNIO DE 1&amp;97

I
Estoy en pi~ ~n. la cum?re: absorta queda
fija en el prec1p1c10, la_ mirada .. :···
¡Qué aiioe negros contiene esta Jornada
Más allá de los treinta de Esprnocedal
Cuando este dia ant.e la noche ceda
¿quién disipa las sombra!!" de la nada?
¡ La fé quizás, que anuncia otra alborada,
como el pájaro oculto en la arboleda!
Mas ¿quién baja sin miedo al hondo arcano?
¿Quién no teme el abismo en la caída,
buscando al sol tras de la no::he bruna?
¡Ah si posible fuera al sér humano

ENGANO SUBLIME
Por maria !!escot.
NUMERO IZ,

Vol ve~ desde la cumbre de la vida
á morir niflo en su primera cuna!

JI
¡Si hubiera sido así! ¡Cuán bf'llo fuera
volver al seno de la madre amada!
¡El véspero fundirse en lfl alborada,
la alborada en el sol, su luz primera!
Tornar el tiempo en su veloz carrera,
tornar la vida donde fué empezada,
y al Paraiso, en que Fe halló creada,
retroceder la humanidad entera.
Del Edén al Nirvana misterioso,
donde las leyes del eilencio rigen,
llegar con el primero el primer día, ..... .
y caer lo absoluto en el reposo,
Rva en Adán, Adán en su almo orígen,
Dios en su propia eternidad sombría ...

III
Estoy en pie en la cumbre: atrás, el llano;
deba10 la honda vertical pendiente;
arriba esta la bóveda esplendente
donde se interna el ideal humano.
Firme la planta, gélida la mano,
hay que bajar por la áspera vertiente,
al suelo vuelta la humillada frénte
y puest~ en Dios el corazón cristiano.
Cuando el cuerpo en la tierra se derrumba,
sube el alma en la atmósfera serena ......
Poede venir la muerte no temida.
Yo sé que está la fe tras de la tumba.
y en plena luz, tras de la sombre plena,
la eterna fuente de la etP.rna vida.
J osE DE DIEGO.

BESO A PUCK

•

Anoche, cuando la luna irisaba la gota de rocío, te vf,
mirando de soalayo, sonriéndote con picardía, y bacien•
do crugir los dedos como si fuerancastai'i.uelas andaluzas.
Ibas vestido de rojo.
En el pecho llevabas la cruz que te bordó Shakespeare.
Tú no me viste. Las campánulas amarillas sombreaban
mi cuerpo. ¿Dónde ibae?
De espaldas aparecías del alto de una espiga, y t~ ~o·
roba deforme parecia el dorso de una moneda asina.
Eres descuidado hasta el exceso, Puck, pues no llevabas
abierta la hebilla de una de tus espuelas de plata.
Con sólo tu presencia, los nenúfares hundieron sus ho•
jas dentro del agua, y loe rergis-meinnicht cerraron eus cálices haciendo buena provisión de rocío para toda la
noche. ¡Lo que es el miedo!
Te ví leer sentado sobre un mustio crisantemo. aquel
trozo tan lindo de prosa que te dedicó Hopsek, hijo de la
vieja Irlanda, y que se embriagó la noche del eanto de
Lía, tu pasión si1veatrel ¡Calavera! ¿A.dónde i~as anoc~e?
Cerraste el librito que está empastado con hoJas de vio•
letaa-asesinadas por tí-y deslizándote con las puntas
de las calzas amarillas, arrojaete una bocanada de humo
por la nariz de macho cabrio, volaste, volaste, volaste....

•••

Ya lo supe, diablo rojo; aquí sobre mi ~esilla, j_unt~ á
la pipa cargada de tabaco, está una esquehta de Titama,
la rubia más be,lla del bosque de Herold, la reina augus•
ta que viste de verde Nilo.
Estoy orgulloso ...... ¡me carteo con reinas!
Sí mal servjdor, Titania se queja tristemente de tí,
libéiula malvada; anoche brincai:;te el muro, y riéndote
cabalgabas en un tallo de azucenas.
Como loe celos son tan tontos, la sorprendiste con la
cabeza apoyada sobre el hombro ~e ~u a~ante y los oj(!S
te giraron en las cuencas, y tu labio mfenor estuvo bailando hasta que una nube cubrió la luna.
Y entonces tuviste Ja edtúpida venganza de matar sus
luciérnagas, sus tristes arafias, y el mosca, dón violáceo
que Antud, tu rival en el arte de hacer maldades, le regaló el año nuevo.
Y como un coro de carcajadas te aoompafió en tu terrible chasco; juramentando y diciendo insolencias, regresaste á tu habitación tapizada de rojo-tu color favorito
-y hundiste la cabt&gt;za en el almohadón de pétalos, que
antes olias con tu sensual nariz.
Hijo de cervecero, borracho de instinto, ya se dónde
fuiste anoche, cuando la brisa mecía las hojas de las campánulas y hacía s.onrojar las fresas.
Y con esta bocanada de humo te excomulgo ..... .
FRANCISCO GARCÍA 0rsNEROS,

f

EL MUNDO

•

.9uvenilia .

Los nifios no son hombres, sino nii'ios; pero las nif'ias
no son nifias, sino mujeres pequei'ias.
Alfonso Karr.

•••

Sacede con la telicidAd lo que con el horizonte; siempre se haya á nuestra vista y nunéa á nuestro alcance.
Julio Favre.

El amor habla más cuando puede hacer meno3¡ lamayor prueba de la pureza con que quería el Petrarca es la
multitud de sus sonetos; en cambio, el impuro Don Juan
reduce la literatura de sus amores ...... á una lista de sus
víctimas.
Clarin.

,kh.

Leódice explicó su retardo,
-Creí que no me dejaría él venir, queme seguiría, que
me forzaría á irá buscará Valeria.
-Pero, dijo ellii, puesto que me amais y yo os amo,
para qué esos misterios? Por qué no habéis dicho á vues•
tro tío que no os casais con su hija, y por qué pedir su
mano?
Después, sencillamente afiadió ella:
-Mi padre ea muy violento, de un honor rígido, un
oficial¡ os mataría si nos sorprendiese juntos.
Había dicho ella muy bien esta pequefia frase, con el
tono que se toma para adve,rtir á un imprudente de que
no debe avanzar hacia el borde del precipicio. Leódice
sintió correr sobre su frente un ligero extremecimiento.
«Vamos, pensó, no hay que llevar muy lejos esta intriga, y es lástima, pero el oso Martín de una parte y ese
javalí de capitán Meriadec de la otra ..... .
Como se mantenía de pie ante Beltrana, presto á abandonarla, he aqui que con gran asombro suyo las palabras
de despedida no pudieron salir de sus labios; se aproxi •
mó á ella cubriéndola COH palabras de deseo, embriagándola con lisonjas, enumerando en una letania ardiente
todas las bellezas de la joven. Ella, encantada, le escuchaba. Entonces, viéndola conquistada, él sacó su reloj .
-Diablo! me olvido, dijo, de que en la mañana las citas son.imposibles. Esta noche, á la media noche, no es
verdad? ......... No tenemos otro medio de vernos solos.
I
Ella se decía que las reinas de la mano derecha y las
reinas de la mano izquierda no debieron mostrarse demasiado austeras y que loe enamorados eran raros en Keroech .. .... Consintió pues en la cita.
Se vieron casi cada noche. El, sin embargo, permanecía fiel á su aparente respeto.
Pero vividor egoiata como era, le hubiera parecido des•
preciable aceptar, sin segunda intención ese idilio. Mi,
naba el alma de aquella virgen cuya pureza parecía respetar: ya hacía brillar á sus ojos las imágenes excitantes
de la vida parisiense, contándole algunas aventuras de
baile de mascara¡ ya con su voz insinuante de boulevardier; ponía en irrición la iirtud y sus santas creencias:
«viejas guitarras!» La iniciaba asimismo en investigaciones de elegancia, haciéndola,ruborizarsedeltrabajo yde
la pobreza. Una mañana el viejo Meriadec sintió gran
estupor viendo á su hija desempefiar las labores de la
casa con las manos enguantadas.
Leódice sembraba ámanos llenas en una tierra fecunda
y el grano germinaba. Cuando juzgó la espiga madura,
ee decidió á cosechar. Por lo demás, el tiempo urgfa. Para precipitar el desenlace anunció su partida.
- Voy á ver á mi padre. Solamente que, Beltrana, aña dió, es preciso que yo esté bien seguro de no haber sido
el juguete de una muchacha ambiciosa y coqueta; necesito de tu amor una prueba irrefutable; me comprendes?
Las muchachas educadas en el campo y que han leído

nonlaa, no son completamente ignorantes. La parte de·
cieiva ee adivinaba, pero el problema era tan importante,
que Beltrana tuvo miedo.
-Si fuéseis li casaro:1 con vuestra prima? murmuró.
El trató desde luego de tranquilizarla con una de aue
habituales bromas.
-Seré yo por ventura un agricultor tan malo que vaya
á poner en mi jardín una gruesa peonía roja, en lugar de
la linda rosa blanca que tengo aqui?
El qaiso atraerla¡ ella retrocedió:
-Si me engañáseis? ......... Si me abandot1árais?
Esta vez dejó él su actitud, tomando el aspecto de un
cab\\llero á quien se le atribaye una infamia:
-Si no tenéis por mi estimación alguna, sefiorita Meriadec, mi;J valiera no volvernOi á ver.
Temiendo haberle herido ella, balbuceó excusas:
-Yo quería decir que, acaso vuestro padre rehusara
obstinadamente su consentimiento, y que vos no osa•
ríais ........ .
-Pardiez! rehusará, estoy casi seguro; pero hay una
·ley que permite á los hijos burlar la prohibición de los
padrea. Yo pleitiarfa. Sólo que has de comprender querida mía, que este tedioso asunto bien vale la pena de la
concesión que yo solicito. Yo te juro que nada me separará de tí, te juro que serás mi mujer si me das una prueba de tu amor.
Beltrana se retiró satisfecha de aquella cita.

El primer domingo de Septiembre, en la misa parroquial, los habitantes de Keroeck oyeron estas palabras
lanzadas 1e lo alto del púlpito:
«Hay promesa de matrimonio entre Leódice Martín,
hijo mayor de Pedro Alejandro Martín, banquero de París, y de la sefiora Aurelia Meyer, su esposa, de una parte; y Lorenza Luisa Valeria Martín, menor de edad ...... .

XXXIII
Muchos afios habían pasado desde aquella hora de
inolvidable desesperación y de trísteza. Jamás Beltra~
na había perdido el recuerdo de ella. Y ahora de codos
sobre el parapeto, contemplaba el gran lago cuyas ondas
se hacían gruesas bajo ese cielo de ok&gt;ño. Una bruma
espesa ocultaba la ribera, dando la ilusión de horizontes
infinitos. Se hubiera dicho el océano bretón.
La mujer que miraba pensativa las brumas del Leman,
tenla un corazón ambicioso, pero no un corazón muerto.
Ese gran drama de amor no fué la eola descepción de
su vida; otra vino menos dolorosa, pero menos cruei._Re·
leía otra pági.oa de su penoso pasado, se volvía á ver en
la pequefla iglesia bretona, representando su triste papel
de sei'iorita de honor, siguiendo á la radiosa Valeria como esos pobres vencidos encadenados al carro del vencedor. Oía el juramento solemne proferido por el traidor,
volvía á ver el cambio de anillo:1 1 símbolo del indisoluble
lazo¡ después, d11rante las interminables salutaciones en
la sacristía, se retiraba aparte y su corazón se rompía de
celos y de cólera.
Detrás de ella, Martín de la Rochela y Martfn de Lyon
conversaban.
-Y bien, decía uno, Martín de Brestes aun más rico
de lo que yo hubiera supuesto. No se ha quedado encueros al casar á su hija; Martia de París llevaría el gran
chasco si á éste le diese la fantasía de volver:Se li caéar.
-Volverse á casar, respondió Martín de la Rochela,
el no piensa en casarse; míralo.
A lo cual el otro, aparentemente un psicólogo, r~plicó:
-Hum! muchas veces son los mi:1 tranquilo:1 q·lienes
se vuelven mlia fvgosos. Si una mujer supiese enamorarlo ........ .
En aquel momento Beltrana, toda entregada á su ira,
se preguntaba, si ella había amado, en efecto, á ese egoie•
ta, que, sin piedad :le su sufrimiento, acababa de comprometerse con otra. Ella le odiaba. Ella odiaba á Va•
leria con una rabia impotente y estéril. Y de pronto las
palabras de Martín de la Rochela hacían lucirá sus ojos
la esperanza de una venganza. Pero esta venganza era

de aquellas ante las cuales retrocede un corazón de veinte
aflos.
Ay, tan poco seductor que era el pobre viejo Martín!
Más de un año tardó en resolverse; poco á poco llegó á
examinar la situación bajo otro aspecto. No se trataba
ya solamente de venganza, sino de fortuna. Casarse con
M. Martin era li la vez vengarse y ser rica, dejar Kercech,
habitar en B"t:st, asistir á loa bailes y á las fiestas, cambiar sus pobres ropas de lana por toilettesmáa suntuosas.
La cosa valfa la pena de ser intentada, ella la intentó y
tuvo éxito.
Desde hacía tres años saboreaba su lujo y su riqueza y
encontraba mayores goces que los que había supuesto,
tolerando ta· presencia de ese marido senil que la idolatra"ba y satisfacía todos sus caprichos. No se preocupaba
del porvenir. No le había él mostrado un pliego sellado
en el cajón secreto de su bureau? No le había dicho:
-Esto, mi querida nifla, es mi testamento. Oa doy to•
da la parte de fortuna de que la ley me permite disponer,
es decir, cuatro millones, rorque espero que seréis aiem•
pre para conmigo, buena, amante y fiel.
¡Fiel! Sí, el!~ lo había sido, rígidamente, absolutamente, no sólo por interés y por deber, sino por un amargo
desdéb del amor. No podía olvidar la traición de aquel en
quien había creído tan locamente. Englobaba en un ren•
cor implacable á todos sue adoradores, que le parecían
bandidos disfrazados de mendigos. Se preocupaba de su
lujo como de su reputación. No por lirismos sentimentales iba á comprometer su porvenir, áenajenar las buenas díeposiciones de su marido.
Y sin embargo, cuando después de la mu_erte de Martin de Brest abrió ella el bureau, é hizo jugar el resorte co•
mo él la había enseñado á hacerlo, el doble fondo se en•
contró vacío: el testamento no· estaba ahí. ¡Robado!
Imposible. Desde que la apoplegía atacó á su marido,
puso en lugar seguro la llave del secretaire. Nadie conoola el escondite. Era preciso que el marido, por sí mismo,
hubiese quemado ó destruido su testamento. También él
la había engañado! Todos eran puee, traidores, ladrones
todos, todos mentirosos!
Beltrana-esto se comprende-no se creyó obligada li
llorar al hombre que la dejaba pobre. Arrojó de sí las
tocas de duelo y paseó, desde las riberas mediterráneas
hasta las playas norma-odas; desde los Alpes ,t los Pirineos; de las Cevennes hasta el Bosque Negro, en fin, en
todas partes donde uno se di vierte, los esplendores de su
cabellera roja y los magnéticos efluvios de su ojo:s leona•
dos, siempre en busca de una presa, pero queriéndola
rica y tendiendo muy alto sus hilos.
U o noble lord se dejó cojer, pero retrocedió ante la
austera palabra de matrimonio. En Biarritz un señor español se enamoró de ella y quiso casarse; pero hecha la
verificación, resultó que no era poseedor más que de diez
ó doce nombres sonoros y del derecho de permanecer
cubierto ante el rey. Ella juzgó que esto no era suficiente en un tiempo en que la carestía de víveres preocupaba con justo-título los cerebros de todas los economista!:'.
En Montecarlo fué un príncipe rueo quien le pagó el tri•
buto de su admiración. Desgraéiadamente se había casado en alguna parte, en Rusia, muy lejos, pero eato bastaba para aniquilar todas sus ambiciosas esperanzas.
Ella siguió aun otras falsas pistas, una de las cuales la
llevó á Lausanne, descorazonada y decepcionada. Alquiló un chalet y se instaló ahI para tomar aliento y reposar un poco, lejos de las 'Illesas de los hoteles, de las pensiones de familia y de las ciudades balnearias. Se volvía
fatalista, determinándose á esperar y á ver venir.
El horizonte más próximo era, sin contradicción, una
1.-illa muy elegante, habitada desde hacía muy poco tiempo. Ella vió salir tres personas de la villa: un hombre
una mujer y una niña.
Ya se sabe como, informada por Carlota,. tendió sus
hilos: el aya al principio, el pintor después, dejáronee cojer; la níi'ia, sombría y desconfiada, rozó la trampa
y escapó.
7

Ante esta hostilidad no P.quívoca, la indiferencia de
Beltrana se transformó en aversión. Sintió por la peque.

�EL MUNDO

una carta? ¿Por qué es~ llamamiento tan poco explícito?
Sondeó los repliegues de su concieneia y encontró mu•·
chas vilezas. No le había dicho Beltrana al despedirse:
1cSi me abandonais, si no os vuelvo á ver, moriré?»
No podía disimularse á sí mismo que no la hubiese
abandonado un poco; no solamente no había vuelto á
Lausanne, pasados los ocho días, sino que sus cartas se
hacían más y más raras. Ella no había proferido ni una
queja, ni un reproche, no apartándose de su soberana in·
d.u1gencia, pero iba á abandonar est.e mundo destrozada
por ese brutal olvido.
Para atenuar sus remordimientos él se impuso una ex•
plicación: Partir inmediatamente, sin una hora de retardo. Consultó el indicador, miró su reloj. Tenía apenas
tiempo. Llamó, pidió su petaca y con una prisa "torpe, la
llenó de los objetos más disparatados y más mal apropiados; á veces arrojaba una mirada de tristeza al retrato
de santa Inés, del cual se separaba con pena, dejándolo
sin concluir.
Terminaba estos preparativos cuando Lila apareció en
el dintel de la puerta, mostrando un poco de nieve en
eua manecitas enrojecidas por el fria.
-Padre-exclamó-nieve, nieve ya, qué hermoso.
Percibió la petaca, palideció y con voz ronca:
-¿Es qué partes? ¿A dónde vas?
-P,uto por algunos días, querida mía, volveré pronto. Tú te quedarás con la señorita Carlota.
Ella pareció no entenderlo y repitió:
-¿A dónde vaE&gt;?
Ante esta insistente fnterrogació.u, el padre se turbó,
balbuceando:
-Mi querida nifia, se razonable; un negocio impor·
tante, que no puedo descuidar ......... Ptiro sin escucb.arlo-sin creerlo, más pálida que la nieve que se fundía entre
sus dedos helados, repetía con una voz sorda, baja, ardiente.
-¿Dónde vas, dónde vas, dónde vas?
En ese momento el aya se unió á su educanda; fué á
ella á quien Fernando se dirigió:
-Un nego~io urgente me obliga á partir, aefiorita CarXXXIII.
lota. Mi ausencia será corta, os confío á Lila.
Después, para abreviar toda explicación, tomó su pe,
Aun cuando eran apenas los ú!timos días de Octubre,
el rudo invierno de las montañas del Douba helaba á taca y se aproximó á la puerta. La niña laazó ur. grito,
Pontarlier; una nieve precoz cubría el suelo y el cierzo juntó las manos y se dejó caer á sus piés.
-Padre, ¡ob¡ padre, yo t8"Conjuro, no me abandones!
soplaba agudo. Jacobo, á pesar de sus resoluciones de
cordura, se había dejado sorprender por ese primer frío; Ella oo te dejará volver.
de euerte que bacía sus maletas á toda prisa, echando
No éra ya una niñita la que hablaba, era una mujer
pestes más que nunca contra esa satánica bicoca, contra que defendía su hogar; ee pegaba al traje de su padre¡
la gota, contra la tía Fourneron que por sus instancias pero comprendiendo de pronto la inutilidad de sus súplicas, furiosat loca, se levantó, y con loa brazos extendihabía retardado su pan.ida.
Fernando Duvernoy, después de haber ido á la estación 8.os á través de la puerta, le impidió el paso.
á estrechar la mano de su primo y desearle buen viaje,
-No saldrás, exclamó, yo no quiero, yo ... ...
volvió á su casa tiritando. Su hogar cale.atado por un caA una eeñal de su am?, la robusta alemana se llevó á
lorífero y la dulce temperatura del taller, le llenaron de Lila en sus brazos.
Fernando, ya libre, salió rápidamente. No oyó un grieatiafacción.
«¡Ah! que bien se siente uno aquí y qué dicha no tener to de angustia; no vió el extremecim.iento doloroso que
que partir. Lamento verdaderamente á ese pobre de Ja- agitaba un cuerpecillo fragi1 1 en tanto que una cabeza de
cobo. Al diablo vayan loa viajes. Veámos ahora cómo nifia caía hacia atrás sobre loa brazos que la sostenían.
hemos de llenar el dia: á las dos, última.a sesiones para el
Cuando la ni ñita abrió los ojos, después de un desvaretrato de santa Inés; á las cuatro, cita en la casa de mi necimiento de alguno's segundos,· estaba en su lecho ysu
notario; no es muy divertida, pero ea útil; y después, esta aya la miraba con ansiedad.
-¿Se fué? deveras ee fué? preguntó.
noche, comida en caea del presidente; en seguida nuestro .
-Se fué, querida mía, pero volverá pronto, no te
pequeilo whiat,lt
Se aproximó á la ventana, contempló las r.J,mas de loa apenes.
Bruecamente Lila se enderezó en su lecho mirando á
árboles cubiertas de escarcha, y murmuró:
la pobre aya en los ojos.
u Ya no hay hojas. ¿Qué será de ella? Carlota está sin
-¿Sabe usted adónde se ha ido? int.errogó.
noticias¡ m6 decía ayer que no había recibido respuesta
-Mi querida nifia, tu ho.oorable papli tiene ciertamená 8118 dos últimaá cartas. ¿Estará más enferma? Iré á verte la mayor confianza en la humilde aya, pero ......
la cíertameute cuando haya concluido con ...... ,,
Ella la interrumpió con una risa estridente:
Repitió por tres veces la palabra .-conn buscando bue-Se ha ido á buscarla; la traerá y entonces os arroja•
nas razones que darse á sí mismo; después, desesperando
rá á vos y á mí también.
de no encontrarlas, encendió un cigarro y se instaló ante
-Pobre Lila, deliras; cuando tu papá se case ( una amsu caballete. Guiflaba loa ojos, se apartaba, se aproximaba, movía la cabeza; decididamente no estaba descon- plia sonrisa de triunfo entreabrió los labios espesos de la
institutriz) nadie nos arrojará ni á tí ni á mí.
tento!
Sin responder, la niña movió los hombros; después, deLlamaron á la puerta. Mariana entró con un telegrama
jando caer sobre la almohada su cabeza triste, .ee echó á
en la mano. El telegrama estaba concebido así:
1l.Apelo á vuestro juramento, venid, t.engo necesidad de llorar amargament:.e.
vos.
XXXV

ña ese sentimieoto de temor y de cólera que inspira el
enemjgo en emboscada, resuelto á barrer el camiuo.
La seflora Beltrana Martin no era de esas mujeres que
se pierden en la indecisión; sin embargo, después de la
partida del pintor se quedó perpleja, semejante á un peec.t.dor que después de haber sentido al pez palpitar en el
ansuelo, reconoce que el astuto no se ha dejado cojer y
se pregunta si vale más quedarse en el mismo sitio 6
bnscar fortuna más lejos.
Mirando las persianas cerradas de la 1.illa, sentía en su
córazón una impresión extrafla: no el amor, no tampoco
la amistad, sino la amargura. C,:,mprendía que había
contado con este matrimonio; comprendía que no renunciaría en tanto que le quedara una sola eeperanza. Se re•
solvió, pues, á esperar, no sin impaciencia.
«Pierdo mi tiempo,)) murmuraba.
Para ella el tiempo era la juventud que huía; pero
¿á dónde ir en esta estación de otoño? Dem~iado pronto para las e6tacionee invernales, demasiado tarde para
el borde de la mar y para la mayor parte de villas de
aguas.
Era entonces, cierto es 1 el tie:npo de las cacerías y de
las permanencias en loa castillc,s; mas ninguna ama de
casa la había convidado: no se abre la morada de la familia á una desconocida encontrada en una mesa de
hotel.
ComeLzaba áreconocer qne si la intriga es Iacil, el matrimonio es difícil. Peeaba sobre ella el caneancio; ciertamente era ambiciosa, pero de año en afio el fin de tal
ambición disminuia. !base ya convenciendo de que los
hijos de los reyes no andan ya en busca de pobres cenicientas; que los parisienses jóvenes, hermosos, ricos, cor•
tejan pero no se casan; q ne los Martín de Brest, se casan
pero no testan¡ que los lores de Inglaterra piden á sus
esposas. respetabilidad y que los señores espafloles tienen
frecuentemente la bolsa vacía.
Así es que de decepción en decepción llegó á desear
ese matrimonio honorable 1 pero poco brillante; esa amplia comodidad burguesa, esas sesenta mil Jibras de renta del pintor 'Fernando D11vernoy.

BeUrana.»

Leyó y releyó estas dos líneas, cuyo laconismo forzado
no dejó de inquietarle. ¿Por qué un telegrama en vez de

En el chalet de Laueanne, Beltrana, con las cejas fruncidas y la mirada dura, trataba de atravesar las tinieblas
que el crepúsculo de otofio espesaba en rededor.

DOMINGO 6 DE JUNIO DE 1897

((¿Vendrá? Quien sabe. Heerradodejá.ndolo apartarse
Si C.ulota fuese más babi! le retendría facilmente ......
La verdadera rival temible es la niña; ella sólo ha penetrado mi designio ..... .
No concluyó.~ Su mirada se ensombreció y se :(ijó du.
rante algunos minutos sobre las ondas agitadas del gran
lago que, bajo aquel cielo de Octubre, tenían un siniestro
aspecto. P.::ro era una mujer enérgica y valerosa; se re prochó esta debilidad, se apartó de la ventana y se apro•
ximó á la chimenea.
Un fuego brillante flameaba en la chimenea, las bujías de•
los candelabros llameaban alegrem~nte; á pesar de la
estación avanzada, flores de perfumes vivos se abrían
en las jardineras¡ el budoir tomaba un aire. de :fiesta y la
chaise longue de los malos días desaparecía para dar sitio
á un estrecho tJte á ttl-t.
Una sonrisa pasó sobre sus labios¡ después, atentamente, minuciosamente, como si se hubiese tratado de una
desconocida, examinó su propia imagen que se reflejaba
en el espejo. U na deEconodda, en efecto. Lo mismo que
la cbaise longue, los crepés lúgubres habían desaparecido. Una bata de un azul palido sábiamentecortada, don •
de la indolencia de loa peinadores de la maflana se aliaba á la elegante indiscreción ele las toilette!, de en la
noche dejaba eotrever, faodidos en el tul y ~l encaje, los
brazos de una forma exquisita y una garganta de una
blancura nacarada. La viuda doliente, la triste enferma,
desaparecía; una mujer de hermoso aspecto, alerta, deli•
ciosamente linda, surgía ie pronto. La señora Martín le•
nía razón en sonreír. Ella libraba su última batalla con
la habilidad de un general experimentado. El duelo, la
melancolía, semejaotes á tropas agotadas. cedían el te •
rreno á. nuevos y potentes refuerzos.
s~ dirigió hacia un pequeño bure_au y tomó una
carta, la releyó, la examinó minuciosamente, como llubiera podido hacerlo un inexperto en escritura; después,
con un gesto satisfecb.0 1 volvió á colocar el papel en el
cajón. Todo se encomraba. listo¡ podía él llegar.
La hora transcurría. Muchas veces levantó los ojos ha.
cia El péndulo con mirada impaciente, muchas veces fué
hacia la ventana en una ansiedad que no dominaba. 1-'or
fin el rodar de un coche se hizo oir, el trote lejano de un
caballo. El ruido se aproximó; después, ante la puerta,
detú vose bruscamente.
Una triunfal sonrisa alumbró el rostro de Beltrana.
Bien pronto Fernando apareció en el dintel del salón,
con el deslumbramiento un poco torpe del homore que
sale de las tinieblas y á quien las luces deslumbraban .
Entonces, con las dos manos tend.idae, ella fué á éJ. El
golpe fué teatral, y la maga que lo había preparado podía
gozar del éxito de su mIBe en scene. Embelesado, Fernando la m:raba con sus ojos ardientes.
Durante el trayecto de Pontarlier á Lausanne, él se había preparado á escenas más dramáticas, á recibir los
adioses de aquella incomparable amiga. Se había golpeado el pecho murmurando un rnea culpa mezclado de con·
trición y de fatuidad.
Contrición, fatuidad, todo desaparecía para dar sitio á
un deseo loco de tomar á la bien amada entre sus brazos
y estrecharla contra su corazón.
Ella le atrajo hasta la medianía del salón, bajo la luz
de las bujías, áfin de que él puW.ese mejor mirarla; le mi raba con una dulzura pérfida, con la cabeza echada un
poco hacia atrás, como si tendiese los labios á sus besos.
-¿No me reconocéis ya? p1eguntó ella con una voz súbitamente entristecida, me censarais entonces, mi ú nico
amigo, que no sea una lamentable moribunda? Yo goza•
ba tanto de antemano cou vuestra sorpresa y con vuest ra
alegría¡ tantas veces habiais deseado mi curación!
Ella se había aproximadü muy cerca deél, tan cerca,
que respiraba el perfume que exhalaba de su cabellera.
- y ahora que me véis curada, lanzó estas palabraa co·
mo un himno de alegría, parecéis apenado y descontento.
El había llegado á dominar su emoción.
-¿Por qué ese llamamiento tan lacónico? Dijo severamente.
-¡Ah! exclamó ella, ya hablaremos más tarde¡ reposad por ahora, calentaos, después platicaiemoa como en
otro tiempo.
Y le llevó hacia el Wt -: á lb.e sentándose cerca de él.
-Pobre amigo, que rapido viaje acabaia de hacer por
mí, con este tiempo de nevada!
Y como ei ella hubiese comprendido que ese dpido

DOMINGO 6 DE JUNIO DE 1897

viaje merecía una recompensa, le puso en las manos sus
dos manecitas, y repitió:
-¿Me censarais?
¿De qué hubiera él osado censurarla? Acababa de ha·
-cer, es cierto, con la nieve y el frío un desagradable viaje. Y estaba aterido y un mucho medroso por su preEen-

EL MUNDO

homeópata encontrado por casualidad le había dado a] .
gunos glóbuloe. El resultado fué sorprendente. Entonces
le vino el peneamiento de dar una sorpresa al fÓlo eér
que se interesaba por ella en el mundo, al sólo amigo que
tenía en la vida.
A menos de tener un corazón de ti!re y aun de tigre

,.

Comenzaba á presentir la liga de familia urdida contra ella y qué urgente era intervenir.
Fué anunciada la comida, y ella tomó el brazu de su
huésped, con una gracia zalamera.
-Comeremos juntos esta noche para festejar mi resurrección.
Est-a comida naturalmente f1,1é exqui!=ib . Cómo pudo

, ..j

¡_

tir, le hicieron inquirir el nombre del médico que habí
flperado este prodigio. Ella respondió con complacencia,
discurriendo act&gt;rca de la medicina homeopática, y EObre
su maravilloso poder; después le preguntó á su vez,
No había pasado un cuarto de hora cuando habían
vuelto ya á la intimidad de otro tiempo. El le ca.ataba
por menudo sus negocios desde la explotación del bosque
de lod Lanues hasta el retrato de Santa Inés.
-Decis entonces que los l\finoret no han quebrado.
-No1 sus primos los Daclan han respondido: son cincuenta veces millonarios. Por lo demás, era facil preveer
eso; mi tía Fourneron se alarmó demasiado. La quiebra
estaba casi conjurada cuando llegué á Pontarlier.
-¡A.h! dijo ella.

'•.•·

--

6

.,

P. ~~

'(_';,,' -

,.,,,.

~

timiento de un eterno adióe; la alegría de no haber eido
un asesino debió inundar su alma; pero permanecía can•
teloao y á la defensiva, sentía que el peligro estaba próximo y que la tierra temblaba bajo sus pasos.
Ella le explicaba su curación. ¡Oh! muy sencilla: un

alópata, no se puede censurará. u.oa. mujer porque un homeópata la baya curado).
La influencia del buen fuego que flameaba en la chimene$, y la influencia más penet,ante de dos manos que
opriDlfan las de Fernando, comenzando á hacerse sen-

~ua averiguar los manjares y los vinos que él prefería?
Un iatenso bienestar, una especie de beatUud lo invadían: después del frío, ese calor tibio de una pieza toda imprE'gnada del olor de los manjares suculentos. neepués de las fastidiosas comidas de familia, esa deliciosa
comida en tétl!-á-t&amp;e¡ después del roatro inexpresivo de la
aya, esa linda cabeza fina que le sonreía. Se volvía op•
timi1:.1ta y cesaba de censurará Beltrana que no se hubiese muerto por !.In abandono.
Omtifi:ttará.

•

�EL MUNDO

DOMINGO 6 DE JUNIO

DE ,891

EL

·ooMINGO 6 de JUNIO de 1Ssn

La inauguración se efectuó e l

Una hermosa escuela en Je•

O de Agosto del at'lo próximo

rcz ( Zacateca a.)

•

391

MUNDO

J?&amp;·

Notas ae la moaa.

esdo, confotme á un bontW
programa, y 1a fiesta resultó tan
81usa de seda pompadour. ( Flcura 1.)
Cumpliendo nuestro progra~olemne y animada como no
ma de dar á conocer á. nuesiroe
hay memoriaen aquella locali•
Está. adornada por seis galones de l~ntejue]a. Cuello
iect.orel!ó todo aquello que signidad de ninguna otra, por que tofique un esfuerzo progresista en
da la población ae prestó con médicis abierto hasta la cintura, sobre una chorrera de
México, aaí sea en la capital
guEio á cooperar á ella en cuan- encaje de seda cruda, cin.turón de listón guinda..
como en la población más peto fu é necesario, habiendo estaTraje de calle. ( Flcura 2 )
quena del vasto territorio, pu•
do concorridíaimos esí el baile
blicamoe hoy la fotografía de un
que para los partic11lares se dió
Este trajE, cuyo correcto estilo embel1ece el cuerpo, es
hermoso edificio que en el paren el salón de la escuela, como
de diagonal de lana negro, y rn abre Eobre un chaleco de
tido de Jerez, Estado de ZacaPi que para el pueblo tuvo veri•
rae.o blanco con un pequeno volante en la. cerradura;
tecae, se inauguró, y que por
.6.cativoenel tea'tro1
múltiples razones merece que le
Es digno de todo encomio el este chaleco se adorna con cintitas de terciopelo negro y
coneagremoe algunas lineas¡ y
celo y eficaz empeflo del .Jefe botoncillosde,concha quemada. Cue llo de ra.so con cin-el retrato del Jefe Polftico del
Político, señor Cabrera, al cual
mencionado partido, al cual ee
¡¡e le debe, entre otras muchaa
debió la importante mejora.
é importante obras públicas
La relación de los trabajo3
realizadas en breve periodo de
emprendidos hasta el corouatiempo, esta mejora que por tomiento del edificio, ofrece notas
dos conceptos merece encomio.
inetrucctivas é intereeantes, así
Para terminar, transcribimos
por la perfección del trabajo en
las siguientes frases en que un
un medio en que se carece de
cronista zacatecano da cuenta
numerosoe elementos familiade la impresión general que caures en loe grandee centros, como
EÓ el edificio.
por la notable economía con
Al descubrirse la fachada, diqne ee llevó á cabo la obra y la
ce, no obstante la poca persenergía de que su iniciador depectiva que ofrece por su situabió dar pruebae.
ción, ee reveló en todos los rosEl edificio en cuestión, eetá.
tros de loe visitantes la más viva
fincado en el terreno donde
y grata sorpresa, manifestando
existía la primera escuela públique la. impresión que sentían á
~a que se estableció en Jerez, y
la vista de tan grandioeo edifiuna \'ez acordado por la asam- Sr. Pedro Cabrera, Jefe Político del Partido de cio,
era verdaderamente inesblea mu:!!cipal la nueva coneJerez ( Zacatecaa. )
perada., pues les parecía ver al-trucción, se derribó la ruinosa
[Véase e1 arttcu1o relativo}
guno de los hermoeos y gallary antigua finca que alu había, y
dos edificios con que se eugalael señor Ateoógenee Cabrera,
hermano del Je[e Político Don P~dro Cabrera hizo la nan las pintoresca.s capitales de Europa.
Et relieve de cantera es exquisito, y su decorado inte·
distribución y el plano para la nueva, y el maes,ro albarior y su pintura espléndidos: tiene dos espaciosos salones
nil y cantero, Dámaso Muñetón, el dieetlo del edificio
cuya construcción fué llevada á cabo por el mismo 1iru: como para contener cada uno treecientos alumnos, y no
netón, quP. es un modesto, entendido y honradisimo ar- obtant.e que su construcción se hizo con la mnyor econo·
tesano, á cuyo cargo corrió la dirección de las obras de mía posible, que la piedra es demasiado barata por encontrarse en lae cercanfa.s de la ciudad, y que la. mayor
cantería y la de albañilería.
Comenzóse á abrir loe. cimientos el día 18 de Junio de parte de manufactura se hizo con el trabajo de los correc"94, dlindoles uoa profundidad de 2 metros que se cotma- cionalee, su costo fue de gran valor, según la cuenta ren~
roo con piedra y mezcla, ye117 de Julio siguiente seco• dida por el Jefe Político.
locó la primera piedra de sillar.
Fia;ura l.
Toda la construcción es de cal y canW, y de sillería la
parte exterior, teniendo una altura de 13 metros 10 cen1.ímetroe del piso al extremo de las almenas; t1einta me-El es necesario es duro, pero es únicamente por la tas y encaje. Cinturón y solapas de moiré. Ma.nga ente•
tros de frente y diez y seis FU'3 costados.
práctica de este u necesario, como podemos atestiguar ra, de corlo bullón y encajes negros en el borde. La fa}.
El orden del edificio ea g6t.1co puro, con ricas y vistosas nuestro va 1or moral. Vivir al capricho no supone ningu- da va adornada en el lado izquierdo, por media quilla de
almenas. Tiene dos piaoe, y multitud de ventanas lo circintas negras con botones de concha quemada.
na superioridad,
cundan dándole bellisimo aspecto.
Gccthe.
Doa trajes de paseo. ( Figura 3.)
El interior tiene treE corredores, á Jo .. que corresponden tres puertas del salón, dos de otras 1antas piezas,
'1Da del excusado y el arco de entrada, eiendo iguales los
El extremo dolor tiene su misterio de pudor como el
Hermoso traje de sarga blanca adornado con tercio,departamentos de uno y otro pi::o, en 10s cuales están extremo amor.
pelo azul obscuro. Cuerpo blusa, abierto sobre uo. taLamartine.
lle de imrga. rayada de azul y blanco. Unos picos de ter·
inEtaladaa las escuelas números 1 y 2 de nif'iai.=-.
El costo del edificio en dinero fné de $11,79-1 31 cenciopelo azul, formando el bolero, y cintae azalea lo comtavos, lo cual supone una admirableeconomia, aun cuan•
pletan. Yueltas y pufiot&gt; de terciopelo azul con cintas
do falte que valorizar el eficaz concurso preetado por el
blancas. Manga con dos volantes adornados por cintas
.:ayunt.amisnco en diversas formas.
angostas de terciopelo azul.
Traje d~ cheviqt perla. ( Fia;ura 4. )
Este traje, que tanta acogida ha tenido1 es de soma
sencillez pero mucho gusto; pues todo su adorno consiste en cintas negras acordonadas y diepuestaa en la forma
que nuestro grabado indica. En lo alto del talle, una serie de alforz,s cruzadas., y un rizado de muselina de seda
en el cuello.
Cuerpo blusa para jovencita. ( Fia;ura s.)
Este vistoso traje es de te la. escocesa color de rosa,
adornado con un cinturón á dos picos, de terciopelo ver•
de, cuello de terciopelo con una rosácea por detrás.
Blusa lara;a. ( Fie,ura 6. )
Esta blusa es de tela indesplegable encarnada, y va
adorna.da con listón de raso negro. Cuello y cinturón con
lazo negro.
Blusa con fíe,aro. (Eia;ura 7.)
;¡..

Este eleé ante traje es de seda china blanca, con cuatro
bulloncitos formando canezú. Manga alforceada de la
misma tela. La chaquetilla es de cachemir blanco y cintas de lentejuela.

i •.

,.__

n 'J'l"¡;~ij\";

'f~

LECTURA PARA LAS DAMAS

Admlnlstraclón y aumento de la renta en la familia.
EL T IU Jl.\J0. -1. AS DE UDAS

i!a risa.
t.:uadro d e S t . G e orge Hn.re, R. I ..

Una escuela primaria en Jerez Zacatecas. Exterior del edificio.

{Véase el artlculo relaUvo,1

Queremos suponeros al a.brigo de la.e necesidades y aun
en cierta comodidad y dcscanso; esta será una razón pa•
raque este consejo de traba.jar no eea para vosotras.
Tened cuidado: si no tenéis necesidad de trabajar para
vivir actUJ\lmente, sí tenéis necee.id.ad para oc11paroi, pa•
ra no dejaros devorar por el fas tidio, invadir por la maledicencia y dominar por la sensualidad.
Cuando el angel de l trabajo es lanzado, 6 por lo menos
abandonado, es el de monio de la. ociosidad y de la tan-

�EL MUNDO

DOMINGO 6 DE JUN!O DE 1801

gaisdescanso, hasta no habarla cubierto. o~
diremos después, cómo puede hacerse esto.
Una deuda en le. economía doméstica, es
como un desgarrón en un vestido: va haciéndose más grande ·si no se le rep,ua. inmediatamente.
APARTAR UNA CANTIDAD FIJA DE ANTEMA:-.O

Velad no sólo en no traspasar vueetras
rentas, sino también en buscar el medio de
apartar, "e.da afio ó cada mes, una pequt&gt;ña
suma.
Esta es la parte que debe subvenir á los
accidentes imprevistofl, á las enfeTmedades
algo largas, á las pérdidas de loa bienes ó d1:.-l
dinero.
Esta es también la parte que proporciona
los goces íntimos del alma y del corazón, que
ea necesario no ver con indiferencia en una
familia.
Bordado festoneado para sábanas de niños pequeños.
11Si alguno quiere, dice Bacón, ponerse á
nivel en sus negocios, su gasto no debe pasar
de la mitad de sus rentas, y si quiere llegar á ser rico, no debe ocurrir las quiebras que de improviso vienen sobre laeconomí:\
pasar de la tercera parte. 11
domfst'ica, y destruye toda el bieneetar de una casa, si no hay
Ea~ ea algo, exigente, y y~ no quiero que vayais hasta allá; alguna reserva para hacer frente A las necesidades primeras; ni
pero s1 desea.na que en un rincón de vuestra caja hubiese una sobre los gaetoe ocasionados por una lar~a enfermed~d, que imbolaita ocu!ta que llenarais lo más que pudiéseis, cercenando de pide el aumento de la renta que proporciona el trabaJo, y absor•
algunos obJet~e .de fantasía y ~e P!,lro lujo, según os lo permitie• ve una gran parte de loa recursos ordinarios.
se vuestra pos1c1ón, y cuya pr1vac1ón no turbara, ni vuestro sueEstas reflexiones serían menos comprendidas á vuestra edad;
fio de en la noche, ni vuestro buen humor del día.
pero ¿no es cierto que hay momentos en la vida en que es ntce.No me fijaré aquí ni insistiré, sobre las desgracias que suelen sario mostrarse más geueroso?

~LA FRATERNAL·sa

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:ompañía de Se.guros de Vida yaccidentes

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:;

La mejor preparación para conservar,
restaurar y embellecer el cabello es

.I&gt;

en o

..s op
!

1),

El Vigor del Cabello li a
s:ci'
del Dr. Ayer. !ii
•p. p••
¡;
Conserva la cabeza 1ibre de caspa,
o..,
u a
sana los humores rnole5tos é impide
CS

Figura a.

tasfa quien ocupa su lugar; y la ociosidad y la fantasía
arruinan á las familias más opulentas.
Tenéis necesidad de trabaja?' para obedecer el preoep•
to de Dios, que quiere que toda crea.tura trabaje.
Tenéis, ea fin, necesidad del trabajo, para no caer en la
miesria.

Sin duda que habrá quif'n trabaje y reuna lo necesario para vosotras, y nosotros no os consideramos por ahora, sino como encargadas de la conservación de una renta que ee os suministra; pero si perdéis el amor al traba•
jo, perdéis la vigilancia, la exactitud, el amor al orden,
que os son tan necee arios ...
Dejaréis así algunos vacios introducirse en vuestra casa,

Figura 3.

y para cubrir eJ&gt;.o.~ h,te('OIJ recurriréis á. los pré3tamoa y á
las deudas.
¡Desgraciadas de vosotras entonces!
c. Viene á nuestra memoria una madre de familia, moribunda, que en sus últimos momentos daba este último
consejo, como el mris importante de todos: ¡Al menos, hija
mút, que no haya deudas!
Y esto el:!, sin embargo, en lo que vienen á parar las
personas que desprecian esa regla tan sencilla y tan ele -

Figura 1·

mental, de la división precisa y escrupulosa de las ren•
tas, y que no eaben limitarce para no traspasarlas.
No hagaifl, p11e1:1, adquisición alguna, por ineigoificaot&amp;
que Bf'a, sin saber bien si podéis hacerla con la renta·que
tenéis. Esperad, economizad, calculad,
Obligaos estrictamente, al.fin de cada mes, no me atrevo.
á. decir aljin de cada semana, á poner en regla vuestras
cuentas, á practicar la balanza de vuestras entradas y de
vuestros gastos, para deteneros á tiempo, sobre una pen•
diente tan resbaladiza como las de las necesidades facticiae ó de los atractivos de la vanidad.
l Si apercibís un déficit ó una deuda, no dilatéis ni ten-

la caida del cabello. Cuando el
cabello se pone seco, claro, marchito
6 gris, le devuelve el color original
y su contextura, cstiurnlanJo un
nnevo y vigoroso cn·cimil&gt;nto. Doquicrase empica el Vig,irdrl Cabello
del Dr. Ayrr, snphwb. t01la.s las
dcrn'.l.s pT&lt;&gt;pnra.rion&lt;'S y pa~a. ft RPr t&gt;l
üwurito de las sellaras y caballeros.

El Vigor del Cabello
del Dr. Ayer
PREPARADO POR

Dr. J. t. AYER y Ca., LoweÍI, Mass., E. U. A.
Medallas de Oro en las Principales
Exposiciones Universales.

Ol

li&gt;..,
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MEXICO-Call" d11 s .. Felipe Neri 7. Apiutado Postal 7á0.-MEXICCI

RESTAURADOR

'O'NIVEIS4L DEI.

CABELLO

PREl'llllDO 1'011 EL D11.T ORREl DE PAlll!t

"

V

UTILIDAD DE LA 81.:~fÁ APARTADA

Cuando dichoso se considera uno con tener
algunos ahorros y poder Eacar de alli con amplitud, sin que nadie, en torno nuestro sufra
por ello, gastando de ese fondo reunido con
nuestras ligeras: privaciones, cuando se trata
por ejemplo, de una buena obra imprevista
que salva el honor, la libertad, y algunas veces la vida á una familia, y obliga hecia nosotros, para Eiempre, algunos corazones agradecidos, ó cuando se trata de un placer ino•
cante que se presenta y nos deja gratos recuerdos de alegria: 6 de un viaje por largo
tiempo soñado y que arroja una delic1orn variedad en la monotonía de la vida; ó de recibirá aquellos antiguos amigos de otro tiempo,
que ae detienen en la cas'8 tanto cuanto ellos
quieren permanecer y cuya presencia regocija
el corazón: ó ya, en fin s1 se trata de un precioso ó útil regalo hecho á un miembro de la
familia que hacía tiempo lodeeeaba y que nn
podía adquirirlo: tal puede ser un vestido conveniente para una anciana pariente; un cómodo sillón para el abuelo enfermo; unas flores
exquisitas, ó un cuadro de buen gueto y de
valor para un hermano .
Ahorrar algo para tener estos goces del alma, no es privarse de algo, sino procurar la
dicha¡ y vosotras podeis decir cada vez que aumenteie vuestro peculio de reserva: Esto es
para comprar la dicha.

"-. ouTINE
tlJ

PG!Yodt A1ru1 e.spec1al preparado COA limito.
HIGIENICO,
ADrtERENTE,
INVISIBLE
la il:tpo1ir:iÓZJ IJniveual dt 1888.

e~. FA V, Perfumista, 9,

Ruede la Paix, París

_t"?

lola IJer:ompeZJ:ada

(Guardarse de /as Imitaciones y Fa/sificac1ones. -

:r!:amoA
ONICA PRBPARACION
P!RA. RESTABLECER, VIGORIZAR Y HERMOS!AR EL CABELLO.
Uil'IDE LA PREMATURA CAIUA DEL PELO,
EmA LAS GANAS Y LlllPU. LA CJ.BIZ.1.
PRKFERJBLE A TODA PREPARJ..CION DE QUUU

Figuara ! •

Figura 6.

Figura ~.

Df VENTA EN TODAS LAS OROGUERIAS YPERFUIElllll

SentencM de 8 de Mayo da 1875).

li:SPECU.t. do AFEI'l'ES do 'l'OCADOR P•r• PASEO y 'l'EA'l'ltO

CREMA CAMELIA, CREfflA EMPERATRIZ.
ROJO y BLANCO en cbnpetu.
ROJO rEGETAL en polvo.
LÁPICES eapeclalea parn ennegrecer peataliaa y

.POLVOS para en:pob·nr

los cabellos. Blondo, blll.Dco,
oro, pl:.ta Y Jlame.nte.
BLANCO de PERLA en polvo, blanco, r0080, Rachel.
ce)aa.
POMADA ROJA para los labios, en botes y e11 rolloa.'
Los Prndoetos de CH. FAY se encuentran ,n el Mundo entero, en casa de los Principales Perfumistas J Droguistas.

�•

roMo 1.

MEXICO, JUNIO I3 DE I897.

i!a catásfrofe

NUIIHtRO 24.

ae F'uebla.

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De•pués del ••nlcstro.

LACATASTROFE DE PUEBLA

EL Mmmo Iluat.rado da hoy el lugar preferente á a}g1,.•

nos grabados relativos al tremendo siniestro que sembró
la consternación en la ciudad angelopolilana.
Los elementos que el hombre crea para vencer y enca-denar la fuerza ee vuelven con,ra él. Prodúcese constantemente la rebelión de los cosas contra los seres, y la
tremenda desgracia en que nos ocupamos ea una prueba
más de esto. ¡Oh! la lucha perenne de la inteligencia
,con la íuerzal Vino el hombre al misterio de no eé qué
eelva terciaria, inerme y rudo¡ sin más armas que sus
músculos, menos formidables ¡ay!, que loe de la fiera 1 y
la epopeya de su vida empezó desde entonces. Arrancó
al_árbol ene ramll!!, al sílex sus guijarros agudos, á las

(Fotograf1a de Lorenzo Bcccrril.-Pucbla. )

plantas sus venenoe, en pos siempre de una fuerza que
ee aliara á en fuerza, de una unidad que Ee snmaee con
su unidad, y cuando el v:go .. misterioso de unacoea vino
en 6U au.silío, sofi.ó en conquie'8.r el vigor de la otra.
Fué una eoberCia brega, cuyos fines paulatinameote 'ee
engrandecieron. D~apués de las fuerzas inerte,, le.a fuerzas vivas de la tierra, q •1e se mueven, se compenetran y
obran. Deepuée de la eaeta y de la rama deecuajada, del
bronce y del hierro, la electricidad y el vapor, la p6lv&lt;r
ra ciega y el rayo inLeligente......
.
Mas no están del todo vencidas las coeas. Hanse reservado. eo mediri de la sumisión aparente, el derecho
de rebelión, '!" en inopinado esfuerzo, la corriente encauzada mata, el \"&amp;por desparrama en bri7,;oas homicidas
los proyectiles de las caldera.!!.

•

**

Una caldera vieja, sometiJa á una tensión máxima,
que estalla en una U.brica angelopoli\ana, y he ahí la
catástrofe. La fatalidad escoge el momento oportuno en
que pueden caer más vidas. Y saltan informe,, impuleados por loco impnlao los miembroe convuleoe, óyese
un grito, el grito unánime del terror y la desolación, cae
todo en derredor convertido en eecombroe. Loe muroe
vacilan y se desploman, y pocos minutos después, la mul•
fü,ud dolorosamente ávida se agolpa al borde de loa
escombros humeantes donde han bailado sepulcro innúmeros obreros!
¡Lloremos eobre la desgracia de nuestros hermanos,
Joe pobres, y únase nuestra conmiseración al llanlo del
obrero!

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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roMo 1.

MEXICO, JUNIO I3 DE I897.

i!a catásfrofe

NUIIHtRO 24.

ae F'uebla.

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De•pués del ••nlcstro.

LACATASTROFE DE PUEBLA

EL Mmmo Iluat.rado da hoy el lugar preferente á a}g1,.•

nos grabados relativos al tremendo siniestro que sembró
la consternación en la ciudad angelopolilana.
Los elementos que el hombre crea para vencer y enca-denar la fuerza ee vuelven con,ra él. Prodúcese constantemente la rebelión de los cosas contra los seres, y la
tremenda desgracia en que nos ocupamos ea una prueba
más de esto. ¡Oh! la lucha perenne de la inteligencia
,con la íuerzal Vino el hombre al misterio de no eé qué
eelva terciaria, inerme y rudo¡ sin más armas que sus
músculos, menos formidables ¡ay!, que loe de la fiera 1 y
la epopeya de su vida empezó desde entonces. Arrancó
al_árbol ene ramll!!, al sílex sus guijarros agudos, á las

(Fotograf1a de Lorenzo Bcccrril.-Pucbla. )

plantas sus venenoe, en pos siempre de una fuerza que
ee aliara á en fuerza, de una unidad que Ee snmaee con
su unidad, y cuando el v:go .. misterioso de unacoea vino
en 6U au.silío, sofi.ó en conquie'8.r el vigor de la otra.
Fué una eoberCia brega, cuyos fines paulatinameote 'ee
engrandecieron. D~apués de las fuerzas inerte,, le.a fuerzas vivas de la tierra, q •1e se mueven, se compenetran y
obran. Deepuée de la eaeta y de la rama deecuajada, del
bronce y del hierro, la electricidad y el vapor, la p6lv&lt;r
ra ciega y el rayo inLeligente......
.
Mas no están del todo vencidas las coeas. Hanse reservado. eo mediri de la sumisión aparente, el derecho
de rebelión, '!" en inopinado esfuerzo, la corriente encauzada mata, el \"&amp;por desparrama en bri7,;oas homicidas
los proyectiles de las caldera.!!.

•

**

Una caldera vieja, sometiJa á una tensión máxima,
que estalla en una U.brica angelopoli\ana, y he ahí la
catástrofe. La fatalidad escoge el momento oportuno en
que pueden caer más vidas. Y saltan informe,, impuleados por loco impnlao los miembroe convuleoe, óyese
un grito, el grito unánime del terror y la desolación, cae
todo en derredor convertido en eecombroe. Loe muroe
vacilan y se desploman, y pocos minutos después, la mul•
fü,ud dolorosamente ávida se agolpa al borde de loa
escombros humeantes donde han bailado sepulcro innúmeros obreros!
¡Lloremos eobre la desgracia de nuestros hermanos,
Joe pobres, y únase nuestra conmiseración al llanlo del
obrero!

�EL MUNDO

DOMINGO 13 DE JUNIO DE 1&amp;97

Política {!i,tncral.

tremendas inculpaciones. Hay en el íondo de la multi·
tud-y á la multitud pertenecemoswdos-un oculto pro•
Te16fo.ao 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b. pagador de la inflexible ley de Talión: ojo por ojo y
RESUMEN.-Las repúblicas latíno-amerlcanas.-Si.
dien'8 por diente.
J(ÉXICO
eatructura politíeo•soclal.-Sus convulsiones peLa penosa sensación que la Jectura de es~ drama nos
Toda la correspondencia que se relacione con la Reri6dlcaa.-La dimls16n del Presidente del Brasil.
iacción, debe eer dirigida al
provoc61 sólo se hubiera aplacado fijando la reeponeabi•
Director, Lle. R.af'ael Reyes Spindola.
lfdad, haciendo comparecer á un acusado ante el revuel•
-Luchas de los partldos.-Guerra sin cuiutel.Toda ]a correspondencia que se relacione con ]a edición to tribunal de la opimón pública. Y de aquí la peraiatt:n•
Dcfecclon antl-patri6tlca.-La crisis española.debe ser dirigida al
cia con que se ha senalado á. los dueflos de la fábrica en
Conservadores y llberales.-Cánovas y Sa1,asta.Gerente, Lle. Fausto Moguet.
que se produjo el lamentable incidente como los culpa•
EI peli1,ro se aplaza.-Conclusl6n.
La subscripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al
bles, criterio que, pasando de los comentarios del aire li·
mea, y se cobra por trimestes adelantados.
bre, ha tenido el privilegio de ser acogido en las colum•
Números sueltos, 50 centavos.
Aáentadae en suelo volcánico, frecuentemente sacudí·
nas de 1a pretsa.
Avisos: á razón de $30 p1ana por cada publicación.
do por convulsiones genésicas, ]as repúblicas latino-amePara nosotros e] caso no es nuevo, y al ocuparnos de la
Todo pa1,o debe acr preclaamcnte adelantado.
ricanas sienten y experimentan á menudo loe eetremecatástrofe de Puebla aplicamos el mismo principio que,
lÚ::GJffl'RADO COMO ARTÍCULO DE s.EGONDA CLASE.
cimieatoe de ese fenómeno, y ee miran agitadas' por con•
con gran eacánda;o de algunos-,sostuvimos al examinar
vuleionee políticas, semejantes á las que agitan:laa entra .
el siniestro de Temamatla: dramlB como éstos son el tri•
flaa de su tierra virgen.
buto pagado á la civilización, y las victimas anotadas en
Nacidas ayer apenas, entre los dolores agudos y los
lista representan la pérdida necesaria en toda gran em ·
cruentos eacrificioa de la guerra de independencia, han
presa que tiene como base el progreso. Semejante aser·
recorrido, ea relativamente breve espacio, la distancia
No nos podemos explicar las agresiones de que está to no debe tomarse como el producto de un implacable
que separa la colonia sierva de la nacionalidad soberana
siendo objeto e] progreso periodístico nacional. Parece
fatalismo, eino como el resultado indiscutible de un ea·
anhelante de progreso y bienestar. Pero en las lucha~
que lo que debiera ser objeto de sinceros plácemes por tado eocial, base en que están sostenidas todas nues·
que han debido sostener para alcanzar esa meta, en los
parte de las personas amantes del avance de una indus• tras aspiraciones.
combates que bao debido librar para despojarse de sus
tria, provoca un sentimiento opuesto y no es raro tropeNo hace muchos años que un inteligente escritor ex•
vicios tradicionales y acomodarse á. las condiciones de su
zar con artículos vehementes contra el abaratamiento tranjero que residía en la R•pllblica, organizó una camnueva vida, no habría sido posible que desde luego ob·
pafla en forma para abogar p'&gt;r una le!f de r1'.~pmwtbilidrul
de la hoja impreea.
tuvieran la estabilidad que caracteriza á. loa viejos orga•
)lucho ee ha combatido en favor de la reducción en el intlw4rial que, en desgracias como la de ahora, estable•
niemoa socialee 1 curtidos en la brega y amaeetrados por
precio del papel para la prensa, pero cuando una empre• ciera fuertes indemnizaciones. El:Jta legi"!lación existe en
las ensefianzas de su expt,riencia diez veces secular.
ea decide convertir e] diario de artk•lflo d1· fojoen produc• algunos países extranjeroi:i, en donde loe fabricantes son
Por eso se las ve moverse con todo el vigor de eue
to de primera neresidad, ee alarman los ánimos y se escri- los que satiefacen la ¡,hdida wnaaria aparecida en la su•
euefios juveniles, buscando hermosos ideales, postrán ·
ben artículos formidables contra tamaf'i.o ateutad0.
ma total de las 11JilidadrR sociales. Pero lo que sucede en
La verdad es que el periodismo nacional ha sufrido otros pai.see no ocurriría, deegraciadamente, en )léxico, dose á veces, insensatas, ante los que llamaba mona·
truos el dfa anterior, y derribando, impías, loe ídolos que
una provechosa transformación de hace diez afios á e11ta cuyas condiciones económicas soa muy distintas á las de
parte, y los primeros que debieran congratularse son los los Estados á que ee alude. La propuesta l.ry de respomri- veneró con ciega adoración. Es que los elementos de esos
complicados organiemos aun no alcanzan su verdadero
miemos que se indignan y protestan: loa periodistas.
f,ilid1idex constituiría un gravamen que habría de so•
Yerdades que el actual progreso de la prensa reclama por portar el asalariado 1 ya bastante deprimido por la bara- equilibrio, y pugnan todavía en rnda competencia por
parte del escritor público energías y actividades á. las tura de loe jornales. Tal legislación no vendría á. ser más obtener su propia colocación sociológica 1 á fin de adap·
tarse empíricamente á. la fuoci6n que á. cada cual correa•
que antai1o no estaba acostumbrado.
que una de tantas medidas inspiradas por una plausible
Y esto es lógico, porque la prensa mexicana no se ha• :filantropía, P'-'ro que, solo expiden para daflar honda• pande en el complicado mecanismo de las nuevas socie•
dades 1 tan difícil de sei1alar en los pueblos jóvenes, don.
Haba constituida en aquella época por periodistas 1 sino menteálaBclasesque se trata de favorcecer.
de
Joe apetitos son más desenfrenados, las pasiones más
por hombree coaeagrados á la política y que hacían del
En Europa y los E3tadoe Unidos, la tarifa de los sala•
violentas,
y la concurrencia vital más encarnizada entreperiodismo un medio para alcanzar determinados fines.
rios sigue hace anos una marcha ascensional y el capilas
agrupaciones
que con tendencias políticas t1atan d&amp;
En la actualidad, el periodismo es un medio de vivir, talista va reduciendo sus utilidades. En México, los jor•
que permite, por lo tanto, que el iniciado en esta tarea t&gt;.alee permanecen ettacionarios hace buen número de aduei1arse de la situacion para convertirse, no en los di·
se consagre totalmente á ella, haciendo abstracción de años, y al amparo del proteccionismo Jos industria• rectores, sino en los explotadores de las nacionales energías.
toda otra dirección del e~píritu.
les ponen precio al trabajo nacional. El iluetre econo·
Semejante hecho indica que ya ha habido una diferen- mista Cobden, formuló un principio para dejareetableci•
ciación muy sensible en la labor periodística, que el pll·
Acosado el Preaiden'8 de los Estados Unidos del Brado e] monto de los ealarios: Cuando dos obreros c01rJn
blico ha apreciado en todo su valer, ya qu,e él ha !ido el detrás de un patrón, los jornales b!ljan; cuando dos pa- sil por las luchas de los partidos, que han abandonado.
que por una demanda más actíva, ha impulsado á las em• trones corren detrás de un obrero, ]os jornales suben.
los sangrientos campos de batalla para buscar la palestra.
preeas editoriales á mejorar la mercancía. As!, las censu• Pero en México hay abundante demanda de brazos, y el de loa gabinetes; cansado del combate diario con los imras que se enderezan á estas empresas, deberían dirigir- tipo del jornal permanece invariable y pasa de padres á pacientes que todo lo esperan del trabajo de un día, con
se al público, qne hadado la razón á los editores de pe• hijos, como la maldición bíblica, de generación en gene• los jacobinos que pretenden levantar grandiosos edificiosriódicoa que se han lanzado á la gran circulaci6n.
ideales sobre las humeantes ruinas del pasado, sin atenración.
Por lo demás, es sencillamente infantil sostener que
Y este hecho que ha persistido en contra de una ne• der más que á sus hermosas concepciones, y olvidá.ndose
el periódico ha de tener un precio elevado en un país en ceBidad económica, no podría ser destruido en virtud de enteramente del medioenqueeeagitan;con los tradicio·
que loe Ealarioa son bajos. Seis cenWt•os, gastados en un una disposición legielaLiva. Para el trabajo de las fá• nalietas que suenan con la inmovilidad petrificada deperiódico, repreEentan para un trabajador mexicano un bricas sobran fuerzas some~idas á la ruda condición ecc .. los tiempos que fueron, cerrando los ojos á la Iuz y los.
promedio de más de un diez por cientrJ del jornal pagado, n )mica que pesa sobre ellas oom-J una plancha de plomo. oídos a los clamores de los pueblos que piden con ansia
poco menos de lo que un obrero de otros países (tipo al- U oa legislación sobre respo,uabilidadu, aprovecharía á un la satisfacción de sus necesidades; con todos, porque no
sariano) gasta tn curne.
pequef\o grupo, pero perjudicaría á. 1a gran masa de loe se contentan con la prudente marcha que ha seguido en
Cierto que el asalariado mexicano casi no come caree, trabajadores nacionales.
su política: dicen que acaba de :presentar renuncia depor cuya causa los periodísta.s que lamentan á diario es•
Los pueblos compran su progreso con dinero 6 sangre su alta investidura.
te hecho siniestro, no tienen inconvenien~ en proponer -ha dicho un escrit.or. México no puede comprar con
Cuando ascendió al poder el setlor Da Moraes por el
que el periódico sustituya á la alimentación.
voto gen"ral de los pueblos braailero::i, acababa de ser
oro todas las ven\ajas que la civili1.:ación ha difundido
Rl peri()dico barato triunfará, sin embargo, dt, sus ad· en sus arterias; por eeo está obligado á pagar, algunas
vencida la reacción que acaudillaba Saldanha da Gama,
versarioa, como han triunfado todos lo!! progresos indus· veces, con sangre.
la restauración monárquica había recibido mort:1.l golpe
triales á través de loe tiempes y en medio de las tempes•
en la provincia de San Pedro de] Sur, y los radicales más
Et.to es siniestro, pero es verdadero!
tades de odios que su aparición ha provocado.
avanzados se pavoneaban orgullosos de poder, con ese
Combatir la disminución en el precio de un artículo,
motivo, desarrollar y dar vuelo á sus fanatismos odiosos,
es ir contra loe fines de la civilización, ctrcunscritoa só·
arrasando viejas instituciones, desarraigando tradiciona..
NO es el fomenino de SI.
Prortrbio húngaro.
lidamente en una ley económic.a: el mayor número de
liemos anejos, y rompiendo con Wdo el pasado sin respe·
necesidades eatisfechas, á costa del menor esfuerzo realitar siquiera lo que merece veneraci6ná la luz de un crite•
zado.
rio sano.
La mllsica es la literatura del corazón, comienza don·
Vencida la reacción, más no domada, ha espiado la
de concluye la palabra.
oportunidad
de vol ver con provecho al colllbate, ha de·
:Ca rnh\51rofc ~e l}ncbln ij ti trnbnio nacional.
Lamartine.
jada Bus armas melladas, y, acomodándose á las nuevas
La catástrofe de Puebla ha llenado la semana con los
exigencias del nuevo orden de cosas, ha buscado en 103
La hipocresía es el bomenaJe tributado por el vicio á
fúnebres estertores de los moribundos y el golpe seco de
parlamentos y en loe gabinetes el camino del triuufo.
la piqueta removiendo los escombros. La impresión ha la virtud.
Mas como para esta facción, con tal de llegar al fin ape•
Lord Bt'acon~eid .
sido tan violenta que, pasado el primer momento de es•
tecido, son justificables todos los medios, por reprobados
tupor 1 loa espíritus, por una tendencia muy humana,
que parezcan, no ha cesado de soplar en la hoguera. que
La miseria es una furia enamorada de] genio.
han pretendido buscar al respons:t.ble de esta tragedia
encendió el íanático~Coneelheiro, cuyas bordas ealyajee..
l'iclor
!fugo.
pura amontonar sobre él los cargos más severos, las rob
"EL lll'UNDO"
Semanario Ilustrado.

391

EL MUNDO

DOMINGO 13 DE JUNIO DE 1&amp;97

Natas tbitarialts.

~

Una nota incomµnnsiblt.

•*•

-

-..

._

•-

,.

¡...._-

LA CATASTROFE DE PUEBLA.-En busca de cadiverc•.

han agitado basta hace poco la tea de laditcordia, moa•
trando sus melenas birautas al fatídico resplandor de los
Incendios.

*
••

En esta situación, sin poder satisfacer las aspiraciones
de los unos ni ceder cobarde á. las exigencias de los otros,
el presidenie Da Moraes quiere retirarse del h'mroso
puesto en que lo ha colocado el voto público, ac&amp;1:o por
indecisioaee, máe que por caaeancio. No importa que las
tropas fielea del Gobierno hayan dado hace poco t.errible
golpe á los fánáticoa de Conselbeiro, que roWB y maltre·
chas, los que no perecieron en el campo de batalla, bus·
caron su ealvae1ón en precipitada fuga: el conflicto cona•
tante de loe partidos, la competencia inagotable de las
agrupaciones polfticae qu~daa en pie, y en pié 1a per•
plejidad á que está sujeto el Presidente del Brasil.
Ouando Casimiro Perier presentó su dimisión ante las
Cámaras francesas, creyéndo1:.e impotente para obsequiar
los clamores de loa partidos que alzaban sus múlt.iples
cabezas, todos consideraron su retirada como una verda·
dera deserción al frente del enemigo. Si Da Moraes, en
situación semejante, pero en distintos climas, en medioe
diferentes, en el suelo volcáuico de la joven .A mérica,
comete la misma defección que el estadista francés, será
responsable ante la historia y ante la sociedad, de las
conmociones que agiten la tierra brasilera, como canse·
cuencia de su retirada.
La República Francesa pulo ·pacíficamente salvar tao
tremenda crisis¡ los Estados Unidos del Brasil, donde
todavía las pasiones se sobrepouen al público bienestar
y las ambiciones personales á los intereses de la comuni•
dad, tal vez sean impotentes para conjurar la tormenta
que puede ocasionar ese act.o imprudente. En nombre
del patriotismo, en nombre de la salud pública, puede
pedirse al senor Da i11oraes, que permanezca en su alto
puesto.

(Fotografía de Lorenzo Becerril.-Puebla.)

En las graniee críeie, en los sacudimientos sociales, el
co):\arde se escurre, el héroe muere.

•*•

Contra. todas las previsiones, contra todas las esperaD •
zas, contra todos los temores, la crisis espailola eo vez
de re:10l verse en un cambio radical del gabinete conservador, ha sido como aplazada, quedando al frente del
&lt;iobierno el senor Cánovas del Castillo y, sin que baya,
por endr, el más ligero cambio, la más pequenaalteración
en la polít.ica que ha informado al gabinete de Madrid,
para la solución del conflicto cubano.
Las conferencias con el señor Sagaeta, jefe del pattido
liberal, las consultas con el general MarUnez Campos,
candidato posible para formar un mini~terio de tranei•
ción, loe parlamentos con los generales L6pez Domín·
guez y Blanco, ahasper9:onalidadea en el ejército y poei·
bles caadidat.os también á. la capitanía general de la Isla
de Cuba, todo ba sido infructuoso, y ha prevalecido en el
ánimo de la Reina Regent.e la conveniencia de depo!li·
\ar su confianza, toda su confianza, en el partido eonser·
vador que en más de drs anos que lleva de estar en el
poder, duranLe las grandes críeie ocasionadas por las gue•
rras coloniales, ha sabido sortear hábilmente loa escollos
y dificultades sin número que ha encontrado á. su paso.
Pero si los conservadores quedan satisfechos, no obstan\8 la gran respon:1abilidad que sobre ellos gravita
con inmensa pesadumbre, no así los liberales que pare
cían correr ilusos en busca del poder, sin alcanzar siquiera la gravísima situación porque atraviesa el país, y en
cuyas azar,,sas cir .mnetanciae se iban á. hacer cargo de la
cosa pública, teniendo que vencer dificultad.es de que no
eran respoaeab1ea.
Clama la prensa liberal contra su jefe 1 acusándolo hasta de cobarde, porque retrocedió ante la magntiud de la
empresa de acoger una situación erizada de espinas y
salpicada de escollos¡ no comprenden que hábil en ex•
4

•

tremo y cuidadoeament.e cauto, el senor Sagastl no ha
querido comprometer á su parLido, embarcándolo en pe·
ligrosas ave1.iturae. Sostiene la actitud reeervada de loa
últimos días, decreta eu abstención en las preeeat.es luchas parlamentarias, considera aplazada pero no re:mel•
ta la crisis, y espera tranquilamente el momento en que
el patriotismo lo llame y la necesidad lo coloque al fren•
te del Gobierno.
Pueda 1a habilidad nunca desmentida de don Antonio
Ctinovaa del Castillo sacarlo victorioso de en medio de
a tormenta que sobre él se cierne.
X. X. X.
10 de Junio de 1897.

Nuestro folletín.
Con este número recibirán nuestros lectored la segúnda parte de

"LOS TESTAFERROS"
para C)mpleto del folletín corre,poncliente á
Mayo.
Dividimos en dos entregas esta novela
por que es &lt;lema,iado voluminosa, pero n6tese que cumplimos nuestra promesa de dar
UNA NOVELA POR MES
Con los últimos números de Este mes repRrtiremos, dividida también, en do;; entregas en raz6n de su extensión, la novela

"EL DINERO DE LOS OTROS"
como folletín correspondiente á Jnnio.
La ohra completa vale$ 2.30 en las librerías de la capital.

�EL MUNDO
HIGU;:NE; MORA.Y,

Pocas madrea de familia se han penetrado lo bastante
de 1a correlación que existe entre el cuerpo y el alma,
de la estrecha conexión de las funciones füiológicas y de
los estados del espíritu, de la necesidad imperiosa y existente de conservar la sal u l y el vigor de sus hijos si quieren q11e las pasiones tengan freno, equilibrio el carácter,
ponderación el juicio, benevolencia y generosidad los
sentimientos, energía y norte la voluntad. Un nifio sano,
vigoroso, con pétalos de rosa en las mejilla~, hilos de
coral en loa labios, luz; astral en loa ojos, nácS.rea en la
frente, circuidos los pufios de brazaletes de piel sonrosada,
todo hoyueJoa y todo curvas, ea no sólo un ejemplar admirable de una amamantación generosa y esmerada y
de una vigilancia materna solícita y amante, es además
una esperanza de inteligencia, uoa probabilidad de virtud y de honor, una promesa de rectitud y de energía.
Los extravíos morales, la irascibilidad, el rencor, la
hipocresía, que más tarde, en la juventud y en la edad
madura, ae traducirán en vicios y hasta en crímenes,
tienen, en general, au origen en la organización física,
debilitada ó enferma, y en errores de educación que de
esos vicioe fieicos Ee derivan.
El niño en los primeros meses de la vida no tiene personalidad intelectual ni moral; si esta Eaoo y bien nutrido, si su vestido es confortable y limpio, si nada físico ó material lo importuna y hoatiga, está. siempre contento y sonriente, es confhdo y apacible, no se irrita ni
enfurece, duerme profundamente y despierta gorgeando.
Inaccesible á las influencias d0 orden moral, á las preo•
cupacionea de interés, á. las peripecias de la política, á
cae vicisitudes de los negoci03 y á los sacudimientos de
la:1 pasiones, se deja vivir, come, duerme, sonríe; no se
oyen en la casa sino sus arrullos de tórtola y sus grititos
de regocijo; pasa las horas mirando frente á. s! y á su alrrededor volar las mariposas¡ chupando sin descanso sus
propias manecitas, agitando con afán pies y brazos, sin
necesitiar de nadie, sin extrafiar nada1 sin exigencias y
ein caprichos. Esa placidez y esa tranquilidad son su
estado normal, la atmósfera que respira, la esencia mis•
ma de su vida vegetativa.
tSi en un momeuto dado se agita ó llora1 si está taciturno ó irascible, si quiere cambiar da brazos, de lugar,
si no puede conciliar el sueño, no puede caber duda, el
origen de su malestar tiiene que ser físico y no moral,
La ropa mal fajada ó •mojada; una sabandija que lo im•
portuna, el frío ó el calor, 6 bien una indisposición repentiaa, el meteorismo, la indigestión, son la sola causa
probable y la única posible de su desazón. A diferencia
del hombre que, en plena salud y en pleno vigor, sin que
la arruga de un pétalo hostigue SUB carnes, sin que la
zarza del camino hiera su planta, puede verse atenar,ea ...
do por el sufrimiento moral, y por consiguiente, encon•
trarse sofilbrfo en medio del bullicio, y 11lelancólico en
medio de la alegría de los demás é irritado y colérico en
el seno de la más profunda calma exteriorí el niño, ajeno é insencible á las tormentas morales, no puede tener
en los primeros meses de la vida otras causas de irrita•
ción, de contrariedad y de desconfianza que las de.orden
naturalmente físico.
Si las madre::1 se penetraran de esta verdad de evidencia palmaria, si ajustaran á. ella su conducta y normaran
en consecuencia, eus procedimientos de educación de la
infancia¡ la nifi.e1. se pasaría trá.nq11ila y serena sin tempestades y sin agitaciones, y los niños no se entregarian,
como hoy sucede y desde bien ~mprano, á. esa gimnástica de las malas pasiones, de la cólera, de la rebeldía,
del recelo y de otras más á etiya virtu1 el uso de la
razón los sorprende, ya moralmente defectuosos y á
veces perversoe.
Eea gimnástica de las malas pasiones es, por desgracia
un hecho; á fuerza de enojar á un niño 6 de no remediar
á tiempo sus causas de enojo, se le vuelve irascible é in•
gobernable; á. fuerza de contrariarlo se le desamora y se
le vuelve egoísta¡ á fuerza de asustarlo ee le hace cobarde, y á fuerza de contrariarlo se le vuelve rebelde. Las
. causas ocasionales que despiertan sus primeros aneba•
tos de pasión y que repetidas después, hacen del niño
un eer malévolo son, en loe primeros meses de Ja vida,
las incomodidades y las enfermedades agravadas por loe
errores de la educación. En ese orden de ideas hay momentos críticos, Ja dentición y el destete, durante loe cua·
lea el recién nacido puede adquirir, fortificar y arraigar las
pasiones que han de perderlo y de ha1er la desgracia de
los auyoe.

DOMINGO 13 deJUNiO de 1897
-=O~O;;;;;M~IN;G~O~•l3=D~EÍJ~U~N~IO~D~E~,g~9~7~==============~E~L~M~U~N~D~0~=========================399~

La inmensa mayoría de las madres desconocen, si no
estos hechQs, p or lo menos sus causas; descuidan el remedio, dejan acrecentarse el mal moral incipiente, y
cuando vuelven la cara no hayan cómo explicarse los
malos hábitos y las malM pasiones de sus hijos. Si el nifio llora mucho1 se dice que está chipil; si hace berrfo,ches,
le llaman impertinente; si es tímido y receloso,le llaman
m«riCa Y se conforman con poner una etiqueta al mal en
vez de apl icarle un remedio. Y no es esto lo peor; es
muchos caeos el remedio ei peor que el mal¡ juzgando
que el niñ.o tiene causas morales de desazon, y creyendo
que estas influencias morales mismas, no tienen causa,
én vez de examinarlo, de asistirlo, de consolarlo, suelen
regafiarlo, pegarle, asustarle para que calle, se calme 6
duerma, y agregan lefi.a al fuego de la mala pasión que es•
talla en el niflo.
Las madres no tienen tanta re8ponaabilidad en estos
errores como sus consejeras. Hay médicos, hombres graves y mujeres de experiencia que aconsejan á las madres
jóvenes dejar llorar á IOs niños, (thasta que se caneen;))
que lee prohiben tener luz ó encenderla de noche ea la
alcoba para no mal Acostumbrarlos, que les prohiben
cambiarles la ropa á. las altas horas, etc., etc. Estos consejos son de3astrosos. Un niño no llora nunca p or que sí,
Y si en vez de evitar qne llore bu~cando y suprimiendo
la causa física de su llanto, se le deja Horar, y si como es
general, el hecho se repite durante algún tiempo, el caracter se agria, las malas pasiones germinan y crecen y
acaba por hacerse perverao y m1\ inclinado á un niñ.o
en el fondo bondadoso y docil.
'
Siempre que un niib llora, ó se enoja; siempre que es.
té triste é insano, siempre que se manifieste re.celoso, hu•
raño, descontentadizo, lejos de abandonarlo ó de castigarlo, hay que buscar la causa __física de su contrariedad,
que averiguar si nadn extraño lo impor~una, si ningún
trastorno interior lo amaga. Hay que desnudarlo, cambiarle la ropa mojada, afloJarlo, expulgarlo; sino se encuentra ahí la causa, hay quu averiguar si sus funciones
se desempeñan correctamente, si su vientre está. 6 no
abultado-:¡ doloroso, si su lengua está blanca, si hay calentura¡ raro, rarísimo será dejar de encontrar la mani·
feBtación de un tra'!torno de su s.1lud, causa de sus triste·
zas ó de sus cólerae1 y poniendo inmediato remedio, ya
con los cuidados maternales, ya si es necesario, con la
asistencia médi01, se ve como por encanto renacer en el
niño la tranquilidad y la alegría, disiparse la ira y reaparecer el buen humor, el sueño, el apetito que revelan
que el mecanismo interior ha recobrado el equilibrio.
Hay, pues, uria higiene moral dentro de la higiene corporal; á la vez que se suprimen en el niñ.o causas de incomodidad ó de enfermedad1 se precave el ejercicio, y por

consiguiente el desetivolvimiento de las mala, pa,iones.
Una noche de insomnio, una hora de incomodidai ó de
en fermedad, son un leñ.o á la hoiuera pisional. Estas
influencias, por pasajeras que parezcan, se agregan la
una á la otra como las moléculas en el cris tal y com1 las
gotas en el torrente; más tarde, con el uso de la razón,
con la edad nubil, J1ueva'3 necesidades y nuevas pMiones
sobrevienen, y si encuentran al niño predispuesto á la cólera, al rencor, á la venganza, á la hipocresía, acaban por
hacer de la infancia malévola una virilidad criminal. Las
pasiones se forman en el corazón como he nubes tero.
pestuosas en el cielo: comienzan por un copo imperceptible y acaban por invadir todo el espacio y por devastar
toda la naturaleza..
L'.1s madree deben impedir la formación del copo para
precaver la tempestai. Xo deben arre ir.a.ria':! la atención
meticulosa, el desvelo perenne, el afan infatigable que
la salud y el vigor del nifio exigen é imponen. Deben
vivir atentas al cuerpecito de sus hijos como el marino
vive, fijos los ojos en la brújula; deben ince~antemente
precaveré impedir que estalle el mal fíeico, para que no
sobrevenga el mal moral y remediarlo en cuanto eobrevenga para impedir que germine.
Mucho trabajo, mucha asiduidad, mucho artificio y
mucha perseverancia son necesarios á la madre, para impedir la invasión de ese microbio que corroe y destruye¡
pero ese_ afan y ese anhelo les ahorran t )rmentos miis
crueles y menos remediables. Cada caidado im?artido
al niño, es una liígrima economizada á la mad:e.
DO(:l'OR M. :F'LORE.S.
Junio de 1897.

DAM.A.S DI.STING-UIDAS.

l.
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MONSEÑOR NORBERTO DO111INGUE:Z
Circula la noticia de que ha sido nombrado Obispo de
Yucatán el actual Vicario, Monseñor Norbeno Dom!n•
guez, hombre de gran vinud y dabiduría, generalmente
estimado por la suciedaJ yucllc.eca.
:M:oneefior Domínguez lia prestado servicios consiierablee á la causa de la enst'ñanza en euE::Jtado natal. .1!:I im•
plantó el estudio de las cieucias exactas en" el antiguo Seminario de San Ilddonso, úuico plantel de instrucción
superior con que contaba la península.
Durante, l!luchos año!!, _Mo~señor D Jmínguez fué pro•
fesor de F1s1ca en el Sem1uano1 hasta que la e.nseñan-,.a
laica arrancó su prel)tigio al antiguo colegio, fundando
el Instituto Civil.
El Padre Dom ínguez---como cariñosamente le llaman
eua numerosos disc1pulos-tiene cualidades de carácter
verdaderamente excepcionales. A:3f lo demuestra el hecho de haber convenido siu más recursos que los acopiados por él, una desmantelada Escuela como en sus
comi~I.Jzos fué el uColegio Católioo,i, u-d plantel de instruc~1?n dotado de los mejores gabinetes de Física y
Química, en Yucatcn, y de una magnifica biblioteca.
Su voluntad de fierro es ya proverbial entre los yucatecos. Merced á esa brillant.e cualidad nunca se le vió
doblegarse al peso del infortunio en eJ niñ.ez y ha sido
txl\ 1tado á. los más. prominentes puestos de la diócesis.
Dd RJma, mereció hace alguaoS años, la dietinción de
Fer elevado Á. la categoría de Protonotario
Apostólico, habiéndorn solicitado entónces
su nombramiento de Obispo.
.l\foerto el eefior Carrillo y Ancona, Mon·
señor Domíngnez ea, entre los sacerdotes yucatecos, el que mejores t(tiulos presenta para
ocupar la vacante. Bien lo demuestra la
energía con que ha sabido reprimir loe abu •
sos &lt;;te ~quel clero, destiturendo á los párro·
coa rnd1gnos de ejerner e ministerio ecle·
siá~tico.
Por esta conducta. y los innegables méri•
tos de l\fooeefior Domínguez, la sociedad
yucatPca ha aplaudido que á él se confiera
el gobiernC' de aquella iglesia.
OTRO PAGO DE is,618 DE

LA MUTUA,.
EN GUA.DALAJA.RA..
Guadalajara, Mayo 31 de 1897.
Sefior D. Carlos F:ommer, Director general
de "La Mutua."-México.
Muy señor mío:
Tengo el gusto de participará usted que
con el'ta fecha he recibido del Banco de Londres &amp; México. Sucursal de Guadalajara, la
suma de $5,618.00 (Cinco mil eeh cientos
diez y ocho pesos, } importe dela póliza número 342,516, bajo la cual estuvo aeegurado
á mi favor mi difunto Pspoa?, el sefior Ramón de la Mora. siendo $5,000 00 por importe de la póliza, y 618-00 por dividendos acun:11 1ados 1;n el tiempo que duró su seguro;
,$.J,618 en Junto, que Pn presencia del Notario Público 1 Sr. Lb. Don Salvador España,
recibí del Banco mencionado.
Doy á usted las gracias p1r Ja eficacia
con que esa Compafiia de sn cargo se eirvi6
tener para el pago de la citada póliza, y ll¡U•
torizo á Vd . á d11r la publicidad que crea
conveniente á. la presente carta, subscribiéndomede usted su afma. atta. y S. S.

Monseñor Norberto Domínguez, próximo Obispo de \'uc:atán.

11

FB:UPA DEL ÜASTILLO N EGRETE, YDA DE M ORA.

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Seiiora Clara Sinibaldl, esposa del Minl•tro de Hacíenda 1
D. José Maria González.-Guatemala.-( FotograJi.a &lt;k YaldeareUano, Guatemala.)
LOS .TRISTES.

Para nosotros, la generación que ha nacido al arrollo
&lt;le la fusilería, adormecida con l&lt;t. leyenda trágica de los
,grandes héroes, nutrida con todas las dudas que roen
-este hecho inmenso que se llama él Progr~so; para nosotros, hijos de la Revolución y del Enciclopedismo del
-siglo XVIII, que hemos pasado del sangriento ti.ed ale•
mán á las blasfemias de 8helley¡ que hemos derriba.do
muchos !dolos de sus pedestales, que hemos arrojado
una mirada rápida á. las investigaciones de la ciencia mo•
derna¡ para nosotros los que entramos en 1a lucha por la
vida con un poco de veneno allá en el fondo, es algo
asombroso, algo que sale de los límites de lo posible-, en-contrar en este desquiciamiento de idtalee un gnerrero
que conserva blanca su armadura, al::&gt;ollada por los golpea del comb1te1 pero firme todavia eobre una cabeza altiva y gloriosa. Pero ¡ay! esta excelsa calma, eeta radio~
11a puesta de sol, tras un día azul y eereno, no se deecu•
bre en nuestros horizontes- repletos de tempes adea, anublados y so?D.brfos.
Nuestra generación ea 1rna generación de tristes; pare-ce-según la frase de un poeta-q11e arraetramos lo1 dolores de muchos siglos: nada tenemos porque padecer, y
no obstante, padecemos por todo; llevamos dentro dt,
nosotros esperanzas sin ideal, sufrimientos sin causa¡
nos sentimos infinitamente fatigados, y las sensaciones
que recibimos son tan profundas, tan intensas, nos con mueven por tan hondo modo, que eemejan heridae que
manan eternamente sangre: flomoe «una alma enferma
que sopmta un cadtver u ¿Remes nacido dema,iado
pronto ó demasiado tarde?
Un poeta inmortal 1 que acaba de morir, ha escrito esta estrofa, que es le grito de un ideal que se refugia en
i'l pasado, como esas aves viajeras del espac:o que cuelgan sus nidos en las ruinas de un viejo torreón feudal:
.l'ai goOté peu de joie et j'ai l'i\me a.~&lt;&gt;ouvie
Des jours nouveaux. non moins que dessiCCles a.ncleux.
Da.ns le sable st.érlle oU dorment tous les mieus
Que ne pu.is-je finir le songe de ma vie.

T,memos la visión de las t,da1.es pasa fas y suspiramos
por aquella época de ener!!'fa ealvaj d y de Ícl profunda.
El hombre del siglo XlX, educado en el Criatianism'&gt;,
ha sub'Jtituido h creencia en Di011 por la creencia en la
Libenad, en la Ciencia, en la Ddmocracia,-no importa
en qué;-pero ha conservado en el fondo de su espíritu
na. vago sentimiento del misticismo, un amor al miste·rio, que flota en este mar de locas tempestades en que su
conciencia ha ido á perderse. ¿En dónde se encuentra
f'se Paros ideal, poblado de apariciones cons:: i ladoras¡ en
dónde el lugar de loa ensueñ.os vagos de las nobles aspiraciones? Y la esperanza se vuelve acia esa corriente
de supremo aniqui 1amiento de la idea-de la idea de la
que ha dicho Balzac que si es un elemento social, es ~mbién un elem~nto destructor-á ese reposo d ~ toda sensación. Y el sueño del anacoreta de la Tdbaida ae eleva
ante nosotros como un término consolador: «¡ Quisiera
tener alas, un caparazón, una corteza, esparcir humo,

¡;

Señorita Herminla Peña, de Saltillo (Coahuila ) -Méxieo.
( Fologru.fw. de R ot·ell.)

llevar una trompa, _torcer mi cuerpo, dividirme en tod11.,
partes, estar en todo, emanarme con los olores, desarrollarme como las plantas, correr como el agua, vibrar como el sonido, brillar como la luz, asimilarme á todas las
formas, penetrar en cada á.tomo, descender ha~ta el fondo de la natursleza, ser la materiaJ,,-(Gus¡avo Fhmbert. )

TtJdo ea d0loroso en la Vida moderna. Nu"'8tras lecturas, nuestra'\ impresiones, nuestras mi'Jmae alegrías se
padecen: se ha quintaesencia-lo la existencia y el zumbido de un cínife lle~ á nuestros oídos como el eatamptdo
de un cafionazo. ¿0::1 acordais de aquel Mr. Joyeuet, del
K,1.bad de Alfonso Q,t,udet? Aquellas angustias imaginarias, aquellos terrores de fantasía se han apoderado de
nueitras almas.
RP.ina en esta nuestra extrem11 civilización un senti•
miento de pavor infinito; es una humanidad que tiene
miedo. :Nuestra literatura contemporánea está herida de
esta dolencia extrafia que invade nuestros espíritu':! como un1, onda amarga. Nuestras lecturas complicadas é
incisivas nos hacen sufrir: no hay placer en las páginas
del libro que recorremos. En los vers1s de nuestros p()e•
tas favoritos vemos palpitant.a la llaga.: á Leconte de Lisle la naturaleza se le aparece como un conjunto ((consti•
tuido p&lt;'r una serie de formas que se engendran unas á
otras y desaparecen tan pronto como han sido cons,ituidas;u algo así como lamanife!:hción p3íquic\ de la. d • ctrina que expone Taine en el prefacio de su Inteligencia.: ((una
infüüdad de fuegos de artificio que á diversos grados d&gt;1
altura se complican, se elevan y descienden, incesante,
eternamente1 en las negruras de la vida.» De aquí á Cá.rlos Vogt y Stirner no hay una gran distancia.
Y el mal arranca de lejos. Alfredo de Musaet, Byron,
Goe~he lu,bían sido invadidos hasta la médula d .. s•1s
hnesos. E l mi~mo Chateaubriand, el creyente ddl Genio
del. cristiani,imo, había sentido en eu frente el vieato de
la época. R ené lleva en s11 espíritu el virus incurable de
una enfermedad desconocida. La contemplación dt, la
naturaleza sólo despierta en el alma del poeta cristiano
-como en la de nuestros modernos neopesimiatas-una
m0lancolía sonadora. Parece, dice un crítico-como si
1a fra'6rnidad que se ensancha h1sta los árboles y las
hojas caídas; como si ese amor tierno de lo cread•&gt;, como
si la contemplación nc-eva de los horiz-on~s llevasen la
turbaciñn al alma del hombreé hiciesen salir hasta eu::i
ojos todm lo':! vagos dolores de su sér. Cbateaubriand
realiza ~se tipo del poeta sentado en una roca y derram·ando, mientras admira una hermosa noche, lágrimas
que él mismo no siente deslizarse. Contemplan'i o bosques, montañas, ríos, en que por vez primera encuentra
interés, siempre dominado por un cansancio sinoero1 muy
dulce, sin embargo; por una necesidad de sueños en cuyo
fondo celebraría morir.
·
,
Del espectáculo de la natura1 eza el hombre ha pasado
á la c:encia. Pero la ciencia, como la n8'uraleza, es una
eterna impasible y . el hombre no ha encontrado el per•

segui lo, anhelado manantial con que calmar eu sed. De
ll\ té intensa á la verdad severa, los espíritus no han podido pasar sin una vinlenta crisis. Esta crisis es la que
e::Jtamoa sufriendo. ¿HPmoa corrido con demasiada rapidez hacia la Verdad? ¿Nos encontramos todavía mal preparado! para penetrar en el interior de ese templo? ¿Somna ciegos á quienes de impr.Jviso se nos ha hecho ver
la luz? R~uerdo que Stuart Mili se pregunta si para el
hombre, en 1111 escalón superior, no sería una inmenBS
desdicha la inmortalidad. Pdro faltale al hombre haber
Rlcaazado ese nivel y la duda de Hamlet ha clavado la
garra en su corazón:
·
j ..\h! tout cela. jeuneus.,;e, amour, joie et~nsée,
Cnanu, de la mar et des foréts, souflíes du ciel,
EmportantA pll'in vol , l'espérance insensée,
Qu'est ce que tout cela qW n 'est pas et.ernel?

El ab.ite P,erre de L ourdes, es el símbolo del espíritu
de uua época: como el personaje de ZJlá, corremos presurosos al lugar del misterio y salimoe de ali! más vacilantes, más a1oloridos, con mis soinbrae que antes de
Psta peregrinación en p os del eterno, perseguido ideal.
Somos acaso-según la frase de Flaubert-productoa de
una civilización fatigada, que habríamos alcanzado todo
nuestro vigor dedeaarrollo, si hubiésemos nacido en nn
mundo más joven. El anhelo persistente, el inagotable
deseo, la noetalgía de esta mie¡erioaa dolencia, agita á
esta generación de tristes.
Loa hombres que aos han precedido, han elaborado
lentamente nuesLros punzantes sufrimientos: ellos han
gastado todas las alegrias de la vidll humana y nos han
transmitido un legado de incural;lle · trist.eza. Dichosos
los q1u:i oo han sent.ido en su frente este helado aliento
de infiaito dt!lsJonsuelo y han ca(do de pie, serenos1 alt.ivos, conedrvando en la die3~rc1, el acero del combate, con.
la cóler.t. en los ojos y el brJo en el corazón!
CARLOS DíAZ DL"FOO.

Sie~pre es parJL vosotras peligroso

nn animo aguerrido
y un uniforme hermoso.

El fansto mi~itar ¡sexo precioso!
siempre ha Bl lo y será tu prometido.
CAMP03.:,..:0R.

�'
DOMINGO 13 DE JUNIO DE ,a,17

EL MUNDO

400

HACIA EL POLO
POR

FRIDTJOF NANSEN•
Traducción para~"EL MUNDO."--Ilustraciones tcmadas de las fotografias hechas en el curso de la expedición.

•

~

. .

1

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1

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DOMINGO 13 de JUNIO de 1897

kiold no estaba demasiado libre de hielo, para permitir al F ram cortar por lo más corto.
-cuando menos la navegación era facil, siguiendo la ribera. Después de haber harponeado al pasar, algunas morsas, en la costa
oriental en la península de Saimyr, Naneen
conducía rápidamente su navío hacia el paraje donde podía eaperar encontrar y donde
encontró, en efecto. el mar casi libre: al
norte del delta de la Lena, cuyo enorme caudal de agua, relativamente caliente, impulsaba de algún modo loa bancos, acaso dando
nacimiento á una corriente, y ciertamente,
elevando la temperatura del mar en un radio escondido.
El 18 de Septiembre, al oeste de la isla
Belkov, la más oriental del archipiélago de
la Nueva Sibt!ria 1 el Fram. encontró ál nor•
te el marlibre y la ruta abierta. Era un encanto: ya no había invierno, en la siesta bri•
llaba el sol, y, en la noche, Naneen y sus
compañeros bogaban tan rápidamente como
el vapor y la vela podían llevarlos, hacia
las regiones desconocidas, sobre un mar inmenso que Jamás había surcado antes que
ellos navío alguno. Podían creerse á muchos
centenares de millas más al Sur, tan dulce
era el aire y tan lejanos parecían los bancos.
i,¿Cuánto tiempo durará esta feliz navegación? La mirada se vuelve siempre bacía el
norte...... Mirar allá ea mirar hacia el porvenir. Siempre en el horizonte el mismo cielo sombrío, que quiere decir mar libre; hemos casi alcanzado el 77° de latitud. ¿Hasta
dónde iremos aai? Yo he dicho siempre que
estaría satisfecho de llegar al 78?. Pero Sverdrup ea más dificil: babia de 80°, acaso de
84º, tal vez de 85º. Habl!:I. también seriamente del mar libre del polo, Jel cual se trata en
libros que ha leído; é insiste sin cesará deepeebo de mis burlas.n
Sin embargo, el 20 de Septiembre, con una mañana
de brumas, el JJ'ram. se encontró bruscamente frente -i los
bancos de hielo. Estos eran compact.os, y cuando apareció el sol, Naneen pudo ver que @e extendían del este al
oeste, hasta perderse de vista. Fué imposible avanzar y
el bu&lt;1,ue se arrimó á un témpano enorme. 11Flotamos
aún hbremente, escribió Naneen el 22 de Sept.iembre;
pero tengo el presentimiento de que invernaremos en el
hielo que nos rodea.n
El jueves 22 de Septiembre de 1893, la expedición po•
Jar del doctor Naneen entró puel:!, en su segunda fase. La
fecha ea de importancia; pero como todo ea contraste en
este mundo, la tripulación del Fram consagró la siesta de
aquella jornada capital á la más vulgar de las tareas: á
una guerra de exterminación contra las chinches que
babían desde hacía algunos días invadido el buque.

'EL

MUNDO

NanSf'n, un día en qua elFrameatabainmovilizadoentre laa brum r.s y loa hielos del mar de Kara, escribió en
su diario esta frase sentenciosa: ccLa paciencia es uno
de los med&lt;'amentosde que toda expedición polar debe
estar más abundantemente provista.n Al bordo del Fram
casi no se usó má.e que de este medicamento darante tres
afiofl, pero se usó ampliamente,¡ Eobre todo, al principio.
El 4 de Agosto de 1893, fu doblado el cabo Tche•
liouskine. Treinta y siete días de un tiempo precioso ha·
bían sido consagrados á la travesía de 840 millas marioaq,
(1,555 kilómetros) li vuelo de pájaro....... . A vuelo de pá·
jaro.

Imaginaos un pájaro que ha penetrado en una es~ufa:
en 8u vuelo loco, á cada impulso hacia el aire libre, encuentra en todos los aent.idos el obstácuh, de su prisión
de vid1iG. En el mar de Kara, el Frttm estaba en u.na situación semejante: chocaba contra loa límites de su pri•
sión de hielo á cada tentativa para evadirse hacia el agua
libre.
Del estrecho del Yougor al cabo Tcbe1iouakine, qué
de zig-zags, qué de vueltas, qué de ~das y venida!!!
...... A.l día siguiente mismo de la partida de Khabarova1 después de veinticuatro horas de navegación entre
la costa y loa bancos, fué preciso detenerse una primera
vez: la l1erra al es\0, al norte los bancoti, f, envolviéndolo todo, una bruma espesa. Durante cuatro días, el
Fram estuvo a~í bloqueado ceica de la playa de la península Yaiwal, triste y desolada. Había samoyedos acampados en loe alredl'ldores y la expedición recibíó la visita
de dos de entre ellos: fueron loa últimos aérea humanos
encontrados en el camino.
El 9 de Agosto el .F'ram pudo al fin poner la capa al
norte. A pesar del viento contrario y de loa hielos flotantes, viró en seguida hacia el este1 después de haber
doblado el cabo Skarak&gt;f y la iela Blanca. Camina caminando, Naneen y Sverdrup pudieron reconocer cierto
número de islas no reveladas por Nordenekiol, en tanto
que otras tierras puestas en la car~ del ilustre navegante de los mares siberianos, no existían: detaUe que prue•
bª cuan incompleta ea la geografía de esas n&gt;gione~.

El Fram debía arribará la isla Dickson para permitir
áloe miembros de la expedición dejar cartas bajo un
ca:irn: el capitán Wiggine había prometido recogerlas al
dirigirse á la embocadura del Yenisei. Pero el viento que
había-desde hacía algunos díM-hecho derivar al Ftam.
hacia el Sur y luego hacia el Sur-oeste, habia cedido.
Demasiado tiempo habían perdido. Para aprovecbaree
de la calma, Naneen y sus compañeros sacrificaron esta
suprema ocasión de dar noticias suyas á aquellos que
les eran caros, y quemaron en la rápidez de su curso
vuelto á encontrar hacia el Este, el buzon de la isla de
Dicksoo.
En las islas Kjellman, semejantes á rocas que hubie sen sido pulidas por loe glaci.er§ cuaternarios, fué al contiario, preciso detenerse para una reparación en la cal,
dera. El mar estaba azul, el cielo brillante, la brisa
ligt&gt;ra, y Jacobaen, el segundo de abordo, acurrucado en
el nido de cuervo, había petcibido renc,e, Se imponía
una partida de caz.a. Esta fué accidentada y penosa; cuando llegó la hora del regreso, la tempestad se había levantado; los cazadores no pudieron volver al navió, sino
deQpuéa de muchas horas de esfuerzos. Habían matado
dos renos y dos osos: pero como no era caza á propósito
para cargarse y subirse en un buque que danzaba sobre
las olas, la abandonaron.
,., Era el 22 da Agosto. En el canal estrecho, abietto á lo
largo de las riberas, la corriente era_ rápida como un do,
Y el Fram la tenía en contra. Fué lentamente, tanto más
lentamente cuanto que el agua era poco profnnda y que
la más elemental prudencia aconsejaba sondéos repetidos, -fué muy lenta y penosamente como el navío de
Naneen hizo ruta hacia el Nordeste en medio de un verdadero arcltjpiélago de islotes desconooidoe. Habrí-a so•
brado ahí quehacer para un navegante que tuviera tiempo para entregarse á la reclificación de la carta. Pero el
F'ra ni bogaba hacia otro fin.
He aquí el invierno; la nieve ha caído abundantemente: sobre la fealdatl de esta región de brumas ha extendido el encanto de su resplandeciente blancura ..... .
~itra la realización del plan de Naneen, no ee acaso inqmetante que llegue ya el invierno y que rnrprenda al
J,'ra m más acá del cabo Tcheliouskioe, tan lejos de la

El "Fram" en una zona de agua libre.
LA. PRDIER INVERNADA.

Según todas las apariencias, el J?ram, detrás del cual
la mar libre que acababa de recorrer se había súbitamente congelado, estaba bloqueado por largo tiempo. Naneen
contaba bien con Que no saldría del hielo antes de haber
sido arrastrado con él del otro lado del polo, hacia el
Océano Atlántico. Cada día el sol declinaba en el cielo;
la temperatura bajaba constantemente. Era r?almente
el invierno esta vez, que se aproximaba á grandes pasos:
el invierno ártico, la larga noche polar, la noche temida.
La expedición no tenía más que hacer que prepararse
para estos extremos fríos y en eso se ocupó, trabajando
en poner el buque en las condiciones más confortables é
inspeccionándolo cuidadosamente. Todos examinaron su
traje y cada marino fué su propio zapatero, confecionándose calzado de gruern tela, provisto de calientes y

longitud que vió la pérdida de la Jeann,tte y que debever la part.ida del Fram para su glorioso via je de derivación hacia el norte?
Esta costa siberiana, bordada de islaf.l, cortada en penínsulas, es muy poco propicia á la navtgación: la plena.
mar no existe, pneEto que el hielo la cubre y es preciso~
abrirse paso á la fuerza y ensayar continuos tanteos pa•
ra ballar estrechos. El de Taimyr no fué posible encon trarlo durante diez días (del 27 de Agmito al 6 de Septiembre.) Ahí Naneen pudo creer que su viaje iba á ser
interrumpido por un afio cuando menos: 1rYo ensayo,
escribió él el 5 de Septiembre, familiarizarme con la idea
de invernar en esta costa ...... Hay bastantee problemasque resolver aqu(: no sería un año perdido para la geografía y la geología ...... Pero no, yo no puedo aceptar
esta eventualidad. Un año de la vida de un hombre eaun afio, y nuestra expedición promete ser demasiado
larga,),
Por fin, el 10 de Septiembre, el cabo Tcheliouekine estaba vencido.
(1) ...... ((El sol había, desde hacía algún tiempo, descendido detrás del mar, y el cielo crepuscular era amarilloy oro. No se veía ni una estrella. Justamente por encima
del cabo Tcheliomkine, su fulgor melancólico brillaba
en el cielo pálido. Aun cuando, á consecuencia de las
maniobras la oriPntación del cabo se modificase con relación á nosot.roe, el astro estaba siempre encima de él..~
Era eea mi estrella? Era eea el alma del hogar y del país,
que me seguía y me sonreia ahora? Cuánt.oe pensamiea.•
tos despertaba en mf, en tanto que el Fram trazaba eu•
estela en la noche, más allá del punto más · septentrional
del viejo mundo.n
A las 4 de la rnafiana, loe pabellones fueron izados y:
tres cailonazos saludaron el cabo Tcheliouskine, doblado
después de tantas tribulaciones.
LA PRISION DEL t(FR,B.f&gt;I EXTRE LOS HIELOS,

Deede entonces pareció que, como lo había anunciado ,
Naneen, do máe estaba hecho.)) Si el mar de Nordenafll . TC?rlos los pe.sa.jes entrecomados, sin otra. indicación, son · citaa.
.iel d 1ano del lJoctor Na nsen..

espesas zuelas de madera, Eegún un nuevo modelo creado por Sverd.rup y que fué objeto de
regocijadas caricaturas en el Framsjaa, las cuaes pueden ver en otro lugar nuestros lectores.
A Scott---Hansen, asistido por Jobansen ( basta el mea de Marzo de 1895) deepuée por NordLal, incumbiercm las observaciones metereológicas y maguéticas. Todos loa días, cuando el
tiempo era claro, Hanaen y eu compañ.ero determinaban la posición del navío. Nada intere•
saba más á loa miembros de la expedición, y no
era raro ver el camarote de Naneen. sitiado, en
tanto que él bacía sus cálculos, por todos loe
que estaban ansiosos de saber si se había derivado hacia el Norte 6 bacía el Sur y cuánto.
El estado de ánimos á bordo, dependía en mu•
cho de ese resultado.
Naneen se babia reservado las investigaciones científicas que le interesaban particularmente: temperatura del agua, su grado de sal á
las diferentes profundidades, modos de formación del hielo, corrientes, orígen de las presiones, etc., etc. En cuanto al médico, doctor
Blesaing 1 hubiera sido por falta de enfermoe,
el más desocupado, si no se hubiese resignado al empleo de veterinario, cuando los perros
reclamaban sus cuidados. Una vez por mes procedía á pesará cada miembro de la expedición
y á una ligera sangrfa1 anodina vivieección que
le aermitía contar loa corpúsculos rojos y determinar la proporción de la hemoglobina de ca•
da uno. Apresurémonos á afiadir que el doctor
Blessing se reveló bien pronto como el poeta
de la expedición y que, durante tres afioe1 eue
versos de circunstancias, ya líricos, ya humorísticos, no cesaron jamát! de eer apreciados en Bu
justo valor.
He aquí cual fué e) modus vi-i:endi establecido
desde el principio á bordo del Pram. No era
modificado más que el domingo y los días feriados. Pero el lector se percibirá pronto de que
ningún día feriado ee olvidó jamás, y que sobre los bancos errantfs, numerosas semanas fueron, literalmente,
111:'Pmanas de cuatro jueves.,,
Hora de levantarse, á las 8; desayuno de pan duro 1 de
queso, de buey ó de carnero salado, de jamón, le::gua ahumada, caviar ó anchoas; además, bizcochos de harina de
avena ó bizcochos de mar ingleses con mermelada de naranja 6 alguna compota. Tres veeea por semana pan
fresco¡ frecuentemente pasteles. &lt;Jomo bebidaa1 choco lat,e, t ó café.
Despu(ía del desayuno, trabajos diversos; cui&lt;lados que
conesgrar á los perros, asistencia al cocinero para la co•
mida de la una, etc. Una vuelta por los bancos á mane•
ra de aperitivo, y se ponían á la meEa. Tres platos: E0pa, carne y postre; 6 pescado carne y postre; 6 bien,
sopa pescado y carne- ó todavía, pescado, carne y postre.
Con la carne, patatas, y además legumbres verdes 6 ma-

1

Una observación con el teodolito.

LA LUCIJ .\. CONTRA. LOS HIELOS DEL YAR DE KARA

401

Una observación de eclipse de sol, el 6 de Abril de 189 4 .

�OOMINGO 13 de JUNIO de 18g7

carroni. Bebida: cerveza y mlis tarde jugo de cidra. «Yo
creo) escribe Nansen al dar estos detallts, que todos en•
contrábamos buena la mesa ...... Nos asemejábamos á cer•
dos gurdos: uno ó dos de entre nosvtros echaron vientre
6 papada. »
Abt1orbida la pitanza, muy alegremente en géneral, se
pasaba á la cociua que se convertía en salón de fumar:
t,alvo .,.,a lae granded ocasiones, el tabaco est.aba. proacri·
to de loe camarotes y del aalón. Ddspués de una eiesca
más ó menos larga, cada uno volvía tL su trabajo hasta la
hora de cenar: las seis. El men,í de la cena se parecía al
del dteayuno.
Para concluir la jornada, se fumaba en la cocina, conversando y discutiendo, después se volvía al sa:ón, para sumergirae, sea en la lectura, sea en las partidas de
cartas, aiewpr6 animada!!, ó dond~ los más encarnizados
y loe menos felices, perd1an, sino B11 camisa, cuando me•
nos ene raciones de pan fresco,-eea en interminables
conciertos. Uno ú otro se ponia al órgano (os digo que
nada faltaba á bordo del Fram ) y con ayu.J.a de la manivela se divertía en morder algun trozo lleno de arranque,
ámenos que Jobaneen no tomaee el acordeón para tocar
Oh! SuBana! ó la Marcha de Napoleón á tl'm.:éB de los Alpes
m un 1w1.:to! sus más grandes triunfos.
A media noche, cawa y reposo, interrumpido sólo por
el cuarto de centinela que cada hombre tomaba á su turno, durante una hora.
~s'8 regularidad y, sobre todo esta comunidad de há·
bitos, esta vida de familia casi, sin desigualdad en el tra•
ta.miento desde ningun punr.o de vista, sin demarcación
trazada entre el jef j de la expedición, el comandante del
buque y el últimu marinero, fueron del m~!f feliz efecto.
),a disciplina no se relajó, y ¿quién de la tripu 1ación del
Prum hubiera osado quejara!:' de su suerte, semejante bajo todoe aspectos á la de Nanseo, y hubiera moet.rado algún desaliento, cuando Ntt.nsen, que á veces lo experiinentaba, no lo mo1:1traba nunca?
LA DERIYACIÓN Y LAS PRESIO~F.8 DE LOS HIELOS DURANTE EL
INVIJi:RNO DE 1893-9-l.-LAS NOCIIEl:S ÁRTICAS.-ALUA ES•
CANDINAY.\..

Que el personal tle la expedición viviese de buen humor y en buena salud, era un pumo imporr.ante pura el
éxiro :floal dt:i la empreta de Na usen. !'tiro otras condiciones, no m-::nos e1:1enciales, debían realizarse, á. Hber:
que los hielos sin Towµer el Pram, con su1:1 cvut.raccionee
lu con Jujesen hucia et polo.
(;ómo tlt:l porto el Fram en medio de las presiones durant.e el invierno de 1893-9-l-en qué duecc16n y como
de1ivó 1 en til curi:10 dti este mismo periodu1 -estu ea lo
que vao á decirnos las notas redactadas cuotidianamen'8 por Nansen . .K8'e diario de Nane--in, al mismo tiempo
no~ hará penetrar mejor en la iot.iu.idad de la exisl;iencia tan sencilla, y sin embargo tan anormal de los trece
prisioneros voluntarios de loa bancos lirt1co8. Y Naneen
miswo aparecerá con un aspecto acaso inesperado, .t:le
conoce su energia; pero se ignora su complexidad.
No 1:on solamente loe geógrafos loa que d1:,berian leer apasionadamente las páginas escritas día á dia por X,1,nsen durante eu expedición polar: son también esos escrit.ores de
la nuevas rcvit:.taa, que han trabaJado tauto, desde hace
muchos año!!, por analizar, á través de las fabulas dramáticas, los 111:1atados de alma11 e~andfoavoe. Una alma
escandinava ...... he aqui una y de buenos quilates.
Laa hüjas del diario de Nan!!en son, dee'graciadament.e, más numerosas que las columnas de qua disponemos
aquf:
.MarteB f6 de Septiembre.-Abora, el sol estaba á 9° por
encima del horizonr.e, li media dia. La noche y el invierno están pr6x1moa. 1'.:!lt.awos inmóviles á loa 78° 50'
de Jar.Uud No rte ......
11He descendido á loe bancos hoy tarde. :Xada hay mPs
maravilloeamente bello que esta uoche ártica. &amp;'8 es
un pala de enaueno, coloreado por los más dtdicados tin•
tes que pueden imaginarse: es el color t•lerealizado. Un
matiz se funde en el ot;ro sin que se pueda decir donde
comienza el uon y acaba t&gt;I ot10. Y sin embargo, todos
loa matices está.o ahí.. .... T.xla la belleza de la vida, no
es acaso ex~el!!a, delicada y pu.ra como esta noche? Dad•
le colores más brillantes y ya no serli tan bella. fü cielo se
parece á una inmenea cúpula azul en el cenit, degradándose basta el ve1de1 después hasta el lila y el viuleta en
loe bordes.
:Sobre los espacios helados, caen sombras de un frío violeta azul, con tintes rosas m1:1e claros, cuando · la atista
aquí y ahl refl.1:jan los ult.imos fulgores del día moribun•
do. }!;n lo alto de la cúpula, las estrellas brillan, hablando de paz, como lo hacen siempre esas inmutables amigas. At Sur aparece una gran luna de un rojo amarillenw, rodeada de un círculo amarillo y de nub~e de oro claro, :flotando en el horizonte azul. Y ahora la aurora bo ·
real extiende sobre la bóveda del cielo su velo de plata
brillaot.e, que ee vuelve amarillo, luego verJ.e, luego rojo.
8e extienc:lt:i, se contrae, cambia in~eantemente. v, por
fin ee desgarra en círculos ondulosoa de plata deslumbradora, &lt;111 donde surgen rayos flamea atea como láminas de metal. D-,apnés t.oda esta gloria se desvanece ..... .
Pero bien pronto nuevas cltt.ridalies aparecen y sus jue•
goe sin fin recomienzan de una manera más bella. Y durante este tie'rnpo, el silencio es profundo, impresiona•
dor como la sinfonía del infioi,o. Yo no he pod1do acoa•
tumbrarme jamlia á la idea de que este mundo acabad
en la desolac1ón y la uada. Por qué entonces toda esta
belleza, sin una criatura para gozarla? Comien20 ahora
ha adiv,inarlo: he aquí la t.ierra prometida 1 que une la belleza la muerte. Pero con que fin? Ah! cuál ea el porqué de todas estas esferas? L~d la respuesta, si podéis,
en el azul firwamemo estrellado.11
El 29 de S~ptiembre, la primera gran fiesta (cuántas
otras debían seguirla! ) tuvo lugar A bordo en honor del
Doctor Bleasing; y de1 paso del 79 grado de latitud Hu•
bo comida-concierto. Kl menií redactado ea francés, fué
pant,a.gruélico . .h:n cuanto al programa musbal no conta•
os con menos de veinte trozos, y comenzab1. por T't.il84'
.Myosoüc para terminar con la P .egari.a d el ll F ,·eiscMiiz•

DDMINGD IJ doJUNID de 1Sg7

EL MUNDO

402

viola, exclamando: (IPram ea tu nombre)) y el pesado.
casco empezó á deslizarse dulcemente. Yo tenía estrechada su mano; me subieron las Uigrimaa 4 los ojos¡ ni
una palabra pudo salir de mi garganta. El casco entró
en el agua cintilante: una bruma asoleada envolvta el
cuadro ........
uliemos dicho ahora un solemne adiós al sol. L1, mitad
de su disco apareció al medio día por la última vez por
encima del limite del hielo, en el Sor. Entramos en la
noche del invierno. ¿Qoé nos traerá éste? ¿Dónde eataremGs euandQ el sol re,orne?
Ptt.aan los días, el Fram, al antojo del viento, avanza ó
retroceje coa be banco:t á la suerte de los cuales está
ligada su propia suert.A, en todas dir1:1ccionea. De derivación regular hacia el Norte, de corrientes, no hay
trazas .... .. ,l!;se palacio de teorías que yo había levant.a,.
do, lleno de orgullo y de c,&gt;nfiaau en mí mismo, muy
alto, per encim!I. de todas las obj~ciones necias, ha caído, ee ha quebrantado como un castillo de naipes, al
menor soplo del vitmr.o.»
Naneen, en pres~wcia no solamente de la inmovilidad
del .Fram, eino 1,ambién de la profundidad inesperada
del mar que lo lleva 1 parece efec~ivamente haber renun•
ciado-cuando menos momentáneamente-á su teoría de
una gun corriente marioa que atraveaaría el ÜJéano polar de la Nueva Siberia á la Groenlandia. Son los vientos1 los vientos solamente loa que implora: nYo me ab•
sorbo en el estudio de la ciencia de los hindu9. Yo admiro su fe dichosa en los poderds trascendentales, 011
la9 facultades sobrenaturales del espíritu, eu una vida
futura. ¡Obl ei fuese pvsible usar de una p.o tencia sobrenatural para obligar á. loa vientos á soplar siempre del
Sur!n
La vida á. bordo sigue su cureo monótono, sin embar•
go. La aparición de un oso al cual se mata ó al cual se
le hierra después de peripecias variadas, crea de cuando
en cuando una diversión. ,l!;l 10 de Diciembre el Dr. Bles•
sing, al cual el eJercicio de la medicina en ese vehículo
privilegiado, deja decididamente horas librea, funda un
periódico humorístico, el Framsjaa. El 13, en ese navío
que lleva trece personas, una perra siberiana da li luz trece perritos: la coincidencia es singular, pero loa perriM&gt;e,
de loe cuales no ae puede conservar más que ocho, son
útiles. Tanto más útiles cuanto que las sangrientas luchas intestinas han hecho alguo.aa víctimas en Ja trabilla
embarcada en Kbabarova.
El 20 de Diciembre, Sverdrup y Lars levantan, no lejos del buque un cepo para osos, de au invención; pero
ni el más pequeño cachorro se deja jamás prender.
({Henos en el día más corto del afio, eacnbe Ntt.neen el
21 de Diciembre ...... aun cuando ya no tengamos día 11
Noél 1 después el primer día del afio, son celebrados ale•
gremente, á despeeb.o de la entristecedora lentitud de
los progresos de ia expedición hacia el Norte. EL 25 dd
Diciembre-sin desdeñar las confituras del cocinero Juell
-fué la apertura de loe regalos ofrecido3 en el momento
de la partida, el uno por la madre de Scott Hansen, el
otro por su novia, miss Fougner. C,1,da uno recibió con
alegría de niño el presente que le estaba destinado: pipa,
cuchillo ú otra bagatela. Después apareció un número
excepcioaal del Framsjoo ilustrado con dibujos debid08
á nuestro famoao dibujante lirnco Hutletu, y que h&amp;eian
alusión á diversos incidentes de la vida entre loe hielo1.
•Domingo 31 de Dic~mbre.-He aquí que ha llegada el

La tripulación del Prmn festejó sucesivamente de una
manera análoga, duranie el invierno: el aniversario del
lanzamiento del Fram, el del nacimiento de Sverdrud,
las fiestas deNoel y del l ? de Enero, el aaiversario de
rey Q3car, el paso del 80° 1 la aparición dol sol y por fin
su verdadera ascensión.
L unes 9 de Octubre.- ...... En la !!ieata, cuando conversábamos, de pronto un ruido ensordecedor se dejó oir, y
todo el buque !!e estremeció. Era la primera presión de
los hielos. Todo el mundo corrió al puente para asistir
al espectáculo. El Pram, como yo lo había esperado, se
conducía admirablemente. El hielo avanzaba con una
presión sostenida, pero neeesit.aba deslizarse por debajo
de nosotros y éramos lentamente levantados. Esos ero·
pujes se produjeron muchas veces en la siesta y fueron
demasiado fuertes para levantar el Fram á más &lt;1e un metro. Pero el hielo, incapaz de soportar una carga tal, se
rompió bien prouoo baJo el navío. Por la tarde hubo co·
roo un movimientede retirada de loa hielos, y nos encontramos en una vasta zona de agua libre ......
Jlih role~ 11 de 0.lubrt ....... -La mar es,á agitada, y
hemos sufrido cle nuevo ahora fuertes presiones Estacomienza por un ligoro crujido, y un gemido contra el flan•
co del navío. Deijpuée, el ruido aumenta gradualmente y
recorre una vercladera gama: euceeivamensees una queja,
un grufíido, un rugido y el buque se estremece . .El es•
truendo redobla basta asemejarde al vocerío que podrían
causar todos los tubos de un órgano. El buque tiembla,
es sacudido, se eleva algunas veces dulcemente, algunas
veces con saltos. Experimentamos una sensación agra•
dable y reconfort;ante en eetar ahí, escuchando iodo ese
estruendo y conociendo la fuerza de nuestro buque. Más
de uno ee habría roto desde hace largo tiempo . .Más afue·
ra el hielo se rompe contra loa fltt.ncoa del Ji'ram y sus briznas, penetrando bajo au casco duro é invulnerable, Le forman un lecho sobre el cual nosotros reposamos. A nuestro rededor, en muchos sitios, los témpanos es1ián aman•
tonados. Llegada la nocbe, hay un deECanso, y nos vol·
vemos á encontrar á flote.
Viernes 19 de Octubre.-La noche última1 ee produjo
una presión formidable al rededor de los viejos bancos,
sobre los cuales están encadenados nuestros perros. L'l8
témpanos se habían amontonado más alto que el punto
más elevado de loa bancos, y se habían descuajado por
debajo, recubriendo nuestra áncora de hielo, y eu cabi.e
nuestras planchas y nuestros trineos, y amenazando á.
loa perros. Estos pudieron ser desatados y salvados á
tiempo. Pero esta matlana, á pleno sol, la confusión es
i ndeecriptible. Nosotros lamen tamo!! la pérdida de una áncora, de un trozo de cable de acero, que nos hemos visto
obligados á cortar, de algunas piezas de madera y de la
mitad de nn trineo eamoyedo. Acaso todo pudo ser salvado, si hubiésemos tomado precauciones, pero los hombres se han vuelto indiferentes á las presioaes ..... .
u...... Esta lucha del hielo contra el hielo es un proiigioso e!!pectáculo. Se siente uno en presencia de fuerzas
titánicas, y cuando el gran empuje comienza, pa:reee que
no puede encontrarse un paraje sobre la tierra, que no
sea qnebrantado.
MuJreoleR es de Octubre.-Hemos tenido una terrible
presión la noche llltima. Yo me deapel1é. Sentí que el
F,·am era levantado, sacudido, removido en todos sentidos; y,, oí el ruiJo del hielo que se rompía contra ea
casco. D~epués de haber eecucb.ado un momento, tor•
né á dormirme con la sensación agradable de que se sen•
tía un bieneetar grande á bordo del Pram. Sería verdaderamente terrible vene obligado á hacer un paseo fuera, cada vez que una pequeña presión se produce ó huir
con nuestro bagage á la eapaida como los del Tegethojf... »
Conviene mencionar aquí que durante esta primera invernada la expedición, tan grande era su eonfi1nza enel
Fram, no hizo jamás loa menores preparativos en vista
de un accidente que todos juzgaban imposible.
« ...... Admirable claro de luna esta noche. En medio
de eee mundo de hielo, argentado yeilencioao1 el molino
del viento que trajimos, hace girar sus alas sombrías ao·
bre el cielo de un azol profunto. Es un contraer.e extra•
ño: una repentina incursión de la ci vilizaoiónen es ta
región fantástica y helada ...
El 26 de Octubre fué celebrado á bordo el aniversario
dAl Fram. Naneen evoca el recuerdo del bc1.ut.izo del
F,·am y de aquella que lo baut.izó. c&lt;Eatábamos de pie
sobre la plataforma, ella arrojó el cllampagne sobre la ser-

último dia del afio. Fué un largo año que trajo II la vez

mucho bien y mucho mal, Comenzó por el bien, trayén•
dome á. la pequeña Liv, (1) una dicha tan nueva, \an
extraña, que al principio yo apenas podía creerla. Pdro
la separación que vino más tarde fué indeciblemente do•
loroaa. Ningúu año me babia t;raído una pena más grande que esta ........ .
t&lt;Y vos nos habéis engañ.ado al fin, viejo afio: apenaa
nos Jlevaeteii:1 tan lejos como debíais. Sin embargo, po·
díaia haber sido peur. No babéis sido ttLn malo ctespuéa
de todo? No habremos tenido acaso razón en nuestras
esperanzas y en nuestros cálculos y no seretno".I araauado1:1
hasta donde lo de::!eamoa y esperamos serlo? U oa sola cosa
en definitiva nos ha comrsriado: yo no pencaba que la
derivación tendría tantos zig-zage.
«Jueves 4 de /!Jnero.- ...... ~stoy de buen humor, aun4110 derivamos de nuevo hacia el Sur. Ddapuéa de todo,
qué fmport;a? Acaso la ciencia ganará lo mismo, y yo su·
pongo que ese deseo de alcanzar el Polo, ea una augeetiión
del demonio de la vanidad.... »
Y Naneen analiza la situe.ción

'1
_::~;;~f==========~==========~==========•~~======~==~~:~~~::1
.,
111

11

')11

1

1

nTodos mis cálculos, con e:1:•
capción
de unosiguiente:
solo, ae han ende
la menera
contrado justos. Hemos-á des•
pecho de los pronóeticoa desfa•
vorables,-aeguido nuestro camino á lo largo de la costa de
Asia. Hemos llegado al Norte,
más lejos de lo que yo habfa
osado esperar y al Este tan le•
jos como yo lo deseaba. He.ID:ºª
eido como yo lo deseaba apnsiu-nadoa por los hit:loa. ·-----"

·;· ~)f~:~1frf!t~~-i~~:f:
·= ..

.

.

.

. •·

'"

El trilyect, del "Fnrn" i lo lar¡to=de las costas siberianas.

► C l)

Nombre dela. nilia fleNanc;en,
nacida e l S d e Ene ro de 18'~ .

MUNDO

El "Fram" en medio de los hielos.

((El Fra,n ha soportado sin romperse las más fuerte!!
presiones;. ~I confort á bordo, sobrepasa nuestras esperanzas. \ iviremo:i sobre loa bancos la vida de invierno1
&lt;:omo ai nos hubiésemos traído con nosotros un fragmen ~
to de la Xo~ega 6 de la EuMpa. Somos una pequefla
parte_de !atierra natal. En uu sólo punto han ealido
Caricatura• tomadas del "fram•jaa"

P.L~o en tiempo de NU, con el calzado pat.entado sverdrup

L&lt;l~ (·om¡1Uiiero~ del Fram en el SC'mlero de ht i::ucrn:i: diferencia en:
tri:! el calzado Snm:lrnp y el l'a.lzad.o La.pon.

r,...,,c-ompañeros de l Fram es tán at1nen el campo d e la guerra.

x;..,;,,,,.
,s ,.

EL

mi3 ~álculoa fallidos, deegraciadamente en uno de loe
más import.antef!.
• Yo suponía 11,na mar polar poco profunda, siendo Ja
mayor profund_1dad hallada en eetaa regiones la de 146
metros, reconocida por la Jeamiette. Yo había supuesto

que todas las corriP.ntes tendrían en esta mar poco profun~a, una in~uencia apreciablt- 1 y que en particular, las
cornentee namda&lt;i en la embocadura de loa rioa asiáticos1
l!8 enc?ntrarían demasiad~ fuertes para impulsar el hie lo hac~a el norte. Ahora brnn, encontré una profundidad
que mis eondas no pueden medir, y que estimo ahora en
1,800 metros cuando menos, y aoaso el doble. Toda mi
fe ~n la existencia de esa corriente, se ha destruido: no
ex1ete ó ea extremadamente débil; mi sola esperanza
ahora está en IOi vientos. Crietobal Colón descubrió la
América como conaec~enciade un falso cálculo, que tampoco era el suyo: el Cielo eabe donde me conducirá mi
error: el bosque flotante siberiano ( 2) encontrado en la
co~ta de G~nlandia, no pu~de mentir, y debemos segmr el caru1no que el ba segudo.))
Pero algunos clfas más tarde, deFalentado de nuevo aun
cuando se había alcanzado el 80º, Nanseo. ee entre'gaba
á. un cálculo poco t,ranquilizador del cual resultaba que
al ~aso con que el Pram avanzaba hasta entonces, no uecea1tnría menos de cuatro años para alcanzar el polo y
ocho anos para e~t~r de regreso en Noruega. «Me acuer•
do de lo que escr1b1Q Broggerantes de mi partida, cuand~ fº plantaba pequef'ioa !'rbus~os y árboles jovenes en
m1 Jardín para la~ generac10nes futuras: Nadie decía él
sabJ~ cual eeria la ampli_tud de_ su sombra c~ando yÓ
volviese. Ahora están ba10 19:_ meve, pero en primavera
comenzaráu de nuevo á palpitar y á crecer: cuántas veces?. ..... 11
En t.anto que Naneen eueíla ó razona, á bordo del F,am
contimía el mismo modo de existencia fácil higiéni&lt;:a
sin ~uidadoa, f~liz, confiada á la estrella del }efe. Desd~
el 1. de Enero, cada uno se ha puesto, de~pués de algunos días de reprso compltto, á desempeñar sus quehaceres de costumbre. El termómetro ha descendido hasta
50° centígrad~s sin parecer afectará loa robustos noruegos. ¿No se v1ó acaso con 4-0 grados de frío á Scott Hansen correr sobre el puen~ en camiseta y en calzoncillos
para anotar uaa obenvactón? ceEstoy convencido dice
Nanseo 1 de q_ne 10, 20 y aun treio.ta grados más baj~1 hubieran sido aun soportablea.11 Casi todos han engordado
y el grueso de las mejillas de Juell, sin hablar de otni.
parte de su individuo, se vuelve alarmante.» En ninguno de loFI talleres primero instalados se guardan Jas
fiestas. El do::tor Blessiog e-e ha vuelto encuadernador
y repara loe volúmened waltratadoa. Se ha abierto una
galeria fotográfica. Una manufactura de agendas pros•
pera mucho. En suma, no hay nada entre el cielo y )a
o_nda que loa compafieros. del Fram no puedan proporc1onar1 excepto buenos vientos constantes.
[::?I Rll.ma&lt;t y tron ()Q!l flotante!&lt;, d e p ro \'enen&lt;'ln J;iberfana hnn J;!d

~ d o s cert:a de la&lt;; rtben:is de Gr~nlandia, e n las miSIÚas condi~
c1ones Q'.:!e lO'i res~ de la J tx1.undte.

El gran !')()ntecimiento ?a sido la v~elh del aol 1 qu&amp;
f~é precedtda en algunos dtaa por un miraje extratlo. El
rn.de Febrero fué cuando la imagen del sol npa.reció por
primera vez .. U~a. larga banda de fuego rojlJ brillan~e, se
mostró al. p~mmp10 en el horizonte. Un momento después se d1at10gutero~ dos rayas semejantes, superpuestas
Y separadas por !1º rntervalo máFI sombrlo. Por flo al
1
cabo de algunos rnetantee y después de haber ascendido
á lo alt? del gran mástil, Naasen pudo con~ar y dibujar
hasta ~tnco de esas r:9-yas hC?rizoutales de igual longitud.
El con¡unto daba la ~mpres1ón de no extraordinario sol
rectangular de u~ roJo extinto, dividido en bandas horizontales alternativamente más claras y más sombrías
El sol que anunciaba así eu próxima vuelta, estaba aún:

Aparición dl• la iml\g-en rf'fracta1la del sol, al fin del Invierno.
0

á. mediodíai á 2_ 22' por encima del horizonte. Diez días
después, emergió por fio, yel 16 de Abril Naneen Scot.tHansen Y Johans~n, pudieron observa~ un ecl{pse de
5?1, que, al prodnc1ree con algunos in.etantee de diforenb1! en el momeo.to ex~cto calculado por Naneen, les pro' con gra';l sat1afacc16n suya, que sus cronómetros estaban tan bien _arre~ladoa cuanto era po 8 ible.
El 30 de Abnl, baJo la influencia de los vientos regnlarea d~l s~ y del aur:este, el Fro m alcanzaba SOº -14 t.
L.a .der1va.c1ón de. la pn~aver~ se anunciaba así bajo au,.
fi1c1os eat.1afactorios. 81 la pnmer invernada no había
lev~do srno á resultados poco favorables bajo el pumo
de vista de la marcha h~cia el polo, según el plan de Naneen, cuando menos babia demostrado la resistencia del
explorador, la de sus compafl.eroe y la de su navío.
Continuar ií.

�EL MUNDO

404

DOMINGO IJ dcJUNiO de: 1897

DO11111:'(&gt; 03 DE JUNIO DE 18117

EL MUNDO

AL SOL

AL VOLVER A 111 PUEBLO NATAL

~

¡Pino locuaz de blonda cabe1lera, .
Aun das fragancia á•mi nativo prado
Y frescor al flexible y &amp;Tllentado
Arroyo que retoza e11 la ribe.ral

¿Por qué, Amor, cue.ndg expiro desarmado,
de mí te burlas? Llévate esa hermosa
doncella, tan ardiente, tan gracioea,
que por mi obscuro asilo has asomado.

¿Quién alimenta tu hervorosa hoguera
que asi, siempre fE'cundo y encendidó,
has alumbrado el tiempo que ha vivido
como un minuto la terrestre esfera?

Ciérnese aún el águila altanera
Encima el risco; vuela en el cercado
El zo~al; y arrebólase el nublado
En la occfdua selvosa cordillera.

En \iempo más feliz yo supe, osado,
extender mi palabra artificiosa
como una red, y en ella, temblorosa,
más de una de tus aves be cazado.

¿Qué fuerza rige la inmortal carrera
con que vas á un poder desconocido,
á. la atracción univereal ceñido,
como si centro de tu centro fuera?

Y i:lun ostenta eu brillo y lozar.ía
Aqueste madrofla1.. .... ¡oh Dios! en donde
Mi buen padre al encuentro me ealía.

Hoy Ge mí mis rivales hacen juego,
cobardes atacásdome en gavilla;
y libre ya mi presa al aire ent;rego.

Dios, que loa asiros vívidos derrama,
cuando se acerqne tn postrero día
apagará esa lo z que nos inflama:

¡Y hoy que retorno él solo se me esconde!
¡No hay huella de su báculo en la vía ..... .
Y por más que le llamo ...... no responde!

Al inerme león el asno humilla;
vuélveme, amor, mi juventud, y luego
tú mismo á mis ri val~s acaudilla.

Y una pavet1a vagabunda y fría
eeráe, ya muerta tu esplendente llama,
en la callada inmensidai sombría,

Jos.É

M.

ROA B.-\RCEXA.

foNAOO R.nlÍREZ.

JL.\X RAYÓX MOLINJ..

IPRF;SENTF;N AR1'IAS!

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A la orden de echarse en tierra, lns soldados obedecie•
-¡Presenten armas!- repitieron loe coroneles.
ron: se agacharon levantando apenas la cabeza para ver
La brigada entera rendia al joven oficial que-expiraba,
así al enemigo. Los que pertenecían á. las familas del los honores debhloa á. su grado. Aquel que iba á morir
~ noche l!egaba á eu fin¡ un débil resplandor en
por su patria, recibía de ella el saludo más solemne.
Oriente anunc1aoa el día. .hl campamento empezaba á campo, encontrando apacible aquella especie de lecho,
~~apertar, p~ro silencioeamente; se sabía que la batalla aspiraban de cerca el olor punzante de la tierra recién Después, el general, irguiéndoee sobre sus estribos, ébrio
iba á S?r _refllda. Cada hombre se preguntaba si esta se- movida por las carreta@, eoflnban con sus hogares: su pen- de dolor y de sangre, como nn rugido gritó:
-¡Adelante, á la bayoneta!
ría la ultima aurora que comemplarhl. El instante que samiento nostálgico retornaba al pueblo humilde que
La brigada frenética se lanzó contra el Pnemigo.
precede a un C4.lmbatt, sangriento ea siempre solemne· habían dejado sin saber si lo volverían á ver jamás!
Loa oficiales de pie, rE'flejaban en sus roEtros la calma.
no hay e:n ese instante, vieJos ui jovenes, todos los hom~
FELIC'HXO X.UHL.
bns son de igual edad: tan cerca de la muerte se siente Delante de cadacompai\ia 1 el capitán, el teniente el sub•
el uno como el otro_. Aotts de la emCriag.uez de la pólvo· · teniente, se paseabao con paso lento pero firme; algunas
r~ se apodera del eJércu.o un eobrecog1m1ento casi reli• veces se detenian y con la punta del sable hacían saltar
gIOBO,
los guijarros: la dignidad, la responsabilidad se revelaLos dos r~gimientoe que coroponiao la brigada del ge- ban en ellos; rns almas heroicas estaban orgullosas de
neral Maunce, forwa01:1i11 el ala 1zqu1erda. Basta la media dar la vida por la patria.
El general buscaba siempre la señal para lanzar la brino.e.Ge habían warcbado la vispe1a 1 tdectuando un movimiento de flanco, con el objeto de caer sobre el enemi• gada. Con su auter jo aegnía las peril)f'eias del combate
que se libraba en una casucha de campo situada á poca
go en un momento dado. Los soldados estaban rendidos
pero llenos de ardor: comprendían el papel deciai vo qu~ distancia .
PALOMAS
desempeñaruui para asegurar la victoria.
El tie~po e~ agradable y hermoso. El general at:ieA ve de prísti oaa galas,
nas hab1a dormido una hora. Scintado en una eilla de
de aterciopeladas r,lumaa;
p~ja, secaba sus graodee botas enlodada!!, al fuego del
blancas como las t-spumas
vivac, sus ayudantes acue11an presurosos á su lado·1 ensison las plumas de tus alas.
llaban los caballos.
El vuelo
·
~ Era. la aurora de un día ·histórico, de gloria para la
Lo tiendes paloma al cielo?
rrancia.
•
ó aspirar vas el aroma
Un joven subteniente, imberbe aún, recién salido de
de loa árboles en flore~?
la escuela de 811int-Cyr, se presento eu ese momento.
-Quieres oír mis amores -¿Eres tú, Juan?-dijo et general tendiéndole la mano
te loa coutaré1 paloma!
con cariño.-¿Qué quieres hijo mio?
-Pildre, be~aroi autes de tr á la pelea.
A ve de tierna garganta
-No bay para qué-respondió el general bruscamente
y que parece que implora,
diEimulando mal l_aemoción que invadía su corazón.-Ho,Y
q 11ti no se eabe si llora
no soy tu padre, srno .m general; no tiengo ninguna orden
O si ríe cuando canta.
que darte: ve á reumrte con tu regin;üeoto.
-Escucha:
El jo_vt'n oficial se r1:1borizó ligeramente, hizo el ealuTiempo hace que mi alma lucha
do mthtar y deeaparectó. Su padre le siguió con la mirapor el amor dtt una dama,
da amorosa por algunos segundos: después vol viéndose á
por eso mi alma Ee muere
su_jefe de RBtado Mayor, un viejo•comanciante de bigote
por que 110 Eé si me quiere,
gr1e, exclamó:
porque igooro si 1110 ama.
-Pobre hijo, lo he recibido con indiferencia-, pero no
Unacolumna la asalt.aba,eaforzándose por quitar al ene~ ésta la hora para enternecerse; esta tarde, si eetamos
migo aquel baluarte defendido cou el furor de la desespe¡Ay paloma! tú que eientee,
vivos los doe, lo beearé por su madre y por mil
ración. Como racimos de hombres parecían los soldados·
sin eaber lo que es falsía,
Un lioque de corneta r1:1pert:ut.ió: era la diana. Lenta. escalaban el muro aspillerado qne vomitaba metrall~
tú que lleva'i! la poesía
mente las tropas se alinearon. Detrás de la brigada ha· mortífera. De este punto pendía la decisión de la for.
Po tus cantos inocentes.
bta un pequeflo b.oeque, donde se estableció el hospital tuna.
Yuela
de sangr4:l; lus reg1m1entoa ee colocaron en línea de bata·
Tantas_ lucha~ ~iplomáticas antes de la guerra, tantos
Donde el pensamiento vela,
lla1 ofreciendo á los caflones el menor volumen posible1 preparativos rmhtares, tantos soldados, tantos cañonee,
vuela ostentando tus galas,
y se aguardó.
tantos es!uerzos iotelectuales y materi&amp;lee, para quetodó
donde ella tiene sus rejas,
Ya t:ra P,leno día, Como sombra se dibujaba la infan• se resolv1eee en esta pregnota: u¿Será ó no conquistado
quiero le lleves mis quejas
terta, ma-!-11obraodo para tomar sus posiciones. A los el muro?,., El albafHI modesto cuya mano incimeciente
en las plumas de tus alas.
rayos obl.10!-lt!ª del sol, chispeaban á lo lejos loa cascos construyó aquella casucha, no podía adivinar que su obra
de una d1v1s1ón de caballeria; loa sables relampaaueaban
¿Quieres saber como ea ella?
tosca tendría un lugar en la bütoriade los pueblos, y que
si por intuición lo sabea!
El caflón comenzó á tronar: una bomba pasó silband¿ su cuchara de obrero babia sido uno de los instrumenpues nunca ignoran laR aves
por sobre sus cabezas; después 1&gt;tra estallo á unos cente- tos que decidirían loa destinos del mundo.
~uir.o.es la m•ujer más bella.
nares de pasos deJan~ de ellos. La artillería enemiga
De pro.u to el gent'ral b!zo uo gesto. Acababa de disSus OJOS ......
calcula~a con m~s ';1-Cierto su puntería; sus primeros die• tinguir la seflal convenida.
Allá en los perfiles rojos
paro_s atsladoe, e1rv1eron para .fijar la distancia. Los pro•
-¡En pie! ordenó. Los regimientos saltaron como si
de su faz encantadora
yectllea reventaban ahora en mtidiode las filas francesas· fuesen un solo hombre. Al fin iba á bablar la pólvora.
parecen Bias agrestee,
tres hombres cayeron sin vida: la tierra bebió su prime~ Los soldados, excitados 1 encontraban el paso de carga
ra eaogre.
demasiado lento.
pues son sus ojos celestes
como un rayo de la aurora.
l~~rturbable, _montado en su caballo que paraba las
oreJa!t, el gen~ra1 e~cudriñab.J: el hori2:oote con sus gemeIII
Ya con esto qne te diga,
los: esperaba ,a M:nal convemda para- avanzar. Su alta
y con que aepireF! su aJOma
El general Maurice miró hacia donde el sabía que es•
silueta~ deatacalia en el extenso llano : tao tranquilo,
la conocerás, paloma
1,an sausfecbo paracía, ,qt_Ie loa soldados, cor.templándo- taba su hijo, para convencerse de que no lo habían
y t!erás su buena amiga.
le, ~o t_en~an el más muumo temor; sus miradas .tijas en herido.
Lo contempló radianLe, en espera de la gloria, espada
él, rnstrnuvamen;e_eent.fan que eue-vidas ee hallabao li~
•
gadas con la de su Jefe por uu lazo mistericso
en mano, y se enorgulleció de aquel hijo heredero de i:,u
·····································
Ya
sube
......
!
Al 01r el ruido de las bombas, el general ha.bfa vuelto nombre y de sus ee~r~llas. En Eu m~nte volvió á presen•
b cabeza.
Ya ee eEconde entre la nube
t.ársele el pasado: v1v1ó otra vez su Juventud, su primaya no se miran sus gala1:1, '
-ld y decidl~3 á loe cornetas-ordenó á un ayudante vera. Eot.re las brumas de loa recuerdos, rnnrefa la cuya se perdió en las brumas.
-que tchen á tierra á su geute; así ee,ado menos ex· na de cu hijo tan amado: la emoción se le agolpaba al
pu~etos á las balas.
Mi alma? la llevan sus plumae 1
pecho.
mi pensamiento? sus alas!
J:!.;J oti~ial partió á galope.
Abrió los labios y exclam3:-¡Añelante!-Fijó otra
vez eua ojos sobre el sub~nien~. Clavados por el hoCARLOS MEA1'"\' y MHAXY.
rror, no pudo apartarlos. Uoa bala de cafíón acababa de
]!
llevarle las dos piernas al joven oficial, que sin dar un
¡ay! cayó morib1rndo .
El valor en la inacció~, es el más meritorio de todos.
El general era mudo espectador de aquella escena te•
~uando se avanza, t:wbnagado por la pólvora, no se apercibe .U:ºº. del. fantasma de ~a muer~e que se agita sobre rrible; moría su hijo, y él sin poder siquiera irá. besarle·
los eJerc1~os, la. c~r~era furiosa hacia tl enemigo destru- seis mil hombres exigían que su eemblante para darle~
'
ye 1~ pasión de v1v1r que crece en el corazón humano á. valor, conservara su impasibilidad.
Gruesas l~griruas corrían por las mPjillas del viejo sol°:ledi~a que aumenta t:!l peligro. Eo el reposo, al con~rar10,_ v1endo al red~dor los heridos, la energía ae aflo•a· dado, el caml.o de pad!'8 vencía. al eatoicifmo del jefe.
Aunque el hombre ee aterra
se tiembla al ofr Bllbar las_balae1 toda la fuerza de al~~ ~os enfermeros conduc1ao al moribundo, el padre inmóal ver temblar Qajo sus pies el suelo
de que se ea capati a~ neces1ta.par11 esperar, sin moverse el vII le vefa acercarse. Cuando la fú'nebre procesión pasó
quién sabe si en el cielo
'
deaeolace deaconoc1do y terrible, el porvenir que puede cerca de él, se descubrió ante el subteniente y con acento terrible que no parecía humano, ordenó:'
será ordenar el trastornar la tierra?
durar EOlamente unoa segundos.
-¡Presenten armne!
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C ,BI.PO.ilfOR.

�EL MUNDO

DOMINGO IJ DE JUNIO f"t 1897

==

"SAVIA ENFERMA"
Bro tes mustios.
I

Expone la indole del libro.
Ilay savia jove n : la de potentes glóbulos rica,

que las arterias del trmwo ptlber invade y llena
y en policromo florón de p,1 talos se magnifica.
Tórrida savia , jugo del Cáncer, que en la serena.
· noc he de luna, crepita y cruje de fuct'i'.a plena,
e n el mi$t.erlo do nde lafla11f.a de Pml resurnr¡,
Hay savia. enferma,-&lt;sangre doliente,-savia tardía.,
q_ue cuan d o brota, las rama znn~s clel a rbo! cubre

con hoj as mate, con hojas ténues..... Tal es la mía

Comenzaron las etltrevistaa con las h erederas ricas y
en ninguna de e llas logró triufar e l pobre Eugenio.
En v,sta de l fracaso, d íjo le un día e l barón :
-El mal consiste, no en tu persona, si no en t u nombre.
-Pero Eugenio de K ercado .... .... .
-Lo que te falta ea un t ítulo.
-No todos tenemos, como t ú, la fortuna de descender
del botica rio de Luis Fdipe.
- No te rías; pero, te lo repito, mientras no poseas un
t ítulo de nob leza, n o pienses en casarte con una mujer
rica.
-Pero, si no lo tengo.
-Invéntalo.
Al fi n cedió Eugenió y cons intió en ser duque de algo,
cu yo nombre no recuerdo, y el barón Anatolio reanudó
sus tareas en busca de un buen partido pa ra Kercado.
Dur3nte las primeras veinticuatro h oras de su encum•
bra¡niento, reconoció ya el pobre bretó n la sabiduría de
loa consejos de su amigo.
Toda .el mundo le prestaba crédito y no encontró obstáculo alguno en los prircipalesestab lecimientos dé Pa•
ría , para que lo proveyeran de cuanto neces itaba. ·
Al cabo de dos meses Eugenio no podía asis tir á todos
los convites que se le hacían ni á las pretensiones de las
madres de familia que tenían hijas casaderae.
Pero1 en medio de su ventura, p ~rseguíale la desgracia,
pues ni é l ni su amigo Anatolio Jograban dar con a.na
mujer bastante rica para las exigencias de entrambos.
Al fin, la casualidad vino en ayuda de Kercado.
Un cronista publicó en un periódico un articulo contra
el nuevo ducado, y Eugenió provocó al eécritor, fué herido y dispuso de seis semanas de descanso obligatorio
para poder reflexionar acerca de su situacion.
Un dia se le presentó su confidente y le dijo:
Ahí tienes una cesta llena de~cartas y de tarjetas. En•
tre ellas ei3tá el nowbre de la fumra duquesa. Sólo falta
averiguar quién ea1 y para ello no hay mita que p0ner
manos á la obra,

III

MUNDO

ENGANO SUBLIME
Por maría \!escot.

Francisco![. de Olagnibel
LAS CABELLERAS.

De " Oro y Negro. "

Cabellera s de.!'atadas. $OÍS obscuros aluviones
descendiendo sobre campos in undados de blancura
Y extend'l'is sobre la carne v uestra fúnebre ncg¡-ura
como flámulas sombrías de o ndulnHles pabellones .
Vuestras ond:ts enc"'.'{'.".padas no han seritidn' la dulzura
de las m a nos que aca tieian como pálidos plumon es ...

Cabelleras d ru,atadas, rois o bscuros a ln \iones
deseendiendo sobre campos inundados de bl ancura.
Cuando el alma tenebrosa SB extremece de tristura,
P,Uando gimen y sollozan los heridos corazones
y el espfritu ~ embriaga con la hiel de Ia..amargura.,
rlolorosas, Íllnerarias, como un manto de pa vura,
cabelleras desata.1a.&lt;i, so!sobscuros a luviones.

~-=~i'f=..::~í'f=. ="'f=..::~ít=.Ist
LA PEDRADA

¡Tal es la mia1 Saria del yer mo qué sólo en cubre

La primera salida del convaleciente fn é para el médi·
gérmenes locos de la futura. yema i n!-lllubre
co que le había curado.
y tiene pom pa, m ás es la pom1m rolemne y triste del vie jo Octubre!
En la eala de {espera encontró Eugenio á una joven,
antigua conocida suya, á quien le habían presentado á
I[
loa pocos días de haber llegado á Paría.
Llamábase la joven Enriqueta Est.ibo1 y era hija de un
Androgyna.
acreditado Notario de Paría, el cual, al morir, le había legado una cuantiosa fortuna.
Por ti, por t1 &lt;;Jamaba , cuando surgiste,
Es de advertir1 que Enriqueta era una delas pocas mujeres que no se hat&gt;fan burlado de Eugenio.
infernal arquetipo, del hondo erebo,
Loa doe jóvenes hablaron extenaamente1 y desde luego
con tus sobrios encantoi;c, tu fa,: de efebo,
se estableció entre ellos una corriente de mútua simtlli! senos pectornles, y á mi vcniste.
patía.
La señorita Estibo ignoraba que Eugenio hubiese cam·
Sombra y luz, yema y polen á un tiempo, fuiste
biado de nombre, y tu viera un thulo nobiliario.
des pert.·u1dr, en las almM el crimen nuevo,
Kercado supo que el padre de Enriqueta había muerya con virilidades de Dios mancebo,
to hacía dos años y que la mujer á quien ya amaba vivía
ya con mustios halagos de carne triste.
retirada del mundo, en compailfa de una parienta ya en•
trada en años y de su tío y tut.or1 viej(t reumático, acerYo te amé, rorque á trueque de ingenuas gracias,
ca de cuya enfarmedad iba á. consultar con el doctor.
tcníWI las supremas aristocracias:
Sin embargo, la famitia recibía todos loa sáb1dos á algunos de aua amigos.
f:o.ngrc azul, alma. hllrll!1a, ,•ienlre infecundo!
A los pocos días1 Enriqueta presentó á su amigo bajo
porque sabias mucho y n.m¡:tbas poco
el nombre de Kercado, acerca de lo cual nada dijo el sey eras 11illtn.is rora de un siglo loco
flor duque, por un sentimiento de pudor, natural en el
y flora ~ióu mal~una de un viejo :r:mndo.
hombre que cree amar de veras por primera vez en su
vida.
A)IAOO NERVO.
Anatolio descubrió que la hu~rfana tenía tres millones
de dote y obligó á Eugenio á que activara sus operaciones, para llegar cuanto antes al logro de sus deseos.
Cuando las cosas estuvieron á punto, y toda la familia
convino en el futuro casamiento, presentóse el barón en
casa del tío, con objeto de pedir en nombre de su amigo
la mano de Enriqueta.
·
El tutor se mostró satisfecho de la demanda y, dijo al
embajador, que no tardaria en contestarla á la mayor
brevedad.
EL SE:ÑOR DUj!UE
-Mi sobrina es mayor de edad-aí'iadió-y á ella to~1.
resolver este asunto. Además, debo manife.:1tar á usted
I
que Enriqueta tiene tres millones.
.
Hace tres ó cuatro años que llegó á Paris un joven bre~
-No ha llegado el momento de discutir acer.:-:a de la.E!
tón, con objeto de conocer la capital y de adquirir relados fortunas-interrumpió Anatolio-pero sepa usted
ciones en el gran mundo, donde contaba con varios prique mi amigo ha ocultado una import,ante cualidad que
mos \ejauos, á quienes nunca había tratado.
le distingue.
Al llegar á París se hizo hacer tarjetas por primera vez
-¿Cuál?
en su vida1 y eso que había cumplido ya treinta afias.
diría usted si yo le asegurase que va usted á ser
C11ando tuvo en su poder las tarje rae, en las cuales se tío-¿Qué
de una duquesa?
leían bU nombre y apellido de Eugenio y de Kercado, re•
-Pues bien-replicó el buen sei\or-tenga usted la
partió una docena de ellas en casa de las personas cuyos
bondad de decir al señor duque que no he d~ tardar en
nombres había tomado de una lista del parentesco de su
comun:carle la contestación de Eoriqueta.
familia.
Así terminé la conferencia entre d tutor y el barón
· El gran mundo no cerró am puertas al joven bretón; Anatolio.
pero la cosa no pasó de aquí, pues nadie hizo aprecio de él
Al día siguiente llegó la contestación á manos de Euen los salones.
Los hombres no le hicieron caso y los mujeres se bur- genio, en ua momento en que éste se haUaba acompafiado del barón.
laron de su manera de bailar y de su torpeza en el trato
Be aqui la carta del tío, que los dos leyeron á un
de las gentes.
Eugenio no tardó en darse cuenta de su fracaso, y di· tiempo:
uSeñor duqne: . l\Ii sobrina y pupila habría aceptado
jo para sí:
gustosa el nombre de !Cercado, con el cual tuvimos el
-Ya que la buena sociedad me acoge de ese modo,
placer de conocerle.
trataré de alt-ernar con la otra.
Pero, educada modestamente, y siendo sencillísimos
sus gustoe, la bija de mi hermano cree no haber nacido
Il
para llevar un gran t ítulo1 que la podría hacer objeto de
Kercado cumplió su palabra, y al cabo de un mes era graves comentarios, cuya malignidad puede us&amp;ed apreciar fácilmente.
·
un jugador desenfrenado y un vicioso, que tateaba á va •
Me l'n&amp;arga, pues, que me haga intérprete de su penrias personas, á quienes al llegar á París no hubiera con•
samiento, con el cual está del tofo conforme el que estas
fiado ni dos francos en sellos l.1.e correos.
lín Pas esc ribe.
Arruinado por comp leto al cabo de medio afio comReciba mted , señor duque, la expresió n de la amistad
prendió al fin que no te nía mlis rem edio que elegi; entre
.
el sui qidio y el matrimo.:i io. Sus principios reli¡tiosoe no Sin cera con que le distingue etc., ~te.
le permitie ron vacila r y se detJidió por e l segundo exLEÓN DE T tXSAU.
tremo.
Consultó e l caso con su amigo el barón Anatolio de la
Canche, hombre de experiencia y gra n vividor, que conocía medio París y afectaba conocer el otro medio,

EL

DOMINGO 13 do JUNIO do 1897

Era una tarde y sobre el verde prado
Corría entu~iasmado,
Cerca del bosque, candoroso niflo,
Contemplando lo i valles y !as lomas
Las inquietas palomas,
'
Los arbustos y fl orea con cariflo.
Poco á. poco las nubes nacaradas1
De reflejos bafiadas,
Se tornaron en gen ios iracundos;
No eran ya nubes, eran nubarrones
Que huían cual legiones
De fantasmas terrible3 de otros mundos.
Todo ePtaba sin luz, todo sombrío:
E l pavoroso río
Resonaba á lo lejos con violencia;
El niño lo escuchó qt'ledo, muy quedo,
Sintió profundo miedo ..... .
Como vago estertor en la conciencia.
Horrible tempestad se preparaba,
Y el niño que miraba
El hondo espacio por· las nubes lleno,
Lanzó arriba una piedra, y al instante
Una chispa brillante
Surgió de allí con formidable trueno.

•

El nifio huyó. Bien pronto en el regazo,
Con frenético abrazo
Estrechaba á su madre con anhelo;
Esta afanada pregimtóle:-Bijo!
.
¿Qué tiene1:.? Y él la dijo:
·
-Eacóudeme por Dios! ..... que·he roto el cielot
JULIO FLoRÉZ.

De Ismael Enriq ue Arci n legas.

EDAD llIEDIA
¡L1évame1 pensamiento, á aquellos días
De torneos, y músicas, y florea;
A esa edad del valor y loa amores
Y de las citas en las noches frías!
Tianspórtame á esos tiempos do alegrías,
De empresas y de sueños tentadores,
Cuando iban á cantar los trovadores,
Al pie de las talladas celoafas.
Q iiero Verá la hermosa castellana
De codos en la reja, cuando flota
· Su oensamieato en la extensión lejana.
Mientra~ l!ega al castillo el caballero,
Con su penacho azul, su recia cota,
Y en sangre tinto el toledano acero.

EL CAFE
De mi tierra en los ásperos breñales
H ., visto abrirse sus fragantes florea,
Que parecen, del sol á los fulgores,
NiPve sobre los verdes rafetalea.
Y después, como fú lgidos corales,
E n explosión de vírgenes olores,
Lo he visto entre los gaj os tembladores,
A la sombra de bosques tropicales.
Ahora ...... humea! R iega tu perfume·
Del ideal las ala s desentume
'
Y agita en rauda conmoció n mis nervios.
En. m i la ins piració n sus rayosºquiebre·
Mi fren te nimbe, y en sagrada fi ebre,
•
Mis versos surjan graves y soberbios.

•

Deapaéa de la comida, volvieron al salón. Al rededor
de él todas las cosas parecían transformadas. Era ese
verdaderamente el salón de aspecto melancólica donde
tantas vece·s había pasado horas de graves y serias conversaciones? De dónde le venía ese aire de fiesta? Del
fuego del hogar, de la luz de las bugías 1 del perfume de
las florea ó de la sonrisa de la mujer que lo alumbraba
con iluminacíones de sus vivientes bellezas? Bajo la influencia de loa vi.nos capciosos, EU cabe.zas se exaltaba.
Era tan fácil aquella dicha! tan cerca de su mano! Por
qué no asirla? Eatábale pues prohibido ocultar á loa
ojos de su familia una parte tan larga de auexiatencia?No
podía él, crearse á hurtadillas de su hija y de todos, un
Tetiro misterioso donde gustaría toda la dicha del amor?
Tantos hombrea ·la habían hHbo antes de él.
Estos pensamientos, un poco confusos, hacían pasar por
su.a ojos las flamas roja@ del deseo. Su afecto por Beltra•
na sufría una postrera metamórfoais¡ deseaba su perpetua
compañía. ·
Las palabras que ella veía flotar en sus labios y que él
balbuceaba ya, preocupaban empero á Beltrana. Hablaría él de matrimonio?
No habló, hablaba solo de amor, pintando las delicias
de una vida de afecto, sin oposiciones y sin molestias.
Ella creyó conveniente hablar.
-Si, amigo mío, esta vida que pintaia tan dulcemente
intima1 ea la dicha. No tener ni un secreto el uno para
el otro, confiarse sus cuidados, sus penas, con la seguridad de un afecto experimentado, sentir cerca de sí á toda hora una solicitud á la cual pueda apelarse con toda
confianza; esas son vuestras palabras, no es verdad?
Pues bien, ese gran tratado de amistad, por bello, por
ideal que parezca, existe entre nosotros, y yo conocía ya
su potencia, puesto que teniendo necesidad de vueatroB
conseje1:1, no he vacilado en llamaros cerca de mí.
Se interrumpió, hizo una pausa para dejará. su inter·
locutor tiempo de responderle. Como él se callaba, ella
continuó:
-Este llamamiento ta~ lacónico, del que hace.un mo•
mento me pediaia explicación, tenía una causa muy se•
ria ........ .
Se volvió á callar esperando una prE'guuta que él no
hizo.
Se levantó¡ con paso rápido atravesó el salón, abrió un
secretaire y tomó un:papel que puso en sus mano!!.
-Leed esto, dijo, y aconl!ejadme.
Era una suplica ardiente y humilde, nna larga para·
fraeis de la célebre carta de Ruy Bias:
«Soy un gusano enamorado de una estrella,))
La estrella ee llamaba Beltrana, y el gusano, conde Ives
Le Goeleck. Este, en una prosa conmovedora, le decía
como, desde el primer día, desde la pr:mera hora, 13 había adorado de lejOS', desconocido de ella, sin eaperanzA.
alguna. A,,quí la carta de Ruy Bias dejaba aparecer algunas reminiscencias del soneto de Arvera. El enamorado
guardaba su secreto; su alma ~nía su misterio; y de este
amor eterno, se había jurado que ella jamás sabría nada.
Pero . á la vuelta de una expedición acababa de saber su
viudez y EU partida. No afiadía, en su dflllicadeza, que
sabía al mismo tiempo el fracaso de su fortuna 1 pero la
peroración lo dejaba adivinar.
Ofrecía á la reina de su corazón un nombre sin man•
cha, una vieja casa de familia y cuarenta mil libras de
renta. Se sentía avergonzado da uo poder poner á. sus
pies una cotona real y una fortuna de príncipe. Se dig•
naría ella contentartte con tan poco?
Si por encima de 103 hombros de M. Duvernoy, !vea
Le Goeleck hubiese podido releer esta carta, escrita con
toda la pasi ón de su corazón dos afioa antes, se habría
sorprendido del súbito medro de su modesta fortuna y
de veree llegado, promovido, sin especulación y sin gol•
pe de bolsa, á la dignidad de millonario.
Si por encima de los hombros de Fernando, un exper·
to en escritora hubiese examiaado las cifras enormes,
-sin duda habría dee:cabierto un fraude y la adición de
tal ó cual cero.
El pintor F ernando Duvernoy no era nn experto e n es•

. .,.,.

de esos deseos intensos que se burlan de las más firmes
resoluciones, que explican todM las locuras. Comprendió que podía resignarse 4. su muerte, pero no á verla en
brazos de otro.
Ella se había aproximado¡ dulcemente y con una voz
tan baja que .él tuvo que inclinarse para oírla, murmuró:
-¿Debo rehusar? ¿Lo deseaia verdaderamente, amigo
mío?
-Sí, exclamó él tomándola en sus brazos.
Estrechaba á la joven contra su corazón, loco, fuera de
ef, con loa ojos extraviados, )a cabeza erguida, como si
desafiase al universo á que se la arrancara. Ella ee abandonaba tranquila y sonriente. Por su habil táctica acababa de reatab!ecer las distancias y de reconquistar su
posición; el enemigo estaba vencido sin ser aniquilado.
Se rendía á discreción, ee podía encadenarlo al carro
Con la salud le llegaba al corazón el horror de la eole- tliunfal.
Un caballero no ofrece la existencia precaria de una.
dad. Pues que no debía morir era preciso que viviera, y
vivir así, sola, no tenía valor para ello. Es buena, des- unión clandestina á una mujer que acaba de rehusar por
pués de todo, la familia, y vale la pena de pensarse. Los él cuarenta mil Ji bras de renta y el título de condesa.
Fué en efecto de matrimonio de lo que Fernando ha•
amigos se van, la amistad ea un lazo fragil¡ ella lo había
bl6
y jamás se le ocurrió que ese rival noble y rico no
experimentado durante esos dos mea~s de abandono.
era
más
que un pobre y obscuro oficialdemarinaáquien.
¿Qué podía responder M. Duvernoy¡ qué podía él objeella había rehusado desdeñosamente dos años antes.
tar sin faltará. su papel de consejero?

critura, sino un hombre de corazón leal, incapaz de BU·
poner falsa ó engañadora á la que amaba. Leía cada palabra mordiendo su bigote, presa de cólera, de celos y de
tristeza.
Encontrar al alcance de eua labios ávtdos un fruto aa•
broso y verlo devorar por otro, constituye una agravación al suplicio de Tántalo. que loa antiguos debieron tomar en cuenta.
Se sentía ·encolerizado contra ese conde Le Goeleck que
le robaba la dicha entrevista. Marchaba á grandes pasos
á través del estrecho salón.
Beltrana lo observaba con sus ojos frío¡;, que iluminaban
malignos fulgores. Con una voz tranquila, impasible,
deapiadada1 exponía las ventajas del matrimonio propuesto.

-Casaos, le dijo él, con una voz opaca.
Continuaba su marcha más y más rPpida, nervioso y
agitado. Representar el papel de árbitro en este asunto.
¡Qué irrisión!
Así pue1:1, iba ella á irse, á poner esa linda manecita
blanca en la mano de aquel ofi:ial de marina, de aquel
conde bretón que la amaba des le hacía tan largo tiempo;
él la pe1dería para siempre.
Como su paseo le llevaba hacia Be~t.rana, sus ojos se
encontraron y se sintió mordido en el corazón por uno

XXXV
Ef aefior Duvernoy volvió á su hotel bajo el imperio de
aquella escena. Durmió poco, y esperó con impaciencia
que la hora le permitiese presentarse en casa de Beltrana. No pen1:1aba más que en la alegría infinita de volverla á ver así, libremente; sin temor, sin réplicas, sin contraórdenes. Cuando se hubo instalado de nuevo sobre el
pequeffo canapé, exclamó:
-¡Qué feliz soy mi bien amada, qué dicha la de haberos encontrado así!

�408

Ella estaba alegre, risuefia, muy otra de como él la había visto hasta entonces¡ no ee enternecía empero como
él, y le dijo con un tono de cariñosa gravedad:
-Contadme desde luego qué habéis hecho esta maflana.
-¡Esta mañana! é indicándole con un gesto el pendulo:
-He esperado1 pensando en vos que me fuese permiti•
do volver.
Ella hizo una linda mueca de desdé n.
-¡Oh! el perezoso! Yo, señor, he hecho algo mejor.
¿Será bueno d!lroe cuenta? Antes que todo escribí al se·
flor Le Goeleck. Yo debia una respuesta. á ese caballero,
¿no ea verdad?
-Sin duda, sin duda, era preciso sifinificarle que no
queriais casaros con él. Espero .q ut, él lo tendrá. por
dicho
Ella sonrió debilmente:
-No sois celoso ...... al menos así lo espero.
-¿Celoso, celoso 1 mi bien amada? No podía estarlo
desde el momento en que tuviese la absoluta seguridad
• demi ventura. Tewo.siempre que os arrebaten á mi ca•
riflo.
Y para afirmar mejor su temor, quiso, como la víspera,
tomarla en sus brazos, pero ella se echó hacia atrás.
-No he acabado aun de ha~lar. ¿Q11é veis. sobre eea
consola?
-¿Sobre esa consola? Un indicador de camino de fierro y una ((guía Joanne,11 según me parece.
-03 parece muy bien. ¿Comprendéis lo que significan
eee indicador y eee gnía?
Y como él guardaba silencio, ella continuó con un tono firme.
-Eso significa, amigo mío 1 que no somos unos niños,
que no nos son permitidas las faltas, que vuestra mujer
no debe enrojecer maflana de las debilidades de vuestra
futura; en fin, que nos amamos demasiado y que es preciso casarnos lo más pronto posible.
El murmuró:
-Pero ¿por qué partir?
No amaba las decisiones imprevistas y encontraba que
desde la víspera loa acontecimientos marchaban con una
rapidei inquietante.
-Por qué partir? dijo ella dulcemente, pues por que
mi corazón se hiela al !!olo pens1miento de unirme á vos
en esta fría ciudad protestante, donde nuestro culto es
apenas tolerado. Solo que como yo no tengo familia que
pueda recibirme, ni padre ni hermano que me conduzcan al altar, quería dirigirme á Roma. Me parece que un
juramento ea doblemente sagrado, doblemente solemne
en eea gran capital del mundo cristtano.
Y con una voz más triste y más grave, añadió:
-Tengo además otra razón. Vuestra hija no me ama.
M:e tiene miedo la pobre nifla¡ en tanto que nuestra unión
no sea indisoluble, sufrirá y tratará por todos los medios
de separaros de mf. Yo sé que vos reaiatiriais; pero qué
lucha para vos, Fernando, y qué sufrimiento. Cuando yo
sea vuestra mujer, Lila se inclinará ante el hrnho con sumado, y ademlis, me aent permitido ir á. su lado y con
mi"ternura, destruir sus prevenciones. Queréis que par•
tamos á Roma, no es verdad?
Como habría.el resistido cuando ella le miraba con sus
hermosos ojos suplicantes¡ además ella tocaba en su temor secreto en la oposición que él temía. Tenía razón,
Lila se resignaría ante lo irrevocable!
Ella vió su victoria, y levantandose alegre, batió pal.
mas.
Y ahora, hagamos nuestras maletas, dijo.
En Pontarlier, la desaparición del sefior Duvernoy no
podia pasar desapercibida. Apenas subía el sefíor Duvernoy al tren, cuando la tía Fourneron recibía informes.
Charlaba en casa de su tendero, haciéndose pesar una
sabia mezcla de moka de bourbon y de martinica, é informándose de la noticias del dia cuando el tendero le
dijo:
-Acabo de ver al sefior Duvernoy paear frente á la
puerta¡ llevaba una petaca en a,1 coche; de seguro iba á
tomar el tren.
La señora Fourneron movió loa hombros:
-Eataia en un error; mi sobrino no piensa en salir.
Yo le ví ayer noche y me decía cuán cont-ento estaba de
haber vuelto á su casa.
Una cliente intervino:
-Oh, acaso hay algo. Yo he visto al empleado del te-

EL MUNDO

légrafo que llamaba á la puerta, llevaba un telegrama.
La tfa Fourneron no oyó más, y olvidando eobre el
mostrador todas sus pequeñas compras, echó á correr.
Sin tomarse el tiempo de interrogar á. los dóméaticoei,
subió la esca!era con una presteza juvenil, se precipitó á
la cámara en que Carlota, desolada, se egforzaba en vano
en consolar y_tranquilizar á Lila.
-¿D6nde está mi sobrino? interrogó la tfa Fourneron.
-Sintiendo que le llegaba una aliada, Lila se endere•
zó en en camita.
-Tia Fourneron, yo sé, yo, dónde ha ido papá; ha ido
á buscará la mujer roja.
Y juntando sus manecitaa añadió :
-Impedíd::elo, tía Fourneron, ella es malvada, no hay
que dejará papá que se junte con ella.
Después tornaron sus sollozoe, en tanto que la eefiora
Fourneron dirigía á la aya preguntas múltiples y precisas. ¡Ay! las respuestas casi no dejaban duda: el pintor
había contraído en Lausanne un peligroso lazo. Felipe
de A.ubián no había arrojaio en vano un grito de alarma y la liga de familia se había desarmado demasiado
pronto.
La vieja dama corrió á casa de las señoritas Lézines.
-En 1 algunas palabras fueron ellas puestas al corriende de aquel inopinado viaje. El peligro era grande, pre•
ciso e1a meditar.
-¡A.h! ¡si Jocobo estuviese aquí! murmuró Eulalia!
-;Ab! t'ii no hubié:1emos hecho á Sánta Rufelia el in·
sulto de preferir á Santa Inés! exclamó Aglaé.
La señora Fourneron 1 que no gustaba de las jeremiadas inútiles, interrumpió con energía:
-Jacobo está en Niza y Santa Rufelia en el paraíso:
esto quiere decir que ni el uno ni la otra se dirigirán á
Lausanne para amonestará Fernando, hacerlo ruborizarse de su vergonzosa conducta y llevarlo por el camino
recto, pero yo estoy dispue1-.ta á. partir. Si hubieséis oído
á h pobre Lila suplicarwe que salvara á su padre, com·
prenderíais que no debo retroceder ante ninguna abne•
gación.
No, no retrocedía la sei'iora Fourneron, pero se com•
plació en consultas, yendo del Notario al Presidente del
Tribunal, del médico al ingelliero de puentes y calzadas
y de éste al capitán de gendarmería. To'1os, los Prudentes y los belicosos, la disuadieron de intentar la avento•
ra. El president.e del Tribunal le representó que una tía
se encontraba sin autoridad sobre un sobrino de cual no
era tutora y se ofreció á leerle los artículos del Código.
El notario, que conocía á Lauaanne, le objetó que en
esa ciudad el número de hoteles era tan grande, que sería
caei imposible encontrará M. Duvernoy y opinó que debía ella esperar cuando menos á que él escribiese dando
su dirección. El capitán de gendarmería afirmó que el
derecho abeoluto de la sefioia Martín sería de cerrar su
puerta á la visita y rehusar recibirla.
En tanto que ella tereg1versaba, llegó un telegrama fe.
cbado en Verona, al cual siguió una carta.
El artista exaltaba la pintoresca belleza de e"ta ciudad
que guarda tan fuerte la huella de ese tiempo á. la vez
bárbaro y refinado 1 de la época heroica de los Scaliger.
Deepuéa una carta de Venecia hablando del gran canal,
de San Marcos, de las }aguas: se hubiera dicho que se
trataba de un turis~a sin más deseo que el de admirar la
Italia.
La sefiora Fourneron se tranquilizó; ciertamente en
en ese viaje había algo-una intriga sin duda,-pero las
intrigas pasan. A todo pecado misericordia, Huido el
capricho él volvería arrepentido. L:is señoritas de Lézi•
nea dejaban oír, á propósito de esta moral un poco amplia, severas protestas. El presidente del tribunal 1 el capitán de gendarmería y el notario, participaban de la
opinión de la señora Fourneron. Lila 1:e tranquilizaba1
pues que su padre no e.3taba en Lausanne, es que ya no
pensaba en la mujer rnja y que no se uniría á ella.
XXXV

Cuando se fijó definitivamente el día del matrimonio,
Beltrana dijo al pintor:
-Ha beis escrito, segun creo, á. vuestra familia, para dar
le parte de nuestras intenciones.
~No, no había escrito! Cómo habría podido hacerlo y
cuando le había dejado ~11a tiempo!
Se había apoderado de él, no dejandole la posibilidad
de reflexionar ni de vol verse atra.a. Multiplicábanse las
visitas á loe museos, las estaciones en las iglesias, los pa•

DOMINGO 13 de JUNIO de 189J

DOMINGO 13 DE JUNIO DE 1897

seos á. pie ó en coche¡almorzaban y COmían juntos y cuan do Fernando la abandonaba en la noche para vol ver á su
hotel, se sentía tan cansado que se dormía casi luego.
Así pues, no había escrito, y lo confesó. Ella preparó
sobre una pequeña mesa, papel, plumas, tinta y dijo graciosamente:
~Escribamos.
Y escribieron juntos, por que si era Fernando quien
tenía la pluma, Beltrana era quien dictaba. Como él tenía horror por toda clase de correspondencia; le agrade •
ció que le evitase el fastidio de aquella, más cuando se
trataba de una cama perdida de antemano.
-A mi tía Fou1neron, deede luE&gt;go. Qué le diré?
-Pues que le pedís para mí su protección y su patro•
nato 1 que yo seré feliz si me guía con su conseJOB.
- Y á las prim':ls de Lézinei:,?
-Que eolicitais sus oraciones.
-Y á Jacabo?
-Quién ea ese Jacobo?
-El primo hermano de E '.ena, un hombre.muy amable que adora á las mujeres bonitas, que las ha adorado
demasiado acaso. En la actualidad, esttí en Niza.
-Pues b!en, decidle que venga á vernos; que estoy
muy impaciente por conocerle.
-No, no, os haría la corte y yo quiero guardar para
mí vuestras miradas y todas vuestras sonrisas.
Ella le amenazó con 01 dedo.
-Oh! que pícaro celosl)!
Concluidas estas tres cartas, él se quedó indeciso.
-Qué diré ~ Lila?
-A Lila, que ahora seremos dos para amarla.
Ante una última hoja de papel, se quedó perplejo.
-Esta carta, dijo 1 me cuesta mucho trabajo escribirla;
ea para mi cuñado Felipe. No puedo ca3arme sin darle
parte1 y le he afirmado tantas veces que no olvidaría jamás á su hermana ...... .
-Pero, dijo ella dulcemente, no la olvidaréis1 hablare•
moa de ella frecuentemente.
Después, coa un ligero temblor de voz :
-Qué, vuestro cuñado volverá pronto á Francia?
-Qué sé yo! dijo él con un suspiro, estamos sin noticia.e de él, su buque está preso entre lc,s hielos. Oh! e.sas
invernadas en el Polo ... .. .
-Entonces, ilijo ella, para que escribirle, puesto que
os es tan penoso y que vuestra carta no le llegará? Cuando nos hayamos caeado, Fernando 1 yo reclamaré el pla•
cerde ser vuestra secretaria, por que seria gran lástima que
una pluma usurpase el puesto de vuestros pinceles.
Fernando recibió á estas tres diferentes cartas las res•
puestas previstasi una sever~ mercurial de la señora
Fourneron contra los imprudentes, que fiindose á sq.s pro•
pías luces, no consultan á nadie; una piadosa amonesta•
ción de las primas, estas imploraban por él, al Dios de
misericordia; C,1,rlota escribió una larga y conmovedora
carta en que el corazón hecho pedazos de la p obre m u•
chacha, no dejaba escapar amargura alguna y se difun•
día en votos de felicidad. Jacobo dirigió cal urosas fe licitaciones.
Fué buena fortuna para Beltrana que él se encont rase
en Niza y no en Pontarlier cuando ~e llegó la carta de
Fernando. Un flirt con una elegante americana ocupaba
todos sus ocios.
-Toma, dijo filosofi.camente, parece que ese pobre
Fernando se ha dejado engaratuzar por su picarilla y
que se casa con ella. ¡Qué barbaridad, gran Dios, qué.
barbaridad! No hay como las gentes serias para comet e!"
esa clase de tonterías. Querría 'Ver la cara que pone la
tia Fourneron y los gestos de escándalo de las Lézines.
Pagaria un boleto.. .... y si el viaje no fuese largo ..... .
¡Cómo se modifican y cambian las cosas, sin embargo,
según el país y las latitudes! En Pontarlier yo formaba
parte de la santa liga, aquí, á fe mía, aquí estoy por la
picarilla. Esto es más divertido; las reuniones de familia eran tristes al U ..... .
Tomó de nuevo la carta y la releyó. De pronto el
nombre de B.:,Jtrana, que al principio no había notado,
despertó aJgún recuerdo en su espíritu.
-«¡ Bdtrana, Beltrana!&gt;, Un bonito nombre, nada co•
mú:1, nada vulgar! ¿D.)nde diablos conocí yo una Bel·
trana? ¿Fué en Paria? No me acuerdo.
En su mtimoria debilitada de viejo vividor, se confundían demasiados nombres de mujeres.
-Beltrana, Beltracla, Berta, Bertilda, ¿donde, dónde

h

--diablos conocí yo eso? ¡Oh! pardiez! ¡Beltradal Beltrada
'l a de lae Variedades, una peqm~ña actriz muy graciosa,
una linda picarona. Pero Beltrada no es Beltrana y yo
estoy seguro de haber conocido una Beltrana.
De pronto se estremeció:
-¡Beltrana Martín! La satánica Beltrana de Leódice
y de ese pobre Felipillo, la doncella del melodrama al
borde del Oceano! ¡Beltranal Me acuerdo muy bien. Y
be aquí que Ferr,ando se casa con eaa comedianta! ¿Qué
dirá Felipe á su regreso? ¿Y yo qué voy +t hacer? Pícara,
píca,a, pícara ...... pero esto es atroz!
Reflexionó:
-Lo mejor, BE'gÚn creo, es no meterse en eso. Ya hice demasiado y no es asunto que me importe.»
Con estas disposiciones de sabia cordura, escribió su
-carta de felicitación. Gracias a la americana, el corazón
de Jacob&lt;. en ese momento desbordaba de indulgencia
para todos los enamorados.
En cuanto á Lila, resistió á las súplicas de Carlota y
rehusó obstinadamente responderá su padre. A Felipe
iué á. quien dirigió un grito de súplica.
&lt;tYuelve, vuelve, padrino FeJipe, te lo suplico, ten pie.
dadd~ la pobre Lila, papá quiere casarse con la mujer
roja, me lo ha escrito él mismo¡ ya vt:z que yo no me equivocaba al decirte que me Jo tomaría.
u8i yo pudiese ir á Roma, cerca de él, le suplicad&amp;
muy dulcemente y con instancia, y acaso no se casaría,
pero la maligna Carlota rehusa venir conmigo, mis pri•
mas Lézines, mi tia Fourneron, también lo rehusan.
.jOh! padrino, si tu estuvieras aquí, me llevarías; papá te
e~cucharia, tú Je dirías que eeo te causa mucha pena. Y
'también á mamá Elena en el paraiao.
uLa señorita Carlota dice que tu buque está preso entre los hieloe. Entonces es muy lacil, no tienes más que
llegará tierra, patinando, y en seguida subirás al tren
y me enviarás uo tt-legrawa para que yo yaya á esperar'te á la estación; partiremos inmediatamente para Roma,
no hay tiempo que perder para que lleguemos á tiempo.
1•Hasta luego, padrino Felipe, no diré que soy desgraciada, puesto que tú no lo quieres, pero si papá trajese
.aquí á la mujer malvada, yo moriria de pena.n
Esta fué la última carta que Lila escribió á. su joven
padrino.
XXX\'II
Se casaron una vez que hubo pasado el tiempo de las
formalidades legales. Bdtrana no era tan loca para com__prometer con vanos retardos una victoria tan difícilmente alcanzada. El invierno pasó para Fernando como
un suefi.) encantado. Gozaba de la hora presente como
enamorado y como artiata. Hubiera querido prolongar
-sµ permanencia en Roma, olvidar el resto del mundo1
las discusiónes, las censuras y loa celoe: la tia1 las pri mae, la niña misma¡ no abandonará Beltrana eino por
las madonas de Rafael, admirar las unas, adorar la otra,
contemplar y amar.
Pero las visitas interminables á los museos, loa éxtasis
ante las obras maestras1 no tardaron en cansará hi joven. Tenía priea de abandonar la vida nómada, de volverá encontrar lo confortable de la casa, el bienestar
del hogar 1 ese lujo supremo de que estaba privada hacia
tanto tiempo: el home.
-¿Cuándo partimos? preguntó ella un día.
El Ee turbó.
-¿No somos felices aquí, mi bien amada?
- ttozamos de una dicha egoísta y abandonamos á
vuestra hija. Mi deber es reemplazará la madre que ella
perdió y de tratar de conquistar su afec~o; cada día que
pasa añade aun algo á las prevenciones que le inspiran
contra ml'..
-¿Quién se permite entonces? .... .. exclamó él con cólera.
-Todos, murmuró ella con el acento resignado, de una
martir; todos, loa mejores y loa peores, vuestra tía, vnes tras primas, y sobre todos Uarlota.
-¡01! en cuanto á esta, dijo él 1 yo protesto; os venera
y os adoi:a!
Ella sonrió irónicamente:
-Yos babeis sido la víctima de esa comedianta; no sabéis que quería ca~arse con vos?
Eet3 idea pareció tan cómica á M. Duvernoy que res·
pondió con una carcajada, pero Beltrana no sonreía. Le
hizo, desnaturalizándolas, las ingenuas confidencias de
la .A.lemana, citando hechos, trozos de fraee.s; la pintó

EL MUNDO

como una criatura ávida, agtuta, qne ocuHaba bajo una
simpliciáad aparente los mtis hábiles cálculos.
Un hombre menos enamorado no se hubiera dejado
con-.8ncn: pero Fernaudo estaba cegado por loa rayos
de la luna de miel, y cuando aquella adorable mujer se
dignó confeaan:e celoea. él se sintió excesivamente hala•
gado.
-La deepediréis 1 no es verdad 1 Fernando? Haréis es•
te sacrificio á:mí amor. Por lo demáa 1 ella educa muy mal
á m 1 eetra querida nii'ia.
Eo aqnt::llo, le fué forzoso convenir.
-F.s muy debi1 1 diJo él, como para excusarla.
-Decid, muy babi!, replicó Beltrana.
El sefí.or Duvernoy defendió á la aya de ana manera
timida, perdiendo pie á cada palabra1 temiendo una acusación de wmplicidad en un amor que ignoraba.
Beltrana insistió.
-Yo deseo que se vaya antes de mi llegada.
Al cabo de su valor, él cedió; no habría en adelante
más voluntad que la de aqueila mujer. El primer acto
de debilidad abre la puerta á todas l~s conceRiones cobardee. Quiso ella llevar hasta el fin au victoria .
-Es preciso despedirla inmediatamente.
-Escribid vos misma, os lo suplico; yo no tendría valor para significarle esa dura despedida.
Eso era lo que ella b.abf&lt;J. esperado¡ su carta fué una
obra maestra de ~r,l\cia felina; cada palabra acariciaba y
ensangrentaba. Esa fra.ee.,única: (1Lleg:.&gt; y os despido,)i fué
enguirnaldada con los más tiernos circunloquios. Se vengó en ese momento de los tewores que la imprudente
Carlota le había inspirado, del papel de co.ufidente que
le había iwpueeto. Juntó á su cana, como regalo de boda, una letra con~ra el banquer del señor Duvernoy.
El rayo cayendo á loa pies de la plácida alemana la hubiera aterrorizado menos que la carta de Beltrana. No
sintió ni la dulce perfidia d~ las frases tiernas, ni la hu·
millante limosna del regalo en dinero; todas esas finezas
se embotaron en su robusto corazón; pero el golpe que
la alcanzó en pleno pecho, fué la orden de abandonarlo
á. él, á su ídolo, al más grande amor de su vida. Qué r,rimen Llabía cometido el!a?
Vanamente examinaba su conciencia, nada encontraba
que pudiera explicar tal desgracia. A.l saber el matrimo•
nio de su qneridaprincesa, no había pensado ni en asom·
brarae ni en quejuae, y su imperturbable optimismo, no
se había desmentido. Ninguna tristeza celosa había ensombrecido su alegría¡ el castillo de .naipes que levanta•
ba desde hacía cuatro afios, se había venido á tierra¡ reconstruiría otro, cambiando un poco sus planes, modificando sus materiales de arquitectura.
Se sabe que las alemanas llevan el misticismo senti·
mental más allá de todos los límites del buen sentido r
de la razón. Como la heroina de Valdemar, se puso á so•
ñar la unión perfecta de las almas en una trinidad pla tónica donde se reservaba el papel sublime de la abne•
gación. En cuanto á volve:- J. Bohemia, ni lo había pensa•
do siquiera; la Blhemia era la vida pobre1 los pobres almuerzos, y Carlota amaba los goces del lujo tanto como
las situaciones romancescas. Se hubiera humillado, hu•
hiera solicitado su perdón por la falta desconocida q i:..e
se le hacía expiar si la señora Fuurneron no la hubiera
disuadido.

ros que forma por su felicidad el alma reconocida de la
humilde aya. y se sirva tranemitirlos á la señora Beltra•
na con mis agradecimientos por su bondad al haber en•
dulzado, escribiéndome tan tiernamente_, el dolor de mi
condenación.
«Dejo á. Dios el cuidado de defender mi i.nocencia, y soy
para siempre, muy honorable señor, vuestra humilde Y
devota sierva.
uOarlota.n
Después se fué, arrojada como una sirvienta infiel, pe•
ro componiendo una conmovedora historia que hacía
palidecer la leyenda de los más ilustres perseguidos.
Cuando estrechó contra su corazón á Lila sollozante:
-Estad tranquila-querida mía-murmuró; no tengais
pena, mi inocencia será reconocida y yo haré mi entrada
en esta ciudad en una soberbia carroza, tirada por seis
caballos caparazonados.
Dijo adios sin demasiada debilidad á su cámara con•
fort.able, á. la excelente cocina francesa, de la que sabia
apreciar los rebuscados m&amp;.njares, y con el generoso don
de bodas, puesto sentimentalmente sobre su co:raz6n,
volvió á la triste casa de Bohemia, pero la esperanza Y
la ilusión, esas dos magas que siembran de flores las rutas más aridas, la acompañaban.
XXXYII!
Nadie fué á encontrará los esposos á la estación de
Pontarlier; el pueblo entero estaba escandalizado con la
partida de la aYa, y hacía duros comentarios contra
Beltrana. Solos descendieron loe esposos del tren, Y so•
los E.e dirigieron á la casa.
Beltrana elogiaba todo al paso y Fernando, silencioso,
lamentaba á la pobre muchacha que había sabido apartar de su camino los abrojos y las espinas, hacerle la vi•
da larga y dulce, velar por eu bienestar y prevenir to·
dos sus deseos; pero vió fruncirse las cejas de Beltrana
y comprendió que eu pena no hallaba eco.
-¿Vuestra casa está situada ea este lindo boulevard?
preguntó ella designando la calle real de Pontarlier.
-Sf, ya llegamos.
Se detuvo ante una puerta cochers 1 empotrada en bur-

do arco.
-El alojamiento principal está ea el fonio del patio,
explicó él.
Llamó, nadie acudió á. abrirle. Llamó por segunda vez,
de~pués, con mano nerviosa é impaciente púsose á repi•
car. Un paso lento se hizo oír sobre las piedras, fué }fa.
ria na 1¡uien abrió .
-¿Dónde eet.á Claudia? preguntó él con una impaciencia de que no era duefio, por qué no abre él? ¿Por qué
no ha llevado un coche á la estación?
La vieja criada respondió en tono gruñón:
-Yo no soy la causa de que Claudia se haya retard:ido, por ir al camino de fierro 1 yo no soy la causa de q11e
no me baga caso, yo no soy la causa de que la aefiorita
Carlota se haya ido y de que todo ande mal en la caffl.
Yo tengo bastante con estar tras de mis hornillas.
Y los siguió á. través del patio 1 cojeando y rezongando.
El sefi9r Dnvernoy se arrepintió de su movimiento de
impaciencia: Mariana era una potencia á quien había
que tratar con cuidado.
-Tiene usted razón, he hecho mal en dirigirme :i
usted.
-Para que vuestro destierro no sea sino temporal, seDespués 1 con un tono más dulce 1 casi humilde:
ñorita Carlota, ceded sin re~istencia. C.)ntad coo. mi in-La sefiora es su nueva ama de usted¡ yo espero que
fluencia para obtener de mi sobrino que os vuelva á llala servirá con el celo y la solicitud que ienía usted pa.
mar; nos ligaremos todos para vuestra causa.
ra .... . .
Ella siguió este consejo, pero antes de partir, escribió
Se mordió los labios.
á su ídolo:
Se había embarcado mal en su frase; el nombre de
«Muy honorable señor:
Elena llegaba fatalmente y no quería pronunciarlo.
Loe ojos llenos de reproches de la vieja sirvienta lo
((Soy tan poco habil para las bella!! finezas de la lengua
francesa, que no puedo adivinar pc-r qué razón soy des- avergonzaban y le intimidaban. El continuó:
-Que ha tenido siempre para mí.
pedida p('t vos, pero se comprenderá que mi presencia
Beltrana vino á su socorro y dijo graciosamente:
os es odiosa y que no hay ya sitio en vuestro techo do-El aefíor Duvernoy me ha hablado mucho de voe,
méstico para Ja pobre aya.
«::\Ii corazón se destroza al dejará mi bien querida Li- Mariana; me ha dicho el cariño que tenéis á vuestros
la; yo habría querido esperar vuestra vu3lta, pero no oso amos y espero que me amaréis un poco.
disgustaros, habiendo siempre obedecido á. vuestras órContinuar&amp;:.
denes; obedezco aún por la última vez.
«¡Oh, señor! o3aria yo cuando menos suplicará vuestro
corazón paternal que fuese dulce y paciente para la po•
bre niña? Est!i tan triste y es tan infortunada!
«Agradezco al señor el generoso obsequio de bodas y le
suplico á mi bien amado am'J acoja 103 votos tan since•

�~4='º= = = = = = = = = = = = = = = ~ E L

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�EL MUNDO

DOMINGO 13 DE JUNIO Dl 1'9_7

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Proyecto de reconstrucción del Palacio Municipal de Puebla, premiado con medalla de oro.
Carlos
PROYECTO DE RECONSTRUCCION

DEL PALACIO MUNICIPAL DE PUEBLA.
El grabado anterior repri•senta el proyecto que acaba
ele ser premiado con wedadalla de oro, para la recons•
trucción del Palacio Municipal de la ciudad de Puebla.
El autor lo es el joven arquitecto inglés Don Carlos J. S.
Hall, que hace tiempo está radicado en el país.
El señor Hall ea además de arquitecto un buen eacritor y loa lectores de EL Mus-Do recordarán que hace pocos meFes criticó las obras de reconstrucción de la catedral de Jalapa y del Hospicio de Puebla. El señor Hall
hizo sus estudios al lado de notables arquitectos de Europa, y durante tres años estuvo como dibujante particular en el despacho de Don Roberto Gayo!, ingeniero de
esta ciudad.
Puebla está de plácemes por haber obtenido un proyecto digno de au cultura y adelanto.

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1

NOTA DE LA MODA.
Traje para carreras.

Este vistoso y elegante traje ea de folar tornaeol. La
bluea y manga llevan unas tiras de alforcitaa alternadas
con entredos de encaje negro. Estos mismos encajes ee
desprendenlá los lados del cinturón, cayendo hasta el bor•
de de la falda. Un risada de encaje termina el adorno.
Cinturón y euello ancho de blonda festoneada. Sombre•
ro de paja fantasía coa listones tornasol y plumas negras.

Número 1,

J.

S. Hall,r Arquitecto.

país ea menos caro y mái; útil á la aalnp
que los vinos extranjeros, y las paste!f,.
rías no hacen más que sobrecargar el es·
tómago.
¿No hay también muchas supe,:{lui-/,¡d,.,
en el tocatlot, tales como las et1enciaa ti nas,
los perfumes de precio subido, que aeríart
ventajosamente reemplazados por el vi•
nagre ordinario y las plantas aromáticas
de los campos?
¿No hay también ~upe,:flufrlades de vanidad lileraritt, tales coin0 las subscripcio•
nes á la ➔ obras fútiles. á los periódicos, ó
á los diarios de modas, que apenas ee
leen y q•1e á m'lnn fo se reciben sólo por
hacer da ello alarde'?
Dejad esas suscriciones por seis meEes
y ten•i réis una economía de tiempo y de
dinero.
¿No hay snpe,:f1!1idades a1ín en el tral,«jo! En lugar de poneros á hacer un lujoeJ
oordado, unos adornos, ó un vistoso te·
jido que os dejaría llenas de ilusiones y
·le vanidail, tomad la ropa para rern..n·
darla. cortad y haced vosotras mismas
vuestros vestidos; así economizáis el dinero que pagiis á una costurera, y queda•
réis al menua, contenta de vuestro tra·
bajo
t:labed esperar un mes más para procn•
raros un mueble ó un objeto de tocador,
sin el que os habéis pasado un afio. F.:~tt,
es un punto importame para loP ~a•'&lt;•e
que no son obligatorios, ~aber gauar el
t:t!IIOO.

BORDADOS
Bolsa para ropa de noche ó calzado usado.

¡ .

.

•.•

,¡
t.

,¡

l.oe uúmeros 1, 2 y 3 de nuestros grabadr•R representan la bo!Pa y eus
detalles. El fondo de eeta bolEa Pe hace de dril crudo fuerte, de 61 Cf&gt;n•
tfmetroa de largo por41 d&lt;i alto. Para las bolPas Ee corta una tira de ita·
mina, cruda, de 84 centímetrop de largo por 3,:5 centímetro~ de alto, bordada con algodón rojo. La cubi!'rta qne cae, PR de 61 centímetros de larflº• y de alto tienP, en PI extremo del pico, 21 centímetros; en la cruz
del cPntro tiene 16 centímetros. SP. borda al punto de la cruz.
Después se unen las boleaR al fondo, por medio de costuras. quedando separada la del centro de la de los lados por cuatro centímetros de
dista11cia. Estas piezas ee forran con raso de algodón rojo, se ribetean de
blanco, y se pone, en lo alto de la bolsa, tres gazas de cinta para colgarla.

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"I

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L E C T U R A P A R A L A S D A M A S.

1.I
1

'¡

Número a.

MEDIOS DE CUBRIR El, DÉFICIT.

Aprended á restablecer el Pq11ilibrio entre vuestras entradas y vuestros gaetoa, cuando notéis ·rn déficit.
Así como la parte de los pobres, también la parte de los goces íntimos debe ser sagrada y no servir fnera de su destino, más qne para cubrir
los vacíos que una enfermedad, 6 una pérdida dejaría en el presupuesto.
Pero hay momentos en que el dinero puesto de reserva, puede no
Rer suficiente para cubrir esos vacíos; entonces poned en práctica el recurso de loe cercenamientos.
¡Oh! este arte de lna cercenamientos ea admirable, cuando es practicado con el corazón. U na vez que se.le ensaya, se ve que es bastante en
todo y por todo.
. Ved, e1;1 primer lugar, con mucha claridad vuestra -posición r repar•
t1d proporc10nalmente, en todos los ramo?, las ecnnomfas que pod~is in
trodncir en ellos, de manera que podáis decir: En todo el&lt;/e meK me pon- ·
cfrA al rorimte; despué~, manos á la obra.
"No cercenéis sobre la cantidad de los alimentos, sino sobre eu cnali •
dad, que puede ser siempre buena, dejando de ser exquisita. Con hacPr
uso, durante algunos días por semana, de viandas ordinarias, pronto ee
verifica una verdadera economía.
Además, ¿no hay muchas s11perttuidades en la mesa, que sólo pertenecen al sazón y al gusto, ó bien á los postres que 36!0 sirven para eo·
brtexita r el gu,to sin procurar la nutrición? Cercenad las sin piedad, para no dPjarlM aparecer sino en las grande!! fiestas. El vino ordinari.&gt; y del

LA REINA.DEL BAILE.

/

Número 3.

�•'•

DOII INGO 13 Dl J_UNI~ Ol •■e 7

EL MUNDO

:::=:·-:
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no PA.RA..

CA.RR.ERA..S.
Wéaac e4 te •to.

�DOMINGO ,3 DE JUNIO OE ,897

EL MUNDO

4'4

l

Llevad todavía un mea más ese vestido qne ya teníais
propósito de dejar por que ya eEtá algn desteflido, ó por
que ha pasado la moda1 y que alguna ligera compostura
1
lo pondrá servible.
Permaneced un poco más en vuestra casa, y ahorraréis
los gastos de tocador que exigP11 las tertulias a las que concurriréis impulsada por la vanidad, y de las que saldréis
acompañadA del despecho y de los remordimientos.
Ved poco las cosas bellafl, de lujo y atractivai:i, 'Para desearlas poco y prCicurnd estar seriamente ocupada, para
no dar lngar á vuestra imaginación de creara~ neceeitlades
factic ias.
En reaamen, no ceret'nemoa de lo nect&gt;sario, sino de lo
supnfluo; y eiempre que se quiere, se encuentra algo BU•
perfl uo en torno de sí.
Y si alguna vez noe ,emos obligados á quitar algo aun
de lo necei:ario, jíh! tratemo8 de ocultar el mayor tiempo posible esta dura necesidad á las personas á quient&gt;S
amamos.
Suframos doblemente, si ínere necesario, porque ellas
no Fufran.
¡Se vive tan bien con poco, cuando es uno abnPgado!
¿Es necesario ir más allá é indicar, para cubrir t&gt;se dé·
ficit el t,rnbajo que sea necfsario emprender para ganar
el dinero?
¡Ay! exif'te más de una casa tranquila y con comodidad
en la apariencia y obligada á. cierta rt'presentación en
la sociedad que no puede Posteneme con los recursos -1ue
le suministran, cada mes 6 cada año uno 6 dos miembros
de la familia.
EnLonces, pobre mujJr, á vos es á quien correeponde
el imponerma, todos los diaa y algunas veces aún por las
noches, algunas horas de trabajo ferio, asiduo, penoso,
para poder aumentar algunas monedas más al presupuesto insuficiente.
Velar1 trabajar1 gastar la vista, esto ea nada para la ab·
Cosmopolitan Troupe que debi6eslrenarse anoche rn el Pdncipal.-Grupo de bailarinas.
negación, y aún bajo la a~piración del corazón, el trabajo
parece multiplicarse y viene, e n - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - · - - - - - - - - cierta manera, á ~er más agradable.
Pero render es, trabajo, ¡oh 1 ¡esto
es bien duro!
Es necesario pasar por ciertas
:ompañía de Seguros de Vida yaccidentes
pruebas para comprenderlo; es ne•
ceeario haber sentido enrojecerse
:,,.
el rostro al veros obligadas á ofre•
cer el producto de largas semanas
Léase
lo
que
la
Zarzaparrilla
del
de desvelo, á un indiferer¡,te comDr. Ayer ha hecho por el reverendo
prador, que con desdeñ.osa sonrif'a
padre L. P. \Vilds, muy conocido
sobre loa labios, parece decirop, al
u
ofreceros una módica suma: ¡(¿Una
misionero de la ciudad de Xueva
gran sefiora como vos, tiene neceYork y hermano del difunto y emi,
o
1:idad de tanto dinero?n
nente juez w·ilds:
Todavía si esto no fuese más que
euro, y, permitid la expresión que
"Por muchos ailos padec1 de divieno es cristiana, porque la pobreza
sos y otras erupciones de carácter
ndunca humilla, si esto no iufse
ti
semejante causadas por sangre emmás que humillante! pero ea tan
pobrecida. Ui apetito era escaso y
difícil encontrar un comprador, y
la extenuación se lrnüia apoderado
un comprador discreto!
del sistema. Coo,oricndo las propieOh, hijas mías! ei alguna vez el
ti
dades valiosas d~ !a Zarzaparrilla
buen Dios os sujeta á tales prue.e
del
Dr.
Ayer
)or
fa
experiencia
del
bas, dejad, dejad á vuestro corazón
1
bien que habb producido en otros,
trayendo el recuerdo de vuestros
afies juvenilee 1 que vaya á pedir
nrocurérnela y empecé á tomarla.
un conaf'jo 6 un consuelo á vuea·
.M.i apetito mejoró desde la primera
tras maestras, que harán más que
dosis y la mejoria. se extendió á mi
li&gt; .a
lo que pueda hacer una madre por
salud en geuernl, que la actualidad
o
venir en vuestra ayuda!
es excelente. Me siento un ciento
Y en eee colegio, en eeia casa de
::: o
J)or ciento más fuerte, cuyo resultado
vuestra educanion, ¿no habrá un
..¿
::s 11
lo a.tribuyo á la Zarzaparrilla. del
corazón que os Eea adicto, á quien
ti
Dr.
Ayer,
medicina
que
recomiendo
vengais á confiar las penas de vues·
i:: 2..
con todn. confianza como 1:i mejor
tro corazón?
i:: ..
Si el buen Dios aún no ha llamaque jamás se haya prepanulo para
i:: ti
do al cielo á aquel eacerdote awigo
la sangre."
de vuestra alma, id á confiárselas
n
Para
todos
los
desarreglos
originap
::
tS
á él.
dos
de
sangre
empoiJrecida.
ó
viciada
o
A
Mientras que fuísteis dichosa, él
i::
~
y debilidad general, tómese la
os permitió que lo olvidaseis¡ pero
ahora que la desgracia ha venido
::s ::s
"ti o
p.
sobre vosotras, él se acordará, es~
tad seguro de ello, que por largo
p
tiempo os llamasteis Padre mío.
o

•

i

1

Uitalida~ Debilitada,
Sangre Empobrecida.

TOlll:O 1,

:tlEXJCO, JUNJO

zo DE 1897.

NVMERO 25.

~LA FRATERNAL·S'

...

s:

•
•

.

-=....
.

.

~

-• -=•
••...
. -.
•e:, a-•

...,

" .:
" "'

..

Zarzaparrilla

En el rejuvenecimiento de los
libert!no.s _POr un amor romántico,
un pnnc1p10 poderoso, annquecontrnrio á este romanticismo, reside
en la repentina interrnpción de sus
constantes excesos. Una espt&gt;cie de
con valescencia anormal se produce
entonces en toda su fisiología. El
agotante camancio del placer diario queda reemplazado por una
economía de las fuerzas, que renueva todas las energías del hombre,
y-tal es la ironía de la naturaleza
-esta renovación es sentida, lo
más á menudo, por aquel en quien
1,e realiza, baJo b forma de una
alegría sentimental.
P. Bourget.

~~J,.º!~v~I~!!,~

*
••
Ama con furia y odiaco.1.1 tal ira,
que clava eus ideas cuando mira.
C ,\MI' OAMOR.

=

• •.,
3
i• •
::s

--

o
""

-

!"

PREPARADA POR

_Dr. J. C. Ayer yCa,, Lowell, Mass., E. U. A.
Oficinas de LA FRATERNAL:

1,A. DE¿

--

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ura ó mezclada con agua, dist
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CABELLO

PREP'AUDO POR El DR.T ORREL DE PAIIIS

ROJECES
•

"'f.~
No pretendas mi cantar
Ieabella-Roma oír.
¿Por qué quieres ver llorar
hoy que te toca 1eir?

!i

•

&amp;

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personas han eido curadas de estwchez uretral sin el
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D¡bujo de J. M. Vtllaeana.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo, 1897, Tomo 1, No 24, Junio 13</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Catástrofe de Puebla</name>
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        <name>Damas distinguidas</name>
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        <name>Higiene moral</name>
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        <name>Monseñor Norberto Domínguez</name>
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        <name>Presenten armas</name>
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                    <text>DOMINGO ,3 DE JUNIO OE ,897

EL MUNDO

4'4

l

Llevad todavía un mea más ese vestido qne ya teníais
propósito de dejar por que ya eEtá algn desteflido, ó por
que ha pasado la moda1 y que alguna ligera compostura
1
lo pondrá servible.
Permaneced un poco más en vuestra casa, y ahorraréis
los gastos de tocador que exigP11 las tertulias a las que concurriréis impulsada por la vanidad, y de las que saldréis
acompañadA del despecho y de los remordimientos.
Ved poco las cosas bellafl, de lujo y atractivai:i, 'Para desearlas poco y prCicurnd estar seriamente ocupada, para
no dar lngar á vuestra imaginación de creara~ neceeitlades
factic ias.
En reaamen, no ceret'nemoa de lo nect&gt;sario, sino de lo
supnfluo; y eiempre que se quiere, se encuentra algo BU•
perfl uo en torno de sí.
Y si alguna vez noe ,emos obligados á quitar algo aun
de lo necei:ario, jíh! tratemo8 de ocultar el mayor tiempo posible esta dura necesidad á las personas á quient&gt;S
amamos.
Suframos doblemente, si ínere necesario, porque ellas
no Fufran.
¡Se vive tan bien con poco, cuando es uno abnPgado!
¿Es necesario ir más allá é indicar, para cubrir t&gt;se dé·
ficit el t,rnbajo que sea necfsario emprender para ganar
el dinero?
¡Ay! exif'te más de una casa tranquila y con comodidad
en la apariencia y obligada á. cierta rt'presentación en
la sociedad que no puede Posteneme con los recursos -1ue
le suministran, cada mes 6 cada año uno 6 dos miembros
de la familia.
EnLonces, pobre mujJr, á vos es á quien correeponde
el imponerma, todos los diaa y algunas veces aún por las
noches, algunas horas de trabajo ferio, asiduo, penoso,
para poder aumentar algunas monedas más al presupuesto insuficiente.
Velar1 trabajar1 gastar la vista, esto ea nada para la ab·
Cosmopolitan Troupe que debi6eslrenarse anoche rn el Pdncipal.-Grupo de bailarinas.
negación, y aún bajo la a~piración del corazón, el trabajo
parece multiplicarse y viene, e n - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - · - - - - - - - - cierta manera, á ~er más agradable.
Pero render es, trabajo, ¡oh 1 ¡esto
es bien duro!
Es necesario pasar por ciertas
:ompañía de Seguros de Vida yaccidentes
pruebas para comprenderlo; es ne•
ceeario haber sentido enrojecerse
:,,.
el rostro al veros obligadas á ofre•
cer el producto de largas semanas
Léase
lo
que
la
Zarzaparrilla
del
de desvelo, á un indiferer¡,te comDr. Ayer ha hecho por el reverendo
prador, que con desdeñ.osa sonrif'a
padre L. P. \Vilds, muy conocido
sobre loa labios, parece decirop, al
u
ofreceros una módica suma: ¡(¿Una
misionero de la ciudad de Xueva
gran sefiora como vos, tiene neceYork y hermano del difunto y emi,
o
1:idad de tanto dinero?n
nente juez w·ilds:
Todavía si esto no fuese más que
euro, y, permitid la expresión que
"Por muchos ailos padec1 de divieno es cristiana, porque la pobreza
sos y otras erupciones de carácter
ndunca humilla, si esto no iufse
ti
semejante causadas por sangre emmás que humillante! pero ea tan
pobrecida. Ui apetito era escaso y
difícil encontrar un comprador, y
la extenuación se lrnüia apoderado
un comprador discreto!
del sistema. Coo,oricndo las propieOh, hijas mías! ei alguna vez el
ti
dades valiosas d~ !a Zarzaparrilla
buen Dios os sujeta á tales prue.e
del
Dr.
Ayer
)or
fa
experiencia
del
bas, dejad, dejad á vuestro corazón
1
bien que habb producido en otros,
trayendo el recuerdo de vuestros
afies juvenilee 1 que vaya á pedir
nrocurérnela y empecé á tomarla.
un conaf'jo 6 un consuelo á vuea·
.M.i apetito mejoró desde la primera
tras maestras, que harán más que
dosis y la mejoria. se extendió á mi
li&gt; .a
lo que pueda hacer una madre por
salud en geuernl, que la actualidad
o
venir en vuestra ayuda!
es excelente. Me siento un ciento
Y en eee colegio, en eeia casa de
::: o
J)or ciento más fuerte, cuyo resultado
vuestra educanion, ¿no habrá un
..¿
::s 11
lo a.tribuyo á la Zarzaparrilla. del
corazón que os Eea adicto, á quien
ti
Dr.
Ayer,
medicina
que
recomiendo
vengais á confiar las penas de vues·
i:: 2..
con todn. confianza como 1:i mejor
tro corazón?
i:: ..
Si el buen Dios aún no ha llamaque jamás se haya prepanulo para
i:: ti
do al cielo á aquel eacerdote awigo
la sangre."
de vuestra alma, id á confiárselas
n
Para
todos
los
desarreglos
originap
::
tS
á él.
dos
de
sangre
empoiJrecida.
ó
viciada
o
A
Mientras que fuísteis dichosa, él
i::
~
y debilidad general, tómese la
os permitió que lo olvidaseis¡ pero
ahora que la desgracia ha venido
::s ::s
"ti o
p.
sobre vosotras, él se acordará, es~
tad seguro de ello, que por largo
p
tiempo os llamasteis Padre mío.
o

•

i

1

Uitalida~ Debilitada,
Sangre Empobrecida.

TOlll:O 1,

:tlEXJCO, JUNJO

zo DE 1897.

NVMERO 25.

~LA FRATERNAL·S'

...

s:

•
•

.

-=....
.

.

~

-• -=•
••...
. -.
•e:, a-•

...,

" .:
" "'

..

Zarzaparrilla

En el rejuvenecimiento de los
libert!no.s _POr un amor romántico,
un pnnc1p10 poderoso, annquecontrnrio á este romanticismo, reside
en la repentina interrnpción de sus
constantes excesos. Una espt&gt;cie de
con valescencia anormal se produce
entonces en toda su fisiología. El
agotante camancio del placer diario queda reemplazado por una
economía de las fuerzas, que renueva todas las energías del hombre,
y-tal es la ironía de la naturaleza
-esta renovación es sentida, lo
más á menudo, por aquel en quien
1,e realiza, baJo b forma de una
alegría sentimental.
P. Bourget.

~~J,.º!~v~I~!!,~

*
••
Ama con furia y odiaco.1.1 tal ira,
que clava eus ideas cuando mira.
C ,\MI' OAMOR.

=

• •.,
3
i• •
::s

--

o
""

-

!"

PREPARADA POR

_Dr. J. C. Ayer yCa,, Lowell, Mass., E. U. A.
Oficinas de LA FRATERNAL:

1,A. DE¿

--

-

MEXICO-Calle de S. Felipe Neri 7. Apa1tado Postal 7á0.-M EXICO

LAlT ANTÉPII-ÉLIQL'J: -

LECHE ANTEFÉL
ura ó mezclada con agua, dist
AS, LENTEJAS, TEZ ASOLE
SARPULLIDOS, TEZ BARROS
ARRUGAS PRECOCES
EFLORESCENCIAS

RESTAURADOR

trNIVEISAL DEL

CABELLO

PREP'AUDO POR El DR.T ORREL DE PAIIIS

ROJECES
•

"'f.~
No pretendas mi cantar
Ieabella-Roma oír.
¿Por qué quieres ver llorar
hoy que te toca 1eir?

!i

•

&amp;

~ el cútie

'í&gt;'
MAS DE; CIEN

personas han eido curadas de estwchez uretral sin el
menor ac~idente, sin dolo-r, sin cloroformo y en'menoa
de un minuto, empleando el Dr. Garay la elPctrolisia.
Por el mismo método cura las estrecheces del recto exóf~go y útero. P~ac.tica toda clase de operacion~s q~irúr•
g1cas y es espectahata en vía?:! urinarias.

Después
UNICA PREPA.RACJON
PAR! :ftESTABLECER, VIGORIZAR Y JIERMOSBAR EL CA.BELLO
U!Prn&amp; LA PREMATUR..\ CAlOA DEL PELO,
.
ElIT.~ LAS CANAS YLIMPIA. LA C!BEU..
PREFERIBLE A TODA PRt:PARACION DE QUIYA
DE VENTA EN TDDAS LAS DROGOERIAS YPERFUMERIAI

ae la llu-oia.
D¡bujo de J. M. Vtllaeana.

�•
DOIIIIIGO

Ne-gar esos hechos, que, por otra parte y como ya he• rencor tiene guarida y abrigo carift.oso toda idea disol moa dicho, se realizan á la viata del públiJx&gt;, ea sencilla• vente, el atentado contra la vida del preeidente Fi1uremente hacerse reo de una mentira inutil y malsana, por- viene á poner en evidencia ese estado latente de rebeldía.
TelUono 434,-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
que en ciertas dolencias sociales, conocer el mal, es estar contra el orden existente, eea morbosidad permanenteMÉXICO
de lae capas inferiores, pugnando por romper las ligaduToda la correspondencia que se relacione con la Re- á dos pasos de encontrar los elementos de curación.
úcción, debe ser dirigida al
¿Qué Ee diría de un médico que á. la cabecera de un ras que atan á los grupos sociales y loa constituyen en
Director, Lic. Raf"aet Reyes Spindot-.
enfermo grave, decidiera ocultar su estado para no alar- cuerpos vivientes sujetos á leyes inmutables.
Arrojada por un desequilibrado ó encendida por un faToda la correspondencia que se relacione con la edición mará la familia y que en vez de destruir, infun,iiera e.s1
debe .ser dirigida al
peranzas? Se diría indudablemente que no habría cum• nático, la bomba homicida q 1e el domingo pagado estaGerente, Lle. Fausto noguet.
.lló
con
intentos
nada
tranquilizadores
y est11vo á punto
La subscripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al plido con su deber.
de
llenar
de
luto
y
de
dolor
á
la
gran
república latina
Y el publicista moderno, sin estar in_vestido de misio•
mes, y ee cobra por trimestes adelantados.
del
viejo
continente,
es
el
indicio
tremendo
de un estado
T1es sagrados, tiene algo del médico, si su !unción ha de
Números sueltos, 50 centavos.
social
donde
germinan
odios
de
clase
y
fermentan
las
ser útil para la sociedad en que vive, y á la que debe toAvisos: á. razón de $30 plana por cada publicación.
quejas
de
103
q11e
padecen,
las
lamentaciones
de
los
que
mar el pulso en cada momento histórico.
Todo paco debe aer prec:laamente adelantado.
sufre-n, los rugidos de loa que sustentan sobre sus hom•
Eee loco deseo de información que in.vade al público,
JÚ:GilffRADO OOMO AR'I'ÍCULO DB SEGUNDA CLABB.
y que paea de la hoja diaria á la revista literaria y cien- bro'iJ la pesadumbre de un andamiaje trabajoso; es la
tífica, responde á una aspiración: la de conocerse hasta protesta elocuente, pero brutalmente salvaje, de loa que
en sus más recónditos parajeea, la de estudiarse basta en han expArimentado loa amargos dejos del desengafio,
sus depresiones y miserias, la de analizarse hasta en sus porque confiados con exceso en las promesas halagadoras
más secretas enfermedades: ansia de verdad, que carac- de la demagogia y acariciados por las deslumbrantes ficciones dt, los utopistas, lran viste rotos sus ídolos, deteriza á la época moderna.
Con motivo de una polémica amcitada en la prt:inea
Y no es solamente el periodis~a, sino el hombre de Es- siertos sus altares, atrofiadas sus creencia.e, desvanecidoa,
diaria apropósito del 'P'°riodíemo de información, hemos tado y el pensador y el económiata, loa que Ee preocupan sus viejos ideale¡:i, sin que nuevas formas hayan venido
visto sostener la teoría &lt;le que no deben servirse al pú· por estos sucedidos de loa que emana el dato, que coocien• . á sustituirá lae antiguas, en la estruendosa caída de todo
blico aquellos sucedidos deeaagradables que se producen zuda.mente interpretado, sirve para formular la ley. De un mnndo, al golpe implacable de la piqueta revoluciona1ia.
en el seno de la aocieda1. Dentro de eEte criterio, el pe· informaciones está repleto el arsenal de la ciencia, y los go·
riodista no ea si'no un cortesano de la multitud Y jamás biernos no temen lanzar sus esta-li&amp;-icu á. la publicidad
En vano se qui~re preeentar el episodio del dominio co•
est.á obligado á presentar acontecimientos ocurridos á la porque saben que ellas son la abundante materia prima
mo un hecho aislado y sin importancia, realizado por un
vi~ta de todo el mundo y que al ser trasladados á letras
qne ha de aprovechar la indnat1'ia legislativa.
hombre obscuro, sin cómplices, sin tendenciaE, sin intende molde, constituyen una propaganda maléfica en los
¡Se alarman cuatro sen.ores de que ·un diario dé cuenta
ción
da.fiada, casi; en vano se trata de presentarlo al
espíritus de la"' mismas personas 9.ue los determinan.
en su crónica callejera de tres robos domésticos, cuando
mundo
como una [mera manifestación neurótica de un.
Hay, pues, que ocultar cuidadosamente las verdad.is la Secretaría de J naticia hace publicar arrnalmente las
loco
infeliz,
ciego instr!1mento de impulsos irresponsaamargas, que serán sustituidas. por mentiras dulces, pa, a
efta.dísticaa de la Criminalidad de la República! ¡Desean
bles:
n6,
¿quién
es c:ipaz de señalar las fronteras del crí•
evitar el riesgo de destruir el hermoso palacio encantado
ocultar el sol con un cubilete cuando los rayos del astro
men? dónde termina el impulsivo que obra á influjo de
ea donde habitan nuestras ilusiones nacionales.
se difunden á través de los espacios!
movimientos atávicos y comienza el criminal á. quien.
Lo raro del caso es que eeta teoría encuentra acceso en
¡La moralidad del engafl.o! ¡Qué moralidad tao inmoral!
arrastran la perversidad, las venganzas, loa odios somun grupo de liberales, que, después de proclamar la 1iberbríos y las miserias desoladoras? En el fondo de toda al•
tad de investigación, la libertad de pensamienio, la libt"rtad de
{11
maque se hunde en el mal, hay siempre, á no dudarlo,.
conciencia, todas las libertades, se cubre asustado el ros•
cierto desequilibrio más ó menos morboso; pero esa morcon las manos cuando un hombre de corazón tiene el va·
En estos días ee han producido nuevos casos de suiei•
lor de tomar uu puflado de hecboe del medio que lo dio qae demuestran el desarrollo que va adquiriendo es-· bosidad no puede cooaidetarse como sinónimo de irrespoasabilidad. Si así fuera, habría que cerrar las cárceles
rodea para arrojarlo á. la consideración popular. No vata ei:traña enfermedad en todas las capas del agregado
y multiplicar loa asilos y manicomios.
lía la pena de haber lai,zado al surco la semilla de la social.
Para comprender que el atentado del domingo fué fra.
libertad, para después adoptar el procedimiento de la
No se trata ya de un grupo de intelectuales sujeto á.
vieja eecuela reaccionaria, creando la ignorancia obligato- bruscas depresiones; todas las clases, particularmente gua.do e.q. loa tugurios ruines donde se refugia la podreria como un medio de procurar la tranquilidad de las con• las menos elevadas, tienen sus representantes en la lista dumbre y corrupción de los fanatismos ignorantes yciegoe, basta recordar que otras bombas también han
ciencias, principios que no figuran en el programa de
de desertoreo de la existencia. La ola negra auastra náupartidos adaptables Alas necesidsdee de los hombres fragos de todas condiciones, mece en sus einieetros vai• sido encontradas en diversas· partes de Paría, dispueetae.
á ser lanzadas para sembrar el exterminio y la muerte.
libree.
venes miembros de todos los caminantes.
Pero es preciso presentarse ante la Europa como ~librea
¿Quéotra·coea ha hecho el reaccionarismo en todas par¿Por qué este inmenso fracaso en la cú3pide de una cide esa carcoma que se llama anarquismo, ea necesariootee del mundo, sino ocultar la verdad, encubrir loa he·
vilización avanzada? ¿Por qué estas muestras de canean·
dará. las multitudes la tranquilidad que desean, y en la.
chas, adulterar un estado social, falsificar "la, húitoria, en cio en mitad de la altiva ascensión?
apoteosis de la República ofrecerla ante el universo com0una palabra?
Es que el suicidia no proceie de determinados moldee
Frente á 88'8 sistema, nutrido por la hipocresía y alen- de una condición social: viene cbmo el Dante, dt:l Infier• protegida por la égida invulnerable de eu autoridad. no.
tado por el engaiio, se alza un nucleo de espíritus que no, y lleva den1;ro de su organismo el germen morboso discutida.
Juzga más util y conveniente fotografiar á la sociedad
qua antecede al acto.
No cuadrando bien al autócrata moscovita esa movilital como exis~, y que estima que no es necesario que
Los que imaginan medidas legislativas para sofocar el
dad,
esa pasmosa sucesión de gabinetes que cruzan con.
una verdad sea agradable, sino que basta con que sea suicidio, debieran pensar que todavía el Estado no ha
verdad. Para estos escritores, la inmoralidad coneiste en encontrado el medio de poner un dique á la tuberculosis vertiginosa rapidez en el gobierno de Francia, donde doengailar al público, en prostituir la pluma del observa- en aumento, y que una enfermedad no se extirpa con un mina el parlamentarismo, han sacrificado los franceses,.
casi todas sus aficiones latinas, han refrenado sus arredo, coovirtiéndola en el abanico de de una demi-mon•
decreto.
batos meridionales, y con gran asombro de todofl, el miflaine!
'El progreso no ha podido salvará estas víctimas; y co•
La sociedad actual tiene hambre de sinceridad. Por mo el agricultor al arrojar la semilla al surco sabe de an- nisterio que preside Mr. Meline, ha podido durar más de•
ua afio. ¿Qué sería de la confianza que han podido inspibasta11tetiempo ae la tuvo, en pasada.e edades, en opresiva temano el número de granos que quedarán bajo tierra
rar
en los concejos de San Pi,tersburgo, si se demostrara
"mtela. Hoy ya quiere saberlo todo, verlo todo, escudrisin germinación, lo que no impide la coseeha, así la cique esas rebeldías latentes que engendran las explosioflarlo todo. Y para eso ee abren escuelas y ee escliben vilización al arrojar su germen de humanidad á las edalibros y se hacen circular periódicos: para que todo lo des venideras, no se detiene por loe vencidos en la obra nes anárquicas tomaban cuerpo en el seno de la capital
del mundo y ponían en peligro la existencia del augusto vea: lo mlemo el bien que el mal, lo mismo la virtud redeniora de la especie.
magistrado qae pers0nifica á. la Ilación? ¿Qué sería de la.
que el crímen.
alianza franco-ru:ia, preada de paz,:en lo ostensible yes•
La moralidad de un grupo que no sabe lo que tiB inmoperanza del anhelado désquite en el fondo?
ral, se nos antoja algo semejante á la virtud de una ja¡Y á. esas erupciones violentas del odio implacable al or•mona de cuarent'.l y cinco afi.oa, picada de viruelas, ó á la
den
establecido se las l1ama también patriotismo! á esos.
honradez de un dependiente de tienda de abarrotes que
QJ:l attar~ttisu10 tu _.irarrcia lJ sus últimas
productos repugnantes del fanatismo ciego y la torpe ig·
en eu vida ha manejado un centavo. Nadie tiene inconmnniftstaciottcs.
núrancia se lee llaman revelaciones de hermoso:porvenirl
veniente en creer en ellas, porque jamás han estado á
Error,
profundo error!
Por segunda vez Mr Faure, Presidente de la República
prueba.
Pueda
el buen sentido de los que dirigen á. la RepubliPero la moral que difunden los pnblicistae modernos francesa ha sido víctima de uno de esos atentados sin
ca
y
la
encauzan
en su engrandecimiento, iluminar esas
nombre
con
que
de
tiempo
en
tiempo
manifiesta
su
tene•está más alta: se bal!a en el~conocimiento y se fortifica con
esos mismos hechos que tanto alarman á los pudibundos brosa actividad el anarquismo, levantando su cabeza sombras, derribar esos vestigloe, cegar esas simas para
de la prenea. Exparce puñados de luz y no montones de triangular de víbora y pretendiendo herir en el corazón que, próspera y feJiz la tierra transfigurada por Hugo y
santificada por Carnot, marche á. llenar la misión quetinieblas. Del [dato brutal de la historia sopla nn gran á las modernas sociedades.
Fruto de esas maquinacionea que se fraguan en las tiene encomendada en el concierto de los pueblos moaliento de moralidad.~No importa á la moral social eaber
que se cometen cien crtmeñes, pero sí importa saber que sombra@. en los antros pavorosos del crimen donde toda dernos.
X.X.X.
17 de Junio de 1897.
pasión bastarda tiene eu asiento, todo sentimiento de
hay cien crillána.le.s que serán castigados. .
"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.

Motas tbitorhllrs.

{n moralillnll prriobístirn.

•••

ola nrgra.

•••

:li)olítica &lt;Thrneral.

20

DE JUNIO DE 18g_7

EL MUNDO

lo engendra er;, mí un sentimiento angustioso de inquie• do y el libro de misa ideal y los gemelos de teatro hechos
tud1 de horror, ante una fuerza que crece y lo llena todo para las manos de las hijas de los Vanderbildt y los
y cuyo neutralizador ni conozco ni adivino. Se me figura Gould, hasta las joya~ m!is ó menos ard~ticas y ricas q 11e
NOTAS A TODO VAPOR
abren sus ojos de diamantes, eutreabriendl su d'lbl~
que un mundo va á ser esclavo de otro, en el Siglo futuro, y aquí veo al amo en paflales de papel. Se me figura valva de seda y peluche acariciadora. A1ui n::, es ;á el
POR ABAJO
que hacer de la precocidad, de la curiosidad, del furor arte; ea decir, eE un art.e delicioso aunque ap.1.cotillaio,
¿Cóm..&gt; ae traduce en castellano el verbo francés ftáner'f de sensaciones, del dilettantiamo infinito, las supremas vnlgarizado, el único que está al alcance de un p'l~fra,
Lo ignoro, palabra de académico; pero \raduciendo tse necesidades de la vida, que reemplazar el alimento con pero en el que no puede parar mientes un Califa de B \~verbo en la mínima doeia de act.ividad corporal que me ti excit.ante perpetuo, que reducir todo vicio, toda vir· dad. Aqu( en esta otra sala, hay objetos de arte verda.,
permiten mis copiosos kilógramos de peso, fné como pa- tud, toda ciencia, toda creencia, todo ideal, todo arte en dero: vagillas viejas di plata, eatatuillaa de -JrO, adml• ·
sé algunse horas deliciosas en N neva York, d~espe1 ando anuncios, es un mal de muerte, y loa millares de millo- rablementA forjadas. reliquias ricas de grandes hombrPa,
nes de caracteres impresos en eete papel ein fin, me pa· de .Torge ,vashing&amp;on, sobre todo¡ están los espléndido,
á mi c,.-ieerone que ee levantaba á. las doce en ponto y que
recían microbios, loa baccilos y lbs esporas de la civili- vasos de porcelana y cristal que valieron á. esta caa-1 hu
pretendía atrapar las cuatro horas perdidas de la matla.·
primeras medallas de la úlr.ima exposición de P.uí,,
na en el tiempo que empltaba un sibarítico puro veracru- zación.
enormes flores caprichosas en que parece circular noa
En la azotea del H erald hay, aobt"f&gt; la puerta principal,
zano en conv"rtuee en espirales de humo ........ .
densa savia de vida y de color.-Un espectáculo aug~sVaguear caprichosamente con la seguridad de no ser un par de héroulP,a, el Tiempo y el Trabajo quizás, figucazaao por el peneamiento interior, como uoa mosca E,Or rones soberbios de bronce negro que aplastan al edificio tivo; en grandes tazas de cristal montones de dia•
volviéndolo pedestal, y en las almenas sendas lechuzas, mantea, de rubíee, de eEmtraldas, de zafiros, que se yo,
una araila; vaguear con la certeza. de la perpetua dia¡ra.:·
cuyos ojos se iluminan con luz eléc rica de noche. ¡Muy de esos fragmentos de materias transparentes que caen
ción para loa ojos, con la certeza de objet.1var siempre,
como lluvias de estrellas filan.tes en loa ensuefioa de las
de no caer en poder de lo subjet.ivo, el insaciable verdu• ingenioso, muy interesante, muy feo!
mujeres y q11e Eva vió lucir por vez primera en loa ojo:!
La lluvia que empapa las baldosas de la acera impide
go del placer y la eeperanza; vagutiar basculado por la
de la serpiente del Para(so. E:1 una voluptuosidad m11y
gente, afüt.nzá.ndoae á. los cris~alea de los e'icaparatea ( un andat, por wiedo de loa resbalones, á todo aquel que no
esté provisto de un sobrecalzado de cautchuc. En busca distinguida esta de cojer un puñado de diamantes rojo3
yueateco, eegúnm~.iicea, ea capaz de afianzaraede uncria
tal y por eso no borr0 el diepatat.e) mirando al interior de este artículo indispensable entramos en un almacen de que repreaentl una fortuna, y dejarloJ caer por eotre los
calzado, porque no me atrevo á llamn zapatería á esta aedos en gotas de luz de aurora y apagarse en un p1&gt;11uede las casas, husmeando los almacenes, anclando en las
tiendas, embobándose delante de loa edificios seguidos espt&gt;cie de baailica c1..n sus naves, sus departamentos de i10 lago hirviente con relampagneos dti sangre y refi~j'l!
con los ojos de piso en piso, con peligro de una entors's hombree y de mujeres, sus oficiantes ó dependientes en de sonrioa de mujer joven. ¡ Y como quisiera uao llevárselo todo, nada se lleva!
del cuello, hasta las b.daust.radas ó las buhardillas que perpetua genuflexión ante loa marchantes que, repantiTome usted esta jaula de oro y aeda;deacúbraPe uatea,
los remMan, y recortan encima de cada calle ó avenida, gados en muelles banquJtae, les entregan sus articuladas
una cinta est.recha de cielo entintado de gris húmedo por bases (anchas, enormes las de ellos, como de elefantes una guapa aeíiora envuelta en pieles nos acompaña.. y viadolescentes, y largas y romboidales las de ellas) para site usted los diversos piaos; el de las estátuaa y figuriel otoño. ¡Qué olimpico placul ¿Quién ba dicho que el
tiempo es oro! Todo el pueblo yaokP.8, me replica m1 com- que las hagan caber en uno de loa centeaarea de pares nas de todos los m írmoles, de tofos los metales, dd t.o•
paflero; este apotegma timtB money, corre las callee de de zapatos de todas las formas, dimensiones, pieles y das las pastas¡ el de loa vMos, de loa relojes, de las vaji•
Nueva York, de Chicago, de Fil.. .... -Pues es una men- barnices, que pronto quedan amontonados en pirámide Has. ¿Qué se !·o? ¡Cuá.nt.a biJJut,erW, ideal¡ cómo rebJaabau
tira del tamailo de e~a masa colosal que tenemos enfren- gigantesca al lado del cliente. Dos cosas, vayan tres, me los escaparates y las cred.enciaa de artefactos bonitos, v
llamaron la atención: la cantidad de zapatos de piel ama- alguna vez bellos y siempre interesantes! Todo es una
te, donde tres ó seis pisos ornamentados al estilo del Rerílla que aquí se consume; todo el mundo loe usa duran- tentación, una provocación, un inapagable fuego) arti 6Dacimiento, se encaraman sobre cuatro ó cinco románicos que aplast.an á. una planta baja con hondísimaepuer· te el día y sólo loa reemplaza con el zapato de charol para cial del induat.rialiamo artístico. una/eeria, como habría
la comida, el teatro ó la tertulia; costumbre excelente dicho el pobre Pancho Schiaffino, un vaporizador de
tas, chatas y obscuras, vagamente bizantinas: de este
tamaflo, sí; en primer lugar no ea oro el tiempo, ¡ojalá! que irá. acabando con el odioso reinado del betún: la diamantee en la, nubes. Todos los talleres de Europa
todos seríamos ricos, lo que equivale á. decir que todoi cantidad de zapa.toe viejos que en estos emporios del cal• bao mandado aquí sus más ricas mueat.ras ...... y las má.a
za.do ee renueva; por una canal vertical veíamos subirá. caras. En los anaqueles de una monumental vitrina acerseríamos pobres, y en quinto lugar, todo tiempo que uo
se emplea en proporcionarse un gran placer para el e~p[· )os pisos altos un verdadero río (¿suben loa ríos?) de té á. descubrir un vaso cúbico de Gallé, el gran poeta del
ritu, á través de los sentidos ó no, es cobre; todo,mont,ón ejemplares, llenos de deformidades teratológica.e, de criAtal. ¡Qué precio! El Califato de B.1gd11d, aun cuandfl
hubiera sido administrado por el taumaturgo Limantour,
arrugas épica.a, de leproaidades inverosímiles, de denunde oro que no se gae~ en eso, es cobre, se cambia por
habría quebrado comprando unos cuantos cacharros de
cios de fatigas crueles, de carreras incesantes, de inmercent.avos ........ .
U na llovizna fría nos hacia marchar, en una perenne siones odiosas, de frotamientos con todas las piedr'Sla, con éstos, que parecen florea de un país de brujas, vitrifica•
ráfaga de agua pulverizada por el Norte¡ &amp;BÍ pasamos por todos los clavos, con todas las miserias, y esta. repugnan• das en una noche de aquelarre. Pero qué forma, qué
el parque Bryanli, ¡Ahl cómo me acuerdo de eat.e patriar- cia. era vencida por nuestra curiosidad; creíam'lS ver en matices, y qué armonía entre matices y forma! Dichosos
aquellos zapatos la huella, el molde, el hieroglifo, el sím- quienes puedan llenar sus vasares y aue retretes con
ca de la poesía anglo-americana, tan popular aquf, en
cristales y maderas esculpidas de Gallé~ de ellos ea en
otro tiempo, como el divino.Longfellow, cuya Evangelina bolo de la actividad df'I este pueblo que todo lo deforma,
'
lo gasta, lo contrae ...... y lo renueva, agregaba yo para la Tíe1 ra, el reino de los cieloa.
ha traducido J oaqufn Casi1aúa con admiraole iniuición
Hablando en serio y dejando á un lado los califatos de
poética á Vdcee. ¡Bryan\! Muy presente lo tengo, con su mis adentros, viendo otro río de zapatos compueetos,
brillantes, nuevos, que bajaban en sendas cajas de papel «las mil y una noches)) no me perdonarfael no habertxpretez de mujer de veinte an.oa á los setenta, su gran nariz
bondadoea, 811 barba inmensa que parecía hecba con he• satinado, distribuidas en el acto á. cien repartidores. Con sado mi adm~ración por el gust.o y explendor de e1,toe
bras de luna, sus oj1lloa dt, llama azulosa, dulcemente razón el americano en cuanto puede apoya la caber:s. en salones de la casa Tiffany y por sus admirables talleres
irónicos. .... .... Recuerdo su lento y accidentado caatella • cualquier respaldo y lana:a á la mayor altura posible (ge- de cristalería y esmalte. Para visitarlos baat.a, en primer
no eu cariño por Wdo lo nue3tro y su adoración, ea la neralmente á la cabeza del veciJJ.o) sus dos pies gigan- lugar, saber admirar como yo 1 que todo lo admiro ha~ta
tescos; son su emblema, loa enarbola como un estandar- la bisutería, hasta las chácharas de oro falso y los' &amp;ibelopaÍabra, por Guillermo Prieto, este homérida, casi des•
conocido por la generación dt, hoy, y destinado á una re• te, los muestra como un escudo, son su orgullo y su fun. tts de exportación, con tal que juegue en ellos un reflejo
surrección eepléndida .. ... .... ¡B,yantl Y recordaba algu• damento; como los pies son tan sólidos, el movimiento aunque lejano, del sol del arte¡ y, en eegundv lugar (y
ha sido tan continuado; esos pies fuertes quieren decir éaio no gut=tarta á loa amables jefes de la casa) no ll~var
nos versos suyos, eleganr.emente vestidos pJr el seíior
progreso, dicen go a head.-La tercera cosa que llamó dinero, \8.mbiéo como yo, por varias ra7,0nes. Con no
Maril!cal: 1.hanatopsis, el Ave acuatü.
nuestra atención es el ejército de muchachas que hay en llevar dinero lo ve uno todo y lo saborea todo sin la an•
De el Ave acuatil sou estas estrofas aladas ........ .
cada uno de estos almacenes. Al margen del tmbaio que guatia y el tormento de tener que elejir por valor de mil
¿A dónde, entre esos hómedos celajes,
requiere fuerza mwculat y esfuerzo prolongado, el ame- ~sos c~ando comodamente puede escoger.ae por valor de
perdJda vas en el confin del cielo?
¿A. d6 se tiende, al espirar el dia,
cien mil. De loa productos de la casa, de lo no impo1taricano ha dejado á la americana (irlandesa, alemana,
tu solitario vuelo?
canadense etc.) un espacio en que va creciendo todos loa do, lo que más me gust.ó fué, la colección de :floreros formados cada uno de ou cáliz inmenso de cristal de coloree
días; el margen devora ya la página.
indefinibles de mágicos viaoe y que en las salas americaLa mano amJga qne de zona en zona
por el desierto azul tus alas gula,
nas se ponen sobre el piso y te coronan de crieantemas
gulan\ mi paso en el revuelto mundo
y de peoofae-, y los vasos de formas extrafiaa como las de
hasta. la tumba fria!
Si yo fuera el Califa de Bagdad, tendría en medio de las flores asiáticas y de reflejos metálicos. El cris~l es
un zafiro liquido, sobre una roca del color de rosa de las tan puro que, llenos de agua limpia, parecen vacíos la
perlas color de rosa, una cabaña con su sombrero de pa- luz arranca de sus vientres redondos, de sus cuellos cí~•
Es una scrpresa en medio de estas ciclópicas arquitec·
ja dorada, al lado de la cual descollase esbelta y sonora,
turas, en que las proporciones se ahogan en las dimen• una ~ola pa!ma, cuya ,;ompafiera de amor se irguieee en nicos, de sus a.zas elegantes y puras, no se qué llamara•
siones, la casa del Herald. Empieza, namralmente, deba• la leJana orilla del estanque; me gustaría ver: el reflejo das de oro, no sequé cambiantes y tornasoles suavísimos
y exq.uisitoa; aquello es el triunfo del matiz, ee la poesía
jo de la calle, pero mny abajo, y surgeá la luz, pasa sobre de mi palma en la diafanidad del abismo azul del agua
cnatal de los decadentes, cuando son poetas; aquello
los inmensos cristales que almacenan en sus ea.trafias un de improviso plegada como un velo de seda por las pro~ en
poco de la claridad de la calle, y se eleva, apena.e, á. la cesiones rítmicas de loa cisnes eucarísticos de Rubén Da- no es el color, es
altura de los p1imeroa pisos de loa edificios circunstanrlo, el poeta que h~ 1::ncontrado en el fondo de la gruta
la. nuance!
la nuance scule fia.ace
tee, con un aire elegante y artietico de palacio italiano, de fierro y oro del 1d1oma eapafiol, no se qué música abs¡·Uh!
e reve au r~ve et la flO.te au cor,
de columnas esbeltas y arcos de fáciles curvas, tales co• oondita é inefable, como el goteo de cristal de una fuenmo los erigían en Tuacaaa ó LombarJ.ia los incompara • te mie~erioea. H~bría un eo1 en mi ciel_o, eso sí; pero le
bles maestros del cuatroce,,to. En la amplia acera, recar• ponjr1a un abat-;our del color verde-mlo de la sonrisa
En una tarde como ésta en que la lluvia ha lavado el
gado en un apoyo meulico, puede ver el traneeunte el de la momia que fué la novia de Tó&amp;filo; habría nubes en humo de la atmósfera y el claro azul polar del cielo des•
1íiro del gigantesco diario y desarrollarse en torno de los
mi cielo, un cielo sin nubes es un dormir sin suefl.os y pués de la fuga de las nube'!, impregnlldo del oro m'uerto
formidables tambores de acero la tira kilométrica, que en esas nubes reeleria yo, reducidos á. realidades eap~de un ocaso de otoño, parece un domo de cristal metálicortada en fragmentos infinitos pone en comunión, al tralea, todos los versos de todos loe poeta~, todas las vi- co, como l~a de T1ffany, es un punto de vista incomparatravés del espfrirn embebido en tinta de un grupo de pe- siones de todos los inspirados y el aire filtraría en mi al- ble la estación del Ekvado, cercana á Unión Square en
Yiodiataa, anóniwo y casi irreaponeable, el alma de una ma al través de mis tímpanos todas las notas sonoras de el punto en que el ferrocarril aereo corta la Calle C¡torciudad y el alma de un .mua.do. Solo el poder de la Iglelas liras, los ritmos de todas las arpM, los plaflidoa ce. En tod111a extensión de la calle, hasta donde la visaia en la Edad Media ó el del Consejo del Príncipe en el de todas las flautas, desde la de Pan hasta la de Verlai• ta alean.za, corre ondeante y rumoroso un doble río de
Alto Imperio, puede dar una idea de este poder quetodQ
ne. -Habría una luna en mi cielo, la dejaría yo con plnmaE", de sedas, de armiíloa, de todos los azulea de tolo comprime y todo lo difunde, confuso, difuso é ili· au color de oro nocturno, afeminado y azul la dejaría dos los g1iees, de todos los blancos, de todos los Púpuras
mita.do por ende, de que es un órgano magnifico esoo nadar en el estanque etereo, siguiendo la pu~ta de la va- d~ todos los negros; aquella P&lt;?li.cromfa que hace en 1~
Ne:w-York Herald. El peri6dico, matador del libro ( el ma- rilla de marfil de mis ensuelloa ...... ¿Y la lá.mpara del vista el efecto de una larga cancrn de terciopelo y besa
tador ..le .Notre Dame) que va haciendo de la literatu· hogar? .Esa, con e~ CC?rona de cabezas rubias, quedaría loa oidos con el interminable frufrú de las sedas que se
ra un reportazgo, que convierte á la poeafa en el análi- encendida, con mi vida por aceite, en el fondo de mi co- tocan y de las risa e que se encienden en la.e bocas en flor
ais químico de la orina de un poeta, que reemplaza la.s razón.
de láa razaasanguine1t.a, da un atractivo paralizador al
noches d~ Muaset con un detalle secreto de la alcoba
Todas las maflanas bajaría yo mi eecalera de marmol espectáculo; no quisiera uno dejar de ver.
de JorgeSand, que ha hecho de la elocuencia un telegra• blan_co, t.alla~a en las estrofas de Leconte de ,Lisie; paFuimos á ver más de cerca y nos mezclamos á aquellas
ma, que disuelve y homeopatiza todo sentimiento, toda sea.ria m~a miradas de ~amalte con ia hierática majestad dos ó tres mil mujeres, casi todas elegantes que tendéan
pasión, todo arranque, trasmutándolos en glóbulos de sen• de un J?)lto,. por el horizonte, de día entenebrecido y de como aquí dicen, en los lujosos almacenes' de la Calle
saciones; que ha dado al valor el aspecto de una empresa noChf:: llumrnado por la foi:midable montaña Hago, en Catorce. Se _cuenta en N. York que un abogado me.xica•
teMral y á la guerra el de una corrida de toros; que ha erupción perenne¡ en segmda me embarcaría en la tri- no, muy seno y muy devoto, decía á. un compatriota que
sentado á. la humanidad entera en un circo romano des- rreme de ebano, inarustada de plata de la rnina Cleopa- lo veía vaga~ frente á los ~emplos protestantes ó catoli•
medido, .de1de clonde se ven pelear y morir, al reñidor tra y en la orilla opuesta amarraría la galera é un muelle
cos, un ~omrngo en la Qomta A venida: estoy buscando
en la pue1ta de la taberna, al duelista junto á. la tapia y saltaría en tierra y e_ntraría en una casa de aapeJto u~ una mu]er fea.-Probabtemente no todas estas mujeres
del cementerio, á la horda africana que busca con el ho. poco sombrío y ferrugmoao y esta casa, resulta.ria un pa- que _recorren la C.1lle Catorce t,a n ligeras, tan rieuefiae,
oico morrudo la yugular tronchada dd enemig,&gt; para be· lacio de cristales, mármoles, broncea y padrería sobre tan Jovenes1 tan elegantes, tan fuera de la idea que nosoher su sangre á grandes tragos voluptuosos, al espafiol
cuyaa_veatanas y vitrinas se leería este letrero uTijfany .11 tros nos formamos de la yrmkee, por loa ejempleres enóramari.llo de fiebre, que espía en la manigua el reflejo dei
Invito á ustedes á pasar por entre estos interminables mea,deaváídos, anémicos y deespejuelosquesuelen llegar•
machete y mata y mata, para salir del infierno cubano mutstrarUJs horizontale9, debajo de cuyos combos crista•
n?a del 9~ete, probablemente, decimos, .ao todas eon bo•
por la escala de la muerte; al italiano ......... ¿Pdro ádón- les se aglomeran en confuiiÓn artística todas la3 baratimtas, 01 tienen todas el porte pariaieaee, ni. ..... Pero lo
de voy á parar con este arranque de peaimi.:Jmo? No sé; jar posibles, de3de la sombrilla d::, p:1ño de oro e:1m.1.lt:a.- puecen. Es una multitud cosmopolita en que ca:n._;&gt;ean
:E;N TIF:RRA. Y A.1'1K:E;:E;

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••

Y

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�OOMtNGO

EL MUNDO

30

DE JUNIO DE

1&amp;fn

DOMINGO •o DE JUNIO DE 1897

los productos de todas las lalitudes y dj todos loa cruzamientos rebosando fuerza y savia, saturada de caldo rojo de ro~sbeef, y de jugo dorado de uva y de calor psíquico de te que la excita y Ja lanza al través de este aire frío
que busca la tez para morderla tras el velo de punto,
es una multitud semi-enloquecida por el aspecto de los
artículos de lujo, que tiene una :fisonomía colectiva,
hermosa, gallarda y brava..
_
.
Pararse, cosa muy mexicana; aqu1 nadie ee para,
yo no conozco paradoe en las calles de N. York ma!'I que
á Washington en las gradas de.la Sub-Tesorería en "\ValSt., al general Lafayette por aquí cerca y al gran pario·
díata Horace Greelcy en una de estas esquinas agudas q11e
forman Broadway y 1~ Avenidas; dicen que 1f.ranklin,
un admirable y fastidioso grande hombre, Lincoln, l- 1
supremo leiia1or que hizo l~ñ.a de la esclavitud, y el her61co condotiero G,nibaldi, están parados, por ahí también· pero para lograrlo han necesitado ser de brt,nce,
sin~ los habrían obligado á andar ó a meterse en un jardín c'ualquiera. Paur1::e, decía yo, junto á la inmensa vidriera de un aparador de éstos, tras de la cual se amontonan y desmm·onan las p_irámides de pieles. ricas, d_e
sedas de peluches, de éncaJeS, eo una decoración mult1plicacÍora de espejos de inver.&gt;símil tamafio, y ver pasar
aquella intermioable teoría, de mujeres crujientee y
perfumadas bajo sus plumones de avestruz ó de feider,
de ojos encendidos como .gemas vivae, de bocas entre·
abiertas, y todas ellas entre un relampagueo de raso y
terciopelo reflejado, como un vuelo. de pájaros ~n el agna,
por el cristal del escaparate próximo, ea un 1mpagabld
espectáculo, es un codeo voluptuoso con la civilización
vestida coa el arlequinesco traje de la moda y sacudién•
do los cascabeles de oro, ebria de lujo y de placer.

EL MUNDO

HACIA EL POLO
P~R

FRIDTJOF NANSENTraducción para "EL MUNDO."--Ilustraciones tomadas de las fotografias hechas en el curso de la expedición.

*
**

Estos yankees se p1gan unos gustos capace~ de hacer
estremecer de envidia en sus tumbas académicas á todos
los puercos de la piara de Epicuro d~ Grecia y R.oma,
entre quienes descollaba el poeta fa vor1to de loa antiguos
magistrados, de las antiguas su~remas cortes de)us~1&lt;:ia,
el Venusino como se le llamaba siempre al gotoso.Y d1vmu
Horacio. Sr les da.ria envidia esto de ingurgitar, como
lo haciamo~ mf compallero y yo una caotidad respetable
de ostras de N. York ( bluepoints) regadas por uo auten·
tico y caro y deleitosamente acidulado vino del Rhin, en
Ho_tfman-house, una regia taberna en esta. ciuiad en que
las tabernas son tan lujosas como los gabmetes dentales.
Figúrenee nue2tros lectores que cuando nos repantiga mo3 frente á las ostras consabidas, habíamos admirado,
colgados en los muros de este emporio de la cerveza y de
el manhattan-coklail, algunos cuadros bellísimos de la
antigua escuela italiana y que, delante de nosotros, en
un altar de plantas exóticas1 rodeado de guirnaldas de
las flóres eléctricas de Edison 1 brillaba un gran cuadro
de Bouguereau1 primoroso, indefecto, un pJ~o sordo y '
marfilino de colorido, las ninfa,~y el sátiro, y entre una y
otra docena de estos delioados moluscos, que aquí echan
á perder con una EalEa blanca que eabe á yodo1 ob1:erva•
bamos cuán agradable y hermoso es todo en el famoso
maestro francés: plantas, mujeres desnudas, lontananzas
húmidas y sombrosaE, agua transparente, movimiento
admirable del grao. orangután cornudo, con patas de
chivo y rostro de viejo lúbrico que se deja arrastrar al
estanque por las ninfas traviesas y reidoras¡ todo es en·
caatactor 1 todo bonito y poco· después empalagoso .. ...... .
¿Por qué es empalagoso? No lo quiero decir y eso que soy
terriblemente dulcero; ésto me empalaga. ¿La razón? No
me lo pregunteis, os digo, por que lo ignoro.
Cuando regresamos á nuestro hotel encontré algunas
amables invitaciones, una entre ellas, del señor general
Fr., tan conocido en la sociedad elegaote de México; pero ¡ay! tenia tanto cansancio en los piee\ t-anto grillo en
la cabeza y tan poco)nglés e!l la punta de la lengua
que ...... aprovecho esta oportumdad para darles las más
repetidas-gracias.

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MONUMENTO A LOS HEROlS SIN NOMBRE

La idea es bella, es justa1 y hace recordar la estrofa del
poeta: dirigida á esos héroes sin nombre.
La ingratitud ·de vuestro sino aterra
la musa de los himnos elegiacos;
en las cruentas labores de la guerra
sembradora de lauros, fuísteis sacos
de estiércol, ¡ay! para abonar la tierra.
Para los héroes sin nombre de México, florece, empero,
la gratitud. ·
A iniciativa del sefl.or General don Francisco O. Arce,
se levantará en su honor un monumento, c11ya ilustra•
ción damos¡ su parte artística está á cargo del escultor
Enrique Alciati, y su costo sera de $551 000. Esta cantidad está reunida y para la erección se aprovechará la
base del monumento que con distinto objeto iba á levan•
tarse E'n Bucareli.
El sefior General Arce cuenta con el apoyo del aeflor
Presidente y de otros distinguidos personajes.

Monumento á los héroes sin nombre •

Para mí la naturaleza es enemi_ga, el campo me parece
mortuorio. Eea tierra verde me parece un grande cementerio que e~pera. Esa hierba pace al hombre. Esos árboles crecAn y verdeguean de lo que muere. Eee sol que
11.1ce tau claro. impaeible y pacífico, es el grao putrefactor. Arboles, agua, cielo, todo eso me hace el eft::cto de
una concesión á perpetuidad en que el jardinero renova~
rá un poco las flores en Primavera.
Italia tiene la melancolia de una ciudad del pasado.
Sus hombree-, sus mojeras, eus moounientos, tienen lineas
de historia antigua. Las casas os miran como de las lejanías de un recuerdo. Todo lo viviente que se ve, tiene el
aspecto de haber vivido ya Y aq_uf y acullá hermosos y
grandes ojos alumbra1los por la nuúari" y semejantes á
esos lagos donde confusamente, en el fondo, se divisan
sombras de ciudades muertas.

E.

Y

J.

DE

GoNCOURT.

NUESTRO FOLLETIN

Con este número acompañamos la. primeraparte de

"EL DINERO DE LOS OTROS"
novela cuya segúnda parte repartiremos con
el próximo número, formando el todo la prima correspondiente á Junio.

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~-~~,.acc-

Justo Sierra .

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OTRO PAGO DE is,6Ig OE "LA MUTUA"

E:N TAMPICO

Recibí de «Tbe Mutual Life las. Co of New-York 1 ¡• la
cantidad de $5,6.1.9.';.5, cinco mil seiscientos d.lez y 11ueve
pesos, eetenta y cinco centavos.
$5,000.00 suma asegurada }
619. 75 premios devueltos en pago total de cuantos de•
rechoe se derivan de la Póliza número 597,361 bajo la
cual estuvo asegurado el finado SE~OR DANIEL DE LEON.
Y para la debida constancia, en mi caracter de tu,or

de los mP.nores, hijos del finado, qne son: D.iniel, FranC'ieca., Albe1to. Carolina, Jost'fa, ~hrnuPI, Virginia1 Ma,
ria, Soledad, José Pdtricio y Leóo de Jesfü dtt Leoo, corno beneficiarios nombrad0s en la póliza, extiendo el
p,esente recibo en esta misma póliza, la cual se detuelve H la compiflia para su cancelación, en taropico 1 á. 10
de Junio de 1897.
Firmado,

LAURKANO DE LA So-rA.

El Licenciado Ricardo López y Pdrra, Escribano Pá.•
blico, PD ejercicio, en este Puerto,
Certifico: Que en mi preeeucia, entre,gó hoy el sefior
Federico M. Ouhutz, B11inq11ero de «Tbe Mutual Life Insurance Company of New-York,u al señor Laureano de
la ~ota, Tutor de los mAnores hijos del finado eeñor Daniel de León, que son: D miel, Francisca, Alberto, Caroliua, Josefa, ManuPI y Virginia, María Soledad, José Pa
tricio y León de J¡-,sús de León, beneficiarios de esta
póliza número 597,361, la EUtna di;, cinco mil seiecíento9
diez y nueve pesos, seoont,a y cinco centavos, que ex pre•
ea el recibo q11e precede, firmado ante mí por el citado
sei'lor de la oota.
Para eons~ncía sello, shmo y firmo la presente, en
Tampico de Tamaulipas, á ka diez d1as del mes de Junio de mil ochocientos noventa y siete.
4

Firmaio, R1rA..ano LórEZ y PARRA.

E. P,.

~riafjof Nansen \' su esposa $t?a .
•

L

�DOMINGO

EL MUNDO

20

DE JUNIO DE 1897

-

DOMINGO

~

20

do JUNIO do 1897

Si los bancos alcanzan, sin embargo, un espesor frecuentemente mucho más considerable, hay que atribuirlo á los efectos de las presiones que detienen los hielos.
Cuando se superponen muchas capas, viene la helada
que forma del todo una masa compacta, en la cual ea imposible encontrar la huella de formaciones diferentes;
eso era lo que ee había producido en el Fram.
...... Pero lo que apasionaba á Naneen más que todas
las otras invest.igacionea, era el estudio microscópico de
un mundo nuevo, el de las plantas y de los animálculos
que descubría en todos los depósitos de agua dulce, formados sobre los bancos por la fusión de las nieves.
«Desde la maflana basta la noche y de la noche á. la
mañana, me absorbo en mis contemplaciones microscópicas y no veo á nadie alrededor de mí. Vivo con esos
seres minúeculos en su universo aparte, donde nacen y
mueren, generación tras generación, donde se persiguen
sin descanso en su lucha por la vida y donde sua amores
están hechos de las mismas sensaciones, de loe mismos
sufrimientos y de las miemas alegrías que los amores de
todos los seres vivientes, desde ellos, loe infiuitamente
rudimen·arioa, basta el hombre. Preservarse, propagar,
se, esta es la hietoria universal.. .... Sos luchas no son
menores que las nuestras, y, en cuanto al amur, veo con
qué pasión se buscan! Con todas lae célu!as de nuestros
cerebros, nosotros no lo sentimos más fuertemente que
ellos ......... )&gt;
LOS BANCOS DURANTE EL ESTÍO.

El

LA PRIMAVERA. Y EL ESTÍO DE

1894.'

A juzgar por los primeros mlfflea de la derivación, la permanencia del Fram entre los hielos polares, prometía es•
tar casi completamente exenta de aventuras sensacionales
ydeepisodiosdramáticos. Lo más fre4,.ientemeate, Naneen
se felicitaba; pero algunas veces lo d9p1oraba. 1iTengo ca•
si verguenza, escribía el 28 de Diciémbre de 1893, de la
vida que llevamos, al abrigo de los sufrimientos de la larga noche invernal que se pinta con los mis sombrioa co•
lores, y sin loa cuales una expedición ártica, carece por
completo de refinamiento; ti nuestra vuelta, nada tendremos que contar.... .. )) Más esta queja era injusta: Naneen no podía desconócer que al contrario, sería su gloria
llevar á. buen fin su expedición por la sola infalibilidarl de
sus previsionee-einó de sus cálculos- y no en triunfo,
día por día, de dificultades imprevist.ae.
Había tenido, al confiarse voJuntariamente á los bancos, terror de lc,e marinos, cementerio de tantos buques,
tanto heroísmo cJmo los predecesores de Fridtjof Nansen no habían desplegado jamás, para huir ante ellos,
luchando al mismo tiempo, brazo á brazo contra los peligroe indomables que temerariameute habían abordado.
Aun los héroes imaginarios de Julio Verne, cuando se
encerraban en una bala enorme.que un formidable cañonazo debía, á través del espacio, enviar matemáticamente á la luna, apenas si emprendían un viaje más extrafl.o
que la tripulación del Pram cuando éete, por Sil plena
voluntad había penetrado entre las mandíbulas del hielo siempre listae á. devorar y á cerrarse de nuevo, á fin
de aer llevado por ellas hasta el polo Norte.
Tanto como el éxito final, la seguridad durante toda la
derivación, debía pues ser la jusüficación de la audacia
razonada de Naneen. Pero él no hubiera sido hombre de
acción si no se hubiera quejado alguna vez de que ......
la desposada fuese demasiado bdlla,--el Pram sobrado
confortable, la alimentación, sobrado suculenta, los osos
blancos demasiado útilee-y no lo atormentase la impaciencia de ir muy presto hacia adelante. Algunos diaa
después de haber escrito en su diario esta frase un
poco splinítica. 11 ••••••••• A nuestra vueita nada tendremos que contar .. .» se formulaba á. si mismo por primera
Tez el graü proyecto qoe comenzaba á. acosarlo. ,,Peter
Henriksen y yo hemos dado un largo paseo en la dirección del N. N. E. El hielo estaba liso y plano, perfecto
para el trineo; cuant() más avanzábamos hacia el Norte,
mejor estaba ...... &amp;rm posible con p,rros y trineos ir sobre
eiU hielo ha8ta el polo, á. condición de abandonar el buque
ein esperanza de vo~ver á encontrarlo, y de batirse en
retirada cuando llegase el momento del retorno, en la
dirección de Ja tierra de Francisco-José, del Spitsberg
ó de Groenlandia. Podría casi dPcirse que para doe hombres la expedición serí~ fácil. P~ro babia que precipitarse mucho para emprenderla en la primavera próxima,
.antes de saber qué suerte de derivación nos reserva el

11

L3rgas y frecuentes excursiones eran emprendidas por
el doctor B!t::ssing, en busca de algas; y por el doctor Naneen que, por ocupado que estuviese con sus trabaj()fj científicos del momento, pensaba sin cesar en el porvenir.
El porvenir ua el viaje en trineo que proyectaba para
el afio siguiente. Seguir lae transformaciones de la superficie del hielo, en el curso de la primavera y del estío,
era pues del más alto interés, para él que, en la próxima primavera, contaba con lanzarse sobre aquel hielo á.
la conquista del Polo.
Durante el mes de Abril, loa bancos fueron excepcionalmente practicables para los trineos y para los hombres
provistos de raquetas. En Mayo se produjeron numeroE=as rupturas por el viento, y dieron nacimiento á. otros
tantos canales 6 grietas en la superficie de los cuales, elevándose progresivamente la temperatura, el hielo no se
reformaba sino más y más lentamente y cada vez menos
completamente. En Junio la superficie púsose muy ma·
la. Por donde quiera había agua, sobre todo al Sur y al
Oeste. Si un accidente sobrevenía por def:lgracia al buque
en ese morneuto, la retirada hubiera aidu casi imposible.
Pero quién peneaba en la eventuali :lad de una retirada? ..... . uNinguno de nuestros hombres, dice Naneen con
admiración, se alarma de sumergirse siempre más -en el
Norte y en lo desconocido. Cuando &amp;omoa arrojados al
Sur ó demafliado al Oest.e, ea cuando se ponen tristes;
pero si marchamos rectos hacia el Norte, radian de placer: cuanto má.s lejos, m,jor. Sin embargo, nitguno de
ellos ignora que esta es una cuestión de vida ó muerte,
si como casi todo el mundo lo ha predicho, el F'ram se
rompe ó se desliza~omo le paeó á la Jeannett,,-sin que
nos sea posible salvar las provisiones suficientes para
continuar la derivación sobre los bancos. Tendríamos
entonces que dirijirnos hacia el Sur, y poca duda cabría
sobre nuestra suerte. La Jeannette se perdió á loa 77º Nor•
te, y se eabe ya lo que fué de la tripulación. En nuestro
caso, la tierra más proxima eet.á- á una dietancia incom ·
parablemf'nte más grande que el suyo. Estamos á más
de 70 millae del cabo Tcheliouskine por no decir nada
de nuestro alejamiento de toda la tierra habitada ........ .

Fram,'' después de laa presi o nes de hielo de Enero de 1895.

estío. Y además, reflexionando, mq pregunto si obraría
yo bien abandonando á los otros. Imaginese mi vuelta
sin ellos al país! Sin embargo, para explorar las regio·
nea desconocidas del polo, e~ para lo q lle yo he venido
aquí, para esta exploración es para lo que el pueblo noruego ha dado su dinero: es incontestable que mi pri·
mer deber es intentarlo todo para alcanzar elfe fin. Yo
debo conceder un crédito un poco más largo al uplan de
derivación¡i, pero si nos lleva en una falsa dirección, ya
no se podrá ensayar la otra, y llegue quien 1meda.11
Nueve años habían sido consagrados por Naneen ámadurar su plan de expedición polar, nacido de todas las
deducciones lógicas. Durante todo el afl.o de 1894, pesó
él el pro y el contra de este proyecto de marcha en trineo
hacia el polo, nacido de las circunstan&lt;Jias, y del cual,
la primavera de 1895 debía ver la ejecución.
«Abríl de 1894,. - ..• .•• He aquí que ha llegado la eetación
que en el pais llamamos la primavera, la estación de la
alegría, de la savia y de los brotes, -en que la naturaleza
se despierta después de su largo sueño invernal.. .... Las
puertas y las vt&gt;ntanas1 están allá., abiertas cuan grandes
son, al aire y al sol primaverales ......... Nadie puede ya
permanecer en reposo y quiera ó no quiera, cada uno se
siente impulsado hacia afuera para aspirar á. pulmón
pleno los efluvios de las selvas y de los campos¡ el buen
olor de la tierra fecunda frescamente removida, y para
ver elfiord, libre de hielos, relampaguear ante el so1.. ....
-Máe aquí los rayos del sol nocaea ni sobre bosques ni sobre montañas nieobre valles: noiluminanmásque la blancura deslumbradora de la niev~ recién caída. Apenas
invita ese astro á salir del rer.iro donde se pasa el invierno_. ........ Yoº? siento ninguna de las impaciencias de la
primavera y vivo confinado en la concha de caracol de
mis trabajos .... ,.»
Desde el principió de la -primavera, Naneen y euscompafieros tuvieron la satisfacción de comprobar que el
progreso de la derivación del Fram era un poco menos
len\.o que durante la invernada. Pero en suma, se trata•
ba siempre del mismo género de locomoción. El Fram
a_van~aba á la manera de un cangrejo. Cada vez que hábia
sido impulsado de lleno hacía el Norte, seguía una reculada. Era esta, si hemos de creer la ingeniosa explicación
del mecánico Amundsen, politico en sus horW! perdidas,
una lucha per(:!etua entre la Izquierda y la Derecha, entre los Progres1stae y los Reaccionarios. Cuando el vienio Progreeista, f::l viento de la extrema Izquierda, sopla•
ba, él F'ram derivaba soberbiamente en la dirección del
Norte¡ pero he aquí que la extrema Ddrecha tomaba la
barra, y el navío permanecía en su sitio, ámenos que no
retrocediese, con gran desesperación de Amundsen.
Detalle sobrado singular: durante toda la derivación,
la proa del Fram estuvo vuelta hacia el sur. «Iba á. recu•
lones1 dice Na.osen, hacia el Norte, donde estaba su fin,
con la nariz dirigida siempre hacia el sur, Parecía rehusarse á poner má.s distancia entre él y el mundo habita•
do; y se hubiese dicho que suspiraba por las playas me-

ridionalea, en tanto que nna potencia invisible lo arras
traba á lo desconocido ...... »
El i;&gt;rimero de Mayo, el Fram estaba á loa 80° 461 de.latitud norte. Al fin de Junio, había alcanzada el 81 ° 52'.
Pero entonces sopló un viento de reacci6n, según ia exore•
aión del político Amundsen, y, al fin del estío, el 5 deSeptiembre, el buque se volvió á encontrar á los 81 ° 14rdespués de haber recorrido desde el principio del mea de
Mayo, máe de seis grados de longitud del Este al Oeste.
Lo micimo qne en el invierno, el Fram y el hielo que-•
lo llevaba habian, durante este periodo, obedecido á. loa
vientos.
Descepcionado en sus esperanzas de derivación regular,.
Naneen había tratado largo tiempo de explicar la reeistencia que parecían experimentar loa bancos, y las reacciones y los impulsos que :-ecibían, por la existencia deuna tierra más septentrional que todas las halladas antes
de él en esos parajes.
Tras diversas investigaciones creyó reconocer1 por eig•
nos repetidos, que esta tierra estaba próxima¡ muchas veces el vigía señaló su apariencia; pero jamás ninguno
de loe indicios que J. bordo habían parecido grandes com-probantea, se verificó, y bien pronto se modificó la forma.
delas nubes que habían revestido un instante, en el horizonte, el aspecto de una ribera lejana.
Al contrario, un hecho positivo indicaba de la manera mt\s absoluta, que si había una tierra al norte, no podía estar prói¡:ima. Convencido antes de su partida de
que el mar polar era uniformemente poco profundo,.
Naneen, ya se sabe, no se había provisto de cuerdas de
sonda de una grao longitud. Ahora bien, desde la entrada del Fram en los bancos, no había podido, con los medios de que disponía, encontrar el foudo .. Se decidió.
pues, al fin del invierno, á sacrificar uno de los cables
de acero del navío para hacer una sonda de las dimensiones necesarias. No faltaba el espacio en el hielo para
establecer una cordelería. El cable fué desmadejadocon una temperatura de 30 á 40 grados de frío, la manipulación era de las menos agradables-y fué obtenida.
una cuerda flexible y delgada de 4 á 5,000 metros. Desde
entonces Naneen pudo hacer efectuar los aondeoe y no.
cesó de encontrar profundidades euperiores á 3,300 metros, llegando á veces hasta 3,900. Era dificil eeperar para lo de adelante encontrar una tierra.
.
Con facilidad se imaginará que el hielo polar es susceptible de aumentar indefinidamente de espesot por el
sólo efecto de la congelación sucesiva de las capas de
agua; ee extrafi.ará, pues, que el espesor extremo alcanzado por la sola congelación y medido por Naneen, fuéde 3 m. 17. Hecho más curioso aún es que tal máximuw.
fué nntado con fecha 10 de Agosto, en pleno estío: eu
efecto, en tanto que el viejo hielo se funde en la superficie, el agua dulce proveniente de las nieves correpor todas las hendiduras, se instala por efecto de su menor densidad, sobre el agua salada, se congela y forma.
bajo la antig11a una nueva capa de hielo.

EL

MUNDO

«Pero el Fram no eerá destroza.do y nadie cree aquí en
la posibilidad de un acontecimienr.o semejaute. .Esta·
mos como el remador en un kayak; él sabe bitm que un
falso golpe de canalete bastaría para hacerlo zozobrar, y
enviarlo á la eternidad: sin embargo, prosigue sereno su
camino, p&lt;•rque sabe que no dará ese falso golpe de ca·
nalete ...... 11
Al principio de Julio, una presión demasiado fuerte se
produjo cowo para recordará Naneen que fué en elcom•
zón del est10, en Junio, cuando se rowpió la Jpunnette.
A.l mismo tiewpo, la superficie del hielo empeoró
aún: se hundían hasta medio cuerpo en la nieve, fundida á medias, el mismo sh y las raquetas no bastaban á
sostener á aquellos que se aventuraban. Solo con la fusión completa de la nieve, sobrPvenida á fines del mes,
los bancos, dest:mbarazadoa, quedaron propios para la
circulación.
En todas la.e d~preaiones del hielo forroáronse entonces
grandes mares de agua dulce, casi estanques. El Frmn
estaba rodeado de ellos. Había uno á. estribor, demasia•
do grande para permitir excursiones en lancha, al remo
ó á la vela. Esta fué la diversión de las veladas-esas veladas del estío polar que no tienen noche. ¡A bordo de la
embarcación que babia quedado á. fl,,te, el estaio mayor
era cc,mpltto: capitán, Eegundo, cuartel maetre-pero
nada de simples marineroe. De piE&gt;, al borde del pequefio
lago, los ((compañeros del Frarroi y Naneen, el primero, se
diverr.íaa en bombardear el Océano y los chapoteos de
las pequei'íat:1 olas eran un eco a t-gre para los oídos de
eeos hombres, á. quienes recordaban los jjord~ azules y
los lagos de Noruega, de ondas rizadas en estío por los
vientos ligeros. Una manana, la et-nsternación fué general: el estanque esGaba seco. Habíase producido una
grieta en el fondo de eu lecho de hielo, y el agua dulce
había huido basta la última gota.
Además de estos depósitos llenos por la fuente de la
nieve, los bancos se abrían en todos sentidos en grietas
más ó menos profundas. Estos canales no eran demasiado amplios para dar paso al Fram, y por otra parte no
eran demasiado extensos para llevarlo á más de algunos
cablee más al Norte. Fué, sin embargo, durante algunas
semanas una esperanza común á todos los miembros de
la expedición, salvo Sverdrup y Naneen, de que antes
del otofio el mar estaría libre y el Fram á flote.
uEn cuanto á mi, dijo Naneen, deeeo solamente, á. la
inversa de todos los viajeros que me han precedido, que
el hielo permanezca suficientemente coherente y que se
apresure á derívar hasta el Norte. Todo depende en este
mundo del partido al cual se resuelve uno. El que parte
con intención de irá la vtla en mar libre hasta el polo,
se lam"'nta de estar bloqueado por los hielos, más el que
se ha preparado para el aprisionamiento en :os bancos, no
murmurará lo mismo si se encuentra con el agua potable:
ea siempre preferible tener el mínimum de exigencias y
de deseos; quien pide lo menos, obtiene frecuentemente
lo más.»
LOS PERROS DEL nFR.AM»

Antes que Naneen se hubiese decidido á. servirse de
ellos para alcanzar un impulso más hacia el Polo, loe perros, consid&lt;&gt;radoa unicamente como auxiliadores de una
retirada improbable, eran sin embargo ya, por su parte,
objeto de una solicitud especial. Desde el día en que él vi6
en ellos loa indispensables instrumentos de la rel\lizaci6n
de su nuevo plan, le intereearon más particularmente
aún. En ellos estaban fundadas todas sus esperanzas.
No los perdía de vi~te, y á cada paso ee encuentran en su
diario notas relativas á su instalación, á su cultivo y á
su medro.

~un sondeo de.3,850 metros•

•

,pi
LO$ MENUDCS Il\CJDE..',"TES DE LA VIDA .ESTIVAL

La visita de volátiles numerosos y variados, había sido
el gran acon\.ecimiento del estío. La gaviota de Roas es
el pájaro raro-en el sentido propio de la palabra-de
las regiones polares. El 3 de Agosto, Naneen tuvo la suerte de matar tres ejemplares en un solo dia ... ... «Este raro y miaterioeo habitante del desconocido Norte que no
se percibe sino por casualidad, y de quien nadie sabe de
dóude viene ni á donde va ...... desde que llegó á estos
parajes fué perseguido por mí sin tregua, cuando mis
ojos erraban sobre la soledad de los espacios helados. Y
he aquí que se me ha aparecido cuando yo menos lo es~
peraba ...... »
Menos entusiastas por 111.s gaviotas raras, las plantas y
los seres microecópicm1 1 los compafieros de Fridtjof Naneen tenían otrns placeres-en los cuales el jefe de la expedición no dejaba por lo demás de tomar parte; largos
. partidos de cartas en el puE&gt;nte, concursos de.tiro, Y. so•
bre todo celebración de las fieetaa y de los amveraanos,
-ocasiones estas de ngocijo, tanto más frecuentes cuan•
to que no se dejaban pasar los aniversarios nuevos, tales
como la partida del Fr.a m, el paso del cabo Tcbeliouskine, la entrada en loa bancos, etc.
La fiesta nacional del 17 de :Mayo ( aniversario de la
constitución) dió lugar á manifestaciones tales como de
seguro no ee habían visto jamás en el 81 ° de latitud: des•
pertáronae al són del órgano¡ comieron salmón ahumado,
lengua de buey, etc; mofioa de cinta fueron enarbolados
por cada uno, aun por el viejo Suggen, el decano de loa perroe, que moetra ba uno en la cola ...... á las 11 procesión, á
banderas desplegadas, con Naneen á la cabeza agitando
el pabellón noruego, «puro» ea decir, sin el signo de la
unión con la Suecia. (los 50 grados de frío del inviei-no
no habían resfriado las convicciones pol.fticae de la tri•
pulación del .Fram, ) ...... Esta procesión era el clou de la
fiesta: la gran flámula del Fram estaba fijada á una asta
que mantenta Sverdrup; Johansen y su acordeón, en un
tríoéo que conducía Mogatad, repre3entaban el carro de
la música; Jacobsen y Henriksen llevaban fusiles y harpones; Amundsen y Nordahl, banderas rojas¡ el doctor
Blessing, seguía con una bandera de manifestante, reclamando un día de trabajo normal-bandera que consistía
en un jersey de lana con las letras N. A. (1) bordadas
sobre el pecho: al cabo de un largo palo y que era de un
bellísimo efecto. Juell llevaba Jas cacerolas sobre las espaldas y los meteorologistas cerraban la marcha con un
gran eecudo de armas de fierro blanco, atravesado por
una banda roja sobre la cual se distinguían estas letras:
Al. St. significando en noruego: Sufragio Universal.
E-~te cortejo imponente dió por dos ó trea veces la vuelta al navío¡ los mi mios perros marchaban gravemente,
como si jamtis hubiesen hecho otra cosa. Cuando volvieron á bordo, un saludo formidable (seis tiros de fuail sucesivos) retembló y tuvo por principal efecto asustar á
los perros, media docena de los cuales huyeron á esconderse detrás de loe humm.ok y los amontonamientos de
hielos, donde estuvieron escondidos durante muchas horas ..... . Mas ya toda la compafiía estaba instalada en la
mesa para el festín que tuvo un ·m.enú espléndido co11 intermedios musicales. .En una palabra, fué aquel un 17 de
Mayo muy alegre.
En seg·1ida vino la fiesta de San Juan, pero fué triste. ...
1(La víspera de San Juan, escribe Naneen, habrfamoadebido encender, según la costumbre, 11n fuego de alegría¡ mas
consultando mi diario no me parece que hayamos teni~
do el viento conveniente........... » Acaso también faltaba
lª leiia ... .... .. ((Hemos visto muchas veladas de San Juan
(l\ Nonnal Arbeid-irlage: dia de trabajo normal: reclamación fundada. de un médico que jaml\s t.enia que hacer.
.

�...

EL MUNDO

DOMINGO ao DE JUIIIO DE 1'97 _

1eDeapués Amundsen entró á en vez á la danza, en tanW
'Clue los otros encuadtrnaban.
•
De cuando en cuando circulaban refrescos bajo la
forma de albérchigos en coneerva, de bananae secas eM:.
-etc.
'
,
«Sábado f6 de Octubre.-Ayer estabamos en el 82º 8'.
A.hora el Fram cumple dos anos. C.Omida exqui.. .... Bebimos á la salu~ del Fram ...... Si Y.º h1?,bi~ra expresado
t?do lo que \ema en el corazón, mi brmdie no hubiera
·e1do tan mesurado¡ por que para decir toda la verdad,
nosotros amamos tanto al buque cuanto se puede amar
noa cosa impersonal. Ycomo no habíamos de amarlo?
Ninguna madre puede dar má1:1 calor y seguridad bajo
su:1 alas.,,
El 4 de Noviembre en el curso de un paseo c'ln raqu~
tas, fueron muertos una osa y dos oeillos. 11:Los dos cac~orros nos proporcionaron un delicioso plato de Navidad.,.
«Martes 1S de Noviembre.-38° de frío ..... , Una expedi•
cióJ? con ra::¡~eta.e, llena de encantos, al fulgor del plenilu010. ¿La vida es un valle de lágrimas? ¿Constituye acaso una suerte deplorable, lanzarse, rápido como el viento.
rodeado de perros que saltan, sobre el hielo sin fin, á
t_ravés de una noche como eeta? La helada pincha y h0f't1ga. Las raquetas y los ski se deslizan sobre la superfi-cie unida, á penae sabéis si tocais el suelo y las estrellas
cintilan allá arriba, en la bóveda azul. E~to es verdader~mente más de lo que ee tiene derecho á es:perar de la
v1~a ... .... es un cuento de hadas de otro mundo, de una
existencia futura ...... n
Después de haber deliberado con Sverdrup v tras maduras refluiones, Nansen había escogido it Han'3en pa•
ra eer su c&amp;mpaflero de viaje en su marcha hacia el Polo.
Eet_e, desde que ee le hi,;o la proposición, aceptó con entoBiasmo. Al día siguiente (20 de Noviembre) Fridtjof
Naneen anunció su resolución y expuso su plan á toda
la tripulación reunida.
ccCreo sentir-leemos en su diario-que todos e3taban
profundamenteinteresa.dos~r mi proyect l de expedición
yqueuná.nimentepensaban que la tentativa debía bacerea. ~aprinoipalobjeci6n, según pienso, que hubieran puesto et yo les hubiese interrngado, habría sido que ellos mis•
moa no podían formar parte. Yo los convencí no obstan·
te1 de que si era deseable ir tan lejos cuanto fuese posi•
ble hacia el norte, no era meno!! noble empresa la de lle v!lr al Fram, sano y salvo al otro lado del mar polar-y
mn6 al Frmn cuando memos á ellos mi;i;mns, 11in que nin•
~uno faltase al llamado ... ... E3pero que habran compr~n-

1

dido la fuerza de mi razonamieoto y que estarán satisfechos. Ahora la suerte está echada. ))
C.Onstruir los kayaks y Jos trineos especiales, escoger
los. trajee más prácticos á la. vez, para no entorpecer la
marcha de los '\'iajeros y para ~reservarlos del frío, de·
terminar la naturaleza y la canhdai de provisiones que
habría que llevar ...... e..C., etc. Estos trabajos y cuidados
diversns ocuparon desde entonces todos losinstantesde los
miembros de la expedición. Sverdrup eonfeccioniba le·
chos portá\iles; Juell, prom!'lvidn á. sastre de los r.rros,
fabricaba y ensayaba abrigos. Blessing compon a una
farmacia de viaje, surtida¡ Hansen ponía ea. limpio las
observaciones anteriores y preparaba los instrumentos
que debían llevar Nansen y Johansen; una. copia de
todos los diarios y de todas la'I observaciones, q11e Na.osen debía guardar por precaución, ejecuhda en papel
delgado.
El :nvierno era rndo. Pllr la primera vez había un enfermo á bordo del Fram: Sverdrup, atacaio de una especie de catarro intestinal.
El 13 de Diciembre, gran fiesta: la latitud de 82° 30' había sido alcanzada y el Fram hacía el record de la más
alta latitud á la cual un navío hubiese llegado jamás.
833 kilómetr,:,s (la distancia d ➔ P,uís á Maraella es de
860) lo eeparaban del polo ese día.
Doce días después, la fiesta de N..:iet-la segunda Noel
en los banoos-fué celebrada con mis entusiasmo aún
que el ano precedente. El viento hacía extragos afuera,
más era un alegre viento del sur•este; las danzas fueron
endiabladas adentro. Na.Usen y S1ott Hansen hacían de
mujeres.
Los días que siguieron, el Fram rasintió choq11es m4.s
y má.9 violentos. Producfanse al rededor formidables
presiones y más formidables se preparaban.
LA GRAN PRESlON DEf, Mm:I DE EYERO DE

1895.

•Miércoles 3 dP. Enuo de 189;j.-Jamás he tenido sentimiento&amp; tan extraños al prinoipio del afio nufllvo. Eite
será sin d11da uno de los más notables de mi vida, ya me
conduzca al éxito, ya ti la muerte. Los anos pasan en este mundo de hielo y aqní !·a ni IUl.bemo::J lo que le traen
ti la humanidad, ni conocemos lo que el oorvenir nos reeerva. En esta silenciosa naturaleza no hay acontecimientos ........ .
« . .. •.• El dia primero del ai\o ha llegado con el mismo
vientn, las mismas estrellas y las mismas tinieblas qne
el anterior ........ Pero esta noche hemos tenido una ad-

El "Fram" en agua lib re

bajo cielos diversos, pero nunca semejante á esta. Tan
lejos, lejos de todos aquellos á quienes se reune en esa
noche! Pienso en la alegría que reina al rededor de los
fuegos alegres, allá, lejos, en el país; oigo el reclarne de
loa violine1,1, las carcajadae, las salvas de fusilería, loa
ecos repercutidos por las montaHaa empurpuradas. Des•
pués miro alrededor de mi esta extensión sin límites
blanca en medio de la bruma y la escarcha, y escucho ei
silbido del viento.
t&lt;La fiesta de San Juan ha pasado; se enlazan de nuevo
loa días y de nuev:o la larga noche de in vieruo comienza
á aproximarse: acaso nos encuentre tan avanzados como
nos dejó.
u... ...... Y yo deseo casi la vuelta de la noche polar con
gu mundo feerieo de estrellas, aue luces boreales y el bri ·
llo de la luna en el profundo silencio ........ . El día eterno
me obsesiona y me oprime.
ce La paz de la vida ha sido encontrada, ee dice, porlos
santos en el desierto. Aquí ea un desierto también; pero
la p yo no la conozco: supongo qile lo que falta es la
santidad,»
Era sobre todo la ocasión de obrar la que faltaba it
Naneen ......... ccCon q11 é alegría, dice, me lanzara en me•
dio de la vida real, para abrirme un camino sobre el hielo y el mar, con trineos, buques y kayaks! Es bien cierto que es fa::_il vivir una vida de ~atalla; pero aquí no hay
tem¡,estad m baiallaa¡ y yo suspiro por ellas ......... u
Siu embargo, sin que Nansen hubiese aún confiado sus
proyectos á sus compafieros salvo algunas palabras di·
chas á Sverdrup, todo se preparaba, así para una expedición posible como en previsión de las eventualidades que
hici~ran necesario el abandono del navío. Loa trineos
de ruano, eemejantea á juguetea de niff.os, y ligeros como
elloe, habían sido visitados y reparados con eso:iero· los
kaya.ks, recubiertos de piel ó de lona de vela, fá.cile~ de
transportar sobre el hielo en caso de retirada sobre los
trineos de mano que se eatiranáreh.guardia, habían sido
construidos, lo mu~mo que los trineos de perros.
-ccSiento, escribía Naneen-que tenemos, 6 mejor dicho, que tendremos todo lo que es neceeario para una retirada brillante. Yo desearía de buen grado la derroia,
la derrota decisiva, á fin de pod6r mostrar qué recursos
poseemos y poner fin á eeta fatigosa inacción.,,
Pasaba el tiempo en estos preparativos y Naneen no
podia menos que admirar la éerena confianza y la resistencia de sus compafiero3, Una noche, al fin del estío,
platicaba co::?. Petersoµ. el herrero. Loe dos discurrían
acerca de lo que harhm cuando estuviesen de vueha en
el país.
-uOh! vos, decía Lars Petterson, ireis al Polo Sur!
- Y vos, replicaba Naneen, levantaréis vuestras man•
gas y _os pondréis á trabajar?
-Muy probablemente¡ rnlo que querría antes tomarmeuna semana de vacaciones. Ddspués de un viaje tal, ten.
dria necesidad de ellas, antes de ponerme dt, nuevo al
yunque.

,z

-ccEsto ea pura vanidad-se decía-juego de niño1:1 en
comparación de lo que hacemos y de lo que espera:nos
hacer; más á pesar de todo debo confesar que soy demasiado loco para ensay ,r la llt&gt;gada al polo durante el
tiempo de que dispongo.))
El 22 de Septiembre hacía justamente un af'i.o que el
Fr'!m babia eido_ amarrad? á los bancos qne ya no había
deJado. Había sido sacudido un poco por las presiones
se había.hundido un poco en el est(o, más en suma, ahÍ
e~taba siempre: y bancos y navío, los unos llevando
siempre al otro, babian en definitiva recorrido durante
e! atlo trascurrido, no flaca parte de camino. Q~e distan•
eta exactamente? Esto es lo queScott-Hansen estableció
levantando una carta del viaj@ tifectuado.
.Del 22 dA Septiem~re ~e 1893 á l~ fecha correspon·
diente en 189-l, la denvación había sido de 189 mill as ó
3º 9' de latitud. Pero á contar del pnnto más meridin~al
alcanzado en el momento &lt;le la gran recnlada del Fram.
el 7 de Noviembre de 1893 basta el más septentrional
alcanzado en Al curso del estio, la derivación era de 189
millas ó sean 5° 5'.
Del Sur¡/ Norte el Pram h11.bía ganado cuatro grados
plenos, de 77° 43' á Slº 63'. Continuando la línea de esta derivación, se testificaba que había cortado la tierra
del Noreste del Rpit,zbere, después de haber sobrepa•
sado un poco el 84° por 75° de longitud Este al N. N. E.
de la tierra dA Francisco Jo'!é. (1)
.A. razón de3O5 millas por ario, se necesitarían dos aflos
siete meees para recorrer esta distancia: en dos ai'ios siete
meses el Fram volvería á encontrar PI agua libre. Pero diversa~ consideraciones permitían á Naneen esperar que
la l~nea gflneral de la deri vació o, se corregiría un poco
hac_1a el Norte y q1ie el r}pi;iplazamiento sería un poco mi$.s
rápido: de snerr.e que el Fram .podría llegar basta el 85º
y estar de vuelta en Noruega deótro de doB anos.
Pasanio así las cosa~, ~ataba demostrada la hipótesis
de Naneen y su plan realizado con una exactitud riguro•
ea ..... .
\1) Ver la carta publicada en el n úmero autc.rlor.

LA SEOUNDA INVERNADA

Sucediánse las esWWi6nes y el parlido de Nansen es~ba tomado: al fin del invierno de 1894-95 dejaría el Fram
con los perros, loe trineos y los kayaks y marchÍ\ría tarI
lejos cuan~ posible foese hacia el polo.

N.a.naen

de paseo sobre los bancos.

En realidRd ibao á pasar así.
Dejar al Fram seguir triunfalmente el camino qne ee
le había asignado metódicamente, dejar it sus compañeros proseguir la!\ observaciones científicas que juntos ha•
bían emprendido, y con uno eolo de entre ellos, inten•
tar una marcha rápida y directa hacia el Polo mismo 6
hacia su vecindad inmediata, he aquí lo que Naneen
quería hacer.
Además de la expedición del Jlram que en algún modo
tenía menos atractivo para él desde que el éxito le pare•
cía eeguro, quería una segunda expedición, más semejante á las exploraciones árticas anteriores, más aventu•
rada pero preparada con el mismo sentido práctico con el
mismo cuidado por los menores detalles de organización
que la primera.
La segunda invernada del Pram fué consagrada á or•
ganizar Ja expedición nueva.
uJueves 4 d Ocllt'ire- ...... U o estado de ánimo muy ea•
tisfactorio reina á bordo en el momento ee que entramos
en nuestra eegund11. noche ártica, que será, debemos es•
perarlo, (1 ) más larga y mlis fría que todas las que otros
viajeroe han pasado antes que nosotros. La luz declina
cada día, bien pronto habrá desparecido; pero el buen
humor no se desvanece coa el día. Paréceme que nos llallamos más uniformemente satisfechos que lo hemos estado hasta el presente. No sabré decir la ra1.ón: acaso la
costumb re. Debo manifestar también que nadamos en la
abundancia del bienestar ........ . Tenemos petróleo para
diez años, sin privarnos de lqz, y lo que podemos quemar de carbón en la chimenea del aalón, será una baga.
tela con relación á las cien toneladas que poseemos y de
las cuales baremos uso al encontrar de nuevo la mar libre ...... Tendremos más calor este invierno, porque hemos arroja~o una tienda sobre el Fram, cuya popa sólo
est,t des cu b1erta ........ .
11.,Vartes JO de Octubre-Cumplo exar,tamenie treinta y tres
a,1os.
Qué decir, si no que la vida huye y rio vuelve jamás
sobre sus pasos? Todos me han festejado ahora con una
solicitud que conmueve. El navfo estaba empaveeado y
cuando entré al salón, ellos me expreearon ca1urosot1 votos ... .. . El termómetro m&amp;.rca esta noche 31 ° centígra•
dos: Este es seguramente el más frfo aniversario que yo
haya tenido jamás. Comida suntuosa ........ .
,cDomi ngo .'!Jl de Qc,tubre. -...... Un gran banquete ha celebrado el ochenta y dos grado. Menú. expléndido ...... . ..
Después de la cena, exquisita como la comida. pedimos
música, que nos fué otorgada liberalmente toda la velada, por loa artistas hábileR en el órgano. Bentzen ee distinguió especialmente, habiéndole dado sus reciente!!
experimen'-OB con la manivela de la cuerda de sonda, un
buen mecanismo. Por inatantes1 la música se arrastraba
un poco cual si subiese de un abismo de 1,000 á 1,500
brazas; después se avivaba J aleiraba como si hubiese
llt:&gt;gado muy oorca de la superficie. Al fin el entusiasmo
fué tal, que Peterdon y yo nos levancamos y danzamos
un vals y una ó dos polkas.
11. Ejecutamos también graciosimoa pasoa dobla sobre el
estrado un poco estrecho del salón.

)

{l) Por que sen. este el resultado d e una latitud mássept.entrional.

Cuadro de estío (Julio de 1194).

mirable aurora boreal. El cielo encendió su antorcha el
día de año nuevo ........ .
«Juen:s 3 de Elnero.-Un día inquieto ....... Ayer abrigábamos planes para el futuro, y hoy cuán poco ha faltado para que nos quedátamoe sobre el hielo, sin ua. te•
cho para abrigarnos. Cuando me desperté, á las ocho,
oí rechinidos y crujidos, como 1:1i la presión comenza•
se. Un ligero estremecimiento agitó todo el navío, en
tanto que un rugido retemblaba fuera. Subí y no me
sorprendí poco de encontrar una enorme cima de preeión á lo largo del canal, á. babor, á treinta pasos del
Fram; de ese lado extendíanse algunas hendiduras has•
tia meno'i de veinte pasos de nosotros.
..
,:Todos los objetos que se encontraban esparcidos sobre
el hielo: planchas, vigas, materiales preciosos para nos•
otro!!, fueron montados sobre el puente. La cuerJa de eon·
da que había sido dejada en los poz08, fué abandonada á
los hielos movedizos. Un poco antes de medio día volvimos á ~anar el borde. Pero la presión volvió li comenzar
repentrnamente, aproximándose más y más! La situación
era alarmante para el Fram.
.
,e Durante la siesta fueron hechos diversos prepara.ti vos
para a.bandoner el buque 1 si empeoraban las cosas. Todos
los trineos y los kayaks fueron colocados en el puente;
veinticinco cajas de galleta para loe perros, se bajaron al
hielo á estribor; diei y nueve cajas de pan y cuatro recipientes conteniendo en conjunto veintidós galones de
petroleo, se depositaron en la proa, etc. Cuando estibamos comiendo, los ruidos habiiuales de la presión se hicieron oír de nuevo, siempre más cerca ·y repentinamen•
te un crujid() de violencia inaudita est·a11\ó exactamente
por encima de noeoiros. Yo me lancé afu.,,ra.11
U oa grietl en el hi"lo que sostenía al Fram "8 extendla hasta. el buque. DJ pronto percibióse que el agua invadía las PE"rreras. El salvamento de los perros estaba
lleno de dificultades: fué préeiso, con el agua hasta las
rodillas, sacar a.fuerza á. los animales, asustados, de los
rincones donde se agrupaban.
8ac1ronse de la cala provisiones de toda especie, calculadas para nutrir á toda la expedición durante dos •
cientos días, y se subieron al puente, se les agregaron
las tiendas, los aparat,os de cocina y otras cosas. Era má,
de media noche cuando se tomaron todas estas precau•
cionee.
El 4 de Enero, después de una noche relativamente
tranquila, la presión volvió á su obra. Todos los esfuerzos de los hielos parecían dirigidoe contra el Fram, que
desgraciadamente no se desprendía del lecho en el cual

�EL MUNDO

EL

DOMINGO ao dcJUNIO de 1197

MUNDO

I,A CRISIS

EL NUMERO :3:30
Historia absurda.)

1
Esliudiando una vez Histología,
Del anfiteatro en el salón desiert.o,
Una bi11t.oria encontl'P, g,ave y sombrfa,

En la substancia CE&gt;rebral de un muert.o.
¿Cómo la descifré? Yo la atribuyo
A extraf'ia aberración del microscopio¡
J&gt;ejo al lector con el criterio suyo,
La Eometo á eu juicio y ee la copio.
J[

Sobre el puente del "Fram" (Octubre de 1191 ).

estaba empotrado. Así, los iémpanoe Jo dominaban y
amenazaban caer eobre él 1 cuando, si llegaba á escurrirse d~ ~os bancos, se elevara inmediatamente, eegó.o las
previe~ones de loe consLructoree, por encima del amontonam1enW.
Felizmente la hma brilla y permite vigilar loe a.!altoe
del hielo.
El 5 de Enero l~ eituaci6a no ee ba mejorado. Todo
mundo ha dormido veB\ido, con los objetos máe indiepemablee, sea al alcance de la mano sea atados al rede-

d~r del cuerpo. A~ primer aleru tod~s eai.ará.n sobre el
hielo. Tod~ está hato y el orden es perfecto. Los mugidos~ los rugidos de la presión, continúan sin tregua. Es
Ufl rnceaante y ensordecedor estruendo.
La montafta de hielo movediza, ee levanta á babor ao~re el Banco del navío, que ee inclina más y más, y del~ caer sobre el puente témpanos y molee enormes de
niev~ ...... ctP~ter, qu~ .estaba conmigo, cogió una azada y
cornó hasta proa, bmendo la aglomeración que nos in-

En la mesa. Nanaen aren&amp;• á la tripulación.

vadíl\ y arrojándola á. paletadas. Yo lo había seguido
para ver donde está.bamos y ví que era inut.il t.rabajar:
era una locura luchar contra en.,.migo tal con una azada.
Llamé á. ~et.er y le dije : 11~E&gt;jor haríamos traneportando
todo al hlelo. • Apenas babia pronunciado estas palabras
cuando un nuevo asalto se produjo, acompatlado de uii
ruido de t.rueoo.
·
.._-«Creí qu1 tr.1. enviado al diablo con t.odo yazada,. ex•

clamó Peter. 11Yo reculé á toda prisa hacia el puente y
detnve á Mogs~ad, que ee preparaba á seguir el E&gt;jemplo
de Peter. La tienda se plegaba con el pe~ de la nieve y
de los témpanos. Deec~ndí y llamé á todo el mundo al
puente, recomendando qPe no se saliesen por la puerta
de babor amo por 1a cá.marade las cartae, á eet.ribor.
Temía que si las puertas de babor no se maotenfan cerradas, el hielo, haciendo eúbitamente irrupción ee precipitarara en el pasadizo y noa enceriaras como l ratooe11
en una trampa, en tanto que reuníamos losaacosdeefectoe personales que estaban en el salón.
11Su?í yo mi_smo para desata1 á loe perros, que, después
de la 1Dundac1ón de sue perrera.e edaban inetaladoa en
el puente, bajo la tienda, donde después de baber eeca·
pado al ahogo, podían ser sepultados vivos. Abrí la puerta cortando los lazos y ellos escaparon con prest.eza aullan'1o, hacia Pt1lribor.
'
11 Durl\nte eete tieml)O se comenzRba á subir sacos y Pr
tacae. Xo era necesario precipitará. loe bombrPs: E&gt;I bifllb
ee encargaba de estimularloe rugiendo contra los flanco,
del navfo.
.u Era aquello una terrible barbulla en medio de lae \imeblns, tanto mh es~eaa cnant.o q11e para coronarlo todo. el eegundo, en medio d .. la general confusión babfa
dejado apagarse la~ lint.ern89. Debi bajar de nuevo para
buscar calzado: mis zapatos finlandeses estaban Sf'Cándoee. en la cocina. Cuando lJpgué. la presión rabiaba y
las vigas del entrepuente crujían por encima de mi cabe·
28, hasta hacerme creer que iban á derrumbarse.
uEI salón, lo'3 camarotes yel puente fueron bien pron·
t? desembarazados de saco! y no1 pnsim1Ja en marcha hacia los bancOt'. El estruendo del hielo que resbalaba y
se rompía, como una ola furiosa contra el casco del na•
v!o, era tal, q .1e podíamos apenss oir nuestras vocee: mas
bien pronto estuvo todo en fegaridad.
,,Por .lo demits, Pn tanto que arra~trnbamns los sacoP,
la pree16n ee c.J.etuvo por fin, y todo se qnedh tranquilo.
Pero qué espPctá.culo! La banda de babor del F,-wn desparecfa caei bajo la nieve ......... 11
'
. El peligro estaba conjurado, pero la alerta babia sido
v1 va. Naneen f sus campaneros decidieron dejar en lo
de adelanteJ m1entra~ durase el invierno, eus proviaio•
nea, eu e9-mp'), loe trrneoe, loe kayaka, loa instrumentos,
~o dep6e1~to sobre el gran h-ummlH"k que no se deslizaba
Jamtte. C1ertamentt&gt;, el Fram había probado qne su aoli•
dez era realmente excepcional v, en en situación nin gún
o~ro buque hubiera resistido. 'Pero Naneen tenia razón
en penear q~e 11 por coneciente que se eet.é de s11 propia
fuerza, conviene respetar á un antagonista tal como el
hielo!»

!,(Domingo 6de Enero.-Día tranquilo ......... Esta sieeta
Banrnn ha tomado una obsnvación. Estamos en 8-t-º 34r
y hemos eobrepaeado la latitud más septentrional queantes de nosotros ee haya alcanzado ......... Todo el ea•
truendo de estos días no ha eido acaso, después de t.odo.
más que un can.onéo para festejar tan alt.a lat.itud. Si es
así, hay que convenir en que el biefo eabe hacer
muchae cosae ......... No bemoe podido desoa.brir en el
Fram ot.ro deegaste que un puntal dA cubierta de la
borda, qne saltó, y sin embargo, cada hombre dorrhirá.
est.a nocbP, listo para aloan7.ar el hielan
l,(Lun•B 7 de Entro.-...... Noa ponemoe ahoraá escoro•
brar el Fra.m......
•
Esta mafl.ana Sverdrup y yo ht&gt;mos dado una vuelta
por el hielo. A una a.. bil dietancia del navío vimos
que aquel estaba tan unido y compacto como a~tea Aai
la presión,_. limitf.l á un esoa11tir'I restringido, del este •l
oesre, y el Pr .... m ae encontró just.amente en el paraje mál:lmalo ...... *

Música de cámara en el eailón del ufram.''
,, Marln8 de Enero. -...... Ensayé fot.ografiar al Fram á
la luz de la 1una; ke resultados han eobrer,asado á. mi
esperanza ( vé~ e el grabado relativo ) p;ero a cil.lla de la.
mo.ntafia de hielo formada por la pree1ón, ya est.á. disminuida por nuestras atadas, y no da una idea exacta dela manHa con que amenazaba al navío ......
11 . .... . Ll. v cumple ahora dos anos .. .. .. 11
• Coutinuará.
11

11Sabes el nombre que sin pompa. y gala
Ueé muy poco t-n la txistencia breve,
Tanto que me llamaban en to sala
.EL númt:ro trescientos trfinta y nueYe.
Mi profesión, mi edad, rui patria hermosa,
Todo lo viste en t:&gt;l carLel ef;trecho
Que colocó la Hermana carif\oaa
Bajo el nllmero negro de mi lecho.
lle llevó al boapn.al la dura suerte
Que en ser tt,dversa al infeliz se aferra;
No lo creerás, pero fncontré la muerte
Por enfermarme en extranjera tierra.
Por orden del Doctor me examinaste
Con eea falea aravedad que ensayas,
Y en tu libro de errores anotaste
La enfermedad que en mi cerebro no ballaa.
Lo recuerdo muy bien: no hubo oioguno
Que no inquiriese por mis males fieros,
Y ante mí det:filaron, uno á uno,
Con orden singular, tus compafieros.
Me k&gt;maron el pulso, me auecult.aron,
Me oprimieron el cuerpo dolorido1
Y todoe eon afán me interrogaron
Co,ae que ha tiempo relegué al olvido.
Y á pesar de que tanto martiriza
Eee cuadro tan trist.e y tan doliente,
fiiempre hallaba mi labio una sonrisa
Para cada pregunta impertinente.
¡Qué quieres! fu( con mie verdugos bueno
Por no morir con la esperanza en guera:
¡La caridai me recogió en eu seno,
Y as\ ea la caridad aquí en la tierra!
¡Desgraciado de aquel que sin consuelo
Llegue á bm.car s\l.8 descarnados brawa!
¡ Hay que pasar, para llegar al cielo,
Por la sala anatómica en pedazos!.. ...... .

····························································
························"·································
······································••····················

... F~é:·~~· ·;~;d~·d:. o~¿i~;:. ·~~y.

~i.
b~~ilii'd.oso
Cuando hablaba de mí por vez primera:
-uEs un caso, eenores, muy curioso
•Qoeest.udiarán cuando el enfermo muera.
l,(El diagnóstico ee facil. ..... la necropsia
l,(Dirá deepués cuanto explicar me reet.a¡
~amás me caneo de elogiar la autopsia
uPor loe grandes servicios que noe presta.
l,(En la snbetancia gris, al microscopio,
uEeto y aquello encontrarán ustedee ...... •
Y, de lógica haciendo extent10 acopio,
Habló el Doctor de lo que hablar no puedee.
Despu~s mi extraf'io mal fué más complejo,
Máe implacable y fiero cada día,
Hasta que vino al fin, con su cortejo
De tremendos dolore1:1, la agonía ........ .
Así lo comprendí, porque á rui 1ado
Puso la Hermana, por llenar eu oficio,
Un alt.o crucifijo enEangrentado
Que remedó, implacable, mi euplicio.
Ayl á tan noble corazón avisa
Que esa imágen ni alivia ni consuela,
Que ea ho:trfble dejar al que agoniza
Junto á ese Cristo que de eepanto hiela!
¡Cómo ee sufre cuando en danza loca
Giran en torno del fatal madero,
Ua rostro envuelto en eu virginea k&gt;ca
Y la cara brutal de un enfermero!. ....... .
En ese inst.ante en que la vida siente
Que ea organiemo á die~regarse 13mpiez&amp;,
· Por mi familia y por m1 patria ausent.e
Una lágrima t.uve de tristeza.

Llorar aeí por los quP más me hicieron
Llevaderas del mundo las espinas,
Fué el postrer pensamiento que tuvieron
Estas células mnertas qut1 examinas.
¡)li poet.rer pensamiento!.. .... :\le propuse
D'"'Clr verdad y sin querer te engano:
¡l\li postrer pensamiento lo traduce
Sólo un eer qne me adora y no un t'dr&amp;fto!
¿Cuántos ndiosee por d1Jquier hallaran
Dt1 mis úh,imae horas int.ranquilas,
¡;:,¡ á el!e ocular-obscuro ee acerraran
Dd la hermosa que adoro Jás pupilas!
Aquel largo est.nt.or de agonizan.a
Hub11.:ra sido pasajero y breve,
Bi ella hubiese podido en ese instante
Cerrar mis ('ljoe con su mano leve.
Ah! cuandr, tuve esa ilusión que alegra
C..owo rayo de sol tras noche obecura,
Vt dibuj:irse como mancha negra
La eilue,a fatídica del cural
~o recuerdo qué dijo: eola"llente
P.trJidos ecos dt, su voz cris1,iana
Llegaron has~a mí coofucamentP,
Ml:'zdaios con los rezos de la Hermana.
Corno ave pri!-ionera en el vacío
Qu~ al as6xiaree con horror se agita,
Al!Í rui eer se extremfció de frío
Al eeutirl'e rociar d~ agua beodita.
C.,n gal vá.nicas fuerzas combatieron
Todos mis nervios por :a vida bumoea
Y al concluiree eea lucha, me trajeron
De esta Pala anatómica á la loea.
D&lt;lspuée 10mpit!Ld sin temor mis sienes
Por que eabte muy bien que miB dolores
Se a(:¡tbaron por 6n ..•.... y aquí me tienes
Trasladado t\ estos mundos 1nfl:'rioree !
Aqu\ me tienes con la t-xtraf'ia marca
De eete nuevo org&amp;niemo que me apropio,
Tan pequeño que á. vecee 110 me abarca
En eu campo visual el microscopio.
Confieso que hice tan peno1:10 viaje
At.ormentado por dolor proíundo,
Puee como carga pert.inaz me t.raje
Las ra&amp;trerae par:i..,nes dd ese mundo.
Aquí donde me ves no estoy proscrito
De las miserias de la ,ida bumaaa,
Y tal vez, dividido al iufii.át.o,
Sus miemae penas lloraré mailana.
Y maflana t.al vez, en cumplimient.o
De loa destinos de mi vida errante,
Pensaré con tu miamo peneawiento
Y formaré de ti parte int.egrante.
Bmearé con afán á la qut, adoro,
ObJet.o de mie hondos embelesos,
lré en las floree como polvo de oro
Y eent.irii el perfume de mis besos.
In~ á vivir en la 1ragan~ roea
Que orne eu Eeno de purpunme galas,
Y esUré en la nocturna mariposa
Que le rOCA la frente con sus alas.
Estaré en cada lágrima que vierta
Todas Jae v~cts que por mi suspire,
Y á cada inetant.a m1 caricia yerta
La envolverá. en el aiie que ~epire.
Y eeperando con ansia su venida
Yo seré quien mitigue eus agravios;
Me infilt.raré en la copa de su vida
Y @in cesar endulzaré me labioP.
¡Que si santo la adoro! ...... Me sorprende
Tu p1egunta tan llena de mi~eria:
¿No aabes tú que por amor ee entiende
,t;Ba et.erna auacc16n de la materia?
¿No ,abes que dos go1as de rocfo
Si se funden en una es porque se aman,
Q -1e ba~t.a en el seno dtl sepulcro frío
Los átomos se buecan y se llaman?
Y ella al fin morirá. ...... cortos inst.antes
Dura en el mundo la existencia breve,
Y ee unirá. á las células errantes
Dd! número 1.rescieotoe treinta y nueve ...... !»
111
Dejo al lect.or con el criterio suyo
A I concluir esta hia\oria que le copio;
¡Yo de mf sé decir que la at.ribuyo
A extralla aberración del microscopio!
R o oL·u ·o F mt'EROA,

Junio de 1897.

La moza hizo un gest.o de eólPTa y con el semblante
enrojecido por 11.B candentee lá.grimas que verUa, entró á
su alcoba, eentóse al borde del lecho y estrujando el pañuelo con las manoe:
- ¡Pues eí, aunque te enojee, lo quiero ...... !
-Es un cua lqmera.
-:So me importa.
El sef'ior V 11. Jenzuela, tero bloroso y demudado, haciendo ademanes melodramáticos y protestanJo á. regaiia•
dientee, dej6ee caer medio muerto en la butaca.
¡ La cbiquillal
No p1Jd1a comprender el intempes,ivo arrebat.o de esa
docil col.,.giala que siempre obedeció sus mandat.os con
los ojos bajoe.
Como á una evocación fatídica, aparecia ante su cansada retina el cuadro triste y monólono del pasado; romance vulgar, eiu periptefae, dt-aarrollado con lent.it.ud
dee.eepe1 ant.e en medio de las t-xigencias de una labor es•
tópida, la del burguee que agota sus mediocres energías
en la lucha continua por la~ monedas.
Después de embrutecere:e veinte años tras el mostrador, comerciando en albajuelas de miriñaque y perlas de
vidrio azogado, era dutfio al fin de un capital cuya cifra
hacia l&amp;il veces de tarjetll. de vieiLa en los salones de la
aristocracia del dinero, que á la eazón comenzaba á. fre•
cuentar.
El dee.ahogo de e.u posición le permitía vestir á Luisa
como una duqueea de &amp;int- Germain; con eu orgulle~
de ¡:.alurdo euriqut-cido, veii1la corteJada por toda lagar•
zoo1a del gran wno, y con su astucia de villano tea~rudo, sabía ponerla siewpre á cubierto de las acechanzas
de los cazadores de dotes.
Llegaba á la sentctud como hundido en un aletargamiento de animal caneado, sin lawentarse de la existen•
cia, gozando e11 lo wuy interno con la filial eolici1.ud de
eea adorable compailera que le había eido otorgada por
el destino como una recompensa de los tiempos malo!! y
de iwproviBo, cuan&lt;lo nada íal~ba. á su dicha, un extra~
f'io, uu nadie, venía de la calle y sin preámbulod le arrebataba t-1 corazón de eu muy amada Lui1:a.
...... ¿Era eso ju~to ...... ?..... .
AvieJarse bajo el yugo del trabajo, fabricar una alma
piadosa y but:na, cultivarla como planta de invernáculo
tldifil!ar uon pacieocia dd hormiga el alcihll.r de la f~lici~
dad, y, cuando después de cop1oeos sudores y prolijos
afanes ee levanta airoso el sonado monumenliO, llega un
novio petimetre, coo eu florecilla en el oj11ol, y á título de
candidato á mat.rimonio, se lle,·a impunemente la poet.rera alegria del viejo laborioso.
¡A.b!... el ladrón nJ wnfa respetos que invocar para el
logro de sus fines ...... ¡pero ella!. ..... ¡ella!.. .... la volunta
ria y docil cómpHce de sus manejoi:1!. ..... ¡ingrat.itud sin
ejemplo! ...... desc&amp;í:!taree, renegarc.J.d un padre bueno y amoroso por el primer zascandil que llega, entregarse t\ trueque de unaH cuantas epíetolaH eróticas, olvidar así los sacrificios y dteveloe de un pobre hombre, valetudinario
ya, que apresuró su ancianidad trabajando rudamente y
por ella perdió la salud y el vigor ...... ¡por ella!..~ ...
¡ef!.. .... por ella e61ol
No¡ eu enemigo, el intruso, tenía que sucumbir él
viejo y todo, seutia surgir arrogante y redivivo el ;alo;
juvenil; aun estaba vigoroeo y oravo, pelearía como leon
mutilado, llaet.a vencer 6 est.rellaree!.. .... ¡Ah! ...... ei él
sr.piese matar, con que indecible placer precipitaría en
la fosa si eeductor ......... l
Sus lividecidos labi08 ee arrugaron en lae comisuras
por amarga eonriea¡ frente á eus pupilas inyecr.adae valatineaba la silueta ubozada y rien~ del rival; su boca
balbuciente por la rabia contenida, se ahogaba con un
vómito de vocablos inaolen\88 1 ens insdnt.oa malvados
despertaban con ímpetus de bestia, el odio, el siniestro
demonio, hacta correr veneno por sus arteriae y el dt:eeo
de la venganza se adueflaba inst.aotáneamente de ene
potencias.
¡Aniquilarle! ......... ¡bumi11arlel
¿Para qu~ si ella lo quería?
Eea retl.exi6n lo huwillaba.
¿Aquelloe corazones estaban realmente vinculados por
los inrompiblee ligamentos de un carifio?
¿Atormentando uno perecerían loe doe?
Aquellos corazones estaban realmente vinculados por
loe lnrompibles ligamentos. de un oarifto.
Atormentado uno perecerían loa doe.
.E1:1toncee1 él, Yalenzuela, era un: pobre iluso, un manuh1co que en eu anormal obcecac16n hacia eufrir á .loe
seres acreedores á la ventura.
¿Padeciendo rn i.aija, podía él experimentar placer alk:uno?
¿Muerta ella, él viviría?
llebía consentir, le ordenaba el deber, la tranquilidad
de todoe, la moral, la religión, la sociedad.
¡Coneent.ir!
Y volv1a más tenaz y provoea'.lora au primera idea.
¡Uo hortera que ni siquiera disculpaba eu osadía con
uu t.al~go repleto de. d4:&gt;b.onee, un polichinela que pasea•
ba eu rneolenr.e y mmuecula personalidad por las balJosae de la calle, un Flietellltleino «1_ue osaba sobornar laM•
yoe, mientras él, Yalenzuela, que fué siempre bueno y
nunca dail.6 á nadie1 813 met.amorioeeaba en un perverso
vulgar, y urdía proyectos monstruosoi, y blasfemaba
contoreionáodose, nuevo L!loconte, para sacudir lae serpientes que le ahogaban ....... . .
¿Y de un car1ii.c, paterno, eanto y lleno de abnegaciooe~, nacían aquellas rebelioues tao mezquinas? ...... ¡mieteno!. ........ ¡a1canol. ........ ¿~ransigir? ......... ¡nunca!. ..... .
Entonce'3 se casar~an 1 se iria.~ mur, lejos, perdería las carant.oii.a! de su Lu1ea 1 traatab1llear a sólo por loe barrios y
plazuelas ......... ¿Serian ellos felices! ......... ¡elloe! ........ .
y él, el pvseedor 1egítimo del talismándieputado qutmaba en el olvidg, solo, y moriria de t.risieza y de ~bandono ......... ¡Eso no!.. ....... ¡jamás!. .. ...... ¡jamás!. ....... .
¿Qué voz era esa que con zumbido de cigarra hablaba
así á PU oído?
· -¡Hombre al fin! por la ley atá.vica de tu linaje, eres

�EL MUNDO

cobarde y no puedes desprenderte del barro de la tierra;
no intentes dignificar tus miserias; á las pasiones humanas no puede enoblecerlas ningún títuto 1 ni el de padre,
que es augusto; interroga á la concieacia y díme: tu em•
pello, por ser e} excluei vo efecto de esa pobre Luisa, no
es idéntico al del odioso Arpagón que guarda en lóbrega
cueva su tesoro? .....• No es el amor que santifica y redime, el sentimiento que te conturba, sino el yo, el bien
propio, un E'gofsmo feroz; quieres conservarla por que
la necesitas, en tu infame deavario intentas sacrificar
dos juventudes, por satisfacer tu loco aot.ojo, obstruyes
el natural desenvolvimiento de un impulso que es aagra-

do, violas y conculcas leyes morales preceptos religiosos,
fueros de la sociedad que temes, de la fe.mília que has
creado, de la nat11raleza sapientísima!. ........ ¿Pretendes
hacer de esa criatura una solterona camandulera y d88·
lenguada? ..... .... ¿L1. hermana d·e la caridad -que cuide tus
achaques y amortaje tu cuerpo eaqueleteado? ..... .... ¿Con
qué derecho das muerte súbita á las prístinas florescencias
de so juvenila y le impides que sea esposa y madre? ........ .
¿Eso ef! amor?. ······••IBacrilego! ......... sembraste la planta, ·
vivió y creció, y al aproximarse la estación exúbera, cuando espolvoreados de sol brotan los bot1nes ......... ¡tronchas el tallo impidiendo que floreen!. ........ Y todo por

OO ■ INGO 20

DOMINGO ao DE JUNIO DE 1&amp;01

que el perfume de esos pétalos hace daft.o á tu ollatº
porcino ...... ¿en que código se castiga tan nefando de·
lito .........?
¡Drama sin solución! misteriosa é interminable cadena eslabonada con lo vil y lo sublime.
Volvía el problema á su punto de parlida, robustecido
en su sarcasmo, mát1 cruel, más implacable, mas abstruso.
El eeft.or Valenzuela cayó en una de esas torvas meditaciones que enlobreguecen el espíritu con las tinieblas
del Erebo ó lo alumbran con las claridades del Empíreo.
Junio de 1897.
Crno B. CEeALLOs

•

JULIETA Y ROMEO

~,
~~":--=--~•-. ·.

'q¡x#~~~

~~

Pronto á marchar, temiendo que la aurora
á sus contrarios delatarte pueda,
de pie en la escala de torcida seda
suapira el joven con pesar :-¡Ya ea hora!-

Pesa&lt;l.ez en el aire ... brumas ... llueve ...
el cielo ostenta un manto de ceniza
y ni un soplo en las cumbres se desliza
ni la áncha copa de los sauces mueve.

Y en la noche, al oír el viento frío,
Se le llenan de lágrimas los ojos,
Por que teme encontrar solo rastrojos
Donde sofió la mies en el Estío;

y envuelta en la hojarasca trepadora
que por los hierros del balcón se enreda,
con voz, la dama, entristecida y queda,
retiene al dulce bien que la enamora.

Vese el espacio iluminado en breve
por una extrafi.a claridad pajiza
y el viento á ratos las palmeras riza
con ritmo tardo, melodioso y leve.

Así yo, que en mis verdee primaveras
Riego por mi camino las quimeras
Engendradas en días halagüeños,

Tan s6lo el canto, precursor del día,
de la impaciente alondra, quebrar pudo
del furtivo coloquio el embeleso.

De la neblina descorriendo el velo,
el astro rey, ful ente la corona,
recupera orgulloso el poderío.

Al sentir loe rigores de la suerte,
Temo que el soplo de temprana muerte
Destruya la cOEecha de mis suefios.
JULJÁN DEL CASAL.

-Ya va el alba á llegar; vete, alma mía.Ella gimió. y en el silencfo mudo
de la vencida noche estalló un beso.
G. Nu8Ez DE ARCE.

Bajo su palio azul recorre el cielo
y con ala invisible y juguetona
los rostros bate y acaricia el frío.
JUSTO A. F ACIO.

EL AGUACERO DE ORO

tes, ya dejando sus cables de on tendidos en el aire, se•
mejantes á. ofuscadoras rayu de íu~go, ya formando remolinos ó cascadas que ee despefiao de lo alto de las torres con ensordecedor estruendo.
Por las callea corrfa el metal líquido formando grandes trenzas de oro. que huían temerarias á perderse en
los hondos subterráneos de la ciudad. Las tejas cubríanse de Ulil magnífico manto, que al desgarrarse én las"" puntas de las canales, colgaba de ellas grandes cortinas de
un nunca imaginado esplendor. En los charcos hervían
las gotas oomo batalla de seres extraños, alargando las
diminutas cabezas de oro para contemplar el gran espectáculo del mundo.
Cada persona, febril con la excitación de la locura,
acarreaba como bestia la carga de tesoro cogida en el
primer punto de la calle.
Cada hombre era un rey que anhelaba imponer su voluntad á los mortales. Nadie osaría revelarse á su mandato. La pereza.colgar1a su sofiolienta hamaca de elegantes columnas de oro para mecer las cabezas atestadas de
smiftos orientales.
El aguacero fuese alejando paulatiaam1nte.
De los húmedos edificios sólo caían ya con peE!adumbre grandes gotas1 que antes de rodar á las piedras lucían
como vistosos collares de la ciudad, engalanada á la luz
del sol con todas las riquezas de la odalisca.
Luego congelóse el precioso metal, bruñendo con inusitado esmalte tf:chumbres y repisas, y pasada que fué
por completo la lluvia, quedó la inmensa desventura
humana cubierta por un esplendoroso manto de oro.

Los confusos edificios de la ciudad, a.pifiados y conteniendo en su seno los seres humanos, mostrábanse á la
luz. del eol animados con sus terribles tragedias y luchas
deseufrenadaa. Cada persona estudiaba su iotriga y com•
binaba su estratagema. El ansioso de posición, urdía su
novela y ponía en movimiento sus personajes para procurar el coche que había de sacarlo á la superficie. El,
ofuscado por irresistible deseo de mando, sembraba de
obstáculos el camino á los demás, para saltar por cima
de los cuerpos hacinados en la caída. Otro que pretex·
tando amor, puso loa, ojos en el oro y la fortuna, antes
que el alma en los ideales, enf!ayaba sonrisa engaí'i.adora
con que ocultar el dolo y la perfidia. El avaro aplicaba
el odio cauteloso para percibir el rumor metálico de las
monedae, con el cual se aceleraban los latidos de su corazón, c~rrado á todo humano sentimiento. La especie
entera procurab·a para s1 completo bienestar y producía
ese son confuso de eeres que elaboraban en un mismo
punto y se disputan lugar y conveniencia.
Sobre la ciudad rodaban las masas de nubes, combinando en 1m seno la extraña lluvia que habría de saciar
la sórdida ambición. de los hombres. Era un océano de
oro el que se cernía sobre las cabezas, sometidas á la ac·
ción desenfrenada del delirio.
Un celaje encendidJ avanzaba relampagueando del lado de Oriente y hacía saltar de su seno inflamadas aristas que ondulaban como sierpes metálicas.
Del Norte subía una nube inmensa que traía en ebullición la luz, la cual borbotaba impaciente como si fuera á desbordarse en mortales ríos de fuego. El crespón
de vaporea adquiría por momentos espesor y consisten•
Una gota que pendiente-de la cruz de un campanario
cia, y ocultaba Ja faz del cielo, que poco á puco se cubría
de su gigantesco velo de púrpura, traH el cual seguían su reaistióse, engroEando cada vez más su dorada pupila,
cayó como nota última deJ aguacero, sobre una desvacurso maravilloso los aE.troe.
Las nubes se amontonaron impelidas por el huracán, lida paloma, que recibiendo en el ere.neo el impensado
sonó un hondo trueno en que pareció oírse el chocar de proyectil, rodó con bruscos aleteos de muerte por el rico
grandes moles metálicas, y cuando la población esparcia escalonamiento de las canales.
su gente por las calles y se entregaba á las lucb.as titániSALVADOR RcrEDA.
cas del día, unos puntos luminorws semejantes al menudo polvo de nieve que el invierno mece en los ai:ces, cubrió como dorado velo la tierra y dió la señal de que empezaba el tremendo y amenazador aguacero.
A la llovizna lumino!!a, que caía engrosando sus átomos de oro, sucedieron las grandes y pesadas gotas que
anteceden al chubasco, las cuáles, ya dando en la veleta
que sirve de coronamiento á. la iglesia, ya hiriendo el
agudo pararrayos que hundía su afilada aguja en loa cielos, ya promoviendo argentino ruido en las monteras de
cristl!.lee, llamaron la a1iención de los humanos, que con
Por tí v para tí, ¡oh mujer! nacen las obras inmortabrusca sacudida y espantosa sorpresa miraron bajar el
les y se producen los esfuerzos rnblimesl Tú la recomtorrente de oro de los cielos.
Fueron entonce1 de ver loa contenidos sen~imientos es• pensa de nuestros trabajos, y la corona de nneatra vida.
tallar en explosión avasalladora; las ambiciooesdesorde· Nada consuela á aquel qne te ha perdido; nada entristenadas surgir con la violencia de la madera hundida en ce áloe que te poseen. Irradias como la dicna y tienes
el azogue; los secretos. pensamientos manifestarse en to- alas como la esperanza, En vano no rey habló de tu inda. su pujanza y salir á la vida como los cuervos que hu- constancia, y un poeta de tu perfidia. Tú eres el fin á
yen de la llama. Entonces destrozó con golpe de puñal que todo tiende y el sueiio en que bo?amoa. Necesidad
el aneurisma al entregado á la avaricia; arranc6se la ven- sentimos de buscarte, y delei[e en soñarte y gloria en
da de los ojos la que ee deleitaba en el amor dulcemente
conquistarte!
mentido; irguiéronse loa clavo3, ejecutando el mayor ac·
¿Qué sueflo más suave que el de alcanzar que tu comto de justicia del mundo, y el hermano halló mortal des- parta!:! nuestro amor, y que tu amor, por siempre nos sea
engaño en el hermano, y el padre perdió en un sólo mó· fiel? .
mento sus hiJos, y la igualdad pasó su rasero sobre las
¡F~lices los que descienden, estrechamente enlazados,
cabezas, dejando constituid" la ley de los hombres en la corriente de la vida, cual dos cianea que no abren jamás sus níveas alas, sino para salvar unidos el paso de
la fuerza brutal de los instintos.
El apedreo de las gotas dando en lo~ misteriosos cris • la vida á la muerte, del tiempo á la eternidad!
tales de la ceMa, dejó rota como blanco lirio la oración
G. GoSTKOWSKI
en los labios de la monja; en el altar del templo quedó
snspensa la misa por la furia del temporal, que pasando
con flechas de oro 1~ ojiva~, fué á preludiar en el órga·
no; haciéndo lanzar á la trompetería el soberano himno
de la riqueza.
La lluvia, en t:J.nto, caía deslumbradora por todas par•

~

1

observar cómo pasa entre gigantes
trozos de roca, el agua, que parece
uua lluvia de fúlgidos diamantes.
EL NACIMIENTO

Allá ...... en la fértil villa de Apaseo,
enmedio á un bosque siempre florecido,
un lago transparente y adormido
al alma brinda celestial recreo.
El cisne, con pausado bamboleo,
cruza Ja clara linfa, el cuello erguido,
como un esquife blanco, que impelido,
deJa estelas de plata en su paseo.
Allí ofrece el tzentzontli, delicado
trino, y la placidez de la floresta.,
uel sueño más tranquilo y regalado¡»
allí el zagal, á la hora de la siesta,
mientras pace disperso su ganado,
bajo el sabino umbroso se recuesta.
JUAN B. DELGADO.
Junio de 1897.

◄

RICAJIDO PALMA,

¼)}.,::::!i&gt;llz=..:="f=..=ili\=:. = ~
Te vas á confesar, y el cura dice
que á \i, en vez de absolv&amp;rte te bendice.

•*•

Si la codicia de pedir es mucha,
el hómbre reza, pero Dios no escucha.
CA.XP0A.ll0R.

?

~' ~\ilJE,_ '.

Ora por los peñascos culebrea,
loa líq1,1.enes llenando de frescura,
ora se precipita en una obscura
cueva, donde desgránase y gotea.

En. eso de temblar ante el peligro
solo un diE!tingo encuentro:
Cobarde ea el que tiembla por afuera.
Valiente ea el que tiembla por adentro.

.~

Yír,~A~...,\

,~~"
i- \~ ~~rll

Del cerro más hermoso, que rodea
á un pueblecillo de eter.nal verdura,
garruladora baja el agua pura
que en hondo manantial gorgoritea.

La moral ea un corsé
que, en ciertos casos, usamos;
pero en otros lo colgamos
de un clavo ...... (y.Dios guarde á usté..)

;

·~~

•1/4 ~--~,, ,_ .."'·'~

LA CUEVA DEL CEDAZO

MAXIMAS TRADUCIDAS

~

.

~~•- _. - . ]¿~

SITIOS DE APASEO

Allí á loa ojos el encanto crece:
es de verá curiosos caminantes1
bajo la sombra que la gruta ofrece,

~

•*•

1~-~4
~~~"~]l\g ·itf,¡~---.l

,1 .

~OYIEMBRE

Cual labrador que con punzante brío,
Del sol naciente á los fulgores rojos,
Devastando del campo loa abrojos
Granos siembra en el surco á eu albedrío,

muerto.-Pero ¿y mi sombt'3?-pensaba Rip.-¿Pl)r qué
Y }Hp-Rip andaba y andaba ...... y no podía correr.
no se retrata mi cuerpo en ese espe~o? ¿~or qu~ veo y
Llegó, por fin, al pueblo, que era. CB!:i el mismo ......
grito y el eco de esa montaña no repite m1 voz sin.o otra
pero que no era el mismo. La torre •de la parroquia le
desconocida?
pareció como más blanca: la casa del Alcalde como más voz.
¡Y allá fué Rip á. buscarse en el seno de las ondas! Y
alta; la t,iendH. principal, como con otra puerta¡ y las ge1;1· el viejo, seguramente, se lo llevó con sl padre muerto,
tes que veía, como con otras caras. Estaría aún medio
porque Rip no ha vuelto!
dormido? ¿Seguiría enfermo?
Al primer amigo á. quieu halló fué al señor Cura. Era
¿Verdad que este ea un aueflo ed~av~gante? .
.
él con su paraguas verde¡ con su sombrero al\o que era
Yo veía á Rip muy pobre, lo ve1a rico, lo miraba Jolo más alto de todo el vecindario; con su Breviario siem•
ven, Jo miraba viejo; á ratos en una choza de leflador, á
pre cerrado; con su levitón que siempre era sotana.
veces en una casa cuyas ventan.as lucían cortinas blan-Sefior Curn, bnenos días.
cas¡ ya sentado en aquel sillón de otate y cuero; ya en
-Perdona, hijo.
~,:.~•
1::- •
-No tuve yo la culpa, señor Cura ...... no me he em- un sofá de ébano y raso ...... no era un hombre, eran mubriagado ...... no he hecho nada malo...... La pobrecita chos hombres ...... tal vez todos loa hombrea. No me explico cómo Rip no pudo hablar, ni cómo su mujer y su
de mi mujer ..... .
-Te dije ya que perdonaras. Y anda ve á otra parte amigo no lo conocieron, á pesar de que estaba tan viejo;
ni por qué antes se escapó de los qu~ se proponían atarlo
porque aquí sobran limosneros.
¿Limosneros? ¿Poi· qué le hablaba así el Cura? Jamás como á loco; ni sé cuántos años estuvo dormido ó aleta~do en eEa gruta.
había pedido limosna. No daba para el culto porque no
¿Cuánto tiempo durmió? ¿Cuánto tiempo se nec~sita
tenia dinero. No asistía á los sermones de cuaresma porpara que lo~ aérea que amamos y que nos aman nos olvique trabajaba en todo tiempo de la noche á la matlana.
Pero iba á. la misa de siet.e todos loa días de fiesta, y con- den? ¿Olvidar es delito? ¿Los qne vlvidan son malo~? Ya
veis qué buenos fueron Luz. y Juaa cuando socorneron
fesaba y comulgaba cada afio. No había razón para que
al pobre Rip que se moría; la nifia se asustó; pero no po•
el Cura lo tratase con desprecio. ¡:N'"o la había!
c&lt;f•n.
Y lo dejó ir, sin decirle nada, porque sentía tentacio- demos culparla: no se acordaba de su padre. Todos eran
inocentes, todos .eran buenos ...... y sin embargo, todo
nes de pegarle y era el Cura.
Con paso aligerado por la ira siguió Rip-Rip su cami- esto da mucha triEteza
Hizo muy bien Jesús de Nazareno en no resucitar más
no. Afo1tunadamente la casa est-aba muy cerca ...... Ya
veía la luz de sus ventanas .. .... Y como la puerta estaba que á un solo hvrobre, y eso á ua hombre que no_ tenía
más lejos que las ventanas, acercóse á. la primera de es• mujer, que no tenía ?ijaa y que acababa de morir. Es
tas para llamar, para decirle á Luz:-¡Aquí estoy! ¡Ya bueno echar mucha tierra sobre los cadáveres.
no te apures!
}l. GUTIÉRREZ NÁJIRA •
No hubo necEeidad de que llamara. La ventana esta(~
ba abierta: Luz cosía tranquilamente, y en el mvmento
en que Rip-Rip llegó, Juan-Juan el del molino-la be·
saba en los labios.
1
-¿Vuelves pronto hijito?
.
Rip-Rip, sintió que todo era rojo er. torno suyo. ¡M1•
STEcuentoyo noioví; sera.ble! ......... ¡Miserable!. ..... Temblando como un ebrio
•
pero creo que lo sofié.
ó como u11 viejo entró á la casa: Quería matar; pero es·
~ . l!ft..,.._, _
Qué coeas vea los ojos taba tan debil, que al llegará la eala en que hablaban
td,,-.
cuando esdn cerrados! ello@, cayó al suelo. No podía levantarse, no podía ha·
"SAVIA ENFERMA"
t
Parece imposible que
blar; pero sí podía tener los ojos abtertos, muy abiertos,
tengamos tanta gente y para ver cómo palidecían de espan\o la esposa adúltera
IV
tantas coeaa adentro .....
y el amigo traidor.
porque, cuando . los párpados caen, la mirada, como
Noche ártica.
Y los dos palidecieron. ¡Un grito de ella-el mismo
una señora que c1~rra eu balcón, entra á ver lo que hay grito que el pobre Rip había oído cuando un ladrón enen su casa. Pues bien, esta. caea mía, el!ta caea de la tró á la caea!-y lm,go los brazcs de Juan que lo enlazaEn la última página del diario de Nansen.
aetiora mirada que yo tengo, ó que me tiene, es un pala• ban, pero no para ahogarlo, sino piadosos, caritativos,
cio 1:s una quinta, es una ciudad 1 es un mundo, es el para alzarlo del suelo.
En el zenit, azul; blanco, en el yerto
universo, ......... pero un uniYeIE!0 en el qne 1aiempre ea•
Rip-Rip hubiera dado su vida, su alma también por
y triste plan de la sabana escueta;
tán presentes el presente, el pasado y el futuro. A juz·
podn decir una pa!abra, una blasfemia.
en los nítid,,s témpanos, violeta,
gar por lo que miro cu.ando duermo. pienso -para mí, y
- No eEta borracho, Luz: PS un enfermo.
y en el confin del cielo, rosa muerto.
hasta para ustedt&gt;s, mis lectores:-¡Jesúsl ¡que de cosas
Y Luz, aunque con miedo todavía, ee aproximó al
Daspréndese la luna del incierto
han de ver loe ciegos! Erns que siempre eetán dormidos desconocido vagabundo.
Sur, amarilla, y en la noche quieta,
¿qué verán? El amor es ciego, eegún cuentan. Y el amor
-¡Pobre viejo! ¿::¡ué tendrá? T¡1,l vez venía á pedir lide un buqne abandonado la silueta
es el único que ve á Dios.
mosna y se cayó desfallecido de hambre
mf'droea, se destaca en el desierto.
¿De quién ea la leyPnd.a de Rip-Rip! Entien~o q~e la
-Pero si algo le damos, podría hac+lrle daño. Lo lle•
Ni un rumor ...... el Silencio y la Blancura
recogió "\Vaehi.L1gton Irving, para darle formahterar1a en varé primero á. mi cama.
celebraron, ha roncho, en la infinita
alguno de sus libros. Sé que hay una ópera cómica con
-No, á tu cama no, que está muy sucio el infeliz. Llasoledad sus arcanos esponsales;
el propia título y con el mismo argumento. Pero no he maré al mozo, y entre tú y él lo llevarán á la botica.
y el espíritu suefia en la ventura
leído el cuento del novelador éhistoriadornorteamerica·
La nifla entró en esos momentos.
de un connubio inmortal con Serapbita,
no ni he oído la ópera ......... pero be visto á Rip-Rip.
-¡Mamá, mamá!
al claror de las albas boreales.
Si no fuera pecaminosa !a suposición, diría yo que
-No te asustes, mi vida, si es nn hombre
Rip-Rip ha de haber sido hijo del m1..mge Alfeo. Eete
-¡Qué feú, mama! ¡Qué miedo! Es como el coco!
roonge era alemán, cachazudo, flemático y hasta preE!uV
Y Rip oía.
mo que algo sordo; pasó cien afioa, sin sentirlos, oyendo
Veía también: pero no eetaba ¡:,egnro de que veía. Esa
el canto de un pájaro. Rip-Rip fué más yankee, men?s salita era la misma ......... la de él. En t&gt;Se sillón de cuero
aficionado á músicas y más bebedor de wiskey: durm16 y otllte se sentaba p&lt;,r las noches cuando volvía canE!ado,
Los difuntos viejos.
durante muchos afloe.
después de haber vendido el trigo de su tierrita en el moRip-Rip el que yo vi, se durmíó1 no e:é por qué, en lino de que Juan era a1miniatrador. Esas cortinas de la
Yo no amo á los que viven: pulrefo.cci6n andante!
alguna cav~rna á la que entró ......... quién sabe por qué.
Yo bm:co á los que moran de la ciudad muy lejos,
ventana eran su lujo. Las compró ácosta de muchcs abo•
Pero no durmió como el Rip-Ripde la leyenda. Creo rros y de muchos sacrificios. Aquel era Juan, aqYella
en el pant.Pón¡ y adoro la cah•a deslumbrante
que durmió diez. afloP ... tal yez cinco ... acaso uno ...... en Luz ......... pero no eran los miemoe. ¡Y la chiquita no
de los brufiidos cráneos de los difuntos viejos!
fin su sueño fué b.u!tante corto: durmió mal. Pero el ca· era la chiquit.a!
Cadáveres senile@! qué calma aemPjant;e
so 'es que envejeció dormido, por que eso pasa á los que
¿Se babia muerto? ¿Estaría loco? ¡Pero él sentía que
hallará vuestra calma! ni contracción, ni dejos
sueñan mucho. Y como Rip-Rip no tenía reloj, y como es~aba vivo! Escuchaba ......... veía ......... como se oye y
de angu@tias infinitas moetrais en el .~emblante,
aunque lo hubiera tenido no le habría da~o cuerda cada se ve en las pesadillas.
que alumbra en el Gsario la luz agor,izante
veinticuatro horas; como no se habían rnventarlo aun
Lo llevaron á la botica en hombros, y allí Jo dejaron
del sol, dándole nimbos de cárdenoe reflejos ......
-los calendarios, y como en los bosques no hay espejos,
porque la niña se asustaba de él. Luz fué con Jnan ...... .
RipRip no pudo darse cuenta de las boras, los días y los y á nadie le extrafió que fuera del brazo y que ella aban•
Oh,
M11erte!,ohP.1z!... Yo atioro la calva deslumbrante
meses que habían pasado mientras el dormía 1 ni de ente· donara casi moribuudo, á su marido, ¡ No podía mover·
de los brufiidoa cráneos de los difuntos viejos!
arse
de
que
era
ya
un
anciano.
Sucede
casi
siempre:
1
se no podía gritar, decir: Soy Rip!
mucho tiempo antes de que uno sepa que es vieJo, los
A)fADO NERVO.
Por fin, lo dijo, después de muchas borae, tal vez de
demás lo saben y lo dicen.
muchos años, ó quizif. de muchos siglos. Pero no lo conoRip-Rip todavía algo aofioliento y sintiendo vergüen· cieron, no lo quisieron conocer.
za por naber paE!ado una noche fuera de su caea-él que
-¡ Desgraciado! ¡Es un loco! dijo el boticari&lt;'.
era esposo creyente y practicante-se d:jo no sin sobre -Hay que llevárselo al sefior alcalde, porque puede
salto:-¡ Vamos al hogar! '
otro.
¡Y allá va Rip-Rip con su barba muy cana (que él serSí,furioso-dijo
es verdad, lo amarraremos si resiste.
creía muy rubia) cruzando á duras penas aquellas vereY ya iban á liarlo; pero el dolor y la cólera habían dedas caE-i inaccesibh·sl Las pinnas flaquearon: pera el de- vuelto á Rip sus fuerzas. Como rabioso can acometió á
cfa:-¡Es efecto del sueño! !Y no, era efecto de la vejez, ~ue verdugos, consiguió desasirse de sus brnzos, y echó
que no es suma de años, sino suma de suefios!
á correr. Iba á. su casa ......... ¡iba á matar! Pero la gente
Caminando, caminando, pensaba Rip-Rip:-¡Pobre lo seguía, lo acorralaba. Era aquello una cacería y era él
mujercita mía! ¡Qué alarmada estará! Yo no me explico
Jo que ha pat1ado. Debo de estar enfermo ...... muy en- la fiera.
JOSE JUAN TABLADA
El instinto de la propia conservación se sobrepuso á
fermo. Salí al amanecer ...... ahora está amaneciendo ..... .
d~ modo que el dia y la noche·los pasé fuera de casa. Pe• todo. Lo primero era salir del pueblo, ganar el monte,
¡Oriente! El bello país sofiado,
ro ¿qué hice? Yo no voy á la taberna; yo no bebo ...... esconderse y volver más tarde, con la noche, á vengarse,
Muestra radiante 8U floración:
Sin duda me sorprendió la enf~rmedad en el monte y á hacer justicia.
Ya es un esbelto biombo dorado,
Logró por fin burlará sus perseguidores. ¡A.llá va Rip
caí sin sentido en esa gmta ...... Ella me habrá buscado
Con la cigüeiia y el r¡1,udo alción¡
por todas partes ...... ¿Cómo no, si me quiere tanto y es como lobo hambriento! ¡Allá. va por lo más intrincado
tan buena? No ha de haber dormido ...... Estará lloran- de la selva! Tenía E!ed. ......... la sed que han de sentir los
Ya ostenta el muelle cojín bordado
d0 ...... ¡ Y venir sola, en la noche, por estos vericuetos! incendios. Y se fué derecho al manantial.. .... á beber, á
Loa chrisantemos del gran Japón,
Aunque sola ...... no, no ha de haber venido sola. En el hundirse en el agua y golpearla con loa brazos ...... acaso,
Donde la mushma tiende el velado
pueblo me quieren bien, tengo muchos amigos ...... prin- acaso á ahogarse. A.cercóse al arroyo, y allí, á ~a superfi•
Cuerpo,..que.aviva Ja ~ntación ..... .
cipalmente Juan el del molino. De seguro que viendo la cie, salió la muerte IÍ recibirlo. ¡Sí¡ porque era la muerte
El ritmo brota, revuela, sube,
aflicción de ella, todos la babk·án ayudado á buscarme .... en fign.ra de hombre, la imágen de aquel decrépito que
Pasa ligero como una nube,
Juan principalmente. Pero ¿y la chiquita? ¿v mi hija? se asomaba en el cristal de la onda! Sin duda venía por
Vertiendo clara luz auroral.. ....
¿La traerán? ¿A tales horas? ¿Con este frío? Bien puede él ese lívido espectro. No era de carne y hueso, cierta1-:er, porque ella me quiere tanto y quiere tanto á su hija mente; no era un hombre, porque se movía á la vez que
Y va la mnsa cantando airosa,
Rip, y esos movimientos no agüaban el agua. No era un
y qwere tanto á los dos, que no dejaría por nadie rnla á.
Fref!ca y lozana como una rosa
cadáver, porque sus manos y sus brazos se torcían y re-t:lla, ni dejaría por nadie de buscarme. ¡Qué impruden·
Que estalla al beso de un sol triunfal.
cia! ¿Le bará daflo? ...... En fin, lo primero ea ella ..... . torcían. ¡ Y no era Rip, no era él! Era como uno de sus
AtmELlO G. CARRASCO.
abuelos que se le aparecía para llevarlo c:m el padre
áero ¡cuál •• ella?•••..•

"~ ~i@~·,
~)

TRES SONETOS.

PREOCUPACION

EL MUNDO

DE JUNIO DE 1&amp;97

�EL MUNDO

DOMINGO

20

DE JUNIO DE 1897

DOMINGO

ENGANO SUBLIME
Por roaría \:!escot.
NUM'.J,RO I3.

M le no eran alga nas bue:1a3 palabras las q11e podían
amaneará la irascible Mariana. Esta dirigió á la intrusa
una mirada hostil.
-Por lo q 1e ve al cariño, dijo, si se me manda que olvide ii mi difunta ama, no puedo hacerlo¡ por lo que ve
al servicio, yo conozco mi&lt;s deberes; pero si la señora no
está contenta de mí, no se moleste para decirW, mi maleta no está lejos.
Después de esta última palabra, lanzada como la fleeba de los partos, se alejó. Hacía mucho tiempo que tal
amenaza era entre los Duvernoy asunto de broma. Trein ta años llevaba ya la buena mujer, de servicio en la casa,
sin poder dejarla¡ y casi no había estación en que no
amenazase con bajar del granero esa famosa maleta, por
los más fútiles· moti vos. Más esta vez el aefior Duvernoy
no rió de la ocurrencia; eentfa que la amenaza era seria.
Dijo tristemente:
-Ya lo veie, Beltrana, tenía razón para demandar
vuestra indulgencia; esta mujer tiene el humor agrio, pero ea buena, abnegada y fiel.
Ella d:jo dulcemente:
-Haré lo que me sea posible para ganar la buena voluntad de Mariana, pero temo no obtener nada. Carlota
no ha perdido el tiempo ..... .
Cómo, euponeie que Carlota ........ .
Ella movió loe hombroe1 llena de mansedumbre.
-Ql1e queréis? la pobre muchacha ha quedaio tan descepcionada en au ambiciosa esperanza! No debemos censurarla mucho, yo le perdono de todo corazón lae dificultades que me ha creado.
-Que buena sois, Beltrana!
Y con una voz dura, añadió :
-Yo, yo no le perdono.
-Eritonceg no hablemos máe de ella. Dejadme admirar. Que linda es vuestra casa!
-Nuestra casa, díjo él tiernamente.
Ella repitió:
-Nuestra casa. Y afiadió, visitada yo l'l principal:
-Es un verdadero paraíso, Fernando, y yo voy á eer
aquí dichoea como una reina.
Ay! él no podía asociarse á este impulso de alegria, habiendo llegado la hora tan temida. Lila no se había presentado á su llegada. En otro tiempo, después de la me-nor ausencia, corr.ia alegremente hacia él. No podía esperar más ein informarse de ella. Tocó el timbre y se
presentó una joven recamarera,
-Donde está la sefiorita? preguntó:
-La señorita eetá encerrada en sus habitaciones.
-Prevenidle que la espero aquí.
La joven criada volvió sola1 Lila rehusaba obedecer.
El señor Dovernoy senUa la necesidad. de domará aquella rebelde; pero vacilaba en comparecer an~ su hija; esperaba sue violencias, eue rebeliones ...... Habría que corregir y castigar. Que triste retorno! La mano de Beltra•
na se posó so~re su brazo:
-Mi bien amado, ei mi presencia en vuestra casa debe
causaros tan gran molestia, me iré para no volver jamás.

En la mirada de espanto con que él la vió, comprendió ella que el golpe había sido certero.
-Quereis poner este negocio entre mia manos? Dadme
poderes plenos y espero, en menoe de una hora, dejaros
sumisa á Lila.
El tuvo un suspiro de alivio:
-Sois adorablemente buena, mi querida Beltrana, pe•
ro temo mucho haceros fracaear.
-Q lién sabe! dijo ella.
La huerfanita sollozaba en su cuarto cuando, después
de un golpe ligero dado á la puerta, una voz baja pronunció estas palabras:
-Abrid Lila, yo lo quiero.
Esta voz contenida tenía un acento tan autoritario,
que la niña enjugó sus lágrimas y obeieció. Abierta la
puerta1 Beltrana entró con la actitud felina que le era
peculiar. Tomó á la niña de la mano, y mirándola bien
á la cara1 en los ojoe francos, donde se leía una indiacuti•
ble aversión:
-¿Queréis amarme y os place que yo os ame?
Con un movimiento violento, Lila se echó hacia atrás.
-Oe odio, os odio, dijo con vehemencia. Habéis des·
pedido á la buena Carlota, me habéis tomado á Pa.pá, os
odio, os odiaré siempre.
U na sonrisa desdei'iosa pasó por los delgados labios de
Beltrana. Esa explosión apasionada de ira, le agradaba;
una enemiga apasionada es más fácil de vencer. Se sentó,
haciendo con la mano un movimiento que mandaba el silencio, y fríamente, sin una palabra de reproche ó de
queja:
-Mi pobre nifia, dijo1 desde que nos conocemos, hace
seis meses, ha habido siempre entre nosotros una sorda
hostilidad, ¿no es cierto? Vos queríais cerrarme 1a puer•
ta de esta casa. Para ello pusísteis en obra vuestras lá•
grimas, vuestras súplicas, vueEitra cólera; habéis eido
vencida; no teneis aun ni la edad ni !a fuerza para luchar contra mí. Es preciso pues que oe resigneis, Lila.
Yo he entrado aquí á pesar vuestro, y á pesar vuestro
petmaneceré, y si no sois obediente ......... (La voz tomó
las notas breves del martillo cayendo sobre el yunque),
podría muy bien arrojaros de aquí, como arrojé á vuea•
tra aya. Os hablo como á una niña inteligente que pue.
de comprenderme. ¡Escuchadme! Mí deseo ea vivir aquí
en buena harmonía con todos y sobretodo con vos. V os
me odiais, aeí me lo habeis dicho; pero yo no reclamo
vuestra ternura. No reemplazaré á la madre que habeis
perdido, ni siquiera á vuestra aya. Cuando estemos So•
las, podreis mirarme como me veis en este mome,nto,
con ojoe cargados de rencorosa cólera; pero ante loe ex·
traños, ante loe domésticos, ante vuestro padre, sobre todo, os exijo que me deis muestras de deferencia y de rea•
peto; exijo que me dirijais el título de madre.
Su voz imperiosa se había vuelto máe y máe dura; hizo
una pausa, después continup con tono súbitamente dulce:
-Ese sacrificio, ó máe bien dicho, ese disimulo, no lo
pido por mí eola, eino por la dicha de vuestro padre á
quien decís que adorais y á quien torturaie cruelmente.
Ea para que él eea feliz entre vos y yo, para lo que llegué
la primera á tenderos la mano. Yo no exijo una respuesta
inmediata: la llamada para la comida eonarádentro de una
hora; emplead este tiempo en reflexionar; si consentía
en aceptar lo que ea ya un hecho consume.do, cuando
nos encontremos ante vuestro padre, me daréis un beeo,
el eolo que oe pediré jamás.
Diciendo esto se levantó, y como había entrado, ea.lió,
con la misma mirada y la misma sonrisa. Lae lágrimas
de la huerfanita volvieron á correr más abundantes y
más amargas.
Una extraña hablaba como soberana en la casa de eu
padre, Y le dictaba leyes; predecía desde6.oeamente eu derrota y le ofrecía un insultante perdón.
No era propio del caracter de la impetuosa nii'ia resignarse sin combatir. ¿Para qué reflexionar? ¿P,1ra qné esa
hora de espera?
Su padre estaba ahí, el amo, el juez, el protector, al
cual jamás había recurrido ella en vano. El la defeniería
)'.', con no.a palabra haría comprender á eea madrastra

que el amor de padre es máe potente que el amor de esposo. Enjugó sus ojoe de prisa, y resueltamente ee dirigió á.
la cámara de su padre.
¡Ay! á la primera mirada que puso en él, se desvanecieron sus ilusiones. El pintor inquieto, presa de un evi•
dente maleetar, veía á la pobre nifia con una expresión á
la vez dura y temerosa1 que.ella no había visto jamás en
su rostro. Beltrana, al contrario, se aproximó, zalamera
y maternal.
-Venid, mi querida hija, ¿queréis besarme, no es
verie.d?
Y Lila desfalleciente dejó que loe labio~ de su madrastra se posaran fríamente sobre su frente, en tanto que
M. Duvernoy exclamaba con voz alegre:
-Sois una maga1 mi querida Beltrana;en verdades un
milagro el que habéis operado.
Un poco más tarde, eola en eu cuarto, la niña se aban•
donaba á su amarga desesperación. No escribía ya á su
padrino Felipe, tampoco á su aya Carlota: Una humilla•
ción pesaba sobre ella1 sentía en eu alma la vergüenza
de las capitulaciones. Se decía que había sido debil y cobarde, que al aceptar ese beso había desertado de la cau•
sa de la aya y renegado de ~u madre; pero creía tam•
bién, y eso lo comprendía perfectamente, que sucedería lo
mismo al dia siguiente, y loe díaE, los meses y loe años
que iban á seguir; que estaba vencida, qne no tendría el
valor de la rebelión y que no tenía tampoco el valor de
la resignación.
XXXIX
La señora Beltrana Duvernoy acababa de obtener una
victoria ein duda, pero bien menguada en resulrados: un
reino únicamente compuesto de esclavos sull1iaos por
el terror ó de súbditos rebeldes, no daría envidia á soberano alguno.
La liga de familia se dibujaba temible. B~ltrana, desde
eus primeros pasos en Pontarlier, reconoció su existencia. Por donde quiera resonaba en su oído el nombre de
la tan ~amentada, de la tan simpática. Carlota; aquí, ale-gremente1 como una fanfarria guerrera¡ ahí lúgubremen·
te, como un toque de muerto. L:1 seflora Fourneron exhaló eus rencor"es; las primas acentuaron como una mu ralla infranqueable su política glacial, loa amigos hicieron gala de su agresiva acogida: la tía y las primas ha~
bian puesto en obra todas sus itifiuencias contra Duveruoy. En las pequeflas ciudades la neutralidad no es po·
eible, hay que declararee en pro ó en contra y contra.
Beltraoa se declaraba evidentemente Pontarlier eníero.
La senora Duvernoy volvió-ásu casa desalentada. Cualquiera otra mujer hubiese abandonado la lucha y vuelto
á su vida errante ó buscado 11n lugar de permanencia más.
hospitalaria. Ella examinó las dos alternativas y encon·
tró graves objeciones.
Para la administración de las fortunas territoriales, es
necesario el ojo del am 1; la renovación de esto, el man•
tenimiento de aquell0, la explotación de loe otro1 demandan una vigilancia casi constante. Los intereses ma•
teriales, descuidados por largo tiempo por el pintor, ha·
bían sufrido demasiado. Por otra parte, la existencia.
errante tenía á los ojos de Beltrana el peor defecto. {{Piedra que rueda, no cría moho,u dice el proverbio, y ella que
ría criar moho. Era de aquellas á quienes la experiencia
instruye. Había sido cigarra en la primavera de su vida
y le había ido mal; llegado el estío, la cigarra se volvía
hormiga y preteodia llenar sus graneros. Las rentas de
Fernando, esae sesenta mil libras, sábiamente administradas, podrían permitir amplias economías. Ella estudió este asunto, testificó que la mitad de esta suma debía bastar para asegurar una vida cómoda y fácil y aun 1a
supremacía en e:1e medio restringido; el resto de las ren•
tae ee acumularía.
Beltrana conocía ya la significación de es as palabrae
inecrhae en los contratos de matrimonio: comunidad de
bienes reducidos 4 1ae adquisiciones nuevas. Mas para
hacer esto, era preciso vivir en Pontarlier durante la
mayor parte del afio, desarmar las iras, destruir las prevenciones, luchar con su talento, su belleza, su finura, su
·astucia, contra una ciudad hostil, contra una familia que

'i

20

de JUNIO de 1897

Ja re~haze.ba. Se decidió, y, para construir eu plan de
campaña, ee confinó en el retiro, observó y esperó. La
liga todavía no obraba con decisión, Re había jurado rechazar al enemigo, pero todavía faltaba que se diese el
asalto.
Para todas eeas curiosidades ásperas de provincia, re•
ducidas á flaca pitanza, Beltrana era una presa ardiente.
mente codiciada. Se quería, ea cierto, abrebarla de ultra•
Jea, más para abrebar1a era preciso que ella extendiese
su vaso. Ahora bien, la presa no ee exponía ni á loe ultrajes ni á las sátiras; ee encerraba en su casa; solamente el domingo salía para asistirá la miea parroquial, y el
reato de la semana se absorbía en loe cuidados de la caea.
como hubiera podido hacerlo una burguesita modestamente educada en un co11vento.
No ee porta por cierto una Dalila ó una Daoaé de tao
Edificante manera. Decididamente eea mujer que decep·
cionaba á todos loe que espeuban de ella malos actos,
carecía de la máe e1emental probidad. Envano se interrogaba á Marfana. Esta á pesar de eu evidente malhu•
mor, no podiaarticular una queja contra eu nueva ama.
Lila, fría y triste, se limitaba á responder:
-Ni la amo, ni la amaré jamás.
La señora Fourneron enrojecía. de cólera y las dos
Lezines palidecían de indignación. Ya no se encontraban sin dirijirse la misma pregunta: uLa has visto?,1 y
siempre la negativa respuesta uniforme y desoladora: La
señora Duvernoy no hacía tentativa de forzar las puer·
tas que se habían cerrado para ella.
Las cosas no podían quedarse en ese estado; después
de un conciliábulo secreto en casa de la eeflora Fourne•
ron, ee decidió que Jacobo de Sommera cuya vuelta era
esperada, eerfa enviado á un reconocimiento para tantear lae astucias del enemigo y eondear ene planes.
Jacobo ~olvió por fin á eea que él llamaba satánica bicoca de pueblecillo. No eetaba de buen humor; el flirt
con la americana lo había llevado muy lejos en el pais
de lo tierno, retardándolo en la ciudad de las pequefias
solicitudes, haciéndolo resbalar por la pendiente de los
menudos favores, llavándole ante el gran r!o que debía
franquear sobre el puente del me.tricnonio, para llegar
.al oasis de la dicha perpetua. Pero ahí el viejo corcel
rehacio se había encabritado, rehueándos~ á enfilar el
puente. Hubo una diecu~ión viva y después la ruptura:
la americana tuvo que buecar un amado menos recaldtrante.
Volvió pues él á su casa de mal humor, maldiciendo
los puentes, los ríoe, el flirt y las americanas. Fué enmedio de imprecaciones donde la eeñora Fourneron le cayó,
no dejándole tiempo ni de abrir eus maletas.
-Y bien, mi pobr~ amigo, tú sabes lo que ha pasado?
El se ha casado con ella.
Jacobo exclamó con uoa voz tonante:
-Cómo lo sabeia? Quién se ha casado con ella, el ru,eo ó el inglés?
No pensaba en Baltrana.
-¡Quién se ha casado con ella, Jacobo! Luego Ferna.o-do no te anunció BU matrim{'nio?
¡Ah! es de Fernando de quien hablais!
Y recordando sus cuerdas reeolucionee:
-Pues bien! qué quereie que yo haga! yo me lavo las
manos!
-Mostrabas más celo antes de tu partida, por losintere•
:ses de nuestra familia. Contábamos contigo para recono•cer qué especie de mujer ea. Tú que conoces á l.as pícaras .... . .
-Para eso, tia Fourneron, dijo Jacobo extremadamente halagado, podéis decir que me pinto solo; pero he ju•
rada no ocuparme de esa.
-¿Y por qué, Jacobo?
-Pilrqué ...... porqué ...... Qué es lo que tenéis que reprocharle!
La eeftora Four.oeron buscó algún cargo:
-No vea que ha hecho que tu primo se case con ella?
-¿Cómo, tía Fourneron, voe que sois el aposto! del
matrimonio habláis así? ......... Hacer que B&amp; casen con
et:ae, es la inocente manía de todas esas malignas gentecillas, deede eea Santa Nitouche de Eulalia, hasta ese
malvado demonio de Miss Megg.
-Ella exigió que se despidiese á la excelente sefiorita
Carlota.
-Ha hecho bien, Carlota era muy fea.
-¿CreeF tú acaso en ese primer marido1 en ese rico armador de Brest? Yo estoy segura de que no ha existido
jamás.

EL

MUNDO

- ¡Cómo! que si creo en Martín de Brest?
Se mordió los labios para no decir máe.
-Entonces desertas de nuestra causa?
-Yo no deserto, pero prefiero permanecer neutral en
esas historias; no quiero romper con Fernando.
-Cuando menos irás á ver á esa mujer.
-Iré á verla, naturalmente¡ debo una visita á esa nue•
va prima.
A pesar de sus disposiciones conciliadoras, pasó una se•
mana sin que Jacobo pusiese en ejecución su proyecto.
Era de los que experimentan las influencias inmediatas.
Sin embargo, pasada la aemana1 juzgó inconveniente diferir por más tiempo un deber de política, y después de haber procedido largamente á una toilette conveniente, fué á
llamará las puertas de loe Duvernoy.
Cuando fué anunciado el nombre del visitante á Beltrana, tuvo ella una de esas sonrisas que aclaraban por
instantes la impasibilidad de su rostro; ese primo de que
su marido le había hablado tanto y que amaba á las lin~
das mujeres, debía ser una facil conquista. La necesidad
de un aliado se hacía sentir mucho.
Aquella misma mariana, la terrible petaca de Mariana
había franqueado por fin el dintel del granero, bajado la
escalera con un ruido siniestro, y ahora, en )a cocina, se
abría, espantosamente como un ataúd. Mariana cum•
plía su quincudgeeima promesa
A la hora del almuerzo, Li.la, con los ojos rojos de lágrimas, rehusó comer. El seftor Duvernoy parecia consternado. Mariana1 con una coquetería de cocinera que
quiere que la echen de meuoe, babia aderezado el mejor
platillo de su repertorio.
El sefior Duvernoy, al saborearlo, dijo:
-Jamás la reemplazaremos.
Beltrana respondió dulcemente:
-Estoy desolada, Fernando, yo no he hecho observación alguna á Ma:-iana, no hay culpa de mi parte. Desde
mi entrada en la casa, busca un pretexto para salir.
El dijo con un tono que djsimulaba mal un reproche:
-Es lamentable en verdad; yo habría preferido per•
der una suma de dinero mejor que los servicios de Mariana.
Sí, urgía que un aliado viniese en ayuda de BeHrana,
porque en medio de aquella casa 1 de aquelia famlia y de
aquella ciudad hoetil, ee apoderaban de ella el desalien•
to y la irritación. A veces hasta lamentaba la partida de
Catlota. La pobre buena muchacha hubiese defendido
Bu causa y combatido por ella; ninguno es demasiado
fuerW para luchar solo.
El cielo le enviaba Ull campeón, pero era necesario
que este campeó.o estuviese bien convencido de la bondad de la causa que iba á sostener. Era preciso que fuese conquistado y subyugado¡ para eeto eran de temerse
doe extremos: una amabilidad .demasiado sonriente ó
nna dignidad demasiado austera. Era preciso que él adorase, pero á dos rodillas. Sin tener ea la sociedad de Piln•
tarlier la alta preponderancia de la señora Fourneron ó
de las sefloritae de Lezinee, el eefior de Sommeree no carecía de influencia. Primo hermano de Elena, ei él de•
claraba que la segunda sefiora Duvernoy era digna de todos los respeto@, rn opinión haría ley.
La acogida que hizo á Jocobo fue una obra maestra de
habilidad¡ una emperatriz de los antiguos días, recibiendo á un gran vasallo, no hubiera podido mostrar una actitud más noble y real. Ella leyó su triunfo en la rápida
sorpresa que él no pudo di~imular enteramente.
La mujer que recibía á Jacobo de Sommeree, que lo
acogía con una dignidad serena, con una gracia tan correcta, no podía tener un lazo de parentesco, por debil
que fuese, con la pícara vividora de Le6dice 1 con la aa•
tuta espoea del viejo Martin, con la maligna, la habil in•
trigante de Fernando Duvernoy. El conocía á las vi vidoras, él conocía á lae pícarae, él conocía tambien á lae
mujeres honradas; esta era una mujer honrada, infiaita•
mente bella, distinguida, imponente y digna de todos
los respetos.
Cuando BelLrana estuvo cierta de esta primer victoria,
marc6 un punto y cambió el juego. Se pU.Bo graciosa y
sonriente escuchando á J acabe, interrogándole acerca de
eus gustoe, de sus ocupaciones; daba un precio infinito á
los menores detalles que él tenía á bien revelar sobre sí
miemo. Parecía deslumbrada je saber que él amaba á
Niza, que adorab1 á París y que no detet:taba á P.:,ntar•
lier; que pasaba el estío en su casa y el invierno en el

mediodía. El decía los no-n'1rP.s de log hoteles donde bajaba, de loe restaurants donde iba por la mañána. Todos
eaos detalles de una perfecta insignificancia, eran escu•
chados por ella al igual de import,antes secretos de Estado. De cuando en cuando, cc,n mucha habilidad, arroja•
ba ella en la convereación algunos nombres ilustres. Le
pregunta'ro si conocía á lord X ......... ei había encon•
trado á su íntima 1amiga la princesa K ......... off. Por fin,
á su vez ella habló de sí misma, haciendo notar con humor, sus rudos principios en Pontarlier, desde la male·
ta de Mariana que se ob3tinaba en salir de la ca!:!a, hasta
1ae aefi.jritas de Léziaes que se ob:1tinaban en no entrar.
Y esto sin amargura, con un lindo matiz de burla, con el
tono de superioridad indulgente de una mujer que está
por encima de toda3 estas p~queñeces, con un ligero desdén por todos esos rigores de provincia, desdén que él
debía c:&gt;mpartir y comprender, él, huesped de la'3 grandes ciudades, él, superior por eu esprit, su inteligencia y
eue relaciones mundanas, á ese medio estrecho y limi•
tado.
Cómo hubiera podido Jacobo permanecer fiel á la liga
Cómo hubiera apechugado ante la amiga de la princesa
K ..... .off y de lord X ...... con el ridículo de eer tratado
de provinciano? El antiguo jefe de la conjuración desertó
vergonzosamente, con armas y bagajes 1 y no descubrió
lae asturias del enemigo, pero si confió las d'e eue aliadoP.
Beltrana tenía una manera tao cautivadora de escuchar
que él tuvo que decirle:
-Ellas no oe quieren mucho que digamos, prima, eatan furio3as porque no intentaie nada para aplacarlas;
pero VOi! habéis elegido un buen partido; permaneced en
vuestra casa¡ ellas vendran. Se fastidian tanto!
XL
Una mafiana, la sefiora Fourneron, después de haber
oido doe misas, visita.do tree familias pobres, explorado
cuatro almacenes, acomodado eeie armarios y escrito
eiete cartas, se encontró un poco escasa de ocupación y
cayó en una ab3tracción melanc6lica: las noticias que en
eu ir y venir de en la ma!'iana había recogido, le daban
en que pensar. R~sultaba de esas diferen~s informacio•
nea que los Duvernoy tenían proyectos.
T,mer proyectos, ee llama en Pontarlier la intención
de dar fiestas. Rabian sido contratados algunos obreros
y cierto comerciante había recibido un importante pedido de velas esteáricas. Ahora bien, si había algo penoso
en el mundo para la señora Fourneron, era estar en términos fria, con peniooas que tenían proyectos. Su a ver•
sión por Beltrana fué conmovida en lo más profundo,
su humor se endulzó como una plaza que va á capitular.
Después de todo, qué le reprochabanáeeta mujer? Era
joven, bella y cuerda; nada en BU conducta dejaba ehio
para la mia ligera crítica, Fernando la amaba: no se puede imputar como crimen el amor de un marido.
Ella había, ee cierto, despedido con algo de brusquedad á la tan simpática sefiorita Carlota, pero eso era !)')r•
que quería ocuparse ella misma de la educación de Lila.
Este motivo ta.mbién era loable. ¿Cómo la sefiora Fourneron, cuyo juicio era tan seguro, ee había dejado extr~.
viar por ese chisme de Felipe de Aubian? Cómo no había ella comprendido que eu papel, al contrario, debía
ser del todo maternal: acoger á eea nueva sobrina, abrirle loe brazos, dirigir sus pasos, ser su consejo, su apoyo,
y pues que tenía proyectos, ayudarle en esoe graves
asuntos. Por último, sería miserable cosa, desde que uno
ha reconocido su error, obstinarse en el mal camino;
ella no era, gracias á Dio@, de esos eepiritus es~rechos
como las Uzinea; ella iría derechito á su cara sobrina
Beltrana J le diría ................................ ...... ............... .

····································· ············································

La seflora Duvernoy estaba en eu toilette cuando la
señora Fourneron entró sin hacerse anunciar. Beltrana
comprendió inmediatamente en qué condiciones le era
ofrecida la paz; no tuvo ni uo gesto de sopresa ante esta
intrusión matinal, ni aun la enigmática sonrisa con que
había acogido á Jacobo de Sommeree. Las condiciones
serían duras: ponerse en tutela, aceptar la dirección de
la vieja tía en en familiaridad; sin embargo, no vaciló.
-¿Mi tía, dijo ella con au voz metálica, os agradaría
darnos algunos consejos para amueblar nuestro comedor?
Da mil amores, dijo la eetíora Fourneron, cuyo rostro
Bé iluminó.
L'ls Duvernoy, en efecto, tenían proy1::ctos y fué la.
venturosa tía Fourneron la que compuso el menú de la

�DOMINGO ao DE JUNIO DE 08117
430

comida, la•lis.ta de loe convidados y las canastillas de
florea y de frutas.
La conquista de las Lézines fué más laboriosa pero era
más importante aún. Su casa ra,tidioaa, pero altamente
honorable, daba el tono á la mejor sociedad de Pontar•
lier. Se decía: Ser recibido en casa de las Lézines como
se decía en otro tiempo: Ir al faubourg Saint-Germain.
El saloncito de la seflora Fourneron se abría a. todos; el
gran salón de las Lézinea se entreabría solamente para
algunos. Tanto como la una se prodigaba en todas las
ocasiones, las otras se encerraban, se reservaban.
Ante la dJserción de sus dos aliadoe, habían tenido
Ellas una palabra severa:

DOMINGO 20 de JUNIO de 18sn

EL MUNDO

en que Aglaé condescendit,ra en llamarla mi prima, el
día en que aquella puerta tan rígidamente certada, se
abrie1a ante ella ampliamente.
Ninguna fortaleza es inaccesible: la habilidad del sitiador consiste en descubrir el punto vulnerable, donde
el asalto debe ser dado. Beltrana estudió y descubrió.
Las pompas de Satanás son de diversas naturalezas. El
demonio del orgullo tiene más de una manzana en au
árbol. Esas solteronas á quienes no tentaban ni los placeres del mundo, ni el lujo, ni la gala, estaban devorada,;¡ por una de esas ambiciones de que los parisienees
sonreirán acaso, pero que aquellos que han habitado la
provincia, comprnnderán fácilmente.

EL MUNDO

NOTAS DE LA MODA.

Ser nombrada presidenta de una de eeas asociaciones.
piadoEBs que pululan ahora, gozar de los honores quevan unidos á esta dignidad, confereaciar con Monsefior
el arzobispo en sus visitas episcopales; tratar de igual á
igual á los miembros del clero; ser un alto personaje, no.
atareadJ, de pie acr.ivo, perdido entre la multitud, sino
sentado majestuosl.mente en su sillóa, como conviene á
los grandes digaatarioe, tal e11a la ambición que devoraQa el corazón piadoso de .!..glaé de Lézinee.
Continuaré.

Gorrita de tul con encajes y listón
muy angosto, azul pálido.

con seda crema. En el borde del eecote
y las mangae, lleva un volantt'l bordado
con eeda en la miema cachemirs.
Varias piezas de ropa para niño• pequeños.

Capelina de una pieza.

En eetaplana eneonlrarán nuestras bellas lectoras modelos de todas clases pa•
ra engalanar á. los bebés, ya bordándoles
eobre la misma I tela ó acomodándoles
bordados apropiados.

Bata de mañana para niñas de
2 á 3 a ños.

Eeta batita muy amplia, se hace de franela obscura, adornando
el cuello con cinta ingleea.
La otra batita, que es para niños de un ano, se ejecuta con tafetán color de rosa y encajes
blancos.

Una dama muy coqueta que escribe sus
memorias:
.
« . •.... Tantos sufrimientos, taa continuados pesares habían alterado profundamente mi salnd¡ en dos años había envejecido lo menos seis meses ...... u

Ves t i do de be b é.

Este vestido es de cachemira
crema, el cuerpo del vee,tido va
escotado, la espalda y delanterrs
están recogidos con tres ajaretados en el talle; la falda va adornD.da con tres hileras de gaviados

BaÍa de mañana para alñaa de

2

á 3 añ o s.

,

i

,.,,., -,err,=
.
Almoh1tdo n bordado sob r e li enzo y a dorn ad o c o n un vol a n te bor d a do.
Ab ri~o bor~ado pa ra niños p equ eños.

1

'
-No es á nosotras á quienes se seduce con las pompae
de Satán.
Beltrana á pesar de su habilidad ee sentía vencida: las
do!! solteronas, acompasadas, ceremoniosas, eran para
ella adversarias mucho mis temibles que el tarambana
de Jacobo de Sommeres 6 la activa \ía Fourneron. Ella
romprendfa que su triunfo no sería completo sino el día

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p~_'i.

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Vesti d o de bebé.

�{LA FRATERNAL
:ompañía de Seguros de Vida yaccidentes

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MEXICO, JUNIO ~7 DE: I897.

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.., - Curan la Dispepsia,
Estreñimiento,
-. Jaqueca
y Desarreglos
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.. -- HÍCADO VIENTRE
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MAS DE CI E N
persa nas han sido c uradas .de estre~
chez uretral, sin el menor accidente,
sin do lor sin cloroformo y e n .: me nos
de u n mi ~uto , emp\ean doei Dr . C nrn y
la elect rolisis. P or el m ismo._;, m é tod o
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo, 1897, Tomo 1, No 25, Junio 20</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>{LA FRATERNAL
:ompañía de Seguros de Vida yaccidentes

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con m.otlvo de ~u jubileo, celebrado el 20 de Junto de 1807.

•

N1JXBRO ,a6,

�EL MUNDO

434

" l t L MUNDO"
Scmanar1o Ilustrado.
Tel~fooo 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 8'¡ b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la ReUCOión, debe aer dirigida al

Director, Lle. R.af'ael Reyes Spindola.
Secretario de Redacción,
Amado Nervo.

Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al

Un gobierno sólido, dotado de suficiente fuerza para
salvar la democracia de este riesgo, será un auxiliar poderoao, no-sólo del régimeu republicano, sino de Ja misma
nacionalidad.
Y este servicio lo ha prestado á la nación el poder
público emam1do de la poslirt::ra guerra civil.
Loe principios de la Democracia., exparcidos profu~amente en el territorio durante treinta años, difuodidos
en la sociedad en alas de las instituciones-y no hay que
perder de vista la función educativa de toda ley~form1m
parte de nuestro bagaje político, se encuentran como cuer•
po de doctrina en todos los espíritUB.
Podemos, pues, decir, que la República ha salvado su
primer peligro, para entrar de lleno en el periodo de perfeccionamiento después de haber alcanzado el de su consolidación.
1

Gerente, Lle. Fausto Moguel.
La subscripción á. EL MUNDO vale $1.25 centavos al
mes, y se cobra por trimestes adelantados.
Números sueltos, 50 centavos.
Avisos: á razón de $30 plana por cada publicación.
Todo pago debe ser precisamente adelantad o .
Jd:GIBI'R.ADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE.

motas tbitorialts.
&lt;E:rtinta afür, bt ttepúblirn.
Acaban de cumplirse treinta sfíos del triunfo de la cauRa republicana, y fü ya ti?mpo de estu1iar el avance que
han tenido en el paía laa ideas sembradas con la sangre
v con el fuego en. la extensión del territorio nacional .
N uevaa generaciones han venido á agruparse en rededor
de loa campeones de aquella ~poca y á ct..nti~ua_r la obra
emprendida con tanta tenacidad como patnoi1smo. Podemo3 pues, hacer el balance de un periodo de tiempo,
suficiehte para apreciar el ptogreso del país dentro del
régimen democrático.
Cllnsolidada la República, la idea democrática encontró
un fuerte apoyo en una ley dediná.mica social que quiere
que las reacciones sean proporcionales á. las acciones; y en
tlla se suatentó el principio VPn~edor para difundirse extensamente en los espíritus. Fué aquel un periodo de eniusiasmo republicano, algo como uu himno entonado en
loor de un dios reconquÍli1tadode manoa enemigas y que
triunfalmente se llevara á. su desierto santuario.
Aquel sentimiento tenía, ~n efecto, lineamientos mfsticos· había mucho de éxtasis en el fervor que se prestaba á '10s principios de la democracia, una suerte de culto
indiscutible, propio máa bien del ardor de un apasionado
que de la fria calma de un convencido; hecho muy naturali por otra parte, en aquellas circunstancias.

•*•
Juárez fué un espíritu sereno operando en un medio
de agitadores entusiastas. Al bajar al sepulcro, deJó un
problema sin resolver: el del progreso nacional limpio
de loa pre1uicios dominantes, informándose en criterio
más amplio, en contacto con la ley de solidaridad universal que preside á la vida y desenvolvimiento de las
nacionalHades modernas. Pero el poder publico que
substituyó al Benemérito, no se penetró del momento
histórico, y equivocando el camino, ee olzó como un obstáculo inesperado á la nueva fuerza expansiva que extremecia la República.
Lerdo de Tejada fué arrollado por una corriente impe•
tuosa que pretendió esterilizar en los limites de una charca. La revolución de Tuxtepec, como se ha dicho muchas
veces, nació como la resultante de intereses nacionales,
que era indispensable dar desarrollo; fué el producto de
una época que en vano se pretendía borrar de las páginas
de la historia, y en este movimiento tomaron parte todas
las en.ergfae y todas las actividades de la nación.
La idea democrática pasaba de su periodo metafísico
al positivo; de la etapa neo-mística á la de loa intereses
materiales; del régimen jacobino al del industrialismo,
entrando, de este modo, al gran concierto del progreso
contemporáneo.
Pero no ha sido este el único refuerzo que ha tenido
el principio republicano.
En estos últimos tiempos la Democracia ha sido sometida á. un profundo y escrupuloso análisis. Se señalan sus
imperfeccione:i, se buscan materiales con que colmar sus
lagunas, se estudian las deficiencias de rueaas que entran
á funcionar en el aparato. ¿Qué provecho obtendrá la
política del porvenir de esta critica, que algunos pretenden no conocer, al modo de esos puai1ánimes que rechazan las ideas que les desagradan?
Un provecho enorme: el de reformar y reconstruir piezas que estorban á la marcha de lamaquioaria, que siha
de ser útil á nuestras generaciones y las venideras, necesita de este severo é irreprochable exámen.
Entre loe lunares que ee pretende haber encontrado en
el flamante s@l de la Democracia, uno de ellos es el de
que el sistema perturba, con sus cambios, á. la existencia
nacional. La primera necesidad de un Estado ea ser duradero, y lasxepúblicas, por razón de estructura política,
no ofrecen e~ta garantía. Países de régimen democrático
en que el poder público paea de una mano á otra, sin
trasr.ornoa sociales, económicos ó políticos, representan
un avance muy grande, un nivel superior en sus elementos const.itutivos. Una República siempre se baila expuesta á bruscos cambios que ponen en peligro lae inetitucio•
JJes y con ellas la_ vida del pafe.

RESUMEN.-La coronación del Czar y el jubileo de
la Reina de lnglaterra.-Victoria I y Nicolás 11.-Los
festivales de la paz.-Su efímera Influencia en la
universal concordia.-La marina alemana.-EI retiro del principe de Hohenlohe.-Puedeestartranquilo.-EI deber cumplído,-las islas Sandwich.Ojeada retrospectiva. -Si, anexión á los Estados
Unldos.-Sus peligros.-Política de aventurasConc.lus16n.

Hace un año la capital legendaria del gran imperio
rrioscovita era centro de atracción, á donde concurrían de
todas partes de su dilatado territ.orio loa representantes
de esas agregaciones múltiples que forman los dominios
del Czar. A ta sombra del Krnmlin que guarda en sus
muros venerables los recuerdO.i aautua de la poderosa
monarqma eslava, se coogrt'garon los príncipes y señores
de la tierra para dar más brillo con su preeenci~ á la ceremonia más pomposa que ha contemplado el siglo XIX:
la coronación de Nicolás 11.
Aun no se extinguen los ecos de la grandiosa fiesta,
tristemente interrumpida tan sólo por lus ayea desgarr,1dores de las víctimas de K•Jdijnsky, y un nuevo festival
convoca á los pueblos cutcos en la metrópoli britá.uica
para asistirá. la iruponente solemnidad. del jubileo dd la
reina Victoria gloriosamente sentada en el trono de sus
mayores por ~n periodo de tiempo que sobrepuja al de
todos los soberanos de la tierra.
Ayer recibia pleito homenaje de sus millones de súb ·
ditos un joven lleno de esperanzas y teniendo delante de
sus ojos abierto el tiempo porvenir; aydr los labios se
abrían y las almas a e ensanchaban en m(stJ.ca .°!ª"
ción, pidiendo. para el augu~to monarca l"a. bend1c10nes del cielo, é implorando acuirto para el reino que se
inauguraba. Hoy los himnos que se cantan, las voces
que se alzan, entre las nube~ perfumadas d_~I inciene~ y
las aclamaciones de la multitud, son en acc10n de gracias
por el dilatado y glorioso rei':1ado, ~ue .en ~esenta años
ha conducido al heterogéneo 1mper1u bretá.mco por el ca•
mirio siempre amplio dd su progresl y engrandecimiento no interrumpido.
En las actuales circunstancias porque atraviesan las
naciones de la vieja Europa, siempre apartadas por odios
profundos, divididas por añejas rivalidades y alejadas
por ciegas competencias¡ en el período presente en que
la paz armada es la máscara hipócrita á. través de la cual
ee espían mutuamente, buscando el momento opctrtuno
para saciar su encono y m1tigar sus envidias: estas fiestas son como floridos oasis donde el ánimo fatigado se
sienta á descansar de la constante bregai como dulce intermezzo en que el alma, harta de escenas de sangre y lu·
chas deepiad.adas, halla pacifi.:o esparcimiento y regalada
calma.
Ah, si esas reuniones de paz y de concordia tu vieran
efectos duraderos máe allá de las fronteras de los pueblos
que las coavocan! Ah, si la alegría desbordante en las ceremoniosas recepciones·y suntuosos banquetea fueran lazos de unión y prendas de amistad para tos pueblos, co~
mo aparentan serlo para los individuos! P~ro, nó; desgraciadamente quedan en pie las causas que provocan las
gigant.escas luchas, y trae esos iris de paz, que resplandecen entre los arcos de triunfo y á la claridad de loa cirios
encendidos en loa templos, continúa la lucha subterr4nea, la competencia sin treguai el choque de opuestos intereses, y laa razas y Jae gentes y loa pueblos y las nacio•
nea, un momento confundidos en fraternal abrazo, vuel ven al dfa siguiente á contar sus acorazados y á pasar revista á. sus innúmeros eJércitos, aiempre listos á entrar
en singular combate que ha de asombrar á los siglos venideros.
Ahí está, sin ir más lejos, el implacable Hohenzollern,
que decidido á hacer de la marina alemana un ariete formidable de su poderoso imperio, resuelto á que ha de
figurar la moderna Germania cowo potencia marítima
de primer orden, ya que ee juzga invencible en tierra por
su admirable y sabia organización militar, no retrocede
ante el sacrificio del príncipe l:fohenlohe, su hábil consejero, á quien obliga á dimitir porque no supo contrarrestar la influencia de los círculos oposicionistas del
Reiachtag, que rechazaron con vigor los créditos solicita
dos en nomb~ de la dignidad riacional, para proveer al
desarrollo de la fuerza naval con que ahora cuenta.
Nada valiera.a. loa méritos adquiridos por el viejo Canciller en defensa y en e:ervicio de la patria alemana; nada
sus recientes triunfos diplomáticos en el embrollo orien•
tal¡ nada la voz del Emperador llevada en los concejos
europeos, que ha levantado de su tumba á. un caduco
imperio y ha revelado por la aug11Bt.a soberana voluntad de Guillermo II, la fuerza latente en el carcomido
pueblo mahometano, herido de muerte y roido de po-

DOMINGO •1 de JUNIO de 18117

DOMINGO 27 DE JUNIO DE 1897

dredumbre: había algo que se oponía á los designios del
hijo de Federico el Noble, algo que resistía á su omnipotente avasalladora voluntad, y por todo ha pasado, provocando una crisis que sin sacudimientos, sin violencias,
cambia Ja faz del imperio germánico.
El Príncipe de Hohenlohe se retira; pero puede llevar
tranquila su concienciai pues ha qerido evitar al pueblo
los nuevos sacrificios que exigirá. la marina de guerra,
tanto más costosos cuanto que ya pesa, sobre él la organización militar del vasto imperio, convertido en dilatado campamento.

Apartándose un poco de su ordinaria política que los
aleja de las conquistas y los separa de la expansión colonial, hanse lanzado loe Estados Unidos á. una aventura gue, además de las naturales peripecias que trae
aparejadas, puede conducirlos á dificultades y roces im•
posibles de prever en 103 primeros momentos del aparent.e triunfo.
Hay, allá. en las aoledadesdel Océano Pacffico 1 un gru·
po de rocas abruptas y dilatadas que conetitu ye el archipiélago de las Islas Sandwich. Malayo por su origen
cuasi americano por su situación. geográfica, el an\igu~
reino de Hawaii allí establecido, ha venido pasando por
diversas fases, hasta convertirse poco ha en u.na repúbli•
ca moderna, gracias á las intrigas y maquinaciones de los
colonos none-americanos que han llegado á. posesionarse
de la dirección pelítica y económica del pais.
Sol:!' misióneros protestantes primero, eus comerciantes
y agentes financieros luego, y ·sue políticos y agitadores
des pué~, han influido notablemente en la evolución de las
tierras hawayanas, á despecho de los elementos prirniti·
vos del pa1e, apegados á. sus propias tradiciones, y no
obstante la labor no escasa dt, los súbditos del Mikado
que trataban de hacer prevalecer la influencia del Japón;
que con mirada codiciosa consideraba el país destinado
á caer á. la postre en su esfera de atracción. Allí se habían dado cita aventureros de todas las regiones del globo y negocianteE. de todos :os países, pero ningún grupo
ha adquirido la preponderancia que han sabido alcanzar
los anglosaJonea americanos y los japoneses.

~ranafundido ~l e:ipíritu I?~d.ern? en aquel pueblo,
ab1ert.o á las c~r~1entes de la _c1v1hzac1ón, y que se manifiesta en la acuv1dad de su vida social y pohtica· robustecid~ la población con el elemento extraño que ~n olea das rncesantea afluye á las hoepi!ialarias playas llevando con su trabajo y sus ensefianzas nuevas y pbderoBaa
energías, pero hacieudo predominar sobre los grupo!!
autó_Jt.onos _las agregaciones de otras razas, y sobre las
trad1c1ones 10~ígenaa, las tendencias de loa extranjeros:
no es deextranar que desde hace cerca de medio siglo
se hayan hecho las primeras tentativas de anexión á. los
~atados U nidos.
No fueron muy favorables entonCtls y hallaron fuerte
y ~enaz opoiá~ión en todas J~s clases del reino¡ pero de rribado e~ 1ég1men monárqmco, desvanecido el prestigio
del trono por la extinción de la dinastía de los Kamekameka, dedicados al mejoramiento y progreso del pafs •
~ngerta~a la democracia americana en aquellas apartada~
1slas1 dispuestas como campo fecundo á la fruc,ificación
de las prácticas repúbJicanas, y predominant.e el elemento americano, duefio de la instrucción, del comercio del
culto, y de todo lo que significa fuerza viva en aq~ella
sociedad, por natural sucesión de loe acontecimentos
han venido á caer en la esfera de atracción del coloso deÍ
Norte, y decidido formar parte de la UDión Americana.

•
••
¿Q'lé importa la protesta sentimental y platónica de la
ex-reina Lilioukulani, desposeída de eu trono por las
maquinaciones de los comerciantes á quienes oatenaiblement.e apoyaban los cónsules americanos? Se:á una voz
perdida y ahogada por el himno con que los negociantes
saludarán el nuevo régimen.
Pero si no causa efecto la protesta de una infeliz mujer,
alegando derechos que prescribieron ya en nombre de la
democracia, sí debe preocupar al Senado americano, antes de decidirse á aprobar el tratado de anexión, la ingerencia que pretende tomar el Japón en el asunto, en
virtud de los intereses que posee en las islae.
Orgulloso después del ruidoso triunfo que obtuvo so•
bre el Celeste Imperio; ebrio con sus legitimas victorias
que le dieron honra, prestigio y riqueza, y un tanto
contrariado por el 'veto que imerpuso Europa á la extensión de sus conquistasi puede el pueblo del sol naciente
buscar en otra parte la compensación, siq11iera sea con
mengua del buen nombre de la Gran Republica.
Pesen bien, pues, loa estadistas de Washington la ac•
titud del Japón, y .no se insinúen temerariament.e en una
pc•Jitica de aventuras, contraria á su.buena tradición de
paz y de grandeza.
X. X. X.
Junio 2. de 1897.

Lo que algunos hombres de Estado han llamado el
bien público no es no fantasma de su cerebro, un poema quimérico fabricado en los vuelos de su imaginación,
por sus pasíone~, su ambición y su orgullo personales.
Fuera de ellos hay una cosa real, sólida y de superior im•
portancia, el Estado, el cuerpo social, el vasto organismo
que dura indefinidamente por la serie continua de gene·
raciones solidariae.
H. T.AlNE.

EN TIERRA V ANKEE
NOTAS A TODO VAPOR

LA VITA BUONA

,

Mi propósito ¿no lo he dfcho ya? ea consignar en rápidas noticias las sensaciones causadas únicamente por tl
aspecto txter1or de las Cusas en esLe pata interminable. A lo demás renuncio¡ no me meteré en honduras;
acaso más tarde-¡oh! nada vale tanto la pena como esw
tstudio para noaot.ros los mexicanos! -acaso más tarde
me sea dado intentari después de un nuevo viaje más
lento, penetrar en busca del alma del coloso mas allá de
las facciones y de la epidermis. Ahora no; ahora me paso tl tiempo queriendo entender lo qut, anuncian loa conductor~s de.los wagones del ele-vado i.:ada vez que va á ha•
cer alto el tren, ea decir, cada tres minutos, y nunca logro entenderlos, con la agravante de que eé 10 que va.1.t á.
pronunciar.
Lo que es para mí una tentación suprema fl'1n !as. escuelas. Un d1a qua iba solo, r1unbv al Uentral-Purk, muy
temprano, me colé en una¡ ¡cuánto bueno t:Dtiev1 en cinco minutos! El edificio mi, pareció mLiy pimoreaco, pt,~
ro muy alto¡ en t:ataa elevadlsimaa y gracio1:1as torrt:cillas espía á loa niflos el duende feroz del iucendio; es
verdad que todo est~ previsto, escaleras de fierro bien.
aisladas que sirven unas para que los alumnos suban y
para que oajen otras¡ por donde quiera en loa pasillüs,
bocas de agua listas, con sus servicios de mangas, etc.,
sin embargo, el pánico echa por tierra todas las precauciones. Aquí en la eacuela prioiaria superior ó high school,
lo mismo que en el kindengarun (esa delicios11 inst.itu•
ción frebeliana pür la que uenen vasión aqu1 y que entre
nosotros apenas ha podido pro!!perar, por la viej1siwa
preocupacion del alf"beto y 10s pa otea) y en toda 1a enseilanza, como en la sociedad entera prtidomina, reina,
triunfa la mujer. Esta ea una escuela mixta, y aunque
la coeducación, no sea tan absoluta como creewos, pues
muchachos y muchachas juegan y salen aparte, d hecho
ea que existe sin inconvenienttlB. ¡ay! del rapaz que faltara al respeto á. ur.a girl; sus compañeros se ~ncar~~rian
del castigo. Dirección y profesorado aqui son femen1uos;
las mujeres obtienen die:&amp; ve~a más que loa hombrea en
cuanto á aplicación y disciplina.
La sala de atamblea, como aquf llaman al aula, ea ca•
paz de contener mucha gente¡ et:1 un gran espacio dividido por tab1q •1ea do:t maJera que se doblan y desapare•
cen; sirve, pu1-:s, para clases y p:1ra reuniones; en el fondo el estraao y el wagnlfico ó1gano. Lo que encanta es
el aseo, laeleg.i.ncia, el confort¡ aquí no hay pup1~rei, para dos personas siquiera¡ cada alu1.1100 \itlue .su silla con
un brazo movibl~ l\ la derecha que es también mesa y
atril. Todo esto m~ daba envidia. Figúrense mis recto•
rea que en la gran efcuela (?) en que yo sirvo como prJfeeor y donde se hau gaet.~ctu cout!idt:rable número de
millares de pesos en loi, ú Hiwoa afius, son comaoas las
clases en que loa alumnos pueden estar bien sentados y
no hay una en que puedan Wmll.r notas c.&gt;mo no sea sobre sus rodHlaa! Parnce ruentira.
Decía yo que las mujeres eou aquí las reinas; los reyes
son lo~ niñoti; salen en bandadas risueñas y se derralllan
por las acerasi los parques, loa terrenos a_in edificios, Y. en
todas part6a son. los dueiios, Ví en la Qumta av,muta, cierta ocasión, una lucha épica entre un enjambre de est.oé'
blondos y colorados saltabardales y el guardián ~e un jar~
dincillo de una casa suntuosa, qm, no queria deJar pene•
irar á los invasores. No pude ver el rtsultado de esta
campana, pero el hombre estaba. desesperado. Lo que á
estos diabletes encanta y fascina ea el sport atlético en
todas sus formas; en cuan,o pueden saltan loe maderos
de un terreno cercado y ahondado, para la. parte subte•
rránea del edificioi é iruprovisan un partido defoot-ball,
en que se golpean, se arrastran, se m~ull.an y hasta suelen enaengrentarse con tanto tncarmzamieoto como en
los duelos homéricos anuales entre los alumnos-atletas
de las grandes universidades del Massachuesetts. Los
combates entre los Fitz-Simona, los Sullivans, _etc,. apasionan tanto aquí á los ni.fios, tomo á las muJereB" y los
viejos. En N. Orleans y en Atlanta observaba yo e l ademán estático de loa chicuelos y de las misses ante los retratos de los púgiles que iban á disputarse el campeonato del mundo; así debían de haber mirado los helenos
de Elea la estatua de Korebos el primer triunfador en
los juegos olímpicos.

•
••

Es dificil ir á comer á lae siete de la noche, no digo en
el suntuosíeimo restaurant del Waldorf, que ea un jardín de oro, seda, plantas exóticas y espaldas desnudas
más ó menos bien satinadas, ó en el elegante y arista•
crJ.tico del n~unswick-hotel, ó en el espléndido Delmónico-en donde se come el mejor cam mbert del nuevomundo-sino en otros de segundo orden, sin vestir el
uniforme nocturno de la cultura humana-frac, corbata
blanca y, aqu.i, una opulenta crieántema en el ojal. En
cambio al teatro nadie va, sino en traje de calle, como
no sea á la ópera, que aun no comenzaba cuando estuve
alli.
Mis compañeros y yo nos pasábamss 1a primera mitad
de la noche en los teatros; Fara un mexicano todo en
ellos es ext.raño; la distribucion que es una mezcla de
circo y teatro; la comodidad que alli generalmente es
refiuada y aquí no existe; el decorado, allí compneetg
ue telas más ó menos lujosas, lo que es absolutamente
diverso del semi-decorado de nuesLras escuetas salas dei
Nacional, Principal, etc., y, por último, el espectáculo.
Mi impresión ea esta¡ toda pieza representada en los
teairos americanos nece@iia dos cosas para tener éxito,
1:' una dosis considerable de clownismo, 2? una tercera
parte, por lo menos de cirquismo; lo demás puede ser
hrico, dramático ó nada de esto¡ con loe primeros elementos basta.
¡Oh! sí, las tandas, como por acá decimos, triunfan en
N. York y en toda la Unión, como ea de suponerse. Una
tanda ewpieza en Proctor, v. g. á lae tres de la tarde y
acaba á las 1:1eiE!, otra acaba á. laa nueve y á las doce la

43_5

EL MUNDO

t~rcera. La diversión se compone, invariablemente, de
canciones negro-yankees¡ yanketa, sobre airea de valses
ó polkaa á la moda, com~ el eterno _aj ter the ball¡ .fran~
sas, irlandesas, etc.; conctert &gt;B musicales, es decir, piezas de música tocada-:! per un señor y su simpática familia, en vasijas de cocina como cacerolas y cafeteras¡ sainetes rudimentarios y jocosos representados por otra
familia más simpátick que la. anterior, compuesta de un
elefante pa Jre, dos elefantes madres y tres niños, siempre elefautes. Los t1lefantea son edtficios de piel de rata arrug8da y colgante, que hacen cosas 1udeciblemente cb.ietuBaB con uua cara. absolutamente seria, lo que las
hace má-:! chisr.osas todavía; son de esos graciosos que
lo~ francese'! llaman pince•sans-rire. Adwirablefl; lo que
má.a a 1miré 1;: n dios fué la elegancia con que trabajan
en bicicleta; yo que al.loro este sport como ad.oro todo lo
que no puedo ser ni hacer, al verá uno de estos amables
¡iaquidermue describir sobre el escenario irreprochables
curvas y pedalear rápidamente, concebí la tímida esperanza dd acumpañar un dfa á Rafael Rebollar, cicliah
convicto y conteso, en sus excursiones de veintitres kilómetros por hora.
O.ras exB.ibtciones del mismo género zoológico, cuatro
ó cinco pantomimas, nueve ó diez hércules y cuatro ó
stis pretitidigitadorea, cierran esLe artístico espectáculo;
¡oh! el arte, el arte! U1erto, esto no ea ni Hamlet ni la
Valkiria, y auele perderile aquí el recuerdo de Sarah Bern•
hardt y d~ Coquelin, de Dumás y de Ibaen; pero el arte
ea relativo tawbien; hay arle y arte: y yo me divertí;
es nna diversión que no llega al cerebro ni al corazón, ¡oh! esto la hace deliciosa; es una diver:5ión epidér•
mica, la emoción y la inteligencia duermen. Verdad es
qut:i se siente uno ligeramente idiota delante de esos pobres elefantes que han necesitado más esfuerzo para escribir 25 en nn pizarrón con la trompa, que Newton pa•
ra descubrir la gravitación universal; pero esto es bueno
para rebajar el or~ullo humano.
¿Sm ewvción? No enterameme; una cosa me conm'lvió:
oir cantará Mtle. Polaire, una estrella de las F,Aies-Bergere de Paria, BllB cancioncillas picarescas y rnilitarunas, re~
medando las trompetas y los pasos marciales, con una
vocecilla y unas piernec1llas delgadas, que hacfa subir á
las notas más altas, todo ello delante de un auditorio espeso, fria como una banquiea polar, silencioso como un
domingo protestante, compuesto de hombres y mujeres
que evidentemente se creian robados por la pobre alon•
ctra parisiense, que no acertaba á extraer un solo rayo de
luz de los charcos de agua azuloaa dormida en las pupilas de aquellos hijos de la cerveza y de la Biblia. Uno
que otro snob boaqut"jaba un aph,uso que se apagaba en
til ambiente glacial de donde emeriían doscientas ó trescientas cabezas atónitas que se volvían hacia el manifestante con una expresión profundamente aburrida y ve·oerablemente estúpida. Pobre Polaire; ei con mensajeros
de su ralea cuenta Francia para solnener en la América
~a.jona su influencia artisr.ica, gran chasco va á. llevar.
Para estas gentes no hay medias tintas como esta semibailarina 'le café-::oncierto; de una vez hay que enviarles á Sarah B.:rnbardt que ea la aguja sublime de la catedral del arte escénico, o á esas grnudes flores venenosas
del pantano inmenso de Paria: la Goutue, grille d' Egoul,
etc. Y tampoco les guiltaráu, á no ser estas dos últ1t.0as
señoritas desde el pu oto de vista gimnástico en el grand
ecart; pero las paganía; vt\yase lo uno por lo otro.

•
••
Cierta noche en The Aca,temy, feo teatro por fuera y
muy lujoso por dentro, en que se representau dramas de
espectáculo, cuando nu hay ópera italiana, ví una pieza
que hacia furor en N. York, la Sporting duchesse, de~empefiada por regulares artistas. L&lt;1o compañía estaba á la
altura exactamt1nte de esas españolas ó italianas de exportación quesue.len a_post.ar por México .. Ni una sola
aonalidad, pero Bl coptas más ó menos felices de loa movimientos v ademanes, de loa defeotos, sobre todo1 de los
gr,mdea 3rtistae; en suma, reproduciones de cuadros buenos en cromo-litograf1as: con eso nos contentamos los
pClbres.
Un drama Jatético en alto grado; de esos de llanto, de
compasión, obligatorios en el Bt!gundo acto¡ de susto inevitable, en el tercero; de corajt:l irrepresible, en el cuarto y de nuevo Hao.to, pdro de gusto en el quinto. Un ma1,rimonio feliz, un infame que quiere ultrajará la esposa,
que no lo logra, pero que lleatruye la felicidad conyugal;
eeparación, eo.fermedad del hijo, tribulación y abnega ción de la señora, vacilació.:i del sefior, un joven jockey
que demuestra la infamia general del traidor, un borrachín muy bu~n chico que descubre la trama, la reconciliación a1 fin y al través de todo una encantadora duque sa, reina del mundo del sport, que es el angel bueno de
aquellas buenas gentes. Pero qué bueno! Y qué buen
público! Yo que comprendía mejor eete inglés que el de
losconductoreadel Elevado, observé bien al público. Excelente. Yo deliro por loa públicos que se dejan conmover.
¡Oh! las señoras detrás de sue abaniquillos ó de sus bino•
cloa, disimulaban; pero en cuanto había un cambio de
decoración, y sala y escenario quedaban en un minuto en la
máe densa obscuridad; qué dt1 sonadores y de toses y girimiqu.eo~ rápidos, y cuántas narice.s rojas y ojos llorosos
cuando la luz implacable de Edisson tornaba á alumbrarnos.
Pero aquella multitud no había venido állorar, no; ha•
bfa veniao á ver la Jeri.a de los caballos y lae, carreras en
que se vefaa desaparecer loa caballos con sus jockeys del
escenario, arrebaLados por una carrera vertiginosa que seguía en el segundo plano y continuaba por toda la pista,
y los aplausos del gentío y la vuelta del vencedor y las
apuestas y todo muy bien arreglado; la ilusión era casi
completa. En nueetro tiempo todo lo salva una buena
decoración, Jo mismo un melodrama de brocha gorda,
que una comedia política.

pe:-

•
••

Una ciudad civilizada es una especie de jardín ideal de
Epicuro en que pueden realizarse todos los placeres y satisfacerse todos loe gustos¡ lo mismo los del alma que loa

otros lo mismo loe morales que los no moral~, y un pueblo c{ vilizado es el que prefiere los primeros á los segun•
dos ó mtiJ0r dicho, que los unimisma en la sensación y
la e'mocion estética1:1, en el arte. Este pueblo tiene sumo·
do espt!cial de concebir el_ arte.; ~asta ah?~ª e.a un.a concepción eminelltamente 1nduatnal y ut1hiana 1 cifra su
vanidad en lo enorme y su ideal en lo confortable¡ pero
es un pueblo que 88 ea,á haciendo todavía, todo ea aún
rud.iment11no y frustraneo quizás¡ pero tiene derecho de
e1ijir que Ee suspendan los juicio~ dtfinH,i vos, tiene ra~óu
de emplazar la crítica¡ todo él tiende, cun una tensión
inmensa, á. producir algo definitivo y sorprendente en ~l
porv~nir; pues ese algo o nó 1:1erá ó eerá un arte. Mas deJe
moa lucubraciones tr.tmscendentes !' vamos á oir algo
digne de ser oído, puesto que de arte se trata.
La aticu:,n de eawa pm,oloe de o.-ígen germánico á la
música que, al través de los 1:entidoa, bu~a el aima, es
clásica¡ 1us latinos noe contentamos con_ una co_nmocióu
nerviosa producida por la melod.1a; lágrimas, rieas, co~•
quilltios voluptuoso~, eso nos basta y ioda nuesna mu·
1:11ca cabe en et1os tres órdeues dt1 exc1tacióu néurica. To·
do cat&gt;t, en ellos desde el stabat de Paleatrina haeta el
giojOBe comare de Windsor, e l'ora-e lora d alzar la risuta
.,onora del .F'alsiaffJe Verd.i, esa composición re veladura
dti la enorme caur.idad de juvtntud que puedealmt:..cenar
el corazou de un viejo.
La música de los germanos es más p síquica ¿me permi •
ten ustedes el vocablo? ~so proviene de que, el germauo
es por excelencia el animal wetaheiC?i nace con unos 1u=!-•
teojoa que se empeflan eu ver ma~ allá. Más allá ven v1eiouea, convenido; pero ¿algo hay qu~ no sea visión en
este mundo? A ver¡ que t1l que tenga una realidad bien
agarrada se levante y lo diga. ¿Pues qué la música de loa
germall;OS hace pensar? No, hace imag1.nar, pe!o pr?yecta
lll.imagrnacióu como un rayo de luz pahda en d1recc10u del
ab1amu donde se vuelve luz difusa y be confunde con la
tiniebla¡ ea decir, hace soñar, se rodea dt, enaueílo coml.l
la naturd.leza de misterio. As1 ea; ó asf se me figura á. lllÍ
que es¡ pero yo no t.engo obligación de decir otra cosa
que lo que se llle figura y 110 lo que se le figura. á. usted, lector a1wgo 1 como eoha decir es1:, insigne .ti_lóeofo que caw·
biabll. su uro por el n1quel de los cuentcc1llos C(Jloradus,
el doctor Pert,do.
He aqu1 que así razonaba yo para mi coleto una noche
que, arrellauado en uoa muelle ou,aca de un espléndido
salón de cou01ertos -uu mu.sic hall, escuchaba, entre d
silencio de un auditorio devoto, una sinfonía de Betho•
ven, del genio sobr~humano que ha hecho decir su úhimu. palabra á la múoica. in1:11orumental, según Wagutir.
O¡endo uua li!0nata d.e este seBor, puede decirse que se
oye la música pura, la música al fin de su evolución comenzada ea. la pll.labra rnmica, salmodiada, can,ada; de
e~e ironco brot.6 por un lado la poesía y por el otro la
do la musica; comu de la pictogralia primitiva surgió por
un lado la eecritura fonética naata el alfabeto actual, y
por el otro la pintura basta Rembrandt, un oceano áe
sombra y de luz en que uavega ,odoelmoderno arte pictórico.
Y' como hace sonar esta música, tiene un fondo religioso ¿no es, en suma, el sentimiento religioso una intti•
rrogai.::ón ael alma al eterno misterio que nos rodea?
LiJB anglo-::iajont1s son el único pueblo germánico que
no ua pruJ.uciúo un gran múoico, a pt:Ear de las delic10sas optretaa de Sullivan. Pero su afi.cion á la música t=B
inmensa y su dón de transformar en religioso cualquier
canto, ea t1orprendent.e. Algunas pruebas curiosas tuve de
ello en Nueva York y Cb1cago; esto es pr(Jpio del alma
de esta raza; puede decirse que asf como no hay salón de
lujo aqui que no tenga ua vago aire de gabinetede11tal,
hasta los gabiner.es dtintales tit:nen cie1to aspecto de oratoi-io.
La música de Beetboven no es siempre religiosa, pero
aiemprn produce esa emoción que se }lama relit,~10Sd.; 6Ub síntomas son alas, el alma vuelaconellaa . .Aquf y t:n todas las
ciudades hay gruposconsiderablesdt:i tlelts á 1mcul&amp;o. 1'alll•
bien \Vagner tieue sus fieles¡ pero éste va llegando al peliodo eert:ino, en el fondo del anfora de cristal del arte se
va deposiLando elor, de sus creacciones. ¡Ay! porquéeu
México no le conocemos todav1a? Toda una faz y la más
expresiva del arte moderno nos es ignorada así¡ el gobierno ~debla consideraree obligado á iniciará los grupos
sociales en ciertas ma.nif&lt;!E.taciuncs superiores de la cultura humana ...... En el musU,--ha.Jl se oyen grandes frag.
mentas de \Vagner, ejecutados por muaicos alemanes, eil
su mayor part'", y cautados por muy buenos solistas y
por coros muy bien educados. Cuaudo en el programa
se resume no sólo el episodio de la ópera que se va á ejecutar, sinoae da idea de la decoración que debe acompañar•
lo, es mu y fácil notar el poder con que este hombre .bingular
bacever con la música elcuadroeuque eldrama se desen·
vuelve. De la audición á. la visión interna, la transición
ea indefectible. Este potta que prttendfa reunir el
drama lirico y sintetizar en él toClo el arte, traduce y
concreta con tuerza eingular en notas, todo la realidaU
objetiva¡ un incendio, una erupción volcánica, un océano en conmoción¡ toó.o eso se oye y se ve en su obra¡ ptro agrandado hasta Jo fantástico, sin ser por ello irreu f.
Schumann ( oí en el mu.sic hall una romanza suya:
Traumerci de un ine:x:prdeable encanto) tiene:aquí sus tit!·
lea ¿y en dónde no? Y. sobre todo, su discípulo Brahme,
igual quizás al maestro. Con todo esto se regalaban lot1
bueno¡;¡ yankees neoyorquinos, loa domingos por la nocht¡
regalos C1e rey. ¡ Y nosotros que los tenem&lt;.,s por zafios
en achaques de arte! ::::lomos unos tontos.

•
••
Acabemos nuestra jornada teatral.
En un lindo teatrillo de la Quintci A venida, si mis recuerdos no me son infieles,· vf una opereta alemana de
Humperdink: Htmlze l y Gr,tel. Ea primorosa; llena de f.Pi•
sodios fantásticos, de selvae pobladas de silfos y dueu·
des y admirablemente decorada con caacatelas y arro•
yoa y vericuetos Eombrfos, en que se pierden loa prmagonistaa, que son dos chicuelos (una típley un contralto
de frescas y argentinas vocee ) de telones de cielos nocturnos de cuyo infito y profundo azul desciende !a escala.

�EL MUNDO

DD.MINGO •7 DE JUNIO DE 1897
DO ■ IIIGO

de oro de los angeles que, vestidos de luz blanca, cuidan el
suefio de los nii\os; decoros diabólieos, de aquelarres espeluznantes, de brujas, etc.-No sé por qué en México no se
ha explotado esta obrilla, que tiene algunos numeroa
que harían furor, á pesar de nuestra sistemática edu•
cación zarzuelera.
Lo que quiere decir que aquí no sólo hay teatros-circos, sino que loe hay d~ t.odos los géneros y que puede
uno divertirse á su guisa. En algunos de est0s espec,áculos, encuentran los actores 6 los empresarios el modo de
deslizar sátiras casi aristofaneecas contra algún grupo so•
cial; p. e., oí á un mal cantante, pero expresivo actor,
repe,ir hasta el fastidio, en medio de los aplausos delirantes del público, una canción popularisima en aquel afio
en toda la Unión, que terminaba con una sangnenta caricatura de loe ricoe advenedizos de Chicago. En otro
teatro ví terminar una serie de cuadros plásticos admi·
rablemente compuestos é iluminados, con uno que se
llamaba: ttExportación de oro;n ahí se veía el momento
en que eubian al buque que loe debía de conducirá Eu·
ropa al Conde de Ca1:1leliane y á eu esposa ( la hija del
archimillonario Jay Gould) Ea1e cuadro también erar~petido y aplaudido.
.Para conocer la afición al lujo ostentoso de las americauae, no hay ID!is que verlas en sus palcos en alguno de
loe teatros ariet.ocrát.icoe. En una neUuloea de encajes y
de gasas, aparecen como verdaderas constelaciones de
geruas fulgurantes¡ se nota en la mujer como una ten•
dencia á. a~saparecer detrás del diamente. ¡Qué diade·
mas, qué nimnos1 qué petos, qué coilaresl,En suma, aquí
el horubre es el esclavo de la mujer, y la muJer lo es U.e
la joyai aqui el becerro de oro ea femenino, es una terne1 a, como diría el Antón Antúnez de .Fígaro.

•1 llE JUNIO DI 189

01

EL MUNDO

HACIA EL POLO
POR

FRIDTJOF NANSEN•
Traducción para "EL MUNDO."--llustracioncs tomadas de las fotografias hechas en el curso de la expedición.
LA P.ABI'IDA

DE

NANSE..~ y

nE JOHANBL~

Después de dos falsas partitlas que habían tenido logar
el 26 de Febrero de 1895, Naneen y Johaneen abandona~~ definitivamente el Fram el 14 de Marzo (1 ). Naneen
deJaba á. Sverdrop el mando de la expedición. 8i el Fram
no llevaba ya á. Naneen sí llevaba su fortuna. Naneen podía fracaear en su aventurada expedición en trineo podía perecer, mas el Fram debía hacer triunfar basta el
fin el plan de derivación.•
En ene instrucciones á Sverdrup, Naneen le confiaba;
en primer lugar la vida de la tripulación; en segundo lugar el buque; en tercer lugar el cuidado de continuar con
Scott-Haneeo, Bleesing, Henrikeen y loe otros, las in•
veetipcionea científicas.
El 26 de Febrero, Naneen y su campa.fiero se habían
puesto en camino con cuatro trineos. Pero las cargas
eran demasiado pesadas y se produjo un accidente, obligando á los viajeros á volver sobre sus pasos.

sibles, provistos de dobles patines y cargados eolamente eayoa varios, renunciaron á. la piel de lobo: es demaaiado
de lo efltrictamente neceimrio. ¿Qué llevan consigo loe caliente para 40º y más bajo cero.
viajeros, que se lanzan á la más temeraria de loe exploE3tá.n vestidos de la manera siguiente: para el torso doe
raciones, quemando, det.ras de elloe las naves, y eit ot.ra camisas de franela, UD chaleco de piel de camello, un jerHsea de retirada que las desoladas playae de la tierra de
eey¡para las piernas1 calzones de lana, knickerbockertJ (cal•
Francisco José? El inventario sucinto de Ja carga de los zonee) y botines forrados de UD tejido de lana noruego.
trineos, muee&amp;;ra, qué suma de recnreoe habían logrado Por e:ecima de todo esto, para protegerse del viento, y
reunir en un volumen excesivamente pequet'i.o.
sobre todo de la nieve que penetra como polvo en loe
Dos kayake eon eu bien máe precioso. Solamente con
tejidos de lana, llevan un paletot de capuchón y un vasto
eetoe kayakes pueden contar Naneen y Haneen para ba• pantalón de \ela de un tejido fino y apretado que loe
tirae en retirada durante el estío, á través de lae grietae abriga.
de los bancos, deepnée, á través del_ mar libre. La forma
En lugar de largas botas han adoptado calzas y cu•
es menos alargada que la adoptada generalmente para ee• biertas de pierna eeparadae. Las calzas son de lana de
te género de embarcaciones; así serán menos rápidos, pe- carnero y de cabellos humanos, má.a cómodas para qui•
ro más est.ables. La corteza es de bambú, la envoltura t.aree en la noche, á fin de eer colocadas sobre el pecho 1
de lona de ve]e, hecha impermeable por un endureci- secadas aeí al calor del cuerpo. «Cuando se viaja contt·
miento de cera y de sebo. Pesan poco más 6 menos 18 ki- nuamente sobre la nieve, con una temperatura muy ba•
loe y medio.
ja ya sea con ski (2) 6 no, loe mocasines laponee, hechos
Como ves\idoa1 Naneen y su compafl.ero, después de en• con la piel de loe cuartos \raseros del reno:macho, sin los

•
Salir del teatro á media noche, abrirse paso entre la
turba de pupelero8, asaltar un coche del funicular, hacer
alto ante un limpísimo restaurant de la sociedad de
temperancia en que se come muy bien una suculenta y
pecaminosa ensalada de langosta y se bebe té ó leche en
1ugar de vino¡ entrar ahí, cenar y después emprend~rla
á pie para llegar &amp; casa á las doa de Ja mailaoa, es un
programa que aconsejo á las persona.e de buena conct~ncia. Una noche que lo ejecutabamoe al pié de la letra, y
andaba.moa de pnsa envueltos en una nebJtoa glacial, precursora de loa grandes frias del invierno, al atrnesar de
un vértice á otro de loe ángulos que forman al cortarse
Brod way y la 7·~ A venida, acerté á oír cerca de mí un
mido infernal, un campaneo formidable en crescell&lt;to
fantástico, y vacilé y me detuve azorado. Un hombre me
empujó hacia atrás, y en ese segundo de estupor, ví en·
t.re la niebla esfumarse una sombra indecisa y enorme,
negra con un ojo de luz roja, como el de Polifemo; me
parecía la catedral de San Patricio que corría sobre mí,
con eu campanario á cuestas. Instantáneamente la visión
apocalíptica pae6 del estado.de sombra al de realidad;
era un carro de bomberos tirado por. ocho caballos que
corría como huracan ¡Ay! del que no oía la campana,
pa~aba en un eantiamen al papel de individuoeacriticado
á la especie; esa iba a ser mi suerte. ¿t&gt;ero no es esa la
suerte de todos?

,ii::

Justo Sierra.

Junio de 18\J7.
Teatro Calderón de Zacatecas, inaue;urado recientementl".-foroEL TEATRO CALDERON DE ZACATECAS

Acaba de inaugurarse en la capital de Zacateca.e un bellfeimo teatro, que~con el Degolla,:to en Guadalajara 1 el de
]a Paz en San Luis y el soberbio t.ea~ro de Guanajuato,
hacen un total de cuatro templos del arte, dignos en todo
de la cultura mflxicana y notables en la República.
El Tdtro de z~catecas honra la memoría del eximio
dramaturgo, poeta y soldado liberal don Fernando Calderón, hijo del Estado, y cuyo nombre u~va el colieeo.
Cinco ai'ioe duró su conatrucci6u 1 demandando un costo de trescientos mil pesos y un ¡.ersonal de dos mil
obreros.
l!;l primer contratiEta de la obra fué el conde Fernando )L de Pres,. qnieu murió en Nueva York.
El año de 18!)2 10cendióse el teat.ro que había en Zacateca.e, y el 16 de Septiembre de 18\J5, era la íecba dei:,.i~ne.da
para la inauguración del actual, que no pudo efectuarse.
El Teatro Calderón fué terminado por el arquitecto
Geo. E. King y recibido por el ingeniero Luis G. Córdova.
El moviliario de aufuye,· ha costado 18,000 pesos. De
la belleza y disposición del edificio simado en la calle
Principal de Z.lcatecas, frente al Mercado, pueden formarse idea nuestros lec~ores por las div~ri:1ae fotografías
que publicamos.

Una nación no será nada ei no pretende nada.
.Baron Brenier.

Las penas son, como las alegríae, las ocupaciones de la
·,ida.

LAS PRIMAS DE "EL MUNDO"
Con este número repartiremos la segunda.
parte de

Hay ui ,a cie~cia nueva, el cu:t.ivo del yo, que poco
más ó menos viene á ser él culto de ef mismo.
Ludol'i.c Jlale:iy.

Egoíemo y desinterés en dósie iguales en dos corazolH!!ls: eso se llama amor. Ex~raña harmonía.
Victor dt Swarte.

Critica de otro, elogio de sí mismo.
O. M. Vi:iltour.
El últi mo campamento anhs de la separación.

"EL DINERO DE LOS OTROS"

que completa el folletín correspondiente á
Junio. Para Julio, preparamos un hermoso novela ademas de las reformas, que siguiendo nue,tra costumbre de variación amena y sugestiva, nos pr~ponemos hacer.
Desde luego, con el primer número de
Julio obsequiaremos á nuestros lectores un
bellísimo grobado á colores
En los números de ern mes vamos á publicar también la. segunda parte del maravilloso viaje de Fr:d,iof Nansen, ósea
La vuelta del Polo,

A. Gr 1111evraye.

El retiro no es la tun1 ba, pero es cuando menos el ol•
vid.o, lo que eqnivale casi á aquella.
Georges C:ement.

La actualidad da á las obrae de a1te, com/) el tinte á.
Joc;¡ rostros, nn falso aire de juventud que les presagia
una. decrepitud rápida.

en que las peripecias extrdordinariilB sucédense sin in' erru pción, y la tercera parte de
ENGAÑO SUBLIME, muy breve ya y á la cual
va á seguir una novda cuidadosamente escogida é ilustrada, que tenemos en revisión.

OTRO PAGO DE $5,619 PE

41

ItN T.-_MPICO

RR-cibí de uThe Mutual Life Ine. Co. of New- York» la
cantidad &lt;le $5 1 619.75 1 cinco mil seiscientos diez y n~eve
Pf&gt;Sne. 11Ptenta y cinco centavos.
Só,000.00 1mma asegurada }
619 75 premios devneltns en pago total de cuantoe de·
rechoe se derivan de la Póliza número 5\J7,361 bajo la
cual estuvo aaegnrado el finado SESoa DA:o.IEL DE LE&lt;&gt;N.
Y para la debida constancia, en mi carac~r de tuM&gt;r
d~ loe menores, hijoa del finado, que son: Daniel, Fran01sca, Albert.o, Carolina, Josefa, Manuel Virginia María, Soledad, Joeé Pdtricio y León de J~eús de LeÓn, como benefici~rioe nombrados en la póliza, extiendo el
presente re01bo en eeta misma póliza, la cual ee devuelve á la compsf\fa para su cancelación en tampico á 10
de Junio de 1897.
'
'
Firmado,

LAuREANO DE LA SoTA.

El Licenciado Ricardo López y Parra Eecrib&amp;no Público, en ejercicio, en est-e Puer&amp;0
'
CeJ1:ifico: Que en mi prernncia,' entregó hoy el seftor
Federico M. Suhutz, Banqnero de 11The Mutual Life In•
surance Company of New-York » al s~ñ.or Laurea.no de
l~ l'lota, Tutor de los menores hijos del finado eefior Da~1el de León, que eon: Daniel, Francisca, Albert.o, CarohI?,8:, Jeseía, Manuel Y, Virginia, María Soledad, José Patr1c10 y León de Jesu8 de León beneficiarios de esta
póliza número 597,361, la sumad~ cinco mil seiscientos
diez y nueve pesos, setenta y cinco centavos, que expre•
ea el recibo que precede, firmado ante mí por el ciiado
sef'ior de la !:Sota.
Pa~ constancia s~llo, signo y firmo la present.e, en
Tamp1co de Tamauhpas, á Ira diez dias del mee de Ju•
Dio de mil ochocientos noventa y siete.
Firmado, RICARDO

LóPEZ y

PABRA,

E. P.

máe á propósito. Ea indispensable, ein embargo, eecarloe después de la marcha. Para lograrlo, cuando
el tiempo no ea seco y no
brilla el sol, el único me•
dio es llenarlos de leche
después de haberlos lavado...... Para las manos t.enemoe mitones de lana y
guantee de piel de loboqne
eecaremos, llegada la no•
che, como nueet.ro calzado
y nuestros zapatos ...... El
calor de un pobre cuerpo
se gasta así e.::iteramente
en secar sus tn1,jee; y dormiremos entre compre11ae
mojadas á. fin de estar un
poco más confortablemente vestidos al día signien•

El 28 de Febrero habían vuelto á partir con seis trineos.
Era demasiado para veintiocho perros que había. La
marcha fué más lenta de lo que Naneen había previsto.
Por la noche la caravana no había llegado á más de cuat.ro millas del Fram, que encendió su g1 an lámpara de
arco y paeéo sobre loe bancos los rayos de su luz eléctrica, á la vez que en honor de los dos conquistadores del
Polo, para guiar la vuelta .á aquellos que los acompafiaban algún espacio como despedida. E.atoa se despidieron
de Naneen y deJobaneen el primero de Marzo. Los adioses fneron efusivoe, más de una pupila se humedeció:
11¿Pensáis, á la vuelta, ir al Polo Sur? había dicho Sverdrup. En ese cai!O, juzgo que me esperaréis.» Nansen,
seguido del solo eompafiero elegido, emprendi6 su marcha hacia el Norte.
La superficie del hielo era accidentada. Sus trineos eran
demasiado, no solamente para veintiocho perros, sino
también para dos hombre@. Ademá.81 el frío de la noche
era dem11.eiado vívo para las bestias. El 3 de Marzo Nan·
sen y Johansen habían vuelto de nuevo al Fram 1 á fin
de reducir el número de trineos y su carga, y de e3perar
que la primavera estuviese más avanzada.
Durante este tiempo la derivación hacia el Norte ha•
bía continuado, de suerte que no se había perdido el
tiempo. El 14 de Marzo, dia irrevoeable de par~ida, el
Fram babia alcanzado el 84 grado de lati~ud Nort.e.

LA MUTUA"

Deepnés de lae dos expeTiencias del 26 y del 28 de Fe·
brero, Nansen había resuelto contentarse con tres trineos consolidados y reforzados por todos los medios -po-

•

(t) El general americano üreely, jefe de la infortwmda expedición que lleva~ nombre, ba.bta combaddoen 1891, con rara violencia., el pran de Nansen. Después de la vueft.a del explorador noruego. tuvo
que reconocer lo mal funda.do de sus erHlcas y de sus predleelones; pero reprochó á. Na.osen en ~rmlnos
de unn extrema. violencln, haber faltado á. su deber má.s sagrado, abandonando su buquP. Y !IUS compafie~. Fndtjof Nansen, en la introcluccl6o de la relación de vis.Je, pone cierta. coqueieña en citar la
apreciación del general Greely, ,:;in añadir una !K&gt;la palabra. para responder y defenderse. Encontramos
sin embnrgo. en su diario, la exposición de los móviles que lo han guiado y la huella de los eombates
que se han librado en su conciencia.
La expedición en trineo le wrecla necesaria. Rabia examinado todas las dificultades ciertas 6 solamente cventue.les; se hu.btadedi&lt;.:ado A preveerlas, á. fin de triunfar: "Cu.ando se han tomado todas las
pn-cauciones pasibles, el deber es.marchar hacia adelante." Pero entonces prop1\~ A su eaplritu una
cuestión: ¿tenia. N derecho de pnVllr al buque y á los que quedaban á. bordo de lati re&lt;:ursM preci&lt;&gt;&amp;OR,
en primer lugar de los perros? Su Inquebrantable confianm en la 901ldez del Fram.. le responde que el
m¡ue mismo sert el que lleve al pals, después de la larga derivación, A los que queden á. ~rdo, Y si el
acc dente en el cual no puede creer se produjese, once hombres, abundantemente pronstos de vive-

¡;

\e ....... ..

En mracha.

1,Por la noche, en lugar
de un lecho-meo para cada
uno, tenemos un lecho, doble hecho de una piel de
reno adulto¡ aei nos calentaremos mutuamente; dor•
miremos mejor ...... Nues•
tra tienda es ligera y fuer-

re!I, en trtn~ á brazo y en embarcacion~, !le verian demasiado apurados para franquear los 300 6 400 kilómetroi; que septi.ran el SS grado de latitud (punto extremo que puede alcanzar el Fram.) de Ja tierra de
FmnclfiC(I José- 6 del Spltzberg? Para los qus debfan quedarse eran la seguridad casi absoluta la. contln~ióndcl bie}1estar de que la expedición habla gozado basta entonce!:!; para los.que debla!\ 'partir, \os
peligros, ltu ratigas, 108 a.ui.res las privaciones, la muerte quJUi. ...... He aquI por qué Nausen se resoh-ió
A parrlr.
''Cutle."1 i::erún los miembros de la expedtclón? leemos en su relato; · Es evidente que no podemos los
d09. Sverdrup y yo, abandonar eJ buque rno de ambos debe quedal"Be para asumir 1a l"C!'J)OllllBbilldad
de llevar 1\ los otro'&lt; sanos y !lalw~ &amp; Noru~ga; pero es igualmente lndlscutJble que uno de n 080 tros es
quien dPbe conducir la expedición en tri.neo, por que tenemos ípor nueKtro viaje anterior á. Groeulandia\
la experiencia necesaria. Sverdrup tiene gran deseo de partir, pero hay má.s pellgro en abandonar e
Prom. que en queda.N! á bordo. SI yo lo dejara partir le encargarla la tarea más peligrosa y gua.rdarta
para mt la más fac.11 ......... Adem{ut, el verdadero coID.!Uldante del buque es Svllrdrup· el es cuplt.án y no
debe abandonar su na,10 ......... :MI deber es partir y el suyo quedarae; por lo deJDM 'él a.st lo reconoce"
[2] Patines de madero. de gran longitud,
'
·

�BL MUNDO

DONIIIGO •7 DE JUIIIO DE 1'97

DONIIIGO •7 DE JUIIIO DE t&amp;97

BL MUNDO

Teatro Calderón de Zacateca,., in.Hugn.rado recientemente.

Fachada.
Partida de Nanaen y dcJohanacn, el 14 de Marzo de 1895.

&amp;e. Por delgada q11e sea una tienda, es siempre un abrigo.
Cuando la instalemos por la noche, un ski plantado en el
hielo servirá de apoyo. No pesa .ní dos kilos y nos será

hasta el otoño un caro refugio........ .
La oalentadera que Naneen y Jobansen llevan, tiene la
ventaja de sacar el mayor partido del combustible de
que se servirán. En poquísimo tiempo podrán cocer sus
alimentos, obteniendo al mismo tiempo dulce C!llor en
abundancia. Una mirada al dibujo que en otro lugar pu·
bl:camos, hará comprender el funcionamiento del aparato. Veint:,e libras de petroleo alimentarán estas lámpa•
rae durante más de cien días.
Nansen ba tenido cuidado, por lo demás, de escoger loe
alimentos que lleva ( carne y pescado no solamente secos
sino pulvmizadoe, harina pasada al vapor, patataa hervi•
das y recae, etc.), de tal manera que e1 el combustible
faltase, podrían ser absorvidos sin cocimiento. Todos
estos alimentos, en efecto, no demandan, hablando pro•
piamente, ser cocidos, sino simplemente ser recalentados. Pueden, pues, en úliimo caso, comerse fríos; y además, tienen la ventaja continua de no exigir un gran die·
pendio de combustible.
Gastidas las provisiones (deben dnrar cien días). Naneen y Jobansen, no tendrían otro recurso para subsistir
que Ja caza. Como armas han elegido dos fusiles de la

En la cima de un hummok nos dimos el último adiós. Yo
lo miré largamen,e-lo recuerdo-marchar con habilidad
hacia el buque, con ski. Deseaba casi tornar con él.. .... »
Entretanto loa trineos avanzan rápidamente. Haneen,
Haorikaen y Pe'8rsen se apuran para collliinuar sobre el
híelo unído. Pero bien pronio comienzan las as~~zae
y la marcha se hace lenta¡ es preciso literalmente llevar
los trineos por encima de una arisia de hielo. (cVais 'encontrar otras muchas como esta,» dice Peter Henriksen, alarmado y moviendo la cabeza llena de tristes pen•
samientos. Hacia la tarde, felizmense, la sup~rficie se
pone mejor y cuando se hace alto á las seis, la caravana
ha recorrido 7 millas, lo que no es del todo malo para
una primera jornada.
La noche es fría. Con la mafiana viene la hora de la
última separación. uTomamos juntos nut,stro último desayuno, preparamos nuestros trineos, atamos los perros,
damos á nuestros compafieros un expresivo apre~n de
manos, y sin muchas palabras ni de u.na parte ni de la
.otra, nos hundimos en la soledad.
«Recorremos rápidamente grandes espacios de hielo
unido, y nos apartamos más y más de nuestros compafieros para penetrar en lo deaconooido, donde, los dos solos, con 101: perros, debemos errar duranie meses. La arboladura del Fram ha desaparecido hace largo tiempo en
el horizonte de hielo. A veces encontramos abruptos
amontonamientos: en esos pasos difíciles hay que acudir
en socorro de los trineoe1 izarlos y empujarlos. Frecuen•
temente se vuelcan y no loa enderezamos sino con penosos esfuerzos.
«Un poco fatigados de esta ruda labor, hacemos alto á
las seis de la tarde. Hemos recorrido nueve millas en el
día. No es todo lo que contabamos recorrer, pero, ya se
aligerarán loe trineos yel hielo se. pondra mejor.»
El 17 de Marzo, Nansenescriba en su pariódico: uCuan·
to mas avanzamos hacia el Norte, menos desigual es el
hielo.,1 Ese ,día, sin embargo1 los viajeros encontraron
una grieta que loa obliga á largo rodeo. En efecto, no se í
LA MARCHA HACIA EL I)QLO
ría prudente servirse de los kayaka cuando la temperatura es tan baja ( es de 42ºbajo cero). Podría el agua que
La11 dos falsas partidas hendieran congelarse en su derredor y aprisionarlos, Y
no habían moderado en la _sería imposible desembarazarlos del hielo.
tripulación del Fram la
Los días siguientes, la superficie se pone más y más
emoción de las separacio- practicable y la pequéña caravana, hace catorce millas
nee. 1&lt;Cuaodo dejamos el diarias y aun más.
navio1 sonó una salva. Por
u...... Vamos siempre derecho al Norte, átravés de loa
tercera VPZ fueron cambia• inmensos planos helados, que parece que se extenderán
dos adioses y buenos de- has~a el Polo. Laego el paisaje se quiebra y toma el y ..
seos recfprvcos. Alguno.e pecto de un campo onduloso cubierto de nieve.
de nuestros camaradas nos
acompañaron. 'Pero SverContinuará.
drup se volvió bien pronto
para estará bordo á la hora de la comida, (la una.)

mejor calidad y van provistos de suficiente parque.
Un paqueño teodolito, un sextante de bolsa y un no.•
rizonte artificial, un compás a,zimuth de aluminio, dos
brújulas ordinarias, dos barómetrus aneroides, y dos ter·
mómetros mínima de alcoh,ol, componen su bagaje científico. Y los lectores del MuNoo deben agradecer á Nan•
sen que no haya omitido cargar con un aparato de fotografía instantánea.
El doctor Bleseing proveyó la farmacia de viaje de sus
dos compatleros de la manera más terrorífica: ligaduras,
vendajes, yeso quirúrgico para fracturas de brazo 6 de
pierna¡ cloroformo para el caso en que fuera necesaria la
amputación de un mie•m bro helado; gotas para el dolor
de dientes: agujas curvas y seda para coser las heridas,
un escalpelo, etc. 1 etc. Todo esto, felizmente servirá po•
co 1 apresurémonos á decirlo, excepto las ligaduras y loe
vendajes, que serán tan útiles en el invierno siguiente,
para hacer mechas á lae lamparas de aceite de foca y
los emplasios de Nicolayaen, cuya capa da cera propor•
cionará un excelente alquii;rán para calafatear los ka yaks.
«T0tal, 650 kilos de provisiones y de objeto!! diversos,
agrupados en sa.cos 6 envohuras, están repartidos en los
tres trineos. Loa alimentos destinado!! é loa perro!!, lee
bastarán durante treinta días. Pdro Naneen lo ha previsto todo. Ha pesa~o á los perros y ha comprobado que
podrá nutrirá los unos con
loa otros;-matándoloe sucesivamente y reduc:éndo•
loa á medida que la carga
de cada trineo disminuya
pur la absorción de los vi'veres - durante cincuenta
dia.s. En oclunta dias ee habrá recorrido mncho cami•
no y «se habrá llegado á alguna parte.u

Nansen se dirige solo hacia adelante.

•
Foyer.

.
,

4)9

~

�DDIII INGO •T d• JUNIO de 18g7

1!.LMUNDO

S

_

EL MUNDO

-Puesto que eiempre me serviste bien, y puesW qu~
Pierrot te abandona, te daré el medio de que lo casü•
gues. Te prefiere á la la.na por que ne sabe cuán insen·
eaio ea ese amor. Búrlate de él, y para que lo cu.res ee
cambiada en

~~=========================~~~~~~===============~D~D~•=•ll=GO~•=T'=D=l=J"U'-'N=l=O=D=I
!!!.....__
440

Teatro Calderón de Zacatecas, inaugurado recientemente.

HADA DE LA

LuN A.

Suenan los címbalos. Cae el vestido de Colombina y
a\)arece, ella, en cuarto ereciente, con enag_üilla cona,
de.gasa azu.Josa, adornada de pedrería que chispea, y con
una media luna prendida en la cabellera. El rostro, loa
brazos, las piernas, tienen la eua ve claridad del astro.
La luz nocturna ha disminuido.
La luna llena del cielo, por un efecto de transparencia
queda reducida'- una luz pálida.
Se oye el suspiro de un echeno.
Es primavera.
V

•

I
P11.aa la escena en un jartl!n WaUeau, baiiado por luz
de Luna. Parques simétricos ojaranzos. La Luna, llena
y redonda, se mira, desde el centro de la decorac16n1 en
un estanque azulado sobre el cual se tiende una blanca
balaustrada. En el primer plan1J, á la derecha, un aliar
del Amor, enguirnaldado de rosas, se alza en medio de
la claridad. En el pedestal, la estatua del Amor-nifio armado con el arco y con el carcax, se destaca, blanca y
eonroeada sobre el cielo palido.
Pierrot hega corriendo, corno si lo persiguieran. Trae,
no el casaquín flot.ante de Debureau, sino el vestido un
poco amplio del hermoso Gilles; además enharinado el
pelo que cae· debajo de eu sombrero pequeflo. Hure de
-Colombina como de una abeja importuna, é imita su
zumbido. As( lo persigue. ¿No lo cree loco porque está.
enamorado de la Luna.? Y ¿por qué no había de estarlo?
Ea ella tan b~rmosa, tan tersa, tan brillante .. .... Y luego
ea tan pura como el lirio, tan reeplandecieate como una
rosa ...... Cae en contemplación y la admira con éxtasis.
Le canta una balada.
Le consagra, de rodillas, una oración.
La llama, le dirige toda suerte de halagos. La implora.
Nada.
Quiere irá ella, puesto que ella no viene á. él. Alborde del estanque está amarrada una barquilla. Entra y, á
riesgo de volcarse, levanta loe brazos á la Luna, trepa al
puente y cae. Quiere tenerla en el ag~a, ~onde brilla su
reflejo, y se tiende, para besarla, cona!gu1es.do sólo mo-jaree.
II

Interior.

Llega Coloffibina con enagua rayada Y jubón lila. Le
dirige á Pierrot amargos r~proches. ¿Por qué huye de
ella? ¿N'o lo cuida tank&gt;? ¿No le sirve loa manjares que
le agradan? ¿Olvidó ya las piernas deliciosas que dan
vueltas en el asador, los jamones macizos? ¿Olvidó loe
vinos suaves que enardecen, el champafla que sa118 y espuma? ¿Laolv1dó á. ella, que eeel regalo más sabroso? Y...
aqW m1raeecon juguetona vanidad las manos sonrosadas
los pieeecitoe leves; y comba el cuerpode ial modo que la
enagüilla ae distiende.
Pierrot queda insensible.
-!Ah! Amenaza ella¡ lo dejará por Arlequín.
Pierrot permanece frío.
-Entonces, lo enga1lará. con un capitá.n de bigote re•
torcido y porte ineoltmte.
Pierrot sonríe, incrédulo.
-Pues será con un financiero, de cuyo vienire, como de
no tonel, salten monedas de oro.
Pierros se encoje de hombros.
Colombina llega á. la deaeep.;,ración.
-Está. bien, me mataré.
Perfectamente, dice P1erro~, y le da valor. ¿Qué esco•
jerás't ¿La navaja, la cuerda, el fuego, el veneno?
-¡Ab.l solloza Colombina. ¡Qaé deágraciada soy! Y
todo por e9a luna! T~ h:!.9 enamurado d~ ~ea máscara. de
yeso, de esa Luoa maldita, horrorosa, v1eJa y decrepita.
1Uh! ¡Qué horror!
y le t,neefia el pun.o á. su rival, y la escupe en el estan•que. Pierrot, indignado, la amenaza. Colombina ae ríe
ae él. La persigue. Se oculia ella iue del altar del amor.

III
Pierrot vuelve jadeante de su inutil carrera. Profiere
vagas am~nazae contra la invisible Colombina, y sofocado, ae acuesta en una banca de flores y se duerm~.

IV

1

•
Vestíbulo.

Colombina sale de su escondite. Está desesperada por·
.que ama á Pierrot. En su desesperación se desata el lazo
oe su cuello para ahorcarse. V uél vese, Y. percibe al Amoru iño de pié sobre el altar, corre áarrodillareefrente áél,
Je implora con fer'vor.
El dioe sale de la inmovilidad1, se anima, sonríe, se e&amp;¡pereza, cambia de actitud y le ctlce en una copla:

Pierrot deepien&amp;, y absorto, admira '- la Hada de la
Luna. ¡Como! ¿Ea ella? Sí, es ella que bajó á. la Tierra, y
que baila, simbolizando la juventud de la Luna y au pr&lt;?pia juventud. Pierrot quiere abrazarla; pero, ella, virginal, ae eecapa con ligeros salWe, y le opone como una cabrilla, la punta de loe cuernos luminosos. prendidos en
su cabelJera, y con loe cuales se raagufla.
Suenan los címbalos.
La Hada se cambia en luna llena; y en su frente un
disco diamantino que sustituye al creciente, evoca la
imáR'en del plenilunio. La hoz del cielo se transforma
tamoien en disco.
Se ore un andante:
Es e estio.
La luz penetra por todas partes,
Baile absolutamente lánguido.
Es la madurez de la Luna, la Luna mujer, Pierrot corre á abrazarla¡ pero su frialdad lo hiela. ¡Brrrl
Suenan loa címbalos.
La Hada ee meiamorfoeea. En sn frente lleva un segmento pálido, sus cabellos se han vuelto grises como en
á.mee. La luna del cielo está ya en menguante. Se tiende la sombra.
Suspira nn adagio.
Es el otoilo. Así lo expresa la dam:a de la Hada. El
otono de la Luna, el ototlo de la Mujer.
Pierrot se siente gastado como ella, que lo rechaza con
ademanes melancólicos.
Suenan loa címbalos.
La Luna desaparece. La sombra lo invade todo. Nieva.
Ya no hay media luna en la frente de la hada; y ésta,
con la lamer.tación de un secberzo, ee aleja entre la eom•
bra y desaparece. Pierrot queda inmóvil y aterrado.

LA MUSICA
ALEMANA.

Es el rumor de hirviente catarata
Que en loe abismos sue cristales quiebra;
Del lúgubre caflón el ealampido;
El sublime fragor de la tormenta;
El colérico griio de loe marea
«Cansados de luchar con sus cadenas.•
El acerado choque de las armas¡
Del belico clarín la voz guerrera;
El gigante concieno de loe mandos;
El eón valiente de la tropa épica;
Y el ritmo eterao bar mónico y grandioso
De la máquina inmensa de la tierra.
l'fALIANA

Es el rumor del beso apasionado¡
Del aura los dulcísimos poemas¡
Las notas que del lago ee levantan
En las nocb.es azules y serenas;
La canción de loe silfos á las floree¡
De las arpas de oro las cadencias¡
El ¡ay! desgarrador del moribund&lt;l¡
El canto seductor de las sirenas;
El suspiro amoroso de las vírgenes¡
Dd laa aves canoras las endechas;
Y las mil harmonías de los bosqued
Que los espacios infinitos pueblau.
JIRAt.CltBA

Es el rumor ardiente de la orgía¡
La barcarola ritmica y ligera
Que las náyades cantan recostadas
};n eus eaq11ifee de coral y perlas,
El canto del amor y lo!:! pli,ceres¡
El crujir del raso y de la 1:1eda,
El uallegro11 monotono que entono
La bola de marfil en la ruleta¡
La9 sonoras y alegres carcajadas
De Paul de Kock; la voz de las grisetas;
De Beranger loe cantos populares,
Y el choque de las copas de Bohemia.
MANUEL REINA.

VI
Asoma el alba, fría y triste.
Pierrot se restrega loe ojos. ¿Habrá eoilado? Se siente
entumecido. El frío de la mat'i.ana lo asalta. Viénenle
reflexiones caseras. En la ca1:1a de Colombiaa no tendría
frío 1 comería bien, bebería mejor. Lo amarían. Aquí
hiel a. ¿Es esto racional? Ya no ama á la Luna. Además¡
Hueve, sopla el cierzo. ¿Y Colombina? ¿Dónde está? ¿Fné
á buscar á. ArleqPin? ¿A.l Capitán? ¿A.L Financiero? ¿Se
mató? Sí, probablemente. Todo ha concluido. Ahora, á
ahorcarse. Y fijándo~ en el lazo de Colombina, hace un
nudo corredizo y busca un árbol para colgarse.
Entonces el amor, desde su altar, ex~iende el brazo, y
en una copla le reprocha su inconstancia. Fué él, quien
á fin de curarlo de su e::!.fermedad, transformó en Hada
á Colombina.
Que Pierrot prometa ser bueno, y se la devolverá.
Reaparece Colombina con la enaguilla rayada, la carita
radiante, blancos loe senos y redondas las piernas.
-Amala ahora¡ ordena el ACQ.or.
Juramentos apasionados de Pierrot. El Amor bendice
á loe dos amantes.
Luces de bengala.
PAUL MARGUERI'l'TE.

"8.&amp;.VI.&amp;. ENFERMA."

V
Madri&amp;al Luis XIX.

( Aliteración al gusto de Duplessis.)

Tu blancura ea reina,
iu blancura reina,
10h nacarada! ¡oh alba como el alba que au-s oros despeina!

•

*

Tu piel 1 oh mi Blanca,
como el ala blanca
del ni veo alba,roe que adora las espumas, luce franca ....

**

¡Oh Blanca de Nieve!
haz que en mi alma nieve
el cá.ndido fulg0r de tu imagen casta y leve ......

***

Solitaria estrella,
Mis noches eetrella
con esa pensativa luz ideal, tan bella ......
Dlcanda.

Margarita de oro,
Al,ar en que oro,
la su,n rima brote como brote atonal,
y á tu alma ee prenda
Y en amor la prenda
Y ,ea la prenda
De vida 1nmoñall
.A.KA.DO

N:n.vo.

DE GEORGE SA~D A SAITE-BEUVE
Qué escribís ahora? Haced un libro que me pruebe
evidentemente cómo es que hay algo posible y bueno á
mi alcance y os pruteeto bajo mi palabra que aun cuan·
do sea irá conquistar á. China, lo baré, Pero, Dios mío,
¿qaé hacer de nuestra fuerza? ¿Dónde ponerla? ¿Qué em•
pleo habéis encontrado pi),ra la vuestra? Decídmelo, de·
cfdmelo pronto. No sois de loa que pueden responder:
-Carezco de ella¡ no tengo deseo9 de co1rer porque me
faltan los pies.
Habéis puesto en-alguna parte, en algún tabernáculo
sagrado, en algún astro mieterio9o, vuestra juventud,
vuestras duda~. ¿E~e lugar está en la religión crisiiana?
Si está ¿qué be de hacer para entrara! templo? Cada vez
que paso frente á ia puerta, me ar~odillo ante esa poesía,
Givina, vista desde lejoa, porque s1 me acerco ya no veo
lo que yo creía que allí estaba exclusivamente. Percibo
solo una faz de lu que busco. Qniaier~ encontrar á. Dios
yo misma, envuelto en su majestad y en ~u gloria¡ no
que otros, semejantes á mi, vinieran á decirme: ¡Es él!
porque, entonces, dudaría.
¡Ah! Qué feliz sois! ¿Qué crimen habré cometido para
que as( se me condene a! papel de Judío Errante? Decía
que sufrís y que sibéis sufrir. Lo sé t11n bien como vos,
y aun apuesto que vuestroe dolores serían en mí mucho_
más ligeros, si tuviera lo que ienéis !?ara consolaros, a1
pudiera recogerme una v~z, un solo rnetante al día, y
decir, adorando en algo:-He a\H de lo qut, no puedo
dudar.
¡Ah! Me contestaréis que habéis logrado, al menos para vuestro espíritu, una vida mejor que la mía; que no
habéis prodigado ni gastado vuestro corazón, qne no habéis descendido al antro de los leones. Loe que de allí
salen semi-devorados ¿quedarán mulilados y débiles para toda la Ti.da? Ved, me ocurre con frecuencia, y este ea
una especie de consuelo que me permito, que la causa por
la cual las almas apasionadas sufren mariirios, es una
causa noble y santa. Amar, en todo lo que conocemos,
es Jo más amplio y Jo que mlis ennoblece. Allí e-e donde
se encuentran la volumad y la fuerza para sacrificarse.
¡Desgraciados los que rechazan el eacrifi~io y loa que obliª
gan li, una alma ardiente á apagarse! Esas son la1:1 bestias
feroces que desgarran al mortal¡ pero ese Dios por quien
se soporta el martirio, no ea ménos digno de bendiciones,
y loe que reniegan de él, cuando mueren, son cobardes.
¡Babi viva el amor á puar de todo! Nuestros dolores
nada prueban contra el amor, como nada prueban las nu•
bes de la noche1 con,ra la existencia y la belleza de las
estrellas.
Adiós, mi querido director. Díceae qne vais á. ordenaros de sacerdote. A decir verdad, lo quisiera¡ iría á confesarme con vos y por más que os fastidiara, estaríais
obligado, en virtud de vuestro ministerio1 á ofrme y á
consolarme. · A fe mía, vuestro ejemplo me daría el deeeo de hacerme monja¡ bien que tendría el cuidado de
que me encerraran bien, porque no respondería de saltar
algunas ~eces por las ventajas, si oia sonar el cuerno d&amp;
caza y el galope de los caballos.
Adiós mi excelente a mi~. Escl'ibidme.
V ueetra de corazón,

•

�DOMINGO •1 OE JUNIO DE ,897

DOMINGO , 7 DE JUNIO DE , . . y

EL MUNDO

EL MUNDO
DE FRANCISCO M. DE OLAGUIBEL

DEJAVIER SANTA IIARIA

To rubia cabellera con esplendor de aurora
Brilla en mi obecura noche y luce y reverbera,
Y anuncia el claro dfa, el alba so!iadora,
Qne el duelo taciturno en su ansiedad espera.

Cuando eet.án rotas las enbaflaa mías
Tu vil .Pufial despedazarlas quiere ... ..... .
N&lt;? te importe n mis rudas agonías ... ..... .
Hiere, destino, hiere!

En sus guecjejae rubias verli6 eu encaDtadora
Luz de fulgores de am bar la joven primav,n;
Y ee mágica corona, diadema ~encedora,
Tu rubia cabellera.

Soy una sombra que con brazo yerto
Su J!ropia tumba sollozando cava ..... .
Vahente heroicidad! Herirá un muerto'
Sigue destino, acaba.. ....
·

¡Oh, musa pe n Eativa, el alma que te adora
Penigue en la n:ie1encia como triunfal bandeia
Que todos loe pnugioe divinos ateeoral
Tu rn bia cabe lerL

Vampiro, si es mi sangre la que ansía!!
Ya de mis venas lívidas no brota...... '
Profundiza, penetra, están vacíae
No queda ni una gota.........
'
Mas aun el!toy de pie¡ si me odias tanto
Puesto que á todo tu maldad se atre'\"e
,.
A.un quedan loe raudales de mi llanto'
EEa es mi sangre ......... bebe.
'

DE RUBEN DARIO

DE JOSE JUAN TABLADA

ONIX
DE JUAN DE DIOS PEZA

Corazón, corazón pálido y yerto
que et lóbrega prisión lates vacfo,
el mundo es para U campo deeieno,
sin Jfmitel!, ern luz, eetéri1, fr1o ......
Nunca podnis ornaT t"on fraeee huecas
la triste historia del dolor humano, ..... .
¿que eon las ilusionee? floree eecae,
¿que eon tus ilusiones? humo vano.
Sigue marcando rítmico latido
que a la vida automática acompafta ..... .
fniete trono, volcán, búcaro y nido ..... .
Hoy eres, 90raz6n 1 solo una entrafla.

Torvo fraile del templo eolit.srio
que á. la luz de nocturno lampad.ario
ó á. la pálida luz de las auroras
dePgranas de ,ne culpas el rosario:
yo quisiera llorar como tu lloras!;
Porque la fe en mi perho eglitario
ee extinguió, cual nocturno lampadario,
entre la roja luz rle las auroras
y mi vida es un fúnebre rosario
mlle triste que lae lágrimas que lloras.

DE IGNACIO MANUEL ALTAMIRANO

De antiguo templo en la desierta nave
donde silencio ee todo y soledad
'
la paloma un asilo buscar suele '
para vivir en paz.

Y aquí, en mi corazón callado y triste,
que el culto de o,ro amor no turba ya,
refugio á tu inocencia hallar podrías
sobre el deaier'° altar.

c.eto amador de pálide. hermosura
ó torpe amante de eensual impura,
que vas, novio feliz 6 amante ciego,
llena el alma de amor 6 de amargura:
yo quisiera abrazarme con tu fuego!¡
por qne no me conmueve la hermosura
ni el casto amor ni la pasión impura;
por que en mi corazón, dormido y ciego,
ha paflado un gran !!Opio de amargura,
que tambien pudo ser lluvia de fuego.

Ni el nombre de loe númenes que un dfa
elímeroe vivieron hallará.e;
que una sombra siquiera en mis recuerdos
que te lastime no hay.
DE MANUEL M. FLORES

Adiós para siempre, mitad de mi vida,
un alma tan sólo teníamos loe dos:
mas hoy es precieo qne esta alma divida
la amarga palabra del último adiós.
¿Por qué nos separan? ¿No E!aben acaso
que pasa la vida cual pasa la floT?
Cruzamos el mnndo como aves de paso ..... .
Maftana la tamba, ¿por qué hoy el dolor?

¿La dicha secreta de dos que ee adoran
enoja á loe cielos y es fuerza sufrir?
Tan eolo son gratas lae almas que lloran
al torvo destino? ...... ¿La ley es morir?
¿Quién es el deetino? ... Te arroja á m\e brazos
en mi alma te imprime, te infunde en mi eér •
y bárbaro luego, me arranca á pedazos
'
el alma y la vida contigo ... ¿Por qué?
A dios ... , es preciso. No llores .. . y parte·
La dicha de vernos nos quitan no má.e· '
pero un solo inetant.e dejar de adoran,,;,
hacer que te olvide, ¿lo pueden? ... ¡Jamás!

Así, tranqui1a flor, tú resguardada
eeráe del mundo por mi tierno afán·
yo en cambio aspiraré dichoso y m~do
tu aroma virginal.

Oh guerrero de llrica memoria
que al aeir el laurel de la victoria
caiete herido, con el pecho abierto,
para vivir la vida de la gloria:
yo quisiera morir como tú has muert.o!
Porque al templo ein luz de mi memoria
tus escudos \riunfalee la vicwria
no ha llegado A colgar, porque no ha abierto
el reUmpago de oro de la gloria
mi corazón entumecido y yerto ......

~
DE JORGE ISAACS

:Fraile, amante, guerrero, yo qnieiera
saber que obscuro advenimiento espera
la ternura infinita de mi alma,
pnee de mi vida en la tediosa calma
no hay uo Dios, ni un A.mor, ni una Bandera!

-.No duermas, auplicante me decía·
escúchame, despierta!»
'
cuando haciendo cojía. de su regazo,
eoflándome besarla me dormía.

Más tarde...... ¡horror!, en convn.laivo abrazo
la oprimí al corazón ...... rígida y yerta.
'
En vaao la besé ...... , ¡no aonreía!
En vano la llamaba ...... , ¡no me oía!
La llamo en su sepulcro ...... , ¡y no despierta!

Con lazos eternos nos hemos unido;
en vano el destino noe hiere á loe dos ..... .
¡Las almas que ee aman no tienen olvido,
no tienen ausencia, no tienen adiós!

ALRIO CAUTO

•

Naces ¡oh Cauto! en empinadaa lomaa·
bello desciendes pc,r el valle· ufano
'
ealtae y bulles, juguetón, loz~no
peinando lirios y esparciendo a~mas.
Luego el arranque bullicioeo domae
y hondo y lento y callado, por el Jlano
te ,·as ll hundir en el inmenso oceano ......
Tu nombre pierdes y sus aguas tomas.
. Asf ea el hombre: entre caricias nace,
nsuel'io el mundo al goce le convida ........ .
¡Todo es amor y movimiento, y vida!
Mas el t.iempo ene ímpetus deshace 1
Y ~rave, serio, silencioso, umbrío,
baJa y ee esconde en el sepulcro frfo.
CARLOS MANUEL CF.SPEDE&amp;

ANSIEDAD.
Tantálico delirio me devora
al ver como ee pierde en lontananza
oonatrevido rumbo laeeperanza
'
volando infatigable y eofiadora ... .. .
En mi perpetua noche amo la aurora ..
y e~ loe molinos clavaré mi la.nza:
,,
no unporLa que el grotesco Sancho Pansa.
se ría del ideal que me enamorL .. ,_

En el mar de las hoscas muchedumbres
.floto, clavando en las lejanas cumbres
una mirada temblorosa y vaga;
y me hundo entre las almas sollozantes
como un Colon deaven\urado que ante&amp; '
de llegar á la América, naufraga.
JOSÉ

S. CHOCANO.

LA PUESTA DEL SOL

La tarde muere ya; la noche parda
va ~ndiendo las orlas de eu manto
1a Natura enmudece de quebranto '
y Véi.ue nace afüda y gallarda'.
Hermoso como el angel de la guarda
un pequefiuelo vierLe dulce llanto·
de la choza al umbral humilde y ~anta
la esposa inquieta al labrador aguarda.
Por fi n, entre las eorilbras del camino
se divisa el andar del campesino
que bnsca del hogar loe duloes lazoa¡
llega caneado del trabajo rudo
y, como un gladiador toma eu escudo,
sostiene al peqnefinelo entre ene brazos!
A RlU,NDO GODOY,

La tarde huyó como invenida aurora,
arrastrando su túnica de íuego,
y fué extendiendo por loe campos luego
el crespón de la noche sonadora.
Los verdee prados que el Abril colora,
entregaron su espíritu al aoeiego,
y volvió de Jos montee el labriego,
echando al aire su canción sonora.
Vibraron en loe valles las esquilas,
el grillo preludió bajo la mata
y las auras quedá.ronee tranquilas.
Murió la luz sobre la cumbre grata,
y al entornar el cielo ene pupilas
ee deslizó una lágrima de plata.
SALVADOR RliEDA.

Cuando oigo tus acentos
ee vuelven mis ideae eentimientoe
Tus ojos, con que el alma noe sondeas,
eon dos solee que alumbran con ideas.
CAM POAlf OB..

•

DE BALBINO DAVALOS

¿De que cárcel no huye el recnerdo?
¿Cuáles son las más fuertes cadenas
Que al rebelde detienen sumiso
Del cerebro en las íntimas celdas?
¿En qué h aguas habrá.o de forjarse
Las conaútilee redes que envuelvan
Con eue mallas de acero infrangible
Al titán qne tenaz forcejéa!
¡Oh recuerdo! mi fiera enjaulada
Que en romper ene prisione• ee obceca,
~l deber te ha ordenado:-¡Reposaly aun al mismo deber te rebelas.
¡Caprichoso errabundo! ¿qué buscas
Que así avanzas, y corree, y vuelas,
Y abandonas mi oscura tebaida,
Yendo en pos de imposibles quimeras?
Caprichoso errabundo, te has ido
A abreviar voluntarias ausencias ........ .
¡Oh recuerdo que vas de no ingrato!¡Oh recuerdo leal !-vuela, vuela!

t.ienen frío. Y al examinarlo mejor, advertí que lo misCuando mi vacilación ceeó, vi que había espacio pan mo temblaba todo su cuerpo,
que paeara mi cabeza, v mi cabeza ee inclinó. Lie\O. Has·
Entóncee, cayó de mis hombros el sudario_de miedo,
,a ese momento el hombre ienía derecb.o para imaginarse
......... No negaré yo que qu:ee robar; eí, quise robar, que la puerta se abría por ef sola; pero veía ya una por- y entré.
Dí audazmente siete paeoe y me detuve. No ee movió.
pero no matar. 'i. luego ¿es cierto que yo lo maté?
ción de mi frente ......... y ¡qué freniel Como estoy com• Me habría sido fácil \oearlo. A. pesar de toclo, mi coraLe encon,raron mut!rk&gt; cerca de m1, y P peeardeque pleiamente calvo. me dije:
zón latía coro() si hubiese tenido una campanilla en el
yo tenía la pistola en la mano ......... lo &amp;firmo¡ propia-No ha de comprender qué es esto lnciente que se pecho. Escuché al 1myo. ¡Qné corazón tan pobre, tan inmen\e hablando, ni yo lo maté, ni él ee ma\6, ni nadie desliza como un caparacho de toriuga?
fort.unadol. ..... Con eu latir sacudía al cuerpo, como si
¡Qué largo fué este tiempo! C ~ que todos los ee• íueee una de eeae grandes campanas que con eue repique•
lo mató.
Sé que desde i•ntoncee esk&gt;y loco, y que la afirmación
guodos son iguales. ¡A.b. nól yo os lo aseguro: hay ee·
cimbran las piedras de loe campanarios.
de un loco nada eignitica. Tontería. Ninguno es más lú- gundoe que duran mucho, eí, mucho más que otros. Lo
¿Cómo temerle á semejante cobardE? Me tranqwlizá
cido que un loco eu loe momen\oe en que no está loco. sabía porque el tic-r.ac del reloj ee aminoraba, indefini- por
completo, aun me burlé; y afiado que por broma, no
Y hay que advertir que desde el colegio me llamaban damente A medida que yo avanzaba.
con intención formal, saqué mi revólver.
Dió la hora. Ttinía que pasar mi ceja. Esperé que
ltl A,nfgo de la L 6g1ca.
El desiraciado quiso gritar con todas sus fuerzas. No
¡De qué modo'"º extraf\o pal!Ó todo! Desde el princi•
concluyera de sonar la campana. Con\é las trece; eí, las
lo temí. Era visible que un dogal de hierro le apretaba
pio, al poner mi mano en el botón de la puerta, tuve la t~e ......... Estoy seguro de ello.
Ja gargan,a y que tenía como CHdenas en todos sus miemhorrorosa convicción de que el ho¡:nbre veía el botón co ·
No tuve tiempo para asombrarme porque en el momeo·
rreepondien~ del o\ro lado de la misma puer\a. Yo adi· to mismo en que sonó la décima t.ercera campanada, en- beos. Sólo las manos continuaban moviéndose eetremecidae.
vinaba que eso hacía sentado en un sillón, á ocho pasos,
tró mi ojo, el ojo izquierdo, qne recibió inmediatamente
Y como yo levantara, siempre por broma, mi pistola
frente á mí. ¿Cómo, t-ra ese hombre á quien iba á robar?
el choque de los dos sayos.
sus cabelloé ee enderezaron, como si fueran tallos de yer~
¿Era joven, vi ejo? ¿lfotíl es su naturaleza? Sobre todo,
E!taba allí, á ocho paeoe. recostado en un ei116n, in- bae. Estuve á punto de estallar en una carcajada. ¿Son
¿por qué penl!aba al vt-r girar ese botón? P1Jrque yo le móvil y viéndome. Nos miramos.
posibles loa milagros? ¡Qué estupidez! Y me acordé de
daba vuelta y me decía:
Percibí que era bastante joven y baPtant.e hermoso; la cabellera de un buzo que vf zabullirse en u.u café can- Esto \iene que girar del otro lado: pero el punto lu- pero, en realidad, yo vi sólo sus ojos. Me horrorizaban,
tante, en el fondo de un acuario.
minoso que l!U lii. mpara proyecta sobre el marfil ha deee· no porque pertenecieran á un vivo capaz de defenderse,
Al fin, medió lástima. Tanto más cuanto que ene ojoe,
tar inmóvil, y él d t."be een\il'98 muy perplejo.
por el miedo que despedían. Y me pregunté: ¿de es- aparte de que-no cesaban de aullar de espanto, murmu·
Comprend1 lo que h ab ía de exoeriment.ar y tuve pie- sino
tos ojos cuáles tienen más miedo, los snyoe ó el mío? Di- raban poco á poco algo muy triste. Loe míos no se apar·
dad pam é l. EmpuJé la hoja. Habla luz. Aguardé un jlO, el mW, porque como el otro estaba oculto, debla creer taban de loe suyos. Para lograr que ee apartaran, me ví
grito. No; y ein embargo, ten la la convicción de que él
-precisado 11. hacer un esfuerzo prodigioso. En la separaél que yo nada más tenía un ojo.
había visto moverse la puerta.
Esto acabó por darme no eé qué inferioridad en la lualg&lt;, se rompió. ¿Qué? ¡Oh Dios mío, Dios mío!
Continué empuj á ndola con movi mie nto imperceotible. cha. Luego, la situación me pareció ridícula. Yo me be ción,
Deié mi arma sobre la chimenea. Allí estaba un maPude distingo ir, asf, de lado, una parte de la pared. Esa fijado siempre en el lado cómico de las situaciones. ¿No
parte aume ntaba. Repent.inamente, ví, colgado, un pu- parecía que representábamos alguna escena de chiqui- nojo de llaves. A. un lado, el ropero. Lo abrL Ni siquiera miré hacia atrás. ¿Para qué había de inquietarme con
lla) .
llos? Me dieron ganas de gritar:
aquel manequi? Registré. Vacié loe caj ones.
En ese momento, me vino la intencióa de huir¡ p ero
Entónoee pae6 un fenómeno exiraño. C-esar.:n todos
-¡Aquí está el coco!
la intención se manifestó por un ademán brusco, hacia
Resol vi irme; pero, repentinamente, me fijé en enema- loe ruidoe. Aun en el ailencio hay ru~! o, y aquí ao lo
adtlante. ¡Huir! ¿A.caso podía yo hacerlo? Si hubiera po·
nos. Desgraciadas manos, temblaban como pajaritos que
dido huir, habría p?dido también no ir.

EL AMIGO DE LA. LOGICA

EL ANOCIIECER

En el libro lujoso ee advierten
lae rimas triunfales;
bizantinos moeaicoe, pulidos
y raros eem&amp;ltee;
:fino estuche de art.íeticae joyas,
ideae brillanlee¡
loa vocablos unidos á modo
de ricos collares¡
lu ideas formando en el ritmo
sus bellos engarce:e;
y loe versos como hilo de oro
do irieadae tiemblan
perlas orientales.
¡Y mirad! En las mil filigranae
hallaréis alfilens punzantes,
y en la pedrer1a
1,rémulae facetas
de color de sangre.

�:=~~~=~===~==~~:==::=:===========~E~L~M~U~N'!;D~O~==============~~~~~!J~_:!_IJ~~~
444

DOMINGO 2y Ot JUNIO D E _ ~

había. Vi el !eloj. Mis~rlo in~xplicable. El péndulo 88
n¡ovia pedro BlD hacer rmdo, N1 había ruido tampoco en
nuestro erredor.
M~ vol'!í hucia el hnmbre casi para interrogarle
¡El s1lenc10 salía de él!
........ .
Sí, salía de él, en espesas bocanadas como el humo que
11ena una recámara. Sus manos no temblaban ya Me
acebrqué á él, Y oí que an corazón, aquel corazón q~e 8 0.
na a como campana, no latía
·
Me i!lcliné sobre sus ojos ~bit&gt;rtoE!. El vértigo me sob_recog16. En sus pupilas huecas ví un abismo de silen•
º!º·aSu dor frío me heló. Comprendí que ese era el silenc10 e 1a muerte.
De allí data mi locura. Me dije entoncee.-Luego es-

DO ■ IIIGO

D.A.UAS DISTINGUIDAS

•••

11:L MUNDO

ENGANO SUBLIME
Por OOaría S!escot.
NlJM.I,KO IS,

toy loco.

Había muer~ P?r si solo¡ por sí mismo. Ko me atreví
á ~overme. Mi.a OJl)S ee reanudaron con los suyos. El

ruido del espacio comenzó de nuevo. Escuché el tic-tac
del reló; Y sobre todo, mi corazón volvió á latir La gran
~mpaoa del muerto repicaba ahora dentro de ~i pecho
~ todo vuelo.
'
~uve miedo, un miedo formidable, y advertí que ese
miedo e~ el suyo. Sí, abandonado ahora, pasaba á mí
Y se mamfestaba por los mismos sin tomas. Mis manos
temblaban cerno pajaritos que tienen frlo. Mis cabellos
se.enderezara~ como la cabellera del buzo, y dentro de
mi ser1 algo estuvo á punto de desiquilibrarse.
A p~nto nada más, por que mi extraordinaria lucidez
decuplicada ya por la lor.ura, me advirtió el peligro. Con
un v1olen~o eefue.rzo volví á poner las coeas en su lugar.
Se me qmtó el miedo.
Dneño de mí mismo, me dije:
-Despué~ de todo, yo no tengo la prueba de que esté
m~erto .. O.mzá. esto no pase de un simple desvanecí,
nnento.
Le tolllé el poleo. Algo se agitó bajo mi dedo. Pero
¿ese algo no era mío, lo que palpita en la extremidad de
~ada ~no de nuestros dedos? No pude averiguarlo Me
mvad1ó una verdadera esperanza. Había en el to~ador
un frasco de sales, y agua. de colonia. Le bíce respirar
las salea Y le empapé las sienes. SLI curación me habría
causado mucho placer.
Yo .no ~udaba de que estuviera vivo1 ·-por más que na- .,.,
da l&lt;? l~dtcase, pero sa brazo cayó¡ y os lo aseguro el
movimiento no era natural. Puesto que vivía ¿por 4ué
se empefiaba e.n fingirse muerto?;
-¡Eh, P.ard1ez! peneé; se hace el muerto como una arafia se encoJe frente al enemigo.
. N_o, aquello me ofendió. Me aaimaban loa mejores sent1m1entos ...... ¡y eee fulano se burlaba de mí! Honda CÓ·
lera .me entró. Lo sacLid! con todas mis fuerzas. No se
movió. Lo alcé en peéo, lo estreché contra mí y bailamos
coi1;0 dos t~teres, á tr~vés de la babitacion.
, ~os refleJÓ un espeJo. ,Ibmpí á. reír. Esas cosas se ven
umcam~nte en las pantomimas del circo. Lo de¡·é caer
en un eillón.
¡Od!?BO cada ver! No se es imbécil hasta ese extremo
Y le d11e:
,
h -¡~res un bestia! No tuve 1a intención de matarte, y
é ~bt que te mueres y me transformas en tu asesino es•
túpi~am~nte, contra mi deseo, sin que mi voluntad' sea
tu complice. ¡Habrá. idiota!
b Me pus~ rabioso. Ser asesino cuando se ha matado en
ue1;1a hora; .Pero. cuando no ee ha matado ...... Eso' no
era Justo. Mi lógJca se rebelaba. Encadené mis raciocinios p~ra eaber si era culpable de ese crimen: sí ó no.
Pues bien ¡nó! Una vez más quedaban corroborados los
absurd~s d~ la Naturaleza. El hombre sensato era vict;ma del ilqg1smo del azar.
·
Eso no podía ser. Urgía combatir la injusticia colocar
1 hechos en su verdadero sitio, en su sentido ;eal segun lo normal, según la Lógica. Urgía. Urgía. Fué' por
•
ebsto por lo que procedí, y tan legítimamente como homSeñorita Paz Guerra,
re de talento.
'
No hizo el m:enor movim· to E
.
Y lo 1!ice co~ ~legría. Ülln alegría un poco irónica, pe.
ro también deliciosa. Tomé el revólver y le apunté al c':lr del buen tirador qLie es~:fre· t/feribinhba el pla.
un aneo espléncadá.ver. ¿Cad~ver? En el fondo subsistía alguna duda· d1do. ¡Qné divertido era aquello~
- ...... Tres ..... .
pero ¿qué m~dto mejor para disiparla? Le dí tiempo pa:
raque resucitara; y aun le dije:
d Un agujero pequefio, en medio de la frente Y un h.l
e sangre ...... ¡Ah imbécil! E t
.
'
1o
-Después de tres, disparo.
embargo, continué como dü taa1 ª. vezlei era cadáver. Sin
Y conté:
-Una ...... dos ...... tl't!s. e úti, Y e decía:
-Una ...... dos ..... .
L Desapareció el ojo derecb.;;,' luego el izquierdo; después

º,ª

DEL NATURAL
I
Amanece. Se cifie la aurora
vaporosos cendales de gasa
como novia gentil, que á 8 ~ amante
con loa brazos abiertos agLiarda
Retozando se van del alero
·
las palomas azules y blancas
Y atraviesan el límpido espa~io
como castos enaLieñoe de infancia
Brilla el cielo, fulgura el rocío •
brotan floree, loa pájaros canta~
Y á la_a rudas fatigas del campo •
el fehz labrador se prepara
Tras las altas montafias de Oriente
surge ~l s?I entre un golfo de llamas,
Y en. hirv1ente_exploeión ee desborda
arrojando corrientes de lava
T_afl.e el vi~nto las ramas, el ·río
vibra. un bunno al creador en eu arpa
dE: cr1e.tal, y de nidos y froadas
m11~ter1osos rLimores se alzan.
Entre tanto, el doliente poeta
con la pá.lida frente inclinada'
elabora la idéa en su mente '
Y prorrumpe en estrofas aladas.
II
Medio-día. De Febo 88 inyecta
la pupila brillante de fuego

27 Dt JUIIIO D t 1897

en el áureo ceait; con bochorno
la.a torcazas los picos abriendo
van !legando al aguaje, y desfloran
el cnstal en que tremen los cielos
El rebano de~cansa á la sombra ·
de foll~je!!. tupidos y frescos,
Y semeJan pufiado de cuentas
al zumbar Y bullir, los insectds.
Se ~catan .temtlando los mirtos
-roJ~s lab10.s que esquivan los besosal car1fi.o estival de la Siesta
qu1: desnuda se ,i~nde en et'huerto.
Rema un hondo silencio; tan sólo
del aud~z cazador se oye el cuerno
que en .a Bl_Igusta quietud de la seÍva
vagar deJa imponente su eco
Todo está. aletargado: los rfos .....
las florestas, ias a ves el viento
Y tendida iadolente ~n su baro:~~·
la mulata de obscuros cabellos
va cerranJo sue ojos de abism~
.
al pausado y sensual balanceo.
Jumo de 1897.
JuAN B • DELOADO,
IIMPOSIUl,~I

¿Qué ip~jor galardón, qué mayor loria
Que_ al BlDit'stro .tdversarto haber vegncido
H ac1endo que no exista en tu memoria '
La mancha negra que se llama oluido!

de San Luis Potosí.

le rompí la barba..La Lógica se vengaba ...... ¡Qué revan•
ch~!.. .... ¡Qué sublime papet de enderPzador dtt entuert&lt;?r ....... Estaba yo admirable de pie frente á él y e 1
pistola en el pu•
' ..... tart hermoso era on
. uo. •.... y él , él.
abo.a
una masa mforme. ¡ Ah! sí, yo lo había m~tado
muerto, yo lo babia matado.
.. ....

AJ

•

MAURIC.E

LEBLANC,

Desde ~ue el vuelo triunfador tendiste
De otro mdo á buscar el grato a3ilo,
Ya debes de sa~er que estoy muy triete,
Pero sabe también que estoy tranquilo.
Tranquilo como el águila bravía
Que sube audaz sin que el turbión le importe
ÜQmo el nau a sereno q11e confía
'
En una estrella que le marca el Norte.
Y tú misma te asustas porque mides
El férreo pacto á que te ves unida
Porque vae li olvidarme cuando ol'vides
El recuerdo má.a santo ds tu vida.
¡Oh! cuántas veces por borrar en vano
De tu. memoria el indeleble rastro
Con febril inquietud tu blanca m~no
Pasarás por tu frente de alabastro!
Como el ave aterida por la lluvia
Que 81: acoge á la selva mmoroea
Sacudirás tu cabecita rubia
'
Por dejar mi recuerdo que te acoea.
¡Pero n.o p~ede ser! Bljo tu abrigo
Pasaré m1 ~x1etenci~ c_on. orguUo,
Y porque 31empre viviré contigo
Tengo la gloria de llamarme tuy~I
..,
RoDULFO FroUJ!:ao..a...
1897.

•

Ahora bien, sólo una asociación piadosa existía enton• dificultades1 los cuidados, Jae querellas. Eea9 alabanzas
·cea en Pontarler y era la obra maternal de Santa Ana, que todos repetfan en rede ior de él, obraban sobre su espíritu. Su mujer era á. eus ojos una maravillosa criatura,
para socorrer á las mujeres en cinta. S ,lo las viudas y Ja3
un
tesoro qLieél ee creía iadigno de poseer. Solo una cosa
mujeres casa1.as podían ser president39. L'!I señora Four.
neron acababa de obtener esta alta dignidad. Aglaé de turbaba _esta ventura, la frialdad que Lila testificaba á
Lézines maldijo entonces esa virginidad de la que hasta aquella incomparable madrastra.
Más de una vez, en la intimidad de la familia, las miese día había estado tan justamente orgullosa. Su deseo
radas,
el sonido de la voz, habían traducido una hostili·
exasperado por Ja imposibilidad de satisfacerlo, llegaba
dKd
sorda;
la corteza de dulzura que recubría las relacio•
á la crisis aguda1cuando B~ltrana fu! á. habitar Pon•
nea de las doe mujeres, .ao era más que aparente. El se•
tarlier.
Algunas burletas de Jacobo de Sommeres, los aires nor Duvernoy lo comprendía y no osaba inquirir, pero se
triunfantes de la señora Fourneron cuando enuució ' eentfa irritado contra la nifia. Estaba á. punto de desli·
pomposamente su título de presidenta1 pero sobre todo1 zarse por la pendiente que conduce de la debilidad á la
la sonrisa violenta, envidiosa, amarga, que plegaba los la- injusticia, y de la injusticia á. la crueldad. Su amor paterbios delgaios de Aglaé deLézines, íuéparala señora Du• nal sucumbía ea medio de ese malestar, y cuando ella se
apartaba, experimentaba un alivio que no escapaba al
vernoy una revelación.
corazón clarividen~ de la jovencita.
Púsose inmediatamente en obra. H¡¡,bía anudado du•
La pobre peq11eña sufría horriblemente, enmedio de
rante su permanencia en Roma, algunas relaciones que
podían ser utilizadas. Puso pues su celo á contribución. esta indiferencia. T.,dos 103 corazones que la amaban se
Los estatutos de las innumerables asociaciones que es• hab1an apartado de ella, dejándola en el abandono. Beltos últimos tiem·pos han visto aparecer, llegaron á. sus trana no tenía el alma ni demasiado generosa ni demasía•
manos. Se trataba de h.acer una elección juiciosa. Recha- do alta1 para darle un poco de piedad¡ siendo de aquellas
zar desde luego esas asociaciones vulgares que se ocupan que casi no perdonan 1 cootinuaba haciendo expiará la
de las necesidades del pobre y ofrecen á. los ojos delica • joven las inju.stae rebeliones de la hija mimada. Mantedos sus miserias y sus llagas. No era de abnegación de lo afa empero su palabra y no perseguía á. la vencida¡ pero
que se trataba. Había que descubrir una misión limpia, la -persecusióo le hubiera parecido menos penosa á Lila,
más fértil en convocaciones que en resultados sociales. que la atmósfera indiferente que la rodeaba; nadie re·
Era preciso que consistiese sobre todo en conversaciones clamaba sus caricias, nadie tenia necesidad de su afecto.
piadoeas, salpicadas con una taza de té¡ nada que pudie- Demasiado adulada, demasiado adorada en su infancia,
ra llevar al ealón metódico de las Lézines el desorden ó habfa-a1qLiirido eea sensibilidad exquisita que poseen
la perturbación. Se necesitaba una obra económica que las mujeres tiernamente educadas. Su pobre corazón sanno fuese asunto de dinero¡ los provincianos son más pró- graba ahora, ante todos Jos martirios. Se volvió tan trisdigos de su tiempo que de su bolsa; una obra, en fin, que te como alegre hab!a sido; tsln concentrada como expanpudiesen patrocinar sin rubor, doE viejas solteronas pú· &amp;iva en otro tiempo.
En la mónotoníadeesta vida de familia, tomó sitio uno
dicas, donde no se tratase de nacimientos ni de matri •
de
esos accidentes pueriles de que nadie sabe prever las
monios, ni de seducción ni de niflos abandonados.
Después de largas vacilaciones, su elección se fijó en· la consecuencias.
Li C&amp;f!a, mal amueblada, como la níayor parte de las
obra de las viejas condecoradas. E3ta asociación eminen•
caeas
de provincia, necesitaba algunas repar11ciones, y la
temente inútil, tuvo el mayor éxito en Pontarlier. T,:,ias
eeflora
Duvernoy se di vertía bastante con estos cambios;
las mujeres se apuntaron, felices de ese pretexto para
con un Jápi,z y un libro de notas en la mano, seguida de
desertar de su oasa.
Las reuniones eran semanarias, la cotización propor- su marido y de un arquitecto, iba y venía, quitaba, reformaba1 llenando de los frufrua de su peinador de seda
cionada.
esas
cá.maras de aspecto severo, que la grave Elena reco•
La obra tuvo su tesorera, su eecretaria, su presidenta.
Beltrana dirigía todas las cosas con su espíritu de intriga rrfa silenciosamente. Desde su casadeemantelada de Bre•
finamente disimulado; rehusó ella las distinciones bono• tafia, Bdltrana había cont10rvado el horror de las vasta&amp;
rí:6.cas, hizo que fuesen disr,ernidas á. las dos hermanas piez&amp;s construidas por las generaciones potentes que padeslumbrad.as. Aglaé de Lézines fué nombrada presiden- recían siempre temer que el aire y el espacióo fuesen á
ta y á su hermana fué confiada la guarda del tesoro. Es- faltarles. Un departamento coq11eto, forrado de tapices,
lleno de mueb 1ea, de portieres, conatítuía para ella la ha•
tas innovaciones hicieron á Beltrana mucho honor.
-La señora Duvernoy está verdaderamente animada hitación ideal. Había modificado ya el comedor, tallado
un budoir en el gran salón, desplazado la escalera, dismi-de muy buenos sentimientos.
-Nuestra excelente prima BeUrana es para su familia nuidn el vestíbulo, cuando llegó á su cuarto de dormir...
-Aquf,·dijo, ~ndremos muchos cambios que hacer.
una fuente de bendiciones.
Era una de esas habitaciones de otro tiemp&amp;, vastas1
Estas dos frases marearon las dos fases del éxito de
.Beltrana. Hábilmente disimulada, la plaza capitulaba. espaciosas, de techo elevado, dt, muros regulares, pero
A partir de esta época fué una verdadera soberanía la desprovistas de esos rincones íntimos, de esos anexos,
.que la eefiora DuverJ;J.oy ejerció en Pontarlíer. Nadie re- que forman ahora parte integrante de un departamento
sistió á sus halagos, la sefiora Fourneron fué definitiva• confortable. MLiebles numerosos, armarios esculpidos,
mente conquistada. Carlota, para conciliarse las buenas cómodas con ornato de cobrei eerv!an para encerrar los
gracias de la vieja dama, no había imaginado nada m4s trajee, la ropa interior y lae cien bagatelas necesarias á
maquiavélico que levantar pacientemente los tejidos que una mujer. En un rincón, un mueble Luis XV moetra•
se caían. Bel,raoa solici~ consejos y lecciones. Quiso ba su vajilla de viejo Sévres, en tan\o que en el opuesto,
.aprender lt hacer muchas obras de mano. Se fingió inha • un reclinatorio de ébano ee arrodillaba al pie de un cru•
bil, ~rpe, á. :fin de dejar toda la superioridad á la insti• cifijo de marfil. B Jltrana, deadeflosamente eacaba á luz
,tutriz. Cons&amp;gró m.áa de un mes á ese fastidioso aprendi- todos estos muebles defectuosos; después indicaba las re.zaje, pero pasado ese tiempo, el alma y el corazón de la formas necesarias y enumeraba ene deseos.
-Un gabinete de ioilette desie luego, amplio, bien
señora F .,urneron le pertenecían deciiidamente.
El amor de Fernando á su mujer crecía á. proporción alumbrado; despuéd un saloacito de vestirse, di vid ido en
· de ea,os éxitos; sus ojos de artista, que fácilmente ee apa• dos partes; una para loa trajes de ciudad, la otra para los
.sionaban del color y de la forma-, no se cansaban de ad• de ter~ulis.. Por fin, un oratorio: la plegaria se eleva me·
mirar aquel talle esbelto, aquellos cabellos de oro, aque• jor hacia Dios en un lugar especialmente consagrado.
Se volvió hacia su marido con su má.! dulce aonriea, ~
lloa ojos de mutable mirada. Jamás Elena, aquella dulce
J:ija del Franco-Condado, había levantado en su corazón afiadió:
-Vos os encargaréis de en decoración, ¿no es verdad,
-esas tempestades de amor. Además, le agradecía á BelFemanao?
irana, perezoao como era, que apartase de su camino las

•

Por la primera vez desie su matrimonio, él no" le :respondió. ¿Por qué la pobre muerta, tan olvidada, acababa de levantarse en su corazón? ¿Por qué experimentaba
una tristeza vecina del remordimiento? No había sabido
decirlo. ¿Era esa palabra de oratorio la que evocaba de
pronto sus recuerdos? ¿PAra qué un oratorio para esa
mujer que no era piadosa, que fuera de 1o.i oficios á los
cuales asistía por buen parecer, no &lt;.raba jamá.s? Se puede engañar al mundo, á. la tía Fourneron, á las primas
de Lézines; pero no se engaiia á un testigo de todos los
instantes. Elena jamás había pensado que fuese necesa·
rio un oratorio, y sin embargo, maflana y tarde se arro·
dillaba sobre el gran reclinatorio de ébano, y en su sencillez de cristiana, oraba ante los ojos de sn marido. L?
pareció que Elena estaba abf, que iba á. levantarse de s·1
oratorio y á ir hacia él con.su pa:30 lento, con su mirada
toda llena de súplicas temerasas y de ardientes eape•
ranzas.
Súplicas, espP.ranzas, todo era en vano. Había muerto
ella sin que él le hubiese dado esa suprema alegría de
arrodillarse á. su lado.
Su ensuefio lo había abaorvido de una manera tan completa que no se percibió de que estaba solo ya.
El arq11itecto y R,ttra.na habían pasado á la pieza ve•
cina, pero la, discusión continuaba. Era el arquitecto
quien hablaba.
-Sin duda, senara, podríamos colooá.r aquí el gabinete de t-oilette y el oratorio, si no fuese la cámara de la
eeñorir.a Duveri:ioy, pero .... .'....
No concluyó el buen ar.:¡uitecto, Lila se pone de pie,
tan pálida, tan desolada, que él eeperimenta un eenti•
miento de piedad. La voz de Beltrana se eleva, las palabras son dulces pero ~l tonl es autoritario.
-Mi hija política es de1Dasiado razonable para rehuf!aree á un cambio que las circunstancias imponen. Ella
eecojerá. en la casa otro departameatoquevos adornaréis
eegú n sus deseos.
El arquitecto Be inclinó en signo dea3entimiento. Qué'
le importaban después de todo aquellos ojos desolados
fijos en los suyos?
Pero el eef'ior Duvernoy, á pesar de su debilidad, llegó
esta vez en socorro de su hija.
Aquel cuarto 1o había exornado él personalmente con
ramilletes de lilas para la niña ......
-Ignoraba eete detalle, dijo entonces Beltrana; perdón,
amigo mío ..... : ...
Lila conservó su cuarto; pero desde aquel día la aver•
sión que la seflora Duvernoy experimentaba por eu hija
política, cr~ció.
Aquel acceso de valentía, fué por lo demás, el único
que el pintor tLivo jamás: desde el día siguiente, por su
sumisión absoluta, trató de hacerlo olvidar.
XLI

Han pasado muchos af'ios. Lila DLivernoy se ha convertido en una hermosa joven de contiDente grave, de
ojos tristes.
Muy aislada enel salón de eu padre, cuyo imperio exclusivo pertenece á. Beltrana, llev!\ á la sociedai que la
rodea una fría reserva que ap:uta las simpatías.
-La seflorita Duvemoy es demasiado original, dicen
los íntimos de la cass; tan poco amable con un modelo
tal ante los ojos! La pobre madre política tiene en verdad mucha virtud para soportar cerca de ella á esa mtl
encarada.
• ingratitud de Lila y lae virtudes de Beltrana eon
I,,a
asuntos preferidos por los comadrazgos de Pontarlier.
Nada, á dec:ir verdad, en esa exietencia común de te•
dos los instaates, ha aproximado á. las doe mujeres. La
tía Fourneron y las dos Lézines, acosan á la pobre niña
con amonestacioaes incesante3. Lila deja sin respuesU.
los vehementes reproches de ingratitod que le dirige la
sen.ora Fourneron, pero un día, ante las frías amonestaciones de las viejas primas, su pobre corazón ha estallado. Lo que ella reprochaba á en enemiga, es, eobre iodo,
haber enajenado el amor que su padre le tenía.

�EL MUNDO

OMINGO a7 do JUNIO do 1897

DOMIIIGO a7 DEJUIIIO DE 18117

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-Ya no me ama 1 dijo llorando, entre él y yo se levanta
tilla, ella ee interpone alejándolo de mí¡ es tan habil, tan
malvada y tan falsa, no ama más que á sí misma, se burla de todos vosotros; pero li mí me odia.

~ntoncee Aglae de Lézinee, espantada por esta explosión de cólen, con una voz severa respondió:
-Sois vos quien la odiaia y el odio conduce al crimen.
La oalumniaia bija mía.
Desde aquel día nadie oyó á Lila quejarse. Algttnas ve•
ces escribió á su aya, á esa buena Carlota, que no podía
dejar de adorarla. Las respuestas de la plácida criatura,
dejaban desbordar la mansedumbre que llenaba su alma;
creía siempre, á pesar :le tanM&gt;e atlas transourridoa, en
su vueUa próxima y en la bondad de su querida prin•
cesa.
Una sola persona en Pontarlier se declara por la. huerfa•
niia, y es el viej9 cura que asistió á Elena en sas úlUmos
momentos.

Cuando la jovencita, arrodillada ante él se acusa de
odiar, el padre la reprende. Ese odio vivaz le inspira inquietudes por el alma de la nifla y ee resuelve á intervenir, aun cuando no sea el director espiritual de Beltrana.
La senara D11vernoy ha recibido al viejo sacerdote como
á un mensajero de lo alto. Jamás en ninguna circunstancia de su vida ha representado su papel con arte más
consumado. Ha deplorado la antipatía que le muestra
su hijastra, en términos en que va impresa la más conmovedera humildiid.
-Es culpa mfa, eeí'ior cura, no he sabido ganar ese corazón re belde. Dios me ha rehusado la dicha de ser madre, ella habría eido mi hija si lo hubiese querido.
Pasa sobre sus ojos secos un paftuelo perfumado, y continua con voz ahogada:
-Aconsejadme, dirigidme ¿qué debo hacer?
El no ha respondido. El hábi&amp;;o del confeEionario da
al sacerdote una eagacidad que nada puede hacer fallar.

Las frases, las lágrimas, la docilidad, todo le ha parécidouna máecara; ni una sola palabra de corazón ha vibradoahí1 .
-E3 una comedianta, pensó él; á pesar de eu tono dul-·
ce, tiene en el alma más amargura y rebelión que mi pobre Lila en todas sus violencias. DeElgraciadamente yo..
nada puedo.
¿Pero dónde está ese protector dado por Elena moribunda á su hija, ese oficial de marina que ha juradoguardar á la niffa?
Ay! los hielos del Norte lo han aepult,ado en su frío
sudario. Un allo después del matrimonio de Fernando
llegó una siniestra noticia¡ el lntrépidOseperdióporcom~
pleto. Nadie sobrevivió al desastre, nadie refirió las peripeciae. Loa balleneros encontraron en la costa el buque
despedazado; pero los marinos que lo dirigían, ¿qué fué
de ellos? Fueron enviados algunos buques para intentar
salvarloe, pero todos volvieron sin res11ltado.
Lila recuerda con emoción á ese hermoso joven, de
alegre sonlisa; si estaviese aún en eete mundo, huiría á
buscarle, no importa dónde, á las costas de Aírica ó á las
regiones polares. Loa rugidos de loa tigres le parecerían
más dulces que la voz metálica de su madrastra, y las.
montañas de hielo ménoa frías que loa corazones que la
rodean.
XLII
El banquero, señor Leódice Martín-ya nadie decía, el
hermoso Leódice-era contado entre los financieros más
ricos y más influentes de París. Loe nueve millones de
Martín de Bret!t, se habían, entre eue manos, doblado,~
triplicado1 cuadr11plicado ¡ bien sabido _es que_sólo el pri-

mer mi116n ctleeta irabajo. &amp;\a gran fortuna, 88'8 crecimiento contfnuo de su dinero, basiaba li llenar de u.aa
11atiefacción intensa el alma del banquero. No se había
vuelto á. caear; puesto que ya no tenia necesidad de dotel!I,
para qué embarazarse con una mujer que hubiere puesto
trabas á su libertad y molestado su egoísmo? Vivía, pues,
solo, no amando más que los plaoeree fáciles, estimando
que nada vale la pena de eer deseado, perseguido 6 pagado caro.
Pero no hay en este lhundo alegria estable, y el aet'i.or
Banquero Leódice Martín, lo comprobó. Un día supo que
acababa 1 en un golpe de bolsa, de perder dos millones.
Dos millones no son la •muerte de un hombre, no son el
hundimiento de una fortuna, pero son una brecha, sin em•
bargo, y el se.fiar Mar~in no gustaba de las brechas¡ se decía, no sin ~zón, que siempre por una brecha entra el
enemigo. Como hombre avisado, inteligente, positivo, se
complacía en remontarse de loa efectos á las causas.
Así fué como se remontó de loa dos millones perdidos,
á los falsos informes que lo habían extraviado: una proposición ministerial, cuyo rechazo se le había asegurado
y que no fué rechazada. l rn falso informe, debía tam·
bién tener su causa. El vino li concluir que se imponía
una nesesidad: hacerse nombrar legisladJr en el más
breve plazo; entonces est.aría cerca de la fuente, y podría
eutrevietar á loa ministros á su antojo. Un financiero
que no es diputado, ea poca cosa; un diputado que no es
financiero es menos aún: el uno unido al otro, presenta
una situación envidiable, coa la cual los poderosos del
día debían contar.
Este hombre positivo se perdió en ensuefios de oro.
Todas las ambicicnes son permitidas ahora 1 y aún le·
gftim~s. Ya no htly Luis XIV para condenar á eterna
prisión á. los eecuderos imprudentes que se permiten decir: t(¿N"o subiré?.11 Sí, todas las ambiciones pueden realiznrae y entonces no más falsos informea 1 no más millones
perdidos, no 111ás efectos cuyas causa hay que depl1Jrar.
Llegado á este punto de los debates, el señor Martín
buscó un colegio electoral. No tenía ligas con ningún
partido 1 con ninguna opinión. París estaba lleno de concurrentes, y pensó en la provincia.
Ceando estaba en vías de sondear hacia el norte, hacia
el mediodía, hacia el este,· hacia el oeste, asustado por la
competencia, por los grandes gastos que exige una candidatura; encontrando la tarea muy dura para loa pobres
banqueros millonarios, preguntándose si el objeto valía
la pena de trabajar y si no sería preferible correr el riesgo de algunas brechas faleas ó de algunos falsos informes, uno de sus más hábiles agentes de nego~ios vino á.
proponerle una combi.a.ación que le agradó.
Eete agente había deEc11bierto en las tnontati.as del
Doube, cerca de la frontera suiza,· una fábrica abandonada por sus propietarios, loe cuales acababan de transportar más allá de loa montes, su industria. La fábrica, sus
dependencias, sus alojamientos para obreros, casi toda
una aldea, se encontraba en venla; ae comprada, se instalaría una fábrica de destilación de ajenjo. Ee preciso
ser .filántropo y proporcionar veneno á quien deeea emponzoflarse. No hay industrias más próeperas que lae in•
dustrias perjudiciales; así se adquiriría en el país una popularidad bien merecida.
Precisamente iba á encontrarse vacante una curul de
diputado en la demarcación, y era indudable que las poblaciones reconocidas en Vi a rían al benefactor al cuerpo
legislativo. Durante este tiempo, las acciones de la fábrica de destilacióll subirían, los bet:1eficios cubrirían loe
gastos de la elección, se bePeficiarfa á. la vez á. al mismo
y al país. El aefior Martin aprooó este programa, y partió para Pontarlier; queria examinar la cosa de cerca,
antes de tomar un partido definfü vo.
Fué en la misma época cuando Beltrana resintió loa
primeros at.aquee de la enfermedad de los círculos restringidos: el tedio. No más enemigos que vencer, no más
conquistas que hacer, las se.floritas de Lézinea, la seftora
Fourneron, Jacobo de Sommerea, ·e t presidente del tribunal, el capitán de la gendarmería, todo Pontarlier, en'.fin,
ee ataba á. su carro victori060. Lila, domada, lo seguía sin
rebelióa aparente.
En verdad, Baltrana no podía pedir más, y ein embargo, se fastidiaba. Envidiaba á Aglaé de Lézinea, tan
perfectamenie feliz en la presidencia de las viejas con.
decoradas, dulcemente ocupada, entregada á proyectos
de beneficencia. Eovidiaba tambien á la eeftorA. FourneJ'On1 con sus eternas uegociaciones de matrimonio. Abo-

EL MUNDO

ra era de Lila de quien la buena dama ae ocupaba; caaí
ao se pasaba un mes sin que le h iciese proposiciones
aunque eia resultado.
Lila tenía á la sazon diez y ocho a.floa.
Una noche, en los ealonea de Beltrana, el capidn de
gendarmería, que cantaba agradablemente, tarareó querelloso, mirando á Beltrana, una vieja y sentimental romanza.
DeJ~ eaer mi corazón en la playa . ..... .

Ella tambien había dejado caer su corazón en la
playa y las olas del mar se lo llevaron. Desde aqueUa
hora lejana no amó á ninguno, ni aun á. ese pobre Fernando á quien no perdonó del todo eus largas indecieiClnee. Pero es bien dificil á quien nada ama, ocupar su vida, y Beltrana lo experimentaba. A pesar de sus comidas
mensuales, de sus veladas semanarias, de sus recepciones
gandea ó pequefias, M fastidiaba en. Pontarlier.
Abandonar ese pueblo y llevar más lejos sus penates,
no dejaba de ofrecer obstáculos y dificultades. El senor
Duvernoy se hacia máe y más, esclavo de sus col!tum.bres. Las graves razones que habían determinado á la
joven á elegir domicilio en la pequetia ciudad, subsistían aún. Cada ai'io veía la cartera engrosar á fuerza de
acciones y de valores, la mitad de los cuales le pertenecían legítimamente, más eso no era una fortuna aún.
Por fin, última consideración de extrema importancia,
en qué otra ciudad fijar su elección? Sería en una gran ciudad de provincia, Be3anc;on por ejemplo? Pero los oficiales de artillería á quienes cada año llevan á Pontarlier los
ejercicios del tiro, le pintaban aquella ciadad coiµo triste y monótona. Eo cuanto á. Paria, no osaba ni pensarlo¡
mas cuando supo que había vacante una curul de diputado y despertaron eo su corazón súbitas esperanzas.
Obtener que Fernando se presentase á la diputación,
pover en juego para asegurar su éxito todas sus influencias y en seguida, quién sabe ...... ,quién sabe á qué cima
puede llegar el marido de una mujer cuyos ojos son leonados y cuya cabellera es roja.
Modifi.có 1 pues, su salón 1 que se convirtió en un salón
político, muy serio. El capitán de gendarmería no cantó
más ella cancioncillas; el presidente del tribunal, al cual
se auponia ligado al régimen caldo, foé acogido con más
frialdad. En cambio, el subprefecto M. Metroz, republicano de un celo ardiente, se vió halagado. Fué á él á
quien Beltrana mostró desde luego sus proyectos. Ella
quiso preparar el camino antes de hablar á su marido.
Metroz 1espondió con prudencia y circunspección, tuvo
sus reservas é hizo:su"J observaciones: la obra de las viejas
condecoradas dirigida por las primas de Lézines, no dejaba de preocupar al gobierno. Se temía una conspira•
ción monárquica, disimulada bajo una asociación sencilla. Si la sefl.ora Duvemoy quería asegurar el triunfo de
la causa republicana y probar en civismo, no 1;1erfa •poco
á propósito poner la presidencia de la Obra en manos
más seguras, en las de la aenora Ribaudet, por ejemplo,
cuyas opiniones republicanas bien conocidas, tranquilizaban á la autoridad. Terrible sacrificio se le imponía á.
Beltmna: quebrar con sus primas Lézines, era quebrar
con la mitad de Pontarlier.
Pidió algunos días para reflexionar. .A.l día siguiente,
en la noche, cuando reflexionaba al1n sin hallar solución,
el notario ent.ró agitadamente, exclamando:
-Un nuevo candidato ai la diputación, que acaba de
surgir; debuta como un rey, adquiriendo la fábrica de
los Trichard. Va á llenarla de obreros, famoso reclame
elect.orall Ea un banquero parisiense, millonario¡ ninguno eeria demasiado loco para luchar con él.
-¿Y Be llama? interrogó la tia Fourneron, picada.
Pretendía el monopolio de las noticias y no gustaba de
que &lt;itro fuese informado antes que ella de un asunto
importante.
-Se llama Mat1in, el seftor Leódice Martín.
En el fondo del salón retembló un grito doloroso. Beltrana acababa de verter en la mano del infortunado capitán de gendarmeria el té hirviente. Excusóee de e11 torpeza; pero el notario, á quien la turbación de la se.flora
D11vernoy no había escapado, preguntó:
-¿Le conocéis acaso, eeO.ora? ¿Sería por ventura uno
de vuestros parientes?
-No lo sé, dijo ella esforzándose en recobrar su serenidad, he conocido poco á la familia del eei'ior Martin.
-Pardiez, dijo el receptor de rentas, riendo con risa
sonora, hay más de un asno e.o la feria que se llama
Martín.

447

-Os pido, eefiora, permiso para presentároslo, dijo el
notario.
Ella fijó en él sus ojoe duros, cuya singular expresión
no pudo él comprender.
-Traedmelo, dijo después de un minuto de vacilación.
Una vez idos loa invitados, la aeHora D11vernoy permaneció largo rato absorta y meditab11nda...... con las dos
manos sobre las rodillas, abrumada bajo aquel golpe im•
previsto que volvía á la nada su sueno de ambición po•
lítica y amenazaba derribar el edificio de respetabilidad
construido tan laboriosamente. El resentimiento de otro
tiempo ee despertaba vivaz. Habíaolvidado áaquel hombre sin perdonarle jamá.e. Por qué venía él. á desafiarla
á aquel rinconcito aislado, casi perdido, donde ella vivía? ¿Qllé fatalidad lo llevaba á su presencia? ¡Qué era
preciso hacer! Ah! si ella estuviese segura de su victoria[
Si eatuvfose segura de poder aniquilar al miserable, impedir su eleccióu, destruir su fortuna, con cuánto gozo
habría aceptado la lucha! Pero el sentido práctico que no
la abandonaba jamás, le decía que la lucha no tendría
para ella otro resultado que una gran derrota. No quería
ser vencida por él. Sabía bien que en él no había ni generosidad, ni bondad, ni honor; que la destrozaría si se
colocaba en su camino, como la había destrozado en otra
ocasión. Sabía bien que él hablaría y ella no quería que·
hablaae.
XLIII
El señor banquero Martín realizaba redondamente sus
asuntos, siendo de opinión que la celeridades un eleme.ato de éxito.
Al dejará París se había hecho dar cartas de recomen•
dación por los grandes jefes del partido. Después de haber consagrado el prime( día á examinar la fábrica y teetificado que la adquisición seria ventajosa y remuneradora, dedicó el eegundo día á la elección. Desde luego
visitó al subprefecto. Aun cuando ya no baya-propiamente hablando-candidatura oficial, aún cuando todo3
los republicanos sean iguales-como se dice-ante el
Senor, no carece de importancia eso de conciliarse loa
buenos oficios de los agentes del gobierno.
A. la primera palabra, sin dejar de leer las cartas, el
e11bprefecto se sobresaltó.
-Diablo, diablo1 el caso es que anda en el asunto la
señora Dnvernoy ..... Yo me he comprJmetido un poco con
ella; su candidato es republicano también, republicano
moderado, respetuoso con el poder, con la autoridad,
bien relacionado en el pais, rico, cuando menos para la.
provincia¡ nuestras fortunas de provincia no se parecen
en nada á. vuestras fortunas parisienses, señor banquero;
la elección habría sido casi segura, si vos no hubiéseil!I
venido á poneros entre las filae. Diablo, diablo, es preciso que uno de vosotros dos se desista¡ de otra roanera,
di.vidiréis al partido, al partido cuerdo, haréis pasar &amp;
un radical 6 á. un reaccionario, he aq ui todo.
El eenor Martin dijo con precisión:
-No me desistiré¡ si el partido moderado no me quie•
re por candidato, me presentaré á loe radicales ó á 101
reaccionarios.
Muy embarazado el subprefecto, ae frotaba la frente.
-Pues bien, yo veré 4 la se.flora Duvernoy¡ trataré de
hacerle comprender que loa grandes intereses sociales,
la salud de la República ....... .. 5rataré de obtener......... .
-Ajá, exclam) el aefior Mutfn, y quién es esa se.flora
Duvernoy? que vos enviaie á hora á. las mujeres á la cá•
mara?
El subprefecto se echó á reir.
-¡A.hl no es ella la que se.sentará en la curul, pero es.
ella la que inspirará el voto. U na gran mujer, os respondo de ello. Ejerce su influencia sobre toda la ciudad de
Pontarlier; si estuviese contra vos1 yo no respondería de
nada: pero si está por vos, v11estro b:ito será indudable.
Una hora más tarde, el seft.or Martín discutía con la
sef'íora Ribaodet alguna cláusula de la adquisición de la
fábrica, ella le dijo de pron50:
-A propóeito, eef\or, tendría us5ed algún inconveniente en venir conmigo esta noche al salón más influente de la población? Os presentar~ á uua mujer que podrá.
mucho para vuestra-decisión, á la seí'iora Duvernoy.
-¡A. mi rival! el subprefecto acaba de decirme que el
eefior Dnvernoy contaba con presentarse ante loe elecioree.
Continuar6.

�DDIIIIIGO •7 de JUNIO de ,897

EL MUNDO

noMINGO 27 de JUNIO de 1891

EL

MUNDO

NOTA D"E LA MODA.

COMPRAR

Traje para señoritas. ( Figura l.)

I.A.

El comprar exige tino, discernimient~, talento de obeervaci6n, paciencia y un poco de fortuna.
Se ve por esto que noes una ciencia faeil.
Sin el desarrollo de las cualidades que acaba.moa de
indicar, debemos simplemente decir, que el saber comprar consiste en el conocimiento de la calidad y el precio de las cosas.

Este vestido es de barech cuadriculado color roea. Cuerpo blusa marina; se abre sobre un chaleco de raso, color
ro~a pálido, dispuesto en t.res tablas sujetas por botonaduras de fantasía, el cu .. llo recto y el ancho anillo van
adornados Mn entredua á piros, corbata y cinturón de
listón rosa. }:langa apretada fingiéndole bullón por medie de un ancho plisé rf'cngido en forma de conchas, y
en su borde el mismo entredós y encaje.

_,.,..___

Figura 1.

Collet, delantero _y espalda. ( Figura 7.)

Este ligero abrigl) se hace de tafetáf'I mord.oré y listones
de raso, de un touo más obicuro. Canezú redondo, cue•
llo rouje~ del mismo tafetán ctirrado por un choux.

Figura 3.

Esta ciencia no puede eer adquirida,
Fino lentamente por las lecciones de la
f&gt;:xperiencia; por esto aprobamos mucho
la conduca de algunas madreP de familia, qne yendo por si iniPmas á hacer su
merca.do con Ja crisda, llevan consigo á
su hija para iniciarla· en el mecanismo
de las compras, acoetumbrarla á la charlatanería de los vendedoref!, é instruirla
en el arte de no dejarse engañar de ellos.

Figura a.
Cuerpo blusa de piqué. ( Fl11ura 2.)

Este cuerpo cap. sobre la falda y lleva
una ancha vuelta de piqué rayado y ador•
nado con chorrera de finos bordados blanco9. Cuerpo interior de batista. Cuello
fruncido con bordado. Mangas enteras,
cinturón angosto.

¿ES NECESARIO REGATBAR?

Traje de cachemir color fresa.
(Figu,a 3.)

Es de bellísimo efecto y sencillez, se
abre sobre un chalP.co de raso crema.
Corbata formada por un ancho encaje de
seda que ss sujeta al chaleco por tres presillas de cinta de leotejuela de la misma
que adorna la blusa. Cinturón y cuello de
terciopelo negro. Manga entera con enea•
jea. Toque fantasía con anch-19 gasae de
liatón y ramos de violetas inr.ercalados.

,I

'

Treje de recepción e•tilo príncesa.
(Fi¡¡:u,a 4.)

He aquí un elegantísimo vestido de ra•
so1color gris perla, adornado en su delan•
tero por rico• entredós de seda negro y
cubierto todo lo demá.s con encaje chantillf negro. Las mangas aja.retadas de encaje, llevan el bullón de1 aso con jockey
de encaje. Un encaje muy plf'gado á. los
lados del df'llantero termina con el ador•
no. Cinturón de raso y hebilla de diamantes. Impertinentes con largo mango
de concha.
Do• trajea de calle. Figura• 5 y 6.

Vestido de muselina serpentina verde¡
cue~ blusa que se abre sobre un peto
de mpiz y ee cruza en la cintura, que 88
sujeta por un listón de fantasía callendo
en largas cocas.
Este otro vestido es.de piqué blaireo
con una cotilla del mismo ¡;.iqué, cerrada
en un lado con gruesos botones de concha y dos volantitos, adornados con cinta negra, cintn.rón y cuello negro. Sombrero de paja rizada.

440

I.,"l!;CTUR.A. p AR.A. I,A.S DA.n.A.s

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Regularmente ee dice como en tono de
queja, que laa mujeresregatran¡ pero cier1amente, á ello se ven obligadas, á. cauea
de la mala fe de los vendedores.
Sin embargo, 88 regatearla menos, si se
estuvieee más al corriente de la calidad y
del valor de los objetos que se quieren
comprar.
¿Queréis que el vendedor no os entretenga mucho tiempo? hacedle una oferta
razonable, resistid políticamente á. aus
instancias, } después idod á otra parte.
El vendedor de ordinario tiene muy
:fino conocimiento¡ desde luego ve sí tie•
ne que habérselas con 11na novicia ó con
alguna que ya entiende de coml?raa¡ Eolo
vuestro modo de pedirle, de examina::- la
m~rcancia, de escogerla, lo pone al corriente de vuestra pericia, y si el observa
que no sois de las que se están ensayando, si os mostrais ingenua y atenta, tratará menos de engatiaros que á otra.
Desde luego conocerá también en vuestro aire, en vuestro lenguaje, sobre todo,
si tiene que habérselas con una de esas
mujeres ignorantes y maniacas, que acoa.
tumbran y tienen necesidad de regatear•
lo todo, á cualquier precio que sea, que
no están satisfechas de nada, que tienen
ta costunibre de examinarlo todo, de hacer que se les muestre todo, y que regularmente no vienen al mostrador, sino
por pasa,iempo. Muy raro será que no
seáis ,angafiada en esloe caso.
O tenéis necesidad de comprar, ó no.
Ai lo primero procurad de antemano informaros y conocer bien lo que queréie.
l:5i no tenéis necesidad de comprar, áqué
vais entonces al mercado ó á casa de un
comerciante? A fastidíarlo y á gastar mal
vuestro dinero.
CASAS DE PRECIOS FIJOS

Lis casas de precios fijos simplifican
mucho las compras, este es un verdadero progreso; pero es necesario fijar bien
la atención en los efectos que venden.

Figuras s y 6.
Es'ª alm1cenes de prel"io un~forme. e903 b izares que no de las provisiones para el menaje de la casa, de loa objetienen míe que dos 6 tres precios para todas sus m-::rcau- ··-- ~ e lujo 6 de otras cosas de importancia que no se encías, son espectáculos deslumbrantes de variedad y tien- cnentran donde qtiera; pero para pequefioa antojos, patan fácilmente; es muy r::iro que allí 110 se eo¡:añe. Nin· ralas cosas qne se ofrecen dél momento, para muchos
gllnobjeto, cualquiera que sea su apariencia, vale más de objetop·minuciosos que se necl:'sitan con frecuencia: agu•
Ja suma fijada; las dos terceras partes valen menos, y jaP, alfileres. b1lo, €eda, cordón, ¿no seda un acto de becon mayor comodidad podrían comprarse ea otra parte.
nefi.reocia comprarlos á esos comerciantes en pequefio,
En cuanto os sea posible, dirigíos á. las casas conoci • que t,ien"'D EUS pequefias tiendas en todas las calles, ó que
das y llle,jor provistas¡ allí no pagaréis muy caro lo que extiendeÍl ~l!B puestos en las plazas y en las esquinas, ó
que1ais, y lo que allí comprá.rei.s i:.erá de mej9r calidad. qne pasan pO"l"-vueatra puerta, llevando consito toda su
Antes de ocurrirá. h1s proveedores titulados, eneayad fortuna?
lo que os ofrecen aquellos que estfo mlis á vuestro alEl centavo que les hagais ganar los hará ft&gt;lices sin
canee; pero una vez hecha vuestra elección, no cambiéis emp'.&gt;breceros; lo recibirán santiguándose con él, si fuesino rara vez.
se el primero en su venta del día, y tal vez si la hora fue•
Lás buenas casas tienen ya ~ntadas su reputación y se ya avanzada, os dirán dandoos las gracias: voy á com•
sus prácticas propias.
prar pan.
Pagad al contado ó en plazos fijos, dos ó tres vece!! por
Además, los centavos que damos á. ganará esos honraafio; seréis así mejor e~rvidaa y os co3tará. menos.
dos comerciantes en pequeño, son las migajas de nuestra
Los comerciimtes eaben bien, estad seguras de ello, fortuna, que el buen Dios nos manda dejar caer en el caca,gar ti los efectos que venden, el interés del dinero mino para los pobres viaj.eros.
que no se lea paga inmediatarileme.
COMPRAR c.~DA (.'OSA Á Sl.L-TIE)[PO.-LAS PROVISIONES.
La misma rPgla puede darse para los obreros si queréis
eer servidas. Una costurera, por ejemplo, 00 08 hará esSaber comprar cada cosa á su tiempo no puede ser
perar vuestros Vt'~tidos más allá del dfa fijado, 8¡ eabe más que el resultado de la experiericia, y viene á ser una
que su dinero fB1á pronto y Je será remitido luego en fuente f~cunda de economía.
cambio de su trabajo.
Prorisión es pro(wlión, dice un provervio, y la casa que
Elegid siempre loa almacenes 6 mercados que e1:tén no tiene provisiones, corre rieego, á cada instante, de
más ce1canos á vueetra casa, aun cuando tengáis que pa•
faltarte todo.
gar algunos centavos más: así economizaréis el tiempo, y
Lo que ee muy nec(sario antes que todo, es el conocibay veces en que el tiempo es más precioso que el diae• miento de las co~as qne se conservan sin deteriorarse y
ro, evitaia á vueetros criarlos largos viajes que repetidos, de a'.}uellas que no se deben comprar sino cada vez que
no hacen más que fatigarlos, y alejais de ellos la ocasión de ellas se tiene necesidad.
de contraer arois.tades y conocimientos que suelen Bt-rles
~ ~'\tr~~-r~.::::~ft~~~tZ::,.~
funestos, y qui, son favorecidos por el lar~o trayecto por
~
'1'1'
las mi3mas calles y á las mismas horas. Qué bueno Eerta
La cbismografía convierte el ojo de una cerradura en
si desde vuestra ventana pudiéseis siemi;&gt;re seguirlos con_ una tronera.
la vista!
Hay coleccionadores de objetos de arte que no manifies•
LOS CO)[ERCIA~"'I'ES 6N" PEQUE~O
tan ni una pasión, ni un gueto. ni una inteligencia, nada más que la victoria brutal de la riqueza.
Al recomendar los ricos y bien provietos almacenes
E. Y J. o~ Go~cocRT.
no liemos querido hablar sino de las compras por mayor;

CONCI:E;NCIA.
(De Victor Hugo.)

Airada tempestad ee deeat,aba
cuando de toscas pieles revt&gt;stido,
Caín con su familia caminaba
huyendo á la justicia de Jebova.
La noche iba á caer. Lenta la marcha
al pie de una.montaña detuvieron,
y á aquel hombre fatídico dijeron
Pns tristes hijos:-Descan1:emoe ya.
Duermen todos, excepto el fratric:ida
Q?,8 alzando sus mir9:das hacia el mo~te,
v16 en el fondo del funebre horizonte
un ojo :fijo en él.
Se eistremeció Caín, y despertando
á eu familia del dormir reacio,
cual 1dniestros fantasmas del eElpacio,
retornaron á huir: ¡suerte crüell
Corrieron treinta noches y sus días,
y pálido, callado, sin reposo,
sin mirar hacia atrás y pavoroso,
tierra de A..seur pisó.
-RepOfemoa ::i.quí •..... Dénoa asilo
e-eta región espléndida del suelo.y, al sentarse, la frente elevó al cielo
Y allí el ojo encontró.
'
Entonces á ,fabel, padre de aquellos
que en e~ desierto liabitan:-Haz, le dijo,
que se arme aquí una tienda. -Y el buen hijo
armó tienda com1ín.
- ¿Todavía lo veis?-preguntó Tsila.
la niiia de la blonda cabellera,
la de faz oomo el alb'a placentera,
y Cain respondi6:-Lo veo aún.
Jubal entonces dijo:-Una barrera
de bronce construiré: tras de su muro,
padre, estarás de Ia visión seguro;
ten confiam~a en mí.Una muralla se elevó altanera,
y el ojo estaba aUf
Tu balea.fo li fabricar se puso·
Una ciudad, gigante de la tíerra;
y, en tanto1 sus hermanos daban guerra
á las tribus de Seth y á lade Enós.
Poblando·de tinieblas laenmpiña
Ja sombra de las torres se estendfa,
y en la puerta grabó su altanerla:
-P,.ohibo crttrar á Dios.Un castillo de piedra, cuyo muro
á la altitud de una montaña asciende,
de la ciudad en medio ee deeprende,
y allí Caín entró.
Tsile. Ilega hasta él y, palpitante,
-Padre, le dice, ¿aún no ha desparecido?
Y el anciano¡ aterrado y conmovido,
la responde:-¡No!, ¡noi
De hoy más quiero habitar bajo Ja tierra,
como en su tumba el muerto.-Y presurosa
su familia cabale una ancha foea,
y á. ella desendió al fin.
Mas debajQ esa bóveda sombría,
debajo de esa tumba inhabitable,
el ojo estaba fiero, inexorable,
y miraba á Caín.
RICARDO p ALMA.

Me suelo preguntar de dudas lleno:
-¿Son mejores los buenos ó los justos?
Y la elección va en guetos:
yo.doy todOB loe justos por un bueno.
C.AKPOA M'OR.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Damas distinguidas</name>
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        <name>Teatro Calderón</name>
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                    <text>��..

BlBUOTECA UNlVERSITAíllA

I

''ALfONSO REYEs''
FONDO RIC~fWO COVARRUBIAS .

\

�•

FOND'O
RICARDO COVARRUBIAS
TOMO JI

MEXICO, JULIO 4 Dlt I897.

~lores

NIJIIERO l.

ae estío.
DlbUjo de Carlos Alcalde.

FfJNOO
RICARDO COVARRUBIAS

�KL MUND;!!O~= = ==

a

EL ' 'lllUNDO"

Semanario Ilustrado.

Tel6fooo 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
VÉXICO

Toda la correspondencia que ee relacione con la Re·ücción, debe aer dirigida al
Director, Lle. Rafael Reyes Splndola.
Secretario de Redacción,
Amado Nervo.
Gerente, Lle. Fausto Moa-uel.
La subscripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al
mee, y se cobra por trimeetee adelantados.
Números sueltos, 50 centavos.
. .
A visos: á razón de $30 plana por cada publicación.
Todo paco debe ser precisamente adelantado.
BBGI!Jl'BADO COKO ARTÍCULO DB BBOUNDA CLABB.

t,ttJtas tbitorittlts.
Un ado be justicia bada nuestro país.
Loe tribunales de la República del Norte acaban de
fallar un asunto de alta justicia para nuestro paía, y que
demuestra que la nación vecina, pese á la natural ex pan•
eión de todos loe pafsee fuertes, ae encuentra inspirada
e11 sent:mientos de equi iad, no propios de los Estados
que se hallan en ene mismas condiciones de fortaleza Y
poderlo.
Nos referimos á las reclamaciones americanas contra
México, llamadas de Weil y La Abra, que después de haber sido depuradas por la justicia de aquella nación, han
sido declaradas ineuheietentee, ordenándose que la suma
entregada por México sea devuelta al gobierno de la Re•
pública.
.
Es dificil, como acabamos de decir, que una nacionalidad dotada de extraordinario poder y cuya acción es
natural que ae deje sentir, aun en contra de su voluntad
propia, de un modo decisivo, encuentre un ,alladar en
un concepto de justici'l, cuando todavía circula por el
mercado internacional la famosa frase de un gran polfü•
co europeo: mi derecho llega haJlia do11(h alcanza mi poder.
Hemos sido nosotros loe primeros en eeflalar la presión
norte-americana en el conflicto suscitado hace doa afioe
entre México y la república de Gua•emala. Entonces los
Estados Unidos dieron á conocer en forma demasiado
perceptible la auperiondad de t1ación gigante, resuelta á
tomar la iniciativa en asuntos internacionales.
Y eato, lo repetimos, sin darse cuenta acaso de que
ejercía un acto de imposición, tal como esos hombree de•
maaiado mueculo119a que al estrechar la mano de algún
amigo la oprimen, sin querer, basta causarle dai'io.
Y en el presente caso justo ea manifestar que el poderoso ha dado por un momento al olvido la fuerza de su
acción, para convertirse en irreprochable jaez, dispuesto á ser equitativo y justo con los que á él han ncu•
dido en demanda de razón.
Las reclamaciones de Weil y La Abra, que han te.uido
11u orígen en una época tormentosa del país, fueron pagadas, como es sabido, por la na6ión mexicana, en vir•
tud de un convenio celebrado entre ambos países. México cumplió fielmente sus compromisos, y ep. medio de
grandes crisis financieras, satisfizo esos pagos haeta quedar eding11ido el crédito. Pero á poco andar so deecubrió que e&amp;lie reclamaciones eran fraudulentas, y enton•
cea el gobhJrno de México se dirigió al gabinete de la
C1111a Blanc-1, y, acompafiando pruebas hizo presente la
enorme inju3ticia en que ae fundaba este negocio.
El g,Jbiern'&gt; amaricano resp:&gt;ndió al nuestro que aun
cuando el fallo á que se sujetaron dichae reclamaciones,
tenia autoridad de cosa juzgada, el honor de la repú blica americana ae encontraba por encima de todos los
principios de derecho, y desde el momento en que la verdad real deshacía la verda'i leg&amp;l, se dirigía al Congreso
americano con objeto de hacer un nuevo juicio.
El expdiente pae6 á !os tribunales americanos, y su
resultado ea ya conocido de nuestros lectores.
Un acto de justicia semejante vale bien la pena de ser
meditado conoien1udamente, ya que en el programa de
las modernas nacionalidades libree, el concepto de la
justicia es el que sirve de base á las inetituciónes.

Qfl

crtbittJ nacional.

Por primera vez en la historia hacendaria de :México
acaban de cotizarse con premio loe bonos de !adeuda exterior, en el mercado de Londres. Este hecho ea altamente aignifi.Jaii vo y da la medida de la confianza deposi\ada
en el paía en materia de crédito público.

-=-== = = = ==-===.;;
D;;;;
O;;;
M;;;l;;;N;;,G0
==-4:=:
D=E_:J:....U=L""
IO-=
D=E=•=l9
~7..-.-

Todavía no hace cuatro anos que una repentina crisis
de la plata colocó á la nación en difíciles circunstancias
para hacer frente á loe compromisos contraídos anterior•
mente, Ante aquel obstáculo que parecía insuperable, las
cabezas más firmes vacilaron y la idea de suspender el
pago de loe empréstitos se propagó con ~ucha insistencia como el único medio de atenderá la existencia na•
cio~al que se deeangraba abundantemente por las brechas de la deuda pública.
En 1893 como en 188-l, un movimiento de general rece·
lo hacia la fueua expansiva de la R•pública se deepren·
día de todos los ánimos; se imaginaba que frente á los
nuevos sacrificios impuestos por la situación, el país estaba destinado á perecer. Era inútil toda tentativa para
conservar i11tacto nuestro prestigio en los mercados ex·
tranjeros, cuando este prtetigio se traducía por el agotamiento de la vitalidad de la nación.
Contra esta corriente que conmovió los ánimos, se ini·
ció una gestión financiera sólida y hábil, que tenla como
base el exacto cumplimiento de loe compromisos, proporcionando al deprimido erario nuevas fuentes de ingresos con que colmar el hueco abierto por la crisis. Y
estas fuentes fueron -descubiertas en terrenos fecundados
por la misma crisis y por ella favorecidos en suma total
de lesiones caneadas á los elementos de riqueza p1blica.
Los gravámenes creados á la exportación de productos
agrícolas, que el alza del cambio aumentaba de valor, Y
el impuesto á los fabricantes de tejidos é hilados, que el
mismo fenómeno económico colocaba bajo el amparo de
una nueva protecci6,i, fueron dos medidas de alta justicia
fiscal.
Eecudriflado el presupuesto de egresos, é introduciendo en él aquellas economías que no afectaran el buen aer·
vicio administrativo de un paía en pleno desarrollo, se
completó el programa cuyos reeuUadoe eetamo3 tocando.
Merced á este plan bien meditado y firme, la República
ha podido 110 e61o solidificar su crédito sino mejorarlo
notablemente.
Es satisfactorio para todo mexicano amante del buen
nombre de su patria, consignar un hecho que noe coloca
en posición muy ventajosa en el catálogo de las naciones
que, en materia-económica, marchan á la vanguardia del
progreso.
¡El crédito es el honor de las sociedades modernas. y
en él ae apoyan todos loe materiales que hacen á una nación rica y floreciente)

Qfinmmttt 11ito.s bt solbabo.
Acaban de cumplirse cincuenta afios del día en que el
General Felipe B. Barriozábal inscribió su nombre en la
lista de los defeneo1es de la Patria.
Medio siglo consagrado en defensa de la causa liberal
constituye el mejor timbre de gloria que puede presentar un soldado á la consideración de sus conciudadanos.
En el curso de estos cincuenta afios, fecundos en becboe épicos y repletos de gloriosas páginas, ¡cuántos actos de gallarda energía, cuantas empresas de pujante
esfuerzo se habrán ofrecido al distinguido veterano, que
el viernes celebró sus bodas de oro con la República!
Nosotros, las generaciones que han sucedido á ese pu·
fiado de luchadores, y que á ellos debemos el triunfo de
las ideas que nos eirve11 de estandarte, nos inclinamos
respetuosamente cada vez que uno de estos campeones,
al convertir atrás la mirada, siente la íntima satisfacción del d&amp;b3r cumplido.
Reciba el eeftor Berriozabal nuestro afectuoso saludo.

l301íti.ca C6tn.tral.
RESUMEN. - Ecos de la cuerra turco- helén1ca.-la s
discusiones de la paz.-Vanas defensas.-U armls •
ticlo roto.-Los turcos asolando Tesalia.-La hu mlllacl6n de Grecla.-la responsabilidad de Euro·
pa.-Conclusl6n.

Ha pasado más de un mee desde que la Sublime Puerta, urgida por las exigencias del Czar, consintió en sus·
pender las hostilidades contra Grecia y meditar todas
Isa exigencia3 posibles, contra loe vencidos helenos; hace más de un mee que el rey Jorge, solo, desamparado,
abandonado á su propia euerte, puso en mano de las po•
tencias el porvenir de su pueblo y hasta la estabilidad

de su trono, dejándoias á su arbitrio concertar las con··
dicionee de la paz, y encareciéndolee hicieran menos
duras las ambiciones del vencedor y menos dolorosas,
las humillaciones del vencido.
Una y otra vez, los representantes de la Europa cristiana, han celebrado sesiones inú tiles, se h an entregado
á vanas discusiones, sin que se sepa hasta ahora que hayan logrado entenderse con el ministro turco, para fir•
mar la paz apetecida. Elloe, que representan la fuerza,
que unidos en una sola aspiración, alentados por el mis·
mo anhelo, habrían podido acallar las desmedidas ambi•
ciones del implacable Abdul- Hamid, y obtenido para la
divina Hélade una convención decorosa que la librara delos Eonrojoe de la humillante situación, ocasionada por
una desatentada ave::itura, caei han perdido lastimosa•
mente el tiempo, presa de rencillas y ri validadee. Ayer
por el desamparo en que la dejaron, por la presión que
sobre ella ejercieron cuando trataba de manumWr á los
rebeldes cretenses, que son sangre de su sangre y p e.lazos de ea corazón, orillaron á Grecia á declarar h¡, guerra,
pensando, ilusa, que teniendo ea frente la oposición de loe
poderosos y la censura de los gabinetes, le bastaba la sim ·
patfa de loe pueblos para salir victoriosa en el obscuro
camino que emprend1a. Ayer estuvieron unidos todos
y confabulados para perderá Grecia; ahora no pueden encontrar eea unió111 se apartan cada vez más del deseado
acuerdo, y por distintos y contrarios rumbos llegan al
mismo punto: la humillación del reino helénico.

***
Y en tanto el fiero otomano que no duerme sobre sus
laureles ni se arrulla con los gritos da la matanza, sinoantes bien, siente despiertos sus instintos de lobo carniceroalolor repugnante de laeangre;el fanático'.musulmán
que por atávica tradición mira desarrolladas ene ener·
gfae al resplandor de loe incendios, al fragor de los combates, al eetruende de las ·ciudades q11e se derrumbaH,
en presencia de la Europa entera que los contempla, indiferente al parecer, burlan el armisticiÓ concertado, se
entregan á la orgía del pillaje en las llanuras de Tesalia
conquistada, entran á saco en las ciudades indefensas,
marcan con hierro de esclavitud á los campesinos que
han escapado al filo del alfange, levantan fortalezas, artillan puertos, toman posesión de p1rntoe estratégicos, ydesdeñando las amooestacionee de la Europa cristiana,
congregada p¡¡ra loe preliminares de la paz, entran en
posesión completa del territori'l que asaltaron las huestes.
de Edhem- Bajá, como si fueran duefios y sefioree absolutos.
¿Qué°importa que las potencias pretendan disminuir
la indemnización de guerra, exiian la devolución de la
asolada T~salia y no toleren que se cercene ninguno de
loe derechos ni garantías que tienea loe griegos en terri •
torio turco? ¿Qué importa que con aparente piedad yfingida conmiseración defiendan en el concejo interna·
cional á la humillada Grecia? Cuando la infeliz Te3ali11
vuelva á poder de loe helenos, será un páramo desierto,
un yermo infecundo, un montón de ruinas humeantes,
que significará una pérdida mayor que la indemnización
que ahora se escatima.
Se verán tan eólo huérfanos hambrientos extendi~ndo las manos encanija:ias, en busca de sus padree muertos; ancianos macilentos huyendo, con lágrimas en los,
ojos, de sus hogares malditos; mujeres desgreñadas buscando en vano al hijo muerto ó al esposo degollado.
tY estos cuadros de horror, se toleran en las postrimerías del eiglol Grande ha sido la falta de Grecia al em •
prender la guerra contra el más fuerte, contando sólo
con las simpatías platónicas de algunos pueblos y los
sentimientos filo-helénicos de academias y liceos; pero
es más grande la culpa de Europa que consiente en eeae
escenas que hubiera podido evitar.
Duro ha sido el castigo y tremenda la humillación,.
impuesta por la fatalidad y aplicada por el ciego destino con inusitado foror al rey Jorge y á su pueblo; la responsabilidad de las potencias por la sangre derramada,.
por las humillaciones inferidas, por las lágrimas que han.
corrido de los ojos angustiados, es grande también,.
¿quién será capaz de exigir esa reeponeabilidad á loe po•
deroeoe de la tierra?

X. 'X. X.
1~ de Julio de 1897.

�DOMlllliO 4 DE JULIO DIE 1'97
LA ·DECABENCIA DEL ARTE EN MEXICO

I

Nadie discute, todos lamentamos la decadencia del ar1e en Mé.x~co. J'.intura, ~ecultura y arquitectura, por
·una parte¡ literatura y música por otra, han tenido en
el país épocas de florecimiento y de grandeza remotas ya
y cuyo renacimiento esperamos en vano. Hubo un tiempo ft,Jiz en que Cabrera y Juárez decoraban espléndidamente nues~roe templos, en que Toles fundía la maravi•
llosa estáiua de Cárloe IV -eee rey decadente é imbécil
-y construía la Escuela de Minas y levantaba aére.1 y
--esbelta á loe cielos, como una ofrenda, la cúpula de Santa Teresa.
· Casi por la misma época, Alarcón escribía comedias y
sainetee; después hemos tenido al Pensador Mexicano
escribiendo, salvas sean las proporciones, un Gil Bias de
Santillana mexicano, en el Periquillo Sarniento. Los
archivos de las Ca\edrales conservan misas y motetes de
alto estilo, y Beristain, inspirado en Rueeim, nos legó la
fresca y florida obertura de «Primavera»
He leido en nn crítico ale·
man cuyo nombre me esca¡:a,
,que loe frescos del claustro de
la Profeea rayaban á la allura
de loe de Fray Filipo Lipi, y
he visto madona~ y patriarcaH
-de Cabrera dignos del pinet:l
de Beato Angético.
¿Cómo hemos venido á la
..actual decadencia? ¿De qué
depende que ya no p10tamoe,
ni esculpimos, ni construimos
en un vasta escala, ni con tan
prof~ndo eentimi~nto. ee~~i·
co, m con tan pura msp1rac1on
..artístiea? ¿Cómo es que nu.,etroe edificios modernos, nueetroe cuadros, nuestras estátuae
son copias servileP, imitacio
nea torpes, pr1.ductos helados
de un t,aba¡o industrial y que
no loe anima ya el soplo del
.genio?
Buscar á un fenómeno tan
complexo como son las manifestaciones del arte, causas
simples y elementales, es darse la evidencia de fracasar. El
arte es como la flor, la manifestación suprema, el resulta•
do inevitable de toda la vida,
&lt;le toda la eal'ia, de toda la eetructura del arbol social. El
clima, la raza, la historia, el
estado p1,lítico económiC(!, la
religión que se profesa, la cien·
-cia que se apreud~, la~~o,tum·
bree que se practican, son sus
-orígenes, sus caueae, loa facto· '
res de que depende, loe fenó·
menos que lo explican.
Para cumpreMder el arte de
un pueblo cualquiera, ea for.zoeo concebir su~ itieae, eentir
sus emociones, nutrirse de en
eavia vivir con su misma vi·
da, presenciar lae peripecias
de su historia, combatir como
-él, y vencer co1:óo él Y, eer VtlU·
cido.
El olea je y las corrientes d!l
loe suceeoe, las conq 11is1,~s y
las servidumbres, lae evoluc onee y las revoluciones, el co·
mercio y la prosperidad, la
mezcla y la segregación de las
razas, loe cataclismos políti•
coa y loe cataclismos naturales, levantan 6 deprimen el
.arte, lo elevan á la9 a!tas ci ·
mas 6 lo hunden en profundad
.abismos, imprimen en él su
serenidad como sus tempestades y se rfflejan en sus manifestaciones como en el cristal
&lt;le un espejo. El Arte en la
India es grande como el continente asiático impor:eat,e y
trágico como la religion de
Brahama, nebuloso y confuso
como! a filosofía indoa, estaeioniaro y tradicional como las
costumbres. El arte griego re·
fleja en su serenidad la pureza
del cielo helénico, en eu eime•
tría y ordenamiento loa puros
contornos y loa lineamitmtosde aquellos risuefioa panoramas; como el puebloeaat!éticoy gimnástico,.,¡ arte toma
eomo objetivo la figura humana, divinfaada 'por nna religión queoo es otra cosa que el concepto amplificado y
nermoijeado de la vida mi~ma del hombn&gt;.
El arte del Renacimiento es á la vez mí~t'co y pa~ano
eon todos los terrores de la visión apocalfptica con
todos loe éxtasis d~l iluminismo mfe ico y todas la• puw•
pae y esplendores de la bacanal romana. Como que 1:m el
Renacimiento terminan un mundo y una hi➔toria y de
el arrancan otra historia y otro mundo, el arte 11,rialgama
en suacreacioneetodoelob~curantismo, toda laa eul)('re•
tición y todo el aecttiemo que sucumben con todo el progreso y toda la civilización que reaucitan.
La decadencia momentánea del arte nacion11l. n" P.q
-explicable por modificaciones del clima ni dt-1 s1 elo ni de
la religión, que han permanecido idén~icos, ni dt! 1a 1..,,a,
q11e etnicamente considerada es la misma. y q,w moral, intelectual y socialmente se ha afinado y perft.c :ionado. No
la explican tampoco nuestras guerras civiles ni nuestras

3·

11:L MUNDO

luchas intestinas; la Ualia del Renacimiento fué turbulenta ~ revolucionaria, sufrió inva9ionee, despojos y des•
membramientoa, y sobre loe bordea de aquel cráter brotó,
sin embargo, vigorosa y espléndida la flor del arte. Menos la explican aún las deficiencÍilB 6 lae imperfeooionee
de la enseñanza técnica. No son las academias ni loe
conservatorios quienes promueven el desenvolvimiento
de las ar~ee, es el progrt-so y la grandeza artfstica quienes dan origen á los conservatorios y acad11miae.
A nuPetro modo de ver esa decadencia tiene una sola
explicación posible, y héla aquf:
Las bellas artes, si vistas cte un -laio son poesía y pasión, vistas del o ro son industria y trab ,jo; si conaid~ra•
das de cierto modo son aspiraciones comprimidas, inva•
e1onee de ideal en l.1 vi ta prá~tica; si son dolores y goces
petrificados 6 vaporizados; si repreeentan la más noble,
la más grande y la m te pura em·lnación del intelecto humano, si son una religión y un culto; consideradas de
otro modo son comerc1", medio de vida, maserías pri·
mas y prodnc~oe elaborados.

se hacen construir palacke, pintar cuadros, esculpir e~tátnae, cincelar vasos y joyas, han sido en Grecia
y Roma, en el Asia y en el Africa antiguas, el Estado,
los patricios, loe sátrapas, loa emperadores y ene cortesanos; en Venecia y Florencia los comef?iantea Y loe
príncipes banqueros; durante la Edad Media, loe _Papas,
loe reyes, los sef!.ores feudales, el cléro, y en los tiempos
modernos, la burguesía acaudalada y lo que queda de la
nobleza tradicional.
En México hubo arte mientras exis~ieron unas clases
privilegiadas y ricas: el clero y los burócratas coloniales,
y ha d ..jado de haberlo, relativamente al m.enoe. con el
empobrecimiento de esas c 'asee. El clero levan~ab1 y decorllb1 basílicas, pag,ba mú~icoi y cantantes, 1nsp1uba
sermonee y autos sacramentales, y la nobleza le ayudlba
en Pea activa demanda de obras de arte.
H 1V esas clases privilegiada;i no existen; la hietor!a. ha
pasado un rasero ni9elador por sobre todos los pn rile·
gios. Lo~ ricos de hoy han trabajado eue riquesae Y lae
guudan, las escatiman y las economizan; 01Jmpran oro•
moe y tecalis, y faltando la de•
manda, ha decaído la produo ·
ción.
.
Pero este estado es transito•
rio, la paz y el progreso 0 111·
wrial crearán antes de muchv
nna burgueefa ilustrada, rica
y generosa, que sacari al arte
nacional de so momentánea
postración y que estimulará el
genio y la actividad de nuestros artistas. Volverá de nue·
vo á florecer el árbol y á cu•
brirse de frutos, y bajo DUBE·
t,o eepléndido ci.,Jo, como bajo una cúpnla, i,I ar10 volverá
á ocupar un trono.
Dr. M. Florra,

Julio de 1897.

FRASES CELEBRES

Lee últimas palabras dicbaa
en la hora de la muerte, reeo ·
men frecuentemente, en eín·
tesla rnprema, toda la vida
dfl moribundo.
He aquf las ú1'imae fraeee
de 11lgunoa hombres notables.
~lis manos están puras de
sangre. (Federico V).
He amado á Dios, á mi p11d re y á la libertad. (Mad. de
Stiiel).
Cogiendo la rabeza entre lae
manos: ¡Aquí hay algo! ( Cheflier.)
¡Tú también, Broto¡ ( Jv.li-0
Cbar)
Las cuerdas de mi arpa se
van rompiPndo: entonad el
po~trer canto. [Ossiá11]
¡Creo e11 Diosl [ Victor Hugo]
¡.Juro! [ JI oliere]
¡Vanidad, vamJad, todo vanidad! [Dante] ·
La com~dia ha terminado.
¡ A plaudidl (Augusto.)
Darfa todo m1 rdoo por un
m:nuto más. (Isabei de Inglaterra.)

¡Cabeza de ejército! ( Napo/¡_,ún.M)
h"" 1 Mi h.. 1( l~W·
j 18 1]08 1 S IJOS
wr !,fa.nue/. )
¡Va bien! ( Washington. )
¡ En tus manos, t:!tñorl ( Tauo.)
¡ Luz! JDadme luz! ( G&lt;ethe.)
¡Basta! ( Lorke. )
Haced que oiga por ú tima
VE'?. la m úsira. ( Jfonrt.)
L'\ arteria no late. ( De,curet.)
¡ \fe he sal vado! ( Cronwel.)
Apretadme la mano, amigos. estoy para morir. ( Alfieri )

General de Dlvisi6n, Felipe Berriozabal.

( Con motivo.de su Jubileo.)
Desde el punto de viRta estéticm, un cuadro; una eatát11a, una estrofa, eon una aparición, un emblPma, un la•
m':lnto¡ dePde el punto de vista puramente material, son
una mPr }ancí&gt;\. Ee más, son una mPTcancía de lnjo, destinada á sa.tisfacer, no las nec11sidadea anim&lt;1lea, orgániº"", ganeralea á todo~ loa hombrPP, sino nPce~Hadee mil•
ralee, exquisitas, refinadas, de solo algunos eéree privile•
gia&lt;loa.
DeadePsl;e momPntll la prodncción dP. 111 obra de arte
está sometida á leyE'B econ6miC11e inelndiblE'P. La prod11cci6n dependerA de la demanda, la perfPcción del prod11cto del&amp; competencia, qne ella q •1e promueve. &lt;'.orno
se trata df' prndnrt'lS &lt;le lujo, la cornl)f'tP.ncia no condnce
tanto al abaratsmipnt,o cuanto al perfeccionamiPnto del
prod11ct'l y como no P:itiRface neceaidadPe generalPa ei no fas
de cierta castaó clase pri vi le11:iada, sólo cuan 1o eetaexi•t"I,
es nnmero•a y es rica, habrá eetfmtJlo á la producción,
aliciente al talento y progreso y grandeza artística.
Es as clasi&gt;e pri vi!Pgiadae. ricas, sibarita~. que promueven en el orden económico el progreso del arte, que

Ha llegado el momento de
dormir. ( Byron.)
¿Nos volveremos á ver?..... .
( Lamenna i8. )
DejadmP. morir al eón de la
música. ( Afaabeau.)
. Vov á dar un gran ealto á la eternidad. ( Hobbl!8.)
Y terminaremos con lae que hemo~ óído asegurar qne
pronunció el Rey Don Alfonso XII:
«¡Qué condicw, Dios mío, q11é c0Qflictol11

.,,._,,,...,.

Hay que educará loe príncipes como si no lo fuer.10.
Lui.8 Felipe I.

*

La libertad dobla la pote~c~a de las instituciones militare~; ella las reglamenta y modera 11. su uso.
D¡¡,que D'.Aumale. .
Q11é l1htima que no haya***
más que la palabra coquete•
ría para designar el deseo de agradar.
G&lt;Uton Deschamps.

** da en perfume amo
. á 1a
La mujer es una flor que•no
sombra.
Lamennais.

•

�.,
B;L MUNDO

4

VICTOR H UG O
Viotor Hugo, ese milll'nario de la i_nteligPncia, ee un sol. De eu cerebro brolan tdeae co•
mo brotan resplandores del !]l0narca _del dla.
Su palabra apocalíptica y eubhme domma con
el poder omnipotent.e del genio. Cada obra eu•
ya ee una regeneración.
. .
Su mirada de aetro penetra en las trn1eblae
de la miseria; alumbra la frente manchada del
galeote; levan$&amp; á la mujer ra~da; pone ~na aureola eobre la cabeia infantil del gamin-héroe
d~ Parfe· bucea en las profundidades inmundas
de aquelÍa gran ciudad para salvar de las rlo~cae á un Leónidas de veinte primaveras; refleJa
einie~roe ful~oree sobre lae barricadas; y de \odas las mieenae, de todas las mezquindadee, de
todas las inmundicias, hace surgir la luz .Y la
verdad como infatigable defensor de loe déb1lee,
de loe oprimidos, de loe miserables!
Víctor Uugo ee una de lae más grandes _gl0riae de Francia, y como ésta, ha ,rabaJado
para la humanidad.
Sus obras son coemopolitae, porque en todas
partee hay dolores } hay l~rimae que e~juga!.
Víctor Hugo ee para Francia lo que Francia
para el mundo: una palanca. Si Francia no
tuviera otras glorias, le bastaría con el autor de
«Nuee,ra Seflora de Pa1·fe.,, Víctor Hugo es Moisés en el Sinaf, Licurgo en Atenas, Byron en la
tierra madre dPI" arte, Garibaldi en balia y T'ic
tor Hugo en Francia. Francia ea la NaciónJeeúel
Cnand&lt;' eintái&amp; en el alma la duda que, como
Satnrno, devora á eue propios hijos; cuando cont.empléis triste el pasado, aterrador el preeente
y SQmbrfo el futuro, no recordéje el L&lt;1Rl'~te ogni ,peranzii del Dante, no llaméis al méd1co:bUBCad al doctor Victor Hugo. El cura todas
las enfermedades del alma. Su genio tiene lo
mismo el poder del telescopio para explorar
laa regiones interplanetarias, que el poder del
microscopio para fijarse en esos dolores ocultos
pero mortales.
Yo miro en él gran parte de la grandeza_ de
nt.e siglo que claudica en loe umbrales del e1g'o
XX. Ee inspirado en eue «Odas y Baladas», en
«Las hojae de Otofto,, y en los «Cantos del Crepúsculo•, pero es grande y sublime cuand&lt;, re •
cuerda á Píndaro, y ee incomparable cua~do
pulsa la lira del entusiasmo como _poeta lírt~1No sé qué admirar más en él, et en fecundt•
dad aeombroea ó el poderoso genio de su fecun.
didad. Tiene algo de Ticito en eu prosa cortada.
Cada linea, cada verso del poet.n, encierran una
idea, una idea hecha verbo. De eetae encarnaciones surgen lae grandezas humanas.
Yo he sentido una hoguera en el corazón al leer eus
«Orientales;" mA inclinarla reverente ante loe vaticinios
de la «Esmeralda;" besaría los zspatitoe que beeaba la
desolada madre de la gitana, y tendería la mano de amigo á «Cuasimodo." Sería un ferviente, ei existiera el Obie•
po «Bienvenido;» crfspanrfanse moa nervios ante la pasión
bestial del clérigo de «Nuestra Seftora de Parfe;" anhela1ía la honradez de «Juan Valjean," me es imponPnte el
rnicidio Je «Javerl&gt;1 y siento hervir mi eangreen «\Vater•
loo.»
Las ideaa An el cerebro eon como loe aetroe en el lago.
Brillan con folgor intangible.
Yo creo en los inmortales. Los muertos de hoy vivirán maflana la vida de la tierra ó la vida del peneamiento. La transformación ee un hecho. Para unos, el cielo;
para otroP, la vida, cualquiera que esta eea.
La materia no muere: florece. El espirita es nu Anteo.
Loe "randes muertos tienen una eflorescencia e~rna: la
gloria!
La poesía ee la fe, Pe la imagi•
nación de lo creado. Víctor Hngo
poeta es como el mar:.tiene brisas
y huracaneP, monPhunP y perlaP...
¡ll y a de3 lwm mcR ocdans en e.fJet!
MIGUEL BOLAROS CACHO.
RECUERDOS H

de haberlo leído, no hayan guardado en eu corazón una dulzura eterna.
Y sin embargo, Mueee&amp; no nos eneefló á vivirni á morir; cayó a cada paso; solo pudo, en su
agonía, levantarse de rodillas para llorar como
un nifio. No importa, le amamos; le amamos
ve rdaderamente, como ee ama á una mujer que
noe fecunda el corazón martirizándole.
Y ee que Mueett lanzó el grito de deseeperacióu del siglo: es que fué el más joven, el que
más padeció de todos nosotros.
El sauce que manos piadoeae plantaron delante de su tumba, está siempre lánguido. Nunca
este sanee á cuya sombra quiso dormir, ha c~e•
cido vigoroso y libre, en la fuerza de la eav1a_
Sus hojas amarillas cuelgan tristemente; sus
ramas ee inclinan hacia el suelo. Quizás sus
raíces van á beber en el corazón del muerto
todas las amarguras de una vida derrochada.
Ptrmanec{ pensativo largo rato. Allá abajo
zumbaba Paríe. En el cemeterio, el grito de al•
gún pájaro, el susurro de algún insecto, el c~as•
quido de alguna rama_ que se rompía eúb1t~•
mente. Deepuée, silencio profundo en medio
del cual se oía mejor el respirar de las tumba@.
Sólo un vecino del barrio, algún modesto rentista sm duda, avanzaba ijuavemente por la alame·
da, en zapatillas, con las manos á la espalda.
como honrado individuo de la clase media qu-,..
aspira las primeras bri@as tibias.

5

EL MUNDO

DOMINGO 4 de JULIO de 1897

HACIA EL POLO
POR

FRIDTJOF NANSEN•
Traducción para "EL MUNDO."--llustraciones tomadas de Jas fotograflas hechas en ~¡ curso de la expedición.

Mis recuerdos ee despertaban. Me hablaban
de mi juventud, de la época feliz en que recorría loe senderos de mi querida Provenza. Mue. set era entonces mi compaflero. Le llevaba en
el bolsillo; y detrás de la primera zarza solra ba
mi escopeta sobre la hierba. me sentaba y leía
al poeta, á la sombra ardiente del mediodía
perfumada con el aroma de la salvia y del tomillo.
Le debo mis primeras penas y mis primeras
alegrías. Hoy aún, en la pasión de análieie exacto que me devora, cuando me suben al ro~tro
oleadas repentinas, de ju ventud, pienso en es•
te desesperado, y le agradezco el haberme eneeflado á llorar.
E:mLIO ZoLÁ.
~

Señorita Muía land11 y lozano.
(Fotograífa Yalleto y ~ . Mi!xlco.)

las callee de árboles. El silencio era imponente. !Qué
aromas tan pe!!etranteel ¡Qué ráfagas ,·enidae no se sabe
de dónde, templadas como alientos acariciadores d&amp; mujeres que no se ven! Se siente que wdo un pueblo duerme
en aquella tierra que se conl'.X\Utive y Ee qut-ja bajo el pie
del traneeunte.
Se escapa de cada arbusto, de cada hendidura de las
losas, una respiración regular y dulce C&lt;'mo la de un niflo, que flota trae del suelo, con la paz inefable del últi•
mo sueflo.
Muchos inviernos han pasado eol:re el busto de Mue•
eet. Lo heenconirado más pálido, máP enfermizo. Lae últi •
mas lluvias le han vestido de nuevo. Un rayo deeol que cae
por entre las ramas de un árbol vecino, ilumina con viva claridad el perfil fino y nervioso del poeta. Este me•
dallón con su eterna sonrisa, tiene un encanto que entristece.
¿A qué atribuir el extraflo poder que MueFet ha ejercido en mi generación? Hay pocos jóvenes que, deepuee

,, 4

~

Eotramos al 7? semestre dii n11eetra existencia con brio~o ánimo para continuar la lucha,
con las mil dificultades que una publicación de
la fndole de la nneetra ha dA encontrará fuerza en un país donde nin,zún ensayo anteriorhabía det.erminado segura y amplia ruta en el
mttier dii las revistas ilu~radae, y con grandes esperan•
zas de llevar, por fin, nuestra publicación á la altura quiiconstituye ha mucho tiempo nuesho objetivo. A Pn·
tiempo iremos determinando las mejoras que en los eeiR
meses rPstantes de este afio nos prooonemoe realizar v
que eEtudiamoe concienzudamente. Por lo pronto, parécenos oportuno solemnizar la nueva etapa periodística,
obsequiando á nuestros abonados un PRECIOSO CROMO hecho especialmente para EL MUNDo.
Terminaremos antes de quii Julio termine, la hermosísima relación del viaje de Naneen, que entra ah(lra fn
el periodo más conmovedor, y crean nuestros lectoree
~ue á su tiempo tal sección será substituida por otra valiosa. Con el número próximo concluirá nuestra novela
ilustrada, á la que también sucederá una nueva, muy
hermosa, y en suma: al retirar una sección, sea cual fuere, tenpremos por toda norma: qoe la que ha de substituirla la supere en mucho.
Supuestos tan buenos prnpóeitos, enviamos á nuestros abonados el saludo de coetum bre.
Otro pago de $10,000 de "LA
MUTUA" i la viuda
del Gral . O. Leopoldo Romano.

MUSSET

:Me gustan loe cemPnterioe en
loe días de eol claro Voy á ellos
con la cabeza desnuda, olvidando
mis odios, como á una ciudad
Ranta donde todo es amor y perdón.
U na de estas maflanae me enea•
miné al Pére Lachaiee. Las filas
de blancas tumbas se desracaban
en la limpidez azul del horizonte.
Mazas de árboles se alz11ban en la
colina, dejando ver, por entre el
encaje aun naciente de eue hojas,
loe soberbios eepulcroe, loe gran•
des mausoleos. La primavera es
compasiva con loe campos donde
repo!lln nnestroe muertes bien
amados: cubre de blanco césped
las alamedas que recorren pausadamente las jóvenes viudas; blan•
quean loe mármoles con eu luz
alegre y pura. A lo lejos se aeeme•
ja el cementerio á verde ramo gigantesco, salpicado aquí y allá de
manojos de flores de espinos blan•
coe.
Las tumbas son como lae flores
de hierba y del follaje.
:.'II~ interné con paso lento por

•

DAMAS DISTINGUIDAS.

OOMIIIGO ♦ OE JULIO Dl •ltT

Recibí de «The Mutual Life Ine.
f'o of New- York,» la cantidad de
$10,000.00 diez mil pesoe,'en pago
toia I de cua ntoe derechOIJ ee derivan de la Póliza número 485,280,
bajo lacual estuvo aseg11rado el
finado SR. D. LxoPoLno RoMANo,
y para la debida constancia, en
mi caracter de albacea de la testamentaría del finado, extiendo
el presente recibo en la misma pó•
liza que ee devuelve á la compa•
flía para su cancelación, en Tepic
á 22 de Junio de 1897.
LEONOR }!. VIUDA DE ROMANO.
Yo, Tomás Andrade, Escribano Público, certifico: que el reci-bo antecedente fué firmado en
mi presencia por la Sefl.ora Dofla
Leonor Mercado, viuda del Sr. D.
Leopoldo Romano; y doy fé deconocer á la misma eeftora, quien
tiene el carácter de albacea e12 la.
testamentaría del expresado eefl.or Roms no.
Tepic, J unio 22 de 1897.
ToMÁ5 ANn RADE.
Señorita Florenc:la Wllson, del Canadá•

Sobre la c:lma de un "hummoc:k."

•Sobre este viejo yelo que va del mar de Siberia, al mar
de Groenlandia, lae t.erriblee presiones han levantl'l_do altos hummocke: en estío loe rayos del eol han fund1_do la
corteza exterior; en invierno la nieve la ha recu~1erto,
aun cuando parecen ice~ergs máe que am?ntonamtentoe
de hielo de mar prodnctdoe por leva~tam1entos ........ .
«D()Tningo ~4 de Marzo......... El viento del ~orte n~e
corta la cara......... Hemos visto el fin de este. ~1elo umdo sobre el cual se sentía tanto p lacer en v1aJar.... •••·.
Ayer hicimos cuando más 7 milla~. Se nos rompe 1~ espina teniendo que levantar continuamente loe tnneoe
pesadamente cargados. Los dfae se alargan: no tardare·
moe en tPner el sol de media noche......... Hemos matado
á Kivjacgeren ayer tarde y n&lt;;&gt;s ha dolido mucho descuartizarlo y dividirlo en 27 porc1ones.•
.
El hielo continúa siendo generalmente malo; es ~rec1•
so sin cesar ayudar á loe perros á levantar loe trineos
at~cadoe, y llevarlos á mano p~ra fr~nque~r loe pasos
más peligrosos. Los viajeros ee sienten rnvadido~cuando
llega la noche por el irresistible. sueflo de la fatiga. Sue
ojos 88 cierran, y duermen caminando, hasta que una
cafda loe despierta.
L,I. VIDA BAJO LA TIENDA CON

MÁS DE 40º

za de armadura. A cada movimiento crujen y si ee pudieran q11itar ee mantendrían derechos. La manga helada
del paletot 'de Naneen le deja bien pronto en _los pufloe
profundas grietas, una de las cuales llega casi hast'a el
hueso y no ee cura antes del tietlo. Naneen guardará la
cicatriz toda su vida.
. ..
En el saco, lentamente, loe vestidos se flex1b1hzan y
deshielan. Pero Naneen y Jobansen gastan ~sf mucho de
su calor natural. Se repegan al saco y sus dientes casta·
fl.etean durante una hora, antes de que sientan de nu~vo
en ellos un poco del calor indiepe~eable. Por fin el hielo
que solidifica sus redes se ha fu~dtdo completame~te,. pe·
ro permanecen húmedos: al sahr del saco al día e1gmente ee endurecerán de nuevo. No habrá que pensar en se·
ca'rloe mient1as dure un frío excesivo.
Naneen como cocinero, está obligado á mantener'!8 6
poco men~e despierto, para vigilar las oper~cionee cuhna•
rías. J ohansen, dormita á su lado. Dorll1lr y comer; en

DE FRÍO,

Desde que han encontrado un campamento un po_co
abrigado contra el viento, Nanees y Johaneen ee detienen. En tanto que Johanse1:1 cuida loe perros, N~neen
levanta la tienda, llena de hiel? la calentadera, enciende
la lámpara y comienza la comida. Esta se compone un
dia, de cada tres, de un p l~to de L?bscmr..~e ( carne Y patatas eecaP ) - 6 de una especie de fritura de pescado cono•
cida en N~ruega con el nombre de fiskegratm , y C&lt;?nfec·
cionada á loe 85º de latitud, con pescado pulverizado,
harina 6 man~quilla,-ó bien, al t.ercer ~fa, de una eopa
de guiMantes, de habichuelas y de lente¡as1 con Pªt\ Y
pemmican. Johansen confiesa_su prefereno1a por 1a o 8·
couse y Naneen por el fiskeg ratm.
Inmediatament.e que J ollansen ha acabado con loe~rroe loe diversos utensilios de cocina son llevados _baJo
la ti~nda, el lecho-saco se extiende y la puerta se c1~rra
cuidadosamente! Luego los dos compa~eroe se deehz~n
en el Paco para deshelarse. Durante el d1a las exhalac10nes húmedas del cuerpo se han condensado en las tel';'B.
Cada traje exterior se ha vuelto tan duro como una pie•

esto se resumen para ellos todas las alegrías de la existencia.
"d
.
Lobecouee, fsikegratin, ó cena, la comt a es siempre
deiciosa. El día se ha pasado en desear la hora de la colación.
d f ·
Algunas veces, sin ~mbargo, están de tal mo º. at1gadoe que sus ojos se c1er~n, que la mano ee ?-et1~ne en
su camino, entre la eecud1lla y la boca y cae rna_mmada
y la comida se vierte sobre el saco. Tragado el ali~ento,
loe viajeros ee permiten ua pequeflo extra: agua cahente,
tan caliente como el paladar puede tole~rla, en la cua!
ha sido disuelta un poco de leche pulvenzada. Esto oas1
tiene el gueto de la leche hervida y es muy confortante:
se siente uno, dice Naneen, ,recalentado de la cabeza
hasta loe piée........ ·"
Después, continúa, nos acurrucaD?0B dentro del eaco,
Jo cerramos cuidadosament.e por encima de nuestras c~bezas, nos acostamos el uno contra el &lt;;&gt;troy nos dormimos inmediatamente con e I euefio del ¡usto. Pero hasta
en nuestros sueños perseguimos. nuestra marcha penosa
y no interrumpida, siempre hacia el Norte_, amenazand?
á los perros é impacientándonos de la lentitud de loe tri·
neos · y frecuentement.e me deepiertaJohaneen queeneu
8 ueft~ grita: «Pan, Ba rrabas ó K lapperelangen: «¡Dónde
diablos estala, perrve de mis pecados! ¡Vamos,. ~riitoel
«¡Saee, Sasel" y otros juramentos que es más dif1c1l repetir.
. 1e d"1strngmr
.
. nadJi en t re
Martes 2 de A bril.-Ee impoe1b
la bruma. Huecos y relieves, todo_ ~e blanco. Delgadas
capas de nieve cubren los insterst1c1oe de loe témpan os.
Se pone en ellas el pie sin desconfianza Y. cae uno con
la pierna cogida entre la grieta. Es maravilla que no e~
produzcan fracturas.
.
.
.
..
«Para reconocer un paea¡e practicable, es_ prec1~0 dmgirse hacia adelante, á veces á una gran distancia,. buscar en una dirección, después en otra y volver hacia los
trineos para tornar á partir con ellos; se hace ':'8! tres Y
cuatro veces el mismo camino. Ayer, cuando h1c1moe al•
to, yo estaba extenuado.
. .
«El hielo parece vo~veree m~s v ~áe malo y yo
p1egunto si es cuerdo continuar hacw el ..\ orle más lfrgo 11~111po.
«Por la maflana nos desayunamos con una rnfue1ón de
avena ó de chocolate, redactamos nuestras J?,0tae Y nos
ponemos en camino. ¡Cuántas veces nos eent1mce tan fa.
,igadoe que daríamos cualquier coea por volver ~l taco y
dormir veinticuatro horas más.. ...... Pero es prec1eo mar-

,~f

Perro c:onduc:ldo á la muerte.

(*)

• Cada vez que debía ser muerto un perro para nutrir ll los sobrevivientes, J ohansen, tl. quien lncumbla esta tarea, lo llevaba detrás de
un "hummock" tl. fi n de no degoll&amp;rlo ante sus compafleros de vio.Je.

�EL MUNDO

6

..
w-V?"',;:-:--,~::..:::~~i~~~\;;¡¡;¡!JIIN~""'-1
'

~

~

Carta de la tierra de Francisco José.

char1 marchar hacia el Xorte. Hecha nueetra toilette,
debe moe irá la nieve á poner en orden la car¡¡;a de loe trineos! guarnecer loe perros y aiarlos. Y después en camioo Yo voy delante en mis eki, seguido de mi trineo.
Johaneen viene en seguida con los otros dos trineos.
Hay que excitar sin tregna áloe perros, herirlos y ser
cruel con ellos. Eso hace sangrar el corazón; pero volvemos á otra parte los ojos y nos e~durecemos razonando. Ea neceeario no tPner mieericordia.
Todo debe ser s2cril11:ado á nuestro fin y la piedad debe hacer sitio ai egoísmo ........ .
T'ierue, !19 de Mar:o.-Oh e~te eterno enredarse de las
rienias, que loe perros en sus saltos desordenados, origi•
nan como á placer! ¡Olt! eeas inextricables madejas y las
infernales complicaciones de loe nuios que hacen sin
cesar las malditas bestias!. ........ Con esta ,emperatura,
con las manos helada~, ca-1i sin piel, ee un trabajo terrible.
1Ayn tarde la temperatura se elevó á 3-1°, hemos tenido la mejor noche qne hayamos disfrutado desde hace
largo tiempo ......... Una obeervación del meridiano que
hice ahora, nos coloca á Siº :30' solamente; yo no me
preocupo;_debemoe estará 86°. hay algún herror......... •
EL l'OLO l:OC~CCESIBLE

El 30 de Marzo la situación se determina por comple•
to; el termómetro ha vuelto á bajar á 43° y la opresión
del frío recomienza. Dc?spués de haber hecho camino du·
rante algunas horas sobre un hielo unido, al cual jamds
están habituados, Xansen y Johansen son detemdos de
pronto, son detenidos por espantosos amontonamfentos
dP témpanos. Loe perros caen en las grietas; uno de loe
trineos los, sigue y para levantarlo hay que desr,argarlo
enteramente. El fin de la jornada se paea así, luchando

Atravesando un dep6sito de aeua dulce.

sin avanzar. Si no tuviésemos por la noche el calor del
saco para calentarnos aquello sería desesperante.
Sin embargo, la jornada del día siguiente. 31 de Marzo,
se anuncia bien. Et tiempo ha cambiado; el viento sopla
del Sur y el termómetro está a 30° ......... una temperatura de eetlo polar. Deegraciadamente, cuando loedoe hombree y loe perros pasaban rápidamente sobre un hielo
regular, de pronto se abre una grit1ta ante ellos. El trineo de Nanee a tiene justamente el tiempo de atravesarla,
cuando es 11ún estrecha. Pero en el momento en que
Joansen 88 dispone á franquerla á eu vez, ee alarga, cede un trozo de hielo bajo de él, y cae con las piernas en
el agua. Naneen con un tríueo está de un lado; Johaneen,

con las piernas mojadas heladas ya; está del otro con los
demde trineos y entre ellos la anchura de la grieta aumenta más y mds. Imposible servirse :ie los kayaks, que
han eidu 11gujereados durante la marcha accidentada de
los días precedentes. La shuación no deja de ser crítica.
Por fio, deapufe de largas investigaciones se descubre un
paso. Ya era ti~mpu de que se levantase la tienda y se
preparase el lecho-saco, pues las dos piernas de X.meen
no eran más que dos piernas de hielo compacto.
«Jlíerco.'es S d, Abnl.-Un eegundo perro, Ruuen, ha
sido muerto. La carne ha sido dividida en veintiseie partes igualee, pero ocho perros la rehusaron; 88 lea dió
entonces pemmican. El hielo ante nosotros no era por
cierto halagador. Esos muros de témpanos enta~adoe, son
deseepemntes y no luy perspectiva algur.a de mejoramitnto.
«A. medio día tomé una obaervación: estamos á 85° 5!J'
Es sorprendente que ne&gt; estemos más lejos; á pesar de
nuestros esfuerzos casi no avanzamos...... .Me he perci•
bido desde hace algún tiempo de que es imposible lhr¡ar hasta el polo 6 siquiera hasta eu vecindad inmediata, .sobre una banquisa tan accidentada y con loe pe•
rrosque tenemos. Si fuesen siquiera miie numerosos!»
Por otra pa~, Xanrnn per6iste en pandar que los progresos de eu marcha, por lentos que sean, debían haberlo conducido más al norte. O acaso el hielo que recorre,
no contento con oponerle los mil accidentes dti su superfi•
cíe lo rechazaría hacia el eurel\ una derivación con,ínua?
E~ta es la sola explicación plansible. Pdro entonces, para qué obstinarse en una lucha inútil?
• Vier,us 6 de Abril.-Nuestra latitud con fecha de ayer
era de 86º 3'...... Debemos ansayar alcanzar los 8i grados? Duio que lleguemos si el hielo no mejora,,,
L~jos de mejorar el bit:110 empeora todavía. «.\yer, escribe Naneen el 6 de Aoril, llegué á los límites de la desesperación y cuando nos detuvimos esta maflana, había
casi decidido la retirada. Iremos sin embargo bacía adelante un día aun, á fin de testificar si el hielo es realmente tan malo com'l lo parece desde la cima dal amontona•
miento, casi de treinta piea de altura, cerca del cual
hemos instalado nuestro campament:&gt;. Hemos hecho
apenas 4 millas ayer: las grietas, los amontonamientos ...
siempre lo mismo ...... Se diría una inmensa cordillera
cuyas rocas fuesen témpanos...... Levantar los trineos
para pasar cada aspereza, es una labor que fatigaría á los
gigantes ..... ,
El domingo 7 de Abril de 1895 fué el últim6 día de
Naneen y de Johansen hacia el polo.
Levantaron el campo á las dos de la maflana y avanzaron basta donde pudieron en medio del caos. De,pués
fué imposible.para los trineos continuar.
Naneen con patines recorrió aun algunas centenas de
metros sobre la banqui8a polar, inviolada anteirde él.
Subió sobre el más alto hummock. El amontonamiento
caótico de los bloca de hielo se extendía hasta los lfmi•
tes del horizonte.
Persistir aún habría sido locura. Si los viajeros debian
encontrar mucho hielo semejante en la dirección de la
tierra de Francisco José, no tendrlan por mucho tiempo
víveres y fuerzas para llegará la sola playa donde está la
ealvación.
·•He determinado, pues, escribe Xansen, detenerme é
instalarme en el cabo Fligely. Hemos acampado, y bajo
la tienda levantada en el punto más septentrional que
haya sido alcanzado nunca, nos hemos ofrecido un banquete de lobscouse, de pan y mantequilla, de ::hocolate
seco, de compota y de leche bien caliente. Después, con
una sensación deliciosa, olvidada desde hace largo tiempo, de bien estar, nos.hemos deslizado en nuestro que
rido saco, nuestro meJor abrigo.11
Cuando Xansen y su compafiero se despertaron la maffana del 8 de Abril, la bandera noruega que habían enarbolado, fl.otabl á unoa 86° 14' de latitud Nor$e y !J5º de
longitud Este. No habían alcanzado la vecindad inmediata del polo ni aún el 87°, obje~ de sus esfuerzos
supremos. Sin embargo, hablan pasado del 2° 501 la latitud de Lokwoood y superado en 314 kilómetros y me•
dio el record establecido en 1883.
Estaban á 418 k:.ílómetros ( la distancia de P,1rfs á Oler•
monFerrand) del polo matemático.
IIACI.A ATRÁS

•Del 21 de Julio de 1893 al 7 de A.bril de 1895, durante
cerca de veintiún meses, la divi&amp;a de Naneen había sido

DOMINGO 4 rf-, JULIO de ,80-,

EL MUNDO

DOMINGO 4 OE IULIO DE 189_7

Johanaen •puntando á una morsa.

¡Adelante! A partir del 8 de Abril de 1895 fué: ¡Hacia
atrás! mas esta 1etirada fué la parte más sorprendentti Y
más conmovedora del viaje. Naneen y Johansen, gastaron
una increíble suma de energía física y moral.
•
.lfar/,•s 9 de .1/ml.-•La etapa de ayer ·fué la primera
del retJrno al país y al home. Prevalamos el mismo hielo
impracticable; así nuestra sorpresa fué grande cuando
bien pronto encontramos una superficie demasiado pasable, qut:1 rápidamente se mejoró aún •
«8,íbado JJ de ·Abril.-...... No comprendo esta súbita
modificación en la naturaleza del hielo. Acaso encontra•
mos hoy menos dificultades porque marchamos en el sentido de las aristas y de las asperezas, de suerte que pasamos entre ellas en vez de tener que abrirnos un camino
por encima. Además, avanzamos paralelamente á las
grietas en lugar de abordarlas perpendicuiarmente.
«A.yer tuvimos la desgracia de olvidarnos de darles
cnerda á nuestroS:relojee, que se han parado. Para encon·
trar aproumativamente la hora d~ Greenwich, necesito
tomar una obaervaclón del tiernpo y una observación de
la latitud; después estimar tan exactamente cuanto es
posible el camino recorrido desde el 8 de Abril, d(a en
que tomé mi última observación de longitud. Esperofque
asi el error no será considerable ......... .
La tiesta de.Pascuas que e.da en H de Abril, fué consagrada-con una comida bie,, entendido-y sobre todo
á los largos cálculos necesarios para vol verá encJntrar
la hora. Las valuaciones de marcha y las observaciones
casi no se compadeclan: según las primeras, Naneen
crela haber llegado á 15 minutos más al Sur que lo indicaban los segundos......... • Es que derivaremos ahora
hacia el Norte? Se preguntó Naneen. Eso sería excelente
para ei Fram, más poco tranquilizador para nosotros.•
En cuanto á la longitud, Naneen supuso que era de 83º •
4.3'. E: esa cifra no era ciertamente exacta, pero él la
tomaba en lo de adelante para base de su3 cálculos y
notend1ia después, cuando conociese la longitud verdadera, m!ie que hacerle una corrección uniforme.

A remo.

nifiestamente vergüenza .de e.f mismo y acabó por volve~,
y sin nueva tentativa de escape se dejó guarnecer, m_1•
r,ndome con ojos que imploraban mi perdón. Yo babia
tenido intención de pegarle: sus ojos me desarmaron.
•······Un poco más lejos advertí que había extraviado
el compas y volví sobre mis pasos. Lo encontré, pe:-o en
el camino me incomodó el calor. Una lasitud grande me
invadía, y, cuando alcancé los trineos, Johansen se había quedado dormido al halago de eot.. .... el Lermóme•
tre ma:caba 26° bajo rero.
«Milrcolei 17 de Abril.- ...... El hielo que atra\'eeamos
actualmente, parece ser el mismo que rodea al J&lt;'r~m.
Efectivamente, hemos llegado ó poco menos á la región
en que la derivación ee prc@igue. (1)
.
•······ Vamos á grandes pn_sos bacía la tierra y hacia el
estío. Ya no es penoeo ahora levantarse de ma1lana,
con una buena jornada de marcha en perspectiva, de cocinar dt:1 dormir calientes en el eaco y eoflar t:n las alegr.fas 'del retorno á nuestro l,r,me. ... . . N uest ro home.1••· .. •
LA RETrR.\DA DE l\.\)'(SE:-i y JOH.\NSE:-i

(Continúa.)

Las etapas de l\Iayo no ofrecen nada de particular,. Y
los exploradores, después de haber recorrido regular distancia llegan al corazón del eetío.
•Domir,go ta~ Junfo. - ...... El Pentecostés. Cuán hermoso es tod" ahora en el paíe, en tanto que nosotros es•
tamos entre ta bruma, el viento y la nieve...... ! La pequeiia Liv irá á comerá casa de sn madre grand~ ahora;
quizá en este momento mismo le ponen su vestido nue•
vo. Bueno! Bueno) Ya vendrá el tiempo en que yo la
acompanaré-pero cuándo? Voy á dedicarme á acomodar de nuevo los kayaks y todo irá bien. ,,
La víspera de Pentecontés, ~aneen y Jobansen han
levantado su tienda al abrigo de un hummock, para un
alto de muchos días. Los kayacks, de los cuales se espera de un día á otro poder servir11e, tienen gran necesidad
de reparaciones v los dos hombres trabajan con ardor
para ponerlos en buen estado. La tarea es tanto más larga cuanto qne es preciso ser más cuidadosos con.los ma •
teriales: no sería fácil reemplazarlos en la banqmsa.

Ri hay que rehacer una costura, deben, p.unto por pun·
to retirar el hilo sin cortarlo, á fin de eervirae de nuevo
de él.
Xinguna pieza de caza viene desgraciadamente al al·
canee del fusfl, ei no es algunos animalillos que no valen .
un cartucho. Se peHa el pewmican, la manteca, el pan:
es tiempo de ponerse á ración.
Por su parte los perros están hambrientos. Devoran
cuando no se les vigila de cerca, la tela de sus arneses Y
aun el cuero mismo y la madera de los 8ki. La tempe~tura es de una dulzura extrema, el termómetro ha sub1•
do á cero, los témpanos comienzan á derretirse. Un d ía
llueve. Lluvia! Qué alegría se siente al oír sus. gruesas
gotas berir ta eeda de la tienda)
El 7 de Junio está terminada la reparación de los ka yak;
Hombre y perro tropiezan á c:•dil paso.
y el s :N"ansen y Johansen vuelven á ponerse en camino.
La penuria los amenaza; el deeastre se hace esperar: · ePperar un cambio en el estado del hielo. Hemos comido basta saciarnos en la cena y en el desayuno, deepu~s
88 preciso ensayar aun el avance con los trineos á través
delcans de témpanos, del laberinto de grietas y de un de haber estado hamhrient&lt;,s muchos díae. El porvewr
parece asegurado y brillante: no más nubes sombrías anverdadero pantano de nieve mojada. Dónde está ~ues
tes
de largo tiempo en el horizonte!. ..... ,,
la tierra? Dónde ta agua libre? Sin embargo la latitud
Fue en el curso de esta travesía cuando los exploradodel cabo Fligely ee ha alcanzado 6 poco falta.
Basta muy poco para volver la esperanza á los hom- res mataron su primera foca. Los kayaks acababan de
atracar en el decli v'3 del hieio y estaban ya retirados á
bres enérgicoe.
Un día Naneen descubre en un canal un pequelio ba• medias del agua, cuando el enorme animal Btl mostró á
algunos metros. Herido por el tiro de fusil de Johansen,
calao muerto.
•E3 un teeoro el que acabo de encontrar. Donde hay harponeado por Naneen; vivía a(rn. Xansen temía que
en un esfuerzo supremo se le escapase, y le hundió dos
peces en el agua, no se muere de ioanición. •
.
Es que la cuestión de los víveres tiene ya un capital veces su cuchillo en la garganta; brotó un gran ~audal.de
interés. Las provisiones se han reducido á nada Y los sangre y el agua se enrojeció basta una gran distancia:
viajeros marchan al hambre más rápidamente que lo que "Yo lamentaba, dice Naneen, perder así lo que nos ~u·
avanzan hacia el mar libre 6 hacia la tierra. Hace tres biera proporcionado un almuerzo tan bueno; pero mÑ!
rave habría sido perder la foca entera » Durante este
metes que han abanáonado el Frau1, habían partido cun
cien dfae de víveres y no les han ai'iadido hasta el pre- !empo, el grupo formado por loe kayaks y loe trin~os ee
había desligado; una de las embarcaciones habíase llenasente más que dos gaviotas y un pequeiio pez.
do
de agua Y el horno de petroleo, felizmente ligero por
Nansen repasa y rehace sus cálculos. Acaso está muque
era parcialmente de aluminio, fbase, danzando socho menos al Oeste de lo qne ha creído; quizá loa relojes
se han adelantado un poco. Pero aun suponiendo que su bre las olas...... Todo fué salvado á tiempo, pero d~~puée
longitud sea de 5 grados más al este de lo que ha calcu- de un bailo que transformó el pan y las otras provmonee
lado la tierra Wilczek, á falta de la del príncipe Rodol- en Un mazacote exajeradameote salado. Sin em\:argo,
·6
como las municiones nada sufrieron, el resto le p~rec1_
{o ; 0 debería estar lejos. Si al contrario, la derivación
h~cia el oeete ha sido más fuerte aún de lo que se ha á Naneen muy poca cosa en comparación de las ID€.st1comprobado, si su longitud de 6 6 7 grados más al _oe~te, mahles ventajas de la importante captura que había sido
se encuentra forzosamente entre la tierra del Pr1nc1pe hecha.
EL c .ntPA)IENTO DE ESl•ER.\.
H.odolfo yla del rey O.car...... Quéimportael nombrede
Ja ribera á donde llegue, con tal que sea una ribera Y enAbundantemente provistos de víveres. N ansen Y J~cuentre medios de h11cer provisión?
hansen podían en lo de adelante esperar los ~co.nt.ec1Hombree y perros, atados con los miemos arneses, es- mientoe: desastre 6 acaso derivación de la hanqmsa so~re
tán al cabo de sus ·fuerzas, vacilan y caen á cada paso. la cual habían levantado su tienda. Habíanse detrn1do
y Naneen comprueb.i el H de Junio que toda est.1 ener- el 22 de Junio; no volvieron á ponerse en marcha hasta
gía se ha gsetado en pura pérdida: el viento ha rechaza• el 22 de Julio. «Nuestra eituación, dice Naneen, me re•
do al noroe~te la banquisa sobre la cual se agotan ello3 cordaba la de esos esquimales que ee dirigieron una vez
en"ªªº· Pueda al menos.esta derivación conducirlos al al fondo de un jjord para recoger hie1 bae, á fin de t~ner
mar navegable. Entonces declinarán hacia el Spitzberg! harina; 1Je¡1;adoa á su destino, la encontrare~ demas1.-do
P.:ro ya es tiempo de que un oso 6 una foca vengan á c:&gt;rta; se instalaron y esperaron á que crec1ése lo tUfi•
hacerse matar.
ciente para cortarla.»
El campamento qne vi6 este largo alto, fué bautizado
Con la sangre de uno de los últimos perros, Nan~en Y
Jobaneen ee confeccionaron un día una especie de infu. por los viejeros con el nombre del ca111po dt e., pera. Mai'iana por mañana y tarde por tarde, el uno 6 el otro
eión: para ser de perros no estaba mala; pero este era un
expediente que no p odía ll~varlos muy )eje s. Contaron subía á un alto huinmock, que ellos llamaban la Tdrre
sus cartuchos; soi'iaban regiones giborns de depósitos de d el d gía, é interrogaba el horizonte. Una segunda f~a Y
agua poblados de fo~a•. Spitzbug ú otra parte; toJa tie• ~res oROs cayeron bajo las balas. Los dos hombres Y ene
rra los nutriría; inver..arian si era preciso...... ¿Cuánlo dos últimos perros, s ,,ggen y Kaif,r..9, nadaban en la
llegarían á alguna tierra?
abundancia. Cruda ó frita, la grasa de la foca ee, á lo que
El veinte de Junio, gaviotas y urfas comienzan á pu• parece, un gran producto alimenticio, esta era cuando
lular. Es un hormigueo de vida volátil que lleva la es• menos la opinión de los dos noruegos. •Reemplaza perfectamente á la mantequilla, dice Naa3eo. La carne
peranza. Y he aquí que, en el diario de N,mseu, de una
tan buena como puede serlo carne alguna ...... .Ayer tuvi•
monotonia punzante, estalla un himno alegre:
moa una sopa deliciosa y hoy un bifteck! ...... Xo l~s ea•
Sú.bádoe.! cu ./ur,io.-SJn las nueve de la mafiana y be•
len
mejor en el (,ran Hotel......... No hacía falta en el
moa hecho ya un buen desayuno de carne de foca, de
festín
mis que un buen vaso de cerveza.
aceite de foca, de grasa de foca, de sopa de foca. Héroe

':8

Morsas sobre un témpano.

• Muru, 16 de Abril.-':'nando e!tábamos á punto de partir, á la una de la mail.ana dd ayer, uno de nuestros mejores
perros, Baro, echó á correr. Yo multipliqué los llamamientos, df la vuelta á loe lwmmoks en eu busca, pero no
vf más qne el hielo moetrando hasta el infinito sus creetas abruptas; en el extremo norte el sol de media noche
resplandecía. El mundo glacial sofiaba baiiado en la fría
claridad de la mallanll. Nos habíamos ya resignado á
partir sin el perro, cuando lo percibimos, muy lejos, detrás de nosotros, siguiendo nuestra3 huellas. Tenía roa-

t
Sorprendido por un oso.
&gt;I

Tt1i ,._ ·taclt•

a ~Jl "11c1Ú11, q ue

t•l

7 1l ~l• a1{ d•·rlP .·n t '. t.: , •._ . l v el ch•l F n 1m, pnn:c•(•n e llC",OUtnu·•.e
Itinerario &lt;le N1tns¡:n ' ;::.~1!'!.,~~iinosrl,· lntrr mlo, ,,¡ Prm11 Y 1'llll •
t n d ns ,lCn.qfonc.."(. f _m~ nu, ·1,or e l mismo punt" geográfico. Pero no
""" J'.lll"8r&lt;&gt; n dc'&lt;'t '11\
e ra la misma super 1e'.1eedel hielo la que ocu¡,uba e,c pun to.

aquí haciendo ensu~iios de alegría. La vida es de nuevo
toda eol. ¡Cómo el menor incidente puede cambiar la
fu; de Jaa cosas! Ayer todo parecía desesperado: el hielo
impracticable, nada de caza. Pero aparece una foca que
se yergue cerca de nuestros kayaks y gira en el agua al
rededor de nosotros. Joansen tiene apenas titmpo para
enviarle una bala, cuanélo desaparece. Flota haeta qu3 se
la harponea-es la primer foca barbuda que hemos visto
-y henos con vi veres y combustible para un mes Y aun
para máe. No tenemos por qué precipitarnos. Podemos
adaptar mejor nuestros trineos y nuestros kayaks á la1
necesidades de una navegación en medio de los hielos
fiotantee, matar de nuevo focas ei 1~ coaa es posible Y

· Los dos últimos perros.

�DOMINGO 4 DE IULIO DE 1897

•

EL MUNDO

9

EL MUNDO

DOMINGO 4 de JULIO de 1l!i17

==-

Jacobina permanece indiferente...... _Ese padrino, eFe
gran médico, ese eabio ilustre, esa gloria de. Rotterdam,
110 ha sabido encontrar para mamá el remedio que cural
Minher van der Ileemekerk continúa:
-Qué extraño hombre ese doctorWickers]oot...... partió maniaco y torna loco ó poco menos...... ¡Bondad del
cielo! qué flaco está.... .'. El primer bot~ni&lt;:o del muo•
do!. ..... El émulo de Linneus!. ..... Qué digno hombre ~s
sin embargo ese doctor Wickersloot, ...... Me pr~stó sm
interés treinta mil florin~a, después del naufragio de la
B , lla Carlota.

El buen hombre eiente que su garganta !Se oprime.
-Tu madre se llamaba Carlota; y yo creí bueno dar al
buque ese nombre bien amado...... .
E! padre y la hija se vuelven ha?ia el retrato; y este
sonríe sonríe siempre. Parece decir: «Esperad á pesar
de todo, á pesar de la ausencia.»

II

"'

•

Traducción para "El Mundo."

I

•
La choza de ilwierno.

Loe días -y loe memh-ee suceden y se parecen. El 24
de Junio ee festeja á la vez el San Juan y el segundo ani •
versario de la partida de Cristianía y el centésimo día
transcurrido desde la partida del Fram: inútil es preguntar ei hubo comida caliente. La temperatura es extremadameate dulce. Una vez volviendo al campamento,
Naneen advierte que Johansen duerme con un pie fuera
de la tienda, sin percibirse de ello. Loe dos compañeros
duermen sobre el saco, que una piel de oso vuelve ahora

más confortable, y no ya dentro, y lee acontece permanecsr dormidos veintidos horas.
La unica travesía realizada hasta ahí con loe kayaks,
h'\bfa demostrado que era necesario pasar ;sobre su
casco una capa de pintura. De q•1é pjntura? Naneen co•
menzó por calcinar huesos; los pulverizó y los mezcló
con aceite de foca. El producto no tenia empero las cua•
lidades requeridas: "~s preciso incorporarle hollin como
yo Jo habia pensado ya. Estoy pues en vía de ahumar

todo el paraje donde nos encontramos. Pero no obtengo más que un ligero acicalado, aun cuando haya produ•
cido un humo tan espeso y tan alto que habría podido
verse desde el Spitzberg. Es preciso batallar sin cesar
para los menores detalles .cuando no se tiene un taller
á la mano.» Fiaalmente, Naneen sacrificó sus pastas, eu
esparadrapo y sus emplastos para endurecer los kayake.

y

Continuará.

1.

A la Vela, por las costas de la tierra de Francisco José.

Describiré la cámara antes que los personajes. El 1,ir-&lt;lio (puesto que lo hemos querido, más ó menos, cuando
re trata de muebles) .indica n~~sti:os gustos, nuestros há•
hitos. Una d3scripción mov1hana vale tanto como un
~ náli&amp;is psicológico y sin temor de errar ..... •. Yo !1º puedo comprender el pensamiento oc11lto de m1 v:emno, pe·
ro no me engañaría, aún cuan~o fuese el último de los
··u¡ieres, respecto al número de sillas que él po~e.
El salón es pequeño y confo~table. Los B!llonee, de
madera de las islas, están recubiertos de terciopelo bordado, azul pálido: un tono pasado, armo•
nioso, exquisito. El clave está en el centro
de la pieza bajo un lustro. ¡Oh! el clave en·
cantador donde sobre una laca blanca se
enrrolla~ de una manera inverosimil los
amores las cornamusas, las flautas, los corderos las cintas! ...... y el hermoso lu_stro
csféricd de ramas delicadae, en ese antiguo
cobre al cual los artistas holandeses dabaa
uo reflejo de oro verde, ..... .
Sobre los muros, tapizados de indiana~
á grandes ramas, algnnos cuadros: man·
nas en el estilo de L'1dolfo B1khuysen;
do~de el pintor ha puesto en un pequefi?
•cuadro, la inmensidad del mar; frescos pa1tajes á la Lingeibach ....... ..
Pero, entre las obras de arte, la que m~s
atrae las miradas, eJ un retrato de medio
&lt;:uerpo, de tamafio natural: u~a hermosa
.dama de mejilla rosad~, con traJe. rosa, lleva á sus labios cflrmmeos, sonnendo, un
ramo de rosae.
.
En el pequeño salón, dos persona¡es, el
padre y la hija, conversan afectuosamente.
El padreesMinher Jean van der Heemshrk, el armador: Es un hombre grue~o
cte peluca enorme, siempre sentado, la p1·
Jlfl en la boca, ante un jarro de cerveza.
Yosotros le conocéis bien, vosotros le ha·
béis visto ( cien veces) en los cuadros de
familia burguesa del s1g'o pasado.
La hija es una frágil criatura, ~oda blanca, con su traje blanco...... Jacobma, desde
la muerte de su madre-la dama rosano se ha consolado, y para Jacobina el re•
trato no es una simple tela: ve, piensa y habla. La madre y su hija tienen larg:~s con•
vereaciones misteriosas,.··:··· La nm~ oy.e
frecuentemente un llamamiento, una mv1tación para ir muy lej.os, muy lejos, á ese
paraje tan mal conomdo, ¡hyl donde se
puede besar de nuevo á la dulce ~amá.
A Jacobina ya la hemos entrevisto en
lM obras de los maestros de la escu~la de
Colonia...... Los cabellos de un rubio luminoso se pierden en una ooaulant_e au•
reola... '. .... Los ojos se fijan, l~s labios ee
aprietan, la garganta palpita ba¡o el esfuE:r·
zo de un pensamiento :fijo; las manos t.1enen dedos largos, ¡son hndos!.. :· .. N adf mdica)ln J abobina á la joven del siglo x, II L
Su traje no ostenta el corte de la época...... Su traje es el de los ángele~, casto,
.gracil de pliegues rectos.
-Sí hija mía comienza Minher van der
Heem~kerk, el '«pensionado de Holanda»
IIPgó, hace dos horas, procedente de Bata·
vía al puerto de Rotterdam.
.
_:_Bien padre mío murmuró la mfia; Y
Fil voz ti~ne una re~nancia sin~ular, la de
la, cuerdas tendidas sobre la ca¡a vacía de
,un luth.

-Nada falta á eu cargamento, continúa el buen hom•
bre: telas de l\Jadras, sacos de índign, cajas dP P~ptcrn,
sedas crudas, porcelanas...... DJs millones de fl unnee,
cuando menoe, de mercancías.
Jacobina miró el retrato.
-¿Porqué, piensa ella, mamá no está aqul ya?...... Cómo se regocijarla de la noticia!
.
.
✓,
Y Jacobina advierte qne «mamá" son:1é, sonné mas
que de costumbre. 11E11a" ha comprendido; «elh,,, coro•
parte la alegría del armador.
-Tu padrino está de vuelta -prosigi:e el armailor, lo
he abrazado en la esca-la del «gran pensionado.,, Yendrá
bien pronto á visitarte ........ .

•

El martillo de la puerta de la calle retiembla. Resuenan pasos en la ante cámara; y el «cele~re, doctor,» eeguido por un marino portador de u!1a c11¡a, se presenta.
Singular tipo, en efecto, ese 1\Iatias W1ckersloot. De
una talla demasiado alta, se le tomarla por un bombrecillo, tanto se encorva al andar, con las pier-naa plegadas
y la cabeza sobre el pecho.
Su cara parece de madera mal tallada: ~~ verdadero
puiio de bastón! Pero los ojos pequefios, h1r1entes, bai•
Jan de una manera inquietante ......
Una frente que se adivina amplia, desapa:rece bajo una
vieja peluca erizada, demasiado va~ta y mal puesta ..... .
BI traje es groeero, mal cortado, pero lleva en la mano
derecha un enorme diamante de inestimable valor.
~ingún pintor, ni antes, ni después, había trazado el
perfil del doctor Wickersloot. Cómo dibujar la parado•
ja?...... Y el médico es una paradoja viviente.
A su primer paso en el salón, saluda g:ravemente al
1etrato. La dama rosa le sonríe; ha reconocido al viejo
1&lt;migo de la casa. Despuée, con ur&gt;. lujo infinito de prE: ·
cauciones, ·wickeraloot toma la ca¡a llevada por el man·
11e,o y la dispone eobre el clave. lJespide a] hombre con
nu gesto ....... Por fin estrecha la maJ?0 del a:rmador, la de
Jacobina, mua atentamente á la mfia y va á sentarse,
eil.,ncioso, en un rincón.
La tarde avanza; un hnmoso rayo de sol paeó, dorado,
á través del vitral de la ventana; y en medio de la lnz,
nE&gt;tamente contorneada, se ve voltejear, danzar, perse·
g11iree, brillantes átomc,s.
Después de cierl;o filempo-un tiempo muy largo-el
dnrtor se pooe á hablar. Su voz es armoniosa, e:xtraordi•
nari11 para un hombrecillo tal.
-En tanto que se cargaba el navío, dijo él, en Batavia,
quise hacer una larga excursión en la parte ioexplorada
de Java. Heme ya en camino, solo, en el
centro de una selva, en que los negroE, á
pesar de mis generosas ofertas, rehusaron
acompañarme!......... Oh! qué bella, ávida,
fuerte y lujuriosa naturaleza....... Arboles
diez veces centeDarios!........ Las plantas
más raras, las mas curiosas, las más mona·
trumas ó las más alegan tes por donde quie•
ra. Enormes, inextricables cortinajes de
hana, baobabs, de iamaa ancorvadas hacia
la tierra y formando cada uno la nave de
una inmensa catedral! ...... Dn perfume de
orquídeas satura el aire!. ..... Veo las florea
que parteen mariposas, preciosos copone3
o cintajos pompoeos, flo::-es de todos los
colores, de todos los matices posibles! .......
Veo hojas largas como una gran vela de un
buque o menudas como una tha de encaje!
Ammales pesados, anónimos, huyen delante de mi! ...... Las serpientes se deslizan
y me rozan! ...... Los pájaros, los insectoe,
pasan luminosos!. ..... Marcho satisfecho,
á pequeños pasos, sobre los cespedes, ó me
pierao, fpJiz, bajo los helechos arborescen·
tes! ...... No temo al tigre carnicero sin vo·
lor y que no cae sobre su p:reea sino cuan·
do esta huye...... No temo 1\ las serpiente!!
por que canto á media voz sin ctsar! .......
RE,pi~o un viejo aire lento y triste, uno de
.,sos que se concluyen con los ojos húmedos......
-Ea cierto, interrumpe Jacobina, pa•
drino, vos tenéis buen oldo. Oa gustaría
que yo os acompafiase si qu1siérais cantar?
Jacobina Ee dirije al clave.
-Bondad del cielo! aulla Wickersloc,t,
qué vais á hacer!. .....
Con los ojos extra·dados y los labios
temblorosos el médico etnpuja úolenta·
lllente á la niña sobre un sillón.
Después ee calma y continúa su relato.
- Fatigado al fin, me e:x t'endo bajo un
manguero cuyo espeso follaje proyecta una
, .. mbra intensa. Y canturréo siempre..... .
Trato de poner toda mi alll'.la en la cantile·
na de no dar una nota discordante en la
di;ina sinfonía de los ritlllicos. follajes y
de las aguas melodioEas......... Oh! prodi•
gio! ...... oh! maravilla!.. .... oh! estupor! ....
Grandeza de Dios que en su obra creadora,
todo lo ha querido, tod&lt;' lo ha intenta·
do ...... Potencia infinita, eterua, que reune
Jo que parece inconciliable á la débil alma
humana!
y el doctor, extasiado, ee yergue, largo,
delgado, fantástico,
Se aproxima á Jacobina y continúa:
-Hija ¿has v:eto un lirio abrirse en la
mafiana?' Én el mom~nto en '.que d alba
11~1m la flnr Pstá inchnac'la ~obre Fil tallo ........ . Dtsde qi;e el sol parece, el lirio,

�'l

10

tocado por un rayo, se endereza y se abre ...... La flecha
de oro, hiriendo la planta, le ha comunicado una fuerza,
una energía, y oso decir, una «voluntad ...... » Ahora bien
¿qué es la luz? ¿Un fluido? ¿Una vibración? J Una y otra
cosa tal vez!. ....... ¿,Y qué es el canto?....... Un fluido
que se difunde por nuestro espiritu! ....... ¡Una vibración
que surge de nueetro pecho!.. .... Para ciertos organismos
admirables, el sonido poEee una vibración análoga á la
de la luz ...... BI sonido, que cautiva el alma de los hom ·
brea, que atrae á los animales, y que es inseparable de
toda vida, es decir, de todo movimiento, no puede, no
debe obrar sobre ciertas plantas sensitivas y delicadamente cnnstituidab? ¡Oh mi Jacobina, muchas flores tienen tejidos tan impresionables como los músculos de un
mamífero!. ..... ¡Una sangre generosa, una sangre que es
un pe1fume, circula en las venas de las rosas, de las violetas y de las tuberosas! Las flores tienen simpatías y
aversiones. Los amores de las plantas son un poema!. ....
La novia no se da sino al novio que ha elegido, al esposo
de su e~pecit&gt;, porque quiere evitar el adulterio del hibidrismo! ...... La palmera hembra, sulamita del Cántico de
los cánticos, se seca de tristeza ainó ve cuando menos en
el horizonte á la palmera macho...... Sin
dudase babl~n, y ta grosera oreja del hom•
bre no percibe €ate idioma demasiado dul·
ce! ...... Ciertas fiores·devoran cruelt-s!. .... .
La dionéa atrapa moscas por astucia, para
comerlas......... El sarcanthus ofrece á los
insectos, para trsgarlvs, un nectar que los
¡,xcita y los emborracha!. ...... ¡Oh mi Jaco•
b,na, yo me creía eabio porque he palidecí•
do en las bibliotecas!. ..... Yo habla apenas
entreabierto el gran libro eecrito por lama•
no de Dios! ...... Yo ignoraba los rudimen·
tos de la ciencia...... Ignoraba la gran ley
de correlación, la unidad de esta ley!.. .....
Ignorab!' que el smido obra sobre la vegeta•
ci6nl Ignoraba que el ruiseflor canta pa·
ra que la Reina de la noche se abra! Los
poetas del oriente han adivinado esto, ó
mejor dfobo, lo han ,i.,to en largos estu•
dios ...... Uno de elloP, quizá, encontró la
flor melodiosa, la planta que comprende,
que ama el canto, y que da testimonio de
en impresionabilidad musical.. .... El la ha
visto en Ellora, como yo la he visto en J ava l. ..... Uija mía, mi hija por el bautismo,
esa flor está ahí, yo la he reco~idt, para
tí!. ..... vas á admirarla...... Ningun rey del
mundo la posee!. ..... La llamaremos en tu
honor, Jacobelia; y mi nombre estará cer•
ca del tuyo: «Jacobelia ,vickersloot.»
El eabio se aproxima al clave; con los de·
dos temblorosos y la frente húmeda, abre
la caja .. .... Toma luego un fragmento de corteza sobre
h cual, por encima de un musgo espeso, ee des~ubren
blancos filamentos, ténues, encabestrados.
-Ve, ~ija mía, es. una orquidea...... Vive sin hojas.
Raíces: sistema nervioso, y una flor, gloria del . amor en
un momento dado, he ahí todo...... Jacobina ponte al
clave, y toca piano, á mezza voce, lentamente.. .'... nada de
acentos vivos! Uno de esos aires que contienen un munrlo que no pesa sobre .el oído, y van, ligeros, al cora•
zón! ...... Uno de esos aires que parecen la claridad indel'isa del alba y no el fulgor espantoso de loe incendios....
Un aire de Roland de Laseue!. .... . La música moderna
es la plaga del fuego!. ..... se diría una lava hirviendo en
el cráter de un volcán!. ..... ~so no calienta...... quema y
consume! ...... Eso da la ard1entetiebre, el delirio á veces
la muerte, á la joven, al efebo, y ¡a flogosis al hoihbre hecho!. .....
Jacobina obedece á su padrino ..... .
La ni~a pálida, pálida, se sienta al clave. Arroja una
J~rga mirada sobre la dama rosa. Esta sonríe, sonríe
Eiempre, mas esta vez como una persona curiosa á quien
se va á revelar un secreto. •
Miniher Jean vander Heemekerk, no osa ya aspirar
el tabaco de su luenga pipa..... .
E;c anto del viejo Lassus se eleva, sencillo y puro, no
más fuerte que la voz de las cunucae, pero penetrante.
Al pr nci~io, ent!e l~s briznas de musgo, se ve apuntar una debil germmac1ón de un verde indeciso· después
ile acentúa un tallo.
'
Jacobina desflora, con la punta de los dedos el clave·
pero su alma vibrante da á la dulce melodía u~ encan~
inefable..... .
Y el tallo sube; y sobre la cima se forma un racimo, ...
Ahora son acordes unidos: un himno en honor de un
Dios ó un himno religioso.
Y el racimo se expande en corimbo ..... .
Jacobina toca dulcemente...... A veces se creería que
el sonido ha muertn bajo las teclas mudas.
Y cada corola crece á la vista..... .
La cantilena llora y dice la esperanza perdida la alegría desvanecida y la pálida resignación.
'
Y c~da pétalo se colora con rosa de carne.
El ritmo solloza; las notas se desgranan como un collar de perlas cuyo hilo se corta.
Y un soplo delicioso se difunde por el salón ...... Es un
per!ume embriagador como el aliento de la flor del naranJo, pero más suave, más etereo .. : ...
El médico toma las manos de la joven y lae aparta del
clave.
-Basta, mi ,Tacobina, dice; la planta podría sufrir por
exceso de música ..... .
Ha llegad_o la noche ...... Apenas ee distinguen las cosas; ee ve, sm embargo, á las corolas cerrarse al corimbo replegara~, al tallo disminuir, deeapareéer...... No
q?~dan ya, sm duda, más que los blancos filamentos invisibles en la sombra.
La Jacobelia se ha dormido en el silencio ..... .
Un pálido reflejo, como una fosforescencia de la tela,
permite ver sonreír á la dama-rosa: .... :
Cierta!Dente le interesa esta curiosa experiencia ..... .
Y la pipa del armador, en la noche, enciende un pequeño faro de un rojo sombrío.

!!;L MUNDO

III
En Rotterdam, no se habla más que de la flor milagrosa. Descu idause los negocios, la bolsa está vacía, la casa
municipal desierta. La pr~ocupación es ial, que las da•
mas conservan, desde la mañana hasta la noche, el mismo traje-.que loa magistrados absuelven á loe inocentes
-que los pintores ~e olvidan de destrozarse mutuamente-y que w 1 banquero ha omitido, en tina nota de des•
embolsos imaginarios, mencionar su «comisión.»
Ante la puerta de Minber van der Heem,kerk, la multitud es compacta y se le extrae al tonel del rincón, cada cuarto de hora, tres nuevas toneladas de cerveza.
Cada uno describe sin haberlas visto, y ePgúu eu propio gusto, las maravillas de la Jacobelia. Miguel Artois,
el poeta incomparable, declama ya el duodécimo canto
de una epopeya improvisada en una noche en el café, sobre el viaje del «grau pemionado.» Ob, y qué versos!. .....
Neptuno impide áloe vientos que soplen, para detener
eobre «la líquida superfüie» á los nueves argonautas; y
Venos empuja la quilla ...... Wickersloot se llama Hércules y Orfeo le ofrenda una Jira eobre el doreo de la cual

Opbialtes ha grabarlo, e¡i doscientos cuadros, loe fastos
nerlandesee ......... El inr,omparable Artois conoce á sus
maestros de ml'moria.
Todos los grandes personajP.s se han reunido en casa
de Minber van der Heemekerk.
·-:::
En primera línea. como es justo, ee ha colccado Minher Adrián van Vae r, burgomaestre, el comerciante diez
veces millonario, el hombre que tiene la más rica coleccion de cebollas de ~nlipáo conocida en el mundo. Quiere comprar, ei se puede, en cien mil florines la Jacobelia.
Ahí está Miuher Justo van Bray, el ilustre teólogo,
decidido á encontrar, en la pequefla flor, una prueba
irrefutable del poder tentador del demonio;-Minher
Felípe Koetz, el célebre profesor de anatomía, conven•
cido a priori, de que se trata de un tour de prestidigitación y de qne van á reírse todos cuando el adivine el true.
-Minher1Ioogerheyden, el famoso consejero del alto
tribunal, declarando con un tono sentencioso que es
atentatorio de la ley humana tratar de penetrar los arcanos dP. la ley divina......
.
En segunda línea, los notablee burgueses, el presiden•
te de la sociedad de tiro al arco, el presidente del círculo aristocrático de los «Bebedores•sin-eed,» y algunos nobles extranjeros.
Jacobina no ee pondr, al clave...... La nifla está más
pálida que nunca; además todo ese mundo la intimida...
Se ha obtenido, después de negociaciones Jaboriosae,
el concurso desinteresado del divino Willaarts, el músico más cabl'lludo, más jorobado y más patizambo de las
Provincias• U nidas ...... ¿No es acaso preciso que la flor se
abra baj.&gt; una onda melódica?
Willaarts ha jurado con la mano puesta sobre sus propias partituras, que seguir, las indicaciones de Wickersloot, para los dolce, los crncendo y los diininuendo ..... .
El retrato sonríl', &amp;onríe siempre ...... La dama rosa,
sin duda, es feliz, viendo en su casa una tan noble com•
pafiía.
El músico se inicia eilbiamente. Dice un canto popular claro, de un rhmo amplio ..... .

DOMINGO 4 DE JULIO DE

1asn

Y la Jacobelia crece, crece, se esponía ..... .
Bien pronto Willaarts siente una necesidad imperio·
ea de variar el tema. .Bosqueja fugas y multiplica las
sabias disonancias.
La Jacobelia crece, crece..... .
Jacobina ha visto ya el prodigio ...... Mira el retrato
de la dulce mamá...... ¿Por qué la ennriea de la dam 1
rosa le parece que se vuel-ve contrariada, forzada? ¿Por
qué sobre la tela el ramo de rosas crece como crece, más
aún que, la Jacobelia? ¡A.hl las rosas se vuelven enormes; van á cubrir la boca y las mejillas y la frente de,
mamá!. .....
El músico, con la mirada perdida en lo vago, nada ve,
ni la germinación de la planta, ni loP gestos suplicantes
del doctor...... ¿Qué le importa á él, Willaarts el divi no,
un fenómeno del reino de Flora? ¿Qué vale ese médico
con sus oontoreiones de fantoche? ...... Lo intereeante es
la armonía que se escapa en ondas inmensaP, son los
acordes poderosos que llevan el alma á las ahas regio·
nea del ideal, es también la voluptuosidad física dada
por una modulación inesperada.
La ,Tacobelia muestra tallos deemeeursdos ...... Las flores del corimbo son y• roja~..... .
C1ertamentl', la dama rosa tiene en sus
pupilas una fijeza ansiosa.
Un formidable crescendo surge de pron·
to del clave. Estalla un tema de fuga ..... .
en tanto q11e las teclas agudas arrojan sus
fusa~, una escala diatónica, á la sordina,
difunde una majestuosa sonoridad...... La
claridad ( sí, la claridad! ) es más vi va en
la cií maral la luz del cielo está activada por
las ondas musicales!
La Jacobelia es violeta púpura...... su
talln se agita, se tuerce..... .
Hay un reflejo, hay una lágrima en las
pupilas de la dama rosa?
La cadencia final!......... La cadencia en
que se prodigan todas las riquezas del contrapunto!.. .... Es el bouquet de un fuego de
artificio!. ..... Es una carrera vertiginosa de
chispas, de flamillas, de luciérnegas y de
constelaciones!
Pobre florL ..... Habituadaáabrirte, allá,
lejos, al querelloso canto d&amp; un ruiseflor, ó
al dulce murmúrio de los bengalis; tú no
podías soportar el ardor de fragua salido
del clave....... Devorada, aniquilada por el
fuego, la Jacobelia se muere ...... La Jacobelia está muertal.. ... El talle frágil ha caí•
do hecho polvo, con una debil erepitación,
último reproche de la humilde planta, último suspiro de la alm:ta vegetal.. ....
Wickereloot se ha precipitado á tiempo sobre el clave,
más en el camino ha encontrado obstáculo insuperable,
el bandullo del burgomaestre!
La Jacobelia Wickersloot ya no existe!. ..... Ay! no debe perecer todo? No se ha ido acaso, también; algunos
días después, al cementerio, una flor rara y embelesadora: Jacobina?
Adiós, Jacobina, lirio celeste, margarita de los ensuefios estrellados!. ..... La dama rosa no se sonreirá más!
Pero allá arriba, allá arriba, mamá te tiene entre sus· br¡tzos amorosos!
AdióQ, Jacobelia, orquídea de Java! Nadie te ha vuel; ·
to á encontrar allá lejos, en la floresta de Oriente........ .
De tí no-queda más que un rl'cuerdo, consignado en una.
plaqueta rara, por el ilustre Wickersloo\, muerto en el
hospital de locos de Rotterdam 1
D'Aorour.

J,
¡ESPERANZA!
¡No lo extrafies!. ..... es Justo que en estas horas.
Que transcurren tan lentas y abrumadoras,
Busquen mis pobres ojos en lontananza
Los fulgores lejanos de la esperanza;
Y siempre la eeperanza-¡Dios la bendiga!Cou su vieja constancia de fiel amiga,
A besar mis pupilas con luz de aurora
B~ja de las alturas en donde mora;
Viene en noches eternas de fiebre ardiente
Con sus gratos efluvios á orlar mi frente,
Y bajo estas caricias que me sosiegan
Espero tantas cosas que nunca llegan, .....
¡Oh! los suenos dorados que yo persigo!
La dieha tan remota de estar contigo,
De llevarte, oprimiendo tus blancas manos
A encantados países, los más lejanos...... '
Y entónces acaricia mi fantasía
·
La concepción incierta de que ese día,
Besando tus cabellos de seda y oro,
Podré decirte á"solas cuánto te adoro!
Ya lo vez! la esperanza que siempre viene
Es la sola en el mundo que me sostiene,
Y seré, mientras me abra -su casto seno,
Resignado y sencillo, creyente y bueno!
Oh. esperanza! es la hermosa que á cada instanteSobre mi cuello enlaza su brazo amante
La visión fu~iti va de raudo vuelo
'
Por la que vivo siempre mirando al cielo
La maga misteriosa que cuando muera '
Ha de cer1ar mis ojos diciendo:-«¡esperal»
. ¡Q~é fuera de nosotros! ¡oh Dios cleme.atel
Sm nmguna promesa que nos aliente!

DOMINGO 4 DE JULIO DE 1197

Trae la ePperanza hermosa suspira v yerra
E l mortal desgraciado sobre la tierra;
A la luz que deepi&lt;len sus réeplaodores,
Las zarzas del camino parecen floree;
Parece que estuviera cerca la cima
De la cuesta escarpada que nos lastima,
Y absortos contemplamos, como un miraje,
Los agrios peñascales del triste viaje.
¡ Así somos n&lt;-sotroe, pobres criaturas!
Para hacer llevaderas las desventuras,
Vemos con los fulgores de la esperanza
Todo cuanto sabemos que no se alcanza:
La estrella de la tarde blanca y remota
Que contemplamos siempre con ansia ignota,
El iris que nos abre desde el espacio
El pórtico grandioso de áureo palacio,
El azul esplendente de la alta esfera ..... .
¡Todo cuanto es· mentira, cuanto es quimera!

Si guardo la esperanza de que estos versos
Que ignorados y obscuros irán dispersos,
Acaso los recojan tus manos bellas
Y los bailen tus ojoe con luz de estrellas;
Si acaricia un instante mi fantaeía
La concepción incierta de que eee día
Suspirando por algo que ya no existe,
Cmce por tu memoria mi nombre triste;
¡Cómo no ha de ser justo que estaa horas
Que transcurren tan lentas y abrumadoras
Bmquen mis pobres ojos en lontitnan2a
Los fulgores lejanos de la esperanza!
RoDULFO FIGÚERO.A.
Junio de 1897.
AT HOME

•

¡Llueve!-EI refrescante licor teje hilillos sutiles que
rayan á trechos los manchones negros esparcidos en el
horizonte. Lasgotitasde agua picotean alegremente en loe
cristales de la vidriera. Una nube abre we ojazos eom·
bríos y desfleca la corriente de sus lágrimas. Una parva·
da de pájaros se columpia en el polvillomeoudo del chaparrón. En las callee, el agua corretea y salta con movimientos locos y ondulacioms vegas.
La luz de la tarde se disuelve en tonos cenicientos, se
abrillanta en el plano de una vieja tapia, se esfuma bajo
las ramas de los árboles que agitan-estremecidos al contacto de la lluvia-su cabellera; hace su flirt discreto al
rededor de las aceras, se va muriendo poco á poco, como
una joven anémica falta de los rojos globulillos que el sol
hace circular por las arterias del universo.
La tierra toma con delicia su baño de regadera; se ha
levantado muy tempranito, se ha prendido su tocado de
flores recieIJ abiertas, se ha ruborizado á los cárdenos be·
sos del astro de fuego, y ahora recibe su duchazo con deleite indecible. Mañana amanecerá más hermosa, cada
latigazo de agua hará saltar en su rostro nuevos colores.
¡Llueve! ¡Llueve!
Los arroyuelos entonan su canción rítmica; van murmurando secretos susurrantes, ténuee secretos que las
nubes han abrigado en sus gasas; leyendas de legiones
albas, cuentecillos sorprendidos en los nidos, diálogos
escuchados en loa roEales. Y allá van, allá van en copitos de . espuma, en cascadillas sonoras, en remolinos
vivaces........ Van con las onqae inquietas que arrastran
hojas desprendidas delas ramas; tapo.nea de corcho, fragmentos de periódicos..... .
Y las corrientes ee ensanchan, se ramifican, se unen en
abrazo estrecho, se deslizan á lo largo de una callejuela,
á paso forzado. Ya se detienen vacilantes ante inesperado obstáculo, hasta que las gotitas que vienen detrá6, se
empinan, forcejean, empujan á las que marchan á la van•
guardia, y la _cl!arc~, haci.endo un supremo esfuerzo,
brinca, se precipita, impaciente de eepectáculosdeeconocidos, ébria de movimiento, loca de vida.
En estas tardes, el libro nuevo os espera en vuestra
mecedora de junto al balcón; la desleída claridad del cielo parece como que prepara vuestro espíritu á las impresiones, como que habéis roto con esa vida de todos los
días y sois más íntimamente vuestro.
Pero acontece que el tomo se os cáe de las manos, que
no os agrada aquella disciplina intelectual á qt.:e el autor
oa obliga. .Acaso pensáis entónces-como el personaje
de una de las últimas obras de E~hegaray-que en los libros está todo muy arregladHo, ó muy deearregladito;
que los renglones están en línea recta, las letras muy
ajustadas; que donde debe haber coma, hay coma, y donde debe haber punto, hay punto. ¿No se osha ocurrido
entónces rectificar el desenlace de una novela y acomo•
darlo á. vuestra fantasía?
¡Y qué satisfechos quedamos entónces de nuestra tarea
revisora y providencialista! ¡Cómo nos reconcilia esta fé
de erratas con la vida! ¿No es nuestra imagioación la
buena eterna hada que todo lo remedia? ¡Cuántas desdi-,
chas no hemos eliminado con la incorregible loca de la
cma! Pero suprimir el mal ¿no serla el más grande de
los males? Si la maldad no existiera ¿cómo conocertamos la bondad? ¿Qué empleo tendrían las virtudes y loe
actos heróicoe y las acciones nobles?
Además que la maldad absoluta no exiete. No hay
hombres resueltamente malos, como no loa hay resueltamentamente buenos. Tod6s somos buenos y malos, á ocasiones, á ratos dentro de este 6 de aquel orden de ideae.
Y de aquí procede que alg110a vez sorprendamos en el
fondo de nuestra conciencia un movimiento extrafio á.
nuestra conducta moral. Es la bestia que se descubre.
Ignorábamos que tuviéramos dentro ese fermento morbo~o ese protoplasma de fiera, y nos quedamos admira•
dos al ver cuán facilmente h emos podido · formular un
deseo que derriba todos' nuestros elevados principios altruistas.
¡Cómo! ¿he sido yo el que ha acogido sin prote,ta este
repentino sentimiento de egoismo? ¿Luego...... soy malo?
De mi firme virtud ¿qué resta? Nada, 6 casi nada. Un

,1

EL MUNDO

incidente, el más trivial, puede hacerla naufragar. ¿Qué
es, pues, el bien? Cuando la lluvia desciende á las eiem·
bras y refresca la tierra, el grano se amontona en la tro·
je y flota aliento de paz en todas las conciencias. Pero
que la nube pase de largo, que hinche el viento sus velas,
que las gotitas de agua no picoteen alegremente los crie•
tales de la vidriera, y entonces habrá. cólera en todas las
miradas, odio en todos loe corazones y amenazas en todos
los puflos.
¡Que cante el.aguacero su himnó sonoro! La luz ceni•
cienta de la tarde se dísuelve por momentos, va á desaparecer la virgen anémica. La lluvia t!'je sus hilillo3 s11tiles, rayando á trechos los manchones negros, esparcidcs en el horizonte, los pájaros se colnmpian en el polvillo menudo del 9hap~rrón; el libro se os cae de las
manos, y en la mecedora de junto al balcón os compla•
céitren dejar ir la fantasía, viendo como los arroyuelos
corren y se precipitan eu copitos de espuma, en cascadillae sonoras..... .
CARLOS DrAZ Dr Foo.
Junio de 1897.

LOS VELOS
Velos ténuee, vaporosos y sutiles, como leves
brumas bl'lncas que sombrean y acarician los semblantes;
impalpables fioae telas que en la faz resbalan breves
deteniéndose en los labios encendidos, incitaates.
Velos blancos y simbólicos adornados de azabara~,
que semejan albo nido de p lumón blando y ¡tracioso,
y confunden en las almas alegrías y pesares,
al fulgor de los blandones en el templo majestuoso.
Ora ne-gros y tupidos, del misterio son aliados,
son espesos nubarrones qne frialdad ó duelo ocultan:
la viudez en llanto moja sus tt-jidoe delicados
y en sus pliegue3 loe ensuefl.os dt&gt; la monja, se sepultan.
Oh, los velos que se agitan al contacto de un aliento!
Ya tramados en su urdimbre por mil hebras argentadas,
de los ojos ideales bajo el terso firma mente
aparecen los semblantes como rosas escarchadas.
Ora mécenee tranquilos en los senos !\lbeautee,
como nubes e~fumadas sobre combas palpitantes;
ora agítanse en la paja de sombreros multiformes
y son alas juguetonas de libélulas enormes.
Ya en la tez de una morena, puntuados al azar,
.sobre el labio ardiente estampan atractivos, un lunar;
ó ya ausentes los colores del semblante juvenil,
son los mudos confidentes de un insólito pesar,
y parecen blancas vetas en un rostro de marfil.
OH, VELOS!
Sois graciosos, elegantes y coquetos, más no admiro
vuestras gracias, que son rejas del semblante; yo suspiro
por la faz que libre ostenta su lozana juventud.
Me entristece la tristeza de esos labios lisonjeros,
defendidos, apartados por los velos carceleros,
y quisiera con mis labios quebrantar su esclavitud.
Aumi:uo GoxzÁLEZ CARRASCO.
Junio de 1897.

CAMAFEO
El chalet de terso marmol aPaeta el IDP,dio día,
Y su brillo, como sangre que de abierta herida mana,
En la alcoba penetrando por la gótica ventana,
Prende ramos de camelias en la azul tapicería.
En un ángulo, cuál lago de apacible diafanía,
El acero resplandece de una luna veneciana,
Y en las ricas jardineras de brillante porcelana
Hay doradas crisantemas que doblega la agonía.
Y desnudo, deetrenzado el profuso y .fino pelo
-Negra noche que obscurece de su frente el puro cieloHojeando con descuido su novela favorita,
En la negra piel de oso, piel con ojos de granate,
Dientes y u ñas marfilinoe, ta hetaira luce el mate
Impecable y trasnparente de sus formas de Afrodita.
Exm\:x REBOLLEDO.
Junio de 1897.
♦ ~ .

EL EXTRANJERO.
De Baudelaire.

-¿Qué amas tú más, hombre enigmático, dí; á tu padre, t•t madre, tu hermana ó tu hermano?
-No tengo ni padre ni madre ni hermana ni her•
mano.
-A tus amigos?
-Oa servís de una palabra cuyo sentido no conozco
aún.
-A $u patria?
-Ignoro bajo qué latitud está situada.
-A la Belleza?
-La amaría de buen grado, diosa é inmortal.
-Al oro?
-Lo odio como vos odiais á Dios.
-Qué amas tú, pues, extraordinario extranjero?
-Amo las nubes......... las nubes que pa81ln ......... allá
lejos ......... las mriravillosae nubes!
Ahora que á hablar de su virtud comienza,
yo me cubro el eemblante,
porque me da vergüenza
dé pensar lo que pienso en este instante.
CAllN..UCOII,

TRADICIONES PERUANAS
PALLA-H UARCU NA

¿Adó.ode marcha el hiJo del sol con tan numeroso Eéquito?
Tupac-Yupanqui, el rico en tocias la.~ virtudes, como lo
llaman loe harai•icus del Cuzco, va recorriendo en paseo
triunfal su vasto imperio, y por donde quiera que pasa
se elevan unánimes gritos de benjición. ~l pueblo aplaude á su eoberanu porque él le da prosperidad y dicha.
La victoria ha acompañado á su valiente ejército, y la
indómita tribu de loe pachis se encuentra sometida.
¡Guerrero del llantu rojo! Tu cuerpo se ha bañado en
la sangre de los enemigos, y las gentes ealen á tu paso
para admirar tu bizarría.
¡Mujer! Abandona la rueca y conduce de la mano á.
tus pequeñuelos para que aprendan, en los soldados del
Inca, á combatir por la patria.
El cóndor de alas gigantescas kerido traidoramente y
sin fuerzas ya para cruzar el azul del cielo, ha caído so.
bre el pico más alto de los Andes, tifl.endo la nieve con
su sangre. El gran sacerdote, a l verlo moribun1o, ha di•
cho que se acerca la ruina del imperio de Mauco, y que
otras gentes vendrán en piraguas de alto burdo á imponerle su religión y sus leyes.
En vano alzáis vuestras plegarias y ofrecéis sacrificios
¡oh hijas del Soll porque el augurio se cumplírá.
Feliz tú, anciano, porque sólo el polvo de tus huesos
será pisoteado por el extranjero, y no verán tus ojos el
dfa de la humillación para loe tuyos! Pero, entretanto,
¡oh hija de Mama-Ocllol trae á tus hijos para que no olviden el arrojo de sus padres, cuando en la vida de la
patria suene la hora de la conquista.
Bellos son tus ojos, nifia de los labios de rosa; pero en
tu acento hay la amargura de la cautiva.
Acaso en tus valles nativos dejaste el ídolo de tu corazón; y hoy, al preceder, cantando con tus hermanas,
las andas de oro que llevan sobre sus hombros los nobles
curacas, tienes que ahogarlas lágrimas y entonar alabanzas al conquistador. ¡No, tortolilla de los bosques!.. ...•
El amado de tu alma está cerca de ti, y es también uno
de los prisioneros del Inca.
La noche empieza á caer sobre loe montes, y la comitiva real se detiene en Izcuchaca. De repente la alarma
cunde en el campamento.
La hermosa cautiva, la joven del collar de gu.airuro&amp;la destinada para el serrallo del monarca, ha sido sorprendida huyendo con su amado, quien muere defendiéndola.
Tupac -Yupanqui ordena la muerte para la esclava.
:nfiel.
Y ella escucha alegro la sentencia, porque anhela reunirse con el dueño de su espíritu y porque eabe que no
es la tierra la patria del amor eterno.
Y desde entonces ¡oh viajero! si quieres conocer el sitio donde fué inmolada la cautiva, sitio al que los babitan~ea de Huancayo dan el nombre de PaUa- hu.arcuna
fíjate en la cadena de cerros, y entre lzcuchaca y Huay:
ninpuquio verás una roca que tiene las formas de una
india con un collar en el cuello y el turbante de plumas
sobre la cabeza. La roca parece artísticamente cincelada
y loe naturales del país, en su sencilla superstición 1~
juzgan el genio maléfico de su comarca, creyendo 'qu&amp;
nadie puede atreverse á pasar de noche por Palla-huti.,·cuna sin ser devorado por el fantasma de piedra.
RcrARDO PAL.1u.

En Francia, las cosas pcquefias lie tratan con solemnidad; las grandes, con liger~a.
F n&gt;ERI(X) II;

�DOMINGó 4 de JULIO de 1197

EL MUNDO

12

DOMINGO 4 DE IULIO DE 1197

POETAS AMERICANOS
FRANCISCO A. DE ICAZA
Existe un linaje de poeta3, y ta) vez de lo~ mejores, de
quienes puede afirmarse q~e no. tienen. n_ac1onahdad de•
terminada, ni pi,r su eep1r1tu m por el 1d1owa en que es•
criben. Ejemplos de ello EOn Campoam~r y Becquer, _entre loa nacidos en Eepafia, y entr~ loe nacidos en _América,
Heredia el mozo, autor de Los 1 ni.[~os, y Francisco A. de
Icaza, el delicadísimo ~oeta de J~'fwu,·,u. Tan sólo una
razón estúpida, la de1 tiempo y del_ lugar, hay para creer
que el maestro Campoamor ha nacido en España y no en
Alemania como Goethe; ó en Inglaterra, como Byron; ó
en Rusia, 'como Pucbkine; pienso que nuestro gran poeta ha .sfguido .~ie11do e8)Jaiiol, por grandeza d~ al~a, por•
que ha creído con mucha razón, que la nacionalidad espafiola ea la más honroea y la más adecuada para un gran
pot-ta Yo no Eé si alguie11 lo habrá afirmado, pero ob~ervo ·ahora que si, como se h~ dicho, todos loe espaflolta
tenemos algo de poetas, también todos l&lt;!s grandes P&lt;!e·
tas tienen algo de españoles. En la _creación más goet!11n·
110 de Goethe en Mtfütófelee, á qmen ee ha caractenza•
do como el /.,r¡uema del gemo analítico tudesco, ¿será
dificil hal1ar rasgos de los q1,1e á cada paeo _encuentra
quien eepa leerlos en las obras de los más 1em1bl~s heresiarcas y relapeos españole~? De lord Byron no hay que
hablar: es un inglés lleno de andaluzadas. Y: en cua11to
á Yictor Hugo, que tan mal nos conocía al por meno~,
pero que tar. clara y alta idea t~nía de nuestros se~t1rnientos y nuestro carácter, ¿qmén podrá no ver la rnfiutncia espafiola, una infll!-encia inconsciente é intuitiva, en muchas de sus creac1~m~s?
.
Becquer sevillano de nac1m1ento, acertó en Cien ocasiones á d;r plaeticidad }'. reliev~ en nuestra lengua á los
sentimientos y áun á las 1mpreswnes que ~e sus antepaeados alemants heredara, y otro poeta parecido áBecquer,
pero mayor que él en mi opinió~ humilde, ;'lug_usto Ferrán eupo encontrar con ruarav1lloea persp1cac1a Y. tra•
duci~ en la más sencilla é inspirada forma, el lazo rndefini ble que une cie,tos modos de la fantasía de ~uestro
put:blo, con la de otros muy apartados: eea relación, cu•
yo descubrimiento tanto da que ptnear cuando la ob_ser•
va uno viva y palpitante, como á m1 me ha ocurndo,
oyendo con ,·erdade10 asombro, cantar la leyenda de
Lo1eley, punto por :punto, en cierto pueble~illo de las
cercamas de Toledo, y colocar á su pr?tagometa en un
ceJrillo que nombran de la Encarduda, Junto al arroyo de
Guajaraz.
:En fin á Ileredia el vivo tiénenle por suyo los académicos y la gente culta de Francia, pno no el pueblo francés, que nunca llegará á comprenderle como .comp!e1:1de
y Htima á Coppée. Le creen los ~uy presumidos, 1m1tador ó discípulo de Leconte de Lisie, y no repar!"n que
Hnedia ...... €8 muNtro por el pemar y por el decir, áun
cuando emplet 1~ lengua franceea niáe atildada, en su~
admirables eondoe. 1-i tiene tampoco Heredia de ame•
ricano otra coea que el nacimiento. Por ningun ettilo se
parece á los poetas de Cuba, ni siquiera al otro Heredia.
:Es un poela eepañol de raza y clásico de empaque.

***

Francisco A. de Icasa nació en México...... y nada más.
Dd loe poetas mexicanos q11e conozco, no se parece á ninguno. ¿Es mejor qué ellos? ¡Es peor? Es sencillamente,
disli1.to.
Francisco A. de !caza es un poeta escencialmente latirw, por su educación artística, por sus viajes, por sus afic1onee y gustoe, y por su ,emperamento. No hay en sus
poesías (al menos en las publicadas), el más leve razgo
que denuncie el c,rigen aruericano del autor. Lafantasia
poderosa, pero pronta á descarriarse; el tono oratorio!
pero, en geberal, no muy vibrante ni muy enérgico; e
vrurito de diluir las ideas y loe sentimientos en verdade1 os oceanoe de palabrae sonora&amp;: el empleo de loe lugares
comunes del pseudo-clasicismo barroco, grato á los poe•
tas franceses y españoles de principio de siglo; loe súbi•
tos arranques de odio contra 1a patria española, y los di·
tirambos rimbombantes en loor de eeteó de aquel liberta•
&lt;lor, son caracteres de la poesla americana, en la primer
mitad de este siglo, y es inútil buscarlos en !caza, poeta
modemo, con el más refinado modernismo.
,La inoportuna imitación de los poetas ingleeee, íran•
ceses y alemanes, y el infeliz intento de adaptarlos á las
formas clásicas aprendidas en la escuela de los Caro, de
Bello, de Olmedo, etc.¡ ti dilettantiemo artificial que ha
inspirado á muchos jóvenes poetas americanos ciertas
malsanas y confusas admiraciones, haciéndoles preferir,
verbigracia: Baudelaire á Musset, Keate á Byron, y el
moderno Stecchetti á Leopardi, y enamorarse de lo peor•
cito de Yictor Hugo, y de lo menos meritorio de nuestro
gran Núfiez de Arce, eon los caractéree de la modernísima poesía hispano-americana, no comunes ciertamente
al poeta de quien hablo.
¿Quiére esto decir que !caza Eea un poeta español de
pura caeta? No. !caza escribe en castellano, y en muy
buen castellano, como quien se educó en lecturas clásicas,
y sigue educándoNe en ellas, méritos que muy pocos tienen.
No cree !caza, y hace muy bien, que la lectura y la
constante práctica de loa clásicos españoles, sea solamente labor de la primera juventud. P&lt;Jr haberse apartado
muy pronto de ellos, y por haberse encaprichado con es•
tasó aquellas novedades de fuera, nuestros poetas incipientes han perdido el camino derecho, y han erterilizado facultades poderosísimas. í porque se vea que no hablo de memoria, me referiré á un poeta amigo mio, á
1::Salvador Rueda, en quien el excEeo de facilidau y la deeaforada potencia iwaginativa, han ceslucido no poco
las grandes cualidades que la naturaleza le concedió.
Las malad C&lt;Jrnpaii!a.,, los amigos oficiosos, y tal cual
c1ítico lleno de envidia y de dirversa inteLción, creyen•
do favorecerle (supoogámoslo piadosamente), han perjudicado á Rueda, aplaudiéndole sin mesura y procurando su engreimiento, en vez de alentarle á pros~guir con
lentitud el C:\minc que llevaba, Ei! do la P,:t:bia ,wtHratista
{en el sentido clásico de eeta palabra,) el de la inspira-

ción agreste y campesir;a: le han. obligado á ~eterse en
berengenales filosóficos, sociológicos y estéticos,.}' han
querido trocar la alondra de loe campos en gorr1on de
loe aleros Jo cual no conduce á un buen fin. Así, en muchas de s~s composicionee, Rueda parece uno de e~os
guitarristas maestros, que tambié~ .t&lt;!can un poco el p1a·
no, y que, engañados ó _mal dmg1_dos, mtentan producir, con tecl~o vu lgarfe1mo y cure1, el eEcalof~io que
remueve el corazón, al raFguear p10fundo y nervioso de
la guitarra. Ko hubiera abandonado !~suya Rueda, como
no la abandonó AuguEto Ferrán, y qmén eabe lo que hubiera sido.

*
Icaza es uno de esre poetis*delicadoe, íntimamente

lf.
ricoe, para quienE&gt;s el aspecto d_e las. cosas ,-~le poco, Y la
substancia de ellae, mucho. 1'eces11a un Jor,do plási,co
de tan rico valor como la Albawhra, para po11er en fuego lae facultades pintoreecas, tan lozanas y abu?4antee
en los poetas amnicanos; y aún así, )a e.ituw,:idad, el
mundo. loe con,idera él, como bueu líneo, rtfle¡os dE: su
propio tetado de áni□o. En La /ryeuda dd ¡,,,,,o, admir~ble composición, donde se lt&gt;en tstrofas como las 81·
guientes:
"Yen. que la tarde muere, el sol declina,
de 1nírpura t,;:e híle la AlJmjn-i:rn,

encifnde!--e la estrella ve~pertma,
Yuelve al alero ya 1n goloJl&lt;lrina
y calla en el barnnco Ja cigarra.

El vientodnerme en la arboleda orn:cura,
pabellón de los plácido, sendero,,
y entre las rama, de gigante altura,
ias fra~es que te dic:e mi tern.ura,
las trinan en sus 111dos los g1lgu¿ros......... .

11

en eEta composición, digo, las bellezas deECriptivas que
como se ve solo sirven tl1, n,areo y de envoltura á la pa•
sión del po~ta, quien después de 1ecorrer coa s~ amada,
el espléndido palacio de los Alhamares, y de P)ntar sus
maravillas en hermosos versos, concluye por decir, echando á rodar todo su entusiasmo de artista:
"Bé"8lllc con tus labios carmesles,
mientras tus ojos como el cielo azules,
me miran entornados...... ¿Si? Sonrics.... ..
¿Qu~ me importan umores de zegrles,
ae m uza.~, de gomeles y gazules?11

La salida no puede eer más propia de un enamorado.
Capaces fueran de ha her dicho eso aquellos poderosos ca•
lifas que edificaban y destruían ciudades ó talaban montañ~e y Jlanurae, ó poblaban de almendros la sierra ve·
cina, por satiefaler los caprichos de las deedefiosas hu•
ríes.
En poesía lfric0, lo que importa es el sentimiento, n_o
las materiales condicio11ee que le rodean. Como el sent1•
miento eea verdadero y hondo, fuerza tendrá para crear
poesía por sí y en torno suyo. ¿Quién sino el que va inspirado por una pasión juvtnil recien nacida en el pecho,
acertará á expreeane con tanta graciosa frescura como
Icaza, en aquellos versos que en la memoria conservamos
todos los aficionados á la poeela sincera?
"Este es el muro, y en la ventana,
que tiene un marco de enredadera,
aejé mis ve1-sos u11a mailane,

una mañana de primavera."

Quien sepa de alg•.ín poeta que en castellano como este
ponga versos tan claros, tan Eencillos, tan líricos; en su·
ma, como las de esas .l&lt;.súmc!as, que lo diga, que lo mueatre. ¿Por qué, pues, no eon populares un~e versos tan
lindos, y que 110 ee parecen áloe de otros poetas contem•
poráneos, cotno no sE&gt;a, muy rtru0tamen1e, por cierto, á
fos de don Yentura Rulz Aguileia, admirable poeta in•
justamente olvidadv?
Yo no eé si !caza será popular en América, aun cuando
soEpecho que allí prtfien::n a otros poetas, á los de las estrofas rimbombantes, á los 1müado1es d~ Víctor Hugo, á
los lleines del tres al cuarto. Lo cierto ea que en .!!:apaña
ao!amente el público decidiaam~n~e aficionado, el que
lee toda c Jase de verel s, buenos y malos, conoce á !caza,
cuando, con toda justicia, d~bitra conocerle el publico
grande, el que lte lvs versos buenos nada was, y eso cuan•
do alguien se los recomienda, porque aquí no se mueve la
hoja en el arbol sin una r~corut::ndación de la autori•
dad ......... fl.ores~al.
Pero, es natural: !caza, con tener muchos y muy bue•
nos amigos en .l!.spall.a, siempre es un e.i-tra,,jero, uo da
bombos en loe periódicos, ni influye con loe amos ó editores de revistas y de librucoe; y biendo asi; ¿cómo van
á alabarle cienos crítico8 militantes, atentos svlo á gtJnar
amigos con miras adwmistrativ11b?
Por eso, ¿os que no usamos á diario el consabido escalpelo, es decir, loe que renunciamcs, por incapacidad y
por otras causas, al oficio de literatos puros y sin mezcla,
estamos obligados á denunciar estos filones del talento,
ocultos por modestia euya y por indiferencia ajena. Poe•
tas como Icaza no andan por abf de sobra, para que la
crítica no les baga caso. Finallllente, y no po1que se me
acabe la materia, sino por no ser mas lato, paracaracteri·
zar á !caza, pudiera deciree lo ya indicado: que es un
poeta latino, en quien la influencia de loe clásicos anti·
guos y de loe nuestros, y muy particularmente la de al•
gunos modernos poetas italiauos, han formado una per·
eonalidad marcada é independiente, distinta de las que
más significan y representan hoy entre nosotros. Su vi•
no es una mezcla d~l Cécuba clá&amp;ico, del oloroso Chian•
ti y del Jerez de la más rica solera, y con tan sabrosos
componentee, no hay mezcla desagradable, aunque lo
contrario aseguren !011 que no entienden de bebidas.

F.

NAVARRO y LEDES~fA.

Cuanta es mayor por tí mi idolatría,
tanto más admirarte necesito,
pues halla al contemplarte el alma mía
cuando escucha tu acento, la al0gría;
cuando mira á tus oj:)e, lo infinito.
CA~!POAMOR.

•S

EL MUNDO

T.ALLEYRAND

ENGANO SUBLIME

( Articulo inédito de Víctor Hugo.)
En la calle de S,ünt Florentín hay un palacio Y un albañal.
·
t · t
El palacio, de una arquitectura nob 1e, rica Y r1e e, 88
llamó por mucho tiempo Palacio del lnf111tfado; hoy* se
lee arriba de una puerta principal, Palacio l'ulleyr0;nd. .
Durante loe cuarenta affos que vivió eu esa call., el ú\t1mo
huésped del palacio, quizá no dejó caer nunca su mirada
eobre el albañal.
.
Ese huésped fué un personaje extraño, temido Y muy
considerado; se llamaba Mauricio de Pér~gord; era J?Oble
como Maquiabelo, sacerdote como Gond1, d~senfrailado
como Fouquet, agu:io como Yoltaae y COJO como el
diablo.
. b
él ¡
Podría decirse que en él todo COJPa ~ como : a no•
bleza transformada en criada de la Repubhca; l_a clerec 1a
que arrastró en el campo de Marte, y lu_ego arro¡ó al arroyo; el matrimonio que romp~ó con ve1me eecándalos Y
con una separación voluntana, y el talento que deshonraba con la bajeza.
Esto no obstante, en ese hombre habfa_grandeza En
él se confundían los esplendores de dos ~emos: e~a prí~cipe de Vaux-, reino de Francia, y príncipe del imperio
francés.
¡ ·
Durante treinta aiios, desde el fondo de su pa ac10 Y
deede el fondo de su pensamiento, manejó t,.d_a Eu_ropa. Se dejó tutear por la Revolu~ión y le eonnó, bien
que irónicamente, pero la reyoluc1ón no_ lo notó. Cono•
ció, observó, penetró, removió, profundizó, burl? fecundó á todos loe hombres de su época, á todas las .1deaa de
su siglo· y hubo en su vMa minutos en que temendo_en
su man¿ loe cuatro ó cincO'hilos forcnidaolee que hac1an
mover al unive,so civilizado, era títere suyo Napoleón I,
emperador de los franceses, rey de Italia, protector. de
la éonfederación del Rbin, mediador de la confederación
suiza. Con qué hombres jugaba él(
..
Después de la revolución de Julio cayó 1~ v1eJa r~~a
de que fué gran chambelán, y él quejó de pie y Je d1¡0
ai pueblo de 1830 que estaba deeuudo y sentado en un
montón de escombros:
-Hazme tu embajador.
Ricibió la confesión de Mirabeau y la primera conñ•
dencia de '!'hiera.
Hablando de sí mismo decía que era un gran poeta Y
que había hecho una trilogía en tres dinastías: ac:o l?
Imperio de Bonaparte; acto 2? Casa de Borb6n; acto 3. Casa de Otleans.

.

Todo esto lo hizo en su palacio, y á ese palacio, lo mismo que una araña á su tela, atrajo, para apoderarse de
ellos, á loe pensadores, á loe grande~ hombree, á los con·
quistadores, á los reyes, áloe. príncipes, á los emperado·
res, á Bonaparte, á Siéyes, á Mme. dE: Stael, á Cbat!3BU·
briand, á Benjamín Constant, á AleJandro d~ Rusia, _á
Guillermo de P,usia, á Francisco de Austria, á Luis
XVIII, á Luis Felipe, á to:l!"a l~s mos•as d~ra~as y ra•
diantes que zumban en la historia ~e estos ul~1mos cua•
renta años. Todo ese enjambre brillante, fascmado_ por
la mirada profunda de aquel ho':Ilbre, pasó Pº! debaJo de
la puerta sombría que lleva escrito en ~u arq1utrabe: Pu•
lacio 'lcilleyrand.
.
Pues bien, antier 17 de Mayo de 1838, murió ese hom•
bre. Vinieron los médicos y emba!earr.aron el cadáver.
Para ello, á la maoera de los egipcios, extrajeron d~l
vientre las entrafiae, y dt-1 cráneo, el cerebro. Conc~u,ai.
la operación. dtepués de haber tornado en momia al
prícipe de TallE&gt;yrand, y despuás de haber encerr~do la
momia en un ataúl forrado de seda blanca, sé retiraron
dejando en una mesa loe sesos, aq·1ellos sesos que habían pensado tantas corna, inspirado á tantos _hombres,
construido tantos edificios, guiado dos revoluc10nes, engañado á veinte reyes, y comenido al mundo.
Idos los méiicos, emró un criado y vió lo que habían
dejado.
-¡Toma! Ya ee olvidaron de esto.
¿Qué hacer con ello? Recordó que en la calle había un
albañal, fué allá, y en el alball.al arrojó el cerebro.
Finis rerum.

NUMERO J:6.

, ... i n '

noche á la sefiota Duvernoy, puesto
que ha tenido á bien autorizaros para
ello. No me disgusta tener una mujer por adversario. Buscaré la parte
vulnerable de la coraza de .esta Mi•
nerva.
-Oh! dijo el notario con convic•
ción, buscareis en vano, no la encon•
traréie.
El eefior Martin dejó ver una sonrisa un poco fatua. Había conservado
el hábito de las conquistas femeninas,
y para ese parisiense, t-0dae las pontarlieresas eran provincianas de espíritu,
estrecho á· quienes no sería dificil des•
lumbrar.

la cuadrilla americana, iba de los unos á loe otros, engo•
losinando graciosamente á algunos bailad,lree recalcitrantes y pareciendo no acordarse de que un hombre lla•
mado Leódice Martín ee hallaba ea el salón.
A la cuadrilla americana sucedió un vals. El banquero
vió pasar ante sí á la eefiora Duvernoy, ligera y radiosa,
del brazo de un joven oficial de artillería.
El subprefecto fué á reunirsele.
- Y bien, dijo el funcionario, debemos, vos y yo, un
obsequio á la sellara Duvernoy: ha estado perfecta, se ha
desistido con una sutil gracia, la gracia que lleva á todas
las cosas. Hubiera eetado correcta al testimoniar un po•
co de mal humor. Yo que la creía ambiciosa! En fin;
acaso se trate de una abnegación, de una modestfa. Y sin
embargo, qué mujer de diputado, qué mujer de admi•
nistrador haría!
Y deslizó una mirada melancólica hacia la seca y desgarbada señora Metroz, lanzando un elocuente suspiro;
después continuó:
-Tan graciosa, tan amable para todos. Tenéis· vosotros tan lindas mujeres entre vuestras parisienses? Mi•
radia, queri:!o señor.
Miradla! el querido &lt;1efíor desde hacía una hora casi no
se dedicaba á otra cosa.
De mi:mto en minuto crecía su despecho. Si hubiese
encontrado á Beltrana pobre como en otro tiempo, abandonada ó gimiendo, casi ni hubiera pensado en amarla;
pero encontrarla tan comple~amente indiferente, admi•
rada de todos, aforada quiza, hacía nacer en su corazón
·un sentimiento de vanidad herida y de pena egoísta.

En su salón, la eell..ora Duvernoy, rodeada de sus fielee, iba y venía, son
riendo á todos, tan tranquila, tan se•
ñora de sí misma, que loe más clarividentes, los más deeconfiadoe, se enga•
ñaron. La reunión era numerosa, habíase convocado á todo11 con estas su•
geetivas palabras: «Para conocer á
nueeho candidato á la diputación.,, Y
al calce esta promesa más seductora
aún: «Se baílará...
Beltrana sabía bien que el barbullo de la danza es fa.
-¡Cómo! presentarse, exclamó el seño1 Ribaudet. .Y
vorable á las intrigas secretas, que nada permite más ais·poniéndose serio de pronto:
larse entre la multitud, que nada despista mejor las pera·
-Entonces ya comprendo.
XLIV
picaciae y las malevolencias. Sabía también que estas toi-¿Qué es lo que comprendéis, mi querido notario?
No constitnye por cierto una canongía la posición de
-Ya comprendo por q11éel pobre capitán Kirkampam lettes de eoiréee íntimas, que permiten los tules, loe en•
candidato á la diputación. El seflor Martín hizo la expe•
ha recibido sobre l(mano el contenido de la tetera. Yo cajee, las indiscreciones del coreé, eran propicias á su be·
riencia. Desde en la matlana, veía acudir á su hotel al
me preguntaba:
lleza. Había q1,erido eer bella, y podía estar satisfecha
subprefecto ó al maes¡ro Ribaudet, habiéndose constituí•
-¿Por qué se ha conmovido ella tanto? Acababa yo cuando, al pasar ante los grandes e11pejos, .arrojaba una
do este último en agente electoral.
-de hablar de vos y de dar parte de vuestra candidatua; rápida mirada. Jamás mereció mejor ese nombre de «Si· El candidato se con vertía en su casa, en su presa, en
comprendo también por qué me miró ella con un aire ca• rena" que los oficiale3 de Brest le discernían; jamás sus
su esclavo. Cuando sonaban las cinco, trataba de suspai de hacerme esconder bajo la tierra cuando le pedí grandes ojos tu vieron una profundidad más turbadora ni
traerse á esta tiranía y corría á casa de Beltrana, multipermiso para pregentaros en el salón. 10hl es absoluta• un brillo más inquietante.
plicando sus visitas más de lo que el buen parecer le perHacia las diez, el señor Martín, escoltado por el nota•
mente preciso obtener que se desista, ma3 ¿cómo lograr·
mitía, con una esperanza siempre renaciente y siempre
Jo? A. cualquiera otra yo le diría: sois rica, haced un pe• rio, hizo su entrada. Avanzaba á través del salón con esfruetada de encontrarla sola.
quell.o sacrificio de dinero, ó . bien haría sonar la vieja ea seguridad que dan la fortuna y el éxito; el busto bien
Ella no lo recibía ya con la gracia sonriente del pri·
guitarra del interés de partido, pero con ella, con ella erguido, la cabeza hacia atrás en fanfarrona actitud de
mer día, sino con ironía y aun con desabrimiento. Se
buen mozo, que, á despecho de eue cuarenta y dos allos
que se burla de los partidos!. ....... .
hubiera dicho que esas visitas frecuentes la importunaY después de todo ¿por qué es empeña en que sea di· conservaba siempre. De pronto el eellor Ribaudet se deban; la sellara Fourneron le hacía reproches. La vieja
putado ese pobre de Duvernoy?
tuvo. Beltrana, ÍJ?,finitamente g,aciosa, y dulcemente sondama apenas si abandonaba el salón á la hora en que ve•
-¡ Ah! exclamó el sefior Martín, se diría que todos vos- riente, venía á ellos.
nía el candidato, prosigui~ndo sus negociaci.onee matri•
- Permitidme, eeñora, presentaros al sell..or banquero
otros temeie á esa mujer! ¿tan terrible es acaso?
moniales
si¡i desalentarse ni vacilar. Frecuentemente
-Terrible, no; es encantadora; toda azúcar y miel, ni Martiti. .
también el señor Martín encontraba á las sell.oritas de
Ella tendió la mano al recien venido, y dijo con una
una gota de vinagre, sólo que tiene á todo Pontarlier en
Lézinee y escuchaba la enumeración de las necesidades
su manecita. En primer lugar, da muchas recepciones, voz cuyo timbre metálico no hacía temblar emoción al•
de su obra y se veía forzado á vaciar su portamonedae
muchas comidas......... (se lamió loe labios), eefioras co• guna.
ent1e las manos de la tesorera para la famosa tombola.
midas y no os digo más; en segundo lugar, pequefiae ter·
Me felicito, eell..or, de ......... conoceros y de desearos la
Otras veces aun, caía en un estudio histórico que el
tulias cada semana y un gran baile en cada estación: noe bienvenida á nuestra comarca. Esa palabra «conoceroe,"
presidente del tribunal, vuelto á la gracia, iba á someter
faétidiaríamos tanto sin ella! Además, los. Duvernoy son fué imperceptiblemente acentuado, en tanto que loa
á la señora Duvernoy y cuya lectura quieras ó no quiedel país, aliados á las mejores familias, por su primera grandes ojos leonados se detenían penetrantes y autoritaras, debía sufrir Leódice.
mujer: una de Aubián, el sefior Duvernoy es el primo her. torioe en los ojos turbados del banquero. Esa mirada coEntretanto, laatournés electorales continuaban. Duranmano de las de Lézines y de loe de Sommeree.
mentaba las palabras, esa mirada decia:
• te todo el día érale preciso recorrer las aldeas de su cir·
-Perdón, dijo el banquero, que se extremeció; acabaie
-Feliz de conocer á un hombre á quien ya conozco
cun·ecripción, distribuyendo apretones de manos, repi•
&lt;le pronunciar dos nombres que no me son desconocidos• pero que no debe reconocerme.
tiendo las formulas triviales, los juramentos, la, prome•
Tenéis acaso de Aubián en la comarca?
Cohibido, Leódice Martín se inclinó, balbucaendo pa• aae. Vol vía muerto de fatiga, y al llegar á su hotel le ad•
-No, ya no loa hay, el último de ese nombrefué á mo• labras ininteligibles y preguntándose si no lo eagall.aoa
vertían que era eliperado por la noche, sea en casa del
rir c•n una expedición al polo Norte. ¿Pero qué tiene us- una extraña semejanza.
subprefecto, sea en ca!!B del notario ó en cualquier otro
ted, señor banquero? parece que no está usted bien.
Este encuentro imprevisto le causó una especie de míe• salón.
-No es nada, dijo el sefior Martín, hace un poco de do y como el presentimiento de uea derrota. Apenas si
La ciudad entera se lanzaba á la liza. Es preciso haber
calor en vuestra casa.
oyó las palabras de trivial política que con una voz pre- conocido el tedio de provincia para saber cuán fácilmen•
El notario se apresuró á abrir las ventanas.
cisa y clara le dirijia la señora Duvemoy.
te el menor acontecimiento se convierte en una ocasión
-Habéis p,ronunciado también el nombre de Somme.
El señor Duvernoy y algunas otras personas, aproxi• de fiesta.. En estas fi~stae Leódice era el rey; deslumbrares, replicó Leódice; yo conocí un Sommeres, Jacobo de máronee y comenzaron las presentaciones. El señor Marbaá loe hombres con la relación ~e prodigiosas operacioSommeree.
tín recobraba poco á poco su seguridad, pero su preocu• nes d-, bolea en que se entrechocaban los mi!.onee; en-Precisamente, es el primo de los Aubián; no está pación seguía siendo visible. El ritornelo de un vals se
cantaba á las mujeres con las confiienoiae de caballeresen Pontarlier en este momento, está en los Pirineos, Ba- dejo oir: á favor de la ligera barbulla que se producía en•
cas aventuras. Su facundia le atraía buen número de
réges, Bagneree;...... no sé con exactitud, retenido á lo toncee, pudo retirarse aparte. A hurtadillas miraba á Belpartidarios; á estos elementos de éxito, unía otros. La se•
que se dice, por un acceso de gota. Veamos, qué decidi- trana, y la perfecta naturalidad de la joven acababa de
ñora Fourneron soll.aba en casarlo, y tomando á lo serio
mos?
confundirlo.
algunas trivialidades que él le había espetado, repetía á
-Pues bien, mi querido I\Otario, me presentaréis esta
Toda_ab3orta en ese momento por la organización de quien quería oírla, que él despreciaba la dote, no pidien•
0

PENTELICA.

Del bloque menos puro y menos blanco
porque es humilde rui cincel, arranco
estos mármoles rotos que reuno
pa,a tí nada más.
Sé que ninguno
del arte patrio en las supremas lidias.
la gloria alcanzará.
Sacros laureles
tan sólo cilla, auque provoque envidias,
quién da vida á 1a piedra como Pbidias
ó la sabe esculpir cual Praxitelesl
Obscuros reprobados de la gloria
á obtener de tu afecto la victoria
aspiran nada más.
Y si son ellos
dignos de perdurar en tu memoria,
por que á tus ojos se presentan bellos;
tmtre esos mármoles, aquellos
más gratos á tu amor, por ser más pulcros,
de constancia y pasión darán ejemplo,
pues columnas serán de nuestro t;emplo
y marcarán también nuestros sepulcros!
ANDRÉS A. MATA.
[*l 19 de Mayo de 1S:l8.

�EL MUNDO

•
do más que un corazón sencillo y bueno. Todas las mu•
chachas, jóvenes 6 maduras; todas las viudas, serias ó
coquetas, eofiaron en ese marido que les caía de lae nubes y le tesfüicaron su buena voluntad, convirtiéndose
en eus más activos agentes eleetorales.
Era demasiado hábil para desalentar á tan poderosas
aliadas. Bien pronto las reuniones de en la noche no
bastaron á sus ardientes auxiliares; orgonizáronse almuerzos sobre la hierba y lunchs. En medio de estas
tournée electorales, Leódice veía aparecer un escuadrón
volante, dirigido por eus más fervientee admiradoras,
la sefiora y la sefiorita Ribaudet. Levantábanse las mesas, el champagne burbujeaba en los vasos y se bebía por
el próximo éxito.
Un domingo, la a!egre banda cayó en medio de una
fiesta de aldea, habiendo escogido Leódice ese día para
una de sus más importantes conferen•iae. Cuando acababa de tronar con la indignación virtuosa de un puritano contra los desórdenes de las cortes y había sido calurosamente aplaudido, se encontró envuelto en la excitación bulliciosa que dá el éxito.
-Al diablo la política, dijo; ahora divirtámonos.
Aproximóse á Beltrana, sus ojos decían: «Amémonos»
La mirada que encontró nada tenía de desalentadora,
pero con su voz agresiva, ella respondió:
En tratándose de diversiones podeis escoger entre los
caballos de madera y el tiro al blanco; en nuestras mon•
tafias no tenemos mas que placeres inocentes.
- Vaya por el tiro al blanco, dijo él alegremente.
Los campesinos rodearon el tiro, apartábanee cuando
se aproximaban lae mujeres, dei!puée volvían á agrupar·
ee, riendo bajo capa, divirtiéndose de antemano de eu
mala puntería. Sus esperanzas no se frustraron; las manecitag temerosas, temblaban al apuntar, y las balas se
iban á la aventura en todas direcciones.
-Ahora me toca á mí, dijo Leódice.
E indolentemente, con mano segura, hizo tiro de un
golpe.
Loe campesinos habían cesado de reir, y se leía en sus
rostros atesados la respetuosa admiración que toda supe·
rioridad en los ejercicios del cuerpo les inspira. El can·
didato comprendió que acababa de pronunciar la más
elocuente de todas sus conferencias, y para aumentar el
efecto:
-La destreza en las armas, dijo elevando la voz, tiene esto de precioso: que permite la clemencia. Así, en
mi 1ItiIIia cuestión de honor, después de haber escapado
al fuego de mí adversario, rehusé disparar. El insistió
pretendiendo que mi pistola debía estar descargada.
-«Eso es falso, dije yo, pero á cada uno su gusto. Pre·
fiero arrojar mi bala en el corazón de una manzana que
en el de un caballero.»
La risotada de los campesinos acogió esta broma. Leódice continuó:
-Apunté á una manzana que se balanceaba en un arbol vecino.
-¿Y la cortaetéie?
-¡Pardiez! ........ .
Miró en su derredor y percibiendo un manzano no lejos de ahí, apuntó lentamente; vióse caer la fruta y esta·
116 un grito de admiración; las mujeres aplaudieron y
loe campesinos se lanzaron para recojer la manzana y
examinarla.
Esa hazaña puso el colmo á la popularidad de Leódice
Martín; no se hablaba en la población más que de su
prodigiosa destreza; la historia del duelo y de la manza.
na dió la vuelta á loe cafés y á los salones.
Es Guillermo Tell, exclamó la tía Fourneron, es el héroe de la Independencia!
En medio de este entusiasmo dos mujeres protestaban:
la una por su silenciosa reserva, la otra por una evidente
hostilidad: eran la sefiora y la señorita Duvernoy. El
pintor había exigido que Lila siguiese á su madrastra á
la mayor parte de las fiestas.
-Una señorita de diez y ocho años, decía, no puede
quedar8" sola en la casa.
Ella obedecía con su helada indüerencia, respondiendo apenas á las instancias del candidato. Esta conducta
era forzosamente notada y discutida.
-Qué extrafia es la eefiorita Duvernoyl El sefior Martín sería, sin embargo, un excelente partido para ella;
un poco de diferencia en las edades, pero tan rico! Es demasiado bueno para :fijarse en esa tontuela.
La actitud de Beltrana excitaba más sorpresa aún; ella,

DOMINGO 4 de JULIO de 1897

Cuando el eefior Duvernoy transmitió á su mujer la
tan buena, tan graciosa, que no se permitfa jamás una
demanda del diputado, ella se puso roja de cólera, y dijo
burla, ella cuya benevolencia era ya proverbial, se moe•
traba irónica, provocativa, acerba, con respecto al futu • violentamente:
-No iré. ¿Por qué forzarme á asistir al triunfo de ese,
ro diputado, no intentando dieimula1 la poca simpatía
hombre?
que resentía por él; respondía á eue homenajee, J:!.O como
Mas ante la mirada sorprendida de su marido, añadió:
eu hijastra con altivo silencio, sino con epigramas hirien-Yo eoy bretona, amigo mío, no hay que olvidarlo.
tes algunas veces, mordentes siempre.
Cuando ella le daba la mano de malísimo talante, na- Todas eetae ovaciones republicanas hieren mi religión
monárquica, he aquí por qué habría deseado no asociar·
die podía sentir el calor del apret6n.
En medio de la comedia electoral, Leódice represen- me á ellas.
Después, con voz caneada, añadió:
taba una trajedia de amor y la representaba con con-Después de todo, ¡qué importa! Si deeeaie que preei•
vicción.
Ese papel, invisible para la galería, no había escapado da esta fiesta, lo haré.
-Sí, dijo él, os estaré reconocido, me comprometí por
á la perspicacia de Lila que poseía el dón de penetración
de loe silenciosos. Ella había sorprendido en las burlas vos.
Tuvo ella la mirada del nadador al que la corriente
de su madrastra una turbaci611 profunda, y en la guerra
arrastra
y que siente la inutilidad de sus esfuerzos, y
que hacía al candidato, una inteligencia secreta y extracedió.
ña. Había visto loe ojos de Beltrana fijarse en él á hurXLVI
tadillas, con rara expresión, y oído temblar aquella voz
La mafiana del día fijado para el garden-party, el señor
metalica cuyas dulces notas jamás conociera.
Aquello que Leódice se preguntaba con incertidumbre, Duvernoy ee preparaba alegremente á dirigirse á esa fiee·
Lila lo sabía. Hacia tiempo, desde el primer día quillé, ta cuando surgió un contratiempo bajo la forma de una
el velo espeso con que se cubría su madrasta, habíase carta y pasó á la cámara de su mujer:
- Un servicio importante que ee me ha pedido por uno
entreabierto para mostrar á loe ojos de la niña la arma•
dura de acero: la armadura se había hendido á su vez de mis amigoe, me obliga á partir al instante mismo. Expara dejar ver el corazón, un corazón debil y palpitante. presad mi sentimiento á nuestro querido diputado. EstaBeltrana había caído en eu trampa. Sentía renacer en ré ausente dos diae según creo.
Una hora más tarde subía al tren y Beltrana se dirigía
ella aquella misma turbación, aquella misma fiebre de
otro tiempo. Ese vividor envejecido y fatigado hacia vi• sola á casa de Leódice.
Aun se habla en la actualidad en Pontarlier de ese gar·
brar hasta el fondo de su corazón las cuerdas largo tiemden-party, cuyos atractivos sobrepasaron á lo que se ha·
po adormecidas.
Ella continuó la lucha mostrándose más y mas agresi- bía esperado: juegos de todas clases, autómatas, y por fiu
un salón de baile donde reinaban las notas de una briva á medida que estaba más y más quebra11tada.
llante orquesta. Cuando llegó la noche, los árboles del
XLV
parque se iluminaron. Por fin, para coronar la fiesta de·
En una de sus tertulias, Beltrana preguntó al candi- bía quemarse un fuego de artificio.
Una mujer empero, no compartía el goce genei;al, rudato á boca de jarro:
gía en ella una sorda irritación. ¿Por qué había ido ella
-Sois músico, sefior?
Qué si era músico! Gran Dios! Y «Leonora, mi gran· ahí? ¿Por qué se quedaba? Verdaderamente no habría
de amor?» Y «Para tanto amor no eeaie ingrata?" Reco- sabido decirlo. Hacer loe honores de esa fiesta, ¡qué ironía! Aplaudir ese triunfo, el triunfo del hombre que
gió el guante.
-Muy mal músico, sefiora; sin embargo, en otro tiem- después de haber roto su juventud, venía aún á derribar
po cantaba un poco, y si fa sefiora Ribaudet quiere tener la ambición de su edad madura ......... ¡qué humillaciónt
Leódice se aproximó. ¡Oh! esta vez ella ne le rehusó e}
la bondad de acompañarme.........
La eefiora Ribaudet, muy halagada, se puso al piano, tete-a-téte ni la conversación que desde hacía largo tiem·
y Leódice, con una voz ardiente, vibrante, cuyo timbre po intentaba. Fué ella quien le arrastró bajo la bóveda
apasionado suplicaba, comenzó la romanza de loe Porche•
de los árboles seculares. Entonces, en uno de esos cortos
y vehementes arranques en que el corazón dice eu última
rom.
palabra,
ella evoc6 el sombrío recuerdo del pasado. Le
El amante que os ,¡upllca
y que olvidástels, señora,
arrojó á la faz la cobardia de su traición, la infamia de
podrá tener esperanzas
sus falsas promesas, el egoísmo de su olvido; después,
de una mirada pia.dosa.T
con una voz dolorosa, hizo pasar ante sue ojos toda su
Sois tan dulce y tan crüell
existencia, su desesperación, su matrimonio de ira y de
Como a.pagar vuestras cóleras!
Ay! ó sabed adorar,
venganza.
O sed a.y! menos hermosa!
-De vos es de quien vienen todas las desgracias de mi
vida;
vos habéis marchitado mi juventud, vos os habéis
Desde las primeras palabras, desde las primeras notas
dest1uido
en mi alma la fe de la ilusión, vos habéis bur
de eea voz en otro tiempo tan amada, Beltrana había sen·
lado
de
mi
amor, vos lo habéis depreciado, hollado con
tido desfallecer su corazón. Vol vía á verse en el salón de
la villa Martín, cuando su alma ee abría locamente al só- loe pies. Entonces os amaba tanto que creí volverme local ¡Ahora os maldigo y os odio!
lo amor de su vida. Y era la misma voz, y era el mismo
Estaban, en aquellos momentos, lejos de la fiesta; ape··
hombre, y eran las miema,;i palabras las que oía.
nas
si los ecos débiles de la orquesta les llegaban! El le
Involuntariamente, casi fatalmente, sus ojos inclina•
doe ee_levantaron, y durante un segundo, el pasado, el asía las dos manos como lohaciaenotrotiempoyatra·
abandono, la vergüenza, todo fué olvidado. Retemblaron yéndola hacia sí.
-Miradme, Beltrana, y tratad de perdonarme. Soylos aplausos. Verdaderamente no se conocia al señor Mar•
muy
desgraciado, porque os amo y siento sobre mí nues••
tín ese magnífico talento. Cuando hubo concluido la ro·
tro
desprecio.
Os amo como os amaba hace quince af'ios,
manza logró aproximarse á Beltrana, los ojos leonados
es decir, hasta la infamia. Si os be mentido haciendooe.
habían tornarla á eu mirada enigmática.
El señor Martín fué elegido por una enorme mayoría. una promesa de matrimonio que no era libre para cum·
Un poco embriagado con su éxito, se mostró gran prínci- plir, si, os he mentido para que fuéeeis mfa. No podéis
pe pagando realmente á los que por él habían trabajado. perdonarme una falta cuyo sólo móvil fué la paeió¡ que
A unos lee distribuyó obsequios, invitó á los otros á un me inepiráai.eis? · Beltrana, escuchadme. Hace quincefestín y, por último, ofreció un garden-pCl#ty á aquellas á afioa yo no podía haceros mi esposa; debia sacrificarme
para salvar la vida de mi padre y el honor de vuestra caquienes nombraba eue bellas electoras.
Contaba con la libertad de esa clase de:reur.iones, para sa; mas ahora nada me separará de vos, mi bien amada.
obtener por fin, de Beltr_ana, la conferencia decisiva que ¿Queréis divorciaros? Pongo mi nombre y mi fortuna á
había ella eludido siempre, y como temía que ee escosa- vuestros piés. Prefería, que, fuera de la ley, unamos nu~ese de acudirá eu invitación, tomó por auxiliar al marido tros vidas? ......... ¿Por qué no hablamos de hacerlo? ¿No
sabéis cuan frecuentes son los matrimonios clandestinos?'
mismo.
-¿Peneaie vos, querido maestro, que la señora Dnver- Vendréia á Parí~ y todo lo que poseo, todo lo que soy os.
noy tenga á bien hacerme la gracia de recibirá mis invi- pertenecerá. Y yo no tendré otro deseo ·que el de haceros la mujer más rica, más feliz y más envidiada del
tados? ¡Un hombre sólo es tan torpe! .........
-Ciertamente, respondió el pintor. ¿Por qué había mundo.
Ella le arrojó á modo de desafío:
de rehuearoa este ligero servicio?

OOM INGO 4 OE JULIO DE 1897

EL MUNDO

'S

&lt; •
/

-Amo á mi marido y os odio!
Pero la voz temblaba y loe grandes ojos leonados de•
cían coea(muy distintas. Quiso desprender eus manos
que él mantenía aún entre las suyas; él las oprimió más·
-Vos me amais, Beltrana, vos me amaie.
Ella no intentó ya protestar, lágrimas de rabia le su•
bieron á los ojos, y como él quisiese tomarla en sus bra•
zos, ella lo rechazó é intentó huir. Más él la alcanzó:
-Dejadme concluir, dijo: Tú me amas Beltrana. '.l.'ú
no tendrías tanta cólera, tantas rebeliones si yo te fuese
indiferente. Cuando d0s seres han sido el uno del otro,
cuando se han amado tan apasionadamente, fórmase entre ellos un lazo que nada puede romper. Yo por mi parte no he podido romperlo. Al encontrarte sentí la indestructible fuerza. ¿Cómo habrías tú de eer insensible?......
Tú eres mia; yo te había perdido, te encuentro, y vuelvo
á tomarte.
Leyó en ella una postrera rebelión, y no dejándole
.tiempo de hablar:
-No os &amp;presuréie á responderme. No quiero deberos
á la sorpresa de un momento. Decidme soíamente que
.no me odiaie.
-Odiaros! Dios me es testigo de que lo he querido,
pero estoy al cabo de mi fuerza, ya no es posible el disimulo.
La eefiora Ribaudet que buscaba por todas partee al
querido diputado, habiándolo percibido al fia, acudió
sonriente.

-Se reclama el fuego de artificio; muchos de vuestros
convidados desearían retirarse
-Gracias, señora, voy á dar órdenes.
Y se alejó.
U na hora más tarde, extinguido el último cohete, el
parque se quedó desierto y la sellara Duveraoy pidió su
coche. Leódice fué á ofrecerle el brazo.
-Cuándo os veré? murmuró con un tono de instante
súplica.
-Espero que jamás, respondió ella.
-Ah! exclamó él lentamente.
Su rostro tomó una expresión altiva.
-Esa es vuestra respuesta, eefiora? Respetaré vuestro
retiro.
Un extremecimiento involuntario, un inexpresable
sen&amp;imiento de pena, la hicieron temblar en el momento de subir al coche, volvió hacia él eu rostro y lo

envolvió una postrera vez en el fulgor ardiente de sus
grandes ojos. El la miró bien á la cara y con voz baja,
pero firme:
-Eata noche el eeñor Duvernoy estará aueentt&gt;; dentn
de dos horas la población entera dormirá; yo estaré á
vuestra puerta; ei rehusáis abrirla, no tendréis derecho
para quejaros después de mis obseeionee.
La ~aludó fríamente, cerró la portezuela del carruaje y
volvió á su casa frotándose las maúos.
Beltruna se dirigió á la suya en medio de una agitación terrible; su fuerza, sus astucias, su imperio sobre sí
misma, todo se quebrantaba.
Cuando sonó la una.en el reloj de la ciudad, ella se
aseguró da que todo estaba silencioso, deecendió la escalera, atravesó el patio, acarició á loe perros guardianes
que se callaron al reconocerla y levantó el aldabón de la.
puerta cochera.

�XLVII
Lila no dormía.
Los ai'los habían domado la violencia de su carácter,
pero no enfriado la sensibilidad de eu corazón. La joven
conservaba su alma de nif!a sombría y Bllsceptible. El
selior Duvernoy, urgido por la hora, había partido sin
tener para ella una palabra de adió3. Ella experimentó
también un l nueva tristeza cuando fueron á prevenirle
que el coche estaba listo, y rehusó irá la fiesta. Beltrana
no insistió, feliz de un capricho q ·1e la libraba de un tes.
tigo molesto. La joven se qlledó sola en medio de su
abandono de huérfana, recodaba amargamente una se.
rie de hechos, pueriles ó graves, pero que llevaban to:io s
á la misma conclu~ión: Sil padre no la amaba ya. ¿Q ii~o
la amaba, PQr lo demás? Q 1ién la compadecía?
Bajo el imperio de eu deeesperaci6n, se dirigió al ce•
menterio, se arrodilló sobre la tumb.1 blanca, y con eolio
zo qlle sacudió todo su eér:
-¡Oh! mamá, mamá, exclamó, ¿porqué has partido
sin llevarte á tu pobre Lila?
Fuéee al lecho en la noche, á la hora de costumbre,
pero el sueno no vino. Una anglletia qlle no podía do•
minar la enfiebraba de sombríos é irritantes pensamientos.
Hacia las once oyó el rodar del coche que traía á su
madrastra, loe di\'ereos ruidos de una casa turbada en su
reposo, la voz áspera del cochero, más tarde loe pasos
de la recamarera volviendo á su cuarto. Después reinó
el silencio. l\1as para Lila pereietía el insomnio con un
malestar invencible. Cilneada de esa agitación vana, se
levantó, se envolvió en un mantón obséuro, abrió su
ventana y entregó su frente ardorosa al viento de la
noche.
Era una noche obscura; en el seno del cielo sombrío,
ciniilaban las estrellas en su lejana eerenidad. Lila so•
liaba. En una visión de infinita tristeza se confundían
tres imágenes: una solterona de corazón ingenuo, un
oficial de marina, y, más lejos, enmedio de un fulgor in•
decieo, una muJer moribunda de mirada ansiosa. Una
fatalidad inexorable le quitaba p11es á todos aquellos que
la amaban, no dejando cer-,a de ella más que corazones
helados.
Este doloroso pensamiento la doblegó: dejó caer la ca•
beza sobre el alfeizar de la ventana y 11-,ró largo rato ......
De pronto un ruido ligero la hizo extremecerse: la
puerta cochera rodaba sobre sus goznes, se abría; se vol•
vía á cerrar con precaución, dos sombras apenas distin•
tas, en medio de aquella obscuridad profunda, atravesaban el patio Había en su andar algo de sospechoso, y
ain embargo loe perros de guardia loe seguían sin ladrar.
-Esos no son ladronee, pensó Lila, sin duda son criados que vuelven á hurtadillas.
Las cámaras de servicio estaban en las dependencias y
era preciso pasar á ellas frente al cuarto de Lila. Esta
escuchó; en el gran silencio de la noche, oyó distintamente pasos furtivos subir la escalera; llegados al primer piso, loe pasos se detuvieron y la puerta de la cámara contigua á la suya se cerró sordamente.
Una suposición rápida pasó por el alma de la joven,
cubriendo su frente de un súbito rubor. Así, pntie, no
bastaba llevar á ese hogar la tristeza: aquella mujtir lle•
vaba también la traición. Desde hacía largo tiempo Lila preeentla tal venganza; el nombre del complica ya lo
conocía
l»8 levantó temblorosa; la venganza estaba ah[, terri•
ble, implacable. Despertar áloe domésticos, hacerlos peuetrar en el departamento de su enemiga y esta saldría
para siempre, aplastada bajo el peso de su crimen.
JamásLilahabía sentido su odiotan vivaz comoena quella hora en que podia saciarlo.
Iluminó su cámara; un sentimiento de pudor instintivo la hacia repudiar toda complicidad con aquellas tinieblas que ocultaban la infidelidad. La fresca toilette del
garden party se encontraba á la mano; púeosela, vistiendose, adornádoee como hacen los bravos para el combate;
por fin extendió la mano hacia el cordón de la campanilla, pero un temor paralizó su brazo. No era, sin embargo, por que hubiera ella entrevisto las consecuencias
de su acción; no era por que hubiera comprendido que
solo la sangre puede lavar ciertas ofensas; su odio in•
tenso no le dejaba percibir más que la imágen aborrecida de su enemiga. Si su mano volvió á caer, fué porque
resonó en su oído este desdelioso desafío:
- ,.os no tenéis ni la ejad ni la fuerza para luchar contra mí.

-=D=O=■=l..:;i_;S0:==::4'..=0=l.t.J.=.U.:.Ll:.:O-=D=l=••=1k•================~E~L;,,,M~U~N~D~O=======================·~

DOMINGO 4 DE JULIO DE 1'97

EL MUNDO

16

Lila no conocia más que la derrota. Contempl~ba con
ojos extraviados la aguja del péndulo que marcaba sobre
el cuaárante las horas sombrías de la noche. Jamás consentiría en ser complica de ese vergonzoso secreto, encubrir con su debilidad la infamia de esta traición, pe•
ro se sentía inhábil: en medio de esta angustia, su odio
se extremecía.
Un martillazo retembló en el silencio; la puerta coche•
ra mal cerrada, se abrió ruidosamente. En el mismo
instante, en el patio, se elevo una voz irritada. La joven
corrió á la ventana: su padre estaba ahí; el cochero le·
vantaba de prisa su linterna de cuadra en la mano; ee
-escusaba, protestaba; el había cerrado bien ...... no comprendía.
El amo sin escuchar movió loe hombros y se dirigió á
la casa; ahí una nueva exclamación ...... también la puerta del vestíbulo se encontraba abierta.
Lila seguía esta eecen..'\ con la alegría del triunfo: los
culpables no podían escapar al castigo, puesto que el jus•
ticiero estaba ahil Ella iba á lanzarse hacia su padre, pe•
· ro su atención fué atraída por otro lado.
Una de las puertas que separaban su departament-0 del
de su madrastra, acababa de abrirse, y un diálogo precipitado que la emoción impedla ensordecer, llegaba á su
&lt;Jído.
-Es la única salvación. Las otras piezas no tienen salida. Encontraréis aquí una puerta que da directamente
á la escalera. Es la ealida particular de mi hiJastra. Ella
duerme. Vais á entrar ahí y á permanecer hasta que ya
no oigaie ruido alguno, Yo iré á libertaros.
Con una precipitación conmovida abrieron la segunda
puerta, pero los dos retrocedieron.
Lila estaba frente á ellos.
Beltrana sofocó un grito de angustia y se ocultó en la
obscnridad de su pieza. Leódice, al contrario, se repuso
un poco: la situación era más determinada, no había ya
que temer un grito de terror ni un despertar medroso.
Cerró la puerta, y con mucha rapidez, avanzando hacia
la joven, dijo:
-Salvadme, seliorita, si amaie á vuestro padre y si deseais que viva.
Ella le miraba indignada, pero de pronto se extremeció. El lado sangriento del drama se alumbraba C0ll una
claridad siniestra. Comprendía la amenaza que encerra•
ba esta súplica. En la planta baja el ruido iba en creciente, el eelior Duvernoy continuaba su información;
de pie sobre las primeras gradas de la escalera, interrogaba á sus ge.otea. Loe domésticos, uno después del otro
descendían de sus desvanes, nadie faltaba al llamado.

Un temor atravesó el espíritu del sef1or Duvernoy,
A.cababa tle recordar la viva claridad que desde su entra•
da al patio había percibido en la cámara de su hija.
-¿Está enferma la tief!orita? pr~untó á las mujeres de
servicio.
-No, dijeron ellas ......
-Entoneee, ¿qué significa?......
No concluyó, subió rápidamente la escalera, abrió la
puerta y arrojó un grito ronco.
-Lila, vestida elegantemente se mantenía de pie, con
los ojos bajos, las manos cruzadas sobre el corazón, en
la actitud de la desesperacicn, en tanto que en el fondo
de la cámara, un hombre trataba de disimular su presencia. Y esta escena, para la cual una sola interpreta•
ción era posible, tenía por testigo á la servidumbre que
se apretaba sobre las gradas de la escalera, ávida de gozar de la vergüenza de un an;io caviloso.
M. Duvernoy comprendió .en medio de su cólera la inminencia del ridículo, y recobró eu sangre fría, cerró la
puerta, atravesó la cámara y marchando derecho hacia
el hombre:
-Miserable, le dijo: ¿quién sois voe?
El eei'lor Martín acababa de tomar una resolución. Cesó de ocultar el rostro y avanzando á plena luz:
-Tengo el honor, caballero, dijo, de pediros la mano
de vuestra hija.
Con una mirada de implacable desprecio, sin compri•
mir su cólera, el padre respondió:
-No es por ese camino por el que un hombre de hoR0r entra en una casa honrada.
Y volviéndose á su hija:
-¿Tenéis vos, pues, tan poca vergüenza y un corazón
tan bajo y tan vil?
Se detuvo, ella no había cambiado de actitud; eus ma•
nos oprimían siempre su corazón rebelado, sus labios no
se movían y sue ojos, fijos en la tierra, Jl" se habían levantado en una protesta muda.
Oía resonar aún la sombría amenaza:
«Salvadme, si amaie á vuestro padre y si deseaie que
viva.11
En los minutos solemnes, el espíritu adquiere nna rápida penetración; la pobre nilia comprendía que sólo dos
alternativas se encontraban en su presencia: salvará la
culpable consintiendo en ese odioso matrimonio ó revelar
la verdad exponiendo á eu padre á la muerte.
Ella cayó de rodilla'! y aceptando el sacrificio, murmuró:
- Quiero casarme con él.

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Continuará.

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-Traje de desposada.
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�DOMINGu 4 de JULIO de ,197

EL MUNDJ

1&amp;

CRONICA DE LA MODA.
Parece que la eeta!)ión se g~za en prote·
jer á la j11'fentud, siempre d1sp11ee,a pa•a
paseos y fiestas, y permite á la moda O!teD·
tar su hgereza y coqueterfa, pnea vemos á
nues\ras lindas sefioritas en~alanadas con
flotant~s y vaporosas telas; la etamina, el
tul la gaza, loe encajef. y sobre todo, lo
qu~ deslumbra y atrae, son loe adornos de
fantasía: lentejuela dé t'ldo~ colores y fü,.
1es · muchas flores. Los más aceptadus som •
br~ros son aq1wlloe coronados de floree ¡se
hermanan tan bien las floree y las bellas!
que uoae ~ laa otras se prestan sus encantos. U., c avel perfumado se ve Bid~pre
más li11olo en una blanca mano de qurnce
afioF. que en un brillante búcaro de porce•
la,a.
Las telas de dibujo eerpcnUno se llevan
11empre, ya sea eela, lana, muselina, en
~odas partee y de ~odoe_ coleree, si,empre ser•
petttina. Las medias trntae de otros afi~e
están hoy substituida9 por loe coloree bn •
Uantes; y las respetables boas de invi~rno
haneido reemplazadas por vaporosos phseée
de gaza ó muselina, eujtito~ pJr lazos de
:finísimos eucajee.
Aprovechaos, hermosaecompatriotas, de
la época estival, porquti estos aLavíos real·
zan ro u-:ho más vuestros encanto~.

•
TOIIOII,

MEXICO, JUI.10

II

DE I897.

NIJIIBRO~.

'i:::' "

'

1 r-:

Traje de desposada.

Nuestro grabaio representa una joven
con EU aéreo y f.icinador traje de boda. s.,
compone éste de una enagua de satín de btl·
da blaPca-leche, la cual lltiva en el dtliantero un plieeé seguido de gran bullón, que
ee encabeza con tres ruchés. El adorno,
así cowo la blusa, es dti ruuseliua de seda
del ruiemo blaucv que la enagua. M.1nga
entera, y sobn:, loe hombros tuontau unos
lazo3 dti mu~elina, recogidos con llJres de
naranjo. Amplio vdo de tul, sujeto en la
cabeza con fL,rea, las que se ostentan con
mayor prufusión sobrtJ el pecho y en el
adorno de laeJJagua. Este vaporodo atavío
tngalaIÍa y n,alia mucho más sus bellas
formas.

u

'IRAJES DE NIÑOS
Vestido para niña de 9 á

10

años.

(Número,.)

Este traje ea de la0a azul marino, con
r.hal1:eco l cutillo marino de piq•1é blancó.
s..,mbrero dtJ paja obscuro con liatones de
escocée.
·
Vestido para niña de 6 á 8 años.
( Número .11.)

,,,,

Este vistoso trajecito se hace de lana ros.
ja con lunares blancos. La manga ee abre
1.
hasta media altura sobre fond" de piqué blanco y se sujeta deepué~ con presillas de
cinta de terciopelo negro. El jacket y las mangas llevan también abertura con.presillas. Cuerpo b.us.i y bullones de las mangas de piqué, boina y corbata escoctJaa.
,Traje p.1ra niña de tres á cuatro añ:u. (Númtro 3.)

me:ril vestidito que nos ocupa es de etamina, de blanco y azul, adornado de plisé y
"'!lara e azul. SJlllbrero blanco.
UD'

Trajes para niños.

2.

4.

Vestido para niño de 6 á 'I año1. (Número 4.)

Se hace de piqué blanco con cuello manuo muy ancho a~ul obscuro, adornado con
cinta:i blancas; calCeUn i:iegro, choclos amarillos, sombre10 de pa¡a.
Gorritas para niñas.

He aqui do&gt;s lindas cabecitas de bebé, adornada la una con una capelina de muselina con anchos bordados y listones azules.
La otra es de etamine, la fal.ia está formada por un plissé de gaza
y otro de etamina.

~~~'t,'~5s~~~
LECTURA PARA I.AS DAMAS

:---

COMPRAR DE PRIMERA MANO.

Una vez adquirido ese conocimiento debéis comprar en junto todo
aquello que necesitáis, para tener provisión suficiente, y comprarlo de
primera mano. A. más de la comodidad de tener á la mano todo lo que
necesitáis, tenéis la utilidad ó ganancia que habrían tenido loe comtirciantes de segunda mano que os lo hubieran vendido.
Siempre hay pérdida en comprar por menor, ó al menudeo.
La provisión de lefia, carbón, legumbres, frutas, tienen cada una su
tiempo; necesario es conocerlo.
COMPRAR LO QUE ES BUEllO.;

.,

Gorritas para niños.

Debéis siempre comprar lo que es bueno, aunque lo paguéis más ca•
ro, se gasta menos. porq•1e os-sirve y dura más tiempo.
• Descon:fiad al principio de toda aquello que se os ofrece á muy bajo
precio, y que no os es úLil por el momento. Nada arruina como estas
buenas ocasiones, aun suponiendo que lo que comprais sea bueno, ( cosa
muy rara, porque una buena compra solo se obtiene 6 por la materia, ó
p0r la clase del trabajo, ó por la solidez de la obra), siempra perdéis.
En efecto, ó esos objetos de .que ahora no no tenéis necesidad nunca
os llegarán á servir, ó ya estarán muy deteriorados y poco útiles cuando
llegue el tiempo de usarlos; en todo caso, habréis hecho un gasto infruc•
t.uo60 del dinero que podríaiH haber empleado mejor.
Aplicad esta misma regla á las provisiones de boca; no compréis lo
que es exqui~ito, sino siempre lo que realmente es bueno, y alguna vez
lo que es meior.
Cuando un manjar es de mala calidad, se desprecia y se desperdicia
en vez de comerlo, con la esperanza de q11e el siguiente será mejor.
Pur esto os llegará á suceder, á vosotras las que estéis encargadas de
las compras en la casa de un avaro ó aún en vuestra familia, qne por 11011
provisión mal hecha, ó por una com¡&gt;ra q11e desagrade, se os tJmpezará á
ver mal, no se os estimará despué3, y po,· últim, se o~ q•1ít:1rá t, fo aídJ•
to y respeto.

Del rlatural, por J. M. V111asana..

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>DOMINGu 4 de JULIO de ,197

EL MUNDJ

1&amp;

CRONICA DE LA MODA.
Parece que la eeta!)ión se g~za en prote·
jer á la j11'fentud, siempre d1sp11ee,a pa•a
paseos y fiestas, y permite á la moda O!teD·
tar su hgereza y coqueterfa, pnea vemos á
nues\ras lindas sefioritas en~alanadas con
flotant~s y vaporosas telas; la etamina, el
tul la gaza, loe encajef. y sobre todo, lo
qu~ deslumbra y atrae, son loe adornos de
fantasía: lentejuela dé t'ldo~ colores y fü,.
1es · muchas flores. Los más aceptadus som •
br~ros son aq1wlloe coronados de floree ¡se
hermanan tan bien las floree y las bellas!
que uoae ~ laa otras se prestan sus encantos. U., c avel perfumado se ve Bid~pre
más li11olo en una blanca mano de qurnce
afioF. que en un brillante búcaro de porce•
la,a.
Las telas de dibujo eerpcnUno se llevan
11empre, ya sea eela, lana, muselina, en
~odas partee y de ~odoe_ coleree, si,empre ser•
petttina. Las medias trntae de otros afi~e
están hoy substituida9 por loe coloree bn •
Uantes; y las respetables boas de invi~rno
haneido reemplazadas por vaporosos phseée
de gaza ó muselina, eujtito~ pJr lazos de
:finísimos eucajee.
Aprovechaos, hermosaecompatriotas, de
la época estival, porquti estos aLavíos real·
zan ro u-:ho más vuestros encanto~.

•
TOIIOII,

MEXICO, JUI.10

II

DE I897.

NIJIIBRO~.

'i:::' "

'

1 r-:

Traje de desposada.

Nuestro grabaio representa una joven
con EU aéreo y f.icinador traje de boda. s.,
compone éste de una enagua de satín de btl·
da blaPca-leche, la cual lltiva en el dtliantero un plieeé seguido de gran bullón, que
ee encabeza con tres ruchés. El adorno,
así cowo la blusa, es dti ruuseliua de seda
del ruiemo blaucv que la enagua. M.1nga
entera, y sobn:, loe hombros tuontau unos
lazo3 dti mu~elina, recogidos con llJres de
naranjo. Amplio vdo de tul, sujeto en la
cabeza con fL,rea, las que se ostentan con
mayor prufusión sobrtJ el pecho y en el
adorno de laeJJagua. Este vaporodo atavío
tngalaIÍa y n,alia mucho más sus bellas
formas.

u

'IRAJES DE NIÑOS
Vestido para niña de 9 á

10

años.

(Número,.)

Este traje ea de la0a azul marino, con
r.hal1:eco l cutillo marino de piq•1é blancó.
s..,mbrero dtJ paja obscuro con liatones de
escocée.
·
Vestido para niña de 6 á 8 años.
( Número .11.)

,,,,

Este vistoso trajecito se hace de lana ros.
ja con lunares blancos. La manga ee abre
1.
hasta media altura sobre fond" de piqué blanco y se sujeta deepué~ con presillas de
cinta de terciopelo negro. El jacket y las mangas llevan también abertura con.presillas. Cuerpo b.us.i y bullones de las mangas de piqué, boina y corbata escoctJaa.
,Traje p.1ra niña de tres á cuatro añ:u. (Númtro 3.)

me:ril vestidito que nos ocupa es de etamina, de blanco y azul, adornado de plisé y
"'!lara e azul. SJlllbrero blanco.
UD'

Trajes para niños.

2.

4.

Vestido para niño de 6 á 'I año1. (Número 4.)

Se hace de piqué blanco con cuello manuo muy ancho a~ul obscuro, adornado con
cinta:i blancas; calCeUn i:iegro, choclos amarillos, sombre10 de pa¡a.
Gorritas para niñas.

He aqui do&gt;s lindas cabecitas de bebé, adornada la una con una capelina de muselina con anchos bordados y listones azules.
La otra es de etamine, la fal.ia está formada por un plissé de gaza
y otro de etamina.

~~~'t,'~5s~~~
LECTURA PARA I.AS DAMAS

:---

COMPRAR DE PRIMERA MANO.

Una vez adquirido ese conocimiento debéis comprar en junto todo
aquello que necesitáis, para tener provisión suficiente, y comprarlo de
primera mano. A. más de la comodidad de tener á la mano todo lo que
necesitáis, tenéis la utilidad ó ganancia que habrían tenido loe comtirciantes de segunda mano que os lo hubieran vendido.
Siempre hay pérdida en comprar por menor, ó al menudeo.
La provisión de lefia, carbón, legumbres, frutas, tienen cada una su
tiempo; necesario es conocerlo.
COMPRAR LO QUE ES BUEllO.;

.,

Gorritas para niños.

Debéis siempre comprar lo que es bueno, aunque lo paguéis más ca•
ro, se gasta menos. porq•1e os-sirve y dura más tiempo.
• Descon:fiad al principio de toda aquello que se os ofrece á muy bajo
precio, y que no os es úLil por el momento. Nada arruina como estas
buenas ocasiones, aun suponiendo que lo que comprais sea bueno, ( cosa
muy rara, porque una buena compra solo se obtiene 6 por la materia, ó
p0r la clase del trabajo, ó por la solidez de la obra), siempra perdéis.
En efecto, ó esos objetos de .que ahora no no tenéis necesidad nunca
os llegarán á servir, ó ya estarán muy deteriorados y poco útiles cuando
llegue el tiempo de usarlos; en todo caso, habréis hecho un gasto infruc•
t.uo60 del dinero que podríaiH haber empleado mejor.
Aplicad esta misma regla á las provisiones de boca; no compréis lo
que es exqui~ito, sino siempre lo que realmente es bueno, y alguna vez
lo que es meior.
Cuando un manjar es de mala calidad, se desprecia y se desperdicia
en vez de comerlo, con la esperanza de q11e el siguiente será mejor.
Pur esto os llegará á suceder, á vosotras las que estéis encargadas de
las compras en la casa de un avaro ó aún en vuestra familia, qne por 11011
provisión mal hecha, ó por una com¡&gt;ra q11e desagrade, se os tJmpezará á
ver mal, no se os estimará despué3, y po,· últim, se o~ q•1ít:1rá t, fo aídJ•
to y respeto.

Del rlatural, por J. M. V111asana..

�EL MUNDO

20

EL ' 'MUNDO"

&lt;!El t.esora amito.

Semanario Ilustrado.

Teléfono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la Retacción, debe ser dirigida al

Director, Lic. Rafael Reyes Spindola.
Secretario de Redacción,

Amado Nervo.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al

Gerente, Lic. Fausto Moguel,
La subscripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al
11Jes, y se cobra por trimestes adelantadoe.
Números sueltos, 50 centavos.

Avisos: á razón de $30 plana por cada publicación.
Todo pa&amp;o debe ser prec.lsamente adelantado.
RÉ&lt;HSTRADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE.

•gtas tbittJrittlts.
&lt;!El conrrµttJ b.e 1tt justicia.
Se ha puesto en estos días al debate un tema de alta
moral social, y en cuya interpretación se apoyan las le•
gislaciones de todos los países del mundo: el concepto de
la jueticia.
La justicia, se ha dicho, no emana de la venganza ni
tiene otrai funciones que las que le dan los códigos, encargados de dirimir las contiendas de individuo á indi•
viduo en las sociedades. Ea verdad que la justicia no es
una venganza, por más que la venganza haya figurado co·
mo un principio en los antiguos códigos de todos los
pueblos; pero también es verdad que el concepto de la
justicia parece haberse perdido de vista, para ser substi•
tuido por un priLLcipio de orden puramente sentimenül, v que no es el que debe normar las relaciones individuales.
El gran error de los que atribuyen á la justicia la fun·
ción de dará cada uno según sus necesidades, procede de
haber hecho derivar loe principios legales del régimen
de la familia.
En la familia sí se da á cada individuo eegún las nece•
sidades que éste tiene, y loe miembros más tiernos, más
indef,msos, son precisamente los que más cuidados reci·
ben del jefe del hogar. En la sociedad, cada hombre está sujeto al resultado de su conducta, y la formula es: á
cada cual según sus actos.
Puede decirse que la justicia en la familia es una suer·
te de instinto, que ee conserva en todas las especies, y
por eso parece monstruosa la madre que hace per~cer á
~u hijo, como la leona que da muerte á eu cachorro.
Dentro de la moral social se d-,b~ devolver: bien p or
Lien, y mal p or mal.

***

La criminalogía moderna no acepta la idea de que toda
legislación debe estar encaminada á ejecutar un acto de
venganza. La pena de muerte no se aplica ya como un
castigo, ni como una represión del mal causado á la so•
ciedad.
La pena es a'q uí un acto de def ensa social ejercitaio contra los miembros que no se ajustan á los principios de
conservación, que s?n, en suma, los principios de la roo
ral colectiva.
No existen represalias; solo existe un hecho positivo
y concreto: la necesidad de eetirpar del organismo los
elementos dañosos, loe que no responden á la función ge·
neral y harmónica indispensable á la vida.
De este modo considerada, la pena de muerte es una
función de cirujia social, y su necesidad será graduada
por los encargados de dar saluj al aparato social.

***

La j~~ticia sentimental, la que sirve de materia prima á
todos los trovadores para elaborar sus octosílabos sono·
roa, no es la justicia de la sociedad, que se basa en un
concepto más amplio y más provechoso á los fines de la
~Epe:ie humana.

Ha tenido razón un colega al decir, en estos dfae, que
en el caractel' nacional predomina la prodigalidad más
insustancial. El mexicano vi ve al día, con una esperanza
eterna que jamás se desvanece: la de alcanzar una próspera situación económica por medios desconocidos Y BO·
brenaturales.
No hay quien no tenga fe en un premio de !a lotería,
en la herencia de un pariente ignorado, en el descubri·
miento de un tesoro oculto. Se fabrican hermosos casti·
llos en el aire, basados en la imprevisión y el despilfarro. Se gasta más de lo que se t~ene y se cierra el balance
anual con una deuda constante, que pasa de presupuesto
á presupuesto como una enfermedad orgánica.
Habitante de un palacio encantado, teniendo en torno
FUyo sus bellas iluRiones, cortejado por sus enauefíos, el
mexicano se dej"- arrullar por las dulces mentiras que
forman en el bagaje de su espíritu. Optimista y entusiasta, todo lo ve color de rosa, y en medio de sus mayores
de&amp;venturas halla siempre una promesa para lo futuro.
¿Quién es el encargado de acudir al cumplimiento de
esta promeea? Algún poder oculto y maravilloso, una dei•
dad omnipotente y benéfica que derrama sus bienes á
manos llenas sobre la infelicidad humana. Este poder se
llama la Virgen de Guadalupe, cada día 12 de Diciembre;
loa demás días del año, es el Estado, el Municipio, no
importa quién, en cuya intervención se cree firmemente.
Y así se evaden grandes cantidades de energías sin coro·
pensación alguna, esperando siempre ese premio gordo,
esa herencia ó ese tesoro oculto, que debe venir algún
día á redimirnos de todas nuestras miserias.
La esperanza es una virtud nacional: hay una razn que
espera hace tres siglos el momento de entrar de lleno en
la vida de la civilización, amplia y activa. Y hay, en el
piso superior del edilicio social, una clase que desconoce
los hábitos del ahorro y de la economía, que no vacila
en eacrificar las satisfacciones futuras á cambio de los
despilfarros momentáneos.
Un buen mexicano no economizará una sola moneda
de sus ingreeos anuales, pero tomará siempre un abono
á la ópera. Y cuando su contabilidad doméstica arroja
en contra suya un saldo elevado, tendrá la compensación
de seguir pensando en ese acontecimiento inesperado
que ponga en sus manos recursos extraordinarios.
En México lo esperado es lo inesperado. Y así se va
pródigamente deslizando la vida nacional.

l-'JtJlíti!tt Q5rncrttl.
RESUMEN.-Mr. Faure y Nic.olás 11.- EI imperio mosc;ovlta y la repúblic:a franc.esa.-EI viaje del presidente á san Petersburgo.-Sus tendenc:ias.-La
Alianza franc:o-rusa y el equilibrio europeo.-Guillermo de Hohenz:ollerr1 poeta dramát1c:o.-Sus
oc:los y su c.arác.ter.-Slempre en luc.ha-Conc.luslón.

Ya está. decidido por las Cámaras francesas que el presidente Faure se dirija á la imperial San Petersburgo y
devuelva al Czar cortesmente la visita hecha el afio pasado, con objeto de estrechar 103 vínculos que unen las
dos poderosas naciones.
Ya se han votado los créditos necesarios para gastos de
representación, y, el mes próximo, el humilde burgués
que lleva la representacion de un gran pueblo, el obscuro ciudadano que, terminado el plazo de su alta investidura irá á confundirae en el grupo social de donde había
brotado, el magistrado que no tiene pragmáticas que lo
ilustren, ni abolengos que lo inmortalice o, será recibido
con honores de soberano por un monarca absoluto, por
un autócrata que gobierna en nombre del derecho divir&gt;o, y se aeienta eobre pueblos y naciones por propia autoridad.
· Inspirado por ese sentimiento fraternal, eincero ó sa•
biamente calculador, que ha establecido corrientes de
paz y de harmonía entre el imperio moEéovita y la república francesa, la fastuosa corte de San Petersburgo abrirá sus puertas regocijada á un individuo sin t itulos nobiliarios ni escudos heráldico~, sino s~ncillamente cor. la
grandeza que le ha dado el voto de la masa anónima, la
voluntad dtl la multitud, interpretada en hora solemne
por la representación nacional de una agregación social
regida por inefüuciones democráticas.

DOMINGO II DE IULIO DE 18117

**..

LAS CANONIZACIONES EN ROMA

Aparte de estas situaciones paradójicas y contradicto•
rioe, que ceden sin duda en honor del pueblo que resbaló en Sedán, en la catástrofe estruendosa que arrastró
la púrpura mancillada del cesarismo napoleónico, Liene
la visita de Mr. Faure y traerá aparejados intereses trascendentales, que vigilan con ansia y atisban cautelos0a
los que andan en busca de los secretos de la diplomacia.
::\fochas veces se ha d;cho que la decantada alianza
franco-rusa no paeaba de ser una manifestación de loa
buenos deseos que animan á loa políticos franceses die•
puestos á provocarla, y prevención favorable de los astu• .
tos moscovitas preparados á aceptarla. Nada ha signifi.
cado para loa que así raciocinen la cordial recepción de
Cronsta1t, que tuvo por eco la aparatosa de Tolon; nada
el delirante frenesí del pueblo de Paria, de la Francia
entera, al rendir los tributos de su admiración y su fer•
viente cultú, en las fiestas no igualadas del afio pasado á
los Czares, desde el momento en que pisaron el territo·
río de la R ~pública, hasta que de él salieron arrastrad11s
en el tren imperial; nada significará tampoco pa1a ellos
ver unidos en estrecho abrazo al augusto Emperador de
todas las Ruaias, al omnipotente Nicolás II, árbitro BU·
premo de los destinos europeos por la grandeza colosal
de su imperio, y al presidente de la República Francesa,
al ciudadano Francisco Fálix Faure, encarnación de un
pueblo humillado por la derrota, hoy engrandecido Y
transfigurado por la democracia y el trabajo.
En ese abrazo quedará sancionada la sofiada alianza, si
no lo ha sido ya por las mutuas simpatías de los pueblos,
y podremos ver unidos ostensiblemente para contribuir
al perturbado equilibrio del viejo mundo á una nación
que busca el origen de su grandeza en la vo7, soberana
del pueb,o, y á otra que la hace descender de entre los
nimbos apocalíptiooa de la tradición y de la fe. Dos grandezas, que así asociadas por antogánicas que parezcan en
las postrimerías de este siglo deacrei:do, se prestan mútuo
apoyo, y son el contrapeso obligado de ese cesarismo
germánico, q 11e ha congregado nuevos elementos en su
rededor para hacer de la Europa inmenso campamento.
Ni una voz s~ levantó para oponerae al proyectado via•
je en el Senado francés, y si en la Cámara popular se dejaron ofr las uotas discordantes que lanzaba el socialismo,
pronto fueron ahogadas en la inmensa explosión de patriotismo que estalló entre los diputados republicanos y
las apretadas galerías. Razón hubo para ello: ojalá que esa
alianza que con tanto ~ntusiasmo se acepta, se estrec~
y perfeccione para bien de esos pueblos del Norte y del
Sur, que tienen alta misión en el concierto de las naciones
civilizadaa.
No todo ha de ser para Guillermo de J..lemania lucha
tenaz y porfiada con el parlamento poco sumiso, con los
monarcas confederados poco dóciles, y con las naciones
vecinas poco dispuestas á acoger su soberana voluntad;
no todo ha de ser en el augusto Hohenzollern actividad
incesante de general en campafl.a, para alistar ejércitos
y revisar fortificaciones, á fin de que estén listas para la
hora del combate: tr1mbién se permite dedicar sus ratos
de ocio á la bella literatura y quiere cefíir á su frente,
erguida y enhiesta á pesar de su abrumadora corona, el
lauro crecido en las orillas de la CdStalia fuente.
No ha mucho que aspiró al título de músico, compo•
niendo un himno sagrado; luego pretendió ser pintor
bosquejando cuadros patrióticos, y hoy se sienta al lado delos poetas dramáticos, componiendo un poema escénico,
donde canta la grandeza secular del pueblo germánico.
Deade las obscuras tribus de Arminio que hundieron
las legiones dti Varo, hasta las agrupaciones modernas
que se inmortalizaron en Sadowa, todo desfila en ese dra·
ma colosal. ..... es la apoteosis de un pueblo, la santificación de una raza, la deificación de una estirpe.
Vale más así; es mejor que el soberano de Alemania se
dedique á esa8 tareas paclficae, que si llevan siempre el
sello de eu carácter arrebatado, son dulces y tranqui:as
en sí y lo apartan de la lucha.
Más ¡ay! que en medio de esas estrofas inspiradas y deesas combinada9 escenas, no ha podido descansar: conti•
nuará la brega con el Rei.Echtag para que la marina de
guerra eea lo qne pretende, con el gabinete para que se
pliegue ,í eus iudicacioues y co u todos para que nadie
revista su augusta vo:umi.d.

X. X. X.

8 de Julio de 1897.

DOMINGó ti de JULIO de ,81n

Uno de los días del mes de Septiembre del año de 1870
en que las tropas reales italianas se ocupaban de conservar el orden en la Puerta Pía de In ciudad eterna, los ere•
yentes de la Iglesia Católica, Aposlólica, Romana, preeenciaron y comprendieron lo grandioso de una de estas
fiestas.-El 27 de Mayo del aM actual, día en que Anto•
nio Maria ZaccaJÍa, el lombardo, y Pedro Fourier «el
aposto] de Lothringen," á quienes Pío IX contaba entre
el número de los bienaventurados, fueron canonizados
por el actual Papa León XIII pudo el pueblo romano contemplar de nuevo las imponentes ceremonias. Zacearía,
de nacionalidad italiana, fué el fundador de la orden de
«las Canonesas de Nuestro Señor," y Fourier de nacionalidad francesa, fundó la orden de los barnabitas; ambos
fueron muy estimados por sus incesantes trabajos en
procurará loe menesterosos los medios de subsistencia,
y notables por las curaciones que hacían.
Al iniciarse la aurora del día 27 de l'liayo, las callea de
la ciudad de las siete colinas se encontraban invad:das
por multitud de curiosos que e6lo ansiaban pern;trar á la
catedral die' San Pedro. A las cinco de la mafiana las tropas ocupaban la gran plaza de la basílica y cientos de cientos de personas llegaban por la entra•
da de Carlos el Grande. Aunque la comandancia general italiana, tenía sobre las armas á
toda la guarnición de Roma, distribuida en.
loa diferentes lugares en pequeflas partidas, era
incapaz para contener á la impetuosa muchedumbre.
A las siete de la mañana el interior del gigantesco templo se en~ontraba completamente iluminado, veinte mil luces estaban repartidas en
todas las paredes llegando basta la cúpula, y
adornando los arcos y pilaetras del templo.
Además, todo el templo estaba adornado y la
cantidad de luz era tal, que producía verdadero
de~lumbromiento en los ojos de innúmeros de•
votos y curiosos asistentes.
Entre los concurrentes se contaban más de
35,000 personas. El cuerpo diplomático acreditado cerca del Vaticano hallábase preseDte,
así como todo la nobleza romana. No asistieron
algunas personas pertenecientes al reino ni al
gobierno, por encontrarse ausentes, predominando el elemento extranjero.
En los grandes salones del Vaticano se reunieron los sacerdotes investidos de altos grados,
y!\ tas ocho de la maflana el anciano Papa, acoro
pañado de su corte, bajó á la sacristía, donde revistió el traje pontifical. Momentos después
púsoee en movimiento la procesión.

EL MUNDO

Satisfaremos su curiosidad con una anécdota.
Pio IX, durante su glorioso pontificado, tuvo diversas
conferencias con notables personalidades heterodoxas.
Una de ellae, eximio protestante, que había zaherido á
la Curia por la sedicente facilidad con que elevaba hom •
brea más ó menos virtuosos á loe altarse. recibió del pon•
tífice, como una respuesta el voluminoso proceso de una
beatificación por aquel tiempo iniciada.
-Lea asted esto, díjole Pío IX, y véame deapuée.
El protestante concienzudamente, con la tranquilidad
de la investigación sajona, consultó loa diversos documentos que integraban el proceso, y mara"illado de la escrupulosidad de la Iglesia para sus determinacioneP, de
la suma de hecho.q que para la canonización se exigfan,
de los nimios exámenes, de loa innumerables testimonios requeridoe, al tornará los pies del Papa, éxc'amó
emocionado»
-Si en todos los caeos semejantes á este, obra la Iglesia con escrupulsidad tal, retiro mi dicho.
El Pontífice le respondió afablemente:
-Hijo mfo, ese hombre de que el proceso se ocupa, no
fué canonizado por falta de méritos suficientes..... .
DAMAS DISTINGUID.AS.

21

los testimonios se multiplican, informacion que suele
prolongarse mucho.
Tres son los peldafl.os por los cuales un santo llega -al
altar:

1? Declaración de Venerable.
2? Beatificación.
3? Canonización.
Para ser declarado venerable necesita la comprobación
plena de que poseyó las virtudes en grado heroico.
Para la beatificación exijeee, si mal no recuerdo, entre
otrascoeae, la comprobación de dos milagros de prime,·
orden, ea decir de aquellos que implican una exepción
de las leyes de la naturaleza, tales como la resurrección
de un muerto ........ .
La canonización puede decirse que no es más que una
pomposa declaraoión de que el varón justo queda ele\'a·
do á los altares y es merecedor del culto dti hiperúualía tributado á loe san.tos de Dios.
En los tiempos de las disidencias religiosa~, cuando el
cristianismo alboreaba en las conciencias, loe obispos canonizaban, y tan mal solían hacerlo que si nuestra memoria no miente, Constantino fué declarado eanto y con
este emperador muchos Barones y se.flores feudales en loe comienzos de la Edad :\Iedia.
Mas ya centralizado el poder apostólico, fue•
ron expulsados del martirologio todos los indignos; no de otra suerte la opinión pública «esa
gran barrendera» expuleará mañana de los
Pantheonee de todos los Pueblo~, á 1antas glorias deslumbrantes, á tantos hé1oes de pfga....
QUEJA DE OTOÑO
( De Stephane Mal!arme.)

Desde que María me abandonó para irá otra
estrella-cuál, Orión, Altar, y tú, verde Vénus?
-he amado siempre la soledad. Qaé días tan
largos he pasado solo con mi gato. Por solo,
entiendo sin un sér material, y mi gato es no
compañero místico, un espíritu. Vale pues decir que he pasado largos días solo con mi gato
y, solo, con uno de los postreros autores de la
decadencia latina; porque desde que la blanca
creatura ya no es, extraña y ~ingularmente he
amado yo todo lo que se resume en esta palabra: caida.
De suerte que, en el afio, mi estación favorita,
eon loe últimos días amortigüados del Estío, que
preceden inmediatamente al otoño y, en el día,
la hora en que me paseo, es cuando el sol descansa, antes de deevaneceree, con rayos de co·
bre amarillo sobre los muros grises, y de cobre
Con majestuoea lentitud avanzaba el Cortejo,
rojo
sobre loe ladrillos. De la misma suerte, la
pues los sacerdotes tenían que abrirse paso con
literatura
á la cual mi espíritu demanda un'l
los estandartes. Seguían loe canónigos de la
voluptuosidad, será la poeeia agonizante de los
grande y pequeña basílica, el clero de la ciudad,
momentos últimos de Roma, en tanto, sin em267 obispos y arzobispos, y el Colegio de los Car.
bargo, que no respira en modo alguno la aproxi·
denalee. La gran orquesta tocaba el «A ve Ma_,~.::_
_
_;¡~■I':!~..:_.~- __¡
mación rejuvenecederadelos bárbaros y no bal•
ría Stella» y el coro cantaba, mientras que el ve·
bucéa a(1n el infantil latin de las primeras pro·
nerable anciano iba desde su a urea silla gesta toJulia Esponda Moguel. D el Valle de Zintalapa. (Chiapas )
sas cristianae.
ria bendiciendo al mundo .Se r,rohibió absolutamente el
Lefa pues uno de esos caros poemas ( cuyas placas de
bullicio, y al aparecer Leon XIII no se le aclamó, pero
*
afeite
tienen para :me más embeleso que el encarnado
**
se escuchó un gran murmullo.
En el curso de los procesos de las canonizaciones, hay
de la juventud) y hundía una mano en la piel del puro
Inmediatamente las campanas anunciaron el momento verdaderos debaces.
animal, cuando un organillo de Berberia cantó lánguida .
en que el sucesor de los apóstoles, iba á canonizará los
Dos cardenales, dedícanse, el uno á abonar y compro• y melancólicamente bajo mi balcón. Tocaba en l:l
bienaventurados J..ntonio María Zacearía y Pedro Fou• bar las virtudes del candidato á los altares, el otro á de- gran avenida de álamos cuyas hojas, aun en fa prima ve
rier presentándolos á loe creyentes como dignos de s11
terminar bus defectos.
ra me parecen mustias desde que María pasó por ahí c rn
veneració n en los altares. En seguida el Papa asistió á la
El pro y el contra, la sombra y la luz de aquella vida cirios, una vez postrera. El instrumento de los triste3,
miea cantada, entonando el Tedeurn.
salen de tal debate depurados.
s(, ciertamente: el piano centelléa, el violín da á las fibras
Las campanas de San Pedro habían anunciado á la ciuEl primero de los cardenales es designado oon el nom- deegarradas la luz, pero el organillo de Berbería, en me•
dad de Roma y al mundo la nueva canonización, acaso..... bre de abogado de Dios; el segundo con el de abogado del dio del crepúsculo del recuerdo, me ha hecho desesperatal vez. ... la paz;entre el vaticano y el Quir.inal? ¿Quién es d frtblo.
damente soñar. Cuando murmura un aire alegrem1 nte
capaz de responder á esta pregunta? La :fiesta del 27 de
Quien de tan tremenda pugna sale bien, fué sin duda vulgar- y lleva la alegría al corazón de los arrabales, un
Mayo ha dejado may gratos recuerdos, y no tiene en lo un varón que poseyó en grado heroico las virtudes.
aire afíejo, trivial: de dónde viene que su ritornelo me
absoluto ninguna significacion política.
Un proceso de canonizació n suele durar centenares de llegue al alma y me haga llorar como una balada rom.in.
años, durante 103 cuales vanee acumulando h ech os: Roma tica? La saboree lentame nte y no lancé un céntimo por
es eterna y no se apresura jamáe.
***
la ventana, de miedo de distraerme y de advertir que el
Pero nuestros lectores á quienes hemos brevemente,
Empiezan los procesos de canonización generalmente instrumento no cantaba solo.
referido esta ceremonia conmovedora, de la cual damos
á solicitud colectiva de uo pueblo, de una agrupación,
un amplio grabado en lugar preferente, se preguntarán
que habiendo apreciado las virtudes de un varon insigne,
aca~o, qué requisitos se exigen para l~ brillante apoteesis
muerto en olor de santidad, reclama su apoteosis. Abreae
de un héroe del cristianismo, que se llama canonización.
entonces una información rigurosa, en que loa testigos y

�EL MUNDO

- -- - - - - - - - ~ - - - - - - - -

Escuela Naval de Veracruz.

DOMINGO ti DE JULIO D[ 1197

-Tú me engañas: no eree el que partió para no volver tan sólo para castigar mi constancia y mis desvelos.
Sigue tu camino: tú no eres éL
-El perfume no vuelve á la flor; el eco no se une á la
voz; las lágrimas no tornan á su fuente, pero el ave he•
ri.la si vuelve á su nido para abrigar á sús polluelos, como yo vuelvo para abrigar nuestro amor.
-¿Pero á qué vuelves? El hogar está frío desde que tú
partiste; las flores del huerto se secaron con el frio del
olvido, y las palomas de nuestro hogar volaron á los
montea¡ y hasta el perro que guardaba la pue~ta enmude·
ció para siempre, como mis labios para pronunciar tu
nombre. A qué vuelves?
-Oye esperanza mía! Los horizontes se cerraron en
torno de mi vida, y hoy llego de nuevo á tu regazo con
las entallas atravesadas por el hierro de la ingratitud,
con el corazón lacerado por el desdén y el alma convul•
sa por los golpes de quienes me ofrendar0n su amor.
Pérdoname y ábreme.
Las tardes pacíficas volverán para nosotros, en la noche el ruido de loa árboles que cubren nuestra choza
arrullárá nuestro suefí.o, y las frescas brisas de la mañana abrirán de nuevo las flores de nuestro huerto. Abreme poN¡ue me muero de frío!
-Cuando partiste en busca de nuevas felicidades, cerré mi puerta y enmudecieron mie labios, hoy que vuelves cargado de desengafí.os, entra de nuevo.
-¡Bendita seas, imagen de Dios que perdonas! Déjame que derrame mi llanto en tu seno. ¡Abreme tus brazos, ya qué he de morir en ellos!
J. DAVID Gu.ARÍN.

nales h3sta lvs cedros corpulentos y olorosJs, rivales de
los del monte Líbano; y desde el penacho de esmeralda
NOTAS E IMPRESIONES
Damoe una fotografía del edificio, ya terminado, que de la dulce caña de azú ~ar, hasta el abanico de esmeralda
de la esbelta palmera &lt;ie los trópicos, qu9 suspira bajo la
servirá de Eecuela Naval en Veracruz.
Hablar mucho y bien ea propio de hombre ilustrado.
Como se sabe, la Secretaría de Guerra y Marina deter• luz de rosa de la aurora y suspira bajo la luz dorada de
-Hablar
poco y bien ea el carácter de sabio,
la
tarde.
minó la erección de esta Escuela, en la cual cursarán to•
Si fuera dable lanzar profecías en este siglo de la dina-Hablar mucho y mal es manía del fatuo.
d11s las catedras necesarias loe que aspiren á pertenecer
mita y del vapor, del oro y de la electricidad, yo diría
-Hablar poco y mal es la desgracia del necio.
á la marina mexicana.
La
pr-&gt;bidad ea la virtud de los pobres: y la virtud, la
que
los
hombres
y
las
tribus,
y
los
pueblos
y
las
razas
La practica la harln en un buque de guerra nacional,
y las naciones, y el Dios de Confuco y el Dios de Abra- probidad de los ricos.
dedicado especialmente á este fin.
Para adquirir la reputación de saber lo que se ignora,
Son incontables los beneficios que producirá un plan- ham, y el Dios de Sócrates, y el Dios de Jesucristo, y el
hombre de piel amarilla como el hombre de piel negra, basta muchas veces aparentar ignorar lo que se sabe.
tel del género de que nos ocupamos.
y el hombre de piel cobriza como el hombre de piel b lanLa hermosura es una rosa, y la bondad su perfume.
ca, y los que habitan en las islas del océano y en la tieCuando la resistencia es inútil, los locos se agitan, los
rra firmP., y todos cuantos alientan alma sobre la faz del débiles se qu~jan, los bajos adulan, los orgullosos se in•
EL NUEVO MUNDO
.planeta, llegarán en misteriosa corriente al Nuevo ~fon- dignan y los sabios se someten.
Parece que la civilización en su incansable marcha á do, y aquí se reunirán para fundar l;u grandes ciudades
través de los siglos, ha ido circunvalando á nuestro pla• de una colosal república; y el bueno y omnipotente Dios
Jamás se evade uno por completo de si mismo.
neta, y que de la península brahamánica pasó á la pe- de todos los dioses, estará complacido y mirará con geG. Rodenbach.
nínsula helénica, y que de la península helénica pasó á nerosos ojo3 el consorcio de los hombrea que, puestos de
*
**
la península itálica, y que de la peninsula itálicr, pasó á rodillas elevarán al Sér Supremo el himno más glorioso
Solo la vida enseña á la vida.
que
hayan
creado
las
religiones
muertas
y
las
religiones
la península ibérica, y que de la península ibérica, llevaO. Lebret6n.
da en tres carabeÍas sobre las encrespadas ondas salobres, vivae, el himno de la libertad, del trabajo y de la civilipor la fuerza de los vieftos marinos y la fuerza de los zación, que ya balbucea la humanidad en la grandiosa
OTRO PAGO DE $13,595.00 DE "LA MUTUA"
suefí.os de un loco, pasó a descansar á la fresca sombra de agonía de nuestro siglo, y que en el futuro darán á los
EN TAPACHULA
las exhuber;,.ntes y centenarias selvas americanas, en tan• cuatro vientos los hi¡os de los hijos de nuestros hijos,
to que se fortalecían los eajones y los eslavos, surgidos hasta la consumación de los siglos.
J UAN RAMON MOLINA.
Tapachula, Junio 6 de 1897.
del caos de las razas, como para heredar la gloriosísima
bandera de la civilización, que ondeó en la pirámide
Sr. D. Carlos Sommer,
Director General de «La Mutua,»-México.
egipcia, en la pagoda indoijtáoica, en el templo griego,
ABREME
en el capitolio romano y en la catedral gótica.
Muy estimado sefior:
Hoy cumplo con un deber de gratitud para con usted
En el estado actual en que se encuentra el humano
-¡Berta! ¡Berta! soy yo. Mira q11e la nieve yá ha cu- y para la Compafí.ía al digno cargo de usted, certificando
prog1eso, hubiera sido imposible á Europa contenerlo en
sus estrechos límites; y así, fué preciso que surgiera de bierto mis vestidos, porque el invierno me sigue desde que con toda prontitud me ha sido satisfecho el importe
entre sábanas de espuma un murrio niño, una tierra vir- que trasmonté las serranías para llegar hasta aqu[.
de la poliza número 789,979 por valor de... $ 6,413.16 oro.
-¿Quién eres? Aquí no se abre la puerta á nadie desde cambio sobre Nueva York ...................... » 7,182.79
gen y joven, buena para madre fecunda, una América
con sus .i slas que parecen jardínes flotantes sobre las her- que el amado dejó apagar la luz de este hogar, y partió
vorosas aguas del·Atlántico, y las potentes aguas inmen- para no volver jamás.
Total... ... $ 13,595.95
-¡Cómo no has de abrir, alma mía! Soy yo, el peregrisas del Pacifico; con sus temibles volcanes coronados de
sempiternas nieves y de sempiternas nubes; con sus no tanto tiempo ausente, que vuelve, como el ave herida, la cual tomó mi finado esposo, el Sx.!loR ELIGIO SANDOVAL,
magníficos y opulentos bosques, por donde slllta el tigre, á calentar su nido. ¡ A.bre, Berla mía!
el día primero de Septiembre de 1896. Hago especial
-No, tú no eres él. El perfume que se escapa, nunca mención del hecho de que sin embargo que vivo en una
ruge la pantera y vuelan pájaros de cien cólores, como si
fueran fragmentos de un fria despedazado; con sus !la• vuelve al seno de la flor que lo exhaló. El eco nunca se hacienda en Guatemala-lejos de vías de comunicacionuras de dilatados horizontes, propias para las grandes une á la voz qui, lo produjo. Y las lágrimas que yo he nes directas-~e ha sido pagado el importe de la póliza
vacadas y las partidas de caballos indómitos; con sus ea• derramado por él, jamás vol verán á mis ojos, lacios ya de á los ocho días de haber fallecido mi esposo.
pumosos ríos, que van rugiendo entre rocas plutonianas mirar hacia el camino por donde partió. Vete, peregri•
Con sumo gusto veré si por medio de la prensa se dé á
y ribazos enormes, donde beben, abiertas al cielo las no; tú no eres él.
conocer en todas partes este hecho que habla en favor
-Abreme, Berta, por que el frio me conmme. La nie- de 1.3 exactitud de la Compall.ía.
fauces, el sol del mediodía los cocodrilos hambrientos;
con sus azules lagos, donde rebulle:i peces de oro y· de ve no ha eI1fríado tanto mi cuerpo como las ingratitudes
Soy de uated afma. y agradecida,
plata, y por sobre los cuales vuelan las níveas garzas y del alma. Q11ienes más p·e netraron en lo íatimo para roTRINIDAD M. VIUDA DE S.ANDOV.AL.
los patos salvajes; con sus montañas de granito, en cuyos barme y aniqúilarme el amor que aún conservaba para
rifiones cuájanse los metales prj!ciosos; con su suelo, en tí, me pagaron con el desdén y con el olvido. Pasaron
fin, que produce desde la ortiga hasta los cáctus, desde como crepúsculos de verano; como la sombra del ave fu•
las gramas hasta los helechos, desde las hierbas medici- gitiva.
LA ESCUELA NAVAL DE VERACRUZ

DOMINGO II de JULIO de 1897

EL

MUNDO

�EL MUNDO

DOMINGO II DE JULIO DE 1897

do y mirandonos fijamente. Sin hacer caso de su preeen ·
cia, volvimos á los kayaks para continuar nuestro camino. :Repentinamente volvió sobre nosotros, se irguió por
encima de la superficie del agua, resopló tan fuerte que
Cuando loe exploradore&amp; el 22 de Julio, abandonaron el
el aire se extremeció y amenazó hundir sus colmillos en
campamento de espera, con loe dos trineos, loe dos ka•
nuestras frágiles embarcaciones. Nosotros cogimos los
yaks y loe dos perroe, se habían á la vez restaurado y
fusíles; en ese momento desapareció; pero reapareció
aligerado. «¡Cuántos eacrificioel ¡Cuántos objetos precio•
inmediatamente al otro lado, tan amenazadora como an•
sos abandonados en la soledad de la banquisa. Además
tes, muy cerca del kayak de Johaneen. Repitió muchas
de una cantidad de carne y de grasa, hemos dejado tres
EL MAR UBRE•
veces estas maniobras y podíamos verla á través del agua
bellas pieles de oso y aun á nuestro amigo fiel el lecho transparente, pasar rapidamente bejo nuestras embarca•
saco,-una superfluidad en esta estación-una parte de
El segundo acontecimiento de esta memorable jornaTemíamos que hiciese ua agujero de una dente·
las maderas de los trineos, ski, la mitad de una cubierta da, fué la aparición de una vasta extensión '1.e agua Ji. cionee.
de alnminio, sacos, útiles, lona de velas, zapatos, tapo· bre, que Naneen percibió á lo lejos, desde la cima de un liada en el fondo de las embarcaciones, y para asustarla
nuestr0s remos. Por fin se lanzó contra el
nee nuestros guantes de piel de lobo, un martillo geoló· amontonamiento de témpanos. y en la dirección de las agitábamos
de mi compafiero. Johaneen disparó y le al0j6
gic¿ la mitad de una camiea, etc., etc., y muchas otras costas entrevistas. Después de un nuevo tirón, en el kayak
una carga de plomo en los ojos. La bestia dejó oir un
cosa~ eepaNidae en una confusión caótica.»
sentido propio de la palabra, pues que Naneen y Johan•
«Miércoles t4 de Julio.-Por fin la maravilla ha aparecí· sen se habían resignado al papel de bestias de tiro, fué mugido terrible, se sumergió y desapareció dejando de·
trás de ella un hilo de sangre. Nosotros nos apresuramos
do -¡la tierra!-la tierra cuando casi no creíamos en ella. alcanzada la mar libre, el 6 de Agosto
á remar con todas nuestras fuerzas, temiendo una.nueva
H~ce casi dos años que no habíamos visto elevarse algu•
En tanto que apresuraba el paeo, Naneen recordaba la
na cosa pc,r encima de esa línea blanca, infinita, que de- marcha de los Diez-Mil á través del Asia; evocaba el agresión de la herida, ya más feroz por el dolor, y no nos
termina el horizonte de loe espacios polares ......... Deja• momento en que los soldados de Xenofonte, después de tranquilizamos sino cuando oímos á nuestro enemigo re·
moe la inmensa banquisa blanca y desierta, sin dejar de- un año de guerra contra fuerzas superioree, vieron por soplar y flotar lejo3 de nosotros, en el sitio mismo donde
desaparecido.
trás de nosotros huella alguna; la pista de nuestra peque• fin el mar de lo alto de una montaña y exclamaron: 1&lt;Tha- había
«Continuábamos remando tranquilamente, y habíamos
fia caravana á:través de los plaoes ein fin, ha desaparecido
hacía ya tiempo olvidado á la morsa, cuando vi de pron·
Thalassa!»
desde h&amp;ce largo tiempo. Una vida nueva comienza para lassal
Después de tantos meses de lucha contra los hielos, to á J ohansen saltar en el aire......
nosotros: en cuanto al hielo, ea siempre el mismo.
tambien para loe dos exploradores la mar era la bienve•
«Su ka yak había recibUo un choque violento.
«Esta tierra ha aguijoneado largo tiempo nuestros sue«Supuse al principio que un bloc de hielo se había remoño@ y ahora viene como una visión, como una tierra de nida.
"··· ... Por fin estaba yo en el límite de la banquisa. vido y en un lllovimiento de báscula había tocado el fondo
loe ~uentos de hadae. Blanca de nieve acumulada, se
Ante mí se extendía la superficie sombría del mar; á lo de la embarcación; más no había témpanos cerca de noenarca por encima del horizonte con el aspecto de nubea lejo~ la mur'alla abrupta del glacier surgía del agua; una
sotros. De pronto ví otra morsa levantarse ante noso·
lejanas que ee teme á cada instante ver deeaparacer.
triste claridad lo envolvía totlo. Ante esta perspectiva
«Yo me la había imgainado tajo muchos aspectos, con hinchó una alegría tal nuestros corazones, que no po- tros fuera delagua.
«No había un instante que perder, y sin tomarme
altos picos y glacitrs resplaudecientee, pero nunca así, se· diamos expresarla con palabras.
tiempo para buscar la parte vulnerable ( detrás de la ore·
mejante solamente á la apariencia de la tierra. Nada tie"Detrás de nosotros estaban todas nuestras penas; de· ja,) envié una bala á. la medianía de la frente del enor•
ne de halagador y es sin embargo la bien venida. En su· !ante se abría el camino del ,regreso.
me animal. Fué por fortuna suficiente esto: la morsa
ma, no podíamos ee~erarla de otro modo que cubierta de
«Yo saludé, agitando mi sombrero, á Johaneen, que es· qued6 fulminada.
nieve con toda la meve que cae aquí.»
taba un poco atrás, y el respondió agitando el suyo y gritan·
«No sin pena hicimos un agujero en la espesa piel que
La 'aparición de la tierra fué festejada como convenía, do: hurra! Un acontecimiento tal debía ser celebrado de
recubría aquel montón de carne flotante en la superficie,
con un suculento almuerzo: las últimas patatas habíaa
cortamos algunas bandas de grasa y de carne y abando•
manera:
siclo reservadas para la ocasión. Después Naneen y J ohan · al~una
Nos comimos una tablilla de chocolate cada uno!»
namos el resto á los pájaros de la mar.»
sen volvieron á ponerse en camino en la dirección de la
Una suprema separación entristeció sin embargo ague•
Remar de frente con las embarcacionesgemelaserafati·
playa que era para ellos la tierra prometida.
Ha alegría. Los dos perros sobrevívieilteB eran una car• goso y duro, los progresos eran lentos y cuando las co·
Parecíales tan próxima, que Johansen no dudaba de ga inútil en lo de adelante, sobre loe kayaks.
rrientes venían en sentido inverso, hacíanee sentir, y
que llegarían aquella misma noche. Naneen calculaba
«...... Fieles y valerosos nos habían seguido durante to•
remontarlas era imposible. Naneen resolvió
dos días de marcha; no por ello estaba menos errado.
achicar considerablemente los trineos á fin
Sus ilusiones duraron poco. La superficie del
de poder disponerlos aisladamente sob1e ca·
hiPlo era más imprac,icable que nunca. Naneen
da kayak en el sentido de su longitud.
y su perro Kaifás, tiraban de un trineo;JohanEn tanto que ambos se entregaban á esta
sen y Suggen tiraban del c:,tro. Hombres y perros
tarea, vieron aclararse la bruma que los en·
formaban un tronco extraño. Su marcha á travolvía, y apareció ante sus ojos toda una ca·
vés de las aristas de las presiones de loe hum·
dena de montafiae cubiertas de negras rocas
moka es increíblemente lenta. Y parece qne
á pico, emergiéndo de los gladus.
cuanto más avanzan más huye la tierra:-la de•
Solamente el 16 de Agosto, después de ha·
ri vación en realidad los aparta de ella y bien
ber atravesado tirando de sus trineos cortos
pronto !o comprenden.
la zona marginal de témpanos aglomerados,
Para colmo de miseria, Naneen puede apenas
Naneen y Johansen llegaron á una de esas is·
arrastrarse. Los abrigos delgados no han reem·
las. Por la primera vez después de dos años,
plazado sino con desventaja el saco dejado en
tenían la tierra bajo sus pies. Con gusto
el campamento de espera, y el explorador sufre
hubienn besado las rocae. En su indescripcruelmente de un lumbago causado por la hu•
tible alegría saltaban de un bloc de basalto
medad y por el frío al mismo tiempo que por la
al otro como nifios que juegan. En fin, para
fatiga. ,,Joúansen, escribe, ee ve obligad() á qui•
colmar su embeleso, en un rincón abrigado
tarme las botas y mis calzas, porque estoy en la
descubrieron musgo y flores.
imposibilidad de hacerlo por mí mismo. El es
Verdaderas flores: hermosos ababoles, eaxí•
poco egoísta y me cuida:como á. un niilo.» Pero
fagos de las nieves, estelarias!.. ....
esos hombres están templados de una maoera
«Fué enarbolado el pabellón noruego, se
especial: Algunos días después, Naneen póne·
preparó un lobscouse de pemmican y nos sen·
se en pie.
tamos dentro de la tienda haciendo volar los
"SálJadoS de .Ago.,to -Labor inaudita:-No po·
guijarros bajo nuestros pies, muy á gu8lo.»
dríamos cumplirla jamás si no fuese porque
Ayudados por el víento, avanzamos más pronto.
Naneen~- Johansen habían llegado á tie•
debemos cumphrla. Desde hace muchos días
rra sin haber podido darse aun una cueata exacta de su
los perros por todo alimento ,ee han repartido
do el viaje; y ahora que llegaban dfae mejores, debían situación. Estabaa al este ó al oeste de la tierra Francisco
unas gaviotas. Ayer no conocieron más que un poco de decir adios á la vida!. ..... »
José? Lo ignoraban: desde que sus relojes se habían pa·
grasa.
«No pudiendo decidirnos á degollarlos como lo había· rado, érales imposible, por más deducciones que hicieran,
mos hecho con sus compañeros, sacrificamos para cada encontrar su longitud.
TRAVESÍA DE UX DEPÓSITO DE AGU.~
uno de ellos un cartucho. Y o maté el perro ae J ohansen_y
Siguen su camino y he ahí una isla nueva (la isla Tho•
mató el mío......»
«Luna 5 de .Agosto.-Jamás hemo11 tenido un hielo tan Johansen
roup
):
Con los ka yaks amarrados el uno al otro á fin de sopor•
-«'.l!Ie parece uno de los parajes más encantadores de malo como ayer. Logramos, sin embargo, recorrer un po• tar los trineos, que hubiera sido imprudente abandonar,
la tierra. Una playa unida, sembrada de conchas, una
co de camino y dos incidentes felices marcaron la jorna• Naneen y J ohansen pusiéronse á la vela.
estrecha cintura de agua clara, en el fondo de la cual se
da; J ohansen no fue devorado por un oso y hemos visto
Desde hacía dos años no habían tenido delante una ex• distinguen caracoles y erizos y donde nadan antípedos.
agua libre al pie del glacier que borda la tierra.
eemejante de agua.
En las rocas vuelan y saltan gorriones. Súbitamente el
"Partimos ayer mañana á las siete. Se hubiera dicho tensión
Era para ellos un placer oír chapotear las olas entre
que un gigante había lanzado el desconcierto de los blocs las dos embarcaciones, y vira-:- rapidamente hacia la tie· sol rompe las nubes de flecos ligeros y el día parece ser
todo sol. Al rededor de nosotros están la vida y la tierra
enormes y había distribuido después entre ellos nieve y
rra tan deseada. Qué cambio, después de haber durante
agua. La bruma era espesa. Después de una marcha fa· meses hecho su camino pulgada á pulgada, paso á paso! firme; nos hemos librado de la eterna banquiea. En el
fondo del mar veo bosques enteros de algas. Bajo las ae•
tigosa, llegamos por fin á un canal que era preciso atra·
El sol brillaba.
perezas de los cantiles, aquí y ahí, están acurrucados alvesar con los kayaks. Yo me ocupaba en botar el mi.o al
«No puedo recordar-dice Na12sen-una mañana más gunos montones de nieve color de roea.
agua cuando oí ua ruido de lucha detrás de mí, y J ohanbella.»
•De lo alto de una roca, vemos extenderse á lo IE&gt;jos la
een gritó:
Abordar al pie del glacier escarpado, era impracticable. banquisa de la cual hemos salido: un gran plano blanco,
-Coged el fusil!
Loe
exploradores
tuvieron
que
levantar
su
tienda
sobre
..y o me volví y ví un oso enorme precipitarse 11obre mi un vasto témpano flotante, pero á la vista de la tierra, - en el fondo, muy en el fondo del cual, están aun aprisio·
nados, derivando imperceptiblemente, el Fi·am y nues•
compafiero que había caído de espaldas.
y la vista sola de la tierra baetaba á su felicidad.
tros compañeros......»
"Ensayé retirar mi fusil de su cubierta, colocada en la
Qué tierra!
Naneen y J ohansen prosiguen aun. Las corrientes de
proa del kayak, cuando la embarcación se deslizó al agua.
Nansen, incierto respecto de su longitud. lo ignoraba.
«Mi primer pensamiento fué saltar sobre el kayak; pero Teniendo delante de sí islas desconocidas, diólesnombres la marea abren, cierran y vuelven á abrir los canales
navegables. ¿Cuánto tiempo encontrarán los dos nave·
este hubiera infaliblemente zozobrado. Me esforcé, pues,
Isla Eva, Isla Liv.
gantes agua libre? Toda la cuestión está ahí. Si el mar
en volver á llevarlo al hielo de manera de poder asir mi dulces:
Heladas, es cierto, estaban heladas, pero sobre ellas queda abier~o, volverán al Spitzberg y de ahí á Noruega
arma. Haciendo esto no podía volverme para ver lo que temblaban las alas de los pájaros!
pasaba; pero oí que Johansen decía tranquilamente:
A ia vela y al remo, esta navegación enmedio de la bru- al fin del afio. Si se cierra de nuevo, definitivamente in•
«-Es preciso darse prisa si queréis llegará tiempo.
ma y del misterio, de los estrechos y de las costas, se vernarán.
«Darme prisa! ya lo creol Por fin alcancé el cañón, esti• proloagó durante muchos días. Noche á noche los explo•
E invernaron.
«Miércoles 24 de Agosto.-Las vicisitudes de esta vida ja•
ré el fusil y volviéndome, apunté. El oso no estaba ni á radores levantaban su tienda sobre la banda de hielo que
más
tendrán fin. Hace cuatro días yo estaba lleno de es
dos metros, listo á hacer presa en mi perro Ka;fa.8. He- bordaba la tierra. Mañana por mafiana, cargaban los
y de valor y henos aquí bloqueados desde hace
rido detrás de la oreja, cayó muerto.11
kayaks sobre los trineos para atravesar los hielos que el paranza
«El oso nos había sin duda seguido como un gato, disi• viento ó la marea habían acumulado al rededor de ellos; cuatro días y tres noches por los amontonamientos de
mrilándose detrás de los témpanos y se había aproxima- después volvían á botar al agita los kayake, luego que loe hielos. En todas las direcciones, no vemos más que
do al kayak de· J ohansen, en tanto que estábamos ocupa- encontraban un canal abierto, y proseguían su camino. hummoks, aristas y asperezas. El valor nos queda aún pe•
dos al borde del depósito de agua. Johansen había vuel- Por donde quiera había morsas y pistas de osos, de zo· ro la esperanza se ha ido..... .
«Sobre la superficie del mar, pulida como un espejo,
to la cabeza y lo había percibido, pero &amp;ntes de haber rNE y de gaviotas: se sentía placer al observar tanta vi•
se deslizan los ka¡¡aks; á cada golpe de remo silencioso,
comprendido á quién iba á atacar, recibió un manazo en da en derredor, tanto alimento á la mano.
el agua tiene un murmurio. Se creería uno en góndola,
la cara, que lo h1z0 ver treinta y seis estrellas y cayó de
Las morsas pululaban especialmente. Lo que era gra- ·sobre
el gran Canal; pero esta calma tiene algo de inquieespaldas. Entonces empezó á librar con el animal un ve es que ellas rompían primero las hostilidades.
......
verdadero combate de box; después lo asió del cuello,
«Yo había escalado un hummock, refiere Naneen, y tante
«Bruscamente, en efecto, nos vimos rodeados de hieloe;
echando mano de todas sus fuerzas.
examinaba el estado de la superficie del agua ante noso«El oso iba á morderle cuando me gritó: «Daos prisa.» tros, cuando una morsa monstruosa se aproximó, soplan• estando la tierra próxima, el mejor pattido era esperar
Fué entonces cuando el oso percibió á los perros y vol(LA TIERRA EN FIN!

DOMIJIGó 11 de JULIO de ,110,

EL MUNDO

los ~contecimientos...... Cuando remábamos en
med10 de lo~ peqnel'los témpanos flotantes el
f(!ndo de m1 kayak recibió de pronto un gd!pe
1
v1?lento. Estábamos, rodeados de nuestras enemigas las Il'.lOrsas. Uaa de ellas tletalla gigantesca, n_adaba entre dos aguas detrás de mí. Re•
pentmamente se enderezó justamente frente á
Johanse~ qu~ seg~ía mis huellas. Temiendo
ver al ammal.h.und1r sus colmillos en el puente
desuem~arcac1ón, Johansen se apartó, buscan1
do su fusil. Yo había cogido el mío á toda pri•
ea. La morsa empero hundióse en el agna con
estruendo y reapareció tras el ka yak de J ohansen. ~ra aquella una inquietante vecindad Pa·
ra h~ula Johansen saltó sobre el témpano más
p~óx1mo. Al cabo de un momento yo seguía su
eJemplo. Pero corrí gran rieFgo por culpa mia
de tomar el baflo con Que la r:iorea me lhabí;
ame azado nada más. El borde del hielo cedió
en e momento en que yo ponía el pie sobre él
Y me quedé.parado en el kayak que se iba derivando, haciend_o prodigios de equilibrio para
no zozobrar. S1 la morsa hubiese reaparecido
en ese moment(!, yo la habría recibido de segu!º en su propio elE&gt;mento. Finalmente1 logré
izarme sobre el hielo y largo tiempo vi mos á
nuestro ~gresor pasar y repasar al rededor de
nuestro islote flotante, sobre el cual hicimos
menos penosa la situación poniéndonos á comer.
«~ra una gran morsa macho. Hay algo de fantástico Y de prehistórico en el aspecto de esos
mone~rnos. Yo no podía impedir el pensar en
un tntóD, en tanto que el animal daba vueltas
e!l/! agua Y nos veía con sus grandes ojos redondos y
vi diosos. Era del todo inutil gastar cartuchos en uaa caza e que no'.teníamos necesidad por el momento. Así es
que.esperamos, que cansada al fin, se fuese como había
vemdo;hdespués de lo cual seguimos nuestro camino feli•
ces por aber salido bien del encuentro.
"····:·Llegados sobre loe hielos que tocaban la tierra
nos v~mos condenados á la inmovilidad: ya no habí~
agda !:re en dirección alguna. y la superficie sólida erirct e obstáculos, era absolutamente impractic~ble.
mpamo~, pues, v el 21 matamos un oso. Cuando menos :io moriremos de hambrn antes de algún tiempo.n
L~ suedrte estaba echada. Naneen y Johansen estaban
co, 1 ena os á ocho meses de invernada;
Ya habf~n elegido, en la playa vecina, cerca de un
P romdontono que supusieron más tarde era el cabo He•
11an d. un rinc
· ó n propicio
·
para construir una choza
cuan ~ se produjo un incidente inesperado.
'
di El hielo sobre el cual .se elevab~ su tien.da, se desprenó bruscamente de la tierra y baJo la acción del viento
fomenzó á llevarlos en una derivación rápida. Desd~
uego pen.earon en volverá la costa; botaron los kayaks
fil a¡:ua é izaron la vela. Pero la, costa estaba lejos y ren exionaron que una isla valía tanto como otra. ¿Por qué
li~re~ner la ~roa al sur en tanto que el paso estuviera

viéndose contra ellos, les administró eD la nariz dos fuer•
tes golpes. .Tohansen había vuelto á ponersé de pie, y
cuando y0 tiré, ya él tenía su fusil en las m~nos. La ma•
no del oso le había marcado la mejilla derecha con una
linea blanca, quitándolo un poco de lo negro que tenía
ahí: eeta era su sola herida......... »

1.
I·

.·•

0

1

A~í lo hicieron. Islotes y puntas sucedíanse y ellos
fdnuraban los altos monolitos de basalto rode1&gt;dos de coumuas Y contrafuertes, agujereados de nichos y corona•
do_s por tantos campanarios agudos como la catedral de
Milán.
El 25 de Agosto atracaron á una nueva playa sobre la
cua~, desde su desembarque un oso les deseó la bien•
vemda. Johansen con una bala le rompió la columna vertebral.. El animal, herido, intentó huír, pero !11 parte
P ~ter10r de su cuerpo estaba paralizada. Perplejo, sent se Yípusose.á morderse, hasta eangtarlas, sus patas, como para castigarlas de rehusarle sus servicios. Una segunda bala puso fin á sus sufrimieatos.
Fueron percibidos otros dos osos el mismo día. Las
morsas e~an numerosas. E~a costa al borde de un fjord,
se anunciaba como una despensa ampliamente provista.
Desde el día siguiente del su llegada, después de haberse asegurado de la imposibilidad de ir más lejoe, Nanse~ Y Johansen comenzaron á prepararse para invernar
ab1.
·
. Impoi:taba, en efecto, no dejarse sorprender por el inv1e~no BID vivares y sin abrigo, y las pocas semanas que
teman ante ellos debían eer consagradas: 1?, á caza de
osos Y focas; 2?, á la construcción de una choza confortable en previsión de loe grandes fríos de la noche boreal.

6

LOS PREP.UATIVOS DE LA 1/''VERNADA

),fatar el mayor numero de bestias posible mientras
abundasen, era el primer objetivo de Naneen. La caza
á los osos era más fatigosa que peligrosa. La curiosidad
el hambre los atraían; después, á la vista de los dos
Dombrea, echaban á correr y era preciso perseguirlos.
oce osos blancos, viejos y jóvenes cayeron antes del
fin de (?ctu~re, bajo las bala-e de los' dos compañeros. El
frío ártico tiene la ventaja de coaservar indefinidamente
la ca_rne de loe animales muertos. Por más que fuese el
apetito de Naneen y de J ohansen -y la resistencia de
sus estómagos estaba á. la altura de su energía moralno tenían necesidad algupa de poaerse á ración.
Quedaba por hacerse la caza de algunas morsas, así
par!!' dar alguna variedad á. los menús como porque el
aceite Je morea debía servir durante t¿do el invierno de
iiornbustible y de luz.
. Los monstruosos anfibios, además de las considerac10nes gastronómicas y!utilitarias, interesaban á Naneen
de u~a manera muy especial. Trataba de describir y ha
descrito ens costumbres con una benevolencia no dieimu!ada. S~ vuelve de la India-dícese-con el respeto
al tigre, ammal feroz y soberbio, para el cual se ha encontrado un calificativo · de admiración: el tigre real.
Huesped de la banquisa polar, Nansen edificaría congueto al rey de los animales árticos: de moraareal. La mor·
ea le. ha hecho correr riesgos y le está agradecido. DeB·
firec1a. al oso desvalido cuyas garras han apenas arafiado
a nanz de un perro y la mi&gt;jilla de su compañero; pero

h

e

Un visitante.

estima á. la morsa.. «La morsa no tiene rniedo al oso;11 es
una de las observaciones que parece preferir y que acom•
pafi~ con numerosas pruebas luego que encuentra la
ocasión.
La caza á las morsas á la cual se entregaban Naneen y
Johansen fué más agitada que la caza á los osos. La primera que mataron les costó nueve cartuchos, y con nueve balas en el cuerpo, desapareció. Sin embargo la en•
contraron poco después. Otras dos fueron muert~s sobre
un témpa?º· Dormían al eol y la primera cayó fulmina•
da á la primera bala. La segunda, herida por dos balas
e~ la cabeza, ~ardiendo olas de sangre por las naricts,
p~1sose á mugir y á toser formidablemente...... «Soste•
méndose º.º? su~ e~ormes colmillos, expectoraba sangre
como un t1s1co, md1ferente á nuestra presencia. A des•
pecho de ~n _apariencia I?onstruosa, había tales súplicas
Y. un sentimiento tal de_ impotencia en la mirada de eus
OJOS redondos, que olvidando nuestras propias exigen•
c1as, sentíamos una grande piedad por ella. Nos parecía
que habíamos C?metido nn ~sesinato. Una bala alojada
detrás de la ore¡a puso térmIDo á. sus eufrimientoe.11
Uabermuerto dos.morsas era ya algo, ahora ea trataba
de tranSJ?Ortarlas á tierra firme. Loe dos cazadores tu vie•
ron que 1r á. ~ue?ar ~ s~ choza sus trineos y sus cuchillos. Por medida 1nstrntiva de precaución tomaron igualmente sus ka;raks. Sin esta previsión e~ difícil decir lo
que habría sido de ellos. En tanto que despojaban las
mor~as, declarase inopinadamente un huracán, y ~aneen
percibe que como ya le había pasado en otra ocasión, el
hielo que los llevaba se había desprendido y se alejaba
de la ribera. Pero el caso no era el mismo esta vez no
tenían t&lt;;&gt;do consigo, sus provisionos, su tie~da, sus abrigos, su.smst~umen.tos, estaban en tierra: importaba vol•
v~r á. tierra mmed1atamente á todo precio. ¡Ayl era preciso abandonar á los pájaros casi la totalidad de las dos
morsas. Después do haber cortado apresuradamente en
la carne de losdoe animales, los mejores trozos, Naneen y
Joh~nsen se embarca1on. En tanto qne luchaban contra
e! viento para. alca~zar la playa, pudienm ver largo
tiempo á los pá¡aros mnumerablee del mar girar al red.edor de las masas sangrientas y aceitosas que la derivación se lleva~a. En medio de loe témpanos que se entre·
chocaban, veIDte veces los kayaks corrieron el riesgo de
ser d~etrozados, y estuvieron á do3 dedos del naufragio;
por 10stantes parecía á los dos hombree q11e las ráfagas
levan~ban fuera del agua sus embarcaciones ligeras, y
era milagro.que no se volcasen. Por fin, al abrigo de los
altos acantilados, Naneen y Johansen encontl'aron el
agua más tra?quila y pudieron atracar, el desastre un
mome~to ~mido, se reducía á una pérdida cruel.
Al.,un tiempo ?espuée, Naneen y Johaneen encontrá•
ronee ª!! presencia de un rebafio de morsas y mataron.
?ºª' alo¡ándoles en buen sitio sus balas, detrás de la ore•
¡a...... ''.Todae las otra~ se sumergieron, salvo una que no
se movió y quedóse mirando con asombro, ya á sus com•
pafierae muertas, ya á los dos eeres desconocidos que
éramos para ella. Ya teníamos más carne y aceite de
morsa de lo que n~cesitáb~moe, y Johanseu que había
vuelto.ª cargar su rifle, vacilaba en tirar. Yo aproveché
la oca~11?n para fotografiar la escena. Finalmente fuimos
de op1món de que m~tarla ae.ría sacrificar, sin necesidad,
un cartucho, y le de¡amos, Llempo de retirarse á su vez.
Entre_ tanto e.1 agua herv1a de animales furiosos que
romp,an e.1 hielo en su derredor y llenaban el aire con
sus resoplidos ......»
Qu~tar la piel á las morsas y cortarlas en trozos, era el
~raba_¡o más dP_eagradable y más repugnante que puede
1magIDarse. Tirarlas sobre la playa, estaba por encima
de las fuerzas de los dos hombres. Erales preciso pues
proc~der á l:Bta disección sobre los cuerpos flotantes;
«M(!¡arnos dice Naneen, no era nada: se seca uno con
el ~1empo. Pero lo que era peor y no podíamos nosotros
evitar, era s~turarnos, desde la cabeza hasta loe pies de
grasa, de aceite y de sangre. Nuestroe infelices trajes que
no podíamos renovar anres de un silo, sufrían demasia.
do durante esta tarea. Absorvían 11ceite y se embebían á
un punto tal, que nuestra ~i~l misma acababa por im•
pregnar~e. En toda la expedic16n no podíamos limpiarnos
de semeJante cosa. Nuestra recompensa consistió empe•
ro en dos grand:es monto~es de grasa y de carne cuidadosamente recubiertos de inmensas y espesas pieles de
morsas.11

El 7 de Septiembre, Namen y Jobansen po·
sar(!n la primera pie&lt;l;ra de la choza que debía
abrigarlos durante la IDvernada. A partir de ese
dfa hubiera podido véreelee, casi todas las mafianas, ponerse en camino como obreros carga•
dos de un bote de fierro blanco que cbntenía
agua para beber. Buecaban y recogian fragmen•
tos d~ basalto, abrían los cimientos, edificaban
los muros coa todo el cuidado posible. Sus úti•
les se componían de un patín de trineo utiliza•
do como azada, y de una cucharaihech~ del homópl11to de una morsa, fijada al cabo de un bas-·
tón de raqueta. Pobres útiles por cierto· pero
loe dos noruE&gt;gos eran ricos de pacienciá y de
energía,
Concluidos en ocho días los muros apenas
si medían 90 centímetros de altura. E~tando el
suelo de la choza ahuecado en 90 centímetros
también, (abrir esta oquedad con loe útiles ent
nume.rado~ había sido un tour de force) resul:
taba JDtenorment~ una altura.total de l. m. 80
par.a una anchura igual y una profundidad de
casi tres metroe. Naneen, á peeat de su gran esta•
tura se mantendría pues de pié en la única y vas•
ta sala, y acostado no tendría que encogerse·
desde que había dejado el Fram no se encontra:
ba tan agusto.
Una pie~a ~e madera flotante, recogida en
la playa, s1rv1ó de techo; cuatro pieles de morsa, abla1;1dadas merced á una prolongada per•
~anenma en el agua del mar y que pesadas
piedras se habían encargado de extender y de
mantener, formaban la cubierta. Nieve amon•
.
tonada cubría exteriormente toda la constru•
ción. A fi!1es de Septi.emb~e la ~abitación e~tuvo lista y
sus arqmtectos prop1etanos, de¡ando el abrigo provisional en que hasta entonces habían vivido, pudieron insta·
larse, cc.ncluyendo el arreglo interior.
Un pasaje estrecho, abierto en la tierra más corto de
lo que Naneen lo hubiera deseado-po1· que la helada interru!Ilpió los trab~jos-conducía á la puerta de entrada
practicad~ en un rmcó~ del muro, cerraia por una piel
de oso sóhdam.ente cocida á la piel de morsa, del techo;
una segunda piel de oso protegía el acceso exterior A
pesar de las lámparae de aceite de morsa guarnecldas
de ~echas cort~das, de l&lt;;&gt;s vendajes del bdtiquín y que
ard1an á maravilla, la pnmera noche pasada en la choza
fué fría. Naneen y Johansen habían ensayado dormir
s~p~rados ~ada ~no bajo una cubierta. Mas desde el día
e1guien~e. metrmdo~ por la experiencia, emplearon ea·
pesas pieles de oso, mstaláronse en un lecho común y no
pensaron ya en _separa!se. Un poco más tarde, cuando la
temperatura ba¡ó cons1derab!emente, volvieron al siete·
ma del lecho-saco, .tan apreciado en la primavera precedente, y se fabncaron uno con las pieles de oso del
todo semejante al de piel de reno qne abandoaar¿n en
el campo de la Espera. En vano habían ensayado aplanar el suelo de la choza; las piedras a1tudas eran un ru•
do apoyo en l~s horas d&lt;:l insomnio: felizmente las horas de m.sommo son p(!CO 11,umerosae cuando se eA capaz
de dormir com? lo hic~er&lt;!n durante el in~ierno Naneen
Y J oha.nsen, vemte. ó ve1Dt1dos h?ras de cada vienticnatro.
Debiendo reducirse toda su vida á dormit y comer an
hogar era tan n_ecF!suio como un lecho. En un rinco~ de
la chot_a fué abierta una oquedad y ah( se puso un hor•
no ~ud1mentano a11meatad? con aceite de morsa. Un
agu¡e~o ?n el tec~o y una piel de oso formando tablero,
const1t~1an la ch1m~nea. Exteriormente fué construida
una chimenea de meve, á fin de impedir al viento que
rechazara de nuevo el humo hacia la choza. Esta chi•
meaea llena p_erfectamente su oficio; pero el calor ensancha cada d1a miis el tubo, y amp!ia~ gotas de a ua
caen r~gularmente sobre 1a marmita. Esto no tiene i';ás
remedio que - hacer de tiempo en tiempo reparaciones
para las cuales no falta por cierto el material.
'
Cerca de la choza, proM&gt;gidos por piedras y témpanos
estaban Jos preciosos depósitos de carne y de grasa d~
oso Y de foca. Lo !lue restaba de las provieiones llevadas
del J!ram, había ~ido puesto cuidadosamente en reserva,
previendo la partida e?- kayak en la primavera siguiente.
Aeegurados de no sufrir en su soledad ni frío ni hambre
:N'an;~n Y Jobansen podían afrontar sia miedo á otr¿
enemigo que el ~astidio, la noche invernal.
Esta se ¡1prox1maba rápidamente.
Una ve~ comp!etas las provisiones, la caza había cesado v las distracciones eran raras.
Un día ~aneen ?YÓ gritos por encima de su cabeza. Lev~ntó .los o¡os y v1ó dos pájaros volará. toda prisa· en la
d1recc1ón del sur. ¡Con cuánta envidia los siguió su mirada basta su completa desaparición!
El 12 de Septiembre, cuando después de muchos días
la temp~ra~ura h~bía gradualmente bajad(), prodújos~
un cambio 1mprev1sto; el termómetro subió á 4º sobre
cero: Fué esta 1~ ~ás alta temperatura observada duran•
te toda la llXped1ción. La alegría que la primavera pone
en los ~orazone~ llenó los de ambos viajeros ante aquel
repentmo deshielo.
"De todos lados desciePden cascadas espumantes de
la montaña y de los glaciers y forman pequeños arr¿yos
que murmuran entre las piedras de la ribera
"P?r donde quiera murmura y corre el agu~. Como por
ma~1a ha vuelto la vida á nuestra helada naturaleza y la
col1~11 está toda v~rde. Podría uno creerse muy lejos
hacia el BU: y .olvidar que se prepara un largo invierno .. '.
. ,cAl dfa s1g111ente todo ha cambiado; los dioses ro i•
C~OB del sur que, la víspera habían desplegado SUB penrr.
g1~s supremaa, han. huído; el frío ha vuelto; la nieve ha
~aid&lt;;&gt; Y lo ha r~ubierto todo; ya no cederá. Eate pequedol rfncón de tierra desnuda, está en poder de los gen ;08
!3 río Y &lt;l;e la sombra; su influencia se extiende ha~ta
e. mar. M1ro. al .rededor de mi: todo ea de)lolación
abandono.
Mie dmiradas
· pies.
· y
Ahí
d"
l
· caen sobre el suelo, á mis
, en me 10 e as piedra~, el ababql eleva aún sus
flores tan hermosas por encima de la nieve... •... •··

Concluitét en el próximo número,

�EL MUNDO

DOMINGO II de JULIO de 1897

26

EL MUNDO

:ooMINGO II DE JULIO D I E · ~

EL TRANSMISOR

UAN 00 el flmplea-

•

do, con solicitud
no desmentida, había recorrido ya
con los turietas la
mayor parte de los
departamentos de
la negociación,
ponderando la importancia de esta
en México, la BU·
roa de esfuerzos y
de gastos qne suponfa, el número
de brazos que ocu ·
paba y la di fusión
de bienestar que de
terminaba en la
comarca; detúvose ante una puerta en cuyo dintel se
lefa: 'lra,,.~misor, y dando á su voz inflexiones de confidencia, dijo, á tiempo que introducía una pequeña llave
en la cerradura y eropuJaba las maderas:
-En esta reducida pieza tienen ustedes á la Fuerza ba•
jo uno de sus aspectos más formidables y más disimula·
dos. Nada parece indicado, verdad? Un aparato de ma•
de,a barnizada, fijo á la pared, muy semejante á la caja
de un teléfono, y en cuyo centro hay un botón de cobre,
-y lo aefialaba-y sin embargo, ese botón, con el cual co·
nectan innumerables hilos de alambre, vibra el rayo, un
haz de rayos; ese botón distribuye la potencia eléctrica
y la regula, y la potencia eléctrica significa en este ca•
e? ...... 10,0lJ0 volts l. ¿S.tben ustedes lo que son 10,0:Jll
volts? (los turistas hicieron un Eigno de cabeza afirmati·
vo ). 1:Jastaría estar al tanto de que el máximum de vigor
eléctnco necesario para la electro -&lt;&gt;jecución, hoy aplicada á los reos de peua capital en Nueva York, ea de mil
volts: el más excep. ion al organismo, queda ria fulminado
~nte factor tal energía; imagínense pnes lo que serín
10.000 volts...... y á qué se reduciría el hombre q11e tocase el botón ..... .
Los turh,tas-quien más quien menos - sintieron correr
por la médula espinal un extre-mecimiento helado.
-¿ Y cómo manejan ustedes tan horrible aparato?
-;-Con ~ficaces ais!adoree, respondió el empleado,
qmen, sat1sf~cho dd la impresión que caueaba, ai\adió:
-Y ya lo ven ustedes, no lo resguarda ni unadebil cu•
bi~~ta de cristal; está á la mano...... Cierto es que n" per•
m1t1mos la entrada aquí sino á lo~ electricistas y á tales
y cuales .pero0nas de cuya prudencia est11mos eeguros.....
Pero el tiempo vuela; ¿deeein us:;edes q11e continuemos
nuestra viPi ta?
-Con muJlto guito.
-Pasaremos de nuevo por la pieza dentro de breve rato, para vtr la Dirección y acaso presencien ustedes el
funcinnamieoto del 1'ran~misor.
-Yo los aguardo aquí, dijo uno de los visitantes, joven de pálida fisonomia y degrandesojoP, profundamente negros-me siento fatigado y es1e sillón-un amplio
sillón de escritorio, acojinado,-es muy cómodo ..... .
-¿Intentaría usted por ventura auicidarse? interrogó
el empleado en eón de broma.
El joven dejó ver una franca sonrisa, q11e habría disi·
pado-de existir-la menor duda, y el empleado, después
de un «cuidado• dicho con indiferente jovialidad, conti
nuó con loe demás turistas la visita.

*
**

&amp;l auke emblema.

Ya solo, el joven, como atraído por invencible iman,
clavó sus ojos en el botón de cobre 4110 brillaba siniestramente en medio de la madera, y Ee dijo:
-Si yo lo tocase con el índice, mi.da más que con el
extremo del índice ..... .
Pero, apenas formulada esta idea, ee sobrecojió de espanto ..... .
Ilabríase visto ocurrencia más insensata...... Lo mejor
era ealir de ahí.. ...... .
E hizo un impulso para levantarse. Pero continuó eentado.
En verdad, una fuerza desconocida le rPtenía, y no era
la primera vez que experim~nt.elba la fascinación del peligro.
Ex;raordinariamente nervioso y sugestionable, en varias ocaeiones sintió en las altura8 el vivo d~seo de arro •
jarse al abismo, y momento hubo en qne-dominan:io el
instiuto de conservación,-sns manos se af.irraeen, fríaP,
á loa hierros de un barandal ó á la saliente d1&gt; una cornisa, en tanto que recorrla EU cuerpo un calosfrío muy ee•
mejante al que se expe1imeuta cuando ee va á rnltar de
una eminencia cualquiera, en loe 1ecreos del cnlfgin.
Pero entonces la tentación era más fuertP, el d1simu'o,
la hipoc,esfade una fre1za inra enlabie, tremenda, aplastante, que radicaba en un botón de cobre dt, inoftnsiva
apa1ieucia, le enlc qnecí,n.
Qmso aualizar friame •. tci el im'(lulso interno y misteric.
eo que le dominaba.
l!.ra Li¡o de la ob~ePión del suicidir,? No, ein dnda
Jamás l.Jabfa deei&gt;ado la n,uerte. Su exqnisita eenaibili
d•d de nervioeo, y de nervi&lt; so finame1,t1: educado, vibra
b, á todas las influencias ext~rnaP, aun á las mús le,·h •
ver.atilidadee climatéricas, dándole o,11los ra1os, es cierto;-¡;ero en cambio le producia ft'Dtacioll, s cada vez
más refinadas y hermosas. Su po~icié&gt;n holgada de Ntu·
diante rico, era envidiable: su libt&gt;rtaii ilimitada, Fil Fa•
lud perfecta ...... Ahora disfrutaba de dhertidas vacbcinnea eemestralee, recorriPndn una hermosa comarra de la
provincra, con cawaradas alegres, y pronto regrtearía á

México á re-anudar sus estudios y sus placeres fácile9 de
buievar. ¿Por qué, pues, había de querer suicidarse? No,
no era el deseo preciso y determinado dA morir el que le
asaltaba ante ciertos peligros, sino la avidez de meterse
en elloP, el vértigo de abrazarlos, una atracción arcana
que nac!a de todo su eér, tendido entonces hacia el abis•
mo, hacia la vorágine, hacia el rieego...... Recordaba el
esfuerzo prodigioso que en cierta ocasión tuvo que emplear para no arrojarse de la canastilla de un globo caut,ivo que ascendía periódicamente en la Alameda, y AU
fiebre por deslizarse en el plano inclinado de la Montana
ru.m
F,I vértigo, eso era, un vértigo inexplicable ..... .
Y el botón de cobre seguía brillando siniestramente, ...

UN .A. VENGA~ZA

A villana palabrita! la decía tan
hermosamente! Muy cuca y monona, con. sus felinos ojos que
guiflaba sin. cesar ~· sus manos
diminutas eobre las combadas
caderas, parecía un pajarillo
***
próximo á cantar cuando ella
¿Qué sentiría si lo tocara con el índice, nada más que
lanzaba el pequ-efio vocablo con el extrem,1 del índice?..... .
¡oh el arco rosa de sus labios!
Un golpe, Eólo un golpe ...... acaso nada-tan inAtanta-que iba á fijarse en el blanco
nea sería la disolución de su organismo...... ¿Qué se
seflalado, después de haber sil•
siente con un rayo? Nada, puesto que todas las funciobado en medio de un aire suave
nes cerebrales cesan con brusqu1-dad.
y lleno de rumoree.
Si lo tocara con el índice, nada más que con el extre1Era esa sílaba, joven cazador
mo del índice..... .
de corazónes, llamado Amor, la
Se extremeció de nuevo y púsose en pie.
más segura saeta de tu carcsj !
Pronto estarían de vuelta los compafieroe, y él ya no
Y por que ella no ignoraba
po-iría saciar su avidez, su horrible avidez ..... .
que dería «¡Sus!» muy bien, deTornó á mirar el botón: un simple dieco metálico muy
cía «¡Sus!» muy á menado. .A
semejante á un tornillo...... Si parecía mentira que aquecualquier propósito, á todo el
llo encerrase la muerte...... el rayo...... un haz de ramundo, sin ra,zón apreciable,
yos ...... diez mil volts.
en voz baja, en voz alta, con la prontitud de nn diablo que
Qué pavorosa es á veces la fuerza; no cuand,o se exhi• sale disparado de su morterete y con la impertinencia de su
be con todo el aparato de sus calderas, de sus engranes, risita, á manera de rPto, «¡Sus!» repetía ella, mostrando
de sus poleas...... sino cuando Fe oculta en el hilo forra- la blancura inmaculada de sus dientes, fehz de ser her•
do de seda, en la bobina verde que semeja un carrete de moea.
bordador, en el botón de cobre ó de porcelana........ .
Pero á quién ella decfa «¡Sus!» más frecuentemente que
Si lo tocara con el ln:lice, nada más que con el extre- • á los demás, era al pobre hombre á quien adoraba y al
mo del índice...... ,..
que fingía no amar; y cuando él se arrodillaba á sus pies,
Se había acercado maquinalmente al transmisor, y pa- t1mido y tembloroso, con los brazos levantados en ade•
lidecía en exceso ........ .
m~n suplicante, era siempre, invariablemente, la misma
Oyéronse voces en la pieza inmediata.
palabra la que le soplaba á la cara, inclinándose un poco
L'la compafieros volvían.
para infnndirle el aliente:&gt; qne brot.aba de sne labios.
El joven, como hipnotizado por el brillo del botón, no
¡Ah. la exqllieita y excecrablecoqueta!
apartaba de él sus ojos dilatado3.
-Yo desfallezco-clamaca él-de ternuras y muero de
El tiempo urgía...... Si lo tocara con el índice...... na- deseo......
.
da más qne coa el extremo del índice ........ .
-¡Sua!-respondía ella riendo.
Las voces oíanse di11tintamente ........ .
-Yo daría mi vida por besar la uña de vuestro dedo
¿Qué hacer?
mefiique.
8acudiólo nn postrer extremecimiento, y con ademán
-¡Susl-era toJa la contestación.
resuelto, alargó la mano.
-Yo me haré slltar la tapa de los eesos si vos no consentís en amarme.
AllADO NERYO.
-¡Susl-repetía una vez más, inclinándose basta rov.arlo con eu cara ebria de gozo y esforzándose por no sellar-beeos en flor-con sus labios rojos de púbera intri•
gante, los pálidos labios del pobre enamorado.
En tanto, él había perdido la paciencia á causa de una
malignidad tan detestable.
Una ocasión, habiéndola sorprendido en el boudoir exornado de encajes y de sedas, á la hora del '. cómplice
BLONDA
crep(1sculo, la tomó violentamente entre sus brazos y la
cubrió de caricias vengadoras -caricias errabundas, sin
Y ua rizo de oro 6endo así dijo:
brújula ni guía, esparcidas á millaradas en los cabellos
de crenchas sedosas y rubias soy hijo,
en la frente en los ojos y en los labios.......
mi beso es callado, y en loco deseo,
E lla se dtbatía, gesticulaba, gritaba sonoramente con
travieso produzco tenaz cosquilleo.
su boq11ita victoriosa; él, sin hacer caso de esas cóleras
Al soplo del viento, con cuanta delicia
de pijarillo que se tiene ea la mano y quiere picar, laesme sienten las nucas marmoreas y tersas,
tre•h,ba más hiert,e y ardieLJtemente.
y como contemplan miradas perversas,
Llegó, por fin, el mom~ntoenqnaella, viéndose ápunmi leve caricia!
to de quedar vencida, renunció á los esfuerzos de una
lucha v&amp;na y acudió á las lágrimas y al ruego; ya no se
Si el baño humedece mis hebras, y en lacias
def1&gt;ndía, snp~icaba y pedfa g1acia.
las toroo, descienden mil gotas brillantes
Entonces él, triunfante, la dijo: «¡Snal• en un desa&amp;i•
y eogastan la túnica que encubre tremantes
nado redoble de besos entusiastas.
de casta doncella las púdicas gracia~.
CATU'I.0 M É NJ)EZ.
Yo soy voluptuoso; vivaz centelleo
arranca á mis hebras el rayo febeo;
olor de epidermis me embriaga y aduerme,
y cuando en el lecho mi dueña ee duermti,
EL CREPUSCULO
yo sólo la veo.
Dulce hora á lna suefi.os consagrada,
Eeclavo de arÍística nimbada cabeza
En tn lttz ¡qllé mi~terio se refli&gt;ja!
la brisa me torna coqutto y voltario;
¡Oh Crepúsculo! tú eres la mirada
dé castos amores soy muda prom~sa
Más triste de ta tarde que se aleja.
si ocupo la sombra de algún rélicario.
Mfstica hors que en et sér produce
DESEO
Honda impresión oo soled31 y duelo,
Y en qne brillantA y temblorosa luce
Oh virgen! yo iimo tus rizos de oro,
VenuP, como 1uta l6..1rii11a del. ciefo.
yo ansío ser duefl.o del rubio tesoro
Ea la hora en que, extrai\a á la congoj&amp;,
qne nimba tu roetro de vivo fulgvr;
Ella en 11n mnndo de ilusión 111edita
Tt,ir en tu frente de mvea blancura
Y reclinada en Sil balcón desh.oja
y ser la guedeja que leve murmura,
Del enslleño la blanca margarita.
temblando en tu oído, la frase d"' am0r.
Es mfly hermosa y tie,-na aeí~ parece,
AURELIO G. ÜARR.\SCO.
Del sol ya hnndidn al ,-esplandor escaoo,
Julio de 1897.
Un áng&lt;&gt;I qlle los ojos b,,rneileee
En el p iélago de ámbar d81 O ·aso.
Bailada Pn celestial melaneolfa
RONDIH,
S11 vista sigii.e el vtteln del celaje,
Y cierne e« radiantiefaita¡¡fa
En un espacio de 010 su plttma~e.
Cnando la tarde silenciosa tien fa
Sn grácil manto de impalpable bruma,
La im,.,resiona y SPd111ce tanta calma,
DPjad qne el viaje del sepulcro emprenda
Y mira at"der las i lt1sionee bellas
Ya que mi vid¡¡ terrenal me abruma.
En el Httl tranqniln de su alBla
Como en un cielo-claro las estrellas.
Iré cant~do por mi triete senda
f'omo los cisnPa de ne,•ada pluma,
Y voel\ mi eombra, mientt"as ef la altiv.a
Cuando la tarde silenciosa tienda
Respia-niiece PI! s11 trono de hermosttra,
Su grácil manto de impalpable bruma.
S iento sobTe mi frente pensativa
El óscnlo gi&amp;ciat de la amargttra.
Dejad que mi alma pens1tiva ascienda,
f'nal astro errante que la niebla eefnrna,
Del Maoto y et dolor la ooche hOl·rible
Y allá, en la altura. su fulgor esplenda,
"fiend.e en mi alma RU crespón lllctuoso,
Cuando la tarde silenciosa tienda
Y eo 11na negra Estigia: el Imposible.
Su grácil manto de impa lpab le bruma.
:Mi .amor Jfünd.e Sil disco l1101inoso.
PEDRO R. Zw,11, A.
&amp;akx R EDOLT,EDO.
Julio de 1897.
J' ulio de l S.~7.

J,

�DOMINGO II de JULIO de 1807

EL MUNDO

ESTU OIOS SOBRE "EL FAUSTO DE GOETHE"

ER Satin, rey in forna!, con todo

y su monstruosidad tiene algo
que fascina, quizá por lo horrendo de eus dolores y lo espantoso
de sus maldades.
Poeeer loe secretos de lo negro
y de lo hediondo, no sonreír nun•
ca, llevar en el pecho, Justar en
donde en los hombre3 anida elamor, un hervidero de
laR más infnmf'e p111ione,; odiar, mirar en tono amarillo.
rabiar con ;u inmeEea al ,er una pa'oma blanca ó
una virgen coronada de azahares; caer en convulsiones al sentir los perfumes de las rosa~ v de los nardos;
tener por enemigos á los niños y á los páj'\ros; f'ncontrar
placer en la tiniebla, y huir amedrentado de la luz de
la luna, la más dnlce amiga que tienen loe mortales;
todo eso es verdadera mente monstruoso, pero tiene algo
que á algunos canea compasión y á otros ;miedo.
Más, ¡ser un pobre diablo!
Eso si que no, decfa•ne una vez un amigo con quien
departía sobre la materia, y á quien dicho sea de paso le
gusta estremar en ocasiones la nota trágica.
¡Oo! Si yo fuera el diablo, exclamaba entusiasmado,
reclamaría mi reino pleno, para llenarlo con mis malda•
des y mis cosas monstruosas.
Apagaría al sol, después de dotarlo de vida y sensibi•
lidai y haberlo hecho pasar por martirios espantosos, co.
mo culp:ible de haber proporcionado lnz á los mortalesHaría que pasasen por la mente de los hombres, ráfagas
ligeras que los hiciesen entrever la felicidad, para sumir•
los l'n la noche y en el pesar; jugaría con sus pasiones:
les vaciarfa los ojos para que no pudie~en contemplar el
Universo. En mis horas de ocio derramaría las dudas sobre sus almas, y con mi instrumento poderoso iría inyectando en las venas de las gentes, que se creyeran felices,
las amarguras del mundo.
A los iucrédulos, decia, los transformaría en beatos para qu3 se revolc1sen en 13] lodo de eu mismo desprecio,
por ap6stata~ y falsarios. A los escép~icos les haría en•
traver la fé, sembrando en sus alma~ la duda y el t.emor
lejano de que e3tab,rn equivocados, arr.,glándome de tal
modo q·1e, esos seres mis ira bles p rdidos Pn los p~ramos
de lo incompnnsible, cayendo y levan~ándose, orando y
blasfemando, llegaran al fin de la jornada con la mente
llena de tiniebla3 y el corazón preñado de angustia3
Des•,ilarfa la quinta e8encia de las ponzofias del mal,
para brindárselas á las almas puras.
No castigaría á los iudómiws. Al contrario, tendría
premios y alabanzas para ellos.
En la avenida sonbria qu&lt;&gt; cr&gt;ni11c~ á mi mansi6n in•
fPrnal elevaría estátuas á Fray J acobo Sch vartz, Herr
Krupp y Mr. Meliné. Casaría á Mdme. Dinamita con Mr.
Gallie,s, y coronad')~ C')n 101 p,b1pano1 que crecen en
los vifiedos de Baco les daría vuelta, para que procrE&gt;aran
en el muudo, y Jo infeccionarán con sus monstruosos
engenn.ro~.
En fin, concluía aquel neurótico demonomania•o, haría el diablo en grande.
Yo esc,1chaba á aq,1d p)bre loco sin hacerle observa·
ción alguna, pensaocio para rní qu~ para diablo P.ra muy
pequefio, y q11e todas esas ~us soñadas ee quedan muy
atrás de lo que en la ·Edad Media, la época brillante del
r~inado de Satin, le atribuün los teólogos y 103 visiona•
TI0S.
Así como en el mar Jónico un navegante esc11cbó en
noche clásica uneco:quejumbroso que anunciaba llorando
la muerte del Gran Pan, y la noticia rle qne los dio3es ee
iban, así nosotros, los hijoi del siglo X[X:, hem'ls presenc'ado la muerte del diabto de la leyemi.l n1ística.
Satiu ha mueno. Los geólogvs han iavadido su reinn·
do, y sus descendientes andan cl,miicand" p'lrel mundll
como los reyes en el destierro. Ha v.:inido tan á menos la
familia del poJer,)BO Soñor, que ai é~te renaciMa, ni aún
los reconecr:rfa. Desempeñan oficios viles, y t•enP.n mu•
cho parecido clln aqnelloi nobles funce,es, emigrados en
tiempo de la Revolución del 93, q•1ienes después de h&gt;1·
ber participado de las orgías del Parque de los Ciervos,
y pavo ,1e\fo3i en &lt;il pl:a~i() y 1,,~ puq11q~ d"l Versalle~
insultando al pu~blo con su orgallo y ~u boato, se les vió
después en Alemauia ei1 vieudo de b.1rberos, cocineros y
dan1.arines, para ganarse el eust,•nto.
El diablo en las regiones del :N•)rt" ba llegido ií con•
vertiree en un buen sajeto. El poeta Ronsard cuenta que
en Noruega lleg¡¡ basta alquilar,e com•1 criado, cuida d.e
loa caball,&gt;R, eaca E&gt;I vino de las bodega~. limpia In ropa
del ami). barre los patios, y hace sus ofi~ios c 10 el mi\·
yor aseo del muado.
~d cuando en cuando intenta alguna de sus perrnía~
antiguas, pero siempre sale burlado y tiene que huir con
el rabo entre las pinnas:
Y a no le queda ni el recur~o de tentar á los frailes en
eus celdas, cumo con tanto provecho lo hacia en otra épo •
ca, porque también esto gém,ro va esca3eando por fortuna y corren maloa tiempos para ellos.
Goebte, que tenía tanto genio corno Dan•e y Milton,
pudo pintar un Satán monstru11so como el qu11 fianra en
la •~idna Comedia» ó P.l del uParaíeo Perdido," pero no
lo hizo; pues comprendiendo la época en que vivía, co•
noc-ió quo habría inc·1rrido en un aaacron1t:1,no.
Tanpoc, le convenía presentarlo zafio y grosero, comó
se lo imnginau los riísticos y los burgueses.
Creó entonces á l\:Iéfistófeles, ó sea un diablo-filósofo,
que es cuanto hay q,1e decir.
Mefibtófeles es uua figura o lioea como hay pocas. El
mismo se llama «espíritu qne dula y que lo nie~a todo"
El Señor ií cnyo trono Pe atreve á acercar3e lo apellida
11pobre bufón malicioso.11
En cambio él, hablando insolentemente del füerno, di•
ce lo siguiente:
0

-De vez en cuando olvido mis rencilll!.S
\' bu.seo al Yiejo v pll\,ica.s entablo.
Ph\ceme que un Señor de campanillas
Trate coll atencióll á un pobre diablo.

¡

Mas ei las gentes lo desprecian y lo o'iian, él paga con
creces ese odio y ese desprecio. Trata al Hombre con soberano desdén y lo llama:
••Dios diminuto del pobre globo terrestre.
«El ser más imbécil de loa que or6 ullosamente llama•
mos seres irracionales.
«Cigarrón que en el campo salta y canta etername~te,
siem¡ire con los miamos brincos y con la misma canción.
«Extraño abismo de extravagancias y locuras.»
Desempel'ia trdo~ los papeles: el de rufián, el de laca•
yo y cocinero. Sufre todos los insultos con diabólica calma y desvergüenza. Fausto lo llama: vestiglo, perro, ex•
cecrable monstruo, traidor, indigno espíritu. Confiesa
sus extraños parentescos; y á la tentadora del paraíso la
llama «mi bueua tia la sierpe.»
Tiene tratos con las brujas y una de ellas lo llama «licenciado en malas artes.»
Y no es sólo al hombre á quien ee le atreve sino á la
humanidad. Está desengañado del mundo y de sus habi•
tantee y en un rato de decepción exclama:

PLEGARIA EN .LA ACROPOLIS

h nobleza! ¡oh be·

lleza sencilla y verdadera! Diosa cuyo
cullo significa razón
y sabiduría; tú, cu·
yo templo es una
eterna lección de
conciencia y de sin•
ceridad; tarde llego
al umbral de tus
misterios; traigo á tu
altarmucbosremor•
dimientos. Para eu·
contrarte he necesitado infinitas investigaciones. La
iniciación que tu concedías al ateniense, al nacer, con
una sonrisd, yo la he conquistado á fuerza de reflexiones,
á cost1 de largos esfnerzos.
.
Francamente
Nací, diosa de los ojos azulee, de padres bárbaros, en el
hallo hoy el mundo tan malo
país de los Cimmerianoe buenos y virtuosos qne habitan
cual parecióme otras veces.
Compasión me dan, no envidia,
en la orilla de un mar sombrlo, erizado áe escollos, Mmlos hombres y las mujeres;
batidos siempre por las tempeEtades. Apenas se conoce
y ya rentar me repugna,
allí la luz del sol; las flores son los muegos marinos, las
Señor, A t:sas pobres gen tes.
algas y las conchas de colores que se encuemran en el
Tudo el mundo conoce el traje que lleva el Tentador, fondo de las solitaria~ baldas. Allí las nubes parecen sin
por haberlo visto en la obra maestra de Gounod, ¡qué color, y la misma alegria es un tanto triste; pero allí ma• distinto de aquel que aun solemos ver en las loas que re' nan de las rocas fuenree de agua fría, y los ojos de las
preeentau en los barrios, en las fiestas del mes de·Diciern- jóvenes son colllo esas verdes fuentes dondtl se mira el
bre, hediondo, echando llamas y truenos.
cielo sobre fondos de hierbas onduladas.
Mis auteceeorea, los más remotos de que memoria ee
·
El progreso [dice]
conserva, emprendían navegaciones lejanas por mares
que todo lo pu le y lame
llegó hasta el diablo. Aquel monstruo
qul!l los arg,máutas no conocieron, Yo oí, cuando era
del septentrión, presentable
joven, las canc1oues de los maret1 polares; fuí mecido con
está. ye.. Garras y cuernos
el r~cuerdo de los hielm, flotantes, de los herwosos mamodas i;on de otras edades.
res que parecen de lecbe, de las 1slas pobladas de pája·
El se presenta en traje de sociedaa, olieudo á ambar, ros que cantan á sus horas y que, cuando emprenden el
chancie,a, esquivo y al mismo tiempo serio y circunspec- vll.elo todo3 juntos, oscurecen el cielo.
to. Quien lo viera por la primera vez diría: ese es dandy.
Sactrdotet! de un culto extraño, procedentes de loe
El úuico defecto que tiene es que claudi,;:a. ¿Pero, acaso siitos de .Palestina, cuidaron de educarme. .i!:alOs sacer·
no han t:laudicado en el mundo también By1on y Talle y• notes eran sabios y santos. Me enseñaron luengas hiatoraad? Yo por mí, gueto más de MefisLófelea que del obi~- ria , de Cronos, creador del mundo, y de su bijo que, se•
po de Autún.
1,uu se ú1ce, bajó á la tierra. Sus templos tienen tres
¿Sabéis quien era Byron? Ya os lo diré alguna vez.
veCéS la altura de los tuyos ¡oh Euritmia! y ¡n1recen
03 contaré qne en eus orgías apuraba sus viuos eu crá· selvas;
pero no son tan sól1doa; se derrumb&lt;1n al cabo de
neos d~ cadáv.ires¡ os diré que gue;aba de quti las gentes lo quin1ento,
ó seiscieutos años, fantasías q.e bárbaros que
tomasen por un vampiro, y que eu sus extravagancias creeu potiible hácor bien algo bueno fuera de Ji1,s reg,as
hacía tales cmas que si no lo era, merecía Bt:rlo.
que tú has trazado á tus inspirados, ¡ol, razóu! l:'ero
Sigamod con 1\1,,fiatófdles una de sus diabluras más di• i.quelloe templos me agradaban; yo no habla e3tudiado
vertidas, aquella en que una ve.1 disfrazado con el traJe tu divino arte; encontraba al11 á Dios. Allí se cantaban
doctoral d., Fau~to, ewbauca á un pob•e estudiante que cán,ic...sde que me acuerdo todavía. 11::,atv" estrd1a de los
ha recurrido al maestro en busca de leccioned y de con...... reina de los que gimen en eüe valle de lágri·
sejos. Al oírlo cree uno ver encarnados el eecepticiamo mares
mas,» ó bien, 11Rosa mística, torre de marfil, casa de oro,
y la ironía en el cuerpo de un 1ubio.
estrell.i matutina.... .. n Mira, diosa, cuando recuerdo esos
La Ló6 ica, le dice al inocente jJven, prilsta apretados cánticos, mi corazón se conmueve y casi soy de agrado
borcegmes para deguir con su ayuda la senda d~t pensa- apóstata Perdóname ésta niñería; no puedes figurarte el
mitmto. Cvn sus úiticultosas lecciones se aprend" que eucanto que los magos bárbaros km puesto en esos ver·
las cusas más fáciles, como son comer y doruur ó reHpi· sos,
y cuauto me cuesta seguir a la razón toda desnuda.
rar, hay que observarlas coa minucioso in~rtls, por uno,
Y además, ¡si supiéras qué difícil ha llegado á ser ser•
por dos y po.r tres.
virte! Ha desaparecido toda noble za. Los escicas han
Hace tle ese arte una erítica tan fina, que es difícil se
el mundo. Ya no hay república de hombree
guirlo en la hitación de sui idea~; y despue3 de agu· conquistado
libree; no hay más que reyes salidos de charcos de san·
dis1mos saetazos, y de encumbra1 el arte al que lo3 Esco
lásticoe eran tan aficionados, termina beatamente hablan· gre, majestades que te harían sonreír. Pesados biperbó·
do, del Naturci enchei rel1'in, que es la ciencia que proclama re&gt;B llaman ligeros á los que t e t1irven...... Uua terrible
pambeocia, uua liga de todas Jas tonterías extiende por
la nada dd saber.
A la Metafídica la llama ciencia omnipotente que babia el mundo una losa de plomo que aboga. Hadt.l loe mis
moa que te honran, ¡qué lástima deben inspirarte! ¿Tc,
de todo aquello que no enteodemod, y la que a falta úe acuerdas
de aquel caledonio que hace cincuenta años
luz da nowbres riu.1bombaute3 á l;1s cosas wáe obscuras,
para salir de apuros y dar aspecto de sabios á los que se destrozó tu templo á war~tllazos para llevárselo á Tulé'l
Lo prJpio han hecho todos ...... !:fe escrito, segúu algu
uedlcaa á su eemdio.
T,eue á la Jurisprudencia por ciencia ruín, y á las leyes nas de Jas reglas que tú amas, ¡oh Teonea! la vida del
por una epidemia .iterna, por la cual la razón más fuerte joven diva á quien serví en mi 1ufancia, y me tratan co
mo á un .evcÍmero; me escriben para preguntarme qué
sti con vierte en sin razón.
Resptlcto de la Tc,.Jlogfa, aconseja á su discípulo que si, objeto me be propueeLo; no estim;1n m1s que lu qué sirve
en oc..~1ón solemne y i,n ,nala llora, lti falta una idea para hacer fructificar sus·intereses. ¿Para qué escribe
ta vida de los dioses ¡oh cielo! ei no es para nacer amar
para ven•JH á su advtlrsario, invente una palabra sonora,
Jo divino que hubo en ellue, y para mostr1&gt;r que eso di
que así saldrá del paso.
C,iando
le oye hablar dsi la Medicina, no sabe uno vino vi ve toiavía y vivirá eternamtmte en el corazón
si es el diablo quien perora, ó si es -'!l:oliére, quien como de la humanidad?
¿Te acu~rdas del día, bajo el arcontado de Dionisidoro,
es sabido, te01a inquina á loe médicos y se burlaba de
en que arisco judío, que hablaba el griego de los sirios,
ellos y úe su arte cou gra~ia inimitable. Oigámoslo:
vino aquí. recorrió tus átrios sin comprenderte, leyó tus
Sóis bien !orma1o y galan,
inscripciones al revé3 y creyó encontrar ~n tu recinto un
emprendedor y dhtpuest.o;
altar uedicado á un dios que sena el Dios desconocido? Pues
flnct en vos mismo y p1·esto
todos eu vos contiará.1L
bien: aquel judío se lo llevó; durante mil añ-Js se te ha
De la mujer, sobre todo,
tratad&lt;&gt; de ídolo Job verdad! Durante mil años el mundo
ocup.\o:s: :-:,Us lamentos,
fué un desiertu donde no germwaba ninguna flor. En etitl
sus u.yes, sus a.~pavientos
todos se curan de. un modo.
tiempo, tu callaba~ ¡oh Salpingel clarín dd pensamiento.
nusc.ld término pruJent,,
Diosa del orden, imagen de la estabilidad Cdleste, era un
entre el resµeto y Ja a.uclo.cia
delito amarte, y hoy, qi;c á fuerza de paciente trabajo,
y CC'll esa dtplnmác·la
vuestra e~ la hermo."8. cliente.
btimos conseguido acer..:araos á tí, se nos acusa de haber
'l'1tulo ,lcbéls tener
cometido un crimen coutra el espíritu humano, rom·
que os inicie en :su fn.vnr.
pien:io cadenas que no tenía Platón.
JJl'Oban lo que es sup,rior
A t.odos. VLh.!stro saber;
¡Tú sola ere3 j ,van! ¡ob &lt;Jora!; tú a 1la ere3 pura! ¡oh
y ya portéb i11t?11tnr
Virgen!; ¡t·.í sola eres sana! ¡oh Higial ¡tú eóla eres fnPr·
sabrosa, galanterlas
te! ¡oh Victoria! iTtÍ guu las las ciu l.\ ld1I ¡011 Proque otro~, tras largas poríia.~,
110 se atre\'en ni á snfia1·.
macoel; tú tienes lo qne ea bueno d3 Marte, ¡oh Ares!;
~in temor á. ~us enojo~.
¡ la paz 03 tu objeto! ¡oh Pacifica! L~gisladora, fuenttl dd
cna.n,·lo la pulsJ.is, re:-;uel to,
las con-tituciones ju~ta~; Dem,nrllcia, (*) tú cuyo dogma
oprimid el brazo c~belt&lt;J,
flechítnrtule bien los ojos:
fundarnflntal es que todo bien prJced~ del pueblo y qne
y ~¡ n men.~ua. &lt;le ~11 honor,
a•lí donde no hay pueblo para nutriré inspirar el genio,
1»1lpnd con mano ligera
no hay nada, ens~fl.anoe á e xi.raer el diamante de las musi A la mórbirla ca fer"
110 molesta e I ceil ldor.
cbeiumbres impuras. Providencia de Júpiter, divina
obrera, madre dtl toda industria. protectora del trabaY en ese mismo estilo ee bnrla rle t'ldo y de todos.
Algunos comentadores creen que Goetbe, al -:rear esta jn ¡oh Erganea, tú que haces la nobleza &lt;lel trabjador ci·
vilizadu y lo pones 1an ¡i ,r e11c111rn del perPzoso escita¡
estrada fig,ira tuvo m11y presente al filósofo de Feruey,
s~biduría, tú á quieu Zeu! engendró después de haberse
el ccÍlebre .Francieco María de Arouet.

ª"

ª"

1

RA)[ÍN

Junio do 18!li.

A.

S.U,\7..\R,

(*) AOITNAE AIHIOK PATIAE! Le Ila$ fa•cr. T. 32!

DOMINGO Ir DE JULlO DE r897

replegado sobre sí mismo, después de haber respirado
profundamente; tú que habitas en tu padre,.enteramente unida a su esencia; tú que eres su compafl.era y su
conci!lncia; Energía de Zeu8, chiapa que enciendes y
mantienes el fuego de los héroes y loe hombree de genio
haz de nosotros espiritualistas cumplidos. El día e~
que los atenienses y los rodios lucharon por el bacrificio
tú elegiete habitar entre los atenienses, por más sabios'.
Tu padre, sin embargo, hizo deFCender á Plutus en una
n~be de oro sobre la aiudad de loe rodios, porque tamb~én ellos ha?fan rendido homenaje á su hija. Los ro•
dios f~eron neo~; pero loe atenienses tuvieron el ingenio,
ea dec1r, el verdadero goce, la eterna alegría, la divma
infancia del corazón.
El mu!)dO no se ealvaráFino volviE:ndoátí, repudiando
sns afic10nee bárbaras. ¡Corramos, vengamos unidos!
1Qué hermoeo día aqui,l en que todas las ciudades que se
han apoderado de trozos de tu templo, Venecia, París,
Londres, Copenbag11e, reparPn sus robos, formen teorías
e~gradae para devolvert&lt;&gt; los fragmentos que poseen, di•
c1endo: «¡PerdónanoP, diosa! los hurtamos para salvar
los de loe malos gE&gt;nios de la nocbtJ,» y reconstruyan tus
muros al eón de la flauta, para exµiar el crimen de Lisandrol Después irán á Esparta á maldecir el suelo don·
deexistíó aquella maestra de eornbrios errores é insultarla porque ya no existe.
'
Fi!~e ea tí, resistiré á mis fata lee coneejeroe; á mi escept1c1smo, que me hace dudar del pueblo· á mi inquie·
tud de ~sp.íri~u que, babie!1do encontrado ya lo verdadero, me mc1ta á buscarlo aun; á mi fantasta que después
que ha falla~o la razón, me impde ebtar en reposo. ¡Oh
Arquegetal ideal que el hombre de genio encarna en sus
obra~ maestras, mejor qµiero ser el último en tu casa que
el primero eu ~lguua. Sí, yo me asiré al est1lobato de tu
templo, yo olv11~ré toda dieciplina que no sea de la tu•
ya, me haré e.stihta sc,bre tus columnas, mi celda estará
sobr~ tu a1qu1t.rave. Y lo que es más difícil! por tí se·
ré,. s1 puedo, mtolerante, parcial. No te amaré más que
á t!. ~oy á aprender tu lengua y á olvidar lo demás. Se·
ré I~Ju~to para lo q~e no sea tuyo; me haré el servidor
&lt;l;el ultimo ie tus h1¡os. A los actuales habit,mtes dP. la
tierra que das á Erectea, lt,s exaltaré, los halagaré. Tra•
taré de amar has1a sus defectos; me persuadiré ¡oh fli,
ppial de que descienden de los cab11leros que 'celebran
allá arriba, en eJ marmol de tu friso, su eteroa fiesta.
Arrancaré de m1 corazón toda fibra que no sea razón y
arte.. Dej111é de arnar m\senfermedades, de complacenne
en .~1 fiebre. So~tén m1 firme propósito ¡oh Salutarial
ayuaarue, ¡oh, tu que s,1lva~!
¡Cuántas dificuhades preveo, en efecto! ¡Cuánttls hábitos morales tendré que cambiar! ¡CJántos encantadores recuerJos deberé arranJ~r de mi corazóu! Lo intentaré; pero no esto.v segur.¡ de mí. Tarde te be conocido
belleza perfecta. T,mdré retrocesos, debilidades. Una fi'.
Josufía, perversa, siu dud 1, me ha ~echo creer que el bieu
y el 1ual, el placer y el dolor, lo bello y lo filo, la razón y
la locura, ee transforman unot1 en otros por matices tan
indiecerni ble~ com•&gt; los del cuello de la paloma. ,\Jo amar
nada, uo odiar nada abso lu amente, llega á Fer fabiJu.
ría. Si una wciedatl, si una filosofía, si una religióu hubiera post~d&lt;_&gt; la v.irdad abs~luta, esa sociedad, t'B.i filúeoHa, esa rehgióu babrla venc1d" á las demás y viviría sola en el ruomento pre::ente Todos !Ge que basta aquí
han creído tener razón se hau eugaílado: lo vemos clarame~te. ¿Pode.moa, sin loca presuLción, creer que el porvemr no nos Juzgar~ como nosotros juzgamos el pasado?
He aquí las blasfemias que me su~iere mi espíritu pro.
fundamente viciado. U ua literatura que, como la tuya,
fuera 6ana de todo punto, no causaría ahora más que tll•
dio.
Son~eís de mi candid~z. Sí, el tedio ...... Estamos co•
rromp1dos: ¿qué hacer? iré más le¡os, diosa otordoxa· te
diré la depravación intima de mi corazón. No ba~tán la
razón y el buen sentido. Hay poesía en el Estrimon belat.lo y en la ewbriaguez del Tracio. Vendrán tiempos en
que tus discípulos pasarán por discípulos del fastidio. El
wundo ea !DªS grande de lo que tú crt!,•s. Si tú hnbieras
visto las me ves del polo y los misterios del cielo austral
tu frente, ¡oh &lt;liosa siempre tranquila! no estaría tan se'.
reua¡ tu mente, mas amplia, abrazaría diversos géneros
de belleza.
Ttí eres ,·erdadera, pura, perfecta; tu mármol no tiene
man?ba; pero el templo de Hagia- Sofía, qub está en Bizanc10, produce también un E&gt;fecto divino con sus ladri
llos y HU yeso. Es 1!1 iwagen de la bóveda del cielo 8J
d~splomará; pero s1 tu Cdl,, pudina eer ba-tame amplia
para contener una rn~ltítud, también se desplomaría.
Inmenso rí~ de olvido. nos arrastra á golfo bin nombre.
¡Ob abismo, tu eres bl Dtod únicu! Las Jtigrimas, los suef os de todos los sabios encierran una parte d~ verdad.
· r'.1do no es aquí aba¡o más que Eímbol" y snf'ño. Los
dioses pasan como i?B hombre•, y no sena bueno que
íue~eu etern.,e. La t.i qne se ha tenido no debe nunca
eer una cade!1ª· QL1edamos en paz con ella cuando fa envol vemos cu1dadodamenLe ~a el sudario de púrpura en
que (ju~rmen loe dioses muertos.

ORO-EBANO-NIEVE

I
¿Vt's Pete rizo rubio, f'B mi tPsoro,
ea nn recuPrdo de mi edari primera·

me lo tiñeron de color dE&gt; oro
'
los fulgures ó.e un sol de Primavera.
Cuando Fe acerca la ePtación florida,
loe capullos revie11tan en fragancia,
y t-n la épora primera dfl la vida
todo lo alegra d G~nio de la [nfancia

29

EL MUNDO

Acéptalo. Yo espero que te cuadre
este casto amuleto de cariiio
que hallé entre las reliquias de mi madre
y que ella me cortó cuando fuf niño.

II
¿Y ves esta guedeja de cabellos?
¿Quién loe pintó de obscuro, ensueño mío?
El sol que loe bañó con eua destellos,
no fué un sol tropical, un sol de estío?
¡ Ah I tal vez los tifleron los dolores:
amé por vez.primera áloe veinte afioe
y anidó en mi alma, entre marchitas flores,
el ave de los mustios desengaños.
Acepta la guedeja que he arrancado,
ea igual á tu trenza que conservo,
es negro su color, abrillantado
como el plumaje fúnebre del cuervo.

III
Y hoy... comienzo á llorar, siento congojas....
ni una flor en el alma, ni un retoño!. .....
Mis canas al brotar son secas hojas
que me anuncian la entrada del Otoño.
Ellas son el recuerdo que te dejo
al separarme triste de tu lado ........ .
Ay! cuando torne, me hallarás más viejo,
de la mundana lucha más cansado.
Ya se acerca mi Invierno; y en Invierno,
dime: qué árbol su follaje salva?........ .
Si vuelvo á tí, tras de sufrir eterno,
que no te espante mi cabeza calva!
JuA~

:B. DELGADO.

Julio de 1897.

MltLODIAS

Empieza el sueño á acariciar mis sienes:
vapor de adormideras en mi estancia;
los informes recuerdos en la sombra
·cruzan como fantasmas.
Por la angosta rendija de la puerta
rayo furt:vo de la luna avanza;
ilumi¡;¡a los átomos del aire;
se detiene en rqie armas.
Se cerraron mis ojos, y la mente,
entre loa euefios, á lo ignoto se alza;
meciéndose en loe rayos de la luna,
da formas á la nada.

Y ve surgir las ondulantes costas,
las eminencias de celeste Atlántida,
donde viven los genios y se anida
del porvenir el águila.
Allá rima la luz y el canto alumbra,
aire de eternidad alienta el alma,
y loa poetas del futuro tiemplan
las cristalinas arpas.
Auroras boreales de los siglos
Allá se encuentran, recogida el ala;
como una antelia vese el pensamiento
que gigantesco se alza.
Allá los Prometeos sin cadenas
y de Jacob la luminosa escala,
allá la fruta del Edén perdido,
la que el saber entraña.

Y el libro apocalíptico, sin sellos,
suelta á la luz S\18 misteriosas página11,
y el Tabor del espíritu eu cima
de entre la niebla saca.
Y allí el Horeb de donde brota puro
el casto amor que con lo eterno acaba;
all.1 está el ideal, allá boguemos:
dad impulso á la barca.

Despertéme azorado ... ¿Y ese mundo?
¿Para volará él en d6nde hay alas?
lnterrogué á las sombras del pasado
y las sombras callaban.

OR qué Eerá? Se diría que en
rada vibración hay un lamen•
to, un lamt'nto de tibra des•
garrado, un lamento como un
grito de corazón que siente la
mordedura de diente venenoso.
Me detengo, y á la sombra
de los soberbios edificios escucho, yeecucho embelesado,
2quf'llas enérgicas notas que
sube~, vuelan, vi.bran en las calies y se derraman en loe
espac1óe, en lluvia de sonoridades.
¿Pcr q1_1é serit? ~e hablan al alma. Tienen arranques
de energ1a, la claridad, la poteIJcia de luz diáfana que en
todas la~_auroras besa loe campos dilatados.
~a un imán. He visto muchas gentes clavadas ante el
luciente órgano; las be sentido enspirar como si del fondo·de eue espí~itus s1:ugieran vahos melancólicos, y más
de una rem101ecencia ba hecho humedecer las pupilas
secas, po~ el fupgo de las humanas pasiones.
Armon 1a ..Armon.ía que palpita, que domina, que exalta, que de~p1erta mtl recuerdo3 y q11e trae de quién sabe qu~ regiones, perfnrnes que fueron, perfumes de épo•
cae bnllantes como un día de sol radío~o.
. E~ capricho. Arte que 110 reconoce reglas. Que desprecia sendas, que Fe desborda asf, inconsciente, cual si fue•
sen las numerosas agua3 de una catarala.
¡Oh! yo amo la armonía d~I viento rugidor; yo amo el
trueno retumbante que castiga con ci11tan1zos de fu¡,go
las rebeldes nubes; yo amo el sublime canto de la na~u•
raleza, porqu.~ am~ la libt'rtad, fdolo de log fuertes, porque amo la v1brac1ón del clarín, sfmb lo de los grandt-s.
Por eso, los deshtreriadoA de mundanos doneP, los po.
d r I o• de ~·Ma~ón y alma, 1 or, n, 1loran cuando e I gemido de u.n.triste organo su~urra al oído glorias que pasaron, fehc1dades como flamas engañosa•. Dios los be»dic¿ en cada p.upadeo de Jas estrellas ..... .
MANUEL

VIAJE DE LA LUZ

l\f.

Or,TYER.

PRODIGIOS DE LA FE

Millares de ~e!llploe cua_iadoe dE&gt; agujas,
cnal obrn de vre¡ae y mágicas brnjas·
altares brnñi&lt;lns de mármoles y oro '
qne gn:irdan divino y !'terno tesoro-'
sublimes pl~gari.;s Aubiendo á los delos
grandiosas id1-aP, afanes, desvelos·
'
pinturaq y f'At,it.nas do el arte reln'mhrn,
poemas snblimeA, hoguera que alumbra
gloriosos martirios, heroicas victoria~ '
que han dado áloe puebloq laureles y glorils·
loe mundos unidos por máglc1 Ja,.o·
'
las agnae unirlRR en íntimo abrazo·'
lo~ astros mPn.idoe, los marE'R dom;dos·
los rayos ba_j'lndo del ciPlo apagados; '
los reyP~ caidoP., In• nneblo~ ne pie..... .
todo esto en el mundo lo ha hecho la fe.

V tCEIITE Gm1.

Pero el rayo de luna ya subía
del viejo estant~ á las poi voeae tablas,
y ,alll.iendo los lomos ele loe libros,
en sus títulos de oro se miraba.
JOAQUÍN

GONZÁLDZ CAMABGO.

LAGRIMA

A.ngel de mi terrestre paraíso,
estrella de mi noche funeraria,
arrullo de mi sueño desolado,
música de las selv.ae de mi. pa•ria,
tórtola triste
como una lágrima,
sombra de mi reposo,
¿adónde va tu alma sin mi alma?
Vibración de mi espíritu, l\rmonioso
impulso de mi carne fatigada,
atmósfera celt:ste de mi vida,
cuwbo de mi existencia solitaria,
mitad errante
.
de mi esperanza,
Ya no te ven mis ojos.
¡Allí que:ió tll al!na sin mi alma1
Patria de llíis risueñas illleioneE,
pupila de mis ojos arrancada,
caricias de mi watlre enternecida,
descanso ¡ay I de la feroz batalla,
templo caído
de mi p1egaria,
en la tierra, en el ciclo,
¿adónde irá tu alrua sin mi alma?
Muda como los cráneos de la fosa,
eola como el de~ierto de la pampa,
lllu1,tia corno loe sauces del sepulcro,
triste como la última mil'ada,
cotno uu sollozo,
corno uua lág{'ima,
¿así quedó tu alma sin la rufa'!
A11í 1¡,uedó mi alwa sin
alwa!

,u

RICARDO GL"f[ÉBREZ.

FRAN2UÉZA.

-¡Oh 1, ¿qué te dice el corazón, soldado,
al ver e l eotandarte enarbolado,
gloria del regimiento,
baüc,ndo coutra el asta desplegado?
-1:'ues si q11eréie que os diga, mi t1argento,
la verdad pura y llana,
&lt;mando veo ff.otar aquella lana,
me dtce el corazón: ¡ bace b!len viento!
N1coLJ.s :\.u¡;usro Go~ZÁLEZ.

�EL MUNDO

30

ENGAÑO SUBLIME
· Por lb)aría S!escot.
NUMERO I7,

se deslizado sobre el1a sin tocada. Carlota se beneficiaba á verl He aqui que soy por segunda vez su yerno! r&lt;&gt;r
con el privilegio que tienen ciertas mujeres de embelle· cierto que es una hermosa suegra!
Tristes esponsalee fueron aquellos, y D!i podía ser de
-Martín, dijo Jacobo con un tono grave; acabo de de•
ceree envejeciendo. Sus pesadas trenzas de cabellos ru ·
otra manera.
jar
á mi primo en un estado vecino de la desesperación.
biaceos y los vivos colores de su tez burlaban los estragos
Los criarlos habían hablado, la verdad era conocida Y
Vos habéis infligido á una familia honorable, de la cual
del tiempo.
en la ciudad de Pontarlier se elevaba un grito de indigestoy orgulloso en formar parte, una afrenta tan inexpli·
El sefiQr y la sei'íora Duvernoy la recibieron afectuosa•
nación.
cable como inmerecida. Yo no puedo permitiros que tra•
mente; Lila, arrojándose en sus brazos la mantuvo estre•
-Ved á esa Santa Nitouche, decía con desabrimiento
téis ligeramente delante de mí ese penoso asunto, tanto
chamente abrazada. Carlota devolvió á la joven sus ca·
la señora Metroz á la señora Ribaudet. ¿Qué tal repremás cuanto que en esa lamentable historia hay en mi sentir
ricias pero no pensó en interrogarla, demasiado urgida
sentó su papel, eh? Jamás en público_le dirigía la palabra;
cosas obscuras; yo no comprendo, yo, yo ...... no veo......
como estaba por hundirse en la novela de la trinidad plareservábase para la intimidad. Y nosotros que nos dejá•
Leódice le interrumpió:
tónica tan lamentablemente interrumpida ocho afios an•
bamos engañar por su aspecto de modestia!
-No prediquéis Sommeres; la predicación no le resultes. Además, ¿para qué interrogar? ¿Para qué obligar á
-Felizmente, replicaba la sei'lora· Ribaudet, el señor
ta á un viejo diablo como vos. Yo he hecbo una barba·.
Martín es un caballero; ee sacrifica para reparar su falta, la culpable ~ renovar la humillante confesión?
ridad, convengo en ello; pero sufro sus consecuencias:
Seis días antes del matrimonio, Jacobo de Sommeres
lo cual es muy bello de su parte, po1que podía pretender
no se puede pedirme más. Si vos no veis, C&lt;'mprad len•
dejó inopinadamente los Pirineos y volvió á Pontarlier.
un partido más brillante.
tes! Solamente que habréis de escogerlos de vidrios
Apenas llegado recibió la visita de la tía Fourneron,
Aquella blanca reputación de señorita era entregada á
negros, es un consejo de amigo. Hay circunstancias en
que
entró sofocada:
todas las maledicencias de las mujeres, á todos los groque es preferible no ver demasiado claro. Y dicho esto,
-Supe tu llegada, mi querido amigo. Tú ignoras la
seros quulibetN de los hombres, á todas las bromas obcelamentando no poder gozar por más tiempo de vuestra
vergüenza de nuestra familia y he querido se::: la prime•
nás de los cafés. Nadie pensaba en dudar de una falta
compaf'Ha, por que estoy sumamente ocupado, os aoan·
raen hacerte.saber esta lamentable historia; ~s un golpe
que la culpable misma cónfeeaba.
dono.
Para los unos, Lila era una naturaleza viciada; pjlra la horrible pa.a todos!
Jacobo volvió á su casa maldiciendo la pícara inspiEntonces se explicó refiriendo lentamente la triste
mayor parte una muchacha babi!. Ella respondía con un
ración que lo había llevado á Pont.arlier.
silencio obstinado á las reprensiones de su madrina, con- aventura con sus incidentes, y sus peripecias.
-Qué he venido á hacer á esta galera? se decía. Y&lt;&gt;
Un poco de compasión hacia temblar la voz de la vietemplaba con mirada fría el exceso de indignación de
eetaba tan tranquilo!
la tía Fourneron; _soportaba las sonrisas depectivas de la ja dama.
Su convicción ahora era absoluta. Había en ese di ama
-Pobre chicuela, carece de madre: Carlota tenía el esseñora Metroz, los epigramas de la señora Ribaudet, las
un lado tenebroso que él pem,traba sin peDa, perc, algumiradas de conmisceración de la buena señora Bertin, y píritu demasiado estrecho par-a que su vigilancia fuese nos de cuyos detallls se Je eecapaban. ¿Por qué Lila no
más reconcentrad I que nunca d~jaba correr el tiempo .&lt;.1~- eficaz. Seguramente en esos países de oriente fue donde lo Dt'gaba? ¿Bajo qué presión, bajo qué amenaia ~asumía
la niña se pervirtió: una corrupción semejante debe ve- ella la falta de otra? El no pndía adivinarlo bien, aun
cesario para los preliminares del matrimonio.
Loa regalos más ricos le fueron llevados; pero con un nir de lejos. Pero es preciso que me acompafies á casa cuando creía en su inocencia. Por su parte ¿qué podia
gesto de repulsión los rechazó sin dar una sola mirada á de Fernando, le debes esta muestra de simpada, y ade- hacer? Inmiscuirse en este imbroglio le espantaba.
más, debes ser forzosamente uno de los testigos de e~te
los encajes y á los di!unantes.
«Comprad lentes negros, había dicho bruscawente su
Su padr~ la miraba con una atención severa; él atribuía trhte matrimonio.
ex-amigo, hay casos en que es preferible no ver dema•
Jacobo, cauteloso, permanecía inmóvil. La primera siado claro.» EEOs casos no son los en que la verJad, la
su sombría tristeza á la vergüenza y al remordimiento ...
Algunas veces, sin embargo~ le causaba piedad esa pobre suposición persistia en su espírüu:
rectitud y la conciencia tienen que luchar con el teuior
-Hay otras mujeres en la casa, dijo.
muchacha y se sentía ten_
t ado á abrirle los brazos; pero
delas complicaciones, el fastidio de ocuparse de los ne•
-Omis mujeres! No, no hay otras mujeres. No Ee pue• gocios de los otros y el terror de las responsabi!Uadee
ella no imploraba perdón ni indulgeI1cia; parecía, al contrario, rechazar el u.no y la otra, evitando con un cuida• de contará las criadas; un hombre como ·el señor Mar• con que hay que contar, y por fin, el egoísmo de un soldo feroz toda converrnción con el padre ofendido. No tin no se hubiera comprometido por una recamar.,ra, la terón. Pues bie11, st, él compraría lentes negros, ó mesalió de su entorpeciwiento sino para escribir á la aya habría hecho ir á su casa. En cuanto á nuestra admira- jor aún, cerraría los ojoe.
que la amaba siempre. La cana fué amarga, extraña, ble prima Beltrana, está por encima de toda suposición.
XLIX
Ila sido perfecta en esta triste circunstancia, perfecta C0•
casi cínica.
«¿Habríais vos creído, sefiorita, que vuestra Lila era mo lo es siempre.
Leódice continuó su camino más inquieto de lo que
-Vamos á casa de Fernando, dijo J acobo bruscamente. habría convenido parecerlo. Había hecho frente al peliuna hipócrita. una muJer deprava:la?
Encontraron al pintor en un abatimiento del que no gro con su habitual habilidad; mas ya solo, di:jaba que
«Mi padre ha encontrado un hombre en mi pieza: el
matrimonio se imponía-. Realizo, por lo demás, un nego• salió sino con un estallido de cólera.
arrugas cuidadosas plegaran ea frente.
-¡A.hl Jacobo! Jacobol parece que vos oonocíais áese
cio muy ventajoso. Tuve la fortuna de enqontrar al ~eEi:1te imbécil ha adivinado el enigma, de otra suerte no
flor Leódice Martin, un verdadero heroe de novela, mu- miserable! ¿Cómo no me habéis prevenido? Yo no lo me habría hablad.o así-peneaba.-Si revela la verdad al
chas veces millonario, y que sin embargo consiente en hubiera dejado entrar en mi casa.
sefior Duvernoy, qué prueba puede dar en apoy&lt;&gt; de Sil
-Pero él repara, dijo la eeñora Fourneron.
aserto? Vacilará antes de comprometerse en este fastireparar sus errores.
-Repara!. ..... y qué puede reparar? Hay momentos dioso asunto; no importa; será pru@en\e advertirá mi
«Oh, C.irlota! yo había pensado siempre que en ese
día solemne vos veµdríais á reemplazará la madre ausen· en que me veo tentado á arrojarle su reparación á la ca- aliada; Bll una mujer inteligente y se pondrá sobre aviso.
Se dirigió á casa del pintor; llegado á Ja puerta se de•
te cuya ternura vos sólo habéis suplido. Pl:!ro creía tam· ra, con todo mi desprecio.
dién casarme orgullosa y pura...... No sucede así. ..... Y
-¡Gran Dios! exclamó la tía Fourneron es:.&gt;antada, tu-vo. Hablar á Beltrana no era nada facil. Debde el r ei.he aqui por qué, mi respetable amiga, no os invito á mi pues sus instintos casamenteros se le subían á Ja cabeza. llez wus tan dramáticamente interrumpido, el uno y el
matrimonio; será una boda vergonzante enmeaio de la ¿Puedes tú hab!ar así? A pesar de las lamentables cir- otro, por tácito acuerdo, habían evitado todo t&lt;le-á-tétt.
noche y las tinieblas, como conviene á una mujer deshon • cunstancias de ese matrimonio, el señor i\Iartin no deja La partida era dellllasiado importante para correr el riesrada.
de ser para tu hija nn excelente partido.
go de comprometer el éxito con una ligereza.
El U á las seis de la maflana tendrá lugar Ja ceremo-Puedo verá Lila? pre;¡;uutó J acobo.
Así puee, Leódice vacilaba. En medio de me 1e1gher
nia religiosa. En ese día rogad por mí y llorad por mí.
-No lo creo, dijo el pintor. Está encerrada en su cuar- saciones, vió de pron\o á Bdtrana aparecu en la exireto y no recibe á nadie m1s que á su antigua aya. Beltra· mill.ad de la calle. Con trabajo comervó al avauzar hacia
Lilcc.»
na ha salí io para las compras de rig&lt;r. Ella piensa en todc, ella, el aspecto irreprochable que las circunstancias exi·
El aya respondió:
gían, y al saludarla con una trivial sonrisa, con una mi«Lila, querida- mía, asistiré á vuestro matrimonio. Ya No e6. que fuera de mí sio ella!
Jacobo se despidió. Al volver la calle se encontró fren- rada se aseguró rapidamente de que nadie podía o!rle, y
seais inocente, ya culpable, mi corazón maternal no tie•
te á frente de Leódice Martín. Este fué á encontrarle bajando la voz:
ne fuerza para juzgaros.
-Jacobo de Sommeres está en Pontarlier, acabo de
con la mano tendida.
«Espero que el muy honorable sellor Duvernoy y la
verlo; ha tenidc ciertas palabras amenazadoras y ambi•
-Toma!
estais
aquí,
Sornmere1:?
Qué
sorpresa!
Se
de•
misericordiosa sefiora Beltrana, no cerrarán la puerta de
guae, J he comprendido que es dueño de nuestro Bt!Creto.
su casa á su humilde amiga, y el 2-1, en la Iglesia, tstará cía que os hallabais en los Pirineos. lfabéís venido para
No abandonéis VU\'Stra casa y vigilad la correepondencia;·
asistirá
mi
matrimonio?
t,entil
procedimiento
del
que
cerca de vos el corazón solícito de vuestra
que ninguna visita, ninguna carta, ningún billete lleguen
os
estoy
muy
reconocido.
Eh?
Ya
~u
pondréis
qne
vais
á
&lt;hrlota,,,
ser mi primo. Se deja uno en Parfs y se encuentra en á vuestr_o marido sin pasar previamente anié vueetroe
ojos.
La joven se conmovió menos por esta expresión fiel de Pontarlier.
Perdbió al notario que se aproximaba, y alzó la voz:
una inalterable afección, que se hirió por la facili fad con
-También se deja uno en Brest para encontrarse en
-Entonces, eefiora, pue3 que aconeejaia las esmeralque su antigua aya creía en su culpabilidad.
Pontarlier, replicó J acobo.
- En Brest! por qué decis este.? Re por la eefiora Da· das, le daremo~ la preferencia á este adorno.
-¡Ella también!. .. ...... murmur{&gt; amargamente.
Se despidió con el mismo saludo correcto, con la misPocos días después llegó el aya. Esos ocho años habían• vernoy? En efecto, me -ha sorprendido mucho volverla
XLVIII

OOIIINGO II DE Jallo DE' 18sn

•misma sonriea trivial, en tanto que Beltrana, toda páli•da bajo la impresión de su terror, oía apenas al señor
Ribandet que se informaba politicamente del estado de
eu salud.
. Ahl para ella la falta llevaba en sí el castigo; un temor
continuado la oprimia. Sentia dudas ligeras, mal defini•
--dae, pero dudas en fin, nacer en el espíritu de su marido;
y he aquí que era inminente una denuncia.' Qué sabía
.Jacobo? Ella hubiera querido irá él para conjurar el peligro á fuerza de audacia, pero se resolvió á esperar al

-enemigo en eu casa, y siguiendo el consejo de su compli •
ce, á vigilar la correspondencia.
lnstalóse en un punto estratégico. DJsde ahí ob,er-vaba y veía; nadie entraba sin q •1e lo percibiese.
-Cinco días aún, murmuró; cinco días, cinco siglos;
tantas coeae pueden sobrevenir en cinco dfas ....... ..
Más que nunca sentía cuánto amaba su respec/a/,ility
tan dificilmente adquirida, y la soberanía que ejercía
en la población. Pasó el día ein incidente alguno.
Ileltrana velaba eiempre.
Estaba en su puesto de observación el día siguiente,

EL MUNDO

cuando llegó el correo. Dióle una mirada ansiosa, su mano tembló al abrirlo. Bien poca cosa traía; sin embargo,
de los diarios y los prospectos emergía un /!Obre demasiado voluminoso, en cuya parte superior, la palabra Francia, subrayada, llamó su atención.
Respiró. No era del extranjero de donde podía venir
el peligro. Iba, sin más exámen á enviar esa carta á su
destino, cuando, por un último exceso de prudencia, exa•
minó el sello de origen: Hammerfest Norge. ¿Quién escri·
bía de tan lejos?

Como todos aquellos á quienes un pasado dudoso vuelve pusilánimes, volvió ella á tomar la carta y le dió vueltas entre sus dedos; después, resueltamente, la deslizó
en su bolsa, subió la escalera con paso rápido, entró en
BU cuarto y se encerró. Ahi, bien segura tras las made1as
de su puerta, con minuciosas precauciones rasgó el sobre.
Ocho ó diez páginas de una escritura apretada, salieron. Vió la forma. Un grito ronco se ahogó en su garganta, sus ojos se velaron, el nombre que acababa de leer,
radiaba terrible; murmuró: «Felipe, Felipe de A.ubián!,,
Su emoción fué tao grande que, con la mano _crispada,

las hojas de papel se escaparon dispersándose sobre la
alfombra. Casi no pensaba en levantarlas, se sentía per•
dida, vencida, como si el Justiciero hubiese llamado á la
puerta, pronto á entrar.
Poco á poco le volvió la sangre fría y recordando el
timbre de la carta, se dijo que no había razó~ para desesperar.
Noruega! estaba muy lejos Nornegal Dentro de cuatro
días el matrimonio se habría realizado; entonces, an'6
Jo irrevocable quién tendría interéi! en hablar?

Tomó la carta de nuevo, y apresuradamente, con fiebre,
la leyó.
Al principio era un grito de alegría y deliberación: el
grito de un muerto que resucita y que)e levantarse la iapa de su ataúd. Pero á esta alegría, ella, con el entrece-jo fruncido y la mirada dura, no se asociaba. Después,
venía largamente la relación de conmovedoras peri.
pecias por las cuales había pasado el marino. Los hielos
destrozando el I ,drépido, la invernada en esos países malditos; luego, escenas de desolación y de espanto, los compall.eros muriendo uno á uno y él solo salvo, recogido

�1

\
c===3é:2===========================F=L=M=U=N=D=O=================º=º=M=IN=G=O=l=l=O=E===J=-U=L=IO=D=E=-1a¡ 7 =--

por los eequimales, paeando mema y afios bajo míe"ras
chozas, repatriado, en fin, en fin! Y entonces la alegría co•
menzaba de nuevo, con un himno de esperanza. Se en•
contraba á bordo de un brick que iba para Inglaterra.
Luego que hubieee desembarcado tomaría el camino de
Francia.
Escribiendo esta palabra Francia, la maJ10 del marino
había temblado, y aun mirando de cerca, hubiera podido
'\"erse la huella de una lágrima.
Atravesaría por París no deteniéndose más que el tiem•
po necesario para las formalidades de costumbre: hacer
borrar su nombre de la lista de los desaparecidos, dar
cuenta de BU misión, renovar también BU guardarropa á
fin de no dar miedo á su bien amada Lila. Entonces par•
tiría para Pontarlier: tenía sed de volverá verá los úni·
cos Béres que amaba y cuyo recuerdo lo había sostenido
á través de sus rudas pruebas. Acababa con un ruego:
«Que encuentre yo una palal::ra de vos en París, Fer•
nando; dirigídmela luego; decidme que estos siete años
no han cambiado vuestro corazón, decidme que Lila no
Ita·olvidado á su pobre padrino; decidme, ¡oh! sobre todo,
que la encontraré vi va y feliz.»
Beltrana con un gesto brueco ajó la carta. Calculó
mentalmente el tiempo y las distanciae.
-No llegará á tiempo; murmuró, por poco que se deterga en París; pero es importante que el eefior Duvernoy no tenga conocimiento de esta resurrección. Querría
pgnardar al desaparecido.
Encendió una vela y una á una quemó todas las pági•
nas. En el punto en que estaban las cosas, no debía de•
tenerla un vano escrúpulo. Cuando no tuvo ante sí más
que un montón de ceniza negra, volvió á ocupar su puee•
to estratégico.
L

Jacobo no era en Pontarlier el único que ponía en duda el ol'[ioeo rumor. Otra persona también oponía á la
calumnia una firme incredulidad. Era el viejo cura que
dirigía á la joven.
Hay en eso un misterio que no comprendo, pensaba él
f'n eu honradez de sacerdote. Si la nifia fuese acusada de
haber extrangulado á su madraetra, yo no me eorpren·
dería mucho, pero haber recibido á un hombre en su
cuarto!. ........ Vamos, no lo creería aún cuando ella mis•
ma roe lo dijese.
Sin embargo, cuando la víspera del matrimonio la vió
arrodillada en el confeeionario, no pudo \impedir una
aprensión. Ella hizo la confesión de su odio; después se
cayó.
-¿Qué otra coea?-preguntó el padre con una vacilación que no fué duefio de dominar.
Eo ese tribunal donde la mentira es un sacrilegio, ella
levantó la cabeza:
- Vos también, padre mio, habéis dudado de mí.
Habla en aquel pálido rostro una pureza tan luminosa,
que el padre se reprochó su desconfianza como si fuese
una calumnia.
- ,Por qué no os disculpáis? Ella le miraba con ene
ojos graves, en tanto que él repetía su pregunta.
-¿No podéis confiarme vuestro secreto, hija mía?
Entreveía cosas vagas y obscuras, y con su experien•
cia de confesor esperaba poner remedio.
Lila permanecía indecisa, turbada hasta el fondo del
alma por la instante súplica del viejo confesor. No tuvo
fuerzas para rechazar á un confidente tan seguro, tan
tierno y tan discreto. Con voz baja, entrecortada, vergonzoea, habló.
El viejo mostró, desde las primeras palabras, un gesto
de indignación. Había presentido cosas criminosas, una
violación acaso, pero nada tan vil y tan cobarJe. Así,
pues, para asegurar la impunidad á dos miserables, la
inocente muchacha iba á inmolarse. Era toda una exis •
tencia perdida, una existencia de martirio atroz; porque
mejor que Lila, él podía saber las rebeliones de la carne
y las rebeliones del espíritu. Ella iba á inmolarse, sin
que un soplo de amor, de reconocimiento, de compasión,
fuese á endulzar su sacrificio.
-Es imposible, exclamó, no dejaré que se efectúe este
o:.ioeo matrimonio. Hablaré á vuestro padre, hablaré
también al eefior Martín.
-Y si hablais-dijo ella,- mi padre se batirá. Es inhabil para las armas, en tanto que el otro...... ¡oh! Dios mío
vos no lo sabéis; el otro le matará.
_,,.J:n medio de la sombra del confesionario, el padre se

\ 1\

torcía las manos, impotente paraencontraruna solución.
Comprendía bien que una vez despertada la descon·
fianza del marido, ya no se adormecerfa y q ne se seguiría
un duelo...... El ministro de Dios es un hombre de paz;
su religión prohibe el duelo y manda el sacrificio. Cesó
de resistir y de discutir; sin consuelos, sin exhortaciones, com!) aplastado por el hundimiento de aquella jo•
ven existencia, pronunció las palabras de la absolución.
Después, con las manos levantadas en súplica ardiente
-¡ Qué el Dios omnipotente y misericordioso venga en
vuestra ayuda y en vuestro socorro! ¡Qué él os dé fuerza
para cumplir vue;tro sublime sacrificio ó que se digne
salvaros!
Lila lloraba con grandM sollozos, con el rostro oculto
entre las manos. Hacía largo tiempo que había abandonado ,la iglesia y el víejo padre permanecía aún prosternado ante el altar; con toda su fe de cristiano pedía un
milagro á Dios.
LI.

A la hora fijada para el contrato, la aya, espléndidamente vestida con un traje rojo, adornado de cintas verdee, bajó al salón. Movíase ella fácilmente en medio de
este drama, no habiendo comprendido .ni sospechado nada y llevaba á esa situación demasiado tirante su son·
riente quietud.
Leódice, asustado al principio de la llegada de la vieja
señorita, cuya clarividencia temía, no tardó en tranqui•
!izarse. La colmaba de regalos para acabar de cerrarle
los ojos. Ella loe aceptaba con su gratitud expansiva.
Escuchaba sus quejas con respecto á la enigmática frialdad de su novia, y sola con Lila, colmábala de dulces reproches. Adormecía con su inalterable optimismo loe te•
mores que Fernando concebía por instantes. Agitaba
con mil confidencias pueriles la actividad de la eefiora
Fournerón, y así iba de uno al otro, más realmente perjudicial con su inepta bondad que la malignidad hubiera
podido serlo.
El contrato debía firmarse á las diez de la noche y le
seguiría el matrimonio civil, que el alcalde, un viejo
amigo de la familia, había ofrecido ·celebrar en el silón
del pintor. El queria evitar á la niña la vergüenza de la
curiosidad pública y acaso algún insulto cobarde, algu•
ú.a buria grosera.
Leódice fué á unirse á la aya; estaba nervioso, inquie•
to! Temía que á última hora, en una suprema rebelión,
la joven revelase la verdad. Era vano,que hubiese desplegado para conquistará lo menos su indHerencia, todos sus talentos de seducción. Sentíase despreciado y
odiado.
Llegaron loe testigos. De una parte Jacobo de Sommeree y el presidente Bertin; de la otra el subprefecto y el
capitán Kirkampan. La reunión era restringida como lo
pedían las circunstancias.
Beltrana apareció á su vez. Había compuesto su rostro; la mirada dura de sus ojos no dejaba adivinar ni temor ni piedad.
Cuan:io Lila entró con su traje sombrío, él tuvo un estremecimiento de compasión, de tal suerte el rostro pálido de la nifia hablaba de sufrimiento y desesperación.
-Diablo! murmuró el capitán Kirkampan al oído del
subprefecto; toma su vergüenza demasiado á pechos la
pobre muchacha; para todo pecado misericordia.
Comenzó la lectura del contrato, un contrato real en
que loe campos, loe bosques, las casas, loe valoree indue•
trialee y mobiliarios se sucedían en interminable letanía. El señor Ribaudet, tenía al enumerarlos, un tono
de compunción respetuosa, su voz era conmovida y solemne. Más de uno en el auditorio sentíase deslumbra•
do. La alemana juntaba las manos á cada nuevo artícu•
lo y saludaba profundamenkl al millonario. Beltrana tenia loe labios apretados y la mirada febricitante. Sólo la
novia no escuchaba.
Cuando se le presentó la pluma, se puso en pie; durante un segundo hizo pesar sobre la madrastra una mirada
de cólera y de desprecio; después, tornando á su impasibilidad, firmó.
En ese momento subió de debajo de la escalera un ruido extrafio que nadie habría podido definir: gritos, exclamaciones, uno de esos ruidos tumultuosos que acompafian á las catástrofes y loe acontecimientos imprevistos.
Todos loe ojos se dirigieron hacia la puerta ...... El ra•
yo cayendo en medio de la cámara, la blanca Elena ea•
liendo de su.tumba, no hubiesen arrojado sobre loe rostros una expresión más fuerte de estupor.

En el dintel de la puerta, acababa de apatecer un hombre de alta estatura y se mantenía silencioso, con la mi
rada dura y loe labios contraídos por la violencia de la.
emoción. Por fin, con voz angustiosa preguntó:
-Se ha casado?
Nadie le respondió. El repitió:
-Se ha casado ya? por piedad, decídmelo.
-Todavía no, dijo Carlota que sólo conservaba su
sangre fría, no teniendo ningún acontecimiento romancesco, el poder de sorprenderla. Jamás he querido creer
en vuestra muerte, eefior Felipe.
-Bendita eéais, señorita, por esta esperanza. Recibí
vuestras cartas al desembarcar; gracias á ellas estoy
aquí.
El pintor sacudió su entorpecimiento. Avanzó loe brazos abiertos; el marino pareció no percibirse de ello.
-T,memoe mucho que hablar, Fernando; pero ante
todo os pido que suepeadáie este matrimonio. Llego del
otro mundo, loe hlelos del polo me han retenido prisionero siete afioe y ..... .
Leódice lo interrumpió con su familiariaad audaz:
-Loe hielos del polo, mi querido eefior, han eido
buenas personas y os han soltado en el momento oportuno. Estoy contentísimo de tener por testigo de mi
matrimonio al tío de mi novia; habéis llegado perfectamente á tiempo. VJlmoe, si guetais permitirlo, á acabar
de firmar el contrato; después, el señor Alcalde proce•
derá al matrimonio civil. Tendremos la noche entera
para entregarnos á las efusiones de alegría que nos causa vuestro retorno, y mañana á las seis, recibiremos la
bendición nupcial, trae de la cual una silla de posta nos
!lguardará á la puerta de la iglesia. Estando todo preparado así, debeie comprende.", que la·ceremonia de esta
noche no puede eufrir el menor retardo.
Felipe midió de alto á abajo al interlocutor.
-No es á voe á quien me dirijo, dijo:con una voz breve.
Avaozó hacia Lila, la tomo en sus brazos, la atrajo
bacía su pecho. Parecía arrojar á todos un amenazante
reto. El eeñor Duvernoy creyó deber intervenir.
-Este matrimonio, Felipe, no se réaliza en circunetan•
ciae ordinarias.; si lo supieeéie todo, comprenderíais..... .
-Lo sé todo, Ftlrnando; pero tened cnidado de que no
os pida yo cuentas de Jo que habéis hecho con la hija demi pobre Elena, y por qué encuentro abatida de vergüen·
za á eea hija que ella os dejó.
Sus ojos cayeron sobre Beltrana y se detuvieron un
momento. Ah! que bien reconocía á la sirena! Sus presentimientos no lo habían engaliado:
-Si es preciso, dijo, que el matrimonio se efeétúe esta
noche, reclamo cuando menos un retardo de un cuarto
de hora. Quiero hablar libremente á mi sobrina; hecho
esto, me iré como he venido y nadie ~n el porvenir tornará á verme. Lila, conducidme á vuestra cámara.
Ella obedeció dominada. por esa voz que mandaba, por
ese afecto cuya calurosa afección acababa de sentir, Los
dos salieron del salón, dejando en la sorpresa ó la cólera
á los testigos de esta escena.
Cuando se encontraron solos, Felipe sacó de su carte·
ra una carta abierta, y presentándola á la nifia:
-Esp1ecieo que me expliquéis, le dijo, el sentido ocuho
bajo estas amargas palabras que dirigietéie á vuestra aya
y que, ella en su embarazo, me remitió.
Vió que vacilaba en responderle, y afiadió:
-En nombre de vuestra madre, debéis tener confian z \
en mí. Ella me dejó como un sacro legado el cuidado
de protegeros; ese fué su úitimodeeeo, su última súplica. Si he faltado al juramento que pronuncié entonces,
es por que hay acontecimientos más fuertes que la voluntad del hombre. Lila, una palabra solamente: amaie á
vuestro futuro?
-No, dijo ella.
-Entonces, cómo estaba en vuestra casa?
Ella vaciló aún; en el momento de tornarse acusadora,
un sentimiemto de austero p11dor la retenía. El parecía..
leer .en el fondo de su pensamiento, porque replicó:
-En Brest, en otro tiempo, ví á vuestra madrastra;
hace mucho de eso, pero oo lo he olvidado jamás. Ella yel eei'i.or Martín se han am1do. Lila, vos habéis cubierto
con vuestro honor la infawia y la traición de otra.
Ella sonrió como deben eonreir loe angeles, sus grandes ojos sombríos se iluminaron; e;e leal soldado no ha•
bía dudado de ella y, solo, entre todoe, en esta tenebro. sa historia había eabido penetrar la verdad.
-Gracias, dijo ella, tendiéndc.,Je ambas manos.

I

33

EL MUNDO

DO ■ I NGb 11 de JULIO de ,897

El tomó entre las suyas eeae dos rnanecitae tembloroeae, y presa de una profunda emóción, las cub~ió de besos.
-lli pobre niña, murmuraba, mi pobre lllfü\ abando·
nada.
Después, de un salto, se lanzó hacia la puerta.
- y ahora vamos á arrojar de aquí á esos miserables.
Ella mostró una expresión de espanto tan expresiva,
que él detúvose sorprendido.
-~Ii padre lo ignora todo, dijo ella; yo no quiero destrozarle el corazón y exponer su vida. E l eefior Martín
es de primara tuerza en el manejo de las armas; toda la
ciudad ha sido testigo de su prodigiosa destreza...... Oh!
sin esto, habría yo consentido?
Y con una voz que la rebelión de la juventud volvía

cobo de Sommeree fué á estrechar la mano del oficial di•
ciéndole:
-Yo no veo bien claro en este tenebroso asunto; pero
donde tú estás, Felipe, ahí está el honor.

LII
Leódice se retiró seguido de la mayor parte de los
hombree. Loe dos testigos escogidos para su matrimonio, recibieron sus iastrucciooes para el duelo. El les dió
una cita para el día siguiente y volvió á eu casa. Inmediatamente que se vió solo en su cuarto, su rostro cambió, sus piernas se doblaron y ee dejó caer sobre un
diván.
Así pues, babia llegado esa hora nefasta que á r_uerza
de habilidad, de prudencia y de fanfarronada hab1a sabido evitar. Era preciso batirse y batirse con un adversario al cual nada podía intimidar, con un marino babi•
tuado desde la infancia á mirar la muerte cara á cara.
Lanzó un gemido de pena, ~e levantó, marchó vacilan•
do hacia una panoplia y tomó una pisto(a, buscando un

Ella Je mira contristada, y desconfiando de pronto con
Ja susceptibilidad de en corazón lleno de sombras:
- Entonces nada queréis de mí.. ....
El recuerda la primera escena de las confituras, Y dice
sonriendo d11lcemente:
--No, nada quiero de vos, Lila; he obrado impruden·
temente el otro día, como me acontece en las b.01ae de
peligro. E l peligro pasó y he reflexionado. Sois de~aeia•
do joven, bija mía; no podéis aún disponer de vos misma.
He jurado á vuestra madre guardaros, y ahora debo 111·
char contra loe arranques generosos de vuestro corazón.
Así, pues, por piedad solamente fué por lo que iba á
casarEe, y ab.tra que ya no estaba desh,mrada, recogía él
su limosna.
Ella no insiste y él parte dejando á la joven •ma duda
y u na tristeza.
Fdizmente Carlota está ahí; por prim~ra vez en su vida, ha visto bien y juzga lo bien; por la primera ve1. al
remontarse á las regiones etéreas, no ha exm~viatlo el
camino. Adivina que Fdlipe ama á Lila, queed porexca•
so de amor y de delicadeza por lo que rnchaza la manecita quA se tiende hacia él, y cuando b.a partido, C.ulota
se lo dice á. la joven, que Je e3cucb.a con unaeonrida con•
movida y esplendorosa. Da suerte ;¡ue Lila no se toma
el trabajo de examinar las numerosas demandas dél ma•
trimonio que la eeüora Fourneron le lleva cada día.
-Yo soy la desposada de Felipe, dice; y esperaré en
voluntii.d tan largo tiempo cuanto él quiera. Carlota no
ha abandonado la casa del pintord,)DJe ha vudlt&gt; á c.:&gt;•
ger sus hábitos de otras veces. Hace al honorable eañor
Duvernoy, deepuée del almuerzo, la lectura de loe diferentes periódicos, y aún cuando él parece eecuch.arla, su
pensamiento está en otra pute, siempre doloroso y
cruel. Un día, Carlota, con su rufa voz de germana lee
en loe hechos diversos lo siguiente:
«Leemos en la GJ,c,ta iút .l[ediodia:
«Un acontecimiento tan misterioso como trágico ha
ensangrentado ayer uno de los prinoipa!ee hoteles de
nuestra ciudal. D.isde hace quinc" día3 un rico banq.1e•
ro parisiense, bien conocido e::i el mundo de loe nego·
cioe y en el dani-monde de los placer.is, el eefior L~ódice
l,L ....... había elegido domicilio ahí. Llevab1 una vida
muy alegre.
«Ayer, en el día, llegaba una dama, pedía un cuarto y
se hacía servir aparte.
«Y he aquí que en medio de la noche, loe apacibles ba•
üistas fueron despertados por dos detonaciones sucesivas
que parecían venir del departamento ocupado por el ban•

temblorosa:
-He suplicado á ese hombre que no me fuerce á un
matrimonio odioeo.
Yo acepto la verguenza, le he dicho, y daré mi honor
para cubrir al de la mujer que amais. Juradme solamen·
blanco.
á
_
te re~petar la vida de mi padre.
-Tiembla, murmuró y temblar m1nana.
- Y ba rehusado?
Había podido adquirir, es cierto, una destreza prodigio-Toda promesa, me ha r€epondido, sería vana. En el sa, pero no un corazón valiente, y ab.ora era preciso ba•
terreno un hombre no es jamás duefio de sí.
tiree y arriesgar la vi.da.
En ese momento la puerta se abrió y Beltrana apare·
¡Morir! &amp;r 6 no ~er ......
ció. No podía soportar por más largo tiempo la ansiedad
Hizo y rehizo durante aquella noche de imeomnio, ba•
de la espera, y siguiendo su ordinaria táctica, marchaba jo cien formas diferentes, el célebre monólogo de Ham•
diractamente al peligro, fiándose en su habilidad para let. Ese era el problema, en efecto: un problema de tan·
conjurar su inminencia.
\a importancia que un sudor b.elado mojaba sus sienes,
-El cuarto de hora ha transcurrido, dijo con voz fría, en tanto que trataba inutilmente de escapar.
.
vPngo á buscar á la novia.
Una debil luz vino á blanquear su ventana y á anun•
Felipe se lanzó hacia ella y asiéndole el brazo que ciarle que su ú ltimo sol acababa de levautaree. Poco
apretó con fuerza, exclamó:
tiempo después la silla de posta que debía llevará loe
- ¡Desgraciada, venid, -venid! Ahí en ese eal6n, ante recién casados á Italia, no habiendo recibido contraor•
vuestro marido, ante todos loe testigos de este matrimo- den, llegó frente á la casa. El fuete del postillón estallaDio, confesaréis vuestro crimen. Es preciso volver á esta ba alegremente; los caballos agitaban sus cascabelee.
niña el honor que le habéis robado
Aquella silla de posta era la riqueza, la libertad y la
Me hacéis daño, dijo ella desprendiendo su brazo de
vida.
-¡Ruirl dijo él respirando fuertemente.
aquel yugo.
En aquel minuto solemne en que sentía capitular lo
Después, con su misma voz fría:
poco que le restaba de honor, una mujer apareció en el
-¿Y ei rehuso?
- Si rehueaie, soy yo quien lo diril. todo, vuestras in• dintel de la puerta; avanzó y levantó su velo:
·
-Leódice, por piedad, salvadme. No puedo permanetrigas de otro tiempo·y vuestro adulterio de ahora.
cer en esta población donde mafiana será conocida mi
-¿Y si niego?
vergüenza; llevadme, partamos.
Y le desafió con la mirada.
Jamás loe ojos leonados habían arrojado tantas llamas.
-¿Qué pruebas tenéis?
- Lila lo confesará todo, dijo Felipe.
-¡Partamoel
Este grito resonaba en su oído como un grito de libeBeltrana levantó los hombros:
-.Es demasiado tarde, la ciudad entera se levantaría ración, porque en su corazón una voz loca, la voz del quero.
miedo, más poderosa qu'l la voz de la mujer amada, re•
Forzáronee las puertas y un espectáculo horrible se
para mi defensa.
- V ueetro marido me creerá y os arrojará.
petía obstinadamente:
ofreció á las miradas.
Ella dejó ver una sonrisa de desafío.
«¡Partamos! ¡Partamos!»
Dos cadáveres yacíar.. en tierra: uno era el del banque-Quién eabe si no seréis vos al que arroje como un .................. ······· .................. ····················· ·········:···· .. . ro y el otro el de la mujer llegada la víspera.
El seíior Leódice Martin al Prtsidente de la Cámara de
«Según el dictamen médico, fué ella quien mató al se·
vil calumniador.
D iputados.
Después, viperina, con una voz que silbaba:
fior M. suicidándose en seguida. El revolver descargado
«Sefíor Presidente,
-Y si os ::ree me perdonará porque me ama; pero se
«Asuntos de la más alta importancia me obligan á pa- de dos tiros, había c1ido cerca de ella.
batirá y el eefior Martin le matará.
«L11, identidad de la homicida no ha podido efectuarse,
sar muchos afioe fuera de Francia; y por esto me veo forno llevaba consigo papel alguno. Era una mujer da unos
Lila exclamó:
zado á enviaros mi dimisión.»
-Yo no quiero que mi padre muera, yo no quiero ser
treinta y cinco afíoe, muy bella, de cabelloo de un rubio
LIII
rehabilitada al precio de su vida, yo no quiero, yo no
Han paeado tres años. Jamie el eefior D11vernoy pro• ardiente.
«Creeee que se trata de un drama de celos.»
quiero.
nuncia el nombre de la mujer que amó locamente. No ha
-Sefíor de Aubián, continuó Beltrana cuya voz perEl periódico se desprendió de las manos de Carlota.
vuelto á partir para loe paíees lejanos como lo hizo des•
dió su timbre duro, yo be venido á vos para haceros en¡Oh! exclamó ella, ¡iesventura:103! ¿E3 po3ible e3to?
puée de la muerte de EJena. Se ha encerrado eo su casa,
trar en razón. Oponerse á este matrimonio sería la peor
recibiendo apenas algunos íntimos. Ninguna tela sale de Es ........ .
de todas las locuras. ¿Peneaie que yo no lo· habría hecho
No concluyó. Había levantado hacia el eefior Duversu taller: se diría que B~ltrana ha roto el talento del ar•
si fuese posible? Si me acusaie, me defenderé, y entre
noy
sus ojos que velaba a las lágrimas, pero la mirada
tieta, al romper su corazón. No habla ya de dolor inconvuestraa afirmaciones y las mías nadie vacilará.
que
encontró
era tan seca, tan imperiosamente dura, que
solable; sufre silenciosamente; pero la herida oculta se
Una vez aún, una vez más, la fiebre de la acción se
calló
intimidada
y se puso á llorar silenciosamente.
80
aviva con la rabia y con los celos.
Cierto es que sus lágrimas eran e:ncerae, y sin embar•
apoderó de Felipe:
De suerte que ella le eogiñaba, no le amaba, amaba á
-Lila, ¿queréis casaros conmigo?
otro. Se iepetía íntimameatc estas crueles cosas y una go, sin embargo...... muy en el fondo de loe grandes ojos
Ella no dijo nada, pero fué á él v se arrojó en eua bra•
cóle1a que el tiempo no podía ex1iognir, rugía en él, á de vidrio comenzaba á lucir de nuevo la indestructible
zoe. El la apretó contra su corazón locamente. Ddepués,
veces pasaban fulgores rojos por su cerebro. ¡Ah! si se esperanza.
Puesto que el honorable sefior Duvernoy no lloraba,
dirigiéndose á Beltrana:
pudiese matará los dos miserables. Perv no es el hom•
-Ya arreglaré más tarde vuestra cuenta; tengo dema•
bre de las resoluciones viriles y después de un acceso de había cesado de amará la culpable, y puesto que loe casiada prisa por ir á castigar á vuestro cómplice.
impotente rabia, cae de nuevo aplastado, humillado, torce afíos de Laban habían transcurrido y Lila iba á
Cuando volvió al salón, todos se extremecieron; se diri•
abandonar á su padre para seguirá Felipe de Aubian, su
vencido.
gió rectamente hacia Leódice é hlriéndole en el rostro:
esposo,
¿por qué el bien amado sefior Duvernoy no re•
Su hija le rodea de loe cuidados más tiernos.
-Sois un miierable, le dijo, y os abofeteo por segunda
Lila no se ha casado, porque Ftliipe de Aubian ha vuel· compenearía la fidelidad de la que le había dado su co•
·
vez.
to al mar. Después iie la vergonzosa huida de Beltrana razón hacia tanto tiempo?
Entonces, llorando siempre, Carlota púsose á sonreír
Luego al pintor:
y de Leódice, ha dicho á la joven:
- Vuestra hija tiene á bien hacerme el honor de casar•
- Este escándalo es para vos la rehabilitación máebri• á su quimera eterna.
se conmigo; os la pido por mujer!
lliRíA LEscOT.
Loe hombree testigos de esta incomprensible escena• liante; el porvenir se abre de nuevo lleno de promesas.
No el' ya neceeario que os caeeie con vuestro viejo pa•
FIN.
rodearon al diputado. Sentían el prestigio de las rique- .
zas enumeradas en el contrato de matrimonio. Sólo Ja drino.

�35
EL MUNN~D~O~=-.,,...,=--=-=="'!"""-=...,,.-=====c=-=-==-'=-~=--==-===:.;;;_..;•~o~•~••~G::,:0~11:,==.dc:,J,J~U~Ll~O~d,:,•,,:.•.
~1~-==-===-=-=_,=--====--==
.

34

La nueva Compañía de Opera Italiana.

EL MUNDO

PRI:NCIPALES ARTISTAS.
LA RECEPCION

Del Sr. Ing. Leandro Fernández
EN DURANGO

Oportunamente E,. )lu \'no ilustrado informó á ene lectores de la lamentada muerte del
eei'lor Flores, Gobernador del Estado de Durango, quien en el curso de una "ieita á importante centro industrial falleció de una
manera casi repentina. Hablamos después
de la refiida lucha electoral iniciada y proseguida en aquel!a importante Entidad. de
loe matices que mostraba y de las pereonaJi.
dades políticas que eran discutidas, y public~mos las fotogrÍlas de los principales cand1da~oP1 anotando ene . rasgos biógraficoe.
Por ultimo, para ser lógicos en nnestra información, participamo~ á nuestros lectores
el defioi~ivo reeuUado de la lucha que elevaba,' J?Or mayoríB de sufragios, á la nrimera
ma,nstratura de Durango al sefior Ingeniero Don Leandro Fernández.
Hoy tócanos dar una nota ilustrada de la
brillante recepción que al nuevo gobernador
@e le hizo, y para ello publicamos cuatro fotografías, cuyo autor es el señor G. Cordero,
y que representan loe arcos levantados por
diversas corporaciones.
Luego qne el pueblo duranguefio conoció
el resultado de Pus sufragios, reirocijóee en
extremo y apercibióse á recibir dignamente
ale13fior F«!rnández, q11iensalióde aquí acompañado de distinguidos amiitos y ob~nvo en
todo el camino, desde la frontera hasta la

1

-. F

Arco de l.i Ciudad.

Arco levantado por la Colonia Amerlc.ina.

capital de su Estado, sefialadae muestras de aprecio, entre las que se contaron hermosas fiestas dadas en eu
honor.
Suficientemente conocidas son la personalidad de seiior Fernández y eue dotes de recfüud. Ellas darán opimce frutos-así lo deseamos-en la administración del
importante Estado.
DOÑ&amp;.MARIA

C.iandq entré á visitarla la encontré C&lt;'mo de costumbre,.sentada en sn viejo sillón de gutapercha, junto á la
camilla, sobre cuyo tapete de hule había varios memorialea de pobres, que estaba examinando.
-Mi amiga doil.a María tiene sesenta aftos, es muy fea
y gasta una espesa peluca negra.
-¿Trabajando como de costumbre?-la dije, después
de saludarla.
Leyendo desdichas y más desdicha&amp; -me replicó quiiándoee las gafas.
'
-Y buscando a la vez el modo de alivlarlae-afiadí
-Sí, amigo mío; pero, es tan poco lo que puede hacerse!
,-Y, vamos á !er, entre todos esos postulantes ¿hay algua caso excepcional?
-No }o sé-me contestó la sefiora; son memoriales que
me han dado en la última junta y que, como visitadora
'8ngo que ir á enterarme de lo que hay de ¡,erdad e~
ellos. Pero el ot,o dia se me ha presentado un caso de
esos que usted dice y que oprimen el corazón más duro.
-A ver, cuente usted.
-Pues verá usted: en una especie de cuarto, sin más
luz que un ventanillo que salía al nivel del piso de un
patinejo y por cuyas desconchadas paredes rezumaba la
humedad, me éncoatré sobre un catre miserable un hom•
bre joven que se moría tísico á toda prisa. Establi á su
lado una mujer joven tambilfo, bonita, de.aíre distinguí•
do, vestida de harapos que en otro tiempo ee.cooocía habían sido elegao'8e galas, y por todo ajuar en aquel zaquizamí tenian dos sillas viejas, un baul destrozado, un
barrefio con unas brasas, en que se calentaba una medicina, y cuatro pingos colgados de dos clavos.

-Eso no viene á cuento-me replicó con•
trariada la buena eeil.ora.-Puee oiga n8'8d,
á esa infeliz me la be traído á casa; por allí.
dentro está, y voy á ver si la reconcilio con
su madre y la proporciono algún medio decoroso de ga,,arse la vida, que bue11a falta
la hace. Para esto último cuento con que us·
ted me ayude.
-Cuente usted conmigo; ¡pero vamos, eeil.ora, que se mete usted en unas historias!
En fin, todo sea por Dios.
- Sí, hijo; todo sea por Dios-me contestó
con beatífica calma.
Habrían pasado quince días de esta conversación con mi amiga, cuando una mal'la•
na, pasando por la descampada plaza de¡Jae
Peftuelae, veo acurrucada en el suelo y quitando á un pobre perro una la~ que unos
traviesos muchachos Je habían atado al ra•
bo, á mi amiga dona María, c9n su vestido
de merinete, sus zapatos de fraile y su peluca.
Ayudé á la anciana eeftora, como mejor
pude, á libertar de su maza al mísero chucho, y después de loe saludos de ordenanza
y d6 enterarme que, como de costumbre, loe
vientos que par aquellos andurriales la habían llevado eran loe mismos que á casi to•
das partee la llevaban, los de la caridad constante y valerosa, se me ocurr;ó preguntarla por su protegida, la joven viuda.
-¿No sabe uet"d lo que me pasú con ella?
-me contestó.-Puee que .e escapó de mi
casa, llevándose unos pendientes de brillan-

-Cuadro de miseria era en verdad-la dije.-Y la historia de aquellos deegraéiadoe, ¿la supo usted?
- CC&gt;mpleta-me conteetb doña l\Iaria.-Entre lo que
la joven me relató y los informes que yo he adquirido
resulta lo siguiente: Ella es hija de uoa eefiora que fu;
azafata ea otros tiempos, tan llena de vaoiJades como
falta de recureoe. Contra loe locos de•eos de la madre
q~e no q~ecía para yerno hombre que fuera menoe qo;
d1plomát1co, ó alto empleado de la R~al Casa, la chica ee
enamoró de un capitán de infantería que la rondaba la
calle, y con el cuat cierto día, tras una acalorada diecu.
sión con su madre, se e1:capó1 yéndose la pareja á Portugal._ Jl!I, por su parte, se llevó los fondos d,e la caja del
reg1m1!3~to qu~ Cl!taban á ~u cargo, coa. los que tuvieron
para v1v1r y munfar aunque no mucho tiempo, pues el
mocito salió jugador y perdido y fueron aquellos por
tanto, loe dineros del sacristán.
'
Deepu(,e vinieron las escaseces, los malos tratos los
desp;e~ioe con que ha purgado la infeliz su mal pas~, y,
por ultimo, la enfermedad de él, basta que hambrientos
y desamparados, han vuelto á .Espail.a, donde se hallaron, el capitán, muerto á su padre de pesadumbre después de babe"!~ arruinado por pagar los desfaÍcoe y
trampas de en b1Jo, y ella, con que su madre no la quiere
de modo alguno ver, ni oír haolar de que tal hija llevó
en sus entrañas.
-¡\'aya una eituaci6n! Y usted, dofta l't!aría, ¿qué ha
podido b!icer por ellos?
-Poca cosa; pero, eo fin, xlgo se ha hecho. En primer
lugar casarlos, porque aquellos de~gracíados estaban todavía en pecado mortal. En dos días y con el apoyo del
seftor obispo, lo he podido llevar á cabo, por encontrar
se el capitán i11 m'/ír ulo mor/i,i Luego enterrarle, pues falleció al día siguiente de celt-brado el matrimonio· proveerá la viuda de algunas ropas y pagar loe gastos' de la
enfermedad.
-¿Y á todo ello ba subvenido la junta domiciliaria ó
Arco del comercio.
ha tomado también parte y no escasa, como otras veces
el bolsillo de la visitadora?
'
tes, nn ve 1o de enc,je y d'ls billetes de á 100 pesetas
. -Pero, vamos, qne se neceRita ser criatura perversa é
10grata para portarse con usted de Pea manera
-L'l q~ie ustei. llama _pP.rversidad-:lij'l dofla Maríayo más b1e!11?Ud1era cahfica~lo de to~teria eúpima y faltadecon&lt;?c1m1ento de la prop1aconvemeocia que abandonaelcammo algo áridoenunprincipi&lt;?, pero'llano, fácil y
seguro, por la!1z.a~se pr&gt;r trochas y vericuetos que siempre
llevan,Rl prec1p1c10. Y ea cuanto á la ingratitud, yo no la
veo. , amos, hombre, ¿&lt;1casoes usted de loe que todo servicio que prestan áeu prójimoqnieren gueésteee Joagradezca? Refiexiooe usted, amigo mio qne agradecereselmc•
do de pagar los beneficios que recibimos, y que si pretendemns que no~ los agradezcan, pretendemos también
que nos los ~ague o, y beneficio pagado, deja de serlo.
-Eso en rigor, pern muy en rigor ¿eh? ea verdad mú
no todos ven las cosas ~el mismo m¿do, amiga mía.'
. -Por cortedad d_e vista-me repuio con chunga mi
10terlocutora.-¿Qu1ére usted que vayamos á pedirle al
pe~ro ag,1el que nos agragezca el favor que le hicimos
quitándole la lata de la cola?
-¡Q,1é cosas tiene ested! En fio, ello es que por fas ó
por nefaa, se ha e~contrado ueted libre de aquella pécora
-Así es-me d1¡0 con asombrosa tranqnilída la buena.
setlora,-pero conf10 en que no sea por mucho tiempo
Ando haciéodo diligencias para dar con ella, y si la en'.
cuentro, llevermela o~ra vez á mi ca~a, y que quieras que
no, hacer de esa desdichada una mujer de bien
-;.Será posible?
•
-\'a}'.a, ¿pu~s no b~ de Rer?. El haber perdido un pleito en PrI!ller~ instancia no es impedimento p!l.ra acudir
á la Aud1eoc1a y basta al Tribunal Supremo. Ya verá
u~ted, ya verá usted como lo consigo si la cazo y creo
que llegaré á cazarla. Adiós, amigo mio, hasta dtro rato.
Que vaya uqted &lt;verme.
Y dofia María Ee alejó sonriendo.
Con e 11s zapatos de frai lé, su vestidillo negro su peluca Y eu fea cara, la hubiera de buena gana dad~ un abraza en aquel momento, mejor que á una buena moza.
Y eso que las buenas mozas me gustan.
Arco lev111ntado por l.is Colonl.is Europeas.

GONZALO CERR\J&amp;RÍA.

Admiración de loe hombree,
Orgullo de nuestras. selvas.
Loe hijos de los caciquee
De pc,rtentoeae empresas,
Loe nietos del gran Lautaro
Hoy, sin combatir, se entregan!
¡Ay, de mí! ¡Ay. de míl
..
¡Arauco ya no existe; ya se acabó mi tierra!
~ neetroe padres y sus padres,
Cayeron en la pelea
En eangre tinta la lanza,
Sin moetrar jamás flaqueza;
Y hoy moran en loe volcanes
Que roncos braman y humean,
Enrojecidos acaso
Con el rubor de la afrenta.
Los hijos degenerados
De aquella raza de atletas;
Roto el viril •tarilonco•
Doblan la altiva cabeza.
¡Ay, demíl.1Ar, de míl
..
¡Arauco ya no euete; ya se acabó mi sierra!

Y el escogido de mi alma
Ese ...... entregó la frontera!.. .. ..
¡Epulef...... cuánto lo amaba! ..... .
Era nn tigre en la pelea,
Su caballo era un relámpago
Y su ,,quila• una centella.
Elocuente manej,ba
Como la lanza la lengua;
Nadie más noble, más grande;
Nadie...... ¡qué digo! ...... Ohl vergüenza! ......
¡Ay, de mi! ¡Ay, de míl
..
¡Arauco ya no existe; ya se acabó mt tierra!
SI¡. Cleopatra Viclnl, sopr.ano ll¡cra.

LA NUEVA COMPAÑIA DE OPERA ITALIANA

El ju"vee último dPbi6 estrenarse en Pl ~acional, con
•Gi()(.'onda, la nueva Oompaflía de Opera Itahana, hace al~no11 días esJ)f'rada pn México. Integrai:i el cuadro. artistas entre loe rualee alguno!! son antiguos conocidos
nueetl'OII. ta!PA como la Peflora Polaco DrC1g.
.
No pndiPndo aón hornPco_pa! con respecto á 1011 mén:
~s y al éxito de la troupe, hm1támonoe á dar algunas fo
~grafíaa, deaeando á loe artistas muchos aplausos.
LA· ARAUCANA.

Del torrl'lntoeo' Toltén
Solitarin en la ribera
Alí-Quillen, la araucana,
AAi, triste Pe lamenta:
-¿A.dónde, ad6nd" voy sola~
A dónde llevo mis penas,
Si IR tierra de mis padree
Eq hoy del •huinca• la tierra!
Gime «tricauco" agorero,
Tú, solitario te quedas
Y yo me voy no sé á dónde,
Arrastrando mi cadena.
¡A.y de míl I Ay de mí!
. ,
¡Arauco ya no existe; ya se acab6 mi tierra!
Oayó el indómito Arauco
Nunca vencido en la guerra:
Un eoplo de la montana.
Heló la lanza y la espuela.
ne la altura cayó el águila
Que cantaron loe poetaP,

Por última vez ¡oh Rlo, .
En tue agrestes riberas
Déjame cantar llorando,
Déjame eonar despierta! ......
En loe "niguines• lo vi,
Bailé con él en la fiesta,
Y cautiva de sus ojos
Dile mi alma, de amor llena. ·
Como paloma anullaban
Sus palabras lisonjeras,
Y el fuego de eue miradas
Abl todavía me quema!
¡Ay, de mil ¡Af, de mí!
. .
¡A.rauco ya no e:uete; ya se acabó Ull tterra.1
Aguas corrientes del rk&gt;
En que se miran mis selva@,
Llevad al mar los •copihuee•
Que entrelazaron mis trenzas.
¡,De qué sirve~ loe ad?rnoe
Y las floree, El hay tnetezae
De eeas que mata .. el alma
Y que la vida envenenan?
¡Juventud, belleza, amores.... ..
Verduras sois paeajerael.. .. ..
(',omo estas flore~, al río
Diera yo todas m;e prendas.
¡Ay, de mí! ¡Ay, de mil
..
¡A.rauco ya no existe; ya ~e acabó mi tierra:
Todo paeó...... los chilenos
Sus orgullosaq handPrae
Clavaron en Villa-Rioa,
De •ueetra gloria preeea;
Mudos están loe clarines,
Las 1obustae lanzas quietas,
¡V no estallan loa volcaneqf
¡Y las nubes no revientan l. .....

SI¡. Bcnvenuta Polaco Oro¡, mezzo sopra"º·

..\.dios! Arauc.&gt; perdido!
¡ Adios, Toltén! huye, rueda,
Corre á la mar, y llorando

Esta inmensa tumba riega.
¡Ay, de mfl ¡Ay, de mil
..
¡Araoco ya no exie'8; ¡ya se acabó mi tierra!
EDUARDO DE LA BARBA.

LA OFRENDA
A Luis G, Urbina.

Yi.ientee resplandores de una mafiana primaveral Un
haz de luz, saltando de la aha ventana á través de loe
vidrios de coloree cae sobre las baldosas del templo, tendieado en ellas ... ~ •apiz de iris movedizos. ~n su ll!lpelo
diáfano, la Virgen, de cara bondadosa y casi. sonr~ente,
envuelta en wca negra eu cabellera, con l?e o¡osab!ertos
en vidriosa inmovilidad, ostenta un veet1do. ,111.mpho ~upido de lentejuelas de oro y plata, como un g1r6n de cielo estrellado.
'C'na nii'la frágil, coo la fragilidad de las porcelanas preciosas v&lt;'stida de inmaculada, se acerca pronta y alegre
á dep¿sitar eu búcaro rebosante de aM1baree. Dos trenzas
trigueftas bajan hasta su cintura, anudada~ en sus extremidades por un listón. Su frente descubierta ea ancha,
correctamente corva. Eo su boca color de grosella, uoa
sonrisa de placer. Tropiézaee en las gradas. del altar, y
el búcaro rueda roto, desparramando en el marmol un
chorro de botones y de pétalos.
.
La nifia se inmoviliza y clava una mirada de angustia eo la perdida ofrenda de eu amor. Después, cuaodo
levanta la cara lívida á la Virgen, están l~s.trosa~ de
llanto sus pupilas tristes, negras como la obsidiana.
J KSÚS URUET.\.

7

1
' 1

L
SI¡. Nin.a Muzl, sopr.ino dramática.

Si¡. Linda Montan.ir!, sopr.ino dr.imátlca.

.

SI¡, Adelln.a Janton, mezzo soprano.

�DOMINGO u DE IULIO DE 1897

EL MUNDO

--º=º-■
=IN=G=O=h=D=E=J=U=L=IO=D=l=•ll9~7===============B=L=M=U=N=D=0~===~==~================~31=,_

SombrerolulsXVI. ( Figura 7 .),

CRO.NICA DE LA MOD.A.

Esta intrincada forma va ador·
nada por un gran penacho de
hortensias y rosas.

Esta simpática y turbulenta coquetuela ee formaliza
por ahora 1,n algunos momentos, de más 6 menos duración, pues las crónicas del extranjero nos dicen cada dia
que el gueto e~ ha decidido por loe vestidos blancos,
adornados de n1&gt;gro.
No parece sino que la moda tiene un oculto duelo, pues
para todo hay una mezcla de negro, aunque aeapequefía.
Tenemos en loa trajes más bellos, cintas de abalorio negro, ó de terciope:o y raso, encajes negros, etc. En los
sombreros vemnP graciosas confecciones de pliesé blanco
ó crema con orillas i,egraa; aunque loe más aceptados son
negro con b 'anco.
A veces suele mezclarse á los vestidos blancos con
adorno negro, alguna cinta roja, cuando las jóvenes no
son sectarias del rumantici~mo.
Vemos también que han quedado abolidos por completo los grandes bullones de las mangas. Sin embargo, en las bluPaa americanas cae perfectamente la manga
ancha de pufto, y c, mo generalmente se hacen de telas
de lino, dan mayor gracia y ligereza al talle.
Esto es en cuanto II trajee de calle y casa, de loe de tea•
troy recepción, noe ocup11remoe próximamente.

Sombrero de jardín.
(Fl¡~ra a. )

Este es de paja .fina y falda
ancha, adornado únicamente
por un grupo de plumas esmaltadas y un ancho pliseé roea-vie•
jo, puesto coquetamente en torno de la copa, y sobre una cin·
ta de terciopelo negro.
Sombrero de tul crepe.
( Flguril 9.)

Pue:le imaginarEe una peque•
fia nubecilla de aurora, por su
tenue tinte violado, llevando •
en la vuelta del ala un gran laso
de listón negro sujeto por un
broche brillante.

--f ~IT\'=S~
LECTURA PARA LAS
DAMAS
SABER VENDER)

Figuras •· y •·
[ Bolero abrigo. (Fl¡un1 5.)

r

Eete'grscioEO atavío es muy propio para entretiempo;
y debetuesree encima del vestido. Es de pafio vert perforado, manga campana y cuello médicis en ondas.
Grupo de sombreros.

Debéis también saber elegir
la épcca favorable pRra vender,
ya lo que cosechaie, ya lo que
vueetroe productos os euminhr·
tran eo breabundantemente. Así
como es bueno tener proyeedoree titulados para comprar, tened también, si es posible, con.• pradoree que puedan fiarse de
vuestra legalidad, y con quie•
nee podaie contar para el pago.
Peto en las ventas como en _J~s compi:ae, procurando en primer lugar vuestra ullh~ad, ~e¡ad á los negociantes, cuya vida es toda de mq,metud y proyec·
toe, eeas combinaciones y eeoe. eem1enga!i~B q~~ cor.
frecuencia tienen mucha relación con la 1~¡uetrnia.
Nuestro objeto no de~e eer el co~erc10, no queremos precisamente enriqu•cernoP, smo establecer
en torno nuestro por el mden, el trabajo y la eco·
nomía, la paz q~e hace la dicha en la familia.

Aqui tenéis mis queridas lectoras, un grupo
de diversos sombreroe variados en su .forma,
pero igualmente encantadores, que os servirán
para realzar vuestra hermosura, si tenéis bae•
tante tino en elegir aquel de ellos que mejor se
adapte á vuestro rostro. ~

Figura 6.
COMPRAR POll SÍ HISHA'

Comprad por vosotras miemae. No compréiR por meaio de otros, eino cuando no Jo podáis vosotras hacer; así
q:nedaréis~máe contentas y eabréie lo que mejor os conviene.

Figura 8.

Para fiarse de otros en las compras es necesario estar
seguras de dos coeae bien raras: l,afid,elidad y la habilidad.
Una cocinera, por ejemplo, no comprará más que lo
que ella eabe gmear, 6 lo que le dé menos _trabajo~preparar.

Después hablaremos de la fidelidad. La habilidad e
tal vez más rsra que la fidelidsd.
Pocas personas son capsree de no dejarse alucinar por
las palabras de un comerciantf&gt;, por sus exagerados cumplimientos, por sus mentiras dichas con calma.

~Sombrero de paja. (Fgura:6. )

/·~?

Este preciosíeimo sombrero de un aire mar·
cial, está adornado con anchoe pliesée amari•
lloe y alas de cuervo. El centro de la flor es un
chaux de tafetán guinda.

/t.:·
"
/fr.
·,.,.
Figura 4.

No debemos querer acumnlar(riquezas que frecuente·
mente solo sirven para tormento, sino tener bastante para dar y hacer el bien y no bastante para causar envidia
y obrar el mal.
MANÍA DE COMPRAR

Triljecltos para nllias de

2

.á 4 ilÍÍOs. (Fl¡urils I y 2. )

-El primero ee de piqué pompadour adornado con doe
guarniciones de bordado de hilaza roja; de la misma hi•
lasa lleva un gaviado en el vola.ute y mangas, dos lazos
de listón rejo en loe hombros.
El otro vestidito es de piqué blanco.con bordados negros, cintita n1&gt;gra en la eecarola del canezú y cuello.
Cinturón y laz011 de lis\ón negro.
TraJ• de paseo. ( Figura S·)

Este vie\oeo \raje ee de eeda pompadour cambiante.
El talle eetá formado por un coselete en acordión que
sujeta el vuelo de la blusa, reparliéndolo después para
la falda. Mangas ajaretadas con globo muy chico.
Un fino encaje adorna el cuerpo y una banda de muselina de eeda lila cubre la costura. El sombrero también ee\á adornado por muselina de seda lila y plumero.
Dos bluus sencillas. ( Figura

4.)

Es~s do• cuerpos 10n, el uno de percal á cuadroe, y el
tro de pi~é rayad•.

Fi¡ura ~-

Debemos precavernr,e, en fin, de la manía de comprar,
la cual viene á ser una verdadera pasión.
Para esto no concurramee, ni aún sólo por ver, á }o¡¡ .
remates ó euba11tas, ni áloe aparadores que los comercian•
tes ponen al paso, ni á esos bazares que ofrecen una libre .
entrada y un mostrador cubierto de objetos brillantes y
atractivos; correremos allí mucho peligro de ceder á la.
tentación y comprar cosas que al día siguiente nos estorbarían.
Allí tal vez pondríamos en ejercicio la manía por las
colecciones, las curiosidades ó las ltagatelas, que con frecuencia es tan dispendiosa como ridícula.
Hay algunas mujeres que tienen en su aposento, sobre
elegantes y vistosos aparadores, ó en alguooe cajones ó
mesas, verdaderos almacenes de inutilidades, digamoa
mejor, de ridiculeces.
Esos objetos preciosos de la China, estas porcelanas
transparentes, aquellas maravillas delicadae del arte, an·
te fas cuales es necesario contener el aliento por miedo
de romperlas, parece que no están allí, sino para provo•
car el fastidio de la que las posee, y la sonrisa de loe que
las ven.
¿Y cómo han podido llenaree de tantos estorbos?
Han salido á la calle con la recta y firme resolución de
no comprar nada; han estado seguras de sí mismas y al
aproximarse á loe aparadores y al entrar en los al~ace•
nea, se han despertado dos pasiones que reposaban silenciosae: la curiosidad primero, el antojo y capricho des•
puée; en seguida han comprado.
¡Oh! si eecribiéeemoe un curso de moral, cuántas cosa~
tendriamoe que decir sobre estas tiránicas inclinacione@!"

Figura g•

•

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(DE VAN BUSKI RK)

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~

01

~

"•

Es el dentrífico favorito del
público de todo América así como
tambien de todo Europa, desde
el año dt 1859. Es la preparacion mas antig; 1 a del nuevo mundo.
La célebre actriz Sabara Be~nhardt dice del Sozodonte que "es
el único dentrífico de reputacion
universal."
;El Sozodonte preserva la dentadura de su decaimiento, endurece
las encias y perfuma el aliento,
dandole el olor mas delicioso que
ninguna otra preparacion puede
conceder.

.,

~

..

"

KIJBIBR03.

Antes de Acostarse
tómense las Pfüloras del Dr. Ayer
y se dormirá mejor, para despertarse
mejor dispuestos á emprender las
faenas del dia.

Las Píldoras Catárticas
del Dr. Ayer

',

no tienen igual como remedio
agradable y eficaz para el estreñimiento, biliosidad, jaqueca y todos
los desarreglos del higado. Están
,1z11caradas y preparadas con tanta
perfección que curan sin ir acompaiiadas de las molestias de otras
plhloras clel mercado. Pidanse al
farmacéutico de que se sirve las
J'lhloras del nr. Ayer. Cuando no
produzcan cfrrto otras p!l&lt;loraR, las
tlt&gt;l J)r..\. ycr se cnrontr,mín eficace~.

El Sozodonte se vende en todas las
P erfumerias, Droguerias y Farmacias.
Se manda por correo un libro diciendoos
la manera de cuidar vuestra dentadura
y una pastilla de Jabon Sozoderma de
muestra á qrien la p ida d1rigiendose á
los proprietarios
HALL &amp; RUCKEL,
215 W asbln¡ ton St., New Yo rk, BE, UU. de A,

PRIMER PREMIO EN LAS

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O ficinas d e LA FRATE RNALs

MEXICO-Calle de S. Felipe Neri 7. Apa1tado Postal 760.-IIEXICO

EL TA ND EM APLICADO AL EJ ERCITO

$aliaa ae la ópera.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo, 1897, Tomo 2, No 2, Julio 11</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Blonda</name>
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        <name>Canonizaciones en Roma</name>
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        <name>El transmisor</name>
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        <name>Engaño sublime</name>
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        <name>Plegaria en la Acrópolis</name>
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01

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Es el dentrífico favorito del
público de todo América así como
tambien de todo Europa, desde
el año dt 1859. Es la preparacion mas antig; 1 a del nuevo mundo.
La célebre actriz Sabara Be~nhardt dice del Sozodonte que "es
el único dentrífico de reputacion
universal."
;El Sozodonte preserva la dentadura de su decaimiento, endurece
las encias y perfuma el aliento,
dandole el olor mas delicioso que
ninguna otra preparacion puede
conceder.

.,

~

..

"

KIJBIBR03.

Antes de Acostarse
tómense las Pfüloras del Dr. Ayer
y se dormirá mejor, para despertarse
mejor dispuestos á emprender las
faenas del dia.

Las Píldoras Catárticas
del Dr. Ayer

',

no tienen igual como remedio
agradable y eficaz para el estreñimiento, biliosidad, jaqueca y todos
los desarreglos del higado. Están
,1z11caradas y preparadas con tanta
perfección que curan sin ir acompaiiadas de las molestias de otras
plhloras clel mercado. Pidanse al
farmacéutico de que se sirve las
J'lhloras del nr. Ayer. Cuando no
produzcan cfrrto otras p!l&lt;loraR, las
tlt&gt;l J)r..\. ycr se cnrontr,mín eficace~.

El Sozodonte se vende en todas las
P erfumerias, Droguerias y Farmacias.
Se manda por correo un libro diciendoos
la manera de cuidar vuestra dentadura
y una pastilla de Jabon Sozoderma de
muestra á qrien la p ida d1rigiendose á
los proprietarios
HALL &amp; RUCKEL,
215 W asbln¡ ton St., New Yo rk, BE, UU. de A,

PRIMER PREMIO EN LAS

t1onsir.l,1ft•~ Unlvo...• lr• ~- ll••~•lnn~ YCh1cago.

•

~LA FRATERNAL.~
:ompañía de Seguros de Vida yaccidentes
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O ficinas d e LA FRATE RNALs

MEXICO-Calle de S. Felipe Neri 7. Apa1tado Postal 760.-IIEXICO

EL TA ND EM APLICADO AL EJ ERCITO

$aliaa ae la ópera.

�DOMINGO ,8 DE IULIO DE 1897

EL MUNDO

''El.MUNDO"

tá más cerca de nueetro espíritu cuaoto más lejano el

Semanario Ilustrado.
Teléfono 434.-Calle lle Tiburcio

núm. 20.-Apartado 87 b.

MÉXICO

Toda la correspondencia que ee relacione con la Rebcción, debe eer dirigida al
Director, I.lc. Raf"ael Reyes Spindola.
Secretario de Redacción,
Amado Nervo.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe eer dirigida al
Gerente, I.lc. Fausto Moguel.
La subscripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al
111.es, y se cobra por trimestes adelantados.
Números sueltos, 50 centavos.
Avisos: á razón de $30 plana por cada publicación.

~.,

Todo pa¡o debe ser precisamente adelantado.
BÉGISTRADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE.
···••·····•····..........................

... ................ - .... .

A LA SEÑORA

! (!armen Romero Rubio
:
,
!
!

'.
'

día de su desaparición. Es que los que hemos llegado á
la vida, á recibir la herencia del Benemérito, aquilatamos la enma de energía desplegada por este carácter en
la preparación del presente.
Hombre de fe fué J11ár&lt;1z, sublime vidente quesean·
ticipó al porvenir y vió claro en la conciencia nacional
que si todavía, en la época del terrible combate, no se
había penetrado ampliamente de la idea liberal, poco á
poco haido absorbiéndola, y asinilándo·a más tarde en su
organismo. Y es que las gran.les ideas, para ser fructí •
feras á las sociedades, necesitan de hombres superiores
que las encarnen y las hagan existir, con esa vida del in•
dividuo, formada de eacrificios y heroísmos, que por tan
extraño modo hiere á las multitudes. Cuando uno de es•
tos hombres. que aparecen á trechos en la leyenda de la
humanidad, se apodera de uno de estos altos principios,
rompiendo el medio que le rodea y que, á ocasiones, le
es hostil, las generaciones que siguen á su obra, educa·
das y nutridas al amparo de ella, hacen de esta personalidad una figura imperecedera, un coloso asentado sobre
firme base de granito.
Juárez para nosotros ofrece eetos lineamientoe; pcreso
sobrevive, porque su obra ha sobrevivido; porque la tie·
rra que pisamos es suya; porqueeon suyos los sentimientos
man nuestros espíritus y loe conceptos que bayen er&gt;
nuestros cerebros.
¡Juárez es la nacionalidad mexicana!

ae Díaz.

~Á\~
Aunque tardío, tenemos el honor depreEentar
nuestro homenaje á la virtuosa dama, que por
tantos conceptos ocupa un lugar distinguido en
la sociedad mexicana.
· ¡Que no se empañe nunca la dicha de esa hermosa existencia consagrada al consuelo de los
humildes!

·
:

be buscarse en el prolongado entronizamiento del sieteroa proteccionista, que descubre al obrero un grupo pri vilegiado que se enriquece á expensas de loe sacrificios
ajenos.
El socialismo t&gt;B una protesta! es el grito de rabia quese escapa de una multitud indignada ante las voracida•
des de un terrible Moloc, que tritura víctimas para vivir
siniestramente de iae vidas agenas. Su programa ee ina·
ceptable, y el triunfo de loe nuevos dietribuidc,res de la.
riqueza p11blica sólo serviría para hacer retroceder á las
nacionalidades modernas una buena puflada de aigloe.
La ley de las represalias, turbulenta y füsolvente, pone una nube de cólera en el corazón del obrero y lo lanza.
á los desórdenes de la huelga de la que él es la primera.
víctima. ¿Qué hacer frente á este desequilibrio surgido
entre los factoras que dan prosperidad y bienestar á la&amp;
naciones civilizadas?
Todavía el problema continúa ein resolver; pero en la
Repúblicad el Norte está el remedio quizás en la destrucción de esos poderosos castillos feudales del act ual industrialismo.
Aun lleva el coloso sangrientas heridas en F.U flanco.

lllalíti!a Oi,tneral.
RESUMEN.-La eterna lucha por la vlda.-Lo que hayen el fondo de la fraternidad lntern acional.-luz y•
sombra.-Alia11za anti-britán1ca.-EI Kaisser y el
Czar. -La Gran Bretaña y su política de abolengo.
-La ostentación de su fuerza.-Grecl .. abandona-

.
:

da.-Vae vlctisl

~tJtas tbitarialts.
Qfl 14 lJ tl 18 be Julio.
Una idea-madre informa estos dos aniversaric-s,- el de
la toma de la Bastilla y el del fallecimiento de Juárez;
-una base única les sirve de apoyo en el edificio de la
historia: la exaltación de los principios liberales,
á través de una ruda y prolongada lucha• .El g y el 18 de
Julio son doa fechas que presentan la misma característica, dos jornadas que preside el mismo criterio.
La toma de la Bastilla ha resistido á la acerada crítica
contemporánea; todos sabemos ya que detrás de los can•
tos que la enaltecen, se oculta un acto Tepugnante y que
las multitudes que asaltaron la típica prisión de la mo•
narquía, distaban mucho de ser esa oleada de hombres
generosos y esforzados, masa de ángeles que han apro•
vechado los panegiristas incondicionales de la obra re•
volucionaria. Pero todos sabemos también que no se elaboran con mejor materia prima todas las convulsiones so•
cialee que ee han producido en loe pueblos.
Tiene el 14 de Julio de 1789 ufla fase negra y repulsiva;
pero hay en él un hemisferio en el que la luz entra árau•
dales. Los que sólo ven en este hecb,o el inútil asesinato del g&lt; bernador Delaunay, los ,aqueos de la noche
del 13 al 14, los desórdenes causadcs por una masa brutal y sedienta de saogre, el ensañamiento de loe aeaHantee y sus gesticulaciones de histriones trágicos, parecen
olvidar que el hecho en eí tiene únicamente resonancia
1mivereal por lo que significa en la desaparición de un
régimen decrépito é inadaptable á las necesidades del es•
píritu humano.
Las nuevas generaciones han apartado del asalto de la
Bastilla, las impurezas de que está salpicado; lo han re•
dimido, á semejanza del Cristo á }ía!ía de Mágdalo, de
todas eue culpas, y como el sol, al besar el pantano, bebe
el 11gua que la nube deposita, esterilizada en la tierra
que fecundiza la lluvia, a11í el principio de la libertad ha
derramado sobre el 14 de,Julio el licor generoso de la salud, y de un acto cruel y ealvaje ha hecho una apoteóeie fulgurante y eterna.
Así celebramos este anivereario purificado de sus
manchas!

JUA.REZ
(De fotografla Valleto, tomada directamente.)

Hace slgunott días, nos transmitieron las agencias tele·
gráficas de esta Capital la noticia de una enorme huelga
registtada en importante zona industrial de la Repúbli·
ca del Norte.
No es la primera ocasión en que la Democracia gigan•
te dilapida así sus poderosas fuerzas en empresas improducti vae. La estadística se ha apoderado de las cifras que
representan estas pérdidas netas, en medio del rápido
desarrollo de la riqueza americana, y las ha arrojado á la
consideración de los economistas y hombree de Estado.
El proble!lla social ha hecho su apari:lióa en la flore•
ciente República, y, ora parapetado tras las doctrinas
agrarias de George, ó bien, trsspasando loe limites de lo
especulativo para lanzarse al terreno práctico, en caótico
tropel que antaño recibiera el nombre de ejército del ham•
l,re, ha 1·amifieado sus antenas y ha extendido sus ga1·ras
por buena porción del territorio de la Unión.
Pero ¿de dónd~ procede que en un pais, en el que los
elementos de vida para el trabajador le proporcionan la
satisfacción de un amplio cuadro de necesidades, en uua
nación en que las utilidades del empresario han decreci*
do
notablemente, mientras loe salarios siguen una direc*"
La muerte de nuestro impasible marca una etapa en la ción contraria, la lucha entre el capital y el trabajo conshistoria de la República Mexicana. Parece-y no es es- tituya una amenaza á su capacidad productora?
ta la primera vez que emitimos eetaidea-queJuárez ~ePara nosotros la causa de este fenómeno económico de•

Por más que pretendamos ver en el movimiento que•
empuja á las naciones en su desarrollo un cu¡¡dro sonriente de tonos alegres y notas regocijadas, es tau rada
la ley de la competencia, ta:i necesaria la concurrencia
vítal, tan imprescindible la incesai.te lucha, que allí
donde aparece un símbolo de paz, queda mal encubierto
el odio, donde se descubre una señal de concordia, ahondando un poco se penetra en las sombras del rencor, y
donde nos parece ver indicios de confianza y mueetrae
de amor y caridad, se halla la marca del sórdido interés
y las huellas de rivalidades que rugen, de apetitos que
batallan, de concupiscencias que entrechocan.
No se necesita haber saboreado la onda amarga del
pesimismo para formarse esas convicciones; basta seguir
atentamente loe culebreos de la diplomacia, sorprender
las sinuosidades de las relaciones internacionales, espiar
las astucias de loe actores en la gran comedia humana,
para convencerse de Ja falsedad del brillo con que seadorna el escenario,áfin de deslumbrará las multitudes.
y ocultar las aviesas intenciones al enemigo y al rival.
Se proyecta el viaje de un eoberan~, por ejemplo; seauuncia su misión de paz, se proclama á son de trompe•
ta la fraternidad universal que lo guía y la concordi:\
cristiana que lo inspira, y á poco se sabe que bajo su
manto mentiroso de amistad, ocuUa las maquinaciones
más agresivas, busca en las tinieblas, secretas alianzas
ofensivas y alienta proyectos ruines de venganza. Se
nombra un embajador á quien se encomienda la &amp;area de •
estrechar los lazos de amistad y las buenas relaciones.
que aparentan cultivar dos naciones, y no tarda en
averiguarse que el pacífico ministro, cuyo carácter hace
inviolable su persona, se mezcla en ).a política interior dt,I
país doude reside, atiza sus rencillas, alienta á los sgita-.
dores, ó se dedica humildemente á investigar la resisten-.
cia de sus fortalezas, la importancia de sus puntos estra•
tégicoe y la organización y solidez de sus ejércitos de .
mar y tierra, para el caso de una declarada guerra.
Y así van las clases directoras sorteando loe obstáculos
que á su paso encuentrane n el engrandecimiento de los.
pueblos; así van caminando entre loe himnos que levantan sus adeptos, y los murmulloa salmódicoe sin eco que•
brotan en ráfagas luminosas de los augustos congresoa
de la paz, última burla de.eete siglo batallador.

*
**

Mucho se ha hablado del viaje dal emperador Guiller•
moa San Petersburgo y de las tendencias que lo animan,.
al buscar cordial inteligencia con el omnipotente autó•
crata del Neva. Se apuntó su deseo de encontrar á Mr.
Faure en la corte de Nicolás II, con la sana intención de
apagar en fraternal abrazo el odio de más de cinco lus•
troe que ha apartado á los pueblos de aquende y allende,

DOMINGO 18 DE JULIO DE 1897

,el Rhin ; al saberse el inútil resultado de sus vanas pre·
teneionas, hoy se aventura la opinión de que sus conatos
no se dirigen á reconciliarse con Francia, sino que van
encaminadas en abierta hostilidad contra la Gran Bretaña.
Murmúrase por lo bajo que el sentimiento antibritáni •
co, manifestado de diversas maneras en Alemania, arrastra al arrebatado Hohenzollern á buscar la alianza de
Rusia, rodiada rival del Reino Unido en influencia y
predominio sobre el continente asiático. Afí.ádase además, que para tener bien quisto al gabinete de París, puesto que ya es preciso creer en la alianza franco-rusa
-ofrecerá su apoyo moral y material para exigir la eva•
cuación de Egípto por los ingleses, dejándolo b~jo la
protección del pueblo que llevó á cabo la obra titánica
del canal Suez.
Imposible parece que de tan extraños m()do~ buFque
notoriedad el soberano germánico, y olvidando lo~ oilios
tradicionales que lo apartan de Francia y lo alejan de R•t •
sía, pretenda así ponerse frente á frente de en augusta
abuela de quien amargar, loe postrimeros días.

EL MUNDO

huestes de Edhem Bajá sobre la indefensa Atenas, y la
monarquía helénica, deeamparada y sin honor, qnedará
aplastada bajo las plantas del invasor.
Y el pueblo griego ¿qué puede hacer? 1Infelizl Enga•
fiado por las vanas promesas de loa filo-helenos de todos
loe países, seducido por loe artificios de quienes le augu•
raban fácil triunfo, llorará su humillación al pie de la
sagrada Acrópolis, mientras puede tomar el trabuco del
guerrillero, tal vez pera comprar de nuevo su inaependencia.
¡Pobre pueblo que se dejó alucinar por los encantados
espejismos que le fingía eu imaginación siempre sofladora y poética! No vió la sirte que se abría á sus pies, y cayó, arrastrando acaso la monarquía en espantoso derrumbel
Julio 15 de 1897.

X. X. X.

El. I.UJO DE I.A INDIGENCIA

Generalmente ee cree que el lujo es patrimonio y mo•
nopolio de las clases altas, ilustradas y ricas de la sociedad; que ellas lo acaparan, que sólo ellas lo disfrutan,
que solo las princesas y los millonarios pueden baflarse
en sus voluptuosidades, irradiar su brillo, ostentar ene
msgnificencias, oficiar en sus pamposas suntuosidades.
Claro es que para adornarse con diamantes como «El Regente;" para veetirs~ el traje de encajes que encargó á Brueelae la Emperatriz Eugenia y que adquirió Miss Mac Ray
en ochenta mil pesos oro después del desastre de Sedán;
para encerrarse en el estuche acojinado de seda de un
curé tiradG por un tronco de yeguas inglesas; para babi·
tar palacios, y pagar cocineras de cuarenta y cincnenta
mil francos al año, se necesita ser reina en Inglaterra,
Emperatriz en Austria, Artista lírica, bailarina ó prince-

***

Ha tiempo que se hace palpable y evid•mte t&gt;I aislamiento de Inglaterra, que orgullosa de su propio vali·
miento y fiel á su política de aboleng,.,, desdeña pactos
vanalett, ve desde la altura de su grandeza con marcado
menosprecio las ligas inconsistentes, y solo se rPsnPlve
á obrar, cuando comprende que su voto se considPra decisivo en loe concejos de las nacionPP. Pero e~e aisla miento aparente no menoscaba un ápice la fuerza colosal del dilatado imperio británico, y sería un error la·
mentable pensar que porque se mantiene apartada de
atianzas dobles 11 triple.~, la encrmtraría desprevenida
cualquier evento contrario.
Sin ostentaciones aparatosas. ha ~ofocado las insnrrPc•
cionee tlel Africa Austral. qne la allanan el ::amino á fo.
turas conquistas; e:n provocar inútiles protestas, prepara
nueva expedición al Soudáu, que podrit abrirle las puer•
tas de Jartóun; y con la mayor fácilidad sofoca los motines de la India, que la peste y el hambre han encendido.
Se engaña el quP crt&gt;a q11e el írnperio colouial más poderoso de loe moilernoP tiempos descuida la trabazón de
ese complicado engranaje. L11s fastuosas fiestas del jubileo, donde se congregaron en estrecha unión los elementos
que lo constituyen, dispersos en toda la redondez de la
tierra, acaban de demostrar con elocuencia incontro•
Tertible cuán firme es la solidaridad de la Metrónoli y
las colonias. L11 revista naval !In Spithead no ha Rid&gt;? un
juego vano, sino también la ostentación en ocMión solemne de la fuerza que puede desplegar la primera po•
tencia marítima del mundo.

***

Y mientra¡, esos rencores ocultos y rivalidades mal
disimuladas alejan y separan á las grandes poteucias,
Grecia infeliz que en ellas puso toda su esperanza y con·
.66 su suerte á en mae;nanimidad, sufre en si!encio eu de·
rrota y devora á solas sus humillllciones, ansiando el
día venturoso en que se firme la anhelada paz, que ha
de apartar de su suelo mancillado á la brutal soldadesca
turca.
Pero ese día no llegará: parece que el destino cruel se
empefla en amontonar nubes de tormenta sobre el cielo
azul de la divina Hélade.
Ya noes el capricho del Sultán lo que se vislumbra sólo
en las negociaciones que se siguen á pasos lentos en la imperial Bizancio; t&amp;mhién se ha puesto de manifiesto la
debilidad de loe mediadores, que con protestas melifluas
y consejos amieklsos, pretenden que el conquistador
abandone su presa á y ceda las inspiraciones de la piedad
eu corazón de hiena.
Ya no se nota solamente la influencia de loe representantes del Islam, que atizan la guerra y encienden la
venganza contra loe perros cristianos, en la insistencia
con que Abdul-Hamid aspira á recoger el fruto de sus
ruidosas victorias en Tirnova, Domokos y Farsalia; también se echa de ver el pavor de loe poderosos, que antes
de dar ocasión á u~a guerra continental, dejarán desgarrar el seno de la madre Grecia por el feroz musulmán, y
por eso se han conformado con una intervención anodina é ineficaz al fin que aparentemente se proponían.
C-eeará por lo tanto el armisticio, cuando la camarilla
del Yidiz- Kioak lo determine; se romperán de nuevo las
hostilidades entre loe turcos embriagados de su triunfo
y loe griegos amilanados en la derrota; avanzarán las

Señorita Gertrudls Dwyer.

Premio de belleza en Texas.-Hoy entre nosotros. ( Fotografia Valleto. )

Con verdadero agrado publicamos en lugar preferente
de nuestro semanario, el retrato de la bella señorita Gertrudie Dwyer, quien visita nuestra capital formando parte de una excursión texana en la cual se cuentan eetima:iles caball~roe y hermosas damas.
La eel'lorita Dwyer tuvo la amabilidad de retratarse á
instancias nuestras en casa del distiuguido artista señor
Valle~o-quien procura siempre fijar en sus elegantes
cartulinas lo más notable, conspicuo y visible, así de México como del extranjero-y le estamos en extremo obligados por tan graciosa deferencia.

ea en París, buscadora de oro en el Tranevaal ó porque•
riza en Chicago. Pero ea que porlujo entendemos nada
más los grados extremos del fausto y de la ostentación, y
que no vemos que el lujo es, en el fondo, la adqmeición
de lo superfluo y el sacrificio de mucho dinero, 6 lo que
es lo mismo, de mucho tiempo y de mucho trabajo, á la
ostentación ó la vanidad, al atavío de la persona ó del
hogar, al deslumbramiento de'.)os fatuos y á la edificación
de loe imbéciles.
Pero cuando se estudia el lujo e:n ~odas sus manifesta-

�EL MUNDO

DOMINGO 18 DE JULIO DE 1897

DOMINGO 11 deJULIO de 1897

ciones, cuando se le analiza en toda~ sus formas y en
todos sus caprichos, no se tarda en encontrarle en) as cabafias como en loe palacios y en los desheredados de la
suerte como en los privilegiados de la fortuna. Desde
luego, á través de la evolución humana, se comprueban
eeta paradoja y este absurdo: el atavío y el adorno pre•
ceden al vestido y al abrigo. Antes de cubrir sus carnes
contra la intemperie y de velar sus formas contra la
mirada indiscreta, el salvaje las pintarrajea, las cubre de
figuras vistosas y fanMsticas; no ha pendido todavía un
harapo de las caderas del hombre primitivo cuando ya
se perfora las orejas y las adorna coa huesos y espinas
talladas; el brazalete ha precedido al calzado, el penacho
de plumas al sombrero, la gargantilla de conchas de la
playa ó de guijaros de la montafia á la hoja de higuera,
y del estudio de las tribus primitivas aún subsistentes
se infieie, ein extravagancia ni sinrazón, que la primera y más imperiosa de las necesidades ha sido la de lo
innecesario, y que el lujo ha predominado sobre el
comjort.

Todavía hoy, en las regiones hiperbóreas y en las latitudes inclementes, los viajeros comprueban que los esquimales guardan sus capas de pieles en cuanto llueve y
sólo las ostentan ei ha~e buen tiempo, y que en iguales
condiciones loe hotentotes se desnudan de los percales
de colores que les sirven de atavío más que de vestido y
afrontan la intemperie antes que exponerse á verlos des•
tellidos y arrugados.
Estas sanas tradiciones se han conservado aunque
amortiguadas, y re pueden encontrar su huella y su influencia en todos loe pueblos y en todas lae categorías
sociales. Sin hablar de cierto clubman que sólo se sirve
de su lujoso equipaje cuando el tiempo esta sereno y que
chapotea en los charcos en cuanto llueve; sin insistir en
as inumerables familias _que tienen salón y no alcoba,
estrado y no cocina y que cercenan del ga~to cuanto más
pueden para vestir y pasear; sin recurrir á los innumerables ejemplos de gomosos que viven en tugurios y comen en bodegones; pero que visten con el mejor sastre
y llevan joyas valiosas y perendengues raros, podemos
en nuestro mismo pueblo humilde, en nuestras clases
desheredadas encontrar la misma desordenada é irreflexiva tendencia al lujo y la misma preferencia de lo superfluo eo bre lo necesario.
En nuestra servidumbre encontramos á menudo mozos de calzonera con botonadura de plata y sombrero galoneado que representan un año ó más de privación de
lo más necesario; nuestras recamareras que duermen en
un petate, comen nuestros restos y trabajan descalzas,
rnelen tener para los días festivos un rebozo de Santa
l\Iaría, que les cuesta un ojo de la cara; las cocineras cristalizan sus economías, que podían y debían ser las nues•
traP, en gargantillas de corales y arracadas de perlas.
Una india yucateca en traje de ceremonia, con sus bolar.es, sus embutidos, sus encajes, su gran gorro blan~o,
euele valer, sin las joyas, muchos cientos de pesos. En
muchas localidades las indias bordan primorosamente
con chaquiras, sedas y estambres de colores sus toscas
camisas de manta y sus huipilis de lanilla de trapear.
Hace aun pocos afl.os un charro era una eepecie de custodia dorada, plateada, cuajada de pedrería, y ese curru-'
taco del sport, vivía en accesoria, comía tortilla con chile y se acostaba sobre loa suaderos de su caballo. Los
mineros de «La Luz» y de «La Valenciana,, hacían bordar primorosamente eus zapatones de baqueta, y daban
los domingos fiestas tan suntuosas que los obligaban el
lúnes á empefiar el zarape y también los zapatos.
Nadie se hubiera imaginado hace diez ó doce años al
verá un indio de Oaxaca 6 de Yucatán simplemente ves•
tido de manta, que aquel atavío era de lujo y le costaba
una fortuna. Estas buenas gentes preferían en efecto la manta tejida á mano á la fabricada mecánicamen•
te; trabajaban 1mo ó dos. meses, sacrificando su joma!
correspondiente, en la elaboración de la manta necesaria á su vestido, y les salia coetando casi tan car comoo
si vistieran de seda.
Hay más; puede afirmarse que la tortilla, manjar hipócritamente modesto y faleamente humilde, es en reali.
dad un ramo de lujo para nuestro pueblo. Una madre de
familia indígena, podrfa ganar, en loa centros poblados al
menos, con que comprar pan barato; pero esclavizada al
metate y á la tortilla lee sacrifica sumas deeproporcio•
nadas al valor de plaza de ese bagazo alimenticio y conviene el peor de todos en el más caro de los alimentos.

En materia de tortillas llega Puestro pueblo al refinamiento de no gustar de las que se muelen en máquina
por la sibarítica razón de que quedan ,ivja.~.
Si á esto se agrega que nuestro pueb!o se permite, á más
de la tortilla otros lujos, el de tener vicios, de beber mucho pulque, de hacer San Lunes, de entrar cada tercer
dfa á la caree), de tener muchos hijos, y generalmente
también muchas mujeres, se llegará á la convicción de
que lo que pierde á nuestros desheredados es el amor al
lujo.

43 .

EL MUNDO

POBRE NIÑO PALI0O

Las colonias rnorrnonas en Chihuahua.
( De Stephane Mallarme.)
UN PUEBLO DIGNO DE ESTUDIO.

Pobre nifio pálido, por qué gritar obstinado tu canción
aguda é insolente, que se pierde entre los gatos, eefiores
de los techos? por que no atravesará los balcones de los
pisos tras los cuales ignoras los pesados cortinajes de
seda encarnadina.
Empero tu cantas fatal•
DA.MAS DIST.INGUIDAS.
mente, con la tenaz seguri.
dad de un hombrecillo que se
va solo por la vida y no con•
tando con nadie, trabaja pa·
ra sí. Has tenido jamás un
padre1 Ni aun tienes una
vi_eja que te haga olvidar el
hambre, pegándote cuando
tornas sin un céntimo.
Pero tú trabajas para tí:
de pié en las callee, cubierta de trajee destefiidoe, he•
chos como los de un hombre,
tu flacura precoz y demaeia•
do ¡,,rande á tu edad, cantas
para comer, con encarnizamiento, sin bajar tus malignos ojos hasta los otros niños que juegan enel arrJyo.
Y tu qu~rella es taa alta,
tan alta, que la desnuda cabeza que se-levanta en el aire á medida que tu voz asciende, parece querer par~ir
de loa pequeftos 1.wmbros.
Hombrecillo, quien sabe
si no se irá algún d1a, cuan·
do, después de habtlr gritado
i.,rgo tiempo en las ciudades hayas cometido un criillen? un crimen no es muy
difícil de cometerse, ¡bah! es
1mficiente tener valor después del deseo, y loa que.....
Tu pequeñ.o rostro es enei-gico.

Una de las principales c:asas de los mormones en la c:olonia Porfirio Díaz.

Hace mucho tiempo que ee habló en la República de
•colonias mormónicas establecidas en Chihuahua y amparadas libremente por aquel progresista Gobierno. No
·faltó entonces quien se-ocupara, con criterio más ó menos justo, de esos extrafios emigrantes del vasto territorio de Utah, y quien pusiese el grito en el cielo, creyendo ingenuamente que el mormonismo iba á inv~dirnos
como una plaga y á dar al traste con todas les bases de
nuestro edificio religioso y social.
Nada de esto ha sucedido naturalmente, y si los resulrtado3 del establecimiento de tales colonias en el lejano

Estado de Chihuahua han dado lugar á algo, es sin duda á
un aplauso sincero para aquel Gobierno que abrió así una
nueva é inagotable fuente de riqueza eu un territorio
llamado á un gran porvenir en la República.
El mormonismo ha despertado siempre magnas curiosidades entre nosotros y como se nos ha pintado con los
colores más infieles, la idea que nos sugiere es frecuentemente fantasmagórica y absurda. Procuraremos fijar la
fisonomía de esta eecta, que no dejará labor tal de ser
instructiva y curiosa.
Constituye el mormonismo, como acabamos de decir•

..-------------~----

Ni un céntimo desciende
á la cesta de mimbre que
ruantiene tu larga mano sus·
pensa sobre tu pantalón: \e
volverán malo y un día co•
rueterás un crimen.
Tu cabeza se yergue siempre y quiere abandonarte como si de antemano lo supiese,
Señorita María de la Vega.-De Slnaloa. (Defolograjía Vulleto.)
en tanto que cantas con un
Si se toman las proporciones, si se compara la posibi- aspecto que se vuelve amenazador. Te dirá adios cuanlidad con el gasto y el sacrificio hecho con l()~ medios do pagues por mí, por los que valen menos que yo. Vedisponibles, los Rotschild, los príncipes de Sagan, los niete probablemente al mundo para eso y ayunas desmillonarios americanos y los lores ingleses resulta11 ca- de ahora; mallana te veremos en los periódicos.
lumniados; no son ellos los ostentosos, los lujosos, ni los
Oh! pobre cabecita!
rumbosos; sus caprichos y sus extravagancias, sus cuadros de maestros, sus caballos de sangre, sus perlas de
Golconda y sus diamantes del Brasil, resultan modestos,
.EL ]llSP.EJO
dados sus recursos, en comparación de los jaranos, los

. -:á

.J

zarapes, loe huipilis, y las tortillas y el pulque de ·nuestro
pueblo. Máá barato le resulta á Jay Gould su lujoso tren,
en relación con sus recursos, que á nuestra servidumbre
el modesto tranvía en que haca loa mandados, y Grammont Caderousse se pegaría un tito si la cuenta de su
sastre representara en el total de sus rentas lo que signi •
flcan las chaparreras y el sombrero galoneado de un mo·
zo de estribo.
Hay, pues, una profund&amp; injusticia en flagelar en cátedras y púlpitos el lujo de los ricos; lo que merece fla_gelarse firme y seguido es el lujo de los indigentes.
Doc:tor Manuel Flores.

-,-

( De Cárlos Baudelaire.)

·~i

v. :.li-

---1

/

1r

Un hombre espantoso entra y se mira en el cristal.
-«Por qué os mirai.á en el espejo, puesto que no podéis veros sino con disgusto?»
El hombre espantoso me responde:-«Sellor, según loa
inmortales principios de 89, todos los hombree son
iguales en derechos; así pues, poseo el derecho de mirar•
me; con placer ó disgusto, eso no atafie más que á mi
conoiencia.11
En nombre del buen sentido, yo tenla sin duda razón;
más bajo el punto de vista de la ley, él estaba en lo
justo.
Escuela. - Colonia

J uárez.

lo, una secta protestante, con su credo reformista, ni má.&amp;
ni menos que las otras ciento y tantas en que se divide
la religión luterana,. y si se distingue de una manera extrafia de todas las demás, es por el hecho, muy comentado ciertamente, de que admite en su seno la poligamia, ní
más ni menos que loe excelentes súbditos de Abdul
Hamid que tan preocupadas traen hoy por hoy á las grandes potencias.
Admisión semejante ha atraído sobre la secta mormó,
nica los anatemas de todos a1nellos que, educados en otro
medio, la juzgan flagr.rnte inmoralidad, hecha para disol-

�EL

44

MUNDO

Las colonias mormonas en~Chihuahua.-Mollno d~ aserrar ent~e I•• colonlaajuárez y Pacheco.

consejo de ancianos, ei nuestros iuiormee no mienten.
Desde luego es mal visto el joven que llegado al pleno
desarrollo no busca una compañera para su vida, un
aguijón para el trabajo noble que Je permita depoeitar
s11 grano de arena en la labor comun. Si habiendo for•
malo ya un hrigar pretende nueva esposa, debe dhigir•
ee al consejo de ancianos referido, exponer sus razones,
manifestar sus meJios de eubsi3~encia, las probabilida•
des con que cuenta para el porve:'.lir, eu grado de vigor
y de ealud y su anterior conducta. El concejo. vieto lo
anterior, resuelve.
Cnando un viejo pretende casarse con una joven, de•
**
¿Qué consideraciones han* p1esidido
11. la admisión de la berá comparecer iawb1ée ante el concejo, comprobando
poligamia en el seno de las trlbus ( llamémo3Jes así) mor· que posee ampliot weJ1os de subsistencia y asignándole
de antemano una cantidad que, al dt'jarla ( por razón na•
mónicas?
Muy otrás de las que rigen la poligal1lia mahometana. tura! ) viuda, le permita subsistir dtcoroeamtnte y al
El Oriental, organiemo eminentemente voluptuoso por amparo de todos loe peligroe.
religión y por heredismo, que ve en la hembra puramen·
*** loe morm ue~ t'Stll. constiComo se ve, el gc,bierno de
te una sierva, busca, al amparo jel amplio criterio corll.·
nico, una fuente de goces en el harem, y de elle-e nunca tuido por una autoridad com,&gt;letamente patriarcal, casi
sacio, aún se los imagina, fiado en las sagradas promesas,
más allá de la redondez de este valle de lágrimas, en 1111
cielo que es magno gineceo poblado de huríes de ojos de
esmeralda, encantadoramente obesas y perezosas. Pro
fandamente religioso, pero profandamente sensual al
mismo tiempo, porque su religion no es un credo de trie•
~za divina y de sacrificio excelso como la nuestra, ha
eabido amalgamar la embriaguez del placer 11. la embria
guez de la plegaria, y ora en el harem, como se pierde en
las voluptuosidades del éxtaeis.
No es hijo del mismo medio ni por ende obedece á las
mismas influencias religiosas y orgll.nicas el mormon.
Su fin al adoptar la poligamia, ha sido recto, supueeto
en cri~rio religioso. :So se ha propuesto como objetirn
el placer, sino la moralidad.
Pueblo relativamente raducido, patriarcal y solitario,
ha querido expulsar de su seno la prostitución, y no die•
poniendo para ello de los elementos que poseen las gran•
dee colectividades ( á pesar de los cuales sin embargo, no

ver los más sagrados vínculos sociales y conculcar lo~
más sabios precepios cristiano~; empero la gente de eere·
no criterio, p Pga, pero e.q~1irha; es decir, estudia concien•
zudamente la intención que precedió á la coetumbre y
el fin á que se pretende que conduzca.
Líbrenos Dios de abonar la poligamir. Hijos de un me·
dio religioso en que la mujer vive.subliwada por el Eva u·
gelio, hallamos que nada hay más moralizador y lícito
que la uni9n de un sólo hombre con una sola mujer en
matrimonio. Pero seancs dado investigar los orígenes
del hecho que es aquí cuerpo de diPputa.

han acertado más que ha reglamentarla) ó no ballándo
loe idoneos, quiso ampaI'l'r bajo el tranquilo techo dtl
hogar la debilidad femenina y legitimar la promi&amp;cuidnd
que de otra suerte hubiérase considerado criminosa.
Conocedor de la vereatilidad humana que tras poseer el
objeto codiciado, va hacia otro cou las mismas codicias,
intentó paliarla, legalizando todos los amores, y hacién•
dolee perder su aspecto de fruto prohibido.
Su criterio podrá eer erróneo, lo es de hecho, pero na.
die podrá poner en duda su sinceridad y lo ingenuo de
la in~nción que lo ha guiado.
Por otra parte, la poligamia estll. reglamentada en el
seno de la secta de que venimos ocupll.ndonoe, por un

una derivación de la disciplina y autoridad del padre defamiliae, origen de todas las formas gubernativas. El pa·
triarcado eficaz ea, ciertameute en la actualidad una utopía, más la utopía se realiza algunas veces en las pequefiae colectividades. El caracter de paz y cordialidad que•
revisten en el seno del mormonismo todas las relacio•
nea eocialeP, lo comprueba de sobra.
Ea un principio económico que todo pueblo que tiene·
múltiples exigencias, es eminentemente laborioso y prodncr.or.
As, nuestro pueblo, pésimamente educado y hecho por
ende á pasarse la vida de cualquier manera, es haragán,
perezoso y amigo de loe vicioe. No pretende mejorar
porque n? tiene nociones exacta de las comodidades d~
la vid1; no presiente las dulzuras del confort; no aprecia.
las satisfacciones del aseo; satisfechas sus necePidades
animales-y estas se eatisfacen con bien poco-E6lo aepi•
raya á la bolg1nza y se escatima aun el mísero pan de
cada día para hacer eea holganza con el aguardiente,
fructífera en placeres brutales y en delitos horrendos.
Cuando nuestro pueblo se eduque, si es que se educa
alguna vez, gracias 11. loe eefuen:os de los legisladores, a
la difusión amplia de la ins1rucción, á la propagación del
libro y de la ho¡a periódica m11y bara tos, se iniciará en
loe secretos de la comodidad, del confort, de la limpieza;
no le bastarán ya ni la estera donde reposan eus eueflo-;
congestionados por el alcohol, ni el sucio calzón de man•
ta que mal encubre sus carnes atezadas, ni la frazada
cómplice así de sus amores como de sus crímenee, ni el
tugurio leproso donde abriga su miserable vida:
A1,helará su parte en las prerrogativas del hombre culto;
querrll. á senLarse al festín de la civilización; deeeará
más de Jo que posee; es decir, tenclrá m&lt;Í.! e.,:ig_a wias y por
lo mismo intentará hacer más productiva la aplicación
de sus energíae, compitiendo con t.l obrero de fuera del
país, para que a,w1eu'e11 s11s jor,iah!s, y se traduzcan en
buena ropa, buena pitania y confortable hogar. Ya una.
vez en este terreno, acaso naciera en nuestro pueblo eee•
monstruo que ee apellida el eocialismo; más el socialismo,
producto de un proletariado relativamente culto; enferme·
dad terrible, pero enfermedad de una colectividad me·
dianamente civilizada, puesto que se siente atraída por
la utopía, es preferible á la abyección ..... .
El pueblo mormon, al contrario, es un pueblo de'.gran•
des exigencias, ya por el grado de su cultura, ya por la
índole de su organización. Por lo miemo ee distingue
por su laboriosidad y su producción.
Las breves pero expresivas líneas que en eu Memoriu
de la Admi,.is/raci6n púUica dtl Eq/ado de Chifwoltu,1:
(1896.) le coneagra el seflor Gobernador Ahumada bajo.
el título de ColoniaR, y en la sección de Folllento testifican
elocuentemente lo que decimos;
Helaeaquf:

---,

Las colonias mormonas en Chihushua.-Vlsta en Colonia Juárez.

COI.OXJA~

,

Hay cuatro colonias en el Estado, todas en el Distrito
Bravoe, que son «Colonia Jull.rez,11 •Colonia Pacheco,»
•Colo11ia Dublll.n" y «Colonia Dfaz,,,
La «Color.ia Juárez• fué fundada en Enero de 188i con
275 colonos, y según el último informe rendido en Mar•
zo del afio próximo pasado, cuenta ya con miie de SOO
habitantes de diversas nacionalidades. Tiene la colonia
una escuela de ambos sexo,, á la que concurren lSi alum•
nos, cuyos adelantos son muy satisfactorios, pues además
de loe ramos de instrucción primaria ee les eoeeflan otros
pertenecientes á la 1:.ecundaria. Sus colonos se dedican
principalmente á la agri cultura, horticultura y ganade•
ría, disponiendo pua el cultivo de -100 hectáreas de te·
rreno. Tienen un establecimiento de abarrotes con capi•
tal de $i,OOO.OO. un molino de harina, un molino de aserrar, una tenería, una talabartería, dos zapa~r!as, una
fábrica de muebles y una fiibrka de hacer queso.
La «Colonia Pacheco" fué establecida en 1887, con 125
colonos de diversa nacionalidad,'y ahora cuenta 400, col•
tivll.ndose en ella 150 her.tareas de terreno. Sus principa•
lee indnstriae son: un molino de aeerrar, otro de maíz,
tres fll.bricas para hacer queeos y una para hacer 1ejama•
ni!. Tiene una escuela de ambos sexos, ii la que concu•
rren 80 alumnos con adelantos eatiefactorioe.
La «Colonia Diaz,n fué establecida en 1880 con i5 colo·
noe, procedentes de loe Estados Unidos del Xorte, y en
la actualidad cuenta con 609 habitaoteP. Se dedican los
colonos á la agricultul'll, horticultura y gana1ería, culti•
vándoee 500 hectll.reas de terreno, y empleándose para el
regadl.o 21 motores de viento y una atarjea procedente

del acueducto de «La Palotada.n Se co~echa trigo, frijol,
maíz y otros productos.
La industria estii representada por tres carpinterías,
una tonelería, tres fraguas, dos fábricas de escobas, una
de dulces, una zapaterla, dos molinos de trigo, cuatro
trapiches para hacer miel y una tienda mixta. Hay una
escuela atendida por cuatro profesores, á la que concu·
rreo por término mediv 180 alumnos de ambos sexos.
Tiene dicha colonia 526 caballos, 2,522 cabezas je ga·
nado vacuno y 349 de porcino.
En Septiembre último visité esa colonia, y tuve oca•
sión de cerciorarme de que e3a nueva población progre ea
rápidamente y de que sus colonos en general son bon•
radoe y laboriosos.
Loe ~rrenoe improductivos, bajo la . mano hll.bil de
eeoe colonos solitarios, segregados de todos sus compa•
triotae, han florecido y verdegaeado con loe dones de la
abundancia.
De la arboleda vigorosa, merced á la solicitud contínua, surge la flecha de la torre del templo donde todos
aquellos trabajadores profundamenté religiosos ee congregan para orar. Aquí y ahi deetácanse los chalets pintorescos, frescos y vivos, y por donde quiera se advierte
el hormigueo y la barbuya de las grandes legiones infan•
titee, que dejan oir en la amplia y a~eada escuela su su.
eurro de abejad y atraviesan el ambiente manso de las
alamedas y de los prados con sus gritos de j'.ibilo.
En las colonias mormonas abundan naturalmente los
nifioe, y soo ellos la intensa nota alegre de aquella paz
que desciende sobre el caserío, sobre las fábricas, sobre

La• colonias mormonas en Chihuahua.-Coionia Diaz,
Las colonias mormonas en Chihuahua.-Puente de alambre en Colonia Juárcz.

45

EL MUNDO

DOMINGO IS de JULIO de 18~7

el molino, sobre loe hogaree, sobre los aérea y cobre las
cosas, realizando la promesa de los 11.ogeles amigos de loe .
pastoree:
¡Paz á los hombres de buena Toluntad!

OTRO PAGO DE $13,595.00 DE. "LA MUTUA"

EN TAPACHULA

Tapachula, Junio 6 de 1897.
Sr. D. Carlos Sommer,
Director General de «La Mutua.•-México.
Muy estimado eeflor:
Hoy cumplo con 1111 deber de gratitud para con usted
y para la Compafl.ía al digno cargo de usted, certificando
que con toda prontitud me ha sido satisfecho el importe
de la poliza número 780,9i0 por valor de... $ 6,413.16 oro.
cambio sobre Nueva York ........................ 7,182.79 ,
Total... ... $ 13,595.95
la cual tomó mi finado esposo, el FlES:OR Eumo SANDOVAL,
el día primero de Septiembre de 1806. Hago especial
mención del hecho de que sin embargo que vivo en una
hacienda en Guatemala-lejos de vías de comunicacio•
nea directas-me ha sido pagado el importe de la póliza
á los ocho días de haber fallecido mi esposo.
Con sumo gueto veré si por medio de la prensa ee dé á
conocer en todas partee este hecho que habla en favor
de la exacfüud de la Compaflía.
Soy de usted afma. y agradecida,
TRISIOAD M. VIUDA DE SA...'íDOVAL.

�DOMINGO 18 de JULIO de 1897

46

47

EL MUNDO

'DOMINGO 18 DE JULIO DE 1897

EL MUNDO

-===:..===============================================================-~==-====-EN EL HAil.E
Ya la suave orquesta preludia sus notas,
Ya ea tiempo que muevas tu menudo pié,
Al compás gracioso de tiernas gavotas
O al ritmo pausado de grave minué.
Cuando en la pavana tu frente ee inclina,
Tu frente tan pura como flor de lis,
Eres á mis ojos una bailarina
De !a edad de oro del grande rey Luis.
Tienes, cuando avanzas con noble donaire,
Entre loe murmullos de la a imiración,
El paso de Eugenia, de b E,ituardo el aire,
Y la donosura de la Maintenon.
¡Oh linda princesa! Tienes la ele~ancia
De la incomparable Luisa La Valliere,
El porte de aquellas «Preciosas» de Francia,
De quienes en vano se burló Moliere.
¿No sientes ¡oh hermosa! del baile en los giros
Pasar una brisa de blando rumor?
¿No escuchas un eco de vagos suepiros,
Algo como un ténue sollozo de amor?

El oro de las blondas cabelleras
que del eJl á los rayos tiembla y ríe,
y esa risa que en horas placenteras
vagamente en-los labios se deslíe.
Y aún más, la floración que en tu semblante
ee aviva tremulante
como en el alba la eedefia rosa¡
amo tu risa que el candor retrata,
amo tu suave luz, tu carilloea
mirada celestial, húmeda y grata.
RÍE

:Ríe, ríe, cual ríen tus cabellos,
del sol á los destellos¡
vierta en tu faz la risa sus sonrojos,
y sus astros radiantes, en loe bellos
espacios infinitos de tus ojos.
Aum,tro GoNZÁLEZ CARRASCO.

Julio de 189i.

LEYENDA RUSA

Mientras los acordes suenan en las calles
Y en las alamedas del bello jardín,
Van tus movimiel'.ltos, ninfa de Versalles,
Siguiendo los ritmos del dulce violín.
Pero hay un acento que llega á tu oído,
Cual postrer suspiro de alguien que murió,
Como débil eco de triste sonido,
Como la memoria de algo que pasó.
¿No sientes un aire que agita tu falda,
Resbala en tu cuello de terao marfil,
Te ciñe los brazos, ondula en tu espalda
Y luego acaricia tu labio gentil?
Yo soy, virgen pura, yo soy quien suspira,
Yo soy quien se muere de pena y dolor,
Yo soy quien te beea, yo soy quien delira,
Yo soy quien sucumbe de.heridas de amor.
No temas.... Ya ea tarde.... Ya todo ha concluido....
Yo soy el pasado, yo soy lo que fué:
No vuelve eue presas el mar del olvido,
Ni brilla dos veces la luz de la fé.
Tan sólo he querido poner una rosa
A tu pie de Venus que Fidias soñó:
Así ante la~ plantas de una reina hermosa
Buckingbam rendido perlas arrojó.
Ya la suave orquesta preludia sus notas,
Ya ea tiempo que muevas tu menudo pie,
Al compás gracioso de tiernas gavotas
O al ritmo pausado de grave minué.
ÁDALBERTO A. ESTEVA.

Julio de 1897.
INTIMA
A Amado Nervo.

Soy taciturno! .... .. Amo la~ ruinas y los misterios,
Y las tristezas ........ .
Por eso á veces en mi alma tengo todo el perfume
. De las violetas.
Soy ambicioso!.. .... Busco la gloria, y los honores
Y la 1iqueza........ .
Por eso en m~ alma ta.nbién se yerguen las a úreas flores:
Las crisantemas.
Soy el poeta de Isa nostalgias, de los pesares,
De las ausencias ........ .
Por eso traigo también myoeotia de las brumosas .
Rhinianae selvas.
A veces sueño con las penumbras, con los misterios
Y con las ruinas de loe torreones y las iglesias!.. ...... .
A. veces sueño con los honores y con la gloria,
Con los diamantes y loe rubíes y las turquezas!. ....... .
Y á veces canto ...... Y entonces mi alma perdida flota
Entre las sombras de las brumosas RL.inianas selvas!... ..
PEDRO R. ZA VALA,
Julio de 1897.

SONRISAS
Oh, la sonrisa tímida que baña
la faz en auroralee floraciones!
¡Oh, la sonrisa celestial, que entraña
un mundo de ilusiones!
Oh, las dulces sonrisas, que el tesoro
del mar, derraman en la abierta boca
-timbre al que arranca el gozo si Jo toca
su vibración de oro.'

L príncipe, el joven príncipe

tan hermoso como un rey, es•
tá mortalmente herido.
Cuando andaba de caza por
los boequeP, distraído con el
recuerdo de las doradas trenzas de rn mujer, fué acometido
por un jabalí que le atravesó
con rns colmilloe,
Allí está tan pálido como un
manojo de jazmines, tendido
sobre la cama eneangrentada.
Al rededor de la cama están llorando tres mujeres: la
madre, la he1mana y la eapoea.
«Vamos corriendc-, dice la madre, á casa del nigromante que vive retraído en lo más recóndito Je los boequee.
«Nadie más que él puede hacer un bálsamo que cure á
mi hijo.»
Cuando llegaron á casa del nigromante, éste les habló
así:
- Puedo daros un bálsamo que curará al príncipe, pe•
ro es preciso que me deis en pago de ese báleamo, tú, la
madre, ti! brazo derecho; tú, la hermana, tu mano blanca con el aníllo en el dedo; y tú, la espoea, tu trenza dorada.
La madre dijo: ¿Nada más que eso? Y dió ea brazo derecho.
La hermana dijo: toma mi mano blanca con el anillo
en el dedo.
•
Pero la esposa dijo sollozando:
tAhl ¿Tener qué cortar mi trenza dorada?..... .
No puedo :!ar mi trenza dorada.
Y el nigromonte ee quedó con el bálsamo.
Y el príncipe murió.
Allí están las tres mujeres llorando junto al cadáver.
. La madre llora sosteniendo la cabeza de su hijo que·
ndo.
La hermana llora á loe pies del príncipe.
Y la füpoea junto al corazón.
Junto al corazón que pal¡;itó con un amor tan tierno
por sus trenzas doradas.
Y en el sitio donde lloraba la madre...... brotó un río
de ondas inmoroales. el cual está corriendo todavía.
Donde lloraba la hermana brotó un manatía!.
Pero donde lloraba la esposa se formó un charquito
que se secó en cuanto le dió el sol.

¡ADIOSI ¡ADIOSI

A.llá en la playa quedó la niña.
¡Arriba el ancla! ¡Se va el vapor!
el marinero canta entre dientes,
Se hunde en el agua trémulo el sol.
¡Adiós!, ¡adiós!
Sola, llorando eobre las olas,
mira quti vuela la embarcación¡
aún me hace señas con el pa:ñuelo
desde la piedra donde quedó.
tA!lióel, ¡ad\6el
Vistió de negro la nifia hermosa..... .
¡Las despedidas tan tristes son!
Llevaba suelta la cabellera
y en las pupilas llanto y amor.
¡A.diósl, ¡adióel
BuBÉN DAaio.

Oh, las sonrisas mágicas, que aumentan
la devorante llama del deseo
con eléctrica chispa, y acreci~ntan
de loe pechos gozosos en que alientan
el leve balanct:o!
Yo amo las sonrisas que se prenden
como u~a flor, sobre los labios rojos,
y son vivos relámpagos que encienden
la noche entenebrida de unos ojos.
Yo amo las sonrisas ideales
que t&gt;stallan en sonoras carcajadas
coml heridos cristales¡
'

LA FLOR DEL AMOR

AS blancas naves, con sus velas

tendidas, se deslizaban silenciosas
por el mar tranquilo, una noche
de otoño, tibia y embalsamada
por el perfume de las floree.
Fulque11 el Magnífico, seil.or de
Fréjus, de l\fontsegur y de .Minerva, ee ha embarcado en la mayor
de todas, en la que lleva en la proa
las imágenes de Marte y María.
Los remeros cantan salmos al compás de sus remos,
para conjurar la tormenta.
Sea que el remordimiento de faltas cometidas turbase
eu conciencia, haciéndole temer la eterna condenación,
6 que antiguas visiones de esclavas, de las que entretenían eua ocios con bailes provocativos ó con suaves instrumentos, arrullasen su sue:ño, atrajesen su espíritu
aventurero, lo cierto es que abandonaba al partir, eu
hermoso castillo, coronado de torres esbeltas y rodeado
de frondosos jardines, y la rubia dama de azules y eofladoree ojos que compartía con él tanta magnificencia.
Desde entonces la bella Rosamunda esperó impaciente
al señor, que no volvía, y que tal vez había encontrado
la muerte en lejana tierra, sin que ella le prodigase sus
cuidados, ni mano amiga cerrase sus ojos.
Sus brazos ociosos ca1an inertes á lo largo de su cuerpo
que adelgazaba¡ sus labios rojos parecían una flor abandonada, y sus ojos cambiaban su color de zafiro por el
pá !ido de las turquezae.
Su único adorno era el anillo nupcial, que parecía re•
cordar sus deberes y librarla de tentaciones.
Nadie traía noticias del esposo ausente. Ni los pere•
grinos que llegaban de lejanas tierras, y q'ue siempre encontraron generosa hospitalidad en el castillo, ni los caballeros errantes que, mientras reposaban, calentaban
sus ateridos cuerpos, en la enorme chimenea en que los
escuderos .y los pajee escuchaban entusiasmados, narra•
ciones de recientes combates; nadie babia oído hablar
del castellano.
La pobre abandonada, á nadie quería ver. Sólo el paje
.Aymerillot la entretenía con sus cuentos. El enamorado
mancebo ocultaba su pasión, aunque no tan bien que su
señora no la descubriese.
Sentíaee feliz á sus pies, cuando ella, distraída, j ugaba con sus rizados cabellos, y sus blancas manos rozaban
su ardo1osa frente.
La noble castellana temiendo tal vez sucumbirá la tentación, resolvió alejar al enamorado pajecillo. Una no•
che en que juntos contemplaban la luna que se reflejaba en
el lago, elL1, señalando el cielo: Hay allá arriba-dijouna estrella, en la que brota la flor que produce el amor,
que preserva de la horrible vejez¡ ve á buscarla, y te
prometo, si la consigues, corresponder á tu cariño.

llay rubias, como tú, tan verdaderas,
Que, al esparcir el dJ'a sus destellos,
Parece que las mismas hechiceras
Cortan rayos del sol con las tijeras
Y después os los ponen por cabellos.
CAMPO AMOR.

A luna penetraba en la caver·

•

II
.A.ymerillot salió com'&gt; loco, y subiendo á la torre más
alta, maldijo la pequeñez humana. 1Quién tuviese alas
para conquistar la flor preciosa que le hiciera dueño del
amor de Roeamunda! Y, sin darse cuenta, el pajecillo ee
encontró flotando sobre el abismo y las nubes, envolviéndole en gironee de encaje, le arrastraron, entonando un
himno triunfal, acompañado de harpas invisibles que
producían arwonlas dulcísimas.
Y atravesando el espacio azul, las hadas depositaron
al paje dormido sobre la estrella en que florece la flor
lla del amor: en el planeta Venus.

III
Aymerillot, cual otro Hércules domador de monstruos,
triunfaba de las esfinges que surgían de loe antros tene•
broeoe, resolviendo enigmas complicados, venciendo
dragonee que se revolvían furiosos contra el filo de su
espada, y atrayéndoles en su persecución hacia lagos de
fu•go, de los que surgían Floranuyes que modulaban fraet:s dulcísimas y tentadoras y de las que ee exhalaban
perfumee embriagadores que producían vértigo. Y estre•
chando contra el pecho la flor conseguida con tanto afán,
se encontró en un valle risueño. Hacía largos años que
luchaba, ensangrentado el cuerpo y el alma desconeola•
da. P11recíale haber vivido siglos desde que luchaba por
conse,iuir el cariflo de Roeamundll..
Dejóse caer desfallecido sobre el blando césped y á la
puerta de una choza, bajo un emparrado de dorada e uvas,
apareció una joven ideal, de largos y sedosos rizos, cuya
blanc.1 vestidura parec!a rodearla de un nimbode pureza¡
tendió su~ manos temblorosas hacia la flor que Aymeri •
llot llevaba en las suyas, ofreciendo en cambio sus rojos
labios. Nocambiaron una palabra, pero al seflalarle un si•
tio en el tronco tronchado de un árbol, donde ella se sen•
taba, él comprendió que allí, á eu lado, estaba la paz y la
felicidad. Y besando aquellos labios virginales, el paje
ofreció la flor conseguida á costa de tantas penas, olvi·
dando su primer sueño de amor.

IV
RUBIAS

Oriana el hada era terror de los pastores.
Vagamente e11treYlst0sen su antro azuloso,
Dormlan encantados y lacio~, luchadores,
de casco majestuoso.

Las blancas velas no volvieron á aparecer en el horizonte trayendo al navegante esposo de Rosamunda.
E, rubio pajecillo tampoco acudió á las llamadas que
en lasnucheade luna se exhalaban del corazón solitario de
la dama; eue cabellos encanecfan y sus azules ojos, cansa·
dos de contemplar las estrellas y cegados por el llanto,
como loe cirios azotados por la lluvia, y aunque ain ver·
la, siguieron fijos en el sitio donde brilló la estrella que
produce la flor del amor.

•

•

na lentejueleando de fnlgo•
res azulados las paredes de la
roca incrustadas de mica¡ una
móvil cortina de hiedra, obstruía la entrada, salpicada
aquí y allí de grandes floree
de clemátidae semejantf!le á las estcellae: inextricables y
il.ex1blee mallas de hojas y de corolas, á través de las
cuales los claros y el bosque aparecían todos blancrs,
con el blanco tremulo del astro sobre las cimas pálidas
de loe castaños.
Sostenida por tres pilastras de basalto, la gruta sehun·
día en un claro-oscuro de euei'io, invadido por todas partee,
de guías, de madreselvas y de alto3 helechos, cuyas pal•
mas dentadas brillaban de una manera extraña¡ pgr don·
de quiera de las hendiduras de las bóvedas, de las griPtas
de los pilares y de las del suelo, había surgido una inquie•
tante vegetacióll, como luminosa: eran escaramujos,
eglantinae, regueros de lúpulo, espumantee cicutas, y
otras grandes vegetaciones, de bojas de terciopelo glauco;
y todo eso se enredaba, se encaramaba, volvía á caer¡ se
estrechaba una planta á la otra planta y trepaba al mus·
go, débilmente palpitante con el extremecimiento de loe
tallos y de la vida de las savias bajo el azul claro de luna
deslizado ahí desde afuera. .
Algunas veces en los castaños del claro susurraba un
murmullo ligero que era la respiración de la floresta dor·
mida, después la brisa iba más lejos á atormentar algu•
nos nidos en las malezas y un gran relincho desgarraba
el silencio: nn rebaño de caballos salvajes pasaba al ga·
lope, con la grupa moirée bajo la luna, entre las hojas removidas. ·
El bosque estaba lleno ae esas manadas de caballos y
de garañones indomables; bollábanlo en todos sentidos
coa un gran estruendo de ramas quebradas, erraban á la
aventura con el pecho blanco de espuma y la crin esparcí•
da, reunidos en redor del más viejo garañón de la banda
y en las noches de primavera, en la época del celo, combatían furiosamente basta el alba y se mordían el vientre con rugidos de que se asustaban los nidos en las malezas y los éorzos en sus guaridas, y el bosque era inabordable á -causa de esos innumerables caballos salvajes
que la guardaban, prontos á arrojarse sobre el hombre y
pisotearlo.

En la caverna loe espinos y las altas yedras continua•
ban vegetaodo,. gotitas de plata perlaban la'! hojas de las
madreselvas alumbradas por la luna¡ en las mall~s de
la yedra las floree de las clemátidae parecían abrirse más
grandes y como loe copos de escarcha brillaban esponjadas ea los malezalee de espinos baj &gt; los cuales entonces
encend!anse oros rojizos y aceros; y he aquí que de el
tejido de los espinos y de las lianas, eu•gfa una magnífica flóración de espadas. Eran espadas célticas de puño
enorme, tizonas góticas de dos gavilanes, completamente
re•tae, espadas sarracenas de lámina encorvada y lanzas
anglo-sajonas.
Y he aquí que surgían tambien como olvidados ahí
después de una batalla, arcos extendidos, carcajee y flechas clavadas aquí y ahí en las ramas como hostiles flores¡ y he aquí que las zarsas al cruzarse, balanceaban
adargas y cascos en que la luna se reflejaba así como en
las espejos; deshojábanse los pétalos de las eglantiuas encarnadas y bajo aquolla flora de hierro, emerglan lentamente de la sombra rostros en éxtasis de guerreros dormidos.
Cráneos sin cabellera y rizado~ bucles rubios, perfiles
chatos y belfos sonrientes de atrevidos paganos de piel
morena, luengos párpados dejando filtrar 1a mirada azul,
para siempre inmobil de algúo hijo de raza normanda.
Anchas espaldas de guerreros godos, torsos delgados de
caballeros eajvnee, barbas canas de viejos experimentados
y rostroe imberbes y rosas, casi angélicos, de jóvenes pajee¡ bien son cien los dormidos eo la gruta de refltljos me·
tálicoe, bajo la flora de acero de sus armas para siempre
cautivas de la~ lianas y de las zar~as; los ~aballeros y los
varones, loe paladim~e y los pi,ataa, los reyes cristianos
Y. l?s perros musulma~es, los efebos de rubio pelo y loe
v1eJos escuderos, un mismo ensueño encanta sus ojos ce·
rrados y nimba sus frentes de éxtasis. Extendidos en cien
di versas posturas, los unos echados hacia atrás, los otros
con la cabeza oculta entre los braioe y el vientre contra
la tierra, todos han guardado el mismo gesto de aioración, de plegaría delirante, porq11e todos uneneus manos
y se siente que ·han debido dormirse con la mirada fija
en la misma visión y en los labios el mismo nombre im•
plorado: ¡Oriana!
Y he aq1,1í que evocada y vuelta por fin tangible por el
deseo de .sus amantes, Oriana misma aparece en la sombra hechizada de la gruta, que ilumina apareciendo.
De pie, en medio de una aureola de fulgores lacteos y
temblorosos, tal es el.halo en que se cierne la luna en loe
cielos lluviosos, apoya su desnudez de hada en los huecos
transparentes de una cátedra de hielo¡ las estalactitas la
rodean y tres gradas de cristal de roca extienden su humedad glauca á eue pies. Tudo en ella tiene reflejos de
nieve y de nácar¡ la lívida y pesada cabellera que Je gol·
pea loe talones, tiene el imperceptible matiz d~l oro de la
escarchaque loefuegoe del alba desfloran y toda su deenu·
dez brilla como una perla, una fabu •
losa perla cuyo oriente apenas radiaría en la punta de loe senos."en las
uñas .de loe pies y de lae manos, pa•
ra a v1 varee más rosa, en una rosa de
flor que se abre, en el sitio de los labios, ahí doi;de descansa el beso.
Cautiva de sus deseos, como ellos
están cautivos de eu hermosura,
Oriana se cimbra y mueve lentamente bajo su cabellera de claro de lu ·
na, se estira voluptuosa, después se
inclina deslumbrada hacia un pequeflo eepejo oval que mantiene en
una mano; ópalo misterioso en el
fondo del cual aparece y se desvane •
ce á intervalos la füonomfa de ple•
garia de cada uno de loe guerreros.
Cuántos años hace que ella los retiene, inmóviles y mudos, paralizados de la vida, casi convertidos en
fantasmas entre loe espinos y las
guías de sus antros! Los unos hace
cien años, loe otros cincuenta¡ los
hay que duermen hace veinte invier•
nos y otros hace un mee: es todo un

R ENE MA!ZEROY.

•

siglo de amor y de avideces locas que dormita ahí, en el
fondo del bosque, vagamente apaciguado, merced á un
sueño que loa suprime del mundo y los defiende contra
la muerte.
'
Cada uno de todos esos que duermen ahí, extasiados,
y con las manos juntas, ha venido ea una hermosa mañana de Abril ó en alguna tibia noche de otoño, con el
casco en la frente y la esperanza en el corazón, á tocar
con el puño de la espada el dintel de la caverna; ahí han
echado pie á tierra, han atado su caballo á alguna encina. y después, balbucientes de amor, han entrado.
Y el caballo, fatigado de esperarlos, después deíhaber
agotado las bojas del arbol y :a hierba del suelo, ha roto su ligadura y ha huido por el bosque; se ha vuelto
ealvaje y habiendo encontrado el potro del guerrero de
ayer al palafrén del guerrero de hoy, las manadas de caballo~ galopan ahora furiosos con la grupa aterciopelada
bajo la luna por el nocturno bosque que despiertagrandee crujidos de ramas muertas.

Ahora bien, aquella hermosa noche de Julio, en medio
del ensueño de la floreeta llt&gt;na de cálices y de la adc,ra•
ci6n dormitante de sus eoamoradoe, Oriana está triste;
allá, lejos, loe rebaños de caballos pueden relinchar, ella
sabe que el bosque ya no es inabordable y que los tiempos han cambia to. C" n lierotl incorruptible, educado
por los mo!)jes en la ira y el horror de la mujer; un fiero
adolescente de corazón feroz y de manos puras acaba de
penetrarlo¡ ha franqueado ya ]aij lbdee y, firme en la si•
lla, encascado y acoraiado de plata mate, triste y tierno
bajo el cielo luna'r , como lo está la tierna luna, avanza
lenta pero seguramente á través de la hierba corta de
los senderos y de la avena loca de loe claros, los claros
embalsamados de su floresta, donde ella no irá ya á voltejear, abeja en pleno medio día y libélula al crepúsculo, porque el cruel efebo lleva en su mano dere..:ha la liberación y en la siniestra la muerte.
La liberación para ellos, la muerte para ella, peor que
la muerte, ia vejez, que es de seguro la. muerte de Jas
mujeres y de las hadas, puesto que extingue el amor y
mata el deseo.
Y Oriana se inclina para eonreirse una postrera vez
aún, sobre el espejo de ópalo que ya se opaca¡ y después
de todo, qué ha hecho ella .á esos monjes? ella el embe•
leso y el encanto de las miradas, la alegría de la naturaleza, ya fuese rayo, córola, ala vibrante ó mujer, ¿qué ha
hecho para que ee le suscite ese duro vencedor? Loe
tiempos han cambiado y cmtra ese todos aue lazos serán
vanos. Lo sabe de antemano Oriana, porque él viene hacia ella endurecidp de ira y flameante de rencor, como
vengador y justiciero¡ dettista y aborrece su hermosura,
que ha hecho esclavos á los otros, y menos p)r librarlos

�DOMINGO 18 DE JULIO DE

EL MUNDO

que por castigarla ha emprendido ese peligroso viaje;
porque en el fondo de su corazón deEprec1a á esos heroes
á quienes una mujer ha podido vencer y su odio por ella
ee exaspera aun con su desprecio poreu cobardía; y el
cruel adolescente ee aproxima de hora en hora, un buho

cómplice le guía por el bosque, volando ante él de ar•
bol en arbol.
De pie, sobre su trono de hierro, desde el fondo de su
gruta crepuscular, Oriana oía ulular al horroroso pájaro
nocturno, escuchó Eepararee las ramas, chocar el pomo
de la espada contra la silla y cada paso del caballo retemblaba sobre su corazón.

MADRID
(Versión libre de Alfredo de Musset. )

Madrid, princesa de las Eapañas,
en tus floridas verdea campañas
que el sol, que mata sus resplandores,
envuelve en leves nácares tttle~,
brillan radiantes y encantadores
ojos muy negros y ojos azulee.
Ciudad hermoPa de las verbenas,
de los romances de amantes penas,
de las tapadas, loe galanteos.
¡cuántos pieP blancos como jazmines
huellan las fiores de tus jardines,
alzan el polvo de tus paseos!
Ven en la plaza tus picadorés
mli rebocillos provocadores,
mil blancas manos que palmotean
cuando loa toroe, embravecidos,
la arena escarban, el lomo arquean,
braman, embisten y huyen heridos.
Ven loa luceros en tus callejas
furtivas sombras junto á las rejas,
ven embozados tus caballeros,
ven que de prisa y enamoradas
la obscura calle cruzan tapadas
damas que llevan eue escuderos.
Madrid, asilo de la ventura,
Madrid, emporio de la hermosura,
calado alcazar que maravillas
con tus pafacios y tus jardines,
las blancas blondas de las mantillas
y el negro raso de los chapines:
todas tus rubías y tuli morenas,
las que caminan de gracia llenas,
cimbrando el talle, la cara ufana,
juntas no valen lo que un cabello
de aquellas crenchas que sobre el cuello
deja caidae mi sevillana.
Es una blanca, rubia eepafioia,
joven y viuda que vive sola:
-calle escondida, vetusta casa,
po::tón ferrado, duefia que cela.Si el rey la ha visto y amor le abrasa,
no fíe en el oro de su escarcela.
Llame y ... aguarde, si así lo quiere;
llame cien veces, y desespere:
á tocilaa horas silencio grave,
calle desierta, puerta cerrada;
pero si llego, mi enamorada
quita el cerrojo, tuerce la llave;
Porque me arrulla cuando me besa,
porque ea la blanca rubia princesa
que ha coronado mi fantasía,
ágil, flexible, siempre nerviosa,
demonio y ángel, avispa y rosa,
donaire y fuego de Andalucía.
Oae en mis brazos y se estremece,
beso sus ojos y desfallece:
con soplo ardien te su pecho late,

Cieno, ella pudo extraviarlo con hábiles espejismos,
con ilusiones y vanas apariencias, retardar su marcha á
travésdeinextricables malezalea y de imprevistos pantanos, podría ella misma tomar una forma fugitiva, bestia
fiera, pájaro ó fior. Mas para qué! Los tiempos batían
cambiado; de antemano estaba vencida. Era el Cristo
quien marchaba con ese nifio, el Cristo enemigo de la
alegria, del placer y del amor; era El quien había suscitado contra ella á ese verdugo con rostro de arcangel y
he aquí que dos lágrimas perlaban los ángulos de loe
ojos pálidos del bada y que ee enternecía del todo el brillo de rn eepejo. La dulce Oriana se sabía sin defensa:
amaba á eu vencedor......
En ese momento una inmensa claridad llenaba la gruta. Con el filo de eu eepada un hombre acababa de des•
garrar la móvil cortina de lianas que guardaba el dintel.
Como lamida de plata por la luna, una esbelta silueta
negra se erguía sobre el claro, una silueta encascada, donde un buho vivo, posado sobre la cimera, desplegaba sus
grandeé alas. Amadis tocó tres veces el cuerno con toda
la fuerza de sus pulmones, y tomando por la lámina eu
espada, llevándola en· forma de cruz ante sí, pénetró al
antro.
-Por el Cristo todo poderoso y Nuestra Sefíora la Virgen, que los ojos que ha turbado el Maldito, se aclaren
y que se levanten, libres en en fin, los h éroes cristianos
que retiene el peso de los maleficios.
Y habiéndose levantado loe cuerpos extendidos ahí
con un gran ruido de fierros, Amadis vió que . bajo sus
armaduras herrumbrosas y die. regadas los seres apareci·
dos entre las floree y las plantas, tenían todoe, ó fases
verdosas de cadáveres ó cráneos de esqueletos lucientes,
y Amadie á su pesar retrocedió. Con un siniestro chocar,
las tibias se ensamblaban á los fémures y las carnea
blandujas se deshacían con un ruido flojo la presión de
los dedos crispados y secos; u11 olor de carne descompuesta penetraba todo; la at,.oz visión no duró más que
un instante. Después de un bullimiento para ponerae de
pie,-las larvas de loa valientes habían caído en las roa•
lezas donde los cadáveres se desleían lentamente. El
exorcismo de Amadis no había despertado pm,a mas que
la podredumbre desde bacía largo tiempo ya presa de loa
gusanos, y reto el encanto había dejado correr-tal como
un dique roto-una humanidad madura para la tumba.
Uno solo, un esqueleto que se quedó sentado sobre su
apoyo, hacía muecas con una risa muda bajo un rayo de
luna, con las vértebras presas entre una eglantina en
flor.
De pie en medio del osario, Amadis se sentía mortalmente triste; entonces Oriana:

rompe violenta los dulces lazos,
y en las delicias de tal combate
huye y se escapa de entre mis brazoe.
¿Qué me hizo duefio de su hermosura?
¿Qué me h~ valido tanta ventura?
Mi árabe y negra cabalgadura,
su caeco de oro, eu estampa real. .. ,
mis alabanzas para Sevilla...... ,
mis cumplimientos li su mantilla,
y aquella dulce miel con vainilla
de aquella tarde de Carnaval.
A GUSTIN

F.

C UENCA.

-De qué sirve tu valor?-le dijo-Ellos sofiaban y vi-vían de sus sueftos. Este sabía bien lo que hacía al conducirte aquí-y con su mano temblorosa y rígida ya,
convertida en una mano de vieja, el hada designaba a~
buho-«Tú le has preparado su pasto» Entonces Amadh
la miró: Pobre Oriana! Su cabellera se h\\bía vuelto gril
y enconada, desdentada, osijosa, plegada en dos, rotR,
con el aire de un espectro, ella misma, con su piel color
de ceniza y sus ojos blancos de cataratas entre sus cejas
sangrientas, Oriana- esa desnudez hacía un momentl)
nacarada, como una perla, tendía hacia el héroe un largo brazo de Sibila y con una voz doliente:
-Y yo que te había hecho? Yo tenía la edad de st1~
ilusiones y sus deseos me hacían joven. Bella con Pn
amor, sonreía á su ensuefto y mi sonrisa los guardaba
contra la muerte sonriéndola; ahora el número de los
afios olvidados cerca de mí y el peso de sus penas roe
abruman, su despertar me ha envejecido en mil años y
heme aquí condenada durante mil afios á la vida horrible y triete, que cada uno de ellos debía vivir aquí abajo. Oh, desgraciado nifio, la última ilusión que tenían
aun los hombres florecía en este bosque y eres tu quien
la ha muerto.
Y dicho est(! desapareció!

EL álbum dedos her•

mobae nifias, para
quienes fué escrita,
traducimos á conti·
nuación La ltyend,a·de
la luna, de Elena Vacareecu, la bella y
desgraciada amiga de
la reina de Rumania.
Esta leyenda perte·
nece á las Rapsodw
de Dimbovüza, y Carmen Sylva, en el prefacio de la edición alemana, dice que
su ilustrada dama de honor la recojió de los labios miemos de Cobzar, trovador rumano, de loe que suelen cantar acompafiándoee en el rnandolino ó el laúd.
La tradución en prosa ea preferible á la interpretación
versificada, pues se trata de una especie de melopea sin
consonantes, que difícilmente hallaría su equivalente en
la poesía castellana.
He aquí la leyenda:
La luna teme que aa1ga el sol, pues él solo sabe el mis•
terio de su palidez. Y la luna teme que á la hora del alba confíe á álguien el secreto. Por esw, tan pronto como
sale el sol, la luna se esconde, en la esperanza de que así
llegará á olvidarse de ella.
Mas yo soy el Cobzar, hermano del sol, y él me ha en·eefiado el arte de ir anunciando entre los hombree cómo
él ha dado el canto á los pájaros y cómo hace madurar
la fruta y verdear la selva.
Yo solo conozco el misterio; yo solo sé por qué la luna
es tan blanca.
Ua día foé, en que la luna era el corazón de una niña
donde alegre cantllba el amor.

DOMINGO 18 DE JULIO DE tltn

POR

FRIDTJOF NANSEN•
Traducción· para "EL MUNDO."--l!ustraciones tomadas de las fotografías hechas en el curso de la expedición.

«Los últimos rayo11 del sol que cae, besarán aún una vez
sus pétalos amarillentos; y después la fior se ocultará
para dormir, durante el largo invierno, y renacer en la
primavera. ¡Ahl si pudiéramos hacer lo mismo!»
De~terradoa á quienes amenaza la agravación de una
reclusión prolongada, Johansen y Naneen gozan profundamente de todas las manifestaciones de la vida que se
agitan aún al rededor de ellos. Siguen en el cielo las
batallas de los pájaros:
«Felices criaturas que se mueven allá arriba con tanta
libertad! A nuestros pies, en las olas, las morsas se sumergen y agitan; en loe airee torbellinéan las bandas de
gaviotas, oímos el roce de sus alas. Por donde quiera hay
un rumor de vida, pero bien pronto el sol desaparecerá,
el mar se cerrará, los pájaros se irán uno tras de otro
hacia el Sur, comenzará la noche polar y reinará un silencio profundo y no interrumpido ......
«Las morsae, los osos, los pájaros, sucesivamente hui•
rán.»
Los zorros fueron los •1ltimos compafieroe de inverna•
da de Naneen y de Jobansen. Esos insoportables vecinos, astutos y ladronee, tanto más audaces cuanto que
loe dos hombree, avaros de eus cartuchos, no loe desperdiciaban en ellos, no retrocedían ante ningún latrocinio, por poco provecho&amp;o que fuese. ¿No se apoderaron
un día de un paquete envuelto en lona de vela y que
contenía un poco de todo: trozos de bambú, de hilo, de
fierro, una cuerda de barpói:i, una pe!ota de hilo grueso,
ejemplares mineralógicos etc.? Otra vez se robaron un
termómetro. A. partir de ese día, el úhimo termómetro
fué fijado fuera de m alcance, en la punta de un trineo
levantado verticalmente cerca de la choza.
El sol se mostró por la última vez el 15 de Octubre.

JEAN L OMAI N.

Mientras duró la dulce pasión, el corazón de la nifia se·
iornó enteramente blanco.
El firmamento le tuvo lástima y se lo llevó.
Y durante las horas calladas y solitarias. el corazón
desconsolado contempla la tierra, acordándose de su pasión y de su dolor.
Cuando la luna sale, las flores murmuran: ¡Oh corazón
blanco de virgen, ven y descansa sobre nosotras!
Y los pájaros la invocan en su euefio, la tumba le su•
eurra: ¡Oh corazón blanco de virgen, acrecienta mi blancura!
La luna teme que salga el sol, pues el sólo sabe el mis•
terio de su palidez.
V ACARESCU.

Dama de honor de la reina de Rumania.

Cesó la lucha, la patria es libre.
Sobre e~tos campos, de horror cubiertos,
que el son guerrero ya nunca vibre
llamando vivos, dejando muertos.
El himno augusto que hora se escucha
celebra á un pueblo que se levanta.
La patria es libre, cesó la lucha:
¡poeta, cantal
Ya loe hogares abren ene puertas
y las doncellas temblando aguardan
que basta sus almas, también abiertas,
lleguen los novios que tanto tardan.
Sus lauros frescos por azahares
cambian loe héroes con mano inquieta .. ....
Abren sus puertas ya los hogares:
¡ama, poeta!
8·1 faz radiante la dicha asoma,
los sueños viertén su polen de oro,
y la miseria, que abate y doma,
huye ocultando rabioso lloro.
El alma vir~en del bravo infante
bueca lo noble, lo vil deedef!a......
La dicha alegra su faz radiante:
¡poeta, suefial
Con paso artero la infamia viene
y la rodean cuantos la miran.
¡Qué solapada sondea tiene!
¡Cómo la acogen, cómo la admiran!
Por su lenguaje tan lisonjero
oíd qué aplauso tan vivo estalla.
La infamia viene con paso artero ......
¡poeta, calla!
B AI,llTNO D AVALO" ••

&amp;L MUNDO

HACIA EL POLO

En el claro se levantaba el alba.-U n ful~or triste
alumbraba los cadáveres amontonados, sin orden, en la
gruta, é inclinado sobre la cabPza de un muerto, el buho
buscaba curioso con el pico el sitio de los ojos en otros
tiempos llenos de azur y vueltos ahora dos huecos negros
é inmundos.

ELENA

LA LEYENDA DE LA LUNA

1897

Johansen cosiendo.
UNA EXISTENCIA DE TROGLODITAS

Naneen se había prometido consagrar los ocios de la
invernada á poner en orden sus notas, sueobeervacionee,
sus cálculos; pero su cerebro rehusaba el trabajo. Además, ea fuerza decirlo: una dificultad material de un or•
den demasiado imprevisto, impedía sus buenas intenciones, matando las pocas veleidades laboriosas que subsistían en él: si su dedo desfloraba, si rozaba su manga una
hoja de papel blanco, inmediatamente aparecía una huella negra y grasosa; de la página en que él había escrito
aunque fuesen algunas líneas, se podía decir que había
sido ¡mnegrecida, en el sentido natural de la palabra. De
todos los sufrimientos soportados por los dos noruegos,
este era acaso el peor.
Era en vano que pusiesen á hervir su ropa; la grasa
persistía.
. Loe vestidos de Nansen y de J ohansen, grasosos, agu¡ereados y usados, no ofre4ifan ya contra el frío, y sobre
todo contra el viento, más que una insuficiente protec•
ción. Salir asl vestidos para dar higiénicamente algunos
pasos frente á la choza, era de parte de los dos hombree
un acto de heroísmo de que algunas veces sentíanse incapaces. Entonces quedábanse confi nados en su guarida,
probandó con su buena i;alud que el escorbuto no ea una
consecuPncia forzosa de la falta de ejercicio.

«El vac-ío mismo de mi diario, di·

ce Naneen, da la pintura máe exacta de nuestra existencia durante
loe nueve meses que hemos vivido
sobre esta playa.»
«Domingo 1? de Diciembre de 1895.
-Tiempo maravillosamente bello
desde hace algunos días: se deja
uno ir y venir fuera de la choza en
tanto que la luna transforma este
mundo de hielo en una :ierra de
hadas.
«L1111es ii de Diciembre.-Sopla el
viento: el paseo será desagradable......

«Martes 10 de Diciembre.-Johan•
sen advierte que sukayak ha dPB·
aparecido. Lo ha encontrado á mu·
choesentenares de pasos: el viento
lo había quitado y llevado hasta
ah!. Que loe kayaks se pongan á
voltear _en el aire, se pasa ya de
broma ......
«Jueves 19 de Diciembre.-La Navidad se aproxima. En la casa cada
La vida en el interior de la choza.
uno se ocupa en loe preparativos
de la fiesta y enct1entra apenas
tiempo para todo. Mas aquí nada hay que hacer. Pasar tados entre los dos noruegos. Por fortuna quedan algu·
el tiempo ea nuestro sólo cuidado. Ah! dormir, dormir! nos inagotables proyectos para el porvenir, hipótesis con•
La marmita hierve dulce mente en la hornilla. Yo vigilo cernientes á la vuelta del Fmm, conjeturas relativas á su
el almuerzo y miro vacilar la llama en tanto, que mi pen· propia situación actual. ( 1)
Sus cabellos y sus barbas incultas no conocían ya las
samiento hace lejanos viajes. Extralio poder del fupgo y
de la lumbre sobre todas las criaturas vivientes! Fasci- tijeras, los cabellos caían sobre la espalda y eran un sunación de esas vivas lenguas que plemento de traje que loe dos noruegos apreciaron mu·
se retuercen como serpientes!.. .... cbo. Barba y cabellos se han vuelto completamente neA la luz de las lámparas en las ve· .gros. En esos rostros de carboneros, los dientes y el blanladas del invierno, ella se sienta y co de los ojos brillaban de una manera extrafia.
«...... Nuestro estado de ánimo, en suma, era bueno.
cose. Cerca de ella está una nifiita
de ojos azules y de cabellos rubios, No teníamos ni aún el recurso de loe disgustos para majugando con una mufieca. Mira al tar el tiempo. A nuestro regreso áíguien preguntó á
niño tiernamente y acaricia sus ca- Johanaen cómo nos babiamos avenido durante el invierbellos, pero sus ojos eetan henchi- no-porque ea, se dice, una ruda prueba para dos hom •
dos de gruesas lágrimas que caen bree vivir tan largo tiempo y juntos en un perfecto aislamiento:
sobre su labor.
«-No, respondió él, no nos hemos peleado. Sólo que
«Mártes # de Diciembre -En el
país acaban de encenderse las velas yo tenía la costumbre de roncar durante mi sueño y en·
de loe árboles de Navidad, alrede· tonces Naneen me daba puntapiés en la parte posterior.»
dor de los cuales los niños danzan No puedo negarlo, le dí bastante&amp; puntapiee; pero él se
en ronda. Y nosotros también fes- limitaba á moverse un poco y tornaba á dormirse trantejamos la navidad según nuestros quilamente.,,
recursos. Hemos lavado en un poLA PRL\IAVERA D E 1896
co de agua caliente nuestras camisas y nuestros calzones, y para
El fin de Febrero y loa primeros dias de Marzo vieron
lavarnos nosotros miemos, loe calzones nos han servido á la vez de la vuelta de la primavera, los pájaros, el sol.. .... y los
esponja y de toballa. Nos senti• osos. El 8 de Mayo, uno de estos, atraído sin duda por
moa casi otros hombres. Para ce• el violento perfume del aceite de morea extendido alrenar, hemos tenido jiskegratin, hededor de la cabaña, vino á vis.i tar á Nan·aen y á Johan•
cho de pescado pulverizado, de ha- sen h asta su guarida. Sin amedrentarse á la vista de las
rina de maíz y de gr:&gt;.ea de morsa, primeras osamentas que cubrían el suelo, se metió por el
y como postre, pan frito en aceite. pasadizo qne conducía á la choza, cuando Johansen, que
Mafiana en la mañana tendremos había advertido su presencia y emboscádose detrás de la
chocolate.
piel que servía de cortina, tiró. El animal, herido, echó
á correr. La persecución fué larga. El oso había escalado
«Miércoles 1? de E nero de 1896 Cuarenta y un grados y rr.edio ba- una eminencia y seguía por su resta. Desde abajo, Nanjo cero. Así pues, acaba de nacer een lo remató de un t:ro de fusil. El cazador había eeco •
un nuevo afto, el afio de la alegría
(1) Nansen habla acabado por convencerse de que invernaba en
y de la vuelta al país. En medio de
parte sobre la costa de la tierra Gillis, entre la tierra de Franun claro de luna deslumbrador, alguna
cisco José y el Spitzberg.
1895 ha partido; con
el mismo claro de
luna deslumbrador
1896 comienza. Pe·ro el frío es muy
cruel.. ....
«VierneB s' de E ne "
ro.-Oigo detonacio- :·_
nea del lado del qla- &lt;e _cier, gigante de h ie- ~~
lo posado sobre la ~
cresta de la monta- ~
fia y que alarga sus miembros en todaF .
las direcciones, hasta el mar. Todas lae
veces que el frío aumenta, se tuerce h e.··
rriblemente y, en medio de un ruido d~ ~cañoneo, aparecen grietas de todos ladoe,
sobre su cuerpo monstruoso.
«Jobansen se ha dormido y hace reeo
nar la choza con sus ronquidos sonorof. :
Me alegro de que su madre no pueda ver t .. _
lo en este momento. Tendría piedad de i=-:'...
su hijo, tan negro, tan grasiento, .desga ~
-=
rrado, con el rostro cubierto de v1rueiaE ,;:_ ;.;~ .
de sebo. Pero paciencia! Le volverá á ver
sano y salvo, fresco y sonrosado .........» F-- . -:¿
No poseer un libro solo, es para Non· ¡-':::"'
se~ y .Johansen una de las más grandeE ~ _pr1vac1ones. Con qué pena recuerdan la ... _:;_,,,.
biblioteca del Fram! Han leído frecuente ~~ mente lo que hay de legible en su tabla ~--:;;._,,,.. ~ ·~, '&lt;i,,,&gt;.,;~~?
_
de navegación y ~n su alm~úaque, que s~ •• :,.._,-~
. ~~- ~- ~
~ "=-h,:}.- -~ - -~ ben ya:de memoria. También se han aph · __ ---::=- - ....- -; " "~
""
~~:,::...=-.,.._
cado á aprenderse las alianzas y las filia•
_.:;.....,¿_,,,~-:,s..-.;-=-~--:::?'"
~ ~ = ~- ~ ~-:-,.~~
cionee de la familia real de Noruega, co- ..:.-:....--, _ __ =:e_,...JI=- ~_.:::::-_ ::::-.--c:::~~~~--mo loe cuidados que hay que impartirá
lo~ ahogados.
Desde que dura BU tete tete, casi todna
Así enarcado logré izarme.
los aeu.utoe de conversación han sido ago-

¡:z:-" ·

·--=-

.

�•
so
gido su momento: herido el oso, en tanto que ee encontraba en el extremo borde de la alta muralla, perdió el
pie, la enorme mesa blanca se desprendió y botando de
aspereza en aspereza, no se detuvo sino á loe pies de
Naneen. Agitáronlo algunos espasmos y todo concluyó.
Eee oso llegó muy á tiempo: la despensa estaba casi
vacía. «Vivimos de esa pieza, dice Naneen, durante seis
S'emanae.,;
Bien pronto iba á sonar la hora de la partida. La pri•
mavera precedente cuando abandonaron el Fram, no te·
nían más que escoger trajes y provisiones de toda especie, de las que poseía el buque. Ahora el viaje que te·
nían en perspectiva era menos largo sin duda, pero estaban entregados sólo á sus propios recursos.

EL MUNDO
UN DÍA DE: 1.MOCIÓN

DOMINGO

,a

DE IULIO DE

,a,n

Hace algunoedías nos atacaban las morsas, nos era preciso
nadar sobre el agua helada para salvar nuestras vidas; lle•
vábamoe una existencia de ealvsjes. Y he aquí que ahora
vivimos la vida de loe europeos civilizados; que estamos
rodeados de todo el lujo y de todo el bienestar qt•e la
civilización puede procurar.
«...... Era más de medio día el 17 de Junio, cuando salí de la •tienda para preparar el almuerzo. Había ido
hasta el borde del hielo á buscar agua salada, cuando
percibí que la bruma se había disipado un poco y juzgué
que era /a hora de examinar loe alrededores. Monté sobre un hummock, tendí mis miradas y de pronto hirió mi
_oído algo seme jante al ladrido de un perro......
Tendí la oreja y no oí nada. Comenzaba á creer que
me había engañado, cuando loe ladridos tornaron á oírse
«Grité á Johaneen que había oído ladridos del lado de
tierra. Salió él del saco en que estaba dormido y se pre•
cipitó fuera de la tienda, «Perroe!n Sin comprencter prestó
oído á su vez,. volvió convencido deque era ilusión míe.»
Naneen razona:
«Si hay alguien aquí, no estamos, pues, en la tierra Gillie ó sobre alguna CJtra playa conocida como lo creímos
todo el invierno, sino más bien al sur de la tierra Fran •
cisco José...... »
«Con este tumulto de pensamientos me encaminaba á
través de los hummocks y las asperezas. De pronto creí
oír el !onido de una voz humana, una VO'I. extrai'ia-la
primera hacía tres af!.os. Mi corazón palpitó; la sangre
afluyó á mi cerebro, escalé un témpano y llamé á plenos
pulmones. Esa voz humana en el desierto de hielo era
mi patria, mi hogar; era la vuelta al lado de aquella que
me espera. Yo no veía más que esto, en tanto que corría
al través de los amontonamientos de hielo,
«Era ese Jackeon que iba á expedicionar en la tierra
de Francisco José cuando yo salia de Noruega, ó bien
algún compatriota? Avanz11mos rápidamente el uno hacia el otro. Yo agité mi sombrero, él agitó el suyo; le oí
hablar al perro y escuché. Era un ioglée; cuando estuve
más cerca, creí reconocerá M. Jackson, áquien recordaba haber visto una vez.
«Le saludé; nos tendimos la mano con un cordial: «Co es•
tais?» Por encima de nosotros una tela de bruma; á nuestros pies la banquisa; en el fondo una fisonomía de tierra que huye bajo el hielo y en la bruma. De un lado el
europeo civilizado, un completo inglés calzado de altas
botas impermeables de caucho, bien afectado, exhalando
un perfurme de jabón odorífero;-y frente á él el hombre
salvaje, vee~ido de inmundos andra¡oe, negro de aceite
y de sebo, con loe cabellos incultos y la barba hirsuta,
con un rostro cuya rubicundez natural había deeapa·
recido bajo una espesa capa de grasa.
-Me alegro en extremo de veros, me dijo Jackson.
-01 lo agradezco mucho.
-¿Tenéis un buque aquí?
-No, mi buque no está aquí,
-¿Cuántos sois vosotros?
-Tengo un solo compañero en el hielo.
Y así &lt;líciendo, habíamos comenzado á dirigirnos hacia
la tierra. Yo suponía que me había reconocido ó que
cuando menos había adivinado quién era yo, no pensan•
do que ningún hombre totalmente extraf!.o y de mi apariencia inquietante pudiese ser recibido tan cordialmen•
te. De pronto se detuvo, me miró bien á la cara y me
dijo:
-¿No seríais por ventura Naneen?
-Sí, yo soy Naneen.
-¡Por Júpiter! ¡Me alegro mucho de veros!
Y me asió la mano que sacudió de nuevo, en tanto que
todo su rostro no era más que una sonrisa de bienveIJida
y que la alegría de este encuentro imprevisto radiaba en
sus ojos negros.
-¿De dónde llegáis, me preguntó?
He dejado el Fram á loe 81º de latitud Norte, después
de haber derivado durante dos ai'ioe. He alcanzado el
86º 151 • Ahí debimos deshacer el camino en la dirección
de la tierra Francisco José. Pero nos hemos visto obliga•
dos á invernar y actualmente nos dirigimos hacia el
Spitzberg.
-Os felicito de todo corazón. Habéis hecho una bella
excursión y tengo una alegría de todos loe diablos e ser
el primero en felicitaros.

«.A.l llegar la noche, nos detuvimos al borde del hielo á
fin de estirar un poco nuestras piernas que se habían an•
kiloeado todo el día en los kayaks. Queríamos también
escalar un hummock para interrogar el horizonte. En el
momento en que nos íbamos á acostar, se impuso el problema de saber cómo íbamos á amarrar nuestras preciosas embarcaciones. D~spué3 de algunas vacilaciones, nos
servimos de una driea hecha de piel de moras. No se ne•
cesitaba. un cable muy fu~r&amp;e para retener nuedtros kayaks ligeros.
Cuando habíamos ascendido al hummock más próximo, Johaneen exclsmó de pronto:
Los kayaks se van con
la corriente!
«B.ijamoe á toda prisa.
Ya estaban muy lejos y
derivaban rápidamente,
El cabte había cedido.
-«Tened, tomad mi reloj» dije á Johansen de•
semb.;razándome al mis•
mo tiempo de algunas de
mis ropas, á fin de nadar
más fácilmente. No osaba
desvestirme del todo por
temor de un accidel,lte.
Salté al agua El viento
~Oplaba del bordo y loe
kayake, con su ligereza
nan una presa muy bue•
na. Su derivación seacen·
tuaba.
«El agua estaba helada;
mis ropas me paralizaban. Lejos de ganar distancia :sobre los kayaks,
vensaba podia seguirlos.
Tt!mía no poder llegar jamás hasta ellos. Pero ahí
se iba toda nuestra eepe•
ranza; todo lo que poseíamos estaba á bordo; no
Nansen oye 1adrid :&gt;s.
teníamos con nosotros ni
El invierno en la choza había concluido con sus trajee. aun nuPstros cuchillos. «Que yo me ahogase ó que volIngeniáronee para covfeccionar unos nuevos con sus viera á la playa sin los kayake, venía á ser lo mismo.
«Redoblé mis esfuerzos. Cuando me fatigué, me tendí
abrigos y en reparar loe que podían soportar aun un remiendo, en remontar su calzado con ayuda de piezas de boca arriba y seguí nadando de esta suerte; podia ver á
piel de morsa y en hacerse calcetines, guantee, un lecho- Johaneen marchar sin detenerse por el bordo del hielo.
saco de piel de oso. Habíanee proporcionado hilo, des• Pobre muchacho! no podía estar tranquilo y encontraba
hilando la tela de álg~dón de algunos sacos de provisio- espantosa su impotencia para obrar. Casi no esperaba
nes. Durante muchas semanas, desde la mai'iana hasta mi victoria, pero en nada hubiera mejorado nuestra si•
la noche, la aguja no descansó. Ll choza habíase trans• tuación si él también se arroja al agua. Después me dijo
formado súbitamente en un taller de sastre y de zapate- que esos momentos habían sido loe peores de su vida.
«Cuando me volví de nuevo, testifiqué que estaba un
ro. No había ya, en la existencia de los dos hombree,
poco más cerca de loe kayake, y me vino de nuevo el
lugar para el fastidio.
ánimo. Sentí, sin embargo, que mis piernas se entumian
Abril ee pasó y llegó Mayo.
«Martes 12 de Mayo.-Dí ahora un adiós á mis viejos gradualmente y perdían toda sensación. Bien pronto ya
pantalones. ¡Cuántos servicios me han prestado! Pero no me sería posible moverlas. Pero quedaba poco cami•
ahora están cán pesados con la grasa, que deben pesar no por hacer¡ ei podía mantenerme unos instantes más
muchas veces su peso primitivo. Si yo los torciese corre• sobre el agua, me salvaba, nos salvabamoe ........ .
«Continué; mis brazos debilitaban mas y más; pero la
ría el aceite. Es una sensación deliciosa la de ponerse
pantalones nuevos, ligeros, blandos, y hasta cierto pun- distancia disminuía sin cesar......
Pur fin pude extender la mano hacia la madera de un
to exentos de grasa.»
Para una expedición en trineo, debe uno proveerse de víve- ski, el cual estaba dispuesto de abajo hacia arriba; lo así
res nutritivos bojo un peque ii.o tolú men, i-ariados hastri don- y estuve bien pronto pegado áloe kayaks: eetabamoe sal·
de sea posible, de trineos sólidos, etc., etc. Naneen conocía vados! Ensayé izarme sobre las enbarcaciones, pero mis
de memoria todas estas máximas del coleccionismo ár- miembros ya no me obedecían. Por un instante deeeepe•
ré. Al cabo de un momento logré, sin embargo, lanzar
tico. Pero ¡ay! zómo ponerlas en practica?
Para la continuación del viaje habíase separado un po- una pierna por encima del borde del trineo que reposaco de harina de pemmican, chocolate y pan. Mas cuando ba sobre el kayak de la izquierda. Así enarcado, logré
loe dos noruegos visitaron su depósito, experimentaron izarme y me senté. No era fácil remar en la doble em·
un cruel desengaño: toda había sido deteriorado por la barcación. Tenia que dar dos ó tres golpee de remo á la
hnmedad; el chocolate había sido disuelto, la harina es• derecha de loe kayak y otros tantos á la izquierda.
«Sí hubiera podido separar las doe embarcaciones y
taba mojada, el pemmioan en putrefa~ción. Fué preciso
tirarlo todo, salvo una pequeña cantidad de harina de remar en una remolcando la otra, la tarea ha bría sido
m.1iz y el pan que sólo estaba humedo y que se pudo co- más fácil, pero no osaba ensayarlo. Me hubiera helado.
mer después de haberlo pasado por el aceite hirviendo. Remar era el sólo medio de conservar lo poco que me
«Cargarnos de tanta carne de oso y de grasa de morsa quedaba de calor. El frio me había quitado toda sensacuanta podríamoejllevar, dice Naneen, era todo lo que que- ción. Sin embargo, si venían bocanadas de vientos pare·
daba por hacer. 'ia que no ligereza, estas provisiones cían que me traspasa óau. Dentro de
ofrecían cuando menos 111 ventaja de ser reemplazadas mi delgada camisa de lana mojada,
en el curso del camino, según nuestras nec8eidadee. La todo mi cuerpo temblaba; caetañe·
parte más importante de nuestro equipo eran, deepuéade teaban mis dientes; estaba transido.
«De pronto percibo dos gaviotas.
todo, nuestras armas de fuego. Felizmente las habíamos
conservado en buen estado y nos restaban una centena T,mer gaviotas para cenar era de·
maeiado tentador-nos amenazaba
de cartuch9e de bala y ciento diez de municiones.»
el hambre;-cogí mi fusíl y las maté de un tiro. Johansen me di¡o
EN CAMINO HACIA EL SUR
m;ie tarde que se había extreme•
El 19 de Mayo, por fin, Naneen y Johansen abandona- oído al oír el tiro. Juzgó que algo
ron la choza que loe había abrigado por más de ocho me• fatal me acaecía. Después, cuando
ses. Antes de dejarla, redactaron un corto informe de su me vió recojer las aves, creyó que
.
viaje y lo encerraron en un tuvo de cobre que había sido me había vuelto loco.
«Por último, llegué á su lado y
el cilindro de la bomba de aire de su lámpara de petro·
leo. El tubo fué cerrado con un tapón de madera y ~us- á duras penas pude vol ver al calor.u
Los días siguientes Naneen y
pendido del techo por un hilo de fierro.
El mar no estaba libre aun. L'lB kayaks fueron, pues, Johansen navegaron á la vela por
car¡:adoe sobre los trineos, á los cuales se ataron loe dos un mar en que pululaban las moviajeros. Tantos meses de una existencia sedentaria, mal ras, viéndose expuestos á mil peli•
gros.
loe había preparado para las fatigas de la marcha.
Pero fueron estas las últimas
Sus piernas no los obedecían bien, así es que me primerne jornadas fueron muy cortas. Avanzaban en una pruebas. Al día siguiente, Naneen
dirección sud-oeste, creyendo dirigirse hacia la tierra Gi• y Johansen, treinta y cinco meses
llia, al nor-eete del Spitzberg. Por la noche para acam- después de la parLida del Frani de
par, levantaban una especie de tienda, arrojando sobre Vardre y quince meeee después de
loe trineos, diapueetoe paralelamente, las velas de los ka- haber abrndonado el Fram, iban á
encontrarse inopinadamente en
yake.
medio de sus eemejan~es.
S.&gt;lían hallar regiones de agua, mlS d emisiado paque
ñas para una navegación fructífera.
Et 12 de Junio, el agua dulce se extendió una vez más EL E NCUE:-ITRODE N ANSEN Y J.ACKSO:)!
antd sus ojos, pero ese día de feliz navegación fué marca•
«Martes 118 de J1rnio. -¿Duermo
do p)r el m \Jor peligro que hubiesen corrido nunca.
acaso?¿ Acaso suei'io? ¿ €stoy rodMdo de realidades ó de visiones?......
Encuentro de Nansen y de Jackson.

DOMINGO 18 de JULIO de

,a,n

-~~~~~=~~==~~========~~~==~

Estación del cabo Flora.

La estación de Jackson en el cabo Flora se componía
·de una casa baja construida de maderas superpuestas horizontalmente, á la moda rusa, de un establo y dependencias...... «Era, dice Naneen, un nido caliente y confortable en ese medio desolado. El techo y loe muros estaban cubiertos de tela verde. Sobre las paredes había
fijadas fotografiae y grabados; unas repisas soportaban
loe libros y los instrumentos. En medio de la cámara ardía un fuego de carbón hospitalario. Un singular estado
de espíritu se apoderó de mí cuando me senté en una silla cómoda en medio de todo ese ambiente de bienestar.
Las responsabilidades, las inquietudes que durante tres
años habían pesado sobre mí acababan de deeaparacer
de un solo golpe. Estaba en un puerto seguro; mi deber
se había cumplido, mi tarea babia terminado; ya no te·
nía más qu~ descansar y esperar; fué servida la comida y
encontré delicioso el pan, la m!lntequilla, la leche, la azú ·
cor, el café, todas las cosas sin las cuales habíamos aprendido á pasarnos, deseándolas siempre sin embargo.
«Johansen, á quien Mr. J ackson había enviado á buscar
con algunos de sus hombree, llegó bien pronto con ellos.
No le habían permitido tocará los trineos. «Yo estaba
en medio de ellos, dice, como un pasajero en un buque.
He viajado muchas veces sobre la banquisa, pero eata es
sin comparación la más agradable.,,
Un momento después, Naneen y Johansen no se reco•
nocían ya. Habíanae despojado de sus trajes, habían to·
mado un baf!.o caliente, se habían jabonado á su satis·
facción y se hablan vestido loe trajes limpios puestos á su
disposición, habían cortado sus cabellos, se habían afeitado, convertlanse en una palabra en europeos, con más
rapidez que la de su transformación precedente en sal·
va¡es trogloditas.
Al mismo tiempo comprobaban con gran sorpresa que
su pee.o había aumentado sensiblemente desde que aban·
donaron el Fram; resultado que honra las facultades alimenticias de la carne y de la grasa de oso con que exclu·
eivamente se habían alimentado durante el invierno.
LA VUELTA Á NORUEGA,

Durante algunos días, Naneen y Johansen se entrega·
ron por completo áloe goces del confort y al placer de
conversar con otros hombree. Como distracción, acoro·
paflaban á J ackson y ~ los otros mie_mbroe d;e. la misión
en sus cacerías á oeoe ingénuos que iban á visitar la es·
tación del cabo Flora, tomaban instantáneas y visitaban
loe alrededores. Jackson y_ Naneen reparaban y corregían
mutuamente sus cartas. U na comparación de loe relojes
de los dos noruegos con el cronbmetro del explorador
inglés había acusado un error de seis grados y medio
en todas las longitudes observadas por Naneen. Con este
dato ya se pudo rectificar los cálculos; una carta de con·
junto de la tierra de Francieco José, fué trazada comple·
tando la de Payer, y Naneen dió el nombre de tierra
Frederick Jackeon á la isla sobre la playa de la cual habla invernado.
.l!:ntre tanto el tiempo pasaba y el navío de la expedí•
ción Jackson el Windward, no llegaba. Naneen y Johaneen sentíans~ dominados por la impaciencia y un poco
también poi la inquietud. ¿No acabarían por retardarse
de tal suerte que se vier~n obligados .á pa~ar_aún un invierno lejos de su país, em haber podido eiqu1e!a dar noticias suyas áloe que loe esperaban? Convencidos estaban de que antes del otoi'io el Fram estaría de vuelta eu
Noruega. Ellos que habrían debido precederlo en un
afio, no llegaría~, pues, sino largo tiem_PO más ~arde? ¿'f
quien en ese caso no los supondría perdidos, quién babia
de creer que habían errado dos años sobre la banquisa
polar sin sucumbir á las fatigas y al hambre?
Muchas veces loe dos noruegos lamentaban haberse
detenido adormecidos en medio de las delicias de la Ca•
pua del cabo Flora· muchas veces estuvieron á punto de
despedirse de sus huéspedes, de subir de nuevo á sus !rá·
giles ka yaks y de intentar la travesía que los conduciría
al Spitzberg.
La mai'iana del 26 de Julio, por fin, Jackson despertó
á Naneen, tirátdole de loe pies, y le anunció encantado
que el Tl'ind1rard estaba ~hi. .
,
El H'indil'arcl, que babia partido de Londres e, 9 de Ju•

EL MUNDO

nio y de Vardre el 25, lle• lar.noruega habían llegado sanos y salvos y que Naneen
vaba áNaneen buenas no- esperaba el Fram en el curso del otofio.
Después de tres días inolvidables pasados en Vardre en
ticias de los suyos. Del
mundocivilizado llevaba, medio de una población delirante de entusiasmo, Nan•
á la colonia de loe deste· sen y J ohansén vol vieron á bordo del Windward para dirradoe del cabo Flora, rigirse á Hammerfeet.
nuevas asombrosas: Se foEL •FRAM» .ACUDE Á LA CITA
t, grafiaba á las gentes á
1ravée de puertas de mu•
Fué en Rammerfeet donde la eei'iora Naneen se unió á
chas pulgadas de espesor,
uua bala en el cuerpo del su marido, al cual aclamaba el pueblo, y fué ahí también
que la había recibido; los donde el doctor Naneen recibió el 20 de Agosto eete tejaponeses habían vencido legrama:
«El Pram ha llegado en buenas condiciones. Todo va
á los chinos; había sido
construido un hotel en el bien á bordo. Partimos al in&amp;tante para Tromsre. Feliz
8pitzberg, y el sueco An- regreso.
drée esperaba un viento
Otto S.erdrup.n
favorable que le permi•
Así pues, el Fram confirmaba exactamente las previtiese partir en globo para
siones y las predicciones de Naneen, que no solamente
el Polo ...... etc., etc.
Cuántos motivos de no había desesperado jamás de su retorno, sino que le
asombro habría habido había asignado una fecha precisa.
Naneen había querido ser el primero en acudirá la cipara Naneen y Johansen
ta y he aquí que el Fram, como no había querido prolonFÍ se hubieran dirigido di·
rectamente al Spitzberg y gar una espera de todas suertes dolorosa, llegaba á su vez
hubieran caí.lo con su al punto indicado.
...... Después de la partida de Naneen y Johaneen el 14
aceite y su grasa ea medio
de una banda de excur· de Marzo de 1895, el Fram había continuado su lento
sionistas de la agencia viaje de derivación; todo lle110 de recodos y de idas y
venidas, pero con una direción general constante. El 15
Cook!
E l 7 de Agosto el W in- de Noviembre de 1895, había alcanzado la latitud de 85º
dward levó anclas y se di- 55' á penas 35 kiló10eiroe más al sur que el paralelo al
rigió al Sur después de ha• cual habfa llegado Naneen. Si este, se ua dicho, hubiese
ber tomado á bordo, C&lt;'n esperado tal fecha, acaso habrla llegado hasta el polo.
Naneen y Johaneen mu• Pero no habría podido ponerse en camino al principio
choe de los miembros de del invierno; y al comenzar la primavera de 1896, el Fram
no estaba más que á los 8-1° como en la primavera prece ·
la expedición Jackson que volvían á Inglaterra.
La travesía fué feliz y i:ápida: el capitan del Windward dente.
La salud, la discip.ina, el buen humor, no se han de•
tenia enpeño en llevar sus pasajeros á su país antes de
bilitado á bordo del buque. A fines de Mayo de 1896 se
la llegada del Fram.
«En la tarde del 12 de Agosto vi ante nosotros, muy ba- había encontrado á flote; pero durante dos meses y meja en el horizonte, una cosa sombría. Qué era? A estribor dio aun permaJ&gt;eció aprisionado en la banquisa. Solaeso se extendía hacia el Sur, muy bajo y muy plano. Yo mente el 13 da Agosto habla llegado á la mar libre, á pono tenía demasiados ojos para mirar: era la tierra; er'a quísima distancia de las costas septentrionales de la tie•
la Noruega! Yo estaba como petrificado, fascinado por rra del Oeste del Spitzberg. Et mi~mo día cruzóee con un
buque noruego-Las H ermanas, de Tromere-ocupado
aquella línea sombría, á lo lejos, en la noche.
Cuando subí al puente al día siguiente ea 11' mai'iana, en 1a pesca de las focas y de las ballenas. En las islas da•
eetabamos cerca de la tierra. Esta era desnuda é inculta, neeas el Fram se detuvo para hacer agua y encontró al
apenas más atractiva que ia que habíamos dejado en me· vapor Virgo y al globo de la expedicibn Andrée. Vuelto
dio del oceano Artico: pero era la Noruega! ...... Cuando á partir el 15 de Agosto, echó el ancla el 20 en el pequeel bravo capitán Brown dijo mi nombre al viejc- piloto no· f!.o puerto noruego de Sk¡rervre y fué entonces eolaruenruego que subió á bordo, una expresión indecible, mez• te cuando Sverdrup y la tripulación del Fram tuvieron
cla de alegría y de estupor, transfiguró ese rostro usado noticia de su jefe y &lt;le su camarada Nansen.
Saliendo de la banquiea al norte del Spitzberg, el Fram
por el tiempo. Estrechó mi mano y me deseó la bienve•
nida como á un rcleucitado: hacía mucho tiempo que la había, pues, ejecutadCJ ha~ta el fia el plan &lt;1el doctor
creencia publica me juzgaba muerto......
Naneen.
Cuales sean loe resultados cientificoe adquirido! por
«Antes que se echase el ancla en el puerto de Vardre
yo había saltado á un bote con Johansen, para llegar esta expedición sin precedente, no es este lugar á proposimás pr,mto á la ofbina de telégrafos. Bien pronto estu- to para decirlo, y además, Nansen no lo ha expuesto aun
vimos en el muelle, pero á pesar de todo habíamos con, sino sumariamente. Pt1ro la ruta del polo se ha encon•
servado bastante nuestra apariencia de piratas para que trado: la derivación ya sea debido á los vientos solamen•
nadie nos reconociese. Las gentes nos miraban apenas y te ó bien á la acción combinada de loe vientos y de una
la sola que pareció prclstarnoe atención fué;una vaca inteli- corriente, la derivación existe; la hipótesis tormulada
gente que se detuvo en medio dl! una calle estrecha y por el profesor l\fohn en 1884 y audazmeotti adoptada
nos contempló con asombro. Era una visión tan regoci- por Naneen, se ha verificado.
El centro es el medio de un blanco; disparado el pri•
jada la de aquella vaca, tan bien evocaba una escena de
estío, que me vinier-&gt;n deseos de acariciarla: ya sentía roer tiro, en la dirección querida, ha pasado muy cerca
del objetivo; no queda mas que rectificarlo.
entonctie que estaba en Noruega .........»
El 25 de Agosto en el puerto de TromEre, Naneen vol•
Nansen habla preparado una centena de telegramas,
dos de los cuales eran de unas mil palabras poco más ó vió á ver el Fram; lo había dejado medio hundido en la
menos. Cuando los ojos del emplado cayeron sobre la banquiea; lo encontrab" flotando, libre y orgullosamente,
firma del primer telegrama, su fisQDomía cambió súbita- en laa aguas noruegas...... «no intentaré, dice Naneen,
mente y encontró calurosas palabras de bienvenida. Los describir la reunión que siguió. Estábamos todos juntos
telegramas iban á ser enviados inmediatamente, más ha- otra vez, estábamos en Noruega y la expedición había
había tarea para muchos días y para muchas noches. El lienado su objeto.»
«...... Por la noche yo eEtaba de pie al borde del jjord;
aparato comenzó inmediatamente á producir su tic- tac,
y á enviará los cuatro rincones de Noruega y del mun- habíanse extinguido loe ecos, y los bosques de pinos esta·
do la noti,::ia de que dos miembros de la expedición po• ban silenciosos y sombríos al rededor de mí ...... Sobre el
promontorio la última brasa de lar, fo.
gatas se extioguia y humeaba, y el
mar, chapoteando á mis pies, parecía
murmurar: «Ya estás en tu casa.» La
profunda paz de una noche de otof!.o
se extendía, benéfica, eob1e el espíritu
fatigado.
«Yo no podía impedir el recuerdo
de aquella lluviosa mafiana de Junio,
en que por última vez puse el pie eo1:re la playa. Más de tres años habían
pasado. Nosotros habíamos trabajado,
habíamos sembrado y ahora venía la
cosecha. En el. fondo de mi corazón
sollocé y lloré de alegría y de reconocimiento.
«La banquisa y los claros de luna de
las largas noches polares, me parecían
como un suef!.o lejano de gtro mundo
-un sueflo que había huido como vi•
no. Pero que valdría la vida sin sus•
sueños?
__:¡:.;f.,......,

·:1'::.í:•:
•.

• f-

Na .1 sen y Johansená au llegada á l,1 estación del cabo Floro1,

FIN.

�EL MUNDO

DOMIIIGO II DE JULIO DE altn

NOTASDELA
MODA
Tres cu•rpos blusas.

Figttras 1, 2 y 3.

1'!--Esta ee de serpentina
azul obscuro, adornada con
cintas de terciopelo negro y
abierta sobre un cuerpo de
foular crema/Cuello y cinturón de listón fantasia.
2'!--La otra ee de foular roJO con encajes negros, y perdido su ajuste debajo de un
olan bordado que cae al lado
izquierdo.
3~-Esta última es de ba•
tista rosa, adornada en pi•
cos por encajes blancos y
cintas de terciopelo nPgro.
Las mangas tienen jokeys
adornados de la misma ma•
nera como la corbata y lazo.
Cuello y cinturón de raso
blanco.

'

}_¿/

Fig ttras 4 , 5, 6 y 7.

( Figuras 1,

2

y

3.)

Traje de piqué pompadour.

5?- Se compone de una chaqueta fígaro de estilo
enteramente nuevo, pues además de aldetas, tiene
jockeys sobre las mangas y se une sobre el pecho
por dos picos adornados de cinta inglesa. Esta cha•
quetita ee de piqué color de oro.
Vestido para niña de 12 .á 13 años.

6?- Este es de piqué crema adornado con cintas
negras.
Traje de alpaca Serge.

7?-La faldll se adorna co-i¡ cordón de espiga; el
bolero, con te1eiopelo negro y la misma cinta.
Cuerpo interior de lino azul pálido, con pliesés y
tira bordada. Cinturón de raso azul.
LECTURA. P A.KA. LAS DAltIAS
VIGILAR SOBRE TODO

Ropa interior de lana y foular.

SS

«Yo soy dichosa con mis tra•
poi vi,jos,11 decía una de eeas,
mujeres de orden.
Además, si alguna vez bacan•
eado risa una mujer de hilarhas,
rara vez se ha visto reducida á:
la míeeria aquella cuya previ•
sión sabe aprovecbarlo todo para el manejo de eu casa, y haceque todo sirva, los restos demuebles, loe jirones de lienzo,
los papeles ioservibles, las eo-bras de la cocina, etc.
5? En fin, una ama de caFa
debe tener mucho cuidado de
CÓMO SE :NOS PUEDE ENGA~ AR?

Vestido para niño de 6 á 8
años.

Lo que acabamos de decir sobre lae compras y
ventas: No desconfiéis de nadie, pero tomad precauciones con tcdos.
No contéis enteramente con otro más qne con
vos para la vigilancia: voe sola tenéis interés real
en la prosperidad de vuestra casa; ella no depende
sólo de vos tal vez, pero puede decirse que el impulso no se le puede dar y sostener sino con vuestra preeencia.
No sin razón los antiguos decían: La vida del
amo siembra el dinero.
Una ama de casa debe tener cuidado:
1? Que nada se pierda. Debe, pues, saber bien to·
do lo que tiene, hacer inventario de la ropa en cada lavado, exigir que todas las noches, la vajilla
los cubiertos y demás cosas del servicio diario, sea~
contadas y depoeitadas en su aposento.
8? Que nada se desperdicie. Debebe por lo mismo conocer bien las cualidades de lae cosas, las que se pueden
guardar y lae que se deterioran fácilmente; saber lama•

EL MUNDO

que no se la engañe.

Trajes de oaID.po.

4?-Este es de lino azul con
adorno de cinta acordonada.
Chaleco de piqué crema.

DOMINGO II d•JUUO d• 1897

Bata de diagonal vista en tres fases.

nera de conservar las provisiones; reservarse para
sí la preparación de las que exigen mayores gastos
loe dulces, los licores, por ejemplo. ¿No se ve de 3~
de lueio, la necesidad que hay de que entendáis
de cocma para vigilar sobre loe preparativos que se
hace~ E!n ella .Y sa~er arreglar los gastos? No se sa.
brá vigilar bien, smo se sabe hacer bien aquello
que Be quiere vigilar.
8? Que n11da ae deteriore. Debe, para esto, ir por
todas partes, óbservarlo todo, limpiar, ventilar
ordenar l_as reparaciones urgentes, y ver que nad~
estorbe n1 esté fuera de su lugar.
.;? Que todo sea recogido y conservado con cuidado
aun las cosas que parecen más inútiles. Debe pues'
cuidar de que se recojan todas aquellas cos~e qu~
se desparpajan en la casa, lo que encuentra tirado al paso, lo que ya está fuera de servicio que tal
vez los criados iban á arrojar á la basura.'
Todos esos objetos se colocan en esos viejos cuar•
toe inhabitables, que se llaman cuartos de estorbos
y allí se encontrarán con seguridad, cuando se de'.
se~~• ya para las reparaciones de la casa, ya para
ahvio de los pobres, una multitud de cosas que
realmente pueden servir.
A la recomendación de recogerlo y guardarlo to·
do, afiadimos la de hacer, por lo menos una vez
en el afio, 11na visita domiciliaria de caridad á esos
cuartos, en todos sus rinoones y escondrijos.
Queréis encontrar allí muchas riquezas? Hacéos
acompafiar por una pobre madre de familia¡ de·
cidle_ que ella busque. Veréis como ella sabr des•
cubrir, en _medio de aquellos.muebles viejos y entre
aquellos giro.aes de ropa, algunos tesoros para su
casa.

Ahora bien, se os podrá en•
gafiar:
1? Porpé:rdida del tiempo, cuando loe criados emplean para sí
las horas que debían emplearen el trabajo de la casa. Es cierto que es necesario que tengan
horas para sí, destinadas á lavar
y á remendar su ropa, etc.; pero este punto demanda una muy
particular vigilancia. Algunas
veces trabajaban no sólo para.
sí, sino para personas extrafiae,
lo cual les proporciona un au•
mento de sueldo.
.
Durante la 11oche, regular-mente, cuanclo todo el mundo
descansa, es cuando ee hace eee
trabajo suplementario. «Es mi
tiempo, es el tiempo de mi sueño el que tomo, os a.irá una criada á quien hayais,
sorprendido en estas faenas; este tiempo me pertenece. 11 Si, pero esta velada la pondrá lenta y perezosa para el trabajo del día siguiente; el alumbrado se
gasta, y una lámpara ó una bujía encendida puede·
ocasionar una multitud de accidentes.
2? Se os engaña p or inteligencias y cohechos con los,
proveedores, que algunas veces anotan los objetos
con un precio más alto que el pactado, 6 indican un
~eso ó una calidad distinta del peso y calidad que
tienen los efectos que han entregado, y parten el di-nero así robado con la criada ó criado infiel.
Los criados y criadas suelen también aumentar á
la cuenta que os presentan, algunos centavos demás,
s_o pretexto de que ellos han regateado, y que la uti •
lidad que han obtenido por la diligencia que han hechn, les corresponde por de1echo.
Id vosotras mismas algv.nas veces y en distintos
tiempos, á hacer las compras al mercado y á los almacenes; como por casualidad sorprended alguna.
vez á vuestros criados al estar comprando, pero p10cur:d no dar á conocer que notáis su embarazo.
3. Se os engafia por glotonería., cuando los domésticos se comen las cosas á excusas vuestras; cuando toman para sí lo que habíais reservado para vosotras .
e:omo las frutas ó dulces exquisitos, los manjares de'.
hcados; cuando se beben, ó hacen que otros beban
el víno ú otros licores destinados para la mesa de los,
amos.
4? Se osengafiaporunacaridadmal entmdida cuando los domésticos dan á los pobres más de '10 que
vosotras habéis fijado, ó lo que es más común cuando sin vuestro permiso envían á sus parientes pobres! lo que sobra de vues_tra mesa, ó aun vuestros
vestidos que ya no os ponéis.
5? Se os engafia por emplear en provecho de otrns loque no debe emplearse sino en pro:vecho do la casa. Cuán.
tas veces una _lavandera, por eJemlo,. lava, antes que
vuestra ~op~, la rop!' de. toda su familia, robandnpor cons!~1en!e el tiempo que le pagais y el jabón
que swmp1strá1s.
Se ve por esta exposición, y aun no hemos revelado más que algunos de los más comunes secretos,,

Figuras 4, 5, 6 y 7·

vulgarmente llamadas Sfaa, se ve, decimos, cuán necesaria es la vigilancia, y cuán necernrio es también que una
ama de casa sea la última en meterse en la cama por las
noche!!, y la primera en levantarse por las mañanas.
VI GILANCIA. MORAL

La vigilancia moral causa otras muchas inquiet_udee.
No es nuestro objeto hablar de ella aquí; sólo áebé1~ ea·
ber bién que la probidad no se coneerv9: por largo tiempo sin la práctica de la piedad, y que ahmentar una pasión cuesta más dinero, dice un proverbio popular, que
ua caballo en la caballeriza.
No dejéis crecer alguna de el!as en v.uestro C?~ezón, y
procurad descubrir para destruirlas ó para deb1htar sus
efectos, las que germin~een en el. alma de vuestros domésticos: la pasión del hcor y del Juego en los h?m bree,
y la coquetería y el deseo de agradar en las mu¡eree, se
encuentraa, más ó menos, en el fondo del alma de todos.
TENER CUIDA.DO DE LOS P EQUEÑOS DESÓRDENES E N E L GASTO

Enaguas de alpaca con adornos de plissé y encaje.

Ya hemos hablado de estos pequeños desórdenes en el
gasto. Cuando se estudia con atención el malestar y la

escasez que reina en un grari número de casas, se ve con
facilidad que ese estado vecino de la miseria proviene
menos de la pobreza de los recnrsoe, que de cierto desorden que no se ha impedido, ó por descuido ó por pereza,
y que ha sido causa de una multitud de despilfarros diarios, que considerados aisladamentl', son poco importantes, pero cuya reuaion ha venifo á abrir un vacío en las
rentas.
Se dice vulgarmPnte que las}6venes tienm las manos horadada8, y que el dinero M puede contenerse en ella8. ¿Y no
habrá también así muchas caeas ó fami liae llenas de agujeros por donde se escapa sin provecho el dinero que reu•
ne-el trabajo?
¿Y no eerá mt y útil hacer una indicación acerca de
esos despilfarros ó desperdicios de dinero? Conocerlos
será el medio de evitarlos.
EN L AS COMP RAS

Los hav en lae compras que no han sido rigurosamente indicadas, que se han hecho en tiempo inoportuno, ó
que no se han vigilado; en aquellas sobre todo, que han

te oído por móvil unicalllilnte la vanidad, el capricho 6 el
simole atractivo;
Ya es un objeto de arte que se ha visto ea una expoei•
ción ó en el saló!!. de nna amiga; se le quiere poseer.
Ya es un tocado ú otro adorno ·que se ha oído ologiar;
se quiere ser admirada también con él.
Es tam bien con frecuencia un simple utensilio del menaje, que agrada únicamente por su forma, y COD el cual
sin embargo, no se tiene que hacer.
Ya hPmos hablado de la manía de comprar colecciones
fútiles; hay también mdnía de coltcciones útiks, no menos
diPpendioaa.
Una mujer tiene acumulado en su cocina óen su bodega tanto, que puede montar siete ú ocho m!ln11jes; y sm
embargo, como los nifl.os de quienes ella se burla, se dice
en cada nueva compra que hace: «Algo más de esto," y
va amontonando más.
·
Nada es tan inútil como la manía de cosas útiles, y nada Robre todo arruina tan pronto.
No comp1éis, sino al día siguiente, el~objeto de que te
néis deseo y que no es abeolutamete necesario.
•

�:ooMINGO II DE JULIO DE 1&amp;97

EL MUNDO

o:"
UN HERMOSO CUADRO CONMEMORATIVO

El MuNoo diario, al referine al jubileo del eel'.lor Ge•
neral Felipe Berriozáb31, quien fué afectuosamente festejado por haber cumplido cincuenta al'.loe de intachable
soldado, siempre en defensa de la causa liberal, habló
describiendo detalladamente un cuadro obsequiado al
sel'.lor General Berriozábal por los Generales y Jefes de la
guarnición, y que constituye un interesante obsequio.
Damos en esta plana una fotografía de este cuadro, que
no requiere descripción alguna, pues su hermosa distri•
bución salta á la vista. En el centio, en lugar de honor
se ve un magnifico retrato del obsequiado, y al pie de este
otro no menos inferior del eel'.lor General Vélez, y en re•
dedor, llenando el espacio que cierra un doble cuadro de
peluche y ore., los retratos de todos los Generales y Jefes
que tienen mandos de la guarnición y los de la mayor
parte de los Magistrados de la Suprema Corte Militar.
En la base del cuadro yé~uese una figura alegórica,
al pie de la cual se lee la siguiente inscripción:
Al preclaro y constante defensor de la Rep1íblica y de la
liberlad-Gen,ral de Divi.~i6n Felipe B. Bei-riozábal- los
Generales y Jefes de la Guarnición.
Este hermoso obsequio,
aparte del valor que le
dan \a respetabilidad del
ob~equiado y de los ob•
sequiantes, tiene el de
constituir un documento
histórico q u e mostrará
mañana el completo per·
eonal de los que hoy son
las más visibles cabezas
del ejército, después de
la de nuestro Primer Magistrado.

luto; los chinos, de amarillo; los turcoe, de azul; los
etiopes, de gris; y los egipcios, de color de hoja seca:
mientras que los europeos llevan el negro.
· En las Indias, las viudas á fin de dar cuenta de su dolor, se arrojaban en otro tiempo sobre la ardiente pira. •
Entre los cafres se cortan lae mismas un dedo, cuando
pasan á nuevas nupcias.
Los seflores y sefioras de la corte, en tiempo de la raza,
asistían en Francia á los entierros con los cabellos esparcidos y cubiertos con coniza, y algunos pueblos del grupo de Hologuen, en los mares del Sur, las barcas se quedan dos meees amarradas en la ribera, después del fallecimiento de un jefe.
Cuando moría algún jefe de lo~ gaulae, sns cria1os ee
daban violentos golpes y degollaban á uno de ellos en sel'.lal de duelo.
E luto y las ceremonias funerales han variado en casi
todos los pueblos.
Loe griegos y los romanos pagaban lloronas, y quemaban sils muertos; loe egipcios los embaisamaban, y los
fr¡¡,nceses de la Edad Media hacían hervir y salaban á
los que querian libertar dP la destrucción.
El cadáver de E;'.lrique V, rey de Inglaterra y de Fran-

ARMONIA

--••ut011u-

EL GORRION

Volvía de caza y caminaba por una alameda á
mi jardín. Corría mi pe•
rro delante de mí. De
pronto acortó el paso y
empezó á avanzarconcautela, cualei husmeara una
pieza delante de él.
Miré á la alameda y ví
un gurripato, aún con loe
lad&lt;;&gt;s del pico amarillos y
plu1µón en la cabeza.
t-e babia caído del nido
(.el viento balanceabacon
fuerza los álamos blancos
del paseo,) y estaba quie•
tecito, abriendo lastimeramente las alaitae, casi
sin plumas.
Con todos los músculos
en tensión acercábase á él
1 e$Oro, cuando de pronto
sal,ando de un arbol veci
no, un gorrión viejo, de
negra pechuga, cayó cual
uoa piedra delante mismo de la boca del perro,
y t'&gt;do erizado, enloquecido, jadeante, con un piar
quE&gt;jumbroso, desesperado, ealtó por dos veces en
dirección á las fauces
aquellas, cubiertas y armarlas de dientes agudos.
Habíase arrojado para
salvar á su hijo para serviJ le de muralla.
Pero todo su cuerpecillo se estremecía de terror, su grito era ronco y
salvaje, moría, sacrificaba~ su existencia, ¡Qué
monstruo tan enorme debía parecer á sus ojos el
perro! Y, sin embargo,
no pudo permanecer en
eu rama tan alta y segura. Una fuerza más po•
deroea que su voluntad
le había hecho precipitarse desde ella.
Detúvose 7'esoro, retro•
cedió. Dijéraee que él
mismo había reconocido
Cuadro conmemorativo
2quella fuerza.
Me apresuré á llamar á
mi perro, todo confuso, y me alejé lleno de una especie
de santo respeto.
Sí, no os r1ais, era reapeto lo qne sentí á la vista de
aquel heróico pajarillo, ante su impulso de amor.
Y pensé: el amor es más iuerte que la muerte y el temor
á la muerte. Solo por el amor se mueve y sustenta la vida.
lYAN TuRGUENEFF,

EL LUTO EN LOS DIVERSOS PAISES

La manifestació.n exterior de los pesares varía según
las religiones, los climas y las costumbres.
Los pueblos d_o Oriente adoptaban por lo general los
C&lt;' lores claros.
Los pueblos de Occidento eligieron los colores sombríos.
Así, pues, los J aponeses llevaban el color blanco en

marmol, vistió todo el reino de jerga blanca, que era el
color de los lutos del siglo XVI; pero esta fué la última
vez que se usó en España, quedando para en adelante el
us1 del color negro.
Los príncipes reinantes y los cardenales gastan el luto
. de color morado, para un tiempo marcado rigurosamen•
te según la etiqueta.
En varios países de Europa el luto del padre y de la
madre se lleva seis meses.
El de los abuelos cuatro meses y medio.
El dd una hermana ó hermano, dos meses; el de un
tío ó una tfa, tres semanas; el de un primo ó una prima
quince días, Ei son priwos hermauos, y ocho días si son
primos segundos.
El marido guarda el luto de su mujer seis meses, y las
viudas de su marido un año y seis semanas. La práctica
ha duplicado esos tiempos.
Pau los grandes luto, la lana ee la permitida las seis
primeras semanas; la seda no es sino para después.
Por el Papa no se lleva luto. Mas, asf como la iglesia
conserva el eterno luto de su Dios crucificado, igualmen•
te en ambos hemisferios, en todas las naciones, en todo~
los pueblos, el luto de la persona verdaderamente amada se lleva eternamente
en el corazón.
No lo constituye el traj~, sujeto á la moda, que
ll pesar dA eu forma y co•
lvr, permite asistir á los
paseos y á las diversiones
públicas.

Ya se va el príncipe el
Sol con su coraza de diarnantes y su celada de oro.
Le sigue su ejército incenll iari-o, vestido de escarlata y luz; allí avanza la indómita falaLge de los Re·
lámpagos , pestañeando
azufre.
En lo infinito se presen ·
ta como sombra encanta•
da, la diadema de al
alianza, el Arco Iris,
coa sus colores de esmalte y pedrería, el palacio
,-n donde vive la poetiza
Lluvía, con su caceada de
brilantes, cantaudo la
canción del Trueno-se•
flor capriohoso y tirano,
hermano del Rayo-y en
donde ee ospeda entre
charcas y brumas, el te·
rrible dios Frío.
Más allá está el atrio
roisterioeo de la entrada
del Olimpo, e n donde
duerme el querubín de
alas, con su espada de dos
filos y sus ojos que des
piden llamas......
Mirad aquel viejo Ji.
bertino cargado de grani·
zos y manchado de polvo:
es el Viento, el gran in·
dependiente. Está ebrio, lo
han obligado á presen·
tarse con todos sus siervos, y ha traído á la cruel
Tempestad con su hijo el
dragon Huracan.
Llegó la Noche, la eterna viada vestida de luto:
apareció la Jana con su
nimbo de plata, la bella
enamorada, coronada de
estrellas y envuelta en eu
manto de melancolía; va
pisando eobre alfombras
de nieblas: de un lado
viene la virgen pálida del
cieio, Venus, esa lángui•
Ofelia de albo peinador y
de cabellos rubios; y del
otro, Júpiter, el orgulloso descendiente de dioses,
con su flor de lis y su faja de fuego.
Ya lleg-S Orion, el ga.
llardo caballero fantásti•
de México al Sr. General
co; lo sigue Taurus, mi•
rando con su ojo encendido las tímidas claridades de las Pléyades y de Sirio.
Ya van apareciendo los lej,mos súbditos anémicos del
Sidéreo Imperio, y se ve la Víe Láctea como un velo de
novia desp·endido de la corona de una recién casada.
Armonía! Arm&lt;m(a! Ya se anuncia la llegada del Prín
cipe Sol, en su carro de fuego, con su traje de púrpura y
seda. Ya viene el Alba. Ya' se ven los celajes eonrosados
del Oriente: el cielo q,111 sonríe á la F.ilicidad.
Allf esté la cortina mflamada de oro y carmín: llegó la
Aurora bajo su palio inmaculado de eterna desposada;
trae en su~ brazos al nifio de la blanca túnica, con su
cetro de floree y en libro rojo .........
Ya llegó el Año con sus espigas verdee, cargado de ilusiones.
¡Ya lleg6el Príncipe Sol con su coraza de diamant.es y
su celada de oro, en su carro de fuego, con su traje de
púrpura y eeda! .........

TOMO JI.

MEXICO, JULIO '.Z5 D~ x897.

•

, NIJMltRO 4•

$scenas me~icanas.

f

•
1

l)

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q

~8i1. • PEL1rli

~

MIOZBB

obsequiado por los Generales y J~fes de la Guarnición
Berrlozábal con motivo de su Jubileo.

cia, que falleció en Vicennes en 1 422, fué tratado de
aquel modo. según Juvenal rie loe Uraiños.
En el entierro de Cárlos VI, los pre•identes dP los tribunalee, vestirlos de gran uniforme, llevaban las cintas
del pafio mortuorio que eran de oro; el eecudero mayor
ma1chaba delante de na corcel cnbierto d" eatin blanco;
los individuos del parlamento iban veetidoe de Pscirlata
y los escuderos y criados efgnían vePtidoe de negro.
Los reyes de Polnnia se Vtlstfan rncerd,italmente Pn el
día de su coronación, y BE' entPrraban d~spuée con squel
vestido que no les sirvió más que un solo día.
Durante mucho tiempo las reinas vindae de Francia
ee vistieron de blanco, de donde les ,·ino el nombre de
reinas blancas, conservado por la historia muchas de
ellas.
Cuando murió en 1497, el príncipe Don Juan, hijo de
los reyes católicos, que ee halla enterrado en la iglesia
de Santo Tomás de Avila, en un msgnifico sepulcro de

)

PEDRO ()tsAR DOMINICI.

1
"i!os ~agartijos."
[Dibujo de J, M. Vlllasana,]

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>:ooMINGO II DE JULIO DE 1&amp;97

EL MUNDO

o:"
UN HERMOSO CUADRO CONMEMORATIVO

El MuNoo diario, al referine al jubileo del eel'.lor Ge•
neral Felipe Berriozáb31, quien fué afectuosamente festejado por haber cumplido cincuenta al'.loe de intachable
soldado, siempre en defensa de la causa liberal, habló
describiendo detalladamente un cuadro obsequiado al
sel'.lor General Berriozábal por los Generales y Jefes de la
guarnición, y que constituye un interesante obsequio.
Damos en esta plana una fotografía de este cuadro, que
no requiere descripción alguna, pues su hermosa distri•
bución salta á la vista. En el centio, en lugar de honor
se ve un magnifico retrato del obsequiado, y al pie de este
otro no menos inferior del eel'.lor General Vélez, y en re•
dedor, llenando el espacio que cierra un doble cuadro de
peluche y ore., los retratos de todos los Generales y Jefes
que tienen mandos de la guarnición y los de la mayor
parte de los Magistrados de la Suprema Corte Militar.
En la base del cuadro yé~uese una figura alegórica,
al pie de la cual se lee la siguiente inscripción:
Al preclaro y constante defensor de la Rep1íblica y de la
liberlad-Gen,ral de Divi.~i6n Felipe B. Bei-riozábal- los
Generales y Jefes de la Guarnición.
Este hermoso obsequio,
aparte del valor que le
dan \a respetabilidad del
ob~equiado y de los ob•
sequiantes, tiene el de
constituir un documento
histórico q u e mostrará
mañana el completo per·
eonal de los que hoy son
las más visibles cabezas
del ejército, después de
la de nuestro Primer Magistrado.

luto; los chinos, de amarillo; los turcoe, de azul; los
etiopes, de gris; y los egipcios, de color de hoja seca:
mientras que los europeos llevan el negro.
· En las Indias, las viudas á fin de dar cuenta de su dolor, se arrojaban en otro tiempo sobre la ardiente pira. •
Entre los cafres se cortan lae mismas un dedo, cuando
pasan á nuevas nupcias.
Los seflores y sefioras de la corte, en tiempo de la raza,
asistían en Francia á los entierros con los cabellos esparcidos y cubiertos con coniza, y algunos pueblos del grupo de Hologuen, en los mares del Sur, las barcas se quedan dos meees amarradas en la ribera, después del fallecimiento de un jefe.
Cuando moría algún jefe de lo~ gaulae, sns cria1os ee
daban violentos golpes y degollaban á uno de ellos en sel'.lal de duelo.
E luto y las ceremonias funerales han variado en casi
todos los pueblos.
Loe griegos y los romanos pagaban lloronas, y quemaban sils muertos; loe egipcios los embaisamaban, y los
fr¡¡,nceses de la Edad Media hacían hervir y salaban á
los que querian libertar dP la destrucción.
El cadáver de E;'.lrique V, rey de Inglaterra y de Fran-

ARMONIA

--••ut011u-

EL GORRION

Volvía de caza y caminaba por una alameda á
mi jardín. Corría mi pe•
rro delante de mí. De
pronto acortó el paso y
empezó á avanzarconcautela, cualei husmeara una
pieza delante de él.
Miré á la alameda y ví
un gurripato, aún con loe
lad&lt;;&gt;s del pico amarillos y
plu1µón en la cabeza.
t-e babia caído del nido
(.el viento balanceabacon
fuerza los álamos blancos
del paseo,) y estaba quie•
tecito, abriendo lastimeramente las alaitae, casi
sin plumas.
Con todos los músculos
en tensión acercábase á él
1 e$Oro, cuando de pronto
sal,ando de un arbol veci
no, un gorrión viejo, de
negra pechuga, cayó cual
uoa piedra delante mismo de la boca del perro,
y t'&gt;do erizado, enloquecido, jadeante, con un piar
quE&gt;jumbroso, desesperado, ealtó por dos veces en
dirección á las fauces
aquellas, cubiertas y armarlas de dientes agudos.
Habíase arrojado para
salvar á su hijo para serviJ le de muralla.
Pero todo su cuerpecillo se estremecía de terror, su grito era ronco y
salvaje, moría, sacrificaba~ su existencia, ¡Qué
monstruo tan enorme debía parecer á sus ojos el
perro! Y, sin embargo,
no pudo permanecer en
eu rama tan alta y segura. Una fuerza más po•
deroea que su voluntad
le había hecho precipitarse desde ella.
Detúvose 7'esoro, retro•
cedió. Dijéraee que él
mismo había reconocido
Cuadro conmemorativo
2quella fuerza.
Me apresuré á llamar á
mi perro, todo confuso, y me alejé lleno de una especie
de santo respeto.
Sí, no os r1ais, era reapeto lo qne sentí á la vista de
aquel heróico pajarillo, ante su impulso de amor.
Y pensé: el amor es más iuerte que la muerte y el temor
á la muerte. Solo por el amor se mueve y sustenta la vida.
lYAN TuRGUENEFF,

EL LUTO EN LOS DIVERSOS PAISES

La manifestació.n exterior de los pesares varía según
las religiones, los climas y las costumbres.
Los pueblos d_o Oriente adoptaban por lo general los
C&lt;' lores claros.
Los pueblos de Occidento eligieron los colores sombríos.
Así, pues, los J aponeses llevaban el color blanco en

marmol, vistió todo el reino de jerga blanca, que era el
color de los lutos del siglo XVI; pero esta fué la última
vez que se usó en España, quedando para en adelante el
us1 del color negro.
Los príncipes reinantes y los cardenales gastan el luto
. de color morado, para un tiempo marcado rigurosamen•
te según la etiqueta.
En varios países de Europa el luto del padre y de la
madre se lleva seis meses.
El de los abuelos cuatro meses y medio.
El dd una hermana ó hermano, dos meses; el de un
tío ó una tfa, tres semanas; el de un primo ó una prima
quince días, Ei son priwos hermauos, y ocho días si son
primos segundos.
El marido guarda el luto de su mujer seis meses, y las
viudas de su marido un año y seis semanas. La práctica
ha duplicado esos tiempos.
Pau los grandes luto, la lana ee la permitida las seis
primeras semanas; la seda no es sino para después.
Por el Papa no se lleva luto. Mas, asf como la iglesia
conserva el eterno luto de su Dios crucificado, igualmen•
te en ambos hemisferios, en todas las naciones, en todo~
los pueblos, el luto de la persona verdaderamente amada se lleva eternamente
en el corazón.
No lo constituye el traj~, sujeto á la moda, que
ll pesar dA eu forma y co•
lvr, permite asistir á los
paseos y á las diversiones
públicas.

Ya se va el príncipe el
Sol con su coraza de diarnantes y su celada de oro.
Le sigue su ejército incenll iari-o, vestido de escarlata y luz; allí avanza la indómita falaLge de los Re·
lámpagos , pestañeando
azufre.
En lo infinito se presen ·
ta como sombra encanta•
da, la diadema de al
alianza, el Arco Iris,
coa sus colores de esmalte y pedrería, el palacio
,-n donde vive la poetiza
Lluvía, con su caceada de
brilantes, cantaudo la
canción del Trueno-se•
flor capriohoso y tirano,
hermano del Rayo-y en
donde ee ospeda entre
charcas y brumas, el te·
rrible dios Frío.
Más allá está el atrio
roisterioeo de la entrada
del Olimpo, e n donde
duerme el querubín de
alas, con su espada de dos
filos y sus ojos que des
piden llamas......
Mirad aquel viejo Ji.
bertino cargado de grani·
zos y manchado de polvo:
es el Viento, el gran in·
dependiente. Está ebrio, lo
han obligado á presen·
tarse con todos sus siervos, y ha traído á la cruel
Tempestad con su hijo el
dragon Huracan.
Llegó la Noche, la eterna viada vestida de luto:
apareció la Jana con su
nimbo de plata, la bella
enamorada, coronada de
estrellas y envuelta en eu
manto de melancolía; va
pisando eobre alfombras
de nieblas: de un lado
viene la virgen pálida del
cieio, Venus, esa lángui•
Ofelia de albo peinador y
de cabellos rubios; y del
otro, Júpiter, el orgulloso descendiente de dioses,
con su flor de lis y su faja de fuego.
Ya lleg-S Orion, el ga.
llardo caballero fantásti•
de México al Sr. General
co; lo sigue Taurus, mi•
rando con su ojo encendido las tímidas claridades de las Pléyades y de Sirio.
Ya van apareciendo los lej,mos súbditos anémicos del
Sidéreo Imperio, y se ve la Víe Láctea como un velo de
novia desp·endido de la corona de una recién casada.
Armonía! Arm&lt;m(a! Ya se anuncia la llegada del Prín
cipe Sol, en su carro de fuego, con su traje de púrpura y
seda. Ya viene el Alba. Ya' se ven los celajes eonrosados
del Oriente: el cielo q,111 sonríe á la F.ilicidad.
Allf esté la cortina mflamada de oro y carmín: llegó la
Aurora bajo su palio inmaculado de eterna desposada;
trae en su~ brazos al nifio de la blanca túnica, con su
cetro de floree y en libro rojo .........
Ya llegó el Año con sus espigas verdee, cargado de ilusiones.
¡Ya lleg6el Príncipe Sol con su coraza de diamant.es y
su celada de oro, en su carro de fuego, con su traje de
púrpura y eeda! .........

TOMO JI.

MEXICO, JULIO '.Z5 D~ x897.

•

, NIJMltRO 4•

$scenas me~icanas.

f

•
1

l)

h

q

~8i1. • PEL1rli

~

MIOZBB

obsequiado por los Generales y J~fes de la Guarnición
Berrlozábal con motivo de su Jubileo.

cia, que falleció en Vicennes en 1 422, fué tratado de
aquel modo. según Juvenal rie loe Uraiños.
En el entierro de Cárlos VI, los pre•identes dP los tribunalee, vestirlos de gran uniforme, llevaban las cintas
del pafio mortuorio que eran de oro; el eecudero mayor
ma1chaba delante de na corcel cnbierto d" eatin blanco;
los individuos del parlamento iban veetidoe de Pscirlata
y los escuderos y criados efgnían vePtidoe de negro.
Los reyes de Polnnia se Vtlstfan rncerd,italmente Pn el
día de su coronación, y BE' entPrraban d~spuée con squel
vestido que no les sirvió más que un solo día.
Durante mucho tiempo las reinas vindae de Francia
ee vistieron de blanco, de donde les ,·ino el nombre de
reinas blancas, conservado por la historia muchas de
ellas.
Cuando murió en 1497, el príncipe Don Juan, hijo de
los reyes católicos, que ee halla enterrado en la iglesia
de Santo Tomás de Avila, en un msgnifico sepulcro de

)

PEDRO ()tsAR DOMINICI.

1
"i!os ~agartijos."
[Dibujo de J, M. Vlllasana,]

�~L MUNDO

''ELMlJNDO"
Semanario Ilustrado.

Teléfono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la Reiacción, debe ser dirigida al
Director, Lle. Rafael Reyes Spindola.
Secretario de Redacción,

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La subscripción á

EL MUNDO

vale $1.25 centavos al

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Todo pa&amp;o debe ser precisamente adelantado.
RÉGlBTRADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE,

t11latas tbitarialts.
!tt huma dnbab br jlérico.
Ya nuestra excelente capital va tomando los perfiles
de una gran ciudad; ya loe domin¡1;os nos permitimos el
!ujo de coniar con cinco ó aeis lugares de espectáculos
públicos, todos ellos concurrilios; ya á la hora en que el
eol drclina, un rosario de coches atraviesa la arteria
principal de la población; tenemos lui eléctrica, pavimento agradable á trechos, paseos que se hermosean; pe•
ro todavía nos faltan otros elementos indispensables á la
vida de las modernas ciudades.
Nuestras casas son incómodas, mal repartidas; no hay
bastantes hoteles y los que hay no reunen las mejores
condiciones; en materia de alimentación, nuestras foa•
das no se muestran de lo más exquisito en el arte de Bri•
llat--Savarin; en suma, esta ciudad que ostenta una faz
luminosa, tiene, como la Luna, un hemisferio que no ve•
moa, ó tal vez que nos complacemos en no ver nunca.
Descuidos imperdonables se encuentran á cada paso,
y á nadie como al viajero se hacen perceptibles. Aquí el
que quiera comprar un ramo de flores ó media docena
de frutas, tendrá que surtirse en la vía pública y tomar
la mercancía de manos, no siempre limpias, del primer
Yendedor ambulante.
Aparadores sugestivos tenemos en las principales
calles de productos de importación; para los productos
nacionales no hemos sabido encontrar una envoltura
conveniente; los exponemos de un modo primitivo; co•
mo en las vi•jas f¿rias de los poblacho~, ee hacinan por
tierra en la plaza pública las mercancías destinadas al
coneumo del vecindario.
Y sin embargo, sabido es que una de las causas que
contribuye á aumentar la venta del artículo, es el arte
con que se presenta al comprador. Los franceses son
maestros en eeta materia, y una buena parte del extraor•
dinario éxito del comercio de esta nacionalidad se debe
á su exquisito cuidado en atenderá estos detalles.
La buena ciudad de México, con sus perfiles de gran
población y eue rasgos de deslumbradora mise en scene,
carece todavía de eeae menudencias que forman el prin•
cipal encanto de la moderna existencia civilizada.

íos tlan.co-.s tJ la agrintlturtt
Sd ha tratado en estos días de los servicios prestados
por los Bancos á las necesidades de las clases producto•
rae. Semejantes servicios se refieren principalmente al
anticipo de fondos, en favor de personas consagradas á
la explotación de la riqueza pública.
Pero entre estas clases hay grupos que, por su excelente situación económica, rara vez tienen que acudirá ope·
raciones de crédito. La indus'-ria de hilados y tejidos,
la misma minería, se encuentTan por algún modo aparta•
das de la acción bancaria; son industrias sólidamente
establecidas y con recursos permanentes para cubrir en
todo tiempo sus atenciones.
El gn1po que con mayor urgencia reclama el apoyo de
los Bancos, es el agrícola, que, por causas que no son del
caso exponer, se hallan muy distantes de la excelente

condición de las demás industrias. Se ha hablado mu•
cho en esta última época del crédito agr1cola, y sobre es•
ta palabra se ha pretendido fundar un B.1nco destinado
á favorecerá los trabajadores de los campos.
Por.desgracia no existe crédito eepecial ¡,ara determi ·
nado gremio. El crédito es tíaico é indivisible, y por
igual favorece al agricultor que al minero, al fa bricame de
mantas que al cultivador de pitahayas: el asunto es que,
las personas q,ie lo soliciten, &lt;Jfrezcan al banquero garan·
tfa material y moral para afrontar rna compromisos. To·
doe loa ensayos hechos en el extranjero, para fatablecer
un crédito ePpec,al agrícola, han fracasado, alguno de
ellos con JUidosa catástrofe.
Loe eetablecimien1os de crédito agrícola, que funcioaan
actualmente en Europa, son más bien cajas de mutua·
listas, en las que la solidaridad de todos loe asociados
reeponde de las necesidades de cada uoo. E,tas cajas
locales abrazan determinada region, por manera que
están al corriente de h1a condiciones económicas de cada
agricultor, sus poeibi1iJadeP. etc., y de este modo pue·
den fácilmente graduar el crédito dd que solicita un
anticipo.
Un B1nco establecido en la capital de una nación,
centro del comercio, con n1 g ,cios de gran perdpecti va,
siempre opondrá difüultadea y dilaciones á una opera•
ción de crédito en la que como prenda se le presente la CJ·
secha futura de una h1cienda á mil kilómetros de distancia. Mostrarse abierto áesta clase de operaciones ea correr un peligro eminente.
En este sentido, los B1ac)e locilee, los de loe E~tados,
como el que acaba de or6anizarde en el de México, son
los que están en actitui de bentficiar á la agricultura.
Ellos, CM conocimiento de los elementos de la zoaa en
que ee hallan radic1dos, pueden fácilmente inaugurar
el crédito agrícola que no será otro, volvemos á repetir,
que el que personalmente merezc1 cada agricultor, teniendo por termómetro la rasultante da la opinión libremente diecutida en q·1e esta p nonalidid teuga vinculados sus bienes.
0

Palftica Qirneral.
RESUMEN.~La guerra de Cuba y la anex16n de las
Islas Hawaii. - Una alianzs hispano-japonesa contra loa Estados Unidos.-Rumores infunoiados.-

EI concierto europeo.-Preponderancla en el Mediterráneo.-la marina francesa y la fortific•ci6n
de Túnez.-Recelos de ltalia.-Alem 1nia é lnglate•
rra. - Un incidente de trascendencia.-Explosi6n
de odio anti-germánico.

Des:ie hace varios días se ha repetido con insistencia
noticia de haberse concluido una alianza ofensiva y de·
fensiva entre el imperio del Japón y la monarquíaespa•
.flola. Señilaae como punto objetivo de esta aliaaza,
oponerse á la expansión territorial que se manifiesta en
los E3tados U nidos, ya proctirando la anexión de las Islas
Ha waii en el Pacifico, ya atizando la insurrección cubana
en el Atlántico.
El imperio del Sol Naciente herido en sus intereses al
ver desaparecer el gobierno independiente de Iüwaii,
pues con eso pierde un lugar seguro para sus explotaciones mercantila!, ha protestado primero, manifestando
su franca oposición á los pretendidos proyectos de aoe•
xión, y buscado después los medios que lo ayu ien para
contrarrestar la influencia de la Unión amerioana.
El Gobierno de S. M Católica, persistiendo An la
creencia de que la ayu la de los americanos es lo que prin•
cipalmente sostiene la guerra en Cuba, y pensando que,
faltos de ese apoyo, tiempo ha que los insurreclos ha•
brían sucumbido bajo el peso de los ejércitos de Weyler,
busca por su parte fuerzas extrañas que lo auxilien para
rechazar la oculta intervención de los Estados Unidos.
T11les son las razones que se alegan para explicar la
proyectada alianza.
Si existe en realidad, aun no se confirma la noticia, y
más bien recibe rectificacicnee frecuentes que parecen
tomadas de fuentes oficiales. Sfgueee, sin embargo, in•
eistiendo sobre el asunto, y se habla de aumento de la
escuadra americana en las aguas del P.icífico, de movi•
miento en los astilleros del Japón, de intentos de ad•
quirir buques nuevos en España y los Estados U nidos:
todo esto significa prevenciones poco pacíficas por parte
de los-gobiernos, y cuando menos anuncia r\lm1res sor•

DOMINGO

as

DE. JU_LIO DE 1897

dos de tormenta, rugidos lej1nos de futuras catástrofes ypor lo mismo, da lugar á comentarios de diversa índole.

***

En el orden puramente oficial, en lo qlle se llama la
corrección diplomática, el gobierno americano ha sabhlo
co~se:var perfecta neutralidad sobre la cuestién cubana.
lJierto es que en el Saaado Ee han oído diecursos ince11•
dialios y voces de alarma más ó menos hostilas contra la
nación eepañola, en fxploeiones de simpatía á favor d.,
la independencia de Cuba; pero la inviulabilidad de lo.!
senado•es y su inalineable derecho de expresar cuale~·
quiera opiniones, poaen á salvo de toda responsabilid,1 l
al gabinete de Wáshington.
Es verdad que ea PI :erritorio de la Unión se organinn
juatas, ee celebran meeting.j, se abren subscriciones pnrn
la guerra, y en la prens:i, en la cátedra, en la tribuna yaún en el púlpito, se propagan las iJea9 á favor de loe
que luchan por su libertad en el suelo antillano; es ver·
dad que de l~s puertos ame.ricanos p 1rten á la continna
expediciones filibusteras, que llevan á tierra cubana ele•
mentas de guerra; pero también por esto, libre está el g'l·
bierno de la Casa Blaac1 de las responsabilidades que se
le atribuyen: lo primero no puede evitarlo sin herir 1i-i
derechos de los ciudadanos guantizados por la Constitu·
c"óa, á lo segundo se ha opuesto siempre, evitando, cuan•
do ba estado en su mano, las expediciones a1madas que
quebrantan su correcta neutralidad.
No vemos, pues, lag razoaes que haya para la pretendida alianza ofensira hispano-japonesa. Repetidas veces
el gobierno de )1adrid ha declarado la cordial harmonía,
la franc:i. ami;tad y buenas relaciones que lo unen al Gabinete de Wa•hington.

***
Si el ministro del Jap6n residente un los Estados Uni•
dos, ha declarado también ab:ert!rn1ente, que bajo ciertas restriccianes nada podría alPgar su gobierno contra
la anexión de las l:llas Hawaii, no l8 avienen estas declaraciones con el tratado de que se habla.
Por lo demás, ¿có~o habiam0s de creer que España.
buscaría un aliado en quien ayer consideraba su enemigo? ¿Cómo pensar que hallaría apoy.:&gt; en el Japón, á quien
no ha mncho se acusaba :ie lo mismo que se culpa á los
Estaios U oídos, diciendo que solapidamente ampara,
protege y atiza la insurrección ea Filipinas?
Cuando los ruidosos triunfos del Mikldo sobre el imperio chino, la Europa interpu!o · su veto, para escatimar
el fruto de la victoria, sólo las grandes potencias toma•
ron parte en esa intervención; y entonces los políticos
españoles ee extrañaron de que el GJbierno de S.M.
C 1tólica permaneciera inactivo, c~ando era el más directa_
mente amenazado con el engrandecimiento del Japón, á
causa de la vecindad de éste con el archipiélago filipino.
¿Si ayer el Japón era una amanan para los intereses
de España, ¿puede ser ahora una esparanza? ¿E3 posible
un cambio tan completo en los manejos de la diplomacia?

***

Por fin las Cámaras francesas han votado los créiitos
cuantiosos, que eolicitabae!Gobierno para el departamen·
to de Marina. Fuertes cantidades se emplearán en el aumento de la ya poderosa escuadra del Mediterráneo, y
en la fortificación de los puer~os en las coa tas africanas
que están bajo la bandera de la R~pública. La nacientecolonia de Túnez, que fué a1quirida á pesar de las rivalidad~s de Italia, será dentro de poco un poderoso b1•
luarte, una atalaya avanzada frente á las costas de Sicilia.
Dueña Iaglaterra de una serie de puntos estratégicos,
extendidos por la cuenca del mar Interior desde Gibral•
tar hasta el canal de Suez, que la hacen soberana en,
aquellas aguas y la primera potencia marítima del Mediterráneo, no quiere Francia conservar puesto inferior,.
y por eso se prepara con gastos iom~nsos y verdaderos
sacrificios.
En medio de esa dulca harm1nla que reina entre las
potencias europeas, de e3e delicioso concierto con que
ocultan hipócritamente sus aviesas intenciones y secretos fines, en medio de esa uniformidad de aspiraciones, solamente interrumpida á veces por los clamores•
dolientes de Grecia y las notas agresivas y amenazantes
del Sultán, no es muy tranquilizado.ra la actitud de
Francia.
Por eso ha insistido con tanta tenacidad et Emperador
de Alemania, exigiendo también créditos suficientes para
elevar la marina del Im~erio á la altura que piden las ac

DOMINGO 25 deJULIO de 18517

tuales circunstaneias. Nada le ha importado
la primera negativa del parlamento, nada las
deeidencias que han brotado en el seno de su
gabinete, nada los clamores de las clases obre•
ras obligadas á cubrir nuevos impuestos, na•
da las protestas manifiestamente hostiles de los
diputados socialistas ante ·la representación nacional: firme en sus propósitos é intraneigente
en sus deseos, todo lo ha arrollado y está resuelto á realizarlos á todo trance.
No podía permanecer indiferent~ ante el engrandecimiento marítimo de Francia, su odia·
do rival.
Entre tanto, Italia, que mira amenazada sns
costas meridionales por las forti ficacionea d.~
Túnez, es la primera en dar la voz de alarma,
y no tardará mucho su gobierno en pedir á las
cámaras la autorización para emprender nue·
vos gastos, y el pueblo que ya gime bajo el
peso de los impuestos, soportará el nuevo eacrificio si no apela á las protestas ruidosas del
rocialiEmo, que en otra ocaeión han sido estó
riles.

S7

EL MUNDO

conformidad con sus intereses y euR comodidades;
rnáe bien se diría que es el público quien hace por
plegaree á las exigencias de los servicios públicos.

DAMAS DISTINGUIDAS

EL C0NFGMO DE CARBÓN PARALOSTRASATLÁNTIC(lS
:MC•DERNO&amp;

Una re,ieta cientl:fica alemana, P1·omelheus, pa.ra
moetrar la importancia exagerada que tienen los
grandes buques de ahora en el consumo general dei
carbón, cita el ejemplo de la City oj Par!s.
Este trasatlántico no consume menos de 300 to•
reladas de carbón por día, y, en el momento de su
partida, debe eml::arcar 3,600toneladas de combus•
tibie, cuyo transporte exije seis trenes de sesenta
wagonee.
LfS GRANDES PUENTES

El Scientific American da, como el puente más
¡_rande del mundo, el que se estableció por encima
de la Tay en Eecocja. Este puente mide 3.200 metros, y supera, por consiguiente, al fitmoso puente del Forth que no tiene más que 2.94 metros
de longitud.
Vienen en aeguida los puentes de:

***

1\Iucho se ha hablado del sentimiento hostil
que mútuamente crece entre Alemania y la
Gran Bretaña. Desde hace dos años en que que.
daron frente á frente en el Africa del Sur, por
cauea de las agitaciones de la República del
Transvaal, los intereses británicos y los inte
reees alemanes, el rencor ha ido creciendo, la
rivalidad se ha hecho manifiesta, y á nadie se IE&gt;
ocultan las explosiones de enemistad que ha
habido en la preoea de ambos pafses.
Un hecho reciente viene á poner en eviden·
cia el odio de que hablamos, y tal vez dé ocasión
á complicaciones serias. Procedentes de las cos ·
tas germánicas llegaron á inglaterra varios comisionados del mi nieterio de Guerra, con el obje.
to de lanzar deede Dover, dos mil palomas viajeras, á
ver si sabían volverá la ciudad de Dueseldorf en Prusia
y cerca de la ribera derecha del sagrado Rhin. Se·
mejante ensayo ha provocado serias discusiones en la Cá•
mara de los Comunes; alguien ba dicho que Alemania no
lo habría tolerado en su territorio, y los comentarios de
ia prensa, violentos y apasionados, hacen sospechar la
honda imrresion que ha causado en todo el Reino Unido. Un periódico aconseja que las próximas palomas
viajera~, que remitan de Alemania, seao arrojadas al mar
en uaión de los oficiales que las conduzca □•
Ojalá y el incidente que por sí mismo provoca hondas
reflexiones, no tenga graves resultadoe, ni llegue á ocasionar un rompimiento entre los dos países, cuyos sobe•
ranos eetán tan íntimamente unidos por los lazos de la
sangre.
X.X.X.
Julio 22 dP 1897.
OTRO PAGO DE $3,000.00 DE "LA MUTUA"

EN URUAPAN.

Recibimos de «The Mutual Life Insurance Company
(lf New York» la suma de $3.000,00-tres mil pesos
fuerte~. en pago total de cuantos derechos de la póliza
núm. 740,457, bajo la cual á nuestro favor estuvo aeegu, ado nuestro hermano el Sr. D. JUAN l\focro PEREZ, Y
para la debida constancia en nuestro carácter de beneficiarios nombrados en la póliza y con capacidad legal para ello, extendemos el presente recibo en la misma póliza que se devuelvA a la Compañia para su cancelación.
-Uruapan, á 8 de Julio de 1897.
A ruego de la Srita. Igaacia Pérez que nop11ede firmar por impedimento físico.-Firmado, S. GUILLÉ:l! Firmado, EosEBIA PÉREZ.
A ruego de la Srita. Petronila Pérez que no puede firmar por impedimento fleico.-Firmado, GRACIANO SAL·

Noerdyck (Ho:anda) ............ 1,470 metros.
Vo)ga (Rusia) ..................... 1,438 ,,
Wistula (Alemania) ............ 1,325
"
Tbcen (Id.) ......................... 1,272
"
Graundenz l Elba-Allem) ..... 1,092 ,,
La amplitud más grande para un arco único se
encuentra en el puento de Forth, donde alcanza
321 metros. El puente sobre el Elb!I tien&amp; un arco
de 420 metros.
Señorita Consuelo Rabasa Tirado. ( De Chiapas) .
[Fotografia Mora¡

AL PIE DE UN RETRATO
-¡Es verdad! ¡ Es verdad! Todavía el Ideal, el eterno
Ideal, el martirio de los abatidos de la vida, hace su apa•
rición excelsa en un alto del camino. Todo lo que el es·
píritu ha entrevisto en ese país ignorado y misterioso, en
esa tierra prometida, allá, lqoe, muy lejos, ba ido á en•
cerrarse ea el marco exquisito de UM cabeza soñadora,
en el óvalo irreprochable de una silueta suave y deli
cada.
¡Oh ensueños de la adolescencia, radiosas palpitacio·
nea, inspiradas estrofa~, rubores sin causa, cuadros esfumados por el pincel tembloroso de la Santa Poesía, rom•
ped vuestra prisión, evadíos de la reja en que la vida, ru ·
da y miserable, 'lB retiene, tended vuestras alitas frági•
les, eeplrcid vuestras ráfagaB luminoeas, dejad caer las
gotitas de oro de vuestra lluvia bienhechora!
Cosas buenas que dormís el suei'lo del olvido en las
profundidades del alma, ya tenéis forma humana. Sed
bienvenidas, cosas buenas del alma!.. ....
Plegarias desgrsnadae, súplicas desconocidas, piedades supremas, aún os agitáis en la insondable noche de
la conciencia; todavía, viejo Fausto, claudicante y triste,
murmur¡rn tus labios temblorosos la rt&gt;dentora oración
que te sublima, en la blanca alcoba de Margarita:
¡Cuánta ventura en esta estancia! En este asilo ¡cuánta
felicidad!

LA POBLACIÓN

El censo hecho el 31 de Diciembre del afio último, atribuye á Rusia un total de 13:Ull.863 habitantes. El
censo de 1885 daba las cifras de 108.619,332, ó sea un
crecimiento medio de cerca de dos millones de habitantes por año. Ru~ia europea está actualmente poblada
pQr 94.188, 750.
L&lt;J.s ciuiladea meas más pobladas están en el orden siguiente: Petersburgo con 1.267,028 habitantes; Moscnw
con 488.610; Varsovia con 614,752; Odessa con 404,651;
Lodze (P ,Jonia) con 31-1,780; Riga con 282,943 y Kiew
con 248,750.
LA MÁ,s

PODEROSA LOCO:MOTOR.-1.

Lo compañia del Nord-Pac'fique, acaba de poner en
servicio una locomotora que es considerada por auscone·
tructores como la más poderosa que haJta el día se haya
construido:
Esta locomotora, con su tender, tiene una longitud total de 18m 90. Su peso 1is de 8-1 toneladas, y por su parte
el tender vacío pesa 16 toneladas y puede reciliir 18 metros cúbicoe de agua y 7.5 toneladas de carbón.
En un ensayo práctico sobre el ..Yew York Central, esta
locomotora ha remolcado 58 wagones cargados, sobre una
rampa de om 00.12.

INFORMACIONES ClJRIOSAS

LA TELEFONIA

DE RCSIA.

"LA CASA VACIA"

EN LOS ESTADOS UNIDOS.

CEDA.

El Notario Público q11e euecrebe certifica y da fé: de
que la firma y rúbrica que dice Eueebia Pérez, es de la
persona que ella misma expreea, y que las de las per•
eonas que firmaron por las Sri tas. Ignacia y Petronila Pé·
rez y que dicen «Silverio Guillén y Graciano Salceda» son
suyas y las que uean en todcs sus negocios, habiéndose
hecho á su ruego en virtud de no poderlo hacer por impedimento físico; certifico igualmente que todas las pereonas que intervinieron en el anterior recibo. me son
conocidas, y que las Sritae. Eusebia, Ignacia y Petronila
Pérez son las hermanas del finado Sr. Juan l\Iucio Pérez.
Y á solicitud de las mismAs extiendo la presente cona•
tancia que firmo y sello e~ U ruápan, á los &lt;;&gt;cho dí~s tlel
mes de J ulío de mil ochoz1entos no\'enta y e1ete.-Fumado, ANTONIO BÉJ.,11!.-E. P,

Un periódico electri·ieta de Nueva York, estima que
existe ahora en ese país un número de oficinas centrales
igual á la suma de todas las oficinas de toda la Europa
continental, la cual tiene sin embargo, uoa población
cinco veces más grande.
Pero nota asímismo, que las compañías de teléfonos
en los Estados U ninos, gozan de un gran crédito y se hao
dedicado á dar á su industria un gran grado de perfección. Hay que reconocer que los europeos están muy
lejos de estas condiciones en países donde loe servicios
públicos no están hechos para servir al público muy de

Tal es el nombre de la primorosa novela de Julio Cla•
retie que
Como folletín correspondiente á Julio

repartiremos á nuestros lectores con nuestro número de
hoy.
Proximamente empezaremos á publicar nuestra

NOVELA ILUSTRADA,
de cuya amenidad respondemos á nuestros abonadoli' .

�EL MUNDO

58
UNA CUESTION PALPITANTE

TURQUIA Y SUS FUERZAS MILITARES

¿POR QUE VENCIO A GRECIA?

Sea cual fuere la opinión q11e pueda tenerse bajo el punto de vista político sobre
la última guerra greco-turca, no se podrá
negar bajo el punto de vista militar la importancia q11e ha adquirido el ejército del
sultán. Evidentemente, en esta lucha desigual, la victoria parecía adquirida de antemano-por la sola superioridad del número
-por las tropas otomanas. 1\Ias eeta3 dieron
pruebas de otras cualidades serias ( rapidez
de movilización, habilidad de mando, ·t í.•
meza de los cuadros, etc.) que no dejaron
de sorprender á muchas gentes de Europa.
Y se comienza á advertir ahora, que Turquía
no era una potencia despreciable y que después de haber representado de tal manera
su papel en el teatro restringido de Tesalia, sería capáz de representarlo, más gran•
de, en un escenario más vasto, en la hipóte·
sis, tantas veces entrevista, de una guerra
general. Demos pues una ojeada sobre este
ejército victorioso de que todo el mundo ha•
bla sin conocerlo bien, y computemos, sin
prejuicios, su exacto valor.
El ejército turco se recluta bajo las eiguien.
tes bases:
El servicio militar es obligatorio, á parfü
de verntiún ali.os, para loe súbditos musulmanes únicamente. Esta exclusión del elementa cristiano tiene muchas causas: se te•
me ein duda mucho ver desaparecer demasiado pronto, en la fraternidad de las armas,
la antipatía del musulmán por el giao-w· que
alimenta continuamente el fanatismo nacional y ciegamente sirve a! despotismo del
padischach; se teme también verá los cristianos, más activos ymás:nteligentes, reem•
plazar á loe turcos en loe puestos elevados
ó mostrar alguna indisciplina cuando elaueldo es irregular, (lo cual acontece frecuentemente) cuando las pasiones locales están en conflicto,
cuando el sentimiento religioso se opone á la voluntad
del amo.
La duración del servicio es de veintiúnafios repartidos
de esta manera: tres años en el nizam ó ejército efectivo
Y tres af\os en su reserva, ihtyat¡ ocho ali.os en el redij ó
ejército de reserva ( que no se debe confundir con el precedente) Y seis afios en el mWJtahfiz ó ejército territorial.
La cifra de estos reclutamientos anuales es poco más ó
manos de 120,000, de que casi no se incorpora sino la mitad, á saber: 40 á 45,000 po:-- la primera porción del con•
tiogente afecto á tres ali.os de servicio activo y 20 á25,000
por la eegunda porción, sometida solamente á un periodo
de servicios de nueve meses que no se cumple-por lo
demás-sino después de un examen de la situación del
erario. Pero contra lo que pasa en otros países, se guarda
muy frec11entemente á le&gt;e soldados del ejército activ•J
seis meses y aún un afio más del período legal.
El ejército activo comprende, en pie de paz, 286 batallo nea de infantería, 197 escuadrones de caballería, 231 ba•
tedas de artillería, 23 compa.fl.íae de ingenieros y todos
loa servicios auxiliares, ó sea una cifra media de 200 000
hombree. Si se afiada la reserva propia de este ejé;cito
(mas de ~,000 hombree) el ejército de reserva (600,000)
Y el ejército territorial (360,000), se llega á una cifra de
1.490,000 soldados. Mas esta cifra es del todo teórica, y,
para no tomar en cuenta m,s que á loa soldados «inetr·lidos11 ó simplemente «deseabozados", hay que reducir la
cifra á un total aproximativo de 800,000 hombres. Este
es ya un valor numérico respetable.
El 1tizam y su reserva están compuestos de buenos soldados; el redif está bien encuadrado y bien preparado
_para la movilización; el mWJtahfiz también proporciona
excelentes contingentes; sólo loe servicios auxiliares y
sobre todo el material, dejan mucho que desear.
La infantería utiliza el fueíl Mauser y el Martini Henry, es decir, un armamento muy complicado. La cabalkrla, armada de carabinas Martini ó Winchester, casi

DO ■ IIGO

'DOMINGO 25 DE JULIO DE 1897 ·

-

-=

EL MUNDO

de JULIO de 1'97

59

El Jubileo de ·la reina Victoria.

su primera juventud está habituado al
manejo de las armas, cuyo ueo,-sea por
juego, sea por medida de seguridad per•
eonal en alg11nas provincias donde la po•
licia no existe-está muy extendido en
todo el imperio otomano. Su religión no
ea también acaso un verdadero catecismo
belicoso? Creyente, fatalista, somet:do
como esclavo á las voluntades de su pa·
dischah ( Bll maestro religioso y político),
el turco no teme nada, corre al peligro sin
cuidado, desafía la muerte misma en la
que espera firmemente encontrar la re•
compensa prometida por el Profeta.
Con ese temperamento, no hay razón
para asombrarse de que el soldado turco
sea el mas dócil, el más resistente de todos loa soldados. Es sin embargo muy
maltratado y despreciado habitualmente,
sobre todo en tiempo de paz. s~a cuarte•
lee son vastos pero s11cioe y malsanos. S11
rancho ea poco abundante. Su sueldo,
que ea de veinte piastras al mee (8 pesos
8 centavos) no se le distribuye sino rara
ó irregularmente. Por regla general el gobierno se contenta con acordará los soldados libera bles solamente una parte de sus
sueldos atrasados, después lee da, por el
resto, bonos de que pueden servirse par
pagar sus impuestos.
A. pesar de todo, esos soldados mal pagados, mal nutridos, mal vestidos, son lo
más frecuentemente los mejores soldados.
El General Von der Goltz, q11e los ha observado bien, refería últimamente en un
periódico militar de BerHn, «que loa había visto muchas veces ejecutar marchas
extraordinarias en las montañas, contentándose por todo alimento con un poco
de pan y de queso de cabra.11
Dllrante la última g11erra, en la toma
de la garganta de Melouna, uno de los
EDHEM PACHA
mejores oficiales del ejército otomano,
General en Jefe del ejército de The,-•alia.
J 11nea Efendi, tuvo la audacia de lanzar
no está mejor habilitada. Sólo la artillería tiene 11n ar- al asalto de una colina sus rudas tropas q11e desde hacía
mamento uniforme y serio de cañonee Krupp.
treinta y dos horas combatían sin haber tenido caai
Se sabe q11e son oficiales alemanes qt1ienee reorganiza.
tiempo de comer ni de beber. Y, gracias á la confianza
ron hace unos quince afioe el e¡ército otomano. Et baron
qne tenía en sus soldados, se estableció en la tarde misColmar \·on der Goltz, sabio eecritoT militar, autor de
ma sobre la posición conquistada y se fortificó ahí por la
La nación armada, fué el principal agente de esta reorga- noche........
nización esencialmente basada sobre et tema militar en
Un oficial aleman ha escrito: «El soldado turco ee el
favor de su país. Y por cierto, debido al alemán marcha
primer soldado dei mundo, porq11e ea el más sobrio. Cobien al presente el ejército turco; gracias á loe• oficiales
miendo poca carne y no bebiendo casi más que ag11a, rea'emanee operó últimamente e11 rapidísima movilización•
siste mejor á las fatigas y afronta sin peligro las más tedir,ese también que á los estratégicos de Berlín debe lo~ rribles intemperies.11
planee generosos de s11a operaciones contra Grecia.
E! ejército otomano cuenta con alg11oos regimientos
Sea lo que fuere, al ejército del Sultán acaba de procuyo aspecto nada deja que desear: Son naturalmente
bar perentoriamente que posee á la vez b11enos jefes y
loe que están afectos á la guardia particular del Sultán
buenos soldados.
como el regimiento de loe suavos ó el de lo&amp; albaneses, ;
Así, pues, ese Generalísimo Edhem-Pacha,-acerca
los que se estacionan en Constantinopla ó en los alrededel cual corrieron taotoe falsos rumores al principio de
dores de la capital. Los soldados que de ellos forman
la guerra-se ha mostrado un contemporizador hábil,
parte, parecen orgullosos de verse bien vestidos, con uniun eetra\égico notable, y un vencedor muy ponderado
formes de corte europeo, poco diferente de los 11niformes
eneu marcha á través de Teeealia. Edhem-Pacha había ya
franceses. Avanzan la pierna y desfilan arrogantemente
hecho hablar de su persona en la gnerra ruso-turca de
ios días de revista ó de selambtck, á los sones de una mú1877. No tenía más que 35 afios entonces, y se distinguió
sica casi francesa también, soberbios con su aspecto marsin embargo al lado de Solimán de Moukhtar, y sobre
cial. La caballería, esa caballería de parada cuando metodo de Oaman, el «heroe de Plewoa,» bajo las ordenes
del cual combatió sosteniendo valientemente loa asaltos nos, es un bello espectáculo; los turcos son por instinto
jinetee. Tienen el culto del caballo, que presta en sus
supremos é irresistibles del enemigo, saliendo, uno de
campafiaa importantísimos servicios. Cargan con una raloe últimos, de la ciudad, herido, el día de la capitulación. Muy estimado en T11rquía desde esta época, llenó pidez Y una flexibilidad extraordinarias. Montan, sin
embargo, menos bien q11e antes de la introducción de la
muchas funciones importantes, entre otras la de gober•
disciplina europea en su ejército. Ya no tienen aquella
nador de uno de loa «vilayete11 de Anatolia. Pero casi no
ee le conocía hasta estos últimos tiempos en el extranje• raza de pequefioa caballos ardientes que recordaban loe
ro, Y se ha necesitado esta campana de Grecia, para caballos de loe tártaros. Ran perdido lo pintoresco de sus
costumbres de otro tiempo. Se civilizan loe turcos...... á
volverlo, en algunas semanas, célebre en toda Europa.
11
Ss ha disertado frecuentemente sobre el valor del sol- la «alemana. Y es acaso ahora-que tienen menos aspecto
de
bárbaros
Y se esfuerzan en asemejarse á las occi•
dado iurco, y las opiniones á este respecto son algunas
dentales-cuando
van á convertirse para éetoe en un verveces contradicteriae. Lo que parece en todo caso fuera
dadero peligro!...... ..
de d11da, ee la aptitud natural del turco para el mictariemo. El turco h1 nacido soldado como el alemán, con
el cual además, ~iene algun1s ra:igoe de aem3janza. Ddsde

as

LAS FIESTAS EN LONDRES

•

Habiendo sido el asunto europeo y casi nnivers11! la
-ct-Jebración de las fit,s$8e de diamante de la Reina Victo•
ri11, emper11triz de las Indias, juzgamos opon11no conaP-_grarlee imponante porción en nuestro semanario, prt&gt;tiriendo, al ef.!cto, transferir brevemente el at&gt;unto hasta
poder 11elecc1onar los mejores grabados relativos al J11bileo1 y ocupar no más de un número con ellos.
Las fiestas del Jubileo de la R~ina Victoria han eido
&lt;'~lebrad!'B en Londres, según un programa qoe habla
ti¡ado mrnuc1oeamente loe menores detalles. Fué, ya se
eabe, el 20 de J11nio, la fecha del sexagésimo aniversario
del advenimiPnto de la soberana, cuando eeae fiestas comenzaron. Tal día hubo ar.Jemnc,e Ctlremonias en la Caiedral de Sau Pablo.
La _víspera,. en la noche, la gnArnición de "\Vindaor
ofreció á la rt'ma una magnífica rl'/mit,, mu tlaml}eau.r á
la cual asistieron más de veinte mil lon&lt;11ne~ea llevados
por el cawmo de fierro.
'
Un poco a11tee de las diez, las trop~~. comprendiPndo
eerca de ü,000 hombrea y mandad~s por el dnque de Conuaught, ee a1riiziPron hacia el castillo por la gran avenida de Enriqne YIII.
A la cabt.1a marchaba la banda dP mfüica del 1er. regimiento de guardias de á caballo, alumbrada por caballeros provisto~ de linternas.
Venían en Feguida, cada uno con en música, loa deetaeamentos de todos los cuerpos de la gua1dia. El desfile
duró sólo algnuos minutos y constimyó una prestigiosa
tlecena nocturna, al ritmo de los cobrea retemblaotes
una rápida y feérica cabalgata donde los coloree brillan'.
'tes de los 11niformes, los l lameantea reflejos de loe cascos,
las corazas, las armas, surgían de la sombra al fulgor
fantástico de las antorchas.
El 21, la reioa, dejando Windsor, fué á instalarse á
~uckingbam-Palace, saludada á su paso por aclama•
e1onee.
. Pero el martes 22 fué la gran jornada, la de la proces~ón r~al ¡;&gt;ara la c11al la población de Londres y el imperio bntámco entere,, habían preparado la manifestación
m,a comple~a da Bll lealtad y de eu entusiasmo.
Reproduc1mu&gt;1 loe principales episodios de esta memora~le solemnidad, en los cuales hemos procurado deter•
mmar las notas características.
Una de esas notas dominantes fué proporcionada por
la presencia en el desfile de los deatacam"'ntoe de lastropas coloniales, de una variedad tan pintoresca de tipos
y de costumbres.
Entre los pelotones de caballería que rPpreeenta uno
de nuestros grabados, atravesando JVnite Chapel, sP reeonocen en su elegancia original loe lanceros de la N11e•
va Gales del Sur.
Et cortejo real, de una rara magoificencia, se puso en
marcha al medio día, dirigiéndose de Buckingham-Palace hacia San Pal:&gt;lo.
La Reina, teniendo enfrente de ella á la princesa de
-Galea y á la princesa Cristiao de Sleewig-Holatein, ocupó sola el fondo de un gran landa11 tiracto por ocho caballos ricamente caparazonados, montados por cuatro postillones y gniadoa por ocho pal11franeros, llevando todos
-estos servidores la librea escarlata bordada de oro y el
caequ~te de tPrciopelo negro. A la derecha cabalgaban el
príncipe de &lt;ialf'R y el duque de Connaught. A la izquier-da el duque _de ü_.1mbridge. Adela_nte del coche el grupo
de loe prmc1pes rngleees y extran¡eroa á caballo y vestidos de soberbioa uniformes.
El alto ante Sa1 Pablo, cuyas puertas están abiertas,
-ofrece un espectác11lo grandioso: las carrozas de la soberana y de su aervid11mbre se detienen en un espacio va·

cío en rededor del cual ee enfilan loe príncipes; el cuerpo
diplomático ocupa una tribuna especial. Después de la
hendición dada por el arzobispo de Canterbnry, aeiesido
de todo el clero, el cortejo continua su marcha y alcanza
la ribt-ra derecha del Tiimesie por London-Bridge.
Por donde quiera ha!' ur.a afl11encia enorme, resuenan
ovaciones caluroaas. Vense oruatoa más ó menos felices,
pero abundantes.
Por la noche, brillantes iluminaciones complehron la
miRe en scene, admirablemente arregl~da, de esa bella jor·
nada cuya alegría no turbó ningún desorden ni acciden•
te grave.
El 23 de Junio la reina volvió á Windsor y al día siguiente recibió la visita de loe Lores, del Almirantazgo y
Je loa almirantes extrangeroa lleg,¡dos á Portamouth.
.A la misma hora se efectuaban en Londres loa banqne•
tes populares organizadoA por la princesa de Galea en
loe q11e cada invitado recibió una tarjeta conteniendo un
reirato de la reina Yictoria y un reprodución de los pa·
laciós de Westminster, deKinaington y de Buckingham.
La revie~a naval de Spitliead fué precedida la viepera,
(26 de Junio) de un banquete ofrecido por el Almirantazgo á loa almirantes y oficiales de los navíos extranjeros.
El espectáculo de la rada era imponente: Ciento eesenta y cinco buques de guerra ingleses, estaban forma•
dos en filas bajo el mando en jefe del Almirante Sir
Nowel Salmon c11yo pabellón flotaba sobre el Rmoll'n.
Los catorce buques extranjeros habían tomado sitio
en la rada según el orden de su llegada, sobre una línea
especial, adelante de la flota ioglesa.
Una gran cantidad de navíos y de yachts, ocupaba el
espacio que quedó vacio entre la línea de loa buques de
guerra extranjeros y la isla de Wight.
J&lt;:3 dificil formarse una idea de 111 vida intensa que rei.
naba sobre aquella rada. Cuando el sol al11mbró es" grandioeo conjunw, el espectáculo desde la p11nta de Southsea
era maraviloeo; maa era imposible ver la flota toda
entera á menos de a~cender á las colinas de la isla W1gbt.
Las filas tenían una extensión de cerco de 10 kilómetros.
Luego que los principes y los personajes ~e hubieron
embarcado, el primer lord del almirantszgn dió la señal
de la partida, y el cortejo naval se dirigio hacia el S11rOeste de maner11 de pasar desde luego ante las cuatro
!meas enfiladas y de comenzar la revista por los buq11ee
extranjeros, que estaban en la quinta lint-a.
Desde que apareció entre el castillo de Southsea y
la escuadra de torpederos, Pubió una flama a la cima del
mástil del yacht B'li~ador Ir.:ne. E~ta tlra la sef\111 para
loa primeros saludos.
Inmediatameut~. en ef_e~to, los 165 buques ingleses y
loe buques extran¡eroe h1c1eron la salva reglamentari11
de veintiún caf\onazos. El espectáculo era á la vez magn[fico y terrorífico; los oficiales y la trip11laoióo de cada
b11que lanzaban urras cuando pasaba frente de ellos el
yacbt Victoria--and-Alberl, llevando á bordo al príoci::,e
de Gales. al duque de SaxP-Cobourg-Gotha, al duque de
Connaught, al duque de York, al Q11q11e de C11muridge
y á s11e oficiales.
El yacht pasó enceaivameote ante todos los buques
sin incidente alg11no1 en el momento en qn.e arro¡v el
ancla, todas las tripulaciones, á uoa s:ñ 11 convenida,
l11nzaron tres hurras.
L'JB eepectác11los de gala efectuados con motivo del Ju
bileo,. no foeron_en ot~u _sentido menos solemnes que los
anteriores feste¡os; ae1st1eron todos los principes reales
ingleses y extraojeros y el espectáculo del gran teatr¿
real era enc&lt;lntadur.
Para con~luir esta breve reseña parécenos oportuna
la raproducc1óa de las siguieor.es notas hietóricobiográ-

fioas relativae á la soberana, objeto de un admirable
fiesta y algunos datos referentes á ésta, muy curiosos:
«Nació la reina Victoria en el palacio de Kenl!ingson de
Londres el 24 de Mayo de 1819, y es hija &lt;1el duque de
Kent y de la princesa Victoria de Leiningen, y á lu muer•
te de su tio el rey Guillermo IV, oc1trrida el 20 dti J1111io
de lS.'37, heredó til srono de Inglaterra.
·
En diez de Febrero de 1840 contrajo matrimonio la
Reina, de Inglaterra en la Abadía de 1Vessmtneter, con
el prí11cipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, D11que
de Sajonia, que obtuvo por su enlace el titulo de rey cun•
sorce, y falleció en 1861.
De este matrimomo quedaron ocho hijos, de los cuales
viven siete en la actualidad, que son: la Emperatriz viuda Je Federico Guillermo de A,lemania, madre del actual
emperador Guillermo II, la cual nació en 21 de Noviembre de 1840; el Príncipe de Gatee Alberto .Eduardo1 nacido en 9 de Noviembre de 1841; el Duque de Ed.itnourgo,
casado con la gran duquesa .:\!arfa AleJandrowna de Rusia, el cual nació en 6 de Agosto de 18-H; la princeaa Au•
gusta Vi.:toria, na,::ida en 25 de Mayo de 18-W y casada
con el príncipe C. de Sleswig-Ilolacein; la actua1 Marquesa de Lorne, nacida en 18 dtl Marzo de 1848; tli Duq11e de Connaught, nacido en 1? de Mayo de 18o0, .casaao con la princesa Luisa Margarita de Prusia, y
¡mucesa Beatriz, nacida en 14 de Abril de 1857, viuda litl1
príncipe Enriq11e de B11tr.enbe1g.
El único hijo de la reina Victoria que no existe es
el malogrado prícipe Leopoldo, D11que úe Albauy, qud
nació ei 7 de Abril de 1853 y murió el 28 de l\byu dt1
1884 en Niza, á concecuencia de la calda q11e suít1ó al
bajar la escalera del Círculo Náutico, t:n cuyo D!llcóu
había estado presenciando la fiesta del Carnaval.u
M11choa días se han empleado ea Lonares en los pre•
parati vos para tan espléndidos festejos, y tal ea la atiutlu •
cia de gente qu11 ha ac11dido á presenciarlos, que segun
comunican dti la ci11dad del Támea1e, ao hao tlmplt::11'10
en la constmcción de tribunas sobre 700 oonelad.as lit&gt;
madera y 2,500 de clavos y de flejes.
Según uu correeponsal, no hay balcón, ventana, mira•
dor, ui hueco alguno q11e no ae haya hatllitaJo par¿ .,1
caso, adquiriendo los sitios precios fabulo:!08, pu"t! udCl·
Jan entre seis y 150 duros por persona. El dueño &lt;le una
cas~ vieja, sita en la plaza de San Pablo, la h~ cedido va·
ra levantar una tribuna, y el precio de esta ced1óo cuu•
aiate en el derribo de la casa y construcción de 11na tiaca
nueva en cuanto terminen las fieeias. Cerc:\ dti \Vh1t"Hall se ha conetmido una trib11na para 4 UOO peraua.,d
q11e ha costado 32,000 duros la conetrucciou y 42,000 .,¡
alquiler del sitio.
No se concebiría esta enormidad de precios ei no se tuviera en cuenta la emidad del negocio a que se destinau,
porq11e el alq11iler de loe a3ientos de esta ,rib11na ee c~1c11la en 200,000 duros. Según datos del mismo correspou•
sal antes citado, el imponti total de loa g11stoe hechoa t1U
Londres con motivo del jubileo,· contando lo ioveriiJ-.1
en preparar la carrera, decoraciones, iluminacionea, tlk:.,
de la ciudad, gastos de la Casa Real y del Ea,ado, funúa·
cionee filantrópicas y demás, se calcula en cinc11enta m1•
llonee de II braa esterlinas.
La ovación tributada á la reina Yictoria dejará brillan'8
hutlllas en la historia de estos últimos tiempos.

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•

El Palco Real en el Covent·Garden.
Frinceeo. de Galcs.-Prlncipe de NApoles.-Duquesa de Hesse.-Prlncipe de Gales.-Prlnce,a de NApole•.-Duque de Mecklembourg.-Duque de Cambridge -:Marq'.le d Lo
D
Prlucei;a llenri de Prusla.-Duque de Coburgo.
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roe.- Oran uque Sergio de Rusta.-

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La reina y su parlamento. El Lord Canciller presentándole la felicitación de los Lores á S. M. en el palacio de Buckingham.

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El Jubileo de la reina Victoria.

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DOMINGO 25 de JULIO -de 1'97

EL MUNDO

El Jubileo de la Reina Victoria.

La Reina y los niños- Su Majestad pasando revista á los escolares .

•

Desfile ae los aestacamentos coloniales en WltHe c}iapel.

La revista naval con fuegos de artificio ante el príncipe de Gales, en honor del Jubileo de la Reina.

�66

EL MUNDO

DOMIIIGO

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KL MUNDO

0OMIIIGO 25 DE JULIO DE 1197
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Este es el enjemplo del monje Bernabé, yoglar de Nuestra Sennora.

El Jubileo de la reina Victoria.

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VO en tierra de Francia y en tiempo del eanto
rey Luie un buen xpiano que avie nonme Bernabé é era yoglar de offdo.
Su mantenencia era de facer yoglerias é tru·
faneriae, ca en lae ferias é fiestas tendía en tie·
rra una gran alhomhra é poniendo eo la nariz
una taza eetanada arrojaba al aire fasta XII pe•
Iotas de cobre 6 eecomenzaba á doblarse como
vibora, 6 lanzaba espadas qne cogía sin dapno¡
mae como quien tal miraba non facia cavdal de
la habilidat de Bernabé, á la postre non ayun·
taba tres fígae é una chirivia que le adyudasen
al yantar.
Non era maridado¡ mas non cobdiciaba la
mujer del vecino, ca la mujer inimiga ea de los
ornee fuertes conforme el Espíritu de verdat
dice de Sanson: fueras ende que ei el ome mu·
cho fabla con la mujer non fallesce Jaro del
diablo.
Más que el ayuntamiento con fembra plaecen·
tera preciaba los convivios en que se bebia el
vino pimente¡ pero magüer gustaba del tinto é
del blanco, non dijo nunca cosa contra Nuestro
Sennor J eeucrieto ó contra nuestra fée católica,
que es tan eanta coea é tan buena é tan verdadera.
Era amador rendido de Nuestra Sennora, é
cuando entraba á la eglesia le roge.bacon cierta
oraecionceila breve que decia: «Santa Maria,
Luz del d(a, cura la mi vida é e.ando al tu fijo
plega clamarme al su seno, ábreme las puertas
del cielo como buena clavera é da á mi ánima
bu11n pozo. u
Caminaba Bernabé una brdesciella por un
prado vicioso é poblado de hierva bien olien·
te, cuan:io acertó á topar con un buen perlado,
prior de monjes b.ancoe del Cistel, á quien ea·
ludó con gran acatamiento é rE&gt;uerencia, cual
cudraba á ome tan devoto.
Bondoso era el perlado; apacie áloe famnien•
toe é ospedalaba a los romeros é pe]e¡?rinos que
por el moneeterio pasaban á visitar RomP. ó el
Sepnlcro Santo
de Ilierusalem
ó Santiago ó
San Saluador de
Ouiedo; é tocado en su áni•
ma por la bue•
na gracia de

\

Bernabé é su simplicidat, quiso gelo llevar consigo é fa~cerlo reglar apartándolo de la e
cosas del siglo é las pompas mundanales para servir á Dios.
Vino gustoso en ello el yoglar, ca bien sabía que Cristo en el eu Euangélio dixo que
á quien dejara padre é madre é fijos é mujer é bienes temporales, le daría ciento é doble por ello é demas vida que duraría poc siempre.
E ane{ fo como ee tornó calonje de calloetra el trufán de fériae é caminos trae el
año de pruebe. en que sufrió santamente las prémiaJ é aepereze.s de la regla é de fae·
cer loe tres votos é prometimientos¡ á eaber: non aver propio, guardar castidat é
ser obediente al mayoral del moneeterio.
Eran loe de la calloetra amantes fervorosos de la Yírgo llladre del Rey de gloria, é
á porfia faecian por ella eervício de piedee é de manos.
El perlado fascia de Ella libree en que probaba la su real limpieza, con las reglas
de Dnn Aristóteles.
El fraire Alexandre pintaba lindas pinturas. )lirabase en ellas á la )ladre so el
trono de Salomón, rodeada de léones é so la su cabeza siete palombae, que son loe sie·
te dones del Spiritu Sancto: dones de Temor, de Piedat, de Fortaleza. de Scíencia, de
Coneeio, de Inteligencia é de Prudencia; é por compannae á lae birtudee, siete virginee con cabelleras rúbiae coa:.o fechas con hebras de oro de la Arábia: Fée, Caridad,
Esperanza, Justicia, Prudencia, Fortaleza é Temperanc;-a.
RE•presentaba á la Sin :M:aneciella junto á Eva, la madre primera, á quien engafió
la culebra por facerla pasar el mandamiento del Muy Alto: que aaf como Eva por so·
berbia ee sopo alongar de Dios é perder la su gracia, así Sancta María por omildat é
obediéncia ee sopo tanto allegará Dios fasta que ee ffzo eu maire.
Figuráh&amp;la á más como Estrélla de los maree, Tiemplo de Jhuxpo, Fuent singnada,
Cibdad de Dios, Oliva, Palma, Cedro é Madre de Xpo.
F,l hermano ~Iarbodio era grand loador de la Madree ciella é del Fijo, é como san
tero facfa en piedra muy lindas imáginee de la Reyna del cielo, é bien curaba que la
halda cobriera las plantas de la duenna de que el Profeta dixo: la mi amada es como
huerto encerrado¡ 6 eeme iábala como infanta plena de gracia que eemblaba decir: eo
verdat tu eres mi sennor. Di.ri dl' rrntre matri., 11111·: De11~ meu~ t• 111 ( Pealm 2tl. 11.)
Avíe de más tin el monasterio devotos que en lengua latina sacaban loores de Nuestra Stnnora é uu picardo de agudo ingenio, maestro en gay saber, que facía en románpaladino la narración de loe miraclos de la pulcela que parió conservándo su entegre·
dat, conforme avía vaticinado el varón Isaia.
Dolíase Bernabé de su desmaflanamiento, ca ni pintaba, ni eecuipía, ni facía rimas
rica~, ni tenla le¡rae para escribir tratados doctos¡ é pensaba que la Reina de loe ánge·
lee non ce.taría su homildat é falleecería ende su devoción,
En tan gran afincamiento oyó el fraire la estoria de donado que saviéndo sólo el
Ave ~Iaría con que el Angel saludó á la Yirgo cuando Cristo priso carne en ella, á la
ora del su tránsito postrero le salieron de la b()Ca cinco fragantes roeae en remimbran·
za de las cinco letras del nonme de la Madre del Corderuelo de salud. E eetonces vióee á B•roabé lleno de leticia aeconderee en la capilla mientras los otros monjes facfan
sus primoree ó loaban á la Gloriosa rezándole sus horas. El prior, ome prudente é qne
conforme lo mandan San Benito é el Apostólico quería ser eabidor de cuanto faclan
eus monjes, conoec(a la fazaña de Hely eacedote, que por non ca~tigar sus fijos morió de mala muerte¡ dióse ende á facer inquisición de donde Bernabé yacía é junto con
dos religiosos graves é ancianos fuese á mirallo, en la iglesia. Vieron todos con pavor
al yoglar que delante el ora de Nuestra Sennora si doblaba como l'fbora é lanzaba espadas que cogía sin dapno é facía por ser grate á la Gloriosa cuanto en el siglo había
fecho por placerá los omes. El perlado magüer sin embargo era ome prudente, judgó
á Bernabé tocado de follía é empezó á clamar sacrilegio, ca pensaba que el fraire non
guardaba ni honraba á la Santa Egleeia¡ más llenóae de sorpresa al ver bajar de su trono á una dona blanca é resplandesciente, fermoea como la luna, electa corno el sol, cobierta de brial de xamit, portando en la su cabeza una noble corona fecha de oro, argento é piedras de gran precio, que con ol panno de su manto de arminyo limpió, por
conhortarle el sudor, de la frente del eu devoto.
Omillándose el perlado dixo estonce:
Bienaveuturadoe loe manec,s, ca verán á Dios.
E los monjes besando el suelo, dijieron: Amen.
AmP11 Dei,;•

. Con gran cuid~dodel amor de Cristoé con gran diligen•
c1a, Don Anatolio Francia, home timoroso de Dios, sacó de loe archivos viejos este enxemplo que yo verU
del romance gálico al nuestro castellano,' tollendo las razones que entendí sobejanas é dobladas é poniendo
otras que entendí que complía.
En Guad_alajara de México, á los quince días por andar
del mes de ¡unio de mil ochocientos y noventa y siete allos
de la nuestra ealud.
ARCIPRE::."TE Jo~._ F.ÉRBt:Z.

EL PlRRO Y EL FRASCO

CANCION

( De Carlos Baudelaire.)
( De Savia Enferma.)

l"na manea melancolía
impregnó la conciencia mía;
cuanto existe:
ritmo, luz, coloree ...... belleza,
contagiado de mi tristtza
está triete.
Están tristes con mi trieteza
, itmo, luz, colores...... belleza;
por que impregna la vida mfa
una manea melancoUa.
AllADO lbR\'O,

•-Mi hermoso perro, mi buen perro, mi querido tut1í ,
aproximaos y venid áaspirar un excelente perfume com·
prado al mejor perfumista de la ciudall. •
Y el perro moviendo la cola, lo cual es, á lo que creo,
en esos pobres seres el signo correspondiente á la risa y
á la sonrisa, se aproxima y posa con curioeidad su nariz
húmeda sobre el frasco destapado¡ después, retrocedien·
do repentinamente con horror, ladra contra mí á mane•
ra de reproche.
•-¡Ah! miserable perro, si oe hubiese ofrecido un pa•
quete de eecrementoe, aspirado lo bubiéraie con delicias,
y lo devorarais tal vez. De suerte, oh indigno compa•
fiero de mi triste vida, que os parecéis al público al cual
no ~ deben presentar jamás los perfumes delicados que
lo exasperan, sino, inmundiciaecuidadoeamente escogidas.

FLOR DE TUMBA
¡Oh, Princesa! en las horas de amorosos excesos
Desfloré en las falanges de tus manos cloróticas
Los capullos sin manchas de mis rimas eróticas
Al contacto sonoro de mis timidoe besos.
Hoy, que el viento se inflama en las noches caóUcaa
Con el fósforo impuro de tus ilridoe huesos
Del naufragio de mi alma solo quedan ilee~a
Tus recuerdos fragantes como flores exóticas.
¡Oh mi ~eina de antafl'l que caíste vencida
Por la trágica Muerte! ¡Hoy florece mi vida
C&lt;&gt;mo un árbol raído pot monstruosos gusanos!
_Quiera el Bien que no lleguen á tu frente dormida
N1 loe roncos acordes de mi voz maldecida
Ni el perfume salvaje de mis versos malsanos!
ÁNTEN0R LESCANO,

Julio de 1897.

�61

EL MUNDO

SINFONIA EN BLANCO M AVOR.
Teóftlo Gauthler.

Balbino Dávalos.
De leur col blanc courbant les lignes
On voit dana lea contea du Nord,
Sur le vieux Rhin, des femmea-cygnee
Nager en chantant pres du bord,
Ou, suspendant á quelque branche
Le plumage qui les revét,
Faire luire lenr peau plue blanche
Que l!i neige de leur duvet
De ces femmes il en est une,
Qui chez noua descend quelquefois,
Blanche comme le clair de lune
Sur les glaciers dans les cieux froids;
Conviant la vue enivree
De sa boreale faicheur
A des régals de chair nacrée,
A des débauches de blancheur.
Son sein, neige moulée en globe,
Contre les camélias blanca
Et le blanc satin de ea robe
Soutient des combate insolenta.
Dans ces grandes bataillea blanchee,
Satina et fieurs ont le dessous,
Et, s~ns demander leurs revanchas,
Jaun1ssent comme des jaloux.
Sur les blancheurs de son épaule,
Paros au grain éblouissant,
Comme dans une nuit du póle,
Un givre invisible descend.
De que! mica de neige vierge,
De quelle moelle de roseau,
De quelle hostie et de quel cierge
A- t-on fait le blanc de ea peau?
A-t-on pris la goutte lactée
Tachant !'azur du ciel d'hiver
Le lis á la pulpe argentée,
'
La blanche écume de lamer;

Le marbre blanc, chair froide et pale
Ou vivent les divinités,
'
L'argent mat, la laiteuse opale
Qu'irisent de vagues clartés;
L'ivoire, oú aes mains ont des ailee
Et, comme des papillons blanca, '
Sur la pointe des notes fréles
Suspendent leurs baisers tremblants;
L'hermine vierge de souillure,
Qui, pour abriter leurs frissons,.
Ouate de sa blanche fourrure
Les épaules et les blasone;
Le vif-argent aux fleurs fantasques
Dont les vitraux son ramagés;
'
Les blanches dentelles des vasques
Pleura de l'ondine en l'air figée; '
L'aubepine de mai qui plie
Sous les blancs frimas de ses fleurs;
L'albatre ou la melancolie
Aime á retrouver ses pitleure;
Le duvet blanc de la colombe,
Neigeant sur les toits du manoir,
Et la etalactite qui tombe,
Larme blanche de l'antre noir~

Des Groenlands et des Norve ea
Vient-elle avec Seraphita? º
Eet-ce la Madone des neiges,
Un sphinx blanc que l'hiver sculta,

IN MEMORIAM THEOPHILI POET'f'..

En las leyendas del Norte, alzando
Su cuello níveo como el jazmín,
Nadan mujeres-cianea cantando
Sobre las aguas del viejo Rhin.
O si en las luengas ramaa suspenden
Las vestidura de albo edredón,
Sus deslumbrantes cuerpos esplenden
Más que la nieve de su plumón.
De esas mujeres existe una,
Que hasta nosotros suele bajar,
Blanca cual claro rayo de luna
Sobre la helada región polar.
Arrebatando con su frescura
Los ojos, ebrios de admiración,
A los deleites de su blancura,
De carne nácar á la fruición,
Sus senos, tersos globos de nieve,
En insolentes luchas están
Con las camelias blancas, y el leve
Traje albeante de tafeMn.
F.:n esas pugnas de albipujanza,
Rasos y flores pierden allí,
Y, en su despecho de hallar venganza,
Amarillean de frenesí.
Sobre ene blancos hombros de diosa,
Paros de grano desl urobrador,
Como en la noche polar, radiosa
La tenue escarcha cae en redor.
¿Con cuáles hojas de blancos lirios,
Con cuáles médulas de cafia miel,
Con cuáles hostias, con cuáles cirios,
Tan blanca hicieron su blanca piel?
¿Se ha recogido la conetelada
Gota de láctea luz estelar,
La lis de tierna pulpa argentada,
La blanca espuma que arroja el mar;
El mármol, carne pálida y fría,
De las deidades usual mansión;
La plata mate, la luz que envía
Sobre los opalos la irisación;
El marfil donde su mano blanca
Ea mari~osa de alas sin par,
Que, en cada debil nota que arranca,
Trémulos besos suelta á volar;
El suave arm1fio que inmaculado
En los blasones lucir se ve,
Y ciñe y guarda del viento helado
Los blancos hombros de rosaté;
El claro azogue de raras flores
Que orna loe vidrios del rosetón;
El blanco encaje de surtidores,
Que de la ondina lágrimas son;
El ojiacanto que cede en Mayo
Bajo el aljófar qlle da á la vez;
El alabastro donde el desmayo
Ve reflejada su palidez;
La pluma suelta de la paloma
Que nieva el techo del palomar;
La estalactita que se desploma
Del antro en donde la filtró el mar?
¿A.caso viene con Serafita
De do el noruego y el groenlandés?
¿Es la Madona que el polo habita
O blanca esfinge de invierno ea

Sphi'!x enterré par l'avalanche,
Gard1en des glaciers etoilee,
Et qui, eous sa poitrine blanche
Cache de blanca secrete gelée?

Por los aludes ha tiempo oculta,
De ventisqueros guudiáa q uiz.i,
Que dentro el blanco pecho sepulta
Secretos blancos helados ya?

Sous la glace ou calme· il repose
Oh! qui pourra fondre ce creur!'
Oh! qui pourra mettre un ton rose
Dans cette implacable blancheurl

Bajo del hielo donde reposa
¡Oh! ¡quién la hiciera sentir amor!
Quién diera un vago tono de rosa
A. su implacable y etéreo albor!

DE "EL JARDIN MUERTO"

espléPdJdos sefio!es, su perfum_e, algo de lo.que respiran,
á las br1~as que vienen hasta m1 ventana, mis poros se dilatan, m1 cuerpo todo siente algo extraordinario y en esas
mafianas, cuando los bueyes pasan perezosos hacia la in.
mei:isa hostia dorada que es el sol, siento que en mí re•
bul,e algo de bueno, algo con lo que no estoy familíari•
zado y entonces ¡oh! sólo entonces amo la vida.
La amo porque no pienso en nada, porque aparto mi
vi~ta de las miserias, de lo negruzco, de todo lo que humilla y de todo lo que mancha, de lae vagas ansiedades
tem?reB de algo de~conocido que en mí se agitan, olvid¿
la hiel de la que m1 pobre alma no es sino bolsa amplia~ente re~leta, para mirar cómo lae nubes, inmensos páJaroe caprichosos, vuelan, cómo los tonos del azul cambian y cómo la tierra bendice la luz soberana que la refresca, la c0lora y la alimenta.
¡Ser así.como ella! Dormi!5e con pesado sueflo en la
noche, brillar COll el alba mcendiaree con el mediodía

MATINALES

Son muy raras pero exquisitas como todo lo raro las
mafianas en que yo vivo. Generalmente, incurable 'noctámbulo, mis ojos Stl abren á la luz cuando ya el calor
ahoga las estancias y el sol bruñe los pavimentos y sin
e!Ilbargo, tal vez porque las veo muy poco soy un enamorado de las mafianae.
Las amo! las amo con mi pensamiento que, fresco sin
las p~ocupaciones ni l~e pesadeces del día, siéntee~ lle•
no de ideas sanas, lum1noeas, claras como el cielo que
azulado miro huir sobre mí. En el campo, sobre todo
cuando los gallos cantan y á lo lejos, de la montafia cae~
como cortinajes desprendidos, trozos de bruma; cuando
los árboles, acabados de bañar, limpios,'como si denuevo
1,acieran, soplan, tuerceP y sacuden sus hojas y prestan,

DOMINGO 25 DE IULIO DE 11517

«rey de los veranos,,,·eacuchar toques de angelus, pasos de•
trabajadores cuando el crepúsculo vacila, y así, siempre•
lo mismo, sin desear otra cosa hasta que los siglos, rodando y rodando sobre ella, la usen y la desmoronen
¡Ser así, como la tierra!
Lentamente, con pesar casi, cubro mi cuerpo de !igeras telas y bajando hasta el río me entrego al incomparable placer de sentir las caricias blandas del agua que
chapotea, cosquillea, reproduce y cubre mi cuerpo. El
agua es juguetona, juguetona como muchacho traviesoy vivaraz que tiene una madre buena, una madre sonriente que no lo rifie y lo acaricia y lo besa. Salta sobre
los pechos, corretea sobre el vientre, suele calarse dentro de'.loe oídos ó bien, huyendo de la mano que la golpea ó
salta fuera, sus pupilas brillan un momento y luego ·cae,
con franca risa que canta y se repite al tiempo que
se aleja en coquetas ondulaciones. Cuando eue fuegos,
sus carreras y sus cantos me han cansado, ahí mismo,
en la orilla, bajo un eáuce que parece paciente pescador,
me abrigo. Sigo oyendo las pláticas y los retozos de las.
gentes, sigo mirando los movimientos de la onda ó bien el
paisaje reflejado, el tejado de la casucha, los penachos de·
loe árboles y los rotos relámpagos del sol,-porque el
agua ni aun al sol respeta é imp11ne quiebra y juguetea
con sus rayos,
Es dulce luego, despuée de caminar sobre la hierba un,
buen rato, deteniéndose ante alguna flor rara ó un rincón
de col)1plicadae matas irá 1~ B?mbra! sentarse, apoyar la
cabeza contra un tronco y em idea fi¡a que habaje, con
el pensamiento en paz, dejándolo ir á eu antojo, festoneando sueños ó esbozando mosaicos, variando, saltando, co·
mo un pájaro, contemplar fas lejaniae, tratar de distin.
guir algo en la montaña, simplemente oir el zumbido de
las abejas y seguir en el espacio la curva, que sin descanso trazan sus obesos cuerpos doradot1.
Después de un rato, un libro bien escogido es buena.
compafiía ¡ah! ¡pero la selección es tan difícil! No un libro ló~rego ni un .libro h~mano, no un libro que nos pinte la Vlda y nos .diga sáb1amente ª!!ª desola~ionea y sus
crueldades, un hbro......... Jay! casi se necesitaría un ¡¡.
bro especial, algo sonriente y sano como la mafiana, que
no melancolizara, ni filosofara, ni hiciera tornarse en
grave el pensamiento: versos ligeros que fueran al com .
pás de la onda ó de la abeja, fábulas bien compuestas.
de dulces vidas, de amores en loe que no hubiera engaño
ni despedidas, libro del cual estuviera vedada la tristeza
Loe cuentos brillaatee, los azulee, los que hablan d~
ha.las y de príncipes son demasiado -caprichosoe traen
damasiada pedrería y demasiado terciopelo pa~ libremente pasear por los campos. Las historias campestres
tienen todas algo de doloroso; si leyera Pablo y Virginia,
ó Herman y Dorotea, me levantaría, sinópreocupado sí al
menos con esa vaga melancolía del que siente pas~r rozándole el desconsuelo humano. Quisiera algo que hiciera amar la vida, que hiciera sentirla y desearla, algo en
fin maternal.. ....
No he encontrado ese libro, y al levantarme al retirarme expulsado por la invasión del sol que r;clama la.
soledad para dar su ardiente beso á la tierra, pienso en
que algún día tal vez, cuando de nuevo nazca y un nuevo sol la alumbre, cuando esté en su m.af"uina cuando
aun no haya maldad, ni envidia, ni ambición· duandolos
hombres se.an buenos y las muj~res francas, habrá. algún
P?eta que, ignorando el dolor, aJeno á la queja y no temendo nada amargo que ensefiar, escribirá ese libro maternal para ser leido en las mañanas, cuando la luz celebre su apogeo y se sienta amor á la vida.
Julio de 1897.

BERNARDO Couro CASTILLO.

IIOl\IBRES Y DIOSES
LUIS XI

&lt;:ASO no haya ningún rey de•

Francia tan maltratado por
la posteridad como Luis XL
Difamadora impopularidad!
rodea á ese rey tan esencialmente popular. No sólo odia,
sino que desprecia el pueblo•
la imagen que con¡,erva de él.
La ficción, de acuerdo con la
historia, le presenta como un
personaje miti-d trágico, mitad grotesco. Vedle en el teatro y en las novelas; aparece casi siempre malvado y co-barde, cruel y avaro, mezcla de TartuHe y de Tiberio deEufermo imaginario y de Patelin.
'
Hay en la leyenda algo falso y algo verdadero comola caricatu~ tiene ~lgo parecido y algo quimérico. Es,
una calumma gratmta que fuese cobarde y que la grave
historia ao ha repetido. Se batió brava~ente en Monthery, en Lieja y en la guerra del Artois. Filé herido levemente en el sitio de Arras, y bromea sobre eso en una.
carta con verbosidad picaresca, que ilumina un instante·
su sombría figura, con la clara sonrisa de Enrique IV
Los desfallecimientos de su agonía fueron los sobresalto~
de un alma que va á rendir cuentas· no las zozobras de
un vil carácter. Hay quien corre tr~s la muerte violenta
. la busca y la provoca, y vuelve la cara hacia la pared si
la muerte natural viene á buscarle en el lecho
La avaricia de Luis XI se concretaba li su p;rsona. E l
que lea lae Memorias de los gastos de su casa creerá hojear el libro de cuentas de la casa de Harpag¿n. Se ven
no~as c_omo l_a~ sigui~ntes: «Por dos mangas nuevas para
su Justillo v1010, vemte sueldos;" «quince dineros por
una caja de grasa para dar lustre á las botas." Con eea.
ostentación de tacafiería disfrazaba un gasto grande y
secreto. Puede compararse esa tacafiería aparente á la.
parte delantera de las tiendas gue se encuentran en H o-

DOMINGó 25 de JULIO de •1517

landa. El exterior es sórdido; se balancea al .viento un.a
muestra de amolador de cuchillos y de nava¡as de afeitar cubierta de grasa; un eaco de esp"lcias y un tonel de
are'nques se pudren á la entrada; al través de los vidrios
empafiados y acoplados con plomo, se entrevé una figura descolorida que lleva anteojos y que se carga sobre U!1
pupitre viejo. Parece que allí debe iratarse de economizar algunos ochavos y meterlos en una alcancía. Pero
penetrad en el interior, y veréis la habitación iluminada por el oro, que rebosa por todas partes, que bace reventar loe sacos y estallar las balanzas. El duefio de ese
establecimiento invierte millones en especulaciones co•
losales. Desde el fondo de su mostrador lanza navíos á
los mares de la India y pa~a sueldos á bajás malayoe..Así ese rey, vestido con tricot de lana y con grasoso birrete en la cabeza, fué el prime~ negocian~ de su éJ?o_ca.
.Arrojaba lejos tle sí y despreciaba la antigua trad1c1ón
del tesoro hundido y empol 1ado que la Mitología había
inventado para loa reyes. «Lo tomaba todo y lo gastaba
todo", dice Cominee. Pero el oro que la caballería, su rival, gastaba en torneos y en adornar sus armad_uras, él lo
empleaba en comprar pueblos, en atraeree amigos y ea
soadear las conciencias. En su viaje á Arras pidió prestado á uno de sus criadoe la suma de treecientas veinte
libras diez y seis sueldos y ocho dineros upara emplearlos e-d sus gustos y placeres,,, y gastó quince mil escudos
de oro para salir del mal paso de Perona. Se puede decir que descubrió la circulación del dinero ese rey que
ee ha tachado de avaro, y que fué el primer banquero de
la burocracia moderna.
En cuanto á la crueldad de Luis XI, debemos dec.ir
en honor de la verdad que, si fué menor que la de los
principes de su tiempo, fué seguramente de peor índole.
La sangre humana mancha más al que la destila fríamente y gota á gota, que al que la vierte á torrentes en
un acceso de cólera. Es preciso, sin embargo, no perder
de vista al siglo de hierro que tuvo que forjar, las sediciones que tuvo que vencer, y las traiciones que necesitó
caeti¡?ii.r: descartando todo esto, queda, º&lt;? ~betante, en
Luis XI un rey cruel. Su '.lrueldad se distmgue por el
humor chancero que empleaba al usarla. Jugaba con las
cabezas que hacía cortar. En una de sus cartas cuenta,
burlándose, como mandó deca'{litar ~ Ond~r~ de Bussy,
consejero del Parlamento, que le hizo tra1c1ón.-uA fin
de que se conociese bien su cabeza, la adorné con una
hermosa caperuza y la coloqué en el mercado de Hesdin,
sitio donde preside.,, En otra parte, apresurándose á despachar á un servidor infiel, recomienda jovialmente á su
eenescal Mr. de Breseuire «que haga los preparativos de
]as bodas del galán con la horca." Inv~ntaba.sul?licios
con la miema depravada fantasía delos tiranos 1tahanos,
que pueden llamarse loe artistas del t?r.mento. Las jaulas de hierro que pesaban sobre los pris10neros como cornisas sobre sus cariátides, las cadenas atroces que hacía
forjar en Alemania y ~ue é_l lla!f!aba «ene hi.jitaa," hubieran podido honrar la 1magmac1ón de Ezzehn. Hasta su
libro de cuent.a.~, que estamos hojeando, encierra tanto lujo lúgubre de hierro, que páginas enteras están eobrecarp:adas de él; se encont1ar!a de eet~ materia en el libro, su•
flciente para surtirá vanas Baet11las.-«A Laurene Volme por una gran jaula de hierro con doble cerrojo y
un~ gran cadena con campanilla al extremo, que hizo y
me entregó para encerrará Lancelot d:e_Berne, 38 libras.
-Por dos hierros para cerrará dos prie10neros de Arras,
que guarda Henry de la Chambre, 6 libras.-Por un hierro con forma de herradura con cadena larga y campa•
nilla al extremo, y por brazaletes para otros dos prieio•
neros, 38 librae.-Por un hierro para poner los dos br~zos las pi1&gt;rnas, y colocar el cuello y el cue1 po de un pn•
sio~ero, 16 libras, etc., etc,,,
.
La historia, aplicando á Luí~ XI la ley del Talión, lo
ha encerrado también en una ¡aula y lo pasea en ella al
través de loe Eiglos como un animal salvaje de baja espe•
cíe y de cludoeo pelo.
No fueron las mayores atrocidades de su reinado sus
ahogados en masa, á lo turco, ni sus extrangulaciones
venecianas ni loe árboles llenos de hombree colgados de
su casa reaÍ de Pleesis-les-Toure, sino un hecho ignorado una ejecución secreta, una víctima obscura que grita
co~tr¡, él con voz más penetrante que la de loe millai:es
de mártires del saco de Dinant ó de la matanza de L1eja. Juan Bon, que condenó á muerte, y á quien por ~racia especial se contentó con hacerle reventar los dos .ºJOB.
«Le participaron que Juan Bon veía aun de ua o¡o; al
saberlo Guinot de Loziere, preboste de h casa del rey,
por orden de dich~ señor, comisionó á ~os ~rqu~ros para que fuesen á visitará Juan Bon, y si .veia aun, que
acabasen de extinguirle la vista." 1:l'o ?-ub1e~a hecho ~osa semejante un emperador del Ba¡o imperio, aconaeJado por un eunuco.
Encuentro en Béroalde de Verville una anécdota que,
bea verdadera ó falea, prueba el nombre. patibulario que
había adquirido Luis XI. lle aquí el cuento atroz en el
fondo, cómico en la superficie, nar~ado con la ~xtra:6-a
alegría con que e.soa antiguos .cuentistas tratan 111stor1as
sangrientas: «Lme XI concedió la abadía de Turpenay á
un gentil hombre que gozaba de rentas y se hacía llamar
el sefior de Turpenay. Sucedió que estando el ~ey en
Pleseis-lea-Tours, el ve.-dadero abat~, ~ue era mon¡e, fué
á presentarae al rey y le hizo su pet1c1ón, demostrándole que canónica y monásticamente él era el verdadero
poseedor de la abadía, y que el gentil hombre usurpador
le perjudicaba contra toda razón, y por lo .tanto que él
recurría á eu majestad para que le mantuv1ea~ en su derecho. Sacudiendo la peluca el rey le prometió que que•
daría contento. Ese monje importuno salía al encuentro
del rey todos los días á la hora de comer, y este, cargado del agua bendita del convento, llamó á su compadre
Tristán y le dijo.-«Compadre; aquí hay ~n Turpenay que
me fastidia quítamele del mundo.u-Tr1stán se presentó
al gentil-h¿mbre que la corte co~ocía por el .seflor de
Turpenay, y acercándose á él y as~éndole, _le h11:o .com•
prender que el rey quería que muriese. Qmeo resistir BU•
plicando y suplicar resistiendo; pero en vano, y como
.oadie podía oírle, fué tan delicada y eutilment.e _estrangulado entre la cabeza y las espaldas, que espiró;

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EL MUNDO

tres horas después el compadre dijo al rey que Turpenay
estaba ya destilado. Pero sucedió cinco días después, plazo destmado para aparecerse las almas, que el monje se
presentó donde estaba el rey, que quedó asombradíeimo.
Trietán estaba delante. El rey le dice al oído: «¡No hicisteis lo que os mandé!ll-«No os incomodéis, sefior; lo
hice Turpenay ha muerto.-«Yo te hablaba de este monje,.,...:._«Yo entendí que me hablabais del gentii hombre."
-«¿Lue,zo él es el muerto?..-«Sf,. sefio!·"- «Ha~ hecho
bien.»-Vol viéndose el rey al mon¡e le di~e: «Vemd aquí.
El monje se aproxima. «Poneos de ro11llas." El pobre
monje temblaba; pero el rey le dijo: «Dad gracias áDioe
que no quiso que fuéseis extrangulado, como yo mandé.
El que os usurpaba la abad:ía lo ha sido. Dios os h~ hecho justicia. Id, rogad á Dios por mí, y no os mova1s del
convento"
Oyendo ese relato es preciso convenir que la zorra ha
obrado como un león, v que un hombre malvado fué un
gran rey. Tuvo 1~ p~sión del. ]!stado. La Francia.le debe
sus mejores provmcias. La rigidez que el campesmo roa•
nifiesta juntando surco á eurco y á su pedazo de tierra ef
pedazo vecino, él la empleó en completar yen redondear
su reino. Ese fné el ardor, el movil de su vida y el celo
que le devoró. Habla en sus cartas de las ciudades ó
provincias que codicia, como hablan los amantes de sus
queridas. .Ta más ardió la ambición con fuego tan acerbo.
Es necesario oírle, después de la muerte de Carlos el
Temerario, aspirar á la Bo~ofla con el fuego del deseo.
-«No tengo en la imaginacion más que ese pataíso. Tengo más ansiedad por hablaros de esto, que tuve jamas
por hablará un confesor por la salvación de mi alma."
La grandeza del objeto atenúa lo ilicito de los medios.
En esa época la patria está identificada con el rey, sus
intereses estan mezclados, su porvenir es el mismo y eR
muchas veces difícil didtinguir eon claridad en Luis XI
el hombre depravado del mor.arca hábil. En la lucha
contra loe grandes vasallos, que llen11 su reinado. el derecho está de su parte, si no la moralidad. Se batió con
armas desleales contra un ejército de felones, se portó
traidoramente con loe traidores y fué perjuro con los
perjuros. El duque de Borgoña, el duque de Bretaña, el
condestable de Saint-Poi, el conde de Armagnac y hasta
su mismo hermano el duque de Guinea, cazaban furtiva•
mente en plena Francia y la arrasaban hasta el suelo,
caza contra el rey, caza feudal, violenta y salvaJe. - «Quiero tanto el reino-decía el duque de Borgoña,-que en
vez de un rey, quisiera tener seis.»-Y el duque de Guinea:-«Arroja1emos tantos lebreles contra él que no sabrá
donde huir.i:-Y huía sin embargo, rápido, oblícuo, ina•
gotable en efugios, haciendo perder su pista, confundiéndolos por senderos y multiplicando en su camino las
redes y loa dédalos, cada afio uno de los cazadores caía en
una emboscada ó era desarmado por d1&gt;tras, hasta que al
fin el gran montero de esa caza civil, Cirios de Borgofia,
cayó herido por una flecha de un arquero lorenés en el
foso de Nancy.
Entoces el rey, tan largo tiempo perseguido, fué á visitar sus redes y á desnudar á loe cazadores. Loe que
respiraban aun los metió en jaulas como al conde de
Perche, ó los decapitó como al duque de Nemours y al
condestable; depués se apoderó de sus dominios y los
despedazo realmente. Eea excelent~ caza le dió por resultado la Picardía, la Borgofia, el Rossellón, la Provenza,
el Maine y el Anjou. Los rudos batalladores que venció
Luis XI pudieran esclamar como la cabeza cortada de
Klephte en el canto griego dice al ave de presa qne la
roe: «Come, ave, aliméntate coa mis fuerzas, aliméntate
de mi valor, y tu ala adquirirá la longitud de una ana y
tu garra la de un pálmo "
Lasepultura que dicho rey dispuso para sí mismo, parece ser el emblema de su reinado; mandó que le esculpie•
ran sobre su tumba con traje de caza, con el dardo de
cazar javalies en la cintura, teniendo á sus pies un
lebrel.
El derecho está de su parte en la guerra admirablemen •
te obstinada que sostuvo contra los rebeldes, pero á pesar
de eso no se puede simpatizar con Luis XI. Luchaba
contra sus traidores, pero sus traiciones eran más viles
y más refinada su perfidia que la de sus adversarios. No
usaba la máscara de fino acero del disimulo italiano, sino una máscara móvil, gesticuladora, de ojo pérfido y
de sonrisa falsa. Protestaba, juraba ante relicarios, ponía
por testigo á su sombrero viejo lleno de amuletos; abra·
zaba á los que quería ahogar; se ponia de rodillas, como
dice la crónica, «santiguándose desde la cabeza á los
pies,,, .A la perversidad de la hipocresía añadía la fealdad de la pantomima. No ha existido jamás alma menos
real que la de ese rey; carecía del sentimiento del honor.
En China hay un proverbio que las madres enseflan en
la cuna á sus hijoe, y al que quizá debe ese pueblo ab·
yecto su incurable bajeza: «-Siao-sin; achica tu corazón.,,
Ese proverbio era el suyo, que tradujo así en su francés
anticuado: «Cuando el orgullo cabalga delante, el perjuicio le sigue detrás." Repetía ese vil dictado cuando después de lo de Peronna, el duque de Borgofla le llevó
compasivamente en su sequito á ver saquear á Lieja,
ciudad que había levantado bandera por él. Cuando Car•
los le preguntó qué era necesario hacer con la ciudad re•
belde, respondió con este cruel apólogo: «Mi padre tenía
un gran árbol cerca de su palacio, en el que los cuervos
hacían nido; le fastidiaban los cuervos, é hizo quitar los
nidos una y dos veces; al cabo del año los cuervos volvían á anidar otra vez. Mi padre hizo cortar el árbol y
durmió mejor.»
Su política era equivoca~ siniestra, como su carácter;
politica de policía, de inqmsición, de espionaje. Horrorizó á su siglo caballeresco y aefiorial. Puede comprenderse cuál sería la cólera de los hombree valientes y
violentos que le combatían al verse cogidos en las redes
de su diplomacia hipócrita. ¿Quién sabe, ein embargo,
si su proceder oblicuo fué la esgrima necesaria para las
luchas complicadas que tuvo que sufrir? Imaginaos en
su lugar á un santo como Luis IX ó á un caballero co·
mo Francisco I batiéndose cotra esa tempeetad hecha
hombre, que ee llamaba Cárlos el Temerario; hubieran
perecido al primer choque, y la Francia acaso con ellos.

El heroísmo hubiera sido insuficiente para vencer á ese
Rolando furioso en el que la Edad Media en sus postrimerías reunió todas sus fuerzas y todo. su poder. _P~ra
abatirle ee necesitaba un rey como Lws XI. .Admitido
el drama debe alabarse la obra. El sobretodo de fue•
tan (1) r~ido, que no se quitaba nunca, y que le daba el
(1) Tela. de hilo y de a.lgodón.

aire de un viejo zorro, salido casi sin pelo de una tram ·
pa, era el traje que correspondía á su papel. For~aba la
antítesis viva de la caballería empenachada y brillante,
caracter:zando con marcado contraste su oposición á la
pompa y al modo de ser del mundo feudal. E l rey del
pueblo contra los grandes, gastaba traje y caperusa plebeyos. En el banquete de su consagración le incomo~aba la corona, que era demasiado grande para él, se la qu~tó
sin cumplimientos, y la puso sobre la mesa, como hub1e •
se hecho con un birrete: ese detalle ya manifestaba 10
que había de ser el rey. Sus amistades fueron de baja
esfera. El sefior de Haillant relata en su crónica, que en
París «iba el rey muchas veces de calle en calle y decaaa
encasa á comer y á cenar con unos y con otros, hablando privadamente con estos y con aquellos para ser querido del puebio.» Sd hizo inscribir como «h ermano y
compafiero de la gran cofradía de los ciudadanos de P arís." Lo que él apreciaba en sus «compadres" como les
llamaba después de beber, era precisamente su estado
de pecheros. Uno de ellos, llamado ~11a~, que con frecuencia comía con el rey, lo aprendió a sus espensas.
Fastidiado éste de oíree llamar siempre el señor Juan,
le suplicó al monarca que le hiciese escudero suyo. Luis
XI Je concedió titulo de nobleza, pero ya no le vol vió á
dirigir la palabra; apercibido de esto el antiguo plebeyo,
se quejó al rey, y éste le contestó: «Cuando os permitía
que os aentáraie en mi mesa, os consideraba ~omo el pri•
mero de vuestro estado, y no perjudicaba á ningun gen·
til-hombreel que os honrara como á tal; ahora q ue sois
gentil-hombre, y en ese estado os preceden muchísimos
que lo adquirieron l?ºr las eapa~as .de ~ue antep9'.eadoe ó
por sus propios méritos, les per¡ud1caria concediéndoos
el mismo favor."
Tuvo siempre por el pueblo veleidades de afección.
Los registros de su libro de cuentas, que antes abrimo,i
por sus sangrientas páginas, están llenos de limosnas
distribuidas á la mano, y de artículos como el siguiente:
«Un escudo para entregará una mujeren recompensa de
un pato que el perro del rey, llamado Muguet, mató cer•
ca de Bloia.»-«On escudo para dará un pobre hombre,
de cerca de Mane, en recompensa de haber gastado loa
arqueros del rey trigo suyo al pasar por en campo.»-«Un
escudo para entregar á una pobre mujer en recompensa
de que los arqueros del rey le mataron un gato cerca d~
Montlois al ir de Tours á Amboise."
Cuando llegó su última enfermedad, hizo irá París
pastores de Poison para que cantasen delante de él aires
de su país con acompafiamiento de bajos y dulces inatru •
mentoe.
En el crep1eculo de su vida, c~ando esta declinaba y
se obscurecía, le complacía hundirse en el pueblo y en
loe bosques· escuchando durante la caza la queja del campesino ó el ~viso del leñador, preguntándo al carbonero
por su choza y al paator por su cabafia. Más tarde, cuando se encerró tras las rejas de su torre de Plessin y que
solo cazaba loe ratones con pequefios perros amaestrados en esa ocupación de gatos, le complacía bajar á la
repostería y hablar con los que allí encontraba. Un día
encontró en la cocina á un niño que daba vueltas á U !l
asador. El rey le preguntó cuánto ganaba; el marmitón,
que no le conocía, le contestó : «Tanto como el rey, por·
que él no tiene más que su vida, com? yo tengo la mía.
Dios alimenta al rey, y el rey me alimenta á mí.» En•
cantado de la respuesta Luis X.I, . hizo page al muchachuelo y aseguró su for una. Los únicos favoritos que
tuvo el monarca, todo el mundo sabe que fuéron su barbero y su verdugo.
Ese capricho de soberano que busca bajos á sus confidentes para elevarlos hasta él y hablarles al oído, ea pro.
pio de todos los reyes del carácter de Luis XI. ¿A. quién
se encuentra con más frecuencia en la historia antigua,
en la primera grada del trono de loe Césares, de los Czares,
de los Sultanes, de los reyes absolutos y desconfiados'; á
loe que preocupan sombríos pensamientos?.....• .A un eunuco, áun liberto, á un mugick ó á un batelero del
Bosforo. El déspota no se fía más que de los pequefloa,
que ha engrandecido y hecho á su semejanza, como el
rey de la Fábula antigua hace un agujero en tierra para
depositar en él sus secretos.
p .AU L PE SAINT-VI C.T OB

LA CARGA DE CARABOBO

«Cerrad las filas, Llaneros,
Rienda suelta y galopar!
Del campo de Carabobo,
Desde hoy llanura inmortal,
Con las banderas al aire
Valencey libre se va.
Sus cornetas tocan marcha,
Sus tambores rataplán:
¿De tan completa derrota
Ellos sólo han de escapar?
A romper vamos sus filas,
Y nuestros brazos sabrán
.Aprisionar á sus jetes,
Sus soldados alancear,
Arrancarles sus banderas
Y sus cafiones clavar.
Y una voz lejana griia:
¡ Valen4ey! ¡apunten! ar ...... !
Del cafión el estampido

�EL

70

La atmósfera hace temblar ......
Y galopan loe Llaneros
Oiento veinte nada más;
Pero al frente de esos bravos
El Cravo Cedeño va...

DOMINGO 25 de JULIO de 1Ssn

MUNDO

La mitad presenta el frente,
Re aleja la otra mitad,
Y de balas nos envían
Una lluvia ein cesar.
Valientes son en Eepaf!a,
Valientes también acá;
Mas si allá siempre vencieron,
Vencidos aquí serán.»
Y una voz lejana grita:
¡ Valence¡¡! ¡apunten! ¡ar...... 1
U na descarga de balas
Rn torno se oye silbar..... .
Y galopan los Llaneros,
Ya son ciento nada más;
Pero al frente de esos b.:-avos
El bravo Cedeño va.

A Antonio de la Peña y Reyes.
Canto Primero.

I
Es la suprema floración del afio.
Ya las nieblas no ocultan los bohíos
y los nidos del bo€que, ayer vacíos,
están llenos de pájaros hogaño.

De Marzo los deshielos, ·como un baño
el valle inundan en raudales fríos,
donde llenan sus ánforas los ríos
y beben las bandadas y el rebatlo,
Ya de la sierra en el crestón gigante
deebaratóse el gélido turbante
.
que el invierno formó con sus neblrnas.
Y sobre el cielo azul, cuando atardece,
la sarta de las grullas desparece
y flotan las primeras golondrinas.

II
Estremécese el aura tremulenta
y la tierra, á los húmedos halagos,
sigui', ya sin tf&gt;mor á más estragos,
· eu constante labor, fecunda y lenta.

«¡Firme en la silla, Llanerosl
1Lanza en ristre y galopar!
Loe muertos no necesitan
Que lee toquen fuoeral.
Vamos nosotros sus vidas
Ciento PQr uno á cobrar.
De Valencey los soldados
En cuadro formando están,
Sus cañonee á los flancos,
Al centro su General,
Una fila de rodillas,
Y otras tres filas detrás.
¡Cómo relumbran sus armas!
¡Qué aspecto tan militar,
Con los fusiles al brazo
Esperando la sefial !»
Y una voz lejana grita:
!Valenceyl ¡apunten! ¡ar ..... .
. El humo de loe fusiles
L'&gt;s cielos sube á nublar..... .
Y galopan los Llaneros,
Son ochenta nada más;
Pero al frente de esos bravos
El bravo Cedeño va.

«!Llueven las balas, Llaneros!
¡Cuándo polvo! ¡Qué sudar!
Los hombres, ¡cmánto coraje!
Los caballos, ¡qué piafar!
Más que el fusil enemigo
Nos devora la ansiedad;
Pero siguiendo la espada.
La Papada del General,
ne Valencey lograremos
Vencer la tenacidad
Ya podemos sus soldados
Uno por uno contar,
Ya van con sus bayonetas
Nuestras lanzas á tocar;
Ya estamos encima...... 1vival»
¡Qué descarga tan fatal!
U na voz cercana grita:
~·Valm ceyl ¡apunt.en! ¡ar...... !
En torno á loe combatientes
Todo es humo, oscuridad..... .
Y galopan loe Llaneros;
l:lon setenta...•.. pero ¡ay!
El más bravo de loe bravos
Al frente de ellos no va!

Do quier su fuerza poderosa ostenta:
festonea las lilas y los dragos,
hace brotar los mustios jaramagos,
hincha la yema y el botón revienta.
Al tronco de los árboles se prende
de la hiedra la azul y v1:rde malla,
'
que en el bardal su pabellón extiende.
Y, empapada del éter en las ondas,
del sol al fuego, la campii'!a estalla
en explosión de pétalos y frondas.

III

Nunca me hallo sin fausto ni dinerc,
porque veo en la sombra lo que quiero.
Esa muj°er tan bella,
fué por mí tan querida
que alguna vez, para morir por ella,
tan sólo me faltó perder la vida.

III
Todo, al soplar las brisas tropicales,
mueve la sangre y todo á amar provoca.
Naturaleza entera es una boca
donáe palpitan besos inmortales..... .
Requiébranse en la rama los turpiales
lanzando su canción alegre y loca,
y, en la cortada arieta de la roca,
se acarician las águil8f' reales,
Tálamo de las tiernas golondrinas
es el aire, del tigre la espelunca,
d~l triscador ganando las colinas ..... .
Nada tu esfuerzo poderoso trunca;
pues, renaciendo de las mismas ruinas,
¡oh, fecundante Amor, no mueres nunca!
Canto Tercero.
ELE G ÍA

II
En la intrincada eenda, y en el rojo
pefión y en la monótona llanura,
no qu~aan ya ni un resto de verdura
ni una brizna de hierba, ni un abro¡o.
Tan eóla cuelga su último despojo
la seca hiedra, de la tapia obscura,
bajo la cual t:l ábrego murmura
y crujen las hacinas del rastrojo.

Entre las hojas de la encina adulta
Se escucha el eneayar del primer vuelo,
y en el pico de rosa del polluelo
su pico de ambar la torcaz sepulta.

Nada se oye vivir...... Sólo en la hora
del declinar tristlsimo del día,
grita el halcón que en los barbechos mora.

Muge la vaca en tanto que se aleja
la cría por las quiebras del camino.;
y al blando eón de la amorosa que¡a, ,

¡Qué tristeza tan honda en el paisaje!
Del norte frio al destructor alienGo
euspendióse en el campo el movimiento
y g1m1eron los troncos y el ramaje.

tiembla, cual amapola sobre el lino,
la roja lengüecilla de la oveja
del cordero en el blanco vellocino.
Canto Segundo.
EPITALAMIO

I
Resplandece la bóveda infinita
con el fuego abraeante del verano
y, en la inmensa extensión, el soberano
elemento p101ffico palpita.
La vida, como el alma de Afrodita,
todo lo enciende: al hougo en el pantano,
al ave y al cuadrúpedo en el llano
y en el huerto á la humilde bellorita.

Y al balar de los hatos trashumantes,
e11. lo más escondido de la sel va
ta:fie Pan la d1i1lcíeima zampoña.

Son las bodas campestres de las flores.
Al beso del amor, antes later.te,
hinche y mueve sus ondas el ambiente,
írguense los estambres tembladores.
Se impregnan los insectos zumbadores
en el pólen de oro refulgente
y al par le lleva en eu regazo ardiente
el viento grácil esparciendo olores .....•

El pobre .está seguro que su perro
ha de formar su séquito en su entierro.

Las supersticiones reemplazan á las religiones, como las
malezas á loe viejos robles.

Aun tengo confianza
de que Dios me dará la fe p¡,rdida..
¡Bien haya el que ha inventado la esperanza
que es la muerGe el principio de otra vida!

* *una cátedra ·de moral cual•
Del teatro se hace ahora
quiera, un curso de derecho, ui;a taller, una.clínica; todo,
excepto un lugar de placer.

Voy sembrando esperanzas por los vientos
y recojo después remordimientos.

**
Las mujeres tienen generalmente
mejor tarea que la
de practicar las artes; la de inspirarlas.

CAMPO.A.MOR.

¡Posad sobre su cáliz, que el deseo
desflora, mientras cantn Primavera
los eróticos cantos de Himeneo 1

La tarde viene cenicienta y fría,
y una dedolación abrumadou
se extiende por el monte y la alquería.

II
Pinchando á sus rivales,
te escribe con la espada madrigales.

¡Oh, céfiro¡ ¡oh, abeja! ¡~h, mariposa!
¡con que ansiedad tan pudibunda espera
vuestra llegada la naciente rosa!

En loe collados y en la selva inculta
del maternal amor se muestra el celo:
oye el ave el reclamo, deja el cielo
y á•ude al nido que el ramaje oculta.

Exhalan sus aromas penetrantes
el apio y la silvestre madreselva
y el laurel odorífero retoña.

J UAN IGNACIO DE ARMAS.

EL MUNDO

Notas de la moda.

POEMA DE VIDA

IDI L I O

«No es más que plomo, llaneroel
¡La fila otra vez cerrad!
¿Qué importa que algunos caigan,
81avanzamos loe demás?
Mirad que por la llanura
Yalencey se aleja ya;
Mientras unos hacen fuego
Loe otros cargando están;

DOMINGO 25 DE JULIO OE 1897

*

*

G. M. VaUour.

II

Ya no hay nidos, ni cantos, ni follaje;
no se escucna un murmurio ni un acenGo,
y apenas, junto al lago tremulento,
se oye graznar el ána.te ~alvaje.
En las regiones do Aquilón desata
su safia y con furor se precipita,
sin cesar, sin cesar escarcha y Hueve;
mientras inmensamente se dilata,
desesperante, trágica, infinita,
la sepulcral blancura de la nieve.

III
Si tan helada soledad impera
en el mar, en la tierra y en el cielo;
si ya no corre el límpi&lt;lo arroyuelo
ni se mece el rosal en la pradera;
¡ah! no pensemos que la vida muera,
amortajada con su blanco velo,
bajo la opaca crústula del hielo,
un inmortal renacimiento eepera.
Mas ¿quien puede escuchar las misteriosas
voces que eleva, en místico murmullo,
el más oculio seno de las cosas?..... .
Nada sucumbe: el escondido germen,
la crisálida envuelta en su capullo,
la célula y el grano...... ¡todos due.rmenl
M ANUEL

JosÉ

ÜTHÓN.

Cerritos, Julio de 1897.

Pocas veces te ví, pero no olvido
que yo te amé como no amó Macías,
y que fué la pasión que te he tenido
un amor inmortal de cuatro días.
Si á comprender aspiras
la ciencia &lt;le las puras realidades,
hallarás que de todas las verdades
la mita&amp; por lo menos son mentiras.
C..lMPOAMOB.

(V é ase el texto.)

�'DOMINGO 25 DE JULIO DE 1&amp;97

EL MUNDO

-====-

NOTA DE LA MODA

CURIOSIDADES.

Las últimas reuniones mexicanas nos muestran
claramente que la moda parisiense no estará descontenta de nuestra culta sociedad. Aquí también
tenemos grandes :fiestas, unas que directamente nos
P.ertenecen y otras a que asis~imos por verdadera
P1mpatfa. De estas fneron las del 14 del actual en
las que pudimos admirar á nuestras graciosas c~m.
patnot~s en 1;1nísona barmouía con las lindas Tejanas y s1mpáti~as Francesas, tanto en la kermesse
c)mo en el baile, donde en atractiva confusión se
mostraban gozosas, luciendo todas sus seductoras
galas.
Allí, lo mis1:110 que en el teatro, hemos visto con
g.usto que las ¡óvenes no necesitan engalanarse con
ricas y costosas t~las, pues .las que aparecen vesti·
élas con más sencillez, son 31ll duda las reinas de la
:fiesta.
Las telas vaporosas, y los colores claros eobre
t?do blanco y azul pálido, son los más aceptados;
e1.n embargo, estos no ofuscm á las que compren~1endo á ~onde llega su belleza, elijen el color ro•
J'&gt; ó.amanllo 9ue contrasta divinamente con sus
faAcrnadores o¡os,. y c!ibelleras negras.
Pocas hay partidarias del color lila, y sin em bar~o. ¡es t~n mode_sto! ¡hay tal encanto al ver á las
t r ~s gracias vestidas: la una de verde nilo, la otra
de rosa y Ja tercera color lila!
. ¡Salud! al bello ~exo que prefiere á los grandes
t1~úe, las flotantes gazas y los níveos encajes.

't'

Traje de seda india.

. Este _rico vestido de seda india, de azul y oro, no
ti.Pne v1~tosos adornos porque siendo una tela tan
rica, se J~zgara ofendida si no se le dejara ostentar J!0r s1 sola su hermosura. Así es que, tan sólo
un rico galón de seda y oro, colocado negligentemente sobre la enagua, ee abre, como al acaso, á
lo~ lados, y va á rodeará la enagua en su borde inenor.
. El mismo galón adorna la cbaquetita fígaro y desciPnde basta media espalda en forma de picp.
Chaleco y cuello de seda color de oro.
Sombrero de paja claro, con una ancha pluma rodeando la copa, y una paloma blanca encima.
Trajes pa;rantños.
Vestido par~ niña de ,o á

12

Vestido para niño de 6 á 8 años. (Figura~

Es de pafio de damas verde obscuro - adornado
en el cuello con cinta otomana: camisá de punto
y sombrero de paja.
Traje de niña d~ 8 á ,o años. (Figura 3.)

Este trajecito es de diagonal ~ria adornado con
cintas de terciopelo negro: nn phesé forma el cuello, Y a~orna la tira del pecho, á cuyos lados van
dos senes- de botones fantasía.
Vestido Imperio para niña de a á 3 años.
( Figura

Figuras

I

y

2•

Entredos ~ara cortinas. ( Figura

4. )

Se hace de piqué moteado de azul· y el talle in~rior y mangas de muselina con l.!ordados. Cape.
linade muselina con plissé y bordados. Lazo azul.

ciplinar asta brillante inteligencia. Por otra parte, Mllrconi,
que es por su madre de orígen
inglés, se encontró en relacirnes con M. Preece, director de
la oficina decoireos en Londres
·y cuyo nombre es universalmente conocido en el mundo de
los telegrafistas y de loe electri •
cistas.
Gracias á M. Preece, tuvieron
lugar algunos experimentos en
Inglaterra, sea en el plan Salia·
bury, sea en el canal de Bristol;
algunos raros privilegiados pudieron sólo asistir; uno de ellos,
hombre de ciencia y de incon•¡ iestable valor, se maravilló y es•
cribía últimamente: «El descu·
brimiento de ese joven de vein·
tidos años es admirable, peroM.
Preece tiene la gloria de haber·
le proporcionado les medios pa·
ra producirlo en plena luz.
Me parece bien natural, eegún
las experiencias de que se trata,
que ee baya podido telegrafiar
sin hilo entre dos estaciones separadas por una distancia de
Guglielmo Marconi, inventor de un aparato para la telegrafía sin hilos.
más de 9 millas inglesas. La bru•
ma no llevó turbación alguna á las comunicaciones y se
EL TELEGRAFO MARCONI
comprende la importaníia práctica de un resultado tal
He aquí una invención y un inventor, por decirlo así, en lo que concierne á loe peligros de las colisiones en
desconocidos del público y que maflana podrán muy el mar. Dos buques podrían prevenirse mutuamente de
bien ser célebres. Se trata de la telegrafía eléctrica sin su presencia, de día ó de noche, en medio de la bruma
hilos, problema que ha preocupado ya muchos trabajos más espesa, de manera de evitar torio rieego de abordaje.
8i hemos de creer ciertos relatos, el seflor Marconi auey muchas invest1gaciones, sin utilidad, ¡ay!, basta aquí
fía aún con las aplicaciones militares, muy de otra natucuando menos, y bajo el punto de vista de la práctica.
Si mal no recordamos, Edisson no desdei'ló en otro raleza, y considera como posible comurdcar con un navío
tiempo :fijarse en esta cuestión-; pero los débiles resulta- enemigo y enviarle ondulaciones de Hertz capaces de indos obtenidos parecían haber quedado en el olvido y el cendiar su pólvora.
No vayámos tan lejos, y mostremos una gran reserva
inventor mismo no ha pensado en sacarlos de ahí.
La mayor parte de loe investigadores intentaron en sobre las aplicaciones futuras; esta reserva es tan prueste orden de ideas utilizar las corrientes telúricas y las dente como loca, y absurda la incredulidad de parti -pris
en estos tiempos de descubrimientos y de inven cionea
propiedades de inducción eléctrica.
E1 descubrimiento nuevo sobre el cual no tenemos, por porque atravesamos.
Lo que es cierto es que bajo el punto de vista puralo demás, más que datos inciertos y vagos, va á empren;
derse porque se inspira en otra teoría célebre, en el domi- mente cientí:ficó, los procedimientos de Marconi tienen
nio puraI11ente científico, la de Hertz, conocida con el una importancia considerable. El ha puesto en eviden•
cia que ciertas ondulaciones de Hertz· ( que acaso se de•
nombre de teoría magnética de la luz.
Todo el mundo sabe que desde Fre~nel se atribuyen signarán un d1a con el nombre de Marconi ) se trasmiten
los fenómenos luminosos á ondulaciones de un cuerpo á navés de todos los cuerpos sin poder jamás encontrar
ideal, el éter, que transmite integramente á través del obstáculos, es decir cuerpos opacos. Resulta pues un paespacio los movimientos provocados en un punto, casi rentesco evidente con loe rayos :Roentgen y aún una pecomo el agua tranquila, turbada por la calda de una pie- netración mas profunda y más geoeral.
En todo caso el nombr., de M.. Preece, los de los sabios
dra, transmite á su superficie, en clrculos que se extienque han sido autorizados para seguir los experimentos
den ai rededor, las onctaa provocadas por ebta caída.

Este tejido ee ejecuta con· hilo crudo al punto de ma111~, y se borda con entretejido de hilaza blanca, azul y
ro¡a. Loe puntos más obscuros de nuestro dibujo repre•
sentan el azul; los de media tinta, son rojos; y loe ~áe claros, blancos.
LECTURA PARA LAS DAMAS
EL NO LLEVAR APUNTES

Ha:r también despilfarros en las cuentas que no se tie•
ne cu~dado de llevar, y en los pequefíos gastos que se
des~u1da apuntar: un centavo no es más que un centavo,
es cierto, y es muy poco, pero reunidos los centavos forman los pesos.
Es un ~erdadero fastidio, es cierto, el sujetarse á apunt~r en el hbr~ de gaet?B hasta tin centavo; pero hay tam•
b1én una lección preciosa en eeae líneas escritas que nos
reprochan, cada vez que las vemos, nuestras prodigalidades :r nuestros gastos supérfluos.
. Un hbro de cuentas minuciosamente llevado es un
¡u~z. severo que con f!ecuencia nos ruboriza y que no
qws1é.ramoe mostrar m aún á una íntima amiga.
O~bgaos á apuntar en vuestro libro todos loe gaetos
ocaeiooados por vuestros caprichos y antojos, explicadlos detal.la?amente; bien pronto llegaréis á no tener ya
que escnbuloa.

-

'

.

..

/1 ,

Un paciente á quien ae foto¡¡rafla e on loa rayos Roentgen

(Figura

l.)

/

=

'"";jj"'

Agua...................... ........ 500 gramos.
Bicloruro de mercurio...
5
Cloruro de a mouio.........
2
,.
Posiciones diversas del esqueleto.
• Flgu ras 3 y:4.

sobre unas cuerdas bien extendida .-.i
d?; porque ee la somete á un lavad~~!~ dep~rtam~ntdo esp:1cioso Y ventil~· ,
g1la el lavado· por que no Ee re ar
.gua emas1a o caliente, 6 no se vi·
doó deedefia~do hacerlo
P ª ó remiend ª con oportunidad, descuidan·
Vigilad, sobre todo ~l lavado q 88 b
f
palmenta es donde lar~
. ue
:tce uera de la caea. Allí princiría porque la lavao con r~f1i~ec:~ alli B~ pberde,l allí 88 cambia, allí 88 avetuercen con fuerza en vez de ee'pri' ".e1z , e . acer o con las solas manos, ó la
mir a unicamente
!AY·I en todas partes se nota que e b. d'f . 1·
.
no nos pertenece. ¡Oh! si se pudi
~ ien i lm tener cmd_ado de lo que
casa y por la m'ismafamüia.
ese siempre lavar la ropa sucia en la mi.sma
EN·LOS MUEBLES

El grao físico Hertz ha imaginado una aplica~ión
identica de los fenómenos eléctricos y magneticoe; s1 su
doctrina no es universalmente admitida por los sabios,
hay que reconocer que tiene muchos hechos en su activo;
en iodo caso casí no hay físicos que no la hayan tomado
á lo serio y eetudiádola con un cuidado atento. Entre
ellos, uno de los que más ha contribuido á hacer progresar este estudio de las ondulaciones ~ertz, es el ·profesor Righi, de la universidad de Boloma.
En su laboratorio es donde h!l trabajado el seflor Guglielmo Marconi, perteneciente á una de las mejores familias de la ciudad, y ahora de veintidos ai'los de edad.
La facultad extraordinaria de invención de que da pruebas Marconi hirió hasta el más alto punto el espritu de
su maestro, que tomó á su cargo la tarea de dirigir y die-

(Figura 2. )

de Inglaterra, son garantías suficientes para permitir afirmar que hay en la invención del joven Marcon~ algo
más que un suefío 6 una mistificación.
RECREACIONES FOTOGRAFICAS.
LOS RA. YOEI X.

Todo el mundo se desinteresa ahora por loe rayos X;
los sabios se preocupan de ellos, los vulgarizadores nos
explican su marcha y sus efectos; los médicos y los magistrados esperan maravillas de ellos y los fotógrafos tie-

Este bai'lo es venenoso: no hay que
manejarlo sino con precauciones. Las
pruebas, lavadas de nuevo y secadas á
la sombra, parecen simples hojas de papel blanco. Para
hacer aparecer la imágen desaparecida del esqueleto,
basta sumergirla en una solución de hiposulfito de sosa
al 10 para 100: es el líquido maravilloso cuya composición
se cuidará mucho de revelar.
No ha-y que olvidar marcar cada prueba con una p3·
quei'la cifra con lápiz, por ejemplo,la que lleva cada e~quel.,to en nuestro grabado, á fin de que se puedan disiinguir las unas de las otras. Ya no queda más que repre•
sentar la pequei'la comedia imáginada pal'a las circuatau•
cias. La persona que quiera tener la fotografía de su
esqueleto, escogida la actitud que prefüire, á decir verdad,
el operador hábil dirije un poco esta elección.
MAGO,

¿CUAL ES EL MEJOR ESPECTACULO?

Hay despilfarros en los muebles
b
·
rompen y que bien prento lle n
que no se .acen ~omponer luego que se
cuidado de visitarlos con frecfe~ ¡así á que~ar Inservibles; que no se tiene
Y se descuida darles un barniz de ~i!iii eacudti.rlos para preservarlos del polvo;
estado.
po en iempo para conservarlos en buen
EN LOS VEST!DOS

Hay deepilfarroP en loe vest'd
tadoe ó poco cuidado'e.
i os que, 6 son muy numerosos, ó mal traLa moda cambia con frecuencia I f
te caso ttmer muchos es por lomen ª orma{ ~1 ~o!or de loe vestidos, en eeGeneralmente los vestid
os un gas o rnut1l.
. gadoe más bien qile dobladosºªct~'ªdque nodse de~rioren, deben tenerse colterciopelo ú otra tela aef d&amp;ben 88n eonlt 8 un lienzo delicado, gaza, raso,
almidonado, para que siempre esté:nv
u\ ~8 endsacoe de un lienzo grueso y
del humo.
ª1 a ngo e1 polvo, de la humedad y
Yisitar y sacudir con frecuen ·
.
desaparecer de ellos los ine etosciau 1os vestidos, es e) medio.eficaz de hacer
1
0
plantas aromáticas el tomill~ alhJ e \ Pfeden picar. Sm duda que la&amp;
-!Ilº el alcanfor ó J~ pimient¡ des cema, 3 ~u~as substancias olorosas, coalejan; pero el aire disipa pro~to 1~uyen la simiente ~e eB?B insectos y los
acre.
que eeae eub3tanc1ae tienen de fuerte y

°

Entred&lt;1s para cortinas.

/

~

.

f~

EN L.l ROPA.

~ay despilfarros en la ropa que se deteriora porque 88
de¡a amontonada cuando está sucia, en vez de colgarla

nen para lo futuro ante ell.:is, gracias al descubrimiento
de Rrengten vasta materia de estudios nuevos.
Pero entre estos último8, cuántos aficionados retrocediendo' ante la adquisición de un material costoso, han
tenido que renunciar, no sin tristeza, á obtener sobre la
placa sensible la sombra ..aaravillosa del esqueleto de su
m!lllOI
He aquí, para consolarlos, una recreación, un juego,
una mistificación si se quiere, que á los franceses ha !ªº
!ido lidísimos éxitos, de magos en Egipto durante el ~nvierno último y que sabe bien en nuestro eeman:u-10.
Resultado que los sabios no han obtenido aún, son los
esqueletos en~e1os que vamos á fotografhr. gracias á un
,(perfeccionamiento de los métodos de Ru,ogten; lama-

nera de operar es aquí de una simplicidad tan prodigio•
ea que los aficionados á la magia verán ciertamente en
esta pequefía mistificación un lindo ~úmero más, t&gt;!ica _.._
1
sus sesiones de física recreativa en famiha.
-·
He aquí pues, como pasan la~ cosas: Se :fija á un muro una hoja de papel blanco ante la cual un eefior'.&lt;fli
buena voluntad as invitado á colocarse en la actitud
se quiera. (fig l. ) Aquí no hay bobina de Ruhm .
hay placas dtl fotografía :fiscal, nada de tubo de _ c ·e~;
Omp~ hilo do m,go.,;um qu, "
•l p~
ciente-un cerillo grueso daría el mismo
cio-:-y la
hoja de papel, desarrollada en plena luz e
ido ma~a•
villoso muestra en todos eus detalles el es . ·~to del sefíor complaciente. ( N~ 5. :fig 2. )
·
.
El secreto?
Fotografiad separadamente engrandeciéo~olos, si guetaie, ca:ia uno de los ocho eequeletos representados en
nuestro gabado (fig, 2. ) saoad pruebas
:::--:=:-:=•=-'="'"-=--- --:::=-,.-:;a--- -:--'-=,...,,.,,
sobre papel albuminado 6 más bien
8
,
sobre papel salado eensibl~ ( se encuentra en todas las droguerílll!;) fijad
las pruebas obtenidas sin virarlas, en
un baf\o nuevo de hiposulfito
soda á 12 por 100; dejadlas en seguida,
duraate muchas horas, en el agua !re·
cuentemente renovada, y sumergidJae,
basta la desaparición completa de la
imágen, en el bai'lo siguiente:

6.)

años, ( Figura 1.)

Eate vestido .es de alpaca vert, enagua lisa, jaqnette de la misma tela con cuello de piqué ador•
na~o con cintas negras lo mismo que el cue.po interior y loe pufioa.

73

EL MUNDO

DOMINGO 25 de JULIO de 18517

Consagrad, pues, algunas hora8 ad
• ·
e ª mes, á sacudir vuestro guardarc,pa.

Los circos.

La ópera!

El juego de bolos.

El frontón.

¡Una buena cena.. .......!

Un drama romántico y con
danza serpentina_........ .

- ¡Digo! los toros...... Las ejecuciones.

1

�·Pa,n-KlDer
- D-

r

~~~{t!!

••••

,

. ..

\''

: ..

•Df........_._ ._

Un r emedio verd&amp;cleNI J MSall!I..,. kl4a
clase y ¡radoa de
lD'-8liaoe ee el

,Í'li

Pa,;..KJl/er

.

(MATA-DOLOIU

(DE VAN BUSKIRK)

E s el dentrífico favorito del
público de todo América así como
tambien de todo E uropa, desde
el año dE&gt; 1859. Es la preparacion mas antig.1a del nuevo mundo.
L a célebre actriz Sahara Bernh ardt dice del Sozodonte que "es
el ú nico den trífico de reputacion
universal."
El Sozodonte preserva la dentadura de su d ecaimiento, endurece
las en cias y perfuma el aliento,
dandole el olor mas delicioso que
ninguna otra preparacion puede
con ceder.
E l Sozodonte se yende en todas las
Perfumerias, Droguerias y F armacias.
Se manda por correo un libro diciendoos
la manera de cuidar v uestr a dentadura
y u na pastílla de Jabon Sozoderma de
muestra á q l'ien la pida d irigiendose á
los proprietarios

HALL &amp; RUCKEL,

r'

~

NIJIIEBO SMEXICO, AGOSTO

I

o DE I897•

TOIIO 11.

Bato.,. Terd&amp;d, J ao • .,.... . . . en término■ bMlaaM ~
11■ UD l ll&amp;T8,N111ft T . , . . . . _ . .
para

La mejor preparación para conservar,
restaurar y embellecer el cabello es

El Vigor del Cabello
del Dr. Ayer.
Conserva la cabeza lihre de caspa,
sana los humores molestos é impide
la caida del cabello. Cuando el
cabello se pone seco, claro, marchito
6 gris, le devuelve e1 color or iginal
y su contextura, ·estiltiulando un
nuevo y Yigoroso crecimiento. Do..
quiera se emplea el Yigor del Cabello
cl~l Dr. A~·er, suplanta todas las
demás preparaciones y pa~a á ser el
favorito de las señoras y c,iballeros.

e

C.alambru. l11alohl11
Cólico,
Dl■oa\erla,
Cólera,
Dolor •• ••nlo,
'1'01,
Dolor 11 llloa\11t
Beafriadoa, lnmaU••••
Ba badilla,
1lt'llrt llalatla,
l'unsa,daa 1 piqut.11 .. ale TII¡
'9 ~t.op1ea7 &amp;D!malll,azrf- {'
TenerleenCUL 01UIÑalN_... la
talsiJicacioneL Ooa))nr ..............~
l'J:BRY D.uu. KaTeúa•
--..
lfU&amp;ri"8 y BoiioaL

El Vigor del Cabello
del Dr. Ayer
PREPARADO POR

~~;:=~~~;;;;2~___:2:•:s~W=as:h~l:ng:t:o:n~S:t~.,~N:e:w:.:V:o:rk:,~E:E~-u:u~.d:e::A:.J

;~:~

•

(PEJt]lY DA.VII.)

Dr. J. C. AYER y Ca., LoweH, rt'lass. , E. U. A.
Medallas de Oro en las Princip ale3
Expos icio n e s Univlélrs ales,

AGENTES GENERALES

.;e éeie ~ri~ dico en Cent ro .América, Sres.

J . M. Lardi•
~1:&gt;al y CosPafiía, Guatem9.la.
Enán antil'JPZados pa,a arreglar contratos para anlln·
oioa y e ~ri~iones.

'

•

1/

';,

MAS DE CIEN

perso~,,ss han eido curadas de estrechez uretral, sínel me·
noraoicidente, ~in doler, sin clo1oíormo y en menos de un
mini,ito, e mpleando el Dr. Garay la electrolicis. Por el
mis,mo mét odo, cura las t ELJH hrnes del recto, exófago y
útf:ro. Pract ica toda claEe de operaciones quirúrgicas y
ea/especia lis ta en vfas urinarias.

~cooK REMEDY ca.

en su primero, segundo ó tercer
pcrwdo permanentemente cura
SIFILIS
dn de 15 á 35 dtas. El nnmcnte se puede curar eo
casa por el in1~mo precio y bttjo la misma garantía,
Si prefiere vemr [\ n uestra casa, nos comprometemos [\ pagarle lo! ga~tos de ferfQ-carr1I. hotel y
,lema~ que se Je originen sin cobrarle un centavo por

1rneslra asistenciu si no resulta rnradc- con nuestro

tr:ttamlento. s, se ha tom•do mercurio, Iodado de
Potasa y todav1a se sienten dolores y molestias,
E~puto.s mucoso~ e n ia 1&gt;oca, Garganta lla!tuda. Diviesos, Manchas Cobrizns. Ulceras .cu cualquier
parte del cuerpo. Despre'nclim,ento del Cabello y
Ce¡as, esto es el YEN' EN'O de h! Sangre loIFil,ITICA
qne garanriz.amo~ curar. Sohc1tamos los mas obstt~
nadas casos y apelamos ni mnndo entero por un caso
en que no h11.yamos J&gt;odtto curar. La SIFILIS h11
sido siempre J"a pesa ilJa de los medicas mas emi~
nentes. Pruevas ab.s-olutas se envian µor correo
sellado á quien lo solicite. Direccion. COOK REM•
'EDY CO.. 307 Masonic'l'emple, Chicago, lll .. E. U. A.

COOK REMEDY ca. /

(roquetería.
Dibujo d e José M .

V lll a sana.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>·Pa,n-KlDer
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Un r emedio verd&amp;cleNI J MSall!I..,. kl4a
clase y ¡radoa de
lD'-8liaoe ee el

,Í'li

Pa,;..KJl/er

.

(MATA-DOLOIU

(DE VAN BUSKIRK)

E s el dentrífico favorito del
público de todo América así como
tambien de todo E uropa, desde
el año dE&gt; 1859. Es la preparacion mas antig.1a del nuevo mundo.
L a célebre actriz Sahara Bernh ardt dice del Sozodonte que "es
el ú nico den trífico de reputacion
universal."
El Sozodonte preserva la dentadura de su d ecaimiento, endurece
las en cias y perfuma el aliento,
dandole el olor mas delicioso que
ninguna otra preparacion puede
con ceder.
E l Sozodonte se yende en todas las
Perfumerias, Droguerias y F armacias.
Se manda por correo un libro diciendoos
la manera de cuidar v uestr a dentadura
y u na pastílla de Jabon Sozoderma de
muestra á q l'ien la pida d irigiendose á
los proprietarios

HALL &amp; RUCKEL,

r'

~

NIJIIEBO SMEXICO, AGOSTO

I

o DE I897•

TOIIO 11.

Bato.,. Terd&amp;d, J ao • .,.... . . . en término■ bMlaaM ~
11■ UD l ll&amp;T8,N111ft T . , . . . . _ . .
para

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El Vigor del Cabello
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TenerleenCUL 01UIÑalN_... la
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l'J:BRY D.uu. KaTeúa•
--..
lfU&amp;ri"8 y BoiioaL

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•

(PEJt]lY DA.VII.)

Dr. J. C. AYER y Ca., LoweH, rt'lass. , E. U. A.
Medallas de Oro en las Princip ale3
Expos icio n e s Univlélrs ales,

AGENTES GENERALES

.;e éeie ~ri~ dico en Cent ro .América, Sres.

J . M. Lardi•
~1:&gt;al y CosPafiía, Guatem9.la.
Enán antil'JPZados pa,a arreglar contratos para anlln·
oioa y e ~ri~iones.

'

•

1/

';,

MAS DE CIEN

perso~,,ss han eido curadas de estrechez uretral, sínel me·
noraoicidente, ~in doler, sin clo1oíormo y en menos de un
mini,ito, e mpleando el Dr. Garay la electrolicis. Por el
mis,mo mét odo, cura las t ELJH hrnes del recto, exófago y
útf:ro. Pract ica toda claEe de operaciones quirúrgicas y
ea/especia lis ta en vfas urinarias.

~cooK REMEDY ca.

en su primero, segundo ó tercer
pcrwdo permanentemente cura
SIFILIS
dn de 15 á 35 dtas. El nnmcnte se puede curar eo
casa por el in1~mo precio y bttjo la misma garantía,
Si prefiere vemr [\ n uestra casa, nos comprometemos [\ pagarle lo! ga~tos de ferfQ-carr1I. hotel y
,lema~ que se Je originen sin cobrarle un centavo por

1rneslra asistenciu si no resulta rnradc- con nuestro

tr:ttamlento. s, se ha tom•do mercurio, Iodado de
Potasa y todav1a se sienten dolores y molestias,
E~puto.s mucoso~ e n ia 1&gt;oca, Garganta lla!tuda. Diviesos, Manchas Cobrizns. Ulceras .cu cualquier
parte del cuerpo. Despre'nclim,ento del Cabello y
Ce¡as, esto es el YEN' EN'O de h! Sangre loIFil,ITICA
qne garanriz.amo~ curar. Sohc1tamos los mas obstt~
nadas casos y apelamos ni mnndo entero por un caso
en que no h11.yamos J&gt;odtto curar. La SIFILIS h11
sido siempre J"a pesa ilJa de los medicas mas emi~
nentes. Pruevas ab.s-olutas se envian µor correo
sellado á quien lo solicite. Direccion. COOK REM•
'EDY CO.. 307 Masonic'l'emple, Chicago, lll .. E. U. A.

COOK REMEDY ca. /

(roquetería.
Dibujo d e José M .

V lll a sana.

�EL MUNDO

DOMINGO 1? de AGOSTO de 1'97

¡I

"EL MlJN nO"
Semanario Ilustrado.

'TelUono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.

MÉXICO
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llEGIBTRAD0 COMO

~11á11t10

ARTfcULO

D11

SEOUNDA

CLASE.

se orgaui~an Jo5 partibo, ¡•olítico.5.

Nada más equivocado que suponer que los fenómenos
sociales están á disposición de la voluntad del legisla•
dc,r ó de los buenos deseos del publicista. Pretender
que hechos complexo~, en cuyo génesis han intervenido
multitud de elementos, se produzcan un buen día, al modo
que los faquires indostánicos hacen crecer las plantas, es
contrariar completamente las leyes ineludibles que presi•
den y norman los acontecimientos humanos.
Los partidos políticos no se organizan de la noche á
la mañana, y todos los fXCelentes deseos expresados
por un grupo de periodistas no pasan de ser encantadoras chinoiseries, que ocupan espacio en las columnas de
un diario para perderse irtemisibleuiente ea e, vacío de
las multitudes. La organización de los partidos polfti•
coa obedece á principios inquebrantables de estática social; es un fenómeno de equilibrio que presupone un gran
núcleo de antecedentes que lo determina.
¿Pero-se nos preguntará- cuáles eon esos princi•
piOll, esas leyes, esos hechos que preceden á la organización de los partidos? Desde luego contestaremos, que
sólo puede haber orgal'lización allí donde exiete un peligro común que amenaza á un grupo; intereses que defender, der&lt;chos que amparar, garantias que conservar,
Cuando los partidos políticos no aparecen, es que estos
intere6es y estos derechos y estas garantias no se encuentran amenazadas. Esto es lo que está sucediendo
actualmente en México.

*
**

Se explica que en los Estados Unidos, dos poderosas

huestes se organicen y riñan en singulares combates, por•
que son fuerzas que han menester acudi.r á la conserva•
ción de conquistas económicas amenazadas por la facción contraria: el proteccionismo luchando á brazo partido con el libre cambio, que tiende á destruir inte.reses
creados á la sombra de altos aranceles, y el libre cambio,
por eu parte, saliendo al encuentro de los sostenedores
del sistema protector, que procura lesionar los intereses
del consumidor. Esto tiene la solidez de una pirámide
egipcia.
Pero en nueetra República ¿qué intereses se encuentran
en '{)eligro? ¿qué grupo productor está amenazado por
otro grupo? ¿qué facción ee halla obligada á pelear por
derechos y libertades no otorgados á loa ciudadanos?......
¿El partido conservador acaso? Actualmente loa partidos
conservadores han recrgido en su p, &lt;'grama la mayor parte de los principios, convertidos en hechos, de los grupos
liberales. Y ei esto ee hace sensible en las monarquías,
en las repúblicas el fenómeno posee baae más firme.
¿Qué campo queda, pues, á loe nuevos partidos por organizarse? ¿El que antafio sirvió de po1ta-estandarte á
los agitadores revolucionarios que, antes del movimien•
to de 1876, que fué una verdadera revolución económica,
como ya bastante se ha demostrado, se apoderaban del
·primer lugar común flotante en la atmósfera de la época,
1•ara hacer fabricar con la materia prima de sus ambiciones la gran induslria del proaum:iamiento?
Nó; el mismo periódico, que predica la necesidad de
que se organicen los partidos, reconoce que estas fórmulas ya no encuentran eco en la conciencia popular, y que
nuestra sociedad no se de;a sobornar por' una hermosa
palabra, lanzada en medio de relámpagos y truenoe, desde el Sinaí jacobino, por un MoiEée elocuente y sobrehuJJ1a1 0 .

Todo esto es de un gran atractivo escénico; pero nosotros no combatimos por frases, eioo por trozos de carne;
no rec lamamos estrofa9, sino derechos; no deftlndemos
palabras, sino intereses; y frente á esos intereees y esos
derechos, no hay agregados de hombres que amenacen,
no existe un grupo organizado que ponga estas conquistas ea peligro.
¿Cuál es, entoncee, esa nece.iida.d á que ee alude al pédir
la organización de los partidos politicos?

Duraute la bemana última se ha producido una nota•
ble alia en el cambio sobre el euranjero, habiendose
hecho operaciones el miércoles pasado hasta el tipo de
125 por ciento.
¿Persistirá esta alza? ¿Disminuirá todavía el valor de
la plata? ;,O habrá que esperar una mejora en la crisis
del metsil blanco?
Como hecho singular se seflala que al mismo tiempo
en que se anunciaba el d~scubrimiento de rica3 minas
de oro en Alaeka, la plata experimentaba una nueva
d'epresión, circunstancia que á primera vista parece inexplicable.
~osotros no creemos que las explotaciones auríferas
de Alaska contribuyan, como ha supuesto un diario, á
rehabilitar la plata, y antes por lo contrario, en esas
explotaciones vemos un aliciente ofrecido á la producción
del metal depreciado. Eite hecho se produjo con toda
claridad á raíz del descubrimiento de las minas de oro
del Transvaal.
¿Q1é ha sucedido, por otra parte, c'&gt;n la persistente
baja de la plata? Que la producción ha aumentado día
á día, como consecuencia natural de una razón suficientemente expiicada: el explotador ha tratado, con el
aumento de la producción compen3ar las pérdidas cau•
eadas por la diminución del valor.
Así, nuestra opinión es que el descubrimiento de Alas•
ka en nada perjudicará ni beneficiará por ahora á la plata.
Por otra parte, una obra de gran trascendencia-que
fué 'una verdadera revelación para los interesa-los en este
orden de asuntos-la que el eminente profesor Sues3
ofreció hace pocos aiios á la consideración del público,
ha venido á demostrar, con enorme acopio de datos cien•
tíficos irrepochablee, que esa enorme masa de oro lanzada á la circulación, en que algunos sueñan para un futuro
próximo, es irrealizable, y que la explotación del metal
amarillo no podrá nunca alcanzar ese exc3eo de produc•
ción que se pretende.
¿Pero qué límite tendrá la depreciación de la plata? La
ciencia ha dicho ya su última palabra acerca del particular: el valor de un producto está limitado por su costo
de producción. La plata, como cualquiera ot~a mercancía. no pasará nunca de este nivel, al cual se encuentra ya
próxima.
• En México,con salarios pagadero3 en metal depreciado, el costo de produción es insuficientemente menor
que en otros países productores, y esto nos permite
asentar que la industria minera argentifera, aun sufrien•
do el golpe de la crisis, se encuentra en coniiciones
de seguir viviendo.
Ea demasía se ha sondeado E'ste problema, encauzando
la gestión financiera; los nuevos trastornos que experimente el metal blanco, deben encontrarnos completa•
mente tranquilos.

Jt1lítira (![).eneral.
RESUMEN.- Fln del conflicto greco-turco.-Los orgullos del Sultán vencldos. -Preponderancla del
Cz:ar.-Nuevas humfl laciones al rey Jorge.-E1 desquite de Alemanla.-la tutela financiera de Grecia.
-La fiebre del oro.-Los dramas de la ambición .
-California y Australla.-Africa y Alaska. -Una procesión de aventureros. -Conclusión.

Por fia, tro.s de las estériles discusiones de los em bajadores en Constantinopla, se ha conseguido algún acuerdo para terminar el conflicto greco-turco. Lo que no lograron las amenazas concertadas, lo que no pudieron alcanzar las notas diplomáticas redactadas en términos
activos, obtuvo inmediatamente resultados prácticos de
una intimación procedente de San Petersburgo.
No quiso el Sultán verse envuelto en dificultades con
la omnipotente Rusia, y expuesto á que su territorio fue•

ra invadido por los innúmeros ejércitos del Czar~ } él,.
que 86 erguía despreciando todos los cons1-jos y desoyen•
do todas las amenazas, él, que ebrio con sus victorias yorgulloso con sus triunfos, pretendía recogn el fruto de
sus hazafias, que apenas le podían disputar nominalmen•
te las potencias que intervenían á favor de la vencida
Grecia, cede ante la presión de un solo hombre, se doblega ante las exigencias del poderoso, y se humilla cobarde á los pies del coloso del Norte. Ya no exige
cuantiosa indemnización, que prolongaría indtfinidamente la permanencia de las huestes de Elhem BJjá
en la Tesalia conquistada; ya no pide la retención de esa
provincia; y ee conforma con la rectificación de fronteras
que se le había propuesto; ya permite que se discuta el
asunto de las capitulaciones que favorecen á los griegos
en territorio turco, consintiendo en que no son de derogarse en lo absoluto; y con tales conceeiones, con semejantes flexibilidades que no ha mucho parecí!ln imposibles de obtener, no está lejano el día en que se firmen
los tratados de paz, y vean los helenos, libre su territorio de la soldadesca turca, limpio de los invasores quehan entrado á saco en las poblaciones indefensa~, y exento de la terrible humillación que sobre elloe pesaba,
teniendo suspendido sobre su cabeza el sangriento alfanje musulmán.

***

Como para compensarse Alemania del cuarto de conversión á que se ha visto obligada, por la directa ínter·
vención del Czar en el conflicto turco, y rtsarcirse de la
retirada que ha hecho, abrndonando, por dt-cirlo así, al
Sultán, á quien h1sta hoy había favorecido abiertamente, y dejándolo entregado á su propia suerte, para no romper el concierto europeo, acaba de proponer la creación
de una especie de tutela, el n lmbrarniento de una comisión impuesta sobre el gobierno griego, que 1igile escrupulosamente sus finanzas y esté atenta á la marcha ad•
ministrativa de la monarquía, para lograr que en bre,;epla:¡o pueda satisfacer la indemnización de guerra exi•
gida, que áuuque corta, está muy por encima de los
recursos tiscales con que cuenta para cubrirla.
Ya se anuncia que apoyan estas preteneionE&gt;s los delegados de Austria y de Italia, y como la voz de la tripleAlianza se deja escuchar aún con poderosa influencia en
los concejos europeos, se ha tomado en consideración la.
iniciativa, y no es difícil esparar qué, si Nicolás II no
acude en socorro del acuitado rey Jorge, habiéndose podido librar de las humillaciones impuestas por el vencedor, caerá en otras menos duras pero solicitadas por sus,
protectores.
La tutela financiera á que quieren sujetar al soberano
de los helenos, aparte de lo verglnzoso que tiene, le cercena sus facultades, le escatima su libertad de acción, y
lo pone en condiciones de jefe de un protectorado, más,
bien que rey de una nación independiente.
¿Y qué hacer? R~signarse á las crueldades del destino
que le reservaba todavía esta dura prueba, después de·
las humillaciones de la derrota.

***

Los que hayan leido las desJripciones dramiticas, na.•
rrando la fiebre qne se esparció entre los aventureros de
todos los países, después de los descubrimientos de placeres de oro ea C.1lifornia y Australia, no extrañarán la.
inmensa agitación que ee despierta actuallnentn entre
ingleses y americanos, al recibirse la noticia de descubrimiemos semejantes, llllá en los terrenos apai tados de la
América inglesa, que confinan con el territorio de Alaska.
La ansia devoudora que arrastraba los hombres á
los campos australianos, olvidándolo todo para ir en
busca de las codiciadas arenas auríferas, la ambición
insaciable que llevaba á los aventureros á las agrestes regiones californianas, persiguiendo las soñadas pepitas; la
sed hidrópica que empujaba á los miserables hacia la&amp;
apartadás comarcas inhospitalarias del A frica austral en
tueca del oro y de los diamantes, acaba de despertarse
en nuestros días, al anuncio de los placeres del río Yukon
y de Klondyke.
Muy diferente el medio, muy distinto el paisaje, muy
diverso el cuadro, pero los actores los mismos; ansia ina gotable de riquezas, la enfermedad que los devora. Vol,.
verán á representarse loe dramas olvidados y las trage•
dias desconocidas de otros días. La besti.1 humana reco·
rrerá aquellas soledades cuasi árticas, y se hará la caz~
del hombre por el hombre, para dispu tarse un pn!'iado

de oro; y cuando hartos del codiciado metal, los rebafios
de aventureros se sientan abrumados bajo el peso de sus
riquezas, se entablará ~ea otra luoha salvaje y despiada•
da, por el mendrugo de pan negro que hace falta, por el
pedazo de carne corrompido de que se carece, por el
hambre y la sed infernales, que no podrán saciar á pesar
de sus in útiles tesoros.
Afortunadamente, para evitar conflictos internaciona•
les, bien averiguando está, que los nuevos yacimientos
de metal amarillo están eituados, sin disputa, en territo·
rio inglés. Si así no fuera, si el gobierno del Canadá
pretendiera dictar leyes especiales para los extranjeros
reciea llegados al privilegiado territorio, pendientes como están los viejos tratados de límites entre la América
inglesa y Alaska, ya la fiiebre del oro se comunicaría á
las naciones, y tal vez tuviéramos que presenciar ágrias
disputas y acalorada competencia, entre los dos grandes
pueblos anglo-sajones.
Nada de eso ocurrirá. Vayan en peregrinación los
aventureros sajones aquende y allende el OJeano, á la
remota Alaska, como fueron á la abrasada California y
á la ingrata Australia, á disputarse el oro entre los espumarajos de la rabia y la sed insaciable de la ambición
nunca satisfecha.
X. X. X.

77

KL MUNDO

DOMINGO I? de AGOSTO de 1197

EL SUEÑO Y LA GRANDEZA HUMANA

El euefio fisiológico, normal, verdaderamente reparador, es un oceano de sombras. Cuando el esp1ritu se BU•
merge en sus negras dudas, se abre un paréntesis en la
vida· quedan en la playa abandonados, olvitiadoe, co.ao
restds de naufragio, los dolores, las inquietudes, las aepi·
raciones; basta esas profundidades no llegan los clamores del combate humano, ni los ayes de los vencidos, ni
la gritería de los vencedores; se apagan en sus inconmen•
surables ámbitos loe ecos de la vida, la música de los fes•
tines, las carcl\jadas de la orgía; no chispean luces, ni

29 de Julio de 1897.
FOTOGRAFIAS 0 E LA KERMESSE EFECTUADA EN PUEBLA

Señorita María Tapia.
[Véase el párrafo rela tiTo.J

Las que en otro lugar puhlicamos, debfmoslas á la ama•
bilidad del sefior Lorenzo Becerril, inteligente fotógrafo
de la ciuda-l angelopolitana.

NUESTRO FOLLETIN.
Con este número repartimos á nuestros lectores el fo.
lletfa correspondiente á Agosto.
Tal folletin completa la preciosa novela de Julio Clartie intitulada
LA CASA. V AÜIA,

DOS VIRTUDES
Tributando homenaje á la virtud como lo hemos tantas veces tributado á la belleza, publicamos hoy los retratos de las señoritas María Oropeza y María Tapia.
El noble desprendimiento de la primera en favor de la
segunda, al cederle, eiendo pobre, un empleo con que
había sido agraciada, y al renunciar generosamente á sus
productos en favor de una compat'lera y amiga sumida
en la orfandad y en el desamparo, hecho de que Et MuNno diario dió extensa cuenta, ameritaba de nuestra parte ese pequefio homenaje.
Nunca se dará bastante publicidad á raegos tan nobles,
y hemos querido hacer conocerá nuestos lectores cuanta juventud y cuanta gracia acompafian á tanta virtud y
á tanta nobleza de corazón.
OTRO PAGO DE $3,000.00 DE "LA MUTUA"

EN URUAPAN.

Recibimos de «The Mutual Life Insuraace Company
of New York» la suma de $3.000,00-tres mil pesos
fuertes, en pago tot~l de cuantos derechos de la póliza
núm. 740,457, bajo la cual á nuestro favor estuvo asegu, ado nuestro hermano el Sr. D. JUAN Muc10 PkREz, y
para la debida constancia en nuestro carácter de beneficiarios nombrados en la póliza y con capacidad legal para ello, extendemos el presente recibo en la misma póliza que se devuelve a la Compafiia para eu cancelación.
-Uruapan, á 8 de Julio de 1897.
A ruego de la Srita. Ignacia Pérez que no p11ede firmar por impedimento físico.- Firmado, S. GUILLÉN Firmado, EusEBIA PÉREZ.
A ruego de la Srita. Petronila Pérez que no puede firmar por impedimento fíeico.-Firmado, GRACIANO SAL•

brillan fosforescencias; amor y odio, miedo y valor; idea
y pasión, todo ee disipa, todo se evapora y el espírit-u di•
suelto en la obscuridad se entrega á la más deliciosa de
las voluptuosi:3,ades, la de no sentir.
_ ., :; ,
Ese aniquilamiento es fecundo; tanto más, cuanto más
completo. Mientras el cuerpo reposa inerte, insensible,
casi muerto, reducido á un m1nimun de vida vegetativa;
mientras en el espíritu se estancan las corrientes de la
sensibilidad, lae vibraciones del· pensamiento y las palpitaciones de la pasión, el organismo gastado y consumí·
de por la vida se repone y repara.
Esa inercia y ese extrafiamiento casi absolutos, remon·
tan los resortes de la acción, lubrifican los contactos de
la maquinaria; devuelven la elasticidad á los músculos y
la plasticidad á las vísceras; acumulan tensiones y alma•
cenan fuerzas. Fatigado el peneamiento, extinguida la
seneibilidaq, hiptonida la voluntad por el esfuerzo continuo y la actividad prolongada, recobran, d·irante el
suefio, sus energías perdidas, recobran su potencia aniquilada, se aprovisionan para nuevos consumos de fuerza y el hombre, al despertar, ee otro hombre.
La nave que puede proveerse y carenarse periódica•
mente, puede sola hacer las grandes travesías, y si los astros recorren órbitas inmensas. es porque la fuerza que
los impulsa se repone sin cesar y 86 crea á medida que se
agota.
Así considerado el suefio es una fuerza, y el hombre
que de él puede disfrutar sin sobresaltos, sin pesadillas,
sin reminiscencias y sin ensuefios, es por ese sólo hecho
un hombre faerte. Puede acometer empresas magnas,
crearse motivos de inquietud y de desazón, afrontar el
desengaño y el '{)eligro, incubar ambiciones, emprender
combates, desafiar al destino y tallarse, por decirlo así,
una vida á la medida di' sus deseos.
Contra el dolor tiene una guarida; un albergue contra
la inclemencia; un refugio contra la aeecbanza; cuando
se ve acosado por las inquietudes, traqueado por los sinsabores, perseguido por el desengaño, acorralado por el
desastre, se envuelve en sombras, como los dioses en nu•

(:J
\.:.,
..,,

CEDA.
.-

El Notario Público que suscrebe certifica y da fé: de
que la firma y rúbrica que dice Eusebia Pérez, es de la
persona que ella misma expresa, y que las de las personas que firmaron por las Sritas.Ignacia y Petronila Pé·
rez y que dicen «Silverio Guillén y Graciano Salceda» son
suyas y las que uean en todos sus negocios, habiéndose
hecho á su ruego en virtud de no poderlo hacer por impedimento físico; certifico igualmente que todas las personas que intervinieron en el anterior recibo me son
conocidas, y que las Sritas. Eusebia, Ignacia y Petronila
Pérez son las hermanas del finado Sr. Juan :tilucio Pérez.
Y á solicitud de las mismas exUendo la presente constancia que firmo y sello en Uruápan, á los ocho días tlel
mes de Julio de mil ochozientosnoventa y siete.-Firmado, ANTONIO BÉJAR.-E. P,

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Se ñ o rita M a r í a O ro pez: a.
[Véase el párrafo rela tivo.]

bes, duerme, descansa y es feliz. Al deept:rtar se encuentra de nuevo armado .Je punta en blancv, curadas ,us
heridas, fortalecido su brazo, lúcido y acti vv su espíritu.
En esas condiciones todo puede emprenderse y todo
puede afrc,ntarse. Se puede ser impetUt,so, activo, perst:1·
verante, arriesgar la fortuna en un albur como la vida en
una aventura; se puede ser ambicioso y llegará ser poderoso.
No son concebibles m Napoleón, ni César, ni Alejan•
dro, insomnes. Napoleón decfa de sí mismo: «~n mi t'S•
plritu caaa negocio tiene eu gaveta aparte; cuando qu·ero ocuparme de alguno, abro la gaveta que le co.respúnde y cierro las dewás; cuando quit-ro ovrmir, las cieiro
todae. « Ale¡andro y César dorm1..n corno lirones sobre el
campo &lt;le batalla.
Bismarck, Uladetone, Gambetta, y en general todos los
grandes hombres y todos los bowbrns practicos, duermt:n
como niños. Los Ruetchild, los Jay G.mlJ, los MacKay,
son inconcebibles sin el atributo inestimable de po&lt;lt:r
dormir.
No asi loe poetas, los apóstelee, los artietas en general;
si pudieran &lt;lormir no saorfan crear. Dante pmo en V\ reo sus pe,adillas como sus éxtasis. Miguel Angel no dormía casi nunca y es casi seguro que su Moisés, como te U
Juicio Final, sún apariciones de sus nuchee de insomnio.
Rafael prefería paear sus noches entre amigos y corte~anstÍ; su lecho lo repelía; no le daba el descanso que iua
á buscar en él.
Se ha observado que los grandes criminales duermen
como ángeles. Crimmal que no duermt,, acalla loco, su1•
cida ó regenerado; pero llO pe1sev1::ra en el crimen y ts
tan profunda la influencia del suef'io en la actividad mte•
lectual y moral, que el insomuio es bigno precursor, y
acaso causal, de la locura.
Por estos hechos y por estos razonamientos se llega á
este principio sorprendente: E l sueño es una fuerza prác•
tica; el insomnio es una fuerza estética. Para ser gra ndti
hombre 86 necesita dormir bien ó no durmir. Si lo pnmero, 86 puede llegará ser gran gobernante, conquistador,
rey del oro; si lo segundo, puedeaspirarse a ser poeta ex•
celsc, músico inepirado, pintor emrnt:nte.
El secreto de la grandeza hum11na eEtá, pues, en gran
parte al menos en Jas condiciones de1 suefio. Ea cuanto
á mf, envidio á los insomnes, pero prefiero poder dormir.
Or. M. Florea.

EL FIN DE MATOSES

Porsupuestoqueeldíaenquela familia Matoses recibía
carta del estudi..nte, se declaraba de füiota en aquella lejana hacienda separada del mundo y perdi&lt;la 1:on tod11s
eus agrícolas riquezas entre los repliligues de la sierrd.
El correo, un inuigena de cacle, que nu dabia ni leer ni
escribir, seguido ae la mula cargad.a de balijas, arribaba
después de caminar veinte leguas, al am,chcct:r, llacien·
do altos en el tenducho, en la casa cural y en el porta•
Ión de la finca; los extran¡eroe eu el Jugar Jo rodeabau,
y si alguna alma caritativa lefa en voz a,ta Jas direcc1unee, contestaoan ellos como en la raya : !'resentel
El humilde Mercurio conocia de memoria cuál era la
epíst0la para los Matosee, en la calidad del su_bre , y ton el
vago perfume que despedía. No necesitaba m anunciarse, por que le salían a1 encuentro y casi le arrtobatab.&gt;n
de las manos la amaaa correspond1:1ncia, que para ID&amp;) or
solemnidad se lefa de sobremesa, quitado e1 mantd,
guardada la patriarcal vajilla, sin ruidos inoportunos,
aado el gasto é instrucciones del día siguiente y en perfecta quietud y silencio la servidumbre, coa caras de
idiotas, signo de profunda espectación.
Pobre señora Matoses, con su cofia de canas, su faz
pálida de mu¡er envejecida por los dolores: madre emn,
las madres idólatras, sus sentidos se entorpecían, su vista no alcanzaba sino al borroso contorno de Jas cosas, y
y sin embargo, la que hacía dec1ree las oraciones por no
pode¡ descifrarlas en sus Ji broa &lt;le votos de letras gordas,
pedía BUS antiparras, se las colocaba con mano tremula,
y abrieado el sobre. decía entre fehz y melancólica:
- Vamos á ver qué dice el doctor!
.
Fig1;raos la ancha y sonoroea pieza_ enjabelgada de. vigas ct.eenudus, amueblada con utensil1od·pnmmvos, iluminada por un un quinqué de refleccor, cuyo cono de
luz nimba cabezas ae vírgenes atentas que aan suspendido la labor, se quiebra en un vaso de agua limpia, que
enciende una cinta de estambres mn ltico1oree y anima
una escena de gentes sencillas conmov1&lt;1as por el recuerdo de un ausentto, de la esperanza de la familia, el pri·
mogénito agraciado por los dones del talento, el vivo re trato en lo físico de su padre, el apoyo futuro, el adoles•
cente sumiso que hace mucho tiempo se fné muy lejos,
á esa Capital fascinadora donde sólo se baila la Ilustración, las maneras, las distinciones, el acierto para la
lucha por la vida, la carrera en fin.
Y se recuerda punto por punto la larga lucha entre el
cariño y las ilusiones, las graves consultas al cura, al tu•
tor, á los amigos, á los vie¡os; la heroica decisión de la
madre, los dlas tristes que se emplearon en los preparativos y aquella noche ai; besos, de consejos y de lágrimas;
la vispera de un día que sintieron 1legar todos loe oidos
despiertos; el desayuno t omado en pie; las fugas y carre•
ras de la servidumbre, y por último las pisa&lt;las de uno,
dos ó tres caballos en el patio; el portalón crugiendo pa•
ra abrirse, y eetas palabras mojadas en lágrimas saliendo
del embozo de una manteletaydeEcendiendo del balcón,
ea la madrugada h úmeda de rocío:
-Hijo, Dios te acompañe!
Y lo seguía el grupo inconsolable hasta allá lejos, rumbo de la cuesta, hasta que el oro flotante, la bruma luminosa lo envolvían en sus pompas, lae pompas radiosas
de la mañana, una nube de polvo de topacio tras ellos:
galopaban.
Y cada carta de Mateo, que estudia para médico, las
conmueve hondamente; para esas a lmas en la perpetua
ablusión de la calma cap1::sina; para esos espíritus vege-

�DOMINGO,? de AGOSTO DE •Ssn

EL MUNO

DOMINGO I? DE AGOSTO DE 185&gt;7

78

J&gt;AMAS DISTINGUIDAS

JAPO~ERIAS RARAS.
(Escrito especialmente para "El Mundo."
Habéis leído iifadame Chrysanlheme, no ea verdad lectores mexicanos? y os figurais que el viajero que llega al
¡país del Sol Levante, no puede menos que advertir en el
_pueblo nipou un mundillo gracioso y coqueto cuyos menores movimiento~ diftmden en el a1refru-frus de sedas
:y rumoree dt1 eonneas.
Es el pequeño pueblecillo que loe fantaseadores á la
v~z que prácticos pintores de Occidente, continúa'n sirviendo á sus compradores que únicamente exigen japoneríae que lleven el peneamienro deslumbrado hacia Jo
peqa:e;o y lo frívolo; eso que, con ojos de poeta pudiera
p4::rc1b1ree hace al~unoe años, eso que vosotros ya no ve•
ré1e, por complaciente y fecunda que sea vuestra imaginación de observador.
Acaso encontraréis aún, cerca de las exquisitas creatu•
rae que son ahora la mayor parte de las mujeres japoneeas, algunas deliciosas pereonitae que loe embelesadoree
bordados y loe marfíles tan maravillosamente laminados
que loe artistas nipones os habían hecho creer nacidas de
una caricia de crisantema ó de un roce de floree de ccire·
.zo. Pero que vuestras esperanzas se detenga u de antemano
ante esas crea_iurae ado~blee, sobre todo, porque su buena hada les d1ó el espíritu de la burla para lae invasoras
modas de Europa, y no continúen pidiendo el tipo de
su b~lleza especial áloe otros congéneres; por favor, no
vaya1e más allá, por que con excepc:ón de la mujer ja•
P?11eea,_ todos loe tipos nipones, aparecerían á vueeiroe
0J?B latrnoe, no solo sin gracia, sino mezquinos y horC1blee.
Para aquellos que ~udieran creernos mal intencionados y de sobra injustos en nuestras afirmaciones, extraeremos del fondo demasiado volum:noso de nuestras re•
servas de documentos, algunos croquis que el lapiz sincero de un artista parisiense amigo, t:-azó á petición nuee•
tra, cuando pa~amoe po~ eJ p~íe d~I mikado. Ninguno de
ellos ravela caricatura ni exa1eración; todos son etincillamente tomados del natural y hacen en opinión de los
qud conocen al Japón verdad&lt;1ro, gran honor al espíritu
dt1 ob~ervación y habilidad de nuestro camarada, M. G.
-B g lt, cuyo tal_ento leJos de eer desconocido ( ea él á
9-·uen el (!raphtc de L_ondres escogí~ para seguir y dibu·
Jdr loe prmc1palee episodios de la ultima guerra chiooJaponesa) ha sufrido demasiado con la verdad á veces
brutal que debe concederse al menor de sus cuadros.
X uestra galería ralati va al ejército proporciona desde
luego algunos tipos japoneses; á saber:

\

Señorita Hortensia Rendón, de Mérida.

(Fotografla Valleto Y C~)

Señorita Ana;elina Morel, de México.

tantee•en un rincón perdido; lae escenas que Mateo relata las•cosas que descubre, lae bellezas que pondera; de·
se~vuelven una decoración faecinadora y remueven un
fondo de memorias ensoñadoras.
Con razón la buena viuda Matoses acabó_po~ l_lorar, Y
llorando dicta la respuesta, que no ea, delpnnc1p1oal fin,
~ino una serie de súplicas, ruegos y ternuras...... ~odo
cJn admiraciónee muy graodee; que para el lengua¡e de
las madree no hay más que ese signo onográfico, eftnbolo del afecto.
.
Que no tenga malas compafiíae, que huya lae cantmae,
que aeieta á clase, que se recoja temprano, q_ue ~ece todas
las noches, que oiga miea, que comulgue e1qU1era en la
cuaresma, que no olvide lo que fué eu pa~re, que abrevie la operación y que nunca, nunca ee quite la :nedalla
que Je ban dado, único amuleto qu~, acompaüándolo! lo
conducirá por buen camino y con¡urará las deegrac_1ae.
Y no era raro que casi al cerrar la epietol~ apareciese
una vecina, que con intensas luces en la mirada y una
voz avergonzada. tímida y dulce decía:
- y m.,mor1ae de mi parte.
-De veras. Ernribe: loé6 que te saludemos.
-Y que por qué no le has escrito ni una palabra.
-Palabra......... ó qué más?
-Nada.
.
Y el sueño de esas noches era tranquilo, lo miraban
ttdos feliz sano y bueno, menos la maare inagotable en
eue temor~s y la vecina que, con loe ojos arrasados, después de eu oración decía:
-Y ni un recuerdo para mí. Algo, algo está pa·
eandol
Si es la misma seflora Matosee, en el último grado de
la U:ieeria fisiológica, ea ese pobre y doloro~o espectro de
la viuda el que se deiiene cada dos eecal,rnee para tomar
respiro y ensayar inútil dominio eobre sus sollozos; ea
ella, que enferma y exangue, diez ~f~e ll~va de sacudimientos en trenes, cabalgaduras y d1hgenc1as par~ llegar
al lecho del hijo que hace tres diae ap.,nae, yace ¡oven Y
desamparado, en el fondo de la tumba.
Y todo remueve eu dolor: el barrio apartado y doloroeo,
la gentuza del mercado, el descaro de las mozas que la
miran paear enlutadn y llorando; la entra:ia. lóbr.,ga _de
la Casa de Huéspedes; si ese balcón eeta ab1e_rw, quizá
¡.ara que se ventile la pieza donde él.. ....... A "iº10, teflo·
n Je dice eu acompaflante, domínese usted. Dios eH muy
gr~de, la Providencia.........
Y llegan al corredor donde ee alinean rotos tiestoe,
donde cantall dos ó tres pájaros, corretea un gato, se ba·
fla una gallina en la tierra dispersa de una maceta_ rota;
donde resuena ruidos profanos; loe acordes de la gu1tura
de un alumno de fleica, el canto del pasante de abog~do;
las risas de dos fregatricee que e~ la azo~hue\a se iu_an
á la cabeza ropas lavadas; el silbido del albafhl que pica
uua pa1ed y et diálogo animado de la dueña, selloraobe·
Ea de bata suelta ft~co y b,azos desnudos que conversa
d~ buen humor c'on sus hijas, viva e11tampa de la desen-

voltura que con pantuflas una y con zapatos de varón la
otra en~..yan la última moda de la polka, entre lechos
deshechos, lavamanos de agua ~ucia y ropas caldas Y
abandonadas al azar por loe estudiantes.
La reciben con ex&amp;rallEZa, y al saber_ que ea la madre
de «Matoeitoe» ponen una cara compungida, más deeagra•
dable q11e el gesto indiferente. L~ cotnpadecen, Y arre·
batánaoee la palabra, cuentan que tuvo la culfa de todo
el dla de cam¡&gt;n; que el difunto, enfermo ya de estóma~o
ee excedió ia1 vez, y al llegar, al darse bola, ahí con el pie
eobrti el banco de las macetas, ¡zael al suelo. Lo llevaron
en peso loe otros muchachos, pero perdió el habla, Y la
mujti1ona grita:
-¡La llave de Matcsitoel
..
y abre con ella la pieza del muchacho, dic1end&lt;;&gt; al ha~erlo que loe muebles son de la casa, que no precisa saldar los adeudos del pupilo y que como reape,a el dolor,
se retira advirtiendo.
.
.
Que todo todo está abierto porque «liatoeitos» D10e lo
haya perdo~ado, era deec~idado para ~odas sus cosas.
La infeliz madre se arro¡a al lecho em colchones, ~asando las tablas, llamándolo como se llama_ á un n1!l~
que no obedece; toca, besa, contempla _los ob¡eto~ familiares el vaso de agua, la vela consumida _á medias, loe
frae~e de medicina, e1 cáustico caído, loe cigarros, cuanto eoepecba fué testigo de sus momentos úlumoe.
y solo después de toe consuelos del acompallante ~1;11·
prende la fúnebre tarea de ordenar las ropas de su 1?,1¡0;
el pillaje ha pasado por ellas,. todas tieD;en loe bole11loe
vacíos y colgantes. Ni el relo¡ de oro, m loe botones de
camisa ni loe fietolee, todo falta, todo lo que era recuerdo y te'nia valor.
.
Pero en cambio que intactos sus libros Y _papeles, CÓ·
mo están en su pu.,eto las fotog,afíae de mUJbree ~eenu•
das en el muro, con qué coquetería en vez d~I Cristo de
la familia se asienta en la cabecera una zapatilla de se•
da· qué á la vista loe libros licenciosos; lo, gua~tee fe•
m~mnoe; loe medicamentos sospechosos; las cáhga_s flá•
cidae loe mechones de pelo largo; las carta~ de escritura
ptet&gt;e'ya y pecaminoso contenido; loe bole~oe de empe•
fio· las botellas vac~as de cognac; la copa mmunda ~n
h ~~ea de vino y colillas de cigarro; _todas l~e c&lt;;&gt;netanc1ae
procesalea de una juventud descamad~ . é md1ferente á
¡08 suyos, puesto que las cartas de fam1ha andan revue!tae entre programas de circo y recados en.loe que se p1Jen prestados para el dia (,ltimo sin falta cinco pesos para
aquel golpe.
Doblt,tnente muerto Je llora entonces, doblemente
muerto en eda hora crepuscular en que ella re!l~ba por el
ausente; doblemente muerm cuando el org~mll~ de la
calle el bullicio de loe demás huéspedes, la risa impura
de ida hijos de la patrona, le escupen con lodo el corazón chorreando sangre doloroe~ y mater~al IDoblemen·
te muerto, Dic,s mio, el pobrec1llo á quien ella entregó
sano, bueno y jvven, y le devuelv~n·:••" no, _no le devuelven sino al ee~rcolero que le sirvió de útnmo lecho!

Y al entrar la pupilera con un p~_pel gai:3bateado 'co:
lo que se debe, seguida de sus ~1¡oe . aneioeo3 d~ ve_r 1.
una enloquecida por la pena, la rnfehz les pregunta. ~
él, cuando murió, tenía una m!'ldalla de esmalte al cue1 o
y si se la llevó conai.o.
No pueden contestar, no se ~gura!l, dudan, pero uno
de los muchachos h ,ce memoria y dice;
-Espérese ust!'ld. Creo que el. ....... .
-Bendito sea Dioel Siquiera.........
.
y lo perdona, pobrecillo, lo perd;ona mirando en tor•
no...... loe delatores rastros de ea vida ¡que nó, no fué
posible! lo calumnian, él era bueno.
Mrcaos.
TOQUE DE ATENCION.

Esto tiene que acabar;
doce t.orae mirando al mar,
doce comer y dormir,
y por todo trabajar
diez minutos de escribir.
Y hay en tanto quien resiste,
hambre y sed, y cesantía,
y lucha por el alpiete
creyendo cosa de chiste
lo del pan de cada día.
Y hay fiscales suprimidos,
y tributos restaurados,
y pueblos empobrecidos
por el júbilo embargados
de ver los bienes vendidos.
Contra tal desigualdad
protesto una vez y mil,
¿queréis más fraternidad?
pues partiré por mitad
mi hacienda con Vandervil,
que según datos seguros
de quien Je ajusta ta cuenta
vive con grandes apuros
teniendo solo de renta
cada minut-o cien duros.
Si esto llega á suceder
¡cómo me verán volver
loe que me vieron marchar,
p:idoroeo al prometer
y desenfrenado al darl
Pero ¡ay de ellos y de mi
ei vuelfo igual que me foil;
sabrán, si lo hao olvidado,
que ei muedo no caí,
del golpe no me he librado.
Y que, ó yo cambio de vicio,
ó cambian ellos de ofi iio,
ó Dios mis bondades premia,
ó á la vez que en la A lacemia
voy á entrar en el Hospicio.
MANUEL DBL l'ALAClO.

El agil y acicalado marinero que ha hecho sus pruebas
-eu loe maree de China, aquel á qui1&gt;0 el entusiasmo poPll:la~ ha feeteja_do bn el pu~rto de Yokohama, masequel
as1m1smo qne tiene demasiado orgullo para manifestar
ahora á bordo su indisciplina y el encanto que encuentra en las perrerías.
El oficial de caballería, de vuelta de Saumur, la Politécnica ó Saint Cyr, donde concluyó brillantemente sus
eftudioemifüaree y que comienza á creer bueno dar sino
por reconocimiento á lo menos por chic una dir~cción
muy francesa áloe pelos rebeldes y escasos de su moa•
tacho. Una brizna de mosca subraya ahora el labio inferior d~ ese guerrero, en la actualidad consagrado, y que
no de¡a duda alguna respecto al cuidado que condn1ía
tomando para &amp;firmar la posición que adquirió entre nosotros y loe agradables recuerdos diversos que á ella se
re eren.
Deben notarse, al cont,ario, las fisonomíae germanescas de ese otro oficial de lentes, un educando de las escuelas de guerra alemanas, en lae cuales bebió hasta saciarse una ciencia militar, cuya superioridad se alegrarla
mnobo de demostrar, ya que la cree universal.
Uno y otro poseen, por lo demás, una ciencia teórica
inconteeta~le, y están inspirados ambos por un amor
muy eemeJante y muy real á su patria. Por qué esforzarse entonces eo apare~er t9'.n poco_japoneees y tan europeos; p~r qué no eegu1_r me¡or el e¡emplo de eu colega
d!'I la marina, cuyo horrible rostro de insular ha sabido
permanecer, aun después de la victoria el de un viejo
lobo de mar muy nipón?
'
Ciertamente él os afirmaría también que no ea esto lo
que le impide iniciarae casi instantáneamente en los misterios de lae mecánicas navales, que su gobierno le compra á gran p_re~io en Europa y América; así como que
esto no prec1p1ta-Pero acaso no os afirmaría este úl\im~ detalle-!~ hora de la utilización completa de las
mismas máquinas de oceidente, de las cuales está tan
oraulloso.
&amp;n cuanto áloe otros soldados que le acompañan con
~Ui t_ipos especiales, muy bien obtenidos, todos están
m•p1radoe en loe fubrtee gastos ante loe cuales el gran
M kldo no retroeede, para obtener un lujoso equipo.
·Como nuestros más vulgares Tourlourous de Francia· ¡08
Cí\bal!eros y loe pisaverdes del Japón moderno con¿cen
el prestigio del uniforme militar y el orgullo c~n que ce-losamente llevan sus bowie alemanas, sus ekakos eepa-

EL MUNDO

fio!ee y sus uniformes franceses, es tanto más explicable
cuanto q•1e lae mtJU~mé8 y otras japonesas, B'l vuelven locas, ellas también, con los paseos por las eeplanadae don•
de se puede asistir á loe menoree detalles de la nueva
vida militar.
Pasad ahora á una serie de japoneses menos pretensio~oe.

En Tokio. donde como en todo el Jap',n cada hijo
adopta la pmfesión del autor de eue días, el padre del
que nos va á ocupar, era, ó decidor de buena ventura ó
contador de historias, ó actor ea cualquiera de esos teatros en los cuales un mismo espectáculo comprende tres
ó cuatro días de representaciones.
. Sin emb~r~o, la revolución industrial ayudó á este hi¡o sin trad1c1onee y ahora ea empleado de camino de fierro, especialmente dedicado al examen d11 loe boletos á
la entraia de loe muelles y partida de los trenes.
Parécele de rigor una dignidad del ~o.do occidental, y
á pesar de sus cabellos rebeldes, de r1g1decee insoportables y de su kepí administrativo, parece no notar áaquellos y aquellas que deb3n presentar sus ticket.s antes de
llenar ruidosamente los trenes.
F,pto, !'D verdad, deja muy
indifel'f'ntee á la mayor parte de loe viajeros nipont&gt;e,
e 1bre todo Jo,, de tercera claee que no viajarían jamás en
invierno sin llevar la cabeza
cubierta con un pingajo enrollado á la manera de las
marmolles de la campesina
francesa. Esta especie de pa•
nuelo ea, por lo demás, de
un uso general en las clases
inferiores de la sociedad.
r'I nrante los meees fríos de 1
año.
Ved también á ese buhonero japonés, dibujado en el
instante en que ofrecía paté.
,
. ticamente un producto marav1lloeo á a lgun grupo de ocioeos callejeros· á ese cargador de sacos de arroz, q•ie se ingenia par~ ahorrarse el
rudo co~tacto de loe eac1e llenos, que transporta todo
el día, Plll que su parte de goces naturaleeqúe todo japoIJés reclama, eea e_n m_odo alguno disminuida; al bombe•
ro rural. ( la orgamzac1ón contra incendios ea ya militar
e~ las_c1udadee) que, cuando ha llegado su turno de vigilancia, ronda to~as las _habitaciones de madera, que
eet~ etcargado de 10epecc1onar, cm la pipa en la boca y
la linterna en la mano.

r Este último que copiamos ea uno de loe dos populares

n~ctámbulos del japón. El otro ea el frotador, un pobre
diablo que va solo ~or loe camin?e, soplando en una pequefia flauta_ armov1oeam4::n~. triete, un airecillo muy
corto, que dice á ~odoe loe 1mc1ados: «Queréis dejaros frotar, ee~or, queréis que os frote, eefiora, he aquí al fro•
tlldor ciego.11
No _son por ci~rto bestias esos japoneses que no conced_en amo á loe ciegos el monopolio de tales prácticas íntimas.
Quién _detendrit al pobre ciego en su paseo profesional,
qu_e comienza en la noche para no acabar sino con las
pnme~e luces del día? ¿Quién le llamará y reclamará
ene cUidados?
_Todos aquell?B para quienes algunos céntimos no eigmfic~n el deen_1vel de su presupuesto cotidiano; los comerciantes retirados, los matrimonios atrevidos de Eu-

19

ropa y muy frecuentemente algunos individuos misteriosos, aficionados á loe servicios múltiples de las falsas
g11eiJhaK-eB el instante de nombrarlas-más ómenoeex•
traflah al arte real y a I encanto especial de lae verdaderas cuyo pintoresco as¡ ecto y su honor nacional son jue•
tamente 1eclamadoe.
Cada una de eeae creaturae ha comprendido todos loa
recursos que podía sacar de
la Europa en la persona de
loe extranjeros que residen,
célibes, en su patria. Y por
esto no ha vacilado en coro•
promete1ee á seguir loe coneej&lt;,e prácticos de algún com•
paiiero decidido de antemano á satisfacer las menorea
necesidades de la situación,
entre otras las de r.onducirla
á todos loeeitioedondela llama el placer facil de aquellos
que ofrecan almuerzos ínti•
woe, instalarla, si ea preci•
so, en las parihuelas del Jinrick-saw que debe llevarla
rápidamente á donde su arle
t-epecial es esperado, llevar
en fin, á alguna dietaocia de
su esbelta y buscada persona, la gran caja de madera
E'n la cual transporta el chami88en de tres cuerdas, el ine•
trumento nacional con loe
acentos del cual todag11eisha
genuina debe saber llenar
las casas de te.

í

rn gentleman que la signe y
cuya tieonomfa está desnudada de las pretensiones del
mundo occidental, es el tipo
del japonés que tiene la ven•
taja de poseer un empleo en
un ministerio y que, más in•
diferente que todos sus compatriotas en materia eeme•
ja"te, no se cura muy mu•
cho je que la novia, de la
cual se enamorará sinceramente, le lleve al matrimonio otro capital que su dote.
No i neietai e respecto de ,ea tos sentimientos verdaderamente japo.neeee, que nos
forzarían á responderos en
.
latín y ved con nosotros el
~!Pº. de esca~pa_ q11e viene después. Es el corredor de
Jm-nck-saw publico, el pequefio vehículo de dos ruedas
en el cual os paeeaie cómodamente mediante un precio
irrisorio, fijado de antemano por los reglamentos. Pero
á qué no se someterá un tirador dejin?
. E~ ya tarde y quereie dirigiros á algún eWo solitano? . Pues ~I corredor oe exigirá dos ó troe veces el
precio p~ev1eto por lae disposiciones oficiales, y por cier•
to lo 1;0e¡or sería pagarle, porque falaz y artero os ame•
nazar1a,. y en caso dado llegaría á las vías de hecho, sin
que tuy1eee que.temer el castigo de la autoridad.
_L11 silueta satisfecha del comerciante honrado que ter•
m10a la presente serie de tipos japoneses, ea de tae máa
comunes. Ved la sonrisa que ilumina su faz pa,ibul.uia.
~s C&lt;&gt;D;eta~te, mecánico y sobre todo ...... japonés. ¡Oh!
e1 pudieseis verlo en su eetablecimento de bric-a-brao.
en el cual se amontonan loe bibelotsl

�EL MUNDO
0011111Gb •~ de AGOSTO de

EL MUNDO

ªº
Le veríais eonreir indicandooe el precio de un objeto,
eonreir tawbién al entregaros ese objeto aun cuando le
hubieseis drecido la décima pane de la eumaqueoe habla
pedido y sonreír acaso también quince días wás tarde ei
volviéndo á eu antro de vendedor de antiguallas os cau·
saba asombro saber que se había divorc1ado,después de

vuestra última visita, de eu antigua mnjer, y ee había
casado de nuevo con la joven que también está en vías de
reirse á vuestro lado. ~o hay que sorprenderse de eeecaeo
y si vuei:ka insistencia y vuestras preguntas indiscretas lo
fuerzan á responder, os dirá sencillamente: «Por qué me
he divorciado? Pues únicamente por que mi mujer, en
mi ausencia, no sabía recibirá mis comoradores. »
Que curioso es el perfíl redondeado del ~Iinisterio, que
ee des1aca enmedio del dibujo que signe! Pero á pro•
pósito do Minieterio, dejadnos mostraros esta escena tan
típica y tan b:én sorprendida por Bigot. Estamos ante
las oficinas gobernativas de la guerra á la hora de la ea•
trada á las eeccionee. Mejor que nuestra pluma, el lápiz
de nuestro amigo tiene en elocuencia y muestra la exacta influencia de la civilización europea sobre el traje
moderno de loe japoneees. Yense suecos de madera en
los piés de unos, botas alemanas en loe de otros, el re•
di119ote de este, el traje japonés de su hermano menor
que ayer era un estudiante aún, el capote militar de un
viejo de ideas liberale•, el chal en que se envuelve el po·
bre coolie que ha cambiado por cinco ó seis centavos sus
vestidos andrajoeos en una casa de prestamos e•c., ele.
Mirad con toda confianza y solo veréis la actual mascarada japonesa.
Yes que el Japón se va y que necesitarías apresuraros
para ver algunos reetos del pueblo primitivo que vivía
aún bajo el último i h()!JOIIII . La potencia feudal no ee re·
monta sino á una veintena de ailoe, y sin embargo, apenas ei podríais encontrar en los campos algunos hombree
del •viejo estilo,• del genero del que ocupa el n:tremo
de nuestro ú'timo dibujo.
Yed, el eetl'8go de loe afloe y el estrago sobrado deplorable del cuero cnbelludo de ese viPjo campesino, no bao
desviado eue nfaerzoe de la antigua moda que eue padree
usaban -para el pt:inado complicado y extraño de sus ca•
belloe. Qué importo asimismo ei la mayor parte de eu3
dientes se quedaron en las sucesivas coneervae de peces y
de legumbres que mezcló únicamente á su cuotidiana

poción de arroz¡ el solo es el hombre resignado de las an·
tiguae edades, el que no sabría quejarse ue las más rudas
laboree v sentirla placer en esperar las numnosae fiestas
niponas, pretextos para procesiooes, y sobre todu para
libaciones de te y de sakÍ', el aguardiente de arroz. Ahcra, el caracter simple de esas manifest11cioues que ee han

quedado como primitivae, inspira menos ale1tremente
al tipo que sigue: ,,un campesino del nuevo eetilo,11 hijo,
pe&gt;r lo demás, del precedente y tn el que el vago tinte de
tradición protege mal eu espíritu debí I contra los efectos de loe relatos militares del Japón moderno.
~I porvenir ya no eetá para él en el groo dll arroz que
obtiene con pena de loe grandes arrozales. sino en el
ejército que bien pronto lo llamará á ens filas, aeí se lo
ha dicho cuando menos el diputado progresie1a del cual
no "~tií separado, en el dibujo de nnPetro amigo, Pino
por 01ro rPpreeent!\nte del pneblo, un liberal 1Jutm11ce
P1empre l's\o á rPcrearef' bajo Pn «Pombrero alto»-la eola cuncepc1ón europea ac.,i,table eegún él- contra loe en-

•&amp;91

s.

DE FORGE.

ILUSTRACIONES BECIIA.8 EN :NUESTROS TALLERES.

--....

¿Pero qtuén es ese? preguntaréis ni contemplar su in
contestable elegancia de actitud. ¡Por vida nuestra! quf&gt;
loe grandes colt-gas de loe boro bree de prensa ensaleen al
amigo Bigot por haber esbozado las singulares faccionFR
de ese hombre ...... es un dietinguidíeimo reporter de loe
diarios niponeR, cnya forma es suficientemente grandP,
las páginas numerosas y el precioJ}e venta irrieoriameu•
ta harato (algunos centavos al mel. )
Bajo su graeoea cabeza de melón sin forma, late un C'P •
retro de a8iático celoso, y la pluma que ~e inspira en él
eabe escribir las más abracadabras eeperanzae.
La derrota industrial y comercial de los pueblos ñ11
occidente, el progreso de la raza amarilla, hacer el glorioPO ,Tapón únicamente para
los japoneses, he aqui la e,'111ea á que se ha dedicado PPe
maligno pero patriótico h ijo
del gran Nippón. :::ionríamos
y perdonémoelf!I
L. LEROYY U. PAPILLAn &gt;.
NOTA.-Lo• señores Pap!llau&lt;I y
Lero)', periodistas i rance-~s que,
han l'&gt; rorrirto el mundo·por apurs•
ta, saliendo ele Parls sin d inero l'
que hor se hallan e ntre no,otro~.
"e ~ir\'icron e-.crlblr e~te art1C'ulo
,obre costumbres y llpos Japouescs,
para nuestro ~ maonrio. ¡,ropordo•
nandonos 1,a.ra flu,trnrlo, boceto'J.
toma&lt;los rtcl n a tural por el M h!!
14p l2 de un ar tista francés resid en•
te en el Ja¡,ón.

1

el r erfome eutil dA la piel eatinada que huele á P lan.
l-entíaie que ura riea frá1til agujereaba el ambiente cálido
del salón: na una Colombina aristocrática que ee diviert la
con su novio. gi de un concierto hablaba, allí íbaie vo•
eorro•, v arrellanados en'vneetrae butacas del Nacional
oíais á Ta magno cantar el Otello, oíais á Brindis de Salas
hacn gemir en violfD, «caja de almas difuntae,» Por tSl
oí cómo Coquelfn declamaba bizarramente el ver~o y la
proPa del drama francéP, y ví eonreír como eonrién laa
dioPaP, á ,JFanne Hadding. Para la boda rt&gt;gia tenía él
las gardenias freecaP, los beHotropoe menudos
arorrioPoe de su c1&gt;eto de mago, cog1doe en ene inmensos jardi•
neR en floración, donde nunca ,e agotaron las florf'9.
Aun en el invierno cruel. eue porterreRsiempre tenían
roeae nuevas que ofrecer. Y para el artista amigo, tenía
su pluma raPj?&lt;'S de canf\o entrañable y ratos &lt;le admi•
ración rara. Para la hermosa que hacía caridad para,
1&gt;ea S1Jr Jfll rcelina, tenía en estilo eetallidos de admiración y agradecimiento. Para la arietocrática belleza
guirnaldas de Plogios y alfombras de clavelee.
'
A Gutiérrez Nájera puede coneiderareele como el tt&gt;y
de loe cronistas americanos. La fisonomía de Puck se
presta, da márgen para un largo estudio: se trazaría una
hnmoea silueta snya para una galería de portrai/R,
1:na crónica de ~utiérrez N,jera de af\os paeado,, puede leerse ahora, y siempre agradará. Aunque está ce!iida
al suceso del día, al nuevo hecho, tiene un no eé quf,.
que atrae y subyuga. Ea que el eeoritor ha sabido hacerla: es q11e ha puesto en ella algo de su :,aeión de arti sta
padre, á quien no le gueta que sus hijos vaguen desarrapados. Ha sabido veetirla. La ha perfumado; el cut&gt;llo
y la pechera son de blancura irreprochable: gardenia á
la bo11tonnifre; mon6rle; guantee grieee y el frac, correcto
eio la más pequel'ia arruga. Es el dandi¡ caball1&gt;roso qu~
eabe reír, y charla como un dislocado y baila el cotillón
sorbe champagne y eabe conquieiar corazones y eubyn~
gar almitae blancas, como un gentil Don Juan. P11ck era.
buen padre. Sus hijos intelectuales son bien ricos opu•
lento9; pertenecen á la aristocracia legítima y su' árbol
genealógico ee de loe más intrincados y ricos.
~ero esto no cabe aq1;1í, en este artículo en que yo
qmero ver no más al cromsta elegante que correteaba libremente, no al que hacía política y dücuUa riendo y
fumando, con el corro de amigos, en los pa9illoe del C ,ngreso ó en la mesilla de un café, mientras se paladeab1
el aperitiro,
Admiro, eí1 á R eramier; pero no lo adoro con tanta pasión y tanto tanatismo
como á Puck, que es inimitable~

y

/

/
Señorita Hcrmellnda Guzmán. ( De Guadalajara. )

~cñor Lupt,rclo.J

serían joy~s valiosas ile estilo y novedad y revoluciona•
rían la cur10sidad de las C'iudadanitae de Parle.
Del hecho más insignificante, del asunto más trivial
Puck ......... Al calce de eue hermosísimas crónicas do•
minicalee en El Cniversal, ponía Manuel Gutiérrez Naje• de la noticia artíet!ca última, bacía asunto euficienw pa'.
ra esw peeudómino sonoro. Tras él ee ocultaba para 1&lt; s ra bordar eue crómcae y sacar punta á su gracia y aguque le desconocían¡ pero no para los que, hasta'en el rae• deza: JY que para t&gt;ecribir tantas cuar1illae, que fuesen
go furtivo de la gacetilla ó el broche picaresco de un rn · sufic1entee psra llenar varias de las columnas de letra
trejUet, lo sabíamos defcubrir á él, que era todo un artista tan ~anuda de la edición dominical de El C',,iv, rsal, se
y que sabía cómo se va por el camino del bosque encan· necesita fuerza extraordinaria, buen acopio intelectual
tado sobre rosas, sin estrujar eue pétalos, ni pisotear loe y una imaginación ......... tau rica como la de Puckl Y
eso f!Jera de su enorme tarea periodística, de su lucha
tallos tiernos.
polfüca. Era esa una escapada rápida al país de la fan·
¿Qué delicioeo revistero era él! Una de esas páginas
escritas al trote de la pluma, era uoa obra maestra. Cre¿ tasía: un descanso.
Era fecundo, asombroso.
yo que, muerto Pnck, ninguno las hará como él las s.; bía
So pluma trazaba lindos c•1adroe, á la pluma como
h!'cer: nadie ha recogi?,O llBB pluma abandonada, como
dizque Paul de San V1ctor se guardó en loe bolsilos de por mera travesura, por pasatiempo, como ee h~cen al
su pa)etó, la de _Theophi!~ Gauthier, ".uandoeeteexquiei- margen ancho de un diario de la maf\aoa ó en el forro
.oart1eta cometió la deb1hdad demor1ree. Tenla su estilo de color de una revista, cul\ndo ee está á caza de asunto
toda la ligereza, la picardía, la gracia y el arte crepitante ó se muestra rebelde la imaginación.
Haciendo la revista de un baile, ésta era de tal verdad
de un rhroniqu.eur parisién, de loe maestros. Era un Mén•
dez, un Scboll, un Paul Fouquier, que vivía en México y tal C?lorido, que os parecía estar allf, entre tanta luz,
y que escribía eL ra,tellano co&amp;ae que en francee, en las tanta nqueza, tanta hermosura. Sen\faie cómo os emcolumnas de la primera plana de un dinrio /,(J1duardier, briagaba el olor capitoso de las flores, cómo os arrobaba
GUTIEAREZ NAJERA, &lt;.RONISTA

Corazón de sacerdote. - POR H.

euef\oe de conquista de colonización de sue adverearioe.
No cabe duda acerca de eeto-bajo el casco de corchocon que el diputado modernista guata de cubrirse á fin
de dtlmoetrar bien eue tendencias coloniales, Jo afirma•
ría también el individuo que representa el último ti¡.o,
de nuestra serie de siluetas japonesas.

CURIOSIDAD 1:'OTOGRAFICA

lFot,,g, a!!n tomada á la vez en distin tas ¡ osic!ones, median te un p roced!mlento exclusivo d el

DOIIIIIGO 1~ d• AGOSTO d• 1'97

San Salvador.

ARTt'RO .\. A ,mnOGI.

Cerca de la meea, servida á medias, ee enoontraba sentado M. Deecordee, contemplando con fruición el vapor
que comenzaba á escapar de la boca de una cafetera rusa,
cuando penetró violentamente su mujer en el comedor y
exclamó con agria voz:
-¿Como, Edmundo, no has tomado todavía tu café?
¿En qué pieneas?
-En nada, mi buena amiga, contestó ingenuamente
M. Deecordes, Espero que hierva el café ...... Ya sabes
que así me gueta ......
-¿Pero, desgraciado, no recuerdas que hoyes miércoles?
Las señoras vendrán á la1 dos de la tarde; el! ya la una
y media ...... y apenas queda tiempo para preparar todo.
-1Ah, Dios mío! murmuró el pobre hombre con tono
plaf\idero, sirviéndose á la vez precipitadamenw una
taza de café hirviente¡ había olvidado el miércoles!
-Dios sea loado! exclamó la seliora Deecordee dirigiéndose á su hija primogeoita, que se había quedado en
el corredor, tu papá olvidaba el miércoles.
-Angélica, repitió la joven, hablando á su hermana,
papá olvidaba el miércoles.
Y resonó un triple estallido de risa que desde el co·
roedor, ee repercutió como un eco hasta la cocina.
Con frecuencia, y muchas veces sin motivo aparente,
padecían madre é hijas estos accesos de risa en terceto,
cuyas notas se deegranaban por toda la casa.
Entre tanto que el pobre Deecordee, lleno de vergüen ·
za por haber olvidado el miércoles, devoraba con ridí•
culae muecas su café hirviente, la eei'iora y las sefloritae
levantaban de un golpe la vajilla, enrollaban la tela
blanca encerada, limpiaban la madera perfectamente
barnizada y abriendo un armario lleno de vestidos á
medio hacer, alineaban sobre la mesa paquetee de pantalones de palio burdo, chaquetas de lona, enaguas de
punto, camisas de tela cruda, que extraían de aquel
mueble.
-l\1amá, preguntó una de lae jóvenes; ¿valdría la pena
de sacar el paquete de la eef\ora Sennevaux?
-!Oh! Sácalo de todas maneras...... Si no lo tuviéra•
moa listo, podría suceder que ella fuese capaz de venir!
Ui:a triple carcajada siguió á la enunciación de eea

triple idea, que no les impidió alinear el paquete de la
sef\ora Sennevaux al lado de los otros.
Cada miércoles la seliora Deecordes reunía en el come•
dor de su casa, transformado en taller, á las damas caritativas de Gauneville, congregadas á la «Asociación del
vestido para los pobres» y las cuales acudlan de las dos

á las cinco de la tarde con el objeto de coser la ropa para
loe indigentee. Esta asociación tan loable, había tido
fundada por la eefiora Deecordee, hacía tree af\oe, al terminar la guerra.
Era una santa eea eefiora. Y unos ángeles sus h ijas
Dioedada y Angélica, eran estas expresiones que nunca

�82

EL MONDO

DOMINGO I? de AGOSTO de 1897
DOMINGO ,~ de AGOSTO de

dejaba de emplear el primer vicario del pueblo, M. de lo para su forzado celibato. Sin dote, gracia, ni belleza,
-/ Oh! la señora de Sennevaux:Uo es muy adicta á nuesChavaesieux, quieacomo encargado de la dirección de sus Vl'getaban con u na existencia vulgar, monótona y exhaus- tra modesta sociedad......... y además, debe de estar hoy
almas, debía saber á qué atene1ee. Y de esta manera, ta de toda esperanza. Diosdada, mayor dos a.fios que su descansando aún de las fatigas de su comida del sábado.
descansando en el juicio de tal autoridad, le repu~ación hermana, podría haber !ido bonita; pero hace falta á las replicó irónicamente la seil.ora Deecordee, que no había
de aquellas damas se había formado y esparcido por todo floree el sol y el aire y ella se babia marchitado poco á sido invitada á este sensacional banquete.
el país, y era raro que al hablarse de ellas, no se agrega- poco, como una plantli escondida, sin luz, trae un muro.
Soporta alegremente su viudez, agregó una de las setio•
ran loe calificativos llegados á ser casi obligatorios: La Angélica era decididamente fea: tenía grandes ojos re• ritas Juglan, muy hostil á la condesa, porque encargaba
señora Deacordee, ¡una santa! Las señoritas Descordee, dondoe y saltones; nariz de cor.neta, y en medio de dos sus sombreros á Paría.
mejillas abotagadas, una abertura microscópica for•
¡unos ángeles!
-No creo, alegó vivamente la sellora Belamy, que
Y el hecho es que eran ellas de una ejemplar piedad. mando boca, sin labios, que parecia hecha de un nava• falte ella á sus deberes ó sentimientos de viuda; dando
Nada más edificanw que verlas arrodilladas sobre sus jazo; todo esto ea una de esas cabezas de mufieca de car• una comida de amigos, con motivo de la permanencia
reclinatorios, con la cabeza entre las manos, entreg.1dae tón, sobre las cuales, en las ferias de loe pueblos, exhi- en su casa del antiguo coronel del regimiento de sumarido.
casi extáticae, á sus interminables oraciones. Sin hacer ben las modistas ambulantes los sombreros de venta.
.Acababa de sonar la segunda campanada de lae doe de
mención de la tarde de loa domingos y días de fiesta,
-Tiene usted muy buenas razones para aprobar, quecotidianamente permanecían en la iglesia la mayor par- la tarde, cuando llegó la señora Perroy.
rida, pues concurrió usted á esa fiesta, á ese festín, á eu
-Siempre la primera, exclamó la señora Deacordes, jolgorio, exclamó la señora Dascordee, buscando aún alte de la maftana, dedicadas no solamente á sus ejercicios
religiosos, sino entregadas también con febril actividad cuya risa apenas estalló, fué repetida.
guna palabra más sarcástica...... Yo no sabia que estu-He aquí á la sellora.Leautaud, dijo Diosdada, que se viera usted tan ligada al castillo.
á todo lo que concernía al culto.
No hacía allí falta el sacristán. Ellas se encargaban de babia pueato de ceatinela en una ventana que daba hacia
-Con efecto, no tengo el honor de estar muy ligada
adornar la casa del Sellor; de disponer las flores en loe la plaza.
con la eeil.ora de Sennevaux, aunque sienta por su belle•
altares; de revisar las vestiduras sagradas para tenerlas
L'egaron en seguida la eefl.ora Gaudry, mujer de un za tanta admiración como simpatía por eu bondad. Pe•
siempre en buen estado; de vigilar las luces; de organizar agente viajero, las ee.fioritae Juglán, que tenían un alma• ro, mi marido, antes de ser aquí preceptor, era comanlos coros para loe cánticos; de afinar el órgano que la se· cén de modas con un gran rótulo de oro que decía: dante en el regimiento del eellor de Sennovaux. He
fl.ora Deecordee tocaba con verdadero talento. En caso ne «A.l modelo de Paria;» entró en seguida, todo un grupo; aquí por qué asistimos á esa comida.
cesario no desdeñaban desempeil.ar ciertas funciones de la eefl.ora Valier, gruesa, negra, bigotuda, un coracero
-¡Comida enviada de Paríel grulló la señora Valier.
policía en el santo lugar, donde se las veía frecuentemen- con faldas; la eeflora Auffroy-.Migaot, qu3 caminaba de ¡Cómo ei en Gauneville .no ee supiera cocinar!
te, presas de piadosa indignación, expulsar á fuerza de puntillas, y hablaba siempre en voz baja, tímida hasta
-Es usted una ingrata, eefiora Valier ...... pues hemos
golpee de rosario, á algún perro in:liecreto que se había el exceáo¡ Ja pequeñita Madame B.Iamy, vestida con tomado un delicioso pastel de alondras, comprado en su
int1 oducido en el templo, durante el oficio.
traje de color rosado, muy rieuefla, tan graciosa y airo• casa.
Y en virtud de tanto frecuentar la iglesia y tanto cui- pática, con eua cabellos n1bioe, cuyos alborotados rizos
La respuesta provocó algunas sonrisas é hizo sonrojar
dar todo en ella, habían acabado por considerarse como ningún peinador lograba disciplinar.
á la seil.ora Valier, á quien fuera de eu tienda, no le gusen EU casa, y sintieron mayor admiración que tristeza el
Unas quitándose el sombrero, y otras limitándose á taba que se le hablara de su comercio.
día en que el cura decano, digno sacerdote educado en la desanudar las cintas que echaron hacia la espalda, ine-¿Qué traje llevaba la condesa?
JibHal escuela de su gran obispo y enemigo de las exa• taláronse todae, recogiendo cada quien eu paquete de en•
-Un vestido gris con encajes blancos, que resaltaban
geraciones, les recordó con dulzura, pero co.n_firmeza, cima de la mesa y tomando asiento con su trabajo entre muy bien en verdad sobre su hermoso talle y eue mag•
que él era el cura de la parroquia y no ellas.
las manos, en alguno de loe círculos formados cerca de nlficaa espaldas.
Y por esto la piadosa trinidad no abrigaba hacia el de- las ventanas.
-¡Cómo ...... ¿Sus espaldas?
caLo más que cierto apego muy relativo y el respeto es•
-Ya transcurrió el cuarto de hora de gracia, dijo la se·
-Sin duda.
trictamente obligatorio. .El padre de su elección era el llora Descordee, que actualmente era la presidenta de la
-¡ Estaba descotada! prorrumpió con indignación la
buen abate Cbavassieux, un frailecito regordete, colora- .Asociación ......... \'amos, señoras, ¡al trabajo!. Y de an· seilora Dascordee, á quien eu flaqueza, á falta de princido, siempre riaueilo y constante admirador de las virtu· temano, la oración.
pios morales, prohibia semejante impudencia.
des de la señora Descordea. Era el amigo de la familia:
Con voz breve rtcitó una plegaria de que no se podía
-Pues sí, estaba descotada...... todas lo estábamos....
cada domingo santificaba con su presencia la mesa del entender una palabra, y á la cual diez voces respondieron; ¿Qué mal hay en eeto?
Bt-ñor Deacordes, seguro de encontrar los platillos por Amén.
-¡Descotada! insistió la seil.ora Deecordes.
los cuales confesaba su debilidad, y terminaba la tarde
De pronto reinó el silencio entre las voluntarias obre-¡Descotada! repitieron simultáneamente Diosdada y
entregado á las inocentes delicias del juego de lotería, ras: lo prevenía así un artículo del reglamento, cuya ob· .Angélica.
sazonadas con ciertas bromas semanariamente repetidas. eervancia duraba generalmente de cinco á diez minutos.
-¡Descotada! prorrumpieron en coro diez voces difeAl eellor Deecordes, procurador del Tribunal de primera
-Miren ustedes, dijo una de las trabajadoras. Allí rentes, pero con igual toLo de reprobación.
Instancia de Ganneville y adjunto del .Alcalde, no lo viene la pobre eefiora_Leeourval, atravezando la plaza.
-¿Ha leido usted el último edicto de Moneellor? preconsumía tal vez en el fondo, una fe tan ardiente como Comprende que viene atrasada, mrren como se apresura. guntó la presidenta á la señora Auffroy,Jpara desviar ese
la de su mujer y eue hijas. Aun, según se decía, recien ca•
-Tan coja como ee, tiene derecho , nuestra indulgen- tema de escándalo.
eado profesaba algunos principios filosóficos y liberales; cia, hizo observar la señora Descordes.
Pero el relato de la comida interesaba mucho más á la
pero sus veleidades de independencia habían suscitado
Esta ligera murmuración, escapada á la presidenta, fué mayoría de la asamblea qu9 la elocuencia del obispo, y
tales tempestades en su hogar, que como el buen rey En- la stfial. Primeramente no se oyeron eino palabras suel- entre tanto que la sellora .A.uffroy Mignot, presa de courique, comprendió que bien valía una misa la paz inte- tas con alguna timidez, proferidas á media voz; pero á goja por haber sido así interpelada delante de todo el
rior y dócilmente había aparentado que abdicaba de las poco habfa~e generalizado la conversación con creciente mundo, murmuraba alguna respuesta ininteligible, una
ideas de su juventud. Pero el muy zorro dividía su volubilidad y en un diapasón á cada instante más alto. de las damas reanudó la charla.
existencia en dos partee. Después de largas estaciones en Se pasó revista de todos los acontecimientos locales, por
-¿ Y la sei1ora Charlier, la grande amiga de lasefl.ora
la iglesia, se encerraba en en gabinete con pretexto de insignificantes que fueran: el último sermón; el estado de Sennevaux, concurrió también á la comida?
estudiar algún negocio judicial y se abandonaba á la lec- de las plantaciones de azafrán; el nacimiento del ni.fio
-Usted bien sabe, contestó la eellora Belamy, que estura de novelas más ó menos ligeras y poesías muy poco Lenoir; la muerte de la pobre sellora Paquignon; algunos tas señoras no se visitan, oficialmente por lo menos, lo
ortodoxas.
hech&lt;,e más frívolo&amp;; una nueva forma de sombrero des- cual las aflige mucho. Pero es imposible...... á causa
Mas cierto día ¡día nefasto! una cita imprudente hecha crita por una de las señoritas Juglan; uu color de moda de ......... Se detuvo.
por él llamó la atención de la l!efiora Dee~ordes, yabas• para vestido, que elogiaba la graciosa seilora Belamy......
-Quiere usted decir á causa del señor Cha1lier? extante sorprendida de trabajos tan largos y tan poco en Pero agotados todos estos temas, comenzóse á hablar del clamó la eellora Dascordee, En verdad que bastante culrelación con el presupuesto de ingresos de la casa. Apro- prójimo y poco á poco fueron haciendo el gasto loe au- pa tiene mi sobrino...... Pero realmente hay otra causa
vechó ella entonces una ausencia de su marido para sentes. Se buscaron para su inexactitud pretextos verda• por la cual se aleja á la se.flora Charlier ........ .
practicar un cateo en el gabinete de éste. ¡Horror de los deros ó falsos, pero pocae veces venebólos, y en seguida
E inclinándose hacia la sellora Valier, continuó á mehorrores! ¡.A.ydevosotroe, Voltaire, Parny, Mueset y Hu- se pasó á la crónica de sus intimidades, crónica que de dia voz, sin que se le entendieran más que estas palabras
go, Balzac, Jorge Sand y Dumas: conocísteis entonces pronto se decían al oído y se acababa por repetirla en la - ...... El subprefecto ...... ¿Sabía usted?........ .
loe tormentos de la hoguera! Y tú, infortunado Descor- voz más aha posible, en meaio de loe estallidos de risa
-¡No ea posible!
dee, también conociste todo el peso de la cólera de una periódicos y agudos de las eef'ioritae Descordee.
--...... Yo lo he visto!. ..... con mis propios ojos lo he
esposa virtuosa é indignada!
-Vamos, vamos, eelloras, no olvidemos que estamos visto..... .
- ......... ¡Qué horror!
Desde aquella fecha fatal, Descordee había abandonado en una reunión de caridad; decía la señora Belamy que
definitivamente toda idea de resistencia, y resignándose era toda bondad.
- ¡Eh, sefiorl exclamo con vehemencia la eeil.ora Be•
1;&gt;oco á poco, había concluido por sentirse verdaderamen•
-Pues no creo que faltemos en nada á nuestro objeto, lamy...... tened alguna indulgencia para esa pobre mute feliz con esa vida austera á que cada día se miraba eellora, replicaba con su voz de tambor mayor la eeilora jer...... No hay que juzgar por las apariencias...... Y desmás sujeto. Limitóse para lo sucesivo á la lectura de la Valier, que aborrecía á la muilequita rosa. No son loe pués de todo, lleva una vida tan triste! ......
Gaceta Religiosa, al .Almanaque del Peregrino, al Diario de que más hablan, quienes más trabajan.
-Esto quiere decir que usted la disculpa?......
la Oruz; encaminándose así por una pendiente insensible
La rubita miróla con eua dulces ojos de gacela y alzó
- Para disculpar, como para condenar, hay que tener
y constante hacia la dulce felicidad de la beatería.
imperceptiblemente las espaldas.
el derecho de juzgar, y este derecho no lo reconozco en
Diosdada y .Angélica, después de rogar á Dios en vano,
-Hoy no tendremos sin duda el honor de ver entre mí. Me limito á tener piedad de una mujer que sé que es
para que les mandase un marido, se habían resignado nosotras á la seilora condesa de Sennevaux, ineinnó con muy desgraciada. Esta ee mi creencia, mi religión ......
también al eacrificio, buscando en la devoción el coneue- tono agrio una de las dama!!.\
( Continuará. )

18sn

1101\IBRES Y DIOSES
ATILA.-CARLOS XII

I
A vida de Atila debía eecribirse, no

en una historia, eino en una epopeya en idioma bárbaro. Asombró al siglo V, tan acostumbrado
á los asombros, que llegó á creer
que ee precipitaba sobre la tierra
el cuarto caballero del .A.pocalipsia.-«Y apareció un caballo páli•
do; el que cabalgaba en él se llamaba la muerte; el infierno le Be·
guía; le entregaron el poder eobre
1as cuatro partes de la tierra para hacer perecer á los
hombres con la espada, por el hambre, por la mortalidad
y por lae fieras. n
¿Quién no creyera, en efecto, que el ejército de .A.tila
er.. el infierno escoltando á la muerte? Los hunoe fueron
loe bárbaros más feroces: comparados con ellos los vándalos parecían soldados de Atenas. Los godos referían
,que uno de sus reyee había relegado al fondo de la Scitia
a hechiceras que allí tropezarou con demonios errantes
por las estepas. De eu cópula nació la raza horrible de loe
bunos.-uEepeciede hombre, aacido en loe charcos, horriblt,, unido sólo al género humano por la palabra, dice J orMudée.n Ammiano l\Iarcellino los pinta como Plinio describe loe animales fabulosos en su IIistoria natural,· nabla
de sus cuerpos de miembros redondos, do la gordura
monstruosa de sus cabezas, de sus narices aplastadas y
de su barba cruzada por cicatrices que lee impiden crecer
111 pelo. «Parecen b.,stiae de dos pies, ó eeae figuras de
madera groseramente talladas que decoran los parape•
·toa de loe puentes.»
Esas hordas de hombree tenían las costumbres de las
bandadas de lobos errantes en loe bosques. Ni vivían en
casas ni en caballae; cualquier cellidor de pared lee pa•
recia un sepulcro. Loa galos temían que el cielo cayese
sobre eus cabezas, y loa hunos que los techos les estrellasen. Tan desconocido como á las bestias lea era el uso
-del fueg0. Se alimentaban con raices y con carne cruda, amasada sobre la eílla del caballo. l:iu traje consistía
-en una túnica de te la sombría y en una casaca de pielee
de ratones salvajes. Jamás se quitaban esa túnica, que
se pudría sobre el cuerpo y que caía á pedazos poco á po•
. co como el pelo en tiempo de la muda cae del cuerpo de
loe animales. Su vida era enteramente ecuestre; p11,re•
,cían clavados sobre sus caballos, feoe é infatigables corno
elloe. Montados comían, dormlan y celebraban sue consejos. Ni aun la muerte dividía á tan groseros centauros;
enterraban los hunos con eu montura al caballero. No ee
sabe que reconociesen Dios alguno: únicamente los timbales mágicos de lo~ hechiceros despertaban en sus eraneos estúpidos alguna idea vaga de lo sobrenatural. La
guerra era su elemento y eu existencia, vivían del pilla.Je, ee dedicaban á la exterminación, iban á hacer carni•
cerfa como si fuesen á la siega. Su crueldad bestial sólo
se saciaba con la destrucción; después de despojar las
ramas cortaban el árbol, incendiaban la ciudad deápuée
-de saquearla.
En medio del siglo IV, apenas entrevista esa raza fe•
xoz en el horizoJlte del Asia, agujerea el mundo bárbaro.
-.A. su paso recoja todas las tribus salvajes, las poblacio•
ues teutónicas y las nómadas de la Tartaria. La bola de
nieve se convierte en avalancha, la barbarie se hace nación, se personifica en Atila y aparece al borde del Danubio ante la Europa consternada.
¡ Extraila figura la de ese Caliban de la guerra! .A.mal.gama la ferocidad de loe brutos á loe vicios de loa dés•
petas; ea cruel como un jefe salvaje y corrompido como
un viejo sultán; une á la benevolencia mongola la perfidia bizantina; hay en él algo del ogro y del diplomático.
No eólo por medio del terror, eino también por el de la
-astucia, ataca á loe dos Bajos Imperios de Oriente y Oi•
ci&lt;lente. E, tigre se convierte en gak&gt; para jugar con loe
débiles Césares, que reinan en engie sobre el mundo.
Loe esplota, los escarnece, los desbarata, loe adula, los
espanta y loa fatiga con embajadas y con negociaciones
irrisorias; lee pide lo imposible poniéndoles la espada en
la garganta, y Jo imposible le conceden. Roma y Cona•
tantinopla se agotan satisfaciendo los caprichos del
monstruoso. hijo mimado de la fuerza.-U a día notificó
al emperador Teodosio para que le entregase una rica
heredera que codiciaba uno de sus soldados; la joven hu•
_yó espantada, y Teodoaio se vió obligado á substituirla
por oua, bajo pena de invaeión.-Otra vez pidió á Va•
lentiniano los cálices que salvó un arzobispo del saqueo
de Sirmiun: el emperador Je respondió que no podía sin
cometer un sacrilegio, entregarle loe vasos consagrados.
.A.tila ofreció pagarle dos veces eu valor.-«Loe vasos ó la
guerra,» esa fué su respuesta.
Desde el fondo de eu palacio de madera habitado por
un serrallo incnlto y por su pueblo de hijos, ese Khan
Kalmuck alertorizaba al mundo. Los embajadores del
imperio iban á suplicará la barraca real, vagaban mucho tiempo antes de ser introducidos en eue murallas de
planchas y empalizadas. Cuando se presentaban ange
.Atila, se encontraban en la presencia de un hombre pe•
.quello, rechoncho, chato imberbe, casi negro, cuyos o¡os
resplandecían de cólera.
Priecue, que formó parte de la embajada que envió el
emperador Teodosio al rey bárbaro, nos ha ,ransmitido
la descripción de esa corte casi fabulosa. Noe presenta á
Atila entrando solemnemente en su capital, por debajo
de velos blancos, eosteaidos por v1rgenee. Cuando pasa
.porcaeadesuminietro Onégese,saleuna mujer rodealade
sirvie.atae, qui:, llevan platos de carne y una copa de vino. Esa mu¡er se aprvxima á Afüa y le euplic.1 que prue,
be la comida que ha preparado para él. Atila consiente,
,haciendo sella! de ello, y enronced cu.1tro hombres levan•

EL MUNDO

tan hasta la altura del caballo una meea de plata, y ein
desmontar el rey bebe y come.
Algunos días después Atila convida á la embajada á
un gran banquete. Los romanos entraron en un comedor,
en el que había asientos y pequeñas mesas. En medio se
levantaba un estrado que soetenfa la meea real y la cama
donde Atila estaba tendido. A un pie estaba Ellak, el
primogénito de sus hijos, en la actitud de un esclavo, silencioso y con los ojos bajua. Sirvieron á los convidados
en platoe de plata, y se les vertió el hydromel en copas
de oro; pero el servicio de Atila era todo de madera. A
la mitad de la comida ee levantaron dos bardos y cantaron en lengua númica las victorias del rey. El hlmno
exaltó al auditorio; entusiasmo frenético ee apoderó de
loe b:irbaros, gritos se escaparon de sus pechos, y lagrimas saltaron de eue ojos; los rostros tomaron la expre•
eión furiosa del ataque y de la defensa; la sala parecía
un campamento que iba á tomar las armas. Un bufón
llegó al momento, y sus gestos y contorsiones hicieron
lanzar á los bárbaros grandes carcajadas: t&gt;n medio del
tumlto Atila permanecía inmóvil, y presidía en silencio
la ardiente orgía. tiólo cuando Ernak, el más joven de
eue hijos, entró en la sala, un rayo de alegria iluminó
su sombría fa:i:, sus ojos se dulcificaron, y atrajo á sí á eu
hijo acariciándole y tirándole de la mejilla.
A. la embajada de los Césares, Atila contestó: Doe men•
sajeros hunos se presentaron en el mismo día ante loe
emperadores Teodosi0 y Valentiniano, con el encargo de
decir al uno y al otro:-«.\.tila, mi seflor y el tuyo, te
ma::ida que le prepares un palacio, porque va á venir.u
Llegó en efecto en el terrible ailo 451, predicho por
los cometas, por eclipses de luna y por nubes de sangre,
en medio de los que se entrechocaban fantasmas armados con lanzas ceatellantes. Jamás el mundo estuvo tan
inmediato á su fin. Lo de Atila no fué una invasión fué
un diluvio.
Hunos, alanos, gelonee, ostrogodos, gépidoe, avaros,
búlgaros, turcos, hunnigaroe, la oarbarie en fin en maea,
ondeaba al rededor de Atila. El rein,., entero de los animales, insurreccionados contra el hombre, y aliándose
al rededor de un monstruo dotado de voluntad y de inteligencia, daría apenas una vaga idea del peligro que
corrió la civilizae;ión en esa sombría fecba . .l!;n pocos
días las dos Germanías y las Galias desaparecieron bajo
un torbellino de caballos y de cabalidros. Los pueblos
huyen á la desbandada ante esa tempestad humana, que
pilla, pulveriza, mata, deevasta eaqutia, y acaba por que•
mar lo que no termina la eijp.1da . .J:'or todae partes no se
oye más que el ruido espantoso de las ciudades que caen
y el hipo de la agonía de las naciones deg~lladas.
La sangre corre y forma torrentes, lae ciudades se va•
cían, los bosques ee llenan y la tierra cultivada desapa•
rece bajo el nivel de la destrucción, como si desde el fonde del Asia, loe hunos hubiesen traído el desierto y lo
hubiesen desarrollado como uaa sábana sobre el mundo
antiguo. El huracán que ha desencadenado metamorfosea a Atila y aparece alumbrado por el resplandor de las
ciudades incendiadas, bajo la forma de una bestia quimérica. Unas cróniMs le describen con cabeza de asno,
otras con hocico de puerco, y algunas le privaban de la
palabra concddié.ndole sólo sordos gruñid,is. La tradición
consagrada ve en él una vara bíblica, uaazote, que pulveriza las naciones y que agita la mano de Dios desde lo
alto de las nubes. JJ;t miemo acepta con orgullo tan si•
nieet10 sobrenombre. C11ema la leyenda q11e A,ila, oyéndose llamar por un ermitallo «Et azote de Dios,n sal,an•
do sobre 1a silla del caballo en un acceso de infernal alegría, gritó: «El destino sucumbe, la tierra ee estremece,
porque yo soy el martillo que golpea al mundol»-.A.sí le
llaman los obispos, que le esperab.in de p;.e á su paso con
la mitra en la cabeza y la cruz en Ja mano, á las puertas
de las ciudades. Loe apóstrofes que le dirigen llevan el
sel!o del respeto; loe hombres del evangeho, exorcizán•
dole, saludan al dragón del Apocal1psie. -«Quién eres tú,n
le pregunta San Lup desde lo alto de los muros de Troyee. «Quién eres tú que dispersas loe pueblos como pa¡a,
y rompes loe coronaa con los cascos de loe pies de tus caballo?.. -«¡Soy Atila, el azote de D1os!11 -«Sé, pues, bien
venido, azote de Dios, yo soy tu servidor,» le contesta el
obispo. «No te detendré en tu camino.u Y desceadiendo
acompallado de eu clero, y abriendo las dos bo¡as de la
puerta de la ciudad, toma por la brida el cab.1110 del rey
de los hunos y Jo introducd en ella. «li:otr.1, le dice, azo.
te de Dios, y marcha á donde eu brazo te diriji1.» Atila
entra con su ejérc1&amp;0, pero un velo sobrenatural envuelve la ciudad; un milagro la oculta á lod ojoe de loa bá.rba•
ros, y la atraviesan creyendo recorrer una vasta pradera.
En eso quizás se hubiera convertido el mundo occidental, si en loe campos catalá.nicos Aetius ao hubiera vtln.
cido :i Atila. B.1talla gigantesca cuyas p:oporcionee
asombran. Produjo doscientos mil muertod¡ la sangre
saltaba formanjo cascadtis en el lecho de un arroyo, q11e
transformó en río. .A.tila ee resguuda detrás de sus ca•
rretaa, mirando con ojod e10ies,rvd y ébrio de rabia, á un
montón de sillas arJ1eado en el que piensa arro¡arae si
el enemigo invaie su campamemo. Astius sobrepuja á
l\Iario, é iguala a &lt;Jésar en esa luch.1 épica, en esa g¡gantomaob1a del EJda, y la gloria ein emoarg&lt;&gt; alumbra apenas su nombre con duiodos rayos. L.1 hldtona es in¡us•
ta por que no levanta altares á esos héroes de la últ1m1
hora, á PrJbue, P&lt;&gt;sthum11s, Stilicon y Astius, que tan
magnificamente eoituv1eron el choque de lo.! b..1rbaros
y forzaron, como Jos11é, al sol de la civilización rom!lo~
á retardar su sangriento ocaso. E.! propio dd la barb.uie
crear las tinieblas á dU alrededor; hombree y cosas ee
obscurecen al acercarse á ella; la civilización ee barb.1•
riza combatiéndola; la plaga de las tinieblas se cierne igual•
mente sobre los vencidos y sobre los venoed.&gt;res. N1 las
v~cto~iaa consegui~as sobrtl la birb.uie subyugan la:mag1nac16n. Sus clannes lanzan roncos gritos, sus laureles
1100 espinosos como zarzas. No dejan tra3 des( ninguna
huella, como li c:1za de los lob.&gt;s e.:i las e3p3suras d,i los
bosques.
R~chazado de las Gilias, el azote de Dios ee arroja so•
bre Italia y la extermina. L,s ciui!ldea arden, los h'Jm·
brds caen por hi1cea, loa pu~0Jo3 huyen hi1sta el mar. J&lt;.:l

horror .no varía á tra vée de su fero:i historia, es enojosa
la lluvia de sangre que derrama. La carrera de Atila tiene la monotonía del infierno.
Se retira por fin á su retiro y entra en él harto de car·
nicería y cargado con loe despojos del mundo. llluere de
la muerte de Holofernes, en su lecho de bodae, degollado
por una Judit germánica. Su ejército aulla al redtdor de
su tienda fúnebre como un montón de perros de caza al
lado del cuerpo del cazador que los ha ahitado dti mon•
terfa. Su ejército mató :i los esclavos que cavaron la
tumba de .A.tila; basta eu cadáver asesinaba.
A pesar de tanta conqui•ta, dd tanta exterminación y
de tanta batalla; á pesar del espantoso ruido que hizo
Atila sobre la tierra, no logró elevar3e á la verdadera
grandeza. Sólo hay gritos en eu fama; eu nombre eue~a
vacio de sentido; eu historia forma parte de la histona
natural de loa azotes ffeicoe. No es más humano que un
temblor de tierra, ni que la errupción de uci volcán. La
potencia de trastornarlo todo que residla en él, tenla algo
de inconciente y de maquinal. Fué demasiano fatal para
ser odioso y demasiada impersonal para ser culpable. La
historia ni aun le acusa; le descarga de toda reepousabilidad y de todo per¡u•cio, y le remite á h naturaleza,
de la que él fué uno de los agentes destructores. Déehonrarle y condenarle sería imitará Xerxes cuando golpeaba con varas al elemento enfurecido. El asesinato de
Clytua deshonra más á Alejandro que la sangre de un
mundo despoblado mancha á Atila; pero ta111bién el me•
nor combate griego, inspirado por la virtud cívica y por
el heroísmo, eobrepujaá todas las conquistas del Bárba•
ro. El soldado de Maratón, agitando Ja palma, ed más
grande que Atila, recibiéndo á loe reyes y á loe patricios
montado sobre su flaco caballo, cuyo galope desecaba la
tierra.
No ee pues, en la historia que le coloca entre los fósi•
les de sus periodos caótic:ie, sino en la leyenda, donde
.A.tila adquiere eu verdadera existencia. Cada pueblo se
apodera de eu tosca figura y la modela según sus instintos. L!\ halia la degrada, la Alemania la idealiza. Mien·
trae la tradición latina combia á Atila en espectro ó en
monstruo, loa poetas germánicos hacen de él un rey afa•
ble y neutro, que preside á los acontecimientos ein mezclarse mucho en ellos, como Agamenón en la Iliada y
Cario Magno en la tabla-redonda. Transformación imprevista! ~I ogro se convierte en patriarca; el aeeeino
del mundo llega á ser el juez de paz majestuoso de las
querellas de loe Nibelungos.-L1 Hungría hace más; tra•
tli con respeto füial al salvaje abuelo de su raza. El Atila de las leyendas magyaree, ea santo como D.1vid, sabio
como Salomón, magnifico com Haroun al Raachid. Ya no
es el Papa León el que le detiene á las orillas del Tiber,
sino el mismo Jesucristo que descendiendo del cielú,
trata directamente con él y promete á su posteridad la
corona de Hungría como rescate de Roma.

II
Se ven en la historia resurrecciones de tipos y de carac•
teres que llegan :i hacer creer que han existido los Avatares de la fáoula indiana. .A.4milquinientos aflos dedis·
tancia, Atila reaparece en el Norte bajo una nueva for.
ma, más concreto en su acción y moviéndose ea más
pequefio círculo, pero animado del mismo furor d~etmc•
tivo. Carlos XII, rey de Suecia, es en el siglo XYH un
.A.tila extraviado.
C.&gt;mo el rey de los Hunos, naia tuvo de humano ese
soldado implacable, que hacia la guerra como ee hace
gimnacia, por pura necesidad de ,emperamento . .A. los
diez y ocho afios entró en la tienda de campaña como
un monge entra en en celda, para no salir ya de ella.
Verdadero monge fué en efecto, que pronunció votos
terribles ante una de esas Walkyries sanguinarias que
había adorado su nación. L1 mujer que ea «más fuerte
que la muerte» segúa loe sagrados libros; la mujer, que
enervó á Sansón, que encantó á César y que hizo llorar
á Alejandro, no entró jamás en eu corazón, cerrado como una ciudadela. Permaneció virgen como la muerte,
su única querida. El rey de Polonia envió á su amada la
condesa Aurora de Krunigemark, una de lae bellezas de
dU siglo, para ablandar al conquistador irritado; pero .no
obtuvo de él ni una eo:a mira&lt;la. Encontrándole un día
en un sendero estrecho, descendió de la carroza y avanzó
hacia el rey; éste la saludó bruscamente, dió otra direc•
ción á la brida del caballo. y desapareció: esa fué la
única audiencia que pudo conseguir.
Examinadle bien y no encontraréis ni una [eola vena
de carne en ese hombre de bronce; p~ra él no existe ni
la mesa, ni el lecho, ni loe placeres. No bebía vino; durante su campafia de veinte afl.os, como David en el de•
eierto, sólo bebió agua del torrente, po¡¡ada con un casco.
Su grosero tra¡e azul con botones de latón le duraba
tanto como el hábito á un monge. Los reyes de los cuentos de hadas no dejan jamás la corona; él solo se quitaba
las botas para dormir aquí y allá. Tenía la superstición
de que eran eue botas las que le hacían recorer la Euro•
pa á grandes pasos, y sólo habló de ellas al rey .Augusto
en la conferencia que le concedió en Guteeborf, después
4!1ª lo derro~6. El Senado de Suecia le suplicó que vol·
viese á su rerno, que tan largo tempo estaba privado de
eu rey; y él le respondió enviando á Stocolmo una deeue
botas para que ocupase el trono y gobernase por él; rhis·
te que el Senado no quiso que volviera á repetir.
La guerra fué su religión; para practicarla dignamente
se imponía maceraciones ascéticas. Le dijeron qu11 una
mujer había vivido muchos meses bebieado agua por
todo alimento, y tuvo deseo de sufrir esa ruda aostinen•
cia, como hubiera podido tener 111itrídates el capricho
de probar un veneno nuevo. P.ieó sin comer cinco días
enteros, después hizo una comida de ogro y volvió á en
vida habitual.
El m(eticiamo de la gloria puede explicar solamente
t!;'l caracter y tal a~stracción de las alegrías y de las pa•
e1ones de la humamdad. Parecía que habíá .utcho voto
de pobreza como de abstinencia; el dinero era para él
nada m:is que nn me:lio para fundir balas y forjar caño•
nea. ,u~ tránsfuga que hizo prisionero yquecondenaron
á la ul~1ma pen1, p10p.1ao q.id ei le perdonaban la vil,:1.

�EL MUNDO

revelarfa..el secreto de hacer oro, que fabricaba en la
prisión con recetas de alquimista. La materia que se en·
contró en su calabozo ere de buena clase y de excelente
peso El Senado pidió al rey su perdón. ¿La piedra filosofál no valía una cabeza rebelde? El rey, indignado,
respondió á la propuesta del Senado adelantando el día
de la ejecución.
.
Las monedas informes acuñadas ba¡o su remado le re·
tratan mejor que las más perfectas medallae. Consisten
esas monedas, en anchoe cuadros de latón, que llevan la
estampilla del sello real en loa cuatro ángulos. Verdaderas monedas espartanas, que parecen hechas de prisa,
para ocurrir á las necesidades urgentes de la guerra, de
montones de atmaduras recogidas en el campo de ba•
talla y fundidas al fuego del vivac.
Descomponed la organiz~ción eecéntrica de Cario.a ~JI
y oo encontraréis en ella DI aun el reeor:e de. la am b1c1ón.
Hace limosna de EUB conquistas; dá á loe demás las provincias de que se apodera, y no se digna recojer las coronas que hace saltar. Su reino no ea de este muodo;
combate por combatir, por un ideal abs~racto é inH!ior.
Loe coLquietadoree más desenfrenados tienen un ob¡eto,
un plan, una codicia. Hae~a hace hinchar las na!ices de
Jobo de Atila las voluptuoa1dades romanas. La idea de
la eatención ocupa el cráneo estrecho deTamerlán; auefia
en una Asia mude, vacía y despoblada, en la que puede
reinar y acostarse á lo la1go de ella. Pero Carlos XII no
desea más que un sitio para su campamento y terreno
para una batalla. .su ':sga.mundo ejércit~ de Norte á
Orieote no revela DI un maunto político, DI un deseo de
engrandecimiento, ni un pensamiento d~l porvenir. El
rey vive atado á su caballo, como su amigo Mazeppa y
se deja llevar á través del mundo.
Es vencedor ó vencido con la misma indiferencia; una
derrota csuea tanto ruido como una victoria, y él solo
pide á la guerra ruido y humo. Su bravura no es ardien•
te ni apasionada, el peligro ea su elemento; la paz le hu•
biera muerto como el agua dulce mata á los peces de
mar. Necesitaba para vivir el ruido del cafión y el olor
acre de la pólvora. Después de la defenea de Beuder, en
la que sostuvo como otro Rolando furioso el asalto de un
ejército; cuando en fin, sucumbió al número, con el roe•
tro moribundo, las peetafiaa quemadas por la polvora,
sonreía á los genfzaroe que lo llevaban con calma, dichoso, visiblemente tranqmlo, como el hombre á quien la
sangre ahoga y que respira después de haberse sangrado.
«La pieza ha terminado, vamos á cenar,» di¡o á uno de
sus generales, cuando la guerra, fatigada de jugar con
él, le hirió para concluir de una vez, de un balazo en la
sien. Erna palabras juzgan y defienden su reinado teatral, que verdaderamente no tuvo nada de real, nada de
histórico, y que no fue más que un drama romancesco,
representado por un hombre para su propia gloria. Fué
la fantasía del desierto árabe trasportada á las estepas
del Norte; cargas á fondo, blandimiento de espadas, salvas de fusiles, choques de sables, nada. El torbellino
pasa, cae la nieve y la arena se nivela. ¿Lo que acaba de
suceder ea una visión ó u11a realidad ...... ?
Qué queda de Cárlos XII? Un nombre que resuena en
el oído como un tiro de cafión, pero que no habla al co·
razón ni á la inteligencia. Su deslumbrante espada carecía de filo; en ninguna parte se quedó grabada. Fué el
instrumento de un virtuoso militar y no el arma de un
gran hombre. Una armada errante á la que no guia ni
un Dios, ni un principio, ni una nueva civilización, pa·
ea como una tribu nómada con el silencio del Sabara. Si
la gloria del héroe sueco es estéril, su carácter queda como uno de loa asombros de la historia. Un rey que á loa
diez y ocho afioa parte de su capital para batirse hasta
la muerte, sin pausa, sin tregua y sin volver, arrojándose sobre la Europa con un puñado de hombree, como
Alejandro á la cabeza de su cuadrado de macedonioe, en
el infinito del Oriente, deslumbrará siempre á la imaginación. Se comprende que una sultana le aoliara desde
el fondo de su serrallo. Le llamaba su leon.-«¿Cuando
tú, decía ella al sultán Achmet, ayudarás á mi león á devorar al Czar?.»
La época en que se a¡zitó su destino eacéntrico, rehusó
su prestigio. Cárloe XII no aparece como fabuloeo dios
del Edda en medio de la Europo política y diplomática
hasta el siglo XVIII. Era verdaderamente un extraviado en el munJo moderno. Era un héroe del, Norte bárbaro y pagano. A pesar del libro de oficios, encontrado
después de su muerte en el bolsillo de su unifor.ne no
ea al cielo cristiano donde él debió ir, sino al par;íeo
sangriento de la mitolo_gía escandinava, en el que los
guerreros ee cortan en p1_ezae durant~ el día, y cuando
llega la noche reunen Y a¡ustan tan bien eue miembros
esparcidos, que cenan reunidos en la mesa de Odin comen en el mismo plato el tocino del jabali Serimn~r y
brindan coa cráneos llenos de cerveza fermentada.
PACL DE 8.AINT--VIC'l'OR.

Te ví una sola vez pero mi mente
te estará co.otemplando eternamente.

*

**
.A.l verte aborrecida,
notarás, recordando cierta cosa,
que á todas nuestras faltas en la vida
las liga una cadena misteriosa.

LOS VERSOS DE AMOR

En su cuarto, acodado en la m€sa,
A la luz del crepúsculo, presa
De un rapto febril,
Con la pluma en el puño nervioso
Ve el poeta el intacto y lustroso
Papel de marfil.
Al recuerdo ideal de su amada
De su mente intranquila y nublada
Se borra el capuz,
Y del sol á los rayos murientee,
Sn pasión cristaliza en ardientes
Estrofas de luz.
Una gota de llanto y mil besos
En el fino papel deja impresos
Con casto fervor,
Y arrojando la aurlfera pluma
Con Violeta de Parma perfuma
Loa versos de amor.
En sutil peinador vaporoso,
Consuhando el reloj perezoso
Con honda ansiedad,
En el viejo sillón de caoba,
Recostada, lo espera en la alcoba
Su blanca deidad.
Su imposible ventura soñada
Del tranquilo mirar de su amada
Contempla al través,
Y con trémula voz insegura
Lee el poema de inmensa ternura
Sentado á sus pies.
Pide al bardo el billete la hermosa,
Y doblando la frente radiosa
Om tierno candor,
Deposita en sus senos inquietos
-Urna blanca de caros secretosLoa versos de amor.
EFRÉN REBOLLEDO.

LOS QUE NOS QUIEREN

-en la mayor parte de los casosquien principia su razonamiento
afirmando que quiere mucho á determinada per8ona, concluye el
discurso diciendo pestes de la per•
sana misma?
«Cuidado ( he oído millares de veces) cuidado, que soy buen amigo
de Fulaoo y le quiero 1Duy de veri.s,
porque eso sí, él merece por muchos concei;&gt;toa ser querido, y tiene condiciones de carácter que hacen agradable
su trato, y es buenazo y simpaticon, y leal como pocos, y
noblote y desinteresado como ninguno.»
Pues bien, de cada cien veces que eso he oído, en las
noventa y nueve llegaba, inmediatamente después del
preámbulo, un pero que destruía todo aquel ar!Ilastrote
de hiperbólicas alabanzas. Por eso siempre que alguien
me cueota, sin venir á cuento, que estima á és,e, ó al otro
ó al de más allá, me pongo en guardia, temiendo que lo
de aquella estimación venga á parar en avisarme &lt;le que
este y el otro y el de más allá son unos bribonee, que1De ·
recían estar en presidio. Y casi siempre acierto.
1Mal haya el inventor de aquel rdrán tan repetido:
«Quien bien te quiera, te hará llorar," que, sobre será todas
luces inexacto, sirve de pretexto y de estribillo á todo el
que se propone mortificarnos y lleva á cabo su propósito
con las circuoatanciae agravantes de obrar sob1e seguro,
con premeditación y alevosía y enaafiamientol
Al amparo y bajo la salvaguardia de ese refrán dicho·
so, han caído sobre mí las pesadumbres y los sinsabores
más horribles de la vida.
«Soy tu amigo, tu verdadero amigo, te he querido aiem•
pre, y el cariño que te profeso me impone el penoso de•
ber de decirte escuetamente la verdad, por dolorosa que
sea. A los amigos se les debe, ante todo, sinceridad y
franqueza, y siéndolo tuyo, necesito decirte........ » Tal ó
cual cosa, siempre muy desagradable, por supuesto.
1Oh, lector mío de mi almal Estoy seguro, segurísimo,
de que habrás escuchado, en circunstancias muy tristes
de tu existencia, como las he escuchado yo, esas frases,
precursoras siempre de una noticia muy mala, de una
censura muy cruel, ó de un disgusto muy gordo.
¿Y loe que tal hacen ee llaman nuestros amigos! ¡Y dicen que nos quieren mucho! ¡Hipócritas! ¿qué han de
querernos? Pues si nos quisieran, no procurarían molestarnos.
Recuerdo ahora unos versos de Rodríguez Rubí, que,
si bien se refieren á otro asunto, no dejan de Yenir á pelo.
Babia un marido que acaba de teni,r un disgusto con
eu eepoea, y dice:
"¡0 hl ¡por vida de mi nombre!
Y aun me querrán sostener
Algunos, que es la mujer
La companera dt-1 hombre;
La que dones verdaderos
Reparte y dichas comple~,
Como dicen los poetas........ .
!Trapalones!...... ¡Embrn;terosl"

*
**

***

DOMINGO I? de AGOSTO de 1897

Pues digo lo mismo: ¡trapalone~! ¡embusteros! loe .que~
disfrazándoee de zmigts n,uy ca!1fiosoe, no desperdician,
ocasión de proporcionarnos u~ disgu~to.
No me olvidaré nunca de m1 tío N1comedea, que tam•
bién según él afirmaba, me quiso mucho, Y que justamente por tao, por quererme tanto, me hizo eaborea.r
muchas amarguras. Dios se lo haya pagado en la otr!' vida, mejor que yo ee lo agradi,icí en ésta; porque, e1 no,
aviado está !Di señor tío.
El cual tío era partidario acérrimo del ya repetido refrán que ensefia-¡peregrina enseñanzal-que para que·
rer bien á una persona es necesario darles dieguatoe, y
profeeaba-¿c6mo no?-la opinión caritativa de nuestros
abuelos ( que santa gloria hayan): «fo letra, con sangre entra:,. y, como es natural, no iba una sola vez á casa ( y
cuema que iba muy frecuentemente dos ó tres veces al
día) que no me ocasionase una contrariedad ó una mo•
leet1a. Y el muy ...... tío de mi corazón alardeaba de ello,
y parecía afanarse cuando advertía el miedo, mezclado
con repulsión, que yo Je demoetr~ba.
.
El buen señor estuvo á matar siempre con mis padrea
po1que me consentían y mimaban demasiado, y les repetía a melludo-aiempre delante de mí y de modo que yo
pudiera enterarme bien de lo que co~taba-que tod~a l~S ·
niños mimados son luego unos perdidos; que loa ch1qm•
!loa son de la piel de Barrabás; que es menester contra•
riarlos en todo, absolutamente en todo; que dándoles
gusto, aún en lo más insignificante, se los educa mal; y
que el arbolito, cuando no lo endereza~ desde pequeño,
cnce torcido, y torcido vive toda su vida. Esto del ar·
bohto lo di¡o tantas veces, que tenía yo un arbolito plan•
tadn, como dice el vulgo, en la misma boca del estómago.
Y dale con que era de absoluta necesidad combatir,
desde un principio, todas mis inc!inacionee, sin lo cual
ealdria yo de la infancia hecho un adolescente voluntarioso y testarudo y dominante; y torna á que habla que
oponerse sistemáticamente á todos mis deseoe, para que
yo fuese acostumbrándome asi á las penalidades de la
txistencia, sin lo cual los sinsabores que el mundo y la
sociedad n servan á todos y á cada uno de sus miem\Jros
me pillarían desapercibido.
Mis padres 1pobrecitosl entendían las cosas de muy di•
ferente manera; es natural, ¡me querían tanto]
Era suficiente que mis labios se plegaeen un poco for•
mando esa mueca infantil precursora del llanto, para
que se apresurasen á.complacerme; y así, á pesar de esta,
yo rompía á llorar, volvíanse locos de pena y no sabían
qué hacer, ni cómo arreglarse para enjugar mis lágrimzs.
Reconozco y confieso que yo solía abusar y que abuea•
ba tiránicamente de aqud poder-pues de sobra me eia
conocido -de mis llantos y de mis sollozos; pero declaro
también que aquellas complacencias, tal vez excesi va8,
de mis padrea, ni entibia1on jamás Lmi amor hacia e1Jo
ni menoscabaron el respeto, rayano casi en la idolatd~,
que ambos me inepiraban.
En cambio, á mi tío Nicomedee no podía yo sufrirlo.
Me fué siempre odioso, y-¿para qué negarlo?-hoy mismo, ya que no aborrecible, me ea desagradable su memoria. Y falleció el buen señor hace lo menos cincuenta
afioP.
-Estais echando á perder á este chico-repetía á to•
das horas,-lo mimais demasiado; ea menester que aprenda á eopo1tar contrariedades y disgustos: es preciso que
sepa poco á poco lo que al cabo sabrá mu~ho á mucho:
que ea~e ea un valle de lágrimas y no un jardín de recreo.
-Tiempo tendrá el pobre para saberlo-replicaba rui
bondadosa madre;-todc&gt;a lo hemos sabido y eso se
aprende pronto. Pero ¿á qué anticiparle al pobre mucha•
cho esas dee¡¡;raciaa? Ellas veml.rán cuando hayan de ve•
nir, y entonces, cuando Dios las envíe, que vengan; pero
atlora, cuando estamos aquí nosotros para evitárselas,
¿por qué, ni para qué hemos de disg11&amp;tarlo?
-l:'ara que Stl acobtumbre á difgustos mayores-replicaba el implacable pedágogo......- Y, perseverando tn
su afáo de contrariarme siempre y en todo, consiguió
hacerme hipócrita y me.o iroeo.
La perspicacia infantil suele tener alcances que los viejos no sospechan, porque han olvidado ya cómo discn•
rrían cuando nifioa: muy poco'!! años tenía yo cuando me
convencí de que si á mis padree, e.o quienes adoraba, podía pereuadirloe con cuatro lagrimitaa vertidas á tiempo,
con mi tío se reducía todo á disfrazar mis deseos, á fi ugirme contrariado por lo que más me halagaba, y entoucea, era coBa sabida, mi tío, consecuente con su sistema
de educación por el rigor y la severidad, me daba gusto
sin saberlo, como sabiéndolo me lo daban mis padrea......
A éstos yo se loa agradecía y loa respetaba cada vez m&gt;1s,
y al tío gruñón y descontentadizo, que jamás tuvo pi,r.i
mí ni una palabra agradable, ni una muestra de afecto,
llegué~ j~zgarlo hombre d-e mal corazón y de muy poco
entend1m1ento.
Y io bueno del caso es que mi tío me quería mucbfoimo, él lo decía, al menos. Sus hechos no lo demostraban, ea verdad; pero el tío Nicomedes no cesaba de repetu que yo era su sobrino predilecto. Y por eso, bin
duda, fuí siempre el sobrino á quien regafió más y más
ásperamente.
Pues anden ustedes que, rodando los tiempos, y cuando ya mi cariñoso pariente había entregado su alma á
Dios, tropecé, en castigo de mis culpas, de las más g&lt;.rdas indudablemente, con un profesor, comparado con el
cual, habría parecido el tío Nicomedes un padrazo de los
más débiles y bonachones.
Y, por supuesto, me quería mucho también, tanto me
quería, que no dejaba pasar un dfa sin darme media do•
cena de desazones. Ni por casualidad se mostró nm,ca
satisfecho de mi aplicación ni de mi asiduidad: decía él
á mi padre (y éste me lo cantaba para estimularme) que
yo estudiaba mucho y aprovechaba bastante· pero que á
los chicos no hay que decirles eso, porque se' envanecen
y se hacen presumidos.
M~ch_o me qu~:rí~ también, como que era mi amigo
más rnt1mo, casi m1 hermano, el que muchos años desp11es me enteró de que mi novia (¡mi primer amor!) me
engañaba.
Aquello fué cuchíaimo más doloraso que todas las ri0

STEDES no han advertido cómo

De ?ºª mujer como Virginia, honrada,
lo me¡or que hay que hablar ea no hablar nada,
La mujer cuando olvida es que aun aprecia.
El hombre que perdona ea que desprecia.
CA)IPOAMO:R.

DOMINGO 1? de AGOSTO de 1897

No estoy seguro de haber reproducido loe versos con

t?da exactitud, porque, según costumbre, cito de memona; pero, vamos, de que dicen algo muy parecido á eso,

reepondo..

fiaa del tío Nicomedea y todas las aobarbadaa del catedrático. Después resultó que lo del engaño no era exacto. Que mi amigo querido, á quien su ~ntra~a~le carifio
hacia mí inspiraba siempre, babia visto v1s1onea y se
había equivc,cado. Pero ¿qu~ babía~os de hacerle? él se
creyó obligado, á fuer de amigo ínumo y por quererme
tanto, á darme la infausta noticia, y me la dió; no faltaba otra cosa 1
Más habría valido que antes de dármela se hubiera
enterado roPjor: pero el interés que por las cosas de un
amigo á quien tanto quería se tomaba, le impidió proceder con más detenimiento.
¡Son tan diligentes algunos carilloeoe amigos para ea_o
de comunicar las malas nuevas! y los hay que basta pl•
den albricias; indirectamellte, por supuesto.
Despuée, dtspnée...... he terndo muchos amigos que
no me han qutri&lt;lo tanto y que nada malo me han hecho;¡ pero los que más me estiman, lo que es eso-, continúan ocasionándome cada deaavlo ...... l
Uno excelt-ote y cumplido caballero, hombre cuya
palab~ equivale¡\ una escritura pública, formal como
pocos en sus tratos, que se perece por hacer favores á s·1
prójimo y por conducira~ correctamente con t~do el mu_n•
do, ea amigo mío, ~e quiere m.ás que á nadie, ~e d1s•
tingue como á nadie, me aprecia lo que no ea decible, y
esto me lo repite siempre que hay ocasión, y aunque no
la baya; y me lo repite de viva voz y por escrito y de to•
das maneras; pero justamente yo, e, amigo querido, el
entrafiable estimado, és la persona única para quien, por
excepción, e~e hombre excelente y bueno y formal, ni
ea foTmal, ni bueno, ni ex&lt;!elente.
.
y es por eso; porque me quiere mucho. Y ¿qué he de
hacer yo con quien tanto me quiere y así me distingue?
Pues nada; lo que hizo el pobre Becquer, según dice
en la composición que termina:
-¿Quien medió la noticia?-rn fiel amigo,.
¡Me hacia un gran favor! ...... Le di las gracias.

Pues eso: darle las gracias es lo único que puedo bacer.
Pero desde ahora, cuando algún amigo vuelva á decirme que me quiere mucho, no a .. jaré de replicarle:
-¿Me quiere usted mucho! Corriente: yo se lo agradezco; pero, si le es posible, hágame el favor de no quererme tanto.
J;.. S,\NCUEZ PÉREZ.
MEDIO DIA,

%LEJOS!

ALOR! La atmósfera densa y bochornosa todo lo enerva. No hay una sola planta que no se
incline mustia y
desfalleciente al
sentirse fustigada
por las ráfagas de 1
sol, de un soltropi•
cal que caldea en
el ct&gt;nit con revetberaciones de incendio. Loe tordos
- como un roto collar-ee dispersan
en el eepacio; llevan el buche repleto de granos, pero
sin una gota de agua. Lástima infunden con sus alas en•
iorpecidaa y con sus voces roncas, que parecen clamar
lastimosamente por un arroyo en donde hundir los abra•
eados picos.
Qué calor! En la vecina sementera encorvados sudan
á chorros los segadores, y en las plateadas bocea y e~ las
áureas gavillas de trigo hacinado, la luz arranca chispas
y relampaguea vlvidamente. Por todaa las be cae de la
tierra se e~capa uo hálito lujurioso, que hace reventar las
crústulas y desprender algunas bojas.
El silencio ee profundo: sólo el zumbido de la mosca y
el chirriar terco y monótono de la cigarra lo interrumpen á veces. En loa barbechos, tardas, perezosas y soño·
lientas atraviesan las yuntas, acosadas comtantemente
por la pua de la garrocha y el piquete del tábano. Allá
van: levantan de cuando en cuando la noble cabeza haciendo rechinar la coyunda, clavan las glaucas pupilas
en loa lejanos horizontes, estiran el cuerpo, se humedecen los belfos con la lengua y arrojan por la náriz, con
resoplidos de fuelle, chorros de vapor como escapados
de una gran válvula. Y así cruzan la tabla de uno á
otro extremo, abriendo el surco con fatiga brutal.
Por la colina, otros bueyes recién desuncidos, jadeantes de fatiga, sudorosos, sedientos, se acercaron á abrevar al río: se empinan, hunden sus bocieoa en las diá•
fanas ondas y saborean á sus anchas el frescor de la
linfa.
La naturaleza tiene fiebre; á eu calor todo renace á la
vida: la savia bulle v circula como sangre joven por las
venas de los vegetales; estallan loe retoños esparciendo
~fluvios; .~e estremece el ai;e en el huei·o y el feto se sacude en
w.s entrañas.........
Y el sol sigue arrojando centellas de lumbre; de la
tierra reseca y agrietada, surge una onda de la vida que
cuaja el grano en la panoja, tuesta las ramas de las frondas y hace que se retuerzan crugiendo loa brefiales.
Es la hora en que Natura tiembla y se deemaya con
1&gt;epasmos de histérica; la hora propicia para reclinar la
la frente en el seno blando de una virgen y sollar........ .
Eofiar mientras su mano nos acaricia mavt-men1e el roa·
tro ó se entretiene jugando con nuestros cabellos......... .
JUAN B. DELGADO.

¡Vibre, vibre la música apolínea,
Y zumbe y zumbe con rumorea de ala! ......

Ya la noche desciende: El ave busca
diberbe tibio en las enhiestas palmas.
El día es sombra que la mente ofusca,
y la noche la aurora de las almas.

Lleno de admiración ruda y extraña
quíaele dar al genovés un premio;
y conmovido, me aranqué una entrafia
y la arro¡é á las plantas del bohemio.

¡Cuán bella, ob noche, estás!. .. desgarra el velo
que á mis ojos te cubre, angel proscrito.
De dos almas la unión festt-ja el cielo;
nue~traa nupcias celebra el mfinito.

Bruecoa corceles que rompéis las trancas,
fantasías sin fin, mentes altivas;
¡para vosotros mis espumas blancae,
para vosotros mis entrañas vivas!. ..

¡Ven á mi lado. ven! La luna asoma
y nos bendice Dios. Sigue mis huellas:
las flores todas nos darán su aroma,
y sus fulgores todas las estrellas.

Recordar e.~ vivir. ¡Oh pensamiento
rompe tus ligaduras, bate el alal
Despiértate á la voz del sentimiento;
sea la escala de Jac-,b tu escala

JosÉ SANTOS CnocANO.

VE.NCEDOR.

I

Recordar ea vivir. Como solfas
hablar á mi alma sin tu amor desierta,
haz que revivan loa pasados días,
haz que reviva la esperanza muerta.
¡Solo!. .. ¡Lejos de ti!. .. 1Martirio horrible!
Hoy, al perder tu amor, todo lo pierdo.
¡Quién hiciera posible lo imposible
y quién hiciera eterno mi recuerdo!
¡Ya estás aquí! Mi corazón te siente,
ya oigo el ruido que forman tus pisadas...
Parece envueltll tu marmórea frente
en la luz de las tibias alboradas.
De la vida en la senda borrascosa
mi planta siempre seguirá tu huella:
somos perfumea de una misma rosa.
somos fulgores de una misma estrella.
¡No huyas, visión! En tu sonrisa veo
tu ardieote amor ... , la súplica ... , el reproche.
En tus pupilas, que encendió el deseo,
parpadea la luz ... , duerme la noche.
¡No huyas, visión! En dulces embelesos,
unido á tí con invisibles lazos,
quiero en mi boca el fuego de tua besos
y en mi pecho el calor de tus abrazos.
¡Canta! El dolor al corazón avanza
y quiero oír tus notas virginales,
tristes como el amor sin ettperanza,
bellas como las noches tropicales.

,

85

EL MUNDO

¡Canta!.... Tu voz á mis oídos llega
remedando en cadencia arrulladora
las vi bracio nea de la lira griega
y el dulce ritmo de la guzla mora.
Tú siempre para mí serás consuelo
y de mi frente apartarás las so,nlJras.
Haces brotar estrellas en mi cielo
como de flores mi camino alfombras.
1Huiete ya del corazón, mentira!
De tu paso ante mí no qnedan ra~troe.
HuyeP en tanto que la tarde expira,
mienlras la noche se corona de astros.
En la selva plegó la flor su broche,
la luna irradia en la extenai6n vacía.
1Ee hora de SC\fiar!. ..... ¡Cayó la noche,
aurora de tu alma y de la mía!
fa)fAÉL ENRIQUE A:RCINIEGAS.
LA lPOP~YA DEL MAR

Y habló el Mar:-¡Yo le ví! La cruda guerra
de las desgracias aumentó su anhelo ...
Si un mundo descubrió sobre la tierra,
ba deacu bitrto un astro bajo el cielo ...
Colón era el bohemio de la nave,
el que anidaba un mundo eotre la frente,
el que se confundía con la ave,
y volaba y volaba al occidente ...
Cuando el pobre bohemio se sentaba
á la orilla del golfo en que vivía,
eiempre con mis rumores le llamaba,
siempre con mis vai venee le atraía ...
Y él supo comprenderme. Yo ignorado
vivía como un monstruo entre lo obscuro;
y él supo sepultarse en mi pasado,
y él supo adelantaree á mi futuro ...

Pidió Ulla nave. Altivos aofiadorea
perdiéronse con él entre las brumas
y antee que el Nuevo Mundo con sus flores,
yo su eenda alfombré con mis eepumae.
La linterna de Diógenea tero biaba
tin la mano del pálido errabundo:
¡entre la obscura inmensidad buscaba,
en lugar de un solo hombre, todo un mondo! ...
Y Colón eeperó. ¿Quién no soporta
todo por ver lo que jamás se ha visto?......
¡Y al tercer día, ante la plebe absorta,
~upo resucitar como otro Criétol ......
Marcando euave y tembloroea línea
em gió la tierra en la celeste sala..... .

A ley de ganarse el hom-

bre eu vida es ley inexorable; Lolilla la respeta•
ba. Claro ea que su marido, por obe&lt;lecer á tan
1igoroeo precepto, habla
elegido e I trabajo y I a
industria que hubo de
parecerle más con veniente; por lo mismo era
duefio de aquel barac6u
portátil que iba de feria
en feria , espantoso y te·
rrible como un infierne,:
la menagerie, la rodante
caea de fieras.
El barracón era enorme. ViPtoeo por sus banderolas con loa colorea de Espafia y de Francia. por su entraJa con doselete y pabellón
de percalina roja, entre los cuales, ante ligera mesita de
tapete gris, una compatriota da Armand Routerie, mari•
do de Lolilla, despachaba los billetes, oyendo á sus espaldas los rugidos, bramidos, bufidos y aullidos de las
fieras, y cerca de sí el organillo chillón que manejaba .
un chicuelo anunciando el espectáculo; el barracón lu•
cía un teloncetE&gt;, en el cual aparecían pintadas las fie•
ras y el audaz domador luchando con todas poco menos
que á manotadas.
No ce1Jsuraba Lolilia á su marido por que hubiera
adoptado aquella manera de vivir; sin embargo, le parecía un espantoso oficio; no lo censuraba, pero si ella bu•
hiera sabido antes de casarse con Armand que éste tenía tan peligrorn ocupación, no ee bub:era casado. La
primera vez que Lolilla peoetró en el barracón, iba
temblorosa, C&lt;'gida del br,1zo de Mr. .A.rmand, y sin
atreverse á mirará las horrendas bestias, Armand reía,
procuraba c0mbatir el miedo de su eeposa é infundirle
confianza.
-Están en sus jaulas. Ma LJO creyo que bae de haber tú
temor alguno ...... Nena, son mismo que corderos.
¿Cómo se enamoró Lolilla de aquel hombre•? Asoma•
da una mnñanita á la ventana de su casa, una modesta
casa de Córdoba; asomada la muchacha entre las mace•
tas de claveles, alelíes, florrnillas blancas de albahaca,
pensamientos y geranios, vió aparecer un mocetó1:1 alto,
colorado, de cabello rizo y áspero y aspecto gallardo: un
hombre robusto y ágil. El la miró ...... poco despuea se
hablaron. )\fr. Armand tenía en Seviila su barracón, y
había ido á comprar carneros á Córdoba; se detuvo en
esta ciudad algunos días. Fué...... volvió....... y al fin
tuvo amoree; y por último se casó con Lolilla, chavala
llena de gracia , linda de rostro, monísima, dulce, tími da y en ext:emo delicada.
-T,mgo mi palacio ambulante, le ha bfa dicho Armand.
Y cuando loa recién caaadoe llegaron al ferial. y el marido mostró á la mujer el barracón diciéndola que era
una casa de fieras, ella ee quedó muda y aterrada, acordábaae de las princesas de loa cuentos azulee, á las cuales
eLamC1ra un príncipe que luego las lleva en carroza á un
magnifico castillo ...... y el castillo resulta ser una caverna y el príncipe un ogro.
Loa primeros meses, Armand era un infelizote, un nifio. PP-ro cuando menos lo esperaba Lolilla, ee hizo rudo, maligno, recelos , suspicaz y cruel. Loa celos le devoraban. Llegó á desconfiar de su esposa como desconfiaba de las fieras ......
¡Cuánto lloró Lolilla en este cambio! Si vivía .A.rmand
entre panteras y leones, ¿qué otra cosa sino recelos y ferocidades podfon esperarse de él?
Lo espantoso fué que un día dispuso que Lolilla se
fuera á vivir con él al horrible barracón. Hasta aquel día
Lolilla se babia hospedado en las fo.odas ó en los meeones.
-1.Armando, mira que á mí me dá mucho miedo! ¡Zó
lo de oirlaz dezde lejoz bramá á laz fieraz, me acomete
un ezpanto que ze me pone er corazón como un grano
de aniz.
·
-¿:N"o me decías que vendrías conmigo á los infiernos?
No querer pól.emica; aquella ea nuestra casa......
Y entró en ella, y se encerró llorosa en el departamento que babia servido en otro tiempo y había de servir en
adelante de habitación á Armand, y alli creyó la nifia
cordobesa morirse de miedo...... Pudo acostumbrarse á
loe rugidos y hasta al tufo de bestias feroces que por las
aberturas de la barraca llegaba al cuarto de aquél; ¡pero
el miedo seguía martirizaodo el pobre ccrazón de Lolilla 1
·

�EL MUNDO

DDMIIIGO I? de AGOSTO de 1897
EL

DOMINGO

MUNDO

1~

de AGOSTO DE 1897

86

II,
Pasado un afio, ya se habituó á. recorrer la galería de
jaulas. La distra1a y regocijaba mirar á k,s monos,
miraba con odioea curiosidad tt las hienas; con esquivez
medrosa al oso blanco, que pueslio de pies t,ra enorme, y
y contemplaba con es1iremecimientoa de desconfiauza
rntensa A la pintada pantera. :X o obstant.e no babia
querido acercarse todavla á. la jaula del león.
8obrado eraquehabieaepodido reeigaarseáoír sus rugidoe. ¡Si así hubiera podido habituartie Lola al trato de
Armand!. ..... Cada vez le t.emia más. El hombrón habla·
ba á grit.os, lo mismo con ella que con las fierras; su teruible amenaza era amenazadora, y miraba á veces ti. uno
y ouo lado como el lobo ó el chacal cuando temian que
alguien pudiera irá robarles la ración. No habia ni dulz1.Jra que le venciese ni gracia que le encaniara, amaba
á 1:u eepoea como la fiera á eu presa ...... y tan feroces
habían Jlegado á ser eue infundados celos, que loe expre·
so con graudeza en citirr.a ocasión, diciendo:
-¡No quiero máe que una muJer ...... mfa, tú, pero
mta!. ..... Las demás son carne ...... Yo querer, como el
lb0D del deeierio1 no carne muerta 1 sino carne y alma.
¡(.:arne y alma!
i::le vio amada Lolilla, y ee resignó aún á la peeada tira·
nh, de aquel hombre, mir.ad monsuuo.
Llegó a más: llegó á adornarse para no salir de aquel
autro1 y olvidarse de lae floree y de sus pájaros. ¡SuDli•
m~ es la abnegación de las mujeres!.. .... Llegó á penetnu en la galería, asistió al momenw en que He lee daba
la comide.1 y por fin tuvo un favorito: el león,
-¡Yaya una jaulita y un canario queme heechadol de•
cía c":ando ya tomando con eue bla1.1cae.manos loe trozos
sangrientos de carne, loe lanzaba por entre Joe barro~e de
la jaula¡ trozos que el león cogía lanzándose rugiente sobre ellos. Poco a poco ae acoemmbró á verle y á servirle¡
el anima:, el formidable rey, cuando la sentía llegar agu•
zaba las orejas, fruncia el espantable ceilo, erizaba la melena, bramaba en sordo mugido, fustigaba con la cola
loe barrotes, y luego ae ~odia como un perrillo y se deje.Da acariciar la caoezota por las blancas, levfeiwae ma•
nos de su ama.
Al cabo de tres afloe, Lola entraba en la jaula con admirable confianza y frescura. ¡ Yencedor, el Je6n africano,
era euyol Hasta crela ver en él más int.elil!.encia y nobleza que t,n loa hombres. ¡Qué regio, qué musculoso, qué
aug•1stol Le amaba.
!!.1_ l~ón babia comunicado algo de aque1la humildoea
sum1s1ón suya ante la gracia al desapacible y desconfiado
Armand; éat.e se hizo t.olerante y afable. La fiera y el
hombre se hablan domesticado.
iSin embargo, un día se vió que en todo eeto había un
drama obscuro, terrible. ¡ El hombre envidiaba á la fierd.l ~l dt:senlace foé rápido. Una mañana, Lola ee hallabu en la jaula dando á su león una golosina; Armand ordt:n6 á su mujer que saliese de allí, y como ésta tardase
en &lt;;&gt;bedecerle, él, ciego, violento, agitado por infernal
pae1?n 1 ee lanzó sobre ella y agarrándola del brazo, quiso v1olent.amente arrojarla del Jaulón.
Se produjo un terremoto, bamboleó con fuerza terrible et jaulón, oyóse un t.rueno ...... el león había salt.ado
sobre Armand y lo despedazó á la vista de Lola, que gritaba con espanto, llorando anguet.ioea y at.errada.
i Vencedor había matado á eu rival!
JOS É ZAIIONER0,

LA CASA DE LOS LOCOS

loe goces que la exis~ncia real pueda. ofrecerme, cuando
conwmplo á traves de las brumas de, la noche, Ja e~rea
visi6n que en mí engendra la edperanz11 y -,! deleite.
Yoeot.roe, loe que no eol.'laie, no conocéis Ja folicidad¡ porque la felicidau no exist.e en el dorado polvo qut, tevant.an
loe cascos de loe frisones, ni en el relampaguear de las
piedras sobre el pecho dt, las mujeres hiperbohcas, ni en
Ja ost.entación del potemado que sueila con el imperio
del mundo. Mi gloria, vedla u.ni, en lo profundo ae la
mente, en el pequen.o rincón olvidado que guarda cada
pecho, á. donde se han refugiado las castidaatis de la primera edad,-coro de arrullo,j apagados por el rumor de
las pasiones, pe.jaros blancos aalp1cados por el cieno de
loe v!oioa.
Y otro: Ciencias, religiones, riquezas, poderío....... he
aquí vuestro alimtinto! Üd desprecio, pobres enanos que
·soñais con gigantee-¡ ilusos que sacrificaie una exiet.encia
entera, corr1eudo abrazados á ilusiones Jocae, en pos de
glorias ehmerae; acnbicioaos insaciables¡ sabed que nada
vale, que la existencia, invenci6n estúpida, deb-, mirarse con el desprecio con que yo la veo en mi redor¡ que no
hay que fiar en la vida como no hay que fiar en la muerte ......... ¡Pobres idiot.asl Nadaeed1gnode atención, yen
el eecenano en que á mi pesar me eucuenuo, prefiero, al
papel inieresant.i: que vosotros desempeñaie, el de eepec·
t.ador indiferente! ........ .
Al:RELIO GoNZÁLEZ ÜARlU.SCO.

EL J.ARDIX AZUL

I
OVEN ES y nifiaa, guardaos de

ser demasiado prudentes y
at:rioel Ptiro aeu en la ocaei6n agradables.
La iumemorial humanidad
es una abuelita que tiene necesidad, para d1st.raeree, de
,_
tlt:cnchar Ja dulce música de
besos y risas.
Si alguno os dice que eE preciso ger gr8'.vee y dee~eñar
las diversiones, no hagáis caso de este u1ate conseJo¡ no
escuchéis nunca á las personas que os cuenten las ~e!1•
tiras del placer y las acnargurae J.e Ja dicha. No; vivid
conetanteooent.e con alegria! Tirad á. ~a faz de la experiencia montones de floree. y no os pri veis de loa goces
terrenales. Puesto que sois jóvenes, gozad, ama~ con
inocencia. No perdáis un minuto en vanas vac11ac1onee,
porque el tiempo pasa muy _pr~nto, llevándos~. la oca:
eión de loe encantos y la pos1b1hdad de las dellcrne¡ y s1
tardais en escuchar mis consejos, podr1a aconteceros lo
que pasó en tiempo de loe ganios y la.a hadas á. ta hija
de un 1ey1 cuyo reino estaba cerca de Bagdad.
De su u1at.oria se hizo uo.a canción cuy ... a veraoa no recu&amp;rdo; pero he aquí loe principales:
L&amp; bella que quiere
Y que no Bti atreve
A cort,ar las roliBB
Del jardín azul.. ....
Ahora, proeeguirá la bier.oria coDLandoos cómo la princesa del reino ae Bagdad, fué cae\igada por naber sido
demasiado pruaenu,.

II

RORRUMPIO uno de elJ03:
Las armas brillan al rayo del
sol, con aspecto flamigero;
la tropa marcha, la tropa
avezada al humo de las batallas y al estruendo de loe cationes, canta el himno de
las victorias. Alegre se lanza
sobre loa reductos, sal va loe
foeoe, escala las murallas y
planta victoriosa sobre las torres1 la bandera-sol de loe
combates.
¡Oh, 1.i guerral dioses tutelares la protegen, y hay en
eHa la manifestación deenergia de los cuerpos en activi·
dad¡ cuando ~l estré pito de las descargas atruena loe espacios, el combatiente se transforma en dios tonante; en
el campo envuelto en humo 1 brillan las armas como en
el cielo loa relá.mpagoe, y no hay mejor música que la
producida por loe escudos de los vencidos, al ser hollados por los cascos de loe corceles.
Y dijo otro: Con el tiempo la ciencia desvanecerá esos
mil puntos obecuroe.......... Dejadme Asolas¡ la sociedad
es un estorbo para mí¡ olvidadme en la austeridad de mi
refugio; quiero t.an sólo la companía de la ciencia, del saber ilimisado, inmenso, para leer en el porvenir, para
arrancar al seno de lo desconocido sus misterios; para
cimentar en la tierra loa eternos principios y leer ese libro que se abre en el fondo del inmenso cielo.
Otro decia: En la práctica del bien, en el ejercicio de
la' piedad, en la mane.edumbre, en la resignación está la
·ierd.adera gloria. ¡Loor eterno al Eterno Creador! Purifiquemoe oueeLroa cuerpos, purifiquemos nuestras almas¡
canten la tierra y el cielo unidos la plegaria sant.a; himnos religiosos broten de todos loe labios, de ted()ij los pechos, y como del ramo el perfume, suba de las almas
b!l~ta el Seflor el salmo de sus siervos.
Q¡ro dijo: ¡Ideal! Bella ea la ilusión, alma de la vida,
vigor del espíritu. Yo vivo con miseuefi!le y renuncio á

Cierto día, cuando la princesa cumplía quince afloa,
vió 1 paseándose Alo largo del r10, un Jarcún to má.a extrafio que pueda imaginarse: jamáe había contemplado
prados ni arbus\os tan pequen.os como aparecieran en
este jardín; mas, aún, parecía tan grande como el mundo, y estaba sembrado con floree color de cielo, y que se
ae13mejaban á llamas rosadas, bellas y lu.minosa~ y que
exparcfan en el aire un delicioso aromfl., y sin dificnltad
se hubiera creído que loe invernaderos del paraíso habían sido transportados como por encanto á. eBe lugar.
Mientras que Ja hija del rey ee extasiaba cont.emplan• do tal mani.villa, una pequeña hada que había salido de
detrás de un zarzal y que llevaba una diadema de pedre•
ría sobre sus bucles de oro, se acercó y la dijo:
-Buenos días, pequeña: ya que habéis cumplido los
quince aftoe, eet.áia en edad de entrar en el Jardín azul,
aonde se encuentran las únicae floree que val~n la pena
d~ ser cortadas. Entrad, hija del rey, y si hubierais nacido de un leilador y de una lavandera., tampoco se os
cerrarían las puer\ae, puest.o que esta mafiana, al primer
albor, habéis cumplido loe quince años. En,rad, obrad
como gust.éie, sin temor á que se os reprenda1 y formad
el «bouque\» con que se perfumará. vuestra vida, porque
estas florea en eu verdadero nombre ee llaman Ternura,
Halagos y Sonrisas, y las más pequeñas, apenae abie·r.
tas, que ee cubren con el azul de su:1 hojas, eon loe sonrojos del primer amor.
Podéis adivinar cual sería la alegría de la princesa al
saber que podía cort.ar y llevar tan maravillosas flores.
Después de dar las gracias á la buena hada1 corrió preci •
pitadamente hacia el Jard.1n para empezar A cort.arlae,
cuando ..... .

III
Cuando un horroroso enano, cano y de blanca barba
que t.en.ia el aspecto de un viejecillo, ee le interpuso,
apoyado en su bast6n, y escupiendo y tosiendo le dijo:
-¡Cómo! ¿es hoy la costumbre que las nitlae anden solas á. través de loe campos? ¿No hay en vuestro palacio,
hija del rey, sirvientes á quien. vigilar, ropa qne arreglar
e~ loa armarios, confüuras que guardar en la despensa?
Prnneo qu3 ni siquiera os habéis tomado la pena de ver
si al manto real de vuestro padre falta algún galón, si á.
los calcetines de vue~m&gt; neruu.nüo falh alguna costura.

Recuerdos del Congre,;io Médico, ef'ec1uado en G-uadalajara.

Vamos, idos á vuestra caea, oe lo suplico, y en lugar de
perder el tiempo en corr.ar las floree que os han deslumbrado, permaneced en las cocinas, para impedir que los
maritones no 118 tomen el vino que deben poner en la
salea.
-Pero, eeilor enano, la buena hada me ha permitido

eio contradicción, la del planchado eléctrico: el calenP-wiento sin fuego.
.
.
.
En e1 hospital de loco111 de la Ciudad de Indlanópohe,
E:tado de Indiana, E U. A. donde Fe dispone de ~na
gran can\idad de fuerza eléctrica, se ha efectuado la me•alación de que hablamos por primera vf-1., c on gran fa•
oilidad 1 puee se dispone de una fuente de energía e!~c·
tric1 que permite obtener la corriente á bajos prtmos •
produciendo notsbles economfae, tales cerno la reduc,
ción á la mitad del número de obreras empleadas an'8·
riormente.
Para formase idea del procedimiento, bastará ver
nuestros grabados. Las planchas conectan con loa produst.ores de electricidad, mediante dúctiles hilos, y el
asa de cada una constituye un eficu aislador. El grado
de calor de cada plancha, naturalmente regularizado y
normahzado, es semiblememe igual, lo cual permite
una gran perfección en el trabajo.

el... ......
-¡ La buena hada no sabe lo que dice! y os ha dado
malos consejos. Y, sobre todo, peuead que Jae rosas del
Jardín azul no son lo que parecun ser. lJe lejos, parecen

muy hermosas, lo contieeo¡ pero apenas las hayaia cortado, os quemarán loe dedos, pueseetán hechas con un fuego terrible! No iiard.arfaie en maldecir vuestra audac1«, y
bien pronto no tendríais en las manos más que cenizas en
lugar de las deseadas flores. Loa verdaderos nombres de
ea~ae florea son: Pesadumbres, Desesperación, Lágrimas,
y las menos dolorosas son los recuerdos de la felicidad
perdida.

IY
Bien adivinaréis la perplejidad de la princesa! ¿A guién
debía creer? A la bada O al enano ¿debía de ot,t,decer ú.
éste óá aquella? ¡Ob.l ¡cómo ee babia enamorado de tau
hermosas floree! pero bien pudiera ser que siendo \an bellas, t.ambién fueran fatalee. En consecuencia, no sabiendo qué par,ido tomar, se volvió hacia su morada,
quería reflexionar sobre esta aventura, pidiendo coneeJos á su nodriza; en una palabra, tomar tiempo para re•
flexionar lo que debía hacer. ¿Qué arriesgaba? Maíiana,
pasado manana, no sería t.arde para confeccionar un 1&lt;bouquet,, con las t:lorea y roeae que florecían en el jardín al
otro lado del río.
Muchos dfae paearon; la hija del Rey se hallaba indecisa. Grandes sacrificios habiera hecho por poner en los
vasos de China y copas del Japón, las ternuras y sonrisas, pero sobre t.odo, loa sonrojos del primer amor¡ en fin
todas las flores que la buena bada le habiá dad.o permieo
para cortar¡ pero como temía quemarse loe dedos después de cortarlas, y llevar á. su casa las amarguras, desesperación, lágrimas y loe recuerdos de la felicidad perdida, no se atrevió. P&amp;1os6 un año, y después o,ros, permaneciendo la princesa en su misma indecisi6n. El padre
de la princesa murió; el del6n fué el Rey. Inquieta é inconsolable de la manaoa á la noche, y de la noche á la
mafíana, no había querido casarse por m.'8 que ee le presentaron muy ventajosos partidos¡ tan mal le parec1a tomar un partido como otro. ¡CuAotas veces se asomaba á
la ven~ana, y contemplando con tristeza Jae maravillas
del jardfn aquel! o~egraciadamente, las palabras del
ena,no de la barba blanca no se le olvidaban, y permanecía en su palacio, vigilando á los sirvientes, arreglando
la ropa de tos armarios y guardando las confituras en la
despensa, En fin, durante una calurosa mañaua de ea•
tío, ee diJo: ¡Ee imposible que siga viviendo de esta manera! y precipitadamente aecidio formar el «bouque\•
tan deseado, eiq temor por lo que pudiera pasarle, dirigiéndose sola hacia el jardín que se encontraba al otro
lado del rio.
V
Un pensamiento la detuvo: ¿si las flores se habrf&amp;n
extinguido ya?
Pero no sard6 en cerciorarse: el jardín apareció mag•
nffico y brillan~, exhalaba exquisitos perfumes, como
si los invernaderos del paraíso hubieran eido tranaporla·
dos a ese lugar.
Llena de alegria, anhelante de deseo, la princesa iba A
entrar ... .................... .
Pero el hada de la diadema de pedrería eobre sus bucles de oro, la detuvo diciéndole:
Hija de Rey, no eo\rarás en el jard.ín donde se dilatan
lae únicas flortis que valen la pena de ser cortadas; hija
del máe poderoso emperador del mundo que fuerais, ó
la reina de una estrella, lae puertas no se abrirían para
v~, porque hace _ya muchos años que habéis cumplido
qumce ailoe al pmner albor de una mañ.ana ... '. .....
peegraciada, miraos en el espejo del agua, os lo su·
phco.
La princesa ':!8 inclinó ha_cia el agua1 y vió con tristeza
los cabellos grises y sus oJOB que parecían surcados de
u.na cinta morada.
-Adió3, dijo el bada, ya tenéis cincuenta anos.
Entonces la hija del R;}y se dejó c11-er sobre una piedra, delante de la puert.a cerrada, y se lamentó entre
suspiros y lágrimas de haber sido:
La bellc1 que quiere
Y que no se atreve
A cortar las roeae
Del jardin azul.
ÜATULLE lliNDEZ.

NOTAS E IMPRESIONES.

Cc1da diez años aparece una nueva Francia con una
nueva concepción de la política y de la vida.

0th. de HaU88om,ill&lt;.

•
••

Don Miguel P ...... era un capitán de caballería-y aun.

oreo qne ascendió á cocnandanr.e,-compai'iero en armas

~
Teatro Degollado. ( Exterior. )
CONGRESO MEDICO NACIONAL

Con motivo del Congreso médico celebrado últicna•
'lllent.e en Guadalajara, al cual asistieron numerosos facultativos de esta O¡1pital, y de cuya solemnidad y die·
trituci6n tuvieron abundantes noticio-a nuestros lec,oree,
merced á las oportunas crónicas de loe diarios de esta
casa, nues,ro correeponeal en aquella ciudad se sirvió
remitirnos algunas fotografías, de las cuales eecojemos
dos que representan el interior y el exterior del Teatro
J)agotlado, hermosísimo edificio, uno de loe pricneros de
su género en la República, donde se efectuó eolemnísiml\ sesión de dicho Congreso.
A título de recuerdo de la honoraDle asamblea, publi·camoe estas fotografías.

biéa á loe viajeros á. fin de hacer aparecer por medio de
loe rayos X loe objetos que pudieran e&amp;tar dieimula1oe
bajo loe vestidos. Y muy próximamente será instalado
un aervición de radioscopia en una de las ciudades front.erizae de Francia, probablemente en B-,llege.rde.
E l mé'°do que se lleva á cabo para las observaciones,
no consiste mJ.s que en una ligera variación del aparato
usiatlocomunmente, como podrán verlo nuestros lecto•
res en el grab&lt;idO rellliivo, y sus resultados son admira•
bles. Se ha IIE&gt;gado A descubrir una botella oculta por
una dama de la más inofensiva npariencia, y otros íran.des 6 contrabandos no menos intereeantea.
He aquí, puel!, una nueva aplicación radiue~ópica que
promete loe más útiles resultados.
•
APLl~ACION DELA ELECTRICI DAl AL PLANCHADO

EL l4 DE JULIO EN PUEBLA

La colonia francesa de Puebla, celebró con el entua1ae·
moque le ee peculiar, y no obstante el ~al ~iempo, puee
-&lt;1.iluvió en la Urde del 14, su fieeWl nacionai. Puede de·
ciree que la part.e mas aimpAtica del programa que rigió
las divereae solemnidades de ese día, fué la kermeases en
la que iomaron parte hermoeae eefioritae.
Del!eOSOB de fijar eEta 1:dmpática nota en oueet.r&lt;:, ae-mam1rio1 publicamos tres fot.ografíae de puestos, en que
eon dignos de notarse des ornatos: Jae floree y las lle·
•llezaa.

Todas las aplicaciones de la corriente eléctrica á loe
ueoe doméstiCOfl ó induslirialee 1 principalmente las que
dan lugar á. un conaumo -:liario de corriente, tienea, co•
mo se-sabe, una gran importancia en la explotación de
las eatacione1:1 centrales, por que percniten. con un mismo material y un mismo personal, vender una cantidad
mayor de energía eléctrica.
l!.utre estas aplicaciones, una de las más curioeas ea,

y en Jelrras de Narciso Serra, y en amigo fu timo.
Era también autor dramético y có:nico, y ei no de loa
vuelos de tan peregrino ingenio como el autor de Don
'.J Om~, ta..apoco merecía eer colocado entre loa despreciables.
Varias obras teatrales de lfiguel P ...... bao quedado
de repertorio.
Di,ilogaba con cierta soltura y gracejo, y versificaba
regularmente, ae.lvJ alguno que otro ripio.
'l esto en nuestras sliurae parece embellecimiento natural de la poesía, aegúo la cultivan casi tolos los cople•
ros intemperanteF.
Lll que no era Miguel, ni podía ser, era un improvisador.
Era a 1gll tartamtrdo de consonantes, pero no nulo.
Hombre más práctico que Narciso, como que 1.. llevaría doc~ ó catorce anos de edad 1 siempre podía disponer
de algunos duros, bien fueso de eu p11ga 1 ó bien de eua
obras teatrales.
Esto servía a P ...... en oeaeionee, para sobornar, medio
en broma, á Narciso con el fin de que le escribiese algu•
nas escenas de comedia.
Verdad ee que t.ambién lo hacía Serra gracioeamen\e,
y no sólo para Migue! P ...... sinop&amp;ra algún o\ro autor
tt&gt;tl.trsl muy conocido y que c.1braba buenos trimestres
por derechos de paternid11d literaria, no siempre justid~
cable.
Obras enteras de Narciso ee bao representado y can1arlo, y aun ee representan y cantan en nuestros teatros,
firmadas por otros.
Y algunos cantables de zarzuPla bien denuncian el es·
tilo del au,or de Lacalk.d~ lu Jfont-ra y de Li,z y Sombra.
P...... buecaba complicee para sus obras: él trazaba el
eequeleto, y dejaba á ono et ropaje siempre que podia.
Y una vez era Narciso el complice y otras era Salvador
Maria Granés, joven é ingenioeísimo ePcriior y veraiticad,n facilísimo, y otras era Pdla!"0 del C.tstillo, aquel au·
tor cómico malogrado, cuando \antoe y tales fru.oe hubina podirlo dar de su buen ingenio y gracia natural.
Miguel P ...... mudaba de colaboradM conforme á las
circnnet.ancias.
El colabor.ador no figuraba como tal.
b:ra una e11pecie de conLrstiat.a por ciert.o número de
versos ó de esctiuas.

CURIOSIDADES
FOTOGRAFIA DE UN RELAMPAGO

Esia fotografía que publicamos ha ~do obtenida por
•el at:nor Ramón Cruz Montt, durante la tempestad del
:.Sl de Mayo último, entre 10 y 11 de la noche. El operador estaba colocado en el l!legundo pieo de una casa de la
avenida Hoche de Parfa, que tenía vista sobre la cipilla
•rusa. Sa eirvjó de un aparato 13X l8, provisto de un ob•
.jetivo Z~iss. Placa y objet-ivo estaban al descubierto en
la obscuridad c1e la pieza donde se encontraba el opéra•
-dor eeperando que el relAmpago, al producirse, icnpresionara la placa.
Et reenltado sobl'epas6 á. las esperanzas del seflor R:t.·
"JDÓn Cruz liort\: no aolamente1 en efecto, la imagen del
relámpago está admirablemente fijada, sino que se perciben distintamente loe detalles de Job monument.oe del
1&gt;rimer plan, modelados por la claridad eléctrica.
LOS RAYOS X ADUANEROS

(Véanse las ilustraciones relativas.)

En las letras como en las armas, muchas gentes no llegau más qu, A la an,igüedad.

Máxim.e du Camp.

•••

El amor quiere q11e tenga uno sus treinta y dos dientes
6 cuando menos veintiocho, porque no se pueden exigir
de él las muelas del juicio.
H. Raw,aon

•••

DE AYER

La naturaleza ha hecho el apetito¡ el hombre ha inventado la glotonería.
E ug. Clumtu.

Caia día los rayos X ie senalan por una aplicación 1iueva de su mist.erioeo é irresietibie poder. L'l. más reciente de estas aplicaciones-la de ahora- ( podria decirse 111
·de mananaJ puesto que loe experimemoe preparatorios
no efttán aun terminados-ea la utilizaci ón por las adua•
nae de las lndieoretae y omnividemtee radiaciones reveladas por el profesor Rre otgen. Hace uoa semana que en
las estaciones de Paria ee exe.mina, con ayuda de loe rayos X, los bul«&gt;s de toda especie y tle todos loe bmaf'l.oa;
desde los pequefioa paquetee y las t&gt;etacaa hasLa loa baulee volumtnosoe. Trátase de reconocer el conienido, sin
recurrir ya á la apertura y J la ioqnieici&gt;n. Las expeiriencias no se limitan áloe equipaje!!: se inventaría \a!D-

Teatro t=ecollado. ( Interior.)

�EL MUNDO

88

DOMINGO 1~ de AGOSTO de 1'97

DOMINGO I? DE AGOSTO DE

,asn

19 •

EL MUNDO

RECUERDO r'E LA KERMESSE DE PUEBLA.

Un taller de planchado eléctrico.

Descubrimiento de un contrabando por medio de los rayos X. (Véase el texto.)

SOLLOZOS.

de afeite, y los antiguos grabados de los muros, y todas nuestras vejeetonas. No te parece también acaso que
loe bengalis y el pájaro azul se han destef\ido con el
tiempo?

En la muerte de una niña.

(No pienses en las telarafias que tiemblan en lo alto
de las grao des ventanas.)

I

Amas todo eso y he aquí por qué puedo vivir cerca de
tí. No has deseado, hermana m!a, de la mirada de otro
tiempo, que en uno de mis poemas apareciesen estas
palabras «la gracia de las cosas marchitat?u Loe objetos
nuevos te disgustan; á tí también dánte miedo con su audacia vocinglera, y sentirías la necesidad de usarlos, lo
cual es bien difícil de hacer para aquellos que no gustan
de la acción.

Su frágil eér rompieron los martirios
Del monstruo horrible ea implacable acecho;
Y estallan de la madre, junto al lecho,
La desesperación y sus delirios ......
Con el fúnebre esmalte de los lirioe
Su belio rostro, por el mal deshecho,
Yace, las manecitas eobre el pecho,
La blanca nif\a entre los rojos cirios......
:Más ¡oh paemol á la lumbre matutina
Que dieefió eue pálidos despojos,
Ví en su semblante una expresión divina;

Y presentaban, por ignoto arcano,
De un Paraíso la visión ene ojos,
Su boca, el pliegue del dolor humano.

II

Con PI primero qne trop~zaba contrat~ba.
En una ocasión, y habJtándo el CKplt~n
P..... en un piso bajo dP la calle del C~lvano,
si mal no recnerdo, había consegmdo. 11~varse á domicilio á un jnven de la bohemia hieraria, ingenioso y beodo á la ~ar, y cuyo
nombre omito por razones fáciles de entender.
Desconfiado de la lealtad del colaborador,
y para evitar que se e_8cap~E_ey le dejara sin
«versificar una comedia or1g1nal del francéF&gt;•
qne Je pedfa con urgencia Manuel Catalina; ideó nt precedimiento para reiener al
secuestrado.
Y fué el disfrazarle con un capote de nni•
forme y un caEco, sin más prendas de vestir, y encerrarle en su despacho.
-Con que aquí tienes de todo-1~ dijo
cuando salió de cBl'a P ...... ;-aguardiente,
~e:ua, tabaco, cuartillas, tintero, plumas ...
Yo volveré pronto.
-¡Y traerás dinero?-preguntó el cauiivo.
-Los veinte duros convenidos.
-¡Abnsss de mf!
-Adiós, adiós.
-¡Verse un hombre ofendido en su dignidad de esta maneral-exclamaba C ...
cuando ee vió FOlo.
Quiso-su mala esirella que uno de los mnchos chiquillos que pasaban por delante de
la reja ee detuviera examinando lo que había oentro en ocasión en que se aproximó
el preso.
-¡Mecacbisl-exclamó asustado el mu•
chacho y saltando hacia atrás.-¡Que está
ahí el Trovadnr!
Aquel muchacho fué el reclamo.
Acudieron otros y otros, y en poco fü,,npo ha bía11 formado una enredadera de chi•
quillos.
C... loe increpó duramente.
-JToma!-le decía un granujilla echan,
da dPntro de la habitación una bt-llota.
-¡Como á las monas del retiro!-dijo
oiro celebrando la ocurrencia.
Y empezaron los imitadores á obsequiar
al preso con ohjetos,
C... empuil.6 un sable de caball0J'fa y empezó á soltar mandobles.
Pero los chicos se desprendieron de la ,en•
tana, y chillaban y apedreaban.
-¡El loco! ¡el loco!-gritaban todoe.
Y en cinco minutos estaba la calle, por
aquella parte, completamenente obstruida.
-¿Qué ha ocurrido aqui?-preguntó Mi-

guel P ... cuando estuvo devuelta en su casa_
-¡Hemos concluidol-le gritaba furioso,
eepada en maz,o C...
P ... no podía contener la risa.
-¡Selior Pastorfido!-gritó C... -estoy resueho á no hacer más el Segismu odo de La
vida eB s1mio en este piso bajo, exhibiéndome
como una fiera.
-Pero, hombre......
¡Ni un minuto más de deshonra!
-Te traía loe veinte duros.
-No, si no falta mucho-replicó cambiando de tono y tirando la espada C...
Y era lo que decía P ... de C...
- Si yo dejo á este muchacho, ¿quiéo le va
á dar veinte pesoe?
Como repetía C... de una chica modista
que le amaba más que á Smger-á pesar de
su máquina-y le manten!a con sus pun•
tadae:
-¿Cómo abandono yo á Pea mujer á su
desgracia? ¿Qué eería de ellb?
EDUAJ!,1)0 DXL PALACIO,

. ~.

EXTREMECIMIENTO DE INVIERNO.

Cbe Stephane Mallarme.J
Este péndulo de Saxe que retarda y suena la una entre sus flore!! y sus dioeee, de
quién ha sido? Pienso que vi no de Saxe por
las grandes diligencias en 0L10 tiempo.
(Sombras eingularee penden de loe vidrios usados.)
Y tú cristal de Venecia, profundo como
una fuente fría, en un ribazo de molduras
deedoradas, quién ee ha mirado? Ahl seguro estoy de que mas de una mujer ha bafia-do en esa agua el pecado de su belleza; y
acaso verfa yo un fantasma desnudo simiraee largo \iempo.
-Perverso, frecueotemente dicee malas
coeae.
(Veo telaraliae en lo alto de las grandes
ventanae,)

La Banca.

Nuestro bau_l.ee muy vil'jo todavía: contero:ila cómo ee.e toego enrojece su triste
madera. Las conmae dellkflidaa tienen su
Edad y la tllpicería de lw llillona desnudos-

O el llamamiento á. otra feliz morada
En loe remotos Astros suspendidos
De la serena bóveda azulada! ......
1V

Fué una visión fugaz cuanto hechicera
Q,ie, por el vasto firmamento errante,
Entre el azul se nos mostró un instante
Parando el vuelo en su inmortal carrera;
Mas, de este Glc•bo donde el Mal impera
Apartando el belUeimo semblante,
Su viaje sigue; y con sonrisa amante
Desde lejos nos llama hacia otra Esfera ......
¡Para otros M11ndos tu amorosa cita,
Oh! idolatrado querubín, comprendo!
Por la escala ds Estrellas infinita
Verlls que pronto mi ascensión emprendo;
La estela de tu blanca manecita,
Cual nebulosa pálida, siguiendo!

Sfl yerta, inmóvil, y hacia atrás caída
Sobre la almohada la divina frente,
Cual por egn gio artífice doliente
En alabastro diáfano esculpida;

Pueato de c:onfettls.

Puesto de flores.

Y á veces yo encontraba en ene vagidos
Y en el suave fulgor de su mirada
De una Vida anterior ecos perdidos;

NmrA P.

LLONA.

Así estaba I risuef!a y absorvida
En no sé qué eepectáculo fulgente
Que á su alma presentóse de repente
Al emprender del cuerpo la partida;
Y en sus pupilas, extinguidos astros,
De la entrevista Gloria loe prodigios
Aun proyectaban luminosos rastros;
Mientras, final tributo á la materia,
Quedaban en sus labios los ve6tigioe
De hondo dolor, de terrenal miserial

III
Cual loe trinos de dulces ruiseñore
A la luz del crepúsculo indecisa;
Ctal del otño la postrera brisa
Que embalsamaron las postreras floree;
Fotografía de un relámpago.

( Esas telarafias tiritan en lo alto de las grandes venlanae. )

Toda cosa es nacida
para tener un trágico destino:
y girar y girar en remolino
en torno del sepulcro: esta es la vida .

Cual de boreal aurora los colores
Que entre la noche el islandés divisa;
Así de ese ángel era la sonrisa
Que disipaba todos mis dolores......

(Véase el texto.)

Ven, cierra tu viejo almanaque alemán que Ieee atenta, aun cuando apareció ha más de cien af\os y los reyes
que anuncia, han todos muerto, y, sobre el antiguo ta•
piz recostado, apoyada la cabeza entre tus rodillas bien•
hechoras, en tu ropaje empalidecido, oh tranquila nilia,
te hablaré mucho; ya no hay campos y las calles están
vacías, te hablaré de nuestros muebles ......... Estás distraída?

Una plancha eléctrica.

ÜAUPOAMOR

La multitud teme á los médicos
mas aun de lo quelos burla
URBANO GoHIER.

Qué lástima que no baya más
que la palabra coque/fria para designar el deseo de agradar.

.,

GASTÓN DESCHAMPS.

La política es el cálculo de las
combinaciones y de loe sucesos.

A UNA ARTISTA ANDALUZA

Cuando tu voz of por vez primera,
Creí escuchar, en medio á mis dolores,
El himno que loe pájaros cantores
Entonan al llegar la pimavera.
Caneado de sufrir, mi lira diera
Por endulzar mis crueles einsabo111s,
Con la miel de tu voz que sabe á flores,
Al dejar tu garganta tle hechicera.
Sigue cantando así, que tus canciones
Al corazón devuelven la alegría
Y al alma las perdidas ilusiones,
Como el sol, con su alegre poesía
No deja qm, baya negros nubarrones
En aquel cielo azul de Andalucía.
F, BETANCúUR FlGUERlmO.

Las leyes no son nada sin la
fuerza.
BONAPARTE,

Un poeta en la polític~, es como
un gentil-boro bre en el comercio, se
~ ee sobre de su estado.
SAINTE·BEUVE.

Dispositivo para el empleo de los rayos X en las

J,, duanas.

Todo hombre ee gd:ernado por
la opinión que él Ee hace de sí
miEmo.
EDM. A:BOUT.

�EL MUNDO

'º
NOTAS DE LA MODA..

DOMIIIGC1 ,~ d• AGOSTO d• 1897

El buen sentido, de acuerdo con el buen gusto, aconseja elegir muebles úliles más bien que elegantes; cómodos, más bien que suntuosos; durables, más bien que preciosos, y que en fin, no hagan entre sí una cosa ridícula; unas cortinas de seda, por ejemplo, con cajas senc1llas, de madera
corriente, muestran un falso lujo quP. se reciente de miseria.
No tratéis de tener muebles como los que habéis visto en casa de una de
vuestras amigas más rica que vos tal vez, ni de poseer un mueblaje completo por el estilo de la época del R,macimiento ó del tiempo de Luis XV. Es•
to no es permitido eino á grandes fortunas y á personas vanidosas.
No es ridículo el ser pobre, pero sí lo es y mucho, querer aparecer rico
no siéndolo.
Dejad la coquetnfa á quien el mundo lisonjea, para tener derecho á
burlarse de ella, dejadle la vanidad de aparecer y la pueril satisfacción de
oír estas palabras: ¡Qué magníficos muebles!
Üd admiraríais si supiéseis con cuántas miserias positivas, con cuánios
dolores punzantes y tormentos físicos ha pagado ese lujo.
Entre cierta gente la costumbre y el parecer soa lo necesario; el apo•
aento de familia y loe alimentos son lo tuperfluo, Y á esto eupe~uo es á
quien ee le cercena con violencia, todos los días, de una minera mcreíble.

TOMO.JI

MEXICO, AGOSTO 8 DE 1897,

•

NUMERO 6.

Fl&amp;nra• 3 y 4.

Figura l.
Trajea para señora y niña. ( Figura,.)

¿Que sucede, pues? Sin tener en cuenta la vida miserable, mortificada,
toda de mal humor que llevan esc.s aérea vanidosos, si ellos logran su in•
tento de engañar á las gentes, son envidiados; si no lo consiguen, son deshonrados y despreciados.
Yo os creo con demasiado buen sentir para aspirará esto.
La magnificencia del mueblaje no es nondenable, cuando la fortuna lo
permite, supuesto que as( proporciona el pan á una multitud de obreros;
pero no se debe buscar inmediatamente, y esa ostentación de lujo humilla
y aleja á las amigas á quienes una elegante sencillez atraería á vuestra casa.
Se sitinte mortificación en medio de la profosion, y parece que rodeada de suntuosos muebles una persona, no puede ser sino orgullosa.
Preferid, pues, lo que es comodo y necesario, al principio; después lo
que es elegante.
LOS MUEBLES ANTIGUOS.

Dichosas las personas que no tienen que preocuparse por el mueblaje
de su casa, y que encuentran en ella aquellos muebles antiguos de la familia que son un recuerdo á la vez que ornamento de la casa.
.Aquel sillón en el cual hemos visto tantas veces y por tan largo tiempo, sentarse á nuestro padre y á nuestra madre muy queridos; aquel rope•
ro que aun contiene la ropa que ellos noe han legado; aquel tapete sobre el
Blusa, delantero y espalda. ( Figura. 2,)
cual, cuando niños, tantas veces tuvimos nuestros ratos de holgorio! ¡Ohl
Es una especie de sacrilegio el venderlos ó relegarlos en
Bluea de foular crema y azul con alforzooee, en el delantero jockeys con puntilla de encaje, cin• · Conservémoslosl
un obscuro rincón. La mansión que se despoja de los recuerdos, muy
turón drapeado. Lazos de listón 11zul pálido.
pronto estará también va•
cía de virtudes. GuardeDos blusas de casa. Figuras 3 y 4.
mos nuestros viejos mueEstas dos blusas de ca~a, son muy graciosas y se hace la una de nanzú rojo claro
bles para el descanso del
con cant'zu de entredós crulo; y la otra de serpentina verde nilo, con hombros y es·
cuerpo, como á nuestros
palda liea.
antiguos amigos para el
Cojín bordado.
solaz del corazón. Los
( Figura 5.)
nuevos son más brillantes tal vez, pero son cier·
Este es un trabajo
tamente menos sólidos.
á punto plano, pero
muy elegante: Se eje·
cuta sobre etamina.
Los cuadros de rombos, eon de seda vio•
Jeta, y las pequefias
figuras que llenan loe
centros de los rom•
boa son de seda color
de rosa. El fondo se
hace ápequeñaspun·
tadas de seda malva
y las cruces del centro van de seda oro.
Presentamos tres cuadros: el uno con los
puros rombos, el otro
con algo más, y el
tercero caei concluido.
El primero ea de glacé negro y adornado en la enagua con dos volantes y en el talle con plissés
y cintas de avalorio, camiseta con plissé y corbata de raso.
El trajecito de la nill.a tia muy sencillo y tiene un mandil de percal de azul y blanco con bordados.

Figura .a.

LECTURA PARA LAS DAMAS
E LECCIÓN DE LOS MUEBLES

La ornamentación de la casa consiste, 1?, en la elección de los muebles.
Los muebles son necesarios, y el primer deber de un ama de casa debe ser examinar
los que tiene y procurarse pocc á poco los que le faltan.
Limitaos á lo necesario: todo gaeto inútil ó ex~gerado representa un capital que no
produce nada y disminuye loe recursos de la familia.

í;.a camelia ael nouio.
Dlbu)o de José M. Villa.sana.
F&amp;ura 5.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Congreso médico</name>
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                    <text>EL MUNDO

'º
NOTAS DE LA MODA..

DOMIIIGC1 ,~ d• AGOSTO d• 1897

El buen sentido, de acuerdo con el buen gusto, aconseja elegir muebles úliles más bien que elegantes; cómodos, más bien que suntuosos; durables, más bien que preciosos, y que en fin, no hagan entre sí una cosa ridícula; unas cortinas de seda, por ejemplo, con cajas senc1llas, de madera
corriente, muestran un falso lujo quP. se reciente de miseria.
No tratéis de tener muebles como los que habéis visto en casa de una de
vuestras amigas más rica que vos tal vez, ni de poseer un mueblaje completo por el estilo de la época del R,macimiento ó del tiempo de Luis XV. Es•
to no es permitido eino á grandes fortunas y á personas vanidosas.
No es ridículo el ser pobre, pero sí lo es y mucho, querer aparecer rico
no siéndolo.
Dejad la coquetnfa á quien el mundo lisonjea, para tener derecho á
burlarse de ella, dejadle la vanidad de aparecer y la pueril satisfacción de
oír estas palabras: ¡Qué magníficos muebles!
Üd admiraríais si supiéseis con cuántas miserias positivas, con cuánios
dolores punzantes y tormentos físicos ha pagado ese lujo.
Entre cierta gente la costumbre y el parecer soa lo necesario; el apo•
aento de familia y loe alimentos son lo tuperfluo, Y á esto eupe~uo es á
quien ee le cercena con violencia, todos los días, de una minera mcreíble.

TOMO.JI

MEXICO, AGOSTO 8 DE 1897,

•

NUMERO 6.

Fl&amp;nra• 3 y 4.

Figura l.
Trajea para señora y niña. ( Figura,.)

¿Que sucede, pues? Sin tener en cuenta la vida miserable, mortificada,
toda de mal humor que llevan esc.s aérea vanidosos, si ellos logran su in•
tento de engañar á las gentes, son envidiados; si no lo consiguen, son deshonrados y despreciados.
Yo os creo con demasiado buen sentir para aspirará esto.
La magnificencia del mueblaje no es nondenable, cuando la fortuna lo
permite, supuesto que as( proporciona el pan á una multitud de obreros;
pero no se debe buscar inmediatamente, y esa ostentación de lujo humilla
y aleja á las amigas á quienes una elegante sencillez atraería á vuestra casa.
Se sitinte mortificación en medio de la profosion, y parece que rodeada de suntuosos muebles una persona, no puede ser sino orgullosa.
Preferid, pues, lo que es comodo y necesario, al principio; después lo
que es elegante.
LOS MUEBLES ANTIGUOS.

Dichosas las personas que no tienen que preocuparse por el mueblaje
de su casa, y que encuentran en ella aquellos muebles antiguos de la familia que son un recuerdo á la vez que ornamento de la casa.
.Aquel sillón en el cual hemos visto tantas veces y por tan largo tiempo, sentarse á nuestro padre y á nuestra madre muy queridos; aquel rope•
ro que aun contiene la ropa que ellos noe han legado; aquel tapete sobre el
Blusa, delantero y espalda. ( Figura. 2,)
cual, cuando niños, tantas veces tuvimos nuestros ratos de holgorio! ¡Ohl
Es una especie de sacrilegio el venderlos ó relegarlos en
Bluea de foular crema y azul con alforzooee, en el delantero jockeys con puntilla de encaje, cin• · Conservémoslosl
un obscuro rincón. La mansión que se despoja de los recuerdos, muy
turón drapeado. Lazos de listón 11zul pálido.
pronto estará también va•
cía de virtudes. GuardeDos blusas de casa. Figuras 3 y 4.
mos nuestros viejos mueEstas dos blusas de ca~a, son muy graciosas y se hace la una de nanzú rojo claro
bles para el descanso del
con cant'zu de entredós crulo; y la otra de serpentina verde nilo, con hombros y es·
cuerpo, como á nuestros
palda liea.
antiguos amigos para el
Cojín bordado.
solaz del corazón. Los
( Figura 5.)
nuevos son más brillantes tal vez, pero son cier·
Este es un trabajo
tamente menos sólidos.
á punto plano, pero
muy elegante: Se eje·
cuta sobre etamina.
Los cuadros de rombos, eon de seda vio•
Jeta, y las pequefias
figuras que llenan loe
centros de los rom•
boa son de seda color
de rosa. El fondo se
hace ápequeñaspun·
tadas de seda malva
y las cruces del centro van de seda oro.
Presentamos tres cuadros: el uno con los
puros rombos, el otro
con algo más, y el
tercero caei concluido.
El primero ea de glacé negro y adornado en la enagua con dos volantes y en el talle con plissés
y cintas de avalorio, camiseta con plissé y corbata de raso.
El trajecito de la nill.a tia muy sencillo y tiene un mandil de percal de azul y blanco con bordados.

Figura .a.

LECTURA PARA LAS DAMAS
E LECCIÓN DE LOS MUEBLES

La ornamentación de la casa consiste, 1?, en la elección de los muebles.
Los muebles son necesarios, y el primer deber de un ama de casa debe ser examinar
los que tiene y procurarse pocc á poco los que le faltan.
Limitaos á lo necesario: todo gaeto inútil ó ex~gerado representa un capital que no
produce nada y disminuye loe recursos de la familia.

í;.a camelia ael nouio.
Dlbu)o de José M. Villa.sana.
F&amp;ura 5.

�EL MUNDO

ga

"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.

fa opera 1J nuestros ricos

'1'e16fono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 8'¡ b.

Loe cronistas de teatros se lamentan del escaso núme
ro de espectadores que acude á nuestro primer coliseo.
¿A qué obedt&gt;ce este h.!ch&lt;&gt;? La compaftía de óp~ra que
Toda la correspondencia que ee relacione con la Reallí actúa ea bastante aceptable, y los artistas ee sncuen·
·tacción, debe eer dirigida al
tran animados de la mejor voluntad por complacer al
Director, Lic. Rafael Reyes Spindola.
público. Y fin embargo, noches hay en que las localida·
· Secre$ario de Redacción,
des favoritas de eete género de e,pectác 1los permantcen
vacíae.
Amado Nervo.
En Europa y los Estados Unidos, la ópera es un dd,er
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
8ocial para las clases acomodadas; una f&amp;milia rica se en•
•debe eer dirigida al
cuentra en cierto modo e,bligada á satisfa1er esta t-xigen •
Gerente, Lic. Fausto Moa-uel.
cia impuesta por una elev11da posición. Un programa de
Laaubecripción á EL MUNDO vale $1.25 centavoeal caea propia, varios coches en las caballerizaP, un e, cine·
mee, y ee cobra por trimeetee adelantados.
ro de precio, brillantes y tocados, nn estaría coro pleto si
no ee agregara el palco de la ópera. E'l :\lél'ico, nue•trc s
Nwneroe eueltoe, 50 centavos.
ricos no han llfgado á hacer dt:l teatro un artículo de
A.vieoe: á razón de $30 plana por cada publicación.
primera necesidad.
Todo pa10 d•b• s•r precisamente adelantado.
A veces se 0ye decir, que esta indiferencia del público
liEGIBTBADO COMO ARTÍCULO DE SIIGUNDA CLASE,
que puede pagar tal espectáculo, se debe á q11e los em·
presarios no presentan artistas de primera llnea; más á
esta semt-jante obj1 ción se contesta con el ejemplo que
nos ofrecen los ricos de la República del Xorte y el vifjo
Mundo: Allí los verdaderos empresarios son los intere·
sadoe en eec~cbar á las cel~bridades: el qne contrata á
los artislas no ee más que un intermediario ':"ntre eetos y
el público.
Se ha lanzado en estos días una afirmación que parece
Todos los aftos los abonados habituales á la óperatccar en los lfmitee de la paradoja: solamente llegan á entre los que hay buen número de propietarios de teatro
obtener bienestar económico los pueblos qne luchan con• -presenta al empresario la lista de los cantantes que
tra la pobnza. La miseria, generadora de la riqueza! ¿No desean escuchar. El empreeario hace, sobre esta base,
es verdad que esta es la oportunidad de pronunciar ;a eu presupuesto de gastos, y los abonados responden con
gran palabra empl~ada por un grupo de publicietaP, cada sumas en metiilico depositadas en un banco. Así han
vez que ee le eecapa la explicación de un fenómeno so• podido oír los americanos á Tamagno y la Patti, á Hescciológico: .,oji8ma!
ké y la Scalchi.
Y sin embargo, hay en el fondo de ésta que ee antoja
.Aquí procedemos á la inversa, y esperamos que el emá p1imera vista contradición, una baee de solidez cien- presario nos traiga á una t,,trtlla del arte, acaso para no
tífica, comprobada por loe hechos. Así como el progreso, acudir al teatro. ¿Q11ién es el hombre suficientemente
-creando intereses nuevos que el curso del tiempo trans• audaz para lanzarse á realizar este neg.&gt;cio?
forma en elementos de conservación-constituye un obsLa verdad es que si en México hemos aplaudido á cetáculo al progreso, así támbién los grupos humanos, que lebridades, consiste eu que nuestros empresarios han
por inexorables leyes físicas, semejaban estar condenados aprovechado las proposiciones de sus colegas del otro
á la deeLudez y al hambre, son loe que á mayor altura lado del Bravo. Tamagno vino á México porque la emee han elevado en materia de riqu~za pública.
presa Abbey lo babia contratado por larga temporada, y
En la luchi1 contra las fuerzas de la naturaleza, loe pue· basta la inauguración de ésta, el empresario pagaba inblos, como el individuo, perecen ó triunfan del medio, útilmente una mzdi.~ponibZe. Pero dadas las p:&gt;caa dismejorándolo y utilizándolo. Loe naturales de aquellas posiciones que nuestros ricos muestran hacia el teatro,
comarcas en que la vida ee encuentra hecha, dt&gt;jan adorme- la venida de una compañía de primera será en esta época,
cer eue energías, y la historia de la civilización nos de- en la que nos rodea el aparato de una refioada civilizamueetra que todo ha sido en la hnmar.iidad obra de una ción, un acontecimiento tan monumental como ia llega·
labor peraistente. Loe holandeses, robando.espacio al mar, da de la nao de Chiflri en los buenos tiempos virreinales.
hánla abierto para la producción los mejores terrenos del
Por lo tanto no hay que indignarse dema~iado al vermundo; los hijos de Iaglaterra, sin importantes mate- nos reducidolil á tanda obligatoria. En otras partes del
rias pnmas para sus fábricas, han dotado á su país de la mundo, loe ricos construyen teatros para su propia satismás ac:lbada industria; la Francia ve acrecentar~e eu ri• facción: aquí loe empresarios arriesgan su dinero para
queza después de la derrota de 1870: en lo profundo de que loe ricos se queden en casa.
estos hechos se siente palpitar un trabajo constante, una
tarea incansable contra fuerzas contrarias. Dol crisol de
la miseria salen los pueblos ricos y poderoeoe.
El hambre ea una esperanza de redención en loe agre· ·
gados sociales; pero el hambre viva y tenaz, la que aguijonea por instante~, y se clava como un pufial agudo en loe RESU M EN.-Nuevas dlficultidea greco-turcas.-Amenazas á la Isla de Creta.-La escuadra otomana
intestinos del hombre. La otra, la que se diluye en muy
las potencias extranjeras. - Flrme actltud.-lnchas generaciones y las debilita y las extenúa, esa, hará
quebrantable energía contra las astucias del SulYivir á un pueblo sin actividades, contribuirá á la per•
tán.-La comisión bimetalista amerlcana.-Su peeistencia de enorme tropel de unidades humanas faltas
regrinación por Europa.-Algo en favor de la plata.
de vigor para el trabajo, adormecidas en un sopor inven-Conclusión,
cib~, cuerpos que arrastran cadáveres.
El hombre colocado en la alternativa de trabajar ó mo·
rir, rara vez suele optar por el segundó término. Luchal;randea esperanzas se tenían de ver concluida la gue•
rá afanosamente por satisfacer sus necesidades, y como rra turco-helénica, por la enérgica actitud que á última
el cuadro de éstas se amplía, conforme va iniciándose en hora han tomado h1s potencia3 en favor de la nación
la moderna existencia del ser.civilizado, eu esfuerzo será vencida; hermosas ilnsiones se formaban para contemcada día más vigoroso y eu trabajo más productivo. En- plar o~ra vez, en breve plazo, libre el suelo de Grecia de
tonces combatirá por libras de carne, por varas de pafio, los ejércitos que lo mancillan, y al R-y Jorge, exento de
por habitaciones higiénicae. Pero cuando el homl:lre sa- la amenaza constante que sobre ~l pesa, mientrasEdbembe que puede desertar de la fábrica, y que para eu vida Baj1i permanezca acantonado con sus huestes invasoras
baetar:i un put'iado de maíz, su labor será anémica, nulo casi á las puertas de la ciudad de .\.tenas.
su estímulo, y el resultado del esfuerzo social, raquítico
Tras largas discusiones, como lo anunciam'&gt;s á au ti~:n:y mezquino.
po, habíase llegado en la apariencia á convenir en los
Y be aquí como la pobreza puede servir de agente términos del tratado de paz. Resistiendo constantemen¡ cdero EO á la riquua de loe pueblos.
te á las arterias del ~ultán, unas veces con aEtuta diJil.BXICO

•atas tbitorialts.

Pobreza \' riqueza.

Política 05tneral.

DOMINGO 8 d• AGOSTO Ot: 1897

plomacia, ya con promesae, ya con amenazas, habían
1, grado loa embajadores extranjeros en Constantinopla
amenguar las pretensiones del Abdul-Hamid, cercenar
sus exigencias, y obligarlo á ser menos altivo y deepia•
dado con los infelices vencidos.
Ya la prensa diaria había comunicado hasta el día en
que debían firmarse los tratados de paz; mas comoquiera que, ee inagotable la proverbial perfidia con que procPd!I de ordinario el Califa de los Creyentee, como es im•
posible no dudar de la fé tres veces púnica del que hmnil•
demente se llama la Sombra de Dios sobr,• la Tin-ra, nuevas dificultades han surgido por preten~ionee nuevas del
ministerio otomano, que insiste hoy como ayer en sus
infcnae ambiciones, y ha intentado otras reformas de trae·
cendencin en ks artículos mfa importantes, ya acordados
pi.ra lc,s preliminares de la paz.

***

Y como si efto no funa bastante á su objeto de retar:
dos y dilaciones indefinidas, la escuadra turca, que en.el

fümpo de las ho~tilidadea rotas, perm1neció anclada en
las aguas del Bjsforo, tal vez temiendo el empuje de loe
acorazados griegos y el alcance de su, cañontis, acaba de
cru1.ar los Dardanelos en direccilin ,í Creta, con objeto
de favorecer el desembarque de tropu suflcientee á ap1gar del todo la inextiota insurrección de la revuelta L:la.
¿Q 1é pretende Abdul-Ihmid con s•1d torpes manejos?
á qul&gt; aspira cuando lanza sus hordas de genízaros sobre
los indomables cretenses, sobre sus rebeldes súbditos
cristianos á quienes ba prometido ya la autonomfa al
amparo de las potencia~? ... E,ique, oprimido b~jo el peso
de la Europa cristiana, acosado hasta en los últimos atrin•
cheramientos de su perfidia por la unidad de los diplomáticos de Occidente, que hao tenidr, que obsequiar los
manifiestos deseos del emper9dor mo~covita, se revela
contra su suerte, se resiste á cumplir lo prometido y quiere con nuevas complicaciones aplaiar el cumplimiento,
de ene compromisos, al ver que se le escapa Tesalia, cpe
ya gemía bajo sus garras, y que ha llegado la hora de
manumitirá Creta, para que eje, citando sus propias energías, busque su mejoramiento, libre del ominoeo yugo del
musulmán.
Profundo error! si llegó á p;nsar el soberano turco
que podía contar con la disidencia de los almirantes r¡-1~
mandan las eec11adras extrangeraP, surtas en aguas deCanen, y eaperó encontrar abierto el e 1mino y fácil el
acceso en las costas cretenseP, á pesar del bloqueo de la.
lela, gr&amp;nde habra sido su d~seng,lño: los buques de las
potencias han decidido opoaerse á su intento, y recha·
zar con la fuerza y la violencia los carcomidos barco3
del carcomido imperio muslimico.
Tarde habrá llegado la de~iluaión p·ua el Sultán; pero opurtunamente para evitar el conflicto armado qu~
trataba de provocarse, L:i escuadra turc1 aparenta ahora
que va en pacífica gira por la~ islM a1.11les de I mar d~l
Archipiélago, sin dejar eatrever, que intenta abordar á.
la histórica tierra de Minos.
Y ya que estos cálculos han salido fallidos ¿qué otra.
argucia inventará el gobierno de la Sublime Puerta, para prolongar indefinidamente el s/,1/u 71w, y dilatar en loposible la evacuación de Ttisalia? Q tién sabe, pero hay
que temer;o todo dti su política artera y falaz.

***

D:1enos vientos soplan hasta ahora ,i la comisión nombrada por el Presidente de loa Estados Unidos, para sondear el ánimo en que se encuentran las grandes naciones
europeas en el trascendental asunto de la rehabilitación
de la plata.
Siempre qne se hao intentado conferencias internacionales con este objeto, han fracasado del todo, porque
ninguna se ha atrevido á óponerse de una manera absoluta á la corriente general manifiesta en favor del metal
amarillo; hi1n visto el porvenir próximo de la plata floctuando constantemente con tendencias á bajas considerables, y no advirtiendo ninguna sefial que anunciara
cambios favorables, los acuerdos tomados se han desvanecido como el humo, sin haberae adoptado ninguna medida eficaz á este respeto.
La comisión bimetalista americana, franca y cordialmente acogida en Francia, ha sid0 escuchad.1 con atc,nción por el gabinete de Londree, ee han oído sus razonamientos en favor de la rehabilitación posible del metal
blanco, y aun parece que Lord S.1lisbury ha prometidocooperar y apoyar debidamente la reunión de u.na c,n,

DO ■ IIGO

8 d• AGOSTO d• ,. .,

BL MUNDO

93 ·

cnerpor del rey, del sacerdote y del rico; loe peinan con colmenas de tumbas; el terreno suena hueco en las Uanu- .
cabellos postizos, lee trenzan las barbas, inquieren ojos rae, epidermis de vida entapizado sobre un osario gigan•
de esmalte en las cavidades 4110 contenian los naturales; tasco. La ciudad para alojar aua cadáveres se ha converen una palabra, los adornan para la tumba como si fue- tido en cementerio y se ha dedicado á la muerte.
een á presentarse en la cámara nupcial de una divinidad.
El ejemplo viene desde lo alto: desde que un Faraón
T.&gt;davía es mis notable en la toillete fúnebre, si ee trata subía al trono dábase princfpio á la construcción de su
de m11jeres delicadas y·ricas q11e tienen su gynecé o en la turnba, } ee trabajaba en ella mientras él vivía; la altura
ciudad mr,rtuoria; sus hermosas formis trabajadas p~r y la profundidad de su sepulcro podría medirse por la
manos de artistas, ee metamorfosean en una vaga mez- duración de eu reinado. Diariamente veía crecer su pirá•
cla de perfumes y de platería. Les doran los pechos, co- mide ó alargarse la profundidad que había de tragarse
mo si fuesen ropa~; las ufias, come, si fuesen sortijas, y su momia. La muerte era el único horizonte de esos hom •
loa labios como si fuesen collares. Las eac~lpe el embal- bree consagrados á las ideaa y á loe trabajos póstumos.
sam:idor en graciosas y castas acfüules, casi toias cru- Recorred loe cementerios de los sacerdotes y de los rezan piadosamente los brazos sobre el pecho; algunas cu- yes, y atravesaréis sombrías. y espléndidas hileras de cá-.
ro,eas.
bren con la~ dos manos los misterios de su belleza, como
maras, de salas y de galerías, en las que millares de maVénus de Mé:iicis de la tumba. Una madre en~rrada en nos se ocupan en tallar la piedra, en pintar las paredes,
X. X. X.
Agosto 5 de 1897.
Tébas, estrecha contra su corazón la peq ueñ 1 m Jm ia de en desarrollar en la roca interminables paneles de gero.
un hijo recien nacido. En ese caso el emb1lsam1miento glíficos. Juegos, cazas, festines, batallas, todo el poema
sobrepuja á la escultura, porque no en la m iteria insen- de la vida, esculpido y colorido con grandiosa elegancia,
CONCURSO DE ZARZUELAS
sible, sino en la misma vida, en la carne, en lo que su- está enterrado e~ esas catacumbas; y todo ese lujo de ar•
frió
y palpitó, es donde se talló ese grup:&gt; maternal.
te sólo sirve para recrear loe ojos de eemalte ó de cartón
Nuestro Semanario tiene derecho, según las bases del
Encerraban
á
las
momias
de
segunda
clase
en
cajas
pintado de las momias!
«Concurso de Zarzuelae11 qua ee verificó el afio pasado, á
Xinguna mirada viva profana esos museos crípticos.
disponer la representac:ón de las que obtuvieron premio menos ricab y cubiertas con sudarios más groseros, y á
los pobres y los esclavos los em·pa1uetaban precipitada- Los pintores y los escultores, que loe han decorado dt&gt;s•
y manejar eue productos de la manera que enton~s ee
mente en cestos construidos de ramas de palmera. Se de la base hasta la cima, han trabajado para la Noche y
indicó.
·
comparan
con frecuencia las bibliotecas á los cemente,
para el Silencio. Apenas el cuerpo tomaba posesión de
Por el gran recargo de trabajo que tiene en sua Oficiríos;
volviendo
del
revés
la
comparación,
poiía
apliéaresos
sitios, las puertas desaparecían bajo l~s rocas, la
nas actualmente, cede este derecho en favor de los autores de libretos y música, quienes desde hoy pueden dis- se estrictamente á la necrópolis egipcia. ¿No ee aseD?,e- montal1a ee cerraba sobre el palacio fúnebre le devora·
poner absolutamente de la propidad y administración jan á los libros las momias arrim ,das á lo largo de lae ba y le digería asimilándosele á su masa árid~, y no ex·Fpa1edee, con sus eudarios de papyrus y sus estuches llenos tía ya más que en el mapa de los sacerdotes, únicos geóde sus obras.
de escrituras y geroglíficoe? Unas magnífic11mente encuagrafos del mundo sepulcral.
dernadas, publican las glorias de los reyei y los misteSi ese mundo misterioso hubiera guardado su secreto,
PAGINAS ESCOGIDAS
rios del sacerdocio; otras envueltas en cartones vulgares, si los espoliadores no estuvieran dotados del olfato de
no encierran más que los secretos de la vid_a clmún; las las hienas para descubrir las tumbas ocultas, y si el EgipLA MOMIA
últimas, en fin, con pobre envoltura, nos revelan la mi- to, ni velado hasta entonces, abriera súbitamente el cataseria
y la desnudez de la esclavitud, perpetuados mAs falco interior, cuya superficie sólo es eu portal; ¡qué esEl paganismo helénico consume el cuerpo humano eu
pectáculo hubiera expuesto al mundo de los vivos! ¡Cu1hoguera triunfal, y convier~ el cadaver en .hermosa lla· allá de la tumba.
El viejo Egipto reconoce, sin embargo, una igualdad; renta siglos embalsamados! ¡Un juicio final de momias!
ma. Disuelve al he.robre como a! diamant;e, sin dejar de
él ninguna de las escorias de la destrucción. La muerte la de la conservación en la m·1erte. E nbalsaman al rico ¡La historia humana y la historia natural de las generaciones de hombres y de ani..aalee que desde los reyesaparece bajo la forma más ligera en el puro clima de la y al pobre, io mismo al esclavo q,1e trabaj'l bijo el látigo
Grecia, y sopla la vida como si soplara la antorcha siro• del in3pector, por el salario de tres cebollas crudas, en pastores, hasta los Ptolomeos hollaron el suelo del Delta,
milagrosau;ente conservadas! ¡A Sesoetris y á Joeephl
bólica que loe Genios fúnebres aplastan con los piée y las pirámides, que á loa F&amp;raones que 189 mandaron
Ese cocodrilo adornado con pendientes, era adorado en
q ne espira en columnas de humo. Entrega los despojos construir, para enterrar en ellas su ataúj, Los estropea•
los estanques de !iléofü. Quemaban incienso an~ ese
mortales al ele111ento que borra y que purifica, y sólo es· dos, los leprosos, los seres deformados por la elephanteasis, (especie de lepra) no escapaban á esa salmuera Ibis, al que el tiempo no ha robado ni una sola de sus
irae de ellos un resíduo diáfano, casi aéreo, un pufiado
implacable; tenían su enférmsria en la ciudad fúnebre,
plumas. Tocad e~e sudario bor:lado de perlas; debajo de
de cenizas blancas; el polvo de la mariposa Psiquis.
El judaismo y el cristianismo tratan con más dureza á en la que embalsamadores especiales salaban y prepara- él palpitaba eJ corazón de Cleopatra, y el áspid que morlos cadáveres; vuelven la carne á la tierra y la arrojan ban sus carnes purulentas, hasta motnificar los fetos; lo dió eu brazo de ambar, levanta al lado de ella su acerada
cabeza: al percibir ~l perfume que exhala, cualquiera didesnuda y sin defensa á la mieeria de la tumba: Job dice que no tenía vida parecía vivir.
Más lejos llevaron todavía su eagrada locura; llegaron • ría que acaba de salir de la cesta de higos y de flores.
á la podredumbre: s¡Tú eres mi madre!11 y á los gusanos
¿Cuál fué el principio de fetichismo mortuorio que cadel sepulcro: •Yosotros sois mis hermanos y mis herma- hasta apoderarse del reino animal. E l embalsamamiento
llegó á las bestias, á las aves, á los ·peces, á los insectos,
nas.11
racteriza á la raza egipcia? .A. au mitología es preciso preSólo el Egipto lucha brazo ó brazo con la destrucción. á lo que pasó por el mundo sin dejar en él mis huellas guntar el sentido de sus extraños funerales. Según la doctrina de los sacerdotes, el alma depende del cuerpo has•
Satura con incorruptibles perfumes el cadáver que otros que una marca en la arena, un nido en la rama ó un surpueblos entregan á la tierrra que mancilla y al fuego que co en las aguas del Nilo. Se embalsamab\\ á los gatos, á ta después de su separación; ella le refleja de lejos en sus
encarnaciones sucesivas, y ella se reciente más allá dtl!
devora. Y encadena con cintas eu forma precaria, y la los perros, á los cocodrilos, á las ratas, á los escarab1jo~,
arranca, secuestrándola, á las metamórfosis de la corrup. á las muearail.as y á los huevos de la~ serpientes. La más tiempo y del espacio, de sus mutilaciones y de sus herición. De la'muerte hace una momia; esto es, nna estatua pequefia, la más fugitiva_gota de vida, fijada p')r una at- das. Su individualidad espiritual se asegura con la intemósfera de aromas, se cristaliza y se hace. inm'lrtal. E l gridad de su despojo material; de aquí nacieron loe cuipetrificada por un montón de bálsamo.
Egipto
ee insurrecciona contra la ley de la nat1irileza
Ofrece un fenómeno único ese pueblo ocupado duran•
d:idos infinitos prodigados al cadaver, y la inviolabilique
quiere
que todo vuelva para didolverse en la univerte sigks en embalsamarse á sí mismo y en crnzaree de
dad que le atribuían. E! cadáver era para ese pueblo la
eternos sepulcros. Penetrad en el distrito fúnebre de Te- sal química que renueva la materia; acepta la muerLe p l·
prenda que el hombre deja detrae de sí al partir para el
baaa, la ciudad muerta se establece en medio de la ci u- ro la prohibe destruir. Al poder de destrucción que en. viaje desconocido, la caución, la garantía, la hipoteca de
su destino.
~ dad viva, silenciosa como un sepulcro, activa como un cierra, el Egipto opone una farmacia enérgica, un en.:ar•
laboratorio. Inmensas salas ee suceden unas á otras, y su nizamianto secular, una teología que podría definirse:
Añadid a:lemás á esa poderosa razón, la compasión
perspectiva se prolonga hasta perderse de vista, como si la higiene sagrada del cadaver.
hacia los muertos llevada á su paroxíemo; virtud, pero
¿Pero dónde colocar esas generaciones inmóviles qu~,
ee perdiera en la eternidad. En ella, vigilada por sacervirtud fatal cuando ee exalta hasta el fanatismo. El coldotes lúgubres que se ciñen pieles de panteras y se cu• después de su muerte, ocupan tanto sitio como cuando to á la muerte fué la plaga histórica de Egipto, plaga más
bren con mascarones de chacales, la casta de loe embal• vivían...... E1 Egipto no retrocedió ante ese problema; el terrible que las otras con que le cas~igó Moisés.
samadores se ejercita silenciosamente en sus trabajos fu. pueblo embalsamador se )lizo enterrador: inventó una
Es escuela perjudicial la de la tumba; eneefia la inmonerarios. En ellos millares de cadáveres que, manos há• arquitectura subterránea que copiaba, haciendo mayo- vilidad, el entorpecimiento y el sueño. Llega pronto á
hiles elaboran, ee elevan lentamente á la dignidad de res, las enormidades de su arquitectura exterior. Im1gisu decadencia el pueblo, cuando no hace otra cosa quti
momias, pasando por todas las fases de la crisálida trans- nad un hombre cuya mirada pudiese penetrar por debasubir y bajar los escalones del sepulcro. •Si intenta algún
formada y de la estátua desvastada. .A. unoe, después de jo de tierra; pues este hombre hubiera en Egipto visto progreso, si busca algo nuevo, ei trae pasa los límites pres.
vaciarles las entrafias, los llenan de composiciones oloro- la espantosa visión de un mundo subterráneo correspon- critos, encuentra un ejército de momias formadas en basas; hunden á otros en una caldera de be~ún, stigia lus- diente al mundo de arriba, diez veces más vasto, cien ve- talla que le impiden el paso. ¿Sabe más que sus antepa.
tral, que debe hacerles invulnerables á la corrupción; es- ces más profundo y mil veces más poblado. Cada ciudad sados que le II1iran fijos y gra vea, con los ojos cargados
tos se alargan bajo las espirales de dimiuutaa cintas; ee repercute en necrópolis, cada casa cubre un pozo morde siglos y con el cuerpo cubierto de geroglíficos, que ee
aquellos, colocados ya con su funda de cartón solo espe- tuorio; bajo loe pies de cada hombre que paia, como rai•
identifican con el dogma que él iba á quebrantar? Sd
ces de las entrafías de la tierra, existe una fila euperpues• puede no hacer caso de la doctrina oral de tiempos inran el pincel del amanuense y del.barnizador.
Hay gerarqufas en la ciudad fúnebre; las momias tie- ta de momias, cuyo limite se hunde en profundidades memoriales, desvanecida con loa hombres que en épocas
nen su aristocracia, su clase media y su plebe. Un grupo insondables. El Egipto ea la fachada de un sepulcro in• pasadas la representaban en la tierra, pero ¿cómo ee dede peluqueros, de pintores y de plateros ee dedica á loe meneo; sus pirámides son mausoleos, sus montafias son safía á la tradición embalsamada, pal~able, que simula la

ferencia en W aehington, no por lo que respecta al Reino
Unido, al Canadá y á las colonias africanas, sino por lo
que pudiera afectar los intereeoe de la India inglesa.
Próximamente eerá recibida la comMón que preside
Mr. Steveneon por todo el ministerio británico; algo de•
bitivo tenJrit que tratarse, y ei ee favorable como ee
eepera al objeto que han llevado los enviados de Me.
Kinley, ei encuentran eco las pre~nsionee bimetalistas
de los Estados Unidos y algún apoyo en la Grao Bretafl.1, es indudable que esa disposición favorable será eecnndada, ~uando los miembros de la comisión se presenten en Alemania y Rusia.
Con cuánto interés debe seguirse en México la marcha de eea comisión americana, á través de las Cortes eu-

�EL MUNDO

DOIIINGO I DE AGOSTO DE 1897
EL MUNDO

94

.,
Tida?-No ealgas viejo Egipto del carril trazado por el
buey que tu pueblo ado.a y que simboliza tu melancóli·
ca rutina; vuelve á inclinarte ante tus ídolos, con cabeza
de gavilan ó de mono, mientras que loe dioses poéticos
y magni:6.cos, que ellos han engendrado sin saberlo, de·
rraman por el mundo la vida, la libertad y la luz! ¡Talla
esfinges con el rostro tao bestial como las ancas, mien•
tras que Fidias esculpe en el mármol Pentélico las divinidades del heroísmo y de la sabiduría! ¡Inscribe penosa•
mente á golpee ·de martillo sobre tus obelíscoe, caracté•
, es y :figuras sagradas, en la hora en que Homero canta
¡1or los senderos de las Cyladee, y en que la palabra de
Platón recorre la Grecia en alas de las abejas que visitan
• sus labios! Estas giran en torno de la inmóvil serpiente
que ee muerde la cola al rededor del eternal cuadrante!
Tu pasado momificado te cierra el porvenir. Juega pue•
blo gnomo, con tus mufiecae fúnebres que perpetúan tu
infancia, barniza tus mascarones, pinta eue ojos, colora
eue erijas con los coloree sin orden que preEcribe el rito;
aduérmelae en eus earcófagoe; murmurando las
letanías inintelegiblee que t·1e sacerdotes te enee•
fiaron! Silencio eobre:todo, y fuera la poesía, la
:6.losofia y la elocuencia; el último de loe sacrista•
nes de leie sabe más que ellas. Se habla tan bajo
ea el país de las tumbas! ......
La más chocante de todas las formas de la eecul•
tura es el embalsamamiento; esa torpe parodia de
la vida subleva á la intetigencia, por que eEa :ficticia
perpetuidad del cuerpo parece que niega la inmor·
talidad. Creo ver las alas del angel enrlldarse en
esa liga de aromas, creo verla oprimida por los nudos de las ligaduras. ¿Cómo cosa tan ligera ba de
dejar tras eí despojos tan pesadoe? Vale mil veces
más el anonadamiento aparente de la forma humana, que conservación tan artificial y tan ridícnla.
Comprendo que produzcan espanto las repugnantes imág~nee de la destrución; comprendo que
1oe ojoP del am!lnte ó del hijo vean con horror la
lenta disolución del eér querido, debajo de la tie•
rra que lo cubre. Envidio la llama de la bogue•
ra grieg\ qu3 q113m1b1 la c11rcel para libertar al
cautivo, y que le rob1b1 el cuerpo, cJmo un águi•
la del a?oteósis, antes qne la podredumbre tu•
viera tiempo de aproximarae áél. Eeho también
de menos los furrerales, crueles en la ap:uiencia~
de esa&lt;J tribus idólatra'!, qus adoran al fuego, y
que te'Iliendo manchar el seno de la tierra depositando en ella el cadáver, le exponen sobre una
roca, en donde sirve de pasto á las aves de rapifl.a.
-«Qué es, pregunta Z iroaetro á Ormnzd en e1ZendAvesta, la tercera cosa que desagrada á la tierra que
habitamos y que la impide sernos favorable?»Ormuzd.respondió: Construir en ella una tumba
después de ha berlacavado, y enterraren ella el ca•
daver de los hombree.»
-«Cuando un hombre muere, dice también el
Zend-Aresta, las aves se arrojan desde lo alto de
las montafiae áloe valles en que están situadas las ciu.la•
des, descienden hasta loe desfiladeros, y arrojándose eo•
bre el cuerpo del hombre muerto le devoran~on avidez.
Vuelan e.eas aves de rapiña desde loe dee:filaderoe á la
cumbre de loe montee. Su pico duro como la almendra,
lleva á esas montañas la carne muerta con eu~graaa. De
este modo el cadáver del hombre ea trasportado á lo alto
de los montes desde el fondo de loe valles. Esas exequias
' aéreas no carecen de grandeea ni de poesía. ¿Quién no
prefiere la devorante mordeduradelcuervo á la lenta pica•
dura de loe gusanos del sepulcro? Si exceptuamos la lla•
roa que disuelve y transfigura, no existe más rápida
transfiguración °de la vida. Dispersado el cuerpo, toma
las alas de las aves de alto vuelo, sube con ellas á las
cumbres, ee sumerge en en el éter y participa de la vida
de las regiones sublimes. El héroe de una canción grie•
ga se regocija de ser devorado por una águila:-«Come,
águila, aliméntate con mis fuerzas, aliméntate de mi va·
lor, y tu ala adquirirá la longitud de una anfi, y tu garra
la de un palmo.»
Deepuee de todo, la tierra concluye por purificar como
el fuego, como él á la larga lo reduce todo á cenizas.
La forma muerta- que la imagenación desenterraba con
espanto, se abrevia, ee aminora y ee desvanece por gra·

dos para el mundo visible; sustituyen pronto á las fac•
cionee dee:figuradae, las líneas ideales y loe contornos fu•
gitivos de la aparición ... y entra en las regiones de la
memoria y de la sombra! El espíritu la invoca como si
se tratase de una idea ó de un euefio. Atractiva y her.
moea ea esa metamórfoeie, y comparada con ella, apare•
~e groeéra la fijeza del embalsamamiento. ¿No es dar
pueril importancia á nuestra mortal efigie, restaurarla
penosamente cuando ha perdido ya su valor? La belleza
ee disipa, la juventud ee agosta, 111 vestidura de carne se
desgarra en todos los ángulos del camino, ¿y el hombre
ee ha de ct:bar disputando á la nada loe reatos de la en•
fermedad y de la· vejez, lo que no es mas que la más•
cara y el traje de vida? ... ¡Hermoso espectáculo para el
alma, que acaba de abordar al mundo eterno, será ver
como en la otra playa se deseca durante siglos el andra•
jo de que ee despojó!. ..
Asimismo esos mausoleos egipcios, que amontonan
pefiaecoe para enterrar una momia, indigna al eeníritu

DAMAS DISTlNGt:IDAS

95

DOMINGb 8 de AGOSTO de ,897
EL COMETA DE HALLEY

El cometa, que en el año de 1,066 arrojó un esplendor
celestial sobre la conquista de la Inglaterra por los Normandos comaudados por Guillermo el C,rnquistador, y
cuya visita aterradora fué conmemorada por la mano
misma de la Reina Matilde en la tapicería Bayeaux; que
en 1,456, afio de la gran batalla de Belgrade, llenó depa•
vor igualmente á Turcoa y Crietianoe, y fué anatemati•
zado, eegó.n ee ha hecho constar, por una bula del Papa
-ese cometa, cuya extrafl.a forma de cimitarra, todavía
hizo helar hasta la médula de los huesos de loa ignoran•
tea y euperaticiosos, en la última visita que nos hizo en
1832', ae halla actualmente en camino con dirección á
nuestro planeta. Está bastante lejos todavía, pero el oj9
avieor de la ciencia, lo ve ya en la órt&gt;ita de Neptuno; co·
rriendo hacia el sol y la tierra con una velocidad que
constantemente va en aumento al descender por la curva
pendiente de su órbita. S.i ha daio ya la voz de alarma
desde una de las principales atalayas de la Astro•
nomía. El profesor Glasenapp anuncia que la ofici•
na establecida por la Sociedad Astronómica de
Rusia, ha emprendido hacer el cálculo de ia senda
verdadera del cometa de Halley, con la mira de de•
cirnoe anticipadamenti; la fecha e:i:acta de eu lle·
gada.
Conffa el señor Glaeenapp en que loe astróno·
moa que tienen conocimiento de las observacio·
nes del cometa, que no hayan sido publicadas, las
comunicarán á aquella ciudad. Después de eu pe·
ribelio, se observó al cometa rdirándoee al espacio,
hasta Mayo de 1836, y al fin habiéndoselo tragado aquel, se perdió de vie5a. Estará en perihelio
otra vez por el año 1911; pero en los poderosos
telescopios que hoy existen, y con loe más fuertes
que tal vez se hayan hecho para entonces, es pro·
bable que ee descubra el cometa corriendo hacia
el sol, un afioó más, antes de ese tiempo. El hecho
de que la tarea de computar el tiempo justo de su
vuelta, está ya á punto de comenzaree, inspira la
confianza de que la siguiente visita no eerá cuee•
tión de cuantos días, sino más bien de cuantas horas, ó tal vez minutos, que andarán errados de
cálculos.

APUNTES SOBRE EL

VIAJE ALREDEDOR del MUNDO
DE LA CORBETA

,,ZARAG-OZ~~/'

RECOGIDOS POR EL DOCTOR CARLOS GLASS, MEDICO ~DE LA MARINA MEXICANA.

37,ooo MILLAS SOBRE LOS MARES
........... +

PRIM!tRA PARTE
DE GUAYMAS A HONOLULU

I
SALIDA DE GUAYMAS.-ADIÓS Á LA PATRIA.

En el puerto de Guaymas, el 23 de Abril de 1896, notábase un m&lt;lvimiento e:x' traordinario en todos loa barcos que allí fondeaban.
El transporte Oaxaca y el cafl.onero Dem6crata, enviaban constantemente sus botes,
llevando oficia les y paisanos á bordo del Zaragoza; centenares delJ!,nchaa, cayucos y
botes particularee:rebullían á_fuerza de golpes de paleta la verdosa superficie de las
aguas, manteniéndose á flote á los costados de la corbeta ó bogando á toda fuerza para
aligerar la distancia que los separaba de la playa.
Cerca del Almagre, fondeada aún, veíase la eebel ta :figur"a del Zaragoza; por eu chimenea salían negruecoa penachos de humo; en la cubierta, todo el ;equipaje trabajaba
con actividad, y en los portalones, cual un interminable cordón de hormigas, subían y
bajaban paisanos, oficiales, y una t,·oupe de cargadores embarcando víveres.
En la playa un compacto grupo de gente observaba con ansiedad., sin perder un de•
talle, todos aquellos preparativos que ee hacían á,bordo.
A las dos de la tarde ee levaron y trincaron escalas, se aferró el aparejo, y loe winch
con eu estridente ruido izaron anclas, hasta que, puestas á pique, ee mandó largar fo•
· iui, y libre ya de eue amarras, em pujado por el viento, el barco viró poniendo proa al
l,[orro Inglés.

cana, la población primero, los muelles después, hasta que, solitario, en las tranquilas
aguas del Golfo que dividía con la cortante proa, seguimos adelante, marcando vaporosa estela, efímera huella de nuestro paso. Una brisa ligera y favorable hace largar todo el velámen ·y ya en la noche, solitarios en ..oedio del Golfo, distinguíaee apenas la
montañosa costa de la Baja California, bafl.ada por bruma ligera, dorada con loe primeros rayos de una luna deliciosa.
Blancas y tenacee gaviotas con eu ágil y silencioso vuelo, dejando de vez en vez
eecapar sus plafl.ideroe gritos, nos acompañaron, deeeoeae :ie rtcoger los desperdicios
del rancho, que arrojados al rr.ar forman su codiciado alimento.
Un cielo de buen cariz, con horizontes despejados, fué signo de regular anoche•
cer, y al alba del siguiente día, á la descubierta, ni un sólo barco en el horizonte y,
siempre á estribor, la costa oriental de la península californiana.
La derrota era, doblar el cabo San Lucae, cambiar rumbo, doblar el cabo Pulmo,
seguir después hacia el Norte, dejando un poco abierta la costa, y fondear en San Francisco Caijfornia, donde el barco ee aperaría bien para seguirá las islas Hawaii, Japón,
etc., ea decir para empezar realmente el viaje de circunnavegación de E. á O. pasando por el Canal de Suez.
Fuera de contratiempos, eeñaláronseSdías de Guaymas á San Francisco, pero al doblar el cabo San Lucaa anuncióee rudo un viento Noroeste de fuerza regúlar, que ee
hizo más violento cuando, fuera del socaire de la costa y al doblar el cabo Pulmo, re•
cibimos el¡ viento y la mar de proa con toda eu intensidad.
Entonces varió la situación: el balanceo y cucharéo de la corbeta provocaron el mal
· de mar en loa novicios; los golpea de agua embarcábanee frecuentemente por la proa,

La vida del avariento y egoísta ea solidaria, y su
vejez es triste; no tiene compañero, suceso, abigo
ni esperanza; ocupa deeapaaiblemente au estrecho
círculo, como el caracol su concha. La fiebre del
dinero lo consume; el cobarde orgullo lo degrada,
y la envidia lo petrifica. Lo pasado es para él un
vacío; lo presente, un desierto; lo venidero, nada.
Ni dignidad, ni honor, ni ilustración...... Oro, y
1.0áe oro.

***

Una borrasca sucediendo á otra, una oleada
reemplazando á otra, van endureciendo la concha
que guarda la perla; de_ignal manera las oteadas
SerÍorita Leonor. Murúa, de México.
y borrascas de la vida dan nueva fuerza y ener•
gía al carácter del hombre que muchas v.icaJ ule co•
p?r eu hipérbole. La tumba no debe ser desmesurada,
·
meute más grande que la tall¡¡. humana; el cuerpo ea Ji. mo las perlas escogidas.
*eu corazón eeM la cabeza de
mitado si el alma es infinita. El mundo no es bastante
Influenciada siempre por**
estenso para contener la memoria de un héroe, pero ea la mujer; influenciado siempre por la cabeza está el codemasiado una montafl.a para encerrar eu cadáver. ¿En·
razón del hombre.
cie~ra la gran pirámide el esqueleto de· Leviatán ó la osa•
*** amp1·1amente á 1a muJer,
.
Si educamos é instruimos
menta il.e un Faraon?... ¿Quot libras in Alexandrof Una
urna, una cruz negra ó un turbinte esculpido basta pa- preparamos facilmente la educación é instrucción de la
familia y la sociedad.
ra el que vivió algunos días.
Yi en el cementerio ile Nuremberg una tumba más
OTRO PAGO OE $3,000.00 DE "LA MUTUA"
grande, á mi modo de ver. que todos loe hypogeoe del
EN LEON.
Egipto con los colosos que los guardan y con los pane•
gíricoe en letras de diez codos grabadas en sus paredes
León, 29 de Julio je 1897.-.Sr. D. Carlos Sommer, Di•
Cort.eietía en una sencilla piedra, en la que solo estaba rector General de «La Mutua» en Méx1co.-.Muy tiatim.i.•
señor:
escrita esta palabra: ¡Res1uga1n! «Me levantaré.» Lanza doEl
B.i.nquero en esta ciudad de la H,moral&gt;le C.&gt;mpa•
fl.ía
de Seguros sobre la vida «La Mutua» de Nueva York,
ese grito sublime una piedra desnuda, un féretro hecho
giro nea, una osamenta en poi vo, pero él babia mas alto de la que ea Vd. digno Director en esta Rdpública, me
ha en1iregado la suma de(3.000 00) tres m1l pesos, como
y afirma más la inmortalidad que las pirámides, los ear• volor de ta póliza núm. 578.505, úe mi finado esposo el
Sr. D. Jus,ino Horner.
cófag-:ie y laa momias indelebles del antiguo Egipto.
Reconozco agradecida la suma eficacia con que Vd. ha
p AUL DE S.a.INT-VICTOR
prooedido en la liquidación de este siniestro, aumdn,an·
do con esta máe, IIM! numerosas pruebas 41111 ya ha dado
aLa 1'.11utuan d&lt;!I empeño con que acostuwor&lt;1 lltinar loil
o ,mpromtsoe conm,1dos con dUt! asegura.Jos. -~oy de
VJ. afw.i.., atentíoima y S. S. -ELL'&lt;A I:'. J).E Hom,.&amp;R.

Buque escuela "Zara¡oza."

A la voz del eefl.or comandante suena el timbre de las máquinas ordenando avante,
;y un torbellino de agua espumosa y enrojecida por el lodo del bajo fondo, anuncia que
,la hélice puesta en movimientoem pujaba, ya libre, el airoso casco del Zaragoza.
Bien pronto los cafl.onee Nordenfel:it, á babor y estribor del puente, dejaron oir
veintiún disparo!! cuyo eco se perdió en las lejanas eerraníae del Bacaúite, En la jarcia y
palos del Oa.'Vaca y Dem6crata., cubiertos por eue respectivas dotaciones, respondían és.
·tas con un «viva México," sonoro, prolongado, á. la vez de los comandantes.
En loe muelles, grupos del pueblo y de la simpática sociedad guaymen!!e, movían
eue pafl.uelos de mil coloree, y loe gritos y llantos que se perdían por la distancia nos
llegaban hasta á bordo, débiles, pero expresivos, llenos de cariño, de amor y simpatía.
El 23 de Abril d.e 1896 marcará indeleble fecha en la vida de 153 individuos que
,J:oqnimos la dotacióndel Zatagoza. 153 seres que dejamos patr-ia, amistades y afectos

íntimos del corazón, á trueque de ilustración y de gloria. Abandonábamos México
para emprender un viaje extraorctinario, el primero en su género: se trataba de dar
una vuelta al mundo por maree dificiles y peligrosos, y eneefl.ar á nuestra gE"nte las
rudas bregas de marina, presumiendo que al lado del entusiasmo por el viaje, no fallarían loe hondos temores de no volver jamás á pisar el país natal.
Ua instruido y valiente marino, el sefl.or brigadier Monasterio, secundado por inteligente y atrevida oficialidad; una tripulación, la mayor parte avezada á las fatigaa
del mar, y el que estas líneas eecribe, como médico cirujano, formábamos la dotación
elegida para hacer el viaje de circunnavegación,
A las tres y media p. m. trincábanee ea sus varaderos las anclas, y el barco á media máquina pass ba majestuoso, dejando perderse por la popa, en lae vueltas de la bomojando el caefülo y combés y deteniendo así la marcha, hasta entonces regull\l' de

�DOMINGO 8 de AGOSTO DE 1897

EL MUNDO

96

,

r

Panorama de la ciudad y Puerto de Guaymas.

nueeiro andar. Sin embargo, navegll.bamoe á eepeneas del carbón que se consumía á
manos llenas.
II
EN LUCHA CON LA TOH~IEIS'l'A.

El temporal persiste; la gente fatigada demuestra no obstante alegría y buena vountad en la, pe,ada~ faena@; el viento húmedo y fr(o castiga los pulmones de algunos
que forman lista en la enfermería, y las singladuras a1;uean diariam,mte nuestro leuw y difícil andar.
A la altura de la Isla de Cerros se ordenó cambio de rumbo y crnzamoe por ei
canal, penetrando eo la bahía de Sebaetíao Vizcaino, eocareándonoe con la inmensa
pantalla que al viento ofrecía la montaf\oea isla.
Lárgaoee las cangrejas del palo mayor y del trinquete, y virando á eetribor unos
20 grados, tnvim1;s el viento por la mura de babor; el fnerte empuje de viento y marejada ocasionó violentos balanceo@; llegando uno de ellos á -!O gradOI'; en cambio con
eólo las velas, obtuvimos una velocidad de 12 millas por hora, ad fué que en poco
,iempo e9tuvimoe eo la bahía fuera del alcance de la tempes,ad.
un·cielo rojo, ceniciento, sin nubes, y la mar grneea dábanle un aspecto sublime al
espectáculo; eobre la isla, inmensas parvadas de avel! marinas rebullían flotando en el
cielo, y sobre el agua grandes masas de a!gas marinas deepre11didae de sus fuentes eo·
brenadaban llevando en su ineetricable ramaje amarillo obscuro, cadll.veree de jai va y
otros moluscos magullados por el empuje de las olas, futuro paet.o de la voraz ga•
viota.
En\re loe valles y colinas que forman loe accidentados precipicios de la isla, distinguíanse, sslteadae y miserables casucas, que blanqueaban eo medio del rojo obe•
curo ó verde del terrer&gt;o.
Bordeábamos la isla eo plena calma, y uo tanto restaurados, veíamos poco 11. poco
aparecer al norte una franja de mar libre y agitado, y eentíamos nuevamente con
igual intensidad, el viento que nos habla acompaf\ado hacía ocho días.
Había ya concluido el me! de Abril y aun dietábamos más de 900 millas de nuestro
punto de arribada. El temporal continúa y el carbón y víveres escasean 11. bordo; roo·
déranse un poco las raciones, pero no era posible economizar también el carbón,
con que para sostener la marcha contrarrestando la marea, se necesitaba cargar las

Avistado por el vigía del cemáforo, nuestro barco, caneado del temporal, pronto izó sobre el pico de la cangre•
j~ de mesa o a n ueetra bandera, y poco después, fatigados to·
dos pero siempre alegres, dejáronse ir 11. pique las anclae en
uo ,fondo rocalloso y profundo. Olas gigantes rompiánee
con estrépito eobre el sinnúmero de arrecifes esparcidos
en la bocana, y el viento oo siempre fuerte gemía escanda loso al tocar las desoladas rocas de la costa.
A otee de llegar al puerto, ¡con qué avidez pasaban loe
catalejos de mano en mano, buscando en las playas un
abrigo y un auxilio á nues•rae fatigas y neceeidadee!
¿En tan desolado puerto íbamos á buscar abrigo y pro·
visiones ...? Por fin, un grito de entusiasmo brota de todos loe labios: era que se habían descubierto plataformas con carbón, había ferrocarriles, y quizll. tráe la mon•
tafia un pueblo amigo y hospitalario nos proporcionaría
loe víveres que urgían.
¡Catorce días de temporal deshecho al principiar el
viaje, era instrucción oportuna, era despertar en todos la
idea de las dificultades en noa tarea ardua y peligros
sal pero ¿qué importaba? no había qne desmayar y debía
seguirse adelante; teníamos el atractivo de lo desconocido
y esto era suficiente para calmar el ánimo á todo el
mundo, á bordo de nuestro ~scarón de fierro.
DeECanea por fin sobre sue anclas el barco, e'1Hlaee al
viento, y el bote de servicio parte, conduciendo al ma·
qui nieta, pagadores y médico al muelle. Loe informes ooi
indican que á las 2 p. m. salía el tren para San Luis
Obiepo, donde podíamos arreglar precio de carbón, cam•
bio de moneda y provisión de víveres. Por fin ya en el
treo camináb11moe contentos del cambio brusco é ioee•
perado de la traveeia. Viajábamos en tren en bueca de
alimentos para el barco y para nosotrog, libree ya de
una tempestad y teniendo á nuestra vista una continuae
da serie de llanos cnltivadoe y divididos en lotee regulares, donde el maíz, la vid, el
baba y el trébol crecían impulsados por la mano trabajadora del horticultor¡ donde loe
ganados, á la calma de una tarde cálida, tranquilos rumiaban, echados á su antojo;
donde se advertía con sorpresa la vida tranquila de loe hogares aislados del mundo
er&gt; medio de colinas siempre verdee; donde,en fin, nuestro ánimo, cargado de impre•
sionee contrarias, pero siempre bellas, diepon!ase á gozar del nuevo escenario que nos
presentaba nuestro efímero paso por aquel paraíso californiano.
Por fin, media hora de camino á gran velocidad nos condujo al pintoresco pueblecillo de Sao Luis; eus calles rectas, ene casas de madera imitando todos ioe eatiloe, orladas de marcos de enredaderas y mil floree, desprendiendo un ambiente perfumado,
y sus mil lordi11g ¡¡owig ladieA artística y sencillamente vestidas con vaporosas y blancas telas, todoreepirab11 alegría, todo movimiento.
¡Qué comparación con el golpe de mar sobre cubierta, con el zumbido eetriden·
te de la jarcia,· con el guzniAr de la gaviota, caneado, abrumador, pertinaz! ¡Oh con•
traste que el viajero contempla con felicidad, al ver bruscamente cambiar ja escena de
nuestra misera existencial
Uo barco de guerra mexicano, arribado á un puerw:extranjero, nunca visitado
sino por loe de su país, en malas condiciones, después de un temporal fuerte, anunciado por loe obeervatorios del Canadá. y de Lick, debía llamar la atención de un
pueblo corto, 11.vido siempre de conjeturas, chisme~ y noticias; que busca sediento en
loe marinos al amigo, al conocido, al aventurero, y hasta al asombro de lo humano..... .
Y todo por qué?...... porque ha llegado de improviso, como caído del cielo, ó máe bien
como despojo de la inmensidad, á un puerto poco frecuentado.
Después, nada hay e:rlrafto: hablamos eu idioma, pensamos como ellos y tenemos
loe miemos defectos y cualidades; nos quedó sólo el atractivo barniz del recim llegado,
ya no éramos ni monstruos, ni genios, ni personajes raros, sino mefica nos llegados
ahí por la casualidad en busca de amparo que la tempestad nos orilló á implorar; pero
había allá en el fondo uoa simpatía especial que inspirábamos como wdo el que expone su vida por una buena causa, y que noe proporcionó felices días. En las mafianas pasell.bamoe por loe pintorescos alrededores de la ciudad, y en las noches, aeie•
timos á alegres bailes, donde se daban cita en el Hotel Romano las mil.e eimpll.ticae y
encumbradas familias de la población.
El dia 8 de )layo, por el tren de las diez, un verdadero muting atesta loe carros, y

calderas.
Así pasamos el canal de Santa Bárbara, las islas Santa Roea y Santa Cruz, baeta
que por fin, ya sin víveres ni combustible, el seis de :Mayo se convino atracar al puerw más próximo de F,etados Unidos para sslvar nuestras dificultades.
A las dos de la mañana se cambió rumbo, y poco deepuée teníamos á la vista el faro
de puerw Hardford.

III
BREVE PER~IANENCIA E:', PUERTO 11.\ROFORD,-VISITA .\ :;A:-, LUIS OBISl'O,

Puerto Hardford está. recientemente 11bierio al tráfico mercantil de la costa californiana; un magnifico muelle de madera, bodegas para carga, un hotel sobre la playa
y el faro, son loe únicas cont, uccionee ó edificios que ee levantao eobre las abruptas y
rocallosas costas de la ensenada, sembrada de bajos arrecifes, y donde la ola se encrespa y estalla con violento empuje, y abierta un poco 11 loe vientos del sud y sud·
oeste, hacen la entrada muy peligrosa.
A las cinco de la mañana, envuelta entre la bruma, la costa anunciaba vagamente
una colina poco elevada, cubierta de vegetación exhuberante; caminos carreteros
serpenteando desde lo alto de la montaf\a descendlan á loe valles, desapareciendo
á veces entre bosques de pinos y algarrobas; grandes cuadros de verdura descubrían•
sembrados de Higo, avena (1 hortaliza; en medio de ese campo sonriente y cultivado,
88
destacll.baee una que otra casita con tejados rojos y blancos muros, de donde se erguía
una torrecilla esbelta, graciosa y reluciente, á la luz crep:.1ecular del aol que nacía or•
gulloeo.

Está kltu&amp;do oobre el

Observatorio de Llck ( exterlór.)

monte Hnmllton, ll.M m!1111• al Norte de San Francisco-Figura como el tercero
del mundo, :La eti pula ¡,rlnc\¡,al sirve 1:xp1ofe.so para el gran Telesco¡,lo Exterior.

DO.IIIGO

a

ltL MUNDO

de AGOSTO de ...,

nuestro barco, bien surtido de carbón, sos•
tiene en su cubierta 11. guapas miut&amp; y á bur•
dos yrrnk,.es, felices de visitar por primera
VPZ un barco mexicano.

ADEL.\:-.TE

El día 9 á buena hora, limpio ya el barco
de sus pesadas faenas, y animosos siempre,
levamos anclas y al nuevo trepidar de la
hélice perdimos poco á poco de vista el
hospitalario Hardford, dirigiéndonos por
una mar tranquila al famoso y deseado
pul:lrto de San Francisco.
El día 11 de :\layo, á la madrugada, cual
mole flotante, como un castillo feudal en el
Océano, movido pesadamente por e1 em pnje de la tarda ola, ee balanceaba el acorazado de J~ Orcyo11, qne ealía de loe arsenales
11. hacer eue pruebas de velocidad.
La rayada insignia americana mny pron•
to flameó en la popa sobre en aeta, ) nosotros izando la nuestriA, saludamos al recién
nacido coloso de loe maree. Poco después
velamos á babor Punta Bonit,, y á estribor
Cliff Ilouu con eue rocas salientes cu bierObservatorio Lick. ll nterior ).
tae de focas y moreae; entrábamos en la in[Gran wlescoplo ecuttlorialJ.
mensa babia de Sao Franeieco. ·
Todas las flotas mercantes del mundo entero repreeeatadae por barcos de todos Ch•
lores, formas y tamaños, ostentaban aobre sus drizas las caprichosas banderas de todos loe
países, mezclando unos con otros la ineetricable marafta de sus aparejos; fondeados
aquí y allá y atracados á loe muelles, era o un laberinto de palos, cuerdas, chimeneas
y relumbrones de todos loe metales de cubierta; luego loajerriz moviendo ene palancas.
de acero y llevando á las mnltitudee, bogaban en linea recta á sus destinos; más allá bo·
'88 á la vela, ceñían ágiles el viento cowo parvadas de gaviotas; del lado de la población, penachos de humo, desprendidos por mil chimeneas, ennegrecían la atmósfera,
y las callee empinadas delineaban grandes cuadros donde 88 notaba el relumbrar de
loe tiesto&amp; de cristal, láminas de zinc ó dorado fierro, y en loe intervalos, eo las callee
subían y bajaban trenes eléctricos y de cable.
A medida que avanzamos internándonos en la bahía, pasaban á loe costados sio•
número de objetos: fruta, pan, legumbres, tabacos, cerveza, pescado y has\&amp; ropa; ac11dlan todos en tumulto esperando nuestro paso, y loe comerciantes arrojando garfios
adheridos (L resistentes cabos, sobre cualquier punw de nuestro barco, deJábaoee llevar
remolcándoee unos á los otros, y con gritos de todos calibres nos aturdían al ofrecernos
ene mercancías......... Era un baratillo flotante, donde el dialecto yankee mate, gaogcso, áeperv, ininteligible, predominaba. Por fin á las 10 y 20 minutos fondeamos eiu novedad cerca del arsenal r,1ioll Jro,¡ Jrorks, ealudando á la plaza con veintiún caftonazoe,
que noa fueron contestados inmediatamente.
y

vense tardíos y pesados en todas direcciones: ya deecargando aefalto, modera, la·
tón, plomo, nafta, alqultrll.n¡ ya acumulando en altas pirámides ladrillo refractario, Y
levantando 11. eu paso nubes de un polvo acre, rojizo, nauseabundo. Entre todo esto, mil•
quinas de tren pitando y moviéndose de aquí para allá, eolawó arrastrando furgones que
dejan empujándolos, desechándolos, en ml:ldio de tanlo vehículo, de tanto movimien•
to, sin que se registre ni un choque, ni uo accidente, ni una desgracia. Oliendo
á humo y á tabaco americano, respirando vaporee de aceite, de 11.ciáoe, de bronce y de
polvo, 11.:vaado aturdidos loe oídos y la vis,a caneada, eali por fin je la Babilonia industrial, para tomar el primer tren eléctrico que me condnjera al Cdotro de la población.
VI
1 :S L.\ ('l l ' DA ll

Del Sur al Sorte de Sm Francisco, e3 decir, dul Arsenal á la CJlle 3\ el carro eléctrico sigue una vía rectilínea, dejando del lado del mar corpulentos jecalonee, muelles
y depósitos, sobresaliendo todo esto, gigantea b¡¡rreiaa de m 1e,ilee y jarcias donde col·

gadae flamean las banderas de ·todas las nacioneF;
del otro lado pantanos y
depósitos abundantes de
tablones y durmientt-e;
después sigue la pobla
ción de madera y hierre,
callee amplias y pendien•
tes arrattr.iodoee en todas direcciones¡ trenes
eléctricos y de cable y
ómnibus; carros de trans•
porte y carga, entrand•l
y saliendo de todas par
tes¡ bicicletas, traoseuntee pasando ii toda priea,
siempre corriendo.
Loe treaes abundan en
eolichantee, que oi sentados descansan, porqus ee
nota en ellos un continuo
masticar, loe hombree ta•
Calz•d• que conduce á Cllff House.
baco y las señoras tuti Siguiendo la playa libre hacia la Izquierda está el oceauo libre. Las
/011/li. Es desesperante ver
1'0&lt;·11• son los asolcaderos de las Inca,.]
á simpáticas mil/8 ricamente ataviada11, mover sus delicadas mandíbulas sin ce~ar.
Descendí por fin d3 mi carro eléctrico qne con toda velocidad me condujo has•
ta loe más frecuentados centros de la población, y me dediqué á pa'lear en todos loe
puntos y direcciones de la ciudad.
. Sao Francieco e~ uno de loe_ primeros puertos de Estad()@ Uoidoe, erigido en gran
cmda~; su foco de riqueza ha sido el ampli_o comercio con el Asia, y la comunicación
con Nueva York, por el extenso ferrocarril del Pacífico que atraviesa de Oeste á E 6te
una longitud de 1800 millas. ~in ser fabril, es un iomeneo depósito de mercancías y como lugar coemopofüa, eetll. dividida la población en barrios, notable entre ellos ~l chino, por ser una pequef\a población del celeste Imperio, fundada allí con todos loe defectos y curiosidades que encontrarse pu1:daa en eu propio país.
Veintiocbo teatros, conetaotemer.te abiertos y de más ó menos categoría demuee•
tran el carácter bullicioso y alegre del pueblo.
'
Terminadas ya las faenas de la fondeada, y como sucedió, siempre que conté con
El parque Goldeii_ Gatlte, loe baños de Rlllroeooel paseo de moda; allíee da cita todo
el pe1m1eo de bajará tierra, aproveché la primera oportunidad, y en el bote de serviel mundo que, repartiéndose por lile laberínticas avenidas del bosque, ee pierden unos
cio bien aperado, saltamos á loe muelles del arsenal.
y se eoc?entran otros en las treinta estaciones de distintas vlae que conducen y lleSobre uo vasto terraplén artificialmente construido, robándole espacio al mar,
levántanse loe talleres, icmeoeoe jacalonee de ladrillo y fierro, ennegrecidos y humean· van paea¡eroe por todas partee.
Un lago artificial 8irawbcrry JJ,ll cates. Ioestricable madeja de alambree, calabrotee de acero, postes de todas formas y
vado en la cima de una montaña, fortamaf\oe, chimeneas, macizos andamios de gualdras sosteniendo guías, carritos trama uno de loe atractivos del bosque
gineroe de carbón, cadenas de acero, etc., cubren en el aire un grao espacio como el es
donde mil parejas eo falúas, botes 11. re'.
queleto deecomuoal de una obra de romanos; más allá, brotando del agua, jaulas de
mo ó á la vela, pasean alegres; el par•
acero sostienen barcos eo construcción, que semejan inmensos baulee de fierro oxida•
que, que tiene más de tres millas de lar•
do. En loe diques, eostenidoe por cunas de madera y palizadas de gruesos troncos,
go, imita natural ó artificiosamente toálzanse, descubriendo to:il'S sus formas, loe trasatlánticos que limpian y carenan sus
da clase de paisajes, desde el árido de la
fondos.
península Pétrea hasta la portentoea
En loe revueltos pasadizos de la fábrica, rieles, anclas, piezas modeladas, planchas
vegetación de Lamdia. Camellos, ele•
de coraza, ruedas de acero de todos tamaños, cilindros y láminas de fierro carcomidas,
fantee, bizontee, cocodrilos y otros ani•
calderas á medio enterrar, tuberías derramando agua, lodo ó vapor, formaban un sem·
malee divierten al curioso que gasta tobrado en desorden sobre aquel terreno mojado, desigual, negro por la ceniza, rojo
da eu tarde en el bosque, ora en la plapor el detritus del fierro y cobre, 6 amuillo por el cerrin de la madera, y entre todo ese
ya donde á dielancia, eo el mar, se des•
mart11wg1111m, agitábase activa y sudorosa uoa multitud de obreros, vestidos de azul
cubren las caprichosas formas del apa•
obscuro, relumbrando por la graga y moho, ennegrecidos por el carbón y el polvo,
rejo de pailebote ó barcas, ó ya tamenrojecidos por el calor de las fraguas.
bién gozando con la curiosa vista q11e
Un ruido ensordecedor ee desprendía de esa vorágine de la industria: loe pitoE del
La&amp;o artificial
sobre las rocas de Cliff-llm1se ofrecen
vapor, loe crujidos de sierras, chirridos de las potentes cadenas de lae dragas, el golpe
en el parque, tJli~~~!'\.;":'~~~~s'.livel del mar. las tardas focas, coa su aplanchada pitl
eeco del martillo hidráuli•
co, el zumbar de las ban• Los domingo, se llenarte botes que manejan mil gua~ Y sus rugidos de león, formando orqueamerkanas.
ta imponente con el brusco choques de
das, el rodar de las plataformas, el bufar de loe las olas que al romperse se deshacen en soberbios penachos ele blanca espuma.
A la oración de la tarde la más romántica se acerca á la playa para ver extasiada
fuelles, el agudo martilleo
de loe obreros, y anádan- como ee oculta el sol y cuando el último contacto del aetro rey, con la líquida faja
se loe gritoe, imprecaciones del horizonte 1eepreude el faotll.etico rayo verde, exclama: Oh th,rt ia lovcling; y des•
y rugidos de todos en la puée, satisfecha de la tarde, regreea en toda clase de vehículos á la ciudad donde loe
maestranza, y apeoae ee teatros Baldtd,1 y owm Jlouse la esperan.
tendrá una idea de ese in•
VII
íeroal movimientode t 'nion
El, OBSBJt\. ATORIO Df: LICK
Iron Works.
Después sigue la Plaza
Nada se quedó sin visitar; de preferencia fuimos al ob3ervatorio de Lick, uno
de descarga, y allí, carros
de
loe
primeros del mundo, conetrnido sobre el monte Hamilton, á unas 20 millas al
de todce coloree y_tamanoe,
arrastrados por soberbios norte sobre In costa ilel Pacifico, notable tanto por su historia como por loe a:lelantoe
troncos normandos, mué- que le debe la met.eorología y Astronomía,
Rocas cerca de Li&amp;ht- House, punta de San Luis.

�98

DOMINGO 8 de AGOSTO de •197

EL MUNDO

En medio de una colina piatorerca dorada por la mies y exuberante en vegetación,
riachuelos de parlera agua zarca, corren rumorosos en el fondo de sus cauces quebrándose aquí y allá y prodigando su fuerza á una serie de molinos que alegres con sus esbeltas formas, sembrados en todas direcciones, ya medio ocultos entre la arboleda, ya
claros, albeantes y rieueilos en el valle, daban al paieaje ese realce de hermosura
tan común en est • país. Allí en esa colina á la falda del Monte Hamilton, al abrigo
de humilde choza vivió hace muchos años un carpintero de apellido Lick, que á fuerza de constantes trabajos reunió colosal fortuna; sin hijos ni mujer, ea decir sin esos
goces que proporciona el hogar, dedicábaee á la contemplación de loe astros y fenómenos meteorológicos, muy dif.,rente ocupación de la que le competía, por cierto, y obtuvo por este medio agradabilfsimas distracciones, poetizando y haciendo fecunda su
ignorada vida.
Dejó al morir su inmensa fortuna para la edificación de un observatorio meteorológico sobre el monte Hamiltón, observatorio que hoy lleva su nombre y en el que
se han hecho y.i notables descubrimientos; tal es la historia y nombre dé eee importante edificio considerado hoy día como el tercer observatorio del mundo.
Con el capital y réditos de la herencia sostiénese, no sólo acumulando toda la nueva instrumentación, sino también eatisfaciendo los poderosos gastoe que origina su sostenimiento.

elementos atmosféricos, se debe á un humilde artesano cuyo nombre inmortalizado
está ya con su obra magna.

VIII
EN EL TKATRO.-LA PROPAGANDA.-LOS INCENDIOS.

Repreeentábase un día La Cabaña del Tío Tom, pieza para mí conocida¡ asisto gustoso para formar uo·a personal comparación entre el teatro latino Y eleajón.-10hlqué
diferencia, la pieza en español tan aplaudida, tan llena de elegantes rasgos y de patéticas escenas, sufre la rígida violencia del carácter americano, que la acomoda á su
antojo que resuelve lo conmovedor, lo pasional, lo clásico del drama á balazos, actos
de fue'rza, extrangulamientos; en una palabra, no hay tiempo para adve,tir y apreciar
las e¡cenae notables; todo concluye muy de prisa, el drama ha hecho llorará los concurrente&amp;, allí no se lee da tiempo de pensar que es drama sensacional. P1.1r lo demás,
hay elegancia en trajes y decoraciones, y loe entreactos cubriéronse con canciones, bailes, equilibríos ejecutados por troupes de bailarinas, que haciendo mil contorsiones
divierten la siempre sencilla y fácilmente contentadiza animación del público ame,
ricauo.
Loe sábados veíase de notable en todas las calles, á grupos de hombres y mujeres, uniformados con traje azul y vivos rojos, llevando pit.os y tambores que hacían

CIUDAD DE SAN FRANCISCO CALIFORNIA
Los lll!trónomo~, verdaderos sabios de- veinte á treinta años de ela l, dedican su
vida á la observación de los espacios y ea constante trabajo pasan loe meses sin ver
m~ que los astros, haciendo sus cálculos, investigando los arcanos del infinito y fo\Ografiando loe cuerpos y los fenómenos que Ee efectúan á millones de millones de le•
guas más allá........ .
Eu la noche, bajo la cúpula del Ttileecopio ecuatorial que gira sobre mil rueditae
movidas por ejes de sorprendente combinación, oblicuamente montado sobre un soporte gigante de fierro, destácaee el monstruoso aparato que acerca á la tierra los más
lejanos aetros del infinito; allí posados en la escalinata vimos al planeta saturno, cuya
imágen clara ein irizscionee contemplamos caei del tamaño aparente de la luna, después, las hermosísimas fotografías del Sol, del paso de Vénus por su diEco y de un
sin fin de fenómenos que hoy son verdades en la inagotable ciencia de la astronomía.
Que portento de exacfü·1dee, de genio, de ciencia, de limpieza, de solidez se presiente al pisar el dintel de ese santuario de lo desconocido, de ese punto de contacto
de lo finito con lo infinito, de ese portentoso vínculo que alll une la costra de nuestro
planeta con loe insondables arcanos de la inmensidad. Y ese claustro del genio, ese
foco de donde divergen tantas noticias que cimentan la ilustración y que ayudan al
progreso de la humanidad, así como protegen la viJ.a dtil mundo que lucha con l9s

sonar, produciendo estrepitoso ruido. Una miss vieja ó joven, bonita ó fea, carga una
bandera blanca con inscripción azul, que dice: Salvation Army; se ven otras banderas
americanas de todostamafios; y hacinados, siempre juntos y caminando por el centro
de las vías públicas, van dejando sordos á loe transeuntee estos batallones de salvación, predicando máximas religioaas en todos los shios donlleel vicio cong1ega á aua
parroquianos.
D.sde las cuatro de la tarde hasta las diez, comparsas de éstas nevándose conei•
go á la mulLitud degenerada ó traviesa, que abunda en toda población donde la vida
camina á vuelo de t1en expreso, recorren la ciudad; se detienen formando circulo
en las plazas ó sitios concurridos, fJ¡.era de loe hoteles, cantinas y teatros, y durante un
corto silencio, ee oye la monótona y estentórn voz del sacerdote, que sobre una
billa ó encaramado en tribuna portáLil, arenga al pueblo, propagando las más san$aa
máximas de la Biblia.
Tal es una de las formas de propaganda religio3a en Fstados Unidos, costumbre
de acuerdo perfdctamente con la proverbial rareza estrambótica de nuestros poderosos vecinos.
Continuará.

DOMINGO

a

de AGOSTO de

••sn

PO:E;SIA

Del señor Juan de Dios Peza, leída por el señor don Hi'larión Frias y Soto en la Inauguración de la Exposición de Flores en San Angel el 25 de Julio de 1897.
Me acercais al emporio de la dulzura
A mí que siempre be sido todo amargura!
Me acercais á la dicha y á la belleza

A mí que siempre he sido todo tristeza!
Agradezco y perdono vuestros antojos;
Algo de amor y vida queda en mis ojos,
Perq en el alma enferma y atribulada
Bien lo sabéis vosotros, no queda nada!
Muerta la fe que alienta, la fe que inspira,
No busquéis ilusiones sobre mi lira:
La nieve apaga ensuefíoe dulces y bellos
Y emblanquece las almas y los cabellos,
Y mal sienta á la triste cabeza cana
Un nimbo de fulgores de la mañana;
Sobre la eterna duda y el desconsuelo
Bien están las tinie bias, bien está el hielo;
La tempestad ee gérmen de obscuridades
Y obecuras eon del alma las tempestades!
Mas quien cantó á la gloria y á loe amores
Bien puede, estando triste, cantar las flon s;
Po1que si bien se mira, juzgando en calma,
Las liares son mujeres aunque sin alma:
Mejor que no la te1Jgan, si la tuvieran
Entre aí se engañaran y se vendieran!
¡Las flores! sus aromas y sus matices
Viven lo que los sueños de loe felices!
Nos dejan sus espinas pues lo que hiere,
Lo que propaga daiío, eso no muere!
Todo al eterno abismo rápido rueda!
Cáliz, corola, pétalos ...... la espina queda!
Así en la eterna lucha del mundo hurano,
Quedan tras loe ensuefioe el desengaño,
Y hay que llevar doquiera la espina aguda
Cla rada en la conciencia como la duda.
Adalid de secrttos grandes dolores,
Me encanto con los niflos y con las flores;
Por que alivia loe duelos de la existencia
Descansar en el seno de la inocencia.
Y no hay otra ternura ni otro cariño
J nmaculado y puro como el de un niño,
Ni símbolo más vivo, de más valía
Que la flor hechicera que el cielo cría:
lrna flor en el pecho del eér !\mado
Ee la llave de un cielo siempre soñado!
Allí encuentra la vida que el alma quiere
Y al fuego de esa vida marchita muere.
Que ael en amores miran los corazones
Morir como las rosas las ilusiones!
En la iglesia más pobre, más solitaria,
Es un ramo de floree una plegaria;
Que BU9 hojaij que adornan el templo santo
La fé las humedece con tierno llanto;
y la fe con SUB alas de raudo vuelo
Oración y perfume levanta al cielo.
Cual. corona de estrellas loe azahares
Brillan en blancas frentes en loe altares.
¿Qué diadema más digna de la belleza?
¿Qué eímbolo más tierno de la pureza?
!Ay! también en las tumba9 las flores crecen;
No se canean Li olviJan ni dedallecen.
Allí, lejos del bril lo del mundo vano,
Crecen sobre la madrP, sobre el hermano.
Q1e el manto del olvido la tL1mba eavuelva:
Allí tiende sus ti.:,ree la madreeell'a.
La memoria de un muerto queda perdida,
La flor es una hermana que nunca olvida.
Y de la helada tumba bajo el abrigo
Dice al que duerme solo «y&lt;, estoy contigo.n
Ahl son flores hermo~as las ilusiones,
Que embriagan y adormecen los corazones.
Allá en la Primavera, cuantas nacieron,
Unas·se marchitaron, otras se fueron!
Y sobre el campo estéril de loe dolores
Son caídos loe recuerdos, qué tristes florea!
El campo que hoy alegra la luz del día
Lo secará Diciembre con mano fría;
Pero pronto á los besos del sol ardiente,
Tornará su belleza más esplendente,
Y abrirán sus nectários en la3 corolas
Loe lirioe, las vicletas, las amapolas;
Tendrá rumor la fuente, arom'.l el prado,
El jardin mariposas, fruta el granado
Y sonarán los cantos, dulces, sentidoe,
De avecillas que pueblen los ouev.:,s oidoe.
Así también el alma que ,¡ufre y llora,
Tras de la negra noche tendrá su aurora.
A cuantos bellos nombres su luz alcanza:

EL MUNO

99

Se llama fe, ventura, gloria, esperanza1
Que si son cual invierno las decepciones
Tienen su primavera las ilusiones!
8e llora una esperanza que se derrumba
Y luego crecen flores sobre su tumba!
Fecunda el alma humana como la tierra,
Gérmenes de ventura tan solo encierra,
Y baila para consuelo de sus dolores:
La mujer! la más bella tlc&gt;r de las flores!

------

:E;L JUGU:E;T:E; K:E;GENEKADOK

U E edad tie... ~

el pequeñuelo, eeñora?
A esta pregunta lamadre miró al
niño cómo
quien mira al
tele j para ver
la !tora, y
contestó:
-¿l'ept'!...
Yeintinuevti
meses.
Bien podía
ella decir dos
afioe y medie,; pero como Pepe demuestra gran precocidad de inteligencia y pueden contarse de él muchas cosas admirables para un niño de su edad, }a madre no
!¡uiere ponerle ni un solo mee encima, no fuera que el
chiquillo resultara un poco menos prodigioso ó que las
otras madres sintieran u11a miajita menoit de envidia.
Tiene también otro motivo para no enHjecer á su hijito
ni un sólo día, y es que ella le querría eitmprepequeflín,
siempre bebé, pues á medida que vaya Eiendo mayor irá
siendo todavía menos suyo. Ahora mismo ya le parece
como si se Je fuera escapando poco á poco, porque esos
ingratueloe van desligándose de su mamá día trae día.
¡Cómo no, si el acto del nacimiento puede decirse que es
ya una primera separación!
He aquí, pues, explicado el porqué Pepe cuenta precisamente veintinueve meses. ¡Buena edad! A mí, al menos, me inspira gran consideración, ea la que cuentan
muchos de mis amiguitos,· que se portan conmigo de una
mane1a excelente. Pero ninguno de ellos tiene la imagiuac1ón que tiene Pepe.
Pepe asocia las ideas con gran facilidad, aunque de
una manera algo caprichosa. Sti acuerda de las cosas por
mucho tiempo y reconoce una fisonomía al cabo de más.
de un mes de no haberla visto. En las Jáminag iluminadas que le dan para jugar descubre mil particularidades.
que Je encantan á la vez y le agitan vívamente. Cuando
hojea cierto libro ilustrado con el cual se ha encarifiado
muchó ( no ha rasgado más que la mitad de sus bojas"),
áe exita basta el punto de aparecer en sus mejillas man·
chas encarnadas, y de que eus ojos brillen demasiado.
Esas mejillas y esos ojos asustan mucho á la madre,
que teme por aquella cabecita, demasiado tierna aún para tanta actividad; teme la calentura, todo lo teme. Cree.
á veces con remordimiento que el orgullo que siente á
menudo por tal precocidad de su nifio ha de )levar desgracia á la criatura, y caoi llega á desear que su hijo sea
como el chico del pa11adero, que ella ve todos los diae en
el umbral de la tienda, con su cara gordiflona y chata,
sus ojos azules sin expresión, su boca perdida entre las
mejillas y su aspecto bestial de· salud. Aquel no debe dar
ningún cuidado á sus padres, mientras que Pepe cambia
de color á cada momento, eue manedtas arden constantemente, y su sueño es siempre muy agitado.
Al médico no le gusta que el niflo tenga tanta afición á
mirar láminas y grabados y recomienda que se imponga
calma á sus ideas.
-Es muy sencillo, dice, hay que criarle como un perrito.
Sin embargo, eso no es tan sencillo como se figura el
Doctor, quien sin duda no t:ene idea de la psicología de
un niño de veintinueve meses. Pepe lleva en sí ricos
gérmenes de vida y no tiene afectado ningún órgano
esencial; pero, no cabe duda, está demasiado flaco y de•
masiado pálido.
Es un pequeño pariüenee al que no con.\'iene el aire de
Paríe, á pesar de lo mucho que París le gusta, precisanrente por eeo le conviene menos; porque le gusta deruaeiado, porque t&lt;1ntas formas, tantos col. res, tantó movi•
miento lo agitan y le trastornan; porque siente y comprende en demasía; porque, en una palabra, se fatiga;-

Pálido y enteco se lo llevó su madre en el mee de ,Tulio
á un rincón de Suiza, á un tibio valle donde no veía más
que hierba y vacas; las vacas cuya espumosa leche bebía,
y la aromática hierba de que se nuttían las vacas.
·
Aquel sencillo espectáculo no podía menos de hacerle
bien: aquel reposo en el tranquilo seno de la Madre Naturaleza duró tres meses, tres meses de risuefia eerenidad
y de comer mucho pan moreno.
Eu los primeros días de Octubre ví regresar á París á
mi amiguito regenerado:_·era un Pepe enteramente moreno, tostado, dorado, curtido, casi mofletudo, con las
manos rusticas y callosas, y la voz y el reír broncos y
fuertes.
-¡Miren qué horrible está mi Pepe! decía su mamá
muy contenta; tiene los colores de una muñeca de sesen·
ta céntimos.
Pero ¡ayl esos coloree duraron poco, Pepe volvió á
palidecer, volvió á la nerviosidad y delicadeza de nito
excesivamente refinado. Y era que París recobraba su
ascendiente sobre él; aquel París que no se sabe en quu
consiste y está en el aire que inspir11 agudeza de eensi-bilidad y de entendimien'to, que perturba y que hast3 á
los niiíos dael genio de movilidad y de inventiva. Y he
ahí á Pepe poniéndose pálido ó colorado sobre loe libros
iluskadoe.
Hacia fin dé Diciembre le ví nervioso, con sus ojos
enormes de grandes, y sus maoecitas resecas y ardientes¡
ilo quería comer ni podía dormir. El médico se contentaba con decir:
· -Que coma, que coma mucho; no tiene nada.
Que coma! su madre lo había probado ya todo, pero
el nifio no comía; y ella ahora nü hacía más que llorar
Con la noche de Navidad vinieron para Pepe multitud
de juguetes, caballitos, polichinelas, soldados, etc., etc.;
y á la mañana siguiente su madre, de pie delante de la
chimenea, contemplaba pre~cupada y con desconfianza
tantísimo juguete haciendo tantísimo visaje.
Y muy quedíto, para que Pepe no despertara, tomó el
polichinela, que tenía una expresión maligna; loe soldados de plomo, áloe cuales creía muy capaces de llevane
más adelante á su niño á la guerr.i, y hasta el pobre caballo rojo, y ee fué de puntillas á escondu todos ectos
¡uguetes en un armario, sin dejar sobre la chimenea más
que una c~ja de madera blanca que contenía un establo
en miniatura, juguete de siet1 reales que regalaba al niño un amigo pobre de la familia.
Después se acercó á la camita y se puso á contemplar
al niño dormido. Mujer al fin, el bien int.encionado engafio que acababa de realizar la hacia sonreír. Pero fiján·
dose luego en los azulados párpados del niño, pensó de
nuevo:
-¡Es atroz eso de no poder hacer comer nada á esa
criatura!
Apenas acabaron de vestirlo, Pepe abrió la caja y vió
los carneros, Ja3 vacas, los caballos, los árboles ( unos árboles muy rizaditos) y además el aldeano y la aldeana,
él con la hoz y ella con el .rastrillo (porque bien mirado,
aquello más que un establo era una granja). Se conocía
que iban al prado por hierba, á pesar de que su actitud
no era de andar. La aldeana llevaba un vestido rojo y
i,ombrero de paja. Pepe le dió un beso y ella en cambio
le embadurnó la cara. La casa era muy pequefüta y tan
baja que la aldeirna no hubiera cabido en ella; pero tenía una puerta y en eso conoció Pepe que aquello era
una casa.
¿Qué vieron en todas aquellas figuras los infantiles ojos
del niño?• Las apretaba fervorosamente con eus maneci
tas ( que quedaban todas empegadas), las ponia todas
en fila sobre su mesita, y llamaba apasionadmente á 103
carner )B, á loe caballos, por sus nombres: ¡nero! ¡bu.yo! y
después al cojer uno de los arbolitos: ¡ino!
-¡Reyl ¡tesoro! dijo la madre abrazando y besando al
niilo con tal impetu que la mayor parte de las figuritas
rodaron por el suelo
Sí, el niño descubría en aquellos arbolitos de juguete
una semejanza con aquellos otros árboles que había vis•
to allí, allí en el país de la hierba espesa y del aire sano;
y descubría además muchas otras cosas que su madre no
sospechaba; todos aquellos pedacitos de madera pintada
evocaban en él imágenes vivas que le hacían vivir
también áél otra vez en medio de aquella naturaleza alpestre, de aquella Suiza que le había engordado y robustecido. Entonces sus ideas fueron asociándose y quiso
comer.
-¡Leche! 1Panl Y empezó á comer y á beber, y el
apetito no cesó y cenó por la noche con el mismo afán con
que almorzara por la mañana. Y al día siguiente con sólo ver el juguete, voldó á tener igual apetito. ¡Lo que es
la imaginación!
-¡l\Iiren que mofletes¡ parece una muñeca de sesenta
céntimos! ¡Y pensar que todo esto no lo debemos más
que al establo que le regaló este pobre eeiíor Fulano!
.

.ANA.TOLE FMNCE.

�&amp;L MUNDO

loo

-¡Uh! ¡el grandMmo plllol

AllTtJllO

ACE ya algu-

nos años
que vivfa
yo en un
pabelloncito de los
('ampos
Rliseos, en
el pasaje de
JasD oce
Casas. Figurense usted e a un
.l
. .
,.,,. .
apartado
:wllllt'~'IIÍÍ!......
~
rincón •del
. . ..e u burbio,
'
metido en•
tre aquellas grandes y aristócrntas avenidas tan frías Y
desanimadas, que no parece sino que sólo deben atrave•
earse en coche. No sé ei era por raro capricho del propietario ó por manía de algún avaro ó viejo extravagante pero el caso es que, á pesar de. que aquellos terrenos
Iomaban centro, el corazón, como si dii&lt;'ramos del barrio, permanecían en tau deplorable estado, con sus jardincitos enmohecidos por el tiempo, sus casas bajas edificadas 'en linea irregular, con las escaleras en la parte
exterior y las galerías llenas de ropa blanca puesta á secar, de las jaulas con los conejas, de miserables gatos y
de cuervos domestica1.os.
Allí habitaban muchas familisa de obreros, pequeños
propietarios, algunos artistas ( á estos se les encuentra
en todo sitio donde quedan en pié algunos árboles), y
·por último, había también dos ó tres casas de huéspedes
de aspecto ruin, llenas de mugre de varias generaciones
de gente pobre y mieerable. Al rededor el bullicio y el
esplendor de los Campos Eliseos, el ruido sordo y continuo de los coches, el choque de los arreos de las caballerías y de loe pasos de los transeuntes, las puertas de
los carruajes cerrándose majestuosas, las carretelas ha·
ciando retemblar los pórticos de los palacios, los con
fusos sonidos de algún piano, los violines de .Mal,it/e. y
en el fondo, perdiéndose en el horizonte, las grandes y
silenciosas viviendas de los ricos, con sus redondeadas
erquinas, sus cristales nublados por cortinitas de transparente seda y sus inmensos espejo~ por donde asoman
dorados adornos de eandelabros y las flores raras de las
jardineras ......
La obscura callejuela de las Doce Casas, tan sólo iluminada por un farol que en su extremo había, semejaba
un bastidor de magnífica decoración que la rodeaba.
Todo aparente, lo falso de aquel lujo deslumbrador venía á refugiarse en aquel sítio: por eso se veían allí libreas con entorchados, calzoncillos de clown, palafraneroa inglesee que formaban una clase aparente; caballerizos del Circo, los dos pequeños postillones del Hipódromo con las jacas gemelas y sus anuncios; el carruaje ti•
rado por cabras, los polichinelas, los vendedores de barquillos, y por último, las tribus de ciegos que por la noche regresaban con sus sillas de tijera, acordeones y
rastras. :Mientras yo habitaba en aquel paraje, uno de
estos ciegos, celebrando sus bodas nos proporcionó, durante toda la noche un fantástico concierto de clarinete,
oboes, órganos y acordeones. Aquello parecía el desfile de
todos los puentee de París con todas sus distintas salmo•
dias....Y sin embar¿o, la callejuela era de suyo tranquila,
por que los que vagaban por las calles no regresaban fati•
gados hasta el anochecer; tan sólo los sábados, cuando
Arturo cobraba el salario, se metía algún ruido.
Arturo era mi vecino. Cna pequeña pared terminada
por un enrejado separaba mi pabelloncito del cuarto que
junto con su esposa aquél habitaba. Así es que, muy á
pesar mío, la vida de Arturo estaba en íntima relación
con la mía, y cada sábado no tenía más remedio que oir,
sin perder una palabra, el terrible drama, mny pari!;iense por cierto, que se desarrollaba en aquella familia de
obreros. Siempre empezaba de la misma manera; la mujer andaba atareada por la casa, con los niños agrupados
á su alrededor, y preparaba la comida cariñosamente con
ellos. Daban las siete, las ocho, nadie llegaba...... .A medida que se iba haciendo tarde, el tono de su voz cambiaba, se ponía nerviosa y el llanto anegaba sus ojos.
Los niños, acosados por el frío y por el hambre, chillaban. Por fin. como el marido no solía comparecer, cenaban solos. Al cabo de un rato, acostados ya los chiquillos,
silencioso aquel gallinero, se asomaba al balcón de ma •
4e1a y la oía murmurar entre sollozo¡¡·

'?(,.,t_

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OF&lt;c:-: :· .r~;_~~~t{,''

~~
.

Al retirarse á sn casa encontrábanla loa vecinos y ~e
compadecían de
infeliz.
-Váyase usted á la cama, señora. Ya ealle usted que
no vendrá esta noche, puesto que es dfa de cobro.
Luego venfan los consejos y habladurfaa de comadrea:
-Yo, en su lugar, baría esto ...... ¿Por qué no Ee lo
avisa usted á su amo?
Cuanta más lástima inspiraba á las buenas gentes, tanto más copioso era su llanto; pero, con todo, pereiftfa en
su esperanza, se consumía aguardando con tenacidad, y
á pesar de que las puertas continuaban cerradas y de que
no ignoraba que estaba sola, permanecía allí, la mente
fija en una idea, hablando en alta voz consigo misma de
sus amarguras, con aquella sencillez propia del pueblo
que se pasa siempre la mitad de la vida en la calle. Fa·
cil era averiguar las causas de sus pesares; loa alquileres
a trazados, loe tenderos que fa asediaban, el panadero quo
ya no quería fiarle el pan...... 1Y cómo salir del paso, si
el marido volvía sin un cuarto! Por fin, cansada de acechar los pasos retardados de los trasnochadoi-es y de con•
tar horas se metía dentro. Al cabo de mucho rato y cuando ya pensaba yo que la cosa había concluido, oía toser
muy cerca de mí, en la galeria; la infeliz estaba otra vez
en el mismo sitio, atraida por la inquietud, no cesando
de mirar y remirar en la obscura callejuela, no viendo en
todas partes más que en aflicción.
Cerca de la una ó las dos, á veces más tarde todavía,
oíase cantar en el extremo del pasaje, sel'ial evidente de
que llegaba Arturo. La mayor parte de las veces se hacía acompañar por algún· camarada suyo hastapuerta. la
-Ven, hombre, von, solía decirle.
Y hasta en el umbral, vagaba indeciso, como si una fuer•
zn superior le impidiera retirarse, sabibndo bien lo que
le esperaba. Al subir la escalera, el silencio que en aquella reinaba en aquellas horas .hacía sus pisadas más rui•
dosas; esto le causaba cierto.disgusto, una especie de re•
mordimiento. l I ablaba solo y en voz alta, parándose delante de cada nao dti aquello3 escondridijoa, diciendo:
-Buenas noches, señora \\' eber......... .Buenas noches,
señora Mathieu.
Y si por desgracia no le contestaban, soltaba una re•
tahila de palabrotas injuriosas que duraba hasta q•1e to•
das las puertas y ventanas se abrían para devolverle sus
maldiciones. Y esto era precisamente lo que él quería,
porque cuando estaba borracho movía mucho alboroto.
Además, como estas pendencias le enardecían, montaba
en cólera y no temia ianto la entrada en caea.
Su regreso era terrible.
-Abre, soy yo ......... gritaba.
Y desde mi aposento sentía las pisafas de su pobre
mujer, que andaba deECalza sobre el frfo suelo, y el frote
de los fósforos. Nuestro hombre desde que entraba tartamudeaba siempre la misma excuia: cclos amigos, el dejarse arrastrar por sus flaquezas ........ Fulano, sabee... ....
.Fulano ......... aquel que trabaja en el ferrocarri!. 11 Lamu•
jer no le prestaba ninguna atención.
-¿Y el dinero? le preguntaba.
-No tengo, decía Arturo.
- ¡Mientes! ........ .
Y en efecto, no decfa la verdad, pues con todo y estar
borracho eiempre se guardaba algunos cuartos, previendo la necesidad de beber que el Lúnes tendría. Se trataba, pues, de quitarle de encima tan sólo el resto de la
paga, y el hombre se resistía diciendo:
-¿Pues no te digo que 111e lo h, u1"bid1,? decía á gritos
Y su mujer, sin contestarle, indigaada, le asía con todas sus fuerzas, le sacudía, le registraba y vol vía los bolsillos. Al cabo de un breve instante rodaba el dinero
por el suelo y la mujer se arrojaba sobre él riéndose con
aire de triunfo.
-¡Ah! ¿ves cómo tienes? .........
Al poco rato oíanse blasfemias y un sordo ruido de
golpes...... el borracho tomaba su venganza, y una vez
comenzada la paliza, ya no Ee contenia. Lo más perver•
eo y destructor que pueden contener loa asquerosos vinos de las tabernas se le subía á la cabeza y pugnaba por
ealir. La mujer gritaba; los muebles de aquella zahurda,
hechos astillas, volaban por el aire; loe niftos despertaban sobresaltados y lloraban de miedo. L:1~ °\"entanas
del callejón so abrían y todo el mun:i&lt;', decía:
- ¡Ee Arturo, es Arturo! ... .
Algunas veces el suegro, que era un viejo trapero del
cuarto vecino, venía en socorro de su hija; pero Arturo
se cerraba con llave para que no le estorbasen en su tarea. Cn repugnante diálogo se entablaba entónces al
través del cerrojo, entre suegro y yerno: oíamos cosas
horripilantes:
-¿Aún no tienes bastante con loe dos años de cárcel.
bandido? prorrumpía el viejo. .
Y el borracho, en tono altanero, replicaba:
-Sí, estuve dos afios en la cárcel ...... ¿Y qué?...... Por

DOMINGO l 'de
AGOSTO de ~
1197
'
lo ru f:lno! yo he pngado mi deuda á la sociedad...... Pro•
cura pagar la tuya.
Esto era para él la cosa más sencilla; he robado y se
me ha metido en la cárcel, estamos en paz ...... Pero si
el viejo insistía mucho sobre este punto, Arturo, perdiendo por fin la paciencia, abría la puerta, y como Pollchinela, se arrojaba sobre el suegro, la rnegra, los vecinos y zurraba á todo bicho viviente.
Y con todo no era un mal sujeto. Cuántas veces al
llegar el domingo, ó sea el día siguiente de una de estas
tremendas peloteras, apaciguado y sin el dinero col' que
irá la taberna, se pasaba todo el día en caea. Sacábanee
eillas al bolcón y en él se instalaban la señora Weber,
la señora :Mathieu y todos les huéspedes, charlando
amigablemente. Arturo entor.ces se esforzaba por parecer amable y culto. No parecía sino uno de estos obreros modelos que Misten á las claEea de noche. Ponía la
voz dulce y meloea y hablaba en tono declamatorio, expresando ideas incompletaEi nccgidaa en todas parte3
sobre los derechos del obrero y la tiranía del capital. Su
infeliz mujer, ablandada por la paliza del día anterior,
no era la única que Je cont(mplaba llena de admiración.
-cc¡Oh, lo que es Arturo si quisiera!11 murmuraba entre suspiros la señora ,,·eber. De&amp;pués aquellas mujtre3
le hacím cantar...... Cantaba Las C:olo11drinas de M. de
B éranger, con voz de garganta, extraf!a afect,ación y el
ridículo sentimentalitmo de los obreros...... En aquella
única galería cubierta de papel embreado y de andrajos
tendidos, por entre los cuales brillaba el puro azul del
celaje, toda aquella repugnante gentuza, ávida del ideal
á su modo, volvía emocionada los ojos al cielo.
Todo lo cual no impedía que el sábado siguiente Arturo tirase su salario, pegase á su mujer, y que e:::i aquella zaborda existieee un rimero de Arturltos que sólo ezperan llegar á hombres para malbaratar, al igual que
sus padres, el salario, y pegar á sus respectivas mujeres...... 1Y es esta la raza que quiere dominar el mun•
do! ...... ¡Ah! ¡qué locura!
Au-o~ao DAUDJ,."J',
EL CORAZON DE UNA MADRE
Balada Catalana

Rugiente pasión ardía
En el alma del doncel;
Fuera de ella nada !.aabía
En el mundo para él.
-Lo que á tu capricho cuadre,
Dijo á su amada, lo haré;
Si las joyas de mi madre
Me pides, te las daré.
Y ella, infame, como hermosa,
Dijo en horrible fruición:
-Sus joyas ......... son poca cosa,
Yo quiero su corazón,
En fuego impuro él ardiendo
Hacia su madre corrió;
Y al punto su pecho s.briendo
El corazón le arrancó.
'l'an presuroso vol vía,
La horrible 11lrenda á llevar,
l¿ué, tropesando en la vla,
:Fué por el suelo á rodar.
Y brotó un acento blando
Del corazón maternal,
Al ingrato preguntando:
-llij", ¿no te has hecho mal?
VwroR

BALAG OEH.

TEDIO,
Yo era feliz, pero un cruel invierno
Virtió eu frío en mi pasión ardiente,
Y quién sabe qué nube del infierno
Trajo sus negras sombras á mi frente.
Mi ternura-ave blanca que á tí vuela .A un soplo extraflo de frialdad se entume..
Y-mustia flor-mi corazón se hiela
Sin que hayas recibido su perfume.
No sé en que golfo gélido y sombrío
Sus bellas formas mi ilusión sepulta,
Y envue lto entre las sombras del hastío
El sol mu riente de tu amor se oculta. ·
El ascua viva de tus labios rojos
Se apagaría al roce de mi hielo,
Y el ténue brillo de tus dulces ojos
Sólo hace gris el ónix de mi cielo.
EFRÉN REBOLLEDO,

.Agosto de 1807.

DOtllllGO a de AGOSTO d•

1lt,

ESPIRITA

S quiero habl~r, se•
fi&lt;1rita, de un libro
viejo que, á peear de
haber rozado sus pá
ginas, con sus alas muchos añoe, se conser•
va nuevo, lleno de novedad siempre, lindo
y cautivan te, oloroso
como un ramillete de
jazmines; de color de
rosa, como un cielo primaveral á la puesta del sol. Es la
eterna «nueva primavera11 del poeta alemán.
Hablo de la «Espfrita de Teófilo Gauthier.
Y hablar de ella y de él, es echar cartas sobre mesa de
mármol, es jugar al ecarté con el idealismo refinado y sutilmente de licioso .........
.A.cerquemos las sillas al balcón abierto y mientras contemplamos el paisaje hechicero que forma el jardín que
renace, departamos un poco.

***

Espírita es la pereonilicación del más puro, del más intenso amor. Espírita es la vestal que oficia en el altar de
Eros y Psiquis, en el sagrado y solemne templo de una
selva vasta y virgen. Camina entre nubes de mirra oriental y lleva ceñida en su frente :ntacta, enredada entrn sus
espesos cabellos rubios, una guirnalda de roeas blancas y
hojas de acanto. Es idealmente hermosa. Su cuerpo, que
pasa á través de las páginas del libro, entre oleadas de
e.etilo rico y maravilloso, parece tallado en marmol rosa·
do, ;palpitante, de curvas fugitivas y contornos opulentos! ¡Oh, Eapírital Los senos núbiles, ruborosos, palpi•
tan bajo el corpiño de lino, al impulso de extraí'io fuego
interior y los ojos de un azal obscuro, azul de cielo oto·
ñal en la hora del crepúsculo, tienen:unas miraias vagae,
indecisas, que buscan algo que nunca encuentran, algo
que no está en este mundo. Ea ella una musa de luz. Su
labio no sintió mís besos que los de sus padrea, y 8.18 mejillas jamás se sonrosaron al oír palabras de amo1.
Cuando Malibert ve retratada la imagen de una novia
desconocida en la luna del espejo veneciano, le sobr,coje
una paBión mística; su alma se refugia en sí misma. Reza
á la Venus sagrada, á la ingota dea, que habita un paraí•
so luminoso.
¡Ser amado por un espíritu! ¡Qué cosa más hermosa!
¡Qué amor más purol No lo es más un arroyuelo que ha
vivido sumido en la verdura de un bosque, in tactas sus
aguas, sa.s arenas tocadas, muy levemente, por el ala breve
de un pájaro ó el pétalo seco de una flor, que va rodando.
Debe ser hermoso amar así: vivir queriendo una cosa
imposible. Ver su cara risueña, sus ojos bellos, sus lábios
que reclaman besos, sus mejillas frescas y no poder hacer nuestro, ~olo nuestro, todo aquel encanto. Besar una
sombra ...... ...~(ello os lo puede decir :Malibert) ......... Es
un imposible. Sediento buscáis la copa del placer para
saciar vuestra sed, y aquel vaso se esfuma, os deja burlado¡ pensáis cautivar con vuestras manos aquella cintura
de avispa; y la visión se desvaneco, como bruma sutil
que rompen loE rayos del sol.
Est;&gt;írital--Después de leer ese corto volúmen, esas pocas páginas bellae, quedáis como sumido en un quietismo
amoroso, inexplicable. S3ntís que amais vos también;
que hay un espíritn, todo luz, que tiene fijos en voz ioe
ojos; que tenéis ansias indecibles de besar algo que no es
de este mundo, de acariciar una cabellera que brilla como madeja de débiles rayos solares. Y leéis una, dos ve·
ces. Y luego,:Sintiendo una honda nostalgia, más deseos,
refrescáis vuestros labios en esa agua fresca y cristalina,
apagáis, á soplos, esa hoguera que arde y que amenaza
consumiros.
El dbtado de Espírita es conmovedor, lleno de da.Ice
tneteza. Ella Je dicti á su amor: 11Ea preciso que conozcáis
al sér indefinible para vos que se ha deslizado en vuestra
existencia. Cualquiera que sea vueetra penetración no
llegaréis á analizar rn verdadera naturaleza, y aeí como
en una tragedia malhecha, loa héroes dan sus nombres,
sos cualidades, referencias, me veo obligada á exp licarme yo misma; pero con la excusa de que nadie puede ha·
cerio por mí.. ...... » Tras este preámbulo, breve, sigue el
relato de su amor solitario y puro, de sus primeras ale ·
grías y sos primeros dolores, de proyectos frustrados, la
desilusión, el desengafio, -y luego. poco á poco, el final.
La entrada en un couvento, el dolor secreto, querido
arrojar del alma, pero nun~a conseguido; la enfe•me·
drd, la agonía, y Juego, la muerte, el alma que deja su
caree! terrena y se va, volando, volando, al espacio.
ccLa primera vez que os ví,-dice Espírita,- fué en el

lol

SL MUNDO

locutorio del convento de los p ~jaroa, 11 donde fuisteis d.
verá vuestra hermana que estaba de pensionista como
yo, pero en clase superior, porque yo solo tenía trece ó
catorce años á Jo más, y aún no lo parecía por Jo pequeña, delgada y rubia. No paraeteis mientes en aquella niña que á la vez que roía el chocolate escarchado de la
Ca.,a MarqtliM, que le había llevado su_madre, os lanzaba
una milada fur tiva.
Y así, sencillamente, como una rosa temprana que rompe su cárcel de verdura, nació ese amor. Bellos trece aüos
que aman! La niña que roía chocolate y sentia ya en su
pecho el roce del amor! Es lindo principio. Y sigue uno
leyendo y va de belleza en belleza. Para este párr.1fo,
uua sonrisa; hay esperanza en el proyecto de Espírita pa,
ra encontrarse con el esqu:vo objeto de su viva pasión.
Y lu':'go: para aquel otro párrafo, una lágrima; al ver como llora Espírita al frustaree su proyecto. Lo subuyuga
de tal modo á uno la lectura, que no suelta ni un momento el libro de las manos.
La descripción de su agonía que ha,::e Eipírita, es hermoeíeima. Dice: «Cuando empezó mi agonía me acosta•
ron e.a el suelo, con un saco de ceniza por almohaia,
única actitud propi11, de una sierva de Dios que ent rega
su polvo al polvo. Cada momento me faltaba más el aire.
me abogaba; una angcrstia extraordinaria me oprimía el
pecho; el instinto de la naturaleza luchaba aún contra la
destrucción; pero muy pronto aquella lucha inútil cesó,
y con un debil suspiro se exhaló el alma de mis labios, n
Este es el fina! de Espirita, descrito con tanta verda i.
Y luego: el espacio, la región luminosa, el imperio
vasto del rey Sol. El viaje de una alma, una paloma eucarística, que va al cielo, que busca á Dios.
«No hay palabras humanas que puedan expresar la
sensación de un alma que, libre de su cárcel corporal,
pasa de una vida á la otra, del tiempo á la eternidad, y
de lo finito á lo infinito. Mi cuerpo inmóvil y ya cubierto de esa blancura mate que es la librea de la muerte,
yacía en.su fúnebre lecho, rodeado de monjas que reza ban, pere estaba libre de él, como la mariposa de la crisálida, cascarón vacío, despojo informe que había abandonado para abrir mis alas á la luz desconocida y súbitamente revelada. A una intermitencia de sombra profunda había sucedido un deslumbramiento de esplendores, un ensanche de horizontes, desaparición de toda
suerte de límites y obstáculos, que me empapaba de indecible alegría. La explosión de nuevos sentimientos
me hacía comprender misterios impenetrables al pensamiento y á los órganos terrestres. Libre de aquella arcilla sometida á las leyes de la atracción, me lancé, con
loca velocidad, en el éther insondable. Las distanc:aa
ya no existían para mí y el simple deseo me llevaba donde quería ir. Tracé grandes círculos volando más rápidamente que 1,-, luz, á través del vago azul de los espacios, como el que toma posesión de la inmensidad, cruzándome con enjambres de almas y espíritus.
«Un raudal de luz brillante, como polvo de diamantes,
constituía la atmósfera, y cada grano de aquel polvo lumínico era una alr.oa ........ »
Pero basta. No nos adelantemos tanto. Mi única in•
tención ha sido tomar algo del principio y algo del fin
del manuscrito de Espirita para mostrároslos.
Después de muerta, amaba aún, tanto como en este
m111ndo, á Guy de :Malibert. Velaba por él, como nna
madre solícita; estaba constantemente á su lado, sin que
él lo notara ni sospechara Bi(luiera. Cuando el dichoso
Guy dormía, el espíritu luminoso de Espitita velaba eu
sueño. Iba con él al B osque, en su mismo carruaje, recostada en los mismos almohadones, al lado suyo; leía
en el libro que Malibert leía.
Recuerdo un pasaje. Guy se preparaba para ir á un
baile, una noche, y Espírita, sin que él lo advirtiera, le
observaba sonriente. Listo ya, envuelto en su gabán de
pieles, Guy iba á salir. El carruaje esperaba abajo, frente á la verja del jardín. Ya en el dintel de la puerta, se
siente un ruido vago. Una mano timida y suave que 88
apoya en el teclado del piano abierto y produce una nota que se queda vibrando, aleteando como una paloma.
Guy vió á E3pirita qne le sonreía y que con voz suplicante, le dijo: ccNo salgas.» Y Guy no salió ya. Se quedó con su sombra amada.
El final del libro es triste; pero uno que ha seguido
paso á paso á Guy, sus deseos de morirse para ir en busca de E3pirita, sus ansias y sufrimientos, suspira satisfecho al imponerse del final. Guy murió en Grecia, á
lancetazos, en una montal'ia. Cuando moría, su cicerone,
eecapado por milagro del poder de los ealteadores, vió
deede su escondrijo una aparición luminosa, una her•
mosa mujer, que ponía sus manos sobre las heridas de
Guy, como un leniti;o, y que al morir se llevó su alma
al cielo.
Dejemos á Gauthier la palabra. E l nos contará como
Guy y Espirita fueron felices en el e3pacio. Un amigo
de:\Ialibert, el Barón de Feroe tuvo la visión, en mo-

111entos que sucedia en Grecia lo arriba apuntado.
ccEn el centro de una fosforescencia de luz que parecía
nacer del fondo del infinito, dos puntos de mucho más
intenso esplendor, parecidos á diamantes en la llama,
t itilaban, palpitaban y se aproximaban, tomando la apa•
riencia de :Malibert y de Espirita. Volaban el uno al lado del otro, con celeste y radiante alegría, acariciándose con las puntas de sus alas y gastándose divinas bromas.
ccFueron acercándose más y más y como dos gotas de
rocío que ruedan por la misma hoja de azucena, acabaron por confundirse en una perla única.»
Y hay una hermosa resignación, un deseo ardiente,
en esta última frase del libro, que Gauthier pone en boca
del Barón de Feme; «Y yo cuánto tiempo habré de espera1?n
¡Qué fiaall ¡Que puesta de amores imposibles, tan envidiable!
Eeperar! ......... Esa es la palabra. Esperar que la Páli·
da tcq ue á los cristales de nuestro balcón y no¡, llame.
Gauthier en todo el roman se mantiene á una altura
digna de su inmensa reputación de artista refinado y
exquisitamente sutil. Sabe llevar, á mil maravillas, la
atención del lector por todo el libro, con suavidad, en•
seüándole iodo; procurando no cansar el á11imo ni hacer decaer el interés. Os arrastra de la mano y os sonríeamablemente. Y salió victorioso. «Espirita» es para mí
una do las novelas más queridas, de las que leo siempre
que tengo ocasión y la que siempre me prc,duce sensaciones nuevas. Es de lo mejor que escribió el gran ar•
tieta.
ARTUIIO A. AMBROGI.

EN EL TEMPLO.

Me agobiaba tan honda pesadumbre
Y te vi tan risueña y tan hermosa,
Que esa vez, contrariando mi costumbre,
Te seguí hasta la nave esplendorosa.
Jamás me viste, aunque te quiero tanto,
Profanar el recinto donde rezas,
Y es por que sé que á lo divino y santo
Xo se deben mezclar las impurezas.
¡Cómo se han de juntar, amada mía,
En el santuario de tu Dios bendito,
La canción empapada de alegría
Y la queja doliente del proscrito!
Pero tanto se alivian mis dolores
Cuando mudo y absorto te contemplo,
Que impulsado por fuerzas superiores
La vez aquella te seguí hasta el templo.
El órgano elevaba los unciosos
Y fugitivos cánticos que encierra,
E imitaban sus notas los sollozos
De los infortunados de la tierra.!
Como sube la estrofa que me arrancas
Para besar el solio en que fulguras,
Buscando el cielo en espirales blancas
Escalaba el incienso las alturas.
Y lo mismo que alumbras desde lejos
Mi negra ruta en la tormenta grave,
Los cirio¡¡ con sus múltiples reflejos
Alumbraban las sombras de la nave.
En medio de esa atmósfera impregnada
De esple.1.,,dores, aromas y armonías,
Más hermosa que nunca, arrodillada
'fe ví esa vez en las baldosas frías.
Cuando elevó la hostia el oficiante
Con ademán solemne y majestuoso,
Y el altar fulguraba más brillante
Y el salmo resonaba más grandioso¡
Cuando aquellas cadencias inmortales
Huyeron por los altos ajimeces,
Y agitaron sus alas virginales,
Cual maripos~a de cristal, las preces;
Cuando al fin conturbaron los sentidos
Con sus nimbos de luz tantas gradezas,
Y, golpeandose el pecho, arrepentidos
.A.batieron los fieles sus cabezas;
Yo que sólo me rindo con tu arrullo,
Pues sólo tú por tu bondod me h umillas,
En ese instante decliné mi orgullo
Y estuve como todos, de rodillas.
Y aún me miras pensar con desconsuelo
En esta duda que turbó mi calma:
¡No sé si lo hice por el Dios d el cielo
O,si fué por la Diosa de mi alma!
R ODULFO F IGUEROA

Julio de 1897.

�EL MUNDO
LOS FUEGOS DE ARTIFICIO MONSTRUOS

DOMINGO a de AGOSTO de 18fn

EL MUNDO

ºDOMINGO 8 de AGOSTO de ,ao~

tener su habitación. "Yo conocí una persona, dice Madama Campan, que para fi¡ar eu
opinión sobre las mujeres de su conocimien•
to, siempre que ee bailaba sola en casa de
ellas, no dejaba de levantar los cojines de
los canapés Si encontraba allí un festón comenzado y sin concluir, un pañuelo, una
cinta, decía: "Estoy en casa deuna mujer
dePcuidada, sin orden y sin limpieza.
La elegancia y el lujo no pueden existir
sin la limpieza, mtentras que la limpieza
que, como lo decimos en otra parte, (Peque•
ñas virtudes. de la j oven), «mantiene la salud,
da más frescura al color de la tez, conserva
los vestidos,» puede estar perfectamente sin
los ruinosos recursos de la coquetería.

ta fantasía que creen aü n en esos bellos monstruos m
rinoa cuyo canto delicioso retenía á los navegantes para
hundirlos en ignorados vórtices. Y esta demand3 se remonta á muchos años.
Mas be aquí que los rayos Roentgen, esos ma g l3 dt'l
siglo diez y nueve, a€aban de poner de ruanifie~to la
más completa y chusca mistificación de que Layan tido
víctimas los humanoP.
La imagen radiográfica de las sirenas ..... . LO mueElra
eEqueleto alguno ...... Las mooias son fabr icada!",
Ilayen el Japón probablemente, una fábrica de momia3
manufacturadas con una habi1idad del todo japoceea.

La fiesta nacional y los rego::ijos que la acompañan
son siempre en México motivo para fuegos de artificio
más ó menos brillantes; es este un atractivo que encanta
siempre, y con razón á la multitud.
Nosotros no tenemos aquí la intención de explicar co·
mo se prepara un fuego de artificio, sin@ que querríamos
dar algunos ejemplos de los fuegos de artificio monstruos,
prendidos en el extranjero y que nos parecen muy superiores, como composición y como complicación á lo~ que
se ven en nuestras :fiestas públicas.
Los chinos tienen pasión por
la pirotecnia, pero los ingleres·
y la gente de raza inglesa, los
superan en esto de una mane
ra especial. En Estados Unidos poi ejemplo, si visitamos
los parques establecidos pcr
las compañías dti tranvías como térmmo de sus líneas, con
el fin de crear artificialmente
un gran movimiento de tcans
porte, :idvertimos que todas
las fiestas que dan para atraer
al público, van neceEariamen
te seguidas por un admirable
El trabajador 5ubmarino. ( Figura l.)
fuego de artificio: esto es una
verdadera representación so·
CURIOSIDADES
bre un inmenso terreno dispuesto ad huc, ante tribuna~,
ú más exactamente ante graEL TRABAJADOR SUBMARINO
das que pueden contener vein ·
te mil espectadores. Y si vais
En Choisy-le-Roy-:Francia- tuvo lugar ultimamente á Londres y al famoso Palacio
una experiencia acuática que marca un paso importante de Cri~tal, durante una fiesta,
en el progreso científico, cuya primera idea se encuentra asistiréis probablemente tamen una novela del fecundo novelista Julio Veme.
bién á un firework de admiraEs el ingeniero Delisle quien construyó este aparato ble vista.
imagiMdo por M. Piatti del Pozzo, bajo el nombre de
En los jardines del Palacio
«trabajador submarino.»
de Cri.,tal han sido prendidos
Imagínese una esfera de fundición coronada por una esos monstruosos fuegos de
guarda en el centro, de la cual una perforación redonda artificio, representando pri•
deja paso á un hombre. En tanto que las campanas de morosas eEcenas, de las cuales
inmersión no pueden descender á más de 40 metros, el dan idea las ilustracione3 que
aparato nuevo descenderá haeta quinientos.
acompañan á estas lfneae.
El revestimiento de palastro, alcanza un espesor de
En Francia también se han
ocho centímetro, y todo el aparato mide tres metros de dado fuegos de artificio monsdiámatro y pesa 10 toneladas.
truo, y uno de ellos que auó
En el interior se encuentra el alojamiento de los hom· se recuerda, figuró el lanzabrea al rededor de una escala de madera que da acceso miento de un navío de galva·
al agujero de rnlida herméticamente cerrado.
mento en un puerto. Tenla
Enfrente está el potente cristal por el que se explora nada menos de 210 metroe de
El trabajador submarino. ( Figura 2. )
con la mirada el fondo y las profundidades de agua que longitud y cubría una superfilos rodéan.
¡Crea usted ahora en las momias!
cie de 46.40 metros. Era este cuadrado un espectáculo
A un lado, en una estiecie de avanzada son colocados muy animado. Un mecanismo complicadísimo y que no
Cualquier dia nos resulta un Rameés de papier maché y
el aparato telefónico y los acumuladores eléctricos. A la dt!hía funcionar más que unos cortos inEtantes, aEegu· una Semíramis de pasta de arroz ......
derecha y á la izquierda los movimientos de transmisión raba especialmente la revolución de la lámpara de un fa.
Ya ni en la paz de los sepulcros c1·eo!
para las hélices y el mecanismo que dirije el timón.
ro cuya silueta luminosa se dibujaba en la noche. Al pié
Porque el «Trabajador submarino» se mueve fácilmen• se agitaba un mar de fuego y se percibía un buque per•
Si quieres conservar un amigo, hónralo ·cuando fsté
te, se desplaza, puede dar vuelta al rededor de un arre- diéndose, y por fin el buque de sal va mento se deslizaba presente, elogiálo ausente, y ayúdale en sus necesi•
cife y reconocer el emplazamiento exacto en que se en- por la superfir,ie de las olas luminoeas.
dadee.
cuentra.
La gratitud es la memnia del corázón.
Ya se imaginarán nuestros lectores lo que se ha die•
currido en asunto de fue ·
***
gos de artificio. Las fotoNo es la abundancia de las riq•1ezas lo que nc,s puede
grafías que damos repre- hacer felices, sino el uso que hacemos de ellas.
sentan u1.c-s de los más curiosof.
LUZ C}JLESTE
Dijo la tarde al morir
Los rayo5 X y las sirenas
á la mañana siguiente:
-«Dame un ósculo en la frente
Hace algunas semanae,
y me verás revivir,,,
lússeñoresFlameng y l\IauCubriéndose de rubor,
ricio Farman, sabios fran•
y la faz teñida en grana
ceses, exhibían en la Sal·
dióle el beso la mañana,
Lo5 grandes fuegQs de artificio.
petricre un animal diseca•
que tanto puede el amor.
Explosión
del
carro.
Un comerciante en su carro.
do y momificado que lea
La bóveda sideral
había sido enviado del Japón. Esta extraña pieza repre•
se extremeció de alegría,
El apara,o se desplaza y mueve por medio de sus tres eentada en la figura número 1, ofrece el aspecto de una
y en vez de noche, aquel día
hélices cuyas evoluciones están arregladas por el timón. sirena. A lo que parece en el Japón estas momias tenían
hubo una aurora boreal.
Todas estas mnovaciones son ya de suyo tan [importan- y tienen-mucha demanda, sobre todo por gentes de cier•
J. A. CARRILLO y NAVA.
tes, que bastarían á hacer de la invención de Piatti una
obra del todo notable.
Sin embargo, hay más. El aparato, en principio, per·
manece en relación con el mundo exterior por el cable
de suspension á lo. largo del cual corren los hilos teleíónicos que sirven para remontarlo. Pero si se admite un
accidente, si el cable se rompe, s.i perdería el aparato y
les hombres que se encontraran encerrados ahí no tardarían en morir de asfi::s:ia? No por cierto. Gracias .i un
mecanismo ingenioso, ese cable puede romperse sin comprometer la vida de los que están en su \nterlor; pues
Animal Japonés. (Radiografía nagativa . l
Animal japonés. (Fotografía.)
flot.l merced á una sencilla maniobra.

CONSEJOS PRÁCTICOS PARA EL ASEO DE LA CASA,

Corsés con tirantes.
NOTAS DE LA MODA
. Jilquette de abrigo para niñas de 8 á

10

años. { Fig ,. )

Se hace de franela rayada. El cuello abotonado se pue•
de poner también como representa nuestro dibujo de
piqué con cintas de color.
'
Traje para niñas de ,o á 12 años. (Figura 2.)

Se hace de cachemir azul con cintas blanoas. Chllque•
ta cruzada con botones de concha quemada. Chaleco de
piqué, recogido en la cintura.
Sombrero de paja. ( Figura 3.)

Este sombrero á bucles, está adornado con acordeón de
· seda violeta y cintas de terciopelo negro, y al lado izquier·
•do cuatro cuchillas de pluma.

Sombrero sencillo.
LECTURA PARA. LAS DAMAS,
LIMPIEZA

La ornamentación de la casa consiste en la limp;eza
-en todo y por todo, para los objetos principalmente que
se unen más á nuestra persona, al alimeto y la ropa.
No sólo la salud depende de la limpieza, sino, no lo
olvidemos, la actividad, el buen humor, la satisfacción
interior, y aun bajo cierto respecto, la moralidad depende también de ella.
En las casas sin limpieza, habita de preferencia la pereza, el fastidio, el descontento de todo y de todos.
Los muebles limpios y lucientes atraen 10s rayos del
sol y parecen multiplicarlos al reflejarlo.
Los aposentos limpios y bien arreglados con cuidado,
reflejaa una alma contenta, irradian la alegría y parecen
-decir: Permaneced, aquí se está bien.
·
Una mujer es desde luego juzgada por la manera de

He aquí algunos consejos prácticos dados
por un hombre de buen sentir, á una joven
al entrar ésta en el gobierno de su casa.
«Ocúpate del interior de tu habitación;
vela -por las piedras de la cocina, los pisos de
los aposentos, y los p.ltios sean barridos varias veces en el día y lavados muchas veces
por semana.
«Procura con empeño que el hierro, el brónce y
l
Cuello de encaje bordado. ( Delantero y espalda. )
el cobre reluzcan eiempre. y los muebles tslmbién;
que la ba jilla de barro ó de porcelana espejee en
el trastero ó aparador.
queriendo persuadirá todo el mundo por su compostura
«No permitas á la araña hilar en paz su tela en los án- y su modo de ponerse, fuera de tiempo, que siempre tiegulos de las vigas y de las paredes.
nen .veinte años, y nada más que veinte años.
«No dejes el aceite de las lámparas gotear y arranciar¿No os acordais de las sonrisas malignas, de las pala•
se sobre la cubierta de la chimenea ó de las mesas.
brillas cambiadas con vuestras compañeras, á la vista de
«Después de los consejos, los medios.
un .estido ó adornos color de rosa 6 11marillo pálido, di«Harás relucir el cobre, el hierro y otros metales, fro- bujando con afectación, un talle comprimido, por pare·
tándolos con un puñado de hojas de acedera, ó con are• cer esbelto, bajo los resortes de un coreé demasiado vina finísima, ó con greda.
sible, y eobre él un rostro cuyas arruga~, á despecho del
_ «Harás reluoir la plata, aun citando esté ennegrecida abundante polvo blanco, atestiguaban los largos años de
por el contacto con el huevo, frotándola también con su servicio?
acedera y con agua de jabón.
Se reirán de vosotras tamtién; no siempre
tendréis die:;i y ocho años, y un d1a vendrá en
que llegaréis á.. ....
Procurad siempre tener vuestra edad, hijas
mías.
No queremos ocuparnos directamente del to•
cador; pero sí quisiéramos bien persuadiros, de
que además de ese tocador de por fuera en el
que os adornais para agradar, hay también otro
tocador y otros adornos interiores, de los que
deberíais siempre estar cuidadosas para haceros
amar de vuestra familia.
Para esto el buen gusto y el afecto bastan
siempre.
Poneos de manera que p:idáis presentaros
ante los extraños, sin tener que ruborizaros de
vuestra negligencia. ¿No será ridículo que una
mujer ee vea obligada á huir y á ocultarse luego que perciba que Ilegan visitas?
Un vestido limpio, sencillo, pero de buen gus•
to, sobre el que se muestre un delantal de coci•
na, no es vergüenza, sino una recomendación.
Por lo demás, nada hace perder á los iníerio•
res el respeto que nos deben, como un traje des•
preciable que parece igualarnos á ellos.
Aun en medio del trabajo entre las obreras,
el ama de la casa debe ser distinguida, como ee
de costumbre.
No sólo debe eer la que mejor sepa llevar un
vestido, sino también debe saber ensuciarlo
menos.
Debe también acostumbrarse á mudarse vestido, si fuere necesario, varias veces al día, con
bastante actividad, para que no se aperciban de
su ausencia.
Una mujer que tiene el sentimiento del buen
gusto y de las conveniencias, improvisa fácil•
mente un traje siempre elegante y en relación
Figura 2.
con tquellos á quienes tiene que recibir; y no.
«Harás relucir el caballete de la chimenea, la sartén y
otros utensilios, frotándolos primero con una cebolla ~ruda, después con un pedazo de género de lana.
«Darás una especie de barniz á tus muebles, por viejos
que sean, con cera amarilla derretida en agua de lejía y
los frotarás vigorosamente.
«Se te dirá tal vez: ¿Para qué perder el tiempo y darse
tanta pena en esas bagatelas? Dejarás que digan y continuarás.
Nada es -:nás atractivo que una cocina donde el cobre
está cambiado en oro y el estaño en plata, por las órdenes
de una ama activa y diligente.
- La cocina, dice una mujer de mundo, es el espejo de
la casa. Entrad allí para j·1zgar. Paredes sucia&amp; por la
muliitud de moscas ó ennegrecidas por el humo. Ven\a•
nas sin bastidores durante el estío, los utensilios disemi•
nados y en desorden por todas partes, el suelo desigual
y húmedo, cenizas y desperdicios amontonados en un
rincón, todo esto indica el desorden, el despilfarro y ha•
ce presentir frecuentes momentos de mal humor.
Concluyámos: en la limpieza es donde puede permitirse la exageración; lo bastante en este caso es muy
poco.
Pero la limpieza habitual exige una fuerza de voluntad y una constancia poco ordinarias.
Las almas cobardes y débiles no son propias para el
caso.
CONVENIENCIA EN LOS VEbTIDOS

Figura

1.

La ornamentación de la casa consiste, en la conve•
niencia de los vestidoe, que deben ser, no sólo aseados
sino en relación con la fortuna y con la edad.
'
. No queremos fijamos en la última palabra que parece
1mpor1aroa poco á estas horas; cierto es, Ein embargo
que un gran número de mujeres se hacen muy ridículas:

Figura 3.

�DOMINGO 8 de AGOSTO de 1897

EL MUNDO

.,.,

es de ella de quien podía decirse: Su día está compuesto
de tres acciones, vestir, charlar y desnudarse.

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DE DÓNDE VIENE EL ARTE DE SABER ARREGLAR SU CASA

El arreglo de una casa depende sin duda de la educación recibida, pero principalmente es el resultado de
cierto tino que comprende y casi adivina Jo que sienta
mejor y lo que agrada más.
El orden .y la limpieza pueden venir á ser puramente
materiales; posible es ensefiar á ona criada á poner cada
cosa en su lugar y á nunca dejar que se acumule el polvo; pero el arreglo ve al alma y aun á la virtud.
Se dice de algunos personas que tienen la belleza en
la mirada. Esto es cierto; sólo que la belleza no está en
loe ojos sino en el alma.
Bajo su mano todo se transforma; la cortina que ellas
han colocado adquiere pliegues más graciosos, la tapicería que han escogido tiene más hermosura. los muebles
que ella coloca tienen más brillo, las flores arregladas
por ella tienen más vista y gallardía.
Esas personas son más que un tesoro, son la dicha para la familia.
Vuestras lecturas del colegio, vuestros estudios, el
ejemplo de vuestras maestras, el cuidado q11e prestabais
á vuestra ropa, á vuestros libros, á la capilla, os habían
iniciado en esos graciosos secretos que tanto debéis desear conocer, y que tran.sforman en deliciosa mansión
las caeas que parecerían apenas habitables.

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.A QUB TIENDE ESE .ARREGLO

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Tamaño medio del delantal para niños.

Ese arreglo depende de tan poco y de tantas cosas!
No ea tal mueble, tal cuadro, tal vaso de flores, ó tal
manera de poner el aposento lo que lo produce; es todo
eso y algo más. Es la mano que dispone los objetos; es
un no sé qué que va bien al gusto de las personas de la
casa.
¿Se trata de un salón? No consultéis más que vuestro
buen gusto y algo á vuestros recuerdos. Sabréis inme·
diatamente el arte de adornar una chimenea, de colo•
car los cuadros, de armonizar el color de los sillones con
el de la tapicería, de quitar todo aquello que chocaría á
la vista de un extrafio, de colocar sobre la mesa de en·
medio un álbum elegante.
¿Se trata del aposento de aquellos que amáis, de vuestro padre, de vuestra anciana abuela, que no puede por
sí misma procurarse alguna comodidad ó gueto? consul·
tad vuestro corazón y sus gustos particulares qne V03 le
conocé:s.
Qa~ vuestro padre tenga siempre su ropa muv blanca
y que sepa que sois vos quien se la preparaie. La ropa
blanca es casi el único lujo de nn hombre, y se fija máa
en él, cuando la mano que cuida de ella, le es querida.
Asead vos misma su gabinete de trabajo, por temor de
que la criada vaya á desarreglarle sus papelee ó sus
libros.

una manera inconveniente ó repugnante, respetad su
máno.
Si imagina ella que aún es útil para algo, suministradle todo lo que pida; manifestad y elogiad su actividad y
su buen éxito; pedidle consejo sobre todo.
.
Su habitación debería ser la más cómoda y la más
bien puesta.
VUESTRO APOSENTO

¿Se trata Je vuestro aposento? consultad vuelltra alma,
y que ella refleje allí su candor, su inocencia y su bella
sencillez.
Tapicería nueva y de un tinte delicado, cortinas siempre blancas en las ventanas y en la cama, pocos cuadros
de valor, pero muchos de recuerdos: la imagen de la primera comunión, el diplou¡.a de congregante, un vasto
cuadro que eacierre todos los grabados obtenidos en
premio, ó recibidos en prenda de amistad, y que cad¿ uno
lleva el nombre de una maestra ó de una amiga.
Sobre la chiminea ó sobre la mesa, pocas flores; algunas
solamente, renovadas con frecuencia, en el pequefio al•
tarde una estatua de la Santísima Vírgen.

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VENT.A,JAS DEL ARREGLO
DE UN.A CASA,

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La primera ventaja
del arreglo de una casa es, acabamos de de·
cirio, el hacerla ama·
ble; la eegunda es Vil•
nir en auxilio de la economía.
Nuestro plan no nos permite mas que indicar aqu_í:
1? El arreglo del.as provisiones. Tal cosa demanda serco•
locada en un lugar seco, tal otra ·quiere sol. Esta~ provisiones tienen necesidad de sombra l)ara no deteriorarse,
y adquieren con el tiempo un valor que no teníaa al
principio. Estos otros objetos de frecuente uso deben ser
puestos al alcance.
'l!! El arreglo de la ropa. Es necesario saber cc:ilocar las
piezas de ropa, de manera que se las tenga fácilmente y
no se las ponga todas en desorden cuande se necesiteuna de ellas; dobl!irlas de manera que no se desgobiernen ó se arruguen; acondicionarlas con cierto orden que
agrade á la vista.
En una casa de educación se obliga cada mee á las edu-

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Delantal para niños...,.-Este trabajo puede ejecutarse con hilo de algodón.

Que vea algunas flores sobre su chimenea, y que el
Que todos loa bordados y tejidos sean hechos por vos
fuego, en el invierno, nunca se apague.
misma, ó por vuestras amigas de colegio que os los han
Que su diario esté siempre en su lugar, y que encuen- dejado como un recuerdo; que algunos lienzos blancos
tre siempre en el mismo sitio sus vestidos de cambio y ligeros oculten, cubriendo graciosamente todo lo que
listos para ponérselos.
airve.á vuestro tocador y á vuestro adorno personal.
Rodead á vuestra abuela de esas delicadas atenciones
Sobre el escritorio en que generalmente os poniés á rede que tanto necesitan los ancianos y que no se atreven cibir, colocad vuestra pequefia biblioteca: la vuestra forá pedir.
mada de libros comprados por vos, de algunos obsequios
Apartad de su aposento todo .aquello que pudiera es- recibidos, y de algunos deeaoa libros piadosos que ah·
torbarle el paso, y todo lo que pudiera dejar algunos mentan el alma y sostienen el corazón.
miasmas nocivos á su salud; pero tenedla allí con abunYa lo hemos dicho en la primera parte, vuestros apodancia aquellas provisiones ligeras y antojillos que sa- sento ea un santuario; no lo dejéis despojado de lo que
béis le agradan.
hace amable un santuario, el recogimiento, el orden, la
Loe ancianos aman mucho aquellas cosas antiguas que piedad. Dadle hermosura, el os dará pensamientos ino•
lee han servido por mucho tiempo; poned á su alcance cantes.
sus libros de otro tiempo, no cambiéie nada de su lugar
sin que ella lo consienta, y si ella coloca un objeto de

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candas á sacar de sus roperos toda la ropa que hay en
ellos: esto al principio para limpiar las cajas, después
principalmente para acostumbrar á las jóvenes á colocar
bien su ropa sin amantonarla y á doblarla con presteza;·
regularmente se les fija un tiempo bastante corto para
este trabajo.
3? El arreglo de los muebles. Estos que de ben estar cu•
biertos con fundas, mientras que el hogar está encendido, porque el humo pudiera deteriorarlos; aquellos que
demandan cuidados más frecuentes por su delicadeza ó
por la finura de su trabajo.
La experiencia que ensefia todas estas cosas, exige que
no se retarde ni un solo día el arreglo de cada objeto, según su destino.
¡Cuántas pérdidas, cuántos gastos se han originado por·
esta palabra tan amada de la pereza: maii;,;mat

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�Vnalida~ -Debilitada,
LA
Sangre Empobrecida.
Léase lo que la Zarzaparrilla del
Dr. Ayer ha hecho por el revnendo
padre L. P. Wilds, muy conocido
misionero de la ciudad de Nueva
York y hermano del difunto y eminente juez Wilus:
"Por muchos años padec1 de divie.
sos y otras erupciones de caráct&lt;.&gt;r
semejante causadas por sangre empobrecida. 11i apetito era escaso y
la extenuación se babia apoderado
del sistema. Conociendo las propiedades valiosas de la Zarzaparrilla
del Dr. Ayer por Ja experiencia del
bien que habla producido en otros,
procurémela y empecé á tomarla.
Mi apetito mejoró desde la primera
dosis y· la mejoria se extendió á mi
salud en general, que la actualidad
es excelente. :Me siento un ciento
por ciento más fuerte, cuyo resultado
lo atribuyo á la Zarzaparrilla dei
Dr. Ayer, medicina que recomiendo
con toda confianza como la mejor
que jamás se haya preparado para
la sangre."
Para todos los desarreglos originados de sangre empobrecida ó viciada
y debilidad general, tómese la

Zarzaparrilla

~-····J!!Utr~OM~1~
:PREPARADA POR

Dr. J. C. Ayer yCa., Lowell, Mass., E. U. A.

DOMINGO 8 DE AGOSTO DIE 18s17

HARINAnE "WAGGNER

EL MUNDO

Corazón de sacerdote.

CI.N FOSFATO DE CAL l'URI, es unirersalmente edmitida como •·EL ALIMENTO MAS PERFECTO'

,__,,.,,U,L

• •

hace crecer los niiios robustos

se incorpora con la misma facilidad

y

contentos. Tomada en las dósis que

que la leche de la madre, y lo pue-

se prescribe en cada tnsíta no se

de tomar la criatura más tierna con

aceda nunca en el estómago. Es a l-

grandes beneficios. Se garantiza su

tamente recomendada por la Facul-

completa pureza y hallarse libre de
toda sustancia deletérea.

Número 2

La Harina de Wagg ne,

ti

POR 11. S. DE FORGE.

ILUSTRACIONES HECHAS EN NUESTROS TALLERES.

para NIÑOS ENFERMOS, CONVALECIENTES, ANCIANOS Ypara las MADRES que estan CRIANDO
La Harina de W aggner

107

tad Médica y en los muchos años

Es de un

que tiene de éxito ha resultado ser

sabor muy agradable. No es una me-

por el testimonio de todas las ma-

dicina bajo ningún concepto y síobra

:,. . .

dres que lo han usado

en todo cuerpo endeble como un

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"El Blimenta mai pe~fecto"

Tónico da la NatuPaleza

D• wenta en tod;• laa Tiendas, Drogueriaa y Botloaa

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Las enfermedades de LA CINTURA.
SE CURAN SIX OPERACION

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"A DELINA pATTI."

POR EL DR. LUIS CLEMENT.
Especirli~ta para las enfermedades
de las señoras, acecclones de la MATRIZ, de las
MAMAS, etc.
Se trata con ~xito las enfermedades que se dicen
incurables 6 de mala naturaleza, de la cara, boca,
lengua, garganta, oidos, cabeza, llagas varicosas, y
en ger.eml, todos los tumores provenientes de la co_
rrupctón de la sangre.
Violenta y ra-tical curación &lt;le enfermedades secretas, en todos sus grados.

Compuesta de sustancias tónicas y saludables,
evita las arrugas, refresca el cútis y conserTa 1
hermosura de la cara hasta la vejez, comunica un
perfume delicioso y con su uso dia~io las Sefioras
tienen la seguridad de conservar siemp~e l.;s en
cantos de la belleza y la frescura de la Juventud.
Tanto en Europa como en América, la usan l
damas más aristocráticas.

CALLE SANTA CLARA 19,

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$cm German en todos las Droguerías.-No aceptesubstitnmones,
muchas veces dañinas á la salud.

EL VINO DE SAN GERMAN
Es el tónico más enérgico.

-Es usted libre, aei'i.ora ...... Pero nos permitirá eolamente qne no participemos de esa piedad que ee aaeme;ja singularmente á una aprobación de la mala conducta.
Amenazaba agriarse la conversación cuando intervino
el cielo por medio del abate Chavassieux que, como en
esta oca1ión, venía algunas veces á sorprender y alentar
á las santas trabajadoras.
- El aefior primer vicario, prorrumpieron las damas
levantándose.
-Ruego á ustedes, eefíorae ...... nada de molestias ......
Prosigan su piadosa tarea...... ¡Vaya! ¡Vaya! ...... Está
bien ...... Dios las bendecirá! ...... La caridad; siempre la
•caridad...... San Pablo lo ha dicho: «Sin la caridad no
soy nadan ...... Sí, señoras, sí.. .... la caridad. ¿Qué es lo
que está usted cosiendo, Doi'i.a Angélica? ¿Un saco para
algún anciano?
-No, sefior vicario, ea un caracol para mujer.
-¡Ah, un caracol para mujer. ¡Vaya! ¡Vaya! Está
bueno.
Y de esta manera siguió interrogando á las preeent~,
•examinando sus labores, equivocando un corpiño con
una falda; una bata con ua sobretodo; dirigiendo una
frase de benevolencia á cada quien, sonriente siempre y
con las manos sobre el abultado vientre, repitiendo cona•
tantemeate su estribillo:
-¡Vaya, vaya!.. .... la caridad!
Se acercó á la señora Belamy.
-¡A.h! ...... señora Belamy! ... ¡Siempre trabajando!... ..
¡Está bueno! ...... ¿Qué tal ee encuentra el comandante ...
¿Es también un corpii'i.o el que está usted haciendo?
-No, señor vicario, respondió la joven haciendo chistoso gesto. Son unos pantalones.
-¡Vaya! ¡vaya! ...... ¡Está bueno! murmuró el abate,
en tanto que la señora Deacordea cuchicheaba á su vecina:
-¡Qué veetidt 1 ¡Qué lenguaje: Pero qué se puede esperar de una mujer que se atreve á descotarse, si coa esto ee dice todo!
Marchóae el vicario entre las demoa~racionea de agra•
decimiento y testimonios de respeto.
Van á dar las cinco: vuelven á doblar sus paquetea las

señoras, toman sus sombreros y se desgranan en pequel'íoe grupos.
En cuanto se hubo alejado la aefiora Beiamy, la Deacordea dejó desbordar su indignación contra la graciosa
rubita.
- Ya verán ustedes, exclamó al acompañar hacia la
puerta á las últimas asociadas¡ ya verán como ésta también se vuelve mala...... está descotada!
Y el coro de risas algo contenido dur!l,nte la visita del
abate estalló á cual mejor, entre tanto que las santas damas se estrellaban las manos en la puerta, convencidas
de que acababan de consagrar un buen día más á la caridad.
II
La eei'i.ora Belamy hab(11, dicho la verdad calificando
de muy deegraciada la vida de la sefl.ora Charlier.
Marta Charlier era la hija única del Marqués de Mouthiers. Educada en París, en medio de todas las delicadezas de un lujo aristocrático; entre su padre, hombre
elegante, tierno y seductor y su madre, dulce y encanta•
dora; adorada por loe dos, parecía reservada para una
existencia feliz.
Como por un rayo fué destruido tan halagüefio porvenir. Marta de Mouthiers acababa de cumplir los diez y
ocho al'íoa, cuando murió repentinamente su padre, y en
el mismo día de loa funerales, en medio de las más amargas lágrimas, la viuda y la huérfana miraron una nube
de ejecutores de Ja justicia caer sobre cuanto ellas poseían,
abriendo á su vista un abismo deac0nocido é insondable.
Desde que se casó, M. de Mouthiers, por vanidad tal
vez, y más bien por carifio mal fundado pero muy vivo
hacia su mujer, había organizado su modo de vivir so•
bre una base completamente desproporcionada con su
fortuna. Cometida la primera falta, no pudo tener jamás
el valor de detenerse en la fatal pendiente. Parecíale un
sacrificio imposible disminuir cualquiera de las dulzuras
con que rodeaba la vida de sus amadas. Cuando las _rentas ya no bastaron, atacó el capital; en seguida fué devorada la dote de la marquesa, y de caída en caída, asiénd0ae á tolas las ranas, esperanio siempre algún mila

groso apoyo, M. de Mouthiers se precipitó de loe préstamos primeramente fáciles de cubrir á loa expedientes
ruinos0e y envilecedores de la usura.
Agotaba su dignidad, su inteligencia, y finalmente, su
vida en eetae luchas incesantes, y sin embargo, los dos
seres por quienes moría, no lo vieron llegar jamás cerca
de ellos sino con la sonrisa en loa labios.
El despertar fué terrible para Marta y su madre; pero
ni una queja salió de sus labios; ni la sombra de un reproche pasó por su mente. La memoria del vencido de
la vida no fué para ellas sino más caril'íosa y tierna,
cuando se les revelaron aquellos secretos que él había
exacerbado, ocultándoselos.
Terminada la dolorosll liquidación, fueron ellas á refugiarse á Gannevil le, en una vieja y modesta casa que
pudo escapar del desaEtre, y contando con recursos suficientes apenas para no morir de hambre. Entonces comenzó para ellas una de esas vidas ignoradas, de amargura y esc11eez, en que todos loe esfuerzos de la inteligencia se encaminan á obtener una economía de algunos
centavos; en que se abeorve el espíritu para buscar algu•
nas combinaciones que permitan ofrecer aun la apariencia de lo que ya no se ea; en que se reduce uno á comer
pan solo durante dos días, para corresponder una comida á alguna familia amiga; en que bajo un traje de seda,
cuidadosamente conservado, ee oculta la ropa blanca remendada y lavada por su propia dueña para no revelar
su miseria: pobreza humillante y verg0nzosa, más abrumadora aún que la de loa indigentes declarados.
Durante esos dolorosos días, Marta contó con el fiel
apoyo de Carlota de Branville, cuyos parientes habita•
ban el castillo de Jouy, á dos kilómetros de Ganneville
Amigas desde su infancia, igualmente feliz, las dos jóvenes, tan nobles de corazón como de cuna, permanecieron íntimamente unidas, á pesar de su posición, tan di"ferente después. Marta, sin mezquinas envidia3, gozaba
de todo corazón con la felicidad estable de Carlota, que
ésta, con un tacto exquisito, lograba que no ofendiera
jamás y que fuese con frecuencia delicadamente generosa. ¡Cuántas ingeniosas supercherías, siempre encubier·tas, por la santa diplomacia de una caridad-¡eata sílnoble, silenciosa y verdadera!
Llegó una hora en que casi avergonzada de su dicha
tuvo Carlota que anunciará Marta su matrimonio. Iba
á casarse con el conde de Sennevaux, brillante oficial,
digno de ella, bajo todos conceptos. Fué esto para Marta una gran alegría y un gran dolor. Solamente la ale•
gría apareció durante las fiestas de la b~da en las cua1ea Marta fi~uró en primera fila. Pero llegó el dolor á su
·vez cuando alejándose Carlota entre el resplandor de su
felicidad, quedó Marta abandona1a á su vida de miseria
y desesperación.
En eda época la aefiora Descordes comenzó á ejercer
las altas virtudes que debían valer1e más tarde la bula
de canonización anticipadamente exped~da por el buen
abate Chavaeaieux. No se limitaba ella á reinar en la
iglesia y en las obras piadosas: para su espiritu inquieto,
cuyas agitaciones creía efecto de un santo celo, érale preciso un dominio más vasto aún. O~upábase de todo y de
todos, aun de aquellos qne no se lo pedían. Un acontecimiento ocurrido en el seno de alguna fam,ilia del país,
sin que ella no hubiese tenido en él cualquiera participación, parecíale que impedía la misión que la Providencia le había confiado. ¡Oh, y nnnca hacía ella nada que
no fuese para bien del prójimo! Pero en este apasionado amor hacia loa otros, en esta intervención frecuentemente indiscreta, un observador algo sagaz, habría fa.
cilmente distinguido el deseo de figurar siempre y en
todas partee, junto á una h1eaciable curiosidad.
La animosidad de la ael'íora Descordes contra la eefio•
ra Sennevawr se remontaba al tiempo en que dejamos
nuestro relato. La primera no deeempello ningún papel
en el matrimonio; apenas fué invitada, y esto había sido
una cruel herida á su vanidad que nunca pudo olvidar.
Ocurrióeele entonces diabólica idea de revancha. Necesitaban comprender esas nobles, que no hab!an contado con ella, cuán necesaria y ·poierosa era. Y:p.;ra tal
objet◊, imaginó casar á Mada, la arruinada hija del

,,,.

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marquéa de Mouthiere, con EU primo, rico y fuerte ple•
beyo, Juan Cbarlier, negocia...te en azafranes. ¡Empresa
audaz y digna de en talento! Tuvo que recurrir á la más
sabia diplomacia. Primero inició el ataque, lento y pru•
dente, con su primo algo reacio al principio; luego se
esforzó en pulir y hacer de él un candidato presentable
en yez del 1ústico que era. Al fin, valiéndose de la con•
fianza que Cbarlier le tenía, últimos restos de ciertos
amorcillos de. su adolescencia, maniobró el la tan bien,
que él de buena fé se creyó enamorado de Marta, por
haberla mirado de cuando en cuando, ein haberle ni aun
hablado; y no sbbtante que hacía alarde de sentimientos
declaradamente plebeyos, experimentó un coequilleo de
orgullo al :pensar que podría casarse con la hija de un
marqués.
'
Marta fué más difícil de convencer y decidir. Todos
sus instintos de nacimiento y educación subleváronse á
la primera ineiIIuación que le fué hecha. Sin embargo,
poco á poco la idea fué echando raíces. Charlier, desde
que la fué presentado se mostró solícito con ella, y lo
que le agradó más, con su madre. Sin duda que ni remo·
tamente podía él tener ni en los modales, ni en el len·
guaje, las costumbres de la sociedad, en medio de la
cual Sil había ella educado. Pero ¿tenía ella el derecho
de ser tan exigente? Charlier no era un joven; pero tenía
una edad aun aceptable; era conocido como comerciante
honrado y disfrutaba de esa vaga reputación que consa•
gra el cliieico calificativo de «buen chico.» Por otra
parle, el matrimonio Je permitiría proporcionará suma•
dre mayor tranquilidad en los últimos días de su vida,
rodeándola de ciertas comodidades, de que más carecía
la marqueea que su hija. Marta, pues, despidióse 'vale·
rosamente de todos los ensuefioe de su juventud, de to•
das las aspiraciones de su ardiente corazón, y resuelta,
únicamente á tomar la vida como un deber, depositó
lealmente su delicada mano sobre la mano burda del co·
merciante de azafrán.
La sefiora Doecordes hizo sin modestia, alar,le de su
triunfo, Nadie, en Ganneville, ni en su alrededores, ig·
noró que eaa unión había sido el resultado de sus gestiones ca1itativae.
-¡Por fin! decía á todo el que llegaba cerca de ella;
gracias á Dios, á quien tanto recé para ello, que he logrado libertar de la miseria á esa pobre sefiorita Marta.
Marta llegó á ser su trofeo. La se.l'iora Deeco¡:dee hacia
su negocio abrumándola con su excesiva ternura y sus
perpetuos consejos; queriendo reinar comoduena abeolu•
ta en ese hogar fabricado por sus manos; mezclándose á
todo con esa indiscreción preguntona y charlatana que á
se creía autorizada por cierta especie de derecho de autor.
Fastidiada la eefiora Charlier cometió un día la grave
imprudencia de reclamar su libertad. Sin haber coneultaao con su absorbente prima, fué á París á vivir con la
eefiora Sennevau, y cuando á su vuelta fué asediada
con curiosas preguntas, mezcladas á ciertas observaciones agridulces, hizo ella comprender con energía á la se•
fiora Deecordee que mucho le agradecería que para lo
sucesivo no se ocupara tanto en sus asuntos.
Acabó todo. Se desplomó el edificio de la ternura y
fué reemplazado por uno de esos odios de provincia, sordos é implacables.
Llevaba )Iarta apénas dos at'loe de casada, cuando la
eeíiora Dé~cordee, hablando de ella, daba esta amarga
c"&gt;nc\usióu al interminable relatG de minúsculos incidentes eugerados con gueto por su malevolencia.
-¡L1 ingrata......! ¡Y yo que la saqué de la pobreza y
que labré su felicidad .........

III
¡Extraíia felicidad la de la pobre Marta! Al princi•
pío caminó todo casi bien. El carácter de Charlier, de
por si violento y falto de cultura, cedió al encanto de la
novedad y al dulce aecendiente de Marta. La joven se
había consagrado con tanta energía como prudente ha•
bilidad, á la tarea de educación moral y eccial que le correspondía en su casa. Rabiase entregado á ella por com
pleto y no desesperaba de obtener buen éxito, sabiendo
como supo soportar alegremente algunos fracasos parcia
lee; reprimir las revueltas instintivas de su delicada
za, á menudo herida, y sujetarse sin resistencia inúti1 á
ciertos sacrificios neceearios para k grar el fin deseado.
Pudiera haberlo conseguido si no hubiese luchado mye
que con su marido. Su conetante dulzura habría al fin
triu!lfado sobre esa naturaleza frustrada más quemaligna. Pero tenía que chocar contra una doble y temible

DOMINGb 8 de AGOSTO de 1897

EL MUNDO

infinencia que destruía en un instante todo el resultado
de su paciente labor.
Eran loe amigos de Charlier, que sin ningún mal pen•
samiento, pero lastimados sin embargo, por su deser•
ción, le decían riendo cuando lo encontraban en la calle:
-Ah, pobre v~ejol... ... Esto acabó...... Estás ya per•
fectamente amarqueaado. Abandonas á tus camaradas.
No te dejas ver en el café...... En tin, hay que esperar
que esto sólo dure cierto tiempo: ...... el de la luna de
miel. Cuando te canses, no olvides que te guardamos tu
lugar......
Además, la senora Deecordes, disgustada por loe ímpe·
tus de independencia de Marta, deslizaba al oído de su
primo este caritativo consejo:
,-Ten cuidado, Juan!. ..... Te encuentras en una pen·
diente peligroea...... Te dejas dominar...... Esto es contrario al orden de las cosas...... El marido debe ser el
jefe de la casa ......
A menudo, al regresar Charlier, la joven, sin saber la
causa, advertía que su obra había sido destruida y que
le era preciso renovar sus esfuerzos.
Tuvo Marta un hijo. E'!te placer debía pagarlo con
nuevas amarguras. Concentró en ese niño toda la ternu•
ra acumulada y frecuentemente reprimida dentro de su
corazón; todas sus esperanzas destruida9, todas las aspi··
raciones de su juventud nunca satisfechas.
Charlier, relegado á un lugar secundario, un poco ol•
vidado quizá, experimentó una especie de celos extrafioa, un extremecimiento de orgullo, sintiendo que ya no
era el primero en su casa. Objeto de menos atenciones
en su matrimonio, púsose á echar de menos su antigua
vida. Loe pocos sacrificios que hacia para complacer á su
mujer, pareciéronle más pesados.
-Tienes razón en enfadarte, le dijo su piadosa prima,
á quien él confesó la contrariedad en que vi vía. ¿Acaso
esas damas no te lo deben todo? Vive, pues, á tu anto•
jo...... Ella es la que debe someterse á tus gustos ...... La
mujer debe obediencia á su marido...... Así lo quiere la
ley de Dios.
Fortificado con ese consejo, Cbarlier arrojó su másca•
ra de hombre semi-civilizado. La pipa reapareció en el
salón. Volvieron los juramentos áloe labios. Los viejos
amigos «bona gas,» apartados por un tiempo demasiado
largo, fueron llamados de nuevo, y no teniendo necesi•
dad de contenerse, llevaron ante Marta, y su madre asom•
bradas y heridas, la crudeza de su lenguaje y la grosería
de sus bromas.
La reacción fué tanto más violenta cuanto la sumisión
babia sido más pesada. Charlier volvió pronto á sus antiguos h~bit.oe de vida, acentuándolos aun con un verda•
dero goce de represalia, como vengándose de haber sido
nn momento mejor.
Todos loe sentimientos nobles que Marta profesaba, todas las cosas que amaba, todos loe nombres que veneraba, fueron 'befad()s é insultados.
Un día habló con emoción de su padre.
-¡Ah! síl exclamó Charlier, un lindo eefior, ese tu padre que se comió todo lo q11e tenía y lo que no tenía, y os
dejó sin un centavo por haberse festejado de sobra!.. ....
Qué eería de vosotros, dime, de ti y de la marquesa de tu
madre, si ese buen muchacho Charlier no se hubiera en•
econtrado ahí para eacaroe del atolladero?
Cada día trajo su dolor.
Segura del apoyo de Charlier, la eeflora Deecordea '.se
impuso más que nunca en la caaa de Marta, llevando á
todo su afán de investigación y e11e críticas llenas de
acrimonia.
-Yo llegaré á poner en este matrimonio lai cosas en
el orden en que la Providencia quiere que estén.
Y sus relatos, llenos de caridad-para su primoacreditaban en toda la ciudad que Charlier era la vícti•
ma y MBita el verdugo. Todo el mundo se apartó del
verdugo.
La eefiora de Moufüiers murió de pena.
Algún tiempo después, la eenora de Sennevaux, estando de paso en Jouy, fué á ver á su amiga con su marido,
cuyo primer aspecto hablaba de la nobleza de su vida y
la elegancia de sus maneras.
Sorprendieron á Charlier en pechos de camiaa, con su
pipa, cerca de un l:ock de cerveza en el salón, y abreviaron su visita.
,
-Adiós, mi pobre Marta...... dijo tristemente la seflora de Sennevaux oprimiéndole las manos.
Marta comprendió: en adela:i.te estaba sola,

Y todos esos dolores aun no eran nada en comparación.
de la aneiedad' punzante que la oprimía. Su hijo! Q•1&amp;
sería de Pablo educado en un medio semejante! Jamás su
preée~cia detendría á Charlier; al contrario, parecía.
excitarle.
Cuando el nifio tuvo ocho afioe, su madre pensó, par.i.
salvarlo, en realizar el más amargo de loa sacrificios sepa•
rándosede él. Propúaose ponerlo en un colegio de París.
l!as cuando Charliereupoque ella proyectaba ponerlo en
una casa dirigida por sacerdotes y donde se había edu•
cado el pequefio Sennevaux:, fué presa de una cólera es•
pantosa.
-Jamás en la vida! exclamó ...... En un colegio de cu·
rae! Con noblecillos! ...... El hijo de Charlier!... ... No, no!
Irá á la escuela aquí co¡no loa otros...... Yo no quiero,
entiendes? Yo no quiero que ee baga de ese chico un
clerizonte ni un marquesillo!
Y el nil'lo creció triste, pensativo, repugnando por ins•
tinto mezclarse en loa bullicioso!'juegos de sus cam3l'das
forzosos, ignorante de eeaa alegrías primeras de la infan •
cia feliz en que nada altera la frescura de los sentimientos.
Desle sus primeros pasos en la vida, Pablo no veía.
más que sarcasmos y violencias de una parte, de la otra,
más que tristezas y penas, adquiriendo esa experiencia
prematura tan penosa cuando se encuentra en un corazón joven.
Mostraba á su madre una ternura ardiente. Pt1ro en
vano ensayaba ella misma penetrar el secreto de aquella
almita silenciosa, de aquel espíritu reflexivo y observa·
dor. Las eanaacionee se acumulaban, fijábanse los recuerdos, las impresiones se concentraban en una mezcla
informe de donde no se desprendía aún la idea qua de\Je.
dar al carácter su signo dominante é imborrable.
La aei'iora Descordee confió sus inquietudes á su ma•
rido.
-Este nil'lo está sombrío siempre, dijo, yo creo quealgo oculta. Me ocuparé de él.
Y bien pronto fué recompensada de su r,elo bondadoso;
ella recibió la primera revelación del pensamiento ·dePablo.
-Por qué huyes? le dijo, un día en que entrando á la.
casa de Marta vió al nifio escaparse á su vista...... .A.case&gt;
no me quieres?
-No, prima, respodió Pabio con firmeza.
-Ah! no me quieres! replicó ella soriendo con la punta de los labios, pues eso está muy mal hecho. Xo sab3s
que el buen Dios quiere que ee ame 1\1 prójim9?
-El buen Dios quiere que sea uno bue~o, y vos no
sois buena: porque frecuentemente, cuando habéis hablado á mi mamá, ella llora luégo que os vais.
- Impertinentillo I exc Jamó la senora Deecordes cerra n-·
do violentamente la puerta...... Que yo no soy buena!
aquí lo que le ensefia tiaa hija de marqUE!Bal Que no
soy buena! Yo que estoy al frente de todas ·1as socieda•
des de caridad! Ah! este muchacho será una lind·a aihajar
Ser bueno! Pablo acababa de dejar escapar su secretoy de darse él mismo cuénta de él.
Ese grito de nifio debía ser la di visa de toda su vida dehombre. Hasta ahí incierto y turbado, para lo de add·
!ante había encontri.do el camino y visto la luz. Ser bud·
no...... he ahí todo·! · ·
De!!bar, busca1, procurar el bien de loe otros aunqu~
fuese al precio de sacrificios ó de su proQio sufrimiento;
jamás pensar mal de loe otros y saber perdonar cuando,
el mal es patente, vencerlo con la dulzura, llorar con los
que lloran, sostener áloe que vacilan, levantar á los quJ
caen y poner en su acción generosa siempre modesta y:
sin ostentación una ligereza tal de procedimiento, una.
tal abnegación poreonal, que el que reciba el beneficiose perciba del resultado y jamás del esfuerzo; caridad di·
vina de la cual las vocingleras agitaciones de la eefiora
Deecordee no eran más que una grosera parodia, y cuya
ley filosófica y santa aparecía en el corazón ingenuo dé
ese nifi.o infortunado. Al pricipio hubo en Pablo un ins·
tinto no definido. Toda su vida fué, después, una necesidad, necesidad inmensa de abnegación y amor.
Le religión le atrajo como una víctima. Viéndo'a.
atacada incesantemente por su padre y sus amigos, foJ.!
hacia ella con ardor, como se va al socorro de un op1imido; la amó por que la sentía maltratada, como amaba.
á su madre, más aún cuando viéndola llorar, la tomaba
en sus brazos para enjugar sus lágrimas. Su espfritu infantil confundía estas dos ternuras y personificaba la re-

DOMIIIGO

a

de AGOSTO de 1897

BL MUNDO

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el embrutecimiento fatal de un pesado suefio, loe doe
caían de rodillas y confundían sus lágrimas y sus plega•
riae desea peradas.
_:Pobre Cbarlier! gemía la aefiora Descordee...... Sin
duda es bien digno de censora, pero también de lástima...... He aquí á lo que se le ha reducido! He aqní la
cbra de una mujer sin religión!. ..... ¡Cuando se piensa
que jamás ha querido formar parte de alguna de nuee•
trae obras!

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~~¿" -~~'z.,
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...... - -.··· ...

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ligión en un eér ideal que tenía el rostro de Marta y á.
quien quería consolar como á ella la consolaba.
Forzado al secreto, aprendió el catecismo á hurtadillas
Habiendo prohibido su padre que se _le llevara á la igleeia, se arrodilló en la soledad ante una ventana desde la
cttal ee percibía un pedazo del campanario vecino. Un
día Charlier arrojó al fuego con rabia un libro de oraciones que halló entre sus libros. Deed~ entóncea el niflo
compuso plegarias de una ingenuidad melancólica, que
por la noche recitaba·muy bajito á su madre.
Sobrevino la guerra, llevando á cada familia su pord6n de desgracias.
El sefior de Sennevaux, teniente coronel de coraceros,
c;i yó, con la espada levantada, á la cabeza de sus eecuad ras en la carga inmortal de Morebronn.
Por la primera vez Marta envidió á su amiga. Su dolnr c11ando menos era noble y digno de una alma grande.
L'\ parte que á ella le tocó fué pesada de otro modo.
Loe almacenes de Charlier fueron saqueados por loe

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alemanes. El ensayó reparar esta pérdida enorme por
una operación de especulación que fné desgraciada, y se
encontró casi completamente arruinado.
La vida de Marta fué entonces espantosa. Su pasado
ya tan cruel, podía creerse feliz en comparación de
loe días que comenzaron. Charlier, ocioso, y furioso de su
fracaso, se lanzó á ciegas en la política más violenta y se
convirtió en el Jefe de todos loe ganapanes del país. Loe
llevaba á su caaa dizque á ~onciliábuloe misteriosos que
terminaban en medio de jarros de cerveza y de nubes
de humo y cantos báquicos. El reato de su tiempo paeábalo en las tabernas, y un día le llevaron á su casa completamente ebrio.
Pronto aquello fué un hábito. Día á día, desde entóncee, ya no volvió á su casa sino en un estado lastimoso,
aullando, vociferando, pateando, en medio de escenas
odiosas á las cuales asistía Pablo, asustado, loco de dolor, obligado algunas veces á defender á su madre con
sus débiles brazos; después, cuando el borracho caía en

IV
Ganneville posee una plaza irregular, pero basta, sombreada de árboles. Ahí se concentra la animación de la
ciudad. La «Lira de Plata» hace ciertos domingos oir
sus acordes. Las elegancias locales muestran sus esplen•
_dores. El subprefecto pasa cada afio revista de bombe•
roe, el día de la fiesta nacional, en medio de un entnsiaemo igual, ya en esta fiesta, el 15 de Agosto, ó el 14 de Julio. Se ven dos cafés, muchos depósitos de azafrán y tres
ó cuatro tiendas entre las cuales brilla la de la eefioritas
Juglan.
Menos frecuentada entre semana, esta plaza sirve de
punto de cita á un grupo apacible que se reune todos loe
días á las mismas horas, recorre el terreno un miemo
número de veces, siempre al mismo paso, y cambia Ja,e
mismas palabras.
Hay en esta pacifica reunión, dos oficiales en depósito,
un inspector primario retirado y tres honestos propie•
tarillos que jamás han conocido otro horizonte. Es eee el
periódico viviente de la ciudad. Cada uno lleva al fon•
do común su contingente de noticias qne convierten

�llo

en el tema de comentarios indefinidos y que ee difunden
en aeguida por medio de esas eeie bocas autorizadas, de
café en eafé, de casa en casa y hasta loe más extremos límites de los barrios.
Loe asuntos más ineignificantee alimentan de ordinario
esae inocentes convereacionee. Aeí puee, debe compren·
deree la emoción que se apoderó del grupo, cuando el
capitán Beenerain )legó con un periódico de Paría en
la mano, y exclamó:
-Ha eido removido el subprefecto!
De un golpe loe paseantes se detuvieron. Un aconte•
cimiento t;l, bien merecfa una estación.
-El subprefecto removido! repitieron con mudulacionee diversas loe cinco paeeantes heridos de estupor.
-Leed!
Cdda uno ee inclinó y leyó con ojos asombrados la siguiente noticia:
•El senor Savinien de la Haye, consejero de prefectura
de la Creuse, ha sido nombrado subprefecto de la jurie•
dición de Ganneville, en substitución del señor J ero me,
nombrado subprefecto da Pontoiee.»
El señor Jerome administraba la prefectura de Ganneville desde hacía diez aflos. Era un hombre tan honrado, con su voluminoso vientre, eus lentes de oro, su fisonomía de canónigo con levitón, y ee ocupaba tan poco de
eu misión-lo cual constituye inconteetablemente el mejor medio de eer un excelente subprefecto-cuhivando
con tanto amor las floree de su jardtn en medio de eus
eeie hijos, que loe régimenee euceeivoe lo hablan olvidado ó reepetado. Servía á la República con una devoción
igual á la que había testificado al Imperio, hablando con
una convicción siempre sincera del •liobierno del país••
é inquietándose mucho menos de los cambio!! ministeriales que de la floración de un tulipán multicolor, objeto de
sus más sabias combinaciones.
Se le consideraba en la comarca como un inmueble
que formaba parte de Ganneville, y los habitantes no ee
habrían eorprendido tanto de saber el desplazamiento
del campanario de la iglesia parroquial como del del eeflor Jerome. Fué preciso, sin embargo, creerlo, cuando
el eefior Jerome se dirigió á la estación acompañado de
EU mujer, de sus eeie hij,,s y de numerosos cacbi vacl.uie,
enue loscualee ee contaban cajas con cubiertas de vidrio
en que se balanceaban las plantaa preferidas del funcionario horyicultor.
Los adioees fueron conmovedores. La señora Jerome,
en el embarcadero, lloraba como una fuente. Las damas
de la ciudad sollozaban. Cuando el tren ee movió, dos ó
tres voces gritaron: 11Viva Jerome.• El comisario de policía las hizo callar, por que los visjeros extranjt!ros podían creer en una manifestación bonapa1tiet11 y sedicioea.
Después de lo cual, cada uno, yéndose por su lado, se
frotó las manoa. El senor J érome en su wagon gozaba
á la idea de que habiendo sido promovido á la segunda
clase, iba á tener mil quiuientoe francos más que consagrará sus hijos y á sus floree, y eue antiguos administra•
doe no pensaban más que en e1 medio de ponerse en la
mejor buena inteligencia posible con el nuevo subpreftcto.
¿Cómo era éste? ¿Quó edad tenía? ¿Era casado? Tenía
hijos?
Todas estas preguntas se agitaban en cada matrimonio
y en el grupo de paseantes, abriendo á las eupoeicionee
un vasto campo donde la imaginación se ejercitaba.
Se acabó ein embargo por saber, gracias al teniente de
gendarmería que escribió confidenc:almente á su colega
de Gueret, que el eeflor Savinien de la H,1ye tenía cowo
treinta y dos anos, era guapo mozo, célibe y muy eJo.'
cuente.
Las tres primeras cualidades hicieron palphar el corazón de mucbas jóvenes. L1 señora D,¡scordeB mandó hacer trajee nuevos para Diosdada y Angélica y se los hizo
confeccionar por las senorita, Juglan, las de loe sombreroe á la moda de Parle. ·
El eeflor Savinien de la llaye puso á prueba la paciencia de eue adminietradoe. Sólo deepuée de eeie eemanae
se vió llegar primero á un gran doméstico, al cual muchos
tomaron por el subpreíecw mismo, tan buen aspecto tenía; después un dog-car, después numerosas maletas y
por fio, un día, un hombre joven, muy bien parecido, de
flor en el ojal, un monoclo en el ojo y una varita en la
mano, bajó ai pi" de la estación y encontrando el'I la pla-

EL MUNDO

za al grupo habitual de loe paseantes, lee preguntó con
la mayor polfüca el camino de la subprefectura.
El Capitán Reaurian tuvo una inspiración de genio y
respondió descubriéndose.
- Vamos á conduciros, seilor subprefecto.
Aeí fué como Savinien tomó posesión de la subprefec·
tura, escoltado por eeie de loe paeean'88 que inmediata•
mente ee repartieron l)Or la población repitiendo por todas partes:
-Ha llegado el subprefecto. Noeotroe le condujimos á •
la subprefectura. Es encantador, y si supiééeis que bien
babia!
·
L-:ie comienzos de Savinien no pudieron eer máe felices.
Obtuvo desde el primer momento el extraordinario re·
eultado de agradará la vez á loe hombres y á las mujeres.
A los primeros lee habló con una gravedad tal de los
asuntoe administrati voe, q 11e olvida ron eu monoclo, que al
principio les había chocado un poquillo.
Con cada uno ueó el lenguaje debido. El agente inspector se quedó encantado del interée que tomó en el empedrado de loe caminos. El inspecwr primario se desbordó
de orgullo cuando él le dijo no sin alguna fatuidad:
-Nosotros tenemos hijos, aenor...... Vosotros los hacéis
ciuiadanos. Suestra tarea es agradable.......... la vuestra
ee gloriosa!
Recordó á los miembros del tribunal las viejas tradiciones de la magistratura francesa, ab3olutamente como
ei existieran aún. El clero ee regocijó de eus declaraciones religioeae, la gendarmería de eus elogios por el ejército. Pero los más satisfechos fueron los bomberos.
-¿Cuántos incendios habl-ie tenido el año paeado?
preguntó al comandante.
-U no sólo, seflor eubprefecto, y tres de chimenea ......
Cuatro por todo.
-Cuatro! ee poco, comandante, es poco, respondió Savinien con un tono bondadoso, que era un aliento para
trabajar mejor.
Todo el mund&lt;.t quedó encantado, los republicano~ de
sue afirmaciones democráticas, loe reaccionarios de eue
eentimientos conservadores: no ee este el triunfo de un
espíritu verdaderamente político?
.t:n cuanto á las mujeres, bastó una palabra para conquistarlas. Anunció que una parienta vendría pronto á
reuníl'éele y que esperaba entonces dar un baile. Un baile, querida! li a baile en la subprefectura!
Puso el colmo al entusiasmo de esae damas, yendo á
visitará cada una de ellas y pidió á todas permiso para
volver. J~w1is el seilllr Jerome, en diez afloe, babia he•
cbo otro tanto.
·
En menos de dos meses Saviniea se había convertido
en un dios para sus administrado.e de ambos sexos. Cuando pasaba en su elegante dog-car, todos loe hombree respondlau con un saludo profundo á sus eonrisae amables,
y más de llna cortina levantada á medias dejaba percibir un rostro famenino lleno de simpatía, y algunas veces de esperanza.
-Al fin, tenemos un subprefecto! decían las mismas
voces que antaflo habían aclamado al seflor J erome á su
partida. El otro ao era más que un jardinero.
V

Una tarde, después de la comida, el seflor subprefecto
dijo á su criado:
-No ebtoy en casa para nadie...... tengo que redactar
un informe muy importan~.
Y se encerró, en efecto, en su cuarto, encendió un puro, escogido de una caja especialmente reEervada para eu
uso po!reonal, tomó uua hermosa hoja de papel oficial y
escribió:
Gannevillt!; 12 de Agosto de 18i3.
Gabinete
del
Subpre[~cto
Al seflor Octavio Legagneur.
C,1lle CJmbón-Parie.
Mi viejo Oitavio:
l\1e arrojo á tus pies para suplicarte me perdones mi
largo silencio. Yo te había prometido darte cuenta de
m1e primeras impresiones en mi deliciosa residencia, y
desde hace dos meses que estoy aquí, no lo he hecho.
Necesitaría ofrecerte tales sumas de excusas que lo máe
sencillo acaeo ee no darte ninguna y entrar sin preám,
bulos al meollo. Entro pues.
Si se ha de creer á los diccionarios de geografía, la
ciudad de Ganneville, cabecera de la jurisdicción que

DOMINGO

a da AGOSTO

Dl 1897

tengo el honor de administrar-ya vee que tomo el esfü,..
del empleo-Ganneville est, situada , ochenta y cinco
kilómetros y tres horas de camino de fierro de la capital,
Desde mi llegada aquí he adquirido la convicción de
que los geógrafos son muy ligeros y verdaderamen\e
culpables de engafiar así á la juventud. Ganneville ee~
de seguro á dos mil millas del bulevar. La fisonomía.
las costumbres, el lenguaje de 101 habitantes, demuestran de una manera no dudosa esta incuestioaable verdad.
Un hecho entre mil:
Pasé recieniemente por una aldea, casi un barrio de
mi juriedición. Dos mujeres conversaban, un nilio aullaba. Oí estas palabras pronunciadas por una de la mujeres:
-Qu'a qu'a qu'al cri! (1)
-Al a qu'al a chu!
Aprendí después de un sabio lingiiieta que eeas dos frases trJ1ducidas al francés, significaban: uQué le ha pasado, que la hace gritar?• ...... Se ha caído?» Ya ves por esta simple cita del idioma local, que hay entre Ganneville y París tanta distancia como entre tí, vulgar ciudadano y yo, representante del Gobierno.
Ganneville está, ein embargo, le¡os de carecer de meritos y curiosidades. Loe méritos consisten en que se fabrican pasteles de almendra, untuosos y exquisitos y trufa•
dos de alondra que s.erían perfectos ei no costasen tan
caros. Se vende también mucho azafrán, lo cual me im•
porta menos puesto que. no lo ueo.
En cuanto á las curiosidades, la principal ee el río que
riega la ciudad, y digo l'icga, por costumbre que se tiene
de asociar este verbo á la palabra río, porque, preci3a•
mente la especialidad de este rio es que no riega nada.
Se seca hasta dar envidia al l!anzanaree, que también
tiene la reputación de regará )1adrid, y al cual, Alejan•
dro Dumas l?, siempre pródigo, envió un vaso de agua,
diciendo: •Llevádaelo al Manzanares, lo agradecerá!11
El arroyo de Ganneville, tiene, empero, una superioridan notable respecto del de Madrid. Acontecimiento del
todo extraordinario, el fuego estalló un día en su lecho
desecado y todas las malezas ardieron á pesar de loe heróicos esfuerzos de los bomberos.
Para qué in.fl.girte la relación detallada de mi existencia administrativa? Sería cosa de morirse de tedio ei la
monotonía de loe días en blanco, no fuese alegrada de
cuando en cuando por una nota cómica.
Lo peor es que yo me siento contagiado poco á poco
de la mediocridad que me rodea. Hay momentos en que
me tomo á lo serio. Me «mistifico• amigo mio, á fuerza
de mistificará loe otros. Tú no tienes idea del aire imponente que tomo cuando digo: el Gobierno de la República, eeflores! Esto es para loe puros, para los otros: el
gobierno...... simplemente. ~o tiene duda, me contagio.
Por lo demáe todo el mundo me adora aqul. He pro•
metido ua baile éste invierno, dentro de cuatro meses ...
y ya se preparan ...... He ido aún más lejos, porque he
anunciado la presencia de una •parienta» lo cual es para
mi mismo un personaje problemático.
Y ahora mi querido Octavio, hablemos de mujeres.
Tres he descubierto aquí de las que valen. La primera
de esas tree gracias, la condesa de Sennevaux, á la que
has visto ciertamente en Pllrfe, está de luto de su marido que murió en Reiechoffen. La segunda ee esposa de
un hombre muy vivaz, coracero de orígen, preceptor de
oficio, que tiene formidables bigotes y no parece dispuesto á bromas. La eeilora por su parte es linda, una
joyita toda rosa, una de esas coquetas figurillas de Sajonia, cuya sonrisa tentadora jamás abandona su boqui•
ta. En cuanto á la tercera, me ha sido designada de una
manera demaeiado extraña.
Es preci110 que sepas desde luego que lianneville tiene
la dicha de poeeer una santa, no en :-eliquiae, sino en
carne y hufso. Eita santa tiene dos hijas, atrae mucho
á los subprefecto~ jóvenes y platica enormemente, en ·
general para comeree al prójimo. Me ha hablado tan
mal de una prima suya que nie ha inepirado un irresistible deseo de v.. r á tlBa crea~ura perversa. La he visto y
he encontr.ido una mujer de unos ;¡.3 ai\oe-hermosa
.edadl-amable, distinguida, hecba para vivir en Ganneville como una planta de los trópicos en Siberia, parisiense de pura raza, y de gran raza ........ .
( Contillu.ará. )
[11 DeJamo, en su original e,ta,1 frawa porque de otra suerte perderian ,u estructur&amp; y sabor.

•
TOMO.JI

.MEXICO, AGOSTO 15 DE 1897.

•

•

&amp;~ce lentísimo $eñor

Don

Gntonio

&lt;lánoi,as

(l astillo

x~nES[DENTE DEL CONSEJO D.I!? MINJeTilO~ DE ESPAÑA.

Asesinado en Santa A¡ued .. el día 8 del actual.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>llo

en el tema de comentarios indefinidos y que ee difunden
en aeguida por medio de esas eeie bocas autorizadas, de
café en eafé, de casa en casa y hasta loe más extremos límites de los barrios.
Loe asuntos más ineignificantee alimentan de ordinario
esae inocentes convereacionee. Aeí puee, debe compren·
deree la emoción que se apoderó del grupo, cuando el
capitán Beenerain )legó con un periódico de Paría en
la mano, y exclamó:
-Ha eido removido el subprefecto!
De un golpe loe paseantes se detuvieron. Un aconte•
cimiento t;l, bien merecfa una estación.
-El subprefecto removido! repitieron con mudulacionee diversas loe cinco paeeantes heridos de estupor.
-Leed!
Cdda uno ee inclinó y leyó con ojos asombrados la siguiente noticia:
•El senor Savinien de la Haye, consejero de prefectura
de la Creuse, ha sido nombrado subprefecto de la jurie•
dición de Ganneville, en substitución del señor J ero me,
nombrado subprefecto da Pontoiee.»
El señor Jerome administraba la prefectura de Ganneville desde hacía diez aflos. Era un hombre tan honrado, con su voluminoso vientre, eus lentes de oro, su fisonomía de canónigo con levitón, y ee ocupaba tan poco de
eu misión-lo cual constituye inconteetablemente el mejor medio de eer un excelente subprefecto-cuhivando
con tanto amor las floree de su jardtn en medio de eus
eeie hijos, que loe régimenee euceeivoe lo hablan olvidado ó reepetado. Servía á la República con una devoción
igual á la que había testificado al Imperio, hablando con
una convicción siempre sincera del •liobierno del país••
é inquietándose mucho menos de los cambio!! ministeriales que de la floración de un tulipán multicolor, objeto de
sus más sabias combinaciones.
Se le consideraba en la comarca como un inmueble
que formaba parte de Ganneville, y los habitantes no ee
habrían eorprendido tanto de saber el desplazamiento
del campanario de la iglesia parroquial como del del eeflor Jerome. Fué preciso, sin embargo, creerlo, cuando
el eefior Jerome se dirigió á la estación acompañado de
EU mujer, de sus eeie hij,,s y de numerosos cacbi vacl.uie,
enue loscualee ee contaban cajas con cubiertas de vidrio
en que se balanceaban las plantaa preferidas del funcionario horyicultor.
Los adioees fueron conmovedores. La señora Jerome,
en el embarcadero, lloraba como una fuente. Las damas
de la ciudad sollozaban. Cuando el tren ee movió, dos ó
tres voces gritaron: 11Viva Jerome.• El comisario de policía las hizo callar, por que los visjeros extranjt!ros podían creer en una manifestación bonapa1tiet11 y sedicioea.
Después de lo cual, cada uno, yéndose por su lado, se
frotó las manoa. El senor J érome en su wagon gozaba
á la idea de que habiendo sido promovido á la segunda
clase, iba á tener mil quiuientoe francos más que consagrará sus hijos y á sus floree, y eue antiguos administra•
doe no pensaban más que en e1 medio de ponerse en la
mejor buena inteligencia posible con el nuevo subpreftcto.
¿Cómo era éste? ¿Quó edad tenía? ¿Era casado? Tenía
hijos?
Todas estas preguntas se agitaban en cada matrimonio
y en el grupo de paseantes, abriendo á las eupoeicionee
un vasto campo donde la imaginación se ejercitaba.
Se acabó ein embargo por saber, gracias al teniente de
gendarmería que escribió confidenc:almente á su colega
de Gueret, que el eeflor Savinien de la H,1ye tenía cowo
treinta y dos anos, era guapo mozo, célibe y muy eJo.'
cuente.
Las tres primeras cualidades hicieron palphar el corazón de mucbas jóvenes. L1 señora D,¡scordeB mandó hacer trajee nuevos para Diosdada y Angélica y se los hizo
confeccionar por las senorita, Juglan, las de loe sombreroe á la moda de Parle. ·
El eeflor Savinien de la llaye puso á prueba la paciencia de eue adminietradoe. Sólo deepuée de eeie eemanae
se vió llegar primero á un gran doméstico, al cual muchos
tomaron por el subpreíecw mismo, tan buen aspecto tenía; después un dog-car, después numerosas maletas y
por fio, un día, un hombre joven, muy bien parecido, de
flor en el ojal, un monoclo en el ojo y una varita en la
mano, bajó ai pi" de la estación y encontrando el'I la pla-

EL MUNDO

za al grupo habitual de loe paseantes, lee preguntó con
la mayor polfüca el camino de la subprefectura.
El Capitán Reaurian tuvo una inspiración de genio y
respondió descubriéndose.
- Vamos á conduciros, seilor subprefecto.
Aeí fué como Savinien tomó posesión de la subprefec·
tura, escoltado por eeie de loe paeean'88 que inmediata•
mente ee repartieron l)Or la población repitiendo por todas partes:
-Ha llegado el subprefecto. Noeotroe le condujimos á •
la subprefectura. Es encantador, y si supiééeis que bien
babia!
·
L-:ie comienzos de Savinien no pudieron eer máe felices.
Obtuvo desde el primer momento el extraordinario re·
eultado de agradará la vez á loe hombres y á las mujeres.
A los primeros lee habló con una gravedad tal de los
asuntoe administrati voe, q 11e olvida ron eu monoclo, que al
principio les había chocado un poquillo.
Con cada uno ueó el lenguaje debido. El agente inspector se quedó encantado del interée que tomó en el empedrado de loe caminos. El inspecwr primario se desbordó
de orgullo cuando él le dijo no sin alguna fatuidad:
-Nosotros tenemos hijos, aenor...... Vosotros los hacéis
ciuiadanos. Suestra tarea es agradable.......... la vuestra
ee gloriosa!
Recordó á los miembros del tribunal las viejas tradiciones de la magistratura francesa, ab3olutamente como
ei existieran aún. El clero ee regocijó de eus declaraciones religioeae, la gendarmería de eus elogios por el ejército. Pero los más satisfechos fueron los bomberos.
-¿Cuántos incendios habl-ie tenido el año paeado?
preguntó al comandante.
-U no sólo, seflor eubprefecto, y tres de chimenea ......
Cuatro por todo.
-Cuatro! ee poco, comandante, es poco, respondió Savinien con un tono bondadoso, que era un aliento para
trabajar mejor.
Todo el mund&lt;.t quedó encantado, los republicano~ de
sue afirmaciones democráticas, loe reaccionarios de eue
eentimientos conservadores: no ee este el triunfo de un
espíritu verdaderamente político?
.t:n cuanto á las mujeres, bastó una palabra para conquistarlas. Anunció que una parienta vendría pronto á
reuníl'éele y que esperaba entonces dar un baile. Un baile, querida! li a baile en la subprefectura!
Puso el colmo al entusiasmo de esae damas, yendo á
visitará cada una de ellas y pidió á todas permiso para
volver. J~w1is el seilllr Jerome, en diez afloe, babia he•
cbo otro tanto.
·
En menos de dos meses Saviniea se había convertido
en un dios para sus administrado.e de ambos sexos. Cuando pasaba en su elegante dog-car, todos loe hombree respondlau con un saludo profundo á sus eonrisae amables,
y más de llna cortina levantada á medias dejaba percibir un rostro famenino lleno de simpatía, y algunas veces de esperanza.
-Al fin, tenemos un subprefecto! decían las mismas
voces que antaflo habían aclamado al seflor J erome á su
partida. El otro ao era más que un jardinero.
V

Una tarde, después de la comida, el seflor subprefecto
dijo á su criado:
-No ebtoy en casa para nadie...... tengo que redactar
un informe muy importan~.
Y se encerró, en efecto, en su cuarto, encendió un puro, escogido de una caja especialmente reEervada para eu
uso po!reonal, tomó uua hermosa hoja de papel oficial y
escribió:
Gannevillt!; 12 de Agosto de 18i3.
Gabinete
del
Subpre[~cto
Al seflor Octavio Legagneur.
C,1lle CJmbón-Parie.
Mi viejo Oitavio:
l\1e arrojo á tus pies para suplicarte me perdones mi
largo silencio. Yo te había prometido darte cuenta de
m1e primeras impresiones en mi deliciosa residencia, y
desde hace dos meses que estoy aquí, no lo he hecho.
Necesitaría ofrecerte tales sumas de excusas que lo máe
sencillo acaeo ee no darte ninguna y entrar sin preám,
bulos al meollo. Entro pues.
Si se ha de creer á los diccionarios de geografía, la
ciudad de Ganneville, cabecera de la jurisdicción que

DOMINGO

a da AGOSTO

Dl 1897

tengo el honor de administrar-ya vee que tomo el esfü,..
del empleo-Ganneville est, situada , ochenta y cinco
kilómetros y tres horas de camino de fierro de la capital,
Desde mi llegada aquí he adquirido la convicción de
que los geógrafos son muy ligeros y verdaderamen\e
culpables de engafiar así á la juventud. Ganneville ee~
de seguro á dos mil millas del bulevar. La fisonomía.
las costumbres, el lenguaje de 101 habitantes, demuestran de una manera no dudosa esta incuestioaable verdad.
Un hecho entre mil:
Pasé recieniemente por una aldea, casi un barrio de
mi juriedición. Dos mujeres conversaban, un nilio aullaba. Oí estas palabras pronunciadas por una de la mujeres:
-Qu'a qu'a qu'al cri! (1)
-Al a qu'al a chu!
Aprendí después de un sabio lingiiieta que eeas dos frases trJ1ducidas al francés, significaban: uQué le ha pasado, que la hace gritar?• ...... Se ha caído?» Ya ves por esta simple cita del idioma local, que hay entre Ganneville y París tanta distancia como entre tí, vulgar ciudadano y yo, representante del Gobierno.
Ganneville está, ein embargo, le¡os de carecer de meritos y curiosidades. Loe méritos consisten en que se fabrican pasteles de almendra, untuosos y exquisitos y trufa•
dos de alondra que s.erían perfectos ei no costasen tan
caros. Se vende también mucho azafrán, lo cual me im•
porta menos puesto que. no lo ueo.
En cuanto á las curiosidades, la principal ee el río que
riega la ciudad, y digo l'icga, por costumbre que se tiene
de asociar este verbo á la palabra río, porque, preci3a•
mente la especialidad de este rio es que no riega nada.
Se seca hasta dar envidia al l!anzanaree, que también
tiene la reputación de regará )1adrid, y al cual, Alejan•
dro Dumas l?, siempre pródigo, envió un vaso de agua,
diciendo: •Llevádaelo al Manzanares, lo agradecerá!11
El arroyo de Ganneville, tiene, empero, una superioridan notable respecto del de Madrid. Acontecimiento del
todo extraordinario, el fuego estalló un día en su lecho
desecado y todas las malezas ardieron á pesar de loe heróicos esfuerzos de los bomberos.
Para qué in.fl.girte la relación detallada de mi existencia administrativa? Sería cosa de morirse de tedio ei la
monotonía de loe días en blanco, no fuese alegrada de
cuando en cuando por una nota cómica.
Lo peor es que yo me siento contagiado poco á poco
de la mediocridad que me rodea. Hay momentos en que
me tomo á lo serio. Me «mistifico• amigo mio, á fuerza
de mistificará loe otros. Tú no tienes idea del aire imponente que tomo cuando digo: el Gobierno de la República, eeflores! Esto es para loe puros, para los otros: el
gobierno...... simplemente. ~o tiene duda, me contagio.
Por lo demáe todo el mundo me adora aqul. He pro•
metido ua baile éste invierno, dentro de cuatro meses ...
y ya se preparan ...... He ido aún más lejos, porque he
anunciado la presencia de una •parienta» lo cual es para
mi mismo un personaje problemático.
Y ahora mi querido Octavio, hablemos de mujeres.
Tres he descubierto aquí de las que valen. La primera
de esas tree gracias, la condesa de Sennevaux, á la que
has visto ciertamente en Pllrfe, está de luto de su marido que murió en Reiechoffen. La segunda ee esposa de
un hombre muy vivaz, coracero de orígen, preceptor de
oficio, que tiene formidables bigotes y no parece dispuesto á bromas. La eeilora por su parte es linda, una
joyita toda rosa, una de esas coquetas figurillas de Sajonia, cuya sonrisa tentadora jamás abandona su boqui•
ta. En cuanto á la tercera, me ha sido designada de una
manera demaeiado extraña.
Es preci110 que sepas desde luego que lianneville tiene
la dicha de poeeer una santa, no en :-eliquiae, sino en
carne y hufso. Eita santa tiene dos hijas, atrae mucho
á los subprefecto~ jóvenes y platica enormemente, en ·
general para comeree al prójimo. Me ha hablado tan
mal de una prima suya que nie ha inepirado un irresistible deseo de v.. r á tlBa crea~ura perversa. La he visto y
he encontr.ido una mujer de unos ;¡.3 ai\oe-hermosa
.edadl-amable, distinguida, hecba para vivir en Ganneville como una planta de los trópicos en Siberia, parisiense de pura raza, y de gran raza ........ .
( Contillu.ará. )
[11 DeJamo, en su original e,ta,1 frawa porque de otra suerte perderian ,u estructur&amp; y sabor.

•
TOMO.JI

.MEXICO, AGOSTO 15 DE 1897.

•

•

&amp;~ce lentísimo $eñor

Don

Gntonio

&lt;lánoi,as

(l astillo

x~nES[DENTE DEL CONSEJO D.I!? MINJeTilO~ DE ESPAÑA.

Asesinado en Santa A¡ued .. el día 8 del actual.

�•

EL ,MUNDO

DOMINGO 15 DE AGOSTO DE 1897

el libro, en el Ateneo, en las academia~, su palabra autoritaria dejaba las huellas de su influencia y inarca~a con
el sello de su grandeza la idea que encarnaba, en bien dela monarquía confiada á su cuidado.
Te16fono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
Cánovas no era de .la talla de taatoe hombres como
MÉXICO
han pasado por loa escaños del poder, elevado_s por el
Toda la correspondencia que se relacione con la Re- defensa social.
oleaje de la revuelta.,política, sin dejar memoria de su
Perseguir al lobo en su guarida, sin tregua, sin reposo,
•aoci6n1 debe ser dirigida al
paso; parece como que había aecendido al alt~ puesto
sin un momento de reprochable vacilación, sin un asomo
que ocupó por drrecho propio, por la fuerza misma da.
Director, Lle. Rafael Reyes Spindota.
de falso remordimiento, y· exterminarlo allí en donde se
las cosas y de las person'\i:, como producto natural d~l
encuentre1 ea sana tarea de cirujfa social, que. han emSecretario de Redacción,
medio que lo rodeaba, como la' síntesis de las aap~prendido todos lbs gobi~rnoa. Sólo moetráo~oa~ _fríaAmado Nervo.
mente inflexible se logrará. ser benéficamente JUSt1c1ero. raciones naciooalee, como la cristalización del pensil·
miento ibérico, como la últiwa expresión del alma de toToda la correspondencia que se relacione con la edición"
do un pueblo.
debe ser dirigida al
Por eso es tan hondo el sentimiento público de la
Gerente, Lle. Fausto Moguel.
Qfo
nación hispánica, al ver desapart&gt;cer al eximio estadista,
no por ley ineludible de )a naturnlt&gt;za, no como el roble
La enbscripción á. EL MUNDO vale $1.25 centavos al
que
se inclina al peso de los aiiue de3pués de haber da~o
En
el
último
contrato
celebrado
por
remate
entre
la
mee, y se cobra por trimestea adelantadoe.
Secretaría de Guerra y ltJs fab1icantes por mayor del vea· su sombra prorectora, sino como la t:lncina que deegaJ_a
Números sueltos, 50 centavos.
t!lario pa"ael Ejército, se establece la cláusula de que la el rayo} como la roca qoe arrauca de cuajo ~n eacudi•
A.visos: á razón de $30 plana()Of cada publicación.
empresa no podrá disminuir el jornal pagado á las obre· miento plutónico del globo. Por eso es tan íntimo el doTodo pago debe su precisamente adelantado.
lor del pueblo ibero y de sus bijus esparcidos en el nue•
ras utilizadas en el!!ta labor.
vo continente, al ver cat:ir al insigne político cuando en
La
idea
es
digna
de
encomio,
porque
viene-á
favorecer
RE.HB't'RADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CU.BX,
el trabajo de las obreras nacionales, razón en que ee fun- él estaban fiJae todas las miradas y de él se esperaban
dó la censura que pocos ~eses ha dirigió algún perió· loa consuelos en las anguEtiaa de la patria.
Por eso también loe que siguen con interés la lucha
dico á la mencionada Secretaría, al encargar a.l extran•
en que está empefíada Espafia} quieren invesl.igar su por·
jera algunas piezas de ropa destinadas al Ejército.
El argumento del trabajo nacional debe apoyarse en venir, y loa que ob6ervan con ansia la contiend~ de la
Qfl
algo más sólido que las declamaciones y las promesas de monarquía constitucional, se preguntan el camino que
las operarias. El proteccionismo ha invocado siempre seguirán á la muerte de Cánovas, al verla amenazada p~r
El asesinato de! sefíor C.inovas del Castillo, el eminen- en apoyo suyo el argumento de que el sistema sirve pa- dentro con los.rugidos del abeolutiamo que como bestia
te político español, ha provocado un movimiento de es- • ra desarrollar el trabajo ñacional y elevar el tipo de loa hirsuta congrega á. las huestes carlistas invitándolas á la
sangre y á la matanza, y por las caociones incendiarias
tupor en la concienc!a de loe pueblos civilizadce. T~da- jornalee.
La verdad es que los partidarios de 1a política protec- de 10.:1 republicanos que, aunque divididos y faltos de orvía el lierrible monstruo anarquista se agita convuls1vamente en el fondo de e~ta tragedia formada por la ira Y cionista no han podido todavía demostrar eua asertos ganiiación, aun eueñaii en la posibilidad de hacer prtivaet hambre; aun el microbio se revuelve en los cbarcales hasta ahora1 y en loa diversos trabajos empr'eodidos en lecer sus ideas sobre el sentimiento público que ilustra
de un grupo humano en el que vibran depresiones Y fe. el extranjero, para apreciar el nivel de loe salarios, no _se una tradición gloriosa y engrandtce la hhitoria resplanrocidades, cóleras y cobardías, miserias y protestas, Y que ha logrado establecerél princip~o á que ee hace referencia. decierite de la realeza; acosada en sus posesiones de Ulal estallar en los eepíritus sombríos, (leterminan esos Los salarios se han elevado en estoe últimos tiempoe, Y tramar po1 las violencias separatistas, que en su anhelo
repugnantes attintadoe contra lo más eagr.i.do de la vida .Ql.UY principalmente en los países que se desarrollan,_ en de independencia han convertido el paraíso antillano en
virtud de una ley económica indeclinable, que qmere yermo infecundo y loa campos filipinos en desiertos essocial: la vida humana.
¿De dónde vienen estos hombrea?. De ellos_ podría de- que una mercancía, cualquiera que ella sea, aumente su tériles cubiertQs de desoladas ruinas; y ocasionada en el
exterior á conflictos graves y á serias colisiones por la
cirse lo que del inmortal poeta, los florentinos: vienen valor en relación con la demanda que de ella se hace.
del Infierno,-¿A dónde van? Marchan á ciegas, camiEn México el impulso de la agricultura ha hecho que razón misma de las guerras separatistas.
Nada nos autoriza, sin embatgu, á hP.cer predicciones
nan á. tientas, sin guía que les sirva de faro á. través de el jornal haya subido proporcionalmente, y en la actuaJas espesas tiuieblaa que los rodean, sin Beatriz que les lidad en zonaa como las de Oaxaca y otras, en las que el pesimistas por la muerte de Ciinovas del Castillo: grande
abra las puertas del ideal, al final de su peregrinación. cultivo del rafé ha tomado grande incremento, se paga á. era la significación del grande estadista, inmensos los
y si tienen ideal, ea un ideal negativo y disolvente, re- peso y más el trabajo del bracero, que· no hace mucho servicioJ que prestó á la monarquía, fundadíeimas las
fiido con los intereses de la comunidad y contrario á las ee cotizaba á dieciocho y veinticinco centavos.
esperanzas del pueb~o que en él confiaba, altísima la sigLa estipulación contenida en el contrato á que aludi- nificación de su personalidad en el actual período de
leyes del progreso.
El revolucionario tiene en descargo suyo un programa mos ee basa en algo mfts sólido que en simpltis asertos, Y crisis por que atraviesa la 11ación1 pero si él encarnade enfermedades que remediar, de doilos que reprimir, en virtud,de ella, el viejo argumento del trabajo nacional ba las aspiraciones patrióticas del paíe, no era el pa1s.
emanados de una e,ituación política. El anarquista no no será. letra muerta en la especulación de loe empresa· mismo; 8i él era el apoyo del trono y el defensor más ab•
dispone de material para llenar los profundos huEco"s que rioa.
~egaao de la real familia, no era la idea monárquica1 con
produce en el aparato social; esa sangre que extrae de
hondas raíces en el pueblo español.
!as arterias no será reemplazada por otra sangre, las
Aun vive el heroico pueblo ibero con todas sus gran•
energías que suprime no 1:erán sub~tituidas por otras
dezas, auu palpüan en t!U seno sus pujant~s energías: si
energías. En la lucha por la existencia persiste el más apse ac~i Cdo adolorido á la fo!!a recien abieita que hade ª'uarto, porque en esta aptitud se encuentra radicada la cividar los despojos mortales del gran eatad.ista, y deshoja las
DON ANTONIO CANOVAS DEL CASTILLO.
lización; pero en la terrible batalla que se libra del otro
florea de su gra1,irnd en esa tumba que ha abieno el odialado del mar, el triunfo del anarquiemo eería un paso
do anarquismo, product.o morboso de la civilización mo•
Con la rapidez de la electricidad con que fue comuni- derna, 1:11 bieme hondo pesar por el vacío que deja el Je•
a~rás en la historia de la humanidad.
Sociológicamente, el mal momentáneo puede traducir- cada al mundo la infausta nueva del hor1endo crímen de fo del panido com.ervador en su repentina y tr1ete desa·
se en un bien colectivo: la guerra y la ernlavitud consti- Santa Agueda, ae La eentido también el estremecimiento paricion 1 puede esperar tiodavfa¡ hay situaciont!s políticas
tuyen dos progresos, han sido un avance en la vida de loa con que los pueblos civilizados de éste y aquel lado del que engendran hombree de Eotado, los modelan según
pueblos. Pero el anarquismo no posee esta faz redentora Atlántico han visto la desaparición del eefíor CJ:novas su necesidad y los per.ti.lan según las leyes naturales.
de su obra destructiva: es un mal sin compensación, una del Castillo, que era para la monarqufaeepañola, no sólo
.l:!:n el momento histórico acmal de la E~pafia monárpérdida sin contrapartida en el libro mayor de la moral el prestigiado minis~ro ni el meritíaimo piloto de la Re- quica, á nadie se ocul(a quee~tá erizada de dificultades
gencia, sino la t'lncarnación misma del sentimiento nasocial.
y llenad~ sombras que enlutan el tiempo porvenir: el pue•
Se ha admitido que las condiciones económicas de este cional, que babia restaurado á. loe Borbonee en el trono
blo espai\ol, en su i1Jgente patriotismo, hará. por vencer•
triste fin de siglo no responden á las necesidades de todos de sus mayores, después de las convulsiones volcánicas
las todas y por encontrar 'al diestro piloto que conduzlos grupos; que en torn·o de la mesa en la que los pode- que produjeron la República y las agitaciones tempea•
ca á puerto feliz la nave de la monarquía COllBtitucional,
rosos de la tierra han tomado asiento, se revuelve una tuoaas que engendraron loa carlistas.
azotada por vientos tempescuoaoa1 entre los arrecifes de
El ilustre hombre de estado que acaba de caer á los
multitud barobrienta que vive con las migajas del festín;
la revolución y los escollos de los reaccionarios.
que al lado de los politicastros y los aefíores feudalee de golpes fieros del anarquismo vengativo, era la columna
¡Feliz si puede encontrar un digno sucesor del hombre
la riqueza pública, se alzan en el viejo mundo, loe dra• firmís~ma en que se apoyaba la admistración reinante.
il uetre que acaba de perder 1
mátiuos espectros de los abatidos y loa desesperanzados. Modelado en gigantesco bloc de granito, como los héX. X. X.
¡Y bien! ¿Qué otra forma de repartición, qué otro pro- roes legendarios espafiolee_que se yerguen bajo las arcacedimiento de justicia, qué otros derroteros de prosperi- das inmensas de sus catedrales, ó reposan como centine•
Agosto 12 de 1897.
dad proponen los adeptos de la negra banda? ¡ La igual- laB eternos á. la sombra de las sagradas criptas, veía roro•
dad en la deegracia! la jusücia en el aniquilamiento! la perse sobre su pedestal las olas encrespadas de las tormentas polfücas y estrellarse los vientos huracanados de
felicidad en la nada\
y al sentir este soplo de tumba, este impulso de des. la revolución.
En la tribuna, en la cátedra, en la prensa militante, en
trucción, esta amenaza á lo que consthuye la gloria dtl
".EL M 'UNDO"
Semanar1o llu•trado.

hombre1 familia, bienestar, actos heroicos, esperanzas
redentoras, ideales perseguidos, toda esa cohorte que for
ma au patrimonio, el anhelo de persistencia, la fe en lo
porvenir: la humanidad retrocede como si sintiera mordeduras de eerpíentee, y reclama el gran derecho de la

fau11r ~e la mujer

tlatiu; rbitllrialrs.
lHtint11 11tenta~11.

:¡9a\ítica &lt;fürttrral.

113

EL MUNO

DOMINGO 15 de AGOSTO de 1897

EL AMOR V EL MATRIMONIO

la forma de afecto adecuada para el matrimonio? No evi•
dentemente; si ella fuera compatible con la felicidad do•
méstica, con la paz conyugal, con la prosperidad de _la
familia ¿por qué los poetas que la pintan, y los novehstas que la prefieren, d6een1azan sus ficciones con el suicidio como en Werther ó con la muerte como en María? ¿Porqué ai llevan á loe enamorados hasta el altar los dtijan y cierran el poema en cuanto ee entreabre el hogar? Porque saben muy bíen que esa forma del
amor ni es_poética ni os dulce, ni es bella. sino en el
alfeizar de la ventana de Julieta¡ pero que extinguido el
canto de la alondra y comenzada la alegre gritería de los
niños en la nursery, esa furma de amor es ridícula, antipatriótica, inadecuada, incompatible con la felicidad de
la familia. Mientras el hombre no se presenta á la mujer en pantuflas y gorra griega la mujer puede amarlo á
la romántica¡ después ese género resulta anacrónico, extemporán1:,o é imposible.
Menos aún es cowpatible con la paz conyugal el amor
puramente sensual, fundado en la belleza fisica, en la
ilusión de los sentidos, l'óln las propensiones &lt;le la natura•
leza animal. Son loa matrimonios creados al calor de es·
te género de pasiones los que más Prontamente se disuelven, los que dan úcasión á mát1 frecuenres catástrofes, loa
que con mejor seguridad labran las de1?graciae de las familias. Ese género de ilusiones son frágiles como e. cristal, inconeistentts como la noche, cambiajizaa como el
celaje, efímeras como la flor.
Para casarse, para realizar una unión duradera, feliz,
fecunda y próspera, es forzoso gue la forma del amor Ct&gt;•
rresponda á las exigencias del matrimonio. El marido y
la mujer no sieben ser tao sólo dos amantes, deben ser
igualmente dos amigos. Fuerza ea, no solo que ee amen,
sino que aimpaticeni la forma de su afecto ha d.e ser expanai va sin ser volcánica} tierna, sin ser romántica; han
de ser camaradas capaces de vivir contentos ~l uno al la•
do del otro, como dos compañeros de colegio, bao de reir
más que suspirar, conversar más que gritar, pasear más
que llorar. Amor intolerante no ea amor conyugal, CODlO
no lo ea tampoco el amor exigente.
Un amor de intensida•j moderada, á la vez de cuerpo
y de espiritu, que se parezca mucho á la awietad 1 que esté impregnado de ei.tr!patía y de tolerancia, que sea compatible con el ti abajo, con t•! estudio, que no abstraiga
todo el espiritu, ni absorba toja la actividad, que no baga sufrir sino gozar, que no impida sino que ayude á
proeperar, que no pri,,e de la nfltxión, que no tuerza
el criterio, que no se oponga ni á la justicia, es, por excelencia la forma de aftctp que debe presidir al matrimonio.
En resúmen, para el hombre, la mujer debe será la
vez amante, hermana y awiga, para la mujer el hombre
debe ser amante, hermano y amigo.
Tl}do lo dt más es faena, drama ó tragedia; pero no et1
vida, ni es felicidad,
Dr. Manuel Flores.

Entre nosotros parece convenido que hay problemas, y
de los más graves, cuyn solución debe confiarse pura•
mente al sentimiento sin que intuvenga poco ni mpcho
la reflexión. Todo el mundo conviene en que para emprender un negocio, invert.ir un capital, elegir una carrerra, debe previamente meditarse y calcularse lo que se va
á hacer y pesar y medir las probabilidades de éxito¡ pero cuando ee trata del matrimonio, de la fundación del
hogar y de la familia, de la elt cción de eompafi.ero de
penas y de goces y de hacer á. otro sér partícipe de la
buena ó de la mala fortuna que pueda tocarnos en suerte,
entonces la.nfü,xión dtbe callar, el cálculo enmudecer
vendaree loe ojosá la previeión y lanzaree la nave al mar,
sin más propuleor que el cip1icho del oleaje y sin más
norte que lo deaconccido.
Acostumbramos aconsejar, en caso de matrimonio,
consultar única y e:xclmivamente al corazón, sondear la
profundidad del eentimiento que nos anima, medir la
amplitud y el empuje que nos arrastra. Para casarse lo
que interesa saber, es si se ama y cuánto se amo, todo lo
demás es bajo, es mezquino, es indigno de un corazón
noble y á mayor abundamiento ea antipoético1 burgués,
bajamente práctico.; proceder de tendajonero ó de agente de cambio.
La literatura y la poesía, por una parte, loe instintos
de la raza y las costumbres por la otra, consolidan en
nuestro ánimo la convicción de que basta amar para casaree y de que mientras más se ama mejor resulta et matrimonio y nada. más poético, Di más grande que ver cómo dos volcanes cu u funden eus l~vas á riesgo de no pro•
ducir en su derredor más que catástrofes y de no dejar tras
de sí eino cenizas.
Muy lejos de nuestro ánimo el negar que el amor haya
de ser la condición fundamf:ntal del matrimonio, su sanción y su razón de ser y el aceptar las uniones de mera
con veniem~ia 1 de puro cálculo, de aparato y de interes á las que no presiden el afecto, la ternura, los
máe vi vos .y loa más puros sentimientos; pero entre casarse por cálculo y casarse por locura, entre que el matrimonio lo determine la ariLmética ó lo sugiera el frenesí media diferencia y en este estudio no aspiramos á. extinguir hogueras siao á refrescarlas, ni pretendemos suprimir el calor fecundante del afecto sino calentar la
temperatiura que más conviene para confeccionar, digámoslo aeí, un buen matrimonio, Se puede ser un gran
gastrónomo y un excelente cocinero sin dejar de 1ecomendar pata ciertos platos el bailo maría.
En una palabra, el matrimonio no es, á nuestro juicio,
cu1::sti6n de cantidad de amor, sino de calidad ó naturaleza del afecto. La experiencia y el razonamiento comprueban á. una que no son los amores ciegos, volcánicoe,
los que producen los matrimonie.a felices, tranquilos y
fecundos; y que realizan uniones mejor avenidas, más
duraderas y mejores los temperamentos apacibles, que
los corazones arrebatadoe. En efecto, el amor ea una función animal con instintos poderosos que la estimulan,
IMP.R.ESLUN c;S
con paeiones ciegas que la aseguran, con arrebatos brutales que la garantizan; pero el matrimonio es una funI
ción social, una instit\ición humana, de orden 1 de paz,
DOCUMENTOS HUMANOS
de tranquilidad. Con el matrimonio se funda la familia
y hay que velar por su educación, por su sarnd por su
¡ ih, no! Es un extrañ,&lt;t monstruo e~ta mariposa que
bienestar y por su porvenir. La ley de la familia no es el se llama el arte. Es egoísta y absorbe demasiad~ aensiéxtasis sino el trnbajo; la ,explosión, la tempestad, la bEidad.-Arnar ea sano, amu.r es una dicha vulgar, ex•
convulsión, son impropias l)llra guiar á loe hijos, para quieita,al alcance de todo el mundo, funcióu fiaiológica;darles ejemplo, para asegurarles un porvenir. Con el y el arte es un caEO de patología psíquica.
amor furioso de Byron por la condesa Guicciolli se esLos hogares de loa artistas son hogares fríos; no revc,·
criben poemas y se representan dramas, pero no se fun• lotea el sol alegremente dentro de aquella aemi-obrnu•
dan familias, ni se educan hijos, ni se elaboran fortunae. ridad, en la que sólo se enciendeü luces al rededor del
Jasan, y eeo que era un aoldadón brutal, no pudo sopor~ altar. sereno de la inmortal belleza. Todo palidece y se
tar á Medt:a y acabó por buscar una esposa menos pan• esfuma ante la sagrada imágen y ella reina única y sobe•
tera y más mujer; ese amor volcánico y ardiente, tipo de rana.
los que- gustamos sentir y modelo del que recomenda•
El eepíritu femenino se asoma al alma del compai\ero
mos á. loa novios, dió como resultado siniestro el aban- de la vida como á un espejo_ que no reflejara su imágen.
dono de la amante y el t-xtraogulamientode los hijos por No es nada suyo aquel hombre, absorto míaticJ en la
mano de su propio padre. Con el amor de Otelo no se contemplación de espectácuios interiores: hay allí poco
llega más que al ast-sinato de Desdémona.
espacio para este hacinamiento de menudencias esquisiLa leyenda} la historia y !a sociedad están llenas de ·tas de que se nutre el corazón de la mujer.
ejemplos análogos, de trajedias conyugales, de ruinas de
Por demasiado alto no se llega á ese cielo; ángeles de
familias y de catástrofe.e domésticas cuyo origen es el rosadas alas impiden eecalarlo; sólo los iniciados en aqueamor ciego, brutal arrebatado, loco. ¿Será acaso el amor llos secretos, los que coronados de freEcas rosas ascienromántico, enfermizo, suspiran te, dolorido y triste, el de den por gradaciones sucesivas á la elevada región de la
Rafael, el de Graziella, el de la María de Jorge Iaaacs, idea, pueden permanecer en las albas cú11pidee . .Allí vi
0

4

ven solitarios, como esas aves vencedoras del eepacío en
lo enhiesto de un picacho inexpugnable.
Vivir así, en extásis perenne, arrodillada el alma y
fijos loe ojos en lo pr'ofundo desconocido, es perder de
vista 1as coeaa humanas. Lohengrin baja del Santo Graal
en un rayo de luna, y q_uando Elsa--el eterno femenino
-reclama su puesto en el corazón del heroe1 la visión se
desvanece y el ideal retorna al impalpable mundo del
ensueño, de donde brotó.
Y el arfüta ea un Lohengrin perpetuo; llena está su
conciencia del ealmc, santo de esa vida irrealizable de
la quimera; vibrante su eangre de la sublime calentura
del pensamiento; cerrado el santuario de eu espíritu á
la3 cosas humanas, á esas pequefi.as cosas que rnn loa hi·
lillos de estambre con que se borda el madrigal sutil y
transparente de la ¡¡aeión.
El amor ea un gran inconrniente; no ha menester coa•
dros maravillosoe, y la naturaleza es para él una esfinje
siler;cioi:a y sombría. Báatale con la contemplación del
objeto amado, y la creación es un ataud que flota en el
espacio. -El suei'io de ser la espoea de un poeta, es un
sueño atroz de martirio¡ es tener á su lado un cuerpo· sin
alma, una vída que no nos pertenece, ei;tar desposada
con un cada ver.
No hay sitio en aquel inmenso templo para el rezo su~
surrante y vago del ardoroso apasionado de aquella re•
ligión. Penetrar bajo las soberbias naves y hallarlas tristes y solitarias; aproximarse al tabernáculo y encontrar•
ee con un sepulcro, y cuando la igle1:iia re~plandece de
luces)' se cubre de flores, eer arrojada despiad1damen•
te ...... ¡Ab, sueño de unión mística con una alma-vestal,
con un espíritu de eremita, cuántas noches has golpea•
do en la tibia alcoba abandonada, mientras en el gran
silencio del reposo, las estrellae, como lágrimas de plata,
han caído en lluvia lumit:.oea sobre la frente del poela!
Y de puntillas, desceñida la flotante t_llnica, entre•
abiertos loe abraeados labioa--nido de besos en floración-acercarse al altar del dios y reclamar de él un rayo
de luz que ilumine á criaturas humanas.
¡Ah, hijos que Surgís el.l las treguas de dos nubes al
chocarse, osescapáateis por acaso, sois los parvenus de una
vida que no os fué dada voluntaria..nente; sois huérfanos
de la conciencia, abandonados del alma: nacisteis de la
caricia de una rosa y de un bloc de mármol! Y al lado
de vuestra cama vereia siempre á. una mujer pálida y
re!!:ignada y á. un sonámbulo que vaga inquieto y silencioso.
Amar es sano} demasiado sano, y el artista-enfermo
sublime-ea un ser poco sensible-acaso por exceso de
sensjbilidad,-un anestesiado ·de la pasión.
II
¿AMAN LOS POETAS?

Lefa yo la otra tarde en un último libro de Max Nordau ( 11Paradojae peicológicas11): 1&lt;De noventa y nueve sobre ciento, en las clases cultivadas, particularmente en
las grandes ciudades, lo que se tiene _por amor no es un
sentimiento nacido en el organismo1 sino el efecto de una
sugestión poética. Si los amantes de esta categoría no
hubiesen ltido nunca una novela ó visto una obra dramática sentimental, no se encontrarían en el estado de
áaimo que atraviesan, ó si estuvieran realmente enamorados, su sentimiento se man:festaría, en todo caso, por
otros sentimientoe, palabras y actos.-Consciente ó incomcientemente, representan una comedia de salón ó de
tocador, y repiten con todo entusiasmo y seriedad las escenas cuya descripción en los libros y repesentación en
e! teatro se ha apoderado de su imag:nación .
¿Es, pues, cierto que los poetas, esos ¡;randes augestio•
nados del arte, esos Robinzonea que tienen su isla aislada de los demás m'ortalee, su mundo aparte, en el que viven una vida refinada y complexa, su santuario oculto en
el interior de sagrados boeques, ea cierto que esos exqui•
sitos de la sensibilida1 no son otra cosa sino loa fieles
evocadores del recuerdo, el fonógrafo que guarda la impresión rncibida y la trasmite fielmente como un eco devuelve lue sonidoa•ó como la piedra que cae en un lago
esparce su choque en ondas ténues hasta las rientes orillas que limitan la movible superficie? ¿Hay en el fondo
de sus sensaciones un espíritu oculto que todo lo d_lrige
y lo encauza, una energfa que preside á.!sua accion~o(y
que se apodera de su conciencia y la nulifica y la anula,
un yo externo que arroja otro yo interno, y la!! voliciones
no son eino la suma de todas las voluntades ajenas?...... .

�EL MUNDO

DOMINGO Is de AGOSTO DE 1897
DOMINGO 15 de AGOSTO de 1107

EL MUNDO

-~¿A veces, dice un maestro, he peneado en la existencia de un entozoarío que ocupa la región de nuestro
cerebro, que vive aq,1í dentro, alimentándose con nue,tro pensamiento.• Y entonces nosotros no somos nosotros; somos el producto de tnuchoe hombree. de muchos
eEpíritnP, de fragmentos dispersos, de átomos diFgregadoe, de impresiones esparcidas, de fuerzas diseminada•;
entonces, como decía el poeta, •n'lda ea nuestro», vivimos en un mundo aj~no, nuei;tra existencia eetii forma•
da de extranas t'xistencias; nuestros dolores, nuestras
alegrías, no nos pertenecen; la lágrima que nos arranca
un acerbo sufrimiento, fué vert.ida hace anos, siglos aca
eo, por un loco ideal que conservamos adherido en no
importa r.uál celdilla de nuestro cerebro; somos sombras
de cuerpos muertos, satelitee q '18 reflejan luz cenicienta
de un astro lejano, espectros de cosas idas, remembranzas de hechos pasados, polvo de estátuas
denibadae, reguero de esa roeada arena
de que habla Pierre Loti en su peregrinación á través del /Jcsi;,rto y que &amp;e forma
de altivas, de resplandecientes huettes,
de aguerridas multitud~s que han ido
aglomerando sus despcsjoe, desmoronamiento de generaciones qoe se suceden
á las generaciones y que arrc,jan al paPo
del viajerv una tornasolada nube de ceni•
zas, rndario impalpable de fant&amp;smas que
han rozado el planeta y que se alejan en
el penacho blanco de una uube.

ea un gran delincuente. Crimen de amor! delito de pasión! Como el personaje de la novela de D'Annanzio,
busca en loe labios de la mujer vencida loe besos de la
mujer anhelada, nueva forma de adulterio no prevista
todavía en ias páginas del Código Penal.
Carlos Oiu: Dufóo.

IAGO.
( r.r, •On:1.011 nr.

YKllDI )

l~go, dice una vieja edición de Ottllo, fago ,un· malvado. n
Tal se define y analiza á eí mismo en el Credo: comen•
tario musical al que conc,¡rren la, m ,!odias, las harmo•

Así, el poeta es un sugeHionado que
repite y hace lo que otroe ban hecho y
dicho antes que él? ¿A.sí, éste que él llama
su amor no ea euyo; lo aprendió en eue
lecturas, Jo traefundió en en sangre-que
tampoco ea suya, puesto que la elabo,a
su organismo con componentes exteriores-un eu autor favoriu,? Cree amar, pero en re11.lidad no ama; ea un ruiraje de
eue recuerdos: la amada idtal eubstiLuye
á Id amada de carne y hue~o. ~1arga,ita,
)lignon, Julieta, Eisa ... Laura., Eloiea ...
¿qué importa el noJ1 bn:? :S1tlmpre •·oiti la
deepoeada del poeta. •¿Acaso deJaría de
amarte porque te llam1ras de otro modo?» p•egunta á H.:&gt;meo la heroína dl ::::iakespeare. Amar aef, ea amar J?Or iuterpó•
sita voluntad; es representar un papt!l en
un viejo poema que no es nuestro; seguir
la voz de un apuntador invisible que nos
va deslizando enel oído palabras que no
nacen de lo pro[undo de nuestro Eér.
¿Q11ién nos inspiró eea hermosa eetrc,f.,
cuya música nos remueve íntimameLtt ?
No lo eé, pero yo la he tcecuchado antts
de ahora. ¿Xo fué Museet quien os hito
amará la «hija del Tí.ianc,?• Y aquel otro
que «viene del lLfierno" no encendió en
nuestra alma la pa,ión de B~atri;,.? Y todos vuestros amores ¿no son un tra,unto
de loe que sorprendisteis en esas páginas
que habéis leido y releído y á las que debéis la primera iniciación en ese gran
templo del dolor humane,?
Dolorosamente ama el poet¡¡, po1que el arte ea el do•
Jor, y poi eso ee le ama:
Aimeraie-tu l~s fleure, lee prée et la ved u re, Lee ~onnets de Petrarque el 113 chant des oiseaux, Michel Ange
et lee arta, Shakespeare et la nature Si tu n' y retrouvais
quelquee anciene sanglot1:?
Se busca este supremo deleite que hay en el fondo del
sufrimiento y que nos aproxima á loe bérces de antiguas leyendas, á esos otros yo que han anidado en nuestra conciencia; se sumerge el eer,iritu en este mar de recuudo, porque como Lenpardi «ove es dulce naufragar
en este nur¡11 se convierte atrás la mirada para aha,car
el camino recorrido, y repoear bajo Jae frt:ecae sombras
de enareuadae alamedas, formando, con las flores del
verjel ajeno, aromosos ramilletes que depositar en la
ventana de una :\Isrgarita creada al conjuro del libro del
poeta alewáu. Ptiro el amor que no se aiorna con las
sutlltle alas de la imaginación, el que se alimenta de la
realiJad, el que no ha menester nutrirse de otras iwpres ionee que lae propias, no es patrimonio del pceta. Este

Apuntes sobre el
eión, an contraste, cuya fuerza y hermornra expresa la.
música con mayor vivacidad que !a tragedia. É~ emi.
nentemente del dominio musical la atroz reacción -en•
tiendo casi la palabra en el sentido químic &gt;-del alma
envenenadora sobre el alma envenenada,
Recuerdo que Roesi, representando O' ello, pa9ab:i
constantemente, y con un ademán circular, la mano eo•
bre el pecho, como para seguir á través de eu earne el
horrible centro del dolor. De igual modo deecubro en es$08 pasajes de la obra de Verdi, un motivo orqnestal que
se revuelve sobre sí mismo y que al revolverse profundi•
za y desgarra.
A la menor frase de lago, aparecen en Otello loe eobresaltos; los ímpetus de eufrirviento y de cólera; en menos
tiempo del que ea indispensable para escribirlo, la voz
escala las altas cimas y se desploma en
loa abismos; el alma se ve presa de todos
los transportes de la duda, de todas las
contradicciones de la locura.
Y basta el final del etgundo acto las
dos fuerzas, una enfrente de :otra, conti.
núan lucbando a1,1í¡ una, oculta tln una
música impasible; la otra, abandonada en
una Ulúsica delirante: y como una ha en.
contrado en el relató del sueno de Caseio
la última atenuación je sí misma, la otra
encuentra también en eí misma, laexal·
tación extrema y el paroxismo, en las
páginas magnificas, punzautee con que
\ermina el adiós lírico á las banderas.
Estas son aquellas sacudidas, aquellos
rompimientos de sentimiento interior de
que habla Taine, apropósito de loM heroes
de Shakespeare. A esto se refüre cuando habla de •la imaginación terrible, la
,·elocidad furiosa de lae ideas multiplica•
da.e y exuberantes.•
Hay que lamentar que estas ideasme refiero á las ideas mueicalte-sean
demasiado cortas y demasiado precipitadas, qne paeen con tal prontitud ó que
e¡,te segundo acto eeté formado enteramente de detalles. Desborda vida, y si,
como se ha dicho, no hay ciencia más
que de lo general, no hay vida, ,Mvbre todo en '3hakeepeare, sino eu ti detalle y
en lo particular.

C,nm.o BEr.t,AIGVK.

. .._,,..._.,Lls jSvenee lt'ticm coquetería como ha•
cen escalas: para ejercitarse.
Jorge de J&gt;eyrcl,rune.

***á las mujeres ser saLa viudez permite
biamente coquetas.
A. C:er,11euaye.

*

* * de la joven co::i
C.&gt;nocer el caracter
qnien uno se caaa! no lo titLe 11ún ó se la
tlusd\a á diijiwular el que tiene.
Maria A na de J:Joi-fl.
Señorita Clara Cordero, de Jalapa.

nfas, loe ritmos y ICle timbrea. Comentario admirable,
al principio, de pod~r y de f tror, impra y lírica mente
arrojad') á trav~e de las 11menaza9 de loe cobres y de las
carcajadas de loa trinns; despu{,s, admirable también
cuando todo ~ste lirismo deeapare: e, cuando la oia c(ni•
ca termina en cínica meditación, la cólera en disgusto,
y, cada vez más lentas, más profundas y máedeadenoeae,
las notas del motivo principal ee desgranan y se deevan~cen en la nada.
Fuera de esta explosión casi toda la parte de lag&gt; no
está compuesto sino de in&amp;inuacionee musicales, i01pul·
sos, por decirlo aef, tan pronto tu 1pendidos como osa·
d s, veleidades y ten1ativas.
Desde este punto de vistJ, el relato del sueño de Cassio
me parecd una obra maestra de expresión; obra maestra
por la melod1a insidiosa, por el cromatismo eu,il, por ¡¡
instrumentación atenuada, ahogaJa, sordamente pereuaei va y elocuente por lo bajo.
Y estos ligeros razonamie ntos, estos toques tan delicados determinan en Otello espantosos transportes, crean•
do entre el efecto y la causa, entre la chiapa y la explo-

*

* * cJn la dificul •
S~ eicusa uno de engafiar á sus atn1gos
tad de engal'lar á eue enemigos.
Archille .Jfagn ier.

*

* m,ís
* ó menos poetas y to•
Todos los ena~orados son
dos los voetae se creen enamorados.
G. .lf. r,1lto11r.
OTRO PAGO OE $3,000.00 DE "LA MUTUA'' •

EN LEON.

'

León, 29 de Julio Je 1897. -,-~r. O. Culos s,mmer, Direcoor Gdneral de «L1 )1.1'Uli•• tin .\Ox1co. - .\11y tldGunado eeilor:
El B 1nqaero en esta ciuiai de la lI 10,uf-ile C l'n¡&gt;aflía de Seguros eobr~ la vida «La )Iutu.A•• d-, ~,uwa ívrk,
de la que ed Vd. d1gao D irector tlu edGa R ,públic.1 me
ha entregado 1~ suma de(3 000 00) \rea mtl ¡.,1: 1od d,mo
volor de 1a_póliz~. núm. óiS.505, de mi !Liad.&gt; espodo el
Sr. O. Juet1no Horner.
Reco,nozco ag~de~ida _la eum1 efi~a,ia con q 1e Y J. ha
procedido en la hqu1dactóo de este stniei\ro,· .. ,1rn i n.an·
do con esta más, las numerosa! pruebad qud ya b.i. dado
«La Mutu_a" del empano con que ac,stuwor~ llenar loa
c 1mprom\soe con~r.&amp;idos con 11us a~egur,d ••. -·foy da
Vd. a[ma., atent1s1ma y S. S.- ELE).'.~ P. DE II i11sEa.

VIAJE ALREDEDOR DEL .llUNDO, DE LA CORBETA "ZARAGOZA"
RECOGIDOS 'POR EL DOCTOR CARLOS GLASS, MEDICO DE LA MARINA MEXICANA.
!17,000 n:a.lllas sobre loe ·n-1.are.,;.

YIII
EN EL TEATRO.-LA PROl'AGA:-OA,-LOS 1).'CElH&gt;IOS,

·

r_or lo común las horas de huelga laa pasaban en tierra, y los ratos de cansancio
loe distraían á bordo en la toldilla, viendo el incesante mover de loe ferrie, lanchas
de vapor, pangos de carga y mil botes, ya luchando al remo con la fuerza de la corrien•
·te, ya á la vela cinendo graciosos el huracanado y frío vie1.oto que allí reina, hacia la
playa.
Xo era muy raro observar incendios. una serie de pitazos de vapor, sonoros unos,
agudos otros, anunciaban el incendio, indicando la manzana, y aun el número de la casa
incendiada; poco después de advertido el incendio y loe pitazos las llamas cesaban por
la asistencia siempre oportuna del cuerpo de bomberos.
'
::S-i en Londr2e ni en
Parle se encuentran cuer•
pos de i&gt;Clmberoe tan ex·
peditoe como en Estados
Unidos.
La lucha incesante que
se nota entre el comer·
ciante y las sociedades de
eegnroe contra incendio,
hace que estas últimas fo·
mPnten con &amp;randee can•
iídadea de oro loa ga,tos
originados por una corpo·
ración que pre eta á todo el
mundo utilidades sin
cuento.
Tres minutos después
de anunciado un incen·
dio, están funcionando ya
las bombas, sea cual fue•
re la distancia del einiee•
tro, y diez eegundoe tarda
todo un cuartel en ponerse listo para pre:;tar auxi·
lio.
Loe caballos de servicio
hacen guardia sueltos al
lado de los carros que tienen que arrastrar, y al eo·
nar el timbre de alarma,
Lilluokalani ex-reina de tiawaii.
ellos solos ee ponen bajo
las varillas para ser enjaeiadoe: tal ea In velocidad en esta maniobra, que más tarda el
timbre de alarma en funcionar que toda la balumba de bombas en salir de su cuartel.
Todos los dia,, al sonar la primer campanada de las doce, hay eafarran:ho en to·
dos los cuarteles de la ciudad.

1

IX
t;N

El, PACÍFl("O,-DE SAX

FJIANl' IS('O ,\

IIONOl,ULU,-20:3() MIU.Ab

~I.\RIX.Ati DK

TRA\.ESÍA,

A las nueve de la mafiana del Z9 de Junio entraba la marea; una bruma espesa,
,que se deshacía en lluvia menuda y fría, abarcaba todo el horizante, dejando apenas
percibir en la playa el cúmulo de casas y en la bahía loe barcos.
A media máquina y
con el mayor .orden bor·deamoe de Sur á Xorte la
•costa occidental de la pe·
ninsula, dejando á estribor la lela del Alcatraz y
un poco deepuée Punta
Bonita, y á babor Clifíllouee.
Cuatro horas más tar·
de, apenas se distinguía
la costa americana por la
popa, y solitarios en e.l in·
meneo Océano, con viento, marea y corriente fa·
vorablee, ecgu!amoe el tra·
zo marcado por la de•
rrota.
Nada más feliz que esa
travesía. L!U! eingladurae
acuearon velocidad muy
regular con solo una cal·
dera; el mar siempre azul
y ligeramente rizado pQr
loe flojos vientos, nos em ·
pujaba acelerando la marcha; el mareo generali·
zado el primer día desapareció pronto, y al siguiente dla ee vió á toda la
Prince■a Kawilani. Hija de un escocé■ y de like-Like
gente sobre cubierta.
hermana de la ex-reina Llliuokalanl.
A medida q·1e deseen•

d{amoe en latitud, la temperatura se hacía máa cálida y al cuarto día de navegación
se hizo necesario cambiar el tuje de invierno por el de verano, pues los ardores del sol
abrasador se nfreecaban apenas por loe alicioe en cuyo imperio habíamos penetrado.
Xi un solo barco, nada que llamara la siempre ávida curiosidad del marino; la
mar monótona, el viento soplando siempre del miemo punto y en rededor nuestro, so·
Jedad ein límites.
Por las tardee, á la pue9ta del sol, siempre hermosa, iba sobre cubierta todo el
mundo á presenciar ese espectáculo que no canea nunca y que interesa al marino por·
que sirve de pr.:eagio para los buenos y para los malos tiempos.
Loe marineros reunidos en grupos ::1obre la jarcia, el combés y el castillo; eobre las
bordae, provistos de acordeones y guítarrae, echando bocanadas de humo de sus pipas,
entonaban canciones entimentalee, de su paie, nacidas entre bosques de palmeras Y
frondas de helechos, y llevando en sue notas plal\iderae la dulce melanco1ía de lasco·
marcas tropicales.
Ae~ mecidos por el oleaJt&gt; del grande oceano, á merced de la providencia, Y con el
corazón lleno de esperanza, perdíase esa tranquila algarabía, mez&lt;:landose con el ruido
de la hélice y el rumor del oleaje, en la inmensidad de un horizonie sin límites.
En la noche el toque de rancho siempre esperado, hace cambiar la decoración á
bordo; enciéndense las luces de situación, los reposteros acuden con eue portaviandas
á las cocinas, y el resto de la gente en algazara constante baja el sollado y espera BC'nriendo apresurada, la dura galleta, como un aperitivo á su apetito eiempre voraz.
.\. las 9 de la noche, al toque de silencio, todo se aquieta á bordo, sólo el rechinar
de la jarcia, el zumbido del dinamo, el golpe del oleaje que se quiebra en el costado,
produciendo un ruido seco, forman un monótono é imperturbable conciert.o.
En el mar, la azul fosforescencia producida por millones de salpas é infueorios dibuja la estela q11e deja nuestro barco, y ti loe lados, como pálidos y fugaces fuegos fa.
tuos, corren deslizándose los rizos de espuma; de vez en cuando loe peces voladores,
como cen tellae brillan•
tes ó penachos movedi·
zoe de fuegos artificia•
lee, dejan ver sus iluminadas siluetas que rápidas detaparecenen todas direcciones marcando en la rttina l&amp;. huella
que en el agua han ee·
guido.
A las diez de la noche
todo ea silencio, eólo el
acompasado y tardo paso del oficial de guardia
y el parpadeo del farol
que lleva el rondín á todos los sitios de la cubierta, despertando al
relevo, forman con la
jarcia, la mar y el vien•
\O el único movimienw
perceptible en la inmen•
ea soledad de la noche,
Iglesia Kawayah.-La primera iglesia cristiana erigida en la espaciosa superfien tionolulu.
cie liquida del océano.
Eldfa 30 de Junio dietábamos eolo:!50 millas de las islas Hawaii, y el día 1? de Julio
deberíamos fondear en el puerto de Honolulu ciudad y puerto principal del Archipielago y capital de la modernieima república hawayana.
:X

ARRIBO .\ IIO~OLULt:.
Auúnciase el l? de Julio; el mar rizado por un viento del S. O. quebraba sus aguas
dejando ver fugaces arcoirie que chispeaban. sobre la nívea cresta de las olas.
'
Por la proa, sobre el horizonte, destacábaee ya distintamente una elevada y montanoea costa, negra, imponente hacia la playa donde un grupo de peflaecoe abruptoe
de granito resistía el incesante golpear seco del oleaje que se deshacía en cristales lfquidoe azul turqul.
Más sobre el pabellón del cielo elevábanee soberbios volcanes mezclándo y con•
fundiendo eue altos y desgarrados picachoe'..con un afelpado y negro manto de expléndidae nubes plateadas en eue cimas por loe oblicuos rayos del sol naciente.
Sobre _las montai'l_as bosques inmen~os de ve_rdura; hacia la cnsta agria y desigual,
la tosca andez de antiguas lavas volcánicas reflt&gt;¡ando en su superficie y rompiendo en
eue arietas, como diamante gigantesco, la luz que difundida en matices extrañoe y en
o, !oraciones exóticas iba á perdene en el espacio transparente ó en la enperficie movediza de las aguas, produciéntio singular espectáculo.
¡QtJé hermoeo contraste el ofrecido por aquel resto sublime de cataclismos espantosos en las edades primitivas!
Difícil pintár el entusiasmo d~ ii b"&gt;rdo al co11templar lae3peraia tie1ra de Hawaii
después de tan foliz travesía ó al saber q 11e muy pocas horas nos faltaban para descansar en la primera etapa de nuestra viaje; al im~ginar lo'.desconozido y creer que a cor·
ta distancia se nos ofrecía el goce de las primeras novedades, sentíamos un indecible
placer que animaba á todos en el Zarogoza.
Poco deepu~e, bordeando la costa de Dahu de norte á sur para llegará Honolulu
pasábamos á lo largo del canal que separa esta isla de Molokvi hasta que por fin á ¡~
descubierta ee preeeotó á nuestra vista el P,1rai80 del P,,cÍju-o, el expié ndido puerto de
llonolulu, en medio de un bosque de caftas palmeras y tarro.
_A la a~ru~adora claridad de un sol tropical, vense eeparc~doe aquí y allá aristooráttcoe ed1fiJ1os e~beltos, ó negras y pesadaJ construc-::iones con lechos y muros de

�oo ■ UIGO 15 de AG~STO de_ •~J==

EL MUNDO

1,6

granito, en loe flancos de lee montañas entre mac~oa bosques. de. K~ila-Kala,
Cimborrio de fuego 1eeplandeciente al sol del medio día, la soberbia allueta del
Waikiki, viejo volcán eacudido en otro tiempo por catacliemm1 plutónic~e, amparaba
como docel inmenso orla•
do de sempiterna verduraeraaquelmajestuoao ¡¡,aEaje erigido por Dios en

medio del oceano, y como
brotando de las olas y en•
tre las fJOndae de las palmeras, ergufanee loe cruzados palos de )os barcos.
A la voz del comandan-

niu á Kihokalani, y M. "William Dole con su consejo
de ministros ee instaló como presidente.
Hoy día el pueblo se compone en su mayor parte de
japoneses y chinos que han importado Jamás terrible de
las plagas, la lepra.
Aemtado el pueblo de tan terrible mal, funda hoflpita·
les donde se aeieten dti dos á ciDco mil leprosos cuyo nú·
mero disminuye sólo con las enérgicas leyes que obligan
á todo enfermo á vivir segregrdo en los hospitales ó á
salir del territorio tenga ó nó bienes raíces en el país.
Por otra pal te, los aborígenes eon hermosos; principal•
mente las mujeres á quienei:. Vancouver dio el nombrn
de &lt;1renue nPg1as.»

XI.

El 4 de Julio, doble aniversario de la lude pendencia de E~tados Unidos y de Ha•
waii, los pabellones flotando sobre todos los astabandera3 eo. tieri::a y engalanando los.
barcos, formabai:i un pintoresco y animado golpe de viste.
En el expalacio del Rey, suntuoso edificio al estilo bizantino, erguido en medi0,
de un parque bae.to, frente á la arrogante estátua del rey Kamehameha 11!, desfilaron
en columna de honor la guarnición y 103 navales, en presencia del seí\or DJle, Presidente de la República de Hawaii y del cuerpo diplomático extranjero.
Sobre la escalinata de
mármol negro del pórti·
co, bajo el grandioso arco
de entrada, levantábase
soberbio docei y en el cen•
tro eentadoa en Illagnl :ficoa sillones Luis X V
A
veíanse el presidente Dole y á su derecha nuestro
Residencia de un american o en Honolulu.
Brigadier y oficialidad, á
la izquierdaelcomandanAltOs, fornidos, de tez morena y de nariz aguilefia, prognatos y con pómulos aate y oficialidaddel.Adamslientea1 veetidos de lienzo y con sombrerillo de paja 8!1 la cabeza, tenían un parecido
y el cuerpo diplomático,
muy notable con nueetros indígenas, y eeta circunstancia ocasionó entre el equipaje la
y en el reato del amplio
explosión de algunas chispas humorísticas de su csracter.
corredor lo más distinguiGuiados por el piloto, atravesábamos el estrecho canal que conduce al ¡;ue1to, ee
do de la eimpática societialado unicamente por boyas rojas á uno y otro lado, después el fondeadero donde con
dad de Honolulu, donde
cuatro amarras fondeaban los barcos allí surtos.
:figuraban tanto he1moeas
Muy cerca de la playa veíanse bien grupos del pueblo que concurrían á preEenciar
señoritas como elegantes
la entrada de un barco de guerra cuya bandera desconocida para ellos dió lugar á miles
daros.e.
de comentarios que más tarde conocimos.
Por 1a noche se dió un
Nunca basta entonces había flameado nuestra insignia t,ricolor en aquellos remobaile donde fuimos coltos y perdidos sitios del oceano; á. distancia el color verde confundíase fácilmente coa
mados de atenciones y
el azul y euponíase al nuestro un barco francés¡ más tarde Ee le creyó italiano, pero
donde vimos con sorpresa
una vez foúdeado el buque-escuela ee distinguió nuestra libertadora águila, nunca
desaparecer de nuestros
vieta y comenzó entonces á manifeetarse inmensa curioeidad que hizo que al rededor
fracs, todos los botones
nuestro, vinieran infioidad de botes con gente de todo el mundo, cbinoE', japoneses,
dorados que llevaban
kanacos, indos, árabes, portugueses, americanos,,etc., todos abeortos y hablando in•
nuestra insignia, porqu&amp;
tensamente cada cual en su propio idioma.
l~e sefioritas del puerto
Gritos intraducibles suce::lieron á la eopresa cundo el e:aludo á la bandera de Ha•
tienen la peregrina coa•
waii con todas las reglas de la marina1 eaÚó de las bocas de nuestros csñonef!; la con
El manto real de Hawail. Vieja inalgnfa de la realeza.
tambre de ponerse como.
testación se hizo esperar, basta que vinieron á pedir al barco una bandera mexicana
adornos, botones y cintas
porque no había en todo Hawaii una insignia nuestra, y el iris tricolor de nueGtra pa- que por decirlo así escamotean á. loe oficiales y tripulantes de todos los barcos que allí
tria les emefió de lo que eramos capacee y presentamos por decirlo así, la gran targeta arriban.
de la República, la insignia nacional que flameó por primera vez en el ignorado país.paCitaré, con licencia del aludido, á uno de nueetroe guardias mariaoe, que sin hara nosotros mal conocido desde que el mundo americano brotó de entre las olas, á los blar una palabra de inglés y sin haber bailado, perdió todos loe botones, ar:ancados
conjuros de Colón, y el mundo australiano surgió del oceano á la mágica voz de Sebas- uno después de otro por dietintae señoritas, y al día siguiente lamentaba el forzoso.
tián Delcano y de Cook.
gasto á que se le obligaba por una costumbre tan extraña.
No estuvimos un momento solos; había fondeado, además de varios barcos mercanNo lo consolaban de su pena los recuerdos de aquellos instantes .de expansión en
tes, uno de guerra americano dando proa á tierra¡ este nos hizo cortesmente la visita que muchas manecitas delicadas lo tocaban á porfía hasta desprender del uniform'e la
codiciada presa.
de ordenanza y contestada que fué, dió lugar
á un a[ecto entre la ofiXII.
cialidad, nacido por ser
ELHAWAIL
del mismo con~inente
•(,'
aunque de distintos paí.
~·e_,
ses.
IllSTORI.A, POLITICA .ACTUAL, INDUSTRIA, COMERciO 1· &amp;ANIDAD.
Después tuvimos nu,,
merosas invitaciones, y
Nada más miginal que la historia de esas islas descubiertas por loe grandes e ¡ .
cordialmeote recibidos
radares eepaíl~lee del siglo XVI y estudiadas mucho después por Cook, navegan~Pi:~
por el presidente de la
glés que Jae dio á conocer al mundo en 1750.
república hawayana Y
~abitadas por ind!gena~ pescadores, simplemente, raza eebelta, agil yfrcbmta,
por el diplomático acremannera por exce 1encia y em parentescos cronológicos con loe pobladores de la A _
ditado en Honolulu Y
tralia ó de las islas Figi son bellas las islas Sandwich.
us
las principales autoridaCook
ambicioso
estorcionab,i
al
pueblo
y
murió
en
Hilo
asesinado
por
las
manos
des de la localidad, paalevoeae de los ñatu~ales.
samos la temporada quiEn grande actividai por aquel entonces, los numerosos volcanes de su suelo
zá más agradable del
fuera de toda comunicación con el mundo, cubría las islas vPgetación raquítica p~ry
viaje.
descubríase el fe_rtil y privilegiado suelo, que más tarde, Vancouver engalanó con lo:
EL~ HAWAll
productos más ricos de la flora de Europa, Asia y América.
Por aquel tiempo despertábanee las rivalidades entre los distintos reyesueloe de
cada isla y un organizador activo, el prohombre bawayano, Kamehameha r sometió
Llegábamos por fin á
por la conquista, todo el archipiélago, que convirtió en Imperio despótico !andando
un país isleño, repúbli.
la capital en Ilonulnlu que quiere decir ciudad imperial.
ca hacía tres atioe, m&lt; narquía desde épocas re.
El monte _H_ai_kiki á coneec~uencia de un tnremoto abrióee en todo su espesor de•
motas, antig110 como
Jando un prec1p1ct0 que hoy mide 300 metros de profundidad, y en la parte superior
:México, codiciado cvmo
ha,sta 100 metros de anchura, arrojó en ese abismo el Tey Kamehamelta I á más de
joya valiosa, rico como O.ama hawayana á eaballo (montada á la manera
5,000 guerreros y esa hazafia horrible fué la piedra fundamental de su conquista que)&amp;
loe vergeles del trópico¡
masculina).
valió el nombre deGrán Guerrero.

·::: ~-

•

XIII.

FIESTA NACIONAL

ra del código marítimo in•
ternacional pidiendo práético, y media hora des-

"

lf:L MUNDO

agreste y selvático como las tierras virgenes, ilustrado y comercial por eu contacto con.
los pueblos cultüs poblado por el genio y desposeido por la incuria, eano como un oasis y enfermizo c~mo un Lourdes tanto como las catacumbas de Roma en la era inci' del crieFaniemo, .Y vicioso como
'
'
piente
la Pentápolis e~mita; amante del opio y del
nfr-.
i·anah, y bruto, infeliz como un pollino, país de hero1cos magnates y de cobardes reyes¡ raza que brilló como la de Cuauhtemoc y ee extingue en la conquiEta cosmopolita.
Tal es, en conjunto, el archipiélago perdido en la inmensidad del Océano que pasábamos por primera vez, henchidos de orgullo naciona..1, grande, muy grande, como el amorde la patria lejana.
Portentosoe,·espléndidos, eran los comentaxios que se hacían en la cáma1a de po•
pa según se iban recibiendo impresiones en nneetras reiteradas visitas á tierra; pero
unánime y caei uniforme fué la última impresión, al separarnos de ese país hoy tan
en boga en la política universal.

te aparece sobre Ja punta
del palo mayor la bande-

pués, una lancha tripulada por seis kanarns nativos del pala, atracaba á.
los costados, conduciendo á bordo al piloto del
puerto, un americano de
formidable estatura y
fuerza hercúlea.
La maquina avanza nuevamente, llevando á remolque la lancha y ya á
nuestro sabor contemplamoa detenidamente á loe
primeros habitantes de
las islas que se ofrecen á
nuestra vista.

DO ■ INGO 15 de AGOSTO de 1&amp;97

COSTüMBTES IIA WA YA.NAS. EL POI, EL ALOKA. ROE.

~---. =-~-

Casa de Correos en Honolulu.
Hoy día, para perpetuar su memoria, figura sobre rico pedestal la eetátua del genio
hawayano, cubierto con su real capa de plumas amarillaf.l.
El reinado de Kamebameha íué el más floreciente. llegando á medio millón el número de habitantes. Más tarde, entregados al vicio y la depravación, erigido en virtud
el repugnante y contranatnral infanticidio, y viviendo las mujeres en el oprobiJ, ne·
cesitáronee las frecueutes inmigracim¡ee del mundo entero, y desapareció aquel breve
apogeo de una raza basta entonces iiuetre.
Dedicados al politeismo C')nsideraban los volcanes Maona-loa y Kaela como el
palacio del sol, siendo eu cráter el horno donde fundió eus ardorosos rayos llamados
entre loe kanakos cabellos del Sol.
La inmigración de mh,ioneroe cristianos prop1Jgó una religión más dulce, pero resistiendo el pueblo á la nueva dutrina apela á la conversión de la R~ina Kapiola •
ni, m ujer de altas dotes y de inteligencia superior, la cual no enteramente converti
da á la nneva fe sujeta á los sacerdotes á una prueba al alcance de su inteligencia, an
tes de abrazar el cristianieino: desafiar á sus dioses, insultarlos y encomendándm:e al
Cristo, buscar el poder superior de cualquiera de elloe.
En real embarcación emprende la reina el viaje a Hilo y de allí asciende á los
volcanes, has:a su encendido cráter, donde á ningún ser humano le era perm itido Eeatar su planta profana, so pena de ser aniquilado por la
venganza del dios irritado.
Maravillado el pueblo de su Reina, la sigue en turbas
descompuestas y y;a en lo alto de la montafia, Kapiolani
manifiesta públicamente sus intenciones; con paso firme avanza hasta el borde del turbulento cráter y co'n so·
lemne actitud y entre enérgicas imprecaciones, arroja
piedr.:ae á la candente lava en fusión é insultando á. su
dios le dice: uhasta hoy he creído en tu poder, pero tengo otro dios superior á tr. Si eres capaz de vencerk, con·
fú ndeme entre t,u hirviente lava; si nó, aconsejaré á mi
pueblo, que te abandone, porque no eres tan terrible co•
mote hemos creído!n
. Aeor~da la multitud. sin atreveree á hablar, en Pilen·
e10 ternble, esperaba ver desatarse sobre ella las furias
del coloso, y cuando el volcán mndo, parecía humillado
ante el anatema lanzado por la reina, el pueblo Ja sigue1
la adora y se convierte gustoso al cristianismo.
Tal es la tradición legendaria de la propagación de
las nuevas creencias de eEe puta blo.
Pocos añ.os· máe tarde una terrible.erupción asuela
loe pueblo(y hace vacilar las conciencias de loe neófik&gt;s, por eso aun en la actualidad se encuentran restos
de sus viejas supersticiones, mt-zclado1:1: á la religión do
minante en las Islas Sandwichólfawaii.
E ntre loe dernendientes no tablee también de la dinastía conquistadora encuéntraee la Reina Emana que al
morir dejó cuantioso capital para el soetenimiento de
una eEcuela cuyo edificio está. valuado en $300 000 oro y
un hospital que hoy lleva el nombre de la augusta dama;
por fin la última reina dest.ronada Liliuokalani sufrió en
su palacio el retiro melancólicos deu derrota.
Su hija, hermosa criolla que reside en Londrea, recibe
aún de. gobierno 300 libras esterlinas para su educación.
Aceptadas que fueron las nuevas bases de un Gobierno Repu~licano estando en minoría el pueblo kaPaka,
no hubo necesidad de disparar un sólo tiro para destro•

•

El pueblo, H1w1yano, como el nuestro, es amante d0
la música, eensiblero, apasionado: usa lengua mny parecida al mexicano, que va dernpareciendo poco á poco por
Ja mezcla del chino, japonés é inglés.
S:i comprende tanto EU idioma como su raza, y dentro de poco tiempo se verá desapartcer el tipo primitivo de ella.
Viven en cabaflaa de. palma y bambtí, y su principal alimento es un atole llamado poi que se hace con el tubo de
una planta acuática, el tarro, de poder ali.roenticio muy
elevado; prescindirían de todo, menos de esepd univer•
!!almeate aceptado por ellos.
Amantes del baile, tienen una danza de vientre graciorn, atractiva, aunque un poco deshonesta, pero que agra.
da y es la indiepeasable en todas las fiestas.
Las mujeres kanakas usan como vestidos una gran bata eaelta, y se adornan con profusión de floree y de plumas vistoeas.
Hábiles .oadadoras, viven la mayor parte en el agua,
donde arrogantes se desafían los más ágiles.
Otra de sus recreaciones ea el caballo; montan como hombre y manejan loe más
briosos potros de la comarca¡ ardientes y fcgosaa, son sin embargo, madres criminales
que vendeo, 1egalan 6 matan á rns hijos.
Deeconfiadaa para tratar al extrangero tienen en las presentaciones costumbres
muy estrictas y curiosas que proporcionan, pasada la ritual ceremonia, ratos muy
agraitables en rn cornpaflfa, porque eon alegrefl1 bulliciosas y de cierto ingenio.
PJra contraer amistad con las Hawayanas, se compra una guirnalda de flores
qnf' Pn cualquier parte ee consigue, y presentándoEe ceremoniosamente delante de la ó
las t-lf'gidas, se lee cueiga la guirnaldll al cuello, y ellas á su vez cut&gt;ren á uno de flo rea, al grado de perderse el cuerpo entre eu multitud; así queda concluido el pacto de
amietad, que Ee bare franca y abierta, acto continuo.
Cómo pafábarnoe alegres nueetro tiempo con eeae costumbres, en medio de bosques frondoefsimoe y hermosoE', junto á la-playa azul, en Ja rústica cabaña ó el aeiático
y lujoso Bingalou y entre músicas melancólicas cuyas notas multit¡,ud de veces nos recorúaban al país ausente.
(Continuará.)

P,uque en una residencl• privada

�DOMINGO 15 de AGOSTO de

1197

119

EL MUNDO

DOMINGO 15 de AGOSTO de 1897

EL MUNDO
111
LA ULTIMA NOVELA DE GALGOS

Por largo tiempo al fuego,
y cuando queden sólo lae cenizas
Qne las esparza al viento......
Xo vaya á aucedllr que todavía
Del eepuÍcro en el seno,
.
Preea de Jae miserias de esta vida,
Perdure trabajando el pensamiento;
y yo me llevaré tantas tristezas,
Tan ingratos recuerdos,
Que al llegar á. rendir ésta jornad~
Emprender otra igual me causa miedo,
y olvidar, olvidar es lo que ansío, .
D.:ecanaar para siempre es lo que qmerol

DAMAS MEXICANAS

El gran novelador espafiol acaba de !anzar á la publicidad una nueva creación,
potente, genial, expontanea, llena deob
servación exacta y concienzuda, profundamente vivida, como todas las suyas.
cc',lisericordia»-tal es el título del ooevo ·libro-no es obra tendencioea, que
contenga la raaolucióo ó eiquie~ la exposicióo de algún problema palpitante de
actualidad; no está destinada á mostrar
estados de alma excepcionales; ni á pro·
poner el misticiemo, la caridad? el amor
como fin á las intrincadas cueEt1ones que
ee debaten; ee, ¡imple y eencillamente, la
narración de una vida humilde al rede•
dor de la cual giran y se mueven las de
las otras figuras del Ji bro como atraídas
por el imán irresistible que ejerce la bondad sobre las almas todas.
Una familia venida ámenos; una criada abnegada y generoea que ein conocer
su abnegación y generoeidad se de_dica á
subetentar á sus antiguos amos valiéndose de trampas y rodeos y aun pidiendo
limosna¡ un moro ciego dotado de rara
clarividencia interna que adora á l_a bondadosa maritoruee, y un~ herencia_ que
hace olvidar á loa favorecidos el canfto á
su bienhechora, constit~yen la trama del
libro.
Pero con tan pobres materiales ¡que
hermoso romance de penas, de amor, de
pláceres, de dolores, de conmieceración,
de colera y de ironía elabora el maestro
canario!
En Galdós, por rara y singular coinci·
dencia Fe han adunado la eavia eepa!io•
Ja la que nutrió el árbol de que brotaron
Jo~ Quevedos, loe Hurtados y los Yélez
de Guevara, con el genio eajón que dió
aliento á loa Dickena y á loa Ttiackeray.
Loa mendigos que ahora describe, atrevidilloa, insolentes, vicioeos, llenos de
llagas materiales y morales, parecen evo•
cación al mismo tiem:,o de aquellos otros
torpes, disolutos y canallescos que habfan pintado ;\!ateo Alemán y Cervántea
i!l Grande; y de loe qne nos dejó el insigne britano autor de David Copperfield.
Señorita Elvlra de la"Torre, de.Jalapa.
Sobre todo, aquel Dvn Carlos bendito,
socorredor de pobres, que piensa al d11r
Hay en Mi~ericorrli11 -aparte por supuesto de la Bmi1111
una perra á loe mendigoe, que van á bajar ángeles tañen• que es el principal-dos tipos que bastaría~ para dar t~·
do arpas y guitarras á conducirlo á la celestial mansión, tulo dP gran observador de car;,cteree á qmen los concies figura esencialmente clásica y digna del glorioso pin- bió: Obdulia la hermosa, y el insigne hidalgo ~ondeM,
-ce! del genio de Poretmoutb.
flor y espejo de la andante pobretería, D. Franc1sco PonSin embargo, por más que cause asombro, Galdóe, que
Delgado.
.
tan bien sabe pintar cuadros murales á lo Miguel Angel, te Qué
diálogos te.n sabrosos pasan entre esa pare¡a_ayu•
se vuelve deemafiado al tratarse de cuadritoe de caballe- na de sentido común, qué cosas dicen tan entretemda~.
te á lo Meieeoder.
como se reconoce en ellos á esas pe1 sJ~aa !1º t,~es, pero
Aquella aglomeración de curas, frailee, monjas, sacri~- decenll',,, que primero cometerían una acc1~n md1gna qu_e
tanee, mendigos, ciegoe. monetruoe é iluminados, de An- rebajarae vamos al decir, á aceptar uaba¡oe qne mancigel Guerra, ee tratada con ,al primor que no hay contor• llaran el :Oáe imignificaote de sus treinta y dos cuarteles.
no que no quede seflalado, ni raego que permanezca en
No sé que crítico de los de patente ~a dic~o q~e las
vago, ni acto, palabia ó pensamiento suyo que no cons- novelas de Galdós no están esct11!.z.1. Quien q 111era (1ncl~pire al fin principal.
eive el tal censor) leer algo en que se h_ rmanen_ el priEn «Fortunata y J aci ntan ( para mí la mejor de sus mor del habla castellana dásica, terea, ¡ugosa, nca. Y ea•
obras) baja de loe salones de la mesocracia á los tal:¡ucos broea y las modificaciones que de ella ha i~trodu_c1do el
de loe infelices, de la farmacia al taller, del ministerio tiempo, que lea Mi8t'Tico,.din , la obra _qt1e e1mbJhza loe
al café, con planta segura, sin eavilecer el númen, eiem ·
deepo3orios de G.üdós con 1-' A.c1de1m~pre fiirme, Eiempre alerta, siempre expedito y llt!no de
y que también la lean todos loe a1LDiradores ~e la verlucidez.
dad y de la ftu mosura, la 111_1/11,-,1/eza y el arte, de1dade~ á
y en loe To rquemada y en Nozarín y siempre que ha quien siempre ba eacrificado el gran poeta de los «Ep1eotenido una gran eupe1ficie que manchar ha sido artista dióe Xacionalee "
inimitable y felicíeimo.
Agosto de 1807.
Y1croR1AN0 SA1,Aoo AL,.AREZ.
En cambio cuando lll espacio es reducido, lo&amp; persona•
jee aparecen y desaparecen como figura e de cinematógra ·
FUGA..CEIS
1
fo, basta que la acción ee reconcentra en unos cuantos
Cuando el término llegue de este viaje
que dan el tono á la obra y la constituyen.
.
Que en la ari,lez de mi existencia emprt!ndo
Así pasa en Jfüericordia, en que se esbozan figurillas
Y al fin mis tristes y caneados ojos
que acabadas serian deliciosas; pero que como ee hallaa
Duermau
el meno eterno;
no tienen vigor ni potencia. Esto siu concar la introduc•
Antes de que á llevar~e mi cadáver
-ción de incidentes que meten al lector en ahogos. ¿Por
Llegue el sepulturero,
qué aquella fuerte y saludable Juliana, personera autoriAntes de q11e la tierra genere ea
zada de la cordura, de la circunspección, de la economía
Me recoja lln su seno,
v de la aritmética, se conviH'6 de pronto en histérica
Antes de abandonarLDe para siempre ......
desenfrenada, llena de fantasías y de terrores, que habla
¡Lamad, llamad, por compa~ión al médico!
de pecados que ha cometido y que no nos descubre?
Decidle entonces que me rompa el cráneo,
Quizá (quiera Dios) nos explique el autor tales enigQue me arranque el cerebro,
mas en obra p1óxima; pero de todos modos probaran es·
Que tome la cuchilla y lo reduzca
toe que al creador de Fortunata y de Isidora Rufeta le
A menuioe fragmentos;
falta e,a hermosa ponderación de cualidades que tanto
Qua someta loe últim'&gt;e pedazos
~adiría á eue méritos indudables.

11

Del tiempo y Ja distancia me reía
Al darle a Jo que ofreces importancia¡
Para amor tan profundo me decía,
Xada valen el tiempo y la distancia.
• Cuando 008 ,¡epa1amos nóche y día,
Fué tu olvido borrando mi constancia,
y heme aquí meditando her°;lofa ~fa,
En el valor del tiempo y la d1etanc1al
llI

Cuando cruzas por mi árido camino
Sonriente y hermosa sin mirarm~,
Olvidando que ayer, entre eonro¡oe
Ser mía para siempre me juraste,
Cuando á mi lado pasas distraída
Despertando calmadas tempestade~,
Cuántas veces me he dicho conteniendo
Un suspiro ahogador como loe maree:
-«Para borrar como por fin lo hiciste
De tus recuerdos nuestro amor tan grande,
Cuán honda debe ser la sepultu:-a
que en tu desierto corazón c~vaete,
Qué solitario y lóbrego el abismo
Donde mi cuerpo ensangretado yace,
y cuánta tierra le echarías, por miedo
De que sepan que llevas mi cadáver!»
VI
¡Cómo eon lae mujereel ~oda~ía
No ee borraba la reciente h1stor1a,
Cuando pasé por su camino un dí&amp;.
.
D~aptirtando un recuerdo en eu memona.
)lll miró largo rato, interrogando
Algo á su corazón que no responde,
Tal pareció que dijo: -«No sé cuando
\'i uua cara como eea no sé donde.»
V

¡Un beao! ......por recibirlo
De tus labios _entreabiertos,
Todos loe hombree darían
El mar, la tierra y el cielo¡
El aire que loe rodea,
Su sangre y su pensamiento,
La salvación de eus almas......
iTodo to grande y lo eterno!
y 0 que eoy pobre y que sabes
Que cual ninguno te quiero,
Por recibir de tu boca
Una caricia de fuego,
Por aspirar tus perfomes,
Por envolverme en tu aliento,
Por un beso que me dieras
¡Te daba en cambio otro beeol
YI
¿Sabes Jo que peneé la vez primera
Que te ví tan hermosa y esplendente?
Que eras una visión, una quimera,
Un delirio de tantos de mi mente!
y á pesar de que muchas, ronchas horas
Te he vuelto á ver desde tan faueto día,
De que en la tiera con nosotros moras
No puedo convencerme todavía!
RooULFo F10UEROA.
Agosto de 18!l7
Hay en la historia días tristes, pero no hay días eeté•
riles.

Ernesto Renán.

La mujer ha sido puesta en el mundo para conciliarse
con todo y para conciliarlo todo.
G. Valbert.

La ira contra todas las mujeres n~ ee frecuentemenw
más que el reverso de un amor ulcerado por una sola.
7h. B entZ&lt;m.

Las llaves perdidas.
TRAOICION POPULAR

ON la cabeza, con la cabeza, y no
dar, tan fuerte! ¡Vaya una mane•
ra de llamar! diríase que quieren
echar la puerta abajo. Espere quien
sea, que con un gris que corta como
una espada no he de salir deenu·
do..... ¡Esta es otra! ¡pues con la
prisa y la obscuridad no me po·
nía loe gregüeecos al revés l. ........ .
¡Que se esperen, digo, que no soy
sordo, ó juro por una legión de á
caballo dejar al que llama, á. la luna
de esta noche, aunque sea el sur•
xw,1 corda!

-¡Por Dios, Couo: no hables aaf, que ni de fuera pueden oírte, ai con jurar adelan•tae nada, dijo el suave acento de:una mujer contestando á las destempladas voces dalque
:primero hablara.
Este, murmurando palabras no de hi mejor escuela, tiró loe calzones, cuya embocadura en aquel momento no hallaba, y embozándose en una manta jerezana que á
loe pies de la cama tenía, pasó á otro aposento, palpó en la sombra, encaramóee en un
banco de madera, y mirando por un postiguillo que sobre una puerta abría, exclamó:
-¡Pneel ¿quién otro habfa de ser sino el compadre?......... ¡Por vida de un alijo.de
tabaco, que si no nos uniera el sacramento, rompo á eu merced el del bautismo!.. .......
.¿Conque se olvidó sus llaves sobre la tarima del brasero, al sacar con ellas las castañas
del rescoldo? ¡Qué no fueran las tales Jlavee toros de ocho af\oe á ver si su merced las
.guardaba mejor!. ........ Y en qué huronera, santo varón, ha estado metido hasta ahora,
que llevarr.oe un siglo de suefio?......... ¡Con la vecina de arriba desollando á todo
Dioel... ... - ¡B.ihl su merced no apedrea; pero guarda las capas, como dicen que hacía
san Sebaetián ó san Jerónimo, ello fué uno de loe doce.
En tanto que desde el ventanillo así desbarraba el llamado Corro, su mujer, en el
-cuarto inmediato, golpeaba el pedernal con el eslabón para encender luz.
-No encien:iae, Fina, que el olor de la pajuela te daña; si están lae llaves donde dice
ese bendito ya las encontraré. ¡Cuidado que para ser grandes, cual serán las de la puer·
ta otomana, siempre las tiene perdidas! dijo el hombre, bajando el banco y buscando á
tientas sobre la copa del brasero.
-JUBto, aquí están, afladió luego, y volviendo á su atalaya prosiguió: Poaga eu
merced el tabardo y recoja eue llaves......... Vaya que si san Pedro descuida las suyas
-como su merced, le quitan el oficio! ......... ¡Eh, eh, no se vaya tan abina, que tengo que
decirlel. ........ Oigame bien, compadrito de todos los diablos, y no eche mis palabras
-en saco roto ......... Esta es la segunda vez que olvida el abriderv de su puerta; á la tercera dejo á su merced así donde está, tomando el fresco com J las veletas de la torre,
aunque se convierta en carámbano y con el viento se petrifique.
Y cerrando de golpe el ventanillo, saltó del banco y se dirigió al lecho, diciendo
-con toda claridad;
-¡Juro por todos loe demonios del rtleguardo, q 11e á otro olvido del compadre le
mando al infierno!
-¡Corro, por Dios, no jures!
-No te enojes, mujer, qae te juro por mi alma no jurar más.
Y tirando la manta metióee en el lecho, tapándose basta las narices.
Era este hombre como de sesenta anos, aunque plantado, tiempo hacía, en el medi()
eiglo. Cuando de edades se trataba, decía á una vecina que tenfa al dediJlo la de todo
i!l mundo:
-Cincuenta años tengo, tía Marizápalos, y no me saque más. ¡Caracoles! diríase que
-de diezmos se trata y para pagar menos ameaguo la cose&lt;Jha. Su merced, como es del
-tiempo del rey Wamba, quiere hacerme su contemporáneo. Pues yo le juro ........ .
La sen.ora l!'ina se interponía y el juramento no pasaba delante.
Sin embargo, como el tío Corro no poseía gran estatura y era delgado como el
alambre y como él resistente y duro, doblándose y retorciéndose según las circunetan·
cias, y tenia además una fisonomía graci9ea y de facciones aninadae, con unos ojillos
negros picarescos y retozones, podía pasar, á pesar de sus cabellos grisee y eu malicia
de Matusalén marrullero, por un joven de cincuenta, que respetabilidades hay de más
edad y peso que no consienten llegará tanto.
En el barrio no se Je conocía por eu nombre de pila, sino por el apodo de Conejil.o,
llevándole desde la infancia, época en que, aleccionado por su padre, oomenzó el con-trabando, oficio en el que balió consumado.
El aP')dú le cuadraba á lae mil mara villas, pues nadie cual él sabia agazaparse y
-agazapar trae peñón ó cañlda una ó m!le acémilas cargadas hasta las orejas, burlando
así á loe sabuesos del resguardo. Y como conocía, cual loe rincones de su casa, todos loe
eecondridijoe del monte, desde C.dpe hasta Sierra Morena, y las grutas y ensenadas
de la costa desde Algecirae basta Almería, aunque retirado de tan aporreado vivir; era
buscado con frecuencia para algún alijo de importancia; ca3os de em,&gt;eno, en que ya
.fuese por mar ó por tierra, siempre quedaba airoso el lío Conejito.
Su verdadero ::iombre era el de Francieoo Sánchez, ó tío CJrro S.íncb.ez; así le llamaban loe más corteses, pues en loe tiempos de esta historia al que no tenia eedoría ó
don no se le daba, honrándole, cuando más, con el tnulo de maese, si de maestro en
algo servía, ó de tío, si la edad era provecta, aunque el parentesco datase de Adán.
Hoy que todo se ha democratizado no sucede lo mismo, y por u·na de esas anomalías propias de la igualdad que atravesamos, no hayeirviente ó sirvienta que no quiera
llamarse donó doña, poniendo pleito al amo si no le da el tratamiento.
Pues como decía, y perdóneseme la digresión, eltfo CJrro S..íncb.ez sin poseer grandes estudios, wnfa más le,ra menuda que un breviario. Nacido en el último ano del
siglo XVII precedió en escepticismo á los enciclopedistas que dieron nombre y algo
más que nombre al siglo XVIU; aunque temeroso el tio Conejito de loa eefioree de la
~ruz verde, se guardaba muy bien de decirlo. Sólo se franqueaba alguna vez y podía
hacerlo sin miedo de delación, con su mujer la sen.ora Fina.

Esta no se le parecía. Huérfana desde nifia, educada por un tío materno, cura de
un pueblo de la sierra de Ronda, habfa crecido al amparo del sacerdote, que con su
digna sombra y buenos ejemplos abriJlantó, ein hacerla fanática, las facetas de aquella naturaleza privilegiada por la sencillez, bondad y virtudes.
Aunque con una figura en e:xtremo agradable. é infinidad de pretendientes, Serafina no se casó. El sacerdote no le en:ontraba partido á propósito; el carifio y el egoiemo se hermanaban en él para retenerla, y el agradecimiento y la docilidad en ella para bajar la frente y encadenarse al lado del anciano que de padre le servía. Cuarenta
afioe tenía la señora Fina cuando murió el eacerdote, á quien por eu largueza para con
loe pobres hubiera debido pintársela, como á la caridad, con el corazón en la mano.
Serafina quedó de nuevo sola y en la más solemne pobreza, que ea lo peor de todas las
soledades, y con una salud delicada, inconveniente grande para ganarse l_)or sí sola la
subsistencia.
El tío Conejito que de tiempo inmemorial proveía de tabaco al sacerdote, única é
inocente distracción del anciano, pues con ser andaluz y de la serranía, ni cazador ni
caballista era, prendado de la eeilora Fina y compadecido de eu aislamiento, ofrecióle
su morena diestra, que ella aceptó con la condición precisa de dejar el contrabando.
El pretendiente, que tenfa ya, como suele decirse, cubierto el riñón, accedió á
ello, buscó entre eue influencias, que no le faltaban poderosas, colocación en Málaga,
y eetablecióee de casero, con habitación franca, en una de esas casas de vecindad denomiaadae corrales.
S.:in éatoe, edificios destartalados, inmensos caserones á modo de convento, donde en distintas celdillas estrechas, buenas ó malas, se encierran como en colmena infinidad de familias de trabajadores pobres, pero honrados, que de eso cuida de
informarse el casero. Tiene, además, éste ia obligación de cobrar loe alquileres, lo que no deJa de
coetarle trabajo, que el número de loe morosos
sobrepuja 111 de loe puntuales; debiendo, á semejanza del alcaide ó gobernador de una fortaleza,
mantener la más estricta disciplina entre aquella
heterogénea multitud, mosaico vi viente y eurafio
encerrado en el radio mismo de la población, si
bieri en alguno de sus arrabales.
La casa ó corral en qne imperaba el tío Conejito
,,,

eetaba en la parte alta de Ja ciudad á la derecha

del Guadalmedina y cercana al con vento de la Trinidad, del que tomaba nombre el barrio.
La habitación del ca9tlro, frontera á la puerta de
la calle y con ventanas á Ún granpatio, era, aunqun
baja, como la torre del vigía en el c5stillo; desde
allá se veía quien entraba y salía en el corral y
quien subía y bajaba por loe dos ramales de la escalera que conducían á loe pisos altos. Cuando el tío Conejito no estaba sentado á la puertade su vivienda, estaba la eefiol'l' Fina tras loe cristales y" visillos de una reja, desde
donde Jo atisbaba todo, haciéndose presente, cuando comenzaba alguna disputa, para
cortarla con eu autoridad.
Era el patio especie de ejido, en cuya limpieza alternaban las inquilinas de la casa y en el cual tenían derecho de tomar el eol en invierno y el fresco en verano. Allí
jugaban loe chiq11illoe, y c&lt;Jmo gallinas que escarban la tierra, se revolcaban cuando
refl.ían; alli cosían las jóvenes, hilaban ó hacían calcetas las ancianas; los que estaban
delicados 6 convalecientes de alguna enfermedad, jugaban á la brisca ó al tute; las madres peinaban á eue hijos, y las mozas que deseaban lucir sus caballerae también las
desataban en el patio sin miedo de los curiosos. Era, en fin, aquel sitio el punto de
reunión, el gran mentidero de los de la casa, donde se desollaba al prójimo como la
cosa más natural del mundo. Cuando el frío arreciaba, la ariEtocracia del corral ee
reunía desde las ánimas á la qu.eda, en la habitación del casero; donde ni de la casa, ni
del barrio, ni del casco mismo de la ciudad ee dejaba hoara á vida.
Fácilmente se comprenderá que á la llegada de la seilora Fina aquel foco de hablillas y murmuraciones sufrió notable cambio.
Sin herir la euceptibilidad de nadie y defendiendo siempre á la per3ona atacada,
demostró desde el primer momento la casera que aquella especie de solaz estaba en
completa contradicción con sue sentimientos. E:i cJnieJoencia, 103 maldicientes comenzaron á retirarse, acabando por fraccionarse la tertulia, convirtiéndose de uno
en varios cfrculoe, instalados en distintas vivieniilll, donde sin veto alguno ee podía
murmurar libremente.
Sin embargo, eran tan innatos en la señora Fina el agrado, la bondad y la cortesía, que nadie se atrevió á murmurar de su rigidez de principios, respetándola hasta
el punto de no calificarla, ni aun loa más mord11ces, con el apodo del marido. Verdad
era que la senora Fina, sobre hacer favores á todo el mundo, tenía en sí ianta dignidad y eefiorío que, ein saber cómo, cautivaba,lae voluntades. A pesar de sus caracolee
sobre las sienes, peinado poco distinguido, bastaba verla con su saya morada (gas,ahábito de Jesú3), su ¡ubón negro, eu pañuelo de linón bordado al cuello y su mantilla de sarga negra, corta hasta la cintura, guarnecida de ancho felpón con escaroladillo de encaje hacia el rostro, para tomarla, aunque de pueblo, por una verda:iera 88 •
ñora. Al principio de estar en la ciudad no había vez en que, al salir á la calle, no 18 dijera algún majo:
-¡Viva nuestro padre Jesús y la mantilla serrana con que lo cobija!
Después, más cono&lt;Jida, se limitaban á saludarla por su nombre, bajando la montera hasta el suelo.
Bien conoció la señora Fina que había descendido con su caeamiento; pero peor
era morirse de hambre. A.demás, no dejaba de ser meritorio á loe ojos de Dios apartar
á un hombre del mal camino, donde pudiera alcanzarle alguna bala perdida ó algún
cierto y largo proceso. En loe tres primeros anos de su matrimonio tuvo la sen.ora Fina doe nifioe, y áloe cuales sacó de pila el compadre de las llaves olvidadas.
Era éste antiguo amigo del tío Conejito, á quien el coutrabandista llenaba de improperios, cuando no tenía otro á quien prodigarlos, queriéndole, sin embargo, con el
alma, á pesar de la diversidad de sus guetos y caracteres. El tío Pedro Robles era impoaente como un entierro y triste y grave como un miserere, mientras el compadre
Conejito pudiera compararse por lo alegre á una pandereta en movimiento. Conejito
se había criado en buenos pafl.ales, con sobra de pan y al abrigo paterno; el otro......
He aquí cual habla sido su vida:

�lal
EL MUNDO

DOMIIIGCI 15 de AGOSTO de •19]

120

Huérfano desde la infancia 1 mendigaba de día, guareciéndose de noche en el atrio
de alguna iglesia. Su sueiio dorado era junbr dinero para dejar aquel oficio poco en
armonía con ene inclinaciones, A los diez afloe de edad pudo realizar eu proyecto.
Reunió unos ouanM&gt;B reales con loe cualee compró siete cenachos, tres '{)&amp;rea de ellos
de mayor á menor, y el séptimo, como el padre de todos. Cuando loe tuvo, hizo su
toilette compuesta de dos solas prendas: camiea y pantalón. La primera de cregüeta
basta, de cuello del!abrochado que dtjaba al aire libre una garganta robusta y el comienzo de un pecho de atleta; el segundo, de color indefinible, auje\O á. la cintura, por
falta de bot.ooee, con una tomiza, y arrollado por abajo basta media pierna. tstas, co•
mo los piel!, eetaban completamente desnudas. Del!pués cogió el cenacho grande, cuya
ata la1gs y flE'xible, aunque no amoroea, pas6 por cima de la frente á. modo de diadema, bsjándole por '1etrás de las orejas, no hacia el pecho como tocado de eefinge, sino
por la espalda, hasta dar con el cenacho en las corvas. De los otros seis colocó tres en
cada brazo: primero el más pE&gt;quef5.o, y eobre el aea de éste, la de los otros, quedando
entre cenacho y cenacho espacio bastante para no chafar 6 deslucir cuanto en ella se
colocara.
Armado con esos ótileP 1 la cabeza erguida como un vencedor, las manos en las caderas y los brazos en arco cual aeas Ce jarra morisca, comenzó á paeear manana Y tarde la alhóndiga carnecería, plaza de la Yerdura y demás eitioe públicos donde ee ven1
día y compraba, ali11eándoee con otros chicos de su claee, cual 61 ataviados, al paso de
los traneeuntee, espersudo á que alguno le llamara para llevarles por la mai\ana la
compra ó d ario y por la noche el pernada para la cena. Como era eervicial en edre•
mo y se contentaba con lo que darle querían, pronto tuvo clientela, pasando cinco ailoe

deeempefiado su cometido á aatiiefacoión propia y de sus clientee, entiró en su calle em·
bozado hasta las narices, cual galan enamorado que no quire ser conocido
La calle estaba silenciosa como un sepulcro y obscura como boca de lobo: sin em·
bargo, loe ojos de Conejito, avezados á sondear la lobreguez, creyeron descubrir algo
que ee movfa en la puerta de su casa. Paróee en su camino, requirió una de dos pistolas que cargadas de eal en el cinto llevaba, más bien con idea de inu\ilizar por el pronto, que de herir mor1ialmen1ie al que le atacase, y con voz firme é imperiosa preguntó:
-¿Quién va?
-Ni van ni vienen; vecino de esta cBl!a que espera en calma chicha racha favor&amp;·
ble para entrar en ella; respondió una voz de hombre algo enronquecida.
-¡Por vida de cien corachas del BrP.efl, que si no habla pronto au merced, le envío una andanada qoe le impida salir á. la mar por tiempo largo! ¿Qu6 hacía á. estas
horas en la calle? ¿no fué á dormir en eu cuarto? dijo el casero abriendo la puerta.
-Compadre, replico el patrón, me pasa un caso raro¡ si á mal no lo iiene, entrar6
en eu estancia y lo sabrá todo.
La eef\ora Fina esperaba levaotada á su esposo; al verle con el compadre sobresal•
tóee; más \ranquilizóla luego la cara de pascua de Confjito y la maliciosa sonrisa con
que dijo:
-No sé lo que pasa al compadre; de seguro que al salir de aquí se fu6 á picos par·
dos, y en algún garito perdió sus llaves.
-Perdidas las tengo pero no en mal lugar, sino muy santo, dijo el patrón seo.iándose y exhalando un gemido.
ConejHo y Fina Eentáronee á par suya, é instándole para que eomenzaee, prestaron

atención.
Volvió á suspirar el ant.iguo marinero, y pasándose las manos por la frente, dijo, á
en el oficio de chananzuelo.
Aquí es menester hacer una advertencia. Aunque en aquellos puntos de la costa corta diferencia, de este modo:
-Me fuí de aquí, entré en mi coarto, y como cada noche, me entregué, al auef'io.
ee Jlama charranzuelo al cbiquiJlo desarrapado, haragán y de mal vivir, y del mismo
modo al que armado de eue cenachos se gana la eubeistiencia haciendo mai;dadoe ó No sé el t,iempo que dormiría; ello es que al deapl!rtarme creí Jlevar un eiglo de des•
vendiendo por las callee peecado, fruta ú hortalizas, hay entre uno y otro la distancia canPO Vestime á oscuras y abrí la ventana para conocer por las estrellas la horai pero
el cielo tenía un cariz más oscuro y sini~etro que el horizonte en tiempo de tempestad.
que media entre la pobreza laborioea y honrada y la truhanesca y repugnante ociosi•
Sospechando que las nubes retardaban el día y debiendo estar temprano á bordo, cogí
dad. El uno inspira confianza 1 el otro baetlo. A.robos han tenido por lecho la dura
tiierra, por pabellón el eepacio, hollando con pie desnudo el fango de las calles¡ pero el mis llaves, cerré mi cuar~o, baje á \ientas la escalera, abrí la puerta de la calle y me
uno eieote en eí la inephación del bien, paeando á fuerza de trabajos y privaciones
lancé á ella como bote á la mar.
No había camin~do cien pasos cuando eenií cánticos religiosos, y vi venir de la
por extrafiae fases hasta acabar á veces como la crisálida, por deeplegar el vuelo en
ciudad hacia este fado resplandor de luces; eran acbae y cirios, con que multitud de
más altas esferas. El otro1 eEclavo de la holganza á. que le induce la blandura del clima, ama como el reptil el cieno en que mora 1 de donde sale sólo para ser, por el vicio,
gentes acompaflaba las efigies de plata de loe Santos Mán;ires. Cómo hacia mí se dirigian, lleno yo de sorpresa y respeio, apretéme contra la pared para verlos pasar. ¡Yirescoria de la sociedad, ó por el criinen, carne de grillete.
gen eantieimal Jamás verá el mundo procesión mejor ordenada. Delante iban los
A. loe quince afi.oe el cha•
chicuelos, después las muJeres ......
rranzuelo honrado, ~eetido
-Trse la inocencia, la tentación; luego l!leguirá el pecado, exclamó Conejito.
con dececcia, era marinero
-Calla, dijo con firmeza y autoridad la senara Fina.
en una barca pescadora, y á
El tío Pedro, como si no les oyua, prosiguió:
los cuarenta patrón de un fa.
-Entre las jóvenes, divisé una alta, pálida, vestida de negro, con un nifio en los
lucho de aguda y estrecha
brazos; la cabeza de aquel ángel reposaba en el hombro de la que le eostenía; yo quise
quilla, que le bacía ligero
gritar: ¡Paula! ¡Paula! y correr hacia ella¡ pero mi lengua permaneció muda y yo sin
cual nave de pirata.
movimiento como buque varado. Seguían á las mujetts hombree de todas clases, muDesde aquella época data•
cha pane de los gremios, cruces y pendones, curas y frailes; todos con la cabeza baja
bala amistad de ambos coro·
el rezo en loe labios y la luz en la mano. Cuando callaba el canto, que unas veces pa•
padree.
recia de serafiuee, otras de suplicas y lloro, empezaba el rezo, levantándose con él, un
Aun eiendo Robles pobre
murmullo acompasado y monótono como el de las olas rompiendo sin fuerza en risco•
marinero, caeóse, ganoso del
ea orilla. Yo estaba atónito, al pasar el gremio de los míos, uno de los jóvenes que
cariño de que estaba sedienta
su alma, con una joven co•
llevaban los cordones del ee\andart-9 me pareció mi hijo, aunqne éste era eonroaado y el
mo él, pobre y honrada, la
otro tenía el colorde:ladifunta. Con todo, ibaá. lanzarme á 61, cuando no sé quién me pu•
cual murió á loe cinco aftas
so un cirio en la mano, y cogiéndome por el brazo me ingirió en la fila. Aei unos tras
de matrimonio, dejándole un
otros, salimos al campo, tomando hacia el arroyo de loe Angeles.
sólo hijo. Otro menor que el
No eé lo que por mí pasaba; no podía rezar, ni hablar, ni exhalar uo suat)iro¡ paprimogénito había precedido
recía que una losa me apretat&gt;B el corazón, y sin embargo, caminaba erguido como el
á su madre en eternidad. El
pa10 mayor de la nave en mar tranquila. De pronto miré á uno y otro lado y me estremarinero, al vere:e viudo y
mecí: mi sombra era la sola que se extendía por la campiña como la luz del faro sobre
con un tierno nif5.o caneen·
- - - - - _ , , , ._ __
el mar, loe demás no ienían sombra ...... Este prodigio me espantó, y un sudor fríQ re·
tr6, como no hacen mucho!!,
corrió mi cuerpo. Sin embargo, las ;mágenesde loe santos y la cruz redentora estaban
en él todo su amor, criándoallí y deseché todc.temor. Así Hegamoe al arrollo, y las palmas cuyo nacimiento nale á so lado en la barca 1 á la que ee apegó el chicuelo como el marisco á. la roca.
Pedro Robles t.enfa un. lustro menos que su compadre¡ era alto; vigoroso y fuerte¡ die recuerda, las palmas, á semejanza del sol, resplanaecían con luz propia, llenando
con manos poderosas, pecho de bronce, cuello de toro y unas facciones bastas; pero el contorno de una claridad blanca y rosada parecida á. laa auroras del estío. Allí bici•
con hermosos ojos negros y fisonomia abierta y franca, aunque sombreada por una tez moa alio y hubo un canto de gloria. Luego entramos todos en la ermita permanecién·
do de pi6 y en dos filas hasta pasar las andas llenas de luces y de floree donde se llemorena de snyo, y cu1tida, además, por loe soles y vientos de los maree.
Era de ver, cuando algún día festivo salían de paseo ambos compadres, el t.ío Co- vaba a loe Mártires.
nejito, perfilado como nn abat.e joven, con zapatos de hebilla, media como la nieve,
La capilla parecía una ascua de oro;
calzón negro sujeto bajo las rodillas con cenojilee bordados, chupa como el calzón, y los nimbos de los santoE centellaban
la larga coleta gris enjaulada en redecilla de fino torzalete, rematando el traje con con los reflejos temblorosos y diamantimont,era acairelada y capa de seda.
nos que despiden los astros en las noEt tío Pedro llevaba pantalón y larga cbaqoe\a de patio azul¡ al cue11o paftuelo ne- ches de invierno serenas y obscuras. Hugro pasado por una sortija de similor, que fue de su esposa¡ sombrero de hule, recio bo un instante en que creí perder el een·
tabardo de pano burdo en invierno, y en todas épocas un arete de oro en la oreja iz• tido: loa clérigos con sus rizadas sobrepellices; los frailes con sus hábitos de
quierda.
Comía á bordo, cenaba en algún bodegón, y tenía para pasar la noche un cuartito
distio\as órdenes; la.a damas principales
en el piso alto de la casa. La bija de una vecina que al lado vivía, le cuidaba la ropa,
con sus faldellines de seda, sus mantos
y su amor y eolaz eran el falucho y loe compe.dree, pues al hijo de su corazón le perdió con blondas; loa grandes eefl.ores con
en una borrasca.
sus placas y cruces y loe pobres con sus
Trazado aunque imperfectamente el boceto de estas tres figuras, entremos en trajes humildes, formaban un todo im•
materia.
ponent,e y maravilloso que ofuscaba la
L\J. noche estaba, aunque tranquila, anubarrada.
vista y conturbaba el pensamiento.
En aquel entonces ei alumbrado de la población reducíase á pocos farolee en las princi•
El abar, las floree que lo coronaban,
pales callee y plazas, y alguno que otro en los arrabales, donde sin loe retablos y ni·
las luces que en él resplandecían y las
chas de loe santos, ante loe que ardía por algunos horas amarillento cabo de cera, ó fa·
imágenes de ángeles y santos, veíalo yo
rolillo de luz mortecina, hubiera permanecido todo en la más completa obscuridad.
al través de ligera neblina. Formábala
Así se encontraban antes de la queda ciudad y barrios, muy á gusto de loe que ma3caban
el humo del incienso. Y m~raba cómo
hierro ante las rejas de sus novias y de los truhanes que, ganoaosde aligerar de capa y
al columpiarse loe incensarios dejaban,
dinero á algún desdichado y solitario transeunte, 1!18 apoe\aban en los esquinazos y reya á un lado, ya á otro, blancos borbocodos de estrechos y tortuosos callejones, escollos y bajios de aquel mar de tinieblas
tones de vapor, loe cuales, como indeci•
de los cuales se ven restos en la árabe Toledo, la morisca y oriental Granada y alguno
eoe en el camino que eeguir deblan, pa•
que otro pu[lto de Andalucla.
A\lnque en Junio amanece temprano, aun no alboreaba cuando el tío Corro, sabo- rábanse un instante, levantándose lue•
go á. modo de culebrinas que suten,
reando eu triunfo por haber burlado la vigilancia de ciertos sAbueeoe del resguardo, y

DO MINGO 15 de AGOSTO de 1197

EL MUNO

fueron loe primeros en entrar. El tío Pedro, acercindose á un leg;,i q·B con un m1nojo
rompiéndoee unas veces para formar gropos, cual las nubes qoe se fraccionan, y dilade llaves en la mano se dirigía á otro lado, díjole:
tándose otras como su\il celaje sobre la cabeza de aquellos fieles, remon\ándoee al fin
-¿Quiere su merced hacerme el favor de llamar al hermane) P6rei?
la altura como Ja oración y el espíritu de los buenos.
80
El lego obedeció.
Recobréme al '°marme un lego trinitario el cirio que en la mano tenia.
-Hermano Péres, dijo al divisarle el patrón, en 103 Mu~iricos, en el banco fron•
Entonces repar6 que el oficio había empezado y predicaban. Corrido de mi distero al púlpito, be dejado dos llaves, una mft&amp; recia que otra, ambae unidas por una catracción, me sen\é en un eecatio que á mi espalda tenía y fijé la viata en el púlpito
denita de hierro: si su merced oo lo tiiene á. mil, podría darme la ll&amp;ve de la ermita, ó
que es\aba front.ero y en el religioeo que lo ocupaba. Era el padre fray Diego Andra•
venir coomigo para recogerlas.
de de la Trioidad. Aunque muy desfigurado, conocile luego por su color macilento,
El lego conlee\6:
sus mejillas hundidas y su frente calva, con loe dos blancos copos en las sienes.
-Ayer tarde se limpió toda la capilla y nada vimos.
Desde joven me había confesado con él hasta que lo mandaron á Cádiz. Un si-No las perdi ayer tarde, sino en la función de esta noc8e, at'iadió el tio Pedro.
glo hubiera estado escuchándole.
Abarcóle el lego de pies á cabeza C'lD la m ts imperUnente curiosidad, y apartando
Conluídoel sermón y rezadas lastres Avemarías, terminó el oficio; lagent.e c&lt;.menzó
luego del patrón la vista, dijóle con desden:
á salir y loe legos de la Trinidad á apagar las luces.
Desde ayer tarde t.engo las llaves de la ermita: si el aguardiente con que habréis
En un remolino que formaban en la puerta los que salían, creí ver á. la mujer del
matado el gusanillo se os ha subido á la cabeza, dormid la mona y dejad me en paz.
niiio y el mancebo del estandarte; quise acercarme á. ellos, pero otra oleada de gente
-¡Aguardiente éll exclamó Conejito; si se desayuna con galle~a mojada en el mar.
me volvió a\ras, y cuando llegu6 á salir todo había desaparecido.
-Pues si no está. bebido estará loco, dijo el lego.
Fuera de la ermita, miré á uno y otro lado con Hombro.
-El bebido ó el loco será su merced, respondió indignado el tío Pedro.
¿Dónde estaba aquella multitud? Hubiérase dicho que instantáneamente ee la
El hermano Pérez cteCióse y con aire altanero repuso:
babfa tragado la tierra, como la mar á. la barca con mi hijo! Acaso me loe ee"Jondía
-Ea, largo de aquí ó le arrojo del tem?ln com) J e~ú~ arrojó á los me roaderee:
la lobreguez de la noche¡ ¿pero, y el rumor de sus pisadas no hubiera dicho, por ahí
Y el lego alzó el brazo con aire de amenaza.
van? Y luego, ¿cómo dama, de tanto porte y aef5.orea de pro, iban sin criados y laca-¿A mf? exclamó el Patrón. ¡Una andanada qug m~ echase á pique! Lo veríamos.
yos que con hachas ó linternas les alumbrasen el camino?
El lego fué á descargar el golpe; más Conejito, con la rapidez del pensamiento, le
Así discurría yo avanzando asaz confuso, cuando el reloj del convento de loe Andetuvo el brazo diciendo con brio:
geles de Mirafloree dió la una, repitiéndola momentos después los relojes de la Trini-¡Vaya, hermano, que para aspirar su merced al sacerdocio tiene poca paciencia
dad y Santo Domingo. ¿Adónde iba yo á aquella hora? Lo mejor era volverme á
y menos cortesía! Calma, calma, y no bagamos de la casa de Dios campo de pelea.
Eet.ae palabras llegaron á oídos de un trinitario que desde lejos viera Ja acción del
m: casa.
En aquel momento recordé que había olvidado las llaves sobre el banco en que
lego
Este, al sentirse aislado, volvióse colérico; más deteniéndose de súbito bajó los
sentado estuve.
Era pr~ciso volverá la ermita, y volví.
ojos avergonzado. Acababa de divisar al religioso. Ers'nada menos que el guardián,
La puerta estaba cerrada; cogí una piedra y comencé á llamar. Yo mismo tenía anciano de cerq11i\lo blanco como su hábito y de mejillas frescas y sonrosadas como Ja,9
miedo del ruido de loe golpes, cuyos ecos resonaban po, las caf5.adas de la sierra como de un oifl.o. Acercóse al grupo y poniendo la mano sobrd el hombro de Conejillo pre~
debe resonar el último día la trompeta del juicio final en el fondo de loe panteones.
guntó sonriendo:
Pero, ó la capilla estaba desierta, ó á. loe legos que en ella vf los había ensordecido
- ¿Qu6 pasa aqui?
el Senor para probar mi paciencia.
&amp;.rprendido el tío Corro tardó en responder, y adelan\á.ndosele el lego dijo:
Caneado de alborotar en vano, me vine á casa y me senté en el umbral esperando
-Sepa su paternidad que este hombre, y sei'ialó al patrón, ebrio ó demente, porá alguno de loe que se recojen tarde para entrar con él
fía haber estado ea,a noche en los Martíricos donde dice haber perdido las llaves de
-Compadrito, d:jo el tio C.1rro, á.eetar menos seguro de que prefiere su merced la
,alobre del mar á la sangre de Jesucristo, diría que ha empinado el codo, tomando su casa.
-¿ Y querías convencerle de lo centrario á bofeionee? observó el religioeo.
una qua ni la de Joeué.
Y volviéndose al patrón preguntóle con qui6n y como había entrado eo la capilla.
-Noé querrás decir, apuntó Fina.
-Con la procesión que venía de la ciudad. Divisé de lejos el resplandor de las
Conejito prosiguió:
luces, paréme sorprendido, la vi atravesar el GuadalmE"dina y cuando ee dirigía ha-¡Crietianol ¿qué proce~ión había de haber á media noche, sin qoe ee supiera y alcia
......
borotase con ello al mundo? ¿:Ni cómo babia de caber ea la ermita tanta gente ... ?
-Ya me lo contaréis despacio, dijo el guardián interrumpiéndole y mandando al
811 .nerced despertaría como dice, se lanzó á. la calle, y con la manía de me'8rse las lla- lego que trajese las llaves de la ermita.
ves en el bolsillo, de donrle se le han salido cien veces, se le salieron una mas, ó JleCuando las tnvo llamó á. otro hermano de piernas largas com1 los cigarrones, y
vándolasen la mano para evitar lo primero, las dejó caer, se percató de q□e no las tenía, entregándoselas mandóle ir y volver ein pérlida de tiempo lf. los l[utirico s, recorrer
y volvió á 011ea por ei las había dejado puestas; no encontrándolas, ae sentó aguardan· toda la capilla y traer dos llaves que ali( debían haber qut,daio.
do á que pasasen 1 como aquel borracho, que viendo dar vueltas á la calles esperaba á.
El lego zanco lo pntió de prisa, alzándo3e el hábito para correr míe; el hermano
que llegase rn cal!a para meterse en ella. Y esperando, eeperando1 se durmió au mer- Pérez se retiró mohino y el padre guardián se ltevó á la sacristía al patrón seguido del
ced y solió todo eso.
tfo Corro y la sef5.ora Fina, que llegara en aquel momento.
El patrón, algo amostazado, repuso:
En la sacristía, sentado el religioso en un escalla y á. su lado el t,ío Pedro. repitió
-No eoy amigo de porfías. Apenas amanezca, iré á la Trinidad y veré ......
éste, sin pasarse en un ápic~, cuanto contado l1abía en la habitación del casero. Al ter-¿A qniéa? interrogó Conejito.
minar su relato llegó el lego enviado á los M,rtirico3, segu(anle la tía Muía y alguoo.:1
-Al hermano Pérez, para que venga conmigo á la ermita, y einó al lego que reotros curiosos.
cogió mi luz y si que reconocería entre mil: un mozo largo y delgado á. manera de
Al divisar al lego, preguntóle sencillamente el guardián:
mástil, el cerquillo más negro que la tempesffld1 la cara triste como día sin sol y la
-¿Se encontraron!
cruz azul y roja sobre el pecho como santa esperanza en el corazón. Si loe legos no
-En el brazal derecho del banco que mira al púlpito. Aquí las tiene su paterni•
quieren oirme, acudiré á Fray Diego Andrad~, y sino al mísmo guardián.
dad, replicó el lego preeentándote:doe llaves.
Al toque de una campana levantóse de improviso el patrón exclamando:
¡Si yo no so fiaba! exclamó el patrón vivamente conmovido.
-¡La mies de alba¡ allá voy!
La punzante sonrisa que durant.e la relación del tío Pedro vagua p::&gt;r loe labios de
La señ.ora Fina abrió la ventana y apagó la luz del velón, comeozaba á amanecer. Conejit.o belóse al o(r al lego y ver las llaves qu.:, tan conocidis le eran. PJ.lido y mu•
-Corro, dijo }Jamando aparte á su esposo, no dejes solo al compadre¡ hay algo en do, apoyóee en la pared, porque Ja,;i rodillas le flaqueaban.
su cara que me da miedo; acompefi.ale á la Trinidad, que allá me ir6 tras de vosotros.
-No, no mentís, dijo el guardián al patroq; pero tampoco mentía el hermano Pe-Te juro por cien corachas del habano que si el compadre no es\á loco, ee halla
rez negando esos hechos.
en camino. ¡Poquito se reirán loe legos con el relato de la procesión y las llaves per•
El antiguo marinero se irguió súbito para protestar de lo que oía.
didae1 Ya estoy viéndole en romance como á. Go.azalo del Carpio ó al moro Muza.
-Habeie visto lo que decfe, má.'! no eeres vivientes¡ sino sombras... ~\.dorad loe
-Basta de dislates y acompáfl.ale á la Trinidad, murmuró Fina con impaciencia.
designios de la Providencia que os ha hecho eepect.ador de tll mua villa, permitien•
El marido, mirándola serio, repuso:
dooe orar al par de los que por un decreto de su sabiduría han traído al mundo la
-Ya voy, caracolee, que está su merced más grave que un mnerto y más inflama•
querella de su ruego ex,rahumano y el incienso de su oración de ultratumba.
ble que pólvora seca.
El tio Pedro, no concluídae áun las palabras del monje, cayó rígido sobre el pa·
-Perdona, Corro, no quise ofenderte¡ pero te suplico que vayas, dijo Fina con
vimento.
blandura.
No se puede contemplar lo extraterreno sin morir .........
-Si ya voy, mujer, si ya voy, murmuró Conejito poniéndose la capa y alcanzan•
lú.BIA MxxooZA DE V1ns.
do al patirón en el patio.
Cuando ambos compadres llegaron al conventJ acababan de abrir la iglesia. Ellos
PROFANACION

A UN HEROE.

Como galeón de izadas bande1olae
Que arrastra de la mar por loe eriales
Su vientre hinchado de oro y de corales
Con rumbo hacia las playas espan.olae,
Y al arrojar el áncora en las olas
Del puerto ansiado, ve plagas mortales
Despoblar lne ve\uatos arrabales,
Vacío el muelle y las orilla11 solas¡
Así al tornar de costas extranjeras,
Cargado de magná.nimae quimeras,
A enardecer tus compafl.eros bravos,
Hallas sólo que lucbao sin decoro,
Espíritus famélicos de oro
Imperando entre miseros esclavos.

En tenebrosa cripta, donde solloza el viento
Como león herido en selvas atricanas,
Rodeado por los cuerpos de bermoaas cortesanas
Que sangran en las losas del frío pavimento 1
Véee un monarca anciano de paso tremulento
Luchar porque revivan sus vírgenes livianas
Mas, al sentir que mueren sus ilusiones vanas,
Demanda áloe cadáveres el goce de un moment\J,
Tal como el alma mía que, si en nefasta hora 1
Siente de humana dicha la sed abrasadora,
Tiene de lo pasado que trasponer las puertas,
Alzar de sus ensueños el mármol funerario.
Y, en medio de las eombras que pueblan el osario,
Asirse áloe d~epojos de sus venturas muertas.

¡OH ALTITUD!

Joven, desde el azul de tu idealis:no
Viste al cieno bajar iue ilusiones.
Como se ve en bandada á los alciones
Caer ensangrent,adae al abismo.
:Nadie sabe tu mal, porque tú mismo
Ahogando dolorosas sensaciones,
Vivir en la tiniebla te propones,
Como un dios condenado al ostracismo.
Mas yo veo que, aislado en tu grandeza,
Cual sol poniente en sus vapores rojos,
Huyes de los que el mundo llama sabios,
Y llevas una sombra de tristeza
Que, humedeciendo el brillo de tus ojos,
Destierra la sonrisa de tus labios.
J OLI.ÁN DEL CASJ.L,

�122

EL MUNDO

DOMINGO Is de AGOSTO DE •8~&gt;7
DO■ IRGO Is

EL MUNDO

de AGOSTO de 1897

Corazón de sacerdote.

POR H. S. DE FORGE.

ILUSTRACIONES HECIIAS EN NUESTROS TALLERES.

Número 3
hubiese mezclado alguna intriga á su nueva existencia.
Su primer trabajo adminietrati vo fué buecar á la afortunada mortal á quien debería atrojar su pafiuelo subpre•
fectoral.

Tiene un marido radical, comunista, ateo, borracho,
que le pega, según dicen, y la tortura de mil manerae....
He ido á verla una vez...... doe veces...... tres veces, y
be recibido la confidencia de eue dolores. En mi última
visita, conmovido de sus penas, exclamé: «¡Pobre mujer!» y este pobre mujer fue un grito del corazón que al•
_go me ha valer.
El marido pasa su vida en la taberna; tienen un hijo,
lindo, ciertamente lindo, pero molesto. Siempre eEtá
con su mamá á cuyo lado llega inopinadamenta. El
otro día eu presencia me impidió dar al ¡pobre mujal to•
da la ioflexión que requería el caso. Ese muchacho q1e
va eobre loa catorce añoe, me mira de una manera que
me paraliza horriblemente. Tiene grandes ojos claros,
dulces, embeleaadoi;es.-los mismos de su madre.- Se
diría verdaderamente que t-eme algo de mí y vel/1 como
centinela para detener al enemigo.
Pero, basta por esta vez de confidencias. Suenan las
-once en el campanario, hora indebida en Ganneville.
Adioa puee mi viejo O~tlvio. Recuérdame á mis amigoe. Y o ire uno de estos días á sorprenderos y podreis
testificar, con rubor de mi parte, á que grado de provincialismo ha llegado el pobre proscrigo,
Tuyo de corazón.- Savinien.

VI

~onsuelos.

•

Habiendo terI11inado su carta, Savioien la releyó. po•
niendo en eeta tarea tanta más lentitud cuanto más se
aproximaba al fin. Después se quedó largo tiempo pensativo, siguiendo con ojos distraídos las coronas azuladas
de humo que asceodian de su cigarro.
Luego plegó cuidadosamente el papel que acababa de
escribir, lo deegarró ea cuatro partes, lo inflamó en la
lámpara y lo arrojó en la chimenea.
Evidentemente no sabhl lo que deseaba, de una mane•
ra muy precisa. Porque complido su sacrificio, exclamó
,sin respeto para su propia dignidad:
-Soy un bestial
Sin embargo, no volvió á cojer la pluma y fué á pa•

eearse, vagamente so fiador, bajo la noche estrellada, en
el jardín lleno todo aun de las producciones florales del
señor Jerome.
No era por cierto un mal muchacho ese Savinien de la
Haye.
Rico, amable, bieo parecido, su historia había sido la
de todos sus congéneres ricos, amables y bien parecidos;
historia que ee desarrolla uniforme entre los bastidores
de loa teatros, loe tapetes verdes de loe círouloe, los budoir~ facilmente accesibles y algunos salones del mundo
donde no ee adquieren probablemente mejores costumbres, pero donde, á lo menos, se mantienen loe hábitos
del buen tono.
Había llevado eea vida alegre y vacía durante los últi•
moe añoe del Imperio, fanfarrón del vicio más bien que
vicioso, arrastrado máe bien que corrompido, vanidoso
sobre todo de los placeres que por eu clase ee creía obli•
gado á buecar ruidosamente y de los cuales estaba absolutamente caneado. En loe seis meses del afio terrible
cumplió con su deber como buen francés y cuando,
después de la paz, ensayó volverá su existencia de boule•
¡,ardier ccioso, vió tan claramtlnte la perfecta imbecilidad de ella que ein decir nada á eus compafieroe de alegrías, se aprovechó del corto paso por el ministerio de
eu viejo primo de ~Iarcy para pedir un empleo en provincia. Iamediatamente fué expedido á Gueret de donde
le enviaron á Ganne,ille.
Ahí llevó-reato de en primer modo de eer-eae tono
burlesco que ee cree prerrogativa del e.,prü, ese voluntario desprecio de la población sencilla que le parecía de
buen gueto en un parisiense y la afirmación repetida sinó con vencida, de que sufría el máe lamentable destierro.
En realidad era perfectamente feliz y cuando, al sol de
la maftana, galopaba solitario por los caminos sombroeoe,
en m~io de los efluvios ealudablee de los campos, eu
pensamiento lleno de un encanto vago y desconocido, no
evocaba sino mny rara vez el recuerdo del bo,llet'ard.
Pero el viejo vividor ee hab1ía creido deshonrado si no

La señora Deecordee había hecho á Savinien anticipos
que habrían parecido demasiado comprometedores ei su
edad, su virtud y su flacura no la hubiesen puesto por encima de toda suposición. Ya le invitaba ácomidae demasiado íntimas, demasiado sencillas-muy sencillas por cierto-pensaba él. Ya se aventuraba en interés de sus aeo•
ciaciones piadoeae, á ir en persona á la eubprefectura.
Dominada por una necesidad de intrusión que le parecía
casi un derecho, obsesionaba al infortunado funcionario,
demasiado cortés para hacerle comprender su molestia
y demasiado político para arriesgarse á haceree un ene•
migo de esta devota agitadora.
Ella se proponía un doble fin: Ardía en deseos de obtener para eu marido las palmas de oficial de la Academia. Parecfala que él tenía todos los merecimientos ..... .
Se le habían dado á eu colega el otro adjunto, que no ha•
bla pres1ú111o más que una vez la distribución de los premios de 111 escuela comunal, y el eefior Descordes Labía
presidido dos veces la misma ceremonial Tenía, pues,
máe derechos!
Pero la madre, sobre todo, perseguía unsutño y bacía
alusiones de tal suerte transparentes que se necesitaba
que Savinien fuese verdaderamente distraído para no
parecer percibirse de ellas. El ingrato no advirtió más
que una cosa en la oleada de esa fastidiosa palabrería
que no terminaba jamás, y fué que la_señora Deecordee
pronunciaba frecuentemente el nombre de su prima la
eef\ora Charlier. Un día estalló:
-Hija de un marqués arruinado, Dios sabe en qué!
Soy yo quien la he sacado de la miseria, sí, señor, de la
verdadera miseria...... Apenas tenla qué comer! Y ahora
lo ha olvidado! Tengo que sufrir lae arrogancias aristocráticas y la altivez de la que me lo debe todo ...... Oh! si
no se hiciese el bien sino en vista de lae recompensas
humanas! Y todo eeto porque eu padre tenia un título y
porque ella fué educada en París. Ea que nuestra educación vale menos que la suya, porque se hizo sencilla y
honestamente en Gannevillti?
-¿Ea que somos salvajes? exclamó Dioedada lanzando
su gama de risa.
-Nuestros padres al menos no han muerto acribillados de deudas...... Y su casa. Si vieseis su vida íntima,
sef\or subprefecto.
-¡Un infierno! exclamó Angélica.
-l.\li hija tiene razón, un infierno! Yo sé todos loe de•
talles, ya comprenderéis ...... Mi pobre primo á veces me
confía sus penas de lae cuales procuro consolarlo, como
lo manda la caridad.
-¡Y Pablo! dijo una de lae muchachas con conmisce,
ración.
-¡Ah, eíl ¡Poh,e peqnefiol ¿q·1é será de él? Es ya insolente como su mad:e. Ha osado decirme en mi cara
que yo no era buena.
-¡}Iawá que pasa su vida ocupándose de los otros:
-En fin, una faruilia perdida, ee la palabra. Si yo no
me mezclase en eso por la piedad que tengo á mi primo,
y ofreciese al cielo todos los choq uea que me cuesta..... .
• -¿Qué no ee el señor Charlier co!lsejero municipal?
interr0gó Savinién que rumiaba un proyecto.
- S1, señor...... Ohl yo no os lo presento como un modelo...... Tiene sus errores, muchos errores, y sobre todo, muy frecuentemente el de atacar la religión ...... Pero en fin, es de buen natural.. .... Lo han agriado, exasperado, llevado hasta el fin, porque no tiene las maneras
de un marqués, y entonces...... Pero estoy bien segura
de que Dios tendrá para él gran indulgencia, en tanto
que..... .
-Una mujer que apenas oye una misa el domingo y de
carrera! interrumpió Angelica.
-Jamás va á la misa mayorl_añadió Diosdada.
-Yo le he abierto todas lae puertas de nuestras reuniones piadosas, concluyó la señora Descordee...... y ja•
más ha pues~o los piee en ellael

�oo•••GO 15 de AGOSTO de 1'97

EL MUNDO

DOMINGO Is DE AGOSTO DE. 181n

El recuerdo de esta exclamación le volvió cuando terminaba la cartapara Legagneur, en la que exponía sus proyectos, y se conmovió y turbó más aun quizá que si en
aquel momento hubiese sido pronunciada. El arranque verdadero de Pablo, reconocido á una compasión
que se dispensaba á su madre, le conmovió profunda.
mente. Un extraño sentimiento, nuevo, desconocido,
muy dulce, se le subió al corazon al mismo tiempo que
un remordimiento ligero. pero sincero, de su come·
dia de simpatía, frente á esta franq11eza, una especie de
verguenza vaga de sus proyectos inconfesables, frente á
aquella pureza. La simplicidad del nifio hizo ruborizarse á aquel don Juan, vacilante.
Desgarró s11 carta, y en tanto que erraba en su jardín,
en medio de la brisa tibia de una noche de Agosto, el cie•
lo le pareció más limpio, las estrellas brillaban con resplandor no acostumbrado, las flores difundían un perfu·
me suave, y en ensueflo aún incierto, Savinien vió aparecer, rodeados de una luz dulce, discreta, exquisita, loa
rostros unidos y sonrientes de Marta y de Pablo.

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En tanto que se desbordaba este torrente, Savinien reflexionaba.
«Una mujer de mundo-se decía él-casada ...... Un
matrimonio que se pierde ...... El marido bonacho........ .
bueno, bueno! Esta seflora Descordes es verdaderamen·
te caritati val
-Lo que yo amo eobre todo en ese joven subprefecto,
dijo la seflora Descordes después de la partida de ':!avi•
nien, es que presta atención á todo lo que uno le dice.
Cll.ando al día siguiente la única recamarera de Marta
le anunció que el subprefecto estaba en el salón, esa visita le pareció inoportuna. En su triste vida la llegada
de un !)Xtranjero le causaba un terror instintivo: era un
testigo más de sus miserias!
Encontró un hombre político, bien educado, que lleva•
ba en medio de sus decadencias, la corrección de la buena sociedad. La visita de Savinien fué necesariamel/.lte
insignificante, ni demasiado larga ni demaeiado corta.
Tuvo un tacto perfecto, fingiendo ignorar la vergonzo•
ea existencia de Cbarlier.
Esa conversación de un cuarto de hora, fué para lapobre aislada como un esclaercimiento en su cielo sombrío.
Por un instante había oído el lenguaje á que en otro

tiempo estaba habituada. Había pues aun hombres que
podían hablar sin esmaltar su conversación de juramen·
ios y groserías!
Esa breve aparición, á posar de la trivialidad de la
conversación, le dejó una impresión reconfortante: los
pobres son tan poco exigentes!
Cuando dos semanas después, Savinien se presentó de
nuevo, la impresión de Marta fué el asombro.
-El otro dfa, seflora, dijo él, el subprefecto vino á saludará la mujer de un consejero municipal. Ahora, es el
seflor de la Baye quien viene á presentar sus homenajes
á la seflora Cbarlier.
La conversación fué desde luego menos solemne quG
la precedente. Se habló de París, Savinien citó los nombres que Marta conocía. Lanzó sobre la vida de Ganneville algunos ra~g~s ligeros que quitaron el ceflo á !'que\
rostro no acostumbrado ya á sonreír. Hizo un entusiasta
elogio del aeflor Sennevaux al cual sabía que Marta había amado. Fué particularmente amable .con Pablo, que
llegó durante la visita. Cuando partió, el niño notó que
su madre tenía la fisonomía caei alegre. El mismo se sentía recalentado por ese fugítivo rayo de sol, y le vino un
vago reconocimiento por aquel que lo había hecho lucir.

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J '

CharliEI llegó, por excepción, lúcido eee·
día y fué presa úe la cólera cu;,ndo su mujer·
le pidió que fuese á casa del subprefecto á
devolverle sus dos visitas.
-Yo!. ..... Irá casa de ese sefior...... un
noble ...... un reaccionario ...... un amigo de
loa curas! Jamás de la vida ...... Jamás! No •
ee dirá que Charlier arrastra sus botas de hi•
jo del pueblo sobre los encerados de un mequetrefe de oficina.
Esta frase lo calmó un poco: la encontró•
muy buena y ee prometió repetirla al día siguiente á sus amigos.
-E3 muy probab;e, objetó dulcemente
Marta, que si no le devolveis su11 visitas, el aubprefeto
no vuelva. Pero si vuelve, debo yo cerrarle la puerta,
amigo mio, 6 recibirle?
-Eh! demonio...... recíbelo si eso te divierte ...... De
hecho un lindo corazón ornado de un de, ea hecho para
agradar á una hija de Marques! Recibidle y bravatead,..
hablad mal del pueblo si os place. No ea eso lo que detendrá el torrente q11e avanza.
Marta había hecho su pregunta por exceso de prudencia, pues estaba convencida de que Savinien no vol ve•
ría.
Pero Savinien volvió.
Fué recibido con visibles muestras de simpatía y desde
que supo que estaba ahí, Pablo corrió hacia él, feliztam·
bién. La conversación tomó esta vez un aspecto más fu•
timo. Marta habló de su padre, de su juventud, y dejó
escapar elgunas alusiones á Ja3 terribles tristezas de su
vida. Fué entonces cuanio Savinien con un movimiento sabiamente combinado, le estrechó la mana murmu·
rando aquel «Pobre mujer!"
-Cuando ee retiraba, Pablo avanzó hacia él gravemen.•
te y tomandole la mano á su vez, le dijo:
-Gracias, sefior, voJ si sois hueno!

EL MUNDO

las escenas de dolores y de violencias de que frecuente•
mente eran loe testigos.
-¡Oh Dios mío! querida, dijo la sefiora Deecordea en
una de sus v~sitas, demasiado frecuentes para el gusto de
Marta, esperáis acaso á algún príncipe ó marqués? · He
ahí á Pablo que ee encarniza en emparejar las piedras
del vestibulo....... Acabo de verá Francisca que lava su
chiribitil. Y he ahí sobre el piano un vaso de Gien lleno
de flores. que yo no conocía.
-Vuestra inepección no es completa, prima, respondió Marta ...... Ved...... aquí hay también un siilón cuya
tapiceria he bordado yo ......... lle aquí además Ün servi •
cio de té que Pablo me ha comprado con sus economías......... el pobre nifio de mi alma! Todo esto no quie•
re decir, que yo espere á un marqués ó á un príncipe, sino simplemente que deseo hacer un poco ...aás agradable
el pobre rincón donde paw mi vida.
-Vamos, ya veo pues, que tenéis dinero para rodearos
de ese lujo ......... Si vuestras tareas de ornato no lo ab sorven todo, pensad en mis obras. Los dones ofrecidos
á Nuestro Seflor hacen perdonar muchas cosas y quien no
VII
El hotel que Martn habitaba, era una de esas viejas tiene necesidad de que se le perdone algo!
-Muchos dones necesitas tú ·por cierto para que te
moradas semieefíoriales, colocadas en otro tiempo en la
perdonen,
lengua de vibora, gruñía Francisca que, desde
extremidad de los barrios, y que el crecimiento sucesivo
su
cuarto,
oía
las observaciones de la caritativa dama.
de las ciudades ha englobado con el tiempo en el centro
-Estas
innovaciones
son singulares, dijo al volver á
Estaba aislada, en el fondo de un callejón sin salida, Ji·
mítada por cuatro grandes muros de jardín, que termi· su casa la señora Descordes á sus hijas, ......... Algo pasa
naba su portón macizo de burdo martillo herrumboso, de ahi ......... Eso no tiene duda.
-Acaso quiere dar una comida, dijo Angélica.
madera cuya pintura ee desc'lstraba en grandes partes.
-O
espera la visita del subprefecto, añadió Diosdada
Un patio en que las baldosas deegregadas dejaban crecer
que
pensaba
mucho en Savinien.
hierbajoe, precedía á una escalinata deelabrada, una de
- Ob ! en cuanto á eso, puede esperarla!. ........ Después
cuyas gradas estaba rota en doe y las otras despostillade lo que yo he dicho al sefior de la Raye, como debía
das en los ánguloe.
hacerlo,
él se pondrá en guardia; no se arriesgará. Pero
Se llegaba por ahí á un ve8tíbulo. De una percha i¡ni•
en
fin,
ahí
hay algo......... yo velaré.
ca pendía el impermeable que Cnarlier tomaba loa días
La
vigilancia
de la seflora Descordes fué larga, muy
de lluvia para irá su café. A la derecha se abría una pieza sin nombre y sin destino preciso, que servía para to- larga, y durante muchos meees ineficaz. Ella la repardo. En medio, sobre banquillos, había una tabla con cu- tió hábilmente en loe diferentes-días de la semana y en
bierta de lana desgarrada, sobre la cual se planchaba la laa diferentes horas del día, llegando de un modo imropa blanca. En el h11eco de la ventana, la silla media prev:sto, no advirtiendo nada de insólito, si no es que
rota donde se sentaba para surcir, Francisca, la fiel no- cada vez encontraba una nueva mejora en la casa.
Ahora el ve8tlbulo tenía seis sillas recubiertas de mandriza de Marta, Caleb femenino que jamás la había abandonado y que acumulaba ahora todos los empleos doméa• tillas de ouU bordadas de un gran galón rojo. Las sillas
ticos de la casa; en los rincones yacían amontonados sin habrían costado á veinte céntimos la pieza con el reven•
objeto toda especie de objetos, paraguas, bastones, útiles dedor...... E l cafarnaum de Francisca, vaciado de sus
de jardín, una cuna del niño Pablo, un juego de bolos trebejos estaba cubierto de una sencilla tela á rayas gridisparej0s, una regadera sin fondo; sobre el muro cuyo ses y azules, que daba á la pieza el aire alegre y coqueto
papel estaba en sitios podrido de humedad, estaba fija de una tienda. El piano había aido afinado; los artesouna vieja panoplia medio vacía, de donde pendían aún, nes limpiados por Francisca. Colocados sobrd troncos de
sobre los terciopelos de tono marchito, fusiles de caza árboles en bruto, había dos grandes floreros que Marta
mohosos, dos pistolas de tiro de viejo estilo y un revolver. había pintado de arabescos, formando al salón un vestí•
La impresión era desoladora cuando al entrar en el ves. bulo alegre y perfumado. La casa parecía rejuvenecerse
tíbulo se percibía esta pieza en desorden por la puer&amp;a y revivir.
- Y bien? decfan Diosdada y Angélica,, ansiosas á eu
siempre abierta. Se sentía el abandono de la casa y so•
madre,
cuando eEta volvía de una de sus visitas inquisibre todo ese desaliento que no busca ya en la simetría y
toriales.
la limpieza una postrer apariencia de bieneetar.
-Siempre nada!. ..... Y sin embargo, mi instinto no se
Una segunda puerta daba acceso á un salón un poco
mejor provisto. Era la pieza que Marta habitaba de or· engaña ...... Hay algo ...... yo debo saberlo é iré hasta el
dinario. Las cortinas habían perdido su frescura, el alto fin; acaso me toca intervenir.
El solo descubrimiento que hizo la sefiora Descordes
plafond estaba amarillento por el humo, los muebles
eran raros y nada harmónicos; faltaban ahí esas mil mo- fue encontrar un día á la seflora de Sennevaux sumernadas que dan á un departamento el sello de la vida ín• gida con Marta en una conversación animada que se detuvo bruscamente á su llegada.
tima y feliz.
-Os molesto, eefloras? dijo ella picada.
Pero, sin embargo, se adivinaba, por mil detalles la
-De
ninguna manera prima, respondió Marta que
presencia de la mujer de guetos elegantes y distinguidos.
Los dos grandes vasos de cristal sencillo, sobre la chime- tambien parecía rejuvenecerse y revivir como su casa
nea, estaban llenos de florea. En medio de esos viejos Y había adquirido de nuevo su franco hablar un poco
muebles usados, algunas sillas bajas, un pouf, taburetes altivo. Si hubiésemos temido que nos moleslarfais hacon tapicería de colores vivos y claros, indicaban la La- bría hecho condenar mi puerta ..... ... .
La seflora Descordes enrojeció, herida y furiosa.
bilidad de los dedos del ama de la casa, y su instinto arLa sefiora de Sennevaux abandonó su sitio viendo que
tístico se revelaba por la harmoniosa elección de loe matices. Sobze un piano, que casi no ee abría, algunos bi- no podía luchar con aquella indiscreción que se entrometía.
. belots antiguos recordaban tiempos más prósperos.
-Te volveré á ver bien pronto, dijo al partir y traeEn el ángulo, cerca de una puerta ventana que daba
ré á Jorge para que juegue con Pablo.
al jardín, una mesa bien arreglada servía á Pablo que
-Si, si, te lo suplico, insistió !\Iarta. .. ... Bien pronto!
trabajaba cerca de su madre, sin temor de ser turbado
Tengo tanta nececidad de hablarte!
por Jlumerosoe visitantes.
Las suposiciones indeterminadas de la señora DescorCuando, en un hermoso día de verano, el sol lle ,aba su des, no hicieron más que acrecerse. Decididamente haeenrisa sobre Marta y Pablo, laboriosos y silenciosos, y bla algo Y la señora de Sennevaux estaba en el secreto.
las ventanas abiertas dejaban entrar los dulces efluvios
Como encontrase á Francisca en la calle, la hizo hadel jardín y la barbulla de los pájaros que se movían en- blar Y llevó la conversación al capítulo del embellecitre los tilos, el reoien llegado, ol vidandv la tristeza de la miento de la casa; pero nada sacó en limpio.
entrada, habría podido creer que penetraba en el asilo
-Es usted demasiado lista para haber notado eso! resde la ventura y de la paz. Los muros no referían todas
pondió ella. Pero no lo sabe todo, mi q•1erida sefiora

las

y aun verá algo mas ...... Vengo justamente de casa del
tío Frenaut, de encargarle dos carretadas de arena para
el jardín. Voy á hacerme jardinera.
-Es que el subprefecto ha venido recientemente?
- El subprefecto ...... aquel señor gordo de lentes de
oro?
-No, ese ya se fué ... :.. Un joven ........ .
-Ah! el sefior gordo se fué l.no lo sabía.
-No es eso, pensó la seflora Deacordes en tanto que
Francisca, al irse, murmuraba grufíendo:
-Anda hija! No eres aun demasiado firme para embrollar á la vieja Francisca si ella no quiere!
Estos destanteos excitaban la cusiosidad de las tres
señoras Descordes. Casi no tenían otra conversación.
En Ganneville pasaba algo que ellas ignoraban ... ... y
ese misterio se realizaba ·precisamente en la casa donde
ellas debían ver más claro!
Pensando en esto, la sefiora Descordes calculó que habia estado en casa de Marta á todas ho'ras, salvo de cuatro á seis, momento que se daba todos los días á la música con sus hijas. Inmediatamente, como inspirada, pú sose precipitadamente su sombrero y se dirigió á casa de
su prima. Eran las cinco.
Justamente el portón estaba abierto, Francisca que
bahía salido para algún mandado rápido, no lo cerró.
Esto agradó á la visitaute, por que no tuvo necesidad
de llamar. Si había algo que sorprender ella lo eorpren•
dería. 11Iarchando sobre la punta del pie llegó á la
puerta del salón, oyó loa ecos del piano y entró bruscamente.
Marta tocaba á ia sordina una sonata de B~ethoven,
Savinien, sentado cerca de Pablo, buscaba en el diccionario las palabras necesarias á su versión. El té cantaba
hirviendo en la tetera. Era aquello una como reunión de
familia, dulce, intima, casi austera.
El instinto d&amp; la sefiora Descordes no la había enga•
liado. Ilabía algo de nuevo...... El amor entraba á la
casa de }farta.
VIII.
Desde hacía seis meses, Savinien iba así cada día, á
casa de Marta y era milagro que en una ciudad de vidrio y bajo la mirada incansable de la sefiora Descordes,
aquellas entrevistas hubiesen permanecido ignoradas.
Ah! cuando, por las indicaciones que ella le había dado seguratoente con intención muy distinta, Savinien
concibió sus planes de conquista, cuando comenzó la
ejecución de ellos, con una habil estrategia, regocijándose ya de sus primeros éxitos: cuán poco pensaba que ·
la palabra ingenua de un nifl.o bastaría á desconcertar
todos sus proyectos de don Juan que iba en pos de una
nneva intriga! cuan poco suponía que en eee rincón perdido de provincia, del cual se burlaba con tanta desenvoltura, iba á levantarse una luz súbita y exquisita sobre él, cambiando todos los horizontes de su vida y sustituyendo el cariflo, el cariño verdadero, absoluto, respetuoso y casto, á la novela de crimen sofiado en su ociosidad, como una distracción pasajera!
. Ciertamente se habrían admirado mucho, y habrían
alzado los hombros con desprecio, sus compañeros de
París, si hubieren podido percibir al alegre vividor de
antafio, siempre en busca de locas aventuras, esperando
impacientemente la hora en que iría á sentarse, cada
día más embeleeado, eutre un nifio y su madre.
Las visitas de Savinien se hicieron poco á poco más
frecuentes. A Marta como al mismo Pablo, eso les parecía muy natural. No había necesidad de llamamiento
ni de explicación: se le esperaba y él iba. Si por acaso
tardaba tres 6 cuatro días, Pablo decía á su madre:
-Hace largo tiempo que no viene
- Es cierto, respondra sencillamente Marta, hace muy
largo tiempo.
Ni aun pronunciaban su nombre: era inútil.
Un día, cuando se iba, Pablo le di¡o dulceme_nte:
-Hasta mafianal
Savinien miró á :\!arta, que sonrió, y repitió:
-Hasta maBanal
Cada día, en lo de adelante, sin tener necesidad de
instrucciones, Francisca iba á entreabrir un poco antes
de las cuatro el portón, para evitar el martillazo indiscreto. Cuando Savinien entraba, su primer mirada bu&amp;caba á Pablo no como á un obstáculo temido, sino como á
un apoyo deseado que le tranquilizaba respecto á sí
mismo y mantenía en · su ternura esa serenidad que
constituía eu más delicioso encanto.
Continuará.

�DOMINGO Is de AGOSTO de 1897

EL MUNDO

la6

~oMIIIGO 15 de AGOSTO de 1697

dos lóbulos, las finas piedras de Golconda.
Se había casado con algún Creso? Aque•
lla dama que pasaba, era la nifía hija de
padree pobres, á quién compré tantas mu•
fíeoae y bombones?
Todo lo aupe al poco tiempo. Un vie·
jo verde, cojo y corcovado, la deelu~bró
con su dinero, y desde entonces su a.roa
blanca y transparente, se m~nchó con
salpicaduras de fango ...... Aquella alma
buena!
y cómo fué? Qué mano invisible y nervuda de monstruo, la asió con fiereza y la
eqipujó á un matrimonio sin amor? El
hambre! En su hogar faltaban pan y luz ...
y el usurero de laeEquina inmediata le ten·
dió la red, dándole, no solamente luz y
pan sino vestidos, joyas ...... qué ee yol
Nu~vo Fausto, deslumbró á Margarita
con el eeplendor de su riqueza, y ella fué
despreciando las humildes, pero castas
floree de Siebel, del joven hermoso Y romántico como Byron, que en cada verso
deja un pedazo de corazón, un girón de
alma, pe10 que vive pobre, muy pobre,
allá en el destartalado cuartucho de una
casa de vecindad.
y entre tanto, Margarita, apoyada en
el brazo del prestamista claudicante Y gi•
boeo, alardea en teatros y salones de su
soberbio lujo, sin comprender que cada
diamante que ostenta, eimt-oliza no una,
sino muchas lágrimas cuajadas.

MINIATURA
LA SEÑORITA BEATRIZ FRANCO

......Y el Teatro Nacional, nuestra solitaria basílica de arte, ee llenó aquella no•
che de una voz apasionada y triunfal, de
una onda rítmica, suave y exquisita, voz
de perfume de violeta, de susurrantes plega~iae, de cuchicheos de hadas, de frúfrú de alas de aves, de rumoree de fron•
dae lejanas. Viejas impresiones dormí•
das recuerdos de comarcas ignoradas,
pálidas evocaciones juveniles que yacéis
en el fondo del espíritu como esos listones descoloridos de la primera novia, fué
vuestra fiesta aquella noche, viejas im•
presiones dormidas. Evocar eeae eenea•
cionee, unir con el hilo de oro del eenti•
miento lae perlas deegranadaa de loe re•
cuerdos, bajar al fondo del alma y sor•
prender en ella rastros de ideales ?~eva•
necidoe, huellas de anhelos fug1t1voe,
estela de esperanzas olvidadas ...... ee eer
artista.
La señorita Franco, ee muy joven Y
muy bella-de una hermosura que no se
concibe contemplar sino como Fra Ange•
lico pintaba sus madonae: de rodillas-es
una artista.
Id á escuchar la voz suave y apasiona•
que llena el Teatro Nacional con eu onda
rítmica.
MARGARITA
I
Cuando era nifía, qué alma tan blanca y tan diáfana encerraba en aquel cuerpecillo delicado y frágil como una chu•
cheríajaponeeal Nopuedoolvidarla. Loe ·
ojos profundamente azules y humedecidos; la cabellera opulenta y dorada; las
mejillas frescas-dos pomas de OtofíoY la boca carmínea, breve como apretado
botón de rosa.
La mañana era espléndida. En el Oriente-orgía de coloree-la luz desplegaba sus
estandartes victoriosos; en loe nidos loe
pájaros se empinaban asperjando trinos;
el aire soplaba suave, bien oliente, como
el vientecillo producido por aristocrático abanico.
¡Oh mafíana aquella, toda luz, toda aromas, toda vida!
Margarita ee preparaba á hacer eu primera comunión.
En la parroquia, llena de blancas floree, ardía loe cirios en el altar mayor, ascendían las espirales del incien•
so, y, grave y místico, dejaba el órgano oir las notas de
sus trompetas.
Allí estaba la blonda criatura, en glorioso apoteosis,
de rodillas, con la frente baja y loe bracitos cruzados devotamente, á la manera de esos ángeles pintados por Doré !!n las maravillosas páginas del poema dantesco·

Señorita Beatriz Franco.

II
Más tarde, cuando fué joven, cuando la pubertad la hi•
zo núbi y amplió sus caderas, y redondeó eue formas, la
ví pasar, desde el balcón del últimó piso. de un hotel, en
elegante «duquesa« tirada por corceles p1afantee, que, en
su pausado trote sobre el asfalto, hacían cascabelear las
cadenas de plata.
Su aspecto era altivo y regio: el traje de seda flordelisado dejaba adivinar eue exúberas formas olímpicas, y chispeaban ea sus dedos gráciles y en sus rosa

Anoche, al salir del teatro, sentí que
me tiraban del abrigo, y oí frasee dulces
y seduétorae de mujer. Volví la cara y
me encontré con ella, con Margarita,
quien al reconocerme dió un grito de
sC'rpreea y huyó precipitadamente, avergonzada de la equivocación, entre la hot•
mfgueante multitud. Con quién me .confundió? Quizá con alguno de sus amigos.
Y un enjambre de recuerdos punzó do•
loroeamente mi cráneo: surgió en mi me·
moria aquella mafíana toda luz, toda aromas, toda vida, en que la ví, camino del templo, ha•
ciendo aletear su falda nívea; en que sentados á la
Il}eea saboreamos el desayuno de aquella fiesta de un
blan~o triunfal. Pensé en Alberto, el bohemio eofiador,
que en cada verso le mandaba un pedazo de corazón, un
girón de alma ...... en el muchacho hermoso y melenudo
de segundo patio; y entonces comprendí por que, puesto de codos en la mesa de un café de barrio, gritaba con
voz de ebrio mirando atentamente las heces de su copa
-Eh, mozo! vino, más vino........ .
Jt'AN B. DKLGADO.

-------------~-------

EXPLOSION DE UNA CALDERA EN UON

La mafíana del 5 del actual, prodújoee en la ciudad de
León, una catástrofe del todo semejante á la que en Pue·
bla causó no ha muchos días la mayor consternación,
Runque esta vez, por fortuna magna, sin consecuencias tan
lamentables. Nos referimos á la explosión de una calde•
ra, acaecida en el taller de fundición de la Huerta de
U raga.
El espectáculo que se presentó á la vista de loe que ocu•
rrier@n al lugar del siniestro, atraídos por el estruendo,
fué el de un montón de escombros hacinados aquí y aní
sobre los diversos productos trabajados en el taller, tales
como ruedas de cochee, cajas, catres, herramientas, etc.
Loe techos fueron volados, y sue eoetenea diseminados
en todas • direcciones y contraht,choe, así como los frag ·
mantos de la caldera que se veían en todas partee, y que,
· con la enorme trepidación, causaron eerioa perjuicios materiales.
El orfgen del siniestro fué el deECuido del maquinista,
quien dejó encargado de la caldera al velador y éste, absolutamente ignorante del manejo, encendió el fuego sin
poner préviamente el agua necesaria.
E etímanee las pérdidas en $3,000, máe no hubo desgra
cías personales.
El activo fotógrafo Sr. Mathey nos envió con laudable
oportunidad, la fotografía que como ilusrtación de estas
líneas publicamos, y que dará del siniestro mejor idea
que todas las descripciones que pudiéramos hacer.

Exp1osión de una caldera en león.

(Fotografia de Mathey.)

l!L MUNUO

LA CIUDAD DE ZACATECAS.
LAS OBI~ . . ~S D~ SU CA.'1...,EDRAL.
•

bizantino, loe fondos de todos son color de
La ciudad de Z 1catecas, de la cual ya al•
cantera y lae columnas imitación de gra•
guua vez se ha ocupado nuestro semanario
nito: loe capiteles y basas color de piedra
con positiva compla,encia, constituye un@
verde azulado y en las tallas una combi•
de loe cantroe más importantes de nuestra
nación de coloree y oro.
R pública y une á lae valiosas condiciones
«En el fondo de la nave principal está pin•
de propiedad minera y agrícola, la belleza
tada al oleo La Asunción de la Santísima
de su especial topografía.
Virgen. La Madre de Dios se eleva al cielo
En el orden religioso y digámoslo también
entre multitud de alados querubines y loe
art1dtico, Z ic1tecas acaba empero de]a1qui•
apóstoles contemplan el sepulcro. El cuadro
rir 1rn atractivo más, merced al celo decidi•
es obra del eefior don Manuel Pa~trana. En
do del virtuoso !prelado que rige la Diócesis
loe fondos de las dos naves laterales y al la•
y q 1e vió no ha mucho el feliz remate de]lae
do de la puerta principal hay dos grandes
obr.1e emprandidae en la Iglesia C.Hedral..De
cuadros, La Anunciacion y la Oración del
ellas intentamos ocuparnos en eatas páginae,
Huerto, obras respectivamente del eefíor D.
con tal fin transcribimos lacompleta relación
Cleofas Almanza y de don Candelario Rivas,
de:nn cronista zacateoano, acompañándo·
joven zacatecano, de veinte años y cuyas
la de excelentes fotografías, verdadaramendotes para el arte de Apeles son notables.
tP artíetbae, debidas al inteligente fotógrafo
«La pintura y decorado de la Catedral ea
Jo~é i\P.- Agular.
obra del modesto artista don Rafael de
G&gt;n motivo de la inanguracion de las obras
León, hijo de Cuernavaca. Enviamos aleede que nos ocupamos, ef&lt;Jctuóse en la catefíor León, nuestras máe ccrdia!es felicitadral eolemníeima función religiosa á la que
ciones.
aeietió, previas invitaciones, lo más granado
«El Iluetrfeimo señor Vera dignísimo Obie•
de l.1 sociedad.
pode Ct1ernavaca que tan bondadosamente
R ispecto á la decoración y forma de las
aceptó la invitación que le hizo, nuestro digobras del templo, oigamos al cronista:
nfaimo Prelado, para asistirá la función re« La pintura y decorado de la Smta Igleligiosa, ofició de Pontifical y asistió el Ilussia Catedral presenta un golpe de vista
trísimo BE'ñor Portillo y la mayor parte del
magnifico. La cúpula está pintada dd color
clero de la diócesis.
de aurora dividida en ocho gajos por fa.
«la música dirigida por el hábil maestro
jas rojas con guarda de oro realzada á pinDon Aurelio Ellas, estuvo como siempre,
cel; en loa centros de cada gsj ') se destacan
manífica. El sermón estuvo encomendado
monograma&amp; de María y un rosetón á la
al eefl.or Canónigo Don Domingo de la T.
ori1::ntal en la linternilla. La cornisa, á dos
Romero, quien habló del culto divino, según
tintas gris y filetee dorados; la columnata
se nos informa, pues en el lugar en que noe
de color de piedra de jaspe rosa al oleo, la
colocamos, no era á propóeito para oír la
corniza del anillo dela cúpula con molduvoz del orador sagrado.
ras gris, filetee dorados y adornos de ciar,&gt;
Nuestro amante Pastor y Padre debe estar
obrnuro en el frizo; pechi1,as con loe símsatisfecho. Bue hijos aprecian en lo mucho
bolos de Evangeli3tae, de alto relieve y en
que valen sus apvstólico3 eefuerzoe para enyeso y dorado mate con marc0 y aiornoe
bellecer la catedral de Z1catecae, y con él se
de.yeao en loa áuguloP.
regocijan y dan gracias á la Providencia
uEI fondo general de l&lt;1s b ·,vP, hs P.~ color
porque esos esfuerzos han sido coronados
de aurora, aristas gris 'e con fi let"s dorados
con el más completo éxito.
y en loe fondos adornos aZ11lee levantados á
pincel. Los lupttoe de lv, parte superior de
loe muros son de fondo vntlt&gt; gri~ y el decoHuye de loa traidores á la patria como
rado á dos tintas y oro imit,ndo papel tahuían los juatoedelfuegode Sodoma. Aquepi7,. Loe capi1tif"B y curnisa general son de Fachada prl ,cipal de la Catedral de Z•catecas. fFotogrnfía de José M~ Aguilflr.) llos ab,,fetean á la madre, y después le piden
,col &gt;r grid v filetes d•ira i,1s con frío á la
pan, abrigo y hospitalidad.
or.ental. Las caras laterales de loe farcos ta m b;.Sn rle o'eo y de do~ e•tilos div,rsoq_ El alt,ar m 'ynr es al eeti•
color gris y filttee de oro y la cara inferior con guarda In romsmn, ornamPnto cnn talles de yeso y fondo de mar•
á tres ti utas y oro, al estilo Romano. Las pechina• ct.. 1..a mol art fi ,ial, 6 sea eicayola. Los dl e bonitos altares
DON~E NACIO BUDDHA
arcos tienen el fondo verde gris con adornos al capri- en los fuud,,~ de las naves laterales son de orden com•
cho, color de oro levantados á pincel.
pnesto, con frizos y demás adornos de yeso; á los lados
El lngar en q11e nació el célebre fundador de la religión
«La parte cilíndrica de la C'llumnata es imita~ión de dos tablHos angostos decorados al estilo bizantino. Loe ·
de Buddba ( Buddha Sakia Munia) era ignorado, pero
granHo ruorado y la parte recta imitación de marmol de tres altares de ca la uno de ](le wurvs lat~rales son de
acaba de ser deecul:ierto accidf'ntalmente por una expejaepe, todo al oleo. El decorado de loe muros lat•ralts orden compuesto con adornc,e de y;,eo, doe de ellos titi·
dición arqueológica del gobierno de la India, en Nepaul.
imita papel tapiz á seis tintas y oro, el frizo geueral al nen á los lados tableros angostOd dtcurad, s a1 edti,o
Por una eqnivocación, loe expedicionai-ios se vieron con
las autoridades Nepaulesae á unas quince millas del punto q11e debían explorar cerca del tahsil de Bbagwampur,
en el dietrito de Butsuk. Estando acampados .,Jlí, les llamó la atención un monolito del Emperador As&lt;'ka, de 10
pies sobre el nivel d~I suelo. En ese mono ito había una
inecripción pt1eeta en él por nn peregrino del siglo nono,
que indujo á la expedición á cavar al rededor de la piedra hasta la profundidad de catorce pies, y se halló en•
t onces una inscripción del lfo1rerador, en la cual consta
qne en el año vigésimo de, en remad&lt;•, enea de 239 años
antes de la venida de Cristo, él había brnho erigir esta
cnlumna en el miemo lugar donde nació el sefior Buddba.
(Hay que tener presente 4111: B11ddha era hijo y heredero presunto de un príncipe soberano y que renunció to·
das las grandezas de su posición.) A dieciocho millas al
N. O. de la columna, la expedición encontró extensas
ruinas de .&lt;tupa~, monasterios y palacios cubiertos de boa
que ó mon e, y que se extendlan por cinco millas basta
el río Banganga, siendo la circunferencia como de siete
millas. Este es el Ritio que ocupaba Kapilavaetu, capital
de loe dominios del padre de B~ddha, y que probablemente rendirá imcripciones anteriores á laedel Emperador .A.eoka. Tan pronto como cese la calamidad del ham.
bre y plaga que aflige aquellos puebloe, se harán excavaciones, lo cual será probablemente en el p1óximo in•
vierno.
Panorama de la ciudad de Zacatecas, tomado del cerro histórico de la Bufa.

�OPINIONES MEDICAS SOBRE LAS CONDICIONES TERAPEUTICAS
DEL

Muy señor mio:
Cuando recibí la primera muestra del
e Vino de Saint Germain, que se sirvió
usted remitirmeJ juzgué que sería una de
tantas preparaciones que con títulos al.
tisonantes y recomendaciones pomposas
se nos ofrecen como maravillas terapéuticas.
Debo confesar qui:! después de haberlo
e.i:perimentado en mi práctica diaria, especialmente en los niños,. be cambiado
completamente de opinión, respecto á su
elixir.
Siempre que he empleado el ,\'1xo DK
SA1ST GERMuN, he obtenido los más Ji.
son je ros resultados como tónico y recons-

nn.

)lé.i:ico, Mayo 21 de 1897.
Muy señor mío:
Creo que laíeliz asociación de las sus•
tancias que entran en la composición del
Viso DE SAii-T GEuu1x le aseguran un
lugar preferente en la terapéutica.
Lo be experimentado perfectamente
en las convalecencias y he quedado sa•
tisfecho.
De vd. atto. y S. S.
LEOPOLDO CASTRO,

Cirujano e,i Jefe del Ferrocarril Interoceánico y .Médico del Hospital de
San Amfrés

DR. BA..'iDERA .

LA VISTA.

México, 3 de Abril de 1897.
1\Iuy señor mío: Habiendo experimentado en algunos enfermos el VtNO DE
SAU.T GERMAIS cuya muestra me mandaron, lo recomiendo como un buen tónico
y reconstituyente.
Quedo de \"d. afmo y S. S .
DR- RAFA.EL LAVISTA,
México, 12 de Febrero de 1897.

Interior de la Catedral de Zacateca•. lnau¡urada su nueva pintura y decoración el 9 de M¡,yo de 1897. (Fotogrnfía de José María Aguilar.)
VARIEDADES

Un periódico inglés ha afirmado que los chinos conocieron la bicicleta 2,300 años anies de la venida de Je3ucris\O, y que la rueda estuvo muy en boga hace cosa de
100 atlos. A la máquina daban un nombre equivalente á
Drag6n Dichoso.
El modelo conservado en Pekín tiene la cadena engra•
nada en la rueda delaoiera.
Las mujeres ee aficionaron á la bicicleta basta el puuto de deeat.ender las obligaciones domésticas¡ por cuyo
motivo el gobierno prohibió enteramente el uso de
&amp;qnella.
J.,os joyeros están haciendo uso de la electricidad para
distinguir loe diamantes buenos de los faleoe. Todo lo que
para esto se neceeit.a, ea un pequeilo motor que lle,:e en
uno de los extremos del eje uo disco de aluminio. Un cepo

debidamente eitllado, sirve para eujecar el diamante y
mantenerlo en contacto con el disco de alumio. Para
probar el diamante aeí dispuesto, basta mojarlo y echar
á andar el motor. Al cabo de pocos minutos se l!aca la
piedra, si es legitima se verá que está limpia, mientras
que si es falcificada, ee abrá cubierto de UDa capa metálica debido al roce con el aluminio

La superficie total cubierta de boFques en loe E9tadoa
Unidos, se estima en 2 000,000 de kilómetros cuadrados,
ó SE\ 26 por ciento de la superticie total. El consumo
acíual se deacompone de la manera siguiente: madera
para construcción de obras, 140 000,000 de esteros: id.
para durmientes 170,000,000; id. para carbón, 7 000.000;
id. para fraguas, 504.000,000; id. para establecimientos
induetrialee, 4.000,000. El consumo total es de 680,000.

Un periódico ruso, el Diario dt San PeterslJurgo, publica el anuncio de un museo de aquella capital, en donde
se exhiben varios fenómenos muy curiosos, entre ellos
tres ninoP, á l!aber: una criatnra de cuatro af'ioe que pesa 161 libras, llamada Ana¡ un varón de eeis af'ioe llamado Germano, que pesa 153 libras y otra niña de doce
primaveras con 283 libras de peeo.

Muy señor mío:
En vista de las componentes de la preparacif'ín SAINT GEuuiN, no tengo inconveniente en recomendarlo como útil y eficaz en l11s enfermedades que causan profunda debilidad en la economía; de manera que se puede usar con éxito en la convalecencia de las fiebres en general, así
como en las anemias, tuberculosis pulmonar, escrófulas, atrepsis, etc, etc., etc.
Qu~do de usted aftmo., atto. y S. S.
CARLOS TEJHDA,
Métlico Ciruja110 de la Fawllad de
},[é~ico, Profesor de Clínica Iufautil
en la Eswela Nacío,ial de Medicina de
México.

.·~

De los inumerables vinos tónicos de
que se sirve la teupéutica modernn, el
mejor es sin duda el SAx GERMÁS. En casos de linfatismo, tuberculosis y anemia,
me ha dada siempre en los enfermos sorprendentes resultad'&gt;s.
DocTOR CLE!t!ENT.
De la facultad de Mo11pe11sier (Fraucia). Especialista para las enfermedades de la ciutura.

Hace algtín tiempo qi:.e empleo el V1No
tónico de SAINT GER."IIAJS y siempre me ha
dado el mejor resultado, tanto en las
personas agotadas por largas enfermedades, como en los que padecen enfermedades palmonares crónicas. Por lo mis•
mo, no tengo ir,conveniente en recomendarlo
:\f. AVELEYRA 1
Médico del Hospital de la Beneficeucia espai'iola.

SAN GERMAN

Yo creo que en este mundo
No existen penas más hondas!
Como las penas de un buzo.
\"iTAL !.ZA..

DR. GARAY.

Panorama de Zacatecaa, tomado de norte á sur.

tituyente, perfectamente acomodado á
personas débiles, á los convalecientes, á
los niños raquíticos ó escrofulosos, y en
general á todos aque11os que por e.i:cesos
de trabajo ó enfermedades prolongadas
han visto agotado 5u organismo.
Por eso no vacilo en recomendado, y
me atrevería á llamarlo EL1.i:1R DH VIDA.
De usted afmo. S. S.
Dr. CoNSTANCJO PRS°A luiAQUEZ.
del Ou,rpo d, Sonidad militar.

DR. CLEMENT.

EL VINO

Lo más difícil del mundo
__Es regalar á una fea
Un espejo de en gueto.

He usado en varios de mis enfermos el
vino de San Germán y lo considero una
medicino exelente¡ es un tónico poderoso,
de sabor agradable y muy eficaz para
los anémicOs, linfáticos, tuberculosos,
convalecientes y enfermos del corazón
en general.
A. Df GARAY.
Profesor de Auatomia Quirúrgica
e11 la Escuela A"acional de Medicina,
Cirujano de los Hospitales Juárez y
Espa,iol.
Cerro de la Buf,1, Z•catccas.

DR PE...,qA IDIÁQüEZ,

,He usado con excelentse resuitndos el
\'1so DE SAN GER.M,\X en casos de tísispulmonar, de anemia y de enfermedades crónicas de la piel.
No conozco otrn preparación que con•
tenga iehthiol, en la que el color y sabor tan desagradables de este precioso
medicamento estén tan bien encubiertos.
Las propiedades terapéuticas del icl,thiol
pueden ya ser utilizadas como medicina.
interna.
Los enfermos toman este vino sin repugnancia, y al cabo de algunos días e.i:•
perimentan sus provechosos efectos.
A las dosis de una cucharada, una hora antes de las comidas, la administración de este vino no tiene peligro.
DOCTOR 8A..'.0ERA.

que tanto éxito y fama ha obtenido de.de su presentación en el
mercado mexicano, no necesita para que el público se convenza de sus maravillosos efectos, publicar certificados de curaciones obtenidas en Rusia ó en el Japón, ni opiniones ele ~fédicos
conocidos en China ó en el Brasil, que, como pueden ser ciertas y auténticas, también es facil sean inPxactas y apóc1·ifas. La
conpañía fabricadora del VI.NO SAN GEIUIAN, convencida de los
mamvillosos medios curativos, de los componentes de su preparación y de los beneficios inmensos de su uso, lo ha sometido al
aniílieis ele los m~s afamados químicos, al e,tudio de los facultativos de más renombre, al experimento en los hospitales y
clínicas, y, cuando recogida la opinión ele todos, una sola es la
contestal'ión: PRODIGlOSO, se decide á dará conocer al ilustrado público mexicano

LA OPINION DE LA CIENCIA

SOBRE EL VINO SAN GERMAh

nn. MÁcl1is.

Recibí la muestra del V1~0 DE SAn GERMÁN que se sirvieron ustedes mandarme.
Su composición garnntiza sus buenos
efectos y aquí en donde tanto abundan
lns enfermedades por debildad en la nutrición, espero que será de positiva utilidad para el público.
:\léxico, Mayo 13 de 1897.
R.

MACIAS.

�LA

HARINAnE W AGGNER
CO.N FOSFATO DE CAL ~URI, u U11irersa/ment1 admitida como "EL ALIMENTO MAS PERFECTO'

.,

•

•

para NIÑOS ENFERMOS, CON~ALECIENTES, ANCIANOS J para las MADRES que están CRIANDO

En un ...
Aguacero
el hombre se ca16 hasta los huesos.
Y esta moja.rtnra le dió un resfriado.
Descuidado éste se le pn•sentó la
tus. Con motivo de la tos tuvo que
guardar cama. A tomar una dosis
del Pectoral de Cereza del Dr. Ayer
al principio, le hubiese ntajado el
resfriado, impedido la. subsiguiente
enfermedad y padecimiento, y econo-

mizádo gastos. El remedio casero
para resfriados, toses, mal de garganta y todas las afecciones pulmonales es el

Pectoral de Cereza
del Dr. Ayer.
PREPARADO POR

Dr.J. C.Ayery Ca., Lowell, Mass., i::. U.A.
Medallas de Oro en las Pi mcípales
Exposiciones Universales.
~~

w-

P611•'.;1St' en ~n,rclia. coutrn las imita.Cl 111es harat;1s.
El nombre !e- Ayer's
Cherry Pectoral-;1p,1rece en la. envoltma
v :le realce t:11 el cristal oe cada frasco.

grandes beneficios. Se garantiza su
completa pureza y hallarse libre de
toda sustancia deletéreA.. Es de un
sabor muy agradahle. No es una medicina bajo ningún concepto y síobra
en Lodo cuerpo endeble como un

se prescribe en cada tasita no se
aceda nunca en el estómage. Es al:
Lamente recomendada por la Fa_cul
1.a&lt;l Médica y en los muchos ·años
que tiene de éxito hli resultado ser
por el testimonio de todas las madres que lo han uslido

Tónico de la NatnPaleza

"El alimenta me~ pe~fecto"

SECURANSINOPERACION

•

etc.

•

Se trata con ~x!to las enf!!rmedrutes que se dicen
incurablesó de mala naturaleza, d~ lll. cara., boca,
lengua, garganta; oidos, cabeza, lla¡i;us vitricHeas, y
en ger,eral, todos los tumores i,rvvenientesd~ la corruJ)C'lón de la sangre.
Violentar ra.1ical curación '1.e enfermedades secretas, eu todos sus grados.

♦
•
♦

•

♦

CA.LLR SANTA CLAHA 19.

I

•

♦

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Gran almacén y Exposición de camas inglesas de latón.

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La casa que en esta Capital tiene el mayor surtido y la queven:ie más ba
"
ra t o . - s u 1ema es: Venuier
mue h o y ganar poco.

~

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=•
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EL
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EL
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DIGESTIVODIG&amp;STIVO
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ANDREW
ANDREW
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EL DIGESTIVO ANDREW
EL DIGESTIVO ANOREW
EL
EL
EL
EL

DIGESTIVO
DIGESTIVO
DIGESTIVO
OIGESTIVQ

ANDREW
ANDREW
ANDREW
A.NDREW

"'

~

1

•

♦
♦

•

cura la ictericia y los derrames de J:?ilis.
impide la formación de lc,s gases en el Estómago
alivia la náusea en las embarazadas.
no contietle substancias dañinas á la salud.
está recetado por los mejores médicos:
ft.i:: aprob:¡dn por la Academia de :\IeCcina de París.

•
• ·
♦
♦

♦

preserva de enfermedades infecciosas.
no contiene substancias nocivas á la salud.
EL DIGESTIVO ANDREW alivia SJDIPRE que se toma conforme á las instruc·
ciones que acompaí1an cada tubo.
EL DIGESTIVO ANDREW al contrncio de otros digestivos, alivia radicalmente

•

•

EL DIGESTIVO ANDREW

para toda la vida.
alivia con g_ asto muy reducido, pues bastan seis tubos
para la curación de la enfermedad d\;:l Estómago más

•

EL DIGESTIVO ANDREW

rebeldl·
fué inventardo en 1820
"'ríeccionado por los legítilll.os
herederos del célebre l., Andrew en 1886

♦

y •

♦

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♦
•

es :tpcritivo y estimnlnnte.
tiene famn universal.
cura las malas ó lentas digestiones.
cura ]a Gastralgia reciente ó ·crónica.
cura Ja Acidez del Estómago y los cólicos.

EL DIGESTIVO ANDREW
EL DIGESTIVO ANOREW

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DE VENTA EN TODAS LAS 'oROGUERIAS

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. Hay grnn va,iednd de d,cujos, tanto en Camas Inglesas, como en las fa- Z

~ bricadas en los talleres de esta Casa, y los interesados pueden conocerlos pi- ir,
diendo catalogas á los s~ilores
►

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FABllY&lt;1A. nJ.&lt;;ocoLC-ITONF.-'
ALA1'.1BRE DE ACERO TEJIDO DL'PLO cox RESTIRADOR DE PATENTE.-LOS L'NICOS ~
QUE TIENEN A.(:EPTACIO.K POR SU BUENA CLASE
,...,,

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Especialista para las enfermedades
de las señoras, a' .. cciones de la M-1.Ttuz, de las
MAMA~,

o·,•gest;vo Andre·w :.

:.

POR EL DR. LUIS CLl!l\lENT.

•

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~ectterbo_z be ra función be caribab efectuaba er ~omingo 15 be!'. actuar

Las enfermedades de LAUINTUiA. . . . . . . . . . . . ,,...~~♦♦♦♦♦$♦♦.., ♦.;, ♦♦♦♦♦♦• •

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De ••nta •n toda ■••• Tiendaa, O,ogu•rla ■ y Botlo ■■

♦

14

NUMERO 8.

UN/COS AGfNTES: NO'IARO &amp; GfESTCHEL, CALLEJON DEL ESPIR/TU SAIITD IIUM. 1. MEXICO

r.:.~=====~==~========~-~===~-~=~.:-71 ♦

••

MEXICO, AGOSTO '21 DE 1897.

TOMO,11

La Harina de Waggne r
hace crecer los niños robustos y
contentos. Tomada en 111s d&amp;sis que

La Harina de Waggner
se incorpora con la misma facilidad
que la leche de la madre, y lo puede tomar la criatura más tierna con

Gnastasio lbJestas 1? (!ompañia,
2~

;

•

DE LA MONTERILLA NUM. 8.-MEXICO-APARTADO N? 957. :•
--ESTA CASA NO TIENE SUCURSALES--

AGENTtS GENERALES

:

:

EL VINO SAN GERMAN
Es el tón.ico Inás e•1.érgico.

de este periódico en Centro
América, Sres. J. M.. Larduábal y Compaflía, Guatem~la.
Están autorizados pa1a arreglar contratos

y euecri pcionea.

para auuneioe

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LS&gt;s reinas de la fiesta

áieñoritaJZS @&lt;trtcta §isJZSemma1111, ¿lomifil'a J~ióafgo, J:upe ~it&gt;a t? @erva11teJZS, ~uCia ¿bióafgo,
Jhneria ~isJZSemmann, ,$ara @'.6ai&gt;ero.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>LA

HARINAnE W AGGNER
CO.N FOSFATO DE CAL ~URI, u U11irersa/ment1 admitida como "EL ALIMENTO MAS PERFECTO'

.,

•

•

para NIÑOS ENFERMOS, CON~ALECIENTES, ANCIANOS J para las MADRES que están CRIANDO

En un ...
Aguacero
el hombre se ca16 hasta los huesos.
Y esta moja.rtnra le dió un resfriado.
Descuidado éste se le pn•sentó la
tus. Con motivo de la tos tuvo que
guardar cama. A tomar una dosis
del Pectoral de Cereza del Dr. Ayer
al principio, le hubiese ntajado el
resfriado, impedido la. subsiguiente
enfermedad y padecimiento, y econo-

mizádo gastos. El remedio casero
para resfriados, toses, mal de garganta y todas las afecciones pulmonales es el

Pectoral de Cereza
del Dr. Ayer.
PREPARADO POR

Dr.J. C.Ayery Ca., Lowell, Mass., i::. U.A.
Medallas de Oro en las Pi mcípales
Exposiciones Universales.
~~

w-

P611•'.;1St' en ~n,rclia. coutrn las imita.Cl 111es harat;1s.
El nombre !e- Ayer's
Cherry Pectoral-;1p,1rece en la. envoltma
v :le realce t:11 el cristal oe cada frasco.

grandes beneficios. Se garantiza su
completa pureza y hallarse libre de
toda sustancia deletéreA.. Es de un
sabor muy agradahle. No es una medicina bajo ningún concepto y síobra
en Lodo cuerpo endeble como un

se prescribe en cada tasita no se
aceda nunca en el estómage. Es al:
Lamente recomendada por la Fa_cul
1.a&lt;l Médica y en los muchos ·años
que tiene de éxito hli resultado ser
por el testimonio de todas las madres que lo han uslido

Tónico de la NatnPaleza

"El alimenta me~ pe~fecto"

SECURANSINOPERACION

•

etc.

•

Se trata con ~x!to las enf!!rmedrutes que se dicen
incurablesó de mala naturaleza, d~ lll. cara., boca,
lengua, garganta; oidos, cabeza, lla¡i;us vitricHeas, y
en ger,eral, todos los tumores i,rvvenientesd~ la corruJ)C'lón de la sangre.
Violentar ra.1ical curación '1.e enfermedades secretas, eu todos sus grados.

♦
•
♦

•

♦

CA.LLR SANTA CLAHA 19.

I

•

♦

a

Gran almacén y Exposición de camas inglesas de latón.

Z

La casa que en esta Capital tiene el mayor surtido y la queven:ie más ba
"
ra t o . - s u 1ema es: Venuier
mue h o y ganar poco.

~

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=•
.

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=•
1 •

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GRAO FABRICA DE CAMAS, CATRES, CAMITAS V CUNAS de Latón y"'•"º

ESTILO INGLÉS, GARANTIZANDO S~CONSTRcCCION.-vE;-;TAs POR MAYOR y MENOR

EL DIGESTIVO ANDREW
EL
EL
EL
EL

DIGESTIVODIG&amp;STIVO
DIGESTIVO
DIGESTIVO

ANDREW
ANDREW
ANDREW
ANDREW

EL DIGESTIVO ANDREW
EL DIGESTIVO ANOREW
EL
EL
EL
EL

DIGESTIVO
DIGESTIVO
DIGESTIVO
OIGESTIVQ

ANDREW
ANDREW
ANDREW
A.NDREW

"'

~

1

•

♦
♦

•

cura la ictericia y los derrames de J:?ilis.
impide la formación de lc,s gases en el Estómago
alivia la náusea en las embarazadas.
no contietle substancias dañinas á la salud.
está recetado por los mejores médicos:
ft.i:: aprob:¡dn por la Academia de :\IeCcina de París.

•
• ·
♦
♦

♦

preserva de enfermedades infecciosas.
no contiene substancias nocivas á la salud.
EL DIGESTIVO ANDREW alivia SJDIPRE que se toma conforme á las instruc·
ciones que acompaí1an cada tubo.
EL DIGESTIVO ANDREW al contrncio de otros digestivos, alivia radicalmente

•

•

EL DIGESTIVO ANDREW

para toda la vida.
alivia con g_ asto muy reducido, pues bastan seis tubos
para la curación de la enfermedad d\;:l Estómago más

•

EL DIGESTIVO ANDREW

rebeldl·
fué inventardo en 1820
"'ríeccionado por los legítilll.os
herederos del célebre l., Andrew en 1886

♦

y •

♦

♦

♦
•

es :tpcritivo y estimnlnnte.
tiene famn universal.
cura las malas ó lentas digestiones.
cura ]a Gastralgia reciente ó ·crónica.
cura Ja Acidez del Estómago y los cólicos.

EL DIGESTIVO ANDREW
EL DIGESTIVO ANOREW

~ ♦

DE VENTA EN TODAS LAS 'oROGUERIAS

♦~
•

♦
♦

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. Hay grnn va,iednd de d,cujos, tanto en Camas Inglesas, como en las fa- Z

~ bricadas en los talleres de esta Casa, y los interesados pueden conocerlos pi- ir,
diendo catalogas á los s~ilores
►

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FABllY&lt;1A. nJ.&lt;;ocoLC-ITONF.-'
ALA1'.1BRE DE ACERO TEJIDO DL'PLO cox RESTIRADOR DE PATENTE.-LOS L'NICOS ~
QUE TIENEN A.(:EPTACIO.K POR SU BUENA CLASE
,...,,

=
~

I

♦

Especialista para las enfermedades
de las señoras, a' .. cciones de la M-1.Ttuz, de las
MAMA~,

o·,•gest;vo Andre·w :.

:.

POR EL DR. LUIS CLl!l\lENT.

•

f~

~ectterbo_z be ra función be caribab efectuaba er ~omingo 15 be!'. actuar

Las enfermedades de LAUINTUiA. . . . . . . . . . . . ,,...~~♦♦♦♦♦$♦♦.., ♦.;, ♦♦♦♦♦♦• •

•=•: •••LA NuEVA NDusTRI A• •••• •
111
'"

•

De ••nta •n toda ■••• Tiendaa, O,ogu•rla ■ y Botlo ■■

♦

14

NUMERO 8.

UN/COS AGfNTES: NO'IARO &amp; GfESTCHEL, CALLEJON DEL ESPIR/TU SAIITD IIUM. 1. MEXICO

r.:.~=====~==~========~-~===~-~=~.:-71 ♦

••

MEXICO, AGOSTO '21 DE 1897.

TOMO,11

La Harina de Waggne r
hace crecer los niños robustos y
contentos. Tomada en 111s d&amp;sis que

La Harina de Waggner
se incorpora con la misma facilidad
que la leche de la madre, y lo puede tomar la criatura más tierna con

Gnastasio lbJestas 1? (!ompañia,
2~

;

•

DE LA MONTERILLA NUM. 8.-MEXICO-APARTADO N? 957. :•
--ESTA CASA NO TIENE SUCURSALES--

AGENTtS GENERALES

:

:

EL VINO SAN GERMAN
Es el tón.ico Inás e•1.érgico.

de este periódico en Centro
América, Sres. J. M.. Larduábal y Compaflía, Guatem~la.
Están autorizados pa1a arreglar contratos

y euecri pcionea.

para auuneioe

l
•'

1

1
'

LS&gt;s reinas de la fiesta

áieñoritaJZS @&lt;trtcta §isJZSemma1111, ¿lomifil'a J~ióafgo, J:upe ~it&gt;a t? @erva11teJZS, ~uCia ¿bióafgo,
Jhneria ~isJZSemmann, ,$ara @'.6ai&gt;ero.

�EL MUNDO

"JtL MUNDO "
Semanario Ilustrado.

·ToJ6fono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
KÉXICO

Toda la correspondencia que ee relacione con la Re·4acción, debe eer dirigida al
Director, Lic. Rafael Re;,-ea 8pindola.
Secretario de Redacción,
Amado Nervo.
Toda la correspondencia que ee relacione con la edición
debe eer dirigida al
Gerente, Lic. Fausto Mo&amp;"Uel.
La subscripción á EL MUNDO vale fl.25 centavos al
mee, y ee cobra por trimestes adelantados.
Ndmeroe sueltos, 60 centavos.
A.visos: á razón de $30 plana por cada publicación.
Todo pa10 debe ser precisamente adelantado.
BBG18TBADO COKO A.JITÍCOLO DB Sl!IGUNDA CLABB.

Motas tbitorialts.
Duputs be mebitJ siglo.

der presentar lin instructivo cuadro referente al eetado
actual de esta industria. Del atento examen de las cifras
que pasamos á exponer, se desprenden las conclusiones.
He aquí loe datos á que nos referimos:
La industria periodística del.a ciudad de Me.rico tiene un
dE:eemboleo an11al (aproximativo) de$ 576,000, distribuidos en eeta forma:
Jornalee á cajistas....................... $ 216,000
Id. á prensistas.................. ,, 36,000
Redacción ................................. ,, 72,000
Papel ....................................... ,, 180,000
Gastos ~eneralee (A:lministracióa,
Correo, etc............................. $ 72,000
Suma....... $ 576,000

Alemania, que pudiera considerarse segura por la or-ganización militar en que ee asienta el imperio, conver-.
tido en vasto campamento, busca en el ensanche y deea•
rrollo de su marina de guerra, puertas por donde ee ea-.
cape su riqueza.
Francia, con un presupuesto de cerca de tres mil quinientos millones de francos, dedica casi las dos terceras ,
partes á loe gastos del ejército y de la marina, y no satisfecha coa ese inmenso sacrificio que gravita sobre la.
producción del pa!e, aun pretende emplear nuevas cantidades, y á ese efecto, las cámaras han autorizado loe
créditos solicitados por el Gobierno.

***

Esta cifra representa el gasto total de loe editores, die•
tribuida entre loe varios elementos de trabajo que entran
á formar en la negociación. U na industria que paga
anualmente jornalee por valor de 252,000 pesos, que proporciona al trabajo intelectual mlie de 150,000 pesos; y
que contribuye al sostenimiento de otra industria con la
suma de 180,000 pesos, ocupa-dentro de las condiciones
económicas del país-un puesto de importancia.
Pero estos 576,000 peeoe representan solamente loe des•
embolsos anuales de las empresas editoriales; no es la
cantidad satisfecha por el público para el sostenimiento
del periodismo. Para obtener esta cantidad es preciso
agregará la suma desembolsada las nfüidadee realizadas
por las segundas manos (agentes y papeleros) al poner
en venta las publicaciones.
Según cálculos que concienzudamente hemos hecho,
dichas uUlidadee no bajan de unos 300,000 peeoe al ano,
que agregados á la cifra citada, arrojan un total de 036,000
pesos
Esta ee en realidad la suma satisfecha anualmente por
el público, lectores y anunciantes.
Y esto solamente para la prensa de la ciudad de Mé•
xico.
Renunciamos á comparar estas cifra&amp; con las que nos
pudier.i proporcionar la prensa de otras naciones, por
querer conservar la ilusión á nuestros lectores.
Pero de todos modos creemos eEtar en lo justo, al aeig•
narle un p:rnto de importancia y considerar arraigada,
una industria, para cuya subsistencia necesita derramar
el coaeumidor cerca d~ u,¡ millon de pe.sos todos loe años.

Iniciadaeen ese camino las naciones europeas, no quie•
ren ver el problema formidable del hambre, que se Je.
vanta como un espectro en medio de su grandeza.
Si como en loe tiempos antiguos, el mundo civilizado
estuviera reducido al continente europeo, y no existiera.
esa solidaridad que ata á loe pueblos todos de la tierra
por medio de las corrientes mercantilée, que transportan
loe frutos naturales y loe productos de la industria de
zona en zona y de continente en continente; si loe asombrosos progresos modernos no hubieran suprimido las.
distancias, haciendo que las eecenae que se desarrolla.
ban antes en la estrecha cuenca del Mediterráneo, ten•
gan ahora por teatro la inmensidad de loe maree, ee
comprende que la vieja Europa se concentrara en sí misma, atendiera excluei va mente á la sinfonía de su política,
y no advirtiera el peligro que puede hallar en el gran
desperdicio de funzae, en el despilfarro de energías á
que la conducen sus odios fanáticos y sus añejas preo•
cupacionee.
Pero hay algo más que la monárquica Europa: como.
lae pertnrbaciones atmosféricas se comunican de un
punto á otro en la euperficie de la tierra, loe estremecimientos de la familia humana repercuten del uno al otro
continente. Ya no existen las murallas chinescas que aislaban pueblos y naciones de la comunidad; no son va• •
liadares suficientes las altas cordilleras ni loe anchoe mares para niarcar fronteras en la unidad de loe pueblos.
Desequilibrios fiaancieroe, sacudimientos mercantiles
verificados en Sidney ó en H•rng•kong, repercuten con
precisión en loe mercados de Nueva York ó de Londres;.
una quiebra ruidosa en Buenos Aires hace vacilar esta•
blecimientos de crédito secular en Berlín y San Pd•
tereburgo.

,Dlttica ®.entrttl.

***

El vienes·de la anterior semana ee ha conmemorado el
quincuagésimo aniversario de la acción de Churubueco.
Cincuenta af!.oe van transcurridos desde la dolorosa jorna•
&lt;la en que el heroiemo nacional, encarnado en un pufiado
ue valientes, ee estrelló contra la imponente masa del
&lt;·jército invasor americano. El tiempo, tribunal inapela•
b!e en la vida de loe pueb!oe, ee ha encargadode restaf!.ar
la E&amp;ngre de las heridas y cicatrizar las llagas: medio eiKlo de informaciones extraidas del más alto sentimiento
ue justicia, han ba9taio para dar otra orientación áloe
eepírhue, y fi¡ar sobre baees más sólidas loe sentimientos
recíprocos entre las dos Repúblicas.
En eetaa páginas aganas á las paeio!lee de la política,
extraflae á loe prejuicios de banderías, en las que hemos
procurado siempre permanecer impa11iblemente serenos
y correctamente fríos, es donde acaeo puedan sólo expre•
earee ideas de tal naturaleza, y ser ellas escuchadas sin do•
losas tergi vereacionee.
México, durante eu largo período de gestación nacional.
ba tropezado con más de un país dispuesto á ejercitar
contra la naciente R3pública actos de fuerza opresora.
¿Cuál es el pueblo en el mundo que no ha tenido que
combatir contra otros pueblos? ¿Cuál la nación que no
lleva eo su historia la sangrienta cicatriz producida por
nn viejo adversario, hoy amigo y camarada? Y estos re·
cuerdos empalidecen, estos actos acaban por desvanecerse,
cuando loe agresores de ayer procuran buscar en otro RE.SUMEN -La enfermedad de Europa.-Preocupaurden de hechos eu lfaea de conducta.
clonea hlatórlcaa.-La paz armada y el equilibrio
No sería posible que las naciones vivieran en agresión
europeo.-Fuerzaa lnútilea.-EI problema político
constante con los Estados con loe que antaf!.o sostuvieron
y el problema económlco.-Loa pueblos viejos y
1impefloea11 luchas. Esto sería sencillamente declarar á la
loa jóvene■ .-La lucha de lntereaea.-Conclualón.
humanidad tln estado de guerra permanen\e. Por eso ve•
,nos que en aniversarios semejantes al del viernes, las mo•
No es envidiable por cierto la situación de la vieja Eu•
dernae nacionahdadee evocan desgracias patrias imborra- ropa. Al considerarla en conjunto, nótase un malestar ge•
bles, episodios de elevado heroiemo, pero jamás pretea- neral que se traduce al exterior en movimientos doloro•
,l~n la conservación de un rencor inextinguible. Eepafia sos, que revelan sus hondos padecimientos.
conmemora su e de Mayo, no por reavivaren olvidada ene•
Dedicadas las agregaciones sociales que la conefünyen
111istad á Francia, sino por rendir homenaje á amadas á la observación de ene vecinos, en quienes miran rivales
sombras.
aborrecidos, preocupadas con alianzas y coalieionee que
Y aei vamos también nosotros á Churubusco: no en las proporcionen la maner1 de preponderar en su trabason de proteatae contra pasadas injusticias; no á encen- • joso equilibrio, excitadas solo por odios tradicionales y
,ler hogueras extintas; vamos con el espíritu tranquilo y
rencillas históricas que las apartan, no ven el abismo que
1.1 conciencia serena, ante la idea de que frente al trágico
han abierto á euepies las exigencias inagotables dela paz
, ecuerdo del pasado ee alza la consoladora realidad del armada.
vreeente. •
La deeconfianaa de unos pueblos ha engendrado las
Las épocas tienen sus crueldades y sus sacrificios; pero aprensiones de otros, la envidia de éstos ha despertado
, 1 senUmiento de la justicia ea un ideal eterno hacia el
las ambiciones de aquéllos, las amenazas de una parte
que la humanidad se encamina infatigablemente.
han provocado necesariamente loe recelos de la otra, y
en círculo de hierro estrechadas, han ido cavando i;ioco á
poco la obscura fosa donde entierran sus energias, eepul•
tan sus activiáadee, agotan sus fuerzas, que se consumen
Un millón ile ¡,esos atmaie5 inuertiilo5 en d
en ejércitos ii.númeroe y formidables eecuadras.
¡mioilismo.
La Gran BreL&amp;f!.a misma que por su admirable coneti•
.N"o se tiene en el público u na idea aproximada del pro- tución, fruto de numerosos factores históricos y polítigreso alcanzado por el periodismo en estos últimos diez cos, pareclaen eu espléndido aislamiento apartada y agena
"1ios. SJlamente el conocimiento de loe datos que ema• á esos deeafioeintemacionalee, y por en es~rucmra social,
uan de esta industria, pone de relieve el avance obtenido se consideraba libre del peso abrumador de loe grandes
ejércitos permanentes, ya ee ve constreñida por las ciren ella.
Un estudio largo y meditado, aceros del desarrollo de cunstancias á seguir la corriente general que á todos
las empresas periodísticas, nos coloca en situación de po- arrastra.

Una inbtt5ttia que progrestt.

DOMIIIGO a:a de AGOSTO de 1897

Por eso un ilustre publicista francés, que se ha puestoá estudiar con sano criterio y abundante ciencia el esta•
do patológico de Europa, y ha anal:zado con ojo preví•
sor los alarmantes síntomas que se ofrecen á l~ consideración del sociólogo, expoae con toda claridad loe funda•
mentoe de su diagnósticC', y llega á conclusiones pesimistas y desoladorae.
En el estado de paz armada, que casi es un estado
de sitio y por sus gastos equivale á una guerra perma•
nente, la Europa ee enerva; no corresponden sus inmen•
sos gastos al tributo racional que puede exigir de los,
pueblos, como tampoco está en relación el eneanci.ie in•
definido de los presupuestos con el aumento de la pro•
ducción.
De este deeequilibrio fundamental, de esta divergen•
cia palpable ent, e las fuerzas vivas de las naciones y su ,
trabajo útil en bien de loe asociados, es de donde nace,
según opinión autorizada, ese malestar general, ese descontento que brota en todas partes y á veces tiene mani•
testaciones salvajes, explosiones fanliticae, que ee revelan,
en las utopías de los Búcialietas y en los atentados bruta•
les del anarquismo.
Más que un producto del descreimiento, más que un
engendro de la desilusión política, más que un resu1'ado .
del desencanto de las Dlaeae, al mirar vacfos sus taber•
náouloe y derribados sus tdolos, el estado presente es la.
consecuencia de un fonómeno puramente económico.

***
Loe pueblos viPjoe se dedican á levantar ejércitos y á .
armar escuadras formidables; gran parte de su actividad
ee consume en esta tarea improductiva; hay millaree de•
millares de brazos que se quitan al campo y al taller pa•
ra emplearlos e~ el cuartel, y hay millares de millares.
de pesos que se apartan de lae empresas productiv!lB pa·•
ra utilizarlos en armamentos y acorazados.

DOMIIIGO u

de AGOSTO de 1'97

EL MUNDO

En tanto, loe pueblos jóvenes gastan todo su vigor en
•u progreso y e11grandecimiento, aplican todas sus energías al bienestar individual que es el bienestar de la co•
munidad, y libres de tradiciones esplendorosas y agenos
4 la grandeza hietóri:a que se funda en las coaquietae
1nerrerae, caminan por la ancha vía del positivo ade•
lanto.
Asombra la inmensa actividad desplegada por loe Ei. tadoe Unidos en su fabuloso industrialismo. que amenaza
inundar loe mercados europeos con sus variados produc•
wa baratos, duraderoe, y por lo mismo capaces de com.
petlr ventajosamente con las antiguas induetriae. Pasma
la multiplicada producción de las colonias anetralianae,
de las semi-naciones di~ Africa, de las Repúblicas endamericanae, que inundan todas las plazas de aquende y
allende el Atlántico, coa sus ~ariadoe frutoe. Admiran
Jaa grandes eDergfae de que ha dado muestras el Japón,
pueblo venido apenas ayer al concierto de la civilización,
admiran las energías desplegadas en tan corto tiempo,
para colocar los numerosos productos de su industria, á
altura envidiable, y en capacidad de competir con loe similares de cualquiera otra parte.
Quéjanee los aldeanos del centro de Europa, de que
ya no puede'n vender su mantequilla, que ha sido derro•
uda por la margarina; laméntanee loe metalurgistas de

LA CUADR1LLA.-Lui8

Leal, El Sordo, Boto, Naranjito, Cualro Dedos, Pipo, Llal'erito, Torerín, Madrileíío.
huantepec, corrida que debido á loe esfuerzos incansables de loe eefioree organizadores, D. Apolinar Castillo,
D. Ramón Prida y D. Juan Dubláa, m 0 recedoree en es•
ta vez de todos loe elogios, tuvo un lustre inusitado. No
sería, empero, esta circunesancia la eóla que nos impul·
eara á dedicar unas páginas al espectáculo, puee atendi•
do el carácter de nuestro semanario no encuadraría él
del todo en nuestras columnas, si al éxito completo de
la corrida no ee unieee la consideración del a1'o fin á
que estuvo destinada y-como nota artística-la oportu•
nidad de ofrecer á loe lectores una colección de fotogra•
fías perfectamente detalladas, al f1ente de las cuales fi·
guran loe retratos de las distinguidas eefioritae que graciosamente fungieron de reinas.
Fueron estas las Sritae. Sara Chavero, que veet!a es·
pléndido traje azul obecuro y llevaba sombrero adorna•
do de hermoeas plumas negras; Guadalupe Riva y Cervantes, que lucia un traje plomo con guarnición blanca;
Srita. Eisemann, que veeUa bien acabado traje azul y
llevaba sombrero con plumas blancas; y Sritae. Hidalgo,
elegantemente vestidas de eatfo crema y blanco.
A estas reinas, que de hecho lo son por su elegancia y
hermosura, hicieron loe honores loe Sres. Lic. Ramón
Prida, Apolinar Castillo, Juan Hidalgo y J. Lemmene.
La concurrencia fué extraordinariamente numeroea,
como lo muestran nuestras fotografiae, y . la animación
:ndeecriptible.
No podían esperarse quienes con loable afán han procurado aliviar el infortunio de nueEtroe hermanos de Te•
huantepec, más lisonjero resul~_do.
Ello merece felicitacionee';y son muy cordiales las que
lee enviamos.

El Boto citando á paaar.-[a !&gt; toro]

que no pueden resistirá la baratura del hierro americano,
y duélenee loe tejedores de que no pueden fabricar telas
tan baratas como las japoneeae.
Y en eee estafo los presupuestos crecen, loe ejércitos
se multiplican, las escuadras tardan más en construirse
que en exigir nuevas reformas, y los gastos que di;iman•
dan estos cambios y estos desarrollos gravitan indefecti•
blemente, sobre las fuerzas vi,ae de los palees. ¿Qué re•
medio para esta enfermedad? ¿cuál tratamiento será ade•
cuado para combatir el fenómeno que arranca de tan hon•
das raíces?..... .
El publicista á que nos referimos, no lo indica; pero
mucho es hliber eefialado con tanta claridad, las causas
que provocan la dolencia social. Ellas mismas están di ·
-ciendo cuáles son loe medios para combatirlas.

..

X. X. X.
10 de Agosto de 189i.
UNA CORRIDA DE BENt.FICENCIA.

NUESTROS GRABADOS

Loe diarios, en el argot de usanza, dieron oportuna·
mente cuenta de la corrida que el domingo último se
efectuó en Bucareli á beneficio de las víctimas de Te•

Suerte de vara, (Arriero chico )

�EL MUNDO

l.sa

DOMINGO

22

de AGOSTO de 1197

vigor, en una palabra, tan semejantes entre sí cuanto es
poaibli, y las ha plantado la una al lado de la otra, pero
de tal manera que seis de ellas estuviesen ampliamente
alumb:-adae por el sol, en tanto que las otras eeie estuviesen abrigadas por una pantalla de madera.
Las habichuelas han florecido y han dado sus legumbres. Pero luego pudo hacerse una advert.encia: en tanto
que el peso de las vainas frescas era de 09 para loe frutos de h1e plantas asoleadas, no era máe que de 29 para
loe de las l)lantae abrigadae. Después de secos, loe grano&amp; alumbrados peeaban todavía tres veces el peso de
los gra.ooe lliadu1adoe á la sombra. Pero esto era de
preverse.
Lo que fué más inesperado, es que al afio siguiente,
habiéndOEe sembrado loe granos y habiendo eetado to•
das las plantas nuevas expuestas al sol, la recolección proporcionada por las obtenidas de loe granos formados al.
la sombra, fué aún inferior en una mitad á la propor•
cionada, por las plantas surgidas de loe granos aeoleadoa.
Et experimento ee proeiguió y en el cuarto afio, laa
plantas nacidas de granos formados á la sombra cultiva·
doe durante ~rea generacionee, pudieron aún formar florea
pero no llegaro.o á dar frutos.
Faltando el sol la raza se había extinguido.
Nuwerosae observaciones del dominio de la medicina
prueban que casi otro tanto pasa con las generaciones
humanas.

Eduardo Leal ( llave rito) colocando una estocada.

INFOR~ACIONES
La juventud criminal

Es muy importante inveEtigar eu que medida la cril!linalidad, y también el suicidio, han invadido en ee'e
ú!Umo medio siglo, el dominio de la :nfancia. Tal investigación conduce por lo demás á obllt'rvacionee dema•
aiado d1-sconeoladoras.
De 1s:m á 1880, en tanto q11e la criminalidad de loe
adultos se triplicaba, la de loe menores de l6 á 20 ee cuadruplicaba cuando menos en lo que concierne á loe va•
ronee.
En cifras ab90lut.ae, el aumento ha sido, para estos
• úl\imoa de 5 933 prevenidos á 20,480, para lae hembras
de 1.046 á 2,8.~9.
En 1894 el número de delincuentes menoree, ee elevó
á 28,701 y el de lae menores á 3.616. La pro1reeión ha
. sido, es cforto, relativa á la vagancia y al robo, pero loe
. crimene·i1 propiamente dichos, han progresado igualmente.
Si ee considera exclueivamente los aeesioatos, ee encuentra, de 1856 á 18H0, en Francia eólo 20 acueadoe de
16 á 21 años, se encuentran 30 en 187H-1880, y 39 en
1890-94. El núm,:,ro se ha doblado pues en cuatro años,
en t.anto que el número de asesinatos imputados á loe
adultos, aumentaba apenas.
La marcha del suicidio, entre los niños no ha sido
menos desoladora en Francia. De 1,~3U á 18-10, se cuen•
tan 19 suicidios en niños menores de 16 añoe. En loe
periodos quinquenales siguientes, el número de caeos ha
progreeado como sigue hasta 1891-9!- 20, 24, 29, 26,
2S, 31, 51, 61, 70, 75.
Para loe menores de edad de 16 á 21 años, la cifra ha
crecido más pronto aún.
De 128 en 1,836-40, se convierte
en 1881-S5- :J09.
« 18S!l-90- 366.
« ISHl-94- 450.
entanto que el suicidio entre los adultoe, de 1831 á 94,
pasaba de 6, 7-11 á !l, 703, es decir, aumentaba en la relación de 153 á 100 (en catorce afios solamente), el de los
menores crecía en la de 176 á 100.
Este mal no es, por lo demás, propio de Francia: es ge.
neral. En México, en estos últimos ai'ioe, la cifra del sui•
&lt;lidio y otros delitos, entre loe menores se vuelve alarmante; sólo que observación tal no puede consolar ni á
loe franceses ni á noeotroe,
En Alemania, de !H8S á 1S93, el número de penados
-de doce á dieciocho años ha aumenta-lo en treinta y dos
por cien.
En Inglaterra, la categorí11 de loe menores de diecieeia
años condenados á azole8 ofrece un aumento lamentable
-de 585 á 3,192, de 1864 á 18!14.
Todas estas cifras eon dadas por M. Sarde, jefe de la
~atadística criminal en el Ministerio de J uaticia de Frao.
~ia, en una carta abierta dirigida á M. Bueeson, antiguo
director de instrucción primaria.

El eabio escritor y psicológico encnentra absurdo acu•
ear á la escuela de tofo este mal. Ye en él loe signos de
una época de traneición, en que el escepticismo no ea·
be ya en qué apoyar la noción dt!l deber.
Un nido de papel.

Se puede ver actualmente en el 1\Iue1-o de historia natural de Mona, mucooe ejemplos dt, singular modifica•
ción, entre otros un nido de papel.
Eote nido está hecho exteriormente con tiritas de pa•
pel, soldadas con briznillae, fibras, telas de araña, etc.
y el interior está guarnecido dP plnmae eobre loe bordes. M. E. Hublard que describe 1&gt;ate nido singular nos
dice en que circunetanciae, el pájaro utilizó las tiritas de
papel.
En el mes de Mayo, en el momento de la construcción de esté nido, fué corrido un Paper Hur,t en loe alrededores. Siguiendo el uso de este juego, el caballero que
figuraba la bestia, eem br6 á su paso para rr,arcar la pista, t.iritae de papel, que rec&lt;'gidas por el pájaro y diee•
tramente entrelazadas, constilllyeron entonces la envoltura del nido.
Los efectos de la Sombra y de la luz en la vida
de las plantas.

M. Jbon Clayton ba tomado doce plantas de habichuelas de la misma variedad, de la misma edad, del mismo

DOMINGO u de AGOSTO Dl •1~17

EL MUNDO

Apuntes sobre el

VIAJE ALREDEDOR DEL MUNDO, DE LA CORBETA "ZARAGOZA"
RECOGIDOS POR EL DOCTOR CARLOS GLASS, MEDICO DE LA MARINA MEXICANA.
3?',000 Inlllas &amp;obre lo@ D1are11.

Otras ocasiones, montados en buggy, paeeábamoe contentos alrededor del lago, in·
'llleneo vivero donde ee perna en coche por los bordes, ó en ligeros cayucoe, sobre las
·ondas rizadas, emtiriagadoa con un ambiente perlumaJo por el aroma de mil floref, y
regresábamos á la población, alumbrados por la luz fugaz de millones de coc11yos que
· con eu fosforescencia iluminaban faniáeticamente las boecoeae avenidas de Honolulu.
El dla 3 de Julio entraba majeetu&lt;'ea al puerto la fragata auetriaca S11ida·, que ha•
•cía como nóeotroe un viaje de circunnavegación; cambiadas lae visitas oficiales,
•eetrechóee amistad muy áa:iplia entre ambas dotaciones y en repetidos reuniones á bor·do de ambos vaporee tuvimos la satisfacción de haber lsmiliarizado con la simpática
•sociedad Hawayana que nos llegó á ver con fraternal confianza.

XIV
ADlO~ AL PARAI80 DEL PACÍFICO,

Era el 12 de J11lio y seguíamos en nueet.roe agradables pasatiempos; por las tardee
•cuando la briea refrefCaba el caluroso día. á la eombra ,1e c orpnlent-aa mimoeae qne á
uno y otro lado de las avenidas, formaban hermoefeima bóveda, llevados en coche ó
·montados en bicicleta veíamos desfilar á la multitud, verdadera coleccióu de tipos
:asiáticos en eus originales atavloe, contraelando con el arrogante traje europf'o.

poético y fosforescente cocuyo, y enti'e tanta beldad hawayana, os garantizo que no
saldríais del Hawaii, y si por obligación lo abandonarais, siempre, por siempre, man•
darfaie vuestoa recuerdos y suspiros.
Por fin era tiempo de abandonar el Hawaii, dejarlo, quizá, para siempre: seguir
avante, avante, haeta llegar al punto de partida.
Ya todo estaba listo. El d(a 12 salió la fragata S .lida á la vela rumbl al Japón: al
despedirse, eu música tocó nuestro Himno Nacional.
Nos citamos para Yokobama y nos quedamos ultim1ndo nuestros preparativo3.
Por fin el día 14, á las tres de la tarde, soltaron los cabías de popa, levam?s an•
clae, y un centenar de botes, con nuestras amigas carii'iosae, ee de3pidió, hasta que
el ba·co nuevamente agitaba las aguas del puerto, triste, deecontento de dejará Ho·
nol11lu.
1Adiós para siempre paraíso del Pacífico!

Preparamos con todo cuidado el folletín
correspondiente al mes de t:-ieptiembre, procuranao que sea tan ameno como loa anteriores, y que Hegue con Ja opormnidad acostumbiada á manos de nue:,,;tros abonados.
1-i uestros lectores se habrán fijado en que
la novela i1rnnrada que publicamos actualmente, reune las condiciones que nos propusimos lleo11r para hacerla aceptable del
todo: moralidad, belleza é inter('S.
Tales serán 11sí mismo las condicionffi de
todas las obras literarias que publique nuestro stmanario.
OTRO PAGO DE $8,000.00 DE LA MUTUA
EN LlON.

León, 29 de Julio de 1897.-Sr. D. Carlos Sommer, Di•
nctor General de «La 1\lu,ua" en México. - Muy estima•
do Bt'flor:
El Banquero en esta ciudad de la Honorable Compa•
fila de s~guroe sobre la vida «La MuLua" di' Nueva York,
de la qne es Vd. digno Director en esta República, me
ha enLregado la enwa de (3 000 00) tres mil pesos, como
valor de la póli "ª núm. 578 505, de mi finado eepoeo el
Sr D. J uetiuo Hüroer.
R~conozco agradecida la rnma eficacia con que Vd. ha
procedido en la liquidación de este siniestro, aumentan•
áo con eeta má•, las numeroeae pruebas que ya ha dado
«La Mutua" del emptflo con que acoetuwbra llenar loa
compromisos co::itraídos con sue aeeguradoP.-Soy de
Yd. 11fma., atentíeiwa y 3. S.-.ELE:u P. DE HüRNER.

Estaeión del ferrocarril á Tokio en Yokohama.

1\fezcladoe entre tanta variedad de 6eonomíae y moda~, oyendo lenguajes diatio•
"toe, saludando por todas parte •, amigos del muodo entero, deteniéndonos aq uí y acu•
lJá, nos dirigíamos por fin al lugar de cita: al boeque del \\'aikiki.
Pasábamos por la calle de la Reyna, cuajada de elegantes B unga1ou.8 con jardines
•floridos y parques tapiza1oede ceeped; contiouábamoe después por laA,venida del }lar
y luego por la interminable galería de copudas grevillae y atmosféricas, basta llegar
al cabo de tres millas al curioso boeque del Waikiki.
La montaiia sagrada, volcán extinguido, dejó en la remota época de eu actividad,
multitud de promontorios separados naturalmente pc,r el m&gt;lr, que penetrando en e l
espacio libre, formó canales, sobre loe que se han colocado riísticoe puentee que dan
al local el más pintoresco aspecto; una abra del mar llena por un banco de coral y
· convertida en lago, forma un expléndidu vivero que han sabido aprovechar muy bien.
Hay algunos puntos del lago, donde el fondo, á ci ocuenta ó sesenta centímetros, es
plano y transparente, y fácil ea atravezarlo en buggy sin peligro; figuraos q11eridaa lec·M&gt;ras, que después de un paseo en vuestro bermorn carruaje por parques y playae, lle•
· pie á la margen de un lago que tiene cinco ...oillas de largo y penetraie á pescar en
vuestro propio coche; después seguís dentro del agua basta que paeado el l11go llegaia
al hotel.
.
Al descender os espera un mirador lujoso y cómodo donde os sirven lo que gustéis
y oe proporcionan ropas á propósito para un baño de mar, que invita con 11ue frescas
-ondae, y eatiefecbae del paseo, en las varandae de magnifica caea veraniega, halagan
vuestro oido con música esplé ndida y con cancioncitas nacionales de aquí, de )!éxico,
como La Paloma, el wala de Dolores, La Mamá Carlot11, y todo esto en un pala eituado
á millares de leguas de la querida patria, en medio del Océano.
Allí, coa amistades que os tratan á cuerpo de rey, con la diqueta de la alta eocie-dad, respirando una atmósfera tibia y perfumada, á la luz de una luna brillante que
-quiebra eue rayos en el desordenado follaje de las frondas, embriagada la ,vieta c on el
0

Las R!lnas ¡:1remiando á Eduardo Leal ( a )' Llave rito.

SEGUNDA PAH.T~.
EL PAIS DEL "SOL NACIENTE'' Y EL CllESTE IMPERIO

I
DE HONOLULU A YOKOHAMA
4,900 MILLAS.

Eran lae eeis de la tarde; el sol se ocultaba como siempre, hermoso, reflejando euA
últimos rayos sobre las hermosas ealientee que las islas Sandwich formaban por el NE
El P8incbuta11 apenas ee notaba como un ligero picacho cubierto de nubecitas; todo ee 'l'efa como jngnete, se necesitaba aguzar la vista para distioguir aqnelloe sitios
que 24· horas ántea pisábamos contentos. Al anochecer todo se perdió con la luz y q 11edamos otra vez como uo punto en el océano.
Al día siguiente el mismo horizonte sin límitPe, en el mar tranq11ilo, que de vez
en cuando se eng•ueeaba por loe cbubaecoP, se ennegrecía el cielo á grao distancia,
arreciaba el viento y luego lluvia temptemcea caía á torrentes sobre nosotros, cubriéndonos enteramente.
Deepués todo pasaba, salía resplandeciente el eol para ocultaras nuevamente y llo
ver, lloverá torrentes; las temperaturas demseiado cálidas refrescaban y aprovechábamos loe chubascos para baflarnoe con agua dulce.
No puede imaginarse la buena impresión que produce una lluvia en alta mar, don•
de es absoluta la falta de agua potable, adee que la gema recoge en baldes el agua que
eecurre de loe toldos, de la jarcia, y en fin de donde puede y en primera oportunidad
la utiliza para el aeeo de su ropa y de su perrnna.
Seguimos el paralelo 21, que no abandonamos sino tresdiae llntee de llegar al Ja
¡:ón.

�_ _:•~S!,l4~==========================,;;"';;1;,-~M;;,;:U;;N,;,D;;;;;O~==,=============;O;;;O;•;;;:l■::G;O=•;•;;;;•;•;A:;;G;;;O;S~T;O=d;•;,;.1~

&amp;L MUNDO

DO M IIIGO aa de AGOSTO d• 1&amp;97

135

•

)

Muzrriés, Kuruma y Ri nk icha.

Dos días después de nuestra partida de Honolulu, por 16 mura de babor, á cosa
de diez 6 doce millas al Sudeew, deetacáronee como á Ju cuatro de la tarde las extremidades de ios palos de un barco¡ todos creímos ver la Saida, nuestro compañero y ami~
go en el Ha waii.

Golpee de mar rugiendo se embarcaban por el combé;, llenando de agua los cafionee .y haciendo perecet hasta las gallinas que eran nueetro alimento en la travesía;
de las cocinas llenas de agua salían como ratas Johu-,ian y Lui,ye, cocineros chinos
qué nos eervhn á bordo.
La noche avanzaba y el temporal pereistía; rolando el viento al Norte primero, y
después al Este, fué un tifón que á corta distancia nueet,ra debió haber rodado con soda su intensidad
Aquella noche no pudo dormirse á bordo¡ }os cajon~s ea.Han de las cómodas, y todo lo no trincado caía, caía, produciendo ruidos y estruendos que ensordecían; nadie
podía sostenerse en pie y sobre la cubierta todo estaba ~mpapado. Entretanto, l&amp;
máquina y el t,imón funcionaban admirablemente; temíiiee un percance á cada momento; pero la confianza era inquebrantable¡ quizá no entraríamos al Japón al día si~
gu:ente; pero no debíamos estar muy distantes de la anhelada costa.
Por fin; á las tres de la maiiana del 2 de Agosto1 el viento amaina¡ la noche obscura, con una obscuridad caótica, nos rodea por todas partes y todos nos sentimos,
rendidos.
Descansamos después de tantas fatigas con la esperanza de arribar en breve á las.
playas hospitalarias del remotísimo país del lejano Oriente.

Llegó la noche y á la hora previamente convenida1 !e lanzaron de á bordo cohetes luminosos que fueron contestados por el barco¡ era la Saida que habíamos alean•
zado y que en plena mar contestaba nuestro saludo; él como nosotros no veía si•
no la luz de los cohetes y esa comunicación á distancia en medio dé la noche, bastaba
para producir íntima satisfacción¡ solo esperimentándola puede comprenderse la agra·
dable impresión qu8'se siente cuando perdidos en lai.ameneidad del oceáno, sabemos
que un barco amigo y conocido está navegando en las mismas aguas que nosotros y es
nuestro acompaflante invisible.
Como los QJares por los que. nave-gábamos son poco conocidos y sembrados de bajos,
cuya situación no está bien precisada, fué preciso redoblar la vigilancia, especialmente
de noche; !!e tomaba contínuamEnte la temperatura del agua y se largaba la sonda, con
frecuencia, para tener la seguridad de caminar en mar libre sin escollos.
Al pasar loe 180 grados del meridiano de GreenWich, tuvo que aumentarse un día
al mee de Julio, que fué para nosotros de 32 días.
La marinería no comprendió la determinación, que creyeron inaudita, hasta es ue
explicaciones reiteradas, la convencieron de que caminando nosotros de Oriente á OcII
cidente, en aentido opuesto al movimiento de la tierra, por cada 15 grados perdíamos
ENTRADA AL PUERTO,
una hora, así esqueal pasar el 180gradoe de Greenwichhabíamos perdido 12 horae v tendríamos que recuperar lo perdido, aumentando u.a día para llegar al puerto próximo
Al toque de diana, siguió el imperioso M&gt;que de babor y estribor de guardia, quecon la fecha que ellos llevaban.
De los veintitrés días que duró el viaje al Japón, no hubo uno en que no nos mo- es el llamamiento de t.odo el mundo á prestar sus servicios, y colocarse en el puesto,
jaran loa terribles chubascos propios de aquellas latitudes y de la época del año en que que le corresponde: teníamos ya á la vista la poédca y fabulosa tierra del Crieanibemum.
estábamos.
El día último de Julio ee cambió rumbo1 y abandonando el paralelo 21, ascenA estribor, un cono elevado hasta perderse en las nubes, eobreealía majestuoso dedíamos hacia el Norte, en línea oblfcua 1igeramente al Oeste1 para dirigir la proa el una cordillera alta é irregular, sombreada de verde obscuro, dea~acando ene desgarra-.
gran punto de referencia de Yokohama: el volcán del Fuei yama, que elevado á once das siluetas sobre el cielo teñido de gris; era el sagrado volcán del Fusi-Yama.
mil pies sobre el nivel del mar1 deja verse á distancia de cien millas mar adentro.
A babor,'.á más corta distancia distinguíaee una de las costal! del mar de Tokio, alb,
El cambio de rumbo no modificó sino la dirección de la marejadilla con relación montafiosa también, cubierta de vegetación rarl\, pero abundante, tupida, grupos,.
al barco, que, recibiéndola por las muras, balanceaba más que ántee.
campos esbeltos, bambúes con eu delicado follaje,mezclábanse. contrastando con el nu.
Por fin, á las cuatro de la tarde del día l? de Agoeto ee dejó sentir un viento ruda doeo yeequeleteadopino; entre las manchas de verdura destacábanse loe macizos de mil
al Noroeste que levantaba la mar gruesa·; la puesta del sol fué de mal cariz y el baró· coloree, plantas trepadoras enredándose hasta las últimas ramas del Kaki, arbol frut.al,
metro bajó muy notablemente; todo lo que presagiaba mal tiempo. Efectivamente, al• cuyos rojos frutos parecían bolita.e de fuego engarzadas en las frondas por manos deobscurecer, el mar, negro, eepumante y rugiendo como un coloso, movía el caeco le- las hadas.
vantándolo hasta la cresta de laa o1as gigantescas.
En el mar ya tranquilo, veíanse estrambóticas lanchas de junco con velas de bam•
Tomáronee las precauciones debida.e, se aviaron sobres, juanetes y maetilerilloa,
bú, donde se a~itaban algunos japoneses casi desnudos que nos miraban azorados, al
se aferraron las velas, poniendo los palos en la dirección del viento. Toda esta manio- travéa de sus OJOS de gato.
bra hacíase ya con el temporal l n::ima; terminada que fué se rompen las amarras de
Había millares de esas embarcaciones con numerosa población flotante¡ cada junla funda del mayor y suelta al vient.o, que azota, prodúcese con el zumbar de la co tenía á lo menos seis ú ocho individuos, unos completamente desnudos, otros cujarcia y bramar del oceáno, un estridente tlaqueteo. Un marineN que aferraba lama• . biertoa con eu kimono, especie de baia azul con signos cabalísticos dibujados en Ja esyor fué sacado de su sitio en un chacoteo de la funda, y solo su instinto pudo eal- palda; pelones todos y amarillos, amarillos como la icteria.
varlo de una muerte segura perdido en el rt)vuelto oceáno destrozado sobre la cubier•
Caminábamos á t.oda maquina1 y entre el paisaje siempre encantador, á veces se
ta del barco.
ostentaban á descubierto loe faros con sus pilastras de mampostería, bien labrada, y al

Estatua de Daibrits u en Kamákura.-Grupo de Oficiales del "Zaraa¡oza"'

lado una casita de madera con t .. jado nf'gro !" pue be de papel; de allí @alían también
una serie de indígenas con sus batas azules y una serie de muchachos tQnSuradoa.
Dd vez en cuando un b ,reo mercante, izaba una bandera blanca con un sol rojo en
el centro, y vimos multiplicaree e~t.a in'3ignia japonesa en todas partee: en loe faros,
en las casas, en lue botes1 en donde quiera.
La población no se destacaba aún y á nuestros ojos anhelantPB parecía inabordable.
Por fin á las nueve y wedia dütirguiéronee loa primeros palos de los barcos sur•
tos en la bahía y los dos m0gníficos rompeolas que forman el puerto de Yokobam0.
Al entrar, como hormigw.ero, como enjambre de abejas humanas, déjaee venir'un
Compacto grupo de sampam (botes) tripulados por una endiablada turba de desharrapados, gritando, ahuyando y queriendo subir al barco por todas partee; hubo ne cesidad de armar las bombas de agua para ahuyentar á aquel verdadero tumulto ja•
poné2¡ ofrecían articulo:1 de laca y de bambú 1 juegos de té, farolea, cest.os, baratijas de
todos tamaño!:', y otros mil presentaban tarjetas, que en inglés y lengua japonesa decían su nombre, domicilio y ocupación; pasábanee de un bote al otro, pisándoee, em•
puj ándose y armando una alguara infernal: era una p 1aga que caía sobre el barco.
El agua de las bombas pado mantenerlos á regular distancia; pero incansables en
sus tentativas, mfriendo los ardores de un sol que abrasaba, resistieron todo el día,
hasta que la noche loa vino á dispersar.
Entretenían se en comer arroz, que devoraban, empujá.ndolo en la boca con unos
palitos que llevaban con la mano, y con euma habilidad hasta la garganta.
Hicimos el saludo de ordenanza, y una voz fondeado el barco pudimos contero•
pla1· á nuestro antojo el especticulo que se ofrecia á nuestro:1 ojo:1 y formarnos cabal
idea del puerto japonés.
Barcos mercantes de todae nacionalidades descargaban 6 embarcaban mercancías ¡ otros, ya listos, salían á su destino 1 mientras que algunos entraban á descansar
de su larga traveeia. Era un movimiento comparable al de San Francieco ó quizá superior; en la playa, elegantes y suntuosos edificios europeos en medio de arboledas
@
ombrías, dábanle un aspecto hermoso¡ y en las únicas callee que se podían distinguir
rodaban carretelitas arrastradas por un hombre, cubierto con sombrero blanco 6 negro, en forma de jícara invertida. Por fin, eguijoneado por la curiosidad de pisar tie•
rra japonesa quería yo dejar la corbeta para conocer de cerca ese extraordinMio pueblo
III.
VISITA Á YOXOIUMA,

Yokohama, el puerto de mayor comercio del Japón es algo cosmopolita, sin embargo de ello sus habitantes indígenas guardan sus costumbres de hace cien afias y
aún cllando se mezclan con los extranjeros, se sirven de ellos y copian de ellos lo mejor y lo más útil, dejan en el dintel de sus casas t.odo lo exótico y aceptan lo propio
de su país en habitaciones, a)imentación, vestuario, religión y vida interior.
Pueblo de loe contrastes más raros, de lee costumbres más estrambóticas, le ha valido el nombre del Mundo al revé$. El Japón )la sido y seri para el mundo entero la

rnrpreea más grande, la maravilla más curiosa. Divídase la ciudad de Yokohama en
dos grandes cantonee: el barrio Europeo, y la ciudad japonesa.
Bien delineada la población, háceee la división palpable por Ja naturaleza misma
de los edificios: en el barrio Europeo todos son de mampostería y se elevan magestuo•
ea~ las grandes construcciones; en la ciudad japonesa todo es madera, tejas de papel,
calle~ angoata:1, puertas achaparradas, pisos de acolchonada estera de bamubú1 encrucijadas inextricables, sube y baja de callejones, árboles de formas artificiales figurando monstruos y animales abortados, sorprendidos en su desarrollo, enanos por la
fuerza inteligente y produciendo sin embargo hermosas floree y sazonados frutoi!,
Cruzada en todas direcciones, por canales anchoe en comunicación ~con el mar, se
hace el movimiento comercial exclueivamePte facil¡ por todas eartes ae ven puentee
de,fierro 6 de granito y por lo tanto el tráfi.:o de tierra y agua no se interrumpe nunca, siendo tan activo el movimiento que ee ad vierten los canales llenos de sampans (bo,
tea) mientras que los puentes soportan interminable procesión de traneeuntea y rinquichás (carretelas de un asiento arrastradas por un hombre.)
Alumbrada la población por luz eléctrica y por innumerable multitud de farolea
de papel de todos loe colore&amp;, formas y tamat'ios1 toma de noche un aspecto gracioso,
y si á eeto ee agrega el modo de vestir de los japoneses y sus zapatos de palo, que arrastrándolos al andar producen un ruido especial, se comprenderá la magia y el encanto que á. primera vista proporciona todo un pueblo raro, deecomunal1 artístico, suigeneris.

Amante de la diversión, gasta su tiempo en loalwulevardsy yoshivaras, y hasta muy
entrada la noche ee retira al descanso para entregarse desde muy temprano al trabajo.
Pero describiré con detalles mi vida y las impresiones recibidas de ese pueblo; re·
co'{lilaré mis recuerdos, volveré nuevamente, aunque sea con la imaginación, li eentarm~ en mi rinquWhá y ordenaré á mi J..-uruma (conductor) que me pasee por todos lados¡ tengo en él un cicerone que á la vez me sirve de caballo y de cochero y emprende•
moa el viaje.
Hace un calor sofocante y el sol brilla en todo su esplendor, sin que una nube in•
tercept,e eus rayos. Son las nueve de la mat'iana y el bo\8 Ghinehorro de á bordo me
conduce al puente del Gran Hotel; allí mi kuruma jukusaie, con su rinquichá limpio y
bien untado 1 está listo para correr; acostumbrado ya á mis largos paseos, tiene también
su itinerario.
Primero subimos al Hospital Naval Americano, donde encontramos deeauciado al
primer enfermo grave de nuestra tripulación, que quizá no volverá á pisar México: ea
el mayordomo Hernández, herido mortalmente de tuberculosis aguda; está tan débil
y demacra-lo, que espero su fin no tarde muchos días á pesar de las espléndidas con•
diciones en que está colocado.
Al ascender la cuesta, otros desocupados kurumas se ofrecen para ayudar al que
me lleva; la cuesta es muy empinada y se necesita de otro que empuje el rinquichá;
para pregonar sus servicios gritan una palabra que no es japonesa: siempre la creí
francesa, aunque la dicen en todas partee del Japón¡ es pus! que pudiera ser la segunda persona del imperativo del verbo potuée,

�EL MUNDO

DOMINGO

22

H

AGOSTO DE 1197

Después de una reverencia que la biso
Pues bien, os siguen veinte, treinta kv.·
inclinar casi hasta besar el suelo, me pre•
rumas, grHando tras de vuestra carrete•
guntó en mal inglés ba~! en lugar de bath;
Jita, pus! p11~! p11s! hasta qull por fin algu·
conteetéle afirmativamente, v ac10 con\1·
no de ellos empuja el carrito y así cm
nuo con habilidad extraordinaria, ;toma
má~ facilidad se llega á la cima del barrio
como con pfnza9 entre el dedo grueeo de
extranjero; le aohaie un niquel de cinco
eue piéa y loe otros sue zapatos de palo.
centavos, y seguís con vues1ro hombre8e compone cada uno de una~lámina de
C(lballo, que á todo trote y :sudando á ma·
madera ovalada, de una doble cinta uni,
res va solícito á donde queraie.
da á ,a fXtremidad anterior, terminando
El barrio extranjero, donde están ei·
pegads, á los costados de la misma láml•
tnadoe loe principales edificioP, ea muy
na; en la planta llevan dos paralelas y
pintoreEco: avenidas a¡,gc etas en pro·
p •rpendicularee á la primera, nna hacia
nunciados declives, eerpentean en medio
la punta del pie y otra al nivel del talon;
de boeqnes y jardinee, donde ee levan1an
estos zapatos los usan de la puena de su■
po~ticos castillos de madera y mampoe•
habitaciones afuera y Ee dejan siempre
terfa; pero loe jardines son dignos de co-·
en los dinteles; de modo que cuando que,
noceree.
rái~ saber cuantas personas hay en el
Sólo en el Japón se ve cosa Femejante:
interior de una .:asa, lo podéis averiguar
allí todos loe árbóles y plantas reciben y
por el número de zapatos que baya á la
oetentan formas capricboEas á volnntad
puerta.
de loe horticultores; hacen con el follaje
ProviEta ya de sue zapatos empezó la
rombos, eeferae, fignras de todas claees,
muzmé su tarea de preparar el bafio con
1rnimales, entre los que prPdominael dra•
paso corto, dirigiendo la pu tita de loe piée
¡zón. Para eimular esta fiera cláeica del
hacia dentro, y haciendo un cric-crac ee•
Japón se valen de las plan1as trPpadoUn plantio de té.
pecial con el calzado á cada movimienM&gt;.
ras; así es que la tenei, de todas formas
Remangado el kinano y luciendo unoe
y adornada de todos los colores que la
prestan h variedad de floreP, que al brotar de la mrzcla de rspecieE que concurren á brazos torneados y unas manoscotrl'ctamente artísticas, disponía el agua, traía la jícaeu formación cubren el cuerpo del monstruo con caprich•JEas manchas multicoloree, ra de laca, el jabón y un cubo de bambú; por ser extranjero, fu( favorecido con una
silla.
que sólo el arte japonés conoce.
Listo ya el bal'lo, y eiempre riendo me dice en eu escaso inglés: gude por good o
No hay planta, por pequefia que sea, q 11e no sea cuidada con todo esmero; el cri·
eantemum, con sus variedades infinitas de flores diseminadas en lotes, se ve en todas ready; apréetome á tomar mi deseada alusión, previtindo la incomodidad de meter,
me en una tan improvieada tina, pero como no podía encontrarse cosa mejor, la aceppartes salpicando de vivos tintes el vergel extranjero en tierra japoneea.
Sólo allí, á los cálidos rayos del eol de la mañana, puede andarse á la sombra de\ to y sin más me introduzco empaquetado á mi dificil baflo; la muzmé no daba mue■•
tras de marcbaree; por lo contrario veía con ein igual eJ'trañeza las diferente! pieza■
bambú, del kakí y del pino.
de mi ropa y con admirables geEtoa decía anatá y con ademanes y palabras de aeom•
IY
bro me indicaba que era mucha la ropa de los europeos, como llaman á todo exE:, BA~O.
tranjer0.
A lae once deeciendo á la playa para tomar un baño al estilo japonés.
V
Bajo un aplastado techo de madera y teja negra se ve un cuarto, separado de la
vista del transeunte por una verja cnadrafa cubierta de papel de arroz; sobre el pieo
LAS TrEND.~S
&lt;le ladrillo, húmedo ei!lmpre, encuéntranee varias tinas cilíndricas como barricas de vino, rebozando agua que caei hierve. De una puerta achaparrada que comunica con las
Repetidas veces solfa pasear por el bent,ndori, calle del comercio; allí pueden veree
piene interiores, deeliundose sobre la estera del bambú sin hacer el más leve ruido,
bajo los miemos acbaparados techos, grandes rótulos negros, con caracteres blancoe
sale una ,mamé (muchacha) peq•1eñita como una criatura de diez á once año~, gor- colgados como gallardetes; solo el japonés comprende su significado, y nosotros guia•
da, con la proverbial sonrisa que hace desaparecer eus inclinados ojos en los redondos dos por loe objetos mismos, entrábamos á curiosear y comprar lo que á nuestros alean•
promontorios de sus mejillas pálidas; llama la atención su alto y extrambótico peina- ces estuviera, eedae, cloi8sonh; lacas trabajos en bronce, madera y marfil; bordados, ob,
do de azabache, lustroso como una pieza recién barnizada; su kimano (vestido) verde,
jetos de cristalería, relojería, etc., otc., etc.
con grandes florea azul y rosa.; eu obi, y eus enguantados calcetines de inmaculada
( C"ntinuará)
blancura.

r---~~----- ------- ----------------- - - -- - - --- -- --

Viata general

de Kobé.

DOMINGO

22

de AGOSTO de 1197

137

EL MUNDO

EL ASltSINATO Dlt PALMA•SOLA
( H iatórico.)

'

UANDO el Juez se disponía á tomar el portante y sombrero en mano buscaba por loe rincones el baeton de carey y pafio de oro el Secretario-un viejo
larguilucbo, amojamado y cetrino, de naríz aguilefia,' cejas increíbles, luenga
barba y bigote dorado porel humo del tabaco--dejó su asiento, y con la pluma en la
oreja y las gafas subidas en la frente, ee acercó trayendo un legajo.
-Hágame usted favor ...... 1Un momentito! .....: ¡Unas firmitasl
-¿Qué ee ello?- respondió contrariado el jurie-perito.
-Lae diligencias aquellas del asesinato de Palma-Sola. Hay que sobreseer por
falta de datos ........ .
-Dios me lo perdone, amigo don Coeme; pero ese mozo á quien echamos á la
calle tiene mala cara, muy mala cara! La viudita no es de malos bigotes, y ........ .
-Sin embargo ......... ya usted viól
-Si, ei! Yamoa......... deme usted una pluma.
Y el Juez tomó asiento, y lenta y paueadamente puso su muy respetable nombre
y eu elegante firma-un raego juvenil é imperioso-en la última foja del mamotreto,
y en sendas tirillas que eran otras tantas órdenes de libenad diciendo mientras el
viejo aplanaba sobre ellas una hoja de papel secante:
'
'
-Ese crímen, cJmo otros mucho3, quedará sin castigo. Xuestra actividad ha sido
inútil. En fín ...... ¿oo dicen por ahí que donde la humana justicia queda burlada,
otra más alta, para la cual no hay nada oculto, acusa, condena y castiga?
Don Coeme contestó con un gesto de duda y levantó loa hombros como si dijera:
-¡Eso dicen!
-¿Hay algo más?
-:~fo, sefior.
-Puee, abur.
El Secretario reco, ió tirillas y expediente, arellanóse en la poltrona y encendió
un tuxteco.
II
En Agosto, en plena temporada de lluvias, entrada la noche, una noche muy negra y pavorosa, va C.1simiro, el honrado y laborioso arrendatario, camino de su rancho Palma Sola, jinete en la Diabfo, una excelente mula de muchos codiciada, y por
la cual le ofrecían hasta ciento cincuenta duros loe duefloa del Ceibo, ciento cincuenta del águila, en platita sonante y contante, á la hora que loe quisiera, peso sobre peso!
Pero ¡quia! Caeimiro contestaba:
-~o, amo! ¿\·ender mi Diabla? ¡Nones! Si sólo el nombre ea lo que le afea! Primero vendo la punta y malbarato el cafetalito...... Yamoe, eefior amo: ántee empeflo
la camiea que vender la bestia; y luego que mi mujer está que no cabe con eu mula.
Y la verdá, señc,r: cuando va uno en ella, va uno mejor que en el trenl ~fargarita le
tiene un cariño y una ley, que ...... no ea capáz! JNi aunque me ofrecieran por ella las
perlas de la Yírgenl 3i quiere la otra, mi amo, la Zapa ...... mañana se la traigo. No
le recele, patron ...... También la Zapa ee buena; cásique como esta. ',l'iene buen paso;
ni psjarera ni mafiosa. De deverae, no le desconfíe, aunque la vea caidita de agujas....
,Se la arrearé pa acá, pa que la vea. P-.&gt;r la vbta entra el gueto. JYa verá qué rienda!
l:!e la merqué 111 cotijefio ti afio pasado. Le dí cuarenta. i Es barata! Cuarenta me dan:
ni medio más ni medio menos. Ei pa loa amos, y nada lee gano!
¡Qué caminos aquellos, Dios eanto! D~sde más acá del barreal comenzaba lo bue•
no. Z.uzaa y acahualeras cerrab,rn el paso y en algunos puntos eran tales los zoquiteroe que las bestias se hundían basta loe encuentros; pero ¡allí de la Diabla! No perdía
momento, y libre, ligerita, suelta la brida, subía, bajaba, costeaba el lodazal, y ee colaba entre loe matorrales como Pédro por ea caea.
Iba Casimiro cabizbajo y 1riste. No había motivo para ello, y ein embargo estaba asustadizo y de cuando en cuando le daba un vuelco el corazón, como si le amenazara la mayor desgracia. Ganas le daban de volverse al Ceibo y allí pasar la noche.
De un lado el llano: del otro el boeque sombrío, negro, pavoroso, lleno de eepan\abl~s rumoree: eilbidos de serpientes, estruendos de árboles viejo11 que ee caían; roncar de sapos en zanjas y lagunetas; en loe pocbatee máe altos ulular de buhoe, y allá,
al fín de la selva, el estrépito del torrente y el ruido creciente del aguacero que venia
que volaba con un tropel de cien eecuadronte á galope.
En la serranía, desatada tempestad; la t•nmenta estacionada en las cimas; un re•
lámpago, y otro, y otro, y truenos, y más truenos, como si las legiones infernales ba·
tallaran allí en combate definitivo. En los picachos, en loe crestones, en las ct'iepides
rnpremae, loe fulgores del rayo ee difundían á través de lae nubes, iluminándolas á
cada instante con variadas coloraciones fugitivas, rojas, áureaS', cerúleas, que deja•
ban ver el sinuoso perfil de loe montes y la negra mole de fuliginosa cordillera.
En el llano, reeee medrosas y ateridas que refugiadas al pié de loe huizacbes ra•
moneaban en las yerbas húmedas y en loa matorrales y en lae orillas del arroyuelo,
entre las mafafas resonantee, el centellear de lae luciérnagas.
-iA llegar!-se di¡o el ranchero, componiéndose la manga de hule.-¡ A. llegarlque el agua está encima! ¡Anda «Diabla," que ya poco te falta!
Como si adivinara los deseos de eu dueño, el noble animal, alargó el paso, y..... .
taca, taca, tacal
El aguacero. Primero rachas de viento húmedo y frío; luego gruesos goterones,
que caían con estrépito en la :11·boleda, y en seguida, la lluvia torrencial.
Avanzaba el jinete á la vera del fangoso camino. TJrmino de éste era el maizal,
una milpa msgnífica, ya en jilote, cuyas cañas estremecidas por el agua y el viento re·
medaban rumorea de crugiente seda. De allí partía una vereda, ancha y ascendente,
al fin de la coal estaba la casa. A través de las plantas se veia el fuego del hogar que
ardía con llama titilaote y rojiza.
Por aquel rumbo dirigió C.1&amp;imiro eu caballería. En vano: la Diabla se detuvo ale·
breatada, renuente, erguida la cabeza, altas las orejas.
-¡Epa! ¿qué te sucedt?-uclamó el ¡inete.-¡Epal-repitió.
La Diabh1, rebelde al lr,rno, pugnaba pur volverse. Casimiro gruñó entre dientes
,un terno, y azuzó al a11imal, hincándole las espuelas; pero éste re3ietía encabritándose.
-¿No quiere~? Puee ......... Jtom11l
Y ¡zásl un par de laiigazos; uno por cada lado.
La mula arrancó al 1-rote.
Entre la milpa quedaba un hombre escondido, envuelto en negra manga, apoya
•das las manos en el c11ñjn de una escopeta.

1Qué alegremente ardían loa lefioe en el hogar) Tronaban los tizones, y las llamas se
retorcían trémulas en torno del tronco ennegrecido, proyectando en los muros danza•
rinaa y quebradas sombras.
Cuando Caaimiro llegó, Margarita le esperaba en la puerta.
Era una linda campesina, de-apifionado rostro, esbelto talle y grandes ojos negros.
Sonreía afable y carifioes. Aquella sonrisa era la sonrisa de la traición, encubridor halago de una emoción profunda y horrible.
:...creí que no venías. ¡Jesús) ¡Si vienes hecho un patol Quítate la manga, que
encharcas esto.
-No me pasó el agua. Luego; voy á desensillar, y á persogar á esta mafiosa que
en la milpa se me armó tanto que por nada quería andar. ¡Si no le arrimo! .........
Sintió Margarita que el corazón se le subía á la garganta, y tragando saliva y do•
ruinándose murmuró:
-¡A.dióel ¡Vaya) ¿Y por que?
-Se aeustaría...... Loe animales á veces ven visiones. Si sigue con esas mafias, aun•
que á tí no te cuadre se la vendo al amo. Yo no sé lo que fué.
-El mapachín ........ .
-¡Paedel El cuento ea que paró lae orejas, y que ni á cuartazos quería andar.
Aflojaba la lluvia y la tormenta se alejaba ......... Uno que otro relámpago allá en
la sierra.
Casi miro desenjaezó en el portalón, fué á pers &gt;gar la bestia. A p:&gt;co entraba en la
caea.
-¡Caramba! Si vieras: ahora echo de ver q11e no traigo la pistola. No le hace.
1Pa la falta que me bacel
Margarita ee puso lívida al oir esto.
-¿No bebes?
-Ecbate el café y traite la limeta. Estoy caneldo y quiero dormir.

IV
Media noche pasada, porque el gallo había cantado dos veces, o yóse en el techo un
golpe, como el de una piedra chiquita, lanzaia ein fuerza. Casimiro roncaba. Mar•
garita no dormía,-no había querido dormir.
-¡Caeimirol JCaeimirol
-¿Q11é cosa?-conteató medio dormido.
-¡Caaimiro!
- iObl ¿qué quieres?
-¿Oiete?
-No.
-Alguno anda allá afuera.
-¿Por qué?
-Ol ruido.
- ¡Déjame dormir!. ....... .
-No; ei clarito oí el ruido. Los animales estan inquieto8. Oi ruido como de gente
que ee acerca. Si vendrán á robarse las bestias.
-No, mujer, ei el perro D\l ladra........ .
-Porque no está. Desde ayer no parece.
-1Voy!-rezor.gó el ranchero, saltando de la cama.-¡Y luego que no tengo la pietolal
-Cvge el machete.
El ranchero ee embrocó el zarape, toDó el machete y salió al portalón
El cielo ee había despejado. L?. luna iluminaba con triste claridad arboledas y
maizales; ligera brisa susurraba en las palmas, y los charcos reproducían aquí y allá
el menguante disco del pálido satélite.
Las mulas se revolvían inquietas. La Diabla, al sentirá eu amo, relinchó de ale•
grúi.
Margarita dejó el lecho, Y quedo, muy quedo, de puntillas, conteniendo el aliento, fría de terror, erizado el cabello, se fué ha,ta la puerta. Allí, en espera de algo te•
rrible, se detuvo á escuchar ........ .
De repente sonó un disparo. ~e oyó un grito; después un ¡ay! lastimero; en se•
guida un q ut&gt;j ido, y luego el aterrador silencio del campo adormecido.
DP entre la espesura del cafetal se destacó •1n bulto. Un hombre que con el arma
en la mano llegó basta el portalón, y que en voz muy baja, como ei tuviera miedo de
ei míemo, como si temiera escuchar sus propias palabras, dijo:
-JYa!. ....... .
V
OJho años después, cierto día del mes de Mayo, converaaban muy alegres y entretenidos el Juez que ya conocemos y su secretario don C.&gt;sme.
-¿Se acuerda usted, amigo,-dijo el primero-del asesinato aquel de Palma-Sola?
-¡Vaya ei me acuerdol-reepondió el viejo, echando una bocanada de humo.-Ua·
ted creía que la mujer, que, por cierto, no era de malos bigotes, y el muchacho que
pusimos en libertad ........ .
-¡Y sigo en l.a mía, seffor don Cosme!
En aquel momento entró una mujer que llevaba de la mano á un muchacbillo como
de siete afios, muy raquítico Y enclenque. La mujer parecía más enferma que la infeliz
criatura. Pálida, exangüe, encanecida, aparentaba doble edad de la que tenía· pero en
sus ojos brillaba aún vivíaimo rayo de hermosura.
'
El Juez y el Secretario la reconocieron al momeo to, viéronla de piée á cabeza y
luego se miraron asombrados. Era Margarita.
'
-¿Qué quería usted, señora?-pregun$6 el Juez.
La mujer permaneció muda algunos instantes.
-¿Qué deseaba ueted?-repitió don Cosme.
-Sefior Juez:-dijo al fio-¿~e acuerda usted de Casimiro Gonzále:i, aquel que ......
mataron en Palma-Sola?
-Sí, ¿por qué?
-Porque, a11fiorl ¡Ya no puedo máel ...... ¡Ya esto no es vivir!. ..... 1Y vengol.. ....
vengo á decirlo todo, á decir quienes lo mataron!. ...... .
-Y ......... ¿quiénes lo mataron? replicó el magiitrado con imponente Eeveridad.
-La verdá, eeflor: ¡yo!. ........ y el que ahora e3 mi waridol
La desdichada mujer cayó de rodillas, y presa d11 wJrU,1 cong ija, ahogándo 3e, se
echó á llorar.
RAFAEL DELGADO,

�EL MUNDO
CANTOS DEL NORTE.

I
¡El monarca lo manda!-le dicen
al pobre muchacho,
cuando inflama la nieve un destello
del sol ael ocaso.
El monarca lo manda: e~ preciso
marchar á Siberia,
á llorar, mientras miren absortas
las blancas estrellas.
¡Es preciso...... ! la madre y la amada,
sollozan, sollozan......
marchará cuando raegue la bruma
la luz de la aurora.
Ya jamás lo verán, eonri:ente
dejar su capote,
y arrimarse á la lumbre, narrando
sus euefios de amores.
II
¡El monarca lo mandal-impacientee
rondando murmuran,
cuando deja en la escarcha un destello
la pálida luna.
El monarca lo manda y el siervo
no irá á la Siberia,
ni verán sus pesares, absortas,
las blancas estrellas.
En la sombra dibuja su encaje
de piedra la torre,
que en la obscura calleja recorta
medrosas visiones.
En la nieve, una mancha de sangre
de tonos ext1 afios,
y en la sangre, espirando en un beso
amada y amado.
En el cielo, la luna semeja
con eu arco de plata,
hoz que hiriera la flor de la vida
de amado y amada.
III
¡El monarca lo manda!-L!l madre
murmura llorando,
cuando inflama la nieve un destello
del sol del ocaso.
FEDERICO UHRBACH.
MINIA.TURA..

¿Quién habla de morir? ¡Que tontería!
Considero el error de los errores
buscar como remedio á los dolores
el último eetertor de la agonía.
Verdad que no es completa la alegria
y abundan las espinas en las floree,
y no hay cariflo, ni amistad, ni amores,
sin traición, ni perjuicio, ni falsía.
Pero eeo ¿qué más dá? Cuando ee sabe
que el .mundo peca de malvado ó necio
se compadece la maldad ajena.
Sobre la herida que oe parezca grave,
poned la cataplasma del desprecio.
Sabiendo despreciar, la vida ee buena.
SINESIO DELGADO.
HOJAS

¿Ves aquel sauce, bien mio,
Que en doliente languidez,
20 inclina al cauce sombrío,
Enamorado tal vez
De las espumas del río?
¿Oyes el roce constante
De su ramaje sediento
Y aquel suspiro in~esante
Que de su copa oecilan;e
.Arranca tímido el viento?
)Iafiana, cuando ms rojas
.Auroras pierda el estío,
Lo verás húmedo y frío,
Ir arrojando sus hojas
Sobre la eepuma del río.
Y que ella en rizos livianos
Llevando la hoja caída,
Las eelvae cruza y los llanos
Para dejarla sin vida
En los recodos lejanos!
¡Ah! ¡cuán ingrata serías,
Y cuán hondo mi dolor,
si estas hojas que son mías,
Abandonara, ya frías,
Como la espuma, tu amor.
RAFAEL OBLIGADO.

DOIIIIIGO u

de AGOSTO de 1197

DOIIIINGO u

de AGOSTO de 1'97

LA. NUBE
DAMAS MEXICANA.IS

¿Donde vas, giron de gasa,
nube aérea, nube errante?
¿Entrafiss borrasca fiera,
ó vendaba! insondable?
. ¿Te empuja, acaso, el encono,
ligero vapor suave,
y el sol y el cielo infinito
¡ay! pretendes ocultarme?
¿Quizás eres leve mancha
que ,e borrará en el aire?
¿Eres, tal vez, tenue sombra
que un beso de luz deshace?
Libre vas por el espacio
huyendo, huyendo incansable,
más nacarada y mlfs pura
cuanto más alta y distante.
Dí si el trueno, dí si el rayo
han de vomitar tus fauces.
Dí si formas vago eoplo
del firmamento insondable ......
-Escucha. Soy un espíritu
que del triste mundo parte,
y que, al ir á Dios, sin nieblas,
ha de conve1tiree en áJ:Jgel.
EMruo ZoLÁ.
El., MIRI.,O Y El., GUSANO

Señorita Concepción Gonzalez, de Monterrey.

De 9.uan ae Dios Peza.
La rasa aquella donde vivía
La que en la tierra siempre fué mía
Y hoy en los cielos vive con Dios,
Está lo mismo que en aquel dfa
En que á ocuparla fuimos los dos.
Ah! cuan alegres los corredues!
Enredaderas llenas de flores
En el alero y el barandal. ..
Como en los tiempos -de mis amores,
Todo es risueño, todo está igual.
En las hojosas verdes cortinas
Han vuelto á abrirae las camelinas,
.La antigua higuera reverdeció,
Han regresado las golondrinas
Y hasta yo he vuelto, pero ella nó!
Gira en sus gonces la misma puerta
Que á ·nuestras citas facil y abierta
Puerta del cielo llegué á llamar;
Cuando mi niña la cruzó muerta,
La abrió el infierno de par en par!
Decora el patio la misma fuente
Y en el marmoreo tazón luciente
Resuena el chorro borbotador ...
Ay! como el eco dulce y doliente
De sus postreras frases de amor.
No se me olvida que una mañana
Como á una nueva Samaritana,
Junto á esa fuente la sorprendí,
· Desnudo el seno de nieve y grana
Que arropó al punto que yo la ví.
Soltó el cabello sobre la espalda,
Con una mano cojió la falda,
Con la otra mano su faz cubrió
Y entre la clámide de esmeralda,
De mirto y yedras, despáreció.
15 de Julio de 1897.

Dijo á su mirla querida
el mirlo de sus amores:
-¡Si no hubiera cazadores,
cuán dichosa nuestra vida!
Un gusano que esto oyó
dijo con voz lastimera:
-¡Si gusanos no comiera
el mirlo, cuán feliz yo!
Claro uctar, hallarás
del ap6logo el sentido:
no se queje, si es comido,
quien se come á los demás.
M.ANUEL FERNÁ]),'DEZ Y GoNZALEZCUATRO TABl.,AS

Lujosa ó pobre, ligera ó grave,
Desde que naces hasta que mueres,
De cuatro tablas consta la nave
Donde te embarca~ sin inquietud:
Una es el timbre de tus honores,
Otra es la mesa de tus placeres,
Otra es el lecho de tus amores,y otra la tapa de tu ataud.
FEDERICO BALART.
LA. MUJER

Por ella al mundo venimos,
y el mundo ciego corremos,
amamos y aborrecemos,
y matamos y morimos.
Somos, seremos y fuimos
siempre esclavos de eu fe.
¡Ay, mano oculta!, ya sé
tor qué mi vida consumes,
que en tus misterios resumes
cuanto será y es y fué.
Humana forma aquel día
te juzgó el loco deseo,
y ora cual eres te veo,
misteriosa alegoría.
Sin razón te suponía
realidad de ser humano,
y eres, misteriosa mano,
con tu secreto profur.do,
la oculta fe que en el mundo
mueve al sentimiento humano.
Dicha, dolor, y placer,
cuanto se pie nea y ee siente:
todo lo inspira el ambiente
del amor de una mujer.
Gloria, ambición y poder,
inquietud, zozobra, calma,
áureo laurel, aeca palma,
ella ea la fuerza del sino:
mano ocuUa que el camino
le va sefialando al alma.

···············································································EusEBIO Busco~

Herr Andreé
Tefe de la expedición aerea al Polo Norte.

EN GLOBO AL POLO.
V~ lverá el Profesor Andreé?
H ace apenas un mes que la primera expedición.que

ee haya hecho jamás por. la vía aerea, con el profesor
Andree-un sueco de inmensa audacia- como jefe, par•
iió del Spitzberg á la conquista del Polo. Por todas par•
tee se ésperan ansioeamente noticias, y se discuten con
pasión las probabilidades del retorno.
Como se recordará el afio paea1o, el profesor sueco,
que abrigaba y meditaba hacia mucho tiempo su formi•
dable aventura, se dirigió al Spiztberg en pleno verano,
plantó su hangar, gran edificio de madera que debía pro•
teger al globo durante su inflamiento, y esperó que rei•
nasen vientos favorables para dirigirse a! Polo. Solo que
los vientos fueron contrarios y el profesor debió tor·
nar á Suecia á eeperar un sfio más, por si obtenía mejores
vientoe. Realizóse su eeperanza y en los primeros días
de Julio pasado, en compafiía de dos amigos audaces,
emprendió su excursión aerea.
Desde entónces no se ha tenido noticia cierta de él;
algunas palomas viajeras soltadas en diversos puntos
del trayecto, llevaron-se dice- al mundo civilizadofelices nuevas del profesor. Uno de los mensajeros ala•
dos traía una nota en que Andree afirmaba haber llega•
do al polo y pasádolo. Mas últimamente ha habido siniestros rumoree y quien afirme haber visto un globo
deegarrado flotando sobre loe maree del norte ......
La gran pregunta formulada en Europa es esta:
Volverá Andree?
Los menos pesimistas, entre los cuales se encuentran
el profesor Neumayer, agregado á las oñcinas del Almirantazgo en Berlín y el geógrafo bien conocido Richto •
fen, concluyen diciendo que la tentativa de Andree no
ee absolutamente un simple acto de suicidio, es de creerse
que en virtud de una gran casualidad, es posible que
vuelva sano y salvo.
El público discute, por su parte, lae diversas opiniones; pero caei no conocen las razones que hacen suponer,
primero: que Andree no llegará muy probablemente al
punto deseado, y segundo, que no vol verá.
Y estas razones son precisamente las gue vamos á tra•
tar de explicar.
Cada uno sabe que en las regiones polares, durante el
estío, el sol permanece constantemente por encima del
horizonte y por consecuencia las variaciones de tempera•
iura son muy débiles. El gas del globo no experimenta·
rá, pues, grandes variaciones de volumen y 1ae pérdidas
por dilatación serán muy débiles.
Es esta uniformidad de temperatura la que hace que
algunos sabios concedan á .A.ndrée algunas probabilidades de retorno.
Aun cuando este estado de la atmósfera sea una gran
ventaja, hay aún otro elemento más importante, que estodos nuestros lectores lo han adivinado-el viento.
Ahora bien, en esta parte del globo, lo mismo que en
las regiones calientes, se admite la existencia de corrien·
~ e regulares, eiguiendo la teoría general de la circulación atmosférica alrededor del globo, que se resume en
esto:
En el Ecuador, bajo la influencia de los ardientes ra yoe del sol, se produce un violento llamamiento de aires,
que da nacimiento al alicio en la superficie del suelo, y
al contralicio, que viene del Suroeste en las regiones
superiores. Esta última coiriente, cuya exietenci,i está
demostrada por las cenizas proyectadas á grandes altu•
ras por loe volcanes de loe trópicos y por las nubes ele·
-vadas-se extiende, apro:imándose al suelo, casi haeta

EL MUNDO

el Polo Norte. Ahí desciende á tierra y vuelve hacia las
regiones templadas, sig11iendo una dirección opuesta á
la de su ida. El viento reinante en tierra sería, pues, del
Noreste en el Hemisferio Bcreal si no encontrase, á me•
dida que se aproxima á los trópicos, la corriente infe•
rior del Suroeste.
Este encuentro determina la zona de los vientos irre·
guiares, zona que está comprendida entre los 40º y los
60º Norte. .Al Sur de esta zona el viento dominante vie·
ne del Suroeste, y al Norte, del Noroeste. El Spitzberg,
punto de partida de la expedición Andrée, se encuentra
en esta última región, y se eigue, por lo mismo, la con·
secuencia de que el viento debe ser contrario.
Mas aun admitiendo que sgple en una direcoión favo·
rabie, no se sigue de 2quí que Andrée tenga üito en su
empresa, á causa de la debilísima intensidad del viento
en las regiones boreales.
Su velocidad media en el Spitzberg durante el mes de
Julio es de 15 kilómetros por hora, velocidad que representaría la de la marcha del globo si Andrée no tuviese
la precaución de servirse de aparatos de contrapeso para
no pasar de 150 metros de altura; el frotamiento contra
el suelo ó en el mar, resultante de este sistema, reduce
la velocidad casi á sus dos terceras partee ó sea á unos 6
kilómetros por hora.
En consecuencia necesitar!l. para recorrer la distancia
de 3,600 kilómetros en linea recta que separa el Spitzberg
de la punta extrema de la Alaeka, pasando por el Polo,
veinticinco dias de marcha consecutiva.

El mayor viaje aéreo efectuado hasta hoy, no ha paeado de 24 horae !
T11les son las razones que hacen que teóricamente, An•
dreé no deba tener éxi'o en su empresa, pero felizmente, como todo el mundo lo sabe, la práctica viene fre•
cuentemente al encuentro de 11:1 teoria, lo que nos permite conservar la esperanza de saber muy pronto que
M. Andreé y sus dos compañeros han salido sanos y sal•
vos de su peligrosa tentativa.

***
Parécenos oportuno para concluir estas breves notas
reproducir á continuación la siguiente impree:onadora
página del «diario,, de M. Ml:lchurin, joven y distinguido
aereonauta que dirigió los trabajos de inflamiento del
«Ornen11 ( este es el nombre del globo del profesor Andreé )
y que no abandonó á éste último sino en el momento
preciso en que embarcados él y sus compañeros en la
canastilla, el globo se lanzó al espacio.
Hé aquí esa interesantísima página recientemente pu•
blicada en París:
«11 de Julio.-Viento sur muy pronunciado; Andreé y
sus compañeros consultan los divereos instrumentos en
cada puesto de observaciones. Las condiciones atmosféricas parecen favorables y la partida se decide.
«A las once todo el mundo se pone en obra; los carpinteros ayudados de los marinos demuelen con sorpren•
dente rapidez la parte Norte del hangar, en tanto que se
cierra la parte Sur tan alto cuanto es posible con ayuda

...

, .. t1t'!'-~"-· r'""...

ll "Ornen" ¡;lobo expedicionario dei Pr.:,fesor Andreé.

�gL MUNDO

DOMINGO 22 de AGOSTO do

,a, 7
DOMINGO 22 do AGOSTO Dl •197

•

tracción y de instalación hechos por la Ciudad, en tanto
que Nueva York ha recurrido á. siete companfae diíeren•
rea para Per alumbrado. Chioago no gasta anualmente
más que cuatrocientos mil pesos para el alumbrado de
gas¡ pero un gran número de callee que no están pavim?ntad_as, no están alumbradas tampoco. Boston ea al
contrario, una de las ciudades mPjor alumbradas·1 consagra tre~~ientos mil peaoe á. su alumbrado de gas y cerca
de doac1entos ochenta mil á su alumbrado eléctrico .
. !ºr últ~mo, Buffalo gasta anualmente doscientos veint1?rnco m1! 1 en ra~ón de su reducida superficie, y es también una de las cmdadea amnicanas mejor alumbradas.

EL MUNDO

Corazón de sacerdote.
POR H. S. DE FOAGE.

ILUSTRACIONES HECHAS EN NUESTROS TALLERES.

Número 4.

Un globo terrestre &amp;igantesco.

S1bemos por loe periódicos parisienses que M. Eliaée
Reclua ha emprendido, para figurar en la exposición de
19001 la construcción de un globo tenee.tre al 3201 000.
Este globo, ademáil de sna di rnensiones colosales-ten•
drá exactamente 12'&gt; m., 24 de circunferencia ecuatorial
~presentará. t~mbíén esto de notable, que, conforme al
sistema de dec1malfzación de la hora y de la eirc1mferencia, preconizado por M. de Sarrauton, estará dividido en
2-10 grados, di vid idos estos á su vez en diez partes.
Esw, enorme globo terrestre, será ciertamente una de
l~s. mayores cur~oaidadee científicas de la próxima expo•
ElCIÓn.

~

-

--9

r1'

Preparativo• de partida del "Ornen"

de telas para protegerae contra la acción del viento cuya fnerza va aumentando.
ccLa mayor dificnltad era sacar el globo sin averiar el
tegid~ contra las maderas del hangar, Todas las partee
promrnAn~e se c11bren con una espesa capa de fie1'ro y
queia con1urado el peligro.
it~ar.a impedir al aereóetato qne ruede mientras duran
las ultimas maniobras, ~e h:1 rodea á la altura del ecua-dor de tree grandes cinchas que se fijan á la paria restan! e del ha ngar.
((Loe.preparativos '\!BD aprisa¡ á las dos, la canastiila
se dee.hza á su sitio y se ata al círculo que está amarrado aóhdarr..ente á tierra por tres cablea. Todo está lieto y
arreglado.
11 Los exploradores dan sus adioses, rápidos y conmo•
ved.oree. Pocas palabras se cambian. pero hay ira.neos
apretones de m1noa, ea que loa corazones se compren·
&lt;len. Después, Andreé, entrando á la canastilla, llama
con una voz firme:
- uStrindberg ......... F1aeokel. ........ Vámonos'
t&lt;lnmediatamente sus dos compalieros toma~ siUo á
su lado ........ .
11 El comandante Ehrenevard transmite á eus marinos
las órdenes, que son ejecutadas puntualmente; las cin•
chas rnuatoriales caen; el globo desembarazado rueda un
poco apesar de su abrigo¡ es fuerza esperar algunos segundos y a~rovecharse de una calma para partir.
• u Tres man nos, armados de un :mcbillo, se mantienen
l~etos para cortará la primer señal loa tres cables que retienen solamente cautivo al globo.
c(Llega el momento oportuno. .A.ndreé exclama:
-nCortadl
11 Un segundo apenas ...... el navío aereo se lanza al eeJ&gt;acio, saludado por nuestros máe vivos hurras.
uCargado ~on loe cordajes que levanta, el aereo.stato
no alcanza Ciea metros de altura. El viento lo arrastra.
~os contrapesos alargados á lo largo de la coeta1 se deehzan sobre el mar. Todo parece ir bien á bordo¡ noao•
trcf!, espectadores ansiosos, seguimos las fases rápidas
de esta conmovedora y única partida.
«Llevado por un viento violento, el globo uOrnen11 se
..aleja c0n gran v~looidad, dirigiéndose recto al fin y deea•
])ar~ce en el horizonte al cabo de algunos instantes.
11 D.Js días después abandonamos el Spitzberg y más

j
,f;jf! ,, "' ,J

tarde el viento Sur ba flPguido siendo favorab!e, Jo (pe
nos hace esperar un éxito completo.
~Dcaeemoslo Y que próximas noticias nns hagan saber
bien pronto el feliz resultado de ee~a audaz tentativa!

··"":

:~

1NFORMAClONES
Las asociaciones femeninas en China.

Un país en queelf~ini,ú!lmo tendría much'J q11ehacer
ea BPguramente Chinau
'
0.Jnfucio no reconocía á las rnnjeres derecho algunfl,
Y se !!ab~ que poco ro.is ó m9a03 Cri.iua sig\le siendo de
Confucio.
Resulta de esto que la situación de las mujeres ea ahí
tan poco envi_dia~le, que muchas de ellas se suicidan 'Pºr
escapará la t1ran1a de sus esposos-motivo de suicidio
qne e~ c~ai desclnocido entre loa occidentales y que lo
era as1m1smo antes de la institución del divorcio.
Así, no ea raro ver jóvenes chinas agruparse en asociaciones, que tienen por únic,:, progrd.ma reeisr.ir tenazmente al matrimonio.
Estos clubs origina ea cuentan generalmente una decona de miembros, y toda señorita que desee tomar parte en elhi previam~ute debe compromeierae, con jura•
mento, á 11morir antes qne caaarse,i.
·
~Iiis he aquí que laa polnes muchachas van á vnee
privadas has~a de ee~a úhima ;ibertad, porque muchas
de ellas se han arrojado últimamente al agua para evi·
tare! matrimonio, y una ordenanza de policía intervino, ?r?hibiendo eu lo de alelanr.e las asociaciones de stüontas.

TJna tarde Francieca llevó el té en el momento en que
el nombre de la señora Descordee era incidentalmente
pronunciado.
-Oh! la mala peste! exclamó la nodriza que tenía un
hablar muy francn.
-Francisca1 dijo Marta esforzándose eu tomar un aire
severo.
-Francieca, tauto como queráis señora, no me impediréis por eso decir q •te esa santa devota es la llaga del
país no pene.ando más qne en defgarrar á loa otros con el
pico, como si ella no hiciese males. Sa.beis vos sellor Sa·
vinien que el otro día me ha acosado en la calle para saber si vos habeiil venido á nuestra casa ...... Lo que me di·
,·ertí con ella ..... Busca, niña, busca. Si cuentas con la
vieja. Francisca, para conducirte, ouenta con que llegarás ...... Esto no impide vigilar bien á esa aerpiente con

El alumbrado del.as ciudades americanas.

El Scientijic AmPrican da loa informes siguientee reapec
to al alumbrafo de las principales ciudades americanas.
En Nueva York, en 1807, el alumbrado público coetartí.
ce;ca de millón y cuarto de pesos, Filadelfia gaa~a más
a~~: eu ga~ 1~ cueet.a cuatro cientos mil pesos y bU electric1dad. ee1ec1entos mil, que hay que aumentar en uo'a
proporción notable, para tener en cuenta la amoriízación
de loa capitale3 compr0m.!tidos ea loa trabajo 3 de coas-

El uornen" e" camino hacia el Polo.

.eua serpentinas!
. Y al retirarse en medio de las risas, Prancisca excla•
mó cómicamente:

-Ah! mi buen Dios, si habeis de ponerla en vuestro
santo paraíso con sus dos bijas, enviadme al infierno ......
Estaré mejor ah{ que con ellas.
Este incidente llevó la conversación á. la cneetión religíoea. Pablo reprochaba algunas veces á Savinien su
indiferencia, ya que no !!U hostilidad con reepec~o á. est.o.
-Toma, dijo este, precisamente ejemplos como los de
1a aellora Deecordes 1 son loa que alejan á. muchas gentes
de la religión. Cuando se ven esos seres proclamados
santos, dueños de la lgleeia y también de la opinión,
llenando el muado con ens aedicentes virt.udee, no se
puede menoa que sentirse deslumbrado como cie,tos ingenuos, 6 desconsolado si se ve claro. EntonC&lt;' B dice uoo
como Francisca «No quiero irá. un p1naíso donde los encontraría.11
-Sil respondió Pablo, levantándose con los ojos bri·
llantes y la palabra animada. Teneia razón en lo que toca á la sei'iora Deecordes. Pero hay dos religioaea, ó mejor dicho la que profesa la sellora Deacordea no es reli·

gión ......... Es una especie de idolatria en que lascarantonas reemplazan á las plegarias que surgen del corazón,
en que el amor propio sofoca el amor de loa otros, en que
ee mide la virtud de las gentes por el número de sus ge•
nuflexiones y el de sus caridade3 públicas y rumbosas ....
Pero hay otra religión, la sencilla, la verdadera, la re·
ligión del Buen Dios ......... La que se encierra en una
palabra: amar y ser bm•no.
Esa ea la vuestra ein que vos lo sepaia, eeiior Savinien, y veis sois un religioso, en verdad 1 vos que amaia
en eilendo á pobres abandonados como nosotros, más
que á. toda la familia Descordee reunida!
Harta miró á su hiju con aire de aeombro y de embeleso.
-Sabeia que haríais un excelente predicador? dijo Sa·
vinien riendo, pero conmovido en realidad.
-Quién eate? ...... respondió Pablo con una voz grave
y la mirada pensativa .

�&amp;L MUNDO

DO ■ IAGO

aade AGOSTO de 1ag7

DO ■ IHO

-~··~·~============================;;;;,,;;;;;;;~;;.======================-~---~-=~

IX
En el ealón, Diosdada y Angélica i,.cab&amp;ban de repetir
un cántico nuevC', que debían cantare! domingo eiguieo•
te en la reu1.1ión de la Cofradía de loe njil.oe de Santa
Ureula.
En tanto qne eue cuatro manoe tc;cabap loe acordes del
acompaft.amit:r.1w, eue vocee, un pociJ agrias, ee elev11.ban, repitiendo con ardor el refrán:

Irime11110 fu.ego me irifla11ia
E i1tut,da de claridad,
Sitt,to e,~ ,nt dfrina llama,
Me impulsa la caridad.
Me únptúsa, me impulsa, la caridad,
El Sr. Deecordee, tendido en no sillón leía, con enternecida eonriBa, La l:id,i y las religiosas acciones de la bien·
aventurada Virgiuia J&lt;..'sett!fer, interesante obra que le había preetado aquella mh1ma mañana el abate Chavaeieux.
Eee ealón revelaba, al primer golpe de vista, el e6pfri·
tu de loe habitantee, y también hay que confesarlo, cier·
to prosaismo bur¡i:uée.
Loe eillonee y lae eilla9, simétricamente enfilados á. lo
largo de lee murof.l, se alineaban, cubiertos de fondas
blancae, teniendo cada uno de elloe, al pie, un pequtfio
tapete, destinado á prot.eger la alfombra. Cerca de un
canapé, igualment~ cubierto, una mesa de caoba muy lu·
ciense, soportaba un vaso de asas doradas, lleno de mue•
go artificial y flanqueado de all&gt;uma de fotografíae 1 de
un grueso volumen de rica pasta, regalo de ea:rito: La rida
delos santos ilutdrada, y de algunos li bros á. la rústica, sobre
loe cuales se leia: Jlomilta3para el santo tiempo de Cuaresnui,
(x¡r13ejOA á los almas 1nadows para ,uivegar entri' los eacollos
dtl mundo. Loa aliados de Sntán (primt'T"{L parte: La Fracmasonería ).
En loe muros estaban fijas litografías amarillentas:
Un cristo marcbe.ndo sobre lae olas frente á. un milagro
de la Saleta, un Sagrado Corazón haciendo ptridmd á. una
Madre de loe eiete Dolores. Cerca de la chimenea un me•
d11.llón, en yeso, del Papa, coronaba un retrato, grabado,
de un misionero de gran barba, oon una dedicatoria
firmada.
Los sólos objeioe profanos, fuera del piano, eran dos
telas al aceite, obra de un artista del género. La una re•
presentaba á la Sra. Deecordee, que eonreia, en medio
de un traje negro, y la otra al Sr. Deecordee, que sonreía, en medio de un chaleco blanco. Sin eet.os eepéci•
mene del arte, esa pieza habría tenido ,completamente el
aspecto de un locutorio de convento, en que se sentfa 1 alrededor de sí, la atmósfera glacial.
Y sin embargo la Sra. Deecordee no tenía frío, cuando
precipitándose como un huracán, sin quitarse siquiera el
sombrero, se arrojó en un eillóu y exclamó trémula:
-¡ Por fin lo eé todo!
-¿Qué ea? ¿qué e€!? interrogaron las dos sefioritae,
abandonando precipitadamente el piano.
-¿De qué se trata? preguntó el Sr. Del!cordea, máe
tranquilo, levantando ene ojos anegados en la interesante lectura.
-¡Vengo de allá! ¡Qué escándalo! :Qué vergüenza!
¿Adivinais á quien he encontrado? Al eefior Subprefecto.
-¡No es posible! exclamó Angélica con una carcajada
q ne esta vez no tn vo eco.
-Bien lo babia yo dicho, añadió Díoedada, que palideció ligeramente.
- Pero de donde vienes tú entonces? preguntó ingenua.mente el set',or Deecordee.
-Vengo de casa del sef'ior Charlierl Ya me sospecha•
ba algo. He querido ver ......... Be vieto ....... .. He visto!
Eee subprefecto! Después de t.odo lo que le hemos dicho!
-El hecho es1 declaró el buen abogado que no dejaba
de tomar en cuenta las opiniones de Charlier, que no ee
en eu e&amp;lón donde se encuentra el puesto de un subprefecto conservador.
-A.já.l política tenemos! replicó la señora Deecordee
con despectivo tono ..... .... Tu no entiebdee nada ........ .
Hay cose.e que yo no puedo ein embargo decir ante estas
niñael El subprefecto e9taba instalado ahí.. ....... como en
su caea .... ..... tomando té ......... té en Cuaresma!!! con
tostadas de pan, enmantequilladael
-Enmantequilladael!I
-Sí! Y bacía que hojeaba el diccionario de Pablo, CO·
mo ayudándole en su trabajo.
-Y ella?
-Oh! ella ee muy astuta ......... tocaba el piano para

disimular. Yo creo que se puso á tocar cuando ':lle vió
venir.
-Pero, dijo el eefior Deacordes, que continuaba sin
compre1.tder; el subprefecto después de todo tiene el derecho de visitar á la eeftora Charlier. No viene acaso á vi·
Eitarnos también?
- Y osas comparai !. .... En primer lugar viene aquí....
ee dt:cir venía ......... porque sus visitas son cada diamó.e
nrae ...... ... Ya van doa·veces que declina nuestras invitaciones á comer ......... Esto no me sorprende; se ruborizaría de aparecer ante ee,oe ángeles, eaiiendo de don•
de sale.
- Vas quizá un poco )Pjoe, bija, dijo el abogado, cuya
inteligencia 1!8 dtepertaba por fin.
-Cállate! cá.llate Edmundo, ocú:,ate de tus negocios,
de tus est.udios ......... y no te mezcles en loe míos.
-Estás segura de que sean loe tuyos? murmuró tímidamente Edmundo.
-Loa mios! Acaso el deber de una buena cristiana no
ee velar no solamente en su ealud propia, 1:ino tanto
cuaoto le eea posible en la ealud de eu prójimo? Hace
largo tiempo que yo sospechaba esta intriga ......... pre•
gúntalo si nó é. tus hijas,
-Ohl eí, hace largo tiempo que mamá ve claro\
-No ee verdad? ......... Yo en primer lugu nunca me
engafl.o ......... Qué querían decir eeoe gas\os ineeneat.os
que hac.ia en su casa tst-a marqueea? Esos arr gloe de su
casa .... ..... eeae compras de muebles donde ee comen el
dinero del pobre Char'1er?
- Oh! dijo el abogado ..... .... lo que ella ee coma no ha
de ser tanto como lo que Charlier se beba.
-Jlccididamente tú comas su partido.
-No, no, no!. ....... . Tú debes tener razón ...... tó. tienes ciertament.e razón......... Es evidente que si el Sr.
de la Haye buecaba palabras en un diccionario, no eeeea
la natural ocupación de un subprefecto.
-Qué caras pueieron al vert.e, mamá?
-Oh!. ..... tienen un aplomo ...... No parecieron turbaree en moElo alguno .... .. El eenor de la Haye me preguntó por ua1edes y la et:fiora Charlier me ofreció té. Yo
respondí con un tono que ella debió comprender:
-Ya eabeie pricna que yo observo laereglae de nue1:tra ean•
ta religión y que comer ó beberentlecomidae, interrumpe
el ayuno obligatorio de Cuaresma. E ineie~í mucho en la
palabra:pbligatorio. Deepuésme quedé poco tiempo .. Estaba eofocada ..... . Me dijeron adiós con mucha polít.1ca. ••·
salvo Pab!oque tenía el aspecto furiorn y que no dijo
nada.
-Pero, observó el sefior Deecordee, si Pablo eetáb~ ahí
entonces nada tiene de particular.
-Sí estaba; ei eetaba eeta vez ..... . pero no siempre está ahí.. .... Pobre nifio! Qué e:!ucación! qué ejemplos!
-Entonces, tú supones?
- Yo lo supongo todo ...... todo.... .. Yo no puedo de•
cir más en este momento ...... Pero aun ea tiempo de pre-venir ... ... Si no es demasiado tarde ..... . El primer deber
que me incumbe ee prevenir á Charlier .. .... lo veré ma•
ñana e!l la mailana.
-SL. .... en la noche no siempre está. muy lucido ..... .
Pero acaso no valdría mas ........ .
-Qué!
-!fo meterse en nada
-Pobre hombre! he ahí su apatía ...... no meterse en
nada! Ah! si no estuvieees mae que tú para defender la
religión!.. .... Y no ves que hay doe almae que salvar....
tres acaso ...... Porque ahi. eetá ese desgraciado nifio que
ea preciso preservar de la gangrena ...... No, no, yo no
cejaré en eeta tarea ...... Puesto que Dios ha permitido
quedernubra esos horroree, ee este un signo de la misión
que me da de ponerles término. Yo eabré llenarla.
-Como quierae1 hija, dijo filosóficamente el abogado,
prosiguiendo e11 lectura.
- Vamos Diosdada .... .. Repitamos una nz más en tanto que mamá se quita el sombrero. No tenemoamáeque
dos dias antes de la l!eaión de la conferencia.
y piadosamente á loa acordes del piano las vocee de
loe doe ángeles tornaron á. cantar al unísono:

Inmenso Juego me inflama,
E inunda de claridr.id,

8ie11lo en mí dirina llama,
Me impulsa lara.ri&lt;lad!
Me impul&amp;at me impulóa la caridad.

X
Ohl cuan difícil ea hacer el bien! Cuantoedeberes 9ne
llenar! CaanM&gt;e obstáculos surgen y de loe más impre·
vistos! como por ejemplo, la ob&amp;Unación misma deaque•
Jloe á. quienes se presta el servicio!
Y ein embargo, no hay que deealentarsa jamás. La
perseverancia es el cumplimiento de la virtud. Solo por·
ella se adquieren verdaderos méritos.
Estas reflexiones, amargas y alentadoras á. la vez, eran
hechas por la eefl.ora Deecordee, después de una convereación donde había ensayado aunque en vano infundir
eoepechae á. Charlier.
Este, justamente de buen humor el di.a de la conver•
eación, comenzó por 1eir de las advertencias, y final·
mente movió los hombroe. Su orgullo ni siquiera Je permitía la sospt cha.
-Nada me dices que yo no eepa, respondió. Loe famosos gaetoe de que me hablas, consisten en doe luises
que dí á.Ma1ta y ea el precio de un brazale'-8 que ella.
vendió, con lo cual se arrt-gla ptira componer la caea. Por
lo demás, no mt disgusta, cuando tntro, en.l(.ntrar nuestro viejo rincón embe1Jec1do.
«En cuanto al eubprdecto, he autorizado á Marta para recibirlo.
«Eeo di vierte á. eetoe noble:ii, brabatear entre ellos. Ca.·
da uno tiene su leogua, no ea verdad? y guata de hablar
algunas veces. E~ como vosotros que teneis vuestra ger •
ga de iglesia y yo que tengo mis diecureoe de taberna.
11Crees que un pico blauco como ese iba á. inquietará..
un horubre como y(l'l.. ....... Vamoe, cálmat~ ... ...... Déja•
los tranquilos y á mí también ......... Ocúpate de tus cuus ..... . Si quieres vigilar, ya te cayó quehacer ...... Toma,.
y yo sé una hietoria sobre el padrecito Chavasieux ... ..,.
Quieres que te la cuentt? ........ .
La Sra. Deecordee hubo de escaparse perdigoá.ndo9e.
-Ptiro deepuéE de t.odo ee dijo¡ yo no combato por
eal var el honor de Charlier ... .. .... No hace caso, allá E&amp;
lo haya ..... . Yo combato por caridad, por ealvar dos al·
mae, y debo continuar.
Acaso habría podido añadir que la animosidad nutrida desde hacía largo tiempo contra aquella uhija de mar•
quée,» demasiado audaz para escapar á eu dominio, no
era extraña á. eu celo ....... . .
A pesar de su seguridad aparente,~Charlier, aun cuan•
do no fueee más que para quitarse la máe mínima preocupación, vigiló algún tiempo. Nada de eoepechoeo notó.
Jamás, á ninguna hora, encont.ró al subprefecto en su
casa. Al día eig11iente de la aparición de la Sra. Descordee, Savinien t.omó unas vacacion~s de un mee, y sólo el
mensajero que llevaba sus cart.ae á. Marta ó á Pablo, y
Francisca que ponían las respuestas en el buzón, y el re·
ceptor de correos hubieran podido revelar el lugar de su re•
eidenoia. Charlier, perfectamente tranquilizado, continuó
tranquilamente eue coetumbre9 de taberna, declarándo·
se á sí mismo qae su prima estaba loca~
La Sra. Deecordee reconoció que se había equivocado.
No se toma una plaza fuerte, por asalto, al primer gol·
pe. Ee preciso rodearla de líneas de citeunvalación,.
aproximarse peco á poco con inteligentes tanteos, hacer
una brecha, y solamente entonces ee logra el ataque 11.
vi va fuerza.
Tal como un general que no considera la campaiia perdida, por un fracaso de la vanguardia, la Sra. Deecordee púsoi:e en obra con nuevo aliento, después de haber
prendido un cirio por el éxit.o de eue esfuerzos. Sus dos.
ángeles tomaron cerca de ella sus dos puestos de bata·
lla. Dioedada, sobre todo, se distinguía por el ardor de
su celo, llen{J de lt1 amargura de una esperanza deevanenecida.
Una palabra dicha á propósito, una confidencia b,í.bilmente cuchicheada al oido da una persona conocida.
por su indiecreción, un eubentendidoacentuado con una..
fina sonrisa, un silencio oportuno ......... no se necesitó.
má.e para que al cabo de quince díajtodo Ganneville es•
t.uvieee convencido. Quedaba establecido, sin duda po•
sible, que el eubprefecto \enía relaciones con la Sra.
Charlier y que ésta arruinaba á. su marido con tme locos
gastos de toilette y de moviliario.
La Sra. Valier aseguraba que ya más de diez mil francos habían sido engullidos. La Sra. Leautaud encontraba esta cifra exajerada ...... Según eue cálculos precisos,
no se elevaba más que á. siete mil quinientos francos.
Cada una de estas damas creía haber descubierto algo.
El mayor éxito fué para la Sra. Bouchard, la mujer

J

•• do AGOSTO d• ,. . 7

d el veterinario¡ esta afirmó que su marido, que había
madrugado cie1to día, percibió un hombre que deseen •
d ía á. lo largo de la casa por una escala de cuerdas. Este
h ombre no podía menos que ser el Sr. de la Haye. La
fea Belamy ensayó hacer notar que la dicha escala esta·
ba todavía en el día sirviendo á. un albaftil que arreglaba loe techos. Iudu-Jgencia inútil y casi sospechosa.
Era 110 axioma que el eubprefect.o escalaba por la noche
el balcón y no lo dejaba sino al canto de la alondra.
La popularidad ee efimera. La que había rodeado loe
comienzos de S:1vinien habíase disipado como el humo.
Desde hacía largo tiempo, absorto en su fraternal y san•
la ternura, había descuidado sus visitas, objeto, en otro
liempo de t8ntas ambiciones. I.a ¡:arienta anunciada
no habfa llegado. El famoso baile no ee había efoctua•
do. Las toilettee preparadas ee marchitaban en los armarios. Loe cajones y loe cartones de la9 Sritll9. Juglan
reventaban de adornos prematuros. Las seftoritae habían v11elt.o á. e9conder sus sonrisas y las madres eu be·
nevolencia. Loe gármenee que arrojaba la Sra. Daecordee
no podían menoe, e0bre un terreno propicio, que genni•
nar con rapidez: su nueva obu de caridad lograba un
éxito superior á toda esperanza.
De lae mujeres el movimiento ee extendía áloe hombree. Sa comenzó á. bromear en los cafés sobre loe amo•
ree del subprefecto. En el grupo de los paeeantee de la
gran plaza no había casi otro asunto de converaación.
Al gunos encontrabln esto muy divertido. O.Jmunicábanee un epigrama anónimo, tan necio como maligno, y
que lae gentes bien informadas, atribuían al inspector
prim ario, retirado, grueso y buen hombre, ventdpoten,e, cuyo ingenio igualaba á eu prosodia. El misterioso
papel iba de mano en mAno. Alguno aseguraba que ha•
bía sido puesto en mú~ica y se decía también que las se·
fl.oritae Deecordee lo cantaban al piano entre dos oá.ntieoe
religiosos.
Otros máe pudibundos, graves funcionario3 1 eepecial·
mente el conservador de las hipotecas y el eet.:lribano del
tribunal, gemían de que el representante del gobierno
perdiese así en placeres culpables el tiempo que debiera
consagrar á. loe asuntos del paie.
Cuando Sa.vinien volvió de sus vacaciones, la menor
perspicacia le habría perm:tido testificar los eignoe pre•
oureoree de una tempestad terrible. Pero su preocupación única era encontrar de nuevo la dulce intimidad en
que vivía entre Marta y P.ablo. Las reuniones tornaron
á. ser como en otro tiempo, tan eencil1aa, tan dulces y tan
puras.
Dos veces solamente se vió obligado á faltar. A la .entrada de la calleja que conducía á. la casa de Marta, ee
encontró paseantes ob:tioadoe que le salu'.laron sin que
é l notase eue sonrisa!:,, y deshizo el camino.
Se abrió entonces la puerta del jardín y en adelante
Savi nien entró por aquel camino discreto é ignorado.
Ignorado! acaso podía escapar alguna cosa' al ojo vigilante de la sen.ora DescNdee?
Caneada de vigilar y de hacer vigilar la cslleja donde
jamás ee percibía ya á. Saviníen, fué presa súbitamente
de un celo ardiente por un orfanatorio un paco deecui•
dado que ee encontraba situado precisamente en la calle
á la cual daba el jardín da Marta.
Esta nueva caridad fué bien pronto recompensada,
cuando vol vfa una noche con eue hijas de una visita á
eete establecimiento, rechinó una llave, se abrió una
puerta y las damas se encontraron frente á. frente de Savinien que salia del jardín. D~stanteado él lee saludó con
poca destreza.

XI
Cnando una mosca se posa en la frente, se la arroja die•
i raidamente. Pero la paciencia má9 experimentada, no
resiste á. la insistencia persiete,nte de su tenacidad. Rechazada de na lado, vuelve del otro, siempre, incesante·
mente, ein tregua, infatigable en eu zumbido, implaca•
ble en su cuchicheo, y eete enplicio continuo acaba por
exasperar al eer menos nervioso.
La primera vez que, en uno de sus cafés habituales, un
amigo un poco exc:tado hizo á Charlier una alusión á lae
aeiduidades del subprefecto, él se contentó con reir. La
Eegunda· vez se enfadó. La tercer.; se quedó silencioso y
t urbado.
El personal de loe establecimientos donde se pasaba su
vida, no busca ni la delicadeza ni la variedad de lae bro.Dl.ae. Cuando ha eucontrado una vena la explota sin tre-

IEL MUNDO

gua ni reposo. Cbarlier era acogido todoe loe diae con loa
mismoe chietee, seguidos de las mismas risas.
-Buenos días Babieca le gritaba el veterinario B0u •
chard desde que entraba.
En apariencia Charlier no ee irritaba fingiendo aún algunas veces, compartir la hilaridad general ó respondiendo con una grosería. P~ro la cólera se amasaba poco á. po·
co en eu corazón.
Se notó que bebía má.e aún . Sue ojos ee extraviaban,
eue manos temblaban con un movimiento convnleivo, su
voz se volvía ronca, eu roetropaeaba súbitamente de una
rubicundez inflamada á. una palidez de muerte. Cuando
volvía á. su CHa no se exaltaba ya pero ee encerraba en
un silencio profundo, con la mirada fija, como obeeeiol'..!a·
do por pensamiento único. Inmediatamente que tomaba
su almuerzo, ealfa, errando al azar con un paso mecáni•
co, después volvía á eu café donde lae mismas bromaeJa•
mas caneadas, ealudaban eu entrada. Un médico habría
reconocido pronto el delirio alcohólico que se desarrolla•
bacada día más en el infeliz.
Un día á la siesta, llamó á la puerta de la Sra. Deecordea. Toda la familia ee enc0t1traba reunida en el salón,
eu entrada produjo asombro: jamás la visita.ha. Con la
mirada extraviada y vidriosa, ee había detenido bajo el
din.te}, y daba miedo verle.
El Sr. Deecordee muy conmovido, le ofreció asiento.
No vale la pena, respondió él con una voz seca, a van•
zando con la fealdad de una momia hasta la median fa
del salón donde apoyó una maro sobre la mesa. Para lo
que voy á deoir no se gastará mucbo tiempo.
Fijó en la Sra. Deecordes una mirada y continuó:
-Tn me hae dicho que hace dos meses encontraste al
Sr. de la Haye inetalado en el ealón de Marta. ¿Qué has
peneado de eso?
-Pero ..... .... amigo mío ......... Juan ...... veamos .... . .
siéntate ........ . platicaremos ........ .
-No vale la pena ...... por última vez, respóndeme.
-Dios mío! Yo he pensado, oh! nada, nada malo. Solo que por tu interée1 y por el de Marta, he creído que
valdría me.e .... ..... ya sabea, hay lenguas viperinas ..... .
frecuentemente las coeae máe honestaf.l ..... .
-B1eta de charla ...... con esto no acabaríamos mana.
na...... En una palabra, tú has pensado que el eefior de
la Haye tenía algo que ver con Marta.
-Oh! Juan! protestó el Eeíior Detcordee que se había
atrincherado detrás de la mesa.
-Delante de eetae ninael ......... ai'ladió la eef'íora Deecordee.
-Pardiez! se diría que salen tus hijas de la falda de la
nodriza! Tu les has dicho la cosa y yo les digo las palabras que la expreean! Aeí pues, tú piensas que el eenor
de la IIaye tiene algo con mi mujer.
-No ......... no!
-Entonces porqué lo has contado por toda la población?
-Yo, jamás! jamás!
-Tú lo t~ae dicho á las beatas de tus amigas que Jo han
dicho á otras, que lo han repetido. Ea la actualidad eso
corre por lae callee ...... Marta está deshonrada y yo, soy
objeto de riea. Y eres t,í la que bae hecho eeo, tú, tú eo•
la, lo entiendee? Oh! yo eé bien que no hae de haber di.
cho la cosa aeí, crudamente como yo. Vosotras encont.raie medio üe serviros de palabras muy meloeae, muy
azucaradas ......... pero dentro está. el veneno. Aeí pues
¡ú lo he.e hecho. Escúchame bien: tengo doe cosas que
declararte: la primera ee que te desprecio como á 1a última de lae últimas ... ..... .
-Oh! Juan! exclamó el señor Descordee incapaz de
máe energía.
-Y vos también polla moj.1da! Yo no soy gran cosa,
lo sé. Pero, óyelo bien, prima, valgo máe con mi dedo
mefíique que tú con todas tue virtudee ...... Yo no hablo
mal de las gentes detrae de ellas ...... ... Si tengo algo ma•
lo que decir de alguien, ee lo digo en la cara, y ei tengo
las pruebas ......... ya está.!
Ahora oye la otra coea ........ .
Tan cierto como que me llamo Charlier y que eetoy
en mis cinco sentidos aunque me creehr ebrio, verdad?
si Marta ee culpable, la mataré ......... si ea inocente, llt.
mataré I En todo caso correrá. la sangre y tú eeráe la cul•
pable ......... Bé aquí lo que tenía que decirte, adiós!
Alejá.base en medio del silencio espantado de todos,
cuando Dioedada, lanzándose del rincón donde se había
reíugiado, se arrojó ante él con un aspecto extraviado.

-¡Vuestra Marta inocente! exclamó ......... Id, puee, á
la callejuela que está á. la espalda de vueelro jardín, en
la tarde, á las cuatro y ved si mire.is entrar al Sr. de la
Haye por la puertecilla ....... . de cuatro á Eeie ......... ¿en•
tendeiE.? ......... c1n su llave ......... Sabreis así ei mamli ha
mentido y si no hay algo entre él y vuestra mujer ... ..... .
¡sí, y desde hace largo tiempo!
Cbarlier, sin responder, hirió de un pufietai:o el vaso
de musgo artificial, que se hundió hecho pedazos en i&amp;¡
alfombra. Después salió la Sra. Deecordee casi orgullo•
ea: admiraba á. eu bij:I en tanto q11e el abogado, con la
cabeza entre lae n:.anoe, gemía:
-¡Oh Juan ......... Diosdada! ......... Dios mío....... Dios
mfo ....... .. l
Cuando, levantando la cabeza, y esiuvo cierte de que
Charlier había partido, Je volvió el valor.
-No queda má.e que una coea que hacer, exclamó ..... .
Angélica ........ . pronto ..... .... mi sombrero ........ .
-Tu te quedas dapá, ordenó Deosdada con todo aute·ritario ....... Que ellos se arreglen ...... Nosotros no noe
metamos en nada.
-Pero hae ofdo. ·
-Si, he oído que si no tiene pruebas amenaza con matará. mi mámá, Pues bien! IM tendrá viendo al Sr. de
la Raye entrar á su caea como un ladrón por una puerta secreta ......... Eoióncee que suceda lo que haya de
suceder ... ..... .
-Oh! Dios mío, Dios mío, que va á. acóntecer? balbu•
ceó el abrgado. volviendo á caer en eu sillón.
SJna;on lae cuatro en la igleeia. La cuarta campanada
vibraba aún cuando Sa ~inien apareció en la ex~remidad
de la calle.
Charlier, oculto en el nnrco de una puerta, le ob•
servaba.
Con paso rápido Savinien rndirigió hacia Ja puerta del
jardín, la abrió y deeapareció.
Cbarlier df'jó ent.onces su el!condite, muy pá.lido. Sa•
lió de la calleja, eotró á. Ja gran plaza y ee dirigió á eu
café. Ahi se hizo eavir. copa trae copa, ajenjo, que
tragó puro, cognac y ruh m. Sus amigos lo habían interpelado, sin recibir respuesta. Con movimiento automá•
t.ico se levantó, arrojó cinco francos sobre la mesa y se fué.
-Diablo!. ..... dijo uno de loe bebedores. No tiene
buen aspecto.
-¿Qué ee lo que tiene?
- Yo me cuidaría de saberlo.
-Se diría que va á hacer alguna barbaridad.
•-Si le E-iguiéeemoe ... .. .
-Sigámoele.
Dos ó tres se levantaron y volvieron bien pronto
riendo.
-Bah! ee ha vuelto tranquilamente á su casa. Dentro
de un cuarto de hora roncará.
Charlier en efecto Uabfa vuelto á su casa. Por dueflo
que pareciese de eue movimientos, dejó caer bruecamente el martillo del zsguá.n.
Francisca, admirada, le vió que atravesaba el patio y
antes que t.uviese tiempo de llegar ella de un salto llegó al rnlón 1 donde apacibles como de ordinario, Marta,
Savinien y Pablo tomaban el té.
-Señora! eeíiora!. ..... ahí está el eefl.or!. ..... y con un
aspecto ...... Loe tres se levantaron.
Marta se lanzó hacia Savinien.
-Idos, exclamó asustada.
Pablo eepantadó de un desconocido peligro, tomó la
mano del subprefecto y lo arraetró al jardín.
Charlier se había detenido en la p:eza de Francisca,
donde se encontraba la panoplia. Tomó el revólver, hizo jugar la batería y entró al salón.
Marta estaba sola con Francisca.
Charlier lae miró un instante, vacilando. Pero eue
ojos se inclinaron sobre la mesa y vieron tres tazas de
té Y cerca de una medio llena, un par de guantee de
hombre.
Entonces bruEcamente levantó la mano, ee oyó una
detonacióu y Marta cayó lanzando un gran grito.
En tanto que Franciecaee precipitaba bacía ella, Charlier con los ojos desmesuradamente abiertos, aplicó el
revolver sob, e sus sienes, apretó el JJamador, salió el
tiro y cayó pesadamente.

( Cvntilrnará)

�EL MUNDO

DOMINGO 22 D[ AGOSTO DE 1897

Gorra Vlzca1na.

1Ie aquí un lindo toques de crin de en·
caje gris plata, coquetamente alzado del
lado izquierdo por medio de tres choUI
de punto blanco bordado de lentejuela.
Aigrette gris perla, de plumas flexibles.

•

Sombrero Lueette.
TOMO.JI

MEXICO 1 AGOSTO 39 DE I897.

NUMERO 9.

Este precioso sombrero es de paja negra, formando su ala UL zig- zag. Lleva .
un graJl chou de punto oegro, seguido de
una bonita pi uma negra en aigrette1 bajo
el ala en el lado izquierdo, luego otro
chou de punto negro, seguido de otra plu ·
maque rodea la formá y cae sobre el ca·
bello.
Sombrero Bianea.

Este sombrero es de paja de seda oro y
gris claro, ala levantada por detrás, y
cubierta con adormideras tris. Sobre el
frente un pájaro de fantasía, todo blanco, y con una cabeza de gallo y cuernecilloa de pluma negros. Eete pájaro suje·
ta el gran abullonado de crespón gris perla, acabezado, que circunda 1:;l sombrero,
formando cocas dobles.

Sombrero Rembrandt.
NOTAS DE LA MODA.
Sombrero Rembrandt.

Este gran sombrero drapeado á la Rembrandt, va todo
bordado de lenttjuelae negra@. A la derecha están recojidos los pliegues por un broche de azabache.
Al lado izquierdo, sobre el ala levantada, un prolongado chou de terciopelo alvaricoque rosado¡ y en el centro un enormeptendedordepunta•de diamante y perlas.
Detrae Ee levanta un penacho de tres hermosas plumas negras.

Sombrero Bianca.

Todos estos sombreros muy elegantss
encantan¡ pero parn negocios de uso frecuente, paseos de mañana, viajes, excursiones, bicicleta, y en general para labores E!tl usan mucho máe los de bolerc;
algunos tienen por todo adorno una liga de cinta; otros están drapeados de se •
da, gasa 6 de rouches y cocas de listón,
y algunos eombreros de charola con
la copa crespa de pliase y cuchillos
de pluma de pavo. Después de estos, loe sombreros de
:fieltro gris, de alas anchas semejantes al búfalo: la copa
está aplastada, toda redonda, cowo los sombreros llainadoe ,,Mascotan hace algunos años: siempre con una senci•
lla cinta gris en torno de la copa. Algunos tienen al lado
izquierdo dos plumas de alas. Pero el sombrero más moderno el uPanamá, n de forma tirolés, galoneado con
terciopelo negro y con liga de la misma cinta. Este ea ligero, cómodo y muy útil para el sol. U nicamente que la
paja blanca no está bien á todo cutis, y por eso prefieren
el fieltro gris que da mejor aire.

ea

/J

.

;~··

,-,. _ ..

,'\'

..

Gorra vizcaina.

la familia en el hogar¡ que cada cosa en su lugar, aseada
y en orden, eacanta la mirada, compla~e al corazón, Y
que con el espíritu y el corazón tranqmloe las. horas se
deslizan embalsamadas, haciendo siempre sentir con pe •
ear su tan rápida desaparición.
uLoa bonitos cuadros y deliciosos paisajes acortan las
largas distancias, loe interiores graciosos retienen á las
gentes.en Ja habitación. n
.
Hay un justo medio que es necesario saber conserv.s r.
Lo3 extremos son viciosos, n!\da ·valen; torturar la vida
es tan ridículo como nbandonarla. Así, hay algunas, que
por pequefl.ez de et=píritu 6 por mania de arreglo 6 de aseo
están siempre temerosas de que se manchen eue mue~lee
LlCTURA PARA LAS DAMAS.
limpios y brillsntee, que siempre está.o en observación
de que loe visitantes no ensucien el pavimento del salón,
RES ULTADOS DE LA CIENCI A DE LOS DETALLES,
tan cuidadornmente conservado¡ que se conmueven Y
se in1,uietan por la pérdida de un alfiler. EaW ea una
Esta ciencia contribuye al bienestar tonteria.
más de lo que se cree ordinariamente.
Nada atorme11.ta como esas pequefiaa
cosas hechas de otro modo que como qui·
Eiéremve, como esos pequeiios vacios que
recordándonos á cada inetante que algo
nos falta, impacientan tanto más, cuanto
que no se atreve uno á quejarse¡ poco á.
poóo el diegusto de la vida de familia,
nace en el corazón, crece excitado por la
imaginación, y se va uno á buscar en otra
parte, un bienestar que no se encuentra
en la caea.
·
¿Queréis fijar á alguno cerca de vos?
que encuentre á la mano todos loe menudos objetos de que puede tener neceeidad,
todos esos pequeños antojos que vos le
conocéis, y que él nunca os manifestará
por temor de parecer ridículo.
¿Queréis vos misma no perder vuestro
tiempo, .ni sentir tan frecuentemente accesos de mal humor? rodeaos de todas
aquellas cosas qne oe son necesarias, prestaos todos los pequefioe servicios posibles.
Ciertamente, no queremos tral:'formar
en servidora á una ama de casa y hacerJa insoportable á todo el mundo, acom~e•
jándolt todas esas minuciosidades¡ pero
sf quisiéramos que ni ella pensase, m na•
die en su derredor creyese que estaba
mejor en otra parte que en la casa.
Quisiéramos que eet.uvieee convencida
de que el aseo, el arreglo, el lujo que no
demande más cuidado, todo esto ea el Ja;.
Sombrero Lucette.
zo que estrecha, el amante que retiene á

$n !J}tapuliepec.
Dlbulo de Josó M. Vllla~ana •.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Corazón de sacerdote</name>
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                    <text>EL MUNDO

DOMINGO 22 D[ AGOSTO DE 1897

Gorra Vlzca1na.

1Ie aquí un lindo toques de crin de en·
caje gris plata, coquetamente alzado del
lado izquierdo por medio de tres choUI
de punto blanco bordado de lentejuela.
Aigrette gris perla, de plumas flexibles.

•

Sombrero Lueette.
TOMO.JI

MEXICO 1 AGOSTO 39 DE I897.

NUMERO 9.

Este precioso sombrero es de paja negra, formando su ala UL zig- zag. Lleva .
un graJl chou de punto oegro, seguido de
una bonita pi uma negra en aigrette1 bajo
el ala en el lado izquierdo, luego otro
chou de punto negro, seguido de otra plu ·
maque rodea la formá y cae sobre el ca·
bello.
Sombrero Bianea.

Este sombrero es de paja de seda oro y
gris claro, ala levantada por detrás, y
cubierta con adormideras tris. Sobre el
frente un pájaro de fantasía, todo blanco, y con una cabeza de gallo y cuernecilloa de pluma negros. Eete pájaro suje·
ta el gran abullonado de crespón gris perla, acabezado, que circunda 1:;l sombrero,
formando cocas dobles.

Sombrero Rembrandt.
NOTAS DE LA MODA.
Sombrero Rembrandt.

Este gran sombrero drapeado á la Rembrandt, va todo
bordado de lenttjuelae negra@. A la derecha están recojidos los pliegues por un broche de azabache.
Al lado izquierdo, sobre el ala levantada, un prolongado chou de terciopelo alvaricoque rosado¡ y en el centro un enormeptendedordepunta•de diamante y perlas.
Detrae Ee levanta un penacho de tres hermosas plumas negras.

Sombrero Bianca.

Todos estos sombreros muy elegantss
encantan¡ pero parn negocios de uso frecuente, paseos de mañana, viajes, excursiones, bicicleta, y en general para labores E!tl usan mucho máe los de bolerc;
algunos tienen por todo adorno una liga de cinta; otros están drapeados de se •
da, gasa 6 de rouches y cocas de listón,
y algunos eombreros de charola con
la copa crespa de pliase y cuchillos
de pluma de pavo. Después de estos, loe sombreros de
:fieltro gris, de alas anchas semejantes al búfalo: la copa
está aplastada, toda redonda, cowo los sombreros llainadoe ,,Mascotan hace algunos años: siempre con una senci•
lla cinta gris en torno de la copa. Algunos tienen al lado
izquierdo dos plumas de alas. Pero el sombrero más moderno el uPanamá, n de forma tirolés, galoneado con
terciopelo negro y con liga de la misma cinta. Este ea ligero, cómodo y muy útil para el sol. U nicamente que la
paja blanca no está bien á todo cutis, y por eso prefieren
el fieltro gris que da mejor aire.

ea

/J

.

;~··

,-,. _ ..

,'\'

..

Gorra vizcaina.

la familia en el hogar¡ que cada cosa en su lugar, aseada
y en orden, eacanta la mirada, compla~e al corazón, Y
que con el espíritu y el corazón tranqmloe las. horas se
deslizan embalsamadas, haciendo siempre sentir con pe •
ear su tan rápida desaparición.
uLoa bonitos cuadros y deliciosos paisajes acortan las
largas distancias, loe interiores graciosos retienen á las
gentes.en Ja habitación. n
.
Hay un justo medio que es necesario saber conserv.s r.
Lo3 extremos son viciosos, n!\da ·valen; torturar la vida
es tan ridículo como nbandonarla. Así, hay algunas, que
por pequefl.ez de et=píritu 6 por mania de arreglo 6 de aseo
están siempre temerosas de que se manchen eue mue~lee
LlCTURA PARA LAS DAMAS.
limpios y brillsntee, que siempre está.o en observación
de que loe visitantes no ensucien el pavimento del salón,
RES ULTADOS DE LA CIENCI A DE LOS DETALLES,
tan cuidadornmente conservado¡ que se conmueven Y
se in1,uietan por la pérdida de un alfiler. EaW ea una
Esta ciencia contribuye al bienestar tonteria.
más de lo que se cree ordinariamente.
Nada atorme11.ta como esas pequefiaa
cosas hechas de otro modo que como qui·
Eiéremve, como esos pequeiios vacios que
recordándonos á cada inetante que algo
nos falta, impacientan tanto más, cuanto
que no se atreve uno á quejarse¡ poco á.
poóo el diegusto de la vida de familia,
nace en el corazón, crece excitado por la
imaginación, y se va uno á buscar en otra
parte, un bienestar que no se encuentra
en la caea.
·
¿Queréis fijar á alguno cerca de vos?
que encuentre á la mano todos loe menudos objetos de que puede tener neceeidad,
todos esos pequeños antojos que vos le
conocéis, y que él nunca os manifestará
por temor de parecer ridículo.
¿Queréis vos misma no perder vuestro
tiempo, .ni sentir tan frecuentemente accesos de mal humor? rodeaos de todas
aquellas cosas qne oe son necesarias, prestaos todos los pequefioe servicios posibles.
Ciertamente, no queremos tral:'formar
en servidora á una ama de casa y hacerJa insoportable á todo el mundo, acom~e•
jándolt todas esas minuciosidades¡ pero
sf quisiéramos que ni ella pensase, m na•
die en su derredor creyese que estaba
mejor en otra parte que en la casa.
Quisiéramos que eet.uvieee convencida
de que el aseo, el arreglo, el lujo que no
demande más cuidado, todo esto ea el Ja;.
Sombrero Lucette.
zo que estrecha, el amante que retiene á

$n !J}tapuliepec.
Dlbulo de Josó M. Vllla~ana •.

�DOMINGO 29 de AGOSTO de 119_7,

EL MUNDO

••EL M'UNJJO,,
Semanario Ilustrado.

l'e16fono 434,-Calle de Tiburcio nüm. ao.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que ee relacione con la Re4acci6n, debe aer dirigida al

Director, Lle. Raf"ael Reyes Spindola.

,Dlítka ®ttttral.
RlSUMEN -El Presidente hure en Rusla.-Pomposa recepc1ón,-EI elemento oficial y el sentimlen•
to público.- El Czar en París y M. Faurcen Peterhof.
-Paradojas.-Poslbllldad ae la alianza francorusa.-Como se dlacutc.-La lnaurrecclón ae los
afridaa.-EI Imperio de las Indias y el Afa;aniatán.
-Laadisputaa en Aala.-Probables complicaclonea.-La perfidia mahometana.-Muertc del Presidente de Uru1uay.-EI anarquismo en América.
-Conclusión.

Secretario de Redacción,
Amado Nervo.

Toda la qorrespondencia que ee relacione con la edición
&lt;debe ser dirigida al

Gerente, Lic. Fausto Moguet.
La aubacripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al

mes, y se cobra por trimestres adelantados.
Números sueltos, 60 cent&amp;vos.
To do paco debe ser precisamente adelantado,
REGIBTBA.DO COMO ARTÍCULO DX BBOUNDA CLASB.

tn,gta5 tbitt1rialt5.
Q;l tl!illltill bel bía.
¡Imposible hablar de otra cosa que de la inesperada al•
za del cambio eobre el ext.raujero! La crisis que peea sobre el valor de !tl plata ha alcanzado un periodo de ex•
traordinaria agudeza, y es creencia general que esta vio•
lencia de la t:iituación deierminará necesariamente un
equilibrio. En los bechos económicos como en los socialee, el remedio de una enfermedad se encuentra en loe
caracteres de la misma dolencia.
La depreciación de la plata no ea, sin embargo, un fenómeno económico que nos sorprenda por vez primera:
hace más de diez años que venimos apreciando sus efectos, ydeede entonce&amp;, el paia aeha provisrodesuficienteserenidad para afrontar con juicio y recto criterio el que
antafio nos parecia un golpe de muerte asestado á la riqueza micional. Loe hechos deearrolladoeen este espacio
de tiempo nos ban dado á entender, que en el problema
monetario México ha encontrado elementos para afianzar
su prosperidad y dotar el trabajo del país de nuevos úti•
lee, interesantes para el progreso económico.
Demasiado se ha ineietido acerca del aliciente ofrecido
li las industrias por la baja del metal blanco, para apoderaree de un tema que no está á discusión¡ pero eí convie•
ne hacer observar cómo se ajustan loa hechos á la enunciación de la teoría. En loa momentos en que el boletín
de la Bolea nos presenta un tipo de cambio de 145 por
ciento, la prensa diaria sen.ala reuniones de hombrea de
negocios y capitalistas, agrupad( a con objeto de acame•
tier empresas i1.i,duatrialea y explot:icionee agrícolas, im·
pulsadas por la crisis. Loa paieea de talón oro eeilin, de
tal sb.erte, ejerciendo una especie de proteccionismo en fa.
vor de loe 9,ue tienen la plata como base monetiaria.
Nuestra unica preocupación gira puramenMl en el or•
den :fiaoal, y aun dentro deeate círculo, el eneanche de la
riqueza pública ea la mejo_r garantía de la resolución del
problema.

QH anarqni!intll 1J la baia be la plata.
Mientras del otro lado del Océano la fiebre de la deat;rucción hace sus víctimas y amenaza el orden y el bien•
estar sociales con las explosiones de su ierrib!e programa, nueetra República, de formación reciente, coniem·
pla sin a¡,rensionee ni temores estos lúgubres dramas.
Ni una vaga sospecha se ha despertado sobre la poai•
bilidad del anarquismo en México; y ea que las condiciones para que brote esta planta de floree sangrientas
reclaman un terreno regado por el 1lanto de la miseria y
abonado por el humus del hambre. Para llegar á eat;e
grado de desesperación sombría :culintaa víctimas aplastadas! ¡qué enorme masa humana triturada!
A. :a cu11q11i81.n del pan corren esos desesperados, retratados de mano maestra por el ruso Kropotkin, y el pcm
B'3 evade de sus manos, cuando loe cardenales del látigo
descargado sobre muchas generaciones aun no desaparecen. Entonces el hombre ·acorralado se vYelve fiera,
que ea necesario cazar como al oso y perseguir como al
lobo.
En el fondo de eat.aa tragedias clava eu garra el pro•
blema económico.: días sin alimentación, lúgubres no•
ches glaciales1 cuerpos inanimados ......... la lucha por la
vida, cada vez más ruda, cada día más einieaira.
Y en tanto, loe que de lejos presenciamos loa acontecí•
mientoa yernos inaugurarse para nuestra patria una épo•
ca de gran impulso industrial, vislumbramos u.na activa
demanda de brazoa1 la elevación de loe salarios, el ensanche del bienestar ent.re todas las clases.
Se tiene razón al aeeniar que el anarquismo no vendrá
á hacer su aparición eombrla en el territorio mexicano.
A.caso se encuenire en lo justo un pensador ilustre,
cuandopresenia á los pueblos americanos como los sal·
vadores de la civilización.

Con toda la pompa de la fastuosa corte moscovita, y
en medio del 1't-gomjo de todo bl pueblo ruso, ha sido re·
cibido el Pre1üd1;mte de la R~pública Francesa en el cas·
t.illo de Peterhof.
Así como llamaba la atenci6n en el pasado Octubre, ver
al pueblo francés eniueiasmado hasta el.delirio, para aga·
sajar dignamente á. loa .l:!:mperadores de Rusia que se
dignarou visitar Ja ciudad de la Comuna; aei como era de
e:urañaree ver esos hom~najes en loe.buenos parisien&amp;ee.
01gu1loeos con su tradición ,epublicana, encantados de
eu historia democrát.ica, que comienza en la sangrienta
soma de la Baaiilla, St, cónünúa en las barricadas de 1830,
toigue en las poéLicaa peroraciones de Lamartine que acau•
dllla la revolución dt, 1848, y de eslabón eneelaoón llega
haaia loe faudicoa rnccudios que envuelven en llamad
destructoras, lo mismo el Monte A ventino-el,Hotel-dti·Ville-q ue el Capitolio-las Tulleríaa;-aaítambién causa
extrañ~za ver á. loa rusos actictoa db iodo corazón á la
monarqu1a, devo1,os abnegados de su st-ñor li quien ape·
lhdan padre, servidores leales del trono y adwiradores
de su glorioea dinastía, rendir loa tribusoa de su respeto
y ofrecer homenajes de alia consideración el repreeen tante de uoa democracia, al que tremola en sus manos la
ensena tricolor de Francia, que significa la revolución. al
humilde cmdadano elevado á la primera magist.rat.ura no
por derecho divino ni por pragmti.,icas reales ó abolengos
lt!gendarioa, sino por el voso dt:l 1aa mayorías abrumado·
ras, emit,ido por la representación naciooal.

•*•
Sea como fuere: las fiestas celebradas en San Petersburgo y en PeterB.of para honrar á. M. Faure, son la prencta
segura de una unión real, de una alianza efdc~i va entre
las dos poderosas naoi•Jnes -que tratan de equilibrar y
formar contrapeso de aha significación á la iotiueocia que
ejerce en loa destines de Europa la Triple Alianza.
Podrá discuiirse la ex1ar.encia de uaiado:J formales que
aarcioneu la alianza franco-rusa; acaso en el seno de 10a
gabineies y en l&lt;Js misterios obscuros de la diplomacia no
haya más que cordial eimpaifa, que buena voluntad, que
inteligencia franca, preparando t-1 camino á una. futura
convención¡ Sal vez tengan razón loa que ponen en duda
esos tratadoe, y quienes loe critican desde antes de cJnocerloa, alegando que la omnipotente Rusia tr.i.ta de ex•
plohr el temperamento lasino, fácil de ensrar en eíerves•
cencia y el ingente patriotismo de loe franceses, guiada
por miras egoisticas.
Pero al ver las corrientes de fraternidad que pasan de
uno á otro pueblo, al ver el creciente amor y la mutua
admiración 4110 ee manifiestan entre loa dos países, entre
el imperio ausocrático y la república popular; al ver có~
mo aumentan loe intereses que atan con lazos estrechos
á. las dos naciones, y al palpar que las manifesiaciones de
simpatía y de adheaion no se hmitan á las esferas oficiales, sino que arraigan profundamente en las diversas capas de la sociedad, lo mismo en Rusia que en Francia,
igual entre los pueblos eeclavonea, fríos y calculadores
como todas las razas del Norte, que entre los de origen
latino, entnaiaetaa é impresionables sobre t.oda ponderación, no podemos menos de cr~er en la exietenc~a efecti·
va de la diacu,ida alianza.
No importa que con demostraciones semejantes á las
que ha recibido M. Faure se haya festejado hace muy
poco al arrebatado Emperador de Alemania. En lo que
se relaciona con el elemento oficial, con la alta correccion,
con la rígida etiqueta que debe haber en la corte impe•
rial de Peiersburgo, puede afirmarse que iguales demost;racionea ee han hecho al monarca teutón que al preai•
dente francés.
Pero lo que forma parte del sent.imíento público y se
adivina en las informaciones que hasta hoy se han comunicado, nadie negará que hi partida se ha decidido
en favor de Francia.
La entente que comeuz6 por la espléndida recepción de
la escuadra francesa en aguas de CronatadL ha tenido un
digno coronamiento en loa pomposos festivales de Pe•
ierhof.

*
**

Una nube negra prenada de tormenta se levanta ame·
nazadora para el gran Imperio Británico en el cielo azul
de sus vastas posesiones indianas.
Sea que algunas tribus feroces ó remontadas en la fron•
tera afgana hayan sentido el ac!cate del hambre y la miseria que han asolado la península indostánica, sea qhe
á su interior hayan llegado loa ecos del fanatismo rebelde cont.ra la higiene inglesa, en medio de loe horrores de
la peste, ello es que la ineurrecoión, que había estallado en puntos aislados y fácilmente accesiblea1 acaba de
comunicarse á loa belicosos afrldaa, que en formidables
masas se levantan contra el gobierno inglés del que apenas eran simples tributarioe.
Si .la presente .rebelib.n ha sido provocada por las condiciones especiales en que ee encuentra la India Británica, con alguna d:ficultad, luchando contra las asperezas
de las montaf'ias, contra las agrias pendien~es de ioe valles escondidos, en que habitan loe rebelde..i, será poei•
ble en plazo más ó menos remoto dominar la insurrecclón.
Pero puede haber algo más que el consejo torpe del

fanatismo ó la ineinurción aviesa de la miseria en la pre•
Bdnle,inaurrección. Acaso el Emir de Afganistán. pérfi.t
do como todos loa mahomesanoe y frío Cblculador como.
t,odoa loe sectarios del Corán, sea el instigador de last,ribua rebeldes, el agitador de las masas que las empuja
y lanza contra la Gran Bretafia, por más que ee le oiga
jurar como buen musulmán, protestando de eu inocencia
Dos son las grandefl naciones que se dividen el tenit.o"
ria y sordamente se disputan la preponderancia y el dominio en el continente asiático: Rusia é Ioglaterra.
Apartadas por altas cordilleras, divididas por csmdalosoB-,.
ríos, las vaetae posesiones de loa dos imperios, están unidas por una serie de pueblos informes y mal de:6.nidoe, _
por una cadena de movedizas agrupaciones sociales, fáciles de someter por la aaiucia y dificilee de dominar por
la futrza. Centro de esas agrupaciones ea el Afganistán:
su omnipotente Emires alternativamente lisonjeado por.·
loa gobiernos de Londres y San Peieebur,o.
¿Quién pudiera afirmar que la actual 1n1mrrección de .
loa afridaa no es provocada por una perfidia de Abderrhaman para adulará Nicolae II en contra de loa ingleses? Si así fuera, aparte de las dificultades que consigo
mismo trae aparejado el actual levantamiento de esas~
tribus guerrerae, habría que pensar en serias complicaciones para un porvenir no remoto, entre las dos grandes
potencias que se disputan el imperio del Asia.
Entonces el gobierno ingles tendría delante de si, no
solo las bordas indisciplinadas y f,..rocee, indomables y
valientes de la frontera afgano-indica, sino también loa~
innúmeros ejércitos del Czar Nicolás II.
¿No sería ésta la primera aplicación práctica de loa
grandes ferrocarriles estratéjicoa que tan costosos han
sido al Imperio ruso·?

*
**

Aun no pasaba la dolorosa impreeión que produjo en
el mundo civilizado el crimen de Smt.a Agueda, t.odavía
no ae extinguían en el espacio las protestas enérgicas
que brotaron de todos loe labios por la trágica deaapari·
cion del señor Cánovae del CaEtillo, cuando eJ telégrafo
nos comunica la muer~ violenta y en circunstancias
idénticas, de Don Juan Idiarte BJrda, Presidente de la.
República del Uruguay.
Si nos explicamC'a y encontramos ó pre~n.demos hallar la tenebrosa filiación del 11,narq uiemo en las naciones
'Europeae, nos parece muy extrat'io1 contradictorio, anti-.
t;é1,ico, y hasta sobrenatural que fonómenoa semejaniee
se produzcan en el seno de la libre América.
No podemcs creer en la realidad de esos hechos eom•
bríos, loa rechazamos como absurdos y contrarios li la
naturaleza de las cosas, y sin ninguna relación con el
medio en que 1:ie producen.
Que loa pueblos, abrumados por el complicado anda•
miage de un aparato gubernamental, extraordinario,
lancen quejas doloroeae; que loe países, agoviados por
el inIQ.enao peso de la paz armada, se lamenten con tris•
teza¡ que las agrupaciones industriales y agrícolas, explotadas por loa grandes sindicatos y loe omnipotentes
capitales. giman en su miseria; que en las sombras de su,
i~norancia y en las tinieblas de ~u dol!)r hagan explosión, á veces, en tremendas mamíeitac1onea de salvajismo extraordinario: no loe disculpamos, eterna maldición
sobre ellos; pero al fin sus angustias tienen una causa.
Pero entre nosotros ¿qué puede da1 pábulo al anarquismo? ¿dónde está el suelo empobrecido, la civilización
caduca propicia al desarrollo de esa planta envenenada?
¿dónde loa antros infectos que den abrigo á loe RJVa•
cho!? ........ .

Fruto de la importación de contrabando, el anarquismo
-lo decimos con todo nuestro orgullo de americanosno podrá desarrollarse en nuestra tierra virgen: en nuestras sociedades de ayer pero encaminadas con entusiasmo juvenil bacía un hermoso porvenir.
Que esta satisfacción no nos aparte sin embargo, de
sentir hondo pesar, por lo tragica muerte del PreeitlenteBorda.
X. X. X,
Agosto 26 de 1897.

LA BELLEZA FEMENINA Y LA MODA ..
Cuando se estudia la moda, eepeCialmente en el transcurso del último siglo, para tratar de descubrir la ley·
que la rige, los principios que la norman 1 loe impulsos.
á cuya virtud evoluciona y se traneforma1 no tarda en,
descubrirse que su tendencia predominante, su aspiración suprema y su norte invar(able son la variedad y la.
profusión.
La_ caprich~ea rein~ que tiene sometida á perpetuo vaeallaJe á la mitad meJor y más bella de la huma!lidad y·
á una parte no despreciable de Ja oira mitad, no parece
preocuQarae ya, poco ni mucho, de embellecer á la mujer
de realzar sus naturalfla encantos, de hacerla m,a magea:·
tuoaa ó más graciosa, más seductora y más digoa de ser
contemplada¡ menos aún se preocupa de protegerla contra la i_nt.emperie, de vestirla y ata viaria co~ desahogo y
comodidad, de proteger su cuerpo contra la rnclemencia
de precaver eua formas contra la deformación ó de BSt,:
gurar el funcionamiento expedito de eue miembros y de.
sus órganos; no: sedienta de novedad y de variedad deja á un lado la estética por elcanzar la extravagancia y
menosprecia la higiene pg,ra llegar á la variedad.
Una vez vestida, la primera preocupación de una mujer ea desnudarse. No_ bien !egresa de la calle, del paseo,.
del eepectáculo 1 su pnmer impulso ea desceñirse el coreé que la.ae.fh:ía, desabrochar el c~ello que la extran¡ula, desp?J~r el calzado que la mortifica, y suelta, deaceñi•
da, el pté Jugueteando dentro de la pantufla, reclinarse
en el canapé, columpiarse en la mecedora, descansar un
poco de tanta ruoleat.ia y de tania tortura y dejar tirado
el fardo de elegancia que llevaba á cuestas.
Con su c~mi~ta, su camisón, su corsé, !U cubre-coreé.
su enagua mterior, su sobre enagua 1 su falda, su corpi•

DD ■ IIGO 20 do AGOSTO do 1897

no, su manteleta, su sombrero, sus guantes, su sombrilla, su bolea de mano, su tarJetero, su bombonera¡ con
aue sortijas, pendientes, prendedoree,collaree, reloj¡ y eu
frasco de salea, una muJer vestida pesa veint~ ó trem~
quilos más que desnuda, ein contar el ouat.e, loa poeii•
zoe, ooinetaa, horquillas y demás perendengues indiapenaablee. Cuando una mujer dice voy á vestirme ee sabe bien cuando empieza, pero no cuando acabará y para
desnudarse necesita siempre alguieu que la ayude.
La misma profusión se obrnrva en el ornato y decorado de cada prenda de uso¡ en:e1 sombrero se dan cita todas
las floree de loa campos y todas las plumas de las aves;
en las faldas y corpiflos espuman todos los encajes, ondean todos loe volantes, flamean todoe loa liatones; en las
orejas y en la cabellera chispean constelaciones, en loa
brazos ee enroscan víboras de oro con ojos de esmeralda, en el seno descanean lagartija.a y escarabajos de ea•
ma lte, al cuello ee ciñen apretados y múltiples loa hilos
de perlas, loe dedos se adelgazan· bajo la presión de las
1ortijas y las ligas se cierran con medias lunas de brillantes.
La Moda parece que aspira á acumular en cada mujer
todas las bellezas naturales, toda la flora de loa prados,
toda la fauna de loa boeques, todos loa celajes del ere•
púeculo, todos loa iris y todas las nubes y todos loa
astros.
.
En punto á variedad no le deja jamás punto de reposo. Hace todavía cincuenta afl.oa una señora decía: mi
vestido de moaré, mi mantilla eapafiola, mi gorro de paja y lo decía diez afias seguidos, como boy decimos: mi
ca ea, mi rancho ó mi familia. Aquellas prendas eran ~ei Biempre las mismas¡ el vestido negro de moaré que fi.
guraba en la canastilla de donas, acompaflaba á la da •
ma li todas las funciones de iglesia, á todas las procesiones del Corpus, á todos loe péeames del Viérnee Santo y
la seguía :fielmente hast.a la tumba. Había faldas solariegas y mantillas tradicionales y hereditarias como loe
pergaminos nobiliarios. Como ni el corte ni la confección variaban y como la industria inveniaba pocas varíedade« de telas, un traje podía llevarse anos enteros
con propiedad y elt'gancia.
Hoy t.odo ha cambiado: en las telas giran todos los coloree como en el disco de Newton¡ la tistructura, la tez y
la consistencia de los tejidos cambian veinte veces por
afio : el catálogo de las telas ea más voluminoso que el de
una biblioteca pública; el corte y la confección aníren
metamórfoaia sin cuent.o, que parecen más bien, por lo
rápidas, lo bruscas, lo inesperadas y lo incoherentes,
convuli,iones epilépticas¡ las faldas ee alargan ó ee acor•
tan de un mee para el mea siguiente; loe talles se ahuecan
ó ee eakecban de una semana á. la oira; la manga ajustada
de antier fué ayer un globo de Cantoya y boyuna cabeza
de elefante. Loa sombreros pasan casi sin transición de la
caiegoría de solideo á la de tienda de campaila¡ unas
veces el calzado sube hasta media pierna como bota de
h úsar y osraa desciende, en equilibrio inestable, hasta abajo del tobillo; ei eu primavera privan loa coloree
vivoe1 en estío imperan loa pálidos, en oioflo loe gri·
saceoa y en invierno los obscuros.
Nada permanece fijo, estable, permanente; ee gasta u,na
eenora cienó doscientos pesos en un abrigo, lo usa dos ó
tres veces durante el invierno; al afio vellldero la moda
ha cambiado: tela, corte, adorno, todo ha pai.ado dt: 1110•
da y hay que abandon&amp;r intacta la prenaa ·y adquirir
otra.
Todo esto, estando muy mal, estaría muy bien, si en
medio de eea variación incesante y de eaa profusión inaudita, la moda l!e preocupara un poco siquiera de la comodidad, da la higiene de la mujer ó por lo menos se ina·
pirara en loe principios de una estética racional¡ pero Jejas de eso, lll capricboi:a deidad parece haberse encnado
con la higiene y con la estética Y habetlee lanzado un
reto altanero y brutal.
A la higiene, desde luego, porque ¿de dónde ha eaca•
do la moaa que el pie acaba en punta? y que el talón La
de reposar más al\O que los dedos? Consultemos con la
anatomía y la estatuaria y ellliB noE dirán que el pie es
más estrecho del lado del talón y que éste descansa á nt·
vel con la planta. No ha nece,ütiado más la moda para
p rescribir el tacón aho y la punta del calzado estrecha.
Se concibe que el calzado Minga hebillas 6 moños, que
ae confeccione con pieles más ó menos ricas, pero siempre flexibles y permeables; pero la moda no debió meserse á enmendar la plana á la naturaleza, enmienda que
tortura, deforma y enferma á quienes la aceptan. Hay
a lgo meJor que un pie pequeilo, y es un andar airoso, y
este andar airoso es imposible con el calzado ce.flido, de
tacón alto y acabado en punta.
Cuando de la forma del buaio se trata, la moda se vuel•
ve á la vez ioquiaiiorial y sofística; inquiait.orial, porque
comprime1 atormenta y atrofia contornos y órganos que
debiera prottger, d.ieefiar y conservar sanos y vig,)roeoa¡ y sofistica, porque para dará la mujer la apariencia
de una cadera amplia y robusta, condición necesaria de
belleza femenina, comprime y reduce á su más simple
t-xpreaión la cintura. La cintura de avispa, el talle de
junco no son bellos ni embellecen á la mujer, díganlo
ei no las Venus de Milo, de Médicie y todas las creacio•
nea escultóricas que encarnan y perpetúan el concepto
real de la hermoeura femenina.
l::H pasamos del boato á la cabeza, vemos á la moda per~
der todo norte y toda brújula. El peinado y el sombrero
ilenen como razón de ser el embellecer, protegiendo y
preservando ios órganos importantes contenidos en la ca
ja craneana y en parte también la cara. Ahora bien: ni el
peinad~, en general, es adecuado para embellecer, ni el
eombrero para aoiobrear ni abrigar. La trenza de Margarita y de Ofelía permiten s.dmirar la profusión y la
fineza def pelo; indicio, la primera de vigor y salud y la
segunda, de las cualidades superiores de una raza fina
Y bien cuidaúa; las monumentales construcciones que
la modl\ ha impuesto, fingen esa abundancia pero hacen
desconfiar de ella y d'a n faleo concept.o de la fineza; sabeo tlar á la mujer aspecto de hidrocéfala, hacen perder
ioda proporción y .ada relación entre el iamaflo de la

B:L MUNDO

cara y el de la cabeza y suelen acentuar las imperfecciones del óvalo del aemblant.e. Así, en vez de adecuar
el peinado á la fisonomía, obliga á usar tupé á las mujeres que tienen la frente chica, á alisar y levantar el copete á las que la tienen grande, pone castafia y molote
á las cabezonas •Y ~je interminables trenzas a las que
Sienen la cara larga.
Con el sombrero pasa lo mismo¡ it veces se dan cita y
entran en íntima relación una nariz r-,mangada y una
falda descendente de sombrero; otras veces ee ven chaparritaa coronadas de canastas de panaderos, ó paloe de
teléfono superados y decorados con cajas de pildorae ú
ollas tamaleras cubiertas con comalee.
·
La Moda lo ha sacrificado todo li la variedad y á la
profusión y ha paeado un rasero nivelador por todos loa
tipos de la belleza y todas las variedades del encanto¡
impone el talle largo á la mujer obeea ó el corto á. la al•
ta y arrogante¡ menosprecia tomar en cuenta las peculiaridades de cada persona para vestir á todas en forma y
~odo que sólo conviene á algunas, y olvida que las coudicíones de eeta,ura 1 robustez, proporción de las faccioº!lª, de los miembros, del cuerpo en general, deben ser•
v1r de base al culor, al corte, á Ja confecoión del sraje y
á la naturaleza del adorno. La crinolina convirtió en
ollas de pifiata á todas las mujeres de eeiatura media y
baja, y el traje de medio paaoen sombrillas á medio abrir
átodaslas mujeres altas y esbeltas, y ahora ee dibujan ojeras debajo de ojos saltones y se pinta de bermellón las
mejillas huecas de las caecadas de pecho.
~i la Mo~a quiei.era ser un poco racional y la mujer.
cmdara meJor sus rntereses en esta materia debería comenzar por preguntarse en qué consiste la belleza femenina1 por definir bien las ley~a de forma proporción y
armonía que hacen bella á una mujer y tra'~aria de sorne
t~r~e 4. ella. Si ae( procediera, la Moda sabría que su misión es velar la forma dejándola adivinar y queau fío supremo ea enmendará la Naturaleza, retocarla, disimularla, y aienuar sus errores y sus imperfecciones y 'lo
deefigurar y deformar el cuerpo humano.
Partiendo de .esta idea fundamental, comprender!a que
así como no se un ponen muletas á un manco. ni lentes á
un cojo, debe dejará cada mujer latituJ suficiente para
crear Is. moda personal, la que más conviene á sui:, candi,
~iones propias, la que más Ja embellece ó ador1..1a; dejaJaría envueltos en ancbaa corbatas 6 circuidos de hiIQB
de perlas loe cuellos de cisne y redimiría de loa cuellos
ingleses á las gargantas cortas y robustas· abullonaría el
talle de la mujt,r delg.t.da y aJustaria eÍ de la robusta·
abuecar!a la falda de. la mujer gracil y ent;allaría la d~
la mórbida; proporc1ona1fa el tamaiio del sombrero al
volumen de la cabeza y tirazarfa eue lineamientos en armon1a con el tamaño, dirección y forma de las faccio•
nes¡ crearía peinados altos y pequef'íoa, para las mujeres
gordas y bajas y dejaría ondular loa rizos y pender las
,renzaa da las arrcgantea y esbeltas¡ toleraría la cauda
solo á. la mujer magt:etuoaa y la falda corta á la graciosa
y bisbirinda¡ subrayaría con sombras la doliente ó t.étri•
ca expresión de lo_a ojos hundidos y acentuaría con carmín la salud y la vida que emana de las mejillas robustas
Las mujertis serían at-i, ó parecerían al menos1 más be:
l!aa y su belleza se oaten.tar1a mas armónica y mas auges•
t1va y no como hoy d?eparatada á v~cea, contradictoria otras y afeada las m6.s.
H~b~l'.a, bi~n ent.endi~o, leyes ó principios generales,
coud1c1onea 1ndumensar1aa de observancia forzoea corree•
pondieotea á leyes ge!leralea de la belreza femenina· to•
dos los ojos procurarían ser grandes, todas las bocas· pe•
queñae, rojas y frescas, todas las mano3 finas, iodos los
pechos levantados, todae la~ c~deraa voladas y todos los
bustos torneados; pero habr1a igualmente prescripciones
de observancia facultativa, mod.1ficacionea personales de
ciertos principios, notas propias y adaptaciones, de las re•
glas á. laa condiciones iodi viduales de ciertas personas convergieotee al fin supremo de la moda: aquil.1~ar la b~lleza
femenina.
l!:a aeneata le. idea ? ea sana y conducente? daría como
resultado el mul,iplicar el núwero de las hermosas y hacer más estimable cada tipo y cada género de belleza? Iucueationablemente si. Se llegará á hacer la reforma? Por
qué no? 3i en apariencia la Moda hace á la muJer en realtdad, la mujer hace la Moda, y bassará un poc~ de eeneatez para que cada bellt-za se estudie y, ee analice y se
componga ~1 surtido de figurines que mas convengan á
la naturaleza de sus encantos.
:Mas convien~ á la mGg~r ser bella que ser gomow. y
mRs cuenta le tiene esclavizarse á sus propios encantos
que á loa figurines de la Moda Elegante.
Agosto de 97.
DR. M. FLORES.
LA MUTUA

Otro pago de $2,000 oro • merlcano que con el
cambio sobre Nueva York, aon $4,790

Recibí de •The Mutual Life Ineurance Company of
New-.Yorh la suma de {$2,000.00) dos míl pesos oro
americano, en pag total de cuantos derechos se derivan
de la póliza número 565,~l, bajo Ja cual estuvo aseguf!'odO el S_r. D. Ernesto Z1egler, y para la debida constancia en m1 caracter de apoderado del albacea teatamenta•
rio, extiendo el present.e recibo en la misma póliza que
se devuelve á la Compafiía para su cancelación, en México, á 18 de Agosto de 1897.
Firmado,-J. GRt.ESHABER.
Certifico y hago constar que la firma puesta al calce
del documento anterior, ea de puilo y letra del Sr Jor•
ge Grieahaber, quien recibió ante m( la suma de $2 ooo
dos mil pesos oro americano, á.que se refiere el ex(¡)leaad~ documento. Doy fé. - M;éx1co, Agoaio dieciocno de
mll ochocienios novenia y siete.
Firmado, -D18Go BAz.
Un sello que dice Diego Baz.
Notario Público

NUESTROS GRABADOS
GIACOMO PUCCINI

"La Bohcme••

Creemos de gran oportunidad hoy que La Boheme obtiene éxiioe tan ruidosos en el Teatro Nacional, dar co•
mo nota complementaria al retraro que en otro lugar pu ..
blicamoa, algunos datos relativos al joven Maestro Pu•
ccini y á sae principales apartitoa; terminando con el
que inspira las crónicas de estos días.
Jaime Puccini, célebre compositor modnno italiano
nació en la antigua ciudad de Lucca, (Italia), el aflo d~
1864; es hijo del célebre compositor Puccini, autor de
varias composiciones aagradaa. En el · •1Inatituto Puccini," {* ) existe un busto de dicho compositor. Jaime
Puccini principió sus estudios en el Instituto Mueical
11Puccini.». Terminados, compuso una misa que fué
caniada en la Iglesia de San Paulino, de Lucca· después
siguieron las óperas «Le Ville)J y ccEngardo1&gt; p~ro la que
más fama le diera, fuá en ManonLe¡¡caut. estrenada en el
gran Teatro Regio de Turl'.n, el 1? de Febrero de 1803
y no en Milán, como se ha dicho. Poco después se repre:
sentó en Milán con gran éxito1 en el mismo mes y año.
La ópera mencionada ya ha sido representada en Ioglaterra, Eetados Unidos, etc. A.l principio de su carrera
musical, Puccini fué á ocupar el puedo de maellt.ro de
capilla de San Giorlamo y de otras iglesias de Lucca
hasta que fué contratado por la Casa uR1cordin para arre:
glar partituras de ópera á reducción de piano. En segui~
da compuso las óperas ya citadae, de las cuales es supremo broche La .ioherne.
La Boheme fué estrenada con bastanie Pxito en Tarín el l? de Febrero de 1896, y en Roma el 26 del mismo
mea; en el Rfgio de Turín fueron llamados qtiince veces
á la escena tanto P_uccini como los ~rtietas que deeempe •
ñaban la obra¡ á dicha representación concurrió Jo más
selecto de la arhiiocracia italiana, encontrándoFe ia du •
queaa Letizia, Isabel Verdi, Maecagni, Verga Costa Ca•
rrugati, Tedeacbi, Marcheiii, D 1 CuneviJle, Ci~chi 1• 1~ que
más llamó la atención en el estreno Jué el cuart Pto del
tercer acto, e.l quint.eto y el dúo final; los números que
fueron repetidos fueron la romanza de HChi ion &gt; acto
primero; el dúo de Rodolro y Mimí en el tercer acio. La
ejecución nada dejó que desear. El maestro Puccini fué
presentado á la duqueea Letizia durante el intermedio
del segundo al tercer act-o.
La mayoría de los críticos italianos creen que es inferior á Mauon, pero más hermosa lea parece La Boheme·
An Italia hay la creencia de que Puccini ea el suct-sor
Verdi.
Antes de terminar estos lijeros datos biográficos ma•
nifeetaré lo qne se cuenia q ,.1e dijo el inmor,al Verd.i al
autor de la Manon Lescaiit.
-"Os felicito por vueeira notable fipern y oa aseguro
que tenéis al frente un gran porvenir." Puccini ha lla•
madl.l la atención en Lucca por ene amores con la más
hermosa italiana que reside en aqt1el lugar1 llamada
El vira.
·
Para concluir esta anecinta biografía, diré que tenfa
un hermanú llamado CarloP1 muerto hace pocos afioe de
fiebre amarilla en el Brasil, también notable filarmónico.

d;

Ltrrs

ECHEG.ABAY ARAGON.

[•l Ko hay que oonrundirlo &lt;'Oll Juan Puccinf, comprndtor Italin.no
nncfdoen Cata11ia en li96 r mucrt:.oen 181',/,;; es decir, cuando PuNilni
:D:tucl\6 en Roma y luego en .Bolonia. CQmpm:;o sin éxito la
músk a religlo.c;a v de.-&lt;pu(ls operas escritas con gran facilidad que
agradaron al plH)IIC'o Ita.llano v le die ron Yerdadera popularidad
Ant.es de la edad de treinta anos habla hed10 representar má.~ de
treinta óperas entre las cunle~se eitan "Alejandro en la India"
·'Nlobc." ..El eru1..adn," "Los .\rabes en la Galin," ';Juana.de Ca.In is"
"Juana de Ar&lt;:o," •·La. novia Corsa." " Mah,Jna de E.-;eocia " " La
Reina de Ch ipre," "La Estrella de Xl\poles" y "Salio," tan Conocida en México.

nncta.

Con el próximo número de nuestro ::Semanario repartiremos á nuesrros abonados el
folletín correspondiente al mes de Septiembre: una novela tan amena y atractiva como
las anteriores.
Preparamos con toda diligencia un exp_lé.~dido_ ní~m_e1:o extraorc~inario cuya apar1c10n commchra con las fiestas de Septiembre
EL CASTILLO DE PETERHOF,
RESIDENCIA DE VERANO DEL CZAR al TODAS LAS RUSIAS

Con motivo de la actu'\I ¡,erm.anencia del Presidente
de la República :F'rancesa, M. Félix Faure, en el cas tillo
de Peterhof, creemos oponuno dar á conocer algunos
detalles de esta real residencia, á la cual están dirijida~
hoy día las miradas de todo el mundo.
. ~eterhof f'S,. sin duda alguna, uno de loa castillos más
hn~os d.el Umvereo, tanto por su arquitectura como por
au_a!tuac1ón topográfica. Casi todos loa miembros de Ja fam,harealr11aa, deede varias ~eneracioneaatrás bao puesto
todo em~flo y no han omitido gaeto alg11no para que
este ca~t1llo sea el más pomposo y bello que puede verse, y ciertamente han lo..,rado su objeto.
Desde hace dos siglos ésia ha sido 1a residencia de todos
loa gran.des peraonaJea que ee han dirijido á Rusia con el
fin_ de v~sitar á_la familia imperial. Pedro el Grande fué
qmen d1ó c_om1enzo al grandioso edificio. Catalina la eegunda y N1colás I cont.ribuyeron mucho parJ que Ja
?bra ee llevase á cabo. Otro tanto puede decirse de ta hi •
J&amp; de Pedro, la emperatriz Isabel, quien no omiUó ea-

•

�l!:L MUNDO

D0 ■ 1110

OOMUIGO 29 de AGOSTO de 1197

a9 de AGOSTO de 1&amp;o1

11:L MUNDO

-====-

Apuntes sobre el

VIAJE ALREDEDOR DEL MUNDO, DE LA CORBETA "ZARAGOZA"
RECOGIDOS POR EL DOCTOR CARLOS GLASS, MEDICO DE LA MARINA MEXICANA,
37',000 :a:u.illas sobre lo@ Ill.ares.

Figuraos un jacalón cuyo piso se levanta del suelo como media vara y llega á corta
distancia de la puerta, ein mostrador, sin nada más que esa plataforma; Entráis á
comprar cualquier objeto, tomáis asiento sobre el borde de la tarima y así podréis ver
sobre el piso, tendidas todae las mercanciae que buecáie.
Sin apariencias lujosas, los establecimientos tienen toda clase de artículos, abani•
coa, sombrillas, pañuelos, eedae de espléndidas comhinacioneli de coloree; por cada
objeto pid~n precio e fabulosos y concluyen por darlo, en la tercera ó cuarta parte
del precio que pedían.
Después, si queréis visitare! centro del almacén, ee necesario dejar los zapatos, y
ya en el interior calcetín al ~neto y amonado sobre u·nos cojinetea os sentáis en el piso
acolchonado de esrerJ. y allí eeguireie viendo todo lo que ee oe antoje.

LAS CASAS DE TE.

toda de madera de roble, ha•
biendo tomado algulla par'8
en este trabajo ei l!.imverador.
A la entrada del castillo ee
t-ncuenna una gran sala con
viEta al mar y t,D ella venee
trescientos veintiocho cuad roe pintados por el conde,
Rotari, á quien C11hhna la
l::it'gunda lh1.w6 á su lado, A.
la izquierda hállase un pabellón cl.iineeco y á coot1nuación de este un ealón com•
plt'tiamente blanco en el que
se admira el retrato de Pedro
el Grande¡ sigue luego un 8&amp;•
Ión más, que es complew.mente azul. ~n el mü,mo pa•
lacio se levanta una esplé ndida iglesia, situada en el ee•
gundo piso y que tiene cinco
cúpulas. Beta iglee:a posee
muchas riquezas y está ee•
pléndidamt:,uie exorna da.
Detrás del caetilJo hay un
parquehermosíeimo, que t ie-ue una t-xwneión de varioa
kilómetros, en donde el via •
jera encuentra todo Jo que
1mede necesitar.
Tal es E.- l gran palacio en
donde reside actua1wen&amp;e el

fueno paracontinnar la obra
y contraW, al efecto, al gNn
arq1litecto Leblond para q11e
se i;,ncargaee de ella. Un ~x•
tranjero que se ene ,ntr.sba al
servicio ael gobierno ruso,
apellidado condt, de R letreli,
fué quien dió la forllla definitiva á la construcción. La
vieta que disfruta'el eap~cta·
dor que titme la Cortina ~10
penetrará e.ee grao palacio,
desie la parte alta del ed,ifi•
cío ea encantadora. Un canal anchuroeo, abierto desde
el mar hasta el cas¡illo, permite que loe barcos puedan
llegar á este. L':t.s caacadJe
formadas artificialmente en
el parque ofrecen un aapec~o
tan hermoso, que no hay pa·
labras con q•1e describir la
impresión que producen.
Esta ha sido obra exclm•iva del eecultor Koeloneki,
.quien presentó eu obra primero en plomo, y máe tarde,
cuando Pablo I se encontra ·
ba en el podei 1 cambió el
plomo por bronca. Además,
-en el jar1ín hay muchísimas
fuentee, que holgaría ennm'!rar. En la pJanta alta del
edificio hállase el cuarto d~l
c~ar Pedro. E:itá construido

i•f• de la R,pública France•

1:a, cornepondiendo t!U v1el•
ta al C,ar de t.odae la.e R ueiae y 11. la Emperat.riz.

7

1

)

$1 &lt;tastillo ae Peter}ior.-(;tctual resiaenda ae lb). ,:Z:eli¡i ,:Z:aure.
l. Pabellón de las Rosas.-2./slote del Emperador.-3. Oran Fuente en el Jardln.-4. Capilla real.-5. Belvedere.

Entrada la tarde, una casa de te es el lagar elt&gt;gi•
do para descanear y tomar un refresco.
El kuruma me conduce á. todo correr por entre el
pueblo gritando au.1 au.l au.l con voz chillona, capaz de
asustará cualquiera, se abre paso entre la multitud y ú
los colegas que encuentra en el camino Jc,s ealuda ama•
ble con su usual Ojall6 que quiere decir buenos diae,
buenas nochea 1 y cuanto puede expreearee en un ealudo.
Mientras tanto deefi 'an ante la vista inumerables casas, todas iguales de aspecto, negras por fuera 1 albeando
de limpieza por rlentro; unas má.e chicas que otras pero
eiempre idénticas.
Ya se va dejando la ciudad y empieza el campo, todo cultivado 1 dividido en lotes pequef'ioe donde crece
hortaliza siempre freeca¡ más allá la montaña y por entre los e6beltos pinoe, destácanee loe arcos de piedra, arcos eagrados, las escalinatas interminables, hasta llegar
á lo alto de la cima donde ee sitúa el templo. Por otro la•
do deecúbreee el terreno siempre montanoeo de la co1:ta
hasta perderse en el mar que la besa y acaricia.
Allí, bafiada por las olas, parte sobre tierra firme,
parte sostenida por ineetricable eequeleto de madera,
asiéntaee la alegre 1ea house.l De un lado tenéis eiempre
el hermoso pauorama de tierra; del otro la babia eem•
brada de sumpans pescadores, de juncos con velas de
bambú, ó de manta, de lanchas de vapor, remolcadoras
conduciendo á todas partee pueblos enteros 1 grupos chillones de mujeres trabajadoras, montones de ohiquil loe
·desarrapados 6 casi desnudoe, representantes de la última claee social, enegreoidoe por el carbón, que ban trasbordado á. loa vaporee.
Por donde quiera azulean loe kimonos y se mueven loe
juncos al golpe de las singa, remos deecomunalea batien•
do por la popa las eguas y en medio de todo esto una gri,eria terribl~ porque solo en el pueblo chino puede encontrarse otro tan ruidoeo y ensordecedor.
Este bullicio de la bahía ee observa desde loa varandales de la caea de té. Allí en amplio mirador abierto á
la playa alrededor de meeitsa de lacas rojas y sentado en
sillas de bambtí tenéis que esperar la at alancha de la casa
antes de poder tomar uua eoda, una cerveza do Tukio 6
una taza de té. Al entrar á. la casa de té un clac clac en
dietintoe tonos anuocia á. eus duefioe la llegada de parroquianos de cualquier ee:x:o edad ó condición qne eean.
Primero eale la mujer de má.sedadcon eu negra denta•
Una hermosura Japones.a
dura, deepués las más jóvenes, también con dentaduras
obscuras que las da un peor aspecto¡ en eeguida las
muzmés rieuefias y ágiles con eue altos peinados negros, loe pedazos de eu frente estrecha, eu1:1 ojo,&lt;:1 más pequefioe todavía, entran una por una, dejando sus zapatos á. la
puerta¡ luego toman.el sombrero, el bastón, la corbata, el cuello de la camiea del vi·
eitante, le registran loe bolsillos, le rf'g.-.lan uno q11e o~ro beso desabrido y por fin llega
una verdadera avalancha de muchachos tonauradoe, todos en distinto grado, unos con
.coronilla pequef'ía 1 otros con unas más grandes basta dejarles apenas un cerquillo de
cabellos de la frente á la nuca, ( la edad de cada muchacho se conoce por el grado de
la tonsura) al último traen el Chami.~en (especie de g11itarra) unos tamborcilloe de
madera y cuero, y unos palos que al golpear uno con otro producen un ruido metálico,
-constituyendo la orquesta japonesa y, en un cesto de bambú máscaras de la forma
más rara.
Veis desfilar todos eetoe reraonajes en ceremonioea proceeión antes de obtener el
refresco aolicitaelo, viene á la postre el refresco, pero ¡Oh sorpresa! véis un sifón de
,agua gaeeoea, otro de cuveza, la boteJla de wiekey y una bandeja con pastelee y ta.zas de té¡ entonces llega á en colmo la algazara de toda la familia: destapan la soda, se
·a rrojan sobre los paatelee 1 devQrá.ndoloa, y concluidos, piden más y más¡ deepnée to,can el rltamisén, bailan haciendo mil contorsiones caprichosas, manejan la careta con
maeetna, v todo esto acampa.fiado de una música contundente que hiere los oídos y os
divierte hasta cierto punto, pero os canea muy pronto.
Después viene la cuenta y entonces ......... cuidado futuros viajeros: en el país del
-criaantemum¡ fácilmente Ol dejarían sin ~n solo centavo¡ ea gente que pide diez cen •

•

tavoe, Y si teneis la fllaqueza de darlo.e, os molestarán tanto más cuanto más ·dinero les
proporcionéis¡ cuidado einó moderáis ene manifeetaciooee de aprecio y no evitáis que
ee apoderen de lo vuestro: volveréis muy pronto á. vuestro hotel 6 barco con loe bolsillos vacíos.

YII
LAS COMJDA~ EN LA FONDA

lü llegado la hora de hablar de 103 alimentos. He cenado en lbs hoteles y rei!tau •
rants del barrio exLranjero, elegantes y euutuosoe, donde teneis la etiqueta más rigurosa de loe dinil,g rooms, y ee necesario irá las ca~ae japonesas á tomar el chau-rhau, nom•
breque dan al acto de comer, sea en la mañana, al medio día 6 en la noche.
Pues bien, F11k11san me conduce á una elegante fonda
japoneea para turopeos, donde hay espejos, mesas de mar•
mol, eervicio á nuestra ueanza, comida bien preparada
Y. abundante; pero pronto advertís que no coméis solos,
s100 muy acompaDadoe: una muzm.é trae el trinche, otra
el cuchillo, otra la cuchara, otra la mantequilla, otra el
vino, pan 1 etc.; llega el primer platillo y toda la eervi.
dumbre ee sienta, rodeandooe y empizan á. comer como el
anfitrión, y en el mismo platillo¡ en un momento coneu
meo el pan y la mantequilla, meten la cucbara que pasan
de mano en man_o en el plato de consomé, y hablando su
í~oma como ei lo escupieran, eotran en alegre ¡:.!ática,
hasta que cansado de esperar bav que decirles ttoy6 ?,a•
du, q 1re quiere decir, vá.yanee! porque de lo contrario no
llegaría á vueetra boca un sólo bocado.
Esto es común en la vida de los hoteles japoneses; á
las pobres mimnht parece que lee agrada la condimentación nuestra, y por tal moLivo devoran cuanto ven, cada
,·ez que tienen la más leve oportunidad de eervir suco•
mida á loe extrangeros.
•

vm
POR LA NOCHE

Termioada la cena en el restaurant japonés fuime al
boulevar(l, la calle de loa teatro1:1, más ancha que Jaa de.

más y tan larga que se extiende del parque central áloe
Yoehivaraa, iluminada profusamente por variedad infini.
ta de farolee de todas formas y colores, que lleva 1 cada
cual, un signo para indicar el nombre de la casa.
A una y otra acera, sin límite marcado, ee ostentan laR
casas de comercio, pero especialmente jugueterías, donde ee agolpan loe padree de familia á proveerse de loa
juguetee má.e raros é incomprensiblea.
Las puertas de loe teatros se ven llenas de gente que
enLra y eale 1 y por donde quiera se oye música japone
ea, con paloe 1 tambores y cltmnisen. En la calle, el craccrac de loe zapatos 1 el grito incesante de loe kurumfls, el
pito plafiidero de loa ciegos que hacen el maaage al aire
libre, el arrastrar de las rondelaa de lata de los policiaa, ee
mezcla confueamente, produciendo en loa sentidos la im•·
presión de algo desconocido y con remedos mitológicoP.
¡Qué variedad de colores en los vestidos, auo. cuando
todos tienen una sólaformal ¡Cómo brilla el negro 'y fe.
nomenal peinado de las japonesas ó las calvas de loa ancianos que paeean aleg1eel ¡cómo ee perciben á distancia
las jícaras invertidas que llevan á fuer de sombreros Jos
kurumasl y ¡cómo resalta en ese baTatillo el albeante traje
de loe europeos radicados ó de paso en el Japón!
Al pasar frente á un teatro ee levanta un telón del Ja.
-Muzmé con chamisén.
do de la calle, dejando ver primerq el eecenario y en el
fondo la concurrencia en graderíae.
Suspéndese un momento el telón y rato después ee abate: este ee el anuncio vivo
ele la3 repreirentaciones.

Er; TEATRO

Df'jemos .i. Fukusán y entremos al teatro japonés. BJjo un portal de madera enverjado en toda eu ext.eneión con varillas de junco, ee abren á los lados dos puertas estrechas que marcan la entrada y salida del escenario; sobre el portal, que ea bajo y
achaparrado, está el foro 6 circo separado de la calle por el telón que ya dejo mencionado¡ al lado izquierdo de la puerta, tras un mostralor, apenas se dietingue la silueta de
un rapado boletero que coa asombrosa rapidéz despacha á los concurrentes, dándoles
en cambio de sus centavos unas láminas cuadradas de madera coa signos que indica1'
la localidad: son loe boletos .
Súbanse dos escalones y á la derecha, en el intervalo que sirve de corredor, la concurrencia deposita sus zapatos de palo q11e cuelgan por orden riguroso en una estacada sobre la pared, ó ee amontonan en filas sobre el piso¡ los zapatos, siempre 103 za.pa•
tos, dejadoe á la pllerta de todo&amp; las habHaoionee! Yo tuve que pagar cincuenta centavos por no querer abandonar loe mfos. Da3puée de este incidente me instalé en el
departamento mejor, en cuclillas sobre una estera, y mi primera impresión fué el re•
parlio de lo:,alida,les¡ un patio sin aillas don le aentadJl 6 acostados en todaa las poit-,

�_..;D,;o=•='="=G¿0_•...:9=--•-•~A--'G_o_cs_cT_c0---=-º--''--''ª:::9:c7'============== dE:::L'.'dM~U'.:N:'.:D~O~===== ============ === = = ==~•s~
también japoneses, uno educado en Inglaterra y otro en Francia. Entre loe barco&amp;
qne vimos figuraba el ccEsmeralda, » antiguo acorazado chileno que estuvo en aguas de
Acapulco, pere:eguido por los americanos cuando la revolución de Chile, y vendido
deepuée por este paie al Japón para eu guerra con Cb.ina: de' feliz memoria y de elegantes fo rmas, el aguerrido barco descansaba sobre sus an cla9 1 atracado á uno de l!IUS
muelles. Bajo grandes pabellones de ladrillo y láminas de zinc, repartidos con el mayor orden y acierto, estaban los talleres, fragua9 1 fundiciones, carpintería, eolderiae,
t.oroería de piezas deact&gt;ro, arm!ldores, y después las in meneas jaulas de fierro donde e&amp;
construyen loe cascos de loe buquee, militar y estrictamente reglamentado todo: notába•
s1 orden, aseo, actividad, regido todo por avezados matinoey por ingenieros japoneees.:
no ee advertía la mano del extranjero sino en 18 instalación, en la idea primitiva y nada.
más. El resto lo hacía ese gran pueblo, á quien en mucbo tiempo se creyó por eu roo•
deetia, humilde apariencia y tipo étnico, incJpaz de la eiviliz&amp;oión. En 111 playa di·
ques fecoe, ocapados por barcos en carena, aumentaban á tal grado el trabajo, que no
pudo arrE&gt;glarse allí la limpia de nuestra corbeta.
Después de naestra util y recreativa vi!1ita pasamos al edifüio del Almiranta1go,
donde ee nos sirvió magnífico luncb. Sobre una loma artísticamente cortada. parecía
como inc1 ustado el gran palacio. En su ancho pórtico y vestíbulo fiiuraban honrosos
trofeos y reliquias de la guerra. E l palo mayor de un barco cortado en dos por una
granada china, una plancha de protección aboyada por un proyectil, etc. Al terminar
la soberbia escalinata de magnífica cantera, destacábaee un gran cuadro representando la toma de Puerto Arturo, y deepuéssE'gt1ían amplios y serios· corrddores que daban ac:eso á loe ealones adornados á la europea. Eu el salón de recepciones se nos
sirvió antes de comer espléndida taza de té verde, costumbre japonesa qu~ noa agradó mucho, aun á los que hubi éramos deseado algún aperitivo espirituoso.
Después, con lodos los honores íuimoe ocupando nuestros lugares en la mesa, y
al terminar, el secretario, en correcto inglé11, pronunció una alocución en la que no&amp;
dió la bienvenida y brindó por nuestro Gobierno y por las simpatías que loe mexicanos inepiraban á su paíe.
Siguieron algunas libaciones que pusieron regocijados á nuestros amables huéspedt e, quienes nos acompailaron basta el bote que debía conducirnos á nuestra.
correría.
Pescadería en Yokoh•rr1•.

XII
turas, vefaee á. mil tipo'! japoneses de los dos sexos; on barandal de medio metro deal·
tura dividiendo eEtp. lccalidad de una s1gnr:da que en p lanoiliclinado Eube hasta tocar
el piso del tercer departamento, en forma de palco corrido en comunicación con el forn;
á no lado de é~ce, y oculta á las miradas del público1 está la di1ecordante múeica que de·
leita continuamente loe acostumbrados oídos de loe naturales f martiriza loe del re•
cién llegado extranjero. En el bn lo otro plano inclinado une todas las localidadeP¡
desde el patio á la última que me be atrevido á. llamar palco; todo lleno: apit'iado, de
gente que fuma, ríe, duerme, grita ó pelea, hace de aquel lugarpllblico un sitio de confianza familiar, ein miramient,oe ni preocupacioneti.
El telón siempre levantado, deja ver continuamente juE&gt;gos acrobáticos, E'quilibrie·
iae, domadores de fieras y comediantes. Las repreeentacione5 duran en las festividades hasta tres días con sus noches; en lm días comunes, toda la nocbe. De buena gana
dieponfame á atender la representación, tratábase de equilibristas que con limpieza
suma ejecutaban loe más delicados ejercicios; siguieron loe domadores de elefantes y
tigres, también dig::io de verse en lJs mejores circo3 del mundo, tirabajoe tofos admi•
rablee y perfectamente ejecutados.
Gúetale también al pueblo japonés el drama y la comedia euigénerifl, no copia para ello nada del extranjero, tiene sus autores y poetas dramáticos que interpretan tan
bien el idilio c mo el sp,inete y la trsgedia. Hay una cosa extrana: la mujer nunca
repreeen'8 eus papelee; los hacen en su lugl\r hombres disfrazados con trajes de carlc•
ter. Acompaiiadoe cierta ocasión de un inteligente intérprete 1 nos tradujo una mag·
nífioa comedia Japonesa que gozaba de gran prestigio y fama en todos loe dominios del
Mikado.

X
lDli:AS Gli::SEBALES

Paeaban los días y nuestra permanencia siempre halagadora en ese país, noe llevaba á curiosear todas sus costumbres¡ visitábamos loe templos buhdietae, asistíamos á las
cereQJ.oniae religiosas, presenciábam'Js loe entierros, recorrfamol!I loe cementerios 1 loe
hospitales y las cárceles. Daspués entré á. las aulas científicas, á loa areenalea, etc.
Allí se palpa el contraste extraordinario, el empuje soberano de una raza disímbola, antitética y contradictoria, pero en via de un progreso tan eficáz, que camina rá.•
pidamente á su engrandecimienio y alcanza en la actualidad el primer lugar antre todos loe pueblos del Asia.
La primera impresión que produce el Japón, es la de un -pueblo de monigotes in·
civilizados¡ se estudia y éntoncee aparece ,al como es: grande, ilustrado1 inteligente,
trabajador, virtuoso, valiente y susceptible de abarcar en todo tiempo la ci viliaacióu
más grande y el adelanto más notable en todos los ramos del eaber humano.
Si al lado de costumbres que causan risa se ven obras qne producon reep"to y admiración, y al lado de un fantoche que despreciaríamos con un puntapié ó á bastonazos, encontramos personajes dignos de reept,io, pero loe dos confundidos en el mismo
aspecto de cara, facciones, modales y trajee, es diHcil apreciar la diferencia de las clases. Solo un trato íntimo las hace distinguir.

KAMAKURA.. - LA CIUDAD DE LOS TE:\IPl.OS.

Esta población es pintoresca y graciosa sobre toia ponderación. Está situRda en.
una llanura, tiene avenidas anchas, y entre sembrados de arroz y loto gigante se destaca pomposa; álzanse aue soberbios templos siempre en lo alto, al terminar de hermosas escalinata!:', donde puede marchar ampliamente un batallón. Sobre una esplanada.
_evántase el templo al dios de la Guer,a, en forma de arco, ,eoordando el es tilo pom.
pe vano por la variedad de coloree vi vos y mezclados que lo adornan; una vez dentro.
del grande arco sagrado, unos cuantos escalones conducen al altar, donde la diosa.
madre de Bubda, en madera, bronce y cobre, sentada con los ojos bajos y ostentando
un botón en la frente, como insignia de la eabidurfa, ocupa lo alto de un dosel; abajoy un poco adelante está el arco de laca roja sobre mesa amplia de madera lacada con
patas artíetic1s en figura de dragones, Moliuras dora1ae de estilo churigueresco cu•
bren las paredes, y grandes pila~tras de bronce, terminadas en encarrujados pabello•
neP, llevan en su interior una lámpar.1 encendida, símbolo de perpetua adoración. A)
lado de la diosa y en el altar, un cuadro tosco de marfil fiiura. á un eer mitológico
arrojando chispas por la boca, ojos y narices, y asolando al pueblo enemigo; en actitud curioea descarga•su cólera, mient,ae que ampara con la diestra mano á un gue•
rreJo japonés, que lanza en ristre y cubierto de acerada cota de malla, de1eafía al in...
v~so_r. Limpia eetera de bambú acolchonada cubre todo el desmanrelado piso, y una.
v1dnera de papel formando puertas corredizas ó paredes traelúcidae, eegún se quiere,_
separaódaacceso á uncorredor obscuro, bajo, donde figuran coleccionadas comoenun,
museo, toda clase de armas antiguas y otras muchas que en la guerra con China quitaron al CólE:ste Imperio. ¡Qaé envidia hubiera despertado en un arqueól0go una visita á eee museo!
'
Descendimos la escalinata amplia y empinada del templo; en el primer descanso,.
á la derecha y á. la sombra de corpulentas palmeras, dos grandes piedras simulando en
mal acabada forma dos seres humanos de uno y otro sexo, representan los dioses de
la procreación, cuyo culto es proverbial en loe matrimonios del Japón; allí depositan
loe casados ofrendas consistentes en ramos de loto y botones de crieantemum. Dicho&amp;
dioses parecen ídolos no acabados de modelar por el cincel del artista.

XI
EL .ARSENAL DE YOKOSAKA.

Invitado para ir a Yúkoaaka, donde existe uno de los arsenales del Gobierno y es
á. la vez residencia del primer almirante, tomamos en Yokohama un tren, al estilo in•
glés por sus máquinas Y disl,ribución de carros. Cuatro horas á través de un camino
pint.oreeco, entre sembrados de té, algodón, viñas, moreras para la cría del gurnno de
eeda1 arrozales y bosques de pinos y mil otras plantas que adornan y sombrean todo
el terreno cultivado 1 cruzando túneles y atrevidos puentes, nos bastaron para llegará.
Yoko_hama. Para entrar al arsenal nos embarcamos en magnifica lancha, movida por
ga9ohna. Atraveeamoe un estrecho paso de mar, y ya del lado de la nlanicie noe dirigimos por una avenida limitada á. loe lados por jardines, hasta la Di~ección. Fondea•
ban en la bahía diez acorazados japoneses, construían se tres y reparábanee otros mu .
cbos capturados á los chinos en la última guerra contra el Imperio de Confucio. Nos
sirvieron de amables cicerones los oficiales de la marina japonesa y dos ingenieros,

Gran Hotel en Yokohama. - Un aampan á toda vela.

Volean del Fuji-Yama, vista de

Descendimos mtis y más hasta JIE"gar á. la eeplanada y una doble 61a de lámparas
de bronce completan la viPta artísticamente rara del templo. Por fín 1 nuevamente eobre !oe rinkicbá.e, avanza la columna de la oficialidad del «Zaragoza)) basta llegar al
pórtico del templo de Daibritzu, uno de los m:is notables del Japón. L~ distancia reco •
rrida ea de tres millae 1 y el camino en ascensión poco violeata. Acompafiábanos esta
vez, el electricista de á. bordo Wood, cuya humanidad peea cerca de ciento cincuenta
kilos. Sudoroeo el kuruma que lo arrastra, pide suplicante un ayudante, no podía con
Un enorme mol'"· Sugeto á. lae bromas de todos nosotros, le ayudan cuatro hombree,
Y solo así, en triunfal columna con el voluminoso señor á. la cabeza1 llegamos al pórtico del templo.
A uno y otro lado, delante de artística balaustrada de mampostería, las atléticas
figuras de dos genios desollados encerrados en jaulas de alambre, ostentaban su enro•
jecida mneculatnra, anatómicamente bien representada. U no era el genio del terror,
otro el de la ira; cubrían los como asquerosa lepra, bagazos de papel mascado que los
fieles arrojan desde fnna con objeto de obtener las g,acias de Daibritzu. Tienen esta
tmperstición: ei la bola de papel mascado se pega en el tronco, serán favorecidos, si en
loe brazos serán forzados á. grandes trabajos antes de conseguir gracia: si en las -piernas se verán obligados á repetidos viajes ant.ee de lograr ser atendidos por la diosa:
por ffn, si en la cara, sufrirán el peor de los castigos, porque entonces Buhda . no atenderá. á las súplicas del creyente hasta que hayan lavado su cara con la primera ag11a
del cielo que caiga al prim r día de lluvia, D:1 suponerse ea que el tronco del ídolo será la parte más llena de las milagrosas bolitas, y que la verja de alambre ter:.ga que
limpiare:e diariamente para dejar expedito el camino á. los ensaliva-loe proyectiles de
papel de arroz.
Dejemos á. los iTaonnd.os y desollados dioaee de madera y laca y de colosal altura,
Y penetl'emoe al recinto donde la gran estátua de bronce de la Deidad Japonesa contempla en el Nipón, como las pirámides en Egip,o, rodar Jo3 siglos y las g:1neracionee.
En uno de loe grabados que hemos publicado, figura la eEtá.tua distante unas cien va•
rae detrás de nuestro g1upo. Sobre pedestal de granito que el tiempo ha ennegrecido,
eoatiéneee la diosa sentada con las piernas cruzadas, los brazos á lo largo del cuerpo
Y las manos entrelazando eue dedos, de tal suerte que tocan las extremidades de los
pulgares. La paciencia, la concentracción del alma, la bondad y el sacrificio, resaltan
de la actitud de eeta figura gigantesca de bronce, forjada á favor de titánicos eefuer•
zoe. Las dimensiones de la f'ahltua son tales, que en las palmas de laa manos pueden
caber perfectamente diez hombree sentados¡ el botón que lleva en la frente como eítn•
bolo de sabiduría, 1.iene las dimensiones de la cabeza de un nifio. Hueca la colosal
figura, tiene en su interior e l templo, donde ampliamente caben cerca de treima individuos; en la cavidad que corresponde por fuera á la saliente de las manos y rodillas, está el arca del diluvio, según las tradiciones del buhdiemo. El arca es la gran in•
signia, después de la diosa misma, en ~a religión buhdieta. Ahora se trata de levantar
un t.emploque cubra á la diosa, para cuyo objeto dejamos nuestra limosna y apuntados loe nombres de loe ofi ciales y médico del primer barco de guerra mexicano que
en aquellos remotos mares hacía flamear la tricolor insignia del Anáhuac.
Pardeaba ia tarde y nuevamente nuestra columna de rin kichás emprendía el ca,
mino de bajada á. la estación. )Ir. Wuod 1 te meroso de que el descenso hiciera rod1r á.
su kuruma 1 pide esta vez á los otros que moderen la velocidad d~ la marcha, de suerte ea que á la ida empujado y al regreso atrancado, llegó eano y salvo el humorista
mecánico y con todos nosotroa1 al tren primero y después á Yokohama.
0

Yo■ uvara.

XllI
\'IA.JE

Á.. TOK[O,

A unas treinta y cinco millas por tren hacia el Norte .ie Yokobama queda la gran
ciudad capital del Imperio.
Hace treintaaiics era asiento del pontificado bubdista, unido hasta entonces al Mikado que residía en Kioto¡ de allí el significado de Tokio y Kioto, que quieren decir,
la primera 1 ciudad capital del Este, y la segunda ciu::lad capital del Oeste.
Dasde esa época el Mikado sep!Lró de su g,1bierno al b11hdisrno y corno soberano ab.
eoluto instaló sus reales en Tokio, el antiguo Yedo. Da en,oncee data el positivo adelanto en el remoto pa(s de Oriente, que favoreció industrias, instrucción pública, arkis
y ciencias, alcamando hoy pasmosos progresos. aunque como incomprensible país de
los contrastes, encaéntranee á. cada p3eo allí las aberraciones máe: sorprendentes y chuecas qne pueden caber eo la imaginación.
Tvkio es más extenso que París y un poco menos que Londres, pero la de@propor•
ción, el estilo artifi..:ioeo y raro con que esti repartiJ.a la població'n, la hacen única en
su género, y la eingularitan entre todas las populosas ciudades del mundo.
Si~ ve el plano 1 aparecen tres gr~ndee clrculos que figuran un triángulo; uncir•
culo hacia el Sur y los otros dos hacia el E9te y el Oaete, cnresponden á. elevaciones no•
tablee del terreno, el del Sur ea palacio del Mi ka.do¡ el del Este, la Universidad y &amp;cuela de instrucción superior, y el del Oeste, el Museo y Jardín B:&gt;tánico; lo demás es
la población japonesa, que 19-ueetraall{ como en todas parces, sus angostas callee y sus casas achaparradas de il:'jas negras, limpias con apariencia de sucias, ,ristes como atau.
des, curioeae como todo lo del Japón.
El palacio del Mikado, suntuoso castillo de cantera, se levanta airoso en la cúspide
de ~l.!l.a boscoea colina diez veces más grande que la de Chapultepec; rampas medio
cultivadas y parques de ceeped, conducen del castillo á. la falda de la colina circundada por una espesa muralla de granito, que se eleva á unos veinte metros sobre un
foso profundo que tiene unos cincuenta metros de anchura. Síguese después al derredor de este foso una extensa explanada, donde repartidas en magníficos cuarteles se
instalan las tropas del Mikado de las tres armas, caballería, infantería y artillería; á
esta eeplanada rodea otra muralla doble de granito y otro foso de esta segunda mura•
lis y del foso hay otra esplanada donde se levantan los M:inisffiriosc &gt;Dstruidos de cantería también, y ostentando los más soberbios estilos de arquitectura. Todi\VÍS circundando esta nueva zona de edificios, hay otro foso y otra muralla igual á las anteriores. Síguenee loe edificios del kencho (gobierno local, municipio, policía, etc ) y los
de los representantes de las naciones, como el suntuoso hotel imperial, y por fin rodea á toda esta serie de fosos y murallas, la gran muralla doble con puentes levadizos
Y espesas y toscas puertas que cierran á las seis de la tarde, dejando solo abierta una
para entrada comun. La gran muralla tiem; de diez á doce millas de circunferencia.
. Fuera de e~ta gran °:1u, alla está la población pur~mente japonesa que pulula y ee divierte, que gnta 1 que vive en fin como un pueblecito de locos ó desquilibradoe con
a11 aspecto de miseria y eu caracter aparentemente imbécil.
( Cl;ntinuará )

�Isa

EL MUNDO

DOMINGO a9 de AGOSTO de ,89-,

DOMINGO a9 de AGOSTO de 11197

,

EL MUNDO

por el jóven maeetro, y no ví eu ópera el sábado. El domingo, la opinión, la barbulla entusiasta, el diálogo callejero, decían el triunfo del epartito en México. Concurrí en la noche, y adoré con todos.
Las anteriores frasee dicen más que mucho que se pudiera expresar acerca de la obra.
Conocíamos ya al autor de Manon. Habíamos oído,
en esa filigrana, en la que no podemos olvidar á Libia
Drog, algunos gritos realistas. Ahí estaba el maestro
.nuevo, el músico de veinte af'ios, con su preocupación
por las combinaciones y loe artificios; ahí estaba ofreciéndonos un arduo bordado de notas. P.iro á veces cala
sobre aquello el sol y surgía de aquello el alma; á veces
triunfaba la vida ........ .
En la B ohemia el triunfo fué completo. La vida surge, aterida y blanda al principio, al rayo ictérico de un
sol vernal; despuée, en su manifestación única y suprema: el amor, florece intensa, y por último, en eu aspecto más tremendamente natural: la angustia, gime, solloza, grita...... con gemidQB y sollozos y gritoe do inmensa b umanidad ........ .

***

El idilio ea sencillo. La poe~fa anda por ahí. Hay una
b11bardilla llena de versos, y loe versos llaman al amor
en una de sus forinae más embeleeadoras. Una muchacha del arroyo; una muchacha del taller. Corre y canta
cuando hay sol, y una noche, en la sombra, ee encaen•
tra con el poeta. Se aman porque sí: son •loe almas infantiles y á las almas infantiles ee cuela s:empre el
amor...... Pero Mimí ea coqueta: gusta deque ee abra an-

te loe otros el caliz bermejo de su boca; ríe mucho ...... y
el poeta siente celo@ ...... Ya van á llorar...... muy pronto, cuando el frío clave en el pecho de la chiquilla sus
agnijonee de hielo y la muerda y la destroce ...... Ya viene la toe...... Sí, Mimí ea coqueta, es cierto; pero está
malita. Dejó el nido del poeta y afuera la aealtó el cierzo, tan ruda, tan rudamente, que al fin torna á la buhar•
dilla ...... Ahí no hay estufa, pero hay calor, porque 1'8•
volotean muchos euefioe de artista... .. . Solo que el amor
va á lanzar su postrera llamarada. El poeta perdona,
pero Mimí ee muere. La mata la nieve. C.Smo tose y quá
pálida está Dios mío! ...... No, ese leve rojo de loe pl·
mulos no tranquiliza. Antes no lo tenía así, tan einies·
tro por su contraste con el bietre de sus ojeras ..... . Cuan
otro aquel sonrosado que llenaba eu cara, su carita de
princesa de bisc·1it, cuanio reía ante el redoble loco de
loe besos del poeta ........ .
Que fué á hacer al arroyo ......... No estaba bien ahí...
con el pintor que arrojaba loe pinceles para bailar, cc1n
el filósofo que decía absurdas cosas con tanta gracia..... .
con su poe~a que la amaba tanto y le recitaba tantos
versos? ......... Estaban pobree: pero muy alegres....... Que
ferias aquellas! Te acuerdas Mimí cuando paseabas tu
terso fragil mal envuelto en el usado chal, por el estruendo de aquellas feria1,? No había con que pagar el almuerzo......... pero qué. No por eso se callaban las risas........ .
P.igab11 alguno al fin. C.:imo? QJien eabe ......... ~ra lo de
menos ........ Y para postra besos.
Pero Mimí se muere, se muere de tos. . Dios mío que
vidriosoidad de aquellos ojos q•te siempre cantaban diana;

Glacomo Pucclnl.

"La Bobeme" de Pnccini
Acontecimiento artístico.
Los Impresarioi que traen de cuando en cuando al Na·cional compafíias de ópera italiana, hacen regularmente
lo contrario de lo que deberían hacer para el éxito de
sus esfuerzos y el logro de sus intereses. Dejan la parte
más sabrosa del bollo, la crema del pastel, los estrenos
de porvenir, en una palabra, para el fin de la temporada
teatral, una temporada valetudinaria y triste que ya no
t iene remedio. El procedimiento contrario es sia duda
el prudente y recomendable: cautivar al público desde
la primera representación, embelesarlo, domef'iarlo, deslumbrarlo. El querido monstruo veleidoso acudirá después á la cita, lleno de avidez y de complacencia; eerá
indulgente y no escatimará el aplauso.
Oh! ei el empresario de la acmal compafiia italiana hubiese comprendido esto, cuan otro sería el éxito de su
temporada artística. La compafifa franceea que precedió á la del Sefior del Conte le era á todas luces inferior.
.Ko había pues que luchl\r con su recuerdo demasiado p1óximo. Los artietae de que hoy dispone nueetro
antiguo conocido el ex-representante de la empreea Ma•
ggi, valen mucho y no porque sean grandes artistas: ninguno eobrepasa los límites del talento para entrar á las
amplias y azules esferas del genio, 1Lno porque son todos
jóvenes de buena voluntad, pletóricos de entusiasmo,
estudiosos y pródigos de eu tesoro. Les ea desconocida
aún la matrería, que escatima cuanto puede el esfuerzo.
Porqué pues, con elementos y antecedentes tales, y conocida la firme afición de la gente acomodada de Mé.xico á la ópera, la actual temporada del Nacional hase
visto tan poco favorecida? L a B oheme ha venido, con
sus éxitos ruidosos y continuados, á responder á la pregunta, de acuerdo con lo que decíamos al principio: por
que se dejó para el fin lo que antes hubiera embelesado y conquistado de una vez por todas nuestro dilettantismo y hecho fructífera la etapa teatral.

..

**

(! abeza ae estuaio.

Pocas, muy pocas veces, la aprobación de º!.!-estro público ha sido tan uná nime y ruidosa como ahora. Entre
los inteligentes habría cierto Parti pris con respecto al
1lStr~no y un amigo nuestro, muy inteligente en verdad,
nos decía: De intento y á pesar de mi pasión por la mú11ica nueva no quise acudirá la primera representación.
•Sé de sobra que esta música no encaja en ciertos
moldee y no era en mi concepto apropiado el que escogió Puccini para su nuevo epartito. Escenas más ó menos triviales de Henri Murger, autor de una obra
muy discutida, en que lo cómico es escollo formidable,
no me parecieron idóneas para encuadrar la obra. Temí

Escenas de •'La Boheme."

�DOMIIIGfJ 29 de AGOSTO de 1&amp;97

EL MUNDO

154

qne flacura la de aquellos brazos que tan bién se enreda•
bnn al cuello del cantor!
Mimí se va ....... ,. Rodolío, es en vano que veles la vi•
driera para que no entre el sol. Mientras tu solicitud ha
ido á. procurar la sombra, la sombra que cobija Jae agoniaa, Mimí ha partido, Mimí ha muerto ......... Ya solo
su cadaver aguarda tus besos. Adios cancüonee, adioa
bai les locos, , adioe b ellos versos, adioa madonae, adioe
paradojas ......... Loe artistas lloran. Va jaula de pajaroe
yu no se extremece con el crujir de las joyantes alas.

Y todo eso va diciendo la múeicai cuchichea en sus
primeras escenas las palabras de amor, mientras se bue-•
ea la llave perdida -pícara llave- q11e abre dos corazones en medio de la sombra -Dtspuea grita, rié, parlo-

tea, ee empolva del oro del B&lt;'l, en lae callee del viejo París, ee disloca de risa en la verbena, gime dulcemente
amonestadora al oído de loe nifi.oe malcriados que en la
feria quieren robar juguetee; tiene arranques infinitamente humanos en los duoe apasionados de la florista
y del poeta, y siempre ineiouante, siempre ductil, siem•
pre autil, va, viene, gira con el vértigo de aquellos corazones locos, se querella con la angustia de Mimí que se
sabe censurada, por que es coqueta;canta triunfal cuando las nubes de los celos ee disipan un poco y torna el
amplio cielo azul¡ se queja del fria qlle entume, después, de la toa que sacude el cuerpecillo fragil, y por fin
rompe ell el sollozo desesperado del supremo duelo.
Y la vida pasa, pasa á traves de todo aquello, palpitante y diáfana.
Oh Maestro!

Para la Srita. Elisa Best.

SONETO.

¡Querer ó nó! ¡La alternativa ea esa!
Para smmentar quizá mi desVarío,
A veces, dando tregua á tu desvío,
Fijas en mí tus ojos de turquesa.
¡Y tanto, tanto tu mirada expresa
Que á un mismo tiempo creo y desconfío!
¡Si yo bien sé por infortunio mío,
Que cuando vende Judas también bésa!
Hace tiempo que agua1do con zozobra,
Soportando esta fiebre en que me inflamas,
La gran rebelación á que yo aspiro.
¡Habla! ¡no temblaré! ¡completa tu obra!
Tu no querrás que sufra yo 'si me amas
Ni que euefie en tu amor si odio te inspiro!
Agosto de 97.
B. Rnts (h)

EL CULTO DE LOS OJOS

LindaMontanari, se ha excedido á si misma e.n esa embelesadora obra de Pucoini. No eoí'iaríamos de otra suerte á Mimí. Que bien ha sabido arrullar, que bien ha sabido reir, que bien sobre todo ha sabido llorar.
Vuestra muerte, señorita, puso muchas Ugiimae en loe,
ojos ......... Encantadora siempre, particularmente encan•
tadora hoy, ya no pensaremos en la amable muchacha
de Henri 1\Iurger sin veros á vos con vuestros radíantee
ojos negros, sin oir el timbre blando de vuestra canto.
Habeie creado para nosotros á Mimí. Que el arte OE ·
bendiga!
RIP-RIP.

1

NOX.

CANCION DEL AIRE

¿Estás tristt? ¿Porqué hay en tu frente.
Doloroea 1 ideal palidez?
¿Porqué abates tus ojos do tiembla,
Una lágrima lenta, porqul!:?

[Versión del francés por J osé Garcia Rodrigue?,.)

MARGARITAS.

Margaritas que fuisteis lozanas,
Aunque muertas eet.eie, siempre os guardo ..... .
¿No te acuerdas, oh nifia? una noche
lfo las diete, y pensé en las que Fausto
Contempló deshojará su amada,
Quien, incierta, medrosa v temblando,
Del amor infinito el secreto
Pudo hallar en loe péf.aloe blancos.
Trasponiendo el dintel de tu puerta
Yo pensé interrogarlos, acaso
Revelarme el misterio podrían,
De tu alma escondido en lo arcano.
Cuántas veces me engaña el deseo,
Cuando estoy silencioso á tu lado,
En tua ojos radiantes que eueñ.au
Un destello de amor esperando!
Y, perdona, paréceme entóncee
Que sus luces me dicen: Te amo ..... .
Si no ea cierto, jamás me lo digas,
Preferible ea por siempre ignorarlo.
Y llegué á mi aposento, ya solo,
Da la luna al reflejo azulado,
L 11ego quise arrancar á tus floree
El siniestro ó dichoso presagio.
¡Qué emoción tan profunda y qué miedo
Dominóme al instante; á mis labios
Las llevé hasta dejarlas marchitas,
Y aunque muertas están, yo las guardo!
¡Cómo no he de guardar esas floree
Que tomé, con dulcísimo halago,
De tu mano aristócrata y blanca
Cual las nítidas flores del nardo!
J osÉ }I. Ocao.4..
México Agosto de 1897.

•••

¿Te torturan las grises noetalgias?
¿Resucitas recuerdos de ayer?
¿O te amar!{a pensar en ternuras,
Ternuras pasadas, que no han de volver?
Maa ...... no llores, apoyaen mi hombro
¡Oh, pálido lirio tu pálida sien
Y palabras que sean en tu oido
Ternura y consuelo, muy bajo diré;
Mira el cielo, la luna ha surgido.
Como flor solHaria, ella es
Una novia que riega azahares,
Por do pasa: los astros ¿uo ves?
Cuando riee cariñosa y tranquila
Es el alma, por ti, azul edén ......
Vuelve á mí tus pupilas en ellas
Loa luceros que pasan veré.
¿Porqae esquivas tu boca? En un breve
Suspiro callado, tu nombre diré;
Dáme el alma en la flor de tus labios,
Dame un beso mi amor, tengo sed!
En tus ojos sorprendo ternuras
Del idilio que ha tiempo eofié,
Y me dicen que es eierta mi dicha
Y me dicen que me amas tarr.bien.
Son crepúsculos de oro y tristeza
Por do pasan loa euefios de ayer,
Son la luz que acaricia y consuela
Desventuras del tiempo que fué.

Más no llores, apoya en mi pecho
¡Oh, pálido lirio, t.u pálida sien ........ .
¿Estás triste? ¿No me amas? Entonces,
¿Porqué aufree, mi vida, porqué?
Bolivia Valle.

Agosto de 1897.
PROXIMIDAD DE SER AMADO,
(De Goethe) .

En tí pienso, bien mío, si el sol al nacer dora
Las olas de la mar,
Si miro de la luna la lumbre tembladora
sobre ellas rebalar.

¡ Al aire, dios potente que encrespa el oleaje

y azota los inviernos,
alado dios qlle torna fecundas las florestas
y armónicos loe versos,
salud! ea el gran numen que viste loa espacios
con su celeste velo;
él es 81 dios furtivo que dice á los amantes
((He ahí tu dulce sueflo. ,,
El es quien flotar hace loe rojos oriflam89
que empufian loa guerreroa,
y revolver en torno del cuello de la hermosa
la mata de cabellos.
Por él las aguas vienen en bienhechoras nubes
á fecundar el suelo¡
por él á loe sentidos del eof\ador levanta
su olor el campo entero.
El mece, de igual modo, la hierba en las colinas,_
la flola en mar incierto¡
es hálito que envía la selva á los pulmones¡
es sér dtll universo.
Está de sus dominios, en las regiones todas,
presente á un mismo tiempo,
á renovar la vida de bestias, hombree, oosqutie,
de cuanto tiene aliento.
¡Y sólo, alegre canta de las perennes fuerzas
en el glacial concierto,
errante como el alma, como las alas, libre,
como loe ojos, bello!
Agosto de 97.
SuLLY PRUDHOMKENEGRO

Estoy triste, verdad¡ vano es tu esfuerzo
Cuando llena de afecto y de ternura1:1
De mi existencia el mal curar procuras,
Porque, á pesar del sol, el universo
Tiene noches obscuras, muy obscura!!.
Pero no pienses nunca que al olvido
Puedo llegar porque su luz irradie
Otro amor en mi pecho dolorido:
¡Cuando tú consolarme no has podido
Ea que no puede consolarme nadie!
Mas no eufra9, mi bien, por mi amargura.
Esta angustia, esta pena indefinible,
Ea ley de Dios, que me formó sensible.
1W tristeza ea un mal que no se cural ......
¡Estoy triste por todo lo imposible!
F. RIVAS FRADE..
PAX ANIMAE

SONETO.

Hazme llorar! que importa! Ya amanece
En mi alma sin goces y sombría;
La noche del pesar desaparece
Y lleno de esplendor se anuncia el día.
Tornan las ilusiones, y florece
El árbol de la mágica poesía,
Do entre sus brazos, lánguida se mece
En un nido de amor, el alma mía.
¡Hazme llorar con tu último reproche!
Ya de nuestra pasión llegó la hora
De que ee cierre para siempre el broche.
Otra alma, de la mía redentora,
Hace surgir del fondo de mi noche
:Las luces sonroj:jadae de la aurora.
Agosto de 97.
QuJRINO ÜRDAZ.

Te veo, cuando el polvo levanta en el camino
Nube que huye veloz¡
Y cuande en noche obscura perdido el peregrino
Al viento da la voz.
Te escucho cuando espiran con bullicioso eairuendo
Las ondas á mis pies,
Y cuando calla el bosque y su silencio atiendo
Con ávido interés.
Contigo estoy, conmigo estás, aunque muy lejos
Te encuentras ¡ay! de mi,
Del eol de ocaso mueren los últimos reflejos ..... .
Si estuvieras aquí!

DOMINGO 29 do AGOSTO DE ,a97

No me hableie más de dichas terrenales
Que no ansío gustar. Está ya muerto
Mi corazón, y en su recinto abierto
Sólo entrarán loe cuervos eepuicralee.
Del P-'Bado no llevo las seflalee
Y á veces de que existo no eatoy cierto,
Porque ea la vida para mí un desierto
Poblado de figuras espectrales.
No veo más que un astro obscurecido•
Por brumas de crepúsculo lluvioso,
Y, entre el silencio de sopor profundo,
Tan solo llega á percibir mi oído
Algo extraño y confuso y misttrioso
Que me arrastra muy lejos de este mundo.
JuuA~ DEL CA.SAL.

- «Sabéis, me dijo, qué sentido nuevo pueden dar á
nuestra vida una mirada ó un gesto? Somos semejantes á
nifios que trazan sobre la arena figuras inconsistentes y
frágiles, más un sólo movimiento de nuestra alma puede
dará. esas figuras la vida eterna que eofíamos.n
Marchábamos por la avenida de árboles, donde la som·
bra del atardecer parecía acompañarnos con una risita
de vieja, y en medio del día que declinaba, él hacía grandes gestos, como para evocar las cosas desconocidas, en
tanto que sus dedos se agitaban con fiebre y buscaban so•
bre cuerdas imaginarias el ritmo de sus palabras.
- 11Habéis leído alguna vez en el fondo de toe ojos que os
han mirado? Las tardee saben decir muchas cosas miste•
rioeas, pero en loe ojos es donde buscarse debe la filosoffa y la harmonía del mundo. Una mirada habla más ampliamente que todas las meditaciones de loe poetas, y no
sabréis vivir sino cuando bayaie aprendido á bu!!car esa
revelación qne loa ojos ext.eriorea pueden d~roa, mas solo
que esté vueAtra alma atenta á las palabras que ee pronunciaráL.
«Yo qne os hablo he visto muchas veces en ojos de mu•
jer el reflejo de mi pensamiento todo y de todo mi dolor,
h e vi!!to un infinito en qne pasaban, en caravana, mis
ensuefioa, y cada vez, de ese más allá he vuelto más pensati vo y más espantado de las cosas que no sabemos. Loe
ojos de mujer son como luces que .se tifien de loa coloree
de nuestra vida de mafiana 1 y en ellos podemos ver to•
dos nuestros duelos y todas nuestras alegrías.
uPensaie acaso que estoy loco y que mi i.naginación dibuja en mí formas semejantes á aquellas que loe niños tra•
zan sobre la arena y de las cuales os hablaba hace un momento. Pero vos mismo, ¿no habéis ido nunca más lejos
que esta existencia superficial y vulgar de vuestro cuerpo, para no haber sentido alguna vez todo eso que de irevelado misterioso se esconde en cada sensación de vues·
ira carne? Habéis compreodi1o todae. las sutilezas del
f!ilencio, habéis visto vuestro rostro y sabéis que forma da
á vuestro espíri~u cada uno de vuestros gestos? No ríaie
de las cosas superiores que no comprendéis sino á me•
días, 9ntee bien mirad en vos mismo para descubrir ahí
el pensamiento humilde que tal vez revele vuestra vida.
Preciso ea buscar con dolor la palabra suprema de donde
la verdad surgirá inmutable. Está ahí esta palabra, en la intimi dad de nosotros mismos. Ahí está como mendiga que
no osa mostrar:1e, y es preciso que alg" exterior nos coja
de la mano para llevarnos hacia ella. Nuestra ignorancia
y nuestra debilidad ponen trabas á nuestros pasos¡ ea
preciso qne una fuerza de lo alto nos impulse á través de
las tinieblas. Y loe ojos esMn ahí para guiarnos y no loa
vemos. Nos lamentamos como nifi.os extraviados, en tan •
to que en el fondo del cielo brilla la divina e~trella de la
esperanza y del amor. Una sola mirada iluminar podría
nuestro destino, más inclinamos la cabeza hacfo el polvo
de la ruta donde se arraEtra la sombra de nuestros pecados.u

Y prosiguió en voz más baja:
- uOonservo con pasión como un amante, todas las mi·
radas que he podido sorprender y que tenían en sí algo
de esos i)aísee sobrenaturales á que querríamos todos
á ciertas horas llevar nuestros deseos y nuestros amores,
para abrevarloe de sol. Loe conservo, cuidadosamente
los guardo, muy en el fondo de mí mismo, y en los mo•
mentoa de lasitud, loe consulto y me repiten las palabras
que ya me han dicho, las buenas palabras de recogimien·
M&gt; y de paz.
uNo debemos engastar los ojos como joyae, ee preciso
amarlos como mujeres á. las cuales se contarían todas las
aoguetiae.
uEs necesario amarlos porqne rnlo ellos pueden condu•
cimas á través de la noche y cuando nos detenemos en
las encrucijadas de nuestras dudae y nos preguntamos
con lágrimas por cual camino arribaremos á la luz, en
ellos solos es donde podemos leer nuestro porvenir y la
certidumbre de nuestras vía1.1.
uLos ojos! Cuántas veces he llorado pensando en toda
su piedad desconocida, en su inmensidad de tristeza ante nuea,ra fragilidad y nuestra inquietud! Ellos nos
alientan, ellos nos fortifican. Ellos nos ensefian todos los
misterios del amor. Porque el amor no está ni en -la car•
ne ni el alma, el amor eat.á en loa ojos, ~n loa ojos que ro•
zan, que acarician, que resienten todos los matices de las
sensaciones y de loe éxtasis, en loe ojos donde loa deseos
se magnifican y ee idealizan. Oh! vivir la vida de loe
ojos, donde todas las formas terrestres se borrran y se
anu lan; reir, cantar, llorar con los ojos, mirarse en los
oj o1:1, ahogarse en ellos, como . Narciso, en la fontana! n
Lloraba al decir esto, con todo el sufrimiento de sus de·
seos erctízados lloraba dulcemente, con un aire de resignación dolorosa y su cara flaca se divinizaba de pasión.
-11Ohl prosiguió, ya soy un viejo y nunca he conocido
el amor tal cual loe hombree lo comprenden. Y bien, sien•

155

EL MUNDO

to ahora que algo me falta; y si lloro es porque toda la
miseria de mi vida se me sube al corazón, es que me siento incompleto y muerto y ya más allá de la vida! No he
conocido el amor, no be querido, no he osado. He guardado fielmente el culto de los ojos y eso me ha bastado
en toda la extensión de mi juventud. He conocido todo
el amor de loe ojos, más nada he sabido del amor de la
carne. Por esto lloro algunas veces, mas por es~ también,
ver he podido más lejos y más alto que muchos otros y
he conocido en todos sus matices las ternuras y las be·
llezas misteriosas de la vida interior. Esta vida interior
la he observado, la he contemplado, la he recogido en
loe ojva y torno á ver ahora con el recuerdo de esas miradab y de esos amores purísimos que han santificado todos mis deseos.
u He pa!!ado mis afioa en buscar en loe ojos, todo eso
que loe otroa hombree no pueden ver,
•
uLentamente, doloroeamente he descubierto todos loe
iir:1 rcmecim ientoe iofinitos que en ias pupilas ee eternizan. He envejecido, he usado mi alma en la persecución
del misterio, •y ahora mis propios ujos se han apagado;
han arrebatado poco á poco todas las miradas de loa otros
ojos y no sfln ahora ya mas que un espejo que refleja to ·
das esas muadaa que volaron, que se anima solamente de
una vida múltiple y agitada de tentaciones desconocidas.
Y esta es mi inmortalidad, Porque yo no moriré y vivirán mis ojos, porque no son míos, porque loa he formado
de todos loa ojos, con todas sus lágrimas y todas sus ri·
sae porque cada una de sus palabras es la palabra de otro
ojo, de otra alma. Yo sé muchas cosas: Tengo todas las
almas en mis ojos. Y aobrevi viré al despojo de mi cuer•
po, por que roe abaorveré, me desvaneceré en mis ojos
que son inmortalee.n
Yo miraba eeoa ojos, donde, en efecto, pareclan chocarse los deseos, combinarse las almas. Pnecían vivir de
una vida extraordinaria, en ese rostro pálido y marcado
con I.11 esperanza de la m'lerte. Se hubiese dicho un juego de luces, uoa feería de colorea diverso.e y mezclados
en una radiación única, y comprendí, viendo la inmor•
talidad que !!e desbordaba de ellos, que eran verdadera·
mente el a!!ilo supremo de la vida, donde dormitaban todo dolor y toda alegría.
CARLOS VELLA.Y.
Versión de A mado Nervo.

EL ESPt;:JO
I.
Etaee un reino en el que no había eept-joe, pues todos
los que en otro tiempo figuraban en las casas df'l país,
habian sido rotos y hechos afiicoa por órden de la reina,
La persona que hubiese poseído uno de estos objetos,
podía tener por segura la pérdida de la existencia.
La reina era monstruosamente fea, y no quería exponeree, cuando paseaba por la ciudad ó hacia una visita,
á ver reflejada su imágen en parte alguna, consolándose
con la idea de que las demás mujeres no podían contemplarse y admirar su propia belleza.
Esto, como era natural, causaba profundo di!!guato á
las hembras del pais, las cuales tenían también prohibido el mirarse en el cristal de loe ríos y de loe lagos.

II
En un barrio, extramuros de la ciudad, vivía una joven llamada Jacinta, que eetaba menos triste que las de•
más porque tenía un novio que la adoraba con delirio.
La persona q ne os encuentra hermosa y no se canea
de decíroslo, puede hacer las veces de un ee¡:Jejo.
-¿De veras-pregu•taba Jacinta-que mis ojos son admirables?
-NO los nay más sorprendentes en el mundo.
-¿Y de qué color es mi cutis?
-Más blanco que la nieve.
-¿Y qué dices de mis labios?
-Que parecen una cereza partida.
-¿ Y mis dienteé?
-Son tan finos y tan blancos como el grano de arroz•
Así hablaban loe enamorados, teniendo Jacinta la dicha de oír elogiar lo que el galán tenia la fortuna de ver.
Ooncertose al fío la boda; pero cuando la noticia del
enlace llegó á oídos de la reina, propúsose ésta destruir
la felicidad de Jacinta, á la que detestaba cordialmente,
por ser la criatura más hermosa de la comarca.
'
III
La víspera del matrimonio paaeábase Jacinta por un
prado, cuando de repente se le presentó. una anciana en
demanda de una limosna.
De pronto la vieja lanzó un grito de espanto, y exclamó:
-¡Cielos! ¡Qué horror!
-¿Qué os pusa 1 buena mujer? ¿Qué habéis viaOO en mí?
-El ser más feo que hay en el mundo.
-¿Soy lea? .. ..... ..
-No hay palabras con que ponderar· vuestra Iealdad·

-Pero mis ojos .. ..... ..
-Son borribies.
-¿Y mi cutis?
-Negro como el carbón.
-¿Y mi boca?
- Verdaderamente repugnante.
¿Y mis dientes?
-Largos, desiguales y amarillentos.
Acto continuo, la vieja que, debía ser una bada milagroea, amiga de la reina, se alejó presurosa, lanzando una
carcajada, mientras Jacinta caía en tierra con loe ojos
inundadoe de lágrimas.

IV
No era poeible calmar la aflicción de Jacinta.
-¡Soy feal-exclamaba á ~ada inatante-¡soy remata..
damente fea 1
Era inútil que su prometido le asegurase lo contrario.
~Déjam~ en paz-le decía¡-mientes porque me tienes lástima¡ pero no me amas ni me has amado nunca.
Para deseagañarla, apeló al testimonio de varias per•
sonas, las cuales declararon que Jacinta era en verdad un
prodigio de hermo:1ura. Pero la doncella creyó que loa
testigos habían sido comprados por su amante, é insistió
en dar únicamente ciédito á las palabras de la anciana.
No hay frasea con que pintar la desesperación del mancebo, tan ardientemente enamoradc;&gt; de Jacinta, la cual
había llegado á renunciar á su proyectado matrimonio.
-¡Soy demasiado fea para casarrue l-repetía la doncella á cada instante, ein que hubiera medio de convencer•
la de que estaba en un error lamentable.
La única mflnera de deementir á ia vieja, habría sido
poner un espejo ante loa ojos de Jacinta. Pero ¿dónde
encootrarlo?
-Piles bien, iré á la corte-dijo el novio- y por bárba•
raque aea nuestra soberana, no dejarán de conmoverla
mis lágrimas y la belleza de mi amada ..
Gran trabajo costó llevará Jadnm á Palacio, donde no
quería mostrar su horrible fealdad. Sin embargo, acabó
por consentir accediendo á. las súplicas de su amigo.
V
-¿Qué gente es esa? ¿Qué desea?
-Majestad, soy el amante más iafortunado de la tie•
rra.
-¿Y á mí qué me importan vestrae penas?
-Apiadáos de mi dolor y permitidme que me procure un espejo .... ... . .
La reina se levantó furiosa y le dijo:
-Quién se atreve á babJar de ei:3pejoe en mi preeen~
ciJ?
-¡Tranquilizáos, Majeetadl Esta jóven tan fresca y
tan hermosa que me acomtafia, tiene la manía de que
es horriblemente fea ........ .
-Y e,ná.en lo cierto-contestó la reina-porque jamás he visto más espantoso rostro.
Jacinta creyó que iba á morir de tristeza, La duda no
era posible, puesto que a loa ojos de la reina, lo IU.ismo
que á los de la mendiga, era un Eer á todas luces repugnante.
El amante al oír la terrible opinión de la soberana, dijo en aha voz que la reina se había vuelto loca, á menos que hubiese mentido.
No pudo añadir ni una palabra más.
Los guardias se apoderaron de su perbona, y la reina
dió 6rden de que cortaran inmediatamente la cabeza al
prometido esposo de Jacinta.
El verdugo levan$ó un ancho y reluciente alfanje y á
un mismo tiempo se oyeron dos agudos gritos: uno de
alegría, porque en el deenud,.:, acero se había contemplado Jacinta en todo el esplendor de su hermosura, y otro
de angustia, por que la infame reina exhalaba el último
suspiro á causa de la. indignación que le había producido el ver reflejada su fealdad en el improvisado espejo.
CÁTULO MÉNDEZ.

CURJ.OSIDADES.
EXPOSICION CANINA
PERROS CHIHUAHUEÑOS PREMIADOS EN LONDRES

Existe en Londres una curiosa asociación llamada nLadies Kennel Aeociationn que anualmente organiza exposiciones de perros, dedicando loe productos de la feria á
obras de beneficencia.
La expoeicióa del presente año se verificó á mediados
del mee próximo pasado en el real jardín Botánico de
Londres y la Junta Directiva Organizadora estaba formada por seí'i0raa dea !alta aristocracia inglesa.
Llamaron notablemente la atención algunos perritos
chihuahueñoe, y uno de ellos llamado Yorky obtuvo primer premio. La princesa de Gales presentó un hermoso
galgo llamado Alex, que obtuvo dos primeros premios y

�EL PERRO COMESTIBLE,
Cuando mas ee aprende á conocer al hombre, mas ee
es,ima el perro 1(escribía m isantrópk amente ese gran amigo de las bestias llamado A. Toueenel))
Acaeo, porque los habitantes del Celeste imperio no
conocen suficientemente al hombre es por lo que consi•
deran aún al perro como á un animal comestible y ua
manjar de loe mas Sabrosos. Pero hay que esperar que
ayudando el progreso de la civización, vendrá un día en
que no figuren ya en loa menue de las comidas de gala
de la corte de Pt:kin, loe bravos perros, 11eeoe candidatos á. la humanidadn, segun la pintoresca expre1:ión de
Michelet.
Darwin refiere en alguna parte que cuando loe habitantes de la Tierra dd fuego se . ven
acosados
por. el
.
.
hambre, matan y ee comen á sus v1eJas muJeree meJor
que á. sus perros y que en AuBtralia ae han visto padres
sacrificará. sus hijos pera que la madre pudiese dar leche
á este útil auxiliar.
Loa chinos por su parte cuidan y engrasan cuidadoeamente á l!UB perros, para ...... comereelos. Hacen por lo
demás un platillo que es tambien de lujo; el abate Le
Noir, en sus relaciones de viaje en extremo Oriente refiere que en las casas de los comerciantes de comestibles y
la mayor parte de las graojae, se encuentra u esos animales en pequeños separes muy semejantes á los que se
usan en Europa para engrasar los volátiles. Álli perma•
neceo de quince días á tres semanas condenados á una
inmovilidad caBi completa y no tt.ciben como alimento
mas que una mezcla de arroz y de l!al vado.

.

PP-rrito chihuahueño dela Han. Mrs. Aigernon Bour•

ke, llamado "Mousie," ( Premiado en Londres.)

mención honorífica; presentó también un perro chato
negro, que obtuvo tres primeros premios y mención honorífica; un perro danés que obtuvo dos segundos pre•
mios y dos perros deTerranova que también salieron pre•
miados.
Loe perros ratoneros de la duquesa de Southerland
también llamaron la atención, así como otros dos perros
chihuahueños de la condesa de Gry.
Pero el gran premio fué otorgado al cLampion H an'tbal,
hermoso perro danés de la seflora Horafall.
Los perros chibuahueños son muy estimados en Londres alcanzando precios elevados.
Recordamos á este propósito que cuando Adelina Patti
eetuvo en México, quedó materialrnent.e encantada de un
diminuto chihuabueño que le obsequió el conocido sport•
man coronel Antonio Lozano. La dtva no emprendia viaje a 1gllnO sin ir acompañada de su perro, y cuando .estuvo en Nueva York en el invierno de 1891, tuvo la deegra•
cia de perderá. BU ineeparable compañero, causándole esto el más profundo pesar. En aquella época encontrábase casualmente en Nueva York, el Coronel Lozano, quien
pidió inmediatamente por telégrafo un perrito de la mis·
roa raza, y una noche que la celebre diva cantaba Semí·
ramUl en el Metropolitan Opera Housede aquella ciudad,
un mozo de librea le entregó en el escenario el perrito
chihuahue:tlo, dentro de una preciosa ::anastilla_de flores.
Adelina no pudo contener su emoción y sacando al anima.lito de la cesta lo besó á la vist&amp; del público.

Corazón de sacerdote. POR H.

negras¡ en el paf a de loe Ochantes ee lea come igualmente, sea frescos, sea secos. Y costumbre que hace extremecer de indignación á los amigos de las bestias, parece que en el Bajo Congo, entre loe batekés antes de
matar á un perro destinado al consumo para hacer la
oarne más tierna, se le maltrata, se le tortura. He aquí
lo que dice á este respecto un diario colonial, El Congo

XII
Por una circunstancia verdaderamente providencial,
i:ni Marta ni Charlier habían muerto.
El proyectil había tocado á Marta en el hombro, que
-había atravesado sin causar graves lesiones. En cuanto
á Charlier, la bala disparada de muy cerca, le había con•
k&gt;rneado el hueso frontat, siguiéndolo en toda su longi-tud y trazando en él una huella sangrienta. FranciBca,
-que se había lanzado vuelta loca á. la calle, pidiendo so•
•corro, trajo á. un médico cuyas declaraciones tranquili..zadorae calmaron t,l espanto de Pablo. En tanto que Marta volvia en sí, Charlier, transportado á su lecho, cayó en
iun sueílo de plomo que duró veinticuatro horas y le
•salvó.
Ya se adivinará. la emoción de la ciudad.
En tanto que en sus cámaras los heridoe recibían loe
¡primeros cuidados, la plan'8 baja se había llenado de vi-

taba, visiblemente poco simpática para ella. Al franquear
el zaguan, ee cruzó con el procurador de la Republica.
Una luz terrible atravesó por su espíritu. Charlier ha•
bfa cometido una tentativa de asesinato en la persona de
su mujer.
Era inevitable un proceso y á ella la mezclarían!
Todas las palabras que su primo le había dirigido en
su amenazadora visita, zumbaban en su.s oidos. El las
repetiría en público ......... Ella sería moralmente la acusada ........ .
Batían sus sienes¡ fiaqneabai. sua piernas; habría caí•
do sin el sostén de sus hijas. En el camino encontró al
abate Cbavassieux, que se llegó á. ella lleno de interés.
-Vamos, vamos, querida y buena seflora ........ no de•
bemos ponernos en eBe estado ......... Yo comprendo perfectamente ...... vuestro Primo........ vuestro primo ....... .
pero en fin ...... Tened valor, vamos!

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ALEMANIA

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nnevaux repetida donde quiera, volvió el valor á. loe más
tímidos.
Francisca no eecatim6 loe relatos. Todos vieron clara
la perfecta inocencia de Marta y aún excul!aron á Charlier, haciendo ver toda la trama urdida por la malicia
bajo Ja máscara de la caridad. No había mas que una
frase en Ganneville: 1&lt;Ahl eea se:tlora Dee:cordes.ii ·

· Se apartaron de ella. A la vez ella conoció las mordeduras de la maledicencia y laa tristezas del aislamiento.
La eeñora Valier, en casa de la cual compraba pocasconfiturae, las sefioritas J uglan á quienes rara vez mandaba
hacer sombreros, fueron las primeras en retirarse de eus
obras. El primer miércoles que siguió, la eefiora AuffryMignoz fué la sola trabajadora que se presentó toda inti•
midada. Pero tampoco ella volvió. Todas las piadorns
fundaciunes de la se:tlora Descordee cayeron una á. una,
y, dolor supremo! muchas fueron reconstituidas á. sus
propios ojos, sin que ella tomara parte. U oicamente el
abate Chavaseieu·x permaneció fiel á. eue
comidas y á sus viEitae de loe domingos, con
tinuando sin comprender y dando vueltas
al puñal en la llaga, al repetir sin cesar:
-Ciertamente, ese pobre Charlier ha sido
impul1:8do ...... Qué peso debe haber sobre
la conciencia del verdadero culpable: Va•
moa....... vamos....... que el buen Dios le
perdone.
La señora Descordes debió reducirse en
adelante á envejecer en su rincón, con el corazón lleno de amargura, entre sus hijas,
que acabaron de marchitarse en eu vida mezquina, rabiosa y celosa, yel deegraciado abogado, entregado sin tregua á laa ociosas garras de rns trea harpías.
El proceso de Charlier era inevitable. Tu•
vo lugar dos meses después, una vez que los
heridos se restablecieron.

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r:•·

El globo cautívo del Capitán Parseval.

No se conocsn ni en Europa, ni en América el perro y manjar de ricos], la otra, de pelo corto pero muy nu•
el gato comestibles, salvo Pn los grandes eitioe. En Pe- trido,
Como color, ee cuentan tres variedades: loe unos son
kin por el contrario y en todos loa paiaos de leagua china,
no hay comida suculenta sin un filete ó un jamón de enteramente de un rojo vivo: esta es la variedad arieto·
perro, el gato es mas bien un platillo de la clase pobre. crática; loE otros son de un leonado negruzco con el bo•
Estos hábitos que nos repugnan como una especie de cica negro; 11or último, hay un chovv-chovv leonado pálisemi.antropofagia, existían sin embargo entre loe pue- do con el hocico claro: esta ea la especie más común. El
blos de nuestra antiguedad clásica. La historia nos re• caractér general de esta raza es tener la lengua y los la•
fiere, en efecto, que al principio el perro figuraba entre bias de un negro azuloso. Este color no es nativo; en to•
dos loe perros jóvenes la lengua es roja y se ennegrece
las especies alimenticias.
Los salvajes de América del Norte, por penuria de progresivaJnente al cabo de tres semanas; ee cuentan co•
caza, sacrificaban algunas veces á. loe perros; sin embargo, roo rareza ejemplares que nacen con la len¡ua negra.
En cuanto á la manera de preparar al perro para el
si debe creerse .1 las relaciones de viaje del capitán Frecocimiento
es en todo semejante á la que se emplea para
mont, que describe una comida de perroan (dog jew,,t ) 1
ese maojar es muy natural á ' los Sioux. Se asegura el cerdo de leche. En China no hay gr.andes comidae;
tambieo que antes de la introduccion de las bestias cor• pero en las comidas oficiales jamá.s falta un chow·chow
nudas, loe Eepañl)les esta blecidoe en México hicieron preparado de la manera más sabia.
El perro no tardará en desaparecer de loe menús de
un consumo tal de perros indígenas que la especie desapareció por completo; segun Cook los nuevos irlandetes loe celestes, y el chow. f/ww será entonces lo que debiera
se comían sus perros y se vestían sus pielea. Fol!ter aiht.• haber sido siempre: el pequeño campa.ñero de salón de
de: ((!man apasionadamente esta carne y la prefieren á las uMadame Chrysantheme)1 de los bordes del río Azul
la de puerco&gt;, Loe Groenlandeses y los habitantes del 6 R ojo.
Kamscbatka comen taro bien algunas veces sus perros,
pero solo impulsados por el hambre se reducen á. esta
cruel extremidad.
En Africa loa perros son el regalo de las poblaciones
Chow•Chow en el Jardín de Aclimat.lción de Parls.

DE FORGE.

Número 5.

lL GLOBO CAUTIVO DEL CAPITAN PARSEVAL.

La forma del .globo generalmente usada por loa princi•
pales ejércHoB ea la de pera; sujetándose á. la tierra el
globo cautivo por un ca.ble de acero; pero en realidad,
esta conocida forma no era de gran aplicación para las
op:nacionee militares, porque frecuentemente la fuerza
del viento impedía practicar las observaciones opor•
tunas.
En la ac\ualidad se ensaya en Berlin, con muy lison,
jero éxito, el nuevo globo cautivo que ha inventado el
capitán del ejército alemán Paree val. Nuestro grabado
da clara idea de la forma particular de este globo, cilíndrico y esférico en sus extremos y que lleva un apéndi·
ce en uno de ellas, así como del modo que va suspendi·
da la barquilla y están dispuestos los cablee que le sujetan. Se asegura que así Be ha logrado que el globo tenga
una gran eBtabilidad, que era precisamente de lo que carecían loe usados hasta aquí.

s.

ILUSTRACIONES HECHAS EN NUESTROS TALLERES.

llwtrado:

uAntes de comerse el r;,erro ea sometido á un verdadero suplicio. Cuando ha llegado á. la gordura necesaria se
le rompen los cuatro miembros y se le deja yacente y
gimiendo durante largaa horas. Esta práctica es usada
para otros animales domésticos y aun para el hombre
destinado á ser comido. Los oegros pretenden que el do•
lor vuelve la carne más tierna. El perro es ssí frecuentemente, después de largos eufrimientoe, puesto sobre el
fuego, eobre el cual Ee le da vueltas para quemar todos
loe pelos.
Sin embargo, M. Meulemans, un veterinario militar,
belga, cree poder afirinar que las coeae no pasan en todae
partea con el mismo refinamiento de crueldad.
«En el Congo, generalmente, dice él, se degüella al pe..
rro antes de quemar eus pelos y de despellejarlo.11
Entre los chinos el perro es aun ahora un manja'r habitual y un regalo de goloso.
Su chow clww ó perro comestible puede verse en el adjunto grabadci que publicamos y que nos evitará la des•
cripción. Sólo diremos, que en cuestión de pelo y de co•
lor hay numerol!aB variedades. En cuestión de pelo hay
dos varianteB: una de pelos Jugos (la má.a estimada,

,57

EL MUNDO

DOMINGO 29 de AGOSTO DE ,&amp;97

DOMINGO 29 DE AGOSTO DE 0897

EL MUNDO

156

'11itantee, loEI unos einceraniente ansioeoe, los otros eim·
..plemente curiosos. La eefiora de Sennevaux, preveni la
.por un exoreao que Savinien le había enviado á todapri116, llegó de las primeras, aún antes que la señora Descordee, que habiéndose copfinado en su casa no supo la ca-táMrofe sino por el inu&amp;itado movimiento percibido des-,
de su ventana, que daha á la gran plaza.
Acudió con sus hijas, turbada, egitada, comenzando á
comprender su terrible responsabilidad.
En el vestíbulo, invadido, e:ricontró á la sef'iora de Se..nnevau.x, que marchó recta á ella y le dijo en alta voz,
en medio de todos, mirándola bien á la cara:
-Vuestro puesto no está. aquí, seflora.
Y como hl. eefiora Descordee, muy sonrojada bal:t,ucea•
·ra algunas palabra1;1, la éondesa, con un gesto de irresis•
tible autoridad le mostró la puerta, a:tladiendo:
-Id á. dar gracias á. Dios por que os ha ahorrado el re,mordimiento de haber hecho dos víctimas inocen~e.
La se.flora Deecordes atravesó la multitud, que se apar•

Yo lo sé, vos que sois tan buena ........ los sufrimientos
de loe otros destrozan el corazón. Pero el buen Dios está
ahí.. ....... El ha impedido grandes deegracias; tranquilizaos ...... el permitirá que se descubra á loe culpables, á.
los verdaderos culpables ......... Porque sin dllda ese pobre Charlier ha sido impulsado ..... .
Este fué el último golpe. La eefiora Descordee tuvo
justamente la suficiente fuerza para volver á. su casa,
donde cayó desvanecida.
Su reino había concluido.
La provincia, á pesar de que las sufre. ama poco esas
dominaciones invasoras y absorventea. Nadie enlama•
aa se atreve á. dar la seilal de rebelión; pero si una mano
más enérgica levanta la bandera, todo el mundo sigue t,l
movimiento y loe más ardientes por la independencia
son aquellos que más ee han humillado bajo el yugo.

La vida de la caaa de Marta, tan sencilla, y que se había calific8.do de lujosa, quitó todo crédito á los otros ruidos que hablan corrido. ~ palabra de la eefiora de Se-

Tods. la población asiBti6 ~ la audiencia,
ávida de escándalo. Pero su esperanza que•
d6 frustrada.
Charlier llegó apoyado en el brazo de Pablo. Su actitud y su tacto fueroa perfectoP,
no acusando á nadie más que á sí mismo, de
eu deplorable conducta y no buscando excuea alguna.
Cuando el presidente, que ponía e• eus
preguntas una delicada reserva, le pregunté
á qué movil había obedecido, él respondió.
-Lo ignoro. Es vergonzoso decirlo, pero
esta vergüenza pública ea un castigo que he
merecido ......... Yo no tenía conciencia de
mis accionee.
-Teníais algún motivo para odiar á la
eenora Charlier?
--Ninguno, respondió él prevenido con voz
fuerte ....... mi mujeres la más noble y la más
honesta de las criaturas.
-Nadie os excitó contra ella?
Esta era la pregunta esperada. Todas las orejas ee
abrieron.
Charlier sin responder directamente, se limitó á decir:
-Os repito que yo soy el único culpable.
-No eetábais en estado de embriaguez? preguntó uno
de los jurados.
-8!, estaba ebrio.
El presidente no insistió.
Marta, interrogada, dijo:
-Juro ante Dios que jamás he te:aido nada que repro•
obar me, nadaquepudiera sonrojarme ante mi marido y ar.•
te mi hijo. Juro que jamás he faltado á. •inguno de los de·
beres ni hacia el uno, ni hacia el otro. Perdono á. mimarido, y le he perdonado desde hace la.go tiempo en mi
corazón. No tengo para 41 más que estimación y afecto, y
pasaré el reato de mi vida en probárselo.
El procurador puso una extrema mederación en eu re-

�DO ■ IIIGO

quiaitoria. Ni e1 nombre de Savinien ni el de Ja aefiora
Oescordee fuero.u pronunciados. Cha.rlier, reconocido cul
pable, fué condenado á una simple multa y salió libre del

tribunal entre Marta y Pablo. Desde el día del drama
hasta eea audiencia, casi nadie le habia vuelto á ver. To•
dos notaron en transformación: no era yael mismo hombre. Su rostro pálido, enflaquecido, con una gran cicatriz
que le bollaba la frente, tenía una fisonomía triste, gra•
ve, pero digna, con una humildad que ee sentía dncera.
Había hablado sin énfasis, eóbriamente, con una voz
muy conmovida por_ momentpa, bajo el imperio de un

sentimiento que nada tenía de :ficticio.
Cuando al retirarse, pasó entre su mujer y su hijo, instintivamente las cabezas se descubrieron ante aquella fa•
milia tan larga y violentamente turbada, ahora reconet,ituida y reunida.
Muchos ee preguntaban quién había hecho ese milagro,
quién había servido de lazo de unión, entre ese hombre
grosero y malvado, hasta entonces incapaz de un senti ·
miento ó de una ternura, y aquella mujer dulce y buena¡
toda delicadeza y corazón, quién, en fin, había venido,
pues, ein quererlo á romper la unión pura, honesta, pero
terriblemente :peligrosa por eu miema honestidad, de
Marta y de Savinien.
Esta era la obra de una criaturita tímida y silenciosa
basta entonces, alma frágil, á. la cual no babian alcanza·
do ni los necios prejuicios nj las malignas costumbres de
aquella vida de provincia y que, en la sombra de aquella
casa tristísima, había .crecido pronto, inetruídoae prematuramente y vuéltoee serio anteB de la t.xperiencia, no
habiendo sabido acaso nunca lo que era reir, sino madu•
rado por todas las lágrimas que había visto correr.
La transformación de Mana y de Charlier era la obra
de un niño de quince afias.

XIII
La noche misma. del día terrible, Pablo se había in3·
talado á la cabecera de su padre, haciéndose su enferme•
ro, asustado, inconsciente aún 1 sin otro proyecto que el
de ayudar áloe cuidados materiales del médico. Durante la noche, que pasó sólo cerca del herido, no dej,ndo•
lo más que para ir de puntillas á informarse del estado
de eu .madre, cerca de la cual velaban la Sra. de Senne•
vaux y Francisca: efectuase un trabajo intimo y miste•
rioso en aquella almita.
Su candor ingcente no le permit.ia comprender la causa precisa del einieeti'o acontecimiento. No veía en él
más que la crisis suprema de la vida de violencias de que
tanto tiempo había sido testigo, y entonces ee levantó
ante su pensamiento todo un plan, que maduró con tanta sangre fría como precoz inteligencia bajo la inspira•
ción de la piedad mas alta.
Borrar para siempre el pasado¡ á fuerza de paciencia
y de dulzura hacer de su padre otro homb1e, traerlo al
deber y al bien¡ volverle el sentimiento de las afecciones
de familia, la elevación de espíritu, la nobleza de corazón y rodearlo de una purifiéante atmósfera de ternuras;
apartarlo para siempre de los hombres y de las cosas que
le habían sido funestas: obra sublime en que el hijo dada la vida al alma de su padre; obra laboriosa: ninguna
dificultad de la cual escapaba á su perspicacia, pero que
eu ardor entusiasta y confiado iluminaba con un rayo
triunfal.
Loe niflos que han eufrídomuchotieneneeoaentueias•
moa generosos. Su corazón encuentra acentos que no tienen loe otros; sus grandes ojos, dulcísimos, tienen miradas profundas que fascinan, su pequefia mano, puesta
sobre la frente del que sufre, proporciona una calma ex•
trafia. Tienen armas muy de ellos, hechas de mieteiio y
de ternura.
Prosternado en la soledad y el silencio, con la cabeza
apoyada sobre el lecho mismo del enfermo, largo tiem•
po se desahogó Pablo en una de esae plegarias conmovividas, ardientes, irresistibles, que la boca no pronuncia
pero donde el corazón se funde todo entero. Pidió á. Dios
la fuerza, la prudencia, ia habilidad, y en cambio de la
victoria esperada le prometió eu vida.
Fué aquel desde entonces un trabajo de todas las ho•
rae. Los primeros diaa fueron crueles y rudos. La inteligencia de Charlier, obscurecida aún, parecía ofrecer invencibles obstáculos. Su carácter, cuyas violencias nadie
había refrenado jamás, reaparecía á medida que sus

fuerzas físicas se reanimaban. Pablo respondía á todo
con una calma inalterable y una mansedumbre que nada
desalentaba.
- ¡Quiero beber! gritaba el herido.
Y de acuerdo con el doctor, que había aconsejado evi•
\ar toda supresión demasiado brusca, Pablo llevaba, con
la sonrisa en loe labios, las bebidas favoritas de su padre; pero disminuía cada vez insensiblemente la dosis
de loe elementos perniciosos.
-Leeme el periódico, dijo otra vez Charlíer.
Y Pablo hizo buscar inmediatamente la boja del más
vivo matiz político y la leyó sin pestañear, limitándose,
respecto á. loe hechos que el podia apreciar, á algunas re·

flexiones muy sencillas, que demolieron de un golpe el
fárrago grosero de esas lucubraciones de taberna. Las
palabras eran siempre tan aencillae 1 tan medidas, tan
justas, que al cabo de dos semanas Charlíer dijo expon•
táneamente:
-Ese periódico ea estúpido! Ya no lo mandes comprar.
Se había dado un paso.
Entóncee, Pablo se volvió comunicativo. Era él quien
cada día contaba á an padre las noticias de la ciudad,
que se hacia resumir en la noche, rápidamente, porFrancisca; ó bien sacaba de los recuerdos de sus cortos eetu•
dios el relato de alguna anécdota poniendo en eue palabras la animación atractiva y juvenil de su alegría, sabiendo aai mismo dirigir la conversación con destreza
en el sentido del fín incesantemente perrnguido y sacar
de él alguna lección, prudentemente, impercepr.iblemen·
te deslizada, sin caer jamás en una alusión que pudiera
herir al enfermo.
Siempre estaba ahi cuando era preciso, pasándose las
horas en una pie~a vecina, dispuesto á responder al menor llamamiento, pero dejando tiempo para que germinase el grano que había sembrado de un modo inteli•
gente.
-Donde está Pablo? preguntó bruscamente Charlier
una maf'lana. Por que te vás? Quéda~ aquí.
El nifio bendijo á Dios.
Eea eJi\ su primera victoria.
Desde entónces la intimidad creció! Charlier, apartado
así de las malas intluenciae morales como de las excitaciones materiales se ablandaba poco á poco, cuidado, mimado, rodeado de solicir.udes, sensible en su inteligencia que renacía, al encanto que se desprendía del nifio,
cuya presencia se le volvía indespeneable.
En el día, en la noche, al menor movimiento, veía
surgir aquella cara tierna, atenta, sonriente como una
aparición angélica. Pero Cbarlier tenía á veces largos
extravíos, especie de crísis nerviosas y parecía ya no
comprender. Hacían de nuevo presa en él sus malos recuerdos y eua hábitos de borracho. Operábase en éi una
transformación. La bestia bruta se callaba después como
fascinada, y volvían uno á uno loa sentim:entosi encon•
trados á veces, de su infancia en otro tiempo dulce y regular, revestidos tal y cual vez de tan encantadora no•
vedad que lo seducían, como todo aquello que no seconoce. Acontecíale permanecer largo tiempo sin decir
nada, con los ojoe fijos en Plablo cuyo corazón palpitaba entonces con una emoción deslumbrada, adivinando
el trabajo )atente que se operaba.
Ah! no todas las hora3 eran igualmente dulces! Algu•
nas veces la vieja naturaleza se le subía encima con
bruscos sobresaltos. Pero Pablo comenzaba á sentir su
fuerza y envalentonado, despreciaba esas crisis que se
hacían más y más raras y fué un nuevo triunfo el día en
que forzó á su padre á. reír también de su irrhación, re·conocida sin causa.
El mejoramiento moral progresaba al mismo tiempo
que la curación física, merced á los constantes esfuerzos
de Pablo. Sin embargo Charlier se quedaba sumergido
algunas veces en silencios profundos y contrísiados.
Abría la boca para formular una pregunta y la pregunta espiraba en sus labios ......... Marta? Por el aspecto
de Pablo había adivinado que en crimen no había sido,
por fortuna completo. :Marta vivía. pero donde estaba,
en que estado f cuales eran sus sent.ímientoa de resentimiento legítimo?
Y Charlier comprendia que jamás la había amado y
sentía ahora todo lo que había perdido. Marta ee le aparecía aureolada de todo un nimbo de juventud y de be•
lleza, que él, imbécil, había despreciado. Habría querido recomenzar la vida y rehacer, en su unión con Mar-

ta, afios de dicha en lugar del infierno que le había dado. Pero esos afias de infierno terminados por un drama sangriento, eran para siempre el pasado, lo irrepa•
rabie, terrorífico como una pesadilla.
El sabía bien que Savinien no 8!3 el amante de Marta, pero la había amado y sin duda ella le había amade
también. Esta unión de dos coraiones enloquecía al desventurado más que cualquiera otra cosa hubiera podido
enloquecerlo. No podía despreciar más que así mismo y
esto lo sofocaba, lo extrangulaba de rabia. El también
hubiera podido amará Marca. Siendo bueno y tierno,
se decía que acaso llegara á hacerse amar ...... Pero era
demasiado tarde sin duda.
Algunas veces le volvía la esperanza y tenía como crtsis de alegría. Y de codos sobre la almohada en la sÓm•
bra de las cortinas sombrías, contemplaha largamente á
su hijo, fijando en él sus ojos de pobre bestia herida.
El nifio se aproximaba un poco bajo la lámpara y sus
miradas se cruzaban, la una toda de terneza y de amor
y la otra toda de angustia y de amargura.
Pablo vigilaba, atento, el desarrollo visible y deseado
de esas angustias inconfesas y cuando le pareció llegado
el momento de obrar, entró en la cámara llevando en su
diestra una rosa fresca y embaleamada que tendió á su
padre, diciéndole sencillamente:
-Mira, ;o que maniá me ha encargado que te traiga.
Cbarlier tomó la flor ein decir una palabra. Largo
tiempo su pensamiento permaneció mudo ante este men•
saje perfumado, gage de olvido y de perdón. Sus ojos
iban de la rosa al rostro del nifio. De pronto dos gruesas lágrimas corrieron á lo largo de sus mej illae enflaquecidas.
-Ven á besarme! dijo á Pablo.
Y eu corazón se fundió en los brazos de su hijo: la
obra de regeneración estaba cumplida.
Entóncee empezaron entre el padre y el hijo largas
conversaciones en que cada dia sus a\ma9 se aproxima•
ban en expansión más y más intima. Pablo, dueño del
terreno ahora, iba francamente hacia adelante, revelando á su padre todo un mundo de sentimientos desconocidos, no temiendo ya abordar loa asuntos más delicados con esa sinceridad sencilla que impone la fé, con ese
tacto que no se adqu~ere y que el corazón solo sabe inspirar, alumbrando los últimos rincones sombríos del pasado con la luz límpida de su propia pureza.
Marta solo recibía las confidencias de loe esfuerzos, de •
las esperanzas y de loa éxitos de Pablo. Cada día se escapaba él algunosinatantes1 se encerraba con ella y le decía alegremente loa progresos realizados y el triunfo final que se aproximaba. Su madre lo escuchaba conmo•
vida, recompensando con una sonrisa y con una caricia
al noble nifie. Y sin embargo, algunas veces, cuando el
había partido, escapábase un suspiro de sus Jabioe, sus
ojos se mojaban, perdidos en nn ensueño melancólico y
profu11do. Se ponía largamente de codos en la ventana. :Bajoeus ojos, de un techo vecino aubfa á.la hora
del almuerzo un humillo blanco y su mirada seguía ese
humillo, en los aires hacia las nubes. Ella también pen·
eaba en el paeaio, en toda la vida frustrada, en toda esa
dicha que no había tenido. Después ponfaee de nuevo
á esperar. Y en la penu..nbra de las largas veladas del
crepúsculo, l)aeabd su mano pálida alrededor del cuello
de su hijo! Y loe últimos rayos del eol venían á reflejarse en los ojos de. la madre y del hijo.
Como Charlier c.Jmenzaba á levantarse, Pablo le propuso que comiese con él cerca de la ventana abierta, qu&amp;
dejaba entrar loe perfumee de la primavera que volvía.
Llevó con Francisca una mesa completamente servida
-y Charlier percibió un gran ramo de rosas, alredetlor dei
cual había tres cubiertos.
En ese mooiento Marta, con el brazo en cabrestillo y
el rostro pálido, pero sonriente, entró y tendió á su marido su mano libre ......... Ante ellos entonces Pablo lloró lágrimas de alegría, lágrimas santas q1:1e los ángeles
d~l cielo debieron recoger.
Fué aquella tarde, cuando convertido por eu victoria
en amor de todos, Pablo expuso el programa de vida que
había meditado. Se reunirían todos loa recursos; se vendería el viejo hotel, testigo de tristezas que debían olvidarb8¡ irían á.instalarse á. Paría eLL algún nido modesto, y·
en medio de la paz y de la intimidad cerca de sus padres1
él proseguiría sus estudios, demasiado turbados por lo.3 .
acontecimientos.

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-Es cierto, dijo Charlier, el tiempo vasa ........ .
Bien pronto habrá que pensar en elegirte una carrera.
-La elección está hecha desde hace largo tiempo en
mi pensamiento, respondió gravemente Pablo. Seré sa·
cerdote.
XIV
La mafiana del día en que la familia Charlier debía
abandonar Ganneville, Francisca, por la última vez con·
,.fi4enie, -puso en el correo una carta, cuya dirección era
éeta: Señor Saviniende la H aye, ar,tiguo subpref ecto; calle

La Boetie, en ParUJ.
La carta esta.ha concebida así:
uOa escribo, amigo mío, algunas horas antes de partir
de Ganneville para no volver :,robablementejamá.e. Voy
, decir adiós, no sin un profundo desgarramiento de co·

razón, l1 estos muros que durante tantos afios han sido
loe testigos de mis numerpeoe dolores y de mis raras alegrías, y he querido que mi último acto fuese ee:ribiros.
ciNo he podido hacerlo desde que después del terrible
día presentasteis vuestra dimisión y os habeie alejado.
Habeie podido, sin embargo, eegoir m1 convalescencia
por emigoe buenos y seguros. Yo os confirmo al.ora mi
completa curación, y tendreia la prueba de ella por es·
tas miEmae líneas, aun cuando mi letra no sea muy firme. Pero estoy enteramente restablecida 1 y salvo un poco de adormecimiento aún, en el brazo, he adquirido to•
dami ealud.
«Acaso el temblor de mi mano en este instante no ea un
postrer efecto de mi herida: la emocioo es su verdadera
causa. Porque lo que os tengo que decir me es cruel y lo
será para vos, y sufro con el dolor que voy á. causaros
tanto como de1 mío propio.

«Es preciso, amigo mío, que nos digamos adiós para
siempre. Es pre~iso que vos hagais vuestro sacrificio como yo hago el mío, con una tristeza profunda pero con
resignación y rewlución. El deber está ahí. Su ley aus•
tera, pero sagrada, me ha aparecido durante mis largas
horas de reclusión.
11Hemos hecho un hermoso sueño, lleno de dulzura,
de poesía y de pureza. Pero aún dentro de esos inocen-·
\es limites me era prohibido entregarme á él. Oa he dado lo que no tenía el derecho de daros. Yo ILO podía die•
poner de mi corazón, y materialmente virtuosa era moralmente culpable. He mentido á la Justicia cuando en
aq·1ella t.riete audiencia del Tribunal juré no haber faltado nunca á mis deberes de esposa.
11Ciertamente, si noeotroe no hubiésemos sido más
que amigos, como todo el mundo lo cree y lo dice aquí,
al presente, nada se opondría á que conservásemos fran-

�160

cae relaciones de amistad. Pero vos erais para mi algo
más que amigo. Puedo confesarlo ahora que mi confe•
eión va aeompaf!ada de un adiós eterno: os he amado
con todas las fuerzas de mi alma, como creía que me
amabais. Y eso es lo que yo no tenía el derecho de ha•
cer, y eso ee lo que exije que pongamos entre nosotros
una barrera infranqueable.
«Comprended la fuerza de mi resolución. Hace tres
dias el Sr. Charlier, para mostrarme, con la delicadeza
de sentimientos que mi bien amado Pablo ha puesto en
eu corazón, su confianza en mi lealtad preeante y futura,
me ha ofrecido llamaros cerca de nosotros, allá donde
vamos ......... Yo he tenido el doloroso valor de rehu~ár.
¡Ah! si he C'lmetido faltas Dios me será indulgente, pen·
eando lo que h.i sufrido en ese momento. Pero el dolor
mismo que experimentaba me demostraba que debía
obrar así.
«Lo debo á mi honor mejor comprendido, lo debo á mi
marido, vuelto al bien; lo debo á nuestra afección mis·
ma, cuyo recuerdo.podrá así permanecer para nosotros
querido y puro, en tanto que cesaría de ser tal en el mo•
mento en que comprendo que mi ternura era culpable;
lo debo, en fin, y sobre todo á mi querido Pllblo, ante el
cual no podría aparecer ya sin ruborizarme, si conein•
tiese en volverá veros, aun cuanJo fuese como en otro
tiempo.
«Es él ese aposto! naciente, cuya bien dichosa influencia
-vos me lo habeie dicho un día-os ha llevado de una
juventud un poco agitada á la cordura, á la razón, á las
afecciones nobles y altas, es el quien, cumpliendo una
obra muy difícil, ha transformado á su padre, y esta
natur.;leza árida y violenta edtá en vías de ser una alma
accesible á la bondad y á la dulzura; es él, cuya acción
angélica se ha ejercido sobre mí misma á su antojo, para hacerme comprender mi deber en toda su extensión.
«Un aposto!! Ese será bien pronto el titulo real de mi
Pablo. Oa acordais de un dja en que tuvo un arranque
casi elocuente con respecto á las dos maneras de euten•
der y de practicar la religión. Vos le dijísteie entonces
riendo, que haría un buen predicador, y él os reependió
gravemente: «¿Quién sabe?• Su pensamiento estaba fija·
do y su resolución tomada. El nos lo ha declarado el
otro día á BU padre y á mí: Quiere ser sacerdote y lo se•
rá: porque ni el eef!or Charlier ni yo nos oponemos, yes•
to solo bastará para mostraros el cambio realizado por el
querido niño en el espíritu de su padre.
«Vamos á partir para Paría. Yo estaré ahí cuando oe
llegue esta carta. No temo decíroslo porque estoy segura
de vos, y os conocería muy mal si después de una carta
como esta intentarais aproximaros á mí. Permanezcamos
dignos el uno del otro. Un día quizá, cuando la edad ha·
ya blanqueado nuestros cabellos, cuando podamos sinceramente tendernos la mano como amigos, nos se~á per•
mitiJo encontrarnos y si Dios permite que llegue eee día
yo lo bendeciré.
«Vos sois joven, Savinien; llegais apenas á la llora en
que la vida del hombre adquiere su pleno desarrollo. Loe
afl.oe para mí han contado doble y comienzo á descender ·
la pendiente de la colina. Guardad mi recuerdo en el
fondo de vuestro corazón, como el de una hermana mayor; que jamás haya una turbación ó un obstáculo en
vuestra existencia que deseo feliz.
«Experimento aquí un embaraze y, habrá que confesarlo? una emoción censurable aun al expresaros el voto que
formo: es que encontréis una mujer digna de vos, á la
cual ameie de todo corazón. La mas grande pena de mi
vida tan cruelmente probada, sería veros, por haberme
hallado en vuestro camino, faltar á un destino de legítima ventura. La primera, la sola carta que quiero recibir
de vos será aquella que me anuncie vuestra unión.
«Y ahora adioe, amigo mío. Perdonadme todo el mal
que os hago. Vos maldl'-ciréie estos deberes áloe cuales
sacrifico mi ventura y acaso me censurareis. Yo también
los he maldecido algunas veces en las horas de debilidad.
Pero pienso en este niño para quien debo vivir, por quien
debo olvidarlo todo á loe ojos del mundo.
«Guardo en mí, como en el fondo de un relicario el recuerdo de las santas horas pasadas, puras y dulces, y en
el silencio de este santuario íntimo, iré, en piadeea peregrinación, ignorada de todos, salvo de vos, á revivir oon
el pensamiento tcdoe esos recuerdos, todos nuestros re-

EL MUNDO

de loe tilos, donde frecuentemente en loa dfae hermosos,
íbamos loe tres á sentarnos ......... .A.dios! No tengo el de•
recho de ceder al enternecimiento que me domina. Si esas
floree os revelan toda mi alma, ellas oe ilirán que no he
amado verdaderamente más que una vez en m1 vida.
Marta.
F IN D E LA PRIMERA PARTE

SEGUNDA PARTE
EL HOMBRE

I
En medio de loe valles verdegueantee del parque de
liBY, los seminaristas que llegaban de paseo á aquella eu·
cursa! de San Sulpicio, entregábanee á sus pasatiempos
con la alegría de su juvent11d temperada por la gravedad
de su carrera naciente.
.Algunos se entregaban á juegos conservados del cole•
gio, muy próximo aún. Otros, jugaban con animación
una partida de tioloe, teniendo con una mano loe pliegues
flotantes de eu pesada sotana de merino. Algunos penea•
dores se aislaban en loe lugares solitarios con un libro en
la mano. En la gran avenida de loe tilos, llamada «la
Cuarentena,» algunos grupos iban y venían con paso alerta, cruzándose en el movimiento regular del paseo, animados por conversaciones má9 ó roen &gt;e serias.
Pablo Charlier formaba piute de uno de estos grupos.
.Ahí, cada uno exponía, en la expansión de la camarada•
ría íntima, su vocación especial para el día en que, después de los largos y austeros estudios del Seminario, llegado al presbiterado, entrara definitivamente en la vide.
sacerdotal. Este, meridional, de voz ardiente, de acento
vibrante, se veía ya llenando las grandes naves con las
sonoridades de su elocuencia y levantando las masas al
soplo de su palabra inspirada. El otro, enérgico y emprendedor, contaba las lejanas aventuras de loe misioneros, que le esperaban en eue filas,
Aquel, más tranquilo, ocupaba el lugar de eue maee•
tros y de educando se con verde en profesor, teólogo au•
torizado cuyas opiniones harían ley.
Un rubito, de ojos vivos y profundos, dejaba entrever
sus ambiciones de hijo de familia y sonreía Cl)mplacido
cuando eue camaradas le daban el título de «Monseñor»
como á su tío abuelo. Todos, por lo demás, tenían en la
expresión de sus secretos deseos la piadosa reserva de
una sincera sumisión religiosa.
- Y tú Pllhlo, dijo uno de loe seminaristas, confianoe
tu sueño.
- Mi sueño, mis queridos amigos? Tomal vedlo allá lejos, en medie de loe campos, una casita blanca con ale•
roe verdee: pureza y esperanza......... Al rededor un jar•
dincillo_lleno de flores, cada una de las cuales es una amiga, cuidada y querida, que está destinada á perfumar el
altar; cerca, la modesta iglesia de la aldea, tan tranquila
que Ee creería uno fuera del mundo, en la casa buenos
libros religiosos y algunos viejos amigos de colegio, prosadores y poetas, para encantar las recreaciones del eepí•
ritu; por donde quiera la paz y el recogimiento muy cerca de Dios, del humilde rebaño confiado á la custodia del
pastor. He aquí el fin de mis· votos más caros.
Y en tanto que eue condiscípulos volvían alegres á su
partida de bolos ó á su conversación, Pablo se quedó so·
lo, sentado sobre un viejo banco de piedra, mirando el
horizonte.
Allá, lejos, París, se entreveía en medio de una especie
de bruma, París, al que nunca habia amado.
Alrededor de él las avenidas solitarias y tristes de Ieey
tenían un aire de provincia y le recordaban á Gannevi•
lle, recuerdo más doloroso aún. En vano buscaba en la
línea azul de las colinas, más lejos, el rinconcito donde
habría deseado tener su presbiterio de cura de aldea.
Y por momentos le venía de la gran ciudad como un
inmenso desaliento, rompiendo su corazón, rompiendo
su eneuefio ................ ................................... _............ .
No era más que un ensuefio, en efecto. Cuando loe pa•
dree de Pablo abandonaron Ganneville, siguiendo el programa trazado por él mismo, se instalaron en una de
esas apaeiblee callee del barrio de San Sulpicio, ingora•
das del Paría brillante de la ribera derecha. A.hí se había vivido con la fiel Francisca, muy modestamente pero en una calma delicie3a después de las tempestades
del pasado. Charlier, inconocible y convertido en hom•
euerdoe.
Compadecedme! E ncierro en e8'0 papel tres pobreeflo• bre de fam:lia, había encontrado un pequeño empleo en
res cogidas en ese jardín que vos amaie, allá, lejos, cerca una casa de comercio.

DOMINGO 29 de AGOSTO de 1807

DOMINGO 29 DE AGOSTO DE 1897

Sus emolumentos, unidos á loe otros recursos del ma
trimonio, habían proporcionado ciertas comodidades, l&amp;
principal ventaja de las cuales fué asegurar á Pabio una
educación larga y completa. Pero loe af!oe de colegio y
de seminario eran pesados. Si podía proveerse á ellos,
no se economizaba nada, en cambio, para la vuelta probable de loe malos días.
Y loe malos días volvieron en el momento en que, en
1885, Pablo era ordenado sacerdote.
Una parte del pequeño haber de sus padree fué engullido en el desastre de un establecimiento de crédito.
Este golpe inesperado abrumó á Oharlier. Su temperamento usado no estaba hecho ya para la lucha y la re•
eietencia. Fué herido de parálisis, y clsvado, lúcido aún
en el sillón rodante, entre las dos mujeres que agotaban
eue cuidados por él y sus esfuerzos para sostener la vida
común.
El superior de 1 seminario, supo estas miserias. Tenía
por Pablo una afección muy vi va, habiendo podido apreciar sus cualidades serias y amiblee, y conociendo su
piedad tan dulce como sólida, le propuso un empleo am•
pliamente retribuido de preceptor en casa de M. Jouve•
not, uno de loe principales notarios de París, donde debía dedicarse á la educación de un nif!o de nueve af!oe.
No había vacilación posible. Pablo acepta Su vida de
sacerdote comenzaba por et abandono ele su esperanza
íntima, largo tiempo acariciada. ¡Adiós, querida casita
blanco! ¡adiós las floree, la iglesia de la aldea, la poesía
y la paz de loe campos! Si la decepción fué cruel, nadie,
más que Dios, conoció el sacrificio del joven sacerdote.
Con la sonrisa en loe labios anunció á sus padree la bue•
na nueva.
¡Preceptor! es decir, la dependencia, la abdicación de
eí mismo, la renunciación á todos eue guetos persona•
lee, la obligación de plegarse á loe de loe otros, ia nece•
eidad de obede&lt;}er áloe padree y aún frecuentemente al
niño, la situación subalterna que algunas veces la falta
de delicadeza hace humillante; una especie de domeeti•
cidad, un poco más elevada tal vez que las otras; pero
más pesada también para las naturalezas más sensibles
que deben experimentarla.
Pero es también una tarea noble y grande para el que
sabe emprenderla con un pensamiento alto. Formar un
eepiritu y un corazón, verter en un niflo no solamente
la insl;rucoión que él encontraría donde quiera, sino la
educación moral que hará de él un hombre; ser también,
en medio de una fa.milia, como un aposto! íntimo, y lle•
var, si es posible, una influencia discreta y saludable,
este es el papel elevado del preceptor tal cual apareció á
Pablo, llenándolo de generosos ardores y consolándolo
de la pérdida de su eneuef!o huido,
Desde ei día siguiente llegó á casa de ~. J ouvenot,
todo inflamado de un celo de neófito por eu obra, impaciente por comenzarla, imaginando planee de estudios
seguidos y recogidos, bien seguro de encontrar en loa
padree el concurso eerio de una autoridad que secunda•
ría sus esfuerzos, puesto que ellos habían ido á pedir un
profesor á San Sulpicio.
Un momento vaciló antes de entrar á la casa del boulevard San German que se le babia indicado, de tal suerte
aquella mansión lujosa trastornaba la idea que el se for•
mara de la morada de un notario. Excusándose casi, penetró en un ealoncito en que majestuoso y cortés, un eui•
zo-jamáe hubiera el oeailo, ni aún en voz baja, llamar•
le coneerje,-le dijo como sorprendido de su ignorancia,
que ahí era en efecto donde habitaba el señor Jouvenot.
- Deeeaie hablarle á él personalmente, eell.or abaie?
preguntó el importante personaje.
-A el mismo.
-Entonces ......... permitid me ....... .. voy á asegurarme
de si el sell.or eetá en sus habitaciones ó en el estudio.
El suizo sopló en un tubo acústico, habló, oyó la res•
puesta, é inclinándose ligeramente ante Pablo, dijo:
- El eef!or está en su gabinete ...... ... Si el señor aba•
te tiene á bien tomar el vestíbulo á mano derecha, el es•
tudio está en el fondo.
Y recondujo al padre con la buena gracia y la salud
sonriente de un marqués de los tiempos pasados.
Pablo entró á un vestíbulo pavimen\ado de largas losas
negras y blancas que atravesaba un blando tapíz y que
ornaban cofres de vieja encina y enormes macetones de
donde surgían plantas verdee. Al cabo de esta antecáma•
ra, sobre una puerta, la palabra: E 8tudio, se destacaba
en medio de una placa de cobre brillante.
( Continuará),

161

EL MUNDO

LA MODA
Traje de rec:epelón.
Traje de boda .

,.

H o y ofrecemos á
nuestras lindas y sofla•
do ra s lectora a, otro
grabado del emblemático y fascinador tra¡e
de boda. Este, cuyo lí ·
gero velo en vuelve sin
ocultar; cuya inmensa
cola hace á la portadora vol ver la vista hacia
atrás, temiendo q ue
eualquier impertinen·
te pueda mancháreela;
cuyas odoríferas !lores
de azahar, reclaman
tanta pureza y pronos•
tican con sus agudas
espina~, lo azaroso de
la paz conyugal; cuyo
blanquísimo engarce
pide blancura en el alma; que todo t:n él es
simbólico; este el!I el
que hoy preeentamoe.
Si mano extraña le.
vanta elte atavío, ee
rendirá bejo eu peso;.
pero vosotras, que te·
neis por camaristas á
loe dorados ensueños,
no imaginais, sin du·
da, que el cuerpo pueda doblegarse bajo el
dulce peso de la seda,
que tiene tan confor·
iable calor, tan voluptuoso crujir.Y sinem·
bargo, hay temperamentos nerviosos que
se txtremecen al con•
tacto de la sedal
Pasemos ahora á examinar su construcción
material.
El dibujo que nos
ocupa es un traje de
raso blanco leche, de
gran cola, que lleva
por todo adorno en la
enagua dos golpes de
acabezadoe de museli·
na de seda, que tienen
en sus ex &amp;remidadee
unas ramas de azahar.
E l talle es también
de muselina, llevando
un delantero de encaje bordado, y tres ca•
becitae como la ena•
gua.

... 1

)

I··

• T

I
..s: &lt;

Mangas ajaretadas Y
dos volantes en forma
de jokeye; pero prolongándose en el de•
lantero basta el cin tu• ·
rón, que es de raso d mpeado. En el peinado
un pequef!o ramo de
azahares.

•.

.

'

El traje de recepción es bastante rice&gt;,
de moirée azul pálid &lt;',
con adornos de fantasía, y abierto sobre un
delantero de piel de
seda azul, cuerpo cruzado con peto de encaje blanco, volera, sin wa11gas de encaje blanco sobre fondo azu l, sujeta en el cuello, por un lin·
do broche de perlas.
El amor es el alil que Dios ha dado á las almas para subir hasta El.
- Mi[luel Ang1l.

No hay corazón que no tenga algún secreto ....... ..
Si quieres ser feliz, no intentes nunca regiEtrar la cartera de la
persona á quien amae.- j acinto B e11aM.te.
El amor es el ml'- jor y más dulce de loe moralist as.- Bacon.
E l lt brador es el rey de la naturaleza, pero el e1:cla vo de la sociedad.- l 11,i/io Ca~tdar.

�!!:L MUNl&gt;O

DOMINGO 29 de AGOSTO de 1897

·'

TOMO.JI

'

~

MEXICO, Sl!PTIEMBRE 5 DE I897.

•

NUMEHOxo.

.

Dosel fabricado por la casa de Jorge Unna ~
EN SAN LUIS POTOSI
P.ara el linio.

iE ñor

~on l~nacio @Montes de ©ca.

&amp;n el Frincipal.
Dlbulo ele José M:. Vlllae ana.

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Siglo XIX</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Belleza femenina</name>
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                    <text>!!:L MUNl&gt;O

DOMINGO 29 de AGOSTO de 1897

·'

TOMO.JI

'

~

MEXICO, Sl!PTIEMBRE 5 DE I897.

•

NUMEHOxo.

.

Dosel fabricado por la casa de Jorge Unna ~
EN SAN LUIS POTOSI
P.ara el linio.

iE ñor

~on l~nacio @Montes de ©ca.

&amp;n el Frincipal.
Dlbulo ele José M:. Vlllae ana.

�EL MUNDO

"EL M1J'ND0"
Semanario lluatrado.
Te16fono 434 .-Calle de Tibureio núm. 20.-Apartado 87 b.

El eeniimiento y la reflexión, los dos elementol!,'entran
como componentes, pero ni uno ni otro coneiituyen la
base fundamental de la dirección de las sociedades.

MÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la Re--

DOMINGOS do SEPTIEMBRE DE •lg7

reserva insidiosa de los órganos de la opinión en A.uetria.
Acaso será que, vi!!ta con prevención desde sus comienzos la potente alianza, no pueden ocultar su despecho ,
los jurados enemigos de Francia, al verla recobrar, despu és de veinticinco afias de paz repuhlicana , el alto pues•
to que tenía en el concierto de las naciones.

UCQión, debe ser dirigida al
Director, Lic. Rafael Reyes Spindola.

El Concureo científico acaba de poner á discusión uno
Durante todo el prt&gt;sente siglo, .envidiada unas veces,
de loe asuntos que má.a hondamente han preocupado en lisonjeada otras, pero siempre respetada, la palabra de
A.Diado Nervo.
estos úl timos afioe á los pensadores y hombree de Estado:
Francia, su influencia en loe destinos de Europa, han pa ·
Toda la correapoñctencia que se relacione con la edición ¿Debe enprimirse 1~ pena de muerte?
sado por varias y opuestas peripecias.
Todavía no hace un c11arto de siglo, en pleno ?eriodo
Bajo el impPriodel primer Napoleón, que con férrea~
debe ser dirigida al
deeentimentalismoindividualieta, la pregunta habría cau· mano quiso sujetará su voluntad omnipotente toda la vi•
Gerente, Lle. Fausto Moguet.
La subscripción á EL MUNDO vale $1.25 centavos al eadO una esgrada indignación entre legisladores y crimi· da política y social de la Europa monárquica, pesó de tal
nalista~. Ahora se sabe que antea que la unidad está la es- manera. la influenc:a francesa en los destinos del mundo,
mee, y ee cobra por trimestres adelantados.
pecie y por encima del individuo la sociedad; nos permi· que hubo db provocar la más grande reaceión que hayan
Ntuneroe sueltos, 50 centavos.
timos nuElstrae dudBE1 acerca de la poEible redención de presenciado los siglos. Los pueblos vencidos, los reyes .
Todo paco debe ser precisamente adelantado.
cierto tipo de criminalee, y en materia de sentililientos hnmillados, las naciones destrozadas se cobijaron baj o .
BEGISTRADO COMO ARTÍCULO Dli: SEOU_NDA CLASE,
humanitarios, nuestra compasión se dirige preferente· la bandera de la Santa Alianza que en su sagrado rencor ·
mente á las víctimas y no á loe delincuentes.
apocaliptico, de buena gana habr.(a borrado con las
L'l pena de muerte ha sido muy d'.ecutida, y ee han he• huellas todas de la Rwolución, hasta el no.obre francé~,
cho ensayos práctieoe para averiguar la influencia que
que palpitaba en todos los labios y había s do grito de litiene en las sociedades. Los resultados no pueden menos
Uo sr gobimin con In rcflrrión ni ron el
bertad para todos los oprimidos.
de apoyarla, puesto que su acción favorable se encuentra
Prudente la Restauración, teniendo á su eervicioalpro•
scntimirnto.
bien comprobada en las observaciones y las estadísticas teo de la política, al duende de todos lo8 gabinetes, al
príncipe· de Ti!.yllerand, pudo recobrar poco poco algo .
En un reciente debate se han encontrado dos ideas que recogidas por loe criminólogos contemporáneos.
La
proposición
de
que
esta
pena
constituye
una
medida
del perdido prestigio, hasta que la snprend16 en sus de•
en la forma, más bien que en el fondo. parecen inspitapreventiva,
contra
cierto
grupo
de
criminales,
no
ea
una
lirios de grandeza la revolución de 1830. Otra vez las
das por criterios perfectamente antagónicos en lainterpre•
simple
teoría:
los
hechos
nos
están
den:1,oetrando
que
si
testae
coronadas vieron con espanto levantarse la Revolu-tación de los fenómenos eocialee:-11\os pueblos nose go·
no
asusta
á
todos loe malbechoree, acobarda cuando meción
y
lanzaron
su anatema sobre el p1o1eblo inquieto que EB·
biernan por refit-xiooes sino por sentimientos¡11-ulos
transfiguraba en las barricadas, con tanta sublimidad.
pueblos se gobiernan por reflexiones y no por senti · nos á un gr11n número de ellos.
Un Procurador General ha dicho en Bélgica que deEde como habla llevado sus águilas triunfantes más allá del
mientoe.11
1850, en que la práctica de algunos años había dado á las
Elba y el Beresins.
Si fuera po~ible separar dos facultades del espíritu y
masas la conviccion de que ya no volvería á levantarse el
Pero apartada de su curso natural que la llevaba á la~
crear entre ellas un abismo infranqueable, se explicaría
cadalso, se ha acrecentado el número de los grandes democracia, la R:;1volución cayó enjoder del descendiente
la necesaria condición antitética en que se relacionan
crímenes. ( Garofalo, {( Oriminologi,a.,, )
de FeliÍ&gt;e Igualdad; calmáronse los ánimos asustadizo@,
ambos concept.os; pero como en hechos tan complfxos
El terrible bandolerismo de I~alia no La podido eer do• squieitáronee las zozobras de los reyes, y vieron con reh'ln de entrar indispensablemente todos loe elementos
minado sino por medio del fusilamiento. En Inglaterra, gocijo eentarse un Orleane, hijo de la Convención, en el,
del orden psicológico, no vemos nosotro1:.1 1 y lo decimos
en donde existe la pena de muerte, la criminalidad de- trono conesgrado por San Luie.
con entera it1genuidad, ese antagonismo que se pretende
crece de un modo sensible. Mientras en Prusia ha estado
La política caballeresca del rey-ciudadann que por un laelevar entre una y otra proposición.
suspendida esta pena, la cantidad de criminales ee acte • do empleaba las actividades de su pueblo en la conquista.
La reflexión puede estar inspirada enel sentimiento, ó
centó úOtablemente. En Suiza ( habla un criminalista de Argel y por otro se complacía en reconquistar para
para hablar con mayor rigorismo científico, en un grupo de
de aquella República), después de abolirse las ejecucio• su corona el prestigio de mejores tiempos, poco á poco
sentimientos queexiEtente en una sociedad en determinanes en 1874, ee observó constantemente un aumento de fué resultando en beneficio de Frimcia y en la considedo momento. Entonces el legislador y el filósofo no hacen
homicidioe, evaluado en un 75 por cienM&gt;, en cinc~ afias. ración con que era vista por las potencias europeas.
sino dar forma al sentimiento popular. No de otro modo
. uEn Francia-seguimos espigando;en la obra de Garo •
Pero de nuevo ruge la revuelta, la revolución de Febre•
fué creada la Constitución americana, para no reft!rirnos
falo-los grandes crímenes habían disminuido _e n tanto ro, eminentemente republicana, derriba á los Orleane; elJ
más que á un solo hecho de los que abundan en la bisto•
que existió la pena de muerte. En 1877, hubo 31 conde• pueblo se da el gobierno que ambiciona; en su brillante
ria de la especie humana.
nas ~apitales; el setlor. Grévy quiso hacer una experien• triunfo es arrullado por los cantos de la Marsellesa, las
Pt:ro socede también que el Eentimiento puede inepi•
cia in anima víle; no dejó ejecutar sino 7 criminales en estrofas de sus poetas y las arengas de sus apóstoles, hasrarae en la reflexión, servirse de ella, uti1izarla como ma1878, 2 en 1880 y uno en 1881. Cuando el núcleo crimi • ta que sorprendido en su delirio, despierta al estruendo
teria prima de la industria di;'! gobierno.
nal advirtió este.hecho, los asesinatos ee hicieron más fre· del 2 de Diciembre, muy tarde para recobrar loa fueros
Al referirnos 11 un acontecimiento que ha tenido la
cuentes. En 1882 se elevaron á 35 las ejecuciones y la que con perfidia le había arrebatado el último de los Namayor resonancia en los destinos de las nacionalidades mo·
criminalidad comenzó á decrecer.»
poleones.
dernas-la Revolu~ión Francesa-vemos que las dos faeul•
¿Pero para qué hemos de buscar pruebas'fuera del país,
Vuelven loe servidores de la realeza á rugir contra el
tadesdelespfritu se entremezclan y confunde,n para dar un
cuando la República nos las ofrece demasiado patentes? inquieto pueblo francée, que no encuadra por sus subliresultado. El enciclopedismo del siglo X VIII pudo haber
¿De qué otro modo se logró extirpar de México el plagio, mes ambiciones con las tendencias de la Eoropa monár·
encendido las primeras hogueras, pero sin el sentimien •
sino en virtud d!I la suspensión de garant1as individuales? quica. Entonces Luis Bonaparte, que si no había hereda- .
to del pueblo francés, la gran conmoción no se habría proLos partidarios del eidema espiritiuúista, como el seflor do la grandeza de su ilustre tío, sí supo apoderarse de
ducido. ¿Cuál de estos dos factores es el más importante?
Verdugo, podran conmoverse ante una necesidad social.
todo el prestigio deslumbrador que rodeaba la leyenda
¿cuál de ellos predomina sobre el otro? Tanto equivalA nosotros nos conmueve monos que se mate á los aeesi_ imperial, hizo pesar su voz autoritaria en los concejos eu•
dria á preguntar qué elemento ea el principal y decisivo
nos que el que los aseainoa maten á. loe hombree honrados.
ropeos, fuéelalma de la guerra contra Rusia, contribuyó
en la formación de la familia: ¿el hombreó la mujer?
E spirü:ualismo por espiritualismo: el nuestro es preferi • poderosamenteá la creación del reino de Italia, Y, cuan- •
Estos acontecimientos no se estudian separando la
ble al de estos corazones dispuestos siempre á o.fieiar do se soflaba iluso, el árbitro supremo de Europa, tropezó
profusión de materiales, y es m11y extrafio que, personas
como protectores del crímen.
enMéxico, resbaló en Sedá.n, y fué á ocultar á Londres
refiidae con el método metafísico, ee preocupen basta el
la triste humillación de Bellevue.
grado de olvidar que la diversidad y complicación de
caueae es una de las condiciones, que deben tenerse en
•••
Desencantada entonces Francia de toda.e sus tradiciones.
cuenta en el estudio de los fenómenos sociol6gicoa.
y Ie1endaa monárquicas, sintiendo sobre sus hombros el
Por lo demás, los pueblos no se gobiernan con el sen•
peso
de veinte años de cesarismo, sintiendo dentro de ea
timient.o ni con la reflexión, puesto que la rt:.fiexión y el RESUMEN.---La alianza franco-rusa confirmada.corazón
los impulsos de la venganza por las denotas re•
Franela recobrando au pueato,-Un poco de hi•Eentimiento son á su vez dos.efectos de una causa superior,
cibidae
entra de firme en el camino de la democracia,.
iorla.-Apoteoala
de
la
Rcpúbllca
.
-Conelual6n.
que loe genera á ambos: los in teresee, sin el equilibrio
funda ;obre eólidoe fundamenWB la t;ercera República ,_
de los cuales no ha habido, hay, ni habrá, gobierno po•
siblé.
Sin re1iicencia alguna, sin dar lugar á dudas, puede y abjurando de sus errores, renegando de sus extravíos,
Así, en el ejemplo arriba expresado, ni el libro de
afirmarse ahora que la visita del presiden1ie Faure al traia por medio del trabajo de recobrar su antiguo pues•
Emperador de ~usía, ha servido para concluir y perfec• to, por defflcho propio, no por los vanos oropeles, no.
Juan Jacobo, ni la obra de Montesquieu, ni las páginas
de D' Alembert y de Diderot, ni las arengas de Mira• cionar la alianza diecutida tantas vecee, y de tan diverso por los falsos resplandores de historias viejas y olvida•
beau, ni las explosiones de Robespierre, ni las sagradas
modo comentada por todos, ent;re .e l gran imperio del dos triunfos.
y lo ha conseguido. Inamovible ha permanecido la..
Norte y la .floreciente república del Centro de Europa.
iras de.Marat, determinaron la Revolución. La Revolu•
República
á pesar de la tentativa fracasada del Conde de
No se conocen todavia loe 1iérminos precisos del tra•
·ción fué creada por una gran cantidad de intereses laeti•
Chambord,
de los delirios orleanistas, de loe euetlos na•
madoa, de que el sentimiento y la reflexión se apodera• tado, y por lo mismo apenas podemoe explicarnos en qué
poleónicoe,
de
lae agitacionee vau deuillescas del general
ron para crear fórmulas de Gobierno é impulsar mufü.. se fundan loe apaeionamientoa de la prensa alemana, las
tudes.
dudas casi despreciativas de los periódicos de Italia, la Boulanger, y á. pesar también de las c&amp;idae que han BU·
Secretario de Redacción,

lilotas tbttorialts.

a

,Dlítica Oitntral.

DOMINGO

s do SEPTIEMBRE de 0897

165

EL MUNDO

hido algunos políticos, t:nlodándose en los arroyos de
las condecoraciones y en las cloacas del Panamá.
Y cuando llegada á su mayor edad ha alcanzado la
época del razonamiento frío y del cálculo sensato, logra
ponerse al lado del poderoso imperio moscovita y unida
en poderosa alianza, pesa con influencia decisiva en loe
destinos de Europa:
Si ha podido olvidar suadeseos de venganza, y en el
tratado que acaba de firmarse no entra para nada el deseo de recuperar la Alaacia y la Lorena, ea su misión de
paz y habrán de bendeci r la loe pueblos, por que ba de
fa vo1ecer de modo directo el general desarme; pero si
todavía palpita BJl su corazón la tremenda revancha, en•
tonces la unión de la República con Rusia es sólo el prólogo de la temida conflagración europea.

•••

Entre tanto, saludemos á la República transfigurada,
qne ha ea bido devolverá la patria francesa su antiguo
prestigio; saludémosla al verla fuerte y unida. Aparece ante el mundo como mensajera de paz, reconozcamos
su grandeza.
Nada importa que en medio de la apoteoeis general y del
p úblico ngocijo Ee hayan lanzado en las calle!! de París
algunos gritos subversivos centra Ioglaterra y el emperador Guillermo: el pueblo, el verdadero pueblo !rancé~,
no estará con los que ahullan sino con los que cantan.

X.X.X.

PAPELES VIEJOS

*

(De mis " Memoria s de treinta
lHi OS) "

2 de Septiembre de 1897.

La Serenata de Schubert.
A mi padre.-Homcnajc.

i&lt;Q 1e tienen esas notas, por qué lloran?
Parecen iluEionee que se alejan"?.
La divina melodía surge dolien\e, ya como un lamento que ee elevara de las tumbas y vibrara suspirando ent re loe eauces, ya como una queja que se alzara del fondo de la tierra, envuelta toda en brumas irisadas de
llanto.
Se diría que el artifta aprisionó esas notas entre loe
hilos de oro del pentágrama, en un momento en que incubaba en su espíritu el germen de o.na aspiración ultra•
terrena. Sus ritmos arrulladores van cantando la quimérica leyenda de los ideales imposibles: tienen la dolorosa melancolía de una lágrima deslizá.ndose sobre una
mejilla demacrada por la.e vigilias y los pesares.
Eea lamentación sublime, esa oleada de nostalgia dispersándose en efluvios vagorosoe, como una humareda
de harmonía, lastima hondamente el corazón, por que
su tristeza es infinita¡ es la conmovedora elegía de I~s
esperanzas desvanP.Cidas ..... .
Su música es el salmo de los que llevan el alma rebosante de pena, es la plegaria de los que han visto hundirse una á una todas sus il~eiones en el vórtice neg1:o
del desenguOo y en la vorágine arrolladora del olvido....
La dulcísima estrofa eurge prodigando consuelos · á
laa tristezas incurables les murmura muy quedo: «Es~eranza!» y sus acordes adormecedores, que vagan trémulos deegranli.ndose en perlas luminoaas, van á deJar sus
beEos apacibles, sin ansias y sin fiebres, en las frentes
abatidas que jamás sintieron la impresión de una caricia ...... .. .
Cuando se escucha esa canción plafiidera que solloza
como un niño que llama á su madre muerta, el espíritu
se siente transportado al infinito, la cabeza se inclina
y se llora de emoción y de ternura.
Pero el llanto que ent6nces se derrama no hace daiio
-es bienhechor como el rocío que vier~ la noche sob,;
las corolas marchitas: mitiga los dolores y dulcifica las
amarguras.
Oh maestro! Salve á tí que eupist.e llorar en cadencias
su blimes la huida temprana de los suefios, que pudiste
con encanto mágico entreteger y haeer palpitar entre
las redes de oro de tu maravillosa Serenata, los s.upre•
moa anhelos de las almas que sufren 1
.

UAN cierto es que vivires caminar entre lápi·
dae! Los años van deshojando los árboles del
huerto de nuee troe cariños y cada hoja vuela, lle·
vándoee con un nombre
querido, una dicha ó una esperanza qne nos per·
teneció en días mejores!
Ayer me quedé en casa decidido á quemar papelee inútiles ó indiscretos, y nunca he st-ntido en
mi ánimo impresiones tan hondas y tan extranae.
. No son pocos loe amigos íntimos que se me han
muert0 y al ver y repasar sus cartas, sus versos
y sus retratos, acabé por decir para mis adentros:
¡qué contento y que acompafiado voy á estar en
el otro mundo!
En ni1.1guna labor como en la literaria ee adquieren
tantos hermanos que al correr de loa años constituyen
familia y nos son tao amados como si en sus venas circulara nuestra propia sangre.
Abrí una gaveta y eaqué un papel amarillento con letras borradas y parduzcas, puo que pueden aún descifrarse claramente:
Hermano Juan:
-No faltes al ensayo de mi drama. Don José le ha ofrecido al mae8lro poner sus cinco sentidos en la ejecución
de cada escena.-El Doctor, segun me dijo Facundo, hará.
la crónica del estreno y Agusltn leerá uuoe vereos-¡0Jalá
que te llevaras al teatro á Calibán y que le pidiuac su
opinión en reserva para luego deECubrirme el secret.ol Es•
toy nervioso y sin embargo, no teogo miedo porque Salvadora y Juan han de salvar la obra.
He buscado á Javier y á Ramón y no los encuentro;
uno anda en sus dev:aneos y el otro se hlé á Cvrdoba.Te espero á las siet.e en el Tciatro y cuando salgamos
irémos á ~uar frenie á Francesca de R 1mini. Tuyo siem•
pre-Manuel.

"UN. DIPUTADO REPUBLICANO"

Esta carta es un panteón me dije; la escribió Acuf'ía y
casi todos los personajes que en ella figuran, han r.ras•
puesto ya el horizont,e de la vida.
El Don José á que se refiere, es el eminente actor Don
Joeé Valero; el maestro, ¡Altamirano! (que con d~cir su
nombre basta ), el Doctor ...... el inolvidable Manuel Pereda; Facundo ... ... J osé de T. Cuellar, el popular novelista;
¿Agustín? ...... · cuenca, el admirabl(:! poeta-¿SaJ.,adora y
Juan? Salvadora Cairón y Juan Reig ...... ¿Javier? Sama
María que vive én Yucatándesde hace afios ...... ¿R.t.món?
. .. ... ¡Ah! ¡pobreci1iol Ramón R &lt;Jdrfguez Rivera, todo corazón, delicadeza y ternura!
¿Y esa Francesca de Rimini? Ah! esta es una historia
muy sencilla, que os contaré en un minuto.
In illo temporre, digo, en 2.quel tiempo de miserias estu•
diantilee, había en el mismo lugar que hoy ocupa el el'egante palacio de Mr. Sane, en la Call~ del Cinco de :rifa.
yo, una fonda muy concurrida por la sencilla razón de
que era el almuerzo muy barato.

que sin duda hará las delicias de nuestros
lectores.

(*) El retrato que ilustra estas Uneas es el 1.'iltimo, hecho el mes
de .Agosto, del popular autor de I:s·cantos del Hogar.
-

MARGAFI TA.

8-30-97.

Repartimos con el número de hoy el fofütín correspondiente á Septiembre. Es una
hermosa novela intitulada

Y fijen se ustedes en el menú para que lo admiren: sopa,
tres platillos, frijoles, fruta, dulce, café ó thé y una botede pulque ...... dos reales!
Se guisaba con limpieza, se atendía á los parroquianos
con actividad; lC's manteles estáPan siempre albeando y
claro es que los estudiantes acudíamos allí como al pa•
nal las abejas.
En uno de los salones, decoraba el muro un cuadro
representando á Francesca y á Paolo, como los pinta ~l
Dante, flotando en el infierno, abrazados, y mirándo:Je
con tanta pasión, quti ante el fuego de sus ojos nada era
el de las llamas que lamían con lenguas de oro sus cuerpos desnudoe:.
Aquel cuadro era el encanto de Manuel Acufia y le
comrariaba cuando ibamos á comer ó á cenar no encontrar asientos en la meei1.1 desde donde podia á todo su
eabor contemplarlo.
Alguna vez me dljo: pregúntale al duefio de la fonda
si vende esa pintura.
¿Pero qué-le respondí con asombro- ya tienes con que
comprarla?
- Sería yo capaz de vender ó empeñar la Patologia en
qne estudio y mira que no es mía.
Obediente á su deseo, alguna vez me acerqué al hom,
bre, que sent:ado en un mostrador semicircular recojía el
dinero que alli dejában los parroquianos, y le interrogué
con respeto:
- Se.fiar: ¿usted no quiere vender ese cuadro?
-No puedo venderlo por que me trae á muchos á co•
mer á mi casa. Si usted viera cuantos vienen á verlo.
Yo uo ee lo que repreeenh, pero creo que es el martírio
de un santo y &lt;l.e una santa y lo creo así porque eatán
traspasados.por una gran flecha como las que tiene S,m
Sebaetián ¿~o se ha fijado usted?
-Si, sefior; á mi me gusta el cuadrito., ....
- Usted si sabrá lo que repreeenta ...... ?
-No señor!
-Es muy difioil saberlo; eso ha de estar en el Año
Cristiano.
-Probablemente seilor ..... .
.A.cufta babia oído la conversación y me dijo con aquel
tono de eterna guasa, tan característico en él;- ¿Tci has
convencido? Los analfabétlcos son los duefioe de los
mejores libros¡ al que le falta un pié le regalan el m1:jor
par de botas y á este eefior fondista le ha tocado Eer
dueño de eete-cuadro. ¡Y yo que pensaba comprareelo,
llevarlo á mi cuarto, colgarlo frente á mi cama, y verlo!
á todas horas!
-Dice que son dos santos.
- · Ya lo oi; le hubieras dicho que él se llama Pablo y
ella ...... Pancha!
Eea Pancha era la Franceeca frente á la cual fuimos á
cenar de1:.1pues del ensayo!
Cuantos recuerdos despierta un papel que amarillea
de viejo! Con razón amarillea ¡eee ea el color de los
craneos deeenterradoe.
¡Y á eeto llamo papeles inútiles!
No puede ser inótil lo que nos habla de un pasado lleno de ilusiones, de fe, de esperanzae y soPre todo de juventud, de aquella edad en que no teníamos hijoe, ni
canas, oi orfandad, ni ese hastío incurable que produce
el conocimiento hoHible de los hombr,•s y de las cosas.
Y ¿Ca.libán? Este Calibán á que Acufia ee refería n·o
83 otro que Gustavo Baz, el erudito, el elegante, el juicioso escritor, poeta, autor dramático y periodista que hoy
en París vive lleno de recuerdos honrando á su patria.
¿Y á esto llamo papeles inútiles?
Decididamente no rompo ninguno; que loa queme ó
los rompa quien tenga corazón para hacerlo, cuando yJ.
no palpite este corazón que vive. mas en el ayer que en
el hoy y 4 110 goza con imajinarae que habla con loe muer•
toe y con los vi vos ausentes.
El recuerdo engendra el placer mas e-anto cuando no
arranca lágrimas de verguenza ó de remordimiento!
Septiembre de 1897.
J U.AN

DE DIOS

PEZA.

El número extraordinario de El Mundo,
que preparamos con todo esmero para las próximas fiestas nacionales, ofrecerá entre sus
principales atractivos el de un expléndido
obsequio musical: Seis páginas conteniendo lo
más selecto del spartito de La Bohemia,
. obra que ha alcanzado en México un éxito
casi sin precedentes.

�_,:!•~66~========================&amp;::;;;L;,,;M~U~N;;D;;;,;;;O:..::============,::;,D,,;O,;;■=l=•=I0~5:'..=d=•=S=l=PT=l=l=M=l-=R=E=d=•=•~

Manón y Mimí.
Por ser dos bijas harmoniosas del mismo maestro; porque, él: Puccini, las engendró de nuevo para el arte, estos
uhiwos días ambas bau ido de la mano por la escena, en
medio d1:1 un cristalino diluvio de notas y un excelso
marco de divinos motivos orquestales.
Y surge y se impone el p,ualelo entre lae doe buenas
mucbacllas, y la imaginacióolae bermanaafectuoeamente.
B.1eoae muchachlls be dicho, sí, las dos son buenas:
bueuae como el amor sincero, á plella luz, á pleno cielo;
l,¡¡Jellll8 como los veinte alloe, no refiuadoe, no abrevados
ya de todas las dudas: como loe veinte alloe de las pa•
risienees de entonces, de lae espallolae de hoy, de nuee·
iras mujeres de mafiana ........ .
¿Quién dice que Manon es mal&amp;? Oh, no, Dios mío,
lbuvn es una «xcelentt&gt; personita. No tiene juicio, es
cierto, ni pizca dtl Juicio, por eso le acontecen tao tas co•
aas ......... J:'ero ama á su Deegrieux; cómo no b11 de que·
rer al taraw11ana quti por ella Htl ha vuelto pródigo y pas•
io1e.. lile piaras del camine,? Y mucho que le ama! vaya
1,i i.ó; Wlld, t1tne ella la culpa de ser una mariposilla in·
quiua, enaworada de todll8 las luces? Abultar el tontillo
cruj ,ellte para qu11 surja el talle gracil, acortar la saya
par.. que t:l escarpín de raso m 11ebtre el pie de C&lt;1neren·
,olb; 1:nredar al cuello, cowo bandada de luciérnag"8 pre•
sas loe d1amautes, erigir, pomposo y luciente, el arduo
monumento del pe1naáo........ lJios wio, puPs que eso no
~e htirmoso, no eH embelesador, no es deelu obran~?.. ....
.IWo puede mlis que l\fanoo, ello la vence, 1a domina y la
pobrec11Ja et1 infiel .........
Pt1ro que eurja lleno de reproches el pi!.lido rostro del
v,w11t.10, 4.ue la miren aqueJIJs ojos bohemios, y el grito
~teruo dti la vida animaáa, la voz poderosa de la entr.illa
fomenina, gritará muy fuene. Manoo es, ante todo, mu·
Jer. 0111 no demaode1s coastanc1a al páJaro, á la maripo·
"ª• al viento, al aroma y a la nota; po1que la nota y el
aroma y el viento y la mariposa y el paJaro, y sodo lo
iocoll81t1tente, y sudo lo téuut:; Jo que cantil y Jo que vue•
Ja, Jo que perfuma y Jo que expleude, no tienen más ra•
zón d1&gt; ber que su bello:za. Q.ie oe aman un poqurllo?
pues ya h11n necho bastaDlel La golondrina alegró desde
-t,J convexo nido de argamasa tiJado al viejo alero lepro•
so, vueat1as horas áe «studio y vuestras horas de eoaue·
fio: luego, se fué. La mariposa basió loe élisros empolvados tte oro mus1 vo ante vuestrot1 o¡os y Juego huyó; el hr10, urna átl nieve, desprendió para voeutroe algunas
moléculas ae su nerfuwtl, y luego murió; el aura fresca,
agito plácidame11'8 vueaSros cabellos y luego batió el
a,a......... V uesua novia os dijo: ""' quiero," encollaró
vuee,ro cuello de besos y luego fué en poR dtl otros cari ·
flus; 0Lra cabeza pálida que besar........ .
Y Maooo y M1m1 era1.1 eso: perfume, ave, lirio, mari•
poea, aura......... mujer...... Como ellas se iban y volvían
como ellas, á iuaugurar la nueva primavera: goiondrina,
111 mismo alero, hr10 al mismo tiesto, mariposa al mismo
-0aliz......... y por E:Bo, y porque ameban, eran buenas.
Loe que aman jamáe son ll!alos.
.t.sae almas atecsuoeas, tienen siempre un rinconcito
para el iaeal. No lo comprenden pero Jo Bieoten, y en la
1iocbe de la vida, cuando el divino esposo llega retardaao, sollc1tas le bguardan y no falta aceite en sus IAmpa•
rae, y el tálamo está velado pJr n1 veos cortinajes de
hoo.
Manon muere amando; amando muere :Mimí. ...... y es
1,r, ciosa ante lo~ ojos del Ideal la muertf. de las 'JIU se e.1:linguen
así.
Mimí es empero mi!.s buena que ~!anón. No veis que
advra á un pobr11? Que usado 8d ese chal, qut:1 deetefilda
tetá esa fataa, que awarillemo t:se sombrerulo de paja. ...
-Los vt:rsoe se pagan mal y también las flores aruticia•
1es.-Qué helada e11 Ja buh11rállla, las vidritlras áe crista•
lt,s rotos dejan que se cuele el fr10 ......... qué duro y qué
~acaso el pan ......... Mas la juventud y el amor qué ale•
gres) ......... Cuando venga la primavera, serán dos prima•
veras las que revoloteen en aquel desvan tan alto; cuan•
do reina 11! invieruo, siempre queda una, la del cariilo
joven y confiado.
Mimí también ama las joyas y los trajes: cuando ya
agonizante la conducen al hospital, hace que el fiacre se
&lt;1t11enga frente á los almacenea; quiere bafiar BUd ojoe en
el matiz cambiante de las sedad: pero amando y toáo esas
riquezas, eu corazón se ha desposado con el poeta y ese
aruor la eublimiza.
l'obre chiquilla del arroyo, fragil corola que eeponjae
t.ue pistilos en loe días asolt:ados, 10genua muchacha apa•
bionada de la primavera y áel geUJo, cuántas vecee ra•
diaste en las fantasías de wi adolescencia, cuantas veces
me amparaste en mis noches pensativas; entonces:
Xotu diorl8 seuld, ptnsijs et nowi uvioM quüize armé.,;
enton&lt;lt's, te cowprtlndf lllejor que ahora, porque yo tam•
bién am&amp; ba y taru bién era bueno!
R1P R1r.
Sepfümbre de 1897.

LA POSEI.DA
- Yo la vl nacer - me decía-creí que volaba al c!elo
- antes de cumplir el año, tan enferma y débil estaba. De
manera que te un milagro mirarla becna una mujer her•
moea, Jpob1e criatura! ¡Cuánto suf11ó la inocente y cuánto nos bizo sufrir la eefiora, años en cama, el eefior preo•
-0upado p'lr las cosas del gobierno: un continuo cambio
de médicos; aeí ee que aunque me esté mal el decirlo, si
ll0 es por mí ,e muere; la consideraba como mi hija, me
pasaba las noches en claro porque no ceeaba de llorar,
no había mQdode que lahicitra usted tomare! pecho: se
retorcía, se amorataba, Ee enfriaba de la cabeza á loe
piee, y después de un grito quedaba inmóvil, sin respi•
rar, desmayada. Y abí me tiene usted pasei!.ndola á
.mt.dia noche, distrayéndola con un mufl.eco, tocándole

una caja de música, inútil, todo inútil. A fuerza de tan• zoe...... se desacía de ellos, y con movimiento brutal me
to eufr1rla llegué á quererla. Usted no eabe lo que ea TÍ• miraba el fondo de loe ojos preguntándome: ¿no me f'nvir junto á Ull nifto que no babia, que no puede expre• gatlas? y despuPs desolada, aniquilada, cobartte como un
saree ni por sellas, que no indica que algo le duele sino nillo se refugiaba en mi pecho llorando y diciéndome
llorandc&gt;, que ian pronto se ríe cowo se priva de cólera; con voz doliente: ...... Nuoca me engalles, mira que tu eres
usted no l!llbe cómo se aquerencia uno con la criatura lo único que tengo)
. Me eeplicaba entonces porqué una vez, una vez en que
que sólo con usted se calma, ee deja bañar y vestir, se
111egra cuando lo ve, grha cuando no lo tiene cerca. ¡Po· el odio! nos cegaba, y el odio de un mom~mo se deshizo
brt:1 Magdalena! Aún en la época en que pudo hablar te• en cariciae, me explicaba porque me d1Jo, mirándome
nía uo 111re tristec1to, no jugaba, no li, llamaban la aten· con aquella sinceridad celeste de sus ojos azules-No eé
ción los mufl.ecoe, se asustaba con los juguetes de cuerda de mí á ratos, hay en mi dos Meoenas; tu Meneoa buey su única afición fueron los conejos ......... ¡ me da riea na y tu Meneoa mala; quiero decirte, siento la terneza,
cada vez que we acuerdo! dormía con ellos, comía con pienso la palabra carilloea y nó ee qué diabólico poder
expulsa la frase que te insulta y que te hiere. ¿Si no tú
ellos, loe vestf11, los arrullaba y á uno le sacó loe ojos!
¡có100 son los muchachos!
quién me comprendt?
Me esplicaba entonces porque hacia unas cuantas hoLa buena mujer, en tanto, rodeaba de violetas un capullo de rosa. Es ábamos bajo un cobertizo; un sol ras, pisoteaba mis cartas, escupía mi efigie, y en un
blondo, de Juoio, se filtraba por lle interstic1os y ze paroxismo me lanzaba este latigazo: ten por mentira
braba con bandas de oro loa llacioamientos de muego cuanto te he jurado, te aborrezco, te quiero matar! .
donde exbalabao su alma de perfume las floree recien
corsadas. Elld era el aya de esa idolatrada Magdalena,
tan cruel y tan dulce para conmigo un tiempo; era la
· ¡Dios mio! el abismo entre ambos, la azucena delicamujer más ilustrada que uoa simple sirviente, y espera• da poeeida por uno de esos miHeJiosos walee que dallan
ba el fln de sus modt:ijSOB días en un pneblt'cillo fertil, las mi!.s puras raices del alma; el blanco lino, la roea
alejado de los cuidados urbanos, viviendo la vida ca1n
mística, con una gota de veneno en el fondo; la infeliz
¡e,wa, llevader.i con el escaso producto de las floreH, irresponsable, empu¡ada por sus nervios beridoP, sonáminagosables, i&lt;:cundísimas, en aquel Jugar.
bula del amor, á un paso del abismo. Y yo, el dispuesto
-Y no era mala-proseguía regaoáo un manojo de á insultarla, yo, el decidido á lanzarle a la faz enantes
margaritas-perv tenia sus capricnos. No le compren· rencores i,reparablee aconst-ja la rabia de un carillo piso•
dlan su mofo: la golpeaban inJustameote un día, la de• teado, yo towé el ramillete de la florista como si fuera fl
jabdn hacer otro su eaota volumad, así fuese d1sparat11• ponerlo en un lecho de muerte. Anegado en piedad por
,1a. Si se enfermaba la creían hipócrna, ei corría la lla- la martir, se lo llevaba.
maban traviesa, po1que la sellora tenia sus cusas, no
~le recibió en el quicio de su puerta, que traspuse siemandaba bien dtl su cabeza; el padre, como wdos loe se• pre con una caricia en loe labios: me esperaba adusta y
flores, no era padre sino á 1a hora de desayunar, comer y fría, le entregué mi ofrenda de floree, la destrozó con
dormir. Antes tenia más w1edo que carillo: pasado tll furia me la lanzó al rostro.......... ..
tiempo era capaz de morirse, pew no decia una pala·
-¿ o ves? ¿lo vee? me dijo......... no puedo ......... no
bra......... Vez nubo que le mandaran una cosa, que no pueáo ......... bésame, oprímeme, mátame, quiero amarce
obedtc1era, que la golpearan, que le rompieran la boca,
y te odio, ahora soy la Menena mata. ¿por qué ...... por
que la encerraran en un cuarto sin comer ......... ella coqué Dloe no me convierte en la \uya ó en la buena?
mo de piedra. Despu~s lloraba: en llorando dijera usted
Y no me atreví á decirle que al confundirnos en estre•
que el diablo se le salla del cuerpo, y abrazándome me cho abrazo sobre nuestras cabezas pasaba un soplo de
decía, entre suspiros y sollozos-quit1ro morirme ......... ! infortunio y de agonía.
¿ÜdSed sabe! Tudas Jas tías han sido de carácteree muy
No me atrevía á decirle que mi lucha era la lucha de
raros: una se h1io monja, otra turnaba láudano ......... su Jacob con el aogel, un angel triite y cruel, un angel de
misma mamá padecía con un pesar ataques de risa ..... . sombras, un aogel invencible, el espíritu sarci!.stico que
Qu1tate de allí, Clavel, ¿qué andas oliendo?
posee á tantas desventuradas y misteriosas prometidas
Uo perro SU8l'50 y encauijaio buoJia el hocico en los
de la muerte)
mazos de heliotropo, indiferente al apasionado aroma;
Septiembre de 97.
M1cnós.
las gallinas e&amp;tirab,m el p81!cuezo y avanzaban sigilosas
v1g1Jaodo á su cna, y sobre el plaot10 nevado de las moa·
quecae, dos, Srt1s, una nube de avispas rotelaba al sol.
Yo miraba á la bien amada, adolorido el corazon; la
miraba de nifia sacándole los OJOS á un conejo, y con la
·boca rota, pálida, ho~ca, contumaz, sin arrepentirse, y
la miraba después- y mis ojos ee humedeclan - abra·
zándoee convulsa dtt una criada para decirle entre lá·
grimas y jadeos de fatiga dolorosa: ¡quiero morirme!
Nos permitimos recordará nuei,;tros amaVerá UJ. vivía en la casa de junto, un niño ioglée, lindo como un angel del cielo, mas chico que Magdalena
pero inteligenie como una pereona grande. Jugaban á bles colaboradores, que según repet' das adloe muertos, el era el médico y la niña la euferma, le re•
cetaba hoJas de árbol, botones, piedras, i vámoe, hasta vertencias que hemos tenido el honor de hacabezas de cerill.&gt;J ...... todo lo tomaba ella sin hacer nin- cerles, el Mundo Ilustrado no devuelve
gun gesto y ee moría, ó hacía la muerta; ¡que coeas inven•
tan loe mil.os! la veetla, la llenaba de floree, le encendta originales literarios ni fotografías, publívelas y la lloraba. Hacía la cnatura un papel tan á lo
serio que trabajo costaba volverla en sí, puee aquello no quense 0 no.
era fiugimieoto, se estiraba lo mismo que un difunto.
Daba horror. No vi vía sin su Carlhos, 10 vestía, lo pei•
La razón fundamental de esta deternaba, Je guardaba dulces, le cosía la ropa, hicieron juntos sus primeros tstudios de silabario y eran capacee de minación, es hien ohYia: K ecesit arían10s
dejaree matar el uno por el otro. Pero Carlitos dejó de
ir y reeuhó más amigo de una prima suya. Ud. cree que crear dos departamento:; &lt;le archivo y pagar
Magdalena se dió por entendida? l:!ufriría ó uó pero se
dowioaba; le cojió un odio feróz, no quiso de él ni un sa- dos empleados que los vigilasen, úuicamente
ludo, ni por la buena ni por la mala pudieron conseguir
para rl'stituir artículos, vistas y retratos.
que volviera á su casa .... nó!-decía, y nó y nó, así rodara el mundo. Carlitos se enfermó, en su media lengua
Demás es á decir &lt;1ue en tratándose de orino pedía sino á .Mene,;a, bonúa Menena; pero l,fmma afe•
rraáa en su capricho; la madre del inglesito con las lá• ginales artísticos va!iusos y previa prome a
grimas en las ojos le decía-llira no saae mala, está ma•
mo, se puede 10orir, vé con él, el gusto de mirarte lo de depósito y devolución, esta se efectuará;
aliviará, vé mi vida, no te dejes dominar por el rencor,
no quiere tomar medicinas sino dtl tu mano ...... ¿vas'/ pero eu general conste una vez más que no
¿verdad que va&amp;? Xo voy, contestaba con un tono, Seilor,
que daba miedo oírlo.
devol veinos origi ual es.
Carli tos se murió, todos los nif!os de la escuela le llevaron flores, l1eneoa no le Levó nada...... ni quiso verlo.
Se encerró en una pieza, no miró pasar el ·entierro, can•
taba y se reia como si tal cosa, y uo año, basta un afio
UN DIVIDENDO SATISFACTORIO DE
despues, lo sof\ó y me dijo estas palabras que recuerdo
LA.MUTUA
como ei las estuviera oyeodo:-Xaoa, ya me contenté con
él, lo vi anoche, más vale que ee haya muerto, asl no JU·
gará con nadie, ni conruigo. Se lo dije y él me juró
Mé:i:ico, Agosto 29 de 1807.-Sr. D. Carlos Sommer,
que sí...... yo quiero .morirweJ-Lv, Sefl.ora se reía de estas Director General dtl 11La .:\lutua». -Presente.
cosas pero á w1 me daban miedo ¡saben tanto los nilloel
Mi estimado y apreciable amigo:
¿Qué tal estL ""li ronco? Se Jo dá Ud. de mi parte...... Por
tortuna ha cambiado verdad? A usted la quiere wucho,
He tenido el gusto de recibir la grata de usted del 2i
y cuando quiere es mejor que la miel. JPobre hija, como del corriente, en qne ee sirve aviearme qne el dividendo
yo le digo! Jlo que ha padt:cidol
correspondiente á mi póliza núm. 305,823 de $25,000 00
En tanto loa palomos revoloteaban golpeando con oro americano, bajo el plan de distribución de áiez allos,
sus alas las panojas del maíz; las maripoeas dibujaban que se cumplen el l? del entrante' mes de Septiembre,
en el cielo un bailable de incoherentes curvas y una Ji. importa:
bélula se mecía en el estanque de aguas verdosas ...... y la
$i,313 50 oro americano, valor en efectivo ó
miraba otra vez, la miraba niila celosa, nifl.a cruel, nifla
$9,201 00 oro americano, valor acumulable á la póliza
movida por el rencor, oyendo el funeral de un nillo in• referida, áebiendo yo optar por una de las dos propoai
glée y riendo y caotánao; la miraba reconcentrada é im- 'ciones de su acreditada Compafl.ía, como se lo participa•
penetrable llori!.ndolo en sus noches de pavura infantil ré oportubamente.
ó evocándole en la telepatía ultraterrestre de los euellos,
Entre tanto me es grato expresar i!. usted mi satisfacpiadoso magnánimo, fiel, prometiéndole perpetua cona• ción por el resultado que ba obtenido mi póliza, pues el
t11Dcial
valor acumulable asciende i!. casi el treinb por ciento
Y me explicaba entonces el porqué de sus monstruosas (30 P8) de lo que pagué por premios en los diez af!oa.
crueldades y el porqué de sus pa~ticos arrepentimientos;
D!ndole laa máa debidas gracias, quedo de usted siemme explicaba porqué 4bri: de mis besos y en mi bra•
pre muy affmo. amigo. auo. S. S.-M. n:s CASTILLO.

DOMINGO

'§

de SEPTIEMBRE de ,. ..,

ltL MUNDO

167

l

No se devuelven originales.

LA UNIVERSIDAD -Orupo de bonzos•

Apuntes sobre el

VIAJE ALREDEDOR DEL MUNDO, DE LA CORBETA "ZARAGOZA"
RECOGIDOS POR EL DOCTOR CARLOS GLASS. MEDICO DE LA MARINA MEXICANA.
37,000 llllllas sobre loi;, lll.ares.

XIV
LA UNI\'Ef!SIDAD.

Alejado en el Hotel Imperial, suntuoso edificio con todas laa comodidadfs y lujo
•que requerir pueda el más exigente, sostenido por el gobierno para dar al extranjero
atnjamiento digno de su catego1ía, y que cuenta con todo lo necesario y satisface el gns•
·t-0 ó el capricho.
En los primeros días nos tocó hacer una visita á la Univereidad; nuestros kuru ·
mo.~, lietos i!. buena h ora, nos condujeron por las encrucijadas y callee de la población:
pasamos primero los muros, después los fosos, y ya fuera del recinto real entrarnos
de lleno en la tortuosa cindad de los abanicos, de las garzas, de los biombos y de loe
animales sagrados, poFqne allí la tortuga, el caballo, el buey, el elefante y la garza
son eagrados: dos horas y media al recio trotar de nuestros boyponeyd, como los llaman
los ingleees, fügamos á la Universidad.
•
Amante y cur:oso por mi profesión, .oe dirijo primero fl la Eicuela de Medicina:
el edificio, aún en coostrucJióo, será den~ro de poco un local digno de su elevaio ob_j~to. H ,y es de maiera tolo el an1iguo edifbio; el profesorado es alemán y ese idioma
es el que ee habla en el interior de la escuela; el número anual de alumnos no dece pa•
ear, por orden superior, de cien, y el plan de es~ndios es, con muy corta diferencia,
igual al ouPstro; existen los museos y laboratorios necesarios para el estudiv de las
ciencias médic1s.
Por b tanto, puede asegurarse que la meiicioa en el Japón está i!. la altura de los
países ci vi!lzados y cueuta con todos los elementos q 1e la ciencia exija para sus investigacione~.
En el recinto de la escuela hay anexo un hospihl de casos puramente escogidos
para la clínica.
.
.
Satidécho de mi visita fu( invitado por el Dr. B1elz i!. comer y me informó de la di•
fícil tarea que tenía el profesorado: «figure usted, me decía, que antes de entrar á la
•ensefl.anza de materia médica, hay necesidad de enseñará vestirá oueetroe alumnos,
i!. hablar y á convencerlos de que es incompatible su idioma y coe,umbree con el prácti•
co ejercicio de l11 profesión.
"Cuando ingresé como profesor á la Univereidad, en el acto de inaugurar mi clase
me encontré en un vasto departamento sin un sólo mueble y fl mis futuros alumoos
'()()D los p~e sin calzado, cubiertos de batas de todos coloree, medio ó casi desnudos y
0

Eer.tadoe en cuclilla,; á mi ~otraia todos se inclinaron para besar el suelo, y yo, quedá
eio ~aber qué pudie1s indicar ceremonia tao rara, admirad0 de tener que enijeflar medí•
cina á aqnellos seres que me parecían una turba de rorro8 mal hecb.os; ni una sóla pala•
bra se oía; eólo una serie de suspiros ó respiraci9oes fatigosas, corno ei todos se eeluvieran quemando la boca; y ante aquel grupo de pelones abriendo la boca y alzando ia
cabeza mi situación era extravagante y rara.
tcPor fin, nerviorn con semejante mlmic a, me dirijo á un médico japonés conocido en Bellúe, y eirviéoé!.ome de intérprete dije una pequeüa alocución á aquel pueblo
que me parecía bárbaro; ¡como m~ desilusioné de mi papel de profesor)
«La costumbre me hizo poco á poco sobrellevar y después prohibir tales manifestaciones de respeto; eoseilalee á vestir y á usar zapatos, á poner i!. los enfermos en cama y no en el suelo, y en varios aftos he logrado, en cooperación con mis cornpatleros, que los alumnos se acom1den á nue3tr.,s U303, siquiera en el interior del esta•
b~cim~o~
·
Hay otros departa'llentoe de la Universidad q11e parecen estrambóticos, como la
escuela de cocineros ó de g11echú., (cantatrices). Un cocinero japonés os prtidenta con
todo garbo rn titulo uoi\·eraitario, concebido en estos términos:
«Yo, el l\Iinistro de lustruccióo Pública, coa lic~ocia y perdón de su intachable
Majestad el Mikado, concedo al súb lito X. el título de doctor en arte culinario, como
premio á las habilidades q11e demostró en su examen profesion11I.»
No hay en esto niag,1oa exageración, el ejemplo se tiene en un cocinero que embarcado en Yokohama á bordo del uZ ,ragoza," está radicado hoy en Veracrnz.
El título de las guech1s dice asi: "Yo por la gracia de Buda, directora en el Imperial Conservatorio del Tvkddo, con la venia de su ~IijestJ.d absoluta el 1Iika1o, con•
cedo i!. Kcrmasa11 (sefiorita Risa) el título de guechá, alta cantatriz, profeso•a·en baile
y en laeJecución del cbamisen. D~stioada á mantener vivo el clásico baile y canto de
nuestro celestial Imperio. Sdri!. resp~tada y favorecida por nuestro pueblo, que el gran
Buhda guarda yengraodece.»
A.ú veis á las guechás respetadas del pueblo, llam1das i!. sus festines desde el encumbrado ealóo basta la casa de lt\ confundidas entre todos, eencillas y cándidas como
las muzméR; pero no las toquéis, porque admiradas oe dicen: Ob, ou, nu, nu, guecbi!.l
como quien dice: Obl no cometais esa falta, es una cantatriz inviolable, ee una con•
sentida de Buda y del Mikado.
Por fortuna la negativa es tomada por el viajsro con estoica serenidad .

�11:L MUNDO

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DO ■ INGO

5 de SEPTIEMBRE de •197

DO ■ INGO

5 de SlPTIEMBAE de 1Sg7

11:L MUNDO

laa cornizae, loe focos incandecentes dan á. la casa el aepec t.o más fantástico. En el salón enverjado y lleno de luz, estát sentadas en el suelo, al frente de diminutos tocadores,
laa moradoras del Yoshibara. Hermoso espectáculo el que
ofrecen esiae mujeres, si puede llamarse así á estos eéres pequeOitoa, menudos, con aua cuerpecitoe infantiles, eue labios
pint.ados de rojo, aue agujetas mil en el cabello, sus vest.idoa sueltos de coloree chillantee: el golpe de vista ea curio•
eo. Si llegais á penetrará la casa, veréis que 88 forman en
el salón, en filas deaigaalee, como mu flecos colocados en un
~parador. Deepués se adelantan alegres y bulliciosas, y pi·
den cigarros, fruta, y como la mayor parte no saben hablar
más que su idioILa, rien co o. tarcajadas alegres¡ y sobre todo comen, comen sin deecaneo.
Hasta llegaia á. experimentar cierta lástima, viendo aquellas mujercitas risueñas, ·c oa sus caritas alegres pero raras¡
pero de facciones verdaderamente agradables.
Cualquiera creerá que en Yohiebara es posible hallar los
perfumee que se nos ofrecen en el cJmercio, como originarios
del Japón : el desencanto ea formal: allí no se conocen los
perfumee qne llamamos japoneeee. El olor que resalta en
todas partea ea el del ta,baco.
Extraña impresión la que produce la mujer japonesa, en ·
fática, sin pasiones, ein amor, sin las voluptuosidades de las
otras razas. La poeefa en la t.ierra del crieantemum, se siente en el aire, en el mar, en su cielo azul, en eue paieajee h~rmoeoe, en los cantos raros y en la música del chamisen¡
pero no en el trato de las personas ni en au carácter. losen•
aible la mujer niponeea áloe arrebatos de la pasión, no siente ni el odio ni el cariño, ni la admiraoión ni el desprecio,
ea una especie de autómata, sene lla1 cándida, sin ideas del
pudor, pero sin embargo, dócil y blanda á la dirección que
ee le dá. Será fiel si se le manda la fidelidadi cometerá
loe mayores delitos si ee le infunden ideas pervereaa, cuida•
rá de ene hijos ó loe dejará morir sin que una légrima nu•
ble sus ojos, según sean las órdenes de su dueño. ¡Raro y
extraordinario tipo el de la mujer japonesa!

XV
PASEO NOCTURNO

Ha entrado la noche y hace tiempo que han encendido loa
millones de farolea de papel que alumbrat la ciudad; tam·
bién se distinguen focos de luz eléctrica más y más frecuen•
tee, á medida qae se avanza hacia el centro de la población.
Ligera contrariedad experimentamos, nuestros kurumae
ectán caneados .i pesar de que en nuestros grande e- ocios han
engullido buenos platos de arroz con peecado crudo y tazas de
gengibre y de eaki ( v:no de arroz; ) apenas tienen razón: salieron del hotel en la manana!y regresan en la noche; lea da·
móe yen y medio y contentieimoe nos abandonan á dos mi•
11ae del hotel.

Tomamos un tranvía que nos conduce basta la puerta de
·a muralla. Ya eetamob en el carrito: el tren va casi lleno,
porque empieza á caer lluvia menuda, la dificultad ea tomar asiento¡ las plataformas están llenas y en el interior
acurrucados sobre loe asientos ó sentados en el piso como
gatos, van loa pasajeros. Con trabajo m9 abro paso y me
siento como Dios manda.
Entonces ví que todos eacaban su pipa y le ponían una
bolita de tabaco. Fumaban de p1iaa: pero como era muy
(leque.fla la capacidad de las pipas, á poco te!lian que re·
frendarla, y con gran habilidad eacaban una bolita de fuegd
que sostenían en la mano, mientras curtían la pipa de
nuevo.
R~pentinamente ee para el tren, y unas vocea argentinas,
hablando un inglés puro, nos anuncian la presencia de algunas excursionistae. Efectiva mente, suben al tren dos ele·
gantes señoritas, contemplan el grupo de pasajeros, su des•
nudez, sus poe~uraa símicas sobre loa asientos y en el piso,
y un gracioso gesto manifiesta su repugnancia. Por fin, se
1:iientan mientras loe otros concurrentes se agrupan en el rincón opuesto y con sus miradas de gato y las bocaa abierlae,
contemplan coa expresión singular a las eimpálicae hijas
de Albión, que por eu parte ríen de buena gana.
XVI
Llegamos por fin al hotel y nos veatimoedeetiqueta, guardando hie reglas de la casa. T,aminada la cena, y como bue•
LOS JARDINE&amp; IMPERIALES .
.noe tourietas, vamos á visitar uno de loe barrios más admiAl día siguiente nos propueiwoe hacer una visita al muTablee del Japón: loe Yoehibara.
seo y á los jardines im¡::erialee.
Hora y cuarto de rinkicbá 1 á buen paso, basta para lleTres sen cuesta la entrada, y un sen ó centavo máf', cogará eee barrio pi::itoreeco cantado por loe poetas del munbran por el depósito á la entrada del estableCimiento, del
do entero. ¡Cuáot.ae ideas deepiert.a, cómo se prest.a para
baat.ón, paraguae, sombrero y abrigo.
desleir en un cuadro ioe mil colores que ofrecen eetoa sitios
El mu.!!eo e!!tá construido á la europea, con ea!onea y de
hermosos, edénea del Asia, lugares encantados del idilio, de
partament.oe bien arreglados y el conjunio del edificio, es
lo soñado, paraísos no cc.mprendidoe de este país apacible,
soberbio. La sección de zoología es muy rica en ejemplahermoso, contradictorio, que luce todos eus encantos, en la
Muzmé de paseo.
res clasificados por naturalistas extranjeros¡ lo más notable
tranquilidad de la noche!
Yo t.ambién, como los poetas, he sonado, como ellos be Eent.ido oleadad de seo• que ví fueron unos gallos japoaeees con una cola de más de tres meiroe de largo.
Sigue después el salón de pinturas, el de armas con Pjemplares muy raros de las
timiento.
Asomado á una baranda, viendo rielar la luz de la luna sobre las mansas aguas d~ primitivas usadas en el Japón; después el departamento de objetos de arte: iacaa finíla ria, he sentido la magia del ensuet\o¡ y aspirando una at.móefera embalsamada, simas. porcelanae, y caneando extrafieza entre las be!Haimae porcelanas, entre aquel
be viet.o deslizarse como fantasmas, los cuerpos de ninfas raras vestidos de seda, cruza1 llos admirables objetos, contemplé proyectiles de la guerra de China, y alln me at.revocomo sombras adoradas, como si algo inmaterial y divino, alentase aquellos genios del á asegurar que babia también material de guerra que se atribuye áloe triunfos del
·
Yoabibara sat.urado de perfumee. He palpado después la realidad y procuraré dar Japón 1mbre el celeste Imperio.
Se ve que hay una especie de prurito de preocupación nacional, en clasificar araquí mis impresiones, lejos de loe arrebatos idealista~.
Figuraos un barrio aislado de agradable aspecto, lujoso, con callee rectas, caeas ruas y proyectiles aún cuando sean japoneaee. entre loe objetos recogidos como b otín
con amplios corredores, limitadas por celada, verdes de madera, agujeradas de mil en la última guerra.
En el jardín botáoico, figuran magníficos ejemplares de la fauna asiática muy~eut.anillae de papel por donde se puede ver el interior de loe departamentos, de color
bien cuidado@.
rljO subido.
En este jardín encont.ramos un elefante de coloBalea dimensiones y como una.
U ua ancha puerta da acceso á un fondo obscuro, donde se mira la repugnante figu•
ra de un viejo calvo que hace de portero, A interval.oa de media vara en los techos y muestra de la inteligencia de este animal, referiré un anécdota que me oc1irrió yendo

El golpe de vista que presentaba la cubierta del «Zaragoza ,
era :espléndido, y la animaeióo, el regocijo y el orden qut, reí•
naron, dejaron muy complacidos á. loe invitados, quienes al
despedirse, llevados en unos cuarenta ó cincuenta botes, meci•
dos por el suave oleaje de la bahía y alumbrados por poderosos focos eJéctiicoe, tUvieron la galanteria de entonar en coro
nuestro hermoso Himno Nacional.
Imaginaos una playa envuelta entre la bruma que deetaca
aue borradas siluetas á la hermosa claridad de mil focos incandescentes y otros mil más de luz de arco, reflejándoee en la
t.ranquila superficie• de las aguas, que multiplican en efec,o;
figuraos nueat.ra corbeta literalmente llena de focos de todos colorea en medio de aquel cuadro ll'deecrip,ible, como un barco
encantado¡ figuraos que oía los acordu de una magnifica orquesta y que ernucbaie a'egrea carcajadas, que veis una eocie•
dad coemopolita donde hay rusas y turcas, portugubeae y ame·
ricanas, alemanas y japoneeas, austriacas y espafíolas, osteLtando cada cual las galas y loa encantos carac,eríeticos de su
paíe. Pensad que oe hablan de las maravillas de un munJ.o entero, que oa sentía ea,uradoe de perfume.e, embriagados de son·
risas, arrullados de conversación; y cuando bayaie peneado
todo eso, casi estoy seguro de que experimentareis un amargo
dejo de dolor por no haber aeist.ido á esa feérica solemnidad 1::n
celebración de la Independencia de México.
Y sin embargo, ¡oh paiE:anaa miael también asi1:tisteis algu
nae, en eepíri,11 1 á ern fiet:ta. Salieron á relucir vuestros re,ra•
toe, ee habló de vuestros encaotoe, 1:e comentaron vueelrae gra•
ciae, pues todoe, á pc,rfía, querían conocer, eiquiera por me•
dto de nuestra palabra inrnficiente, á las hermosas mexicanaP.
Y ya podréis comprender d~ qué manera noeotrof, mexicanoe,
con tantos ncuerdos de la patria en el corazón, hablarfamos
del terrufio; con qué en,uaiaamo dariamosá conoct!r á nuutro
querido México en llquel_laa apartadas regionel!.
Faltasteis allí, paieanaa míae¡ pero os aseguro que ya oa cono·
cen, que hemos procurado lle-var la fama de ,utsnoa 1.:ncanto
al univer~o mundo y ea ben en i.odae panes, en todas las zonas,
cuán ardiente ea el corazón y cuán sofladora td alma de las
hijas de )léxico.
XIV
.XAGABAKI.

Dos peregrinos.
con el segundo pagador del barco. Pusíroonoe á contemplar el hermoso proboeidio
que con ,oda calooa separaba por medio de su flexible ,rompa, el zacate verde del
seco que tiene á au disposición. Mi acompafl.ank, llevaba en la mano su sombrero de
paja, y ee quedó mirando :fij!lmente al animal; éste le lanzó miradas ex,rañaa, y como
parecía que se le oírecia el sombrero como manjar, en un momento recogió gran canlidad de zacat.e S€Co y lanzándolo con habilidad euooa, cubrió al buen pagador de
basura.
Todos celebraron el incidente, inclusive al pegador burlado por la susceptibilidad
del elefante que no quiso aceptar un sombrero de paja en au menú .. ..... ..

:Muy pronto levaremos anclas e iremos á Nagasaki, en la isla
de Kiueiú, visitaremos el puerto m6e meridional del gran Im·
perlo, cruzaremos el mar interior, formRdo, tal vez, por eacudimientoe volcánicos y t-s•
pant.oeoa t.erremotoe que deegajaron el terreno, formando numeroe·as islas y canales en
una extensión de mil quinien,as millae.
¡Qué hermoso espectáculo! La luna Ee oculta á veces iras de negras nubes y ot.ras
brilla en todo su eeplendor. Loa canales son verdaderos estrechos que se ligan, ee ae•
paran, ee apartan para unirse de nuevo: las islas son como los picachos de cordilleras
ioundadas.

XVII
LA INCINERACIÓN

Dábamos los últimos paseos en la imperial Tokio y ya preparábamos nuestros
equipajes para volverá Yokohama, pero nos faltaba conocerua panlieón y presenciar,
ei era posible, un entierro con todas las ceremonias de la religión del país.
Nada más fácil en una poblacióo de más de dos millones dt, habitantes.
La cremación está en uso desde hace mucb~ tiempo¡ t.ienen magníficos horno@,
pero en ésto, como en todo, al lado de la cultura ee encuentran mue atrae de la ~arbarie.
Colocan el cadáver como acurrucado en un cajón de madera cuadrado llenan, los
intersticios con serrin impregnado de trementina; ponen el cajón de tablas sin pulir
ni pintar, en un hueco formado en el piso de un cuarto provisto de una chimenea 1 It,
prenden fuego y dejan que el cadá;,er se consuma de ee\a suerte., lo que nunca 110 con•
sigue completamente, de donde reeultn primero un hedor insoportable y luego una in•
cineración imperfecta que deja loe huesos con colgajos de carne mal t.oetadoe.
Loa hornos moderQoa se u,iHzan poco, aunqlle están provistos y construidos de
cuanto exige la higiene.
Listos ya para levar ancla, y hacer la travesia por el mar interior y recalar en Na•
gaeaki, donde el barco duraría algún ,iempo en dique p~ra pone.rae quillas de balance.
XVIII
LA FIESTA DE LA INDEPB:\"DENCIA.

Allí pasamos la fiesta del 16 de Septiembre; nuestro barco empabezado y alumbrabrado con profusión de focos eléctricos y millares de farolea japoneses, presentaba un
boníio aspecto. Loa barcos de guerra aunoa en el puerto, se engalanaron también y
á la.e doce del día saludaron c:&gt;n veintiun caftonazoe á nuestra nacionalidad, repre-eentada en aquellos remotos mares por aquel caecarón de hierro.
Coqueta y engalanada ee veía nueet.ra Corbeta cubierta de floree: se organizaba
una reunión en quelbamoa á festejar el aniversario de la independencia y el dia onomástico del Presidente de la República, General Porfirio Díaz.
Entre loa per1.1on&amp;j es invitados que estuvieron á bordo con mot.ivo de la fieat.a, po·
demos citará. loe Ministros de Francia, Inglaterra, Espafía, Alemania y Estados Unidos, con sus familias reepectina. El Gobernador de Tokio en representación del Mikado, el Ministro de relaciones del Imperio, el Gobernador de Yokohama¡ un Almi•
rante, Americano, el Almiran,e japonéa y la mayor parte de las principales familias
tit.ranjeras residentes en -la capital.

Muzmé descansando y leyendo.

Matsushima.-Arto natural.

�OOMINCO 5 di! SfPTIEMBA'I! de • ■ o'T

EL MUNDO

DOMINGOS de SEPTIEMBRE de 1897

171

EL MUNDO

170

La Alacena.

rice con el olea.je; se camina como en un lago cerradº·
El estrecho de Shimonoseki .sirve de comunicación entre el mar Interior y el de Korea: tortµoso, quebrado,
angosto, pere lleno de referencias; entrábamos ya en el
mar de la China, eee mar traidor como su nombre, Y ~l
penetrar ea él nos recibió con una andanada de olas gt ·
ganteecaa que nos hicieron balancear de lo lindo. ~n temporal en esas latitudes es terrible: noeotroa tuvimos _1~
fortuna de paearlo con tiempo magnífico, y nos mov1a
moa como si hubiera tempastad deshecha.
Por fin pudimos entrará Nagasaki á la~ cuatro de la
tarde, y antes de abordarnos vimos sorprendidos por una
eatva de un yatch inglés que saludaba nuee~ra bandera.
Fué una sorpresa que obligó á todos á eubir sobre cuber·
ta: detuvimos la marcha, se .contestó el saludo Y á poco
entrábamos á las desquiciadas mont&amp;ñas del caluroso
puerto de N agp.saki.
Larga fué nueetra permaneTJcia en aquel pilerto. Un
mes estuvo el «Zaragozan sostenido por la palizada del
varadero. Se le ponían quillas de balance para aligerar

KIOTO.-Un bosque de bambut·s.

El terreno es de formas capricho3as, los paisajes hermorn:: casi se tocan Con la mano. .Aq\lÍ @e mira un man•
to de carbón, en medio de boEques aecularee; allá una
rampa blanquecina, por donde euben y bajan mil carretillas conduciendo material de construcción;allá. un pueblo di:, Pf'!!cadores, que refl.t&gt;ja en el agua el sagrado color
r0j'l como las llamas del lüfierno; allá las oscuras bocas

el movimiento.
Su -población, semejante á la.e otras del país, J~stín•
gueee princi-palmente por .ser el logar donde abierta•
mente se favorecen los matrimo.nios de mujeres japoneEas con extranjeros.
Leed, "Me.dame Crirnntemi" de Pierre Loti y hallareis
una prueba fiel de lo que son en esa tierra singular las ceremonias de la boda. Vereia las descripciones hechas
por mano maestra, del templo de Usua, el juego de la
flecha, loa teatros, los campos cubiertos de crisantemas.
Todo igual; invariable.
,;mpezamos á sentir tedio por este país; ya hay enire la oficialidad algunos que han coutraído matrimo•
nio, pero se divorcian luego. Es difícil acostumbraree á.
la vida monótona é interminable al lado de una muzmé
que rie mucho, babia poco y se la entiende ·menos.
Además, ae anuncia ya nuestra próxima salida para
Chinai pero nuestro barco no está listo. El, qu_e se había
paeeado garboso en toda la bahía, tuvo pnmero que
estar en el varadero y de allí pasó al arsenal, luego á
los diques secos, basta que por fin lo volvimos á ver
airoeo con sus palos cruzados, sus velas albeantes :y aferradas, sus quillas bien puestas, los costados limpios Y
pintados de color claro que le agracia: y basta creemos
que ha cimbiado y llegamos á imaginarnos que con tantas composturas ee siente reanimado y contento para
seguir adelante en carrera.
Aún le faltan dos terceras partes del camiao, lleva
reconidaa diecinueve mil millas, peroadelan'8, adelante.
Hemos gastado cuat.ro meses en el país del crieantemum.
Aun resuenan en nueEtros oídos los gritos de la mul•
titud desárrapada, loa alaridos argentinos de las muzméa que se deepiden desde sus caeitas haciéndonos eefiae
con sábanas patluelos y kimonos. Anatá, México, Surbá,
Anatá, México, fueron las últimas destempladas fra~es
que nos llegaban á bordo coando nuestro barco daba
proa á la interminable Bahía de Nsgaeaki.

KAMEIDO, TOKIO, Flores de Wistaria.

apenas vemos de tu tierra las íelf&gt;taft del Sur. El mar de
la China, eetá. como aceite, el cielo brumoso, el baróme•
tro bsja más y más, quie_n sabe si nueeliro barco tenga
qu~ probar eus quillas.
·
Por hoy-adiós-adiós-Japón ya no te dejas ver-Sa,y6! nada Tlip611!
Son las cuatro de una tarde del mes de Noviembre, en
el mar de China, cielo y agua, _nor donde quiera barómetro bajo, bruma espesa, ola boba y gigante, mar color
aceite verdoso r,ucio, se teme una tempestad, un silencio absoluto nos rodea, se hl'cen preparativos. Eape•
remos.
Ser literato es formar parte de una ariEtocracia que repres~ota en el mundo de la inteligencia lo qnf::\ la gente
de buen tono en la vida familiar y pública. El literato
ha de ser. an~ todo, unespfritn distinguido y culto, qne
bable y efcriba con suprema delicadf'z», y eón guste;&gt; ex·
qui sito sepa dar forma a~radable .i l.aa cos_ae má.'I ánda@,
y no olvide q11.e lo eeeocrnl ee tener rngemo y saber moa•
trarlo.
El poeta ea el eér qne idealiza la realidad.
El poeta de hoy no ha de tener idf&gt;al, porque su siglo
tampoco lo tiene: su canto ha de _eer. desconsolador Y
nPgati vo, amargo y desesperado, é indiferente y frío ee•
gún su temperamento.
MANUEL DE LA REVILLA.

XX
DESPEDIDA,

Vendedor ambulante de té.

&lt;le profundas canrna9, que dilatan eus fauces como
monstruol!J apocalípticoe; máe allá deegarradae montaí'ias
de lava y de granito ó maciaos baEálticos, simulaodo ji~
ganWecas eiluetaa de e metrucciouts titánicas, y en los
canales, y volviendo Ein cesar en laberintos ein salida,
parece uno tetar en el centro de un gran panorama que
.gira Ein deEcanso, ofreciendo á la vieta un caleidoecopio
mágico y arrobador.
Aei paE:an tree días con eus nochee, Ein que el agua se

Adios quizá para siempre, '(lBÍB tantas veces eoñado!
nunca jamás volveré á pisar tu fértil suelo¡ ya no volveré á descanl!ar bajo el umbroeo a1c:anfor, :saboreando en
taza cincelada tu bebida favoraa, el té; ya no veré ,us
alegres campos, tu sencilla y curiosa muzmé, tus ídolos,
tus temploP, tus curiosidades, contrastes y aberracionee,
tus rinkirhá.s y sampam ni me impresionarán tus bailee, Y
tus músicas: Pero te veré á. traves _del espacio, y sentado
· en mi bogar, rodeado de mi familia en las tardea largas,
evocaré con el album al frente mia recuerdos, v se rei•
rán da tí algunas veces, pero otras también te admira•
rán. Tienes todo mezclado pero bruscamente, sin medias tintas, sin penumbras ni claro obscuro; eres ealvaje puro 6 civilizado franco, y todo bajo el mismo tono,
la misma apar.iencia, bajo una sola capa, tu país es la
Babilonia de lo raro y de lo nunca visto; en tu carácter
es donde está la poeeía de tu vida, la clave de tu historia y de tu porvenir.
Deseo que te engrandezcas, pueblo japonee, pero, qué•
date en tu territorio que es donde vi vea, no salgas de
él porque.perderías el encanto que ·poeees.
Adiós país del lejá.no Oriente, vamos á dejarte ya,

hubo Lucas percibido el ruido de las muletas cuando sus grandes ojos alterados y ardientes se vol vieron hacia la puerta en la cual no tardaría en preaeataree su hermano¡ y su fü.onomía toda desencajada por el sufrimiento, devorada por la fi, bre, eem brada á trechos de barros
inflamados, tomó eúbiramente cierto aspecto de dureza y
caei de furor.
Tomó convuleivamente las manos de su madre y con
voz entrecortada y ronca gritó:
-Echa lo! Ecbalol No quiero ,erlo. Lo oyes? No quiero verlo jamás! C1..1mprendes? Jamás! Y la palabra se extrangnló en eu garganta. Sofocado por un acceso de
to:1, estrechaba convubivamente las mao.os de eu madre.
A cada esfuerzo de eu respiración la camisa palpitaba sobre su pecho y ee entreabría á cada instante. Temía hinchada la boca, en el extremo de la barba las pústulas
desecadas formaban costras que á cada esfuerzo ee rompían y sangraban.
So roadre tmtaba de coneolnrlo.
-No, Lijo mío: no lo verás. Haré lo que tú quieras; lo echaré de esta casa que es
tuya, me comprendes?: completamente tuya, hijo mio! L'l tos de Lucas le azotaba la
cara.
-Sí, pero inmediatamente! repf-tía con íucz inEistencia, incorporándoée en el lecho y empujando á su madre hacia la puerta.
-Sf, hijo mfo, ahora mismo, inmediatamente ........ .
Daniel se presentó en la puerta EOBtenido por ene muletas. Era un pobre desbere•
dado de la fortuna, de et..orme y peEada cabeza cuyos cabelÍ~e eran tan rubi&lt;1s que casi parecían blancos y cuyos ojos azulee bf;jo las largas pestafíaa claras eran tan dulces
como loe del carnero.
Entró sin dfcir nada porque una parálisis lo había eninudecido. Pero apénas distinguió loe ojos del enfermo que lo miraban con energia cruel, se detuvo en medio de
la pie.rn, apoyado EObre sus muletas, irresoluto, sin atreverse á avaozar un paEO más,
Su piefna derecha acortada y torcida se agitaba por un temblor visible,
Lucas dijo á su madre:
-Qué viene á hacer aquí este deeaetrado? Echa.lo de aquí! Quiero que lo arrojes
inmediata.mente de e:ta caea!
Daniel comprendió todo; vió que la madrastra se levantaba y con tan suplicantes
ojos la miró, que ella casi no tuvo valor para reaietir. Entonces, sosteniéndose con
una de las muletas, hizo con la mano que le quedaba libre un signo de desesperación
y arrojó una mirada voraz sobre la fllacena colocada en uno de los ángulos de la pieza.
Aquella mirada quería decir:
- Y o tengo baro bre.
-Nó! nó; no le des nada! gritó Lucas agitándose en su lecho, imponiendo á la mu·
jer su odioso capricho. Arrójalo fuera!
Daniel inclinó la pesada cabeza sobre el pecho, tembloros@, anegados en llanto
Jea ojos. Y cuando la madrastra poniéndole una mano sobre la eepalda lo empujó hacia la puerta, prorrumpió en sollozos sin hacer la más leve protesta. Ea eeguida oyó
que la puerta ee cerraba, y se quedó en el deecanao de la escalera, siempre sollozando,
con un sollozo violento y continuo.
Lucae, con geeto de ira dijo á su madre: ·
-Tu sabes? eso lo hace él exJ?resamente para hacerte mal.
Ea tantQ el sollozo fraternal se prolongaba, de tiempo en tiempo, entrecortado
por extraflo lamento, triste como el mugido estertoroso da la bestia que muere.
-Pero óyelo todavía!: Ecbalo á rodar por la escalera. Pronto!
La mojer se levantó de un salto, corrió hacia la puerta y levantó sobre el mudo
aquellas manos fieras habituadas á golpear y maltratar
Lacas, apoyado sobre loa codos, exclamaba:
-)Iásl Todavía más!
Daniel recibía los golpes siempre mudo. Comprimiendo su dolor bajó á la calle.
Estaba hambriento; bacía dos días que no comía, y apénas tenía fuerza.a para arras•
trar. las muletas.
Paeó un grupo de pilluelos corriendo rletráa de un pa_?alote que se remontaba en
el aire,
Unos empujándole le gritaban:
-Ahí va el deeastrado.
Otros cou irónico earcaamo le provocaban:
-Vamos, cojuelo, da una carrerita.
Otros, en fin, haciendo alusión á su enorme cabeza, te preguntaban en tono burlesco:
-A cómo vendes la libra de sesos, mal traído?
Hubo uno, máa cruel que los demáe, que le tumbó al suelo una de las muletas y
echó en seguida á correr. El mudo tambaleó, lo.g ró penosamente recoger su muleta y
ee puso en marcha de nuevo. La gritería de los pilluelos se fue extinguiendo lentamente hacia el lado del río¡ el papalote, semejante á un ave de país iabuloao1 ee ele•
vaba en un cielo de suave color roH; las bandas mili tares cantaban en ooro á la orilla
de los muelles; estaba en su plenitud la bella estación radiante ........ .
Daniel, que eentía que el hambre le devoraba lae entrai:1as, dijo para sí:
-Voy á. pedir limosna.
El horno del panadero, esparcía en el ambieLte primaveral un olor .'\gradable de
-pan freeco. Pasó un hombre veetido de blaoco llevando en la caben un gran azafaLe
lleno de panes doradoe, todavía calientes y humeantes; des perros segnían al hombre,
olfateando el aire y agitando las cohi,e.
..
Creyó Daniel que iba á perecer de inanición. y se dij o:
~Ea necesario que pida limoena¡ de lo contrario moriré de hambre.
Caía lentamente el crepúeculo; el cielo diáfano se vefa sembrado de papalotes que
ee balanceaban; loe campanarios difundían en la sonora atmósfera una ronca vibra-ción profunda y continua.
Daniel se dijo:
-Voy á colocarme á la puerta de la Iglesia; y hacia allí se arrastró penosamente.
J.a igleeia estaba abierta. En el fo ndo, el altar iluminado por llamas terublorosae,
--parecía ona conelelación; lapue1ta dejaba pasar un débil perfume de incienE.e y mirra, y ]órgano derramaba por iDE.tantes su caecad.a pe)on!doe.
PENAS

Cast:ada sagrada en Kamakura

Súbi!amente sintió Daniel que nuevas láglimrs velaban sus ojos; :y en lo más íntimo de su corazón prorrumpió en esta E:Úplica ferviente:
-1:iocorredme, Dios mío!
El órgano íormu.ó un acorde que hizo vibrar · como · instrumentos los pilares del
templo¡ lavantóse la voz de loe chantres; y devotos y devotas, comenzaron a e~trar dedua en doe y de tres en tref, por la única puert.a, sin que Daniel osara todavía exten•
dE:T la ruano.
Uu mendigo que eEtaba á eu lado empezó á gemir:
U oa limosna por amor de Dios!
El mudo, entonc~s. tuvo verguenza ........ .
En un grau mantón negro envuelta vio entrar en la Iglesia•á su madrastra y
peueó:
-Si yo fuera á la caea, ahora que está aueente de ella mi madrastra? ........ .
Y era tal y tan imperiosa la tortura del hambre que aentía, que sin esperar más
voló con sus muleta~, á buscar el pan. En el trayecto una m1jerzuela le gritó rienio:
Cómo, que quieres ganarte el premio gordo de J3s carreras!
En un abrir y cerrar de ojos lleg6 á la casa, eofocado, palpitante. C.&gt;n extraordinarias precauciones subió !ns escaleras sin hacer el menor ruido; buscó á tientas en un
agujero del muro la llave, donde su madrastra la ponía habitualmente cuando salía. y
ballóla; pero antes de abrir miró por el agujero de la llave y vió á Lucas que parecía.
dormir sobre su lecho.
Daniel entónces pensó en tomar el pan sin despertarlo.
H izo girar suavemente, muy suavemente la llave, conteniendo la rijspirac.ión por
temor de despertará su ~ermaao coa los latidos de su corazón que le parecia que lle~
naban la casa con un ruido ensordecedor.
- Y si despierta? pensó Daniel sintiendo un intenso escalofrío que le invadía la
médula al ver que la puerta se abría.
Pero el hambre le daba audacia. En la punta de sus muletu penetró con precaución sin quitar la vista de en hermano,
~
-Y i:,i ae despierta? ........ .
El hermano dormía boca arriba y respiraba _penosamente; de tiempo en tiempo
un ligero Silbido Ee eeca~abade sus labios, y la única luz que ardía sObre la mesa pro•
yectaba en las pared.es anchas sombras movibles.
Al llegará la ala~ena D.tnfot, co:no pira dominar su turb1ción, se detuvo, miró
al que dormía y luego 1 suspendiendo bajo sus axilas las dos muletas, trató de levantar la tapadera que produjo un craquido seco.
Lucas sobresaltado abrió los ojua, observó lo que hacía su hermano y púsose á
gritar agitando los brazos como un energúmeno:
-Svcorrol 8.Jcorro! Un ladrón!
Pero el furor lo ahogaba. Y mientras su hermano, inclinado sobre la alacena, devorado por_el hambre, buscaba con mano tembloroea un pedazo de pan, saltó del Je·
cho y ee arrojó sobre él para impedirle que tomara nada.
Ladrón, ladrón! gritábale como un deses.;&gt;erado. Y como un de.'lesperalo forzó
basta el cuello la cabeza de D,miel en el pesado aro metálico de la tapadera, mtentras
ést.e ee agitaba desesperadamente, como una víctima sorprendida en la trampa. Pdro
Lucaa que había perdido la conciencia de lo q 11e hacía, dominaba los esfuerzos del cau ·
tivo, comprimiendo con toda eu fuerza como para decapitará au hermano.
El anillo metál:co cruj la, penetraba en la carne vi va, destrozaodo las arterias,
rompieo.do las venas y los nervios, basta que al fin quedó pendiente de la alacena un
cuerpo inerte que no volvió á. dar sefiales de vida.
Entonces á la vista del pobre mendig,:, asesinado, un p1vor inu ,! itaio inva.iió el
alma del fatricida.
Por dos ó tres veces cruzó tambaleando la pieza que los resplandores de luz llena bao de espanto, agarró convulso las sábanas del lecho, ae envolvió en ellas de pies
á cabeza, cubriéndose también la cara y se acostó ...... E.a el silencio de la pieza sua..
dientes crujían como la lima en el hierro.
GABRTEL D' AN}HJNZIO.

.,;.-?!\---h.

HIMNO A GRECIA.
¡Oh qrecia! recuerda los épicos triunfos de l\farco B&gt;tzaris!
¡Oh Grecia! ~ontempla la antorcha llameante que agita K1narii3!
La sombra gigante de Byron conduce tus bues.Les famoeas·
Tus héroes levantan la frente ceñida de bélicos lauros
'
Y blan?en ~on furia sus manos sangrientas espadas gl~riosas;
Y arroJan vibrantes sus flechas terribles loa viejos Centauros.
¡Qh ~recia! recuerda loa épicos triunfos de Marco B&gt;tzaris!
jÜh .Grec1al C?ntempla la antorcha llameante que agita Kimaris!
Morir combatiendo por tí, por t113 diosas ¡que muerGs má3 bella!
Luchar, desafiando las iras del fuerte como Ayax de O:Jeo·
·
Ahogar como H~rak.les las hidras del Olio que minchan t~ huella·
De corvos alfanges y de medias lunas formar nn trofeo!
'
, ¡Oh ~recia! recuei:da los épicos triunfos de Mucas B1tzarie!
¡Oa Grecia! contempla la antorcha llameante que agita K1naris!
Op~n á loa b.irbaros el pecho desnudo como tus atletas!
FórJate un eac:.ido con el herofsma de cuatro mil años!
Y entonanrl;o el. yambo vengador que cantan tus altos poetae,
A tus enellllgos arrolla lo mismo que á inmensos rebafiosl
¡Oh ~ recia! recuerda los épicos triunfos de Marco B 1tzaris!
¡Oh ~rema! co_ntempla la aatorcha llameante que agita K maria!
T endidos al viento, como cabelleras, tu3 librea pendones,
Que surquen gallardas las ondas azules tu3 nav-,s serenas•
Y forma una pira con el entusiasm'&gt; de los corazones
'
Y temp_la tus armas como los antiguos guerreros de Athena~I
¡Oh ~r~cia! recuerda los épicos triunfos de Marco B 1tzaris!
iÜh Gr_ec1a. contempla la ª!ltorcba llameante q •1e agita K-rnarisl
¡ResurJan tus héroes! 1R1v1van tus glorias! ¡Td sangre es divina!
!us J:J?árm?les rotos de nuevo corvnen el dórico plinto!
1Desp1er_ta....... Las almas, ~u Númen 6agrado fulgente ilumina!
Y hay hras que rugen, y vrno de S1mos, y bronc3 en Corin to!
¡Oh ~recia! recuerd,1 los é,&gt;lcos triu:ifos de JI ,reo B ,t;,;aris!
¡Oh G recia! contempla la an t')rcha llameante que agita Kanarisf
( Buenos Airee. )

LEOPOLDO

DIAZ.

�&amp;L MUNDO
COMO IIURIO MIMI

DAMA.~ lU:EXlCAN AS

De las " E.,c~nns ele la \"Ida B,,hcmia·•
de Henry M ürg~r.

......... En el miemo iutante
en que Rodolio iba á entrar
en en cámara para acoetarEe,
ee cyeron dce golpecitoe en la
puerta de l\Jarcelo.
-¿Quién diablos.puede ye•
nir a esta bora?-di¡o el pintor dieponiéndoEe á abrir.
Un grito de admiración ee
le eecapó, cuando hubo abier·
to la puerta.
Era :Mimf.
Como la habitación eetaba
muy obEcura, Rodolfo, no re•
conoció, al principio á Eu ama•
da· y, dietinguieudo única•
m~nte una mujer, peneó que
era una de las paeajeras con·
quietas de eu &amp;llligo, y pordia·
creción ee diepueo á rPtiraree.
-Si oe molesto ...... dijo )Ii ·
mí que se había quedado en el
umbral.
.A I oír squella voz, Rodolfo
cavó eobrn rn silla como herido por un rayo.
- Bueua·e nocbee-le dijo
?,Iimí que ee había aproxima
do á ét y que le eetn,cbaba h.•
mano que él Ee dejó tomar
maquinalmente.
-¿Quién diablos os trae
aquí-preguntó )Iarcelo-y á
esta hora?
-Tengo frío- conteetó )Iiml temblando · be visto luz
en vufetro cuarto, al paear
por la calle, y aunque era tarde he subido.
Y temblaba siempre; su vez
~nía sonoridades cristalii:ae
que penetraban en el corazón
de Rodolfo como un Lielo fúnebre y lo llenaban de un lú·
gubre espanto. Y la miró, aun·
que de reojo, más ate::itamen·
~- :Xo era Jª )Iimí; era eu es•
pectro.
.
Marcelo la bizo eentar al la•
do de la chimenea.
Mimí sonreía viendo la her·
moea :nama que danzaba alegremente eobre el fuego.
- Eeto es muv bueno- dijo
aproximando á ·1a lumbre ~ue
manos violadae. o\ propósito,
eef\or llarcelo ¿no eaben por
qué he venido {l vuestra caea?
- A fe mía que no- reepon·
dió él.
-Pues bien-replicó )limí
-venía simplemente á pedí
• roe si es poeible una babitación;en vneetra caFa. Acaban
de aeepedirme de la mía por·
que debo dos quincenas y oo
$rita. Gtngcla J{arpcr
eé á donde ir.
-¡Diablo!-dijo )Iarcelo, DE ~IA/.A I L \.N]
moviendo la cabeza.-no es·
.
umoe bien con nuestro casero, y nuestra recomendación y por las manos. Tengo mucho traba¡o y ee me debe_dinero en dos ó tres partee; lo recibiré dentro de dos d1ae;
eería deplorable, mi pobre nina.
haeta entonces únicamente es cuando quiero hallar alo·
- ¿Qué hacer pues-diju Mimí no eé á dónde ir!
-¡Ab!- pregunt6 )larcelo-¿no eoie ya vizcondesa?
jamiento. Cuando tenga dinero volveré á mi casa. Pero
-¡A.b, Dios mío! No, ya no.
según veo - dijo mirando loe preparativos. del m?d~~to
festín que apenas habían tocado loe am1goe-¿1ba1e á
-¿Y desde cuando?
-Desde hace dos meses ya.
cenar?
- ;.Habéie hecho alguna mala p~da al jo.ven vizconde?
- Xc-:lijo )Iarcelo-no tenemos hambre.
- So-dijo ella echando una mirada furtiva á R'ldolfo,
-Felices vosotros - dijo ingenuamente )Iimí.
que ee habla metido al ángulo más obscuro de la piezaA estas palabras, Rodolfo sintió que ee le deegarraba
el vizconde ae incomodó por unos vereoa que me compu · horriblemente el cornzón, é hizo á )Iarcelo una eef\a que
eieron. Disputamos y le mandé á paseo; ea muy orgullo· éste comprendió.
so y muy avaro, vamoe.
-Al caso-dijo el artista-puesto que eetaie aquí, )Ii-Sin embargo-dijo )larcelo-ibaia muy bien vestida, mí, participareis de nue!tra comida. Noe habíamos prosegún ví cuando os encontré.
puesto Rodollo y yo hacer juntos la fiesta, pero depuée
- Pues bien-dijo 1\Iimí-figuraoe que me lo quitó todo hemos pensado en otra cosa.
cnando nos separamos; y he Bllbido que ha rifado tod~s
-Entonce~, llfgo á tiempo-iijo Mimí-arrojando somis objetos en una fonda donde me llevaba 11. comer. ':t, bre
la mesa donde estaban lae provisiones una mirada
no obstante es rico eete muchacho, r con toda eu fortu· hambrienta.
be comido, amigo mío,-dijo ella hana, es avard como él solo, y bruto como un ganso; no que- blando bajo al Xo
de manera que no lo oyese Rodal•
ría que yo bebieEe vino puro y l.oe viernes me. hacía a~el · .fo, que mordía artista
su pafiuelo para no estallar en eollozoe.
gazar. ¿Queréis creer que quena que me pusiese medias
-Aproxímate pues, Rodolfo, dijo ::Uucelo á su amigo,
de lana negra con el pretexto de que eran menos llama•
tivas que lae blancas? Sada da idea de lo que es;. me ha vamos á comer loe tres.
- Xn-dijo to! p)ela permaneciendo en su !incón.
fastidiado. Puede decirse que he pasado con él m1 purga- ¿03 incomoda, Rodolfo, q_ue haya vemdo aquí-le
torio.
- •Y sabe cuál es vuestra posición? preguntó )!arcelo. preguntó )Iimí con dnlzura. ¿Queréis que me vaya?
-~o. :'.llimi-reepondió Rodolfo-solamente que me
-:\"o lo be visto ni quiero verlo más-rtlplicó )Iimí. ]'..!e hace daf\o pensar en él, y antes me moriría de ham- diegueta veros as!.
-E:s culpa mía, Rodolfo, y no me quejo; lo pasado, Pl:'·
bre que pedirle un sueldo.
.
.
-Pero-continuó )!arcelo-deede que le habe1s de¡&amp;do eado; no penaeie en ello mM que yo ;,.-\.caso no _pode1e
ser ya mi amigo por qne babeis sido o~ra cosa? Si es l_o
no habreie estado eola.
-¡ A.h!-gritó )Iimícon vivacid~d-;-os a~eguro queeí,. e~- mismo ¿no es cierto? Pues bien, entonces no me ponga1a
flo, )Iatcelo; he trabajado para vivir; pero como el otic10 mala cara v veni ,i á la mesa con nosotros.
Y se levantó para irá cogerlo de la_ mano, pero h P&lt;?~re
de florista no anda bien, be tomado otro; sirvo de mod~lo á los pintoree. Si teneie obra que darme ......... af\ad1ó estaba tan debil que n~ pudo dar m un paso y volv10 á
caer sobre la silla.
alegremente.
El calor me ha trastornado-dijo-no puedo eoste·
Y notando un movimiento que ee había escapado á ltodolfo que no le quitaba de encima la vista, mientras ba- nerme.
- Vamos- dijo )breelo á lbdolfo,- ven á hacernos com ·
blab~ con su amigo ::'llimí continuó:
- ¡Ah! pero no sirvo de modelo más que por la cabeza pal\ía.

OOMIIGO 5 d• SlPTIEMBRE d• 1&amp;n

El poeta ee acercó á la meea y se poeo á comer con ellos.
}1imí estaba muy alegre.
C&amp;ando la frugal comida ter•
minó, )Iarcelo dijo á Mimf.
- )Ii querida nina no nos
es posible haceros dar una recámara en la caEa.
Entonces, eerá preciso que
me marche dijo ella tratando
de levantarse.
-No, no,-exclamó )!arce·
lo,-hay otra manera de arre•
glar el asunto; vos os quedais
en mi alcoba, y Rodollo y yo
nos vamos á la suya.
- Yoy á molestaros bastante,-di¡o Mimí-pero eeo no
durará mucho tiempo: dos
días.
- No hay tal molestia para
noeotroa-reepondió )Iarcelo;
-queda convenido que os que
daréis aquí y que nosotros noe
vamos {l acoetar en la alcoba
de Rodolfo. Buenas nocbee,
Mimí, dormid bien.
- Gracias-dijo ella-alarllªndo la mano á l\larcelo y á
Rodolfo que ae alejaban.
-Queréis encerraros't-pre•
guntó 1\1arcelo cuando estuvo
junto á la puerta.
-Para qué?-dijo )Iimí, mirando á Rodolfo-no tengo
miedo.
Cuando loe dos amigoeeetu·
vieron solos en la cámaril vecina, que estaba en el mismo
piso. }farcelo, dijo bruscamen•
te á Rodolfo:
- Y bien, ¿qué ee lo que vas
á hacer ahora?
-No lo eé, balbuceó Rod&lt;'lfo.
Vamos, vamos; no te con•
trariee por mí; ,ete con )limf!
Si vuelves te predigo quemafiana volveréis á estar juntos.
-Si fuera )Iueette la que hu•
biese vuelto, ¿qué harías tú?
preguntó Rodolfo á su amigo.
-:-:-i )lusette fuera la que estuviese en la pieza vecina res•
pondió 1\Iarcelo - francamen·
te, creo que haría un cuarto de
hora que yo no estaría en ésta.
-Pues bien-dijo Rodolfo
-yo eeré más valiente que tú;
me quedo.
-Lo veremos ¡pardiez!óijo )Iarcelo que ya ee habla
metido en la cama- ¿oo vas :í.
acostarte?
-Sí por cierto- reepondió
Rodolfo.
Pero á media noche, }Iarcelo ee despertó y notó que
va no estaba allí Uodolfo.
· Por la maf!ana llamó diecre·
tamente en la puerta de la
alcoba donde estaba Mimf.
-Entrad- dijo ella, y, al
verlo, le hizo sef!a de que ha·
blara bajo para no despertar á Rodolfo que dormía. El estaba seniado en un sillón, próximo al lecho, y su cabeza
descansaba sobrl' la almohada al lado de la de l\Iimf.
- ¿Es neí como hab6is pasado la nocbe?-pregunt6 Mar·
celo admirado.
-Sí; reepondió la jo,en.
Rodolfo de3pertó súbitamente, y después de haber
abrazado á Mimí, le tendió la mano á Marcelo que parecía muy preccupado.
..
.
- Yoy á buscar dinero para almorzar-dl¡o al pintorhaz tú, mientras, companía á )Iimf.
- Y bien, preguntó )Iarcelo á la joven cuando eetuvie·
ron solos - ¿qué á sucedido anocbt,?
-Cosas muy triEtes dijo Mimí. - Rodolfo me ama
siempre.
-Lo el&gt;.- ~í· habeie querido alejarle de mi; no os odio por
eeo, )I~rcelo; teníais r'lZón; le he hecho mal á este pobre
muchacho.
-¿Y vos?- preguntó )larcelo - le amaie todavía?
- Ah! que si le amo! dijo ella juntando la~ man?e- ee
lo que causa mi tormento. Estoy muy cambiada m1 buen
a~igo, y prco tiempo se ha necesitado para ello.
.
- Y bien! puesto que le amaie, y os ama y no pode1a
pasaros el uno din el otro, volved á uniros, y tratad de
no se-pararos nunca.
-Es imposible, dijo )Iimí.
- ¿Por qué?-preguntó Marcel~- Ciertamente que eeria más razonable que os separaseis; pero para no voh-e·
roe á ver era preciso que estuvierais á mil leguas, uno del
otro.
-Dentro de poco estaré más lejos aún.
- ¿Eb? ¿Qué queréis decir?
- So bableis de esto á Rodolfo-porque le va á causar
mucho diegueto; yo me voy para siempre.
- ¿Pero á dónd~?
- :mrad, pobre )Iarcelo- dijo )Iimí sollozando, miryid.
Y levantando un poco la Eábana de su lecho moetro al
artista sus espaldas, su cuello y eus brazoe.
-¡A.b! Dios mío-exclamó dolorosamente Marcelo, ¡pobre:ni~a!

DOMINGO S d• SEPTIEMBRE d• 1897

-¿No e~ verdad, amigo mío, que no me engaf!o, y que
voy á monr muy pronto?
-Pero ¿cómo os habéis pueEto así en tan poco tiempo?
-Abl- 1eplicó Miml-con la vida que llevo desde
hace dos meses, esto no es admirable; tantas noches pa•
eadae en llorar; tantos días de modelo en talleres sin
fuego; la mala alimentacion, el disgusto que tenía; y,
además, vos no Je, sabéis todo; he querido envenenar•
me con agua de .Tavel, se me ha salvado, pero no por
mucho tiempo, como veis. Con ésto y con que yo no be
sido 11unca robusta...... , en fin, ee mía la culpa, si me
hubiese quedado tranquila C&lt;'n Rodolfo no estaría así!
¡Pobre amigo mío! Y be aquí que aún vuelvo á caer en
sus brazo~, pero no eerá por largo tiempo. El último
traje que we regalará Eerá todo blanco, mi buen :Marcelo, y se rue enterrará con él. Ah! si supiesen cuanto sufro al eaber que voy á morir! Rodolfo sabe que estoy
enferma. Anoche ha eetado una hora sin hablar: cuando ha visto mis brazos y mis espaldas tan delgados, no
reconocía á su )Iimf, Ay!. ..... mi mismo espejo no me
reconccería. Bah! EA igoal; be sido linda y él me ha
nmado mucho. Ah! D10e m!o--exclamó escondiendo su
rostro en las manos de Marcelo-mi pobre amigo, voy
á dejaros y también á Rodolfo. Ah! Dios mío!. ..... Y loe
sollozos ahogaron rn voz.
Yamoe ::\Iimí-dijo )larcelo-no oe aflijaie así, que oa
hace daf\o; neceeitaie solamtnte, muchos cuidados v
mucha tratquilidad.
•
-A.h! no,- dijo ~Iimí,-todo ha acabado, lo eiento,
no tengo fuerzas ya, cuando vine aquí anoche he tardado más de una hora en subir las efcalerae. Si hubiera
enconirado á una mujer 2quf hubiera bajado heroica•
mente por la ventana. Sin eU1bargo, él era libre puesto
que no estábamos junios: y, mirad, )Iarcelo, yo estaba
segura de que él rue amaba todavía. Por eeo·-dijo prorrumpiendo en lágriruae-ee por lo que yo no querría
morir tan pronto; pero todo ha conctuido ya; mirad,
?,Iarcelo, preciso ee que sea muy bueno este pobre amigo, para haberme recibido después de todo el mal que
le be hecho. Ah! el Buen Dios no ee justo puesto que
no me deja tiempo p.ira hacer olvidar á Rodolfo el disgusto que le be cau-ado. Xo he querido que él ee acostara cerca de mí po,que me pensé que loe gneanoe de la
iierra comienzan á iJacer presa de mi cuerpo. Xoe hemos pasado la noche llorando y hablando de otro
tiempo. Ah! Cómo ee triste, amigo mio, ver detrás de
ei la felicidad de la cual se ha pasado 1an cerca sin tocarla! T,rngo iuego en el pecho, y cuando muevo mis
miembros me parece que ee van á quebrar; oíd-anadió-traedme mi vestido. Yoy á echar las cartas para
aaber ei Rodolfo traerá dinero. Quisiera hacer un buen
almuerzo con voaotroe, como en otro tiempo; eso no me
hará dano. Dios no puede ponerme más mala de lo que
estoy. Yed-dijo á )larcelo mostrándole el juego de carias que acababa de cortar-he aquí las eepad11s. :::on el
signo de la muerte. Y he aqu, loe oros-añadió más
al~gremente-SI, tendremos dinero.
)Iarcelo no sabía qué decir delante del delirio hícido
de esta criatura, que tenía, según ella, los gusanos de Ja
tierra tan cerca.
Al cabo de una hora entró Rodolfo. lba acompaf!ado
de Schaunard y de Gustavo Colline. El .núeico llevaba
un paletó de verano. Había vendido sus levitas de pafio
para preetar diner:&gt; á Rodolfo al saber que :\Iimí ee,aba
euferma. Colline, por su parte, había vendido ,arios Ji.
broa. S1 hubieran querido comprarle un brazo ó una
pierna, mejor hubiera coneentido en ello que deshacerse de eue queridos librazos. Pdro Scbaunard le hizo obeervar que de nada te servirían su brazo ni eu pierna.
:mm1 se t~forzó en recobrar su alegría para acogerá
6US viejos amigos.
-:~fo soy mala-lee dijo-y Rodolfo me ha perdonado.
S: quiere tenerme consigo me pondré suecos y una mar
mota. Tvdo me es igual. Decididamente la eeda no es
buena para mi salud, afladió con una asombrosa sonrisa.
Conforme á las indicaciones de llarcelo, Rodolfo ha
bía enviado á buscar á uno de sus amigos que acababa
de recibirHe de médico. Cuando llegó, se le dejó sólo con
Mimf.
Rodolfo, prevenido de antemano por 1\[arcelo, sabía
ya el peligro que corda au nmada. Cuando el médicJ
hubo consultado á )limí, le d:jo :í Rodolfo:
-Xo podeie conservarla. Sólo un milagro la puede
salvar: está perdida. Es necesario enviarla al hospital.
Y oy á da roe una carta para la Piedad; conozco allf nn interno que tomará cuidado por ella. ::-i llega basta la primavera tal vez podremos salvarla; pero ai se queda aquí
se muere antes de ocho días.
-No me atreveré nunca á proponerle eso-dijo Rodolfo.
-Se lo be dicho-respondió el médico-y consiente.
Maf\ana os enviaré el billete de admisión á la Piedad.
-Amigo mío-dijo .:\ Iimí á Rodolfo-el médico tiene
razón: oo podríais cuidarme aquí. En el hospital quizá
ee me cure; ea preciso conducirme allá. ¡Abl Mira, tengo tantos deseos de vivir ahora, que consentiría en acabar mis días con una mano en el fuego y otra entre las
tuyae. Además, tú vendrás á verme. Eso no te causará
diegusto, porqne estaré muy bien cuidadll'; ese joven me
lo ha dicho. En el h1Jepital se da gallina y hay fuego.
)íientrae que yo me ali vio tú trabajarás para ti&gt;ner dinero, y cuando ya esté sana volveré á vivir contigo. Tengo
mucha eeperanza. Yolveré linda como en otro tiempo.
He estado enferma, como ahora, cuando no te conocía,
y me han salvado. Sin embargo, yo no era feliz en aquel
tiempo y hubiera debido morirme. Ahora que ie be
vuelto á encontrar y podemos ser dichosos, se me salva•
rá también porque me defenderé heroicamente contra la
en.íermedad. Btiberé todos loe brebajes que me den, y ei
la muerte me lleva será por fuerza. Dame el espejo; me
parece que debo estar de buen color Sí- dijo mirándose en el cristal-me vuelven mis colorde; mis manos, mira-anadió-todavía son bonitas; bésalas otra vez, no
será la última, mi pobre amigo-dijo abrazándose á Rodolfo por el cuello y anegándole el rostro con eue cabellos deeirenzadoa.

ns

EL MUNDO

Antes de pa,iir para el hospital quiso que sus amigos
loe bobtlruioe pasaran con ella una noche.
-Hacedme reir-lee dijo-la alegria ea mi e3Jud. El
gorro de noche del vizconde es el que me ba puesto mala. Figuraos que quería eneef!arme ortografía. ¿Qué queríais que bic1tlee? Y eue amigos ¡qué ~ociedad! Una ver•
dadera baj11 corte, cuyo pavo era el vizconde. El wiemo
marcaba su ropa blanca. Si llega ácasarae, estoy segura
de que él cria,á á ~ue nif\oe.
Xada más ingenuo que la alegría, casi póstuma de eEta
deegraciada wucbacha. Todos loe bohemios hacían penosos e1:fut:rzoe para disimular sus lágrimas y man,ener
la eonvereacióo en el tono placentero que le babia impreso la pobre chica, para la cual la suerte hilaba tan
apriea el lino ae su último vestido.
A la mal1ana siguiente, Hodolfo recibió la papeleta del
hoephal. Mimf no podía tenerse sobre las piernas. Fué
preciEO bajarla al coche. lJurante el trayecto, sufría
horriblemente con los vaivenes del fiacre. En medio de
aquellos sufrimientos, la última coea que muere en las
mujeres, la coquetería, eobrevivla aún; dos ó nea veces hizo detemr el coche delante de loe almacenes d,:,
novedades para mirar loe aparadores.
~\I entrar en la eala que indicaba su papeleta, )Iimí
sintió un g~an golpe en el corazón; algo Je dijo interiormente, que entre aquellos muros leprosos y desolados
terminarra su vida. Empleó en aquel momento coda su
voluntad para disimular la impree1on lúgubre que la babia helado.
Cuando la acostaron en eu lecho, abrazó á Rodolfo
una úllirua vez y le dijo adioe, recomendándole que
fuera á ver.a el domingo siguiente que era dia de entrada.
-Huele muy mal aquí-dijo ella-traedme tlorea, violetas; hay todavía.
-8i,-dijo Rodolfo-adioe; hasta el domingo.
Y cc•rrió IBb cortinas del lecho. AJ oír sobre el pavimeDI0 loe pasos de su amante que se alejaba, Mim! fué
presa repentinamente de un acceso de fiebre casi delirante. Descorrió bruscamente las cortinas y medio saliéndose del lecho: gritó con voz entrecortada por las
lágrimas:
-¡Roeolfo! ¡Lle,adme; quiero irme!
La religiosa, acudió y trató de calmarla
-¡Ob!-dijo lllimí; me voy á morir aquí!
El domingo por la maf!ana que era et d1a en que de·
bía irá ,er á )limf, Rodolfo se acordó que la habra promeiido violetas. Por una superstición poética y amoroea,
fué á pié y con un tiempo horrible á buscar las tlores que
le babia pedido su amiga, en esos bofquee d·Aulnay y de
Fonten ay, donde tan1as veces había estado con ella. En
contró triste y nelada, aquella natura,eza tan alegre y
tan gozosa, bajo el sol de Iue bellos di11e de Junio y Agosto. Durante dos horas, golpeó loe zarsales cubiertos de
nieve, con un pequef\o baston y acabó por reunir algunos ramilletes de violetas, justamente en una parte del
boeque vecina al estanque del Pleeeia, y en cuyo lugar
bac1an loe dos eu retrettl favorito cuando iban al campo.
Al atravesar la aldea de Cha,illón para volverá Paris,
Rodolfo encontró cerca de la Iglesia, el cortejo de un
bautizo, en l!I cual rezonoció á uno de sus amigos, que era
padrino, con una arlieta de la ópera.
-¡Qué diablos hacéis por aquí-preguntó el amigo muy
ecrprendido de ver á Rodolfo por aquellos sitios.
Al poeta le contó lo que sucedía.
El ¡óven, que había conocido á lliimí, ee quedó muy
triste con aquella narración. y, buscando en sus bolsillos,
sacó un paquete de bombones de bautismo, que entregó
á Rodolfo.
-Dad á la pobre l\Iimí, ésto de mi parte, y decidle que
iré á verla.
-Id pronto e1 quereie llegar á tiempo-le dijo Rodolfo, separándose.
Cuando Rodolfo llegó al hospital, l\Iimí que no podía
moverse salto á su cuello con la vista.
-.\b! lle aquí mia florea!-exclamó con la sonrisa del
deseo satiEfecuo.
Rodolfo le contó su peregrinación por el campo, qu'3
había sido el paraíso de sus amores.
-¡Queridas floree!-dijo la pobre muchacha besando
las violetae.-Los bombones la hicieron también muy
dicho~a. ¿Conque no me han olvídado? Tus amigos
son todos muy buenJe y yo loe quiero mucho - dijo á
Rodolfo.
Aquella entrevista fué casi alegre. Scbanard y Colline se habían unido á Rodolfo. Fué necesario que los enfermeros loe hubiesen hecho salir, por que había pasado
la hora de la visita.
- Adioe-dijo Miml-baeta el jueves, sin falta y venid temprano.
Ai siguiente día, al entrar por la noche en au casa,
Rodolfo recibió una carta de un alumno de medicina,
interno en el hospital y á quien había sido recomendada su enferma. La carca no contenía más que estas palabras:
.-\.migo mío: Tengo que comunicaros una mala nueva.
El número S ha muerto. E3tB mañana al entrar en la
sala he encontrado el lecho vacío.
Rod, !fo cayó sobre una silla y no vertió ni un;, lágrima. Cuando )Iarcelo entró por la noche encontró á eu
amigo en la misma enbrutecida actitud. Con un gest-0,
el poeta le mostró la carra.
-Pobre criatura! dijo Marcelo. .
-Ee extral1o - dijo Rodolfo-no siento nada aquí!
¿Es que mi amor estaba muerto, al eaber que :Mim(
debla morir?
-¡Quién eabe!- murmuró el pintor.
La muerte de l\Iimí causó un gran pesar en el cenáculo de la bohemia.
Ocho días después Rodolfo encontró en la Calle al interno que le había anunciado la muerte de su amado.
¡Ah! mi querido Rodolfo-dijo éste corriendo al encuentro del poeta-perdonadme el mal que oe be hecho
con mi aturdimiento.
-¿Qué me queréis decir?-preguntó Rodolfo admirado.

-¿Cómo?-replicó el interno- ¿no lo sabéis? ¿No ha·
béis vuelto á verla?
-¿A quién?-exclawó Hodolfo.
-A ella, á Mimí.
¿Qué?-dijo el poeta que ee quedó inteneament~ pálido.
-Me babia equivocado. Cuando os e1:crib( aquella
endiablada noticia, fui victima de un error: he aquí de
qué modo. Estuve ausente del hospital durante doe diaa.
(Juando ,·olvf, al hacer la visHa, encontré ,acío el lecho
de vuestra enferma. Pregunté á la hermana dónde esta•
ba la enferma, y me respondió que había muerto en la
noche. Be aquí lo que había sucedido. Durante miaueencil, )Iim1 había eido cambiada de sala y de lecho.
En el número 8 que había dejado, se había puesto una
mujer que murió el mismo día. Esto os explicará el error en que he caído. Al día 3iguiente de aquel en que
os escribí encontré á l\liml en una sala vecina. Vuestra
ausencia la había puesto en un e1:tado horrible; y me
dió una carca para voe, c1ue llevé en aquel mismo instan•
te á vuestra casa.
Ah! Diob mío exclamó Rodolfo!, desde que creía que
)Iimí había muerto no be vuelto á mi casa. :Me he acostado, de aquí para allá, en casa de mis amigos. Mimí esta viva! ¡On Dios mio! ¡Qué pen~ará de mi ausencia!
Pobre n1f!a! ¡Pobre nifía! ¡Cómo está! ¡Cuándo la habéis visto!
-Antes de ayer en la manana, no seguía ni mejor
ni peor; y eetaba muy inquieta por que os creía enfermo.
-Conducidme á la Piedad-dijo Rodolfo-que la vea ...
Eaperadme un instante-dijo el practicante cuando
estuvieron en la puerta del hospital; voy á pedir al Di•
rector permiso para haceros entrar.
Rodolfo esperó un cuarto de hora en el vestíbulo.
Cuando el practicante volvió á buecarle, le tomó lamano y no le dijo más que eetaa palabras:
-Amigo mio; suponed que la carta que os he escrito
hace ocho días es verdadera.
-¡Qué! -dijo Rodolfo apoyándose contra·la pared,
:\Iimí ........ .
-Esta mafíana; á las cuatro.
-Llevadme a; anfiteatro-dijo Rodolfa-que la vea...
-Ya no está allí-dijo el interno, mostrando al poe•
ta un gnn carro que se encontraba en el patio -detenido
delante de un pabellón sobre cuya puerta se leia: An¡i·/t 11/l'o. y ailadió: allí está!
Era, en efecto, el carro, en el cual se trasporta á la
fosa comün áloe cadliveree que no han sido reclamados.
-Adiós-dijo Rodolfo al interno.
-¿Queréis que os acompaf\e?-propueo éste.
--No, dijo Rodolfo marchándose. Tengo necPeidad de
estar eolo.
Lns G.

URSINA.

(Trad).

SEMPER

Cuan iugaz la ilusión con que supiste
Por un momento reanimar mi vida......
Ya se fué, me ha dejado en su partida
Herido el corazón y el alma triste.
Cuando se oculta el sol, el cielo viste
La sombra que al descanso nos convida;
Yo al mirar mi ilusión desvanecida
Lo busco en vano: para mí no existe.
Xo esperes que por esto te reproche:
Amo, ea verdad, loe rayos de la aurora,
)las también las tristezas de la noche.
Y en mi mente que invade el desacuerdo
Con eu negror, iu imagen seductora
Será un astro, el máe puro: el del recuerdo.
Jo,t )!, ÜCIIOA.
:México, .Agosto de 100,.
¡JUVENTf!Dl

Llenos de luz tus ojos eofíadoree,
y en tu desierto corazón el frío,
ahora es tu pecho como altar vacío,
sin ídolos, sin luces y ein floree.
Cuando renazca la serena calma
y el ansia dulce del amor te ciegue,
cuando el invierno á tus mejillas llegue,
la primavera bajaráá tu alma.
Yo, que sin Dios, ni norte y sin aliento,
mord:éndome en el pecho la eelc)eranza,
te miro como nave que se lanza
favorecida por el mar y el viento ........ .
Si á mi roca vinieres, ¡bien venida!
diré al verte .ie lejos un ineiante,
que al fin llegaste espléndida y triunfante
á las desiertas playas de la vida.
~fa:.l' EL PASO.

PAX ''OBIS

¡Qué gran cosa ea la guerra! Y ¡qué precisa
para purgar de virus las nacione,!
Al surgir vigorosos corazones
con un «¡Viva la patria!. .....• por divisa
acuden á las armas toda risa
y múeicae y palmas y canciones.
¡Qué entusiasmo el de aquellos pelotones
de muchachos en mangas de camisa!
Loe visten, los instru,·en, y al combate:
ni piensan que baya bala que los mate,
ni brazo de enemigo que loe venza,
!Y salvan á un país que es por entero
de loe largos de ropa y de dinero
y loe cortos de talla y de vergüenza!
A }!o:-"TILLA.

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�174

EL MUNDO

DOMINGO

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SE.PTIEMBRE DE 1897

175

EL MUNDO

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Corazón ·de sacerdote. POR H.

s.

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OE FO.HGE.

ILUbTRACIONES BECIH.S EN NUESTROS TALLERE8.

Número 6.

Glurora.==•&lt;r uaaro ae Gabriel War.

Un poco turbado, el joven abate penetró en una pieza
,que respondía por fin á. la idea de uua oficina ministerial. Cuatro ó cinco jóvenes escribían en papel timbrado. Estos enviaron á Pablo al eegundo dependiente ioetalado en un gabinetito, y el le envió al primer dependiente instalado en un gabinete grande. Muy fino, el
primer depen diente se inclinó, é informado de que se
trataba de un asunto particular, suplicó al eacerdote que
llamase á la puerta de eafrente que era la de M. Adal•bert Deruel, Secretario íntimo de M. J ou venot y su primo.
-He aquí demaeiadas ceremonias, pensaea Pablo.

Cuando fuí un día á la _c1sa del cardenal-arzobiepo, no
se necesitaba tanto. Dudo de que esta casa sea la mora•
da de la sencillez.
Entrad, gritó con voz fuerte el SJcretario al oír el golpe tímido dado á la puerta por Pablo.
El Secretario íntimo, era un joven casi de la misma
edad que el. Ante un escritorio, cuyo e:xtremo orden demostraba más gueto por la ai~etría que por el trabajo,
leía el Gil Blas, fumando un cigarrillo.
-El sefior Jounevot? preg110tó Pablo muy corrido.
El joven se había apenas levaniado y sus ojos habían

tllnido una mirafa bastant~ desdeñosa á la vista de la
eotana.
-Qué deseais, seiíor?
- IJeeeJ hablarle.
-A él personalmente?
-Sí, señor.
-Mi primo ea~á muy ocupado.......... Si quisieseis de•
cirme lo que os trae, eso os evitaría esperar.
-Esperaré, dijo dulcemente Pablo.
-Entonces sentaos, respondió el joven con un tono pi•
cado, continuando con su lectura y su cigarrillo.

�'

EL MUNDO

DOMINGO 5 de SEPTIEMBRE de 1897

En el hotel, caya planta baja ocupaba ~leetudio 1 todos calcetines ealidoe de tono y zapatos de charol. Era elegente sin duda, pero afectado. Nada habla en aquel pe,
que Je panció poco eimpático. Rostro vulgar, largo y loa pisos estaban compuestos de departament.os comuni- queflo personaje que indicase la ingenua liberlad de Bll.
1
cados. Pero en el fondo del patio enarenado se elevaba
plano, cortado por un mostacho preteneioeamen'8 enceedad. Pablo lo hubiera preferido más inculto y meno
un
vasto
-pabellón,
habitación
particular
de
la
familia
rrado en puntas, cabellera luciente de brillantina, cayen·
lindo.
do Eobre la frente en una banda arUeticamente ondula• Jouvenoi. Una veranda llena de verdura abrigaba la ea·
Herald, un instante sorprendido, ee avanzó atrevida
da, Eonrisa perpetua de contento de sí mismo y de des- calera de marmol que ahí conducía, y desde la entrada
mente.
precio para loa otro!:!, exacta fisonomía de un figurín de ee eentía uno envuelto en todas Jas elegancias del lujo
-Entonces,¿ sois vos quien vals á ser mi maestro, eo•
más rebuscado, acumuladas quizá con más profusión que
grabado de modas para sastre, con menos elegancia de
flor abate?
fol'mas á causa de una gordura precoz, vecina de la obe· buen guata.
-Sí, hijo mío.
De el primer salón donde fué introdu'3ido Pablo, pasó
Eidad.
-Pues bien, me guetaie1 os lo digo desde luego, y si
EEte primer ejemplar de la familia en suyo seno dt bla !l un segundo, después oyó en el buioir vecino una voz
quereie
eer bueno conmigo, yo seré bueno con vos.
vivir, eslaba lejos de embelf&gt;sar á Pablo, y se dejaba llevar un poco aguda, que al anuncio del ayuda de cámara, ex •
Esto fné dicho con un aplomo y una enficienoia, qu&amp;
por rt fle:s iones demasiado eomb,fae, cuandosonóruidoea- clamó:
-Oh! sef\or abate! eae querido seflor abate!.. ....... Que denotaba un pequefl.o Bo b, lleno de sí mismo, habituado
meLte un timbre eléctrico.
á hablará tuerto y á derecho y á ver admirar todas eus
enhe luegol Se encontró en frente de una mujer de trein·
-Podéis entrar dijo el Secretario Ein morerse, indita y ocho á. cuarenta anos, muy agradable einó linda, ves- palabras.
cando con el gesto una gran puerta.
El a bate, poco conmovido do la declaración, hizo al ni·
tida de una toilette interior, de una sencillez refinada.
no algunas preguntae, que demostraron eu perfecta ignoElla
le
tendió
la
mano
con
un
gesto
mundano.
JI
rancia. Dt&gt;jó la casa deeolado, presa de terror, al penear·
-Oa esperaba, eeiior abate, dijo; me moría de deseos
en
esta familia que de tal suerte iba á cambiar sus caras
El 11eflor Joovenoi, tan accesible cuanto eu secretario lo de veroe, y ein embargo, vuestra vieta me deegarra el co,
costumbree, á la idea de eea vida que iba!l llevar, tan di•
razón
.........
Sacumbo
á
la
idea
de
separarme
de
mi
Be•
era pooo, ee levantó inmediatamente y avanzando hacia
ferent.e de su eueiio .t la idea de la tarea que debía cum•
rald.
Pablo:
plir sin ayuda algu~a y quij le pare~:ía por encima de sus
Pero,
Eeflora,
reflpondió
Pablo
sorprendido,
vuestro
-El Eefior Abate Charlier? preguntó.
hijo no va á abandonaros.
fuerzae.
-Sí, eenor.
El superior á quien fué li referir eu turbación le rea•
1\faterialmente, no ......... Permaneceremos cerca el uno
-~J.i bien venido, eefior abate.
del
otro
.........
Pero
yo
os
lo
doy
os
lo
abandono
......
Oh!
1
pondió:
Y t.eodiendo la mano al joven padre, el notario lo lle•
-Yo sabía todo eso. Precisamente porque hay que
con roda coofianza. El señor superior dal Seminario me
l"Ó á flU gabinete y le hizo sentar en un vasto sillón.
realizar
una obra es por lo que, conociendooe, oe be ele•
ha
dicho
todo
lo
que
vos
sabeia
........
Yo,
desde
Juego
Tranquilizado por esta simpática acogida de tan buen
tono, Pi1blo volvió á eent.ir t.odo eu ardor enfriado un no quería para llerald má.'I que un precepSOr eclesiásti- gido ......... Tened confianza y marchad, mi qu.erido hijo.
Pablo qu.edó un poco reconfortado. Pdro cuando fué-instante, y olvidando al suizo, áloe dependientes y alee· co ......... Me moriría ei fuese preciso poner á mi hijo en
por
la tarde !l comer, su impresión dolorosa reaparecióun
colegio
ó
tomar
para
el
un
preceptor
laico
.........
En
cretario, púsose á exponer en un lenguaje, convencido y
mas
intenea1 aumentada por eee maleetar, conocido aún
nuestro
mundo,
en
nuestra
situación,
un
eclesiástico
ee
vi orante, sus opiniones elevadas reepeoto á la educación,
por
loa
menos tímidos, que se experimenta cuando ee er.impone
.........
Felizmente
mi
marido
me
ha
dejarlo
libre.
la tierna devoción que le abrasaba ya por el niño que iba
cuentra uno en un medio del cual ignora loe hábitos, las
á ser confiado á. eu solicitud y eu esperanza de hacer de No ee que él eea irreligioso, no lo creaie ........ Pero eeco·
mo todo'I eeoe aefloree, no ea verdad? ocupado ......... No relaciones y el idioma. Ese lujo de que iba á verse roél un hombre con ayuda de Dio!:'.
Todo esto íué dicho con ímpetu y calor, con la sinceri- tiene tiempo de pensar más que en eue negocios ...... Pero deado ofoecaba la eensillez de su vida tan modeeta. Al
través de estas elegancias eu pensamiento se dirigía ha•
dad de un espíritu recto y de un corazón sencillo que no el eeflor Superior me ha dicho:
cía
el humilde hogar de sus padree. ~u espirito sufría
El
abate
Cbarlier
es
un
t.esoro
del
que
os
hago
obee•
supone que, en el mundo, la franqueza y el entusiasmo
quio, eenora ......... Sí, el ha dicho eso ......... ó algo pare- con las trivialidades que estaba obligado á. eEcuchar.
toman á. veces el nombre de candidez.
El eefior Jou\"enot babia prestado á esta arenga una cido ........ Pero, sin embargo babeie de eaber que mi He- A.divinaba en el joven secretario, de sonrisa deedeff.o!!a,
disposiciones maligoae y hoetilee.
atención sonriente, acariciando con mano blanca y cuida• rald basta aquí nunca se ha aeparaio de mi lado ........ .
Yo
lo
llevaba
conmigo
á.
donde
quiera
.........
al
Bosque,
Poco á poco lo invadía la angu:1tia; hibría deseado huir
da en hermosa barba rubia que veteaban apenas alga.nos
á
la
iglesia,
áloe
almacenes.
Yo
adoro
á
ese
nifto,
lo
ido•
muy
lejoe1 al fondo de su celda del seminario. Presa de
hilos blancos.
-Yoe eois joven eefl.or abate ......... Esta es una grandí- latro ......... Permitidme ofreceros un dulce! No? Hacéis una desesperación profooda t'e sentía com1&gt;letamente
sima cualidad, la máe preciosa ......... de todas las que po- mal.. ....... E3 una novedad de Boieeier ......... Son divinos! desamparado, cuando levantándose el portier Luc 1\entró.
En tanSOqueellamaacaba el bombondivinodeBoiesier,
eeia ......... o~ felicito y os envidio ......... He sido muy feal salón.
tomaba
aliento, sin que Pdblo, aturdido de eee torbe1li·
liz al oiroe ......... La fe siempre ea agradable de veree, aun
III
para aquellos que han dejado la suya hecha gironee en no, encontráee una palabra que responder.
-Un angel de candor mi Herald, sefior abate ........ .
lae espinas de la ruta. En lo que concierne á mi hijo no
La eeflorita Jouveoot iba á cumplir diecisiete aflo3: la
oe ccultaré que vuestra tarea sea laboriosa. Es un pillue· una inocencia ......... una pureza, é inteligente!.. ...... Vos edad ideal en que la aeilorHa comienza á. florecer.
1.10 os imaginaie que bien monta ya á caballo ......... Velo qne á. loa nueve afl.os no sabe casi nada de lo que debe•
¿Era linda, rub:a ó morena, pequeih ó grande? PJ.blo
ría saber y qtte conoce en cambio muchas coeae que de• lad bien por eue sentimientos religioeoa, os conjuro á
no hubiera sabido noLarlo ni decirl0. Era la joven lo que
ello
......
Todo
depende
de
eso!..
....
Nosotros
almorzamos
bería ignorar ......... Ad lo quiere la vida de Paria donde
á. eeo de las once y media, según loe negocios de M. Jou · hay de má.s adorable en el mundo, con su gracia un poloe nin.os ya no tienen infancia ......... Si vos llegais á hnvenot. Comemos á. lae ocho, salvo el miércoles que ea mi co ingenua aún en eu caetidad aogélica. Era la primavecer algo de bueno, os quedaré reconocido y os admira·
día de ópera en que avanzamos un poco la hora. Yo en· ra, la sonrisa, el ravo de eol. Pa.blo la miraba con una
ré ......... Si fracaeaie no os censuraré en modo alguno.
loquezco por la mútica. Nada en el mando podrá hacer• sonrisa religiosa y enternecir\a, con una impresión inde·
O 1 dejo para él carta blanca: Obrad como lo creaie prufinible, exquisita, no experimentada aún.
me faltar á la ópera ...... en invierno, bien entendido ......
dente. Yo no oe molestaré en nada, pero no debo dejaros
Con su sola presencia difundía ella alrededor de ei
porque
desde
el
mee
de
Mayo,
la
sala
se
vuelve
imposi•
esperar gran ayuda de mi pane. Estoy demasiado ocuuna
claridad serena, tal como una de esas apariciones
pado para consagrar una partfcula de mi tiempo á una ble ......... Ya no ea la misma gente!. ..... En cuanto á He• celestes que Pablo había percibido algunas veces en sus
obra que os entrego toda entera. En adelante formaréis raid, loe días en que tenemos grandes comidas se os ser•
borae de éx~eie místico; y bajo la influencia de esta ra•
parte de 1a familia y mi casa ea la vuestra ......... Para co- virá. en vuestro departamento á. loe dos si aeí lo de- diación, todo, á loe ojos del sacerdote tomó un aspecto
eeaie ......... aún cuando á mí me agrada mucho que venga
menzar contamos con vos á. comer esta tarde ........ .
al salón ......... Eso lo forma, y además brilla ......... Algu• nuevo, como !l través de u.o prisma, sin que pensaee, por
El notario ee había expresado con un tono amable,
nas veces tiene respuestas que canean estupefacción!.. .. otra parte, en analizar las caneas de esta súbita metabondadoso, pero en que el espíritu del padre eolo pe1ei•
Cuando mi hija Lucib era peqoefl.a, comía también aeí en mórfosie. El padre da Lucila le parecía más serio de Jo.
bió de eobra la deeenvoltura escépLica del hombre de necaaa de Mlle Lariviere ......... una persona excelente co• que al principia había peneadc,. La madre de Lucila degocios abe.orlo en cuidad.os muy distintos de sus deberes
mo lo veréis ......... Sobre sodo, lo que más oe recomien• jaba entrever, bajo una exaltación frívola, un fondo real
paternalee. Experimentó una trieteia ~oto más viva
de bondad; el hermano de Lucila no era más que un ar·
cuanto que la ¡;tereona de M. Jouvenot le inspiraba sim· do para mi Herald, ea la sencillez, jamás la exagerabuflto \ieroo que enderezaría fácilmente un tutor firme.
ción!. ..... Tengo horror á la exageración!
patíae.
Hasta Adalberto Deruel, primo de Lucila, le pareció
-A.yl pensaba Pablo, qué tareamevaá incumbir! Qué
El notario abordó en seguida con una precisión, nece
más digno de pie.iad qae de cólera.
será
de) nin.o en un matrimonio semejante?
earia sin duda, pero un poco hiriente para una naturale~_
Pero al mismo tiempo algo oprimió el corazón de Pa•
Llamad
li
Bebé,-dijo
la
eeflora
Jouvenot
!l
un
criado
za delicada como la del joven eacerdo&amp;e, el arreglo de lae
blo.
Otro horizonte nuevo acababa de abrirse ante él.
cuestiones materiales; las trató con una largueza que pro- á quien había 1lamado ......... Yo le llamo aun Bebé!. ....• Sentía como un extremecimiento inexplicable, una esEat.o ea ridículo á mi edad y 4 la suya: ......• pero qué que•
vocó la:t protestas del futuro preceptor.
pecie de melancolía que lo invadía. Jamás en eu ju ven·
Ouando el abate ee levantó, el notario le puso en la réie? El corazón de una madre ea un abismo de ternuul
tud
había visto !l una joven. Las eefl.oritas Deecordea,
mano un cbeque preparado de antemano y que repre- Ven, amor mío! afl.adió viendo entrará eu hijo ......... He
con sus cara.a groteEcaP, lo babian hecho reir. Y be aquí
aquí
al
Eef'ior
abate,
que
va
á eer tu preceptor ........ .
~entaba el primer trimeE:tre de eu sueldo. Aquella ma·
Pablo examinaba áHerald tratando de adivinarlo. Era que de pronto eu vida cuotidiana iba á encontrarse mezno tembló un poco al recibir ese ealario anticipado. El
clada lila vida de Lucila, cuya aparición le había enprocedimiento del hombre de negocios denunciaba me- un niño de facciones reguJaree y agradables. Su act.itud
cantado.
11oe aún su generoridad confiada que el hábito de mane- era correcU, demaeiado correcta, con eu vestido de ter·
El no había pensado en eetJ. D.~ antem1no hlb la re •
j ,r dinero y de considerarlo como preliminar de todo. ciopelo negro, con un gran cuello blanco que cubría sus
nunciado á todas las alegrías de este mundo; pero no co·
hombros y de donde emergía el nulo desmesurado da
Pablo resintió una impresión penosa.
nocía ninguna, sobre todo eea, y en su corazón, repenti ·
-En fi :i, pensó al deepedirte 1 aún me queda la madre! una corbata ponceau, las piernas desnudas terminadas por

El abate empleó su tiempo en examinar al Secretario

DDMIHO S de SEPTIEMBRE de 1&amp;97

n amente, en un minuto, rnrgfa una terrible pregunta:
¿Tendría él la fuerza? Lucila ó cualquiera otra ¿no ven•
dría en una hora dada !l tomar eitio en eu corazón?
Y en aquel minuto supremo entrevió todo esto, comprendió todo esto, y dominií.ndoee, irguiéndoee por decirlo así, ante la vida, hizo en el fondo de su alma, con toda
la fuerza de en ardor de joven eacerdotf', como un segundo juramento que completaba el juramento de orde·
nación.
No era ya la vaga fórmula de la palab1a la\ina dicha
en un eecenario de renunciación y de plegaria. Fué en
EU intimo peneamiento la promeea eagrada y reflexiva,
á la vez punzante y dulce.
Su rostro palidecio un inebnte, pero eeo fué todo. Se
aduellaba otra vez de eí mismo, y aupo agradará todos
aalvo al eecretario, que no apreciaba más que eua pro•
¡,ioe méritos, T"mó parte en la coovereacióo con re
eerva y tacto, pero sin embargo, con una verba de bue•
na ley. La Eei'iorita Lariviere no fué la última en encontrarlo encantador y en dejarse conquistar.
Esta excelente persona que coníeEaba treinta y cinco
afloe, era, hacía diez afloa, el aya de Lucila. Su rostro,
de raFgoe borbón:coe, digno y severo, fresco aún y basta
un poco rubicundo, encuadrado de bucles de un matiz
indecieo, de una forma desusada, y eu eah,d, desbordante, casi no habían permitido adivinar en ella una natura·
leza esencialmente eenLimental.
La .u•fiorita Lariviere estaba incesantemente perdida
en lo azul de aspiraciones ideale!', que contraetaban mucho con su aspecto físico y eu apeLito robusto.
Se, sin,ió muy halagada cuando Pablo se aproximó á
ella deepuéa de la comida y se deeabogó inmecliatamen•
~ en uu lirie~o romancesco, alentada por la indulgencia conée del Joven padre, y persuadida de que acáso
~ab1a encootrado ya al alma hermana desde hacía tanto
\tempo buE::cada.
La t.ertulia íué del todo intiarn. El abate acampanó al
~fl.or Jouve.not al Ju.moir, donde le hizo compañía, y tan
bien ee la hizo, que el notario olvidó su cí1culo, intereeado ea una discusión que Adalberc.o impruden emente
inició y de la cual no obtuvo lee bororee.
. Agreei vo desde el primer momento, eeuba bajo el imperio de esos celos inelinbi vos que un espirito mezquino con•
cibe con respect.o á todas las naturalezas que adivina 80 •
periore@.
P.sblo empero tenía conciencia de la impresión favora•
ble que había producido y la humildad crisliana 00 Je
impedía resantir legítimo eentimienk) de eatiefacción,
En el éxito mismo de esta primer prueba 00 veía por
lo .d~má':I más que una fuerza nueva y poderoea para au
m181ón de educador. Solo al niflo dirigía todos Joeardoree
de que ee eemía penetrajo; agrnpaba al rededor de él
como _auxiliares preet.m á ayudarle en eu tarea, á. todos
loe m1embrc,s de eta familia á la cual el deadno acabab 8
de ligarlo.
No se fijaba en que un rostro úni·co, g rac1oeo
·
.
y eonr1eote 1 dominaba todo este grnpo.
Marta eeper.iba á eu hijo un pocoinquietade los terro•
rea~~ que le habfa visto turbado 1 después de su primera v1e1ta, impaciente por conocer el resultado de la 88•
gunda entrevista, m1h importante y más decisiva.
Cuando volvió él al modesto departament•') de eue pa•
dres.dond~ debía pasar una noche aún, ee Lranquilizó
ella 10med1a~ameote por la expresión de en fisonomía.
Obl no había necesidad de interrc garle, Pablo locuaz
con\ra eu costumbre, le refirió \odo en un flujo exhuberante. de palabras. de
. . iae cuales ella ee asombró ,yem
emoc10nee del pr10c1p10 Y el cambio que ee había opera•
do de pronw en él, cambio que él atribuía piado~amente
á eea g~ac1a de estado cuyo3 sorprendentes efectos había
apren~do en el seminario ...... y las conversaciones de
:. ~amida, ~a peqaena disensión con el SecreLario, la au •
1c16n musical ......... Repitió hasta las menores pal b
b. d
.
a rae
cam ia ae, a10 notar que en madre, más Y máe ale 1
fi'b
na,
J&amp; a por momentos en él eue ojos un poco tristes, cuan•
do repetía en eu conversación con una frecuencia d
n0
.b. 1
eque
ee perc1 ,a e notnbre de Kia E€florita Lucila. »
Cuando al fin iban á eeparar8f", Pablo, un poco turbado
por no ver á su madre alegre, le preguntó:
-Qué \ienee1 madre querida? se diría que no eetáe plenamente satisíecba.
Sí, Sil respondió llarta, eetoy contenta, muy contenta
puesto que tú estás contenro.......
·
'
Se in~rrumpió bruscamente, Lomó entre eue manos la
cabeza de su hijo Y pu!!o en su frente un largo bes,, murmurando como •ma plegaria.

&amp;L MUNDO

-Que Dios te guarde y te proteja, hijo mío bien
amado.
Y, en tanto que él ee iba tranquilo y Eereno por aquel
beeo de madre, no pemando en nada mlle que en eee
porvenir que Ee abrfa luminoso ante él, el abate Cbarlier no la oyó que lloraba.

IV
Pabló tomó al día siguiente poeeEión de eu empleo.
Inetalóeele en un pequefio departamento en el ePgltndo
piso del pabellón que habitaba la familia JouvenoL.
Lae ventanas daban sobre grandes jardines vigiladoe 1
en ese barrio privilegiado de la invasión de las conetruc•
cionee: babia también bajo los ojos un eepeeo lote de
verdura fresco y odoríforo, que parecía separarlo de la
agitación parisiense y le recordaba las queridas eombrae
del parque de Iesy. So cámara, la de Herald y un pequef'l.o salón, componían aquel alojamiento completado por
una biblio~ca abundantemente provista de libros.
El Sr. Jouvenot, amateur delicado y experto, había
reunido ahí lae mejores ediciones de los grandes autores
de todos loe países, dispuestos en vitrinas cuidadosamente cerradas cuyas llaves se entregaron al abate.
Esta pieza alumbrada por tres grandes ventanas que
difundían una luz dulce !l través de las cortinas, era un
retiro deeeable para el trabajo y se convirtió en lugar de
predilección de Pablo. El estableció ahí eu centro de eetudioe, encontrando bajo eu mano todos loe libros de
que tenía necesidad.
Como el Sr. Jouvenot ee lo había anunciado, la dirección de IIerald íué enteramente puesta en las manos d~l
joven maestro. Pablo arrl:'gló con cuidado un programa
de trabajo,, de t&gt;jercicioe Ueicoe, de paseo, que fué fielmente observado. y aupo mezclar demasiada dulzura en
au au•oridad, demasiado encanto en sus converuciones
Y sus lecciones para triunfar de lae reeiaten::iiae de Herald un poco rt&gt;calcitran&amp;.e al principio, cautivar su aten•
cióo y conqllietar su afecto.
Solamente á la hora del almuerzo maestro y dicípulo
eaUan de su estudioso retraimiento y ee n!unían á la fa.
milia, pero tarde por t.arde, en el momenLo marcado por
su. reglament.o, el abate abandonaba el ea Ión con Herald
apeear de las vivas iost.anciae de la Sra. Jouvenot que,
vanamente, ee e!!forzaba en retenerlos. No era pués sino
durante estos cortos inetaotee y en condiciones triviales
cuaado Pablo se encontraba en presencia de Lucila.
Esta organización de vida, conocida de Marta, había
calmado no poco loe temores que ella babia concebido
sin expre:earloa. cuando su hijo le hizo el relato de su
primer S &gt;irée. Veia por lo demás á Pablo tan absorto en
eu obra de educación, tao enteramente dado al trabajo,
tan fnmcament.e dichoso, que había acabado por tranquilizarse.
La situación no tardó en cambiar.
Lucila era un espíritu muy terio. De la vida mundana de su madre no tomaba máe que eu parte indiapemable y, lu,g.1 que ee vefa libre, cor:ía á encerrarse en el
departamento qne ocupaba, eitnado enoima del de eu
hermano. Ahí en compafHa de la SrHa. Lariviere dedi•
cada á algll.u trabajo de tapicería complicado, paeaba
las horas entre su piano, eua pinCPlee y eua libroe. Sabía
justamente lo necesario para percibirse de la deficiencia
de la ins:,rocci6n qne le había dado eu aya y poa•dda del
deeeo de aprender bahía emprendido rehacer de algun
modo eu educación literaria. Pero bien se daba cuenta
de que entregada .t aí miema, sin guía, pondría en rne
esfuerzos m,e buena voluntad que método y no recogería más que un flaco beneficio.
Una vez ee encontró detenida por grave dificu1'ad.
L1 et-flori,a Luiviere se dt&gt;claró ing,nuament.e iccapfz
de resolverla y aprovechando esta ocasión, prot)ueo BU•
bir á la biblioteca á coneul,ar al abate. Desde hacia Jargo tiempo meditaba esta aecención. Verá Pablo eolamente en las horas del almuerzo y en medio de las convereacionee generales no bastaba li laa aspiraciones de
la Eentimental institutriz. Sin cenr su pensamiento
franqueab:. la dista ocia é iba á vieitar al amigo tao pró•
ximo y ein embargo tan separado.
Lucila acePtó con tanb más a vide~ cuanto que también ella lo deseaba aunque por otro motivo, No oeaba
pedirlo pero ansiaba ávidamente que el aba;e tomáee la
dirección de sus trabajoe.
El aba\e reepon1.ió Ucilmente á la cJneulta pedida y
aiiadió explicaciones lúcidas y "erúditaa que eeclarecie-

171

ron con una luz nueva el espíritu de la jóven. El camino era conocido en lo de adelante. Dos dfae defl1&gt;0ée se
impuso una o neva consulta y laa dos mujerea vol vieron
ti solicitar las luces del precepU&gt;r.
Finalmente CRda mafl.ana subían á la biblioteca y Pa•
blo tuvo doe educandos en lugar de uno. Daba á Lucila
un verdadero curao de literatura, escogiendo sue lectu•
rae, comenUndolae con eu guaLo muy eeguro, eu espíritu amplio y su ardiente palabra, sintiéndose verdaderamente inepirado1 experimentando un inexpresable placer en cultivar eea intE::ligencia joven, delicada y enamo•
rada de lo hermoeo.
lloras encantadoras qu0 tranEcurrfan dema•iado pronto en aquel santuario del trabajo Po medio de un tranquilo recogimiento y en el culto de las obras maestras
del ingenio! Cuán precioEas eran para la educ;:1nda a,ent.a y embelesada, para la institutriz que, bordando eus
t~picerfae, escuchaba ávidamente lae: lecciones 1 acaso
sin comprenderlas siempre1 y pata el profesor sinceramente convencido al cual solo la paeión de lae letras ina•
piraba en eu celo!
Y en el corazón de Pablo se precisaba un F.entimiento
nuevo para él, algo profundo, de una manera eurafla
.
'
una simpatía invencible para aquella bermo11a atflorita
que le escuchaba ahí, atenta, mir.índole con su htmnosa
mirada di4fe..na.
Frecuenti,mente al volverá eu cuarto, pif:ceeita aenci•
llamente amueblada, el abate al trabajar bajo la dulce
luz de su lámpara ténue, poníaes á pensar en Lucila. La
graciosa imllgen que su memoria le traía, habíale aeua•
\ado un poco al principio. Después había eEcrutado 11u
corazón, eEcuchado las ideas que 6e oprimían en su cerebro Y en lugar de este temor, de este miedo de amar
que babia tenido1 no encooliraba, concienzudameot.e,
más que un sentimien\O muy sencillo, llecl.10 de respetuosa devocion para la educanda, de real simpar.fa para
la camarada, de admiración para la joven.
Y algunas veces era para él como la vaga aparición de
una bermana en su vida. Jamás la había t.enido y 88
decía que Dios se la enviaba!
La época de la in&amp;\alación en el campo había llegado.
El Sr. Jouveuot poseía en loe alrededores de Corbeil,
al borde-del Sena, un viejo castillo de orígen nobtliario
que hab.a artísticamente restaurado y donde su familia
pasaba la estación de Julio á Noviembre. Loe estudios
literarios cominuaron bajo los grdndej árboleP, interme•
diados de largos paseos en el bojqu!, muy p ,6.1:imo, y
de alegres partidas que organizaba la Senora Jouvenot,
co:i el espíritu eiempre en movimiento,
Deepues venían 1as tertulias en que las coovereacionea
erraban de un asunto á otro, enoblecidae y protegidas
por la impresión intima de la naturaleza que loa rodea•
ba. Cdda uno entregaba sus peneamientos con una espontaneidad suetraida del convencionalismo rr.undano y
el abate podía aeí penetrar el alma cándida y tdevad&amp;
de L:1cila. Sin cesar descubría en ella nuevos ~soros,
cuya riqueza admiraba eu piedad de eacerdote y el mismo se admiraba del soplo ardiente de sus pre pia:S ¡.,a labras que surgían de pronto en amplio vuelo.
Un día le vino la idea de mostrará Herald, babicuado
á todas lae alegrías, á t.odoe loa Jujoe, loa lados Eevt!ros
de la vidn, conduciéudale oerca de la miseria y del sufrí•
miento. Cuando dió parte de este proyecto á la Sra. Jouvenot, la Sefioriia La1 i viere ee entusiasmó y quiM dar
tambien á Lucila las miEmaa saludables euseBanzae. EnWnces vinieron las excutEionee de caridad á la cabafiaa
perd1daP1 y Herald, t:l aya y la joven, ibau en coma.n á
llevar un poco de bienestar y de r1::confortamieoto moral.
Loe domingos ee iban á la miea de la Aldea. Ahí la1
plegarias surgian de loe labios de Pablo instantes, caluroEae, entncortadna, áloe tcoe del órgano qu~ c:.1.uliaba
bajo loe dedos de Lucila, ó bien eue , oces ee mezclaban
himnos religiOEOfl 1 la una profuoda y grave, gracioea y
dulce, las dos imprfgoadaa de un m1Emo acenr.o de fer•
vor y de íé.
Así todos los deLallea de la vida comun, el trabajo y
el placer la cariJad y la piedad, aprisionaban inc1meantemente á. la joven y al abate. Buecabanae voluot.aria•
mente el uno al otro, con sencillez, con franqueza, á ple•
na luz. Ella iba á él como al maei:tro simpático que
formaba EU espíritu. Ei veía en ella una di:Sípula de
elección que respondía maravillosamente á eue eafner•
zoe. Nada mas.
A la \"uelta de esta tempora:la campestre que lo babia.

�EL MUNDO
DOMINGO S de SEPTIEMBRE de 1197

.Algunas rápidas vacaciones habían interrumpido uni- En aquel medio, estragado y escéptico de burgesía lnjoembelesado, Pablo ee sorprendió mucho de oirá su ma•
ea en aquella cabecita de Joven ee habla formado una condre á quien sus numerosas canas habían hecho eu rela· camente esta larga separacion de la madre y del hijo..Ta· cepción propia del amor, había comprendido que no era
ción datallada de todo, hablarle de pronto de eu enaueflo más la Sra. de Sennevaux había parecido turbada, ja• la buena armonía mun:1.ana y ruidosa de sus padree; no
de otro tiempo, del pequeno curato de aldea, de la caea máa loa sufrimientos de su aislamiento ó eu, ansiedades veia en su ideal nada de complexo y extraordinario; era
blanca ¡;erdida en la caJDpafla. Incitábale á volver á íntimas se tradncian en Jo exterior. Si algun amigo se para ella una cosa del todo eencilla, del todo verdadera,
eua primitivos deseos con una incomprensible ineieten- admiraba de las largas y peligrcsas ausencias de Roger, qne esperaría y que era sin duda preciso esperar scaeo
tencia, llegando hasta ofrecerle dar ella misma loe pasos ella respondía con calma:
largo tiempo, acaso siempre, segun la vololltad de Dioe.
nfcefarios, enamorada súbitamente de un proyecto que -Hace lo que habría hecho su padre ... Todo está bien.
Su madre, aunque deseosa de casarla, no había insisPero como esperaba ese día que debía traerle á su hijo tido ......... Todos loe pretendientes que basta ahí se ha•
ea ambición maternal desaprobó en otro tiempo.
El abate respondió con justicia, que loa miamos moti• ya glorioso.! Q11e conmovidas esperanzas se le subían al bían presentado, llevaban nombres honorables sin duda,
vos q•1e en otro tiempo Je habían forzado á renunciar á corazón para el momento en que, vuelto por fin al lado pero burgueses y la eefioraJouvenot tenía por los tltulos
de el!a, podrían cimentar su vida en una paz bien gana· aun por la simple partícula de un respeto que iba Lasta
sus proyectos, existían aún tan imperiosos como antes.
Además, habían nacido para él, decía, nuevos deberee, da por él y por ella tambienl Que dulces eueiios acaricia- el deslumbramiento. La deseeperación de su vida era la
á los cuales no tenía el derecho de sustraerse. T,mía ba, todos llenos de niñitos sonrosados que rodearían su fisonomía vulgar de su nombre. Felizmente, sus padres,
ahora el cargo de las almas en la familia donde aenUa vejéz y barian¡evivir. al rededor de ella, á su pequeño previsores, le habían dado el nombre de Matilde y ja•
bien que ejercía una influencia saludable, y con toda la Roger de otro tiempo! Legítima recompensa de todos más dfjaba ella de anunciarse en los ~alones: Matilrle
franqueza de su ingenuidad enumeuba los progresos ya sus esfuerzos. de su solicitud tan valientemente soporta- Jouvenotl !1;1 cual encantaba su oído con una sens11ción
realizados y los que entrevela necesarios, posibles ó da; de eue largos sacrificios, de su existencia consagra· deliciosa. Por la misma razón había llamado á su hijo
da toda entera al deber con tanta simplicidad.
Ilerald y si Lucila no se había beneficiado de esta ingepróximos.
Pablo era uno de sus asíduta. Tvdos loa momentos de
¿T,rnía el derecho de abandonar á Herald, á q•1ien ha•
.aiosa estratagema, era por que no estaba destinada á eer
libertad que no daba á sus padres, pasábalos cerca de la sino momentáneamente una Jouvenot. Aun cuando no
bia realmente utransformado?u El pequeno fatuo que él
había recibido, ignorar,te, perezoso, lleno de si mismo, seilora de s~nnevaux. ¡La comprendía tan bien con su hubiera tenido todas las cualidades que Pablo le atribuía,
comenzaba á volverse un niño amable, sencillo, trabaja- sentido elevado de todo lo que era delicado y grande! Roger, á loa ojos de esta nieta de M. J ourdain, tenía una
dor, cuyas buenas disposiciones naturales, comprimidas Ella, por su pan.e, volvía á encontrar en el joven aba- que suplía á las otras: er.i conde...... Lucila, condesa de
basta entonces, se desarrollaban cada día. La seflorita te el querido recuerdo del aueente: su infancia en Gan• Sennevaux!.. ....... La seflora .J ,mvenot habría dado, so•
Lucía, con su inteligencia excepcional, hacía incesantes neville, eue estudios comunt~ en ~tanielas, au conmo• . bre la marcha, á Pablo para su amigo la mano de Lucila
progreeos y no estaba aun más que al principio del pro· vedora intimidad de loa domingos, cuando el alegre
si él se la hubiera pedido.
grama que él habla trazado. La seflora Jouvenot comen• uniforme de Saint Cyr ita durante horas á animar loa
Lo que encantaba á la madre era precssamente lo q11e
zaba á comprender que hay coeas máe divinas que los pórticos severos del seminario y su ardor igual en los
inquietaba al Secretario.
bowbo11es dti BJissii:r y wás deliciosas que la ópera; su nobles tntu~iumoe de loa ,·ernte añoe, rn fe, semejante
Adalberto vivia de dos esperanzas: «realizar" según eu
lengua se temp~rab.1 de día en día, hacía verdaderos es• en lo hermoso y Jo bueno; su voluntad, idéntica, de una expresión cínica, á su padre, q11e en la soledad de algún
fuerzas por huir de las exageraciones que se limilaba en vida recta y generosa.
rincón de provincia, se obstinabl en vivir, y casarse con
otro tiempo á eensurar en loa otros. ¿Pod!a él interrum·
¡El abate le contaba también su existencia, sus eeíuer• su prima ...... No ciertamente porque la amara! El amor
pir esta segunda educación que era tan feliz en dará la zos, sus luchae, sus éxitos! Desahogándose con toda li- como cualquier otro sentimiento· noble, era eurat1o á
joven, eea acción favorable que ejercía en la madré?
bertad ante esta segunda madre, le describla la familia ese corazón únicamente lleno de sí mismo y que se en•
El ~ell.or Jo1,1venot mi,mo, el parisiense escéptico y á la cual se había coneagrado, y el nombre de Lucila ea• vanec!a de no creer en nada. Péro si la señora Jouve•
frivolo, ola de su boca palabras serias que lo iniciaban Jia tan frecuentemente en suo relatos, el retrato que de not descendía del Bnguéa gentil•-hombre, él descend1a
tn más ahos pensamientos.
ella hacía era tan atrayente, que una idea, al principio en linea resta de Harpagon. Yicio raro en la juventu:i,
Frecuentemente, cuando las ocupaciones del nota1io un poco vaga, vino un día al tepiritu de la señora de
pero que él tenía en supremo grado: En Lucila no ha•
le permitían pasar Ell día entero en el campo, el abate y s~i,nevaux.
b(a visto má,; que un atractivo: el de su dote.
él se aislaban bajo los grandes árb,les, y era visible que
Con su habilidad mundana, llena de diplomacía ma·
Si no se babia declarado aún, era únicamente por q,ie
aquel hombre distinguido, de talento y de corazón, pe1 o ternal, hizo sufrir al entu.iaeta preceptor un interrogaen el caso de rebuear que le parec!a seguramente poco
~xcluaivamente ocupado hasta entonces de sus negocios torio, en que gradualmente las preguntas se precisaban
v~rosímil, pero q11e no era imposiblti, temía perder el
ó de sus placeres, tomaba gueto m,í,1 y más grande á eeas más y máe ......... y éste se quedó una tarde siogularmen·
lucrativo empleo debido á la generosidad de M. Jouve•
conversaciones elevadas sin sereeverae, que le revelaban te admirado cuando la señora Jouvenot le dijo:
not. Hasta ah! ninguno de lo3 candidatos á la mano de
un mundo de ideas desconocidas.
-Hemos visto hoy una dama que os 11dora......... quie• Lucila le había inquietado mucho, precisamente por•
Ahí también Pablo cumplía una tarea buena y útil.
ro decir que os ama tiernamente ......... la condesa de que conccía loe apetitos nobiliarios de la seflora .Touve•
¿~o eerfa culpable en renunciar?
Sennevaux. La hemos encontrado por casualidad en una not. Pero esta vez, el peligro era grave y el secretario
Todo esto era justificado y ~!arta ee vió obligada á re•
visita ......... Es exquisita ......... ideal. ........ es decir, ea concibió una violenta irritación contra ese maldito abaconocerlo. Se calló, pero suspirando, porque eu perspiencantadora. Yo le hecho que nos ¡,rometa v1mir á ver- te que acababa de hacer sur6ir la temible candidatura
cacia maternal Je descubría un peligro que Pablo no
nos. Seremos amigas.
de eu amig0.
percibía.
P.iblo y Aialberto vivían hacía cuatro aiios uno al laPablo respondió dejando desbordarse toda su afección
......... Y pasaron cuatro aflos así, en una vida dulce, caei filial por l.1 señora de Sennevaux. Después hizo un do del otro, sin que ee estableciese entre ellos lazo algu•
sin turbación aparente, sin que jamás el padre se creye• elogio de R,ger, que provocó una desdeñoea sonnea en no de eimpatfa. Las burletas tontas de 1\1. Deruel, fre•
1!8 animado de otro amor que el del deber, inepirado por
el :s~cretano A.dalberto Déruel y un sincero enternecí• cuentes al principio, hablan dejado al abate perfec\a·
-0tra pasión que la de su obra.
mente insensible; pero él babia COl))prendido la nulidad
miento en la sei'\ora J ou venot.
vacía y pretensioea dd jóven, y desesperando de sacar
-Qué
oficio
tiene
ese
señor
maravilloso?
preguntó
iróV
nunca de ahí algJ bueno, se limitaba con respecto á él á
nicamente Adalberto.
La Sra. de Sennevaux era una mujer verdaderamente
una completa indiferencia. Adalberto había acabado,
-¿Qué edad tiene? interrumpió la seflora J ouve not:
-encantadora, encantadora de todas las maneras; sencilla;
por su parte, por cansarse de ataques quü nada logra·
-Tiene treinta anos, respondió Pablo, y es oficial.
graciosápara todos, afectuosa siempre,teniendo horror de
-Ah! un soldado! replicó el Secretario con la punta ban, y así se había hecho entre ellos uua especie de paz
la maledicencia, no viendo jamás en otro mas que las
en que sus relaciones se limitaban á una política estricta.
de los labios.
cualidades y buscando entre los defectos innegables la
Pero amenazado en sus esperanzas y sus intereses, el
-Sí, un soldado........ un glorioso soldado, que desde
menor circuetancia atenuante que le permitiese ejercer hace diez all.oe sirve á Francia en Argel, en el Senegal, secretario se despertó violentamente rabioso, y tanto
su indulgente bondad; era bella aun á pesar de sus cin• en el Tonkin, una de las wás perfectas naturalezas y uno más irritado, cuanto que el peligro fué con 1apidez in•
cuen\a afloe cumplidos y sus cabellos de plata.
minente.
de los miis nobles corazones que puedan encontrarse.
Desde su viudez, to:la su vida había sido consagrada á
La seflora de S,mnevaux había ido á baca una visita
Este ditirambo entusiasta agradó á la eefiora de Jousu hijo Roger que quería hacer digno de su padre. Había
venot tanto como desagradó á Adalberto. El uno y la que se Je pagó intnedia\aruellle. Después cor.aenzaron las
entrado al mundo á la hora conveniente, no queriendo
otra, oyendo hablar de Roger en esos términos, hab fan invitaciones, eetableció,e uua verda:lera intimidni. Las
ni entri5tecer la ju ventad de su hijo ni fatigar á naconcebido repentinamente bajo la impresión de senti- dos madrea parecían Y" da acuerJo. Sua ro moa se !eatre•
die con las egoietaa demostraciones de duelo eterno inti•
mientos muy diveraos, una preocupación idéntica. Pa- chaban en una especie de mis\eriota inteligencia. Cuan·
mamente encerrado en su c,razón, rodeanio á su hijo de
blo, el ínti1110 amigo de la sell.ora de Sennevaux y de R,, do la seilora de S!nnevaux anunció que HJger nombra:lo
,odoe los cuidados que su eolicitud maternal le sugería á
capitán acabab.i dd abauJonar Daku para d1rigirde á
ger, acababa evidentemente de llenar una misión de
fin de hacer con su now !&gt;re, eu fortuna y sus tradiciones
que ee le habla encargado y de proponer ia candidatura Francia, la eeli•)ra .J.iuveuot Stl arrujó en sus brazos, ex,
un hombre cumplido.
clamando:
Y.había tenido pleno (xito. R,ger despuee de excelen- del oficial á la mano da Lucila.
-.lh! querid1 eeñ ,ra, qu6 f,lit soy!
Muchos partidos ee hablan presentado ya para la jo·
tes estudios en Stanielas, había entrado á Saint Cyr y
( Cuntinmirá).
ven. Ella había rehusado siempre.
salido en los primeros número~, había ido inmediataAunque rodeada de pldres que contaban con casarla
mente á combatir como capitan de epahia al Tonkin don•
ellos mismos para alinear las cifras de fortuna y calcular
de conquistó su eegundo galon por una accion brillante
la dicha futura con la necia experiencia de su unión
que había probado no solo su valor sino su espíritu de
personal, Lucila se había dicho que ella guardaría su
iniciativa. Por fin desde hacía dos afioe estaba en el Se·
corazón para aquel que la amara. Y llevaba á esta idea
negal, esperando la hora de un ascenso bien merecido
una verdadera obstinación de que nadie sabía triunfar.
,que debía llevarlo á Francia.

179

EL MUNDO

LA MODA
Caballete para retratoa.

Las figuras 1, 2 y 3 representan, con
detalle del trabajo, un pequefio caballete porta-fotografías. El caballete está
cubierto de peluche con un h1,rmoso
nudo de listón de raso en el ángulo derecho. Tres bandas están puestas en
forma de Z sobre el caballete y eostie•
nen las fotografías. El núm. 1 repre•
aenta el caballete terminado; 2 y :!
manifiestan el dibujo de las bandas al
tamaflo natural. La banda núm. 2 ee
duplica y se ba1en de listón de ro@a
blanco, bordado con listoncito angoeto
de dos tintas: rosa para las flores abiertas y rosa más pálido para los botones.
Loe tallos ee hacen de seda cordoneta
color madera, cogida con puntadas color de oro japonés. La mariposa va sobre la banda larga núm. 3, que atraviesa en diagonal el caballete. La flor del
pie de esta banda está hecha con list-ón
rojo de tres tonos, fruncidos. Las floree
r.-Caballete para retratos.
y los botones son oro, rosa y azul. La
mariposa está bordada á punto tendido
de seda café, gris y fuego. El cuerpo es café, loe ojos de las alas son fuego y loa contornos
grises. Las bandas ee colocan sobre el peluche, antes de.doblarlo, sobre el caballete. Las hojas del bordado se hacen de seda verde de varios colorea.
Recomendamos este trabajo, cuyo encanto no pue,le concebirse sino después de con•
cluido.
Presentamos hoy unos bonitos modelos para ropa blanca y dos matinéee. El núm. 4 ee
una jaqueUe para seflora comvaleciente, y ee hace de fular color de cereza adornado con finí·
simos encajes.
El núm. 5 es unamatinée de piqué blanco con grandes mangas per•
didas y adornada con bordados y cintas negras muy angostas. Va
recogida en la cintura con un listón negro: igual liatón adortla el
cuello.

perdido su novio expresa su voluntad de que se la considere viuda á perpetuidad.
Pero, infortunadamente, las grandes desesperaciones duran poco y la carne es débil. Se pretende que, en la generalidad de los casos, el vaso de fiored rojas no basta á llenar el lugar dejado vacío en el corazón de aqoeJlas pobres jóvenes por la
muerte del que debía ser su marido. Aquellas se retractan de sus votos y unen an
suerte á la de algún otro celeste que les ha gustado. Las que durante toda su 'fida
han guardado fidelidad al vaso rojo, son objeto, después de su muerte, de honores excepcionales. A su memoria se leva~\a, por orden especial del emperador,
un inmenso frontispicio de piedra, á la vera de alguna vía pública.
LAS ACTUALES ASPIRACIONES FEMENINAS.

Indudablemente, es una necesidad reconocida en
todoe loa pueblos. la amplitud de esfl'ra para que In
mujer desarrolle eus iniciativas y recursos. Nadn
menos que ri11ctrmla y rwn,e solicitudes de admieió11
han eido ¡:usentadas á la .Escuela de Bel/&lt;J,IJ Artri,
francesa por otras tantas mujeres que desean cu'ti·
var el arte; el número no es pequelio y demuestra.
hasta donde alcanzan las aspiraciones femeninds ,í
finales del siglo. Sin embargo, mayor hubiera sido,
á no figurar en las condiciones para ser admitida~.
algunas que sin obedecer á un verdadero espíritu dt•
jus,icia, coartan loa vuelos de las que á la noble cá•
rrera del arte tenían resuelto dedicarse. Y pasemos
en eilencio además, algunas manifestaciones hoeti
lea, llevadas á cabo por alumnos contra alumnas· no
es de desear que la mujer se abrogue varoniles a~\i•
tudee que mucho mermarían sus delicados atracti.
vos, pero la mujer que lo necesita, tiene derecho á
abrirse paso y á conquistarse una posición con auxi•
lio de su talento y de su estudio. Loa que esto com·
baten, deeconocen las m.ís elementales bases en
que eefunda la libertad humana y olvidan que co ,
mo nadie la mujer ha de ponerse á cubierto de las
crueldades del destino.
Hungría no se queda atrás en lo que al progreso
femenino concierne, pues aparte de los eefuerzc 11
realizados en aquel paíe, para la perfecta educación
del sexo débil, recientemente la t: ni versidad de Pe~t,
ha concedido á una ilustre dama, ~a condesa de
Hugonay, el grado de doctora en medicina, no por•
que la agraciada ostente el titulo, tan sólo á modo
de galardón rendido á su talento, sino porque fjer•
cite la noble profesión elegida, dedicándose á la curació~ de l~s enfermedades propias de la mujer y
del n1fto. Bien merece el aplauso incondicional de
su eexo la nueva doctora húngara y eerfa de deeear
que en todos loe países tuviera muchas imi\adorae,
porque la medicina ejercida por una mujer orilla
infinitas elificuliadee, en relación á las demás mu•
jeres y á los nifioa.

LECTURA PARA LAS DAMAS
EL MATRIMONIO BLANCO EN CHINA

Una hoja alemana publica la siguiente singular relación de una ce•
remonia nupcial, de que ha sido testigo su corresponsal, en una al•
dea de los alrededores de Shanghai'. Una joven de aquella localidad
debía casarse con un hijo del Vicecanciller de la Academia de Pekín.
Deigraciadamente el novio murió días .;ntee de la fecha fijada para
el matrimonio. La deses¡:eració n de la joven fué terrible; juró no
pertenecer nunca á otro y dfas después se desposó con un u vaso de
'flores rojas.u Ceremonia simbólica, por la cual la prometida que ha

Figura

2.

Figura 3.

Jaquette para señ:,ra comvalecientes.

'Sobre corset.

Matinée de piqué.

�EL MUNDO

180

DOMINGD

s de SEPTIEMBRE de ,897

está derramando lágrimas, la fortaleza de continuar ha ._
ciendo el bien cullndo continuamente se estáo reoibien ....
do ofensas y contradicciones1 no se encuentran sino á
los piéB del Crucifijo.

TOM0,11

MEXICO, SEPTIEMBRE

I2

DE •897,

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¡

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1 ,.

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Tres camisas de dormir.

}
¡

S61o se consigue no ol\\idar nada, por el hábito de no
hacer una cosa sino deE!pués de otra, de no pensar sino ea
La ciencia de loe detalles, tal como no&amp;otroa la enten- .la cosa que se tiene que hacer, y por la obligación que se
demos, ee compone de las cualidades siguientes: tener me· impone uno de apuntar en una cartera que se lleva eiem.
pre consigo, 'todo lo que se tiene que hacer.
.
moria, len~ reflea:i6n, tmer un humo-r igual.
Otra regla muy importante serfa la de llena; un deber
1'ener memoria. La .nemoria ea esencial en los detalles
ele la vida, el olvido destruye las más cordiales é íntimas inmediatamente que el momento de llenarlo ha llegado.
Tener reflexión. Esto ea, no dejarse dominar y turbar
relaciones.
El olvido hace que no se proporcione á las personas de por loe acontecimientos impr0vistoe, sino considerarlos
algunos mome'ntos al menos, con sangre fría, y después
la casa las cosas de que tienen necesidad.
Es una friolera algunas veces: un objeto pequefl.o é in- obrar¡ es raro que no i;e vea claro lo que debe hacerse,
cuando se está tranquilo .
.Así, por ejemplo, si á la hora de córner llegan de impro
viso uno 6 dos amigos. Procurad estar desde luego ama
Pieza entera de vestir.
bl"', disimulad vuestro embarazo, con un aire alegre, y
durante algunos mjnutoe, pensad si tenéis algo de reeer•
Espero con gran fe, Pepita bella
va, si no hay nada en la bodega para improvisar~ ó algo
que el hombre fiel que ha de llamarte e aposa
que mandar comprar en la fonda vecina; después id á dar
haciéndote dichosa,
vuestras órdenes, sin precipitación, sin turbación.
en t[ desmentirá la frase aquella
Si alguna·deegracia ha sucedido: un incendio, un ata4ue
de-u¡A.y infeliz de la que nace hermosa!&gt;)
repentino que ha herido á un miembro de la familia
ÜAMPOA.?itoR.
procurad contener vuestro susto, qQ.e no serviría más
que para aumentar el
mal¡ antes de dar orden
alguna, ved, ex.aminad:
esto es obra de algunos
eegundoa¡ después obrad
prontamente. Multiplíca•
OE!, pero sin embarazaros.
Si todo está en la casa
en el orden que hemos in·
- Caracol ó cbainbra.
dicado, encontraréis á la
mano todo lo que os es
significante que se os ha encargado, un gasto de algunos necesario.
centavos .......... Y porque habéis olvidado esa friolera, el
El orden ea un gran re•
qud os la ha encargado ya no se atreve á. reiterar su encurso
en esos momentos
cario 6 su pedido; se cree despreciado y la frialdad code turbación.
mienza á introducirse.
La presencia de ánimo
Y voe misma os preguntáis tal vez, por qué vuestro
pr,dre, vuestro hermano, vuestra amiga tienen eee aire es una de las cualidades
de embarazo que notaie en ellos y aun os comunican á más neceearias á toda per·
vos ...... ... Un nuevo olvido al día siguiente determina el sana que está obligada á
mandar¡ depende mucho
malestar.
del carácter1 p0l"o puede
El olvido es el que impide que paguéis á un obrero que
también adquiriree por el
Cuatro camisas de vestir.
tiene neceeidaél de eu salario, y que varias veces ha traí•
hábito.
do BU cuenta que siempre habéis olvidado. Durante este
La confianza filial en
ti 1mpo sufre él y BU familia, habla mal de vos, se os
Dios, la fe en un socorro extraordinario del cielo, que no faltará
acuea.
nunca á. la hora del peligro, fortalecen el espíritu más tímido.
El olvido de una cita dada á una obrera, la hace ir y
Ten-er un humor igual. El humor igual qne supone una gran
venir varias veces, y la hace perder lo menos un cuarto virtud, es la consE!cuencia de una vida regular, reflexiva y piadel día, tiempo de que tanta necesidad tiene para vivir y dosa. Se encuentra rara vez en lae jóvenes acostumbradas á ver
trabajar.
realizados todos .aus antojos; así, necesario es decirlo, su
servicio ee más temido de una criada que el servicio de
la casa entera.
Esperad, pueA, siempre ser contrariadas, aprended á
serlo, y que nunca el fastidio 6 el despecho, os haga omi·
tir el más pequefio de vuestros deberes.
Tener el humor igual es no impacientarse por las pequeñas faltas 6 loa ligeros olvidos en una familia. No te.do puede marchar diariameLte á medida del deseo de la
cabeza de casa: habrá en torno suyo falt!LB cometidas; oi ·
rá palabras desagradables; se verá mal atendida, mal
comprendida¡ algunas veces malignamente contrariada;
con frecuencia experimentará eea.s decepciones que resfrían; sentirá su buena voluLtad, su abnegación, despre·
ciadas, desconocidas, olvidadas. ¡Ohl que levante los
ojos al cielo¡ si no es profundamente piadosa, no podrá
contener ni las lágrimas ni el despecho .
• ,..¡:;,,.
Y neceeario es, ein embargo, que todo esto quede en el
~
interior¡ sólo con la sonrisa y la afabilidad puede cum Enagua blanca y de color.
.
.
plir su misión, Y el valor de sonreir cuando el corazón
CUALIDADES DE LA CIENCIA DE LOS DETALLES

Tji

,.

~.,,:;r,t.r. .

Calzoncillos para señora.

Smpertinencia.
DlbU)O de José M:. Vllla1,1ana.

�</text>
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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL MUNDO

180

DOMINGD

s de SEPTIEMBRE de ,897

está derramando lágrimas, la fortaleza de continuar ha ._
ciendo el bien cullndo continuamente se estáo reoibien ....
do ofensas y contradicciones1 no se encuentran sino á
los piéB del Crucifijo.

TOM0,11

MEXICO, SEPTIEMBRE

I2

DE •897,

~
''

'

~

¡

'.,

1 ,.

,,
Tres camisas de dormir.

}
¡

S61o se consigue no ol\\idar nada, por el hábito de no
hacer una cosa sino deE!pués de otra, de no pensar sino ea
La ciencia de loe detalles, tal como no&amp;otroa la enten- .la cosa que se tiene que hacer, y por la obligación que se
demos, ee compone de las cualidades siguientes: tener me· impone uno de apuntar en una cartera que se lleva eiem.
pre consigo, 'todo lo que se tiene que hacer.
.
moria, len~ reflea:i6n, tmer un humo-r igual.
Otra regla muy importante serfa la de llena; un deber
1'ener memoria. La .nemoria ea esencial en los detalles
ele la vida, el olvido destruye las más cordiales é íntimas inmediatamente que el momento de llenarlo ha llegado.
Tener reflexión. Esto ea, no dejarse dominar y turbar
relaciones.
El olvido hace que no se proporcione á las personas de por loe acontecimientos impr0vistoe, sino considerarlos
algunos mome'ntos al menos, con sangre fría, y después
la casa las cosas de que tienen necesidad.
Es una friolera algunas veces: un objeto pequefl.o é in- obrar¡ es raro que no i;e vea claro lo que debe hacerse,
cuando se está tranquilo .
.Así, por ejemplo, si á la hora de córner llegan de impro
viso uno 6 dos amigos. Procurad estar desde luego ama
Pieza entera de vestir.
bl"', disimulad vuestro embarazo, con un aire alegre, y
durante algunos mjnutoe, pensad si tenéis algo de reeer•
Espero con gran fe, Pepita bella
va, si no hay nada en la bodega para improvisar~ ó algo
que el hombre fiel que ha de llamarte e aposa
que mandar comprar en la fonda vecina; después id á dar
haciéndote dichosa,
vuestras órdenes, sin precipitación, sin turbación.
en t[ desmentirá la frase aquella
Si alguna·deegracia ha sucedido: un incendio, un ata4ue
de-u¡A.y infeliz de la que nace hermosa!&gt;)
repentino que ha herido á un miembro de la familia
ÜAMPOA.?itoR.
procurad contener vuestro susto, qQ.e no serviría más
que para aumentar el
mal¡ antes de dar orden
alguna, ved, ex.aminad:
esto es obra de algunos
eegundoa¡ después obrad
prontamente. Multiplíca•
OE!, pero sin embarazaros.
Si todo está en la casa
en el orden que hemos in·
- Caracol ó cbainbra.
dicado, encontraréis á la
mano todo lo que os es
significante que se os ha encargado, un gasto de algunos necesario.
centavos .......... Y porque habéis olvidado esa friolera, el
El orden ea un gran re•
qud os la ha encargado ya no se atreve á. reiterar su encurso
en esos momentos
cario 6 su pedido; se cree despreciado y la frialdad code turbación.
mienza á introducirse.
La presencia de ánimo
Y voe misma os preguntáis tal vez, por qué vuestro
pr,dre, vuestro hermano, vuestra amiga tienen eee aire es una de las cualidades
de embarazo que notaie en ellos y aun os comunican á más neceearias á toda per·
vos ...... ... Un nuevo olvido al día siguiente determina el sana que está obligada á
mandar¡ depende mucho
malestar.
del carácter1 p0l"o puede
El olvido es el que impide que paguéis á un obrero que
también adquiriree por el
Cuatro camisas de vestir.
tiene neceeidaél de eu salario, y que varias veces ha traí•
hábito.
do BU cuenta que siempre habéis olvidado. Durante este
La confianza filial en
ti 1mpo sufre él y BU familia, habla mal de vos, se os
Dios, la fe en un socorro extraordinario del cielo, que no faltará
acuea.
nunca á. la hora del peligro, fortalecen el espíritu más tímido.
El olvido de una cita dada á una obrera, la hace ir y
Ten-er un humor igual. El humor igual qne supone una gran
venir varias veces, y la hace perder lo menos un cuarto virtud, es la consE!cuencia de una vida regular, reflexiva y piadel día, tiempo de que tanta necesidad tiene para vivir y dosa. Se encuentra rara vez en lae jóvenes acostumbradas á ver
trabajar.
realizados todos .aus antojos; así, necesario es decirlo, su
servicio ee más temido de una criada que el servicio de
la casa entera.
Esperad, pueA, siempre ser contrariadas, aprended á
serlo, y que nunca el fastidio 6 el despecho, os haga omi·
tir el más pequefio de vuestros deberes.
Tener el humor igual es no impacientarse por las pequeñas faltas 6 loa ligeros olvidos en una familia. No te.do puede marchar diariameLte á medida del deseo de la
cabeza de casa: habrá en torno suyo falt!LB cometidas; oi ·
rá palabras desagradables; se verá mal atendida, mal
comprendida¡ algunas veces malignamente contrariada;
con frecuencia experimentará eea.s decepciones que resfrían; sentirá su buena voluLtad, su abnegación, despre·
ciadas, desconocidas, olvidadas. ¡Ohl que levante los
ojos al cielo¡ si no es profundamente piadosa, no podrá
contener ni las lágrimas ni el despecho .
• ,..¡:;,,.
Y neceeario es, ein embargo, que todo esto quede en el
~
interior¡ sólo con la sonrisa y la afabilidad puede cum Enagua blanca y de color.
.
.
plir su misión, Y el valor de sonreir cuando el corazón
CUALIDADES DE LA CIENCIA DE LOS DETALLES

Tji

,.

~.,,:;r,t.r. .

Calzoncillos para señora.

Smpertinencia.
DlbU)O de José M:. Vllla1,1ana.

�..

,

BL MUNDO

.''EL M.tJNDO."

Qíl uasallajt mercantil.

Semanario llu•trado.
Con motivo de nn recienie debate, se ha lanzado al público una vieja pala):&gt;ra de la que ee pretende hacer toda
KBXroo
una teoría económica: el vasallaje mercantil. ¿Qué ee
Toda la correspondencia que ae relacione con la Re• quiere decir con esta frase que ha circulado de boca en
boca y de periódico en periódico, como una verdad indis•
ücclón, debe eer dirigida al
entibie? ¿Cuándo un pueblo eetii sometido al vasallaje
Director, Lle. Raf"ael Rey-es Spiudola.
mercan,il de otro? ¿Cuando el primero de estos dos gruSecretario de Red acción,
pos humanos acude al eegunlo en demanda de produc·
Amado Nervo.
ioe para atender á. eue necesidades?
En el modo de ser de las nacionalidades modernas no
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
existe
un Estado q1:e baya logrado desligarse de eee va·
debe ,er dirigida al
eallaje: todos se encuentran sometidos á. eee Jugo que ee
Gerente, Lle. Fausto Moguet.
de la civilización y tiende á reunirá loe puebloa, hacienLa subscripción &amp; EL MUNDO vale $1.25 centavos al do pardcipe á la humanidad de las ventajas del progreso.
mes, y ae cobra por trimestres adelante.dos.
El bello ideal de crearse una exietenciaaielada, indepen·
Nñmeros sueltos1 60 centavos.
diente, única, no se. ha realizado en ninguna sociedad.
¿Pero realmente, el pueblo que compra mercancías á.
Todo P•&amp;o debe aer precisamente adelantado.
otro ¿se halla sometido A un vaeallaje? Eeta_idea supone
BEGIBl'RADO COMO ARTÍCULO DE BJDGUNDA CLASE,
que en toda operación de compra-venta hay un amo y
un esclavo, un !'xplotador y un explotado1 y según este
criterio el comprador está á merced del vendedor, y este
ejerce wbre aquel una suerte de tiranía.
A nadie le ha ocurrido, sin embargo, illiaginar que el
sastre, el abarrotero, el zapaiero, en una palabra, todoe
loe proveedores, imponen al consumidor un vasallaje
mercantil. Pero tratándose de colec~ividades parece que
La nota pa lpitante de la semana ba sido. la expulsión
no rige el mismo criterio aplicado áloe individuos, igdel territorio de la República 1 del ciudadano francés Jo•
noramos porque razón.
eé Ventre, ya lanzado de tierra eepafiola por sospechas
Un pueblo que compra á otro mercancías no da muee•
de anarquista. La medida ha parecido á algunos cotrae de esclavitud alguna, y, aniee por lo contrario, tal
legas poco juetifioada. ¿Qué hechos positivos han apoyahecho revela que esta colectividad ea bas~ante poderosa
do esta determioación?
para prop0rcionaree un gran número de satisfacciones.
A nuestro juicio ha debido bastar el prec8dente de la La ciencia económica nos eneefl.a qc.e los paíeee que arroexpulsión de E!!paña, para negará Ventre el eu~lo na•
jan una cifra elevada de imporiaciones de productos ex:•
ciona1. En materia de ana1quismo todas las precaucio• lranjeroe, eon loe ricos, y eeto es \Bn sencillo de comnea se antojan pocas, y loe gobiernos europeos han com- prender que no se necesita gastar el tiempo en magnas
prendido, por ffn 1 la necesidad de desarrollar una actidemoetracionei.
va vigilancia, uno. severidad inquebrantable, para puriL3 ttoria dtd t'(,lsal[oje 11ierc,. mtil e0lo pudo tener buen
ficar el aire envenenado á. trechos por las fermentacio-- éxiL-o en tiempos en que loe errores más monumentales
nes del impuro grupo.
circulaban como moueda corriente en materia de fenó·
Ventre á nuestro lado, con la marca fijada por la ad•
menos económicos; de aquella época hemos salido ya,
ministración espafiola, no hubiera sido sino un objeto por fortuna, sinceramente arrepentidos.
de constantes preocupaciones, una personalidad provoHoy tet&amp; euficientememe probado que si un solo indicadora de eobreealtoe y temores á quien la comunidad po• viduo no baela para llenar por su propio esfuerzo sodaa
dría con razón rechazar de su seno. Y el Poder Públi•
sus necesidades, una eolll nación ee in:u.ficienlit:1 pa.raaten•
co ha estado en lo justo eliminando e8t.a causa de suder á las exigencias de una vida civilizada.
frimiento, con tanto mayor motivo cuanlo que la expul•
Un gran aliento de e1.,Hdaridad sopla sobre todos loe
aión no constituye ningún castigo.
pueblos de la 1,.i~rra.
Pero vamos ii suponer m!h todavía: que el individuo,
sobre quien ha recaído la sospecha de anaiquieta, resultara limpio, y qoe el gobierao español hubiese cometido
un acto de ligereza al resolver eu expulsión. Pues bien!
ni aun en este caso juzgamos que el gobierno de Méxi•
co ha procedido desacertadamente.
RESUMEN.-Un• fase nueva de I• alianza franco-ruVentre, inocente ó culpable, era un motivo de alarma
sa,-La 11¡:a universal antibrltinlca.-Laa c:auaas
social, y ante esta euprem11 razón no deben buwaree
que l.a hac:cn poaible.-EI Continente .Nee:ro,-EI
otros argumentoe. Un acto de injusticia cometido conimperio c:olonial y la• rlv•lidadea europeaa.-lmtra un individuo-y en el suceso á. que nos referimos
paalbilidad in¡:lea•.-La p.az entre &amp;recia y Tur•
volvemos ii decir que no vemos tal injusticia, puesto que
quía.- El porvenir del helenlamo.-Concluslón.
no ha habido cae,igo-que favorece á una asociacion, ee
encuentra dentro de la má.e elevada moral sucial. El in Ya hemos hajlado del en,ueiaemo con que ha sido
divíduo desaparece frente las necesidades de la especie,
aplaudida en Francia ladeclaracióu oficial de eu liga con
y la personalidad resulta microscópica ante loe fines de
Rusia, y noe hemos extendido sobre loe justos motivos
la humanidad.
· que tienen loe Crance~s en eu exaltado patrio idmo pa·
Nosotros no podíamos permanecer tranquilos, sabiendo ru regocijarse, viendo al país recobrar el alto puesto que
que teníamos á nuestro lado á un hombre rechazado de
ha ocupado en el movimiento pol.ftico de Europa.
una nación, y que eete hombre se encontraba en posePero ya nos llegan loe comen&amp;arios con que la prensión de informaciones reagoeas en materia tan terrible
sa reposada juzga del acontecimienio de máe importancomo el anarquismo. Y esto ¿cuándo? Cuando las legis• cia, en estos tiempos para el porvenir de la República.
laciones europeas han iniciado una vigorosa campana A pesar de loe delirios patrióticos y de loe arranques
contra todo hecho que constituya un medio de propa- verdaderamente juveniles que ha tenido el país, así en
ganda de la desquiciadora doctrina; y cuando loe aten- la vil!ita del Czar á Francia como en la del Presidente á.
tados de la siniestra asociación han com~nzado á. reno- la capital del Imperio Moecovha1 caei es preciso convevS:ISe con mayor fuerza,
nir en que la alianza no ee ha pactado para satisfacer
Ya que el país no se encuenira en condiciones de pro- odios de venganza y aiiejoe deseos de desqoite.
ducir expontáneamen te el envenenado fruto, procureEste cr~terio, que hubiera podido eat.iefacer á. loe ele•
mos que la importación humana no presente un solo
mentas inquietos, á 1os eepírisus L-urbulentoe, .1. loe ánip urdo 11egro 1 producto de una podredumbre interior.
mos impacientes, que anhelan la rei;ancha ii cualquier preEn este orden de ideas y dentro del actual estado de cio1 no es el que ha presidido las negociaciones franco•
cosae, ea indispensable que cada personalidad aparezca tueae, celebradas entre espléndidas fiestas y ceremonias
como la mujer de Cé3ar: al abrigo de toda doda !
pJmpoeae en el Castillo de Pc,terhof. Un ideal má.e alto

Tel6fono 434.-Calle de Tiburcio ntam. 20.-Apartado S, b.

Mota, tbitorialts.

Una me~i~a precautoria

i,olítiía Qientral.

DD ■ l ■ IID •• do SlP'Tll ■ IRE do 11117

ee ha perseguido, tendencias superiores

88 han buscado,.
y 88 ha procurado, anie todo, la conservación de la paz
y la lranquilidad de Europa.

•*•

Tiempo ha que ee advierte que la Gran Bretaiia ee ha•
lla como dislocada del concierto general de las potencifl.e...
Fija eu atención en eue propioe iniereees é impuleada
por sus necesidades de expansión territorial, camina fir •
me, ensanchando eue dominios, dilatando eu colosal imperio, multiplicando eue numerosas colonias, sin curaree para nada del ajeno derecho y de extrafl.as prerrogativas. Preocupada hondamente de la realización de ene
inmeneoa ideales de grandeza, no mira á. quién hiere ni
pá.ra mientes en quién aplasta, y engreída en eu e.&lt;1:p léndido aislamiento, va derecho á. cumplir los mandatos de
eu politica tradicional.
Bastaría fijarse en sue tendencias universalmente do•
minadoras sobre el Continente Negro, para comprel'dercuán cercanas á la verdad están nuestras apreciaciones.
Declarada el A(rica por la civilización europea terreno
baldfo, abierto á todas las ambiciones, allí ee lian dado
cita los pueblos, en apariencic, para preparar la cultura
de las tribus salvajes en el tiempo porvenir;en realidad,
buecando ana válvula de escape al exceso de población,
qne no puede nutrir ya suficientemente el suelo, agotado.
y empobrecido de su estrecho t~rritorio.
Allí también ee han puSAto frente á frente sodas los
apetitos, todas lae concupiecenciae, y amenazan con formidable choque, en no lejano día, por la posesión del
inmenso territorio.
Ade]:antándose la Gran Bretafl.a á. loe deseos de otroa.
y precediendo á. loe intereses de los demás, ha ido pre·
parando el ierreno en su provecho, para apoderarse, sí
no de todo el territorio, ef de la influencia general eo·
bre él. Due:iia de las ricas colonias del Cabo, ieníendo.
bajo su protección caei abaolula, el Valle del Nilo y
extensas pose!ionee en el litoral del Océano Indico y el
Atlá.ntico, pretende unir todas estas colonias con las fér•
tiles regiones del centro, que ha descubierto, estudiado
y sujetado á en dominio.
Por eso arma las expediciones á la Alta Abisinia, sin
atenderá Jas reclamaciones de Francia; por eso compro•
mete á Italia en la colonia de Erythrea, que le allana el
camino, y por eeo también, lenta y gradualmente, va
avanzando al Norte, al Sur, al Oicidente, al Oriente,.
para ligar eue posesiones en las fértiles riberas del Victoria y del Alberto-Nyanza.

•••
En esa empresa, posible aerii que con escasas dificulta•
des sojuzgue tribua, encadene pueblos salvajes y destrone reyezueloe; pero no dejará de lastimar también loe
intereses de naciones cultas, iniciadas en las vías de la
expansión colonial, á favor de las regiones africanas¡ y si
el Soberano de Asbantee, el Sultán de Zanzíbar y el Jefe
de loe matabelee ee someten, sin protestar, ii eu destino,
la república de Tranevaal ee yergue, Alemania ee siente
recelosa, y Francia no puede olvidar el Egipio legendario,
que conmovió Napoleón con eu espada y transfiguró Le·
eeepe con eu ciencia.
Además, ¿no se disputan la Gran Bretafl.a y Rusia el
predominio en el continente asiático? ¿No compiten pa•
ra adquirir influencia avasalladora en el lejano Orientt:?
Todas esta, son razones que hacen presumir la poeibili·
dad de una liga anti británica general, que sirva á. refrenar las poten~s am bicionee de la temida Albión, cuyo
influjo ee hace sentir en Wdoe loe mercadoe., ee ex:tiendeá todas las zonas y pone á tributo, por medio del comercio, las acti vidadee de todos loe pueblos,
Entre tan\O el gobierno del Reino L nido, orgulloso de
su tradición y contando con el apoyo del gran pueblo
que representa, sigue iJ.Dperturbable eu carrera; si comprende el peligro que lo amenaza, no lo preocupa un
punto, y á. lae sordas maquinaciones de eue enemigos, .
francos ó embozados, contesta anticipadamente con la
magnífica revieta naval de Spithead, donde, ii pretexto.
de una ceremonia pompoea, desplegó á loe ojos del mundo absorto, todos los recursos de su inmenso poderío,
-para indicar que no ha renunciado ni pretende renunciar la supremacía que ha conquistado sobre loe marea..
del planeta.

•
••

Por fin, ee ha consumado el sacrificio de Grecia, y des•
puée de la humillación de la derrota 1 ha tenido que scep-

DD ■ IIIGD

U r el nombramiento de una comisión iniernacio.

IIS

BL MUNDO

12 do SlPTIEIIBRE do 1897

DA.MA.S MEXICANAS

nal que vigile ene. finanzas, para poder atender 4
la indemnización de guerra que debe pagar á Turquía.
Ha debido ceaer á Jae insinuaciones de Alemania, aceptadas á la poetre por Inglaterra, con
la esperanza, poco fundada, de ver alejaree de eu
territorio al feroz mueulmán 1 que lo asuela despiadadamente.
Comprometidas las rentas públicas para garantizar el empréetito:de la indemnización, -paraliza•
da la actividad industrial y mercantil á causa de
la guerra deeaetro,a, domti'iadoe ene bríos inaeneKtoe, humillado y roto, el infeliz reino helénico ,iene delante de sí una tarea difícil y dolo-ros a, para curar lad hondas y crueles heridas que
ha abierto en su cuerpo el hierro otomano.
Después de la tremenda crisis tiempo ee de recobrar ene antiguas energfae1 olvidar loe eternos
bizantinismos que lo han debilitado en el inte•
rior, dejar enmohecer ene armas melladas en la
lucha: y recoger la apagada antorcha para alum•
brar áloe pueblos de su raza, que tardeó temprano ee han de incorporará su or~ aniemo para vigo•
rizarlo, fecundarlo y hacerlo digno de deeempeflar su misión providencial sobre la tierra: Unir
bajo una sola eneefl.a yen una sola patria loemiem·
broediepersoe del helenismo que aun gime eeclavisado bajo el poder de loe degenerados Osmanlíee.
E ntonces será Grecia digna de su nombre y de eu
gloria.

X. X. X.
9 de Septiembre de 1797
NOTAS E

! ■ PRESIONES

_J

E l hombre que tiene necesidad de míes el hombre que yo necesito.
Thomas Adam.

*

** á u-na dama piadosa de
Es muy difícil persuadir
que viva tranquila y ee parezca á. todo el mundo.

Srita. Gna roaria !blango!a.
(DE MO?i.TERREY,)

quianoe la Gacetc~ d.e Madri.d, afl.adiendo á la entrega alguna palabrilla eueHa en eón de mofa, por
que ya podía calcularse lo que contenía el texto
del periódico oficial: elt"'gios y ditirambos al Rey
y á. eu Gobierno.
Sin embargo, el Músico mayor era el lector y eue
amigos y correligionarioe loe oyensee.
Una noche, como el due.f'l.o del café no traía la
Grmta, esta omisión causó extrafieza al concurso;
Deeiderio llamó al due:iio del establecimiento, y le
dijo.
- ¿Cómo ee ha olvidado usted de traernos el
papelucho? ¿Xo eabe usted que nos interesamos
mucho cuando leemos en la primera plana: ((S.M.
el Rey (Q. D. G ) evntinúa bueno en su importan'8 ea1ud,1? ¿Cómo nos priva usted de esa intereeante noticia? Traiga usted la (Jacef,a, que que•
remos saber cómo eeeLcuentra S. )l.
Y repuso el cafetero:
-No puedo complacer á uetedf-e. El Subdelegado principal de policía de esta ciudad, eeth r
Conde de Mirasol, ha prohibido que se lea la Gnceta en voz alta en loe cafés y en loe corrillce.
Todos quedaron estupefactos de la noticia.
Pero Sarmiento, el maestro del eaetre, ora porque era de caracte1 más enérgico que eus compafl.eroe, ora porque loe vaporee alcohólicos ee habían subido al cuarto principal de en cuerpo, comenzó á. murmurar en alta voz y á ceneurar la
medida con aspereza tal 1 que algunos miembros
de la policía secreta, que vigilaban el café porque
acudían á él gentes soepecnoeae del abolido sistema, ee lanzaron contra el pobre eaetre y le llevaron preso, y sus amigos deeertaron del lugar ein
defender á en in Ít' liz compafl.ero.
Enterado el Conde de Mirasol de lo ocurrido,
mandó poner en libertad al pobre eaetre, con
apercibimiento de máe templanza y menos enojo
contra las medidas de la superioridad.
Cundió po~ Cádiz la noticia :del suceso, y al fin
ee supo que la prohibición de que no ee lt-yeee la
Gacda en t•oz alt1t, no era una medida política, sino
económica.
Se babia procedido á esta determinación con el
objl:'t.o de aumentar la venta del periódico oficial
en bent ficio de la Real Imprenta.

El 1 adre Faber.
"LA LENGUA SAGRAOA. ••

RPcientemente ha publicado M. E. Slldi un libro, titulado La lengua ,agrada, que ha llamado notablemente
la atención no sólo de loe filólogos e:no de cuant.ae per ·
eonae siguen con algún cuidado el moYimiento científico
de nuestros días.
M. E. Soldi cree ver la gfoeeis de todos nuestros idiomas y la prueba irrefotable de la unidad de nuestras
creencias, de nuestra civilización y aún de la fraternidad univereal.
Según el sabio escritor, la escritura sagrada, uaivereal
y mieteri0ea, aparece en loe libros sagrados de las primitivas religiones y se revela en el arte y en la ornamentación, Las simples líneas-dice E. Soldi en un artículo
publicado en La Rel.'11e de Rei-w s-rectae ó espirales gra•
badae sobre loe túmulo:t y lae rocas de India y de Bretafl.a, de América y de Africa¡ el decorado geométrico de
loe vaeoe griegos arcaicos; el marco de loe espejos etruscos; el canto de las monedas ga 'aicae¡ loe agujeros y cúpulas de las piedras célticas; los trajee de loe antiguos y
muchOB de loe coneervadoe tradicionalwenie en di verrae comarcas; la arquitectura de los \emploe de todos loe
cult.os; la ornamentación de loe tapices de Oriente, anti·
guoa y modernos; loe má:t humildes objetos del salvaje
y loe más ricos de nuestra civilización ocultan una ver·
daderr lengua ideográfica.
La lengua sagrada no ee solamente revelada por las inscripciones y loe monumentos: ee manifiesta también, y
ea ana de ene originalidades, por los objetos y por la roa•
nera de estar colocado.e. Unas cuantas perlas en !ae tumbas más eencíllas; vasos, lanzas, flechas, hachas, alfileres, anillos y diademas en las más ricas, escriben en las
t umbas la epopeya completa y mistica de la misma humnnidad. Cada objeto ee una palabra de este poema de
la vida, de ia muerte, de la resurrección.
Loe signos sagrados están inscritos en loe más diversos monumentos. En elloe busca la ciencia aeniidoe diferentes en lugar de una expresión lÍnica, procedente de
un mismo punto de partida, propia de todas las razas
humanas. Estos idiogramae no forman una lengua tan
rica como loe idi : mae silábicos y alfabéticoe.
Pero habiendo eido aquella escritura anterior, y habiendo sobrevivido á \odas las demás, y habiendo sido
universal, adquiere, en virtud de todas estas razones,

una importancia excepcional. No ee en una parte del
globo donde esta escritura aparem\ ea en todo el globo.
Esta lengua eagrada no es más cono:!ida en nneetroe
dfae, porque sus elementos fueron .modi.ficiindose ó t1aeformA.ndoee1 según principios religiosos y leyes técni·
cae. E:1tas leyes. por una parte determinan los objetos
no entendidoe 1 figurados por los principales jeroglíficos
egipcios, cuyo sentido general fué lo ún'.c) que hubo de
traducin:e. Por otra parte, eeae mismas leyes asimilan á
esos objetos loe .figurones ornamentales ó geométricos de
la antigüedad?
En reeumen 1 siguiendo la vía de las imágenes, y gra•
cias á. ellas y á. la vida de las ideas y de las palabras, co·
nocemoe el principio de las escrituras y el eimboliemo,
del cual es el último eco la cronografía cristiana. La len•
gua sagrada revela, por consiguiente, al decir de Soldi,
la t .xpreeión de todas las artee.
CURIOSIDADES H1STORICAS
{PuB

J.

A. BEBltEJO,)

"Se prohibe la lec:tura en alta voz,"

Por loe años de 1832 eran todas las noches aeíduoe
co11curreniee á. un café, de Cádiz, un eef'ior llamado Videro, músico mayor del Regimiento de la Reina, que ee
hallaba de guarnición en Sdvilla; un eaetre, de nombre
Sarmient.o, que tenía eeULblecida eu tienda en la plazue•
la del Cañón; Anglada, expilok&gt;, nat11ral de Santander,
y otros doe, todos liberales, y se reunían en una misma
mesa para murmurar eL voz baja del gobierno y para
conmemorar las glorias de les afioe del 20 al 23.
El músico mayor era ga.ditano; residía transüoriamen•
te con licencia en su paie natal; había conocido á Riego,
y se despepitaba por referir ene proezas y loe lancee en
que bahía intervenido con tan célebre personaje.
Conservaba algunos números del periódico .l!:l Zurriago, y á hurtadillas leía algunos artfoul•Je de eete papel,
que tanto ruido hizo en eue buenos tiempoe, pulverizan•
do á. Ma1tínez de la Rosa.
Ocioso eerá decir que el duefio del café toleraba estos
desahogos á. sue constantes parroqoianoe, porque reci•
bía pro vechos y era liberal.
Todas las noches ponía eobre la mesa de sue parro·

No se devuelven originales.
Nos permitimos recordar á nuestros amables colaboradores, que según repetidas advertencias que hemos tenido el honor de hacerles, el Mundo Ilustrado no devuelve
originales literarios ni fotografías, puulíquense ó no.
La razón fundamental de esta determinación es bien obvia: Necesitaríamos
crear dos'departamentos de archivo y pagar
dos empleados que los vigilasen, únicamente
para restituii· artículos, vistas y retratos.
Demás está decir que en tratándose de ori"inales artísticos valiosos y previa promesa
de depósito y devolución, esta se efectuará;
pero en general conste nna vez más que no
devolvemos originales.
Recordamos á nuestros lectores que el número próximo del Mundo será un nú1:1e1:o
extraordinario. Cuéntanse entre sus pnoc1pales atractivos var_ias páginas music~les, en
las que Fe ha selecc1o?ado todo lo meJ01: del
spartito de la Bohemia, arreglado para piano
y perfectamente enlazado, facilitando en extremo el paso de un motivo al otro. Es una
labor que no~ permitimos calificar de hábil
y que ayuda1·á á popularizar en mucho la
notable partitura que es hoy objeto de todas
las conversaciones entre inteligentes. Algunas otras eorpresas prepara el Jfu,ido pHra
ese número que saldrá con fecha 19 del corriente.

�DOMIRGO 12 de SEPTIEMBRE de 1897

EL MUNDO

DOMIIIGO la d• SEPTIEMBRE de 1191

EL MUNDO

185

Apuntes sobre el

VIAJE ALREDEDOR DEL MUNDO, DE LA CORBETA "ZARAGOZA"

La celebración de la fiesta de eovadonga

RECOGIDOS POR ÉL DOCTOR CARLOS GLASS. MEDICO DE LA MARINA MEXICANA.

éN éL TIVOLI l)éL éLISéO

37,000 ni.lllas sobre los ni.ares.

XXI
EN CA..MJNO PARA EL CELESTE BfPE.RIO.

UN TEMPORAL EN LCS MARES DE CHINA.

Con ansiedad y zozobra habiamos eat,erado el temporal que nos amenazaba.
El mar de Cliina 1 de prove.rbial peJigro, empezó á agitarse: la ola boha y pesada
-exageró su fuerza, la corriente, un poco contraria, nos hacía bajar, separándonos del
-derrotero: caminábamos con proa hacia el Sqr, 40 grad&lt;,s al Üc!ste. El viento rolaba
de hora en hora del Sur al Sudoeste, de aq1,1í al O.iste; la marea encontrada era más
fue:-te que el viento; las olas, violentas, al chocar producían un rugido tremendo, y el
.agua dividida saltaba en torbellinoe, que el viento arrebataba1 azotándonos el rostro
.al volar, arrastrada por invencible fuerza.
La atmósfera cargada, obscura y tenebrosa, parecía a,fix:iarnoe: el s-::&gt;l, opaco, se··
mejaba un disco diáfano mal delineado; nuestro horizonte se bacía cada vez máe re·
ducido: íbamos alliernativamente subiendo y bajando en una cordillera de montañ.as
Jiquidae, negras, insondablee. El viento arrebalaba las et cobas y cepillos de valdeo
que eetán eobre la madera de respeto; la jarcia vibra con cadencias inauditae 1 el mar,
-el coloso enfurecido, nos hacía sentir el horror de sus iras: estaba terrible, sublime,
,encantador.
Tan pronto nos vemos rodeados de olas que ilf'gan al nivel de la verga mayor, como sumidos en inciertas profundidades, en hondos remolinos: tan pronto nos vemo~ en
lo alto de una montaña como nos hundimos después en el insondable abismo.
De vez en cuando penetra furioea el agua que estalla en los costados del buq·1e, y

barco de guerra mexicano salió de Nag11eaki tal día, rumbo á China. Hace cuatro meses debia haber llegado á Hong Kong. Supóneae que se perdió en el tifón que pasó
por el estrecho de Formoea, siguiendo taló cual dirección. No s~ ha sabido nada del
barco, ni lo ha visto nadie.n
Titl hubiera sido la noticia, porque la mar inmensa y solita.ria no deja huellas de
sus estragos ni BE,fia\e3 de Bus víctimas: todo lo oJulta en su vorágine, insondable como Ja inmensidad.
¡Un burra atronador para nuestra tripulaCión! ¡Nunca la he visto más valiente ni
más eerena!
Con grande actividad suple al caido timonel, mueve la rueda con violencia, se
colo.ca á rumbo1 y el barco se levanta orgulloso y diepuesto á luchar de nuevo con
loe elemen~os enfurecidos. Después todo fué comentarios sobre el temido accidente;
hubo qnien dij ara que si el segundo golpe de mar hubiera venidp diez segundos antes,
el barcu flabria sucumbido casi irremediablemente al accidente.

El barco siguió luchando y el mar respetándolo; en la noche tampoco tuvimos
alimentos preparados; g1!leta, Jamón y un poco de vino. tomados con dificultad, fue
roo nuestro rtfri,erio: unos acostados pera tener libres las manos, otros atados á las
pilaetral! de la cámarJ, éstos trincados con loa pies y las espaldas medio dobladas, y
aquellos en actitudes más incómodas, devorábamos nuestro alimemo, que nos pare-

Expendio de cerveza.
Escudo patriótico á la entrada del Tívoll.
UN DIVIDENDO SATISFACTORIO OE

y desfilaban también el paateg'l y el malagueño, el
chulo de Madrid y el catalán bullicioso y vivaz.. .
Ese gran grupo trabajador que en loa estahlee1m1entos
cemerciales vegeta, dedicado li ímproba Y ruda labo.r
t 0 d 0 sel ai'i.o tomaba su desquite en eee día, todo rego~1.
que 8 ~ olvidan los problemas nacionales y loa emgJO,
e0
mas del futuro,
d
N menos ~ntusiaetae loe mexicanos repreee~ta os por
matna parte de loe habitantes de ja metrópoli, per~~oe·
cientes á. todas las clases socialel!, se unían al reg~~1~ode
los iberos con ímpetu igaalmenteeapontáoeo ybnl 1?10~0.
pública,
•i
- 0 1 loe
Acudió á la fiesta el señor Presido~te de la R1pubhca
La Íl'Stiva algarabía, el embelesador ba1 e eepan '
siendo recibido con ruidosas aclamaciones.
querellosos 6 salados cantares, alternaban Y. en con!~fa
EL MuNDO ofrece hoy á sus lec ·ores alguna'3 fotog~aperspectiva deefilaban laB más guapa~ señoritas vest1 as
fías de la encantadora fiesta, las cuales, con la~ amphas
de vi vos y bellos traJeS,
te
crónicas dadas por)loadíarios de la casa, proporc10~an no~
Ya era la valenciana de negros Y relampaguean a
ción completa de lo que fué aquella Y del entus1aar.oo
ojl)B, ya la and.iluza de gal~ardía y salero inimitables, ya
que dió lugar.
la ingenua y ?ºética as:uriana.

voi

Con f'ntusiaamo indeacriptib\e fué c~lebrado en e~ Ti
li del Elieeo por la Colonia española de esta ca_P1tal e
.
.
. d C
d
a Pllede dec1ne que
glorioso an1versar10 e ova ong .
é d raote la
el amplio local, adornado ,con gm!to, fu .' u.
.
tarde y noche del actual, un pedazo ~e la tierra ibérica,
trasplantado á nuestro hermoso México.
á
Anidaba ahí el patriotismo en una de aua forma~ m s
. cautivadoras y cada eapafiol aoñábaae en su lejana t1errr
. oa en el hogar de allá, Jpjos, de donde la lucha
a
vida lo desprendió para arrojarlo á las playas de a e•

fº~

Dulces, helados y cantina.

LA. MUTUA

México Agosto 29 de 1897.-Sr. D. Oarloe Sommer.
. t G• eneral de «La Mutua» -Presente.
Dtrec
or
. bl
•go·
Mi estimado Y aprecia e ami .
t d d 1 27
He tenido el gusto de recibir la grata de ul•d~ 'deeodo
1v 1
.
·
e
aviearme
qne
e
del corriente, en que.ee s~rv
05 823 de $25,000
00
correspo~dienteb'· m~l i~~t!ªd!dle·t~b~ción de diez ai'i.os,
oro amer1can1º' BJIO 1º del entrante mee de Septiembre,
que se cump en e •
importa:
.
1
f ctivo 6
$7,313 50 oro amer~cano, va oren e e l bl á la póliza
$9,20100 oro amencano, valor acumdeul••• ºdoe ~,oooei.. d
- -pt-i-1" '"'CM una
u
r~íenoad, .:..e.:.;e;::, de ·tya,da· Co-~p" afiia como se Jo panic1pa•
c 1ones e su acre 1
'
ré oportunamente.
t expresará usted mi satisfacEntre tanto me es gra O
.d
· póliza pues el
ción por el resultado 9-ua_haá obte!-1~ 1ºt:inta po~ ciento
valor acumulable asc1ené e
casi
en loe diez afios.
.
( 30 8) de lo que pagu por prem
ofndole las más debidas gracias, qnedo de usted siempre muy affmo. amigo. atto. S. S.-M. DE CASTILLO.
i

,·o,

Bailando la Jota.

Vista general de Hong Kong.
barre la cubierta; luego la honda corre como río cauialo:n á lo lario del puente del
-castillo de proa ó de un co~tado al otro. Hay necesidad de cerrar todas las escotillas y
hacer maniobrar las bombas, pórque el barco ha hecho agua.
¡Ea terrible pero magnífico el tem:;iorall LDe cocineros abandonan lae hornilla@ 1
-eEe día no habrá rancho: los calderos no pueden sostenerse en eu sitio, hay agua en
todas partee. Nueetro barco rarece atacado de convulsiones espantosas: la hélice dispara á. cada rato, el barco se extremece, las quillas, nuevamente puestai&gt; 1 funcionan
aimirablemente. ¡Qué prueba tan espléndida!
La verdad ~a que tememos á cada paso ver desprenderse las aceradas láminas de
que esUo formadas.
Son las cuatro de la tarde y el cielo eerá obecuro, muy obecuro; ee han ralevado
los vigías porque no es posible resistir mucho tiempo en el tope. El mar se encuentra1.el viento signe rolando, el barómetro baja máE¡ no ea humanamente posible haeer nada, sino mantener11e á la capa.
¿Seguid el temporal? ¿A dónde n?B empujará nuestro destino? ¡Sólo D:oa lo·
sabe!. ............. , ..... .
Continúa el temporal deshecho y el rumbo se sostiene con dificultades¡ por for•
tuna el timón gobierna muy bien y la máquina no ofrece averías, pero son de temer•
se. Todo puede ser obra de un minuto; un accideü.te 1 en tales caso~, es como el ray0:
en un instante 1!8 podrá hundir el barco en el abismo con .todos sus tripulantes.
Sin embargo, eucede algo providencial en estos casos: viene la calma del senten~
ciado á muerte que espera y sufre porque no encuentra remedio disponible; no hay
que pensar en poneree en salvo. Es preciso esperar con serenidad la salvación posible ó la muerte cierta.
L'\ mar eigue encontrada, viene una especie de torbellino de agua y viento, una
inmensa ola barre la toldilla1 arrastra al timonel, y el barco, ein gobierno, se cruza ar
temporal. Ent.onces un balanceo, un balanceo terrible acuesta la Corbeta por babor¡
todos caemos basta poner los pies sobre el costado, y en esta situación se oye el estridente ruido de toda la vajilla de las oámarae, que saliendo de ene puestos cae rodando
y qm:brándoee sobre nuestras cabezas. Con otro balanceo igual no hubierais oído con:
~ar eEte episodio, y la noticia Ee habría recibido en México q1Iizá de esta manera: i&lt;Un

cía delicioso maná. ¡ Qué cuadro aquel! C dados basta loe huesos1 chorreando agua
salada, con lo.e pantalont,B remangados basta la rodilla y descalzos, con loe cabellos
como al salir de un baflo; unos con capa'! de h:Ule, otros con sombreros negros imper.
mea bles, y en medio de todo esto ¡qué buen humor reinaba entre todoel A veces Fe
euependfa la conversación, y no faltaba motivo para la hilaridad cuatido alguno de
nosot-ros caia rodando sobre cubierta.
Las dne de la mañana y el tiempo no cambia. Afuera sigue el amoniMo frase UE&amp;·
da entre J,:i gente de mar para indicar el mal tiempo y sin embargo, podemos conci•
liar el snefio. Al de1:1pertar, el mar está algo calmado; treitna horas duró el temporal
que fué el más foerte que enfrimoe y el más corto.
A las dos de la tarde del día siguiente, el cifllo está desp{'jado, el viento suave y
la mar ·bermosa. E l barco descansa y parece como 4110 ee mueve con cierta nf'gligeucia. Grande es nuestra aleli!:ría al ver alejarse el peligro que habíamos corrido con ries•
go de no vieitar el celeste Imperio.

XXII.
ARliIBO.

A. loe cinco días entramos en el Canal de F0rmoea, notable por BUS malos tiempos,
pero que foé esta vez para nosotros muy benigno. De un lado se levantaba la C'1sta
china, del otro la isla de _Formoea, despojo arrancado por el Japón áloe hijos del.cielo
en su guerr:a úlUma.
La terrible plaga de la peste negra azotaba á Formosa y nos alE'jamos de ella pre•
surosoa, para evi~ar el contagio.
En todo el estrecho vimos esparcidos los primeros botes chinos con velas de hntn
bú en forma de abanico, popas muy altas y de formas raras. Estas lanchas tripuladas
por diez 6 .doce hombree, ealen en flotas de cinco ó seiscientas y rar8s veces regreean
más de veinte: todas las demás ee pinden en el canal; lo que equivale á decir qne
muereo de cuatro á cinco mil hijos de Confacio en estas expediciones. Y como estas
se repiten tres ó cuatro veces en el afio, puede calcularse el número de ahogados que
pasa inadvertido en la populosa multitud.

�EL MUNDO

DOMIIIGO Is do SEPTIEMBRE do ,197

DOMINGO 12 d• SEPTIEMBRE d• 1807

EL MUNDO

186

Unas veces á la vela y otras á remo, atravesamos pronto la distancia que nos ae•Teníamos ya doce días de navegación, cuanJo apareció á nuestra vista la casia
paraba del mu-,lle de loa buques de guerra situados fr~nte ~l hotel del Hong Kong, e~
china, abrupta, aUa y árida, dividida en sériee de islotes inhabitados, blanquecinos pléndido edificio construido con :ia apariencia del estilo chmo, pero mezclando en_ Sll.w.
con las ciietalizacíonea de la sal marina.
arquitectura todos loe eetiloa. Grande y suntuoso, el hotel ofrece todas las comodlda•
De la costa ae levantaban nubes negras cubriendo el horizonte, y un viento hú- des con la seriedad severa y enfadosa del caracter inglél!I,
medo y doro nos llegó á. bordo amenazando un fuerte chubasco que desfogó en to'Poca luz del cielo mucha luz artificial, vastos salones serios, grandes colgaduras,_
rrentes de agoa. En estas condiciones entramos á Hong-Kong.
. ..
alfombras espesas po; todas partee, silencio db iglesia, austeridad que. oan9a, apleen
Sobre la cima de las montañas veíanse las siluetas de grandes y esbeltos edthc1oe, que se respira: eso ea el ho~l Hong Kong. La servlJumbre chinai vestid~ ~e blanco,
caminos blancos culebreaban en todos sentidos ocnltándoee á. veces entre las desigual- ocupa toda una cuadra; la otra eetá destinada al correo, y el espacio que d1v1db las dos,
dades del terreno, 6 perdiéndose en la falda de las montaflaa. Plleo después todo el es- construcciones se abre en la calle priacipal 6 de la Reina.
pectáculo se ocultó á nuestra vista en medio de espesa niebla,
En esta pa~te de la población se marca el sello europeo en los edi~cioa, sus babi•
Costeamos la isla, y coa t!!l práctico del puerto á bordo, entramos al fondeadero
tantea 800 también de ese tipo y causa exr.rañeza aquel centro en medio de una pobla•
dejando á uno y otro lado multitud de barca~ ca.rbonerae y vaporee m~r~otee. Luego ción que no ha perdido eu caracter peculiar.
.
.
apareció por estribor, sobre la playJ. 1 al pie de la montaña y en sus cusp1dee desgarra•
La calle de la Reina ea la única recta y plana; las otras son dea1gualee, empinada!"._
El único ferrocarril es el funicular. Los otros vehículos que ae usan son los rinkicháe,
das, el extenso caserío.
.
.
.
La mayor parte de loa edificios p,intadoe de azul, de ae1a á siete p1aoa ! oste~t~n- como en el Japón, y las sillas de manos, especie de cest~s. de mimbre, donde se emdo una serie de ventana.e cuadraias en apretadas filas, nos parecían á d1etanc1a m· paqueta el pasajero y enarbolado en hombros de dos individuos de coleta, ae traslada
mensos palomares.
.
á su paso fatigado.
A poco nos internamos en el fondeadero de loa barcos de guerra, donde pudimos
ver, como reliquias históricas, el uVictor Manueln y 11Víncitor1 1) dos navíos viejos ~e
XXIV
madera de cuatro puentee, que pelearon en Trafalgar á. las órdenes de Nelaon y hoy sirEL LA CALLE DE LA REINA
ven uno de eacuell\ naval y otro de hospital y prieión.
Como Hong Kong ee puerto chino perteneciente á Inglaterra, nuestro saludo de
ordenanza fué para la bandera inglesa, deapuésaaludamoa, y nos correspondieron nuea·
Eeta calle de dos millas de largo, está formada por dos filas de casas de tre: á seis
tro saludo loa barcos alemanes y portugueses surtos en la bahía, y terminadas estas pisos, todas de mampostería, te11iendo en el piso bajo una doble hilera de _amplios 'P( ~hles. Allí eatln establecidas las casas de comercio y las ofic1•
etiquetas, deecamamoa al fiu de nuea~1aa fatig s.
nas principales; por todas partea se ven rótulos en inglés y en

Una ejecución en China.

XXIII
EJ, P'C!ERTO DE JJOl\G KONG.

No hemos podido ealir de á bordo, la lluvia ha sido tenaz y á veces huracanada.
La montaña que tenemos al frente, el Peaok1 se oculta enteramente en la neblina; solo
se distingue la fila de casas cuadradae1 como amontonadas unas sobre otras, y los bo~
tes chinos, que como en el Japón, nos han rodeado. En ellos hemos podido verá las
primeras mujeres chinas. Su atavío es muy distinto de el de las japonesas: uean un
peinado planchado sobre la cabeza, con una raya longitudinal que hace caer el pelo en
dos gajos laterales¡ una enagüilla lisa y sencilla, y una chaquetilla pegada á los hombros y colgando hasta la cintura con mangas anchísimaa. Algunas llevan mitones,
costumbre adquirida de los inglesee. En cuanto á los varones, son bien conocidos: el
traje que ostentan en las ciudades europeas y americanas, ea el mismo que usan en su
pais.
Frente á la ciudad llamada Victoria, eetá la desembocadura del caudaloso rio Hai
Nau ó de Cantón, y entre la isla y el continente, loa grandes brazos de mar que dan
entrada á la bahía.
Vista desde ahí la ciudad, tiene un hermoso aspecto: además del cace1fo escalo•
nado, se advierte la vista magnifica de la montana con sus palacios en la cúspide y e1
ferrocarril íunicular que asciende á una altura de novecientos cincuenta metros.
Decididamente el aspecto general de Hong Kong es más agr~dable que el de cualquiera población japonesa, y se siente ano dispuesto á aceptar con más alegría al pue•
blo chino. Pero ea aventurada esta prevención, A. medida que se conozca mejor á er.
te pueblo y que se pueda comparar con el otro, se comprenderá la falta de fundamento
en la disposición del ánimo.
·
P.lra facilitar los frecuentes desembarcos á tierra, tomamos un bote chino á nuestro servicio, el más limpio que pndfmoa encontrar. El patrón era un viejo de buen caracter, muy sumiso; se llamaba Chu Fo y aguantaba estoicamente, atracado á nuestro
barco, loe ,chubaecos y el calor, siempre con la riea en los labios.

chino.
d 1
·
Loa lujosos aparadores ostentan mil artículos e comercio
chino, con el aenci:Io traje de los europeos, se mezclan loa tr~jea chillanee de los persaa1 indios, filipinos, tártaros, p~edo~1nando el chino, con su· coleta, su frente rapada y su pestilenciaEl ruido de loe gritoe del pueblo ea algo como el lenguaje de
un niño pronunciado con una voz gangosa. El chino no tiene
la erre fuerte, y poeee muchas v".lcales: ea un idioma que Ee pro
nuncia chillando. Un grupo de chinos que charlan, Eem1;1ja una.
manada de coyotes hambrientos que ahullan.
Lo particular y que llama la atención, ea el silencio de las callea. OyenEe voces inarticuladas y gritonas, pero no se les oye
andar, no hay rumor de carros, cochea ó tranvía.e: ni siquiera
de botas sobre e~ pavimento. Se percibe el rumor que producen
nuestras pisadas, á una buena distancia. Se necesita estar en
una ciudad china, para comprender este silencio.
La mujer hermosa, según elloe, es la aberracoión del gusto yde la estética. Recien nacida la oprimen loEI pies en zapatillas
de estallo, para impedir su crecimiento; con la atrofia del
pié, viene la de la pierna, así es que en la pubertad \ornan las
extremidadea inferiores una forma angular desagradable.
A la oblicua dirección de loe ojos, añaden exageraciones defectuosas arqueando las cejas por medio de pegamentos, casi
uniéndolas con el nacimiento del pele,. Este constituye el mayor lujo., y es como una exigencia de la moda en las alta e claaee.
Las fisonomías as( enrevesadas, revelan el sufrimiento ó la im •
becilidad cuando no la miseria física. ¡Y estos daíectos com.ti·
tuyen la hermosura para el chino!
Hacia el Sur de la ciudad queda la parte más pintoreeca y la
más culta, es el barrio inglés propiamente dicho, donde fstán.
las oficinas del Gobierno, loa cuarteles, el Pa~¡;,cio de la Reina,
loa arsenales, el hipódromo, loa panteones, etc. Están situados.
en medio de hermoeíaimoe bosques de árboles g1ganteECos don~
de -predomina el alcanfor.
En 81 punto más céntrico de la población y sobre la falda del
Peack, se lev!!.nta eiroao el parque real¡ y en el punto más aho
la estación del ferrocar:il funicular.
La población europea está situada sobre la montafia. Hay_ magníficos hoteles con
espaciosos corredores, cómodos sitios que sirven para gozar _de~ nermoao panorama que
ere extiende á treinta millas hacia el mar, gozando del mov1nnento general del puerto.
:Más allá. en el Continente, deatácaae la línea plateada del río de Cantón, y se dib_uja..
sobre el mar la península de Maca.o; después una inmensa man~ha de verdura salpica·
da de puntos blancos: es la capital de Kiang-Sou, una de laR cmdades más popu1osas
de Caina, Cantan.
¡ ·
Es admirable el Peack. En los ratoe agradables que allí se pisan, a vista vaga
por los hermosos paisajes.
.
.
.
.
1 •
La impresión que produce el funicular, ea tmborr~ble, á la sub~da ea tal la ve.oc1,
dad, que lile ven la ba.bía, loe barcos y las casas, como a1 fueren hund1énd~ae poco á poco; al descenso parece que todo lo de abajo au9e á encontrarnos Y senhmoa que nos
aplasta.
. verd a d eramen ,..e ae1"át"1co¡ h. an empren d"1d o
Loa ingleses han desplegado un luJo
grandes obras de ingeniería y artíllado el pu_erto como todas sus ¡;:.oseai~nea.
Es bonito también bajar del Peack en stlla de manos por loa cammoa de asfalto,

con rieego de deapefiarae.
Como la población está sujeta al dominio británico, ea difícil formarse por ella
idea cabal del pueblo chino.
Aun cuando el hijo de Confucio ea refractario á la civilización, á fuerza de rigor y
de dureza, ha logrado el gobierno inglés quitarle m 11chasd? sus costumbres ~nmutad~I!.
En Hong Kong se castiga con severidad al ~u~ador de óp10, Y como el chm? es cb1s·
maso por·naturaleza, la policía logra deecuonr los fumaderos que son también casaa
de juego y de miaería.
. .
Persfguese·también al zaragate, y como las gentes del pu~blo ~aJo tienen eete ca•
racter, se lea persigue en todas partea. Como son todos enemt?º.ª 1u~ados del ~xtranjero y lo asesinan siempre que pueden, hay que redoblar la v1g1l~nc~a, y en mrguna
parte del mundo hay tanta policía como en Hong Kong. Al dfa e1gwente de lleg~r á.
la ciudad la policía conoce á. cualquier pasajero, sabe su nombre, su orígen, su destino,.
los eitios que frecuenta, sus aficiones y eua gustoe.

Tiene fama univereal la policía inglesa, pero puede decirse que en Hong Kong es
donde deeplif'gan sus mejores dotes.
XXV
LA IlORA DE COMER.

Por lo demás, la gente del país ea industriosa y comercial, maneja con habilidad
el pincel, hace pinturas al óleo con rapidez, bonitas y á bajo precio, pero no puede
igualar al japonés.
Coea rara; el proverbial té de China que puede encontrarse en Hong Kong es adul•
terado ó de mala calidad. Si vais á un almacén y pedía t6., os darán una lista de precios, desde veinte centavos hasta sesenta pesos libra. Por caro que lo paguéis, tendréis
un producto malísimo; el chino astuto, siempre os engallará. El té de Hong Kong, es
todo falsificado con productos del Japón y de Seiland.
Abierto el comercio desde las primeras horas de la mafia.na hasta las once de la
noche, es muy activo, y solo se suspende al atardecer. A esa hora todo el mundo co·
me ó se dedica al chauchau.
Sentados !Os chinos al rededor de una meea redonda, unos acurrucados sobre loa
bancos, otros de pié 6 trepados en las escaleras de mano, se sirven los alimentos que
lea preet:ntan en un platón que ocupa todo el centro de la mesa, rebosando arroz y
peEcadoa crudos. Luego viene otro plato de gengibre acre é insoportable, que saborean con delicia.
A la hora de comer ni el más avaro dejará la mesa por el negocio más produoti vo.
Si paaais por las·callee en tales circunstancias, veréis en todos loa eatablecimien·
toa públicos el cuadro que acabo de describir.
El chino como el japonés, trabaja poi jornales muy baratos, tiene una moneda que equivale a la vigéeimá. parte de un centavo; es df:cir, que el peeo se divide en des
mil chumoe, moneda representada por una rueda de latón del tamafio de uu décimo de los nuestros, agujereada en el centro para ensartarla en un cordón como formando cademtas que se atan á la cintura.

Preguntamos al conductor de loa rinkichás si sabía inglé~, y con su reepueeta
afirmativa le dijimos que nos llevara al hotel. Comenzaron á correr por calles ee~re•
chas y callejone.:1, y al cabo de una hora de fatigosa carrera, que llamaba la atenc'.ón
de loe curioaoe, se detuvieron y notamos que eatábamo.s muy lejos de haber llegado al
anhel!11lo hotel.
Multitud de bobos nos rodearon entre gritos y aspavientos ininteligibles ba1:=ta
qt\e urgidos por la necesidad y asustados del escándalo, despachamos á los conducto.
res y quisimos mejor irá pie en busca de una persona que no.:1 en~ndiera.
Vagamos á la ventura y pronto tuvimos la fJrmna de encon&amp;rar á. un francé~ que
se sirvió conducirnos, con felicidad, al hotel indicado. Entonces pu lim')B comprender,
por Jo que nos dijo nuestro amable guía, que el chino, en su eocarrona estupidez,
nunca dice que no á nada, á riesgo de no cumplir lo que promete, aun ex:poniéndoee
al castigo.
XXVIII
UNA XJECUCIÓN EN CTTIN.A.

Terminado el almuerzo y con buenas provisiones para el día, ea.limos á la c.t.lle
en rinkichás servidos por gentes de_ confianza, para preeenciar las práct'cas de la jua•
ticia china.
En el interior de un edificio, alto y regular, eucio y carcomido, sin ot,ra abertura
en sus macizos muros, que una estrech!i puerta con verja, penetramos, gttiadoa por
nuestros cicerones del hotel, provistos de la tarjeta respecüva.
Fuimos aceptados como visitan tea, y un obscuro y a:'1~osto corredor nos condujo
á un patio dilatado donde se hacían las ejec·~cíones. Destacábase en el fondo un do•

XXVI
L.AS !Ll.BITACIONES

Penetremos á una casa .d e Hong Kong. Hay que sacar
antes el palluelo y aplicarlo á la nariz para no percibir
el naueeabundo olor de aceite rancio que ee reepira.
Debe evitarse con cuidado tocar las paredes 6 rozarlas
con el vestido¡ así ea la inmundicia que )as cubre.
Son tan obscuras las habitaciones, que hay que guiar•
se con luz artificial.
Lae casas son pobres, el cacnreado !ajo asiático ea propio solo de las familias nobles y de los extranjeros ricos.
Los demás viven en la pobreza y la mediooiidad.
El que tenga que aecender á un piso alto, habrá de pa•
aar por una escalera estrecha, empinada, sucia, granosa
y obscura auu á medio día. Al llegar al descanso se en•
ouentra en un espacio estrecho y frente á una puertecita
que resbala sobre la sucia grasa. Desde allí puede verse
Una serie de departamentos en forma de palomares, y
de cada uno sale la cabeza rapada de un chino: En esos
estrecboP huecos viven hacinadas las familíae, allí habi·
ian de seis á setecientos individuos en confusa prcmiscuidad. Cada piso da acceso á tantos departamentos, co•
mo ventanas da á la calle, único punto de ventilación.
Como el primer J)ieo, eon te dos loa demás.
Si por acaso se encuentran dos persona13 en la escalera,
en dirección opuesta, se aproximan, se apachurran para
poder seguir adelante.
XXVII
CANTÓN.

Los ferria que hacen la travesía á Cantón pertenecen á una compatlía inglesa y ee·
i.á.n bien atendidos. Se hace el viaje de noche, para mayor comodidad, á causa de los
fuertes caloree.
No hablaré del corto viaje por el rio; pero diré una pa1abra del expléndido servicio de mesa, ad•ártiendo que en ninguna parte del mundo puede servirse una más
completa que en China: tienen á su disposición aves variadas, ca!!a magnífica y exce·
lentes pescados y mariscos. :Frutas exquisitas y magníficas legumbres.
Después de la abundante y suculenta cena queda á disposición del pasajero un
buen camarote.
A las cinco de la mafia.na se llega al fondeadero en la rivera izquierda del rfo 1
entre unos veinte ó treinta mil botes que hormiguean. Estos botes Eion todos de di~
versos tamaños: pero loa más comunes tendrán cuatro metros de longitud por metro
y medio en su in.ayor anchura y otro tanto de fondo; en ese 1imit1do eSpacio viven
muchas familias que allí rrecen, se desarrollan y mueren: el bote es su única propiedad, y muchas de ellas no saben lo que es la tierra firme, lo que es vivir bajo techo.
Ea eeaa condiciones, apenas.nacen los nifíos y aprenden á nadar. Si alguna criatura se ahoga, ni loa padres la buscan n! la policía se preocupa por su desaparición, ni
nadie da eeñalea de extratleza.
Sucedió que al f9ndear vi flotando el cadáver de un niño. Horrorizado dí aviso
al capitán del ténder. Su única respuesta fué una sonrisa de indiferencia, que acompafió á la frase siguiente: No importa; estamos muy acostumbrados á eso. C,m mucha
frecuencía verá usted cadáveres flotando, en los que nadie se fija.
De los dos millones y medio de habitantes que tiene Cantón se calcula que cien mil
Viven en botes; y dada la incuria de los padres ae comprenderá oon qué facilidad caerán los nillos al agua.
DeEembarcamos par fin, y llevados en loa rinkiohi'Ls llegam')B al hotel de ctEnropau.
No pasaré en silencio las dificultades vencidas, antes de tener alojamiento.

Trabajadores en un plantío.

cel, bajo el cual veíase eentado en sncha eilla de caoba un ind¡viduo de ta talhl,a
horriblemente feo, vestido de rojo, con un signo blanco en una de las anchuroeas
mangas del traj"e En una mano sostenía un báculo de bronce dorado, y con Is. otra
se apoyaba en el asiento. A su lado dos viejos de aspecto patibulario, vestidos de negro y con eapeJuelos del mismo tinte, sostenía.a con la mar:o derecha una gran tira de
papel y un pincel que humedecían en una. porcelana de coloree. El otro tenía una in•
menea ouchi !la de pullo negro y de lámina angosta en Eu baee, y de treinta centímetros de ancho en su extremidad, encorvada.
Fuera del docel y á uno y á otro lado había dos figuras, también de alto nombre,
con bonetes y vestiduras azules con vivos rojos y amarillos. Montaban en sendos ca·
ballos blancoe, y seguía luego ·1na doble fila de gente del pueblo, llamada á aaietir :t
la ejecución.
Era todo un jurado que ib:i á presenciar una decapitación; poco después se presentó el reo, desnudo. cubierto con una tela de azul algodón en la cintura, y a,ra r.ra•
do de las manos y de la coleta llegó á preeencia del J arado, El juez se levantó de eu
asiento y en articulados gritos pronunció un breve diecur:m, que la multitud oyó postrada y con la cara entre las mano!!. Terminado el discurso se üenta el Juez y empiezan loa preparat.i vos de la ejecución.
En una eetaca clavada en el suelo araron primero los pies del reo, después atan&gt;n
loa brnzos á lo largo del cuerpo, cruzando las ma'lDS á la el:!palda; las ataron luego á la
estaca, y quedó el ajusticiado hincado, ó ruás bien, sentado sobre las piernas, dobladas
y atado de píee y maooe.
Un verdugo lo toma por la coleta, tilando fuertemente hasta poner rfgido el cue•
llo; ot.ro toma la cuchilla con las dos manos, la levanta en alto ydeecarga un golpe tan
violento, que rueda por el euelo la cabeza del ajusticiaio y la cuchilla va á enterrarse
al suelo, em1?apada en sangre.
Toda eeta ceremonia ae hizo en presencia de muchos curiosos, ein que en ninguno
ee notara compasión ~ii terror.
Acto contínuo se disolvió el Jurado y el mutilado cadáver quedó á la eepectación
pública. Contritos y aterrorizados ealimr&gt;s á respirar el aire, libre de las emanaciones
de sangre y de loa hedores de la prisión.
0

�EL MUNDO

00IIIIIGO

12

de Sf.PTIEMBRE de 1197

tienen aspecto de estúpidos; flacos en extremo y harapientos, están formados por Jo más desgraciado de la sociedad.
A un lado del bazar hay una puerta angosta y enne•
grecida. El cicerone tocó un botón é inmediatamente se
abrió la puerta. Una escalera angosta y obscura se pre•
sentó á la vista. Loe gendarmes nos hacen subir precipitadamente y cuando el último de nosotros estuvo dentro,
se cerró la puerta y quedamos en completas tinieblas.
Dietingufaee ya el fuerte olor del ópio tan característico. Sobre la tarima del piso alto se oyeron pasos
precipitados, luego un ruido especial, como el que produce una puerta que gira sobre poleas; estábamos en el
salón de fumar, cuadrado y obscuro.
Una lamparita insignificante lanzaba rayos tan devi•
les, que apenas permitían distinguir loe objetos que nos
rodeaban. Sobre una plataforma veíase una eérie de
monstruosos ídolos representando no sé qué símboloe.
El más favorecido era el alumbrado por.Ja:pajuela de azufre. El resto de la pieza lo ocupaban .divanes acolcho•
nados pegados á las paredes que suponíamos sucias. Scbre el piso, como fuegos fátuoe, veianee unos braseros
esparcidos en distintas direccionee, que eervian para que•
mar el opio en depóei toa de metal, de doode partían tuLOS TEMPL08.
bos que pasando por vasijas de agua, terminaban en beTambién en China levanta ti buhdismo soberbios tem•
quillas para aepirar los vaporee embriagantes.
plvs de estilo churrigueresco ó pompeyano: arcos eoberUn silencio sepulcral reinaba en el departamento, in•
b1oe, toscos, llenos de boas en relieve que figuran ídoterµmpido solo por nuestras pisadas y el ronquido de
los monetruoeoe, leones, dragones, toda Ja fauna de la
aq~ellos desgraciados que morían lentamente en el más
mitología china. E1 Dios B..ihda de pié ó sentado sobre
enervante de los vicios.
taburetes, lleva siempre las manos teparadae como en
¡Qué atmósfera tan peeadal ¡Qué cuadro tan repugnante!
actitud de pedir gracias. Ea el altar principal es la única
Apenas notan los dueños de Ja casa la presencia de los
figura que se destaca entre doble fila de íd1,h,a represen•
gendarmes, nos atienden solícitos, encienden una lám•
tando cada uno en sus facciones y actitudes, di vereoa
para y nos conducen á los distintos departamentos. ¡Qué
actos pasionales; éste la ira, aquél, td dolor, el 1,tro el rehorror! ¡Coanta miseria! Qué espantosa inmundicia! Semordimiento. O&amp;ros repreeentan los p, cadoa capitales,
res dtmacradoe, enjutos como cadáveres, yacen por el
la gula está figurada por un sér exr.esivamente gordo;
suelo en las posturas más forzadas é inconcebibles; unos
suij wanoa puestas sobre el abultado vientre, ¡,arec~n com
con la mitad del cuerpo en el diván y la cabeza colgando,
ptimirlo y revtla en la ca1a agudos sufnm1entoe.
otros nadando en Ja inmundicia, éstos abriendotorpemen•
Los pisos son de madera, y multiiud de lámparas pen•
te la boéa, y loe ojos; aquellos aletargados y en comden de las bóvedas imitando figuras horribles, sap1,s, ví•
pleto embrutecimiento.
horas, y otras alimañae.
Disponíamos nuestra salida, cuando advertimos entre
Pretendieron que al entrar al templo nos quitáratquella pl~be la presencia de una mujer extranjera, con
mos loa zapatos, pero prvt~stamos y sin dar tiempo á sus
Un sacerdote buhdista,
el cabello destrozado, la ropa ajada y sosteniendo con
1·idfculae exigencias, peuetramos al templo.
temblorosa mano uno de aquellos tubos envenenadores.
Tranquilamente andábamos visitándolo, cuando unos gritos destemplados que ve•
No pudimos más y salimos de alli con aeco y repugnancia, víctimas de nuestra
oían de fuera nos turbaron: era un bonzo irritado, que nos mandaba salir. Sin inquie· curiosidad. Hay horrores que deben quedar ignorados, y las caeas de opio eon de
tamos por su algazara, depositamo3 en eus manos una pieza de veinte centavos bas- esta clase. l\Ie be propuesto contar lo que he visto, y la verdad es que una impretante á calmar la furia y la tribulación del buen bonw.
'
sión que al rtcordarla me produce caloefrio, no debfa quedar ignorada de mis lectorer.
Volvimos por callee tortuosas, sucias y mal oliente3, llevados en cestas.
XXXI
Huimos de aquel sombrío edificio, dejando á los pre•
hostes, jueces y acicalados jinetee que habían asistido á
la ejecución. ¡Nunca ee me borrará el recuerdo de este
aj ut ti ciado l
La insistencia de nuestro cicerone hizo que visitára•
moa otro d11partamento, al que llalJlaba «el patio de la
verdad.» Mi curiosidad de tur:sta me llevaba á todas partee, y por eso acepté la viei te.
Siendo proverbial la mendacidad de loe chiooP, para
hacerles confesar la verdad los martiriian¡ eolo ael, nos
decía el cicerone, se puede hacer justicia. lJ aan distintos tormentos y marcan al ladrón cortándole las orPjae ó
marcándolo con hierro candente; á otros los atan con eo•
gas de piée y manoe, loe acuestan entre cuatro palos cla·
vados en el eueh; fijan ali{ loa cabos y eeLiran á la v~z
de loa wiembroe, hasta que el reo confiesa. De lo con•
trario, no es raro ver que algun desgraciado pierda por
arra1.1camiento, alguna parte. de ~u cuerpo, muriendo
eLtre agudos dolores dt-spués del tormento.
B~tta ya de prisión; ealgamoe para sitmpre de este an•
tro horrible y pues se trata. de espectáculos honipilan•
tee,d,scribilé más adelante un fumadero de ópio.
XXIX

XXX

LA PARTIDA.

LAS CASAS DE OPIO.
Nuestro guía tomó precauciones antes de penetrar en ios famosos fumaderoe. Ha•
bló á tres policiae que me parecieron payasos, y ya con el auxilio de los gendarmes
nos creímos seguros de nuestra excursión.
Una casa de mampostería, cuadrada y alta; los corredores que dán á la calle, ea•
tán cubiertos con perdianas de•bambú manchadas. En loe bajos de la casa hay ex·
pendios de ropa vieja y baratijas, objetos viejos de metal, ídolos destrozados, pinturas estrambóticas, etc.
Semejante bazar se me antojaba un ordenado basurero que es en Ohina el colmo,
pues allí todo se utiliza.
Generalmente es el ~itio más frecuentado, pero sus parroquianos van casi deanudoe,

Hemos visitado otros lugares que nos cansan; nuestra licencia concluye al mismo
tiempo que el buen humor, es necesario volver al barco.
El '·Zaragoza" hace ya sus preparativos para zarpar. Seguirá rumbo hacia el :Sur,
no visitarémoe las islas Filipinas nos dirigiremos á s;ngapur en la parte meridional de la
Península del Malaca.
En China, más que en ninguna otra parte, hemos eeperimentado las amarguras
de la nostálgia. Consultamos los mapas, y apenas eetamos á trece mil quinientas
millas de .Acapulco: nos falta ma5 de la mitad para concluir nuestro viaje. ¡Con qué
ansiedad esperamos cartas de la amada patria!
Por fin ya estamos levando anclas y nuestro barco abandona Jaa aguas de Cantón. Ya no vemos nad1 del país q 11e nos ha sido insoportable.
,( Continuará)

.EL ULTIMO IDILIO

El anciano poeta, coronada la pensadora cabeza de
laureles por la fama y d". canas del color de arruifio por
lue afios; hu.yendo dt:_J r~1do del mundo se había refugiaªº en su qmnta, solitario y meiancólico como un vudo
wo1.,je de Ja Edad 1\leai11, en su celda sombría.
E, dolor habla malt1atado cruelmente su eens,bilidad
i'xquisita. A tiempo que tri un faba en los ealonee que
rn~ 11broe corrían &amp;plaudidoa ydeeeaaos de mano e~ma•
no, que las multitudes ee deteiuan á olr sus eetrofas y
las damas Bll enamornban.de sus versos y se los apren·
dlau de memoria, ca1a el u1.,1co de sus hi¡oe en brazos de
la mut:rte, y á éste siguió camino ae la ett:rnidad la ts·
pota amada, Ja dulce compañtra del poeta que le habla
llrnho can amable la vida.
'
Agarrotado por la tilanla de eetoe pesares, como Guy
-0e :Uaupassam, te aganó con ambas manos las sienes·
ttmió 9-ue ee le f.ueran ~u~ 1deas-pá¡aros de ht:rmos~
pluwa¡e, cuyts Lnnoe 1n1m11ablte ha bum deleitado cua•
ti trts generaci?net ¡ - y t:ll un I apto de desteperación ó
&lt;le cólera rompió la lna mmort11I, y se fué cabizbajo y
wecti,a~u.ndo rnmbo á eu 1Hsc:uluri, amado, en busca de
i,q1tt::I VltJO amb1ent.e tan co1!0~1ao d.e ~us nervios y que
tbutas vtcee habla e1do prop1c10 á 6UB rnspirac1out~.......

**
.
.
*negra
L a anciana
cnada-una
honorable que cuidaba
hbc1a ruuchoe afloe aquella fiuca-ealió á rtc11Jir aJ amo.
bo: ab1azaron silencioeamentP y ee pusieron á llorar co·

uuus ch1cos.
La negra había eervido de aya á la dama muerta· habla visto nacer al nifl.o, el hijo único del poua y t;ntla
aquella gran d1:egracia como suya y la lloraba dowo propia ................ ..
Be eepararon luego de aquel abrazo de dos dolores. El
.P&lt;-o:ta se fué á sus habitac1ones; la negra á me laboree
lli"

habituales, enjugándose las lágrimas con la3 puntas de
un pañueJ.., de Madras, y eolluzando, sollollando, C&lt;?mo
un granu¡a A quien Je hubiesen arrebatado una golosrna.

***

La quinta erll una monerla exquisita. Se destacaba en
el fondo de un valle verde, amp110 y claro, lleno de poe•
sía y de luz. Por el centro del valle co1rfa eJ río, rodeado de pefias y de cañas amargas, Jaa cuales lanzaban al
cielo, como agu¡ae góticas, sus doradas espigas. Fecundaba con sus aguas el r1o opulento, las vtgas llenas de
surcos, donde crecJan, exhuberantes de savia y dA rique•
za, las primicias nobles y generosas de una zona pnvi·
legiada.
La casita, blanca como el ensueño de una virgen pálida, descaneaba en el borde de u1ia cohua, 1oaeada de
palmas realea, bananos, cocoteros, eauces y naranjos en
tlor. Vista á distancia, semejaba una gar6a mariua to1Dando el sol en la copa de un pino........ .
Alli vivla el poeta, en1re sus lib1oa, alejado del mundo, enfermo del alma: un vit-jo neurótico, arraetrat,do
la mole de eue dolores como un rebelde t11cerdote druida
ti culto de sus dioses salvajes.

***

Más allá del río, en la opuesta margen, tenia Pablo, el
gañán, su rancho. Era él quien uncía los bueyes al yugo,
quien metta el arado en la tierra g~nero~a y removía la
capa vegetal para hactrla más f1:cunda. All1 vivía, en
aquel randio pajizo, con su mujer y sus hijos, amando
el trabajo, en una honradez tranquila y sertina. Contaba
entre sus hijos á Paula- una triguefl.a opulenta-de ojos
profundamtnte negros y de una tez bravía de canela.
Era Paula una muchacha brusca, tosca, ordinaria, vul•
gar: una virgen montaraz que contestaba los chicoleos
con pufl.etazoe.

El viejo vate salía todos los días á tomar fresco orilla,
del río. En una de estas mañanas estivales vió á la tri•
gueña opulenta, la virgen montaraz, nija de Pablo e 1
gañán.
El poeta, aunque viejo, tenía el corazón joven, y se
e1.1amoró de aquella campánula, de aquel Jir10 oculto en
las márgenes ae un río salvaje ........ .
El amor, hijo del cielo, llevó un rayo de luz al alma
del poeta anciano, entt,nebrecida por el dolor.
y á su nueva amada le dirigió chicoleos que ésta no
entendió.
Le regaló cierto _día un ramo de floree, y el ramo fué
roto en su presencia.
Otro día la hizo unos versos y se loe entregó personal•
mente. Iban escritos en un papel oloroso y bello.
La !,Duch~c~a le devolvió el papel, diciendo:
-lo no se té.
-¿No sabes leer?
-No.
-Oyelos, que te loe voy á recitar.
Y el anciauo vate se acordó de sus días de joven, de
cuando triunfaba en los salones, de cuando corrían sus
libros, anhelados y leidos, de mano en mano; y levantó
la voz y leyó aquellos versos entusiastas y sentidos, llenos de erotismo y de vigor.
Y la virgen montaraz, que no ee rindió ni á loe halagos, ni á las flores, ni á loe chicoleoe, ni á las galante•
ría&amp;, permitió que el anciano vate descansase sobre su
seno, pletórico de promesas, la cabeza pensadora coronada de tás canas del color del armillo que le habían propinado loe años, y de loe laureles que le habla ofrenda•
do la fama.

*

* poeta.
Y fue éste el último idilio *del
RAFAEL BOLÍVAR..

. Caracas: 189i.

00MIN.G0 1~ de SlPTIEMBRE de 1197

119

EL MUNDO

PAGINAS NUEVAS.
Ultimas cartas de mujeres

EL AYUDANTE
{TRADUCCION PARA 1 1 ELMCNDO'')

De la ~eñom Victoria Lancia1ii, al
Sr. jorge Briar,chot.
ABALLERO: Me ha dirigido usted once cartas,
desde que tome, parte en las representaciones del
teatro de la ciudad. La primera decía, poco más
ú menos: &lt;•Estaré esta noche en la tercera fila de
las butacas laterales, del lado de ;a derecha. Me
podrá usted conocer por mi uniforme de ayudante de artillería y una roseta encunada prendida
en el ojal de mi dolmán ...... El que os adora en
eilencio!. ..... »
Y lo ví á usted, efectivamente, no diré que por haberme fijado con mucha aten&lt;:ión,-lae dietracciones son peligroeae en la eecena;-pero, en Hn, observé que en el
filio indicado había un rnbteniente, muy jo'\'eo y muy apueeto, con una roeeta colvr de púrpura, á modo de condecoración.... Al día siguiente, al llegar al teat10
para el ensayo, me entregaron otra carta firmada por usted. Esta vez eran cuatro péginas compactas, con una de las más hermosas letras que haya podido ver en mi vida.
Me decía usted q•1e sufría cruelmente amándome desde lejos; que necesitaba ver•
me, hablarme, pasar de tiempo en tiempo algunos minutos conmigo.-Eetoy cierta de
que me ha juzgado muy mala ó muy mal educada, al ver que no respondía una sola
}mea á sus cuatro carillas ...... ¿Qué quier&amp; usted? He recibido tantas cartas apasiona•
da~, tantas, que traducen generalmente este pensamiento del qne las firma: «Dicen ~ue
esta cantante es mujer de crapichos...... Yo soy joven y 110 rico...... ¿Qué voy perJlt!O·
dv?...... Hagamos la prueba.»
No respondí. En~ouces se dedicó usted á escribirme á diario ...... Deben exh.lu
estas cartas algo de una pasión verdadera, puesto q·1e, en lugar de utilizarlas en mis
tenacillas para rizar el pelo, las he leido de uno á otro extremo. Se hacían cada vez
menos respetuosas y más ardientes...... Comenzaba usted á darm~ á entender que 88·
bia por qué yo no lo aceptaba. «Un ayudante de artillería, no es gran cosa Y además
no siendo rico.........» Agregaba usted que merecía algo más, que era de una buena fa.
milia de campesinos qu0 no dejaban de tener algo ......... que llegaría usted á ser re•
caudador de contribuciones, lo que es una bonita posición, á ménos que yo no prefi·
riera que eiguieee ueted en el ejército hasta llegar á capitán.
¿Qué podía yo responder á toio esto? Una s,;ila cosa podría decirle; «lo espero.»
Pero yo no quería, no ¡:odía contestar esto. Voy á tratar de explicarle por qué.D~sde entonces parece que fijó su opinión acerca de mí, y juzgó, ineeperadamenre, que
para una mujer como yo manifestar un amor tan sincero era demasiado candoroso,
.Entónces me remitió bljo un sobre cinco billetes de mil francos ......... ¡0.1 aquellos
b1lletee azules me empaparon de sudor!
L1 contestación fué devolverle inmediatamente su dinero. Como usted es un muchacho de excelente corazón, comprendió que había cometido una acción muy fea in~ultando á una mujer, sobre q •1ien no tenía usted ningún derecho ......... Mdrecí la más
conmovedora de sus cartas, la última, en la que me pedía que lo perdonase.- ¿porqué,
Dios mío, se le ocurrió terminar la epístola con una amenaza? «E;tá bien, dice ue~ed.
Ya veo que no me amará usted nunca, y que tal vez comienza á odiarme, ahora que
Ja he ofondido. Sé lo único que me queda que hacer. Esperaré hasta mafiana en la
noche que me conteste usted. Si mafiana en la noche no he recibido carta de ussed
manifestándome que accede á mis pretensiones, el martes no seré más que un cadáver. Adiós, aefl.ora. Olvide al ayudante Brianchot y sea usted dichosa.»
Dios mío! yo no ignoro que estas palabras se escriben, á menudo, sin experimentar el menor deseo de ejecutarlas. Pero algunas vecee.........¡Ah, que horrib'.e ideal.. ..
usted es un impulsivo; he leído todas sus cartas, y lo he visto tan nervioso, tan pálido,
~n la butaca lateral, tantas noches!. ........ Y además los cinco mil francos, esta suma
tan enorme para un milltar, que consiguió usted, Dios sabe cómo! .........T..1do ee:o me
ha conmovido. He tenido miedo. La amenaza de usted ha logra:lo, pues, su objeto.
Esta vez, contesto.
Me pide usted que lo ame, que en ello está interesada au vida. S~guramente, pobre joven no puedo tenerle rencor por juzgarme de su gusto; más todavía: hasta me
he sentid~ halagada, y por lo que á usted toca no vaya á creer que me dieguata. Antes
al contrario, lo encuentro muy agradable, y tengo la seguridad de que ha de hacer
muchas conquistas. ¿Bastará semejante declaración para calmar el amor propio de
un guapo ayudante?
Ahora bien, piense usted que después de veinticinco afios de teatro esa pasión
que le inspiro, me la han expresado todas las tardes, sin contar las mafianas y las no•
ches, una gran cantidad de hombrea, jovenes ó viejos,. hermosos ó foos, pobres ó riCJB y no me quiera mal si le digo que he llegado á considerar esto como una ofrenda
casi sin valor, como el efecto necesario de mi presencia y de mi reputación ......... Sobre todo cuando se envejecé- y este es un casol tengo un hijo de diez y nueve afiosltodas estas declaraciones acaban por parecer lo contrario de un homenaje.
Usted va á responderme: «Yo la quiero á usted con todo mi corazón, sufro horriblemente; prefiero morir.» Lo cual no impide que si no le hub~ese devuelto sus cinco
mil francos, no habría pensado en matarse; y que si aceptase en esta carta su carifio,
me dejase partir mafiana á mi excursión á Bélgica. Conozco demasiado bien esos amores que devoran á ciertos hombres por una mujer de teatro .........Ddeean que los quiera un momento, y después poco les importa lo que de ella sea. ¿Qué no? ¿Que con usted no pasa elO? ......... Yamos, hijo mío, puedo decirseloá usted: precisamente el miedo de ser amada de un modo eerio por ueted es lo que me impide recibirlo. Le juro
que no finjo falsos rubores .........
Todas las locuras de la juventud más loca y todas las tristes necesidades de mi
oficio, me han arrastrado á bastantes pasiones para que pueda aceptar el amor de usted, sin estimarme menos después que antes. ¿Le hace dallo á usted lo que le estoy
diciendo? Tanto mejor, por que esto contribuirá á curarlo .......... Yo no quiero que
usted me quiera. Ustei no débe amar sino á una mujer joven. Si deja que su c:ira•

zón sea mi esc:avo, cual va á ser el porvenir de usted? Yo no puedo pasar toda mi
vida en la guarnición de usted en esta ciudad......... Entonces ¿qué hacer? ¿Seguirme?
¿Dejar el ejércit&lt;,? ¿Hacerse actor, ó lo que es peor todavía, convertirse en el amigo de
la actriz, que la acompafia en todas ms excursiones? ¿Se diegusta usted?.. ....
Y sin embargo, esto es lo que lo espera, amigo mío, y lo desafío á que me desmienta. Y á mi dígame lo que me espera, al llevarlo de este modo entre un equipaje,
como he vieto á tantas deegraciadae artistas de mi edad, acompalladae poi jóvenes
que no valían lo que us&amp;ed? No me forjo ilusiones. Después de algunos dfae de locu•
ra, comenzará usted á advertir que todo Jo ha sacrificado á.. ....... ( digo la palabra tal
como la siento, como me la digo á mí misma, todas las mafianas) á una vieja ....... ..
¡Vieja, sí, vieja! ¿Oye usted? He sido bastante hermosa en otra época para poder con•
feear hoy que he dejado de serlo.
Conserve en el fondo de sus ojos, hijo mío, la imagen de Margarita y de Mirella,
como la han transformado para Uited los coEméticos, loe trajee, las luces y la música.
Yo lloraría. la. desilusión que se apoder.iría de usted al verme tal como soy en realidad, tal como me han puesto mis cir,cuer,ta años......... Suponga usted que Ja desilu•
sión aparece después de que haya correspondido á su amor? ......... ¿y si yo comenzara
á apaeionarme en los momentos en que usted no tuviera otros deseos sino loe de aban•
donarme y olvidarme? Nol No se debe, á la edad mía, arrieegarse en estas aventuras.
No quiero una pasión joven á mi lado; no tengo nada.que dar en cambio; no tengo ya
con que retenerla.
¿Comprende usted que lo que hago es por su bien, y que por mi parte no me de·
eagradaría responder afirmativamente á la pasión de un guapo ayudante?...... Por un
momento lo he pensado; esto costaría menos á mi pereza que escribir esta larga carta. Y luego meditando, he comprendido que podía ofrdcerle, en cambio de las horas
de fiebre en que usted ha eofiado conmigo, algo mejor que las caricias de una mujer
sin primavera. Dentro de este mismo sobre le envio uno de mis ntratos, hecho hace
cerca de quince afioe, cuando era tan hermosa como me le aparezeo á usted en el
teatro
Consérvelo, es una prueba de que no he rechazado el amor del joven ayudante
de la roeeta roja.
Y amos, hijo mío, valor! Yo necesito mucho para hablarle de mí como acabo de
hacerlo ......... Y a: deeea usted saber lo que me ha dado este valor, voy á decireelo:
Hace nn momento, cuando recibí su carta en la que hablaba de matarse, he peneado
eo mi hijo, en este hijo que está próximo á salir del colegio, y á entrar en el ejército ......... Me lo he representado militar, como usted, en una ciudad de provincia, enamorado de una artista que paea ......... ¡Matarse, Dios mío, desertar, robar, hundir
su vida!. ........ Espero que Dios lo preserve de este peligr&lt;&gt;, en recompensa de que yo
haya salvado á usted.
i Locol Ponga usted las mejillas para que le dé dos largo3 besos, como loa que le
da su mamá!
MAi.CELO PREVOST,

NATURALEZA
( Versi6n del Catalán para "El Mundo" )

LOY estaba deeesperado. Todo era ir del lecho á la ventana
y de la ventana al lecho para ver siempre lo mismo: en este
á la Gertrudis, seca, estirada é inmovil como una tabla; en
el huerto, las habichuelas deshojándose, amarillentas, eecurriéndoee caña abajo, con las vainas más flacas y fofae que
si las hubiesen sahornado.
-"¡Dios, qué tristeza!" La Ge,rtrudis veintiún días sin
abrir loe ojoe, ni mover el cuerpo, ni estar un solo instante
sin exhalar...... ic......... ic ......... ic......... l Aquel gemido de lima fina que todos los de
casa tenían clavado en el cerebro; ora ardiente, como el fuego, ora fría como el hielo,
siempre entre la vida y la muerte ......... ¡y con cada susto y cada chasco que les daba!
Vaya, que ni el médico, ni el veterinario, oi el eefl.or rector, ni el curandero sabían lo
que se hacían. Qué sanguijuelas, qué sangrías, qué parchee, qué cataplasmas, qué be•
bidas, quJ cruces, qué oraciones, y nada la aprovechaba. Eetaba condena fo á ser
viudo muy pronto. 8iempre aquel ........ ic ......... 10 ......... ic ......... l que ya tenía clavado en la cabeza: siempre aquella boca abierta, más negra y seca que caña enmohecida, y aquellos ojos tan hondos, y aquella color de manzanas agrias en la cara, en
aquella cara chupada por el mal, que ya no era sino pelo y huesos, y ni eemejanza guar•
daba de la Gertrudie de antafio.
Y de la cara llevabl Eoy la vieta á lo largo de aquel cuerpo esparranca:lo como
una A, hundido en el c:ilchóu como en un molde. Ni sombra de la G3rtrudie de antes
-¡Tan guapa que eral ¡T,m gruesa que fué siempre!
le ......... ic ......... ic ......... 1
-¿Qué t 'enes? ¿Q 1é te duele? No te impacientee. ¿Qdérei la meiicina?
Y cogiendo el pichel la echaba en la seca y negra boca el cordial, que llenaba la
estancia de fuerte olor á éter, hasta que la enferma, eetenuada, devolvía un poco para
no ahogarse, y llevando á sus ojos Ja~ últimas energías del instinto de conservación,
loe abría pidiendo con ellos un poco de mieericordia.
Eloy, atemorizado, la alzaba la cabeza, la limpiab1 los labios, la daba golpecitoe
en la espalda, y pasado el peligro, espantaba á puntapiés, ya al gato que salía de bajo
el lecho, ya á la gallina que asoma~a la cabeza por la hendidura de la puerta, y Ee volvía nenioeo á la ventana.
-Dioe, qué tristeza! Tanto tiempo sin regar. Aquellae habichuelas se morirán.
Qué amarillez! Todo abra~ado de sed; la tierra coma un vidrio, loe renuevos marchi·
tos, ¡y tantas matas, tanto bien de Dios! ¡Y teniendo agua, pudiendo ha~erlae salir
como aquellas de'. vecino que da gusto verlas! Y hoy sábado, hoy que vuelve á tocar,
me el agua y que la Rosa y el ch,co han tenido que ir al mercado, la Gertrudis más
mala y el médico diéieodo: no te mueras de aqu! que puede morirse, y las horas del agua
pasando, pasando, y el mal en el mismo s:tio, sin ir para atrás ni para adelante, Dios!
Dios! Una semana más y las habichuelas sin un riego se morirían, y bien muertes. 1Y
gasta en médicos y boUcarios y curanderos, y mira cómo se te m1ere el fruto de aque-

�S:L MUNDO

llas tierrae, cómo Ee te mueren
]as tomateras y loe melonareP.
cómo la eequfa te chupa todo 1 1
producto que ea menee:ter no
Eolo para pagar á loe qre no eaben curarme J. la mujer1 sino para la semilla y loe almácigos de
la próxima eiembr.il Mírale,
Eloy, mírate cruzado de b razos
.mientras el nial va haciendo es•
tragos; y si pBTa el de aquf arribe. no hay remedio, para el dA
abajo ei que lo hay todavía. ¡Y
el agua, el agna que ee pierd1:!
-exclamó al fin, cerrando J0e
pufioe y dirigiendo la mirada 11
.remotos confines del espacio,
como buecando consuelo á eu
deeee¡;eración.

DA.MAS MEXICANAS

00•I11GO •• de SlPTllMBRE de 1107

- Quiero decir ...... tú eiem ....
pre has sido razonable, y ya meentiendes ...... Quiero decir que.
si te vistiera ahora ......... ¿sa•
bes? ...... podría dar un riego á,
la siembra y sal vábamoa nues·•
tro caudal.
Una chiapa de fuego en que se pudo ver el brillo de la sauta.
alegria de los mártires, lució en
aquellos ojos casi apagados, y rL
movimiento afirmativo de la .
cabeza se acentuó más todavia.
Que ei1 que sí.
Entonces Eloy, írotándoee
los ojos con el revés de la mano, abrió la cómoda y encon trando en el murmurio del Jlo
acentos de generosidad y tepe•
ranza, amortajó en vida á iu..
mujer.

Nueve 6 diez tablas de siembra en matas anchas y largaP,
NARClSO ÜLLER.
como regimientos formados en
columna de bronce, se , xten'=~='
dían á eue pies, ,alladeando los
Hay eargna fuertes y l;el!ae.
bordos del río. Todas eran eU •
en que la m~gnanimidad se ¡;rryae; pero que dolor para equel
petúa.
campesino que espuaba el pu·
Jules Lemaitre.
ñado de onzas ~_fCeeariopara ea·
Para tener éxito en la vida,".
lir adelante, verlas convertidas
el tacto es más incliepeneabl~
en inmenso cafiar de otcifiadv,
que el talento.
en medio de las ufanas y verdes
8ri!as. Siena }i'oroz v &lt;r0nsuol0 Nuiz.
plantadas en torno Cada cafia
Sir Jolm L11Ulock.
(DE OA.XA~)
de aquellae1 yeranmillaree, des '=.l='
hojada y meciéndese á derecha
LA COPA DE LAGUI.M.A.S
é izquierda con desmayo de inutilidad y de abandono1 era para Eloy una lanza que se
le clavaba en el corazón. Y la comparación de su desgracia con la buena suerte de su
vecino le removía hasta el tondo del alma las acritudes de la envidia, que la codicia
satisfecha hubiera mantenido eatacionariae. ¡Oh, que verde más vivo y alegre toma~
han loe Bembradoe del vecino al lado de loe suyos!
QUELLO era como una maldición de Dice que pesaba sobre ·
-¡le .. ... ... .ic ......... icl
la isla de &amp;elllnd.
E!oy, agitado, volvía á la alcoba.
El mar que la circunvalaba estaba envenenado, comt: -¿Qué tienes? ¿Qué te duele? No te impacientes. ¿QJieres la medicim,?
tuía la riqueza de loa varones la cría de puercos, man te ni .
Pero al acercarEe con el pichel en la mano, le suepeudió la acción un débil
dos con la abund;:,nte cosecha de tellota!:i que producían
ro:cquido.
las hoyas. Hacía muchos siglos, desde su advenimjento al
-Tula, Tula ¿que tienes?-la dijo con dulce acento, movido por la ternura, que
trono, que el rey de Seeland había perdido la vista. Ní la
le despertó aquel estado laatimosíeimo. Era la compañera de su vida¡ la que llevó
magia ae los sortilegioa, ni loe bechizoe, ni el ámbar, ni el
al altar lleno de ilusiones y de esperanzas; la madre de sus hijos, de la R )Sita 1 su agua de las hondas pesveralee podían devolverle la luz.
consuelo de ahora; la que lloró con él todos loe hijos perdidos; la que ee había des•
El rey Harald, en medio á su d olor, llegó hasta pe:raar que hacía mal en tribu~vivido taotoe sñ)e por sostener la casa.
tarlee cult,o áloe dioses Asee, pues que ellos, híjos de Oll'.n, no tenían el poder de cu,
Y estuvieron algunos instante@ 1 él miránd(?la enternecido 'y espantado, ella sin rarlo, Hizo venir de Rugen un virtuoso ana'Joreta, discípulo del Hombre Blanco, que
peetaf'l.ear, respirando, respirando con dificultai, plana y estirada como una tabla en las barcas del glorioso Olaf había ejercido por largo tiempo contra loe pagauos
Aquel roTiquido1 primero débil é intermitente, iba acentuándose, subiendo, hacién- " 7ilkinsg, muchas pirateríae.
dose continuo: J.as cuencas de loe ojos se le amorataban, oudor frio le brotaba @obre
Frente á la mar, en un sitio batido por el viento y donde las avee, sobre la roca..
loe labios y en la frente, la nariz se le afilaba y emblan1uecía. ¿Si serán las eefiales viva, fabricaban BU nido con plumas blancas como la nieve, construyó su ermita el
de la muertE:?
anacoreta, EBto no dejó de provocar iras en los hechiceros que con eus profecías ha-¿Dice, Dios! ¡Y yo solo en casa, y los vecinos también en el merca-lo!
bían gobernado hasta entonces el alma de loa reyes de Seeland. Enviaron é. Harald,
Su mirada se escapó hacia el ancho espacio, más allá de la ventana abierta de al más antiguo de los hechiceros, el cual &amp;e presentó ante el trono á la caida del día y ·
par en par como que corría el mee de Agoetc.-Un sol awarillento, deslumbraba,
lanzó éEte apóBtrofe en versos rúnicoe:
achicharraba la llanura en gran parte cerrada á la vista por apretadas filag de olivos.
Oh Harald! Quiérea curarte y recuperar la vista?
Sjlo el súbito pío de algun pájaro que volaba como saeta yel hondo rumor del cercano
-Td daré, dijo el rey, cua~ro barcas armadae en guerra para la pirateria, en granrío turbaban el silencio universal de la Creacción adormecida. Ni un estallido de de; mi parte de pesca durante tres años; la mitad de mis rebaflos que pastan en las pra-tra1la, ni un eón de e1quila, ni un crujir de puerta, ni un ladrido, bajo aq 11ella sole- deras al pie del tronco de las hayas, si haces penetrar la luz por ~as cerradas puel tas
dad y paz EOlemnes que solo el río osaba interrumpir, hervoroso, arrastrando en de mis ojos ....... ..
sus aguas la aaVia rol:-ada á los sedientos sembrados. Y este desvergonzado murmuEl hombre de los ABee sonrió con ironía:
rador, lleno de risas y lloriqueoe 1 sonaba al oído del campesino como un canto de
-Ifaz degollar á Thorberg, el carpintero .... ..... ,ava tus pupilas con su sangre.
befa que más le oprimíu el corazón.
caliente ......... y la luz volverá á tus ojoe.
Eloy se dejó caer en una silla desolado y pensativo. Las horas pasaban 1 pasaban,
Loa sacerdotes de Ases odiaban al carpintero Thorberg, porque él había llegado en
llevándose la vida de la muje1· y la vida de las plantas, sin dar una esp1::1ranza ni ua aus viajes hasta las fuentes del Jordan, y regresado con la cruz del Hombre Blanco .
consuelo más que la muerte. Y llorando á lágrima viva, mo'lido por una determina- impresa en la frente y en el pecho. El fué quien aconsejó á Harald que hiciera venir
ción, Eloy se leVantó.- l\!ira, Tula:- le dijo-tú te vaP, como buena cristiana, resig• de Rugen al virtuoso cenobita. Loa hechiceros, pues, se regocijaron al pensar q ue
nada al otro mundo. La R'lsita y el mozo están fuera. Es la tercera vez que dejo con au arbitrio ibi1n á desembarazarse de un enemigo peligrase.
perder el agua. Si no riego hoy perderemos toda la siembra¡ pero el río tiene todaPero cuando Harald hubo lavado sus ojos con la sangre de Tho'rberg, prorrumpió
vía para las piantaB el remedio qne no ha tenido ...... el médico para tí.
eo un terrible grito de cólera:
La enferma abrió tristemente loe ojoe, y aun tuvo valor para decir que ei, movien-J.Ialdito sean los Asee y sus sa~erdoteel Que embarquen esos impostores en u, a .
do la cabeza.
barca averiada, amarrados de pies y manos y sin timón y sin remos los lancen á l;1
-Quiero decirque ...... -añadió Eloy atragantándose- quiero decir que ...... entre tempestad.
la esperama y la muerte ......... vaya, que tó que siempre has mirado tamo por la caSus pérfidos consejos me hicieron dar muerte al mejor de mis servídoree; y su eaLsa, y siempre has eido razonable ........ . no Bé como decirlo, vaya.
gre ha corrido en vano. Antes ¡;&gt;odia apreciar cuando se acercaba la n~che y cuando
P~ro la pobra enferma, como concentrando toioe los últimos alientos de au vida,
despuntaba el día en el horizonte; ahora mi mal se ha agravado; me hallo sumido en
tomó dé bilmente la mano de su marido, abrió otra vez loe ojos y razfJMble , razon(Jble perfectas tinieblas ..... ... .
como 8iemp1·e, le animaba á conc luir-diciendo con la cabeza que aí, que sf.
Entonces envió á buscar al virtuoso cenob:ta á su oratorio.
- Quiero decir ...... que me perdonarás.
-He roto para siempre, díjole con loe hijos de Odin y sus sacerdotes. Estoy die •
-Que sí, que sí, seguía diciendo la cabeza ag nizante.
puesto á abrazar tu religión, á desviarme del Norte1 para mirar hacia Oriente ........ .
- Dios te llevará ......... Es seguro ........ .
Pero me prometes que tu Dios obrará el milagro que necesito y que el hechizo que lJti •
-Que sí, q U:e sí.
ea sobre los reJes de Seeland se disipará al fin? Habla!
-Ayer te dieron la extremaunción ......... ai hoy viene á verte el señor R ector taro,
E s necesario buscar en el fondo del mar las entrafl.ae de algún pez milagroso; cobién tendré que dejarte sola ........ .
mo me has referido que usó para curarse un ciego, cuyo nombre no recuerdo? s~rJa.
- Que s1 1 que sí.
necesario arrancar de me órbitas los ojos del remero de mi barea para adoptarles e.utre,
~ un poco después de que Nuestro Señor te haya nevado ......... también te he de mis párpado.! según loe procedimientos de·la ciencia?
vestir, n{J?
Y el virtuso cenobita contemplaba al cieg0 con profunda tristeza.
-Que si que sf.
A l fin respondió.

DO.IRGO •• de SEPTIEMBRE de ,. . 7

S:L MUNDO

-Déjame volver al oratorio ...... Rogaré en la soledad, al Dios de mis creenciae. : .....
Si él me inspira alguna resolución útil, te la comunicaré, para que te sometas á ella.
-Vete, dijo Harald, y ruega con fervor.
Al dia siguiente el cenobita se presentó en P1llacio, y sin entrar en la habitación
del rey, llamó á éste desde el sitio en que se hallaba:
-Harald el ciego, he aquí lo que el Hombre Blanco, señor tuyo y mio1 ha or·
deaado. Haz que te traigan una copa de plata, que no haJa servido nunca para liba·
cianea ni para perfumee; arrodíllate delante de tu palacio, en medio de la plaza y ele·
va al cielo ese cáliz, como si quisieras recoger el rocío.
-Haré todo lo necesario, respondió Herald .
Al efecto ordenó que llevasen un cojín de brocado, mullido con plumón de ánade,
para apoyar eua rodillas¡ pero el cenobita rechazó con el pie este muelle útil.
- Nol dijo; es necesario que sea sobre las piedras.
El pueblo entero se había reunido para presenciar la penitencia del rey.
Los barones, desde lejos 1 gruñian de cólera¡ pero el pueblo decía en voz baja:
Es justo que él sepa también que las piedras del camino son d1,1rae.
El cenobita se volvió hacia la multitud que asistía al espectáculo y llamó á un pobre viejo, apenas cubierto por una piel de vaca, y lo llevó ante el rey, que estaba de
rodillas, intimándole á que tomase la palabra.
-Refiere, le dijo, todo lo que tu has sufrido.
El anciano, con débil voz, comenzó así:
-Mis hijos se ahogaron por servir al rey ...... mi mujer murió de pesar ...... los barones, par.a aumentar sus rebaf'l.oe, me quitaron los cerdos que yo tenia¡ en oto.fío co•
mo en invierno vago por loe caminos ...... tiendo la mano á los que pasan y recibo la
limosna que me dan para que me aleje ...... pero que será de mí? )Iis débiles piernas deefallecen ......
Y á medida que hablaba caían en la copa las lágrimas que vertía.
Pasa! dijo el cenobita.
Al mismo tiempo hizo señal de acercarse á una mujer todavía joven y bella, pero
de semblante marchito. Llevaba el cabello suelto sobre la espalda como las plafiiderae de las tumbae. Antes de hablar levantó al cielo los brazos convulsos por la desesperación:
-Mi esposo, exclamó, era caballerizo del rey. Era virtuoso y fuerte; yo lo
adoraba y vivíamos felices. Pero uno de tuB haronee, rey Barald, eorprendiome un dia
que él me eBtrechaba contra su corazón. Tuvo envidia de nuestra ternura y quiso
poseerme. Rechacé sus des~os y me amenazó con vengaree ...... Hizo matar al hombre
que yo amaba; me expulsó de la ca~a donde me condujera mi marido el dia de nues,

trae bodaa ...... y ha dicho que impondría un castigo á todo aquel que me diera aeiJo.
La viuda sollozaba al acusar á su enemigo y en el fondo de la copa se mezclaron
sus lágrimas con el llanto del mendigo.
Que venga otro! dijo el cenobita.
Fué un niflo quien se presentó y debía tener impresa en el semblante la alegria
de loe juegos infantiles; pero avanzaba con los ojos bajos y era tal eu expresión de
conmovedora melancolía que un lamento surgió de la multitud al verlo avanzar.
- Soy, dijo el nifl.o, un pobre huérfano.
:.\li padre era un carpintero notable, que babia viajado por los países del sol trayendo consigo maravillosos eecretos ... EI te 5ervía con lealtad ¡oh rey! en mar y tierra!
Sin embargo tu ordenaste bU degollación ...... Y yo entre tanto, cuando llamo á mi pa·
dn,, no encuentro una· voz que me responda.
El rey' Harald comenzó á temblar de pies á cabeza, Sus brazos vacilaron, como
cansados de estar en alto, y prorrumpió en un gemido de angustioso dolor:
-B1.sta 1 basta, nifiD. No llores más sobre la copa; está ya demasiado lleTia, de•
masiado peeada ...... mis manos no pueden eostenerla más.
Aniqllilado, iba á dejarla caer, pero el cenobita vino en su ayuda.
-Harald, el ciego!-dfjole con voz fuerte,-el milagro que deseas va á cum ·
plirse.
El Hombre B 1anco, á quien sirvo ha visto á tu pueblo y á tí con ojos de misericordia¡ élquierequeelbál~amo que ha de-curarte sea hecho con loe sufrimientos de los
deegraciadoe.
E:npapó en la copa de lágrimas_ una tela sagrada é inclináadoae sobre el rey lavó
con piedad aquellos ojos que no veían.
En el nombre del Padre, dijo.
El rey ee inclinó sobre el agua divina pre'3a de un santo terror.
-Del Hijo ........ .
Los 1&gt;árpadoe, orlados de pestañas se ahrieron sobre los ojos blancos.
-Del Espíritu Santo .... .....
Las costras de.la ceguera se desprendieron de sus ojos, y la multitud las vió caer
al suelo y romperse en pedazos.
-Gloria! Gloria! Ciencia! Poder! exclamó Harald, aturdido, por Ja reeurroc•
ción de la luz.
Pero el cenobita movió dulcemente la cabeza y dijo:
-.No: Piedad!
Huou&amp;S LE ROUX.

los también malos: chubascos, vendabalee, días obecuroe
de bruma espesa, noches borrascosas en que nadie dormía ........ . A veces, cuando, el mar estaba muy picado,
ae amainaban las velas, se amarraba la vara del timón,
UA.NDO el emderador Napoleón, después de se encerraba el equipaje en el entrepaente y se confiaba
\Vaterloo fué á la isla de Aix, la víspera de entre- en Dios.
erarse á los inglesee, un teniente de navío, lla•
En fia, al cabo de seis semanas aparecieron las costas
mado 'Vi!dieu le propuso llevarlo á América, burlando de América; y ya era tiempo, pues el agua andaba escasa.
la vigílancia de los ingleses. Este Vildieu era un ardienAlgunas horas después entraba el Rlmpe-Rocas en el
te bonapartista, marino excelente que se había dedica- puerto de Halifax.
do especialmente á estudiar en alta mar la dirección de
- Uf! por fin he llegado, dijo la barca; y como en la
las pequeñas embarcacionee. Tenía confianza plena en rada babia mucho fondo para BU ancla se arrimó al cm.su Rompt-Roca y se comprometía á ir con él hasta el_ tado de una fragata que estaba alli fondeada y que la
dejaba maniobrar, estupeiacta.
fi n del mundo.
E l emperador lo escuchó largo· tie..opo, paseando á
-De donde venía? le preguntaron.
grandes pasos sin responder nada; al fio se detuvo, conLos tres héroes se descubrieron orgullosos.
tem pló algunos instantes el oceáno y Eacudió la cabeza
- De Francia!
en ademán negativo, diciendo &lt;mfü,.
Nadie quería creerlos, porque basta entoacee ningún
El proyecto de Vildieu no le inspiraba confianza; pre. viaje semejante se babia intentado.
fería más bien entregarse á loglaterra.
}1~ué M. Vildieu hijo, el último superviviente de la triAlgunos mesee después, el teniente Vildieu, que se la- pulación del Rompe-Rocas quien me hizo el relato de
mentaba de aquella negativa, quiso probar que su ten• esta verídica expedición hace algunos años, en una tartativa de evasión no tenía nada de irrealizable, Y en el de de inviernC'.
mismo buquecillo que había ofrecido á Napoleón, diriEl aspirar.te de 1816 era ya un viejo marino de la
gió la proa hacia América con dos aspirantes de marina1 Aduana, pró:x:imo á jubilarse, pero eiempra apasionado por el m,u . Amenudo me invitaba á sus paseos .Y
uno de loa cuales, el más joven, era su hijo.
La travesía fué larga y penosa, el Rompe-Rocas cuida- juntos hemos visto más de un vendabal.
Esa misma tarde huyendo del mal tiempo buscarnos
dosamente provisto, llevaba á su bordo barriles de agua
potable, penmican y galleta. Por la carne no había que un abrigo frente á. Bonifacio, en una pequefia ensenada
preocuparse pues llevaban tambien una gran caja llena de las costas de Cerdeña. Qué noche aqueHal y qué de•
de gallinas y pollos que casi ocupaba la mitad del puen• licioso paraje!
A lo lejos se veían brillar entre las rocas las luces de
te: la distribución de loe víveres se reglamentó desde el
primer día con la mayor prudencia, de modo que la tri- loe carboneros; más cerca una emba1 c.t.cióu de pescadores de coral 1 napolitanos que preparaban sus redes can•
pulación no tuvo nada que sufrir.
Pero el régimen de carne salada se hizo á. la larga fati- tando. Luégo las claras luces de nuestro vivac n.flejadas
gante; la Bed secaba loe labios, pero á. pesar de esto las en el agua¡ los marineros acurrucados en torno, Ja sopa
dos raciones diarias de agua no sufrieron modificación humeante y provocativa, y de pie, de fü,paldas á la lla•
ma, con su gran bigote blanco, su sonrisa benévola, sus
ni nguna .
Una vez, con mar de aceite, se vio flotar algo redon• oj11los grises, llenos de malicia heroica :i\I. V1ldieu, con .
tándonos la odieea del Rompe Rocas ·
do hacia un costado de la barca.
Era M. Vildieu un verdadero marino occidental. A
-Una manzana á estribor gritó alegremente el timolos siete años hizo su primer viaje y desde enwncea esnel!
Era en efecto una manzana, que flotaba en medio del tuvo siempre en el mar.
Según au cuenta se había encontrado en diez y ocho
océano. Probablemen te caería de algún buque que la
víspera había pasado por allí; se le regaló la manzana naufragios; pero lo que él callaba siempre eran las sal•
al capitán; pero como lo capitán no quita lo cortés, él qui- vacionee que con su instinto de tierra próxima 1 habia
so que toda la tripulación comiese de ella. Aunque el realizado. El asunto predilecto de su con vereación era
agua de mar la hubiera alterado mucho, no obstante pa• un fueil de su invención que deseabl ver en las manoa
reció á todos exquisita y hubo esa noche festín á bordo de todos loe aduaneros de la costa. Hacía largo t,1empo
que había enviado á París una exposición de au famoso
d el Rompe-Rocas.
Si el viaje tenía sus buenos ratos no dr jaba de tener• invento y se admiraba de que la Academia de ciencias
UN ~PISODIO,

tardara tanto tiempo en contestarle. Esta era la única
tristeza de su vida. Por lo demá,s su vejez era de lo más
alegre del mundo y aun en el peligro reía siempre. Cuando el mar ee embravecía tenía una manera alegre de
gritar :
Cuidado, grumete, que podemos zabullir la nariz en el
vinagre!
A veces, cuando en plena borrasca, me alcanzaba á
ver asido á algún punto sobre el puente, mirando al cielo vagamente y apretando entre loa dientes, hasta romperla, mi pipa marsellesa, me decía al oído:
-No tengáis miedo, camarada, que eBtáis c.Jn un marino. No ha_y duda que algún día me ahogaré, pero eso
no será sino en medio del océano.
Y cumplió su palabra¡ porque una noche1 sobre las
costas de Bretafia, tratando de socorrer un cabotero que
naufragaba, se ahogó.
¡Pobre viejo! Si siquiera hubiera llevado consigo su
fusil. ........
ALFONSO DAUDEr.
ALBORADA.

Con sus dardos de luz las brumas hiende,
desde las cumbres de levante, el día¡
las agrupa en la opuesta cerranfa
y en el lejano bosque las suspende.
Consoladora cruz sus brazos tiende
en la clarada de la selva umbria;
la hiedra en ellos sus zarcillos lia
y el blanco velo de eue flores prende.
Ante el madero las doncellas oran.
Dos pajarillo:i que en la hiedra moran,
al sentirlas llegar, ya no se espantan.
Y en tanto que las vírgenes, de hinojos,
en lo alto de la cruz puestos los ojos,
murmuran su oracion, las aves cantan.
ANSIAS ETERNAS,

Tras a lgo voy desde mi edad primera,
y siewpn, dice mi esperanza vana
cuando me siento flaquear: ¡ mañana!. ....... .
Yaef pasando va mi vida eLLtera .
Lo que busco no sé. Si lo supiera
crecena la aoguatia que me afana,
pues solo estima la ambición humana
lo que no ha conocido y lo que espera.
Y todo cuanto miro y no poseo
lo juzgo fin de mi eternal deseo,
watJ conozco mi error si lo consigo,
Y aei cruzando voy la triste vida :
el término de mi ansia indefinida
nunca sabré, pero buscando sigo.
Spbre. de 1897.
J. GARCIA Roomom:z.

�EL MUNDO

DOMINGO

12

de StPTIEMBRE de 1a97
DOMINGO

12

EL MUNDO

de SEPTIEMBRE de 1107

Corazón de sacerdote. POR H.

s.

DE FORGE.

ILUSTRACIONES HECHAS EN NUESTROS TALLERES.

Número 7.
Era preciso obrar lo más pronto posible y cortar por lo pero reconquistaba aquí y ahí algunas briznas de eu an•
sano eee proyecto antes de la llegada del capitán. Pe- tigua aot.oridad, sobre todo cerca de los recien venidos.
De este número era el joven matrimonio Lecbesne.
ro si Adalterto vefa el fin, se agotaba en vano buscan•
do loa medios de alcanzarlo, por fatuo que fuese, com- El eeñor Lecheene, buen hombrecillo, sonriente y feeti•
prendía. que su opinión no seda reclamada. Hacer va- •vo, que había, tres ailos antes, adquirido el único esturiar al se.flor Jouvenot merced á un trabajo solapado, dio notarial de Ganneville, su mujer, delgadita y plácique consistiese en informes poco honrosos para la fami- da fácil de dominar, babíanse dejado acaparar, dominar,
lia Sennevau:x? No le repugnó este medio, pero loe in• absorver. La Señora Deecordee había encontrado uno
formes que tomó secretamente eran de tal euerte favora- de eue trinnfoa de otro tiempo en el bogar de esas jóvebles que no se podía penear en alterarlos. Obrat en sen- nes gentes donde lo dirijía todo.
La llegada de Adalbe:rto, anunciada por un telegrama,
tido inverso y desalentar á la !!eñora de Sennevaux, era
trastornó
el estudio. El único dependiente miró coa
dificil y aingularmenle reegoeo para el primo y eecretario del señor J ouvenot. Adalberto permanecia pues per- ojos de estupor al primo de un notario de París y el seplejo y vacilante, en tanto que Pablo, inconeiente de to• flor Lecbeene, se precipitó hacia él con las manos exten•
• das lae emociones provócadae por sus palabras amisto, didae, no sin alguna emoción ante ese delegado del gran
•colega de la capital. La conferencia duró haeta la comieae, continuaba sus himnos en favor del visjen:
-Qae amigo tiene en vos mi Roger, mi querido Pa- da, á la cual el señor Lechesne invitó tímidamente al
blo!. .... ~ le decía la eefi.ora de i5tnnevaux, con un reco- viajero, y que eete ee dignó acept~r. La eetlora Leches•
ne, previsora, se había puest;o sus mPjoree adornos. llanocimiento cuya vivacidad no se explicaba el abate.
-Qué comisión, se preguntaba Adalberto, le habrán bía salido la ropa de eeda negra que no ee exhibía sino
en loe grandes díaei. T0do el tiempo del almuerzo, Adaldado á éste relativa al dott:?
berto, encantado de poder darse tono, deeplegó su fa.
VI
cundia ante el matrimonio deslumbrado. Ya era el rela•
to de grandes nt&gt;gocios, que se trataban en c&lt;eu estudio1&gt;
La señora de Sennevaux no era solamente bella é iny donde naturalmente él ee atribuía el papel principal;
teligente, era también muy babi!. Habiéndoee asegurado
ya brnmas de boulevard, que eue oyentes no siempre
deede el principio de la solidez de la fortuna de 1 señor
comprendfan 1 pero de las cuales reían confiados. Aun
,Jouvenot•, deseaba que él conociese laeuya1no menos bien
aconteció que habiendo sido el seilor Lecbeene llamado
acondicionada. De esta manera, si, una vez vuelto Ro
al estudio un momento; deepaes de la comida, Adalber•
ger, Jas cosas se arreglaban al gueto de sus deseos, ya no
to púsose á decir á la joven unas coeall, oh! unas cotendría que preocuparse de estas cuestiones de dinero.
eae!. ..... Pero aai era sin duda como loe jóvenes de Paria
Se presentó pues una mafiana en el estudio y pregunhablaban á las muJeree, y la s1 fiora Lecheene reía un
tó por el notario. Adalberto la recibió con loe mayores
poco smetada pero muy halagada en el fondo y limiteetimoLioe de respeto, muy inquieto sin embargo de
una visita que le parecía poco tranquilizadora para sus tándoee á vagas protestae.
-Obl Sefior Deruell Sioe oyeran!. ...... ..
ambiciones secretas.
En la noche llegó loda la familia Dosoordee, como por
Introducida inmediatamente, la condesa explicó al
eefíor Jouvenot, que poeeia no lejos de Ganneville, cer- casualidad pero con toilettee que traicionaban la pre·ca de eu caeLillo, una granja recientemente comprada meditación, La conversación ee generalizó¡ y desde el
que le daba muchos cuidados. Había ahí un enredo de principio k\ eeñora Deecordee tendió la oreja á loe nom-

$u1ei~a.-De un cuaaro ae ,9.. ~ernara.

herencias suceei vas, en el cual ella ee perdía y donde BU
notario M. Lecheene, excelente bo..obre, pero un poco
joven y novicio, no parecía mejor librado que ella.
Incidentalmente habló del fastidio que causaba á una
mujer ocuparee de todas esas cosa.e, lo cual le permitió
indicar de paso al eeflor Jouvenot el valor de la tierra de
.Jouy, eus principales bienes mueblee, la parte que co•
rreepondería á Roger y lo que ella afie.diría como dote,
cosas todas que el padre de Lucila oyó con grande interés.
En cuanto al asunto, fio aparente de la visita, y del cual
ee cuidaba muy medianamente, pidió al eefior Jouvenot1 como un servicio de amigos, que enviaee á uno de
sus dependientes á Ganneville para conferenciar con M.
Lrnhesne y tratar de desenmarañar ese enredo confuso.
El eeflor Jouvenot ee ofreció á ir en persona, lo cual re•
bueó ella aceptando solamentequenombraeedelegadoá su
eecretario. Esto bastó en efecto perfectamente para permitir al padre de Lucila conocer y calcul~r lo que ella
quería que supiese.
Adalberto partió el mismo día después de haberse
quejado mucho ante loe dependientes de la molestia que
le i!lferían, pero en realidad muy orgullorn de llenar
'una mieión de eea importancia, lamentando solamente
que fuese en interés de la sefiora de Sennevaux.
Diez y siete afio!:! habían pasado sobre Ganneville sin
llevar cambio alguno á la poblacioncita. La gran plaza
veía diariamente el paeeo del grupo iomutablemente fiel;
..algunos de sus miembros habían desparecido siendo in•
mediatamente. reemplazadoe. Qué importan lo~ hombrea c@n tal que queden las instituciones!.. .... Y aquella
había continuado siendo foco de noticias, centro de informes. La eefiora D~Ecordes no adquiriría más benevolencia para su prójimo, sus bijas no tenían ya ni beUe-za ni esperanzas, el seilor Deecordee no tenía ya energia
ni libertad.
Sin embargo, la prima de Charlier había visto niejo•
rar un poco su situación con el tiempo. Sin duda ya no
-reinaba como antes, como ama abeoluia de la comarca,

brea de la se.llora de Sennevaux y del abate Cbarlier.
Nombres aborrecidos que la acosaban incesantemente
como una pesadilla obsesionadora, recordándole loe días
amargos de su vida, toda BU obra de cuidad volviéndose contra ella en confueión, la lección de bondad tBn
impertinentemente dada por Pablo nif'io, su exclmüón
de la casa de Marta, públicamente pronunciada por la
condesa y que había sido la señal de su decadencia! Toda su religión se rebelaba al peneamiento de que Pablo
el hijo de esa Muta, era ahora sacerdote. Que ·eace1dote podía ser, eduJado como lo babia sido y dotado de loa
instintm, qne ella Je había conocido! Qué vergonzoeos
Pj~~plos habían rodeado su juventud! Cómo ee entriett&gt;cía de que el sacerdocio conraee miembros ec mejan tes
en sus filas! Su ccr.izón latía violentamente ante todos
esos recuerdos tan súbitamente evocados y habría caei
lamentado haber jdo á la visita á no advertir algo de
irritación en el tono de A1alberto cuando hablaba de la
eef'iora de Sennevaux y del abate Cbarlier.
-Vos debéis conocerá este abate, dijo. Yo creo qae
ea originario de Ganneville, aún cuando el no bable de
eso jamáe.
-Sil ei, nosotros le conocemos, le hemos conocido mucho, exclamó la eefiora Deecordee, cuyo tono acrimonioE!O advirtió á su Vf'Z A.dalberto.
~¡ Sr. Lecheene, alentado por esta obertura, no malo
del todo, pero encantado y orgulloeo de mostrar al Seeretario parisiense que en Ganneville también había habido ene aventuras, refirfo la novela de Marta y de Sa•
vinien, loe tiros de pistola de Charlier, todo esto dicho
E.in malicia alguna, puo con ese orgullo que experimen·
ta el habitante de una población pequef\a donde ha pasado algun acontecimiento trágico. Se discutió darante
una hora. La Sni. Lecheene por bondad natural, deíendía la virtud de Marta, el Sr. Lechesne movía loa hombros y guif'iaba maliciosamente loe ojos; la señora y las
seftoritae Deecordee, se callaban prudentemente; el Sr.
D;iecordee dormitaba. en un rincón.
Adalberto concluyó en tono sentencioso :

-~

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.~

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: . • •E -

�19•

-Cuando ee conoce la vida como yo la conozco, se
sabe lo que ha debido pasar como si se hubiese visto.....
Por lo demá&amp; ..... .la virtud ...... yo no creo en ella!
-Ohf ...... Senor Deruell
-Sen.ora, las personas presentes son siempre excep,cionee. Me alegro mucho de conocer eat.a historia ...... Y
no me admira ...... Con mi penetración yo había adivina·
do siempre algo obscuro en el pasado de ese abate....... .
Ah! buenas cosas ha de haber visto en eu juvent.udl Su
mamá y el eubpreft&gt;cto!.. .... Linda educación para uo sacerdote! ...... Pero mi primo ignora ciertamente todo esto
y mi deber es decírselo. Esto ea lo que no dejaré de hacer luego que vuelva á Par!e ...... No se puede conservar
en una casa como la suya á un hombre que tiene aeme•
jante origen y ha recibido semejantes lecciones, sobre todo cuando en esa casa hay una Sefiorita.
-Ah! dijo la Sra. Daecordes1 el Sr. Jonvenot tiene
una bija.
-Una hija encantadora, sefiora, y que tiene una dote
gruesa, muy gruesa, lo que hace que alguno que yo conozco la corteje mucho en estos momentos, respondio
Adalberto, con una voz sombría.
La Sra. Descordes dejó pasar un momento, después
pregunto:
-La Sra. de Sennevaux está muy ligada con la Sra.
Jouvenot?
-No sale de la casal La Sra. Deecordes sabía á que
atenerse. Pdro no podía interrogar á Adalberto como lo
hu hiera querido, en presencia de M. Lechesne, notario
de la Condeea. Se retiró invitando al s~retario á comer para el día siguiente contando con que él iría ante:!
á hacerle una visita. En un instante todo un plan de
campana acababa de presenturee en su imaginación.
Adalberto no dejó de ir y fué recibido en téte á téte. Ahí
la Sra. Descorde&amp; no tuvo trabajo para confesarlo y al
cabo de una media hora sabía ya que Pablo Cbarlier ha•
bfa imaginado casar á eu amigo R')ger de Sennevaux con
Lucila, que ese proyecto diagusraba al Secretario, que él
deseaba hacerlo fracaear á todo precio y que detestaba
al abate y á loa Sannevaux, tanto como ella misma loe
detestaba. Babia ahí todos los elemeDWa de uDa buena
obra que dehfa intentar para servirá. ese excelente joven
que le agradaba mucho, teniendo los mismos enemigos
que ella. Había también todos l&lt;;&gt;s elementos de una
intriga que sonreía á su ima2ínación desae hacia largo
tiempo inactiva y á en corazón ávido de venganza.
-Veamos, aenor, dijo á Adalberto, habladme con to•
da franqueza. Yo me siento verdaderamente inclinada
á vos por una eimpatía que sería foliz en manifestarse.
Vos deaeais vivamente que toda idea de mat:imonio
eea aban~onada entre vuestra prima y el Sr. de Sennevaux? No os diegustaria tampoco que ese abate Charlier
dejase la casa de vuestro primo?
-Eso precisamente! respondió Adalberto encantado
de que ee le comprendiese tan bien ...... Yo no busco por
lo demá.9 en todo esto más que los intereses de la familia.
-Bien entendido! Yo, por mi parte no me mezclo jamás en loe asuntos de loe otros, ámenos de ver en ellos
una utilidad que no perciben ellos miamoe ...... Encuen•
tro el proyecto del abate Charlier del todo irrazonable ...
Por lo que aé de M. Roger de Sennevaux, estoy cierta de
que vuestra encantadora prima sería absolutamente des•
graciada con él. Mucho mág valdría casarla en su mun•
do1 coa un hombre que estuviese al corriente de loe negocios de su padre, que pudiese ayudarle, sucederle ......
toma! con vos, Sefior Deruell
Ciertamente ...... Pero la Sra. Jouvenot está indigesta
de nobleza. Necesita un título ó cuando menos una
partícula.
-Pues bien, no tenéis vos una? ...... Yueetro nombre,
no easá eecrito con doe palabras?
-Yo no lohe eecrito hasta.hoy má.s que con uDa sola ...
Pl!ro en efecto ...... tengo el derecho ........ .
-Perfectamente! hay muchas familias excelentes,
burguesas en apariencia, que tienen la partícula. Asi
loe anW!pasados de mi marido se llamaban des Cordee.
Las dos palabras fueron reunidas en la Revolución y jamás ha querido mi esposo modificar su nombre. Ea tan
modesto!. ..... Usted lo ha dicho bien, me parece que el
abate Charlier ee ocupa mucho de la Sri\a. J ouvenot?
-Mucho, no es la frase justa ...... No ee ocupa más que
de ella, no la abandona ...... Se pasean junros, van jun,oa
por los caminos, al campo, eopretexto de limosnas, se
encierran durante horas en la biblioM!ca donde el aba-

KL MUNDO

te dizque hace \rabajar á mi sobrina ...... Me escandalizo
fri;icuentemeute y os confieso que lo que supe ayer sobre
ese aacerdo,e está muy lejos de disminuir mis preocu•
paciones.
-Tranquilizaos, Se.flor Dernel.. .... Yo quiero creer que
nada censurable pasa entre el abate y vuestra prima.
No debemos jamás hacer juicios temerarios. Pero en fin
ya ea mucho que las apariencias, de donde puede nacer
la sospecha ...... Yo quiero mucho á la Sefl.ora de Sannevaux, afl:adió la Seflora De'scordee, con una sonrisa cu•
ya falsedad no comprendióAdalberto ...... Yo la veré..... .
Yo la haré hablar de su primer viaje aquL .... En todo
caso, buscaré un medio ...... Voy á reflexionar y esta noche os diré si he encontrado algo.
Obl sen.oral Si hicieseis e!lo, 8i rompieseis ese matrimonio en proyecto, y si provocaseis la partida del sefl.or
Abate, mi reconocimiento ........ .
-Yo no me encargo mas que de la primera deestaa ta•
reas, la eegnnda será vuesha. Vos estáis en la casa, elefr
fiar Jouvenot es vuestro primo ....... Avos es á quien in·
cumbe decirle, ai lo juzgais á propósito, lo que habeie
eabido rt_01:1pecto al se flor Abate Cbarlier y á su familia .....
En cuanto á la gratitud no hablemos de eso ......... Yo no
obro jamás sino por el bien, es decir, por Dios, cuando
veo una obra útil y buena.
Tengo en mi vida demasiádas pruebas de lo que vale
la gratitud de los hombres; Ah! á propósito ......... es inútil hablar de todo eeto á M. Lecheane.
Después de comer la sefiora Descordes dijo simplemente:
-He encontrado mi medio ......... Volved á P,uís sin
temor. El matrimonio que temeie no se efectuará ........ .
os lo prometo.
Adalberto volvió lleno de confianza en el resultado de
las combinaciones de la seflora Descordes y muy decidido
á obrar de eu parte.
En cua1:1to al asunto fin de su viaje, quedi:.ba un poco
más embrollado que antes.

YII
El Abate Chavaaieux seguía siendo primer vicario en
Ganneville. Los afioa habíaa pasado, los curas se ha•
bian sucedido y siempre el buen abate se babia quedado [en ese puesto honorable, pero secundario, que
el obispo encontraba eufl::iiente para su inteligencia. La
señora Ddscordee estaba desolada. Había contado siempre con el advenimientq del abate Cbavae·sieux al curat:o
para readquirir la preponderancia en la, buenas obras y
aun cuando no formase jamás juicios temerarios, no vacilaba en atrit.-uir esta desgracia á alguna intriga urdida
contra ella misma. En cuanto á él encontraba su suerte
muy satisfactoria, estando desprovisto de toda ambición
y apreciando mucho loe numerosos ocios que le dejaba
su papal de segundo orJ.en; era un hombre cuerdo, Hgeramente epicureo.
Las relacionee del digno hombre con la familia DescOIdee, habían seguido como antes. El habíacerradoresuel•
tamen\e el oído á los malos conceptos que, después del
asunso Charlier babíanse expresado con respecto á la ee,
flora Descordes,-una santa-y á sus hijaa,-doaángelesl
responíendo á todos con su refran: La Caridad! 3an Pa•
blo lo ha dicho ......... La Caridad! Sus cabellos habían
pasado del gris al blanco. Su vientre se había redondeado notablemente. Pero nada ae había modificado en la
vida apacible del aba'8 quo jamás había dejado de ir á
participar el domingo de la comida de la familia Deacor•
deB y de las inteligentes emociones de la lotería. Dirigía
siempre la conciencia de las eefioras Descordes, mas en
cambio las piadoaae damas dirigían su voluntad. No
veía sino por sus ojoe, tan sometido á eu obediencia co•
mo el mismo M. Descordee.
Pocos días después del viaje de Adalherto, Ja sefiora
Descordes, informada de que la sefiora Sennevaux iba á
permanecer una corta temporada en Jouy, fuese á encontrar al abate Chavaaieux y le dijo:
-Querido senor abate, vengo á hablaros de una buena
obra importantísima. Se trasa de detener á una familia
honorable, que se desliza por una ptindiente funesta ......
-Grande y buena obra en efecto, respondió el vicario¡
sí.. ....... impedir el mal.. ....... La Caridad! Siempre ....... .
antes que todo!
-Escuchadme bien ......... la coea ea delicada y el éxi•
to sería ciertamente meritorio á los ojos de Dios ........ .
Vos conocéis á la sefiora de Senneva,u ........ .
-Oh! sí. ........ noble dama ......... santa persona ....... ..
la eefiora condesa!.. ..... ..
- Sea!.. ....... Conocéis también á su hijo Roger ....... ..
-Encantador ......... un joven encantador!.. ....... Hace
muchos afioe qua nole veo ...... Es militar según creo..... .

DO ■ IIIGII

la de SEPTIEMBRE do ,&amp;97

-E.n. fin, oeinteresaiB;ciertamen'8 por laeenora de Sen- .
nevaux y por su hijo: Pues bien! son ellos á los que ee,
trata de preservar de un gran peligro é impedir que sean ,
víctimas de una maquinación que de lograrse haría la deegracia de su vida.
Ciertamente ......... ciertamente es preciso ......... Yo ro•
garé mucho al buen Dios para que loe libre de todo mal•
-Eso sería en efecto muy.útil. ........ peroeslfuerzaunir
á vuestras plegarias una acción m'-s humana y más di•
recta ......... He aquí loe hechos: La eefl.ora de Sennevaux-:.
ee ,ha dejado conquistar en París por una familia sin religión ......... de esas gentes de dinero; ya ea.beis, que no
piensan más que t,n las ventajas mundana" ........ .
-Muy perecederas, mi querida hija1 y que corrompen
Jae almas y comprometen en salud eternal
-Perfeclamentel. ........ En esta familia hay una joven
demasiado linda á lo que parece, que querría casarse con
el señor de Sennevau:s-, que ni la conoce. Y no se ocupan
ni de las conveniencias de caraot:er ni de los eent:imien•
tos religiosos de esos jóvenes ........ .
-Qué es esW! Ah! el mundo pertenece siempre á Sa•
tamh•!
.
-Hay algo peor aún ......... esa señorita no tiene ........ . .
cómo diría yo? ......... no tiene la conducta que una joven
debe observar ......... Vive en medio de t.odoa los placeres
parisienses, en medio del lujo, de las alegrías mundanas,
de las fiestas de todas claees ......... y por úaimo üene una
afección ......... criminal, oh! mlly criminal.
-E~ posible! Una seflorital.. ....... Ay ........ todas debe•
rían parecerse á vuestras bijas .......... Unos ángeles esas
queridas sefioritas, unos '-ngeleel
-Lo horrible del caso es que esa desventurada nina ha,
sido trastornada en au moral, por un ... ~..... por un sa•
cerdote! ........ .
-Oh! Dios mío!
-Si, vos sabeia, el cielo permite, por designios que
:::iueatro pobre espíritu no puede comprender, que haya
malos sacerdotes, muy raros felizmente, que son loe dee""cendientes de J udae y un instrumento de escándalo y de
maldición. Yo sé detalles que no puedo repetir, que os
harían extremecer ......... Los padrea no ven ......... 6 no
quieren ver ........ .
-Qué ceguedad!
-Y como la joven ea muy rica, lo que cubre todo en ese
triste mundo de P11rís, como sus padrea tienen la ambi·
ción, aunque son de mny humilde orígen, de darle un título, casándola con un noble, ae ha formado todo un complot:, para sorprende1 á la señ Jra de Sennevaux y hacer
que esa eenorica se case con su hijo ...... El está lejos ......
Se ha esperado que no sabría nada ...... Asu regreso se ha•
rá el matrimonio ......... El org 1110 de loa padree quedará
satisfecho y la desgracia del conde R1ger consumida.
Qué abominacióul
-Ese sacerdote indigno ea quien ha maquinado todo
eeo, cubriéndose con una máscara de amistad para con eL
Sefior de Sennevaux ...... Ya adivinareis su :fin ...... No ee
atreve uno á sondear la profondidad de .semejantes horrorf's.
-Pero acaeo se podría impedir t,sto ...... abrir loe ojos
á la Sra. de Sennevnux? Sería en efecto, como lo decis,
una obra meritoria, una obra de caridaj ...... Ohl la cari•
dad!
-Justamente, y yo he venido á pediros que os aprovecheie del viaje de la Sra. de Sennevauxá Jouy para re•
velarle toda estH. trama.
-Yol exclamó el pobre vicario, sobreaaltándo!e oomo.
ante nn azote ...... Yo ...... yo ...... pero conqué título Señora ..... Y o no se nada!
-Vos sabeia todo eso que yo os digo y tanto, como yo
misma sé y os aseguro que lo he obtenido todo de buena.
!uent,e......... Un pariente próximo de la eeilorita, que vive en la familia, y que ve por lo mismo todo Jo qlle pasa.
y cree un deber de conciencia advertirlo á la aefiora de Sennevaux. El vino ha poco, expresamente á Ganne"rille,.
para pedirá los aniigos de la condesa, que la previDieaen. Vos sabeia que desde hace tiempo yo no tengo relaciones con ella ......... Li calumnia ha hecho su obra ...... .
Esta es una de lae numerosas penas que yo ofrezco al Se·
fior y ya veis que estoy lejos de querer mal á la condesa,
puesto que trato de prestarle un aervicio ......... Pero mi.
intervención personal sería sospechosa y más nociva que •
útil. Para hacer llegar la verdad hasta ~lla misma, un
sacerdote de vuestro caracter ea el solo que tendrá la au• •
toridad requerida.
• -Dios mío! Dios mío! gemía el infortunado vicario.
-Si, sefior abate, inaiPtió sin piedad la sefiora Descor-.
des ......... No hay más que voa ......... y dejadme decíroslo, instruido como vos lo estáis ahora, no teneis el dere•
cho de snstraeroa al deber que se os impone ......... Cuan·
do venga.la eeñ.ora de Sennevau:r: ........ .
- Eso ee, exclamó el abate, asiéndose á esta tabla de
salvación con la avidez de loe espíritus timidos que creen
haberlo ganado todo, ganando tiempo, dentro de treo ó.
cuatro meses, cuando venga la aeñora de Sennevaux ......

DO ■ IIIGO I• de SlPTIEMBRE do 1897

EL MUNDO

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·, il,¡,1,, .

-Dentro de tres ó caatro meses será demasiado tardeLa señ.ora de Sennevaux llegará mañl!oa y pasará dos
dias en Jouy ......... Maiiaoa, eefior Vicario, es cuando de•
beis hablarle!
El abate Chavaseieux se quedó aterrado. Vanamente
se debatía acumulando las objecionee, buscando una ea•
capatoria. La. señora Deacordes respondía á todo, estrechándole con au voluntad implacable. La lección del
vicario fuéle repasada suficientemente, todo le fué dictado, precisado, reasumido. L'l sefiora Deecordes no omi•
tió más que el nombre del sacerdote cnlpab!e, temiendo
despertar alguna suposición ea su espfüto, por confiado
que fuese. Fué preciso ceder, y al día siguiente, des•
pués de u □ a noche singularmente agitada contra su cosiumbre, el embajador fonado tomó au bastón y se encaminó hacia el :::astillo con nn paso que se hacfa más lento á medida que se aproximaba al fin.

En camino rumiaba dolorosamente lo que tenía que
decir, pidiendo todavía á Dios un supremo milagro que
apar1ase de él eee caliz. De pronto se detuvo y fatigado
ae sentó al borde del camino. Su espíritu estaba más
cansado que sus pieraas.
Una gran turbación volvía confuso eu pensamiento.
Pareciale oir algo como un murmullo vago de su con·
ciencia.
Era una cabeza un poco debil la del abate Cbavaesieux,
un espirito sencillo y sin malicia, un carácrer pobre, pe•
ro había también ahí una alma recta de hombre honra•
do. Seguramente le indignó, y, sobre todo, le entristeció Jo qne le dijo la eefiora D~ecordes. Qué horrible re•
velación! U oa sefiorita ...... un sacerdote...... ut. complot contra la eefiora de Sennevaux y su hijo! Todo es•
to espejeaba ante sus ojos, que tenía necesidad de cerrar
para garantizarlos de una luz demasiado cruda y cho•

cante. Era posible que Dios permitiese cosas tan viles?
Qué malo era eso! Sf, era tan malo que en eu alma se
deslizó una ligera duda, casi imperceptible ..... .
La eefiora Deecordes estaba segura de lo que aseguraba? No estaría engallada? La verdades que no debía llegar ...... Se volvería ........ .
Pero una idea súbita le hizo palidecer de pronto. La
eefiora Deacordea era viva de genio1 muy viva ...... Grandes eantos hao ten:do este defecto casi meritorio en su
pasión por el bien. No se resfriarían aua relacione&amp;? No
vendt'ía una ruptura? ...... Gran Dios! Las comidas del
domingo ...... la lotería!
El pobre hombre ae puso en pié, trastornado, ~resa
de una verdadera anglletia, no sabiendo ei debt ría dirijiree hacía e~ castillo 6 tomar de nuevo el camino de la
ciudad. Pero el ligero murmullo interior continuaba
siempre y el abate con la cabeza baja, púsose en ca.mi ..

�DOMINGO 12 do SEPTIEMBRE do 1197

EL MUNDO

no hacia Ganneville. A algunos pasos se encontró con á. las gentes teniendo cuidado de mautenerse fuera del
las aefl.oras Descordes que so pretexto de paeeo habían alcance del fuete. Y lo era hasta el punto de que en su
ido de aquel lado, impacientes por saber el resultad&amp; de viaje á Ganneville no había oeado, apesar de la resolución tomada, repetirá su primo las hablillas que había
su visita.
El Eúbito sonrojo del abate no anunció nada bueno á recogido respecto á la familia de Pablo.
Erraba en el jardín, sombrfo, displicente, rompiendo
Ja eei\ora Deecordes.
inocentes ramas, furioso contra el abate, acuEando á. la
-Y bien?
-Dios mío, señora, balbuceó el padre muy conmovi• sefi.ora Dernordes de traición, ensayando en vano abor·
do ......... be pensado ...... he reflexionado ......... proba- dará la aeflorita Lariviere, demasiado ocupada para detenerse un instante, ó á. Lucila que había vuelto á su cá.•
blemente es pr~ciso que hablemos ........ .
-En suma, intenumpió nerviosamente la sefic,ra Des- mara y bajo la cortinB imperceptiblemente levantada,
espiaba la vuelta del landau.
cordee, habeis ido al caijtillo?
Un ruido de voces llegó del fondo de las calles del
- No1 yo os diré ....... ..
jardín al melancólico Eecretario.
-Así pues, quereia que ese abate Charlier continúe en
Los visitantes estaban ahí, y cuando él llegó en medio
sus e11cándaloa't
La stñora De acordes se había olvidado de que no debía de la barbulla del primer momento, en que todo el munpronunciar ese nombre. Pereibióse de su falta viendo al do hablaba á. la vez, apenas ai se fijaron en él.
La aefiora Jouvenot lo presentó rápidamente entre
vicario súbitamente grave y frío. El nombre pronunciado había sido para el toda una revelación. Por sencillo doe fra"Eee: M. Deruel, nuestro primo y el secretario de
que fuese su espírit,u, prodújoee en él una claridad re- mi marido.
pentina.
Un 11aludovago1 trivial, eso fu é todo. Una verdadera
-No, Befiora, dijo con una voz firme y levantando la rabia mordía el corazón deAdalberto, humillado de vercabeza, no he ido al castillo y no iré.
se en eegundotérmino y exasperado por todo lo que veía
Y saludando á la sefiora ·neecordee, estupefacta y fu- y oía, el título de conde que la señora Jouvenot había
riosa, se alejó, no pensando ya más en eue cowidad dtd hecho sonar al acogerá. Roger, la actitud gracio@a y ele•
domingo v en su loteria, probablemente perdidas para gante del capitán, la radiante cara de la sefi.ora de Sen nesiempre, pero satiEfecho de sí mismo, sintiendo que
obraba bien y 1epit1éndose esta vez con una impresión
profunda y del todO nutiva: La caridad! La caridad!

I.A MODA

vaux, el aire alegre de Pablo, que Ee hubiera dicho triunfante, basta las miradas conmovidas que la eefiorUa Lari viere lanzaba sobre el oficial.
Y muy otra foé la eecena cuando Lucila ll egó, pareciendo deelizarae por la avenida, apare'ciendo en medio
de las flores menos fres-::as que ella, bajo su leve sombrero de jardín todo unido, cuya sombra aumentaba la
dulzura de sus ojos. Natural, sin embarazo, quizá un po•
ca más sonrosada quede ordinario, besóá la eefiora de Se·
nnevaux, y sonrió á. su hijo, que ~ inolinabaanteella
deslumbrado y lleno de turbación.
Roger era sencillo de C•Jrazón. Ese soldado de treinta
afioeque combatía en lejanas tierras desde que había sido
hombre, guardaba intacta toda la ingenua eeneibilidad
de una alma joven y delicada. Presa de un acceso de ti•
midez invencible, se refugió cerca de Pablo.
Poco á poco sin embargo, la tirantez del primer momento despareció. Roto el hielo, el capitán se reanimó
y mostróae como un conversador brillante, alegre, que
mezclaba la fisonomía militar, · unida 8 una suprema
distinción.
Todas las palabras de Roger y del abate, dejaban ver
el ardor de una amistad casi fraternal y la perfecta co ...
munióo de sus seotimientoe.
(Continuará )

VIII
El día tan ansiado por la señora de Sennevaux, llegó
por fin. Roger, el flamante capitán, estabaá su lado, con
seis meses de vacaciones dtilaute¡ hermoso con au pálido
y fiero rostro bronceado por el 1:01 dti loe paises ardientes, lleno de ternuras y de ingenuidades.
La ~efi.ora de Sennevaux, apesar de eua deseos de mostrarle, retúvole para ella sola loe primeros diae, y en el
seno de la expansión bablóle de su acariciado proyecto
de matrimonio con ·Lucila, de la belleza de esta, de su
bonJ.ad y de su riqueza, de la ayuda poderosa que Pablo, el querido amigo y camarada de infancia, le había
prestado.
Roger se entusiasmó y estuvo de acuerdo con te.dos loa
proyectos y quedó decidido que brevemente se haría la
_preeeñtación.
Qué bacía entret~nto la señora Descordes? Qué había
sido de sus promesas tan formales, su seguridad tan po·
.eiüva de que acabaría con aquel proyecto de matrimonio? Parecía haber estado anime,da de un verdadero. ardor ...... Se habría casi creído que tenía un interés personal, idémico aldeAdalbertoy noaolamenteeete no tenía
notícia alguna, sino que loa acontecimientos marchaban,
precipitándose, tomalldO el aspecto más inquietante, eiu
.que su intervención se hiciese eentir en nada para im•
,p edirlos.
Había t:!lla obrado, había fracasado? El secretario rumiaba todos estos pensamientos con una inquietud que
las circunstancias explicl\ban .demasiado.
Porqué ese día, el caetillodeThoiey,aur-Seine estaba en
.gran agitación? Pablo iba y venía atareado y ah:gre. La
señora Jouvenot, muy excitada, se movía también con
animación, dando órdenes, hablando mucho, mirando
sin cesar el péndulo. La señorita Lariviere tomaba airee
misteriosos de confidente, que habrían baetado para es. clarecer á Lucila, si eeta no hubiese sido demasiado fina
para haberlo adivinado todo deide hacía largo tiempo.
El landau estaba listo y después de haber olvidado sus
guantee, su sombrilla, etc., etc.¡ después de haber pueE•
to en movimiento á toda la casa para encontrar esos diversos objeto@, después de haber llam;do tres ó cuatro
veces á la aya á un rincón, para hacerle en voz baja sus
recomendacienee supremas, la señora Jouvenot había
subido por fin al coche con el abate, para ir á la estación
á buscar á la condesa de Sennevaux y á. su hijo, que
venían á pasar al castillo la siesta y la velada.
Adalberto tenía pues eobrada razón para estar ansioso.
.El peligro ee aproximaba. El tambien estaba muy agitado, Eentíase aislado é impotente, privado del apoyoee_perado de la señora Descordee. Era una naturaleza mala pero sin energía, d~seoea de aprovecharse del mal he•
.ebo l)Or los otros, temiendo realizarlo por sí mismo. Per1.enecía á la categoría de el!oe malvados sin audacia, muy
,-semejantes á los perros falderos. y poltrones que ladran

EL MUNDO

DOMINGO 12 da SEPTIEMBRE da 1197
VESTIDO PARA NINA DE 8 A 10 AÑOS.

TRES VESTIDOS DE CERF.MONIA
Amiga y hermaua d.e la deMposada.
Hrmanita de II á

12

ar.os.

Este vestido de acordeón rosa, es de un efecto encan.
tador, orlado sencillamente con dos liatones de rarn de
un tono más subido; del mismo liatón se forma el cinturón con largos caboe. Cuello de encaje crema.
2. La figura pa.incipal de nuestro grabado, (amiga de
la novia ) nos muestra un rico traje de raso violeta, con
dos quillas de encaje. Gran parte del talle está cubierto
también por encaje, que se pierde bajo unae vneltas de
raso plegadas eobre los bombroe, y adornadas por rucbés
de muselina de seda. Bullones dela misma muselina cubren el escote, que termina por un volante gracioeamearecogido. Las mangas van ador•
nadas de la miema manera que
la vuelta, y con holán de muse·
lina en el borde.

Se compone este trajeci~o de una enagua campana roja, con dos cintas blancas (una más ancha que otra ).
Cuerpo blusa con delantero de una sóla pieza, fruncido
en el talle y espalda y ::errado en medio.
Está guarnecido de un bolero de piqué blanco cortado
de una e6la pieza y recortado con punto de ojal : botones
de nacar.
Mangas cerradas por un pufio de piqué. Cuello recto
de piqué.
Grande capelina de paja de trigo, adornada con cintas
crema.

E spaldas del fi&amp;urin nllm.

1.

Traje para otra herma~ita de
14 á 15 años.

Se hace de fular á rayas, tor•
nasal azul y oro. Cuerpo blusa
cruzado, con tres volantes de
nípis, que se fijan sobre un
cuerpo acordeón, y van &amp;dorna.nadas con cinta muy angosta
de terciooo::ilo negro. Mangas
ajaretadas. Cinturón y cuello
de nípis.
SERVILLETA PARA TE.

Hoy publicamoe un grabado
que representa una servilleta
para té, con un nuevo trabajo.
de fácil ejecución y gran efecto.
Las eervilletae tienen de 32 á
34 centímetros cuadrados, más
un dobladillo en todo el contorno de uno y medio centimetros.
El género empleado puede ser
alemanizco ó piqué.
El bordado, cuyn diseño pu•
blicamos hoy al tamafio natural,
está hecho de la manera siguiente:
Se bordan todos loe cantor•
nos al punto de cordón, con
hilo rojo la valle, de la marca D.
M.C.; todo el interior deldibu·
jo ae llena en seguida con pun•
toe de fantas ía de hilo blanco.
No nuede imaginarse el efec•
to de eat.e bordado con puntos
tan distintos y loe c1., Jores blanco y rojo.
Pueden hacerse las eervilletaa
de mayores dimensionee ; pero
debemos recordar que el dibu·
jo se coloque siempre en un ángulo de la eervílletli.
BLUSADEMUSELINABORDA0A
DlLANl ERO Y ESPALDA

•

La gracia de esta blusa consiste en la armonía de los plie•
gues que lleva tanto en el de·
laotero como en la e@palda. loa
cualt!s se recogen en la cintura
poniendo por dentro una tlra
de forro que pueda contener
cuatro jaretas.
La cerradura está disimulada
en el lado izquierdo bajo una
escarola de encaje¡ grande a bom•
breraR con alforzas y encajes
caen ijObre las mangas en forma
de jokeya. Cuello alforzado lo
mismo que las mangas, comple·
tanda su adorno con t-ncajes.
Tres vestidos de ceremonia.

1

�EL MUNDO

lg8

DOMINGO l.a de SEPTIEMBRE de 1IS&gt;7

~EL VINO SAN GERMAN~
que ta~to éxito y fama ha_obtenid~ desde su presentación en el mercado mexicano, no necesita para que el públi~o se convenza de sus
maraullos~s efectos, publicar certificados de cnracione3 obtenidas en Rusia ó rn el Japón, ni opiniones de Médicos conocidos en China ó
en el Brasil, que, com? pueden ser ciertas y auténticas, también es fücil sean inexdctas y apócrifas. La compañía fabricadora del VINO
SAN 6EHM AN, co!wenc1da cl_e _los maravillosos medios curativos, de los componen tes ele su preparación y de los beneficios inmensos de su
u~o, lo ha so~eticlo al anáhs1s de los más afamadcs químicos, al estudio de los facultativos de más renombre, al experimento en los hosp1!ales y ~límcas, y, cuando recogida la opinión de todos, una eola e8 la contestación: Prodigioso se decide á dar á conocer al ilustrado público mexicano

LECTURA PARA LAS DAMAS
RETRATO DE UNA MUJER CU.llPLIDA

He aquí en las palabras de un padre de
familia, el amable retrate de una mujer
y de una joven á quienes eu buen corazón enseñó esta cieacia de los detalles de
que venimos hablando.
"Mi mujer y mi hija tienen en ver lad
muchas buenas cualidades, pero todas
las estimo en poco, comparadas con loe
~umplidoo y agasajos con q 11e saben cautivar.
«Si entro á casa preocupado, cuidadoso
é inquieto después de alguna ocurrencia
en los negocios, y parezco estar poco die·
-puesto á la cJnvereación, sus eemblaatee
no por eso están menos serenos: su continente denota en ellas el deseo que las
anima por distraerme sin importuuarme.
"Percibo que camtian una mirada, y al
punto la una ó la otra se acuerda de al •
guna de mis distracciones fav@ritae, que
hace venir á propósito ó la pone á mi alcance.
"Yo siento que no siempre soy amable,
recoaozco en mí las desigualdades; pero,
en fin, ellas provienen de los cuidados
que tonio para elevar convenientemente
á mi familia, y á mi edad es bien diffoil
que e@pere corregirme del todo.
"Mi mujer coooce mi caracter y me
trata conforme á él.
«Sabe que mi mal humor y mis ensimismamientos se díeipan ante cualquiera
amable atención, y siempre tiene de ret1erva una ó muchas de ellas.
"Mi hija l\,faria ee ha penetrado taro•
bién de su papel, dulce y amable; ella
atisba siempre loe deseos que coucibe rn
padre y loe satisface aun antes de que
yo tenga tiempo de expresarlos.
Hay entre ellas dos una encantadora
emulación de cumplidus para conmigo;
estoy seguro de no tener nunca que pedir
-esa multitud de pequeñeces que traen la
dicha doméstica.
«Tengo siempre á la mano loe vestidos
propios de cada estación y el traje de ca·
da dia; nunca el fuego encendido dema·
eiado tarde me ha causado pérdida de
tiempo mi impaciencia.
Servilleta para té.
«Si alguna vl!z he manifestado prefe·
rencia por algún manjar, estoy seguro
que ya no tendré neceeidad de ;olver á pedirlo; de tiempo en tiempo veré aparecer sobre mi mesa
el plato favo~ito, y na1ie pensará en solicitar de mí los agradecimientos como por un grande acto
de complacencia.
Hay un encanto iLfinito para el padre de familia, tan ocupado, tan deseoso de encontrar en el
interior de su casa el solaz que repare sus fuerzas y tranquilice su ánimo, en sentirse rodeado de esos
cuidados que no ha tenido tiempo ni aun de presentir.
Es neceeario mucho tino en una buena ama de casa para no caer ea el exceso de ese bien,
para no fatigar con las mejores intencion1:s del mundo, al que no fuera objeto de esas inten·
eionee y cumplidos mal entendidos. E3a cualidad no tiene todo su valor, sino cuando sabe ocultar eue medios de acción.
«;\faría, si me atrevo a decirlo, e3 más habil aún que su madre, en una ciencia tan amable .
«Todo ee arregla tan naturalmente con ella, que con frecuencia, la reflexión sola me indica lo
que ella ha hecho por complacerme.
«Me deja el placer de
gozar del bienestar que
me proporciona y aleja
de mi vista loe resortes
delicados que ha puesto
en juego para procurar·
melo.. »-(TnERY.)
¿No conocéis en torno
vuestro áalgunaáquien
este retrato se parezca?
¿Por qué cada una de
vosotras al leerlo no di ·
rá: Y o también seré
mujer cumplida?

La Opinión de la Ciencia sobre el Vino San German.

:\Iuy señor mío:
Cuando recibí la primera muestra del
c\"ino de Saint Germain• que se sirvió
usted remitirme, juzgué que sería una de
tantas preparaciones que con títulos altisonantes y recomendaciones pomposas
se nos ofrecen como maravillas terapéuticas.
Debo confesar qui:! después de haberlo
experimentado en mi práctica diaria, especialmente en los niños, he cambiado
completamente de opinión, respecto á su
elixir.
Siempre que he empleado el «Yrxo DR
SA1XT GERMAIX&gt; be obtenido los más Ji.
sonjeros resultados como tónico y rec-ons-

!J
j

~

-. -

~

.,,

-pi

~
~ -,

DR, LA\'ISTA,
DR. BAXDERA,

•

~ ,+,

:\léxico, 12 de Febrero de 189i.
;\luy señor mío:
En vista de las componentes de la preparaci6n SA11&lt;T GERMAíx, no tengo inconveniente en recomendarlo como útil y eficaz en las enfermedades que causan profunda debilidad en la economía; de manera que se puede usar con éxito en la convalecencia de las fiebres en general, así
como en las anemias, tuberculosis pul monar, escrófulas, atrepsis, etc , etc., etc.
Quedo de usted afmo., atro. y S. S.
CARLOS TEJEDA,

Médico Cirujano de la Facultad de
J,.[Jxico, Profesor de Clínica Infantil
en la Escuela Kacional de Jfedicina de
México.

.,.

-

,\.

.:j

:.\faxt:EL GunER1rnz,
P, of esnr de 0/Jstetridn e11 la Escuela
Nacional de Mediciun de 1lfé.üco, miembro de la .-\ cademia de :.\Iedicfoa y de la
Sociedad Pedro Escobedo, m édico áel
Hospital de Sa11 Andrcs,

¿#./~

' ' ~~_}í

,··((~,.

'],.
DR. GARAY,

10

años,

tituyente, perfectamente acomodado á
personas débiles, á los convalecientes, á
los niiios raquíticos ó escrofulosos, y en
general á todos aquellos que por excesos
de trabajo ó enfermedades prolongadas
han visto agotado su organismo,
Por eso no vacilo en recomendarlo, y
me atrevería á llamarlo ELIXIR DE VIDA.
De usted afmo. S. S.
Dr. CoNSTANc10 PEXA foiAQUEZ.
del Cuerpo de Sunidad milita,·.

:\léxico 21 d e :.\layo de 1897.

' ·~ l '

i",•·.,. i•/,

Vestido para niña de a á

DR. P:&amp;~A IDIÁQUEZ.

La especial composición del Yrno de
SA!XT GERMAtn, en el que se adunan los reconstituyentes, los tónicos neuroténicos
y los cardiacos - al icthyol, hacen de esta
preparación una de las más adecuadas
al tratamiento de las enfermedades donde
domina la pobreza de la sangre y el debilitamiento del inviduo,

'
,,;

***
Se gusta uno, se lo di.
Blusa de muselina bordada, delantero y espalda.

Creo que I a feliz asociación de:las sustancias que entran en la composición del
Vrno DE SAINT GERMArx le 11seguran un
lugar preferente en la terapéutica.
Lo be experimentado perfectamente
en las convalecencias y he quedado satisfecho.
De vd. atto. y S S.
LEOPOLnO CASTRO,
Cirujano e11 Jefe d.e l Ferrocarril Interoced11ico y ,lfédico d 2l Hospital de
San Andrés

llléxico, 3 de Abril de 189i
'.\Iuy señor mío: Habiendo experimentado en algunos enfermos el Vrno DE
SAI);T G1tRllAIN cuya muestra me mandaron, Jo recomiendo como un buen tónico
y reconstituyente.
Quedo de Yd. ahno y S. S.
Dn. RAFAEL L\VISTA.

Cuando la mujer quiere hacerse hombre, no
llega más que á cesar de
ser mujer.
G. M. 'Valtour.

ce, se lo prueba. Esta es
toda la teoría del amor,
J. Rirard.

i\Iéxico, :.\layo 21 de 1897.
:\Iuy seüor mío:

He usado en varios de mis enfermos el
vino de San Germán y Jo considero una
medicina excelente; es un tónico poderoso,
de sabor agradable y muy eficaz para
los anémicos, linfáticos, tuberculosos,
convalecie ntes y enfermos del corazón
en general.
A. DE GARAY,
Profesor de Anatomía Q11ir1trgica
en la Escuela Nacional de Medicina,
Cirujano de los Hospitales Juárez
Espa1iol,

Jléxico, Abril 29 de 189i.
:\luy seüor mío:
He prescrílo el Vrxo DE SAJ:,; GERllAIN á
varios enfermos, después de haber eosa•
yado la muestra qne me remitió usted, y
lo reco miendo como un buen tónico y recons tituyente.
Quedo de usted afmo, y S. S.
DOCTOR, LORENZO CHÁ\'EZ.

Director del Hospital Valdivieso, m édico del Hospital Beístegtti.

DR. CLElIEXT.

Profesor de Cli11ica Externa iie t.1
Esrnela JV. de Jfedicina de .!léxico,
De los inumerables vinos tónicos de
que se sirve la terapéutica rno:lerna, el
mejor es sin duda el SAs GER'1ÁN, En casos de linfatismo, tuberculosis y anemia,
me ha dado siempre en los enfermos sorprendentes resultad0s.
DOCTOR CL!DIEXT.

De la facultad de ,lfo11tpensier (Francia). Especialista para las e11fermedades de la ci11tnrff.

«He usado con excelentes resultados e 1
Y1xo DE SAx GERMAx en casos de tisis pulmonar, de anemia y de enfermedndescrónicas de la piel.
N'o conozco otra preparación que contenga ichthiol, en la que el color y sabor tnn des.agradables de este precioso
medicamento estén tan bien encubiertos.
Las propiedades terapéuticas del icl1thiol
pueden ya ser utilizadas como medicina
interna.
Los enfermos toman este vino sin repugnancin, y al cabo de algunos días experimentan sus provechosos efectos.
A las dosis de una cucharada, una hora antes de las comidas, la administración de este vino no tiene peligro.
DOCTOR BAXDERA.
Hace algún tiempo qi:e empleo el V1;,;o
tónico de S.\l:s"T GEn,1A1:-. y siempre me
ha dado el mejor resultaao tanto en las
personas agot~das por lar·g&lt;'&lt;s enfermedades, como en los que padecen enfermedades pulmonares crónicas. Por lo mismo, no tengo ír,convenientc en recomendarlo
i\l. A VELEYRA1
Médico del Hospital de la Beneficenia espa,iola.

Muy seilor mío: La preparación de vd.
con el nombre de SAINT GERMAIN la recomiendo al público para toda debilidad
orgánica y espedalmente para sostener
las fuerzas de las señoras embarazadas,
quienes tomando esta medicina lograrán
que sus partos se verifiquen con más rápidez y quizá sin las terl'ibles co,nplicaciones que algunas veces ocurren.
En mi larga práctica de partos, he podido notar que mientras más vigorosa y
sana está la madre, más fácil es el tra bajo del parto y mejor el organismo el.el
hijo,
Con la Kola y los principios del Aceite
de Hígado de Bacalao se coasigue tonificar y fortalecer el organismo, y felicito
á usted por su buena preparación que
usada prudentemente y en los casos
indicados, proJu~irá brillantes resultados.
México, 22 de Febrero de 1897.
Dn. JosÉ L"l1c.;o.

De la facultad de ltléxico. E;pecialista en partos y vías 1tYÍltarias.

DR. M,Í.clAS.

Recibí la muestra del VJNo DE SAn GERMÁN que se sirvieron ustedes mandarme.
Su composición garantiza sus buenos
efectos y aquí en donde tanto abundan
las enfermedades por debilidad en la nutrición, espero que será de positiva utilidad para el público,
:\léxico, ~fayo 13 de 189i.
R :\lAc,.s.

�SANCRE PURA

~Pa;,..'Jfl/ler

es la fuente de buena salud.

La Zarzaparrilla
del Dr. Ayer

D•·

(Pllll Y DAVI&amp;.i
Un remedio ,erua,11,.. J _ . . . , . , . ..,..
olue y pa401 , ••.,._...._ u IN
baleallaoeeeel

Pain•Klller

1

Hace Sangre Pura,
Fortalece los Nervios,
Despierta el Apetito,

(11ATA-OOLOIL&gt;

BaM&gt; N 'HIÜ4, Y DO N . . . . .
en ~•oe b!MduM-,.._

-..-

.. u_"'....,. y............. 1

C1l1m'br1 ■,

06Uco,

lualofrh,
J&gt;hn hrla,

••nlt"

06ltU,
J)elu 41
To1,
J&gt;oltr lt Jlln\t•
l11frl14oa, lna1U1a1,
la 'Dallllll,
11• \rt Kalarla,
t"IUlll4U 7 ptqu\11 ........
Aa\Oplll 7 ulmalll,c::rf-

T•••le • - Oo••ru
Gu.rürN
la
taiai4oaelo_. 11 •
~
••--•WM•.,..n,.. D.a.na.
Y B&lt;nl..._

ppa-r

.. cooK REMEDY co.

primero, Bt',:Undo tercer
SIFILIS enElperiodo
permanentemente cura
p11c1ente
1me,lc curar en
6

,11

&lt;In de 15 (1351has.
se
C.lAA por el m1"'mo precio y hajo la mhunfl g:"Lrantta,
~1 prctlere venir i"t. m1 e:,.tr:1 ~ no11 comprometemos ,i parrsrh• los i;a,tos de rerro carril. hotd 1
dcm!l" que..,~e le ort~i1u:n emcobrarle un t'tnta.vo por
nul•inra al:Sistcncm ai no rt!!'IU1ta r:urudt• con nucKtro
tr:ttamtento. 81 de ha tomado mercuno, Iodat)o. rle
P,H:L-..a y todll\'11\ ~e s1e,111!ll dolort'.! y mole-... ua,,
..-:~puto~ muco..o! en i:i bi&gt;""ll, Gar~auta (l~;tda UI•
VIL~lS, ~ ~lauchas Cobriu"'. L'"lcent.11 rn cna1qnit'r
¡)arte del cuer\'º· 0c,prc111lim1e11lo del Calwllo y
Ce¡a.•, esto ese VE'\E:-10 ,le laSun!¡n•lilFILITICA
qm• 1::pran1i1.a•no." cur-J.r. ~ 1llcttumo11os mn$ ohpttl~
nado➔ ca~os y a1&gt;f•lamos al mnndo entero por un ca~o
en que no Mrntuo$ poilllo curar. l..a ~IFILIS hB
e1do Fiiem¡&gt;re
l~~dilla Je los m~icos mtl!-1 ,.-mi•
nentc::t. &gt;ruC\"lll ab:--olnta~ se enn.an por corn·o
s•ll•,lo,. quien lo solicne. Direccion. COOK IU:~I ,
En\' co.. :l&lt;r. ,1asonic1'rmple. Ch1ca1?0, 111.. ~: e. A.

ra

COOK REMEDY ca.

ru.tú. 811 lcm1t t•S: ,·ewler ,,1w·ho // qnuar
¡a,r,, Fábri ·a dl)(•okhom•sclf alambre de

Mujeres presa de debilidad
y cansancio
que han tenido que guardar cama,
acongojadas por una infecci6n escrofulosa ,·pxtenu:u!a_-;, quepa&lt;ledan
de enferw"e&lt;la&lt;les propias de su sexo,
escriben agratleciclas, de ball(•r sido
perfectamente curadas. ~\&lt;¡ueilos
que desean aprovecharse de su experiencia. y ponerse sanos y fuertes,
lomen la

Zarzaparrilla del Dr. Ayer
el gran restaurador de fuerzas ydepurativo dt la sangre.
PREPARADA. POR

Dr. J. C. Ayer yCa., Lowell, Mass., E. U. A.
11

JGun~

:,t~,,

,.
a,,cm tejMo du¡,lo. con n·,tiratlor de • ·
J161(?D!e. /JJ$ ,;,.¡ro, qut licnm attpt.ul(m ,i

JJIJf s,, bur:na. t-lnAr.

c..rnn rnhnc-a de l1.l-

y l'IIIUl~. dt;' latón 1111
\' hierro e,ttln tngll's, 1,tarauu1.anclo ~u ·i.;
Cou..truecióu. 1't11(a.&gt;1 J&gt;Or•mayur V ninu1r. ,,
J11U"-, l'Btre~. c·amita~

►

••

r

~

Il.l\' ¡¡:ran nule1h1d de dibujos, tuuto :i!
en ,1ioiu, hlAlc.&lt;a,, ,·orno en liL, fahri- .r.,
,·a•ln, en lo, mlleres dl• ,•,tu Casa, y lo .._

--Ltnt...ire--ados pllt"f1en ('(HlOC't.'flOS l&gt;idien- ,...-

. . ~ dn l'l\t,do~o.... , lo~ sci\ort!"'

;

••
Gnastasio roestas t1 (!ompañta,
DE LA MONTERILLA NUM. 8.-MEXICO-APARTADO N? 967. •
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•
--ESTA CASA NO TIENE SUCURSALES-•.
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,te Egipto.
·
Tiene Ju bnnrad~ anundar al ¡,,1blko que ,e he rndh-ncto •·n e,ta d1;1d11d ram
el t:jcrcicio ~" f-ll profrstún. Ej,.. rutu lo!', nwjor&lt;·~ y mf\8 ru:wnte!',, haltnJo:-- que 1-0
h!l\'l\ll inwntncto en el arte del lll·ntlstn, )' ~e d&lt;•&lt;lka p,incl¡,almente:\ la ,·ural'ión
de ·1o:-. diente"' nl fttado &lt;.ll• que 1ara yez ~e Ye ohllgado A rxtin,•rlo~. y en tol ~~:--o lo
hace ,ioque~I ¡,a,·ienll• ,nfra nbsolntameutt•&lt;loloruJu¡:uno. D,entes art,t,c,ales s,n placa de goTT1a etast,ca y oro. Trab'.ijns de Corona Y Puente.
Orlli&lt;•aclmw"' ('oi1 oroú&lt;.·ttlllquien\ otrn.t·la.c.e &lt;h.• u~ntcrial. J~,¡1t•&lt;·1alhla,l paro.}gualar
Jos ctfcotes1le ¡0 , niños. J!si¡ulnn tic! Coliseo \'le¡o y Call,·¡6n del l!.s¡,lrttu ~anto.

ELa Enfirmadad i
Si desea vd. tomar un chocolate
-§Bright
-BUENO y LIMPIO -E-La Gura Segurai= De Warner, 5--A.guárdese

nuestro número extraordinario

1

~COMPRE EL AF.!JIA.DO DE LA.

Purifica la Sangre
Es el mejor remedio conocido para. curar
pront&amp; y radicalmente las enfermrdt.des q1.1e
proceden de la. impureza de la sangre

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más rebel&lt;ie cede pronto
La. sífilis

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enérgica acción del •0lu¡¡;na• y A:m los 111110s
que heredaron tan terrible eufermeda.d se
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A les que en su ju,·.,ntud tuvieron esta. enfermed&amp;d y va.n á cuarse. puea pueden trasmitir el virus sifllitico y ~ loa que ~•n tomt.do mercurio pues elumua ese peligroso
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En las a.,ro,:oertas y Boticas.

AGENCIA.-APARTADO POSTAL 18.1.-IEXICO
SE UVIAN FOLLETOS CRATIS.

l'tlEXICO, SEPTIEMBRE I9 DE x897.

MEXICO ANO ITS ADYANTAGES TO FOREIGNERS

dr /mi F(lrullmlni rlc Pnri~ !I
rork. ,Autor dt un ,.-.fu~fo !fobr~ ln~ Diu'.l,11 :\·a1t!~t1lt~
,1 ..lrliffrialr,, N,1&amp; anliyua cl,n,ttla t-",i /o t'&lt;•~ dd Jld11r1¡,e &lt;le l,altx y d1-l l\hHl,1c tll

,S,

-

m••••••••••••,••••••••••••••

The Climate, Sanitary Condition, Transportation Facilities,
Home Comforts, Business, Outlook, &amp;.
Mexico City, C apita) of the Rt:public, ns beautiful a sity asan yin Ame rica, witb prospects of becoming a Cosmopolitan ct:ntt:r witbin a vcry short period, ns the surroundmg
country with its many resources, magnificent,scenay, and splt,ndid trnnsportatton taciltties, is progressing witb sucb rap,dity, tbat foreigners abroad or those already here, find a
Jarge fidd for productive work, and safe investment of Capital. Tbose having visned tbis
City five years ago, wben returning again for a St:~ond time, scarcely rccognize tbe
place. Old and incommodious bouses bnvt: been torn down. and given place to modern
buildings, making tlle streets look like thosc in Europe or the Un1ted States, sorne peopl e even comparing them witb thost: of •Gay Pans.• Tbe broad Avenu,.s, lined by l:lrge
stone structures of degant arcbitecture. present. at certai::t hours of the day, such an
animation of füe, tqual to that of any in the world, that to describe it. would almost
be an impossibility. Elegant Carringes of the most varied lorms as well as showy comm&lt;'rcial wagons and bicycles fill tbt: thoroughfares, the principal avenues bl"ing_paved
witb aspbalt, making tbe driving one of ense and plt:asun,. Thc street car system bemg an
1:xtensiveone, reaching ali over the city and numerous suburbs, is perfect in every sense
of tbeword. Tbe show-windows of the large stores, being beantifully illuminated after
sunset, give such an aspect to the streets, that togetber with the splendor of the numerousarcades and balconies of thepalatial houses,ont is bound to be remindedof tbe Boulevards in Paris, Berlín or \'ienna. As soon as tbe contract for lighteningthe city by electricity has been finished, tbe Capital of tbe Rt:public, witb trees lining tbe Avenues and
the numerous beautiful parks, will be a vt:ritable paradise. Alexander Humbol~t,
altbougb so many years ago wben tbis great aztec c1ty was so little known to fore,gners, gave it tbe name of. cTbe City of Palaces.•
Tbe most importan! improvement now going on here, is tbnt of "drninage." Befo~e
the sewers and canals have been finished, m,llions will have becn spent, but 111
everytbing pertaining to the wellfare of tbe public, tbis progressive government does
not mind the outlay, and the death rate bt:re is therefore at present lt:ss tban of many
cap1tals i!: Europe or other countries. Typbus, it is true, caused for~erly_ ~any
deaths among tbe lower classes, but bas so mucb diminished, that an t_p1dt:m1c ,1s no
more to be feared. Tbe Clirnate is very steady, in fact, a constant spnng. lt ~s of
course a little hot in July, August and September, but never unbearable, tbe nights
in particular being delightful. During the hottest hours of the day, a walk JO the
sun will cause no sunstroke or uncomtortable feeling, as tbe a ir is pure and d ry • Foreigners, when visu:ng here, and on tbe return to tbeir respective homes, invari~b:r
depart witb tbe words: \\'e are sure to come bac~ next _ye~r, as even a se~-s,d :
resort cannot be compared witb the cool and pure a,r of thts c1ty. Furthermore. The)
have tbe full protectíon of the law, have the respect of tbe i\fexican people _and a_rh
received by tbem witb great hospitality. Anyone cango in ali parts of the c,ty w1te
out tbe necessity of carrying arms, even at nigb.t, and is as safe, as if at heme, som&lt;..•
thing, wbich cannot be done in any otber large city in tbe United Sta tes or Europe
Criminality has only its field witb tbe lower clas_ses, and among t~~mselvt:s.
Tbat security, above referred to, must be attn_buted to the pac1f1c_ cbaracter of
the people and tbe excelle nt organization of tbe pohce department, wbtcb, altbough
small, is equal to tbe best in the world.

: no es sino una enfermedad:
: de los riñones muy avan•:
: zada.
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que tiene u na reputacion
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35 CENTAVOS FRASCO.

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Siendo este númm·o extraordinario, y estando llamado pc-r lo mismo :'tuna circulación excepcional que ya se anuncia por Jo:; pedidos que hemos recibidc, en estos últimos días, juzgamos oportuno publicar una breve noticüi de ltts ventajas de ~léxico parn los extranjeros que nq•1i pretenden
establecerse, cunvencidos de qLte ella d,tní. justo pábulo á la inmigrnción que creemos Ufl buena fe inmens,1mente ventajosa parn el paíci.
Publicmnos t.tl articulo en inglés. por que especialmente nos dirigimos á los hombres de negocios del extranjero, pues que los nuestros convencidos están de las ventajas qufl les reporta comercialmente el lap;;u úc pro,;peridad por que atravesamos.

Millares ele personas han declarado
en pro de las \'irtmks curativas de
la Zarzaparrilla del llr. Ayer. Sus
cartas llegan diariamente por el
corre!J. No son ·meras teonas, pues
todos los comunicantes :iseveran
que la Zarzaparrilla del Dr..Ayer
les curó.

DE CAMAS JNCLESAS Oll' LATON•

La ca-.:i &lt;JUC en esta Capital ti~ne el ,

TOM0,11

fluita aquel Conocltlo Cansaiicio
11 Hace J,leradera la J"ida,

E-O

mitvor :-ttrtlllo, \ 1 la que v1.•111 le mi\~ ha- ►

PAGINAS EXTRAORDINARIAS.

:

r
:

t: '.J 11111U1111!1II11111111111 -~

Castlllo de C,bapultepec.

A policeman in ~iexico is not a person of •phys ical beauty, but one, who must be
a gentlemnn in his conduct, tbe clubbing of pt:ople not being permit!t'.d. except absolutely necessary. Thanks also to the Police Service, pickpockets. wbo formerly were
plcntiful, and world renowned for tbeir cleverness, are now so few in numbers baving
bee~ so sevt:rely dealt with, that even the mighty pnll of a \Yard Politician,' money
or mfluence would not be enongh to save the thit:f from immediate punisbment. •
If caught in the act, he is at onoe sent to tbe Xational \'alley. wbere be does ñot
pick "Oakum.,, but has to work in tbe tobacco fields, where tbe hot and damp atmospbere gives b,m the fever, wbicb is ali the punishment he wants.
. Thanks to tbe wise adminis!ration of this governmPnt nnd the peace this country
en¡oys, the me,rns oí transportat,on ali over tbo: enormous terntory of l\lexico is equal
to tbe best of Enrope and tbe United Sta tes.
Raíl~ expand ali over the country, uniting cities, villages and boroughs.
Besi~es ~hest:, tbere are in tbe Pncific. as well as in the Gulf of Mexico, many
Steamsh1p Lmes, that offer to the traveller tbe s11me comodit,t:s as those Jeaving New
York for European ports.

Faseo de la Reforma .
In fact! In few pnrts of tbe world is travelling as easy as in Mexico, the expens.:s beine- comparatively very small. By making a trip on any of tbe railroads leavin,r
this city for tbe interior or the coast, th~ passenger can convince himself of tbe
e(forts, wbich the vanoas companies bave made, and successfully accomplished, in
giving to tbe tourist ali tbe comforts, which be is accoustomed to find in the United
States, and expects to receive bere. Evcry Railroad crosses larg-e fields of cultivated
lnnd, sbowing the fertility of tbe soil, and in many other instances can be scen ricb
mining camps, producing: Gold, Silver &amp; Iron. One of the richest of tbose metal prodncing States, i. Zacatecas, which is on the ~lezican Central line. " 'e refer on another separate page to the Silver and Gold, wbich are the main resources of tbat part
of the Republic. Other districts are pnssed, which furnish P.n a bundance of precioos
,voods, and large plantations surrounded by groves of bananas, mangos, Oranges
and in the soutbern part of ~lexico, we pass throogh large sixed territoríes, where excellent tobacco is cultivated, an article, whicb has a ready sale in
the United States, England, Germany and in fact in any pnrt of the world, as much
of the Mexican Tobacco goes to Habana, is tbere made into cigars, and sold in many
countries as Havana cigars. It is easely done, as tbe article grown in this country
is of a quality. tbat equals the tobacco cultivated in Cuba.
'
Anotber fruit raised in ~lexico, we must not forget to name, the cCocoanuh.
" ' hat is interestmg to investt:rs, is the planting of cCoffee•, tbe quality of whicb is
acknowledged to be of the finest, and ns the climate is suitable for the growth of tbis
profitable bean, large tracts of land are on that account sold almost every day to
large corporations in England or the United States.
In the matter of 11Education111 this city is at present proud of Hs institutions for tbe
teacbings of ali classes of tbe populatio8. Nationality of a child is indifferent in tbat
respect. Tbere are plenty of colleges not depending upon the government, and excelJcnt ones too. Sorne are American and otbers: English, Frencb or &lt;.,erman Schools
in wbicb are educnled a gr~at many children of tbe foreign colonies. Tbere is a ver;
good college for young Jadies, wbere they can allways lodge, board and recei,·e a first
class education.
The american population of this city now amounts to about 5,000.

�</text>
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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Carlos Glass</name>
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        <name>Corazón de sacerdote</name>
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        <name>Tivoli del Eliseo</name>
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                    <text>SANCRE PURA

~Pa;,..'Jfl/ler

es la fuente de buena salud.

La Zarzaparrilla
del Dr. Ayer

D•·

(Pllll Y DAVI&amp;.i
Un remedio ,erua,11,.. J _ . . . , . , . ..,..
olue y pa401 , ••.,._...._ u IN
baleallaoeeeel

Pain•Klller

1

Hace Sangre Pura,
Fortalece los Nervios,
Despierta el Apetito,

(11ATA-OOLOIL&gt;

BaM&gt; N 'HIÜ4, Y DO N . . . . .
en ~•oe b!MduM-,.._

-..-

.. u_"'....,. y............. 1

C1l1m'br1 ■,

06Uco,

lualofrh,
J&gt;hn hrla,

••nlt"

06ltU,
J)elu 41
To1,
J&gt;oltr lt Jlln\t•
l11frl14oa, lna1U1a1,
la 'Dallllll,
11• \rt Kalarla,
t"IUlll4U 7 ptqu\11 ........
Aa\Oplll 7 ulmalll,c::rf-

T•••le • - Oo••ru
Gu.rürN
la
taiai4oaelo_. 11 •
~
••--•WM•.,..n,.. D.a.na.
Y B&lt;nl..._

ppa-r

.. cooK REMEDY co.

primero, Bt',:Undo tercer
SIFILIS enElperiodo
permanentemente cura
p11c1ente
1me,lc curar en
6

,11

&lt;In de 15 (1351has.
se
C.lAA por el m1"'mo precio y hajo la mhunfl g:"Lrantta,
~1 prctlere venir i"t. m1 e:,.tr:1 ~ no11 comprometemos ,i parrsrh• los i;a,tos de rerro carril. hotd 1
dcm!l" que..,~e le ort~i1u:n emcobrarle un t'tnta.vo por
nul•inra al:Sistcncm ai no rt!!'IU1ta r:urudt• con nucKtro
tr:ttamtento. 81 de ha tomado mercuno, Iodat)o. rle
P,H:L-..a y todll\'11\ ~e s1e,111!ll dolort'.! y mole-... ua,,
..-:~puto~ muco..o! en i:i bi&gt;""ll, Gar~auta (l~;tda UI•
VIL~lS, ~ ~lauchas Cobriu"'. L'"lcent.11 rn cna1qnit'r
¡)arte del cuer\'º· 0c,prc111lim1e11lo del Calwllo y
Ce¡a.•, esto ese VE'\E:-10 ,le laSun!¡n•lilFILITICA
qm• 1::pran1i1.a•no." cur-J.r. ~ 1llcttumo11os mn$ ohpttl~
nado➔ ca~os y a1&gt;f•lamos al mnndo entero por un ca~o
en que no Mrntuo$ poilllo curar. l..a ~IFILIS hB
e1do Fiiem¡&gt;re
l~~dilla Je los m~icos mtl!-1 ,.-mi•
nentc::t. &gt;ruC\"lll ab:--olnta~ se enn.an por corn·o
s•ll•,lo,. quien lo solicne. Direccion. COOK IU:~I ,
En\' co.. :l&lt;r. ,1asonic1'rmple. Ch1ca1?0, 111.. ~: e. A.

ra

COOK REMEDY ca.

ru.tú. 811 lcm1t t•S: ,·ewler ,,1w·ho // qnuar
¡a,r,, Fábri ·a dl)(•okhom•sclf alambre de

Mujeres presa de debilidad
y cansancio
que han tenido que guardar cama,
acongojadas por una infecci6n escrofulosa ,·pxtenu:u!a_-;, quepa&lt;ledan
de enferw"e&lt;la&lt;les propias de su sexo,
escriben agratleciclas, de ball(•r sido
perfectamente curadas. ~\&lt;¡ueilos
que desean aprovecharse de su experiencia. y ponerse sanos y fuertes,
lomen la

Zarzaparrilla del Dr. Ayer
el gran restaurador de fuerzas ydepurativo dt la sangre.
PREPARADA. POR

Dr. J. C. Ayer yCa., Lowell, Mass., E. U. A.
11

JGun~

:,t~,,

,.
a,,cm tejMo du¡,lo. con n·,tiratlor de • ·
J161(?D!e. /JJ$ ,;,.¡ro, qut licnm attpt.ul(m ,i

JJIJf s,, bur:na. t-lnAr.

c..rnn rnhnc-a de l1.l-

y l'IIIUl~. dt;' latón 1111
\' hierro e,ttln tngll's, 1,tarauu1.anclo ~u ·i.;
Cou..truecióu. 1't11(a.&gt;1 J&gt;Or•mayur V ninu1r. ,,
J11U"-, l'Btre~. c·amita~

►

••

r

~

Il.l\' ¡¡:ran nule1h1d de dibujos, tuuto :i!
en ,1ioiu, hlAlc.&lt;a,, ,·orno en liL, fahri- .r.,
,·a•ln, en lo, mlleres dl• ,•,tu Casa, y lo .._

--Ltnt...ire--ados pllt"f1en ('(HlOC't.'flOS l&gt;idien- ,...-

. . ~ dn l'l\t,do~o.... , lo~ sci\ort!"'

;

••
Gnastasio roestas t1 (!ompañta,
DE LA MONTERILLA NUM. 8.-MEXICO-APARTADO N? 967. •
•••
•
--ESTA CASA NO TIENE SUCURSALES-•.
••

•
••

•• 2~

-,

,te Egipto.
·
Tiene Ju bnnrad~ anundar al ¡,,1blko que ,e he rndh-ncto •·n e,ta d1;1d11d ram
el t:jcrcicio ~" f-ll profrstún. Ej,.. rutu lo!', nwjor&lt;·~ y mf\8 ru:wnte!',, haltnJo:-- que 1-0
h!l\'l\ll inwntncto en el arte del lll·ntlstn, )' ~e d&lt;•&lt;lka p,incl¡,almente:\ la ,·ural'ión
de ·1o:-. diente"' nl fttado &lt;.ll• que 1ara yez ~e Ye ohllgado A rxtin,•rlo~. y en tol ~~:--o lo
hace ,ioque~I ¡,a,·ienll• ,nfra nbsolntameutt•&lt;loloruJu¡:uno. D,entes art,t,c,ales s,n placa de goTT1a etast,ca y oro. Trab'.ijns de Corona Y Puente.
Orlli&lt;•aclmw"' ('oi1 oroú&lt;.·ttlllquien\ otrn.t·la.c.e &lt;h.• u~ntcrial. J~,¡1t•&lt;·1alhla,l paro.}gualar
Jos ctfcotes1le ¡0 , niños. J!si¡ulnn tic! Coliseo \'le¡o y Call,·¡6n del l!.s¡,lrttu ~anto.

ELa Enfirmadad i
Si desea vd. tomar un chocolate
-§Bright
-BUENO y LIMPIO -E-La Gura Segurai= De Warner, 5--A.guárdese

nuestro número extraordinario

1

~COMPRE EL AF.!JIA.DO DE LA.

Purifica la Sangre
Es el mejor remedio conocido para. curar
pront&amp; y radicalmente las enfermrdt.des q1.1e
proceden de la. impureza de la sangre

.. No contiene
mercurio
más rebel&lt;ie cede pronto
La. sífilis

bal&lt;;&gt;_ la

enérgica acción del •0lu¡¡;na• y A:m los 111110s
que heredaron tan terrible eufermeda.d se
curan.

SE RECOMIENDA
MUY ESPECIALMENTE

A les que en su ju,·.,ntud tuvieron esta. enfermed&amp;d y va.n á cuarse. puea pueden trasmitir el virus sifllitico y ~ loa que ~•n tomt.do mercurio pues elumua ese peligroso
ntiner&amp;L

En las a.,ro,:oertas y Boticas.

AGENCIA.-APARTADO POSTAL 18.1.-IEXICO
SE UVIAN FOLLETOS CRATIS.

l'tlEXICO, SEPTIEMBRE I9 DE x897.

MEXICO ANO ITS ADYANTAGES TO FOREIGNERS

dr /mi F(lrullmlni rlc Pnri~ !I
rork. ,Autor dt un ,.-.fu~fo !fobr~ ln~ Diu'.l,11 :\·a1t!~t1lt~
,1 ..lrliffrialr,, N,1&amp; anliyua cl,n,ttla t-",i /o t'&lt;•~ dd Jld11r1¡,e &lt;le l,altx y d1-l l\hHl,1c tll

,S,

-

m••••••••••••,••••••••••••••

The Climate, Sanitary Condition, Transportation Facilities,
Home Comforts, Business, Outlook, &amp;.
Mexico City, C apita) of the Rt:public, ns beautiful a sity asan yin Ame rica, witb prospects of becoming a Cosmopolitan ct:ntt:r witbin a vcry short period, ns the surroundmg
country with its many resources, magnificent,scenay, and splt,ndid trnnsportatton taciltties, is progressing witb sucb rap,dity, tbat foreigners abroad or those already here, find a
Jarge fidd for productive work, and safe investment of Capital. Tbose having visned tbis
City five years ago, wben returning again for a St:~ond time, scarcely rccognize tbe
place. Old and incommodious bouses bnvt: been torn down. and given place to modern
buildings, making tlle streets look like thosc in Europe or the Un1ted States, sorne peopl e even comparing them witb thost: of •Gay Pans.• Tbe broad Avenu,.s, lined by l:lrge
stone structures of degant arcbitecture. present. at certai::t hours of the day, such an
animation of füe, tqual to that of any in the world, that to describe it. would almost
be an impossibility. Elegant Carringes of the most varied lorms as well as showy comm&lt;'rcial wagons and bicycles fill tbt: thoroughfares, the principal avenues bl"ing_paved
witb aspbalt, making tbe driving one of ense and plt:asun,. Thc street car system bemg an
1:xtensiveone, reaching ali over the city and numerous suburbs, is perfect in every sense
of tbeword. Tbe show-windows of the large stores, being beantifully illuminated after
sunset, give such an aspect to the streets, that togetber with the splendor of the numerousarcades and balconies of thepalatial houses,ont is bound to be remindedof tbe Boulevards in Paris, Berlín or \'ienna. As soon as tbe contract for lighteningthe city by electricity has been finished, tbe Capital of tbe Rt:public, witb trees lining tbe Avenues and
the numerous beautiful parks, will be a vt:ritable paradise. Alexander Humbol~t,
altbougb so many years ago wben tbis great aztec c1ty was so little known to fore,gners, gave it tbe name of. cTbe City of Palaces.•
Tbe most importan! improvement now going on here, is tbnt of "drninage." Befo~e
the sewers and canals have been finished, m,llions will have becn spent, but 111
everytbing pertaining to the wellfare of tbe public, tbis progressive government does
not mind the outlay, and the death rate bt:re is therefore at present lt:ss tban of many
cap1tals i!: Europe or other countries. Typbus, it is true, caused for~erly_ ~any
deaths among tbe lower classes, but bas so mucb diminished, that an t_p1dt:m1c ,1s no
more to be feared. Tbe Clirnate is very steady, in fact, a constant spnng. lt ~s of
course a little hot in July, August and September, but never unbearable, tbe nights
in particular being delightful. During the hottest hours of the day, a walk JO the
sun will cause no sunstroke or uncomtortable feeling, as tbe a ir is pure and d ry • Foreigners, when visu:ng here, and on tbe return to tbeir respective homes, invari~b:r
depart witb tbe words: \\'e are sure to come bac~ next _ye~r, as even a se~-s,d :
resort cannot be compared witb the cool and pure a,r of thts c1ty. Furthermore. The)
have tbe full protectíon of the law, have the respect of tbe i\fexican people _and a_rh
received by tbem witb great hospitality. Anyone cango in ali parts of the c,ty w1te
out tbe necessity of carrying arms, even at nigb.t, and is as safe, as if at heme, som&lt;..•
thing, wbich cannot be done in any otber large city in tbe United Sta tes or Europe
Criminality has only its field witb tbe lower clas_ses, and among t~~mselvt:s.
Tbat security, above referred to, must be attn_buted to the pac1f1c_ cbaracter of
the people and tbe excelle nt organization of tbe pohce department, wbtcb, altbough
small, is equal to tbe best in the world.

: no es sino una enfermedad:
: de los riñones muy avan•:
: zada.
:

:
:
:
:

,
que tiene u na reputacion
:
universal, cura todas las:
enfermedades de riñones, :
hígado, etc.
:

:
:

-

Precio 2 pesos 60 cs.
Precio I pesos
50 cs.
,

:
:

-

·: LAS PllDORAS SEGURAS:

~MEXICO.~0
P. MUNGUIA É HIJOS.
AtihN~~~tiENhHAL•~

de etM -periódico en Centro Amélica, Sres. J. :M. Larduábal y Compafiia,
Guatemsla. Están autorizados pain arreglar C'lntmtoe para anuncio&amp; y suscri¡..·
ciones.

-

DE WlRNCR.

:

-

:

Puramente vegetales, no:
causan molestía alguna. Son :
: las favoritas de las Señoras; :

:
:

: precio:
•
:

35 CENTAVOS FRASCO.

•

Siendo este númm·o extraordinario, y estando llamado pc-r lo mismo :'tuna circulación excepcional que ya se anuncia por Jo:; pedidos que hemos recibidc, en estos últimos días, juzgamos oportuno publicar una breve noticüi de ltts ventajas de ~léxico parn los extranjeros que nq•1i pretenden
establecerse, cunvencidos de qLte ella d,tní. justo pábulo á la inmigrnción que creemos Ufl buena fe inmens,1mente ventajosa parn el paíci.
Publicmnos t.tl articulo en inglés. por que especialmente nos dirigimos á los hombres de negocios del extranjero, pues que los nuestros convencidos están de las ventajas qufl les reporta comercialmente el lap;;u úc pro,;peridad por que atravesamos.

Millares ele personas han declarado
en pro de las \'irtmks curativas de
la Zarzaparrilla del llr. Ayer. Sus
cartas llegan diariamente por el
corre!J. No son ·meras teonas, pues
todos los comunicantes :iseveran
que la Zarzaparrilla del Dr..Ayer
les curó.

DE CAMAS JNCLESAS Oll' LATON•

La ca-.:i &lt;JUC en esta Capital ti~ne el ,

TOM0,11

fluita aquel Conocltlo Cansaiicio
11 Hace J,leradera la J"ida,

E-O

mitvor :-ttrtlllo, \ 1 la que v1.•111 le mi\~ ha- ►

PAGINAS EXTRAORDINARIAS.

:

r
:

t: '.J 11111U1111!1II11111111111 -~

Castlllo de C,bapultepec.

A policeman in ~iexico is not a person of •phys ical beauty, but one, who must be
a gentlemnn in his conduct, tbe clubbing of pt:ople not being permit!t'.d. except absolutely necessary. Thanks also to the Police Service, pickpockets. wbo formerly were
plcntiful, and world renowned for tbeir cleverness, are now so few in numbers baving
bee~ so sevt:rely dealt with, that even the mighty pnll of a \Yard Politician,' money
or mfluence would not be enongh to save the thit:f from immediate punisbment. •
If caught in the act, he is at onoe sent to tbe Xational \'alley. wbere be does ñot
pick "Oakum.,, but has to work in tbe tobacco fields, where tbe hot and damp atmospbere gives b,m the fever, wbicb is ali the punishment he wants.
. Thanks to tbe wise adminis!ration of this governmPnt nnd the peace this country
en¡oys, the me,rns oí transportat,on ali over tbo: enormous terntory of l\lexico is equal
to tbe best of Enrope and tbe United Sta tes.
Raíl~ expand ali over the country, uniting cities, villages and boroughs.
Besi~es ~hest:, tbere are in tbe Pncific. as well as in the Gulf of Mexico, many
Steamsh1p Lmes, that offer to the traveller tbe s11me comodit,t:s as those Jeaving New
York for European ports.

Faseo de la Reforma .
In fact! In few pnrts of tbe world is travelling as easy as in Mexico, the expens.:s beine- comparatively very small. By making a trip on any of tbe railroads leavin,r
this city for tbe interior or the coast, th~ passenger can convince himself of tbe
e(forts, wbich the vanoas companies bave made, and successfully accomplished, in
giving to tbe tourist ali tbe comforts, which be is accoustomed to find in the United
States, and expects to receive bere. Evcry Railroad crosses larg-e fields of cultivated
lnnd, sbowing the fertility of tbe soil, and in many other instances can be scen ricb
mining camps, producing: Gold, Silver &amp; Iron. One of the richest of tbose metal prodncing States, i. Zacatecas, which is on the ~lezican Central line. " 'e refer on another separate page to the Silver and Gold, wbich are the main resources of tbat part
of the Republic. Other districts are pnssed, which furnish P.n a bundance of precioos
,voods, and large plantations surrounded by groves of bananas, mangos, Oranges
and in the soutbern part of ~lexico, we pass throogh large sixed territoríes, where excellent tobacco is cultivated, an article, whicb has a ready sale in
the United States, England, Germany and in fact in any pnrt of the world, as much
of the Mexican Tobacco goes to Habana, is tbere made into cigars, and sold in many
countries as Havana cigars. It is easely done, as tbe article grown in this country
is of a quality. tbat equals the tobacco cultivated in Cuba.
'
Anotber fruit raised in ~lexico, we must not forget to name, the cCocoanuh.
" ' hat is interestmg to investt:rs, is the planting of cCoffee•, tbe quality of whicb is
acknowledged to be of the finest, and ns the climate is suitable for the growth of tbis
profitable bean, large tracts of land are on that account sold almost every day to
large corporations in England or the United States.
In the matter of 11Education111 this city is at present proud of Hs institutions for tbe
teacbings of ali classes of tbe populatio8. Nationality of a child is indifferent in tbat
respect. Tbere are plenty of colleges not depending upon the government, and excelJcnt ones too. Sorne are American and otbers: English, Frencb or &lt;.,erman Schools
in wbicb are educnled a gr~at many children of tbe foreign colonies. Tbere is a ver;
good college for young Jadies, wbere they can allways lodge, board and recei,·e a first
class education.
The american population of this city now amounts to about 5,000.

�Número Extraordlnano

EL MUNDO.

Septiembre 19 de 1897.

~r ~enacimiento
be Jacateca.s.
Seis años de pertinaz sequía en que la agricultura en
aquel importante Estado recibiera un g olpe de muerte,
estancándose así la poderosa corriente de progreso que
se difundía por donde quiera, de1a ron un poco en la sombra á Zacatecas, que conservara durante tantos años su
preponderancia entre las · entídades del interior, ·como
productora de grandes tesoros. Em peyo ese período de
relativa penuria en que el Gobierno ha hechu de su parte
cuanto es posible por abrir nu,evas fuente~ de trabajo,
termina; la agricultura, munífica en beneficios, fecunda
una tierra sedienta de g erminar, y como consecuencia
de los elementos que aquella proporciona, los negocios
mineros nuevamente se animan, prometiendo, en f'I seno
de.Ja tranquilidad, la cultura y el adelanto en todos los
ramos que el C. Gobernador del Estado ha sabido provo·
car y mantener, una época de plem, prosperidad.
Para que nuestros lectores se formen idea de la ri•
queza agrícola y mineral de Zacatecas, vamos á reproducir algunas notas fidedignas relativas á aqueJla y á
esta prologándolas con la siguiente noticia hi~tórica:
Antes de la conquista v erificada por los españoles, residían en dicho territorio varias tribus indígenas, denominadas zacatecos, caxcanes, Jmachichiles ó nayaritas, tecuexes y chichimecos. Todos estos, con excepción
de los caxcanes, que descendían de las siete familias Ilamaaas naltuatlacas, eran ramas de la gran familia chi•
chimeca, que procedente de Amequemecan invadió á
principios del siglo XII una gran parte d el actual territorio de la República Mexicana.
Peralmíndez ó Pedro Alméndez Chirinos, uno de los
capitanes de Nuño de Guzmán, fué el primero que pisó
el suelo de Zacatecas con una expedición exploradora, el
año de 1531; pero la conquista la consumaron Cristóbal
de Oñate , elVirey D. Antonio de :llfendoz~, Juan]de Tolosa y Francisco de !barra, después de sangrientas y
desoladoras guerras en Nochistlán, el cerro del Mixtón
y la primera ciudad ó villa de Guadalajara, llamada en
aquel tiempo Espíritu Santo.
Entre dichas guerras figura principalmente la que el
caudillo zacateco Tenamaxtle, sostuvo e l año de 1541 en
el cerro del Mi.xtón contra D. Antonio de Mendoza, en
la cual lucharon heróicamente 100,000 indígenas, que al
fín fueron vencidos por el Virrey, después de varios y ru
dos asaitos y de un riguroso sitio que duró veinte días
y causó la muerte de más de 101 000 defensores del citado cerro.
En seguida vino el descubrimiento de los minerales de
Zacatecas, Sombrerete, Fresnillo, Nieves, Mazapil y
Pinos; en cuyos lugares fundaron los españoles importantes poblaciones á fines del s iglo XVI, con lo cual
quedó el territorio de Zacatecas sujeto al dominio de
los reyes de España.
Desde entonces fué agregado al Reino de la Nueva·
Galicia en calidad de Alcaldía Mayor, con los minerales referidos.
·
En 1789 e ntraron á la jurisdicción de Zacatecas las
Alcaldías de Aguascalientes y Juchipila, por órden de
la Junta s~p!rior de la R;!al H .1cienja de M .!xico.
En 1823, Za catecas adoptó el sistema federal, y en 14
de Julio del mismo año tuvo un gobierno provisional que

Gral, 91?sús Gtrécltiga
Gobernador del Estado de Zacatecas.

cesó el 19 de Octubre siguiente; al establecerse el primer Congreso constituyente del Estddo, este se dió d
17 de Enero de 1825 su primera Constitución política Y
el territorio quedó divi9ido en once Partidos, á saber:
Zacatecas, Fresnillo, Aguascalientes, Sombrerete, Nieves, Juchipila, Pinos, Jerez, Villanueva, Tlaltenango Y
Mazapil, con una población total d e 300,000 habitantes.
Desde entónces ha venido formando parte de la confederación Mexicana, con el caracter de Estado libre é
independiente, salvo algunos cortos períodos en que se
le convirtió en Departamento por los gobiernos conservadores y espúreos.
Zacatecas ha sido gobernado por Alcaldes Mayores
desde 1548 hasta 1580; por Corregidores basta 1776; por
Intendentes has ta 1821 y por Jefes Militares y Gobc::rnadores desde esa última fecha hasta la é poca !lCtual.
MINtRIA.

El año de 1548 fueron descubiertas por el español Juan
de Tolosa las primeras vetas de plata en la serranía de
Zacatecas, y desde entonces hasta hoy el ramo de minas
ha sido el más i:nportante de· los que constituyen la riqueza del E stado.
Según datÓs ofic.iales y cálculos aproximados, las minas del Estado han producido -en tres y medio siglos más
de mil millones de pesos en oro y plata, de los cuales la
Casa de Moneda de Zacatecas ha acuñado desde Noviembre de 1810 hasta hoy, la suma de 320.000,000 aproximadamente.
Los metales que se encuentran en los distritos mineros
del Esta do, son: oro, plata, cobre, hie rro, plomo, zinc,

Número Extraordinario.

Septiembre 19 de 1897.

antimonio, cobalto, estaño, cinabrio, bronce, magistral
y también azufre, amianto, nitro (salitre) calcio, aluminio, yodo, ágata, mármol, alabastro, yes o, mica, ocre,
almagre y otros; óxidos de hierro, tezont le, p izarras y
canter as de diversas clases.
Los distritos r eferidos son los siguientes:
Zacatecas: Guadalupe, Vetagrande, Pánuco, Minillai.
y SP.uceda.
Fresn illo. Plateros, Minillas y Sombrerete, Chalchihuites, la Noria, Ranchos, Colorada, Cieneguilla, Sain Alto, Cha cuaco y la Hundida.
N ieves: Valenciana, Santa Rita, Riogran::!e, San ;1ligud de l Mezquit!ll.
Mazapil: Conée pción del Oro, C"edros, Bonanza, San
P e dro Ocampo, Pico de Teira y Sierra de Sarteneja.
Pinos: Noria de Angeies, S ,.nta Rita y el Carro.
Ojocatiente: Cerro de S antiago, Milagros, el Cabezón ,
Guánajuatillo y Pastoría.
En el Partido de Villanueva hay varios criaderos mineral es; pero solamente enJalpa existe una mina en explot a ción.
• En el de Juchip ila, el dóstrito m:\s conocido es el de
Mezquital dd Oro, hoy en activa explotación de metales
auríferos.
En el de Nochistlán sólo se conoce el criadero de plata de Jocoqui, p ero a ctualmente no hay trabajos de explotación.
En otros varios terrenos del Estado existen vetas n::etálicas; pero no bien reconocidas ni traba jadas todavía.
E l sistema generalmente usado para el beneficio de
los metales es el llamado de patio ó el de amalgamación por medio del azogue y la sal, y para los plomosos
y los que llaman rebeldes, el de .fuego por medio de hornos de reducción. Además de estos beneficios están y a
también en uso, t:n algunos puntos, el sist ema de toneles, el·de lex,viación, e l de panes y otros, en todos los
cuales entran como agentes reductores el azogue, la s a l,
la greta (óxido de plomo) magistral, temex cmtute, tequesquite, (sosa bruta) cal, ácido sulfúri,;:o é hiposultito
de sosa.
Lo anterior bastará para que el lector se forme un
concepto cabal de los poderosos elementos que el Esta-do posee y de la prosperidad á que está llamado y que
empieza á r eflejarse ya en la animación mercantil que
se advierte en la ciudad de z..catecas, hermoso centro
donde se inician y llevan á cabo muy frecuentemente
y nosotros hemos tenido ocasión de mencionarlo las importantes mejoras materiales entre las que se cuentan el
teatro, el mercado y otras muchas de que hemos hablado ya á nuestros lectores.
Con una topografía accidentada y pintoresca y una
población densa y culta la capital de Zacatecas está llamada por su parte á str una de las mas bellas de la República; esto lo corr_o boran ctesde Juego la afluencia de
forasteros, que cada día es l'layor, la vi talidad de las empresas comerciales, el aumento continuo de población
flotante, y sobre tod ) , la prosperidad comercial que se
advierte en la ciudad; nueva s energías que de diario se
• ponen en juego y la amplitud cada día mayor de las empresas nue vas.

•

Cerro de la Bufa.

EL MUNDO.

Panorama de la ciudad de Zacatecas.

•
La ci uda ;l de :.léxico se est á convinit'ndo ni pida men te
en un g ran centro mercanti l, y este r esultado, el más l'lpete cido, se d ebe principalmente á la energía y al espíritu
de empresa desarr ollado por las gestiones de sus 110111bres d e negocios. Entre los m ue hos hom b res emprendedores y de negocios, que contribuyen de un modo ta n
e ficaz á nuestra actividl'ld comercial, ninguno ocupa un
lugar tan prom ine11te ni merece ser tan conocido del público como el caballero cuyo nombre encabeza este pequeño a rtículo.
El negocío dirigido por el Sr. Samuel ,v. \Va lker es
uno de los más extensos y conocidos 11sí como de los más
importantes en tsta R epública.
La.g manufacturas y artículos de arnes.:s de todas clases s illHS de mo:itar, bridas, carruajes, coches propios
pa ;a negocios que r eunan las condiciones de sclidez y
ligereza, a r tículos de toda clase p:ira caballo~, establo,
ca rros par a agricultores, mantas, látigos, y en una p a labra 1 todo lo que se necesit a pa r a uso de los caballos ya
sea en establos, en los caminos ó en los hipódromos.
Las bridas y sillas de m onta r se importan de Inglater r a, los arneses son, en su mayor parte, fab r icados

en el establ~cimiento, en tRnto que los demás ar tículos
r epresentan los más acabados prod uctos de manufactureros a me ricanos y e uropPos. El Sr. , valker cultiv" r elaciones comercia les con los más a cr editados negociantt:s. Se cuenta coa un gra n surtido de biciclet as, d más
bonito y complt'tO que pueda encontrarse en la cindad .
La casa se ha constituido también en agencia pa ra la
venta de las bicicletas "Columbia" que t anta demanda
t ienen por part"! de los hombr es de sport, p11t:S no en cuentran riva les entre las otras bicicletas que exist en
en el mercado.
Siempre se podrá e:: contra r en el a lmacén del Sr. \Va lker una gran existencia de sacos de papel y papel de en volt ura etc., tan bueno como otras muc has cosas que seria prolijo mencionar. Se está haciendo tam bién un gran
negocio de exportación, (pues est a es una de las particularidades de la casa) de productos mexicanos a países
extranjeros. Este negocio se estableció por el Sr. Walker desde hace algunos años, y ha sido coronado por P.]
m ás completo éxito. Cada año se ve que los lími tes de e ste comercio se ensanchan, qne a umenta ~u volúmen y á
tal g-rado que en el día r ~cibe ayuda y apoyo desde la s

poblac iones ve cinas; y ninJ!'uno de los efectos sim il ares
en ')l mer cado goza de mayor aceptación por pn, te del
público. Los alm ,cenes &lt;está , si tuados en fa esq uina de
Bn ld eras y Avenid,. Juá r ez. tie nen 150 por 150 pies de
s uperficie con depart:1111&lt;:nt», bit&gt;n provistos y equ 'pados
que contienen un,, vasta exh1encia de todas las comodidad es mencíon,,das arriba. 1\ ,stn ntes depéndientEs están
empleados en los dikn·nt,· ~ departamtntos, todos experi mentados y corteses.
Uno de los h echos princip:i ~s de est a r a sa es que siempre compra y v.:nde al con ta Jo; haciendo el corr espondiente d escuento.
Desde:: que d Sr. \Valk&lt;"r s.· encuentra en ~l éxico. se ha
identificado con los int, rcse., v adelantos de la ciudad , y
a l presente es un a person" nfluente y estimada en los
círculos comercial,·s.
D_icho st:ñor es un cnha ' •.· ,o honrado y empn:ndedor,
dol:ado de extrema h., b iliJ;i J para el manejJ de los negocios; Jo que unido á su honr.,dcz lo hace ser muy quer ido
y r espet ado del público.

�Septiembre 19 d e 1897.

EL M UNDO.

N úmero Extr:iordlnarlo.
Número Extraordinario.

Septieriibré 19 de i 897.

EL MUNDO.

·

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�Septiembre 19 de 1897,

EL MUNDO.

Número Extraordinario.

Número Extraordinario.

EL MUNDO.

Septiembre 19 de 1897.

UNA NEGOCIACION IMPORTANTE Y PROSPERA.

LA CASA MOSLER, BOWEN &amp; COOK, SUCR.,
SUCURSAL DE LA FABRICA DE LAS FAMOSAS CAJAS ''MOSLER"

UNA VISITA A

LA CASA

J)e fo,S g,re,S. ~- gijagner l? Jte:oien g,uc$.

Y CASA IMPORTADORA DE

Muebles para Despacho, Máquinas de escribir "Smith Premier" y Bicicletas "Cleveland" y "Westfield"
Una visita al eleg1rnte establecimiento de dicha negociación en la c Rlle de la Alcaicería No. 27 dejará complacido al visitante. El edificio,
uno de los mejores de la Capital, el cu,\l fue construido especialmente para
el giro de esta casa, estiL lleno dt&gt;l primero al último piso de las varias clases de artículos que son su especialidad.
Al entrar al establecimiento lo primero que llama la atención es un
magnifico surtido de cajas de fierro. desde un tamallo muy pet¡ueño hasta
uno colosal de cinco toneladas. El departamento de cajas es el m:'ls grande
en la República; hay sobre cuarenta estilos y tamaños, ya sean de seguridad, contra robo, contra incendio y con las tres cualidades reunidas. Estas cajao están especialmente constrnidas para llenar las necesidades de
México y Ceutro America, teniendo presente los fat:H·icantes la seguridad y
conveniencia deseables, y ésta razón, aunque no se toml\rn en consideración su esmerada consa·ucción, basta p,1ra qne sean las cajas ''.Mosler" las
más aceptadas en dichos paiscs. Se encontrarán cajas contrn incer.dio, de paredes y puertas desde 10 basta 18 centímetros de espesor,
cajas contra robo, construidas de a~ero ''Chrome", intal,1drabk y por consiguiente á prueba
de explosivos, cnjas contra incendio forradas
de la misma clase de acero en su totalidad, asi
como unaa que contienen una cajita intel'ior,
t11mbien de acero •'Chrome" parn ,atores. Asi
mismo, para llenar una necesid11d creciente,
fabrica la casa ·•A[osler" una cajd especial para Iglesiall. Todas sus cajas tienen chapa de
combinación. Un11. muestra, obra de la casa,
de la cual tiene rnzón pam estar orgullosa, se
encontrará en el Banco Internacional é Hipotecario, para el cual se construyó una gran bóveda contra incendio y robo, que hoy día es
la única en su clase en la República y se compara favorablemente con las meJorcs del mundo.
La reputación ele la casa ".Mosler" siempre
ha sido de las más altas; pero el testimonio
más notable qi:..e jamús se haya dado á una
fábrica de cajaa lo ha recibido ésta de la comisión nombrada por la Tesorcria General de lus
Estados Uuidos pl\ra examina1· las difere11tes
cajaa de fierro que se construyen en aquel p11b.
Dicha comisión imformó á la Tesorería que,
después de un exámen riguroso de todas las
marcas, encontró que las cajas "l\fosler" en,n
las mejores por su 1·esistencia al fuego, explosivos y taladros, y contra todos los medios
empleados en la actualidad por los ladrones
más expertos. En vista de este inf,,rme es por
demás asegurar que son las más 11propósito para banqueros y negociantes.
La Maquina de Escribir ''Smith Premier" está hecha en Syracuse, N. Y. y la l~ábriC!l. es una
de las mas grandes y mejores en aquel centro manufacturero. Estas máquinas no necesitan alabanza para ocnpar el primer lugar entre
artículos de su clase. llan sido ya introc.lucidas á todas partes del mundo, y obtenido éxito como ninguna otra, habiendo sido adoptadas en esta República por varios departamentos del Gobiernu tanto l!"'ederal como de los Estados. Telégrafos Federales, departnment~ de Correos
y muchas oficinas de Ferrocarriles, comerciantes y particulares. La
•'Smith Premier'' ha llegado á un grado de perfección tal, que con dificultad
la alca11zarán sus competido1·es sin sacrificar la durabilidad de sus respectivas marcas, y que solo conocida dicha perfección practicamente se p11ede
apreciar.
.
Los Señores l\fosler, Bowen &amp; Cook, Sucr. han establecido últimamente
una sucu;·sal de sus especialidades en la República de Guatemala, en donde
hJJ.n sido muy bien aceptada~.
Otras mercancias que llaman la atención son las bonitas maquinas
Contadoras para registrar dinero. La utilidad do estos Contadores estít demostraoa con el hecho de estar en uso en todas las ciudaáes de los pnises
civilizados, para registrar ventl\s al contado y á pinzo. Su mecanismo
es un triunfo del genio mecanicomoder110, y su perfección puede solamente
apreciarse dPspues de un exámen minucioso. A pesar de las ventaj11s que
el uso de este aparnto proporciona á todo comerciante, regularizando sus
open1ciones y pl'Oviniendo abusos y olvidos por parte de los empleados, es
preciso confesar, que aún no est(L mny extendicto en la Repúblh;a l\foxicana, debido en gran parte iL que no se le conoce y á costumbres aftejas

d e un sistema de comercio que en ésta'época, práctica por excelencin, se
debería absrndonnr.
Fiel á su pr11grama. de vender únicamente lo mejor en su clase de
todos sus articulos, A lo que principalmente debe su gran éxito la casa,
lla conseguido la excluoiva Agencia en la República para vender las famosas Bicicletas "Cleveland" y "\Vestfield," constrnidas poi· los Sellores H.
A. L ozier &amp; Co. de Cleveland, Ohio, en sus inmensas fábricas de T oledo,
Ohio. Thompsonville, Cvnn. Westfield, l\1ass. y 'l'oro11to, Canadá. Esta casa,
conociendo á fondo ::ius intereses, tiene como lema la honradéz y usa en
sus métodos de construcción lo nl:'ts científicamente aceptado, desechando
el material barato, que siempre es de mala c lase, resultando una máquina
de suprema calidad, á la que no se le podrá encontrar defectos.-Asi como
es cierto que debido á las facilidades que propor:iiona un capital importante, ninguna bicicleta igual en clase se fabrica tl\n economicamente como
Ja ••&lt;Jleveland", tambicn es cierto que en ninguna otra entra c11 su construcción m&gt;1terial tan
costoso como en ésta. Los Scfl.ores H . A. L ozier &amp; Co. tienen cul\tro grandes fábricas equipadas con maquinaria esp~cial y de Ju más
perfecto, manejada por operarios de ,os m ejor es que pueda procurar el dinero. Cada pieza
de la bicicleta es exami11ada y sujeta á prneba
á11tes de colocarl», y después sufre la máquina
en conjunto un segundo y riguroso exitmen.
La casa L ozie1· hace cinco difere11tes modelos
de Bicicletas y Tandems, y com0 emplean cu
su manufactura muchas especialidades patentadns, ninguna otrn fábrica puede imitiulas.
Adem[Ls de un surtic.lo grande de estas máquinas la casa l\losler, Bowen &amp; Cook, Sucr. tiene
una existencia variada de accesorios para las
mismas, piezas de refacción, y un taller m ecánico para toda clase de reparaciones.
Para terminar la descripción del piso primere dirémos que {t la dertcha, en el fondo, estit
el d espacho p,1rticular del Sellor George W.
Gook, y las oficinas de la negociación.
Pasando ttl segundo piso se encuentra una
viu·ied11d de J\1ueoleR para Despacho, como e&gt;&lt;critorios de todas clases, tamailos y maderas,
sil1011es, libreros con cristales, giratorios, ara
chiveros para correspondencia, mesas, pren•
sas de copiar y todos los artículos M·cesarios
en una oficina.
El tercer piso está ocupado principalmente
por lujosos aJt1c1res, cómodos mecedores y
cbaise-longues, habiendo la casa últimamente
aumentac.lo su giro con una importación de
Muebles para Médicos, siendo estos sillones
y mesii.s para operaciones y gabinetes para
instrumentos quirúrgicos y medicinas.
Una parte del tercer piso y todo el cuarto estím ocupados por nlmacenes con muebles tmpacados, y un taller de ebanistería, en
donde se empacan y pulen los muebles que se
venden. Se tiene especial cuidado eu la revisión de los muebles ántes de empacarlos y remi•
tirlos fuera de la ciudad. siendrJ sumamente raras las reclamaciones. Como la casa que 0(,Upa la ~egociación en Ja calle de Alcaicería No. 27 tiene
principalmente por objeto er:seña1· las muestras de sus mercancÜts, lil.s bodegl\s están en e l callejón de Santa Clara, en donde se guardan los duplicados de todos los artículos de su giro.
No obstante tener comparativamente pocos alios de establecidos en l\Ié•
xicolosSres.l\Iosler,Bowen&amp; Cook, Sucr., sus nego~ios seban extendido p:H·
todo el pais, habiendo alcanzado una gran reputación. Fué fundada en
1890 por el Sr. George W. Cook, su actual propietario. La casa matriz de
Mosler, Bowen &amp; Cook estaba compuesta por elSeftor l\f. l\Iosler, presidente
de la l\Iosler Safc Co. y conocido en el mundo entero por el Rey de los fabricantes de cajas, el Sr Frnncisco B. Bowen de Nueva York, capitalista
actualmente retirado, y el Seftor Cook, quien tuvo it sn cargo el manejo de
la Sociedad. Hace seis años el Sefior Cook ct•mpró los intereses de sus socios y desde ento!lces sus negocios giran baj::&gt; la razon social de l\fosler,
Bowen &amp; Cook, Sucr. quien secur,dado poi· empleados aptos é inteligentes,
ha puesto la casa en el estado floreciente en que actualmente se encuentra,
y e(: donde se recibe con afabilidad á toda persona que se digna visitarla.

"Tª"'·

En &lt;'I ramo d&lt;i Música, la casa de 105 Sres. A.
ner Y LEn-ien _Sucs. es indiscutiblemente la m{ts :mpo:tante Y acreditada que desde hace muchos años existe en ttl pai pues además de la Gran Fábrica .,,. Almacén de P_ianos, Organos, Armónicos, Orquestrlones
etc. etc., \lXtstentes en la calle de Zuletii números 13
Y 14, tiene el gran repertorio y Almacén de instrumento~. en la calle 2 ?&gt; de 81111 Francisco número 11
en esta ciudad, y las muy importantes sucursale~ de
Puebla y de Guadalajnra, situadas en la callfl de la
Independencia número 6 y en la caile de San Francisco número 12. respectivamente.
No exist11 en toda la RepúbliciL )1ex icana población, por pequeña que sea,
en que el nombre de los señores A. Wagne1· y Levien
no sea conocido.
En todos los grandes centros, como San Luis Potosi, Lt'ón, Guanajuato, Querétaro, MorPlia, Veracruz,
Jalapa, Toluca, Tuxtla Gutiérrrz, Celaya, Zapotlán y
en muchos otros, han esta•
blecido AgPnci-as con depósitos de pianos éi nstnunen.
tos d1-1 mi1sica. En las poblaciones menos importantes también tienen Agentes, quienes hacen extensi,
vo su comercio hasta las
poblaciones de ínfima categoría.
Croemos oportuno echar
una mirada retruspectiva,
con el objeto de 1Ja1· á conocer algunos punt.os relativos á la fundación de esta antigua y acreditada
casa.
El año de 1849 vinieron á
i\léxico los Sres. D. Agustl11 Wag-ner y D. Guill Le•
vien. Dos años después fundaron definitivamente la
casa, haciendo trabajos en
pequeña escala; pues solamente se limitaro11 í1 la cons•
trucción de pianos verticales, altos y cuadrilongos. No
pasó mucho tiempo sin que su nombre fuera conocido
y respetado en el comercio.
Debido á su trabajo co nstante y;\. los e&amp;fuerzos que
hicieron para satisfacer á sus favorecedore~, pudie•
ron, á los pocos años. ensanchar sus negociacione~,
importando los e¡1tónces famosos pi,rnos de Collaid y
Collard Eranl J. J. Wagner; y m,\3 tar&lt;le trnjoron á.
este país los hoy célebres de Steinway &amp; Son, Bechstein, Schiedmayer, Ronisch y otros.
Por último, después de diez años de fatigas de todas clases, la cas;i A. Wagner y Levien había logra0

;

Sa/6n interior

do colocar~o en primer término entre tod'Ls las de su
e,pociC', no obstante que todas Plhtd habían sido establecidas con much:! ant11riorítl11.d. Y desde entónces
ha continuado por el c:imino que de-sde un principio
tenia trnzado: emplear cuantos medios les sean p o~i•
bles para dejar satisfechos los deseo~ de su nn,nerosa
clientela. buscando cuanto de buon&lt;·, 1n1ovo y útil se
inve1aa ó puulica en el Mundo i\fosi&lt;'al.
En tales circunstancias, la casa \Vag·ner y Levicn
no podia menos de gozar, como realmente goza, do 1111
crédito universal, qu&lt;•, sin du,!a alguna, irá aumen•
tando todavía¡ y hoy e:,tá considerada entre las casas

ejecutar con perfección toda clase de piezas de músi•
ca, por difíciles que sean. De igual con binación vimos uno,; órganos de modelo peqneiio, cuyo precio es, según 110s informaron, de $2.30. ~stos sin embargo de ser chicos, tienen también su tecladt&gt; como
los de modelo granrle. Para usarlo,; en los salones son
de un resultado admirable.
En cuanto it armónicos, vimos los de las famosísimas fitbricas de Schieclmayer, i\Iason \Vilcox y \Vhite
y Carpenter. De esta ú.ltima, es el precioso modelo
llam'Ldo «B.:scuela•, cuyas dulces voces y graciosa
forma, nada dejau que desear. Este modelo fué construido exclush·amen te para escm~las y capillas pe•
queitas. Su precio es sorprendentemente barato
pues los hay de á $115. y
de it $13:&gt;.
;11uy agradecidos á los
Sres. \Yag·ner y Levien
Sucs. por las atenciones
con que nos obsequiaron,
no podemos menos de recomendar á los amigos del
bello arte musical, hagan
una visita al gran almacén
de pianos de !acallo de Zuleta números 13 y 14, para
que conozcan el magnífico
y variado surtido de íns,
trnmentos, y para escuchar
alg·nnas piezas en el gran
orquestrión.

Para concluir afiadiremos: que los Sres. A. Wagner y Levítm Sucs. deseosos de contriuuír por cuantos medios estén á su alcance, para que el arte musical
en México progrPse de una
manera decidida, no con
tentos con traer á. sus Almacenes todo lo que ellos
encuentran de nuevo y útil
en los i\lcrcados extran~ jeros, tamo en música co~~- - - - - - - - - - - - -- " ' - -- - - ~- mo en instrttnH1utos musicales, han establecido un
de su ramo miis grandes é importantes del mmHlo.
salón d&lt;} conciertos en lns altos de su casa número
El año de 188-! el Sr. Levien falleció; y desde entón- 13 de Zuleta. Dicho salón poco ó nada deja que
ces el Sr. Wagner tomó la nugociacicín entera por su de~ear; y se puode dei:ir que es el prirnero y el
cuenta exclusiva hasta l:'l año pa~aclo, en que su se- único en su cla;e q11e hasta hoy haya exi~tido en esñor hijo, Don Othcin, entró como socio¡ circunstancia
ta capital
por la cual hoy la ca.sa gira bajo la razó.1 sodal de
Y sin eml&gt;argo de los fuertes g·,istos que dicho!\
A. Wagner y Levien Sucs.
setiores tuvieron que ha.:er, pat''t. el establecimienAunque la casa nunca ha dej&gt;1do do fabricar pia- to dd Salón de conciertos, éste nada IE\s ha pronos, en el último tiempo y con motivo de la g-ran baducido; pues todas las audicionei, que en él se han
jA. (le la plata se est{m ensanchando considerabll'l•
dado, han sido sin remuneración. de ningm1a clase
mente sus talleres para la fabricación ele pianos .v para los Sre,,. ,vag·ner y Levien Suca.
órganos, haciéndose ademits en dichos talleres toda
clase de coniposturas de instrumentos de música.
Los pia11os qne más llamaron nuestra atención e11tre los alenianes y americanos que allí exi,ton, fueron
los de Swiuway, Bechstein, Schiedmayer y Rüniseh,
de los ruales solamente diremos que con justicia están considerados como los mejores del mundo.
Es cierto que no á todos les es posi',le comprar un
piano Steinw;.y ó un Bechstein por lo alto ele sus precios; pero hay otros, por ejemplo el Rosenkranz y el
Ynnler qu0::, además ele ser de ur.11 construcción sólida, son de un sonido hermoso y su precio ei. muy módico.
Tuvimos también el gusto de ver el espléndido surtido de órganos automáticos, y con verdadero deleite escuchamos algunas bonitas piezas musicale~, producciones de grandes maestros.
El órg-1tno eólico, es una verdadera maravilla. Es
un instrumento en el que cualquiera persona, sin tenor el más minimo conocimiento de música, puede
Sal6n interior

�Septiembre 19 de 1897.

Número Extraordinario.

EL MUNDO.

BANCO INTERNACIONAL E HIPOTECARIO

Septiembre 19 de 1897.

EL MUNDO.

Número Extraordinario.

~econ.sfrttcción beCebificio beC ex:~ orfaC be ]\gu.sfino.s.

~ DE MEXICO.~
••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••
. El presidente Sr. Don José de Teresa y l\Iiranda, es uno de los grandes capit11hstas d(•l pab, está interesado en las f'mpresas de mis porvenir: y tiene un co11ocimiento grande de los negocios ag-rícolas é industriales; que unido á su pru•
de11cia y honradez lo hace muy apto para reg·ir la institución. Sus compañeros
no son menos dig·nos de respew por todas sus cualidac1E1~, y es bu1mo ciar sns
11omb.-e~ para convencerse de ello. Don Tom1is Braniff, Don Rafael Dondé, Don
Román S. Lascurain, Don Joaquín de Trueba, Don Pablo l\Iartínez del Rlo, Don
}'edro l\liranda y Don Juan B. Cast"llÓ son los que componen con elScñor de
T~rcsa el Consejo ae México, y ya secomprenderá. cuanta luz puedeu dar es tos
senores para la marcha acertada del Banco.
No &lt;IE&gt;jaremo~ por último de llamar la atención del público sobre el edificio
construido pam este establecí miento y ('S la casa núm . 11 de la callf' de Cadena,
E~ su exterior presenta una hermosa arquitectura, y en el interior tiene una dis•
tnlrnciou mu.Y pr,1pia para el clespacho eu todas sus operaciones. Ultimaml.'nte ha
~onstn!ido e1Banco Ht1?otecario_u!1 departamento de caja~ de s1•guridad contra
111cendt0 y_robo que es lllgna de v1s1tar,e para comprendor qne en llfel"to satisface á
ambos ohJetos. 'fume mas de n,il cajas cuyo precio de .. rre1,damie11to seg-ún su
cap_ac1dad_ es de,., 15 á S 75 a,~uales. Conocida del públir.o la importancia de esta
rneJo_ra ex1s~en ya muchas caJas arrendadas, que guardan documentos de importancia, alhaJas y oro de las personas que conocieudo la seguridad que prestan
han querido aprovecharse de ellas.

EL BAN CO INTERNACIONA L E HIPOTECA R,/0, AS á nuestro jnicio
una ue las i11stitucionüs de cr édito má~ útiles y que tienen u11 g·ran porvenir, lueo-o que se conozcan por el público todas las ventajas que propor cio1~a á ia industria y á _la agricultura, especi&amp;lmente á los propietario, y
agncultores J_)Or sus prestamos al 11.rg·o plazo de 25 años, con l:i exhibición
a n ual de 9 p 8 con la que se cubre el rédito, y se extingue paulati11arn en te
el capital, de manera que a l terminar el plazo, se devuelve al interesado su escritura debidamente cancelada.
Esta institución enteramente desconocida en el pals, fué f'stablecida
poi· pr i1:ncrn vez el_ año de ~883 co~ un_ capital de $:2.000,000,pero su l.'sfera
d~ accion estaba c1:·cun~cnta al D_1stnto federal y territorios, y solo podrn efectuar sus opernc1ones de h ipotecas en los Estados mediante convenio con s'-!s respe. tiH(S Gobiernos que aceptasen su ley de co11cesión.
. Comenzo sus operaciones en. r l año citado, vencil.'ndo no pocas dif~cultades que le acan:eª?ª su n:ilSlna novedad, pues sus bonos hipotecanos que dá para constltmr las h1p otecas, uo se lei; apreciaba, y eran comprados con un muy grande descuento.
. .-\.~i ca_min_ó_ hasta el año de ~888, en que ya se comenzó á conocer meJOr la mst1tuc1on, y en que median te un contrato celebrado nuevamente
con el Supr_emo Gobierno, aumentci s~1 _capital ~- extendió rus operaciones comerc1ale_s, porque pud_o ya rec1b1r depósitos de numerario, ó de
ba_n-as de ?ro o placa; expedir certificados rle depósito¡ abnr cuentas corrientes: girar, comprar, vender y negociar letras ele cambio libranzas ó
cheques dentro y fu_m·a de \a República; p1·estar sus bonos p~ra que sirv1111 al tomador ae fianzas o garantías, y hacer pré stamoi' ó adelanto,; so•
bre trabajos y obras de meJ?ramiento públicos ó privados, pudiendo celebrar los contratos respectivos con el Gobierno ó particnhues.
Ar1!1ado_ con estas concesio~1es, y dirijiclo el :P.auco por personas de
mucha rntehgenc1a e n los n Pgoc10s, y de notoria homadez estableció desde lueg·o Agencias en lus Estados de la República, y en la~ plazas extrangeras de Nueva Yo~k, L C1!1drc~, París, y Be'rlín, extendiendo por medio
de ellas sus operaciones a otras muchas ciudadel; de Europa v Ebtallos
Unidos.
•
Sus operaciones hipotecarias se conocen va en toda la República
pues Yucatán y Tabasco, como 'Cohahuila, 'l'amauliras, Chihuahua y
Nuevo Leon, y otros muchos Estados del Centro. han encontrado en el
Banco Hipotecario un proveeclor eficaz para su~ trabajos ao·ricolos é in•
dustl'iales.
"'
Sus bo!1os, que seguían depreciados por los mismos expcculadores,
y el CJonseJo lns han l~vantado d~ precio, mediante el pago puntual de
sus cupones,) del capa..! respccttvo de los que la suerte ha favorecido
en los sorteos semectrales que invariablemente se celebran en los me,es
de Abi:11 Y Octubre de cada año.-~l precio de los bonos con cupon ha lle-•
gaclo a 97 P$) ~os ex cu pon se vende facilmen te á 93 P8 ,- es casi seo-uro
pronto sa verana_ la par, porque su rédito de 6 pg es mu\· seo-uro, pagado
con toda puntuahda~, y el capital mismo que representa.el Banco, se en•
cuentra asegurado siempre con las hipotecas que representan mas del
doble, Y con el fond? del Banco que redponde á toda eventualiciad.
Los pn1~ente_s d1rect&lt;;&gt;res del Banco. no se contentat1 para efectuar
una oper::.c1on h1poteca_na, _con el avalúo parcial del inmueble rústico
que se ofrece en g-arant1a, smo que consultan con personas Que pueden
conocerlo, Y 9uc por su experiencia en la agricultura pueden calificar su
valor comercial, y aun con e~tos dAtos procuran que el préstamo quede
pe~-f~ct~mcnte asegurado de manera que ocupando ei primer luu·ar el
crcdito del Banco es muy rcmot'J que quede en clescubie.-to se:t cual
fuere la suerto que corra el sen,;atario.
Si las exhibi;:iones anuales convenic'as akanzan un nueve p8, debe tenerse en cuenta, que con p11;rtedeellas se amortiza el capital paulatinamente, de manera que al ~ernunar _el plazo del contrato, &gt;e ha cubierto
enteramente ~I capital; y s1 se practica una comparación aritmética e11t1:e l~s operaciones del lfo~1co á interés compuesto,\- las cfet:tuadas á inter~s simple de 6 p 8 s~ vera que al fin del plazo del convenio el senl;atar10 ha aborra~oun 2;_¡ pg de pago.
Co?lo ~eciam?s pues ;;.! principio, E'Sta instittJ.ción debe llegar dentro
de algun ~tempo a S&lt;lr una de las lnstitucion(:s de crédito cl11 más ,·afia
por la so!1dez de su_s op~raciones y la se.guridad c~e sus ganancias.
'
c1rcunstan~1a nusma _df: 110 P?der conceJer préstamos sino por el
acue1do del Cons~JO de a~m111tstrac1on que se forwa de ocho personas
da mayor garantia de acierto eu sus negocios; más aún si se considera
la clase de pers~nas q11e forman ese cullrpo de administración porque to•
das son de uotona houraclez y perfectamente conocedoras de los ne,.ocios
del pals.
"'

PROPIE DA D DEL S R. J OSE DE TERESA Y MIIUNDA.

In gen i ero

DANIEL GARZA

DANIEL GARZA.

OFICINA:

OFFICE:

1a. be Cas ~amasnúmero 4 .

1a. be Cas ~&lt;'mas n ú mero 4 .

E.X-,,.LUM.NO

E.X - PU-P I L

De la Escuela Militar de Chapultepec.

01:the Military School at Ghapultepec.

SE ENCAROA

ARCHITECTURAL

~~ AND RYDRAULIGWORKS /J/¡
~

A SPEC IALTY
~

.,

...

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: '

1

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¡

1

~ngenie-ro ~anieC ~ar3a.

1:ª

@onsfrucciones fjedJa!&gt; 6ajo Ca óirección bet: ~ngeniero ~anieC ~ar3a.

~

~

�Número Extraordinario.

EL MUNDO.

Septiembre 19 de 1897.

Número ExtraordJnario.

Septiembre 19 de 1897.

EL 11\UNOO.

~EFE~ENel~S:

~E FER.EN e Es:

WILLIDW YOOJG l GO.

e1 exmo. Sr. 'Pr~aldente de la ~epúb(lca, los

Th el r exce llencles: Th e 'Preslde nt ofthe ~epu-

exmos . Sres. Ministros de ~elaciones extranje-

0llc, Mlnlster or J uatlce, Minlster of Forelan

111111111111111111 I I I II I I II I I I I I I I I

ras, d e Hacienda , de Justicia, de eomunlcaclo-

;i,,.ffal r s, M ln lsterof 'PubllcWorks,andthe Un l-

Comerciantes Comisionistas.

n esy la Leaacl6n de los estados Un id os en M é-

ted S tates L eaatl on In Me:xlco.

xico.

IJllPORTHDORES Y EXPOBTHDOBES.
REPRESENTANTES

CALLE DE QANTE !\UMERO 11.

~1r. 'gijiCCiam 1:{oung.

LONDRES,

The Cirm of Willinm Y0t111g &amp;. Co. was cstn.blished in thc lnttcr part of
thc year 18fl2 by ;\fr. Willinm Young, whosc portrait we give n.bove. About
n v~ar Hfterwartls he wns joined by his brother, Alexander roung, the twonow forming thc firm of "\Yilliam Young &amp;. Co. Previous to the date of estnblishi,wthe business, ~lr. "\Vm. Y1mng had bee:n in Mex:co 1tbout onc ~·cnr,
havin" ~ome to this country as Reprcsentn.tive an&lt;l )[11n,1gcr of thc ;\[cxican
.Associatio11, Ltd, of London, ll financia! company, which in conju11ction
with ir.e !llcxicnn Exp lorations Ltd, of London, invested considerable sums
of mvne,- in thc country in variuus enterprises, ¡:rincipally mining.
Prn,;ious to brcoming con11ccti::cl with The Mexican A~sociation Ltd,
)[r. Yuu11g had been for sev~n years with Messrs. Matheson &amp; Co, 3 Lombiu-tl Str1~ct, London E. C. the well knc,wn ba11kers and rnerchants. These
fHcts, tog1·ther with his preYious experienc1· in ~ ondon and . i~ Scotl1rnd
intlic,.,tc we think that the bea&lt;I of the firm of wh1ch we are wnting, hns had
'
·
experiencc
and 'training of a high chnructer i~1 bus~nt•ss,.
a.n d w h"1ch
no &lt;iouut helps te explain the success of the f1rm su~cc 1t hns _t-een
estnblishetl hero. Mr. Alexnnder Y0u11g hacl also bu-s111css expenence
in L o 11 d 011 . Hi,; first trnining was gai11ed i11 the Ci\'il Scrvice for whieh
he passeu successfnlly one or tW'J examinntions, but after tw0 yeRrs_ he
clecided to lettve the Civil Servicc ami cntered upon the mure eng:ig111g
pur"uit of Commercc. Both are native¡¡ of tbe :North of Scotland . having
bcen born w ithin a few miles of Balmoral, so well known as the II1ghl11ml
Heme of Queen Vict•)ria. :Mr. Willi11m Youngw1ts educnted ntBallater Pul)lic
School. ;\Ir. A. Young was als0 at the snme school, and afterwnrtls at
Aberlour 1'1;blic Shchool Rnd King's t;ollcge L ondon.
.
Bot.h mcmbers of thc finn are strong bcliever~ in tbe future of Mex1co.
Juclgitw from thc high standard of credit and the reputation which thc
firm lu~s alrna&lt;ly attained, not only in this country but in Englnn_d antl
the Uriited States as well, we h1tve little bcsitation in preclicting nn 1mportant ruture for the firm in question.
,.
Mcssrs. William Young &amp; Co, besides bcing General 1\ferchants, both
Import 1111d Expon, representa 11umoer of English firms of the highest
standing in various lines of busine~s, amongst which we m1ty refor to thc
following:
Messrs Thos Firth &amp;. Sons Ltd, Steeli\Ianufacturers, No:·folk Works

Breves apuntes sobre la casa comercial de William Young y Cia.
La cnsn de los scfiores \Villi11m Young y Cia. se estnblcció á fines del
ailo ele 18V:2, por el seflor William Young, cuyo retrnto encabeza el presente articulo.
U 11 afio tlespués el&lt;' haberse e~ta blccido, se 11soció con su hermano
A;ejnndro Young, formando ambo¡; la firma suci1tl Willinm Young y !.:in.
,Juzga.do b11jo el punto de vista comercial, es d e primera clase el crédito v rqmt:1ciú11 que hn 11lc::.nz11do la firma de ellos, no s0lamente en f.!
pnís,'sino en Inglaterrn y los Est1H.ks U11idos. Bas11ndo nuestrn_op_iniü~ en
¡ 0 anteriormente dicho, no es 1tver.turado asegurarles un porvenir IJsonJero.
Los ~eñ.on:s Willia m Young y Ci,1., atl!:!mils de srr comerciantes en
general, son importadores y exporrnclorcs. y representan 1\ varias casas fabricantes ele J11gla1errn ele priniern import11ncia, entre ellas las siguientes:
Señores Thomas Firth &amp;. Sons Ltd. Fabricantes de acere,, Norfolk
\"\'orks, SheffielcJ. Espcc1111ldnu p11rn i\léxicocn 11cero para l\liuas, znpatas y
da...to&amp; ei::pecialcs de ,,cero forjac.Jo pnrn baten a!', levas de acero, carretes, cabezas y flechas, etc., así ct,mo tnm bién rd11ccio11cs -&lt;le acero pi-.ra Molinos
Clnlenos y toda ch1se de piezas ele 11cet·o p,1rn Fe1Toc111-riles y usos generales.
s~ñ1,rcs A.&amp;. J. Stewl:lr &amp;. Clydesdale Ldt., Glasgow, Fnbric1111te:.
toda cl11sc de tubu., O!:! f,c•no y di: acc•ro.
Tl1e United Asbestos Co. Ltd., London. dueños de l\!in11s &lt;le Asbestos y fobr:eanter; de toda clttsc de elll¡iacndurns y plar.chns, etc. de As•
bcstos p11ra maquinnrin.
Scfiores John Gordon y Cia. Londres, Fabricantes de la maquina-

"Republic of Mexico and- Kingdom

España.

of Spain .
'Bajos de San Agustín núm.

eiudad de México.

LIVERPOOL,

Glasgow, etc.

Brief sketch of the ftrm of William Young &amp; Co.

"República Mexicana y del "Reino de

'Bajos de San ~gustín núm. 2 ---

MEXICO-

~-p13t~T~'DO 'POSTAL NtJM. 485.

NUEVA YORK,

eounsellor at Law of eourts of the

~bogado de los Tribunales de la

De Casas Extranjeras.
-

~rancisco ~Cfaro

~rancisco j}\Cfaro

•••••••••••••••••••••••++wv+•
Sheffleld. who make a speciality for ;\[exico of ;\fining StePI, Spccinl Forged Steel Shoes 1111d Dics for Stnmp Milis, Steel Cams, Tnppets, lleads nncl
8 111lfting, etc;, also Stcel Castings for Chilian Milis, and Stecl Castings ancl
F&lt;'r¡rings for Railway nnd geni•rnl purpose'l.
Messrs A. &amp;. J. St.ewart &amp; Clydesdale Ltd, Glasgow, mnnufacturers of ali classe~ of Steel anti fron Tubing.
The United Asbestos Co., Ltd, London, Asbestos ~line Owners 11n1l
nnnufacturers of ali classes c.f Asbestos Packings a,1d Shec·tings etc., fot'
machin cry.
John Gordon &amp;. Co.. London; mannfocturers of the well known,
"Gordor:" Coffee M11chin er~r, ami other specialities for C~•lonial purpos·•~.
Bruce &amp;. Still Ltd, Liverpool, manufacturers of G11lvanized Iro11,
lro n Roofs a.nd Iron Buildings, etc,
.
.
In n.ddition to clirect representation, the firm cloes a cons1cler1tole husincss in ali kinds of specialities for Mines and "I!Rciendns de Be11efici 11,"·
also for mn.nufacturing purpüses, inclucting chemicnls, such llS S 11lphate 'r
Copper, C,i.ustic Soda, IIyposulphite of Soda, Ble11ching Powder etc. Tl11:
firm is nlso interested in Hydrnulic Engineering in which line the~'
C·
recentlY can-ied throucrh sorne huge contrncts c,n beh1tlf of the Pclton \"\ 11ter Wh;el Co.of S11n F;anc:isco andNew Yo rk, with whom they h,,ve spcci:tl
relntions for this purpose.
In nther lines of business Messrs William Young &amp;. Co., are sole ngcn,s.
in the Republic for the followin7 fir:ns:
Ayala &amp;. Co., Chateau d' Ay, France, Ch11 mp11gne growers a11cl
exp,Jrters; James Watson &amp;. Co.. Ltd, Dundee. Distill 1•rs and Exp•wtPr-;
of Scotch Whisky; The Distillers Co., Ltd. Edinburgh; Sir Robert Burnett &amp;. Co., London; Peek, Frean &amp;. Co., London. l:s,scuit i\lanuf11e•
turers; J. &amp;. J. Colman Ltd thc cdebn1ted Mustard i\Innufactur(•rs, 11111l
Ridgways Ltd, London, Tea J\1 e rcha11ts and Exp~rt~rs.
.
'l'he firm are also largc importers on a c0mm1ss10n h11s1s c,f the Sf"ci11lities of Messrs Cross e&amp;. Blackwell Ltd, and J. T. Morton, Londc n,
They ere also importers of American goods in t he san:e li1·e.
In the export business the firm are exporters of corree to Europc n11d
the United Sta tes, ll business which they hope to increase hy takiPg in othcr
~lexican prodncts as well.
The firm is open to correspond with a view to husineEs with mannfacturers 11.11d firms of standing either in Europe or the U11ited Stntes.

11,;,

ria para café 11 G0rdon" y otra¡¡ especialidad es para efrctos coloniales.
Senoro3 Bruce &amp; .
Ltd., Liverpool, ;\[nnuf11Ctlll"&lt;'l'OS ele fierro.
ac11n11.lndo, tecllvs y edificios etc., de fie1Tu.
Además de estas representaciones que tiene la casa, se ocnpn de las
especialiclades p11rn ~[i nas y H:iciendas di:! beneficio, así como prc,c.J uctus q uímicos, como Sulfato de cobre, Sosa Cúustica, Hiposulfito de Sosa, Clormo.
de c11I, etc.
Están también interesados en mnquinaria hidráulica, en cu,·o ramo
han recientemente llcv1tdo ii cnbo algunos contratos 11nportan1es en en•
n exión con la Pelton Water-"\Yheel Co. do San Francisco y Xuc 'ª York,
con quienes tienen r e laciones especiales parn este objeto.
Así rnism0 son Jos scñorlls William Young y Ch,., 11gentes ele las si•
guicntes cusa»:
Ayala y Cia. Cha ten u d' Ay, Francia, Cnltivndores y exporta!lc,res clH
Champagne; James Wntson &amp;. Co. Ltd. Dundee, D (;st ilado rc~ y Exp\ 11·t11•
dores tic Whisky Escocés; Tbe Distillcrs Co. Ltd. Etlinlrnrgh; St•ílores H.,.
bert Buruett &amp;. Co., Londres; Seftores Peek, }'rean &amp;. Co., Lon,lrcs, Fnhricantes de G1tlletas; Scnores J. &amp;. J . "Colman;" Ltd. Londres, l•'abricantcs
de la célebre l\lostazn Colman; seilores Ridgwnys Ltcl., L o11tlres, Comer•
ciantcs y Exportadores de Té.
Son importnclores iL comisión ,le l:ls especinlitl1u]es ~e los Señ~r,.s
Crossc &amp; Bl11ckwell Ltd. y J. T. l\Lorton, Londres, y ele a ruculos amenc;1nos en el mismo ramo.
Exportan café para Europa. y los Estados Unidos, y esperan ensa:1~
char este departamento con ctros proJuctos del país.

·sun

2.---

Mexico eity.

~mem6ro beC @o,
fogio be J\.6ogabos
be ~lTé~ico l? be Ca
~cabemia be ~u-rh,,
prubencia l? J1,egis,
radón correspon"
biente be Ca be ~s,
paña.

~Rem6erof: ~oCCege of J1,an&gt;l?el:'$ o f
~ffexico ano J\.cabe,

mv

of ~ urispnt ,
bence &amp; J!egisCa ,

fion

i?!racfica en toba
era.se be negocios:
@onsfifucion a Ces,
J\.bminisfr a f i u os,
@'.iuiCes l? @:rimina,
Ces.

of g,pain.

JjlC C cCasses of
~racfice: @onsfifu,
fion aC,Jjlbminisfra,
fiue , @:h,it &amp; @rimi,
naC
L I c. Fra ne' seo "-lfa ro.

)♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦ tf ♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦♦

l,ompañía para la l-ompra y Venta de Propiedades.
No hny ningún sitio en tc,do el Continente Americ11110 c¡ue presente mejor espectativa para esta clase de inversi"nes lucrncil'as qnc lo.; terrenos etc
la Repúbl ica l\lPxicana. Esta presenta m11yores ve11tajns por io fertil &lt;le
su suelo, lo ben;gno de su clima, la abund1111cia de agna, fncilid,vl ea lo,;
transportes, etc., etc., circunstancias todas que la hacen superior iL cu1flquiera de las otrns :Naciones del Continente Americano.
La Cnsn Comercial q·-1e en nuestra Repúblicll, estiL &lt;'n"ll rg-adn de la
compra y venta r!FJ terrenos es "La Real Estate Compa11y Of ~lcxi co," quienes son il l.a vez agentes financieros y hacendados cnyo despacho se en•
cuentrn en la Cilpital en la c111lc de Gnnto núm. 4, 11partaclo 769, y en los
Estados Unidos, Kansas Citr, núm. 335 :N'ew Yvrk Lifo Bid¡;.
Los representantes de dicha casn hace tiempo qttP. vivl:!n en esta Ciudad -y u,dos son personalidades imporrn11tcs. Sus operneiri11es se extienden á la ccmprn y Yenta ele tenenos, te11ill11tlo especial cuidado cvn t-1da
cuanta operación se les confía.
Tambien se enca rgan de la administrnción de laspropieilnclcs, estiinclo
pendientes del miis insignificante tlctnlle y no omitiendo esfucrZl' Hlgull'J
que tienda iL dcj11r sati,,fcchos ii sus clientes.
Son propieta:·ios ele la Ifociendn "La Puerta," s:tnnda en bnen punto
del Istmo ele Tehu1111tcpuc, terrenos propios para la siembrn de café, c:111a,
gomn. elástica, t1tb11co, c11c110, plút,mos, manzanos y toda cl11se de producto~
tropical es: Los títulos que nmp11rnn la propiedad están en pcrfecLo estado.
El J•'errocarril :Nacion11I del Istmo de •rehua11tepec que une por uerrn
los puertos de Coatzaco11lcos en el Gol fo de ~[éxico c,,n el de S,dinn Cruz
en el Pacífico, cruza los terrenos de esta Ilaciend11. en unn exte11sió11 &lt;le doce mil111s, contanclc, con unn Est,ición para dicho fetroc1t1-ril, 11si comn un
río navegable que &lt;lesemboc"n e n el Golfo; esto facilita por el m,u· !'a expor•
ta.ción de sus productos parn todos los morc:\dos del ~1 undo.
Actualmente st: subdil'ide la propiedad y se ve ncte :"L los compradores
c )IDO éstos lo dc:senn. -~el'Ía muy ventajoso para los entendidos colonvs ó
capitaltstHs que trntar:1n de hncc:r ncg0cios en 111 República, se pnsi!:!rnll en corrcspond-:inc,n. con esta co111 pafiia, pues sin eluda alguna, ésta cue,1ta con los
más fértiles tcrrcn0s ,1011cle se cultivan los mejores productos tropicales. Esta es unn de las comp1ni ías que prestan mi,s garautíns en Jlléxico, por
su crédito, pues c;;enta con un c:1piwl de $100,00U oro.
Los rc¡.,resc11t11ntes como hemos dicho 111,teriorment&lt;', son personalidades muy conociclHs ~- bastante cstirnatl11s ,m esta Capital y son los ,1uo iL
continunciún se i11clica11:
Presidente, U. C. Gilbert;Secretario r Tesorcr", .\.. B. Ingnlsbc; Secretario asistente, Ross Wemplr. La honorabilidad de estas firmas, tan conocid as en toda la Hepúblicll, es la mejor garnntia que abona iL esta empresa.
Cuenta también esta &lt;'om!)aflil\ con extensos terrenos de Yllliosas maderas para su venta á prccic,s cómodos y en c0nf!iciones YCntajosas.

A IR vez se ocupa en negociar propiedades en la Ciud11d, en buenas ó
mallls co1111icionos, como el C()mprnclor lo d~see; ya sea para bnbitn.rlas ó
pnr:1 11eg-&lt;Jci:1r con ellns;-si alguna persona se interesase por estas operaciones, sida co11venil:ntc pasara iL las oficinas de la Compañia, donde se le
·propo¡•eio11a rú11 los nff,s extensos informes.
~

..

~

The Real State Company of Mexico.
Thcrc is· no place 011 the Americnn C0ntinent which presents more
ntlrnctivc induce me11ts fur profit11ble investment in rila! estate, tbnn the
¡.,ruductive l1111ds in the Republic of Mexico, fts te, fertile soil, climate
water, trnnsport11tion, etc.,
T11c lcacli11:{ firm engaged in the real estate business in l[exic'), is «Tho
R~al Estnte Compa11y of llfexico,» who nre real est,1te and financia! agents
anti aclmi,iist1·11tors of est11.tes, w1th home office at Gante St. Xo. 4, Citv of
;\foxieo, P. O. Box 769. "G. S. Office, K1tns11s Cit), .\lo, 335 X ew York
Life Blclg. They execute commissions on the buying a11d selling of realt,r,
¡;1 vi11g fa ithfnl attcntion to every confitli11g i11terest.
They are owners of the "La Puerta Estate", u. beauti[ul trnct of lancl
in a splendid location, being situated on the Isthmus of Tehu:mtepec 1rnú
especi,llly ;1daptecl to the successfnl cultivation of coffee, sugarcane, rubbcr,
tohncco, cacao, bananas, pineapplcs, and 11ll v,1luable tropic.1I products.
Thc titles to this lantl are abso lutely perfoct. Thc National Tehuante¡.,ec
Railw:n• whic11 connccts the port of Co11tzacúalcos 011 thc Gulf of Mexico,
whith thc port uf Salinll Cruz on thc Pacific Ocean, passes directly through
this trnct nr lancl for twelve miles, with a rnilway scation 011 tbe prnperty_
_nls0 a 11avigablc river lending to the Gulf port, ijkirts one half of its bo1rnd11ry, thus 11fforuing unrivalled trn11spo rtn.tion facilities to ali parts of thc
wol'ld. They a re 110w subdivicl111g thi,; property nnd selling it out in
trac.ts to suit pu:·ch11set·s. "\Ve might say here to intending settlers tJr
capitnlists thi11king of i11vesting in this Republic, that they woultl do wel!
to c::,1Tcspo11d with this Comoany, ns they nave th 1 finest of luuds on tltcir
lists in evcry part of the R cpublic, which are fav ornbly adaptcd for
growing- ali kinds of tropical pr oduces.
This is one uf thc most reliabl e C'Jmpanies of ;\[exico, ha ving a capit1d
stock of $100.000.00 in g0ld. Thc cfficers are: Prcsiclcnt, l\[r. JI. C.
Gilbrl'l, Sccretary &amp; Treasurer, )[r. A. B. Iugubbce, u11d the .Assisunt
s~cretary ls ~Ir. Ross "\\'emple. Xo bctter gunra11tec of tbe reliability of
this firm could be given, tban the names uf its officers.
This company has nlso large trncts of valuab1e timber land 011 theil·
list, f\• r sale at low prices a.ncl 011 easy tcnns.
Thcy al,,o dcal largely in improved nnd tmimprovcd city property,
ancl anyone dcsiring to purchase nny city realty !or business o r residential
pu,-pos&lt;'s, or ns an invcstrnent, woultl do well to call at tlle office of tllis
reliable i11stitution.

�Número Extraordlnsrio.

EL MUNDO.

Número Extraordinario.

El Ferrocarril Nacional Mexicano.

~uernavaca,
l) eC ~acífico

(Vl1'. L1'.'R_E.t)O,/

No ha habido miwor inrtuencia ni ayuda mAs impo_r•
tan te ara el sostenimiento r prosperijl\d del Comercio
' (i., tpa Rªpi't"olil:a
en la última
década que el famoso
(&lt;n
~
.
Ferrocanil Nacional i\Iex1cano. .
.
Salien 1¡0 de La redo ~exas y con:ie~1do ,Jiacui._ el_ Sud~e~te con dirección i1 la crndad de :\fox1c_o 840 nullas, p,tS,l
~r tas ciuda1k~ de 'lllontc•rc~·. Salt1llo, Catorce,. San
Euis Potosi, San )Iiguel ele Allende, C1;taya, S~lv,~tierra,
Ac·úmbJu·o, J\Iara,·atio, ~· Toluca en l:t hne~ pnnc1pal..
En ;\lonterey la linea cruza el Fcrrocarl'll de Monte1ey
al Golfo 1'lcxicano,
. .
En y anegas conecta con el Fcrrocarl'll \ anegas 'I\Ia·
tehuala ,. Rio , · erck.
. . ..
.
En S,tn Luis Foto~i sr cruza la d1v1s1011 ele T_amp1•
.. ,. en Celant la linea principnl del Central 'lllex1ca110.
coA.'cillnbaro ·e~ la unión de la divisió1! del Oes_te parn
J\Jornlia y Pi1t:1.cuaro cu.Yo ramal be est,~ ext~nd1ondo á.
Uruap:ui, cuya población es d centro ael mas hormo~o
11 · tritu ao·ricola ,. de ~iembras trop1call's de la Hl·pub:ica· ('; de espl7rarse que esta l}nea &lt;11!l'de concluida
ha~td U rua¡,an al finaliza~· _el corl'lente ª~'.º· ..·
.
En i\laravatío hay conex1on con el F(•11 ocan 11 d&lt;l J\11bo·tcan ,. Pacifico y en Tacuba con el ramal de El Salto.
c A~enci.ón especi;i requiere lo sig·ui~ntc': El lw_rmoso
,--illo dl• :'llontere,· la ciudad, la montana dPI Galapag·o,
rnont~}ia Mitra.'El Palacio del Obispo, d&lt;;l !ad? dc·l e_s•
t,· y el Yiaje enmedio ele las ~arrancas '.i Salt1llo, Ha·
ci~ndade Ramos Arizpet cercama~ de Salt1ll~: el camp_o
d batalla de Buena \ ista al Sur de Salttllo, la t:•·
e·· dP C·ttoi·ce en h 0o·ran ciudad minern dt:I m1,mo nombre, Bocas con su
THE MEXICAN NA TIONAL RAILROAD.
tac1on
, •
'
•
p otos!, D o¡onis
. H'd
,
de la fodt&gt;. osa hat:iP.11da
y casel'io,
San Luis
I a 1go, cuna
( L1'.'R. E!'DO-'R.Otl T E..l
heudn c·i"·
;\Jio·uel de Allende cunt ciud&gt;id se halla sobre el monte~: ?tros
pen ·hen luo-ares
,., ,. bellos
' "' e históricos cuva
• enumerac,'6 n ocupana
. mue1rn s pao-111.a
··
º
,,
Thcre
has
been
no
greater
influence, n'l _roore im¡&gt;ortant, ac_cess?r~-. to the upmue
os rºtt" e ·p"c·10 que cteseari~mo·s dedicarlo ii describir las bellezas d11 la nap ero nos
a esta
,. b linea
"
• •
. ct o ,i.
: ¡. . ·t· l d u · ·ico
bui111i11o- of the o-eueral
commtm.:ial p1·ospE&gt;nt5' of tlus Retiubhc w1tlnn tbe last
0
turalcza en
en toda• su oxtens1011
des d e L aie
•~ cap, a
e mex_ .· .
.
.
.·
. • · 1¡ ..~ ,uste• ferrocanil 1 no solo ¡,ro duce
un bend1c10 con los exc1u blO- decaele~th,in the famous Mexican National Railroa .l.
L a comp,1111a
•
b" · ·
¡ o·a •
Nowhere in the world can there bu seen such beaut1ful and ~1sto11c scene!Y
que trae á millares i111sta ciudad cada ano, stno que ta,!' 1e11 twne un_ u,;, 1
11· t
as abound alon"' its route 1 and 110 one who has travclled over Jt, quesuous lts
! s
nte e'., el transporte de fletes de una á. otra de las _cmdades del trnn,1tr~.
to the nam~ of one of th!l 113cenic lines" of the world.
.
.
llllP?.dO'1 uv liberal en ~us precios, poniendo á los comerc1an~es localtiij en apt1- ricrht
0
Alono- the route, after leaving La.redo, Texas, and run111:1g·_ ~n a southenr
HadSl ~" 1•.. ·ompetencia en muchos tu 0a-ares á los que ántes ¡am·\s alc,mzaba,
tu es
pa1,. ""
'
•
¡ ¡a , •··
di1·oction'\o the CitV of Muxico,8JU miles, it passc., throug·h the c1t1es of M?nteEntrro-;;,
pronto su carg·a
en todas las est~c1ones
&lt;e.
u,)• a· I·,i-· q11e
. , comu.
nicau couºesta. Las comoaidad".s que ofrece_ a los pa~aJ~1:os no so_n 11_!•~) 011s e1~ rny, Saitillo. Catorce, San Luis Potosí, San i\fi~u~I dti Allelllle, Cclaya, Salvatierra,
AcAmbaro, )f,irnvatío, and Toluca on the ma111 lme.
.
.
· . notro ferrocarril del Contmeute Amencano. Ati;nezando l?~ m,1~ bel os)
At l\Io11tcl'~\" the road crosses th" ~lonterny and i\Lix1can Gulf R ,uhv~y.
urn¡;i u .
·" J·e, famosos por sus maravillosos e inimitables atractivo,;, lleva m:\s
me¡oreb pa1s,1 ~
· l d ,· · . · 0 ·ée
At \'anegu.i' connectiou is madti with the Vaneg·as, i\latehm.l.la and Rw Verde
.·• · • 5 que cualquier otr11. compañia y para esta cl.lse cspec111.
e, ia¡e10, P b,
''ªltftman comedor1 carros dormitorios pahicios, Y. hermosos carros para: el d1a.
Railwa,,·.
.
.
. . .
d t ,, 1 . th
At San Luís Potosi is the crossmg of the Tamp1co d1v1s1011, an a ..,eª) a e
t:~s iomidas pueden toi:irnrse ya sea t:11 los carros o eu los restaurants situado,.
main
line
of
the
i\Iexican
Central.
.
• 11 tas estaciones de la lmea.
h
Acambaro i, the junctioo of the western division for_ M?r~ha and Patzcuaro
e No ei;.solo por la belleza del país porque atraviP.za por lo quP. ª{ que tomar
and this branch is beino- extended to Urnapam, which pomt 1~ rn tl_rn center oftbe
t via sino porque l'S 24 horns mas corta dti aquí y vuelta para 1{ar,sas .v de
Ka~sas' City para ::;au Luis, Chicago y todas las ciudades del E,te de los E,ta- fine,t a(l'riculturnl andtropical farming district in tbe Repttbhc. It 1s expected the
liue will be fi11ished to that point by the end of this year,
..
dos Unidos.
.. t·
At Mara vatio connection is made with the i\Iicl10aea11 and Pac1f1c.
s •e·crvan camarotes Pullman para todas partes y ¡a c~mpama
1ene_ nn
At Tacuba is the juuction of the El S~lto brnnch.
.
.
asis~e~1 ~e ta disposición de los pasajeros para e,·itarlcs n,olest1as con til eq1up,1To be especiall.v noted are thti follow111g: The beaut1ftll i\Iontere.)'.' valley, ~he
je en la aduana.
•
bl 'd
·
citv, sadclle mountain, mit1·tJ mountain, Bishop's Palaci: 011 thti east s1de, L~IJ ~-1de
Et1 combinación con el ferrocarril la empresa tiene esta ec1 o un exp1ess.
tlu:ouo-h the ca1wo11, to Sal tillo, Hacienda Ramos Anspe appro_ach to :Salt1llo,
Et Ex pres( N·1cional da buen resultado y estii. bien survido; sus depart~m tm·
t
para remisio~es d¿ dinero y paquetes, están sistemáticamente_ nrn~eJados. and b~ttlefield of Buena \'i.sta. Just south of Saltillo-Catorce st~t•on for the_greai
mining towu of the same name-Bocas, wíth its ~caut1_ful hacien~a and v111age,
i:s f~cilidacles que tiene la compañia para la pronta entrega, son rnmeJorables
San Lui-1 Potosí, Dolora. Hidalgo, home of the patr10t pnest-San Miguel de Alltiny su arre.,.lo es perfecto.
.
•
d
de, the city 011 the hill, and in fact, we could go on nammg place ar~er place of b?~h
•
J:'or c~ne.xió11 con el Express del Pacifico ele los E,tados v~1dos esta prepdra o
beautv and history for many pao•es, but we cannot get the space _we ~vouldhke
ara recibir encaro·os v valores de cualquier punto d~ ~1ex1co para los E~~a1!011
to dcvote, to describe the beautlu,; of the s~eue_ry from La1:tido to th1s c1ty.
.
lJnidos Canadá, Eifropá. El negocio del EX;l?ress se haya a ~rgo de Mr. ~- ~- N 1xon.
Not only in its passenger department 1s tlus road a great benefit, a!though 1t
.La~ oficinab generales de la_ compama, se hallan situada~ en la ctudad de
México, en la estación de 11;1 Colo111a, frente!( Paseo_de la. Reí o'. m~_.
,
_ does bring to our city thousand of tourists annually; •~ also takes ~n 1mpor_t~nt
p,trt ¡ 11 the trnnsportation of frnig·ht to and from our c1ty and _ihe d1fferent c1t1es
El edificio de la cstacion de esta compama conbtrm~o _de 1_.1d11llo, e, ~.na ~e
lla y fuerte construcción de dos pisos, 4,ue no solo d_a ~red1t~ a(ª cB·o1\1ª-r\'~ ~:no aloil"' the line, and has been mo.t lib~ral in its rates, onablmg lo::al merchants
to ni'~et compdtition in 111any places wh1clt they never before reac!1ed:
.
ue contríou,·eal mejor ornato de la cmdad de Mex1co.-El S1. , • 1.tc ter
The road makes quick deli\·ery of fre ight to i.11 pomts along 1ts lme and w1th
o-ente .,.e,iei·al de Tráfico y Pasajeros es un cumplid~ caballero, de .1~~~cha_ ex
connecting roads
pei·ienci~ eu negocio~ dt: ferrocarril~s, y altamente est&lt;_mado en los cuculob ftlTbe passenge requipment is unsurpassed by any other road l•n the American
nocarrileros, y c.lel publico en general. ,
.
Conti.:eu t.
El superintenteute Geueral es el Sr. E. N. Brown.
Traversino- the grandest scenery in the world, famous for
its wonderrui aud unequalled attractions, i~ carrie_s more tourists than a11y other company, and for th1s spcc1al class of
travel is perfectly equipped wlth Pullman, Buffet sleeping
can;, .Puthnan Palace ,;leepiug cars, and haudsome day coacbes.
Meals cau be h&amp;d either on the cars or at the !amous eating
houses aloug the liue.
'1 bere are more rcasons than the beauty of the eountry
throuo·h which this ¡,as,es for taking this route. Another one
is thatit is uy 24 houri! the shortest to and from Ka usas City, St.
Louis, Chicago andall Eastcrn cities. Pullman accommodations
are reservect to all poiuts, ancl tbe company has a passenger
~ asHistant at the borcler which relieves passengers of any annoyance in passing· bagage tbroug·h the custom house and
rechecking to desti11atio11.
In con11uction witb tbe railroad, the company operates an
express business.
'l' hc National Express is s uccessfully managed and thorough,
equipped.
Its parce! and money elepartment are systematically conducted.
'l'he facilities for c¡uick and safe delivery are unsurpassed
and its equipment is perfect.
.
.
.
lt is preparnc.1 to recei\'l', and by lts ~onnect1oi:is w1th. the
United t,tate~ o,· l-'acific Express Cump_amtis, to dehver fre1ght
m· 111011ey to a11y point in Mexico, U111tud l:&gt;tates, Canada aud
Europe.
.
l\1r. J. M. Nixon has charge of the Express busm~ss.
.
The o-eueral ornees of tite company are located m the C1ty
of :r.fox~co at Cclouia ,tation, fnrnting Paseo de la Reforma.
The statiou bouse of thi,; co1npany iba handsome nrnssive
two ~ton· brick and stone building· whii:h i;; not only a credit to
tite com¡iany, but an ornament to tiie city.
~Ir. B. W. Thaci,er, General Freigh\ aud Passenger Agent,
isao-eutleman of wide expericmce in railroad business, aud is
highly e~teewcd, not only in railroad circles, but by the public at la.rge.
Mr, E. N. Brown is the Gnneral Superintendent.

¡¡:

s:.,,

ª\.

it

A

A Street Jn Monterey with víew of ' 'Saddle .'11ountaln"

Septiembre

JQ

de 1897.

~aexico,
~uernavaca &amp; ~acific
~aiCwal).

f

U ANDO el hombre llegó á obtener cierto grado de civilizaER sin ce mankind first -~eached that point in civilization
ción y los distintos países comen za ron á cambiar sus productos,
when differeo t communities commenced to barter their pro~
surgió la importnatísima cuestión de hallar fáciles medios de
ducts and po~sessions with each other, the question of transtransporte, elemento decisivo para el progreso material de las naciones. portation has been the most important one in fixing the mallesde que se inició la construcción de ferrocarriles en la Re- ferial destiny ofacity since the era of railroads, the progress of .Me.
pública, el progreso de 1VJéxico se ha hecho especia mente notable, xico hi:is been especially marked and gratifying, and the degree of
y el grado de este mismo progreso ha ido en immento á medida que it.s progre.,s has been largely measured by the importance of the
se fueron extendiendo las vías férreas, ha~ta llegar á considerarse consecutive steps in its advancement to it.s present position as one of
hoy la República como uno de los principales centros ferrocarrile- the foremost railway centers on theAmerican Continent. One by one
ros en el Continente Americano.
the great r1:1.ilroac1 organizatioos have found it to their interests to
Tl,das las empresas ferroviarias han ido juzgando de la necesidad, extend tbeir lines and build new ones, until to-day they radiate
para sus propios intereses, de extenfrom the city as spoke.~ from a hub.
cler sus líneas y de construir otras
----.....--"\""""This country and century, each the
nueYas que hoy irradian de la .Megreatest in recorded history, owe
trópoli como los ejes de una rueda.
theirwonderful progresa anddevelop•
Este país, y este siglo, &amp;mbos los
ment to man y factors.
n,(s grandes de que habla la histo.fi::t'.':\~:.~"
Foremost amongthese and controlria, deben su maiavilloso adelanto y
ling all others by making them
prugrern á muchas causas: La priavailable, are railTOads, to which
mera y más poderosa de ellas, haciénmore than to everything else comdolas todas ~provechables, es la probined, is due the advanced develop-_
fusión de líneas de ferrocarril, á las
ment shown by this Republic at the
cuales, más que á todas las otras junend of the 11ineteenth Century.
tas ('S debido el desenvolvimiento deDuring the past fifteen years ~ émo!-t rado por esta República al finlll
xico has been greatly bene:fited by
del siglo XIX.
railroad development and the brighDm ante los últimos quince años
test and best spot.s in this great couu.México ha recibido pingües benefitryare those where the best transportcios por el desenvolvimit nto ferrocaation facilities are centered.
rrilero, contándose ahora como las poOf special value among these
blaciones mejores y más importantei
contributors to this city's business
del país las que han quedado ligadas
advantages, is the M exico, Cuernava_por una extensa vía ferrt·a.
ca and Pacific Railway.
De valor e5&gt;pecial entre las que
This road runs through some of the
contribuyen á las ventajas del Cofinest agricultura! and mining distmncio de esta ciudad, es el Ferroca.__,,_lil!i,ii,.rict.s in the Republic of Mexico, only
rril de J.\'J éxico, Cuerna vaca y Pacífiwaiting for the Rancher, Prospector,
co. Esta vía pllsa por algunos de los
Miner or Capitalist to tmn its remás hermosos distritoJ mineros y
sources into wealth.
agrícolas de la República de México
In reference to it.s scenic beautie3
en que son tantas his riquezas naturawe can only say that the tourist or
les desu suelo, que parecen estar espetraveler c1:1.n :find none prettier any- .
rando á queel agricultor óminero las
where and they shoulcl bewellrepaicl
recoia, para eonvertir aquellos proby taking a trip along this line.
duetos en inmensa fuente de riqueza.
The road-bed is in excellent conAdemás de las venutji:is que como
dition and thepassengercars and rollfactor del Comercio y transportes,
eo-R.oN e.L J. H. HJII.M~soN
ing stock are the equal of any on
•
e h
Pret;ldente y Gerente General.
the A mer1can
.
Contment.
.
proporciona
esta co~pafüa
a pres~.
tado verdaderos Eerv1c10s de gran utilidad al país atrayendo la aten~esides its prominence as a factor in commerce and transporc·ión de Capital y actividad, hacia esta Hepública, mostrándola co- tat10n, the company has also done much valuable service in
mo un suelo excelente para empresas, en toda clase de negocios attracting the atteotion ot capital and skill to this Republic asan
uo-rfrolas,
industriales y mineros.
exrellent tield for investment in all kinds of business agricultural
0
Saliendo de la ciudad de .México, la vía pasa por liis poblaciones mining and industrial.
'
siguientes: ~anta Julia, Tacubaya, Mixcoac, El Olivar, Cnntreras,
Aft~r leaving 0e city of Mexico t½e road passes through the
Eslava Ajusco la Cima y Tres bJarías, término por ahora del tráfico. fol~owmg progress1ve towns:_ Santa Julia, Tacubaya Mixcoac, El
La división 'de Iguala pasa por Puente de Ixtla, SantaFé, Buena Olivar, Cont_reras, Eslava, AJusco, La Cima, and Tres Marías, the
Vista, y los Amates Los lugare~ arriba nombrados en amb~ )~rn=as, present termmus.
son todos apropósito para cualqu1er emp1 esa y merece,n ser !'1sitados
The Iguala 1Jivis ·on leads through Puente de Ixtla, Santa Fe,
por los viiijeros y excursiones que lleguen al país. El Presidente y Burna Vista, and los Amates.
Administrador de la. compañía es el sefior J. H. Hampson, uno de
'l'hePr~sident andGener11_l Manageroftheroadis qoLJ.H.HampJos máR conocidos ferrocarrileroa en el Continente Americano. El sonone of the best known ra1lroad men on the American Continent.
sefior Hampson de nacionalidad americana fué uno de los principaHe is a native bo1:n ~ erican and was formerly a large railles contratistas que tomó á su cargo la mayor parte de la coo~iruc- road constructor, bavmg bmlt the greaterpart of theMexican Natción del Ferrocarril Nacional Mexicano, y del Central Mexicano, ional Ry, as well as the Mexican Central Ry from El Paso 'rex to
desde el Paso Texas hasta esta ciudad, lo cual prueba su g\·an habi- this city which is proof ofhis great Engineering ability.
lidad y pericia c~~o ingeniero,_ cu~lidades que también ha ?emosHe a 'so superintended the coostruction of bis own road.
trado en la direcc1on de su propia lmea Mr. Hampson es bien co_Col. Hall?pson is well known and highly esteemed, not only in
nocido no solo en esta República, sino en los Estados Unidos de Amé- th1s Repubhc, but also n the United States.
rica donde goza justa r eputación de hombre activo y emprendedor.
He is public spirited and enterprising.
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)

~ exrocaxriU,e ]&amp;'éxico, @uernai,aca t&gt; eCWa d fico
-"•IOIM•Estación de
J.

{ Statlon

z. {

11

11

.

Tres Marías"

Tres Marías"

Vista de la Ciudad de Cuernavaca.
V /ew of the Clty of Cusrns vaca.
Plaza de Is Ciudad de Cuernavaca.

3. {

Clty Psrk of Cuernsvs cs.
Lago en el Jsrdin de la Borda.

Cuerna vaca.

4. {
Lake in the "Lll Borda Osrden"

Cuernavaca.

Fuente en el Jardín de Is Borda.

5. {

..,. ,.~

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~ ~~--

·•··-""'-.....v

Fountsln in the "la Borda Oa rden-"
Recol(lendo fresas en Diciembre.

6. {
Pickin/l Stra w berrles In December.
Arbol del mango en el Jardín de Borda.

1.

{

Mango free In the

La Boréa Osráen"

11

�Número Extraordinario.

Septiembre 19 de 1897.

Número Extraordinario. ·

... .

Ferrocarril Mexicano de Veracruz
~

~

El m 11 s antiguo, de mayor seguridad y el mas conocido er la R~pú blica, y la única linea verdaderamente importante que po,~c: en co~um.!ación á la capital con las prósperas ciudades de Puebla, 01·1zaba, Cordoba,
y Veracrnz.
El Ferrocarril Mexicano es la línea principal de la República Mexica•
na Se comenzó en 1858 y después de un:i. série de interrupciones debidas
principalmente á disturbios p•:&gt;liticos,fue inaugurada en toda su_ extensión de
México á Vecacrnz en Enero de 1873 por el Presidente Seba.stian Lel'do de
Tejada. La linea en general signe el camino que llevó Hernán Cortés, del golfo á la antigu11. Tenovbitlán, la moderna ciudad de México. El gran H~mboldt
quien en su intcrcs por la ciencia ha consagrado con sus paso!&gt; la nns~a rµ•
/
ta, nos dejó una descripción vívida de Jo que es realmente este pnraiso.

Septiembre 19 de 1897.

The Mexican Veracruz Railway

,...

.".

~

'l'he oldest, s11fe,,t and b .st known rnilway iu the Republic, and tbe only
S1andnrd gauge line connecting the CRpital with the flourishing cities of
Puebla, Orizaba, (;ordoba and Vcracruz.
Thc Mexican Railwny is the pioneer standa,·d gauge line of the Republic of Mexic.,. It was begun in 1858, Rnd after a series uf stoppages, due chiefly to political troubles, it was o¡,ened from Mexico to \ erncruz in Jauual'y 1873, by Presidente Sabastian Lerdo cte Tejada.
l&lt;' ollowing the route tak1m by Hcrnan Cortes in his passage from theGulf to ancient Tcnochtitlan, the rnodern City ur llfoxico, the great
HUMBOLDT, who in the interest of science, has followed wirh bis footsteps the same patbway, haa left a vivid description of what is indeed an
éarthly paradise.
Apart from the beauty of the country traversed by tliis Railway, there·
is another feature which a.t once attracts the attentiun of the traveller and
that is the marvellously perfect construction of tbe Hue. It is built to last .
fur ali time. What with its beavy raila, steel sleepers and stone ballast
from one end of the linc to the other, one travels as easily anJ as 1,,omfortably as on the famous railways of Eugland.
The constrnction of the road has naturally been attended by great dif-.
ficulties. and wliat to Jess experienced engineers and builders would have
seemed insuperable obstacles. But persevera.nce, skill and money were
the factors that overcame these difficulties, carrying the line througb tbemountains with the finest iron structures, until the table land, 7350 feet ,
above the sea leve! had been reached.
·
To day it can boast without contra&lt;liction that it possesses the best
built and equipped road of its length on the American Continent.
The beuefits it has conferred upon the Republic canuot be over estimated, and its ideutity in the upouilding of the commerce throughout this .
conutry added to its importan~e among the great rai!way s_vstems of Mexico,
entitles it to mo:;t favorable mention in this commercial review.
The travellcr lea ves the City of México at 7 o'clock in the morning, .
seated in a chair car of the most modern constrnction, admiring tbe many
points of interest that are constantly demanding bis attentiou,
The line passes clase to the Villa de Guadalupe. the most sacred
shrine in Mexico, skirting the lakes of Texcoco and San Cristobal, over an
even gntde, ur.til San Juan Teotihaacan is reached, whtire the famous .
Aztec pyrnmids, ''TIIE SUN" &amp; TH..-D MOON" Rre seen.
Between the Citv and San Juan one obtains the best view of theextinct volcan"s of ,:YXTACCIHUATL" (16100 feet) and "POPOCATEPETL" (17800 feet).

El Infiernillo.

Sobre sus pe¡;ados rieles, durmientes de acero y bRlastres de piedra, se viaja
con la facilidad y comfort que en los famosos ferrocarriles de Inglaterra
La construcción de la via naturalmente presentó grnndes dificult;.des
y obstáculos que hubieran sido inven~ibles á i~~enieros y ~onstructores
menos inteligentes; pero la perseverancrn, la hab1l1dRd, y el dinero. llevaron la linea á través y por la falda de las montañas; levantando puertes
con soberbias estructur$\S de hierro sobre anchas y profundas barrancas
hasta llegará la mesa Central á 7350 pies sobre el nivel de los mares.
Hoy puede de~irse q ne es sin diapurn. la vía mej_o~· construida y. equipada del continente americano, é_ inmensos _lo~ bene~1c1os qt~e ha trt1do_ á
lit República en general, y á la ciudad de 1\Ie~1_eo, asi como ~ todas .as CJ~dades al este del Golfo; su ayuda á la formac10n del crJmercio de este Pa1s
agregada á su grnn importancia entre lo: grandes ferro~arriles en_ Jlléxico,
la hace acredora á muy favorable mención en esta revista comerc111l.
El viajero sale de la ciudad de México á las siete de la mañRna, en cómodo cano de la más moderna construcción, y com:enza desde luego á encontrar los interesantes,lugares que de continuo demandaran su atención.
La línea pasa al lado de la Villa dé Guadalupe, el santua!'io mús venerado en México, rode11, las mítrgenes de los lagos de Texcoco y San Cristobnl hasta ll&lt;:ga1· á San Juan Teotihuacán donde se ven las famosas pirámides de 11El Sol" y "La Luna."
Entre México y Sau Juan se goza de la deliciosa vista que ofrecen los
extinguidos volcanes Ixtlacihnatl (16,000 piés) y Popocatepetl (17,800 pies) .
A la salida de Teotibuac:ln el tren sigue por en medio de inmensas
plantaciones de ao-ave ó maguey de donde se extrae la bebida Naci&lt;mal llamada "pulque. 11 Entroncando con la line~ pri,~cipal en 1~pizaco estí\ el. ramal á Puebla, la segunda ciudad en t'lmano é 1mportanc1a de la Republ1ca.
Después de la estación de Esperanza donde hay un bue~ restaurnnt,
comienza el descenso de las montaiias desde el I ugar conocido por Boca
del Monte.
El Ferrocarril Mexicano, pasa por un país montañoso cuyos paisajes es
imposible encontrar mejores y muy difícil hallarlos iguales en ning(rn utl'(,
país del mundo.
De paso debemos hacer mención del _"Pie? de Orizab:t," la !Iontañll: de
la Estrella que levanta su penacho de meve a 17,905 pies sobre el 111 v-cl
del mar.
En Ne.gales, Río Blanco y Orizaba hay m1:1clrns y grandes U1br_ic~~ dfl
algodón y yute, cuyll situación en esas poblaciones ~é_besc á la pos1b11ldacl
de aprovechar excelentes caídas de agua para utihzarlas como fuerza
motriz.
Después de Orizaba el viajero se cncuentr~ en zonas don~e la veg~tación es verdRdernmente lujuriosa, rodeado de rnmensos plant10s de cRfé y
cana de azúcar, y grandes bosques de frutos tropicales así es que el via:
je de Orizaba por Fortín, Córdoba y. Atorae á p lSO del Macho es como SI
se pasara por un inmenso y extenso 3ardrn.
.
Casi puede distinguirse la línea de la c~sta luego, y se~tll'sc, al ~_ar
que Ja brisa salada en los labios, el foerte viento que at~·~vie~a el fü1J10.
A Jaa 6 y 40 ele la tarde se habní. llegado ií. la hern1ca _cmdad de la
Santa Vera.cruz, término del viaje y de la línea del Ferroearnl Mexicano.

EL MUNDO.

In the regions tributary to the Mexican Central
.Railway, every variety of climate a11d soil are to
be found. This li11e commences at the northern
boundary of the Republic at (;iudad Jual'ez
opposite El Paso), at an elevation of 3,700 feet
-~lliove sea leve!, and, passing for a distancti of
two hundred and twe.nty-five miles through a
-section admirnbly adapted to tlle eattle industry,
reacbe~ Cnihuahua, Capitc1l of the State by the
,same name, a city of about 30,000 inhabitants,
incl n&lt;liJ1g a considerable Ameríchn Colon y
successfully engag-::d in various branches of
business.
Lerdo, on thc Nuzas River, in the State of Dura11go, one hundre&lt;i miles further south, is the
centre of the cotton raising indusrtry of the Lagu11a district. There
is more cottou prodi:.ced here than
iu any othet· section of }lcxico. At
thb point are also located oil milis
1111J sonp factories, wllich s lüp their
,prnclucts ali over .Mexico.
Torreon, three miles so1lth of
1.Jeruo, is the poiut of junction with
the l\lexican Internatio1wl Railrnad.
llcre connecti-Jns are made ro1· the
U11itecl Stutcs, and the c1ty of Du,r1111;;0, about u11ellu11dredand sixty
miles tu the west. At Toneon are
Juc,1tecl sevtlral cotton milis, which
JJl'ncul'e thcit· raw material from the
-l·ich Laguna country iu the Íllllll•J·
tlt ,te dcinity,
Zacatecas, acity of50,000 pcople,
11ud the C,1pital of tlie 8tate t&gt;y the
,s:1me name, is seven hundred and
cighty-five miles sontn of El Paso.
lt is 011e of the leadi11g sil ve1· mi1ling camps uf the world. Jlliuing btis been continuously carriecl 011 there si11ce 1546, anti the
11¡,:'gregate production has reached the amount of
-$700,000,UOO. lt is stiJ.I pro&lt;lucing ,H the rate of
~:'&gt;,000,000 per yeRr. Tlle towu itself is lucated
in a comparntive desert, a11d 11ffurds a magnificent market for ali the µruducts of the haciendas
in its v1ci11ity.
Af1er passiug thruugh several ranges of low
hills, the road desceuds i mo the val ley of Aguas-calientes, ce!ebrated throughout the Reoublic for
its prodi¡ction of cor11, beaus and wheat. The
-city of Aguasr.alient0s, which is the CRpital ofthe
,Srnte by tite same uame,is a lmost tlie geograph1(

1

El Puente de Metlac--Tt.e Metlac Bridge.

The train now runs through numerous immense agave or magueyplantations, the plant frorn which ''pulque", the national beverage, is .
cxtracted. Leaving the Main Line at Apizaco, is tbe branch for Puebla, thesecond city in size and impoi·tance in t!Je Republic.
After leaving thc dinner statio,1 Eaperanza,. the descent of the
Mountains begins at Boca del Monte.
Sp.tcc toúo justice to what follows is not at our co~mand, snfficc it to
say, that the l\Iexican Railway passes through a mountain country wbose
scenery it is impossible to surpass and hard to equal. In passing mentio,1
mnst be made uf the "PIOO DE ORIZABA.", the Monntain of the ::ltar,
whicl1 rea1·s its snow capped peak 17905 feet above the leve! of the sea.
At Nogales, Rio Blanco and Orizaba are severa! large and flourishing
cotton and Jute Milis, erected at tllese points to take advantage of tbecxcellent water power.
·
The traveller now finds himself well within the tropics, in the m,idst of
immense coffee and sngar cane plantntions and graves of tropical fruits, so
that the joumcy fr0m Orizaba throagh Fortín, Cót·dova, and Atoysi.c to P e\·
so del Macho, is lik.e passing througb an endless garden, whích in fact it
is. One can almost distinguish the coast line n0w and feel the ''brine salt
on bis lip5, and the large ah· again", as it comes across the lowlands,
At 6.40 the same evening, the ''CIUDAD HEROICA DE LA SANTA.
VERACRUZ 11 (The hel'Oic city of the lloly True Crnss.) is reached and tbe
journey is at finiched.

Exterior cboy cave

ical centre of t11is valley. It is ciepenclent upon
agriculture and the manufacture of woolen goods.
San Luis Potosi, on the Tampico Line, one
hundred and tbirty milesfrom Chicalote. is 6,118
feet above sea leve!, a city of 60,0000 people,
and is the most impt•rtant business centre b etween Mexico and Monterey. This is the point
of junction of tbe Tampico Line of the Mexican
Ccntrit"l Railway and the Mexico National Railroad. San Luis Potosi is a ma1.i1facturing city.
In the vicinity are cotton, linen and flour milis
and an oil refinery; and a considernble industry
is carried on in hand weaving. This is a distributing point for a large scct,ion of the country.
The tropical and sub-tropical regions of the Rio

Tames/ Bridge and R,iver. ( Tamplco. )

Verde and the HuHsteca are tributary to it. An
extensive smelting plant, established by American capital, is in successful opernriou at this
point.
Tampico, fuur hundred and six miles from tbe
main line, situated 011 the Panuco Rivel', seven
miles from the Gulf of Mexico, is a town of
13,000 inhabitants, and is rapidly becoming the
principRI Gulf port of Mexico. This is due to the
complete success of the jetties built by the Uexican _Central Railway Company, at the mouth of
the Pannco River. Ocear. steamers discharge at
the whRrves, thus being relieved or ali lighteragc
charges and securing careful handling of the
goods. Regular lines uf steamers are now plying
between Tampico and New York, Mobile, Pensacola, Habana, p orts of Europe, Pr0gresso and othcr
southern 1\Iexican Gulf ports. The fisherie., at
Tampico are the fiuest ou the Gulf of 1\foxico,
and present an aclm)rable oppNtunity for thc
establisllment of canuing factorics to sapply tlle
hcm~ market, whieh now depends 011 l!:urope,
anú the United States.
Returning to t he main line, ~from Aguascalientes, the liue runs south thl'ougll bilis, until it
descends into the L,tgos Valley. Lagos is a
manufacturing city of about 30.000 i.nhabitants,
and is situated iri one of the most fertile regions
on the great table-land of .Mexico.
L eaving the L agos Va lley, the line passes
through a low rauge ef hills, and at the statio ll
0f F rn11cisco cvmes down into the Bajio. Thc Bajío, which is pl'obably tbe most extensive valley
in theRepublk, is JJa1· excellence the wheat raisiug
cou utry. The towns of Silau, Leon, Irapuato,
81:1l ama nea, Cela)•a, Vall P- de Santiago, Pueblos del
Rincon, bP.sides huudreds of l:Jaciendas, c11,ch wi th
almost as ma ny inhabit ants as a town, are situated in this region. Lcon, kuowu 11s the •·Queen 0f
the fü1ji u, 11 is the largest city, I t has abo ut
80.000 inbabitants, ancl on account of the chea¡.,n ess of ali foo d prod acts, it has become a great
manafacturing centr&lt;:l.
At Silao, twenty miles soutb of Leon, is the
junctio n of the GuanRjuato Brnnch of the l\1exiclln
Central, which connects the main line with the
Capital of the State. Guana~uato is a mining
town of about 50.000 inhabitants. The annual
production of silver is a t present about $ 3,500,
000. It affords a first-class market for the agricultura! products of tbe Bajio region, on the
edge of which it is situated.

Irapuato, twenty miles fui·her south, is the
point o-f junction with tbe Guadalajara Brancb.
It i,; a town of about 25,000 inhabitants and situ•
ated in a very fertile region. It is especiRlly
noted for its small fruits and vegetRbles. The
strawbcrry here ripens ali the year'round. The
brRnch from Irapuato to GuRdalajara follows the
Lerma River through an extensive valley adapted
to the c11ltivat10n of ali the products of the tempcrate zone. The cro¡;s here never fail from
di·c ugth. Tbe principal tuwns along this line are
l'enjamo, 8,000 pe')ple; La Piedad, about the
smne size; La Barcn, 10,000; Ocotlan, 8,000; (this
is the púrt tbrough whieh the trade of Lake
Clrnpala goes); and Guadnlajara, the tennillus, a
city of 110,000. South and southwest from Guadalajllnt is a sub-tropical country, in wtJich sugarcane
hnd maguey are the staple productions. The tequila from this section
is widel y celebrated.
Returning again to the main line,
from IrapuRto soutb, the line passes
through the BajLO conntry, until the
city of Qneretaro i.;; reacbed. Thisis a place c,f 50.000 inlrnbitants and
a great manufacturing centre.
Betwen Irapuato and Queretaro
thc co11t1·y is very similar to that
in the vi".initv nf Leon Rnd on the
Guadlllajara ·Bra11ch. The towns
of Salnmanca, 15,000 inhabitants;
Valle de Samiago, 10,000 inhabitants (which is connected wih S1:1!ama11ca b.v a trnmway someten miles
in leugth); Gu,1je, 5,000 inhabitants;
Celaya 30,000 inhabitants; Apaseo,
5,000 mhabitants,are iu this region.
Cclaya is a manufacturing town, hav:.ng in its vicinity woolen, flour an&lt;i cotton milis. Th~ tuwn is
cclebratcd for a peculiar class of confcctionery
manufactured thel'e, k:nown as "CRjeta"
Tula is the junction point with the M~xican
Centrnl Branch to Pachnca, forty-f0ur miles to
the eastward. Pacbuca is the centre of a large
sil ver mining district. The rnduc:ion o rores is also
carried 011 there to a large extent by the Patio
process. Going south from Tula on tbe main line,
t'iere is a gradual ascent, until passing the cut of
N ochistongo, the valle y of l\Iexico proper is
reached.

Túnel No. 5. Temasopa Canyon.

�EL MUNDO.

Septiembre 19 de 1897.

BFenoGanil InteroGeániGo.

Número Extraordlnano.

Tile InteroGeanic nauwau.

J:,ineaprincipaC be ~~éxico á: Weracru3. ~ivh,ión be ~o-reCos ~ain J:,ine from ~e~ico to ~eracru3. ~ore(o$ ~ivh,ión~
~exico to iJuenfe be ~xtra.
~é~ico á: ~uenfe be ~.dCa.
"gaatamoros ~il:)ision, ~ue6Ca to ~CancuaCpican.
~h,foión be ~afamo-ros, ~uef&gt;Ca á: '@'CancuaCpican
..iongifub tofaC 895 !UCómetros ó 555 miCCas. ~nd)o 3 pies· ~otar ,.iengtf?, 895 !liComefer$ o-r 555 mire$. ~auge 3· feef~

-·-

There are perhaps few lines on the continent, and ccrtainly none in Mexíco,
Pocas líneas hay en el Continente y con seguridad ninguna en México que
which present to the Tourist a trip of such continuous interest. The ever varyi11g
ofrezcan al viajero mayor interés y atractivo. La~ variada~ y magníficas vistas
de los volcanes Popocatepetl é Ixt-laccihu:dt, yendo hacia Puebla, ó Cuautla, sus glimp&amp;es of tbe Majestic Volcanos" Popocatepetl" and "Iztaccihuatl" on a trip tu
either Puebla or Cuautla; the broad views of cL1ltivatad valley and pina ciad hill~,
extensas porciones de valles cultivados, y cerros cubiertos de pinos, picos cubier•
to¡. de nieve, phintacio- from snow capped peaks to the fielcls of sugar cana and orange groves of :\lorelo-,_
from tho white peak of Orizal&gt;a to the coffee and bauana plantations of Jalapa, a
nes de caña de azúcar,
trip over the Interoceanic is one of e ver clrnnging intercst and beauty. But it is
y huertos de naraujos
uot possible to add anythíng to the volumes tha.t have alrnacly becm writteu clesen Nlorelos.
cribiug the mag·nificence of thl', sce11ery alo11g· the route of tite old highwr y from.
Desde el blanco pico
Vera Cruz to tbe City of Me.xico, practically the presl.'nt routa ol tito Iuteroceanic.
de O rizaba hasta los plan·
Ry. Volumes have been written l&gt;y the ablest authors a11d still volumes are left.
tíos de cafe y plátanos
unwritten of those centers of historie interese: Texcoco, Amecameca, Otumba,
de Jalapa.
the Pyramid of {:holula. Puebla, ( thc city oí the Angcls), Jalapa, Cerro Gordo.
Un viaje en el Iutero•
céanico ofrece cou~inuo Pass and .tleroic Vara Crm:. To evc11 touch the history, legend, or tradiuon of the,
íuterés é innumerables past would be to ex:ceed the limits alloted to this article.
bellezas. Mucho se ha diBut of the pt·osaic presant, what? Instead of thc rattle and clash of arms, is the
clank and rumlJle of the loom, aud flour nn 11, aud the griuding of the sug·ar mili..
cho ya en libros dedica•
dos á describir las belle- Tnstead1of the.~tandards of warfare, tho i.Janners of pcace andin:lubtry ,the smoke aml
zas y magnifieeucia de steam of manufa.ctories, the emblems of preseut ¡,rosperity and futme possibility
Instead of opposing armies btlut on destructio:1, ara the cooperating legions.
los pni$ajes á Jo larg·o
of agriculturists taxing their energies to compreheml ,mil utilize the iufinite
del antiguo camino de
Veracruz á la ciuda.d de
resources of g·,merous nature.
Estación de San Lázaro.
:\1éxico, que es el que reThe development of industrial euterprises along the lines of the Intoroceanic
cono ahora la linea del Ry. has kept pace witl1 that of other portions of thti Repul&gt;lic as well as with tho,
Ferrocarril Interocelinico. Y sin embargo, aún podl'ian escribirse muchos volúme- increasell agdcultural activity i11 the tenitory tributa1·y tu the 895 kiJometers of
nes sobre esos centros de interés histórico, Texcoco, Amecameca, Otumba, la Piits rnain liue and branches. To descril,e iu dt:-tail ,ha progress of ag-rícultura aucl
i11dustrial e11te1·priso,;, woulcl be to write a
rámide de Cholula, Puebla; (la ciudad de los án·
hietory which ~pace forbids.
gelas) Jaiapa, el paso .Je Cerro Gordo y la heroiFrom Mexico to Mazapa the cultivation of
ca Veracruz .
m,1guey, com aud Larley is givon most atten
Hablar aunque fuera de paso de las leyen·
tion. From Mazapa to AtoL011ilco, the mag·ni-das é historias del pasado se!·ía excedernos da
ficcu t forosts which clothe ti.e eidas cf tito su
los limites marcados á este articulo.
majestic sentinels of the ages, '·Popocatepet,"·
Pero de esta época prosaica qué queda? En
auu '' lxtacihuati" are callcd ou to contrib uto
vez de el ruido de armas se oye el de la~ fábritu tho weal-th aud wauts of man.
cas; molint,s de caña y de trigo, en vez de las
banderas de guerra, las de paz é industria, el
From Atotonilco to Perotu the lino passes.
humo y vapor de fábricas, eml&gt;lema de la pro3•
through a region produciug· iu abuudaace
peridad del presente y la grandeza del porveali the sta¡,Je ccreals, coru, w11cat, rye, i.Jar,ey,
as well as baaus, chile lll!tl zacatou. From l,e_
nir. En vez de armadas enemigas que bu,can
rote to Vera Cruz thc pruducts of ti1e suil arn
la destrucción, legiones ele agricultores devanan la facultad de su inteligencia para utilizar
too varied to uarne indiviclually in a space so
y cultivar las infinitas ventajas que les ofrece
li111ited, as in this sectiou ali the ero¡ s of troi,i-cal and semitropical lands are growu.
la naturaleza.
El desenvolvimiento de empresas industriales
l&lt;'rom Mexico to Puente de Ixtl:i (the Morelos..
line) the road skirts the almost iu.,xhaui;tíule.
á lo largo de la vi,i. del Interoceánico, está ú la
pine forests on the slopes of the white vo1caaltura del de otros lugarns de la República, así
11os tlarougl1 Amecameca, Ozumba .._ami then
como á la de las graneles actividades agrícolas
Camino Real y Vía del Ferrocarril Interoceánico.
dowu th~ir i;loping· sides covored wil1 barley.,
en el territorio cruzado por los 893 kilómetros
wheat and corn, i11to thc fortile vallcy of Cuau.
que comprenden su línea principal y r::.males.
tia, through the fields of sugar cane to Yaucepec aud the11cc through the orang·e.
Describir detalladamente el progreso de sus empresas i!O'rícolas é industria•
les seria interminable, Y el poco er.pacio con que contamos
noR Jo permite.
groves and canefields to Puente de Ixtla.
Desde México á Mazapa el cultivo da! maguey, trigo y cebada, es especialísiThe opportunities for
pleasure and business
mo. De .i.\fazapa á Atotonilco los magníficos bosques que adoman los lados de
along the liues of this
esos majestuosos centinelas de los siglos, el Popocatepetl y el Ixtlaccihuatl, concompany are beyond the
tribuirán á la riqueza, y á cubrir las uecesidades del hombre.
possíbilities of this ar•
Yendo de Atotonilco á Perote., la linea atraviesa una región que produce en
ticle to describe. All
abundancia toda claíie de cereales, maíz, trigo, cebada, así como frijol, chile y
the requisites for agrizacatón.
culturc or manufacture
De Perote á Veracruz los productos son demabíados para relacionarlos en tan
are found within easy
corto espacio: baste decir que todos los productos de las tierras ti·opicales v da
reach.
los terrenos templados SP, encuentran en este travecto
•
Another brauch runs
De México al P11eute de Ixtla (la linea Morelos) la. línea atraviesa bosques de
to the South leavino·
pinos, inag·otables, que están en la falda de los volcaues, pasando por Amecame•
the main line at Lo~
ca y Ozumba, cuyas inclinaciones están cubiertas de siembras de todas clases de
Arcos, passing close to
cerealeb, se pasa al fértil valle de Cuautla, atra\'esando campos de caita de azúthe famous prehlstoric
car hacia Yautepec, Y después bosques de 1rn.ranjos hasta Puente deixtla.
Pyramid of Cholnla; ou
Las oportunid~~es, lo 1:1ismo para pas~o,; cie placer que para negocios, que
to Atlixco and Mataofrece esta Compama, son mnumerables é imposibles de describir en este articulo.
moros, Izucar and ChietTodos los elementos necesarios para agriculturn y manufacturas se obtienen
con gran facilidad.
la, through a vally Juxu•
riant in cereals, fruits
Otro ramal que corre hac:a el Sur, dejando la linea p.-incipal en los Arco.,
and sug·ar cane anti
pasa muy cerca de la fan;osa pirámide histórica de Cholula sio-uiendo
á
Atlixco
0
·
beautiftll riverd.
Matamoros 1zucar
Y· ~etla: pas_a ú través de un valle lujurioso en la producción,
de cereales, frutos y cana de azucar, y cntzado por inumerables ríos.

n:

c

·

Camino cerca de Jalapa y Puente del Ferrocarril,.

Número Extraordinario.

EL MUNDO.

Septiembre 19 de 1897.

Gompanía de Ferrocarriles del Distrito

Mexico Glty Street Railway Oompany

EN LA CIUDAD DE ItlEXICO.

[LIMITED]

Entre las mejoras importantes que denotan el adelanto de un país se encuer:tra la
Among the most important requirements of any large dty is that of adede un servftio ferrocarrilero, bien organizado dentro .ie los límites de una ciuJad La quate and well managed intramural transportation service, and Mex:co City enjc,ys
ciudad de México se distingue actualmente por su buen servicio ferrocarrilero, tanto among its 1nost important distinctions that of an excellent and well conducted stret:t
de vapor como de tracción animal, que pone en comunicación toda la ciudad y además railway system by steam and mute línes, reaching to every part of the city and sul::urco:iducen á todos los alrededores.
ban town.
El establecimiento del servicio ferrocarrilero en una ciudad no solo es de utilidad
The improvement of street railway service is not only valuable to the individual,
para los individuos en particular, por el tiempo que ganan, sino para la ciudad en ge- whose time it saves, but also to the city at large, as the opening up of transportation
neral ¡,ues teniendo medios fáciles de transporte, las ciudadas limítrofes han subido to the outlying sections of tbe city has bad a most valuable effect in making those
de valor pues estas localidades han sido adoptadas tanto para residencia como para localities more desiráble for business or residence.
asuntos comerciales.
Altbough the citizens of Mexico receive good accomodatíons now, yet the manaAun cuando los habitantes de México gozan ya de gran comodidad á este res- gement of this Company is most efficient with a due regard to the convenience of
pecto, siendo muy eficaz el servicio ferrocarrilero, se proponen introducir para Jo vethe public, and in the 1.ear future they intend introducing the Electric System and
nidero grandes mejoras como es: In instalación de dicho servicio por electricidad pro- equipping the line wi ch tbe finest and most modern american cars manufactured. ,IIJhen
veyendo las lineas con los mejores carros americanos
completed, this city w:11 have one of the finest and best
construidos últimamente. Cuando esto se realize la ciu•
equipped street railways in the world.
dad de México contará con uno de los más espléndidos
Tbe company operattcs over 149 Miles of road, part of
servicios ferrocarrileros del mundo entero.
tbe track of which is nnrrow gauge and part wide gauge,
La compañía tiene 149 millas de ferrocarril, parte dt:!
the equipment of ali being in excellént sb11pe.
camino está construido de vía angosta y el resto de vía
Tbey have in use two bundred ond fifty first etas~, and
ancha, pero todo él bien construido. Cuenta la compañía
one bundred and forty eigbt second class cars, 80 Plata•
co11 250 carros de primt:ra clase, 148 de segunda, tO plaformas and 31 Furgones, which are operaced for the cootaformas y 31 furgones para el servicio público. La comveyaoce of freight.
pañía tiene además carros especiales para servicio fúneThe company has also a number of special cars for fubre y 34 caballos. Este servicio se encuentra bajo la ve·
neral services for wbicL they kt:cep 34 horses
gilancia de un hábil y exptcrto intervent.:;r.
This dtpartment is under tbe management of an able
and experienced uodertaker.
·
Se encuentran 26 postas repartidas en todas las lineas,
2,800 mulas y 10 locomotoras para la tracción de los caTbere are tweoty six stations along the !'ne and twtnty
rros.
eight hundred múks, and lo locomotivts are kept to opeLos empleos se reparten entre personas inteligentes y
ra ce the cars.
e:z-perimentadas y están repartidos como sigue:
Employment is given to a large staff of skilled and exEn el departamento de las máquinas 9, en la carpinteperienced belp in tbe variou~ departments which is as
ría 43, herreros y mecánicos 36, pintores 20, talabarteros
follows:
18, conductores 500, cocheros 500 jefes de inspectores 6,
In the macbine shop 9, tbe carpenter shop 43, blacksinspectores 65, fogoneros 18, formando un te.tal de 2,000
mitbs and mechaoies 36, painters 20, talabaretors 18,
empleados y ademas gran cantidad de escribientes.
conductors 500, drivers 500, chief inspectors 6, inspectors
65, Fogoneros 18, a total of 2,000 t:mployees btsides a
La compañía primitiva fué fundada hace muchos años, 1arge staff of clerks.
pero en Marzo de 1896 fué comprada por Wernher, Beit
y compañía de Londrtcs en $7.750.000. En Agosto de 1696
Tbe original company was founded many years ago
tomó posesión la presente compañía y ahora comienzan
but in Marcb 1896 was purchased by ,vernher, Beit and
á poner en prác-tica sus esfuerzos para proporcionar al
Compnny of London, England, for $7.i50,000.
público un servicio esmerado, cosa que de seguro conseIn August 18%, tbe present company took formal posguirán; pues se notaba ya gran adelanto desde antes que
_·session and at once commenced lo put fortb tht'.ir best ef.
los ferrocarriles pertenecieran á esta compañía.
forts to give tbe publica good service, and how well thty
Las oficinas generales de la compañía se encuentran
Thomas 11. Me Lean.
succeeded is known by ali, for tbere has been a marked
situadas en la calle de Santa Clara número 12 y el PresiPresidente y Gerente General.
increase ever since tbe road came under its prestnt mn dente y director General es el señor Tomás Me. Lean. Di•
. nagt:ment.
cha empresa en todos sus departamentos y detalles se encuentra sistemática y bá•
The General offices of tbe company are at Calle de Sta. Clara num. 12, and its
bilmente manejada.
President and General ;\lanagtcr is Mr. Thomas H. Me Lean.
El abogado Pablo Macedo, y los señores Joaquin Casasus, D. de Chapaurouge,
Tiae éncerprise is in ali its departments aod details thoroughly systematic and ably
Y R. M. Arozarena; son los vocales. El Tesorero general es el señor Francisco P.
cond ucted.
·
de Castillo y el señor Miguel S. Macedo es el abogado de la campañía.
L"wyer Pablo :\farcedo, Joaquín D. Casasús, D. de Clrapeaurouge, and R.M. AroEl Secretario del director es el señor Longstres, el cajero Juan M. Barterí. conta- zarena are tbe Vocales, the General Treasurer is Francisco P. de Castillo and the Sedor, G. Bearsell; ingeniero fuan Mendoza y Roca, su perintendente José Rodríguez, je- cretary and Agent is Thomas ,lloran, while Mr. Miguel S. Macedo is the lawyer for tbe
fe J V.'. Rl)gers, superintendente eléctrico Harry B. Nite y agente para el servicio fúCompany.
nebre Eusebio Gayosso. Cada una de las personas arriba citadas, se encuentran per•
The Assistant ;\fanager is Mr. D. F. Longstreet; Cashier, Juan N. Barberi; Audifectamente instruidas en todo3 los detalles relativos á sus quehaceres particulares.
tor, G. Beardsell; Engineer, Juan Mendoza y Roca, Superintendant, Jose Rodríguez;
El Presidente y Director General Tomás Me. Lean cuyo retrato aparece en esta Chief Roadmaster, J. ,v. Rogers; Electrical Superincendant, HMry B. Niltcs, and
página es una de las personas más inteligentes en cuestión de ferrocarriles lo que le Agent for toe funeral service, Eusebio Gayosso.
ha valido el inmenso aprecio que se le tiene en todo el Continente
Tbe President and General Manager Mr. Tbomas H. Me Lean,
Americano. El señor Me. Lean, nació en Albany.(New York) el 10
wbose picture appears on this page is one of tbe best posted and
de Diciembre de 1855 de padres de nacionalidad Sueca é Ing-Jesa
most bighly estt:emed railway mtn on tbe American Continent,
respectivamente, á la edad de 7 años entró á una escuela pública
He was born atAlbany, N. Y., December 10, 1855 of scotcb and
en su ciudad natal, pero salió de ahí, 3 años después á la muerte
english partntage.
At the age of seven be entered tbe public school in his nat•
de su padre. Ha servido dos veces e.n la legislatura y una en el
ive town, but at the deatb of bis fatb!'!r tbree years later, he Jeft.
Senado de Albany. Después estuvo empleado en una oficina de venDuring three terms of tbe Sta te Legislature, following, he
ta de terrenos y de 1875 á 1877 sirvió como empleado en la linea
was a page in the Legislature at Albal)y, serving two tenus in
de vapores de Albany en el río Hudson, en cuyo empleo aprendió
tbe Assembly and one in the Senate.
la primera lección en el tráfico de pasajeros. En Octubre de 1877
After tbis, he was employed as a clerk in a real estate office
entró al servicio ferrocarrilero de la compañía de Nueva York en
for
a
wbile, and from 18 i5 to 18i7 served as clerk on the A lb,:ny
la.calle 23, primero como depositario y luego de tenedor de libros.
Day Line of Steamers, oo the Hudson River, in which occupatwn
En 1882 fué elegido secretario y director general, puesto que deshe gained his first lesson in passenger traffic.
empeñó hasta Junio de 1893 cuando la línea de la calle '.!3 fué abln October, 187i, he entered lbe service of tbe 23 d St, et t
sorvida por la Compañía Metropolitana. Entonces fué elegido DiRailway Company of New York. as Receiver, and subsequently
rector General de esta última compañía cuyo puesto ocupó un año
became its Bookkeeper.
y fué nombrado director general de la compañia ferrocarriltra del
In 1882 he was elected Secretary a~d General Manager wlaich
la ciudad de Indiaoópolis, Indiana.
position be filled until June H.93, wben the 23d street lint:s wne
El senor Me. Lean se bízo notahle y digno de estimación duThomas Morán
absorbed by the Metropolitan Traction Company.
rante su tiempo de servicios, no solo en los círculos ferrocarrileAgente Ceueral.
He was tben chostn General Manager of tbe latter comrany
ros, sino con el público en general. Sirvió como primer vice-pre~idente en la Asociawhich posltion he resigned after about a year's service, and l::ecame General .\Jan.,·ción Amerícana de F errocarriles en las ciudades en el año de 1891 á 92 y al presente ger of the citizens Street Railway Company of lndianapolis, Indiana.
se encuentra en gran conexión con los intereses de dicha asosiación. Al ·presente el
Mr. ;lle Lean has been remarkably successful during bis railroad career a.1.I
señor Me. Lean se ha hecho digno de aprecio y estimación entre los comerciantes y
has not only been held in bigh esteem in railway circles, but also with the general p1bt:c.
hombres de negocios.
He served as first Vice-President of tbe American Street Railway Associativn f.H1891-92, and at the present time he b closely connected with lile i~terest of lh&lt;• association.

I

�Número Extraordinario.

EL MUNDO.

Septiembre 19 de 1897.

Número Extraordinario.

La primera. Fábrica de Cigarros en la República

"@f ~uen ~ono" ($. a.)
••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••

EL MUNDO.

1-e puso con· aut&lt;'rización del Presidente de la República.
Entrando por el Pasaje Porfirio Diaz, se en•
euentra í~ la derecha la oficina de la Administraeión, á la izquierda la del cBjero y junto se eneuentra ot.ro sal0n pnra las juntas del Consejo de
la C0mpaftía. Todas estas piezas están lujosamente decoradas.
Entrando por la oficina de la Administración,
se encuentra un enorme salón de trabajo, y desde esta oficina se ven perfectamente 102 maqui-

Septiembre 19 de 1897.

se destina al empaque y despacho de la mercancía.
Hay de existencia en bodega 20,000 fardo,, de
hoja de taha~o, qut! pesan 1.500,000 kilo'&gt;, siendo 900,000 kilos el gasto anual. Ahi mismo se
encnentra el Jugar donde se hacen las cajas para
empacar las mercancías.
Las principales marcas conocidas, no sólo en
la República sino en Europa, son "La Mascota,"
11
.C.:l Buen Tono," "El Ideal," 11 Habana•-México, 11
etc. Tres carros repitrtidc res hace_n_el abaato dia-

~,;r·
i

NTF,S de obtener buena reputación en
cualquier negocio ó nueva empresa, ne~·~_:l ccsitanse llenar muchas y especiales con,,.
dicit&gt;nes.
La magnífica. calidad de las mercancías y supremo material empleado en la manufactura son
condiciones es&lt;::nciales, en que deben fijarse los
fabricantes parn dar á sus productos, cxcdencia
y ventaja sobre sus similares y así asegurar
comprc,bantes de fir,uas respet!l bles, acerc,t de
la bondad de la producción asegurando crédito
y firmeza á la firma manufacturern
Digno de estudio es para los fa uricantcs, lo que
dejam0s asentado, debiendo tener en cuenta que
la mercancía mala, 110 puede obtener precio que
medianamente sufrague los gastos que origine,
por más que la baraturn dcbiJa á su ¡.,ésim,t calidad alucine á J..:,s comprBdores.
Poco tiempo puede durnr el engaflo; pero en
cuanto es recon ocida la inferic)ridad ue la mercancía, la ruina es segura.
Una de Jas -:ansas de lo sup remo de la mercancía consiste en el esfuerzo qut:: se hace ¡.io;
conservarla siempre igual.
·
Guiada por estos pri11cipios la fábrica "El Buen
Tono," cuyas me1 car.cías s011 de primera cla!&gt;e,
ha obtenido el primer puesto e11tre las fábricas
de ciganos en la República Mexicana.
Congratulará no solo á los inJividuos que form1111 la corporación, sino ú los ciudadanos de México eu general, saber que 11 El Buen Tuno." tieue
la supremacía de manufactura y excelencia de
sns productos en Europa, lo qu,J ha hecho subil'
el prestigio de que gozaba la Ciudad de llféxico.
Prneba de ello es los premios obtenidos en las J&lt;.:xposicio11es de Londres y París.
No hay otra empresa en la República que haya proporciouado lllás alimento al pueblo que esta compañia. El tabaco usado en sus nrnnufactu·
ras es igual si no superior al consumido en otras
fábricas, siendo todo él cultivado en México y
por ciudadanos mexica 11os, en los distritos de la

La maquinaria es de lo más moderno y m43jor y
está movida juntamente con las 102 graciosas engarg0ladoras por un motor de 120 caballos de
fuerza, alimentado por una caldera ad-hoc, inex-

plosible.
La fábrica se ilumina con 30 lámparas de arco
Y 30 de luz incandescente, luz que proporciona
un dinamo propio de dicha fábrica.
Diariamente se paga más de $500 á las operarias y mozos de la fabrica, y cada tercer día se
paga. at Gobierno $1,400 pt,r timbres, aparte de
$400 que se paga al Gobierno Municipal.
Podíamos llenar páginas y páginas describiendo esta cs.sa y los beneficios que produce; pero
no tenie:ido espacio, bastará decir que e3ta industria es un modelo en su género, que sus productos nadie los excede, s su institución honra á
la industria, á su gerente y á su director.
El Sr. Pugibet, fundador y Gerente de la Comp1tñía, es un hombre cuyo talento mercantil y carácter empresario y enérgico, verdaderamente
admirnn.
No es muy secundario el Jugar que ocupa el
Sr. D.l&lt;'rancisco Pérez Vizc11ino, pues ha conquistado totalmente la confianza del seil.or Pugibet. y
acertadameete le reemplaza en la administrnción
cuando el Sr. Pugibet se aus~nta.
En lo particular los dos son muv finos caballeros y satisfacen á tod.- persona qu·e les trata.
El Mundo SP siente o rgL1lloso de hacer en sus
columnas la descripción &lt;le esta Fábrica, y lamenta no lrncer de ella, por falta de espacio, los
elogios que mernce.

JilBlCJS QUE SE ELBBOlHN EK ESTH FHBBIGB.
ESTILO HABANO:
Habana-México,

'Buen Tono,

Fue¡:o,

Pasege "Porfirio Disz" en el interior de Is Fábrica.

República denominados San Andrés, Valle Naciona! y Tlapaeoyan.
El di11ero ganado por esta g-ran empresa se queda en !\léxico ~' la importancia de esta gran industria lle la República de l\féxico es imposible
eDaltecerla lo bastante, pues proporciona me,Jios
de subsistenci11 il ce11tenares ele familias emplet,d11s en los tm-rcnc:s de si&lt;:mbra y en Jns 1,200
operarios, la rnHyorÍll mujeres, que se ocupan en
tan expléndida manufactu:-a.

Taller de Máquinas que fabrican el Cigarro sin pe[,amento.

"El Buen Tono" es una de las más grandes é
importantes casas manufactureras de la Repúbli•
ca. El negocio fué establecido el año de 1875 en
la calle de San :F'elipe Neri por el señor Ernesto
Pugibet que es ahora Gerente.
En 1890 se pasó á la actual localidad, Avenida Poniente 14 y en Enero do 1894 la Oompa!'l.ía
fué organizada é incorporada según las leyes de
la República con un capital de $1.000,000. Fué
nombrado Gerente el sef10r Ernesto Pugibet; Se•
cretario, Jc'ranciseo Pérez Vizcaíno y cajero An•
drés Eizaguirre.
T1111 pronto como se apreció la manufactura en
el público bajo la habil dirección del señor Pugibet, han subido de valor las acciones en los mercados.
En 1894 las l\cciones ele la Compañía valían $100
ahora valen $240, lo que habla muy alto en favor de la buena mercancía. Desde el establecimiento de esta casa se ha m1tnej11.do siempre con
toda integridad en asuntos comerciales.
Al principio el negocio era de un caracter limitado, pero su desarrollo ha sido rápido y bajo la
dirección del señor Pngibet que es el alma del negocio, su adelanto ha sido notable. Bajo su habilmanejo, la empresa ha acrecido, contrihuyendo á
ello el caractcr, generosidad y Pspíritu emprendedor de su Director, y el usar siempre el mejor
material en ln mnnufactura de su merca!'cía.
Mucho se puede decir ele! edificio que ocupa
esta Compañía lo mismo que de la ruauera como
estú 11rreglado.
F,1 edificio es muy hermoso, construido especialmente por la Compañía con este objeto, y provisto de todos los ú.timos adelantos y c011dicio11es para la manufactura.
El edificio ocupa media calle de la Avenida Poniente y calle de Jns Delicias, y tiene treE anchas
entradas.
En el centro del edificio, desde el frente hasta
la parte ele atrás se encuentra un ancho pasaje
llamado "Pasaje Porfirio Diaz, 11 cuyo nombre se

'Berro Vlctor Fos,

ESTILO FRAl'iCES ENGARGOLADOS

Taller de mecánica.

ui1s de cigarros en movimiento. Cada unn de ellas
'])l'Oduce 30,000 ciganos por aia y cad1t una grnl)a en el cigarro el número de la máquina á que
-&lt;;Orrespon&lt;le, así e1, que inmediatamente se puede
baber la múquina que 10 produjo. En esta ocu-p11ció11 están empleadas· 200 mujeres; las má-quinas son movidas por vapor y cada una independiente de la otra, para que se pueda poner en
;movimiento ó detener á voluntad.
En el mismo salón, mús adelante, hay seis ruá-qui1111s cnrt«doras de tabaco, teniendo capacidad
para cortar treinta mil libras por día; hay tam•
.bién tres enormes cilindros que secan el tabaco,
tenicndtJ cada. uno capacidad para secar lo que
,c;:;rtan dos máquinas. En una división estil instalada la oficina del cuerpo de mecánicos para
Jttención de las reparaciones necesarias.
Siguiendo la mlsma. línea se encuentra el depal'tamento de litogrnfía. é imprenta, donde se ha.ce todo lo concerniente á este ramo. Todo muy
,bien provisto, con tres gr'lndes prensas moder;nas, dos magníficas ccrtadoras de ¡.iap•:l, etc., etc.,
.todo movido por un motor de diez caballos de
luerza.
Al lado izquierdo del Pasage hay tres salones
Jnuy grnnucs y una inmensa bodeg~} el pri?cipal salón corresponde á la ~la boracwn del c1gaITO ••estilo haban0, 11 y t1,1mbien se halla en él el
-departamento de encajillar el cig-arrc, que hacen
las máquínns, siendo ochocientas el total de_operarias del referido s11 lóu. El segundo de dichos
-sillones estit destinado á las faenas de la prepa•
rnción del tabaco: es naturalmente muy espacio•
so dada la enorme cantidad de taoaco que se
.Pr~para cllda tres días. El proc~dirniento de 1~
prcparnció11 requiere mucho cU1dado y co'.1oc1miento prúctic0 y además el uso d e las meJores
hojas de ta.baco, se apilar en grandes montones;
-en seguida se extienden cuidadosamente y después se apilan de nuevo y se ponen á sudar. Este es el procedimiento que se sigue antes de cor1.ar y sec11r el tabaco. El último de los salones

Mascota,

rio de la ciudad, y otros dos est,ín dedicados ex- ·
elusiva.mente á lle\Tar la mercancía empacada á
las estaciones de los ferrocarriles p:ua los marchantes ele fuera.
La fúbriea es un un ::.1oclelo de limpieza y ord(ln, marcha com•) un reloj, y no se oye el menor
murmullo no ohsta11te que hay empleada!:' más de
1,200 personas.

ld•sal,

Judlc,

Gardenia, para Sra~•• papel algodon, orozuz y malz.
Ideal, orozuz,

'Buen Tono. malz

NON•PLUS-lJLTRA PAPELES:
ehorrltos,

Taller del Cigarros estilo habano.

'"Berro,

Trl¡:o.

�N6mero Extraordlnanf)

EL MUNDO.

Septle~bre 19 de 1897.

N6mero Extraordinario.

EL MUNDO.

Septiembre 19 de 1897.

~ario.s bepartamento.s be fa ~ervecería be Wofuca.

'\.,

---·-,.--- ..

~ompañia @ervecera ~oruca l? ~Uéxico.
El desarrollo r¡ue ha ido tomando la fabricación
ele cerveza eu esta república dt&gt;sde hace varios afws
ea colnsal, 5· hoy día e,; una de las empi·e$aS ele mayor
importaucia en el país, dando trabajo it mile,; de
olJrero~ y teniendo aJemá,;' uil cuantío.so capital invertido.
Cada Estado y casi todm; las ciudades dp impo.rtancia pueden decir ahora que Lieuen una fabrica. de cerveza.
La cervecería más antigua en la República, cuyos
productos puros y excelentes no pueden ser a.veut,Ljttdo,; por 11inguna fábrica de su clase en e~ta República y en los Estados Unidos dl.l América, es la"C,,mpañia Cervecera Toluc¡i y i\léxico, s. A. 11 1 que fué es•
tablecida en el año de 1881 por su actual y tlig·no Director el Sr D. Sanuag·o Grnf.
i\lucho a11tes del actual y notable desarrollo de ToJuca, fué la suerte del Sr. Grnf de venir por este ruwbo y con el progreso del país, ha progresado él tam·
bien en ri4ueza é itnportaucia, hasta qtw hoy es reconociclo en Toluca coU10 uno de ,;us más activos comer•
ciantes.
.l!:l negocio al principio foé muy limitad,,, pues los
materiales que se necesitaban para la fabricación de
curveza eran muy imperfectos, pero desde el principio de su elaboración fué tan bien aceptada, que en
la actualidad se saborea dicha bectida en todas las
princi¡ml«s ciudaclt:s y poblaciones de la República.
Año por aiio se ha :rlo desarrollando la cervecei'ia
de Toluca, gracia~ á los trabajos de ;;u hábil Director.
Los eoificios al principio no eran adecuados pa,a
la negociación y co11sta11temente se hau ido haciendo
reformas, hasta que se construyó el actual establecimiento, el que 110 ti1me rival en la República en cuau•
to 1i. su equipo.
La fáuric,l ocupa dos manzanas y está situ~da frcn•
tP, al Jardín de Zarag-oza.-J..,OS edificios en general
sou todos de her111osa arquitectura, construidos de
piedra maciza y tienen de u110 á cuatro pisos de altura.
La entrada principal está. frente ni Jardín, teniendo
en el centro un ancho zag·uan así como tambien un
escapo del fenocarril que pasa por en medio dti la calle y adentro del edificio.
A la derecha de la entrada se encuentran las ofici•
nas que están hermosamente decoradas cou maderas
del pai,; y consisLen en la oficinag·eueral y eu el despacho particular del Gerente General.
La casa de cocimientos es un edificio de cuatro
pisos en el que se encuentra la maquinaria más lllO·
derna. Su construcción e,; elt&gt;gante, de cautera, fierro
y pisos de cemento. En este departamento ¡;e encuentran las calderas par.. cocimieutos ·y toda· clase de
apnrat.os modernos que son necesarlo3 en una cerve•

ria de primera clase. En las bodegas de co1~servac1on ce para la industria cP.L·vecera. forma!lllo así una nC\siempre bay en depósito como u11Gs lü,000 barriles de g·ociación tan perfecta como pui:den s.:rlo las 11wjor
cervt1za. La capacicl1ld th: elabornciou (~s como dl.l 250 org·,w izadas.
Cada departamr.nto se encuentra á carg-o de mm
barriles al día.
La refrigeración so hace con dos máquinas de sis- inteliiente pPrsona, y en todos los departamentos
traba¡an con:;tan temnn te de 3 á 400 e?11pl1:ados.
. t«11m «Li11de• te11ie11do cad:l una, un,l caµacitlad de
Solamente se usan los i11gredie11tes ruiLS puros para·
25 ¡.onclatlas de hielo ó el equivalente de refrig·erarnciún. El hielo fauricado aquí es tan puro couw criti• la elaboración de la cervez,i.; la malta se recibe ,te lo,;
Estado,; Unidos y Alemania. mi1.Jntrns que el lúµulo
tal obtenido de ag·ua clestiiada.
que se usa. es de lo mejor qull proauce la Alemania.
El edificio 4ue sigue e,; el departamento para emLa,; cervezas de Toluca no necPsi tan darse i1 cono•
botellar, en el q1rn se encuentran las m,1j,.1re.; 111áqui11as conocidas, consistiendo en 4 ft!u-os para ..111:.ute• cer á los consumidores del país, pues sus marcas son
muy bien reconocidas y vendidas Hn todas h1s ciudacle:;
llar. co11 una capacidall de 75,000 bote.las por dia; proy ¡,oblacione.; de la República, teniendo la compañia,
visto de már¡uinae para lavar y tapar botella, asi como
ii la vez, ag-eucias en tocias las poblacione,; de imtambien tanques de vapor para di ver,;a,; operaciones.
portancia.
La nt&gt;gociación se ha dedicado e~µecialmente á la elaLo• neg·ocios de er,ta cervecería han prosperado baboración de cerveza en botella, dandu así trabajo eu
jo la dirección ciel Sr, S. Graf, su fundador y actual
este tleparta1neutc• ,i, miis de 200 holllbres.
director desde su organización en sociedad accinuisEl taller para cortar corchos es otro departamento
ta anú11ima.. El Sr. Graf nació en Suiza, pero vino jomuy imporrnnte que proporciona á. la fáblica por medio ele múltiples mitquiuas y aparatos servidos por ven iL este pais hará. como unos treinta y dos años, radicándose desde lui-1go en Toluca, en donde desclti d
unas 40 personas, un producto supremo y uniforme
principio se identificó con los intereses de la ciudad.
que se elabora de corcho en piancl:u, importado de
Es un amablti caballero, altamente estimado por tolos diverso,; países productores dti alcornvque.
En seguid¡¡, se encLtentrn el taller de rl'paraciones das las per,rnna,; que lo conocen. Es de un carácter
jovial y empreudtitlor y toda dig·na empresa red be su
de maquinaria, con los más modernos inventos. En
ayuda, y su prosµ11ridatl ha sido la rncompeu,;a. mere·
estos deµartameutos trabajar, constantemeute mucida de e,;fuerzos honrados.
chos háoile,; y comr ctentes urncánicos.
Fué el prolllotor del abastecimiento de agna µarn la
Totio el edificio es al1unl&gt;rndo por luz eléctrica, teciudad, y como n,o·idor es eficaz colaborador del ac•
nieudo uu diuamo con capacidad de :.IUO luces incantual gobierno je! 1::;tado de ,\léxico en la iustalaclóa
descentes y 4 dP. arco.
de una completa ,mtui&gt;ación qu1:1 se extiende µ01· to-Toda la maqumaria en general es movida por meda la ciudad.
·
dio de 5 graucles calueras, con una fuerza de. 530 caEl Sr. Grnf cuenta con la avuda eficaz del Sr. Carballos. La mayor part1:1 de ella ha sido iwportada de
los Hagenu:inster como maestro ct&gt;rvecero, que uaciú
la bien conocida caS,L de Jo:; Sres. Chas. l(aestner y
en Ale111ania _v trabajó en el negocio de cervez,1 eles·
Cia. de Chicago, que siempre han servido lit:1 la m .,;
de mu1:hos año.; a11tlls de venir iL )léxico, habie11do
nera más satisfactoria sus pedidos.
ocupado ta1Ubién en Alemani,i el pttesto de maestro
, En el fondo del edificio se encuentra el ,d~parta•
cervecero por algún tiempo; la cooperación &lt;le lo.;
mento para componer barriles, aü como tambiéu un
Sre,. Germán R11tb. .v Emilio Leycegui como ;,rcrentes
establo para mulas y cabalio,;.
Eu la ctt:\dra siguiente est1\. la carpintería y alma- comerchiles: el primero en la ca:;a 111,uriz, es lleci r, en
ceu para cajas. Eu este taller :;e con.,truyen las cajas la fabric,L mi:;ma, y el segtrndo en 11la Sucursal y des pacho que la Compañia Cervecera. Toluca y México"·
para empaque, i111primié11dose en ellas el nombre de
tien1:1 establecida ea la ciudad de México.
la fábrica. Eu este departamento se encuentran máU11 hecho que b.abhL por sí sólo re,;pecto de la caliquinas p,ira acepillar, aserrar, escoplar, etc., como
dad de la cer,ez,i elauornda en e,;ta ccrv.. ceria, e.;
eu las wejores carpinterías. •rodas ellas son movidas
por una caldera de 2ó caballo,; de fuerza y servidas qtte en los últimos dos años las imµortacioncs a1111aJes de cerveza de los E.;tatlos Unidos y Ale111a11ia han
¡,or 25 ó ao artesanos hábile,;.
dis111i11uidoenormernentc: esta es la mejor prui:IM 1¡u-i
E~te resúmtin podrá dar nua idea de las dimensiones de la fabrica, aunqtte deberia de escribir,;1:1 nrn- podemos dar de que la cerveza es ig-ual ÍL ,:u,Lil¡ui,:ra_
cho para potli:r dar llllJ. de.;1:ri pc.ió.i exte1u,1 de la . elaborada eu países muy adelautados y vemos CtJ II
orgullQ que nuestra.,; industrial nacionale,; van to111a11 -ci:rvect:ria..
· En g·enernl' todos los departamentoa se hallan mon- , do un lugat· promir,eute tintre la~ fá.bnca,; lid 111undv ..
tados y dotados con lo mPjor que la mecánica produ-

�Número Extraor dinario.

Septiembre 19 de 1897.

Número Extraordinario.

EL MUNDO.

Septiemb re 19 de 1897.

EL MUNDO.

compañía de Yauores--GoIIeos de cuna uJoe,a Yort.
"LINEA DE W ARD."

Los magníficos Vapores- Correos de esta Compa:ñía, proporcionan al público los más baratos y los más cómodos medios de
comunicación para viaj es entre México, los Estados Unidos y Europa
Los buques parten de Nueva York cada Miércoles, tocando en la Habana.
Salen de Nueva York cada Sábado para Veracruz, tocando en la Habana y Progreso. Al regreso de Tampico para Nueva York
cada Sábado, tocando en la Habana, y cada ...•u iércoles. de Vera.cruz para l\ ueva York, tocando en Tuxpan, Tampico, Campeche, .Laguna
y Frontera .
Hay también un servicio mensual entre Nuevo Orleans, M obile y Tampico, con conexiones directas con todos los puertos mexica~os_del &lt;;}olfo y un servicio di:;;tinto de Vapores costaneros, en conexión con todos los vapores para los puertos principales del Golfo, mclus1ve lJoatzacoalcos y los punto;; que correspon den a l L;tmo de Tehuantepec.
,

1

SER~TICIO DE CARGA·
L a regularidad de este servicio proporciona á los comerciantes la vía más rápida y mejor para carga entre todos los pun~s de Mexic )1 los Estc1,do; Unidos y Europa.
Para los precios y billetes de carga habrá que dirigirse á los Agentes.
. ~.os vapores d e la Compañía son todos de primera clase, poderosos buques de acero, alumbrados con luz eléctrica. H e aquí los
pnncipale;;:
VIGILANCIA ... ... ... ....... .... ............ .. 4,200 toneladas
SENECA .... ... ....... .. .. .... ................. .. 3 000 toneladas
SEGURANZA .. .. .. ............... ... ........ . 4,200
,,
SARATOGA .. ...... ..... ..... ..... .. .... ... ... .. 3,000
"
YUC,A TAN .... .. .. . . . . . . . . .. . .. . . . . . . . . . . . . . . . . ::3,óUO
,,
SANTIAGO.. .......... .. ........ .. ......... .. .. 2,500
"
YUMURY .. .. ..................... ............ .. 3,500
,,
NIAGARA.. ........ .... ................ ... .... ... 2,.500
"
ORIZABA .... .... ..... .. .. . .. .. ................ 3,500
,,
MANTEO .... .... ...... .. ....... ..... ..... .. .. ... 700
"
CITY OF WASHINGTON . .. ............. 3,000
HIDALGO (con bandera mexicana).. .. ........ .. 600
"
BAILEY 500 toneladas [con bandera mexican,1;.J
Parit informaciones ~ompletas sobre precios y embarques, dirigirse á los ¿\ gentes que en seguida se expresan:
JOSE IGN~GIO IStJSI

JOSE. O'KE.LLg

Tampico

Veracruz

JArIES E. WAR D y

Co., Agentes Generales.

113--WALL STREET--NEW YORK.

J. J. ALLLEN, AGENTE GENERAL.
GANTE NUM. 1--M EXICO.

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§C §omun

q ue rep r esen ta este g r ab ado es un o d e los mejor es de uso par a las casas particula r es y Esta t,lecimientos pú blicos, com o Hoteles, etc.: por ser d e s ist em a d e Sifó n y r eunir toda11 las
cond ic io,1es, c u yo resultad o es completamenie satisf actorio por s us cualid a d es; ser liger o y n o oca sionar
n ingun r uido en su sistem a de aperar, r e p resenta en s u construcción el m[is mod erno s istema san ita rio. La
Taza estú construida d e los m ejores ma ter iales para i mped ir las g rietas y par a la con serva ción de su color:
E l Asien to ~~ Per:Cecto'' está asegura d o d irectamente á la T aza, es a rtístico á la v ista, no n eces ita de
ménsulas en la pared, y d eja un espacio por la par te de a trás d e m odo q ue la Taza qu ed a completam ente lib r e y se puede asear sin ninguna d ificu ltad. Nosotros garantizamos el mencionado Co:rnun, q u e dar á
una completa satisfacción y Jo recomendamos á los A r q u itectos y á tod os los plomer os, para que pu edan
garantizarlo á sus clientes y par roquianos.

1 he ~ilent ~yphon &amp;Jet.

No ha habido en los últimos veinte años ramo alguno para mejorar :as condiciones sanit&amp;.rias, que haya progresado como la Plomería.
Antiguamen te era u na serie de adivinanzas, y se trabajaba al azar, obteniendo por último r esultado un experi•
mento peligr oso que ponía en peligr o la vida de u na familia. Todo ha cambiado en 108 últimos años.
Los p roblemas que antes se adivinaban apenas, hao sicto e~tudiados y comprendidos por los hombres de cíencin,.
dando por resultado que la entubación sea hoy una ciencia tan cier ta y exacta como cualquier a otra de las m&lt;tnufactu ras del hierro.
L .i naturaleza especial del terr eno sobre el cual está construida la ciudad de México, hace sumamente dificil la
entubacíón en algunos casos, mientras que en !ltros la facilíta.
Uno de los establecimientos más prog-resistas y acreditados en la República Mexicana, es "Guillermo Patenon
y Cia.," cuyo grande y bien sur tido establecimiento est;i, situado en la '..Jalle de Independencia número 9.
Con u na inclinación natural á su profesión, y una capacidad extremada para el trabajo y experimentos, M. Paterson ha dominado el arte ha sta en sus más pequeños detalles, y hoy se le puede llamar, sin temor de contradiccione~,
un verdadero y perfecto entubador.
L a casa no tiene ú nicamente importantísimas contratas en esta ciudad, sino también en las principales ciudades
de la Repú blica. Ha contratado y ha cumdlido fie lmentt&gt;, la colocación de tuberia en los principales edificios púl,licos y en las mansiones grandes, y es su orgu llo que uingún trabajo le fué rechazado, antes por el contr ar io se le ha
demostraélo la más viva satisfacción en wuoi; los casos.
Hace poco tiempo al asociarse con el señor Paterson Mr. Donal&lt;l Stewar, se varió la razón social por la que
ahora lleva la casa, Mr. Stewart poseé grande exper iencia en la manufactura ue plomo, habiéndose dedicado á e~ta
clase par ticular de manufactura en Escocia y otras ciudades extrnn jeras, duran te lar gos años.
Estos dos caballer os u ni dos, están en disposición de servir cualquier pediuo en tubos de plomo para entubación,
y ni en calidad ni en cantidad puede competir con ellos alg·una otra negociación de la República.
La casa que ocupan es espaciosa y bien surtida y tiene completa variedad de útiles para arreglos sanitarios todo
lo imag·inable, que la casa hace traer directamente de Europa y Estados Unidos, y que vende á otr os plomero&amp; y entu bador es.
.
Much&lt;'S adelantos está haciendo la firma, y últimamente ha obtenido la única agencia en la República de la bien.
conocida casa J. L. Mott y Cia., de Nuava York, que son los mayores y más importantes manufactureros de artículo!&gt;
de Plomería de los Estados Unidos.
·
Emplean únicamente los más hábiles y competentes operarios en sus varios departamentos.

No hay en el Continente Americano Industria más impor tante que la Cerve-cera. En todas las ciudaues de categoría se encuentran instalaciones inmensas
dedicadas á esta Industria, q1ie dan trabajo á cil'ntos de individuos y qu e venden
-sus pr oductos en todas par tes.
Au nque México no puede todavía jactarse de tener las fábricas más g-randes
del mundo, sí se enorgullece de poseerlas tan mod~rnas y per fectM n11 s,i instala ción como cualqu ier otro pais, pudiendo citar como n,odelo á la CERVECER.IA
-CUA UIITEMOC.

L a Compañía de este nombre fundó desde un principio su negocio con el pro_pósito de hacer sólo cer vezas de la mejor calidad conocida; y al efecto construyó
~u planta bajo la dirección de u n Ingenier o especialista de gran r enombre en los
Estados U nidos, el Sr. O. J. W ilhelmi, quien vino á Monterey '!" formó los planos
•de edifciios é instalaciones mecánicas, de aparatos, etc., siendo de notar que sus
planos son para tres veces la capacidad actual de la Fábrica y que bajo ellos b.a
ido esta ensanchándose año por año, al paso que van r ealizándose los propósitos
de la Compañia. Con el m ismo prnpósito de hacer siempre lo mPjor. los únicos
.materiales que usa en la Fabricación, son la malta más fina que puede ob tenerse
•en Norte Améric&amp;. y Eu ropa, y los delicados y fragantes lúpulos de Bohemia) de
Baviera, qu e gozan de fama universal y que sin dispu ta son los mejor es del mundo.
Los pr oductos de esta Fábrica fuer on los pr imeros que tendieron en nuestro
país á sustituir el u so de las cervezas extranjer a~, cosa que han logrado casi por
completo, p ues sabido es t•uán poca cerveza importada se bebe en la Repú blica,
y que el publico está ya convencido de que la Cuaub.temoc es superior á lama•
yor parte de las extr anjeras que se importan á la República,
~
La Compañia se organizó en 1891 bajo el nombre de CER VECERIA CUAUH'TEMOC, S. A. y en la primavera de 189J comenzaron sus trabajos. Hoy en día
la demanda es grande, abasteciendo á casi todas la» poblaciones de la República.
La Fábrica esta situada hacia el Norte de la Ciudad, en el cruzamiento de los
ferrocarriles Nacional Mexicano y de Monterey al Golfo Mexicano, cuyoi; tre•
nes de car ga y pasajeros se detienen siempre en las estaciones CUAUHTEMOC.
Los mismos farrocarriles tienen además lineas especiales que entran á las calles
interio.·es de la Cervecería, permitiendo que á la p uerta misma de las bodegas se
,hao·a la descarga de todos los materiales recibid os y se carguen la cerveza y hielo
qu~ en carros especiales para el uso de la misma Cervecería ván á las principa·
leb ciudades de la República por todas las vías fér reas existentes en el País.
Los terrenos ocupados por la negociación alcanzan unos doce acres de ex-tensión, ocupando el frente un jardín de mucha viata y buen gusto,
Al acercarse á la Fábrica, lo primero que llama la atención es su artística
-chimenea de ladrillo, de 160 pies de elevación, la más alta y rnagestuosa de
Monterey.
Pasando el jar din, á la izquierda de la en trada, están las Oficinas Generales
de la Compañía, y las particulares ctel Gerente General y Director Técnico. Tod:!ij ocupan el prime:· piso del Edificio, que es muy elegante, tanto por su arquitectura corno por el mueblaje; y el seg·uudo piso lo ocupan las habitaciones y i-a.lones dedicarlos al uso de algunos empleados de la ne,g-ociación.
Las Oficinas de la Cervecería se reputan las me3ores y más completas de
Monterey, siendo también las que tienen más movimiento y mayor número de
empleados.
A mano derecha está la Cervecería p ropil&gt;.mente dicha, bodegas de fer mentación repo~o y ch\rificaci6n, y las máquinas de hielo. De éstas hay dos, con ca_pacid~d combinada de 70 tonelad~s diarias, y otra vertical, sistem_a De 1:,:i, Verg•
e el mejor del mundo, con capaciaad de 100 tone1'1das de refngeracion. Las
11
tr~s máouinas dichas conservan todos la&amp; bodegas de cerveza, los depósitos de
,lúpulo etc. á la temperatura artificial constante que les conviene; y congelan
auemá'.s, los dos grandes tanques de hielo que rinden diariamente para el merca•
do unas 40 toneladas del ar tfoulo, en blocks de 50 y 100 kilos, brillantes) transparentes, de gran consistencia y durabilidad. La ,capacidad de los depósitos tle
hielo es de 100,000 kilógr amos, pero es tal la cantidad que se expende y se usa
,1iara el empaque :f exportación de la cerveza embarrilada, que rara vez hay
existencias solHantes.
Encima de las máquinas de b.ielo están los con densador es de vapor, y los recalentadores, quedando en el piso tercero los Condensadores de Amoniaco.
La '..Jerveceria ó Casa de Cocimientos es un hermos_o e&lt;lificio de tres pisos
equipado de los aparatos más modernos y perfectos.
'l'odas las bodegas de cerveza están comunicadas con el Departamento de
Cocimieutoe. En 1&amp; Bodega de Fermentación hay 35 grandes tanques en cons•
.tante actiYidad; en la de .J:!.eposo, los tanques son tamoién 35 de enorme cabida;
.pues á pesar de ser muy alta la bodega, los toneles llegan hasta el tecb.o, y pue·
tlu decirse que el contenido de u no de ellos bastaria para ahogar á todo un regi•
.ntiento. Más abajo está la Bodega de Clarificación, con otros ¡¡5 cascos, también

e~ormes: _Esta p~rte de ~a ~ábrica es muy interesante, no sólo por el conteaido
srno por ,u aclm1r~ble l1mp1eza y por su construcción, siendo todos los pisos y
techos, costosas bovedas de cemento.
l!no ~e los departamentos más impor tantes y completos es el del embotellado
amJ?ho, comod? y con_totl_as las facilidade, modernas para hacer los trabajos co~
rapidez Y admirable limpieza. Los aparatos principales son máquinas para lavar
la bote_ll~, las que la _llenan de cerveza, las encorcb.adoras y las m,iquinas para
a lambra1, todas movidas á vapor y andando con una rapidez y precisión sorpren•
dentes. La capacidad ~e este i\epartamento es para 40,000 botellas· diarias y la
venta de cerveza en caJas sube á muchos millones de b,otellas anuales.
'
Enfrente al embotellado se encuentra el departaml'nto para poner etiquetas
Y empacar las bote_llas, que es muy hermoso, y e11cima de éste está situado el U'ran
almacén de Malta, importada toda del Ex:tranJero, de la más fina y famo,a qif°t:1 se
puede obtener.
·
Solo en los dos departamentos del embotellado y empaque se emplean m·as de
200 personas,
Sigu\endo adelante, están la casa de lavados y talleres de tonelería excelentemei~te ntstalados con los mejores útiles y herramientas.
'
. Vienen desp~~s los grandes a l~ac~nes de bot.ellas, cor cb.o.s y cajas, la Cll.rpmteria_y magmftcos talleres de maqumas y herrería, donde se hacen todas las
r epa1;ac1ones á la ~ aquinaria, i_;e fabrican herramitmtas, tornillos, etc.. etc.
.
En_lugar accesible y céntrico hay una es~ación ó depó,ito de a par atos para
111cend1os, surtido de bombas, hachas, tinas, etc.·
·
. Para la,segtui_d,ad de los extensos edificios hay, además, de trecho en tt·echo,
por to~a la extens10n de la pla nta, )l,aves de agua que p11edan funcionar, en caso
dad~, 11_1~tantaneamente, en conecc1on con poder osas bombas, que arrojan la ao-ua
0
á 120 pies de elevación.
La casa de calderas contiene cuatro, con capacidad de 450 caballos de vapor1
que dan la fuerza motriz á toda la Fábrica.
I?etrás de los edificios principales se encuentran las caballerizas v cocheras
que t1~nen_ su orga!}ización y ser'\"icio especiales, siendo una par~e importante dei
ne~oc10, s1 s~ c,,nsi~era que los carros rtJpartidores y de transpor te son 11 dcdi•
cactos al tráfico activo y constante de la negociación.
'
. La empr~sa da empleo á unas 450 personas. Al frente de cada depar tamento
tiene entend!dos_y habilísimo, P,speciaiistas, v,midos de Alemania y Estados Unido~. La fabr1cac1ón d_e ce~·veza está dirijida por un mayordomo ó jefo de cervecerns, -~e larga expenencia en_ E uropa y Amer ica, profundo conocedor de todos
los sec1 e tos ctel ar te, para fabn car deode la brillante y trasparente cerveza P ilsn~r! _hasta_ las oscuras y fuertes cervezas bávaras é inglesas, Este mayordomo
dmJe_ hab~lmente_ s:u cuer po d~ c~r vecer~s, que son, en su mayoría, alemanes.
L,i. pai te mccamca de la Fabnca esta cuoierta por dos ino•enieros de día y
~-º~ Je nocl\e, y cinco ~speci_alista~ par~ :i,justar tubos, etc. Estos°empleados, ame 11canos casi todos, estan baJo la d1reccio11 lle un ino-eniero expedmentado y pr ofundo, que está también co11 el negocio desde su cu~ia.
. Al frente de los trabajos, dirijiendo todas las secciones, está fll Director Técmco de la ~erveceria, illllustrial de grau reputación en los círcu los cerveceros
de Alemama, Norte América y el Canadá.
. To_dos los edificios_ que componen la Cervecería están construidos de ladrillo
Y piedra Y son de ª!'qu1tectura moderna y elegante, siendo el conjunto muy hermoso, como p~e~e Juzgarse, aunque muy pál idamente, por b~ vista que publica•
mos e1~ es~a pagm_a. Poi: u_na ~imple descr1pció;'l ó vista de la Fábrica es imposible, f~1 mar se una _idea m siquiera remota de la 1111portaucia de esta n&lt;wociación. v
la umca manera cte_ t~ner u11 Juicio justo de ella es viéndola y recorri~ndola ~i:b?t!almente. Los yiaJeros que p3:sa11 poi: i\lonterey 110 deber ían dejar nuuc;i de
v1s1tar este nflgoc10. No se ncce,;1~an tar¡etas ni recomendaciones para elltrar á
t_od~? los dep1;Lrta1!1ento_s, pues lod ¡efes dtil negocio manifiestan la mayor compla•
~encia ~n. r ec~I.J1r ~ la~ lllhUIIlerables personas 41:1" lo vL,itan diariamente, y pai·a
atende1 .) ob~equ1_ar a _todos ha,- emple~~os det11cados especialmeute á ello.
De la Junta Vaecttva de la Corupama es Presidtmte el ::lr. D. Isaac Garza y
Secretano y Tesorer o D. J o~é A. Mugiierza.
'
El Genmte Gen_eral de la_qorupaliia es el Sr. F. G. Sada, quien maneja los intereses d~ la n~goc1ac1ó11 y ding·e la Cervecería en su oro-auización
interior y en
0
su par te huanctera.
Es~a gran empresa, desarroll'.1da á la sombn de la paz de que i\&lt;Iéxico disfru~a,
fué un.. de las pr1mera11 que nacieron en Monterey, d irectamente proteo-idas por
la p.Nudente y háb!l adm!uistración del ~r. General Bernardo Reye¡¡, Goberna&lt;ior
d_e uevo Le&lt;;&gt;n, siendo ideada y orgamzada por un g rupó de b.ombres de ne"'o•
O
c10s Pt:rtenecientes ~ la genei:ación e111pr endedora que ha hecho de Monterey el
emporio del comercio y 11e la industria en el Norte de México.

�Septiembre 19 de 1897.

gl(na gran ~n_sfitución

EL MUNDO.

~ inanciera

Hay en este Continente gran número de emprdsas que alcanzan una
reputación maravillosa y sobre todo cuando se tiene en cuenta que estas corporaciones pueden r estringir i1 las personas de una vid/\ de trabajo y que
puede tener parte en cll,i tanto el hacendado como el hombre de negocios y
que su nombre es conoddo tanto del obrero como del periodista.
Tal es en verdad la Compaflía de seguros sobre la vida "La ~lutua"
de Nueva York que no solamente tiene saeursales de pólizñs en todos los
Estados Unidos, Canndá y Jiéxico sino en todas las partes del Globo.
La Ciudad de México tiene gran número de sucursales de varias eompailías, pero no hay ninguna que haya alcanzarlo el grado de prosperidad
como de la que estamos hablando, pues apenas habrá alguna otra tan dur adera y que haya merecido lll. confianza del público como lo. Compañía
de seguro,, de vida «La Mutua» de Nueva York.
Multitud de personas aseguradas en la ci:ldad de U éxico han mue r to
y sus p(11izas han sido pagadas inm e d iatamente; lo que habla muy alto en
favor de esta compañia.
El Agente gene ral de la Compafiia en esta República es el Sr. Don
Cárlos Sommer y sus oficinas se encuentran (::n el edificio que tiene la
Compañia en el Puente de San Francisco númen1 l.
Algunos hechos convencerán al m ás escéptico de la superioridad de
esta Cimp,1ilía.
El resumen &lt;le las cuentas en el año que finalizó el 31 de Diciem bre
d e 1896 demuestra gran pro!.perid,1d e n el negocio. El Capital con qua
contaba á esa fecha la compañia eran $23J..OOO,OOO oro. Pagos á los dueños de pólizas desde su organización $437.000,000 oro.
Esta Compañía ha ganado y devuelto voluntariamente á. los tenedores
de pólizas el doble de lo que ha hecho su rival más cercana. Estos hechos
hablan por si solos y no necesitan di:;cutfrse.
La. compafiia tiene adictos en todo el mundo, pues en los muchos años
que lleva de establecida, siempre ha hecho sus pagos con toda l'Xactitud.
El Sr. Cárlos Sommer director general en la República es una persona muy distinguida en todos los círculos de compañías de seguros sobre
la vida en la República de )[éxico. El Sr. Sommer es una persona de experiencia. y de es piritn emprendedor, se encuentra interesad0 en otros
muchos negocios y empresas que harán adelantar ii esta ciuclad y al pais
en general.

Número Extraordinario.

Número Extraordinario.

EL MUNDO.

Septiembre 19 de1897.

J}\, {Í&gt;reat ~inanctar ~n_sfitution

-

There are on this continent a :iertain number uf enterp r ises that have
gained a r eputation for trustworthiness, which to say the least, is rema rkable, when it is taken in~o account, that these cornorations uf institutions
may restrain themselves to one !ive of trade. Yet ·they are almost as well
known to t he farmor as to the business man, and as familiar to the ear of
the laborer as to the newspaper man who keeps posted on everything.
This is especially true of the Mutual Life Insurance Co. of New York,
who not only has policy holders iu ali parts of t he Uoited States, Gan arla
a nd Mexico, but in ali parts of the globe.
Mexico City has branc h offices of a number of companies, but therc is
none that has rnet witb a greater degree of prosperity than the company
wc are now w r iting about.
It needs ecarcely be scatcd, that this is the :Mutual Life Insurance Ccmpan y of New York, which has amostcndui-ing hold 011 the confidence ofthe
public.
The &lt;leathclaims here in i\I exico have b ecn man y, but they were always paid promptly and evcryb0dy having a policy with this comp11ny
speaks in the higbest praises of it.
The general Agent of the ~ompany for this Republic is M:r. Charles
S ommer , whose office is i n the com¡.,any's own building, Puente d e ..,,111
Francisco, ~úm. l.
A few facts and figures will convince the m• st skeptical of the supir iority of this compa11y.
The statement for tile year ending December 31 1896, shows a m ost
prosperous condition of affairs. Its asscts were at that time o ver ..... .
$234'000,000 U . S. Gold. and paid to policy holders si11ce org,inization . .. .
$437.000,000 U. S. Gold.
·
This company has earned and voluntarily retumed tú policy hoJders,
twice as ruuch as its nearest competitor.
These figures spcak fvr themselves and cannot be con trover ted.
Thc Company is a f,worite throughout tlle world, and its manv
years distribntion policy, 5 per cent debeilture ancl continuous instalme1;t
policy, offcrs the insurance public ali manners and metbods of lifc insurance.
Ur. Charles Sommer as Ge-:ieral Director for this Republic is an important personaje in local life insurancc eircles, and secures for his company
the cream of the business of the Republic of )Iexico.
He is an experiencec..l insura.nce man, aswell as being a pnblic spiritcd
and enterpri sing citizen.
lle is also interested in otlier business interprises here, and ha$ done
much tú a:1.vance the intere~ts of this city and country.

Oer mania ~
· ~»---•
4

~~"---(--··BrelVery
la

~·····················································································································································

companía General Mexicana de Electricidad

Mexican General Electric Company

La cornpanía fné organizada bajo las leye~ del Estado de Xueva York, con el objeto de t:stablt:cer el negocio en la Ciudad de :\léxico.
La compaiiía cuenta con agentes especiales de la Compañía Eléctrica d&lt;! Nueva
York que poseé todas las manufacturas de las casas Thomson-Houston Edison y Brush
para las instalaciones de luz eléctrica, ferrocarriles eléctricos y poder de trasmisión.
Esta gran compañía tiene tres inmensas fábricas y dá trabajo á cerca de 800
hombres.
La compañía tiene en Alemania relación con la Unión Eléctrica de Gesellschafs
en Berlín; en Francia. con la Compañía Francesa Houston Thomson de París; en Inglaterra con la compañia Thomson-Houston de Londres, todas las cuales forman un inmenso negocio que se estiende por toda Europa.
La Compañía General Eléctrica de Nueva York tiene instalaciones en todas las
principales ciudades-bispano-american.i~ y además cuenta con importantes iustalaciones en Australia, el sur de Africa, Japón, Canadá y en las Indias Occidentales inglesas
y españolas.
En la República de :\léxico, la maquinaria fué establecida para que funcionara en
las Estaciones Centrales de Veracruz, Córdoba, Huatusco, Orizaba, Puebla, Pachuca,
ciudad de México, Zacatecas, Guadalajara, San Luis Potosí, Monterrey, Saltillo, Mazatlan, Oaxaca, Hermosillo, etc.
Las instalaciones de poder trasmitivo se han establecido en las minas y establecimientos manufactureros de Pachu ca, Real del monte, Sa.n Rafael, Amecameca, Miraflores, Negociación de Santa Ana y en otros puntos dt: la l&lt;.epública, lo mismo .-¡ue instalaciones aisladas en fábricas y casas particulares.
La Compañía Eléctrica :\1exicana, como representr.nte de una casa tan afamada se
encuentra perfectamente abastecida de la mejor maquinaria como tal vez no hay otra
en el mundo. Tiene todo lo necesario para instalaciones eléctricas y poder de trasmisión.
La compañía cuenta con los elementos indispensables para el establecimiento de
ferrocardltcs eléctricos así como lámparas, motores, generadores, y otros aparatos
reconocidos como los más modernos y durables.
La compañía g-eneral eléctrica mexicana, cuenta con ingenieros inteligentes é instruidos en materia de electricidP.d, capaces de descifrar cualquier problema eléctrico
que se les proponga, bien sea pequeño ó grande.
La compañía suministra el mismo cuidado á todas sus instalaciones, el mismo á las
pequeñas que á las grandes.
La compañía no pretende hacer negocio poniendo precios ínfimos, pues como ero
plea los mejores útiles y personas sumamente inteligentes es imposible que cobre precios muy bajos.
El objeto de la compañía es únic!\mente trabajar para que ésta camine al lado de
las grandes instalaciones de Europa y los Estados Unidos.
Las oficinas y depósito de la Compañía, se encuentran situados en la Plazuela de
Guardiola y está siempre dispuesta á instalar cualquier tnbajo que se le encomiende,
contando para ello con un depósito de maquinaria de la mejor calidad.
La Compañia ha prosperado mucho y sus proyectos para el porvenir son brillantes.

This Co:npany was organized under the laws of the State of New York for the
purpose of doing business in Mexico, cbiefiy as Agents of The General 1:.,Ject;ic Company, of New York, which Company owns and manufactures under Tbe Thomson-·
Houscon, Edison, Brush and its own systems for electric hghting, electric railways
and power transmission.
Tbis great Company operates three large factories, and gives employment to a
force of about e ight tbousand hands.
Tbe Company has connections in Germany, with the Union Elektricitatz Gesellschaft, of BerFn; in France with tite Compagnie Fran,;aise, Thomson--Houston of Paris, and in England witb the British Tbomson--Houston C'ompany, Limited, o{ London
all of which do a very large business in their respective territories covering ali Europe'.
The General Electric Company, of New York, has plants in ali the principal cities of Spanish America, and has also very important plants in Australia, South Africa, Japan, Canada, and in tite Brilisb and Spanish \Vest Indies
In the Republic of .\'1exico tbe machinery of this Company is to be found oper11tin&lt;r
in the Central Stations at Vera--Cruz, 1:ordova, Huatusco, Orizaba, Puebla Pachuc:
City of Mexico, Zacatecas, Guadalajara, San Luis Potosí, Monterey, SaltiÍio ;\fazat:
lan, Oaxaca, Hermosillo, etc.
'
Their power transmission plants can also be found in :\1ining and :'11anufacturing
Establishments at Pachnca, Real del ~Ionte, San Rafael, Amec!lmeca, Mirafiort:s Xt:gociación de Santa Ana, and other points through the Republic, as vell as many i;ola ted installations in factories, milis and prívate houses.
The i\lexican General Electric Company, by representing thís world famed house
is probably better equipped to supply electrical machinery and appliances in this Re:
public than any other similar institution in the world.
This Company supplies everything that is used or required in the business of furnishing electric light or power.
lts field is the supplying of plants for Street Railways, Power and Light purposes
and its generators, lamps and motors are durable. The :\lexican General Electric Com~
pany employs only the most competent electrical experts and engineers, and is fully
equipped to cope with any electrical problem, no matter how small or great it may bt:.
The Company bestows the same care to each and every plant they install irrespective of size, the smallest receiving the same care and attention as the larg~st.
Tbey do not pretend or endeavor to secure business on prices, as their apparatus
and supplies are constructed only of the very best material, and only the most skillt:d
experts are employed for installing the machinery, and it is therefore impossible that
tbeir estimates should be classed among the low priced.
The aim of this Company is to do the very best work according to the latest and
mo,t approved standards in the United States an&lt;t Europe.
The Offices and \\larerooms of this Company are located at Plazuela de Guardiola, this City, where they are always pleased to prepare and submit estímates to parties desiring first--class work, and where they carry in stock at ali times a full line of
electrical supplies of the very finest quality.
·
·
The Company is very progressive and the prospects for its continued supremacyare of the very brightest.

La manufactura de la con-eza es una ;ndustriri Je no, puPs no se usan, para hacerlo, más que los mejola mayor importancia en PSta llepública. Su conrnmu res lúpul os americanos y a lemanes.
en este país, durante los t'tltimoh mios, ha aumentado
La cerve,;a ha siclo puesta á prueba por jueces exnotablemente, hecho que 110 elche alarmará los parti- pertos, y ha sido dechtrada inmejorable en pureza,
darios de la temperancia, porque hasta cierto punto sabor y excelencia en general.
ha suplantado ni consumo do whiskey y tequila.
La compaiiia hace grandes negocios no sólo en Pueeno de los establecimientos do mayor importa11cia bla y la ciudad de ~léxico, sino también en gran núen i\léxico es la Cervecería Germa nía, la que ocupa mero de otras ciudades, y la cervecería tiene que hau,1 cómodo edificio en el jardin ele Sta. Olaya, de Puecer :i mi'Ls no podt&gt;r. El departamento de cerveza está.
Lla y tiene también su agencia en :\Iéxico.
á cargo de un experto cervecero a lemán.
La Cervecería produce muchas marcas de cerveza,
Tiene también un bien rnontado helador con las
reconocidas por compcte11 tes c,itadores, corno com• mC'jores y más modernas maquinarias de hielo.
pletamente ig·ual en calidad,i laque producen las meEl hielo se hal:e con las más puras aguas destiladas
jores cervecerías de lo~ Estado~ l."11idos.
y se ,·ende por mayor y menor en las varias poblaLas principales marcas de estas cervezas, son: ciones á lo largo de la vía del ferl'Ocarril.
Culmbacher, Pilsner, Export y Lager Beer.
El propietario, Louis Oli vier, ns un in telig11nte homEsta floreciente~ importante 11egociación fué esta- bre de emprJ~a y de negocios y uno de los hombres
blecid:i en Abril de 1895 y comenzó sus operaciones más conocidos en la República; es el propietario de
las haciendas Buena- Vista y Trini:lad, tiene un molien Septiembn, del mismo mio.
La fiLbrica es una ele las mejor surtidPs on la Repu• ~o en San Diego y poseé casas e n Tehuac:i.n.
blica y est:í. dotada de todo lo que una cervt:ceria moLa hacienda de Buena Yist,~ pl'Oduce azúcar, café,
derna de primera clase, con todos los últimos adelan- tabaco y ganado cabrio en gran cantidad, del cual se
tos y más recientes perfeccionamientos, put&gt;de neccoi- mata, anualmente, creciclo número, y sus pieles se
tar. ~ o se ha economizado cimero ni ing·ouio pr n~ exportan á Xow York, obteniendo altos precios en ese
mercado.
hacer de la fábrica un modelo en todo~ conceptos.
La Trinidad produce maíz, trigo. etc., de la mejor
El departame11to para embotellar está también completamente surtido, y la cervtlza embotellada es una calidad.
i\1. \Yagner, el administrador de la cervecería, es
especialidad en el negocio.
El producto, como he mos dicho, es igual al que se muy conocido y estimado en Puebla, habiendo residí•
e labore en cual·~uie.r parte del Continente America- do allí durante muchos años.

A rnost important industry in this Republic is the
manufacture of beer.
Dur ing t;:e past fow years the consumption of becr
in thiR couutry has increased very largely, a fact
which should not cause a dvocates of temperance
rnuch sorrow, because it is to sorne extent supplanti ng· the consumption of wiskey and tequila.
One of the most important establishments in :\Iexico is that of the Germania Brewery, wich occupies a
commodious building· at jardín.Santa Ollaya, Puebla,
and also llas a branch agl\ncy in tbe City of :\Iex:co.
The brewery produces severa! brancls of beer,
which are recoggnized by connoisseurs of this beve·
r age as being fully equal iu quality to the best beer
that is manufacturecl iu the Jeadiog breweries of the
Unitod States.
The leading braunds which are malle at this brew ery are the •Colmbacher,• •Pilsner&gt; cExport&gt; an,l
•Lager Boer. •
'l'his flourishing and leading enterprise was estabished in April lb!J5, and in September of the :,arne
year they comrnenced operatious.
The pla11t is one of the best equippecl in the Republic and is fitted up with all the necesbities of a modera
first-class brewery, with the latebt irnproved aml
most receutly perfected applianees known to the lrnsinoss.
Neither money nor genius has been spared to
make the planta modo! in every r espect.
The bottling· áepartmentismoot thoroughly equipped
ancl bottled beer is a special fcature of the 'iusiuess.
The product,· as we said. before, is the equal of that
made anywhere on the Awerican Continent, as ouly
the bese ofGerman American malt ami hops are U:,etl
in its manufacture. The beer has been subjectecl tu
the crit;dsm of expert'judg·es, aud has been pronouuced as txcellent in purity, flavor and goneral excellence.
The Cornpany does a large busii1ess, not only in
l'uebla aud the City of i\Iexil:o, but also i'n a number of
other town3, and the brewery is taxed to its utmost
capadty.
The urcwing department is in charg·e ef an abJe
and experícnced gorman brewe1·.
They have al30 a well equipped ice plant which is
fiUed up with the uest an:l most modernice machiue:;.
The ice is manufacmrncl exclusively from pure
de~tilled water and is sold wholesale a.nd retaH al tlrn
various towns along· the lines of the railroads.
The proprietor, Louis Olivier, is an enterprising anti
public spiritecl business man.
)Ir. Olivier, the owner of the browory, is one of the
best known men in this section of the Republic.
He is tho owner of the Hacienaas: Buena-\Tista i:.nct
Trinidad, and.has a mill at San Diego, and housos in
Tehuacan.
The proclucts of the Buena Yista hacienda comprise
sugar, coffee, tobacco and also large herds of goat;,
large numbers of which are killed annually ami the
hides exported to New York, comroanding the highest price in that market.
The Trinidad produces maize, wheat, barley, etc.,
and all of the finest quality.
i\Ir. Wagner, the General Manager of the brewery
is well known and hig·hly esteemed in Puebla, having
rcsided there for many yean.

�Número Extraordinario.

EL MUNDO.

Septiembre 19 de 1897.

Hotel de "La Gran Sociedad."
Probablemente el espejo que mas refleja los refinados gustos del día es el Hotd
moderno. Si viajamos con lu¡o aun queremos mejor alojamiento que nos e~pere al
fm del viaj&lt;:.
Como consecuencia de esto la necesidad de He.teles Palacios para el confort de la
vida actual, cosa de que no puede presc111d1rse y de la que en efecto no se prec1nde.
Toda gran ciudad uene grandes noteles y uno de los principales aunque de los más
nuevos de )léxico, es el hotel de la Gran !'&gt;ociedad, sin duda uno de los más grandes
y modernos 1:n su arreglo y menaje.
En )larzo de 1b97 ;\Ir. Arroaud Franck su actual propietario, despues de haber ia•
vertido una tuerte ,uma de dinero, en renovar todo el edilicio, abrió ,us puertas al público, y tiene ya un buen negocio e,tableciao y favorecido por algunos de: nuestros
principales bombees de negocios y v1a¡eros.
El edificio situado en lugar muy céntrico, Calle de San Agustín Xo. 1.i, el me jor
cuartel de la Ciudad, cerca at: lo~ Teatros y casas de comercio, y por cuya puerta pai.an los tranvias para todos los lugart:s de mas importanCJll de la Ciudad¡ es de: bt:lla
arquitectura y apariencia, y t:stá construido de piedra y hierro.
Consta de tres pisos, de espaciosas dimensiones, y tiene tres patios que rodean
los cuartos para los pasaj.,ros.
Aun que el exterior ba sido cuidadosam-:nte atendido no puede dar idea del derroche de 1ujo que se ba emplt:ado en el interior del edillcw.
De la calle se t:ntra á un gran patio en el que se hall¡tn las oficinas del Administrador, salones, y cuartos de 1&lt;:ctura que se hallan er t:l piso bajo.
Del otro lado del patio bay, en combinación con el Hotel un Restaurant francés,
y cantina. El Restaurant se haya bajo la dirección de un inteligente cocinero lrancés
que estuvo muchos años t:n el Hotel \\' aldorf de Nueva York.
En la cantina encuéntrans~ los mejores vinos importados, licores y cigarros.
Para el ascenso al primer piso hay dos hermosas escaleras de servicio. Los balcones de todos los pisos uenen pavimentos de marmol y barandal de hierro.
Todas las comodidades que se hayan en los Hoteles de primera clase de México
se encuentran también en la Gran Sociedad, inclu~o luz eléctrica, baños, y umbres
eléctricos.
Los pisos superiores contienen sesenta cuartos dormitorios, aislados ó comunicados entre sí con aire y luz bastantes y bien amut:blados.
La casa montada bajo d régimen Europeo, cobra precios excepcionalmente razonables considerando el t:xceleme servicio que t:n dla ,e disfruta. Las habitaciones
cuestan de uno á dos pesos dianos segun su colocación.
En el Restaurant puedt: obtenerse una comida tan buena como en cualquiera parte
de la ciudad por únicamc:nte 75 centavos.
En el servicio del Hotel empíeanse solo criados atentos y corteses y todo se conduce bajo el rég11n1::n de botele, de primt:ra clase.
l\1. Franck es persona entendida en el manejo de Hoteles con 14 años de experiencia adquirida t:n esta, y diez en uno de los prmc1paks Hoteles de 1\ueva York.
Hombre dt: empresa y hab1hdad, conoce bien la ciudad y es un caballero muy popular
y estimado de los hombres de negocios y del público que viaja. Habla inglés, trancés,
español, aleman é italiano por cuya circunstancia su Hotel es el que debt:n preferir los
t:xtranjeros.

-

- = = = ===

Hotel "La Gran Sociedad."
Probably the mirror tbat most trnly reflects the lux11rious tastes of to day is tbe
modern bote!.
11 we travel in luxury we certainly want even grander entertainment awaitlng us
a t tbe end ot our ¡ou rno::y.
As a consequt:nce, the providing of palatial hostelries are an essential feature of
life to day, that cannot be, and wbat is more to the poont, are never overlooked.
Every large city has 1ts greut hotels, 1&lt;nd one ot the leadiog, altbough one o' the
newest in i\fr:xico Ctty isHott:1 , La Gran Sociedad, , witbout doubt one of tbe mos, modt:rn in its arr.. ngem.-nt and equ,pment, 01 ali tbt: great hostelrit:s of our city.
In :11arch lb~7, )Ir. Armand Franc.:k, th;, proprietor of this popular hotel, after
spending a large sum of money in renovating tne bmlding throughout, opc:nt:d tbe
doors to the pubhc, and has 1&lt;lrcady built up a !urge business 1hrougll the patrouage of
i.ome of our Jt:ading business mt:o and the travdhng pubhc.
The building, which is ceotrally located at Calle !'&gt;t. Agustín nomber 14, is in the
best sect1on ot we city, convt:nit:nt to theatres, busint:ss houses, strt:t:t caes passing the
doors to ali places of importance, and is of hand,ome archite.:tural a¡,pc:arancc, built
of stone and iron.
·
lt is three stories bigh and of spacious dimensions, having three patios or courts
on ,, hicb the rooms lace:.
Tnougb thc: exterior has received great attention, it is u pon the interior tha t luxury has bet:n la vtsbed witllout stint.
From tbe street you first emer a large patio and next is the office, parlors, reading rooms, etc., whicl1 are on tbe ground tloor.
ln connecuon with tbe hotel ts al,o a f1rst-class frt:nch restaurant and bar, located
on tbc: ground lloor lacing tbe strec:t.
Tb1s restaurant 1, unac:r an able and efficient french chef who has had many years
expem:ncc in the hotd \Valdorf of l\ew York City.
In tne bar are carried the fint:st of imported wmes, liquors and cigars.
Lt:ading from tne patio to tbe second lloor are two handsome marble stairways,
while from 1&lt;nother pauo is anotbt:r one.
The balcomes around the second and tbírd floors are ali tiled with marble, resting
on iron beams.
hvery modero convenience or appliance that is found in any first class hotel is
found hc:n:, iocluding electric light, batbs, dectric bells, etc.
The upper floors contain 6v bedrooms, single or en suite all, of wbich are bright,
airy and nandsomely furnished.
The house is conducted on the European plan, and the cates are exceptionally reasonabl-=, com,idt:riog the t:xcellent serv1ce, ranging trom :::;1 00 to $2 00 pee day, according to location of room, while at the restaurant can be bad as fine a meal as ii
servt:a anywhere in the city, and for ooly 75 cems.
Only courteous and pollte assbtants are employed in the hotel, and everything is
conducted on strictly tirst class prmciplt:s.
Tbt: proprietor, ,\Ir. Franck, 1s a botd man of wide experience, having been in that
business rn tnis city for the pa,t fourteen years, and prevwusly bad ten y ears experi•
enct: in sorne of the leadmg botelsof Xew York City.
He is a man of enterpnse and ab1lity, and owns considerable city realty botb
improved and ummproved.
;\lr. .Franck is a very popular gentleman and is higbly esteemed botb by the business men of our cit/ and me travelling public.
He speaks Fn¡¡-lish, French, German, Spanish and Italian fluently a nd for the
English speaking people, ibis is the hotel to stop :1t•

TOIIO 11,

••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••

LA FOTOGRAFIA.
Ji.a ~otografia l? Ca ~nstitución, que supCe tanto á Cos ~distas be ~rofesión como á Cos be ~fición con ~nstrumenfos
l? su,pCementos.
La Compañia Americana de Suplementos para el arte fotográfico, cuyo despacho y
casa de venta en gran escala, está situado en la calle de Gante núm. 8, y el de al por
menor en la del Coliseo núm. 1, puede jactarse con justicia de ser la única, que satisface: las exijencias del público mexicaro.
Tarea bastante difícil sería, precisar la época, en que por vez primera, se conoció
el descubrimiento llamado Acción Fotográfica.
Se asegura, que en las pieles, y por medio de los rayos solares, fué donde primeramente se observó el fenómeno y que este es el verdadero efecto de la radiación solar. El mismo origen tiene el oescubrimiento de la obscuridad de los papeles se,isitivos, que actualmente están en uso para la operación de imprimir las fotografías. Pero ante todo debemos aceptar la autorizada opinión de Scbee1e, químico sueco quien
observó después de un exámen científico el efecto de Id acción obscura de la luz del
sol sobre el cloridrato de plata. Este inteligente quimico descubrió por medio de sus
experiencias, que cuando el cloridrato de plata se expone á la Acción de la luz, bajo la
acción del agua, el primero se disuelve en la substancia liquida, y que si agregamos
caústico á esta substancia, nuevamente se presenta el cloridrato de plata¡ y que si á
este ingrediente se agrega amoniaco en líquido, se forma un residuo insoluble de metal
igual á la plata. Ya hemos dicho que Scheele fué la primera persona que obtuvo los
análisis quimicos combinados con el espectro solar, allá, por el año de 1781, análisis
que sirvieron de rudimiento á la ciencia de la fotografía. Luego de período en período
se han presentado personas inteligentes y químicos, que han hecho diversos ensayos
viendo coronados sus esfuerzos, basta la fecha en que ya se obtienen los mejores ingredientes para el adelanto de la ciencia fotográfica.
Hasta el año de 1864 en que Bolton y Sayee descubrieron un nuevo procedimiento
que llamó la atención de toac,s los fotógrafos y luego una substancia de gelatina, Collooion,no se dió un impetu á la fotografía, que basta entonces era desconocido. Naturalmente, desde esa fecha hasta los presentes días se han hecho otros descubrimientos, y año
tras año descubrimos todavía nuevos ingredientes; asl es que con propiedad puede decirse, que á pesa, de los años transcurndos, la fotografía que hoy existe es un perfeccionamiento del descubrimiento primitivo.
La Repúblicll Mexicana con su bello clima y constantes días hermosos, presenta
mayor atractivo que ninguna otra parte del Continente Amt:ricano para que cultiven el
arte de la fotogrufía los profesionales y los aficionados.
En otros lugares del mundo, el cielo está cubierto perpetuamente con nieve y rnmbras, y obscurecen el horizonte es¡,esas nubes, que hacen imposible por varios meses
del año el trabajo f8tográfico.
Verdaderamente la República Mexicana puede estar orgullosa de ser una de las
pocas partes del Universo donde reina una constante primavera, siendo los días más
claros y el cielo más hermoso, lo que como todos sabemos produce la delicia de los aficionados á cultivar el arte fotográfico. l\liles de personas visitan anualmente este
hermoso girón ~el Universo y ".º~vemos á r~p~tir, que no hay país en el mundo, que
sea más apropiado para el v1s1tante ó aficionado en demostrar sus aptitudes en

la fotografía, pues aquí pueden sacarse con facilidad los bellos paisajes que se deseen
pilra satisfacer sus caprichos. Cada viajero ilustrado y amante de lo bello está obligada
á proporcionarse una máquina fotográfica ya st:a grande ó pequeña, y el que no la poseo
cuando llegue á la ciudad de )léxico, Jo mejor que hará es procurarse una antes de salir á recorrer otros puntos de la República.
Es de recomend..rse el establecimiento que con gran éxito se ocupa en este giro
mercantil y que tiene especialidades en este ramo llamado cAmerican Photo Supply
Company, cuyos dt:spacbos ya hemos indicado donde t:stán situados. Esta compañía
tiene: constantemente: en venta gran surtido de toda clase de camaras grandes y pequeñas, lo mismo que inmenso surtido de suplementos. La compañia al recibir un pedido por mercancías hará el empaque y lo embarcará en cuanto reciba la orden, así es
que los turistas en caso de tener necesidad de suplementos los obtendrán sin demora si
se dirigen á esta casa.
Esta compañía estableció su negocio en i\léxico en Xoviembre de 1895, y desde un
principio alcanzó los mejores resultados dt:bido á la buena clase de sus mercancías lo
mismo que al modo de comportarse en sus manejos. La compañia vende á los comerciantes por mayor y menor, y á varios representantes directos que tiene en esta República toda clase: de artículos, aparatos de fotografía, materiales, etc., cada uno con su
descripción, incluyendo las mejores cámaras y todo lo necesario, así como los más excdentt:S ingredientes y todo lo indispensable para surtir á la moderna, á un establecimiento de fotografía.
Para los aficionados tiene un gran surtido de aparatos con sus respectivas descripciones. También son agentes vendedores en la República de los celebres East•
muns Kodaks, de la i\I. A. Seed Compadia de Placas secas de St Louis, de l ,l Rochester Cátt1ar" Compañía, Rocbester y de la Bausch y Zomb Compañía de Optica de Rochester. La casa de ventas al por mayor y los depósitos son espaciosos y completamente arreglados é instalados á la moderna conteniendo en sus bodegas gran acopio
de mercancías. La Compañía Americana de Suplementos para Fotografías es la más
grande y más solvente que existe en l:i Republica Mexicana, la misma reparte anualmente un bonito catalogo, el que remite junto con las circulares á las personas que
lo soliciten.
En la casa se encuentran empleados muchos dependientes y unos atienden el despacho en esta ciudad y otros están viajando y tomando nota de lo que los clientes nc:cesitan. El Gerente es el Señor S. R Crump, persona muy emprendedora. El Señor
Crump, es de nacionalidad americana y ha t:stado muchos años en este mismo giro de
neg·ocios en Louisville, Kentucky.
El caballero indicado es de un caracter muy afable y en todo tiempJ está dispuesto á mostrar sus mercancías a las personas, que lo soliciten.
No está de m.1s repetir, que en sus bod.:gas hay una gran y variada existencia,
puesto que esta es la compañia que surte á los demás establecimientos de la República Mexicana.

Gfiesta infantil en el Cfíi,oli ael $1iseo.
Olh11Jn &lt;lo , Tnt16 ;\[ . Vllla•n no..

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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                <text>El Mundo, 1897, Tomo 2, No 12, Septiembre 19</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>México Ciudad</text>
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                <text>Siglo XVIII</text>
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                <text>Siglo XIX</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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                <text>1897-09-19</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Número Extraordinario.

EL MUNDO.

Septiembre 19 de 1897.

Hotel de "La Gran Sociedad."
Probablemente el espejo que mas refleja los refinados gustos del día es el Hotd
moderno. Si viajamos con lu¡o aun queremos mejor alojamiento que nos e~pere al
fm del viaj&lt;:.
Como consecuencia de esto la necesidad de He.teles Palacios para el confort de la
vida actual, cosa de que no puede presc111d1rse y de la que en efecto no se prec1nde.
Toda gran ciudad uene grandes noteles y uno de los principales aunque de los más
nuevos de )léxico, es el hotel de la Gran !'&gt;ociedad, sin duda uno de los más grandes
y modernos 1:n su arreglo y menaje.
En )larzo de 1b97 ;\Ir. Arroaud Franck su actual propietario, despues de haber ia•
vertido una tuerte ,uma de dinero, en renovar todo el edilicio, abrió ,us puertas al público, y tiene ya un buen negocio e,tableciao y favorecido por algunos de: nuestros
principales bombees de negocios y v1a¡eros.
El edificio situado en lugar muy céntrico, Calle de San Agustín Xo. 1.i, el me jor
cuartel de la Ciudad, cerca at: lo~ Teatros y casas de comercio, y por cuya puerta pai.an los tranvias para todos los lugart:s de mas importanCJll de la Ciudad¡ es de: bt:lla
arquitectura y apariencia, y t:stá construido de piedra y hierro.
Consta de tres pisos, de espaciosas dimensiones, y tiene tres patios que rodean
los cuartos para los pasaj.,ros.
Aun que el exterior ba sido cuidadosam-:nte atendido no puede dar idea del derroche de 1ujo que se ba emplt:ado en el interior del edillcw.
De la calle se t:ntra á un gran patio en el que se hall¡tn las oficinas del Administrador, salones, y cuartos de 1&lt;:ctura que se hallan er t:l piso bajo.
Del otro lado del patio bay, en combinación con el Hotel un Restaurant francés,
y cantina. El Restaurant se haya bajo la dirección de un inteligente cocinero lrancés
que estuvo muchos años t:n el Hotel \\' aldorf de Nueva York.
En la cantina encuéntrans~ los mejores vinos importados, licores y cigarros.
Para el ascenso al primer piso hay dos hermosas escaleras de servicio. Los balcones de todos los pisos uenen pavimentos de marmol y barandal de hierro.
Todas las comodidades que se hayan en los Hoteles de primera clase de México
se encuentran también en la Gran Sociedad, inclu~o luz eléctrica, baños, y umbres
eléctricos.
Los pisos superiores contienen sesenta cuartos dormitorios, aislados ó comunicados entre sí con aire y luz bastantes y bien amut:blados.
La casa montada bajo d régimen Europeo, cobra precios excepcionalmente razonables considerando el t:xceleme servicio que t:n dla ,e disfruta. Las habitaciones
cuestan de uno á dos pesos dianos segun su colocación.
En el Restaurant puedt: obtenerse una comida tan buena como en cualquiera parte
de la ciudad por únicamc:nte 75 centavos.
En el servicio del Hotel empíeanse solo criados atentos y corteses y todo se conduce bajo el rég11n1::n de botele, de primt:ra clase.
l\1. Franck es persona entendida en el manejo de Hoteles con 14 años de experiencia adquirida t:n esta, y diez en uno de los prmc1paks Hoteles de 1\ueva York.
Hombre dt: empresa y hab1hdad, conoce bien la ciudad y es un caballero muy popular
y estimado de los hombres de negocios y del público que viaja. Habla inglés, trancés,
español, aleman é italiano por cuya circunstancia su Hotel es el que debt:n preferir los
t:xtranjeros.

-

- = = = ===

Hotel "La Gran Sociedad."
Probably the mirror tbat most trnly reflects the lux11rious tastes of to day is tbe
modern bote!.
11 we travel in luxury we certainly want even grander entertainment awaitlng us
a t tbe end ot our ¡ou rno::y.
As a consequt:nce, the providing of palatial hostelries are an essential feature of
life to day, that cannot be, and wbat is more to the poont, are never overlooked.
Every large city has 1ts greut hotels, 1&lt;nd one ot the leadiog, altbough one o' the
newest in i\fr:xico Ctty isHott:1 , La Gran Sociedad, , witbout doubt one of tbe mos, modt:rn in its arr.. ngem.-nt and equ,pment, 01 ali tbt: great hostelrit:s of our city.
In :11arch lb~7, )Ir. Armand Franc.:k, th;, proprietor of this popular hotel, after
spending a large sum of money in renovating tne bmlding throughout, opc:nt:d tbe
doors to the pubhc, and has 1&lt;lrcady built up a !urge business 1hrougll the patrouage of
i.ome of our Jt:ading business mt:o and the travdhng pubhc.
The building, which is ceotrally located at Calle !'&gt;t. Agustín nomber 14, is in the
best sect1on ot we city, convt:nit:nt to theatres, busint:ss houses, strt:t:t caes passing the
doors to ali places of importance, and is of hand,ome archite.:tural a¡,pc:arancc, built
of stone and iron.
·
lt is three stories bigh and of spacious dimensions, having three patios or courts
on ,, hicb the rooms lace:.
Tnougb thc: exterior has received great attention, it is u pon the interior tha t luxury has bet:n la vtsbed witllout stint.
From tbe street you first emer a large patio and next is the office, parlors, reading rooms, etc., whicl1 are on tbe ground tloor.
ln connecuon with tbe hotel ts al,o a f1rst-class frt:nch restaurant and bar, located
on tbc: ground lloor lacing tbe strec:t.
Tb1s restaurant 1, unac:r an able and efficient french chef who has had many years
expem:ncc in the hotd \Valdorf of l\ew York City.
In tne bar are carried the fint:st of imported wmes, liquors and cigars.
Lt:ading from tne patio to tbe second lloor are two handsome marble stairways,
while from 1&lt;nother pauo is anotbt:r one.
The balcomes around the second and tbírd floors are ali tiled with marble, resting
on iron beams.
hvery modero convenience or appliance that is found in any first class hotel is
found hc:n:, iocluding electric light, batbs, dectric bells, etc.
The upper floors contain 6v bedrooms, single or en suite all, of wbich are bright,
airy and nandsomely furnished.
The house is conducted on the European plan, and the cates are exceptionally reasonabl-=, com,idt:riog the t:xcellent serv1ce, ranging trom :::;1 00 to $2 00 pee day, according to location of room, while at the restaurant can be bad as fine a meal as ii
servt:a anywhere in the city, and for ooly 75 cems.
Only courteous and pollte assbtants are employed in the hotel, and everything is
conducted on strictly tirst class prmciplt:s.
Tbt: proprietor, ,\Ir. Franck, 1s a botd man of wide experience, having been in that
business rn tnis city for the pa,t fourteen years, and prevwusly bad ten y ears experi•
enct: in sorne of the leadmg botelsof Xew York City.
He is a man of enterpnse and ab1lity, and owns considerable city realty botb
improved and ummproved.
;\lr. .Franck is a very popular gentleman and is higbly esteemed botb by the business men of our cit/ and me travelling public.
He speaks Fn¡¡-lish, French, German, Spanish and Italian fluently a nd for the
English speaking people, ibis is the hotel to stop :1t•

TOIIO 11,

••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••

LA FOTOGRAFIA.
Ji.a ~otografia l? Ca ~nstitución, que supCe tanto á Cos ~distas be ~rofesión como á Cos be ~fición con ~nstrumenfos
l? su,pCementos.
La Compañia Americana de Suplementos para el arte fotográfico, cuyo despacho y
casa de venta en gran escala, está situado en la calle de Gante núm. 8, y el de al por
menor en la del Coliseo núm. 1, puede jactarse con justicia de ser la única, que satisface: las exijencias del público mexicaro.
Tarea bastante difícil sería, precisar la época, en que por vez primera, se conoció
el descubrimiento llamado Acción Fotográfica.
Se asegura, que en las pieles, y por medio de los rayos solares, fué donde primeramente se observó el fenómeno y que este es el verdadero efecto de la radiación solar. El mismo origen tiene el oescubrimiento de la obscuridad de los papeles se,isitivos, que actualmente están en uso para la operación de imprimir las fotografías. Pero ante todo debemos aceptar la autorizada opinión de Scbee1e, químico sueco quien
observó después de un exámen científico el efecto de Id acción obscura de la luz del
sol sobre el cloridrato de plata. Este inteligente quimico descubrió por medio de sus
experiencias, que cuando el cloridrato de plata se expone á la Acción de la luz, bajo la
acción del agua, el primero se disuelve en la substancia liquida, y que si agregamos
caústico á esta substancia, nuevamente se presenta el cloridrato de plata¡ y que si á
este ingrediente se agrega amoniaco en líquido, se forma un residuo insoluble de metal
igual á la plata. Ya hemos dicho que Scheele fué la primera persona que obtuvo los
análisis quimicos combinados con el espectro solar, allá, por el año de 1781, análisis
que sirvieron de rudimiento á la ciencia de la fotografía. Luego de período en período
se han presentado personas inteligentes y químicos, que han hecho diversos ensayos
viendo coronados sus esfuerzos, basta la fecha en que ya se obtienen los mejores ingredientes para el adelanto de la ciencia fotográfica.
Hasta el año de 1864 en que Bolton y Sayee descubrieron un nuevo procedimiento
que llamó la atención de toac,s los fotógrafos y luego una substancia de gelatina, Collooion,no se dió un impetu á la fotografía, que basta entonces era desconocido. Naturalmente, desde esa fecha hasta los presentes días se han hecho otros descubrimientos, y año
tras año descubrimos todavía nuevos ingredientes; asl es que con propiedad puede decirse, que á pesa, de los años transcurndos, la fotografía que hoy existe es un perfeccionamiento del descubrimiento primitivo.
La Repúblicll Mexicana con su bello clima y constantes días hermosos, presenta
mayor atractivo que ninguna otra parte del Continente Amt:ricano para que cultiven el
arte de la fotogrufía los profesionales y los aficionados.
En otros lugares del mundo, el cielo está cubierto perpetuamente con nieve y rnmbras, y obscurecen el horizonte es¡,esas nubes, que hacen imposible por varios meses
del año el trabajo f8tográfico.
Verdaderamente la República Mexicana puede estar orgullosa de ser una de las
pocas partes del Universo donde reina una constante primavera, siendo los días más
claros y el cielo más hermoso, lo que como todos sabemos produce la delicia de los aficionados á cultivar el arte fotográfico. l\liles de personas visitan anualmente este
hermoso girón ~el Universo y ".º~vemos á r~p~tir, que no hay país en el mundo, que
sea más apropiado para el v1s1tante ó aficionado en demostrar sus aptitudes en

la fotografía, pues aquí pueden sacarse con facilidad los bellos paisajes que se deseen
pilra satisfacer sus caprichos. Cada viajero ilustrado y amante de lo bello está obligada
á proporcionarse una máquina fotográfica ya st:a grande ó pequeña, y el que no la poseo
cuando llegue á la ciudad de )léxico, Jo mejor que hará es procurarse una antes de salir á recorrer otros puntos de la República.
Es de recomend..rse el establecimiento que con gran éxito se ocupa en este giro
mercantil y que tiene especialidades en este ramo llamado cAmerican Photo Supply
Company, cuyos dt:spacbos ya hemos indicado donde t:stán situados. Esta compañía
tiene: constantemente: en venta gran surtido de toda clase de camaras grandes y pequeñas, lo mismo que inmenso surtido de suplementos. La compañia al recibir un pedido por mercancías hará el empaque y lo embarcará en cuanto reciba la orden, así es
que los turistas en caso de tener necesidad de suplementos los obtendrán sin demora si
se dirigen á esta casa.
Esta compañía estableció su negocio en i\léxico en Xoviembre de 1895, y desde un
principio alcanzó los mejores resultados dt:bido á la buena clase de sus mercancías lo
mismo que al modo de comportarse en sus manejos. La compañia vende á los comerciantes por mayor y menor, y á varios representantes directos que tiene en esta República toda clase: de artículos, aparatos de fotografía, materiales, etc., cada uno con su
descripción, incluyendo las mejores cámaras y todo lo necesario, así como los más excdentt:S ingredientes y todo lo indispensable para surtir á la moderna, á un establecimiento de fotografía.
Para los aficionados tiene un gran surtido de aparatos con sus respectivas descripciones. También son agentes vendedores en la República de los celebres East•
muns Kodaks, de la i\I. A. Seed Compadia de Placas secas de St Louis, de l ,l Rochester Cátt1ar" Compañía, Rocbester y de la Bausch y Zomb Compañía de Optica de Rochester. La casa de ventas al por mayor y los depósitos son espaciosos y completamente arreglados é instalados á la moderna conteniendo en sus bodegas gran acopio
de mercancías. La Compañía Americana de Suplementos para Fotografías es la más
grande y más solvente que existe en l:i Republica Mexicana, la misma reparte anualmente un bonito catalogo, el que remite junto con las circulares á las personas que
lo soliciten.
En la casa se encuentran empleados muchos dependientes y unos atienden el despacho en esta ciudad y otros están viajando y tomando nota de lo que los clientes nc:cesitan. El Gerente es el Señor S. R Crump, persona muy emprendedora. El Señor
Crump, es de nacionalidad americana y ha t:stado muchos años en este mismo giro de
neg·ocios en Louisville, Kentucky.
El caballero indicado es de un caracter muy afable y en todo tiempJ está dispuesto á mostrar sus mercancías a las personas, que lo soliciten.
No está de m.1s repetir, que en sus bod.:gas hay una gran y variada existencia,
puesto que esta es la compañia que surte á los demás establecimientos de la República Mexicana.

Gfiesta infantil en el Cfíi,oli ael $1iseo.
Olh11Jn &lt;lo , Tnt16 ;\[ . Vllla•n no..

'

�S:L MUNDO

2

DOMIIIGO

19

da SE.PTIE.MBRE da 1197

~~===============--~~~~=========================-==-====20

''EL MUND0, 11
Semanario Ilustrado.

Tel6fooo 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.

l'n grupo popular contestando á un atentado con otro,
puso un desenlace Eangriento á eete h&lt;'cho anorll!al en
los anales de la historia pat1ia, ~esenlace que ¡~más
aplaudiremos por eu forma ealva¡e; y que ao castigará
eeguramente ~I deEcnbriree á los culpables.

MÉXICO
Toda la correspondencia que
lacción, debe eer diñgida al

ee relacione con la

• Director, Lle, Rafael Reyes Splndola,
Secretario de Redacción,

Amado Nervo,
Toda la corre~ndencia que se relacione con la e&lt;l;ición
debe ser dirigida al

Gerente, Lle, Fausto Mog-uel,
La subscripción á EL MUNDO yale $1.25 centnYOB al
111ea, y ae cobra por trimestres adelantados.
Números sueltos, 50 centavos.
Todo paco debe ser precisamente adelantado.
BKOISTBADO COMO Al!'l'ÍCULO DB SBOUNDA CLA~K.

·~otas tbitori11lts.

Drsµué,

Re•

bt lo5

firstas.

¿Por qué todos loe anos se nos antoja que el auiverea•
río de la Independencia Nacional h!l alcanzado mayor
brillo ha obtenido un más alto entuememo que el ante·
rio1? ¿Por qué se nos. figurn que h~ habido más reeplan:
dores y quti ha irradiado más clandad de esta fecha glo

~d

.

}~e que el concepto de la Patria va peco á poco amph·
ficándoee, tomando cuerpo, enrnizún~oRe._ conforme la
nncionnlilnd se consolida· es que al mfü¡o de la J?az Y
tranemitida por las m1e~I\B a1tPrias qne P?nen en con•
t11cto á los PPpírhue, Ee difnnde e! peneam1ento de una
eoln fuerza única, imprr~cedera é rndntrnct1ble que preeide á todas las enPr¡zíos y encauza toda~ la~ vol untadee.
Para llt&gt;gar á eeta impresión que cre_c"' mlie ~ada día,
ee ha necnitado qne se hayan establec_1Óo_con1er1tes ge·
nerales de nno á otro extremo del terntor10 nacional, Y
qne de cindad en ciuda_d y de P';leblo 1:n pneblo Y ~e al·
dea en aldea hnvn corndo el m1Pmo 1dPal y BP ha~ª. te•
nÍdo la concienéia de que á una misma hora doce 111111&lt;?·
TIAE de eApíritue palpilan á lmpuhos de un mismo eent1•
miPnto.
d 61
En un rnerpo de ej~rcito el valor es un reguero ep . ·
vora qne corre de unidad á unidad y acaba por producir
un incendio; pPro cuando nn grupo humano ee encuent_ra
diseminado en una gran PXlene,6n de terreno y hay ab1e·
moa ineondablee entre alegrías y dolores COI?unee, en·
tonces las eenFaciones no preeentan todo su vigor, care•
cen de cohesión, ee eeterilizan en un palmo de Jerreno
como Prns agune estancadas que no tienen aahda por
dondP .-olc:u i!ne aguas en las onilae del _O~éano.
J,:i obra del progreso ba venido á unir con eue acerailas 111allas estas voluntadPR deegranndae como parvada
ele golondrinas errantee: !ne di~t~ncias ~o han eetrechado, las concienriae se han comt1D1cado, y ~e 111u? á oiro
ext.remn de la RPpí1b\ica, ª"' esparce el l11mmoeo ideal de
Libertad que i11forma la f~cha que acaba de conmemo·
rarse.
d. .
Por eso rnclll anirersario de la lodPpen enc1a se r_ioe
nn~oja más brillanie que el anterior y que ha despedido
más re?plandores.

tein, rnlificoca (n kP rrmi:re de Sadcwn y FaIJcionada
entre loa nEplar dores fatídicos del •ircer:dio del 3edán.

DO■ IIIGO 19

BL MUNDO

da SlPTllllBRE da 1897

Garaen Party en el &lt;Tít,oli ael &amp;liseo.

***
Son tan absurdas y parecen tan deeprovietaa de fun•
damento tales neercionea, que apenas ee puede compren•
der las haya pronunciado y haya dado abrigo un políti•
co británico, que e@taba obligado por eu tradición y por
EU partido á ser más cauto en eus aprC'cisciones y más
perlo en me juicios. Con razón alguien ha ido haeta el
deeacatc, de nPgnr al estadista inglés la integridad de ene
facultedes y ti darle por única respuesta el escarnio que
hine, y la diatriba qne mata.
Basta considerar el hecho en el orden de lo posible
para que en el terreno de la discusión se Je admita y se
le analice.
Cunndo se pien~a en el.sentimiento de la rh:ancha, que
ha siclo íuPrza i mpu lei va de grandP&amp; partidos políticos en
Francia, y por largo liempo ha sido el grito del pneblo,
la n@pirnción nacional, el anhelo dlll pala, ee comprende
qnt, loe iuipacientee, loe ilusos, loe inquietoe, quieran y
aneien recuperar el territorio conquistado á cualquier
precio; pero no con el Racriíicio de una colonia de la importancia que tiene Madagazcar donde 11' República ha
gastafo buena parte de ene-l'!nergíae y ha visto coneu•
mida gran rnma de en iiqueza.
Por lo demás, loe qne han predicado el deequite, lo
han qnerido vio 1euto y temerario, con loe horrores del
combate y las c·alamidadee de la guerra donde pieneau
encontrar loe olvidados lauros qull agos~aron las llamnradae de Rieechofíen y Pnegrecleron la11 eombrae de
l\Ietz; hao prett&gt;ndido recobrar el girón perdido de la
patria rota, no con aetutoe componenda@ de gabinete si•
no con sangrientas luzaiiae de campamento.
Estos no podrían aceptar de bue11 grado la deYolu•
cióu eoñada, sino viniera por derecho propio y no por
una fSpfcie de compra venta indigna de rne arrebato!
de patriótico lirismo.
Loa que menos eoiiadoree pienean en la reviudicación
del enelo franc~e por medios pacífl ioe, tamp&lt;•CO Pe con
hn1arfan con eeae cuentas que habían de coe\arleb tan
caras.

En les momenioe en que la eociedad mexicana ee con•
!&amp;graba á celebrar de un modo eniueiaeta til u1úq glorioso
de ene aoivt:rearioe, un hecho inesperado, de caracteres
repulsivos y repugnantes perfiles, \"en!a á produciroe t&gt;n
medio del asombro é índignación populares: un hombre
***
Y la noble Francia. que se ha ofrecido en holocamto
de iurbioe aI1teceden1ee, fecoria encial, fe arre.jaba inee·
para la redención de loe pueblos, ella que ha lle,·ad_o ~I
peradamente al paso del Jefe del Eatndo y trntnbi\ de can·
verbo de In buena nueva al corazón de wdoe loe opnm1earle dafio, usando en eu ac\o de extraordinaria vio ·
dos; sería capaz de sacrificar el reino de B11avía pur
lencia.
•
virtud de en egoísmo? s~ atrevería á arrojar al put-blo
Este hecho, acabamos de decir, hn cansado tantn indig•
holandéA, fnerte y robusto, y gozando de radicale~ e1wrnación como s.&gt;rpres11, put e a\entadoe de ebte orden eon
giae en brnz-,e del Imperio germánico, por virtud de inmuy raros en las páginas de nuestra historia; no hn incu•
bado enire nosotros la larva de la deliucuencia polf\ica, el
com¡:rencibles compeueacione~?
Xn, reeponde de e\lo la historia de la dem(cracia han
veneno que corre por Ja11 ar1e1iaa de las vi~ jae nacionalida·
cesa, firme Pn la irau Revolución ante loe revea enliga•
des europeas no ha euvenen~do nuestra sangre: un de•
dos y iramñgurada por el trabajo y la confiflllcia 1:11
lito semejante no tiene antecedentes en la eetructcra eo•
loa veinticinco anos que lleva de lucha para alc1nzar el
ci al, económica y politica de la República.
RESUMEN.- La unión dr Francia y Rusia juzgada por
A lo menos, el ana1quiemo del otro lado del mar ofrece
piuáculo dll rn grandeu.
Pnee ei las eolucionee q11e propone M. de Lebonchere
su génesis dolorosa, obedece á uno. gestación horripilan·
un e•tadista.- lnconslsteneia de este juiclo.-l&gt;1
carecen de todo fundamt-nto lógico, no llegaremos á con·
te, emana de terribles premisas de un silogismo einies·
"revancha" real y la soñada.- NI víctima ní sacri•
\ro: eurge de las charcas del Eocialiemo, t-stá impreg·
eiderarlo un insensato, pero Pi creeremos que su !anaficador.- Holanda y el Imperio alemán. -Connado de una filosofía nebulosa y dieolvente, lleva la
liemo por la influencia británica que mira amenazada,
lo han condncido al exiremo de desconocer entera·
blaefemia en loa labios y el amia de creer en el corazón;
clusión.
es la resultante del choque entre el progreso y una tra
mente las coene y lae personas de su tiempo.
Pronto se ha de saber que no yamoe deecami, a-loe
dición que hay miedo de derribar todavfa; forcejea como
1\o ee posihle encontrar en el horizonie político ~e
HAmlei al borde de una tumba, traz11 eet1ofas míeticas y
en
nuestras opiniones.
repitecancioncil!ae obscuras, pone á loe grandes arto,to• Enropaaennto que mile preocupe ni tema que más die
X. X. X.
re, de la fürtuna públira en la füta de lae nueva e víc\imae, \raiga que la alianza franco rnea, por más de tres eemali de Septiembre de 1897.
aulla cuando un moderno caballero feudal t-xpt-cula con nae, después de eudeclarnción cuaei _ofici~l, objeto de loe
comentarios de la pren,a y de las d1ecus1onee en loe ga•
eu hamo'.lre y cubre crn en odio ealvoje al in_1i1111,· /,,o-yuis.
Pero en ?,[~xico, la tituaci6n es dle\inta: el problema binetes.
El general Woodford, rPpreeentante de loe Estados
económico de resnelve tranquilamente, sin agilaciones ni
conflictos; las nuevas induetrias reclaman brazoe, el tra• Pnidne en la Corte de la Reina Cristina. á quien se le
bajo llama á iodae las puertas, las ambiciones pollticae at.ribnyen intenciones poco conciliadoras de parte de la
han desaparecido, y un noble anhelo, PI auhelo de gozar C,1ea B'nuca al pretender tratar la candPnte cues_tión de
Con este número repartimos ocho pá&amp;lna• de la par•
de wdaa las ventsjas de und prosperidad naciente y de C,1ba, la in~rminahle dlecueión eobrP los térmrnoe_ de ti tura de la ·magnífica ópera 11LA BOHEMIA. n En ellas,
paz
..
ntre
Grecia
y
Tnrqnía,
eazonado
fruto
del
~dm1ra•
una paz consolidada, alienta á todos loe eepmlue: ni un
merced á la cuidadosa eelección del maestro Cuyáe, 1 s•
eolo conflicto en lae concienciae, ui 1111 átomo de dPscon· ble,. I'Unca desmentido concierto de las potencrna: las
uotfcine que á la contfnua llegan de la Penineu.la Indos•
tenio en loa corazones,. ni un reequicio de rebeldla en
tán
reunidos loe temae principales de la ópera, y enlaza·
loe cerebros! A qué se debe, pues, el ater;tado del lti de tánica anunciando las dificultades con qne \1ene que
doe con nexo habil, que facilita ex\raordinariamente
lucliar' el poder central para sofocar los movimientos tu·
Septiero bre?
multuarloe de las tribne indomablee, todo deeaparece,
8e debe únicamente á 1B per"l"en-i6ndenn eol'&gt; hombre,
en el piano el paso de loe unos á loe otro6.
á la punible ceguera de un malhechor vulgar, que hn todo pierde su natural impor\ancia cuando se coneide•
Nob es coeto;feima eEta prima que c.frec(moe; mae no
ra
In
traecendentnl,
lo
intereeante
qne
es
para
tod~e
la
pretendido herirá una -personalidad de todos respetada,
Ul¡ión de dne nacionee apartadas por el eepac10, aleJn!fas
nos hemos detenido en loe gaeto@, con tal de proporcic·
por el loco deseo de hacer un mal que la sociedad rechu
por la trndici61•, dietini~s por: la .~rg~niración pollt1ca,
za, que no hay un solo 1m1po-deede el mlie nito PD riirnl
nar á mwetros abor:adoe un obsequio digno de su dile•·
inlelt-clual lrnsta el lr,fimo- que no rPpu51ne. Aqní vo ¡;ero 1111i,l!ls por la romu,1 :.ep1rar10n di' cnnePTvar la pa1,
v
ncobrnr
In
predo111i11aooia
que
sntano
hnu
gczado
eu
tanfümo.
hay herman0&amp; t·e1,gfldllru, ni eepantof8~ r,; uxali1UJ: Arro•
~l deHiuo de Jc,s ¡,ui-bloa t uropeoe: toda otra idPa et• ho•
La edición &lt;•st:", ltPchn con JH'rllliso de la carn G.
yo, el criwiual d.,J juel"eB último, fa un solitario, no J,a
nn
y
ee
desvontee
ni
pPmar
e11
la
liga
de
_u11n
rti
1íhlira
t-xlrafdo la ponzonoea envia qlte circula por eus vt&gt;nn~ dti
Hirorcli y Cin. ele l\Iilán.
fue,
te.
'&gt;Íg0ro•n,
con
todas
ene
ene,gíos
Jnveml~P
y
un
.oinguna charca cercana; ha iJo á la ejecución de su plan
imperio ¡;td!'frEO y ím•rte, con teda Ell agHgoc1(rn de
sin una mano que.eFgrima p1111al que lo aplauda, eln un
UN OIVIOE.NtlO SATISFACTORIO OE
geutre y de razaB vnrínclaP, atadae con 4'1 lazo i11di~nl11·
eenfüniento de admiración de la tenebroea conciencia de
LA MUTUA
ble de MI "loriNll lihtoria y eu .-itnlidad dtsbNdrnte
no compañero: ha querido hacer el mal por complHo,
qne se co11~~utia en una Eóla Biipirnción: la de eu augue•
un mal total que inundara a todo un pueblo.
to EOberano.
La conmoción de este atenindo ee hn traducido en lne
l\Ifaico, Agoeto 29 de IS!Ji.-Sr. D. Carlos Sommer,
di vereaa ciaeee de la eociedad: ellae, al rechazarlo enerDirt!ctor General de «La l\Iutuan. -Presente.
*
**
g1camente, han c,frpcido el testimonio de en vivo afecto
llli estimado y aprt:ciable amigo:
Deepuée de las dirqni!iciones á que se han entregado
al l,eneral Díaz. Jamás el Jefe del Eet:ido ha podido
lle
tenido
el gueto de recibir la grata de usted del 27
lc,s órganos de la opinión, así loe amigoR como loe ene•
medir, como en eela ccaeión, todo el reFpeto y todas las
del corriente, en q11e ee sirve aviearme qne el dividend'l
mlgoe de la nueva 111ianza y de las predicciones fnvora•
eimpadae que inepira: nunca como el lü de ~eptiembrn
bles 6 elnieetrne que hnn lanzado eobre en ponenlr, un correepondlente á mi póliza núm. 805,S:?3 de $25,000 00
l1a llegado, tal vez, á penetrarse de lin hondas ralceeque
oro americano, b&amp;jo el plan de dietribuclón de diez atloa,
,su personalidad hn prendido en loe corazones mexiea." eetndieta icg 1(,s, un liombie frío y eereno como todos los
de eu rara y de HI eetirpr, prestigiado en el gran pnrti• que ee cumplen til 1~ del entrante mee de Septiembre,
noe. l,ae o.-aclonee al regreso de la Alameda, en 1a C:\·
import.a:
do liberal que lia guiado 1.Jad~1or,e y que hn at-andonn
mua de Di putadoe- doride las galerlae ee enconlraban
17,313 50 oro amerlcnno, valer en efecti"l"o 6
do Lord Roef bny, el célebrt' /,r1cler l\I. de Labouchere,
· iotalmente ocupadas por repreeentantee de todos los gte•
$\1,201 00 oro americano, valor acumulable á la póliza
ncata
de
publicar
nn
estudio,
en
el
cual,
á
vuelta
de
mios !. todr.e las categorías-y en los ealouee de Palacio,
re1enaa, ue:::e::dc y:: :ptar -;-e:- una de lae dos oroooei•
conslderncionee
que
dejan
maltrecho
el
nomine
frencéF,
eon una palpitante muestra de loe eentimientcs que anicionee de en acreditada Compañía, como se 10 pan1c1pa·
llt'ga á afirmar que el fruto de la visita de ~Ir. Faure ni
man á l!le multitu:lee.
ré oportunamente.
castillo de I'eterhcf y el rernltado de la ndn1/e franco•
Para poner de relieve la perversidad de fines que per•
Entre tanto me es grato expreear á neted mi eatiEfacrma se ha wncluldo con el c-bjeto de recobrar loe de•
,eeguía el delincuente, ha bastado In significativa manl•
partamente!t perdidos en la derrota del 70, mfdiente In ción por el reeultndo que ba obtenido mi póliza, puee el
ifeetación de la sociedad en fayor del I'rt-eidc•nte.
cesión de la ielade )hdegnrcar á la 1opacidotl ge1mfoi• vnlor ncnmulable asciende á casi el treinta por ciento
La ley no ha podido, baciéndnEe intérp1ete del eeplri·
(30 r8) de lo qne pagué por premioe en loe diez atloe.
ca ó ni prrcio del pE&gt;1miEo ó tolerareis para qne el reir.o
tu de esta acciedad, moetrane ir.Pxorable contra quien
D,\udolA lae más debidas gracias, quedo de usted eiem•
hita,·o ¡ tse de grndo ó ror f11n1a :\ lormnr parte rle Ji,
pretendió convertir unn fpcha de gloriar acior al en nn
pre mny affmo. amigo. atto. S. S.-M. DE CASTILLO.
ht&gt;¡?em&lt;ni:I prneia.nn, i11ici11dn ce 11 In conqniHa de Hole·
.día de luto para In Repúblkn.

LA BOHEMIA,

l. Rafael Arr&gt;z11ren11 y Maria Algar11.
2. Tomas/to Solares.
3. Carlota Algara.
-4. Niña Algara y Landero.
5. Estatua del Cur11 llldalgo4 /11 entrada del Tívoll.
6. Carmen Bolaños.
1. Maria Cristina S11.Dch~11 y Juarez.
8, Javier y De/fin Algara.
9. Teresa Arrollo de Anda.

ªº'

�DOMINGO •9 do S EPTIE.BRE do ~

EL MUNDO

GT'.·

.ta5 rte

stas

ae la Patria.

DOMIIIGO 19 de SEPTIEMBRE do ,ae,

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EL MUNDO

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�DO■ IIGO 19-dc ·SEPTIEMBRE de ,. .7

SL MUNDO

ao6

UN VELORIO EN YUCATAN

DAMAS MEXJ.CANAS
(Véanse nuestros grabadoo)

Es necesario qut! nos vayamos acoetumbran•
do á pensar en esa península yucateca, que no
se parece á niJ1guno de los otros pedazos del te·
rritorio nacional, ni por las condiciones antro·
pológicae de los autoctonee, ni por las costum· ·
bree que los indómitos pobladores de aquellas co·
marcas supieron imponer á sus conquistadores,
Si exceptuamos á los araucanos, jamás sometí·
dos al yugo de los colonizadores europeos, y á
alguaa que otra tríbu nómade como los mos ·
quitos y loe lacandon@, veremos que aolamen.
te los indios mayas, heroicos descendientes de
Nachi-Cocom 1 han conservado en su mayor pu·
reza las tradicionales costumbres de sus tiem•
pos de autonomía.
Esto d~pende principalmente del carácter al·
tivo de los yucatecos.
Cuando á instancias del Conqnistador Mon·
tejo, una embajad8 de nobles indlgenae ee acer·
có al Rey de Sotuta á proponede condiciones
de eumiAión, el monarca indiano, después de
un espléndido banquete, mandó sacar loe ojos
á loe embajadoreEI, y lee ordenó retirarse di·
ciendo unas palabras semejantes á las de Cambrone en Waterloo, pero que expresadas en
fraee aceptable, eiguifican: Dile á tu amo que
le devllelvo infamia por infamia.
Pues bien, entre las gentes de Yucatán, loe
genuinamente mayas y loe de raza cruzada que
se dietinguen con el nombre de mestizos, hay
coetumbres especiales que llaman la atención
del observador, y entre ellas deecnella la de los
honores que ee hacen á loe muertos antes de la
inhumación y que se conocen conelnombrege·
nérico de 1·elorios.

•••

En todas estas costumbres yucatecae, hay una
mezcla de las preocupaciones paganas y de loe

faoatismoe crietianos que las imprimen carác·
ter especial. El ·nifio fallfcido es al miemotiem·
po el espíritu que después de feeundar las flo•
res y lae plantas, discurre en loe campos para
bien de sus pobladores, y el alma sin mancha
de pecado, que sublimada por las aguas del bau.
tierno, 88 eleva á la mansión eternamente eere.
na de la Virgen Madre de Dios.
Y es de ver cómo luchan en el corazón de la madre
afligida loa sentimientos del dolor real que causa una
eterna separación, y las preocupaciones religiosas que
Ia hacen ver al hijo muerto, no ausente para toda la
eternidad, sino momentáneamente separado, porque en
la próxima fesU,vidad de Todos loe Santos, v·olverá son•
riente y coronado de gloria á comer en la mesa del dulce bogar las deliciosas golosinas del hana pixán.
**11.
Apenas muerto el niflo, t0Jae 1ae comadree de la ve•
cindad se disputan el honor de engalanarlo con loe más
vistosos adornos, se le corona de floree y ee le ponen alas
de papel plateado, se llena de floree frescas el féretro, y
en vez de rezaree preces y oraciones se entonan cánticos
religiosos, de esos que entre nubes de incienso y pétalos
de rosa alegran el templo ei:.. las hor8s vespertinas del
mea de María,
Mientras que las mujeres, limpias y engalanadas con
sus trajee egipcios, cantan y rezan al muertecito, loe
hombrea, reunidos en la pieza inmediata, graves y taci•
turnos, primero, como corresponde al espíritu de la raza,
y luego alegres y comunicativos, empiezan á beber sen•
dos vasos de anís, habanero ó cerveza, que loe empujan
al placer. Entonces la baraja y loe dados salen á relucir¡
toma calor el interés, se anima la partida, y viniendo á
la mesa de los albures loe veladores del difunto, llega
un momento en que éste, triste y l!lólo entre míriadas de
floree, mientni.s chisporrotean quejumbrosos los cirios
amarillos, parece que se despide con tristeza de un mundo en que la sota de ba9to9 6 el doble seis borran deJ co~
razón, aunque eea momentáneamente, loa sentimientos
dulces de la paternidad.

*
••
AJgun guitarrista ebrio preludia unas coplas melancólicas; golpea el amor á las puertas de loe corazones juvenilee1 retoza entre loe abanicos de las palmas dormidas
el viento tibio de la mar, parpadean loa astros en ese
cielo eternamente azul, y una explosión suprema de polena que ee desprende de flor á flor, de besos que ee
transmiten de boca á boca, de fiebres que arden con la
sangre y encienden el fósforo del cerebro, anuncian en
misterioso arrebato, que de la tumba del nifio muerto,
no solo surgirán loe brotes de una planta nueva, sino que
de eu último eoepiro iriete, ese suspiro con que se sepa•

Apuntes sobre el

LA NIÑEZ DE FIESTA.

PAGINAS NACIONAi.ES

$rila. Gila O'Gorman,
(DE M~XICO)

ran las almas de la tierra, ha brotado un efluvio de amores, precursor de candentes ftilicidadee y de existencias venideras, castas y puras como la que &amp;eaba de irse
en loe brazos del angel custodio.
EJ aire maneo y tibio, el cielo sereno y claro, muchos
aromas t.ropicalee, suspiros de palomas desveladas y gor•
geoe de ruieefioree despiertos, dicen que la vida palpita
vigorosa y eterna en la madre J1aturaleza1 que trasmite
sus energías l"igoroeas á todos loe que están en el velorio,
á todos, menos al pobre nifio, de cuyos ojos, ahora ce•
rradoe y sin brillo, acaba de brotar la mirada del amor
manos inmaterial y más int.enso, del amor que siente el
que viniendo del cielo' va para el cielo, y le inspiran dul•
ces ternuras y profundas abnegaciones las pobres alma!
que nos quedamos aquí en la tierra.
·

•*•

Luego, la aurora viene, se van apagando las estrellas,
parlotean loe pájaros en el nido y cantan impacientes
los gallos, sale del zureo la alondra, repica la esquila de
la torre y el muerteci\o se va .......•• lo llevan al campo
lleno de cruces y cercado, donde e~ sol relumbra mucho
de día y donde se reunen por las aoohee ioa buh(le para
celebrar en espantosa melopea las victorias implacables
de la muer~
· Al cortejo fó.nebre asisten los hombrea y las mujeres, cada novio con su novia, loe casados y loe viejos de•
tráe, recordando eue buenos iiempos y suspirando por
felicidades idas ......... idas ¡ay! para no volver, como
ese nin.o que pronto va á descansar en el seno de la tierra.
Blancos y limpios, como palomas bafladae, loe mestizos yucatecoe se agrupan en torno de la fosa abiena,
suspiran por el que se foé; y al volver al nido vacío, cant.an ese ca11to de alegría cristiana que deja mucho frío
en el fondo del corazón:
Suba, suba, sub&amp;
La virgen al clelo.

Y el nifio se fué¡ y acaso allá ea un rincón olvidado de
la cocina deeiena, alguna ,ieja tria~ ee esconde sombría
y muda y las lágrimas broian de sus ojos y ruedan por
sus mejillas-.
TOINO

Sepliembre de 1897.

Pocas veces EL MoNDo, nueeiro lloNDO, .o.o.
el que navega sin cesar.
por el piélago inmen$O del vaclo,
eino este rinconcito literario, :fi.loe6:fi..co, ari:íetico y político, que pesa mucho en nuestros afectos y cuyos humildes Atlas somos un grupo de
hombree de buena voluntad, ha eenUdo placer
semejante al que ahora experimenta repro•
&lt;luciendo en página eepecialmeate consagrada,
las fotografías de numerosos nifioe que tuvieron
su fiesta embeleeadora, en el Tívoli ,Iel Elieeo,
1 día 12 del actual. .
8
Las celebraciones patrióticas han mostrado
en esta vez entre sus mil entusiastas notas, una
nota profundamente gonmovedora y pa~ética:
Ja apoteósis de la infancia.
Mil rostros infantiles, divinamente sonrientes, fueron llamados á iluminar un día de goce¡
y acudii::ron todos; todos loe ángeles de loe hogares mexicanos ......... Pobres eran unos: arrullados en su primer suefio por el triste cantar
de la madre d~evalida, mecidos otros sobre el
plumón de la cuna de caoba, velada por ~lon•
dos cori:inajee de seda; pero unos y otros felices,
primero po1que la infancia e!I siempre dichosa
,,¡¡L.
y luego porque loe nifioa privilegiados alumbraban con el rayo de sol de e11 ventura la sombra perenne en que yacen loa nifioa pobres.......•
Llegaron á la fiesta loe nifioe ricos en peque.
fioe carruajes que eemtjaba11 eeas conobae-nacar de las hadas que arrastran las mariposas
en loe lagos azulea ........ .
Llegaron loa nifioa pobres por su propio pie;
más luego ae trocaron loe papelee y aquellos,
llenos de misericordia brindaron á éstos el
bienestar de eue carruajes liliputienses y la
pobreza infantil paseó eobre el plumón donde
la infantil ventura 88 reclinaba ....... ..
Oh divina fraternidad de la infancia que no
?Pconoce pri vilegiol!II Oh fusión encantadora
de nifiecee que se calientan al mismo sol!
Nos recuerda el eublime llamado:de Cristo:
Scínite parvulus tienire:ad me ....... ..
Dejad á loe nifioe que se acerquen á mí ........ .
y todos acercaron ese día eue 1abios pequefii$oe y ro-loa á la dorada crátera de la ventura ....... ..
Todos tuvieron su rayito de sol!
DOS RELIQUIAS ( I)

u na anticuada y fuerte
Ceriadura de hierros oxidados,
Un ataúd-el tálamo de muerteHe aquí loe dos objetos venerados
Que hacen latir con efusión loa pechos....
¡Simbolizan de Anáhuac loe derechos
Dos veces conquistados!
La cerradura fué la conductora
De eléctrica corriente, del acento,
Del verbo de la audaz Corregidora
Que encarnó en un momento
La Libertad, augusta y salvadora.
Por ella circuló chiapa fulgente,
Atomo de una aurora
Que iluminó de Hidalgo la conciencia.
y surgió de la Patria en el Oriente
Ya transformada en sol de independencia.
El ataúd sombrío
Nos recuerda de un rey las pompas vanas,
Mudo nos habla del sepulcro frío,
y hace evocar el drama pavoroso
Que purpuró con sangre Las Campanas.
Ese drarua grandioso
Que recogió la Historia
-La que todo en sus páginas abarcaDrama que al terminar nos dió una gloria
y qué gloria ......... la muerte del Monarca!
JUAN

B.

DELGADO•

{ll Del Album del Salón Histórico de Querétaro.

No es tan fácil, como se cree, l!IM imparcial y blnda.•
d.O&amp;G ouando se pierde alguna cosa.
.Alex Dumaa.

•*•

1..a dicha haoe mal en explender.

207

EL MUNDO

DOMINGO 19 de$EPTIEMBRE de 1897

Ravaaaor.

VIAJE ALREDEDOR DEL MUNDO, DE LA CORBETA "ZARAGOZA"
RECOGIDOS POR EL DOCTOR CARLOS GLASS. MEDICO DE LA MARINA MEXICANA.
37,000 ntllla.s sobre los .m.a.res.

Vista de una calle de Singapoure.

TERCER.APARTE
Por el océano índico
DE HONG KONC A
2,160 MILLAS

SINGAPOURE
MARITl ■ AS

I
RECUERDOS Á LA PATRIA.

Perdida la costa china cruzamos de norte á sur el mar del mismo nombre, diri•
¡_giéndonoe un poco hacia el oeste, para avistar las costas de la baja Cochinchina que
forman una saliente en el oceano.
Entre Pulo ceeir de tierra y pulo ceeir de mar: doe pefiaecosoe islotes al sureste del
cabo Jacquee, pasó nuestra Corbets la noche del quinto día de la salida, y como á las
diez p. m. se avistó el faro que indica la entrada al puerto de Saigon, (p.oeeeión francesa). DeedeaUí no volvimos á ver nada notable hasta eeie días después, cuando el
grito del vigía, de pié sobre el tope del trinquete, nos anunció tierra por la proa.
Once días de mar en el oceano de ~China ein un temporal, ee una ventura que no
contarán muchos marinos que frecuentan eeae aguas¡ sin embargo, ¡cómo ese mar profundo estrecho y surcado por fuertes corrientee, nos hacía preveer en medio de eu
'
.
.
•calma, lo terrible que eería en eue momentos de 1ral
La ola boba, segun la expresión marina, nos hacía balancear como si hubiera
tempestad.
Fastidiosa travesía aquella! El mar monótono y 109 moneonee cálidos y flojos, en
lugar de refrescar nos envolvían en eue ardientes rachas¡ además, como nos acercabamoa al Ecuador, el sol nos enviaba (en pleno invierno para n•1eetro México,) sus ra_y,:ie perpendiculares abrasadores¡ era aquella una atmósfera seca, ardiente, insoportable.
Finalizaba el ano de 1896 y á bordo bacfanee preparativos para festejar el afio
nuevo y brindar por .oue&amp;tra querida patria tan lejana. Ese día ee pasarla en el mar,
cerca de nuestros antípodas¡ casi casi, con medio mundo de distancia entre el barco
y Mé:iico.
·
·
Desde entóncee no se habló de otra coea que de nuestras familias y efectos, de las
callee de la población animadas por las fiestas de navidad, de aquel mee de Diciembre tan frío, de aquellas veladas y bailes, en donde nacen tantos noviaz~oe y ee deetruen tantas vidas de ancianos víctimas de la aguda pulmonía; y por último, de aquella
~oche en.que el mundo entero llena las iglesias y con la fé más profunda dá las gra•-ciaB é implora beneficios para el afio nuevo.
.
_
¡Cuánto recuerdo invadí~ nuestra mente! allá, _en el barco, tan distante, perdido
un átomo en la inmensidad¡ por fín llegó el esperado día y á las doce de la nocomo
. por la f ami·1·1a, por los a fectoe.
che tomamos unas copas de champagne por 1~ patria,
Al día siguiente, primero del nuevo afio, aun en plena mar, ee esperó fondear en
Singapoure á las primeras horas del 2 de Enero de 1897.
II
SINGAPOURE,

Singapoure forma la parte más meridional del ~frica, hállase á un grado eobre el
'Ecuador· isla prodigiosa y puerto del mayor comercio, es á la-vez uno de los más es-t;ratégico~ y seguros fuertes de la colonia ingleea.

Al Sur de la península de Mala ka, girón de tierra, especie de colgante arete queae
desprende de-la vastii. superficie del continente asiático, avanza hacia el oceano como
gigantesco tent.áculo de meduza cortado ó dislocado en su base al nivel del mismo de
Kra, futuro canal que la industria y el comercio abrirán en poco tiempo á la navega•
ción, para hacer más fáciles y cortas las distancias entre el mar de Bengala y el golfo
de Siam, ahorrando así lo meaos, unas cinco mil millas de rodeo forzoso.
Entre la costa interior de la Península y la isla de Vintan, un estrecho de poco
fondo y bordado por playas bajas, conduce al puerto, la costa aparece como inmensa
faja de tierra plana sin una elevación, sin un accidente¡ solo desgarrada por las siluetas de las palmas gigantescas 1 loe bao baos y mil otros ejemphree de esa importante
vegetación que cubre el suelo fértil, cálido y realmente_paradisiaco de ese cantan oriental, que ee una de las leyendas fabulosas y mausoleo de la obscura historia de nuestro
humano orfgen.
Entramos por fin al puerto, y á unas tres millas de la playa dejamos ir á fondo 188
anclas. Nuestra primer buena impresión fué ver fondeada á la frBgata austriaca ((Saida,n nuestra conocida de Honolulú, que terminaba casi su viaje de· circunnavegación,
que aun seguiríamos nosotros. Al pasar por eue flancos, dejaron oir nuestro Himno
Nacional. Figuraos ahora si arribaríamos con gusto á ese extremo punto del continente asiático.
III
ASPEGTO DE LA. CIUDAD

Atendiendo á la gran distancia que nos separaba del muelle, la lancha de vapor
hizo todas las correrías á tierra¡ la patente limpia nos proporcionó acto continuo, libre
plática, y así muy pronto descendimos á la costa; un muelle magnífico, el mejor de to•
dos los que habíamos visto basta entonces, daba acceso á la ciudad, desembocando en
el foco de su movimiento comercial activo y variado. Llenas estaban sus playas de
la mayor diversidad de tipos que habíamo!I encontrado antes, dietinguiénd:ise loe íira•
bes, loe armenios, loe judíos, los circasianos, loe chinos, loe samag y loe eakais, raza
esta última, muy semejante á nuestros indios de Tehuantepec, y según loe que co•
nocen la nueva Guinea, parecida aei mismo á esa raza del sur africano, distinguiéndose también loe oray ponton, raza de _árabes blancos llamados así en el idioma indu,
reato del primitivo idioma sanecrito, .o.ablado hoy solo por los encerdotee brahamánicos. Mezclábanee á estas razas loe de.yaks de Borneo, y una serie de tipos de variado
aspecto descendientes de la original mezcla de tanta raza.
Loe edificios suntuosos hacia la playa, iban poco á poco tomando el caracter de loe
diferentes barrios y mostrando sus hábitos: veíase al chino remedando á su asqueroso
país, al árabe edificando sus habitaciones de mampoetel"fa de gruesos muros, bóvedas
planas y puertas achaparradas de maderas cubiertos por toscas molduras: á loe da yaks
con eue jacalonee de palma, á los eakaia con sus ligeras cabañas de troncos de _faks, ee-pecie de planta trepadora que produce un delicioso fruto; y por último, loe elegantes
y confortables campanea, residencias de loe ricos y elevados naturales del país, hermosos edificios de madera entre un ja1dín cubierto por la má!I sorprendente vegetación india.
El vasto llano en que está situada la población favorece su extensión y su fácil repartición, que resalta de barrio en barrio, separados todos entre sí por parques inmensos, artísticamen~e cultivados.
Del lado de la playa está el paseo de la aris~ocracia, donde ee alza, esbelta y gracio•
tia, la iglesia de la ciudad, de estilo gótico1 y la primera erigida en Singapoare por el cé-

�EL MUNDO

ªºª

Muelle de botes en Singapoure.
Jebre Stamford R 1ffles, g.Jb:"roador prim Pro de Java, y un diplomático de peso, que
hizo por en influencia anexarse al R"'ico Británico la mayor par\e de las Indias, hoy
la colonia m:is rica qne posee la eobnbia Albión. Frente á la iglesia se yergue majes·
tuoea la eetá\ua del prohombre R9,fll~e, erigida allí por mandato del Parlamen\o In·
glée, en memoria de una de loe hombree m.ás insignes q i; e haya contado Inglaterra
entre eue colonos.
De allf, bajo bosques de eterna verdura, parte la vía que conduce al jardín bo•
tá.nico.

A la sombra de loe árboles de la canela, del clavo, de la pimienta, de la nuez moscada, del tamarindo y del árbol de la India, espécimen original que puebla un bosque
con una sóla planta, ocupando gran extensión de terreno, pasean .igiles cochecitos tirados por nerviosos po-11rys 6 p1:,r l,11eyu de lrt india y conducidos por kling (cocheros)
de tez y cuerpo bronceado, con sus turbantes rojos, sus palios azulee, eue piée deecalzo9, relumbrantes del aceite de coco con que embadurnan eu cuerpo.
Entre ese pintoresco vaivén de todas clases de ¡azas y vestidos, sorprende y reealta el aristocrático y erguido busto de herruoeas mujeres íranceeas é inglesas, vestidas
con telas vaporosas de la más fina seda y cachemira, arrogantes en sus landaue ó
victorias.
En general, las europeas residentes allí gastan el más soberbio lujo en eus casa@,
sus personas y sus trenes; de suerte que el paseo de la tarde desde el parqne baeta el
jardín botánico ee ve concurridísimo y ofrece el golpe de vista más pintoresco que
pueda uno imaginarse. Dd un lado el puerto y el mar que toca las costas de Java y de
Sumatra; del otro el pintoresco hacinamiento de casas en medio de verduras perennes,
donde cada árbol es un colo~o, donde cada planta graoil 1 rara, adcnirable 1 recrea co::i
su particular follaje y sus descomunales floreR de mil varios matices y perfumee.
En el azuló entre el espeso bosque agftanse parvadas de pericos rojos, de blancos
kakatuee, de negros corvejones¡ en el agoa de loe lagos nadan ligeros paWs, garzas y
aves acuáticas de $odos loe tamaños y figuras, y ascendiendo, descendiendo ó saltando
de rama en rama vénee ágiles y graciosos monos de todos loe tamaños, gesticulando y
corloreionaado.
En las calles no ea raro ver, lectoras mías, algún tigre de bengala eugeto de manos
y patas, guiado merced á gruesas argollas que taladran el tabique de eu achatada nariz, seguir como perro á loe cuatro amanzadoree que lo cuetodian 1 llevándole en el
centro. En mi vida había sonado encontrarme aef: á poca dietanoi11- de un ,igre que
no enuviera custodiado en su jaula.

DD ■ IIIGO 19

do stPTIEMBRE do 1&amp;g7

ras, ba~llones de monos domesticados, y todo ese grapo heterogeneo de gentes y debestias diecurre por las callee, se posa en las plazas, hace sus euertes, luce sus habili ~
dades, Y der,pu~.a colecta entre el público lo que á bien ee tenga darle. L1u noches son
tristes, todo se reduce á veladas en habitaciones particularee1 cuyo acoeso nos fué difí
cil ~b~ener; en cambio, aprovechamos el tiempo estudiando y preguntando, haeU. el
faet1d10, las costumbres de loe naturales, merced á buenos cicerones que nos guiaron
é introdujeron en las fiestas más íntimas de cada barrio.
Loe sakaie forman la raza originaria de la península de Málaka, y aun conservan
en mucho sus primitivas costumbres: de poca eJtatura y de color cobrizo: son de
aspecto bonachón, aunque irritados se convierten en verdaderas fieras: en sus riñas ee
muy raro que alguno de los contendientes no quede muerto sobre el terreno; la mujer
se hermosea llenándose de dijes, siendo el más significativo una argolla, comunmente de plata, que llevan colgada del tabique de la nariz, para lo cual se agujeran la ntriz con la pua de un puerco espín, que dejan en el lugar hasta la cicatrización del
agujero por donde debe pasar la argolla; en sus matrimonios usan loe novios raptar á
la prometida, haciendo para ello pruebas de habilidad, astucia y valor; loe hijos nunca llevhn el nombre del padre ó madre eiao del objeto en donde nacen; si debajo de
un lirbol llevarán el nombre del árbol; si en un bote llevarán el nombre del bote¡~¡
en~una choza el nombre de ella; asf es que ponen áloe descendientes el nombre de los
objetos1 como en el Japón el nombre de la9, flores¡ lo que aún me pregunto: ¿cómo po ,
drán distinguirse entre si tantos individuos con nombres iguales? ¡sólo ellos pueden ea•
berlol casi eiempreagregau al nombre el de algún defecto físico ómoral que loe caracterizn.
Su religión no es el brahamaniemo sino la conjuración de espfntJ.e con toda esu.
serie de mitológicas leyendas que hacen fabulosa y atractiva su religión.
Ahora vedles B[l sus pruhw-hotee ligeros de madera, aguaados de popa y proa,
planos ~e fondo y largos, muy largos, saliendo apenas del agu~, sin timón y con re
moa chicos de una pieza, que manejan hábilmente, dando paletadas alternativas á derecha é izquierda; atrevidos navegantes, como fieros montañeces se aventuran en alta
mar para dedicarse á la pesca, que venden mejor que aprovecharla ellos que eon más
bien frugívoros.
'
Lo particular, lo verdaderamente digno de atención es el bflrÓmelro que usan en
alta mar para conocer los malos tiempos y regresar violentamente á tierra, libriindose
del temporal.

209

EL MUNDO

DO ■ INGO 19 do SlPTIE ■ BRI do 1197

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Carro .'ffunlclpal en Slngapoure.

IV
NOTAS VARIAS.

Como en todo puerlo coemopoli\a hay allí diversiones, pero de estilo vario, eegún
008\umbre de cada país¡ empero no se encuentran ni loe bellos teatros, ni loe grandes
circos con su lujoso tono europeo. Allí se ve todo al aire libre: prestidigitador, ealtimbancoa, amansadores de fieras, elefantes sabios, juglares que manejan venenosas vfbo-

Como en China, salen de Singapoure grandes flotas de praltos á la vela, pero cada
uno l!eva una vfbo~a, boa, que cuidan y alimentan con esmero¡ en un depar1amento
especialmente destmado pa~a ellas, enroecadae , sin moverse, eguantsn la traveeía¡ per? Un luego como se an~nc1a un mal tiempo la víbora sale de su letargo, ee mueve an¡:uoea_ bascando un ref~g10 ó un hueco donde ocultarse; entonces el piloto del proJ, 0 •
previene su embarcación de largas velas y ee dirige á tierra¡ poco después y casi siempre estalla el tempo_ral, que á no d11darlo e11m ergirfa en eue aguas á la débil cáscara
del praho y á sus ir1pulantee.
Por más fab~loeo q_ue se crea este inteligente medio de seguridad, es fácil oonvencerse de su veracidad si se observa que todos los animalee,_eepecilamente los repti
lee, se ocultan en sus madrig·~erae á la aproximación de Wdo mal tiempo.
A~o~ ef, Jeo~ras amables, voy á mandar en elegante eequela una invitación para
que as1eta1e cQnm1go al hotel del Lujo en Sing11,poure.
Han llegado al puei:w cuatro vapores m~rcantee: uno viene de Austria, y en eu
trayec~ ha tomado pasaJeroe de todas las islas de 0Jeanfa; otro acaba de llegar de Enr?pa, v1ene_de Marsella, Y irae pasajeros de Nár,,olea. Bn celona, Brindici: ha pasado
,', tirz , y debiendo recalar en B:,mbay no en,ró al puerto por la peste negra• otro viene
del ~tbo, del ~~r de Africa, Y va al J .t.pón; y otro, de la línea Vancouveri, acaba de
tderm1Dar su ~taJe desde el CJ.nada, y ae¡nirit ha:1ta B:inl ici, en Italia¡ además, hay
os cruceros 1~g1eses, uno francés, un austriaco y tres trasporLes rusos quo llevan tro·
pas para Vl~d1vostoc, puerto de la Siberia; aivertiré que todos estos vaporee son de
graa_tonelaJe y que k&gt;doi sus camarotes e:1~n o:mpaio3¡ aef es que hay multit.ud de
paeaJeroe de toio el orbe, reunidos allí por 103 a'.larae del viaje en un sólo puerto: la
mayor parte gente acaudalada así como también nueva como nosotros allí.
Son las cuatro y media de la tarde y ia brisa empieza á refre3cu la atmósfera las
calles despiden un agradable olor á tierra mojada, acaban de regar el piso y loa par¿uee
que forman las aceras; loa muelles están llenos de hipócritas judías que ofrecen á to·
do el mundo con insistencia cambio de moneda pero se cuidan baetan\e de Ja mirada..
torva del gendarme inglé.:1 que no lee pierde de vista.
( Om1 inua rá ).

Ylsta de la Babla y tren funJcular de Hong Kong.

Corazón de sacerdote. POR H.

s.

DE FORGE.

ILUSTRACIONES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES.

Número 8.
Es verladeramente conmovedor, exclamó en un momento dado ta eefiora Jouvenot, ver, después de tantos
ailoe revivir entre el ,eüor de Sennevaux yeleenor abate,
eea vivacidad de afección. 8e dirían dos hermanos, y lo
que hay de más origioal en su similitud de pensamiento
en todoe loe aeuntoe. Creo oir al uno cuando oigo al otro.
Y ein tmbargo, me caracteres eon tao diferentes!
-Desengaüaoe, eel1ora, reeponi:lió R?ger, aún cuando
no fuésemos a1.0igos de infancia, nuestras profesiones harían de nosotros cai.naradas. Sacerdote y soldado, los dos
somos combatientes, cada uno á su manera. Nueet.ni regla suprema no es acaso igualmente la d!eciplina, la ah•
negación, el sacrificio?
El día se pasó rápidÓ y encantador. El señor Jouvenot, llegado de París por el tren de los hombrea de negocios, fué iumediaia-mente conquistado por el capUán que,

visitando sus cu:idrae, apreció como fino conocedor un
par de caballoe comprados recientemente y en realidad notables. La eefiorita Lariviere no qnitaba sus ojos
del visitante y ee preguutaba si el alma de R:-&gt;ger no era
má.e hermana aún de la suya que la del abate.
Un general retirado, vecino de campo, fué á comer.
Había conocido un poco al coronel de S:mnevaux y habló
de él en términos conmovidos, fuJ este un nuevo lazo de
uniún entre las dos familias.
En la mesa interrogaron áR 1gersobre Argel el Tonkin,
el Senf'gal. El respondió ein baceras del rogar, con una
palabra ardiente y llena de colorido, sabiendo dar la impresión de la cosa vista y sentida.
El general intervino ......
-En vuestros hermosos relaWs, mi querido capiU.n,
os babeia ohidado de vos mismo. Eso sienta bien á

vuestra modestia. Pero voy á supliros. La alegría de
nosotro@, viejos inválidos, es seguir de lejos las empree-ae
de loa jóvenee. Yo sé, por ejemplo, que cercade Bac-Lé,
un cierto teniente de epahis, encargado de conducir una
columna de caballería, habiendo oído á lo lejos, sobre la
izquierda ruido de fosilería violPnta, tomó resueltamente
la iniciativa de marchará toda velocidad y cayó sobre la
retaguardia de una fuerte par da enemiga que diezmaba
á doscientos soldados de infantería de marina. E!tos
fueron salvados. No se verdl\d, capitán?
-Sí, mi general, una casualidad, un azar.
- Y una acción digna de vuee,ro padre, mi querido camarada.
Prodújoee entonces un silencio conmovido en que to•
das las mira tas se fijaban en el joven oficial y en las
grandes peataftas sedosas de la eetiorit.a Jouvenot algo
lué , lnillar dulcemente.

�a10

El triunfo de Roger fué completo. Se hubiera podido
medirlo por la cólera de Adalberto, por el aire visible•
mente satisfecho del eeflor J ouvenot, por la alegría exhu•
berante de eu mujer. Por la emoción de la sefiorita Lariviere, por la sonrisa feliz de la Sra de Sennevaux, y acaso
también por el silencio significativo de Lucila?
Cuando el capitán dejó el cagtillo, sentía.se conquistado
más aún que conquistador.
Porqué, pues, en medio de la alegria general, otr'
frente que no era la de Adalberto, parecía reflejar un ín•
timo sufrimiento? Porqué Pablo retirado á en cuartopermanecía de codos largo tiempo en en ventana, contempla.oda el cielo resplandeciente donde erraba, mela a•
cólico eu penesmiento? Un euepiro de inexplicable
tristeza se escapó de eu oprimido pecho; un extrailo ma·
leetar moral lo invadió; cuando ensayó rezar, su corazón
permaneció cerrado, su boca permaneció muda1 y sin.
tió de pronto que .se le subían las lágrimas á lue ojo e.
Algunas veces, en un hermoso día de verano, el hom bre menos accesible á las agitaciones nerviosas, ex peri•
menta súbitamente una angu1::tia fteicaintolerable. Todo
su ser sufre sin que pueda asignará su dolor ni un punto
preciso, ni una causa determinada. En el horizonte apa •
rece una nubeCi!la que bien pronto avanza, engruesa, se
ensombrece y estalla de pronto, descargando con estruen•
do la electricidad de que se halla saturada. Esa pena
inexplicable era causada por la aproximación de la tem·
pestad.
Pablo experimentaba una sensación análoga. Toda su
alma gemía sin que comprendiese porqué. No había habido mas que razones para alegrarse en aquel día. Había
vuelto á ver ii su amigo de la infancia; babia vuelto á
eucontrar su afectuosa altivez¡ babia gozado como hermano de un éxito que él mismo, desde hacía largo tiempo preparaba. Y se sentía aniquilado, tenía miedo de
11n peligro desconocido. Su aghado suefio, estuvo poblado, ya de aparicioaes blancas, divinamente sonrientes,
ya de fantasmas monstruosos. Cuando en la mafiana
volvió ii sus diarias tareas, el trabajo le pareció sin encanto. No supo qué responder ii Lucila, que le pedía una
indicación literaria. Una creciente laaitud se apoderó de
su espíritu y de su cuerpo; habría querido estar lejos,
completamente solo, no oia ya nada, no veía ya nada, y
si por momentos tomaba de nuevo posesión de su penea•
miento, era para proponerse una pregunta que se quedaba sin respuesta: Porqué estoy yo atü?
Después del almuerzo, la sefioraJouvenot llevó al aba•
te al parque y trae algunas palabras trivjalee á. guisa de
preliminares, le dijo á quemarropa:
-Vuestro amigo, el señor de Sennevaux, es verdaderamente un hombre ideal. Nos ha parecido al sefiorJou•
venot y ii mf, perfecto bajo todos los puntos de vista.
Qué edad tiene justamente?
-Puedo precisarlo, sefiora ......... El señor Sennenux
tiene exactamente seis meses menos que yo 1 y yo voy á
cumplir treintaiun años.
-Sí.... ..... perfecto..... . perfecto, con un hábito
del mundo ......... y un lenguaje, y unas maneras ......... é
ideas elevadas en todo; como las vuestras! Loe Sennevaux tienen una gran fortuna, no ea esto?
-En este punto soy el menos competente, aefíora, pe•
ro así lo creo sin embargo. La sefiora de SennElvaux es
hija única. Su padre usaba un gran tren en Ganneville.
Yo no creo que el padre de Rogar haya sido personalmente muy rico; pero á juzgar por el estado de la casa
del eefior de &amp;nnevaux tanto en Paria como ~n su caeti
llo, estimo que la fortuna de la familia ea muy seria.
-El eefl.or de Sennt,vaux es un oficial de gran porvenir, nos decía ayer el generall Parece lleno de cuahda·
des. Estas son reales, verdad? Vos que lo conoceie desde la infancia, sinceramente, decidme, sefior abate, ea
todo lo que parece y nada más que lo que parece ser?
-Yo os he hablado frecuenteme.ate de mi amigo, seflora y vos pudisteis juzgar ayer que el n,trato era infe•
rior al modelo.
-Dios mío, Sefior abale yo no eé por qué insisto sobre este asunto ..... ....voe sois nuestro amigo ......... Soia
como de la familia ... ..... .Por que no hablaros francamente? Si acaso aconteciese que ... ...... muy pronto ......... en
fin, creeis que el eeflor de Sennevaux Eería un buen marido p&amp;ra Lucila? ......... Yo os conjuro, decidme lo que
peneaisl
-Pienso, eefiora, que un matrimonio semejante sería

EL MUNDO

una bendición de Dloa para vuestra hija como para mi
amigo.
Pablo pronunció estas palabras con una voz firme.
Pero brnscamentie, el velo que le ocultilba á si mismo
el secreto de su corazón acababa de deegarraree. La luz
se babia hecho. La turbación que desde la víspera
llenaba su alma estaba explicada. Había creído hasta
entonces no ser más que aacerdote ......... Reconooió en
aquel momento que era hombre y que amaba ..... .
Volvió al castillo, subió á su cuarto, y cayendo de rodillas, se echó á llorar.

X.
La desesperación de Pablo ante esta revelación fulminante de sus sentimientos íntimos no comprendidos en
tan largo tiempo fué inmensa y le rompió el alma; desee·
peración de sacerdote escrupuloso á quien toda su vida
desde hacia cuatro años le pareció repentinamente culpable; desesperación de hombre que veia hundirse para
siempre su ventura, en el momento mismo en que se daba cuenta de que esa ventura existía. No recurrió ii loa
engaños subjetivos; vió la verdad cara á cara y fué esta
verdad la que le arrojó en un abismo de desolación.
El amaba· á i.:.na mujer, él, sacerdote, tan cerca aún
del día en que pronunció sus sagrados juramentos, pres•
tadoe con una fé tan profunda, con una sinceridad tan
leal, con una voluntad tan resuelta, que le prohibía las
afecciones terrestres; y la amaba con todas las fuerzas
de su ser, con todos loe ardores de su corazón virgen.
Y ahora veia claro! Siempre había amado á Lucila,
desde la primer hora en que la había vi9to aparecer como una visión celeste que con su sola presencia disipó
sus inquietudes de entónces. Ah! porqué no huyó ese
día? Porqué Dios no le permitió leer en sí miemo? Pero
habían pasado cuatro afias en una completa ceguera,
cuatro afias durante loa cuales se había dejado enlazar
por lazos invisibles, cada día más estrechamente anudados!
Lucila estaba en todas sus acciones, en todas sus palabras, en todos sus pensamiento!!. Cómo lo comprendía
ahora!. .. ...... Aquella abnegación por toda la familia,
aquel celo que le animaba y por el cual bendecía á Dios
que se lo inspiraba¡ su ardor para el trabajo le venía de
ella y ii ella tenía por fin: pc,rque para mfljor instruirla
á ella se instruía él mismo.
Habrian sido tan vivos sus transportes generosos, si
no hubiese ella participado de ellos? Cuando él multiplicaba sus visitas á la pobrería, era solo la piedad la
que le incitaba?
No era también la presencia de en compafiera? Cuando en la iglesia sus plegarias se elevaban á Dios tan fervientes, no era acaso por que otra plegaria se mezclaba
á. la suya? Por donde quiera y siempre, en todos sus pensamientos y en todos sus actos, encontraba la influencia
constante de Lncila.
En su alma relig:osa, delicada y triste, esos recuerdos,
esos sentimientos se oprimían, se atropellaban, se transformaban en remordimientos desgarradores. Heríase el
pecho y murmuraba: Perdón! perdón! Después, de
pronto una calma sucedía á la crisis y reflexiones coneoladoraa iban á apaciguar su conciencia. De qué era él
culpable en suma? Acaso habfa penetrado jamás al
más íntimo repliegue de su corazón un sent!miento malo? Acaso ese amor puro, ideal etereo, estaba prohibido
á un sacerdote? .. ... ... .
Entraba en realidad en él, algo de humano? Ay! sí,
puesto que lloraba y que eue lágrimas no eran lágrimas
de arrepentimiento, sino-lo reconocía con espanto-Jiigrimae de pena y de dolor, y también-que vergüen•
za!-lágrimsa de celos!.. .. ..... El celoso ......... Y celoso
de Roger, el amigo de su vida, de Roger, cuya ventura,
ahora se daba cuenta de ello, había empezado él mismo
ii edificar con sus propias manos.
Entonces sintió dentro de sí una rebelión. Porqué
había de estar él divorciado de la vida? Cual era pues
esa ley bárbara que arrancaba su corazón al sacerdote,
hombre como los otros, y le prohibía para siempre los
amores legítimm1? Qué mano tiránica era esa que quería
reemplazar con una ternura sobre natural y mística todas las ternuras humanas creadas por Dios y borbotantes en una alma ardiente y juvenil? Locura en verdad
fué la de esos ancianos que reunidos un día en concilio,
decretaron que toda una clase de hombres eelarfapriva-

DO ■ IIIGD 19

de SlPTllMBRE de 1197

da del primer derecho, de la primer necesidad del hom...
bre. Acaso los primeros padres de la Iglesia no eran casados? Acaso los primeros apóstoles no habían afirmado
su fé y conquistado las palmas sagradas del martirio rodeados de sus mujeres y de sus hijoe? Tantas ternuras
que la Iglesia durante largos eigloe había honrado y
aun alentado, y después al menos tolerado, porque las
prohibía á los levitas de ahora rehueándo]ee su puesto
bajo el sol de la ventura? No habría podido él también,
ver desarrollarse ante eus pasos toda una vida de felicidad donde Dios habria reinado sin que fueeea destruidas las nobles y tiernas afecciones del corazón humano?
El infortunado experimentaba indecibles torturas.
Arrancarse á Lucila del pensamiento en~ un esfuerzo
que eobre pasaba á su valor; lo necesitaba ei11 embargo;
era su deber de sacerdote y su deber de hombre honrado: pero era también un espantoso desgarramiento. Todo se derrumbaba en él, las alegrías de su vida presente,
las esperanzas de su porvenir y hasta el orgullo de su
pasado que él creía intacto y puro delante de Dios y que
sus remordimientos e:xajerados le moetraDan criminal.
La firmeza de sus creencias que jamás habían subido el
menor ataque, se extremecía al contacto enervante de
la duda y viendo cómo ee había engañado á sí mismo
perdía la fe en ef, esa fuerza de loe fuertes.
Fué una crisis desoladora, un drama secreto, íntimo,
aterrorizador. Con la cabeza entre las manos que inundaban sus lágrimas, ya oía en sí mismo una voz aballa•
dora de dolor que gritaba : urebeHón!n ya subía de su
conciencia como un canto religioso: uobediencia y sumisión In Atravesaba por uno de esos momentos terribles en que una alma se eneombrece para siempre si no
sale victoriosa y para siempre inquebrantable.
Dios tuvo piedad de él : extendió su mano sobre ese
ser tan honrado y tan infe~iz.
Levantando loe ojos Pablo distinguió dos imágenes.
La una era el crucifijo, símbolo sagrado de la caridad,
yendo hasta la inmolación, y le pareció· que el Cristo,
inclinado hacia él le repetia las palabras de los santos
líbros:
c(Si quereie ser mi discípulo renunciad á vos m;,smo ... .. .
si quereie reinar conmigo, llevad conmigo la cruz ..... ... .
Soy yo quien levanto y quien salvo á los que gimenn La
otra era el retrato de Marta, cuyo dulce rostro sonreía
melancólico y gracioso, y, como en su infancia, la reli•
gión tomaba para él las facciones de au madre, en una
alucinación, Marta, transformada en una figura ideal,
le pareció la personificación radian\e del sacrificio reaig•
nado.
Apoderóse de él una necesidad iuesistible de correr
al lado de su madre, de arrojarse en sus brazos, de sentir más cerca su reconkrtante influencia, de escuchar sus
consejos.
Cuando llegó cerca de ella apenas tuvo necesidad de
hablar para ser comprendido. Desde hacía largo tiempo sabía ali.a la verdad que Pablo ignoraba: Desde hacia largo tiempo esperaba esa criaie inevitable y fatal.
Cuantas veces no gimió de Eer impotente para prevenirla!
-Llora en. mis brazos, hijo mío, bien amado, respondió ella á la confesión de Pablo. Desahoga tu dolor
en m1 corazón como lo hacías en otro tiempo, en las penas de tu infancia. Pero no te desconsueles ni te abatas.
Sufre, pero revélate valiente y fuerte. No, tu no eres
culpable!. ........ No hay pecado c11ando se ignora lo que
se hace ........ .
Está seguro de que otros como t,Ú han conocido tor•
mentas semejantes, y han dominado eu amargura con
un supremo esfuerzo de valor y de honradez. Vamos!
Yo he conocido una mujer que, como tú, amó con todas
las fuerzas de su corazón y con toda la inocE:ncia de su
puteza. Pero como tú, no tenia ella el dtrecbo de amar.
El dfa en que lo comprendió, apartó de sí al que la amaba y se encerró en el deber donde haencontrado la calma y el consuelo. Hace ya muchos años de eso! Jamás
eea mujer ha vuelto á ver á ese hombre, jamis ha te~ido noticias suyas. Sabe solamente por el r.umor público
que se ha mostrado digno de elJa y ha dadc, su vida valiente y honrada, á la ciencia que ha enriquecido con
sus descubrimientos. Y esta mujer, feliz ahora, ha conquistado por su renunciación el derecho de acordarse,
con dulzura y alegria suprema, del deber cumplido.

( Continuará).

PAGINAS NUE:VAS

LA PARCELA
Novela en prensa de José López Portillo y RoJ•••

FRAGMENTO

Roque con las manos atadas por detrás de la
palda. Montáronh, en un caballo flaco y pereeo que apenas se movía, el cual era llevado del
ronzal por uno de loe gendarmes. Al salir del
lpueblo avanzó el grupo silenciosamente por el camino
real, ob1:curíeimo y desierto á aquellas horas. Estaba el
-cielo eneapotaJ.o, gruesos nubarrones se levantaban por
el oriente y cubrían el ·cielo con negro capuz. Rugía el
trueno á lo lejos y repetíale la siena de hondonada en
hondonada basta el lejano horizonte. Parecía que la tie•
rra y la alt.ura habían entrado en combate, dirigiéndose
los disparos de au artillería misteriosa. Dibujábaee á cada
ine\ante el zig-zaa del rayo sobre la negra superficie de
las nubes, como herida sangrienta en el rostro de la tem·
peetad; y el mundo envuelto en la sombra, iluminábase
breve instante con eléctricos resplandores. Caminó la
-0~ravana algunas leguas en silencio; más viendo que la
-tempestad se aproximaba, acercóse el sargento á. uno de
los soldados y le dijo por lo bajo:
-Ay viene la tormenta, aqui estamos bien.
-Si, ya hemos camie.ado como ocho leguas y no hay
ninguna al roa por el ca mino.
-Pos emoncea vamos acabando di una vez el quiba~
-cereito; con eso que nos devolvemos pal pueblo.
Ea lo meemo que digo, repuso el soldado.
-Pos anda, ya sabea lo que tienes que hacer, ii ver si
Ja traga. Yo me hago que no miro, me quedo aHáa.
-Voy, pues, á Vtff qué sucede.
El soldado se acercó á Roque.
-Qué hubo, aroigoT le diJo . ¿Cómo la ha pasado?
-De todos loe diablos, amigo. ¿Cllmo quere que me
vaya con estos mecates? repuso et prt:so.
-Sf, •debe ir muy mortificado. ¿Qué no quera fumar.se un cigarrito?
Amigo, ni modo ¿no ve que voy trincado?
-La verdá., le voy teniendo lástima. Hora verá. lo que
.hacemos. Al cabo el sargento se quedó a&amp;ráa y no noe obberva. Lo voy á desamarrar pa que de una deecanaadita.
-¡No sea que lo vaya á ver el sargento! Mucho se lo
.agradezco; pero no sea que nob mire.
-No tenga cuidado, al cabo está muy escuro.
y el soldado se inclinó y desató el nudo que sujetaba
las manos de Roque.
-Dios se lo p&amp;gue, amigo, dijo éste extendiendo los
brazos hacia delante: venia ya muy caneado. Pero, dígame ¿por qué ,iene laa manos tan fríae? ¿Es~á. resfriado?
-No tengo nada. Es que el aigre está muy húmedo.
-Oon que tenga el cigarrito; Aquí está la lumbre ...... y la
rienda.
El confiado Roque compuso el cigarro y lo prendió en
-el mismo fuego del que fumaba el soldado. Y siguieron
con versando. Después de un rato de hablar de cosas in·
diferentes dijo el gendarme:
-Hombre, amigo, ueté me simpatiza1 y me da láe~ima
-que l..&gt; vayan ii sumir en la cárcel.
-¡Qué remedio, amigo! Algún d[a saldré ¡al cabo no
come gente!
-Güeno; pero siempre ea una atrocidii estar precioso,
:y sabe Dios por cuanto tiempo. ¿Por qué no se vá? Yo
roe hago el disimulado y ueté corre. Disparo al aigre. y
uaté se roete al campo, y ni quien lo jalle.
-No me animo, no sea que me vayan á dar un plomazo.
-No tenga cuidado, yo le ayudo.
Cayó el infeliz en el garlito.
-Me lo dice con seriedá? ¿no se canea?
-Se lo digo de veras ......... no más haga el ánimo.
-Pos usté dirá á. qué horit.a.
-Pos ya ....... .. ¡parta carrera antes que llegue el ear•
.gentol
Soltó Roque la brida al jamslgo y le estimuló con golpes de talonea en loa ijares; pero apenas consiguió que
,tomase un galope torpe y acompasado. Habia adelantado uaos cuantos pasos, cuando sonó una detonación ii la
•espalda, y una bala pasó rozándole el ala del aombrero-¡Ah jijo! murmuró, pos erogue este cristiano me ha
tirado á dar.
y por instinto procuró meters3 en el campo, á un lado del camino, para ocultarse entre los matorrales. Pero
no tuvo tiempo para nada. Por más que estimulaba su
-caballería no salía de su galopito. Oyó tropel cercano de
-caballos, y sonaron varias detonaciones. Eatoacea comprendió que había caido en una celada y que iba su vida
-.de por medio. Llevado por PI instinto d ~ la propil\ con-

211

EL MUNDO

OO ■ IIIGO 19 de SEPTIEMBRE de 1&amp;07

cualquier otro &amp;gujero pero que él llama 11cavernan ó un
simple chorro de agua de riego, que él denomina ucascada.,,
Otro, por el contrario, se ingenia para despreciar todo
lo que vé.-Veinte veces habréis oído esta frase:
-Babi he visto mucho mejor q11e eeoi
Y cuando estáis á punto de visitará Espa:iia, él apro•
vecbará todas las ocasiones de alabar általia 6 ii Holanda.
gi por libraros de estos tipos oe dirigía á otros grupos,
fatalmente caeréis en medio de las eternas diacusiones en
b,a cuales tanto se complacen loe excursionistas:
COMPAÑIA OE VIAJE
-A mí no me guata aiao el mar!
-Yo prefiero la montaña!
-Qué montafia, ni que montaña .... ..... la montaña es
. 1:i.: ha dicho que el hombre ha nacido para vivir
·. en sociedad, y que le es grato siempre estar en. siempre igual. ....... .
-¿Cómo dice usted eso?......... los aspectos cambian á
tre sus semejantes.
Quisiera creerlo, pero os desafío á que haga.is nn cada momento ........ .
-No tanto como el mar! ........ y luego el flujo Y reflu•
viaje en compañía de muchas personas, sin que inmediatamente la diversidad de gustos ó de manías no baga jo que ....... . .
O bien de este otro modo:
armar en guerra á loa unos contra loe otros.
No ea cierto que es más fatigoso subir que bajar?
¿Por qué? -¡No lo ,él
-No me ¡:,e rece: cuando bajo me duelen las rodillas.
Acaso habeie tenido ocasión de ver que el hombre más
-Pues á mi me duelen las piernas cuando subo.
pacífico se hace un compañero feroz desde el iostante ea
que compra el billete y sube el w 1gón.
•••
No hay duda que cuando se vi&amp;ja con num~rosa com•
Sean cuales fueren las circuoetancias, él necesita un
rincón-el más c61J1.odo-y no soporta que ningún im• pañía ee puede gozar de libertad relativa¡ por lo menos
portuno tome aeieoto á su lado en el mismo sofá. No ha hay variedad en loa disgustos; mientras que si uno tiene
comprado sino un asiento pero necesita dos por lo menos. un solo compailero y este no ha sido bien elegido, el suLanza miradas airadas al vecioo qcte sube el cristal, ó plicio es inevitable y de cada instante.
Ea el afio anterior recorrí la Suiza con un amigo, homque baja la romanita¡ eatira las piernas y las abre cuanbre excelente pero terco que teúfa dos manías, que al ca•
do puede sin respeto ii nadie¡ bebe ii grandes tragos en
el pico de la botella¡ come con loe dedos, y ronca cuando bo me las hizo aborrecer . .Pretendía conocer el tiempo Y
por nada de este mundo me dejaba llevar el !)araguas
duerme.
cuando
su reumatismo se le fijaba en el pie derecho.
No queda nada del hombre culto que orJ.inariamen·
-Sef\al
de aeg_uia-decía élte es.
y Dios sabe las veces, que me he empapado cuando '•
Veamos lo que pasa en loe hoteles, especialmente en él le dolía el pie derecho.
L1:1 otra manía era no querer preguntar cual era el ca·
loe de primera clase que son los más frecuentados por la
mino.
S3 van.agloriab.i de tener el instinto mis admirable
mejor sociedad:
para conocer la topografía de todo lugar-Cuando estáDdsde el primer dta los pensionistu, en toda~ las cuee·
tiones se dividen en dos campos de adversarios irrecon- bamos más apurados en un camino ó en un boeque, saciliables: los que se leva utan temprano y los que se acues- caba el plano, consultaba con gravedad la brújula, eeentregaba á cálculos múltiples ........ . é infaliblemente nos
tan tarde.
extraviábamos y llegábamos al hotel á. media noche des•
Acosan al dueño del hotel, todas las 1m,flanas, con que•
pués de haber corrido veinte veces el riesgo de romperjaa airadas:
-¡Sefi.or, esto ea insoportable! El ruido que hacen esos nos la crisma.
Yo soportaba estoicamente estas contrariedades; pero
eefiores que caminan sin precaución, con zapatos y taconeando, me tiene sin dormir desde las cin'J0 de la maña• un día le vino la idea de comprar una varüa con regatón
na-Se siente su voz, loa gritos, y h!f.sta el golpear de las de hierro, y su placer consistía en ir picando con la punta del bastón las hojas y todo cuanto á su paso encontra•
puertas por Jonde pasan!
ba basta que logró alcanzarme un callo!
-No se puede dormir en esta casa! En el piso sobre
Dí un grito d~ dolor iatenso y quedé cojo cerca de dos
mi cuarto .aan comido y bailado hasta después de m9dia
meses.
noche. Prnvenid á esa gente que yo he venido al hotel á
· Ddede entoncee tomé la resolución de viajar siempre
descansar y no á seguir la vida de la ciudad!
13010.
En la mesa ae suscitan otras querellas no menos acaloNo llevo ni un perro .
radas entre el partido de los que ah,nten mucho calor, y
ALBERTO LA.DVOCA.T.
el partido de loa que temen á lM corrientes de aire:
-Mozo! Abra esa ventana, que nos ahogamos!
-P&lt;:Jro hombre, cierre usted la ven~na porque está
Al, FIN- •••• ,1
uno expuesto ii pillar una pulmonía.
y la cuestión del menú no deja de tener su importancia.
Triunfador sin laurel, martir sin gloria
y fatigado de la brega impía,
-Arroz todos los díasl-dice ua pensionista.
Al conocerte hallé que todavía
-Ah! torticae rellenas en lugar de arroz, suspira otro;
E::1taba en blanco el libro de mi historia.
ya no puedo soportar¡ acabaré por cambiar da restaurant,
No fué dicb.a mi dicha transitoria
•
Ni fué desgracia la desgracia mía,
•
:Sonámbulo gozaba y p9.decía,
¿Se trata de partir en excuraión? pues os compadezco
Me despertaste: ¡ tuya es la victoria!
si no tt:inéie el valor de ir solo con un b:1,stóa por compa•
Da m lado apartarme no consigo
fl.ero, porque el vLije en b:1nda os resdrv,rá ro ü dd ua:t.
Sin que me inva~a el frío ~e la mue!te,
sorpresa ingrata y ºª~expondrá á muchos percances.
Tu s1 que eres m1 amor¡ Orne es ~eot1go!
Y fdiz con mi yugo y con mi suerte,
El solo hecho de organizar la marcha ea más incómodo
Ya ~é lo que es placer: vivir contigo ...... !
de lo que parece: unos, siempre adelantados, reniegan de
Ya sé lo que es dolor: dejar de ven;e!
los q1,1e hacen esperar; otros, eiempra atrazadoe, llegan de
J A ,· rnR SANTA ;\lARU..
mal humor por loa apuros de última hora.
Septiembre de 1897.
Hay individuos que siguen la teoría de que en viaje
debe llevarae lo estrictamente indispeosable: una camisa
. ANACREONTIOA·
y un par de medias, y nada más. Eu efecto, seria mag•
(VEaS[ON DEL FRANCE~ POR JO~E GARC(A RODRIGUEZ)
nffico, si estos amables compalleroa teóricos no fuesen
luego á pedir, como lo hacen siempre á todos, cuanto lee
T"ma 1 cincelador, el áureo bloque;
falta y que juzgaron supérfl.110 y embarazoso.
l.lá,i no ejercites tu destreza en vano
Q;ros, á la inversa, pretenden que es mejor viajar con
CJnvírtiéndole en puño de un estoque
todas las comodidades; y al efecto, obstruyen el ·paso oon
Que eleve al corazón airada mano.
sus grandes maletas, y con sus mantas y cobertores acaTórnale en vaso cincelado y fino
loran á loa vecinos que son en definitiva quienes cargan
Que produzca a.l chocar sonido leve,
:b:a que de áureo color se tifia el vino
con su pesado equipaje.
y parezca wás du!ce :t quien lo pruebe.
Si vais por un bello camino y aloand'.a á ver a~go que
Grbáale en torno las redondas cubae,
os llame la atención, apuesto ii que no podéis gozar tran•
Y loe zagales en alegre coro,
quilamente:
Que hacen, piaaudo las doradas uvas,
Un aefior se admirad~ todo, y va por do!lde quiera
Brotar bajo sus pies el mosto de oro.
maravillas incomparables, y á cada paso se desborda y
Vuelvan de nuevo á la campifia amena
salta de entuaiasmo:-1\fire usted ese ar bol.. ....... pero
Eros, Venus gentil, los Himeneos,
¡ Las mozas, coronadas de verbena
qué arbol:-míre usted aquél hongol.....:oh, qué hongo!
y henchido el corazón por los deseos!
Las cosas más insignificantes le exaltan, y os obliga
Sepetiembre
de 1897.
LECo::-.'TE DE LISLL
á que os detengids á ex,minar un agujero que ea como

aervación quiso echar pie ii tierra para buscar algún escondite; pero ya era tarde. Loe gendarmes estaban sobre él haciéndole fuego con sus Remingtona.
-¡Jesús, ayúdame! ¡Madre mía, acompáfiamel dijo
con el pensamiento, y cayó atravesado por tres balas;
dos le hirieron por la espalda salietdo por el pecho, Y la
fercera le entró por la nuca.
Jost LóPEZ PORTILLO Y RoH.s.

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•

•

------

�EL MUNDO

DOIIIIIGO 19 de SEPTIEMBRE de 1197

2IJ

EL MUNDO

DOIIIIIGO lg de SlPTIEMBRE de 1897

LA MODA.
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Trajes para niño~.

Ea que siu pensar en ello directamente, ellas van
á moetrar un nuevo lado ile su corazón, el que más
aman tal vez.
Han sido útiles todo el d ía, y van por la tarde y los
días de fiesta á mostra rae amables y contentas.
Han trabaj.ido toda l&lt;l semana, y van á recc,ger, durante el descanso del domi ..go, el frnto de su trabajo, viendo más amable y risuefio el rostTO de su madre, meaos preocupado y rnnriente también el rostro
de su padre, á quien procuran hacer olvidar sue mo·
ti vos de inquietud.
¡Oh! qué bien lla!Iladae son esas hora~, horas &lt;le

TRAJE DE PASEO

Hermoso traje de fular azul claro con impresiones
de oro. Talle &amp;justado; sobre su delantero está figurada uoa blusa de encaje, y encima una torera picada,
de fular, con anchoa entredoeea en el borde. Mangas
ajuatadae con bullón muy alto. Cinturón de liatón oro.
Sombrero de paja de seda con grandes plumas cres•
paa y adornado con punto y una gran rosa que cae
sobre los cabelloe. Guante muy claro.
TRAJlS PARA NIÑOS.

solaz!

En ellas el espíritu no está contenido ni estrechado por el temor de dengradar, da eer impor~uno ó
de faltar á esas formalidades, algu nas veces ridicu•
las, siempre penosas.
E l corazón se abandona sin temor á toda la expan•
sión de su amor de nif'io y á todas las pequefl"aa con·
fidenciaa de la jovencita.
El cuerpo mismo, ocupándose todo, no tiene ya que
temer la fatiga que resulta de un trabajo monótono.
P.iro esas horas de solaz no merecen su nombre sino en la familia.
Fuera, en loa viaj11a, en las partirlas de campo,
en los oirnvitea, que estamos lejos de reprobar, se
encuentra placer, atractivo, una variedad que de
tiempo en tiempo pa•ece ser aún necesaria; pero todo ese movimiento cansa la vida: es sólo un vuelo que
se da fuera del nido, con prisa de volver á entrar
en él.
Por fuera se encuentra di versión pero también fatiga; en la familia se halla solaz, se descansa.
Por fuera se encuentra la alegría, que desaparece
con aquello que la produce; en la familia se ha.Ha la
dicha, que no se va sino cuando es lanzada.

l. Traje para nifia de 13 á 14 afioa.

Este es un trajecito primoroso de javanaise vaige,
punteado de rojo. Cuerpo-blusa con el pliegue en la
ciza, adornado con cinta de lent1&gt;j11elas y cruzado del
lado izquierdo. Eeta bluea se abre sobre un plastróu
de lino con bordados y alforcitaa. El cuello á picos y
el adorno de las cizas del miemo lino. Manga estrecha
con bullón alto, con olán y pico de li.ao. Cinturón de
raso vouyé.
2. Vestido para nifiaa de 4 á 6 al'ioa.
El vestido núm. 2 es de cuadrilé azul cielo. Enagua
pareja, plegada á trechos en acordión y con un liatón
pasado debajo del pliegue para que se vea también á
irechos, y ealiendo las punt'\a en un lado, por la espal•
da. Talle blusa bajo, con un volante de nipía blanco
en el escote. Manga corta, de bullón.
3. Traje para nilioa de 8 á 9 alioa.
Traje marino, de dril blanco, con ancla azul en el
chaleco, corbata de raso blanco con dobladillos y nudo azul.
4. Vestido para nifiaa de 6 á 7 alios.
Este ea de piqué á rayas, rojo y blanco.
Torerita de puntas con cinturón y vueltas de piqué
blanco, con bordado angosto. Manga de puño. Corba•
ia blanca.
5. Vestido para nifia de 11 á 12 años.
Se hace de creponé acordión color de rosa. La bluFa está adornada en el delantero con cinco entredoses.
Anches plieeés le forman jokeys á las mangas, y otros
dos plieEés ocultan la abrochadura. Cinturón de lis·
t ón rosa.
LEGTURAS PARA LAS DAMAS.

CONVERSACI• NE$,

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RECREA CIONES EN LA FAMILIA

Traje

ae paseo.

Hay algunas horas en el día y algunos días en el
afio, durante loe cuales cesa, por decirlo asi, eea vida
activa y ocupada del trabajo, para dejar un lugar más
amplio á la vida de familia.
Esto es, en el día, las primeras horas de la noche, y
en el afio loa domingos y loa días de fiesta.
Cuántas veces, después de la cena, junto al fuego,
durante el invierno y al fresco de un cielo puro du•
rante el estío, las jovencitas lanzan este grito de alegria: ¡La velada! el paseo! P11rece que esta es la hora
de ellas.

Espalda del traje de paseo,

¡Es tan dulce, tan exqui3ito lo que pasa cada d ía al
caer la tarde, en las familias, cuando Ia inocencia Y
el trabajo han guardado la casa!
Hay allí conversaciones encantadoras, risas sin fin,
historias cien veces repetidas y nunca escuchadas con
fastidio, chascos, burlas y tra veeurae que á nadie las·
timan, agudezas, tanto más espirituales, cnanto que
todas son expontáneas y se escapan de un espíritu
que la vanidad no ha gastado aún; accesos de alegría,
estrepitosos tal vez, :;,ero que tienen el arte de no fa.
tigar ni molestar; una charla, en fin, que interroga,
responde, excita y mantiene en los labios de todos
una sonrisa constante.
¡ y vosotros, niños, vosotras, jovencitas, las que
producía todo esto! ¡Oh! yo no me admiro si se os
ama tanto; si una familia sin niños ee como una pra•
dera sin sol, si con frecuencia se os llama ángeles!
Un angel que descendiera del cielo traería la ale•
grfa; pu'3s bie.a, procurar la'alegría en torno vuestro;
es uno de vuestros deberes: tan esencial eomo el de·
ber de procurar lo necesario á vuestra familia.

�DOMINGO 19 de SEPTIEMBRE de

EL MUNDO

1. . 7

REeUERDOS DE "LA 130HE/'Í\IA."
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Graxie, buona sera!
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EL MUNDO

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" gfiusefa Wi cini" 1? "~nimt
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�IIIL MUNDO

216
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'EL 1'11JND0.''
Ssmanarlo llu•trado.

Tel61ono 434.-Calle de Tiburcio nti.m. 20.-Apartado 87 b.
Mil:xfCO

Toda la correspondencia que ee relacione oon la Re,.
uoción, debe eer dirigida al
Director, Lle. Rafael Reyes Spfndola.
Secretario de Redacción,
Amad.o Nervo.

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4ebe ,er dirigida al

Gerente, Lic. Fausto Moguel.
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narioa públicoe, para afrontar lae responsabilidades que
la justicia les reclamaba.
Otro día, se presenta á la Cámara de Diputados una
acue~ción de un delito de orden común contra uno de
los miembros de aqnella asamblea. El acueado es un
vif-jo amigo del General Dfaz, ha prestado servicios á m
país y á la cauea liberal; el Legocio en que está envuelto
no parece, á primera vista, enteramente claro, y sin em ·
bargo, D..m Aatouio Esperón es despojado de su fuero
de diputado 1 y van á. resolver au suerte ante la justicia.
Una tarde se encuentran dos 'jóvenes en un lugar pÚ·
blico de eet,a capital; el humor está agresivo y el earcae•
mo palpita en loe labios¡ se cruza::i las primeras. palabras
ofenei vas y uno de alias dispara se. revólver sobre el
otro. Estos dos jóvenes percen~cco á una clase social BU·
perior¡ uno de ellos es coronel mexicano y el otro repre•
sentante del pueblo. Y el Sr. Cuesta es arrebatado de su
cural - como antes lo fuera Don Moísés Rojas, que ocu•
pó importautee puestos oficiales-para ser entregado al
tribunal común.

BJVUSTRADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLAS:K,

1tah1s tbittJrialts.
ÍO!í ültillllJ5 511Ct50!i.
El drama que tuvo por eecenar:o la Inepecoión General de Policía, la madrugada del 17, ha lleuado con eua
palpitan.tes ecos toda la semana. Pudo, por un momento
eorprenderee á la opinión con la lf&gt;yenda de un lin('hamienfo; pero en breve el instinto popular, auxiliado por
la reflexión, puso de relieve lo vicioso de una historieta
de perfiles burleicament~ siniestros. Tódo aquel castillo
de barsjae, edificado por los rtisponsablee del terrible
atentado, vino al suelo, al primer soplo de la investiga•
ción abierta para depurar loe hechoEI.
Tan iápidamente como la dernonfianza se babfa es•
-parcido -parlas nterias de la eociedad, penetró también
enel Go9ierno, y la protesta formulada poreee gran des•
conocido que se llama el público, coincidió con las primeras medid11e oficiales: la destitución del Inspecfor,lsuencarcelamiento y el de to1os les que se señalan como cómplices. Ahora toca á la J ueticia pronunciar su última palabra sobre la sangrienta tragedia.

•
••
La opinión n'J se engai'l.aba al rechazar la leyenda fra.
guada por loe agentes de la policía, como tampoco ee
equivocaba al descansar en la acción administrativa.
Esta se ha presentado enérgi~ y poderosa, frente á. la
osada trama, tan rectamente y con tanta firmeza cual lo
reclamaba le. eociedad.
Ni una vacilación, ni una sola duda han estorbado las
decisiones del gobierno. El castigo caerá sobre los culpables, cualesquiera que sean su el.a&amp; y categorúi, ha declarado el Ejecutivo por medio Je su Secretario de Gobernación en :a Cámara de Diputados; y 03ta línea de conducta, ya conocida de antemano, por la alta moralidad que
norma los actos de Presidente de la República y por loe
acuerdos por él tomados en este deeagradabilíaimoaeunto, ha respondido al clamor unánime y al sentimiento
general.
El país tiene ante su viet.a ejemplos notables de que la
Adminiettación p'J.blica no retrocede ante clases y catego·
ria,q, que no hay para ella grupos privilegiados cuando se
trata de impa1tir justicia, que no existen personalidades
invulnerables ante la inflexibilidad de la ley.
Han pasado dos afias dee(W!i el día en que el jurado po•
pular se encargó de resolver un célebre proceeo, donde
figuraban personalidades de alta categoría eo el mundo
de la política: dos miembros del Senado,-ex-goberna•
dores dedos importantes estadoe,-dos diputados al Con·
greeo de la Unión y un. general ameritado. Las leyes
contra el duelo se habían olvidado durante muchos afias,
pero llegó un mom1::mto en que la opinión públicB hizo
escuchar su voz de alerta sobre un peligro que amenazaba á la sociedad, y el gobierno no vaciló en despojar á
partidarios y amigos ds loe fueros que los envolvían, pa•
ra entregarlos á la acción de loe tribunales.
Vimos el espectáculo de elevada moralidad que ofrecía un grupo de ciudadanos que formaban en las filas de
la administración, deecendiendo de sus puestos de funcio-

Ei público no abriga una sola sospecha sobre el estricto
cumplimiento de loe deberes del Gobierno, cada vez que
se ofrecen á. su resolución problemas de moralidad adminiauativa. Pur eso confió desde el primer instante eu
que la pena habría de ven,r tan inexorable como tre•
menda fué el delito.
El aeeeioato de Arroyo, que por un momento convirtió la Iuspcci6n General de Policía en un antro tenebro•
so, ha conmovido hondamente la opinión pública: estamos ciertos de que el castigo de este atemado también
ha de conmover la conciencia i;&gt;opul8r.

Un último acontecimiento ha venido á agregar una
nueva página al proceso: Don Eduardo Velazquez ha
puesto fín á sus día@, en el departamento qne ocupaba
en la Cárcel de Belén.
El ex-Inspector de Policía ha querido de este modo
evadir la tremenda responsabilidad que sobre de él había arrojado la justicia.
S11 conciencia Je dictó la única solución posible que
dentro de su.e circunstancias actuales ·y frente á la espantosa sima abier¡a á su caráci.er repleto de rebeldías,
se le ofrecíB, y no re1rocedió uu momento. ~
La justicia sigue eertinarueute en el deeempeflo de eua
funciontle.

~tllítittt !Jtlttrtll.
RESUME11.--EI mapa del mundo.-Hoycomo ay,r.
-La lucha eterna.-En el viejo y en el nuevo Conti.
nente.-Odios y rivalidades. -Blanco y ne&amp;ro.-L&lt;11
11n2ustia humana.-Conctuslón,

No ha mucho tiempo un periódico extranjero publicó
un mapa general del mundo civilizado, donde se marca•
ban con tintes más 6 menos obscuros las condiciones de
sorda inquietud en que viven los pueblos, en medio de
sue rivalidades que loa orillan á. fuueetas guerras y á. es•
pantoaae catástrofes¡ y ee indicaban con matices claros
las circunstancias de proaJ,,eridad y bienestar en que ee
encuentran oliros países, preocupados en deaarroHar las ,
energías nacionales, marchando en la vía ele una evolución natural y de un desarrollo cierto.
Una mancha negra cubría la parte correspondiente á.
la vieja Europa, y extendía su sombra al continente
asiático, á la península africana. Pronóstico de próxi·
mas caHí.strofee y profecía de futuros choques, aqaella
mancha indicaba la lucha sorda y despiadada, la com·
petencia sin tregua á que se han entregado Jae naciones
del viejo continente, poeeidas de odios tradicionales,
agitadas por rivalidades históricas, sacudidas por afiejas
preocupaciones, que las apartan y dividen.
Fundada, en efecto, la estabilidad de las potencias so·
bre el sistema del equilibrio, míranse unas á otras con
rencorosa prevención: es intolerable el ensanche terrisorial de cualquiera de ellas si no sabe alcanzar ó logra á
imponer el consentimiento de todas las demás; y en
medio de esas envidias, loa débiles sólo exie'8n, pudiera
decirse, por la conmiseración que inspiran á. los fuertes.

DO ■ IIIGO

a6 do SEPT lfM EH~• lf'7

Pero no se limitan las ambiciones á la posesión de un..
suelo empobrecido y agotado, donde eólo el esfuerzo y-el trabajo, ayudados por los inmensos recursos de la.
ciencia 1 pueden bastar á la eatiefacción de crecien,es ne•
cesidades. Más allá de ~oe maree y de las montanas inaccesible@, hay .vastas regiones no cultivadas, inmensos territorios vírgenes, cuantiosas riquezas no explotadas;..
hay pueblos numeroeoe petrificados en sus viejas civili·
zaciones ó sumergidos todavia en el crepúsculo de la
cultura¡ hay 011,ciones caducas y c,ucomidae por la polilla de loe siglos, y tribus primitivas ea vía de agrega•
ción para constituir E3tados eoberanos. Y allá se dirigen
todas las Dliradae, allá se concent.ran todos !os apetic.oa,
y unos con adversa, otros con próspera fortc.na, derrochan me recursos ó ap, ovf'chan ene energlae, para dila•
tar hasta límites desconocidos el ambicionado imperio
colonial en que sueñan.

Y en esa OJisJa de las naciones civilizadas, que bus•
can en todas partea terrenos baldíos, para derramar el
exceso de su población y dar actividadá loe brazos ocio•
sos de su abaorvente induetrialiemo, en eea peregrinación.
que emprenden á travJa de remotas y apartadas zonas,
precedidas por eus sabios, guiadas por sus misioneros,.
anunciadas por sus apóstoles y pregonadas por sus comerciantes, para buecar nuevos centros á su explotación
por medio de la conquista armada óde la influencia ad·
quirida: es preciso que constantemente se tropiecen,
choquen y estallen en condiciones semejantes produ•
ciendo nuevas y sendas rivalidades.

•
••

Cou razón el matiz sombrío se extendía como un velo
sobre todo el viejo continente. Después de la publicación
del mapa, las circunstancias no han cambie.do: Grecia.
ha sido desgarrada por la espada de Turquía; loe Estados balcánicos se agitan impacientes; Espafla mira encendida con resplandores fatídicos la tea de la insurrec-.
ción en sus p!'incipales col&lt;;miae, en tanto que el ca1lísmo asoma su cabeza triangular de serpiente, rasga sue horizontes el cárdeno relámpago del ana,quismo y allá. á lo.
lejos se escucha la voz de alerta de los republicanos¡ Por•
tugaJ tiene que sostener lucha violenta en sus poeeeiones africanaeiBélgica, Holanda y Suiza se estremecen al pen
sar qi;e pueden ser aplastadas bajo el peso de innumeroe.
ejércitos ó pulverizadas en el choque formidable de lae
grandes potencias. si e!:!talla la conflagrac16n universal;,
Suecia y Noruega, viendo salvadas con dificultad sus rencillas interiores, observan cautelosas y se preparan á tomar
el pueRto que les corresponde en el combate; Dinamarca
descuarLizada por la preponderancia prusiana, se contenta con loe regios idilios que encantan á su anciano
rey, rodeado de su larga descendencia de·príncipes ysoberanoe: y en tanto las grandes potencias odiándose cor•
dialmente, conciertan alianzae, é imaginan ligas que
puedan favorecerlas á la hora de la lucha, y la Gran Bretl\iia en su espléndido aislamiento, agena de carifíoe, Ji.
bre de compromisos, sigue imperturbable su camino, segura de su triunfo, aunque tenga que arrostrar universales competencias, y sobreponerse á loe intereses extrafioe que á. au paso encuemra.
¡Qué hermoso espectáculo el que nos ofrece esa inacabable lucha por la existencia de infinitas formas!

•
••
Quisiéramos que al hablar de la representación gráfica
que venimqs comentando en la parte que ee nfiere á.
América, tuiiéramos que deoir que estaba. figurado el
modo de ser de nuestro continente, con matices de in•
maculada blancura. M~s ¡ay! que antes como ahora.
vense en el mapa manchas obscuras que indican nuestra con,dición inquieta y movediza.
,Si la zona negra que cruzaba la Unión americana, in•
dicaba en otro tiempo la posibilidad de una guerra con
la Gran Bretaf'ia., á causa del mensaje de Cleveland rnbre
el conflicto anglo-venezolano 1 hoy puede eefi.alar el temor de un choque violento con E3paña, por causa de la.
alta misión qae en esrns momentos deeempefia e.a Madrid el General \Voodford, pretendiendo en nombre de
los Estados Unidos hacer ceear la insurrección de Cuba.
Negro matiz vela Centro América, sucudida por te•
rrible convulsión en Guatemala, agitada por revolucion
formidabfe en Nicaragua, y amenazada de general eetremecimiento, de un extremo á otro de su reducido territo1io.

DO ■ IIIGO

•6 de SlPTIEMBRt de 1'97

En Ecuador, aun no se somete la facción conservado-

ra vencida por el gener&amp;l Alfara¡ en Braeil altas ondean
wdavía Jae banderas revolu0ionaria1 que Bgita viento de
\Qrmenta, y trem.&gt;la el fanatiemo de Cone-Plheiro; en
Uruguay, denibadoel preaide.atP Borda por al pnnal del
aseeinato p0Utico 1 apeDaa se vislnmbra · IR c1 ne lisción
delos partidos que se disputan t l poder; Venezuela aca•
ba de atravesar Ja criPis
electoral, y dado el carác·
ter inquieto de los pue·
blos latino ame1icanoe, no
sería extrafio que apela
ran á laa armas loe venci·
dos de loe comicios.

IIIL MUNDO

Como el eimoun es ardiente: como e] malaría es aleve-.
Y, son las caravanas sepultadas, pueblos enteros que
caen bajo él. Se diría aquel que eep11hó loe persas ambi
cioeoa que iban á coDquistaral amonita.
Del miemo eilencio del desierto ea n&gt;viete y del mis.
mo rumor de insect~s sepul,ados, bajo eu ala cáhda de
arena.

Lejos estamos p"uea de
la sonada blancura. Solo
México, la República de
Chile y la del Plata qne
oye á lo le joe el eco de
sus últimas revuel as, tienen derecho á. preeentar·
se limpias.
En el viejo continente,
los pueblos lucban con•
tra los pueblos¡ entre nos•
otros, se lucha toda vi a por
idealee so.fiados entre loe
miembros de la familia:
¡ felices si logramos re ali·
zarloe!

X.X.X.
Septiembre 23 de 1807.

Rtl1QU,AS DE UN HEROE

A la amabilidad del Se·
fiar Presidente de la Rta·
pública, que ee dignó pr&lt;..·
porcionárnosloe, debemos
hoy la publicación de ba
fotografías tomadas de al·
gunoe objetos que perte•
necieron al eefior Morelos
y que ilustrao, dándoles
excepcionalísimo interés,
dos paginas de nuestro se·
manario. Son esos objetos
toe, que hemos tenido en
nueet.ro poder: un Santo
Cristo que lee manos convulsas del beroe estrecha•
ron en los instantes del
fueilamie!lto, imagen ea•
grada que lo acompaíl.ó
al patíbulo¡ una cartera
dentro de la.ctial hay aún
algunos fragmentos de
yesca y una medalla qn ~
llevó al cuello.

Todos estos objetos, cuya autenticidad eetá fuera
de duda, fueron propiedad
del Sr. D. Francisco Gu·
tiérrez Cortina, quien los
obsequió al Sr. Presidente.
Hay también 110a carta
de pufio y letra de Hidal ·
go en que este in vita á
Morelos á la insurrección
de una maoera tan babil
que de caer en poder de
Jos realista~, estos no ha·
brían visto en el la mas
que la invitación á celebrar una fiesta religiosa.
Por falta de espacio no
publicamos esta carta que
aparecerá después.

217

espíritu y ee refugian en la cima, abeorio(en n.o eé qué
muda contemplación amenazante ........ .
Y, aquel silencio parece poblado de gritos; de gritos
de cólera
Pan-ce qno dialC1-garon con ]a posteridad y la presión
extraiia de la atmósfera, apagara las vocee, como enmudece el trueno en las tormentas polares.
El relámpago briIIai el
trueno calla; y, la región
de nieve ee enrojece como
ei el cielo se tii'l.ese en san.·
gre.
Así en aquellas altas re•
giones donde medita el
pensamiento hosco, y co•
mo grandes águilas día•
riaa que mancharan la
nieve inmaculada arrastrando sobre ella sus alas
sangrientas y rompidaP,
se ven las grandes almas
re• fugiadas, llenas de ar•
dientes protestas, de insondables nostalgias de
venganza, de sangrientos
ensuefi.os de pasión.
¡Sue.iio, trágico sueño
de cópdores heridos!
Las grandes almas callan.
Desconcertadas, tími·
das, miedosas, las almas
débiles se refugian en el
pacer, ee abrazan a la ea·
peranza, y tiemblan aguardando que sople sobre
ellas el viento del prodigio, ó es1&amp;1le el cielo in•
cendiado por ef rayo dal
mi•lagro.

1

l

i
Crucifijo que More/os llevó al patíbulo.

"=.!='

PINACOTEA.
ALMAS lll!l FANGO.
(F ragni.entos)

Hay épocas menguadas, en que uno como vie.qto de
oprovio pasa eñvenenando !ne conciencia e y reduciendo
á la aefixia loe más fuertes camcteree,

¡Son momentos de ai:fixia abrumadora!
En les rPgionee altas se hace el eilencío¡ el silencio de
la nieve y de las cimas.
A bajo surge el rumor: el rumor de los valles y el pan•
tano.
'3e diría un fangal que empezara á secar el eol de estío.
Mudos por el asombro, por la cólera, ó por el desdén,
loe grandes IensadO"ree pliegan las alas giganteecae de1:1u

En tanto abajo, muy
abajo, la multitud incona•
ciente; la torpe eaamora.·
da del escándalo, huérfana de sus tribunos va en
busca de los hia~rionee.
~¡ blanco Pritáneo se
hace barraca; el Agora ee
torna en una feria; y el
Pretorio, desierto de sus
jueces, se hace campo de
inmunda gitanía.
Y, el olor del eetiercol
del.establo, es incienso del
templo profanado.
Surge entonces la época
funambulesca; el reinado
de los hia~rionee; la contorsión suprema¡ la epilepsia lúgubre del pensamiento, que encanalla y
deforma el verbo antiguo.
Ese tumulto no interrumpe el silencio de la
cima.
El rumor de los insectos no turba la meditación religiosa de las águilas. Las alas del insecto
no interrumpen el silencio. El silencio de las
grandes cólerae, de que
babia Tácito!
Silencio e1 gendrador de
la catástrofe!
Oscuro como la nube,
y como ella incubad1..1r
del rayo.

¿Habéis visto la bo1a
abrumadora que precede
á la tem11est.ad en la lla•
nora?
Todo es silencio en la eelva y en la pampa.
Quietos están loe basquee milenarios; como tocados de
a@ombro¡ ·cual ei esperasen para inclinarse el aleteo formidable de alguna divinidad vengadora; de ef!as queponían espanto en el alma del homhre primitivo.
Ni un grito¡ ni un rnmor.
Callan las selvas, y las aves callan.
La naturaleza sobrecogida de terror, como en la hora.

�EL MUNDO

DOMINGO 76 de SEPTIEMBRE de 1801
• AOMlll4?0 26 de SEPTIEMBRE de tlg7

l'l grama, entre el boscaje se arrastran,
revolotean, zumban y pican y uneµ al
rumoreo el placer del aguijón.
Y es la hora de loe reptiles.
Se despereza la serpiente á loe besos
del calor; dee~iende loa anillos de eu
cuerpo, ajunta sus vértebras contracLilee, se arrastra por la grama y mira al
cielo. Lo negro de la nube la enamora;
deegarra el rel!tmpago la sombra y al ver•
lo serpentear lo cree un hermano, sierpe
d8 fuego que atraviesa el cielo y anhela
estrecharse á ella con s~•e vértebras cruzadae y envolverse en un éxtasis de
llamaa.
Y luego silba. Respóndele un extrafio
rumor en el pantano.
Es la hora de loe insectos entre el fango removido.
Tolo lo grande en la selva medita y
calla.
Todo lo rufo se agita y rumorea.
Es la hora del tumulto en loe fangales.
El reinado feroz de loa reptilee.
Así, en cierlaa épocas de la Historia,
en cierloe momentos angustiosos de loe
i;,uebloa, cuando el silencio, amenazante
impera, sucede al grito de loe graodes
pensadores refu~,iadoe en la penumbra
del olvido, el tumulto soez de loe hiatrio~
nea, la turba gritadora de juglares.
La t.ropa de gitanos saita emoncee en
el escenario abandonado por loe grandes
Medalla que More/os llevaba al cuello.-Anverso.
actores, y dan sus farsas grotee-cae allí
(l'n fragmento de yesca.)
donde aún parece escucharse el grito atronador de le. tragedia.
de un alumbramiento formidable, Bel' refogiaeneleilencio,
Arlequín calza el coturno; y bajo la trágica máscara
cttal ei sintiese ya, en lae profuodidadte del horizonte,
grha con voz insexual hecatónq11eroa de E~quilo.
desperezaree el ala negra de la tempestad que ha de azoLoe Atridae se vau, llegan loe mimos.
tar deepuée sus flancos ardorosos.
La tragedia pasó; llega la farsa.
Inmóviles las hojas en los árboles¡ quietas las grandes
:m carromato impera solo.
an~e en sus nidos.
Re plena feria ....... ..
¡Todo parece tocado del pavor de la catástrofe!
¡Epocas lúgubres del pensamiento humano! E1:trai'ioe
El tigre con la cabeza indómi1a sobre las manos cruza. huüdimientos de loe pueblos que recuerdan el de Mario
&lt;las 1 húmedo el labio, somnoliento el ojo, entrecerrados en loa pantanos de .Minturnes.
loa párpados, mira el obscuro horizonte, contempla la
La ola de fango sube. La cima austera es tocada por
11nbe roja, que ama por su color, y sueña con heea ombte la espantosa ribazón .. ...... .
y sangre.
La prensa sufre la violación euprem~.
Ama la tempestad porgue ea 1u:ote, porque destruye y
Loe nuevos vándalos llegan al Capitolio;
amedrenta y mata. Oyéndola rugir la cree otra fiera, la
¡Al Capitolio augusto de la Idea!
1mefla cómo una hembra
giganteeca1 y la ima1ren
violada, estremecida y ru•
giente bajo su garra oprt.eora.
Arriba en la cimo, mudas las grandes águilae.
eienten ya bajo las a\aP,
las caricias primeras de
loe vientos.
Y, á la riba de Jo3Jago~ 1
cerca á las. grandes !!oree
acuáticas que emergen del
limo éomo una extrana
f oración ·de cienes; cual
gnndee pájaros sagrados
ti~mblao las garzas y loe
ánades, en uno como vago
i,.ueño del peligro, eEtre ·
cliando sus plumones in·
u,aculadoa, quiek&gt;s en_loe
ju ocales de la orilla.
La úhima bandada de
patosealvajeeabateel vue•
lo, y cae en la laguna co•
ruo lluvia de floree des•
prendidas de un rosal PScudido por el viento. Y,
P'fC celariae del desierto,
como aquellas agoreras
del oeeano, estos anuncian
biéu, que trae ds la proyección de en ala blanca,
despliega ya la suya roja
y negra la to1meota.
El gran silencio impera.
Es la hora de loa ineec·
toa.
Sólo ellos oo enmuda,
cen ante la majestad dE:
esos instantee.
Cartera urada pcr el héroe.
Sobre las floree, bajo la

ug

EL MUNDO

Recuerdos de las Fiestas Nacionales

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I

Reverso de la misma.

Libertos del honor, rebelados contra la gloria, pisan
la augusta tribuna, remedan los grandes hombree, lanzan eua gritos trágicos, y como O-,tavio furioso, con la.
cabeza del tribuno, ellos también clavan en la picota á
la elocuencia.
El diarismo es su tíltima conquista.
Y, caen sobre él como lae eerpientea .;ladas de 11' Ara·
bia eobre loe árboles reoinoeos de que habla Herodot1•.
Y, es de verlos en el momento de la farsa como imitar
pretenden loe modelos¡ ei gesto altivo, la expresión l'i.
brante, la majestad de los ausentes maestros .....
En la ebriedad suprema del funámbulo, de la majeeta1
hacen 1a mueca gueel harapo hace ála púrpura, yasraviP·
san ¡,ur la escena con el orgullo de un príncipe aquerné~
nida, como si fuesen loa
epígonaede Homero.
Todo lo degradan en en
mimesis furiosa.
Son la mueca del e:ipíritu humano.
¿El desprecio? esa ea su
atmóafen.
¿El silbido? ese es su
himno.
¿La carcajada? ea eu
apoteosis.
¿La saliva? es su aureola,
Ellos hacen de la ver•
güenza pedestal y de la
rnfamia su gloria.
Y desde la barraca en
que gesticulan arrojan w
guante á foe grandes ea•
critoree.
Ayax también retó á
Júplttrá orillas del Esca•
mandro.
Y Ayax no era un bu.
fóo. Pero Júpiter era un
dios,
Prftano de Ioshombre3
dijo Eeq uilo.
'
Anim1is Jlnnmis:re IIo•

rret,.
8i, Horror, santo horror
se apodera dei áuiruo pensando en eetOJ mc1wen tl.,s
de oprobio.
Horrorizaoe, dice ,el
Poeta.
Ensoberbecdos, dice la.
Escritura.

-¡

~orrida de f?&gt;enepcencia efectuada el d,a 15 del actual en la
LA.S REINAS:

Domltila Hldalgo.-COncha Ramos Arlzpe.-Sam Aburto.-)rarla Vent.-SaraChavero.-Delflna Moreno.-Marla Bolal:los.-Lupe Bola.11.os.
Enrlquete. Wllson.-)fargarita Quljano.-Anlta. cuevas.

LAS REINAS DE UNA FIESTA
Ya es muy tarde para hablar una vez mt111 de la ex•
¡,léndida corrida de toroe efectuada el qnincedeSeptiem•
bn,, con motivo de las flestae patrias y con un fin benéiico; dimos en su oportunidad la nota relativa en nuestro semanario, y si hoy iDSistimoe con unas cuan,aa lí·
nea e, es solo para acoro patlarlae á la fotografía que
-en este lugar publicamos,
y que representa &amp; las die·
tingnidae y hermosas rey•
'Das de la fiesta.
Bien conocidas son to•
dae ella11 1 l't'ynae de muchos hogares y de muchos
salones, para que deFgra•
nemos á sus piée todo el
caudal de lae flores de estilo. Su reuaro es el mejor elogio.

de, llevando ahí el timbre jubiloso de a11a gritos, el vivo
rayo de sol de sus mirt1.dae, el triunfal campanilleo de
sus risas. Eao no ee describe: se siente. Es la vida en
una de sus manifeeiacionee m'8 consoladoras: la vida que
lleva ya en sí, PI fermento de todos sus iofortunioe y sne
luchas¡ pero que sonríe a1ín 1 coofi'1 ds, al cielo azul, á las
alas crujient.ee y arrulladoras, á lae albas Henas de sonrojos y á las floree llenas de perfumes ........ .

UNA ENCANTADORA
FIESTA INFANTIL

Embelesador número
,del programa con que en
ee\e afio se celebraron en
la metrópoli lae :fiestas na•
cionalee, fué el baile in·
!fantil efectuadoen el Froi:tón Nacionat el 16 delco·
rriente yqne revistió una
animación indeecriptible.
Todos conocen el edifi·
cio y, en viendo el grabado relativo que public.amos, se formarán, sin du·
da, cabal id~a de su adorno¡ más lo que e( sería~
moe impoten'6B para describir, es el encantador
.adorno viviente de ague•
lla parvada de niflos que
invadió el local desde las
a,rimerae horas de la tar•

~laza de f?&gt;ucareli.

....

Se piensa con un dejo de tristeza en el porvenir, cuando se ve uno de esos grupos infantiles¡ mas á. poco se
van loe temores empujados por las riese ......... Sí, el maflana ea muy incierto: tiene las vaguedades del horizonte
cuando amanece; el mafl.ana será sin duda malo: es tan
mala la existencia!. ........ Pero el hoy qué radioso! ........ .
Vaya usted á entristecerse por que las golondrinas que
hoy pueblan de gorgeoe el viejo alero emigrarán mana.
na!... Oiga usted su char•
la bajo el amplio cielo
azul, y sonría, sonría á
eeoa plumajes negros y
lucientes que azotan loe
nidos de argamau ......... .
Y la alegría de la infancia es contagiosa ....... Yo
he visto á tanioa viejos
abrumados de tristezas,
reirenel circo! Ynorefan
las gracejadas de Bell, no
por cierto: el buen Ricar•
do ea un mago ........ PEtro
no puede desarrugar algo•
nos entrecejos ...... Reían
porque se contaminaban
de la alegría de sus hijos
y de sus nietos¡ porque
muchas manos blancas,
agitándose como blancas
alas de mariposa para el
aplauso, proclamaban Ja
dicha de l&amp; vida. Refan
por eso, es claro: no hay
sol más eficaz para alum•
brar las e.l mas de loa padres que las risas de loa
hijos ........ Cuando se do•
bla la ro~ de la vida, en
esa triste encrucijada de
los ouarenta at'loe, ya no
podemce recojer más flo•
res que las que aembra•
moa antes; y eeas flores
eon laa alegrías de los hi•
joe ...... Ay! del que dobla,

"
Frontón Nacional en que so efectuó el baJJe JnlantJJ de faatasla.

eolo, mustio y claudican•
te el obscuro camino, que
no eairella la margarih,

�EL MUNDO

DO ■ INGO a6

d• SEPTIEMBRE de 1897

.

DO ■ IIIGO

..1

SL MUNDO

a6 de SEPTIEMBIIE d• 1897

SOL OE INVIERNO
( POR JOB

RASCO )

Ancianos los dos y en-0ompleta soleda1 por la separa•
ción de sus hijas; ·e lla sorda y él asm:ttico , sientén am•
boa la pesi,.da carga de los aiios,-la prop ia en primer

Maria Cristina Sanc;hez y Juárez.

Juanita lbañez.

de oro y plata de un afecto paternal en que se re-

salón no quedaron ni las nota.! mudas ni las flores muertas
de que nos hablaba José Negl'ete: quedaba el perfume
suave de la inocencia, y acurrucados aquí y ahí, muchos
ecos de celestiales risas.

vive......... .

En algo como esto pensábamos, cuando, testigos mu•
dos de la fiesta infanti1 efectuada el dieciseie, veíamos
Bien hayan los que ea. esta vez dieron á la organizadesfilar en armoniosos y frescos grupos á una bandada
de ángeles en cuyos ojos negros 6 azules la vida can,aba ción de las fiestas patrias la nueva nota de las alegrías
infantiles .... Ya era tiempo. En las festividades naciodiana.
Iban y venían incansables al son de la música, vesti- nales ee embriagaba el pueblo y se divertían, más ó me•
dos con trajee, en cuya alegre fantasía se adivinaba la nos, loa jóvenes de las diversas olaeee sociales; pero puesolicitud de las madres, por el amplio local, en delicia· de decirse que los niños casi no tenían su porción de
sas l)arejae en que los sexos no eabian nada aún de sus dicha.
Hoy la tuvieron amplia, y sincera ee la complacencia
futuras pugnas tempestuosas, y aeguíaloa por donde
nuestra
al colaborar al recuerdo de la encantadora reu•
qui8ra un ojo avizor y carifioso desde la penumbra de ,
nión,
con
el mayor número de fotografías de que hemos
algún rinconcito íntimo ......... .
Cuando llegó la noche, lo mismo que loa pájaros, aque- dispuesto.
lla bandada riente voló hacia los nidos tibios, y en .el

Estefania Cbávez.
REINAS-NIÑAS.

Una fiesta más de h cual daremos nota conmemorati-va: Las ca:-reras de bicicletas efectuadas en la calzada de •
la Reforma el 15 de Septiembre á.1as 2 p. m., y que eatu--.
vieron caracterizadas por una animación y un entusiasmo digno de recuerdo.
En esta vez las reinas fuer.Jo preciosas nit:1.Uas, con cu-yos retratos hemos formado un ramillete para ofrecerlo
á nuestros lectores.

Manuel Chávez.

NOTA IMPORTANTE.

Como invitamos á las familias de los nif'ios que concurrieron al baile de fantasía de que hablamos en otro lu•
gar, á que noe enviasen loe retratos de aquelloa, para..
publicarlos, por no haber podido obtener en la locali•
dad todos !os que deseábamos, debido á la falta de luz·.

Trinidad, O/orla y Arturo Lillo.

propia, fué tal el número de fotografías que se nos en•
vió, que ¡nuy á nuea~ro pesar y sin hacer distinciones,
nos vemos obligados á reservar algunas para nuestro
próximo número.
Excúeesenoa esta supresión forzosa, que nos impone
la distribución de nuestro semanario.

término,-pno también la del compafíero. Muy adelan•
tado ya el. día, principia para ellos la monótona existe.acia, que termina á la hora en que para nosotros empie,za
la velada; no han hecho más que pentrar en FtIB rEmedios
caeeroe, el asunto más interesante; en en frugal cernida,
lo que conetit·1ye su placer¡ una discusión pre visla, y
acaso neceearia para el equilibrio de esos cerebros aletargados, entra forzosamente en el programa del día,
cuando llegan loe dos periódicos¡ el del se.ti or¡ literal

VERSOS DE HIDALGO

Escritos en

lae paredes Pe eu prisión.
Hidalgo estuvo preso
en Chihuahua en la pieza
que está bajo la torre de
la capilla del Hospital
Real. Como fuera compa•
eivo y huruano el trato
que le dieran sus guardia•
nea, el cabo Ortega y el
eepailol Melchor Guaspe,
alcaides de la carcel, lee
consagró estas décimas,
escritas con carbón en la
pared, de puflo y letra
del h éroe, la víspera de
su muerte:
Ortega, tu crianza fina,
Tt1 índole y estilo amable
Siempre te harán aprecia(ble
Aun con gente peregrina;
Tiene protección divina
La piedadque has ejercido
Con un pobre desvalido
Que ma~ana va á morir,
Y no puede retribuir
Ningún favor recibido.
Melchor, tu buen corazón
Ha ad1Jnado con pericia
Lo que pide la justicia
Y exige la compasión.

r,·~~- ~~~-~~¡~· ~¡·a.~~~~·li·a.~
Pablo y Leonor Prida

Daniel Oarza.

María Cristina A/varez y Cortina.

Ousdalupe Alvarez y Cortina.

En cuanto te ea permitido
Partea el postre con él;
. Y agradecido Miguel,
Te rla las gracias rendido.

Carrrerás en bicicletas,
efectuadas el dia 15á las2 p.m.• en la Calzada de la Reforma.

Las Reinas.

�•
&amp;L MUNDO

cuánM&gt; en,ueiasmo en los dos viejoel ella, por que ee eu
sangre¡ él porque ee boniia (el buen hombre ee aficionado todavía á esa golosina que se le ha hecho Un rara)
y empieza á prodigarle todae aquellas galaDterías qae ee
usaron en eu juventud. Eotretan$o eu ~eja mitad, sen•
e1b1e todavía 'á la pasión de loe celoe, dice para eí: «Loe
hombree no saben envejecern; y aunque molesta, se apresura á preparar el té y á ofrecer las paeiae.
((,Oh, i!al dijo la bermoea poniéndose en pie y excusándose de no haberla° ayudado aniee: la he dejado hacer porq11e ueted eet:t tan agil que parece una nif'la ...... n
Sea que hablase muy alto la joven ó quién sabe porqué,
ea lo cierto que la sorda oyó JLuy bien, ee eonrió, iu:vo
un asomo de rubor; y el viejo, también a::iimado y que•
riendo echarla de fuerte, trató de levantarae 1 más no le
valió eu buena disposición; hizo una horrible mut!ca y
ee quedó qaietecHo¡ la gota le atormentaba atrozmenie.
Pasada aquella hora de delicias para loe dos a.oc!anoe1
cuando la joven 1 al despedirse, presentó su blanca mano al enfermo, éste la retuvo un momento entre lae suyas, arrugadas, y la besó con efusión. ,c¡La misma mira•
da de antes ......... !)) siempre seductor! pensó la vieja,
con el corazón eniernecido. La joven ni siquiera hizo
caso; ¡sus ojos encuentran :i cad,i paso tantas miradas
de admiración! Al abrazar á eu tía hubo muchas cari·
cias y todas las demostraciones que acostumbran las muJeres¡ por úlsimo, al pie de la escalera se besaron con
cariño: la amable aparición desapareció, y á poco no se
oía ni el ruido del carruaje.
Go~oea la anciana por aquel rato de placer, eubió ligera y animada á reunirse con su viejo. Ambos tenían loe
pómulos eonrosadoe, los ojos brillantes.

DO ■ IHO

a6 do SlPTIUIBRE do l . .7

RECOGIDOS POR EL, DOCTOR CARL.OS GL.ASS, MEDICO DE LA MARINA MEXICANA.
37,000 xnlllas sobre los niares.

•
Después, á la salida del muelle ¡mucho cuidado! y máe paciencia porque tenéis qué
·ver á una agitada multitud que mete entre ustedes cochee y vehículos de iodae formas¡
.adem:is, cada uno hablará su idioma y ee dificil oomprenderlee; por fin, apena~ se llega
á la pue,ta del muelle, y ya se tiene á gente de todas castaeaglomerandoeeálaeubida de
las e&amp;calas; es que ellos.como nosotros acaban de d~sembarcar del bote que abandonan
-á EU patrón. Ya estamos en la extensa plaza del muelle y separados de aquel tur.oalto,
toruamos un cocheoii.o elegante, fino, arrastrado por un magnífico poney de metro y
algo m:is de altura¡ el cochero, ó coi:no se dice en malayo kling, habla un poco de in·
gléi y entiende las órdenes que se le dan; iremos al Lrmr/on Hotel. Daspués de un all
riglit gangoso monta en el reducido pescante de su coche abierto y el pone11 nervioso
·t•fro ft, lanza :t trote íuerte y garboso por la calle del mar.
V
EL PARQ1JE R.U'FLES

Antonio Prida.

Celita Mendoza.

NllVE Y FUEGO.

•.

A medida que avanza nuestro cochecito se ven de uno y otro lado grandes edifi•
cios de estilo europeo, y en el fondo 11n enganche de fit,rro, calabrotes y gualdras de
acero; ea un puente colgante sobre el río: ya estamos del otro lado del puente y á todo
nuesuo derredor, se euiende el hermoso parque R11:{lles y el cochero guía á eu gracioso
pont-y á la izquierda por una avenida literalmente cubierta por coches semejantes al
-que nos lleva y arrastrados por poney siempre del mismo tamafio, pero de todos coloree, pintos, tordillos, colorados retiLitos, alazanes, etc.; má!I allá entre el mismo serpen•
iear de diminutos carru1'jes, otros arrastrados pJr hermosa yunta de bueyes blancos
con gran joroba en 1a cruz y sus largos y
1)UDtiagudoe cu~rooa en forma de arco, cruzan sus puntas á lo alto, cubiertas con dos
magníficas y!relucientee bolas de latón y llevan ti su tardo trote á uaa familia de ricos
..naturalee y casi todas jovencitte guapa!!, con
eu nt-gro y naturalmente rizado pelo muy
bien arn glado en &lt;Joe gajos á loe lados de
la es beza y ostentando magníticas peinetas de oro y carey¡ arracadas grandes y
peeadae pt&gt;naen de sus oídos y de la nariz
magolficae argollas de oro y plata, en eue
cueiJos de ébano graciosos, tiembla un collar de perlas de Ceylan, corales y robles¡
y unmautode vaporoea tela de lae indias,
deja ver por iraneparencia eue torneados
brazos color de bronce, que agitan y hacen
sonar loe colgajilloe metálicos y cadenitas
de eua puls~rae de oro macizo; todas vestidas de blanco con cintas r:jae al estilo
•escocés que amarran y juntan su cabello de
azabache, ríen co.otentae, dejando ver la
irreprochable hilera de perlas de eu denta•
dura y las chispeantes miradas que ee dee•
prenden de eue ojos negros. Al pasar cerca
de nosotros, lo único que podemos entenderles es, London Hotel¡ así deducimos
qut'I serán nuestras vecinas ó compat'l.erae.
Mientras, sigue trotando nuestro Poney
-que ya suda espuma, y vosoi1as, queridas
l~cwrae, oe abanicais de lo hndo porque
aún hace calor á pesar de que hay brisa y
que el sol no penetra al travéedela bóveda
de verduraque cubre nuestro paso¡ sin embargo, vaia curioeeando iodo lo que pa3a
fuera, en la calle¡ rinquicháe, arrastrados
por chinos, calezas por rndue, eillae de ma·
nos por siameses1 bicicletas, eie. y en el par•
que, sobre el cesped grupos de extraojeroe,
jugandofoot1 ball, croket, racket, Law-1'ennis
en fin, toda clase de juegos inglesee 1 y todo
esto al aire libre, á la tarde que declina,
y allá en la bahía, yate, y botes, jugando
regatas¡ por fio, llegamos al hotel, y el coc.::.ero nos cobra media rupia por el viaje,
pie á 1,ierra y en,ramoe.

•

miembros mutilados para implorar vuestra caridad, loe muchachos se ponen á hacer
cootoreionee y maochiocuepas delaote de vos con el mismo objeto, y todo esto oyendo
todos loa idiomas eecepio el eepat'!.ol. R~pentioameote, oía gritos en cualquier parte del
salón, g1hoe de una señorita. seguidos de mil rieae y aspavientos: es que un juglar bn.
sacado nna víbora cobra capelo de un cesr.o de mimbre, ó que un mono ha saltado á 808•
riciar el rostro de cualquier concurrenie. Después de pasar un rat.o entre este grupo
de gente desconocida toda; pero qua os habla y ve eon familiaridad, qae pta,ioa de todo
con humor, nadie tiene contragiempos y todoe eí rebosan gue&amp;o; luego platicaie un
rato y para entender hay que estar muy faer,e en gaografía porque no hay punto del
globo, de donde oo veogan esa avalancha que ee repartt1 luego en todas diri:ccionee,
después de haber hecho en una hora la amie,ad más franca y sincera.
Paijamoe al jardín y allí veréis lo que ee delicioso; una avenida que se iuerce, que
culebrea. oe conduce á un bo:!que ep11rentemente formado por muchos árboles y oe
sorprende la noticia, noee más que uno solo: el Ar bol de la India. Esta plant.a panicular de
ese ierritorio eleva su tronco y ramaje; dtspuée, de las ramae bajan rafees que
al llegar á tierra la cavan y ee convierten en otros nuevos troncos¡ así, fórmaee en
un monto de cinco á. eeie aiioe¡ una serie de sroneoe unidoe por el ramaje, y cu·
briendo más y más el terreno que van tomando por gradoe y ampliando en lo alto sa
follaje. Debajo de un arbol dee~tos que cu,n~a con 62 troncos y sombrea. una ex•
tensión en diámetro de 250 metros, es&amp;á artificialmen e erigido un iomeneo salón,
cuyo techo lo forma el tupido ramaje, eiemore verde; el piso levantado y cubierto
de asfalto, respeta lo'! troncos que han dejado libres, formándoles arriates1 provistos
de un rústico barandal de cafia de Ja India. Allí teneis en jaulas vistosas, aves de
ioda el Asia, animales de todaa clases, y en las avenidas q11e forman el salón, me·
sae de marmol donde á ,odo sabor y gueto
~
probaie lo que guereie de refrescoa, y repostería. ¡Agradable por cierto es pasar las
horas de la t.arde bajo él, gozando de la v•·
riada y lujosa concurrencia Europea y
Asiática que lo frecaenia; parece una kerméeee diaria, donde asisten con sus trajes
especiales toda clase de familias iogleeae,
búlgaras, borneanas, y iodae las deacen•
dientes de loa magnuee de loe distintos
reinados y principados asiáticoe1 y de la
Oceanía¡ ioman á. Singapoure como vera•
niego, porque eu chma 1 á peear de ser cálido, es invariable en todo el af'l.o y refresca•
do siempre por brisas agradables, húmedas
y fríae.
Singapoure es muy agradable y rico, aa.
principal impor~acion es de toda clase de
especiae, azúcar, 5elae de cachemira, cacaoe, café1 vainilla, y ademá9, posee un
gran depósito de carbón de piedra, y ea tan
violenio el embarque de ese combustible
que en 2 horas pueden poner á bordo e,5(J(}
ioneladae, operación que es pesada1 y que
en otros puertos detitnle á los barcos, con•
irariando su üinerarío¡ población nmy vieja, su nombre eade orfgensans~r1to y quiere decir ciudad deto, tígres, porque e11 tiempos antiguos morían de 500 á 000 nar.ivos
anualmente por la garra y el ditinte de esa
fiera¡ de allí nace también que esa gente
E&gt;Bté tan acostumbrada á la caza y domesticación de esoe animales.
300.000 habk,antee tiene la población y
500,000 toda la isla.

VII
20

PREPARATfYOS DE M.ARCIU,
NU&amp;VOS TRIPULANTEH Á BOltOO.

Faltaba hacer carbón para seguir adelan..
te nuestro viaje, subiendo en latitud hasta el mediterráneo, después de crnzar el
golfo de Bengala el de Aden, el Mar R')jo y
()anal de Suez 8!1 decir más de 8 000 millas·
cambiamos fondeadero y nos di~ij 1moe deÍ
VI
puwto viejo al puerto nuevo a~racaJ1do al
muelle de depóeü.os de carbón; durante la
LONOON HOTEL
faena acudiera.u á loe coeiados del barco varios comerciantee, entre elloa algunoe que
'En la eequinn de una manzana se Jevan•
Un encantador de serpientes.
ve,ndían monos chango, de i&amp;IJ?-&amp;flo peque.l:lo¡
ta, ya lo veis, de un lado, _una alta pared
.
.
gr1eee de pelo, mansos y v1voe; ésioe tu•sin ninguna puerla al exter1or1 y ee prolonga muy leJoe, casi hasta el fondo de 1a cua- vieron aceptación y á hurtadillas la marineria compró ,i40 y·oo centavos varios ejem ..
•dra· del 01,ro lado1 frente al parque, un amplio corredor cubierto de inclinado techo rojo,
piares que acuitaron enel soll.ado; en las tardee loe ratos de oe10 los divertian los ma..
•sostenido por delgadas pilastras de madera pulida, termina haci!l la esquina en uoa rineroe enee.tlando á sus nuevos huéepedee que por su inteligencia, muy pronto 88
corta y ampiia escalera que conduce al corredor sembrado de varias mesas de caoba, e~ucaban pe~ b.~ahí que un dia·~ompen los amarres _que los tenían eujetoe y obedede Eándalo y palo rojo, á las paredes l:ls cubren casi por completo grandes for.ografias ciendo :t sus 1nehotos1 snben li la Jareta en tropel, hac1-,ado maromas y má!I maromas·
.''Y magníficos cromoe que representan paísajee variados de la península.
acto conii-nuo, ee dió la órden de espoleará ian ágiles pero nocivos marineros que 0 ,;
Del corredor al salón de billares, comunicase por dos arcos regr.1larmente eepacio- pocas hora'! estal-)an gozando de verdadera felicidad en su nuevo empleo; no sin t.raba'BOB á un lado queda la C'lntina y e:i el resto las mesas de billar¡ en mra esquina, un
jo pudieron atrapar ú. toe coludos animale!I, á quienes parecía diveri1r más bien que
pabellón donde venden fotografías Y. por fin en otra eeq·•ina un eiegame eu~tido de se• asustar la persecusión de que eran obJeto.
•das y cachemiras que venden á Pf1:Cto elevado.. Entre. las mesas hay espac1os muy re•
Con qné tristeza veía yo á la gente deshacerse de eue nuevos y efímeros compafle•
,guiares para dejar pasar á la muluiud de touristaa, sm estorbar á loe Jugadores; por roe, que c1mblaban por concbae ú o~ros objetos de poco valor; pero la órden era jua·fin las paredes que forman el salón t.ieoen amplias. comunicaciones con miradores co• ta y ierm1nan\e y había que obedecer
mo el de la entrada, pero con Vista al jardín del Hotel; sobre los techos colgando y os•
Uao solo aferrado á quedane en al barco, se mantuvo en lo altQ de la cruceta por
•cilando siempre 1 grandes pantallas de fino lienzo aeréan la calurosa ar.m6efera del un día hasta que la srieteza de verJe aielado y el hambre lo obligó á bajar era de dar
t!alóo que ee hal1 a concurrido, lleno, á no poder P?ner un solo pie.
risa como andando parado sobre sus patas, aeguía á todos bnecaado algo que comer·
Pues bien mis simpáticas lcc\orae, como tonnetas podemos pasar entre eSA mare• ee le dió por despedida fruta que comió gustoso, y cómo se hi~o !impás1co aquel ani~
magnum de g'eme, porque es permitido y vereis como las mas elegantes y decenLee mal que debe haber muerto á no dudarlo de indigestión; ial fué la comida que dió de
•seflorae pasean en loe salones y corredores·, tomando también ene buenos vasos de re•
frut.a, carLe y peecados.
freecos porque ee apetecen¡ pero impor,a curiosear y á pasar del calor "Yereie como os
Limpio el barco y todoa á bordo con Ja patente limpia, salimos de Singapoure
divierte ese baraiillo de gense, esa variedad de tipos y de damas que hablan, ae mee- despirtiéndonos de la So.ida qae iodavía quedaría fondeada por un mee. Doblamoe el
ven ríen y abanican, van de un lado á otro viendo todo y luchaodo con loe '{endedo• cabo B el vea, y en pleno estrecho de Málaca aecendimoe dejando á un lado las eleva•res 4ue ofrecen cajas labradas de sándalo, de púas de puerco espín, baatonee de oal'ia de das ooeias de Java y de es,ribor á las de la península; la corriente fuerte y las ag11ae
la india ó de ébano, elefantes, tígrea, y fignrae humanas que fabrican en marfil, madera de an verde sucio indicaban el bajo fondo del ee,recb.o; al llegar á la punta none de
y caoba piezas de cachemira, conchas con paisajes iluminados al óleo, grandes irosoe la ie~a, cambiamos rambi:, hacia el oeste dejando apenas visible en Ja costa, á Edí, ~
-de mad;épora ó coral corriente, fotografias, pitoe de una plau5aeepecial¡ otros eoaetlan blac16n holandesa, en la 1ala de Java. En la noche del'8rcerdlade mar avistamos el fa•

c,Linan dijo el anciano con voz dU:lce y ya olvidada
hacía tiempo ( con ese nombre la llamaba en eu ju ven•
iud} «¿Sabes que se parece á tí? ...... » Y abismándose en
loe recuerdos del pasado continúo-con voz muy alta,
lo aee~uro:-¿«Td acuerdas del día de las cerezas?...... »
¡Qué bien oyó en ese momento la sepiuagenaria Adelinal Bu sonrisa desdentada tuvo otra vez cierta gracia de
juventud, y el brillo de otro tiempo volvió :t iluminar
por un ins~ante sus ojos apagado!!.
¡Cuán grande ea tn poder, oh juventud! ouando así
logras, con solo tu contacto, devolver por un momento á
esas ruinas humanas toda la frescura de los recuerdos
de amor.

Antonio Alvarez y Corilna.

F. QE; JAURE:GUI

¿A qué vienes, amor, si es ya muy tarde
A turbar mi profunda indiferencia?
Déjame sumergido en la indolencia
Y no de tu crueldad hagas alarde.
Desde que el fuego de la fe no arde
En mis eairaflae, siento la inclemencia
De iodo cuanto &amp;bruma la exieiencia
Y hace el ánimo mísero y cobarde.
¡Oh amor! ya no me engafian tue rieuefioe
Eepejíemoe de calma y de veniura,
Poblados de ilusiones y de ensueflo1:1,
Que iluminan mi espíritu sombrío,
Y que arrancas después con mano dura
Para dejar mi corazón vaoíol
JOSÉ M. ÜCHOA,
Sepliembre de 1897.

¿A qué hoto desdén, cuando podrías
Con un poco de amor y de ternura,
Trocar en no probadas alegrías
Mis horas solitarias de amargura?
S'i penetraras las tristezas mías,
Si supieras que te amo con locura ...... ¡
Tú t.ienes CO?azón, y alcanzarías
A reaP2ar mis Euefl.oe de ventura.
Oonmuévate á lo menoe la rudeza
Oon que el dolor en mí ceba eue eat'l.as;
Y te diré con íntima franqueza:
Si ya agotado me crees, te engafiae,
Pues delata la nieve en mi cabeza
El fuego abraEador de mis enirafiae.
Agosto de 1897.
Jod M, OcaoA.

223

VIAJE ALREDEDOR DEL MUNDO, DE LA CORBErfA "ZARAGOZA"

PA_RA LA SRlTA. JOSl!FA CORREA Y

como conviene al ciudadano óe 1880; y el de la eeflora,
de ean&amp;a ideas, porque ella es muy devota. El desprecio
reciproco de eetae lecturas ea tan grande que nunca lee
e-1 uno el periódico del otro¡ empero, más tarde sí, á hurtadillas-únicamente, por alimentar eu c61era-tomao not-a de lo que dicen, y al día eiguiente ee echan á la cara
las inepcias con que el día anterior se deleitaran uno y
otrn.
Unas pocas viei,ae ayudan todavía, sostener esas últimas chispas del peoeamientl: el cura, que poco interPsa al eef'ior, el vecino de eofren'8, que indigoaá la sef\ora por que es volteriano, y el médico, que esperan ambos, como un libertador; cuando lea sobreviene una cri1:1ie, y que, en tantO dura el sufrimiento, lee ¡:arece un
igno1 anie, ei no ha llevado en eu bolsillo el agua de Jou •
,·ence.
Un día peneiró en aqnel Falón iriete y oscuro un rayo
de e-ol, una joven hermosa, la sobrina de Paríe. ¡Ahl

EL MUNDO

DOMIRGO a6 do SlPTIEMBRE do 1801

Apuntes sobre el

ES TARDE,

Lo/Ita. Verdugo.

•

Maria Verdugo•

�OOIIINGO 26 de SEPTIEMBRE de llo,

EL MUNDO

224

•
remplo hlndu en Colombo.
ro de la iela Wai perteneciente A loe ingleeM;y pasando e"ltre esta isla y la Bra.$ ascendimos un poco hasta el paralelet número 6 que seguimos basta la isla de Ceylán, fu•
t.uro Puerto que eeperfbamoe alcam:ar diPz días deepuée de nuestra salida.
En todo el trayecto enconmunoe 28 barcos, lo que indica queee la vía que utilizan todos loa abundante e vaporea que hacen la travesía del Asia por lae aguas del golfo de Bengala.
Once días de mar sin nada notable gastamos para l!Pgar á otro 'paraíso: á la India.
El puerto de Colombo se avistó á las diez de la mañana y guiados por el práctico
fondeamo1:1 cerca del magnífico y j,ganteeco malecón del sur, espesa muralla de grani•
to que defiende á las ~mbarcacionea de la marea del sur-oeste.
, .

intenso superaba al que eufrimos en Singapoure. Los extranjeros residentes abando•
naron el puerto, internándose en la isla hasta las pintorescas poblaciones de Nueva.
Elia y Kandy.
Plaga terrible la peste, que Se extiende y cunde en aquel territorio que es su cuna,
deevastando loe pueblos y causando el Mirror de todaé lae naciones.
La sanidad de C.)lombo _había tomado ya eus precauciones, redoblando las vigilancias y poniendo en planta las riguroefeimas leyes de Cuarentena¡ aef ea que el puerto estaba trisU- 1 que la población no abundaba sino en naturales y que loe grandtle y
pintorescos paeeos orientales veíanse d ; eiertoe de europeos¡ pero ¡qué aep2cto más J!Oberbio de eea i!la, llamada por loa primitivos indua Sí.nhala ó Sudarsana, que quiere
decir la bella! ¡cómo brillaban, cual granate, lae callee rojas por el cabuck, contrastando atrevidamente con el verde ob~curo de gigante vegetación, que se reflejaba mageetuosa en la tersa aup~rficie de un lago irrf gu• ar y tortl}OBO que circunda á la
ciudad.
Edificios euntuoeoe forman espaciosas callea que se pierden en bo!:lquee hermoef-.
aimoa, en bóvedas de intenso follage, siempre verde; el árbol de la oanela, el almendro y el tek mezclan su ramsje y confmiden eue perfumes; enredaderas gigantea tre•
pan por donde quiera, enmarafl.ando con su inestricable red de monstruosa araña los
intervalos que d~jan entre eí loe pintoreacoe árboles. En el agua, también plantas
arrogantes como la ;i• frtoria , el loto y mil otras especies, cubren la superficie de la•
gos y eetanquee, ealpicádoe de floree blancas ó lilas, rojas ó azulea, que despiden aromas embriagadores: tal ea la fama de Oeylán como bella, que cuentan loa marinos que
aún no ee auvierten á la vista lae costas de Ceylá.a y ya Bt, percibe el perfumado ambiente que deepidf'.
Considerad un poco hiperbólico este dicho, pero la verdad es que no hay exage•
ración en decir que no ee encuentra país donde trascienda tanto el perfume de las
plantaP, hojas y .tloree como en Geylán. Ab.ora, si ee toma un coche y se paaa revista..
á txtramuroe, al Pa rque de canelu y al 1\fuaeo Real ó á loe templos ó pagodas bramanes é iodue: untoncee ea más pe:rfumada, casi casi insoportable la tibia atmóefera cin·
galua.
Con dos rupias y media se puede alquilar un buea coche que os baga vieitar en
eeia horas lo principal de la ciudad¡ agregadle media rupia de gala a\ cochero y os servirá de magnífico cicerone, -voluntario y comedido, comportamiento que utilizais yque bien vale una rupia.
·
Primero se vieitó la ciudad de nativos, barrio miserable¡ casas, más bien jacales
de madera, donde viven casi desnudos, aglomerados y eucioe loe malayos é indus: por
lo demá.s huele mal; allí no lit g1. f'l perfume de la atmósfera 6 se neutraliza al contac•
to de ese olor de carne humantt. sucia y miserable, exagerado por el ardiente sol que
tueeb eu bronceada piel. Veet.idos muv eencillameme, lleva el hombre un pedazo de
litnzo cruzado en su cintura, ~que detiene con un lazo cualquiera, y una especia de
sábana corta, que puesta sobre la cabeza dejan que caiga libremente ilobre la espálda;.
h 8 mujeres usan el miemo tiapo, pero de colores, casi siempre á. cuadros, y una camí •
&amp;eta corr.a, blanca, que cubre sus eenoe: llevan como adorno peeadae argollas de metal
enellóbulo de eua 01dos, que crecen y se alargan haeta parecer mona ,ruosos¡f rugívoroa
y herbívoros, pocas veces entra la carne en su alimentación: lo que más resalta en todos ea ta colorac~ón rojo inteneo de-eue bocas, debido á la costumbre que tienen de
mascar una serie de especias, que dan, con la ealiba, una coloración rojo de carmín,
que tii1e labioe, leng11a y boca: utilizan laeespeciae en vez de tabaco, y la primera im•
presión que dan ea de individuos que acaban de tener una contienda, que terminópor hacer brotar abundante sangre de la boca.

CUARTA PARTE.
I.A INDIA
CEYLAN.-COLOMBO.-NUEVA ELIA.-KANlJY.

I
LA CUNA DE l.A HUMANIDAD

¿Quién no ha oído, allá, en la aonri8nte etapa de la nifléz, las fabulosas historie•
tas de Las mil y una noch~s! ¿quiéo no ha eeotido au tierna imaginación conmovida por
las fechorías de loa Magos, de las Nayadea del bosque, de loe reyes y príncipes eanguinarioe, de loa monauuoa de aiet.e cabezae, de las varitas de vutua y de las lámpa~
rae maravilloaae? quién, cuando en los eetudioa superiores, al tratar del gran problema de Ja aparición del hombre no !8 ha eeotido atraido por eae caos de vaguedad 1 é
inútilmente eecudr1fla pergaminos, esculca autores, revisa opiniones y caneado 11.
nalmente deja en eu ilustración un vacío, y en sus creencias una vaga idea de .auestra aparición sobre la tiefra? ............ Pero entre tanta opinión, entre esa pale,a de
coloridoe ténuee de la ciencia, realza un conjunto uniforme, un arco iris de sustentación, donde la hipoteeie consolida su cimientos y con verosímil forma nos muestra
aunque con vaguedad, la cuna de nuestros padrea, el afl.ejo tronco de nuestro árbol
genealóg 'co, en fín, el sitio donde ese árbol echó raíces y deepuée, el variadisimo ramaje qué hoy dia, puebla á. todo ei. orbe.
Creeee comn~mente .qu.e alht en lae edades primitivas .de nuestro planeta, en la
época de loa deahielos, ex1enó, circundando al globo, una faJa de tierra intertropical1
único eitio habitable y habitado para loe hombree de aquél entonces.
~1 través del t;íempo sucediéro~ee bornbles cataclie!llos que ~u~erjfan en las profu11d1dadee del océano grandes lon1ae de la terrestre faJa, convn11endo en islas 6 archipiélagos, aquella uniforme zona. Veetigios quedan todavía de esa poderosa creencia; el Africa unida á la Arabia por nn itemo que hoy ee el estrecho de Bad-el-Man
Deb. 1\1álaca .con Borneo Sumatra y Java; en América la península de la Florida y Cuba, y lae Aoullaa; Espaff.a con Africa por Gibraltar, Europa y Asia por el Bósforo y
en fin, la isla de Ceylán con la gran península C:flgangética, hoy universalmente ~onocida por las Indias orientales.
_ En ning~na parte como en est.a última, hay loe vestiglos máe palpables del CSta.chemo que dió logar á la separación de Ceylán del contrnente; hacia el noroeste el
reducido eetracho de Parabán separa la isla del continente y sembradas, formando arco de circulo sobresalen del nivel de lae aguas las islas alargadas de Rameewarán el
puente Ramée y Kamar que separan al norte el golfo de Palk y al sur el de Manaa;.
Loe primitivos habi&amp;auttleque eobÍ'evivieroná aquelJoe terremotos ya por el temor de perecer como eue antepasados, ya u1 gidos por las necesidades1 ábandonan en
masa loe gironee de tierra ingrata, y en b&amp;leat1 const-ruidae con troncos de árboles, uni·
daa entre sí, se l,rnzan á la mar, impulsados por el viento y eua corrientee en busca
de otro ierritorio más adecuado ii eue funciones vitales y á eu deearrollo.
'
¿Cuántos millones de seres no murieron en esas arrieegadae tentativas? ........ . Los
más f~ertes y afortunados llegaron á Ceylán, de allí á. la India y de allí, propagándoee hacia el Norte, l?ª"blan, al ~ravés de Jos a_iglo~, el orbe antiguo, modificándose por
el terreno y lae r_egrnn~s del cltma su orgamzac1ó1=1, su carácter de raza y su idioma.
En esas Indias Onentalee, remotaP como loe a1gloe, ea donde se descubren loe pri•
meros rasgos de nueetra genealogía¡ de allí dimanan todos loe idiomas allí ea donde
~e levania. la mJgica !r~gua donde ~e han fo:-jado los hombree .de acer~, las leyendas
inveroaím1lea, las rehglonee fantást1cae, las guerras de ext.ermmio, las hambree que
matan, las pestes que desolan.
Alli, á UD paso d~ ~ea tierra vetusta é hist.6rica, !lº .dns playas perfumadae por el
rhododéndron , enroJemdae por el cabuck [arcilla roJa maie] que forma el pieo de la
isla, sobre sus fangosas agua.e, que alimem,an á la va::oaa p erla negra, fondeó nuestro
barco á un lado del malecón que forma el puerto de G'olombo.
1

1

III
LA

11

COBBA CAPELO. 11

Del barrio nativo tómaee el camino sombreado y fértil del parque de canela, yallí vereie entonces el corpulento abdal con eue ajas ovales y grandes y e u tronco liso,
oubíert? de _frag1l corteza, que seca y beneficiada forma loa rollos de canela con que
confecc1ona1e, lectoras, vúeetroe, dulces, helados y mil platillos.
El parque ea hermoso y el Mueeo de Hietbria Natural Arqueológica y Agricultu •
ra, vasto en ejemplares, ¡cómo brillan y destacan las mariposas. que llevan cubiertas
sus pulverulentas alas de loe más vivoH y esmaltados colorea que pudo combinar la
naturaleza en esas floree vólanteal¡ paeais un agradable rato, curioseando principal•
mente la variedad excesiva de reptiles que posee la India, figurando entre ellos la
reina de las víboras venenosas: la cobra capelo.
Anécdotas tradicionalee, cuentos verosímiles 6 fabulosas fechorías ee a.tribuyen
á esa emperatriz de loe ojidias.
'
El indu ha logrado domesticarla y hace de ella un medio de eepeculación exhi-.
hiendo sue notables habilidades y su inteligencia un poco superior á las de su especie;
en ee,aeexperienciae, el reptil se muestra voluntario y hasta astuto para hacer sus
suertes como pudiera hacerlas u.a animal más perfecto.
La cobra capelo ea un animal que no inspira repugnancia como sus congénere3;
ea ágil, esbelta.y graciosa, de un color generalmente amarillo grie y sobre todo lo que
la distingue de todas las demá.e ea la gola ó capelo que levanta cuando se le excita; en
el dorso este capelo tiene un dibujo eepecia1; doa círculos ó oaroaae negras á loa lados,
simétricas y de éstas hacia abajo parten doe rayas negrae que ee unen eu ángulo dando

225

EL MUNDO

Entrada al templo hlndu de R.ameswaram. - Paumten.
á la figura la forma de unos lenetes. Cuando está excitada sostiene sobre la cola enroec~da su cuello digámoslo aeí, dobland:l .como ?n cisne la cabeza, capelo y primer ter•
mo de su alargado cuerpo; en esta pneimón deJa ver la Cobra toda eu ahivez y elegancia-es un reptil hermoso valiente, y vivo.Citaré algunas de lae bietorietae que allá ee cuentan, así como la educación que
lee dá. el juglar que las amanea.
Preguntando al prt&gt;eideate de Sanidad en Colombo si había a'go de cierto sobre loe
cuentoe que se atribuían á la Cobra me dijo: ei, ea muy cierto¡ la Cobia ea el león de
loe reptiles: ea vengativa, valiente y agradecida.
Advertiré que el doctor citado ea oriundo de la India, hijo de una familia noble inglesa é ilustrado en todoe loe ramos del eaber human&lt;'.
Su casa ea un mmeo y entre muchos animales tiene un hnmoso ejemplar Je cobra capelo¡ contándome la historia de eea víbora, me refirió que la babia atrapado
desde muy chica y que en la jaula que le servía de carcril haJía crecido en 6 años haa\ael tamafl.o que te~Ia: cerca de metro y medio; u.a antiguo mozo que destinaba al único cuidado de sue ammales á hora determinada iba á servirá la v1bora, primero ineectoey despué3 ratones; un día, platica el Doctor, mi mozo íué I gredido por otro individuo en. loa momentos q11e abría la puerta de la jaula para dari&lt;:1 á la cobra una ra~a.
La agresión fué brusca y loa dos, mozo y deeoooocido, rodaron por tierra luchando¡ repentinamente el. agresor da un gri\o terrible enelta á .ni n1ozo y st&gt;guadoe deepués era
presa de convuleLOaee espantosas. El mozo por el momento no aupo á qué atribmr esta
aorpreea cuando vio deslizáodo~e por tier:a á la cobra que en poco iü-mpoeubió á la
jaula y penetró por la puert.ecilla que babfa quedado abiuta v por dN1de había ea•
Jido: Aeuetado el cuidador y sin ocupare.e más de la cobra me da la noticia é iamediatamBnte asisto al enfermo que murió en p0coa minutos¡ la cobra no volvió á i!ahr sino que esperó traoquila que el mozo le llevara su allmen io.
Este caso particular dice el Doctor, me hizo concederle á la cobra no eolo intelige:u.oia sino también aeradecimiento; defendió con energía al que desde tantos años le
llevaba alimento y la cuidaba.
Admírese ust.ed, me decía, cómo supo mi cobra distinguir en la rifi.a á su víctima?
¿cómo ~ali? y para qué~¡ nó con un o~jeto? es~o es admirat&gt;le, me decía, que pueda ca•
ber raCIQCIDlO en un ammal de tan baJa ei:cala en la eérie de loe vertebrados.
Abara vedla~ en a~e trabajos de circo; todas ellas están mutiladas, lee rompen de
base el perforado colmillo venenífero y lo tapan con una eustanoia especial; t-xcitadae,
se calman con las penetrantes notas del si.guiti, especie de pilo unido á un guaje y
que produce eetridente y monótoao estribillo¡ la cobra, satisfecha con un rato de mú·
eica ee preeta ii. las B!,lertec, sale de SLI colote de mimbre y paea au ondulante cuerpo
por argollas, luego sigue otra y otra baeta cuatro. que ee anudan, y alternativa mente
pasan por tantos obstáculos como se lea ponen; luego se meten cada una en su cesto
que el juglar pone en cuadro, y sacando cada animal sus alargados cuellos forma¿
un arrogante y temible cuadro¡ á cada movimiento del juglar ya conocido' se ocultan ó ealen de eu cesto y pendientee, lo siguen volteándose, y mudan de lugar dando
vueltas al rededor de ellos.
La cobra es el animal más común, más temido y más admirable de la India.

IV

de las boncioo, representado ya bajo la forma de becerro ó de cordero, ya baJo la
forma de un macho oabrfo.
Vichnú, el dios condescendiente, ea el que cuenta con mayor número de templos. En
fin el Chakia manú, el dios sabio, y el Djaina el dios misericordioso forman la corte
celestial de la religi~o inda; cada uno de estos dioeea tiene sus eect'arioe y eus fieles.
Cu~ndo uoa criatura na~e, es un día _de fiesta original para la familia.
El 15:fe de la ~aes, ea dec!r el más anciano, abuelo ó tatarabuelo, ea el que rige la
ceremoma; éet~ tiene ¡;.or. obJeto ll~mar tC?doe loe buenos espfriiua, para que favouzcan. en el tránsito de 1.a vida al recién namdo, .Y ahuyenten á loe malos espíritus de eu
eepmoea senda. Vea~ida de gal~ t~da la familia, y ante el altar que levantan al dios
Pouleyár, ídolo que tiene un ch1qmllo en sus brazos, y favorece el alumbramiento
oran¡ la figura de este dios no falta en ningún hogar.
'
Postrados ante el altar loe miembros de la familia, el padre trae en una especie de
arca á eu rete fi.o, que coloca á loe pies del altar; entonces el anciano jefe de la csea to•
ma una vara .de bi:imbú, y haciendo eefl.ales áloe cnatro puntos cardinales, llama á. lne
buenos eeplrnu@ para que ayuden al retoño en su lucha; después viene la ceremonia
de auyentar á los chocarreros. Para ello traP.n encendida una tf'a de planta que crece
en los fangos y eobre la brasa rompen tantos huevos podridos como E!ean neceearioe para apagar la tea, y una vez que esto pasa, el jefe de la familia en en idioma pronuEcia
esta sentencia con solemne frase:
uAsí como ee apaga la puerca ~uz que del fango sale, al contacto del germen podrido, as1 E!ei _destruyan lo A °:laloe gemoa los unos á loe otros y dejen libro tu camino.»
Termrnada e~ta aafix1aate ceremonia, de un vaeo de oro, plata ó cobre, sacan una
medalla: ea el tah que euspendeo al cuello del chiquillo ea la ipsignia de la adoración
al dios Pouleyár, imignia de prematuro matrimonio. '
Aun cuando el Budismo predomioa sobre ~ae demás religiones, t&gt;n CPylan·véme
templos brahmaoea, pagodas que eon un luJ.o de arquitectura exterkr é interiormentP.
No ea Colom~o por cierto la. población mas ~ica en templos palaciales¡ sin en.bargo h.ay algunos dignos de mención: la pagoda hmdu en esta población y el Baladct
Maligagua en Kaudy.
Arcos ojivales artísticos y esbeltos, esculpidos en kabockr(ljo ~carlatadei:cansan
sobre admirables columnas labradas con mil cap.richosae formas qui, la escultura de
ese país dei:cubre.
Arquería y pilastras sostienen hermosa cúpula donde apiHadoe en magnífica ei~etría aparecen muchos bajos rel:eyee, esculturas, bmtoe, estatuas, molduras, arcas,
p1laetr~f, ~n fin U!l ordenado catacll8mo de arte, de génio, que broia de las hábiles m:.noe del artista.
Arquerías cúpu;a y ~olµmnatae, for~ao ,el soberbio pórtico del templo; pasado el
umbral, y ya en e.l mtenor del templo, 1a mif!ma construcción, la misma arquitectura
que paema y admira. Ved el templo en su fotografta y ae! oe formareis mt:"jor idta de
la que puedo dar.

V
PISO DE ADÁN,

. De Colombo u.na vía f~rrea coa~uce al interier de la isla, poniendo en comunicación á Ksndy, antigua capital de la 1ela, y hoy convertida en mansión veraniega don•
de no solo loe extranjeros reeidentes en la isla, eino loe grandes v nobles de AfganiEtan, Arabia y Persia, tienen expléndidos palacina que habitan durante loa invier.oof:' •
ait.uada la población enel interior de la baja cordillera, que ocupa el cent.ro de la isla,~
las márgenes de un lago magnífico y muy cerca de la falda del Piso de Adán1 montafia
qu.e ee levanta á unos _I,900 pi~a sobre E'l nivPI del mar, fué llamada por loe indue
Sr1pada mene; que qmere drn1r planta de un pie, por la forma goe ,iene la cima que E8
aeemPja á la impneión quto un pie dPja eobr~ un tnreno b:ando,
Más budieta f&gt;l indu cree que allí pieó un pié humano, y para dar E'l paso á la pe ..
nínenla. Lo particular ea que la otra impeeión parece no encontrarse en el Indoe.tan
Otros creen que el paraieo fué la isla, y que la montafi.a aludida, fué donde babi:
tó Ad~n de donde el nombr5: de Pieo de Adán que lleva esa montaña en Jae costas
Marít.1mae; una como otra etimología del nombrP son como mucbae tradicionee indias
fantáeticae inverosím1les. Da Kandy á Nueva Elia el nue.-o tren va pasando por eem:
bradoe de té, ~ ~oequP.e siempre fértilf'e en cuyas faldas, bullen parleros arroyos de
agua zarca dehmoea, pero fa,al, por que lleva en su seno una sangu ijuela pequeíla y
abundantís•ma (hynrudo ceylánice) que produce la mut&gt;rte al que aventurándose á
tomar de esa i,gna que convida, lleva á este pequefio pero temible utoniozoario que
cauea dolores terribles, y la muerte en medio del máe ráoido agotamiento· en CeyJán
se re.gistran anualmente en Ja estadística de mortalidad, frecuentes ca~os de eeta
ee~ec1e.
. La providencia, aiemp~e previsora · ha colocado en esoe terrE'noa un l'l'rbol espec1al1 el árbol del afl'!-'-ª, e.apec1e de palmera que tiene eue hojas como !se del plátano pero
en for0;1a de abamco gigante; loe natu~les cavaa eu au cortPza unida, delgada; lifla,
un aguJero y 1::n éste un tubo de bambu; al rato eale una savia abundante y de un B!l•
bormuy eemeJ!ln~ al agua natural; eeta_pl~nta además de f:'er útil ea elegante y forma uno de loa primeros lugares en la ut1tís1ma flora de la India.
_Por fin era ya tíempp de eeguir nueetro viaje, además, las malae coodicionee de
eamdad en que se encontrab~ el puerto pudieran haboreidocausa de que en loe demás
lu~re~ que t.ocá.ran:a,os 110~ auJehtsen á cuarentena. A bordo se t.omaron precauciones
m1ouc1osas para evitar C.Jntagioe, y a~ Ealir, obtuvimo3 pa ente limpia y nuestra gen•
te toda sana aun cuando un poco fastidiada por el rigorismo de eaae exigencias higié-

HABITANT.E8 1 COSTUMBBES, COMF;RCI01 INDUSTRIA, AGRICULTURA Y RELIGIÓN.

II

1

U ERMOSURA DX CD:YLÁ:S,

Iniciábaae con formidable rapidez la peste negra en Bombay y el hambre diezma•
ba los cantones del Ganges y del Bangala, cuando arribamos á Colombo. Un calor

DOMINGO 26 de SEPTIEMBRE de 1197

Elefantes en Ferry, cerca de Kandy

En millón y medio de kilómetroe cuadrados que tiene CeyJan de M&gt;rritorio íértil
campean 2.000,000 de habitantes de loe que correeponden á Colombo 130 000. Mezcl~
de todas la6 razas de.la india é indo chinos, abundan sin embargo per~aa árabes y
musulmanes¡ solo el chino dejó en un Singapoure sus coleta~ y eu raza q~e no ee ve
representada en Ceylan. ~rahfil:an~fl, Zaogarie, Zchéttie, Vellalahs, Ka'JJaneR, Indue y
Malayos forman la población, s1gu1endo en ese país las coetumbres de ene primitivas
ca~tae,. aun cuaudo UD poco modificadas por Ja civilización Europea, eepecialmente
brltá.mca.
~os persas judioe, que tienen como algunos indue monopolizado el comercio de
las p1edrse prec1osae, surten de ellas á todo · el mundo, eépecialmente en todas las
grandes PC?b laciones. del Aeia e1;1~ra. Lae arenas del río R atnap ura contienen la variedad máa rica de rub1es y topac10e y el granate abunda en grandes lo11jaa como entre
nosotros el ópalo.
En inmensos lanchones cubie,toe con un bajo techo de caña de Ja India y palma
hacen su pesca de rubíeP, _para lo cual fioas redes adheridas á uu cuadro de fierro que
les sirve de abertura, eon arrojadas, euapendidasdedoefuerteecaboe baeta la cauce del
río¡ después remando ó empujando con largos palos que meien en l¿a bajos fondos del
río, lleyan á la lancha en contra de la corriente, haeta que la red bien llena de arcilla, ee iza~a y lavada la ar~~illa en gr~ndee planos inclinados de cantería, que for°:lªn plamllea ~n alg~noe eitrns de la ribera; después recogen la arcilla máe fioa, que
Blrve para puhr las piedras:
El perea usa ya el traje europeo¡ lo que no abandona ee eu peinado C'lffiO el de
mujer y e1,1 peineta d~ carl'y se~icircular que coloca en eu aplancLindo pelo, formando
una eepecie ~e coromlla que se 10tenumpe hacia la frente; por lo demás, eoo tipos al-ioe, y varo.mies, .celoeof!I com~ el turco; es muy raro verá sus mujeres en laa callee,
estas so~ e1mpát1caa, predomrnando en ~llas ?joa negros grandes y expresivos.
I-,&lt;;e mdua ac~stumbradoa al vasallaJe y cierta esclavitud, dedfcan eu trabajo al
servicio de la agricultura, que produce ademáe de todas las especias, té de la mejor calida~; eRta _gente no fuma, en cambio masca sus eepeciae, que dan á. las bocas esa colorac1~n guinda t~n. ~e mal aspecto¡ entre e~e .costumbres hay una eairambótica: loe
B.udistae más civ1h_zadoe co~servan el pohte1smo y erijen pagodas á sus distintos
dLOaea, ~! dios pre~1lecto Shiva 6 á. ~u representante femenino Kali, á T'i.chno, avatar
d.e los dioses, que sufre taneformac1ones corporales al antojo de la ardiente fantasía

Vendedores de lruta. - Colombo.

�DOMINGO 26 de SEPTIEMBRE do ,. .7

EL MUNDO

226

Serían lae dos de 1a maflana; el mar en plena calma y
calor sofocanie, hizo que todo el mundo, sobre cubierta durmiera, buscando el fiojfeimo vient.o del norte,
que refreecaba un poco; nadie dormía en el entrepuente
y lae ventilas, aprovechando la calma se babian abierio
enteramente¡ no qoedabao á esas horas en el interior del
barco eino Jos maquinistas y fogoneros de guardia; el bar•
co aeguía1 mientras tanto1 lentamente, como adormecido
y jadean\e de calor.
El oficial de guardia vigilaba el espacio, y repentina•
mente del lado del nol1e, ve una nube¡rara que se acer•
caba violenta al ·barco¡ después, un ruido vago salia de
esa nube, pero no igual al que produjera la lluvia al caer
sobre la superficie del mar; por otra parte, esa nube pa•
recfa como ei se levantara del mar¡ única no había en
todo el horizonte, más que esa mancha negra y movedi•
za que amenazaba llegara! barco.
Por fin unos m,Jmentoe má.a, y aquella nube negra cayó sobre el barco primero, con un ein fin de ruiditoe Be•
coa y zumbido¡ d~spuée, la gente despierta asoracla; un
verdadero iumulto se levantó entre todos nosotros, despertando por la Eorpreea¡ animales volando 6 salbndo,
nos aran.aban las caras, nos golpeaban la cabeza, nos ~asaban zumbando por los oídos¡ eran eeoa locueiidloa
(langosta, chapulín 6 chocho) que .había caído como
plaga,
Calmada la sorpresa se consultó el horizonte, ee rectificaron loe cálculos y se tomó nueva situación 1 valién•
doee de las es,rellae, purque era natural deducir que estábamos muy cerca de tierra.
Las rectificaciones indicaron que estábamos en buen
camino, y á. dieLancia del50 millas de la tierra más próxima que era la co11ta de la Arabia, de donde soplaba el
vienio, y de donde había venido la nube de langosta.
Desde e11e momento no se durmió á bordo¡ loa insectoa
caían y ee medan en todas pariee; hubo algunos que llegaron hasta la máquina, muchos emprendieron nuevamente au vuelo, y en el baldeo
de las 4 de la mafi.ana ea lían por las portas montones de cadáveres de e11e perjudicial
ineecto que nos había dado una de las sorpresas más raras del viaje¡ algunos se soate•
nían en la jarcia y palos y otras después de volar rapidamense caían al agua para no
levantarse má;i. Ahora bieo, ¿cómo explicar la presencia de eeoe ineec,os en ana mar
y á ian gran clietancia de la tierra?
La más verosímil explicación fué la siguiente:
La plaga reunida en la coe,a de Arabia1 fué impulsada por el viento hacia el mar,
cuando la fatiga á. Pu rápido vuelo las obligó á deecanear; catan en masa sobre aqne•
Jla tersa superfi,;:ie del golfo, unas se quedaban eobre el agua, y las oiras apoyánctose
sobre el cuerpo de las primeras pudit:ron salvarse del coniacto del agua y seguir eu
vuelo hasta no hacer repetidas veces la misma operación; disminuyendo ooda vez
millones de insectos que se quedaban pe~didoe en el agua.
Selo así podían haber llegado hasta el barco; y de esta misma manera podían
auoque en muy cnrW número ya, alcanza!' la cosLa Africana distante en aquel lugar
de la primera, 490 millas.
La segunda pregunta que nos hacíamos era saber si aproximativamente podía calcularse el tiempo empleado por la plaga para llegar al barco.
Aunque aproximada, es relativamente fiicil imponerlo.
Suponiendo que la rapidez de eu vuelo sea de ,reinta millas por hora, lo que da
dos minutos por milla, que ya es una felocidad muy regular1 y euponiéndo1ea un
aguante de euspeneión en el aire de un cuarto de hora y diez minukle de descanso li
las supervivientee, se tendrá que las que llf'garon á bordo habían gastado 8 horas 20
minutos, de los cuales 5 volaron y 3 hCJras 20 minutos estuvieron descansando.
Ahora imaginad el número que deben haberse quedado perdidae en el mar, y aef
se tendrá. un monto de millones de billones de ineecros, que formó ee11 plaga, una de
las eiete que proverbialmente le achacan á. Egipto, país que ya ea\aba muy cerca
de nosotros.
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La ¡Jalada Mallgawa ó templo del Yootl:.-Kandy.

nicae que eufrieron en Colombo; exigencias que más tarde sirvieron para eviiarnoa el
incoo veniente de pasar mPa y medio aili11ados en el sanatorio.
Sin novedad dejamos Colombo y al dla siguiente pasamos á la vista de Cabo Comorin y deepués eotramoa de lleno ~n el océano Indico. -Nos dirigíamos á Aden, puerr.o
de la Arabia ,í. la entrada del Mar Rojo.

y¡
DE COLOMBO Á ADEN.-2,130 MILLAS.-12 DIASDETRAYESJA.

Nada de -particular en los 6 primeros días de mar, si no fuese un calor sofocante
al que nos habíamos acosiumbrado; deede fines de Junio de 96 llevabamoe sie'8 meses de
calor y 3decalor y lluvias, és5tle nosabandonaronen el Oceanolndico,aei como lo! vientos
y las ~mpestadee¡ calma completa, á veces el mar dura ein rizarse cuatro ó cinco diae eatá como de aceite1 lo único que arruga en terea eDperficie ee el remolinear de la heiice'que
deja una estela larguletma y recta, á bordo se hueca alguna di vereión para distraer a la
gente en en~ reducido~ momenk&gt;e de ~cio; tntre ell_os se reparten loe diferentes papeJea de un sainete cómico que se traduJo con ese obJet~, y máe ó m~º?ª bieo ensayado,
se representó en alta mar¡ máe que por la repreeentac16n, por lo r1e1b!e de loa i;ipos
causó el esperado efecto: dietrat:r Jamonotonia y el fastidio que se apodera de la gen~
te durante las calmas prolongadas en alta mar.
Eeta y otras diversiones como un cable encebado que sobre la cangreja de trinque•
te colgaba, eupendiéndose·en lo alto un eaco con algún dinero, formaron las pocas diversiones que se pueden encontrará bordo en una larga y c1lmuda travesía.

VII
EL MARDEFUEGO.-UNA PLAGA DE LANGOSTA EN ALTA MAR.

Caminábamos entre paemoea calma hacia la isla de Socotrs, árida y deeierta vegetada solo por sávila, planta cuyo jugo produce el alt:e, única y miserable indu'stria
de ese montón de pefiascos, que forman la isla.
Lasconientes que pasan al norte de- la isla, más favorables á nuestro derrotero
las seguimos, así es que entramos ahGolfo de Aden, por la ancha coamnicación que
une el Golfo con el ÜJeano Indico; fa silueta de Socotra la tu vimos constantememe á
la vieta1 y al octavo día en ll:$ noche dejábamos su punta norte por la popa, y enirá•
bam9s de lleno en el Golfo de Aden, formado por Jas costas eureste de la península
aráb1ca y la cuenca norte de la costa del Africa y la isla de Socotra al noroesie de la
punta del mismo contrnente.
Anochecía,_ y un cielo estrellado sin una eóla aube reflejaba en el agua la infini•
dad de eus luminosos astros enel mar¡ de vez en cuando se advert1an focos aislados de
loeforeeoencia, pero no como la que hasta entonces habíamos presenciado: la primera
podía compar~~ á un polvillo eutíl1 á un verdadero vapor foeforescenie que a11mentaba con el mov1m1ento del agua: esb fosforescencia no era igual ni uniforme se veía
c:omo manchas luminosas, ~ieladas en grandes irechoe, que vieias á dietanci~ imaginamos á ánades cetáceos, que dejaban 1 al moverse en el agua, au estela luminosa·
después, á medida· que máe nos iniernábamoe en el golfo, algunae de estas mancha~
pasaron cortadae por la quilla del barco: evioncee, echando canastos amarrados á un
-0abo1 pudimoa sacar los animales que producían foeforeecencia ian viva, verdaderos
focos de una luz pálida uul, desvanecida: era a Med.uzas fosforeeceniee.
E I barco caminaba y aquellas manchas se hacían máe y más frecuentes 1 como si
noe estuvieran preparando para recibir la impresión magna: efectivamente Jas man•
,cbas luminoeas aumentaban en iamai1o y en cantidad, hae.ta que por fin noe' vimos ro·
deadoe de un mar espléndido, magoffico, verdaderamente hermoso: parecía como si la
invisible mano de lo~ genios hubiera encantado al mar1 al cielo, al bar ~o y á. nosotros.
Parecía que camtoábamos sobre un sembrado de focos de Edieon1 cubierk&gt;s con
vaporosa tela: la luz que desprendían fué suficiente para distinguir bien la siluem del
barco y los detalles del cmtado; la estela era un verdadero torrente de luz donde
cintilando, parpadeando, brillaban 1 antes de morir, Jos gelatinoaoe ac~ino~varioa
.arrastrados por la vodgine de revoluciones de la h.élice. ¡Qué• mar qué eepectácul~
tan sorprendente, digno de ser descrito por plumas bá.bilesl pero aÓ.n aeí quedarían
loe raEgoe de la descr1pción pálidos, comparables á lo grandioso, verdaderamente su•
blime de ese mar de fuego, que duró cerca de tres horas.
En el dfa áloe costados pasaban por millones esos gelatinosos y estrellados animales, que en la noche nos habían demostrado su luz, de dia nos hacían ver lo delica•
do y ~ermoao de sus figuras y colo.res. Co~oree Hla, verde cl11ro, azul, nacar, gu.ind&lt;:1,
ama~1llo oro, en fin, todos loe matices páhdos transparentes, tenían aquellos velelos
,gelatmoeoe1 ténues como el sedoso encaje de Brue:elas, delicados como fina red de la
ª!aH.a .Y M&gt;doe ~eiinM&gt;a, variando en t!'manoe y formas, qnos proviek&gt;e de un flequillo
vibrátil, que mrcunda eue cuerpos diecordales, otros en íGrma de eaferitas de cristal
delicado,otrosde medias esferas, y deau cara plaua se desprendían, un penacholde· finos
tentáculos, largos y transparentes, apenas v1aibles; a! Wcarloe se deshacen, dejando
en la mano un escoeor como el de la ortiga1 ee la única defensa que tienen en contra
de loe mu fuert~e, porque esa ley del más fuerte se ve diaria y tenazmente en la vida
de loe séres marmoe.
El escosar que en la piel produce toda especie de meduza, lee ha valido de loe marineros el significativo nombre de agua mala.
Nos estaba tod_avfa reservada o,ra eorpreaa en alta mar, cuando aún distábamos
onae ireacientaa milJBB del puerk', y teníamos á mlis de 150 millas de distancia la
,costa más próxima¡ es decir, la cosw. arábiga.
'

La foeforeecencia del mar
y la plag.t. fueron dos gran•
des acouteoimientoe de loa
má.eraroa, qne lienaronnuee•
tra atención en todo el viaje
de mar; por fin, ya ein más
novedades que ee~ae, al día
siguienie vimos lae iristes y
liridae rocas de la cosSB arábi•
ga1 para entrar al viejo puerto de Aden.
( Clmtinuará.)

¡Oh, cuán feliz me siento
de no ser irlandesa! Odia.
ría demasiado li Inglaterra.
Lady Pldlerton.

•••

El efeck&gt; de una educa•
ción demasiado fuerte es im•
poner al espíritu una tensión
tal, qne la realidad se le vuelve invieible.
Ed. Lockr&lt;ry.

•••

El hombre ea frecuente•
mente para sí mismo un mal
eervidor, y mMI frecuente•
mente aún, un lÍlal maesiro.
Guy Delaforest,

•••

Cuando el lujo está. en al•
za loe caracieres están en
baja.

Alexis Chava-,,u.

•••

Fruto de Jack en Colombo.

Se gueta uno, se lo dice,
se lo prueba. Eeia ee toda.

la leorúi del amor.
J. Richard.

227

EL MUNDO

DOMINGO •6 de SEPTIEMBRE de 1897

rcree que se saca menos provecho de la lectura
de una crónica que de contemplar iales imligenes.
TRANSMIGRACION
Para terror de loe avaros, el pintor repreeen•
taba al naiural }as figuras de los diablos ver•
tiendo oro fundido en la boca del obispo ó de la
-s:
\ ENTADA al borde del lecho la convaleaabadesa que le había encargado un cuadro y
ciente, pálida y bella, lo miraba con
ee lo había pagado mal.
ternura á él, arrodillado á aue pies co•
~
Por eso loe demonios eran á la sazón enemi·
mo en oración a_nte una imagen. Era nn
gos
de ló's pintores y éepeciaimente dellos pin·
delicioso instante de la luoa de mifl, que ja,ores de Florencia, que sobrepujaban á los de·
más, en loe muchos anos de eu dicha, babia cemás por la sutileza del ingenio.
sado de iluminar su hogar. Al través de las cor•
Echábanles en cara1 ante todo, que loe te•
tinas deecubriase el plantío, mitad, huerta, mipresentaran
bajo un aspecto estúpido con oatad jardin, que circundaba la cabaíla, y la arbezas de pájaro 6 de pescado, con cuerpos de
boJeda, que como un boFque se extendía verserpiente y con alas de murciélago.
deando á. la distancia. El sol de Junio inunSpinello Sp1nelli, de Arezzo, pertenecía á
daba en luz el ámbito.
una noble familia de desterrados flore:Otinos.
Pero ¿á quién ó qué veía mientrae la estsba
Dd~puéa de haber trabajado por espacio de
mirando á ella? No contemplaba sino meditamucho tiempo, en ias ciudades, y ganado muba. El pensamiento andaba muy lf'josde doncho dinero, quiso regresar a Arecco,.donde fué
de estaban inteneamente fijos eue ojos.
recibijo con grandes honores.
Al comprenderlo se sintió abandonada, sóla:
Lleno atln de fuerzaa 1 á peear de su avanzada
una gran tristeza le lastimó el alma,tuvo celos,
edad, se encargó de importantes nabajoa en la
agolpáronsele las lágrimas ti 1oe ojos y ee abrapoblación: Con tal moi1vo eu mujtr le: decía:
zó á. él trémula de miedo.
-Eres rico y debes descansar, dejando áloe
-¿En- qué piensas? le dijo al oído con voz
jóvenes la tArea de pintar, en vez de hacerlo lÚ
de llanto. ¿Por qué te has ido lejos de mi?
que ya tienes derecho á vivir en eanSa paz, Ji•
El despertó, y librándose del abrazo convul•
bre de todo género de preocupaciones y cui•
eivo la asió por entrambos brazos y la miró aledados.
lado, sumido aúa en la estupefacción de su enAsí hablaba aquella buena mujer. Pero Spi•
sue11o.
nello no la escuchaba, pensando únicamente
en acrecentar su hacienda y su renombre.
-lf¡Amada! la dijo al recobrarse. Vengo de
Lejos de entregarse al deecaneo contrató con
ver coeas indecibles. Pensando por qué te quiela obra de Sant Agnolo una historia de San l\Ii•
ro yo con tantos amores, se ha ido como por
guel, que debía cubrir todo el coro de la igle•
golpe de revelación mi peneamiento más allá de
eia y contener infioidad de personajes.
la vida, y durante unoe segundos he tenido la
Spioello emprendió sus trabajos con maravi•
visión de mundos que juntos heinoe recorrido
y el recuerdo de las exietenciae porque hemos
lloeo entusiasmo y empezó á pinSBr la eecena
que debía ap&amp;.recer con mayor brillo que las
atravesado. Una vez fuiste la hermana mía y
•éramoa gemelos U na vez en un paisaje blanco
o,ras.
fuiste la novia mía, te perdí al pie del altar y
Trazó la figura de San Miguel luchando con
$rila. roaria Sanaoval
fuí viudo sin ser eapoeo. U oa vez fuiste la ma•
la eerpiente de &amp;iete cabezas y diez cuernos y
(DE OAXACA)
se esmeró en representar á Lucifer bajo la apadre mfa y yo me removí en tus entraf\as.
Acaso un día al juntarnos fuimos chiapa de
riencia de un monstruo eepantoeo.
eol ó gota de rocio ......... Y ahora entiendo por qué todos los amores humanos se jun•
Era tan repugnante la cara del diablo, que nadie podía desconocer lo horrible de
tan y vibran en mí cuando mie labios besan tu frenie ó ee beben mis ojos la luz de su fealdad.
tue pupilas.» Y riisipadoe loe celos de ella por tan adorables incoherencias sonrió en
La impresión producida por aquel rostro siguió al pintor en la cal1e y lo acompa•
eu orgullo de mujer al oirlo delirar de amor, y mentalmenie rió de laa visiones de eu ñó hasta eu casa.
amado.
Al llegar la noche, ac'lsióee Spinello al lado de eu mujer Y ee durmió.
n
Durante su sueno aparecióeele un angel Se.o hermoso como San Miguel, pe_ro com•
EL OTRO
p!etamente negro. Y el angel le dijo:
El congregaba á. lo!! locos en el patio del manicomio y en voz muy baja les decía
-Spinello. soy Lucifer. ¿Dónde me has visto para que me pinies, como tú lo ha•
discursos raros:
ces bajo un sepecto repugnante?
uPor la perversión del mundo, lee dijo en una ocasión, ha de venir un aalva:lor.
El pin~r le coniestó temblando, que jamáe había visto sus ojoe, porque nunca
Yo, por la oración y la voluntad he de darle vida, porque las castidades de m1 espíritu_ había eetado en el infierno, como Dante A.lighieri, pero qne al representarle como lo
y de mi cuerpo han hecho que mi peneamielito sea faene, puro y ¡enerador. Yo había hecho, oretendía expreear, por medio de raegoe sensiblP.e, la fealdad del pecado.
acendro en mi propio ser la carne1 y de su substancia hago idea, y de au germen hago
Lucifer se encogió de hombros y dijo:
verbo, que ea la simiente universal de la que ha nacido cuanto t&gt;xiete. Mi querer, co•
..:...spinel101 ¿quieres dispenearme el obsequio de discutir conmigo?
mo la luz, penetra lo e6lido, lo resistente, lo opaco, é insinúa en cada caliz el polen
Como no obmviera contestación prosiguió Lucifer en estos términos:
que ha de hincharlo en fruto, El fiat es cosa viva que 11gita el caos y crea. Mifiat fe·
-Iodudablemente, ha1 leído los libros que me describen 1 y eabes cómo aali de1
cunda: emana cargado de larvae1 que ee resuelven en mariposas, ó de ideas que se re• cielo para llegará ser el príncipe del mundo, ilustre empresa, que serfa única, si los
13uelven en energías. Mi fiat ea rayo de luz que crea redentores en las en,raílaa de vír- gigantes no hubieran atacado también a1 dios Júpiter, según has visto en una tumba
genes inmaculadas. Yo he subido al minie~rio, y he de realizarlo ahora que se acer- antigua, donde figura esa guerra esculpida en mármol.
ca la fin del mundo, al encontrar la virg~n de cuyo seno ha de nacer Satán, que es el
-Ee verdad-dijo Spinello-be visto esa tumba en Santa Reparada de Florencia.
.nuevo Meefaa anunciado ......... ,n
-Sin embargo-repuso Lucifer sonriendo-loe gigantes no es~n allí pintados en
Y mientras él hablaba, cada loco seguía entregado á su mania.
forma de raaas ni de camaleones.
C&amp;-lA11 ZntETA.
-;-Pero1 repuso el pintor, los gigantes no habían atacado al verdadero Dioe, sino á
un ídolo de los paganos. En cambio, tú, Lucifer, alzaste bandera de rebelión contra
el verdadero rey del cielo y tierra.
-Convengo en ello-~xclamó Lucifer-mas de cuantos pecadoe me acusas por
eeo?
-Al menos e'ete, contestó el pinSor1 y iodos ellos capitales.
-¡Sietel-dijo el angel de las 1,iniebla~.-El número es teológico. Sé, Spinello,
LUCIFER
que me tienes por altivo, colérico y envidioso¡ pnes bien, paeo por ello á. condición de
que reconozcas que únicamente he envidiado la gloria.
¿!\fe tienes por un avaro? Sea. La avaricia es uoa virtud propia de loe príncip"es.
PINELLO, el célebre pintor florentino, tenía
mucho miedo al diablo, sobre todo durante la En cuanto á la gula y á la lujuria, nada me importa lo que digas. Qneda la pereza.
¿Orees, Spinello, qne eea yo perezoso? ¿Me tienes por cobarde? ¿Crees que al euble•
noche, que es cuaodo las potencias del mal do•
varme no di pruebas de valor? :N'°J. Pues en tal caso 1 eri1 ju3kl que me pintasee-cJn el
minan en ]as tinieblas .
Y los temores de Spinello no estaban deeprovie aspecto deun eer audaz y con rostro altivo y arrogante.
~h debe caurarse dafio á nadie, ni aun al mismo diablo.
toe de fundamenk&gt;, porque loe demonios ienían
¿No ves qne ofendes á. Dios cuando le das por adversarioá un monstruo repugnanentonces moiivos euficientee para odiar á loe
pintores, que les arrebataban más almas con te? Eres u o ignorante, Spinello, y me dan ganas de estirarte las orejas &lt;;Omo á un co•
un eolo cuadro. qne un buen fraile con Srein\a legi11l desaplicado.
sermonee.
Ante aquella amenaza y al ver levantado el brazo de Lucifer, llevóse Spinello Iaa
Corrían loa tiempos en que loe grandes maes• manos á. la cabeza y empezó á. gritar, aterrado por el espanto que le dominaba.
tros representaban en Santa Croce de ·Florencia
Su buena mujer se despenó sobresaltada y le preguntó de que mal se quejaba..
y en el Campo Santo de Pisa loa misterios de la justicia divina.
El pintor le dijo que acababa de verá Lucifer, el cual le había amenazado cruelAquellas obrae estaban trazadas con arreglo á la telación que Dante Alighieri ha- mente.
bía hecho de su viaje al Infierno, al Purgatorio y al Paraíso, donde había logrado pe.
....:ya te he dicho mil -,.ecee-contestó la eapoea del artista-que todas esas figuras
.tJ.etrar.
acabarían por volverte loco:
Así, puee, todo en aquellas pintura:3 era ineSruciivo y ved.adero, y puede aaegu -No estoy loco-dijo el pintor-He visto á. Lucifer y es hermoeo 1 aunque triste
DAMA@ MEX'lCAN.A.eJ

DESATINOS.

..

•

�•••

DO ■ IRGO

EL MUNDO

y altivo. Maflana mismo borraré la horrible figura que he pintado y pondré en eee lu•
garla que he vieto en euefloe. No debe oauaane dafio á nadie, ni aun al mismo diablo.
-Duerme, hombre, dce1me--repueo la mujer-y déjate de tonterías y de razo•
namienios anticristianos.
Spinello trató de levaniarse., pero no iuvo fuerzas para ello y cayó ein conoci•
mienio en el lecho. Deliró por espacio de algunas horas y dejó de existir al día si•
guiente víctima de la fiebre que Je devoraba.
ANATOLIO FRANCE,

LA LEYENDA DE LOS SUEÑOS

•6 de S!PTIEMBRt de ,. .7

Veíalos cuál prieione,oe bajo el metal del espejo, y creyéndolos dominados porun imposible ype1didoe para eitmpre, no podía apartar mis ojos del misterio, ak&gt;r·•
mentado por el remordimiento.
Por entre las ramas de loe árboles, allá en lo profundo del valle veía morir el sol,
ahogado en su propia sangre, hasta sumergirse aún más lejos, en las dormidas aguae._
Anhelante por alzar el vuelo á otras regiones para aspirar nn aire m4.e puro, hacía
eduerzoe por levantar la cabeza, y pude, en medio de mi angustia, entrever el espacio
libre del cielo; volví mis ojos al cenit para contemplar cómo se dhigían hacia el
poniente mis eueiloe color de púrpura, asemejándose en su rápido vuelo á loe pétalos
sueltos de una rosa.
Por primera vez, después de tantos aftoe d~ luchas y de rodeos, me parecieron.
radiantes y di vinoe.
Con un extre.wecimiento aupremome liberté de la languidez en que yacía, recobrémis fuerzas, y baiiendo trea veces las alas me reuní con ellos en la mansión de la luz ..

(Por Geórges Moood)

UCHAS veces al remontar el vuelo hae~a el sol. junto
con t.aie euefloe-compafleros brillantes y alados, naci dos del Amor y del Alba, pero mudos y preocupados
por su deseo de lo infinito, he visto en loe valles· del
Reel otro vuelo semejante, casi á nivel de la tierra.
Atraíanme eeoe hermanos deeoonocidoe y tan be•
lloe, más felices tal vez que yo; y ávido de novedad y
caneado de aquel viaje in,erminable, ein fin prec•eo,
quise abandooar á mis compañeros.
Me aparté al fin de su lado, no ein algún pesar, para ir á á reunirme con loe her•
manos de la tierra; mas lm•go comprendí que no eran sino fantasmae, vano reflejo de
nuea,ro vuelo, que se proyectaba en loe ríos y loe lagos de la tierra.

VERSOS PATRIOS
PINCELADAS

I
Ha tiempo que la lluvia bienhechora
No difunde la vida y la alegría,
Qua el enervante y oalttroeo día
Viene después de feetejada aurora.
El eol vierte ew. lumbre caldeadora
Del ancho cielo en la extensión vacía;
Se retuerce el arbueic. en agonía
Y en los cauces el agua ee evauora.
Una tarde los míseros marta.lee,
PJdiendo gracia en la feroz contienda
Y buscando un alivio , tanioe malee,
Llevan1 en araa de sencilla ofrenda,
A través de los áridos maizales,
Al iutelar patrono de la hacienda.
II
Por fin dándole forma ti la esperanza
De que termine la mortal uyerta,
Bordando airosa la e:r.teneión incier1a
Se divisa una nube en lontananza.
El potro al viento au relincho lanza ..
Com? un clarín que ee mantiene aler1a,
Y mientras todo en k&gt;rno se deepieita
La nube negra y majeetuoea avanza.
De pronto eurge del obscuro seno
Lívida cin\a de bruftida plaia
Que desparece entre el fragor del trueno;
Y entre tanto que el eco r,e dilata,
De la excelsa región manda el Dios bueno
Brilladora y sonante catarata.
III
Cesó la lluvia torrencial: la tierra
A la vida despierta eonrien&amp;e·
Besa el· sol al perderse en Oc~idente,
La cresta azul de la erizada sierra.
Por las fragosas soledades yerra
Atronador y rápido el torren&amp;e,
Y se derrama por el íreeco ambiente
Cuanto perfume la corola e1cierra.
El zenzm1te celebra en la espesura
La vespertina fiesta que hasta el nido
Llevó el canto más dulce de ternura;
Llora el boequ~, empapado y aterido,
Y la húmeda exteoeión de la llanura
La puebla el toro con triunfal bramido.
Sepliembre de 97.

LA FUGA.
En el 4.lbum de la Srlta.Angélica Bctancourt

Huía Dafne por loe campos grifgoe, del amor ímpu•
ro de Apolo, sin cuidarse de que el céfiro ag1Gau, sus
cabellos de oro, ó levantase ene ténuee vestiduras de•
jando vil!llumbrar vehementes eeducoionee.
'
. Próxima á sucumbir la atribulada ninfa, pidió áloe
dioses que la convirtiesen en un árbol, y .A polo entonces
arrodillado ante el laurel que simbolizaba á eu amada
tomó la lira para cantar las bellezas de una pasión ideal:
La mitología nos ha transmitido eee eimpá,ico paisaje, al través de loe siglos.
El verdadero amor solo habrá de vivir eternamente
haciendo la felicidad de loe eeree humanos, cuando 1~
ampare la modestia y lo santifique el pudor.

A?.."DRF.s C. V.Ázquu.
Habana, 1897.

RODULFO FIGUBROA,
El MOLINO DE LA HUERTA

lºUE ME: IMPORTA?
De E. Haracourt.

Te amo, y de mi rien
Con deedeñoeas burlas;
Mas, cbmo árbol muerto
Que va .flotando en la corriente obscura
M1 amor callado sigo,
'

•

Ya que eeae vocee mi pasión D() eecucba:
Si un poco tú me amae,
¿Qué me importa la turba?
Te amo y el destino
De tí duro me alt•ja¡
Más sé que á mie congojas
El euepiro ee junta de tu pena,
Y que en desvelo triste
Aguardas el instante de mi vuelta:
Si siempre tú me amas,
¿Q.ié me importa la ausencia?
Te amo, y mi ternura
Se duele noche y día;
Quizá de un nuevo amante
A la ferviente súplica te rindas ........ .
Mas á enjugar mi lloro
Vendrá l.uego la muerte compaeiva:
Si infiel tú no me amas,
¿Qué me importa la vida?
Ta amo y cuando llegue
A darme paz profunda
La perdurable noche
En cuyo eeno todo se refugia,Sepulten donde quieran
Del cuerpo mío las relii;iuitte mudas:
Si tú por mí no lloras,
¿Qué .me import,a la tumba?
J.&amp;c1:-.To--GuT1ÉRREZ Cou...

OTOÑO

Hay en la huerta un camino,
que trae de rondar la huerta,
va á da'T en la angc-eta puerta
de un solitario molino.
Corre la yedra en festones
con abandono hechicero,
deede la planta al alero

..

por sus viejos paredones,
adornando loe dinteles
de las ventanas ruinoeae,
en donde miran curiosas
unas matas de claveles.
Brillan sobre el fondo obeouroy alzan eu gentil cabeza,
chopos de blanca corteza
que cimbrean junto al muro~
y el conjunto peregrino,
con notas de verde y plata,
sobre el cristal ee retrata
de la balsa del molino.
Gra,o l:lS á solas eofiar
al borde del claro espejo,
que hace tan dulce reflejo
de aquel tranquilo lugar,
donde hasta el alma se queda.
suspensa, como el oído,
al monótono ri.iido
del volteo de la rueda.
De niflo, de muzo, ayer~
mil veces seguí el camino
que va al rústico molino
que no me caneo de ver,
y eo todas las estaciones
me sojuzgó la belleza,
que esparció nat.uraleza
eobre aquellos paredone3,
Pero ayer tarde en verdad
que algo núevo descubrí.. ....•
aunque \al vez esté en mí
Y no en él la novedad.

Detrás del sol poniente
surgieron loa cendales
que llenan de misterio
las puestas otof'ialee:
loe chopos se agitaron
con sensación de frío
corriendo por eue hojas
nerviosa vibración:
y el agua de la balea,
del mismo soplo herida,.
su frío dió á la imagen
del viejo caeerón. ,
Seguía zumbadora
la rueda del molino,
turbando sola el grave
silencio Vespert;no;
m!le eran ayer tarde
tan trieM!e sus rumoree,
y todo era tan uiete,
,an fría la humedad,
que el alma, tiritando,
creyó sentir el soplo
de aquel invierno largo
que da en la eternidad.
M. MommA y GAL1cu.

DO ■ IRGO

EL MUNDO

•6 de SEPTIEMBRE de ,. .7

Corazón de' sacerdote. POR H.

s.

DE FORGE.

ILUSTRACIONES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES,

Número 9.
Haz lo que ella, Pablo mío, eleva tu corazón!.. .... Si

t1í no fueras mi hijo, te diría: Ven, partamos, vámonos
loa dos muy lejos á. buscar la calma ein6 el olvido. Pero
eres sacerdote y tienes otras obligaciones que Isa de tu
propio reposo. Ea á tu jefe, á ta superior del Seminario
á quien le corresponde dictar tu conducta. Ye á hablar•
le como me has hablado y lo que él te diga que bagas,
hazlo.
El _digno anciano recibió , Pablo grave y dulce:
Si en una situaei6n semejante, le respondió. yo t.uvie•
ae que guiar á un hombre del mundo, le diría: Huid! A~
110 emplearía el mismo lenguaje con algunos de vuestros
compañeros. Pero á vos, hijo mío, de quien eek&gt;y aegu•
ro, os digo: Quf'daoel Para un sacerdote como vos, la
huid&amp; sería una deserción. V os debele quedaros: El!! pre•
cieo y yo oe lo ordeno. Lo debeis á vuestros padrea cn•
ya vida haceie felíz. Lo debeis á la misión que lle•
naiaen la familia Jouvenot y que 110 ha dado aún todos
sus frutos. Además, eecuchailme bie~ y comprended mis
palabras en toda su ex&amp;enaión. Vos habeie bajo la ine·
piración de Dios comenzado una obra. Voe debeie como
amigo terminarla; y á vos pertenecerá. como sacerdote,
bendecir el matrimonio cristiano de esos dos jóvenes dig·
nos el uno del ot.ro ......... Sé que eufrireis; donde estaría
el mérito sin sufrimiento? Sé que tendreia aún Juchae:
donde estaría el triunfo sin el combate? ...... Permaneced
lranquilo. Babeíe ama,lo á un alma y vuestra madre oe
lo ha dicho bien guiada por su razón y su piedad: no
eoie culpable. Levantad la cabeza¡ amad en Dios , todos
loe que amaie, y sed fuerte! Me habeis comprendido,

central de Geografía se propone enviar uno de sus miem- más también se vuestra rectitud y vuestra conciencia.
bros á Marsella para saludar, á su desembarque, al in• Os debo ya mucho por que soy un poco vuestra obra .....
Venid en mi ayuda en esta circunstancia capital. Yuee•
trépido viajaron
Pablo comprendió.
tra opinión será mi ley: una palabra vuestra y renun•
Esa mujer de quien su madre le había dicho todas las cío á este matrimonio ......... Una palabra vueatra y esta
virtudes y loe combates, era ella miema ......... Como él, noche pondré mi mano en la del señor de Sennevaux.
ella había luchado, como él ella babia sufrido, él triun•
-S~ñorita Lucila, respondió Pablo con voz que tem•
biaba ligeramente, '8neie razón. Yo amo al sefl.or de Se•
farfa como ella!
El tiempo huía entre tanto: la situación entre las fa. nnevaux como á un hermano ......... Pero nada en el mun•
miliae Sennevaux y Jouvenot iba eiendo embarazosa y do podría decidirme á deciros esta palabra que me pe•
la aefl.Ora de Sennevaux no dejaba de tener eus inquie• dis, en un sentido que le sea favorable, si no eeti.;.vieee
desde hace tiempo convencido de la excelencia de la
tndes.
,.
-Veamos, Lucila, dijo una mafl.ana la sefiora Jouve-- elección que haréis en él.. .... , .. Dios ha permhido que
not- á su hija, has tenido tiempo de reflexíonar, y Ter to• sea yo, muy á gueto, el lazo de unión que Os ha aproxi·
das las cualidades del señor de Sennevaux. La condesa mad.o el uno al otro ......... Yo lo bendigo y lo bendeciré
me ha interrogado muchaa:vecee discretamente, Hoy vie- toda mi vida. Por que no existen, así lo creo, dos cora•
nen .á comer y pronto ee · irán al campo. Ea imposible zonee más dignos el uno del otro que el vuestro y el de
que yo no dé una respuesta ........ .
mi amigo. El cielo, estoy seguro, bendecirá vuestra
-Te prometo, respondió Lucíla, que tendrás la mía . unión y yo le pediré que una á vuestra venlura la porción
de dicha que pudiera tocarme en la tierra!
muy pronto.

Pablo?

-Lo he comprendido, Padre mío, y obedeceré, rea•
pondió Pablo levantándose con el rostro iluminado por
un santo valor.
-Id, mi querido hijo ......... Que Dios sea con vos ...... .
En adelante sois un verdadero eacerdote ......... Conoceie
la inmolación y el sacrificio.
XI
Al dia siguiente de esta vieita de Roger de Sennevaux,
causa de tan tas emociones, Adalberto Dsruel, no pudiendo contenerse más tomó el tren para Ganneville, con el
objek&gt; de conferenciar con la señora Deecordee. Pero estaba dicho que loe ardides de esta .se frust.rarían.
Incansable en su buena obra, ya fracasada la primera
vez, valioee para nueva intentona del notario Lecheene,
, quien_ hizo comprender qoe debía hacer una visita á la
eefl.ora de Sennevaux con el :fin de abrirle los ojos, advirtiéndole que el matrimonio de su hijo eerfa el producto de la intriga de un sacerdote licencioso.
Pero Lechesne al llegar á París, ee encontró con un
billete del sef\or de. Sennevaux, en que este le anunciaba
que no podía recibirlo por que debla asistir á una recep·
ción en casa del se flor J ou venot.
AH, fué el pobre notario y, recibido cordialmente por
eu gran colega de la capital y embelesado de la einceri•
dad y honradez que radiaba en el rostro de Pablo, y res•
plandecía en el de Lucila, se volvió á Ganneville sin una
sospecha y con nuevos afectos ........ .
Pobre Adalberto Deruel; y sin embargo era tiempo de
obrar. El matrimonio se adivinaba próximo. Las viei•
tae entre las dos familias se hacían cada día más fre•
cuen,ea y Roger se manifestaba completamente enamo•
rado hablando 1:1in cesar, Pablo de loe encantos de Lucila.

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....

Y PabÍo?

Había _prometido ser heroico y lo era, habíase enmae·
cando de una fisonomía serena y sonriente y nadie ha•
bría leído en sus ojos el i:Jmenso, el terrible, el íntimo
deegarramiento de eu corazón.
Un día, recorriendo un periódico leyó:
u&amp; anuncia la próxima vuelta á :Francia del sabio explorador M. Savinien de la Haye, que, desde 18i5, ha
consagrado au tiempo y su valor al estudio del A frica
Central. Mostrándose digno émulo de loe Livíngatone,
de loe Stanley y de loe Brazza. En este viaje, el tercero
y que no ha durado menos de cinco afias, ha podido, no
solamente prestar el más útil concnreo , la organización
definitiva del Congo francés, sino atravesar por entre el
continente negro de Brazzaville, hasta loe grandes lagos
y desde ahí basta Zambeze donde ha encontrado las
huellas del grao doctor inglés. Trae , lo que parece
inestimables colecciones y los más preciosos informes so·
bre esas regiones t1n poco conocidas aún. La sociedad

Subió á la pieza que en Tnorey servía de biblioteca,
marchando con paso rápido como aquellos que han va•
oilado largo tiempo y no quieren vacilar más.
Pablo estaba solo y trabajando.
Sefl.or abate, dijo la joven, vengo á hablaroe de cosas
graves y delicadas. Tengo necesidad, para hacerlo, de
contar con vuestra indulgencia y con el afecto que me
profeeaie. Sabeie lo que pasa? Yueetro amigo el seffor de
Sennevaux me hace el honor de pedir mi mano. Mis pa•
dree deeean este mascrimonio ......... Pero mi padre vé
quizá en él, sobre todo, conveniencias de fortuna v mi
madre ventajas de nobleza. Me aguijonean para que dé
á conocer mi decisión y yo he vacilado hasta aquí. Ee
tan grave esta decisión! .Además, tengo en vos una con•
fianza absoluta, como amigo y como sacerdote y neceei•
tanda de vuestro consejo tan seguro, no osaba pedíroslo.
Se vuestro afecto muy vivo por el eeñor de Sennevaux

-Gracias, eeflor abate, respondió Luoila muy conmo•
vida. Sin vuestra opinión formal yo nada habría querido
hacer. Pero dándola, me haceismuy dichosa, por que ....
yo amo al señor de Sennevauxl
Cuando la condesa y Roger lleg~ron al castillo, les fué
fácil, por loe rostros sonrientes que loa ac()gieron, pre•
sentir su dicha. En el momento en que se anunció Ja
comida, Lucila avanz6 hacia el capitán que conversaba
con Pablo. Adalberto mudo y sombrío, estaba cerca de
ellos.
Lucila miró al abate con un reconooimien&amp;o conmovi•
do ,Y como para aeoc1arlo á aquel acto decieivo, dijo de,
!ante de él á Roger:
-Se.f'i.or de Sennevaux, queréis ofrecer el brazo, vues•
tra futura?
Pablo sonrió y levantó su pensamiento á Dios. Éu
obra estaba hecha ........ .

�EL MUNDO

BL MUNDO

AdalberJ¡o palideció de rabia ........ .
Como, era pues inminente aquello y su áliada lo bur•
laba. Era preciso dar un paeo deeisi vo y al día siguiente
marchó á Ganneville. Cuando llegó á la ciudad, aupo
con estupor que la eefiora DeEcordea, desde hacía tres
semanas que era presa de una fiebre biliosa complicada
con accidentes cerebrales muy graves. Ya no había que
esperar su concurso. Que fatalidad! En el momenrn mis·
mo en que habrla sido más útil.. .... Porque todo marchaba tan rápido que las dos familias ee habían decidido
á irá Jouy, la posesión de la condesa-á. pasar en la in•
timidad loe días que debían preceder al matrimonio.....
El Secretario, furioso, casi hubiera acusado á la sefiora
Deecordea de una enfermedad voluntaria.
En Jouy, todo era fidsta. La naturaleza i:niama parecía
coquetear para aqaella reunión. El sol deotofio arrojaba
-su manto de oro sobre las hojas amarillentas de loa árboles que formaban un nuevo jardín de las Heeperidee. Loa
campos extendían hasta lo infinito, como un océano
sin olas, las florea azulee de los azafraneros. Aquí y al::.!
se vendimiabá cantando las pocas vifiaa de loa catarros.
La paz y la alegría estaban donde quiera bajo la influencia de eee delicioso momento del ano que !epara los srJ.ores del eat.ío de las severidades del invierno y en que
á los paseos y á los ejercicios deportivos bajo el dulce calor del medio día, suceden poi la noche, alrededor del
hogar, la,i reuniones que se hacen más íntimae.
La señora de Sennevaux y la señora Jouvenot no ae
abandonaban. Iban por done.e quiera llenas todas de
una dignidad anticipada de abuelas, formando mil pro·
yectoa, instalando de antemano el nido del joven matrimonio, allá. lejos, en Tours, upartiéndoee el tiempo que
pasaría en París, después la estación del campo, en que
todos se rt!unirían, ya en Tbosy, ya en Jouy, para no
quitárse una á la otra una parte de la ventura común
y siempre sus conversaciones acababan, hablando con
las lágrimas en loe ojos, de los querubincitos que adora•
ban ya. Y en tanto que conversaban, vigilaban de lejos,
-con ojos volumariamente diatraidos á la joven pareja
.que discurría por lae calles de árboles, bella como la juventud, riente como el amor.
El aefior J ouveno\ ma,aba sin piedad las perdices y laa
liebres de su yerno, pereiguiendolaa día á día con paso infatigable en coropafl.ía del comandante Belamy, familiar
de la caea, ó de Adalberto que lo seguía profundamente

.malhumorado.
Herald cabalgaba deEde la mañana haeta la noche en
un Poney, obsequio de su futuro cunado, en tant-0 que
.el abai..e Pablo le seguía de lejos, vuelto modeatament.e ,
su papel de precep,or.
La crísis aguda de sufrimiento había concluido en él y no
porque no tuviese todavía horas de bruac~b amarguras y
rebeliones, últimas convulsiones de un corazón obligado
.áex.tinguirae para siempre, sino porque pocoá poco la he•
rida se cicatrizaba con et sentimiento del deber cumplido¡
venía la calma para aquel E'Epíritu valiente, más rápida
en medio de aquella comarca en que todo le recordaba á
su madre, sus dolores, aue victorias. Pablo conocía la
alegría sublime de los mártires.
En cuanto á la buena aefiorita Larivier ya no era de
ee&amp;e mundo.: El cielo se había abierto para eJla. Había
encontrado á Ra.vaiseon.
Ruaie~on era un hombre soberbio, de alta talla, rostro
fiero, enérgico sin dureza, verdadero tipo del soldado
bravo y dulce, cuya severidad inflexible en el deber, se
unía á una .aeneibilidad de nii'l.o en el reato de la vida.
Había sido ayudante en el regimiento del padre de Ro•
gar, atado á su coronel por una de .esos abnegaciones que
van hasta el fetiquiemo. Estaba cerca de él en aquella
heroica y legendaria cabalgada de la muerte en Mortbron, en que el torbellino de los dos mil coraceros se
bundió en un largo pasadizo formado por la única calle
de Ja aldea y fué á estrellarse sobre una infranqueable
barricada. Viendo á su coronel rodar con su caballo, Ravaisaon se demvo y, bajo un fuego terrible, éin inquietaree de que él mismo estaba herido lo había levantado y
-conducido moribundo fuera de aquella hornaza.
El heroe rindió el alma entre sus brazos, confiándole
eus pensamientos supremos. Sin ocuparse entonces de
la batalla, Ravaiseon abrió una fosa en un 1'1ncór del ce•
menterio de Eherbach, la marcó con una cruz grosera
mente formada con dos ramas de arbol, y después, ha·
biendo formado un ligero croquis de los lugares para
orientarse más tarde, se unió á. loe restos de su regi•
miento.

Deepuée de la guerra, 3U primer cuidado fué busca?' á rante lae largas ausencias del oñcial, la sefiora de Sennela señora de Sennevaux á qµien llevó el sable, la cruz Y vaux no permanecía en Jouy sino temporadas breves y
las joyas del coronel, .y el legado más precioso aún, sus en loe intervalos, la soledad parecía severa al viejo solúltimas palabras para ella y para Roger. Después fué á dado que suspiraba algunas veces al pensamiento de un
exhumar de la tierra vuelta alemana, los restos de au co- hogar personal é íntimo.
Pero aquello había acabado. Ya no había que pensar•
ronel qué dormía ahora en medio de una capillita, en un
paraje lleno de flores, bajo lQs graudee árboles del parque lo y Ravaieson que había· frapqueado los cincuenta debía decir adios á toda esperanza.
de Jouy.
Antes de llegar á Jouy, la sef1orita Luivier conocía
_ Concluida su tarea, Rilvaieaon dijo sencillamente á la
la historia de Ravaissoa Le miraba como á uno de esos
señora de Sen.o.evaux:
-Hoy sefiora condesa comprenderela que yo no pue- tipos casi fabulosos de loa caballeros de otros tiempos.
do irme de aquí. ........ Ea fuerza que alguno del Regi- Cuando en la IIleaa le vió cerca de ella, sencillo, modesto, dulce y bueno, se volvió loca. Helo ahi.. .... El era
miento se quede cerca del coronel. Yo soy retirado ......
no tengo familia ......... no tengo ya patria puesto que soy en fin el _ser aofiado, esperado por tanto tiempo. Todo
de Metz ......... no tengo ~ás amigo que el q~e reposa lo demás no había sido más que quimera ...... Ravaisson
ahí......... Dadme ai guetaia un rincón en alguna par- era la verdad.
Los enamorados son muy perspicaces en cuestión de
t.e ......... Tengo buenos brazos, buen ojo, buenas piernas ......... Labrador, jardinero, lefiador ... :..... haré todo amor. Luci1a y Roger adivinaron pronto la pasión nalo que querais, todo, coa tal que me quede á vuestra la- ciente de la aya y lea vino una idea loca.
-Ravaiaaon! gritó una voz de mando.
do, al lado de mi coronel, y de vuestra hijo, á quien
-Mi
capitán
hablaré de eu padre.
-A
van
za á la órden.
L'il sefiora de Sennevaux lo hizo administrador de
-Heme aquí.
J ouy, lo cual t.uvo por resultado duplicar ioe productos
-Siéntate con nosotros en el banco ..... .
de la propiedad, demasiado abandonada hasta entóncee.
Tenemos que hablar ...... Ravaiaeon, vas ácaeartel
Además valida de sus relaciones logró que el bravo sol•
-Yo, mi capitán!. ..... Oalvo vuestro respeto,;señorita,
dado recibiese al cabo de dos ai'l.oe una medalla tardía,
créo que vuestro futuro se burla de mí.
bien merecida.
-No, señor R:lvaieson ...... Esto ea muy aeri&lt;l.
Ravaieeon vivía ahí desde hacía cerca de veinte afios,
-Eecucha, mi valiente viejo. 'ríenes cincuenta ailos
amado de todos aunque severo con todos y esclavo de
Roger desde el primer dia .. Había adorado al nifio, ad. y estás verde como una encina joven, y derecho como
una lámina de espada.
mirado al joven y en la ac.tualidad veneraba al oficial.
Pero esto no durari siempre. De aquí á algunos anos
Formaba par,e de la familia, siempre solícito, jamás
importuno, conmoviendo por su culto fiel cuando cad'a habrá que decaer.
......... Aprovéchate de tu fuerza, aúnestiempo ........ .
matlana, con au puntualidad de Baldado iba á inspeccionar la capilla y á renovar las flores eobre la tumba del Hay una mujer que te ama, ¿enLiendee? Tú no vas, tú
que eres tan bueno, á hacerla desgraciada ......... la aeño•
viejo jefe.
rita
Lucila y yo nos encargamos de la dote ......... VaHubiera sido el más feliz de loe hombree ai bajo su
enérgica envoltura no hubiese ocultado un corazón ya ......... esta decidido ......... no hablemos máa.
amante y tierno. Todo iba bien cuando la condesa y RoContinuará .
ger estaban ahí. Había alguien á quien amar. Pero du,

Recuerdo de las Fiestas Nacionales
Patrioteria festltia.

ÁPAROEROS:

CONCIUDADANOS:

. Yo vengo aquí por nacional y por patriotismo á dicir la verdá de nuestra imanci.:.phct6n Y que todoe semos librea y viva Hidalgo que al hora del ént,rele hizojuir á mu•
•c .)8 Y verdaderamente me cabe 8aatifaci6n en proclamarlo hora que el pabellón
verde, blanco Y colo:a~o. está ondiando fleno de gueto en el palacio de la plaza de armas de n1;1eetra ~onstituict6n y pa decfr más, hora que ha tocado la campana ... viva Hi•
•dalgo y v1 va la libertá.
' .1

. Celebramos una fecha gloriosa, la fecha en que surgió el redentor mexicano, restituyendo _eua derechos á los humildes. Más para que su obra séa fructífera unámonos.
El muiuahsmo &amp;efiores es la garantía del porvenir .........
·
Nosotros que ostentamos la .blusa del trabajador y cantamos el canto progresista
del taller, luc~emos contra loe que quieran eobajarnoa y hagamos saber al mundo que
el obrero mexicano sabe más de Jo que le han ensefiado ....... y

S.domr.s:
~a ~volución France!a envió _sobre el mundo un torrente de auroras, y una de
ellas 1~umma 1.ae democracias americanas enamoradas del porvenir.
Hidalgo viene de esos explendores gloriosos: en su pecho senil, pero robusto gri•
~aba la voz 4e Ios redentores del noventa y tres, que se hizo carne de libertad'y de
mdependenc1a entre nosotros.
.
César......... Scipión ......... Eepartaco ........• Anlbal.. ....... Napoleón ......... Wash•
rngton ......... Bolívar ....... ..

LAHARINAnEWAGGNER El Mundo
CeN FOSFATO DE CAL l'IIRI, 11 Mi~er,almenfe •dmitida como "EL ALIMENTO MAS PERFECTO'·

para NIÑOS ENFERMOS, CONVALECIENTES, ANCIANOS J pm la! MADRES que eslán CRIANDO

yecto que está llamado en su réaliLa Harina de Waggner
., , d
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contentos. Tomada en las dósis qne do nueva y cautivad0ra :í una

La Harina do Waggner
-ee incorpora con la misma facilidad
·que la leche de la madre, y lo pue·de tomar la criatura más tierna con
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·completa pureza y hallarse libre de
toda sustancia deletérea. Es de un
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Tónico ds le Naturaleza

se prescribe en cada tasita no se importante porción del periódico.

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aceda nunca en el estómage. Es altamente recomendada por la Facul•
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por que .nos desaarada
aventnrar
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promesas cuan e o eskl!l estén aún
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a d1scus1on; pero s1 aseguramos
que pronto recibuá'n nuestros lectoreii

una a~radabilísirr¡a scrpresa.

~=-

�'PainKi/Jer

dfh_EL VINO SAN GERMAN~
que tanto éxito y fama ha obtenido desde su presentación en el mercado mexicano, no necesita para que el público se convenza de sus
maravillosos efectos publicar certificados de curaciones obtenidas en Rusia ó en el Japón, ni opiniones de Médicos co¡iocidos en China ó
en el Brasil, que, c~mo pueden ser ciertas y auténticas, también es fácil sean inexactas y apócrifas._ La compañía fa~ric~dora del VINO
SAN GERMAN, convencida de los maravillosos medios curativos, de los componentes de su preparación y de los benefic'.os mmensos de su
uso, lo ha sometido al análisis de los más afamadcs químicos, al estudio de los facultativos ele más renombre, al expet1mento en los hospitales y clínicas, y, cuando recogida la opinión de todos, una EOla es la contestación: Prodigioso se decide á dar á conocer al ilustrado pú•

-D&amp;-

(PERRY DAVII.)
Un remed.tonrd&amp;dero7 ...-opan..W.,
olaae y eradot •• eDknla....,._ . . '9a

Pa;iiJj}J/er il

La Opinión de la Ciencia sobre el Vino San German.

blico mexicano

Bsk&gt; 4111 ..-er4a4, TIIO • ..... . , . . . .
en t.rminot butu.iat eafMioN.

Muy señor mío:
Cuando recibí la primera muestra del
e.Vino de Saint Germain~ que se sirvió
usted remitirme, juzgué que sería una de
tantas preparaciones que con titulas altisonantes y recomendaciones pomposas
se nos ofrecen como maravillas terapéuticas.
Debo confesar quF.: después de haberlo
experimentado en mi práctica diaria 1 especiaIJllente en los niños, he cambiado
completamente de opinión, respecto á su
elixir.
Siempre que he empleado el «V1No oa
SAINT GERMAINt he obtenido los más lisonjeros resultados como tónico y reí'ons-

Mé:rico 1 i\Iayo 21 de 1897
:'.\Iuy señor mio:
Creo que la feliz asociación de las sustancias que entran en la composición del
Vrno nE SAJNT GERMAI:&gt;i le asegutan un
lugar preferente en la terapéutica.
Lo he experimentado perfectamente
en las convalecencias y hi? quedado satisfecho.
De vd. atto. y S. S.
LEOPOLDO CASTR0 1

B• nn na..., NP,re

pu•

1

pn■le

ruuiill

C1!1mbr11, lualofrh,
C6llco,
!)l1111 hrla,
C6lera,
lloln .h ll1n11,
Toa,
lloln h lllnh•
lleafrhd11, ll111m1U1mo,
ll&amp;badllla,
Pl•h• lhlarla,
.hnsa4u 1 plr¡úlAI .. lllCfflM;
llenloplea 1 anlll&gt;aJ,a ,.,...,_
Ten.rle .n caa. QUAÑ.U'N . . . . . 111
talsiftcacionn Oompnr tole -' ~

Cirujano en Jefe del Ferrocarril lnteroceáuico y Médíco del Hospital de
Sa,i Andrés

P.KRRY DATU. Ka nlUI,• ..... lu

perb,1 y Bofüiu.

El Pectoral
de Cereza
del Dr. Ayer.

•••

Para Resfriados, Toses, Bronquitis.
~Ial de Garganta, Romadizo y Tisis
Incipiente no hay remed.io que se
aproxime al Pectoral de Cereza del
Dr. Ayer. Calma. la inflamación
&lt;le la gn.rganta, destruye las mucosi-

dades irritantes, su;wiza. la tos
y vreclispone al descanso. Como
medicina casera para casos fortuitos y pqra el alivio y curación
del gnrrotil101 tos ferina,. mal de
garganta y todos los desarreglos
pulmonales á que eí-.hí.n expuestos
los jóvenes, es &lt;le un valor terapéutico lnapreciable.

El Pectoral
de Cereza
del Dr. Ayer.•

U..

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e1t su primero·, segundo 6 tercer
SIFILIS
.
periodo J}ermanent.emcnte cura
da de á:35 dms. .El r,nc1e11te se puede curar en

DR. BANDERA.•

DR. LA nsTA.

,

1

México, 3 de Abril de 1897
Muy señor mío: Habiendo éxperimentado en, algunos enfermos el V1No DH
SArnT GKRMAÍN cuya muestra me mandaron, lo recomiendo como un buen tónico
y reconstituyent~.
Quedo de V d. afmo y S. S.
DR. RAFAEL LA VISTA,

l\Iéxico, 12 de Febrero de 1897.
l\Iuy seiíor .mío:
En vista de las componentes de la preparación SAINT GERMAÍN", no teri.go inconveniente en recomendarlo como útil y eficaz en las enfermedades que causan profunda debilidad en la economía; de manera que se puede usar con éxito en la convalecencia de las fiebres en general, así
como en las anemias, tuberculosis puhnonar, escrófulas, atrep sis; etc., etc., etc.
Quedo de usted afmo., atro. y S. S.
1

CARLOS TEJEDA .

Médico Cirujano de la Facultad de
},[éxico, PrpfesQr de -Clínica Infantil
e,i la Escuela Nacio1zal de Medicina de
.México.

·'

DR. CLE.\IENT.
DR. PÉ~A IDIÁQUKZ.

tituyente, perfectamente acomodado á
pe1 son as débiles, á los convalecientes1 á
los niños raquiticos ó escrofulosos, y en
general á todos aquellos que por excesos
de trabajo ó enfermedades prolongadas
han visto agotado su organismo.
Por eso no vacilo en recomendarlo, y
me atrevería á llamarlo ELIXIR DE VIDA.
De usted afmo. S. _S .
Dr. Cm,srANCIO PE~A IoiAQUEZ.
del Cuerpo de Sanidad mi(itar.
La especial composición del Vrno de
SAINT GER.\IAin 1 en el que se adunan los reconstituyentes, los tónicos neuroténicos
y los cardiacos al icthyol, hacen de esta
preparación una de las más adecnadas
al tratamiento de las enfermedades donde
domina la pobreza de la sangre y el debilitamiento del inviduo.
l\lé.J::ico 21 de i\Iayo de 1897.
l\IANUEL GuTI"ERREZ,

Profesar de Obstetricia en la Escuela
Nacional de Medicina de México, miembro de la Academia de ~Jedicina y de la
Sociedad Pedro Escobedo, médico del
Hospital de Sa1t Andrcs.
·
1

'I

l.

México, Abril 29 de 1897.
DR. GARAY.

He usado en varios de mis enfermos et
vino de San Germán y lo considero una
medjcina excelente;.es un tónico poderoso,
de sabor agradable y muy eficaz para
los anémicos, linfáticos, tuberculosos,
convalecientes y enfermo$ del corazón
en general.
A. DE GARAY.
Profesor de Anatomía Quirúrgica
en la Escuela Nacional de Medícim1,
Cirujano de los Ho~pitales Jmirez
E:ipaílol.

15
ca,m ¡&gt;Or el mismo precio y bajo la misma garantía,
Si prefiere vemr á nuestra. casa, nos comprometemos á pagarle los gastos de ferro.carril. hotel i
dema&lt;&gt; que se le originen s1ncobrarlc un ccutuvo por
nuestm asistenciu si no resulta r:uradc, cou nuesLro
w1tam\e1tto. S1 .;;e ha tomado mercurio, !oda.do ae
Porn.~o. y toda.vrn. se s1eL1tel\ dolores y molcstia.s,
.Esputo~ nmcosos en ia t.)Oca, Garganta Hagacla Di-

Muy señor mío:
He prescríto el VJNo DE SAIN GERMAIN á
varios enfermos, después de haber ensa•
yado la muestra que me remitió usted, y
lo recomiendo como un buen tónico y reconstituyente.
Quedo de usted afmo. y S. S.
DocTOR, LoRE:&gt;1zo CHÁvEz.

Director del Hospital Valdivieso 1 médíodce l Beístegui Hospital.

Profesor de Cliuica E.-cterua de la
Escuela N de .Nedícina de México,
De los inumerables vinos tónicos de
que se sirve la terapéutica moderna, el
mejor es sin duda el SA)&lt; GERMÁN. En casos de linfatismo, tuberculosis y an~mia,
me ha dado siempre en los enfermos sorprendentes resultad0s.
DocTOR CurnENT.

De la facultad de Montpensier (Francia) . Especialista para las enfermedades de la cinturá.

cHe usado con excelentes resultados e
V IN o DE. SAN GERMÁN en casos de tísis pulmonar, de anemia y de enfermedades crónicas de la piel.
No Conozco otra preparación que con•
tenga ichthiol, en ·la que el color y sabor tan desagradables de este precioso
medicamento estén tan bien encubiertos.
Las propiedades terapéuticas del ichthiol
pueden ya ser utilizadas como medicina
interna.
Los enfermos toman este vino sin repugnancia1 y al cabo de algunos días experimentan sus provechosos efectos.
A las dosis de una cucharada, una hora antes de las comidas, la administración de este vino no tiene peligro.
DOCTOR BA.:-rDERA.

=:
•
1~

México, 22 de Febrero de 1897.
DR. J osÉ I&amp;,co.

De la facultad de /lfé:t:ico. Especialista en partos y vías uriltarias.

G,an Almacén y

;¡¡

Expos;cl6n

OéCAM"AS INGLESAS OE LAT.ON•

, lji

poroFáQr!,.adecolchonesdenlam red
acero 1:ej1'10 duplo, con rci,tirador de
J•atente. J,08 1í11ii:.YJs que Uoien acepl.tJci6n
1,or ílU buf1VI. ('.la.i'P. i~rnn fábrica de ca-

"'

IIJ

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Hay gran variedad de

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L.,/

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dlhul·os

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en camas ingle~a;::, ('Orno eu as' fabricadas en los talleres de esta Casa, y los
i ntere~ados pueden conocerlo.;; pidlendo caW !ugos tí los señores

•

Glnaslasio roeslas l' Qompañia,

~

el ejercicio se :-u profe!-ión. E¡·ecuta los mejo1es y mi'1° rf('ipntes t1aUnjos que se
in't'entado en el arte de Dentista, r se de(Uca principalmenteá la c-uración
de los dientes. al g-rado ae que rara vez fe Ye obligao&lt;&gt; á exrraer_los, y en tal ca~ lo
hace sin que el paciente snfr1fabsolutamente dolor nin!!"uno. D1entes·a rt1ficiales srn ola ca, de gorna alastica y oro. Trabajos de Corona y Pu1.;nte.
Orificaciones &lt;·on oro ó cualquit!ra.otraclnse de material. Especialidad para ig:ualar
los dieuws&lt;lc los nlfios. l!:squinadel Coliseo Viejo y Cnll~jón del l!.splritn Suuto.

11.ay:.1.n

I

1111 [

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•,: 2~ DE LA MONTERILLA NUM. 8.-MEXICO-APARTADO N? g67. •:
¡
--ESTA CASA NO TIENE.SUCURSALES-:

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!f-Gunz

Tie11e la }lonrn de anunciar a1 pilbliro que ~e he rndkudo en esta ciudad para

~4,1

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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