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                    <text>La Karatina

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11

•

-La paz, nin.a, con las últimas noticias de la guerra.

•

NUMERO 8

�li!L MUNDO

142

LASEMANA ..
Dicen por ahí que el aniwoso parlamentario D?n
Ju11n ~fateos escribe la historia de la guerra h1sp11no uroericana para apoy11r una iniciativa que
se propone encomend11r á la deliber,1ción del
pró:ximo Congreso constitucionnl. Entret~n~o,
abre una campaña periodística contra el ciclis•
mo de11unciando los inconvenientes que trae
ap;rc jado t:I nuevo sistema de locoll'.1oció~. La
bicicleta, sin t-mbargo, debería ser simpática al
Sr. Mateos por la infiuencia sori11l que le reconocen los dt-mócratas del Viejo Mundo, (los del
NuE'vo Mundo no EOD tan sutiles para preocupnrse por esas minucias). Antes no había en Europa
pu·ntos de contacto entre los nobles y altos burgueses y la gente llana; cada casta ~onservab~
sus placeres y sus medios de locomomónexelusivos: el rico te11fa caballos de raza y cupé muelle,
mientras el pobre caminaba á pié 6 en la imperial de un ómnibus· ahora todo el mundo pedlllea
fraterr.almente, m~nos los curas. Ha visto el
Sr. Mateos un cura en bicicleta?

paftola en la isla desprendida de la dominación
ibérica? Una víctima más del fanatismo, que ha.
arrib11do {l nuestras playas hospit11larias, para dejar tal vez en ellas se¡iultada la última creencia
de su vida.
f"'W

Chnrubu~co congrega á un paeblo que en el jubiloso deFpertllr de la esper11nza no olvida los
días lúgubres. Hay un acto de valor en esta conmemora eión de los desastres nacionales; los
triunfos engríen y envanecen el espíritu sitmp,·e
inf,rntil de los pueblú~, y la derrota es una enseftanza que restituye á la rliZón sus fueros y al
carácter sus brfos. No fueron nuestres muertos,
mártins de la patria; hay en su sacriricio algo
más grlrnde y algo más triste que la inmolación
estoica al deber. Perecieron sacrificados impfa.mente por los revoltosos de todos los partido,,
que incapaces de ese análisis concienzudo de la
responsabilidad que implica la dirección de un ·
pueblo, 11 os arrojaron á un11 guerra que pudo evitar la prudencia y hncer menos funesto el patriotismo. Sin la fuerza l!ohesiva de la organización,
un pueblo no puede lucbar: luchamos sin jefe ni
concierto, y fuimos vencidos. La memoria de
N
esas hecatombes inútiles, y porinútilescriminales,
Los apasionados del arte nacional están gozo- inspira los alientos con que caminamos hacia un
sos por el próximo estreno de la Vecindad de la porve11ir fecundo y pacífico. l;l quijotismo baPuri.sima, cuyo autor es al mismo tiempo empre- tallador está de¡;acreditado para siempre.
sario del Teatro Arben. Por definición, un emN
presario es ó debe ser un psicólogo de la multitu_d
Mátala! ha dicho el dialéctico mAs hábil entre
-necesariamente he~erogénea-que forma su publico, y esto J1ace dos veces delicado el problema todos los que modelan la materia plástica de las
cuy as incógnitas son las incertidumbres del autor altas cuestiones dC&gt;I alma con un fin estético más
que preseuta una obra nueva, cuando e~e autor que moralizador. Para el simplista y genial sigestá al mismo tiempo interesado en satisfacer á natario de la epístola soore «La cuestión del disu clientela. Dejemos al público y al empresari0, vorcio» ha habido sólo unll solución extrema: la
sin anticipar suces0s, y pues mútuamente se co- que se condensa en el crimen pasional mAs cxcenocen, uno y otro sabrán ya si la Vecindad de la crable. Una mujer que cae, no es siempre el ser
Purísima es la -obra ideal que prometen estas dos abyecto y monstruoso que cede á los impulsos
palabras, fánáticamento asociadas á un senti· satánicos de una fisiología anómala. A veces la
miento de patriotismo mí;;tico, arte nacion_al. El culpable ha sido víctima y el vengador la ha cotraído y llevado arte nacional ha iuspirailo ul• ·rrompido, la ha impulsado al olvido del deber.
trajes plebeyos contra este o~ro seftoró~ d~ pro- ¿Luego el perdón resuelve el drama trágico en
sapia que se llama, con sencillez de anstocrnta una expiación que redime? No, y en esto el mágico poeta df·l Nabab es tan iluso creyendo en la
verdadero, el Arte.
fuerza salvadora de la misericordia, como el que
N
pone en lit mano del esposo engaftado el revólver
Pero esta es una palabra que se dispersa en asesino. Expúlsala! Aconsej~ el anafüta del Dismil combinaciones. Hay arte de Cúchares y ar- cípulo,
te .... Yo no sé como se llama el arte que cultiSi al menos llevaran los hombres una teoría,
van y explotan los ~elotaris. ~e leí~o la «h!storia
de un p elotari» de Pi_erre Lotl y el tipo es i~tere- buena ó mala, cuando sienten sobre su cráneo el
santísimo; pero moviéndose e~ el escena~10 de desplome de todas liis ilusiones ... Perq,qué prinlas aldeas pirenaicas, en las riberas del. Btdasoa cipio filosófico enlazará en un haz de resolucioque ritma con ~l. murmullo ~e su _corriente las nes lógicas la conducta del loco que sigue, al azar
canciones primitivas que repiten aun los vásta- d~ todas las imprevistas sugestiones de la pagos de esa raza de aventureros y softadores. Ti- sión, la ruta de sus desencantos? La sociedad
. pos de opereta que aparecen co~o desteñidos en tiene el derecho de ignorar esas teorías puesto
]as avenidas de las grandes capitales, en donde que el delincuente las olvida y por esto no hay
pierden el atractivo l~terario y pintore_sco de piedades pusilánimes ante la necesidad del casaquella patria legendaria. Pero los que asisten al tio-o ni el Otelo feroz modera sus ímpetus en la
Frontón no sun contemplativos ni van en busca c:'misa de fuerza de uua filosofía de perdón 6 inde emociones librescas, los atrae e~ cxitante de dulgencia. Entre el hombre de pensamiento que
la apuesta, como en el turf, de una estética tan fábrica cóc!igos de moral y el insensato que percGmplicada y exquisita. En el jueg~ de los pelo- sigue á la mujf'r desleal, y la injuria, y la abofetaris pierden á veces los dos partidos, cuando tea y la mata, habrá siempre infranqueables abis•
hay por ahí algún corredor que desaparece con mo3 de ignorancia, de heredismo criminal 6 de
locura. Dejemos al pensador sus ideas y seamos
las apuestas.
rígidos con el criminal, Es la fatalidad humana.
f"'W

N

La visita del General Pando y su breve y furtiva estancia en nuestra capital, seftalan un aspecto adyacente, pero curioso, de la guerra. L~ psicologia de esos hombres poseídos de una pa~i?n que
lleva al arrebato delírante y que desqm_~rn los
espíritus, interesa más ~ue las charcas roJtzas en
que espiran los combatientes. ¿Qué tempestad de
údios y de ambiciones, de quiméricos su~ftos y
&lt;le insanias habrá deshecho en los arrecifes del
delirio al bravo general que abandona sus bizarras columnas para precipitarse quizá en las emprPsas imposibles de la conspiración? Sus facciones alteradas, la incoherencia de la frase y la
obsesión política, asomándose en cada palabra,
acusan la ruptura de la dinámica mental. Aún
hay hombres ofuscados por los irreales vasallajt&gt;s de la utopía qo.e sustraen las fuerzas de su
espíritu á los imperativos del deber; no saben, no
pueden encauzarlas en el raud!ll de las aspi~lle'ones generales de nuestro _tiempo. La desvia1!lón de las falsas perspectivas históricas, hace
&lt;·un&lt;'-"bir 11caso á este hombre la necesidad de una
}'auia cubana, desprendida del seftorí~ de E~pafla, .pero extrnfta y hostil al norte-am~ricano. ¿Irá
-A coronarse rey ó A proclamar una dictadura es-

Otro drama quizá menos aparatoso que el de
la Piedad, el encarcelamiento y la deshonra del
jov1•n ciijero de una Compañ.ía. Es esta una vieja histuria, siempre nueva. ¿Qué es entonces la
honradez sino una resultante, casi mecánica, de
contrarios impulsos? Ese joven era honrado, merecía la confianza de sus jefes; pero un día, por
descuido, pierde fondos ajenos y pan pagar el
déficit desnivela su presupuesto, contrae deudas
y sacrifica su bienestar. Y en tanto que su familia carece de lo necesario, la caja de la Compaflía
está repleta de billetes, toma uno, lo aventura en
la casa de juego y la suerte no le favorece; vuelve por otro, y otro, hasta abrir en sus cuentas
una brecha que no se oculta. Por insensible deslizamiento ha llegado al delito una probidad
ayer innegable; del delito á la cárcel y después .... ¿quién tiende la mano al que una vez
ha delinquido?
Dlek.

DomlBgo 21 de Agosto de 1898

NOTAS A TODO VAPOR
La postrer Jornada
No había más remedio: yo he siilo siempre hombre
muv formal ba~ta cuando fui poPta-sabido es que en
Jod ·poetari l¡ informll.lidad es profesional, y á fuer de
formal tenia que cumplir mi compromiso de abrir un
periodo de exámenes de historia el dia cuatro de Noviembre y fil dia cuatro de Noviembre debía estar y
estuve en México-me fué imposible arrastrar en pos
rola á mi inmPjorable compañero de viaje y dejar de
vi@itar PuUmann City ciudad• fábrica, que deseaba
ver desde que el excdente Doctor Liceaga me hizo
una pintura admirativa de ella, á la vuelta de su pri•
mer viaje á estas comarcas en compañia del General
Diaz y su familia.
No habla remedio; nos despedimos del amabilisimo
FelipA Berriozábal que n·•s habla acompañado de una
estación á otra, dentro de Chicago misma y adelante.
Entré v11lientemente en mi camarott&gt; con ánimo de
dormir Pero como no se. duerme con el ánimo (¿con
qué se duerme?) me entregué á. la contemplación 1el
paisAje que pensaba, porque apen!1s se vela, gr11:cias
á una luna pudorosamente arrebuJada en los primeros celajes del invierno. Y la te,a sin fin que se desarrollaba ante mis cri~tales era tan igual, tan igual,
tan igual q)le acabó po~ hipnotiz';lrme; prRderas sin
término. como que el Illmo1s ha sido llamado el Esta·
do Pradera.
¿Praderas sembradas? ¿cultivadas? Supongo que si;
á. veces pasábamos un puente, de improviso cruzábamos un cbar~o, laguneta ó cosa parecida sobre gran•
d!'R estacas; acá y allá parecia que la luna habla dejado caer un trozo de su cristal al suelo, era nieve
congelada desde el dia antiirior. Grupos de farol3:s
eléctricas manchaban de luz la oruma y con la rapidez de nuestra carrera las veíamos formar ruedas en
movimiento, girándulas fantáRticas de brillo lastimador. Esta llanada inmensa del IUinois con su cintura
de lagos y de rios, es un granero inagotabla en el
suelo y un hullero inacabable en el subsuelo; el territorio de los Estados Unidos, me decía yo casi durmiendo, podla representarse por _una serie de billetes
de lotería premiados con el premio gordo ....

Despertf!I corriendo en linea recta hacia el Missouri
rumbo á Kansas City; lo que habJa e1:trevisto en la
nocbt.1, lo veía ahora y seguia no diver,tiéndome. A;quel
paisaje suculento, me. parecia una e~orme foJa de
expediente de estadistica hecho más bien con datos
que con colores, un paisaje de economia politlca. en
fin. Sólo Bulnes con su prodigiosa fantasia ha podid?
encontrar el modo de hacer pintores~a la estadistica
y fingir poiicron:_i{as orientales con columnas de gu~rismos; en cambw, un poeta de fond en comble, Luis
Urbina hace años que se bate con las sumas de la
sexta ~ección del ministerio de Hacienda, sin poder
hallarles consonante. Estos gravísimos pensamientos
me tratan por fáciles asociaciones de ideas el recuerdo de la Patria.
El Señor Romero hllbla tenido la bondad de enviarme periódicos de Méjico que aún no lela yo .... Lo hice con cierta emoción. ¿Y cómo no? En uno de ello;;
me encontré un discursl).de un mi antiquísimo amigo,
en que me retrataba, di¡:-iriendo mi sueldo deflamante magistrado á orilla, del Niágara ...... Por más que
esté uno aco!ltumbrado á estos afectuosos recue~cos de los amigos, aquel me trajo las lágrimas á los
ojos.
.
.
Pasamos fil Missouri; á nuestra vista, un poco leJos,
estaba Kansas City. una ciudad doble que está parte
sobre el Missouri y parte sobre el Kansas; que nació
ayer y nació de golpe con sus edificios, sus fábricas,
sus tranvías. sus rastros que rivalizan con los deCbi•
cago, etc. ¿Queréis, lectores, queos las describa? Nada más fácil; aquí á mano tengo una buena descripéión hecha por un ~iajero, ..Y Kansas City es muy
conocida por lostouristasmeJ1canos. Pero yo no la vi,
sino de paso: Kansas Oity,noedijoelnegroquenosservia en el carro-comedor. . . . ¡Ah!. . . . Hasta luego,
repusimos y seguimos comiendo. De esta prosaica
manera pasamos por el centro geográfico de los Estados Unidos, por el ombligo de la Federación, como
habría dicho Esquilo.
Un amigo mio decía que percibía el movimiento de
rotación de la tierra y que eso lo tenia neurasténico,
(no se decia as! cuando vivia m_i amigo¡ pero esto m_e
queria decir) y cansado de la vida. Ya o creo: me fl.
guro su tormento, pensando en el supllcio mio; tengo
á. la vista un paisaje que no dice nada, un cielo de
acuarela de princi1¡&gt;iante y una luz . cualquleri., una
luz chillona y dommguera sin c!lrá.cter, sin_ estilo, sin
chiste. Y vamos corriendo, corriendo, corriendo por
este desierto sin dignidad y 11in gracia. y hasta sin
melancolia, y asl, inmóviles y moviéndonos furiosamente á la vez, sentimos que él fastidio nos lleva al
idiotismo, quisiéra?3-0S parar, quis~éramos correr_por
nosot1os mismos, digámoslo asl,qwsiéramos no asistir
á. este implacable desmenuzamiento de nuestra personalidad en el espacio, en la distancia.
El tren seguía devorando millas, mascándolas con
susenormesmandibu'as de fierro, cuyo chocar perpetuo nos dilaceraba los nervios digiriéndolas y excre•
tándolas instantáneamente en forma de solitllria sin fin

EL MUNDO.

Domingo 21 de Agosto de 1898.

143

dobladillada de acero. Por el di&amp;, casi blasfemRndo de- ceptos y vocablos, que en el fondo son inofensivos, nes y de las Ideas. Oh! la im11ginación, la loca de la
eiayo: ¿nos pararemos,conmildiablo~?Yporlanoche, convengo en ello, pero que de pronto atemorizan co- Cba,
cuando volvía á la conciencia de mi mismo después mo ojo11 de gato vistos en la sumbra; en donde, digo,
*
de algunos momentos de entresueño, clamaba yo: suel1&gt;n hallar esa1:1 metáforas tan voluptuosas,tan tris·
.
' *
¿nos pararemos, Diod wloi' Y era la voz que clamaba tes, de cout.ornosimprecisos, esfumadod por el ensueño.
Por &amp;qui, por e'!til,- ampa •le Mnte _,ares de legu¡¡s su•
en el desierto
que les sirven para traducir la sensaclon de la noche? be maje.teo11am11me á la11 ¡lf~•a.-1 Ult'Jtcanas ó trepando
Cuando amaneció el di.a de muertos, la forma de los !Je molde me vendría ahora una de esas metáf&lt;&gt;ras; y serpeando poi las cordillera11 que forman sus bordes
ceiajes indicaba la proximidad dt1 las m, ntañas; allí mas no de 111.s que expre11an el afán de infinito y de titánil.:os, han mucltado sin cesar la11 razas abo rige•
estaban efectivaq¡ente y ,i hubiera tenido humor de vuelo que fluye de las noches trágicas, en que el re- nes basta que quedaron comp1imidu, iumovilizada11
Ter algo, las habría per ·ilii&lt;lo d111,d-1 que pasamos el lámpago revi,la la pasmosa cantidad de luz latente y velozmeuteahogadas, ó leutam11uteatrofiadas por las
Arkansas y llegamos á Zq.~ Ve.ga~, .,n Nuevo Ml'jico. en la bumbra; no tampoco de. esas que parecen com
dos corrientes de la11 raza➔ blauc s Uuas no renun•
Yo no cambio las montll.na• por lll. mar; pero cuando puestas de tinieb:a, de abismo y de anhelo doloru110 ciaron j11más al movimi.. uto, e~ decir, á la libertad Y
no hay mar. ¡obl dio11es, montañas, si, montañn11, no la de más allá, ni de esas que producen algo asi como del Cl,icbim,,ca al Pid Roja, ha11 ido Y v .. nido estre•
mar de tierral Las Roc11llosae recortaban con em per- la fugaz iutuición del UJJiverso y que nos hacen adi- liándose en las ciud«de~ 4ue la religión creó para los
filas extraños el horizonte á nuestra derecha. El rio vinar que las constelacioues son hieroglitos sin clave, 11edeutarios eu torno d"1 lu11 teocali11 11agrados. Otros...
Pecos y el Rio Grande (Bravo) bañan unas zonas exí- por dei:;ventura. No, nada de esto: qm11iera una figuNQ, mis lectored, 11e dormirá.u sobre e11tas bojas posguas de eFtas áridas cowarcas: entramos de nuevo en ra, un tropo que trasladara A la palabra por compa· treras con otro mrtivo, nu cou el de que les baya trai•
el país de lll. sed. ¿Pero cómo vinieron a qui l~s babi• ración, esta mist,•riosa impresión de paz sepulcral duramente deslizRdo una meditacióu hit1tórica para
tantea de los grandes pueblos, grandes como ciuda- que derrama desde su globo deslustrado esta divina cerrar con broche de oro. como se dice en füeratura
des, que han dejado tanta~ monótonas y tristeR y cu- veladora de la noche y que expresara cómo nos su11- ,te brindid, este vi11j.i.
riosas ruinas en este cuadrilátero neo-mexicano? trae de lo material y de lo que pasa la claridad de la
Pt.1ro si me perdonarán (ó no me perdonarán, es lo
¿Cómo creció v semultiplicóaqnientre la civilización luna lentamente traspasada al alma, mientras su res• mismo) que yo aclibe por dos minutos de exAmen de
rudimentaria de los mou11t-builders y la civilización plandor frio parece congelar las estrellas y apagar• conciencia A~i diib~n aJabar11e toda8 las jornadas de
plena de los nahoes de 11ue81ra Me11a Central, este hll· las luego en leutas agonías.
que la vida se compone st'gún l'itágoras, Séneca,
cinamiento de grupos sedentarios y a~ricolas que ha
Et trt'n habla anclado en pleno desierto á las nueve Marco -Aurelio y S.1.u A~udtin,-verifiquense las ci•
dejado regado de los vestigios d~ 11u alfarerla la área de la n&lt;.cil.e, con la locomotiva rota; antes de dos ó tas-¿Qué he sacado de mi vi11j, á los E:1tados Uni•
eno::-me dt&gt; Utah, de Arizona de Nuevo Méjico? ¿Se· tres horas no llegarla la que se babia pedido al Paso. do~? Poco, nada. ¿Supe verr A¡,enas. ¿Supe mirar?
rá cierto que el blanco trBjo aquí la sed con la tale. Aprovechando la forzosa inmovilidad de los carros, ¡Tampoco! ¿Snpe didcP.rnir? No pude ¿Q 11é me queda?
implacable del boeque; la se&lt;l y la muerte? Si ebto los pasajero11 se habill.~ dedicado á dormir; aunque ¿Cómo me explicare? ~PI- queda una especie_ ~e zum•
parece el cement,rio de las razas. Alli arriba en la11 no á pierna suelta, cosa que ni ese Puck que se firma bido de oídos e.i el espmtu; una suerte de v1s1óu apohoquedades de las sierra11 qut&gt; nos acompañan eu pro- Micrós, lograría en un SteP.ping-car.
caliptica, algo como una serie de fragmentos de una
cesión fJ1.ntasm11górica, est\n los depó11itos de agua,
Uno de tos conductores y yo nos echamos á andar espiral de fierro, cuy is vuelt,,s me ocultan.las brumu
las tinajas. y acá abajo ePtá la admirable tiflrra sea- via aoelante, pisando (sin retruécano) las cabezas de
del horizonte y CUj os extremos se pierden, arriba en
rreada por los torrentes pluviales de las m o n t a - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - la irradiación dt'l cielo_y abajo eu lit noche del in•
ñ11s desnudas ya, y que uebe ser 011omlwosamente
fierno .. . . Por esos frngmentos de tramos. corre la
f P-rtil, qufl lo es en cuanto, como en la:; Vegas, la toca
gente sin cesar, sin cesar, go ahead, go ahead .. ..
el agua. Ya el yankee emprendedor puijo su ojo y
NE1; vengamos del apoca1ip_!!id 11.-1a- tierra; si yo
su espíritu frente al proolema de la iJ rigación de
pudiera. personifica.r_á e~te pueblo, y así me lo
esta comarca¡ :va puso la mano y el'doUar en la sofiguro siempre, lo-pmtaria en forma de atleta'. d&amp;
lución del p-oblflm&amp;. lo que quiere decir q'.le rerá
púgil, Hs:o para romper los huesos de los Corbett
resuelto indefectiblemente, &amp;qui primero y en Mé·
ó Fitz11imons que se le pongan delante. ¡Vamo.;.
jico después.
á vetl Helo aqui plantado Hagamos como las mis,,.**
ses de ~ew York ó de Boston, que siguiendo el:.
Para mi compañero y para mi, él de estómago
.-jemplo de la riqulsima Mrs. Jackgardner de Bosexigente y de t'XigentEI paladar yo, el problema
ton, la amiga de Paul Bourget, se .-ntregan á una
conslstia en huir de las fondas en donde en un mispersonal examination de l08 mú.culos de los bomo plato se comen diez inuefinibles manjares de
xeadores. E~te es admirablemPnte desarrollado:
cuello, brazo~. pierna@. torso y dorso, protubi:ran8808 que provocan en los comien11os mismos ds
una encrespada digestión, esta preg«nta: qué fué
tes de músculod duros se amontonan bajo la tur•
lo que comimos? Pero para realir;ar esta fuga, era
getcia de la piel slanca, enrojecida por las dupreciso, ayl cai,r en la cocina de carne y de legumchal' frias y dorada por el fOI, 1.Y la cabeza? Desbres conservadas del buffet dl'I los carros dormitoarrollada por la voluntad. ¿Y el rostro? Armado,
ríos, si sabrosa al paladar, fatal at estómago y
de ojos duros y de mandíbulas de fieno por el ape••
mo,·tal al bolFillo. Pero no había remedio, por ella
tito insaciado. La vida mental y la alimentación.
nos decidimos; por ocho ó diez pPSOB mexicanos toá outrat1oe enfermJrán del e~tómago á este atltt11,.
roamos un plato de cornea beef. otro de Bostonlo harán neul'asténico y vendrán terribles desebeans con tocino. unos ehpárragos y una botella de
quilibrios... Ved los prodromos; una tiemocra•
Zinfandel de California, de sabor ligeramente farcia que a1,pira á la gloria militar y caerá en el cemacópico.
sarismo; una démocracia facticia que está domi***
nada por una plutocracia de cuatro mil millonarios,
Al mediar el día llegamos al Paso; el Bravo nos
que la tiene á 11us piés y de quien.sumisa ó rabiopareció un poco menos manso aqul qae en Eagler
sa, es esclava. Uns. plutocracia que quiere conjuPass A nllesta salida de la República, h.. cia má11 de
rar el odio de cincurnta millones de pobres. dánun mes Nuestro viaje había concluido; el territorio
doles la limosna de los hospitales, de los asilos
queibamos á pisar, vuto. despoblado, inculto en I
Y de maravillosos institutos de imtruccion púsu mavor extensióll, ejercla sobre nosotros una fas- 4
blica, que pondrán armas terribles en manos de
cinación extraña, completamente subjetiva, pero
suR adversarios ...... Y las mujeres deseando ser
ab8 o!utamente dominadora; nos parecla que allí ,
hombre~ para luch&gt;ir también por la vida, es decir
en la orilta derecha de este rto que completa los •
por el luju y el comfort, y corriendo al través dei
limit.es j!'eodésícos que estos fuertes nos impusie•
matrimon'o Y del divorcio como en un steeple-cha1
ron en 48 estaba reconcentrada en un puñado de
se, pa~a con seguir una folicidad sin reposo, sin ho
tierra., toda la RP.públic&amp; nuestra, toda la Patria
gar, BID alma.••
nuestra aúo. y un latido de emoción, y un conato
Todos estos pesimismos me vienen de los libros
delAgrimas nos invad'ó instantaneamenre; en sique be leido sobre la sociedad americana, son lilencio tomamos nuestras maletas, y con ansiedad
brescas; yo 110 vi bien. entrflvi un gran pueblo....
singular como si hubiéstmos estado ausentes cien
y adquirí una convicción, que la libertad es un air6
años, entramos en el wagon que nos condujo á lo
respirable.
lllrgo ilfl un hermoso puente, desde la aduana del
***
Paso Texas A la del Paso Juárez; cosa extraña:
,41,,,.,,,,sL;eri,,
Una horda, no de chichimecall, sino de coyoteª
venia yo del país de la libertad y me parecia que
que ululaban como hienas, nos hizo volver de
la recobraba al salir de él; la enorme actividad, la
priea al tren y media hora después el tren voobra enorme del pueblo de que me separaban
Geaeral Manuel Rinc6n,
laba, recuperando el tiempo perdido. Adios pues
cincuenta metros, en aquel instante me habla heD!IIFENSOR EN JEFE DE CHURUBusco _ 1847
¡oh! tierra de lo repentino, ds lo colosal de' lo es:
cho en el espiritu el efecto que diez arrobas ,le
tupendo; naciste ayer y has crecido en ~na hora·
aci;ro sobre el oecbo.
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - brotan tus ciudade¡¡ en los pantanos, en los desier~
Bajamos del wagon frPnte á la aduana mejicana y los durmientes. A quinientos metros, el tren me pa- tos, en los bosques como pasmosos hongos de hierro
yo cai en ¡08 brazos de Javier Osorno, tan feo como recia uno de esos colosales cetaceos ae los maresgeo- Me voy á la tierra de las horribles chozas de adobe·
yo pP-ro tan correcto, tan eleg1mte, tan último corte lógicos, varad~ en las playas del tiempo, 9.ue nos se- de las casas bajas,banales y sin comfort; á la tierr~
en' el traje, tan bien ba~nizado ~n la piel d~ Rusia del guia con su OJO de llama en aquellas soledades amor- de las personas lentas, negligentes, anémicas· de la
borceguí roiizo como bien tendido en la piel de Sue· tajadas por la luna.
·
temperatura enervante y dulce, del cielo tran~ado de
ciado ¡08 guitntes marran abotonados de oro. ¡Medió
Mº1
b 810
.
dO
. d
luz. Esa tierra á donde vov me gusta más· pobres
1
un gusto verlo! Y al gordo y simpático Bauche, admi•
companero que parª ª
mie
y ·sm escan• pequeños é inactivos, los pueblos á q~e p~rtenezc~
n:strador de la Aduana y al bizarro Marcelo Leon con so un español capaz de sacar callos, por erizado de se han apropiado un lote mejor en la batalla de la
su cara dfl último A bencerrajl', y su noble corazón de guijarros. si11tió la influencia enmu&lt;1ecedora de la no• vida; á hormiguear indefinidamente en t:-rno de mi'é
d b
che, y respetando mi silencio, me hizo el obsequio del
. h
f d
amigo y de papá.¡Ob! qu p,acer encontrarse e ue- suyo; la verdad es que daba miedo interrumpir el de gaJas, emos pre eri o cantar al ·sol como las ciganas á primeras con tanta buena gente. y tan am11 b)e, la inmensidad, Hablamos andado dos kilómetros, nos rras de la fábula. Bah! séamoslo siempre cantemos
tan franca. de idioma tan dulce .::omolas UV';\S demtel
siempre, puesto que todo es ilusión.
'
de ¡011 viñedos cercanos! Me despedí con tristeza de detuvimos, mi compañero colocó su linterna en el
Sólo el amor es cierto, con su divina certeza de un
.
d
d
suelo
y
nc&gt;s
sentamos
sobre
unos
troncos
medio
carM
b
flstos viejos a_migos, y A__1as cinco e Iatar e empren- bonizados, restos de una anti'}uisima fogata de cam- minuto. añana f)rraré con mis besos las lágrimas
dimos el citmmo de MéJico, regresando á los Estados
f
.
D r i
. ló •
dt los rubios que me aguardan en mi bogar y cam•
Unidos bajo las especies del ..terno Pullman-car, á pamento erroviario.
e Ic oso momento psico gico; bio feliz los millares do sensaciones que he r~sentido
del
Imperio
Chino,
en
forma
de
cocineros
chisen
tia
que
la
conciencia
definida
en
todo
mi
ser,
·se
en mi rápido vi11J·e por la emoción de mañana.
través
redu-:ia, como el dolor bajo la influencia de la morfi1
0
noR Yde manjares que merecen ser •
na á un solo punto casi ~mperceptible; mi yo deseanJusto Sierra.
Bllndémonoe pues de paciencia Y de sueño · · · · · saba en la invisible punta. de aguja del átomo y p&amp;•
¿Y contra el poi vo qué blindaje hay? Hay uno; leo en
i
ºb.
á
b
b
d
y
¡
e&amp;tfl in11t11nte qufl un señor Green, hijo de la famosa rec ª que 1 ª rea sor erse en e1 to o.
e campo
archimiilonaria Hetty Green. ha intentado el modo de que la conciencia abandonaba, lo ocu_paba no sé aué
La serie de artículos «En Tierra Yankee»
colocar en las ventanillas de los wagon es dos hojas de fuer:..a ó qué energía esparcida en el Cosn¡os, yo sen¡
h
tia que eso que se llama la naturaleza, la vida uní- del Sr. Sierra, por los cuales ha recibido El
tela metálica finísima, entre as que ace pasar una versal, compuesta de indefinido número de muertes
corriente de agua vaporizada por un ventilador, y
b d
i y
b 'ó
Mundo tantas y tan sinceras felicitaciones,
¡ad'óe calor! y ¡adiós polvo! SI, pero cuándo 88 aphca- parciales, se enseñorea a e m .
esta 1ucu raci n
rá. á los Wll"'Onea mexicanos esta invención bendita? no será correcta en Epsicologla (¡oh! cruel Acade- terminó en este número; pero ofrecemos á
,..
1 ó¡
·
mi11) y temo el s'lño fruncido de mi t&gt;abio Ezequiel,
La noche aplacó el polvo Y nos ap ac Oij nervios.
pero ¡qué fruición deliciosa! Por desgracia esta ca- nuestros lectores otras producciones inéditas
talepsia del espJritu esta iniciación en 1011 supremos del mismo eximio literato.
goces del nirvana, es fugaz; la imaginación que sigue
***
El Sr. Sierra hará un tomo reuniendo di¿En dónde diablos encuentran mis jóvenés amigos automáticamente su trabajo de combinar eu nuestro
los simbolistas. delicadísimos artistas que tienen la espíritu nuevas y viejas placas fotográficas, excita chos artículos; anunciareml)s oportunamente
ASpeluznante mitnia de escandalizarnos ~ lo~ :omán• de nuevo la actividad de nuestro yo casi perdido, y el día en que se ponga á la venta.
i:coa viejos y á 1011 viejoil a&lt;:adémicos, con giros, con· lo hace reentrar en et torbellinó de las impresio-

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�144

EL MUNDO.

Domingo 21 de Agosto de 18 98

O omlngo 21 de Agosto de 1898,

145

EL MUNDO

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la canción de las ilusiones.--Cuadro de Hoe:flinger.

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�Domingo 21 de Agosto de 1898

EL MUNDO

146

Jolitica ®tnerttl.
Rl!:SlJME.N.-Temores de un conflicto anglo ru~o. - T,os
Intereses europeos en e1 extremo Orlente.-EI Imperio Chino abierto á todas las ambiciones. -Tocios
satlsfecbos.-Fln de la guerra hispano-americana. Los preliminares de la paz.- L:1s bases del protocolo
-Porvenir de las colonias espafiolas.-Puerto Rico,
territorio amerlcano.-Cuba.-¡,Anexlón ó lndependencla?-Los elementos conservadores J los rcloluclonarlos.-La promesa de McKlnley.-La suerte &lt;le
Filipinas. - Intervención europea.-t'oncl uslón.

Mucho se ha habllldo en estos últimos días de
un rompimiento posible entre el Reino Unido de
la Gran Bretafia y el poderoso Imperio Moscovi•
ta. Pensando que están frente á frente los intereses de los dos dilatados Imperios en el extremo Oriente, y que las rivalidades se han exacerbado y que las competencias se han desarrollado
de modo notable, afirmase que las dificultades
ocurridas últimamente, podrían resol verse por
una contienda armada.
Nada más falso que esos temores, nada más
fantástico que esas amenazas. Es verdad que
desde ha tiempo es el territorio chino la manz,ina de la discordia arrojada á las concupiscencius
de las naciones continentales de Europa; es cier•
to que allí se han dado cita todas las ambiciones,
y que la preponderancia entre el Czar y el Gobierno de Londres es una disputa continuada para someterá su talante y voluntad Ja política de
los mandarines que rodean al hijo del cielo. Cierto es que, desde que los triunfos del Japón sobre
China revelaron al mundo Occidental la debilidad de ese coloso de pié, de barro, todos se disputan á porfía el botín, y el Gobierno de San Petersburgo interponiendo su influencia poderosa
entre la espada del vencedor, ha podido adquirir
gran ascendiente, y en cierta manera buscando
la cooperación de Francia y Alemania, imponer
su omnipotente voluntad en los destinos del Celeste Impericl-; No cabe duda en que esos avances
han tenido que tropezar, y en efecto han chocado
contra la antigua influencia de Ja vieja Inglaterra, que de tiempo atrás venía ejerciendo un verdadero monopolio en los negocios chinos.
Esa lucha, esa competencia, se han manifestado últimamente y se han acentuado al grado de
temer que se turbe la paz europea, á propósito
de una línea ferroviaria de Tien Tsin á Chan
Hai Kwan, que quiere prolongar la China hasta
Nueva Chan, puerto libre de la Manchuria. El
director chino de este. ferrocarril, se dirigió al
banco inglés de Hovg Kong y Shangai, q11e ha
suministrado el capital para la parte de línea
construida, y ese establecimiento financiero aceptó en un contrato preliminar, adelantar el dinero
necesario para la conclusión de la línea. El Ministro de Rusia se ha opuesto á esta transacción

Gener&amp;I Wheeler.

Coronel Wood.

General L&amp;wton

Cor-&gt;nei Rooseveit

lJn Consejo de Guerra delante de Santiago
apoyada por el Ministro de Inglaterra. En ese es-tado los negocios, el Marqués de Salisbur.v ha
declarado ante d Gobiern0 Chino que la Gran
Bretafia ,lyudaria á resistir la agresión de cualquiera potenda que se opusiera á la autorización
concedida á los ~úoditos bt·itímicos. El &amp;gente
rusg ha renovado sus protestas, y por fín ha obtenitlo un verdadero éxito suspendiéndose los
tfectos de la antigua concesión.
De estos pretextos, tanpequeños al parecer, se
han valido los políticos que pretenden descubrir
los misterios del porvenir, para lanzar ii los cuatro vientos de la publicidad los temores de un
ccnflicto armado entre RuFia é Inglaterra. Decididas las Potencills á ir tomando paso á paso posesión del territorio chino y á hacer prevalecer
cada una su influencia con perjuicio de las demás, si es posible, no son de extra:llarse estas
peque:llas diferencias; pero sí extrafi.aría que por
razones de t1rn po~a importancia, como las que
se aducen hasta ahora, se lanzaran en formidable
lucha la primera Potenci,. continental y la primera mnrítima de la vieja Europa.
Rusia ha logrado extender su influencia activa
hasta los confines de Manchuria, ha tomado posesión de Puerto Artur, desde donde puede desafiar con esa importante base de operaciones,
la influencfa. 1.:ombinada de otras potencias. In-

glaterra se ha apoderado de W ey Hay W ey inmediatamente después que el Mikado lo abandonó,
pagada la indemnización de la últim i guerra.
Tiene á su cargo la administración del gran Valle
de Yang Toe con un millón ochocientos mil kilómetros cuadrados, y con semejante punto de
apoyo, puede esperar nuevas concesiones para loporvenir. Alemania ha tomado posesión del puerto y la bahía de Kiao Chao con los territorios.
adyacentes. Francia desde su colonia de Ton
King, vigila cuidadosa los cambios en aquellas.
regiones y se dispone á invadir la isla de Hay
Nao. Japón se conforma con dividir _pacíficamente su influencia en Corea, con los ageutes.moscovitus. Todos los que de cerca ó de lejos, tienen
inte::eses en aquellas ricas comarcas, han tomado
su parte en el botín, mie11tras se prepara el gran
desmembramiento ya decidido en los consejos
supremos de los poderoFos de la tierra.
¿A qué pues esos conflictos armados? ¿Con qué
objeto un rompimiento capnz de encender :aguerra universal, sin que puedan preveerse los resultados de la lucha? ¿A qué lanzarse á una guerra que s.ería formidable entre dos poderosas y
ricas naciones, cuando por medio de la diplomacia, por los manejos secretos de los comerci'lntes.
y los misioneros van entrando todos en pacífica
posesión de la presa codiciada?
No, el asunto de un ferrocarril en China, no es
causa bastante para romper el equilibrio europeo. Rusia é Inglaterra, Francia y Alemania, que
tienen rivalidades en Europa, se entienden admirablemente, se comprenden á maravilla, cuando
tratan de definir la suerte del caduco Imperio
Chino. Esperemos que por hoy no se turbará la
paz de las grandes potencias.

***

El servicio postal del cuerpo expedicionario amerJcano.

Esa palabra ha sido pronunciada en lo más
acre de la lucha, entre Espa:lla y los Estados Unidos. Después de las catástrofes de Manila y de
Cavite, el Gabinete español aun venciendo las
resistencias que oponían las clases militares, y
oyendo los clamores de los pobres que más sufren en las grandes cl'isis nacionales, se decidió
á. pedir la paz, que ha sido concedida mediante
condiciones dolorosas por el vencedor.
Los preliminares han sido firmados ya por los
respectivC's representantes de Espa:lla y delos Estados Unidos, en d salón de recepciones dela Casa Blanca. En ellos se ha acordado la renuncia
de toda soberanía y dominio de España sobre la
isla de Cuba y la cesión de Puerto Rico y de las
islas adyacentes del dominio espafiol, á los Estanos Unidos, la entrega de Manila con el territorio
circunvecino, en tanto que se decide la futura suerte de las Filipinas, y se acuerda también el nombramiento de comisionados para arreglar la in•
mediata evacuación de las fuerzas espafiolas que
hoy guarm.cen las colonias antillanas, y la reunión de una comisión del tratado de paz definitivo, que debe celebrar sus sesiones en París, á
mástardarde&amp;de el primero de Cctubre próximo.

Domfngo 21 de Agosto de 1898

EL lr.JNDO

Queremos suponer quue ningunas difi&lt;inltades se opondrán á la celebración de
un tratado de paz sobre las bases concertadas, queremos creer que por parte.
d~l pueblo ~spafiol no h11 brá protestas
violentas, m entre los partidnrios qe la
din~.stí~ reinante ni entre los republicanos., . m tampoco entre los que pudieran
seguir la bandera del pretendiente. Esperamos tambien que la representación
nacional en las Cortes, no opondrá ningunas dificultades á la aprobación deltratado, ó bien, q~e la oposición abierta en
la tribuna parlamentaria, quedará equilibrada por la mayoría de que dispone el
Minist~rio Sagasta en el Parlamento. Pensamos también que en el Senado americano no habrá dificultades, porque Me Kinley ha tenido siempre Ja·confianza entera
delpueblo amerícano.Pero aún así ¿,cuál
es la suerte que aguarda á las co'1ónias
españpl~s _segrt&gt;gadas en todo ó en parte
del domm10 de Ja metrópoli?
Nada hay que decir respecto á Puerto
Rico, señala~o d~sde un principio como ur.a especie de mdemnización territorial por gastos de !aguerra, á favor de
los Estados Unidos;seestablecerá alli un
gobierno militar mientras baya gérmenes
de oposición armada al nuevo orden de
cosas, se organizará después como un
territorio federal, para que mientras se
hace la asimilación, mientras se americaniza el país, se prepare debidamente
á formar parte y á brillar como una estrella en la constelación americana.
¿Qué hará el Gobierno americano de
la perla de las Antillas? ¿Cómo se manejará con ese pueblo que en tres ailos de
lucha desesperada por su independencia
Bismarck en los distintos períodos de su vida
en tres añus de combates sin tregua po;
s~ libertad,?ª aspirado á d1irse un gobierno _propio? ¿Cómo cumplirá el compromíso de hostilidad.es, el puerto y la ciudad, asediados
contra1do a~te el mundo civilizado después de por 1:11~ª d~ tres meses, han caído en poder, por
l~s declarac:ones de McKinley y de las resolu- ren~1c1ón mcondicional, del Gral. .M:errit y del
ciones aprobadas por el Senado y la Cámara de Almirante Dewey. Son ahora los americano:. duerepresentantes? ¿Cómo corresponderá á los de- ños de la capit~l del archipiélago, y tienen en su
seos y á las índicaciones ae la opinión, manifes- poder á las pnmeras autoridades de la colonia.
tad!s en la pr_ensa y en la tribuna, de dar sobe- Más duras tendrán que ser ahora las condicior~~l~ á la antigua colonia? He aquí un problema
nes de la paz, y más en su poder quedará la suerdificil de resolver.
te de la colonia.
Los elementos superiores de la revuelta AntiY en tanto la Europa, que se interpuso entre
lla, los que constituyen la clase conservadora de el Japón vencedor y la China vencida, que detula soci&lt;Jdad, por su riqueza y su posición socia1 vo el golpe fulmíneo del&amp;. espada de Skobeleff
Y. que apoyaron mientras pudieron, la domina'. sobre los vencidos de Plewna, que discutió las conc1ón espail.ola, no tienen intenciones de someter- diciones de paz en el-tratado de Berlín verá con
se á un gobierno _emanacto de la revolución, y la mi~ma indiferencia la desaparición del poder
formado con los Jefes más distinguidos entre las colomal de E-,paña? No acudirá presurosa á ver
huestes separatistas. 11}1 elemento espail.ol en cu- qué le toca á la hora del reparto? No serán las di!ªª ma~os estl1. la riqueza territorial, mercantil é ficultades en los mares de China, ocasión para que
mdustrial _de la colonia, busca amparo á sus in- s~ mezclen en el tratado de paz, y quieran decitereses baJo el ~ominio americano directo, y re- dir eu su propio beneficio, el porvenir de las Iscba~a ext"emecid~ un gobierno revoluciunario, las Filipinas?
te~iendo por sus mtereses. Los jefes de la reb~hón que se ?ªn sacrificado por crear una patria cubana, tien~n- derecho á ser oídos, y son
acreedores á p"rtic1par activamente en las labores
de la c~nstmccian de la colonia. Unos aspiran á
la anexión, otros pretenden la absoluta é incondicional independencia. Para satisfacer todas las
aspiraciones, para conciliar todas las voluntades
para acallar sus propios intereses, para cumplí;
sus solemnes promesas, el Gobierno de Washington ten~rá, pues, que luchar y discutir muy seria
Y detenidamente, con propias y agenas opiniones,. antes de decidir la futura suerte de Cuba.
Piensan muchos que pasando por encima de
t~das las fórmulas, se establecerá como único medio un gobierno militar, para pasar de frente á
la anexión definitiva. Por nuestra parte, tenemos fé en la palabra de McKinley, y esperaD:1~s que de acuerdo con todos los elementos poht1cos de la isla, de conformidad con sus vitales
energías, proceda á reeonstruir .un gobierno indepe1;1diente siquiera sea bajo el protectorado
americano, y así habrá cumplido la misión que
se pro!)uso al intervenir con las armas en la mano, en la revolución separatista.

***

¿Y quién definirá el porvenir de Filipinas? Como una _concesión se pedía la entrega y rendicíón
de Mamla á las fuerzas americanas en los prelíminares d~ la paz; pero antes de que llegara á aquellas regiones apartadas, la órden de suspensión

Pozo artesiano en Le6n.

ll7
Quién sabe! Pero si ahora qumeran
!nt, rv~nir l11s que no fueron capaces dP.
impedir el conflicto armado, es posible
que se encuentren·con lit arrogancia del
vencedor, que ha recb11zado hasta ahrra,
y parece resuelto á rechazar en lo sucesivo, toda intervención extraña. Nos sugiere esta idea la noticia circulada ú ltim11mente, de que la e3cuadra de Watrnn destin11daáatacar las costas españolas,
"~_P~epara ya á zarpar rumbo á las aguas
fl11pmas, no p11ra ddender los intereses
amt:ricanos que hoy están á salvJ de cual•
quier golpe de mano por parte de España, sino tal vez para hacer una ostentación de fuerza contra cualquier intento de
una potencia extranjera. Y nos afirmamos
en esta creencia, cuando se acaba de
anunciar que los Est11dos Unidos se preparan á reforzllr con nuevos elementos
de combate, su ya respetable escuadra
vencedora en Manila y en las costas de
Cuba.
X. X. X.
19 de Agosto de 1898.

El ~eneral Don Manuel Rlnc6n.
El defensor de ChurubuEco, glorios11mente derrotado hace cincuenta y un años pot·
las fuerzas l!-mnic11na~1 merecA los respetos
de l_a ~oster1dad, porque supo resistir hasta
e\ ult11?0 extremo.~ ven•iido se entrt'gó á
d1~crec1ón con esto1c1smo heróico.
El y los demás jefes m~xicanos de la jornada deChurubuijco recibie1on los testimonios de aprecio del jefe vencedor y fueror
tr ~tados por_ ést~ cou el rePpecto y Jo,; mira•
mientos que mspiran el infortuuio no merecido y el valor mi'.itar.
· Un consejo de guerra delante de
Santiago..
Concluida la guerra, faltá.banos algo interesante de su historia para que la colección
~º grabados de El Mundo Ilus1,rado consl'r·
ve los tipos. •as escenas y las si-tuaciones más caracterfstic11s de los últimos sucesoP.
Inútil parec~rfa insistir ~p. el valor de estos grabados como med10 de sugebt1on retroFpectiva.
. En la eecena ~el mundo_ pronto pasará, ó ha pasado
ya, c?mo actuahdad palpitante el conflicto hispanoameucano; pero será. grato á. los coleccionadores encontrar en cualquier tiempo en los volúmenes de
nueRtro semanari? la !'vocación de acontecimientos
cuyos detalles se 1ráu borrando en la memoria de los
contemperAneos.
El servicio postal
del Ejéreito expedicionario amer•cano.
No podia p~sarse el ejército expedicionario de
e@as dos neces1d~~es supre_mas de su espíritu, la lectura de mformac1on P,er1ód1ca y la comunicación epiFtolar. Desde luego u.ií peridista audaz fundó sobre el
campamento, entre las balas, una publicación quedaba al dia, 11s decir al momento. todas las notas de Ja
~udable Rituación A poco ya_ nabla también estable:
c1do á lo largo de las lineasm1l;iares todo un servicio
r,·gular de correos que por la festinación natural de
las circunstancias aprovechaba los árboles cl11v&gt;1ndo
e_~ ellos sus buzones á falta de tiempo para hactir y
f1Jar postes.
Bismarck en los períodos sucesivos de
su Tida.
El (?anciller von Bismarck pasa á. la historia con
U!3&amp; f1sonomla que no alteran las diversas y variadas
urcunstant ias de su agitada existencia.
_Esta penistencia del tipo á través de cambios infil!u~s e11 el. transcuso·de los años. es una de las pecuhandades más salientes del Canciller de Hierro.
_Nuestros l~ctores_ verán en el grupo de retratos de
Bismar_&lt;·k, _como _el Joveu un~versitario y el corifeo de
la ~olit1ca 1mper1al, fon el mismo hombre de ojos vivos
Y fisonomía ill11lterable que dominó todas las borrascas de una época y marcó úna pauta á la historia europea contemporánea.
Pozo artesiano de Le6n.
E~ta oora fuéllevadaá.cabo por o~den del Sr. Obregón González, Gobernador del Estado.
El ~la 1° de Marzo del año en curso iniciáronse los
traba;cs llegando á.su terminación el 2deJulio último.
Los gl;I-Ftos de perforación suman $4 400 y la tuberfa costo $1,500.
'
Produce este pozo en 24 horas,548 640 litros deagua
Su p~oft\ndidad es de 255 metros 70 centfmetros. ·
Pubhca1!1os este grabado, haciendo notar que este
po_zo artesiano es uno de los más notables de la Repúbhca, por la profundidad á. que fué necesario llegar
y por- la cantidad de agu,a que se obtuvo.
'
- El maestro Meneses y sus discípulos
EL ~fuNoo ILUSTRADO rinde públicamente sus ho~f~~Jes al M~estr? que ha sabido consumar una obra
c1v1!Jzadora 1mpr1miendo vuelos artísticos al grupo
selecto de alumnos y alumnas que con tanta pasión y
&lt;'OD talento innegable, forman ya una escuela de verdad1:ros arti~t~s, encargados de sostener y enseñar en
Méx1co la mus1ca moderna.
Damos e.o este número los retratos del Sr. Meneses
Y de _los d1scipulos suyos que tomaron parte en los
C(!DC1ertos últimamente verificados en la Cámara de
Diputados.

•

�FL MUNDO

Domin~o 21'de Agosto de 1899

149

EL MUNDO

Domingo 21 de Agosto de 1898

LOS 1JLTDIOS CO:XCIERTOS MENESES

Lf\ HlOUERf\ D5 LILOT

RAFAELA PARRA,
PJIIDRO OGAZÓN.
GRBGORIO ORIVJD.
EDUARDO REGUJCR

MANt'lllLA MALANCHlll
FlllRNANDO PEÑA.
lllNRIQUlllTA N9ZARI.
INBS BRISl!'ÑO,
FlllLIPA MUNGUIA.

Prof. Carlos J.

ALBA HERRERA Y OGAZÓ!f,
LUlll M.OCT.BZUM.A
Meneses.
MARJAMILÁN
CARMEN llUNGUIA.
OTILlA AYALA.

ESTHEK ltUt,ALmS.
CAJtLOS DBL CASTILLO.
ALFONSO HARRON.
JOAQUÍN VILLALOBOS

No era precisamente un lince el joven heredero de
Biremus. ¡Ah, no! En la escuela no pasó nunca del silabario y las ideas no parecían florecer en su mente
sino como ciertos musgos del polo; cuando la primavera e1 a excepcional.
Pero si no podia coronarse á Lilot con el laurel del
sabio, era en compensación tan vigoroso que á los
quince años cargaba sacos de m1dz como un molíne•
ro, á los diez y seis levantab a entre los dientes una
mesa de seis cubiertos y sus padres cuando le
veían hermoso y gallardo hacer estas haz11ñas
probaban algo dtl aquella satisfacción que sintieron al vender en q&amp;inientos francos .v en la
feria de Laboubeyre al fam1,so Zéfiro III, po ·
tro de las cuadras de la heredad.
¡Y en verdad que era airoso el tal Lilotl ¡Y
qué salud, Dios poderoso! Pulmones Fólidos como fuelles ele fragua, corazón arreglado como
el relox de la pRrroquia, movimientos sueltos y
ágiles: si por desg-racia recibia un arañazo, no
hacia más que lamerse á gui~a de perro y á las
dos pasadas de lengua querilLba como nuevo.
Lilot sabia la causa de su vigor, la cual era
que su arbol gozaba de excelente salud, porque
Lilot como la mayor parte de sus compa,riotas tenia su arbol En su país, los labradores
acostumbran plantar un arbol cada vez que
les nace un niño y tienen fe en que el vegetal
y el rorro correrán la misma suerte: si el ar bol
prospera sucederá lo mismo con el niño y languidecerá si la P.lanta se marchita.
El árbol de Lilot era una higuera que @e ha.lfa
plantado cerca de un lagunato á fin de que tu·
vieran ;;us raíces jugo suficiente, y se encont~aba bien el muy goloso. Era frondoso, enor•
me, cargado de frutas y protegido por una corteza lisa como la -piel de una doncella. ¡Qué
buena sávia absorvia al borde de ese lagunato
al gue las aguas pluviales traían los abonos de
todas las colinas del contorno!
Además Lilot lo cuidaba con empeño: iba á
vilntarlo frecuentemente, casi todos los domin·
gos, lo descargaba de hormig-as y de caracoles, sobrevigilaba el brote de los renuevos y curaba con limón las heridas que le quedaban
cuando la tempestad le arrancaba algu-oas ra•
mas. Gracias á tantos mimos, la higuera engordaba como un canónigo mostrando un tronco hinchado por la savia, rodeado de ramas vi- e
gorosas como brazos deHércules que extendian
71
su sombra sobre los árboles circunvecinos.
P11es bien: á la otra orilla del lagunato, en
tierras de las Cazerotte, tejedoras de la parro- {
quia, babia un ciruelo raquítico. un pobre día- l
blo de ciruelo que no prosperaba. La higue1a.
de Lilot tenla el aspecto de ahogarlo, de sofo·
cario con el peso de una rama enorme que alargaba en aquella dirección como un puño amenazante.
Una tarde Lilot, que por entonces tenla diez
d seis años, vió venir á una chiquilla, morenita
yelicada, con ojos de capulines y un pañuelo
rojo anudado en derredor del cuello, lacual era
Totina Cazerotte, hija de la tejedora. Brincó el

arroyuelo surtidor del Jagunato, ligeramente, como
una cabra que retoza y 11e aproximó á la higuera,
un poco avergonzada, mostrando en su rostro una
sonrisa conciliadora, una bella sonrisa que abría el
apetito como una tajada de pan con mantequilla.
-Buenos días Lilot.
-Buenos dlas, Totioa.
-¿,Cómo es que no podas la higuera?
-Si, vecina, la podo.

Totina inclinó la cabez11 y su sonrisa se extin~uia
como ~i tuviera algo serio que deciI, al mismo t1emp? que sus labios con movimientes insólitos dejaban
adivinar qui: un torrente de p11labras estaba próximo
á. salir de aquella boquita.
De pronto, armándose de v11lor dijo ruborizada:
-Lilor, venia á traerte un recado.
-¿Cuál?
-Mamá me encargó te dijera que serias mu:v amable, pero muy amable, si cortaras á tu higuera
una rama.
-Cómo! exclamó i-1 muchacho con entonación
ho~til, ¡cortar una rama á mi higueral
-SI. ... esta grande, mira; esta que cae á
nue,sro jardín y que nos hace sombra.
-Ahl ¿Les hace sombra? Tanto peor, tanto
pror
--No hay medio de lograr en nuestro jardín
una lechuga.
- ;,Dtl veras?
-Las zanahorias no se dan, ni las cebollas,
ni la11 patatas
-E~ un gran oerjuicio
-¿ Y qué me dices de nue~tros á1boles frutales? Re mueren todos.
-Bah!
-Mira, Lilot mira un peco la facha de ese eiruelo que está. al otro l11do del agua,
-Ahl ese si. ese si tiene una triste figura ....
-No le quedan dos años de vida.
-Eb posible: pero ¡qué te importa esol ¿Te
gustan mucho las ciruelas?
.
-Me enloquecen.
-No tienes buen gusto. Las ciruelas no sirven, en tanto que los higos .... 1
-No te burles, Lilet, te ase.guro que soy muy
desgraciada!
- ¿A causa de esta rama?
-Sí. si no la cortas. voy á caer enferma, lo
presiento. 1Córtalal ¿Si?
-Pero ,,¡ no p11edo.
-¿Y por qué?
-Porque... ¿eres mi amiga, Totina? ¿me
prometrs no decirle nada á nadie? Pues bien
eEta higuera es mi árbol.
:
- ¿Tu árbol, Lilot?
-Si, lo plantaron el día de mi nacimiento.
Ahora comprenderás que no debo, que no puedo tocar una sola de sus hojas.
¡ -Totina se echó á llorar.
-Bueno, pues el ciruelo es mi árbol, dijo en, tre su~ snllozc&gt;s.
-Ah! Babi
- Lo plantó mi padre cuando·naci y tu higuera lo mata, Lllot, y yo también moriré pronto
por cama tuya .... yo que habría querido alcanzar los veinte años.
Y la niña, tan ~uperticiosa como su vecino,
lloraba á mares _y sus breves hombros temblaban con estremecimientos convulsivos.
Lilot estaba abrumado.
-Tu arbol. ... tu a.roo!..; repetía con voz sorda .. ¿y por qué día blos lo plantó tu padre aqui?
-Por el agua. Todo crecía muy bien aquf,

�150

EL MUNDO.

antt1s de que adquiriera tanto desarrollo tu maldita.
-¿Qué tienes muchacho? Algo malo rc,es desde hace
h1g-uera: ¡qué desgraciada soy!
ClfllR,
Sí que Jo era y Lilot no lo dudaba. pero ¿qué podla
Y era ve!'dad Lilot se veía en los espejos pálido y
hacer? Nada. porquti seria atentar contra. su persona, demacrado. y cuando quiso levantar una mesa con los
seria como corta.rae un brazo.
diP.ntP.s, cayó dP. boca ~ se lastimó
El muchacho se pasó la. mano por la frente para faTotina.en cambto.esta.ba-resplandeciente,crecida, becil,tar la. eclosion de alguna buena idea que se rtivol- lla y vigorosa.. Si: de seguro 9ue algo babi" en eso]
via a.111 y dij'):
Mes por mes sus ojos pnrec1an más brillantes y sus
-Babi No es enteramecte seguro que la muerte de formas más correctas, sin que con todo y eso se viera
t~ ciruelo t~ pueda traer desgracias; las gentes que que el ciruelo mejoraba maldita la cosa.
d'.cen eso dicen tontem1s; pero el ma.istro de la escue~ilot a brl&lt;l los ojos espantado sin encontrar la exla que no era nada lerdo, condenaba eaa.s preocupa• phcación de esta doble metamó~fosis y mientras más
ciones. No llores. Totina Ademá,. aunque rl ciruelo vela á Totina m4s pensativo quedaba y más descon•
esté enferm'J tú tienes más salu&lt;i que uua primavera. tento de ~i mismo.
Ya ves quti el árbol no tiene que ver con uno.
J.No habla est,1do. en efecto, demasiado duro con la
-,-Pues entonces; ¿por qué no dejas tocar tu ár- niña? Despues de todo ella no era mala; bastaba para
bol?
convencerse con ver su sonrisa r asi debían pensnrlo
Esta con~estación dejó mudo al heredero de Bire- los muchachns de la aldea que la perseguían todas
mus.
.
las tardes cuando iba á la fuentA. Ah! pillos: de buen&gt;t
Se volvió á pasar. la mano por la frente, pero nada gana les arroj,1ria pictdras Lilot. p,.r lo demás, á pesar
pudo sacar de alli.
suyo, y Rin duda inspirado por el dAmonio él, como
-¿Quieres, Lilot? ¿quiéres? preguntaba. la chiquilla loe demás, tambien iba á esperar á Totina detrás de
zalamera mostnndo su sonri:1a apetitosa. como una los árboles P.n el eaminito de la fuente, pero se ocultajada de pan con mantequilla.
taba enrojeciendo hasta las orejas, cuando la joven
Pero el la rechazó.
SA acercaba; y cuando sus pasos se dejaban oir muy
-No: le dijo, no quiP.ro, no quiero!
.
cerca, Lilot temblaba y
, -¿Es to Última palabra?
Penti I como si cada paso
-Si, dejamt1 en paz.
fuera un golpe sobre su
-Pues bien, a.dios replicó ella picada enlo más vivo. corazóu.
Ah! ¿no quiéres pelder una. rama? Pues ten cuidado!
¿Q·1é le pasaba? E,ta.no sea que las pierdas todas. Y,¡ te arrepentirás.
ba enfermo, se volvialo•
Lilot palideció con esta a.mena.za.
co, espiritus malig-nos
-¿Que quier.-s decir? preguntó
debían haber soplado
-Yo me entiendo, murmuró Totiria y atravesó et sf'bre su cerebro y Je
arroyuelo leva.utándose el ve1:1tido y dt'j&amp;ndo ver unas trastornaron todas PllS
piernas bla.nca11 ya. bien desarrolla1las que se espe- ideas como una ráfajaban en el a.gua murmuradora.
ga de aire revuelve las
11
Ya te arrepentirás" parecían decir esos murmullos hojas de la encina,
"ya te arrepentirás"
A veces, por la noche,
Lilot temblaba de· cólera.
se quedaba con-¿i:,msa·á a.caso matar mi árbol? se preguntaba, Lilot
templando horas enteras
Ah ¡miserable.... !
Y sentia. impulsos de cojer á la. chica por las orejas un hilito de luz amarilla
y tratarla como se merecía 1Qué abominación! Iba en que le lleg-aba al través
de los árboles, desde la.
el acto á dar aviso á la gendarmeria ..... .
de Totina v
Pero Lilot se detuvo, .tpenas habla ar.dado algunos habitación
no era. por defender su
pasos.
higuera por lo que así se
¿Y si los gendarmes no lo creían?
Son gentes ignorantes que vienen de palses Jrjauos desvelaba. oh! no, haen que no se s_abe nada dt: eetas cosas y se burlarían bria. por el contrario side él, Era meJor no ocurnr á ellos y sobrevigilar á do m11y feliz si hubiera
venido la joven á derriTotina.. Eso sil
A partir de este momento Lllot venia varias veces bar alg•mas ramas. porcada ~1" á vi~itar ta higuera armado de un solido ga- que en suma eso no harrote: mspecc10naba el árb.ol minuciosamente, contaba bría. perjudicado á su
las ramas con los dedos, y reconocia particularmei..te arbol gran coda ttenia
la que daba sobre el cimelo vecino. Algunas veces tant1ts rama.si y hasta
haeta revolvla la tierra al rededor del tronco para exa- puede ser que quttándolevarias hubiera que·
minar J,¡s raic es.
De vez en cuando al hacer estas inspecciones veia dado más bonita.
-Ah! si me atreviera,
á_Totina_ ?el otro la.do d~t lagunato, burlesca y con
OJOS ma.hc10sos que parec1an decirle "ya te arrepenti- p msaba Lilot rascándorás" y este aire agresivo de la muchacha. le ponla Ja se la oreja, si me atreviera á cortarlas yo miscarne de gallina.
-Tiene en la cabecita. algon mal proyecto, se decia mo para hacer las paces
él y hasta creyó necesario empezará vigilar por ,a.a con Totina, y merecer
nuevo aquellas sonnoches, lo cual le ocasionó un catarro abundante· y de
com~ no se al_iviaba se alarmó. Seguramente el árbol risas de ·o tros tiempos .
sufr1a, le hab1&amp;n hecho algo ......y ápesar de pacien- que hadan 811 can-ap-etitosa como una tajada
tes investigaciones nada pudo descubrir
-Ah! la maldita! ... . murmuraba mostrando et puño de pan con mantequilla.
Una noche Litot descerra.do en dirección á la. caRa. de las tejedoras
De noche. desperta\i11 sobresaltndo creyendo oir pertó sobresaltado. ¿Qué
hachazos y como dormía mal com .. nzó á enflaquecer, ola? ;Hachazos? Sil v
venlan del laguna.to, Le
y su padre le preguntaba inquieto:
estaban derribando · su
higuera!

Domingo 21 de Agosto de 1889.

Domingo 21 de Agosto de 1898.

Se levantó, se vistió, tomo su garrote y salió en tan•
to que los g-olpes se oian aún. P ..recian vacilantes, ti·
roídos, casi vergonzosos.
Lilot marchó con rapidez y sin ruido bajo los ár•
boles á la claridad dudosa de la luna creciente que
bogaba en el horizonte como un barco lejano.
Si, era su higuera la que ee cortaba y Lilot distlnguia ya la silueta de una mujer en el extremo tle una
escala, una mujer cuyo brazo se levantaba y se abatía sobre la. rama principal del árbol, la. que era perjudicial al ciruelo de las Cazerotte.
Es Totina! excl.. mó palidec.endo de alegria y perdonándole desde el fondo del corazón. Habria. querido correr á darle las gracias pero le temblaban las
piernas y vacilante, deslumbrado, cohibido, como si
marchara en una nube, se aproximó ála joven que no
le babia visto venir y continuaba cortando pronto,
pronto como si tuviera miedo de ser sorprendida. Lilot se acercó aún conmovido y dijo en voz dulce.
-Buenas noches, Totina
Ella le respondió con un grito. un agudo grito de eepaoto que dePpertó los ecos de la. aldea!
-Socorro! socorro! al asesino! clamaba la joven con
terror
Y como quisiera bajar con demasiada rapidez, cayó de la escalera.
Lilot también gritó al verla caer.
-Dios mio! ¿~e ha hecho usted daño? dijo precipitándose á su lado.
- Socorro! al asesino! seguia gritando Totina que
crrla llegada su última hora.
lnetintívamtnte quiso levantarse y huir, pero le faltaron tas fuerzas cenó ,os ojos y se desmayó. Litot
temblaba.
-Totina. decii,. con voz sorda ¿no me &lt;&gt;yes? Perdóname¡ te aseguro que no iba. á hacerte daño¡ respónrteme-, Totina; no puede ser, no puede ser que te muer11s tac prouto!
Y se arrodilló llorando junto a.l cuerpo inmóvil de
Totina.
Pero de súbito fie levantó, la tomó en sus brazos ro•
bustos y la llevó á la aldea para que la curaran y pudiera volverá abrir sus lindos ojos negros como capulines y sonreil' con sus labios que olían &lt;i fresas. Y
al cont11cto de eHe amado cuerpecito, Lilot sentía
que se estaba fundiendo como !a nieve al calor del
sol.
-Totina. murmuraba ext1i.siado, apretándola contra su pecho y lut&gt;go, sin pensarlo, por movimiento
irresisti-ble se inclinó y poaó un.. lteso ardiente y prolongado en ms labios olientes á fresas.
Ella se estremeció, entreabrió los párpados y viendo al que la llevaba en sus brazos volvió á gritar:
-Socorro! socorro!
Y de un salto escapó, entró en su casa y cerró la
puerta con violencia..
Lilot no durmió en el resto de la noche¡ le apenaba
verse odiado de Totlna.. Tempranito se levantó y fué
á la. casa. de las tejedoras.
-¿Cómo sigue Totina? preguntó con voz tlmida á
la viPja que salió á abrirle
-Muy mal, le contestaron. Ya verás lo que resulta
de haberla hecho caer de lo alto de una esca.la.
Y le cerraron la puerta en las narices.
Al medio dia volvió á preguntar y le dieron la misma respueFtil.
Luego vió entrar al médico y se alarmó más toda vía.

-¿Estaba realmente grave Totina? ¿qué iba á ser

-de ella con un árbol tan raquítico c.&gt;mo el suyo?

Corrió á ver el ciruelo y lo encontró en un estado
-dep~ora.ble. El tronc~ se torcia como el espinazo de
11n Jorobado para hmr de la higuera. que Je oprimla y
_ya sus ramas estaban muertas. Esta higuera esparcía
Ja. muerte en torno suyo con sus ralees glotonas que
-chupa_ban todo el jugo de la tierra. ¡Qué ogro! No habría s1_dq bastan~e cortar l1&lt;. rama. principal para que
se reviviera el ciruelo. ¡Pobre Totina!
,Y los ojos de Lilot se humedecieron, creyó sentir
aun en sus brazos el cuerpecito de la niña ese cuer.po que pronto se iba á enf.iar.
'
-Oh! 110. dij•&gt;, no. Y un pensamiento dulce irradió
de su fr,mte obscura: el ciruelo vivirá y ella también.
Yo sé cómo.
Por la tarde fué á ver a.1 Cura, se confesó largamente en la iglesia invadida por las sombras crepu!I•
cu1ares, y a.si que sintió su alma bien pura, regresó
-A su casa. Asi que todos se durmieron, tomó un hacha
y se dirigió á la higuera bajo 'a luz mortecina de la
luna, un poco menos pálitia. que la noche anterior.
¡L1Jot levantó el hacha y la dPjó caer sobre su ar-0ol! _Si, lo cortaba. por9ue en su opinión era. el único
medio de salvará Totma. Y cortaba. sin pena esta higuera querida, Pernbra.da por su padre y de la que
dependia. su propia existencia
Para que no le faltaran las fuerzas pensaba en Toitlna. y cortaba, cortaba haciendo retumbar los ecos
-en el silencio de la noche.
Y cuando el árbol vacilando crujía ya, Lilot o:, ó
_pasos, len~os, breves, que parecían pesar apP.nas so-bre las hoJas secas. Se volvió y distinguió á 'Potina.
-¿Eres tú? preguntó tembl1rndo de piés á cabeza.
-Oh! Lilot, dijo ella junt1mdo las manos en señal
-dt- aflicción, ¿qué haces, qué haces?
-Ya lo ves, cc-rto mi á.rbol.
-¿Para. qué?
-Para. que prospere el tuyo, para que vivas largo
'tiempo y seas feliz porque te amo.
-Oh! Lilot, ¿qué dices, me amas deveras?
-Si.
-¿Y por mi cortas tu árbol, porque me• creiaa enferma? Pues no lo e11taba. Era por asustarte. Pero me
amas y esto me regocija. ¿Por qué no lo babias
-dicho?
-Porque no me a.trevia. Te has puesto tan linda . . .
.¿Y tú, me quieres un poqúito?
-Que si te quiero! Toma, toma y mira si te quiero.

151

EL MUNDO.

Y le besó repetidas veces en los ojos, con su11 labios olientes á fresas. MiehtraP, el alma de Lilot temblaba toda. ¡Qué sabrosos eran los besos de Totina!
Suspiró y creyó morir du1cemente junto á su hermana la higuera que acababa de abatir.

-Puesto que me amas, Lilot, dijo ella con voz que
parecía. venir de muy lejos, pídeme en matrimonio y
nos casaremos para la. pascua.
Los ojos de Lilot se abrieron, se fijaron en la joven
y sti llenaron de lágrimas
-¡Casarme! bien lo hubiera querido, pero ya no
puedo.
-¿Por qué?
-Porque voy á morir.
-¿A cau11a. de la higuera?
-1:,i, mira, ya está al Cl\er.
-Oh! Es verdad, dijo Totina palideciendo ¿qué has
hecho, de.agraciado?
Y retrocedió de un salto. Sin un soplo de viento, ta
higuera se inclinaba y se ohm crugir sus últimas fi.
bras; luego con un gran estruendo se a.batió, revolviendo con SUR pesadas rama! hasta el fondo del agua
Totina lanzó un grito y coutempló á Lilot que temblaba.
-Ahora., dijo con débil voz, soy yo el que moriré,
pero uo tengo miedo, Totina., esta tard"I me confesé y
recibi la absolución.
Entonces, pensando que ya no iba. á vivir más, se
ttindió o.,n la yerba y cerró los ojos.
-Y deveras vas á morir? Socorro, socorro! gritó la
joven aterrada, y corrió hacia la casa de Biremus,
golpeando la puerta con todas sus fuerzas.
-Despertad, gritó: vuestro liijo se muere.
E! pad~e de Lilot y toda la familia. se levantaron al
momtmto y corriendo al lado de la h;guera a.batida
levantaron al joven y lo trajeron á su lecho.
'
Al dla. siguiente 1espiraba aún.
-Dios mio! qué hambre tengo! gritó á las diez.
Al medio día querieudo medir sus fuerzas, observó
que podia levantar con los dientes la mesa de seis cubiertos.
-Vaya, va.ya. se dijo, puede que el viejo maestro
de escuela tenga razón.
Y sus antiguas creencias sobre el poder de los árboles, dieron una. voltereta.
A los seis meses, como segula viviendo apesar de
t~da.s las preocupacione_s, fué á pedir la mano de Totlna, que por su parte, viendo que el ciruelo 11e obstinaba en no dar fruto, lo habla mandado también dercibar.....
-¡Qué lástima! las virtudes maravillosas de lo~ árboles, se van!
JEAN

R.Al!EAU,

EL ·AB-I SMO.

l

Ella puso á un lado el periódico que habla estado
leyendo. El sin notarlo, continuó absorto ea la 1ec1ura de su libro.
Afuera bramaba el viento del invierno y eacudia.
impetuoso las ventanas, mientras que en el interior
el fuego de la chimenea calentaba el aposento, ilumir ando el suelo con un color rojizo. La lámpara dibu,jaba un circulo de suave luz sobre la mesa, en torno
de la cual obscuras butacas Pxtendiansusbrazosconvidando al reposo. En el rincón, el pendiente reloj
,ha.cía oir su a.compad&amp;do tic- tac. El silencio era. tan
profundo, que podian contarse las oscilaciones del
i)éndulo.
Sintióse de pronto el redob'ar d.el viento. El viejo
cancionero clamaba, grit11b11, gemia en el cañón de
la chimenea. La joven escuchaba con at!'nción. No de
·otro modo deb·ó sopla:r el viento durante la noche en
.la cual sucumbieron los dos p1 otagonistas de la historia. que acababa de leer. Era. una de tantas crónicas
-como de ordinario aparecen en los diarios. Se las
lee, en lo general, con indiferencia, algunas veces
con cierto interés Dos personas llevadas á la desesperación por la miseria, escapan de la vida por el ~amino dtil suicidio. A! día siguiente la Gaceta alude á
la autopsia. de los cadáveres, á rn entierro; y el epi:sodio ha cor.cluido asi. En seguida viene el olvido.
Pero la mujer que ahora junta. sus manos y fija.
.ávidamente sus miradas sobre el periódico, parece
singularmente conmovid:i.. No le es dable aparta.1 su
pensamiento de aquel breve relato. Su meditación silenciosa levanta en alto sus luces, para iluminar el
eua.dro en todos sus aspectos Se trata de una pareja
que se ha suicidado dándose la. muerte por medio de
la asfixia. No eran jQvenes, y los años habían recrudecido los males de la miseria¡ pero ésta, aunque cruel,
no babia sido bastante'á separarlos. $e hablan sustr8ido al dolor por el suicidio. Y sin embargo, la mujer habria podi1o aún asirse á la ribera, y tal vez
salvarse. Tenia amigos y parientes que pudieron
ofreeerle un asilo. Su marido, por otra parte se babia hecho en cierto modo culpable por la mala. dirección de sus negocios. ELio no obstante. la mujer no
quiso abandonar á su marido: sin quejas, y a.un con
buena voluntad, prefirió acompañarlo también en la
muerte. Se 1tbraza1 on para hundirse en la sombra de
la tumba. como años atrás, jóvenes y felices, se hablan abrazado bajo la bendición del sacerdote para
marchar al tálamo cubierto de rosas Juntos hablan
f\Dtra.do en el pais de lo desconoC'ido, donde jamás
debían separarse. La tempestad que afuera bramaba
amenaza.dora, ya no podiP. nadll contra. ellos. Se poseian el una al otro para siempre, y hablan triunfado
de los dolores de la vida con el sentimiento de una
inquebrantable fidelidad.
La joven que acaba. de leer esta historia, toma et
papel que la relat!l, y lo estruja C&lt;'n crispada mano.

Dolor punzante hiere su corazón, y está á punto de
estallar en lágrimas . .Pobre y desnudo debió ser el
cuarto donde se consumó el drama. Tiempo hacia que
su modesto mobiliario estaba en el Monte de Piedad.
En la. edtufa bri.la la siniestra brasa cuyos gases han
de traer la inviaible y silenciosa muerte. Pero la mujer se siente segura en los brazos de su esposo; ahora.
y para. siempre se pertenecen el uno al otro. "¡Cuán
he!'moso debe ser esto'." se dice mentalmente la joven; un suspiro se escapa de ~u pecho. "¡Oh:11 continúa, "¡quién pudiera t1strechar entre sus brazos un
corazón fiel1 11 Mira á su marido, que está sentado· al
frente, pero no le extiende los brazos. Hace largo
tiempo que viven de eote modo. Ella contempla aquel
b'el!o y va.r~nil semblante quo tiene grabado en el
fondo de su alma., conoce todas sus diversas expresiones y hasta eab!' cuál será su movimiento a.l voltear la hoja del libro que está leyendo Se hallan tan
cercanog el uno del otro. que sus vestidos se rozan; y
sin embargo ella. no le extiende los brazos. Están juntos, y, no obsta.11te, ·m11dia entre ellos una incomensurable distancia. Mira.lo fijamente, ca,i sin conciencia¡
él levanta por casualidad sus ojos del libro cuya :ectura lo absorbe; las mira.das se cruzan, ambas frias,
indiferentes, v frias é indeferentes también se apartan en seguida. Tan juntos están y al mismo tiempo
tan distantes.
Con horror, con estremecimiento contempla la joven el abi¿mo que h1ty entre ellos y que acaso los sepa.re eternamente. Viven juntos, pero sin cambiar una
palabra cordial y de confianza. Mútuamente se miran
mdolentes y frios, y en ocasiones esquivan mirarse.
Son extraños entre si, y cada uno lleva una máscara.
rígida, impenetrable. Media entre el!os alg-o invisiblque nadie sospecha, que ellos mismos jamát1 mencionan, aunqu., lo conocen bien; el abismo, el ancho tenebroso abismo.
A -veces llegan amigos: se conversa., se ríe, se toca.
y se canta. Los extraños creen que estos dos anean•
tados ee pertenecen; ellos conversan también, ríen y
hasta se miran con afabilidad. Pero saben muy bien
que es pura comedia. Cuando qued.a.n solos el abismo·
reaparece Lentamente se enfrian se entumecen y se
asus,an de esta soledad á cuatro manos como antes.
Hace a)gunas semanas les vino una buena noticia.
El ma1ido obtuvo un empleo honroso q11e trajo á la
casa un modesto bienestar. La suegra fué la primera
en participarla. 11Alegra.os, hijos mios!" les dijo. De
todas partes vinieron felicitaciones, se alquiló una
casa más cómoda. &amp;e compraron muebles más confortables y ocu:rieron otras cosas semejantes. Estas gratas sensaciones volvieron á serles comunes, y por un
momento comprendieron de nuevo que se poseían
mútuamente. La vida tornó á parecerles dulce y más
bella bajo una nueva luz. Rabia tanto que consultar•
se entre si! Se sorprendlan con miradas afables, soli-

cita.e, cariñosas. Parecía que una corriente invisib
los unia de nuevo el uno a.l otro como ruente mista
rioso donde, á la luz de lvs astros de amor, dos a
mas que se comprenden cantan á duo la más bell·
canción de la vida. El abismo se hacia. pues más pe
queño y podia salvarse de un solo paso.
'
Bajo estos auspicios se instalaron en la. nueva habitación, pero á poco andar. los brillantes dias palirlecieron y las cos1ts recobraron eu anterior aspecto.
Cada uno de los dos creia. que era. el otro quien debia
dar el primer p~so. :":aperaban '!-l~tuam~nte, _pero en
vano. ¿Era ob ➔t1Dac10 1, pusila.mmidad, mdec1sa lucha
interior? En medio de sus nuevas habitaciones de sus
recien amueblados cuartos, a.nubláb1tnse de' nuevo
sus semblant"'s, recaían en laindefer1::ncia. el antiguo
abismo se agrandaba: perdieron el va or, la esperanza, el renaciente calor de la. mañana. La tarde los en•
coi:itraba otra vez fríos entumecidas sus almas. El
abismo bostez-i.ba entre tillos como anteR.
Asi tramcurrieron algunas serna.nas. En ocasiones
esta fria calma era interrumpida por él con una palabra en la que se sentia la cólera: olla lo dejaba ir casi sin advertirlo, de todos modos sin conmc.ver~e y
dando por cierto que lo que le pasaba entonces debla
repetirse indefinidamentr. ¿Era e~to verdad? ¿La escena no debía cambiar? ¿Habla sido siempre asi?
Reflexionó: no; el paRado había sido muy diferente
En otro tiemp? reclinaba la cabeza en el amante pecho de su marido. La. voz que ahora le replica con
dureza se suavizaba singularmeute a, sonar la suya
Sus miradas se confuodian Pn mutuas promesas: n¿
sólo edtaban juntos sino que estaban también unidos
¡Qué lejano le pa,·eció aquel tiempo. vago y encanta~
dor como un sueño! Apenas podía darse cuenta de la
realidau de aquellos días. ¿Cómo se habla operado este cambio?
En el verano ligeras nubeR oscurecen el sol se disipan, rea.parecen, y de pronto uegra v dens~ nube
cuaja la tempestad sin que pneda explicarse Ja. rapidez de esta transform,.ción. Ellos también, en el cielo de su vida, hablan visto deslizarse pardas nubecillas disipadas bien pronto para condensarse después
El era inclinado á la ira y dl'jaba escapar con faci:
lidad palabra.e duras, agresivas, amargas. Ella. no lo
notó ni en el noviazgo, ni en la luna de miel porque
él se contenía. cuidadosamente; ahora cedia facilment6 á sus impulsos, y en pocas ocasionP.s bastaba la
más ligera contradicción, el más leve contratiempo
para estallar en cólera y prorrumpir en palabras
ofensivae. Ella se lastimaba profundamente, no olvidaba. ni podia perdona.e. Se r11pleg-aha. sobre si misma, se hacia más intima, cas: impenetrable. silenciosa en su exterior, menos amante y tierna. El la. ob•
servabaconrencoryencono,porquenosabfa.perdonar
una palabra proferida de ligero. Gradualmente se
iba. levantando entre el1os algo como una mampara

�152

Domingo 21 de Agosto de 1898

EL MUNDO

''CE QUE JE VEtl'X"
[A Luis G. Urblna.]

No los versos seucillos de Anacreonte
rimados en laúd de filigrana;
ni los suAves acentos pastorlleR
del dulce y tielllo trov11dor de Mantua·
No las tistrofas pobres Je energía
'
que dan los tristes ritmos de las hupas
cuyas vibrantes cuerdas han so1Jado '
con la misma canción; la misma esenia·
~o los flébil~s tonos, las imáienes
'
mconE'xas, sm arte, que no nablan
cual siluetas de sueños, vaporosas '
oue e~ los profundos tenebrarios nasan ....
Yo quiero para mi la eterna estrofa
de cadencias homéricas, que cantan
guerreros trovador11s en la breg-a
y que el cincel en pórfidos ':'eincarnal
yo quiero ~ara m1·1a et11rna e~trofa
por Tólstoi y Verlaine, feliz. crfll\da,
de contornos robustos cual las formHs
del Hércules que en mármol se retrata!. ...
¡Dadme Vt'rso&amp; con vida, dó la sangre
se sienta circular en cada estancia
versos cuyRs imágenes desnudas '
muePtren la forma que el buril realza!
!Que el número sonoro, 110 el oido
repita el clamoreo de la batalla!. ...
versos que estén batidos en la forja
aonde el estro inmortal siempre se inflama.
No los cant11res pá idos, sin furrza,
que v!bran hoy para morir mañana;
dadme es~rofas dó el músculo se adune
A. la belleza ideal de la obra plástica!
¡Yo quiero para mi la eterna estrofa
que lleve sav•a ard,ente en las Pntrañae .. . .
versos de cuyas notas se desprenda
la risa ó f'I ilnfn,._ i'l''P t n'?'lln .olmq,!
0

DA.MAS DISTINGUIDAS.

Srita. Carlota Clayton
RESIDENTE EN MÉXICO

(Fot. Valleto)

En su Interior una voz triPte murmura la melancólica canelón de lo que fué. ¡Es tan triste el aislamiento, y tan bella y sonriente 'a comunidad del amor. ¿Y
esto ha de perpetuarse? Nó: seémos fuertes y_ olvidemos. Ulvidt'mos que este abismo ha surgido entre
nosotroP. Nos amábamos y ér11mos felices; lo que intervino fué una peeadilla! ¡Qué vuelva á ser todo co•
mo antes!
Pero i!UII labios, que debían murmurar estas cosa~,
permanPcen cerrados: ¿Por qué noPedesplegan para
decirlas? Ella misma no lo eabe. Vuelve á Puspirar
profundamente, pero él no oye ese suspiro. Hace ya
mucho t•empo que sus almas no go;;an de la dulce
fruición de semejantes citas.
El fuego lan~uidece en la chlmene11, el viento aletea con menos fuerza en las ventanas, y las calles de
la ciudad están silenciosas. El reloj anuncia la hora

¡Trovadore~ guerreros: la Epopeya,
desde la cumbre -ie Helicón, os llama!. ...
¡Templad la lira de oro, y que el espacio
pu11blen las notas de inmortal hosanal
México, Julio de 1898.
LUIS EMILIO LEPINJII.
SOMBRAS.

A mis padres.

Hay en el alma lívidas visiones
de ausentes seres, que espirando vimos,
al compás de profundas oraciones:
seres, ay! que queremos y quisimos.
Tienen rugosas r dolientes faces;
y vierten de sus OJOS empañados,
una cinta de luz, como esos haces
con que raya ei invierno los nublados.
Lividas, tristes, de la noche, hermana.
del sueño, en torno giran;
y á la primera luz de la m11ñana,
tan tristes cual llegaron, se retiran,
Pobres, pobres, que lloran cosas idas
que se refugian en la noche obscura;
y sus alas, sus alas desteñidas,
caen plegadas en su amplia vestidura.
Amo esas tristes sombra¡¡ desoladas,
y tal cariño siento para ellas,
9.ue en mi alma, y en mis sueños sus miradas,
tiemblan, como en las ondas agitadas
el salpique de luz de las estrellas.
México, 189d.
MIGUEL E. PEREYRA,

del sueño El se levanta y enciende una bujla cuya luz alumbra su rostro varonil, serioé inmóvil. Ella tiembla de susto y de congoja: parécele que él va á all'jarse para siempre. Su pensamiento íutimo, fijo y concentrado en él mientras estaban sentados, siente que se rompe como la malla de una red que
deja en el fcndo del Océano un tesore inapreciable.
Su corazón late con precipitación, como
un reloj que apresura locamente su movimiento. Si encerrado en su cuarto aquel ga11
mortlfero llegara á asfixiarlo, si se perdiera
de su vista hundiénd1.se en las sombras, si
trau11curridos algunos minutos funa ya demasiado tarde y l'I sueño se deevaneciera
para siempre ...... Y aun cuando nada de esto
ocurra y el mañana sea como el hoy, ¿vale la
pena de seguir viviendo asi?,¡Con qué horror
contempla ahora este género de vida! "¿Cómo be podido soportarlo?" se pregunta.
RePurge en su imaginación el matrimonio
suicida, el pobre y vacio cuarto •:uya miseria 1~ parece una opulencia comprada con
la mlderia de su bienestRr. Al lado de ella,
joven floreciente y rica, ¡cuán felices y verdaderamente ricos le parecen aquello!! desgraciados! La imagen de estos muertos no
la abandonará ya más y la acompañará siempre como hado amonestador atizando en su
alma el tantál'co deseo de un amor y una coufianza compartidas.
El toma su libro y se dirige á la puerta; ni
siquiera le dice ahora, precisamente ahora,
aquel frio saludo de "t,uenas noches" con
que hace tiempo acostumbra deFpedirse de
ella. Se va. Por un movimiento irresistible,
casi inconsciente, se apresura á erguirlo~
1ahora ó nunca! Pero ¿qué quiere? ¿qué va
á hacer? Ella misma lo ignora.
El oye sus pasos, el roce de sus vestidos,
· y mira atrás Su mi•ada asombrada é interrogativa encuentra la de la joven. Ella Pe
detiene algunos pasos delante de él. El abismo está entre los dos; no pueden salvarlo, ¡im
posible! Un frío mortal invade E.U cuerpo i~nora que lar lágrimas inundan su rostro. En
aquel instante él avanza un paso, uno sólo la.
bugia cae de sus manos, y la luz se extingue. Un sollozo eHalla en su pecho y depga.
rra su gargauta como fuerza incontenible y
podernsa que sale á la superficie.
Quién fué el primero eo. abrir les brazos?
Nadie lo sabe, ni lo dejaron ver las lágrima@;.
pero el abismo está colmado. Dos brazos la
han atraido dulcemente sobre un pecho bajo
el cual el corazón • eeucitado por el amor toca la diana de la nueva -;ida.
Afuera el silencio e11 absoluto Sobre las dens11s tinieblas brillan aquí y allá las luces de los faroles, yen lo alto, en un frag-mento dtil pálido ciel.. del invierno, grupos de estrellas miran como testi'!'O➔ eternamente indiferentes los pasajeros dolores v alegrías.
de aqui abajo.
"
FRANCISCA DE EASCUTHER.

"Los mejores circulos no son los mayores; sino los
más exactamente trazados; asimismo la mejor vida.
no es la má, larga; es la más rica en buenas acciones.
Waller.

Al partir.

¡POR UN MARIDO!
NOVELA. ORIGL~AL DE MA.RC DE CHA.NDPLAIX-ILUSTRACIONES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES.
Versión espaXola de "El Mundo Ilustrado"

Número 8.
Pues el famoso hilo blanco plateado puesto en
:zig-zag· en medio de la truma y del cual ningún
sabio había podido descubrir la utilidad. ¡Como
·si la naturaleza pudiera producir nada inútil! Es~te hilo por consiguiente es útil y de 11\ mayor utilidad, porque se emplea en los casos extremos,
en las circunstancias graves, para ligar y dejar
sin movimiento una presa cuya. magnitud apenas hace creíble que la arafta pueda contra semejante enormidad. Pues todo se logra con ese
hilo que pre1Serva la tela contra cualquier choque
demasiado violento. Es una especie de cable de
salvación, es el recurso supremo, es ....
El Doctor se detuvo de pronto y sonriendo y
1fijando en la joven su mirada apacible y bundadoss, le dijo:
-Pero estoy fastidiando 1\ usted, sen.orita, y
hasta me parece que se defiende usted contra mi
relato pensAndo en otras cosas mientras hablo.
:Excúseme ulted .... perdone mi manía ó más
propiamente dichú, mi monamanía.
-Al contrario; me ha sido
muy interesante saber por boca
•de usted que las arafl.as no son
tan tontas como yo creía.
-Siempre hay algo qne apren•
"·
•der de ellas, dijo Lerbon, porque
poseen en grado supremo una
-.irtud que conduce á todos los
•éxitos: la paciencia.
-AhlsuspiróNellycómicamente, dirigiendo á Juan una rápida
:mirada de inteligencia: he aquí
una virtud que yo no tendré ja-

-.

lJD.!\S,

-Por lo mismo no quiero abuf
- sar de usted y voy ... .
Para retener al Doctor bastó
que Nelly le pusiera brevemen;te su mano en un hombro, en tan'to que le decía.
l
·•.
~
-No es eso lo que quería decir
¡
! e,'
y c:nvidio las distracciones que
f
halla usted en el estudio. Lo que
.sucede es que esto . me recuerda
un suefl.o que tuve.
-¿Qué sueno? preguntó el Comandante interesándose en la
-conversación,
-¿Se acuerdan ustedesdemis
dos hadas, una que me auguraba
•que amaría yo sin ser ~orrespondida .... ?
.
-Y otra que ofrecía el estudio
• como remedio contra las amar~t,. . . ..~
~~~~-.
,guras de amor, concluyó el Doc•
.{ ~f-;
tor. Pues las dos engaftaron á usY
✓--~
"./;.._.... ~n..J,
~,.,• ~\
· ted. El estudio es un anestésico
-que ....
-Preciosa frase, dijo de Chal1mont.
-Qne adormece de tiempo en tiempo pero que
1no cura. En cuanto á no ser amada .... eso es
•impoaible tratándose de usted.
-Eso no es más que una galantería, Doctor, y
·una galantería nada prueba. Puede uno estar
,segura de ser amada aun cuando .así se le asegure? Vamos .... usted que es un sabio profundo
.¿podría decirme-hablemos de un hombre y la
cuestión será más facil para usted-¿podría de·eirme que es lo que puede dar á un hombre la
-convicción de que es amado, sinceramente amado, sin que quede iugar á duda?
El buen Doctor sonreía frotándose las manos.
-Tenemos trazas de convertirnos en tribunal
-de amor-dijo-debemos sentarnos y mientras
que mi arana acaba de comer voy á intentar responder aunque no soy perito en la materia; pero
acaso valiéndome de las luces del Comandante.....
-A fé mía, dijo éste, uno está seguro, absolutamente seguro de ser amado, cuando cree serlo.
-Eso, exclamó Lerbon, esol Clemencia Isaurl\
misma no habría contestado mejo1·. El amor es
ona religión y necesita apoyarse en la fé; El ere-

!

~

:;,

Es hora de partir; al fin me alPjo;
Quizá no VUE)lvaya, tú lo has q11erido.
Sólo recuerdos de mi amor te dPjo,
Que morirán mañana en el olvido.
No lo extrañes, mujer, esa eR la vida;
Soñar, ebrios de amor y de contl'nto,
Y ver nuestra ilmión ctesvanrcida
Cual nube blanca que disipa el viento.
Pasaron ya los venturos,,s días
En que al primer albor de la m11ñana,
Temblando de placf'r me sonr,1las
Tras el limpio cristal de tu ventana.
Las tardes silenciosas en qu,i hablabas
De azules lirios y botones roj"s,
Y una historia de amores me contabas
Con las pupilas 11egras de tus ojos.
Las horas, en que humilde. penitrr cia.
Te obligabas á hacer en el santuario,
Revisando callada tu conciencia
Al repasar las cuentas del rosario.
Las noches mageFtuosas en que bufa
De cualquiera mirada inoportuua,
Y bajo de las frondas, me esconoia
Del imprudente beso de la luna.
Las veladas sencillas de mi estancia, ·
Do sumergido en gratas reflexiones,
Jamás penseque es dardo la in&lt; onstancia,
Que hiere sin piedad les corazo1Jes.
Todo pasó, como el placer, volando;
Porque es la vida, vegetar creyrndo
En mil sueños de amor; dormir eoñax:do,
Y de~pertar, para vivir sufriendo.
HERIBE.RTO AGCIRRE Y Fil!IRRO.

153

EL MUNDO

llomtnJl'O 21 ile Agosto de 1898

invisible La palabra no partla de su11 labios
con la espontánea cordialtdadde otroatiempos; cada uno ae ellos hacia sus reservas las
acariciaba, y por decirlo asl, las rumiabR¡ cada uno pesaba las culpas del otro y la,i propias. y liallaba su platillo el más liviano.
Solirevino al fin una hora fatal. El habla
llegado áfü casa contrariado por algún des
arreglo en sus negocios. Ella sabia que en
semejante estado de ánimo bastaba una mera palabra para colmar su irrlación; pero
quiso la casualidad que se traspapelase un
documento importante que él necesitaba con
urgencia: la joven no acertó á encontr&gt;&lt;rlo
y fué reprendida con dureza. Ella se irguió
esta vez y lo reconvino con amargura y desdén. Dos manos crispadas cayeron sobre sus
hombros y la sacudieron con violt1nci11. Ella
no se quejó, no profuió una palabra, drjó la
casa de su marido y se fué á refu~iar tm la
de sus padres de quienes, como hija única,
era adorada.
El esposo fué á solicitarla alli sin pérdida
&lt;!e tiempo, le pidió pt&gt;rdón y juntos se restituyeron á la casa. Ella no pudo h9cer otra
cosa en vista de sus súplicas, ainn á riesgo
de parecer obstinada y terca; pero no hab1a
podido perdonarlo sino á medlas. y una retonciliación efusiva, sincera, del corazón,
era por el momento imposible. A~i Jo comprendió él, advirtiendo que habla sido estérll el sacrificio de su humillación. Porque
cuando en la siguiente noc!J.e se sentaron el
uno frente al otro, las manos enlazadas, ella
sintió hien á pesar de la ternura que él le
manifestaba, que )1,s cosas no eran ya como
antes En apariencia todo eFtaba reparado.
pero en el fondo ambo¡¡ comprendian que
11u ternura no era ya genuina, y sin c.¡ue
desde entonces otra nube se hubiese interpuesto ent7tl ellos, el amor vacilaba en sus
pechos como la llama de una lámpara que
está á punto de consumir el aceite que la ali·
menta. Alli estabn el abismo, ensanchándose dia é. dia en medio de dos corazones des•
fallecientes y paralizados.
Hace mucho tiempo que esto sucede. En
aquel instante la joven parece contemplar el
abismo, se horroriza y se pregunta cómo ei:1
posible que las cosas continúen asl. ¡Se amaban tanto antes! y ahora? .... No tiene él t:.davia suficiente poder sobre su alma puesto que todavi a la fascina y encanta? El levanta lamirada, pero no para fijarse en ella;
ve la lámpara, redobla la actividad de su
luz y voltea otra hoja del libro en que lee.
¿Qué pasa en aquella alm11? ¿Comprende su
ai~lamiento? ¿Está conforme con él? ¿Está
aún contento? ¿Piensa que esto puede Y, SObre todo
debe cambiar? Ella nadaeabedc. todo esto: el inteno~
de aquella otra alma es tan impenetrable como p) de
la suya propia. Ambos á dos son enigmas dolorosos
que el orgullo hace indescifrables. que sólo el amor
podrá aclarar y resolver. Ella ll•·ga á comprender
has~a. con horror que los dos son extraños entre si. El
la dmge algu~as VPces ~n~mir!1dasombria. ¿Quésign_ifica esta. mirada~ ¿od10, ira, o queja y dolor? ¡Ah!
s1 ella pudiera arroJarse otra vez en sus brazos y con•
templarlo dichoso como en mejores diasl Al pensarlo
se estremece con delicia: muchas veces ha e,entido
este impulso, y el pensamiento ha pasado por su ah11a
como un hermoso sueño .Pero una vez al frente de
su marido, el abismo se abre de nuevo se siente paralizada, y 1011 brazos que quiere tend~rle permanecen i~ertes á lo largo de su cuerpo.

-9

---

vacilar, pero de improviso con una especie de
arrebato que no le era habitual, con gran sorpresa para sus amigos prosiguió:
.
-Excúseme usted, Comandante, y usted también, selloritaNelly, pero ¿quiéren que se los diga?
Se está.o burlando ustedes de mí. ¡Ay! Ustedes
creen que no soy capaz de adivinar más secretos
que los de lns araftas. . . . ¡Pues bien; el de la
Epeira era más obscuro que el de ustedes y aunque no sea yo un perito para leer en las almas,
ya lo he dicho, se necesitaría que fuese ciego
para no haberme apercibido de que se aman locamente ustedes dos y que se atormentan con luchas, dudas, esperanzas y vacilaciones, á menos
que no lo estén fingiendo los dos ...... Amense
pues, como todo el mundo, cá.sense y tengan muchos hijos y no me sigan haciendo decir tonterías!
El Comandante se puso en pié y con aspecto en•
tre enojado y risuetlo respondió:
-Doctor: desde que vivimos juntos he comenzado á conocer á usted mejor y á d.('.}recillr el ardor que se oculta bajo su frialdad aparente y sin embargo, el
tono de sus últimas palabras confieso que me deja sorprendidc, y
acaso.yo también adivino nlgo. .".•
Lerbon interrumpió:
-¿Qué quiere usted decir?
-Nada.
El Doctor insistió:
-Pero que quiere usted decir?
-Nada. Y para que de su parte sea usted igualmente franco
conmigo, le confesaré que (aunque secreto de dos no tenga solo
un duello) que, lo que usted ha
sospechado es verdad..... á lo
menos de mi parte, pues amo á.
Nelly.
-¡Que feo es hablara si, interrumpió Nelly.
-La amo profunda y sinceramente, como se ama á la edad
de usted Doctor, como se ama á.
mi edad cuando se siente que es
el último amor. Pero ella que es
) tan joven ¿no puede estar equivocada?
-¡Y todavía duda! dijo Nelly
melancólica y entristecida .... Y
&gt;
nudará. siempre, Fiempre ... .
¿Cómo probarle?
-Dentro de dos ó tres días.
aft;;.dió Juan, vamos á separar✓;¡,.. 4-&lt;"
nos, forzosamente, y no será po•
. ;~~-;;...✓
sible que volvamos á vernos si:"~
no después que entregue á mi
.,,,..
sucesor el mando del Colib1·í. La
ausencia nos iluminará.
El Doctor que había recobra•
cumplir en una imposibilidad física, leer á través do su calma habitual preguntó sonl'iendo:
-¿Por qué díce usted «nos iluminará&gt; si está.
de un cuerpo opaco una frase que no ha sido esseguro tle sí mismo?
crita.
-Quise decir: ''la ausencia hará luz" rectificó
-Bravo, dijo el Comandante, bravo, Doctor!
el Comandante.
A lo menos tiene usted la vocación.
Si el Doctor hubiera querido revelar el pensa•
-En mialegría de haber descubierto el secreto
de la Epeira, me sien o con vocación para todo;y miento que pasó por su cerebro en ese momento
por agradar á la seftorita he querido salir una y lo alumbró con claridad de esperanza, habría
vez siquiera del dominio científico en el cual el dicho: "Cuando se vacila así, cuando se prepara
amor se trata de un modo má.s simple, más prác- una puerta de salida, es que no hay resolución firme y debe uno andarse con cuidado porque un
tico y es fuerza reconocer que más justo.
-Es muy malo, Doctor, muy malo eso que está soplo, cualquier cosa puede cerrar esa puerta.....
usted diciendo. Y yo que escuchaba de tan bue• Conozco hombres de más edad que usted, los cuana fe . ... pero desgraciadamente los sacrificios les ..... .
Pero Lerbon no quise revelar su pensamiento
no están al alcance de todo el mundo y yo no poá nadie, ni aún á si mismo y Mlló mientras N elly
dría ¡ayl hacer ninguno.
-¡Quién sabe! Los sacrificios no son sino for- reflexionaba: "Sí: vacila, y apesar de sus juramas diversas que toma l1L c11ridad yno hay quien mentos se guarda algunas reservas; lejos de mi
carezca de ocasión para ejercer esta vil'tud aun- cavilará y la razón es fría de por si. ...
¿Cómo convencerlo de mi amor? ¿Cómo ligar•
que sea humildemente puesto que no siempre lo
lo? ..... .
más valioso es lo más meritorio.
Y no teniendo para callar los mismos m )tivos
Se detuvo un momento mientras que Juan y
Nelly sonreían: luego los contempló y pareció que el Doctor, replicó:
yente al comulgar, cr,ae firmemente que es á Dios
á quien recibe.
Y luego agregó con seriedad cómica.
- Y la mujer que ama se conoce por ciertas seftales que en algo se parecen á la locura: tiene
una idea fija, rechaza cualquiera otro sentimiento que no tenga por objetivo á. ilU dios; se abandona por completo á él y está por él pronta á. •odas las abnegaciones, á. todús los sacrificios, á toaos los martirios .... ¿Se espanta usted seftorita
Nelly? ¿No tiene asted vocación para el caso?
-No, dijo ella riendo. Lo que sucede es que
no comprende esas palabras rntumbantes. Amar
me parece muy sencillo, muy dulce; y eso que
usted llama sacrificios no pueden ser sino una
alegría si el fin es hace1· feliz al 1Sér amad().
- Pues tiene usted razón, replicó Lcrbon, puesto que el sacrificio cuando es útil es la prueba
cierta del amor, la seguridad de procurar á quien
se ama una gran sum1L de dicha terrestre, hacerle
realizar un iiuefto, penetrar en un pensamiento,

l

~~·~-

---

_;,jJ

�151

EL MUNDO

-¿No be sufrido ya la prueba de la ausencia? ¿No podríamos vernos antes de tan
lRrgo plazo? Si la ausencia es necesaria lo será por usted pero no para mí que con
ei;:te amor satibfago á la vez mi corazón, mi razon y mi orgullo en tanto que usted .... l oh! que no pueda yo con uno de esos sacrificios á que aludía el Doctor
probar á usted toda mi adbesiónl La ausencia que de nuevo va á separarno.s y por
tanto tiempo, será en verdad una prueba cruel pero yo la soportaré con valor sin
tener nada que temer de mis propios sentimientos aunque tenga que temer algo por
los de usted. Sin embargo, abrigo cierta confianza . .. . ¡Es tan comunicativo el amor!
Juan le tcmó las manos comü una muda demostración pero Nelly se desprendió
del dulce lazo, y mientras el Doctor la ob~ervaba con tanta curlosidai. como si examinara una Epeira, ella aiiadió con exaltación.
-Decididamente no quiero promesa alguna;las que me ha hecho usted se las de•
vuelvo, pues no quiero conservar mAs que mi esperanza. Sea lo que fue1 e el por ve•
nir ¿me comprende usted bien? sea lo que fuere recordaré á usted con et1::1n-1. gratitud por haber insistido en amará una joven como yo·, después de lo que le he refe•
rirl.o .. ...... .
El Doctor sorprendido; no pudo menos que pre&amp;'untar:
-¿Y qué puede usted, seilorita, haber referido que sea grave?
Nelly iba á responder acaso con franqueza y á rtvelar su nacimiento, por lo cual
de Chnlm0nt se apresuró á cortarle la palabra.
-Niflerías, dijo, intentando sonreir,niilerías, porque
la seilorita Nelly, como ya lo tengo dicho, no es más que
una chicuela y estoy admirado de que nuestra convers11ción esté tomaudo este tono de seriedad delante de
usted, querido amigo:
-No, yo no soy una chiquilla, declaró Nelly con energía, y sab1é probarlo oportunamente .... pero como
usted, ruego al Doctor no1 perdone por haberle hecho
presenciar esta eseena ....
-De famLi1t, concluyó Lerbon, de familia, porque
tengo mucho afecto al Comand:lnte y usted me inspira
una simpatía sincera por más que mi carácter sea poco
comunicativo.
Juan contestó:
- Gracias, Doctor, gracias, y fiado en esa amistad,
ocurro á ella para suplicar á usted no revele un secreto del cual ha descubier~o usted la mitad y que nosotros le hemos revelado por entero. El Mayor Stephenson no sabe nada todavía y es necesario que no coi;oz.
ca nuestros proyectos más
que cuando se los demos
nosotros mismos á conocer.
-Ah! dijo Lerbon. ¿No
le han dicho ustedes nada?
Y fija11do en N~lly una

Domiugo 21 de Agosto de 1898.

EL MUNDO.

Domingo 21 de Agosto de 1898,

•

mirada profunda por encima de les anteojos que velaban
sus indagadoras y penetrantes pupilas, preguntó:
-¿Y está bien eso, seilorita? ¿Pues qué aguarda usted?
Nelly se ruborizó un poco, (lo que después de todo era
natural) y fué el Comandante quien por
ella dió la contestación:
-Esperamos mi regreso, diju, pu~s
Nelly lo ha q uertdo así.
Lerbon tuvo una idea que no expresó
en voz alta.
-Es curioso, pensaba para sí, es curio·
so cómo poco á poco etita joven me va
pareciendo muy d iferente de lo
que me pareció en un principio ...
Seré ahora m!\s clari vi den te ó estaré más ciego que entonces? ·
Y en voz alta agregó:
-Dt&gt;cididamente uo comprendo á ninguno de los dos, pero
ustedes se entienden y eso es Jo
que interesa; por mi parte doy
mi palabra de que á nadie diré
nada y pueden ustedes estar se-

~

•..

.,

.'.;\
.:t\
\o;. ..

·2

guros de que la cumpliré. La confesión que me han hecho lf s permitirá cuidarse de mi menos que antes y en esa confianza, me re
tiro; vov á ver á mi Epeira que tal vez tenga otros secretos á mi
disposición.
-Ya hny pruebas evidentes de que los secretos no lo son para
usted, Doctor, dijo Nelly con una sonrisa arrebatadora.
-Muy bien podría ser! contestó Lerbon levantando la cortina
que cubría la puerta de su cuarto, muy bien prodría ser...... .
Adios, sefiorita, hasta la vista, Comandante, voy á arreglarme un
poco el traje para bajar A l\Iayotta donde permaneceré basta cer•
ca de la hora del almuerzo.
Y dejando caer la cortina se metió á su huronera.
Entonces Nelly dando un beso al Comandantele dijo:
-Ya te probaré, ya te probaré que no sov unacbiquilla.
Iba él á pedir explicación de estas palabras pero Nelly se escapó de sus brazos y se fué corriendo al camarote de su padre.
-Adios, dijo con alegría venida dflimprovit,0 1 yo también, Comandante, le devuelvo á usted su preciosa libertad y .... ¿sabe
usted lo que debería hacer de ella? pues aprovecharla para irá la
casa del Gobernador. Entre tanto, daré á papá los buenos días y
me embeJ:eceré para esperar la vuelta de usted. Regrese pronto,
pronto ... Es tan agradable esta vida y nos va á durar tan poco ...
VII.

PRUDENCIA, ADIOS!
Despues de permanecer dos días en Mayotta el Colibri aprovechando las últimas luces de la tarde, franqueó los pasos sinuoso;;
de ]a salida y se Jirijió á Anjouan donde esperaba dar fondo á la
'
manana siguiente. Pasaría allí el día y por la tarde iría al fin á
"-':,.
auclar frente á Mohelia.--- ..
Es cierto que el Mayor y su hija no desemb·\rcarían apeMs lle·. · ·
" '.,::-:,· ·
gados y en plenas tinieblas en un país en que la noche llega con
·. _-,. ·
tantl\ rapidez y esperarían al otl'O día, pero este día ¡estaba tan cercano! y luego partiría esta. joven que llenaba el barco de alegría, de sonrisas de
amor .... El Colibrí tendría que permanecer tal vez una semana en Mohelia, donde el Sultán y el pueblo estaban en desacuerdo, pero Nelly no seguiría
á bordo sino en tierra, en las posesiones de Tomás Pool esquire y esto no era lo mismo. Juan no la vería al despertar como aquí, no se sentaría en la
mesa á su lado, ni la sentiría muy cer~aá cada instante, ni hllría con ella largos pascoF por el campo, entre las rocas agrestes á-la orilla del mar como lo
J,11 híR hPcho en Mayotta y en Nossi--Be ...... Por la noche, no tstaría ella en la puerta - &lt;IBl comedor pr-esentá.ndole los labios para recibil· el beso de
despedida.

/

�156

Con que íntima dulzura guardaría en su corazón y en su memoria ta n preciosos recuerdos si
los sucesos no hubieran venido á un punto en que
el remordimiento empezó á cumplir sumartirizadora labor.
Stephenson, un poco ébrio, como todas las noches, se acostó muy temprano, y el Doctor, despucs
de pasear un rato por d puente con el Comandante y Nelly, se fué á reun ir á sus arnfl.as. Entonces los dos amantes se sentaron en un banco
á proa de la embarcación. Del cielo claro y luciente se deslizaban como fuegos artificiales las
estrellas errantes, el mar presentaba á trechos
surcos fosforecentes; las luciérnagas venidas de
la costa parecían inmóviles en el aire: se habría
dicho que había faego en esa atmósfera que ningún soplo agitaba y sin embargo comparada con
el calor abrumador del día, ¡que fresca y grata se
sentía la noche!
Ningún rumor llegaba de la cercana costa; á
bordo no se oía más que el chlrrido de la rueda
manejada por el timonel, quien á intervalos regulares picaba la hora en la campana de bronce que
vibraba largamente.
Para reanudílr la conversacion interrumpida al
partir el Doctor, Juan soltó esta frase banal pero
que hace siempre estremec~1;se profundamente á
los corazones enamorados:
-¡Que hermosa noche, amada mía! .
Nelly no respondio: tembló toda, aproximó al
cuerpo de Ju11n, su cuerpecito envuelto en un lijero peinador blanco, tomó la mano del marino,
reclinó la frente en su hombro y cerró los ojos.
El no osába hablar, ni moverse para no interrumpir los ensueños de la joven y sonreía feliz,
al sentirla tan completamente suya enmedio de
esta soledad profunda y á la luz de las cintilantes
estrellas.
Aunque Nelly parecía también enteramente feliz, Juan creyó sorprender en sus ojos el brillo
de una lágrima, inclinó la cabeza para asegurarse y posó los labios en su megilla.
No se había equivocado; la joven lloraba dulce
y silenciosamente bajo una emoción profunda en
la embriaguez de su amor.
Más conmovido por estas lágrimas que si le húbiera dado un beso, preguntó tiernamente:
-Y por qué lloras tú?
Ella entonces como disgu3tada por haber sido
·sorprendida, se levantó bruscamente, enjugó sus
ojos y respondió en tono burlesco.
-Con que usted creyó que estaba yo llorando?
Pues no. Dormía, so:fiaba y era feliz. ¡Si usted supiera! Hizo usted mal en despertarme. Adios,
buenas noches, me voy á recoger.
Juan la siguió sin explicarse la situación y en
la puerta del camarote le dijo, tendiéndole lamano y con voz suplicante:
-Me perdona usted? Ha sido muy severa conmigo y me está castigando cruelmente. Por qué
se retira usted tan pronto? Estábamos tan bien
allá arriba! No piensa usted en el precio de las
pocas horas que nos quedan de estar juntos?
Por un largo espacio de tiempo, ellá le retuvo
la mano, apretándosela como para 110 dejarlo ir,
y no hablaba y temblaba y seguramente de un
modo inconsciente lo atrajo hácia ella en un movimiento nervioso como para hacerle franquear el
dintel de la puerta.
-Tiene usted razón, diJo luego, soy una tonta:
hay días en que no hace uno lo que quisiera. No
sé lo que tengo esta noche, estoy nerviosa, agitada, contrariada y enojosa, y tengo miedo. Es mejor que me quede yo sola. Déjeme usted, déjeme
usted Comandante, buenas noches, duerma bien,
si puede.
Juan presintió que el momento era grave y
trató de bromear, apesar de que se sentía con
fiebre.
-Decididamente, estamos reñídos? le dijo, no
me da usted esta noche el beso de despedida como lo hacen los ni:fios bion educados''
'
Ella a~ contr_ario, como un chico rebelde, dijo
con voz 1mpacie11te.
-¡Déjeme usted, no. ahora no, déjeme usted!
Y l1u•go a:fiadió amorosa:
-Y sin embargo, no estamos refl.idos, allá va
la prueba.
Y con las puntas de los dedos le envió un beso
volado. Luego alzando la cortina muy rápidamente, penetró al fin de un salto en su camarote.
Junn permaneció un momento inmóvil detrás
de esa tela leve que le separaba de su amada,
conservando el brazo en la misma actitud en que
quedó cuando también con un beso volado le devolvió el suyo, y después hizo intención de par-

EL MUNDO

tir, pero apenas dados algunos pasos, volvió sin
ruido y al través del tejido transparente vió á
Nelly sentada en una silla, apovando la frente en
sus m anos y llorando todavía. El tuvo impulsos
d e precipitarse y arrodillándose á sus piés, enjugar con besos aquellas lágrimas, pero en ese
momento Nelly se leva ntó, dirigiéndose hdcia esa
cortina, breve barrera que los separaba.
A pun ·o de levantarla vaciló como indecisa y
espantada.
Juan quería huir, pero la curiosidad le tenía
clavado en aquel sitio todavía.
¿Creería ella que Juan estaba allí? No era de
pensarse, pues le oy-ó irse y debió suponer que
entró en su cámara al lado de la de N elly y que
e3tarí!l. leyendo ó habría subido al puente sin resolverse aún á dormir. Juan veía, adivinaba los
combates de esta alma débil como la suya, y observaba que la pobre nilla tenía como miedo de
sí misma.
El Comandante se decidió al fin á partir; y de
puntillas para no hacer ruido, atravesó á tientas
el comedor obscuro, guiado no más por la lámpara que ardía en el camarote de Nelly y que
dejaba filtrar una tenue luz á travé3 de la cortina. Así buscaba su camino, para subir por la escalera á cubierta, bajo el cielo tranquilo, pero
tropezó con un mueble y se detuvo.
Nelly de un salto se asomó á la puerta y envolviendo su cuerpo en la cortina y asomando
no más la cabeza, preguntó con voz á la vez inquieta y amorosa:
-¿Quién anda por aquí? ¿Es usted, Juan?.
-Sí, Nelly. ¿Aún no se recoje ustedi'
-¿Donde va usted?
·-Al puente, solo, puesto que usted me h.a
abandonado ¡ingrata!
-Pues vamos.
Y volvieron al puente .l os dos.
Empezaba á amanecer cuando ambos, ebrios
de felicidad volvieron cada uno á su camarote.
A la hora del almuerzo, como si nada hubiera
sucedido tendió la mano Nelly á Juan sin ninguna conmoción aparente, y sin embargo, el corazón
le palpitaba con fuerza y apenas habló al principio: luei;o pensó que esta actitud tan poco común
en ella iba á venderla, pues el Doctor l,L observaba ya con ojos de sabio escudrilladores y empezó
á cilarlar con volubilidad no importa sobre que y
á reir con cualquier motivo.
El Doctor no la observaba menos atentamente
que cuando estaba silenciosa, y muy sorprendido
y ligeramente .inquieto se preguntaba si no estaría l'U amiguita con fiebre. Tal vez hasta adivinaba algo más. El buen Doctor tan taciturno cuando las arañas se le conservaban reservadas y
misteriosas, lo estaba ahora más aún y.conformándose con sonreír á las travesuras de Nelly, behió
á grandes sorbos su café y se retiró á su laboratorio pretex !ando la necesidad de escribir algunas cartas.
Stephenson habfa permanecido más tiempo con
su hija y -.:on el Comandant~, no porque la conversación le interesara gran cosa, pues casi ni
escuchaba lo que decían, sino porque como se había dado prisa con el primer vaso de cognac,
quería ser más parsimonioso con los siguientes.
l'ara este fin, se tendió en un sillón de paja, y cerrando á medias los ojos, gozaba de su ·placer
favorito hasta que se durmió,
Entonces Nelly que había estado hablando de
cosas que le eran absolutamente indiferentes, tomó á Juan,~ mano y se la estrechó conmovida;
Juan le dijo con el tono más natural que le fué
posible:
-Nelly, hoy no hemos ido á nuestro paseo de
costumbre ¿quiere usted que vayamos cuando
haga menos calor?
Nelly respondió en voz muy baja y escondiéndole los ojos.
-Y11 sabe usted bien que·yo quiero .... todo
lo que tu quieras, amor mío!
Luego, después de una vacilación aiiadió más
quedo todavía.
- Ya es mi deber ahora .... y un deber muy
agradable por cierto. No ves que soy ..... .
El le cerró los labios con un beso, más bien
que para acariciarla para impedirle que hablara
pero Nelly concluy ó.
·-No ves que so y ya tu mujer?
Al oír estas palabras Juan sintió una especie
de estremecimiento interior y dirigiendo una mirada al Mayor Stepilenson y observando que seguía durmiendo tranquilamente, posó por segunda vez sus labios sobre los labios de Nelly que

estaba ruborosa; pero cohibido por la presencia
del padre, pronto tomó una actitud natural.
-Oyeme N'elly, dijo en seg uida : en tierra hablaremos con más libertad, porque tenemos mucho que hablar y seriamente, amor mío. Anda á
dormir tu siesta habitual y te iré á buscar á tu
camarote esta tarde á las cuatro.
N elly se atrevió esta vez á fijar en él sus ojos,
y habría querido leer en ellos de antewano lo
que intenta ba decirle durante este paseo; y luego tranquilizada sin duda por el aspecto de Juan
contestó haciendo una reverencia, aquella gran
reverencia aprendida en el convento de Montreal:
-Obedezco, seiior, pues ya no tengo derecho
de hacer otra cosa. Hasta la vista!
Y enviándole con las puntas de los dedos un
beso volado, y . haciendo una mueca infantil y
graciosa que le era característica, entró en su
cuarto y después, sin ganai;i de dormir se sentó
en un sillón y se puso á soñar con los ojos abiertos.
Juan no quería ni permanecer en el comedor
ni ir al salón y refugiarse á su cámara que estab11. tan cerca de la de N elly .... . . Deseaba sustraerse á su influencia que le hacía débil y cobarde; y ahora, cuan:io ya no había remedio comenzaba á tener conciencia de sus actos, y una.
mezcla indifinible de alegrías, de temores y de
remordimientos le Henaba el corazón. Para poner
en orden este enjambre de ideas tumultuosas necesitaba reflexionar y encendiendo un cigarro se
puso á pasear pensativo por el puente á la. sJm•
bra de la toldilla.
Por unos instantes Nelly oyó los pasos de Juan
sobre su camarote y después comprendió que se
había pasado al otro extremo seguramente por
no despertarla. Aunque no podía ser vista por él
la joven sonrió y levantando la. cabeza le envió
un beso .... oh! en verdad que no tenía intenciones de dormir; era demasiado feliz y se sentía febricitante. Aún no sentia remordimientos y la
cortedad de p1·esentarse delante de la gente que
sintió al principio, había empezado á disiparse.
Tan frecuentemente pensaba en Juan, se sentía de tal modo e5posa suya que estaba regocijada y como orgullosa de habérsele sacrificado.
"No hay nadie tan pobre -habia dicho el Doctor-que no pueda consumar un sacrificio en un
momento dado y habría podido agregar: "los mejores pensamientos pueden motivar los peores ac•
tos según el corazón de cada persona,» Porque
Nelly se había apoderado de las palabras de Lerbon y con ellas se había narcotizado como hubiera podido hacerlo con un ramo de amapolas ó con
el perfume de la reina Binao, borrando así sus
escrúpulos de conciencia.
¡Qué feliz se sentía de haberle dado una gran
prueba de abnegación! Ella h&gt;tbia dudado, dudaba aún de que Juan le cumpliera sus promesas,
y de cons:guiente, ningún pensamiento calculista ó interesado normnba sus actos. Esto suponía.
Nelly creyéndose sincera. ¡Qué talento tenemos
todos para vestir y engalanar los espectros de
nuestras faltas, que nos espantarían de fijo si se
nos presentaran en su odiosa desnudez!
¿Pero qué llama era la que brillaba en los ojos
de la coqueta joven, por más que1o dudara, sino
la de la ambición? Si solo el amor la hubiera impulsado no estaría tan triunfante y feliz; lamentaciones y dolores se mezclarían á su alegría y
sus sonrisas se mojarían con lágrimas.
La satisfacción del bien alcanzado y el orgullo
de la victoria era Jo que le hacía olvidar al dolor
de laca1da. No: su mirada no era la mirada lánguida y pudorosa del amor vencido pasando al travé; de sus p1::stañas de oro, y no era la expresión
de la resignación lo que contraía sus labios; pero
pronto esa llamarada se habría extinguido en sus.
ojos y habría des a parecido esa triunfal sonrisa, si
hubiera Nelly podido observar las rebeliones que
se agitaban y a y rugían en aquel corazón que
ella juzgaba completamente subyugada.
Exactc., á su cita, Juan a cudió á las cuatro de
la tarde par/\ llevar á su amada al paseo prometido y se hicieron llevar con la lancha á una bahía pequeiia y desierta en la que había árboles
que bañaba n sus troncos en lils olas. Dije1·on al
patrón que les esperara allí y desembarcaron tomando luego el único sendero practicable que
había á través de los á rboles y que se dirigía á
una aldea que erguía á lo lejos sus casas pintadaa
de blanco.

(Oontinua1·á)

157

EL MUNDO

Domingo 21 de Agosto de 1&gt;198

Domtngc 21 de Ag oeto de 1~

PAGINAS DE LA MODA
•

FlG, 1-SC'MBRERO D UQUESA.

1a educación b~o su doble asDccto de utilidad y ornato.
Que es una necesidad imperiosa la completa educación femenina en loe tiempos por nosotros alcanza.·dos, es cosa que nadie ha pensado ponerlo en duda,
y que el orden y ta cto que esa educación exige. es
cosa principalisima de estudio para las madres prudentes y cariñosas, tenem"s ocasión de comprobarlo
infinitas veces en el variado transcurso de loe diae.
Ahora bien: tratados de educación se han escrito
muchos; todos son incompletos, dejan bastante q1,1é
desear y la mayorla de ellos sumergen en un cúmulo
-de dudas á la persona, madre ó deudo. que se ve en
el caso de arrostrar las graves responsabilidades anexas á la formación, por decirlo asi, moral de una joven, ¿Por qué? Muy sencillo; porque en modo alguno un mismo patrón puede ad31&gt;taree á la infinita vaTiedad de caracteres, poeicicnes é inteligencias que
forman el núcleo femenino Lo sano y lo lógico estriba pues en sentar reglas generales acertadas; los pormenores y detalles quedan á ladiscreción de cuantos

en una educación intervengan, y aún juzgo que pueden proporcionarlos mejor las circunstancias especiales que rodee11 á l&lt;1. educanda
Desde un prindpio importa englobar el tema bajo
sus dos esencialleimne únicos a~pecto•: la educación
de utilidad y la de ornato, no "acilando á renglón s~gui do en asegurar que por mil causas, la primera ha
de ser más importante que la segunda. Lo qu-3 tenga
positivamente de útil la educación de uua muJer, re•
dundará en provecho de ella misma y de cuaut11e
evolucionen en torno suyo, padres, hermanos. maridos, hijos; por lo tanto, y a que á los mencionados ex•
tienden su bienhechora influcencia, natural nos parece que lo que asi influye en el porvenir, tienda á
ser consider11do con todo esmero y diligencia Lo ú til
á la educación femPnina es cuanto se relaciona con
el hog-ar, el conocimiento exacto de los deberes, y
además lo que concierne al empleo del tiempo y á la
manera de ordenar loa at toe de la v1d11. Todos estod
elementos educativos utillsimoe, han de ser transmitidos á la mujer desde su infancia, presid'endo á. su
ordeuación un conocimiento del mundo y del alma,
cuanto más perfecto ¡;iea posible; por eso deseamos en
las madres, además de un gran caudal de amor, una

ilustración vasta, pero apropósito para ser transmitida dulcemente sin empalagosa«! disquisiciones.
Respecto á la parte de educación que ..:ondensa el
ornato felllenino, sin quP de él en absoluto deba carecer mujer alguna, bien podemos decir que es susceptible sin peligro de imp'&gt;rtantee redtricciones,
cu11ndo Ja posición social las hace necesarias. y de
amplitud infinita t11mbién en caso contrario Música,
idiomas, literatura, dibujo, pintura, nociones de arte
y laboree de fanta¡¡ia: he aqut lo que ~ntendemoe los
mode~nos por educación de ornat&lt;&gt; Pues bien; suele
suceder que abarcando tantas materias, la edad c.ducati va es corta. para posarlas aunque sea de un modo
imperfecto. ¿Cómo no ser aei si sólo lo mencionado
no basta una vida entera para asimilarlo? Queda,
pues, sentado, que la mujer recibe nociones más ó menos ciertas de mucho, pero no llega et posesionamiento del todo.
Y ahora nuestras lectoras nos permitirán que intro~uzcamoe á este est udio general una opinión particularlsima nuestra. Admitiendo la posibilidad de
que una familia pueda otorgar á una joven la educación brillante y envidiable, que no repara en sacrificios pecuniarios, lo más cuerdo seria consi derar para

�158

Domingo 21 de Agosto de 1898

Ji'.L MUNDO

que se reuna más, mejores aptitudes, bien sea la música, la pintura,
las letras, etc., y encausar por ese
sendero el plan de educación de ornato, pues de esta manera, ni se
pondria á prueba la p11ciencia ile la
educanda, impeliéndola á et1tudios
que no fueran de su agrado, ni se
tiraría inútilmente el dinero contrariando vocaciones y guetos.
La educación del adorno circunscrita á los elementos que permiten
brillar en sociedad resulta casi siempre deficiente, cuando no inútil; apt1·
naslamujer;asi educada se casa y
penetra-si es buena - de todo corazón y con todo el emusiasmo dt1
que es capaz, en los problemas arduos de la familia y del hogar, esas
doradas frivolidades á tanta costa
adquiridas, se desvanecen como el
humo; prueba evidente de que no
son necesarias. Lo útil, por agole·
mo prop· o, procura el individuo
conservar'o. Creedme, queridas lectoras miae, lo que queda en pié de
la edución de una muier, pobre
ó rica, para el caso es igual, siempre viene á ser la educación práctica, la que al hogar, á la familia y
al deber hace relación. A elh, á ese
capitulo importantlsimo de la dicha
humana, deben encausar las madres sus perseverantes esfoerzos,
toda la p?-evi•ora ternura de que
es eu11ceptible su amante corazón
y su clara inteligencia.
Aquellas madres que por vanidad, sólo en concepto de lujo e:, afanan porque en sus hijas se sobre·
ponga la educación de ornato á la
de utilidad, se hallan en un lamentable error, que no podrán ,:orregir á tiempo, pues form11.ndo la educación la ba1,e de nuestro carácter
y nuestras costumbres, una vez cona•
tituidJ el ser moral femenino, nadie
puede torcer los emprendidos rumbos, y el hogar donde domine la
mujer de educaciónimperfecta,será
la primera victima dti la imprevisión de una madr., vanidosa ó poco
experta.
Partamos seriamente siempre del
principio salvador, de que la mujer
ha nacido, en primer lugar. para hacer la felicidad de su marido: para
conseguir esto no son necesarios
los elementos de adorno. sino lo
práctico de la vida, amalgamado
con la pura moral y las nociones
de cuanto nos permite conocer el
mundo y los séree bajo su verdadero aspecto, porque asi, con escaso
esfuerzo, evitaremos desengaños y
peligros.
De una mujer educada bajo los
austeros principios del debe~ y de la
utilidad práctica, puede esperarse

Do mingo 21 de Agosto de 1898.

169

EL MUNDO.

Los enemigos de los tomates

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FIG, 2-TRAJE DE PASEO

t?do, de aqutlil3: que cifrara sus efimeros éxitos soc_1ale~ en _el conJunto de frivolidades que tantos parti~_arios tiene en la época moderna, nada ó casi nada.
f1Jémono~ en las ventajas que ofrece lo uno y en loe
mconvementes propios de lo otro, y considerando en
globo la educación femenina en toda la inmensa
traFcende!]~ia que entraña para el progreso delmun
do y la_ fehc1d~d del hogar, invitemos á las madres á
q_ue midan la importancia de la labor moral y material que les está encomendada. Un hábil jardinero Be
desv1ve_por lograr, aún bsjo climas contrarios, el
espléndido desarrollo de nna flor: flores son también
las. mujeres en la feliz adolescencia, y de ellas ha de
cu!dar la madre con amor y con constancia infinita,
á fm de que un dia pueda eentirse orgullosa de sus
desvelos. No importa que tRmbién en la atmósfera
poco sana del mundo, cueste arraigar lo noble¡ 10
~ueno: dentro de una sociedad perfecta, la virtu no
sobresaldrla por ser regla general. Formar mujeres
virtuosas y sólidamente ilustradas en las postrime•
rias de un shdo que t~nto tiende á renovación y mescolanza es la dulce y santa tarea que la sociedad encarga á las madres, tendiendo con podereso anhtilo al
mejoramiento dti las razas.
JOSJ.FA

Los tomates son una fruta que se
estima en todas partes por su buen
gusto y por la infinita variedad de
platos que se pueden confeccionarcon ellos. Su cultivo es, además,
bastante fácil, pero sin embargo de:
su vigor y resistencia las plantas
sufren de vez en cuando ciertas
enfermedades que las debilltan ó el
ataque de los insectos que las destrozan. Estas enfermadades y estos
insectos son el enemigo con quien
tiene que luchar el hortelano que
quiera !!&amp;car de los tomates el provecho que pueden dejarle. La más
frecuente de las enfermedades es e~
tizón, la c:ial se manifiesta en forma de una mancha negra en el punto de los tomates donde estaba la..
flor y que poco á poco se va exten diendo hasta que por fin cubre toda.
la superficie. Generalmente esta enfermedad ataca á los tomates más
temprano y á medida que la estación avanza va desapareciendo. La
causa de ella parece ser el abonoque se echa en la huerta sin haberse descompuesto por completo. El
remedio consiste en abonar exclusivamente con abono bien maduro,
al cual se añade un poc:&gt; de nitrato
de soda y cenizas de leña.
Otras veces, el mal ataca á los tallos de las plantas, cerca del suelo,
y entonces se marchitan, las hoja!!
se ponen amarillas y al cabo mueren. 'La causa y el remedio de esta. variedad del mal son los mismos
que dejamos indicados más arriba.
El gusano verde (Phegethontinus
celus) que ataca los tallos y las hojas procede de huevos que ha. dejado en ellos la hormosa estinge. Estos gu!!anos, siempre voraces, se deben coger uno por uno para mat11rlos tan luego como aparecen, Hay
también otros gusanos, de color
pardo amarillento y hasta de una
ó dos pulgadas de largo, que cor•
tan las plantas cerca del pié. Las
muiposas que ponen los huevos de
que éstos salen son nocturnas, abundan en el verano y cada una pone
de 200 á 500huevo.s Luego que corta la planta, los gusanos se ocultan
en el suelo cerca de ella. y escarbando tm poco se descubren para
matarlo!!.
El insecto de las patatas suele bacer también bastante daño á los·
tomates, pues ataca á los tallos para alimentarse de ellos. Si abundan
mucho, lo mejo.. es destruirlos rociando las plantas con una solución
de verde de Parla. lo mismo que se
hace con las patatas.
En tiempo húmedo ó de frecuentes lluvias, los tomates suelen rajar•
se mucho, especialmente los que
e~tán madurando y algunas especies más que otras.
Para este mal no hay otro remedioque _el de recogtr el fruto luego que
e~y1eza á madurar, antes que la
pie se rasgue por el exceso de agua.
que las plantas absorven.
Algnnos de los tomates muy bue,
nos que se quieran guardar para.
semilla, etc., se pueden proteger ta•

.~

..

,n,

FIG, 4-TRAJlll DE REOEPCIÓN Ó GARDEN PARTY
PIG. f&gt;-TOILETTJll

pándolos con una caja ó con una esiera, pero, naturalmente no siempre se
puede hacer con todas las l'lantas.

FIG, !-SOMBRERO DUQUESA,

Muy lindo sombrero de paja tabaco,
mostrando delante un elegante nudo
Luis XV, de cinta de terciopelo negro.
A la izquierda touffe de rosas the,
rosa pálido y rubia claro con follajes y
botones apretados en un nudo de blonda antigua que se drapea- detrás y sobre el costado derecho.

La prensa y el divorcio.
Los periódicos franceses se ocupan
de la reconciliación de la célebre ac•
triz Mad. Réjane y su esposo Monsieur
Porel, director de un teatro de Paria.
Mad. Réjane entabló demanda. de di•
vorcio, y varios de los más ilustres cronistas de la px:ensa parisiense publicaron largos articulos para. convencer á
la gran actriz de lo inconveniente de
su petición.
Emmanuel Arene y Edmond Lepelletier han hecho una brillante campaña para lograr la reconciliación de 1os
esp_osos.
Varios diarios de Paria dicen que
en vista deque son pocos los conyuges
que se reconcilian fºr los consejos de
los tribunales y de excelente resultado alcanzado por los cronistas, la prensa debe interponer sus buenos oficios
cerca de los matrimonios mal avenidos para evitar el divorcio.
Pues ya es tarea.

FIG. 2,-TRAJE DE PASEO,

Es de muselina á rayas diagonales,
con gran aplicación bordada en la falda y en el cuerpo, formando en este
último, un semi- bolero muy gracioso,
prendido por un elegante lazo y que
se arre sobre un p1astrón triangular
ligeramente chifoneado. Cinturón de
raso negro, ¡,rendido con una hebilla
fantasia.
FIG, 3-CUERPO ÚLTIMA NOVEDAD,

Es de sar~a lle seda crema, con
adornos de CJnta bordada alternados
con pliesés ligeros en bandas paralelas.
Una gran corbata fantasía, estilo papillón, figurada y tres órdenes de ¡ockeys constituyen los adornos prmci•
pales de la prenda.
Cinturón de satin crema también con
elegante lazo á la izquierda y grandes
volastes ornad~s de blonda, en el remate de las mangas.

nos engañan.

•**

El dinero es la última palabra del
mundo civilizado; un puñado de oro tiene más probabilidades de alcanzar lo
que se desea que un puñado de verdades.

FIG. 4-TRAJE DE RECEPCIÓN Ó
GARDJllN PARTY,

•*•

FIG, 7-ClllSTO PARA ESCRITORIO

PARA PASEO

Nuestro&amp; Grabados.

No hablemos mal de nuestros enemi-

P. Dlll COLLADO,

Un poco de tiza pulverizada y unas gotas de amoniaco quitan fácilmente las manchas que los sedimentos del agua dejan en Jo3 -lavamanos de mármol

- ~~'¡

gos, porque son loa únicos que jamás

UNA RECETA.

FIG, 3-CUE~PO ÚLTIMA NOVEDAD

.

Jamás serán tan elocuentes en la
tribuna los hombres politicos de todas
las naciones, como lv es la madre de
familia en su casa.

FI.G 8-TRAJES DE CASJ\,

Es todo de crespón y piel de seda, la
cual forma una faldeta de fantasiaesti•
lo colombina con puntas que en su in•
tersección th nen elegantes lazos pren-

�160
EL MUNDO.

Domingo 21 de Agosto de 1889,

didos
de plata. Estos se repiten en el corpiño sobre las bandas de piel de eda que al
ternancon
conhebillas
el crespón
8
Elegantísimo
modelo
es
este
que
tiene
detalles
ñe
adorno
como
el
de
las
mangas,
de una suprema originalidad.

/?-T-,

~.7.;:,

.

&gt;•

_,,d,:' /

,;:~ .-t~- 0::.·

FIG.5,-TOILETTE PARA PASEO.

,,

Es un modAlo elegante de velo de parma, guarnecido de malinas y de pequeñas vueltas de satin
cielo.
Eetá compuesto de una falda con tablero, que proporciona el volante.
Este eetli coronado de uua blonda que asciende por
el corpiño de manera que simula un del,mtc&gt;ro abierto sobre un chaleco formado por una linea de botones.
El corpiño está hecho de una espalda tendida y de
delantero fruncido en el talle,
La parte superior del delantero se repliega para
formar dos vueltas que se recubren de satin incrustado de encaje.
Un pequeño empieza.miento de satln, forma una de
las aplicaciones más graciosas.

,

'Í.

:·/

i

L

MEXICO, AGOSTO

TOMO II

28

DE 1898

FIG 6-UN GRUPO DE MODELOS PARA ESTÍO,

Nanzuk, beng111ina, foulard y escocés de algodón:
he aqui los grandes compoaentes de los trajes que

F!G. 9 -FORRO DE SACHRIT,

forman el encantador grupo que ofrecemos. ·hoy á
nuestras lectoras.
Todos son de una factura tan sencilla c?mo ligera
y elegante y de colores medianamente vivos, tal cual
se estilan para trajes de esta estación.
Elijan nuestras lectoras, que hay de sobra dontle
elegí: en grupo tan harmonioso y lleno de novedad.
FIGURAS 7, 8 1 9 y 10,
Incluimos en este grupo una serie de labores para
damas, propias para los largos días del estlo, en el
que figuran verdaderos tours de coqu~teria y de gracia, y una colección de modelos para trajes de casa
de formas sencillas: delantales, un jacquet de dril, una
bata de escocé$ de algodón claro, una de sarga obscura y la espalda de la propia bata de escocé¡¡,
Hemos elegido los-modelos- más- en boga.

~ La educacion es un cepilJo que alisa los ángulo;;,
pero que no puede mejorar la madera
A HOUSAYE.

FIG, 6-UN GRUPO DB .MODEL• 8 PARA EL .ESTÍO

La incf'rtidumbre de la felfci-lad es más cruel que
la certidumbre de la desgracia.
Si todos nuestroR sueños se rei.lizaran, muv p10•1to
acaba.riamos de soñar.
•
No se duerme sin soñar sino cuando se. vive Ein esperanza.

Hay en la vida horas mortalmente tristf's en que ni
el amor puede darnos un recuerdo siquiera,
Todas nuestras alrgrias están hech-as d-e dolores
porque lo mejo,- que tienen es el deseo.
.
'
H.

ÜONSCIENS.lll,

En materia de moral, la moda es para el mundo el
más intolerante de los censores.
A.

FIG, 10- TAPICERIA PARA BILLAS,

SOR.lll.L,

Con el próximo número se
repartirá á los señores abonados de este periódico, la novela que como prin1a corresponde al mes de Agosto.

(2
~1'.

General

ek. (t arlos

Diez Gutiérrez,

Gobernador de San Luis Potosi.

+ el 21 de Agosto.

•

NUMERO 9

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>160
EL MUNDO.

Domingo 21 de Agosto de 1889,

didos
de plata. Estos se repiten en el corpiño sobre las bandas de piel de eda que al
ternancon
conhebillas
el crespón
8
Elegantísimo
modelo
es
este
que
tiene
detalles
ñe
adorno
como
el
de
las
mangas,
de una suprema originalidad.

/?-T-,

~.7.;:,

.

&gt;•

_,,d,:' /

,;:~ .-t~- 0::.·

FIG.5,-TOILETTE PARA PASEO.

,,

Es un modAlo elegante de velo de parma, guarnecido de malinas y de pequeñas vueltas de satin
cielo.
Eetá compuesto de una falda con tablero, que proporciona el volante.
Este eetli coronado de uua blonda que asciende por
el corpiño de manera que simula un del,mtc&gt;ro abierto sobre un chaleco formado por una linea de botones.
El corpiño está hecho de una espalda tendida y de
delantero fruncido en el talle,
La parte superior del delantero se repliega para
formar dos vueltas que se recubren de satin incrustado de encaje.
Un pequeño empieza.miento de satln, forma una de
las aplicaciones más graciosas.

,

'Í.

:·/

i

L

MEXICO, AGOSTO

TOMO II

28

DE 1898

FIG 6-UN GRUPO DE MODELOS PARA ESTÍO,

Nanzuk, beng111ina, foulard y escocés de algodón:
he aqui los grandes compoaentes de los trajes que

F!G. 9 -FORRO DE SACHRIT,

forman el encantador grupo que ofrecemos. ·hoy á
nuestras lectoras.
Todos son de una factura tan sencilla c?mo ligera
y elegante y de colores medianamente vivos, tal cual
se estilan para trajes de esta estación.
Elijan nuestras lectoras, que hay de sobra dontle
elegí: en grupo tan harmonioso y lleno de novedad.
FIGURAS 7, 8 1 9 y 10,
Incluimos en este grupo una serie de labores para
damas, propias para los largos días del estlo, en el
que figuran verdaderos tours de coqu~teria y de gracia, y una colección de modelos para trajes de casa
de formas sencillas: delantales, un jacquet de dril, una
bata de escocé$ de algodón claro, una de sarga obscura y la espalda de la propia bata de escocé¡¡,
Hemos elegido los-modelos- más- en boga.

~ La educacion es un cepilJo que alisa los ángulo;;,
pero que no puede mejorar la madera
A HOUSAYE.

FIG, 6-UN GRUPO DB .MODEL• 8 PARA EL .ESTÍO

La incf'rtidumbre de la felfci-lad es más cruel que
la certidumbre de la desgracia.
Si todos nuestroR sueños se rei.lizaran, muv p10•1to
acaba.riamos de soñar.
•
No se duerme sin soñar sino cuando se. vive Ein esperanza.

Hay en la vida horas mortalmente tristf's en que ni
el amor puede darnos un recuerdo siquiera,
Todas nuestras alrgrias están hech-as d-e dolores
porque lo mejo,- que tienen es el deseo.
.
'
H.

ÜONSCIENS.lll,

En materia de moral, la moda es para el mundo el
más intolerante de los censores.
A.

FIG, 10- TAPICERIA PARA BILLAS,

SOR.lll.L,

Con el próximo número se
repartirá á los señores abonados de este periódico, la novela que como prin1a corresponde al mes de Agosto.

(2
~1'.

General

ek. (t arlos

Diez Gutiérrez,

Gobernador de San Luis Potosi.

+ el 21 de Agosto.

•

NUMERO 9

�EL MUNDO

162

LASEMANA.
Tt·istes nuevas nos ha comunicado el telégrafo
esta semana. U na existencia más, consagrada
al bien social, se ha extinguido.
Don Carlo, Diez Gutiérrez, jefe del Estado de
San Luis y eminente figura del partido liberal,
fué en la entid&gt;1d que go.b croaba fiel y afortunado
representante de los aubelos de reconstitución social y de adelanto.
Luchó como soldado, y como hombre de administración siguió la ruta abierta A los destinos de
la Nación por su Jefe Supremo; dió nuevos impulsos á las aspiraciones de la época. y cimentación á las conquistns de la paz y el trabajo.
La gratitud popular lué elocuente en sus demostraciones, impregnúndolas con suaves perfumes de amor y piedacl. Veinticinco mil dolientes
siguieron el cortejo que conducía el cada.verá su
cripta bizantina del Saucito, y la honda emoción
ele! pueblo atestigu&gt;1ba que no eran aquellas las
,,ompas fúnebres decretadas por el duelo oficial
en honor de un gobernante, sino el homenaje justo
y expon té.neo que se tributa á un ciudadano grande y benemérito.

~

ol~idar sus ocupaciones más urgentes para seguir_ A,_nn grupo, A donde quiera que este grupo
se dtr1Ja, para silbar, gritar y apedrear siempre
que ha.ya una ocasión propicia .. . .
Un _cente_nar de operarios resuelve suspender sus
trabaJos mientras se decide esta 6 la otra cuestión do salarios, y se encaminan A las oficinas de
la empresa para zanjar la diterencia.
Un economista objetaría al movimiento de los
h?elguistas que por mucha razón que tengan, más
pi_erden que ganan, abandonando sus tare~s1 pu1:1s
aun en el caso de que el arreglo sea satif:fdctorio,
sobre ellos cae el déficit del tiempo que no trab•¡an.
Pero la gente que encuentran al paso, piensa
de otro modo, ó mejor dicho, no piensa: siente la
necesidad del alhoroto, y abandonada al instinto
de motinero latente, ullá Vll 1 empujada por impulsos irrefrenables, inconscientes.
Silb11r1 gritar mueras ó vivll~, arrojar piedras ..
Y ese es el ciudadano de una autrusta democracia;,e! eterno revoltoio que, á te~er voz política,
pedma una Constitución que aboliera la policía ..

~

Todos los quo por falta de una iniciación suficie?te en los misterios del reporterismo, leen con
senedad las notas escaod11lo.sas de los diarios
creen á estas horas que la sociedad mexicana es:
tA de~quiciándose, y que las virtudes femeninas
m!\s excelsas, el pudor y la sumi:üón, no existen
y a ó desn parecen violentamente.
Ahoguemos el pesimismo y fllera temores: el
peligro de las selloritas ráptoras no es tan inmi•
nente como se cree; la seguridat.1 personal del
sexo que suponiamos amen11zado, no sufrirá los
ataques gravísimos que tanto nos ht1bí1:1.n preocupado.
Por u~ exceso d~ celo profesional, los reporters, olvidaron decir que el último rapto anti-mús•
culi~o, tenía por ejecutante á las mismas protagomstas de anteriores fechorias. Dos, sólo dos,
so~ l~s sefioritas raptoras, y según mis noticias,
la ulttma empresa que acometieron salió fallida
. al vulor .y sangre fría de la ' víctima, dis-'
graci1ts
cretamente d esignada por iniciales y alo-unas
0
sefi.rts car,acteristas en los reportazgos.
No estamos en el caso de recurrir á medid1ts
extremas; para dos raptoras el remedio es defácil
aplicación1 aun suponiendo tan recalcitrantes á
las entusiastas feministas que no sean con ellas
eficaces los recursos de un tratumienso domé3tico.
Aunque no sea sino por honor del s~xo emprend.edor y aventur ero, consigno con jú.bilo que no son
siempre ellas las que recluman la iniciativa de
la a ventura: la que corrieron dos colegrnlitas
escapadas con un joven imberbe 1 supone en éste
facultades excepcionales que restablecen el equilibrio social.
Para un raptor hay cárceles; pero ¿qué castigo
merece el hombre que se deja raptar?

En materia de convencionalismos estamos como
el primer día. peor aú.n¡ porque al fin ltts tribus
merodeadoras de los tiempos prehistóricos nos
avent!ljaban en la superioridad de una virmd
que hemos perdido 1 ó poco menos 1 -la sinceridad.
Tt'.nian, como nosotros, el culto de los héroes,
aceptndo; pero eran héroes inmediatos 1 parientes
ó be~nefactores directos de los ofrniantes¡ adorábanlos en recuerdo, en efigie 1 en su túm ulo y á
veces en su mismo hogar tmtre las reliquias de
~u v ida1 que acá para inte r nos, no era siempre
de lo mAs ejemplar.
Así iban las cosas, hastl que cambiando los
tiempos, nuevos vínculos de rttZ&amp; y otro medio
físico, hacían A un l11do loe primitivos semi•
d.ioses1 suplantAndolos ou·os de factura más moder'tHl. y· proezas más relacionadas con las condiciones existentes.
Ese es el mundo y no .queremos creerlo·' nos
empefiamos en clavar sóhdameate sentimientos
qne pasan, atribuyéndoles una perpetuidad imvosible.
.
No estoy rellido con el culto de los hombres
extrao~d.inarios. Culto he dicho y tentado estoy
de rccuhcar I porque el culto supone una creencia
y un amor: creencia bien difícil en tiempos de libre examen y 1:1.~or muy &lt;lébil si se re¡,arte á
prorrata entre los grandes paladines de la humanidad.
Cuda hombre tiene su capilla y en ella los ídolos que adorai pero la vehemencia de este celo
religioso está en razón in versa de la distancia y
directa de la semejanztt moral.
De cien mexicanos, creo que noventa y nueve
nueve décimos 1 se interesan más por el mitic~
Homero que por el auténtico y ~utóctono NetzaDeslizase el raudal de los delitos más violenbualcoyotl puesto al alcance de los menos po!í• tos á nuestra vista, sin que sean parte á sorprenglotas por el Sr. D. Joaquin Pesado.
dernos y a ni su número ni la atrocidad que los
¿Y diré sin que se ofendan los hiprresté.ücos particuhtriza.
que S.M. Cuauhtemoc, celebrado anualmente en
l!n l~ombre, un lépero cualquiera, insulta Auna
clásico nahuatl por dos ó tres filólogos no enar- muJer Joven y bella cuyo hermano reclamaexcudece.tanto como fuera de desearse nuestro ya s~s por la ofens::.; y cuando vuelve la espalda,
caldeado civismo?
disgustado del soez galanteador, siente un golpe
. Y~ admiro, como todos en esta tierra, la egre- brutal y cae asesinado.
gia f1g~r~ del guerrero azteca; pero desearía que
_Y_ este.hombre dominado por instintos que holo adnuraramos en espafl.ol, aunque esto sea me- rripilan uá ante un jurado 1 Sd debatirá. el hecho
nos aparatoso y académico .
prolijamente, con argucias sutiles por parte de la
_O 111 me~os,-_y-a que_ el idioma nacional y co- detensa, y los sen.ores jurados, olvidando el senr~1e11te se Juzga 1mprop10 de la majestuosa solem- timiento de la solidaridad social perdonarAn acamdad,-¿por qué no se reparte entre los asisten- so una vida que sólo pueden co~servar la piedad
tes traduc~iones .de los discursos, para que cada extraviada y las precupaciones de una filimtrouno, ol mismo tiempo que se deleita cvn la mu- pia tau incomprensible como peligrosu.
s_ical peroración mexica, pueda ir leyendo en su
ilbreto Jo que dice el sibilino orador?
Sé de alguien que se propone poner A la venta,
Y en _tanto que los sen.ores asesinos riegan con
anu~lmente con toda oportunidad, libretos para sangre mocente las calles de la Capital, llegan de
los Estados remotos, narraciones de increib1es
la fiesta de Cuauhtemoc.
perversidades. El siglo acaba y aún se perpetüa
la fisonomía del bárbRro encomendero en Jos
¿Qué es una huelga?No cabe ciertamente en la amos y los capataces de las haciendas. El indio
ri.gidez de una definición doctrinal la ruidosa y ba sido sustituido por el enganchado, A quien con
pmtoresca multitud que inundó la Avenida Juá- aman.os y promesas se arranca de su tierra y en
otra lejana, inhospitalaria y cruel, si:, le esclarez el martes Ultimo.
Menos aún podía decir lo que es un huelguista. viza, se le apalea y se 16 mata de hambre. Ni las
Un huelguista es .... todo el mundo, en México· mujeres escapan de la ferocidad de los explotaes decir, los incontables callejeros que se halla~ dores del hombre-acémila de ~uestros campos.
Y nuestras leyes humanitarias son impotentes
siempre dispuestos A desviarse de su camino, á

~

,..,

,..,

Domingo 28 de Agosto do 1891!
y la acción protector. de Jos gobiernos 110 llega
A donde imploran su justa int~rvención los miserables y los desamparados.
No hay rigores que valgan contra el malhechor
que esconde sus crímenes en los abruptos picos de
la montana., guarida legendaria en donde anidan,
ausentes de la civilización, supervivencias de un
pasado ensombrecido por todas las barbaries de
la colonia brutal. .. .
Dick.

l)olitica ©tntral.
RESIJllEY,-El protocolo de la paz,-La crisis espafto•
la.-Convocatorla de las Cortes.-El Ministerio Sagasta ante ta representación nacional,

Aceptadas por Espalla las bases de la paz en
protuco:o firmado por ?ti. Cambon en representación del gobieruo responsable de la monarquía
espa~ola, prepAranse en Wáshington y en Ma·
drid A dRr touas las instrucciones necesarias á
los comisionados que han de arreglar la m anera
de cumplír r.on alguna de las prescripciones sefl.aladas en el mismo protocolo. Por una y otra
parte se han nombrado ya los miembros que deben constituir el comité internacional, que determine puntualmente de qué modo se han de r etirar y en qué tiempo, las tropas que gua r necen
Cuba y Puerto Rico; de qué modo las g uarniciones de las principales plazas en las Antillas han
de abandonar sus puestos en dondt, hicieron guar dia duranle toda la guerra de insurrección, y donde permanecier on con el arma ni brazo esper an ·
do las fuerzas invasoras. OcUpanse ya también
los gobiernos espafiol y americano 1 en buscar ltts
rersonas distinguidas A quienes se confiará. la alta misión de concluir el trntado difinitivo de paz,
á quienes corresponde principalme11te, determinar la cuestión filipinll 1 en donde aparece más de
un punto obscuro 1 á causa de acontecimientos
supervinientes después de firmado el protocolo.
No babia recibido el jete americano que dirigía el
sitio de Manila,ni podía h•ber llegado á su conocimiento en tiempo oportuno la suspensión de hostilidades,cuaudo lanzó las fuerzas combinadas de mar
y tierra sobre la capital del Archipiélago filipino
en dont..le por mús de tres meses, falto de auxi i JB
y en situación desesperada, se había sostenido el
General Augusti.Comenzó el bombardeo por la eicuadra de Dewey sobre las fortificaciones de la
ciudad nmurallada; cuando callaron los caflones
de las fortalezlls, lnnzáronse al asalto los regimientos del Gral. Merrit, y aquella guarmción
l1eroicn que había resistido por tanto tiempo, sola y desamparada1 sin tener recursos, sin esperar auxilios, tuvo que sucumbir á fuerzas superiores. Una capitulación honrosa para el Gener al
JAudenes lué el re,ultado del as•lto, y desde el
di• 13 de Agosto ondea sobre la capital del Arcl1ipiétago el pabellón de lt1.s estrellas.
Ap11.rte de este hecho de armas que pene á los
invasores en posesión de una plaza tan importante, Dewey hab.ia iniciado movimientos agresivos contra lt1s costas vecinas, enviimdo sus cruceros A Ilo llo y A Panay, para capturar los
calloneros espalloles que allí se habían r elngiado y para someter, si era posibie, la prov incia
de las Visaya. Aunque se h• restablecido la comunicación directa con Manila por la vía de
Hong-Kong 1 no ije tienen noticias ni en Washington ni en Madrid, del resultado de esas expedí,
ciones; y si es cierto que oportunamente secomunicaron las órdenes para la suspensión de hostilidades, los buquts americanos, en alta mar y
faltos de comunicacion~s, 110 hnn podido r ecibir
contra órdenes y habrán seguido adelante su misión ofensivo. sobre lns plazus del litoral.

*
••

Entre tanto, cediendo A los clamores de la prensa, acatando sumiso los preceptos de la constitu•
ción 1 y queriendo quizá depurar su conducta y librarse de toda resp9nsab1.1dad en la crisis actual
en que ha habido que sacrificar en medio de an~
gustias terribles una parte del territo rio1 que
ceder s.l enemigo la isla de Puerto Rico, siempre
fiel á la tradición monárquica, que abandonar
toda soberanía sobre la is'.a de Cuba, y que exponerse acaso A una pérdida considerable en el rico
archipiélago, descubierto por Magallanes y conqmstado por Legazp1, en aquellos tiempos en que
el pendón victorioso de Castilla se paseaba altanero por los mares conocidos y buscaba los des-

O,

11 1 '\

&lt;:onocidos para extender el peder de aquel manare~ que .P?do exclamar: :•el sol no se pone
en mis domm1os, 11 ha convemdo el ministerio S.1...gasta en llat~ar A la rep_resentación nacional para.
que ella dectda los destmos de la patria, antes que
sea un hecho el tratado de paz.
Acaba de expedirse por la Reina Regente el
&lt;lecreto que convoca á las Cortes espaftolas para
que reauuden sus labores en el actual periodo de
prueba por que atraviesa la monarquía, por proJlios y por extrallos combatida.
Awenazado por dentro con los rugidos del carl ismo, que desde las abruptas montttftas navarras
trata de lanzs.rse sobre los campos de Cttstilla·
amagado por las huestes del Pre:endiente qu¿
aspira á, enarbolar su bandera i:iangrienttt ag'itar
la tea de la discordia y entrar á saugre luego
y asentars.~, aunque sea sobre ruinas, entre l11s
]lamas roJtZas de ]a guerra civil, en el trono
.ambicjonndo; agitado por las dispersas fuerzas
r epublicanas que aspiran también, aunque sin tener elementos suficientes á derribar la dinastía·
-compelido en el exterior, por meLlio de la ruerz;
abrumadora, á aceptar las bases de una paz doloTosa, por la que A falt&gt;1 de indemnizaeión pecuniar ia de guerrR. se la exigen sacrificios de territorio á los que difícilmente se resignará el pueblo:
-el gobierno de E;p1t:lia que prelitle el Sr. Sagasta
y_ q ue por tanto tiempo ba sostenido bajo su propia responsabthdad moral todas las dilicultades
de la c,1mpafl.a, to&lt;los los trabajos de la or1ranización de los ejércitos de mar y tierra en u;a lucha tan poco espernda, llama A los elegidos del
pueblo para representarlo en las Cortes, á fin de
compar ti r con ellos las dificultades de la situa-eión, acud~ á la re~r~sentución nacional después
&lt;le haber 01do la op1món de los jales de partido
de los caudillos y coriteos, esperando de ello, el
.ap oyo moral y material de que tirnto h&gt;1. necesitado en la tremenda crisis.
No todos h&gt;1n respondido al llamamiento pa·
triótico que-les hiciera el Presidente del Consejo.
Alg uien ha habido como el General Weyler, que
á pretexto de un catarro se hu excusado de concurrir, y sin poderlo remediar nos recuerda A la
zorra de la fabula. Ocros, como el jete de la minoría republicana1 han rechazado toda participa-eion en el asunto, rehuído toda responsabilid11d
y remitido su opinión para ante las Cortes reuni:
d_as. Algunos, e.o fin, se han declarado partida11·1os r esueltos de la guerra á todo trance de la
lucha.sin cuartel, del sacrificio del país h~:Jta el
sui cidio, con tal de no aceptar lo que llaman una
tr ansacción vergonzosa con el enemigo.
No todos se han mo·s trado tan implacables con
el gabinete liberal. Los correligionarios están listos para la lucha, y cualesquiera que sean sus as•
piraciones, se disponen á seguir en apretadas tilas al lado de su jefe. El General Martioez Campos se ha cobcado decididamente dellado de los
que_sostien~n la conveniencia de defender, por
ser 1rrem~dtable, la solución que Sagasta ha dado _A la cr1s1s actual. Silvela, representante de la
um~n conse~vadora, la ha aceptado también, prometiendo, sm embargo, levantar la voz en nombre de su partido, cuando llegue la hora de exig ir r esponsabilidades A los que han traído al
pais á este tr!ste doloroso extremo. Los más, en
-~eneral, ~e . ha°: 19:vado las manos, dejando al
¡efe del mm1ster10 hberal la respocsabilidad tremenda de sus actos. ¡Cuánta política en los momentos actuale~, en que el pa.is, lo único que cxi.ge, es a bn_e gación y patriotismo, guiados por el
buen sent,dol ¡A. qué pruebas tan rudas ha dehi•
&lt;lo sujetarse el esforzado campeón de ih Espaila
liberal!

y

•
••

163

1:LMTJNDO

p =B l~ Agosto de 1898.

Casi simultAneamente se reunirán enla Ilabana
Y en S~n:Juan de Puerto Rico, las comisiones para
la r etirada del ejército, se abriran las Cortes
-del reino para resolver la crisis conforme á las
pr evisiones y promesas del Gobierno y se celebrarán en París las sesiones de los representantes de Espolia y Estados Unidos, para formular
en definitiva el tratado de paz. ¿Prevalecerí,
e~ esa luch;\ parlamentaria la disciplina que
rige~ los partidos militantes, y se dejarán guiar
los d1 potados y los senadores por las promesas
que at.gún jete ha hecho al sellar Sagasta?
Los grrtos de angustia y de dolor que salen de
las tilas del pueblu, los clamores de pena, los
ayes desgarradores de las madres y de los huérfanos que han visto á los pednzos de su corazón
destrozados por la guerra ¿no encenderán los pe-

chos de patriotismo, exigiendo de modo fiero res•
ponsabilid&gt;1des A los mini,tros y A los jefes milita:es que han tomado parte en la lucha? ¿PredommarA en esa conflagtación de intereses en esa
e.xplosión de patriotismo, el sentimiento
fidehdad por la dinastía reinante, de obediencia A las
inslituciones actuales, de disciplina A las exigencias de partido, sobre los deseos de venganza
sobre la fiebre de represalias que enardece algu'.
nos corazones y los lleva ht1sta rechazar todo avenimiento, y los empuj.._ á querer untl lucl.ia sin
tregu~? ¿Encontrar• el Sr. Sagasta el apoyo que
necesita para que prevalezca la resignación á
que él ha llegado? ¿Pvdrá convencerse el país,
cuando las Cc,rtes aprueben el decreto de indem•
nidad sancionando lt1s determinaciones del Ministerio liberal, de que por encimi rie todas las
aspiraciones están los ft1.llos inexorables de la
necesidad?
9uién sabe! Pero serA interesante ver y segmr P•~•. á paso las fases por las que ha de pasar fa. cr1s1s espafl.ola, discutida simultáneamente
en _el seno d~ las Cámarns colegisladoras en la
captt~l del :emo y pesada tttmbién y juzgada
al ~1smo tiempo por los comisionados que en
P,m, han de acorda~ el tratadodelinitivo de paz.

de

X.X.X.
25 de Agosto de 1898.

BELLAS ARTES
Una Exposición en perspeclirn

homogénea, componentes todas de lo que puede lhl.·
m"rse arte nacioual y propio.
El arte hispano, ea su ira.splantaclón á est11 Amérl•
ca nuestra, uo sufrió modific&amp;ción alguna, y fué cultivado con suma aegltgenci&amp; aguend~ los mares por
que-entre otras cauui:1 de menor peso-no llegó á
sentlr11ele btteta.ntemisnte. Lo que no podia ser de o&amp;ro
modo, dado que el arte es reisultado de muchos é ine•
l~dibles factort,s iudependientiss de la vol notad indivu1~a1, y nunca pueds St,r ni expontáneo ni arbitnr10
La Religión y el Rey amamantaban al arte por aquel
entonces y _t,Hos aie eucargaron de sosienerle en ebtas
nuev~s r .. g10nes. Mad, ya t1e&amp; porque los españoles de
A 1n.é:1"ica fo.eran ho_wb.res más dados al aeaparamlenio
¡e riquezas pecuu.1ar1as 4.ue A las cristalizaciones de
8: Beue.t.a y en consecuencia fueran poco artistas, ó
bien que édtos con j L11tlsima razón but1caran y encon•
traran en la Metrópoli mayores glorias para sus t&amp;•
lentos¡ eis e! caso que hl.s obrita d~ arts que nos leg11.rott, m son tamas ui t&amp;n bllenas, como suele pret"'nderlo un mal fundado orgullo n&amp;Bional (t).
Una vez alc1mzadit. nuedtra em,rnc1p1tc1ón politica
todaM,n0:estr1ts energhu nacionales cuucrttArouse i
cousttiuLr la !'airta cunquistada, y el cultivo del Arte
entt·e nosotros sólo tuyo vergonzi,.ntes rel!impagueos
pu~s lll ~spada .embargó lai; manos aptas para empu:
llar buriles y pinceles y la. épica glorü, di, los justos
combates, mouopo izó tas caricias ue todas Dllessras
frentes al tai;.
Muy poco t.iempo hace que la pRZ nos 11briga, y lu
mano~ guerrerais 4 ue tlm g1Dgutarmeote hau sabido
maneJu.r ~¡ arado y el martillo hálhms.e torpes para
el trat~m1ento de l1t. arcilla. p!Adtlca.¡ los elegidos del
A;rte siéntense sobre un fali;u terrt,nO y ghnen au-o.
b1udos por la Jlbsoluta imposibilidad de satista.~er
¡,or m~do _inmediato suó altos anhelos y su noble
1mpac1enc1a
J!;s put:s t;id~P? de que la lucha. empiece y opo'rtuna
es la dlspos1c1oa. de uuestro gobierno que motiva
estas line:-s, p11es ademát1 de estimular grandemente
las energ1as ~n acción, ella nos permitirá. juzgar del
estado eu que se eacuisnt ..an las artes plásttcas ea Méxlco1 la cual coustancia servirá de punto de partida
pua los f1uuros esfuerzos que é. ella h~yan de den.icarse.
No vamoo ya ea pos de un arte nacional¡ somos un
pueblo absolutameie nuevo, y estamos obligados á
rncorporarnos á las tendencias anisticas de los pueblos mh avanza.dos en la materia.
No nos falta edplntu artbtico; si la obra !::.a sido exig.ua, por obo;ácutos-dt,l módw, no asi Jo.:t esf-u~rzos
~1sl1t~os y ~astantes para d~mostrar que ese espiritu
art.is&amp;1co existe enire uoRotros: aun htimos tenido en
la époc1:1 nu6va personalidades artisticas clara.men,e
&lt;lis.termina.das, como Villanueva y Gutiérrez Nájera.
(Cito sólo mut,rtoP, porque la suscepubilidad suele
enmudecer ante la tuuene).
. Podemos, puea, eeperar mucho de los tiempos ve•
mderos.

Tene'D_os en psrspectiv&amp; y muy próxim&amp; ya una
exposicion de aries pl&amp;siicas en la Eicusla N. d6 Be}lai¡ Artes, rrganizada por nuet1tro Gobierno para fomento del gu6tO a.rtit1tico y para estimulo de los que
al nuble cu.mvo dd nrie se dedican.
P~~ mát1 que será.o humildes los frutos que tal ex•
J?On1c1óu produz.ctt, en razón de que estaruos mu.y le•
JOB de iser un pa1t1 productor en acoaques de arte ella
mer~ce tod,ll nuestra attmcióa puessu que cooAti'u1 ye
un..ac~utecunhmto artístico e'n ouestru medio, H.COil•
tt,.,1m1euto que puede ser de muy benéfica n:tscea•
denc11t. 1 hoy- que al amparo de unit paz de que por
1lleugos anos carecimo11, hemo:3 entri:tdo en una era
propicia al florecimiento del arte, que nos proporciouara elevados y nobflitlimos goces, por nuestra crsc1ente cultura reclamados cou urgeucia
•
El Art~, el cultivo de lo bello, ed en efecto una nec~sidad p;1.ra los pueblos. puesto que las inteligenTropiézase con un ob3tá.culo que halná de exigir
c~,,s hnn menester, lo mismo q11s los ebtómagod de m11.yor~ d.-11velos para el t:i11nfu: la m!l.yorla de uuisscierta dosiis d~ alimentos dulce~; pero es uaM nec'esl· tra sociedad carece de educación artlstica.
dnd secundnr1a, só1~ atendible de parte d~ los GobierEs fácilme.nt_e.comprensible la. trasctmdeacia que
nos, Cllando las terrtbles criepacloues polfticas ceden par1t el def11nt1vo progreso de nuestro arte tiene tal
el c~mP&lt;? _A la proflcua quiet11d q11e consigo trae la hecho.
reahzacion de_ los idea1e\ y la efectuadit conquista
.P11_ra el desarrollo material de la tarea artistica¡ es
de ;os pnmord1ales derechos de la exlsteocia.
pr~c1so que édt&amp; tenga demanda,. y la sociedad es
r.::I. Arte, pa.ru los pueblos, es unil m,cceida.d de per- qmen la consume¡. ahora bien,. por Jas miemas eepe·
feccionanuento, no de constitución, y por encte, C1ebe c~&amp;~eg..circuutita.&amp;Wl&amp;S que he a.puntado ya y que pre11er pospuet1tt1. á todas 11:Ls di, esta últimit índole.
s1d1eron á ~uecstra conslitución l:lOcial, obltgáudouos,
Pero ~011. vez q11e el edificio está. cuncluido órnalo "t"D asuntos 1Dtelectuales, é. "ntrar de i;Úbito en la órel a~qu1tecto con delicados relieves que mé.s á. la. per- btta de adelanto de los pueblos mAs cultos dase ec.
fecc1on _le a.cerquen, v no de otra s11erte proceden Mé~tco el singul~r caso de q11e puede ha.b~r eximios
los Gobiernos al tender un pliegue de su manto pro- art1t1ta~ en me~10 de un_a 11oc1edad artlilticamente
tector sobre las f!lªDitestacioues de l1t Bellez11. tan analfaoeta, pudiendo ~eallz&amp;rse asi positivamente el
l~~go como han c1m~ntado lo indispensable. E~ Mé· en otras ~ll.rt;es paradog.co fenómeno de losgeniosno
xtco ha habido repetidas veces ~x.pusictones de pin- cmn,prendid_os. La. adivrnación in11tintiva de tal estli.·
tura y de escultura, y si bieu es cierto que en ellas do patológico de nuestro medio artiatico trae consihemos "."isto ob~as de mérito, eotas han sido muy po• go el lamentable efecto de servir de con~ol1:1.dora hincas. y nmguna verdaderamente notable
chazdn é. much~s insufribles nulidades.
Tal conuancia no debe desanimarnos· porque está
.Para normahzar nueistra pr1.1ducción artfstica es
dentro ~e las invariables leyes de la so~ioloD" 1a y no menet-ter esperar que en nuestra 1wcied1td surja y
acusa, m mucho_ menos. impotencia 11.rtlstlca de 'ta ra- prospere la 6ducacióo arUstica y á este f10 deben teuztt El arte nacional, nuestro verdadero arte nacio- der 1011 primeros esfuerzos de los ami..ntes del arte
nal, murió á los golpes de las tizonas conquistadoras
La exposición ~e la Escuela de Bella~ Artes será {in
que apénas nos dejaron las indispensable~ ruinas pa• paso en_ese senttdo pero es preciso que se la haga
1
ra _as~ctar hoy con fundamento y prueba, que aquél una rac1or,.al. propaganda.
e~1~t1ó Y. muy; delanta.do. Trajéroauos los iberos su
Con tal obJet;O creo ser oportuno iniciando en estas
c1v11izac1ón europea y destruyeron la autóctona para colnmnas una ~eris de a_rti~ulos que preparen al púimplantttr la suya; desdeñaron por completo los ele- bllco á 1~ ~eJor aprec1ac•ón de los trabajod que en
mento~ aprovecbn bles de aquella, como despreciaron es&amp; expos1c1ón se pres en tea, narrando brevemente
Y en$'nllaron la raza aborigen, y diéronse á crear un las diferentes etapas de dissttrrollo de las arted pl&amp;smedio ~nevo para una r~z11. nueva. ¿Para unH. raza ttcas! estudiando someramente las obue maestras
nueva?, ... No, ésta, b cr10Jla, no h1. presintieron los que ellas h.,. a producido en todos loe tt~mpos y tmu•
iberos, y á ello se debe que tan duramente trataran á merando las poquisimas de mérito que nuestro p!!:ia
la r/\za conquistttda, impeliéndola bacía el mb com- posee.
pleto retroci:,so y borrando á cañonazos toda huella
¡Ojalá que el.p~blico, conociendo á grandes rasgos
de su1;1. esfue.rzo~ ascendentes; á ello se debe .. .. ¿por los vastos dom1n10, del arte, sepa aprt:cinr sus rtoraqué no dec1rlot .... que el transcurso de cuatro si- cin?es por si mismo., sin deja.rae sugaetrnnar por ponglos haya bastado para que todas ltts colonias 11meri• tlfices absolutistas 11i por impecables tticnü;ns.
canas se desprendiesen de España muy naturalmenPorqua si el Arte es uno. mültiples sou en cambio
te, como la fruta madura del árbol
sn.s manifestaciones y procedimientos, y en él no hay
Al sentar sus reales en estas tierras nmericanas mls dios que el Arte mismo.
los espttfi~les e_ntendieron colonizarlas por ellos mis~
ÜSCAR HEez.
mos, previo aniquilamiento de la u.za autóctona 1 de
suerte que en el tram1curso de los tiempos ftlerna las
n_uev~s poseaiones no colooiae proplamem;e dichas
srno tu,rras de absoluto dominio ibero y exclusiva~
mente_pobladas por iberos No obstante la agonla
aue, s1emp~e _creciep.~e. fué desde l11ego patrimonio
e_ La raza md1a, surgió la raza nueva, la cruzada la
Con el presente número repartimos el primer
crioll~ q~e es la nuestra; muy diferente dela iber~y
de la 10d1a1 con singular amalgama de elementos de volumen de la preciosa novela de Al!Jnso Dauam~ 1s, un tanto bib_rida y en. consecuencia sin persou:thsmo marcado 1 m tendencia genuina, ni tradición det, titulada: CABEZA DE FAMILIA.

••

A nuestros suscritores.

�EL MlTNDO

Domingo 28 de Agosto .de 1898.

J)ominfo 28 de Agosto de 1898.

EL MUNDO.

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i!a guerra }iispanc-americana.-Una ba~aera ae parlamento.

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Domingo 28 de Agosto ile l"'!l~

EL MUNDO

166

-=º=º=m.,.tn2 g5:o=2=8===d=e==A=e=º=P=to====d==11=lR9R==================E;:;;L;;;,;MUND~~º~========================l67_
Notas y m\mero

Diámetro.

&lt;1e orden.

CURIOSIDADES CIENTIFICAS

lm.,50
lm,25
lm.,20
lm_,15
lm.,05
0m..98
0m.,92
0m·,87
9 ºº········· ····· ··· 0m.,82
10 Do sostenido ..... . 0m,,77
11 Re ............... . 0m,75
1 Do ... . ...•.... .. .
2 Re ................ .
3 Mi............ .. l ..
4 Fa............. ... .
5 Sol. ... . .......... .
6 La......... . ........ .
7 La sostenida...... .
8 Si.,. :-............... .

Un nuevo alumbrado de luz eléctrica
LA. LlJZ FRIA. ES EL DESIDER..l.TlJ.M
TEORIA,

La luz artificial dPbe acPrci1rse cuanto· sea J'OSible
como est:1 última. conv1.-ne que 8t1a
difusa y que se reparta un1formPmente en 111 medio
que ilumina sin conce11trar.e "º 11n pequeño foco. Por
otra partl', toda la energla obsorbirla po, el aparaw
luminoso, debe convertir~e en luz y no en calor.
La lámpara incandesc~nt' no lle.na estas condici_o•
nes: su luz ee muy concPntrada, produce calor en demaeia y en proporción á la l'Dergia que ab$Orbt1, la
fuerza luminosa es insignificante.

a la luz del día:

*
**
La revista de "Las grandes fábricas-" ha publicatlo
un estudio completo del nuevo sistema de alu,ubrado
que intentamos dará conocer someramentti á nuet1 ·
tros lectores.
Conocidos son los tubos Gehsler. Son tubos de vidrio que contienen en su interior gases enrarecido~
atravesados por una corriPntt1 de do~ eléctrodo sunidos á los extremos de una bobina de Rub.mkórff.
Al establecerse la corriPnte los ga~es encerrados
•en el tubo be hacen luminieentes, y la luz. que produce
es fria.
La transformación de la enPTgiaeléctricaen fuerza
luminosa efectúase dfrectam•nte, sin intervemión de
calo1· ni de cuerpos incandeceutes y en t~I. virtud PI
rendi:,,iento del aparato es muy considerable. Porotr11,
parte, la luz se produce en toda la extensión del tubo,
de modo qu~ cambiando la forma y dimensiones de
es.te último, ~e puede hacer que varíe la superficie lummosa.

***

'

***

•

1.- l. APARATO I2'{TERRUJlTOR. 2.

DISPOSICIÓN GENERAL.

APLICACIÓN PRÁCTICA,

Hasta últimas fechaP, los tubos GeisPeler no hablen
tenido aplicacionPe práctricas porque la luz que eoii·
tian era muy débil y todos los esfuerzos empleados
en darles una intensidad suficiente habian sido inÚ•
tiles.
-Hace algunos años M. Tesla. con el auxilio d11 corrientes de gran intensidad y extrao!'dinaria frecuf'n•
cia logró comunicar una alta potencia luminira
á lÓs tubos de gas enrar1•cido; pero su método exigía aparatos muy voluminosos y compllcados, y en
consecuencia era costosísimo.
Un electrit'.~sta americano. Mr. Moore, llegó á obte•
ner U\J excelente me-lío d~ alumbrado de e11tos tubos,
valiéndose de 11paratos sumamente sencillos. Para
comprender el m11canismo'y f'fectos de tales aparatos,
ei, necesario previamente indicar eómo se produce la
luz en los tubos (}eissler.
·

1

FIG.

Empleue ordinariamente con eFte fin una bobina
Rub.mkorff con un interruptor automático de resorte:
la intensidad de la luz está en función de la potencia
de la corriente primad&amp;, del número de vu·eltas de 111
espiral secundaria, de la frecuencia de oscilaciones
del interruptor y sobre.todo dt, 18 rapidez con que se
efectúe la interrupción da la corri,mte en cada periodo de oscilacióu del interruptor. A medida que es
más violenta la int11rrupción es más viva la luz; ahora bien, mientras más corta es la cb.isp11 en.t re las corrientes del interruptor, más rápida es lainterrupción.
Si pues laf chispas se producen en el vacío, basta para
la mterrum~ción completa de la corden\eunadistancia insignificante entre los contactoe, un tiempo mínimo por cons,·cueucia.
•

Mr Moore realiza Asta t&gt;o11ilición por medio d., un
aparato repr1111Pntado Pn la figura número l. Es un
interruptor ordin~rio de rP.sorte, colocarlo dentro d11
un tubito de vidrio, cerrado en sus PXtremos, y en PI
que SP lleva el vaclo al último grado poRible. El número 2 indica la disposición rlel 011evo interruptor en
presencia de un pt&gt;queño electro imán que prodnM
l1111 oscilacione~. Al ligarsfl las f'xtrProiriades de • rollo del imán con 1011 do&amp; eléctrodoR del tubo, este último emite una hlz blanca muy brillanre
El interruptor quP. oscil!J, en el vllclo con11tituye el
elemento esencial del aparato de Moore. Para que
responda po!' completo á RU fin debe conQtruir•e con
escrupulosa preci1,ión. Tienf'n gran influencia la
longitud y el espei or del rf'sorte, y al mismo tiempo
es prPcieo que el electro-imán se escoja con sumo
cuidado.
Han sido construidos otro11 interruptores más complicados, como se ve en el número 3 Estas dos figuIas muestran que se pued11 unir los tubos no ~ólo con
las extremidades del rollo del imáo, sino también con
las extremidades de la armarlura del interruptor. obte01éudose el mismo resultado (núm. 2) Por último,
si uu eléctrorio &lt;le! vibrador ee li~a 4 una tlA lás Pxtre•
midadPs de un hilo' conductor soldado en el interior del
·tubo, llénase é~t" de una luz blanca y lechosa. Puédensf' emplear con este fin los ¡rlobos ordinarios de
laM lámpa~as in&lt;'andesr.Pntes f\Fta es otra aplicación
del apar11tv· de Moore (figura 2)

***

Los tubo" emplt&gt;ados en el alumbra.do no tienen
eléctrodos intniores evitándose asi la. e~tratificacion
propia de !01&lt; tuboM Geissler y aumentándo su resistencia y su duración.

3.

OTROS ARRBlGLOS

4.

INTERRUPTOR OSCILA~TE

Los condnctorPs se enrollan en los extrf&gt;mos lle los
tubos cubriéndoles pr1wiamente &lt;le goma laca mezclada' con polvo de aluminio. Mr Moore ha empleado,
p'lra el alumbrado di' locales amplios tubos de dot1
metros 30 centimetroij de longitud por 44 milimf'tros
rle diámetro. Absorben la misma energfa que una.
lámp1tn fn('andescP.nte de 16 b11gías es d11cir. cu,ll•
renta watts aproxima mente. No se han h&lt;'cho auo
con torlll precMón medidas fotométricas porque et1
muy díficrl comparar la. luz de un11 bug'ia ó de u~a,
Jámp1tra incancescente con la luz del tubo, tan d I!·
tinta por su calor y 11u carácter propio.

*

**
Según laR ú'timas noticias Mr. Moore organizó f'n

New York el met1 de Julit, último una Ei,p0Hic.ió11 d..,
su sistPma en un local de diez metros de lar¡ro por .J
de anchur,. La luz se produjo por _m edio df' si~te t11bos y el alumbrndo era tal qu" podía leerse fácilm11n•
te á favor de él haciéndose Cotografias mediante tX·
posiciones de 30 segundos.
El interruntor oscilan.te 11e su11tituyA pnr uno rotat:vo (figura 1 número 4) que produce f.0.000 iuterrup•
clones.

EL CAMPANARIO
DE

S. GERMAN L'AUXERllOIS.
Desde hace '8lgunos años vuelven los campana.riosá merecer tl favor púbilco. Sabido es q,ue m11chas
ciudades de Bélgica y del Norte de Franda tieneo
en sus campanarios verdadera11 '!rq11est11R de campa•
na¡¡ que datan de los siglos XVII y XVIII Por incuria no pocas de esas mlltavillas se fueron aeti&gt;rierando, quedando en 110 estado deplorable hasta. qnA t-1
abate Van Wooreubecek, benefactor de Santa ·GArtrudis de Lovaina inició una obra de rt-snauracióu
general en Diest,. en O;;tende, Oudenarde, Rouders, etc.
El mismo celo se manifestó también en Francia,con
esta. diforencia, que siendo laicas las municipalidad1::s
de este pals, la al.l~oridad eclesiástica ha erogado todos los ga11tos de instalación ó restauraclon de loo
campanarios, como se ha. visto en Dax, Pontmaiu,
Cambrai y Valenciennes. Una excepción á esta rtt•
gla es la municipalidad de Pari~ la cual votó los fo11 •
dl)s necesario;; para. la. restauración del campanari-&gt;•
de San ~erman l'Auxerrois.
Ciertamente, este campa11ario es una obra soberbi, ~
-y PU tal virtud no era mucho que se gastara en el
5.000 francos á duras penas obtenido~ del Ayuut&lt;A·
mitiuto por el arquitecto municipal.

FH'I. 2-1.ÁMPAR\S lNCAND~SCEl\TES MOORE,

Las campanas instaladas en la-torre de S11n Germán son treinta y ocho, ocupa.o un lugar considtlrn ·
ble y pesan 10000 kilógramos: la mayor que da l:t, ..
ta do pesa 2,000 kilógramos. He aquí las dimen11~oues
de las notas principale&amp;:

Peso.

2 000 kilógramos.
1500
11
1,000
11
850
600
450
350

11
11
11

325-

"

250

11

200

"

2'25

11

11

Cada nota tiene cuatro martillos m.:ividos por un
engranaje de ruedas particular é Independiente; sólo
la campa.na mayor carece de martillos, aunque como,
las otras está ligada á un mecanismo y no toca más
quf'_para dar las horas del reloj En conjunto el campanario consta de 148 martillos con otras tantas cuer•
daR de movimiento y 152 c·abos de martillo.
El toque de las campanas se hace automáticamente
ó á la m,no: aquel depende de un cilindro de acero
de lm ..m de longitud por 0m.,40 de diám1-tro y 4 milimetros de espesor1 cou 29,184 ~gujeros dispuestos en
228 vueltas de espiral. El reloJ de la torre se combina
con ~l :los v~c~s al dla, _á las once y á las cuatro, y
pone en mov1m1ento un sistema de ruedas que hace
girar el cilindro guarnecido de puas que corresponden á las d.iveri!as pieza~ dA ejecución Estas son tres
á la fecha: la marcha de Turenne, de C'ulli, el Tambourin, de Rameau y una antigua canción francesa.
La cadencia de estos aires corresponde al 76 del metrónomo, y en valores dfl campana.e represeutau res·
. pectivau,ente 320, 224 y 120 unidades
Será muy fácil cambiar las piezas á voluntad dán
doles nueva colocación á las púas ó poniendo otras
nuevas. Cada una i:lE, ellas se compone de una parte
exterior de siete milimetros más ó menos; al pasar,
ldvantan las palancas que corresponden á la O')ta que
ha de sonar. La palanca pone en movimiento las ruedas de llU campana, leváatase el martillo y da un gol•
pe. Hemos dicho que el mecanismo de ca.da campa.na
pone en acción cuatro cabos de martillo. La. disposición en que se hallan éstos ante los dos lados de la
campana es tal, que uno de ellos está sit&gt;mpre dispuesto para dar el golpe. dos en preparación más ó
menos avanzada. y el último en reposo.
En virtud de ese arreglo, el campanero que ejecuta en el teclado Je! campanario puede tocar piezas
'rápidas. Los grabados permiten al lector darse cuenta del conjunto pintoresco del mecanismo que describimos.

·•

campo, á las ¡!'randes cacería~, y su amor á los anima.·
les era tal y tan hondas ralees había echado en él,
que prefe1ia muy á'menudo la sociedad dti sus perros,
sus insepar11bles, á la de sus compañero11 de Uni ver•
sidad .
Merece ser contada 111 historia de su primer cor.flicto con el Rector de la Universidad, y que demut:atra
el carácter del joven Otto.
Cuando fué recibido como miembro de la corporación •Hannoveriana.• el estudiante cre,·ó de su deber festP j::ir la admis1on con un banqu~tP, .V asilo hizo. Bebióse aquel dia con exageración, como en todas
las reuniones de I ste géuero, y Bismarck, durante.
una discusión acaloradi~ima. arro;ó en un momento
de exaltación, por la v~nta.'la abiPTtll, un irasco va•
clo. Un transeunte, que sin duda fué herido. quPjóse
en seguida, y como la frasca hubie11t1 te11icfo lugar en
la misma casa de Bl.marck, cerca de 1as murallas.
nuestro PStudia11te recibió una cita para comparecer
ante el Rector.
Estaba aún aco¡:tado, cua1;do la cit:i. llegó á sus
manos con la si_guienta inscripción;
"Dominus Bi,;marck"
El joven dominus II ba.ndonó el h.cbn. FA vistió con
una bata, calzósti cc,n sus kanonenst,iefel (botas de
cBñon) colocó un e lindro sobre su cabeza. y con tan
extraño aparato dirig óse A la. casa del Rector, oprimiendo la pipa entre los dientes y ijeguidu de un
enorme perro inglés.
El rector, intimidado al ve- al animal, parapetóse
detrás del escritorio y procedió en ~eguida á condenar al joven domirius á cinco thalers de ruulta, para.
enseñarle á µreijentarse en trajti más conveniente an. te el tribunal académico De Fp ués, y duraLte el iute. rrogatorio, Bismarck empeñó,e en probar que el frasco pudo haber volado por si solo hasta la calle. y
pretendió á manera de demostración, hacer tomar
igual camino al tintero del Rector, lo cual le valió al
cabo, que la pena ímput&gt;sta Fe extendie¡:e hast11. tres
dlas dti calabozo; pena que sufrió eu seguida el dominus.
uespués de este acontecimiento, las visitas de Bism~rck al calabozo hicíéron·se más frecuentes; pues él
nn~mo pretende haber pasado hasta dit·cisiete días
eu el t&gt;ncierro, tanto en Berilo como en Goettinga.
Sea lo qntt fuere, todavía Pe ve en Gc,t:tt nga una
putll ta de calabozo en que el nombre de BiemArck
11~arece baE.tant, legiblt; se debe sin embargo agre•
1
gar que por ha her transcur:ido desde eLtonct-s la
friolera de setenta años, algunos bió~rafos han emitido duda:,i res11ecto á la autenticidau de este documento.

**..

La ejecución artística se obtiene por medio de un
Campanas y baterfa del campanario
t11clado abso1utam~nte semejante a.L. de·un piano. To--- -----------------~~-~=--~-~~~~~~_: __________________ _
do lo que se necesita es alguna fuerza. pitra herir las
teclas. Estas son 46, de las cuales ocho no corresponla amplitud de la frente, la forma· dPJicada. de la na·
de~ á ninguna campana y una pone en acción el roriz, de 'fentanas bien arquPadas, y la, barba cuadrada
daJe del do más grave que no tiene bateriRB de mar•
firme y poderosa, verdadtlro rostro de titán a l cual
tillos. El campanero puede utilizar. pues, 37 teclas y
el grabado y la caricatura han popularizado bastante
El General Lle. D. Carlos Diez Gutlerrez.
ejecutar las piezas que permiten: la misma nota es
y mucho tiempo ha, para dispene~rnos &lt;iti insilltir
suceptible hasta de cinco repeticiones por segundo.
Por aqut1l entonces. un crecimiento dPmasiado preLas teclas obran sobre las palancas del mismo modo
Publicamos en la primera plana de nuPFtro semamaturo había casi espiritu11lizado las facciones d..J Isque las púas del cilindro.
nario el r1 trato del Gobernador de San Luis, cu.va
tudiante, á quien sus pr&lt; ft&gt;SOl'eS han rP presentado
muerttl, acaecida el último domingo, puso fin á una
como á un muchacho d" PStatur,. y flaqu"zª f'Xtrañas.
*
enfermedad que pi obó con los más duros y agobiado•
La vida del estudiante Otto de B;Rmark,por lo deml s ,
El conjunto del sistem; e~ extremadamente volures padecimi~n1011 uurante un mes ccnsecuuvo la re•
fué la de todos sus iguales: la vida d« col.,gial afecto
minoso y tiene 20 metros de altura sobre una supershtencia del dhtinguido potosino.
á disputas y camorras que dPjaban poco tit ropo para
ficie de 10 metros cuadrados, lo que hace un espaNuestros diarios han dado una información porme•
el estudio y que,á poco mb, habri~n comprometido se•
de 200 metros
noiizada acerca de loR funerales del Sr. Diez Gutiériamtmte su ingreso á la carrera á que fué dedicado.
· La im talación es única en su género. El campanarrez y de la inhumación del cadáver en la elegantísiSin embargo, hay que advertir que no era Psta disi•
rio de Slin Germán fué acabado en 1878, b.abiendo
ma cripta bizantina que posee la familia do ef Sa.ucipada existencia la que rntisfacia eFpecialmeLte rns
tardado su construcción quince años. El mecanismo
to SHntuario situado á inmeniaci-0nes de la. ciudad de
gustos: Otto de Bismarck. por el contrario, abrigaba.
es obra del reloje.-o M. Collhi, ·quien antes de presenSan Luis Potosi.
yaen eiita época un verdadero culto ála naturalez , al
tar el sist·ema définitivo, hizo numeroslsimas expe•
riencias ante una comisión formada por M. Ballu arquitecto promotor de la idea; M. Cb.aix d'Est A~ge
e_l músico Bozzozi, M Barksr y M. Lepante. Los pa~
risienses !1º han podido apreciar su hermoslsimo
campanario, porque apenas construido se abandonó
enmudeciendo durante veinte años. La obra de res~
tauración quedó oficialme.ate consumada el 7 de Julio último.

Nuestros Grabados.

***

. Para dar una idea del. valor de la joya que guarda la torre_ de S_a1;1 Germán, dirsmo~ que el constru~tor Collin, rec1b1ó .,or su trabijo 'N,960 francos;
casi Igual suma cobró el fundidor de las campanas y
el barómetro, el termómetro y el rAloj de la tor;e,
costaron 27.00&lt;? francos. Los 200 000 francos que suman estas cantidades y el costo de la torre, construida. exprofeso para el mecanismo descrito nos indican
las pr?babi!idades que tendremos de ver' y oir algo
parecido s1 no nos tomamos el trabajo de cruzar el
Atlántico,

BISMARCK ESTUDIANTE.
. Fué en la Universidad de Goettinga en dondo el
J!&gt;ven Otto de Bismarck se matriculó por vez primera.
.1!.tra en aq~el ~ntonces un r~paz bien parecido, de cabellos rubros hgera.mente rizados y ojos claros y pro!undo~ que so agitaban constantemente en su rostro
mmób1l, pareciendo recolit'er y conservar fielmente
todo aquello que veían, -en contraste patente con
esa inalterabilidad del semblante que es un rasgo al
~arecer congénito:- reflejaba·. en ellos toda la vida
el alma\ toda!ª vida dH penB11miento y de volición,
con u1;1a 1ntens1d~d de expresiónnotable Ya.entonces
ap~ecrábase la misma armonía de lln11as que disting_ureron _más tarde las facciones del Canciller Imperial; facciones notables por su simetría bilateral, por

Teclado, cilindro y mecanismo del cam1,anarlo de S Germá.n.

�•
Domln~ 28 de Agosto de 1'398

EL MUNDO

168

LA C!RIC!TUR1 EN EL EXTRANJERO.
•

F.L MUNDO.
,

.

•

l

•

I

BISMARCK.

Buen tiempo.

,ariable.

Tempestad·

LOS TRKS CABELLOS OFlL GRAN CANCILLF,R.

( /i.ladderadatsch, Berilo).

EL SUEÑO DE BISMARCK.

C11ando corrió el rumor d, que el ex-canciller yolvería á sus antig11as fu,nciones, soñó que se le rectl-la
triunfalmente.
(St,·ehoza, San Petersburgo, 1891)

!

.

1Jna 1&gt;arlida de ciclistas americanas en Inglaterra.
~

Al día síguiento de la defunción, fué conducido el
ilustre muerto á la Sala d1-1 flesionl'~ de la L1&gt;gislatura del E•tado, convertida en t:ip1lla ardie1•te, y 111li
se le tributaron los h•more~ oficiH\Ps que como Gobern11dor le corre~pondlan, y acto continuo una comisión nom]:&gt;rada por la fawilia crnó el féretro, llevándolo á la CatPdral.
Solemnes fnncn las ceremoniaR ecl11~íá•tica11 preRididas por el OblRpo de Ran Lais y pres1&gt;nc1aifas por
una concurrenc~ aristocrática. comoneRta 1&gt;xclusivamente de perBnnas invitadas privadamente por la fa milia del difunto
De la Catedral partió el cort1&gt;jo sej?uido de una
multitud que Regún dicen los tel1&gt;gra-mas 111&gt;1?11 ba á
veinticinco mil almas y quti acompañó al cadll.ve, hasta el S1ucito.
En este lu"'ar esp1&gt;r11ba ya el Obi11po de San Luis
para pronun~iar las últimas oraciones en el momento
de la inhumación.
El juicio de Paris.
Es graciosa por 1~ ironía esta. in~antil escena en la
que Paria, - un Paria rorro-ad1ud1ca la manzana de
la eterna di@cordia femenina, á la más bella,-una
Venus inocente y mofletuda.
•
Notarán nuestros ll'ctores la prPdilrcción nuestra
por los grabados artísticos que tienen por asunto epiaodio11 cfo la infancia.
"El Mundo Ilustrado" pntendA ante todo. ser una
publicación para el ho¡rar, y á "ªª mira ajustamos la
elección entre los más bellos y acabados modelos del
arte contemporáneo.

lJna bandera de parlamento en el Caney.
No hubiéramos insistido mh en dar grabRdos con
· asuntos de la última guem1. si el que hoy ofrecemos

á ntl!IRtros favorec11dore11 no Jlflvara un Rello peculiar

q11" lo hace d1¡¡-oo d•• figurRr Pn las colecciones.
Reprt111enta la primP.ra embaja.da de paz, después
d11 los Ppl•odioR cru .. ntos jiel CanPy PU los que por
una y otra part.._ hubo hnroismo• nobilisimos y pérdidaR ite conRíd11ración.
Nuestro grabi.do 11s 11n cierta manna simbólico, Y
muestra cómo f'.n las crlRls niáR intPn11as de los sentimiento~ humanitarios de nue~tra civilización, sobrevive y florPce opulento y perfumado el instinto del
bi1m aocial y de la fraternidad humana.

-~ --i ;-=

DESPUBl::! DE L.O. RECONCILIACIÓN

El prlricipe dejl\ crecer cul\tro Cl\b.ellos para que
formen la inicial del Emperador-W.
tDer Floh, Viena 189 t)

CAPRICHOS.

lJna excursión de ciclistas norte•
americanas.
DPsde "que la bicicleta ha lleglld'&gt; á ser el sport favorito, se multiplicaron las aventuras, audaces unas,
y otras di venidas, dti las que ti! ciclismo es móvil y
_aliciente.
Libros enteros se han escrito de viajes en bicicleta
á través de todos los p.-i~es civillzl\dos.
Una joven norte am'lricana llegó hasta á publicar
en un conocidisimo Magazine, largos artículos en los
que exita á su~ compittriotas á recorrer los antignos
países europeos en bicicltita, insistiendo en la baratuu de la expedición y sus atractivos.
Natur11lmente Iuglaterra es el pais predllecto de
las misses para sus viajes de recreo y fatiga. y ya las
últimits l\ldeas británica. mir1Ln sln asombro á las em•
prPndedoras hijas de la América del Norte crunr
sus calles solitari11.s y perderae en las lejanías del horizonte.
Lo que puede verae en la cara de BiamaNk,
(Por Moch )

El niflo salió temprano, despué3 de h!l.ber reE,tab1 decidid ) 1 lo había jurado in p 0.tto, miel\-·
dbido el beso maternal sobre la fresc1 m ejilla. tr11.s, en pié, jClnto al sillón de la abuela, mudo,
-Salió calladamente, ale~re, contemplativo y ri- arrepeCltido, tembloroso, en lucha iCltima con las
-s uefio, mirando, con fijeza distraída, cómo p'l.• lágrimu rebelde:11 sentía la se'!a mano de la aniidecía en elhorizonte el rosicler de la m 1ñ1na. El · ciana posar sobre su cabeza, en delicada caricia,
aire estaba frag'\nte y sacufüa entre lns ciClcela- como se posa un ave en el nido, y oía la voz ·
duras del follaje los primeros rayos de sol. .Aú t ~lulce, SQ.plicativa, con entoClaciones de plegaria,
los estambre'i de las eClred'l.dcras temblaban con decir el tierno estribillo: hijo, sé bueno; ve A la
ia lluvia de cristal del rocío. L')s p áj iros salían, escuela!
en pufi.ados, de las copas húmed,1s y se de3gra***
naban á la vera del camino. El muchacho camiY sí que irfa.l ,B:ieno, eran los amigos paraim- ·
naba, pensando, como el Dio3 biblic:&gt;, qu~ lo pedirlo! Nada; yano m \s ver la cometa incruscri11 do era bueno. Y seguí~ su mucha con leCltitud ' tar:1e, susur.r;ando en el azul del horizonte; ya no
-y uniformidad, seguro de que ibil A ser delos pri- más arrojar la peonza sobre el terrafo para que
meros en sombrearse bajo la vieja po1·talada, en su vértigo levante microscópico, torbelliClos de
espera de que el semblante rugo30 del dómine, polvo; ,tdi63 iris delas canicas;11.dio3 1 ave d el paasomando por el entreabierto pos~i.;o, anunciua uí,o de la rllquetal
la hora de la clase.
El muchac.hu va palpando con dichosa fruición

la bolsa de los libros; allí la lleva; e1 el mismo
sitio donde lo3 guerreros y lo,trovalJres de sus
cuentos, llevaban la espadi y el laui. A!lor,~ si estA. seguro¡ la n'lclle anterior, al C0Clcluir el rezo,
había preparado la lección, y casi resuelto el
problema de aritmética, plar1teado, después de
larga meditación por el sabio vejete de la escuela.
¡Qué hermoso día! L'\ luz clara, virgiClal y fresca, se filtraba por todos los porns del alegre caminante, hasta llenar su alma de resplandores y
'a lumbrar inte-riortnente aquella c 1bez t pensativa llena de números y preceptos científico i.

*

* * hora; pasó junto al
Llegó á la aldea, á buena
Abside d el templo, en cuya cornisa destartalada
las golondriClas que charlaban, reco nociéndole,
abrieron las alas azules; y él creyó que le de•
cíirn: vamos, amiguito, á la escuela. Torcía las

�Domlnl?'o 28 rlP A2"011to rlfl 1898.

EL MUNDO.

170

ante la tapia del hog9.r por donde asomab3: un,
ciprés que se movía, cabeceando, como mano ,
• que a~enaza. Entonces él, arrepentido, sintió el
zarpazo del remordimiento, y tembloroso, mudo,
luchando con las lágrimas rebeldes, al levantar
el brazo para tocar la puerta, exp~ri!Dentó sobre
su cabeza la sensación de una caricia suave, y
escuchó una voz dulce, suplicati va, con entonaciones de pleg11ria, que cantaba el tierno estribillo: sé bueno, vé á la escuela! ....

callejas, saludaba á los transeuntes, andaba listo,
radiante, con el cuello erguido y la gorra levantada, para que pudieran ver en su frente la estrellita uel estudio.
Poco falt11ba, cien pasos á lo más, cuando de
la plazoleta vecina salió una explosión de risas
chillantes y de gritos 11gudos; un tr&amp;queteo de
chiquillería desenfrenada. Y el buen muchacho
se detuvo bruscamente como si algún obstáculo
invisible le impidiera el p11so. Había reconocido
á sus camaradas, á su traviesa banda, á su cuadrilla regocijada.

Así. amiga mía-¿lo ***
ves?-así he sido yo toda
la vida. ¡Cuántos propósitos ~e he hecho! ¡~ué raudal de juramentos he vertido! Voy de pnsa
hacia la Gloria, hacia el Bien, hacia la Verdad;
Pstoy firmemente decidido y me empefio en seguir adelante. Héme ya en camin?, con p_as~ seguro enérgico, sereno; he prometido á. mis 1de~les '10s que me acariciitn y reprenden, cumplir
co~ los deberes que me han impuesto.

*
*.*
El era del enjambre, y de pronto, una ola ele
deseo, viva, furiosa, enérgica, se levantó en su
pensamiento, y el joyero de la memoria, abierto
de par en par, le presentó las riquezas de los días
felices, hurtndos al rincón obscuro de la escuela.
al pupitre raspado, al tintero que se volcaba sobre la banca grasienta, al libro que se despanzaba echado perezosamente en la palma de la
mnno, al rostro de abate irascible uel maestro.
Aquellas ris11s, aquellas exclamaciones, aquellos
gritos eran la música a1Tulladora de placeres
queridos; le h11cían ver llanos empapados de ,sol;
árboles cargados de frut~s, zanjas de agua verdosa, colinas escarpadas y en todas partes, la
banda de chicuelos colgada de las ramas, bafiándose en los arroyos, apedreando á los pájaros,
persiguiendo á los reptiles.
¿Cómo fué que tan luego se hubiese podido
destruir la firme catedral de su., propósitos? ¿Qué
soplo apagó el incendio de su fé? GQué viento
arrasó la pirámide de su arrepentimiento? Un
inst11nte de indecisión, un minuto de angustia, un
combate de titanes en el reducido espaciu de
aquella almita, y en seguida .. . ... el saludo dé
un rezagado de la fiesta, los aplausos de bien
venido, la discusión de las excursiones, el eJér-

*

,r-

cito en camino, la caravana bulliciosa, corriendo
libre y olvidada de todo, á. través de las llanuras
sin límites y bajo la sereuidad de los cielos.

***

.... Cuando el muchacho volvió á la ca.sa, después de cazar nidos, bailar pionzas y aventar el
ave del paraíso de 1a raqueta, se paró, para ocultar su agitación y limpiarse el sudor de la frente

* *de una risa, el rumor de
Mas de repente, el eco
un beso, la música de una palabra carifiosa, me
detienen; allí están mis camaradas, allí está.o las
pasiones que me dijeron: vuelve; allíestá.el amor
ligero, alado y olvidadizo que cuando pasea conmicro suele ponerse serio; allí están las frágiles
est;ofas que se rompen, y los ensueilos luminosos que sc, desvanecen; allí están los amigos de
un día, la amada de una hora, el placer de un
instante . . .. y yo con ellos sin acordarme de mi3
promesas.
Y cuando vuelvo á tí, encarnación de mis supremos ideales, símbolo puro de mis ~u~ilos, llego cobarde, pem,ativo, y: mudo, srntiendo en
mi espíritu la caricia de tu mirada, y oyendo en.
él tu voz dulce, consoladora, suplicativa; sé bueno; vé á la escuela! ..... .
LUIS

G.

,~;;.;..;.i;c-.;.:,
·"':::;~.::...~c:;.;...
"".,._, . _,"=·~=-==.:·_-_
~

URBINA.

_______ _________

bia dualizado?

,.

Fué ya inevitable; él había repetido sus burlas punzentes toda la noche, yo prometí castigarle si reincidia. Repitió ..u inaulto, y en presencia de los amigos, á la aalida del Teatro, le abofeteé. •
Mucha gente lo vió; entre ellos, su novia. El lance
era indudable. Nombró sus padrinos y yo los mios.
Cuando ya en la madrugada me separé de los amigos para retirarme á mi casa, sentí, ¿por qué no confesarlo? un miedo grande, muy grande.
Apresuré el paso; sentía recorrer mi cuerpo un fuerte escalosfrio que me hacia estremecer. En las calles
desiertas, resonaban mis pasos como en el interior de
una caja; hubo un momento en que oí ciar~ y distintamente los pasos de un hombre que corria en seguimitmto, de puntillas, por cautela, después, una mano
se poeaba en mi cuello; me volvi violentamente; nadie; y sin e;:;ibargoyo le habia sentido á mis espaldas,
corriendo tras de mi. Traté de convencerme de que
el ruido babia sido causado por un un papel que
arrastraba el viento por las baldosas de la aceca. Una
silueta se dibujó en la pared, y me horroricé ¡Babi
quizá hubiera sido mi propia sombra; acababa de dejar á mis espaldas un foco de luz eléctrica. Me habría olvidado de que tenia sombra, pero creo que no;
aquella era larguísima y flaca, muy flaca.
Para dar vuelta á una esquina fui basta la mitad
del arroyo, el miedo que sentia eradealgoindefinido,
de algo no, de todo, pero de todo vago.
Me encerré en mi cuarto.
Seguía sin tiendo mucho frio, el friodel miedo; pareeta que alll en el interior de mi recámara nevaba
miedo.
Quise leer, ya arropado en el lecho, para entrar en
calor; pero habria necesitado unas ropas de sertinidad
para calt,ntarme.
Castañeteando los dientes lei algunos renglones. Alf(o se dibujó en la pared, alg~ siniestro; lovi de soslayo,
al Tolver la cara desapareció; volvi á leer, y volvió á
aparecer aquello moviéndose, como temblando- al dejar caer la mano se me ocurrió que podia ser e1libro;
eso era, ya lo sabia, y aún volví á colocarme en laposición en que estaba, para convencerme de que era
el libro.
La vida de la vela se exth1guló; lanzó un sUS'!)iro
de luz, una llamita que se fué, que voló quién sabe á
donde.
En la obscuridad de la pieza, habia muchas Juces
de variados colores y figuras azuladas, como violetas
luminosas; amarille11tas, como lunas; rojas, como gló-

bulos de sangre ígneos; blancas, de· todos colores, y
varias incoloras. Baj11ban en hilillos, como &amp;i del techo
las arrojaran en cohetes, y i-.travesando el suelo, ib,_m
á estallar .en chispas de obscuridad abajo,muy abaJo,
muy lejos.
Yo quería "er la obscuridad, nada más la obscuridad, y me eubri la cara y la apreté -contra las almohadas, pero los ojos seguían viendo todo aquello.
Después, como en kaleidoscopio, pasaban muchos
ro~tros h11ciéndome muecas, el de una joven, el de un
niño, el de un vil'jo, el de otro, y otro más. todos viejos pero distintos, y se reían de mi angustia; dl'bO haber estado ridicnlo en mt&gt;dio de mi espanto; sus carcajadas comenzaban ensordecedoras y se iban amortiguando hasta hundirse en el silencio, pero aún se oía,
ya casi callada, la del viejo, cuando surgia la de una
niña.
Después siguió el silencio y ola yo un rumor sordo,
indifmible: ef ruido del silencio. El silencio estaba formado por multitud d1-1 ruidos, que chocaban y se deshacían. Queria huir de todo, hasta de ml mismo, ¡Oh,
mi ideal! poder huir de mt mismo. Putné en vano por
levan tarmt'; parecía de hierro mi CUt'rpo, ¡·de pronto 98
alargó mucho, sobre todo las piernas, lo lejos se
veian conTertidas en dos puntos las extremidades'
¡que ansiedad! yo queria recojerme;¡¡lfin lo conseguí
y fué más de lo que yo deseaba. El cuerpo se metió
en la cabeza, lo sentl muy bien;entonces podiayomenos levantarme; no ttlnla más qutl la cabeza que salia de las sábanas; más tarde y a sentl cuerpo, pero un
cuerpo de aire. Vino un soplo, no sé de dónde y me
impelió; ya estaba en pié.
El cráneo que estaba en mi buró me miraba, asi
como estaba siempre, sin ojos, pero yo sentía sus miradas abatiendo las mias, y ola 1a respiración de la
maldita cabeza hueca; ya no estaba g,is[ada, tenla su
cuerpo, un cuerpo luminoso, fosforescente, qull se incrustaba tendido sobre el buró, prolongado an el intllrior de la pared, era un cuerpo hermoso, formado
por lineas, por cu_rvas, nada más por curvas, ni una
recta, era de muJer.
Junto á mi se oia un ruido, como si latiera un corazón, pero no era el mio, era probablemente el de la
maldita mujer.
En el fondo de la pieza se oyó un golpe; no era el
de la puerta, á pesar de todo la abri, nada, y sin embargo, al volverme ya estaban sentados, esperando
á que mearreglase, mis padrinos vestidos de luto.
Entoncl!S me serené. Juro que ya no tuve miedo. Yo
mismo me asombraba de mi valor.B;en pronto meencontre en el campo. Apen&lt;1s babia luz. Pasaban los ga-

_..;;;::,,__

. . _~;;;;:~7.._ . ~

yo llevaba los de dos personas iigualef con un mismo
yo con una misma almai' ¿éramos dos personu dlsiU:t11s y un solo yo? Si yo habla muerto, yo quien
era? .... Y corri á go_l.,ear las puerta!' que hablan cerrado mis deudos, mis dolientes, g,1tándoles: ábranme áhanme, ¿quién soy yo? ¡eh! ¿quién soy yo?"
Al fin, se abrió la puerta y dos pariente~ mios salieron, y Juego otros más, y entre todos, ¡vahentes cobardes! trataron de asegurarme; me _-~esisti, mas el
número me venció. Uno de ellos me d1Jo, lo oi como
entre sneños; "es necesario que se calme usted, váy ase." Yo podfa atender á todo. en aquellos mome~tos vivía mucho, pero con esa vida acelerada, ~alp1tante y muriente de los fragmentos de una serpiente
acabada de despedazar. ¡.St1rian los últimos restos de
vida. del alma de aquel mi cuerpo muerto, que se ba-

¿QUIEN SOY Y O ?
I

l'il

Domingo 28 de Agosto de 1898

"Bueno, pero ¿,vo quién soy? díganme y haré todo
lo que ustedes quieran 11
Entónces alguien dijo á mis espaldae-¡cuánto siento no saber quien fué!-•está loco,• "está loco."
Llamaron á. un guardia, ese atrajo con su silbato á
otro v otro más, y á muchos curiosos.
Y~ "seguía preguntándoles: ¡.quién soy yo? pero
aqu ellos imbéciles que me _creían loco, ya lo habían
dicho,-solo procuraban l'UJetarme._
.
Mis parientes1 ¡Pfempre los malrl1tos parientes! hablaron algo con Pl lnRpector, y ~i. él, ni los t'scribientes ni los practicantes me quisieron oir; unos, much¿s de los curiosos, se retan de mi. y me silbaban,
algnnos me veían con horror. otros me com¡,adeci~n.
"Un espejo, un espe~o" grité; se me babi_a acuri:1do
que era lo único que podla salvarme; él s1 me dula
cual era mi exterior.
No me ha clan caso, v eso que con piés y manos golpeaba la puert,i de mi"en_cierro.
..
Al fin quizá por ver s1 mfl tranquthzaba. un poco
me llevaron un espejito, de esos d~ bols1llo ¡al fin
iba yo á conocerme! Encendí una cenlla .... ¡Qué horror! ¡yo era mi primo! es dflcir. el cuerpo que !_levaba yo, era el del que habla dado muerte á m1 otro
cuerpo, al verdaderamente mio. ¡Caso extyaño! ,vo me
habla matado, y sin embargo no era 11;n smcida. Aquella mano gue entónces era mla, al disparar sobre mi
cner po, aun no me pertenecil!-· fl cómo fué aq~ello?
¡Habíamos muPrto los dos, m1 p_r1mo Y. yo. Y babia resucitado su cuerpo, pero con m1 alma? Si, eso debla
ser; ltabla habido en los cuerpos una muerte, la dt1l
mio, y una separación de alma, 11!- de la suya. En el
cuerpo de mi primo, no ha~ia habt~o muerte; se habla verificado una suspensión, de vida, mientras babia estado sin alma, y lut1go v1via ya su cuerpo, pero
con una vida que era mia.. ¿Y el alma de m1 prim_o?
¡.Habrill ido á meterse en m1 cuerpo? No: era un avatar, avatar expontáneo, mcompleto: aqµél cuerpo que
yo habfa visto era un cadáver; no tenla nlma; e~ el
fondo de aquellos ojos no la habla; me _hablan ~1st?,
como ven los ojos de los retratos, los OJOS de v1d.r10
de los muñecos
Pensé en suicidarme, era el mejor medio de libertará mi alma; pero reflexioné; déspuésdetodo al que
daba yo su independencia, porque era el esclavo, era
al cuerpo. No. ese no era el me~lo de vengarme de
mi matador, dPbla yo sujetará mt cu~rpo_ á ~ucbos
sufrimientos. ¡Cómo iba á golpeará m1.~r1mol ,Cuánto iba ha hacerle sufrir! Hambres, vfg1has, enfermedades, todo lo sufrirla con gusto, sólo porque era en
el cuerpo de mi matador!. . . .
. .
.
A la mañana siguieme, tampoco ~ms1eron 01rme,
"loco, Joco" repetían todos, y me traJeron á. esta casa,
donde--¡no lo saben bit1nl-me dan gusto, porque me
m11ltr11t,in.
.
.
Sólo A vPces rnfro y entonces s1 soy ~o qmen sufrfl. rorquP- pienso: y si no ha,v al.T-~, .V bl tod_lf_A snn
manifestaciones de la materrn, e1.to11ces ¿quien soy

nados, silbaban las fábricas, ya se ve que podía fijarmfl en todos los det,illes.
Se midieron las distancias, y se nos entregaron las
armas . ... Hicimos fuegos á lll señal, y cai sintiendo
un dolor en la cabeza.

II
Al despertar, porque aquello sin liuda fuédespertar
me hallé en un cuarto de un µotel; tenia el sello especial que tienen los cuartos de los hoteles. Los ruidos
llegaban amortiguados hasta mi, como llegan á la recámara de un enfermo: el toque de oración, la música de un organillo, los gritos de alguno• vendfldores.
En casa deblan de creer que yo habla muerto,Meapresuré á llegar para desengañarles. ;\fi madre sufrirla
mulhO en aquellos momentos: era lo que más dolor
me causaba, porque yo la amaba mucho, aún cuando
ella no lo creta, porque á pesar de las súplicas suyas
yo segula tomando alcohol y seguia inyectándome
morfina.....
Las puertaa estaban abiertas todas; había mucha
luz en mi recámara. Muchas personas estaban sentadaR frente á ella.
Mis padres, que se hallaban en el corredor, al verme co1rieron á esconderse en su alcoba y cerraronla
puerta. ¿Tan irritados estarían contra mi?
En mi recámara alguien rezaba.
En una cama, sobre las tablas desnudRs, había un
cadáver alumbrado por cuatro cirios. Al verme, huveron gritando los que rezaban ¿Por qué me huían?
'y aquel cadáver ¿de quién era?
Resolví levantar el lienzo humedecido que Je cubría el rostro. Aquello erll terrible, para vol verse Joco!
¡El muerto era yo! Es decir, aquel era mi cadáver. Le
alcé los pll.rpados, nos vimos, pero nada más, no nos
miramos, aquellos ojos eataban triatt1s, opacos, mudos,
muertos
No sé de dónde me habla llegado calma. Le tomé
el pulso á aquel cuerpo; no había pulso y estaba frío,
rlgido, no citbia duda, estaba mue1to, ·1y era el mio!
Entonces yo que estaba alll, yo qui• le buscaba el pulso al calláver ¿quién era? Y levanté de nuevo el paño
de la cara; sin duda, era mi cuerpo.
Mi inteligencia, e&amp;taba como una máquina eléctrica en acción. y relampagueaba pensamientos. ¿Eramos aquel cuerpo y yo,-quiero decir el que yo tenia en esos momentos vivo,-dos sinóninios materialmente? Yo tenia cabales todos mis sentidos, completo cada unó¡ luego ¿eran el cuerpo muerto y el que

u

-

yo? ¿qué me ha sucedido? ¡Oh! pero no quiero pensar
en eso; entónces si me volverla loco,
F'lANCIFCO ZÁRAT~ Ru1z.

LOS SONETOS

DEL ILMO. SR. DON JOAQUIN ARCADIO PAGAZA,
OBISPO DE VERA.CRUZ.
Máxico, á 24 de Agosto de 1898.
Al f3eñor Director de EL Mmmo.
Presente.
Muy estimado amigo:
Recientemente llegado de Jalapa, tengo el gusto de
enviar á mted un ramillete de la~ más esqu1sitas rosas que florecen en aquello\ poética ciudad: un grupo
de sonetos de D. Joaquín Arcadio Pagaza, cincelados
como ánforas de plat!l de Benvenuto Cellini.
Si el mejor poeta clá~ico es aqu11l que expreAa de la
manera más sencilla los pensam1entod mll.d dUblimes,
y asi se aproxima Jo más posible á la perfecctón del
arte, entendiendo por esta perfección el consorcio del
fondo con la forma, del pensamiento con la expresión,
de la imaginación co.n la razón y de la grandeza con
la verosimilitud y la sensatez, todo esto co1,Dbinado
con un profundo amor al buen gusto, creo que pocos
pueden rivalizar en el género clásico con el árc1tde
Obil!po de Veracruz cuyo estilo es la naturalidad
misma, cuyo gusto es de una purezll intachable y cuya versificación, fácil y fluida, tiene uua harmonía,
correspondiente al asunto, en extremo delicada.
Lejanos t'Stá.n los siglos ele Pe:-1cl :s, dfl Augusto y
de Luis XIV, los tieQ1po,1 de Platón y S6foc1es,-la
abeja ática, -de Horacio y Virgilio, de Bossu, t, Racine. Moliére y La Foutaine, autores de eter. a juventud;·pero el clasicismo no puede morir, y má3 tarde,
más temprano. se volverá á escribir imitando la majestuosa antigüPdad griega y latina; porque la lheratura clásica será, como Ilión, "arrasada dos veces y
1,tras tantas levantada altivamente sobre los 10udos
c~minos. 11
Ecléctico por temperamento. plácenme en grado sumo esas hermosas revo:uciones que hoy expMimenta
el arte literario, lo que no empece para que siga sien•
do constante admirador de la vieja poesia, que ha de
perdurar c:.mo quedan las estrellas cintilando sobre
el terciopelo sombrio del cielo des pues de las más gigantescas borrascas, como permanece el manantial,
claro y bello, por más que el torrente arroje al cielo el
agua encolerizada, como brillaron las blancas alas de
la paloma del arca en medio del negro diluvio.
El autor de los sonPtos que envio á usted es un devoto admirador de Horacio y su fiel traductc,r. Hablando con él de los imitadort1s del inmortal poeta romano, movió la cabeza en ademán de suprema duda,
ó, más bien, en señal de la vrofunaa convicción que
alienta de que nadie volverá á escribir iguales mouu•
mantos para la eternidad:
Exegi nw,wmentum rere perenniu.,
Piensa el Señor Pagaza. respecto d~ Horacio, lo
que éete creía acerca de Pfndaro, que riva,lzar cou
él es querer repetir con alas de cera el vuelo de Tcaro. Tal adhesión á. las cosas antiguas me recordó la,
de ERqullo, quien, exhortado á rehacer el pP.án de
Tlnnico con que solla darse principio á los j11egos,
"Excelente," respondió, "es este himno y componiendo
uno nuevo temería Je sucediese lo que á las nuevas
estatullR comparadas con las antiguas; ~iues estas. en
su tu .. ca sencillez, 1:;on tenidas por divinas, al paso

que las nuevas, más artificiosas, se admiran, pero
ninguno descubre en ellas áJa Divinidad"
Acaso por tan singular prúpensión á volver el rostro hacia atrás, abriga el .:&gt;t&gt;ñor Pagaza tauta fé en
su corazón tanta e3peranza en el progreso de nuestra literatura; sutlña con tiempos mejores y desea ardi..ntemente poderlos revivir, juzgando que México si
puede aliar sus concepciones á una forma acabada y
que no le pasará á nuestro paid lo que, segúu una f;a.
se célebre le pasó á Egipto, que hizo colosos como los
asirios, pero no estatuas como los griegos.
Al poeta de quien hablo sólo se lt1 puede en justicia
formular un cargo: el de excederse uu poco en la
ele.!ción de voces y de frases, en el edcogimiento de
exquisiteces de lenguaje; pero hay que decir en su
abono que tal "'~mero y semt'jante a1 tificio .no le hacen perder la d1lzura y grac111. vir~ilianas de su esti•
lo, ni la naturalidad de ideas y propieda... de expresión que traen á la memoria las elegías de Ovidio ni
su ingenio y gusto horacianos, ni la música de los 'sonidos t1spondáicos y dó1icas mtllodias quu se escuchan siempre en el curdo maje.. tuoso de sus endecasílabos.
El autor dl'•los "Murmurios dela selva" canta en los
sonetos que entrego hoy á la publicidad el cielo del
Eetado de Veracruz. lavade por c&lt;,utinuas tempesta•
des; cama el Papaloápan, que besa las deliciosas riberas de Tlacotá1p ,1.11, haciendo rodar sus aguas claras, azules y profuudas, entre el gorjeo de la$ aves
que desgranan su gama de notas 11rgentin11s; canta el
cerro de l\iacuiltépetl, que toma tintes color de malva
bajo la lluvia de oro del B!ll de Jalapa, cuya luz dora
los caminos poblados de valles de flores y de rosales·
canta las perfumadas noches de los trópicos que dad
vigor ul pecho y fort11J~za al pensamitmto, y todo esto lo cama ti vbispo po~ta t1n versos puros como el
grumo de cera q ut1 rodea las llamas de los cirios &lt;le Ja
Catedral j~lapeña, como t&gt;l agua que brota, fresca y
limpia, del ag-rio peñón de la sierra ......
De usted aftmv. amigo S. S.
ADALBERTO A ESTEVA.

LOS PANTANOS.
Soy admirador apa@ionado del agua: PI mar demasiado grande, demasiado vivo, de imposible posesión:
los rios que pasan, qufl hu ven, que se van. y sobre
todo, los 1-'antanos en que bulle la vida indescifrable
de los aaimales acuáticos. Un pantano es un mundo
sobre la tierra, un mundo aparte, con vida propia, con
pobladores permanentes y con habitantes de un db·
con sus ruidos, con sus voces, y singularmente co~
un caracterlstico mtsterio; nada que tanto co11turbe
que t·,nto inquü t }, que tanto asuste algnnas veces:
¿Por qué ese miedo singular que se siente en esas
llanuras cubiertas de agua? ¿Será por el rumor vao-0
de las aguas por los fuagos fatuos, por el sileni'¡ 0
p~ofuudo que \as envuelve eolias noches de calma, por
la bruma caprichosa que viste con sud.1rio de muerte
á los juncos, por el htlrvor cuasi imperct1ptible de
aquel mundo tan dulce, tan fugaz, pero más aterrador á veces que el estruen1o de los cañones de los
hombres yde las tempeatades del cielo? ¿Qué, será por
lo que semPja los pa11tanos á los paf ses del ensueño
á eslls regione11 eEpantables que ocultan un secret~
inescrutable y peligroso?
No. Otra cosa es lo que de alli se desprende; un misterio mi\s profundo, más grave, el que flota sobre
aquellas b"umas, ¡el misterio mismo de la creación
qt,izásl-GUY DE MAUPASSANT,

�Domingo 28 de A!Z'o•to itA 1R9R

EL MUNDO

173

EL MUNDO.

Domingo 28 de Agosto de 1898.

172

¡POR UN MARIDO!
NOVELA. ORIGL~.A.L DE MARO DE CH.A.NDPL.A.IX-ILUSTR.ACIONES GR.A.B.A.D.A.8 EN NUESTROS TALLERES.
Versión española de "El Mundo Ilustrado"

Número 9

A Don JosB María Roa Bárcena.

AL CITLALTEPETL.

Arribé apenas por querer del hado
Benigno y dulce á las campifiaR bellas
y boS"t¡ues de Jalapa, y ya tus huellas
Buscaba en este verdecido prado.
Subí de Macuiltépetl al collado,
Anhelante, al clarur de las estrellas
y de Pacho á los montes, las querellas
De Cedeiio después que hube escuchado.
Que te llamaban con amor y e~npeño
Parecióme entender, la helada sierra
y Pacho y Macuiltépetl y Cedeño;
y qud decürn: «¡Mísero e~ que yerra
«En míser11 labor sin paz n1 sueño
«Del hogar lejos y nativa tierra!»

DP. madrugiida á. la ft\raz pradrera
Salir hollando el matinal rocío
Con ágil planta hasta llegar al río
y allí tender el vuelo .... ¡quién pudiera!
No del mar cristalino la ribera,
No de Orizab'l. el amplio caserío,
No de Alvarado el cucotal sombrío
Buscara n; su tímida barrera.
:Uel Citlaltépetl que en el 1:°i~n:o cielo
La frente encaja, raudo opnmiria
Aquel eterno inmensurable hielo;.
Y con mirada présaga y sombna
Los caros montes del nativo suelo
En el ancho horizonte buscaría.

..

EL COFRE.

Magestuoso y zafíreo se levanta
Solo entre mil á la serena altura
Dejado el mm,lle lecho de verdura
y viendo el mar atlúntico á. s~ planta;
Las canecidas sienes le abrillanta
Cerco real de inmaculada albura;
y en desorden Ja barba se apresura_
A cubrirle mejillas y garganta;
En los calores míra&lt;,e tendido
Gris nublado sobre él, que se ave~na
y Je asombra el semblante desab~1do;
.Anhelante en su manto de 1;1eblrna
Envuélvese, rebrama enfurecido, .
Piedra arroja, estremécese y fulmrna.

EN LAS SELVAS DE PACHO.
Salve, oh dulces y castas Oreades
Que solas habitáis e~te sagrado
Donde jamás un bállto ~afiado_
Puso en fuga á. las rústicas deidades.
Aun danzais en aquestas soledades
Húmidas y musgosas, y os h~ dado
Con virgen piar.ta bolla~ el v!rgen prado,
Sin tedio, sin zozobra m a~siedades.
·Quién me diera allegar siempre la boca
Se~ienta á los cristales de la fuente
Que de la entraila fluye de esa ro~al
y ¡quién me diera, si el dolor rngent~
Con su mano de plomo el alma toca,
En estos troncos apoyar la frente!

AL OEDE~OHumilde río de gramosa orilla,
De airosos giros, de correr violento,
De blonda e.spuma, de sonoro acento,
De álveo arenoso que cual plata: brilla.
Beba de tí la agreste cervatilla;
De la torcaz aduérmate el lamento;
Y el lucio y ágil toro pazca lento
A tu margen, dorada manzanilla.
En donde arranca el Cofre soberano
Sacudes hacia atrá.s la nívea greña
Y raudo corres á bafi.ar el llano;
.Al labrador Je brindas que en tí sueila
Frutos opimos y de fértil grano
Henchida titnes la insaciab;e aceiia.

Al ver el mar DOr vez Drillltlra.
Tu transparencia é inmensidad, tu acento
Dulce y terrible, aquesa tropelía
De tus olas plomizas, tu porfía,
No me sorprenden, ni tu blando aliento.
Vi en alas de mi ardiente pensamiento
Que de tu vítreo dorso el sol nacía
'l'remulante, y que dabas áurea vía
A Delia casta de aire sofi.oliento.
Vi medio hundidas las ferradas naves
Y resbalar la góndola ligera
Del pescador sobre tus linfas graves;
Y al pelícano y garza venturera
Con las gaviotas y nevadas aves
Cernerse en el z1:1firo de tu esfera.

..l.L M..l.CUILTEPETL.

Sultá.n de esta región, levanta el brazo;
Levántale, incorpóráte en el lecho
y deja contemplar latiente el pesiho
.A l.\ reina que duerme en tu regazo.
Forman tu solio el índico lampazo
Ceiba y bambú y arborescente helecho;
Y juntos bajan del florido tecb.o
La hiedra y trébol en fragante lazo.
A través de tu verde celosía
O envuelto en el vapor de la m1fi.ana,
Todo es en ti belleza y poesía.
-Duerma, duerma en tu seno la sultana
Que te da cetro, brillo y nombradía
En cambio de tu~ linfas, poma y grana.

AL PAPALOAPAN.
Escucho aún tu plácida quejumbre
Gigante río; 1:ímpida guirnalda
Tu sien orne, y del médano la falda
Cíilas con aparente mansedumbre!
Del sol hermoso la divina lumbre
Retrá.tese en tu linfa de esmeulda;
Y en tíse vea, tint'l. de oro y gualda
Del Oitlaltepetl la nevada cumbre.
De tus riberas el papayo rico
La poma ostente en nido de verdura
Del tordo herida por el rojo pico
Y mézcanse tus palmas en la altura
Blandamente a_gitando el abanico
Qun al dulce Tlacotalpan da frescura.

LOS DOS HERMANOS.
¡Mapre infelízl. .En lúg·ubre mail.ana
A los dos hijos todo su consuelo,
Envuelve y hunde bajo turbio cielo
La nína espuma de la mar cercana.
Empínase y abátese la insana
Linfa, del Bóreas al sentir el vuelo,
Cuando echaban tranquilos red y anzuelo
De leve esquife, Plácido y Elcana.
Ser padrón dt: tamaiia desventura
Pregonan los dos montes no lej,rnos
Que suben coniformes á la altnra.
Hacia ellos tiende la'&gt; cansadlis manos
Del terso ponto en la desierta ancb.ura
El nauta al divisar Los d~s Hermanos,

(JOAQUÍN ARCADIO PAGAU.)

Desde que quedaron fuera del alcance de las
,niradas de los marineros que les habían condu-cido, Nelly se sentó en una roca y Juan se colocó
á su lado; por un movimiento instintivo en ambos
se tomaron las manos y permanecieron contemplándose en éxtasis y sin atreverse á pronunciar
runa palabra.
Nelly fué la que rompió el silencio, diciendo
-en voz muy baja y con la frente inclinada:
- Y ya crees que te amo, estll.s bien seguro de
-ello?
Esta frase descorazonó á Juan, pues parecía
revelar que la joven no había cedido á amorosos
impulsos sino á proyectos por largo tiempo premeditados; y recordó entonces aquella fr;1se «yo
sabré probarte que no sor una chicuela,» pronun•ciada por Nelly en presencia del Doctor y que se
relacionaba con lo acontecido despué3, De todo
lo cual re11ultaba que había en efecto una víctima
y que no era sino él á quien correspondía este
papel. Desde el primer día en que se conocieron,
Nelly se apoderó de su espír:tu y de todo su ser,
y Juan no había · sido en aquellas manecitas encantadoras más que un juguete; se nececitaba hal&gt;er estado muy ciego para no descubrirlo sino
hasta este momento.
Por la mafl.ana, á pesar de
la alegría que le inundaba, se
8CU ~aba de haber cometido una
:mala acción.
¿Una mala acción? Era preferible que así fuese, porque
-en sus manos estaba la posibilidad de repararlo y esto le hubiera causado un gran placer,
pero estaba resultando ahora
que Juan podía haber incurri•do en una simpleza y eso era
irreparable.
- ¿Y ahora ya crees que te
.amo? repitió Nelly que lo veía
pensativo y ¿crees que soy tu_ya para siempre? aftadió ci11.éndolo en estrecho abrazo.
Juan estuvo á punto de desprenderse dulcemente, pero
•ella insistió y apretándose más
-eontra él, le dijo al oído en voz
,suave, ahogada, muy conmuvi,da, com&lt;&gt; fÍ fuera á romper en
sollozos:
- Respóndeme. . . . respón-deme.
Al contacto de estos brazos
blancos y mórbidos, sintiendo
.'en iius méjfllas el aliento ar-diente de la joven, Juan, como
.la víspera, se sintió subyugado
y cobardemente, á pesar de sus dud1:1s, exclamó:
-Sí amada mía, estoy seguro de tu amor.
Después continuaron su paseo sin decirse nada
-de lo que tenían en el fondo obscuro de sus pensamientos, sii1 revelarse sus preocupaciones y no
pronunciando más que palabras de ternura.
En la aldea entraron á la tienda de un célebre
joyero árabe muy conocido de todos los mal'inos
y allí compró Juan un brazalete muy original y
lo colocó en el brazo de N elly.
-No me lo quitaré nunca, dijo la joven sin
dar las gracias, como si fuese ya la esposa del
-Comandante, no me lo quitaré ni por las noches.
Después escogió dos sortijas de oro y sin piedra alguna de las que se obstinó en pagar el valor de la más grande que deslizó en un dedo de
la mano izquierda de Juan ante las mfradasrisue-Jlas y benévolas del joyero que parecía un personaje de la Biblia con su ancha túnica azul y su
barba blanca.
Durante esta operación, N elly tomó un aire modesto como si hubiera estado en una iglesia, y
acaso hasta rezó interiormente.
Más tarde á través del bo8que, llevando las
manos enlazadas, felices los dos, ella había acabado por perdonarse y él por no pensar en el poi·•

venir y así llegaron al punto donde la lancha los na3, vuelven más obstinadas, mis dolorasas tan
pronto como se detiene el soplo benéfico que las
esperaba y regresaron á. comer en ei Oolibri.
Al día siguiente era necesario dejar Ma yotta, había por un momento alejado.
partir, partir siempre y proseguir la misión diplomática que apenas estaba comenzándose.
VIII
Ahora, en esta hora crepuscular, melancólica y
DIPLOMACIA
tranquila, apenas acabado de desparecer el sol
en rápido descenso, Juan pensaba en todo esto
Ya llevaba el Oolibrt quince días de fandeado
reclinado en el pasamanos del puente, con los
.en
Mohelia, y durante estas dos largas semanas
ojos fijos en la dirección de Anjouan donde llegai'ían al amanecer: en la tarde daríun fondo en Juan había visto apenas dos veces á. Nelly en caMohelia y luego llegaría el momento de la sepa- sa de .Mr. Tomás Poole, y eso, apresuradamente
ración. Pero no tardaría en volver porque así de- y delante de todos sin haber podido cambiar ml1s
bería hacerlo, no tardaría en volver á buscará que miradas, sonrisas, fugitivos apretones de masu novia, más bien dicbo, á su mujer. En verdad nos y alguna que otra palabra tierna al descuido.
Bien habría querido por lo mismo Nelly ir
que asi debe1·ia hace1·lo y su corazón ni aun sosá.
bordo,
pero no se atrevía á pesar de su audaz
¡.,echaba que fuera discutible ese deber. Pero
cuánta amargura producían ya estas simples pa- serenidad de otros tiempos, y esperaba impaciente que de él saliera la proposición. Se podía penlabras formuladas en su pensamiento:
sar que era más reservada ahora que su fin pa-E3 mi deber!
recía alcanzado, y que estaba acaso más entrisPrince á. sus piés dormitaba .... Prince, ese tecida por una más completa revelación de la vi•
pobre perro bastardo de quien nadie se cuidaba da. Además, sabía que Juan tenía absorvido el
desde algunos días antes.
tiempo por grandes ocupaciones ....
Una vocesita llamó:
Y esperaba, esperaba dolorosamente impaciente, creyendo que se haría amar más dejándose
-Prince, Frince!
desear y pasaba por alternativas de alegría y de desesperación que vigorizaban su cerebro, como se maduran los rE'•
nuevos á la sonrisa y las lágri•
mas del cielc de Abril:
Los cuidados y las ocupaciones no habían escaseado, en
tfecto, para el Comandante de
Chalmont, pues á su llegada
encontró á toda 111 población
levantada en armas, rebelada
contra el Sultán Ornar, quien
era demasiado débil é incapaz
-~,
de reprimir la rebelión. Se ha.",f'
bían abandonado las labores
del campo; los caminos estaban
infestados por bandas de mal,,., ./, hechores que aprovechaban la
.,
revuelta para entregarse A los
,.,- :'
mayores excesos, y todo era
de temerse como consecuencia
en este país tan apacible por lo
común.
Inmediatamente Juan hizo
bajar á. tierra una parte de su
tripulación con dos piezas de
artillería ligera, y ocupó y fortificó el palacio. El Colibri se
aproximó á. la playa tanto como le fué posible sin peligro
.
de los arrecifes madrepóricos
Prince paró las orejas, levantó la cabeza y mi- y tenía la ciudad bajo el fuego de sus caiiones.
Pero las fuerzas de que el Comandante podía
rando á. su amo p11recía preguntar:
disponer, eran bien débiles y no dejllba de com-¿Qué sucede? ¿Voy?
-Prince, Prince! llamó con más fuerza la voz prender que no podría conseguir que se reco b:-ara
la tranquilidad pública, sino por medios pruden•
que se aproximaba ¿vienes por fin?
Y había tanta dulzura y tanta fuerza en esa vo- tes, enérgicc,s y llenos de diplomacia.
cesita, que el perro, decidiéndose se levantó brusDespués de expedir una proclama en que hacamente y de un salto se lanzó regocijado por el cía ver el espíritu de justicia que animab~ á Franpuente.
cia, bajo el protectorado de la cual la isla por su
Parecía también qne un aliento benéfico se ex- propia voluntad se había colocado, reunió á los
halaba de esa voz y en ese soplo de aire perfu- notables y á. los jefes de la insurrección en un
. mado volaban todas las penas que le roían á punto fuera de la ciudad, y solo y sin armas fué
á. conferenciar con ellos.
Juan el corazón.
Dirigió una mirada hacia el horizonte claro en
Toda la plobación le aclamaba al paso como
el que algunas estrellas coqueteaban mirándose un libertador y los principales revolucionarios,
al espejo de la mar apacible, y como sabia que conmovidos por esta demostración de confianza.,
por aquellos sitios tan poco frecuentados no cru- vinieron á inclinarse ante él y á. poner de un mozaba barco alguno ni había escollos que temer si- do respetuoso en manos del jefe francés, su causa
no en la proximid11d de Anjouan, arrancándose que consideraban excelente.
á sus reflexiones y penetrado poco á poco por la
Hasta allí, en efecto, se habían conducido con .
calma que descendía del cielo, se dirigió-tam- mucha moderación. Estaba á. la cabeza de ellos
bién alegremente-entre .la sombra al lugar de el hijo del difunto sultán .Ahmed, el joven .Alídonde la vocesita había salido, mientras se agita• ben-Ahmed, que era muy valiente, muy genero•
ban a penas las olas azules en la silenciosa majes- so y muy popular, y había logrado impedir á los
tad de esta nocb.e.
alboratadores atentar contra la vida de Omar,
Pero las penas son como las moscas importu- que consideraba como el elegido de Francia. Ali

.,,.

�EL MUNDO

174

Domingo 28 de Agosto de 1898

Domiugo 28 de Agosto de 1898
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de sus súbditos, ni Francia ni nadie se los podía devolver.
Como amigo privado y sincer0, el Comandante le aconsejaba que abdicara voluntariamente,
puesto que el Oolibri no había de estar siempre
anclado en Mohelia., y en cuanto zarpara de nada
se podfa responder, porque la insurrección era
fuerte, y no digo su palacio que estaba poco defendido, sino hasta los mejor guardados no ponían á un rey impopular, en seguridad Mntra el
acero, el veneno ó el fuego.
· Por poco que amara su vida, lo prndente, discreto y
hasta. necesirrio era que abdicara. Después de todo ¿no había abdicado en realidad desde que estalló la rebelión,.puesto que ni él gobernaba, ni na- .

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EL MUNDO

Libre ya en consecuencia de toda preocupación diplomática y habiendo co11seguido desenredar á. su entera satisfacción los complicados
asuntos de Mohelia., Juan no pensó ya más que
en los suyos propios.
Como de costumbre, la víspera al acodtarse y
ese día al despertar, las mismas reflexiones penosas más bien que dulces se apoderaron de él.
Cierto es que se sentía feliz con la idea de que
podía bajará tierra á la hora que quisiera y acercarse á Nelly .... Era preciso hacerlo y tener

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175
resolución resultante ¿lo conduciría deveras á la
felicidad?
Honor, amor, deber, conciencia y razón, ¡felices en la tierra las almas sencillas que logran poneros de acuerdo! Son las únicas que viven bien
aquí y más ali:\ de la tumba.
En e&amp;to pensaba esperando que sirvieran el almuerzo cuando se le presentó Nelly; inopinadamente y sin aviso· previo, la joven vino á bordo.
No había podido resistir más á la inquietud que
la atormentaba; pero aún cuRndo todavía no habían cambiado dos palahras se tranquilizó ante
la mirada de amor conque
fué acojida.
Apenas llegó, se sentarón á la mesa y se almorzó como e11 los buenos
tiempos cuando todavía
nv los ligaba ningun lazo.

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no quería la muerte del culpable sino sencillamente su caída, después de la cual, los notables
reunidos en asamblea, elegirían un príncipe para
ocupar el trono, elección que sería sometida á la
ratificae.ión del Presidente de la República Francesa y si no era de su agrado, Francia designaría el que quisiera.
Al hacer estas declaraciones, A'.í por medio de
un juramento solemne se excluyó de la sucesión
por más que sus derechos fueran mejores que los
de cualquiera otro príncipe por ser hijo de Ahmed,
de quien el actJual Sultán había sido Visir.
Omar, en efecto,no era de raza noble y sehabfa
elevado solamente por medio dé artificios, embustes é intrigas, primero, á elevadas dignidades,
y por último, al supremo poder. Poseyó un gran
dominio sobre Ahmed de quien halagaba las pasiones, lo persuadió de que su hijo Alí conspiraba y logró que éste fuera expatriado, consiguiendo después queAbmed, abdicara en favor del autor de todas estas atrocidades.
Una vez amo absoluto, su reinado no había sido más que una. larga serie de injusticias, exacciones y abusos; y los notables presentaron sobre ese particular un voluminoso informe al Comandante.
Este, que había estudiado ya bien la situación
política de la isla, sabfa que las reclamaciones
del pueblo eran fundadas, pero no se apresuraba á darlo á conocer y se contentó con asegurar

á los jefes que examinaría con la mayor atencióo la memoria que le fué confiada, y pidió que
las armas se depusieran, comprometiendo su palabra de que cualqui~ra que fuese la solución definitiva, no se haría represalia de ninguna suerte.
Alí-ben-Abmed ofreció el des11.rme y lo cumplió.
Más tarde, después de haber leído todos los
documentos que se pusieron en sus manos, eL Comandante reconoció la necesidad absoluta que
había de derrl car al Sultán; pues sólo á este precio podría el país recobrar una completa tranquilidad.
Pero se presentaba una-dificultad: derrocar al
Sultán por la fuerza, ¿no era dará la rebelión una
potencia que acaso mego fuera perjudicial al
principio de autoridad? Por otra parte, Omar, á
pesar de todo, disponía de una milicia fiel, podía
resistir primero ó sublevarse con ella mAs tarde,
y lo mejor era evitar de antemano toda efusión
de sangre.
En vista de esto, se esforzó en llegar á su fin
por el camino de la persuación, tarea tardía y
enojosa, y en las conferencias que había tenido
que promover y aceptar, el tiempo había pasado
casi insensiblemente.
No obstante todo esto, cuando por las noches
traspasaba Juan el dintel de su dormitorio y dejaba en reposo los acontecimientos del día, una imagen se presentaba á sus ojos: la de Nelly; su no-

via, su esposa casi, porque poco tiempo faltaba.
para que lo fuera.
Y discutía en su interior este punto interesantísimo:
¿Debería en efecto casarse con esta mujercita ligera., coqueta y engaftadora?
¿Era ese de veras su deber?
Y seacordabade que Nelly había cometidouna
falta, pero se acordaba también de los hermosos días pasados, de las creencias adquiridas,
de las alegrías cambiadas, de las emociones sentidas y se dormía, y al día siguiente el cuidado
de su misión le absorvía de nuevo, y ponía todo
su afán en llevarla á buen fin.
Y así i;e deslizaban los días.
Poco á poco los asuntos políticos le habían ido
causando menos disgustos, y á fuerza de persistencia llegó á dominar las irresoluciones del Sultán. Le mostró todas las acusaciones y Jns pruebas irrefutables que había contra él, y le dijo y
le repitió de todas maneras, que si bien es verdad que como soberano aliado estaba bajo el
protectorado de Francia, no lo estaba menos el
pueblo de Mohelia; que si cuando este protectorndo se inició, es cierto que un Sultán llamado
Omar, estaba en el trouo, y en él se le había dejado, Francia no era quien lo había elegido ni tenía compromiso de conservarle el trono á toda
costa, A él sólo le tecaba entenderse con su pueblo, y si había perdido el afecto y la confianzii

die le obedecía, .ni aún se
atrevía á salir del palacio?
Que la abdicación se hiciera pues pública y solemne, y dejaría el trono
de una manera digna. Juan
de Chalmont le transportaría con honores reales á Anjouan, llevando su
familia toda y todos sus bienes, y. . . . ¡quién sa.be! los pueblos son tan variables! llegaría un dfa
en que el suyo lo llamase á gobernarlo de nuevo.
Ornar acabó por ceder.
Convocó á la asamblea, y solem"lem ·mte, con eSI\
dignidad que es instintiva en todos los árabes, le
a1iuució que renunci1.tb11. á sus derechos y en la
misma sesión declaró la asamblea que puesto que
Alí-ben-Abmed no quería el poder, se le confería,
con acuerdo de Francia., á la hija de Fathima,
reina célebre de otros tiempos de l\fohelia, á la
joven Ioumba Fathima que á la sazón vivía retirada en un convento de Mayotta.
No restaba, en consecuenda, mAs que poner
provisoriamente el poder en manos del primer
Ministro y conducir á Anjouan al rey caído, ha·
biéndosele dado á éste tres días para sus preparativos de viaje.

con ella una larga e11tr~v-1sLa que fijara de un modo definitivo el porvenir. ¿Por qué, después de
todo, no había de tener el valor de decirle lealmente todo lo que penSAba? ¿Qué temer? ¿Sus lágrimas, su cóleril, algún arrebRto sentimental?
Nada de e.sto le eipintaba. Había procurndo en
su fuero interno echar sobre ella toda la responsabilidad de la falta cometida sin aceptar que
también tuviera su parte de culpa él, que tenía
mejores luces sobre las consecuencias de un mal
paso y que contaba con armas más idóneas para
la lucha.
Pensaba que luchó y fué vencido y ¿no es al
vencido á quien cc:,nesponde pagar? Su nombre
erit el precio de la victoria y ¿qué podría proponer en vez de su nombre si no qt1aria cumplir el
compromiso de honor que había contraído?
¿Qué diría en esa entrevista que deseaba y temía al mismo tiempo? Y cualquiera que fuese su

Nell.v sin embargo p9.recia
un poco triste.
¿Habría resentido algo por
la a parente indiferencia á que
se había visto obligado Juan
durante sv. perma.ne1Jcia en
Mohelia?
Sí: había tenido sus dudas con todo y que su
padre y Mr. Tomás Pool e la habían estado informando de las graves tareas del Comandante y
con todo y que debía explicarse su discreción por
razones de delicadeza que le hadan más awable.
Hasta estuvo á punto de venir desde la víspera
en cuanto supo que el Comandante se había embarcado, pero no se atrevió.
En el Colibri, durante la travesía qu~ habían
hecho, se sentía embriagada por el trato frecuente de Juan por la prosecución del ensueño que se
hrmó desde la vez que le conoció en Ambohimarina, por la ilusión del matrimonio que desde entonces so le clavó en el cerebro, y su caída le había parecido natural y no le produjo casi remordimientos. Pero ya en tierra y en la casa de Mr.
Tomas Poole, había. reflexionado más que nunca

•

�-

en su vida, y pensamientos nuevos acudieron A
su espirltu y los remordimientos que juzgaba desapareeidoi:s volvieron levantándose precisos ante
sus ojos.
Franca entonces consigo misma, se confesó que
fné la ambición la que determinó su caída.
Y sin embargo, ¿amaba il Juan?
Sí: Je amaba un poco en otro tiempo y ahora
mAs porque le sentía necesario nl reposo de su
conciencia. Y por eso era que le venían los rnmordimientos, y mejoriluminadasobre su conducta adivinaba algunosde los pensamientos queentristecian á Juan.
Con todo y que el Doctor había recibido las
confidencias de ambos y no podía admirarse de
sus familiaridades, el recuerdo de su falta y ]a
natural tendencia de ocultarla, les hizo más circunspectos que otras veces delante de él, y el al•
muerzo pasó sin que hubiesen eambi,do palabras
de amor. La converttación acabó porlaqguidecer,
como si estuvieran cansados de reprimirse y Lerbon que como buen criollo tenía tal vez verdade•
ros deseos de reposar en la siesta, dijo sonriendo.

-Ah! ¿están ustedes enojados? Se diria eso ó
que ya llevan tiempo de haberse casado, porque
no creo que yo les estorbe. Por otra parte, voy á

pedir á ustedes permiso para dejarlos, porque en
estos países de la malaria y el calor, ha)' algo mejor que el bailo y la quinina, la siesta. He conocido personas que murieron por no haber creído
en esto, y como no tengo muchas ganas de morir,
voy A administrarme unR. dosis. Debería usted
hacer otrotnnto, seilorita NeHy, yendo como otras

veces al canapé del salón, y el Comandante lapa·
seria bien aquí en el comedor,p11es tambiénleveo
ganas de dormir.

•

EL MUNDO

176

-Será verdad, Comandante? preguntó Nelly,
-~•fo crea usted una pal&gt;t.bra, respondió ;Juan;
el Doctor babi• aei por hacerme rabiar. Vaya.
usted á acostarse y deje en paz A los demás, Doctor leo.
-Voy, voy, eontestó Lerbón.
-Sin embargo, si Kelly también quiere reposar ..... .
Lerbon se lué y Nelly como respuesta tomó la
mano al Comandante y ruborizada y mirándolo
con ternura le dijo:
-Vamos al salón juntos. Allí hay más aire y
estaremos más lejos del Doctor.
Juan la llevó al salón er. el eual entraban bo•
eanadas de 11ire caliente un poeo húmedo que floreaba el rostro con manchas rojas. Se sentaron
en el div,\n y ella apoyó la eabeza en el bombro
de Juan en esa postura indolente y confiada de
los ni.fl.1s que tienen sue:ft.o.
Juan siempre combatido por su lucha entre
Ja pasión, la conciencia y la razón, no habría podido decirle mí,s que palabras de amor que Je subían del enrazón á los labios, quejas y reproches
que le inspiraba su despecho de sentirse vencido,
ideas de fuga que revolaban en su mente, y mejor eall•ba. Qué!. ... mentir todavía? ¿Dejarla
en la creencia de que la amaba lo suficiente pa•
ra hacerla su esposa y luego, una vez lejos, aclararle al fin la verdad?
Ese procedimiento le avergonzaba por indigno
y guardaba silencio.
Derrepente sintió en su cuello los labios de Nel!y é inclinándose depositó en cambio un beso
en la frente coronada de rizos de oro delajoven.
La besó y esta idea pasó por su mente.
-Y si se muriera! ..... .
Porque preferiría verla muerta y no en brazos
de otro, sobre todo si ese otro era su amante.
Pensaba que si abandonaba áNelly, ésta más tarde tendría que pertenecer fatalmente á otro; bien
un nuevo amante ó bien un marido, porque en
estos paises, cálidos y semi salvajes están un po•
co rlesleidas las ideas referentes á la moral.
Pero pronto rechazó este pensamiento y sus
labios descendieron con más fruición sobre la
frente y los ojos y los labios de la joven, la eual
Je contempló con una mirada de gratitud t,m profunda y tan reveladora de haber adivinado los
pensamientos de su amante, que este quedó más
a \"ergonzado de sí mismo y más débil en su re•
solución.
Por un arrebato irresistible, Juan cayó por un
momento de rodillas y siguió besando eon ternura l•s manos de Nelly.
Ella rompió al fin en silencio.
-}ye, Je dijo ámediavoz:haymuehaluz aquí
y me duelen los ojos.
Juan se puso en pié y Je dijo.

-Estarlas m•jor en mi camarote para que descanses algm,os minutos.
Y-la precedió; y como Nelly \'aeilara sin atreverse á despedirlo, él 1... tomó en sus brazos como si tuera un nib.0 1 la colocó en el lecho que es•
taba cubierto por una estera muy fresca, le arre-

gló las almohadas y Je arregló los vestidos eon
cuidados de madre mh bien que de enamorado.
Después la besó en la frente y Je dijo:
-Duerme ahora. Cuando despiertes h•llarAs
en el tocador todo lo que necesites para arre-

glarte, hasta ganchos de sujetar los ea bellos, pues
reeoj( los que quedaron cuando te luiste. En !rente, como tu recordarás estA el cuarto de ba:ft.o.

Ya conoces, bien mío, esta casa que es la tuya,
pero no duermas mucho. A las cuatro á más tardilr iremos á tierra los dos.

Nelly tenla impulsos de preguntarle:
-¿Y tú que vas ha bacer? ¿Me vas á dejar?
¿dónde vas? ¿No estarlas mejor aquí junto á mi
corazón que está lleno de tu amor? ¡Tenia tantas

cosas que decirte! ¿Cuándo hablaremos al !in sin•
ceramente como yo quería antes de esa partida
tan próxima? No, no creaf: me falta fé .... ahora
que he reflexionado ¡comprendo tantNS cosas! y
te amo, te amo tanto. . . . Se diría que temes prJ•
nunciar nuevos juramentos, que tienes miedo de

repetir esas palabras de amor de que tengo tanta
necesidad para excusarme y acallar un poeo á mi

rido arrojar sobro ella toda la !alta y no piensas

de ]azos en voz baja para nn caer en ridículo si
que se ve, que se conoce, no son tal celada ni tal
experiencia ni perspicacia. Hay mil maneras
se llevar por viento y corriente si empujan en di-

reeeión del escollo. Esto último es Jo que has
hecho, y quien obra asi ó es un neeio ó lo hace
porque le conviene. Porque. . . . dices bien, es
una tontería, pero reparable en ciertos cases, y el
presente es uno de ellos. Eres solo, sin tNmilia,

ya tienes cerea la vejez y no te quejarás de poseer una mujer encantadora, amorosa, agradeci•

mores que proseguían.

-¿Qué le reprochas? ¿Dices que su cAleulo?
¿Pero el tuyo no es también repugnante? El suyo,
su sueno, m,s propiamente hablando, su ambi-

clamores.

en un medio ideal en que todo parece transpa•
rente.

Nelly cuyo corazón estaba entreabierto por el
sufrimiento al amor sincero, no leyó en los ojos
de Juan sino sentimientos de inmaterial ternura
á los que consideró que obedecía, y ese nombre
de "mi prometida 11 li\ confirmó en su creencia

quedándole agradeeidapor haberlo pronunciado,
y después de sus dudas y después de haber implorado caricias, ahora se sentía más feliz y mAs
conmovida A causa del respeto que le demostra-

ba Juan de lo que se habría sentido eon los más

quiera.

Y eomo de Cba:mont vaeilaba, siguieron los
-Bah! todas las excusas, todas las indulgencias

del mundo, serán para tí 1 porque la moral humana sólo es implaeable eon las nillas y tiene ra-

zón .... Pregunta, pregunta. y Jo verás ....
Sí, Juan había querido hacer sus eonlideneiaa
pero ;.il quién? Su secreto era uno de aquellos
que un caballero no puede divulgar.
En los momentos en que p~nsaba esto, una ma-

no se apoyó en su hombro y al vol ver él la eara,
vió al Doctor- amigo i11dulgente-q11e Je dijo eon
voz afectuosa:

-No ha podido usted dormir. ¿Qué tiene usted? ¿por qué sufre?
Juan respondió sonriendo:
-¿Y por qué diablos quiere usted que sufra yo?
-No lo quiero, pero lo veo,

-Bah! me espanta usted eon su perspieae!a y
es us,ed capaz de convencerme de que estoy en-

fermo aunque no tenga nada.
Lerbon se sentó y eontemplando !rente á !renNo intentó, pues, detenerlo más y cerró dulcete
al Comandante, agregó:
mente los ojos1 no para dormir sino para fijar me-Oígame usted, Comandante: tengo algo que
jor su sueno.
pre11untarle, algo dilíeil de deeiryen verdad que
El volvió al comedor, lejos de la adorable ene- no sé eómo lo diga .... Pero apelo á toda su inmiga de su reposo, y se tendió en la silla de pa- dulgencia y A toda su amistad. Oigame: se Jo suja donde tan bién dormía en tiempos anteriores,
pero no duró alli mueho tiempo pues estaba. de- plio.o.
-Hable usted, contestó Juan muy muy Interemasiado agitado para poder dormir; y vol viendo sado. Mi amistad, ya usted Jo sabe, Je pertenece
sobre sus pasos regresó al salón, dirigió una mi- y en cuanto A mi indulgencia, no la necesita us•
rada al camarote que ocupaba Nelly y estuvo A ted y estoy seguro que ....
punto de aproximarse y eseuehar. Luego se re-Sí, si, insistió Lerhon humildemente, y para
prochó este intento y casi corriendo tornó al co- predisponer li usted A mi favor, Je recordaré que
medor, cerró la, puerta del sulón, se sentó junto
fué usted quien solicitó mis confidencias.
á la mesa y sonrió burlándose de si mismo.
-¿Qué eonfideneias?
No: decididamente se conducía como un niilo
-Usted me dijo una vez, no haee mucho tiemque no sabe ni lo que quiere, y no obstante senpo, en Mayotta. •~Conque de su parte no es usted

ardientes y apasionados besos.

tía que un pensamiento oculto todavía r,o bien
delineado entre el tumulto de sus pasiones, recuerdos y esperanzas, se adivinaba como se vis-

lumbra el sol A través de las nubes que lo cubren. Todas sus sensaciones iJ.ternas le decían

que se casara eon Nelly, pr,mero porque la amaba y nunca podr(a soportar q ne fuera de otro, y
luego porque era su deber. Para probarle esto
último abundaban las razones que apelaban á la
moral, á la religión, á la generosidad, il los juramentos, á las cosas más santas y desafiaban al
pensamiento oculto para que presentara abogados semejantes. Pero b!'uscR.mente aquel pensamiento aparecía y murmuraba: «Como Nelly te
bA. engafl.ado contigo mismo, te engaflarA más tarde con otros: no se casa uno con la mujer de
quien es amante; acuérdate cuanto te has burla-

do de los que han beebo ese disparate.•
Pero pronto las nubes volvían y una voz que
salía de su interior le gritaba:

-¿Y puedes comparar? Esta mujer no más á
tí te ha pertenecido y esa es ya una diferencia
eapital como Jo sabes muy bien .... Tú has que-

ga El &lt;J,,rreo d, la Ta,•d,. de Mazatláo.

de evitar un escollo, ¿no Jo sabes, hábil navegante? y hay una infalible de tropezar con él: dejar-

de un llamamiento mudo.
Juan tuvo unos instantes de vacilación, pero
pensando en que toda debilidad era una vileza

-Duerme mi bien, mi prometida, duerme.
Cuando se ama sinceramente no se atribuyen al
ser querido sino pensamientos delicados y se ima•
gina uno que puede leer en su alma porque se vive

Es asunto i'!Dportante el que §.6 trata en el si,guiPnte articulo, ffUPJ tomamos de nu~1:1tro cole-

lazo, y li ti para ver y conocer es9 no te faltan

-Pero no dijo nada y mientras sentía que una
lágrima rebelde le temblaba en las pestallas, sonrió tiernamente y tendió los brazos en la actitud

en el estndo de ánimo en que se hallaba, Je dijo
eon dulzura después de darle un beso en la !rente ....

El matrimonio en"peligro

Jo decias en alta voz .... Un lazo, una celada

eiún si quieres, está llena de excusas. Te babias
comprometido con ella y ella ha liado en tu palabra sin garantía alguna. ¿Puedes considerarlo
eomo crimen? Ahora quieres escaparte. ¿Quién
de los dos es el despreciable? Pregúntalo á cual-

conciencia.

PAGINAS DE LA ..MODA

en que es una acción vil, la más vil de todas, se-

ducir á una nilla, por más que Intentes disculparte eon que lué ella quien te sedujo li ti y hables

da, que te deberli toda su dicha y de la que habrás
sido el primero y el último amor.
-¡Quién sabe! se contestaba á si mismo Jaeó•
nicAmente en lo profundo de la conciencia.
Pero esa exclamación lné ahogada por los cla-

enteramente franco conmigo en momentos en

que no puedo ocultarle li usted nada? Pues bien:
es verdad: usted ha adivinado: estoy, yo por Jo
menos. enamorado de la seflorita Nelly.»

-SI, me acuerdo perfectamente, dijo Juan eon
embarazo, los recuerdos de usted son exactos.

Lerbon prosiguió después de una pequella pausa.
-Si los de usted lo son igualmente también
reeorderá que acentuó usted mucho las palabras
referentes:\ la lr,,nqueza que de mi reclamaba
en compensación A 1ft suya.

-Mi memoria, querido Doctor; no llega A tanto: pero ¿donae va usted á parar?

(ContinuardJ

177

EL MllNDO.

Domingo 28 de Agosto de 1898.

Domingo 28 de Ago•to de lt!91!

•

11El matrimonio mod~rno J,a sido condenado
•como opresivo y añejo por un partido femenino
de alguna fmportancia 1 y los ingleses estudian
con que reemplazarlo.
Dos partidos habla qué tomar. Ensayar el
salvamento del mat.rimooio rejuveneciéndolo
y recomendándolo, ó suprimirlo, pero no bru~
talmente de un golpe Fino por medio de un1t
aerie de med•das transitorias que acostumbrarlan poco á poco á pasarse Aio é l. Alguuas per•
sonas tlmidas ó s'n reflexión se inclina.b1m hacia una compostura que no chocara. dem..tsiado
.á, las buena~ gentes ,·lctimas de preocupaciones Las muJeres que aaben y se •tre\'tm á ir
al cabo de una idea hao admitido sin titubeHr la doctrina
•que se llama del 11 bloc. 11 Se 1.. s
dice: El matrimonio caerá. si
se le mete una cuña.11 y Pilas
contestan! º¡Pues que c11igal
.¡Barramos Jos pedazos y no
hablemos máa de élP'
Es en la puritana Inglaterra donde se ataca el m11trimonio con tal desenvoltura.
.Arvé de B,1rine1 escritor francés ha ido expreAamente á.
presenciar esecombate,y ao;:e.
gura que la tésiA d1·d escobazo es la predilecta actualmente en la literatura brJtáoica
LRB mujeres domiaan entr6
los defensores, y una de las
más rMuelhs es .Mona Chdrd.
Esta bella persona admite
que habré. probttblemeote desastres el dla en que la lrgisJación sobre el matrimoui("I
sea 11seri11.mentealterada: 1 No
Je imagina tampoco ni por un
m,mento, que Ja "independencia eco11ómlca 11 de la mujer, preludio obligado de to• 1
das las reformas, sólo trHerfa
beneficios á su sexo. Pero no
debe uno dejarse detener p,r
el temor del porvenir cuando
un gran principio eatá en juego. La.a mujeres además, co
pueden perder en el cambio:
1u suerte es demasiado cruda. ¡Que sigan Hdijl&amp;ntA1 "u•c-:,da lo que sucediere! En
cuanto álos hombres que pretenden a todo tran~e prot~•
gerlas contra su imprudencia
la en~antadora Mona Cldird
los dtapensa de ello: coaaidera su solfci&amp;nd como un nue vo ultraje.
E~o era bueno en otros tlempoa: La mujer modernau 110
quiere que se le proteja, Ya
no. admite se la true como
chicuela; pretende en Jo futuro s"r la autora d.., su vida como los hombres Jo son y 80 .
bre un P!é de igualdad/ Esto
va á su riesgo y costas. Si hay
imprudencia, es asunto que
i el.la solo concierne "Si 1&amp;1
muJeres reclaman, como si.-odo natural y humano, el derecho de tomar Hu parte en
laa buenas ó malas probabilidades que el mub.do puede
pre_senhr¡ s_i deiteao el privilegio de la mdependencia ¿á
nomb~e de qu é se ?o ne,c~ria
la sociedad? Sucede todos los
días q~e los hombres ll t,van
mala v1da. 1 cometen acciones
que comprometen el bienestar de In raza; ¿en virtud de
qu~ principio se ataría Alas
~UJer~s de manos, A las m1.1Jeres ur!l~a_ment_eí' ¿Por qné
·ese sacr1f1cio umlHteral? ¿Por
q.ué esa dei,fgnación Hrbitra
ri.a de vfctima11 sacríficadu Al

Es 1~ solución que el s~ciallata Bebel ha preconizado y profp,tizado,
hará qumce años. 11 La muJer, esccibia él, sólo tendrá consideración l\ su
propia incl!nación en el acto de celebrar su unión. Esta consistirá en un
t·ontrato privado, sin intcorvención de funcionario alguno. Los Instintos
del sér humano, Pólo á él Je interesan. con tal que su satisfacción no cause p~rjuicio á nadfP.. 11 Deben compreDderse aquí todos los instintos natuJep, ~m excepción. 11En caso 4.e incomp,ttbllidad, proseguía Bebel, de deailuc1ón ó de simpatla entre los cónyUJ6B la moral ordenará se des11te un
)uzo que se ha vuelto contrario á la naiuraleza, y por consiguiente 1 inmoral.••
Todo lo que antecPde es poco, en comparación á lo que sigue.
Acaba de t1alir á. luz un opúsculo escrito por un socialista Crancé, en el
que se lee. Entre las coHs que @onde desearse y son posibles d'e su11tra_~rse casi por completo a1 tm_perio de la ley, tenemos que contar la
1m1ón del hombre con la mujer:' .I_,¡a sociedad no tiene el derecho de imponer un compro~_iso por toda la vida á dos seres que pueden ser enga- .
fiados en PU elecc100 y descubrir f'ln el curso de RU existencia común exc~lenteEI razo~es_ para separarse. No tiene la sociedad el derecho cte 'exi~ir. el c~ns,mt1m1ento de los padres. Lo mismo que no será necesnio autor1zac1ón. nlguna para caSRrse idéntrcamente lo mismo la voluntad claramente _e:z:presHda por uno de los cónyuges. bHstará p&amp;ra romper el lazo
voluntario que habrán creado entre 8llos.
11

11

11

bien de la humanidad

ó á ¡0

Conversaciones del Doctor
DOS EFECTOS DE PRIMERA NECESIDAD.
L, sal de cocina no solamente es un alimento Pino que ayud1t á. la d1gPstió~. Su sabor que guataá_ todcs, 8umenta la secreció1_1 dt, 111. saliva; del jug~ gádtrlco y de otros productos de
Aecrec1ón, neceHrios á la d1so1ució0 y á la digestión de los ali•
mentos
La sal se s11c.a del agu11. de mar ó de las minns. La eal que
R~ saca de las mm~s se llama sal genimá Para el uso de la corrna es mucho mPJor l1t &amp;Hl que se ea.ca del ngua del mar porque ét't&amp; es mas rica en cl&lt;ruro de m1tgneaio, subst,_mcla q_ue en el estómago se deacompone en magneF1a .V ácido clorhldrico, que ea el Acido del estómago
y que e~ tan necesario para la dige;atión
Quim.tcameute la sal si;, llama cloruro de sodi-0.
No soh1mPnte lR ul 11.yudl'l
la digt-stión sino que aunienta
tamb én los glóbulos rojos de
111 i.:iangre, y cont:·ibuye ul á
fortalecer nue ~tro organismo.
No eetá todavía Aprobado
&lt;¡lle los animales herviboros
1,umenten de peso con el uso
rle la sal, pero es cinto que
#tozan de mf'jor salud tienen
11l piel mAs lúcida y sus carnes
son mé.s sn bro@aR.
La sal defiende de la escrófnh1. y mejora, basta que puerte Hn~rl_a; por --eso hay que
liacer v1v1r á los niños escrofnlo11os y débiles en una ciudad m11rina. La s1tl se encuentra en mucha cantidad en el
,dre marino y es por esta razón que los marineros ó los
que viven en las orillas del
mar. respirando un aire muy
lfco rn sal, tienen muy buen
1tp..-tlto y gozan de ópima sa·
lurl

Hll&amp;tli la tuberculosis mPjn•
r&amp; mucho en los que viven en
el OCf'áno ó en PUB erill&amp;s
DPjad por lo tanto qu~ loa
niños y los hombres pongan
1.-al en sue alimento¡.
El azúcar es un alimento y
Pe ha dicho que PI 11-zú cu P.S la sal de los niños como
H, tin.o es la leche de los 'anciatios. El azúcar en Pl organtamn se convierte en gr1ua.
Todo el almidón lfU6 comemo~ con_ alimentos vegetales
HA cambia PO azúcar bfljo la
~afluencia de h\ saliva y del
Jugo pancrático. E~te azúcar
t-6 almacen~ en el higndo (que
yiuede cuns1derarse como una
verdadera csja de ahorro de
t&gt;-Fte alimento) y en PI curso
dt11 dia poco á poco pasa á la
snngre.
El azúcar también es un PX•
celen te 1:xit1rnte d A las funciones a.igestivas. Un vttso de
agu,1. fria ó calieotA (no tibia)
con un po(o de azúcn ayuda
al trabajo quimico de la di-

que ee supone serlo?" Las ve•
tuS t.8 S leyendns nferentes á
ge,tlón.
Por consiguiente el café que
las Jóvenes doncellas que cada año se elegia para ser enPe tomR después dela comida
cadenadas á una roca de Ja
tiene que Per con azúc11r¡ eÍ
Flg. 1-Trale de luto para calle.
p)aya, con el fin de que los
c&amp;íé con azúcar acelera Ja didioses ó loa monstruos mari•
.
gestión: al contr,uio el café
dos tueran. propicios, no him perdido aún ;¡u actnalidaii
s¡ n 11zucar, 1a entorpece y ret11rd11.
No es cierto 9.ue el azúcar produzca lombrices en los niños y hmpoco es ciersione: J~~~edad ~1itá, P!J68, obligada en rigurosa justicl~ A atender A 111.s pretenménos ie·ao~ muJeres _sin detenerse en las consecuencias Si en un futuro más ó !º ~ue dañe los die~tes y los predisponga la carie Para que el azúcA.r pueda perla unión ~ibr 1 ~sas ~x~fenc!as tienden á reemplaur el antiguo matrimonio por JUd car, ea .necesar10 ahusar de él. Pero es sabido que de nada hay que abusar,
po pero al ~' 11 op m n publica deber&amp; acostumbrari:1e á ello. Quizá pase tlem- ni de la 11zucar, ni de la ad, y ddl p\n mhm1.
Verdaderamente en loa trópicos se abusa del azúcar, ó por menos se usa mucit'ivou en f~~ dli se llrgará., á buen seguro, á no admitir més 11 el elemento coer•
C!,)menzarán á :nbÍato que debe ser libre entre todos. ºCon el tlPmpo, las gentes cho Esta es una de las razones por qu~ 11.lli l&amp; gente y las señoras 68pecialmente
dos Ene
u evaref' contra la ingerencia del Estado ,o sus asuntos privH- son muy ¡;rruesas. Y11. he dicho que el azúc11r se convierte eu gra;¡a en el organis-c o~tra d~ntrar1n padrtiNcularmente nocivo que se les obligue á v'vir juntos en mo. Por consiguiente, los que no q•tleran ponerse dema.siado gra.e~os hag&amp;n un
tuvo unta . o considera1án esa obligación como sagrada, 11
limitado uao del azúcar. Uu poco menos de azúcar y un poco di;, sal. '

•

�Domingo 28 de Agosto de 1898.

EL MUNDO

178

Domingo 28 de Agosto de 1898

PRECEPTOS.DE HIGIENE.
ALU1'1BRADO ARTIFICIAL

El alumbrado artificial debe parecerse en todas
sus propiedades al alumbrado natural, esta es la condición que debe procurar alcanzar.
Algunos autores t.stablecenla~ diferE'.ncias siguientes entre los alumbrados natural y artificial: en cuanto é. la cantidan es axcesivamente débil la del artificial; esto se comprueba por la poca claridad que despide el foco luminoFo más fuerte, en medio de la luz
del dia; el alumbrado artificial apenas llega á ser suficiente, y no porque los niños pequeño~ lo buscan
á la hora que el sol se oculta, se debe establece,r entre la luz natural y la artificial una semejanza que en
realidad no existe.
Los aparatos de alumbrado deben llenar d~e indicaciones importantísimas: dar una luz convemente y
quemar todos los productos de la combustión. . .
La luz que se acompaña de mucho calor es perJud1cial.
Los ojos deben ver el objeto alumbrado y no el foco luminoso; el ejemplo de esto lo da el sol. que por
medio de rayoe oblicuos alumbra todo, esrando cu•
bierto muchfsimas veces é nuestras miradas.
Los antiguos hacían uso de la recina para el alum ·
brado: más tarde emplearon los cuerpos grasoso•,
muy especialmente el sebo, pero las velas de
sebo tienen muchos inconvenientes: la luz
es poco clara, es vacilante. amarillenta, con
intermitencias cada vez que crece el pábilo, la combubtión es incompleta; y además
I d
in d
del humo, el mal olor, etc., como la mecha no
Fig. 3.-Mod e O e pe a 0 • se quema bien, es indispensable e~tarla tecortando con muchísima frecuencia. Despren •
dE', además, algunos productos dañosos á la re~piración.
Hoy se usan, de preferencia, las velas de estearina. de cera, de esperma, de parafina. etc; la luz es más viva, blanca, de~prende poco calor, y la combustión es
más completa.

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Fig. 7'.-CJnerpo bordado.

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Fig. 8.-CJnerpo fantasía.

El lenguaje de los timbres posta.les.

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Flg. 2.-Toilette de -visita para señorita.

Amor á la familia en las testas coronadas.
Un diplomático muy bien informado y dotado de
una memoria excelente, recorda&amp;a un incidente que
pasó entr!l el Emperador Guillermo y su hermana la
princesa Sofia de Grecia.
E~ un error creer que el disgusto entre los des data del dia del casamiento y de la conversión de la Duquesa de Esparta.
Este abori ecimiento es mb antiguo: viene desde
aquel dia en que, en San Remo, se encontraron en•
frente á,· 1,u padre ya muy enfermo.
Guillermo, que entonces se consideraba separado
por dos escalones del trono imperial, veia con irrespetuosa impaciencia que se prolongaba la vida de su
padre. Fué á Sat Remo por un solo dia y demostró
una frialdad tan grande que hizo llorará l&lt;'ederico:
La princesa Soffa que adoraba á su padre y la prm ·
cesa Irene de Heeee le hicieron duros reproches, que
terminaron por el s'guiente apóstrofe lanzado en inglés:
"Eres tan cruel ahora, como cuando te complacías
en golpearnos siendo niñas."
El futuro Emperador escuchó impasible aquellas
terribles palabras y, alzando los hombros, salió sin
pronuncial' palabra y tomó el ferrocarril para regresar á Berlin.
La pobre madre de Guillermo ha sufrido horriblemente por el orgullo ,te su hijo, al extremo da querer
volver al lado de su propia madre. la Reina Victorf.t,
abandonando aquel palacio imperial que es para ella
una verdadera cárcel dorada.

•••

Es malo leer estando acostado, porque se conges•
tionan los ojos y se someten los musculos del ojo a un
trabajo excesivo.
Es malo leer en el ferrocarril, andando el tren, el
movimiento hace trab11jar demasiado áloe músculos
fijadores del ojo.
Es muy malo emplear espejuAlos que tengan vi•
drios de números no eaecuados á la vista.
BARNIZ NEGRO IMPERMEABLE

Los tres cuerpos que entran en la preparación s1,n
tanino, alquitrán y per sulfato de hierro, resultando
el barniz más ó menos reluciente é impermeable, según eean las proporciones de estos tres ingredientes
que se mezclan en una vasija á propósito sometida
á la acción del calor
Se aplica este barniz en caliente, á manera de pintura, sobre el papel de embalar, sobre la madera, lo•
na y en general á todo lo que convenga hacer i::.;per•
meable.
~l que no toma consejo de loe más entendidos, se
expone á errar.

•*•

Los insultos de los necios, son como los ladridos de
los canes á la luna.

Flg.10.-Frock blancoparanlña
de:6)i 7',ailos.

LOS OJOS.
Nuestros ojos es pr6ciso preservarlos de la acción
del viento, del polvo y del liumo.
No debemos pasar repentinamente de una habitación candente a una admósfera fria.
No debemos abrir los ojos bajo el agua, sobre todo
t-n el baño salado.
..,_•
No debemos mirar fijamente una luz fuerte, como
la luz eléctrica.
No debemos forzar la vista leyendo ó cosiendo con
una luz insuficiente.
.
Si los ojos estiln inflamados no debemos !abarloe
con agua cruda, lo mejor el lavarlos con agua previamente hervida y algo caliente.
. El reposo es uno de los factores más importantes en
el tratamiento higiénico delos ojos: reposo de los ojos,
reposo del cuerpo, reposo del espiritu.
Los borrachos pierden la vista muy pronto 6 su mal
es casi siempre incurable; se quedan ciegos y degradados.
Es preciso no ponerse A leer con luz pálida ó cre-

Para un corazón recto y sincero es menos odiado
el crimen que la adulación y la bajeza.
Los que viven encenegado11 en el vicio, jamás pue•
den comprender:-.ei-valor y la virtud,

Fig. 6.-Toca chelrel.

La posición de las estampillas en· el sobre quiere
decir lo siguiente:
En la esquina derecha, arriba, y el timbre derecho:
Deseo tu amistad.
Esquina derecha, arriba, timbre al revés: Ya no es•
cribas más.
Esquina derecha, arriba, timbre acostado: Escribeme inmediatamente.
.
Esquina izquierda, arriba, timbre derecho: Te amo.
Esquina izquierda, arriba, rimbre al revés: Quiero
á otro.
Esquina izquierda, arriba, timbre acostado: Todo
marcha bien.
Esquina- derecha, de abajo, timbre derecho: Tu
amor me hace feliz
Esquina derecha, abajo, timbre al revés: No vales
nada.
Esquina derecha abajo, timbre acostaito: Me hiciste
enojar.
·
Esquina izquierda, abajo, timbre derecho: Premia•
ré tu fidelidad.
Esquina izquierda, abajo, timbre al revés: He probado tu amor.
Esquina izquierda, abajo, timbre aco1,tado: Déjame
sólo en mi dolor.
En medio de la orilla superior: Silencio.
En medio de la orilla inferio1: No me ocultes nada.
En una linea con el ape11ido, timbre derecho: Acep•
ie mi cariño.
En una linea con el apellido, timbre al revés: Tengo mucho anhelo para ti.

Fig. 4.-Modelo de peinado~

puscular.

La luz para leer, escribir y coser debe llegar por el
Flg. 9.-Frock para nfila de 10 á 12 anos. lado izquierdo.

Flg. 11.-Frockdefoulard para nHla.

�Domliuro 21 de Ago■to de 1898

Jl!L MUNDO

180

FIG 5.-TBAJB DJII CALLlll,

Es de alpaca azul, con gran aplica•
ción de t11fetán escocés en la par·
te inferior de la falda unida á ésta
por cinta de tafetán. J aquet fantasía
con reminiscencia de bolero, grandes
solapas doublé de dril de lino finislmo.
Chaleco de lino también y camisa de
batista acordoneada. Gran corbata de
raso negro y collar de m~selina de_seda. En las mangas, muy JUetae, aphcación de escocés como el de la falda,
hasta el antebrazo

•

NUMERO 10

MEXICO, SEPTIEMBRE 4 DE 1 898

TOMO II

FIG. 6.-TOCA CHlllffilllL,
Toqueta de tieeú de seda rosa tierno
con fondo béret, rodeado de una draperia muselina del fondo en que está
retenida por una tortuga de atraes. A
la izquierda la draper!a fo~ma torealee
al rededor de una pluma blanca y rosa.

~-

.

té~tit: ::::\\

i ·-

•

FIG, 7.-Cl'ERPO BORDADO.

FJg. 13 -Angulo de pailuelo.

Ee todo blanco, con grandes guias y
ciutae ondulantes. Solapa fantasla que
se abre sobre una camisa de batista
acordeón que muestra una 1:,ncantadora corbata de seda ribeteada de ligeros volantes El jaquet se cierra por un
cinturón de piel de Suecia.

-------------------------------------------------- Nuestros Grabados.
Está
FIG. 1.-TRAJIII Dlll LUTO PARA CALLE,

Es de surah negro formando una gran veste cemda gracloeament11 por un lazo de tafetán negro. Un
yoke redondo, hecho de surah negro y b Jrdado, luce al rededor de los hombros. mostrando una doble
fila de ruches de surah. Al rededor del cuello hay otro
doble ruche de surah formando un ancho ruff. El
cuerpo es de brocado surah tan transparente que
muestra el doublee que es de satln ligeramente asalmonado. No hay un sulo botón en la toilette. Una dt
las grandes particularidades de ésta, nótase en las
mangas hechas de surah negro pleno, en acordeón y
cayendo amplias y luengas de los hombros.
PIG. 2 -TOILETTE DE VfolTA PARA SEÑCRITA,
Modelo en crepé de china gris plata, bordado ó.e
seda negra.
La espalda y el frente del c'lrpiño, están guarnecidas de una especie de. plastrón
Crepé de china bordado de cadwilla que forma espaldas.
Los bordes de ese plastrón están cortados en festonee de terciopelo: sobre un bordado de tejido, simulando un doble plastrón.
El tablero de la falda continúa la gu~rnición del
corpiño. Esta falda está tallada en forma.
FIOS, 3 Y 4 . -DOS MODELOS DB PIIIINADOS,

Damos ba.jo estos dos números dos modelos de peinados de suma. elegancia y de alta novedad.

FIG. 8-CUERPO FANTASÍA..

hecho en combinación con batista
azul pálido bordada y muselina de seda azul.
El bordado forma el corpiño y gran parte de
las mangas. u.ándo8e la muselioa para los
pufs y el plastrón y ascendiendo hasta formar un collar recto.
FIGS. 9,

10 Y 11. -TRES TRA,TBIS PA.B A NIÑAS,
Damos, comprendidos en estos tres números, tres encantadores modelos para niñas.
El número 9 és un lindo frock de challi, blanco y rojo, figurado con un plastroncito de
muselina de seda acordeón y jockeys ribetea.dos de blonda. Es,á ceñida por un cinturón de eatln. El número 10 es de nansú, con
cuerpecito blusa y un elegante joke con
aplicación de cinta bordada. En cuanto al
número 11 es todo de fulard, con plastrón
de guipure y galones en forma de cuadrados
~ue corresponde á aplicaciones de guipure.
Elegantes Jockeys v abullonados en los hombros y en 'el centro de las mangas, manguetas de_mue~lina con aplicacióu de galón
de seda. Cmturon de satín con un gracioso
lazo á la izquierda.

&lt;,·,&lt;/c.'

.FIG, 12,-TRAJE D!!I PASEO

Es de gr anadina, á lineas ondulantes, alternad!!&gt; en ll falda y el cuerpo por galonee
de blonda paralelos. El cuerpo muestra ua
plastrón pleno de falla blanca con radios
puntados, collar de lo mismo, pnntado también, una aplicación de blonda une el corpiño al plastrón.
FIG 13.-ÁNGULL D!" PAÑUELO.

Es de encaje y se ejecuta
con lacet inglés
El dibujo está. reproducido
sobre papel ó sobre una tela
encerada y se arregla el lacet
siguiendo los contornos.
Unense los di versos motivos
con bridas; comolfdanse tod11s
las parte3 del dibujo éon mu
cha limpieza y cuidado des•
pués se retira el bo1 dad~ del
papel ó de la tela encerada
se aplica c11da ángulo sobre ei
cuadrado de bat•sta preparado para el pañuelo y se guarnece de linda blonda de hilo.

FJg 12.-Traje de paseo.

-:~\~~ t~-.
:·~·.,•

~

.: •¡., ••·

-~(!:;:\
&amp;S\ ,,

He aqui tres combinaciones muy lindas.,
La una es un cortinaje de seda japón cruda con blonda !n•
cru8tada.
La cortina está drapeada á la izquierda bajo un nudo de cinta.
El segundo modelo 68 de muselina Liberty, con un hermoso
dibujo.
El tercero 68 pliesé á pliegues redondos y guarnecido de una
incrustación que forma dientes.
E n la punta dfl cada diente hay un anillito dorado.

' .-~,::,
~-:

' . ·:~-

.

\}t:&gt;: _
:-~

FIG, 1 4 ,-BOLSA ELEG ANTEl.

El número catorce rPpreeenta la bolea completa. Et fondo
ee de cartón recubierto de seda drapeada. La bolea está
hecha de Eatln doublé de la
miEmlf seda. Se hace esta bolsa más alta y más larga que el
fondo, p_ara darle la amplitud
necesaria.
La parte superior está extendida pero se forman pliegued en la parte baja. C:-mo
guarnición lleva un torsal de
cinta en la parte alta y unvola11te de bloma y un aconchado en los costados. Los lazos
son de cinta y hay tres nudos
de la mioma cinta mezclados
con la guarnición.

..
1

$

LLAMADOS "MISTERIO."

,

Fig. IIJ,-Pequeños cortinajes llamados ".Misterio."

Guillerm ino, Neina ae }(olanaa.

Se coronará solemnt'mente el d1a 6 del actual.

FIG.15-Pll:QUEÑOS CORT INAJES

La moda de los pequeños
cortinajes "misterio" cada dia
está más en privanza y todos
se ingenian para variar los
modelos.

ro.

FJg, 14.-Bolsa ele¡ante.

( Véast el texto.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>Domliuro 21 de Ago■to de 1898

Jl!L MUNDO

180

FIG 5.-TBAJB DJII CALLlll,

Es de alpaca azul, con gran aplica•
ción de t11fetán escocés en la par·
te inferior de la falda unida á ésta
por cinta de tafetán. J aquet fantasía
con reminiscencia de bolero, grandes
solapas doublé de dril de lino finislmo.
Chaleco de lino también y camisa de
batista acordoneada. Gran corbata de
raso negro y collar de m~selina de_seda. En las mangas, muy JUetae, aphcación de escocés como el de la falda,
hasta el antebrazo

•

NUMERO 10

MEXICO, SEPTIEMBRE 4 DE 1 898

TOMO II

FIG. 6.-TOCA CHlllffilllL,
Toqueta de tieeú de seda rosa tierno
con fondo béret, rodeado de una draperia muselina del fondo en que está
retenida por una tortuga de atraes. A
la izquierda la draper!a fo~ma torealee
al rededor de una pluma blanca y rosa.

~-

.

té~tit: ::::\\

i ·-

•

FIG, 7.-Cl'ERPO BORDADO.

FJg. 13 -Angulo de pailuelo.

Ee todo blanco, con grandes guias y
ciutae ondulantes. Solapa fantasla que
se abre sobre una camisa de batista
acordeón que muestra una 1:,ncantadora corbata de seda ribeteada de ligeros volantes El jaquet se cierra por un
cinturón de piel de Suecia.

-------------------------------------------------- Nuestros Grabados.
Está
FIG. 1.-TRAJIII Dlll LUTO PARA CALLE,

Es de surah negro formando una gran veste cemda gracloeament11 por un lazo de tafetán negro. Un
yoke redondo, hecho de surah negro y b Jrdado, luce al rededor de los hombros. mostrando una doble
fila de ruches de surah. Al rededor del cuello hay otro
doble ruche de surah formando un ancho ruff. El
cuerpo es de brocado surah tan transparente que
muestra el doublee que es de satln ligeramente asalmonado. No hay un sulo botón en la toilette. Una dt
las grandes particularidades de ésta, nótase en las
mangas hechas de surah negro pleno, en acordeón y
cayendo amplias y luengas de los hombros.
PIG. 2 -TOILETTE DE VfolTA PARA SEÑCRITA,
Modelo en crepé de china gris plata, bordado ó.e
seda negra.
La espalda y el frente del c'lrpiño, están guarnecidas de una especie de. plastrón
Crepé de china bordado de cadwilla que forma espaldas.
Los bordes de ese plastrón están cortados en festonee de terciopelo: sobre un bordado de tejido, simulando un doble plastrón.
El tablero de la falda continúa la gu~rnición del
corpiño. Esta falda está tallada en forma.
FIOS, 3 Y 4 . -DOS MODELOS DB PIIIINADOS,

Damos ba.jo estos dos números dos modelos de peinados de suma. elegancia y de alta novedad.

FIG. 8-CUERPO FANTASÍA..

hecho en combinación con batista
azul pálido bordada y muselina de seda azul.
El bordado forma el corpiño y gran parte de
las mangas. u.ándo8e la muselioa para los
pufs y el plastrón y ascendiendo hasta formar un collar recto.
FIGS. 9,

10 Y 11. -TRES TRA,TBIS PA.B A NIÑAS,
Damos, comprendidos en estos tres números, tres encantadores modelos para niñas.
El número 9 és un lindo frock de challi, blanco y rojo, figurado con un plastroncito de
muselina de seda acordeón y jockeys ribetea.dos de blonda. Es,á ceñida por un cinturón de eatln. El número 10 es de nansú, con
cuerpecito blusa y un elegante joke con
aplicación de cinta bordada. En cuanto al
número 11 es todo de fulard, con plastrón
de guipure y galones en forma de cuadrados
~ue corresponde á aplicaciones de guipure.
Elegantes Jockeys v abullonados en los hombros y en 'el centro de las mangas, manguetas de_mue~lina con aplicacióu de galón
de seda. Cmturon de satín con un gracioso
lazo á la izquierda.

&lt;,·,&lt;/c.'

.FIG, 12,-TRAJE D!!I PASEO

Es de gr anadina, á lineas ondulantes, alternad!!&gt; en ll falda y el cuerpo por galonee
de blonda paralelos. El cuerpo muestra ua
plastrón pleno de falla blanca con radios
puntados, collar de lo mismo, pnntado también, una aplicación de blonda une el corpiño al plastrón.
FIG 13.-ÁNGULL D!" PAÑUELO.

Es de encaje y se ejecuta
con lacet inglés
El dibujo está. reproducido
sobre papel ó sobre una tela
encerada y se arregla el lacet
siguiendo los contornos.
Unense los di versos motivos
con bridas; comolfdanse tod11s
las parte3 del dibujo éon mu
cha limpieza y cuidado des•
pués se retira el bo1 dad~ del
papel ó de la tela encerada
se aplica c11da ángulo sobre ei
cuadrado de bat•sta preparado para el pañuelo y se guarnece de linda blonda de hilo.

FJg 12.-Traje de paseo.

-:~\~~ t~-.
:·~·.,•

~

.: •¡., ••·

-~(!:;:\
&amp;S\ ,,

He aqui tres combinaciones muy lindas.,
La una es un cortinaje de seda japón cruda con blonda !n•
cru8tada.
La cortina está drapeada á la izquierda bajo un nudo de cinta.
El segundo modelo 68 de muselina Liberty, con un hermoso
dibujo.
El tercero 68 pliesé á pliegues redondos y guarnecido de una
incrustación que forma dientes.
E n la punta dfl cada diente hay un anillito dorado.

' .-~,::,
~-:

' . ·:~-

.

\}t:&gt;: _
:-~

FIG, 1 4 ,-BOLSA ELEG ANTEl.

El número catorce rPpreeenta la bolea completa. Et fondo
ee de cartón recubierto de seda drapeada. La bolea está
hecha de Eatln doublé de la
miEmlf seda. Se hace esta bolsa más alta y más larga que el
fondo, p_ara darle la amplitud
necesaria.
La parte superior está extendida pero se forman pliegued en la parte baja. C:-mo
guarnición lleva un torsal de
cinta en la parte alta y unvola11te de bloma y un aconchado en los costados. Los lazos
son de cinta y hay tres nudos
de la mioma cinta mezclados
con la guarnición.

..
1

$

LLAMADOS "MISTERIO."

,

Fig. IIJ,-Pequeños cortinajes llamados ".Misterio."

Guillerm ino, Neina ae }(olanaa.

Se coronará solemnt'mente el d1a 6 del actual.

FIG.15-Pll:QUEÑOS CORT INAJES

La moda de los pequeños
cortinajes "misterio" cada dia
está más en privanza y todos
se ingenian para variar los
modelos.

ro.

FJg, 14.-Bolsa ele¡ante.

( Véast el texto.)

�182

EL MUNDO

LASEMANA
¿Por qué razón-si puede haberla en estas preferencias del gusto público-todos los que han
visto con cierta placidez indiferente, obras como
sFausto» y «Aida» más ó menos tolerablemente
interpretadas en la temporada del Nacional, exijen c;le los jóvenes artistas mayores e~fuerzos en
la presentación de «La vida de Bohemia?»
El hábito gasta los prestigios del genio y vulgariza lo sublime. Si es cierto que no hay grande hombre que lo sea para su criado, sucede también que á la larga tuteamos á Otelo y poco se
nos da que Memistófeles se presente con barriga
de Sancho Panza y carcaje.das de l1tbriego.
Pero «La Bohemia,» ¡oh! «La Bohemia .... »
dicen en tono de galán del Teatro Hidalgo los
condottieri del aplauso en las butacas.
Para esos paladares exquisitos no hay f11lsificaciones suficientemente engañadoras. Es cierto
que tolerarían el Rhin menos auténtico; ¡qué im_porta que Margarita tenga trenzas rubias ó peinado griego!
Pero Mussette ha de ser por fuerza la que -vió
Mürger y soñó Puccinl. Snobismo inédito en que
sobreviven los delirios románticos del afio 30....
Para muchos ae los que llevarían de buena gana el chaleco verde que usó Gautier la noche del estreno de Hernani, el Arte no es todo el arte sino ....
«La Bohemia.»

"""

El Club Dramático mexicano ha hecho una nueva aparición en el Teatro de Vergara la noche
del martes.
Público? Uu público sui gene1'is por no decir
el público ideal.
Por otra parte, ese es el que necesitan los que
aman el arte; lo saben los jóvenes artistas del
Club y por eso lo invitan.
La concurrencia,naturalmente,aplaude; pero si
haciéndolo asi por indulgencia obraría galantemente, al aplaudfr por convicción es á la vez que
justiciera, inconsciente factor de un resultado que
ya debemos esperar como verdadera revelación
artística.
Sólo un misántropo puede negar estímuios á
esos entusiastas. En México hay muchos sedientos de ideal que dicen á todos los que llegan
¡adelante! pero hace falta, ó para hablar con precisión, hacía faita otra cosa: seilalar el camino.
El Club Dramático ha encontrado ese camino,
el más recto y el más amplio para to.dos los talentos.
Ojalá que sigan por él, y seguirán, pues todo lo
tienen,-fé en el arte y la simpatía pública que
aplaude su triunfal iniciación.

mar elocuente porque salva de la última pena al
criminal más peligroso. Y los mismos á quienes
salvó el gendarme con su heroísmo co saben su
nombre y repiten la arenga pomposa del hábil
defensc..r.

,,,,.

Un excelente observador admirábase no hace
mncho deque hqbiese tanta gente que c?Ienta como único recurso con esos «medios de vivir que
no dan para vivir» de que hablaba Larra.
Sucede es~o en tod11s l11s capitales? No creo que
Londres y París estén menos provistas de una
dotación suficiente de vagos sin otra función social reconocida que el parasitismo descarado ó
vergonz,111te; pero en pocos países se verá tanto
empeilo para establecer una ecuación perfecta entre un minimun de trabajo y un minimun de necesidades.
Hay levitas rní&lt;las, lP.vitas ociosas y miserab:es que pudieran ser blusas útiles y decentes.
Mientras los hacendados de la frontera pierden
sus algodones en flor por falta de hombres que
recojan el blanco copo, prtfieren los proietarios
al jornal reoumerador de los campos ayunar
entre expedientes.
De mil que pasan la vida dtclamando sobre
los recursos naturales del país, hay apenas uno
que intente algo positivo y práctico.
El est11blecimiento de una exposición perma•
nente de los productos de la industria nacional,
será una obra benéfica.
¿Quién que no sea un presuntuoso, ó no haya
viajado, estará satisfecho de sus conocimientos al
grado de creer que no son para él un misterio
gran número de los recursos de nuestro vasto territorio?
Al museo acudiremos á recibir,-los más,-la
iniciación de un aprendizaje sin el que nada valen las nomenclaturas y los conocimientos verbales, ú.nico y pobre bagaje con que emprendemos
la vida práctica.

,,,,.

'

Divagaciones y mariposeos.
I.

NUESTRA SEÑORA LA MODA.
No faltan, y aun dirfa qne rnbran, criterios rectilineos, enca~tillados en polvosas idea~, que ven, con,
cierto de~ctén compasivo. lo que llaman "caprichos de
la toilette" y con profundo menosprecio á las mujeres del grau mnndo que dedican su vida, que consagran sud energías, que c:rcunscriben su esfera de
acción al veleidoso campo de la Moda y en él respiran
y viven tan á gusto como el pez en et agua. Una lionne del gran mundo es para esos criterios tallados en
bloc, alg·o antibumano ó pernicioso que jamás puede
compadticerse ni con la tranqui!Mad del hogar ni con
la dignidad del matrimonio ni con otras muchas cosasque ~on nectisarias para la normalidad y dicha de la
exist.. ncia.
0dariamos decir que esos criterios rectilíneos hierran gravemente? No por cierto Afirmaremos sólo
que su punto de vütano varia jamás. que es demasiada
rtistringida su ma.ntira de apreciac.ión y que si para el
burgué~ la.Moda es la naturalenemiga de toda economía y de toda paz, para el poeta, para el colorista, para el escultor, para el novelib,a, para el filósofo, la..
Moda es tesoro inagotablti de inspiraciones y ense-•
ñanz11s.
Para nosotros constituye nada menos que el' emblema magnifico de la civilización humana, de la digni•
ficación del hombre-y hombre escribimos en el sen•
tido lato de la palabra, que connota á los dos sexos•.
Véamos por que pensamos a.si y para verlo retrocedamos un poco en la vida del planeta-un poco ~ignifica a.qui centenares de millares de años; que son bien•
corta etapa si se comparan con la vida milenaria de)1
cosmol: Tudu e,, nuevo; sólp la naturaleza es v-¡Bja.. . . .

*

,,,,.

!

tienen siquiera sea uno de esos áureos granitosde buen sentido que derrama Sarcey, sienten alivio al pensar que vamos olvidando los sucesos de
la guerra hispano-americi.rni., esa pesadilla que·
agitó tantas imaginaciones delirantes.
Dick.

**
Si creemos lo que dicen los periúdi~os de un
La aparición del sér humano sobre la tierra, seEstado remoto, el anunc10 mercantil no cabe ya
pierde en las ntibulos1dades de los primeros periodosen el recinto de las ciudades; tan estrechas son geoló~icos y sus huellas son difíciles de encontrar.
para contenerlo que se lla hecho agreste y ha co- Sabemos empero q ,1 e, físicamente poderoso, pero in,
me11zado á instalarse á lo largo de las líneas fe- telectualmente misero, el hombre primitivo sufrió mu,chos siglos una pasión inuenarrable.
rrocarrileras.
El grito ina1 ticulado, única expresión de sus angus•·
Como en los Estados Unidos, cada cien metros tias,
repercutla lúgubremente en el seno de las flotropieza la mirada del viajero, que contempla los restas opulentas que parecían rasgar el azul intenso
paisajes desolados ó risue11os del tránsito, con un de una atmó,fera cargada de ozono, -, que eran silenposte en el que hay tablas embadurnadas de fi- c1osos testigos de sus luchas con el leon saepelius, con
gran tigre predecesor del actual y con el mamouth
guras extravagantes y letreros grandes como el
de formidablPs defensas de marfil, ante el cual nuescasas.
tro pobre elefante seria como un perro ante un caa•
Ya es la musa de la terapéutica ofreciendo pol- bailo, en relación de fuerza y de corpulencia.
En aquellas titanom11quias portentosas-qué estre•
vos infalibles para todas las perturbaciones inmecimiento deleitable hubiera dado su espectáculo á,
testinales.
los latinos del bajo Imperio y á los latinos de ParislYa es un sastre que ostenta sus prendas ingle- el hombre primit:vo era casi siempre el vencido. SusUn amable revistero dice que los actores del sas y dice:
huesos crujlan entre la garras del felino y bajo la moTeatro Arbeu no comprenden el teatro francés.
-Seilores, los que quieran agradar al bello le del paquidermo, y regueros de cadáveres servían,
de pasto á la voracidad de las grandes aves de raEl teatro francés, efectivamente, reclama algo sexo, ocurran á la «Reina de la elegancia»
piña .....
más que la buena voluntad que no puede negárY no será. esto todo. Falta que como hace alguY la fuerza proseguía su obra oculta y misteriosa.
seles á esos discretos artistas, para llevará la es- nos años aproveche el mercantilismo los tiem- á través de las hecatombes .... ante las indiferentee.
cena obras como Frou-Frou y la Question d~ pos de gruesas nieblas para proyectar sobre las constelaciones geométricas, luminosas y enigmática¡,.
l'Argent.
nubes con ayuda de aparatos formidables, anun- espectadoras.
Cuántas especies destinadas acaso á un porvenir dePero como todo se compensa, dice también el cios en los que lean todos los habitantes de una. mayor intelectualidad que la nueHtra, pereciMon así~
mismo rev!stero que los autores dramáticos no ciudad el nombre y las principa.es virtudes del en el obscuro recinto dti una selva cuaternaria ó en la.
comprenden las costumbres nacionales.
especifico más solicitado ó tl título de las obras arena candente de algún circo prehistórico circundado de inmonsos monolito~ conmovidos á cada paso,
Ante ese escollo ¿qué hacer?
que estrenan en los teatros.
por las fuerzas plutónicas? El planeta ha guardado,
Ya el público ha encontrado la wlución y.se
El porvenir estA ll6no de promesas, sobre todo su secreto.....
resigna, y entre el extremo de que le den ccme- cuando el interés comercial deja libre el vuelo
*
dias sin actores ó actores sin comedia, prefiere lo de su ngenio retozón.
**
primero, y hace bien.
¿No ha inventado los neologismos m&amp;.s raros
Mas un día el hombre poseyó la máquit,a, lamáqulpara detener las miradas cte los lectores en la na absolutamente rudimentaria, pero la máquina en
fin. Esta posesión fué sin duda el fruto de seculares
última plana de los diarios:.
esfuerzos de un cerebro casi protoplasmático.
No
hace
muchos
días
aún,
cierto
fabricante
de
En una pieza cómica nacional rien los espectaEntre la idea de que una rama de árbol, delgad11,
dores celebrando con ruidosos movimientos de calzado tomó para las boti.s que pr1,duce, el nom- tenia punta y la idea de aguzar una rama de árbol~
debieron transcurrir muchos siglos, dice un sabioregocijo las burlas que se hacen del gendarme. bre de una sociedad respetabilísima de senoras, prehistoriógrafo.
que
se
dedican
á no sé cuantas especulaciones
Faltaría carácter nacional, si no apareciera allí
Pero la úJdma idea surgió al fin y el hombre primiel gendarme con su eterna máscara de bufón im- científicas, y cerno naturalmente el Consejo de tivo fué desde entonces el más fuerte porque ya po•
la corporación protestó contra tamafl.a irreveren- sela el basto y la lanza ....
pasible.
Otra idea asocittda proporcionó más tarde el sil~x.
Y ese payaso de las vecindades es el héroe mo- cia, el travieso .zapatero publicó en todos los pe- puntiagudo,
y más tarde .el .hacha da piedra . ... i,;1 cede.sto y anónimo _de .nuestra :v:ida-Civil. Acatio el riódicos de los Estados Unidos una carta pi- _rebro, _poseedor del primer germen de invención, em•
exeusas y . . . . recomendando de paso -sudesprecio con que lo 111ira el lépero rerudor de diendo
pezaba á abrirse como una f1or mila~rosa.
mercancía.
El hombre-no ya antropoide--deJó sus cav~rnas,
pulquería forma el cordón sanitario para su moabandonó sus viva.es y emigró de los grandes bosralidad que surge depurada del medio adverso á
ques y de las e@quivas torrenteras, hacia los planes.
las ideas del bien social.
La rehabilitación del Capitán Dreyfus, enjaula- abiertos, dondo las campañas dormitaban en el oroPor una ironía que no alcanza A herir nuestro do como fiera en la Isla-del Diablo, por obra de de las tardes estivales .... haeia las márgeneo1 de loe.
indiferentismo, pasa anadvertido el atrevimento intrigantes desalmados, es algo así como un des- ríos, de los lagos y de los mares, dejando los seculadel gendarme que arriesgando la vida se arroja enlace de melodrama, de esos en los que la vícti- res y tristes refugios de su miseria, ya que la máquina le permitia afrontar los peligros ffl1 calÍlpo abierto
sobre dos caballos en rápida carrera y los detie- ma triunfa y el traidor cae en·poder de la justi- y bajo el pleno palio de los cielos.
ne en medio de. una calle céntrica; en tanto el há- cia ó se auicida. N11die habla sino ae la gigantesca
Vino entonces la época lacustre. La horda hincó.
-bll defensor de un reo de homicidio se hace lla- madeJa que está desenredándose y todos los que ramas de árbol en el légamo tibio de los lagos y sobre:
los troncos fundó la cabaña¡ merced al silex y al fue-

"""

I'1

Domingo 4 de Septiembre de 189&amp;

Domingo 4 de Septiembre de 1898.

EL MTTNDO.

go, ahuecó el tronco d11 los gigantes de la selva y la
piragua surgió grácil, esbelta, sobre las ondas
Los varones fuéronse á la pesca y li\s mujeres quedáronse en la cabañil; el ocio las afinó, el abrigo blando de la choza blanqueó su piel. Sus lineas empezaron á. adquirir blanduras y barmonias nunca vistas...
La civilización comenzaba á. creará la belleza, eterna
inspirado!ª de los poetas ... .
Et mulur f acta est. .... .
**•
Una noche el jefe de la tribu-yáno horda-tornó
á la cabaña con un botln prncioso que lucia en el
fondo de la piragua, entre los palpitimtes pece11 de
plata ....
Eran unas conchás de irisaciones maravillosas, encontradas entre la arena de la playa .... El cauaillo
las ofreció ingenuamente á su amada y ella his taladró con un fragmento de 11ilex, pa~ó a travé,; delos
taladros uno de los más resilltentes filamento:1 vPgtitales, y rodeó con el prím&amp;r collar su blando cuello.
Después, otro guerrero; vencedor en la lucba con
una fiera, llevó á su novia los lucit,ntes colmillos
marfilinos de un tigre y la novia, á. iwitación de la
primera, los ató y rodeó con ellos su gar?:anta ....
Más tarde, un mancebo de la t"1bu tornó á la choza
con la fina piel dti un cachorro de pantera é hizo pre
sente de ella, á su esclava .....
Y un dfa, un artista ignorado que pulia un homó
plato de luciente hueso, halló que su imagen se refleJaba en él como en las aguas tranquilas de u0a fnf'n•
te, y donó á la más hermosa de sus sierva.11 el primer
espejo.
Nuestra Señora la Moda habla nacido é iniciaba su
triunfal carrera á travée de las civilizaciones ....
La Moda ha sido pues el símbolo casi divino de h
Redencion del Hombre ... . de su intt·ligencia y de su
dignidad y, coqueta y ligera, sabe sin t&gt;mburgo elevarnos á una serena y alta concepción del Uu1vtirso.

183

'

SR, INGENIERO D. BLAS ESCONTRIA,
Gobernador interino de San Luis Potosi.

***

Vino la edad del bronce, al son triunfal de las vie- tauración, la moda volvió al bl11nco: flcres de lis. esjas trompeta@orientales; los pastores se convertlan carpa! y cocarctas, sombreros á la Fnriqu IV, proen reye11, y Salomón se mostraba vestido de pompa, viFtos de penachos blancos, capotas de crepé, etc.
como un lirio del valle.
Hoy la Moda parece insplrarbe soln en el pasado, y
La reiua de_Saba, nigr!l sed formosa, llegaba á rPn- peregrina á través de las edades pintorescas, recodirll: homenaJe al pa~o tardo ae sus cam ..Jlos, vestida giendo elegancias y exotismos .... Mad su imperio no
de tumca de seda purpura, calzada con ~andalias de por eso es menos unive-sal y efectivo
Bendiganla los coloristas y los poetas. A ella debeoro, cubierta con manto resplandeciente, bajo el paramos esa agresiva fiesta de co1oret1 que pone not11s visol multicoloro de susurrant~s plumas ... .
De entonces más la mujer era soberana .... Para ella, vas en el gris trivial de nue~t"MS civilizaciones mo•
cavarian los esclavos de bronce las tortuosas vetas de dernas; el111 es la suprema orfebre, que hace nna joya
las minas; para ella. descenuerfan los buzo11 álos ban• de la muj"'r para el encanto del hombre .. ....Y es ella
cos de_perlas y cú_rales del misterioso Oceáno, para la tremenda rival nuestra en el corazón de las amaella teJerhtn las hilanderas los ténues filamentos de das .... pero es también el alma de la civilización y la
los linos, y fas naves fantásticas emprenderían su vue- perpetua productora del Arte.
lo de lona para llevarle el oro de Ofir y las gomas de
DxMETRYOS.
.Arabia ....
La mitra, fingiendo un creciente de luna, oroaria"su
cabeza; los ungüentos aromáticos ungirían sus miembros, las más hermosas tintas vegetitl,s, colorearían
sus pómulos y los pétaloi de sus labios ....
En los grandes imperios medo y persa, griego yroD!'ln&lt;?, la moda pasó por todosJos avatare11, sitindo Jiturg1ca y sagrada en las hieráticas civilizaciones
asi~iu. ligera y plástica en el divino Archipiélago, RESUMEN.-lJna proclama del Czar.-El desarme de
las potencias y la paz de I&lt;:uropa.-Las aspiraciones
ref10ada y sen1mal en la hnoica Italia ....
de los pueblos y los ideales de Nicolás 11. - Viejas ren•
.Cayó el Imperio de Occidente y llegó la f'dlld mecillas - Odios antiguos. - Francia y Alemania - La
dia con los pavores y tristeza¡¡ del Milenario, con
Alsacla y la Lorena y la reacción general.-lmposllas severidades de la doctrina. La catedral ~ótica se
bllldad de vencer al tlempo.- Los hechos consuma•
levantó de los valles como una oracion de piedra . ....
dos -La fuerza y la raz6n.-Nuestras esperanzas.Y la Moda tornóse augusta y melancólica.
Nuestros anhelos.- Conclusl6n.
Moldeaba los bustos el justillo denegro tereiopelo,
cubría el pecho el plastrón obscuro de heráldicos borAun no termina definitivamente el conflicto
dados, caía con elegante sencillez la manga anchurosa rematada en punta, 11emi-ocultando las nfveás hispano-americano, y los pueblos europeos se
manos ducales ..... y la corneta, maravillosa como un sientan tranquilamente á mirar como se desenlirio i_n vertido, era adoptada por las magas de varita vuelve el epílogo que se anuncia en las conf erende cristal, que vagaban en las selva11 pobladas de
cías de París, aún quedan todavía en las granalhalÍ/J de cazadores.
de8 Antillas altos problemas -que deben resolver,
primero los comisionados para el retiro do tropas
Pero elRenacimiento resucitó los explendores idos: osp11liolas, y deEpués l.:is plenipontenciarios que
torn~ron las sedas orientales, las pieles blondas, los han de dirigir la cuestión completa de la paz,
unguentos aromáticos ......y la sencillez feudal que cuando se oye la voz de uno de los poderosos de
debla renacer, m-,rced al capricho de la elegancia la tierra, cuando se deja escuchar la voz soberamundana, se perdió por entonceH en la penumbra de
na del Czar de todas las Rusias, predicando la
sus castillos y catedralee ..... .
"L~s épocas tranquilas ó turbulentas que la mujer paz y la concordia universal, reclamando la bueatraviesa-dice un autor-influyen en ella, y la Moda na voluntad entre los príncipes y jefes de Estado,
9ue crea, no siendo más que el reflejo de sus costum- llamando A las nRciones á un congreso que h11ga
ores gravts ó corrompidas, se manifiesta bajo sus di- cesar la preponderancia de los armamentos so•
versos aspectos, austera ó disoluta.
"Después de la Revolución que querfa introducir bre las grandes aspiraciones de la humanidad.
en. Francia la severidad de las leyes sociales de los
Si alguna vez ha merecido loor y alabanza un
pnmeros romanos, las francesas no pensaban más príncipe cristiano, es sin duda en estas circunsque en agradar y_ su poder de sedución fué más fuer- tancias en que todo concurría á hacer temer una
te que todos los decretos y las medidas tomadas para
reglamentar la virtud. Orfanlzábanse bailes en to- conflagración universal. El Emperador de Rusia
dos lo, puntos de la capita y las jóvenes rivalizaban se desentiende por un momento de las dificultaen toilettes y t&gt;n gracia.11
des que las concupi;;cencias han provocado en el
Aparecieron entonces las primeras túnicas, las clámidt&gt;a, las ropas de gasa ó de linón y tornó el cotur- Extremo Oriente; aparta sus ojos de las t~nden•
cias absorbentes que la Gran Bretalia manifiesta
no, con sus encantadoras cintas atadas al tobillo.
"Como nada quedaba del yasado y no-podíaimprovi- JlOl' dtversos modos en el Continente africano;
aaree. en un dfa una sociedad con conveniencias, usos deja á un lado las vit&gt;jas rencillas que por mAs
Y traJes enteramente inéditos, se tomó todo de la his- de cinco lustros han apartado á dos grandes po•
t~rfa antigua y de laa naciones desparecidas."
tencias en el centro de Europa; cierra lo!! ojos
ante los problemas que las diversas razas y opuesA principios del siglo, l'Stuvo en gran toga el dis- tos intereses han formulado en el extremo Sur
fraz y la licencia en los trajes llt&gt;gó al t'Xceso pero del .Africa; se desentiende.en un momento de la
en breve la toilette tornó sobre sus-pasos. Bajo ei Uon• influencia que pueda tener en los destinos eurosulado. la moda prescribió JueDgH faldas de percal peos la tendencia decidida, la manifiesta actitud
de las Indias de una finura extrem!l, con media cau- de los Estados Unidos, constituidos ya en una
da bordados al rededor. Bajo el primer Imperio, obtuvieron favor inmenso las telaa d.e oro y plata y los potencia marítima y contir,ental; no mira las inPandes turb«ntes sembrados de oro, y bajo la Rea- . clinaciones de Europa hacia el imperio de Ma0

politirn ®.en.eral.

....

•••

r

rruecos; nada significan para él la nueva constitución de las Islas Hawai, el repartimiento de
Samoa, la suerte de l!"'ilipinas, la conquista del
Soudan, la soberanía dc:.l Transvaal, el engrandecimiento de Abisinia, el destino de Zanzibar,
las inquietudes &lt;le Afganistán, la humillación de
Grecia, las derrotas de Espafta, el sueño en la
revancha de Francia, la preponderancia de Alero ania fn la Europa central: no piensa en nada
de eso, y guilldo por altíeimos sentimfentos humanitarios, busca el remedio de una enfermedad
gen eral que aqueja y debilita á las viejas monarquías, y quiere congregar, al son de sus trompetas soberanas, á lo:s pueblos todos de la tierra
para la paz y la concordia.

Ha escuchado las quejns lastimeras que brotan
de las cabañas y se ele.van hasta los palacios; ha
oído los lamentos desgarradores que lanzan los
oprimidos desde el fondo de sus tugurios y desde la humildad de su miseria; ha entendido el rumor subterráneo que mina y socava los cimientos en que se asientan ahora las modernas sociedades; ha visto á los pueblos agobiados por lainmerisa pesadumbre de la paz armada; ha observado á las naciones rindiéndose vencidas biljo
el and1tmiaje de una situación insostenible; percibe claramente los clamores que parten, en son
de guerra, de las clases inferiores, pugnando por
sacudir la esclavitud á que se hallan SPjetas por
odios afl.ejos, rivalidades obscuras y competencias
no comprendidas. Adivina la angustia infinita
en que gimen todos los desheredados, viendo que
se les pide su ahorro p'.lra el presupuesto, su sudor y st1 sangre para lavarrencores que no comprenden, y los pedazos más caros de su corazón
para arrojarlos ante las aras de ese implacable
Moloc que se llama el armamento de la paz. Todo eso ha visto como cristiano, todo eso ha sentido como hombre, todo eso ha comprendido como estadista, y arrebatado de un entusiasmo que
nunca será bien alabado, que jamás recibirá su•
ficientes elogios, acude á los jefes de Estado, se
presenta ante los poderosos de la tierra, y exige
de los soberanos un contingente que nadie puede
negarle, para proceder el desarme general, para
preparar el reinado de la paz, para aliviar las
cargas innecesarias que pesan sobre loR pueblos,
para acudir en favor de los oprimidos, p11ra acallar viejos rencores, para borrar antiguas rivalidades, para olvidar odios y hacer que renazca
el amor y la concordia entre los hombres de buena voluntad.

*

**

¡Qué grande aparece, á los ojos del que piensa
y del que 1&gt;iente, el autócrata de todas las Rusias,
el padre de un gran pueblo, el señor de millones
de súbditos, el jefe de innúmeros ejércitos, el sooerano de una gran potencia, al rededor de la
cual hacen la corte los fuertes y los poderosos!
qué grande aparece, cuando olvidando su grandeza, haciendo á un lado su inmenso poderío, deja la armadura de combate y echa sobre sus
hombros el sayal del apóstol, toma en sus manos la cruz del predicad Jr y se 1tdelanta emre
las gentes y naciones predicando la buena nueva!
Si Nicolás II r ..ipresentara intereses illferiores,
si no fuera el jefe de un poderoso imperio, si no
se le hubiera visto cruzar por entre la3 capitales
de Europa, recibiendo homenajes de los pueblos
y agasajos de los soberanos, podría creerse que
su inicintiva se perdería en el vacío é iría á unirse en el polvo de los archivos, junta con los consejos platónicos que han formulado á la continua
los congresos de la paz de las diversas naciones.
Pero el Emperador de Rusia, aparte de llevar en
su bandera una. idea humanitsuia y digna de
aplauso por mil títulos, significa también la fuerza, significa también el equilibrio, pues, astro de
primera magnitud, hacia su centro han gravitado los gabinetes, en derredor de su grandeza se
han agitado las potencias, y los grandes y los
poderosos de la tierra se han disputado el honor
de llamarse sus amigos- y apellidarse sus aliados,

*

**

'

Cierto es que á las manifestaciones de Crollstadt correspondieron los agasajos de Tolón, que
al delil'io y al entusiasmo de París contestaron los
homenajes de Peterhoff; que como temiendo una inteligencia en Breslauáfavordel orgulloso Hohenzollern, el pueblo fran&lt;:és agotó sus testimonios de
1tdhesión en pro del autócrata moscovita; es verdad
que detrás de todos estos supremos arti!icios chi

�Domhuro 4 de 8Aotiembre de 1898

18.'í

EL MUNDO

nomtngo 4 de Septi(lmbre de 1898

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�EL MUNDO

186

Domingo 4 de Septiembre de 1898.

Domingo 4 de Septiembre de 1892

l)edazo de cielo azul en medio de este desmoronamiento general de creencias, de este aniquilamiento de ideales, de este hundimiento de aspiraeiones poéticss? ¿Porqué no hemos de llegará :a
meta de que nos han hablado lus poetas en sus
cánticos y los filósofos en sus predicaciones?
Quién sabe! Mientrns la estatua de Strasburgo
.a-eciba en París protestas en forma de coronas '.de
encina y de laurel, mientras la estatuade·Germania reeiba amenazas en forma de hermosas ofren·das, ]_o s grandes ideales del Czar encontrarán obstáculos que vencer; pero él representa la razón,
representa la fuerza, encarna la aspiración de
Jas multitudes ¿por qué no ha de triunfar?

dustria de la guerra pueden quedar sin trabajo;
millares de trabajadores que encuentran honrada ocupación en los arsenales y maestranzas, hallaránse de la maftana á la noche con las manos va
~ ías y sin tener en qué emplear sus actividades;
millones de hombres que se consumen en el cua1·tel y en las fortalezas, que_ agotan sus energías haciendo interminable centmelacon el arma al brazo, se verán privados de los medios de subsistencia. Es verdad; pero hace afias que los talleres
;:e sienten exangües, que los camp_o s rec(aman
la concurrencia de brazos, quo las mdustnas todas piden á gritos nuevos elementos para su des
arrollo: allí pueden dirigirse todos los . d_esocupados, allí encontrarán cam~o á sus act1v1~ades
todos los licenciados, y los inmensos capitales,
cuyas poderosas energías se dedicaban á los
aprestos de guerra, podrán encontrar natural y
fructífera aplicación en los 'altares de la paz.

X.X.X.
2 de Septiembre de 1898,

*

El cadáver del General Diez Gutiérrez en la capilla ardiente. ·
un gobierno y de un puebl~, s~ vi~l~mbra. el deseo de la venganza y la revmdicae10n; nad:? ~uda que detrás de la alianza rusa, la Repubhca
francesa, representada por &amp;u gobierno y encarnando las aspiracioness del pueblo, cree encontrar la softada restitución dtl las provincias perdidas después de la catástrofe lle 1870; pero no
son éstas, al parecer, las c:nsideracio11es que ha
pesado el Czar para lanzar á _los c~atro vientos
de la publicidad y á la cons1derac1ón ~e todos
los gabinetes, su proclama de la paz umvers~ y
su iniciativa del desarme gradual y progresivo.
Si tuviera en cuenta la devolución de Alsacia y
de Lorena, ¿por qué no habría de _tomar en c~~sideración la restitución de Holstem, la rehabilitación de la casa de .Austria, la devolución de
las provincias Balkánicas á Tur~uía, la r~integración de los dP-part~mentos 3:1p1_nos á !taha, la
desintegración del remo const1tu1do por la casa
de Sabaya, la reconstitución ele! poder temporal
del Papa, y en general, la reposición de las cosas
y el restablecimiento de los Estados tal y come,
estaban constituidos hace treinta años? ¿Por qué
Nicolás II no habría de intentar el retrotraimiento del tiempo y la reconstrucción del mapa de
Europa tal y como se había marcado en nombre
de la fuerza antes de la guerra franco-alemana? .
Porque con semejantes tendencias su obra se
habría considerado puramente ilusoria y sus pa•
Jabras se habrían perdido en el vacío, como las
creaciones de una imaginación calenturienta ó
las fantasías de un soñador insensato,

do trance, pidiendo un descanso en su t~rea abru•
madora, pidiendo la disminución de los impuestos
que pesan cada vez más sobre las clases traba·
jadoras, el recorte de los presu,n~estos de guerra
y marina, que lanzan á las naciones.~ _competancias indefinidas, por medio de sacnfic1os extraordinarios, reclam,u.los rrincipalmente del proletario y del contribuyente. Lo que debe de temerse, ante todo, ,es la revolución soc~al que se
oye como un canto fúnebre entre los lumnos de
grandeza, que se escucha co~o nota discord~nte
entre los himnos de la apoteosis: y pur eso se pide,
se ruega y se suplica el desarme gradual y pro'
gresivo, la cesación de los. déficits que alte~an
las finanzas de todos los gobiernos, la suspensión
de los armamentos indefinidos que conducen á
los pueblos á un estado de tensió~ insostenible,
más""ccstoso, más difícil, más trabaJoso que el estado de guerra.
Por eso creemos que al llamamiento del
Czar acudirán todos afanosos, porque el Czar
significa la fuerza y porque representa la razón;
y él, el autócrata, habla en nombre de los mise•
rabies y de los pobres, de los desheredado_s, de
los que no tienen voz ni voto en los conceJos de
las nacivnes.
*
* *
.Aparte del problema de ~a paz y la concord~a,
hay el problema económico que corre pareJas
con la solución impuesta por el autocrata moscovita. Millares de obreros que• se dedican á la tn-

"' *
.Al~uien dirá que nos dejamos arrebatar por locas fantasías, que deslum_brados por la grandeza
de la idea que sólo ha podido formular al Czar
de Rusia cerramos los ojos ante todas las dificualtade~ y vemos lisc y llano el camino para la
realización de un bello ideal. No es verdad; no se
nos ocultan los obstáculos que hay que vencer,
no se nos esconden los problemas de diverso género que han de resolverse antes de aceptar el
gran pensamiento del filantrópico Romanoff; pe•
ro tenemos fé en la humanidad, creemos en los
inspirados, esperamos en los privilegiados, amamos á los videntes, tene!Dos confianza en los que
se adelantan á su época y son capaces de desafiar el medio ambiente, para hacer triunfar sus
ideales.
Por algo han existido los mártires y los apóstoles,
No siempre la luz ha de brotar del fondo: á veces llueve des.de lo alto y penetra como rocío del
cielo á confortar los corazones que lloran, á consolar las almas que sufren, á levantar los espíritus que caen.
***
Extraña coincidencia. Envuelto en su manto
medioeval, acaba de caer en el sepulcro el princepe de Bismarck, que encarnó en su espíritu poderoso el tremendo principio de que la fuerza
está por encima del derecho-Za fo1'ce prime le d1'oit
-aci.ba de extinguirse una existencia que como
montana de granito pesaba soore los pueblos, é
imponía á las naciones el reinado de la fuerza; ec
bisma1·ckismo se respiraba en la atmósfera, y
formaba parte de las ideas dominantes en todos
los gobiernos. ¿Por que no ha de cesar ese reina•
do? Porqué no ha de escucharse el dictado de la
razón.Por qué no ha de cegarse el abismo hacia
el cual caminan todos los pueblos y en cuyas fauces negras amenazan hundirse todas las naciones? ¿Por qué no se han de detener todas las gentes en el camino que les marcó la política de
Bismarck y la espada de Moltke? ¿Por qué no ha
de haber una tregua, un descanso siquiera en esa
lucha tenaz, en esa competencia de los pueblos
contra los pueblos? ¿Porqué no hemos de ¡ver un

*

**
Piensan algunos que, antes de hacer su proposición á los gabinetes europeos, ha consultado
con su aliada la República Frances!.l. Si ha existido está consulta ó no, 110 es preciso averiguar•
Jo: ha aceptado los hechos consumados; no puede
oponerse á la corriente general; es impotente para iniciar una reacción imposible que cambie las
fronteras y trastorne las actuales relaciones de
los gobiernos; no puede pretender que .Alemania
renuncie á sus conquistas, porque él tampoco
puede abdicar de sus expansiones en el Oriente,
ni renunciar á sus dominios en el Sur. Después
del tratado de Francfort •sur· l\f eine, está la
convención de Berlín; simultáneamente con el sitio de París, está la entrada de Víctor Manuel á
la Roma de los Papas; después de la germaniza•
ción de la .Alsacia y la Lorena, está la creación
de los Estados balkánicos con menoscabo del imperio · turco; después de la derrota de ]'rancia,
está la unidad de Italia; y tras de la unidad de
Italia está la erección del poderoso imperio de
los Hohenzollem. Imposible volver á los tiempos
pasados, imposible retroceder á condiciones que
casi se han olvidado en la débil memória de los
gabinetes. Lo que hay ahora, lo que reclama el
concurso de los fuertes y la cooperación de los
poderosos es el clamor que se levanta de las cla•
ses productoras, pidiendo un alivio en su apura-

187

EL MUNDO.

La próxima coronación
DE LA REINA. GUILLERMINA. DE HOLA.NDA.•
Al entrar en la mayoría de edad el 31 de .Agosto,
-Guillermina, la reina de Holanda, entra en po~esión
de su titulo y de su trono.
El reino d11 Holanda.sólo exite-desdelos años de 1806
á 1815 cuando Luis Bvnaparte fué hecho rey de tiste
,pais. Después, tres reyes s11 han sentado 11n ei trono holandés, los tres Guillermos, los Principes de Orange,
-descendientes del famoso Gui1lermo de Nassau, el
ilustre patriota y campeón de las lib ~rtades de Hol11nda y que, en el siglo XVI dirigió el Estatúd~r, y con•dujo todos los asuutoe militares y politicos del pais.
Todos los vástagos de esta familia han sido notables
,como gobernante~, diplomáticos ó guerreros. El priPrincipe de Orange, murió 11sesinado en lJelft en 1534;
.su hijo Mauricio fué el más notable guerrero de su
,tiempo. Federico Enrique, durante la guerra de treinta
años levantó su rais á una altura considerable. El
rey Guillermo II de Inglaterra era descendiente de
•esta ilustre casa.
En el sig10 presente, Guillermo II de Holanda se
distinguió durante las guerras napoleónicas, y fué
-quien preparó, por su dt-rrota álos frances11s en Qua•tre Bras, la victoria de Waterloo
La actual reina es el último heredero de la familia
de Nassau, que pretende ser la más antigua de las
reinantes. Su padre Guillermo III. fué casado primero
,con Sofla, hija del Príncipe de Wurtemburgo, que
murió sin deiar sucesión. A la edad de 6211 ños preten•
•dió la mano de la Princesa Emma de Waldeck Pyrmnot,
con quien contrajo matrimonio. Al cabo de un año nació la Princesa Guillermina, que actualmente va á
_goberm,r Hol3:nda.
La coronacion de ésta se celebrará en Amsterdan
el próximo día 6 y ocupará el trono, cuando apenas
tiene dieciocho años.
Indudablemente las ceremonias imponentes, la so•
Jemnidad de la coronación, impresionarán á esta niña
educada por la reina viuda en la sencillez más com•
pleta.
La joven reina partiri\ del Haya donde ha pasado
,su cumpleaños en compañia de su madre, el dia5, se.guida por el séquito que tomará parte y asistirá álas
ceremonias.
La coronaeián 86 hará en Nienwe Kerk, que ~e
-el templo más importante de Amsterdan, aunque
no tiene el carácter de catedral y seguramente es poco
amplio.
La más interesante de las ceremonias será cuando
.la Reina pronuncie el juramento concebido en estos
términos.
«Juro al pueblo holandés que observaré y manten•
-dré siempre la constitución. Juro que defenderé y
_guardaré con todo mi poder_l&lt;1. independencia 1, e_l territorio del remo; que proteJeré los derechos pubhcos
:s privadC78 de todo11 mis súbditos y que emplearé to'&lt;los los medios que la ley me confía para cuidar y sos
tener el bienestar nacional é individual, como debe
hacer una buena soberana. Y que Dios me ayude.•

Sr. D. Deltin Sánchez Ramos,
+ EL DIA 26 Dlll AGOSTO Ú LTIMO,
Al terminar la ceremonia se envian miles de palomas correos preparadas de antemano, paraquevayan
á llevar la noticia á toctas partes anunciando que Holanda tiene nueva reina.
La fiestas públicas durarán varios días, al cabo de
los cuales, la Reina regresará á su pali.cio de la Haya,
donde ha pasado su infancia y ha sido educada bajo
la inmediata dirección de la Rdna rege1•te, que ha
sido su principal maestra, y se conduela con ella, de•
cia, como cualquiera maestra, con no importa que
discípula.
Además, duraute las lecciones, la Reina Regente
prohibió que se le diera el tratamiento de Alteza. La
labor de esta educación hatenidoporpuntodevistala
sencillez un poco democrática, Qin perder de vista los
futuros destino de la Princesa. Se cuenta que la Rei•
na Regente no tenia reparo en permitirá su hija _jug-ar con otras niñas. Durante un dia de invierno, la
Reina Regente paseaba en tren•es, con su hija que entonces tenia 10 años, cuando encontraron un grupo
de niños que jugaban arrojándose unos á otros bolas
de nieve, La Prmcesa obtuvo permiso para reunirse
al grupo de niños y dur11nte media hora la futura Reina de Holanda estuvo dando y r11cibittndo golpes en
medio de la turba de niños que no sedaban cuenta de
quien estaba entre ellos.
La primera aya de la Princesa fué una francesa, Mil e
Siotard, quien le habló en su idioma desde quetuvo4
años. Aprendió el inglé~ y algunos otros idiomas, pero
no el alemán, porq u11 el rey Guillermo III tenia posíti vo horror á esta lengua
.
Una de las cuestiones más interesantes es la que se
refiere al matrimonio de la joven Reina, quien, según
se asegura, aun piensa permanecer soltera, y parece
resuelta á hacer un casamiento de corazón cuando
llegue el caso.
.
Las colonias se han apresurado á mandar regalos
con que ccntribuyen al esplendor de la coronación
La Reina Guillermina es una de las más ricas, si no
la más rica de las soberanas de Europa, pues la lista
civil de Holanda, agregada á las rentas coloniales, alcanza á 15 millones d11 pesos por año.

esperaba la asunción A la libertad cuando ciñera su
frente la corona del Imperio moscovita.
A la inteligencia de su padre se adunaban en el futuro Czar las perfeccione~ de su madre la Czarlna
Maria, princesa de _Hesse. Fué educado por ~xtranjeros
y en pais extranJero: era en consecuencia, un cosmopolit11. y uu hombre de sociedad: su tacto, sus conocimientos y su amabilidad le valían una gran influencia sobre todas las personas á quienes trataba,
Nada más natural que su novia, la princesa Da groar, lo
amara.
Alejandro. hermano de Nicolás. no tenia ninguno
de los at:activos que á éste distinguían Su tipo era
bien diferente, el de un rudo soldado moscovita.
Los dos hermanos se queri11n mucho, y un dla que
estaban hacis11do ejercicios de.funza, Alejandro que
era el más robusto, dió tal golpe con su manaza de
martillo á Nicolás, que el Czarvich cayó en cama y
murió de ah! á poco.
Alejandro lo acompañó hasta 1&gt;l último momento;
juoto al lEicho de mu11rte de Nicolás, conocró á la princesa Dagmar, llamada para que acompañase á su novio durante su enftrmedad
La familia imperial y la corte rusa, sintieron hondl\
tristeza al pensar que la corona de los Czares estaba
destinada á Alejandro: todos lo respetaban por su
rectitud y sus cualidades militares. pero comprendlan que no P11taba preparado para a11umir la inmensa responsabilidad de Jefe de un gran Estado.
Pensaron desde luego en darle á. la prometida de
su hermano ya que iba á ocupar el lugar que le correPpondia como heredero del trono.
El matrimonio asi conc~rtAdo fué extraordinariamente feliz, y cuando murió AIEljandro II, lo sucedió
en el t~ono su hijo Alejandro III.
Este descuidó la educación de su hijo mayor Nicolá3, pues la Cz 1rina ocupó en su esplritu el lugar quEI
correspondía al hert1dero del trono y nunca pensó en
darle esa preparación especial que requiere el ejercicio de un poder supremo y absoluto
La princesa elegida para consorte del futuro Czar
Nicolás, fué una de la casa de Hesse-Darmstadt. La
elección agradó á todos, excepto á la elegida: era luterana y debía convertirse á la religión griega ortodoxa. y además el Czar vi ch no poseia ninguna •le las
cualidades que ella a&lt;lmiraba. Sin embargo, como una
mujer de su alcurnia tieue que sacrificar sus ~enti·
mi11ntos á los intereses dinásticos.cedió l1t joven prin
cesa, y despué3 de haber sido instruida en los dogmas y ritos de la Iglesia de Oriente se casó con el
príncipe Nicolás.
Se dice que la Czarina ejerce una gran influencia
en la conductadesumarido, y que ha sabido comprender sus deberes de emperatriz de una autocracia, haciendo mil esfuerzos en pro de la civilización del Imperio moscovita.
El hermano del Czar, el Gran Duque Nicolás, es un
joven de mucho talento. Como su tío Nicolás, fué educado por extranjeros y en el extranjero.
Durante muchos años su salud fué tan delicada
que se temía su muerte; pero poco á poco se tué ro•
busteciendo. Es aún el heredero presunto del trono,
porque el Czar sólo ha tenido hijas
El Gran Duque Miguel, tercer hijo del difunto Czar
es un soldado de diez y nueve años. E8tá perfeccionando su educación y poco ó nada sabe el mundo de
lo que prometti para el¡orvenir.
Es difícil considerar Rusia é Inglaterra como enemigas conociendo los vínculos de sangre y afectos
que l'gan á las familias reinanteR' de ambos países.
Entre el Duque de York y el Czar. primos hermano!!, existe una semejanza fisonómica sorprendente
y una amistad fnternal.
Por otra parte, la Czarina es la nieta predilecta de
la Rema Victoria.

LA CASA IMPERIAL DE RUSIA.

Nuestros Grabados.

Siendo muy joven la princesa Maria Dagmar de
Dinamarca, fué solemnemente prometida en matrimonio al joven Nicolás. heredero del trono de Rus;a
é hijo mayor dtil Czar Alejandro H de Rusia.
El príncipe Nicolás era el idolo de su pueblo que

La Reina Guillermina.

'

Joven, inteligente y agraciada. Hermosos cabellos
de un rubio ceniciento, 1.jos expresivo11; color de una
frescura suavisima-esEI color de la pl11I de las holandesas;-fisonomia simpática que á la vez revela energía de carácter, talla mediana y maneras exquisitas.
Ha recibido una educación cuya base es el desarrollo de las cualidades que el pueblo holandés ha elevado á la altura de virtudes primordiales.
La Reina Regente daba á Gnillermina uria sul'üa
de dinero cada semana pa.-a sus gastos p('rsonales; de
ella tomaba para comprar los regalos que hacia á los
otros niños de_P!Lla~io ! cuando le faltaba lo necesario,
compraba los utilesmd1speosables,y ella con sus propias
manos bordaba ó tejla los objetos con que deseaba obseqmar á sus !'-migmtas, Sabe coser en máquina y conoce los precios de las telas y adornos de sus vestidos.
Como todos los objetos de su uso personal, coches
caballos, etc., han ~ido suyos. á l, manera como en~
tienden el derecho de propiedad, los que tienen una
riqueza limitada, no es para ella indefinido y vago
ta[ derecho: lo reconocen en los demás con una conciencia clara de lo que vale ese reconocimtento.
Cuéntase que hace poco visitaba unas minas, y como
le agradaee una muestra de carbón de piedra, en vez
de ordenar que se la llavasen, preguntó con adorable
sencillez: Podría llevar esto?

•*•

Cementerio del Saucito, donde fué inhumado el cadáver del General Diez Gutlérrez.

P•~ente de transborde eJJ el puerto de Bizerte.

, Guil!ermina ha sido una niñ~ aplicada al estudio y me•
todiza tanto sus horas de ka bajo que ha podido sacar el
máximum de utilidad, sin cansar su espíritu ni enÍPr·
maree. Se levanta invariablemente á las siete, á las
ocho almuerza y á las nueve empieza á trabajar. Loa

�Domingo 4 de Septiembre de 1898.

EL MUNDO

188

El Presidente McKlnley y su Gabinete, discutiendo las condiciones de la paz.
maestros deben prE'sentarse al gabinete de estudio.
algunos minutos antes de la hora señalada y al sonar
ésta se presenta la reina, da su lección y si el tiempo
no alcanza, al minuto preci~o en que debe acabar la
clase, da los buenos dias al profesor y empieza con la
clase siguiente. Asi se suceden las lecciones hasta
la11 once y media.
· Guillermina habla varios idiomas, y tiene además
conocimientos cientlficos y literarios, toca, pinta á la
acuarela; en una palabra; sigue el camino que lleva
á la alta cultura.

Sala de Sesiones de la LE'gislatura de San Luh1, Y el
cortejo que acompañó al cadáver del difunto Gobernador al cementerio del Saucito.
Nuestros lectores conocen ya en todos sus detalles
las escenas á que estos grabados se refieren,

Puente de transbordes en Blzerte.

Bizerte el Brest del Africa dlll Norte, está destinado á ser,' gracias á su situación ~eográfica y á los
trabajos que últimamente se han E'Jecutado, uno de
Las relaciones entre la Reina Regente y Guil1ermi- · los yunto1 más importantes del Mediterrántio.
na son cariñosisimas. Cunndo la lluvia no lt'B permite
E antijl'uo puerto puede abrigar ahora una flota
salir pasan sus horas de descanso en pláticas intl- entl'ra. Hace dos años se iniciaron los trabajos de
mae;' pero las manos no están· ociosas, mientras ha• restauración; antes Bizerte era uuo de los puertos
blan madreé hija, ocúpanse en alguna labor.
más inseguros, y_ sólo en la estación de bonanza lo
Los negocios de Estado retienen á la Reina madre visitaban barcos de cabotaje.
la mayor parte del tiempo en el ConsE'jo y sólo brePara entrará la rada hay entre. Zu:iiouna y la ciuves horas puede consagrará su hija á laque ama con dad nuev11, uncanalsuficientementecómodo que pueternura it1fí11ita.
·
den franquear los buques de mayor calado.
.
La gente de la co,:te ve muy pocas veces á GuillerLa particularidad del puerto de Blzerte comnste
miua. La madre ha querido preservarla de las intri• en el puente de transborde sistema Arnodin y Palagas cortesanas hasta que, sana de espíritu y robuste- cio.
cida por una educación completa, pueda afrontar los
Este siEtema funciona ya en E~paña en la desempeligros de su elevada p_oeic1ón.
. . .
bocadura del Nervión entre las Ar1:nas y Portugalete.
Ha habido peculiar cmdado en su régimen h1g1é01•
Eil un puente colg..nte de cuarenta y cinco metros
co. Por nada se desvla del método impuesto para la lie altura sobre PI nivel del agua, á fin de que no escenservación de su salud. Ni cuando ha recibido la tor'l)e el paso de los paquebot¡¡.
corte de Holanda huéspedes regios deja su sistema.
Tiene una canastilla tirada por cables y una máquiUna noche debla de haber iluminación y desfile en na fija de vapor
honor del Emperador Guillermo y de la Joven reina;
El niv.-1 de la plataforma coincide con el de les
aquél pidió permiso á la Regente para que la sobera- muelles de cada fado del canal.
na p_rel!enciara el espectáculo:
Du eete modo el embarque y desembarque se prac•No . dijo la Reina Emma,-el descanso debe prefe• tica con extraordinaria facilidad y rapidez suma.
rirse á la d,stracción y la obediencia vale más que
una tolerancia acaso perjudicial."

.....

El Presidente .McKlnley y su Gabinete.
El Sr. Ingeniero D. Bias ES(lontria.
El Gobernador interino del Estado de San Luis Po•
tosi es un ciudadano distinguido 9ue debe á sus al•
tag cualidadas personales, la posiciónpoli~ica quehoy
ocupa.
Durante muchos años ha sido el Sr. Escontria Di·
rector d.e.l Instituto Je Cie11cias y ha ocupado otros
puestos públicos, señalándose en todos elfos su acción como hombre ilustrado, prudente y sereno.
La sociedad potoslna di•pensa al Sr. Escontda vivos sentimientos de respeto y Eimpatia.

Las honras f6.nebres del Sr. General
Diez Gntlérrez.

La tra~cendencia del protocolo firmado por el Presidente de los E~ta~os Unidos y M. Jules Cambon, en
representac:ón aquel dti la Nación que Gobierna y
éste de la española, para arreglar los prelimin11res de
la paz entre ambas potencias, det ..rminó necesariamente serias conferencias en el gabinete de Washington, especialmente con.tituido en consejo_l)_ar~ diBC'!l·
tir la situación. En nue11tro grabi.do aparecen las figuras prominentes que condujeron la polltica americana en la úl•
tima lucha, CIJ\YO resultado definitivo será el que tenga la conferencia de París.

Hay mnchos que todos lo esperan y nÓ trabajan por
merecer algo.
STOUT

Por no haber llflgado á tiempo no publicamos en
nuestro número anterior los gr11bado11 qne represtm ·
san las honra11 tributadas al Sr. Diez Gutiérrez, en la

Hay espirltus para todae las necedades y necedr,·
des p1tra todo~ los espíritus.
CHRY8('8,

Don Deltln Slinchez Ramos.
Mutió este distinguido miembro de la Colonia Española, muy conocido como uno de los millonarios
más empre'ndedores de nuestro pals. Publicamos hoy
su retrato y algunos rasgos de su vida.
Nació en Alba de Tormes, provincia de Salamanca,
el año de 1838. Sus padres, D. Andrés y Doña Isabel traneladaron su reoidencia á Santander, en donde
vivieron muchos años.
Nombrado Administrador deRentas Estancadas de
Cabezón de la Sal, el padre de D. Delfin, alli trasladó
á-11u ramilla, é ingrPsando el Sr. Sánchez Ramos al
famoso ColP~io de Villacarriedo, donde con notable
aprovechamiento, cursó durante siete años lo~ estudios de ciencias v letra~, necesarios hasta obtener el
titulo de bachiller en artes.
El año de 1856, llegó D. Delfín á la Isla de Cuba,
donde dedicado al comercio estuvo hasta 1864 en que
di~ouso trasladn11e á' nuestro piis.
Recién llegado á México, trabó intimas relaciones
con el acaudalado comerciante D. Vicente de la Fuen •
te el qne conocedor de las buenas dotes y aptitudes
d~l Sr Sánchez, Jo asoció desde luego á sus-negocios,
coBfiándole su gerPncia y dirección, hasta que por
muerte de dicho Señor de la Fuente, fué disuelta la
sociedad y se dedicó por su cuenta á diferentes ne•
gocios.
En 1868 contrajo matrimonio con la Señorita Felicitas Juárez, hija del benemérito D Benito, entonce•
Presidente de la República, y de cuya unión hubo
dos hijaR. Cármen é ldabel, caRadas hoy con los Sres.
Don Javier Algara y D. Ramón Corona, respectivamflnte.
Hombre activo y emprendor, D. Delfln Sánchez,
acometió grandPB empre~as de positiva utilidad para
el pais siendo la;; más importautes la construcción
del fe;rocarril llamado de Morelos, hoy Interoceánico. y el de Teb.uantepec,
En la época en que et Sr Sánchez se hallaba en los
terrenos del Itsmo, comenza~do los trabajos dtl ferrocarril de Salina Cruz á Coatzacoalcos fué atac11do
del calera, epidemia que causó tantos estragos en
aquellas comarcl\s en el año de 1882.
Por Pervicios á su pafs y al nuest1·0, mereció el Sr.
D. Delfín Sánchez diatincioneR va1iaR, entre otras la
que.alcanzó dll la coronl\- de España: la Gran Cruz de
la Real y distinguida Orden Americana de Isabel ta
Católica, cuyas insignias jamás ostentó. por natural
mode~tla.
Pudo contarse el Sr. Sánchez entre los amigos más
distinguidos del Señor Presidente de la Rt,pública,
quien le dió buenas muest:.-as de su aprecio en muy
diversas ocasionf's.
.
La muerte del Sr. Sáu.c hez causó positiva sensación
en todos los circulos s'Jciales. Su entierro fué, por la
comitiva principalmente, uno delos más suntuosos que
se han vitto en México
Enviamns nuePtro pésame más sincero á su respetable familia, y con f'SpPcialidad á nuebtro distinguido amigo Don Jos6 Sánchez Ramos.

EL MUNDO.

Domingo 4 de Septiembre de 1898.

La ·s eñorita de Noyan.
Al declinllr la tude del 25 de Abril de 1~25, una ca:rrosa blasona11a, tirada por dos caballos blancos, en
·tró en el patio de honor del Palacio del Luxemburgo
y se colocó detrás de los carruajes que la habían pre·
·cedido. El lacayo saltó de su, sitio y acercándose á la
escalera dijo á los húsares de servicio
-Haced avisará Su Señoría el Marquéa de Noyan
•que la señorita de Nuyan le aguarda
.
Al oir este nombre que era el de un&lt;! de los mi~~bros de la Cámara alta, uno de los h'D;sares tlorno _á
cumplir el encrgo mientras el lacayo Junto á la reJa
esperaba su regreso. Poco tuvo que aguardar pues
en breves minutos volvió el comisionado y siguién·dolo vino grave y erguido un anciano que vestla levita larga obscura b11jo euyas faldas se descubrlan
-calzas del mtsmo color: llevaba chaleco blanco y me•dias negras restiradas sobre unas J?antorrill!lB fin11s
y vigorosas; calnba zapatos de hebilla y opr1mia sus
sienes con un sombrero ae anchas alas.
Era el Marqués de N oyan. Emigrado durante la Re-volución y el imperio y apa:,ionado de la mOn!f,rqufa,
nada babia aprendído ni olvidado en el destierro. y
regresó en 1814 con Luis xyrrr que lo c~lmó de distinciones. Coronel en los tiempos de Lms XVI y Mariscal del ejército de Condé, al V?lver los Borbon~s
'fué nombrado par de Francia. m16mbro del ConseJo
del Rey y g11nt1l-hombre de Cámara.
.
Parecía, pues, que colmadas sus aspiraciones por la
,munificencia rea! nada ten&lt;lria que desear, y sm embargo llevaba E'n el co~azón un triple duel~, pues en
el.destierro habli,. perdido 11. su nutira, á su esp_osa y
á 11u hijo único y no le quedaba más que una meta á
. •quien adoraba, sin que e~te amor le consolara de la
pena de no tener un heredP,TO varón, lo cual le hacia
inquieto, su'dpicáz. escéptico é implacable con los ene•
migos dPl trono. Sólo la niña podia vanagloriarse de
•ejercer cierta influencia sobre este corazón acoraza·do dentro de sus rtescPpciones, y su '\'anidad: con ella
·el anciano se dulcificaba.
Cuando llegó á la reja, su fisonomia cambió, y sus
•ojos se iluminaron ccn un relámpago de al~~rla al
distinguirá Amelía (este na el nombre de la señori·
ta de Noyan) que 11som,.ba á la portezuela d~ la ~arroza una cabecita coronada de cabellos rubios suJe•
tos por un sombrero á la moda. Saludándola de_sde
lejos admiró s,L fisonomia grave y dulce tan semeJan·te á la dt'I 11.,radc hijo y luego vino á sentarsti al lado
de Amelia.
. ?
.
-1.L.e hice e•perar á usted mucho ahu.ehto preguntó ellll besándole la mano.
.
..
-No querida niña, llegaste al termmar la eesion.
.¿Dónde dP~eas ir?
. .
-La 8eñora Duquesa de Berry me aviso que hoy
me aguardll.
-A las TulleriaP! ordenó el Marqués al lacay-o y
luego 11ñadió dirigiéndose á ~~ hija: Mientr3:s tu es_tas con la Dnq uesa yo iré á v1s1tar 111 rey; qmero ~"·
iblarle del dtbate que acabamos de sostener en la Uá-

abuelito en tanto que las gentes se agrupaban en
•orno de' ella preguntándole si no est11ba heridll. Con
deseos de dar las gra•:ias á su salvador, pedía informes de él, cuando se:10 enseñaron traído en brazos de
algunas persor as que acaba_ba_n de levantarlo d~l
suelo, á donde cayó sin conoc1m16nto herido en m1•
tad del pecho por la lanza del coche en el momento
en que detuvo los·caballos
-1.E~tá muerto? preguntó E'lla tembJando.
--Respira aún, señorita, le respondieron.
El Marqués se aproximó
-¿No hay por aqui un hospital donde pueda llevarse á ese infeliz? preguntó,
-Oh, papá! ¡Enviará un hospital al q1le nos salvó
la vi dal gritó la señorita de Noyan.
.
-¿Y d·ó nde crees que ~e !e puude atender meJor?
"La
~
-En mi casa: en e1 palacio de .Noyan.
carrera se gula vertiginosa y en una de 1a~. sacud'1-Há~ase como lo quieres,
dat1 que sufrió la carroza, el cochero fué arroJado del
y resignándose de mala gana, dió sus órdene~ á
p ..sc&gt;1.nt ,. Amelía Je vió caer. levantarse y correr en
pos de las bestias sin acertar á contenerlas Algunos los desconocidos que lo rodeaban. Pronto, _en sus~1t_uhomb·reR valerosos que quisieron avu_darle, no fue• ción del coche que habla quedado inservible, vm1eron más afortuna los. En todo el tránsito las ge_ntes -ron dos fiacres de alquiler y en uno de ellos 116 colose apartaban espantadas alzando los braz~s al cielo, có al herido siempre desmayado y á su lado Y para
pues parecían destinad?s 11. p11recer esA a~C(~no Y esa sostenerlo, un médico que llegó _oportunamente. En
niña cuyo perfil se destmguia como la v1s1on de un . el otro, subió el Marqué11 con su meta.
Naturalmente, la multitud les seguía, 1~ que tenf_a
ensueño.
Algunos minutos nada más y el coche, arrebatado muy contrariado al Marqués, y si 11e hubiera atrevt•
como por un torbellino, iba á llegar al male~on pues do, habría hecho que la policla diso!viera ese_ grupo
cuyaR simpatías eran todas para el Joven heró1co_ que
estaba ya al fiu de la call11 dP.I Sena que entonces co
mo hoy lamia los muros del Instituto Alli estaba el 86 habla sacrificado por salvará un vs desc_onoc1dos.
peligro. en ese muro contra el cu~l los c_a!Jallos se Afortunadamente pronto se llegó al palaew, ~uyas •
estrellarlan y estrellarian el carruaJe de'lnhtado ya puertas se abrieron para dar paso á los carruaJes en
el patio, y ee cerraron para impedir la entrada á los
po.· loR golp"s del camino.
.
.
.
El Marqués y su nieta~con 11~a simple OJeada mi- curiosos
Los -criados del Marqués transportaron inm~d1!ltadieron este peligro y la niña d1Jo:
-Abrac?monos, padre mio, y encomendemos nues- mente al herido (que aún no recobraba el conoc1m1en•
to) á un salón dtil piso bHjo mientras se le preparaba
tras alrnas á Dios.
.
-1Mi fortuna para quiur. la s11Ive! gritó él tlespren- departamento má~ apropiado.
El señor de Noyan y Amelia. observaban con audiéndose de los brazos de la niñil y asom9:ndo po~ la
portezuela su basto con los brazos extendidos é im- siedad al médico mientras éste palpaba y auscultaba
al herido, y se sintieron _consolados cuando é,te les
plorando 11ocorro.
·
..
SintiéJdose perdida Amella, se rPfug10 ~l !ondo del informó que no habla ijenales de fractura algun11, Y
..
coche y cubrió con las manos su r.ostro, hy1do por el que .,n pocos dias serl,l hecha la curación.
Aqui quedará hasta que se restabiezcs, d1JO la
terror. Esperabn el choque segura de morir Y rezaba
señorita de Noyan ¿no es as!, papá?
.
en voz baja sus oracioner.
-Y JuejZ'o ie recompensaremos dignamente, añadió
De pronto el carruaje se detuvo por una violenta
d" A
.
parada de los caballos y á derecha é izquierda. las el M'trq11és
-Es preciso averiguar su ~ombre, IJO me11a, Y
portezuelPs fueron abintas y el Marqués y @u me~a
si
tiene
padres,
mandarles
avisa~.
.
..
fueron pue~tos en la calle- por manos salvadoras sm
-Podemos preguntarlo á él mismo, 10terrump10 el
haber sufrido lesión alguoa
.
Pronto supieron los testigoP de esta escen3: conmo- médico. sorque ya vuelve en si. .
. -Bendito sf'a Díos! "xclamó 1~ JOv~n
vedora. que en moment" de chocar.el carruaJe con e l
y transfigurada, ruAs cnnmov_1da aun q~e cuando le
muro un joven se abalanzó á los caballos y !uchó Y
se debatió hasta que derribado el uno arrastro al otro creyó muerto, contempló á t;•tP J.01:en de f1s.~nomia Ala
E'n ~u caida Los transeuntes, electrizados. por este VE'Z altiva y dulce, p~hdo émmov1I. El abr1osus.!?'.ran1&gt;jemplo, corrieron á ayudarlo y quedó conJurada asi de11 oios obscuros llenos de admiración y los f1Jo en
las personas pre8entes.
la rl"Fgracia.
-¿Qué me ha sucedido pues? preguntó.
TrauQuilizada Amelia, busca•a con le&gt;s ojos á 11u

mara de los pares El Conde de Vi!Íele es un ministro deplorable.
S:ilió el ce,che y tomó á buen paso por la calle de
Tounion, Derr,pente se espat1taron los caballo~ á
causa de un carretón que pasaba á s11 lado con V!O·
len~ia; se encabr.taron al sentir el choque, y part1e•
ron desbocados.
.
Bajando el cristal 'delantero el Marqués mterpeló
al cochero.
·
-¿No puedes dominará tus caballos, Gaspar?_
No obtuvo respuesta y se puso á ver ccn mquietud
á la niña
-No tengo miedo, Abuelito, dijo ella
Y un poco pálid&gt;1, con la i;nano. en la mano dPl Marqué,, apareció más tranquila de lo que era de espe-

,

�· EL MUNDO

190
El Marqués se inclinó cerca de él.
-Al socorrernos á mi hija y á mi, ha sido
usted victima de su valor, pero fellzmeute el
Doctor asegura que dentro de pocos dias estará usted reFt•b1ecido.
-Pero quién es usted. señor?
-Soy el marqués de Noyan.
Al oir eftti IJOmbre. el joven se estremeció
y sus faccion~s se contrajeron con una ex•
presión &lt;I~ cólera y de tt:rror. Luego se levantó exclBmando:
-Que se me. lleve de aqui! no quiero estar
en esta cssa. no quiero.
Y Pe debatla en los brazos del médico que
se esforzaba por sujetarlo. De improviso sus
miradas se fiJaron en la cara de Amelia conmovida y bañada en lágrimas. y entonces se
cruzó dA hrazos y seleO) ó murmurar:
-¡Suh'ja!
Apaciguada la excitación. sus facciones
conservaban todavía cierta• xprPe.ión de sorpresa y desconfianza, pero se habla bor:ado la primera expres:ón de horror.
Amelia le dijo:
-Se diria que el nombre de mi abuelito le
ha traido á usted algún penoso recuerdo!
-Es la primera vez que lo oigo pronunciar
contestó él con firmeza.
-¿Por qué entonces quiere usted dejarnos?
·
-¿He dicho que quiero irme? preguntó,
dueño y a ·d'e si mte.mo y cerno si ·la1&gt;reg-un-·
ta le admirara. Entonces babia pt:rdido la
razón. No siento sino gratitud por les cuidadoe. de que soy objeto
Estas palabras y la declaración del Doctor de que el golpe debía haber producido
una momentánea perturb• clón cerebral. convencieron fácilmente al Marqués y su nieta.
-¿No podremos saber quiAn es mted? ¿No
quiere hacer venir á su familia?
-No tengo familia, replicó duramentA el
herido: soy solo en el mundo, me llamo Durosnt&gt;l y estoy estudiando derecho ......
-No h11ble usted más, ordenó el médico
con dulzura. Vamos á llevarlo á usted al aposento que se le ha preparado, y si es usted
dócil en tres dias se pone bueno.
Pero Durosnel parecia no haber oido y seguia con ojos obstiJ,ados á la señorita que
por una seña del Marqués se retiraba, y en esas miradas que Amelia sentia pesar sobre ella, habla á la
ve~ ódio y admiración.

*
**
El accidente ocurrido al Marqués tuvo muchos tes•
tlgos y entre ellos los pares de Francia que salian del
Luxemburg&lt;&gt;; la noticia voló pues por Parle y durante todo el r"sto del dla afluyeron las visitas al palac:o
de Noyan. Hasta después de media noche fué cuando
Amelía pudo retirarse á su aposento. pensar á solas
en las emociones sufrida11. y acordarse libremente del
joven que en circunstsncias tan dramáticas habla ve•
nMo á su casa
Al vnlo, cuando lo levantaron inanimado en la ca•
lle, se sintió á la vt-z penetr11do de gratitud por su heroica abnegación y favorablemente impresionada por
su juventud y por la eh•gancia natural que ostentaba. Aunque viviera muchoM años, conservarla siem·
pre en su memoria la visión de esa cara pálida y sin
vida cuyos negros cabellos bacian resultar la blancura mate del cútis. T11mbién recordaba la impresión
que causó al herido oír el nombre de Noyan; y por
más que luego hubiere tratado él de hacerla olvi·
dar, Amelia no dudaba que aunque su salvador y su

abuelo no se hubieran visto nunca, había algún miste•
río que ella ignoraba v que habla dejado en el cora•
zón de Durosnel una huella dolqrosa y pro unda..
Peneó en interrogar al M •rqués sobre e11te particu•
lar, pero prescindió de esta idea convencida de que
no podía contar sinn con sus propios e&amp;fuerzos para
inquiri- la v1-i dad. Lo mPjor era entender11e directa•
mente con Durosnel.
Tomada su resolución. pemó en las dificultades
que se le pres!'ntarlan para llevarle &lt;l cabo. En cierta
posición, las existencias se complican por una red de
costumbres, de uso11 y de conveniencias que no se
pueden romper, y á la joven le seria dificil una entrevista á solas con el l1erido. No babia más que un medio de realizar su propósito y era ir en el acto al apo•
sento de Durosnel, donde solo habla quedado para
velarlo un criado en cuyo carino y adhesión tenia
Amella plena confianza.
Tomó, pues, en la mano una bujla y salió á cumplir
su propósito.
·
A la misma hora, Durosnel que habla dormido ya
bastante, despertó y vinieron á su memoria los recuerdos detdia.
· ,'
Se vela de nuevo en la calle dPI Sena, sorprendido
por el espectáculo de los caballos desbocados que

Domingo 4 de Septiembre de 1~
arrastraban ·una carroza blasonada, y recordaba haberse lanzado de un salto á dett1•
nerlos. Luego el golpe en el pecho ·y al fin,
de11pués del desmayo la aparición á su lado
de un &lt;1.nciano y una bellísima joven.
-El Marqués de Noyanl dijo, y otra vez.
sintió una oleada de odio invadir su cor11zón.
sin que la memoria de la señorita dulcificara esa sensación.
-Noyan! el hombre fata! por quien muriómi padre! se decía ¿qué irania del destino .
me llevó á salvarlo con su hija de la muerte?Luego, recordando el acto de d!'bilidad
que cometio deslumbrado por la belleza d6la 11eñorita, se decia:
-Hice mal. Debi haber arrojado mi legitima
indignación á la cara insolente de ese siniestro personaie.
Pero luego pensó en la joven cuya belleza
habla disipado su enojo y la veía en todo el
esplendor de la juventud, con la emoción en
los ojos rleslumbradores velados por
lá¡?rimas de simpatia y piedad!
Agitado por estos pensamientos s&amp;incorporó .en el lecho notando con admiración que lo hacia con facilidad, y
no sentla sino un ligero dolor en el
pecho.
El criado salió de su soñolencia y Tino á.
preguntarle si necesitaba de sus cuidados,
pero el e11fern:io contestó que se sentía muy
bien y que quería quedarse solo el resto de
!a noche
Después de varios esfuerzos para imponer
sus buenos oficios, el criado se retiró, y D11·
rosnel otra vez cayó en sus reflexiones que
exaltaban su resentimiento ahora desencadenado. El marqués de Noyan h11bla presidido el Consejo de guerra que hizo fusilar á..
su padre 1.1or haberse afiliado á Napoleóu
siendo soldado del real ejército.
Y este recuArdo, que llenabadesomhras la..
juventud de Durosnel, encendia en su alma
un violento deseo de venganza, de esa venganza en que venía Roñando desd!' hacia.
diez años, deede el. día en que recibió de·
su padre los últimos adioses y solemnes recomendaciones.
- -N oyan es quien me mata, le dijo el sentenciado: no lo olvides y véngame.
Y él juró obedecer; y al correr los años y hacerse
hombre, su resolución se fortificó, primero en el aislamiento de su provincia y luego en París á dond&amp;habla llegado algunos mel!es antes con el pretexto de
terminar sus estudios, y en realidad para cumplir
su juramento. Pero ¿y cómo cumplirlo? Se levantaba
y se acostaba todos los dlas sin hallar el medio deseado, y ahora al hallarse frente á frente de él, se preguntaba por qué no mató á su enemigo.
De pronto su semblante se iluminó con una risa maligna. Pensó en la señorita de Noyan, en vengarse
seduciéndola é imprimir asi una mancha vergonzosa.
en el nombre de &lt;&gt;u enemi~o.
At!lcar al ab1;1elo rn la meta...... 1qué castfgol ¡qué.
medio más eficaz para desahogar su odio! Pero
casi al mismo tiempo sintió remordimientos. vergüenza y un g-ran disg-usto de' si mismo, aterrado de haber podido concebir esta acción abominable y lloró
al consid ..rar que la gracia virginal de la señorita ló,
dejaba sin fuerza para herir.
•
-¿Qué hacer, qué decir? murmuraba.
Vete, le decían su conciencia y su razón. No debPs.
aceptar la hospitalidad del hombre á quien dete~ta~
y cuyadesgraciaanslas. Quedarte es exponerte á cat'r·
en la infamia. Vete!
Tanto poder tuvo sobre él esta reflexión. que se le•
vantó para huir aunque todavla ni sabia cómo· y rAnunciando á la venganza que en estos momentos estaba tan cerca de sus manos. 11e vistió y abrió las hojas.
de una ventantt que daba al jardin del palacio.
Saltar de la ventana que apenas distaba del suelo
unos dos metros, atravesar el jardín protegido por Iw
sQmbra.d.e los árboles y franquear el muro, no seria.
gran d1f1c~ltad y por consiguiente si quería partir
tenla el.éxito asegurado. Tr!inquilizado por el!ta par~
te, cerro la ventana, encendió una bujla y habiendo,
encontrado en lll mesa recado de escribir, puso esta.
carta al Marqué,.
"Me preguntó ueted mi nombr11 y le menti. No soy
Durosnel: me llamo Eduardo Fortín y s.:&gt;y hijo dfll'
General Fortín, fusilado por orden de usted en 1815,
Cuando salvé de la muerte á usted y á su nieta no los.
conocla; que de conocerlos, habria dejado obrar á la
fa~ali?a_d. El cie_lo no lo quiso y pueda esto servir de·
pr10c1p-111 p_ara mi venganza. Pero no renuncio á su..
fin que tendrá lugar el dia y bajo la forma más apro•
piada á torturar el corazón de usted tanto como usted ha torturado el mio.
"Por eso renuncio á la hospitalidad de usted pues
de aceptarla temerla que se debilitara mi dere¿ho de
hacer á usted expiar su crimen, derecho legitimo y
sagrado que tarde ó temprano ejerceré.
.
"Si no me vengo asta misma noche, es porque me ha.
c~nmovido y causado piedad la presencia de la setio-r1ta de Noyan y resulto más humano que usted cuyo.
implacable .rigor me dejó huérfano. Agradezca' usted
pues á su me~a el haberlo protegido esta vez, pero no•
espere que siemp1eserá lo mismo."
~scrita y firmada esta carta Eduardo Fortin, sin,
c~udar de cerrarla, la puso en la mesa de un modovi•
sible, luego ~pagó la vela y aproximándose á Ja v.en•
tana la abrió. Rabia llegado la hora de partir y ya
se apresuraba á saltar cuando OJÓ un ruido á. sus ~s-paldas y l!e volvió vivamente.
Petrif.ir,ado 9u~dó al distinguir en el marco dt, la.
puerta a la Renor1ta Noyan con su bujla en la man ••
que estup.,facta y pálida lo sorprendió vebtido y , n,
t:n el mornenLO de huir.

Domingo 4 de Septiembre de 1898.

1

•

191

EL MUNDO.

Solos, á media noche, en. este ·.aposento silencioso, cuando acababan de conocer·
se.se encontraron. confundidos. sm voz ni aliento y contemplándose con ansiedad.
Amella fué la primera en recobrar su sangre fria· avanzó hacia la mesa depositó
en ella el candelero con la bujla y dijo á Eduardo Fortin con dulzura:
'
-Slrvase usted cerrar la ventana, señor,
Aunque lo habla s?rprendldo. mucb,, la lnopinada presentación de la joven, más
todavia lo sorprendió la serenidad con que le dió esta orden conservando tanto imperio sobre si misma en tanto que él estaba todo turbado ... ¿Qué querla1 ¿Qué motivos poderosos la hablan decidido á venir?
Una vez cerrada la ventana, el joven le dijo no sin cierta altivez:
-1.Tiene usted que habl'lr conmigo, señorit~?
-Suponia yo á usted dormido, creia encontrará un criado velándolo á usted y vine para pregu1!~ar á éste si estaba usted más tranquilo. La agitación de usted y las
palabras que d1Jo al volver e1;1 sf, me tenían alarmada.
-Fueron motivadas, señorita, por una crisis pasajera y ya estoy enteramente
bien como usted lo ve.
-SI, y esto m"' ha causado tanta ad1:11ira.ajón como : legrla, aunque querlé sor·
prendida de ballar á usted pronto á partir. Porque usted estaba e11 momentos de irse
¿no es verdad?
-Es verdad.
Sin desconcertarl!e por la franqueza de se~ejante conte~tación, Amelia proPiguió:
-;-¿Y por q_ué e~ta premura para t:scapar, sm tomaren cuenta el deFpr~cio á nuestra
grl!-titud que impltc~ba S? fuga? Un hueRpPd de la casa del Marqués de Noyan ¿debe
saltr de noche esqmvánaose como un foragidn?
'
Estas palabras parecieron herir en lo vivo á Eduardo Fortín.
.
· -Como no s:iy ge!)tilhombre•. dijo, no he ten~do escrúpulos y he peDFado en ml 80•
lamente. No me conviene ser obJrto por más tiempo de los favorPs del señor de Noyan, me voy, y eso es todo. No daré cuenta de mi conducta á n11die ni menos al señor
su padre de usted, y de todos modos no creo ser yo el obligado.
-¡Qué duramente me habla usted, st&gt;fiorl
Esta qut&gt;ja abrió ála piedad el corazón de Eduardo.
-Perdón,•señerita, dijo. ¿Pero por qué esta visita tan contraria al orgullo de usted
y por qué estas preguntas tan contrarias al mio?
.
-Voy_ á decirlv: cuando mi padre apareció frente á mted, y'o conocl el odio en las
mtradas de usted y en sus palabras, como e: nuestro nombre lo hubiera provocado No
puedo enga?1arme, lo presiento, hay un misterio aqui y vengo á averiguarlo. ¿Por
qué nos odia usted?
-Yo no odio á usted, señorita, la re~peto, la admiro la estimo y me sientofelfz
por haberle hecho un pPqueño Eervicio:
'
-Ya sé que yo no le he ofendido á mted nunca .... ¿Pero mi abuelo?
- Y como el joven callara, ella a ¡regó:
-Veo que mis sospechas eran fundadas.
Bañada en légrimas se dejó caer en un divánjuntoá la mesa. De pronto vió la car•
ta y se apoderó de ella.
-No lea usted, no lea usted, señorita.
Pero ella no atendió y en un instante descubrió todo el secreto.
-Esto es muy triste, señor, dijo ella, pero bit:n comprenderá usted
que el Marqués no hizo más que. su deber.
-No hable usted asl. La falta de mi padre fué de las que son ocasionadas á la clem~ncia, y el~arqué3 no se dejó c~nmover;y cuando los amigos d~l sentencil!-do obt1;1vie:-on .unaconmutaoion de pena. ya era tarde: el
verdugo se babia ant1c1pado. ¿Puedo yo aceptar la hospitalidad de ese
verdugo, después de haber jurado que le he de matar?
-Perdone usted, es lo más noble.
·
-1Jamás, jamás!
-Entonces, vénguese ·usted en mi. Aquí estoy.
-Ven~arme en usted .... ya lo habla pensado, pero seria infame hacerle i-xplar .una falta qne no ha cometido .. No: lo que deba ser, será.
-Pues bien; siempre estaré frente á m1 abuelo y para herirle necesitará usted. herirme, pasar sobre mi dolor, acaso sobre mi cadáver. ¿No lo ha
comprendido usted?
·
Y llorando y be@á.ndole las manos.
-Piedad, piedad, decla, no se apr.opie'usted el derecho de casti&lt;&gt;'ar no
usurpe facultades de la justicia divina. Piedad, piPdadl
e
Y lut&gt;g&lt;?, añadió obse~vando que t,I jo~en esta~a muy conmovido:
-A~!. ~1 cede usted, si me da esta alegria, esta mmensa alegría, todos
los sacrih~ios.m~ parecerlan pequeños para demostrarle mi gratitud.
La resistencia de Eduardo se quebrantaba ante las lágrimas de la adorable criRtura que se arra&amp;traba á sus pié~.
·
-;Si usted perdona, toda ~i vida la consagraré á ado,.ar á usted.
-¿Se casarla usted conmigo, pobre, obscuro, infeliz, usted la altiva
descendiente de los Noyan?
-Sil
-1.Pero su abuelo de usted consentfrla?
-Seré dentro de un año ZJayor de edad.
·- Y ;,eso es lo que llama usted un sacrificio?
-No; u!1~ felicidad, porque yo serla feliz casándome con un hombre
de alma suficientem~!1te generosa. para obrar como quiero que obre usted.
Y al hablar así, f1}aba en Eduardo sus grandes ojos llenos de prome•
sas y_ le ilOnreia con la senrisa irresistible de la tentación. Eduardo fué
vencido ..... .
Sin decir nada, hizo pedazos la carta, beso á Amelia respetuosamente
la mano y con voz opacada por las lágrimas, le dijo:
-Gracias, señorita, gracias y adiosl
-1.Se va usted?
.
-Sí: si sigo viendo á usted, cometerla la debilidad de aceptar el yrecio de mi perdón, ácosta de la dicha de usted, y aunque se me parta e co•
razón, me voy y nunca, nunca volverá usted á oir hablar de mi.
Tenia un deber, un gran deber que cumplir, y á esa misión estaban
co_nsagradas tod~B .l~s aspiraciones de m~ espíritu y todos los vigoree de
m1 vida. En la vigiha concebia y perfeccionaba mis proyectos de venganza y eu el sueño gozaba inefables delicias creyéndolos realizados
Aho~a ¡corazón débil y cobarde! al lle~ar á la meta me deten{fo, y·¡¿ h~
perdido todo, hasta la esperanza y ya m1 existencia no tiene obJeto.
Tiene uno, dijo Amelía envolviéndolo en una miradi. enloquecedora.
-¿Cuál?
-1Amarl
-¿A:mar? _iAbl no: qué horror! yo sólo puedo amar á usted, y usted para
mi es 1mposible......... l
Y se precipitó por la ventana sin que Ameliahubiera tenido tiempo de
detenerlo. A la luz de las estrellas ella le vió atravesar el jardin y saltar
el muro.
Entonces un gran dolor, enorme y profundo, como si se le hubiera ido
toda la felicidad de la vida, P.enet~ó en _s u alma. Luego, cuan.!o el rumo·
h:iibo cesa do, y el augus.to silencio de la noche reinó en la tierra y en el
CJelo. algo como 1~ caricia de una esperanza le refrescó las sienes. y son
riendo con la sonrisa de los ángeles, exclamó en un arrebato profético d,1
amor:
•
-Volverá.... vaya si volverá!.
ERNESTO DAUDET.

�Domingo 4 de Se¡&gt;tlembre de 1898.

EL MUNDO,

192

193

EL MUNDO

Domina-o 4 de Septiembre de 1898

¡POR UN MARIDO!
ADORACION

NO-VE'I:.A OIUGINAL DE-MARC DE CHAND:P:hABr-1-:E.l:rW.FB-AGIG-NES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES.

I
Como en un relicario precioso
incru~tado en el fo11do del alma,
dt1 tu imágen divina conservo
las helénica" formas graba&lt;ias.
!!:res tú en mis noches insomnes
h que grato consuelo derrama,
aliviando mi penas agudas
y calmando mis intimas an@ias.
E.res astro que alumbra mi cielo,
eres rayo fulgente del alba,
ereo toque de gloria. que a.nuncia
diaR mejores de dicha soñada.
Blanca antorcha de luz inefable,
grato faro de dulc,1 esp"r&amp;nza,
ramillete de olímpicas flores
que embriaganttis perfumes exhalan.
Voz de mú~ica dulce v 8entida
cuvas notas deleitan el alma,
y despiertan dormidas quimeras
y pasiones fogosas t-xaltan
En mi cielo de sutiñ.os dorados,
eres angel de nitidas alas,
que por senda f orida me llevR
del supremo dP-lt&gt;ite á la estancia.
Eres ave de mágicos trinos
que consuelan mi, horas amargas,
amuleto que avaro atesoro
como perla en.estuche de nácar.
Eres tú la reliquia mb bella
que mi pecho fanático guarda,
donde no la profa· en del mundo
las impías falaces miradas.

Densa nube de incienso que borra
Del altar las imágines santas,
En volutRS fugaces asciend11, .
Se esparce en los aires y se hunde en la nada
¡.Dónde vas, blanca nube de inclensoil
¿Qué regiones del cielo traspasas
Conduciendo en tu sér vaporoso
.
Temblor de su~piros, fervor de plegarias?
II
Casto velo de novia que rueda
En raudales copiosos de gasa,
Sobre curv11s de carne marmórea¡Capaz del martirio, capaz de la falta!B!Rnca gruta dé tules, ¿qué enigma
De ventura ó depdichas encarna
_¡,;sa estátua de mármol viviente
Que tiembla, que gime, q ,1e que sueña, que abrasa?

III
Tierno beso de niña engendrado
Sobre dedos de puntas rosadas,
Que te lanzas al aire-1paloma
Que busc11 en la selva su nido de ramas!¿Dónde vas, dónde vas peregrino
De no sé qué amoros,i cruzaaa?
;.Qué prett&lt;ndes, pasión sin objeto,
Flechazo sin rumbo, caricia con alas?

Número 10
-A esto: bien seriRmente -6 bien en broma
{más me inclino á esto último) usted aparentaba
creer que me consideraba enamorado de la Se·ftorita Nelly á mí también ........ No me inte•
rrumpa usted todavía, se lo ruego, ni se ría, ni
-se burle otra vez .... Pues bien, es verdad, usted
adivinó: amo á esa seilorita.
Juan quiso lanzar una exclamación burlesca,
pero fué bastante dueilo de sí mismo para contenerse, para no sonreír ni
-estremecerse, y con una mirada tranquila estimuló al
Doctor para que pro'.iiguiera
El Doctor lo hizo así:
-Ya ve usted que uso y
.aún abuso tal vez de la in•
vitación á ser franco que
ma hizo usted, sin temor al

sus intenciones no han cambiado, y le sup:ico me
dé sus informes sobre este particular.
El Comandante, á cada momento máJ admi•
rado, tuvo esta vez un gesto de cólera, y estuvo
á punto de responder con vivacidad, mientras
que el buen Doctor permanecía impasible en su
silla. Hizo, sin embargo, un esfuerzo para domi•
narse, y procurando sonreír, se conformó con decir secamente:

usted herida alguna, sino que, por el contrario,
más bien, más bien .... En fin, si quiere usted
que le diga, ~e parece .... mejor dicho, estoy
cierto de que el amor de usted no es muy profundo y que hasta ha llegado el caso de que ahora lamenta usted .... y esto es lo que me ha dado valor, lo que me ha animado y resuelto á ....
-¿Y de dónde deduce usted eso? interrumpió
el Comandante con interé3.
-De mil detalles, contestó Lerbon con voz más serena. Los celos lo hacen
á uno clarividente. Pero
ante todo, hágame usted la
justicia de confesar que
he sabido admirablemente

IV

"'
Para amar esRs gracias excelsas
y adorar 681\ imágen sagrada,
tiene luces de aurora mi mente
y vibrantes acordes mfharpa.
Tienen grato perfume mi~ flores,
y mi ooca sentidas palabras,
y ,mis 1..bios sus besos de fuego,
y ternisimos ayes mi alma.
Tiene ritmo la sangre hervorosa
que candente mis venas aprasa,
y suspiros dolientes mi pecho
y mis ojos raudale11 de lagrimas.

Sacudida nervioFa que : nuncia
Con profético acierto que espanta.Del dolor pitot:isa invlsiblt Peligro que viene, traición que amenaza,
Conmoción instantánea que avisas
Del espacio á través, la desgracia.
¿Qué potencia inicial te produce,
Qué mano sin brazo, qué voz sin palabra?
V

Torva idea que surge de pronto
Del cerebro en las frágile~ mallas,
Y lo colma, y_ lo absorbe, y lo atrofia
Cual huésped perverso que incendia la casa,
Centinela perenne, ¿qué quieres?
La razón de tu ser, ¿de quién sacas?
¡Si tú misma cegaste la fuente
Que torvas ideas ó !impidas, mana!

*
Alli mudo y fehz te contemplo
de rodillas, mi fe se agiganta
reverente y humilde te mvoca
y te eleva fervientes plegarias.
Porque tú éres el Dios que venero,
la deidad que mis labios aclaman,
y á quien culto exaltado y ardiente
1,1i alma s.ltiva, sumisa consagra.
¡Yo·te adoro! No hav sér enla tierra,
Tli en las ondas brillan.tes del agua,
IJi en el !impido azul de los ciefos,
ni en la glotia al creyente tan grata;
que merezca ese culto ardoroso
que tu ideal hermosura demanda,
'}U6 anhelante germina en mi pecho,
)' rendido mi amor te levanta!
Porque tú eres mi sola delicia.
mi ilusión, mi placer, mi esperanza,
mi delirio, mi fe, mi ventura
y mi única gloria soñada.
RAFAEL NÁJERA,

BAJO LA BANDERA
I
Ya que la vida es un inmenRo foco
de energías sin fm. bravas y fieras;
ya que en tus ambicfo11es perseveras
y para tu designio el mundo es poco,
Lucha, si asilo quieres, y en el loco
furor de t.i avidez, y en tus arteras
acciones, hiere si con ello esperas
lograr un bien que para mi no invoco.
No descanses! Arrasa, hiere, oprime:
para apagar la.; voces del que gime
bastará la embriaguez de tu existencia;
que sólo al dar tu cuerpo la caida
final, :para epitafio de tu vida
escupirá en tu losa la conciencia!

Y tú, de quien adquiere el pensamiento
la forma más augusta y verdadera;
tú, 11I militant11 fiel de la ba11dera
más atrevida y noble; el sentimiento,
Abre harmonioso tu plumaje al viento,
proclama la razón, la placentera
verdad, y no permitas que te hiera '
embtzado y traidor el desaliento.
Caerás al embate de los viles:
porque la sombra funde proyectiles
para todas la al~s que se elevan .. . .
Miasmas de muerte engendran los pantanos
para el sér, y cadenas loa humanos
para ahern,jar á la cocciencia llevan.
GONZÁLEZ CARRASCO.

VI

LA REINA DE LOS SALONES.

Inocente recuerdo de niño
Que tenaz en la mente se clava,
Resistiendo las iras dPl tiempo
Cuando otras memorias tan trllgicas pas,,n?
Remembranza pueril ¿cómo ~iVt'K
Entre aquellos que alegran ó espant11n?
Pincelazo del luz del pa~ado
¿Qué mano divina te impuso en las almas?

~ I VERSO.
Querría que mi verso, de guijarro
en gema se trocase y en joyero;
que fuera ent?:e mis manos como el barro
en la mano genial del alfarero;
Que lo mhmo que el barro, que á los fines
del artifice pliega su11 arcillds,
fuese cáli;;; de amor en loe festines
y lámpara de aceite en las capillas;
Que dócil á mi afán tomase todas
las formas que mi númen ha soñado,
siendo alianza en el rito de las bodas,
pastoml en el index del prelado,
.
Lima noble que un grillo desmorona
ó eslabón que remata una cadena,
crucifijo de paz que 110s perdona
ó gran timbre de rey que nos condena;
Que fingiese á mi a11tojo con sus claras
facetas en que tremen los destellos,
florones para todas las tYaras
y broches para todos los cabellos;
Emblemas para todos los l\mores,
espejos para todos los encantos
y coronas de astrales resplandores
para todos los genios y los santos ....
Yo trabajo; mi fe no se mitiga
y he de acuñar estrofas con mi sello!
Y un verso he de labrar del que Pe diga:
11Tu verso es como el oro sin la liga:
Bril'ante, dúctil, poliforme y bello!"
.AMADO NERVO,

SIN ESPER..l.NZA.

A.

Versión española de "El Mundo Ilustrado"

Al antro en que me es con do con mis penas
Llega un rayo de luz alegre y pura:
Sé que otro amor enciende tu ternura
Y gue con él gozosa te enagenas.
Si eso es verdad; si gratas y serenas
Para ti llegan horas de ventura.
¡Bendito quién adora tu hermosura,
Y la p11sión con que tu pecho llenu!
Se feliz, se feliz mientras me !-undo
En la noche sin astros muda y fria
Del aislamiento y el dolor profundo.
• Ya sólC' tengo un goce: tu alegria,
Y te alegra otro amor .... ¿Hay en el mundo
Desventura más grandE'I que la mía?
.

JAVIER SANTA MARÍA,

YII

..

Atavismo de raza que llegas
En las horas de honor en la raza.
A poner la vergüenza en las frentes .....•
¡Hefor deI establo.que i11v,.de la salal
¿l'or qué surges, crueldad del pasado,
Cuando todo es estética y g-racia?
¡Viejo ro8tro de mono rit·ndo
Detrál! de la. noble cabeza de Palas!
VII
Vocación repentina que tuerce
Dl3 una vida complet ~ la marcha;
Que rt:'toca I s almas, á guisa
J &gt;e autr,r indeciso que borra sus dramas,
¡Florescencia inveruHI de la mentel
¡Aosiedadt&gt;s seniles de fama!
¡(.Juién os puso en mi. pecho, lo mismo
Que. en páramo yerto semilla de plantas!

IX
Intuición del progreso que yace
Cual simiente de fut-go en las almul
Atracción imperiosa, querube
1,¿ue mue ..tra en la sombra laureles de plata!
A~icate de acero que azuza
La carrera de luz de la fauna,
Y coloca los séred de modo
Que el sol de la vida les tiña las carae.
X

Comezón de vivir, de ser siemp,e,
De ePealar de una vez la montllñ&amp;!
¿Quién os puso en la sangre? ¿qué objeto
Tendrán lus deseos, tendrá la esperanza?
Cuando vivan la vida sin mu1&gt;rte
Pnfectas, y ~temas, y libreH las razas,
¡.Volverán, otra vez, á. la sombra
Como a11tes maldi1ifle, como antes esclavas?
ALMAFUERTE.

ridículo: y para obrar así,
ya comprenderá usted sin
esfuerzo, que se necesita
-que me mueva un motivo
bastante serio.
-En efecto; ynome explico cómo, después de mi
-confidencia y la deNelly ..
-Sí, mi conducta dP.be
parecer á usted incorrecta, pero mis intenciones son excelentes y ha
sido necesaria toda la simpatía que tengo por us•
ted y toda la que nsted siempre me ha demostra•
do, para resolverme á una explicación que podía
haber reservado para más tarde, puesto que según creo, estamos próximos iL partir. ¿No es así?
-Mailana en la noche 6 pasado mailana al amanecer: ya no me retiene aquí ningún asunto del
servicio.
-Pues bien, antes de dejar 1\fohelia quiero sa•
ber si el amor de usted es siempre el mismo, si

-¡Ah! Doctor. Pero es un verdadero interrogatorio al que me está usted sujetand", y en efecto, pienso que traspasa usted los limites de ia
discreción.
-Excú,eme usted: no se explicarme bien y
comprendo que tiene usted razón al sorprendf\rse, pero atiénd1\me usted: si por lo común hablo
poco, en compensación observo mucho, y me
imaginaba que en el estado de ánimo en que usted sé halla, mis confesiones y las proposiciones
que van á ser su consecuencia, no causarán á

guardar mi secreto hasta
estos momentos, y que no
he dejado vislumbrar nada
de mis impresiones cada v1 z
que b~ visto á usted cerca
de la seilorita Nelly; que
me he apresurado á dejar á
ambos solos para que ,rozaran completa libertad, y
que he evitadJ todas las
ocasiones de verme con esta joven lejos de la
presencia de usted, sin embargo de que es•
tas ocasiones han sido muy frecuentes en 1\Iohclia donde yo nada tenía que hacer. Y esto en circunstancias en que era muy notable y digno de
llamar la atención, que si usted hubiera querido,
á pesar de sus &lt;; cupaciones políticas y de sus er.trevistas con el Sultán y los jefes de la rebelión,
se habría usted dejado algunos mon:.entos para ir
á visitar á su novia. Es, pues, indis~utible, que
usted no ha hecho otra cosa sino tratar de hu:r

�19!

EL MUNDO

Domingo 4 de Septiembre de 1898

Domla~o 4 de Septiembre de 1898

fl'..L MUNDO

195

==~========- ========~:::::..,~.::::::::::.====~==""'====~_;_-

de la Sefiorita Nelly, 6 por Jo menos encontrarse
con ella el menor número de veces posible; ahora mismo, durante el almuerzo, estaban ambos
haciéndose violencia para fingir 11aturalidad, y
esto no parece natural deFpué$ ele las r~ciproc'ls
confidencias que· ya me habíiui hecho. Sí: aigún
cambio ha ocurrido en las relaciones de ustedes
tlespués del día en que hice d descubrimiento
del secreto de la Epeira . ..... No se ría u sted:
ese día constituye época en mi vida, porque fué
cuando usted y la Señorita Nelly se declararon
delante de mí su múmo amor, y por el dolor
profundo que sentí, hube de comprender en el
mismo instante que yo también estaba enamorado, que había incurrido en la locura de amar á
esa joven .... y con más fuerza que usted, puesto que á pesar de todo, á pesar de SU3 coLfidencias, á pesar de su ed:1d, á pesar de la mía, á pes,u· de todos lus c,bstáculos reaies y aparentes
que nos separan, he continuado abrigando mi
ensuen.o sin desesperar com¡.,letamente de que
algún día se realice.
-¿Tiene usted entonces algún motivo de esperanza? Acaso la Señorita Ndlyr .....
-Tranquilícese usted, dijv el Doctor pes11nclo
todas sus pJlabras: la P,Speranza me viene solamente de mis inducciones que bien puieran ser
falsas . .. . . . Nelly ama á u,,te&lt;l, estoy ciel'lo de
ello, pero lo que busca ante todo, según creo, es
un marido. Preferiría que este marido fuese usted, no hay duda; pero á falta de usted y por
despecho, estoy persuadido de que se conformaría conmigo como con cualquiera otro, no importa quién. He creído observar así mi~mo, que
usted á su vez ha valorizado en ese punto los
se1itimientos de la joven en igual sentido que y0,
y supongo que tal descubrimiento habrá aflojado
y dejado á punto &lt;le desatarse los lazos de su
amor. He uquí mi.s inducciones: es dec:r, mis
primeras inducciones, pues me queda todavía lo
más difícil por decir ....
El Doctor hizo una pausa; se enjugó la frente
que estaba cubierta ele suior, y fijó una mirada
mterrogndora en el semblante ele Juan donde leyó suguramente la indulgencia que desde un
principio había reclamado, pues continuó muy
decidido á obtener una respuesta.
-Por otra parte, las reticencias de usted, su
defeo de que el padre no tuviera conocimiento
de lo que cotaba pasando, su afán de ganar tiempo alargando plazos, y en fin, la poca prisa que
se ha d.ado usted para los negocios en 1m~stra
permanencia en .l\Iohelia, me han hecho cree!: (¡se
.cree tan fácilmente lo que se dese11!) que usted
lamenta y deplora ya los compromisos contraídos .... tan á la ligera .... y que cuenta usted
con el alejamiento y con la ausencia, para irse
borrando y libertarse insensiblemente. Dios mío!
no me habré equivocado en mis conjeturns? Rue~o á usted, Comaud11nte, que tenga en mí la confianza misma de que yu acabo de darle tan palpables pruebas, convencido de que, como ya se
lo he dicho, c:l ridículo 110 me espanta, y de que
no se llega cm valor á este fin, sino cuando está
uno armado de un sentimiento verdadero . . ... .
Todas mis reflexiones están hechas: estoy firmemente resuelto y según la contestación de usted,
obraré.
Junn v11ciló. ¿Qué iba á decir cuandu d · él·
mismo estaba seguro de sus propios sentimientos?
Por otra parte, los vínculos que Je ligaban á Nelly ¿podían romperse abora, podía siquiera hablarle de ellos con franqi¡eza al Doctor? l'odía,
en fin, dar una contestación, cualquiera que f.uese, sin traicionarse 6 sin mentir,
Es verdad que tenía positiva necesidad de confiarse á. alguien, pero un secreto semejante al
suyo sólo se deposita en la conciencia de un pa•
dre ó de un hermano.
Puesto sin embargo en el disparadero de responder, ese11pó todavía haciendo á su vez una
pregunta al Doctor que esperaba con creciente
ansiedad.
-¿Y de qué modo piensa usted obrar, qué va
á hacer? le dijo.
-Eso depende de la decisión de usted. Si es
ci~rto lo que me he imaginado respecto á que no
desea ust~ dar cima á sus anteriores proyectos,
desembarciiré aquí en .l\fohelia y dejaré ft usted
partir solo. Durante la ausencia de usted, con
muchas precauciones y miramientos iré preparando á la señorita Nelly para que al llegar un
momento oportuno le revele la verdad, toda la
Yerda.d en lo que á usted se refiere, siempre que
usted rce d&lt;·j~ !&gt;U autoríz,1 ción para ello. Después,

un poco más tarde, le ofreceré sencillamente mi
mano.
Sí: esta sería en verdad una solución satisfactoria para. 103 tres . . . . y · siempre admirando el
valor del Doctor, y con alguna pena de su. parte
Juan, eu semejantes condiciones, aceptaría sin duda las proposiciones que se Je acababan de hacer y se resolverfa de cididamente á la fuga, si
la fuga fuera posible tod11 vía ....
Y era ya demasiado tarde.
Pero apesar de esta imposibilidad Juan pensaba obstinadamente desde hace tiempo en huir como recurso supremo y 1 , pensaba más que 11u11ca desde que el Doctor : rbon le ctijo en alta voz
con implacable convicc II de sabio, las mismas
palabrab desiluciona&lt;l" s y frías que su razón
haoía ya murmurado 1uy por lo bajo. Mucho
tiempo antes que el D e .lr, casi desde el m')mento en que conoció á Ndly, Juan había comprendido que lo que la joven ansiaba era conquistarse un marido, pero luego tl placer, el amor pro•
pío, la necesidad que sienten los fdices de creer,
le hicieron cegarse y hasta trató de quedar convencido como un soñador de veinte años ó como
un anciano candoroso, de que so le amaba no más
que por sí mismo. :Mordió pues los sucesivos anzuelos que Nelly le foé presentando y Ndly en
consecuencia lo manejó á Stl antojo, enloqueciéudolo, embriagándolo y temiendo que estos arranques de vertiginos0 entusiasmo no bastasen para
evitar que se ie escapara la presll, se decidió al
recurso supremo y se le entregó como se entrega
por estratagema una ciudad sitiada, &amp;imulando
el desaliento, el abandono y la derrota, pero dejándose una ·p uerta por donde volver y co)er en
seguida prisioneros á los imprudentes que penetraron ereyéndose victoriosos.
Pero todo esto que pens.1ba, no podía Juan decirlo ámenos que se resolviera á hacer una confidencia completa. Sin embargo, era preci~o res•
ponder y ¿qué respondería? ¿que amaba á Nelly
profundamente y que se conceptuaría feliz cumpliéndole sus promesas?
¿Y si no las cumplía después? El momento deveras que era decisivo, pues Je, más insignificante, lo imprevisto podía inclinar en uno 6 en otro
sentido la balanza en que oscilaban sus resoluciones y si tomaba el partido de no cumplir el
Doctor ocurriría entonces á Nelly que se senti•
ría feliz al encontrar un m11rido despué;; de tal
abandono,.
Y s1 Lcrbon se casaba sin que ella le confesara
su falta ¿no quedaría Juan convertjdo en cómplice innoble de esta superchería, ¿Debía aceptar
este papel?
Pero su resolución había tardado mucho en elegir un camino y como no estaba acostumbrado
á disfrazar lo que sentía, sin dud11. su cara reveló
una parte de la verdad, pues el Doctor levantándose de su af!iento, le tomó unR. mano al Coman·
dante y en un rapto de alegría exclamó con vivacidad:
-Veo que había adivinado, querido amigo: su
amor de usted á la sefiorita Nelly si existe todavía no es muy profundo que digamos. Dd otro
modo, en lugar de tantos distingos internos, du•
das y vacilaciones, hace ya mucho rato que habría usted dicho: «Está usted Ioco,Doctor, al proponerme tantas cuestione~. ¡Vaya usted al diablo

con su pas:ón senil! amo á Nelly, ella me ama y
11u.,s1ro más vivo deseo es cas11rnos, mientras más
pront) mejor. » He aquí cómo habría ustedhablaLlo, 4ue ai,í es como habla el corazón. Pero puesto que se calló usted no ama y lo que le impide
confesármelo es la palabra que tiene comprometida: no obstante, en e30 se equívoca usted, porque los juramentos de amor como los tratados entre las nadones se hacen para quebrantarlos cuando sea necesario haciendo el ultimatitm col'respondiente lo q11e resulta más honrado que romperlos si I dar aviso alguno.
-Doctor, dijo Juan, usted se deja llevar por
su imaginación que .... usted también se engaña.
y si es vor&lt;lad que he vacilado .. ..
- Cuando se tiene el estado de ánimo de que
está usted dando señales, cuando no se ama, vale mAs abstenerse de una vez puesto que al fin
vendrá el momento de a&lt;abar de todos modos
por allí.
Juan, temiendo que Nelly hubiera escuchado
la conversación se levantó, se dirigió al salón, levantó la cortina que cubría la puerta y viendo
que ésta continuaba cerrada, volvió á tomar asiento, invitó á Lerbon á. que lo imitara, y le dijo á
media voz.
-Vacilo .... vea usted . . .. vacilo, porque Nelly me ha ~onfesado que es hija natural y que su
madre era la última de las criaturas.
El Doctor sonrió.
-Ese es el gran se:!reto que estuvo á punto de
escapá.rs..ile uu dfa delante mí, cuando usted no
la dejó seguir hablando: usted· lo conocía entonces ya y eso no evitó que le reiterara sus juramen_to.3 de amor. llay más: si usted estuviera resuelto e:i difiniti va á casarse con la sefiorita :N' elly, hubiera puesto todos los medios para que ni
yo ni nadie conociera la existencia de esa mancha de familia; lejos de revelarla impediría que
se supiera. No, no: la verdad es que no ama usted á Nelly ó que está usted dejando de amarla,
Jo cual viene á ser lo mi~mo y en ese caso tiene
usted razón para no casarse con ella. Luego siendo así, obrará usted '!-omo es natural que obre,
poniendo la ausencia de por medio y yo quedaré
y me casaré.
Juan debió apresurarse á gritar: "No be dicho
á usted que renuncio á casarme. 11
Pero respondió:
-Veo Doctor, que usted tiene los valores y que
no se espanta como yo me he espantado después
de maduras reflexiones por las costumhres libres,
independientes de esta criatura, por su juventud
experi'mentada. Dígame, Doctor, ¿usted cree en
la ley de la herencia?
-Descuide usted, yo viviré vigilante; y en mis
posesiones &lt;le las Islas Seychellas, donde además
las tentaciones serán escasas, la rodearé de tanto
bienestar y de tantas afec~iones, que espero no
se arrepentir,\ de haberme ádmitido por esposo.
Queda resuelto, no tema usted nada .. . . me quedo y le explicaré todo.
Al oír e: tono tranquilo y firme de Lerbon,
Juan se apercibió de que sin haberle dicho, francamente que renunciaba á sus proyectos de matrimonio, todas sus palabras, sus actitudes, sus
silencios, sus revelaciones lo habian declarado de
un modo ind:iseutible; y ahora, como nubes lige-

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ras, razonamientos sutiles se entremezclaban en
su cerebro y le perturbaban la concienci11.
Pensaba: Si; lo mejor seria que Nelly encontrara un marido que no fuera yo. En 1os prim~ros momentos me causaría dolor saber que pertenecía. á otro y que era,: de otro su belleza. su juventud, sus caricias. Pero la separación es posible aún sin que ese dolor sea demasiado vivo ni
demasiado durable, en tanto que los celos y las
sospechas me torturarían toda la vida si tuviera
yo la debilidad, la lealtad .... 6 el candor de tomarla por espos:i.
El marido ya pareció: helo aquí, ante mis ojos
r idículo y digno de lástima por su pasión. No tengo necesidad más que de callarme y él obrará.
¿Puedo hacer otra cosa que no sea callar?
Sin embargo, en un esfuerzo último, la conciencia más bien que el amor le arrancó estas palabras:
- No, Dor.tor, no permanezca usted en Mohelia;
partamos juntos pasado mañana y un poco mis
tarde con espíritu más frio y m ás libre de parte
de uno y otro conversaremos discretamente sobre el particu:ar. Me ha sorprendido usted en un
momento de turbación, cuando estaba yo agitado
y vacilante y aún no be dicho todo porque no
todo se puede decir.
-¿Por qué?
- ...... P or razones person ales, razones de fami!ia ..... .

1

Es necesario que tome infor de separaruos. Quedo enteramente apenado por
mes, que escriba á mi hermana- esta separación S&lt;Jbre tono por las circunstancias
y ... . la verdad, no sé todavía lo en que ocurre, pero le veo á usted muy resuelto
que haré, no lo sé con exacti- y nada puedo agregar bastante para hacerlo camtud .... . . necesito de la ausen- biar de opinión. No, nada, nada, afirmó después
cia como ya se lo dije á usted de una nueva honrada vacilación . . .... Solo que
una vez, para penetrar mejor en acuérdese usted de su proinc:isu: ni una palabra á
mí mismo y poder fijar mis re- Nelly hasta que ....
-Hasta que usted me haya escrito? preguntó
~ ~;• soluciones. No se quede usted ..
partamos.
Lerbon en tono de duda.
-Sí.
El Dc,ctor contestó:
- ¿Pues qué vaná separarse ustedes? 'dijo de
-Esa vez dijo uste.d en efecto que la ausencia
era necesaria, pero no para usted sino para la pronto en la puerta del salón una voz joven y
sefiorita N elly ... . Está bien: yo haré lo que ella, fresca, bien conocida que parecía ahogada por
-esperaré también, pero después d~ las confiden• la emodóa.
Los dos amigos que no habían oído abrir la
cías que acabo de hacer, no quiero,no puedo per•
rnanecer á bordo por más tiempo aquí, cerca de puerta se volvieron rápidamente y vieron á Xelly
usted. .l\.Iafiana, tal vez esta misma tarde, desem- muy pálida que avanzaba háciaellos penosamenbarcaré y me instalaré en .l\fohelia. Su misión de te y cojeando.
En vez de contestarle, ambos se precipitarón
usted como Comandante del Colibri concluye dentro de tres meses y usted ha prometido volv:er al á recibirla preguntándole con ansiedad:
-¿Pero qué tiene usted?
terminar ese plazo. Hasta entonces nada diré á
Nell y se apoyó en ellos, estrechó cordialmente
Nelly, se lo juro á usted, pero respecto á usted ya
tengo perfectamente fijada mi cc,nvicción: no le la mano al Doctor, y levantándose la falda del
vestido, ensefió sonriendo uno de sus piecesitos
veremos volver.
Contrariado contando conque el tiempo y la re- rodeado de una toalla salpicada á trechos con
flexión normarian su conducta, Juan respondió sangre.
Los dos se tranquilizarón en el acto al verla
secamente, como un hombre que no quiere revesonreir; pero observando que no podfo andar y
lar el fondo de sus pensamientos:
-Es posible! Pero Nelly á quien me propongo que estaba muy pálida Juan la tornó en brazos y
escribir en todo caso, dará á usted noticias fide- la llevó al canapé del salón.
Nelly se acomodó en los cojines y entre risa y
dignas sobre si voy 6 no á regresar.
Luego, haciendo un llamamiento á toda susan- llanto dijo:
-8oy una chicuela: no tengo más que una degrc fría y deseoso de terminar una conferencia
penosa que no podía en esos momentos llegar ii bilidad pero que me domina sin remedio; no hago
un desenlace final, y basta temiendo que Nelly más que ver sangre y me desvanezco. Es una desviniera y se enterara de algo, se levantó, tendió gracia ser tan cobarde ..... .
Juan se sentó á su lado, y pasando un brazo
la mano á Lerbon y añadió.
-También á usted le escribiré, Doctor, pueEto alrededor de su talle parasortenerlB, le preguntó:
-Pero qué tiene usted? Cómo se hizo esa herique decididamente quiere dejarme y que nada,
nada consiguiría retenerlo Rq ui y esp!.lrar antes da? dígalo usted por favor.

�196

-Oh! no t!S nada, respondió ella en tanto que
los colores empezan á reapurecer en sn rostro: al
salir del bai'l.o puse torpemente el pie sobre las tijeras que estaban abiertas, y me lastiméperdiendo tanta sangre qne me-iIBntí mal&amp;-. Por pa.eo me
desmayo . . .... pero ahora ya pasó todo por fortuna.
Sin decir nna palabra el Doctor se arrodilló
apresurado, tomó en las manos el pié de Nelly y
comenzó á desprender con mano ligera los alfileres que sugetaban la toalla, pero arrepintiéndose de improTiso se levantó y dijo al Comandante:
-Suplique usted á la seiiorita que se tienda en
el canapé para que repose su piecesito, y siga usted la obra que hitbía yo empezado, mientritsvoy
á traer vendas y mi estuche: si la toalla se ha pegado ya con la sangre, no la arranca usted: espéreme.
Desde que se rué Lerbon, Juan concuidado de
padre instaló á Nelly en el divan, le puso un apoyo de cojines á la espalda, y tomando á su vez
el pié de la joven comenzó con mano trémula á
quitar la toalla en tanto que decía en voz baja:
-Oh! Nelly, ¡Que susto me ha dado ustedi'
¿porqué no llamó usted desde luegoi'
-Si hubiera tenido certeza deque estaba usted
solo le habría llamado ¡ya lo creo! así estab:t yo
de espantada ...... pero oía que conversaban usted y el Doctor, y no atreví. ..... ¿deveras se
asustó usted al verme?
Juan dijo:
-Estaba usted tanpálid11!. ... ..
Luego un pensamiento le cruzó por la imaginación y aiiadió:
-¿Cuando le ocurrió á. usted el accidente, dice
que me estaba oyeudo convers1;1r con el Doctor?
- Si, contestó ella. Casi no he dormido: poco
después que se separó usted de mi fuí al cuarto
de baiic y al salir de la tina fué cuando mi pié se
encontró con las malditas tijeras colocadas justamente con las puntas para arriba, contra el escabel por una mAldita casualidad . . .. Ay! ay! gritó,
de pronto er.forzándose por sonreír: me está usted l ..stimando, Comandante; dijo el Doctor que
no se debe arrancar la toalla.
Juan acababa de descubrir la herida y algunas gotas de sangre le mancharon los dedos, por
lo cual se apresuró á contener la hemorragia
aplicando la toalla contra la piel; luego, fijando
una mirada amorosa en Nelly, le preguntó:
-¿Hice á usted mucho mal, amada mía?
Nelly que tenía lágrimas en los ojos y sonrisas
en los labios, respondió volviendo la cabeza:
-Decididamente soy muy cobarde ...... y me
creía más valiente. No, no fué gran cosa el daiio
que me hizo usted, Es que estoy tan nerviosa....
y además ... .
En estos momentos Juan posó los labios sobre
el piecesito que tenía en las manos, y ella aiiadió
cou un tono de amargura que contrastaba con sus
palabras:
-Y además, he ahí el bálsamo.
Juan habría querido besar también los dos brazos blaucos que se encorvaban con elegancia para sostener en el cojin una cabecita muy rubia,
y dos ojos verdes que le parecían más encantadores que nunca con la expresión de tristeza y
de pudor que atenuaba su brillo, pero tales besos
serían impíos desde que ideas de. abandono
y proyectos ne fuga se apoderaron de su imaginación sin que le fuera dable conseguir arrojarlos, sobre todo, después de la conversación interesante que acababa de tener con el Doctor. Sin
embargo, como siempre hay contemporizaciones
con la conciencia, besó de nuevo con ternura, como se besa á los niilos, el pié desnudo de la joven,
en tanto que pensaba muy inquieto.
-Habrá oído lo que estábamos conversando
el Doctor y yo?
Justamente, como si contestara á este pensamiento Nelly preguntó:
-Bueno, y qué conversaba usted con el Doctor cuando éste parecía haber estado antes tan
resuelto á dormir? Parecía que estaban los dos
muy animados, pero el rumor· del agua en la tina
del baflo me impedía oír bien. Es seguro no obstant3 que pronunciaron ustedes mi nombre.
Juau respondió hipócrita.mente:
-Bien sabido y averiguado es que usted constituye el asunto de todas mis conversaciones ¡la
amo tanto!
Nelly se estremeció.
Pero Juan de improviso, avergonzado de la
respuesta traidora que acababa de dar, exclamó
con brío:

EL MUNDO

-Pues sí; he estado ablando de tí. ... Te amo,
es verdad, pero me pregunto si 11 0 te odio, si no
te detesto más de lo que te amo. . . . Te has a poder a do de mí, y quisiera y quiero arrancarte de
mi coFa-zón porque presiento que voy á ser muy
desgraciado te.da mi vida por causa ~uy~ ... • • •
pienso q.ie tu alma no es más que una 1lus1ón ... .
Ah! si supiera que dcveras me amabas! ¿l'lfe amas,
me amas tú? Dilo, respóndeme! Tú me has dado
toda suerte de pruebas y dudo Acaso por las pruebas mismas .... No te creo, no te creo ni podré
nunca creerte más, porque cuando trata uno de
probar mucho es que intenta ocultar el engaiio
y tú me has mentido, tú me has engaiiado: no soy
yo quien ....
El Doctor llegó en este momento y Juan calló.
Nelly muy palida pero muy resuelta, irguió su
busto y dijo. ·
-Sigue...... sigue ... . .. Es necesario que el
Doctor sepa todo puesto que él me ama .... Aca•
bo de oil' la conversación de ustedes, no toda pe·
ro algunas palabras .... las más c,·ueles para mí!
y como el Doctor, he comprendido que no me
amas ya, que todo ha terminado, que todo ha concluido entre nosotros para siempre ...... Pero
puesto que el Doctor quiere casarse conmigo es
indispensable qt1.e sepa que soy tu .... Dilo, dilo
tú, yo no acierto á pronunciar la palabra infa:
mante. Acaba la frase que habfas comenzad.o, d1
que no fuiste tú quien me sedujo sin9 yo á tí.
l:'ues bien; es verdad; sí; yo 11oy quien te ha robado á tí mismo y merezco toda mi v~rgüenza y
también todos mis sufrimientos por nv haberte
sabido amar como era preciso, como habría debido, y sin embargo te amo, te amo á pesar de tu
abandono y prefiero la confesión franca que se
te acaba de escapar en vez rle las palabras hipócritas que habrían presedido á la fuga que meditabas, á esa fuga traidora que ya habría adivinado mi previsión.
Juan inclinó la cabeza y maquinalmente cedió
1m sitió al Doctor que le indicó con un gesto se
separara y sin una palabra, sin un estremecimiento, como si nada hubiera oído, como si se tratara
de cualquier otro entermo y no absorviera más
que el deber toda su atención, tomó el pié de la
joven y le desprendió con su habilidad acostumbrada el lienzo que le cubría la herida.
Nelly olvidaba su dolor físico ante l,1, presencia del Doctor y de Juan, y le parecía como que
se le había abierto en el pecho una enorme cavidad y que por allí se le salían juntos y á chorros la dicha, la esperanza y el amor; que su corazón estaba vacío, vacía la tierra y que había
quedado sola, enteramente sola, perdida en medio del universo inifereute, vasto y sombrío.
Los ensueiios, los deseos, los recuerdos que en
tropel encantador poblaron sus días desde que
conoció al cf-icial francés, todo desaparecía de
imoroviso. ¡Y había vivido en pensumiento tanto
tiempo con ese hombre! Le parecía haberlo conocido siempre, desde hace mucho tiempo, tal vez
en otros mundos y en existencias anteriores, y
que no iban á separarse ya nunca ni por nada, y he aqui como ahora se le convertía en un
extraiio, en un desconocido que no hablaba su
idioma y que renunciaba á penetrar en su ll0razón en el momento mismo eo que los mejores sentimientos sembrados por él y para él, empezaban
á florecer ....
¡Y acababa de decir que la odiaba, que la detestaba! Espantada por los descubrimientos que
había hecho en un instante, herida por los tormentos sufridos y por el esfuerzo que le había
arrancado bruscamente dolorosas confesiones públicas, Nelly dejó caer la cabeza sobre los cojines, indiferente á todo y lloraba, lloraba sollozando, y á mares, como un nifi.o pequeñito.
Juan le tomó la mano y oprimiéndola suavemente, imploró en silencio su perdón.
Habría bastado, habría bastado en este momento que ella abriera sus brazos y lo recibiera en
ellos dulcemente, que uniera sus labios con los
de Juan en un beso de perdón y de olvido, para
qu~ quedaran y para siempre más ligados que
nunca.
¿Por qué no lo hizo?
No: como si no hubiera concebido esta idea ó
como si después de concebirla hal!ara desgarrador placer en repulsarla, movió la cabeza y dijo
con una triste sonrisa.
-Después de todo, tienes razón .... desde que
estoy en Mohelia me he dado cuenta mejor de tu
carácter débil y de .... la falta que he cometido.
Comentando sobre ella casi á sangre fría,he comprendido que acaso delinquí Ill.á~ por ambición

Domingo 4 de St&gt;ptlembre de 1898

que por pasión .... Es posible y sin embargo, yo
creía haber hecho un sacrificio de gran tamaiio
probándote toda la confianza que tenia en ti Y
esto constituye toda mi excusa.
.
Me imaginaba1 al apretllrte contra m1 seno en
estrecho abrazo que quedaban destruidos, hechos
polvo, tollos los obstáculos alzados. entre nosotros, no por pecados míos sino de mis padres; y
mientras, estaba yo creando otro ?bstáculo más
temible, más insuperable, inmate~1al, que se esconde maccesible en el pensamiento Y es de
aquellos que nada ni nadie puede destruir: _1:1~rojaba en tu alma excéptica ¡-ty! por ~ue ha v1v1do
mucho y acaso sufrido mucho también, dos males
incurables: la duda y el temor.
Un incrédulo no acepta sino lo que ve y ¿cómo
puede hacerse visible el amor? Tú lo has dicho
alguna vez: «se es amado cuando se ere~ serlo»
y tú, tú, no podías nunca creer porque mis antecedentes me condenan porque pesa sobre mí la
ley fatal del atavismo
no habrías podido ser
feliz conmigo por el amor cuando yo no tengo
má3 que amor para ofrecer ....
Nelly se detuvo unos instantes y_una vez que
enjugó sus h\grimas dirigió una mirada á ~uan
que en su sorpresa, aguijoneado por los. sentidos
y abrumado por los sentimientos, no hab1a encontrado una palabra que decir.
Luego, más duella. de sí misma, Nelly prosiguió
con acento de ligera iron:a:
-¿Te sorprendes de o~rme_ hablar así? Tú me
considerabas como un ammahto ó cuando más
como un nillo incapaz de sentir otra cosa que
senSl\ciones .. . . pues te equivocas: en las mujeres jóvenes ó viejas son los sentimientos los que
dirigen y determinan las sensaciones. Des~e 9ue
te amo, y sobre todo, desde que losremord1m1entos han comenzado á atenacearme, he comprendido muy bien todas estas cosas. Los remordimientos traen cvmo comitiva bastantes cavilaciones y sufrimientos que hacen madurar . el juicio
en breve tiempo. Y por eso he descubierto que
la duda que 1:ació en _el fondo de tu espíritu con
motivos racionales, no podrá con el tiempo más
qu6 crecer y desarrollarse: nunca la conseguiría
yo uhogar y una palabra_que en este _momento
mismo adivino en tus labios, vendría siempre á
arroJar la amargura en medio de tus alegrías y
á insultarme secretamente: «comedianta.»
Juan hizo un gesto como para protestar, conmovido, pero en efecto, hasta en ese instante dudaba preguntánnose qué fiebre óquéremembranza de lecturas romanescas hacían tan elocuente
á esta chiquilla.
.
-No lo uiegues, agregó ella, podemos decirnos todo francamente hoy que es e.l último día
de nuestra vida que pasamos juntos. ¡Casarme
contigo .... 1 no lo quiero; te he repetido siempre
que podías entregarte sin temor á tus simpatías
h!l.cia mi, y de ello nunca quise que te resultara
sufrimiento alguno. Si alguna vez te he dicho 6
dado á entender otra cosa, entonces sí mentíA; y
en fin, puedes creer si quieres que te he mentido
en todo menos en eso que es tan interesante para
tu amor propio, para tu egoísmo ....
No me queda más que un solo medio de probarte si no la sinceridad, al menos el desiuterés
de mi amor: rehusar tu mano si acaso insistes en
ofrecérmela. Y eso, eso es lo que haré .... l
Luego, con exaltación, levantando la voz y
presa de una cruel tensión nerviosa, concluyó:
Y no tengo ni el mérito del sacrificio. Es decir,
no quiero tener ninguno, porque yo á mi vez,
también te de detesto, te desprecio y te odio!
¡Vete. . . . vete. . . . vete!!
.
LA energía que hasta entones la había sostenido se desvaneció de súbito y Nelly, cubriéndose
la cara con las manos se puso á llorar y sollozar
ruidosamente. Hn~ía en su voz como rugidos de
fiera. su pecho se agitaba como para estallar y
temblaba todo su cuerpo con extremecimientos
convulsivos.
Lo que es la duda ... . A pesar de los naturales arranques ele piedad, á pesar de la sobrecxitación que en sus sentidos ejercían estos sollozos,
á pesar de la deslumbradora belleza de esta joven
reclinada ah1.-ra en el diván y que había sido suya, Juan se preguntaba todavía: ¿No será este
un nuevo lazo?
Luego Nelly calló y su cuerpo no se movía más
que por unos leves espasmos que le levantaban el
pecho.

Dnmfngo 4 de Septiembre de 1898.

EL MUNDO.

197

.

.

PAGINAS DE LA MODA

y

(Oontinum·áJ

Flgs, I, 2, 3 y 4.-Grupo de sombrero.!! para nlñ().!J,

Una-revolución en la moda

•Incomparable par de zarcillos:-Atención y obediencia•
Con estos pendientes, gustosa aprenderás sabias lecciones.
«Incomparable par de brazaletes:•-•Orden é industria.•
fón~elos cuidadosamente dia por dia, porque á. tus obras darm
ef1cac1a.
«Un cinturón elástico:•-•La paciencia.•
Cuanto más se usa, más brillante se pone, aunque su mayor
mérito no e1, la ostentación.
.
•Un collar de riquísimas perlas:• -•La resignación.•
Este ornamento emb0llece á las hermosas y las enseña á sobrelle~ar los males de la vida.
•Una graciosa cinta:-La cortesla.•
Puesta con !fracia en la cabeza, inspira admiración y respeto.
•La mejor d1adema:»-«La piedad.•
Quien quiera que esta diadema posea, se asegura una corona
eterna.
«Hermoseador:-Buen genio•
Con este dt&gt;licado filtro humedece
suavemente tus labios, y los encantos de la juventud circularán por
todo tu rostro.

Suiza es la tierra clásicll de la fraternidad. Florecen en esa tie•
:irra las asociaciooeR de todas clases, pero los hijos de Teleno 11e
-unen sólo para tirar al bli.nco ó hacer resonar las montañas con
·el estrepito de sus fanfarrias municipales.
A veces tienen sus asociaciones un fin más noble, este es, por
f'jemplo, el caso d., la «Liga contra las plumas y aves como adornos para sombreros,• este titulo es todo su programa y las mu_jeres que se proponen desarrollar, lo merecen citare~ como modelo de aonegacióo y piedad ......... Sobre todo si son Jóvenes y bo•
nitas.

Sm.i excitativas han 11ido escuchadas y los periódicos del pals
ent.ero reproducen el texto de su famoso com1micado que transcribimos á continuación:
.
«foformamCls á las damas que la. «Unión de las sociedades protectoras de animales• ha emitido un
voto de aprobación para los traba_jos de la «Liga contra las plumas y
aves como adornes par1 sombreros -.
por lo que esta úl1ima ba acordado
~on@tituirse ddinitivameote extendiendo sus trab11j ~s á todos los can·tones. La peticióu y los estatutos se
'publicarán p1 óximamente y se hará
Hber al público, A partir de qué fe- (
~ha podran firmar sus solicitudes
las dam&gt;is que deseen formar parte
de la Liga•
Uniendo la práctica á la tPoria, la
revu1tera de modas de la «Semana
Literarilu de Ginebra, ya no hablará. i,n lo sucesivo sino de sombreros
con flores, quedando definitivamen·te proscripta en Suiza la moda de
11ombreros adornados de plumas y
de pajaritos.

Figura¡¡_

Una "H" de más,
En el año de 1845 la joven Reina
Victoria de Inglat1&gt;rra en compañia
del 1:rl~clpe Alb_erto su esposo1blzo
un v1aJe al Contmente con el fm
de
visitar á •us primos en los dem!a
tronos de Europa. Pasá.ron:se algunos dlas en los Paises Bajos y la gran
metrópoli del comercio Holandés,
Amsterdam, obsequió al matrimonio real con una espléndida iluminación
El número grandísimo de transparentes con inscripciones, fuegos
artificiales, etc., fué mucho tiempo
el objeto de los periódicos,pero nin•

------ señorita.

El mejor tocador de

un ■

•El espejo eocantado:-Conócete

á ti misma.•

1!:ste curioso objPto h11rá ref!Pjar
1t11s faltas, pero al mismo tiempo hara brillar con mayor fuerza tus vir·
1tudes.

,,
;,t'

-,~

g- ·

~
~

'

~--

':-t:~-

\

.

:\

Figura 6.

•Loción p11ra suavizar las arru;g11s -Contentamiento·•
El uso dlario de esta esencia bará
·de11aparecer las arrugas y manten·drá el suPño tranq11i10.
•Pomada para los labios:-Veraci•dad •
Los labios tomarán color de car•mtn y despedirán suave aroma con
t&gt;l UPO diario de este precioso tinte.
•Cordial para dulcificar la voz:lL or11clón.•
Toma de esta esencia ~tre11 dosis
-al dl!i, y rica y me•o ~1osa ae tornará
ttu voz.

&lt;

:( .;

.

Flg. 8.-TraJe de paseo, de gran novedad.

~.--i
•- ···'!".:'~-~ .. -

"l.,. "." ,_••

-

~-

~-

Flg. 9.-Traje sastre para media estación.

Figura 7.

gún transp11rente babia llamado tanto la atención como e! de un simple
tendero Este ciudadano querla honrar muy especialmente a la augusta huéspedR de su ciudad nital con
la inscripción muy conocida en todo el mundo: God save the Queen;
pero desgraciadamente había enc_arg~do le ejecución deestllm&amp;gnif1ca idea á uu pintor, quien tenla
más conocimiento del arte de Murillo, que dela orto~rafla inglesa. Re '
sultó la inscripción en el transpa.'

�EL MUNDO,

l!l8

LA LIMPIEZA DE L AS LÁ.'\IPARAS,

Conocimientos útiles.
Cuanto á Jo~ guantes, los blancos de hilo son,
la l'xtrema e'egirncia.
Los velos deben ser de igual color que los.
adornos del sombrero.
Usase mucho las nplieaciones de cbantilly sobre muselinns de seda, lo mismo que en los sombreros adoptando la forma de un turbante.
Parece ser que 11hora volveremos á ver los.
corpiños de talle largo formando un angulo
a"'udo l'D la terminación del de!Rnt,ro, lo cual,
p~rmithá resucitnr )ns coquetas modas Lui_s
XV sin que por eso se usen laP famosas papalinas' que tanto afeaban á las corte,a1ias de la,
época.
LAS GALLINAS QUE SE DESPLl' MAN

Algunas veces las gallinas se picote11n una~ á,
otras para quitarse la vermina. Toman por in•·
sl'lcto el cañón de una pluma que E'mpieza á ere•
eer, y lo arrancan. Después atraídas por la pP.quefia gota de sangre que viPne al extrf'mo de
la pluma. redoblan los piqul'teP sobre la herida.
producida y acaban por matará la defgraciada
virtima.
.
La costumbre de Rrrancarse 111s plnm:111, provieJae al principio, de la aglomeración de animales en lug-ares es•rechoR. Se ha obRP.rvaclo.
que, cu11ndo los animales diPponPn de libertad•
y espacio r.11ficiPntPs. no Re pic11tP11n.
Es precifO dar á toda9 las gallinas, la mayor·
Jibert11d posibll'.
Probablemente también proviene esta coRtumbre, de laneei,sidad de reparar el empobrecimiento producido por la muda.
Se ha hecho la experiencia de dará laR gallinas cnando se,
arrancau las plumas, cierta cantidad de éstas: cuando los animales se sacian dejan de picarse. De alli se d~ducl-', rine la~
gallinas buscan en las plumas, l'l azufre nt'Cesario par11 formarotras nuevas; pues, en eft'cto, en el momento de la mud •. lag
gallinas comen con gusto la ft0r de azufre que se les arr, ja eu
el suelo.
Se puedi, dará las gallinaR en lugar de las plumas: algún alimentJ sulfaroso, como· la cQI. que ocupa el primer lug-ar. en
este s 0 ntido Es conveniente colgar las coles á una altura re•
guiar, de manera que se balanceen al momento de qul'I unagitllina las toque. EstoR veget11ll'S til'uen la ·.rent~i~ d&lt;&gt; tsf'r un
· magnifico -alimento para las galliuas, y una diversióu muyEn una reunión, una de laR mu• - útil.
chas que hay en Paria, reunión de
confianza (¡1) l'ntre personas que se
Vl'll por la primera vl'z. diFcutiase
calnroFamente la cauPa del celibato
en Francia. 1'11 miedo que impira el
matrimonio tanto á la mujer como
al hombre.
~I corav.ón de la mujer parisienae
sui,le ser egoipta y como 11qui ella
traba;a tanto ó más que PI hombre,
la mujer cuya mente debiera sólo
concebir la poesla llena su calPtre
.' ;
de cálculoa y cifras y su corazón es
it ·; f .
una balnnza donde el pro es venci~
do por el contra.
l ;•~
•:.
El feminismo hállase á la orden
del dia. las feministas (generalml'n•
:_;i¡
te viejas solteronaF) declaman y dis1 h'
cursean contra el hombre acaso
·ff )·
porque en su belleza no ha sabido
mteresarle
.,&gt;
,, :.
Al casarse; la mujer debe asegu
rarse un bienestar material; pero,
!i,
también debe gozar del amor.
d:
Ellas. las feministas. atrevidas é
i?•
indep.,ndientes, razonan como Pi
gue: No es nl'eesario el matrimo~io
~·
para (•onocer el amor. La unión libre no nos asusta. Nosotras t~abt jaremos y, al ser libres podremo~
escc,jer nuestro amigo y cam11rada
~;.
como y donde nos convenga. di~frutando asi de nuestra libertad sin PPr
explotada,, y gozando de esas delicias tan cacarl'adas del amor.
Pt11ro el amor ea uu sentimil'nto
espiritual que no debemos eonfun dir con la» tracción d•· sexos: Ja.,p11r1sienses calculadoras están en uu
error.
Más, bu no l'S advertir qu'\ quil'n
asi razom1ba era una solterona. vie·
ja v fea.
Razonamientos del despecho; derecho del pataleo.

La cuestión del celibato.

FJgs. dellO al U~.--:-Gr°upo de prendas de luto.
rente con una 11h 11 de más y en consecuencia ee leyó: 11Goshave the Queen. 11 Como con la mejor voluntau estas palabras no se pueden traducir de otra manera, que: "Dios afeite á la reina;" es de figurarse qué alegria causó esta ovación tan rara á la Rdna Victoria.

r

~

Llevaba un filósofo muy c11bierta una canasta: hallóle
cierto mancebo y le preguntó curioso:
-¿Qué va en esa cestai'
-Para que tú no lo sepas va tan tapada, respondió el fi•
lósofo.

199

EL MUNDO.

Dpmingo 4 de Septiembre de 1898.

Domingo 4 de SepUembre de 1898.

En las poblaciones en que no hay todavía alumbrado de gas to•
das las casas t!enen varias lámparas de petróleo con las cuale~ se
alumbran los miembros de la familia varias ho:as cada noche. Y
pues, que las lámparas se usau á diario y contribuyen tanto á la
comodidad y bieuestar de la familia, parece lo más natural el
que las amas de casa pongan esmero en tenerlas siempre bien
arregladas, pero es, sin embargo, muy frecuente el verlas aban•
de.nadas, hediondas y sucias, con la bombilla cubierta. de humo
acusando la decidía que reina en 11lgunos hogares. Tales lámpa'.
ras no son solamente repulsivas, sino también mal eanas, porque
el olor que de ellas se desprende ataca á los órganos de la respiración.
Las lámparas se deben limpiar y poner en orden todos los dias
y para que no se olvicle, b~y que encargar de ello á una persona
que se haga responsable de su aseo. Una vez cada semana se vaeia el depó11ito de petróleo y se lleoa de agua ca•iente en que se
haya disuelto un poco de soda y un pedazo de jabón
Con esta misma 11gua Fe lavan la bomoilla, el quemRdor y demás piezas, con lo cual se ponen muy limpias y brillantes, maxi•
me si ~e frotan con unos pedazos de ¡:eriodicos.
La limpieza diaria consi11t~ en quitt,rles con un trapo ó con
un pPdazo de papel el carbón de la mecha, llenar el depósito con
petróleo hasta el c-:iello y frotar la bombill1l por dentro y por fue•
ra con un trapo limpio: De esttt modo ,a luz será 11iempre buena,
las lámvrras no despedirán mal olor y la llama será uniforme. Co•
mo se ve, ninguna de estas operacfone~ cuesta mucho tiempo ni
trabajo y pues. que la cosa es tan Rencilla, no hay razón alguna
para abandenar las himparas y pas11rse larga3 horas todas las no·
ches en una habitación mal alumbraba y cuya atm6Pfera marea,
porque está. cargada de gaces nocivos hasta para el hombte más
saludable.
·
ZAPATOS IMPER~EABLlfS.

He aqui una nueva receca para hacer impermeables los zapato@.
Se ponen Pn 110 jarro las substancias siguientes:
Ael'ite de adormidera ........ 1()0 gramos.
Cebo de borrl'go... .. . . .. . . . 25
11
Cera ·a marilla............... 25
11
Brea ordinaria.............. 1
,,
_ Se calientan juntas esas diversas substancias removiéndolas
bil'n. Cuand&lt;&gt; está. hecha la mezcla se aplica tibia al calzado, bien
seco.
Entre cónyugPs.
-No me Eongañee; tú vienes de al lado de una mlljer.
-Te digo qul'I no.
-;,Pues de que eon esos polvos qul'I traes en la cara?
-Es que be estado en una fábrica de harina.
-Pl'lrO es que hueles á heliotropo.
-Mujer, es que......... al lado hay una perfumería

-~----

Nuestros Grabados.
FIGS. 1, 2. 3 4, 5. 6 y 7 -GRU!'O Dlll SOMBREROS PARA NIÑOS.
Todos de la más nueva originalidad, de paja de Francia obscu•
ra ó blanca y de muselina con arm8zón de alambre, y adornados
de lazos claros de museJ'na de seda bordada y de listones de "se•
da mate.
FlG. 8 .-TRAJE DE PASRO DE GRAN NOVEDAD.

Es de estilo sllstre. de sarga de seda gris acero. Sobre falda ple•
na abriéndose en dos ondas avolant1ulas sobre una aplic11ción
de satín bla11co bordaóo l'xóiicamente. Jacquet acuchillado en la
parte :rferior, á derecha é izquierda. en la medianfa de la e11palda, abriéndose sobre llll cbalt'CO de dril de lino blanco que tiene
aplicadas dos finas . rnl8pas de raFo nPgro y se abre á su vez sobre una camisa de mus~lina de seda plissé. Gran corbatafantasia.
FW 9 .-FnlLO ~AE.TR'lll PARA MEDIA ESTACIÓN.

E@tilo sastre tamblen, muy á propó~ito para las -actuales tr1rnsiciones de tempera tura; de casimir para damas dibujado á cuadros.

Fig. 19.-Traje de paseo.

Fig. 20.-Frock para niñita

Falda plPna con tres pliegueA elegantes en la parte posterior y un gran ga•
lón capricbo~o de cordón de seda d~ntado. eu tres órdf'nes que se combinan
A derecha é '!/l:¡u.erda. Jacquet abierto con adorno del mismo galón sobre
un chaleco de. seda blanca que forma en el centro dos graciosas aletas'. Plas•
trón de muselina á rayns. Cuello americano.
FIGS, 10, 11, 12, 13, 14 y 15.
Vn grupo de tocas, sombreros, corbatas y lazos de los que mas se están
usand_o para lutos y e:uyos diver~os eHilos recomen.damos á nuestras lectoras.
Materiales: vtllo de viuda, muselina de seda, crespon y linón figurado.
FiG. 16,-DOS TRAJES PARA N!ÑA DE 8 Á 10 AÑOS.
. El uno es de percal gris acero figurado con lig~ras guias, con un plastronc1to bordado que r.bett-a un volante, f~rmando ¡ockeys en las mangas. El
otro es de sarga de lana azul obscuro abierto sobre lln chaleco de lino ador•
nado con cintas, con tres órdenes de jockeys el último de los cuales es del
mismo l!'énero del chaleco Cinturón de raso azul mate y una banda de Jo mis•
mo adornando la parte ii.ferior de la falda,

0

FIG. 17.-TRAJE PARA !'IIÑO DE
SEIS Ai:OS.

Es de paño de l'lstio asargado con
plil'lgues rectos, formando una blupajusta Ct'ñida por cinturón delmi~mo gt\nero. Pantaloncito ajaretado
con dos órdenes de botones en la
linea exterior de cada pierna. Boina
de paño.

LAS trLTIMAS MODAS.

Fig.16. -Dos trajel!I pura 11lií.ode S á IOañ:&gt;s.

En cuestión de modas, decidida•
mente corre@pondela boga á las fal•
das de pañete, durante l'steverano.
Adórnanse con puntillas incrus•
tadas que las dán un airn li¡!'ero v
elegante: pero el corte de sastre si·
gue sil'ludo el de mejor tono, lo mismo en Japlayaque en la villa.
A este propósito debo decir que
acaba de inventarse un ruedo de
CAOutchuc que impide el roce dl'I la.
t•·la _v 4110 arma muy bien estas fa[.
das eHilo saet1 e.

FIG, 18.-TRAJE PARA NIÑA D:i::

Flg. 17.-Traje para nlllo de AP.IR anos -Flg. 18,•-Traje- para nrn:ll.
de 12 á u anos

Flg.21. - Capaparavla¡e.

F ig. l.:2.-.Jacket Jtara seiiorHas.

12 Á 14 AÑOS.
Es de sarga de lana gris perla con
falua lisa adornada sencillamente
de cinta. de lana más obscura
Cuerpo blusa marinero. doublé
de dril de lino muy leve, y alterna-

Fig 23 - Dos elegantes conets.

�Domingo 4 de St&gt;ptiembre de lW&amp; _

EL MUNDO

200

do con dotas obscuras. Un
elegante lazo une los plissés
alternados también cou cinta
de plastrón.

FIG. ]9.-TRAJ.111 DE PASEO.

Es de foulard, azul y blanco
figurado, con uua serie de
cuatro volantes, dos de los
cuate, se t'Urollan al :-ededot
de la falda en elegante espiral,
y los otros dos la bJrdanen su
parte inferior.
El corpiño está drapeado
formando dos el..gantes solapas con guias de sed... y Pe
abre sobre un chaleco de satín
blanco marfil. Un el..gantlsimo lazo ari:ul pálido se prende
á. la 1z1uierda.

MEXICO, SEPTIEMBRE 11 DE 1898

TOMO 11

•

NUMERO 11

LA CEREMONIA DEL 8 DE SEPTIEMBRE EN CHAPULTEPEC

FIG, 20.-FROCK PARA NIÑITA,

Es de chally azul pálido, con
falda sencilla y un cuerpecito
blusa que muestra un escote
&lt;le blonda ·en volante y cinta
bordada abierta sobre dos
bandas de inserción, de mu8e•
Fig. 23,-Frock para niña c1.. S á, 10 años. lina de seda, qu" se cruzan
. Delantero y espalda,
sobre el pecho.

Fig. !M~ - Grupo de lencería.
Feo. 21.-CAPA PARA VIAJE.
F:e de paño de estlo, muy propio para la estación, y de una fantasía not~blt', Cae en dos alas .:ircull\res frunciil,is graciosamente, de suerte que
forman como dos volantes holgados, y U, va como adorno dos galones de
seda circulareR también y uua capelin11 f1gura1a a.si mismo con galones
y cerrada por dos broches sencillos del mismo género. J!;t cuello, doblado
en la parte del fr11nte, se levanta atráR con mucha gracia y va aJornado
de varios órdenes de cintas paralela@.
FIG. 22-JACKET PARA SEÑ1 RITAS,

;

· ...

·

Es muy sobrio y elegante.de paño de ePtlo t~mbi('n, completamente recto y muy ceñido, con tres órdenes de solapas dt1 rnerte que las dos del
fondo se revuelven 11tráR en una ligera capelina. Está.cerrada á. la izquier•
da por tres órdenes de brochecitos de strass.

•

FIG. 23.-DOS ELEG~NTES CORSETS.

Ti&amp;nen ambos modelos laboriosaR inserciones de cinta el¡,gantemente
dibujada, alternada con lazos de seda azul pálido ó rosa mate y están pri•
vando mucho.
·
FIG. 24. -GRUPO DE LESCERÍA,

Damos varios modelos de camisas y ot:as prendas p11ra hombre, de los
estilos ·que más privan en la actualidad
FIG, 25.-FRO:K PARA Ji,IÑA DE 8 Á lÜ AÑOS, DELANTERO Y ESPALDA,
'Es de una encantadora secillez, de percal azul acero, todo plissé y con
un bonito plastrón de liuo bordado. Mangas abullonadas. Collar alto con
un elegante lazo detrás.

...

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. Fig. 26.-Jacquet fantasía. Delantero
y espalda.

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1

FIG, 26.-JACQUET FANTASí.\, DELANTERO Y ESPALDA,

Es de un~ forma muy elegant8, de paño de estlo azargado con adornos
de ancha cmta acordonada: de seda, solapas triangul11res con galones
transversales y bonito cuello alto.
Seis botones fantasia ornan el frente.
FIG. 27.-"'LEGANTIE TOILETTE DE CASA.

Fig. 27~Elegante toilette de 'Jasa.

_I~e sarga de ~eda gris acero con un am¡.,lio volante de blonda holande11a
y1eJa1 descendiendo de ambos lados del frente hasta unirse en la parte
mfenor del ~elantero. La fald11 se p_l_iega en cinco grandes pliegues en la
pa~te posterior. ~ue.-po de paño beiJe bordado todo con elegantes guias,
abierto en amplio escote sobre un plastrón de muselina de seda plissé. Dos
g~a_ndes gulas de rosas con ~~a transversal, borde!lndo el escote y descendiendo á. lo largo del co:-pmo hasta perderse baJo el cinturón de raso
completan 1&gt;l atavlo.
•

..

EL SR. PRESIDENTE DE LA REPUBLICA
depositando una corona
el monumento á- los alumnos del Colegio Militar que murieron por la Patria.

en

�</text>
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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Casa Imperial de Rusia</name>
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                    <text>Domingo 4 de St&gt;ptiembre de lW&amp; _

EL MUNDO

200

do con dotas obscuras. Un
elegante lazo une los plissés
alternados también cou cinta
de plastrón.

FIG. ]9.-TRAJ.111 DE PASEO.

Es de foulard, azul y blanco
figurado, con uua serie de
cuatro volantes, dos de los
cuate, se t'Urollan al :-ededot
de la falda en elegante espiral,
y los otros dos la bJrdanen su
parte inferior.
El corpiño está drapeado
formando dos el..gantes solapas con guias de sed... y Pe
abre sobre un chaleco de satín
blanco marfil. Un el..gantlsimo lazo ari:ul pálido se prende
á. la 1z1uierda.

MEXICO, SEPTIEMBRE 11 DE 1898

TOMO 11

•

NUMERO 11

LA CEREMONIA DEL 8 DE SEPTIEMBRE EN CHAPULTEPEC

FIG, 20.-FROCK PARA NIÑITA,

Es de chally azul pálido, con
falda sencilla y un cuerpecito
blusa que muestra un escote
&lt;le blonda ·en volante y cinta
bordada abierta sobre dos
bandas de inserción, de mu8e•
Fig. 23,-Frock para niña c1.. S á, 10 años. lina de seda, qu" se cruzan
. Delantero y espalda,
sobre el pecho.

Fig. !M~ - Grupo de lencería.
Feo. 21.-CAPA PARA VIAJE.
F:e de paño de estlo, muy propio para la estación, y de una fantasía not~blt', Cae en dos alas .:ircull\res frunciil,is graciosamente, de suerte que
forman como dos volantes holgados, y U, va como adorno dos galones de
seda circulareR también y uua capelin11 f1gura1a a.si mismo con galones
y cerrada por dos broches sencillos del mismo género. J!;t cuello, doblado
en la parte del fr11nte, se levanta atráR con mucha gracia y va aJornado
de varios órdenes de cintas paralela@.
FIG. 22-JACKET PARA SEÑ1 RITAS,

;

· ...

·

Es muy sobrio y elegante.de paño de ePtlo t~mbi('n, completamente recto y muy ceñido, con tres órdenes de solapas dt1 rnerte que las dos del
fondo se revuelven 11tráR en una ligera capelina. Está.cerrada á. la izquier•
da por tres órdenes de brochecitos de strass.

•

FIG. 23.-DOS ELEG~NTES CORSETS.

Ti&amp;nen ambos modelos laboriosaR inserciones de cinta el¡,gantemente
dibujada, alternada con lazos de seda azul pálido ó rosa mate y están pri•
vando mucho.
·
FIG. 24. -GRUPO DE LESCERÍA,

Damos varios modelos de camisas y ot:as prendas p11ra hombre, de los
estilos ·que más privan en la actualidad
FIG, 25.-FRO:K PARA Ji,IÑA DE 8 Á lÜ AÑOS, DELANTERO Y ESPALDA,
'Es de una encantadora secillez, de percal azul acero, todo plissé y con
un bonito plastrón de liuo bordado. Mangas abullonadas. Collar alto con
un elegante lazo detrás.

...

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. Fig. 26.-Jacquet fantasía. Delantero
y espalda.

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1

FIG, 26.-JACQUET FANTASí.\, DELANTERO Y ESPALDA,

Es de un~ forma muy elegant8, de paño de estlo azargado con adornos
de ancha cmta acordonada: de seda, solapas triangul11res con galones
transversales y bonito cuello alto.
Seis botones fantasia ornan el frente.
FIG. 27.-"'LEGANTIE TOILETTE DE CASA.

Fig. 27~Elegante toilette de 'Jasa.

_I~e sarga de ~eda gris acero con un am¡.,lio volante de blonda holande11a
y1eJa1 descendiendo de ambos lados del frente hasta unirse en la parte
mfenor del ~elantero. La fald11 se p_l_iega en cinco grandes pliegues en la
pa~te posterior. ~ue.-po de paño beiJe bordado todo con elegantes guias,
abierto en amplio escote sobre un plastrón de muselina de seda plissé. Dos
g~a_ndes gulas de rosas con ~~a transversal, borde!lndo el escote y descendiendo á. lo largo del co:-pmo hasta perderse baJo el cinturón de raso
completan 1&gt;l atavlo.
•

..

EL SR. PRESIDENTE DE LA REPUBLICA
depositando una corona
el monumento á- los alumnos del Colegio Militar que murieron por la Patria.

en

�F,L MUNDO

202

LASEMANA
Desde que Pascal escribió su definición del talento, es muy fácil comprender el éxito de los la•
boriosos.
Nada más merecido que ese ascenso triunfal de
los artistas de la Compañía de Opera,-artistas
podemos llamarlos ya, parn hacerles justicia,que han adquirido una reputación con las cuatn,
de «La Vida de Bohemia. ~
·
Irreproch11 blesi' Tanto así no; pero nadie Je,;
negará una fuerza artí~tica c11paz de la interpretación mi\s pl11usible dentro de ~us medios. El público y la prensa han s1&lt;lo exigentes;querían que
la obra de Puccini sath-faciese en su- 11ueva pre•
sentación, no como mera reminiscencia de impresiones vivas aún, y los artistas han hecho más que
agradar, han obtenido ovacio,H'S.
No podía cerrar mejor la temporada. Los aplausos del jueves prometen la creación definitiva de
un núcleo ar1fatico. Los que ayer triunfal'on llevan alientos para seguir una ruta que ya no tiene
obstáculos, porque todos les dicen: ¡adelante!

"""'

Estoy por decir que l\Iürger reconocería acaso
la Bohemia que él vivió, en la que hicieron Torres Ovando (un Colline qué me ha simpatizado
extraordinariamente) y sus tres compañeros de
fingidos infortunios y de triunfos reales.
El oro de los escudos de Schaunard suena alegremente en las cartas que t&gt;Scribía á sus íntimos
d novelístl\ bohemio, cada vez que llamaba á su
puerta la fortuna. Han pasado i\ mi vista 1:ntre
otras, ésta que escribió á León Noel con motivo
de un epital11miJ dirigido á la hija del Czar y
que 'rolstoi hizo pagar espléndidamento á Mürger:
«Caríssimo! Decididamente, Eva hizo muy bien
en comerse la m11nzana y Voltaire acierta cuando
dice que todo está bien como está.
Creo que no suprimiría ni una jota á este axioma aún cuando lo tuvieFa delante de los ojos.
Me preguntarás á donde co11duce este exordio.
Pues .... naturalmente conduce á una couclusión m~gnítica, amigo mío, á un final dorado.
Jt'igúrate que si no te envío esta carta con un
mensajero de librea, es sólo porque vives muy
cerca,-treinta leg11as!-no valdría la pena; por
lo demas, mis recursos lo permiten, nado en un
río de oro, en un océano de monedas de cincuenta céntimos. Es una lluvia, una verdadera lluvia
de bustos de mon11rcas y de reinas de todos lo~
países y de todos ~os perfiles; me lavo las manos
en el Pactolo y .... con jabón de almendras.
Tengo guantes multicolores, levitas idem y pantalones itou. Lo;i poetas mienten cuando afirman
que la vida es sombría y triste. Es que no la co11ocen esos gemidores de misere-nobis; ni aún sospechan la existencia de una multitud de voluptuosidades que saboreo en estos momentos; no
han comprendido jamás todo el placer con que
nos regala un cochero de fiacre que pide uoa pro.
pina; ignoran que hay perfumes exquisitos en un
cigarro h.tbano y resplandores en la bugía del
sol y armonías en el rechinido de unos Z.ipatos
nuevos y charolado:;. Y bien, todo esto lo siento
' oigo.
.
'
l o veo, .o
No me reconocerías si me vieras. Aquel flamenco burdo que era yo ha desaparecido, se ha
hecho polvo. con su vieja levita y sus botas claveteadaf. lía mue1·to biLho para resucitai· f énix.
¡Qué hermoso verso latino se haría con esa metemsícosis, estoy seguro!
Juzga de mi júbilo cuando recibí la descomunal noticia; temblé desde mi d"ifunta cor baca hasta mis clifuntos zapatos. Corrí á cobrar el giro
en casa de Rosclíild; de ahí á la librerfo; luego á
ver al sastre; en seguida al restaurant; después
al teatro y al café, y por último volví á mi casa,
hundiéndome entre sábanas nuevas y una atmósfera perfumada para soñar que era Emperador
.Marroquí y que iba á casarme con la Tesorería
del Banco de Francia. Esta es mi existencia.,
~

Y era la de todos aquellos jóvenes que daban
espera11zas, realizAndolas á veces; pero que por
abandono y timidez, por ignorancia de la vida
práctica, creínn que la creación -de la ebra artística es el fin de la tarea y se sentaban imaginando que la admiración pública y la fortmiá vendrían á busca1·1o·s · escalando la vehtana de su
bohardilla.

Tloml111t"o 11 dfl 8Pptl11mbre de 1898

contra el mismo gobierno francés que sancionóla sentencia, sin que el público se hubiera enterado de fas pruebas matenides del proceso. Acababa.
de recibir el célebre liter11to francés rudo golpeen su segundo proce:;o, cuando un incidente inesperado viene á exitltar los ánimos, á agitar los~spíritus, !\ sembrar dudas por todas partes y á
hacer que el asunto Dreyfus reviva en todo su
interés y sacuda el suelo ruismo de la F rancia.
Absuelto d conde d ll Esterhazy por un consejo de investigiwión que no pudo encontrar, en su.
~
conducta como militar y en sus procedimientos
A la vez que un militarismo ruinoso y agresi- como acusador del capitán Dreyfus, nada censuvo provoca en el antiguo continente la tentati\·a r11 blti ni que pudiera caer bajo la acción penal,.
de aesarme, iniciada por Nicolás II, México apren- se averigua. que uno d-, los documentos presentade en la modesta y fecunda l-abor de cuatro lus- tados como pieza de couvicción y que sírviaron
tros, á cime11tar democráticamente en la concor- para opoutr~e á todGI, rt:visión en el vieJo procese&gt;,
Ha bvspechoso de folisifwación; se procede al
dia del iudustrfalisruo la estabilidad social.
El plantel militar y técai~o de Chapultepec anei'lo del teniente coronel Henry, uno de los.
forma el tipo del soJda&lt;lo liberal que conti11úa la acusadores ruás ttnact-s dt:l infeliz· judío; el protradición •!e nuestros nérocs, militares por patrio- cesado confiesa su delitl•; declara yue esa carta
había sido falí,ificada por él, llfirma que la pretismo y ciudadanos por instinto.
La ( ducación práctica inspirada en el amor seutó porque teniendo en 1:,u co11ciencia ia con vicdel progreso, lleva á nuestros jóvenes cadetes á ción inquebrantable de que Dreyfusno es inocenla comunidad de aspiraciones con el pueblo; no te, para que no se int1:ntara la revisión de su ,propretenderán jamás repudi,,r la libertad porque ctso, ofrecía aquel documento que calmaría la
saben amarla y han sentido sus divinos entu- inquietud de los esrírítus y 11callaria los clamoresde los que abogan en favor del traidor declaradosiasmos.
Robustecen su espíritu en una religión,-ladel por tribunal competente.
Después de esas mauifestaciones, atendiendo, sepatriotismo heroico que cubren con su follaje los
gún se dice, á consejus venidos de sus superiocentenarios ahuehuetes.
res, después de haolar l11rgame11te con un emplea~
do del l\1i11isterio de la Guerra en el departamen•
La diafanidad de nuestro cielo se ha opacado to de Estado Mayor, cuando se queda aislado,
en estos días grist:s. Estas nieblas son parisien- solo con su conciencia, en la tristeza y el retirose:;, decía ayer un lagartijo impúbero que habla de Ja celd11 que se le había seflalado en la prisustituyendo lar cou una·g que él juzga del me- sión del Monte Valeriano, con pulso firme y
usando una navaja de barba, se degüella dejando,
jor tono en un ciudadano de Cosmópolis.
Esag impertinente sugiere reflexiones útiles, y aos cartas diligidas á sus antigm,s jefes.
entre otra1:1 esta que recomiendo i\ los que tienen
que sufrir retardo cuando pasan por la Avenida
***
de San Francisco: la oportunidad y conveniencia
Digno de notarse es el nuevo giro que toma un
de un ukase que disperse las parvadas de ociusos
asunto,
que por tanto tiempo ha ruanteuido en
que instllla11 sus inútiles perso11as «desde hr estensión
el es¡íritu público. de la República franquina de la Sorpresa hasta la puerta del Jockey
cesa. La _boca del teniente coronel Henry, sellaClub.»
Oh! si el feminismo imperara en México. cuán- da par11. s1empr~ por la mano del suicida; su inesto tiempo ha que los stñores lagartijos buscarían perada resolución en el momento en que más se.
tmpleo á su a1.:tividad en o:ras tareas menos per- necesitaba su palabra; un momento de debilidad
judiciales para las damas, que la fácil elabo- ó acaso de supremo heroísmo, en un oficial de es:
ración de e:;a and1rnada de ruadrigales tontos que te temple, que por varios afios había sostenidooyen al paso todas 111.s que tuvieron la desg1·acia con lirmeza su actitud, que había Jevant1.&gt;do la
voz contra Emilio Zola en la deshecha tormenta
de nacer hermosas.
que provocó su proceso, que acusó de infidencia al coronel Picquart, y después de las sesionesU_na asociación de profesores se propone or- del tribunal, fué al campo del hOll\Jr con BU acugamzar conferencias científicas para vulgarizar s11do, en el cual lance rusultó herido de cierta gralos e~•-10cimientos más útiles, y podría decirse vedad; un hombre que ha resistido con c:1tereza
todo el oleaje de la campaiia_que se dice semítitamb1en, los m~s olvidados generalmente.
ca
en favur de Dreyfu~: es couvieto de falsedad
Hay en lo.s países latinos cierta tendencia á
desp1:eciar precisamente las nociones que más se no queda tiempo para echarle en carll su falta d¿
relacionan con nuestras necesidades. Parece co- probidad en un asunto de esta trascendencia, y
mo que deslustran las ciencias útiles y que un para. zanjar todas las dificuaades, para evadí!."
contacto directo con la realidad es de mal tono. todos los compromisos, acaso para acallar los gri¿No hau perseguido en Francia á un literato tos de su conciencia acusadora, corta por propia
pon¡ue pretendía desacreditar falsedades y pa- mano el hilo de su existencia, y arroja á ias multraiias? Y otro escritor que organizó una campa- titudes hambrientas de informac~ón, lanza á los.
ña contra la enseñanza clásica en nombre de la que piden justicia, á los que reclaman revindiciencia y en favor de las lenguas modernas en cación del derecho, un cadáver palpitante marcanombre de la utilidad, ha sufrido todas las iras do con el estigma del suicida.
del vulgo literario.
*
Afortunadamente aquí no somos tan lrrtinos y
**
el buen sentido ha impuesto una instrucción me¿Se habrá hecho justicia Henry considerAndo1e.
nos decorativa.
culpable? ó solamente se habrá sacrificado en aras
Dick.
del sigilo profesional, por guardar secretos de su~
superiores, que á nadie, ni a.sus jueces debía revelar? Quién sabe! pero los resultados no se han hecho
esperar. El general Boisdeffre, jefe del Estado Mayor del ejército francés, ha renunciado su alto puesRESUMEN.- Otra vez el asunto Dreyfus. -Las re,·ela- to; el general Gonse, sub- jefe en ese departamenclones de lltmry.-.Kl secreto de un suicidio - Rell- to, ha presentado también su dimisión· largas,y
ros y dimisiones - El ferm~nto de nue,·as agltaclones. - Ln revisión del proceso. - La actitud del Go- reftidas conferencias se han celebrado ~n el senobierno. -Luz y J ustlcla. - Matanzas en Candi a - Otra del gabinete; el presidente Brissón se ha inclinav•z la cuestión de Creta. - Intervención inglesa.- do del lado de los que piden la revisión del proTemores de 1111 confllcto.-El desarme general.-Las ceso; todos los demás ministros se han adherido
:dells del Czar.-La prensa francesa y la pre~sa ale• de buen grado á est11, opinión, y sólo l\I. Cavaigmana. - Siempre Alsacla y Lorena. - El nudo gor&lt;lian~c, ~i,_libtro de la Guerra, firme en sus antiguas
uo.-Dreyfus y la guerra. - Conclusión.
convicc1cnes, consecuente con las declarac~ones
Acababa de ser condenado Emilio Zola, por pe- que hizo ante la C¡í.mara de representantes en el
dir en términos violentos en su tremendo J ' acusse! pasado julio, inquebrantable en su creencia de.
-la revisión del proceso de Drey rus, lanzando acu- considerar á Drey!us merecidamente condenado
_saciones terribles contra el consejo de guerra ha opuesto ruda resistencia á sus colegas; y cuan:
que había condenado poi· traidor al desterra!lo do v1ó levantarse la opinión pública en su contra
de lll Isla del Diablo, cuntrn los altos dignatarios cuando se vió a1-ro!lado por la decisión de su;
del ejército que habían org1rnizado ese consejo, y compañeros de gabinete, cuando vió que la prenVivían como al margen de la sociedad, en el
aislamiento y la inercia.
Petrificados en el iirte tomaban en toJ.a su
exactitud literlll los símbolos del ditirambo académico, que corona la frente de los poetas.
Quién hablaba así de los bohemios? Uno de
ellos que ha dicho: «Para esos cándid.:is, el arte
consiste en divinizarse mutuamente y tenderse á
lo largo mientras lleg a la hora de que los pedestales surjan b11jo sus pies» .. . .

"""'

nomln¡ro 11 ile Reptiembre de 1898
sa hacía un cuarto de conversión, poniéndose del
lado de los revisionistas, cuando vió su im potencia para llevar al seno del gc.bierno responsable
sus ideas sobre lo impolítico del paso que se meditaba, presentó su dimisión, huyó de la tormenta y se retiró tranquiiamente á esperar los acontecimientos.

203

F.L MUNTlO.

contra los factores de estos c1 ímene3 tnauditos
que 11e cometen en territorio europeo.
Como embriagados con sus tri011fos sobre los
griegos, quietos se habfan quedado los súbditos
del Sultán por más de un añ0; ni una palubra se
hablaba de sus crueldades, ni una nota. se recibía
de sussangrientas hazañas, hasta hoy en que, turbando la paz general, se dejan escuchar bU-! ru•
gidos de hienas hambrientas, y sus alaridos de
salv11jes. Las matanzas de Candí-t y la muerte de
algunos oficiales ingleses reclaman una pn uta y
activa intervención. Volverá á hablarse de la autonomía de Creta, los gabinetes europeos volverán á discutir los asuntos turcos, y se presentarán
otra vez candidatos para el gobiJrno de la isla.
Pero no parece tan liso y 111:1110 este camino: oosible es que el incidente dé ocasión il que la Gran
Bretaña, siempre dispuesta á nuev11s aventuras,
tome á su c11rgo la revindicacióu de los creteuses,
y punga á su ampar0 111. revuelta isla que en
tiempos pasados condujo al sacrificio al reino de
los helenos. Posible es yue, sin esperar 1·xtrail.as
autorizaciones proceda el gobierno de Londres
por su propia cuenta y bill contar con la cooperación
de las otras Potenci11s; pero también es posible
que el Imperio otolllano ensoberbecido con sus
triunfos recientes, ufano con sus fáciles victorias de Tesaha, orgulloso
de hllb&lt;:r logradocon suastuciaromper el concierto europeo que ma4uina b11 contra él, oponga su veto
á esa i11tervención y quiera rechazar la fuerza con la fuerza, pretendiendo asentar la 11ueva idea de que
ya no es el hombre enfermo de Eu~
ropa, de que se basta A sí mismo
para acudir á las necesidades de
rns ~úbditos, y de que no m cesita
ya de auxilios txtraños pua sc.focar motines y vencer rebeliones, siqu:era sea ahogá11dolos en torren.es de s11n~re.
Y el problema oriental, que parecill resuelto ú olvidado, volvtrá á
estar á discusión y figurar en la orden del dia y entre los asuntos que
ha de resolver la próxima twnferencia in~ernacional de l'etersburgo.

***
¡Cuánta s revelaciones se esperan, hoy que el
cable nos comunica que está decidida la revisión
del famoso p::oceso! C'uAntas sorpresas nos aguardan, si llegan ft descubrirse los secretos que basta
hoy permanecen ocultos, los misterios que quedan gu11rdados, los nrcanos que se esconden en la
sombra! Luz. mucha luz! gritan los que quieren
ver claro en el asuntn; justicia, siempre justicia!
reclama la Sr11. Dreyfus, que llspira á la rehabilitación de su esposo. Justicia! dicen también alSr. General Juan Villegas,
gunos jefes del Pjército que rechazan indi,,.nados
0
Director del Colegto Militar.
toda sospecha contra la institución, en la que se
:;ipoya la República, en la que tiene sus legítimas
esperanz11s el pueblo, en quien confía el país su:1 el seno mismo de la Europa, y aéarn tenga
más sagrados inter: ses.
sus graves consecuencias. Accidental ó delibera,
Y la revisión se hará, y se abrirá de nuevo el &lt;lamente, un tiro lanzado por un sol&lt;lado ingl ésjuicio público y aparecerá otra vez ante las que hacia centinela en su cuartel de Candfa, ha
;.bsortas multitudes, la figura dantesca de Alfre- sido la chispa que encendió la hoguera y calcina
do Dreyfus, que ha recibido en su
cara las injurias del populacho, que
presenció su degradacjón con la
frente humillada y los ojos inundados de lágrimas, que partió para su
destierro con hondas amarguras en
su corazón, lltvando tal vez en su
alma la certidumbre de su inocencia; que ha permanecido cuatro alios
en el lugar de su martirio, esperando, esperando á que algún día so
Je hiciera. justicia, sin acudir, C')mo
Henry, al expediente dP.l suicidio en
cuyas ondas negras no quizo arrojarse.
Vendrá también Zola de su des•
t ierrovoluntario; y acaso puena verse entonces, que las muchedumbres
que pedían su muerte y lo ensuciaban con el dicterio y lo salpicaban
con el fango de la injuria y con el
lodo de la diatriba, lo reciban en
medio de aclamaciones frenéticas,
***
porque al fin su palabra ha prevaPoco á poco se va sabiendo por
lecido por encima de las pasiones,
lo que publica la pre¡¡sa europea, la
por encima de los odios, por encima
disposición en que se hallan las nade los intereses. Tal vez con térmiciones
de la monárquica Europa, en
nos violentos y con frases duras se
Colegio militar en Chapultepec. - Instrucci6n de artillería.
cuanto se refiere á las ideas del
presentó ante la opinión públice y
Czar. Francia, que parece la más inse concitó las iras de sus acusados;
pero en el fondo, su reclamación ha sido oída, su con sus rojas lenguas de fuego la sacudida tierra teresada, guarda una prudente reserva y sólo se
solicitud o bseq uia&lt;la y puede estar tr.anquil-0, por- de Cret3. Los mahometanos i;e han lanzado á la -&amp;ah.e por la voz de sus diarios, que cree indisrenque después de tantas persecuciones, no han sido matanza y al pil111je contra los cristianos; los sol- sable para proceder al desarme, según las aspiradados del Sultán han permanecido impasibles, ó ciones dl'l pueblofraneés, que antes se resuelva la
estériles sus esfuerzos.
no han tenido fuerzas para sofocar el motín, la suerte y los destinos futuros de Alsacia y de Lopatria de Minos se ha empapado otra vez con la rena.
*
**
sangre de sus hijos, los soldados ingleses han te.
."~o valia la pena,--dice un diario en su paEn los momentos en que es objeto de discusión nido que defenderse, y los buques anclados en la
triótico
desencanto-no valia la pena haber abierbahía
han
bombardeado
la
ciudad
para
restablela filantrópica iniciativa del Czar de Rusia, para
definir los medios positivos de un desarme ge- cer el orden. Más de dos mil cadáveres en las ca- to nuestros brazos á Rusia y nuestro corazón, haneral y lograr la paz sobre la tierra, un inci• lles de la ciudad y en los campos vecinos claman berle propotcionado nuestros ahorros y confiado
dente inesperado viene á encender la guerra en venganza al cielo y piden justicia Alas potencias, en su grandeza, para que hoy nos obligue á re-

Politira &lt;5.en.erttl.

Col&lt;&gt;gio militar en Cha1mltepec. - Clase de esgrima.

Colegio militar en Chapultepec.-Dormitorlo.

�•
Domingo 11 de Septiembre de 1898
ELMU:'JDO

_ __
n_o,;;;min~g~o;..;;;ll;;..,;;.de;;.;;;8;;;,epr,;,;t;;;ie:;;;m;;;:b~r;;e;,.;d;;;;e;,;1~898~====--=========,,...:,;'.L~,:;;M~UND~,;,;0;:;...=~===~=~~~~----=========~~º5

::r~~~i~:

Sería de ver que, después .de la !nteli~;n:::íc~~~::Sl
~!~
tuas concesiones e~ la cuestión ~hmafl.f se hap conjurado todo temor
intereses entre Rusia y la Gran reta '
.
Francia en el mode conflicto, estallara la guerr: efi!;a~:::n;:Jnciarse 1a' autonomía
mento m~nos esperado y cua~ ~l de una vez la eterna manzana de
de Alsac1a--Lorena, para amqu1 ar
la discordia.
X. X. X.
8 de Septiembre .de-189.8.

COLEGIO MILITAR
.
--b!mente e1 Colegio Militar en
Con motivo·de la c6remoma que c_ele ra anua defepsa de la Patria, publíhonor de los alumnos muertos her~icamente ~~ntel tan simpático al publico
camos hoy algunos grablaSdoñs replativ_°cte!t~ª~f1a República una especial pro•
mexicano y que debe a e or !es1
·
tección. ·
. st. . . d
"Escuela de Cad1&gt;tes" sienEl año de 1824 se decretó la m it~ic~on
Gne~eral V•ctoria y Mini~tro de
do á la sazón President~ de la Repub hca el. en Perot·e la nue\·a escuela
la Guer:-a el General M1er y Terán. 1neta ose
d
11
bajo la Dirección d~l Coronel ~o,é M. Co~tés ?:di~fci~·
de Betlemitas huta
A poco pasó á México el Colegio, ocur-!1 o e
el año d!l ld833, eB q1~ 1si79:;t::/efª;.1¡an~~f\n Chapultepec. J;,a _ocupación
ue1 ano e 43 a1
. ,r
•
tif'
del establec1m1ento y por
americana destruyó ó extravió los ut1les c1e~ icos al del pais quedó claueste motivo y ot~OS relacionados :¡on¡el d:r~g~~~~:raüo reanudó SUB tareas,
surado el Colegio hasta que en u~.o
d "dió que volviese á Cha•
ocupando San Lúcas por algunos meses mientras se eci
9
pult~pec lo que se efectuó el año de. ltl4 •
0 e a gloriosa el ColeYa durante la invasión norte:americana había escnto !~!~o~ {1gunos de los cuagio Militar, ofreciendo á la patria Ia sangre pura d! :!~riflcio qu~ ¡08 hizo inmortales.
lee, muertos en el camp_o de. bat!'-11a, ~onsumaron u
BI
atacó la plaza de MéEl año de l85j el distmgui~o Jef_e hberal Don Mlgu~l
aneo im erdonable desaca1
xico defendida por los re11:cc onarios, los cuale~ cGe~~erd: s:n cEsme fuera cubier•
g::;r~tfüt~~~E~:~sd~e~fstie~on
bizarria _el empuje de las faer-

f

,..
Colegio militar en Chapultepec.-Clase de artillería.
nunciar para siempre á lo ·que ha sido el objeto de nuestrvs anhelos Y
el fin de todas nuestras labores."
"Para llegar A esta solución-dice otro periódico-no necesitabamos
haber ido á San Petersburgo."
·
Y sir. embargo, nótase en general, un tono moderado en la prensa
francesa, en que se trata de alhagar al imperio moscovita. No quieren ~e
ningún modo rechazar precipitadamente y, sin maduro exámen_y sin
pesar todas las condiciones políticas que abarca el gran pensamiento,
que encierra li&gt; noble iniciativa del emperador Nicolás II.
.
Entre tanto los órganos de la opinión en los dominios de Guillermo
II casi se ufanan y se deshacen en alabanzas por la nota del Czar. Alg~no, cuando más, lamenta que no haya sido el poderoso Hohenzollern quien lanz11ra al mundo esa idea, que por lo grandiosa merecía
haberbrotado en el cerebro del Kaiser.
Pero no llega su entusiasmo al extremo de aceptar sin restricciones la
iniciativa Moscovita. "No podremos renunciar A nuestros arm11mentos;
permaneceremos de guardia al pié de nuestras fortalezas, mientras
Francia no convierta sus armas en rejas de 11rado." Así se expresa un
periódico que se dice inspirado en fut:ntes oficiales; y cuando se analizan las pala9ras del mismo Emper11dor pronunciadas recienteme en un
banquete de agricultores de Westfalia, se comprende que el nudo gor•
diano en la cuestión de la paz, que el gran escollo que ha de encon•
trarse en el desarme general, será la cuestión de fronteras entre Francia y Alemania.

:~ t~:~t~~a:o:i~t

ª!~:

Casi todas las casas están edificadas sobre estacas, por lo que suele decirse
que la clu&lt;1ad de Amsterdam, vuelta del revés, presentarla el aspecto de un
gran bosque sin hojas y sin ramas, y casi todos los canales están flanqueados
por dos anchas aceras y dos largas filas de tilos
Esta regularidad de ~orma, m11diante la cual puede extenderse la vista por
todas partes, ~a á la cmdad un aspecto maravillosamente grandioso. Al volver cada ~squma, se ven en la nueva dirección, tres, cuatro, hasta seis puen.
tes le~ad1zos. unos alzados, otros bajos, otros en movimiento, que ofrecen
á la vista una fuga de puertaa y una confusión inexplicable de maderos y
cadenas, que á cualquiera le hacen pensar que Amsterdam se compone de
barrios enemigos fortificados uoos contra otros. Los canales grandes como
ríos, forman aquí y allá vueltas y remansos espaciosos á los que se da vuelta
pasando por una sucesión de puentes unidos los unos con los otros De todas
las encrucijadas se ven _pe~spectivas lejanas de otros puentes: de otros
canales, de buques, de ed1flc1os velados por una ligera niebla, que hace pa•
recer mayor la lontananza.
Las casas, casi todas altísimas, respecto á laR de las demás ciudada., holandesas, negras, con las ve11tanas y las puertas contorneadas de blanco,con fa.
chadas de puntos y en escalones, ad(¡rnadas de bajos relieves que representan urnas flo~es y anim11!es; están casi protegidas por la parte de delante, por colummtas. balaustradas, cadenas, b&gt;1rras de hierro y separadas
unaa de otras porunamurallita y dentro de estas fortalezas avanzadab quti
o_cupan gran parte de la calle, hay veladores, macetas, sillones, sll1as, carrt&gt;•
tillas, cestas, r~stos de muebles viejos, así es que, mirando la calle desde una
de sus extremidades, parece que los habitantes de las casas han convenido
en echarlo todo fuera y tenerlo amontonado. Muchísimas casas tienen un
piso más bajo que·el nivel dela calle, al que se baja por una escalerilla de madera ó de piedra; y en aquel espacio entre la calle y los muros, hay más
macetas de fwre~,mercaLclas puestas á la venta, gente que trabaja una vida
confusa y obscura que bulle al pié del transeunte
'
Las calles principales ofrecen un espectáculo único en el mundo. Los cana•
les están cubiertos de buques y de gabarras, y en las calles laterales se ven
á un lado 1!10nto~es de barricas, de sacos, de c11jas y de fardos; al otro una hilera de luJosas tiendas. Aqui hormiguea la gente bien vestida las señora11
las criadas, los merca~eres ambulantes, los tenderos; allá el puebio rudo y vá'.
gabundo de los m~rmeros_ y barqueros, con sus mujeres y sus hijos. A la
derecha se oye el vivo cuchicheo de los ciudadanos, á la izquierda los gritos
agudos y lentos de 1!1- gente de mar. En un lado se sientA el' perfume de lu
flores y el olor apetitoso de las fondas: en el otro el hedor del alquitrán y el
humo de las pobres cocinas de los barcos de vela. Aqul se alza un puentti
levadizo para dar paso á un buque, allá se amontona la gente para pasar

*

*

Colegio militar en Chapnltepec.-Clase de mecánl~a.

Colegio militar en Chapultepec.-lJn c-.irso de matemáticas.
zas liberales que atacaron el punto y no volvieron ni un i~s~ante la espalda, por más
que fuera cruel y bárbaro obli_garlos á pelear en ~uerra c1lv1l. 1861 baJ·o la dirección
En 1860 se clausuró el Colegio para volver á abnr sus au as en
de Don José Justo Alvarez.
- d 1863 al de 1869 es•
Durante el erlodo de disturbios comprendido entre los anos e
.
tuvo eerrado ~l Colegio Militar y el mes de ~nero del últimot a~o e~~iCat~~~as;::~
organizó de nuevo acupando durante tre¡; meses el conven o e • an
.
pasar en segu'da ai Ex:-Arzobispado de Tacubaya.
.
ó 1C 1 gio
El año de 1882, siendo el Director General Don Sóstenes Roc~a,. maugur e hºa. eha•
Militar el edificio que hoy ocupa en Chapulte¡&gt;ec. _Durante los ult1mos años n_on
como
bido interrupción en las meJoras con que el Gobierno hace progresar tan. u 1
simpático plantel.
·é
bli
Et director actual, General Don Juan Villegas, cu_yoretrato tamb1fl 1¡u8 :
camos, es un militar facultativo, que consagra su ..-ida con amor _Y a
tenimiento y progresos de un Colegio que ho~ra al pals Yª! gobierno !ª1:1 0
por la instrucción técnica que en él recibe la Juventud laboriosa Y ené.gtc!lque ¡0 integra, como por la moralidad, disciplina y pundonor que caracterizan á sus alumnos.

8

ºf

-------~---------

.AMST.ERD.AM.
L! CIUDAD EN DONDE FUE C9RONA.DA. L! REINA DE HOLANDA

Colegio militar

en Chapultepec.- Clase de Qutmlca.

ob~ervada; iglesias para los luteranos de la co1•fesión de Augaburg·o, observada con
latitud; para los mtmuonitos, para los walones, para los inglebtil! episcopales, para los
i11gleH:11 presbiterianos, para los católicos, para los cismáticos griegos: y cada uno
de t' ► t s templos alza al cielo una torre que, arece hecha para veucn á las demás en
originalidad y rareza. Lo que dice Víctor Hugo de los iHquitectos flamencos que fabricaron campanarios poni,.ndo una ens11lad, ra boca abajo bObre un birrete de iuez,
un azucarl'ro eobre la en¡¡alad,ra. una botella sobre el azucarero y otro chisme
sobre la bot1-lla, puede referirse en parte á los campanarios de Ameterdam. Algunos
están fo:mados de kioscos ó templetes superpuestos; otros de mu chas torre cillas que
parecen sac,.das más de dentro de las ot. as, de modo qut: dando uo golpe á la más alta. todo el campanario d, be embutirse C(JlliO un anteojo, otros son sutiles
como minaretes, casi entnamente construidos de nierro, adornados, dorados,
calados, trasparentes; otros coronados de medio arriba de balau. tr..ida!l, terrados, arcos y columnas; casi todos remataaos por un globo ó una corona
de hi~rro d-e forma de ct:bolla, qu ... sostiene á su vez una b?la y ésta un
hasta-bandna, sobre la que suele haber aún cualquier objeto, que acaso tam•
poco 11s el último, lo milnno que la&amp; torrecillas que hacen los uiños, superpo•
niendo te,do lo que tienen á mano.
* -

**

Será una exageración, pero hay quienes afirmen entre los persona•
jes de influencia de Francia, que el embrollo Dreyfus, que. acaba de
entrar en una nueva fase, puede dar ocas~ón Aun rompimiento entre las
dos aborrecidas rivales. Siempre se ha dicho por lo bajo y se ha mur·murado entre 103 b 1stidores políticos,• que la traición atribuida A
Dreyfus y por la cual sufre los martirios del destierro, del aislamieuto y de la soledad; por la cual está todavía marcado con el estigma
candente de la reprobación general, había sido por revelar secretos á
los agentes de Alemania. Si el Gabinete que preside M. Briisón está
resuelto A rasgar todos los misterios del proceso, y á. abrir puerta franca á todas las declaraciones que hasta ahora se han callado en nombre
del secreto profesional de los funcionarios del Estado, no sería difícil
que surgieran graves complicaciones, que no podrían conjárar .n_i las
·palabras del apóstol que predica la paz desde San Petersburgo, m las
amonestaciones del Santo Padre que pide la concordia desde el Vaticano.
y sería de ver que, por extrafio modo y en virtud de agitaciones
interiores que .3acuden al pueblo francés, estallara la temida conflagración que ha tratado de evitar Nicol:ls II con su nota de paz y de concordia.

Colegio militar en Chapnltepec.-C,Uedra de física.

El primer efecto que produce e~ta ciudad, ap~nas se ~an recorrido algu·
nas calles, es dificil de manifestar. Parece ~na ctudad mme1_1sa y de~ordenada; Venecia agigantada. y afeada; una ctudad holandesa s1, pe~o vista á
través de una lente que la hace parecer tres vec~s mayor, la Capital ~e UD!'
Holanda imaginaria de cincuenta millones de habitantes; una metrópoh antigua. fundadll por un pueblo de gigantes ~n el ~elta de un rio . descomu~al,
para servir de puerto á una escuadra de diez mll n~v!os; una ciudad maJeB·
tuosa, severa, casi lúgubre, que produce un sentimiento de esmpor que
obliga á meditar.
La ciudad está fundada sobre noventa islas, casi todas de figura rectan·
guiar que se comunica'R por medio de trescientos cincuenta pueniee. Su
figur~ es ·.:m perfecto semicirculo, surcado por canales concéntricos, con relación al que rodea la ciudad, y atravesados por otros.convergentes alcen·
tro como los hilos de una tela de araña. Una ancha corriente de agua, llama·
da 'Amstel (q.ue con la palabra dam, dique, forma el nombre de Amsterdam),
divide la ciudad en dos partes casi iguales y va á desembocar en el Y.

por un puente abierto que se está cerrando; m4s lejos. una balsa pasa un
grupo de personas de unn_ nrila A por del canal; en el fondo de la calle parte un vapor; por la extremidad opueFta entra una fila dA barcazas parg~ das·
aqui se abre una compuerta; allá se desliza un trekschuit· á poca distanci~
gira un molino, y más "b;ijo se clavan estacas para una c~sa. El chirrido de
las cadenas de los puentes se confunde con el ruido de los carros· el ;;ilbido
de los vapores interrumpe la música de los relojPs de torre: las ;uerdR8 de
los buques se e_nlazan co~ las ramas de los árboles; el carruaje pasa junto
á la bar~a, la tI_enda se mua en el canal; las velas se reflejan en las vidrieras; la vida de tierra y la de PJar se rozan, ~e cruzan, pasando la una sobre la
ot~a, y se confunden en un espectáculo uuevo y alt'gre, como una fiesta de
alianza y de paz.
Si de las calles principales se interna uno en los barrios antiguos el espec~áculo cambia por completo. Las calles más estrechas de Toledo.'los calleJOnes más obscuros de Génovll, las casas más desiquilbradas de Rotterdam
no v~len nl!-da al lado de la estrechez, de la obscuridad y de! desbarajust~
arquitectónico que se ve en aquellos barrios Las calles parecen grietas II biertas por un terremoto. Las casas altas y negruzcas. medio ocultas por Josba•
ra_pos quA cuelgan de las ventanas y de cuerdas,. están tan inclinadas que da
miedo; algunas se hallan replegada11 sobre si mismas, como Fi estuvit&gt;ran á
punto de hundirse, otras casi se tocan con los tejados, no dejando ver más
que un hili~o de cielo; ot~as se inclinan á dos partes opuestas, y parecen casas
de· escenario cuando se muda la decoración. ¿Fueron comtruid11s as!, por
ca~sa de las ag~as vertien~es, ó se inclinaron porque cedió el terreno? Ha.v
qmen cree lo primero y quien cree lo segundo; pero los más piensan las dos
cosas, lo que me parece más racional. Hasta en aquellos laberintos donde
hormiguea gente pálida y triste, para· la que un rayo de sol es uua bendición
de Dios, se ven macetas de flores, espejitos y cortinillu en las ventanas, que
revelan unll pobreza acomp11ñada d&lt;&gt;l cariñoso amcr del hog11r.
La parte más pintoresca de la ciudad, es la comprendida en la curva del
Amstel,alrededorde la gra!l plaza del mercado nuevo. Vénse allf encrucijadas de calles tenebrosas y de canales deslertoF; plazolEJtas solitarias rodeadas
de paredes chorreando agua; casas mohosas, destartaladas decrépitas, bañadas por aguas mu1&gt;rtas é inmundas; vastos almacenes con todas las puertas y
ventanas cerradas; barcas y gabarras abandonadas en el fondo de canales
sin salida, que parecen esperar conjurados ó brujad, montones de materiales
de construcción que remedan avanzadas de incendio ó de ruinas; remansos
fangosos y asquerosos charcos; mures, agua, puentes, todo tan negro y tétrico, que produce en el que pasa la primera vez por alli, un sentimiento de
inQuíetud como si le amenazase alguna desgr,iCia.
Volviendo á la ciudad para observar paticularrmente los edificios, lo primero que llama la atención son los campanarios, En Amsterdam hay templos
de todas las religiones: sinagogas, iglesias para los reformados calvinistas,
Iglesias para los luteranos de la confesión de Augsburgo, rig·urosamente

Entre los edificios monumentales-que no son muchos-fignra el Palacio
Real, el primero C:e Jo¡¡ p11l~cios deilolanda, edificado entre 1648 .v 1655 sobre
trece mil seiscientas cincueLta y nueve estacas. grandioso, pt'sado v obscuro cu ro m!l.~·or ornamento 1&gt;s una sala de baile, considerada la má.s grande de Europa; y su mayor cl11focto no tener portal por lo que se llama comunmente la ca8a ~in punta, r·ara contraste. el edificio de la Bolsa. que se
eleva en frente fuudado rnbre trl'inta y cuatro ciil e;;tacas, se llama la puerta
sin casa, porque uo tienA nada notable á no ser un peristiro de diez y siete
cohlm11as; juego de palahraR que todos los holandeSE\o dicen á los extranjeros, sonriendo imperceptibl«&gt;m~nte cnn 1&gt;l borde de los labios. El que llegll á
Amsterdam en la primna semana de la Kermesse, que es el Carnaval de Holanda, pucde ver en este edific10 un e~pectáculo curios!Rimo. Durante siete dlaR á las horas en que no se negocia, está abierta la Bolsa para toda la
chiquillerla de la ciudad que la invade, haciendo un ruido infernal con pitos,
tamb res y gritos; licencia qu1&gt;, si dice verdad la tradición, ha sido concedida
por el Municipio en honor de algunos muchachos que jugando cerca de la
anti,rua Bolsa en tiempo de la guerrad11 la Independencia, descubrieron á. los
españoles que se preparaban á volar el edificio con un pontón IIPno de [ólvora. y corrieron ó. avisará los ciudaclaoos, fruetraBdo así el intento de enemigo Además del Palacio Real y la Bolsa, son bellos ornamentos de Amster~am, l~ catedral cons~ruida de cristal y de hierro, y rematando por una cúpula
h!!"eris1ma que de l!'JOS, cuando le da el sol parece u.na gran mezquita, y
como monumtntos históricos, las vit'jas torres que se elevan en las riberas
del puerto.
F.n~rP _estas torres hay una que Fe llama TLrre del rincón de los llorosos ó Torre de
las lagrimas, porque allí se embarcaban en otro tiempo los marinos h(¡landeses para
sus larguísimos viajes, y sus familias iban junto aquella torre pa•a saludarlos y
verlos partir. y lloraban Snbre la puerta hay un tosco bajo-relieve, marcado con la
fech,a de 1569, que representa el puerto. una nave que parte y una mujer que llora
y fué puesto alll en coumemoración de la mujer de un marinero, que murió del dolo~
causado por la marcha de su marido.
Casi todos lo~ extranjeros que VRn ii. ver aquella torrEJ, d1&gt;spuée de haber e~hado
una ojeada al be jo-relieve y á la Guía que Pxplica su significado, se vuelven hacia
el mar como buscando el buque que parte, y se quedan pensativos. ¿En qué piensan?
Acaso en lo que pensé yo mirm~.

Colegio militar en Chapultepec. - Biblioteca.

�•
Domingo 11 d• S•ptlembre de 1898

EL MUNDO,

206

Domingo 11 de Septiembre de 1898.

EL MUNDO.

Los coches son grandes vehlculos con imperial que
PoP.teriormente, y ya en vlaa de ejecución las obras, por la Reina Regente, la Princesa Guillermina rea· pueden contener ó6 viajeros: 4 en la plataforma, 24
pondló:
~modificóse el proyecto para dar otra dtaposteión y
- " Yo no qui~ro esposo. Reinaré sola, como Isabel en el interior y 28 en la Imperial.
mayor amplitud, principalmente á los salonea de Ju•
Paede reprocbárseles sus dimensiones excealva•
de
Joglaterr&amp;. Y en todo caso, jRmAs me ci..saré con
:rados, ocupándose el Sr. de la Barra de dicbae modifi•
mente grandee; ea prefArible pttra un buen servicio
11
alguno
A
quien
no
ame
caciones. El provf'cto general de reformas del edifiLoe holandeses se someterán á. la voluntad de su que los cochea sean pequAños y que hagan un servlcio de la Cárcel 'Municipal formado por el Sr. Torres
reina
aunque muestran arraigadas prevenciones cio rob fre~uente Presdnditmdo &lt;1e ésto, loa que &amp;C•
Torija, subsiste tKI como lo formó el Director de
contr~
l&amp;
idea de que el Prlncipe consorte fuera de taalmente se usan tien,.n muchos aparatos perfeccfo•
~Obras Públicas por acuerdo de la Secretarlc1 de Gon -1dos· descansan sobre trucks articularios que permiten
origen
alemAn.
bernKción.
utiliz~t la adherencia &amp;obre los dos eies motores.
La parte del edificio destinada é. Palacio de Justl•
Cad•l tje motor recibe el impulso de un motor eléc•
cla del Ramo criminal, costará según el presupuesto
El pueblo que va á gobernar la Reina Guillermina,
trice, de 25 eabalks. Los empleados encargados de
aprobado S 72.tJOO. Tendrá tres pisos y ocupará una tiene por ella una gran adoración, y la miam~ que ha las m~io~ras de los diversos aparatos, ocupan un Ju.
superficie ue mil menos cuadrados aproximadamente, tenido por todos los descendiente&amp; de la familia Oran• g11r en las plataformas ant~r.ior y posterior. No olvi•
En las dos alas del piso bajo estad.u los .. aloues de ge NassMu
demos mencionar los deposttos de arena ~ue lleva
.
Jurados, de loa cual ea el de mayor capacidad po irá
No hay grandes luchas entre los partidos poltt1cos. cada coche pua derramarla sobre la viM- 1 s1 esto ea
Klojar basta mil personas. En comunicación c ... n di - El cooservtt.dor, reprtlaentado por los grupos Católi- necesario· además hay frenos ordinarios y electrochos 1:1alonea, habrá salas para las deliberaciones de co y Luterano, es una traJición
magnétlc~R- Est?s último, han permitido detener un
lo~ jurados y departamentos deetin&amp;dos á. testigos.
Los que prevalecen son el liberal y el_ r11dical, que coche cnrgado con 4 tonelRdas en una distRoci~ me•
En el segundo piso stdnstahirán los cinco Juzga· tienen sus representantes en los ocho m1nla&amp;ros dt, la nor de 14 metros sobre una pendiente de 24 mtlfme•
dos Correccionales, que comtaráu cada una de cUH.· corona y en la moyoria de los E:;t_adoe Gener.ales ..
trbs por metro y Levando una velocidad de 20 kiló•
tropiezas; una para los abo~adcs, queios1.1s etc., otra
El reino de Holanda tiene colomaa en el Asia Orien- metros por hora.
.
para la. SecretarWl, la tercera para declaraciones, y tal y en A~éric-a cun territorios 17 _veces más .~ra~Lo! acumuladores 110n dA 224 elementos, de B1ete
)a última para rl~spacho del Jnt&gt;z.
dcs que el d~ Holanda propiamente dicho y con 35 mt· plac11s, de unR capacidad de 3~amperes por bor&amp;, Lae
Igual dit,posición tienen los Juzgados de lo Crimi• Bones de habitantes, ~n su miLyoria de raza malaya. placas est4n encerradas en caJas ~e ebonita; la que
,na1 que ocupan el tercer piso
El rápido desarrollo del pais se debe en grtt.n par• encierra ll\ batería colocada debaJO del coche es de
Habrá amplias y cómod~s oficinas para el Ministe- te al poderoso esfuerzo d~I gobierno de la Reina R~· cerca de dos metros de largo por menos de uno de
rio PUblico y una sei!ción destinada a los peritos mé· gente que será ein duda continuado por la actu11l so· anchura
dico-legistas.
b1-1rau~. Holanda es uno de los patees más libre.:1 de
El equipo eléctrico de los cochea permite enviar a
El Gabinete antropométrico ocupará un sl$io ade- Europa· Jibertad cowpletil de religión, de prensa¡ to- cada uno de ellos ya 111. corriente de los acumulado•
•cuado en el terce: piso, en el que también tte instala- dos los derechos de asamb ie&amp; ,. de ptlticióu estAn ga- res, yA la dPl trolley pua moverla y á la vez cargar
rá la oficina del nrct1ivo
rantizados por las leyes constitucionales.
la bateria de acumuladorAs.
Seglin los informes que publica la prensR di11.ria, el
Sus principales ceutros com~rciale~ 1 son Amstorda1:'1
CaJ.a coche e=tá alumbrado por 10 lámparas innuevo edificio se inaugurar&amp; ~entro de ocho meses. y Rotterdam. En ambae se ha mverttdo gatttos cons1• candescentes dP 16 bujh.s.
L11 generaciéln de energia eléctrica está. situada en
derables, con objeto d" facilitar la n1tvegación_y me
jorar las condtciones de loa puertos, asf, por eJemplo, Aubet'villiers H&gt;Ly tres caldera11.multitubulares Roaer
a1ólo en el citnal lh1.m.,do canal de Rotterctam 1 a1e lun con nna i1U¡pe1 ftcie de calefacción de 193 metros cu&amp;•
drR.do11; 111.s mlt.quinas de v~nor son tres de un solo cigastado 20 millones en loa Ultimas años.
Hoy, edttt puerto es el tercero de .l!:uropa, en cuanto Jiudro y horizont11les 9,e ~50 Mballos y 75 1evolucio•
nea por minuto. Cada. una de éstu mueve por medio
á 11' lUilplimd de c.1u entrada.
.
Los últimos vttinte años se han marcado también de correas un dinamo Thomson-Houston de 6 polos
En despachos transmitidos por el cable y publica• por el d~sarrollo de las 10dustrias holaud~daa, Como de 160 watts y 400 revoluciones por_minuto
doa por el Imvarcial y El ltfundo 11e han reí e , ido t&gt;,QO&amp;
una prueba del arlelauto dd la iudu,tria, se puede ci·
Dos circuito"' principalflB parten nel cuadro de di&amp;•
•diarios á la coronación ue lamina Gu1Uermina de Ho· tar el hecho de q11e, una gran parte del mKteria.l para tribución, uno de 550 volts para la alimentación del
landa, la soberana má~ joven de Europa.
la armada nacional, anti;,1:1 construido sólo en lngla- trolley y el orro de 575 psra la carga de la ruta.
A las noticias que ya conocen nueatros habituales terra, hoy se construye en el pals.
lectores, vamos a "gregar algunos datos retativos á
este acontecimiento, y al Eiltado europeo que comienLa cer.-monla del dta 8 en Chapnltepec.
za a goberuar la nueva rema
El ejército consta de 80,000 hombres ~n pié de gueLa hija del difunto rey Gulllermo nr, de Holand11,
Ll11mamoB la atención sobre nuestraprimerA plana,
rra. .l!..J servic .o militar ed obllga&amp;0r10 dl!od6 loe 19
;y de susegunela esposa Emma, la Prmceaa Guillermi
tomada d,.el nRtural, por lit. que sa verá cómo procura•
años,
y
una
ley
reciente,
ha
ab_olit.1.o
~¡ 1:listema ele 1~11
:u&amp; acabM de subir al trono A los 18 "ños de ~dad.
moa satisfacer é. nuestros Kbonados.
Las ceremonias de la C lll onación se efectuaron en substitutos1 que antes libraba a Joa rtcos _de_ cumplir
con
uno
de
sus
mAs
caros
dl!ber"s
patrióticos.
Hay
Amaterdam, y en ellas, couforme á los deseos de la construiitas fortificacioued modernaa 611 AnsterdKm y
A.mor silvestre.
.Reina Regente y de su hija, los ritualea se slmplifi~a- en
diferentes
pul)tOs
á
lo
largo
de
ltt.
costa,
y
A
la
euron basta lo posibl~ Como no hay en Amsterdam ni
en el H•ya un dignatario eclesiáetlco competente pa• trada de los puerrns La escuela militar par&amp; la edu•
Pocas veces habremos podido dar un grabado que
.ra coronu á lM reina y tom1trle el juramento, como cación de lus oficiales del ejército, cuenta cerca de llene t11nto como la ilustración de arte que aparece
~000
alumnos.
El
ejérciro
colonial
tt.scitm~e
é.
4u.OOO
en nuestra edición de hoy, el gusto exquisito de
l&amp;&amp; leyes del país se o Ponen á. que l&amp; reiua :eciba la
y 1500 oficiales, todos vo:unt~no~, pues_Ja nuestros fa?orecedous.
•corona de manos de la Reina R~gente, entre las cere- a01dtt.dos
constitución
hob,nd~sa
prohibe
que
el
eJérc1to
nac10•
Amor silvestre es un cuadro de mérito que le ha
.moniae no figura precl11amonte Ja coronación. sino n&amp;l salga del pais, sino que debe s~r con11agrado univalido A eu autor un triun o merecido y la reproduc•
•que consisten en la tom11 del juramento ante el Con· :&gt;amente pu&amp; defonsa di;,J ti,rritorio d~ HoIMnda.
-aejo de Estado y el Cuerpo Diplomático.
ción en varias colecciones selectas de estampu.
Se babia prOpuesto que la reina misma se coronase
como ha sucedido con Klguuoo otros soberanos, pero
oeta proposición no lué uprob•da.
La tracción eléctrica en París.
El local escogido para la cerem r&gt;Dl&amp; fué la Niewe
El Sr. Emilio G. Lobato,
X.erck, el templo mé.s smituoso d., Amatersaum, pero
de San Lnta Potosi.
en el cual dihcilmente pudieran iue,alarse las dos
H1ce poco se ldzo en Paria un&amp; interesante aplica•
mil personas invitadas.
Por un olvido no hicimos constar en nuestro núme•
cióu de la tracción eléctrica.
Deapués, la reina recorrió las calles de Amsterdo.m,
En la capital de Francia los tranvias funcionan por ro Ultimo que las vistas relativas á los funeralea del
-eiendo aclamada hasta el delirio por el pueblo d6 Ho- medio de acumuladores y fuera, por el trolley aé- Sr. Gobernador de S1mLuis Potoaifueron tomadas de
landa que adora A su reina.
fotografías originales del Sr. Dn. Emilio G. Lobato
reo.
.
Dut11nte dos semanas, el pueblo de Amsterdam y el
Las Hneas de A ubervillif&gt;rs y d~ Pantfn tienen un intt,llgente y bondadoso colaborador artlatlco de 11El
.Haya van á e:tar en contacto con su reiua, pues todo trayecto t&lt;&gt;tal de 6, 2 y 6, 75 kilómetros, respectiva• Mondo Ilustrado 11
el f&amp;tlval tiene un carácter democrá0co, y la mKyor
Con un empeño por el que le damos aquí un teatl·
mente. La via fué iDl!talada por la Compañia de tranp&amp;rte de las ~iestas son popularee.
vlaa de Paria y del Departamento del Sena; PstA for• monio público de nuestro agradecimiento, trabajó el
mada por rieles Broca que pesan 44 kilógramos por Sr. Lobat,l para proporcionarnos Iu vistas publica•
meiro, cuando l" via ocupa el centro de la calzada, y das. cuyo mérito nos eR satfsfactorio 1econocer para
satisfacción del aventajado arthta potoslno.
por rieles Vigorle cuando va á los lados.
El banquete oficial fué solemne; á él asistieron 250
invitados. H11bo también una fieeta t'n el mejor tea•
tro de Amsterdam, y un baile de corte en el palacio
del Haya.
La reina irá á habitar probablemente el palacio de
Amsterdam, que puece, por su exterior, mls bien.un
edificio oficial que una residencia re•l. El interior,
&amp;in embargo, es magnifico. Fué construido en 1808 y
regalado A Luis Bonaparte cuando fué hecho rey.
La residencia favorita de la jovtSn soberana es el
pequeño ptt.lacio del Haya, donds paaó casi toda su infanci11.. Otro de los lugares que más la P gradan, es la
,que se conoce por 11 ÜH.&amp;a del Boeque, 11 con todas las
apariencias de un caetUlo feudal, rodeada por un par•
,que bermosfaimo y cuya cons"ucción dat, de princi•
,píos del siglo XV1r. Hay tambi~n un retiro en la par•
ite Norte dtS Utrecht -el castillo de Soestdyk, á donde
,la Reina gusia ir á 'pasar temporadas cortas, alejada
,de loa asuutos oficiales, y enteramente libre de la 6'i·
queta y restricciones de la corte,
Uno de loe 6SJ?8ZtAculos más bonl~oe, fué_ el enyio
•de las p•lomas viajeras. Cuando la reina Gmllermma
apareció en las puertas de Niewe Knrck, después d6
·haber hecho el juramento, de las azoteas del Ryx Mu•
-eeum, se desprendieron b ·1ndadas de palomas que
,fueron á llevar la grata hueva A todos loa confines
del reino. Seis mil de estas aves fueron traidaa de to•
das partea de Holanda y encerradas en cestas en el
-museo. Y todas ellas emprendieron el vuelo al pre·
sentarse la soberana ante el pueblo, radiante de entu•
siasmo.
El programa de las fiestas, aunque está. lleno de notas aJegree, parece sin embargo un poco reservado.
Creécie que el pueblo holandés g11ard.:1 una parte de
80 entusiasmo para cuando la reiua se case
Por hoy está remota ea&amp; circunfltancia: la reina
quier,e permanecer soltera, y sus dech.racionea maní•
Cttlltan que para au matrimonio atended., antes que
itodo á sus propias inclinaciones.
Ferrocarril eléctrico en Pnrls.
Se r~flere que, no ha muctio tiPmpo, interrogad&amp;

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Gnillermina de Holanda.

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Proyeeto del Palacio de J"nsttcla del Ramo Criminal
El General Z.u.rlinden.
Siguen á aquella embarcación á los mares á.rtico&amp;, ~
la pesca de la bRllena ó en bmca da un nuevo CH.mt·
El actual Ministro de la Guerra de Gabinete franno para las Indias, y en su mente se desarr.olla como
una visión Ja epopeya tremenda de la marma hol:m- cés, ocupa:el pueRto que dt'j'\ vacante cou su renun·
deaa en medio de los horrores del polo: los mar~B lle- cia. el conocido M Cavatrnac.
Sabido es que Cavatgoac se oponta de una manera
nos de hielo 1 el frio que hace caer á. pedazos la piel de
Jaa manos y de la cara¡ los osos blancos que s~ arrojan sobre los marineros y desped1:tZMD laa armas con
los dientes; los caballos m11·rinos que acuden en ~11 0•
dadas para volver las chalupas, las roe11s de hielo
atremolinad11s pbr las olas v por el viento, Y las vas·
us Jlanurae heladas é inmóviles queaprisionanydestrozan las flotH· Id islas de~iertas, sembradas _de
cadáveresdemarineros,de esqueleros de naves, de cm·
turones de cuero, roídos por los hambrientos náufrago3
en la desetperaclón de !1t agonia¡ las manad!"s dd ba•
' llenas que giran en torno de tas embarca~1ones, las
formidables contorsiones dt&gt;l monstruo herido en las
i ensangrentadas R.guas, las lanchas volcadas de un co·
letazo, los náufragos vagando medio desnudos ~ntre
la niebla y las tinieblas, las chozas cavadas en la nie·
ve, y los sueños gue acaban en Id. muerte. Después,
inmecsas soledades blancas y brumotias, donde no se
oye más ruido.. que el de los remos de las lanchas1 repercutido por las caverna11, y los gritos h1mentables de
las focas, otros desiertos donie no hay ni Reñ~les de
vid'!. las montañas de hielo descomunales, los mmen•
sos ~spacios desconocidos, las nieves secubtres, el invierno eterno, la tristeza solemne de lila noc_hes del
-polo 1 el infinito siltncio que da pavur11. al ámmo, los
marl neroa consumidos, d~sfigur11di&gt;s, delinnte.s, que
se arrodillan en el puente .v t[enden las manos Juntas
hacia el horizonte encendido por la aurora boreal, pirliendo á. Uios les conceda ver otra vez el sol y la pa ·
tria.
¡Hombree de cienciR, comerc1 antes, poetas, todos se
inclinan ante las humildes avanzitdas que han traza•
do con sus esqueletoa sobre las inmaculadas nieves
del polo, el pruuer senctero de la vida!
E. DB AMICIB.

El General Zurllnden,
Ministro de ta Guerra. [Vn.ncta).

obstln•da á la revisión del proceso Dreyl111, alegando
razones de orden ptiblico, más e1pecloaa1 que con•
cluventes. Ahora blen, eot.::o tAdos 101 otros ministtOI
dt-t'GabineteBri11:u,n desean que ese proceso. se re•
vise para satiafacer los clamores de un sentimiento
de equida.d, repaundo los errores que no es poatble
ya d.-jar en pié después de laa revelaciones y el auicl·
dio de Henrv Cavatgnac debla retirarse y ee rf'tt.Ñ
para que ent;11ra a subtcitulrlo un funcionario conforme con la politica adoptada pcr loa mioistroe del Presidente Faure.
El nombramiento p ·r• la cartera de guerra ha fa•
vort!cido al General Zurlinden, cuyo retrato publlea•
moa.
rll
Este jefe tué designado para Gobernador de Pa
cuando se retiró el General Saun1er que era como ••
sabe. Comandante en jefe del Ejército francés.
Zuilinden es als11ciano, t1fln~ mb de seaenta añoa;
f&gt;ntró a servir al t&gt;jército en 1856 y E"ra CMpitán cuando
se declaró la guerra franco-prusiana.
Fué hecho prisionero ,eu Metz y logró evadirse de
la fortaleza d~ Spandau
El G~neu,I Z11rlinden ha desempeñado ya en otra
ocKsión lM cartera de guerra, bajo la Presidencia de
Faure y siendo Jde dul Gablne,e M Ribot.

El palacio de J"nstlcla del Ramo CrlmlnaL
Por orden de la SeeretarlA de Gobernación al Dlreotor de Obras Públicas Sr. Ingeniero Antonio Torrea
Torija, hizo un proyecto de reformas para el departamemo dt, Juzgados dela Cárcel Municipal,elcqal tu6
aceptado.
D61!pués la Secretarla de Juattcia peoaó dAr m11yor
impor-ancia al departamento judicial del edificio, 1
al efecto se estuiiiaron otros proyecto&amp;, recibiendo o,.
den el señor Director de Obra• Públicas de relacto•
nar la reforma de dicho departamento con una reforma general de la Circe! Municipal que so ha decidido
Heva!' á cabo
ComisionRdo el Sr. Ignacio de la Barra para hacer
la locbada del edilicio deetlnado i l'alaclo de Juatl·
eta dsl Ramo Criminal, la Secr~t.arta de Justicia ••
sirvió aceptar el proyecto rHpectivo, disponiend&amp;
que ~l mencionado Ingeniero procediera A encargar•
se de loa trabajos.

207

•••

�Domhlgo 11 de Septiembre de 1898

EL MUNDO,

209

.11'.L MUNDO

Domingo 11 de Septiembre de 1898

EL f\PRISOO
-¿Qué ed11d tiene el pequ, 110 1 señora?
A e,ta pregunta l&amp; madre mir&amp; al niño, con l&amp; mir&amp;•
da con que st1 ~usca en ~l reloj l&amp; hpra, y responde:
-¿Pedro? Tiene veintmueve meses, se!iora.
Edt0 vale_ tao~o como deci,; dos años y l\\}edio; pero,
como fedr1to tiene portenteso ingenio, y hace cosas
marav1llosas para su ed&amp;d, es de temerdeque las otr is
madres no se sientan muy celosas si se les presenta
!Ilás grande de lo que e11, en cuyo caso no seria ya su
10genlo tan asombroso.
Por otra parte, ella no consiente que se agregue ni
un solo dia A la edad de su niño. Ah!
quisiera tenerlo siempre asl, p11queñito, hecho utt bebé .... Sient1, que
mientras mb grandt1 se haga ml'I·
nosserásu hij 11;que se le escapará
poco á poco Ay! solo procuTlln desligarse ~8tos ingratos! La primera
11epar11c1ón data •ie su nacimitmto
Entonces ,1 es hermoso ser su madre; no hay sino un seno· y dos bra•
zos para rt-tenerlo•.
Todo esto hace que Pedro tenga
~xactamenti, veintinueve mes es,
edad encant11dora que me inspira
11rofundo interés. Tengo varios amig·ultos cuyo discernimiento es admirabl~; pero ninguno de ellos tiene
la ima~inación de Pedro: éste evo
ca las ideas con extraordinaria hcllldlld y pone en ellas mucho de
fantasía.

•*•

Se acuerda de cosas pllsada•; reconoct roFtros que
han estado am1entes más de un mes; descubre en las
estampas i!umi~adas mil particularidades que le
encantan é inqmetan; cuando hojea cierto libro ilustr!ldo que ado~~- y cuya@ pá¡z-in11s h~ rasgado por la
mitad, 11us meJtllas ae coloran de roJ0 y un vivo resplandor pasa por sus ojos.
La madre se • saeta de esta l11z y de ese sonrojo
cr~e que el mucho trabajo puede fatigar esa pequeñ~
cabecita, tlernot PÚn;temelafiebre,lo teme todo Asú11tase á la idea dé llevar la d"sgracia al hijo de que
tanto @e enorgullece Casi desea que su pequeño se
pueciese al hijo del panadero que ve todos los dlas
111 pa~ar por la ti~nda: con un&amp; car&amp; enorme v plana:
d9s o¡o~ azules sm mirada, I&amp; boca perdida entre
lne carrillos, y aquel aire de san&amp;. bestezuela Al menos ese no da inquietudt-sl Miemru que Pedro! ...

-cambia de color á cada instante, tiene las manecitas
ardientes y duerme en su cuna en medio del más
agitado sueño.
El medico no quiere que nuestro amiguito mire ya
etitampas; recomiend.il&amp;c&amp;lma de ide&amp;S,ydice:- 11H11y
que educarlo como á un perrito; lo que por otr&amp; parte no es dificil.
En esto se engaña; es por el contrario, muy dificil.
El doctor no tiene ni l&amp; más remot&amp; ide&amp; de la paico·
logia de un chiq uitln de veintiuueve m~ses. Y des
puéa ¿está seguro el doctor de que los perrillos viven
en completa calma de peusamlentol' Yo conocl uno,
de seis semanas poco más ó menos, que soñaba toda
ll\ noche, pasando de la alegria á las lágrimaij con
una rapidez increíble Llenaba mi cuarto con el ruido delas expansiones más desordenadas ¿Era esto
calm&amp; acaso? No por cierto. También al animalito
le sucedla lo que a Pedro: enfl&amp;quecia, viviendo sin
embargo. Pedro llev&amp; los gé:menes de un&amp; vida ge
nerosa. No tiene dañado ningún organo eseuci&amp;l, pe•
ro se querría verlo menos delgado y no tan palidu•
cho.

*
••

Parls sienta mal á este pe•
queño parisiense. Y no es que
él esté tr·ste, 111 contrario, se
di7iti·te mucho; las formas,
los colores y los movimientos
le at;-aen: comprende y siente
demasiado; SI\ fatiga.
En el mes -de Julio, su ma•
dre lo llevó. mil&amp; pálido y enflaquecido, á un rioconcito de
la Suiza, en un valle tibio donde habla. yerba y vacas. Vela,
extasiado, las hermosas vacas,
cuya e@pumosa leche bebls, y
la llromática yerba que compo•
nia esa leche; todo ésto era un
delicioso espectáculo.
Ese reposo en el seno de ·
la tranquila y dulce nodri•

z&amp; duró tres meaes, tres meses llenos de imágenes ri~ueña11, y en 1011 que se s11boreó mucho pan moreno.
Y, en lOd primeros dias de O~tubre, vi volver un Pe•
drlto nuevo, regenerado; un Pedrito b~uñldo, dorado,
cocido,. casi mofl~tudo, las manos negras, la voz gruesa, la r1sa estrep1rosa....
.
-Mirad cuán inconoc1ble estfl mi Pc1dro,-dice la
ma&lt;ire con regocijo; -tiene los colores de un mut'leco
de á. veintinueve 11ueldosl
Pero .... no dnr1tn mucho estos coloree. Bebé pali•
dec-,, tórnase nervioso, delicado, tieue sensibilldad-,s

f'Xtraordinllrlamente rf'finadas Paria recobra PU in•
fluencia: es decir. el P,uis espiritual que no está en
ninguna p,ute y que e~tá en todo. el P&amp;ría QUl'I in~pira .,¡ g-usto y el ingenio, que turb,, y que obliga á
discurrir aun cuando Pe es peq 11, ñri He aquí á Pedro
palidE'ciPndo de nuevo y enrojeciendo á la vista de
las estampae.

cuyc forraje hecho de virutas remeda un cono, exclamó: Pin! Plu 1

•*•

Esto fué. para su madre, una revelación. J amis habrla ella encontrado el parecido Y, sin embargo, un
árbol verde, en form'l. de cono. con un tronco recto
es c!~rtamente, un 11.beto. PE'ro preciso era que Pedr¿
lo d1Jese pua qui, ella lo comprendiera -¡Au¡z-elito! ..
~ lo abrazó tan ful'lrte, que el aprisco vino abajo en
sus tres cuutas partes.
8lu embargo, Pedro descubrió en
los á.rbole~ de la csj11, un gran parPcldo con otros arboles que hablll
visto allá, entr~ la yerba e@pes&amp; y e!
l\ire fresco. Y ve!~ otras cosas que
su mamá no vela. Todos ePtos peda.cillos de madera plnt11rrajead1t ha•
rlanle evocar imágeneR tierna~. Dó·
, bido á elloP, volvla á vivir en la naturaleza alpina, y Rtt PPntl&amp; por
· ~etunda vl'z en aquella Suiza que
lo habla alimentado l!'enero~Amente ... . Entonces las idt-as se li,2'aron
una!! con otras. pf'mó en com'!r y
exclamó-Leche! Pan!
·
Y comió con toda 111 satisfacción
de un apetito despierto. y cenó en
, 1&amp; noche como habla almorzado en
.
la mañana Al otro dfa, de nuevo
Plnt1ó hambre á. la vista del aprisco. ¡Lo que es tener
imaginación!. .....
Quince días después, era PAdrito un robusto chicueln ....Su madre estaba radiante y decía:
-¡Mir11d qui\ colores. un verdadero muiieco de á
trece sueldos! Es Al aprisco de ese pobre M X ....•
el que ha hecho eeto.
ANATOLE FRAJ)IOID,

•

* •

Hacia fines de Diciembre, lo encontré nervioso. con
los dc1s e1.Lorwe11 y l11s maw·citas enfl&amp;c.¡Ut'cidas. Dor·
mi&amp; mal y habla ctirrado la b.ic11 á. todo alimento. El
medico dt-cl11:
- -Nada t1eue; hacedle comi,rl
Pero ¿cuál11s 1:ran 1011 medio~? Su pobre madre lo
babia eusayado todo, y nad&amp; babia cou11eguido. Ella
llor&amp;b&amp; y Pedro no comla.
La noche de Navidad lleváronlc1 po1ichinelae, caball'&gt;s, soldados, todo E'n gran número. Y á II\ m11ña1.1a siguiente. delante d!! 111. chim&lt;1ut111. envuelta en el pei1.ll\dor, 1&amp;11 m11.no~ c,tldKs, la ml\dre miraba con desconfianza todK11 estas fi:curillae gesticulantes.
.Esto va á t-xcitarlo! se dijo al tm. Es demasiado
Y, su&amp;ve0111ute, para no ae,pertar á Pedro, tomó en
sus brazos al polichlnela-qut1 tt&gt;nl&amp; un aire perverso
-á loa soldado~, á quleue. t11mll\. creyéndolos muy
capar.es d11 a.rrai,uar A su hijo á l11s batallas, al mibmo
caballo pacifico ¡,intotdo de rojo, y aal. caminando sobre l&amp; puuta de loe piéd, lué á esconder estos juguetes en uo armarlo. No dt&gt;jó en la cbiminea l!ino 1&amp;
caja de madera blanca, rega10 de un pobrA hombre:
un aprisco de tr11inta y uueve sueldo11 Después la
colocó ddante del pequeño lecho y quedóse mirando
dormirá su 11iño Como wujer que era. hlzola reir el
airecillo de fraude que su 1&gt;ue11&amp; acción teul&amp;. pero,
mir11ndo los párpados azulados del bebé dd nuevo
pensó.-iE-1 horrible que no se pueda hacer comerá
este niñol
Apéoas se le hubo vestido, Pedrito abrió la caja y
vló los borregos, las vacas, los caballos, los árboles,
unos ár &gt;oles rizados ...... Más que un &amp;prisco era,
hablando propiKmente, uu&amp; granja. V1ó el labrador y
su mujer, el 111.brador con un&amp; hoz en l&amp; mano. la mujer con un rastrillo. Los dos yendo al prado á cortl\r
heno. por mh que no p&gt;1rec1eee que caminaban. La
mujer con un stmbrero de paja y un vestido rojo. Pedro le daba mil besos, y ella le pintorre11ba las mejillas Vió tm1bién !a c11.s&amp;, pequdi-. y tan baja, que la
mujer no habrili cabido en ella. puesta de pié pero
est11. caa&amp; ienia un&amp; puerta y por ella pudo Pedro reconocerla como una casa.
¿Cómo estas figur11s pintadas tomaron forma real
11nte la mir11.da fria é inconsciente de un niño? No se
a11be, pero fué como uu&amp; magia Loa apretó con sus
pequE'ñ JB polios, y después los extendió sobre la mesita llamándnlos por su nombre con un acento ap&amp;·
sionado: DadAI Tutti! Mumeel Y tomando uno de estos extraños Arbole!! verde!!, de tronco liso y 1·ecto,

,,

lJ

MARGARITA.
M~rgar!ta es una vieja amiga, eternamente joven,
á qu111u siempre volvemos á vn con alegria. Tiene
parll Luestr&amp; mPmoria el atractivo de l&amp;s mujeres con
quien tuvimos la• primer1ts aventuras amorosas La
recordamos como recuerda el e~tud1ante á la muchacha por cuyos lindos ojos t!Alla á escon.did11s de su
cel~a, atravt&gt;_aab;1 el cl&amp;Udtro del colegio .Y aaltab.1 las
tapias á media noche. Por ella le reprendió cien veces el prefecto, y el ·ector le llamó aparte para decirle uu tremendo sermon ·
.
De e@&amp; manera leimos ó más bien. dA es&amp; m&amp;qera
amamos á la '_'Dama de la~ Camelias." Era para nosotroR de esos libros que se escondt&gt;n deb11jo de la almoh11d&amp; y que se leet. á hurtadillas, levantándose
temprano para aprovechar Id horas eu que todavía
duermen los dl'más ó robándose un cabo de estearina para encenderlo á media noche.
·
Una gran dllm!l del siglo XV[CI decla al toml\r una fresa.: ''.lástima que no sea pecado!" Pues
bien. !&amp; "Dama de las 1.Jameli11s" tuvo para nosotros
el atractivo incitotnte del pt&gt;cado. Nos 'decian que era
inmoral, muy inmor11I y francamenie á. mi también me
p.ireció Ahora. después d11 haber recorrido la novela
moderna, ese boulevard lleno de SKfos y de Nanáa
por el que debiera pasar de cuando en cul\udo el prefecto de policla. merlo de mi candor. Ya hemos atravesado 61!6 Cerámico de la moderna Atenis, de brazo
de Guy de Maupassant, v con
los Goncourt, con Paul Bourget. Nosotros calentamos nuestra juventud en fuego menos
ardiente. l\uestro poeta favorito, el pobre l\In@set, parece
ahora un seminarista enamo1 ado. La poeFia de Richepin,
cruzada por bacantes desmelenad&amp;&amp;, trae á la memoria el
culto !alaco ó aquel pa$aje ·en
que Cátulo de11crlbe una de
l11s fiestas lupercales. "Los
compañeros del dios ebrios de
santo delirio corren por todAs
partee cantantlo 1Evocl ¡Evocl
, r.!A-XUIDL GUTIÉRREZ

NÁJlllRA,

�Domingo 11 de Septiembre de 189i:s

~-

~,.-a;:;:_~i

La vasta y magnífica posesesión rural en que
paso ahora con mi esposa y mis hijos las temporadas veraniegas, no fué construida por mí n_i por
mis antepasados. Yo en mís primeros afl.os no fui
más que un pelagatos, sabio eso sí, t~n sabio que
causaba el asombro de mis condiscípulos y profesores, pero sin una peseta ni de donde tomal'!a.
.Así es que cuando supe que el rico banquerci
Fourbes me había escogido para profesor de sus
hijos, la alegría más grande me embargó el corazón, y me propuse llenar cumplidamente mis
deberes para no perder la buena pensión que por
mi trabaJo se me había sefl.alado.
.
Los hijos de Fourbes eran dos: un mocetón de
veinte años á quien faltaba solamente perfeccionarlo en las matemáticas, el griego y el inglés, y
una niña de trece, bella como un ensueilo y con
tanto talento como belleza, á la cual debía enseilar todos los ramos de instrucción superior compatibles con su sexo.
En breve tiempo me capté la estimación de toda la familia, y casi sin saber cómo, el amor de mi discípula, á
la que yo también amaba tan profundamente que ella fué y ha sido mi primero y mi único amor, causa de todas
mis pasajeras pero dolorosas de~gracias y demilarga y duradera felicidad.
Una mailana de Abril en que el cielo estaba muy azul y el ambiente tibio
y apacible, el se:fl.or Fourbesme llamó
á. su despacho, cerró con llave la puerta, se sentó, me invitó á hacer lo mismo y me dijo con voz afectuosa:
-Tengo un capital de cinco millones perfectamente colocado de manera que no corre peligro de perderse:
¿Lo sabía usted?
-No, seilor. Sabía que era usted
muy rico pero no conocía el monto de
sus riquezas.
-No le debo nada á nadie; y á. mi
muerte, ó antes si toman estado, este
capital pasará integro á las manos de
mis hijos.
El se:fl.or Fourbes hizo una pausa y
me miró fijamente. Como yo no contestara, él ailadió:
-Lo digo porque he notado que usted y mi hija se aman y como faltan
pocos meses para que cumpla su mayor
edad, no quiero que cegados por el
amor vayan i\ cometer una locura.
Debí habennc puesto muy pálido y
debió expresar de tal modo mi cara
las agonías de mi corazón, que él dulcificando la voz continuó:
-No, si nunca los creí á ustedes
capaces de casarse en contra de mi
voluntad, pero ....
-Pero usted se opone ¿no es así?
-Oponerme de un modo absoluto,
no, pero quiero imponerles á ambos
ciertas condiciones con las cuales ella
está ya de acuerdo como lo va usted
A oír de su boca.
Abrió la puerta, llamó á su hija que
vino muy pálida y que me sonrió al
verme, como con el fin de darme áni•
mo en el difícil trance porque estabamos pasando.
-He dicho á Emilia, prosiguió el
hanquero, que desde hace más de dos
a:fl.os descubrí que ustedes se amaban

v he venido observando constantemente la con• piensa que eso será dentro de cinco ailos y te fiducta de usted que me ha parecido la de un jo- ja ese plazo ¿Estas conforme?
Tan d1screta, tan carifl.osa, tan noble proposiven honrado, respetuoso y sincero. Sus antecedentes de fomilia 1 su gran talento y rara instruc- ción halló en mi la acogida que era de esperarción hacen de usted un yerno tal, que se necesitaría se, ofrecí hacer prodigios para labrarme una posición, recogí de Amelia el juramento de que me
ser muy exigente para desear cosa mejor.
Yo sentí que el corazón se me ensanchaba; fijé sería fiel, y con ese juramento y con la bendición
los ojos en Emilia. que de pié frente á. nosott·os y de mi futuro suegro emprendí un viaje á Bélgica
sin atreverse á levantar los ojos del suelo jugnba dende se había abierto un concurso para los incon los pliegues de su falda de seda. El se:fl.or genieros que quisieran presentar proyectos para
un puente que debía unir dos poblaciones qu~ esFourbes continuó:
-Pero no tiene usted una peseta y no quiero taban separadas por \1.n río.
De los treinta y cuatro planos que se presenque la sociedad, ni Emilia, ni uated mismo, puedan algún día atribuirá cuestión de intereses pe- taron ninguno superaba al mío, ni lo igualaba sicuniarios el enlace de ustedes, améo del p11pel de quiera, por la brillantez y novedad del pensainferioridad que guardalÍa usted en la casa por- miento, y sobre todo, porque descllnsabaen principios científicos que por primera vez se aplicaque así pasa. en el mundo de~graciadamente.
-Entonces el matrimonio es imposible .... di- ban á esa clase de construcciones y que yo llamé
ce usted muy bien, imposible, exclamé yo baila- de suspensión aerea. Sin embargo, con gran nsomdo en lágrim&amp;s, en tanto que Emilia, llorosa tam- bro de los sabios y de la prensa que se habían
bién, avanzaba para decirme:
vuelto lenguas en favor de mi proyecto, este fué
-No Juan, no, y haces mal en desconfiar así desechado y se aprobó el presentado por un yerdel porvenir: ya me dijo papá que eres un sabio, no de la prima del Ministro de obras públicas.
que con tu ciencia puedes labrarte en corto Sólo que se le hizo una ligera modificación camtiempo una fortuna aunque sea modesta y que biándole la 1 bases de sustentación por otras de
tan pronto ~omo la tengas nos casar.:mos. Papá -suspensión aerea copiadas Ji.e mi plano. Es decir
se me robaba inicuamente.
'
Comprendiendo la inutilidad de una
lucha con quien tan poderosos apoyos tenía, emprendí un viaje á Holanda donde se proyectaban gran des obras
hidráulicas por cuenta del Gobierno y
allí no fui más afortunado.
Ioútil seria describir como recorrí
todas las principales ciudades de Europa pregonando mis conocimientos:
los sabios me trataban de loco, los
necios, de mentecato, y pasaron tres
a:fl.os de los cinco de plazo, sin que hubiera conseguido más que mermar de
un modo lamentable, los reducidos
fondos con que emprendí lleno de ilusiones mi viaje en busca de fortuna.
Tocaban estos á su f:n, y estaba yo en
Espafla, cuando llegó por casualidad
á mis manos un periódico en que aparecía la convocatoria del primer Lord
del .Almirantazgo del Reino Unido, en
que ofrecía un premio de veinte mil li
bras esterlinas al que descubriera el
más mínimo error en las tablas de logaritmos que acababa de publicar.
Al leer este aviso me dió un vuelco
el corazón, corrí á !? omprar el libro y
me puse á verificar todas sus operaciones, hallando al fin (¡oh alegría! solo á
la de una resurrección comparable)
que el tal error existía, cl!iro, perceptible, comprobado, innegable, en la
operación 1015 dela tabla XXV.
En el acto emprendí lleno de alegría el viaje á Londres y acudí sin
tardanza en solicitud del primer Lorcl ·
del .Almirantazgo; pero ponerse al habla con tan encumbrndo personaje era.
mucho más difícil de lo que yo creía,
y en vano gasté días y meses en las
antesalas c:Jel palacio sin haber conseguido conocer siquiera al ayuda de Cámara de Su Excelencia.
Diversas cartas escribí sin obtener
resultado alguno y acudí por último á
un periodista que puso un comunicado
en el Times anunciando mi descubrimiento. Como consecuencia la .Academia Real de Ciencias Exactas, declaró
oficialmente que solamente un ignorante ó un loco podía suponer que existiera error alguno en el incomparable
trabajo del primer Lord, y que no me-

EL MUNDO.

2!1

un lecho para mí, y sillones para los médiéos que dia y noche deberían vigilarme
y tomar nota de los cambios que fuere yo sufriendo con el método de alimentación á que se me sujetaba. Tenía yo permiso para ieer, escribir, pasear por el
jardín (siP-mpre acompañado de los médicos) y tomar al día hasta cuatro tarros
de cerveza blanca ó negra, á mi elección.
Poca concurrencia asistió a presenciar mis primeras comidas; pero desde que
transcurrió una semana, y la preusa hizo saber por medio de los boletines de los médicos, el cambio que se operaba en mi salud, las localidades eran pocas para la muchedumbre que las solicitaba pagá.ndolas
al posadero á precios fabnlosos. Yo ya me habfaacostumbrado á co~er
en presencia de la multitud mi pichón asado que uno de los médicos
descarnaba cuidadosamente no dejando más que los huesos
limpios en el plato y dándome todo lo demás con ejemplar
paciencia. DP, tie upo en tiempo se detenfa, me tomaba el
pulso, me observaba la conjuntiva y continuaba impasible
alimentAndome hasta trasladar á mi estómago la última
partícula de pichón que había en el pli.to.
Desde el día vigésimo quinto do la experiencia, mis comidas empezaron á presentar inusitado interés para la concurrencia; las primeras filas eran ocupadas por rubias .Misses
que me contemplaban i;in ces11r, y todo el resto del salón, y
la posada entera, y la calle misma, se llenaban de curiosos.
Cada comida era para mí un verdadero tormento de increíble intensidad y la sola vista del plato en que traían el pichón, me ocasionaba sacudidas r:t,rviosas. Para poder tragar
los bocados, necesitaba yo taparme las narices (tanto así
me repugnaba el olor del manjar maldito) y á fin de contener las náuseas que me provocaba, el Doctor hacía que me
pusieran con frecuencia en la cabeza y sobre el estómago,
lienzos empapados con agua helada.
Cuando llegó el último día de la prueba yo ya no era un
;~~.~
. !j
hombre, sino una espec;e de harapo sucio botado scbre aquel
lecho testigo de mis más crueles torturas, pues hacía cuatro
., !
días
que ni para comer me podía levantar. Había perdido el
¡
,. -~l
habla, respiraba difícilmente, una fiebre nerviosa me produ:r t ~
)
cía frecuentes convulsiones y hasta la i,nergía que hasta allí
~¡.;·
me había acompaile.do, empezaba á ser susbtituida por una
atonía imbécil.
El postrer pichón que me correspondía engullir tardó cinco
horas en ser comido, y qué tales y tan desgarradores serían mis sufrimientos, 'lUe cuando apenas había llegado á la
mitad, una ola de compasión invadió la sala y los concurrentes todos IJorando amenazaban á los médicos con los pu:fl.os cerrados y gritaban: ya no ... ya no más ... esto es inícuo!!
Sin embargo, seguí comiendo, y á las 11 h. 24 m. 15 s. p.
r ecia mi insinuación ni los honores de ser discu-Entónces le es á. usted indiferen- m. según observó cuidado,amente en su cronómetro el Setida.
te cualquier género de muerte.
cretario de la Real .Asociación, tragué el último bocado.
.A la sazón se me habían ag.otado enteramtnte
-Ab:1olutamente indiferente.
La sa!t1, la posada, la calle, el barrio, la ciudad entera
JoR fondos hasta el extremo de no tener ni con
-En ese caso estamos salvados. Se- estallaron entonces en un hurra formidable, la música mique pagar los gastos de mi mantención y aloja- pa usted que la Real Asociación de litar lanzó al aire las notas marciales del Good save the
miento en la posada del Cnei-no de Oro que era estudios fisiológicos tiene ofrecida una qucen y quedé convertido en el héroe del día.
donde yo vivia.
prima de quince mil libras al que duDesde ese momento, las más diHinguidas personalidades
Entonces tomé la dolorosa resolución de suici- rante treinta días coma pichones por de la ~orte se disputaban el honor de estrechar mi mano y todarme; y para el efecto, metí á escondidas en mi único alimento, siendo tres pichones dos querían llevarme á sus salones y presentarme á su famicuarto cuanto carbón pude, tapé cuidadosamente
por día el mínimo de los que deba co• lia y amigos; mi primera visita fué para la Reina y su grael cal1óh de la chiminea, escribí á Emilia y á su roer.
ciosa Majestad llevó su benevolencia al extremo de felicitarpadre n.na despedida patética, y cubriendo todas
Yo creí que se había vuelto loco el me y darme á besar su real mano.
las j11nturas é intersticios de las puertas que pu- posadero, pero habiendo salido de mi
.A los pocos meses, no sin haber antes demostrado en una
díeran dar paso al aire, encendí el fuego y me aposento por breves instantes, trajo el de mis vi,itas al Lord del Almirantazgo el error de sus Taacosté en mi lecho, dispuesto á perecer asfixiado. periódico en que se ofrecía la prima, blas de Logaritmos (cobrándole por su¡:mesto la apuesta) saPero no contaba yo con la curriosid:1d impla• , y hube de ceier á In evidencia.
lí de Londres con dirección á París. Por fortuna en la posacable de los posaderos. El del Citerno de Oro tan
-Dos han muerto en la prueba co- da del Cuerno de Oro me había yo inscrito con nowbre
pronto como le di mi carta para ponerla en el bu- mo envenenados y otros la han abany ni mi suegra ni mi novia supieron entonces ni
zón la abrió para enterarse de su contenido, y donado más ó menos cerca del fin, me supuesto
después que el origen de la fortuna con que volví, fué el preenfureciéndose como 110 energúmeno, volvió, informó el posadero, así es que si us- mio de los pichones.
echó la puerta abajo, abrió las ventanas y me hi- · t~d se atreve, n0 tiene más que dejarzo volverá la vida, cuando apenas empezaba mi me hacer y saldrá de aquí muerto ó
espíritu á. penetrar por las antecámaras del sue- rico con gran honra para mi posada.
f!.o que jamás termina.
Le dejé obrar como quisiera y en el
-¡Ladrón, decía empuilando un cuchillo enor- acto me cambió al más lujoso deparme de cocina; ladrón que no contento con robar- tamento del edificio. en el cual habfa
me llevandóselo á la eternidad el pupilaje de una un salón que bien podía. contener tressemana, quería deshonrar mi posad11 suicidá.ndo· cientas personas; acudió á la R eal Asociación dándole aviso de haber u11 nuese en ella!
Y blandía el cuchillo con ademán tan amena- vo candidato y proponiéndole El Citer·
zador que yo quedé contentísimo al ver que siem- no de Oro para lugar de los experimenpre mi fin estaba seguro aunque con diferente tos.
En ese mismo día vinieron á visita'!'género de muerte.
Pero pasado el primer arrebato de fu.ror entró me tres empingorotados personajes de
conmigo ert explicaciones con el afan de ver si caras escuá.lidas, vientres ricos, patipodía ponerme en posesión de pagarle lo que le llas rubias y lacias, ojos grandeo, az11les y sin expresión, labios delgados y
debía.
-Ya ví por 111 carta que sabe usted mucho,pe- manos como disciplinas. Venían sus
Seilorías acompafiados de un médico
ro ¿qué es lo que eabtl usted?
-Lenguas muertas y vivas, astronomía, medi- q!te gozaba gran fama e11 las tres Iscina, inginieria en todos sus ramos, historia natu• las del Reino Unido y que me reconoció escrupulosamente, declarando en
ral, filosofía, fisiología, psicología ..... .
-Nada de eso vale nada ¿no tiene usted algún seguida que gozaba yo de una excelente s1dud.
oficio?
.
Contesté avergonzado que no y el hombre queSe seilaló el domingo siguiente (esYo también he procurado olvidarle: pero muchas veces
dó pensativo por largo rato.
to pasaba un jneves) para empezar la rodeado_ de mi esposa Y_ mis hijos, entre las comodidades que
-Ya le tengo, exclamó de pronto, dándose una experiencia y se procedió inmediata- pro_porc1ona la opolunc1a, al abrigo de estas mis vastas popalmada en la frente; ya tengo mi dinero.
mente á preparar la calla, convirtien- sesiones en que yaso las temporadas veraniegas, pienso con
-Usted estaba bien resuelto á. morir, me dijo, do el salón en una especie de teatro con honda melancolia cuán poco me sirvió ser sabio para conse¿no es verdad?
asientos y galerías para los espectado- guir todo esto.
-Enteramente resuelto.
res: en el fondo se coloco una mesa y
ALEJANDRO D m IÁS,

�DomtnitC' 11 de Septiembre de 11$98

EL MUNDO

2l2

DESDE MI VENTANA.
¡Qué triste es ese wa!sl Suena lejano,
de~fallecido, lento;
surge, fresco y sonoro, d.el piano
v derrama en la clAmide del viento
'Fus notas ue cristal -viva,s y aladás,
que llegan. como aves fat·gadas,
.. n bUPca de un asilo á mi 11po~ento.
La calhi está. desierta;
la luna blanca. y el ínbiente puro,
dormida 111 ciudad, y en lo distante,
rntre penumbras la ventana abierta,
como una maucha roja y fulgurante
en la medrosa obscuridad dt,I muro.
Hay Psplendores rAp;dos: cbi~pea
en medio de las ~ombraR m1ster1osas,
una linea de plata qJe blanquea
los inciertos contornos de 111s cosas.
En el confin r .. moto centellea
la cúpula det templo, erguida y alta.,
y tras la curva rlgida del moute.
una ePrena claridad esmalta
la pa1idez azul d1d hori~onte.
¡Qué triste f'S Pose w 1ls! Y con qué anhelo
escucho su ·cadencia fugitiva
mientras se pone mi alma pensativa
á contemplar el cielo.
Me hundo P.n un mar dP. sueños imposibles,
olvido el libro que en la wesa abierto
me convida. al e,;tudio,
·
v oigo h.rmonlas, dulces y anlacibles,
cual ~i tocasen harpas invisibles
un cPlestial prdudio
Besos que estdlan y el aire espiran;
nlas que tiemblan y el foll~je rozan;
oid; son mis recuerdos que Ru8pinn;
oid; son mis tri.t~zas que sollozan
J,!Re es el mismo wals que nos decla:
"El nlma en primavera tit,ne efluvios
que no tornan, amaos todavía;
Ja dicha pasa y el do lor agovía" .........
y yo bPsaba los cabellos rubios
y los ojos asules de mi 1,ovia....... ..
Lurs G. URBINA,

DE "AClJA.RELA.S"
Sobre la sierra. henchida de mistico sosiego,
se levantó la luna, cual circulo de plati;
y hacia el oca~o, tinto de vívidn escarlata,
un nubarrón difunde su resplaL&lt;dor de fuego.

ASUNCION SAURI.
Chonita, como se la llama citrillosamente en el
mundo del arte, aunque penetra apenas en la
senda florida de la juventud, ha pasado ya por
el templo de la gloria.
Vestía corto cuando vino A México y S3 iru.cribió como alumna del Conservatorio Nacional de

DomiBgo 11 de Septiembre de 1898

Muy lejos. en la cuesta de la húmeda cañadaÍ
en donde el blanco e~plende de la tranquila a dea,
la esquila de la iglesia, que mi~a al sol, voltea,
y vibra en el ambiente su limpia campanada,
Es la oración: Al cielo los refulgentes ojos,
y en medio á la ll"nura. sómbria y sol_itaria,
como una mariposa, palpita la p)egar\a
d.e la pastora núbil entre los labios roJOS,
En torno de ella, blanco, como plumón de nieve,
y bajo el trhte cielo, de sin Igual pureza,
dormita ya el !'ebaño. doblando su cabezi..
y hundioo en Jo., ¡;ramales, cowo en alfvmbra leve.
La racha del invierno, quA el fértil valle airea,
pasa, rizando apt'nas el vellón fiel ganado,
y clama la pastora, los ojos al poblado._
"¡fPlices los que duermPn en la tranquila aldea! 11
México, Aggsto dt1 1898.
JOSÉ BECBRRA,

A una artista.
Cuando tocan el lienzo tus pinceles,
Dignos hi1os de Apeles,
Quisiera ser el vago colorido
Que fijas en el lienzo á tu pintura,
Poi copiar tu hermosura
Y con ella quedar ah! prendido.
Cuando pasas tu vista por las flores
Y 11dmiras sus colores,
Quisiera ser la luz que rebervera
'lonos en lirios y botone~ rojos,
Para besar tus o¡os
En un beso dejando el alma entera.
Cuando lees y vuelves dePcuidada
Tu angélica mirada
Al cielo azul. un Atomo disperso
c.¿uisiera ser flotando al infinito,
O el magistral escrito
Que en tu cerebro vibra verso á verso.
S11r sol para dorar tu cabellera;
Aura de primavera
Para besar tu mórbida garganta;
O cuando el alma con amor se inspira.
Al eco de mi lira,
Humilde vate que te adora y canta.

213

EL MUNDO

COSAS BLANCAS.
Y las pál'das notas que gemian
sollozaudo morian;
.
y otras notaP des pues cual las pruneras
1,us alas ateridas entreabriendo,
eran besos de tibias prim~':eras,
caricias de esperanzas prisioneras .
que quierPn luz, y que st1 están muriendo.
Adios .... adios ..... en su dolor decian,
y Juego se morlan,
y mi t,Bpíricu enfermo y abatido,
se arroJaba llorando en el pasado,
por el war sin ribdras del olvido._
sintiPndo sueños que ya habla sonado,
al ver abrirse el misterioso nido
de aquel amor ideal que habla cantado.
Entre tanto su mano
ju o-aba con las teclas del piano,
y ~I escuchar, tal vez, e, alma mia
me dijo en esds notas desmayadaF, .
los sui:ños que al. pensar e~ mi seuua.
y también al besarla mis miradas.
y el p;auo ensordeció; y á. su ventana
me acerqué tt1meroso
.
.
y la mire y le hablé ..... .lanzo un sollozo,
i,U ro&amp;tro blanco se tiñó de grana,
y sus ojos miré con tal f1jt1za,
que ella bajando la impt1ria_l cabeza
cQn voz apasionada mil decia:
yo también te querla,
y tambiéu como tú, tenia tr!steza.
Y tuve que partir . ... vol".ió l'U mano
á. jugar con las tPclas del piano,
mas ya en sus notllS trémulas decla
algo tan dulct&gt;, celestial y suave,
que t11.n solo mi esplritu sahia
y que su alma, la hei:mana d_e la mia
cuando delira y suena también sabe.
MIGUEL

E. PllREYRA.

Es una fortuna pnra u n ioven que su padre sea hom•
bre célebre· pero es más raro y satisfactorio para un
hombre cél~bre que su hijo valga más que él.

..

*

*

Literatura.-Un arte del que la democracia hace
un oficio.
BERGERAT.

HERIBERTO AGUIRRE Y FJERRO.

¡POR UN MARIDO!
NOVELA. ORIGINAL DE MA.RC DE CH.A.NDFLAIX-ILUSTRACIONES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES.
Versión española de "El Mundo Ilustrado"

Número 11
Oh! si Juan se arrojara sobre ella! si la apreta- lo creo y los móviles secretos que me impulsaban
Ta entre sus brazos pidiéndole perdón ¿lo recha- se me aparecen con mAs claridad aun que á usted
zaría? ¿no se secarían muy pronto esas lágrimas, .... ya ve usted que no puedo llevar mAs lejos
esas lágrimas de despecho y de ira que mAs bien mi franqueza y que estoy resuelta á no volver á
eran del pensamiento que no del sentimiento?
ver á usted nunca mAs .... Si estuviera en mi caHizo ademAn de arrodillarse y avanzaba ya sa le suplicaría á usted que saliera, pero como
sus m anos conmovidas y trémulas para separar estoy en la de usted, no me queda más que el
del r ostro de la joven los dedos afilados y blan- recurso de retirarme yo. ¿Quiere usted facilitar•
cos con que se cubría los ojos, cuando el Doctor, me los medios para que lo baga?
en quien ninguno de los dos se fijaba desde ba-Nelly: se lo suplico á usted no me abrume.
cía rato y que sin decir palabra había con mano Es imposible que nos separemos así. . Ya reflexio•
hábil y l igera terminado la curación, se levantó nará usted con calma y será más jus·a, y comy a partó bruscamente al Comandanie.
prender¡\ mis temore1,, mis vacilaciones mismas
-Déjela usted, le dijo con autoridad: aléjese que no nacen sino del amor.
un momento .... 6 permanezca aquí si quiere, peElla le intern.mpió con arrebato.
ro en la s0m bra, de modo que ella no vea á us-Miente usted! No es el amor el que le liga
ted d esde lut&gt;go al volver en sí..
conmigo, &amp;ino la c~mplicidad -de una falta, cuyo
Y como Juan se resistier11, 11iladió:
peso es demasiado para usted . . .. Sea, asumo la.
- ¿No ve usted que está desmayada?
responsabilidad completa. Equivoqué el call)ino
P or u n sentimiento de celos, Juan que no habría y sabré &amp;oportar con entereza las consecuencias
querido que Lerbon pusiera la!! manos sobre la de mi error.
joven, exclamó:
Luego, cambiando de tono y dulcifi,.fmdose:
-Dígame usted lo que h11y
que ha &lt;;er y yo la cuidaré.
- No hay que hacer nada: es
joven y vigorosa y pronto sin
aux ilio alguno, recobrará lod
sentidos.
- ;,Y la herida?
~
s .,
•'
.
-Eso tampoco es de cuida.;&gt;,-,_ . h\~1 ~.. ~
·,.~k~'l •·f'-..,\~
\
d o: un a r ai'l.azo como ella mis_;,:_;,,\' ·ii_.
~..,__¡,..,:..,..:.\.. ~,¡t..,..~.......-;.
ma dijo y que tiene todas las
• l;". ·,, . . ~\o . ·., .· -~
trazas de habt:r sido hecho exprofeiio y por su propia mano.
- P or BU propia mano, una
herida en el pié, y ccn qué

~--

fin?

sición pecuniaria, sólo luce sus habilidades artísticas, 6. gratuitamente 6 cuando los productos
son para obras de beneficencia.
En su trato familiar, Chonita es afable, jovial,
hacendosa y de gustos inocentes y sencillos: toca
el piano con perfección y canta de un modo delicioso y expresivo, de preferencia, las canciones
regionales: couplets franceses, baladas escocesas,
canzonetas napolitanas, ma lagueflas y peteneras
espaflolas y danzas cubanas.
Todo con naturalidad encantadora, como para
divertirse y divertir A los que la oyen, sintiendo
y haciendo sentir.
Música, en cuyo plal'Cuando toma. el violín es otra cosa; cesa de reír
tel hi-zo con gran a pro• porque va á oficiar, y se pone de pié con el cuervechamiento el estu- po erguido y la frente alta como una inspirada.
dio de las materias que El violín y el arco en ·sus manos, no parecen oballí se cursan, distin- jetos inanimados, sino complemento de su persoguiéndose en los ins• na, algo que vive y palpita con ella, por ella y
trumentos de cuerda para ella, algo sobrenatural de donde irradfo
y muy especialmente una aureola.
en el violín. Como vioSe la oye con recogimiento y se la contempla
Jinista formó parte de en éxtasis: aquellos ojos grandes y claros parece
la orquesta del esta- que al través de los espAcios están IJ?irando algo
blecimiento, y cuando del mundo de los ensueflos; y que de allA, de
se dieron., hace cinco muy lejos, donde viven las alm!tas de los niños
6 seis aflos, los gran- que se fueron, y donde flotan los besos de los
des conciertos d. e 1 amores inmortales y las lágrimas de los d0lores
Teatro Nacional, se supremos, de allá vienen esas notas, esos ayes,
dió á conocer como esas risas, esas harmonías que pasan del arco al
solista al público me- violín, y que impresionan profundamente á la
xicano, que la aplau•
artista.
dió con frenesí. La
Ahora, Chonita que regresó hace poco tiempo
prensa desde entonces
dijo que la Srita. Sau- de Paris, se ha dedicado ,\ la en leflanza de su
arte, y abrió en Mérida una aca&lt;lemia con el con•
ri no era ya uoa esperanza del arte sino arrecurso de los más notables músicos de la capit'll
batadora realidad.
yuca
teca.
Apenas terminados aquí sus estudios, Chon~ta
De desearse es que los discípulos alcancen el
hizo un viaje triunfal A Europa, donde recibió
leccíones de los mejores maestro3, y aun tocó, méri,o artístico de la joven profesora.
acompaflada de algunos de ellos, en audiciones
particulares y públicas, pero nunca en funciones
de paga, pues como goza de una d·e sabogada po-

-------•--------

-¡Qué sé yo! contestó secamente Lerbon.
,-,.? . .
Luego, como si estuviera
~-\F r- z,- ~t.,,"'·.
muy tranquilo, él que ,icabiiba
, ~..,P·-), ,
de pasar por tan dura prueba,
\.i' ' -,1_;¡ 'l'; ·-( ---.
v iendo destruidas para siem. &lt;', •,t."''1~{~
/1~:~ \_
pre sus espen,nz11s 1 y como si
hallara placer en deslizar nuevat1 dudas en el espíri tu del
Coma ndante, agrel!"ó:
- ¿Quién sabe? l'al vez para h acerse interesante. ... pero
seguramente no tardará en
decírnoslo ell11 misma.
Ju an se encogió de h0mbMs
y fu é á sentarse del lado por
d ond e estaba la cabeza de Nelly, lejos de ella; con las ma- ·
nos apoyad11s en l11s rodil lAs,
inmóvil y sin ap11rtar sus 0jos
d el d iván, en tanto que el Doctor , grave y sereno, impartía
los a uxilios facultativos co11 el mismo ademán
con que lo habría hecho junto á la cama de un
h ospital.
A poco, NelJy abrió los 0jos y preguntó
- ¿Dónde está él?
L uego estrechando la mano al Doctor, pro•
siguió:
- Usted es bueno, Sei'l.or Lerbón yle vivo muy
ag r adecida. Pero ¿dónde está Juan? Quisiera verlo, porque aún me queda algo que decirle y
a hora estoy calmada, tranquila, no tema usted.
J u an se presentó y dijo '!onmovido:
- Perdóneme usted Nelly, olvide mis palabras . .. .. .
E lla ie interrumpió:
-No quiero ni puedo olvidArlas, y usted mismo
n o las olvidará jamAs. Observe usted que le creo
ca paz de volver otra vez dentro de tres meses á
ofrecerme su mano. En esta convicción, le adv ierto que tengo demasiado orgullo para aceptar
un marido de quien be perdido de antemano el
el a mor. Sí: yo quería en verdad un marido, pero
soy m ucho mAs exigente todavía de lo que usted se ha imaginado: quería ademas su amor yno
tenía en c,1mbio mAs que amor para darle. !llientr 11s usted se conservó persuadiéndome de que
me 11mqha un poco,)'º crrí,, y con toda sinceri&lt;1nd, qu~ awaba á u~Led igu;; l111e1,t1· . .Ahort1 ya no

•. " &lt;,{~'

::

bertad, pero aun no se apagaba su amor por tan
ta juventud y tanta hermosura de que hacía gala
Nelly y devoraba un dolor mezcla de remordí•
mientos. vergüenza y c'!los. Luego le invadía
cierto terror comprendiendo que ella tenía razón,
que habían concluido para sí las últimas ilusiones y entraba solo y abandonado al desierto de
la vejez.
Y daba vueltas alrededor de Nelly, triste, humillado, inclinada la cabeza, como un vencido,
demasiado conmovido y agitado para poder hablar.
Nelly frente al espPjo se ponía lentamer.te su
sombrero en la misma posición en que Juan la admiró el día que fueron ju11tos al banquete &lt;le Ambohimarina. Volvió la cabeza á tiempo que él levantaba los ojos y ambos cambiaron una mirada
profunda en la cual pareció brillarun relámpago
de amor, de arrepenLimiento. de reconciliaciór.,
pero en el instante se apegó á la presenci!l de un
marino que entró y dijv:
-Lista la lancha, Comandate.
-Bien: contestó de Chalmont.
.
-;,Viene usted conmigo?
dijo NeJly al Doctor.
Lerbon que ya había dado
órdenes al criado para que
desembarcara todo su equipaje, ofreció el brazo á lit j&lt;&gt;ven.
Juan se acercó entonces ten•
diendo la mano.
- Nelly, dijo, perdóneme
usted sirealmente me ha am11 do como la be amado yo y
como la amaría siempre sin
la duda que me atenacea el
cor11zón. Hoy hemos hablado
b~jo el choque de eruocione3
violentas y hemos ido mús allá
de nuestros pensamientos; pero toda la amargura conte11ida PD 11uestros corazones ha
(~~~~ITTJ!i:zl
~~-;¿:-~ salido ya, y la franqueza y la
generosidad de usted me da11
para el porvenir esperanza,¡
buperiores á las pruebas m~s
palpitantes de amor que pudi&lt;..ra drecerme. Después de lo
":.;...
'--,~ .)
que me ha dicho usted no ten•
.. f~::-"''r"' -~,, ,.
.. , ,',
go derecho para hablar de es""
·- i.......~.-: ..
•
. - - '
- .
peranzc1~, Ps verdad, pero si
". :.-- ..¿-· '· -~ ;_• .... ·-...
.
drjaruos al tiempo el cuidadv
.
de calmarnos pod1 í unos entendernos mejor. Parto mafiana en la tarde. Autoríceme usted á escribirle y seré franco,
so lo juro, esperando que usted será franca también cuando me esciiba. Autoríceme usted también á ver-Perdóneme usted esta escen11, Comandante, la antes de mi partida.
y usted también Doctor querido; no conjuga con
Nelly q~e. estuvo á punto de contestar largami carActer y habría querido evitarla.
mente, vacilo y despué, decidiéodosc á estrechar
Por eso fué que después de haber oído la con ver7 la mano de Juan úejó caer solu estas palabras.
sación de ustedes fui al bailo y me herí el pié de
-¡Hasta la vista!
propósiLo y con cuidado de b11cerlo ligeramente
El día siguiente era el último que debü pasar
pues eso explicaría mi actitud, mi e~oción y daría en Mohelia el Colib1·l. A las cinco de la tarde Sú
un pretexto para irme á casa sin tardar. Nohabrfo embarcaría el Sultán, á l1ts once zarp11rían y al
dicho nada; habría dejado.partir el b~rco y luego :ponerse el sol del_otro día se quedarí11. en Anhabría escrito á usted que renunciaba al matri- . Jouan el rey destronado. Era probable; que Juan
monio por haber hecho otra elección, á Mr. To- no volvería nunca á Mohelia esta bla embalsamamAs Pool, por ejemplo, á quien me parece que da- que nunca le había parecido tan bella como al
no le soy indirerente. Pero esto era demasi11do contemplarla por última vez.
heroico y he sentido algún alivio explicándome
A lo lejos, sobre una colina, podfa distinguirse
con franqueza . Aqios..... Ya es usted libre otra nesde el barco, la vasta fábrica de llfr. Tomas Poovez; pero quedaré vengada (sin desearlo) porque le, sus inmensos plantíos de cafta de azúcar, de uu
no me olvidará usted nunca y sufrirá buscando v_erde claro y fresco, sus bosques profundos y u11
en va110 amor que le consuele.
r111chuelo argentado que venia á desembocar eu
Luego, tranquila en apariencia se inclinó, cal• el mar.
zó su pié con una pantufla que le trajo Lerbon y
¡Qué dicha podía alcaDzarse en esta isla tan
dió algunos pasos para ver si podía andar bien: lejos de las exig ~ncias mu:1 dana~, con N ell/ por
El Doctor preguntó:
·
compaftera, á ser posible romper de golpe con to•
-¿Me permite usted, Comandante, mandar bo• do un pasado, una educación, costumbres adq uü ¡.
tar la lancha?
das y gustos creados!
- Como ustedes gusten, contestó Juan seca¡Cuánto darí... Juitn por encontr~rse en lu,,..1r
0
mente.
del filósofo Tomás Pool.
En efecto, se sentía aliviado al recobrar la liSí: la dicha estaba all{sin &lt;lula, á condic :v 1-

.'"'\' . ;

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~

..

_,,;-.

�Domtn,t"o 11 lle SepttembTe de 1898

EL MtJN!'O

214

Seguramente olvidar y tal vez pronto. ¡Es tan imde no dejiir nunca este país, de conservar 1\ Nelly
presionable! pero yo, ya no me cas11ré con ella.
en este medio tan propicio á su independencia,
De Cbalmont fijó una mirada sobre el Doctor
en este cuadro de inmarci:.sibles verduras que
y su cara expresaba una tristeza t~n profunda,
convenfa tanto á su gracia de hija de la naturaun dolor tan sincero que se conmovió á pesar del
leza como ella se llamab11. á sí misma.
lado riFible que presentaba esta pena.
Lerbon, comprendiéndolo había pensado llevar
-1.Me perdonará usted?
á Nellv á las Seycl1&gt;llas que son muy semejantes
- La amo tanto, que si se casara usted con
á Mobelia.
.,...ffi:'
ella. le perdonaría.
Pero en Francia eso no es posible. Toda la noJuan guardó silencio.
che Juan lo había ptnsado así con dolor y veía
-Pero, prosiguió Lerbon ¿quién sabt-? Tal vez
que tan cruel situación solo t?nía un recurs'~, ~uir
sea sincera 111 rechazar la mano de usted. No vensia piedad y vivir (ay! eso si) con remordimienga usted A verla esta tarde porque seria inút~I,
to~.
ni le escriba. Tenga usted esta c11rta que me dió
Los dos caflonazos que se disparan á bordo top11ra usted.
das lasm ·,flanas á tiem:,o de enarbol1use l\ bandeLa c11rta decía:
ra de popa, vinieron á anancar á Juan de sus pe«No me escriba usted antes de recibir carta
nosi&gt;s reflexiones. Se volvió hacia la bandera, lP,
mía.
Yo le escribiré á usted dentro de dos ó tres
hiz) el saludo militar, y luego no pudiendo decimeses
antes de que parta para Francia ó antes
dirse á esperar má!l, hizo botar al agua la chnlupa
de
que
vuelva usted aquí.
y se embarcó rápidamente.
·
·
.
NELLY,&gt;
L,i víspe1·a, en el JUl)lll"nto de la separac1ón,le
J1rnn ensefió este billete al Poctor como para
había sorprendido la calnn de Nelly y hasta sinpedirle su opinión.
tió el temor de que esa calma fuera precursora de
,
-Ya lo leí dijo el Doctor, y no lo be comprenala-una escena violenta que hiciera terminar en
-~
,-; dido.
tr:gedia la comedia qi: e él le había 'réprochado.
:~·;:;:c·-:.•,:JJ.~ce. :.,. f:_,. Despues, sin hablar siguieron caminando.
l&lt;'t-lizmente el Doctor la acompafló basta su casa
2
y ein duda la vigiló con solicitud.
~,,.,.
·.f ...,·•.. i·;··· ·•. , ·f
Cuando llegaron al muelle Juau preguntó á
Por otra parte, debía aún conservar esperan@ ' , ·· ••"' -~~ Lerbon.
_-/t,:Z'':~:·::- ~-; " _,y
usted me escribirá?
zas rero todo era de temer.:;e en su e,píritu rof,
ma~esco, y esta sospecha apenas iniciada por la
'.t,~
~;
•, { ·'
-Se lo pr~meto.
.
• ;-""',.i."t,-'&amp;
/ -:l Y sin a:fiadir una palabra se estrecharon efusi11ochellegó át0marcon elcur.:;o de las horas cuer;, ' vamente las manos, conmovidos al separarse y
po de positiva preocupación.
tratando de ocultar su emoción.
Y se apresurll ha empujado por los presentimienPrince había venido nadando en busca de su
tos más sombríos. Al llegará los plantíos, distin...
amo
y acababa de 11égar, y si los dos franceses
guió á Mr. Tomas Poole en compaflía de su Ad-~~-- · •
hubieran
seguido la dirección de su mirada inteli
ministrador Stephenson y moderó el paso para
gente, habrían tal vez distinguido en una ventanacalmar las palpitaciones de su corazón. También
de la casa de. Mr. Tomás Poole á Nelly, apenas
los ingleses le vieron y avanzaron hacia él con
l .
vestida y fijando sus ojos en el lejano Colibri.
111 sonrisa en los labios preguntándole con mucha
Ojos fijos, inmóviles, vacíos de pensamientos y lle•
corrección á qué debían el honor de una viJita
uos de lágrimas.
.
tan ma1i1111l.
Nelly no dejó la ventana hasta que perdió de
Esta sonrisa y esta. acojida, tranquilizaron á
vista la chalupa en que se embarnó Juan. Luego
Juan desde luego, y explicó, aunque con cierto
observó que el Doctor regresaba, y se enjugó
emharazü que habiéndose last:mado el pié Nelly afladió dirigiendo ai Comandante una mirada rá- las lágrimas y se metió apresurada en el lecho.
Ja Yispera, había t&lt;'nido prisa de saber como es- pida.
Algunos minutos después oyó que llamabaná
taba; que además iba á zarpar _esa.misma ~oche
-Oh! se resolvió á decir Mr. Tomás Poole en su puerta.
y había temido que sus ocupacion~s del d1a, le su jerga anglo francesa; aquí la fiebre no es pe•
-Entre usted, dijo.
.impid!esen despedirse del Mayor.
.
.
ligrosa. Estoy tranquilo.
No era el Doctor sino Mr. Tomás Poole, que dijo
Stephenson se manifestó muy agradecido, d1ó
-¿Y si trajo la mal11ria de Madagascar? pre- con mucha timidez:
111 ComandRnte un vig-oroso apretón de manos, y guntó Stephenson.
-Perdóneme usted, seflorita, que haya en~rado
de acuerdo con Mr. Tomás Poole propuso en el
-Es probable, dijo el Doctor.
así, pero el Doctor nos dijo .... y estaba yo tan
acto dirigirse á la baoitáción donde se tomarfa.
Llegaron al cobertizo y se prepararon los cock- inquieto ..... .
un ain-cock-tail al abrigo del sol bajo el coberti- tailes.
Un poco sorprendida Nelly observó detenidazo 11dornado de flores.
Juan habría querido informes más completos; mente al genllemen y tendiéndole al fin la mano
En cuanto á Nelly su heridll no tenía importan- sospechaba que el Doctor ro decía toda la ver- le contestó con ac~nto de politíca banal muy
cia, pero en estos países pantanosos la menor fa- dad pero no se atrevía á hacer más preguntas.
frío:
-Quedo muy apenado por no haber visto á la
tio-a t~ae algo de fiebre y el Doctor ordenó repo-Es usted muy amable, seflor, pero no esperaba
s; y dieta. Y vea usted lo que había sucedido! e-1 sE-ñorita, dijo Juan, y ruego á usted, Mayor, le ex- la visita de usted sino acompaflado de mi padre
excelente Doctor con gran alegría de Mr. Tomás prese mi sentimiento. Escribiré á ustedes desde ó del Doctor. Estoy mejor, y espero podré salir
Pocle había decidido plantar su tienda en Mohe- Madagascar.
mafiana.
·
-Será muy grato para nosotros, contestó Ste1ia á fin de terminar en lll isla sus estudios sobre
Muy mortificado el inglés se excusó: .
J11s araflas-. Er-a, para el país en general, una for- penson acabando de hacer sus mixturas.
-Perdóneme usted: el Doctor está ausente, el
-En cuanto á usted, Doctor querido, prosiguió M-tyor duerme, y temí que necesitara usted algo.
tuna esta resolución, y un especial placer p11ra
:Mr. Poole y su administrador contar con tan Juan, quedaré muy reconocido si me lleva usted ¿Podría str útil á ustedi'
á bordo noticias de la seftorita Nelly en el resto
buen amigo y tan buen médico cerca.
-No, gracias, contestó ella secamente.
Como miel!tras se hablaba de esto Lerbon ha-. del día.
-Siguió un pesado y desconcertador silencio
-Iré con mucho gusto, per0 aB1'guro á usted que l\lr. Poole se decidió por fin á romper.
tía )legado, Ju1rn le estu.iiaba la fisonomía y le
que no .hay p~ligro alguno.
preguntó con ansiedad.
-¿l~stá usted contenta aquí, sefiorita?
..:...Tanto mejor, dij~ Tomás Poole que buscaba
-¿Cómo sigue la sellorita Nelly?
.
-Mucho.
-No muy mal, no muy mal, respondió el Doc- una frase. , A la salud, pues, de Ja seflorita y á la
-Eso me hace fdiz, muy feliz, exclamó Mr.
tor tranquilamer:te. Espero qu" en ocho días que- de usted Comandante.
Pool con energía. Adios, seflvrita N elly.
Juan pretextó la necesidad de dar algunas órdará enteramente curada.
-Adios contestó t-lla siguiendo con los ojos al
-Cómo! ocho días .... exclamó de Cbalmont. denes y se despidió de los ingleses. Luego volvién- tímido gentlemen que sealejabapoco flpococomo
E,tos seftores me decían hace un momento .... dose á Lerbon le dijo:
apesar 1:iuyo.
-¿Me acompafla usted basta el muelle?
-¿Se habrá agravado de pronto? preguntó soPero los ojos de Nelly ya no tenían la atonía
-Iba á proponérselo á uHed.
del dolor.
lícito el Mayor.
-Nosotros tambien, dijeron Skphénson y ToHabía tornado el pensamiento; y si los envolvía
En cuanto á Mr. Tomá3 Poole, era demasiado más Poole.
correcto para dejar versus sentimientos y se conPero Juan les suplicó que IJO dejaran sqla á la aún el velo de la tristeza, brillaban sin embargo
como esas estrellas que emergen del seno de las
formó con dirigir á Lerbon una mirada interro- seflorita y entonces ya no insistieron.
gadora.
Cuando el Docto1· y Juan ya estaban lejos, és• nubes en un cielo de tempestad ..... .
-Sí, prosiguió éste. Ayer tarde pensaba yo te ·preguntó:
que una noche de reposo b!staría, pero en estos
-¿Deveras no hay temor? ¿La-fiebre es ligera?
IX
países cálidos no hay segundad alguna y nunca
-No hay temor.
son exageradas las precauciones. Esta mañana
'-¿Y la herida?
F.PEIRA MAURICIA.
Yí á la enferma y noté que la fiebre no ha cedido
-No es nada. Lo que tiene es la emoción, la
sino más bien aumenta algo con un poco de deli- exaltación del corazón y la tensión nerviosa.' Ama
El Doctor cumplió su palabra. Püco después de
rio. Pero tranquilícese usted, Sefior Stephenson, á usted y á la vez lo detesta profundamente, de la partida del Colibri escribió á de Chalmont una
no hay gravedad y respondo de ellv, con tal de modo que no se comprende Jo que pasa en su es- carta b11stante breve -para tra-nquilizarlore&amp;pecto
que la sefiorita sea obediente.
píritu. Esta maflana tuvo una crisis: primero que- á la salud de Nelly.
Juan contestó detenidamente dicié 1dole que
Figúrense ustedes que se había encaprichado ría ver á usted y luego ya no. Ayer hasta tuve
en levantarse hoy! pero al fín la hice entrar en .miedo de que se suicidara y le quité el famoso había sido un loco, pero luPgo iluminado por la
razón· y después de una bebida calmante está perfume indio que es un veneno. Tiene uno de- ausencia, había comprendido que no podfa olvidurmíendo ahora como un nifio. Como es muy i:repente esos temores pueriles: pero eso no esta dará Nelly, la cual era necesaria á la tranquilidad
nerviorn, interesa sobre todo evitarle emociones, en su temperamento. No pienso lo que hará .... de su vida y al reposo de su conciencia.
4

•

•

Domtn,ro 11 de Septiembre de 1898.
El Doctor ensefló la carta á Nelly, pero la jo-ven moviendo tristemente la cabeza dijo:
-Lo conozco mejor de lo que él se conoce á sí
mismo, Juego se arrepentiría de su buena acción
y me la reprocharfa, con lo cual uno y otro st.riamos desgraciadoe. Enestaslíneasse descubre que
no me ama ya, y que sólo lo inquieta el reposo de
su conciencia. Si sufre, tanto mejor, yo tampoco
le amo.
Aunque el Doctor cuidó de insi~tir y apelar á
la dii,creción y al corazón de Ndly, nada pudo
contra un11 resolución inquebrantable cuyo mó·vil no podía comprencter.
·
T11rdó pues en escribir de nuevo á Juan de
-quien recibió varias cartas reveladoras del mis-mo sentimiento, no amor irreflexivo sino tristezas, remordimi,mtos, deseos de calmar una conciPncia turbada.
Tor!as las ensefió á Nelly, sin obtener nunca
más que la mii:ma respuesta melancólica:
- No: todo ha terminado y yo ya no le amo.
•Si sufre, tant0 mejor; pero un matrimonio solamente por deber. por lástima .... yo no quiero eso.
Una vez afiadió:
-El tiempo le curará y yo ayudaré á la obra
del tiempo.
El s11bio LPrbon, tan hábil para adivinar el se·creto de las Epeiras 110 comprendía nadade este,
Pn que una mujer soltaba su presa despues dehaoer•e dado uu enorme trabajo para apoderarse
-de ella.
Y es que Nelly pertenecía á una raza resuelta,
a mbiciosa y caballn1·sca, cuyas prontas decisio11es, apetitos y delic1&lt;dezaR escapaban á la penetr11ción del sabio Doctor. Nelly amaba á Juan. le
había ido amando poco á poco, y al verle sufrir
la piedad y el desconsuelo de no poder hacerlo
complet11mente feliz. habían fundado su resolu·ción de volverle la libertad.
Ybabíitqueridomásaún,yerano ser sentida, y
-curar bien y pronto la herida que causó, urdiendo pna couseguirlo, una nueva red contra una
J&gt;resa que no 11maba. Renunciando á conciliarla ambición y el ¡¡mor, concibió unnuevoproyectoque
le prometía algtmas alegrías para su modesta
existencia, en esta isla perdida enmediodeloceáno, junto á Bll padre que la amaba tan poco y 1.fr.
'Tomás Poole á quién ella no 11maría jamás.
Un día Lerbo11 recibió una nueva carta de Juan
muy brevt-, en que le anunciaba que estaba termL
nada ya su comisión y que dentro de tres serna.
11as á lo más llegaría á Mobelia.

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ELMUNDO.
mientras su padre y 1.fr. Tomás Poole Jugaban una
partida de ajedrez, Nelly llevó al Doctor a~ salón
y Je dijo en voz baja:
-He contestado yo misma. Vea usted mi c11rta. Pero qui.,ro pedirle á usted un gran servicio,
mi querido Doctor: Esta ca1:ta no quiP.ro confiarla á nadie más que á usted, y como 1-J correo no
pasa por aquí, seri,. necesario llevarla r.. Moyotta
antes de tres días. Mr. Tomás Poole envía maflana
su lancha de vapor á esa isla, yo quiero que lleve ustt3d mi e 1rta y que no !R. lea sino cuando
h11ya llegado á l\1ayotta. Luego la pegará usted
cuidadosamente y la pondrá en el Cl·rreo.
Lerbon fijó en N elJy ·una mirada llena de preguntas, y la joven le dijo resueltPmente:
-Ruego á usted que no me pregunte. En Mayotta, Fabrá usted todo. Júreme no leP.r mi carta
antes de llegar allí.
Lerbon juró, y Nelly, saltándole al cuello Je
besó y le ahriizó tiernamente como si ~unca lo
hubiera de volver á ver.
Admirado por este acceso de ternura, se quedó mirando atentamente á la joven, pero ella
riéndose á carcajadas le dijo:
-¡Cómo! ~Pues qué no adivina usted?
Después volvió al comedor, besó á su piidre,
se despidió di" Mr. Tomás Poole, que Je estrechó
la mano ruborizándose; y se retiró á su aposento,
donde cobardemente, con los nervios sobreexitados, se arrojó vestida en su lecho y rompió á Horar ahogando su~ sollozos con el pafluelo.
'·-..,
Entre tanto, Lerbon anunciaba á los dos ingleses su viaje t\ Mavotta para el dia siguiente.
- Bien ·Doctor; dijo 1.1r. Tomas Pool e pero no
deje usted de regresar dentro de tres días, pues
tengo algo interesante que confiarle. Buenas noches, querido Doctor.
No, el Doctor no había adivinado nada y un
poco inquieto por lns actitudes deNelly, no pudo
resistir á la tentación de leer la carta y tan pronto como llegó á su casa la abrió, y de un solo golpe, casi sin quererlo, la leyó toda entera y quedó
un momento asombrado. Después él t11mbién se
echó á reir como acababa de hacerlo Nelly, y colocando la boja perfuma.la en un sobre, exclamó
con aire de disgusto.
-Epeira, decididamente Epeira Mauritia.
Tres días después, Lerbon puso la carta en la
oficina de correos de Mayotta que la envió en el
inmediato va por á Diego Suárez. AUí el contramaestre del Colibri la metió en un saco junta con

~:~1~:fJi~'[~f,t1gf~~\:::::::: /

5

.,/&lt;":3,J j•

·rt[:~,

otras varias, y algunos minutos después la entregó al Comandante.
En cuanto 111 Doctor Lerbon, no regresó ya
nunca á Mohelia sino que escribió á Mr. Tomas
Poole, que acababa de recibir malas noticias las
que le obligaban á partir para Francia inmediatamente.
He aquí lo que decía la embustera cartita perfumada:
"Comandante:
"Usted que alguna vez me acusó de faltar á la
sinceridad, no podrá ahora dirigirme el mismo
reproche. 1.fr. Tomas Poole es mi amante, pero
dentro de quince días ya estaré casada con el.
NELLY,"

¿Poi,' qué mentfa así?
No: no había sido tan tonta para caer en una
nueva f,ilta, y precisamente pvr eso ibA á ser esposa del rico propietl\rio inglés.
¿Por qué pues había mentido? ¿Para lastimar
á Juan más cruelmente ó para curarlo mi\s pronto como hace el b!sturí con ciertllsllagas profun•
das?
J us.n leyó y releyó esta carta en la cual crevó enteramente y qued6 abrumado, como si
hubiera recibid.:&gt; una puflalada, pero su abatimiento no fué de larga duración. Se levantó, arrojó al .rnelo la carta con un gesto de disgusto y
lanzó un juramento; luego la recogió, la desg11rró
en pt&gt;queflos fragmentos y la arrojó al mar ....
al mar que amaba tanto y del que no se separaría ya ....
Prince seguía con ojo inquieto todos los movimientos de su amo, y Ju·rn al fin huoo de notarlo. Entonces se mirararon fijamente los dos. Juan
lloraba.
' ·
Se acordaba del iimor, entrevi~to por última
vez acaso, en la cumbre de Ambohimarin11, y de
sus pasajeras ilusiones, pero el despecho srcó
pronto esas lágrimas egolstas y se quedó contemplando estas tierras de Madag11scar que presen·
ciaron su falta y que en breve ibaá abandon11r.
La noche se aproximaba: la brisa estaba dor•
mida y las olas soflolientas, y 'Juan sentia apaciguarse su corazón -0on una impresión de bienes•
tar que no sentía desde hacía mucho tiempo ....
y con la idea de volver A Francia, una nueva
esperanza aparecía en su alma cii;1tilando como
esa estrella pálida que por las tardes aparece de
improviso en el cielo.
Y Nelly ¿alcanzaría algún día lafelicidad?
Tal vez ....
MARC DE CRANDPLAIX.

FIN.

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�216

Domingo 11 de Sepüembre de 1898

EL MUNDO.

Domingo 11 de Septiembre df'I 1898.

..

REMINISCENCIAS.
En una habitación apartada, donde apenas llegaba
el rumor de las cadencias de la orquesta, hablan buscado rPfa~io varias pers~nas, que ya por s.u edad, yi,.
por fastidio, hulan del baJle. La c:-nversac1ón era general en los grupos de las mamás, que procuraban
por eFte medio engañar el sueño. Hablaban de cas~•
miento11, de males. del último escándalo de la fulam•
ta de la careslfa de los vlveres y otras banahdades
p~r el estilo, ba•e y fundamento de la charla de nue~tras burgut.&gt;sas americanas. En uno s_olo de los corrillos p11recla reinar buen humor, segun eran de frecuentes J11s risas diecretas de las personas que lo formaban. 11 iendo de notarse que todas ellas eran por lo
mPnos cuarPntonas.
Vov á. referirá ustpdes-decla el G~11eral Pére~un 1a·nce amoro110 de que fué prot~gomsta 1m amigo
mio muy querido hace más de vemte años, El asunto
tuvo por cuadro 'el lindo puerto de Puntarenas, el
cu11l 66 hall11ba por ese tiempo ~n todo su e11plendor
comPrcial. Ese amigo mio á. qu1Pn llamaré Carlos, y
vo vivfamos en aquPI entoucPs allf, con la espnanza
de hacer fortuna. No lo pasábamo11 del todo mai, trabajando mucho y divirtién·
donos como Dios manda. sobrt, todo, en la temporada de
]os haños. allá nor los meP"S
Febrero y Marzo. El 11ño
65. si mal no recuPrdl', fueron muchos los bañiFta11 que
ncurriPron del interior de la
República, á E&lt;ecar al amor
de aqnel sol de fuP~o sus
miembros entumecidos por
la hnmedad de seis mP11Ps de
lluvia. Apenas nos alcanzaba el tiPmpo para g&lt;lz11r; un
dla era un baile. otro una gira ó 11na Pxpedición por el
golfo de Nicoya de 11in rival
belleza, con su11 verde11 islas
v 11n mar de zafiro, todo poblado de alegres y juguetones delfines.
-GenPral. e11tá. uste poetizan d o-jnterrumpió una
dama
-Siempre que hablo dPI
golfo de Nicoya me sucede
Jo mi11mo-replicó el militar.
Aquello Ps una maravilla.
Pero vuelvo á. mi aventura.
ó m1&lt;jor dicho. á la de mi
amigo Carlos. Sucedió que
Pntre las muchas hermo11as
bañistaA que concurrieron
aquel año á Puntarenas. había nna que era un portento. ¡Qué mujn Doña Soledad. qué mujer! ¡qué talle
así (y el genernl formó un
clrcnlo con los dedos Indice
v pulgar de 1111smano~);unos
dienteP más lindos qu11 las
perlas del j!'olfo, y unos ojos...
no hallo cómo pintarlos, en
fin j!'randisimos, nPgros co •
mo dos cajas de betún.
~¡Vaya una comp11raciónl
--Qué quiPre usted, 11sf me
Jo part cieron, y á. mi amigo
Carlos también, que todofoé
verlos v enamorarse locamente de . . .. ya no recnerno cómo se llamaba su dueña La puión de Carlos na
criminal. como ª" dice en los
dramas, porque la bella era
casada; si 11~ñores. casaua
con un caballero gordo, rico,
de muy buen apetito, en fin
toda una persona decente,
pero á mi juicio indigna de
poseer ~emejante alhaja. A
pesar de esto. era ella t11n
recatada. su porte rev11laba
tanta madestia y virtud que
bastaba á descor11zonar al
miPmo Lovelace. Carlos, no
pud;endo hacer otra cosa
mejor, se limitó á adora1Ja en secreto, sin dPjar por
esto de enderezarle 1m11 baterías
Bien pronto, merced á PUS delicadas atenciones, logró captarse la buena voluntad del marido yun poco
también l:i de ella El pobre muchacho se desvivla
zanqueando la ciudad á. caza de frutas, flores y conchas. para obsequiará su amada; vera completamente feliz cuando ella le dPcfa, ahuecando en una sonrisa los divinos hoyuelos que tenla en la boca: Mil graci11s por los marañones que nos mandó uste ayer Estaban ricos. O si no: ¡Qué amable en usted! No se puede imaginar cuanto le agradeció mi marido los cocos.
Cuatro se ha comido hoy; temo que se enferme.
Cualquiera frase de est8s ponla á Carlos de buen
humor por vP.inticuatro horas lo menos Sin embarl!'o,
durante sus largas noches de vigilia, se reprochaba
amargamente su tonterfa, 1111 ridfcula timidez, apenas
propia de un adolescente. Entonces hacia grandes y
arr'esgsdoa nroyectos. Sí. él la hablarla resueltamente. dPclarAnd11Je FU loca pi.sión; y con t11le11 colores se
la iba á. pintar, qu11 A mi&gt;no11 ~ b6r ella inaP111~ible como una piedra, habrla de ablandarse. l'tro todo P.ra
Pncontr11rse á PU )Han, que sus pl11np~ se di,svanl'cfan
como el humo azul de un cigarro. Su resolución se

estrellaba contra 11quella carita de madon11.. q~e respiraba honradez y virtud¡ le temblaban las piernas,
se le en•umia la lengua .•.. vamo~ que el muchacho
tenla menos ánimo que una colegiala.
Asl las cosas llegó el dia señai11.do para una excursión por el Estero. A las cuatro de la tarde, calm~dos
en parte los rayos del sol, nos embarcamos _en cmco
lanchas de buen tama:io. Atravps11mos rápidamente
la. parte ancha del eFtero, pero 111 lleg~r á los canales
continuamos bog»ndo con mucha le11t1tud. Yo no he
estado nunca en Venecia, pero dutlo mucho que sus
&lt;'anales famosos superen {I los del Estt1ro de Puntarenas; porque si bien es cierto que és_tos ci..recen de_palacios rt·emplézanlos con ventaJa 1011 más ricos
dones' de !11 nat1,raleza. Juncos, palmeras y helechos
crecen alli c~n extraordinario vigor, En los árbolP.s
frondosos y corpulentos, se anidan orquídeas mult1colore11 y los arbustos se pliegan en busca de frescura, meti't·ndo las ramas deutro del a_gua. Cad!I- VPzque
dábamos vuelta á un recodo, h11crnmts huir á una
bandada de gHzas; blancas como 11!godón 188 u_nas,
grist-s ó color de rosa las otr11s, qu" Ju ..go ª"' iban

º"'

LA MUSA DEL DOLOR.
má~ allá á continuar la ír11sca interrumpida. El $O] se
babia hecho inofensivo po:- la eepesura d"' los follajes.
De repente vibró en el aire una nota clara, penetrante, pero al propio tiempo llena de dulzura y voluptuosidad; era la voz sonora de la marimba, compañera
indi11pensable en las fiestabpuntareneñas. Un gritOPS•
po1,táneo de aleg, fa saludó al popular y bullicioso
instrumento; habíamos llegado al término de nuestro
viaie, un precioeo rinconcito cubierto de césped y en•
toldado por una enramada de palmas y hojas de ba•
nanero. Saltamcs á tierrra y luego comenzaron á. esta.llar los corchos del champaña.
Pasamos una tarde deliciosa, pareciéndonos más á.
una tropa de niños, que á gente seria. CRrlos se aprovechó de Jo muy ocupado que estaba cada cual en divertirse, para. cortejará su adorada,confiando en que
no seria nota.da su asiduidad. Ella pareció más comunicativ11 que de costumbre, h11ciendo mil mohines cada vez que mi amigo se empPñaba en hacerla beber
otra copa de champaña, ese vino pél'fido, enemil!'o encarnizado de la virtud, y cuyos efectos son diabólicos
en las muj•res. LIPgó lit hora dp,J rPgreso con verda
dnR ren" para toduF. Nadie q11Pri11. poner puuto final á t:m linda fiest:i; p~ro al fin fué preciso rebig'•

narse porque la obscuridad se nos venia. encima. con,
e 11a r~pidez con que se oculta y aparece el POI en los
trópicos. Carlo¡ tomó asiento_ al lado de P_lla, 1:n la última lancha, mientras el m11r1do, muy chispo, se empeñaba en quitar el remo á. uno de los bogas. Alborotó un rato por 111 negativa del hombrn, quedá.ndosedePpués profundamente dormido.
A la bulla y algazara de la fiesta, sucedió el silPncio. Todos callaban, adormecidos p_or el suave balanceo de las embarcaciones y el rítmico golpear de los
remos, que ha.clan brotar placas a•zulosas c8da vez:
que berlan el agua. De las or,llas llegab .. n á. bocana.das efluvio11 preñados de aromas tropicales entre los.
que dominaba el voluptuoso perfume de las resed11s.
Apenas podian distinguirse ya Pn la pP~umbrR las.
manchas negras de las embarcaciones qne 1b11n delante· los sonidos de la. marimba se oi11n cada vez más.
di~tantes, Carlos contemplaba á su be•mo11a compañera que parecia a.bsort~. y cerraba ~e. vez en cuando
los ojos como perslgmendo una vmón. Pasado un
gr11n rato, ella se puso á mirar las luceR que poni11n,
los remos en el agua, y curiosa de prob~r el ~fecto
por si misma, mtento golpearla con la mano. Carlos.
se la arrebató, dicil\ndole PU
voz baji¡. y ap11sionada: •E~ .
mucha imprudencill: Petas.
aguas e11ti\n llPnas de tiburones. • Ella no contestó nada, ni tampoco retiró la mano que Carlos conservaba
entre las suyas. Entonces desopetón. sin prt&gt;ámbulo alguno, Ca.rlo11 Re lo dijo todo:su amor inRensato, sus p11nas. sus ·eFperanzas. Ella
temblaba. mirándole con susPj11zos nPgros, que resplanrlpcian 11n la noche con 1111
d ,stello aterciopPlado y I]..,.
110 de c"ricias. Un sacudimiento delalan&lt;'hales an11ndó qne hablan llPgado. CarJos,ebrio de pasión, mnrmuróuna súplica á. su oido: ella
procuraba resistir, nPgar Jo
que su amante le pPdfa. nosé qué de ventana abierta á
media nocb11; pPro en el momento de saltará tiPrra . conteFtó que si con voz desfallPcida, casi angn~tiada
Pero veo-continuó PI general, qul'I esta hi&amp;toria 11eha bPcbo dema11iado larga y
voy á. pro~urar abreviarl11..
El rPsultad·o fué que mi amigo Carlos obtuvo uo11 cita
para aquella nncbe Ya supondréis Pi E'!,tuvo puntual'
á la hora convenida; pero el
pobre se tmcoritró con la vPn•
tana cerrada. Tocó di11l'rPta•
mente para anunciar tu prt!•
s11ncfa, v por toda rePpui,sta,
obtuvo los vigorosos ronq11irloq del dicho~lsimo marido.
"Vamos, pen~ó el burlado seductor. :va. pasó la primera
impresión " A la m11ñana siguiente. la bella babia de~11parPcido.
-Esa historia que acaba.
de contar el gPneral-interrum.pió, con sorpresa de todos, una señora que habla
intentado marcharse al principio de ella., y á la cual llam11ban Maria-me fué uferida en aquella misma época
por la persona á. quien ocurrió y que y11 nP exietfl. De
mAnern que la C0DC?C0 tan
bién CPmo PI general, y tal
vPz mPjor. Voy, pues, A. rPctificar su deeenlace, que h11
sido un tanto alterado por
RU narrador, el cual Pn todolo demás se ha ceñido ií la
más ePtricta vPrdad. Eaa pobre amiga mia, que estuvo en un tris de dar un mal
paso, llevo su locura al extremo dfl dPj•r su ventana
abierta, Cl'mO lo habla prometido; pPro el 11eductor, á
no dudarlo, compadecido de 1111 debilidad J inPXpPriencia, pues apenas tenla veinte años. no acudió á
la cita. Después de eete lance dePgraciado, 11rrepentida. y abochornada. de su conducta, mi amiga fué
siempre modelo de honradez.
-Si fuéramos á cenar: son las dos -dijo á.lguien.
Buena idea, re!pondióel General. poniéndosedep;é.
Todos hicieron lo n im10 1 encaminándose al salón
donde estaba dispuesta la cen11.. El general cerró la.
marcha. dando el brazo á. la sPñora que le había interrumpido. Cuando se convenció de que nadie les po•
dría escuchar, le prPguntó al oido:
--Dfgame usted la verdad, María, ¿es cierto que dejara ustPd la ventan-a abierta?
-SI, General; y toda la vida he de agradecerle Sil
generoso proceder.
·-Pues no me Bgradezca mted n11da, porque laq co11aR pasaron como las he rPferido. Sin rlnda eqnivo qul\ la vúntnna No er L la. ~Pg11nd11 "entlohic-ia1&gt;lm•r'&gt;
-- :,.¡o, g ... 1,er11J. la tPrc"rH: 1-1,a otra era la de mi 111 rido.-.R10.11&lt;00 FE1tNÁ:-m1cz GUAllDJ A.

217

EL MUNDO.

PAGINAS DE LA MODA
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Fig I.-Traje parisiense de recepción y frock para niña.

Lect.uras para las damas.
EL Cl.GA.RBO.

Habiendo recientemente f)rohibido la Emrratriz
-de Rusia que las señoras fumen en su corte, a pren1:8 rnropea ha participado de las sorpresas de las da-

mas de honor de ese palacio, Des_de los t!empos !Dás
remotos la mujer en Rusia ha tPntdo afición 11! cigarro y Ja costumbre de fumar. Además, es un hecho
que en todas las cortes de Europs el cigarro eFtá de
moda no sólo entre los hombres sino entre el bello
sexo.
· v ¡uLa princesa Tbyra, hermana d11 1a Em pe~a t nz
da, de Rusia, la Princesa Enrlqueta. de Prue1a, herma•

na de 111 esposa de Nicolás II, la Emperatriz de Austria, la Reina Re¡rente de Españ~, la Condesa ~e París, la R"'ind. de Portugal, la Rema de Rumama ....
fuman.
Se rPcUflrda á !a intrépida Reina de Ná.poleP, Maria de Wittelshach, que tomó una parte tan activa en
Ja defensR de Gaeta. Bien señida con el uniforme de
uno de _ los regimientos de infanteri&amp; de su ea-

�EL MUNDO

218

Mujeres electoras.

pnrn. marchaba al ful'¡ro con el crguro f'n los labios.
Pero PB de confesarse que en Rmia se bre todo, es
dond11 se ven hoy má~ mujeres de alta posición, compitiendo con los hombres en el arte de torcer cigarros
Los JUFOF que viaja u y puan tl'mporad11s en Euro•
pa. dice Maurire Ll'udet, son la gente más seductora
nel univt'rso. Se compr,nde pues su influencia positiva sobre las coFtumbres francesas. Su alianza tan
de~eada ha producido efectos indiscutibles en las
pPqu~ñaa como f'n las grandes cosas.
Bajo el se#!'undo ImpPrio, era la influencia española la que se hacia sentir. Casi todos los señor!'~ d11!
séquito de la Emperatriz fumaban. La soberana se
permitfa. flé6 vicio. pero con gran discreción-Jo que
no sucedía con Napoleón ll, uno de 1011 fumadorf's
mAs Pndia blados de la época. El Emperador y la Em·
peratriz tenían pred'lección por los cigarros mojRdoe
Pn té, y en la Corte de las TullerfaR hablan encontra•
do cinto número de imitadores Hny dfa todo se ha
democratizado. Las mujeres que fum11n forman¡,.
gión. Entre los burgueseR. el cil!'arro se ha p11e11to de
moda como bajo Luis XIV la larga pira· Abrsihsim
Bos11, el célebre grabador y pintor de siglo XVIII,
ha reprPsentado en muchas de .us obras, mujeres fu•
mando la pipa. En esta época era muy bien visto. Actnalmente se encuentra todavía en ciertas partes de
Holanda, excPlentes marlres de familia quienes al
at.. nder á las faenas diarias, llenan de tabaco pipas
colos11IP11.
·
Si bien es poco probable que renazca lll moda de
lo" tiPmpos d11 Luis XIV, el cigarro por contra ha adquirido derecho de ciudad entre las mujere@. Ya no
Fe cita como l'Xcepcional la co@tumbre d11 G11or¡re
S11nd. etc., etc. Y reflexionando bien, si la humanidad
Fólo tuvina ese vicio que reprocharse, no estarla lejos del ideal de la perfección.

TABACO PERFUMADO.
Tlu1. Lancet, diario inglés que ~e ocupa de medicina, publtca un interesante articulo sobre el tabaco
pnfumado y eus inconveniente~.
Nue8tras lectoras encontrarán en ese articulo explicadas en parte las razones por las cuales se nota
en algunos de los cigarros y cigar·illos que fumamos
un gusto más 6 menos desagradable pero indud11blementu no es del tabaco.
Dice The Lancet:
"Serias razones tenemos para creer que la agregación,
en la preparación del tabaco,
de productos perfumados ó
a1 omá tico@, puede ser muy
perjudicial á la salud, y que
e11te asunto merece que se le
tome seriamente en coneide. ración, teniendo en cuenta la
g:-an cantidad .de cigarrillos
baratos que se venden entre
lo~ jóveoes."
Un corresponsal nos envió
recientemente algunos ci!?'arrillos anunciados como del
mejor "birdseye." y cuyo pre•
cio era d.e 1-10 d. el 100. Como
debia suponerse, teniendo en
cuenta su bajo precio, estos
cig-arrfllos eran detestables,
y tenían un gusto aromático
completamente distinco al tabaco.
Habiendo consultado algunos de estos libros misteriosos, aun9ue útiles que encierran varios m!les de recetas,
encontramos gran cantidad
de fórmulas variadas pararemediar la falta de aroma y corregir el gasto desagradable
del tabaco de calidad inferior.
Para operar, bé aqui los diferentes productos indicados:
rafees de iris, habas de Tonka: bayns de Ginebra, semillas de cilantro, styux, corte-"""
za de cascarilla, raíces de angélica, ~lores de canela, anís
de China, clavo de especia,
salitre, cuasi, glicerina, raíz
de régalis, palo de rosa, azúcar, hojas de laurel cerezo, hojas de no¡ral, naranjas verdes, extract'o de
limón, ámbar, vainilla, bergamota, balsamina, cardamomo, cubeba, sasafrás, raiz de caña, extracto de
violeta, etc.
No es imposible que una ú otra de las substancias
de esta lista verdacteramente formidable, sobre todo
si el uso· del tabaco es excesivo, dé nacimiento á
má;; de una enfermedad.

lJn nue-vo modo de conservar la carne.
El zoologista A Fjel~trup, aconseja lo siguiente:
"Se mata el animal de modo de que el cerebro no
se toquP; un ayudante de@prende al momento el corazón abrié11dole un ventriculo para que la evacuación complete el de?angre que se efectúe. Este pro•
ceder tiene por base que la descomposión de la sangre es la principal cauPa de la putrefacción prematura de carnes frescae. Inmediatamentedespuésdeesta
operacibn se inyecta, con una geringa, en el sistema
venoso y por el ventriculo no abierto. una disolución
~alina más 6 ménos concentrada, según el tiempo que
dPbe conservarse la carne.
La operación dura uno• cuantos minutos Se ha.
pr11cticado con gran éxito durante tres meses en un
raetr.o danés.

Domingo 11 de Septiembre de 1898

Fig 2. Traje francés para paseo.
LAS NUllES Y LA'I PLANTAS

_Las nubeP. son masas de vapor acuoso que, suspendido en el aue no e.. pera má$ que una oportunidad
para desh"c..,,se en benéficas lluvias 6 en terribles y
espanto~as temp11stades. En atención á su naturaleza, cuantas causas favorecen la evaporación, tanta1:1
son las que contribuyen á su génesis y por tanto, á
las irril!'aciones per:ódicas del globo terráqueo. La
experiencia ha demostrado que los vegetales emitea
por el foll,,je y por la sup .. rlicie d,; sus tallos, en forma d_e vapor, la mayor parte de las aguas que han
servid~ para: su 1;iego, y que A vecPs esa función es
tan activa, que aun towa otra cautidad del subsuelo
la cual uniéndose á la primera. se vierte en una at~
mó~fera reseca ó muy di~tante del punto de la evaporación. Tal su(.'ede en las grandes s11qulas 6 en aquellos lugares donde los árboles existen al parecer
sin la influencia de las aguas, pero en estos casos
por efecto de las ralees profundas el liquido es ab'.
sorbido de las capas terrestres inferiores y después
de RPrvir al sostenimiento del vegetal que le absorve
se difande "º los aire11, • JimPnta á las plantas de raí;
superficial y diRminuye h11 pérdi&lt;ias acuosas que los
animales experimentan por la pid y los pulmont"s.

Por la primera vez se celebró en Francia una elección de este sexo, últimamente, para. nombrar una.
sPñorita que rPpresentara en el aniversario de "Michelt&gt;t" la Mu~a. E;ta. debla coronar el b"usto del insigne
autor con dos acompa.ñantl's. La idea nació en el ce•
rebro del músiro Gustavo Charpentier, quien aomPtiósu proyecto al Honorable Ayuntamiento y esta Corporación, por un mil11gro ~ingular, lo aprobó con dispensa de trámites, y lo que ed más estraño, concedió
fondos para su realización.
Se reuninon, pues, en .el anfiteatro de la "Bolsa
.:er Trabajo" cuanta@ mucbRehas bonitas se pudieron conocer presentándose 147, bien vestidas, encanta.doras, con· carácter de electoras y candidatas.
Al piincipia.r la sesión se mostraron prudentes y
hasta tlmidas. Aplaudieron á Bellán, síndico del Consejo, cuando les participó cuales eran los deberes de
la Musa. Se 11presuraron á votar olfateando la urna.
en que debfan depositar rn voto.
El ~eñor Montarqui11l ante? de que se procediera á.
tan imponente acto, dij'&gt; á las simpáticss jóvenes, que
dPbian haber nacido tc,das en Par!@, traer de 16 á
20 años de edad, ser laboriosas y vivir con sus padres;
"caso contrario, añadió, 'a que resultare electa. deberá reemplazarse por aquella que después de ella. hay a conseguido más votos"
Todas las prPsentes alzaron la trente con aquello
como declarando que las 147 llenaban los requisitos
que se exigiau.
¡A votar pues!
¡Como la mayor parte de l'sas señoritas no se c,noclan, se les suplicó se prendieran con un alfiler sobre
el pecho, un pedazo de papel sobr11 el cual pudieran
leerse los números desde el 1 al 147.
La del número 69 era encant!l.dora, desde luego conquistó 15 votos.
P11ro al proclamar este
reRultado 111s votantes seenfureciernn y se pusieron
á gritar: ¡Abajo el 69!
La pobre muchacha que
llevaba ese número semostró al principio muy altanera; después, asustada.
con tantos gritos se escon•
dió y se puso á llorar.
Sin embargo, las que habían votado por ellalaanimaron y volviendo á tomar
un aire de Emperatriz sostuvo todas las miradas.
¡Muera la calle de "La
Palx." gritó una joven.¡Es la. calle de"LaPaix" es
vuestra ca0 a de comercio
la que ha pagado vuestro
traJel
Los señores que ocupaban la tribuna como jueces, no sabían que hacer.
Ellos hablan fijado 11us miradas sobre una rubia en•
cantadora., la número 41,
de casto sembiante.
Tan legales fueron hs
elecciones que la. predilec. ta del jurado no obtuvo ni
un voto. Se habían formado, sin sentir, dos partidos,
uno que gritaba: ¡Fuera el
69! y otro que gritaba A la
izquierda: 11Fttera el 4111
En vano el Presidente
manifestó con elocuentes
palabr..s, que se habla esperado más respeto al sufragio uruversal.
-¡Nada tenemos que ver
con eso! exclamaron las votantes, pero no queremos
que sean electas ni la del
vestido de malva ni la del
vestido aznll En cuanto 111
númere 112 que ha ganado
algunos votos, está pintadul
Al momento la señorita.
núme-o 112 pasa frenética•
mente su pañuelo por sus
mejillas y ló presenta. inmaculado á las calumniadora,.
Fué por fin ell'cta rifosa la señorita Ernestina Curnt. con dos costureritas simpáticas por compañeras.
Habiendo llovido en el momento en que esas tres
gracias deblan coronar al t&gt;scritor que sin duda poco
conocían por sus obras, se vieron condenadas á tener la honra con que se vana.glorian muchos de nuestros diputa.dos: Ser nombrados y no hablar."

Oomlniro 11 de Septiembre d6 1898

LA EDUCACION DE LA MUJER.

EL MUNDO
Jamás llegan á form&amp;.r un hogar propiamente dicho
y lo que debla. ser u11 cielo, 1,e convitlrte en un infierno.
Sobre lo anterior podrlan presentarse muchos ejem·
plos de los qutl algun,s novelistas han pintado con vivido~ colores
A la mujer debe enseñarsEl aquello que pueda serle útil para. brillar en sociedad. hasta eie.·to limite, pero con especial;dad Jo que pueda y deba servir para
instruir, moralizar .V ecoaumizar en el hogar para
cuyc fin está llamada
La exhuberancia d11 conocimientos puede crear la
exhuberancia de faltas.
Poniendo el caso de que la mujer no forme hogar,
oebe enstiñársele un medio de ~•.tbdiot•r honradamente; pero adecuado a sus condiciuu11s físicas, moraltls
y ~ociales.
En la República del Norte es d,mde se cuentan los
mayores casos de divorcio: debe buscarse la causa.
Las mujeres sabia,; dei!deñu.n los trabajos mecánicos
de la casa.
En Alemania se han estableci do c~saR de instrucción de manera que sean vistas p'lr el público, lo que
en ellas se enseñi. es á co.ier, r-,mendar, confeccionar los alimectos, hacer pan, etc, etc.
Y es natural, son más loo pobres que se casan, que
loR ricos
Conclui,ión: á la esposa debe instruirsele para ma dre.

Este problema ha preocupado á los grandes hombres sin haber llegado h,lsta hoy á una solución satisfactoria Métodos á cual má~ brillantes se hRn puesto
en práctica dejando todos ellos grandes lagunas que
no se han llenado.
Balzac ha dicho "La mujer es un ab,smo sin fonuo"
y precisamente aquellos que menos puedan compren•
derla son los que más se han preocupado por cono•
cerla.
·
Et hombre desde su infancia manifiesta su tenden•
ch á algo determinado en la vida.
Al hombr~ se le com!lran cañones, so_ldados. máquina.i, herramrnntas d!l diversas arted é rndustrias 1:1us
jueg,&gt;i! predilectos demuedtran sus inclinaciones'.
A la mujer se le compran 1orraR, que arruya v pretende crear, muñecas que viste, peina, adorna y hace
hablar: casas que amu11bla y conotantemente cambia
de distrihución y asea.
La mujer nació para el hogar; así á la mujer se le
debfl dar una educación arreglada á sus inclinaciones Se le ha querido igualar al hombre, cosa imposible, toda vez que la naturaleza les ha he ello diforentes
La muje~, I?~s impresivnable que el hombre, puede
llegar al m1st1s1mo en lo que apren ia, si no se hace
con mét••do. No por eso se debe dPjar á la mujer .;in
instrucción, e11ta idea. d••be desecharse por ab,mrda·
pero no deb &gt;1 instrulrsele demasiado porque se arre~
bata~¡ hogar un ángel para crear una marisabidilla
que poco 6. nin¡n~n provecho deja á la sociedad.
Es más fácil conquistar que com 1render el corazón
Laq marisabidillas son á no dudar la prostitucián de las mujeres.
de los hijos.
JUAN PABLO RICHTER,

219
CONTRA LAS HORMIGAS

En una de las ~esiones de la sociedad Nac'onal de
Ho1 ti cultura cte F,aocia, uuo de sus miembros declaró que &lt;1e,tr11y11 !01:1 hormigueros, introduciendo en
ellotl un~ espo,,ja moja~a con miel, cuaudo la e11ponja.
e,tá c11h1erta &lt;te hormigas Ja saca para meterla tin
a!!'ua hirviendo
·
.
'Se ( btienen los mismos resuh:dos. sirviéndose en
lugar de la esponjd, de un cangrejo mut-1 to, de un
pe•c~do 6 de u11a pata de buey, que se colocan en los
horm1g·uer_os y cua11do eutrau eu putdr11cci611 atrae11
á las ho1:m1.ga.:1 q11rl .t1A _ le.:1 .a5 Jomtinrn. St1 quitan del
horm1gu_"1'.º con uuas plll&amp;as ~sos objcitos, y Btl llevan
á un rec1p1ente de agua hirviendo.
CONSERVACIÓN DE LOS MELONES

Esta fruta debe come1se tan ilH'"'º rom'o t&gt;Ff é mRdura, porque se cons_erva mu.v mal pierde de un día
para otro sus preciosas cualidades.
Hay dos proci,dimientos poco conoriilo11 aún, 1 or
los cuall's se pueden conservar esas cucurbitáceas
. Cuando se quieren guRrdar los melon~s, es nece~ar10_ cortarlos a.r,tl\~ ile que estén maduro~. y dejarl&lt;&gt;s
enrntar unas 18 o 2-! horaF; despues se le11 coloca en
un tonel lle1•0 de ar+'ua, 6 de serrín mezclado con CRrbón en polvo, todo b' en ~eco. Es necPsario que Pl tonl'l 110 esté t&gt;Xpue~to al frlo; á la luz niála buml'dad.
Por este sencillo procedimiento se pueden conservar
los melones unos veinte d!as
Cuando se trata de couservar los melones complet~meute maduros, el único medio que se puede l'ID·
p1ear, es colocarlos en un refrigerador, donde pueden
durar fresros mAs d0 un me@.

y

MODO DE ECONOMIZAR LA CEB.\DA

Para economizar la. cebada que se da como forraje
A los animales, se le pone á remojar durante alguna!!
horas Pn el agua, La experiencia ha demostrado que
con esta costumbre se puede disminuir una tercera.
parte de la cantidad de cebada. A los caballos espe·
cialmente, se les gastan mucho los dientes masticaudo la. cebada, y de alli que trituren muy mal v que
algunos por la mucha avidez con que la comen; ia traguen en su mayor parte entera, esto constituye una
pérdida completa para. la. digestión. La maceración
de 1~ cebada _en el agua, durante tres horas, remedia
11se rn.:onven1,.ntP, pues el grano se hihcha se ablanda, y los animales lo mastican y lo digieren mPjor.

FJg. 3. Traje de:foulard.

FJg. 4. Traje:de casa, nue-vo .modelo.

FJg. 3. Traje de piqué.

�Domingc 11 de Septiembre de 11:!91'

EL MUNDO

220

Cuerpo ligeramente ablusado, con hermosas aplicaciones de blon•
da, cerrado á la. izquierda por dos rosetone11!
FJG. 4-TRAJEl Dlll CASA. NUEVO ~iODELO

La falda es de tafetán negro con aplicación completa de punto
de seda bordado de grandes gulas de no me olvide@.
Cuerpo blusa de escocés de lana y seda, ceñido por un cinturón .
de raso.
Aplicación de avalario á ambos lados del frente de la blusa, muy
el Pea nte.
Jockeys avolantados y manga jus•a..
FIG

5 -TRAJE Dlll PJQUÉ

TOMO II

MEXICO, SEPTIEMBRE 18 DE 1898

PARA MEDIA

ESTACIÓN.

La falda es completamentfl lisa.
El cueroo ablusado, va ceñido por un
cinturón de r&gt;1so negro, con elegante ro·
setón á la iz.:¡uierda, y tiene una graq
aplicación bordada en el frente.
FIG 6.-BATA Y JACQUET !'MOKING PARA
CABALLERO,

Es de paño a~argado, figurado elegan·
temente el pJimero. LoR revesPs del cue·
llo .v de las mangas no llevan figura.
Ell•gante cordoncillo de seda orla los
bordes y un gran cordón de lo mismo, ciñe la bata.
El jacquft smoking de paño pero con
galones de seda obecura en forma de alamare&amp;.
FIG, 7-ULSTER PARA NIÑA DE 13 Á 14 AÑOS,

Es de p11ñete dibujado de 11marillo y
oro y gris acero de un encantador e.ecto,

Fig 7-fflster para niña de 13 á14. aílos.

Fig, 6. -Bata y Jacquet smoking para .caballero.

.¡

Nuestros Grabados.
FIG, 1-TRAJE PARISIENSE DE RECEPCIÓN Y FROCK
PARA NIÑA

Es de gros gris ace10 con una profu@a aplicación
bordada, formando llorones y guias de un exquisito
exotismo, asi en la falda e mo en el corpiño que se
abre sobre una bellislma chifoné dti muselina de seda
blanca, rematada en un fantástico rosetón delseda.
· J ocqueys sin bordado, muy sencillos.
;
El frock e&amp; de piqué con capelina figuri.da y alter·
nados oe muselina chifoneada
.
Un elegaot.~ cinturc:mcito de tul, con los mismos al• ,.
ternados Jo eme graciosamente.
_:,

FIG.11.-FROCK PARA NiÑA
DE 8 A \1 AÑOS.

Es de piquP- rojo, con un
jokey cuadri,do, de bordado.
La falda es plana, gra•
ciosl}mente plissé
Mangas justas con elegantes abullonados.
Cinturón del mismo género, sin hebilla.

FIG, 2-TRAJE FRANCES PARA PASEO,

Es de foulard de seda finísima, moteado de
floja.
, ..
Gran sobrefalda chifonóada, de sumo efecto.
,i,,1
Cuerpo dragón con coselete á 1:&gt;andas de raso ne• ...--$
gro, alternadas de cho~s de muselina de seda, todo :'%;
sobre un fondo de la misma.
·,,i
Jockey capti•:hoso y mangas del mismo estilo que ·
la sobrefalda,

Modo de limpiar las telas
de seda.

Azul pálido figurado con elegantes guias ligera•
mente realzadas.
Dos volantes eu eepiral, ornan la falda y otro corre por su extremidad mterior en toda su longitud.

-- :

V

Para limpiar y lavRr una
tela de seda, de color ó
blanca, y darle el lustre de
nueva, se le moja, frotándola con cuidado, con claras de huevo. Se forma sobrl' la tela una especie de
espuma, que oora so~re el
tejido mejor que el jabón.
Cuando la tela ebtá limpia,
se Je mete en II gua fria
que se remueva hasta que
quede llmpida. Se pone á
orearla tela de seña enun
tr po limpio, y se le aplancha, cuando todavia está.
húmeda.

FIG. 3-TRAJE DE FOULARD.

...

jacquet deg:-ansolapa bordada que puede ir cerrado
ó abierto sobre una gran
camisa de muselina de se•
da e:egantemente chifo •
nea.da. sencillos galones de
gusanillo en lineas decres•
centes. ornan los lados y
la espalda del jacquet y
forman guias elegantisimas á los lados v cerca del
remate de la falda.

. .:-

~ .......
..,;:;,-:'.:

~

_

-- --~
...

_ _ .. =;. \---~ -

Frock para ntn.a de 10 á 11 anos.

-

Fig. O. Traje para niilo de
4 á5anos.

con dos filas de botones fantasia, y capelina de
doble aleta, lig-eramente plegada.
FlG. 8-FROCK PA'!tA NIÑA DE 10 A

11 AÑlS,

Es de sarga azul obscuro, adornada con bandas
de galón bordaClo.
Jockey cuadrado. Jockeys muy elegantes
cuadrados también
Blusita justa, plissé, ceñida por cinturón
de galón.
FIG 9-TRAJI!) PARA NIÑO DE 4 Á

5 AÑOS.

Es de brown diagonal y consiste en una
blusita larga, de cuello marinero, ceñida por
un bonito cinturón y en pantaloncito aja.reta•
do, sin ningún adorno.
Las solapas de piqué ligero, llevan bonitos
galones como adorno.
FIG. 10-TRAJ81 DE OTOÑO CON JACQUET
A'llllilR1'0 Ó CERRADO, DELANTERO Y ES PA.LDA

Es de paño amarillo humo y consiste en un

Flg. 10. Traje de otoff.o, con Jacquet abierto ó cerrado, Delantero y espald;,

~ _ ,i:\ a;a;1JJ.,11--11üJ..u..uw
Flg.1!,-Frock para nUla de 8 á Oallos.

MONUMENTO A LA INDEPENDENCIA
Inaugurado en Puebla el 16 del actual.

•

NUMERO 12

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingc 11 de Septiembre de 11:!91'

EL MUNDO

220

Cuerpo ligeramente ablusado, con hermosas aplicaciones de blon•
da, cerrado á la. izquierda por dos rosetone11!
FJG. 4-TRAJEl Dlll CASA. NUEVO ~iODELO

La falda es de tafetán negro con aplicación completa de punto
de seda bordado de grandes gulas de no me olvide@.
Cuerpo blusa de escocés de lana y seda, ceñido por un cinturón .
de raso.
Aplicación de avalario á ambos lados del frente de la blusa, muy
el Pea nte.
Jockeys avolantados y manga jus•a..
FIG

5 -TRAJE Dlll PJQUÉ

TOMO II

MEXICO, SEPTIEMBRE 18 DE 1898

PARA MEDIA

ESTACIÓN.

La falda es completamentfl lisa.
El cueroo ablusado, va ceñido por un
cinturón de r&gt;1so negro, con elegante ro·
setón á la iz.:¡uierda, y tiene una graq
aplicación bordada en el frente.
FIG 6.-BATA Y JACQUET !'MOKING PARA
CABALLERO,

Es de paño a~argado, figurado elegan·
temente el pJimero. LoR revesPs del cue·
llo .v de las mangas no llevan figura.
Ell•gante cordoncillo de seda orla los
bordes y un gran cordón de lo mismo, ciñe la bata.
El jacquft smoking de paño pero con
galones de seda obecura en forma de alamare&amp;.
FIG, 7-ULSTER PARA NIÑA DE 13 Á 14 AÑOS,

Es de p11ñete dibujado de 11marillo y
oro y gris acero de un encantador e.ecto,

Fig 7-fflster para niña de 13 á14. aílos.

Fig, 6. -Bata y Jacquet smoking para .caballero.

.¡

Nuestros Grabados.
FIG, 1-TRAJE PARISIENSE DE RECEPCIÓN Y FROCK
PARA NIÑA

Es de gros gris ace10 con una profu@a aplicación
bordada, formando llorones y guias de un exquisito
exotismo, asi en la falda e mo en el corpiño que se
abre sobre una bellislma chifoné dti muselina de seda
blanca, rematada en un fantástico rosetón delseda.
· J ocqueys sin bordado, muy sencillos.
;
El frock e&amp; de piqué con capelina figuri.da y alter·
nados oe muselina chifoneada
.
Un elegaot.~ cinturc:mcito de tul, con los mismos al• ,.
ternados Jo eme graciosamente.
_:,

FIG.11.-FROCK PARA NiÑA
DE 8 A \1 AÑOS.

Es de piquP- rojo, con un
jokey cuadri,do, de bordado.
La falda es plana, gra•
ciosl}mente plissé
Mangas justas con elegantes abullonados.
Cinturón del mismo género, sin hebilla.

FIG, 2-TRAJE FRANCES PARA PASEO,

Es de foulard de seda finísima, moteado de
floja.
, ..
Gran sobrefalda chifonóada, de sumo efecto.
,i,,1
Cuerpo dragón con coselete á 1:&gt;andas de raso ne• ...--$
gro, alternadas de cho~s de muselina de seda, todo :'%;
sobre un fondo de la misma.
·,,i
Jockey capti•:hoso y mangas del mismo estilo que ·
la sobrefalda,

Modo de limpiar las telas
de seda.

Azul pálido figurado con elegantes guias ligera•
mente realzadas.
Dos volantes eu eepiral, ornan la falda y otro corre por su extremidad mterior en toda su longitud.

-- :

V

Para limpiar y lavRr una
tela de seda, de color ó
blanca, y darle el lustre de
nueva, se le moja, frotándola con cuidado, con claras de huevo. Se forma sobrl' la tela una especie de
espuma, que oora so~re el
tejido mejor que el jabón.
Cuando la tela ebtá limpia,
se Je mete en II gua fria
que se remueva hasta que
quede llmpida. Se pone á
orearla tela de seña enun
tr po limpio, y se le aplancha, cuando todavia está.
húmeda.

FIG. 3-TRAJE DE FOULARD.

...

jacquet deg:-ansolapa bordada que puede ir cerrado
ó abierto sobre una gran
camisa de muselina de se•
da e:egantemente chifo •
nea.da. sencillos galones de
gusanillo en lineas decres•
centes. ornan los lados y
la espalda del jacquet y
forman guias elegantisimas á los lados v cerca del
remate de la falda.

. .:-

~ .......
..,;:;,-:'.:

~

_

-- --~
...

_ _ .. =;. \---~ -

Frock para ntn.a de 10 á 11 anos.

-

Fig. O. Traje para niilo de
4 á5anos.

con dos filas de botones fantasia, y capelina de
doble aleta, lig-eramente plegada.
FlG. 8-FROCK PA'!tA NIÑA DE 10 A

11 AÑlS,

Es de sarga azul obscuro, adornada con bandas
de galón bordaClo.
Jockey cuadrado. Jockeys muy elegantes
cuadrados también
Blusita justa, plissé, ceñida por cinturón
de galón.
FIG 9-TRAJI!) PARA NIÑO DE 4 Á

5 AÑOS.

Es de brown diagonal y consiste en una
blusita larga, de cuello marinero, ceñida por
un bonito cinturón y en pantaloncito aja.reta•
do, sin ningún adorno.
Las solapas de piqué ligero, llevan bonitos
galones como adorno.
FIG. 10-TRAJ81 DE OTOÑO CON JACQUET
A'llllilR1'0 Ó CERRADO, DELANTERO Y ES PA.LDA

Es de paño amarillo humo y consiste en un

Flg. 10. Traje de otoff.o, con Jacquet abierto ó cerrado, Delantero y espald;,

~ _ ,i:\ a;a;1JJ.,11--11üJ..u..uw
Flg.1!,-Frock para nUla de 8 á Oallos.

MONUMENTO A LA INDEPENDENCIA
Inaugurado en Puebla el 16 del actual.

•

NUMERO 12

�EL MUNDO

222

LASEMANA
Llega el regocijo popular á la patriótica conmemoración de nuestra independencia, con el recuerdo vivo aún de las manifestaciones que recibe en su día el Sr. Presidente de la República.
Nunca como ahora ha sido tan sensible el con•
traste entre las antiguas monarquías y nuestra
tierra opulenta y pacífica. Los tribunos de la democracia europea, decían proféticas verdades
cuando en &amp;.iios de sacudimientos demagógicos pa·
ra aquel continente, nos presentaban á nosotros,
pueblos nuevos de América, apercibidos con nuestra constitución igualitaria y humana para dejar
vencidos todos los obstá~ulos, y los problemas df'l
porvenir resueltos dentro de las fórmulas de lli.
justicia.
Dura ha sido la tarea de 1,ul'stros esta"listas;
pero el que hoy gobierna á la Nación ha visto al
fin triunfantes todos los ideales que iGcubó la
Reforma y realizadas todas las grandezas que él
soiió para México en los días épicos de su juventud.
No hay partidos que amaguen seriamente la
autoridad del poder público. Amplias y trimquilas llegan á nuestro sue10 las ondas de la cultur,1.
moderna, sin preocupaciones que las rechacen,
porque no hay en pié privilegios injustos ni vivían encastillados en tradiciones estorbosas para
la civilización.
El Sr. General Diaz, gobierna 'en nombre de la
Nación y para ella, comprendiendo en su programa todos los intereses, no los de una casta, ni los
de un partido.
Su nombre es aclamado unánime, lealmente
por todos los que representan alguna foerza social respetable y benéfica.

Las Cámaras legislativas abrieron sus sesiones
inaugurando el nuevo ejercicio. Menus aparato•
sas que ios Parlamentos europeos, las Cámaras
de la Unión, funcionan normalmente sancionando
con su aprobación soberana, leyes que imprimen
al país sus progresos graduales y que amparan
con sabia previsión las condiciones de la vida
civil.
Sólo algunos espíritus visionarios desean la
agitación parlamentaria en la que son náufragos
el sentido social y los verdaderos intereses colectivos.
Será altamente estética y teatral la lucha de
lof leaders que fabrican en un día gabinetes que
desbaratan con la misma volubilidad; pero estamos en el caso de optar entre una legislación bien
meditada y los espectáculos, á veces escandalosos, da un congreso epiléptico, y naturalmente
preferimos los buenos estadistas á los paladines
de retórica.
Está dicho que nuestro pueblo no necesita estimulantes para sentir lo épico de las fiestas nacionales.
En cambio, los retraentes carecen de eficacia,
máxime si no exceden de los términos de la penalidad rudimentaria que reserva la ley á los
que disparan armas de fuego en los lugares públicos.
¿Quién comprende las emociones del gi·ito sin
las salvas de los charros eutusia,tas y uu muera
concreto?
En noches de fiestas septembrinas el patriotismo se hace batallador. Poi· una retroactividad histórica, fatal á la temperatura de las altas horas,
empeñeros y comerciantes en pequeño expían los
crímenes del rapaz conquistador y de los legendarios tiranos coloniales.

,.,.,,
El viento ha dispersado y n los pétalos marchitos de la decoración floral que cubría las principales avenidas por las que corrieron los trenes
suntuosos del combate simbólico.
l\léxico fué en el espacio de medio cía, la Niza
a,.istocrática y cosmopolita que se enloquece bajú" el quemante sol meridional y la feérica lluvia
de confetti y serpentinas.
·
Al trote largo de sus caballos, bi·isas, y b1·eacks,
faetons y vis-á-vis pasaban dejando una estela
de perfumes y la visión de un sueno, ligero
como la legión de bicicletas que parecían, multicolores y silenciosas, una fuga de estrellas desquiciadas.
Cuántos al perder á lo lejos el último re~plan-

Domh1go 18 de Septiembre de 1892

dor de las orifü1mas, dirían como Goncourt: ¿Por
que se acabarán tan pronto las óperas?

Virginia Oro,-un nombre que delata á mil kilómetros el pseudónimo - ha iniciado en el Principal la única posible novel,lad en ese teatro condenado perpetua.mente á trabajos forzados de género chico.
Los empresarios conocen la aguja de marear y
saben que los imperios de toda decadencia, se
sostienen sobre Pl conflicto de las facciones.
Una más; es decir, nueva ocasión para que los
doctos concurren.tes á la tanda borden sobre los
te mas de la Revoltosa y Retolondrón disertaciones de noble estética.
Los que han visto y oído á la Señorita Oro dicen que sucede dignamente á la Goyzueta.
Ha sido aplattdida con !'stusiasmo y simpatía.
Que su reinado sea perdurable y próspero.
f'W

El Teatro Juárez de Monterrey fué estrenado
el día 15 en honor del Sr. Presidente.
Despues del desastroso incendio de 1896, MontPrrey era la única ciu\lad importante en la Re•
pública que cancía de un local para espectáculos teatrales.

Sr. General Don Ramón Corona.
Estatua ln&amp;ugurada &amp;n el Paseo de la. Reforma.

El caso con su vu\~¡¡r crudeza no admite esas,
excusas con que la sc,ciedad absuelve desdeilosamente los dehtos pasionales.
Los que creen en la eficacia expiatoria de la,
penalidad, tendrán que inclinarse ante las fatali-•
dades que forman á esos renegados de todo sentimiento de moralidad.
¿Quién va á negarlo? Cosí natU1·a lo disposse•.
f'W

Piden los obreros al Sefi.or Presidente d J laR~pública, que los restos de los héroes de la Independencia no sean llevados á la Rotonda de los.
Hombres Ilustres.
Pretenden que esas ceniza.e; no descansen en un,
monumento al ah-e li~,re, solitario y campeHre.
Pnfieren para ellos el templo hierático de bóvt:das sombrías.
Hay cierta poesía en ese voto de los humildes.
Resucita e11 ellos, ó vive aún, el anhelo misterioso•
del cristianismo primit,ivo de las e&gt;1tacumb1ts.
El pueblo ama los ideales que reciben ofrendas
de lágrimas secretas, bajo criptas in violadas porla invasión victoriosa de las innovaciones que nv•
comprende la piedad sencilla de los creyente:,:.
Mas si se alza el monumento, allá irán á la colina sagrada en devota procesión y acaso encuentren más grandioso y significativo el bomenaje,
léjos de la ciudad, entre la pompa &lt;le U:na naturaleza llena de los rumores de lits frondas funerarias.
Dick.

Domingo 18 de Sep:..::ti::e=m::b::.r.::.e..:d::e::...:::189o:::.:·:.....==~-----====~E~L~~~1.;;:U~~~•o~o~=~-----=-===~=======--====..;2í
..23
....._

rior, indomable en sus aspiraciones, tenaz en sus
proyectos, firme é invariable en sus programas.
Etapa pur et11pa, todo ha sido derribado al paso de las huestes anglo-egipcias que acaudilla el
general Kitchener. Las hordas del Mahdi, los nu •
merosos ejércitos del Califa de J 11.rtún, los soldados curtidos por un sol abrasador, que se habían
congregado en torno de la bandera verde del
Profeta, á la voz solemne de los dervises, los beduinos terribles de la región, que se armaron contra el invasor al épico clamor de las trom¡:&gt;etas,
que los convocaban á una guerra sagrada. todo
quedó derribado al paso de las tropas inglesas,
todo se inclinó ante la fnerza de la ciencia estratégica y de lo;; elementos superiores de combatl',
Como las rubias espigas de los trigales se abaten al soplo del aquilón, como las cañas sonantes del Nilo se inclinan al paso del simoun, como los
altos encinares del Cáuc1tso caen hechos trisa,;
al golpe asolador del rayo y la tormenta, así fué
aventada como seca arista, como leve paja, como
pufiado de menuda arena, la resistencia orgauizada por los dervises para oponerse á la conquista anglo-egipcia. La plaza fortificada y for
midable deOmdurman cayó en poder del general
Kitchener, tras rudo y sangriento combate.
Los sectarios del M11h_di muertos Amillares, bar1 idos por la metralla inglesa, han de emblanquecer
con sus huesos las are as tostadas del desierto.
Los defensores de Jartún rotos y destrozados
por las tropas iovaboras, han regado con su sangre la fecunda tierra; han caído bajo la fulmínea
espada de conqui 1ta que esgrime en a-quellasabrasadas regiones la armipotente Albión, y ya será
muy difícil que los deshechos restos del ejército
vencido opongan resistencia á la completa sumisión del país.

*

**

De hoy en más, la Gran Bretaña será duefta y
seiioradel fértil valle del Nilo, y sus dominios se
extenderán más allá de donde asentaron la plan- ,
ta todos los conquistadores de esa región sagrada,
desde Sesostris hasta Ciro, defde Alejandro hasta
Marco Antonio, desde Ornar, hasta Napoleón.
En vano las potencias europeas tratará.n de interponer el veto al ensanche de los dominios britá.nicos; en vano Francia alegará pretendidos derechos sobre la tierra de los ..Faraones. La suerte
está echada, y la primera potencia marítima seguirá imperturbable en su camino para adueiiar-

se del Continente afrie11.no, dominando desde las
Costas de Oro hasta Mozambique desde la culta
Alejandría hasta el Cabu de las Tormentas, cla•
vanJo en esa cruz de sus conquistas las ambiciones de todos sus rivales.

virtud, santificada por el amor ó ennoblecida por la
gloria.
·
¿Qué les importa á esos monstruos la virtud y
la grandezai' qué les importa á esas bestias irsutas, que salen de las cavernas negras de la ignorancia y la miseria, con todos sus odios para la
luz, con todas sus envidias para el ala, con todos
sus horrores para el alma, lanzar su rugido de
riera encadenada y herir con igual insensatez á.
Sadi Carnot ó á CAnovas del Cas:illo?
Hoy ha tocado en suerte caer al filo del pufial
anarquista á la augusta emperatriz de Austria-Hungría Isabel de Baviera. El brazo del asesino
110 se detuvo ante aquella frente soberana, adornada con In triple corona de la virtud, de la ancianidad y del dolor. La augusta dama que ha gemido desde que vió desap11.recer entre sombrl\S
midteriosas á su hijo iJolatrado el Archiduque Rodolfo, que apart1.llla completamente de las contiendas polític,1s en que se ha agitado el imperio
austro--hú11garo, que desentendida de todas 111,s
convulsiones que h1m sacudido el trono de su
esposo, sólo tuvo lágrimas para llorar las desventuras llovidas sobre la casa de los Hapsburgo y
corazón para amar á sus hijos; la soberana que
bentada en un trono secular, compartió con su esposo el ti\lamo imperial, pero nunca las f,1tigas
del gobierno, y derramó sobre su pueblo desde
su alto puesto los dones de su munificente caridad: ¡extraiio error! esa fué la víctima elegida
por los anarquisus, para ser sacrit:cada en aras
de sus odios implacables.
Un grito de horror ha sacudido toda Europa.
Las sociadades se aperciben á la defensa. Los gobiernos deben prepararse para dar caza á 111, fiera del anarquismo, hasta en sus más escondidas
madrigueras. La civilización así lo demanda; la
justicia así lo pide; así lo exige el derecho de
propia conservación.

***

***

Estatua de la Historia.
Inaugurada. en Puebla el 16del corriente.

La hidra espantoo1a del a.n arquismo ha lanzado
otra vez sus silbos fatídicos y clavado su diente
ponzoftoso en el corazón de Europa. Todo lo que
se alza, todo lo que brilla, todo lo que vuela, en•
gendran en esos antros obscu_ros, donde se agitan
las aspiraciones morbosas de los degenerados de
nuestra civilización, engendran· y producen el
odio insensato, el rencor ciego, la venganza inaudita, hieren, hieren en la. sombra sin cuidarse de
ver si la cabeza que cercenan e1:,tá ungida por la

Reunidas las Cortes espafiola&amp;, que convocó la
Corona para sancionar conforme á la Oonstitución
el doloroso abandono de las colonias á que se ·
vió obligado el GobiHoo, después de los azares
de una guerra desgraciada, la repr11sentación nacional ha sancionado con su voto las decisiones
del ministerio Sagasta; ha aprobado el protocolo
de la paz firmado en Washington por los representantes de los gobiernos americano y espafiol,
y puesto los fundamer.tos de una era nueva de tra-

Señor General Don Antonio Rosales.
Estatua inaugurada en el Paseo de la Reforma.

Pero la iniciativa individual ha tomado allí modelos en la activa inmigración anglo-sajona y sin
aplazamientos sofísticos ni desmayos extiende su
invasora influencia por todo el campo vastísimo
de la vida social.

,.,.,,
La «juventud dorada» vuelve á la cArcel de
Belén como á su casa.
Todos recuerdan indignados la proeza de dos
jóvenes decentes que hace algunos años riñeron
á. balazos en la Maison Dorée, hiriendo á una distinguida señorita, que á la sazón estaba en el café de San Francisco.
Hoy uno de esos jóvenes torna por un asunto
más bochornoso á visitar la cárcel de la que paree.e que pretende ser huésped habitual.
Con cinismo increíble se hace manteuer por
una mujer casada, vi11ja por Europa y los Estados Unidos A expensas del esposo y cuando el
juez le toma cuentas de sus vergonzosas fechorías,
niega resueltamente las relaciones criminales que
le unieron á su cómplice.

ll)olitita O»tntral.
RESUMEN.-La conquista de Egipto. -La toma de 011durmán.- Jartún en poder del general Kltchener. La "cruz" británica en Afr:ca. -Asesinato de la Em-peratrlz de Austria.-Los odlos del anarq ulsmo y los
horrores de la lgnorancla. - Europa apercibida á l,h
defensa.-Las Cortes espatlolas -El mtnlsterlo Sa•gasta prevalece. - Aprobación del protocolo. - 1a:i,
comisiones lnternaclonales.- Conclustón.

Lenta y gradual, pern firme y decidida, fué siem·
pre la marcha seguida por los ingleses en su f&gt;X·
pediciónrle conquista hacia el Egipto superior. Nli.•
da ha podido dl'tenerlos en su camino triunfal: lasdificultades que la naturaleza oponía al de,fil0
de los ejércitos y al transporte del material u.J
guerra mod.irno han sido allanadas A fuerza u.J
consti:.ncia y de inagotables energías; los obstaculos que ofrecía la tierra ingrata y el Río Sagrado,
en susfuentesd.esconocidas, envueltasenelnimbo,
la leyenda y las sombras de la superstición han,
eaido- ante el _pofl.eroso impulso de una raz:1 ~upe•

VIST..l.S P A.BCIA.LES DEL ltlON1JltlENTO A. LA. INDEPENDENCIA. EN P1JEBLA..

�EL MUNDO

224

Domingo 18 de Septiembre de 1~

las incesantes guerras de su padre.
bajos titánicos, para reconstruir y
¿Qué hizo Felipe II para curar aquella.
reorganizar el país, herido hondallaga, para regularizar la administración, para aliviar las cargas de loa
mente por las desventuras de la depueblos, para reanimar la industria,
rrota.
fomentar la publica riqueza y sacar
En vano los jefes de partido se
nutivos recursos con que subvenh á
alzar0n, e n el Congreso de los Dilas atenciones y satisfacer las deudas
-Tomar para sila plata que venia
putados y en el Senado, á pedir
de IncHas para los particulares y mercuentas al Jefe del Gobierno por
caderes; vPnder hidalguías, jurisdiclos desiistres de la patria espaiiola,
ciones y oficios, la cuarta de las igleen vano se provocaron escenas vio~ías, los terrenos del comun y las villas y lugares de la corona; Imponer
lentas, y cruzaron, como choque de
empréstitos forzoEOS á prelados, magespadas fulmíneas, tremendas munates y hacendados, que arrancaban
tuas acusaciones entre liberales y
~011 violencia y sin conRideración; susconservadores: la mayoría, la abrupender los pagos á los acreedores, y
hasta legitimar por dinero los hijos de
madora mayoría con que contaba
los clérig·os.
Sagasta en el seno de las Cortes, soComo, por una parte, proseguían las
focó todos los impulsos, refrenó toguerras y las expediciones costosaF1
dos los bríos, apagó las chispas de
continuaba el empeño de conquistar y
incendio y su~pendió toda discuconservar reinos que, Jpjos de producir
eran otros t11ntos sumideros de las
sión.
reo tas de España, y e! oro de América,
Los republicanos que se abstujunto con los brazos agricultores del
vieron, los carlistas que se alejareino, se enviaban á otras regiones, y
ron, los conservadores que amenacomo por otra parte, las providencias
ndministrativas eran ineficaces ó conzaban con un conflicto, nada putrarias al objeto mismo para que eran
dieron hacer, prevaleció la voz audictadas. sucedía que era mayor cada
toritaria del caudillo liberal: quedía la miseria y .la pobreza publica.
daron clausuradas las cortes, y hoy
Cuando las Cortes, con triste, pero
vigoroso acento, se lamentaban de la
cuestión de la paz y de la dolorosa
penuria y ahogo de los pueblos, y examputación que ha sufrido la moponían que los pecheros ya no podían
narquía espaiiola, sólo depende de
más, y reclamaban el alivio de los trilos comisionados en París, en la
butos, ¿qué era lo que arbitraba la
Junta de Hacienda reunida por 1,l soHabana y en Puerto Rico, para reberano y qué era lo que este soberano
presentar los intereses del reino.
sancionaba? Suspender los titulas y
Si el Sr. Sagasta se ha equivocaderechos de los acreedores del Estado;
do, si ha cedido sólo á la fuerza
reducir arbitrariamente sus intereses
vencidos, so pretexto &lt;ie ser exorbiincontrastable de los hechos, á la
tantes y ruinosos; reformar y modifiinfluencia de un poder superior, decar sus titulas con arreglo á la reducmostrado en tierra y mar, ya lo diEl Combate tle Jlores.-Frente al Pabellón Morh1co.
ción que se fijó, y dar un efecto retroFot.
de
«El
Mundo»
rán los acontecimientos.
activo á todos los contratos hechos
t Entre tanto, queda en pié su alta
quince aií.os antes, especie de banca.
~rota que irritó y espantó á los prespersonalidad, como el principal restamistas extranJeros, y acabó con el crédito de la Haponsable en la tremenda crisis que acaba de suLa España de Felipe II.
cienda y del Gobierno de E~paña.
frir la patria de .Alfonso XIII.
¿Cuáles eran las causas de tantas necesidades, de
tanta pobreza, de tanta miseria interior, en la nación
(De la Historia Gene1•al, de España, por LnfuenteJ
X.X.X.
entonces más poderosa, y que debería ser también la
16 de Septiembre de 1898.
más rica de la tierra?
Nadie vacila ell: señalar como una de las primeras
"No era ciArtamente li~onjero el estado en 'lUe Felipe encontró l&gt;t. haci,rnda de E•paña; consumidas Jaa causas la lucha gigantesca de los reyes de España con
rentas agotados lo@ rt&gt;c11rso1, agobiada la nación con tantaP naci,mes, potencias y soberanos.para defender
d1&gt;11d;1.s enoruJAS, paralizado el comercio v muArta la la fe católica y el engranrlecimientodelacasa d~Ausiudu11tria, resultado dti los dispend:os ocas·ionados por tria; lucha que, com,mzada por Carlos I, proseguida

ESTETICA DE LA LENGUA FRANCESA

J

7

225

EL MUNDO

Domingo 18 de Septiembre de 1898

-

~

Un aabio autor, M Remy de Gourmosit ha e,crito
algo muy curio.o sobrt: 111. estética dd iJioma francé3
Dice que como todas las otras lenguas neo-latinas,
el francés titme tres clase11 de palabr11.s: palabras de
formación popular; palabras de formación sabia y palabras l'Xtranjeras brutalmente introducidas. Sóao las
primeras traducen el ge1Jio nacional; l11s dti la segun- ·
da catogoria, pueden ser, i,ventualmente armoniosas, sonoras, tstéticas; pero que en gener11l son horribles. Eu cuanto il. las p11labras extranjeras, afirma
que casi siempre relmplazan desventajusemente los

COMBA.TE DE FLORES.-A.venida"Jná•
rez, f'rente á la_Calle Nueva.
Fot. de «El Mundo»

COMBA.TE DE FLORES -El Jockey ()(ub.
Fot.~e «El Munio•

p or Felipe II. hacia necesarias multitud de colosllles
empresa~ costosfsim11s oe hombres y de dinero. Los
soldados y los te~oros de Espaf&gt;.a se derramaban por
1nfinidad d" E~tadn~. separados entre si, ó por mares ·
1.nmensos, ó por naciones enemigas
Los tesoros allá se consumían; los hombrPo allá
se quedaban; los unos en los carnpos d11 batalla, :os
otros g11arneciendo las. plaza~ fuerte~. v los que volvían hab!~n sido arrancados de sus ho¡garea ant11a de
poder utihzar sus f 1erzas P.n los tr11b8JOS de la tierra
ó de los talleres, y r11gresaban en edad PD quP. el tra•
bajo de los t~ller11s y de 111. tierra se resistia A brazos
habitu~dos só.Jo al m~nejo del mosquet... ó de la e~pada. Em1grac10n d" riquezas, dPspoblac1ón del reino,
ah1mdono de la agricultura y de la indu•t.ia, eran los
efac_t~s inmediato~ y naturale~ dP las guerras
D1s1mul11ble poilrfa ser el afán de const&gt;rvar domtnios ~emotos y dl'sparramad?s, si las rE1ntns dA aquellos .l!;stado;s ya que no acrecieran las de Es pafia, bu•

términos castizos y son por lo mismo inútiles y perjudiciales.
. La lengua tendría toda su pureza si todos los vocablos usual e~ pertene?iesen á !a primera categorla; pero apenas s1 una tArc1a parte de Pilos pe hallan AD esa.
condición Los de la Eegundabijo3 baEtardosde Greda
ó aventureros de otros países, l!on de una fealdad repugna~te y oprobio del idioma, mientras el instinto nac10nal ó el uso les darla carta de natura!ización
Es imposible suprimirlas, pero al mE&gt;nos debti procu:
rarse que SP&amp;n menos desapacibles."
En los neologismos derivados del griego, los sabios

COUBA.TE DE FLORES.-Victoria
de los niños Salcido.
Fot. del «El Mundo,

-

. --

.

~--~ '.~ -:·~: ;:it::
·~
.

bieran á lo menos producido para gastar su propio mantenimiento. Más ya por la l'sterelidad de los unos,
ya por la resistencia de los otrrs á contribuir para
mantener un señor y un gobier•o extrañ'&gt;, ya por 1a
falta de producción oca11ionada por !ad guerras en
que . ndaban revueltos todo;;, ed lo cierto, que en vez
de producir consumlan, que por más que se los esquilmaban Ifo rendían ni aún para racionar y asoldar
nuestros ejércitos dé operaciones en aquellos países, y
que para mantener nuestrrs tropas en Flandes, en Miláa, en Ná.poles y en Sicilia, era menester enviar co.ntlnuam&lt;-nte á Sicilla, Nápoles, Milán y los Paf11es Bajos, nuestro oro de Am~rfca y nuestro oro de Casti!la,
y no alcanzaba nunca ni basºtaba. de modo que todos
aquellos grandes señorlos, eran otros tantos grandes
c~nsos para España, y nos hacíamos pobres por la vanidad de que nos llamaran grandes señores."

"'◊.

.

...¡.

El Combate de f'Jores-Otra perspectiva frente al Pabellón.
Fot. de •El Mundo.•

LA.FUENTE,

CO1'IBA.TE DE FLORES.-La Esmeralda.
Fot. de «El Mundo»

�...
EL MUNDO.

226

Domingo 18 de Septiembre de 1898.

Domingo 18 de Septiembre de 1898

ria exponemos, que se afrancese también, escribiendo,
vervi gratia, higueliffe, bifeteque. La belleza de la
palabra nada ganaría; pero, en caml:'io seria más fácil la pronunciación y la lectura.
"La belle2,a de una palabra, concluye el autor, depende y esta toda ella en su pureza, en la originalidad.
en la raza 11
11
vesde que somos esclavos de la super.s~ic~ón cien•
tífica concedemos á los pedantes poder 1hm1tado sobre una actividad intelectual que es del dominio absoluto del instinto. Creyendo que debían aceptarse
todas las pa abras extranjeras, nemos .creído que el
idioma se enriquece con lo que no es sino un signo de
indigencia. No es posible que un idioma tan vivo 11terariamllnte haya perdido su antiguo poder verbal.
Vale más renunciará la expresión de una idea que
formularla en jerga insoportable. No es necesario
escrilllir; pero ya quelo hacemos, empléese una lengua
verídica y de buena casta.

La. Emperatriz de Austria-Hungrfa.

varon á ocupar puestos de importancia en la gerarquía militar
Estaba á las órdenes del General López U raga, jefe del cuerpo deope:r-aciones del centro, y como no creyese conveniente supeditarse á él por razoues que nopodían ser más justas, toda vez que Uraga preparaba
una escandalosa defección, acompañado de algunos
partidarios separóse del ejército delce~tro y emprendió una aventurada travesía hasta Smaloa. En ese
Estaba reunió los elementos suficientes para formar
un Pjé1 cito con el cual emprendió activa y victoriosa
campaña contra los imperialistas ganando la acción
de Palos Prietos. y de la Coronilla tomando Mazatlán
y preparand(! la ae Guadalajaracon ~n plan bien medit11do que eJecutó el Coronel Eulog10 Parra.
Una vez que logró establecer el régimen l.beral en
Sinaloa y en IR capital de Jalisco, hizv capitulará Colima, ganando esos tres Estados para la causa nacional.
Concurrió al sitio de Querétaro con el grado de,
General de División y consumado el triunfo de la Re-

Recuerdos del combate
de nares.

COMBATE DE FLORES.-Avenida
.Tuárez.

Fot. de "El Mundo."

han procurado siempre dA una manera especial
que la palabra sea una definición de la cosa que se
quiere expresar Inútil y ridícula tentativa! Jamás
da la palabra una idea de la cosa sino á losiue ponen
toda su buena voluntad para entende!'la. ¿Uómo po•
dría el compm,sto griego piró.,cafo (fuego-buqne)
11ignificar para el que lo ignora la idea precisa de un
buque que se mueve por medio de una máquina de vapor siendo éste producido por el fuego? «Buque de vapor• es más simple y más inteligible y el autor hace
notarque enlamayoriade las pa1abrasfra11cesas deri. vadas antiguamente del latín, el sen_tido etimológico
ha desaparecido, casi por completo: los cuadrantes
son redondos, aunque la palabra significa cuadrado.
El verbo francés tuer (matar) viene del latín tutari
(protejer) y por una serie de avatares curio11os ha llegado á tener una significación contrari11,
Hay mil ejemplos que como loR anteriores demuestran la insignificancia del sentido etimológico y que
por lo mismo es inútil sacar del griego pa1abras horribles, desde el punto de vista estético, so pretexto
de que traen consigo la significación del obJeto que
designan, cuando en realidad nada preciso significan. ¡Odontálgica quiere decir lo que cura ó lo que
provoca la "nfermedad de los dientes? Imposibie seria saberlo por la palabra misma. puesto que junta
sólo estas ideas diente y dolor. Entonces ¿para qué
crear ese barbarismo?
En cuanto á las palabras extranjeras que forman
como islotes dentro del lenguaje común, sólo son admisibles cuando se funden completamente adoptando la ortografía del idioma que las admite Así pasaba en otros tiempos, cuando el francés tenia.aún, toda
su fuerza de asimilación. Fetiche, mandarín, limón,
maga.sin y otras muchas palabras, nada conservan de
sus orígenes á rabe, español, portugués, etc., etc.
Sigufendo esos ejemplos, querria el autor cuya teo-

Nuestras ediciones día•
rías han publicado una informatión exacta y completa del combate de flores
dispuesto en obsequio del
Señor Presidente d-, la República, y eso nos dispensa
de Insertar en estas columnas la nota integra de esas
fiestas.
Con el objeto de dar á
nuestros favorecedores un
álbum acabado del cert~men floral,dispuso ELMU:N·
DO !LUSTRADO una instala·
ción fotográfica en la calle
de Patoni y en ella se tomaron fotografías de todos
los coches y bicicleta11 que
concurrieron al combate
de flores. Además, varios
artistas y fotó¡rafos comi~ionades por nuestro semanario, tomaron apuntes é
instantáneas de las escenas más notables y salientes para completar la co•
lección, y no dejan fuera
de ella ni un solo episodio
de la brillante fiesta. La
premura del tiempo nos
impide dar en esta edición
todas las fotografías que
tenemos en nuestros talleres; pero nos prometemos
publicarlas la semana pró·
xima, y con ellas una nota
que condense lo más notable del combate de flores
efectuado t&lt;l dia 14 del corriente.

227

EL MUNDO.

Balcón de la casa del Sr. Liinantour, desde donde el Sr. Presidente
presenció el Combate de Florefil.
Fot. de ''El Mundo."

La Emperatriz Isabel Amelia Eug!'nia, espos,i de
Francisco José, Emperad,,r de Austr1a y Re.v deHungrla., nació el .!4 de Diciembre de l8 j4 en Schloss
l'assenbofen en las ribera~ del lal!'0 Traun Fué hija
del Duqne Muimiliano Jot1é de Babiera.
Era la meo r de cinco hermanas, una de las cuales,
la Duquesa d' Alen~on, murió en Parit1 en el desastre
del Bazar de Caridad.
Se dice que el Emperador habla pensarlo en casar·
se con Helena hermana de I.abel, pero que impresionado por la belleza de é~ta, se enamoró rle ella y la
pidió en matrimonio.
La ceremonia nupcial se celebró el 24 de Abril de
1854. Las intrigas q~e se ;urdi".r&lt;?n contra ella desde
que ciñó la corona 1mper1al, b1c1éronla aborrecer la
corte y la capioal de Austria.
Gustábale viajar: tres cuartas partes dP.I año las pa•
saba fuera de Viena y visitaba con frecut ncia duran•
te sus excursiones Iuglaterra é Irlanda aonde emprendla partidas de caza á las que era muy aficionada.
Sus enfermedades la obligaron á recluirse en el
interior del palacio, y por ú1t_í!110, lasI_&gt;enas que a.~11rgaron sus últimos años. Su h1Jo favonto, el Archiduque Rodolfo, murió trá_gica y misteriosame1Jte. _Esa
desgracia la hiz&lt;? enveJecer en unos di~~ como s1 h~biesen transcurrido para ella largos anos de sufrimientos y aún se cree por alg~°:ºª que perdió ~l juicio. LO cierto es que se v1g1laban tu~ acc10nes,
aunque de uua manera cariñosa, con cuidado sumo.
Eligió por residencia
de invierno la villa que
mandó construir en la isla de Corfú y á la que
puso por nombre «Aki
lleion• en memoria de
Akiles «el hijo de los BU·
frimientos de su madre,•
sin duda para recordación de su propio infortunio.

Hidalgo con el estandarte de la Virgen de Guadalupe y á la derecha del cura está
el chico que figuró como tamhor desde los primeros dlas de la lucha.

COMBATE DE FLORES.-Casa del Sr. Escandón.
Fot. de "El Mundo."

LAS ESTATUAS
erigidas A los Generales

CORONA Y ROSALES,
en el
PASlO DE LA REFORMA

El Estado de Sinaloa
ha erigido á su vez dos
estatuas en el Paseo de la Reforma, las cuales fueron descubiertas el dfa 16.
Representan á los Generales
Don Ramón Corona y Don Antonio Rosales, ambos defensores
de la República y del honor nacional contra la Intervención
francesa y el régimen ilegal del
a1chiduque Maximiliano.
El General Corona nació enun
pueblo del Estado de Jalisco y
desde muy joven empezó á pelear en las filas del E&gt;jército libeJal. Valiente, entendido y sagaz
debió á esas y otras cualidades
los ascensos que en breve lo lle-

pública derrotó á Lozada, quien con 15 000 hombre&amp;
hacia frente al gobierno coustituido asolando las re•
giones del Pacifico
Despuét1 de ser Ministro de México en España fuá'
llevado al Gobierno de Jalisco.
Desempeñaba las funciones de Gobernador cuandofué asesinado alevosamente el 11 de Noviembrede 1889.
La mu11rte del General Corona fué una férdida quelamentaron el ejército y el partido libera al que tan
tosservicios prestó con su espada.
El General Don Antonio Rosales era un hombre detalento clarísimo. Estudió en Guadalajara recibiendo el titulo de abogado.
Era progresista y como tal se enamoró de los principios de la Reforma poniendo en defensa de ello&amp;
una gloriosa existencia
Fué Gobernador del Estado de Sinaloa en la época.
de la Intervención y peleó contra los imperialistas y
franceses á los que derrotó en la notable acción de S.
Pedr(l, cerca de Cullacá11, el 22 de Diciembre de 1864.
Esta victoria lo hizo acreedor á h banda de Generd
de Brigada que le envió el Presidente Juárez.
El 2-2 de Septiembre de 1865 murió en la acción de
los Alamos.
Estos son los héroe á quienes el Estado de Sinaioa
ha erigido las estatuas que aparecen en nuestros gra•
bados.

Don José Maria Morelos, Don Leonardo Bravo y Don Hermenegildo Galea.na se
dan las manos formando un grupo aislado.
Don Vicente Guerrero, apoya una mano sobre el hombro de un insurgente que
tiene la rodilla hincada en tierra y en la mano derecha una tea encendida.
·
En la parte posterior Pipila aparece con la losa á la espalda en actitud de proceder al incendió con la antorcha que lleva en la mano.
Del centro del grupo de los héroes, ascienden nubes sobre las cuales hay una esfera de mármol que á la vez sirve de pedestal á la estatua principal. Representa é. la Independencia con fragmentos de la cadena colonial en las manos.
Todas las figuras fueron modeladas por el escultor D. Jesús Contreras y hechas ·
en la Fundición Artística Mexicana.
La inscripción dice así:
A LOS HEROES DE LA INDEPENDENCIA.
EL ESTADO DE PUEBLA,
1898.
El monumento mide más de ocho metros de · altura y costó sobre $80000
El Sr. Presidente de la República, colocó la primera piedra el 21 de Noviembre de
1886, enterrándose bajo una losa copia del acta que se levantó ese dia, autorizada
por el Notario de la ciudad.
Las fiestas de los dfas de la Patria.
Coa las ilustraciones relativas al combate de flores, publicaremos también en
nuestra próxima edición, los grabado@ relativos á las festividades patrióticas paCoch" del Sr. D Tomás dela Torre, en el que iban i,.
r!1 qu e formen en conjunto una colección preciosa de rPcuerdos de los aDJmadi Sra. Amada Dtaz de de la Torre y la Sr.a. Laor.a Formen.- ...e d 1
s1mos días 14, 15 y 16, en los que pomposamente Ee celebraron el oncn:áEhco del
.._ e a
Sr. Presidente de la República y la conmtmoraclón de la lnáfJJEnducia.
Torre, con sus dos hijas.-Primer premio.
Fot. de J. P. Arriaga para "Jn ]tundo"

La estatua de la historia.

11

Uno de los monumentos inaugurados en Puebla, el
día 16 es la estatua de la Historia.
•
Hace pocos dlas quedó terminada en la Fundición
Artística é in1!1~diatamente fué :emitida á Puebla para ocupar el s1t10 que le tenla asignado el artista, en e)
monumemo á Bravo.
Nuestro grabado da una impresión exacta de la es•
cultura á que se refieren estas lineas

El monumento de la Independencia
en Puebla.
Damos en tres grabados distintos el conjunto y dos
vistas parciales del monumento levantado en Puebla
en .honor de los héroes de la Independencia.
Como puede verse por las ilustraciones, esta obra
monumental, será una de las mejores de la República.
El zócalo es de piedra blanca de Pachuca y el pedestal tallado en mármol de Carrara, con una guarnición de festones de bronce.
En el grupo de los héroes, sobresale la figura de

Bicicleta del Sr. Romá.n Orta.-Primer premio.
-

Fot. del Sr. J, P. AtTlaga para "El Mundo"

Coche del Sr. D .Tosé Hlpólito Ram1rez, con las Sri tas. Ra.mlrez.
Segundo premio.
Fot. del Sr. J. P. Arrlaga para "El Mundo"

�EL' MUNDO.

Domingo 18 de Septiembre de l89k

Domingo 18 de SPptlembre de 1898

I.

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Los aburridos vecino~ de Villurrobles, á falta de
entrt1tenimientos de más fuste, pa~a ban sus horas ocio8&gt;1@ picoteando en las diversas tertuli,is que habla en
el puebl~ ello desde el caer de la tarde haPta cerca
de la media noche, sin más intervalo que la escasa
media hora que empleaban en engullir, en su respec•
t1vo domicilio, la carne asada, el chile con frijoles y la
taza de leche de cabra que, en general, coustituian
su cena.
Cierto banco del desmedrado jardín df' la Villa, determinado tendajo, esta barbería, aquella taberna,
eran otros tantos lugares de reunión, cada uno con
su circulo oropio .. . Pi,ro el más concurrido tenla por
centro la Botica de la Plaza
Era éste un establecimiento antiqulsimo que babia
cambiado de dueño, aunque no de farmacéutico, muchisimas veces. Cada nuevo propietario, daba una
mano de gato á. la fachada. repintaba los rótulos, la
sacaba lustre por dentro. remendaba los útiles vif'jos
y la prov-eia de loR que la faltaban. Conservaba algún
tiempo su aspecto fla'Ilante; pero poco á poco se iba
desconchando, rompiéndose. ensuci:mdose todo, hasta
que al cabo de dos ó tres años, venia el nuevo dueño
á rPformarla otra vez.
En la época á que me refiero. hacia ya tiempo q11e
no cambiaba de poseedor, razón por la cual tenia
aquel airecillo de dejadez y abandono...... La empol·
vada anaquelería sustentaba poqulsimos frascos y
esos, cubiertos de endurecidas chorreaduras y en su
mayor parte vacios. En ambos extremos del mostrador, despinta.do por el uso, se ostentaban dos merliana.s vitrinas, poco menos que exhaustas; en el centro
las balanzas de precisión, Olilcilaban blandamente -eajo un fanal pitañoso, y en los dos espacios libres entre estas y aquellas, alzábanse sendas ampollas de
vidrio con agua de color, tras de las cuales solla en•
cenderse, en noches de gran solemnidad. las correspondientes lamparillas. En el trecho de puerta á puerta y en ambas testeras, había unas cuan,as sillas mi.1trechas, que aunque destina.das á. los parroquianos, es•
taban siempre ocupadas por los asistentesá la perenne
tertulia.
Amén de estos encantos, reunía la Botica otros dos
de no menos cuantía: el de tener un boticario amable
y eternamente dispuesto á echar un párrafo, aunque
trajera entre manos la mh complicada receta, y el de
estar situada en la Plaza Princip al, lugar por drnde
pasaba, de paseo ó nPgocio, todo el vecindario Villarroblense, y á donde iban á parar, no bien nacían. co.nducidas por alas invisibles, las murmuracione11 y chismes de toda la Villa.
En invierno cerrábase una puerta de las dos que
daban á la Plaza, y en el abrigado rincón resultante,
se formaba la tertulia.. Cuando hacia buen tiempo,
unos colocaban sus sillas en el vano de dicha puerta,
siempre la mirn1a, y otros á horcajadas en ellas, . en el
borde de la acera, dejándola libre. aanque nad•e pasase por el medio, pues loe escasos t~anseuntea, sobre
todo las mujeres, cambiaban de lado, creyendo escapar con la distancia, á las murmuraciones de aquello.•
ociosos.
Los tertulianos más asiduos, que mútuamente se
buscaban, y cuando por·aca110 no concurrlau, se echaban de menos, eran cinco sujetos: un solterón empleado oficial, el maestro de escuela, un propietario de
casas de poco precio. un hacendado cuyas propiedades estaban cercanas á la Villa, y el supradicho boticario que habla pasado la tercera parte de los cuaren•
ta años que entonct&gt;s tenia, detrás de aquel mism~
mostrador. Los cinco eran vulgares de tipo: el empleado v el propietario un si es no es obecillos, debido á
t.U vida poltrona; magro y epgalichado el maestro de
escuPla. por 1011 diarioR berrln chf's ~ t-1 poco. sueldo;
el agricultor fornido y basto, y el bot111ar10 m gordo

229

11:L MUNnO

ni flaco, de talla mediana, de color indefinible, sin más
cosa notd.ble en su faz inPxpreeiva. que los cuatro
ó seis barr"s diseminados tn ella ... . La iudumentaria,
allá se iban los ciuco. Usab&lt;Lu chambergo de anchas
alas y trajecillos de americana, cortados por el sastre
de la Villa, muy mala tijera, aunque él creia otra cosa.
Y ¡caso estupendo! Aquellos cinco tertulianos, tan
naclficos y mulondrootls, sólo hablaban de grandes
hazañas y espant• sos peligros que ellos hablan acome•
tido y arrostrado Cada uno sucesivamente, c. n voz
campanuda y fiero mirar. iba contando su espeluz·
nante epidodio. Y era lo bueno que aunque mútua•
mente y cada uno para su sayo, por conoc.,rse muy
bien se conceptuaban unos grand18imos embusteros,
niniruno podía pasarse sin contar á los demás su corr.espondientt1 he1oicidad.
Pero quien mayores las urdla, era el hacendado; y
quiza porque eolia pasar temporadas en su hacienda,
entre aparceros y s1rvientes. se le daba algún crédito. El comprendía su prestigio, y le creía mayor de lo
que era en realidad, ola cou ..ire de menosprecio las
narracionea de sus amigos, y cuando ya todos habían

contado su correspondiente hazaña; nuestro hombre
.. e ponla pausadamenttl en pié, sacaba su enorme pañuelo de cuadros rojos y xmRrillos, se refrt-gaba con
él los ojos y las nar•ces, daba un oaseito en corto y.
decla con vqz ponderativa:
-Pero no como lo que á mi me suceilió una vez .. ,
Figúrense que .. . .
¡Válgame Dios! Los osos que él había matado cuerpo. á, cuerpo con su et.chillo de monte;.Jas veces que
habla tenido que defenderse á balazos de los peones
que querlan asesinarle sólo porque los babia reñido¡
los iucendios que habla apagado, rodeado de inmensas llamas, en los bosqued de su propiedad...... Y .asi
por ese orden.
Cierta noche en que habían hecho el gasto los osos
los leopardos y otras feroces alimañas de los terrenos
del haceudado, la borrachera de sus soñadas aventuras dete1 minó á. los cinco contertulios á organizar
una Pxpedicióo de caza mayor para de alli á ocho
dias. Juetllmente venían des fiestas seguidas, y ninguna oportunidad como aquella.

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�Domlngo 18 de Septiembre de 1t!98

EL MUNDO

230

tidas e11tan~iaR en la hacienda, le ponlan ner·
vloso ahora y le espantaban el sueño.
Al encerrarse en la alcob111 sintió cada uno la
El empleado pidió al jefe de su ofich::a el necesario permiso, por si alguna circunstancia impre"ista necesidad de poner junto á si las respectivas
retardara á los expedicionarios más de lo que creían; armas que hablan sido arrimadas en montón á
y por idéntica causa, el rentista dejó sus escasos asun- un ángulo de la pieza. Ya acostados, dos en un
tos encomendados á un su amigo; el domine puso so- catre y tres en d otro, y apagada, con un descobre Aviso á los chicuelos que hicieron una docena de munal resoplido del que la tenia más cerca~ la ve·
zapatetas y se quedaron deseando que no pareciera lucha de sebo que se corría, li&gt;grimeana.o, sonunca por el pueblo; el boticario dejó la farmacia al bre una silla de tule, el ruido que haclan las
cuidado de su mujer, y el hacendado, que ya de ante- bestias en el corral adyacente, el súbito crujir
mano habla hecho sus preparativos, dió las últimas de las maderas los zumbidos del viento, cualquier rumorcillo que ellos mismos producían al
órdenes, y á la madrugada del dla convenido, timba
ni1.stados en maltrecha ambulanc'a, tirada por cinco revolverse en los atormentados camastt-os, les -~
1\ /
no muy lucidas mulas, todo ello propiedad del hacen- · hacia de~pegar la cabeza de las almohadas, lef ?._
vantándola un poco y quedarde un rato á la esdado, se pusieron en marcha.
·J_
No llevaba..1 trabilla por no haber un mal podenco cucha.
Aún
no
pegaban
los
ojos
cuando
sonaron
te•
en diez leguas á la redor.da; pero si buen armamen·\~ -'
to y mejo:,; repuesto de huevos duros, carne seca y rribles golpes en la puerta del cuarto. No tu;•
tortillas, pues aunque valientes y aventureros eran vieron tiempo de asustarse porque los tranquilizó
uná
voz
apacible
que
d
•cia:
hombreJ que no se •iejaban mil pasar.
-¡'3iñorl .... ¡Siñorl ... . Ya es hora.
La charla, darante, 1 camino. corrió, como siempre
por fenomenales aventuras, contadas á grito$, porSe levantaron desperezándose; pusiéronse las
que el traqueteo d,•l armatoete en baches y piedras respectivas americanas, únicas prendas que se
no permiti.1 á la voz diapasón más apacible, y tam- habían quitado para acostarse, y abrieron la
bién aquí oyeron los valerosos cazadores. i1nt"ecor- puerta .... Aún habla estrellas, pero Bd notaba
hda y como dicha á tropezones, la indispensable como una in1ecisa claridad que anunciaba el fin
de la Roche. Los caballos. y&amp; ensillados, esperamuletilla:
-Pero no como lo que á mi me suced:ó una vez! ... ban frente á la puerta de ingreso.
f 7 _~
·t'i'! ¡..
Figúrense que ....
Un mi&amp;mo peneamiento surl('ió en la mente de /4C
Al ponerse el sol llegaron al amasijo de carnchas todos: 11Serl1tn mansas las cabalgaduras?" Por- ~
.
-:-·
de adobe y jacales de palma de que se formaba la ha- que es de advertir que el amo no tenla caballos
cienda, y st1 apearon en una de las primeras, ni de de silla, y cuando los habla menester, se arriamejor aspecto ni mucho máa cómoda que las demás, ban las bestias de labor mejor acondicionadas,
pero que medieros y peones por ser la que el amo ha- á juicio dtil caporal que fungía de admini trab'taba, llamaban hiperbólicamente la casa grande.- dor de la hacienlla .... ¡Y tal criterio, fundado
He aqul su distribución: La puerta •le ingreao daba en las propi1ts aptimdes, podía ser de conseinmediatamente á un-l pieza medianil con luz hacia cuencias desastrosas para los cinco expsdlcioel campo, y que á juzgar por la heterogeneidad de nar1os!. .....
sus muebles, (dos consolas, tr11s canapés y unll larga
verdad era que la cacería no iba resultanmesa de pino,) era á la vez sala·, comedor; en la tes- do"La
de
lo
más di vertido" ...... Además. la proxitera de la izquierda abriase la puerta de uua segunda piez&gt;l de menos espacio, coo dos catres de tijer,1 y midad d 1 los osos, de los leones y hasta de los
bravos, no l8s hacia maldita la gracia.
tres sillas de tule por todo mobiliario Frente por fren- toros
Pero ¿qué remedio? Montaron, y llev1tndo de
te á la puerta de i.J.greso negreaba estrecho pasadizo guia
á un vaquero conocedor del ternmo, y sepor donde se iba á la cocina y al corral. ...
Después de cenar de cuanto habla, que no era po- guidos de otro que arreaba una acémila con el
co, á Dios gracias, se dispu..ieron á acostarse Habla repuesto necesario, emprendieron el camino por
vereda, á ciegas, tiritando de frio y
que aprovechar el tiempo durmiendo un poquito, angosta
qué no decirlo? medio muertos de miedo.
puesto que antes del alba se emprenderla á caballo la ¿por
Uno t!'as otro, pues no daba para más la ancaminata á la sierra.
·
En e11tas y en las otras, la noche habla cerrado coii gostura de la senda, caminaron gran rato con
absoluta obscuridad. En torno de las casucha11 dilatá- ese galope uniforme é incesacte de los caballepais avezado9 a tales jorn'ldas.
base el campo desierto y silencio110. De vez en cuan- josEldel
campo era una enorme extensión n1&gt;gra lido algún perro ladraba á lo l1&gt;jos, se oían silbidos fi.
á derecha é izquierda por fajas de nienos y prolongados, y extraños alaridos resonaban mitada
bla que iluminaba debilísima y blanca vislumpavoroeament0 en las lomas vecinas.
· La verdad es que todo ello produjo cierta desazón bre. Al frente, la sierra jibosa se dilataba achien los cinco cazadores que, sin saber por qué motivo, cándose cada vez más hasta perderse de vista.
Presto la vieron tan cerca que ya no apreciliban
.suspendieron su charla. Mas se fl'Uarda~on muy bien su
perfil dentellado, sintieron como que echaba
de comunicarse su inquietud. BI buen terrateniente
no acertaba á saber por qué aquellos ruidos extra- sobre elles sutilisima sombra.
El cab1dlo del guia suspendió de pronto el
ños, no obstante hab':lrlos oído mil veces en sus tepegalope, y sin que los jinetes tuvieran el trabajo de tirar de las riendas, los demás caballejos Je imitaron tomando todos un trotecito picado que zangoloteaba
las entrañas de los caballeros y les flotaba con fuerza muslos y posaderas en el
arzón de la silla.
·
También el trote se suspendió á poco trecho, tomándose un paso lento y
fatigoso. Los asendereados jinetes respiraban con fuerza. Comenzaban á subir
la montaña. Las pedrezuelas rodaban sonando, aventadas por los cascos de las
c, balgaduras. Los espesos ma•orros arañaban chirriando las chaparreras de du•
ro cuero del guia, rozaban sin ruido las de blanda gamuza del hacendado, y
luego crujlan de nuevo en las indefensas perneras de los cuatro invitados. Lo■
caballos avanzaban palmo á palmo, sentando con tiento las desherradas pezuñas que á. veces resbalaban un poco sobre las lastras a.esnudas. A uno y otro
lado del áspera senda, mostraban su seno sombrlo profundos taludes.
La obscuridad que aún reinaba, impedía adlvinar por la expresión de los rostros, las sensaciones que experimentaban los cinco jinetes; más según su obstinado silencio, debían de ser de intensísimo miedo: sé que á no sentirle tan
~rande, ninguno se hubiera quedado sin contar alguna aventura que encaJase bien en el grandioso escenario en que se encontraban.
Llegaron al lugar en que había de instalarse el rancho: un abrigado rincón
cubierto de piña y cedros, formado por el punto de arranque de una derivación
de la mism" montaña. Bajo un cedro de poca altura, pero de ancho y espeso
follaje, se apearon los cazadores, se puso en tierra el repuesto, se arrimaron al
tronc·o del árbol las monturas, y, entre unos chaparros un poco distantes, se
apersogaron las bestias.
·
El vaquero y el conductor de la acémila hicieron lumbre y calentaron el café
que llevaban ya preparado.
Catári&gt;nle en la única taza que habla par11 ello, uno tras otro, los cinco cazado•
res, echaron sendos tragos de sotol á pico de botella, y cada cual requirió su correspondiente armamento.
Entre tanto iba amaneciendo. La niebla que se tendía inmóvil en el valle, alzi•
base de él, y, rota en girones, volaba, cambiando continuamente de forma, hacia
las indecisas lej~nlas. Las cordilleras opuestas, destacándose á trechos, por las
roturas de la bruma, sobre trozos de limpio horizonte, parecian pincelad"ª de
azul más intenso en otro muy pálido. ;i: las lomas y cerros donde la montaña
ofirmaba sus bases, semejaban moateinllos de pardos pedruzcos.
Tras de haber convenido en partir en la misma dirección y á distancia unos
de otros, los héroes partieron; pero á ..::uy poco andar comenzaron á acercarse
conforme avanzaban, y acabaron por reunirse y caminar en amor y Mmpañla,
sin que nadie protestase de semejante infracción á lo convenido al partir.
H!l.cia el med'_o día volvieron al rancho despeados, sudorcsos y jafleantes sin
haber disparado sus armas: circunstancia que los envalentonó de tal modo, que
después de comer con no escaso apetito y de -vaciar seis botellas de cerveza y
una de tinto por barba, hablaron de nuevo de espantosos peligros y grandes hazañas.
Repitieron la correrla enla tarde ... . "Aunque molidos y maltrt-chos, á ello habían ido, y si querían salvar el honor er11 preciso
volver, cuando menos. con un gato montés. "-Tanta animosidad
tenia por causa: en unos, la recóndita suposición de que las fieras de aquellos parajes estaban solamente en la imaginación del
embustero hacendado, y en este, la convicción neta de ello.
Y asl fué ciertamente. Cuando el sol ya cala, y sin haber avistado ni la más ruin pieza de caza, toCJaron la vueltit alegres y
verbosos. El terrateniente se admiraba de no haber encoutrado
ni un mal leopardillo entre aquellos peñasco, donde tantlsimos
osos había él matado, y achacabl!, el mal éxito de la batida á la in-

Domingo 18 de Septiembre de 1898.
,e,xperiencla de sus compañeros que caminaban rien•do y charlando.
Al cabo avistaron la cnf'l'lbre de! rancho; disipóseles
•cierto recelillo que aún les andaba por dentro y sol•taron el freno á la lengua.
'
"¡Qué caneados ni que trastojo! Al rancho .,\ echar
un tac.i, en seguida á la hacienda, y á la midrugada
·en Villarrobles ...... Si nada hablan matado, 1a culpa
1no era de ellos ...... 11
De pronto, al trasponer U:na cumbre, un bulto ne.gro removióse bufa.ido entre los chaparros ...... Un
oso, sin dudal. . . . Y los cmco cazadores, en voladora
carrera, sin acordarse de que iban armados, espioán·dose los piés y des&lt;?"arrándose la ropa en los pinchos
de los mezquites, llegaron abogándose al rancho.
Sentáronije sofocados en t · rno á la lumbre, y sin
-osa" á mirarse á la cara, se callaron loe cinco. Tam1bién en silencio tomaron un bocado y echaron un trago.
Los vaqueros se sonrebn á hurtadillas.
Se dispuso la mar..:ha. Dieron traz1&lt;s los mozos de
,alistar las bé3tias, y al volver uno de ellos con los ca•
ballejos, dijo á los silenciosos CRzadores, con el aire
distraído y el acento pausado, habituales en la gente
·del campo:
-Se soltó la mula .... Ya fueron á traerla . . ..
-¿Anda muy l1&gt;jos? -preguntó el amo.
-No siñor .. . . Allá anda en aquella ceja...... Dende
aquí se devisa.
Volvieron todos la cara, y en efecto, se vela algo
•negro á que ya se acercaba el vaquero, en el punto
'mismo en que ellos rompieron la desaforada carrera.
Nadie habló. Volvió á. la reata la descarriada mula,
."Y pusiérense todo3 en camino.

II

"'

281

EL MUNDO.

--·-·- _,..,.,........_-- .- ...... _ --- -_';". -. - ' .. ---- ·- ~.
... - ~
-::-·· __---

1

'

~

--

--

-----=-

. Fué éste a~urrido y silfm_closo. Sin perder en la haciend1t m~s tiempo que el mdispensable, tomaron la
ambulancia, y dando C'lbezadas y lanzando ronquidos que cortaha á lo mejor. un recio salto del coche
al amanecer, entraron triunfantes en Villarrobles
'

III
La noche de ese mjsmo i!ia se reunieron, como de
costumbre, en la Botica Fué encarrilándose la COM·
versac1ón; apuntó tlmidamente el primtir cutinto de

aventuras; salió á. plaza entero v verdadero, brotó valerosamente el segundo; luego ·el tercero después acuarto . ... y el eximio hacendado se leva~tó despacito, sacó el pañuelo de cuadros rojos y amarillos se refregó_ con él lo~ ojo~.Y las naric~s, y tras de dar el
sen:ipiterno pase1to, dno con voz m1sterio.;a y ponderativa:
.-fero no como lo que á mi me sucedió una vez, .••
F1gurense que ..... .

J. GARCÍA RODRÍGUEZ,

Lf\ l)LTIMf\ HORf\.

l

Al amanecer un hermoso dla de Abril del año 2 000
-de la Era Cristiana, el ruido agudo y estridente de úna
!fanfarria vibrará en lo,i aires, por sobre la tierra enYejecida, desptirtará los ecos de todas las cavernas
:y sacudir la,3 frondas de todos los bosques, mientras
que cintilan en el firmamento lo,i astros, sin que lo.gre apagar su brillo la llamarada de fuegq de la liUrora.
De pronto en la tierra y el cielo de los continentes
se realizará extraño fonómeno: :te! suelo y de las nu'bes &amp;urgirán y se desplegarán inmensas mirladas de
eeres revestido,, con iusi:1,uias humanas, y e,ita ola se.-á absorvida en aspiración potente y continua por un
punto fijo del Oriente terrenal.
Esto será como un enorme vértigo.
.ror lall llanuras y los rios, por las vertientes de las
montañas bajo la ojiva de las selvas y b11jo la nieve
-de loa cielos, entre IOd ilancos de los valles y en til aire glauco de los oceános, desfilarán ejércitos innume,a-ables milagrosamente animados de una velocidad de
ensueño, y los horizonte~ Bti ensombrecerán á su pallo
y los palses enteros se precipitarán eu pos como marea ondulantes.
Cohories no menos fantásticas por su a•pecto que
por su infinita muchedumbre, caminarán en grupos
lbomogentioe, unidos por épocas y por castas, pero to•
dos marchando con las cabezas inclinadas y en un silencio pavoroso ...... Y asi pasaran los humhres de
las primeras edades-rocas gigantescas--y los de la
-decadencia-pálidas floraciones
Asi pasarán los tiranos con sus mantos de púrpura,
y sus generales cargados de enorm8s tizonas, asl pasarán los mártires coronados de espinas y eua jue.:es
vestidos de luto y sus verdugos ehorreando saugre..
Así pasarán los vagubundus, lo,i sacerdotes, los pas-tores, los marineros tos cardenales, y luego los sabios
envejecidos en la duda, y los negros desnudos y los
.antiguos eremitas apoyados en sus cruces, y reyes
.afiligranados de oro y sultanes encintados de camlbiantes sea.11rlas.
:Y á la sazón que vayanpasando,se irá desplomando

l

.,.

tras ellos todo cuanto edificaron con sus vol11ntades ó
con SUR manos, y no quedará en donde aquellas grandezas fuer&lt;?n máij que el vacío y el caos ...... y fa tierra se enfriará.
Allá abdjo, en los limites brumosos de Jericó. al
arrullo del Jordán rumoroso, frentó ó. la áspera Judea
de Moab. Dios verá cómo acuden de la Nada aquellas
inagotables peregrinaciones
Y lae verá y sonreirá melancólicamente ante las vlrgenes de los cielos congregadas entre el Orbe deslu~b:ador de su Tribunal augusto, y sus ojos de
Inhmto contemplarán pensativos el avance de las
horas.
Al vibrar _la del medio día, 103 batallones monstruos
hábrán cubierto ya como langosta~ los Piniestros valles dPl Mar Muerto. las coliuas de la Ciudad Santa
los ~esiertos yecinos y hasta las comarcas do la Siri11;
y mio al declinar el día, cesarán los arcángeles de
llamar con ~us trompetas de cobre, y entonces ya todas las tribu~ creada~. de ge_n"ración en generación,
e~tarán reumdas baJ.:&gt; el cielo verde y al fin LA RO·
RA SUPREM4 llegará!
. ... Caerá la noche fresca y pura, y h. luna e~pantada ascenderá 1&gt;ngrandec.éndose sobre el desierto
para inundar las tiuieblas con 1.1na llmpida claridad
de agua
En e•e instante, 1&gt;l Eterno Padre se pondrá en pié.
Y ante las miriadas y miriadas de ojos fijos en él con
de8garradora y harmónica expresión de angustia
hará el trágico jui&lt;'io final de los hombres.....• sd
voz de ternura de_ sufrimiento y d_e ~lemenci•, correrá en alas de la brisa como una mu,iica de estrellas;"y
la 1&gt;ternidad estará suspendida de suP labios y ya no
habrá ni tiempo ni espacio y la infinidad de años pasados y futuros se concentrarán en un átomo de segundo.
Y la voz pronunciará una Sl'ntencia para c11da ser
y se verf. cómo los hombres fueron malos, egoístas
embustetos, sacrili1go,i y criminaltJs. y el alma dei
mundo sedescubriiá solemnemente tal como es en su

horror feroz, y se la verá como una llaga abierta ant&amp;
la faz e~pantada de los demás mundoa, para que pueda meditarse en toda su pavorosa fealdad.
A cada sentencia que se pronuncie, un hombre de11aparecerá en el éter Después de haber mostrado el
Mal, D10s lo arrojará en la Nada desmembrándolo ds
sns moléculas;· y aquel que habla sido una vida,
una _inteligencia y una fuerza, se desfumará en una
llamita azul.
Al apuntar el alba siguiente las miradas fantá11tic_as de la víspera estarán ya evaporadas y toda la
tier1 a devastada quedará desnuda como la llanura
de Jericó bajo un cielo sin atmó3fera ni calor. Alguno~ fuegos fátuos se aleiarán todavía hacia los
espacio~, donde otros planetas los eeperarán ... .
E¡ Senor no ha1;&gt;rá. conservado cerea de él más que
unas cuantas muJeres de las que vivieron vida de
am_or. y de lágrimas, algunos profetas de diversas
rehg1one~, algunos l!iñitos rubios y algunos justos
melancólicos ....
Jesús á un lado, e11tará sollozando.
-Por qué? dirá al fin ¿por qué, Padre mio, habéis
creado el mal?
-Para que de él brotara, contestará la Divina Voz
el encanto puro del sufrimiento y la gracia celested~
l~s lágrimas, de que fuiste tú la imagen sobre la
tierra.
Después de hablar asl, el Eterno Padr'3 rodeado de
los suyos se elevará hacia las esferas de la Suprema
perfección yla suprema dicha, en tanto que un roclo
de lágrimas brotará de todos los planetas ~nterneci
dos .... Luego á una señal suya, la dtfunta Tierra
meteóro fugitivo, se· deslizará hacia el infinito dejan~
do al partir, una leve huella como la que marcan lae
exhalaciones, que lueg_o también se apagará ....
HENRY KISTEMAECKERS.

�Domingo 18 de Septiembre de 1898.
EL MUNDO

232

1

En la senda no quedan tus rastros;
Haces bien si mis ansias r:siPtes;
Como se aman, de IE&gt;jos, los utros,
Asi deben quererse los tristes.
Son dos notaa quE' rnrgen dE'l piano
Y al impulrn de fuerzas Pxtrañas,
Muere una entre florPs dl'l llano,
Otra e:x pira entre a b1 u ptas montañas.

Así somos ¡oh hPTmoea! dos luces,
Que no buta á junt;ir el anhelo;
Una apenas alumbra las crucu
O:ra incendia los mantoe del cielo.

¿P(!r qué? -Si lo s.upina lo dicla....
mi numen es uf, páJur0 enfermo,
qut1 busca en el mis,erio la poesla:
ama la nave gótira, la umbría.
Jot1 penachos de niebla el campo yermo,
Temprano fné nutr_ido de am~rguras
mi esplritu, y hoy quiere. contr1etado,
J,.s sombras ..n que duermen lal!locuras .•
Se cierne como el grifo en las obbCUr!lB
soledades del tl'mp1o abandonado.
Mi uúmen es uf: l)ios lo ha querido!
no me hieraR mujer con tu reproche..
¿Te di•"'UPta mi amori1 venga tu olvido,
¡mas déj~me que vague confundido
con !na almas errantes dula noche!

-;~¡.
~ -~✓-,·
;: fil t\ J

•.I

f!' .

-

***

Si. yo amaba lo azul con ar~imiento:
la11 montl!ñllB exctilbas, los sut1!11s
crespones del zafir del firmamento,
el piélago sin fin, cuyo lamento
arrulló mis en11Jeños juveniles.
CalJaba m1 laúd cuando desplic ga
cada l'btrella purísima su broch..,
el univ...rso e11 la quietud navega,
y la lunl\. hoz de pl11ta, surge y s1t'ga
el h~z a'espeeas sombras dti la nocho,.
Cdntaba, si l'1mrora descorría
en el Oriente sus rosados velos,
si ti aljéfar af campo descendla,
¡y t&gt;l s ,1, urna de oro que se. abrta,
inundaba de luz todo~ los cit'lo,!
!\fas hoy amo la noch11, la galana,
de dulce majestad, horas tranquilits
y solemn.. s, lR nusia sobera11a,
1a d'espléndida pompo americana:
¡la noche tropical de tus pupilas! .
Hoy, tisquivo del alba los sunrOJOl!1
su saeta de oro me maltrat11,
y el corazón, s:n p11na y sm enojos,
t11n sólo ante Jo negro de tus 0Ju11
·1como el iritl del buho se dila ta!
¿Qu'encanto hubiera semt jau te al tuyo,.
oh noche mla? !tu bddad 1011 asombra!
yo, .qu'esplendores ~atutinos buyo,
¡deJo al 11lma que agite. cual cocu,&gt;o,
bUS alat coruscantes en tu sombra!
Si siemprt1 he de sentir esa mi1 ada
fija en mt rostro poderosa y t1ero11,
,adiós. por siempre adió11, 1 uhia alborada!:
doncella de la veste sonrosada,
¡que reine en mi redor la nc,che t'terna!
¡Oh noche' v11n á mi llena n'tincanto;
mientras con vuelo misterioto avaIJzas,
n11da más para ti será mi canto,
y en los brunos repliegues de tu manto,
su cáliz a &gt;rirán mis esperanzas ..... .

Nuestro am1&gt;r ¡una nube! lll aurora
Hace en Pila del irls alarde ..... .
Y esa nube dePpués ¡cómo llor&amp;
Cuando en sombras la envuelve la tarde!

¡,Y seremos felices? ¡quién s11bP!
¡Si el amor nos prestara sus galas!
Soy PI árbol y tu eres el ave
Yen y plega en mis brazos tus alas!

YolvPrán las creencias perdidas,
Y la fé, aliviada del frfo,
Sanará nu.-~tras grandes heridas
Y serfmos dichosos Jbien mio!

Pero no: por distintos senderos
Caminamos los dos orgullosos.
Asf son los amores po11trerns:
Sin deleites, ~llivos y unciosos.

¡Haces bien si me ocultas tus raPtrosl
¡Haces bien si mis ansias resistes!
Como se aman, de lejos. los 11stros,
Asi debPn quererse los tristes!
QUIRINO ORDAZ,

AMADO NERVO,

SRITA. ANA PADILLA, ele Guadalajara.

...

1

Fotograíia. de Torres.

Pintura de Rembrandt.

EL CO:NVIDADO DE PIEDRA.,

Vuestro vino apurad ...... Aún no ha llegado
ese huesped funesto
Bebed .... Pronto en la mesa el convidado
reclamará su puesto.
Estalle la canelón. la loca risa
de notas prolongadas;
cantad, reid, pero reid aprisa., ....
¿No escuchais sus pisadas?
De esas flores que alin viven, el aroma
gocemos un instante,
un !nstante no mAs, mientras asoma
su pálido semblante.
Los tiernos madrigales al oido
y el chhpeante cuento
abreviad .... Ya las puertas han crujido
del próximo aposento.
Laura, guará.emos para ser felices
la sed nO--.!..&amp;tfsfecha.
Déjame, que al través de esos tapices
ya quizá nos acecha ....
Me escuchals con bnrlona carcajada;
desprecfais mis temores,
y decís que defienden esa entrada
leales servidor011.
¡Temeraria ilusión! A pesar vuestro
nunca estareis 11eguros
No h11y festfn sin el buesped que siniestro
se filtra por los muros.
Mirad .... Las flores que la mesa adornan
se mustian lentamente.....
Ya no reís .... Los párpados se entornan
con languidez creciente.
De la canción los soaes apagados
vago sollozo imitan ....
Los lafüos pierden su carmín, v, helados,
al beso ya no incitan.
•
No brotan ya del vaso cristalino
rosadas embriagueces ....
El ánfora se agota: toma el vino
el sabor de las heces.
El narrador á terminar renuncia
¡,, historia comenzada ....
Las luces palidecen . ... Todo anuncia
del huésped la llegada.
En nuestros corazones esta sombra
del aalóo se condensa.
¡Vano placAr! Mi labio ya te nombra
Con repugnancia inmensa.
Y si aún tu nombre An el salón obscuro
disipa torvos ceño,,
u p1&gt;11PRndn f'n aqu ..J eterno y puro
que ee a :.i viua en euPñns ....

El placer por la tierra va de paso,
v el alma lo dt:struy.,
si 10· detieni,. ¿Dt&gt;tendréis acaso
ravo de luz que huye?
Como ia noche tras la luz se lanza
en eterno viaje,
sobre las huellas del plac&lt; r avanza
siniesiro personsje.
Se enlazan como el eco y el tonido
en su volar ligero . . ..
El placer va de paso y perseguido
por triste compañero.
Siempre acude á lll cita el convidado;
Jamás faltó á ninguna.
¿Ois? Es el rumor acompa;;ado
De su plaota importuna
Por vez po,trera nuestras copas llenen
con la turbia ambrosía
¡Levantadlllsl Que brillen y que suenen
chocando con la mta.
A ese huePped tiránico y sañudo
hagamos 1011 honore11.
No negaban al césar su saludo
los fuertes gladiadores.
¡Brindemos con el vino e~ponzoñado
que nnestra copa encierra:
brindemos, si. por el placer soñado
que no muere en la tierra!. .....

]iJ'hi:i~·s·p~ti ·ai&gt;a~~cé .' .' .·: T¿ilo· aciiiia....

Obscuridad y frlo,
y BUPño, mucho suPñn .... Te esperaba ....
Ya te conozco: ,Hastio!
RICABD0 GIL.

•

EN LAS MONTARAS
Todo lo enerva la pesada siesta:
En el maizal el céfiro reposa
Y busca la cerúlea mariposa
El húmedo fr.:scor de la flnreuta.
Al acabar la campesina fiesta
Que en regocijo popular rebosa,
Toda la gente, en procesión piadosa,
Sube y transpone la empinada cuesta.
Cesa el petardo de atronar el viento,
Acalh1 t'l campanario su alegria
En el fondo del valle soñoJIPnto,
Y r.-plt!Pndo va la serranla
m són r!PI tamhorll, p11t1•Ad,, y lento,
Y el 11&lt; r11r lit Ju trie te chiriml11.
RAl-' AKL DELGADO.

--

DE "PERLAS NEGRAS''·

DAMAS MEXICANAS.

ESTROFAS.

233

EL MUNDO.

Domingo 18 de Septiembre de 1898_

r.

A una desdellada.

- .... Si, pobre amiga; prefirió el obscuro
rincón de su taberna, dtll que un dla,
ébrio á la vez de vino y poesía
se i.Izó tamb1tleante é inseguro:
hincó la mano trémula en el muro,
sacudió la cabeza, hosca y bravia,
y pasó por sus ojos todavía
la luz de un verso miste:-ioso y ~uro.
Fué un soñadtor neurótico y divino,
que alumbró el matorral de su locura
con la Iámp11ra de iris de A.ladino,
y prefirió á tu amor y á tu hermosura,
la embriaguez luminosa de su vino,
su viejo v11so y su taberna obscura.
II.
Tú mucha&amp; veces le llamaste.-En vano
apareció en su noche tu belleza,
y se in·:linó tu trágica cabeza
huta besar el doreo de su mano.
Tu frenesi le pareció liviano,
tu desnudez ollmpica. impureza,
y se volvió á mirará la Tristeza
y A. sonreir al Ideal lejano.
Se puso en pié para morir. y quiso
como in7iolada meve de la altura,
mostrar su sueño, blanco é impreciso,
y prefirió á tu amor y á tu ternura
su artificial y extraño paraíso,
su antigua copa y su taberna ob~cural
Luis G. URBmA~

MIFUENT..E
Al pié de la inocente y escondida
Mistica choza en que rodó mi cuna,
Sus ondas derramando una por una
Rueda mi fuente entre el verdor perdida..
Cuántas noches mirando re,11etida
En su cristal á la naciente luna.
LQuién tuviera, exclamaba, la fortuna
De ir en el mar por la región tendida!
Quisolo Dios: sobre flotante leño
Y entre las hondas de la mRr h'.rviente
VI realizarse mi afanoso empeño:
Viendo á DioP en el mar hajé la frente;
PE&gt;ro agora en el mar, t,rn sólo su,ño
Mi humilde, y dulce, y sonorrsa fuente
LUI!! G. Oi..TJZ:

DBMf\81f\DO Tf\RDE
NOVELA ORIGINAL DE H. DU PLESSAC.
ILUSTRACIONES GRABADAS EN NUESTROS TALtEREB.
Versión española de "El Mundo Ilustrado"

Número 1
I
Cuando el Coronel de Veraz despertó aquella mañi.na en un cuarto de hotel,
-precisamente á las cinco como era su costumbre invariable, la primera impresión
&lt;¡ue sintió fué la de que para él, algo había c~1 mbiado el mundo.
Y pensaba en esto con un sentimiento de orgullo que de seguro era excesivo, pues
todo en la mecánica terrestre marchaba como de ordinario sin que pertUl'bación al.guna interrumpiera ó desviara la plácida harmonía universal; lo que si resultaba
cierto de todo punto si se estudiaba el caso, era que en la vida del Coronel de Ve•
raz se había verificado un cambio muy grande, lo que ·explica, sin excusarla, la generalización que· quería hacer de su caso particular.
Sucedió pues que la víspera, después de la llegada de los documentos oficiales
en que á petición suya se le concedía retiro anticipado, puso en manos del jefe in•
mediato el mando de su brillante regimiento de húsares. Los soldados en formaeión oyeron la lectura de la orden del día en que se hacía constar esta resolución
gubernativa; los oficiales obsequiaron á su antiguo Coronel con un banquete en que
abundaron los brindis y los abr11zos de despedida, y al caer la tarde, Mr. de Vernz
tomó el tren para París donde desde entonces y para lo sucesivo iba á fijar BU re•
sidencia con el propó ;ito de llevar \1.na vida burguesa y tranquila.
Todo lo cual ne había pasado sin emociones viv11s para el Coronel que era
más sensible de lo que á primera vista parecía, pues una gran elevación de pensa•
mientos y costumbres instintivamente elegantes, le había permitido atravesar por la

.

vida si~ enervar .su delicadeza de alma. Así es que bajo apariencias voluntoriamente frías ocultaba una muy viva impresionabilid11d; soldado por convicción, no había podido separarse del servicio sin experimentar una opresión profunda en el pecho y no
habíapodidosin dolor dej a r una carrera que recorrió con honor
durante cuarenta a:ilos. Ynada le había obligado á tomar esta resolución y habría podido bien durante mucho tiempo todavía
desfilar con el penacho al aire y el sable levantado, á la cabeza
de sus gallardos y aguerridos subalternos, si la Comisión Supe•
rior no le hubiera privado de figurar en el cuadro de ascensos
acabado de formar, dejando en olvido su brillan~e hoja de servi ·
cios, lo que le causó un golpe doloroso en el amor propio al
considerarse no sin razón como víctima de una injusticia. Ade·
más (y esto muy para su sayo) el constante ejercicio hípico unido á los nchaques de antiguas heridas empezaba á fatigarlo un
poco; y puesto que no tenía esperanzas de ver lucir en su manga
las estrellas de~General, pensó que podría á lo menos concederse,
ya que aún le quedaba tiempo, algunos ailos de reposo y de independencia.
Otro motivo había ayudado á decidirlo: sin parientes próximos
y celibatario por cuestión de principios, tenía concentradas tod11s
las afecciones de su naturnleza en el fondo muy tiernas, sobre su
joven primo Jacobo de Baillet á quien había tenido la buena fortuna de traer á su regimiento con el grado de subteniente.
Durante cuatro a:ilos le había tenido á la mano y junto á su corazón, cuidándolo con solicitud de padre y guiándolo como un
maestro, siendo recompensado con largueza por este joven de fisonomía franca, .alina valiente y recta, é inteligencia superior,
amable con todos y de todos amado en retribución.
En las últim11s promociones de principio de ailo, Jacobo, aunque no tenía todavía la edad que se:ilala la ley, fué nombrado Capitán de un regimiento de cazadores y esta fué justa causa de
sep11ración.
Nada es más doloroso que recorrer á sol11s los sitios en que se
ha eFtado al lado de un ser querido, cumplir sin él la tnrea que
ayer se hacía en c0mún y encontr11r vacío el hogar que antes estaba lleno por el calor del afecto mutuo. Sn:ilador por naturaleza
y un poco inclinado á la melancolía, el Coronel sintió verdadera.
tristeza cuando partió aquel á quien llamaba su hijo tomo entónces su partido y pidió se le otorgara el retiro aunque no contaba
más que cincuent11 y siete a:ilos de edad.
La impresión un poco perrosa que siguió al memento de despertar en la primer mailana de su vida civil, se disipó con bastante
celeridad y los recuerdos del pasado se alejaron ante las perspectivas sonrientes que le brindaba su imaginación. De pronto, ya
era libre y para convencerse á sí mismo más y más de esta di•
cha, se apresuró á meter de nuevo baj0 las sábanas la pierna que
ya había sacado maquinalmente y se volvió a hundir entre los
cobertores perezos11mente con el regocijo sensual de aquel que
no tiene que ir al ejercicio para mandarlo ni al cuartel para informarse de lo que ocurrió durante la noche.
Luego empezó á organizar en la im¡;ginación el curso de la
nueva vida: lo primero que había que hacer era buscar una casa y de antemano tenía resuelto hacerse vecino del tranquilo
barrio del Luxemburgo. Quería aire, luz, arboleda y calma, y to•
do esto hallaría en una de esas calles que circundan el g:-an jardín público 'lUe quedaría convertido en su jardín particular.
Y desde mucho tiempo atrás amaba al Luxemburgo, pues desde su época de alumno de San Ciro (yn habían pasado buenas
primaveras) nunc!l ~ejaba en los días de salida de venir á dar
prolongados paseos á la sombra de los viejos árboles bajo los
cuales se sentía como en su casa. Hasta encontró cierto domingo
la manera de pasear deliciosamente acompailado, y esto quedó
en su memoria como un idilio fresco de juventud y de poeEía.
Por tales motivos se había formado la resolución de tomnr un
departamento con vistas á su inolvidable Luxemburgo, departamento que comprendería varias piezas cuyo destino y mobiliario
tenía ya bien proyectado, siendo sobre todo la destinada á ga•
binete de trabajo la que haría sus delicias. A veces nacen tan
singulares aficiones en ciertas naturalezas; que se podrían decir
moti\·adas por la ley delos contrastes; instintos originarios compri•
midossiempreyqueen unmomentodado recobran sus derechos:
el Coronel, hombre de acción durante toda su vida, no aspiraba
sino á convertirse en hombre de reposo y de estudio.
En medio de sus ocupaciones siempre absorventes, no había
cesado de estar poseído por el deseo de leer mucho para su sola
satisfacción personal y no había podido nunca abrir un libro sino
á la carrera ... . Prosistas y poetas le atraían sin que hubiese tenido tiempo de responderá esa afición; sobre todo los poet11s cuyo
divino lenguaje hablaba á su alma siempre joven, no menos que
á su inteligencia amiga de lo bello. ¡Cuán grato sería en las ma•
:lianas de estío, abiertas las ventana~, contemplar las frondosas
arboledas y el cielo azul, y qué bello en las noches de invierno,
á la luz de la lámpara y los piés cerca del faego, conversar con
los maestros preferidos en sus libros selectos cuidadosamente coleccionados, y vivir con ellos en duke intimidad!

•

�EL MUNDO.

234

Sin embargo, el Coronel saldría con frecuencia: primero por las maiianas para dar una vuelta ensu jardín, lo que desde luego debía considerarse como higiénico, y dos ó tres veces por semana
bajaría á París. El entendía por Paris la ribera
derecha del Sena donde encontraría 1:,n el Círculo
Mi litar antiguos compaiieros de armas, y encontraría también los museos que pens11 ba recorrer
de un modo metódico, y los teatros que recorrería uno después de otro. Pero desde que reflexionaba en esas excursiones lejanas, se sentía presa de una nostalgia de su casa y gozaba de antemano con la alegría de regresar al nidito donde
contaba que se encontraría tan bien.
Derrepente el Coronel rió á carcajadas al recordar que había omitido un capítulo en su programa: el capítulo femenino, pero esta misma risa era una prueba de la mínima importancia que
daba A este asunto, lo cual por otra parte había
sido siempre lo mismo. Privado de su madre desde pequefüto, educado sin hermanas y hasta sin
parientas próximas, no conoció en sus primeros
a:il.os las dulzuras de la terneza femenil que dis•
ponen el corazón A más dulces y gratas intimidades. Algunas aventuras de las cuales la más apacible había sido la del Luxemburgo, alguno de
esos amores de guarnición fáciles de atar y mAs
fáciles de romper que terminan al toque de marcha, en eso había consistido la vida del Coronel
juzgada bajo su aspecto erótico. ·
Por principio no se había casado nunca, convencido de que la vida del militar reclama el celibato forzoso; con mayor razón se había cuidado de no caer en otras cadena¡¡ menos legítimas
y más pesadas, y no consideraba el amor sino
como un sueiio de los poetas que se presta fácil•
mente á harmoniosos himnos, pero del cual debe
uno burlarse en el mundo re11l, y él se burlaba
con un exceptisismo ligeramente amargo.
Llegado ahora á los dinteles de la ancianidad,
no podía ciertamente renegar de principios aceptados durante toda su existencia; y con estas resolu(}iones, bien tomadas, el Coronel se vistió y salió con paso firme y regular á la conquista del
alojamiento donde proyectaba formar un pequefto paraíso terrestre para su uso personal, y en el
que ninguna Eva sería admitida.

gos, escribía á Jacobo largas cartas en las que
continuaba su educación militar y no oía nunca
hablar de mujeres ni tenía de ellas mAs noticias
que las q'ue les daban los libros con lo cual le era
perfectamente feliz.
Pues bien, una tarde cuando estaba á punto de
salir para su acostumbrado paseo el seilor de Veraz, oyó de improviso grito!&gt; penetrantes que salían de la escalera: una voz medrosa decía «fuego, fuego, socorro, auxilio!»
Los reglamentos de policía previenen que se
tenga cuidado de hacer limpiar los tubos de las
chimineas con la frecuencia necesaria; prevención
muy discreta porque sin esta precaución el fuego
de la estufa puede ser origen de un verdadero
incendio y sucede frecuentemente que incendia
otra cosa que no son casas ni boulevares, sino que
trastorna hasta en lo más radical el programa
apacible y las resoluciones vigor9sas y bien afümadas de un Coronel retirado.
Al oír aquellos gritos el señúr de Veraz, i::orrió
A la escalera y se encontró en presencia de una
mujer pálida y espantada que de pronto casi no
vió y á la cual dijo con brusquedad, pues no le
agradaban las ceremonias.
-¿Dónde está. su fuego de usted?
-Aquí, seilor, en mi casa; ruego A usted que

II
Es muy raro que se realice en toda su plenitud
un ensuefto acariciado, y sin embargo, por un feliz privilegio este fué el caso del Coronel de Veraz, quien quince días después de su llegada á
París, pudo ver desde el balcón dt:l tercerpiso de
una casa blanca y riente en lo alto de la calle de
Vavin, el manto de verdura que desplegaban á
sus ojos las arboledas de Luxemburgo.
Todo se había arreglado á la medida de sus
deseos. El departamento tenía vistas sobre su
querido jardín y á lo lejos se destacaba imponen•
te y augusta la bóveda del Panteón; tenía un salón bastante grande que fué transformado en gabinete de trabajo ó mejor dicho, de lectura, donde
vastos estantes, llenos á medias, recibían diariamente nuevos libros que el dueiio de la casa iba
á escojer en una delicada cacería que se había
convertido en su pasatiempo favorito. En los muros, armas formando panoplias, recordaban las
aficiones de otros tiempos y un ancho sillón cerca de las vidrierns del balcón, permitía al lector
leer en los libros de los hombres y en el de la
naturaleza que le abrían ampliamente el campo
y el cielo.
A los lados de este salón estaban el comedor y el dormitorio, ambos también con balcones que daban sobre el jardín, de tal suerte que
cnando se levantaba y se vestía, cuando trabajaba y cuando comía, el Coronel tenía ante los ojos
A sus queridos y viejos amigos los árboles. Luego, en el corredor, había una extensa cámara preparada para cuando Jacobo vinierit. y más lejos
estabau los cuartos destinados al servicio. Todo
esto era sencillo, pero amueblado con esa solicitud
que indica de parte del dueiio el deseo de encontrarse agradablemente en su casa y estaba cuidado con la limpieza meticulosa del cuartel por un
antiguo húsar que .había sido largos aftos asistente del Corond y ahora era su ayud~ de cámara.
Todo el piso ele la casa le pertenecía con excepción de un pequeilo departamento á cuyo locatario ni conocía ni se cuidaba poco ni mucbo
de conocer.
La vida del se:il.or de Veraz, había quedado reglamentada conforme A su soilado programa: leía,
vaseaba, veía de tiempo en tiempo Aalgunos ami-

venga en mi ayuda, respondió la mujer, entrando á sus habitaciones seguida del Coronel.
En la chiminea el fuego rugía, en efecto, de una
manera espantosa, pero el Coronel observó desde
el pl'imer golpe de vista que no había ningún peligro real, y ayudado por el húsar que había corrido tras él, tapó la chiminea con lienzos mojados y en unos cuantos minutos quedó conjurado
este microscópico siniestro, aunque no lo quedaron ¡ay! todas sus consecuencias.
Cuando el Coronel concluyó su tarea de salvamento, debió sin tardar despedirse y tomar la
puerta, puesto que no había otra cosa que hacer,
pero no lo hizo así, sino que pasado el peligro,
creyó de su deber como hombre bien educado,
tranquilizar con algunas frases de política y atención l\la pobre sefl.ora conmovida aún y para hablarle (aquí estuvo todo el mal) la vió.
Por despreocupado que pretendiera ser en
cuestión de mujeres y por acorazado que se considerara contra todo ataque femenil, el se:il.or de
Veraz era hombre de gusto y amigo de lo bello en
todas sus manifestaciones, y por consiguiente le
foé imposible no admirar lo que era realmente
admirable y contempló á su vecina con mAs entusiasmo que prudencia.
No era linda pero era bella, con una belleza
que parecía hasta severa según la pureza do las
líneas y la perfección de los contornos, pero que
se dulcifica adorablemente con el brillo de una

Domingo 18 de Septiembre de 1898

gracia atractiva y de un encanto inexplicable.
su· frente tersa y blanca estaba rodeada de una.
selva de cabellos de un rubio obscuro que caían
por las sienes en cascadas de rizos indisciplinados, descubriendo unas orejas tan sonrosadas y
minú,culaa tan delicadamente modeladas, quese diría qu~ fueron creadas no más que p_ara ?írpalabras de amor. La joven (apenas ~e~dna vernticinco ailos), sonreía ahora tranqm!izada, y s~
boca, de exquisito dibujo, se contrata en cautivadora sonrisa iluminándose toda aquella cara
deliciosa con la luz de unos grandes, muy grandes ojos de azul sombrío. Era alta y su conformación maravillosa anunciaba una naturaleza rica y llena de savia; tenía á pesar de su mo_destotraje blanco, sin adorno alguno, tanta elegancia nativa que parecía vestida en traje de gala. '-!-'º~º
era en ella atrnctivo, juventud, fuerza y d1stmción.
De la habitante las miradas del Coronel pa3aron A la habitación, nidito bastante estrecho, bastante modesto y poco digno por su riqueza del
encantador pajarillo que abrigaba, pero en harmonía con él sin embargo por su arreglo discretamente coq~eto y seductor en su sencillez.
Mil pequeiias nonadas, algunas miniaturas defamilia, agrupadas en un velador artísticamenteadornado de peluche, vasos de flores en que con
mano hábil y gusto exquisito se reunieron las clases v colores más delicados, bibelots esparcidos en
un desorden combinado, un piano de famosa marca en un rincón con una partitura clásica en el
atril, un escritorio donde se redactaba de seguro
una correspondencia que ya quisiera uno recibir,
todo, desde el reloj pequefüto de pared que repreisentaba un nifto con el dedo en los labios como para imponer silencio, hasta las cortinas rosadas de las ventanas que tamizaban una luz hecha para el ensue:il.o, hasta la alcoba que permanecía abierta en medio del desorden y que dejaba
ver las colgaduraetazules y blancas que envolvían_
el lecho con discreto misterio, todo en la casa.
como en la mujer, respiraba gracia elegante y
delicada.
La conversación entre salvada y salvador, fuénecesariamente banal, particularmente de parte
del Coronel que estaba turbado de un modo muy
singular por impresión tan desacostumbrada queacabó por decidirlo á ponerse en fuga.
En actitud de franqueza y confianza, la vecilla.
le tendió con reconocimiento una mano aristocrática que él contra sus costumbres, no pudo
dejar de estrechar más de lo que permiten las
conveniencias sociales, y luego bajó la escalera.
sin darse exacta cuenta de lo que pensaba.
Maquinalmente se detuvo frente al cuarto del
portero que era un honrado viejo, y bajo el pretexto del incendio de la chimenea, le pidió algu-nos informes acerca de la vecina.
-La se:il.ora de Letellier, exclamó el portero,
oh! inmejorable persona que mucho se da á querer.
-La sefl.01·a de Letellier, repitió el Coronel, como para grabarse bien el nombre en la memoria;.
pues qué ¿es casada? ¿tiene un marido?
-No, mi Coronel, gracias A Dios no lo tiene
ya . .. . Murió hará unos diez y ocho meses el muybribón, después de haberla hecho sufrir sin piedad. ¡Que el diablo cargue con su alma! Le gastó•
toda su fortuna con pillos y entretenidas ..... .
¿Puede comprenderse eso con una mujer semejante? Y apesar de eso, ella que es tan buena como bella (lo cual no es poco decir) un ángel deDios .... ¿creería usted lo que voy A referirle?'
Pues luego que su marido la abandonó, se refugióaquí, porque ha de saber usted que la esposa del
propietario fué su condiscípula en el colegio, y se
dedicó á trabajar de día y de noche como lo hace hasta ahora, dando lecciones de piano, lo cuaL
apenas le produce lo necesario para comer. Pues
bueno: por entonces, su condenado marido venía.
y le armaba riftas para que le diera el dinero que·
ganaba, y ella ¡pobreciJ111! se lo daba, Coronel,
se lo daba! Y el muy bribón lo despilfarraba en.
sus vicios. Figúrese usted que cuando cayó enfermo de muerte, la mandó llamar y esta mArtir·
infeliz fué . . .. ¿á dónde piensa usted? A casa de.
la querida! Pues no abandonó A su esposo sino en
el cementerio .... 1 Al fin ahora y a está. tranquila,
aunque su posición no sea nada desahogada. ~li,
mujer es quien la ayuda por las mafl.anas en las.
haciendas de la casa ... . gran casal do i piecesitas, ella que ha tenido castillo, carruajes y treinta y se:s criados! ¡Deveras que hay hombres ca-nallas y sinvergüenzas!
Sin embargo de que el Coronel no era nada.

Domingo 18 de Septiembre de 1898

:

,

aficionado á los discursos largos, hay
que creer que la elocuencia prolija del
portero no le importunó ni un poco,
pues le escuchó sin parpadear y luego
le dijo:
-Seguramente esta seiiora tendrá.
amigos que se interesen por ella y la
vengan á visitar á menudo.: ..
-Oh! no, se:il.or Coronel, ya sabe usted lo escasos que son los amigos
cuando uno está. en la desgracia! La
esposa del propietario suele venir de
vez en cuando, luego otra seftora, luego dos ó tres caballeros de los cuales
uno viene con más frecuencia que los
otros y eso es todo.
Sin saber por qué el Coronel frunció
el entrecejo y se alejó bruscamente
diciendo al portero un «adios y gracias» seco é irritado.
Acababa de probar una impresión
extra:il.a: las palabras del portero le habían hecho la impresión de un garrota•
zo en la cabeza .... ¡Un seiior que viene con más frecuencia que los otros!
Esta frase venia á su espíritu con la
rudeza de una injuria.
Maquinalmente entró al Luxemburgo pero con paso seco y acelerado como si facra á la batalla y no con su
lentitud acostumbrada de paseante en
cortes. Llegó siempre malhumorado y
violento bajo las galerías del Odeon,
donde p')r rutina hojeó algunos libros,
rechazándolos luego, apesar de las obsequiosas instigaciones de los libreros.
Después la emprendió directamente hacia los muelles, atravesó el Carrusel,
subió por la .A.venida de la Opera y
llegó al Círculo Militar y una vez allí
sin entrar, dió unamedia vuelta: y tomó bruscamente el camino del Luxemburgo.
Y qué? Coronel de Veraz. ¿Usted tan imbuido
en el principio de que la mujer no debe significar
nada en la vida de un hombre formal; usted que
muy pocos días antes excluía de su programa este elemento perturbador, está tan conmov1do por
haber visto durante unos cuantos minutos á una
mujer, mientras ardía la chimenea de su casa?
Esta emoción extraila era muy real sin embargo; y siempre franco consigo mismo el Coronel no
trató de disimularla aunque hacía esfuerzos por
meterla en análisis á fin de combatirla con posibilidades de éxito. Pero no veía claro en su interior. ¿Lo había flechado la señora de Letellier?
Y cómo? ¿Por haberla visto despavorida algunos
instantes y haberle prestado un servicio vulgar?
Es posible que hubiera sufrido el golpe de ese
rayo de que había oído hablar tantas veces, burlándose de los que lo recibían. Pase que un subtenientillo inexperto ó un capitán desequilibrado,
cayeran en la trampa .... pero un Coronel retirado! y sobre todo él que estaba imbuido en tan
sólidas teorías y en principios tan fijos ... No ..
pues él no había sido insensible á los encantos de
su vecina y hasta se acordaba con cierta severidad de haberla tratado de un modo un poco libre
y familiar.
Pero con todo y eso, había un camino sencillísimo para cortar por lo sano dando al traste con
preocupaciones y escollos: no volverla á ver. Al
fin el incendio no se declararía todos los días en
la chimenea y no había motivo alguno paraestrechar aquellas casuales relaciones de un momento . .....
Pero esta discreta resolución le causaba una
impresión penosa y le parecía estar viendo aún el
cuadro encantador de la joven sencilla y graciosa
en su habitación modesta ydeücadti. Sin embargo
mentalmente daba un valeroso adios A esas ilusiones, cuando tornó á su memoria la frase del portero relativa "al sc:il.or que venía conmAsfrecuencia que los otros: ¿Quién era ese se:il.or? ¿Un pariente, un hombre de negocios, un antiguo amigo
de la familia? Pero y si en vez de eso fuera .... Entonces montó en cólera contra este desconocido y sentía como una angustia, como un
dolor ante la idea de que la mujer que sele había
aparecido con una aurnola de pureza y honradez,
podía muy bien ser un ángel .... caído.
Era·preciso averiguarlo! En caso dado, él defendería con la autoridad que le daban los a:il.os á
su vecina pobre, aislada, expuesta á las acechanzas de cualquier atrevido. Esta resolución generosa echó el 11ncla en su espíritu y un papel así,
desinterei:,ado le sonreía y no presentaba peligro

EL MUNDO
. ,, .,
' .
"

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J'

donaron la mansión meridional, testigo de la única época dichosa del ma
trimonio, y vinieron á instalarse en
París, donde en breves aías las mujeres perdidas, el juego y la Bolsa, die•
ron fin al dinero de Silvia.
Ella c.onoció la magnitud del desastre por dos hechos simultaneos: el ero•
bargo de todos sus mue 61es y un corto
billete de su marido en el que le avi,
saba que partía para un viaje de indeterminada duración. E1:,te viaje, por
otra parte, no fué muy lejano, sino sólo
á la calle de los Mártires á un entresuelo muy emperegilado y del cual una
'' 1
tal Zibelina (por apodo la Perdiz 1·oja)
era la inquieta hubitan te.
- La señora de Letillier lloró mucho,
empe:il.ó sus joyas más queridas, y se
refugió en la viviendita de la calle de
Vavin, y procuró como mujer valerosa
que era, ganarse la vitla cumpliendo
sus deberes de mujer honrada. La inocente y pobre joven creía que eso iba
á ser muy fácil sin sospechar que en la
organización actual de la sociedad, si
es bien difícil á un hombre resolver el
problema de no deber su subsistencia
más que al trabajo y la probidad, esto se vuelve casi imposible para una
mujer joven y bella que por golpes del
infortunio ha caído de una elevada
posición.
Y no es que se le hubieran cerrado
todas las puertas á que acudía, sino
que muy pronto adquiría la convicción de que la apresurada benevolencia de que era objeto tenía un precio,
Y. ese era el de sus encantos que precisa1?-ente eran la causa de esos apoyos maceptaoles y la alt!jaban del sistema de vida que deseaba. "Es usted
demasiado elegante, querida mia,'' le
respondía una caritativa dama de quien solicitó
amparo, sin pensar en que precisamente por economía la pobre abandonada usaba á diario los
restos de su antiguo esplendor.
"~inguna familia aceptaría A usted para institutriz ó dama de compaftía, porque es usted demasiado linda" le decía una vieja aristócrata perpetuamente rabiosa de su propia fealdad.
Quise, hacerse dependiente de algún almacén y
se la rechazó por carecer de aprendizaje mercantil; cajera, y sus conocimientos en contabilidad
t.o bastaron; modista, y se la creyó demasiado fi.
na para un trabajo rudo. Nada .... nada!. ... Los
parientes la abandonaron desde que se casó. El
único bueno y cariñoso, su padre, había. muerto
y su madre no se ocupaba de ella más que para
re_Proch~rle perp~tuamente su falta. Una prima
millonaria le envió cierto día quince francos en
un exceso de inconsiderada ge·nerosidad.
¡Cuántas veces sintió impulsos de rebelión esta pobre alma ofendida, humillada, estropeada inc~santementel ¡Cuántas veces la desesperación
vmo á enloquecerla! Pero resistió á todo, enérgica, honesta y pura; y ante las tentaciunes malsan~s del oro que se hacía pasar á torrentes por sus
OJOS, y ante el fantasma del suicidio condenado
por sus convicciones religiosas, permaneció valiente, altiva é intacta.
La a:nistad vino al fío en su ayuda y la salvó:
el mando de una de sus compaiieras de infancia
medianamente educado, charlatán, pero de bue~
corazón, adusto y con raras dotes de actividad
se ~ropuso buscarle discípulas de piano. Ellan~
sabia gran cosa, á lo menos en la parte teórica
pero_ como _era muy inteligente pronto aprendió
al mismo tiempo que enseiiaba y luego además
de ias lecciones aisladas obtuvo la dirección de
la clase de mús_ica en un_ colegio, quedando así
asegurada la vida material.
Su marido reapareció entonces para abrumarla con peticiones de dinero á las cuales ella por
lo común respondía de un modo favorable hasta
que a~ c~bo este_p~rdulario hizo á la pobre mártir el umco serv1c10 que podía hacer: morirse.
Tranquila en cuanto á su posición material, pero cruelmente decepcionada de la vida Silvia se
ref~gió en sí misma, desdeñando A ~u vez á, ]a
soc1-edad que la había repulsado ó acojido con
frialdad, y creía de buena fe que su córazón estaba cerrado para siempre al amor, que tan cruel
fué con ella, pero lo abrió todo entero á la amistad que concentraba, como único fin de su vida
sentimental, en un círculo de f;eles bien elegido,
muy poco numeroso pero muy seguro. De ese
1

alguno para un hombre acoi-azado como él, sin
pensar en que toda coraza tiene sus defectos y no
presenta resistencia suficiente contra los celos predecesores del amor.
Y tan es cierto esto que vuelto A su casa el Coronel, dando al traste con sus proyectos caballerescos se plantó frente Aun espejo, pasó con actitud enérgica la mano por sus cabellos, se atuzó
el rico bigote, tendió la pierna de un modo presuntoso y respondiendo á un pensamiento muy ínti•
mo, exclamó:
-Y después de todo .... ~por que no?
De3pués de lo cual comió con buen apetito,hizo
intenciones de leer un rato sin fijarse ni aún en el
número de la página q1;1e tenía frente á los ojos,
se acostó temprano y Hó entre sueftos una muchedumbre de amorcitos pequeiiuelos y barrigudos
ostentando cascos de bomberos y ocupados en
asar corazones en el fuego de una chimenea incendiada,

III
La seilora de Letellier no so:il.ó ní con bombe•
ros ni con húsares, pero al otro día, muy dueiia
de sí misma,.sin preocupaciones ni turbación, pensó en que tenía un vecino simpático y distinguido
con -el cual no le sería ni un poeo desagradable
entablar amistosas relaciones.
Por la portera, su única sirviente, ella había
averiguado el rango y el nombre de su vecino y
en la corta entrevista tenicta con él, pudo apreciarlo como un hombre de la mejor educación.
.A.sí pues, fuéno solamente sin espanto sino con
alegría como la joven pensó introducirlo al pequeño círculo de su sociedad, y en tanto que sacudía
con un coqueto olumerito sus chucherías de tocador, pensaba en-que algo tienen de bueno ]03 incendios de las chimeneas.
La vida había sido severa con Gabriela Silvia
de Ravel: rica, muy solicitada, bella siempre, llevó sus veinte afl.os su gran dote y su corazón al
señor Letellier, después de unos amoríos novelescos, sufridos pero no aprobados por sus padres.
El tal Letellier carecía totalmente de bienes de
fortuna y (lo que era más grave todavía) era tan
carente de dinero como de cualidades morales.
Al principio no dió í. conocer sus inclinaciones y
basta parecía sinceramente enamorado de su encantadora mujer, pero pasado un poco de tiempo
de adoración mutua, comenzó á extraftar su antigua vida de soltero y se imaginó que sería muy
grato volverá llevarla ayudado de elementos pecuniarios que en el pasado no había tenido. Aban-

�Domingo 18 de Septlembrf\ di\ lAAR

EL MUNDO,
236

el infierno en la tranquilidad que le daban sus
peinaditos, los bigotes retorcidos, la piocha termodo, su naturaleza expansiva encontraría em- minada en punta, el afre jovial y las maneras bas- árboles y sus libros? ¡Cuánta razón había tenido
pleo para los raudales abundantes de ternura que tante comunes. Tendió h mano al Coronel sin va- siempre al desconfiar de la mujer, que es el eterbrotaban de su alma, ternura que ella se negaba cilar con mAs expansión que galantería, y el seftor no enemigo de todo reposo, y cómo _ahora se _había entregado néciamente y sucumbia en el rnsá designar con su nombre verdadero.
de
Veraz
la
tocó
con
el
entusiasm:&gt;
del
perro
á tante mismo en que se creía definitivamentti venSu temperamento insinuante, ardoroso como el
sol que la lla.bút visto nacer, las condiciones de quien se obliga á chicotazos á e.travesar un cedor!
Y veía muy claro que al presente todo el mal
su vida aislada, la energía de carActer de que ha- arroyo.
-Coronel, ailadió Silvia, á quien esos detalles estaba ya hecho y que no quedaba remedio albía dado pruebas en circunstancias dolorosas, y
la confianza que tenía en sí misma, le daban un no se le escaparon, l,eotardy ya le conoce á us- guno. El mal! Al decirse á sí mísmo esta palabra,
aspecto un poco libre, una fisonomía conquista- ted mucho por todas las últimas cartas que le he probó el Coronel de improviso algo c~mo el remordimiento de un blasfemo: le pareció que acadora que habrfan inquietado á censores au:;teros escrito.
Esto lastimó al Coronel más hondamente toda- baba de ultrajar á la más adorable de las diviniy que cb.ocaoan de vez en cuando, cou las leyes vía.
De seguro que la intención de la seftora Le· dades; observó que corría por sus venas un cade la etiqueta y del bien parecer.
¿Pero á ell11. qué le importabai' No tenía comu- tellier había sido dé lo más sana del mundo al losfrío delicioso, una bocanada de calor dulce y
nicacimes más que con amigos verdaderos que pronunciar las frases que pronunció con tanta na- vivificante subió A su corazon rejuvenecido; una
y sencillez, pero la familiaridad del tra- languidez de éxtasis lehumedeció lvs ojos; ca.lió
la conocían y apreciaban en lo que valfa; y con turalidad
tamiento
dado
al recién venido ·y la noticia deque toda cólera, se desvaneció toda tristeza, desapala conciencia tranquil11, apoya.da en sus instintos
de honr11dez sabía pasar victoriosa sobre todos había estado sosteniendo correspondencia episto- recieron lo.s recuerdos de la vida real, y reclinalar con la viuda, completaron la mala impresión do en su balcón en esta noche estrellada de 111alos peligros.
Muy sencilla y muy francamente la señora de . moral sufrida por el seftor de Veraz á tal punto, yo, con las miradas errantes por las frondas plaLetellier se dijo á sí misma, que le agradaría que que se levantó pálido y crispado, y saludando á teadas nl rayo de la luna, se perdió en los
Joven, le diJO sin más preámbulos:
deliquios ·d e jamás saboreada embriaguez y entoel Coronel de Veraz volviera á verla, y como vol- la -Rue¿o
A uste l me excuse, seftora. Tengo que nó su alma iamcrtal el himno del divino amor. ...
vió justamente ese mismo día, bajo el falaz preComo haciéndole eco, un ruiseilor an los árboteuo de saber si la emoción de la víspera la ha• . hacer en casa.
Y después de una seca inclinación de cabeza á les vecinos desgraaaba su cAntico nocturno de
bía fatigado, Silvia lo recibió con cordialidad
Leotardy se dirigió á la puerta.
vigilia y de voluptuosidad.
exenta de toda afectación é hipocre~ía.
Silvia que fué á acompañarle murmuró á me1\Iás calmado al día siguiente pero no menos
El Coronel comprendió que se le aceptaba enfeliz, el seftor de Veraz tomó una gran resolución:
tre los iniciados, y que .el portero podía aftadir su dia voz:
-¿Pero qué tiene usted?
«puesto que hahía faltado á los principios de tonombre á la lista de los visitantes ordinarios de
El
Coronel respondió con frialdad:
da su vida cayendo enamorado, renegaría de
su vecina, y aún se prometió rivalizar en un fu-Absolutamente nada seftora,
ellos y les daría el golpe final casándo3e.»
turo no muy remoto con «el seftor que venía más
Y se ausentó sin dignarse volver la cara, y por
El Coronel se había distinguido en la carrera
frecuentemente que los demás.»
Ea efecto, al cabo de un mes venía diariamen- eso no vió como la sc:ftora le siguió con ojos en militar por su espíritu resuelto y la prontitud conte á las cinco de la tarde, A charlar una hora con que se pintaba la sorpresa, pero en que se veía que ponía en ejecución el partido porque se decidiera, y fiel á estos antecedentes decidió sin
la hermosa viudita ó A oírla tocar el piano, y se también algo de enternecimiento.
tarda11za que ese mismo día A la hora de su acosdejaba llevar con una perfecta simplicidad y buetumbrada visita se preoentaría á Silvia y con tona fé á la dulzura de esas relacionas, de las que
IV
da formalidad le pediría su mano.
nada turbaba la pureza ni en lo más íntimo de
Sin duda que entre nosotros, se decía el Corosus pensamientos.
-Jo~é! ....
nel,
hay bastante diferencia de edad y la cantiY no pensaba ya casi en aquella exclamación
-Mi Coronel!
que le había• brotado el día que la conoció: « Y
-Te dije que quería comer temprano. ¿Por dad de años que media me pone casi en ridículo,
pero ella está madurada por el dolor y la e:s:pedespités de todo ¿po1· qité no?» pues Silvia le había qué pues no está la mesa?
revelado lo que él no conocía ni había conocido
- .Pero mi Coronel, no son más que las cinco y rie·ncia, y yo tengo el corázón íntegro y joven
1:unca: la suave impresión de la verdadera mujer media y como mi Coronel no regresa sino des- puesto que nunca me había servido para nada.
graciosa y alegre, buena y casta. Su amistad era, pué! de las seis, pensaba yo que mi Coronel . . .. He aquí dilucidado el primer punto. Segundo
pues, sincera, intensa, pura, (así lo creía á pié
-Basta ya de Coroneles! No me agradan ré- punto, la fortuna: Silvia no tiene un céntimo y yo
juntillas el Qoronel) una amistad como de anti- plicas: he dicho que quiero comer ¿entiendes? poseo alguna cosa, y como uno y otro tenemos
guos camaradas.
Bueno ¿y q'u.é tienes tú que me estás mirando con inclinaciones modestas, y como en definitiva con
Sus ideas, sus sentimientos, sus aficiones con- esos ojos de pato espantado? ¿Por qué no te has mis rentas, mi sueldo y mí pensión de Comendacordaban en todo. Silvia se entusiasmaba al re- ido ya A la cocina? Si sigues así te pongo de pa- dor llego A quince mil francos anuales, con eso
no tendremos las comodidades &lt;le un nabab pt:ro
lato de las batallas del veterano y él se asom- titas en la calle ¿me has oído?
braba con ciertos trozos musicales que ella interEn tanto que José despavorido se dirigió á la no nos faltará. lo esencial.
Compraré menos libros porque no me quedará
pretabJ. divinamente con su alma sentimental y cocina por el corredor, entró en su gabinete hatierna. Veb.ementes los dos y un poco casados ciendo estallar las puertas, y al ver sobre la chi- mucho tiempo para leer .... Acaso se ría un pocon sus opiniones, tenían Aveces algunos cb.oqulfl! menea una estatuita de terracota, que le pareció co la gente viendo que se casa con tan linda jopero que lueg0 se traducían en aproximación, y tener una vaga semejanza con Leotardy, la estre- ven un viejo Coronel retirado, pero desafío á los
terminada la querella, ambos se apercibían de que lló contra el pavimento haciéndola mil pedazos. risueftos para que me vengan A buscar! Todo irá
habían dado un paso miis en el camino de su inEsta ejecución en efigie produjo brillante re- bien. Ella no tiene parientes ni yo tampoco con
timidad.
sultado pues alivió un poco los nervios del sei'i.or excepción de Jaco bo, pero éste quedará encanta:Marchaban, pues, en esta vía peligrosa, con de Veraz y le puso en un estado de calma bas- do al encontrarse con una prima tan hermosa sin
una igual y perfecta seguridad. Silvia honrada tante para que, hundido en su gran sillón se pu- que le preocupe la pérdida de mi herenci;l porhasta el punto de no comprender su imprudencia, siera A reflexionar haciendo su exámen de con- que es mAs rico que yo. Verdaderamente no desy pensando que el amor ya no podía existir eu el ciencia. Seguramente el descubrimiento que so- cubro grandes obstáculos. Silvia no dará ya más
mundo ní meno .. en ella ni para ellit, y el seilor brevino con este exámen era muy grave, porque lecciones de música ni tocará el piano más que
de Veraz convencido de que había llegado al col- en el instante de entrar José á comunicar que para Ini.
mo de sus ambiciones, puesto que era amigo de la comida estaba lista, el Coronel se irguió de
Esto es natural. ¿Pero le convendrán mis prosu encantadora vecina.
una pieza y encarándose con su ordenanza que no posiciones? ¿Y por qué no? Todos los días repite
Durante una de esas entrevistas, tan inocentes comprendía una jota de lo que estaba pasando que su corazón estA libre; y por linda que sea, los
como peligrosas, un campanillazo vibró en la gritó:
maridos no abundan en torno de una mujer que
puerta. La seftora de L-~tellier fué personalmen-Mil millones de centellas! se necesita ser muy tiene por única dote su hermosura.
te A abrir, y lanzó tal grito de alegría que c:l Co- animal para que á los cincuenta y siete aftos ....
No es de dudarse que ella me demuestra una
ronel se volvió alarmado, precisamente en moSin forjarse ilusión alguna, el st&gt;llor de Veraz simpatía poco cvmún, y bien cercana demás tiermento oportuno para ver á un recién llegado que acababa de reconocer que estaba perdidamente nos sentimientos.
besaba en ambas mejillas con un buen beso, fran- enamorado de la viuda. El punzante dolor que le
Pero ...... e.Y Leotardy? Veamos, veamos. Pues
co y sonoro á la duefta de la casa.
había herido al descubrir su intimidad con otro quedará de amigo, con la condicióu de que si alEste espectáculo le desagradó soberanamente. hombre, no le dejaba duda alguna sobre el estado guna vez vuelve á besarla como lo hizo ayer, le
Silvia vino con los ojos irradiantes y dijo muy real de su corazón, pues la amistad pura no codivido en canal!
animada.
noce esos arrebatos espantosos de los celos. El
A esto llegaba de sus reflexiones el Coronel y
-Q11erido Coronel, le presento á usted á mi Coronel sintió de pronto una oleada de ardiente aun conservaba en el entrecejo las contracciones
excelente amigo Leotardy que estaba ausente cólera contra sí mismo y profunda humillación que le causó la última, cuando se sobresllltó al
desde hace tres semanas y que al fin vuelve al por su debilidad demasiado cierta. Llegar á esos ruido de la campanilla tiradli con mano enérgica;
redil.
extremos á su edad ...... ! ¡Cuando se crefo ya al y aun no había tenido tiempo de formarse ideas
Encantado de sus relaciones con la señora de abrigo de las tempestades encallar contra el esco- respecto de esta visita inoportuna, cuando Silvia,
Letellier el Coronel no había vuelto á tomarse la llo evitado durante toda la vida y cuya existen- fresca y rie1tte penetró en el salón.
pena de pensar 1m «el señor que venía con más cia real hasta se llegó á negar!
-Soy yo, yo misma amigo mio, exclamó alefrecuencia que los otros,» nunca lo había enconLo cierto es que si se hubiera querido probar gremente viendo el aspecto azorado de su huéstrado en la casa y su apaúción súbita (porque no al veterano que después de treinta y ocho ailos de ped y tendiéndole las dos manos, y he venido á
dudaba ni un sólo instante que este era el amigo servicio, ignoraba los principios de la equitación saludar Austed y á darle mis excusas anticipadas
privilegiado) le causó una impresión dolorosa y el manejo de las armas, no habría sentido más porque esta tarde no voy á esperar su visita
agravada por la recepción entusiasta que le hizo sorpresa ni mAs indignación de los que experiá la hora de costumbre.
Silvia,
al descubrir su amor.
Se limitó por consiguiente á inclinarse con una mentó
(Concluirá,)
En aquellos momentos aborrecía furiosamente
frialdad acompasada, y fijó en Leotardy una mi- á la eell.ora de Letellier, tanto, que no podía conrada que nada tenía de tierna.
solarse de amarla. ¿Qué demonios había venido
Era este un buen muchacho, robusto, de unos á hacer atravesAndose en su camino y metiendo
cul\renta años con los cabellos demasiado bien

f

Domingo 18 de Septiembre de 1898

2ll7

EL MUNDO

PAGINAS DE LA MODA

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Fig, :c.- Traje de otoño.

�EL MUNDO

238

Domingo 18 de Septiembre de U191S

EL MUNDO.

casamos, era empleado en la dirección de loe Archivos Nacionales, tenia una cátedra en el Colegio de
Franela, y reunJa loe materialee de su Historia de la
Revolución.
Neeteariamente debíamos vivir ccn mucho orden
para tanto trabajo. Sti levantaba él cuando amaneela, y estaba eecribiendo hasta la hora ilel almuerzo;
eran las horas sagradas que nada debla turbar; yo le
vigilaba cuidadosamentti, porque él no' era de esos
obreros de las lttrae extrañas á. eu producción; entre•
gaba todo entero á su obra, la sentla, la vivla. 11Escribo-decla-con mi corazón II y cuando suspendla
su trablfjo quedaba muy excitlldc. Poco á poco iba
calmándose, almorz&gt;ibamos, y salla en dirección á su
archivo paseando antes un poco por las calles de este P,uie tan querido.
A las cu11tro volvía. Era necesario que me encontrara 11qui; mi aust'ncia le producla tan mala impresión, que un dia escribió sobre un papel de su mesa:
"di no puedo estar sin ella un cuarto de hora ¿qué se
rá en el tiempo infimto en que no la tf'ndré conmigo?
La tarde la pasaba en eeucillae di11tracciones. Venia tal cual amigo ó discípulo á consultarle, á hablsr
con él y oírle leer lo último que habla eFcrito, porque
él consultaba con todos. Por e~te gabinete han pas11do Renán, que venia mucho, Taiuf', Lamartine, Be•
ranger, Th1ers, Edgar Quioet, todas las glcrias de la
Francia liberal y también la generación nueva. Nuee
trae reuniones quincen,des no eran ceremoniosu.
El carecla de ese orgulloso estiramiento insoporta ble en que suelen dar 11,e notabilid11deh¡ en vez de estar sP-paradoe los hombree de las mujeres, é,itas juu•
to al piano, aquellos rodeando al dueño de la casa en
sitio aparte, doude ¡:.udieran fumar y decir mil atro
cidadtie mientras las damas dei.trPzarlan al próximo,
hablando al mismo tiempo de modas, la conversación
era. aqui única y general. Cred que la separación de
sexos ha m11tado til esplritu en lu conversaciones....
No mucho tiempo d~spuée de casados, el Im~erio
quitó á mi e~poso loe dos recursos d -, gan,.rse nuestra vida. La cátedra de moral y de historia y el destino en los archlvo11; era la venganza de la reacción.
Yo, caballero. no tenia patrimonio ni dote, y fué ne
cesario reducirnos, salir de Paria y habitar cerea d,i
Nantes en un rincoocito Ignorado, una ca~ita con su
;ardln de cierto comerciante que, mu.v entusiasmad-&gt;
con albelgar al maestro no querlacobrarnos PI alqui ler. Ali! concluyó su Hütoria de la Rem;lución y e~crlbió algur.o d.e sus libros que tanto éxito han me•
recido.
-¿Ee cierto que vos, señora. habeis escrito El Pájaro. esa .obrita belllsima tan querida por las almn

Fig. 2.-Traje parisiense de calle.

1

Lectura para las damas

LA VIUDA DK MlCHELET
Todavla existe, retirada del bullicioso Paris y en
medio do loe recuerdos del maestro, que conserva como una sacerdotisa, en la misma habitación-santuario en que él habla pasado gran parte de eu vida.
Alli ha sido ahora visitada por Adolfo Brisson, que
nos refiere la interesante conversación que ambos
sostuvieron.
Madame Michelet ocupa en la calle de Aseas el mis•
mo piso que ya hablan hecho célebre las reuniones
quincenales intimas y amigables, donde rl'lunia su
marido á lo más selecto de los pensadores franceses
Todo conserva aún el aspecto anticuado, el glll!to
de aquel tiempo, y parece que el grande hombre v11
á presentarse de pronto entre aque1los cuadros, aquP
Hes muebles, é_poca Luis Felipe, y á sentarse en b
mesa de tr&amp;baJo.
La calle es silenciosa, la habitación retirada, como
viene á un artista ó un sabio; se respira alli el ambiente de una grandeza serena y el perfume de gra
tisimos y gloriosos recuerdos de un pasado que aún
tiene algo de presente.
En medio de este marco apareció la figura que más
lo embellece.
Ee admirable, dice el cronista parisiense, la semejanza ehtre el rostro de aquella mujer y el de Micht let. se·a esto obra de la naturaleza ó de cuidadoso
intento, de cierta coqueterla, ello es que los dos se
parecen.
Ella tienti los cabellos completamente blancos y no
los lleva trenzados, smo libres y flotar.tes al rededor de su cabf'za, formando loe bucles una especiA
de aureola _que contribuye á virilizar los rasgos de la
fisonomía. U4a expresión de bond.ad atempera al mismo tiempo este aspecto y harmoniza su conjunto.
La mirada es un tanto velada, la .boca tiene cierto.
expresión de melancolia eu11ndo no se dibuja en ella
una sonrisa. Madame Michelet es de origen meridional, y no ha perdido ni el acento ni el humor de su
país; cuando habla es grave y reposada, pero no sin
cierta agudeza, con sus toques de o-racioea ironJa.
Se ve que su belleza ha sido tan notab1e como nos refieren loe que la vieron en su esplendor y qua conserva la gracia y el encanto que siempre la rodearon.
-Dispensad.me-dijo al presentarse con los ojos
humedecidos por las lágrimas y sentándose en un diván -los preparativos de estas fiestas en honor de
mi esposo, me e_mocionan mucho ¡y despiertan en mi
tantos recuerdos! Me p ..rece que van á celebrarse de
nuevo sus funerales.
-Vengo, señora, á hablaros de él,
Enju,:ose la dama sus ojos, y durante largo rato la
conversación versó acerca del grande hombre. Expresábase la viuda con elocuencia y vivacidad ineomp_arables.
-Hace ya veinticuatro añoQ que le he perd:do, y
ni un momento dejo de tenerlo presente, vivl' con su
pensamiento, y todo me le recuerda ...•..Cuando nos

Definiciones.
¿~ué es un médico?
Un hombre que hace reir á la muerte.
¿Qué es un ebcribano\
Un hombre que tiene patente para ser
ereido.
¿~ué es un maestro de escuela?
Un hombre que, para ciertos gobiernos,
pertenece á la familia del camaleón.
;.Qué es un procurador?
Un hombre que está encargado de darle
fuego á la meena.
;.&lt;,¿ué es un banquero?
Un hombre destinado á recibir sonrisas
mientras n-o quiebre.
;.Qué es un comerciante?
Un hombre que tiene fijas las mlraó.ae en
las necesidades de loe demás.
;.Qué es un poeta?
Un hombre que no tiene una peseta en el
bolPillo y se cree más rico que Creso.
¿Qué ee un cochero de alquiler?
,
Uu hombre que le da "cuero" al caballo
~ que lo mantiene.
. ;.Qué es un cajista?
~
Un hombre lnsopo1 table cuando está. pidiende "material."
;.Qué 68 un barbero?
Un hombre que inspira gran confianza á
loe demás.
;.Que es un botic11rlo?
Un homi&gt;re que ha descubierto la piedra
filosofal.
¿Qué es un gacetillero?
Un hombre que tiene rabia
cuando no hay asunto de qué
tratar.

FJg. :i.-Grupo de sombreros.

::l!;LCA.LDO

FJg. 3.-Traje de calle. lJltlma novedad.
¡Qué recuerdos, caba'lerf', qué recuerdos! El año
que viene hará medio siglo que nos casamos. Ahl tengo sus cartas de novio; puede leerlas todo el mundo;
las lePréis vos:) a veis-añadió, al terminar la conversación, que iba tomando cierto tinte de tristeza;-ya.
vele que empezó para él Jo qne un di1&lt; habla llamado
el tiempo infinito. que estarla lejos de mi. ..... ¡Ah,
yo le temia t11nto como él. pero todo llega al fin! Diosas! lo quiere ..... .

Las desocupadas de Paris son las reinas de 111 coquetería; ella11 imponen la moda, ellas inventan la belleza.
Por eso una parisiense, muy preocupada en engañar al pobre mundo. ha eneo11trado una nueva aplicación de la geringullla Pravaz.
Se acabó ta morfinomania, pasó de moda la inyección del soporifero alcaloide, y hoy las el~ga1.1tee se
inyectan bajo la piel lol! má.s exquisitos perfumes que,
dan á las Evae del paraiso parisiense el aroma y la
falaz 11parienc:a de la rosa, de la violeta y de la tuberosa viviente.
Otra colaboradora de la belleza ha imaginado un
aparato para fabricar esos hoyitos coquetones y tentadores que tant11. gracia dan á una mejilln, esa hoyito que llamaba Heuri Reine en su Intermezzo la cuna
de Cupido.
Hay que sufrir para ser hermosa, como hay quepa•
decer pc,r ser fea.
Las antiguas cortesanas sabían ya lo mucho que
costaba el asegurarse todas las gracias y la primtra
que. por parecer la que no era, ee resignó á pone, se·
en la cara durnnte la noche la carnti fresca de ter•
nf'ra, liquella era una herolna.
Pero por muy advertidos que estemos sobre los es•
pedientes de la qulmica y vor muy dulce excepticirimA que pongamos en la celebración dtil milagro de·
la belleza; estas divulgaciones nos deeene11nta11 y 0011
hacen mirar con lástima todo aquello que debiérlimte
adorar.
Las pobres mujeres que hacen tantas maravíllAs.
que leen ansiosas la cuarta página de las revistas de
moda. que sufren mil privaciones por procurare" una
pomada ó un elixir, esas mujeres ee consideran recompensadas si consiguen un rasgo de belleza.
Una vez que han eoneeguido poner sus cabel1011 A,.
la moda, cuando han estudiado una sonrisa, estirado
una arruga y cuando han triturado deliciosamente ..1
artificio, entonces podrán considerarse diguae dó
cualquier mentecato ó de cualquier insolentti.
Pero en ese lote tan encantador no encontraremosc
ni una siquiera que se preocupe de lo má.1 esencial.
Cloé, hermosa y poeta, hacia su rostro bello; pero
no sus versos.
Las Cloé de hoy embellecen su cara, pero no hermosean su eorazón.

..............

~-.
1

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-p---

•

Una de las caractl'risticae de la moda actual es la
de ~d?ptar una multitud de fantasiae y no abandonar
casi nrnguna.
Por esta eerianos muy dificil decir algo de todo lo
qqe constituye la elf'gancia femenin1l.
Al lado de cosas 9ue datan de ayer. vemos otras
que son ya muy antiguas y que, biD embargo. sig11en
estando á la moda y son muy apreciadas.
Esto sucede, por f'jrmplo, con 1~ blusa que después
de tres años de existencia, cada vez se lleva'más.
Hácese mucho f'n seda ePcoePPa ó pekinada con
fruncidos y con canesú de difert'nte color.
'
En este caso la faldn será de pañetel;gero color azúl
porcelana ó zafiro unido.
Tam~ién _suelf'n adornarse las faldas y Jae blusas
con cut1 ó piqué blanco, sobre todo si se trata de una
blusa color rosa ó a;,úl. Las mangas se llevan estrech11s.
Con estas faldas se lleva el sombrero llamado cape)ine_ he~ho con paja de I~lia y con las alas un tanto
mchnadas por delante.
Las corbatas á. la ruoda no son tan o-randes como
e~an antes y parece haberse adoptado fa fria. coirece1ón del cuello y la corbata masculinos.
Se llevan mucho los eha 1ecoe bajo las elegantes chaquetas de sastre.
La forma del chaleco es Luis XVI y ee hacen de
seda con 1ayados verticales.
Estos chalecos sientan muy bien con toda clase de
faldas.

LA CIENCIA Y EL HOGil

Exoti8mol!!J parisien@les.

-~:,;J!rJ

FJg. 9-Toqueta friToliun.

Modas parisienses.

sensibles?

-No hice más que ser colaboradora, como en otras.
La idea, ciertamente, fué rola.
Habla él qued.ado muy fatigado al terminar la Historia. y sabiendo yo que no podia estar ocioso, bur,qué un trabajo sencillo que Je distrajera. Los pajaritos. que nos deleitaban cantando sobre nuestros árboles del jardín, me sugirieron la idea que le corr,uniqué: él escribla, yo aglomeraba loa materiales y
consultando obras de historia natural, anc,tando datos, ideas ....

239

Polio y Labit dicen dl'l caldo: No queremos perder
el tiempo en los debates que ha motivado til valor de
la carne hervida. pues tod.o el muudo reconoce hoy
que este deplorable modo de utilización de la carne
no resulta compensado por al valor del caldo, con sus
16 partes pOfo de materia orgánica no proteica. Esta- ~
mos conformes con ver en el caldo un peptógeno y
que en este sentido permite atiborrar los órganos digestivos con una gran cantidad de pan, pero fuera de ,
tista utilidad efectiva y real, conveniente para algu- tíl'liiA~~~
nos estómagos que necesitan semejante repleción, no
ofrete otra alguna dP verdadera importancia. Por ee- (
ta razón, sólo empleamos el caldo á titulo de estimu- ¿_
laute del estómago, de alimento de lujo que puede l'i
usarse útilmente 111 principio de las comidas y como
medio de abastecer la economía de cierta cantidad de
sales, principalmente del fo~fato de cal de las partes

os,as.

Nos llama la atención que eetoe ilustrados facultativos, omitan que el fosfato de cal de la11 partes oseas
es insoluble en el agua y que en caso de obtener un
fostato seria el que ee encutintra en la sangre, disuelto á favor del ácido carbónico, ó el que entra en la
composición de toda célula. Es verdad que el fosfato
de cal se elimina por las orinas, pero es al estado de
fosfato ácido ó monocálcico, que de las tres especies
de fosfatos de cal es el único soluble en el agua.

Fig. 6.-Traje de nanstí para calle.

PROCEDIMJENTO PARA CONOCER SI UN ARBOL
ESTÁ SANO Ó PODRIDO.

Fig. 4..-TraJe de paseo.
Fig. 7.-Sombrero polar.

Dice una revista técnica que á fin de evitar la11
disputas que á menudo B&lt;&gt;brevienen entre el vendedor
y el comprador. cuando el árbol vendido como sano
está podridol se recomienda el eiguienteproced.imiento: el vendeaor y el comprador, acoIX1pañados de tes•
tigos, se trasladan al bosque; uno de ellos aplicará
fuertemente el oido contra un extremo del tronco,
mientras el otro golpea en el extremo con la cabeza
de un clavo. Si el árbol es bueno, la persona que escucha en un extremo percibirá distintamente el golpe pegado en el otro; si, por el contrario, el árbol está averiado, el sonido no ee transmitirá por interceptarlo la podredumbre.

�•
1':L MUNDO
..1;:;898_,_
--------------------------~W:!!!.!:!!!2.------:----------Do~m!!!!;ln~,r~n.:,.,::18;.,::d::.:;•S:::•tr:::tl,::•m;:;;:b;;,r•_d;:;•

-"4~.

FIG, 4.-TRA.Jl!l D!I PABBO,

•

Ea de ronlard de satin azul obscuro, con gran aplt~ación a!t!n:1f:~~°aª u!:.
seda ornada de galones tn la falda. En Pl cuerpo\ a mu
id
uu
eleg~nte capE:llna alternadK con encaje blanco y igeros frunc os en
plastroncito que roJea el cuello.
FIO 5.-GRUPO DE SOMBREROS,

• Damos tru modPlos dfl los que se halJan mas en bog!' en la actu~lidad.
El prtn'lno es de paja de Francia con se~cilla aplica]1ón de mu ~e;~b1ld~Y~
lumas El ae~undo tiene unas hermosas alas de pa oma emp 1 d
:rados'amente. El tercero es de una admirable SPl!clllez. Dos plumas e avesuuz forman el frente, uniéndose en un broche ch:foné de raso.

TOMO JJ

MEXICO, SEPTIE1111RE 25 DE 1898

FIG. 6. -TRAJE Dlt NANSÚ PARA CALLE,

Es de una gran elegancia. Sobre un frente pliPeé A gra.ndf\f~i~~uesut~!
casacón bordado, cortado en áng1;1losyorl_addo, ast comdf~ d~ dos hefillas
hechas de finos fruncidos. Dos pns11Jas unt as por me
,
atan las alas de la casaca.
FJG ?.-SOMBRERO POLAR,

LAS FIESTAS DEL 16 DE SEPTIEMBRE

•

PªJb

Sombre"o para señorita de un aspecto muv parisiense En
azul, gu~necido de· alas azules de dos tonos, la una clara, la otrt dmb b~e s~ub~rle d:
dos plumas de avestruz igualmente Azul. La una aco&amp; a a so
. d
la falda, á la izquierda¡ la otra rJgida en medio del delantero, tiJa a eu un
enorme pliegue de aatin antiguo azulado.
FJG. 8,- SOMBRERO COLO}IBJNA,
SombrerC'I para señorita en psij11. de arroz blanca, levantado hacia adelante. Calota rodeada de una' corona de ros11.s blancas. Sobre la part¡ de la t¡tda levantada una pnloma blanca CU\'&amp; cllbMita toca los cabeJ os con coa
de pa 1·aiso bl~nco y pligue de moir b·l anco á la izquierda de la paloma, cerca
de los cabellos.
FIG 9.-TOQUE I A FRIVOLINA,

Toqueta de dama de efü1.d medlaoa, toda de tul negro drapeado Y levanta:
?A.
do, la izquierda con un manojo de jacinto!\ rosas de much?s toll:s, :~;mpa
~
ñados de un penacho de follajes surtidos. Un poco was hacia atr se I onea•
,id., d.o de tul malinas negro.
FIG, 10-TOILHE PARA CARRJJRAS.

Es de grRnadina azul, sobrn trasparente de ta fetén malva. L"- falda tallada
de unll sola piezll e~tá. ornada de tres grupos de pliegues bordados
El cuerpo y J;111 mangas esUn ornados de los mismos pliegues pero en diagonal El delantero del c&lt;1rpiño Be abre sobre un pequeño.plastrón b~rdadoi
Toqueta de paja ornada de plumas malvas y de t:.n fruncido d~ tafet n azu •
FIG.11 .-TRAJJ!I PARA. CARRUAJE.

Gran paca de sarga blanca redondeada delante y cerrada de Jado J!ºr tres
presillas muy simpleP. Gran ~uello redondo, oruado como los b_ordes e ~a
. pa de cinta de &amp;dda. Forro de surah de color. Sembrero canohér en p8Ja 8
trigo, ornado de rosas y de dos •las cambiantes

d.

Flg. 10.-Tollette para carreras.

.U..t,,;CALOG-0 HIGIENICO.

---

11Los periódicos hi,1,d.é nicos de Lóndres no cesan dt'I predicar al público que siga sus
laudables preceptos. Pua dieminuir cen una mitad/ 1 dicen. Ja mortalidad, bastaria con
observar
el siguiente decálogo higiénico:
O
I Limitar el consumo ád la. carnt,, proscribiendo por completo la de puerco.
2 ° Substituir el pan blanco de harinA. por el de harina de trigo molido con cá.scara.
Este precepto ha obtenido tanta aceptación, que al pa110 que va aumentando el desarro•
llo de la venta de pau de esta clast, i:1e puede dar por desterrada la coatumbre de comer
pan blanco.
3° Comer de postre mucha fruta madura, lo más recién cogida posible . .
4° No desayunarse con cllfA ni té puro, sino con cacao ó una ligera infusión de té.
5º Dará los niños, al levantaree. una taza de caldo de b.arina du avena bien cocida y
mezclada con leche hervida también, pues la lechH sin cocer es dificil de digerir y de
asimilara e con alimento,
,
6º Reducir A lo estrictamentft neceaario toda bebid&amp; alcohólica, y mejorar más aún,
(Uprimirla por completo si es posible.
7° DeanudHrse por completo al acostaree, quitándose cu&amp;ntRe prendas se han llevado
puestas durante el dla, volverlas al revéd y sacudirhts y colgarlas.
8º Quitarse, Hl levKntKrse, la ropa con que se ha dormfdo, volviéndola también &amp;l
revés y colgándola cerca ae una ventana abierta.
!:Jº Lavarse todos los diaa, tii no es posible bañarse con agua fria ó templada, frotándose con un cepillo ó eilponj11. y jabón ordinario.
10º No dejar de abrir la vent&amp;Ull del cuarto de dormir.
Asi como el pan moreno ha sfdo recibido con favor increlble, IR. supresión de las bebidas alcohólicas y carne de puereo encuentran viva resistencia, porque contraria hábi•
toe a::raigados desde muy antiguo é intereses que saldrían perjudicados con la reforma.

l

Nuestros Grabados.
FIG. 1 -TRAJB DE OTOÑO.

Este traje muestra ya las fautasias reinames que li, moda nos promete p11ra la estación que se inicia, Ed de Ascosés de seda, sin tramos de colores, alterna&lt;10 con bandas
blanctts, que bord'.Jo ht faJda y ascienden por ella forméndole una elegante alR y que en
el jaquet, muy ajustado, forman sencillos galones y dos especies dejuck~ys en las mangu. Cuello americano. Corbata de muselina de seda obscura.
FIG 2 -TRAJE PARrSIENSE DB CALLE.
Es de tafetán clRYel, con .. plicaclón completa de bloeda blanca en bandas y dibujos,
dejando en el frente de IR blda un elegante t11.blero sin bandas, de mucho gusto. Cuerpo•
blusa abierto sobre un plfssé de mus6hna de seda lleno de fruncidos en b1u.. das horizon•
tales y mosn.ando un ptastronclto ligenmente pli88é.

CW!a del Sr. de Teresa, en la esquina de lllercaderes.-La A.-eulda de Plateros.

FIO. 3-T~AJB DB CALLE, ÓLTill'A NOVBOAD,

Es de satln hoja 11eca con plena aplicación de punto de Venecia dibujado de bandas
y rosetones. Cuerpo-blusa abierto aobre un eleganteruchede muselina de seda blanca
avolantad&amp;.

Flg. JJ.-Trale para carruaje.

•

NUMERO 13

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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1':L MUNDO
..1;:;898_,_
--------------------------~W:!!!.!:!!!2.------:----------Do~m!!!!;ln~,r~n.:,.,::18;.,::d::.:;•S:::•tr:::tl,::•m;:;;:b;;,r•_d;:;•

-"4~.

FIG, 4.-TRA.Jl!l D!I PABBO,

•

Ea de ronlard de satin azul obscuro, con gran aplt~ación a!t!n:1f:~~°aª u!:.
seda ornada de galones tn la falda. En Pl cuerpo\ a mu
id
uu
eleg~nte capE:llna alternadK con encaje blanco y igeros frunc os en
plastroncito que roJea el cuello.
FIO 5.-GRUPO DE SOMBREROS,

• Damos tru modPlos dfl los que se halJan mas en bog!' en la actu~lidad.
El prtn'lno es de paja de Francia con se~cilla aplica]1ón de mu ~e;~b1ld~Y~
lumas El ae~undo tiene unas hermosas alas de pa oma emp 1 d
:rados'amente. El tercero es de una admirable SPl!clllez. Dos plumas e avesuuz forman el frente, uniéndose en un broche ch:foné de raso.

TOMO JJ

MEXICO, SEPTIE1111RE 25 DE 1898

FIG. 6. -TRAJE Dlt NANSÚ PARA CALLE,

Es de una gran elegancia. Sobre un frente pliPeé A gra.ndf\f~i~~uesut~!
casacón bordado, cortado en áng1;1losyorl_addo, ast comdf~ d~ dos hefillas
hechas de finos fruncidos. Dos pns11Jas unt as por me
,
atan las alas de la casaca.
FJG ?.-SOMBRERO POLAR,

LAS FIESTAS DEL 16 DE SEPTIEMBRE

•

PªJb

Sombre"o para señorita de un aspecto muv parisiense En
azul, gu~necido de· alas azules de dos tonos, la una clara, la otrt dmb b~e s~ub~rle d:
dos plumas de avestruz igualmente Azul. La una aco&amp; a a so
. d
la falda, á la izquierda¡ la otra rJgida en medio del delantero, tiJa a eu un
enorme pliegue de aatin antiguo azulado.
FJG. 8,- SOMBRERO COLO}IBJNA,
SombrerC'I para señorita en psij11. de arroz blanca, levantado hacia adelante. Calota rodeada de una' corona de ros11.s blancas. Sobre la part¡ de la t¡tda levantada una pnloma blanca CU\'&amp; cllbMita toca los cabeJ os con coa
de pa 1·aiso bl~nco y pligue de moir b·l anco á la izquierda de la paloma, cerca
de los cabellos.
FIG 9.-TOQUE I A FRIVOLINA,

Toqueta de dama de efü1.d medlaoa, toda de tul negro drapeado Y levanta:
?A.
do, la izquierda con un manojo de jacinto!\ rosas de much?s toll:s, :~;mpa
~
ñados de un penacho de follajes surtidos. Un poco was hacia atr se I onea•
,id., d.o de tul malinas negro.
FIG, 10-TOILHE PARA CARRJJRAS.

Es de grRnadina azul, sobrn trasparente de ta fetén malva. L"- falda tallada
de unll sola piezll e~tá. ornada de tres grupos de pliegues bordados
El cuerpo y J;111 mangas esUn ornados de los mismos pliegues pero en diagonal El delantero del c&lt;1rpiño Be abre sobre un pequeño.plastrón b~rdadoi
Toqueta de paja ornada de plumas malvas y de t:.n fruncido d~ tafet n azu •
FIG.11 .-TRAJJ!I PARA. CARRUAJE.

Gran paca de sarga blanca redondeada delante y cerrada de Jado J!ºr tres
presillas muy simpleP. Gran ~uello redondo, oruado como los b_ordes e ~a
. pa de cinta de &amp;dda. Forro de surah de color. Sembrero canohér en p8Ja 8
trigo, ornado de rosas y de dos •las cambiantes

d.

Flg. 10.-Tollette para carreras.

.U..t,,;CALOG-0 HIGIENICO.

---

11Los periódicos hi,1,d.é nicos de Lóndres no cesan dt'I predicar al público que siga sus
laudables preceptos. Pua dieminuir cen una mitad/ 1 dicen. Ja mortalidad, bastaria con
observar
el siguiente decálogo higiénico:
O
I Limitar el consumo ád la. carnt,, proscribiendo por completo la de puerco.
2 ° Substituir el pan blanco de harinA. por el de harina de trigo molido con cá.scara.
Este precepto ha obtenido tanta aceptación, que al pa110 que va aumentando el desarro•
llo de la venta de pau de esta clast, i:1e puede dar por desterrada la coatumbre de comer
pan blanco.
3° Comer de postre mucha fruta madura, lo más recién cogida posible . .
4° No desayunarse con cllfA ni té puro, sino con cacao ó una ligera infusión de té.
5º Dará los niños, al levantaree. una taza de caldo de b.arina du avena bien cocida y
mezclada con leche hervida también, pues la lechH sin cocer es dificil de digerir y de
asimilara e con alimento,
,
6º Reducir A lo estrictamentft neceaario toda bebid&amp; alcohólica, y mejorar más aún,
(Uprimirla por completo si es posible.
7° DeanudHrse por completo al acostaree, quitándose cu&amp;ntRe prendas se han llevado
puestas durante el dla, volverlas al revéd y sacudirhts y colgarlas.
8º Quitarse, Hl levKntKrse, la ropa con que se ha dormfdo, volviéndola también &amp;l
revés y colgándola cerca ae una ventana abierta.
!:Jº Lavarse todos los diaa, tii no es posible bañarse con agua fria ó templada, frotándose con un cepillo ó eilponj11. y jabón ordinario.
10º No dejar de abrir la vent&amp;Ull del cuarto de dormir.
Asi como el pan moreno ha sfdo recibido con favor increlble, IR. supresión de las bebidas alcohólicas y carne de puereo encuentran viva resistencia, porque contraria hábi•
toe a::raigados desde muy antiguo é intereses que saldrían perjudicados con la reforma.

l

Nuestros Grabados.
FIG. 1 -TRAJB DE OTOÑO.

Este traje muestra ya las fautasias reinames que li, moda nos promete p11ra la estación que se inicia, Ed de Ascosés de seda, sin tramos de colores, alterna&lt;10 con bandas
blanctts, que bord'.Jo ht faJda y ascienden por ella forméndole una elegante alR y que en
el jaquet, muy ajustado, forman sencillos galones y dos especies dejuck~ys en las mangu. Cuello americano. Corbata de muselina de seda obscura.
FIG 2 -TRAJE PARrSIENSE DB CALLE.
Es de tafetán clRYel, con .. plicaclón completa de bloeda blanca en bandas y dibujos,
dejando en el frente de IR blda un elegante t11.blero sin bandas, de mucho gusto. Cuerpo•
blusa abierto sobre un plfssé de mus6hna de seda lleno de fruncidos en b1u.. das horizon•
tales y mosn.ando un ptastronclto ligenmente pli88é.

CW!a del Sr. de Teresa, en la esquina de lllercaderes.-La A.-eulda de Plateros.

FIO. 3-T~AJB DB CALLE, ÓLTill'A NOVBOAD,

Es de satln hoja 11eca con plena aplicación de punto de Venecia dibujado de bandas
y rosetones. Cuerpo-blusa abierto aobre un eleganteruchede muselina de seda blanca
avolantad&amp;.

Flg. JJ.-Trale para carruaje.

•

NUMERO 13

�EL MUNDO

242

LASEMANA
Los italianos residentes en Mexico, celehraron
su gran aniversario patriótico: la toma de la ciudad de Roma por las fuerzas unificadoras de Víctor Manuel.
La elocuente palabra dPl Sr. Ministro de Italia evocó ante sus comp11triot11s la época tormento;a de Víctor Manuel y ht epopeya de su reinado, fértil en aza:tlas.
Tres hombres tres audaces hicieron la unificación de Italia: Víctor Manuel, Oavour y Garibaldi.
Violento es el contraste entre ellos, tipos diversos, unidos al golpe de una misma fuerza, para completarse y repelerse, pa:&gt;1 encontrar. en el
fondo mismo de sus antagómMs tendencrns, la
final resultante de una acción diversamente comprendida por cada uno de ellos.
/IIW

Víctor Manuel es el representante de los intereses dinásticos. Como Federico II, como Pedro,
como Luis XIV, vive y combate por el é'n?~andecimiento de sus dominioil, y fiel á su ambición,

Pero en est!I. estupenda tragedia, Garibaldi es
la pasión, el genio y el heroísmo.
.
Congénita robustez orgánica y hábito de las
batallas, de los estragos, de la sangre ~umana y
junto con esa férrea robustez y_es~ hábito de toda su vida una bondad de sentimientos tan expansiva, t~nta riqueza de afectos deli~ados
que no sabemos-dice Ferri-si deb~ ~dmirarse
más su genio -iateleetual ó el predom1010 del sentimiento que es la floración más hermosa, más
noble, más fecunda de la vida humana.
Es patético el contraste que aparece en sus
memorias entre el terror trágico de la guerra
y la armonía de los espeetlleulos de la naturnleza; entre la rabiosa pasión de los homb_res y el
so~iego solemne de ~as cosas. Y esta poesia de las
cosas no es romanticismo estéril, sino fuerte aentimiento viril y religioso, que no excluye de sus
contemplaciones á la humanidad dolorida y esclava.«Hermosa noche la del gran proyecto, tú hablab11s al corazón de mis valientes con li. armonía
indt·finida, sublime con que los elegidos sienten
en el espacio azul la presencia de Diosl Y o he
sentido aquella armonía todas las noches, se~_ejantes á las de Reggio, Volturno, Quarto: quien
duda de la victoria cuando empujado por el deber y la conciencia corre á la muert~ sintiendo
su proximidad como el beso de la muJer amada?»

Domtngc 25 de ~tlembre de 1898

Su JiaJestad la Emperatriz d~ A.ustria.
Asesinada en Ginebra por uu anarqwsta.

,w

Y ese primitivo hecho para la acción y en ella
prematuramente sazonado su temperamento para
las grandes aventuras del mar y de la guerra,
gallardo y generoso, poético en to~os sus actos,
amó fo libertad, como am_ó ,\ la muJer, con t_ern~ra romántica, y A la naturaleza, esa maga msp1
radora de ensue:tlos.
Fué grande entre los grandes por el sentim!~nto -desde los delicados matices del amor hhal
h¡sta los generosos conceptos de la redención
humana.
Tuvo en su vida el poder magnético de los profetas sobre sus contemporáneos, y la fe y el fatalismo de los iluminados; por eso dejó como he•
reneia, ideales fecundos y el modelo perfecto de
su grandeza moral.
Víctor l\lanuel y Cavour, crearon la unidad de
Italia: Garibaldi dió al alma italiana perfumes de
virtud y un semidios del culto cívico ....
/IIW

Ilmo. Sr. D. F;-rtino Hip6llto Vera,
Obispo de Cuerna.vaca.

+ el dia 22 del presente.
emplea todos los me~i~s; pero ~obre todo uno:
pone su cetro al servimo de_ la libertad. Y _aquella Italia 1 impotente y humillada en Venecia, fanática en Roma, explotada en Nápoles y Sicilia,
tiene en Piamonte libertades amplias, asíduamente conquistadas por el trono para un pueblo en
el que hierven todos los sent_irr_iientos_ h_umanitarios de la revolución y el v1eJo patriotismo que
despierta. Víctor Manuel es el jefe supremo del
Res01·gimento.

,..

Cavour es el estadi,ta. Audaz, vi0lento; pero
no sue:tla como Garibaldi ni titubea como Víctor
Manuel. Es constante, reflexivo y voluntarioso.
Conoce todas las fecundas maniobras que la in. triga y la paciencia desarrollan, sin l~ temeridad
que pierde ni la vacilación qu_e claudica._ .
De muy lejos traen sus sabios procedimientos
resultados que sólo una previsión maquiavélica
puede adivinar: alianzas por ~edios indireet?s y
por medios indirectos también, fuerzas activas
para el trono y universales simpatías para la nación
.
.
Su presencia en el poder es una autondad: ~ntimida á Napoleón, reprocha al rey sus concesiones en Villafranca y desaprueba las aventuras
de Garibaldi.
Cuando muere, deja como testamento su fórmuhi de liberalismo y de patriota: "F'rate, f1·ate,
libera chiesa in libero stato." La Iglesia libre de~tro del Estado libre no es el anhelo de todo espiritu en nuestros días?

Sobre esa vía luminosa de recuerdos que se
compl11ee en seguir nuestro cansado corazón, en
los cielos de la historia, quedan aún los últimos·
fulgores de las fiestas patrióticas.
¿Y qué es en suma el patriotismo para los hijos de la Reforma, en este vasto campamento de
trabajo, que levanta la paz sobre nuestras lliinuras y &lt;\ la orilla de los mares ru_mo~osos~
Ya lo habeis oído. En los labios Juvemles que
dijeron al pueblo el evangelio de su redención,
no hubo frases amargas ni odios para nadie. El
verbo, el puro verbo de la libertad y del progreso, hizo caer como lluvia de agua lustral el sitrsum corda de la esperanza.
No tienen razón los que acusan á la juventud
h11eiéndola justiciable de exeepticismo y de esterilidad.
No! la juventud espera animosa su turno para
robustecer en la pacifica brega, los ideales que
salvó del uaufragio la mano de los paladines.
La voz de los fanatismos se ha apagado en la
tiniebla del ayer tumultuoso.
Sobre las frentes elegidas resplandece la luz de
una aurora nueva.

,..

Rosentbal, el mAgico del genio musical, anuncia una trip artística por nuestra patria.
Su técnica es,-sin hipérbole,-maravillosa ysu
poder de interpretación ha enloquecido ~ las damas y dilettantti de NP,w-York. Flores y Joyas se
desprendían de las toillettes de las se:tloras para.
caer á los piés del pianista.
La muerte de Paderewski es ya completa en
la admiración cié losnorte -americanos; Rosenthal
es de hoy más el único, el perfecto.
Lo oiremos? El desea venir A nuestro país y
espera la decisión de nuestro público para ponerse en camino.
Rosenthal es una de las maravillas del mundo
artístico, algo así como Irving y Litiz. Su presencia en México será la realización deun hermoso sue:tlo pnra los fieles del arte. Que no sea triste decepción el despertar.
Dick.

,outtca ®tntrtti.
RESUMEN.-La alianza anglo-alemana.-Sus problemá•
tlcas tenilenc.as. -Sn alcance y objeto. - Las dlflcul•
tades que á ella se oponen. -Odtos de raza.-El asun.
to Dreyrus. - Dos ministros que dimiten.- .Nuevas
sorpresas. -La revisión del proceso y los temores que
despierta - La actitud de !lemanla -Guerra al anar•
q ulsmo -Una cruzada contra los enemigos del orden.
-La angustia humana.--.1!:l problema soctal.-Con•
cluslón.
Mucho se hll repetido en días pasados la existencia de un tratado secreto entre Inglaterra y
Alemania, para contrastar la influencia ~e Rusia
en el Extremo Oriente; mucho se ha dicho que
las relaciones tirantes que unían la. monarquía
de la reina Victoria con el Imperio .Alemán, se han
suavizado al grado de establecer inteligencias cordiales, y preparar los dos grandes pueblos á las
contingencias de lo porvenir.
Causa extraileza q 11e en los momentos en que
la Gran Breta:tla abandona sus pretensiones sobre China y cede á las exisgencias de Rusia, á
la hora actual en que se hace más palpable el "espléndido aislamiento" de que hablaba Mr. Chamberlain, y cuando están á la vista las verdaderas
derrotas que ha sufrido Lord Salisbury en supolítica extranjera, se bable ae una alianza que vendría á cambiar en lo absoluto las condiciones del
equilibrio europeo.
Fuera si('luiera esta alianza establecida con el
objeto sólo de resolver el embrollo oriental, fuera.
concertada con el fin de poner un dique á la expansión moscovita y de hacer contrapeso á la influencia del Czar sobre los destinos del Celeste
Imperio; fuera arreglada adrede para dejar el
campo libre á los alemanes en Manchuria, mientras
quedaban los inglese,, due:tlos y soberanos del
Egipto, sin temor á futuras reclamaciones por parte de Francia; concebíriase sin embargo con cuantas dificultades había de tropezar esa liga anglogermánica, de que tanto han alardeado las hojas
informativas del Támesis.

*
**
Pero hay que tener en cuenta que al establecimiento de esos compromisos vienen aparejadas
circunstancias diversas, que se oponen por una
parte á la política tradicional del gabinete de
Saint James, y están en contradición abierta con
la historia, con la tradición, con las tendencias
del gobierno de Berlín. No ha mucho, á propósito
de la insurrección del Transvaal, acaudillada por
el Dr. Jameson, un arrebato de Guillermo II que
se ap1·esuró á feliciar al Presidente Krüger por su
fácil triunfo, estuvo á punto de provocar un rompimiento entre la pri nera potencia marítima y la
gran potencia continental de Europa. En los pasados meses la presencia del príncipe Enrique a}
frente de una escuadra alemana en lasaguas del
Mar .Amarillo, la posesión violenta de la bahía y
puerto de Kiao--Chao por los soldados alemanes,
excitó las revalidades inglesas y pudo haberocasionado grave conflicto. Tiempo ha que todos hablan de l11s frias relaciones que unen á la reina.

Dommgo 25 de Septiembre de 1-898

Ji'..L MUNDO

Victoria con su augusto nieto, y está á la vista nimemente resuelto A decretar la revisión del
de todos el apartamiento completo que ha exiti- proceso cualesquiera que sean las consecuencias.
tido entre los gahinetes Je Londres y Berlín.
Si hemos de creer lo que dice la prensa alema¿Qué eireunstanci1ts nuevas h&gt;1.n podido mediar na no hay que temer por ese lado complicaciopara operar un cambio tan radical? ¿En qué se ne~ posibles, pues en los periódicos _de allende
apoyan los que afirman la existencia de ese tra- el Rbin se declara la falsedad de ciertos t.locuta lu supremo? ¿Por qué los perióLlicos alemanes me11tos: y se habla de la indiferencia con que se
h m negll.do oiemprc, co,1 voz cuasi oficial, el tra- mira el actual embrollo. Pero si no ll1tma la
tado dt&gt; rderen~ia\l Es 4uizá. porque sólo ha atención de los alemanes el proceso Dre5fos en
exhtido en forma de deseo, es tal vez porque el sí ruismo, sí permanecen alerta por la ex:altación
gabinete conservador que rige los destinos dl'l que reina en todas las esferas de la sociedad
Imperio Británico, busca por medios indirectos francesa, por la agitación en que vive el pueblo,
la manera de conjurar ese aislamiento en que por por las ráfagas de tempestad que cruzan sobre el
tantos aftos ha vi vicio y le ha ocasionado más ne ejército y por las predicaciones violentas que se
un desencanto, lo mismo en la cuestión de Venl:l- hacen, y porque temen, en lo general, una explozuela terminada en nombre de la doctrina Mon- sión de p~triot:smo, que pudiera provocar un romroe, que en el conflicto de Armenia, dejado en el pimiento en el momento menos esperaLlo.
olvido en nombre de la paz europea, ó en la
Hoy como ayer, pasará. la excitación febril; la
lucha greco-turca, abandonada á su propia suer- calma renacerá en los espíritus, la opinión públi•
te en nombre del equilibrio y del concierto de ea tomará el cauce natural quelem'\rean la razón
las potencias.
.
y la justici11, y la República, fuer&amp;e y pod,irosa,
Por ahora, no creemos en semejante alianza.
saldrá inmaculada de esta nueva prueba á que se,
ha vbto sujeta.
*
*
*
Dos ministros de la Guerr11 han dejado su car***
tera, á punto de provocar una crisis general en el
kl pasmo dolorose que engendró en Europa la
gabinete francé,-, y aún de ocasion_ar la dimisión muerte violenta é inesperada de la Emperatriz de
del presidente Faure, antes que se baya podido Austria, herida en mitad del corazón por la mano
decidir algo definitivo en la revisión t.lel prnceso aleve de un asesino vulgar, mezcla de insensato
Dreyfus. Desde que las revelaeioues del Coronel estúpido y de horripilante criminal, ha sucedido
llenry, conveccido de falsificador de doeu~en- una actitud de defensa y de justa inuignación
tos de altísimo interés en el escabroso expedien- contra el aborrecido anarquismo, cáncer de las
te, sembraron la duda en los espíritus y engen- modernas sociedades, fruto morboso que se cría
draron la esperanza en los que abogan por la en las capas bajas de la sociedad, al abrigo de
rehabilitación del pobre condenado, no se ha las sombras de la ignorancia y al amparo de las
calmado la exaltación del público, y día á día se tristes emanaciones de la miseria.

Fiestas del 16.-Desfl.le de los alumnos
de la Escuela Naval.

sorprenden nuevos incidentes, se descubren nuevos datos, se encuentran nuevos hilos en esa
trama confusa, y se espera un rayo de luz que
vaya A alumbrar la tenebrosa guarida en que gime el desterrado de la Isla del Diablo.
Convencidas íntimamente las altas personalidades del ejército francés de la eulpabilidaLI de
Dreyfus; asociando de una manera decidida el
honor del ejército y el estigma con que marcó
al culpable el consejo de guerra de 94, nada es
hasta ahora, suficiente á hacerlos volver sobre
sus pasos. En su actitud resuelta, en su posición
incontrastable, rechazan como sofísticas todas
las argumentaciones, se oponen á todas las defensits, voluntaria ó inconscientemente, cierran los
oídos al consejo y á la sugestión y se hallan dispuestos á no retroceder, porque juzgan empeñado en el asunto el nombre de la institución y el
honor de la patria francesa.

*
*'*

Pero la duda, la terrible dud,i ha penetrado en
el espíritu de los civiles que forman parte del gobierno. Son tantas y tan formales las insinuaciones de los que defienden á Dreyfus, se sorprenden irregularidades tan ·palpables en la secuela
del pro..:eso, se reconoce de tal modo la existencia de documentos de convicción, que se ocultaron á la defensa y se presentaron á los jueces; se
sospecha después de las declaraciones de Henry,
de tantas y tan nuevas falsificaciones, que el gabinete de Brisson, con excepción sólo de los ministros de la guerra que han dimitido, está uná-

243

EL ANTISEltIITISllO EN A.lJSTRIA.

El antlsemetismo se ha proga.gado en Austria rápidamente.
~;u Baja Au$tria y en Glllicia es notable el número
de judiod y nan _logrado acaparat· por ~11mpl~~o . el
comercio de la tterra Aunqu.e los capttahsta11 er1st1anos y de otras confosioned han seguido su ej.,mplo,
el clero y 1a nobleza han hecho recaer sobre los israelitas todo el peso de la excecración popular, por
las expoliaciones efectuadas contra loa pubres campesiuoa por sus acreedores.
Las fut1rtea y antiguas ralees del antisemitismo se
hau afianzado en ese país, eseucia!mente cristiano.
Uesde hace mucho tiempo, la efervescencia ldtflnte,
ocasionada por la mideria y estimulada con habilidad
por los odios de raza, preparaba el campo al fanjltismo religioso.
El caballero Schrenerer ha sido uno de los que más
han trabajado, con la p:uma y la palabra, en pro de
"la guerra santa contr11. J ttdas.:• Se_ fundó un pe!iódico bimensual que pronto llego á tirar más de diez y
ocho 111il tijemplares.
Con todo, no estR ba aún definido el programa.
El congresl) de 18~0 dió á conocer el breviario del
anti ..emita En un congreso que celebró sus sesiones
en Viena, uno de los má'! eximios representantes del
autisemitismo alemán, t-'l Sr. Boekel, representó á sus
compatriotas. Oesarolló todo un programa de antisemifümo con•titucional, declarando que habla llegado
el -momento de emprendtir una politica práctica y
que ya las palabras eran ociosas. Pretendia que en todas las ciudades se e~tableciesen bancos, mercados é
industrias esp .. cialmeote antijudios; es decir, que nada se cClmpraria ni ae vendPrfa tampoco á lo$ judíos,
los cuales se verían reducidos en consecui-ncia, á vi
-vir deutro
de su casta dejando de ser un ptiligro social 11
Dueños actualment~ de la Dieta de Baja-AuEtria

y del ConsPjo municipal de Viena, ganaron loA anti.
semistas 26 curules en el R1ich~rath. Este efectivo
de fuerzas, tanto corno los 31 cató!icos alemanes y los
35 catóhcos slavos, f.irma. en el seno del Parlamento

Depositada la forma
mortai de la augusta
soberana en el recinto
sagrado que ha de ser
·su morada postrera,
Fe han enjugado las
lágrimas, se han serenado los corazones y
todos se vuelven con
miradas de inteligencia, Aescogitar los me- ____F_•_·es_t_a_s_d_e_1_1_6_._-_»_e_s_fi_l_e_fi_r_e_n_t_e_á_P_a_1_a_c_1_0_.-_A._r_t_n_I_e_r_ia_._ __
dios pna I xtirpar de
raíz esa hierba venenosa que se llama el anar- un contingente precioso para la propagación del antiquismo, envenena con sus emanaciones pestilen- semiti~mo.
En Viena, -dice un folleto de aquella época, -el
ciales el aire de la Europa civ!hzada, y mancha
Dr. Lueger est11.ba á la cabeza del movimiento lograncon su sombra abo1Tecida el claro azul de la do arrastrará la mitad de la población gracias á un
moderna cultura. Las sociedades se aprestan á tinttl de socialismo que dió á sus ideas antisemisla defensa; los gobiernos se aperciben á comba- ticas.11
tir la fiera P.n sus ocultas madrigueras, y todos
se proponen ahogar el monstruo en sus ocultos
Illmo. Sr. D. Fortino Hip6lito Vera,
antros.
Obispo de Cuernavaca.
Dictaránse leyes, se predi~arán cruzadas en los
campos y en las ciudades; á son de trompeta se
Ei dfa 22 falleció en la ciudad de Cuernavaca el Seproclamará el extermimo de los aborrecidos se- ñor Obispo de aquella diócesi. Illmo. Sr. Vera, uno
lod miembros más distinguidos del episcopado mecuaces de Ravaehol y de Vaillant; ¿pero han pen- de
xicano.
sado los que emprenden la batida, en buscar la
El Señor Vera nació en Santiago Te4uisquiac el 12
c11usa que engendra esas manifestaciones ffi:Orbo- de Agosto de 1834. Despuéi de cursar las materias
sas? Tal vez sí: por eso se oye la voz de Nicolás correspondientes, r11,:ibió las órdenes sagradas el 19
de Diciembre de 1859, siendo Arzobispo de México á
II, que predica el evangelio de la paz. El ha oído la
sazón el !Ilmo. Señor D. Lázaro de la Garza.
los clamores que suben de abajo, ba comprendido
Desempeñó varios curatos distinguiéndose sobre
la suprema angustia de los qt..e gimen y trabajan, todo en el de A,necameca por las grandes mejoras
y por eso quiere aliviar esefardo abrumador, que que planteó, contándose entre ellas la fundación de
pesa en forma de inagotables armamentos, sobre un colegio católico y el establecimiento de una tipografia, et&gt; la que editó obras relii:l'iosas y algunas de
los pobres, sobre los miserables, sobre los deshe- las qu11 escrio:ó el miemo S!'ñor Vera
redados.
El año de 1890 tomó posesión de una prebenda en la
¡Cuán complicado es el problema social, encla- Colegiata de Guadfllupe _y al año siguiente f..ié nomvijado, enmara:tlado con el problema político y brado canónigo. Ya á principios de 1 91 se le había
dado el cargo de historiador del Concilio de Antequeensombrecido por las rivalidades de los unos, las ra.
y á poco recibió el nombr11miento de miembro de
ambiciones de los otros, los rencores de éstos, los la Sociedad de Geografía y E,tactfstica á la que preodios de aquellos, la aspiración sin nombre de sentó algunos estudios. Escribió variaR obras, religiosas unas y otras científicas para el Colrgio Católico
todos!
de Amecameca. Publicó también un pe.1ódico reliX.X.X.
gioso 11 ~1 Boletín Eclesiástico. 11
Septiembre 22 de 1898.
De~de el 29 dtl Julio de 1893 deoempeñaba el Srñor
Ve:a la Diócesi de Cuerna vaca, habiendv sido con8a •
grado Obiapo por el Arzobispo de ÜJXaca Monseñor
Guillow.

�~ m h¡go ~ de Septiembre de 1149!!

Domiugo 25 de Sl'ptlembre de 1898

F.L MUNDO
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Coche del Sr. D. Tomás de la Torre y M:ler.-Sras. A.mada Diaz d·e de la Torre y Laura F. de de la Torre.-Primer premio.

LAS ENSEi-tANZAS DE
LA GUERRA.
El Almirantazgo inglés
formuló hace algunos años
el principio según el cual
la marina británica debe ser
superior ó por lo menos igual
á las dos marinas más gr11ndes de Europa, rewaidas. La
opinión inglesa aprobó casi
unánimemente la re~olución
y el Parlamento hizo mils:
votó sin murmur11r y aún
-con entusiasmo los centenares de milloLes necesarios
á la realización del programa.
El sistema ha sido fecundo
~n sorpresas: este año se
&lt;iecretó un gasto de 175 millones de francos para la
eonstruccion de bu q u es
-Como se 6upo que Rusia
preparaba seis grandes aco•
razados y cuatro crueAros y
no preveía el A'mirantazgo
sino la construccióu de dos
.acorazados rusos, Inglaterra, fiel á sus principios, ha
tenido que seguir á su rival,
pidiendo al efecto Mr. Gosehen un crédito suplementario para la construcción de
cuatro grandes acorazados
y cuatro crucero,, sin contar doce caza torpederos.
Todos los aprestos navales de Inglaterra tienen
por objetivo principal las
probables emergencia¡, de
un conflicto con el Imperio
moscovita; sin embargo, los

Las fiestas del 16.-Desfile de rurales trentt- á Palacio.

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li,¡

Carretela de la Srita. Paz Garcia y Tony WHson

ltleocil&gt;n h:&gt;n!)rlflca..

periódicos franceses creen
que .i.l aparentar preocupaciones por b cuestion oriental, lo que realmente trae
alarmado al ~obierno británico, es el eubito engradecimiento colonial de los Estados Unidos.
Dice á este propósito un
respetable diario parisiense:
«La guerra hispano-americana ha sido fecunda en enP&gt;ñanzas para los Almirantazgos d11 tod¡,s los países, y
110 puede dudarse que el de
Londres hay asacado todo el
partido posibll'.&gt;
«El hecho qne se destaca
en primer término, es que ha
nacido una gran potencia
naval, y una potencia con la
que debe contarse necesariamente&gt;
• Es cierto que en LGndres
hay actualmente sentimientos de la fraternidad más
calurosa hacia los Estados
U nidos, cuyas recientes victorias han añadido t11nto esp1 endor al renombre de la
raza anglo-sajona. Sin embargo. las congratulaciones
de laA que se hacia órgano
Mr ChambetlaineneldiscurSP. ele Birmimingham y las
frases de ali11nza, no impiden á los prudentes la previsión de -un porvenir, más ó
menos remoto
«A veces se transforma
una amistad en odio implacable, y es funesto ,,ncontrarhe deFpr11venidl' cuando
nacen las rivi.lidades.&gt;

�EL MUNDO

246

Domingo 25 de Septiembre de 11:!98

Domingo 25 de Septiembrfl de 1898

Hacemos constar que ]a instalación que
tomó en la calle de Patoni las fotogratías
de los coches y bicicletas del concurso, estuvo á cargo del inteligente arti~ta-fotógrafo
Sr. J. P. Arriaga.
El Sr. Arriaga. (i ~ calle dd Arquitectos
419) yende foto ~rafias &lt;le los coches y bicicleta:::, tamaño grande, pues nueotros grabados son reducciones de dichas f toaratías.
Lo particif.Jamos al público, pues i~&lt;ludablemente todos los interesados uesearán un
ejemphir fotogrático de los que tiene nuestro iuteligente colaborador artístico señor
Arriaga, á quien damos rn estas líneas las
gracias por su E-Sp€cial y atinado servicio
en esta ocasión.
Sr. .Tosé Suinaga.

El penacho del Emperador
de Alemania.
Gui111&gt;rmo II visita frecuentemente la Academia
Militar Wiener-Neustadt á cuyos exámenes asiste
interrogando él mismo á los alumnos.
'
También concurre á las clases presentándose en
ellas sin anunciarse préviamente
Hace algunos dlas penetró de este modo á la clase
del capJtán_ Ebersberg, profesor de historia, durante
la exphcac1ón.

Carretela de la Sra. Hompson -Srita. Ord.-Primer premlo,-(Placa velada).
BUSOS E

INGLESES

(DEL MEDITERRÁNEO AL GOLFO PÉRSICO)
Los periódicos de Londres saben por las noticias de
Oriente, que se prepara un proyecto ruso para comu•
nicar por medto de vía ferrea el Mediterraneo con el
Golfo Pérsico.
El conde Vladimiro Kapnits, sobrino del Embajador

El 11Observer 11 de Londres publicó una correspon.dencia de Constantinopla en la que se demueetra con
hecllos que de11de 1870, Alemania ha ocupado en Turquía l!' situación preponderante que disfrutó antes
Francia.
Los alemanes han reorganizado el ejército turco,
mandado actualmente por jefes alemanes, y la admi•
nietración pública tiene en sus departam1mtos principales, gran número de alemanes: dirigen éstos la

buques del Lloyd austriaco, por la vla de Trie11te, sir•
viéndose de loe forrocarrileR para atravesar el Austria, acaba de establecer relaciones comerciales directas con el Levante por Amburgo y Brema. Se
eetableció una linea directa entre Hamburgo, An•
vere11 y Alejandrfa, importando Siria y Egipto la,1 marcanelas alemanas sin la mediación de Austria Por la
via marítima llegan las mercancfae á eu d11etino en
dit&gt;z y siete dlas en lugar de siete, pero en cambio es
grande la economla de fletes.
El viaje del Emperador Guillermoá OriPnte, como•
lidará la situación de Alemania, y ya se oyPn las quejas que á di11rio repite con tal motivo la prensa de
Londres y de Petesburgo.

La. Emperatriz Isabel de A.ustrla.

Coche de la. Sra. Beatriz Castilla Portugal de Vivanco.-1tlenci6n~honorUlca.
de Rusia en Viena, con el apoyo de un sindicato in•
ternacional, presentó al Sultán una solicitud de con•
cesión para fa construcción de un ferrocarril que parta de Trlpoll (Siria) para llegará. Koweyt (Golfo Pér•
slco).
La linea cruzará. el Eufratee cerca de Deir, y con•
tinuari\ su trayecto entre el Eufrates y el Ti gris hasta la confluencia de ambos rioe. De este punto se dirigirá á. Bassourah para terminar, como hemos dicho,
en el Golfo de Persia. También se proyecta una linea
secundaria de la frontera persa á Bagdad, Kerbda y
Nedjef.
Esta ruta acortará en cinco dias el viaje á Bombay,
suponiendo la velocidad de sesenta kilómetros por
hora.

instrucción pública y son oueños de
los ferrocarriles más importantes del
Imperio.
•
Además, Alemania que hasta estos
tiempos envis ba sus mercl\nciasá Egipto, á Siria y al Extremo Orientti eu ks

Sr.JoaquinFonrlong.-Henci6nllonoríftc1'
Después de haber hecho una eeñl\ al capitán par"
que continuase su tarea, apoyóse el Emperador en el
primer banco, sobre el que colocó su sombrero montadn, y escucnaba atentamente la lección.
En éstas, uno de los alumnos que estaba detrás del
Emperador, alargó furtivamente el brazc, y arrancó
una pluma del penacho de Guillermo II.
Advertida la maniobra por otros alumnos, querían
éstos á 11u vez tener cada uno su pluma, por lo que el
iniciador del hurto fué sucesivamente arrancando tó•
das las que sus camaradas le pedían.
Ya iba qutidando babtante desairado el penacho 1;

EfBetas de la censura de la precsa en España.
Sabidoes que los periódicos españoles fueron eome•
tidos á una censura rigurosa en los últimos días dela
guerra,
Fr~cuentemente se les prohibia la publicación de
aquellos a1tlculos que la censura tachaba de subver•
aivoe aei como de todas las noticias inquietantes.
En esa situación, para evitar loe espacios en blanco
que perjudican la eet,\tica tipográfica, acudian loe
editores al expediente de llenar huecos. sustituyendo
loe pasajes suprimidos con todo lo que á mano babia:
versiculus de la Biblia, recetas de cocina, consejos hi•
giénicos, sentencias de los filósofos griegos, anécdotas trasnochadas, etc., etc.
Como la censura se aplica sobre todo, y con razón,
á los renglones capitales, supuesto que son más pell-

Sr. H. ltleenen. -1tlenci6n honorifica.
dos, se golpeará la cabeza contra la tabla é inmediatamente suspenderá su canto. 11
Ccn algunas apariencias del mismo género tendrá
que decidirse á reemplazar sus clamores matinales
por u~a meditación m1:Iancólica y silenciosa, y reco•
b~aré1e la calma pudiendo dormir el sab:oeo sueño
de la madrugada, 11
La receta es _ingeni?sa; pero loa historiadores que
d_e 9:qui á un ~1~lo hoJe&lt;!n las colecciones de loe penód1coe espano1es no con:iprenderán por qué el 1iño
d_e1898 la piensa de Madnd concedió tanta importan•
c1a _á las moscas, á loe gallos y al ácido bórico.
Sirva esta nota modesta para disipar sus perpleji•
dadee,

•**

Evidentemente el proyecto tiende á disminuir considerablemente la importancia del canal de Suez,
atrayendo una gran mapa de mercanciae l'geras, y
casi todos loe v.iajeros. Con frecuencia han intentado
algo semejante los ingleses, y si no han tenido éxito
débese en gran parte á falta de apoyo del gobierno
de Lord Saliebury. Ahora loe rusos tienen por indu•
dable que la Puerta aprobará el proyecto, puesto que
es la primera concesión que Rusia ha soliclt11do y
que no se teme una oposición seria de parte del Gooierno británico.
Importa notar de paso, que tanto en Inglaterra como
en Rusia, se &amp;j!'ita la opinión desde hace tiempo con
motivo de la creciente influencia de Alemania en el
OHente.

grosos que los 11rticulos miemos como más visibles y
enfáticos, resultó que loe periódicon españolee, habituadoe,-como la ma_vorla de los diarios del mundo
eotero,-a imprimir títulos sensacionales en gruesos
caracteres, publicaron los más.curiosos y debconcertantes.
En el País del 21 de Julio, se lee en enormes capi•
tales el siguiente titulo: EL ÁCIDO BÓRICO EN LA DI•
GE.STION.- UN TELEGRAMA DE AUGUSTIN.-EL CA..'\TO
DEL GALLO - CONTRA LAS MOSCAS,
El telegrama del General Augustin y las noticias de
Manila están perdidas entre un archipiélago de con•
sideraciones sobre las propiedades digestivas del
ácido bórico. y de re-cetas para destruir fas moscas y
para impedir el canto matinal de los gallos
Citaremos esta última, que bien vale la pena, "Si
tenéis la de¡gracia de despertar todC'e loe diae oyen•
do el canto impertinente de loe gallos, colocad en el
ga:Iinero una tabla á treinta centfmetros arriba de la
estaca en donde duerme el gallo que cause vuestro
tormento."
"La primera vez que el gallo, después de sacudir
las alae, se quiera e1guir para lanzar sus gritos agu•

Ya en otro número anterior h11mos hablado de la
infortunada princesa que murió e1t Ginebra vilmente
asesinada por un anarquista.
Este nuevo y 110rrible atentado conmovió como era
de suponerse á las cortes europeas y. ya ee habla de
un congreso cuyo objeto será llegará algún acuerdo
internacional sobre Ja represión del anarquiem,:,.
Entre loe observatoree y sociólogos más sagaces
priva cierto optimismo en cuanto al pronóstico del estado social, cuyo síntoma es la escuela del socialismo•
anárquico. Tarde sobre todo, el brillante crlminolo•
gista francés, cr11e que el mal no es tan prefundo y
sugiere la posibilidad ,ie exterminarlo con el empleo
de medios vigorosos
Sea cual fuere la verdad en t-sta cuestión, es de
creerse que loe gobiernos no dormirán tranquilos
sobre el cráter en igoicion y que antes bien, obrarán
unánimes en el sentido de la común defonsa.

Nicolás II mtimo.
Cuando Nicolás II subió al trono, el di" 1° de Noviembre de 1894, nadie sabia con precisión lo que de
él podla esperarse. Babia vivido retirado casi por
complPto.
Nicolás II es un valiente; una de sus primeras disposiciones fné despedir a los agentes encugados de
su seguridad personal.
Como muchos repúblicos y soberanos eR fatalista;
cree que la bon de nuestra muerte está fijada de an•
te mano por la Divinidad. Ha dicho: "Quiero vivir y
morir por Rusia, y poco me importa como habré de
morir 11
DetAsta el lujo. En s11 mesa hay siempre un minimun de platillos y un minimun de convidado8. En los
banquetee se f11Stidia, pues como todos los laborioree,
come apresurRdamente.
Detesta la etiqueta. Todo el mundo puede acercarse á él. Lee pe1 sonalmPnte las cartas que se le dirigen, itnotando con un lápiz rojo la contestación.
Aun más que la e:iqueta detesta el frac. Cuando
preparaba su viaje á Paria, encontró que no babia.
frac en su guarda ropa. Hubo que recurrir al sastre
Pl cual á su vez 11ncargó á Parle la prenda que costó
700 rublo11 á su Majestad.

S.M.: pero el alumno eegufa inpertérrito su obra de
ex_poliación.
Súbitamente, la resistencia de una pluma hizo rodar el sombrero y al volver la cara el Emperador, sor•
prendió al alumno con su presa en la mano.
El cadete Stl puso pilido y va se vela ignominiosa•
ment11 expulsado de 111 Academia
-¿Qué peneais hacer con esa pluma? le preguntó
el Emperador.
-Guardarla como rf'cuerdo de·v. M.
-¿Y 011 basti una ~ola?
-No, Magestad, mis camaradas también desean tener una.
-Entonces, dijo el sober11Do, tendré que dPjar todo
el penitcho, y desprendiéndoselo ee lo entregó al
alumno.
No podia salir el Emperador con un sombrero ein
penacho; pero para un soberano aquel aprieto era lo
de menos, así es que pidió al capitAn su casco y con
él se fué, dejando complacidos áloe alumnos de la clase de hi11toria.

Coche de la Sra. de Lémus.- Sra. Padilla. - Tercer Premio.
Coclle de la Srita. ltlaria de Lourdes ltlaya.-Srita Elena Mercado.-1tlenci6nhonorUlca•

�Domingo 25 de Septiembre de 1898.

249

EL MUNDO

NOTAS MUSICALES
Conservo en cartera algunos detalles muy curiosos
sobre la primera representación de Parsiffl, en el
teatro de Bayreuth. á la cual tuve el gusto de asistir
en 1882;. y los saco á luz, por si en algo pueden interesar.
.l!:l primer recuerdo que conservo de mi perPgrina•
c~ó~ á la Meca del wagnerismo, es el de la Jent.tud y
d1f1cultaded para llegar hasta allí en Ferrocarril, desde Nuremberg. El tren iba á puo de carreta, y no olvidaré nunca.la estación de WPiden, donde debiéramos ~ab_er cumido, y digo dtmiéramos porque eólo Jo
~onsiguieron los que, viendo el grau número de viaJeros r conociendo los pocos recursos de la fonda, se
fueron á _buscar la comida á la cocina por sus propias
manos; eJemplo que imité, conquistando á punta de
lanza un plato de poca carne y muy dura, con mucha
patuta.
Tanto el billete como la habitación del hotel habían sido_ pedidos con gran a11ticipación, y uná vez
llegado é rnstHlado, vinieron á avisarme, par" pasar
a_l come~or. Segut al criado. y d&lt;1Bpué~ de pasar varios pas1llos, subiendo y baja.ndo escaleras, llegamos·
á ;una grao puerta. detrás de la cual se ola un ~rao
r~1do _tan grande y t11n extraño, que trajo á mi imagrnac;ón l&lt;,s ver.ws de Dante en tll Infierno:
Diverce lingue, orr;bi'e favelle
Parole di dolor, accenti d'ira, '
Vóci alta é fioche é suon di man con elle,
Abierta la puerta, Quedé m~do d11 estup~r, ante el
cu11dro que se me pr..-s .. ntaba á mi vista. Como unas 7Q
á 80 ~el"sonas de tod11,s las edad&lt;1s, naciones y aspectos d1vers~s, comlan sentadas ante largas meAas, hablando, gr!t ..ndc con entusiasmo febril Aquello parecf_a una Jaula de locos, y no creo qu11 haya im11gi .
nación capa~ de Inventar la diversidad de figuras,
cabezas, ~raJAS, actitudes y tipos de aqu"Slla reunión
cosmopohta Venerables ancianos, ce,n largas y blancas cabelleras y ba1 bas; altas viejas v disecadas in,
glesas, ~on peinados y trajes' anticuados ó extravagantes; Jóven~s escuálido~ de ambos sexos. pfüdos y
co~o consumidos por un fuego interio•; figuras histéricas y rp~ustos bebedort&gt;s de cervtlza, .a1ternaban
con los mus1cos, criticos y literatos más conocidos de
~uropa. De~pués supe que algunos de los más entu,s1astas ad1:111radorea deL maestro alemán, se imponían
una especttl de ayuno. no comiendo más que huevos
pasado~ r,or agua y té. mientras otros se privaban de
t~do altmento, tomando además un baño caliente de
p1és, co_mo ~reparación conveniente y para conseguir
que su rntehgencia estuviese bien dispuesta á com•
prender las bellezas de la música.
Al dla siguiente tuvo lugar la representación, cos•
t á ndome no poco trabajo y din.:ro encontrar un cocne para subir á la colina santa. No hablaré del teatro, por9.ue ha sido descrito muchas vecee; pero deb? co~s.1gn~r que, habiendo eido construido bajo la
d1r~~c1on é idea del gran compositor, al verlo, me pa•
rec!9 q te éste .e habia guiado no eólo por su admirac10n al TeaJro Griego, sino por dos planos, uno de
sala de conciertos y otro de teatro, presentados en

Faeton del Lic. Villar.
una de las exposicioneR universales de Paris, por el
célebre constructor de instrumentos de música Adolfo 8ax.
; Sabido es, que la i&lt;tea de la orquePta invisible, per-·
tenece á Gretry, y en los proyectos de, Sax, la orquesta e~tá colocada má• baja que el público, teniendo
detrás de ai un par11mento ó tabtqu" de madera que
sirve de caja armónica, cuyo efecto vienl:\ á aumen•
tar la tr,.za del techo que forma una elipse desde la
embocadura al fondo de la sala, siguiendo las_ leyes
de la acústica y teniendo en cuenta la formación de
laR ondas sonoras.
Wagner no adop,ó la segunda disposiclón,_tal vez
por las dificultades y carestia de la const~uc~i~n; pe•
ro, para realizar la ider. de la orquesta mv1s1ble, la
colocó en un foso bastante profundo, para que no
se vea ni la cabeza del director; con lo cual, las con·
diciones acústicas resultan tan malas, q Je los instrumentos, sobre todo los de cuerda, pierden el nervio y
vigor del ataque. ía purAza de la sonoridad y la claridad de la ejecurión. Momentos hay en que parece
oirse el mido del mar á lo lPjos ó el d ..l vitlnto en un
bosque de p'nos. La impre.ión es poétic~ y agrada-.
ble a, principio. pero á la larga y espe&lt;nalmente en
los pasajed vigorosos ó dramáticos, produce cierta
monotonia que _hace echar . d~ menos la v~bra~t~ y
expresiva sonoridad de los v1olrnes, en la d1apos1c1óo
ordinaria de la orquesta Disminuyóse la luz ae la
sala, y descorrid? el telón, ó por mejor decir1 cortina
á derecha é izqmerda, empdzó la representación, oida
con religioso silencio, y habiendo obligado á toda,i
las BAñorás á quit!ll.rse los sombreros.
. El hablar de la obra me llevarla demasiado lPj ,s~ y
f!O lo permiten los limites de un articulo. ~o.el ltbit:to
de Parsifal que conservo, fui apuntando mis 1mpres10 ·
-, nt&gt;s al margen, con lápiz.
·
Alli leo sucesivamente
bueno. magnifico, subli- '
me, largo, demasiado lar,ro, eterno, dramático, ri-·
dlculo, etc., etc., ya refiriéndome á la música, ya
á los detalles de éscena
y representación, tales
como la marcha acompasada de los caballeros del
Graal, al son de una mú- ,
eica que no se presta á la
un:dad de los movimientos. produciendo un eft&gt;C•
to ridiculo que contrasta
con la solemnidad del
momento. Lo mismo sucede cou la inmovilidad de
Parsifal. que. durante la
ceremonia religiosa, permanece iltmóvil y mudo
tree cuartos de hora, para que venga Guernemauz á echarle á la calle,
diciéndole que t'S un inbé·
cil, que deje á los cisnes
en paz y que vaya á buscar los gansos sus semejantes.
Hay trozos ini-trumentales cuya bellPn excede
átoda ponderación y otro
como el duo de Kundry y
Parsifal, en el segundo
acto cuyas desmesuraüas
proporciones p,·oducen
una fatiga intolerable,
que ea la impresión final;
á pesar del descanso que
se da para comer, anunciado por lu famosas
trompetas. No quiero
abusar al11rgando mi articulo y concluyo con el
incidente original de aquel día y que no creo muy
conocido.
Al acabar el primer acto y en el momento en
que todos aplaudlamoa,
apareció W agner en uvo
de los palcos del fondo destinados á personas realea,

príncipes y personajes, y dirigiéndose al público, dijo:
"no aplaudan ustedes nas ta el fm, puesto que no saben si
1es gustará II Eicu~ado es decir la sorpresa de todos,
pero lo más original es que al concluir el espectáculo
sea por el cansancio, porque era m11y tarde, ó por las
palabras del maPFtro, nadie aplaudió y entonces vol•
vió á aparecer Wagner en el mismo sitio y nos dijo:
"yo no sé lo que UHtedes pensarán de mi .::iúslca, pero
yo aplaudo á los artistas, porque lo han hecllo muy
bien;" palabra;; que fueron seguidas de atronadores
aplausos, ¿Qué le sucedería en Es pafia á un compositor español que hiciera esto mismo?
G MORPHI.

Coche (lel Sr. Lic. .José Hip61ito Ra111frez.-Sritas. Inés Sthalnecht y MarJa y Margarita Ramfrez. -Segundo premio.

EL CO}IB!TE DE FLORES Y LAS FIE&amp;T!S CIVIC!S
Cumplimos nuestro ofrezimiento publicando ec esta edición la más completa y acaba•
da colección de grabado~, eu la que f1gt1ra todo lo que hubo de más nota&amp;le en el com•
bate de floras con que se solero 1izó el ooo'llástico del Señ 1r P,·esidente de la República,
asl com'&gt; en las fiestas del aniversario de nuestra Independencia.
El dia 14, la avenida quo se extiende desd" la 1 ª calle de P!ateros hasta Ja estatua de
Carlos IV. amaneció primorosamente ornamentad'\ y á las d11~z de la. roa.nana el Señor
General Diaz se presentó en ella rlirigiéndose á la c:i.sa del Señor Secretario de Hacien•
da para presenciar el combat I de flores, que en
su obsequio Pe habla preparado. El numero~o y
elegante público de los halconAs saludó al S ..ñor
Presidente, lanzando á su paso floree y ramilletes,

La casa del Sr. Teresa en la esquina
de Mercaderes.
Entre nuestras vistas dPI dla 16 figura el espléndido edificio propiedad del Sr. Teresa. Fué uno de 1011
que más llamaron la atención del público por la iluminación total y deslumbrante de su fachada.
Puede decirse que toda ella estaba cubierto de fo.
cos artlsticamente combinados para producir un efec•
to que sorprendia.
Además, la casa en referencia es una de las mejores y de las que más hermosean el México nuevo.

..

Sr. Enrique Crlstlieb. - M·encl6n honorJ1lca.

Dog cart de lo~ 11ii1~ i1lann.-l y Patricio Sanz.

Dog ca.rt del Sr t:rnesto .J. I.you!!I. -Sr. Enrique L. Fuentes.

., l

,.

Sr. Alberto Elguero.-Menct&lt;&gt;n honorifica.

La exposición de

I900

En todas partes hay gr·• n actividad psna la erganización de excursiones á la capital df'I Francia durante las fiestas de la gran Exposición Universal.
En Inglaterra ha habido ,rran entusiasmo por los
informes halagadores que dió el Pr!ncipe de Gales
acerca de su última visita f. Paria
Ya se han formado algunas sociPdades que tienen
por objeto facilitar á 1011 lnglesPS una visita á la Exposición, en la@ mejores condiciones posibles
Organizan excursiones de Londres á Parla para
1900 del sábado al lunes de cada semana. Mediante
la suma de 62 francos pagaderos en. cincuenta abonos
de un shelio, el excursionista tendrá derecho al
viaje de ida y vuelta, recibirá alimentos y Fe le aloja•
rá dos dias dándole cuatro boletos para la Exposición
Podrá además el viajerc disponer de algunas horas
para visitar Versalles.

..._,.....

co-c he del niño Valleto Hidalgo.-Sr. Carlos Hidalgo y nlil:os R1ua Dehesa. y Francisco y ,V_Jctor Bi.rroso.-Segundo premio.

�EL MUNDO

250
confetti y ijerpentinas: entre tanto, la multitud aplaudía, vitoreando al héroe de la Paz.
D:ó principio el combate, El primer coche que cruzó la avenida fué una victoria, tirada por dos chivos
enj11ezados. En nuestro número anti-rior, publicamos
un grabado de este delicio110 jugu~te en el que iban
loA niños Juan y Lola Salcido. A poco 11e presentó la
bri.~a del Señor Don Tomás de 111 Torre y Mier, tirada
por cuatro CH ballos. 1!.I adorno de e~te coche era de
lo más gracioso y f'lxquisito: gardenias, camelias y "no
ID€\ olvldeb" en bellisirno y or.ginal 11rrl'glo.
Ocupá.banlo la Sra Uoñ11, Amada Diaz de de la Torre y la Sra. Doña Laura Formento de de la Torre con
SUR dos hijas.
Recibió el ,ll'gantA tren las demostraciones más
ruidosas y la lluvia mál! outridll d!'I florf'ls.
La carretela en que iban la Sra. Hampson y la
Srita. Ord, lujosamente vestidas con trajes vl'rde nilo
y blanco a.perlado, llqmó la atención por su ornamentación vistosa y artística.
E8tos dos coches merecieron los primeros premios.
Violetas, gardenia~ y hojas de platanil!o adornaron
el coche del Sr Don JoEé Hipólito Ramlrez. en el que
se presentaron á la fiesta las Señoritas Ramlrez é
Inés Stalcknecbt
La victoria revestida Íle raso color de rosa y ador. ndda de gardenia11, roaa tf. nardo11 y rosas blancas,
ocupada por las Señoritas Antonia Winter v Paz Garcla, obtuvo con el anterior el 1:eguudo premio en el
concurso.
Por su originRlidad ee di~tinguió la victoria del Sr.
Cortazar, adornad11 con grandes hace&amp; de doradas espigas entre guirnaldas de rosas y dalias
El landó di'] uiño Julio V&gt;1lh•to llevó á la fie11ta al
Sr. Cárlos Hidalgo y á los niño11 Rosa DPhesa y Francisco y Víctor Barroso y Julio Valleto. Sobre un fon•
do granate lucia este co~he millares de camelias, campánulas y h••liotropos.
La elegante víctoria del Sr. Bnmúdez tirada por
un tronco de ah,z&lt;1nes. conducía á la Sra. de Bermú-

nominl!'n 25 ,¡,. SAotilimbre de 1898.

Oomlniro 2fi ilP 8PptiPmbre de 1898,

251

EL MUNDO

Faeton del Sr. Adrián Segura.-Segnudo premio.
Los faPtons de los Sres. Adrián Sl'g11ra y D. ClemPnte Sanz, iban adornarlos de dalia" no mA olvides. violPtas y rosas. Los poneys de1 Sr. Sanz, cuajados
de flores.
El Sr. Ingeniero Rafael G11rcla y SánchPZ Facio,
rou su espo~a y dos niñ:id, ocup11 ba una victori .. cnn
tablnos rle mm1go y flores lindf~imas en el pescant"
y guías de gardenias y reinas al rederlor.

á la avenida aspecto brillantlsimo de moderna .ciudad1
cosmopolita con sus formas, lnéd'tas para muchos de1011 sencillos concurrentes de las aceras
La SeñC'ra Adela B de Medina y la Señorita Nata•lia Leal ocupaban una victoria canastilla.
El Sr. del Rfo, un faeton revestido de d11lia¡;" otro,
faeton cubierto de amapol11s, los jóvf"nes Vivanco yuno mas con el mismo adorno, el Sr Viller.

Grupo de alumnos del Liceo F1 and.s de San Cosme
medades que viven entre las exquiEit(ses·de la rultuca y de la paz,-1ú1timo floredmit'nto de la civilización,-al noble esfuerzo que pre.id!', vigilante v anir1 oso, la concordia social y las victorias del prcgreso.
***
Celebramos el triunfo de los vivos; pero no olvidamos á los muertos.
'
Después de las fil'stas en honor del Sfñor Presidente, 111 recordación vibrante de la Independencia.
El de file de los trenes vistosos en el festival de
las flore , fué el prólogo de las marciales manifestaciones del día 16. Rurales, artillero~, cadetes. marin!ls,
infantes y dragones llenaban la ciudad con el ruido bélico y alegre de sus marchas.
Todos aclamaban al soldado mexicano, heroico y
patriota: admiramos la noble figur11 de los rurales. y
111 simpática y disciplinada juventud del Colegio Milit ar.
Pero el triunfo fué para los jovenes marinos Su formación, como la de los eadetes, irreprochable y de
una estética vistosisima, despertó los entutiasmos por
donde pasaban esos bravos.
Magnifica oportunidad para nuPstros artistas! Y
que la aprovecharán lo indica el valioso y bien rjecutado conjunto de vist¡¡s que hoy public11mos, para
corresponder al favor de nutstros abonados.

D. Pedro de Madrazo.
' Acaba de fallecer l'n la corte de EEpaña el notable
escritor, historiógrafo y critico de Arte, don Pedro
de Madrazo.
N 11ció en Roma el año 1816, y fué hijo del pintor
de Cámara D. José de Madrazo.
Actualmente rra Director de la Real AcadPmla de
nobles Artes de San Fernando; airector del Museo de

Sr. Salvador Zozaya.-Segundo premio

Sr. Bellagamba.-lttcnci6n houorfflca.
Victoria del Sr. José Maria Bermúdez.-Sra, de Bermúdez, Srltas. Consuelo, Guadalupe y lttarfa Bermúdez.-lttenci6n honorifica.
dl'z y á las Si-itas. Consuele, Margarita y Maria Bermúdez.
El dogcart dirigido por fos jóvenes Ernt·sto Lyone
y Enrique L. Fuentes, desap,uecia entre guirnaldas
de gardenias, buguembilias y madreselvas
Riquieimo tren el de Sr. D. Ignacio de la Torre: era
un breack tirado por seis caballos de raza, adornados
de pequeñisimos ramos en las cabezadas. Guiaba el
mismo Sr. de la Torre, acompañado por D. Joeé W.
de Landa y Escandón.

La Sríta. Maria Maya, acompañada por la Srita. Elena Mercado, ocupaba un coche tirado por airoso
caballo rt'tinto con primorosos ramillt·tes de flore~ naturales. Malva-rosi.s. cedro y margaritas, formab11n
lo notlible de la ornamentación del coche de la Srita,
Maya.
Et Mail coach del Sr. Saldivar, el break de los señores Osio, tirado por seis caballos, el wagonet de
1011 Sr• s. Iturbide; el charret adordado de violetas del
Sr Suinaga, el faeton del joven Murio Bulnes. daban

El Sr. Salvador Osio iba en una can11stilla-faetolb
c~&gt;n un gran corazón de violetas en 111. tebtera; y Jo¡¡.
niños Sanz en un dogcart sencillaUlt'nte cubierto demargaritas.
Rosa té. gardenias y tulipanes revestían el cochede la famili11. Bustillos.
La Sra. de Lemus y la Sr. Padilla se presentaron,
en un coche lleno de flores naturaled.
El coche del Sr. Dr. Ruiz tenla un adorno sencilli-•
simo de rosas y violetas.
Guias de flores naturales llevaba el coche de la tiple Rosario Soler.
*~*
Entre loe cicliRtas obtuvieron el primer premio los.
Sres. Jaime Kiefer y Ramón Orta.
Los segundos premios se otoro-aron á los Sres. Salvado~ ~o;;aya, ~-anuel Gav'ño y° Alberto Elguero y
·menc10n honor1f1ca á los Sres. Carlod Green, Pal&gt;lo
Bolemann, Salvador Lozano, Rafael l\1uñoz Leouegario Cigales, Enrique Bella gamba, ,\111n11d · Gut&gt;rrero y Posada. Luis Braner, Evaristo Villaseñor Fer·
nando Co'!lto, Ezequiel More.no, Gabli,d Monter~ubio,
H: A. Chnstleeb, G:_Ml'enen . (Tone IWfe1), Joaqulu
T1burleng y á la mna Opa! Punkolt (vPstida ccu kScolores de la bandera norte -america11~ )
. El g~upo de lo~ alumnc,s dei Liceo Francés fué una.
nmpát1ca :y-_grac1osa caravana que dt1,pertab·a murmullos cannosos.

··*

Fat'ton del Sr. Clemente Sauz - l'tlenci6u honorifica.

. ~i:rmo_sa fie~ta,_ ry mis hermo~a aún por su
s1gmr1car1ón nobilis1ma. Todas esas flores que calan
en la espléndi_da avenida. bañada por rasadas. de luz;
solar, son el tnbuto que rmden-como en laa antiguaij.
leyende&amp; las ofrendas á la deidad protector.,- ªº F"

mente unR importante casa editorial de Alemania eHá
terminando la publicación de una n::agnlfica obra dt-scr;pt•va de nuestros mo1Jumentos arquitectónicos debiéndose la pa, te que correPponde al romdmco á la
pluma del docto escritor de cuyo fallecimien,to da.moa hoy cuenta.
Con su ilmtre hermano D. Fednico deMadrázopublicó el primer périódico BP.mitnal ilubtrado, verdaderamente imoortante que haPta entonces se habla conocido en Españ11. Dirbo periódico titulábase .ElA1·tista, y en él los dos hermanos rompieron lanzas pt r
el electricismo en el 11rte1 á pesar del sentir romá1nico
de D. Pedro
El número de los artlculos crltlcos é históricos de
arte, de monografías etc., ya puramente literarios, ya
arqueológico11. publicados tn periódicos y reviHas
po"" D. Pedro M11drazo, es verdaderamente asombrmo.
Aun hace muy pocos meses la Ilustración E8pa1iola
y Americana daba á luz en sus columnas un prec1&lt; bo
estudio ace, ca del bor,1ado, que como todos los trabajos de este gént-ro escritos por Madrazo, rebosaba
erudición grAnde y rtfinado buen gusto.
En este punto, bmbos htrmanos, D. Federico y D.
Pedro, han sido igualados ptr bien pocos, asf ctiticos
como artistas. La refinada tducación:social del pin-

Arte Mcderno, ucientfmtnte abierto al público en el
edificio de la Biblioteca Nacional; Hadémico de la
Lengua y de la Historia y consejero de Estado.
La labor de D. PPdro Marirazo ha sido fetundlsima.
Sus rrincipales trab11jos los dedicó al estudio critico
é histórico de las Bellas Artes, especialmentefu!_e l_a
pintura.
_~
Madrazo ha sido conocido y apreciado en Europa,
como en realidad debla serlo. desde el momenti en
que dió comiPnzo á BU Catálogo descriptivo del Mu.- eo
del Prado de Madrid. Este, rabajo, verdaderamente
admirable por los conocimientos históricos que reve
la de las escuelas pictóricas
de Europa y de sus maestros, por la paciente labor
de investigación que bubo
de rea!i,.ar, y por el buen
sentido crltico,que en todos
sus juicios campea, es, se~uramente, movimiento
unico (aun cuando inconcluso por dPsgrac'a) de este géro en España.
Dignas también de granie estima son entre otras,
las obras que, ya en colaboradón, ya solo produjo,
contándo~e en primer térmilli), El MitSeo de Mad1-id y
las ,joyas de pintu1·a de E11paña; colección dt1 cuadros
pertenecientes al Estado, á
la corona y á la Iglesia.
Muchos otro• estudios de
índole artfstica, histórica
y arqueológica realizó D.
Sr. Jlanuel Gavlño.-Se,rnn-1-. n~n--fo_
Pedro M..&lt;lrazo. ActualNiña Opal Pnnkolt. - ltleuci6n honorfflca
Fotogya'.la Gonzálcz y Hermano.

�Domln,¡o 25 de Septiembre de 1896

l!:L M-:'Nl.'O

'l!H

Domlniro 25 do'Septlembre do lR!IA

2b3

l:LHUNDO

MI RETRATO.

a

~

~ate que ves, engaño colorido,
Que del arte ostentando los primores,
Con falsos silogismos de colores
Es cauteloso engaño del sentido;
Este, en_qnien la-lisonja ha-prMendido
Excusar áe los añoa los horrores
Y venciendo del dempo los rigores
Triunfa. de la vejez y del olvido:
ER un vano attlfjcio del cuidado;
Es una flor al viento delicada,
Es ·un reiiguardo inútil para el hado:
Es una neci&amp; diligencia herrada.,
Es un afán caduco, y bien mirado,
Es cadáver, es p olvo: es sombra, es nada.
SOR JUANA INÉS DB LA CRUZ.

- - - - \- ~ - - - - - : i

\

EL TORMENTO DE OUAUIITEMOO.

Desde muy léjos la vi
Junto á silvestre aleli,

Victoria del Sr. Ingeniero Sl\nchez Faclo.-ltlencl6n honorifica.
tor y del escritor, sus claros taleoto11 y sus continnos

viajes á todoa los grand"" ceu1r1l~ arusticos de Euro•

pa, depuraron de un modo H.dmira.ble sus gusto1 1 al
'Pªªº que leo hicieron renunciar i muchos d" lod preJuicios que en materia critica sut&gt;l..,n informar las
apreciaciones de nquellos qu~ se han formado eu otros
dlas y bajo otro medlo intelectual
D. Pedro Madraza cultivó ta.oibién la poesia. Sus
mejores obras de este género forman parte de la Colección de los mPjores autores eRpañol.es y se titulan La
Senda de la vida, Stela matutina y el toque de oracio,

nes.

El Ultimo trabajo A que dedicó sus energías D Pe•
dro Ma.drazo, fué la organización del ctta.do Museo
de Arte Moderno
Er1 la imposibilidad de ir al Palacio de lA. Biblioteca
para dlrigir peuonalmente la selección colocación y
&lt;tiotrlbuclón de las obras, pues ya se hallaba mortaltalmente enfermo, hacia aquellos trabajos teniendo á
la vista los titulos de los cuadros y esculturas.
~uego. sobre hojas de r,apel que rerrtsenhban
las paredes de laft salas, d atribulR con P compás, y
ayudado de su exceient~ memoria, las obras, con arre,rlo al plan cronológico que ae babia impuesto, para
el mejor estudio del Museo.
Caballero irreprochable, bondadoso, dispuesto siempre á romper una lanza en pro del arte, D. Pedro de
Madrazo baja al sepulcro, honrado y sentido por cuantos le admiraban, que son tantos cuantos le han conocido y leido sus trabajos.

-------

PSICOLOGIAS DE SALON
EL FLIRT

'1'

Fl.irt, señora mia, ea una palabra de origeu inglés,
al decir de loa lingüistas¡ mas yo tengo para mi que
es internacional y que lo ha sido desde sus orlgtmes.
Cuando menos hoy por hoy pertenece á todas las lenguas y vos habreis de adoptarla, ª"ñora mi&amp;, aun epando vuestro marido ó vuestro novio sean académ1cos,
-4ue no lo creo,-y os digan una y mil veces que no
t,1 palabra genuina de v 11estra habla nacional.
¿Que para qué la necesitais? Ah, la necesitaia má.s
que cualquiera otra, más que la palabra amor, vaya, y
t,80 que concedo que esta última os 68 más iudispen•
ea ble que el aire que respirais.
Vos amai1, sin duda alguna, porque de otra suerte
no acertarla á. explicarme la limpidez aterciopelada
de vuestros ojos vencedores ni el carmin de vuestra
boca que anicta besos¡ pues bien, ml graciosa seOora,
yo os aseguro que es mayor en vos fa influencia ael
flirt que la del amor y que en ala@ ~e aqU;él habelspaH&amp;do momentos de mll.s intensas sauafacc1ones que en
brazos de éste.
¿No lo creeis?
El flirt, señor&amp; mia, es algo ténue y vaporoso, u.Igo
intangible y transparente, \f.Ue os envuelve, os bes!",
os arrulla. os mima, os encanta. y os seduce . ... un
comp1ometeroii ni obligaros; es una d_ulce y fraternal escaramuza qu~ libran vuestros 010s y vuestro
verbo es un ósculo ami3toso confiado al conducto de
las vibraciones atmosférica~ y un cordial apretón de
manos ni tan largo para e.e~ ~ecami.nos.o, ni tan cort?
para dejar sobre la exqu1.ut9: senS1b1bdad de la ep1dermiP. un soplo dt1 banal md1fereneia.
Es flirt lo que hacemos, mi bella amiga, cuando os
digo que uinguna mujer evoca sobre el teclado los
mspiros de Chopin tan viva.ro. nte como vos, y cuan·
1
do sne dects que las ojeras que agigantan vuestros
ojos de gacela salvaje se deben á que os habeis desvelado leyendo cosas mtas.
Vos quedais orgullosa y contenta. aun cuan~o se•
pais que miento dt!scar&amp;d?A.mente. pues el Pontihcede
los pianistas aborlgenes, os ha asegur9:do 1 -con magi1tral auficiencia,-que Chopiny vos sois polos opuestos, y yo, por mi parte, me st~nto crecer aun cuan~o
tenga. la más completa seguridad de que vuestras OJ6•
ras 110n obra maravillosa de Ttl"Mtro ~érico lápiz,y de
no haber escrito nada hasta ahora.

Pero es que ......
EA que hay un lazo impalpable que nos une, una
corriente simpA.tica que nos f'&lt;ncarlt&gt;n&amp; y que sin embargo no es amor No ~s amor porque nada nos exigimos y bien sabéia nue el amor es exigente
Donde quiern que nos encontramos bailamos placer en est11r juntos, pero una Vf'Z que no;i F epa.ramos
¿nos acordamos el uno del otr .. ? No lo creo, señora,
de parte vuestra; en c"J.anto á rol, seria asaz grosero
si os dijese que os olvido un solo momento ....
¿Os importa .. fa ac1:1.BC" saber que yo amo á alguna?
No de cierto: ¡si a.lguna vez os be becho confidente
de mis amores y vos me habeis escuchado como quien
oye llover! ....
-¿Siento yo celos di) vuestro dueño? amiga mta ....
sella descortés deciros que nó
Y A pesar d6 todo nos buscamos tenazmente cuando la casualidad nos acerca
Eso es el flirt: acuarela del amor, que dijo no sé
quien, pero que fué alguien que con seguridad tenia grandes aficiones por las acuarelu.

•••

No cabe dudar que el flirt reposa sobre la eterna y
universal atracción de los sexos, desde el momento en
que presupone el concurao de una dama y de un ca·
baliero; mas no por ello debe ruborizunos, puesto
que es ley de naturaleza que dttbemos reconocer
franca y altamente, el que esa atracción flote Eobre
las frentes de todos los garzones .f por sobre laa cabelleras de todas las vlrgtmes, y de otros que no son
ni una ui otra cosa
El flirt es tan expontá.neo y tan caprichoso como el
amor, y como él tiene rarezas y volubilidades de onda. Puede llegar &amp; ser ob383ión y suele proscribir to·
do otro sentimiento análogo.
Es eminentemente cerebral y acusa si.empr.e comu ·
nión de idec1,s aún cuando apar,mtemente pueda aparecer lo contrario.
El flirt no tiene las tiranías del amor, y la fidelidad
que invoca es muy relativa: basta que la guardéis en
determinado momento y entonces si debe ser abt10·
luta.
Roza tan sólo la superficie de la almas y se asusta
como ave selv&amp;tica, cuando se 11cerc&amp; á. las profundidades del corazón Vuela entonces y 68 bien dificil
hacerle volver, porque ya desconfia.
Pu"de hit.her flirt pasioni+.l, ll-eñora mia, no lo niego; pero ese 01 µatrimonio de muy altos eeplritus, y
muchas veces lo que tal creemos no e~ otra cosa mas
que el paso al amor, la defección del flirt, la traición
t~nebrosa.
Creedme1 mi hermosa amiga, el amor mé.s sadsfe-

cho no vale nunc!l lo que el flirt más insignificante.
Et flirt no es amistad. porque la amistad es confiada.
é t.itima. A un amiio vuestro podeis abrir el anfora de vuestros más recónditos anhelos, pero á.
vuA~tro flirt sólo debéis decir lo que os convenga.
Un flirt puede tornarse en el más poderoso auxtltar
de vuestro amor, porque mantiene alerta la. at"nción
de vue~tro amado y espolea por manera eficacisima
su dedicación y su fid'?lidad.
Es porque el 'lue ama realmente no concibe el flirt
ni en su propia. per"ººª ni en otras, y ve un pebgro
donde no le hay .BI flirt sólo Mngenia con l&amp; inaependencta del cora1.ón ó con la tranquilidad. d.e un
viejo amor satisfecho.
.
.
Por eso A mi me place flirtear con las novias de
todos mis amigos, lo que ha. contribuido á afianzar
mis verdaderas amistades y á resolver las ticticias.

•••

El flirt, amiga mla, es una imperiosa necesidad de

las sociedades modernas.
Surgió simultánea y naturalmente en el seno de
todos 101 salones civihzsdos, como surgen todas las
verdaderas necesidades, y 1:11 los ingleses fueron loa
prim.,,ros en darle nombre ofieiR.1, fué porque ..... .
¿Por qué serian los ingleses los primeros en bautizarle?
Ah, Albión la pérfida también tiene 11ngre en sua
venas, aunque fria! Ella fué la primera en eliminar
el nuevo sentimiento de sus equivocas analogias y
presentóle al mundo puro y sin mancha.
¡Entonces se vió que era un sentimiento ya muy
viejo!
Confundiósele mucho con la desenvuelta y deseo•
cada caqueteria, con esa coqueterJa que tanto os calumnia, dulce aemiga. Pero no hay nada más erróneo,
porque apAnas hay algo mb diferente que la coqueterl&amp; y el flirt.
Aquella se ejercita con todo el mundo, y éste tan
sólo con determinadas personas. La coqueterla no li
ga y el flirt si. Pero, lo repito, liga momentAnea y
pasajeramente sin los derechos ni las obligacionea
del amor.
El flirt, en suma, es una de las grandes creaciones
de este siglo moribundo.
Flirtead, señora mta flirtead á despecho de tC1do
lo que en contra se os diga. El flirt es honesto y tan
necesario como la cortesla.
Yo le adoro muy devera;,;, y sólo tengo una dud&amp;
que no me ha sido dable resolver, y que someto, ml
señora, á vuestro luminoso examen.
;.Por qué en l!lB conversaciones del flirt el tema
obligado ea el amor?
0SCARRIIIRZ.

Pero no!. ... ya Pstá encendida
Tu alba h\mpara: la luna,
Y ya prende sus destellos
En tus ojos y cabelloR.
En el mes de los clavelea,
Los vergeles
Son, A los templos ea grados
Transportados;
Y al compás de la harmonía
De los misticos looreP.,
Las niñas llevan RUA flores
Hasta el altar de Maria.
......¡Ayl tú no has visto mAe flor
Que la del pobre pastflr,
Arrancada en el caruino:
La gitana florecill,Que abre su faz amarilla
Entre el cardo y el t&gt;Bpino . .... .
¡Oh, maduna que fulgura
Entre la ola
De verdura!
1Virgen sol&amp;
AUá. en praderas distantes,
En praderas habitadas
Por bao.dad as
De mariposas errantes!. ...
Desde aquella lejanlA
Bendice. madona mia,
A totios los caminantes;
Y déjame que de hinojos,
Eleve bá.cla ti mis fijos
Junto al dosel del a1ero
Que extiende su ala ruinosa
A la orilla del sendero,
Y te diga una plegaria
Silenci,sa
¡Oh, madona solitaria! ..... .

Silenciosa,
A h1 orilla del sendero
Baio el doael de un alero
Que extiende su 1tla ruinosa.
¡Triste madona bendita,
Sin ermita,
Allá en sendas solitarias
Donde reina olvido inmenso
Sin cánticos, sin incienso
'
Sin altar y sin plegarias!'. .....
¡Oh, triste madona mh1.!
¿No sie,ntes ¡ay! nostalgia
Por el organo sonoro
Qu" sollozfl desde el coro,
Y pbr la nave sombria
Inundada
De rumores,
Donde entra la luz velad11.
Por los vidrios de colores?
En tu campestre BAntuario
Jamás ningún incensari'o
Alzó su vu-,lo harmonioso¡
En el valle silencioso
No has oido
Mas sonido
Que el clamor de una campana
Muy Jejan&amp;
Que los ecos te han traído.
No conoces
Otras vocea
Que el melancólico acento
De alguna canción dtstante
Llevada en alas del viento .....
O la voz del caminante
Que al verte. reza. se humilla,
Y te dobla la rodilla.
Mientras en otros altares
Prenden luces A millares,
Aqui entrd la sombra bruna
Por siempre estAs escondida ....

JUAN VALLE.

CAPRICicIOS
JOYAS Y FLORES

MARIA ENRIQUElTA

Vuestra.atmósfera supera
A la misma primavera
De los cnmpos, con sus flores
Y sus blandos ruiseñores.

LOS NIÑOS
LONGFELLOW

Con vosotros comparadas
Poco valen las balada¡¡,
Las poéticas leyenda.s
Las ficciones estupendas.

Venid buenc.s amiguitos¡
Cuando escncho vuestros gritos,
Cuando miro vuestro juego,
Mis pesares huyen luego.

Que la historia es sombra incierta
Y los libros letra muerta;
Vuestra cAndida alegria
Es vi viente poesia.
M.A.CARO.

Pues me abrís gentil ventana
Y á la luz de la mañana
Miro el agua crh:talina
Y la inquieta golondrina.
Vuestras almas inocentes
Tienen pájaros y fuentPs;
Vuestros libres pensamientos
Son cual hondas, son cual vientos
En vosotros todo es canto,
'Tódo es luz; gozad, en tanto
Que mi helado invierno empieza;
Ya es de nieve mi cabeza.
Sin vosotros, pequeñuelos
Mensajeros de los cielos,
¿Cuá.n estéril, cuán sombría
La existencia no seria?
Sois cual hojas que al anciano
Boeque dan verdor lozano
Y en los aires se remecen,
'Beben luz y resplandecen.
Yenid 1 niño, bendecidos,
Quedo, quedo en mis oidos
Susurrad lo que sü&amp;ves
-Os conta.rori brisas y aves.

Coche del Sr. l!ledln11 Garduilo.-Sra. de Medina y Srlta. Leal.-l!lenci6n honorifica.

Lleno C(}rtés de crüeldad impía,
Del imperi11l tesoro t&gt;I alma avarat
Por hacer que el monarca. le entregara
LaP. joyas de la azt"ca monarquía,
Fuego lento á los ptés le aplica un dia;
Pero.indomable el rey, nada declara,
Y, sin quejarse y con serena cara,
Parece que al tormento desafJa.
Cediendo del dolor A 111. fiereza
Un compañero suyo de tortura,
Volvióse A él y vióle con tristeza
Debilidad creyendo su amar,z-ura,
Cuauhtemotzin le dijo con firmPza:
º¿Estoy yo sobre flores por ventura? 11

SIMBOLO.

Dijo á la blanca luna el asfodelo:
¡0h reina del azur, solemne y t.iste!
¿Qué misteriosa palidéz te vi~te 1
Ofelia vagabunda por el cielo?
Cándido cisne de color de cielo
¿En qun J rofundo flagetón caíste?
¿A qué brumoso páramo tendiste
• _Las plumas albas con silente vuelo? 11
Calló la flor y doblegó en l&amp; urn&amp;
Su.fúnebre corola taciturna,
Cual aimbólica imá.gen de lo inerte.
~Iien~as el astro, como ·eequife indiano
· De vela 'de Ambar, se perdió en lo arcano
Con rumbo á las riberas de la muerte.
11

LEOPOLDO

Mientras canta Siebel su melodiosaromanza, yo me
pongo a soñar en tan,11s cosas!. .....
En la penumbra, bajo las sombrías arcadas de la
bóveda, frente al ventanal por donde penetran loe
diáfanos azuleas _de la _noche_, hundido en el viejo sillón
de cuero, sllenc1oso, 10móv1l, sólo, mf'idita el Doctor
Fau,to. Cruje la lámpara de bronce.colocada sobre el
verde t11.pet"de la mesa, entre infolios abiertos y frascos polvorosos, y iiu llama oc~e. alargH.da y vacllante
parece un fuego fatuo que mariposa~ en !as tinieblas:
~fuera, la. claridad de tus astroo prende radiaciones
10esperadM en las placas obscuras cte los tejados, en
1~ aguJ&amp; gótica del templo, y en la rumorosa fila de
pmos qa.e atalaya el horizonte. Sobre el cielo, intensamente azul, Bd d~slien las estrellas como gotas de
rocio.
Todo duerme en la solerlad de l.1 .noche. El campar.ario vela. Adentro, en la aparente tranquilidad
de la alcoba. hay lucha desesperada, combate rudo, batalla formidable. Nada se agita en el gabl·
nete; en el fondo tenebroso apenas se perfilan las
retortas volcadu y el ho1nillo apagado: este es un
gran sepulcro. Pero allt, dentro del n€'gro birrete que c~si oculta el rostro. bajo la barba luenga y
enca~c1da, hay una frente en que martillea el pensamiento, incesante y furiosamente, y un pecho dentro del cual un corazón late rebosando amargura. Todo lo ha visto Fausto¡ todo lo ha escudriñado· ha
hundi 1to 11us investigaciones hasta Al fondo de' las
profundidades, en busca de l&amp; eterna v"rdad.
Y después de tantos sueños. pasados en las infini•
tas contemplaciones, en el laberinto de loa obscuros
pro~lt&gt;!ll_as, 86 ha €'ncontrado el insaciable con que
son lLUtlles sus e~fuerzos. Hó aqui uua exiatencia
perdida.
Y alll estA. el rebelde. palpitando bajo la canosa y
luenga b9:rba, y gritándole á cada im,tante: ¿Por qué
te has olv1d~do d~ mi? Yo necesito &amp;'tll&amp;r, necesito
creer, necesito sonar; e:Alvame, sálvame!. .....
En tanto, el cerebr~ le _dec!&amp;: 11 Vigila,acecha, busca¡
la verdad es la sola 10sp1rac1ón1 t-1 sumo bién la eterna vida.
De ~quella lucha callada, !Olitaria, inmensa. vist11.
por Dws. desde laA radiantHB !€'jautas, sur~ó -dna desesperac1óo¡ aqu~lla desesperación arrojó un grito
que.se cond~nsó en el aire y se conviriió en una blasfemia.. Alguien lanzó una carcaj1J.da á lo lejos, la llam11.. de la lámpara se agrandó y se hizo hombre
Mefí,stófeles ~abta Cljrrado el pActo# Fausto· iba á
ser fehz, á ser Joven, A ser amado.
Y allá, mientras lfl aurora dt1shacta las brumas, y
apagaba las estrelb1.s, en su alcoba de virgen Margarita, so~aba con las.visiones ca,tas de su Leyenda de
oro, y tu, Slebel, dt-Jabas tu ramillete de flor"s recién
cortadas. húmeaas 1t.ún por la lluvia del alba en el
alfeiz,r de la ventana.
'
¿Por qué Fausto seduce á Margarita? ¿Por qué tú
que eres el amor puro, huyes del cuadro? ¿Por qué
Ja niña rubia recoja las joyas v dMdeña: las flores?
/.Por qué la canción El Rey de Thulé se torna sollozo
de angustia, y la iglesia ctt'!rra sus puertas á la peca•
dora, y la invisible espada del mal abre el pecho de
Valentln?
Mefistofeles rle de todo esto: rfe, brind,mdo con la
copa chorreante de fuego y el labio de sarcasmos; rie
en la claridad de l&amp; noche mirando cómo en el jardín
dos almas se confunden y se besan; rie en el pórtico
(!el templo¡ rle en la obscura calleja cantando la diabólica snenata.: rie, por fin, en el instante de arrebatar una alma á los celest!Rles designios
Mientras tanto tú &lt;"antas, candoroso muchacho tu
divina romanza: 11Habladle de mi amor, flores a~ada11:1
Y las flores no te bar~n caso: ya estan vencidas por
las joyas ... ... ¡Qué lástima!
Lms G. Ua,rNA.
0

DtA.z,

--------··--------

�254

EL MUNDO

Domingo 25 de Septiembre de 1892

Domlnl!'o ~ de Septiembre '111 1R98

la hora seilalada para la
ejecución, el frío de la
madrugada me despertó .... ..

ORIMEN68 HORR6ND08
Ese día. muy tempranito, babia yo ido al jardín del Retiro llevando mi cámara fotográfica
para tomar instantáneas. El sol claro y brillante l
subía por un cielo sin nubes; la brisa tibia y perfumada agitaba apenas las copas de los árboles
y había por todas partes efluvios de primavera.
y rumores de vida.
Pájaros y flores, campo solitario y horizontes
azulee. ¿Hay cosa más bella? Así pensaba yo,
cuando como si:respondieran á una evocación de
mi pensamiento surgieron en uu claro del jardín,
envueltos por un rayo de luz como un nimbo de
gloria• dos jóven.es sonrientes y felices.
¿Eran prometidos, eran hermanos? quien sabe!
pero el grupo que formaban era más bello que
cielo y campo, flores y aves, brisas y murmur!os.
Pasaron cerca de mí, muy estrechados el uno
c_ontra la otra, en deliciosa confidencia b,ijo su
quitasol de seda blanco que brillaba destacándose sobre
el fondo verde obscuro de la'l frondas.
Siempre he tomado vistas fotográficas de paisajes y de
personas y nunca:me había impresionado tanto como esta
vez. Aquella parej&gt;1, bella y juven, derramando la ventura y la alegría me hizo pensar en que no tengo nada de
eso yo ¡pobre artista buérf1rno! y cuando hice funcionar el
aparato para tomar la negativa, sentí como que me daba
un vuelco el corazón.
Es verdad que Rosita ¡pobre! me ama, y es bella y casta,
inteligente y modesta, pero no es eso, no es eso lo que
ambiciona mi corazón,
Los jóvenes se alejaron riendo y charlando, y yo sin
querer pasear más ese día, me apresuré á volver á mi pobre buhardilla de pintor, que dene muy buena luz, y que
según la expresión gráfica de Rosita, está mi1s cerca de
las nubes que de la tierra.
Allí pude á mis anchas entregarme á la melancolía de mis
pensamientos de solitario. Allí, reclinándome en el alfeizar
de la ventana desde dondesedivisalacasa de Con•
cha, me puse ásuspirar por ella, por ella quees tan
hermosa como pura y que no sabe que la amo ni tres hermanos? No. Se conocieron vi11jando por
sabe siquiera qué existo en el mundo, porque nos se- el Egipto. Uno es americano, de la Carolina del
Norte y tiene un gran capital en minas en Calipara el abismo más infranqueable, Ella es rica!
Desde aquí la veo diariamente salir de su ca- fornia; el otro, es originario de Madagascar, vive
sa, entrar en el 1ujoso carruaJe que la lleva á su en Constantinoplñ y es armador de buques, y el
paseo matinal, y la veo que vuelve á las dos ho- otro, es un inglés que explota criaderos de briras, con las mejillas coloradas por el aire fresco llantes en el Africa austral. Tres potentados. Condel campo, con mucho brillo en los ojos y son- cha no sabe que relación puedan tener con el seriendo de ese modo encantador que cautiva y creto de su padre, pero éste los ve con supersticioso terror -y cuando los presentó á la joven,
embelesa á. cuantos la miran.
Luego se pone al piano y canta y toca una ho- dijo:
ra ó poco más, y por último, antes de que suene
-Hija mía: por desgracia no puedo como quila campana anunciando el momento de la comi- siera, dejar á tu voluntad la libre elección de esda, se pone á leer y á escribir.
poso. Un deber ineludible, me obliga á darte en
Me encantan sus aficiones literarias; nunca la matrimonio á uno de los tres caballeros que están
veo tan bella como cuando sentada junto á su es- aquí presentes, y es á tí á quien corresponde secritorio, con la pluma en la mano, toma esa actitud iialar cual deba ser el preferido. No dudo que
reflexiva de quien está concentrando todas las sabrás obedecer como buena bija, y luego cum•
fuerzas de su vida en el trabajo intelectual y pa- plir estrictamente con tus deberes como buena
rece poseída del fuego de la inspiración.
esposa. Tienes dos meses para conocerlos y traAsí la veo, la veo, y cuando ya de noche caen tarlos y fijar tu preferencht, y tienen ellos el mismis párpados al peso invencible dol sueño, sigo mo tiempo para renunciar á tu mano si así les pamirándola siempre tan bella y tan elegante, pe- reciere. En este último caso ó en el de que por
ro siempre muy lejos del límite que pueden al- desgracia mueran ó se ausenten durante es e placanzar mis esperanzas.
. zo, te devuelvo tu libertad.
El padre de Concha dijo todo esto con entoII
nación solemne y como resolución que no estaba sujeta á discusiones, y la hermosa joven
Y por qué no?
Recapacitemol'! .. El premio obtenido en la últi- contestó:
-Obedeceré, padre mío.
ma exposición con mi cuadro «El amor de hoy »
Ha bian corrido y a cuarenta días de los sesen•
me ha producido dinero y fama y me ba abierto
de par en pa.r las puertas del gran mundo, To- ta del plazo, cuando fui presentadoá Concha; y
dos se di~putan mi amistad como un honor, y cada uno delos tres opulentos extranjeros en vez
Concha misma se ha sentido orgullosa de cono- de desilusionarse y devolver su libertad á aquella pobre víctima, se demostraban ¡con razón!
cerme.
¡Con qué impresión tan profunda le hice mi más y más enamorados, hasta el extremo de haber surgido e11tre ellos más de una vez, celosas
priwera visita!
Ella me recibió con entusiasta afecto; y cuan- reyertas que estuvieron á punto de terminar de
do cerca del piano le hice, así de improviso mi un modo sangriento.
Concha me hizo llorando este triste relato y
declaración de amor, la oyó conmovida c~mo
~
si mis palabras le nubieran penetrado hasta lo terminó diciéndomr :
más íntimo del alma.
-Juró á usted que si fuera yo libre, de nadie
Luegl) me ha hecho una confesión tremenda. sería más que de usted.
Cuanto su padre tiene, nombre, fortuna, posiPor eso desde que me despedí y salí de su cación sccial y política, está lig11do á un secreto tesa, no ocupó mi cerebro más que una obsesión:
rrible que t-lla no conoce pero del que tiene que volver á toda costa su libertad á la hermosa joser forzo,a é inocente víctima. Tres hombres saven que tan irresistible amor inspiraba á cuantos
ben ese secreto, tres no más en el mundo, y como la conocían.
precio de su silencio ba n exigido al padre de Concha que ésta se case con ur:o de ellos. Son acaso

255

!r.LMUNDO

IV

m.
Diez días estuve pensando s:n descansar en la.
misma cosa y formando los proyectos más descabellados, sin resolverme por ninguno, hasta queme vino á las mientes el plan más criminal, hipócrita y diabólico que pueda imaginarse.
Yo sabia que en un pueblo cercano á la Capital hay un roble conocido con el nombre de «El
árbol de Judas» y al cual los campesinos no se
acercan nunca, pues tiene la particularidad de
que cuantot. se acercan á él se ahorcan irremisiblemente con una de las innumerables lianas que·
cuelgan de su tronco,
Nunca du,lé de esta facultad, pues me era muy
conocida la historia de diversos árboles, puentes
y abismos esencialm~nte inspiradores del suicidio. En Wisconsin el sabio naturalista Henryconoció uno de estos árboles y estuvo á punto de
sucumbir b11jo su influencia.; Linneo habla de ellos
al ocuparse de las plan tas raras de_ la América del
Sur; en la c ..mpaiia de Rnsia, Napoleón hubo de
observar cierta noche que cuantos centinelas se·
situaban baje un pino cercano á Moskow, se daban á sí mismos la muerte; ha.v puentes en el Sena y sitios sobre el Viaducto de l\Iadrid que son
imprescindiblemcnte buscados por la gente hastiada dela vida, y cimas y precipicios que han llegado á fundar la teorfa. científica de la atracción
del abismo.
Con esas convicciones, medité y llevé A cabo mi
espantoso crimen.
Escribí á cada uno de mis tres rivales, firmando con el nombre de Concha (cuyaletra había cuidado de conocer y estudiar) un billete en que con
intervalos de media hora les daba cita bajo el árbol
de Judas, prometiéndoles que se casaría con aquel
que tuviera valor para.despreciar las consejas del
vulgo y fuera á recibir bajo aquellas ramas su primer beso de amor bajo las sombras de la noche.
Mi plan no pudo tener mejor ni más siniestro
resultado: uno por uno fueron llegando los infortunados extranjeros, y uno por uno se fueron ahorcando sin pronunciar una sola palabra tan pronto como quedaban bajo la influencia del árbol
maldito.
Yo los observé desde léjo&lt;.!; ví como se retorcieron en las convulsiones de la agonía, lo cual me
causaba un regocijo -satánico, y ví cómo las aves
de rapiña se arrojaban á hacer festín en
aquellos cadáveres.
Poro los regocijos
satánicos, la;; alegrías
mal sanas, la satisfacción del crimen, tienen un dejo tan amar-

Y en vano busqué á la
luz macilenta de la alborada el altar siniestro, el
crucifijo imponente, las
rejas toscas, el centinela
impasible. Todo había
desaparecido, y en su lugar reconocí mi pobre
buhardilla de pintor bohemio, mis muebles mí:
seros y mi ventana que
daba frente á la casa de
Concha.
Entonces respiré, como quien se siente 11livi11.do de un peso muy grande; y apartarrdo mis ojos
del opulento palacio de
mi sonada novia, y levantándome del sillón dondehabía dormido con tan
horrenda pesadilla, me
dirigí ála calle del VE:nado y toqué á la puerta
de una casucha muy pobre.
Media hora después me
habían abierto, y torné
feliz y haciendo felices á
los que me rodeaban, un
modesto desayuno con
mis buenos tíos y mi prima Rosita.
Rosita había sido mi
novia desde la escuela, y
con ella me casé hace pocos días, abandonando
por supuesto mi buhardilla de bohemio desde cuy a ventana se distinguía
el opulento palacio de
Concha.
En cuanto al árbol de
Judas, no es cierto que
exista en ningún pueblecillo cercanoála Capital:
fué como todo el crimen
creación de un sueno.

'

JEAN LORRAIN,

go que no pueden saborearse impunemente. Aquellos infelices que colgando de las ramas siniestrlls se mecían rígidos al soplo del viento, no me
habían hecho ningún mal; valientes y empujados
APUNTE DEL NATURAL
por la fuerza de su amor, cayeron en el cobarde
lazo que les tendió mi astucia y entregaron su
alma á. la eternidad y su cuerpo á los buitres.
Era Ricardo Cambronero, buen muchaeho, simpáEn medio i:le los más atroces remordimientos tico, de cara agradable, de frente estrecha, cejas arpensé que mi deber de hombre honrado habría queadas, ojos azules, nariz recta y boca risueña, de
gruesos. Cuidaba su rubia barba con femenil
sido desafiar áesos hombres, arrancarles su secre- labios
esmero y vestia con elegante sencillez.
to, luchar con ellos valientemente y librar así á
Muy joven, perdió á sus padres, quedando dueño
Concha sin poner precio á mi sacrificio.
de una bonita fortuna; y, mal aconsejado por algunos
Y entonces, ¡qué hermoso porvenir! Amor, for- malos amigotes, él que nad.. tenia de Salomón, tardó
poco en emprender una vida de elegante cal¡i,vera y
tuna, opulencia, felicidad y mi nombre, de artista fué
derrochando lindamente su capital, en licenciosas
circundado luego por la gloria!
francachelas con moz11s y mozos que nada tenían que
Pero ahora todo, hasta Concha misma, quedaba perder.
No gustaba de la taberna, por parecerle cosa demaenvuelto en un vapor espantoso de sangre.
siado baja para hombres de su calaña, y tenia ínfulas
¡Qué horrendo es el crimen! ¡Cómo envenena de conquistador, aunque nunca pasó de ser la más
los pensamientos y se adueiia de todo el ser y grotesca caricatura del Don Juan.
Primero fué amante de una Estrella, linda muchaclava sus garras espantosas en la conciencia sin
cha que vendía sus caricias al mejor postor; luego fué
dar una hora de tregua ni dejar encenderse un Josefina
la que se encargó de irle aligerando el bolrayo de esperanza!
sillo: más tarde Otilia; después Pura; en seguida .....
Nadie sabía mi delito, nadie podía saberlo, y sin no sé quién; y entre unas y otras Je hicieron perder
residuos de su dignidadr la vergüenza, el tiempo
embargo,yo sentía un remordimiento tan atroz, una los
y el dinero.
lucha tan formidable en la conciencia, que al fin
De creerá RicRrdo, para él no había resistencia poen un inconsciente arrebato muy común en los sible; con una mirada, conquista hecha; y en el juego
criminales, corrí ante el juez y le hice una con no habia otro de mejor fortuna.
Verdad es, que si lo primero era dudoso, para los
fesión de todas mis infamias con relación al delito empedernidos
incrédulos, llenos de malicia, lo segunque en todo el pueblo era considerado solamente do tenia muchc de verdad. Rabia jugado con fortucomo una desgracia,
na loca más de una vez; y esto le hizo mantener sus
ilusiones.
Me llevaron á la Carcel l\Iunicipal, donde me bellas
Porque Cambronero tenía ilueiones; creía que, anPusieron centinela de vista, el proceso se instruyó dando el tiempo, Iograrh reunir inmenso fortunón, y
activamente, fuí sentenciitdo á la pena capital, y entonces no darla paso sin que la prensa, esa pregopara no sentir la marcha de las horas en la última nera de la fama, dejase de dará conocer sus más ínpensamientos.
noche de la capilla, me narcoticé con inyecciones timos
Desgraciadamente, la!. cosas no salen como se suede morfina.
ñan. La suerte se cansó de favorecerá Ricardo, y ...
Sin embargo, al darse el toque de alba que era aqui tropiezo y allá caigo, fué quedándose sin blanca.

El final de la pendiente.

r

El mundo elegante hrdó poco en oler lo que le pR·
saba; los amigotu fueron abandonándnlA. á la ¡:,ar
que el dinero; y antes de necesitar del crédito, lo babia perdido por completo.
Notó entonces U11wbronerot con amargur11 inmensa,
que loe pocos que 111 rodeaban, aguardando sin duda
la conclusión de la última peseta le miraban con cierta lá~tima Arrt&gt;pintióse entonces de su conducta;-pero como generalmente ocurre, aquel movimiento de
su conciencia llt&gt;gó demasiado tarde.
H11bla hecho el primo de una manera escandalosa,
como él decía. y al conocerlo as!, lloraba con lágrimas
de frenética rabia. ¡Si hubiera sido más di~creto!. ...
No d1-bió nunca tirllT de aquel modo su fortuna, é indudablemente hubi11ra sido feliz, BID nect'sidad de ser
elegante calavera, Tenorio y otros excesos. Y ... . parodiando al emperador romano, sin él saberlo. grita·
ba el dePgraciado joven, con desconsuelo:-¿Qué DEI·
cesidad tenia yo de flautas tan largas?
Por primera vez en su vida penoó que la existencia
tiene hondas amarguras, hasta para J&lt;,s qut&gt;, como él,
han pArdido todo sentimiento; y por Vt'Z primera, •en
su vida, pensó en el suicidio .... en ese último actoº de
las almas pequeñas y empequf'ñecidas. Pero tuvo la
debilidad de asu~tarse de la «ide11 salvadora•
-Aun era jo.,en, quedAbanle fuer za~ psra conseguir una vida tranquila, por medio &lt;1el honrado trabajo .... Y a qui repas11ba detenidamf'nte su memoria.
-¿Qué harial Trabajar. Esta era la única resolución,
Pero .... ¿en qué? ;,cómo? ¿Qué podria hacer tras de
haoer perdido el tiempo tan lastimosamentt·?
Tropt&gt;zaba con dífL:ultadee inmensas, insuperables.
No podía pensar en escribir pliegos para alguna oficina. Su letra era detestable. Ser escribit&gt;ntto, le habla
parecido sil'mpre cosa demasiado bHja para hombre
de sus condiciones ..... .
r.ntonces pensó con desconsuelo en que era un en~e inútil, que para nada servia en absoluto. ¡El, que
ignorante y descreído. se babia reído siempre de los
que se ganaban la vida á fuerza de honrado tr1:1bajo,
llamánd?les acémilas de la sociedad, hurtos de carga
y ot~as hndezas .. . . era de peor condición!
¡Pt1ro, suceden tan raras cosas en tl corRzbn humano! Cambronero, no renunciaba á sus ilusiones:
tardeó tempr!'-n~, la prensa debía ocuparse de él, si
no como capitahsta, como hombre de talento como
artista de corazón y de bríos.
'
Llegó un dia fin que la patrona se can~ó de tenerle,
y con la mayor frescura d11l mundo, le pu~o •ie patitas
en la calle, sin hacer caso de las promesas qu" hacia
de pagar con creceA. Pero, si es verdad qu11 "dádivas
quebrantan peñas." también es cierto que las más bellas promesas, no conmueven á la patrona más sentimental, y Ricardo_ tuvo que salir de 1~ casa con poca
ropa, no mucho dmero y escasas ilusiones á vista de
tao triste realidad.
'
La primt:ra ve~ que 1:ntró en _un.~ t~berna. para comer un guisote mnommado, smtio cierta instintiva
repugnancia; repugnancia. que fué venciendo poco á
poco hasta acostumbrarse á aqu~lla atmósfera masticable, como si no hubiera respirado otra mejor!
Y se pasaba la noche en esas z~hurdas infames, donde se amontona la carnaza imbér.il que pide á gritos
el deFgarra~~e nava~azo. Y bebía hasta la embriaguez.
Ali! conoc10 i Lohlla, que, á pesar del diminutivo,
era una mujer de edad indefinible, de voz ronca y
áspera, cara pintarrajeada asquerosamente y cuello
lleno de sospechosos costurones.
Ella se enamoró de él, con ese amor bestial de las
viciadas almas vul¡:rares, v él, depravado hasta. el
grado máximo cargó con ella, porque vela en pers.
pectiva una comida diaria.
El elegante y s~ductor Tenorio de ayer, se vió pronto en el más lastimoso estado, bajo el absoluto dominio de aquel esperpento que Je tenla prometida la más
hermosa puñalada si se cansaba de sus caricias.
Transcurrieron algunos meses. Cierta noche en que
se habian menudeado los tragos de aguardiente un
borracho, con lengua torpe, :nsultó á Lolilla llaihándola mil cosas por las que nunca pensó en' ponerse
encarnada, pero al verse cerca de Ricardo se le ocurrió escandalizarse.
El, tambaleándose, se levantó á defenderá su dama
y los dos saliaren de la tabernc&amp;, pegándGse torpPmen~
te, formando un grupo repugnante de carne borracha que ignora lo que hace.
Lolilla, vió que el contrario de Ricardo forzajeaba
por sacar del bolsillo un arma, y entonces se acordó
con verdadero espanto de que su hombre no llevaba
"ni un alfiler," y corrió, dando desaforadas voces en
demanda de socorro.
'
Cuando llegaron los guardias, en el suelo se remo•
via un grupo informe, y una voz aguardentosa decia·
-Toma,pa que defiendas á ese pendón.
·
Y ~l borracho clavaba, con terquedad estúpida, su
cuchillo en el cuerpo de Ricardo........ . ........... .

··x1· ·sig~¡~;"te; ¡~-i&gt;~e~~á

cii~
·ci~i&gt;il: ~~~~iá' ciei ·~~¿~~º
en la forma de costumbre,
Cambronero habla c?nseguido algo de lo que deseaba: ¡Su nombre fué impreso en los diarios de mayor circulación!
RAFAEL Ru1z Lóp,;.z.
En todo espíritu, aún en el más gastado. puede encvntrarse una virginidad. Cada alma es como un ¡¡.
b:o? que no tiene todas las páginas abiertas. Esa vir~midad en la Lucrecia Borgia de la leyenda florentma, es el amor de madre. El corazón es á manera de
una casa que tiene muchos locatarios, todoa suben
por la misma escalera y transitan por los mismos corredores. Algunos se conocen, otros se saludan muchos no se han visto nunca.
'
MANUEL GUTIÉRRRZ

NÁJERA.,

�256

Domingo 25 de Septiembre de li919

EL MUNDO

Domingo~ de Septiembre de 1898

257

EL MUNDO

DE,Mf\Slf\DO Tf\RDE
NOVELA ORIGINAL DE H. DU PLESSAC.
ILUSTRACIONES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES.-VERSlON ESPAÑOLAD.E 11EL MUNDO ILUSTRADO"

Número 2
Todo esto fué dicho li.geramente, con ur. acento musical que daba sabor particular al lenguaje
de la amable joven, con
esa gracia regocijada
-que es la más involuntar
ria pe.ro la más peligrosa
.. :;.'6 ;_. . . +,
··~
&lt;.le las coqueterías.
'
Silvia t-ri,. ante todo
una amable scftora de su
,casa; había observado
que la víspera, el calor
con que acogió á Leotardy, había apenado al
Coronel interrumpiendo
-su entrevista cuotidiana,
pero ni un instante supuso que la frialdad y
Ja partida precipitada
de su amigo, hubieran
sido motivadas por un
arrebato de eel0s, sino
&lt;¡ue 1as atribuyó á simple disgusto éontra unim•
portuno.
La viva 11f•cción del
-sefior de V1::raz no era un
misterio para ella, que á
su vez se sentía agradecid11 y contenta. ¿Qué
mujer hay que no conozca elimperioqueejer,ce sobre un hombre y
qi...e no se sienta un poco orgullosa cuando lo
debe úniC11mente á simpath expontánea y no á
maniobras calculadas?
Pero Silvia no veía en
sus relaci.mes con el Coronel, más que una reciprocidad de adehesiún
francá, á la cual la diferencia tle edades daba
como un reflejo de la
afección paternal, y que
tenía también ese sabor
sutil esencialmente inocente y puro, especial á
la amistad entre personas
de sexo diferente.
Nunca había ido más
allá su pensRmiento en
el análisis de estos sentimientos, y por eso venía como amiga, con la
intención de borrar una
impresión desagradable
sufrida por su amigo.
¡Cuán lejos estaba de
figurarse que en el momento de su entrada, el
Coronel ensayaba la
apasionada declaración
que se proponfa hacerle¡
El seilor de Veraz comprendió que aquel no era
ni el lugar ni el momento de realizar su plan, y
aplazándolo para después, se entregó alegremente á la buena fortuna que le caía del cielo.
Silvia iba y venía por el salón sin ceremonias,
lista y risuef!.a mirando todo, tocando todo, preguntando respecto á todo.
·
- ¡Qué linda está su casa de usted! exclamó.
¡Qué bien arreglada! Esos libros, esas armas,
ese balcón lleno de flores. . . . . . ¡Y las espadas!
¿Esta grande es la de usted? En enántas batallas habrá brillado! Y aquí. ... el rincón de los
poetas. A ver: Musset, Gauthier, Coppé, Sully,
Prudhome, Banville ... . Ah! hipocritón! No me
había usted dicho que tenía una pasión secreta.
Justamente mis autores favoritos! Leeremos un
rato todos los dias, ¿quiere usted?
El seilor de Veraz ya ni siquiera se acordaba
de que al instalarse en la c~lle de Vavin había
j11rauo que ninguna hija de Eva franquearía sus
dinteles de solterón empedernido, y como no es·

.

Za reina Guillermina

ae }{olanaa.

Fotografía tomada el dia d~ su coronación,

lo respeto como la más
tierna de las hijas al mejor de los padres, y hace mucho tiempo que en
mi cori,zón no le doy
r
,.
otro nombre. Usted remplaza para mí al buen
..,
padre que he perdido,
único entre los níos que
me ha amado verdaderamente.
Al oír esta declaración
hecha con voz conmovida; el Coronel sint!ó
palidecer sus mejillas y
humedecerse sus. ojos.
Era de dicha? Era de tristeza?
-Ahora, ali.adió la joven sonriendo de nuevo,
ya le dije á usted bastantes ternezas y ha llegado el momento de reftirle un·poco ...... Qué le
sucetlió á usted a y e r
cuando Pntró mi buen
Leotardy?. Puso usted
una cara! ....
-Confieso, sefiora ....
-Déjese usted de tratamientos y M bleme llanamente, puesto que me
he declarado su hija.
Me llamo Silvia. Trate usted, seftor, detenerlo muy
presente para lo sucesivo.
-Silvia es un nombre
lleno cte graci11., pero...
-Pero ridículo, verdad? Soy dela misma opinión, pero ¡qué quiere
usted! no fui yo quien
me bauticé. Bueno, pues
seré Silvia para todl)s y
para usted, sólo para
usted, Gabriela. Pero no,
también Jacobo me dirá
Gabriela cuando venga.
Mientras así parloteaba la bell11. joven, el Coronel fué al balcón, trajo un montón de flores
y lo entregó á GabrielaSilviil.
- Qué amable es usl ted y qué flores tan ex~
, quisitasl -dijo ella. PeronoheaLcabadomi cuen, ! to de
eotardy. Creo
.,
_"~".:.,,,. •.···· _-..,,,._ _
que ese amigo no le es á
,
. usted simpa:tico y quie. ·· · ,,,.
·.
J ro que al fin lo sea. No
"'
· - ·
1
tiene, es verdad, la na...,______--"-_j turaleza fina y aristocrática de usted, pero
qué corazón! elmejor quetaba acostumbrado á la presencia de una mujer, hay en este mundo, sin contar el de usted por supermanecía extasiado ante é3ta que mariposea- puesto. Ya he dicho á usted mucha&amp; veces las
ba iluminando su hogar solitario, y llenándolo tristezas de mi hogar .... Pues Leotardy ha sido
de un p13rfume superior al de las flores.
mi único sostén, mi único defensor, mi único so-Ah! aquí están los retratos de familia. Esta corro. Su mujer era desde la infancia mi mas
sef!.ora de fisonomía tan dulce, de seguro que es tierna amiga. Dios se la llevó hace dos ailos. Era
la mamá de usted. ¿Y esta otra quién es?
demasiado perfecta para la tierra. Leot~rdy es
-Una hermana mía que murió ya.
quien ha dirigido mis tristes asuntos financieros
-¿Y este hermoqo oficial? ¡Qué aspeeto tan y quien me buscó y encontró las ;ecciones de
simpático y tan tierno eli medio de su vigorosa piano que me hacen vivir. Estos son, Coronel,
energía! Apuesto A que es Jacobo, de quien me los lazos que nos unen: quiero que usted los coha hablado usted con tanta frecuencia.
nozca para que lo estime.
-Precisamente.
-Lo estimaré, dijo el Coronel con entusiasmo.
- Pues bien. Dígale usted que hay una mujer
-Gracias á Dios! Créame usted .... mi corarétirada del mundo que lo encuentra encantador, zón cerrado para siempre á todo otro sentimieny que le aro'.!. de antemano por gratitud al amor to, es bastante amplio para encerrar dos grandes
que él le tiene á usted.
amistades: la de Leotardy y _la de usted. . . tres
-Pues me quiere usted un poco? -preguntó el acaso, puesto que pronto conoceré á Jacobo.
Coronel que estaba á punto de perder la cabeza.
Y la inocente sirena se levantó pretextando
-A usted?-dijo la seilora de Letellier po• que ya era demasiad? tarde, por más que el Coniéndose seria de improviso.-A usted lo amo y ronel hacía esfuerzos para retenerla; y al llegar

...

J

�258

su amiga con rasgds tan encantadores, que el
joven oficial había sonreído con incredulidad, y
la hacía tan peligrosa:
-Ayer vió usted que mi hermano Leotardy á no ser por la edad y los principios que tanto
me saludó cQn un beao. Mi papá Veraz ¿no me le reconocía, habría adivinado al través de tan lí·
despedirá besá.ndome también?
· ricos transportes, lo que no era sino demasiada
La visita de la señora de Letellier produjo en verdad; y en cambio la se:liora de Letellier attiel veterano efectos múitiples y contradictorH:&gt;s. buia á apasionamiento senil los retratos exage•
Si no hubiera hablado tantas veces y con tanta rados que de Jacobo se le habían hecho; pero
insistencia de lo filial de su cariño, el Coronel cuando uno y otro se hubieron visto, tacharon
habría sido el más dichoso de los hombres, por- in mente de pálidos é incompletos los relatos del
que su actitud, su lenguaje y sobre todo su visi- Coronel. Y cuando después de verse se hablaron
ta, habrían parecido ocasionados á autorizar to- estos dos seres igualmente jóvenes, bellos y nodas las esperanzas. Pero cada vez que el seil.or bles, y se reconocieron como hechos de una misde Veraz intentó abrir la boca para ponderar el ma naturaleza, su simpatía recíproca brotó tan viardor de sus sentimientos, Silvia, como por in- va como instantánea.
Jacobo de Baillet podía pasar por un tipo de
tuición, le había traído con una palabra al papel
impuesto por su edad. Esa intimidad le había al belleza masculina á la par enérgica y dul~e. Almismo tiempo encantado y desesperado por su to de talla, ancho de espaldas y proporcionado
libertad misma, probándole que la joven no le como un modelo, representaba la potencia y la
consideraba peligroso y le trataba, en é!fecto, ce- fuerza adiestra&lt;las por los ejercicios corporales
roo á un padre. Es verdad que ella le pedía amor, en que era maestro. Su cara tenía un atractivo y
pero al mismo tiempo le señalaba límites tan pre• una gracia que habrían sido propios de una fisocisos, que intentar sobrepasarlos, podría ser muy nomía femenina sin una arruga que le surcaba la
bien peligroso pnra las relaciones que aún así frente dando inc!icios de voluntad reflexiva y
firme. Sus grandes ojos, inundados por lo común
formaban su ventura.
·
La timidez que parece ser condición de los de un reflejo de ternura, lanzaban por momentos
enamorados adolescentes, no es en ellos tan gran• ráfagas de una autoridad sin du.reza, pero revede y tan viva como lo era en este apasionado ladora del hombre y del jefe.
Bajo el bigote fino y poblado, una sonrisa fretardío. Al temor que se apodera del corazón
cuando va á arriesgar su confesión primera, se cuente y cautivadora mostraba la doble fila de
unía en este caso el horror al ridículo. Y más blanquísimos dientes que una mujer envidiaría
dispuesto A exagerar que á atenuai: lo que cono- y que iluminaba su semblante con un reflejo de
cía ser su lado flaco, el pobre Celadón retirado, juventud y de frescura.
creía estar oyendo siempre la carcajada en que
estallaría la viuda al momento en que le confesara la clase de su ternura y de sus esperanzas.
En otro tiempo se le había referido la historia
de una gran coqueta que, cuando un viejo como
él se arrodilló y le declaró su amor, ella Je contestó sin turbarse: «Diré á. usted que sí, siempre
que se levante de un solo impulso y sin apoyarse
con las manos.» El Coronel sabía bien que en
caso semejante él no podría evitar la intervención
de las manos.
·
De consiguiente, su vida pasaba en el período
que siguió á esta visita, en decirse por la mañana: «lo que es esta tarde le hablo,» y en decirse
por la tarde: «ahora no le hablé, pero lo haré
ruafl.ana.» Y esperando la amaba más cada día, y
t&amp;mbien sufría más en medio de una intimidad
creciente que llenaba su vida á la vez de felicidad y de amargura.
Derrepente una claridad vino á ilum,nar este
cielo que estaha ya algo sombrío: Jacobo anunció que iba á venir á París con licencia de un
mes, y el Coronel dió tregua á sus preocupaciones íntimas preparándose á recibir al que llamaba su hijo y amaba como si en efecto lo fuera, y
la señora de Letellier verdaderamente contenta
se asoció á esta dicha. ¡Qué buenas fiestas iban
á tener todos juntos! ¡Qué agradables paseos!
Irían á los teatros, irían á correr al campo en esEn lo moral se le podía pintar con una sola
tos días de Junio tan propios para tales correfrase,
la que respecto á él había puesto el Inspecrías, y se pas1;1rían la gran vida. Para todos iba á
ser un período de vacaciones impacientemente tor general en la última Revista: oficial modelo.
esperado, y Leotardy mismo se mezclaba á estos Su naturaleza debía calificarse lo mismo; su inproyectos uniendo el empuje de su iniciativa, no teligencia valía tanto como su corazón y su recsiempre de un gusto perfecto, pero tan franca y titud igualaba á todas esas otras cualidades. Las
á veces tan graciosa, que hacía al Coronel olvi- mujeres le admiraban con entusiamo y los homdarse de su gravedad y borraba los restos de bres le en envidiaban sin celos.
Al caer la tarde, Jacobo dando el brazo á Silrencor que pudiera guardarle en el fondo de su
via por privilegio de recien venido, atravesaba el
corazón.
Jacobo llegó por fin en una tarde radiosa que Luxemburgo seguido del Coronel y de Leotardy.
por su esplendor parecía tener una atmósfera de Iban á comer juntos á una fonda y los transeunventuras. Cuando el Coronel vió rellllidos en su tes se detenían para admirar esa pareja que
salón á la mujer á quien rodeaba de verdadera marchaba á la luz apacible de la tarde esparcienidolatría, y al joven oficial á quien ninguno po- do un ambiente de belleza, de juventud y de
día ver sin afecto y que tanto había amado siem- amor.
-Qué buen matrimonio harían los dos! dijo
pre, y vió como fondo de este cuadro las frondas
del jardín tan gratas y conocidas irradiantes de Leotardy al Coronel, senalándoselos con la mano.
El señor de Veraz sonrió orgulloso del elogio
luz y de alegría, fué presa de tal comoción, que
tuvo que refugiarse á un balcón para ocultarla. que se hacía á sus dos preferidos y, penetrado inEstaba en uno de esos momentos raros dela. vida conscientemente de una idea análogit. Luego in-en que parece que el corazón va á estallar por clinó la frente ensombrecida por una nube y sintió que su pecho se oprimía bajo el poder de un
exceso de dicha.
La seil.ora Letellier y Jaco bo, al verse por pri- inexplicablfl sentimiento de angustia.
A media comida, Silvia plenamente feliz con
mera vez, sintieron una profunda impresión; y
como sus caracteres eran igualmente francos y sus amigos y deJando desbordarse en arrebatos
expansivos, pronto reinó en su conversación la de regocijo su naturaleza exhubP.rante y radiosa,
mayor cordialidad, sin embargo de que los dos exclamó:
-¡Cómo, Coronel, no está usted muy contento
en el fondo de su pensamiento, tenían algo de
al
verse rodeado de su hijo y de sus amigos!
escepticismo con relación á los elogios entusias-Querida nin.a, respondió el se:lior de Veraz
tas que á cada uno había hecho del otro el Coroun tanto melancólico: la dicha extrema produce
nel de Veraz.
Eu sus cart;ts á Ja'!obo el veterano pintaba á algunas veces efectos de tristeza en los que desá la puerta se detuvo y dijo con ese candor que

!

1

Domingo 25 de Septiembre de 1898

EL MUNDO

cendemos por la pendiente de la- vida. La felicidad completa no corresponde sino á la juventud,
porque para ser completa necesita de las esperanzas que no forman parte del caudal de los.
viejos.
-¡Viejo usted! exclamó Leotardy. En ese cesoes usted un viejo joven.
Y tomó con alegría su copa de vino.
VI
Al cabo de algunos días, la vida de trío que
Leotardy transfol'maba algunas veces en cuarteto, quedó organizada del modo m!\s íntimo y· fa•
miliar. Por la mafiana cada cual se ib1;1 á sus negocios y luego se reunían en una fonda escojida.
de antemano, ó se volvía á almorzar en la casa
del Coronel. Después de comer se perdían en larga3 conversaciones ó se absorvían en alguna lectura elevada, iban á pasear juntos al jardín ó al,
teatro de la Opera; preferido por las aficiones
musicales de los dos jóvenes.
Esta vida patriarcal P,ra justamente la sonada.
por el viejo veterano desde el día en que habiendo visto claro en su conciencia, tomó su resolución. Esta intimidad sencilla era el preludio desu futuro bogar. En casa. del Coronel, Silvia parecía estar en la suya propia, organizaba, dirigía, mandaba y un día dejt~ con una frase encantado al Coronel:
-Mejor quedémonos aquí, en c11sa, dijo en momentos en que se discutía la elección de fonda.
En ocasiones el Coronel cerraba. los ojos y leparecía su sueno convertido en realidad y murmurn ba pensando en Silvia y Jacobo. «Mi mujer~
mi hijo.»
Y cuántas veces, solo en su balcón, se senth
atacado de profunda melancolía! Sus ojos perdidos en el vacío de la noche no se fijaban en na&lt;la.
y sufría de un mal indefinible, escapándosele
suspiros al oír en los murmullos de la brisa algo
que parecía decirle: derl}asiado tf;u·de.
Oh! la juventud! ¿Qué había hecho de la suya?
Corazón sentimental y tierno se había gozado en
renegar del amor y ahora se doblegaba bajo su
ley. Tod) cuanto aspiraba á realizar ahora, en
los dinteles de 111, vejez, habría podido conseguirlo en la primavera de su vida cuando estaba el
universo al alcance de sus manc,s. ¡Qué no habría.
dado por volver á aquellos días venturosos! Su
pasado de esperanzas, fuerza y vigor, le venía á
los ojos en Jacobo que ahora rebozaba en toda
suerte de energías juveniles. Y gozaba como padre afectuoso viendo este árbol en plena floración y sintiendo cierta envidiosa amargura.
¿No le había sucedicto días antes, sentirse fa.
tigado en un paseo cuando Silvia y Jacobo querían teda vía prodigar su actividad en una nueva.
correría? Ya desde la época del regimiento venia.
observando estas diferencias de vigor entre Jacobo y él, pero ahora su inferioridad apareciendo delante de la mujer amada, y el temor de una.
comparación posible, le espantaba en secreto como espanta todo aquello que puede comprometer la ventura esperada. ¿Estaba pues, celoso de
Jacobo? No: ¡qué horror! Su espíritu rechazaba
como criminal la sombra de semejante pensa•
miento.
Además, Jacobo no daba motivo de sospechas.
pues nunca vefa á sulas á Silvia~ y las relaciones
entre ellos, fáciles y sencillas, no sobrepasaban
los límites de las conveniencias entre jóvenes de
la misma edad y se encerraban en los sentimientos de amistad profunda que el senor de Veraz.
había querido despertar en ellos.
Esto demuestra que se puede ser la franqueza
misma como lo el'a el Capitán, que puede uno
amar á su Coronel y protector con todo el corazón como él lo amaba, yal mismo tiempo ocultarle
el secreto más íntimo del alma. Si el sefl.or de Veraz hubiera preguntado á Jacobo: «Amas á la
seflora de Letellier,» él no habría vacilado para
responder: sí. Pero no le había hecho tal pregunta y nadie en el mundo sospechaba que el joven
oficial estuviera como estaba locamente enamorado de la soflada esposa de su protector.
Al fin lo que fatalmente debía llegar, llegó.
Desde que Jacobo conoció á Silvia se conmovió
y hora por hora esta conmoción sehabíaidocam:
biando, en ternura primero y luego en pasión.
Las naturalezas de ambos tan nobles y tan semejantes estaban hechas para comprenderse y unirse
primer contacto y eso había sucedido, porque
s1 Jacobo amaba á Silvia en silencio ella adoraba
tam~ién á Jacobo. Su corazón, que juzgaba muer-

ª!

Domingo 25 de Septiembre de 1898

to, había bruscamente despertado de lo que no
era más que u11 adormecimiento pasajero y palpitaba más ardiente que nunca, con toda la energía de su vigor recobrado. Esta mujer tan recta
y tan pura no había intentado ni engaliarse á si
misma ni luchar contra el sentimiento que se le
imponía como amo absoluto, y amaba á Jacobo
con toda su pntencia de amor, sin calcular nada,
sin esperar nada, sin saber siquiera si estaba correspondida y entregándose sólo á la dicha de
amar.
Tocaba ya á su término la licencia de Jacobo
y aquellos dos niños grandes no habían cambiado una palabra, una mirada, un apretón de mil.•
nos más íntimo que de ordinario y que les hubiera revelado su secreto. Una tarde, mientras
Jacobo cantaba una romanza acompanado al pii.no por Silvia, alguien vino á llamar al Coronel
en nombre de un amigo que le necesitaba para
un negocio Ul'gente. Calló Jacobo apenas había
salido su prutector pero quedó de pié junto al
piano en tanto que Silvia, presa de una emoción
súbita, bajó la cabeza dejando correr vagamente
sus dedos por el teclado.
En medio de este silencio que era ya una confesión, Jacobo, presa de deliciosa embriaguez Sd
inclinó y depositó un prolongado beso en el cuello de la joven. Ella no se alarmó ni intentó defenderse contra esa caricia, y cuando alzó la cabeza tenía la boca sonriente y los ojos húmedos.
Luego se levantó, tendió al oficial ambas manos
y permanecieron allí perdidos en una mirada de
infinita ternura sin decirse una sola palabra.
Sus corazones acababan de desposarse.

VII
Suele ocurrir aún en los temperamentos menos
nerviosos una cosa singular; aunque nada en los
acontecimientos sucedidos sea ocasionado á inspirar tristezas, se levanta uno con una infinita
sensación de melancolía que abate hasta en lo físico. Por una indescifrable presciencia magnética se siente con convicción, que no pasará el día
comenzado así sin que un acontecimiento imprevisto y doloroso venga á. cambiar el curso de la
vida. ¿Qué desgracia me sucederá hoy? Esta es
la pregunta que se hace uno con una angustia
secreta que no tiene razón aparente y es raro que
este presentimiento siniestro no acabe confirmándose con los hechos.
El sefl.or· dtl Veraz dos ó tres veces en la vida
había sentido ese espanto instintivo que luego
quedaba justificado. Cierto día, la muerte de un
amigo muy querido; otra vez una grave herida
recibid&lt;t en circunstancias que no presentaban peligro: pero nunca había probado como ahora este sentimiento y en vano trató de auyentarlo distrayendo su espíritu. Sus poetas preferidos perdieron el encanto y la vista de sus árboles le pa·
recia importuna. Todo le hacía involuntariamente temblar, hasta el ruido de una puert1;1 que se
abría y le parecía que por esa puerta iba á penetrar el infortunio.
Jacobo había salido á caballo con un amigo, y
el Coronel, aunque lo conocía como un equitador
consumado, fué presa de uno de esos terrores infundados y locos que las madres sienten algunas
veees. Le parécía que hasta el relox retardando
su marcha aumentaba su inquietud, cuando al
fin oyó en la calle el ruido deseado, se asomó al
balcón y vió á Jacobo que saltaba ágilmentfl del
caballo á tierra despidiéndose de su amigo. El
Coronel tuvo un suspiro de alivio. No era esta
todavía la d-esgraeia!
El oficial llegó radiante, lleno de la satisfacción de un largo y agradable paseo, pero lleno
sobre todo con la alegría de lo que le había pasado la víspera.
- Buenos días, padrino, dijo alegremente.
El Coronel sonrió olvidando casi sus presentimientos.
En esos momentos José trajo una bandeja, copas y una botella de vino Madera; el coronel sirvió galantemente á su ahijado y este dando punto á su ordinaria alegria, encendió un cigarro y
dijo con voz grave:
-Padrino, tengo que hablará usted de una cosa . ... mt1y seria.
-Te escucho, hijo mío, contestó el Coronel in•
Yoluntariamente turbado.
-Padrino: conocíendo la afición que tiene usted á la carrera militar y su decisión por el celibato, tiemblo al hacer mi confesión .... Amo apasionadamente á una mujer y quiero casarme con
ella.

21&gt;9

EL MUNDO

El Coronel supuso de pronto que Jacobo había de su propio tormento! Cruel ironía! A él le todejado por allíL en los pueblos del l~ste, donde caba irá pedir oficialmente esa mano concedida
había estado de guarnición, alguna novela, y no ya por el amor, esa mano tan deseada para sí
se alarmó porque conocía los sentimientos de J a- · propio. Todos los repliegues de su pensamiento
cobo y sabía que su elección no podría ser dispa- eran sangrientos y dolorosos. ¿Podría ni aún
aceptar la idea de una rivalidad imposible cuanratada.
-Amigo mio, contestó. Aquí no hay Coronel. do el rival era su hijo? Ah! por qué oo h1;1bía seHablas con el sefl.or de Veraz y te confesaré á guido en el servicio para vivir y morir entre sus
mi vez que mis ideas sobre ese punto han cam- hú3ares!
Su dolor llegó á tal punto, que la idea del suibiado. Despué3 que dejé el regimiento que era
mi familia, me he sentido muy solo y he compren- cidio le vino como única solución, pero esta misdido los encantos de un hogar que la mujer ilu- ma idea le devolvió las fuerzas y lto ayudó á l'e•
mina con sus sonrisas y los chiquitines alegran hf:lcerse. El suicidio .... nunca! Poner una mancon su parloteo. Así, pues, en principio, no desa- cha de sangre en los dinteles del paraíso que acapruebo tu proyecto y te confesaré á mi vez (ana- baba de abrirse para los dos únicos séresá quienes
dió contento de poner un puntal á futuras confi- amaba. . . . ¡Qué vergüenza y qué monstruoso
dencias) que yo me pregunto á veces si no haría egoísmo! ¡Qué cobardía la de huir del sufrimienbien, aµesar de mis aflos, asegurándome una di- to y desertar del combatd
Su antiguo pundonor militar se irguió ante él
cha aunque ya para eso sea demasiado tarde.
-Nunca es tarde para el bien; y estoy encan- grave, 11ustero é inmaculado. Adelante, Coronel
tado de esa conversión, preludio de la aproba- ae Veraz! Un soldado debe permanecer firme en
ción que sin duda me dará usted cuando conoz- su puesto aún en medio del desastre y C!ler col!
la frente alta por la nobleza del sacrificio.
c:1 mi elección.
Su cara por donde corrfon aún gruesas lágri-Habla, mi querido Jacobo.
-La que amo, no tiene bienes. de fortuna pe• mas, tomó por un supl'emo esfuerzo de la volunro es de familia distinguida que es lo esencial, y tad una expresión tranquila; y cuando algunos
además no hay una perfección física ó moral que instantes después entró al comedor donde todos
le falte.-¿Para qué describir sus cualidades si ruborosos y turbados lo esperaban Silvia y Jacousted la conoce tan bien como yo, puesto que á bo, sin que nada hiciese sospechar las tempestades de su espíritu, dijo sonriendo:
usted debo la dicha de haberla conocido.
- Vamos, hijl-S míos. . . . á la mesa. ¡Tengo
-Entonces es .... dijo ansioso el Coronel.
una hambre de los demonios!
-La señora de Letellier.
El señor de Veraz recibió el golpe cu pleno
pecho, pero como verdadero soldado: sin pestaVIII
fl.ear. Nada en su ros.tro tradujo el espantoso dolor que le barrenó las entrañas. No wás un insA partir de este momento el Coronel subió su
tante permaneció silencioso porque la voz no calvario sin vacilar. Eise día, conforme lo había
podía salir de su garganta anudada, pero luego prometido hizo la demanda oficial y su conmodominó esta debilidad con un esfuerzo enérgico ción en este acto quedaba bien explicada por el
y prosiguió con entonación grave pero tranquila. amor que tenia á Ja0obo. Involuntariamente y
-Así pues: tú amas á la se:liora de Letellier. por una amarga travesura de su memoria, las
-Con toda mi alma.
frases que vinieron á sus labios para habl!lr á
-¿Y ella?
Silvirt del amor de Jacobo y pedirle asegurara su
-Me ama como yo.
dicha, fueron las mismas que en sus suenos pa·
-¿Se lo han dicho ya los dos?
sados se había propuesto decirle por cuenta pro-Ayer por la vez primera y mi inmensa dicha pia.
La respuesta dela señoraLetellier fué la que de•
será mayor si aprueba mted nuestros proyectos.
El Coronel hizo un llamamiento á todas sus bía ser viniendo de esta mujer sincera, expansiva y
fuerzas y contestó:
amante. La situación un poco anormal en que se
-Lo apruebo .... No podías haber elegido hallaban desde t:l principio de sus relac:ones, lemás perfecta criatura, y mi corazón, de padre pa- jos de las reglas estrictas de la etiqueta mundara losdos, está seguro de que serán felices. Cása• na facilitó
confesión clara de su ternura arte, haces bien no dejando pasar el tiempo co• diente hacia el joven oficial, y fué dado al Coronel oír de aquella boca encantadora palabras de
roo yo.
-Pero hace un momento decía usted ....
amor, promesas de adhesión, segul"idades de di-Una locura. A mi edad ne debe uno pensar cha siu término, amor, adhesión, seguridades que
en esas cosas .... es demasiado tarde.
en otro tiempo él había esperado ¡ay! y que ya
-Usted es mi padre. ¿Quiere usted hacer á no eran para él.
Aún en medio de la descepcion más cruel, el
Silvia la petición oficial de su mano para mí?
hombre que todavía está joven y cuyo amor es
-La haré hoy mismo.
Jacobo se levantó profundamente conmovido rechazado ó no comprendido, guarda inconscieny se al'rojó en brazos del Corouel y sintió de temente una luz que le consuela y reconforta en
pronto que el pecho vigoroso en que apoyaba su lo int:mo: el ma.lla11al La vida está frente á él y
poi· mucho que entonces le parezca sombría y
juvenil cabeza, estaba agitado por los sollozos.
-Oh! padrino . .. . ¡Cuánto me ama usted! gri- desencantada, á despecho de su dolor y en un
repliegue secreto de su corazón, permanece esa
tó Jacobo conmovido hasta el alma.
-Más de lo que te imaginas, respondió el Co- fuerza suprema que es la esperanza. A la edad
del Coronel ya no hay «mañana» ni «esperanza»
ronel con voz trémula.
Pero como había llegado al límite de su resis- y el ensueño que se va es el últim0, y el rayo
que se apaga no será ya reemplazado por otro
tencia agregó:
-Vete, Jacobo; estoy un poco conmovido .... alguno.
Y hay que dará la vida el adios definitivo.
Este acontecimiento tan inesperado .... Quiero
Ni un momento, sin embargo, se debilitó el Coquedarme solo un momento. No tardo en reunirron~l en .su.actitud enérgica y tierna, y había mome á ustedes.
Cuando Jacobo, que nada sospechaba, salió, el mentos en que hallaba en su cariil.o á Jacobo y
Coronel corrió el cerrojo de su puerta y se arro- en su a.mor á Silvia, no solamente fuerzas, sino aljó en una silla cerca de su lecho, y hundiendo la go como la amarga alegría de inmolarse.
Con todo y eso el hombre es hombre al fin, y
cara entre los cobertores para no ser oído, este
valiente tuvo su hora de debilidad y dejó gritar cuando terminado el día en que se hicieron las
á su desesperación. Todo se había hundido en proposiciones del matrimonio, se encontró solo
torno suyo, toda dicha se babia hecho imposible frente á sus libros que ya no le hablaban al espara siempre. La mujer querida le era arrebatada píritu y frente á sus Arboles cuyas hoJas tostadas
por ese hijo á quien, feliz de formarlo, había ro- por el sol, empezaban á caer, una lasitud supredeado de la más tierna solicitud. La felicidad con ma le entró por el corazón y sintió un arrebato
que tanto había soñado y que ya había creído rabioso de dolor, porque no había conocido el
poseer, no solamente se le escapaba para toda la amor sino para sufrir.
Jacobo tuvo que volvPr á su regimiento pero
vida sino que tendría que sufrir el martirio de
ver que otl'O la gozaba ante sus ojos. ¡Qué supli- venia todos los sábados para pasar treinta ó más
cio iba á comenzar para él desde esta hora en horas con su novia y con su padrino.
Oh! esas visitas esperadas por la mujer tan
que en su libertad alegre estos dos nifios enamo.
rados y sincerus, creerían regocijarlo en sus afec- amante como amada y acogidas con la vivacidad
ciones paternales,. haciéndolo confidente de la de su carácter y el ardor de su ternura, eran paternura que se profesaban! ¡Y él debería sonreír ra ellos deliciosas. Y durante las separaciones
¡qué grata correspondencia de :a que Silvia, queá este espectáculo que le desgarraría el alma y
debería sin cesa1· ser el agente y el preparador riendo halagarlo, le leía al seilor de Veraz los pa-

1,

•

�260

/',

EL MUNDO

sajes mts tiernos! y también toda ruborizada,
le callaba algunas frases, omisión que era un
golpe más para el corazón mártir del pobre con
fidente.
Cierto día Silvia eseribió á Jacobo una carta
en que se sintió tan inspirada, tan impregnada
de poesía, que en arrebato af~ctuoso h'lcia «el
buen padre» vino á ensefiársela entera, himno de
amor con que cantaba en la plenitud de la dicha
el corazón más tierno y más apasionado. J,as
lágrimas saltaron á lns ojos del Coronel. Una
carta así habría querido recibir!
Entre tanto las cosas sEguían su curso. Casi
diariamente iba el veterano al Ministerio de la
Guerra para apresurar las formalidades previas
al matrimonio de su ahijado, al través de la complicllda red de la burocracia militar. Adem,s hacía compras para la instalación del nuevo hogar,
algunas veces acompañado de la joven, y cada
detalle que habría podido ser sí de sí propio ó se
tratar11 motivo de una gran alegría, s ~ convertía
en un suplicio horrendo.
Era también preciso pensar en ciertas cueitiones materiales. Cierto que Jacobo era rico, pero
Silvia no tenía nada, ni aún la dote reglamentaria exigida ~ara la mujer de un oficial. y el Coronel pudo observ,.r que este pensamiento era la
única nube que solía enlutar la frente de la novia. Se vió entonces que el señor de Veraz salía
todas las mañanas sin avisar donde iba y llevando papeles bajo el brazo. El correo trajo cierta
vez á la sellora de Letellier una carta de un notario en la que le suplicaba pasara á su estudio
para negocios que la concernían.
Allí se la dió á conocer una acta por medio de
la cual el Coronel le hacía donación inmediata de
la cantidad exigida para su dote, y además, para
después de su muerte la instituía heredera universal de todo cuanto poseía.
Qué bella sería la vida si encerrara solamente
alegrías tan elevadas y puras como la, de Silvia
y Jacobo y dolores tan nobles y tan Vlllientemente soportados como los del Coronel! No habría en la tierra más que corazones delicados y
correctos.
Cierta ocasión recibió el Coronel una carta firmada con un nombre ilegible y en la que se le felicitaba por haber flabido desembarazarse de un
enredo importuno á la larga y haber asegurado
hábilmente el porvenir de la persona querida casándola con su ahijado que era bastante rico. E3. te, decía la carta, era verdaderament..J un golpe .
maestro. Se le aconsej11ba no mas en 9interés de
la paz del matrimonio, y eso porque el joven ·
cficial podía ser menos tolerante que su padrino,
que alejaran á un tal Leotardy predecesor de
ambos en la posesión de las gracias de Silvia.
El Coronel despedazó con disgusto el infame

Domingo 25 de Septiembre de 189i

de improviso, y desde el día siguiente la vejez
empezó; y quien había sido centro de todos los
vigores, no quedó más que para esperar el momento último y deseado.
¡Adios libros amados! ¡Adios encanto penetrante y dulce de los árboles vecinos, confidentes
en otros tiempos de sus esperanzas que se ~eshojaban como ellas al impulso del Otollo, baJo un
cielo sin sol!
El Coronel no salía casi. Alguna que otra vez
llevaba por el Luxemburgo sus pasos tardos y pesados, y contemplaba con mií·ada mel~ncólica las
parejas regocijadas que_ caminaban t1~rnamente
unidas y que hacían vemr á su memoria aqµellas
dolorosas palabras: demasiado ta1·de,
.
-Cuánto desmPjora ese pobre de Veraz, decu.
cierta vez acabando dd separarse de él uno de
sus antiguos camaradas en el Círculo Militar.. Y
no está tan viejo, pero con su naturaleza activa
IX
es la falta del servicio lo que lo mata. Asi nos paEl matrimonio se verificó al fin, pero modes- sa á todos. P11N qué diablos dejó su regimiento?
tamente y sín ruido. El Corc,nel era uno de los· tenía allí toda vía p11ra muchos aflos ....
testigos de su ahijado y Leotardy uno de los de
Tres meses después de su casamiento, Jacobo
Silvia. La Vi8ible . emoción del Coronel no sor- que estaba un poco inquif:t&lt;'. porque ya pasaba~
prendió á nadie porque se sabía cuanto amaba á días sin que tuvieran noticias del Coronel, reciJ acobo y muchos tenían conocimiento de la afee• bió unll carta del ordenanz&gt;1, en que le hacía satuosa amistad que lo ligaba con la desposada.
ber que su padrino estaba muy enferm.,o, y que,
Terminada la comida íntima que siguió á la aunque había mandado que no les d1Jera nada,
ceremonia, necesitó de todo su valor al despe- por aeuerJo del médico, les indicaba la convedirse, diciendo mientras un aturdimiento le obs- niencia de que ni un momento más retardaran su
Cll!'ecía el cerebro:
regreso á París.
-Que sean ustedes .muy felices, hijos míos.
En el acto se pusieron en camino; pero como
, En medio de su dicha, y dirigiéndose á la e~- si la misma palabra debiera pesar hasta el fin sotación del ferrocarril para su viaje de novios, los bre el infortunado Coronel, cuando ellos llegaron
aleg¡•es jóvenes no se fijaron en el tono grave y era ya demasiado tm·de.
dulce como una bendición con que fueron dichas
Cuando el tren en que vinieron entraba en la
estas palabras, últimas que debían oir de la boca estación de Parü, el sellor de Veraz se extinguía
del honrado y noble Coronel.
dulcemente sin sufrimiento visible, como una
Solo ya en su casa frente al espectro amena- planta á la que el sol no calienta ya.
z~dor de la vejez, al que sólo el amor podría ha- ..
Enfermedad de consunción, decían los médiber detenido en su marcha, el seflor de Veraz es• cos· enfermedad del retiro decían los viejos catuvo paseando largas horas por el salón que le ca~ar11das, enfermedad de amor tardío, esa fué
parecía inmenso y vacío. Fué luego al departa- la que lo mató.
mento antiguo de Silvia donde todos los muehles
Cuando Silvia se aproximó al lecho de muerte
empacados estaban listos para ser llevados fue- de su amigo, observó que con una de sus manos
ra de allí, y en el que nada le traía á la imagi- apretaba contra el pecho un objeto que colgaba
nación la presencia querida y la vida de otros de su cuello sostenido por una cadena de oro.
dias.
Dulce y piadosamente Silvia apartó los dedos toSilencio nada más .... silencio, soledad, aban- davía flexibles, y vió el relicario qne contenfa un
dono y muerte.
retrato de ella en miniatura obsequiado al CoM' Sentado sobre una caja, en· la que había sido nel el día de la boda.
a~coba de la sellora Letellier, el Coronel pasó una
Entonces de improviso Silvia comprtmdió.....
gran parte de la noche perdido en vagos ensue- y después de haber posado con unción sus iabios
llos, casi inconsciente. De tiempo en tiempo veía en la frente del pobre muerto, se arrodilló y estula hora en un pequello reloj dejado por olvido vo llorando largas horas.
sobre la· chimenea y un suspiro involuntario se
le escapaba del pecho.
H. DU PLESSAC.
Su energía que no era ya útil para nadie cayó
pasquia, pero sintió un sufrimiento amargo. Todo
quedaba transformado para él en la vida: el porvenir que era un cúmulo de horrores, el presente que era un abwmo de torturas y hasta su pasado, su querido pasado de honradez¡ tan intacto,
dulce y puro acababa de ser envenenado con la
calumnia. ¿De dón·de venía esta indignidad? ¿De
la mano de algún pretendiente desdellado, de la
de una mujer celosa de la belleza y de la dicha?
Poco le importaba. No quería ni a\Ín pensar en
el odioso ultraje, pero quedó por largo tiempo
en sus labios el amargo sabor del corrompido
fruto que mordió por casualidad. Este incidente
sin consecuecias directas, fué el último peso
arrojado en la balanza y que hizo inclinarse la
vida del Coronel del lado de la suprema desesperación.

TOMO 11·

MEXICO, OCTUBRE 2 DJll 1898

Recuerdos del 16 de Septiembre

EL SR. PRESIDENTE
t;OXDECORAXDO A LOS VETERANOS DE LA REPlJBLIC.l..

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•

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NUMERO 14

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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/',

EL MUNDO

sajes mts tiernos! y también toda ruborizada,
le callaba algunas frases, omisión que era un
golpe más para el corazón mártir del pobre con
fidente.
Cierto día Silvia eseribió á Jacobo una carta
en que se sintió tan inspirada, tan impregnada
de poesía, que en arrebato af~ctuoso h'lcia «el
buen padre» vino á ensefiársela entera, himno de
amor con que cantaba en la plenitud de la dicha
el corazón más tierno y más apasionado. J,as
lágrimas saltaron á lns ojos del Coronel. Una
carta así habría querido recibir!
Entre tanto las cosas sEguían su curso. Casi
diariamente iba el veterano al Ministerio de la
Guerra para apresurar las formalidades previas
al matrimonio de su ahijado, al través de la complicllda red de la burocracia militar. Adem,s hacía compras para la instalación del nuevo hogar,
algunas veces acompañado de la joven, y cada
detalle que habría podido ser sí de sí propio ó se
tratar11 motivo de una gran alegría, s ~ convertía
en un suplicio horrendo.
Era también preciso pensar en ciertas cueitiones materiales. Cierto que Jacobo era rico, pero
Silvia no tenía nada, ni aún la dote reglamentaria exigida ~ara la mujer de un oficial. y el Coronel pudo observ,.r que este pensamiento era la
única nube que solía enlutar la frente de la novia. Se vió entonces que el señor de Veraz salía
todas las mañanas sin avisar donde iba y llevando papeles bajo el brazo. El correo trajo cierta
vez á la sellora de Letellier una carta de un notario en la que le suplicaba pasara á su estudio
para negocios que la concernían.
Allí se la dió á conocer una acta por medio de
la cual el Coronel le hacía donación inmediata de
la cantidad exigida para su dote, y además, para
después de su muerte la instituía heredera universal de todo cuanto poseía.
Qué bella sería la vida si encerrara solamente
alegrías tan elevadas y puras como la, de Silvia
y Jacobo y dolores tan nobles y tan Vlllientemente soportados como los del Coronel! No habría en la tierra más que corazones delicados y
correctos.
Cierta ocasión recibió el Coronel una carta firmada con un nombre ilegible y en la que se le felicitaba por haber flabido desembarazarse de un
enredo importuno á la larga y haber asegurado
hábilmente el porvenir de la persona querida casándola con su ahijado que era bastante rico. E3. te, decía la carta, era verdaderament..J un golpe .
maestro. Se le aconsej11ba no mas en 9interés de
la paz del matrimonio, y eso porque el joven ·
cficial podía ser menos tolerante que su padrino,
que alejaran á un tal Leotardy predecesor de
ambos en la posesión de las gracias de Silvia.
El Coronel despedazó con disgusto el infame

Domingo 25 de Septiembre de 189i

de improviso, y desde el día siguiente la vejez
empezó; y quien había sido centro de todos los
vigores, no quedó más que para esperar el momento último y deseado.
¡Adios libros amados! ¡Adios encanto penetrante y dulce de los árboles vecinos, confidentes
en otros tiempos de sus esperanzas que se ~eshojaban como ellas al impulso del Otollo, baJo un
cielo sin sol!
El Coronel no salía casi. Alguna que otra vez
llevaba por el Luxemburgo sus pasos tardos y pesados, y contemplaba con mií·ada mel~ncólica las
parejas regocijadas que_ caminaban t1~rnamente
unidas y que hacían vemr á su memoria aqµellas
dolorosas palabras: demasiado ta1·de,
.
-Cuánto desmPjora ese pobre de Veraz, decu.
cierta vez acabando dd separarse de él uno de
sus antiguos camaradas en el Círculo Militar.. Y
no está tan viejo, pero con su naturaleza activa
IX
es la falta del servicio lo que lo mata. Asi nos paEl matrimonio se verificó al fin, pero modes- sa á todos. P11N qué diablos dejó su regimiento?
tamente y sín ruido. El Corc,nel era uno de los· tenía allí toda vía p11ra muchos aflos ....
testigos de su ahijado y Leotardy uno de los de
Tres meses después de su casamiento, Jacobo
Silvia. La Vi8ible . emoción del Coronel no sor- que estaba un poco inquif:t&lt;'. porque ya pasaba~
prendió á nadie porque se sabía cuanto amaba á días sin que tuvieran noticias del Coronel, reciJ acobo y muchos tenían conocimiento de la afee• bió unll carta del ordenanz&gt;1, en que le hacía satuosa amistad que lo ligaba con la desposada.
ber que su padrino estaba muy enferm.,o, y que,
Terminada la comida íntima que siguió á la aunque había mandado que no les d1Jera nada,
ceremonia, necesitó de todo su valor al despe- por aeuerJo del médico, les indicaba la convedirse, diciendo mientras un aturdimiento le obs- niencia de que ni un momento más retardaran su
Cll!'ecía el cerebro:
regreso á París.
-Que sean ustedes .muy felices, hijos míos.
En el acto se pusieron en camino; pero como
, En medio de su dicha, y dirigiéndose á la e~- si la misma palabra debiera pesar hasta el fin sotación del ferrocarril para su viaje de novios, los bre el infortunado Coronel, cuando ellos llegaron
aleg¡•es jóvenes no se fijaron en el tono grave y era ya demasiado tm·de.
dulce como una bendición con que fueron dichas
Cuando el tren en que vinieron entraba en la
estas palabras, últimas que debían oir de la boca estación de Parü, el sellor de Veraz se extinguía
del honrado y noble Coronel.
dulcemente sin sufrimiento visible, como una
Solo ya en su casa frente al espectro amena- planta á la que el sol no calienta ya.
z~dor de la vejez, al que sólo el amor podría ha- ..
Enfermedad de consunción, decían los médiber detenido en su marcha, el seflor de Veraz es• cos· enfermedad del retiro decían los viejos catuvo paseando largas horas por el salón que le ca~ar11das, enfermedad de amor tardío, esa fué
parecía inmenso y vacío. Fué luego al departa- la que lo mató.
mento antiguo de Silvia donde todos los muehles
Cuando Silvia se aproximó al lecho de muerte
empacados estaban listos para ser llevados fue- de su amigo, observó que con una de sus manos
ra de allí, y en el que nada le traía á la imagi- apretaba contra el pecho un objeto que colgaba
nación la presencia querida y la vida de otros de su cuello sostenido por una cadena de oro.
dias.
Dulce y piadosamente Silvia apartó los dedos toSilencio nada más .... silencio, soledad, aban- davía flexibles, y vió el relicario qne contenfa un
dono y muerte.
retrato de ella en miniatura obsequiado al CoM' Sentado sobre una caja, en· la que había sido nel el día de la boda.
a~coba de la sellora Letellier, el Coronel pasó una
Entonces de improviso Silvia comprtmdió.....
gran parte de la noche perdido en vagos ensue- y después de haber posado con unción sus iabios
llos, casi inconsciente. De tiempo en tiempo veía en la frente del pobre muerto, se arrodilló y estula hora en un pequello reloj dejado por olvido vo llorando largas horas.
sobre la· chimenea y un suspiro involuntario se
le escapaba del pecho.
H. DU PLESSAC.
Su energía que no era ya útil para nadie cayó
pasquia, pero sintió un sufrimiento amargo. Todo
quedaba transformado para él en la vida: el porvenir que era un cúmulo de horrores, el presente que era un abwmo de torturas y hasta su pasado, su querido pasado de honradez¡ tan intacto,
dulce y puro acababa de ser envenenado con la
calumnia. ¿De dón·de venía esta indignidad? ¿De
la mano de algún pretendiente desdellado, de la
de una mujer celosa de la belleza y de la dicha?
Poco le importaba. No quería ni a\Ín pensar en
el odioso ultraje, pero quedó por largo tiempo
en sus labios el amargo sabor del corrompido
fruto que mordió por casualidad. Este incidente
sin consecuecias directas, fué el último peso
arrojado en la balanza y que hizo inclinarse la
vida del Coronel del lado de la suprema desesperación.

TOMO 11·

MEXICO, OCTUBRE 2 DJll 1898

Recuerdos del 16 de Septiembre

EL SR. PRESIDENTE
t;OXDECORAXDO A LOS VETERANOS DE LA REPlJBLIC.l..

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•

•

NUMERO 14

�262

LA.SEMANA

..

Domtn,rr 2 dt' Octubre de 1898

EL MUNDO

Un banquete presidido por el se:llor Gobernador del Distrito y al que asistieron el Ministrode
los Estados Unidos, el Presidente del Ayuntamiento y algunos distinguidos caballeros me;2Ci•
canos y de nacionalidad americana, solemmzó
la inauguración oficial de la Colonia del Paseo
que se extenderá dei:de la estatua de Cuauhtemoc
hasta el Bosque de Chapulttipec.
Una Asociación norte--americana «The Improvement Company» inició la formación del elegante barrio, cuyas residencias acreditarán el titulo
que tiene México para llamarse la Ciudad de los
l&gt;alacios.
Arboles y jardínes en la vía, pavimentación cómoda de asfalto, amplias aceras y subsueio sólido;
el tipo perfecto de una ciudad moderna, higiénica y suntuosa. Las residencias, artísticas como
los palacios de Niza y de Cannes, y confortables
como los interiores de Inglaterra y de los Esta•
dos Unidos.
• Qué rlüerencia entre el barrio naciente y la
ciudad vieja, compacta y gris, triste manchón de
tonos neutros caido en medio del risue:llo valle,
como indeleble rastro de la época colonial, férrea,
brutal y soilolienta . ...
Los que viven condenados á perpetua reclusión, en un horizonte de cimborrios negruzcos y
descascarados, de casonas ehaparras y de callejuelas, con qué envidia contemplarán las airosas
torrecillas y llls terrazas, las ventanas coquetamente encubiertas por un cortinaje de parietarias
y los jardincillos minúsculos· como una guirnalda
ó selváticos como un parque.
La civiliza.ción es activa en sus propagandas.
Su método es la enseilanza por el objeto: cuelga
un arco de luz y abominamos de los crepúsculos
del petróleo incivil, propicio á los crímenes y á
la pereza; nos ense:lla á hablará distancia con un
sencillo aparato y aprendemos á valorar el tiempo perdido en inútites correrías y el dinero gastado en intermediarios poco diligentes; nos dice
cómo se educa al niilo, sin esfuerzo~ ni crueldades, y el dómine rega:llón destruye la pnlmeta para hacer figuras gaométricas con el instrumento
de tortura.
Pronto cobraremos horror á esta existencia de
arenques comprimidos, almacenados en la vivienda ahogada por las emanaciones nauseabund11s
de la accesoria. Habrá demanda de luz, de espacios abiertbs, de comfor t. El biene3tar no es el
privilegio de los ricos. Los pueblos adelantados
conocen el secreto de vivir y dicen que la vida
confortablP. es para todos los que concurren á las
labores colectivas, obreros, intelectuales, capitalistas.
Para nosotros eso que es una aspiración natural
raya e¡:¡ prodigio; pero no, muy pronto acaso, el obtuso tradicionalismo verá ,iaer de un golpe los muros que aun nos separan del mundo ignoto en que
se mueven los emancipados. •

,..,
Los procedimientos varían. Ya no pr.:&gt;side A la
fundación de las ciudades la eventualidad estratégica de la defensa contra nómades rapaces.
Antes, las nuevas poblaciones eran aduares en
parte, y en parte campamentos.
Larga y penosa gestación de cultura! El guerrero inculto no abría paso á los maestros de
escuela é industriales, sino cuando desaparecían
algunas generaciones tragadas por la 1::arbarie,
entre el tedio de los desiertos y la holganza estipendiada.
Hoy :a industria omnipotente hace nacer en un
día emporios inmP.nsos y va sembrando A lo largo de los ríos, junto á las cataratas enfurecidas
y en los bosques vírgenes, establecimientos fabril~s en cuyo derredor se agrupan blancas barriadas.
Todo eso es improvisado y A la vez detinitivo
y sólido. No se olvida un solo lineamiento del
edificio social para los pioneers que se aventuran
en la conquista lícita de la industria.

,..,
El pueblo recientementé formado á orillas del
río Lerma, cerca de Juanacatlán, es de este tipo.
Hermosas caídas de agua, de una gracia panorámica que hace pensar en las torrenteras alpinas, agrupan entre el follaje abrupto las casas de

los operarios congregados allf para dar á las fuerzas naturales antes perdidas, aplicación cuyos
resultados s¡rán el progreso y el bienestar de
una comarca.
Veinte manzanas ó más ocupadas por habitaciones, y entre ellas, la escuela y -~l templ?· Aun
no se instalan las fabricas de teJ:dos, obJeto dt'
la nueva poblacion, y ya tienen los poblado~es
todo lo que exige el alma cuando desprendida
de las trbtes materialidades, vuela en pos de _la
ciencia y la fé, ideales supr~mos de nuestra exBtencía. ·

,..,

.Asf lo dicPÍi, al menos, los que representan el
pontificado del pensamiento moderno.
La ciencia, como las escuelas de arte y las religiones, tiene propagandistas desinteresados y
entusiastas.
La «Sociedad Mexicana para el cultivo de las
ciencias» celebró su cuart1:1. sesión pública en la
Sala Wagner. Una profesora, la Srita. Soledad
V. Sánchez habló de un tema, verdadera novedad y aún sorpresa para muchos: las últimas experieneias científicas cuyo resultado fué .obtener
el aire líquido.
.Aun familiarizados con los prodigios de la fí.
sica, no podemos sustraer nuestro espíritu al sentimiento de extrafleza con que recorre el pens'l.miento esos novelescos avatares del aire que sale de la máquina Linde para formar copos de
nieve sobre el fuego y sólidos martillos .ion el escurridizo azogue .... . .
Y de todas estas maravill11s que sobrepujan en
su pasqiosa realidad el suef\o de los alquimist~s
árabes y los milagros de Apolonio y del monJe
Rojerio, nos han hablado labios femeninos, los
labios qu9 antaiio sólo pronunciaban fórmulas
de servilismo ó de piedad impotente,
Hemos presenciado d·os triunfos para el pensamiento humano: la ciencia difundiéndose del oculto laboratorio par la fnmensurable extensiór. del
mundo, y la mujer, dign:ficada ante su conciencia y ante la humanidad que desata sus ligadu1·11s devolviéndole en independencia y saber todo
lo que ella nos ha dado de ternuras y nobleza
mor11l.

Profundamente significativa ha sido la v~lada
de la Escuela Preparatoria en honor de los heroes
de la Independencia.
El Se:llor Presidente asistió A ella con sus Ministros, y un público que ror lo numeroso indica
las simpatías de la juventud preparatoriana en
nuestra sociedad.
La sillería del salón de actos de la Escuela, ricamente esculpida, da al local solemne aspecto
universitario. Como todas nuestras escuelas, la
Preparatoria se ha enriquecido con los tesoros
conventuales, y la espléndida sillería de los Padres
Agustinos restaurada, es uno de los primores de
arte y tradición, más caros á nuestra juventud.
Hace pensar en la bor!as doctorales y en las arg11cias aristotélicas, en el trivium y el qua,&lt;f,rivium, en todo el aparatoso saber algc hueco yen
el formalismo del intelecto medioeval que albergó en los claustros y cátedras de la nueva Espalia ideas y preocupaciones, despedazadas en Europa por el Renacimiento y la Reforma.
Pero moy pe cos eran los que pensaban en los
buenos 1iempos de inercia intelectnal, la noche de
la velada. H11bía allí un gran ausente que llenaba
de memorias gratas y mtilancólicas todosl0scorazones; un muerto &lt;!Ue difundía su espirftu iluminando todaslaseonciencias con el esplendor desu fé
en el progrPso y de su amor á la humanidad. El
nombre de Barreda voht ba con devoción de millares de labios, como un testimonio de la nobleeficacia de su-obr11 genial, sancionada por el tiempo.
Es que sentíamos 111 estrecha solidaridad del
insurgente. de 1810 y del filósofo en cuyo pen·
samiento altivo nació la emancipación intelectual
de Méxíco.
No es posible que un hombre rompa todas las
cadenas; Hidalgo creó é impuso la fórmula política de la Independencia y Barreda nosdióelevan•
gelio de la verdad.
Dos generaciones, unidas por una fé y un propósito común, cumplen el humilde apostolado de
la doctrina, esa doctrina de concordia y progreso que hará perdurable y querido en nuestra patria el nombre del Maestro, el hé.r;'Oe intelectual
de Méxíeo.
Dick,

•

Domingo 2 de Octubre de 189ts.

¡lolitica Oitntral.

~orifeos de los intereses británicos y mosco•
vitas; y conforme la voluntad augusta del Soberano se inclinaba á favor de unos ó de otros, así
era el rumbo que se marcaba en la política exterior de China.
Solicitado el Hijo del Cielo por una especie de
fascinación á seguir los usos y costumbres de
los pueblos ol!cidentales, llegó á olvidar un punto l11s tradiciones cte su raza y los fanatismos de
su pueblo, y pretendió, iluso, en una nación petrificada, en un Imperio sobre el cual pesan los siglos
con la pesadumbre inmensa de lHs edades geológicas, pretendió establecer reformas transcendentales, que despertaran á aquella sociedad fósil,
que resucitaran á aquellas _clases privil_egiadas,
inmóviles cumo las cordilleras del H1malaya,
inmutilbles como sus altas cumbres, eternas como
sus ritos sagrados, para -iue entraran A la vida
activa, al movimiento incesante de los pueblos
modernos.

RESUMEN. - El conflicto chl!!O - El Extremo Oriente•
centro de todas las ambiciones -El pretorianlsmod&amp;·
Peli:ln.- ConJuraclones en el Palacio Imperial. - El :
desmoronamiento de! Imperio. - Los pueblos cadu ·
cos - El repartimiento fui uro de China.-Las confe- •
renclas de Parls. -La comisión esranola Y la comtslon americana. ·Las pretensiones de Washington y,
los deseos de Madrid. - La :ntenenclón de Alemania,
-Nuevos datos en el problema.- La Replibllca Ollpt• .
na.-Las aspiraciones de Agulnsldo. - La ocupación,
de Fashoda. - J,a expedición de Marchand - La Gran,
Bretana en el Africa.-La "cruz brltánlca."-Conclu,.
slón.

Negras nubes se amontonan en el Extremo•
Oriente. Allí donde se han d11n dado cita todos•
los apetitos y todas las cc,ncupiscencias de los grandes y los poderosos d~ la tierra, . ciérn:se en el '
espacio la sombra fatídica de la discordia, y Alas.
veces rasga el cielo el cárdeno fulgor del relámpago que anuncia próximas y espi.ntosas catAs•
trofes.
Allí está la figura del joven Honhenzollern, irguiendose altanera y puesta la ~tanta sobre~! territorio de Kiao Chao, pretendiendo conquistarnuevas y dilatadas posesio~es, para derrram:i~ el
exceso pletórico de población de su populoso imperio, para buscar nuevo~ mercacfos á la cre_ciente actividad de sus súbditos, para dar sahda á
los productos excesivos del industrialismo alemán.
Allí está también la serena y omnipotente per-sonalidad del Czar moscovita, siguiendo siempre la
tradición histórica que no encuentra coto á sus.
deseos·, ni límite á sus posesiones, ni fronteras á
sus dominios· allí está, levantandosu voz soberana p 11 ra agr¡gar á los dilatados dominios de sQ,
imperial corona todo lo que P.ueda de~moronarsa,
del caduco imperio de los HlJos del Cielo.
Allf también la seiiora de los mares, la vieJa.,
Inglaterra que no ceja en sus aspiraciones, queno retrocede un punto en su política tradicional,
que,due:fl.aenno remotos días ~e aquellas apartad_¡ts.
regiones, no quiere perd~r m un áto~o de ~u m~
fluencia, ni una perrogativa de. su soberama, m
un privilegio de su comercio, ni una moléculade
su poder.
Allí también la Francia republicana, presa co-mo otras potencias de la gran alucinación del kilómetro cuadrado; allí la conquistadora de Tonkin que tanMs lágrimas y tantos ~acrificios lecostara; allí la patria de Carnot quenendo extender sus dominios coloniales y restaurar aquel
imperio de los pasados días, en que compartía
con Portugal el dominio de l?s mares oríenta~es_
Allí el Imperio del Sol naciente, pueblo nacido.
ayer y ya con todoe- los apetitos de las viejas nacionalidades; ebrio con sus triunfos de Wey-HayWey y Puerto Arturo y mal reprimido su _enco_nocontra quien le cercenó el fruto de sus victorias
sancionado en los preliminares de paz de Shimonoreki pretende resarcirse de sus viejas debilidades y ~obrar con nuevas adquisiciones lo que alcanzara por la conqui.sta.
Allí por último la Unión .Americana, que embriagada con los fáciles tr~unfos de De~ey y
aguijoneada por las conqwstas de Agumaldo,.
' ha puesto su planta conquistadora sobre las Islas.
Filipinas· sin import11rle un punto los derechos.
seculares' de Espall.a, las glorias y las tradici?•
nes del pueblo que envió A Magallanes y sostuvo,
á Lrgazpi para adue:llarse del territorio tagalo ..
Y illspaila, apesar de las humillaciones á que ha.
tenido que sujet11rile, para suspender la guerra.
desastrosa que consumía sus energías sin fruto
y agot11ba su sangre sin objeto, dueiia de r~cos.
territorios en aquellos revueltos mares, reclama..
su derecho, exije en nombre de la historia laposesión pacífica del Archipiélago filipino, y aun.
promete nuevos sacrificios y habla de nuevo_s.
heroísmos, para no perder de una vez ese, g1rún hermoso de su rico imperio colonial de otro~: .
días.

*

**
Semillero donde se albergan
la conspiración
artera la ambición secreta y el pretorianismo,
inagot~ble, el palacio imperial de Pekín ha sido.
en estos dfllB teatrodetragediasintrincadas, donde no ha faltado ni la nota bufa de los vaudeviUes, ni la nota clásica de las antiguas creaciones.
helénicas. Sujeta la corte del Emperador á las.
influencias alternativas de Vmdres y San Petersburgo, ba bllbido violentes derrumbes y exaltaciones inespe1 atlas eutre los cortesanos, verdadero~

--

¡Vano intento! Entre la.
sombra se urdió la conjura.ción de camarilla; los genízaros se agruparon al rededor de alguien qué sostuviera con mano vigorosa
la bandera de la tradición;
los pretorianos con fútiles
pretextos de odio á Inglaterra y de amor á Rusiapotencias que igualmente se
disputan los restos del caduco imperio-obligaron A
la Emperatriz viuda á que
entrara en la conspiración,
y obtuvieron que con astucia inaudita, con arterías
dignas de los tiempos más
calamitosos del Bajo Imperio, abdicara el Emperador
en favor de la augusta dama, se negara á símismo la
soberanía y quedara recluido como mueble inútil y
estorboso en un rincónapartadode palacio.
Li Hung Chang, que por
mucho tiempo fué el porta-estandarte de las aspiraciones moscovitas, el célebre
virrey que recorrió el mundo civilizado en marcha
triunfal como un verdadero
soberano; Li Hung Chang
que encarnaba todos los
odios contra el inglés, y al
agitar sus resplandecientes
plumas de mandarín, provocaba discusiones en el
gabinete de Saint James,
fué desposeído de su omnímodo poder, con gran regocijo de los políticos britanos que se ufanaban ya al
encontrarla recompensa de
sus pasadas derrotas diplomáticas.
Pero la conspiración no
había concluido y la Emperatriz viuda , duefta hoy y seilora de los dilatados dominios que ha arrebatado á su augusto
sobrino enfermo, recluido, apartado de los negocios de Estado, anuncia ya la rehabilitación del
énemigo de la Gran Breta:lla.

***

.l

¿A dónde van todas esas aspiraciones que se
concentran en Pekin? ¿Cómo no esperar que en
un momento estalle en choque formidable la explosión de tantoa odios? ¿Cómo no creer quo allí
se amontonan los elementos de una terrible conflagración, y que una nota discordante e?tre los
gabinetes, una salida de tono entre los d1plomáticos, un arranque salvaje entre loa políticos chinos, roídos de ambiciones mandanirescas, haga
estallar la tempestad?
Los pueblos, lo mismo que los individuos, recorren paso á paso el camino de su historia. Mientras existen energías en su organismo, p~lpitaciones en sn corazón y relámpagos de gemo en
su cerehro, nada son los obstáculos, nada las dificultades; todo queda veneido al impulso de su
brazo, son llanos los caminos y sa desvanecen

EL MUNDO

las «fificultades. Pero cuando la carcoma de los
a:llos, la caducidad de las tradiciones, la enfermedad misma que consigo trae la vejez ha enfriado los miembros y debilitado la c,rganización, se
derrumban y caen en espantosa ruina, unas veces en medio del estruendo de fieros cataclismos,
y otras veces, callados y silencio.os, tristes y
abandonados, en dc,lorosa soledad. Los buitres
hacen presa de los cadáveres que c11en en el desierto ó quedan en lo escondido de la selva. La
competencia internacional c11e sobre los organis•
mos sociales que se desmoronan y acude presurosa A los repartimientos. Si por evoluciones anteriores, si por ley de integración, la nacionalidad
que se derrumba guarda en su seno vit11les energías, fórmanse de los despojos nuevas entidad:is
soberanas y surge, como á la caída del Imperio
Romano, toda una organización social que lfona
la Edad Media; pero si no existen gérmenes de
vida, mirase en las convulsiones de agonía de

A.&lt;JTO DE LA. CONDECORA.CION.

esos pueblos, una disgrog11.ción triste y dolorosa,
pero cliJlada, como sucedió á la infeliz Polonia.
Hay en el Imperio Chino, en medio de su civilización secular donde se ven las estratificaciones que han formado las eda&lt;les á su paso, hay
elementos suficientes para que ingertándose allí
· nuevos gérmenes de vida, resucite el continente
asiático A la actividad de la civilización moderna. A las solicitudes de las potencias occidentales ha seguido la desorganización, el principio
de descomposición en el seno de la dinastía. Segú.n decía en ocasjón solemne Mr. Chamberlain,
ha comenzado la desintegración social, y pronto
llegarA la hora de los repartimientos.

***
Como asociándose á estas circunstancias que
son más para despertar, más para estimular que
para acallar los apetitos europeos, únese A la
cuestión china la solución del conflicto filipino.
Maiiana se reunirá en París la comisión mixta
internacional, que al acordar las bases definrtivas de paz entre Espaila y Estadc,s U nidos, tiene
que decidir también la suerte futura del Archipiélago magallánico.

Llevan los comisionados espaiioles instrucciones categóricas del gobierno de Madrid, para que
aun á pesar de la cláusula aprobada en el protocolo de la paz, procuren -conservar integro aquel
territorio, entre los dominios de Don Alfonso
XIII. Sean cuales fueren las pretensiones americanas, sean cuales fueren los apetitos manifestados por los vencedores, los representantes de la
monarquía borbónica deben esf:rzarse y poner
todo su conato, á fin de que, ya que la dolorosa
derrota ha obligado al gobierno de Madrid · A
abandonar su soberanía en Cuba, objeto de la
contienda,. y á ceder el territorrio de Puerto Rico é islas adyacentes, siquiera en aquellas tl.partadas regiones no sufra menoscabo el patrimonio
territorial de Fspaila.
Están tan manifiestas las tendencias del gabinete &lt;le Madrid P,n este punto, que más de una
vez se ha hablado de cierta intervenció_n de Alemania para resolver el conflicto á favor de las
aspiraciones espailolas.
Ciertamente que no será
gratuita esa intervención;
es verdad que considerando de qué manera el Empe-·
rador de Alemania pretende tomar participación rn t 1
reparto del Extremo Oriente, no ha de embarcarse en
una aventura peligrosa por
amor á la dinastía y por
dar amparo al desvalido.
Pero sea como fuere, y haya ó no miras interesadas
en la actitud de Alemania,
se ha hablado con insistencia últimamente de ciertos manejos hostiles que
tienden á entorpecer la acción del ejército americano,
á cercenarelfrutoque quiere recoger de su victoria, y
si es preciso, á levantar las
huestes tagalas de Aguinal
do contra Ottis y Dewey,
suministrando armas á los
insurrectos y alentAndolcis
en su eterna rebeldía.
Aguinaldo que no se ha
dej11do conquistar entera·
mente por los halagvs y las
promesas de los americanos, adivinando q'u izá las
dificultades que se presen•
ten en lo porvenir, mantiene en lo posible su buena
armonía con los jefes que
imperan en Manila, sin que
por esto deponga ,su actitud
independiente, con vo'q ne
una especiede congreso tagalo para proclamar fa independencia de las islas; y
pasando por erieima de los
deseos de los Estados Unidos que quieren para sí todo el Ar-chipiélago ó por
lo menos la rica isla de Luzón, y haciendo A un lado
la insistencia espall.ola que
no quiere á pesar de sus derrotas abdicar de s11
soberanía er, aquellos ricos y extensos territorios,
pasando por encima de todo, acaba de proclamar
la República de Filipinas soberana é independiente.
Grave es el paso que acaba de dar el tagalo
insurrecto,á quien las victorias americanas han
proporcionado omnímodo poder y hcultadesdictatoriales más allá de Manila y de Cavite. Grave
es el paso, y poresoátiempo haenviadosusagentes áWashington parabuscaralamparode McKinley, la san~ión en sus peligrosas aventuras y acaso
el reconocimiento del orden de cosas que quiere establecer; y basta tiene la quellamariamos ridicula pretensión, de que sus representantes tengan voz
en las conferencias de París.

***
Puede afirmarse sin temor de equivocarse, que
ni los mismos amerícanos llegaron A ·pensar que
la victoria de Dewey el primero de Mayo sobre
la escuadra espailola del almirante Montojo, había deponerlos en un trance tan llenó de díficuItades, y traerles un conflicto en que acaso no
sólo tengan enfrente á .su enemiga Espafta, sino

,

.

'

�264

EL MUNDO

Domingo 2 de Octubre de 1898.

Domingo 2 de Octubre de 1898

,r.1,

mTNno _

265

UNA PAGINA DE NOVELA EN EL POLO NORTE
NOVIO HELADO Y NOVIA. QUE ESPERA.....

***

Dr Luis Rodarte.- Zac.
tambié'l al poderoso imperio germánico. Due:llos de
Manila, capital· del Archipiélago, suefian, según la ,
opinión de algunos exaltados, con ser dueflos también
de las numeros11s islas; ante
esas aspiraciones se levantan Espa:lia que 110 ~ede en
sus derechos á pesar de su
debilidad, ~ tal vez Aleqiania que llega en nombre de
la fuerza.
No creemos ni en la posibilidad de nn conf1icto germano-americano. Son claras y patentes las declaraciones oficiales, para. que
dudemos de la cordialidad
de relacionas que existe entre las dos potencias; pero
la sola consideración de la
presencia de Alemania para
la solución d,11 conflicto ha
de ser muy poderosa para
que se limiten las pretensiones y las exigencias y
siga fácil y llana. la tarea
encomendada ~ los comisionados de París. Tal es
lo que aconseja la razón é
indica el buen sentido; y no
ha llegado el gobierno americano, nicreemos que llegue, á sentir el desvanecimiento de las grandezas y
la fiebre de las conquistas

Mientras el General Kitchener marchaba paso
á paso, firme y seguro á la conquista del Soudán,
á la captura de Jartún, A Ja destrucción del po- ,
der de los dervises y al ·aniquilamiento del Madi,
c&gt;bjeto final de la expedición anglo- egipcia que
iba á agregar al patrimonio del Jedive 1011 fértiles territorios donde se asientan las fuentes del
Nilo; por caminos extraviados, por regiones inexploradas y procedente del Congo, iba una expedición francesa al mando del capitán March!md
en busca del territorio sudanés; y antes de que
las avanzadi1singlesas pudieran impedirlo, llegó
á plilnt11r sobre los minaretes de F1c1shoda la band&lt;'rn de la República. Desgraciadamente para
11quella heroiM expedición, el pufiado de hombres que la formaba, un centenar de senegaleses
y unos cu11ntos sold11dos del ejército colonial, lleg11ron exhaustos, fatigados, rendidos, después de
una larga y difícil p"eregrin11ción, y por ende in•
c11paces de resistir al empuje de las huestes a11glo-egipcias.
Simult&amp;ne11mente ha ondeado sobt·e Fashoda
la bandera francesa y la bandera egipcia: una,

C""LLE PRINCIP""L-Sombrerett-. - Zac.

16 de Septiembre en Tehuacáo.

LA INICIATIVA DEL CZAR DE RUSIA

Sr Herliudo Lazalde.--Zac.
transversalmente la línea
británica qu«i tiende á dilatarse desde Alej1mdría hasta el Cabo. Pero Fashoda
pertenece al territorio conquistado por Kitchener; no
pueden alegarse los derechos de prime1· ocupante,
haciendo á un lado á sus
propietarios naturales. Jartún en poder de los ingleses
después de la sangrienta batalla de Ondurmán, les da
derecho á 111. posesión de todo el territorio sujeto á la discutida soberanía del M~di,
Digan lo que quieran los
jingos franceses, el gabinete de París habrá de renuncíar á 111s ventajas que en
otras circunstancias hubiera podido producirle E;sa
marcha heroica, esa peregrinación atrevida á través
de selvas enmarttfiadas, de
ríos que parecen torrentes,
de montafias inextricables,
que ha seguido el _Capitán
?ifarchand, esperando dilata1· los dominios de su patria, y ¡&gt;retendiendo romper
la cruz británica del Africa en donde, A menos de
serias com pliciones, han de
vers&amp; crucificadas todas las.
ambiciones de las potencias
colonizadoras.

defendida por un pufiado de heroE.s, y otra, sostenída por un ejército cubierto ccn los laureles
frescos de Oadurmán y orgulloso con la reeiente toma de Jartún. En otras circunstancias, la
p'}sesión de Fashoda h11bría sido de altísimo interés para las colonias francesas, habría sido un
punto de apoyo importante, que ligando el imperio de Menelick con Túnez y con Argelia, á través de Ja región de las Ctttaratas, habría cortado

Sr. Leonides LI. y Valdés -Zac.

Lle. A.mado Lárrlva.-Zac.
al grado que lo empujen á. peligrosas y desconoeidas aventuras, con una potencia de primer órden en cuanto á. lo militar y muy próxima A serlo en cuanto á. lo naval.

Sr. .J"uan B. de la Parra.-Zac.
Fotogmfias de José Pérez Chávez, S0111,brerete, Zar.

Uno de loF compañeros de Andrée, Nils Strindbeg,
ea un joven de treinta 1iñoa que era profesor en la
universidad libre de Stokolmo y discípulo de la Upsala. Joven y hermoso, sintiendo anhelos de aventuras
y dti gloria, quiso u.nirs~ á 18 expedición ~e Andrée_á
pesar de teliler una vie¡a madrti y una Joven novia
q~e hace catorce meses que le esperan con ansiainau•
dita.
El 11 de Julio de 1897 cuando en Spitsberg empPzó
á soplar el tan d11aeado viento Sur que habla de impeler el globlo "Aguila" hacia las gélidas regiot1es
del polo y cuando Andrée dió la SPñal de partida para
aprovechar ese soplo propicio. Nils Strindberg se acerco á. un francés que habla trabajado en asuntos aereos,
táticos. de nombre Alejo Machuron. para suplicarle
que hiciese llPgar á. manos de su pr&lt;,m..tida una carta
Que Je entregaba juntamente con las últimas foróg-ufias que Machuron habla de sacar tan Juego el «Agui-

$i la Gran Breta:!la ha sufrido rnveses 1y experimentado desencantos en su política china, su
actitud en el continente africano es cada vez mAs
resuelta, más firme, más incontrastable, ya se le
considere aislada ó en relación con la pretendida.
alianza anglo-germana.-X. X. X.
-

tes cifras que tomamos de periódicos francPses Tan
grand,- e-s esa desproporción que nadie dudará. de la
po11ibilidad de 11plicar remedio tan sPncillo . .probada
Su signiflcaci6n real y econ6mlca.
como está. su eficacia, á. un estado patológico cuya
gravedad es palpable.
en ~Omil millones de pesos lo qu11 ha coPtll•
Un acontecimiento de importancia y por completo doCa1cúlase
á Europa la paz armada, esto es, el aumento de
ine~perado, fué el redcripto por el cual el Emperador gastos
militares de 1870 á la fecha
de Rusia tomó la iniciativa de una propo,ición que
Para 1-'l año que cursa pueden repartirse los gastrs
"tiende á. aliviará. loe pueblos del pes9do fardo de la de la paz armada Pntre las seis g-rand es potencias, de
paz armada. Coincidencia ■ingular. Apenas murió la manera siguiente:
13ismarck el crtiador del orden de cosas existente, lanInglaterra, mil diez y siete millones de fr1incos.
zó el Cz:tr su generosa propoeición iovitaodo á. las poRusl1i, novecientos dieciocho millonf's de francos.
tencias á un arreglo para establecer sobre bases sóFrancia, ochocientos ochenta'y un millon11s.
lidas dt1 iuaticia y concordia la paz definitiva,
Alemania. ochocientos setenta v ocho millones.
Creen algunos que es utópico el pensamiento de
Austria, cuatrocientos cinco millones.
Nicolás JI y para ello se fundan principalmente en la
Italia, trescientos setenta y ocho millones.
supuesta imposibilidad de que Alemania y Fraucia
Tuglaterra es J,i que ·~ asta más por la extension
aleguen á. un acuerdo apoyado en mutuas conce11iones enorme que ha dado á. su marina de guerra, para conde los derechos que una y otra nación alPgan sobre el seguir que supere á. las dos marinas más poderosaa
oterrlto~io cedido por la segunda t1n 1870; pero los que d11I mundo
asi piensan no.han reflexionado en -el peso qne tiene
El ~ño de 1880 Francia ocupó el primer lugar Pn
una decisión. cuando emana del soberano más pode- esos g1tstos ruinosos. pues ascendieron á mil diez y
roso del continente f'uropeo, y tampoco se han ocupa- PlllR millones de francos, de los cuales, ochocientos un
·do en pesar la fuerza que cobran dia á dia las ideas millonPs se aplicaron al t&gt;jército de tinra.
Tehuaeán.-Grupo de losnrgentes.
-de justicia y la necesidad de atenderá k,s verdadeEl MinMro de Marina de Francia. M. Lockroy, ha
iros interesPs de los pueblos.
hablado de la urgencia de rehacer l&gt;t flota francesa.
Un periódico de San Peter¡¡burgo considera negocio Nuevos y continuos gastos en perspectiva ....
la• .emprendiPRe ~u aerea peregrinación. Strindberg
-tactib1e y aun sencillo, l1t nentr111ización de los tPrriestaba conmovido al hacer esos encargo2, y y por fin
torios que 110 di11putan Francia y Alem,i.nia, máxime
partió bruscamente á. embarcar~e en la canastilla del
*
bajo la presión resuP)ta y conciliadora d11l Czar; pero
globo .'f&amp; ocupada por sus compañeros Andrée y Fraen*.
hay más, suponiendo que las complicacioueR entre
Se ve, pues, que las seis grandes potencias habl'á.n kel.
las dos potencias mencionadas fueran irres.lubles pa- gutado este año cerca de cinco mil millones de fran*
cos en el pl't&gt;SUpuesto de
la paz armada; p11ro estas
Hil paPado ya más de un año desde la partida de I!'
son las cifras vi1,ibles, falta Pxpedición y no Pe conoce la suerte que hayan corninscribir la suma de lo que do los valnosos tripulantPI! del •A!l.uila.•
importan o&amp;t"as partida. no
Entre otros e~fuerzo@hechos para encontrarlo•, parmenos ruinosas de la que tió una espedición al mando dt'I teniente Wellmaun
llama un l'"riódico francé~,
"or~la de armamentot1 pacificos.11
Loa daños que el estado
actual ria desconfianza mternacional inflige á. los
pueblos son enormes, pe10
es posible calcularlos
aproximadamente.
Cada ciudadano repre·
sen ta un capical intelectual
y material cuyo traba.jo Pe
computa en la producción
de la riqueza nacional Ca•
da hombre sustri!.ldo al cocomercio, á. la industria, á
la agricultura, etc, constituye una pérdi,ta que no
puede bajar de seia francos
diarios por término medio,
ó lo que es igual, una pér•
dida anual efe trabajo de
1,800 franco s por soldado.
Dado el efectivo de . . ..
2.894,uOO hombre~. lit pérCasa del Sr. Salvador Bracho.-Sombrerete.
dida representa 5209 millones.
·
-cfficamente, poco ha de poder ese conflicto si se comEl total de los gastos y
para su importancia con el aflictivo e~tado de Euro- costo de los ejércitos de las
pa á causa de los armam9ntos que sostienen su iues- seis potencias. representa
table equllibrio
pues, una suma de diez mil
Si hacemos á un lado lo~ intereses puramente poli- millones de francos.
ticos de lc•s gobiernos. es fácil comprender que la g-ran
Calcúlede todo lo quepomasa de Jo,i pobladores de Europa tiene en máa el dria hacerse con tanto dibienestar individual y los derechos á la vida y al pro- nero si en vez de consumirducto del trabajo de cada uno, que á. esas rencillas lo improductivamente en
• -que en último resultado no son, aun en las repúblicas,· locas aventuras ven soste•
sino un residuo transformado de las antiguas luch!1s ne:: ejércitos y 'flotas, fedinásticas.
cundaran las iuduatriasque
Utópica serla la idea del (.)zar si pretendiera extin- alimentan la vida de una
guir el eterno conflicto entre las razas, dominadas nación, no las que la mapor a~pirllciones de expansión y preponderancia; ni el tan y aniquilan.
Czar de Rusia con todo su poder ni cien coogre~os
Por rico que sea un pala
lograrlan pont"r coto á. los antagonismos económicos, loa gastos militares excesi-que á eso quedan reducidas las humanas luchas.- vos lo empobrecen, y lapoPero no, él propone lisa y llanamente, la supret1_lón de blacióa sufre miserias que
laa causas facticias de malestar dentro del continente nanea conocerá.o los pueeuropeo y un arreglo pacifico para !.is dhcensiones blo~ afortunados que pueque no tienen alcance fuera de las Intrigas de gabine- den aplicar el producto inte de loe reye~ y polWcos.
tegro de su industria, al
bienestar privado y al pro•
greso da lii, colectividad.
•*•
Claramente 11e ver A,la desproporción que existe en•
El monumento de la Independencia en el momento de ser
~
tre las causas del mal y sus resultados CQn las siguiendescubierta por el Gobernador de Puebla.

••

•

�Domtngo 2 de Octubre de 1898

EL MUNDO

266

Domingo 2 de Octubre de 1898

?67

EL MUNDO

OBRAS EN EL RIO LERMA.PARA PROTEGER LA CIUDAD DE ACAMBARO.

Continuación de los trabajos.

El principio de los trabajos en las márgenes del rio.
dt-sde el pnerto noruPgo Tromsoe haria la escualída.
tierra de Francisco J usé á. bordo ael FrJthjof.
El se¡?undo comandante de este b11rco ha.escrito
una catta al hermano de Andrée que ha bita en Gotheburg, de la cual extractamos un trozo:
"Estamos lejos de todo lugar habitxdo y nos hallamos
en la Tierra de Francisco José; abanctonamos á Ar·
kangel ayer á las tres de la tarde; hasta hoy todo va
bie11 y nuestros 83 hombres están dispuesto11 á. todo y
están llenos de valor.
Además de las cartas y periódicos quA he recibido,
tengo también una carta dirigida á Nils Strindberg
para entregársela en caso de hallarle. La letra de la
cubi+'rta es de mujer y me presumo que será de ~u novia Puede usted, si la conoce, de!)irle que esa carta
está bien segura y que eF pero dár11ela al destinario en
brevP..... ámenos de que su mano helada no pueda
ya 1ecibirla ......... 11
No cabe duda: esa carta es de la mucha.cha sueca
novia de Strindberg, que desde ha.ce quince meses pena por n-cibir 11oticiaij de su dilecto.
Cada aurora que despunta es para ella una dulce es•
peranza y cada l'r~pú~culo vespertino una desilusión
tremPnda. Y ruega a Dios sin cesar que ta expedición
auxiliar encuentre 1\ su prometido.
MiAntras tanto su carta a1ravie~a. la11 inexploradas
y gélida~ regiones de la. tierra de Francisco José, dentro de la balija rlel tenie1,te Wellinann .q ue acaba de
dej,u el Fri-thiof con ocho marineros para seguir las
traz~s del destm!',tario y de aus compañeros.
¡Ojalá te11ga éxito su generosa y audaz empresa!

"DEJANIRA"
LA NUEVA OPERA DE SAINT SAENS.

La representación de 11Dejan·ra 11 últimamente efec•
tu,da. en Bezlers, es una de las más bellas tentativas
y una de las más bellas realizaciones d11 arte que ha•
y amos visto en mucho tiE&gt;mpo.
·
En una corrida de Bezierd, contagiado Saint S11ens
por las pasiones dela wultitud de las gradas, tuve la
visión de los dramas esquiliaoos que presenciaba el
publo de Atbnas. No poula haber mE&gt;jor escenario pa•
ra un ensayo de rest1rnració11 del ttiatro antiguo con
el genio particular de su intriga y su decorado pro•
pio. Un Mecenas inteligente, M. Ca.btellon de quien

era hués¡:&gt;ed Saint Saens se entusi11smó con· la idea
del mac.,11tro y se d11cidió, á rei.::izarla á t_oda. c~_ata.
Luis GallE&gt;t se eucargo del drama. Saint Saens de
la mú~ica. Jambon del decorado y Castellon_ fué el al·
ma que daba impulso á sus colaborad?res: s10 e10?ar•
go, no hay que olvidar que una corrida de toroR JDS·
piró 11 Dejarina,11 no seamos implacable con la tauro·
maquia.

* ••
Los autores do Dejanfra., 11 en tanto que puedan
permirirlo el espfritu de nuestro siglo y sus hábitod
de arte teatral, han querido hacer una resurreccióu.
Y aquf se presentaba una doble exigencia, casi una
antinomia.. porque Eros y Ananke son para el alma
moderna dos maestros ue caracteres antagónicos. .Pa·
ra interesar al público era preciso mezclar el amor y
la intriga, y para conservar la sensación de los graudes trágicos griPgos, dará la obra t-1 carácter de una
epopeya dramática dominada y conducida por la fatalidad Gafüt realizó la obra hábilmente con ligeras
modificaciones de.la leyenda de la muerte de Hercu·
les, tan conocida, q1.e es inútil dar aqul el a.nálit1is de
la pieza.
Baste.decir que Yola, deseada por Hércules lo rec'-a:za porque atna á Filoctetes, amigo del heroe y que
está •D con11ivencia con Dl'janira. la cual hace ve11tir
al semiaió11 la túuica de Neso pues según ellos con.
e~e t~fümáu volvt'ria Hércult•s a DE&gt;janira, cu,npliéndo~e la promesa pérfida del centauro.
Hay un punto sobre el cual debemos insistir, porque indica 1,. habilidad é independencia de procedimientos de Ga.llet, Rompiendo cou el hábito qu11 le
imponía. la obligación d11 escribir en verso el drama,
lo e~cr1bió en prosa rítmica, lo que le d11jaba mayor
libertad de expresión, conservando al mismo tiewpo
la dulce música dt'l verso.
La música no interviene eino en l~s diálogos que á
la u@aoza antigua ~o tien11n los corifeos y 1011 coro~, y
pará subrayar los pasajes característicos y más palpitantes del drama. También hay un baile. pretexto
para una música encantadorR. Por lo demás, el baile
es un capricho fuera de lugar en una resurrección del
teatro gnego.
11

***
Cuando en la sala de Minerva presenciaba la multl•
tud desde lo alto de las gradas, la lucha feroz de los
heroes contra la fatalidad, vela extenderse sobre el
muro de la escena, como una decoración natural, el
par.orama mar11vi1Joso del Atica que confundia el escenario con la gran patria. grie,:a. El espectador vibrab11. con el actor, no tenla aqut\l ante los ojos una
ficción s.no 1.. realidad, los mi.terios terribles del pa-

Aspecto del nue,·o cau&lt;&gt;e del río.

sado. Agitado por una fé intensa, temblando por Al
porvenir de la patria á. la que vela á. mE&gt;rced del des·
tino, sufria con los Atridas, y gemía con ~di¡:.o.
E,-ta es la inipri•sión que ha querido darnos Jambon
en las decoracionP.B pintadas por PI, decoraciones
m11gnffi~as más allá dP toda E&gt;XprePión. Detrás de la
esce11a se P-X tiende la campiña de Oeehalia: sobre la
colina lQs monumento~ gra11dlosos y más allá, la ciu·
dad protegida porlas divinidades tutelares y losmon ·
tt&gt;s nivosos: ª"' diría quP esrá uno frente á Atenas, tl
Acrópolis, el Partenon y las Propilea@; la impresión es
perfecta.
La obra de Gallet es hermosamPnte bomC1génE&gt;a y
animada por un gran soplo dramático. Realza estos
méritos la múPica de ~alnt-Saens que reflfja tedas
las cualirlades del maestro. Destácanse el preludio que
acompaña el prólogo, la escena dramlltica del acto
sl'gundo, la salida de D,.,,j,mira., el final del acto tercero con un coro sostPnido por efecto de harpas ma.•
raviHoso, al modo de vVagner, y por último e.l penetrante y apasionado epitalámico del cua1 to acto.

L'\ intfrpretación de la obra fué, según dicen loepE'lriód1cos t-xcelente en su conjunto.
"La multltud de loe espectadores se Pntuslasmóleemos en una reviPta- y como la multitud antigua,
vivió la vitla de loe beroes, combatió con ellos y sufrió sus tormentos 11 .,_
"Era un púl:llico griego: cuando Hércules devoratlo
por el fuego interior. maldijo á losdiosPs v á. los hombres, el alma de Grecia vibraba en todae·bs alm11s...
¿Qué tiPne de E&gt;xtraño que ese episodio dramático y
hMóico fuera silbado E&gt;n Lyon?
La obra de Gallet y Saint Saens es para 1011 espa.•
cios abierto11, para los puE&gt;blos áridos de luchas, de
Pnsueños brillantes y de plá~tica; es para. los pueblosdel medio dla.

MONUMENTO ERIGIDO A LA 1\IElMORIA DE

ALEJ..a..NDBO

I I EN MO~COW

El domingo 28 de Agosto se inauguró el monumento á que nos referimos en estas llneas.
La presencia dE&gt;l l!:mperador y de Pe augusta espo•
sa, rodeados de los miembros ¿e la familia v de los
altos dignatarios del Estado, el aparato militar que
se d11splegó y la numerosa concurrPncia, todo contribuyó á. dar carácter solemne á la fiesta Los representantes de los diversos pueblos d 0 1 imperio moscovita., formaban un grupo pintoresco, compuesto de

El rio crecido por las últimas Iludas.
Fotografías de Rafael, Olvera

•

***

•

cosacos kir~bisee, indígenas del Asia Central con
sus vestidos de et-da rica.mente bordada, etc., etc.
Los soberanos con su
comitiva. IIE&gt;gHron á. la. plaza.el día indicado d11spués
del c1ero, el cu1!1 Palló en
procesión del MomJEterio
de Teheudovo. marchando
á la cabeza el metropolitano.
Este celebró un Te Deum;
ee rezó por la prosperidad
del reina.do de Nicolás n y
por el descanso del alma
desu llorado abuelo. En seguida cayó el velo que cubría la e~tatua, y el Empe•
rador, dirigiéndose á. las
tropas, dió la orden de
"Presenten armas, 11 y to•
do e los concurrentes se
arrodillaron
Terminó la ceremonia
con el desfile de (.¡ e trrp11s.
durante el cual la multitud
no dejó un solo momento
de aclamar al Emperador,
confundiéndose los bravos
y aplausos populares con
el sonido de las músicas,
1ªª salyas de artillería y
os repiques.
_ _ _.
l ·-Nu-utvítlemos que Tico1ás II hizo coincioir el homenaje solemne rendido bl
Czar libertador con la E&gt;n ·
trega á las potencias dt&gt;l
manifiesto en favvr del
desarme.
El nombre de Alejijndro
II, abuelo del actual Emperador, es célt'bre y amado
en Rusia por el grande acto de just:cia de 11u reinado, la emancipación de los
si0 rvos.
El monumento s11 eleva
Sllbre una gran tPrraza del
Kremlln. frente al Monasterio de los Milagros, sobre
la torre del Salvador y E&gt;!
campanario de I van Veliki.
La estatua de dimensiones colosales, está sobre un
pedestal ¡ de már1,1ol rojo:
rodéala. una galería, hecha
según el antiguo estilo ruso, decorada con retratos
en mosaico, de todos los so•
beranos que han ocupado
el trono imperial Laméntase que no h11ya algo que
simbolice la abolición dela
servidumbre, tJtulo que

tiene p11ra 111 l!'lori11 ,,, Emperador Aleja11dro JI.
LA CONDECORACION A LOS •
VETERANOS
•

Uno de los rt-cuerdoR de
las últimas fiestas de S,•p•
tit·mtire es el que hemos
quelid_o conservar fin los
dos primeros grabrdos de
esta edición.
Recordarán nuestros lectores que el Sr. Presidentl'I
de la República condecoró
á algunos de los-veteranos
de la guerra de Interven .
ción y que á su vez :ecibió
la condecoración que puso
en su pecho el SPrretario
de Guerra por ~erviclos
eminentes prePtados á la
Jl~tria en la época de la
Reforma.
Creemos que con ePtos
grabados queda cumplido
el ofrecimiento que hicimos de dar en nueEtro semanario lo más notable de
las últ:mas festividades.

L.a.s fie.s.tas -patrias
en Sombrerete y Tehuacán.

•

I N AUGUJ!A CJON JlEL MONlTMllNTO A LA MEMORIA DI! A T,E.I A!'DRO II ES

Mo•cow.-1.

Publicamos algunos graba.dos "relativos 1\ las fiestijs patrias celebradas en
Scmbrerete. (Zacatecas) y
Tehuacán, (Puebla. )
Como vera.o nuPstros lectores, hay algo interesante en los E11tados que es
preciso tomar en cuenta:
el entusiasmo unánime con
que se conmem1 ra la gran
epopeya nacional, signo de
una estrecha solidaridad
de recuerdos y aspiracio•
nes, acompañada en todas
las regiones del país por
un progreso incesante en
todos sentidos.
Además debe notarse el
resultado de loA esfuerzos
en pro de la instrucción lai•
ca de la niñez. Ya no hay
población de la república,
por -peq~eña que sea,en
donde no se dé ,especial
im¡mlso á las escuelas públicas, infundiendo á loa
niñ os los sentimientos r
virtudes que forman el civismo democrático.
Jl'r, C11'TE.JO.-2 Fl, M OJ,,'Ul!E:STO,

�Domingo 2 de Octubre de 1898

EL MUNDO

268

l

269

11:LMUNDO

Domingo 2 de Octubre de 1898

REPRESENTACION DE ••DEJANIRA.." EN LA. ARENA DE BEZIERS.

EL PODER DEL R'ECUERDO

t

Ahora que he roto ya, aunque no haya sido más que
•&lt;ion las tres palabras de mi mensaje, el silencio en
que me había encerrado y que hice un esfuerzo para
salir, aunque no haya sido más que por el tiempo ne.:esario para llevar al telég:afo mi mensaje, he rflC0·
brado por unos instRntes algo de mi vida pasada y
quiero antes de entregarme de nuevo á mi clausura

~ m~~

LA CORONA EE LA REINA DE HOLANDA.

OBRAS DE PROTECCION

Descubrimiento
de la estatua de la Indepencta en Puebla.

CONTRA LAS INUNDACIONES DEL RIO LERMA.
El Gcbierno del Eitado de Guanajuato ha llevado
á buen térwino las obras á. que se réf1eren ou11stros

g ·abadoR, con el fin de balvar definitivamente á la
ciudad de Acámbaro, defond:éndola de las terribles
!nuudaciones que en diversas épocas han asolado esa
población.
La Administración del Sr. Obregón GoozA!ez emprendió los trabajos, con fondos d,:,l Erario del Estado
de &lt;3:uanaj11ato y con el auxilio que le prestaron. el
Gobtflrno FedPral y la Compañia del Cnmino de Fierro Nacional Mexicano.
EFt&gt;t obra importantlaima de dPRViAción óel curso
d&amp; Rlo C.erma. rué trazada. por el Ingeniero dPl Estado rle Gua1,11juato. Sr. D. Ponciaoo Aguilar Aprobaron PI tr~zo del Sr Aguilar loa ingenieros del mencionado Ferroc11rril :11.acional Mexicano á quienes se
consultó aubr.i 111 particular.
.
El C11pitán Emeterio C. Hurria, Jefe Polltico de
Acám baro, fué comis'onado para la ejecución del proyecto deap)Pgáodose la mavor actividad pues en menos de un año quedó conclui"a toda la obra.
El co~to de ell11 fué .de $50,000 de los cuales correspsndiPron al Gobierno del .l!;stado de Guaoaíuato
$15000,

Aunque ya hemos dado en estas columnas descripciones y grabados del monumento. objeto de estas lineas, creemos interesante á titulo de recuerdo el que
aparece en la edicj.ón de hoy.

La caricatura en el extrangero.
Gladstont1, León XIII, BiPmarck,-el gran liberal, el
gran pontífice y el gran diplomático; 11ólo sobrevive
León Xlll para contemplar, frPnte á los bustos de los
dos que han desaparecido la obra que consumaron en
vida.
No necesita explicaciones la reflexión del Papa; el
earicaturi~t.. ha escrito. cruelmente para Bismarck
esta frase: "El borr,bre de sangre y hierro." En cuanto á Gladstone. 11 The great commont-r," todo es veneración y respeto, y la palabra commoner, indica suficientemente la , impatta delos norte--americanoe hacia
Gladstont'. que fué ante todo y sobre todo "un representante del pueblo."

.

E~ de mencionArse el desprendimiento de.l Sr. D.
Juan Llamedo, quien proporcionó graciosament11 para la obra en rllferencia toda la madera que se empleó
en ella, cediendo además el terreno que fué nticesarla ocupar.
No podemos en estas breves lineas dar una. idea
completa de la notable obra de defensa contra las crecientes del Lnma; pero baFte saber que el 1,ño pasado
fueron los estragos causados por la inundación má.s
graves de lo que hablan sido en otras ocasiones. y no
ob~tante que la creciente es mayor aun este 11ño, el
caudQl inmenso de las aguas dd rfo pasa por su nue•
. vo c_auce ain·alarll!a~ á nadie. pues antes por el contrario, todos se fehc1tan de la abundancia de un elemimto tan orecio@o para la agricultura y la industria.
Por este hecho podrá a.preciarse la importancia de
la obra á que nos venimos refiriendo.

La Corona real de la casa de Orange, cuidadosamente guardada en el tesoro del Haya vale dos millones de francos
No tiene por su valor intriosPco una gran importancia flutrn !lis joyas similares d.., Europa.
La del Ozar tien11 en la. parte superior una cruz de
rubi~s adornada con cinco enormes diamantes valiosisimos.
La de la Reina de Inglaterra se ~ompone de un espléorlido rubí y de un zafiro, ocho esm11raldas, veinte
turquesas, doscientas setenta y tres verlas, mil trescientos sesenta brillantes y mí! doscientoR ochenta
diamantes en rosa; está valuada en doce millones de
francos.
La del Rey de Portugal tiene piedras preciosas valuadas en treinta y ocho mlllonPs.
La corona más rlc11,-sin contar la tiara. del Papa,
-es la del Sultán deBarode formada de cinco hileras
de diamantes que representan un valor de cuarenta
y nueve millones.

Su Majestad Nicolás 11, Czar de todas
lasRmdas.

Huelga agregar una palabra más á las de San Pedro, á no ser que se rté un sPntido á la caricatura,
representando con San Pc.1dro á la posteridad que _en
sus juicios no reconoce vasallajes.

LA CARICATURA EN EL EXTRANJERO

j

- .......

~{-~-_. -._ ~~~==·
DESPUÉS DE LA MUERTE DE BISMAROX:.

Los tres "grandes hombres ancianos."
(PucJc, N. York)

EN LA PUERTA DEL CIELO.

\

'\

EN EL OLIMPO.

San Pedro á Hismarck.-Sed bien venido; pero os
LIP¡ra Biemarck, (El personaje que corre es Napoadvierto que aquí yo soy el canciller.
león III).
(Der Floh, Viena.)
(Humoristische Bl&lt;ette:r, Viena.)

.

Te acordarás igualmente de que en el entreacto mi
marido nos propuso irá tomar u·n refresco á la cantina y que un poco cansada del viaje y encontrándote muy á gusto en tu asiento preferiste no moverte, le
di~te las gracias y permanecimos en el palco mientras Jacobo fué á fumar tu cigarro al peristilo.
Y te acordarás, en fin. deque aquella mujer se levan·
tó un instante después para salir y que tú digiste entonces, todavia prematuramente: "mira; parece que
la joven linda va. á reunirse con tu marido: en tu lugar, yo no esta ria tranquila."
Todo esto es muy sencillo, muy llano. muy insignificante en apariencia para ser conmemorado, porque
eso es la vida cuotid\ana en su marcha más regular,
más banal y más monótona. Una amigl1- que vive en
un rincón de la Bretaña y á quien se ama mucho, viene de visita por algunos días correspondiendo á reiteradas instancias; se la. lleva al teatro, alli está en
las butacas una mujer dé vida alegre y el marido ea.le del palco y va á fumar un cigarro durante el llntreacto ¿qué hay de alarmante en todo esto?
Y sin embargo. es de esas nonada~ y de esas contorsiones de marionetas de donde nace todo un dra-

Hercules y Dejan ira ante la hoguera.

El teatro al aire libre.

ver, te convierten en la única causa de todo, en la·
causa f,.,tal.
Como recordarás, el dia de tu llegada quisiste ir al
teatro y tomamos un ¡&gt;aleo bastimte cerca del escenario, colocándonos las dos en primera fila y J acobo detrás.
•
Recordarás también que frente á nosotros, flD las
butacas, se encontraba una mujer, y que volviéndote
á mi m , rido le preguntaste. ¿Quién es esta joven tan
linda? No la conozco, te contestó pero sola, con ese
traje y en ese lugar, debe ser alguua perdida de mar-

1
y mis triatezas Pscribirte y repasar describiéniiotelo el drama qu~ ha aniquilado mi exietencia.
Tengo tu carta ante mis ojos: la vigédma que me
has dtri•,-jdo en estos últimos seis meses sin lograr
arrancar~e á mi mutismo, á mi muerte. "Puesto que
no quieres contestarme,-l!le dices- voy á verte. Así
pues si mañana no he recibido una palabra cualquiera
tuya,' tomaré el tren y partiré: quit1ro absolutamente
saber lo que significa tu silencio." No, no vengas,•:
te contesté colérica. Ya comprenderás y excusarás mi
laconismo colérico.
¿Conque que quieres saberlo? .... ¿quieres? ¿y para
qué? Ptiro tal vez esto me alivie y en todo caso servirá como explicación de mi loco telegrama.
Ya otra vez has venido, hace seis m~ses justamente,
pues fué el 1° de Agosto. Bastant~ te habia rogado,
suplicado instigado para que deJuas por algunos
días tu vida hacendosa y las vulgaridades de tu aldea,
y ahora comprendo mi exaltación nerviosa al desear
que vinieras mi ansiedad imperiosa y, como enfermiza de tenerte ámi lado: el fatalismo que es la leytntima y suprema de nuestra. vida, me impuso este esfuerzo, porque la hora del mal habla irremisiblemente
llegado
Por tu causa por tu venida estuve á punto demorir.
1Ay por qué nd sucedió a3f! Pero salvé mi vida y lo que
no pudo salvarse fue mi dicha. que la perdí toda, al
perderá mi Jacobo, á mi marido.
Te preguntarás cómo ha podido suceder cosa tan
inverosim,il y cual haya sido tu falta; pensaras que
estoy loca ó que mi imagina.ció~ se forja invenciones
fantásticas.-Ayl no, pobre am1g~ ~\a, nol todo esto
es enteramente exa~to, real y ddm1tivo ••.•...
Tú me robaste á mi J acobo; si, tú, y me has hecho
perder mi felicidad!
Y no es que eeas coqueta, ni perversa: al contrario.
Eres buena, ingénua, honrada y no abusas de los en:
cantos que te da tu gentileza; no has trastornado mi
hogar con zalamerias ó manejos indignos. pero hay
muchos modos de romper un_a ca~ena y de des~ruir
ese equilibr;o frágil en que Btl sostiene una felicidad
perfecta.
El amor sobre el cual se han dicho tantas cosas y
que es el eterno é inagotable objeto de todas las re•
flexiones es tan dificil de comprendorse como de realizarse, y' resulta una locura tan grande ind_agar por
qué existe, como pretender que se sabe el tiempo de
su duración.
MiJacobo viviaen nuestro amor como en una hamaca
tendida entre mis brazos, mecido por mis caricias, soñoliento, am oir ni ver lo que ocurria en el resto del
mundo sino como un rumor, comounensueño quepa•
saba sin alterar nuestro reposo. Esto podía prolongarse para siempre, pero ~ condición de mecer constantemente y con regularidad de modo q~e- ~a hamaca
no se detuviera ni un instante en su oscilación cadenciosa, para que él no acertara á despertar, levantarse
y volver§. pisar la tierra
Y tu venida fué la causa. la. única, la espantosa
causa del mal, porque me tomaste una part~ de todJ
el tiempo que yo le consa~raba, y estuvo sm mi U!3a
hora y el alma es un niño a q.ulen no 11e le debedeJar
nun¿a solo con su amor, pues hay que tener mied_o de
que destroce el divino juguete para ver qué tiene
dentro y luego deje correr, hasta.no quedltr gota, la
miel de la ternura por la herida que hizo su curiosidad.
Por lo demás he aquí los hechos materiales, hechos
á los que tú pafeclas extraña, pero que como lo vas á
11

pañado y esa mujn no le habr(a encontrado ·s olo, ni
habria podido solo examinarla á su antojo. T11 observación sobre que era muy linda llamó la atención de
ml marido y la suya. pues no hay mujer que deje de
notar cuando se hRbla de elln .
Pues bien,la caeualidad ó más bien la fatalidad mezclánd,ose en todo. hizo que luego la volviéramos á en•
centrar en un café donde se sentó cerca de nosotros,
y que habiendo olvidado su portao:onedas, mi marido
por galaoteria banal,.pagara por ella una suma io@ignificaote. Que tu presencia nizo que él y yo estuvié •
ramos muy poco juntos e~e día, quedándo él libre
muchas horas para pensar en lo que habi9. sucedido.
Que al dia siguiente J acobo eucontrase en la calle á
eaa mujer. la que lo detuvo para reembolsarle el gas•
to de la vispera y para ofr acerle su casa en agrade•
cimiento, y finalmente, quti mi marido por curiosidad,
por debilidad ó por vanidad aceptando el ofrecimien•
to fueRe su amante de unR hora.
Como lo supe? Sencíllameote. Por grande que ~ea
Nancy, es para ciertaij coFas una a!dPa como todas las
de provincia; y una nval de ofic o de esa mujer, me
escribió una carta anónima enquti me hablaba de una
cita en la Pepiniere. ¿Por qué en v11z de desgarrar
con desprecio la carta fui al punto indicado? Porque
asi estaba decretado por el destino: porque debla yo
ver juntos á ella y á Jacobo.
El tenia esa. sonrisa maligaa que le conoces, y aunque su mirAda era acarici11dora, parecia burlarse. ¿De
qué? Probablemente de la coquetería femenil, pues
á. pesar de que la mañana era calurosa,elZa llevaba un
abrigo á la últim11, moda y se sentia en el deber de
atárs11!0 bien al cuello como si hiciera mucho frlo.
Ohl nunca olvidaré las mirad·,s que am ,, s se cruzaban, ni que iban del brazo muy juntos y estrechándose y que él llevaba en PI ojal &lt;1e la levita una rosa.
Es-' cuadro, jamás lo ulvidaré
En las Lrgas horas que paso á solas, hundida en un
sillón (con el codo :i poyado en la m1,dera torneada, cu ya dureza no me lastima) y la cabeza sin pensamientos recargada en la. mano, miro allá á lo léjos en el
vacio. y tise cuadro se me vuelve á preseutar.
Y él h , sabe, porque yo al verlos aquella vez lancé
un grito y cal en el suelo, á veinte pasos de ellos junto al árbol donde me uabia escondido. Corrió, me levantó, me arrancó á la muerte con sus cuidados, su
ternura, su voluntad y curó el cuerpo pero el alma ha
muerto.
Cuando al volver de sus ocupaciones forzosas viene y me encuentra hundida en mis tristezas no me
dice nada, y sufre y sufrirá hasta el dia en 'que mi
mal le parezca rit.ltculo y aun le sea enojoso.
E'le dia e~tá cercano: ya lo sé
Me ha confesado todo, me ha pMbado que no es mo,
t\vo para aniquilar dos vidas; me ha razonado con toda la persuación Que dan el bt.en sentido, los remordimientoa y el amor, pero no ha podido destruir lo que
fué
Y apeear de nuestros mutuos esfuerzos soy vencida
por el poder de los recuerdos, y él lo ·sabe.lo ve, y una
lasitud colérica va apoderándose de su corazón dia
ºpor dia
Es vida E&gt;sto? Sola en mi hogar, con esta rbaesión,
no_pudie11:do mantener~o no. digo alegre. pero ni siquiera cm~11do, sabe ~1 marido que al venir me encontrará @Ieffipre abatida, á pesar de sus E&gt;sfuerzosy
de sus trabajoP, qu" debian hace~le amo de una.mansión pr-óspera y feliz.
Y esto termina asi, ya lo ves, quedandJlos dos vencidos por el mal de los recuerdos que nada puede
curar, pero que no puede ni aun hacerme morir porque este sentimiento vulgar a.e celos banales 'no es
bastante noble para matar
Y todo El~t_o ya lo has visto, sucedió por ti, no lo puedes negar m aun defenderte, pobrecilla puesto que
instrumento de la fatalidad, esta ha sido más fuer~~
que tú.
Ahora si habrás comprendido mi silencio, mi locura. mi grito de espanto: no, no veng_as.
Tu venida, he ahl la causa de todo esto.
JEROME DOUC'ET.

ma con su desenlace sombrío .... Jacobo ha acabado
por ser el amante de esa mujer y por culpa tuya y
no más por tu culpa, se ha aniquilado para siempre
mi vida.
.
Si no hubieras venido ese dla., de pronto, no babriamos salido, pues se daba El Fausto 9ue estábamos
cansados de ver y no hub\éramos temdo ocasión de
ver á esa perdida. Además, cuando vamos solos al
teatro no vamos á palco sino á departamentos más
mode;tos y aun asistiendo al Fausto no hubiéramos
estado cerca de ella. Supóngamos sin embargo, que
esa vez ú otra huoier&amp; sido nuestra vecina de localidad como lo pudo haber sido antes, no habría sido yo
quien llamara sobre ella la at~nc~ón de Jacobot !1º
por celos, sino por un secret!) rnsttD;t0 que _me hubiera impedido pensar y más aun decu: ¿quién es esa
joven tan linda?
Y no es eso todo. Jacobo en el entreacto no me habri&amp; dejado sola y si hubiera tenido imprescindibles
deseos de tomar un poco de aire, le habria yo acom-

�270

EL MUNDO

Domingo 2 de Octubre de 1898.

Domingo 2 de Octubre de 1898

1
De pronto se encuentra junto á Kolombina y
hace un ademán de impaciencia al reconocerla.
Ella le implora y él la aparta de su camino. Kolombina al alejarse tropieza; y á punto de caer
Gilles la sostiene, y al notar que se le abandona
en los brazos, finje no comprender la causa de
tanta emoción. Los alfileres llenos de pedrerías
del peinado complicado de la joven, le arafl.an e:
rostro, y él, sin ceremonías, se desprende de su
carga.
Movimiento de cólera en Kolombina que colma al amante desdefioso de amargos reproches
y luego, como resignada, entra á su casa vacilando.
•
Gilles Sama ~ontento de encontrarse al fín solo, se sacude como un gato mojado, se encoje de
hombros, envía un beso volado A la luna y se
dirige á su _árbol.
Encantado con la esperanza de un sue:ll.o tranquilo y tarareando el Salve dimo1·a casta é pura,
saca de la bolsa una llave y la trata de introducir en la cei'radura de la puerta (porque tiene
una puerta) y no consigue abrir. ¿Estará tapada
la llave? La sopla y la golpea contra una piedra.
Nada .... que no se puede abrir. No hay esperanza.

Sucede por lo comlln que cualq uler detalle lnflmo y prosálco, triunfa
del más firme designio, mejor que las más poderosas razones.

PERSONAJES:
GILLES SAMA, Enamorado todavía de la luna.
·KoLOMBINA, Siempre enamorada de Gilles
Sama.
ÜKAMÉ, Diosa tl-e los amores.
BAILARINAS, MÚSICAS, JAPONESES, JAPONESAS.

La esrena pasa en el Japón (¡natu,ralmente!) A
la izquierda. la casa encantada y encantadora de
Kolombina, á la de1"echa un ced1·0 venerable, como
el á1·bol de Robinsón, y que es morada aerea de
Gilles Sama.
Un rio, y al fondo un puente de arco elegante
sobre el cual pasan pai·ejas de enamoi·ados abrazados tiernamente.
En el agua se deslizan lentamente góndolas enfloradas y adornadas con farolillos de colores.
Noche enervante; las est1·ellas cintilan, las flores
están adormecidas y sin embargo sus perfumes embriagadores flotan en el ambiente. Todo es amor
y dicha.
Reclinada Kolombina en la balaustrada de su
mansion, contempla melancólica el espectáculo
que se ofrece á sus ojos.
KoLOMBINA.-¡Amo y no soy amada! Sufro...
¿hay más grande sufrimiento? Estoy celosa de
la luna, de ese astro plácido y estúpido objeto de
sus serenatas .... Trataré de hallar el olvido en
el sueno. Voy A recojerme.
En ese momento las parejas entrevistas A lo lejos hacen irrupción en la escena y bailan una
alegre farándula en la que Kolombina se niega á
tomar parte, oponiendo A todas las súplicas una
resistencia obstinada. Los enamorados compadecidos del dolor de la desdeiiada y desesperando
de ve~cer su tristeza, se alejan dulcemente.
Kolombir.a sola se abandona A la desesperación, solloza, luego se calma y en seguida, en un
arrebato de rebe¿5n, a=i?r:'.\za con el putio cerra-

t
do a la luna llena que acaba de ap11reccr rasgando las nubes.
De improviso uria flauta invisible mezcla su
canto quejumbroso á los rumores solemnes de la
noche. Kolombina escucha.
KOLOMBINA.-Es él!. ... Y se acerca .... ¿qué
hacer?
Gilles Sama entra por la derecha andando para
atrás, tocando la flanta é interrumpiéndose á
ratos para dirigir un gesto de desprecio á la canción lejana de los enamorados cuyo eco se oye
todavfa.

1'

\

Ji

EL MUNDO

Todas las cerrajerías estAn
clausuradas A esa ho~a de la noche.
-¡Mi reino por un caballo!
digo, por un aHiler.
Kolombina desde su balcón
observa todos estos movimientos
con interé~, y GiBes Sama que
se sie1.1te espiado trata de poner
al mal tíempo buena cara, y reflexiona cuál será el p1:1satiempo
honesto 1\ que se puede entregar
un poeta lírico cuando está imposibilitado de entrar A su casa.
Lo primero es tomar el caso con
filosofía, pero hace mueh? frío
para filosofar. Entonces mide la
altura que lo separa de su casa
suspendida en las ramas, y hace
una tentativa infructuosa para
trepar, seguida de una caída ridícula.
Kolombina, después de un arrebato de piedad amorosa ríe á carcajadas y aplaude irónicamente. Gilles Sama que no se ha roto
ningún hueso, se siente picado en
lo vivo, intenta una nueva ascención con éxito esta
vez, pero la puerta
de arriba está bien
cerrada. Da vuelta
al rededor sin poder penetrar y cansado de la brega
intenta recostarse
en una rama, lo
cual nota que no
tiene nada de confortable. Esto se va
poniendo más y más
turbio. Y luego he aquí que
observa A Kolombina, la
cual friolenta se volvió á
meter á su cuarto y está en
vías de desvestirse; la ve
al través de las vidrieras
del balcón.
-Bribona! dice Gilles Sama. Eso es impúdico. Huyamos del lazo. A bajar otra
vez.
A poco intenta abrir por
tercera vez, y la cerradura
por tercera vez se resiste.
Decididamente la llave
está tapada.
¿Qué hacer?
En la casa de la vecina ya se apaga-ron todas
las luces.
Gilles Sama. apoya el dedo en la frente y A poco le viene una idea. Esa chiquilla cuyos alfileres le araiiaron la cara hace unos cuantos minutos, podía haberle prestado uno con el cual se
destaparía lu maldita llave. Pero no había que
pensar en eso. Gilles· Sama la había ofendido mucho ....
La ventana de la casa de Kolombina se abre, y
Kolombina aparece en un elegante traje de dormir.
Actitud embarazosa de Gilles Sama. ¿Hablará?
¿No hablará? Y al fin se decide, y con las apariencias de un perro apaleado, se acerca á presentar su solicitud.
Ahora le toca el desquite A la joven y se hace
del rogar é impone sus condiciones.
Es verdad que tiene buena voluntad de prestar este servicio A su vecino, y P.S cierto que como buena y generosa no sabe guardar rencores,
pero ....
-Sin embargo Gilles, estuvo usted muy rudo
con esta su pobre vecinita!
Gilles Sama se excusa como puede y ofrece
dar pruebas de su arrepentimiento.
-Entonces va usted A tocar, dedicándomela á
mí, su serenata á la luna.
Eso es mucho pedir, pero el lrío aprieta y el
músico se decide.
Durante la ejecución de la serenata, Kolombina deja el balcón, baja, y sale de la casa después
de abrigarse con un magnífico mantón. Luego
se aproxima A su deplorable amigo, inclina la
cabeza ante él y le dice:
-Elija usted el alfiler que deba serle útil.

271

Pero los alfileres no ceden fAcilmente á la poca habilidad del mancebo y ella dice quejumbrosa:
-Ay! ay! me está usted haciendo dafl.o.
Traviesa, hace durar la escena lo más que
puede.
-No, este nn, l))ejor este otro, espere usted_. ..
Y para desprenderse los alfileres, Kolombma
puso su cara muy cerca de la de Gilles Sa!lla, le
lanzó una mirada que le llegó como una 10yecció11 de hielo hast11 la médula de los huesos, y lo
bailó como con una caricia con su aliento tibio Y
perfumado,
.
.
Kolombina, con su traje ampho cuyos pliegues
se estrech11ban á todas las esbelteces de su cuerpo, con el mantón suelto A la espalda, cc,n los
brazos levnntados á la altura de la cabeza y con
una sonrisa capaz de trastornar medio univer.so,
permaneció inmóvil algunos instantes, hasta que
consideró bien electrizado al mísero cantor de su
rival la luna.
Y soltando un alfiler antes de que Gilles Sama
lo hubiera podido cojer, CAyó al suelo y ambos
se pusieron A busearlo en la sombra.
Entre tanto la luna se había velado .... El alfiler pareció al fin, lá llave se destapó y la puerta pudo abrirse.

El instante era embarazoso. Había que buscar
un medio de manifestar gratitud por el servicio
recibido. Gilles Sama propone unarepetición de
la serenata que antes había tocado y Kolombina
lo disuade vivamente.
-No, le dice, mejor béseme usted.
La besa y observa que eso es cosa muy agradable y vislumbra en su espíritu algo como una
celeste revelación.

�EL MUNDO

Domingo 2 de Octubre de 1898

Don,tniro 2 de Octubre de 1898

.l:L HUNDO

BL Bf\lL6 DE Lf\ OONDESf\
NOVELA ORIGINAL DE HENRY KISTERMACKER.
ILUSTRACIONES GRABADAS EN NUESTROS TALLERES.

Versión Espan.ola de "El Mundo llustrauo."

~úmero l.

Vuelve á empezar.
La luna S3 ocultó enteramente y Kolombina y
su amigo quedaron s0bre el árbol, ent~e la sombra, á la puerta de la morada de Gilles Sama.
Los enamorados que habían estado observando de lejos toda la escena. surgen silenciosamente y concertando luego sus voces, entonan una
ale'gre canción nupchll.
La luna asoma un ojo y apareee el grupo en la
copa del árbol.
.
Abajo hay aplausos, gritos, salr1taciones.

La felieldad no es egoísta; gusta de propagarse
en ruidosos arranques de deliciosa expansión, y
los que aman quisieran que todo el mundo amara
y que de todos los labios no salieran más que
himnos de amor.
Por eso domina en las p&lt;i.r-ejas de enaruorados
el mayor. enmsiasmo, y levantan las manos al
cielo, y prorrumpen en manifestaciones; y al fin
exclaman:
-¡Qué desciendan, que vengan A recibir la
bendición de la Diosa de los amores.

Descienden, Kolombina ruborosa y pura envuelta púdicamente en su mantón, y Gilles Sama
sonriente y feliz.

EL HEROE

DE "ACUARELAS"

Su-pira el viento con rumor ~onoro,
rizando el 11gua en cristalin11s ondas:
y finge el so1, filtrándose en IH frondas,
haces de ámbar y saetas de oro.
Alza el Ajusco, al.sur, al infinito,
su brava y pintoresca crllsterfa,
v escueto acá, pcr donde nace el dla,
ir/?U6 el Peñón su comba de granito;
y en el fondo del valle, que ilumina
apenas ya, la tarde qut1 fenece,
la orgullosa metrópoli aparece,
entre la esfumación de la neblina.
Cortando su perfil sobre las luces
de volcán, que, al caer. d~jó á AU p,iso
el rojo sol, M empina hacia el Ocaso
el histórico Monte de las Cruces ....
Más 11cá, como nido de palom11s.
entre el fresco sauzal que la sombrea,
y al pié tendida de sus verdes lomas,
la Villa de loe Mártires, blanquea
Y allá, sobre el azul ya entenebrirlo,
Alzase al Septent· ión el legendario
T, peyac, el p~ñasco conve1tidc
pór la fe de una raza, en incensario.
¡De alli en radiame y misteriosa nube,
como de un mar sin playas desprendida,
eternamente la plegaria sube
de todós los dolores de la vidal. ...

Del libro "Lápidas."
11
Que ca~ré?-Puede ser. r::iae, imponente
en mi mudo reproche :ré á la tumba;
nacl roca, enemiga \l,f'l torrente:
Tú si.brás si el torrente me derrumba!"
11
Ergul mi mole y·afilé mi diente ....
y el titán que me odia, ruje, zumba,
culebrea. vacila en la peJdiente
y me ensordece al fi\l, con sú balumba .... "
11
:\Ia;; cuando p11sa el aluvión inmenso,
yo estoy cte pié y tranquilo, porque pienso
que fuera insensate¡:-oh Dios, que fraguas
contra cada opresión un heroismo,ponermé como coto en el abismo
para hundirme después bajo sus aguasl"

AMADO NERVO.

LEJANIA
I
Bien sabes tú, que á ella la querfa
como se puede amar cuando se tiene
abierta el alma á la ilusión que viene,
y se cuentan veinte años todavla.
Yo la enseñé á querer, no lo sabia.
Y como al débil niño se sostiene,
su pobre alma, solicito y perenne,
con los brazos de mi alma sosten ta.
Hicimos de las dos solo una suerte.
' Por la vida c1uzamos paso á paso:
·- ella tierna, yo amante y satisfecho.
Llamó después á nuestro hogar la muerte,
y al destrozar de su existencia el vaso,
dos almas se estremecen en mi pecho.
1898.
MIGUEL

E.

PEREYRA.

Mirad: Por la infinita lontananza,
como un cisne de nieve, rauda nube
&gt;ti m11r de oro del Ocaso avanza
Mt&gt;drosa y triete~a tiniebla sube
bor1 ando del crepú~culo las huellas,
y, al pa~o que el zafir 1'6 entenebrece,
como asperd1ón de perlas, aparece
el rE&gt;guero sin fin de las estrellas.
......Y allá:, sobre la cumbre inmaculada,
finje la irradiación del Occidente
un turb,rnte de iris en la frente
del Popocatepetl. Surge callaaa
del horizonte azul la luna llena,
v á. los tristes y pálidos reflejos
de su anémica faz, siempre serena,
como lunas de límpidos espPjos
los lagos se Rbrillant,m á lo lejos
sobre e! tapiz de la floresta amena.
Risueños, y entre ubérrima espesura
se ven los puebJe·cttos, agrupados
en derredor de l11s lagunae ledas;
y serpean por toda la lhmur J.,
ií. través de los fértiles sembrados,
canales y caminos y arbc,ledas.
Por barbechos, y atajos, y llanadas,
bajo el testuz y grave el continente,
tornan á. sus 11stablos, lentamente,
y hundiéndose en los paetos las vacadas.
Los aperos al hombro, el campesino ·
regresa, fatigado y sudoroso,
•
del campo que fecunda su tarea;
y á la vera polvosa del camino,
y bajo el árbol protector y añoso,
el pobre techo del tugurio humea.
Trota el rebaño por las verdes faldas
que enegrecen ias sombraa de la tarde,
y á la luz del crepúsc_ulo que arde
el bosque es un incendio de esmeraldas.

BAILE,

Entrada de Okttmé, Diosa de .los amores, seguida de su cortejo de músicos y bailarinas.
Gran iluminación. La diosa une con vínculo nupcial á los dos prometidos. Luees de bengala.
TELÓN

Detrás del anguloso cresterio
de los montes, ya el sol borró sus huella~,
y-como chisp.,ante pedr1,rlosobre el azul turquesa del vacío,
fulguran, tremescentes, lns estrellas.
La gloria de la tarde ha fenecido,
en todo su esplendor la luna brilla,
y, con uu CRnto de tristeza henchido,
aun gime, sobre el borde de su nido,
su estrofa postrimera la .i.vecilla.
JOSÉ BECERRA,

Valle de México, Septiembre de 1898.

1

Todos saben que el pueblecillo de Villiéres es lo más pintoresco que hay en la tierra.
Reclinado al pié de una colina, sombreado por frondosos árboles frutales, cruzado
pC'r un riaebuelo que lleva agua todo el afio y circundado por los profundos bosques
que pertenecen al cercano Castillo, Villiéres es en verdad digno de su filma.
El Castillo, ahora deshabitado, es toda ur.a historia, no porque b11jo sus torreones ruinosos celebren las brujas sus aquelarres, ni porque al travé$ delas ventanas puedan
distinguirse trasgos y vestiglos en las noches d~ tempestad, sino sencillamente porque
A la munificencia de su propietario, deben todos los habitantes del pueblo la holgura
y la felicidad de que gozan.
En tiempos pasados, hac.e apenas veinte afios, el Castillo era un animadhimo centro
de plilceres y fiestas en que los sefiores C,&gt;ndcs de Villiéres derrochaban el dinero y
la alegría desde que empezaba la primavera hasta que los llam~ban á P11ris las diver•
siones y los encantos con que los ricos saben haeer-c::,rtas y gratas las veladas invernales.
Pero ahora ya no hay nada de eso: una media docena de criados fieles y viejos cuidan de las habitaeiones; el corral y la perrera están vacíos y crece la m11leza en los
parques y jardines. Y11, no se ha vuelto á oír el eeo de las mú9icas que instigaban al
baile, ni el estruendo de las caeerías, ni el rumor de los banquetes, ui el estallido de
los tapones del champagne,
Soledad melancólica substituye Ala animación pasada, y ni el selior Conde con su
séquito de amigos y servidores, ni la sefiora Condesa rodeada de una cohortt n 1merosa
de damas nobles y bellas, han vuelto A pasar en lujo3os trenc3 por el accideuc11.do sendero que del pueblo conduce al Castillo.
La última temporada que pasaron en él, se marcó por un incidente muy curioso y que ninguno supo explicarse: en lo más grato y entusiasta de las fiestas, se pre•
sentó cierta uocbe un caballero embozado que estuvo hablando A solas y muy largamente con el sefior Conde, después de lo cual este hizo ensillar el mPjor de sus caballos, y sin despedirse de nadie ni decir A dónde iba, partió en compafiía del incógnito recién lle•gado.
Al principio la Condesa no pareció sorprenderse; pero cuando hubieron puado tres
días sin que llegaran noticias de su esposo, se alarmó verdaderamente y envió criados
para buscarle en Lodas direceiones.
Las pesquisas no produjeron resultado alguno. Ni en su casa de París, ni en sus vi1iedos de Burdeob, ni en sus posesiones de Dieppe fué encontrado el sefior Conda y
ha ;ta llegó A creerse que murió asesinado.
Naturalmente las visitas se habían ido despidiendo poco A poco hasta que no quedaron con la sefiora Condecsa más que unos cuantos parientes y amigos de intimidad; y p"r último, llegado el invierno, todos se fueron acompafiando A la Condesa que
volvió triste y enlutada A París.
Todos lloraron en el pueblo la desaparición del Conde de Villiéres y su muerte
probabll!, pues era muy querido por su alma generosa basta la pro?igalid~d, y buena
hasta la ternura. Allí los terratenientes (y todos lo eran), no hab1an sabido nunca lo
que eran ex.torsiones ui crueldades, ni exigencia alguna. Si se perdia 1'l cosecha ó
enfermaba la familia, ó se sufría algún quebranto, el selior Conde no sólo bacía cesión del precio del arrendamiento, sino que venía en auxilio de los desgraciado3 con so.
persona é intereses. Vez hubo en que se le viera pasar la noche completa junto al le~ho de una mujer y un nill.o que cayeron en el río crecido por las lluvias y estuvieron á punto de anogarse. Cu,rndo el sel1o, conde vió venir entre l~s olas el gr~po de
madre éh.ijo, asidos el uno al otro y sin fuerzas y a para salvarse, hizo
que nmguno
de los otros que contemplaban aterrados la escena; se lanzó A la corriente y con riesgo de la vida propia, logró sacar á la orilla, casi moribundos, A aquellos infelices.
Luego los hizo llevar á una choza cercana, y allí los cuidó toda la noche hasta que vovieron á la vida,
Y como aceiones de esta clase eran frecuentes en el sefior Conde, todos le amaban,
le respetaban y todos deploraron su muerte, pnes muerto le creían ya; agravándose
esta pena co~ el temor de que el Castillo y sus tierras vinieran A parar A manos de herederos descorazonados que cambiaran la suerte del pueblecillo de Villiéres, tan próspt!1·a y feliz, igualAndola con la de otras lccalidades donde los trabajadores del cam-

!º

273

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EL MUNDO

Domtng-o 2 de Octubre de tW!J

Domh)go 2 de Octubre de 1898

que Maria había dado á luz una hermosa nif!.a, lo
cual le avisaba el Doctor, recomendándole que
fatlra al bautismo, y como consecuencia de esta
recomendación, el herrero partió, no sin haber
recibido antes las felicitaciones de todo el pueblo.
Cuando regresaron los esposos, las comadres
murmuradoras pudieron observar:
Que María Poulet no había perdido sus colores,
y parecía má.s saluda.bit, que nunca.
Que á pesar de eso la nina er11. amamantada por
una nodriza.
Y que el tamaflo de la criatura, la expresión de
sus ojos y otros mil detalles hacían creer que la
nifla tenía ya algunos meses y no unos cuantos
días como afirmaban sus padres.
El cura puso fin á estas murmuraciones con
una reprimenda, y todo volvió á tomar su curso
normal en el pueblecillo de V1llierés, donde por
esos días hicieron sabel' los crit1dos del Castillo
que el señor Conde no había muerto, que estab:1
bueno y C\Jntento en París y que había transmitido sus órdenes para que los arr1mdamientos se
pagaraJl al Alcalde ~efü,r de l.'llariel, quien seguiría tratando á los arrendatarios con las mismas
consideraciones de que habían gozado.
Pero ni en ese año ni en el otro ni en ninguno
de los subsecuentes, volvieron los Condes de Vi·
lliéres á pasar en el Castillo la temporada de caza;
y el último carruaje de viaje que penetró con
gran estruendo por la!f calles del pueblo, fué la
diligencia en que vino María Poulet con su chiquilla y la nodriza, carru11je queluegoaprovecharon, el boticurio y cuantos más vecinos tuvierón
que irá la ciudad, y que fué ocupado hasta eu la
imperial, desde que Pablo Poulet hizo saber que
ROSITA.
el pasaje no costaba nada por estar pagada la diMuy temprano se presentó en la fragua un pi· ligencia por completo p&amp;ra ida y vuelt11.
Rosita, ese era el nombre de la nilia, creció muy
carío vivaracho y simpático que hacía las veces
de ayuda de cámara del Cura, sacristán de la prontó en corpulencia y en beldad y parece que
iglesia y mo~o de oticiQS del Alcalde..,y habló con con su presencia traj.o al hogar de_l.os.Poulet, el
Páblo, el cual dtljando apresuradamente las he• bienestar y la ventura, pues los negocios del herramientas, cambió el mandil por su blusa do- rrero comenzaron á prosperar y pronto fué uno
mingúera y tomó el camino de la casa cul'al. Allí de los más bien acomodados del pueblo.
se encerró con Susano de Mariel con quien estu•
Cuando Rosita cumplió sus 15 afios estaba ya en
vo conversando cerca de una hora; luego salió todo el esplendor de la hermosura: alta, esbelta,
muy preocupado pero con cierto aire de satis- de grandes ojos obscuros, boca peregrina y cabefacción, volvió á su casa, habló en la cocina muy llos abundantes largos y finos, tenía un'l elegancia
á solas con su mujer que dejó de reir, y con los natural, realzada por la modestia y la vil'tud. Cuojos húmedos y rojos, comú impaciente por algo tis delicado y transparente, mano;¡ cuidadas como
agradable que debiera venir, y preocupada tam• las de una duquesa, lenguaje culto sin serpretenbién, suspendió sus haciendas domésticas.
cioso, y un imponente respeto de sí misma, Je daEsa m11flaua los fuelles de la fragua y los hor- ban un aire de superiodidad y de nobleza, que
nillos de la cocina estuvieron quietos, lo cual no contrastaba con las ingenuas y vulgares maneras
había pasado nunca desde el día del matrimonio, de María Poulot, por más que estas se hicieran
y así como á las doce y media, cuando el sol es- hasta gratas por causa de la alegría sin tregua y
taba en la mitad del cielo, llegó en su mula el la bondad si.n límites de esta ejemplar mumédico de la cercana ciudad y se dirigió á la he- jer.
rrería, Jo cu:il llamó grandemente la atención de
Los dos sen.ores de Mariel habían competido
todo el pueblo, pues no se sabía que hubiera en- en afán para cultivar las doteJ intelectuales y
termo de gravedad en la casa de Pablo Poulet.
morales de Rosita y le habían dado una instrucUnos desde&gt; las ventanas y otrosdesdelaspuer- ción sólida sin pedantería, engalanAndole el co•
tas acechaban la salid/\ del Doctor que no se hizo razón de piedad sincera sin supersticiones.
esperar mucho tiempo, y fué el boticario el pri•
Así pues, la nif!.it era verdaderamente una jomero que se atravesó preguntándole:
ya, pero los mozos del pueblo no se atrevían A
-¿Hay novedad, Doctor, en la casa del amigo cortejarla; y un poco por burla y otro por respe•
Poulet?
to, la habían bautizado con el apodo de «La Con•
-Según como quiera entenderse, respondió el desita.&gt;
médico. Novedad así dd enfermo grave ó de pe•
Pues sucedió que una vez la Condesita tuvo
ligro, no; ailn'-!ue bien mirado pudier1' ser, pol'•
que hacer viaje A la ciudad en compailia de sus
que estos trances no siempre son felices.
p11dres, para recibir el Sacramento de la Confir•
-Explíquese usted Doctor.
mación,
aprovechando, como otros muchos de la
Ya entonces una media docena de los má11
comarca,
la circunstancia rara de estar allí de
conspicuus vecinos de Villiéres, estaba rodeando
paso
el
Obispo
de la Diócesis.
A la mula que montaba el galeno. Este conti•
Como era tanta la gente á quien había que connuó:
-Pues es la cosa más sencilla: hace dos meses firmar, el O hispo la dividió por sexos y por edacuando Pablo fué á la ciudad á ccmprar fierro, des sefial1rndo un día para cada grupo: y del misestuvo en casa y me dijo la pena que tenía, por mo modo que entre las estrellas sobresale y brique Dios no le había dado hijos; yo le dí una me- lla la luna, brillaba y sobresalía Rosita entre el
dicina para que tomara su mujer, yle ofrecivenir centenar de sus compafl.eras cuando le llegó su
turno de presentarse en el templo.
oportunamente á reconocerla.
Nada había más hermoso y cautivador que
-¿Y qué ha resultado? preguntó la mujer del
ella
con su traje vaporoso de gRsa blanca, sus
panadero.
-Que María Poulet está en cinta desde hace cabellos sueltos adornados de nardos y azucenas,
mes y medio, dijo el Doctor, echando á 11ndar en sus ojos húmedos y radiosos, sus labios sonrien•
tes y su aspecto de inocencia y de candor.
.su mula y dejan&lt;to á todos asombrados.
Cuantos la vieron se asombraron; el Obispo la
Algunos meses más tarde, María que seguía tan
.gorda, colorada y risuef!.a como de costumbre, se bendijo de un modo especial dando gracias á Dios
empezó sin embargo á quejar de dolores y des!a• por que envió al mundo tan perfecta criatura, y
necimientos y pérdida de apetito; y Pablo hizo María Poulet que ni un instante había dejado de
saber á sus tertuliános que la iba á mandar á la ofr al11.hanzas, estaba que no cabía de orgullo en
ciudad para que se curara, lo cual hizo sin pér- su pelleJo como ella decía.
No ha.cía una semana que la familia Poulet badida de tiempo.
bia
vuelto de su viaje, cuando se presentó en ViEn la ciudad tuvo lugar el alumbramiento. Pa,
lliérr s un j'lven muy apuesto vistiendo la humilblo Poulet ~upo cierto dil y con él sus amigcs

Conde que venia ginete trayendo dela brida otra
cabalgadura.
Dió el tal las buenas noches con ademán respetuoso, se bajó del caballó, llamó aparte al sef!.or Cura, cruzó con él dos palabras y ambos, sin
tomarse siquiera la pena de despedirse, montaron
y emprendieron con celeridad el camino del Cas•
tillo.
Los demá.s se quedaron absortos de pronto, y
luego se pusieron en un dédalo de conjeturas;
hubo quien propuso ir al Castillo á averiguar lo
que pasaba, pero se temió que este acto de curiosidad desagradara al seflor Cura, y se tomó la
resolrción de que éste volviera y por su propia
volt1i; ...d aclarara el misterio.
Liu horas pasaban, el Cura no volvía, las ansiedades se habían convertido en verdaderos temores, silencio penoso reinaba en la fragua y
hasta el mismo A!calde estaba impaciente, cuando con gran alegrfa para todos se oyó primero y
vió después, que el ausente volvía sano y salvo
aunque con la fisonomía grave y como contraída
por una preocu¡,ación.
No fué posible obtener explicaciones que calmaran la natural curiosidad ocasionada por lo
inaudito del caso, pues el Cura se limitó á decir
que había sido llamado para asuntos de su ministerio sin que ni su hermano mismo pudiera
sacarle una palabra más, y fué oreciso irse al lecho sin saber por qué el santo Cura de Villiéres
había ido á ca bidlo al Castillo á las nueve de la
noche y no había vuelto sino hasta las dos de la
madrugada.
II

po se matan en la labor sin conseguir ni lo ne•
cesario para el pan de cada día, por lo Clll'O que
es el arrendamiento de las tierras y la impiedad
con que ae cobra.
En Villiéres, como en todos los pueblos pequef!.os, los hab!tantes constituyen una familia formada por lazos de parentesco real ó por afinidad
de carifl.os y simpatías. El Cura y el A~calde eran
dos distinguidos personajes traídos alli por el sef!.or Conde desde hacía tiempo, y los cuales supieron en breve hacerse amar de cuantos les conocían. Se llamaban los sef!.ores de Mariel, eran
hermanos, de edad avanzada, muy parecidos como si fueran gemelos, y tenían ambos tal mansedumbre, temor de Dios, bond~d y sabiduría, que
si alguna vez al Alcalde se le hubiera ocurrido ir
á decir misa ó al Cura ir á administrar justicia,
ni los devotos en el templo, ni los litigantes en
el juzgado, hubieran hecho la más leve observación.
Durante el día Susano Mariel, así se llamaba el
Cura, y pedro !fariel. así se llamaba el Alcalde,
se entregaban á sus labores particulares y oficiales en las que descollaban por la inteligencia,
exactitud y eficacia; y al caer de la tarde se reunían é iban juntos á tertuliar un rato en la fra•
gua.

repostería, que A todo se extendían sus conoci;mientos en el arte culinario,
Pablo y Maria que se amaron desde la infancia, se casaron apenas llegados á la mayor edad;:
y habrían sido el matrimonio más feliz del mundo, á no ser porque les entristecía un poquito la
circunstancia de que en diez a11os que llevaban.
de estar unidos, no había querido Dios favore-cerlos con un fruto de bendición.
Pero como eran buenLs cristianos, se confesaCausaba impresión de respeto supersticioso A ban; y cuando de los labios de Pablo salía algu•
los muchachos del lugar, verá aquellos dos se- na palabra que pareciera un reproche sobre el
f!.ores altos, robustos, blancos, rubios, de ojos particular, su mujer le contestaba con alguna.
azules, de andar reposado y de apostura impo• gracejada tan donairosa y oportuna, que le denente cruzando Juntos por la calle que conduce jaba tapada la boca para muchos días.
El boticario, el panadero, el intendente del•
al Castillo y penetrando luego por el portillo de
la fragua. Hasta: allí los seguía algún chico au- Castillo y otros dos ó tres principales vecinos se
daz y abría tamaf!.os ojazos y se apretaba con reunían también en la fragua y allí se comenta•
las manos el corazón cuando los veía pararse han largamente las últimas noticias de Paria, se·
junto al yunque, tender la mano al fornido y gi- recogían informes de lo más importante que pa•
gantesco herrero, y luego quedar iluminados de saba en el vecindario, y sin murmurar de nadierojo, como visiones infernales, al soplar de los porque ni el Alcalde ni el Cura lo consentían, se·
fuelles que encienden la hornaza, ó al estallar en pasaba el rato hasta que el toque de queda los.
llamaba al lecho y al descanso.
mii estrellas el hierro al golpe del martillo.
Estaban de tertulia y había .reunión plena en
Pablo Poulet se llamaba el herrero que también era veterinario, y como ya dijimos alto y una noche de otoflo; se había hablado ya de la
recio de carnes, vigoroso ccn el vigor de su ofi- última crisis ministerial, de la pérdida de las cocio; un atleta, en fin, que hubiera dado miedo A sechas de trigo en Rusia; del buen estado de la,
los mAs valientes, si una mirada dulce y bonda- vendimia en Villiéres y sus cercanías, del cercadosa no hubiera esparcitio su luz de amor sobre no matrimonio de Oleo Robín y de otras mil coaquella cara varonil é imponente.
sas, y declinaba ya la conversación cuando un
Pablo Poulet estaba casado con Maria Poulet incidente inesperado despertó el sobresalto hassu prima hermana, que también era alta, gruesa, ta en María Poulet que era la alegría misma healegre con franca alegría, siempre enscf!.ando al cha mujer.
reír dos hileras de dientes muy blancos. y con
Y fué que·á deshora se oyó galope de caballos.
las mejores manos que haya hecho Dios par/\ por el sendero del Qastillo, y se vió venir con di
confeccionar:cualquierplatillo, ya de cocina ó de rección i\ la fragua, á un criado de los del señoL·

EL MUNDO

275

de blusa del obrero y preguntó por la casa cural.
Conducido que fué A la prese1 cía de Susano
de Mariel, le dijo que habiendo quedado en Pa•
ria huérfano y sin recursos suficientes, v temiendo los peligros que para la perdición de un joven presenta la gran capital, h11.bía resuelto bus•
car algún rincón humilde de Francia donde vivir de su trabajo, casarse una vez que sus nego•
cios hubieran tomado camino, y formar una faruilin cristiana y feliz.
Como estuviera presente en esta entreV!sta Pedro de Mariel, pidió al joven sus papeles y vió
que todos est!lban en reg-111 y que entre ellos ve•
nía una libranz11. de veinte mil francos cobrable
en la cercana ciudad.
-Decía usted que quedó sin recursos al IDQrir
sus p!idres, dijo el Alcalde ¿qué significa entonces esta, cantidad?
-Si su Sefloria se digna leer uno de estos car•
tificados, continuó el joven, verá que ese dinero
es el producto de la venta de cuanto heredé de
mis padres y que no constítuyerecursos suficientes para la vida de Pllrís.
Si me hubiera quedado allí, en breve tiempo
habría dado fin á mi capital, en tanto que en este
pueblo puedo pasar ha1:1ta por rico y labr11rmeun
porvenir de tranquilidad.
-Muy honestos son estos pensamientos, dijo
el Cura, y ruego á Dios que usted persevere en
ellos. Si de algo pueden servirle mi apoyo y mi
consejo, cuente usted conmigo.
El joven manifestó efllsivamente su gi-atitud,
dijo llamarse Marcial Rigot, ser pintor ·y estar
dispuesto á embellecer con su arte y gratuitamente la iglesia del lugar. Luego la conversación se hizv general y de confidencias, hasta el
punto de quedar los seflores de Mariel y el recién venido ligados por la más honda simpatía.
A los pocos días ya Marcial Rigot estaba instalado en el pue_blo y había . puef?tO q_n molino
aprovechando una caída del riachuelo, lo cual
fué muy favorable para Villiéres porque abarató
el preció' del pan.
·
Aunque durante toda la semana no se habló en
todo el pueblo más que de la llegada del forastero y de la construcción del molino, Rosita pres•
tó á esto poca atención, pues en verdad que no
la preccc.ba que hubiera aumentado la cantidad
de jóvenes casaderos en la localidad, puesto que
ella no pensaba en casarse todavía.
Pero las demás doncel111.s no tenían los mismos
pensamientos, y al llegar el domingo, todas, como
si se hubieran puesto de . acuerdo, vistieron sus
mejores trajes y se arreglaron con esmero para
irá la misa mayor, donde de seguro podrían hacerse ver del joven y bello molinero.
Y así fué en efecto, porque éste, vestido con
un traje de burgués, sin pretensiones, acudió desde temprano al templo y examinó á cuantas entraban como quien busca á alguien con interés.
De pronto palideció ligeramente, un temblor
imperceptible recorrió su cuerpo y abrió los ojos
como un deslumbrado.
Era que Rosita se acercaba, sin galas ni adornos, con un trajecito de pereal y un sombrero de
paja, en el que lucían algunas rosas acabadas de
arrancar del jardín.
También Rosita se impresionó al ver á Marcial
y se apresuró á inclinar los ojos, pero ya era
tarde: el relámpago de su miraba había revelado
lo que pasó en su corazón.
Durante la misa, Rosita estuvo leyendo en su
devocionario sin distraerse ni un instan te, ó
viendo en el altar las ceremonias del culto. En el
momento en que el sacerdote levantaba en sus
mauos la hostia santa y repicaba en el presbiterio la rueda de campanillas de plata y hacia vibrar el organista los mejores registros de su a1·monium, Rosita, conmovida verdaderamente por
un sentimiento religioso, levantó·sus grandes ojos
como 11i al través de la nave del templo y de la
bóveda azul de los cielos estuviera viendo á Cristo ya sin espinas ni cruz en la plenitud de su
gloria.
·
¡Qué bella, qué incomparablemente bella esta•
ba Rosita en es11. aetitudl
Marcial la contempló en éxtasis; y como el
Obispo, dió gracias á Dios que babí11 puesto en él
mundo una criatura tan perfecta.
Rosita al salir del templo dirigió al forastero
una mirada tímida y furtiva, y luego, ya en su
casa, notó con sorpresa que aún pensaba en él y
le parecil\ seguirlo viendo, gallardo y atractivo,
elegante, sin pretensiones, muy diferente de los
demás mozos del pueblo.

�:l16

EL MUNDO

Domtniro 2 de Octubre de 1898.

IOinningo 2 de-Octubre de 1898.

EL MUNDO.

, 277

PAGINAS DE LA MODA
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Ese día habló poco, no comió bien, y su madre
·dPjó de reir y basta estuvo A punto de llorar temi,mdo que la nilla estuviera enferma.

III

....

LA. INVITA.CION.
Hablan pasado cuatro meses.
Con una reserva y un misterio que ni A si misro.Js se explicaban, Marcial y Rosita se habían entendido ya y basta habían concertado su matrimonio.
¿D,•pendía tal misterio de que el forastero tuVÍfl'lf ?1!t'l!T'é! en ocultarse por causas censurables?
No: 11maba, amaba sinceramente, y en efecto, el
m11trimonio con Rosita era su única esperanza de
fdicidad.
J&lt;}n cuanto A ella, ocultaba sus relaciones por
un s&lt;&gt;ntimiento instintivo de pudor, por más que
si111icra que ya el amor se desbordabu en su corazón.
Y eran felices los dos escribiéndose frecuente-

mente, viéndose apenas, cruzando alguna palabra
loe domingos en el atrio de la iglesia, y sofiando
en un porvenir de paz y de ventura á la sombra
de los Arboles que circundaban la casa del molino.
Pero el diablo, que no duerme, arregló las cosas de otra manera muy diferente y en el cielo
de Villiéres antes tan sereno y puro, apareció una
nube que amenazó desatarse en tempestad.
Una mafiana, un criado del C11stillo vistiendo
librea de gran lujo y cabllllero en Uh brioso corcel, llegó A la puertl\ de la fragua y sin apearse,
puso en manos del aprendiz una e.Arta cerrada
que tenia en la cubierta un sello con las arm1&gt;s
del Conde de Villiéres.
Cuando Pablo Poulet la leyó p1só por su cara
la expresión del que ha recibido una pulialada
en la mitad del pecho, y sin cuidarse de tomar la
blusa ni el sombrero, se dirigió á. la casa cural,
donde encontró reunidos A los sefiores de Marlel,
También ellos habían recibido c11rta del Castillo y también estaban consternados.

Ambas cartas en substancia, decían una misma
cosa.
El Conde, e11lvadae ya las dificultades que se
habían opuesto A sus deseos, había resuelto llev11r
á su lado A su bija Rosita, pero para que este
cambio de vida no le fuera perjudicial, tenía pro
yectado irln haciendo entrar pooo A poco eu el
mundo A que estaba llamada por la nobleza dis
su cuna y por la magnitud de sus recursos.
Para esto iba A pasar en el Castillo una temporada, iniciando la apertura de la caza con un
gran baile como lo 11costumbraba en tiempos anteriores, y á. este baile debía ser llevada Rosita.
El Conde acomoldiaba una invitación en carta se•
p11rad11 p11ra que le mostraran á. la nifia y recomendaba que le gu~rdar,rn secreto todaví&gt;\
respecto de su origen. Tampoco á ?tfa.rfa Poult,t
debían decirle nada todavía, pues en un arr11nque de dolor por la futura separación, podrí,., revelarlo todo frustrando así los proyectos del
Conde.
( Oontinuard.)

.

~',¡•')¡,"'
/~i-

FIG. 1. - NUEVO TRAJE DE CA.LLE.

�.278
~

Domtn,ro 2 de Octubre de 1898

EL ~'NDO

NOTAS PARISIENSES.

Por lo tanto, &amp;Pñores filósofos, no dígale nada malo,
contra la mentira; los hombres dejaremos de ser felices cuando tengamos la clave del intrincado problema .
que se llama mujer.

¡Cuán amargos suelen ser
le.e recuerdos!
En Pnie, rue de Rivoli, de
seis á. siete de la tarde, bajo
las arcadas del hotel Co11tinental, ante la soledad triste
de la11 Tullerfas. jardln abandonadn que contraata con el
ruido de la calle, miles de extranjeros en mails y carruajes
de familia.
Dos enlutad11s dam11s envueltas en lai, rlgidas túnicas
de viuda y con su capota á. lo
Maria Stuart; dos damas cuya
nobleza y altivez el tiempo y
las d11sdlchas marchitaron,
marchan lenb.menre como su,reetionadae por ta noetálg,ca
visión de ti empoe mejoret:1
A través de negras gasas
podemos descubrir dos rostros
mtnPe11ntes: uno, ideal de belleza durante el último Impl"·
rio; otro, expresión dti inteligencia suprema.
Las doR damas que marchan
Jl&amp;Ueitdamente eon las hoy
Condepa de Pierrefonde. ayer
de Montijo y su dama d11 lectura l\fad11me Le Bretón: la
Emperatriz Eugenia que ahora viene á Parle para buscar
alivio á las dolencias del cuerpo y para excitar loe sufrimientos del ePplritu.
Por eso marcha lentamente
ante aquellas Tullerfas, solar
del Puntuoso palacio donde
reinó por espacio de veinte
11ñoe. al lado de su esposo y
de su hijo
Y el sol también muere á. lo
lejos Pntre una bruma de oro,
y la multitud olvidadiza pasa
indif.. rente al lado de la que
fué ~u soberana durante veinte años, cuyo desastre desapareció en medio de tantas desdichas.

Experiencias actualmente en cuno están
demostrando que bajo el punto de vista estético debemos irremisiblemente vestirnos.
La moral también lo rPquiere, pero quizá.
no &amp;"la necesario b11jo el punto de vista de
la higiene y d11 la s11lud
Es la opinión de alguno¡; médicos y por
·eso se han inaugurado ciertos establecimientos en que ee tratan al~unos casos patológi
cos, regreijando al traJe de nuestros antepll·
s11dos ó Pea á la ausencia de todo traje. El
señor de Varigny los ha vi@itado.
Son instalaciones donde 111 abrigo de las
miradas indiscretas y en jardines especialmente dispuestos á loe enfermos, se entregan á curaciones al desnudo. pasando el dia
entero sin traje alguno, expuestos á. las caricias del eol, del aire y de la lluvia.
No ee veroeimil qu1¡ un mismo remedio
convenga á todas las afecciones El proverbio dice Que lo que mata al eaetre cura al zapa.tero. Estos son loe debilitados, algunos
tuberculosos también, y la desnudéz parece
convenir particularmente en el tratamiento del estado general que ee llama 11c11nsancio de vivir," estado que no t&gt;S una enfermedad caractariz11da, pero que precede á acompañ11r sinnúmero dt, afecciones. En este caso, la deenudéz representa uo papel de estimulante y de fortificante. He aqui los principios generales de ese tratamiento, tal como
están establecidos en los Institutos existentes.
Desde luego el tratamif'nto se verifica en un establecimiento rodeado de paredes, de modo que no ee
ofenda la moral. La extensión del terreno ee agra.dable y los jardines eon amplios. divididos en dos para separar l9s sexos como es debido
La vida diaria del enfermo, ee la siguiente:
.
Se levanta á. l11s cinco de la mañana, no importa s1
es hombreó mujer. Después de lavarse bien como
todo eér que se respeta. va al jardín Está. deenu~o
como un gusano, pues por todo traje lleva una fa.Ja

•*•

) ;"1

'.
\\ .

279

EL MUNDO.

HIGIENE A LA INTEMPERIE

La Gr.in Opera de Parle.
goza de universal renombre,
su foyer ea una obra maestra y eu monumental escale•
ra no tiene comparación con
n!ngnna del mundo entero.
Pues bien, entre loe mármoles y el oro puro de aquellas inmensas ~alerfas, existe también el oropel, si hemos de dar crédito á los criticoe de arte
Uno de loe numerosos bus-•
tos decorativos tle los corredores es apócrifo; su historia es la siguiente:
Tratábase de honrar la memoria de 11n arquitecto del
siglo XVIII, muy conocido
por sus frecuentes viajes á.
Rusia.
Encomendóse Ru ejecución
á. un escultor de talento, el
cual después de h11 ber regle•
tritdo cuidadosamente loe Archivos ~e Estampa•, la Galería Nac1onal y el Palacio Maz~rin!, no pudo encontrar•
mngun retrato del arquitecto en cue11tión
Sin embargo, el ePcultor •
habla rPcibido ya PI dinero.
Y,. devolv11rlo ere al~o duro,
aun para un artista de talento.
N,i t11rdo ni perpzoso, modelo una c11 beza cualquiera, co11 peluca estilo de la
época, y, después, copió su
busto eR un antiguo pPdazo
de papel y pre•entó el todo
á la comisión receptora
Naturalmente el parecido
no podia ser mayor.
Y he abf como el bronce,
Y el marmol se burlarán de
la posteridad.

•"'•

En tiPmpos representá.base . ~
en el Teatro del Orleon una¡,,...
obra muy antigua: Les Since- ;i ·
res.
Sus p!3rsonajes, amantes di' , ·': ¡--;;:,,.:..:,;,.,.:·. , . .
la recmu~ de al,) ,:jp_-·;_:;--:;¡_ ·· ,~·.
ma y t'Dem1gos del
r::J!i'- . ·-&lt;;, .&lt;.;_";\" ; ·
..mbuete, resalta.'?-%·· ·,·. ~ ·•·· . ;: ·, •

Domingo 2 de Octubre de 1898.

p ersisten en seguir con conetancla el ejem
plo de nuestro padre Adam.
¿Y si llueve ...... El asunto es sencillo. Se
di.'ja uno mojar y se anda bajo las gotas del
aguacero.

Ll MODESTIA.
Y LA

MUJER MEXICANA.

Fig. 2.-Modelo de teiido para colcha.

Una de lae cosas que han impresionado
vivamente á los excursionütas en México,
especialmente americanos, es eee porte re•
cogido que ha carecterizt do siempre á la
mujer mexicana, en cualquier eetadoque se
halle, particularmente á las de estado célibe
Eee porte recogido, hemos dicho, pero porte
quereconoce como origen una hermoeleima
virtud, que no puede m1&lt;11os de hacer á la
mujer interesante y ~impática, como un in•
terés y simpa tia respetuosa y venerable, esa
virtud ee llama MODE~TIA.
Y con razón ee impresionan tan agradablemente loe americanos, pues en este punto, la
mujer americana del Norte y IR mexicana
difieren esencii.lmente, por contumbree, por
educación, por religión Aquell11, la americana, desde eue primeros pasos en la vida doméstica y en la social, se mueve con una Ji.
bertad cuyos limites no ~on muy estrechos.
Esta, la mexicana. es vigilada con ojo a.visor por la madre en sus.:.iás leves movimien~
toe, formándole destle su infancia hábitos
del más extricto r11cogimlento. Aquella, aunque sea
católica, 'live en un ambiente no muy severo, cual es
el proustl!,ntiemo, re i¡z-ión dominante en Estados Unidos; ésta, por el contratrio, vive en un medio rellgio110
estrecbleimo, teniendo siempre ála vista un modelo d.vino, celebtial, purieimo cual es el de la Inmaculada.
Virgen.
Con razón, repetimos, causan tan vivit impresión
nuestras mujnel.', pues como ha dicho un piadoso escritor: "á. los Ctjos de Dio11 la modestia es la virtud por
excelencia; áloe del mundo ninguna hay que le pueda ser ctmparada. Adornaos con las cosas má,ilindas

,

~:ª:~ªu::;~;;:· . ':::.: .-fl1:'1···
.::;; ~'z,j - .~~- ;;,;;;..;
:.z~ . ;, ;:. _,,;,_ ,. &lt; . º""" · ::: .

ba d-, 1a franqueza
~
y se hacia.o odiar
,,.
·f/ · ·;-· : " " -&lt;" ~ %J' ~~,,.:.. ~
porPucultoidóla;,:·."&lt;:
,::~:-!.=&amp;~ ,... ·~ º~~º •
tra de la verdad
, ;;'~ :'(~~p;~-=;'.:0 :;i;~:. ,.
desnuda
✓, ...~
,,.,¡;3/--:;::.:-~~·::. ...,,.,:;.~!j-· •
.. -~"=",·
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.. _-- ~~~f.::; : : ~!·'
--E~toe eJemploP
: ,:;:f,.,g •· ·
i .
toma.do e por el
.,,·_ ·,~
. •..dram&gt;1turgo en un
mundoqueyadeea parecio, s "r I a n
máe exactos aún
en las generacio•
nee presentes.
Esos tipos no han
envejecido p o rque la constitu ción de la buena
Flg. 9.-Sombrero Wanda.
sociedad reposa
precisamente sobre fórmulas y con
vencionaliemo, artificio v mentiras.
do la simple frase me amas, ella os respondiera con
¿Qué eucederla si nos "decidiéramos á ser verdade- franqueza?
ramente; sinceros?
Si ella os dijera que no le sois indiferente, que ella
Por eeo me parece pueril é injusta la perenne acu- está entre vuestros brazos porque vuestras insietens11ción que se hace á la mujer al considerarla embus- cias le hicieron caer, que lo hace por temor al escántera por defecto natural ó por vicio instintivo.
dalo ó que desea ver en voeotroe un ardiente protecSi la mujer fuera militante dela sinceridad, ¡pobres tor; ei ella os dijera eso y más, quielera. yo ver vuesde nosotros los hombres.
tra cara.
¿Qué bariaie si al desliza:- en los oídos del bien amaPero la mujer finge, suspira y dice que os ama y
vosotros felices y crédulos, gozals la dicha del amor,
cosa demaaiado suena para ser dulce al corazón aún
cuando no eeteis c;ertoM de la correspoupencia.
Si sois celosos y las visitas de un amigo, demasiado
asiduo y obsequioso con vuestra e~poea, os molestan;
vuestra mujer se lo hará entender al visitante y le
finge cualquier pretexto parll que se aleje y para que
os conserve la misma afección amistosa,
Si sois pobre y las pdvacionee son vuestro régimen,
la esposa se 11molda A las circunstancias en el interior
de la casa y al exterior, ella sabe fingir un bienestar
que no existe
¡Pobres mujeres)
Perdonémoelee que finjan si saben cuando deban
hacerlo.
Si la naturaleza que nosotros creemos brutal y
egoieta no lee hubiera hecho hábiles y un tanto embuRteras, el matrimonio s~rla imposible.
Jamás podremos conocerá. fondo la que amamos y
no sabemos si la podríamos a.mar y Rer felices con su
amor si consideráramos sus pequeiios y grandes defectos.
La Pociedad heeha de conv11nciones hipócritas y de
Flg 7-Corsetnoevomodelo.
!órmul1te que son me1,tira&lt;1,nopodrla existir Ei la muDelnntero y espalda.
Jer no fingiera, ei no fuera equilibrista.

Modas de París.

con un ligero paño, equivalente á la hoja de parra
de que desde nuestra niñez se nos ha hablado. Se
pnmite el uso del sombrero para evitar una insola•
ción. Cada cual lleva consigo un desayuno frugal.
Nada de carne, que llena el estómago de venenos, de
toxinas de humores, se digieren mal y _agrían el carácter, pero platillos ligeros, miel de abeJa, leche, pan
al ebtilo d-, los pastores de Arcadia. La mayor parte
de la cura se opera sobre la faldit de agreste cerro.
Si ha.ce calor se acuestR uno sobre la hierba, á la
sombra d11 un árbol, para leer y charlar con sue compañeros. Si hace fresco, se anda por las_prader_as, se
entrega uno á juegos pastoriles, á ejerc1c1os v1olentoe, á todas las ocupaciones del aire libte de que ee
pueó.e disfrutar en el campo. Si ee
quiere, se extiende uno al sol, dejándose tCtstar un lado, después el otro, é
iniciándose en los goces predilectos de
lllB higuanas y de los caimanes.
Deepu('s de algunas hone pasadas
tan agradablemente, se baja del cerro
al valle, y alll, siempre desnudo se su•
be sobre un tejado ligeramente inclinado, se acuebt&amp; uno al eol con la cabeza únicRmente cubierta. Después del
baño de aire, se tiene asi el baño de la
luz y del calor.
En seguida, envuelto bien en un co·
bertor, como una momia, el enfermo
est{I expuesto al fuego celeste com" si
tuviera que cocerse en su jugo. Dos
criados aparecen, momentos después
i!e apoderan de él y lo eumerjen en un
baiio de 11gua tibia. Al salir de éste
lo oprimen y refriegan con sue manos
haciéndolo pasar por una sesión de lo
que se conoce bajo el nombre de "ma•
sage. 11
Todas estas nperaclones ocupan la
maña.na hasta las doce, hora en que
los enfermos van al comedor, siempre
en eu simplicidad adámica. Comen otra
vez con frugalidad; leche bajo distintas formas, frutas, legumbres.
La tarde ee la repetición de loe ac•
tos de la mañana. Sin embargo, la ma•
yorparte de los enfermos comienza con
una siesta al aire libre, acto continuo
paseo, brincos, ci,,rreras en los jardines.
Al anochecer-se toca la hora de la
cena-los mismos manjares y ¡á dor•
mir! Algunos al meterse en cama, se
ponen por vez primera en las 24 ho•
ras algo que por completo los cubra,
Ja tradicional ,camisa de noche.• (J tro11

La moda de este
año se a preoe al padre Coloma, solo hace pequeñeces.
Los zapatos ama•
rillos ó encarnados
ya no son de buen
tono, y ahora, para
ir bien calzadas las
parisieneee, llevan
botas altas y de color verdoso! Por lo
visto los zapatProa
manejan los colores.
como un Corolus
Durand.
Se usan mucho
loe sombreros de
paja á la iglesia.
muy sencillos y ligeros.
Pa!'a_ el campo se llevan las elefil'ante1, faldas cortas.
Y c~rp1ños escotados; pero sin exafil'eración.
~1 el escote es grande suele llenarse el vacio quec
deJ&amp; la falta de_tela con entredos muy tranepar-,nte ó
con gasa muy hgera.
Las mangas anchas y largas ee hacen de puntilla.
Ó de gasa.
'
L?s saquitos de mano, llamados ridículas y que, en
reahdad Jo son. ya nadie los usa.
'-';.~t:.~1~ ~ -

.·

'

,

.,; l',o • ~ ......

e--~

'. ~\

Fig. IS-Banda de colcha.

Flg. 3.-Banda de colcha•

\

Flg S.-Blmin. df&gt; &lt;'R.lólR. Delantero
y eiilpnlda.

t

más ricas y prPciosas, cargad vuestro tocado de oro

Fig. 4.-Belojera fantasfa.

y pedrería, de flores y perfumes; hacéos tan primorosas y deslumbrantes como mejor os plazca ... .si fa.Ita
esta virtud en vuestro semblante, en vuestra apostura. jamás Alcanzaréis la verdadera estimación, el
verdadero afecto. Pero si poseis ese hechizo, ese encanto, ese podProso incentivo de la vhtud suprema,
aunque no poséais bermosur11, riquezas ni eeplendo~es, ap-ra.d11Iéis conquistando eso que nad11 puede
1gualsr en e.;te mundo, que por nada puede ser reemplazado: el respeto llevado basta. la veneración."
• ¿Y renunciárá la mujer mexicana á eea joya tan pr11ciada, á ese adorno que tanto enaltece á los ojos de
todo el mundo?
Desgraciad11mente empiezan á notar
se slntomae de americanización, no sólc en la capital dela República, sino en
otras capitales,
!Ay de las prim~rae que abran la brecha en mengu11 de la modestia, del pudor y del recato que hasta ahora como
hemos dicho ha cara.eterizado la mu•
jer mexicana.

...............
R eceta.1o1 útiles.
VARIOS ll.WDOS Dlll CU RARLAS
QUEMADU RAS,

Flg 6 - Servilleta para te.

El carbonato de sosa pulverizado,
mezclatl.o con agua para formar una
pasta, constituye un calmante, pues alivia instantáneamente el dbloroso esco•
zor de l11e quemaduras.
. Si no se tiene á mano ninguna de estas cobae, ee cubre al moment.&gt; la parte
lastimada con una capa bastante espe•
sa de harina de trigo
Cuando el dolor empieza á calmarse, ee aplica un pedazo de algodón
empapado en aceite de olivo sobre las
quemaduras.
El éter quita tambi~n el dolor de éstas y evita la formación de las ampo•
llae, ó las disuelve si están formadas
Se empapa un lienzo con él y se apli•
ca sobre la parte quemada rociándola
cada vez que se seca el éter.
La clara de huevo mezclada con acei
te de (l)ivo forma un buen linimenS.:&gt;
para toda clase de quemaduras.

�280

EL MUNDO

paja yedda blancl\. Calota rodeada de un lazo de terciopelo negro cerrado delaut11 por un nudo de t ul de
malinas negro. Aplicación de lindos myosotis azul
tierno, con grueso mqnojo hacia adelante, acompañado de un nudo di, terciopelo n11gro.
FIG, JO. -JAQUET PARA MEDIA E STACIÓN.
Ea de un corte muy elegante, de tafetán perla y
malva A grandes ra.vas uuiendo~e en la parte po11te•
rior A una sobre f11lda que forma bonita cauda. Solapa• de sarga abi11rta11 Fobre una camisola de muselina de seda negra, cP.ñi.ia por uu c'toturón fantasía.
Galones de cordón de seda adornando la falda que
r1iruata un gran volante.

TOMO 11

MEXICO, OCTUBRE 9 DE 1898

FIG, 11.-PELERINA FANTASÍA,

Es de terciopelo, con cuello Médicis, adornada con
un hermoso escudo bordado de guias y ribeteado de
cinta de seda. Redonda en el frente se abre graciosamente sobre el corpitl.o, no ocultando más que el plastrón.

TEATRO "JUAREZ" DE MONTERREY.

FIG. 12 -TOILETTE PARA TEATRO,

Gran cuerpo blusa con un yoke cuadrado y orlado
de blonda de seda.
.o/
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2,

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,t~jj.;
!' .,.

Fig. 10-.Jacquet para media estación.
· Se aplica por medio de nna pluma rPp'tiendo la
operac1óu h1111ta que se mitigue el dolor fuerte.
. ~ntonces se cubre la llaga con una capa gruesa de
h~unento, .Y al _cab~ rle _algunos dfas quedará recu•
b1erta la piel, sm c1catr1z alguna, c;,yendo el linimento en forma de escamas.
;Las qu.emadu.ra11 producidas por el fuego ó por algun lfqmrlo cahPnt11, se c11ran sin dolor y sin quefor•
me A~pula, aphca11do R~ brn ellas cataplasmas de zanahoria cruda rayada ó molida.

Fig. 11.-Pelerina tantasfa.

Nuestros Grabados.
FIG 1,-NU JDVO TRAJl!l DE CALLE,

Es de sarga de seda azul; el cuerpo va Ji.
geramente ablusado en el Frente. Está h,·rho
i:on un yoks redondo que se extitmde hasta
los hombros, es de mu, elina de seda y ostent~}eves pfüsés Al rededor dttl yoke el
corpmo termtna con tres hermosas cintas de
tafetán malva y blanco qu11 ribetean el ala
EUperior de 111 blusa.
Un lazo de taft'tár. mRlva y
b .an~o f&lt;_&gt;rma un Pl.. gante chou
A la 1zqu1erda de dicha blus11, y
uua basquiñii. de lo mi11mo orna
la falda. Las mangas y 111 cunpo llevan muchos gaiones en
bandas ·paraJela11 ouduladas.
FIGB 2 3, 4, 5 6 y 7.
Damos con f'ftos números una bonita
colección de trabajos para damas, de todos los modelos y de todos los géneros, de
los que más en bo!('a están Pn la actuali•
dad, propios para las labores de la estación
11ue s11 a prox1ma.
FIG 8 .-BLUSA DE CASA.

Es toda de muselina de @E'da, muy justa ccn ampliaR mangas rE&gt;mat1Jd11s en un
ligero carrujado &lt;'On remate dt&lt; blondas
y ceñidas A la muñeca per lazos rosa. En
el frente y en la espa1da grandes plissés
y caello alto del mismo estilo de los remRtes de las mang-as, ornado de blonda.
Corbata de lazo azul.
F IG

Fig 13-Trnjes para ninos de 6 á S años.

9

- SOMBRERO WANDA,

Sombrero levantado en el delantero, de

Fig. 12-Toilette para teatro.
El cuerpo es do terciopelo y el bordado fig-ura un
bolero leye. U na gran fantasla bo, dada se prende al
talle hacia adelaute y cae 11u acuchillados muy agu,
doa sobre la falda de sarga lida. Mangas de sarga con
grandes bullone11.
FIU. 13.-TRAJES PARA NIÑOS DE 6 i.. 8 A:&amp;os.
El primero es una jaquette pasada, de sarga de seda azul marino, con cuellito marinero completamente
superp~esto sobl'e unas soll1pas triangulares.
Dos filas de botones adornan y cierr1tn la prendita
que ~ae sobre una enagua de pt1rcal floreado muy
sencilla.
'
. El segund? PB un jacquE&gt;cito de sarga diagonal,
tambiéu, abierto sobre una camisola marinera muy
elegante Dos jorkeyH ornado11 d11 cinta en dibujo escocés. adornan los . hombros. Este jacqueclto cierra
muy Justo por medio de dos filas de botones.

1
ELTELON DE BOCA.

•

NUMERO 15

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>280

EL MUNDO

paja yedda blancl\. Calota rodeada de un lazo de terciopelo negro cerrado delaut11 por un nudo de t ul de
malinas negro. Aplicación de lindos myosotis azul
tierno, con grueso mqnojo hacia adelante, acompañado de un nudo di, terciopelo n11gro.
FIG, JO. -JAQUET PARA MEDIA E STACIÓN.
Ea de un corte muy elegante, de tafetán perla y
malva A grandes ra.vas uuiendo~e en la parte po11te•
rior A una sobre f11lda que forma bonita cauda. Solapa• de sarga abi11rta11 Fobre una camisola de muselina de seda negra, cP.ñi.ia por uu c'toturón fantasía.
Galones de cordón de seda adornando la falda que
r1iruata un gran volante.

TOMO 11

MEXICO, OCTUBRE 9 DE 1898

FIG, 11.-PELERINA FANTASÍA,

Es de terciopelo, con cuello Médicis, adornada con
un hermoso escudo bordado de guias y ribeteado de
cinta de seda. Redonda en el frente se abre graciosamente sobre el corpitl.o, no ocultando más que el plastrón.

TEATRO "JUAREZ" DE MONTERREY.

FIG. 12 -TOILETTE PARA TEATRO,

Gran cuerpo blusa con un yoke cuadrado y orlado
de blonda de seda.
.o/
..

;....---• '.,_ . '-:•--------,.

- 3/./

:--~¡:;':~,:· '- ,/ /
~

-

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..;..""•

,..
. ·-.. . . _/¡,., I'

'-,~\

-

•·.,;::,
2,

f
,t~jj.;
!' .,.

Fig. 10-.Jacquet para media estación.
· Se aplica por medio de nna pluma rPp'tiendo la
operac1óu h1111ta que se mitigue el dolor fuerte.
. ~ntonces se cubre la llaga con una capa gruesa de
h~unento, .Y al _cab~ rle _algunos dfas quedará recu•
b1erta la piel, sm c1catr1z alguna, c;,yendo el linimento en forma de escamas.
;Las qu.emadu.ra11 producidas por el fuego ó por algun lfqmrlo cahPnt11, se c11ran sin dolor y sin quefor•
me A~pula, aphca11do R~ brn ellas cataplasmas de zanahoria cruda rayada ó molida.

Fig. 11.-Pelerina tantasfa.

Nuestros Grabados.
FIG 1,-NU JDVO TRAJl!l DE CALLE,

Es de sarga de seda azul; el cuerpo va Ji.
geramente ablusado en el Frente. Está h,·rho
i:on un yoks redondo que se extitmde hasta
los hombros, es de mu, elina de seda y ostent~}eves pfüsés Al rededor dttl yoke el
corpmo termtna con tres hermosas cintas de
tafetán malva y blanco qu11 ribetean el ala
EUperior de 111 blusa.
Un lazo de taft'tár. mRlva y
b .an~o f&lt;_&gt;rma un Pl.. gante chou
A la 1zqu1erda de dicha blus11, y
uua basquiñii. de lo mi11mo orna
la falda. Las mangas y 111 cunpo llevan muchos gaiones en
bandas ·paraJela11 ouduladas.
FIGB 2 3, 4, 5 6 y 7.
Damos con f'ftos números una bonita
colección de trabajos para damas, de todos los modelos y de todos los géneros, de
los que más en bo!('a están Pn la actuali•
dad, propios para las labores de la estación
11ue s11 a prox1ma.
FIG 8 .-BLUSA DE CASA.

Es toda de muselina de @E'da, muy justa ccn ampliaR mangas rE&gt;mat1Jd11s en un
ligero carrujado &lt;'On remate dt&lt; blondas
y ceñidas A la muñeca per lazos rosa. En
el frente y en la espa1da grandes plissés
y caello alto del mismo estilo de los remRtes de las mang-as, ornado de blonda.
Corbata de lazo azul.
F IG

Fig 13-Trnjes para ninos de 6 á S años.

9

- SOMBRERO WANDA,

Sombrero levantado en el delantero, de

Fig. 12-Toilette para teatro.
El cuerpo es do terciopelo y el bordado fig-ura un
bolero leye. U na gran fantasla bo, dada se prende al
talle hacia adelaute y cae 11u acuchillados muy agu,
doa sobre la falda de sarga lida. Mangas de sarga con
grandes bullone11.
FIU. 13.-TRAJES PARA NIÑOS DE 6 i.. 8 A:&amp;os.
El primero es una jaquette pasada, de sarga de seda azul marino, con cuellito marinero completamente
superp~esto sobl'e unas soll1pas triangulares.
Dos filas de botones adornan y cierr1tn la prendita
que ~ae sobre una enagua de pt1rcal floreado muy
sencilla.
'
. El segund? PB un jacquE&gt;cito de sarga diagonal,
tambiéu, abierto sobre una camisola marinera muy
elegante Dos jorkeyH ornado11 d11 cinta en dibujo escocés. adornan los . hombros. Este jacqueclto cierra
muy Justo por medio de dos filas de botones.

1
ELTELON DE BOCA.

•

NUMERO 15

�EL MUNDO

282

ser eminentes; pero mafia.na empezarán. Hoy ya.
es tarde, tienen que recibir una visita, van á escribir cartas.
Y en ese aplazamiento constante transcurren
diez meses y cuando pasan las fiestas de Septiembre, nerviosos, sobrexcitados por el pavor,.
abren el libro y leen día y noche, sin descanso,
hasta que los llama el campanillazo del sinodal.
Pero eso sí, el aiio entrnnte no volverán á pasar este susto y cuando llegue Octubre los encontrará tranquilos, dispuestos y nutridos de
ciencia.
Permitidme que lo dude, jóvenes estudiantes.
Hay propósitos que no son para nosotros sino palabras, puras palabras.
Dick.

LASEMANA
Sobre el fondo de los sucesos banales, destaca
su relieve vigoroso el escándalo de Irapuato.
Una multitud, momentaneamente emancipada
de tod~ coacción legl\l, opone las brutales nega•
ciones de su fanatismo A la conciencia libre. Nada
respetan sus salvajes impulsos: invade el hogar
inviolable, maltrata áinofensivas mujeres, destru·
ye libros y papel..:s é injurian á los impenitentes hereciarcas que en este país libre tienen
asegurados por la ley respeto á sus creencias y
libertad para su culto.
Y hay quien en presencia del atentado crea un
ar.acronismo incomprensible esta irrupción de
salvajes en la nueva vía del progreso. Hemos
avanzado mucho en cultura y eduMción civil y
natural es que nos avergüence confesar el analfabetismo moral y político de las masas, tan vagamente iniciados en la pasiva aceptación de un
estado cuyos beneficios ni conocen, ni necesitan,
ni reclaman. Pero podemos darnos cuenta del
enorme y secular trabajo de adaptación que significa un sentimiento altruista, un acto de respeto
á los derecho3 ajenos; exigir de seres primitivos
el ilustrado civiamo de UD Ocampo sería insensatez. Lo raro no es que rompan los instintos el valladar que los contiene; sí maravilla que haya
fuerzas bastantes á moderar sus impulsos.
Por lo demás, esos arranques de ferocidad snn
de todos los tiempos. Las multitudes de Roma
acusan á los cristianos del gran incendio ó de la
derrota de una legión y los arrojan a las fieras;
las multitudes de la Edad Media precipitan sobre
los albigenses, sobre este monje herético ó aquella hechicera, todas las absurdas imputaciones
que la pasión popular acepta sin discutir, para
crucificar ignominiosamente al primero de quien
se dice «ese es un enemigo».
Las multitudes alemanas de Munzer en tiempo
de la Reforma y las de J ourdan en tiempo del
terror, como los fanáticos que gritan un día en
París: "muera Zola" y al día siguiente "viva Zola,11 son eternamente iguales á si mismas, incon•
secuentes, crédulas, "terroristas por miedo" como
decía Madame Roland de Robespierre . .. .
Cualquiera que sea el fin, religioso, político ó
de patriotismo que persigan los hombres agrupados en multitud, el sentimiento de la solidaridad
que los une y la corriente de su mútua sobrexcitación, los hace inaccesibles á toda piedad. En
nombre del evangelio matan y tiranizan en nombra de la democracia . . ..
,.,,¡

La democracia mexicana dejó pasar inadver•
tido, casi por completo silencioso, el aniversario
de la Constitucion de 1S24.
Y sin embargo, aquella primera carta política
fué una aurora, y como la de 1857, un acto de protesta vehemente contra la opresión delos privilegios sobre el pueblo llano y contra la tiranía de
la intolerancia sobre los espíritus emancipados.
El inspirador del Código de 18:24, fué un sacerdote, uno de aquellos miembros del bajo clero,
que confinaban por su inteligencia y su ambición,
por la cultura y las facultades activas de su ser
inquieto con los altos dignatarios posesionados
de la influencia y del poder y que por sus orígenes y su vida extra-curial, por su cuna criolla ó
su sangre mestiza, llevaban en el corazón las
amarguras y en el espíritu los ideales de los oprimidos.
Ramos Arizpe nunca fué un postergado: la Iglesia y el gobierno virreinal le devolvían en distinciones honoríficas lo que él puso de talento,
iniciativa y vigor al servicio de sus instituciones
de enseiian.za; pero no se sometió jamás y cuando concurrió como diputado de América á las
cortes de Cádiz, defendió á sus coterráneos con
desinterés y valor.
Las discusiones de la Constitución espaiiola de
1812, lo adiestraron en el arte de la revoli¿ción
doctrinaria. Aplicó el método, y la carta de libertades que escribió Ramos Arizpe-, á través de
treinta aiios de sacudimientos y de indecisiones,
fructificó en la de 1857.

,,..,

Algún diario de esos que toman muy á la letra.
el texto cónstitucional, se interna en un océano
de lógica para comentar,-muy sériamente y con
las mejores ir.tencio:ncs,-la aprehensión de cua-

•

Domingo 9 de Octubre de 189&amp;

Sra. Maura A.lfaro de Garrido.

renta ó más mendigos que asolaban las calles
céntricas de la ciudad.
Según el delicioso razonador, la policía ha
obrado· atentatoriamente, porque,-es claro,todos los habitantes de la República, tienen derecho para pedir y todos también lo tíent:n igualmente ilimitado para no dar. De lo que se infiere,
que los mendigos han sufrido un atropello.
Sin ser tan constitucionalistas, y por otro smotivos, hay quienes se quedan fríos y no aplaudeu
el celo que muestra la policía para. desembarazar
de mendigos la vía pública.
Má.s de UD ciudadano en pleno goce de recursos para vivir, se alarma y teme que no haya
medios humanos ni divinos para acabar con otra.
plaga peor que la de los mendigos: la de los sablistas.
Si vamos á comparar por los efectos, la medida
que destierra la mendicidad menuda es más bien
estética que positiva. Con doce centavos se aca•
lla el clamor de una docena de mendigos y es raro que un homhre medianamente listo sufra más
de esos asaltos !\ quemarropa cada día.
Pero el sablista ...... Cada uno de ellos representa por lo menos un cargo de cinco pesos etJ el
bolsillo de la víctima. Y la periodicidad del ataque es de un isocronismo ~atemático: no falla
jamás.
Podrá por una ú otra causa disminuir el ingreso ó aumentar el pasivo de los que tienen de
qué vivir, pero los que no tienen de qué vivir
jamás perdonan la contribución que aquellos les
pagan. Antes que saldar cuentas con nuestros
acreedores ó satisfacer las necesidades más urgentes, hay que cubrir la lista civil de los mendigos vergonzantes que viven á nuestras espensas.
Contra estos sí que valdría la pena de que se
lanzara en formidable campaiia la autoridad.

Corren los días de la quincena y cada hora
trae nuevas torturas al interesante gremio estudiantil.
Los exámenes! .... El día 15 empezará el temible período escolar que como las batallas, tiene inesperados triufos, hecatombes expiatorias
y una fuga incontenible de dispersos.
La gran masa de los noveles oficiantes de la
ciencia ofrflce á esta hora uno de los aspectos
más curiosos y tí!)icos de nuestras costumbres.
Un ejército de adolescentes, consumidos por la
vigilia y la preocupación devora, en una quincena volúmenes enormes que tienen aún el polvo
de diez meses disipados en la divagación poética
de los sueiios ó de ideales calaveradas.
Maiiana. .... mafiana . ... mañana. . . . Ese ha
sido todos los días su propósito, sinceramente
querido, desde que las cátedras iniciaron sus tareas. Estudiar mucho, ganar el primer premio,

Después de las luchas espantoB!ls y sangrientas en busca de la lib~rtad, para sacudir el ominoso yugo del musulmán, que por tantos siglos ha
pesado sobre la infeliz Creta, por fin se aproxima la época de su manumisión. Las potencias
europeas se han decidido á arrancar ese territorio de manos del Sultán y á constituirlo en país
neutral, regido por una comisión internacional,en
tanto se decide su suerte en un próximo porvenir.
El reciente levantamiento que ensangrentó las
calles de Canea y ocasionó la muerte del cónsul británico y de algunos soldados ingleses, y
provocó horrible matanza de cristianos, sin que
las fuerzas turcas hiciesen nada por sofocar el
motín, ha hecho que se activen las negociaciones
suspendidas después de la guerra de Tesalia, y
que se procure á toda prisa destruir para siempre el dominio musulmán de la isla sagrada. Lo1
embajadores de Rnsia, Alemania, Francia é Italia en la corte de Constantinopla, acaban de presentar un ultimátum al gobierno del Sultán, señalando el perentorio plazo de cuarenta y ocho
horas para que salgan todos los soldados turcos
del territorio cretense; á toda prisa se han mandado refuerzos por parte de las potencias, para
sos~ener estas reclamaciones; nuevos buques extranjeros han llegado á las águas de Canea, y no
sería extraiio que se estableciera otro bloqueo,
y que por medios violentos be arrancase de las
fortalezas de Canea el estandarte musulmán, que
todavía ondea allí como oprobio de la civilización.
Es tan resuelta y decidida la actitud que han
asumido los príncipes cristianos en esta ocasión,
que al fin el CaUfa de los creyentes tendrá que
ceder, reprimirá su odio insaciable contra la fé
de Cristo, suspenderá su sed de sangre y tendrá
que retirar á sus genízaros, que en el último motín de Canea vieron tintos en sangre de inocentes, basta la empuiiadura. sus feroces yataganes. Pudo orgulloso, después de sus triunfos de
Larisa, creerse otra vez dueilo absoluto é indiscutible de la tierra de Minos que por dos siglos
ha peleado en busca de su libertad; pero vueltas
ya de su asombro las naciones cristianas, después
de los fáciles triunfos del turco sobre los débiles
helenos, reclaman hoy los fueros de la justicia,
acuden á segregar otro girón del manto escarlata
del Imperio otomano, y dan un paso más en la
ya acordada disgregación del patrimonio carcomido de Solimán, en tanto suena la hora de arrojar para siempre á los hijos de Mahoma más allá
del Ponto Euxino y de expulsarlos para siempre
de la basílica de Santa Sofía.
No bastan los triunfos de un díá. ni las brillant~s hazafias. de ~na guerra, contra un enemigo
diez veces mfenor, para galvanizar el cadáver
del carcomido Imperio turco. Sus días están contados, su conducta ha sido pesada en la balanza
de las naciones, y encontrándola falta, se ha decretado ya su condenación. Ni retroceden los
pueblos en su evolución, ni tampoco pueden vencer los efectos de la carcoma y la putrefacción,

cultades que sólo podrán resolverse, siquiera de
una manera provisional, en las conferencias de
París.

X.X.X.
7 de Octubre de 1898.

*

**

El drama pretoriano de que hablamos días pasados, iniciado en los alcázares de Pekín, se ha
desarrollado con todc, su repugnante interés, y
hoy el débil Emperndor, á la merced de sus enemigos y en poder de los certesanos que giran en
torno de la Emperatriz viuda, es el juguete de
·1os mandarines, es un harapo envilecido que todos deaprecian, y menos feliz que el último de sus
súbditos, se ve reducido á la triste condición de
vivir todavía rodeado con los atributos de su
grandeza y envuelto en los esplendores del trono, sin ser dueiio de sus actos y conservando sólo una sombra irrisoria de su extinta soberanía.
Solió con las reformas dellmperio, y la reacción
lo tomó entre sus garras; pretendió uncir su país
al cttrro del progreso, y la tradición abrumadora
lo aplastó bajo su peso; soñó una transformación,
una regeneración completa del Imperio, infilSrHa. Herlinda Segura.
trando en sus miembros ateridos, inoculando en
Desempefíó brlJlantemente el papel de .Amnerls, en el último
su organismo secular, inyectando en su sangre
concierto en obsequio del Sr. Presidente.
estanc11da gérmenes de nueva civilizacion, de
1
ideas modernas, de engrandecimiento y de vida, ---------------------------------------------y los adoradores del pasado, los que viven eternamente prosternados ante el ídolo de las tradi- los espaiioles. En la actualidad son tres los que
ciones y se encantan en la contemplación de todo se disputan lasoberanía del .Archipiélago magalo que fué, se levantaron contrn él, atizaron las llánico: Esparta, duena de la mayor parte de las
ambiciones de la vieja Emperatriz; y si no Je en- islas y con posiciones formidables en las islas
venenaron como con insistencia se ha dicbo, fué Visayas, donde le permanecen fieles la mayor
porque era mejor para sus aviesas intenciones parte de los hllbitantes; Aguinaldo y las huestes
que quedara de cuerpo presente para atender á de tagalos que lo obedecen, posesionado de la issu derrota, que permaneciera de pié viendo co- la de Luzón y alguna otra de las vecinas, promo se desmoronaban sus insensatos ensuef\os, y clama la República de Filipinas, declara la indepresenciando, para su martirio, la glorificación pendencia de todo el archipiélago y pretende
imponer la voluntad de los tagalos sobre tollos
del pasado tan aborrecido por él.
El Imperio moscovita se regocija con estas los habitantes de las numProsas islas, los amerireacciones, mira en ellas la realización de sus canos, duefl.os de Manila y de Cavite y de los teideales; los más adictos al gobierno de San Pe- rritorios adyacentes, reclaman también la poseters burgo han sido los agentes activos de la cons- sión de todoel territorio magallánico, y azuzados
piración, y aunque sólo tuvieran que ver la derro- por la prensa que quiere la expansión territorial,
ta de los agentes británicos, aunque esta circuns- piden que los representantes de París exijan de
tancia no acrecentaí'a su rnfluencia. y multiplicara los espafioles la renuncia de toda soberanía en
su predominio, le bastaría la satisfacción dever aquellas apartadas regiones.
humillado á su enemigo para que moviera en
*
sentido todas sus maquinaciones.
**
La usurpación de la Emperatriz viuda está ya
De las tres entidades que reclaman para sí la
consumada. Por la astucia ó la violencia, el fementido Emperador reinante ha firmado su abdi- soberanía de Filipinas, ninguna es dueiia más
cación, ha cedido la magestad de su poder á su que del territorio que pisa, ninguna puede im•
augusta tía. Detrás de la dama que conspira, es- poner su voluntad sobre las tierras del vecino,
tá el Czar de todas las Rusias. ¿quién preter.derá ninguna en el momento actual puede lograr que
intervenir? ¿quién osará oponerse á las deter- prevalezcan sus órdenes más allá de donde alminaciones del Hijo del Cielo, que parece haber canzan los tiros de sus cartones. Están frente á
obrado de su expontánea voluntad, libre de to- frente en defensa de intereses opuestos, y se esdas maquinaciones, y por su propio y sobera- pera con ansia que la conferencia de París dé sono albedrío? En vano pretenderán intervenir los . lución al problema, en vista de lo que exige la
que '-!uisieran que prevaleciera su influencia en Unión Americana por sus victorias sobre Montolos consejos de Pekín, en vano querrá la Gran jo y Jáudenes, y lo que reclama España por sus
Bretaiia acudir en defensa de una influencia que derechos tradicionales sobre las tierras que desse le escapa. Los -agentes moscovitas lograron cubrió Magallanes y conquistó Legazpi. ¿Se hapenetrar al alcázar de Pekín; y no es fácil que rán oír los representantes de Aguinaldo, que ya
con notas diplomáticas y reclamaciones de pe- van rumbo áParís, pretendiendo tener voz en las
riódico se les pueda expulsar. Se han asentado discusiones? ¿Logrará Agoncillo, el jefe tagalo,
allí por su propio derecho, y sólo UD conflicto que su voz resuene en el salón de embajadores
armado, sólo un rompimiento abierto podrá arran- de Quay d'Orsay dondt: se reunen los comisionados de la paz?
carlos de su puesto.
No lo creemos. Si :M:c Kinley no quiso'recibirEn el temor de ese conflicto, se ha establecido
cordial inteligencia entre las dos potencias riva- los con carácter oficial, ni dar oídos como Presiles. se han limitado las esferas de acción de ca- dente de la República á agentes de los insurrectos
da una y recogido la parte de botín que cada tag!\los1 mal podrían los representantes de Espa•
cual pudo tomar en los revueltos mares orienta- iia y Es tados U nidos concederles ningún carácter
les, Siguen tranquilas, atisbándose en la sombra, ni menos atender á sus reclamaciones. Podrá
espiándose en secrete y pretendiendo sorprender acaso conferenciar en lo particular con los comiel momento má.s oportuno, para vencer en aque- .sionados americanos, pero un carácter oficial no
se le habrá de conceder. Obrar de otro modo
llas regiones á su émula aborrecida.
sería reconocer al Dictador, reconocer la República
de Filipinas y conceder derechos, y por
*
**
ahora no creemos que estén dispuestos á hacerlo
Mientras los individuos de la comisión mixta
internacional celebran en París sus primeras se- ni Espaiia que no abdica de su soberanía, ni Estados Unidos cuyas aspiraciones no se conocen
siones, para acordar las bases definitivas de la
paz entre los Estados Unidos y Espafl.a, la cues- todavía.
Entretanto lns hostilidades no cesan entre estión de Filipinas permanece insoluta, y espera de
las decisiones de ese consejo la última palabra. pañoles y tagalos, y ll\S rivalidades entre é;;tos y
Ardua es la tarea encomendada á los comisiona- los americanos se hacen cada día más patentes.
dos de la paz· la cuestión antillana no ofrece Recíbense noticias de nuevos encuentros, se haningunas difi~ultades, pues eran claras y defini- bla de capturas de buques insurrectos por los
das las proposiciones acordadas sobre este pun- cruceros de Dewey, y aunque parece prevalecer
to en el protocolo de Washington. No así el pro- el sentimiento anexionista, la aspiración á un problema filipino: cuando se firmaron los prelimina- tectorado de Washington por parte de ciertosinres de la paz, Manila estaba todavía en poder de surrectos, el embrollo crece y crecen las difi-

(

RESUMEN.-La libertad de 0reta.-Otroglrón arrancado al patrimonio del Snltán.--.Kl ultimátum delas PO•
tenclas.-La conspiración en el palac:o de Pekln.Un Emperauor que abdica y una Emperatriz queconsptra. -Los agentes rusos y los agen1es lngleses.-L~
preponderancia moscovita. -Forzada tranqutlldad de
las potencias. -Las conferencias del'aris.-.Klproblema fillplno.-Tres poderes, tres gobiernos y tres
duen.os -Embrollos y dlficultades.-El agente de
Aguinaldo. - ta misión de los comlsio:Jados de la paz.
-Conclusión.

J

1

283

EL MUNDO

cuando caen ya. en pedazos roídos de miseria y
podredumbe. L'\ manumisión de Creta, es un paso más de avance para borrar del mapa de Europa esa mancha que se llama Imperio Turco.

¡lolitita ®tntral.

Obtuvo ruidosos aplausos en el papel de A.Ida que representó
en la última velada
en obsequio del Befíor Presidente de la RepúbUaa.

Domlna:o 9 de Octubre de 1898.

----

LA EXPOSICION INTERNACIONAL EN PARIS
PA.RA. 1900.
Ya se acerca la fecha en que los franceses han convoc..do á todoi1 los puablos d11 la tierra para celebrar
juntHmente el f,n del siglo XIX y el uat1ilicio dt'l siglo XX. Desde hace m11sei1 be mu11ven en las orillas
del Seua. muchos millares de manos lat oriosu, ocupadas en los preparativos dt1 la lllagua obra. Ninguno
puede figurarse, ni siquiera aproximadamente, todo
lo que significa una Exposición internacional precisamente en Pal'is, y u,uy pocos saben cuantoij cambios
topográficos traerá conij1go ésttt de 1: 00 En otras
grandes capitale@ que han ofrecido exposiciones internacionales, se ha estado de acuerdo desde un principio sobre el lugar que deberían ocupar, debido en
gran parte á que era la primera vez que efectuaban
tales concur@os. Parla, en cambio, ha visto ya repetidas veces exposiciones internacionales y á una población de doi1 millones y medio de habitantes, no es
dable fatigar por largo tiempo con los mismos espectáculos
He aquí por qué no ha sido cosa fácil idear para
1900 algo que dejara satisfechos á los exigentes pa•
risienses. Por otra parte, quadaban de la últim&gt;l exposición algunos edificios y no pocas construcc~ones
11ue importaron fuertes gastos y mayorei1 trabaJos y
que eri. preciso aprovechar en la próxima, entre otrati,
la renombrada Torre Eiffel, el más alto testimonio de
los progresos ae la arquitectura férrea.
Asl pues, para ofrec1•r algo nuevo, túvose la idea
de establecer los terrenos de la exposición dentro de
la ciudad, al contrario de lo que hasta noy se ha
usado.
La entrada principal será por la plaza de la Concordia, que tiene f~ma de ser la má~ hPrmo,;a plaza del
mundo botero. Oblicuamente de frent" y del otro lado del Sena, eijtá la ancha plaza de IJs Inválidos que
ha sido incorporada á 1011 terrenos que ocupará la
Exposición, lo mismo que los amplios muelles á ambos lados d11J rio, el Quai d'Orsay á la izquierda y
el Cous La Reine á la derecha. Es1os muelles forman
RSI la umón ent1e el campo de la úhima exposición y.
el de la nueva.
Quedaba. Je la exposición de 18.55 y á un lado de
los Campos Ellseos, el conocido Palacio de la InduPtria, de 250 metros de largo y 101:l de ancho. que se ha
venido utilizando para expoi1iciones artísticas, pero
que ha sido menestar destruir para subs&amp;ituirlo con
dos hermoslsimos palacios que se de&gt;stirn,rán definí•
tiva y perennemente para a1bergar los tesoros del artti francés,y que sin duda conFtituirán las más notables
joyas arquitectónicas de la ya rica París.
Serán de dimensiones colosales y ya hoy se ve brillar la blancura de sus muros por sor,re la obscura arboleda de los Campos Ellseos, sin que por esto se crea
que estén próximos á concluirse.
La perspectiva que se ofrecerá desde los Campos
Ellseos al visitante de la Exposición de 1900, no podrá ser más maravillosa: además de los ya mencionados palacios del Arte que por si solos deberán asombrarle, tendrá enfrente los monumentdes pilares del
Puente de Alejandro, sostenidos por gigantescoR grifos, y en el fondo la dorada cúpula de los Inválidos.
Dasde el puente verá las serenas aguas del Sena
surcadas por toda una flotilla de "golondrinas" que
imitarán la11 más exóticas formas de bajeleP, desde el
dschonk de China hasta. la piroga del SenejZ'lll. Indudablemente, el Puente Alejandro constituirá el cen•
tro de la próxima Exposición de 1900.

*"'*

Par8 formarse una idea de las grandiosas transformaciones que está sufriendo Paris; asi como de las
fabulosas sumas de dinero que se está empleando,
basta saber lo que han emprendido algunas compañias ferrocarrileras.
La del Este (Paria Estrasburgo) ha comprado calle.,
enteras para ensanchar sua estaciones.
La del Oeste que ya aumentó su. departa.mentoe,
ensanchará sus vi11s tendiendo uu puente sobre el
Sena destinado exclusivamente al tráfico de sua trenes.
La que más ha gastado es la linea de Orleans, pues
ha comprado el antiguo palacio de Caur des camptes
para demolerlo y construir sus estaciones.
La compaliia de ómnibus metropolitano&amp;, en fin,
piensa substituir su actual sistema de tracción por
otros mecánicos, para lo cual tendrá que gastar varios millones.
*

*

*

Como hemos dicho, los teuenos de la expoaieión
quedinán dentro de París. Sólo la exposición de automóviles se efectuará en el bosque de Vincennes.
El lugar es am¡.,llsimo, y sin duda el hecho de que
esté situado dentro de la ciudad, contribuirá á aumentar los atractivos de eea colosal exposidón que
promete cerrar con broche de oro el ya agonizante
s!glo XIX.

�984

Domingo 9 de Octubre de 1898

EL MUNDO

Iglesia establecida, del amor, de la ciencia, de todo lo
que existe.
Re.tirado en su propiedad de YanaYa Poliana, rege•
nerado bajo el k11ftan de1 mujic, el apóstol del ntio
cristranismo consagra su vida a las obras filantróDica11, á la dirección de las escuelas, á las comisj.ones 'de
caridad. á los .s ectarios é iluminados. que vienen de
todR la Rusia campestre á visitará su grRn coleg-a.
Trabaja, 11demás, con sus propias manos: labra la tierra, maneja. la segadora y hace zap11tos ..... .
Sólo uoa pequeña porción de su dlll laborioso, se
emplea en su• escrit~s que difunden su doctrina. Dt&gt;l
antiguo novelista sólo queda el método instintivo, el
triuufante re•iismo quA noR subyuga en la exposición
de sus te~is morales ó filosóficas.
Podemos rechazar su sistema y sus ideas,y aun declararlas viciosas, extrava¡z-1rntes y locas; pl'ro nadie
negará á Tolstoi la avasalladorR fuArza de evocación qut- ha hecho de él uno de los más e.gregios novelistas de nuestro ~iglo.
·
El Teatro Juárez de- Monterrey.

Ya hemos dicho que el día 15 de Septiembre se inauguró en Monterrt&gt;y el Teatro Juárez.
El acto inagural fué solemne y se dedicó al Sr Ge neral Porfirio Diaz, e~cogiéndose, el dfa indicado por
ser el on&lt; máRt-ico del Sr Presidente de la Repúbllca.
El nuevo Teatro de Monterrey fué construido por
los Sres (!ha1;&gt;a Gómez y Quiroga, ricos y emprendedores cap1tahstas de aquella ciudad El primitivo proyecto de estos sPñores, á ra1z del inct&gt;ndio del Teatro
·del Progreso ocurrido el año de 11:j!;¡6, fué construir
1.1n salón de espectáculoA cuyo costo no , xcediera de
$40,000; pero c'lmprendiendo la conveniencia de da1
mayor extensión á la emprf'sa, dada la categorla de
1~ capital de Nuevo León como ciudad rica y pro¡z-re~1sta, aumemaron _el presupuesto y según 1011 datos
que tanemos á la vista lll obr~ una vez concluida re. ¡,resentará un va.'or de $150 000
.El Arquitecto Sr Ma~~ing proyectó el ed:ficio y llevo á cabo su construcmon en menos de un año
La fachada del edificio se a.poya sobre el Puente
· Juárez en una de las avenida8 más centricas y her•
rnosas de Monterrey El edificio Astá situado so"bre el
lecho de uno dit los canales oel Ojo de Agua, aprovechándose de este mod,l la dift'rencia de nivel
respecto á la calie como subterraneo natural
~I frontispicio es de mármol negro de Monterrey y
lc.s otros muros. maestros son de ladrillo rojo
El ve_stib~lo da. acceso á un gran salón y de este 11e
pass. a1 pa~10 en forma de herradura coa !,anca~ Je
mader_a y hierro. Alrf'deder del patio hay plateas, pal. cos p_r1me~os, sPgund,s y galerla. El foro es bastante
11_mpho v tiene _dt1partamentos apropiados pa!a los artistas. La cant11;1a está en el segundo piso á la altura
de los palcos primeros.
El interior está alumbrado con 500 focos inc,rndescentes y 10 de a.reo
Son notablt;s elplafonel,con figuras 1,JegóricaF: las
musas del Baile y di, la Musica, .,utre otras; el tl'lón
de boca qne 11parece en uno de nueFtros o-rabados y
que es obra de un pintor de Nuevo Leon f&gt;on Eligio
FernAndez.
•
Las figuras del ciPJo son del Sr. Guerini y, las deceraciunes de Don Fe~erico Amérigo.
' ·
El teatro tiene localidades para 1.tiOO personas.

preciol!'&amp; yegua normanda, conducido por las señoritas Guada•
[upe Capettllo y Elena Oorcuera, figur&amp;bll un gran canastillo de
flores blancas Este carruaje iba· custodí:ido por varios glnetea
de bizar::-a apostura..

la Srita. Doña E!lperanza Zubieta y el Sr. D "Manuel Cue~ta. Os-.entaba el coche un precimo adorno compuePto de espigas de
itrlgo, y llevando f&gt;n la partP postw:ior un águil11 dorada de muy
.hermosa hechura. La Srtta. Zubleta ve&amp;tia hermosísimo traje de
~olor verde.

1-

1

L

285

EL MUNDO

Domingo 9 de Octubrfl d,. 1~

*

Siguió inmediatamente un sulky de Don José Cuesta, tirado por
·un primoroso cabailo negro, figuraba un .ciervo volador, forjado
-&lt;:on armazón de alambre y cubierto con vistosos adornoR de tPI&amp;
color negro y plata El adorno floral. lo. jaeces del caballo y el
"traje del ocupante, conspiraban á hacer completa la ilusión de
que se Cvntemplal&gt;a á un insecto gigantesco, fué uno de los carruajes qua meior éxito obtuvieron.
La victoria de las ~eñoritas Fernández del Valle, tirada por élos
caballos tordillos rodados, de gran alzada, cubiertos con caparazones lujnsisimos de terciopelo rojo rameado. El interior y el
~xterior del elegante ca:ruaje. est11ban cubiertos de seda roja y
¡rualda, en artlstica combinación. Las sl'ñoritas Natalia y Elt&gt;na
::Fernández, ataviadas con los colores de la bandera ePpañola, llamaban, la atención y eran objAto de generales f'ncomios
El precioso carruaje de D. Jo11quln Cuesta, figuraba un cuerno

**
Como la lluvia amenazaba, se hizo

~R E. S. MACKING.

coutructor ael Teatro Juirez.

la distribuc1ón de los pre,
mios entre los cinco vehlculos mencion11dos adjudicándose el
plimer premio á las señoritas Corcuera y Capeti110 y á Don Joaquln Cuesta. ·
El sPgundo premio fnéotorga.::o á las señoritas Fernández y á
Don Mitnuel Cuesta y el último á Don José Cuesta. CoLsistian los
prt&gt;mios en riqulslmos estandartes de seda, de color blanco para.
1011 primeros, rojos para los segu,,dos y verdes para los tercerc.s.
Cuando el combate habla empezado, llt&gt;garon varios carruajes
más, á los cuales se decidió premiar hor·s concúu1·s El más ele•
gante de esos vehlculod, fué el del Dr. S¡i.ver:_ uu handsome-1:ab.
conducido por un cochero nt&gt;gro que luci,i hbrl'a clifé y roJO y
qut1 iba º?upado. por las bt&gt;~las s~ñn!iJas Maria Márquez y Vlct,.ria T~pia, 11tav111das al estilo Lms XV, con peluca 11mpolvada
talon rouge. El airoso carruaje iba cubierto dti rosas blancas, ca-

SR. MIGllEL QUlROGA.

fl

J rop. del Teatro Juá.rez.

SR. JUANCHAPAGOMEZ.

Prop. del Teatro J uárez.

melias, gardenias y bugambi-de- la abundancia, formado de
flores blancas dAlicotdlsima.11,
nardos y camelias. lba tirad.o
qiorl cinco poneys hermosis1•
mos'!y conduela. además del
-dueño, á la belllsima se!lo•
,rita. Aurora Cuesta. vestida
eon eleg1mte traje blanco.
Un buggy, tirado por una

lia.11.

TEATRO Jt:'A.UEZ. - lJNO DE LOS SA.LONES.

TEA.TRO "JUA.REZ" DE MONTERREY.

La Reina de Dinamarca y sus hijas.

+ el 27 de Septiembre último,

El a_f!.o de 184~. ·1a p_rincesa Luisa &lt;le HeRse-Cassel,
se umo _en matn_momo con Cri8tián IX de Dinamarca,
La rema de Vmamarca ha sido ceh1brada por sv.
belleza: luego ocupó con su esposo octogenario un lugar de honor en las cort~s europeas, por las relaciones de parentesco que unen á los reyes de Dinamarca con las ca11as reinantes de Europa
R ·producimos el último retrato de S. M en el que
están con ella l_as tres hija;¡ que la viditaron recientemPnte con motivo lle su natalicio.
~,as tres hijas de la reina de Dinamarca son: la
Pnnce11a de GalAs, la Duq•1e11a de Cumberland y la
viuda del Czar de Rusia, Alejandro.

\EL JUBILEO DE LEON TOLSTOI
El &lt;lía 9 dfl Septiembre (según nuestro calendario)
Leon Tolstoi cumplió setenta añns.
'
León Nicolaievitc~. conde de Tolstoi, ha vivido todos l_os géneros de_v1da: hoy es un labragor, un rnitjik
h~mtlde_ que trab11¡a con rns propias manoR v que al
mismo tiem~o predica la doctrina del neo-cristianismo,-!~ humildad el amor al prójt.mo. la &amp;bQegación.
En s_u Juventud fué sol?ado y luego la pluma que hoy
escr11:ie parábolas sencillas para el pueblo de la estepa, d1ó al mundo del arte las maravill,is que se llaman
Giterra y Paz Ana Karenine, Macha, etc. Un critico sagaz dl~e _del !I0Vt&gt;l~Pta ruso: "Tol&amp;toi no ha vivido para escr1b1r m escnbe para vivir. Como miraba aten·•
~amente en d&amp;rfldor y dentro de si mismo, las fuertes
1má~enes delos Aspectáculos que contempla-ha, s11·proyectaron. na~uralmente eobre el papel,-como el médiC'! qt~e d1~u¡a planchas anatómicas, no por el gu~to de
dibuJa_r, smo para conocer mejor el hombre y sus entermedades."
-

*.*

Hice m~d!o ;,il?'lo el joven oficial de artillería, conde Tolsto1, Jugador empedernido. perdió una fuerte

LAS FIESTAS PATRIOTICAS EN GUADALAJARA.

suma y no tenla con qué pagarla Para arbitrarse recursod llevó al editor de Ull periódico de Moscow la•
µovela que habla escrito enel CáucaRO; "Los Cosacos 11
obra maes~ra de poesla melao.cólica en la que apare•
C"!} ~o_r primera vez las almas del Oriente sla vo; almas
prrnutivas, en toda su verdad intima. Ya antes habla
riublic9:do, au11que b~jo el anónimo, sus Recuerdos de
infancia, obra que es el verdadero punto inicial de su
carrera de escritor.
Al retirarse del ejército, fué á ocupar el rang,, que
le correspondla en la so&lt;liedad de San Petersburgo y
luego viajó por el extranjero: como todos sus iguales,
gastó las actividades de su .-----•-----~
rsér en todos los ·excesos.
No hubo placer que no gua
tase con el frenesí propio
oe aquel tiempo y uquel
país en que unos cuantos
privilegiad'lR ha.clan rei•
·nar su capricho omnipotente sobre un pueblo retluci•
do á la servidumhre. Y sin
11mbargo, el impetuoso calavera no dejó de RMni un
momento obijervador frio·
conciliad esta contra.die'.
ción y tendt·éi~ en Tolstoi.
la representación viva del
•genio IU8,0.

El co11:1bate de f!ores fué la nota saliente de las fies•
tas patnas en aquella capital.
. El dia 16 á las tres y media de la tarde, empezó la
fiesta en la Avenirla del Paseo que se hallaba artlsticamente ado_rnada con elegaIJttid postes llenos ne ft&gt;s•
tones y folh1¡e. La concurrencia eijtaba"al redt-dor del
paReo, ~n as10ntos, ocupando una infinidad de sillas
· El pnmer yehlculo QUe. apareció f'n la Avenida, fué
un coche ab1erLo de cuatro ruedas, é iba ocupado por

j

-,c..-- --------~-----

***·

Cuando el éxito de An11
J(arenine y de Guerra y Paz
con;;agra definidvamente
la reputación del gran novelista en RU paf.,, y cuan do
va van á forzar la admiración de todo el mundo su
influencia y su renombre,
'el astro capricho~o s11 o~•tlta entre las nebulo~as Renieg-a del arte qua Jo. hizo
ilustre. de la civilización
·q ue lo aclama uno da sus
grandes creadores, de la

f
(--'-.:- _ _ _ _
......
• .......;,-..,.cc...._..,,.__ _ _..=,._
,

'

1

'

.

TEA.TRO "JlJA.REZ".-(Janttna.
TEATRO JUAREZ. INTERTOR

El Sr. Dr. Spyer ll~vó de esta
ciudad el carruaje en referenciit habiendo gastado en su
ornamentación como seiscientos peso11. El interior estaba cubit&gt;rto dfl seda y en el a•ioroo
flor~ 1habla por lo menos ochenta camellas.

�286

Domingo 9 de Oetu_brede ll:l9h.

i.L MUNDO

Domingo 9 de Oetub're de 1898

287

lr.l, .MUNDO

''CLUB MITLA. - OAXACA, 11
Las fiestas patrióticas del 16 de Septieµibre en Guadalajara.

1:.

'

~,..

..

r:6:~~,, .. ,~

.

~..

.~

.

"Hansone Ca"ti" del sr. Dr. D. Lawrence Boyly Spyer,-E1,1tilo Luis XV.- Ocupado por las
Sritas. Victoria Tapia y Maria Ml\rqu~z. .

Primer premio de adorno en los portales.
.Joyeria "La Esmeralda."

Primer premio extraorriinario y diploma t&gt;xtraordmario
·
por haber llegado fuera de hora.

VISTA TOMADA EN LA CALZADA PORFIRIO DIAZ.
1. A. Agulrre.
2. T. Attu!lar.
3. Fausto Ramlrez.
4. Manuel Canseco.
5. J. Rivera.
6. Arnulfo s~n G1rm ~"l.
7. M \r. Ji'll ín?a.
8. F ~rn? Irn'ln.
·9. C. Alva.rez Varela,
10. FranciscoVillas.-ñor.
11. Lic. E. Maques.
12. Octavio Garcla.
13. George Tarler.
14. Charles salomón.
1-'i. Lic. A Imrri,arrh.
16. A. G ,tvltn C ,rnp)S.
17. J. Atristatn [Jr.J
18.
19. Adolfo Va.rela.
20. Francisco Sa.lazar.
21. Francisco Vllla'lel!or.
22. M. Ortiz.
23. ',le. J,&gt;aquln Atrista•n.
24. Lle. Fii\enct,, Fl,ral\11Jez.
2;. J. O;orlo Por.lllo. 26. T. Ortlz. 27. Lic. Francisco
Magro, [Vlc~presiderte del Club¡.
28. Max R•imers.
29. Cario• &gt;!o&lt;II, [hijo).
30. E. L. Benltez.
31. .ru-.11 R1m'n • 1-1.
32. t!:uriqud :11-.1-0.
3'l \l\'Ufün Canseco. íJrJ.
31. Lic.. Francf""o Belmar
fPresMente del Club].
:is. Carlos SerreG.
36. T. Salazar.
37. Mar.,a.rlta Iturribarrla.
38. Maria M •~ro.
l9 R:lo lla At,isG&amp;.ln.
4?. J ,s1fin • ~errcG.
41 C .rlos llerret, tJrf. 4.2. Berta Bnnavidez:
43. C. Sala?.l&gt;r.
44. J. Sal112a.r.
45.
46. Fideaclo Qnirdó,
47. Luis Herrera.
48. Lic. Crn,ti.1tlu1 C 411~ ,Jo.
49. C &amp;rloi BJ.1&gt;rqui;. 5). Ang~l Sin Jermáu, -LSecreta.rloJ. ~l. Raul
Esteva..
52. Francisco Zorri1Ja, (Tesorero).
53. ◊eta.vio Figueroa.
_

=

LA.S FIESTAS DEL 16 DE SEPTIEMBRE:n· CHILPAYCIYGO_

LJS FIESTAS DEL 16 DE SEPTIEMBRE EN CIDLPA.NCINGO

El hecho de habn l1Pg1ulo
fuera de tiempo y cualJdo .' a
los premio11 se h11blan. arabado. privó al Sr Spyer dPl,que
merecía su coC'he; pPro 1011 ,Pñore~ jurados. obrando en justicia le otorg,.ron. 11Pgún hemos visto en los periódicós de
Guadalajara, primer premio
,-xtraorarnario y diploma de
honor por su artlstlco coche
Luis XV.

*

**
Entre las bicicletas adorna-

Esplémlida iluminaci6n en el Palacio de Gobierno.

das, merecieron preoios las
quP conducían la niña Nelie
Swiff y la señorita Praf'torius.

El adorno clfl la mllquina de la
niñR Swiff fué E&gt;lmá~ alabado!
era blanco y oFt.. ntaba tina·
media hmR pi" teada, colac11da
con mucho artP, :
De las bicicleta11 conduC'ic11s
por horcbre fné la má" elegante la d .. Eduardo B Li¡.!&gt;t,
hijo d ..l Cónsul de Jo~ Est11dos
Uuidos, que vestía trajt1 en
que estaban artiEtiCbmente
combinados los colores nacion11les v americanos.
También damos en nueFtros
¡?ra bados el original y prt&gt;cioRisimo aspecto ltt&gt;l Palacio de
la capital dfl Jalisco durante
la iluminación del 16 de Septiembre.

·car).'o de "La Paz."

➔~~

ECOS DE LOS ESTADOS

EL CLUB "MITLA" DE OAXACA

LucidaA como nun&lt;'R estuvieron en Cbilpancigo,
capital del Estado de Guerrero, las fiestas de la Pa•
tria. En nuestro· afán de información, , eproducimos
en nuestra sección de grabados. dos dé los carros alegóricos &lt;jtte contritiu.vernn A dar m11yor esplendor
al f,.stlval de r~ferencia. Rt'presenta uno de ellos-"La
Paz" y el otro "Las A1:tes. ••

La vista qne pul-licamos en este número ful\ tomada por •EL MUNDO ILUSTRADO• en la primera rotonda
de la calzada Perflrio Dlaz, por el colaborador artf¡¡.
tico de nuestra publicación Sr. Josl' V. Jáure¡!'Ui.
Los socios fun&lt;111dores de este Club, son 1011 miamoA
q11e recorrieron ee bicicleta el trav,.cto de O"x.a ca á.
Müla, regresando el mi~mo dla (98 kilómetro~}.

Es notable el impulso que se ha dado en nuestro
país á la pri\ctica tan higiénica como útil dE&lt; las excursioneft en bicicleta.
El record de los ciclistaa mexicanos no es en ningún
s11ntido inferior al de los norteamericanos st&gt;gún Jo
registran publicaciones extranjeras, queh¡mo¡¡ comparado con las noticias relativas de la prensa nacional.

Niña Nclie S1vUf.

Ttctoria de D . .Jnsto Fernández del Valle, ot&gt;npado por l~ Sritas sus hijas.
St&gt;gundo premio.

�Domina-o 9 de Octubre de 1898

~MUNDO

288

NI TANTO NI TAN CALVO.

OMNIBlJS A..lJTOMOVILE!i.

~.., ....
Los resultados obtenidos en las prue\as del año de
1897, h_a~ian prever que muy pronto rc.solveria el automov1hsmo, el problema de transportes en común y
á precio módico.
La relaciól!- de los largos trayectos recorridos por
los coches Dion Bouton, Drueba ..mpliamente la realización de aquellas previsiones.
•
De Parls á Aix.- En la Expoijición de automóviles
del mes de Junio ~lti_mo la casa Dion -Bouton p.·esent~ un Cf!,rro con vem t1cuat~o asiento~; su originalidad,
d1mens1ones y \a perfocc•on técnica del conjunto llamaron la atención de todos los que concurrieron á la
exposición. Haremos una corta narración del trayecto recorrido por este vehicJilo, pues de este modo se
demuestra cómo corresp,•nden la recistencia y la economía de esta clase de automóviles á las previsiones
más optimistas de la teoría.
El coche en referencia fué comprado por la Sociedad ~!lcional francesa de 1.1.utomóviles para hacer un
serv1c10 de excursiones en las cercanlas de Aix-lesBains, es decir, en pleno pais montañoso.
_E)l trayecto ncce8ario para lli-gar á su destino, 600
kllometro_s, debla ser el medio pa:·a conocer de una
manera cierta la fue:-za motriz y la facilidad de con-

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289

EL MUNDO

Domingo 9 de Octubre de 1898.

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...

Trinéo de D . .Toaqufn Cuesta, conducido por él y su hermana la Srita. A..urora..
Primer premio.
de bancas hacia el gran trayecto de París á Aix. tr11R ómnibus franqueaban los 800 kilómetros que didta Lavaus,
para comer.zar el servicio entre esa ciudad y Graulhet.
La adopción dal automovilismo es ya un hecho y de los
más satisfactorios para la comodidad del público, p:ies las
ventajas de ese medio de locomoción son notorias. ;.No gas•
ta el gran coche de Aix 8 céntimos de combusiible por kilómetro?-Además de la baratura :ceuuen los ómnibus automóvilel! ventajas que los hacen inmejorables para un viaj_e de placer.

tierras antártcas. Como es sabido, de estos dóciles y
abnegados amigos del hombre, depende en gran parte el éxito de lao expediciones polares cuaudo ya se
trata del desembarco y la marcha á través de los
hielos.
Los perros samoyedos son pequeños, flacos, tienen
gran parecido con los zorros y son valientes y vigorosos.
El "Southern Cross" fué construido expresamente
para la exped1ció11 por orden y á costa de Sir Jorge
N'mneP, miembrv de la Cámara de los Comunes y uuo
de los más poderosos editr res de Lo11dres,
Salió de Santa c~~arina el 21de Agosto la expedición
y se propone fijar su cuartel general en Tassimania,
de donde se dirigirá á las regiones inexplor~das del
polo antárt:co. No pien sil 1&gt;l jefe de ella poder regrPsar sino hasta fines de 1900

UTILIDAD PRACTICA
DELOS

,__

EIPLOR!OION !NT!RTIO!.

Una expedición á las órde•
C:ocbe de D. Manuel Corcuera. -Srltas. Elena Corcuera
nes de M. Charles Borck&amp;:,rey Guadalupe Ca.peUllo.-segundo premio.~
• ·r~ v:nck partió para el polo Sur
á bordo del SotdhernCross.
ducción del coche puestc á prueba. La experiencia
El 9 de Agosto llegó este buque á los docks de Sanfué concluyente y satisfactoria.
ta Catarina, donde completó su tripulación de mari·
,._ Después de cinco dias de camino llegó triunfalmenneros bajo las órdenes del Teniente Colbeck. De este á Aix el gran vehículo de siete metros.dedicándolo
tos los más son escondinavos.
en seguida sus dueños al servicio de excursiones,
Algunos finlandeses van encargados de la conduc•
desempeñado entre las gargantas alpinas, como pu•
ción de los trineos y al cuidado de los perros, de los
diera hacerlo en una llanura.
cuales lleva la expedición un buen número, todos saDe Parls á Lavaus.-Al mismo tiempo que el carro
moyedos y probablemente los primeros que pisan las

•

62)

CUE~TO F.ESTIVO

MOLINOS DE VIENTO.
Según dijo el profePor Lacour en una conferencia
que dió recientem..nte en Copenhague, insistiendo eu
las ventajas que ofrecen los molino11 de viento con pa•
!etas verticales. dió cuenta con u:ia série de expe•
riencias quA ha venido haciendo por medio cie unaco•
rriente artificial de aire á fin de que este dato fuera
constante
Pudo .en el curilO de esas experiencias comprobar
que un molino cnn 16 p letas no produce más q ,1e un
tercio más de trabajo que otro de 4 alas solamente. El
mismo profesor co11struyó un regulador á propósito
para p~der aplicar los molinos de viento al movimien•
t&lt;? de dinamos, lo que significa un adelanto debupor•
c1a.

-No, Tecla; estás muy desafinada.
-¿Por usted?
. .
.
La naturaleza se mostró espléndida con el rostro
Una noche la celosa consorte le dijo á Sera.fin, pre-No, po.r mi tio el de AduanRB; Semt1tula Maripode Serafín, y éste era el encanto de los salones (sala silla fugaz r11,ptada del Parnaso o Dos almas que for• sentándole una botella.
y gabinete) dt:1 doña Torcuata, en los cuales se baila-Mira, carl!io mio, si es cierto que me amaA tanto
una compacta, ó ...... . .
ba todos los viernes del año, á excepción de los de man
•como dices exijo de tl un sacrificio. ¿Ves este frasco?
-¡Oh. basta! EsaP fras11s me subyugan,
cuaresma.
Serafín tocó lo dicho, en el acordeón, y un mes de;;- Pues con él has de dar fin ....
Más de media docena de muchachas impresionables pués era completamente dueño de Tecl_a, vulgo su es-¡A mi existencia! tCielo santo!....
.
-No, mi bien; á tu cabellera, y á tu barba y bigote.
suspiraban al verl~, ponían los ojos en b'.anco y hasta poso. ·
.
lanzaban al suelo el abanico, como inadvt1rtidamente,
-Pero Tecllta ....
¡Que vida pasRba! Su mujer er~ cel!)Si~1ma.
- ¡Dios mio! ¡No me quieres! Si ya sé que lo que de·
para que él lo cogiese con galanteriay decirle cuando No¡Infeliz!
podía 1anzaroe jamás sin ella á la v1a pubhca, Y
seas es matarme de celos ... . ¡Ay de mi, que
se lo entregaba:
d¡-sa-raciada soy! Todos loé dlas mP repiten las
-Miles de gracias. Es usted azás ama•
hijai de Terroncillo y las deLecbuguete qu~
ble.
tu cabello "lS cresoo y ondulado y que tu
Bueno es hacer constar que Serafín no
barba es rizosa y ·11edoso tu bigote ....... .
era alto ni bajo, grueso ni delgado, rubio
1A.v! ¡ay! yo me si~nto _morir.
.
ni moreno. Pero, poseía un rostro terso y
Y rompió en copiosie1mo llant~ y ~~sta dió
agraciado, barba y bigote lustroso, nariz
tres cabE'zadRs contra la pared, mhriéndose
completamente aguileña y unos ojos muy
otros tantos chi.!hones, de regular taml\ño
gruesos y Juguetones.
Serafiu accedió al cabo A los ruegos de su
Con que ya comprende~éis, lectoras, que
amanfüimll consorte; frotóse con el liquido
Serafín no era un chico despreciable,. mádel frasco repetidaA veces, y al ca1?0 de una
xime si convenís conmigo el que nunca re•
semana. estaba calvo como un chmo y con
sultó cierto el adagio. El hombre.!/ el oso . ...
la cara hecb.a una herejla.
etc
¡Se habla vu~lto feo pnr completo!
Además, Serafín tocaba el acordeón de
Todas las amigas de Tecla la hicieron saun modo que embelenaba.
ber que su marido era un mostruo del que les
De toda11 las jóvenes que aspiraban á la
daba tentaciones da irnir cuando le velan.
blanca mano del doncel. la. más constante era
Y. Teclll respiró satisfAcha y reemplazó al
Tecla, una niña angelical, alabastrina y
guardia civil por una moza fresca de Torre•
llena de pasión; la que, al ver que sus. de•
lodones y quitó á su marido la bufanda y le
seos no eran correspondidos, hablase juradecía á todas horas:
do perder á Serafín; 6d decir: casarne con
-¡Serafln de mi corazón! Ya POY com·
él.
pletamente feliz; y ano tengo celos, Te adoro
Porque estaba enamorada de él, si, enay estoy tranquila
morada completamente de aquel sér, para
P11ro un mes despuéil, exclawaba:
ella ideal; de aquel hombre propietario deun
-se:afln. siento mucho que hayas querostro seducwr.
dado tan horrible. Yo no hubiera deeeado
Tecla era apasionada por la estética. A
tanto.
ella le importaba un comino que en la caY al cl\bo de tres meses:
beza de Serafín se alb.-rgase mucho talento
-Mir11. Serafín, la gente me hace burla
ó se albergase mucho serrín; no estaba más
cuando ~amos jlmtos ¿Quiéres que nos se•
que por su fisico, mayormente, sin temer
paremos y que yo vaya á vivir con mis pa•
que aquellas gracias pudiesen desaparecer
dr1&gt;s?
un dia, como dicen que ocurrirá. con la. forPor fin, una noche, Tecla quiso volv~r á
ma poética.
IR casa de Doña Torcuata, con su marido.
Y tantas gazmoñerías hizo en mil ocasioHacia mucho tiempo que no iban.
nes y tanto dió á comprende1 que le amaba,
C11Pi nadie conoció á Ser11fln.
que el chico pidió á un amigo cursi de suyo
-¿Te acompaña. un máscara?-la preguntó
y hasta escritor de afición, que le pusiera
una
amiga.
..
una declaración amorosa, para espetársela
-¡Qué criado tim rRro trae;!-dJJo otra.
a Tecla, cosa que consiguió y sin ~recavar
-Anda, Serafh.1,-dljo ella, volviénd&lt;?se
A.aquélla de antemano, 1cruel! asila habló
hac~a el joven,-br~mea un poco con qmen
una noche, á eso de las diez, confuso, aturquieras; te lo permito.
dido, ruboroso y falto de memoria, en casa
.,
-Me parece algo tarde-murmuró él.
de 4oña Torcuata, durante el intermedio de
Tecla fué á engrosar en el grupo de su.a
un vals á una mazurka:
antigua• a:n'gas -1Cuántas preguntas le h1•
~- Tecla, querube oloroso, la del aliento alacieron! ¿Er1&gt;s feliz?¿Te quitas añ~s? ¿Te prue•
do, la de labios azules como PI firmamento,
ba el matrimonio? ¿Te gusta el lomo co11. JUdlail? ¿Hala de ojos rojos cual el fuego, la de dientes
sonrosados, la de mejillas de ébano, la de perlas por aun así v todo, con el rostro envuelto en una bufa~da, ces todavla gala dA los nervios? ¿Sigues tan celosa?
para ocultar sus becbizos. En cuanto miraba áalgu1en, Mira que eras terrible .... Creías que nos íbamos á tracabello, ¡ah! yo te amo.
un pellizco de los retorcidos le hacia.co'!llprender que gar á tu Seráfln.
.
Y se sintió desfallecer.
-Soy otra-por completo,-co~testo Tecl!L;- he va,Much9:s jóvenes se mordieron los labios. Algunas sus miradas eran sólo de Tecla. Por vieJa~ q_ue fuesen riado much.o, pero m,tcho. En fm, ya veréis.
las domésticas, no parabRn ~n ~u _casa! y ultimao:iente
mamás p1d1eron agua.)
eran servidos por un guardia c1 vil var1oloso, retirado
Y llamando á. Serafín.
..
-1Serafln!-dijo ella medio trastornada por la ale• del servicio .... por exceso de hoyos ea la faz.
-Mira, hijo mio.-le dijo;-ven, no te averguences·
gría.
¿Te gustan tus amigas de antaño?
.
• Las peloteras se sucedian sin i-aterrupción.
Vamos, querida8 ab.i ~e tenéi~ A lf!, que qmera se lo
-Se::vidor de usted.
-Has h&lt;lcho una seña á la portera. .
-Siga usted; siga. · ·
--Pero, mujer, si es vieja, y sorda y bizca del dere• regalo. Así como asi pienso d1vorc1arm~ de él, á escape .... ¡Yo no quiero vivir con un marido tan ho-No puedo, T11cla; se me ha olvidado lo demás. cho. Escucl;ia, ven .........
rrible!
fero ejecutaré en el a~ordeón un schotis que la de,
FLORli:OR,
-¡No me toques!
dico, compuesta por mi. .....

id

:ROl!!IA.UBA

AYER Y HOY
Ayer para hacer picas se bmcaba
El hierro en las entráñas de la tierra,
Y ese hierro &amp;embraba
Luto y desolaci'ón, y espRnto, y guerra.
Ayer, carbón y leña se enc1mdian
Para arr.mcar la vida á fuego lento
· · A lts que el porvenir ya presentlan,
Vuelo dando á su libre pensamiento.
Ayer, el duro tronco de los pinos
En horca la justicia transformaba,
Horca vil que en las plazas y caminos
La barl•arie del siglo fregonaba.
Hoy, siervo dócil dt1 ingenio humano,
Y en rieles convertido,
Que el monte cruzan, la ciudad v el llano,
El hierro la distancia ha suprimido ..
Y á los pueblos del orbe ha confundido
En fraternal abrazo soberano.
El carbón que al arder chisporrotea,
No convierte en cenizll
A un mártir de la ciencia ó de la idea:
Ya el aguR en la caldera vaporiza,
Humo arroja. la altiva chimenea,
Y ruge el monstruo y rápido se lanza
Infinitas distancias devorando,
Por doquiera llevando
Paz y á amor, y riqueza, y ventura11za,
Del erguido madero
No pende el infeliz ajusticiado

Pasto ofreciendo al bu;tre carnicero:
En poste tra11sformatlo,
Que e1 hilo telegráfico sostiene,
Es la vestal moderna que mattlene
El pensamiento, el fuego más sagrado,
Ya la palabra humana,
Eléctrica centella
Lleva, hasta la comarca más lejana..... .
¡Tal vez desde una estrella hasta otra estrella
La llevará mañana!
ANTONIO CISNERO8 C.bIA.RA,

A MOR.ELOS
¿En qué fragua templaste tu bravura?
¿En qué yunque forjaste tu heroísmo,
Si el altar es la sombra y el abismo
Y la patria es la luz y la ventui:al
¡Cómo pndo trocarse la ternura
. De tu acento de paz y misticismo
En grito redentor de patriotismo
Qne al pasado llenara de pavura?
Sacerdote y campeón, trocó tu mano
El cáliz por la espada, ¡oh, Padre mio!
Desde entónces el pueblo mexicano
Aprendió con esplritu sombrío,
Que también de los miasm u del pantino.
Forma el cielo 1a lluvia y el rociol
JOSÉ M. ZAYAS,
I

CONDE LEON TOLSTOI.

La Reina de Dinamarca y sus bitas.
(v~.ue el te:x:toJ

Rii,ueña ufana. sobre el césped blando,
De Abril ~n tarde plácida y serena
Está Rosaura en la floresta amena
Al són de alegre tamboril bailando.
Rosas, jazminez, á su paso 11chando,
Aplaude el pueblo y la comarca atruena,
Y va la niña de donaire llena
Rosas, jazminl'B. á su paso hollando.
Pero ¿y mañana? Al despuntar la aurora
Y no bien aparezca su lucero.
Tendrá ya dueño q~1e en el al(!la adora.
Y si la dice su senor: ,no qmero,•
Por más que gima la gentil pqstora,
Será este baile su bailar postrero.
ALIIIJANDRO ARANGO Y ESCANDÓN,

�•
EL MUNDO

290

Domtngc 9 de Octubre de 1891!

Domingo 9 de Octubre de 1898.

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o

Se me ha fugado! Lo imaginaba y lo temía que me dejará muy pronto,
pero no así; esperaba que muriese al fin, víctima de la terrible anemia que
111 iba consumiendo; nunca que me abandonase criminalmente. Se ha ido
escapándoseme, cuando menos lo esp~raba; su pl,m estaba bien preparado; su artificio me enga:lló; no conocí su acecho. ¡Hoy que tenia más esperanzas de que volviera A serme fiel! estuvo tan amable, tan complar.iente, á todo accedió, y entré en el sueno tranquilo, y ¡qué horrible despertar!
ha huido; no tiene duda; su casa está deshabitada; siento aquí el hueco que
me dejó; siento su v.acío; me duele el hueco; experimento los dolores que

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centro de gravedad, cae en la acera; la planta que se estremece al oír silbar el viento, la casa que tiene cimbramientos hasta sus entra:llas; ¡nerviosr
¡nervios!
.
¡He ahí el enemigo!
¿Y qué hace la ciencia que no descubre la mane-ra de hácer una neurotomía general?
¡Nada de excitantes! DQ acelerar la tediosa y monótona vi&lt;latno vivir
en otro mundo; vivir siempre despierto, no vibr/lr A los innigualables placeres celebrales, y el campo, la naturaleza, le normal; desesperante monotonía y neurosina; si
la mediciua tuera eficaz, á ningún ciudadano francés le faltaría en su casa.
- «Degenerescencia. Degenerescencia, y ¿el libre albedrió?»
-¡Bah!

La gradación fué
aborrecible. Prime·
ro insomnio, viendo
tienen las flores, cuando dedos femeninos, criminales les arrancan las hojas. claro en la obscuriLa he sentido salir como si en una incontenible hemorragia, A causa de dad de la noche cómo
la ruptura general de arteri11s y venas, sA me escurriera la sangre por to- los muros arrastrandos lados,-la be sentido salir Aborbotones por .los oídos, por los ojos, por do la puerta y la venla boca; hasta por las puntas de l:s dedos.
tana, los tapices y
Los ojos, los oídos .... ¡Ah traidora! acostumbrada A ver entrar por allí los cuadros, bailaban
tantas sensaciones de que ella era mi depositaria, por allí mismo se me ha ridícula y desvanecefugado.
dora danza. Y era
Infame; enga:llosa, mujer, y ladrona; se ha llevado cierto que danzaban,
mis secretos; me roba mi pasado. ¡Ya nada sé! ¡De na- las maderas de las
da me acuerdo) ¡Tengo una cabeza acéfala! ¡Un hom- puertas crujfan con
el movimiento.
bre sin memorial ¡Qué horror!
Otri.sveces, era yo
Yo pienso bien ¿no es cierto? discierno con claridad,
comprendo con exactitud, pero ¿y qué? si para mí no el que con todo y leexiste el recuerdo. ¡Ah! sólo uno me dejó la maldita; cho recorría la pieza
iluminada por luz fo11el de su huida ¿por qué no se lo llevó también?
¡Pobre Andrés! ¡Si yo hubiera atendido sus indica- fórica; ya no estaba
como antesnegra, ya
ciones!
Me lo dijo cuando temblando, con el corazón que me el espejo no era un cómplice dela negrura, y no sólo retrataba esa cbscus!llta-ba como un desesperado, con las manos sudorosas ridad de la alcoba, sino que reproducía por millares, como si hubiera teniy los labios pálidos y secos,-asustado como una mujer, do en frente un compaJiero, todos los objetos.
El ronco rumor de los árboles despertados por el viento, el aleteo y et
-le conté los primeros síntvmas:
«Higiene, higiene, agua · fria; alimentos sanos; nin- canto del gallo en el próximo corral, las voces quejumbrosas semi--humagún excitante; nada de poesía en las bebidas, nada del nas de los gatos en t l patio, el vuelo de un moscardón que se' quedara porque hace la vida más intensa y acerca más A la distrafdo, preso en la recámara, me provocaban el salto sobre la cama y
:, - ...... -...:.. f,
/...,..
..,-. __.. licor
muerte. Campo, mucbo campo y neurosinal ¡Ah, los me aceleraban los latidos del corazón.
¡Qué de temores pueriles, qué de sobresaltos femeninos!
nervios!&gt;
Ya
rendido conciliaba el sueno. ¡Y qué sue:llo! No el sueno pesado esLa mano que en horrible crispatura-oprime el puna! y rompe el cor&amp;zón,
e! cuerpo que azota contra los muros en ridículos tambaleos y perdido el peso, que repara el sistema nervioso, no; un sue:llo lleno de ensuefl.os. ¡¡Aúo
dentro del suefl.o había insomnio para mí!!
-Exajeradamente empeque:llecido
emparedi.do en una canica, rodaba;'
unas veces la cabeza contra el suelo,
otras hacia el Oriente.
Ora era un viaje julivernesco por los
aires; y subir, y subir; ora el descen• • ' :,,.'v,
so, rápido, con sofocación y vértigo,
•
n.. 1
abajo, muy abajo de la superficie de
.:::.\ v .
la tierra.
~;t~-,/1,,.-;
Allí miríadas de m)nstruos mari·,
nos y terrestres 1 en estrecho maridaf
je. Ejemplares nunca vistos en la fau·,
na de la tierra.
~
Rocas animadas que reían con risa
.
~?.
~de piedra. Plantas vestidas á. la euro.
..
pea sacancto A guisa de cabeza por el
·.~
.
.::::_
..
--;::.·-::::;·
- ..:-::.._:. ~~ ..:."cuello de la r11~11ca. una hC'ja encrme
de múltiple coloración.

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1

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..

***

¡,·1

.,.,-::;.;:::

-

~~--'

Bien luego se me borró toda noción de mi adolescencia· pero yo había sido joven alguna vez?
¿Y no creen ustedes que tambié~ para. pens~r, para
acordarse de lo porvenir se necesita la memoria? 1Yo
estaba condenado A un presente inacabable, eterno!
¡Qué estrechos limites para una vida! Vida .... ¡sin pasado ni porvenir!
.
. .
y la medicina inútil; los foefatos 1mpotentet1; mef1caz
el contraveneno; estériles loa ejercicios gimnásticos de
la mnemotenia.
Un terror grande; un miedo espantoso, ngobiador,
se apoderaba de mí al pensar en la locura como epilogo inevitable de todo eso.
¿Al cabo se cumpliría el pronóstico general? ¡¡Loco!!
¡¡Loco!!.. . .
·
Yanohubomlls transiciones violentas de
una tri.,teza tan honda como inmotivada
á una alegría explosiva, gritante que se traducía en gestos, sal·
tos, eantos y abrazos
injustificados á algún
amigo. Se apagó el ansia inmensa de algo
indefinido: mi memoria era lo que yo pedía,
su falta mi obsesión.
Los días se hicieron
más tristes y más largos. Una atmósfera fúnebre me
envolvió; un aspecto romAtico indignante, me b11:lló.
¡Cómo envidié á los buenos burgueses hiperhémicos,
,. •t '
despidiendo felicidad por sus carnes abundantes! Y el
opalino talismán perdió su virtud; nunca volvió á rea- , . --'~-~nimarme; no volvió á darme una caridad de energías
,, ·1
\ ,,f.
que ¡ay! duraban u,1 minuto. Desde entonces hacen
f~ ~triste el Absintio; parece fabricado en algún cementerio; lleva hálitos de muerte.
1\'I
¡Cómo arrancarme aquella placa marmórea que pesaba tanto y me dolía tanto? La imaginación, movediza
*
UDliB veces, como ventilador eléctrico, giraba y giraba
**
sin que yo pudiera detenerla en algún objeto determi:Más tarde muchos suenos, muchos. Yo tenía todas
' pesadilla horrible, muy horrible, Y siem.
nado; otras, apenas podía moverla; pesaba como la
~as noches una
rueda de hierro de una máquina enmohecida.
pre la misma-estoy seguro-pero sólo en el sue:llo sa¿Enmohecida? Sí, sí, eso me decía Andrés, que hitbía
bía cuál era. A la maflana siguiente ...... ¡nada! ni un
recuerdo; sólo sobre el cerebelo dejRdo enmohecer mi memoria; las celdillas nerviosas psíquicas, habían ido
una lApida de mármol, y en el perdiendo su estabilidad, pero repitiendo la irritación responderían al fin
cuerpo una insufrible flaxidez. ¡Necias teorías!
¡Ajenjo! ¡ajenjo!
*
Terrible confusión entre las
* de recuerdo que me ha dejado
Es necesario no desperi:liciar este *resto
personas que realmente existían
y me babian sido presentadas, y la odiada Mnemosynia, como la estela de perfume que dejan las mujeres
los extranos seres engendrados tras de si.
Si al menos como Moir-isse hubiera llevado un libro de memorias, tenpor mi excitado cerebro loco, en
dría
allí mi historia, y no sólo este proceso de mi desgracia ...
nauseabundo coutubernio con la
Un día: ¿no me conoce usted? ¿no se acuerda de mí? me dijo, y en efecnoche sombrosa y larga, muy
larga y estrecha cumo mujer tí- to, no sabía quién era aquel hombre, como no lo sé todavía; ¡un condiscípulo de los preferidos, un íntimo! Y citó fechas y nombres de amigos y de
sica.
parientes mios á quienes yo no recuerdo. Luego, estaba irremisiblemente
Esfuerzos de titAn con éxitos perdido, condenado sin esperanzas de indulto.
de enano, para recordar una. feY dentro de unas horas, no sabré quién es mi madre, ni mis parientes;
cha hiatórica, el nombre de algún quiénes mis amigos, cuáles mis enemigos. ¡Maldición! No me podré proporheroe. Después, el qlvido de lo cionar P-1 placer exquisito de la venganza.
que intentaba hacer en el momenYo he deseado A algunas mujeres pero ¿cuáles? tengo una amante
to de ír A llevarlo A la práctica. ¿quién es?
¿Qué hice ayer? ¿qué hice? y ella muda; ella que debía saberlo, sin conY tendré que preguntar cuál es mi nombre, cuál es mi patria, y me creetestarme, causan&lt;lo mi de3esperación.
_
rán loco, y me mandarán con los locos ¡y me volverAn loco de veras!
En verdad que era injusta al tratarme así, porque el día anterior,
no me había embriagado como otros, casi hasta la comatosidad.
***
¿Las aguas del Leteo contendrían alcohol? Y eada vez, estrechAndose
Pero veamos; si no se me hubiera escapado, si este molde suyo que sienmás el circulo de mis recuerdos; el presente viniéndoseme encima, lo pa- to, le hubiese dejado porque se había escondido en algún rincon de mi cesado perdiéndose en la bruma del olvido, cubriéndose como por una capa rebro para burlarse de mí; que se haya enroscado como una serpiente en
· más y más d,msa de polvillo negro. Sobre
mi pasado caía una lluvia de hollín como la algún hueco del cráneo, y acaeo prouto se desenrolle. ¡Entonces .... sí, ya
que cae en las inmediaciones de N ewcastle. sé! cuando los recuerdos se desaten en catarata, me despedazarán la razón;
Desapareció mi infancia; perdí la inef11ble mi cabeza estallará y ..• ¡siempre el manicomio! ¡Loco! ¡Loco!
Pe10 yo quiero que vean esto. que sepan que no lo estoy; que soy un
consolación de ~ ivir entre companeros, veramnésico. ¡Si olvidara también donde tengo este libro!
d sd nos sccialistas-lo de uno era de todos
...__!;,J &gt;:)
si en un acceso lo despedazo?
-entre almas uiflas, con risas y juegos pu¡Una medicina!¡Una
1 os.
'jb¡; __. ·. ~~Y,
¿Ce mprenden ustedes mi suplicio? ¿se exmedicina! ¿En dónde
~
~
¿k(__ venden una memoria?
plic1,n mi desesperación? ¿verdad que eso
V/
..
~
~~~~
¿No hay en la teraera para volverse .Joco?
,fi
péutica una fórmula
para este caso? ¿No
ha y quien me pueda
~inyectar memoria?
¡Maldito manicomio!
¡Yo no quiero ir allí!
¡No quiero! ¡No estoy
loco! ¡No estoy loco!. ..
¡No estoy loco!

Un lagarto grandísimo, antidiluviano, se me acercaba A paeo lento para mayor martirio, sflboreándome
de antemano, luciendo sus bien alinedos dientes, dientes gobates, amarillentos, sucios y afilados entre lágrimas y sollozos, contra las osamentas de sus víctimas.
y yo sin poder moverme; ¿por qué:&gt; quien sabe, pero
yo no podí&gt;1 correr, huir, salvarme. Y después, dentro
de sus gigantescas fauces, enorm,is telaranas tendidas de mandíbula á mandíbula, y los insectos en di·
fíeiles actos de acrobacia.
Sentí cómo me tragaba. En su vientre gigantesco,
crótalos asquerosos destilaban en mi rostro, por su lengua puntiaguda, y por sus dientes desiguales, movibles y huecos, baba pegajosa, emponzofü,m te y amarga.
Enrollaban en mi cuerpo los suyos anil111dos. parduzcos ó verdosos y fríos, m.iy fríos, mfls fríos que el
hielo.
Diablillos que por sus bocazas, (vomitando fuego) se
acercaban cabriolando h!ista mi cabeza. y me encendían el cabello, y me perforaban con barrenas el occipucio. Duendes y trasgos que se me entrab11n por la
boca, y celebraban extrano festín dentro de mi ~ránev,
con inuFitada algazara. en escandalosa embnaguez.
Brujas que, vampiros humanos, revoloteahan cerca
del r-3cho y de las paredes del intestino del ofidiano, de
cuando en cuando con las membranosas alas negras,
me.azotaban 111. frente, haciéndome extremecer.
Ob! qué hubiera dado por deten_e r aquella imagina- .
ción que volaba, volaba, pajarraco nocturno ¡qué hubiera dado porque durmiera mi pensamiento, cuando
yo durmiera!. . . .
_
_
Cuando mi sirvienta me habló, me pareció que con
una red de finos hilillos de frío, me envolvían el cuerpo todo.
¡Qué asombroso parecido!
Me figuraba que era el saurio que se me acer·
caba á paso lento para mayor martirio, ea boreándome
d11 antemano; luciendo sus bien alineados dien~es goliates, amarillentos, sucios y afilados entre litgr1mas y
sollozos, contra las osameutas de sus víctimas ....

AMNESIA

•

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EL MUNDO

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Ft&lt;ANCISCO ZÁRAT E

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EL MUNDO

Domingo 9 de Octubre de 1898

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NOVELA ORIGINAL DE HENRY KISTERMACKER.
ILUSTRACIONES GRABADAS EN NUESTROS TALLEREIS.-V.ERSION XSPAÑOLA. DE 11EL MUNDO ILUE&gt;TRADO"

l\úmero 2.
Pablo Poulet estaba como un hombre á quien
le dan un golpe brutal en la cabeza. No acertaba
á coordinar sus pensamientos. También él, tamhié~ él como Muria, no queriendo considerar que
Rosita era sólo un depósito que un día ú otro le
vendrían á reclamar, se había encariftado como
un loco con la niña y la amaba, la amaba y le
arrancaban el corazón al arrancársela.

Lloró y desesperó, y maldijo _d e su vida y de
su suerte, hasta que pasada la primera impresión
pudo, como quien arregla los detalles del entierro de su hijo, ponerse de acuerdo con los Mariel
sobre la forma en que debía prepararse á Rosita
para ir al baile de la Condesa.
En cuanto á Rosita, estaba loca de alegría;
tiempo le faltaba para ver y volverá ver las jo-

yas, las telas, las flores artifici11Jes, los guantes
y los adornos que su padre había traído de la
ciudad, trHyendo á la vez una modista con un
ejército de costureras. Y las boras pasaban como
minutoij para la niñ11,, ya ciñéndose un corsé, ya.
pre,bá.ndose una falda, ya ensayando á poner•
se guantes y mitoi;es, fin que hubiera venido A
perturbar su dicha sombra alguna, hastaque una

•

mafiana, sin decir «agua va,» se presentó en su
casa Marcial Rigot, hecho una fiera y ech'ando
iuego por los ojos.
El primer impulso del herrero fué cogerlo entre sus dos manazas y torcerle el pescuezo como
-A un pollito; pero había dolor tan verdadero en
el fondo de su cólora y llegaban de tal modo al
-corazón las cosas que decía, que le faltó valor
para arrojarlo de su presencia.
-¿No comprenden ustedes, preguntaba presa
de las mayores angustias, no comprenden que
Rosita corre al camino de su perdición? Ella en
su inocencia ignora todos los peligros de ese baile que debe ser un lazo tendido á su honestidad
y á su belleza, porque de otro modo ¿cómo po-dría aceptarse que los linajudos y orgullosos Con•
des de Villiéres, recibieran en sus salones á una
pobre aldeana? Aquí debe haber un misterio, me
lo dice á gritos mi corazón.
Y s11.caba á lucir su caoital intacto y bastante
para hacer la felicidad de un hogar modesto, su
molino que le estaba dando tan buenas ganancias,
.su honradez acreditada por numerosos documtintos, el nombre sin mancha de sus padres y sobre
todo el amor, el gran amor que profesaba á Rosita, amor tan leal, honrado, profundo y sincero
como no lo encontraría jamás, ni en los dorados
.salones del Castillo de Villiéres ni en el mundo
todo si á. recorrerlo se lanzaba.
.
Y ofrecía casarse desde luego, sin pérdida de
un minuto, para que de ese modo quedara salvado el ccmpromiso de Pablo Poul.-t, pues ni el
Conde ni nadie podría obligarle á llevar al baile
.ála esposa de Marcial Rigot.
Pablo estaba entre la espada y la pared. Por
una parte los razonamientos del joven le llegaban
á lo vivo, haciéndole patente lo que él ya sabía
de antemano, y era que el baile de la Condesa
era la puerta pJr donde Rosita se le escapaba para no volver jamás; y pur otra, comprendía que
el porvenir de la pobre nifta reclamaba ya que
se rompiera el engaño por tantos afios sostenido
de que María Poulet había tenido una hija por especial milagro de Dios, con intervención del mé-dico de la ciudad y de sus drogas y medicinas.
Pero la verdad era que él no podía dar solu-ción á un asunto tan espinoso, y sus p11.labras
evasivas no hacían más que enardecer el ánimo
de Marcial, cuya desesperación aumentaba ante
la actitud de Rosita que asistía serena y muda á
-esta escena en la cual á ella . debía corresponder
el principal papel.
Instigada al fin para que hablara, habló, y sus
palabras hirieron en lo más hondo del alma á Ma•
ría Poulet que sollozaba en un rincón de la estancia, á Marcial que tenía su dicha pendiente de los
labios de la joven, y á Pablo, que por un instante
había vislumhrado la esperanza de que, enamorada verdaderamente, se encapricharia con su
amor de tal modo, que el Conde pudiera verseen
la necesidad de acceder al matrimonio, lo cual
seria motivo de que Rosita no se alejase tanto de
,s11 lado.
- Debe en efecto haber un misterio,-dijo Rosita-y mi corazón me lo anuncia también, pero
no en un sentido temible y peligroso como pien:sa Marcial. Yo creo que en efecto, el baile de la
Condesa marca. nuevos horizontes para mi vida;
y aunque me duele mucho, hasta arrancarme lágrimas, dejar todo esto grato y dulce que aquí
me rodea, presiento que estoy llamada á más alws destinos. Si la vida de lujo, de bienestar y de
riquezas que tantas ocasiones he visto en sueños
se abre ya para mí, voy á ella pcrque me llama
-con fuerza irresistible á la que sería en vano querer oponerme: pero si este baile es no más una
deferencia de los Condes por lástima hacia una
aldeana bella como ha dado á entender Marcial,
-ó un lazo tendido á mi virtud, ya se acabó todo
para mí, y volveré á este hogar sin que puedan
compensar la muerte de mis ilusiones, ni loi, cuí-dados afectuosos de mis padres ni el amor mismo
-de Marcial.
-¿Y por qué entonces me engañaste, por qué
aceptaste mi ternura y me ofreciste en cambio la
tuya?
- No te mentí, Marcial. Yo no miento nunca.
Cuanto te he dicho lo sentía y hasta pensé que
mis esperanzas de prosperidad y de grandeza
podrí~n venir de mi casamiento contigo. Tienes
-derecho ha 1ta para despreciarme por descorazonada y ambiciosa, pero no debes creer que yo
haya sido ni sea capaz de decir sino lo que siente mi corazón.
Y en vano Marcial le suplicó con las légrimas
en los ojos, y en vano opuso á todos los ensueftos

EL MUNDO

locos de la nifia, el frío razonamiento de la discreción y la experiencia: ella insistió obstinadamente en su resolución de ir al baile, y puso como único medio de hacerla cambiar de propósito,
el que sus padres retiraran su consentimiento que
ya le habían dado.
l\.farcial salió desolado de la casa y pensó que no
quedaba más recurso para recobrará su amada,
que acogerse A los hermanos Mariel, interesarlos
en su favor y conseguir por su mediación que
Pablo Poulet devolviera al Conde la invitación
con una cortés excusa. Pero tampoco en los Mariel halló el apoyo que deseaba, sino que por el
contrario, le dijeron, aunque con mucha dulzura,
que lo que debía hacer era prescindir de Rosita
y fijarse en otra de las muchas jóvenes casaderas, llenas de virtudes y belleza y algunas hasta
ricas, que babia en el pueblo.

IV
A VENTURAS Y DESVENTURAS
DE AMOR.

Tres días llevaba ya de estar como loco Marcial Rigot, recorriendo á solas lo más intrincado
del bosque como una fiera perseguida, llorando
á gritos é implorando en vano una idea salvadora. Nada había podido disuadir á Rosita de ir al
baile, ni nada había podido convencer á Pablo
Poulet para que devolviera la invitación, Sus súplicas, sus argumentos y hasta sus amenazas no
dieron fruto alguno y en su desesperación llamaba á la muerte como si esta tuviera la misión de
cortar vidas tristes, cuando tiene por el contrario,
la de dar su golpe á la felicidad para hacedo más
sensible.
Entre tanto, en el Castillo, los preparativos pa•
ra el baile tocaban ya á su fin: ejércitos de pintores, tapiceros y carpinteros renovaban el decorado de las habitaciones; en el jardín, la maleza era
substituida por flores y plantas exquisitas, sedaba un baño á. las estatuas de mármol, se pulían y
repintaban las de bronce, un nuevo surtido de
aves poblaba los estanques y patios de volatería,
y hasta la penera, totalmente reformada, estaba
lista para recibir una nueva jauría,
Nunca, desde la noche aquella en ·que un embozado vino á sacar al Conde de los salones del
Castillo para llevarlo á ignorado retiro, nunca se
había visto tant1:1 animación en las vastas posesiones de Villléres.
Aquella noche .... ¡cor. qué dolor tan profundo la había recordado la Condesa durante largos
y penosos afios que le trajeron una vejez prematura, y con qué remordimientos la había recor•
dado el Conde!
Aquel embozado era un esposo ofendido que
venía á pedir cuentas de su honor. H!lbía que
pagarle, y no era hombre el Conde que se hicie•
ra esperar para esas cosas. Un viaje rápido y
silencioso á París; testigos que se buscan y se
hallan, un duelo á muerte en que ambos contendientes se baten como leones, y lueg0 uno de ellos,
el Conde, cayendo á los piés de su adversario.
Pero la justicia que había hecho aquel hombre
no estaba completa. Necesitaba rematarla castigando de muerte también á la esposa infiel, y de•
jandu á la niila, fruto del adulterio, en condiciones tales, que la miseria y la perdición fueran su
único porvenir.
'
Y así lo hizo. Envenenó á la adúltera, dejó á
la niña en poder de los aldeanos &lt;!Ue la tenían
desde que nació, y sin legar nada para sus atenciones y convencido de que su rival había muerto porque así se lo comunicó algún amigo, se embarcó para las posesiones francesas de Asia con
la esperanza de formar allí, si podía, un nuevo
hogar menos infortunado.
Pero la naturaleza vigorosa del Conde, después de una lucha formidable triunfó de la tremenda herida, y al fin se restableció cuando ya
entre su~ amigos se le tenía por muerto;y lo primero que bizo fué acudir en busca de su hija, á
la que hubo de hallar no sin grandes dificultades.
Explicar á la Condesa su ausencia, su herida y
su silencio era cosa muy factible, pero no lo era
ocultarle el pesar que le corroía las entrañas con
el recuerdo, de aquella tremenda tragedia de que
él había sido Musa.
La Condesa adivinó que algo muy grave había ocurrido en la vida de su esposo; y aunque
nada sabía de la existencia de aquella nifta, ni
menos de que su padre la hubiera transladado á.

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Villiéres, sintió que la felicidad de su hogal' ha•
bía terminado para siempre.
En un principio los salones de los Condes si•
guieron siendo, en ostentosas fiestas, centro de
reunión de la aristocracia parisiense; pero poco
á poco ella y él por un tácito acuerdo las fueron
hirniendo menos frecuentes, hasta que al fin se
aislaron del mundo, y el mundo á su vez los olvidó como hace con todos los que no son afortu•
nados.
Y sucedió entonces lo que debía suceder. Aquellas dos almas honradas y buenas que en el tor•
bellino de la vida social apenas habían tenido
tiempo de simpatizar por su afinidad de gustos é
inclinaciones, acabaron en la tristeza y la soledad por comprenderse y amarse.
Nunca un reproche ni una pregunta indiscreta
salió de los labios de aquella santa mujer que
afrontando de lleno la situación, aceptó el piadoso deber de transformarse en un angcl de consolación. ¡Y qué corazón tan noble descubrió en
aquél á quien consolaba! ¡Qué tesoro de bondades, de delicadezas, de ternura, de amor!
Cuando en medio del brillo y el fausto del mundo se conocieron, la simpatía y la juventud les
despertaron un sentimiento ardiente que entonces creyeron amor y que los llevó al matrimonio .
Ahora que habían llorado juntos y abrazados,
que habían pasado entre suspiros días sin sol y
noches sin sueño, ahora sí se amaban con ese afee•
to profundo que dura más allá de la tumba. Y de
esposos nobles, obligados por las exigencias de
clase á vivir una vida de convención, habían pa•
sado á matrimonio burgués muy unido y encariñado, de esos en que los esposos habitan en un
mismo departamanto, comen juntos todos los día3
y si enferman se curan uno al otro.
Sin emb11rgo de esta intimidad que ya era algo semejante á la dicha, el Conde se conservaba
siempre melancólico y esta melancolía era la que
llenaba frecuentemente de lágrimas los ojos de
su mujer.
Un día el Conde enfermó de gravedad, y sus
parientes y amigos creyendo lleg11do el momento de que dictara sus úl,imas disposiciones, se
lo hicieron saber y le anunciaron la vista del sacerdote y del n0tario.
Arregló el Conde con entereza sus cuentas de
la tierra y las del cielo, y luego hizo llamar á su
esposa que bañada en lágrimas y agonizando de
pesar, vinoá oír las últimas confidencias del moribundo.
-1\fe voy-dijo él-y lo que más siento es que
nunca te hiel:! tan feliz como merecías serlo por
tus virtudes y tu belleza. Oye la confesión suprema de mi vida. Yo te fui infiel, una vez, una vez
sola, en un arrebato de inexperiencia, cegado
por la vanidad, empujado por el destino.
Y luego, con frases entrecortadas le refirió como conoció á la baronesa Sofía durante una ausencia de su marido, como tuvieron amores, como nació Rosita, ,:orno el barón desenlazó esos
amores con una sangrienta tragedia, y como en
fin Rosita vivía en Vi!liéres en poder de los esposos Poulet.
-Te encomiendo á mi hija, terminó diciéndole. Amala: la pobre niña no tiene la culpa de
que yo baya sido tan malo contigo.
La Condesa oyó con lágrimas esta.. confesión,
· y cuando después de un prolongado silencio el
moribundo preguntó con miedo:
-Me perdonas?
Ella le selló los labios con un beso en que iba
toda la intensidad de una pasión, la única de su
existencia, y le dijo:
-Te amo, te amo, te amo!
El Conde se extremeció hasta lo íntimo de su
ser, como si aquellas palabras le hubieran traído
de allá del cielo, donde se hacen las dichas y las
desdichas bumanas, un rayo de esperanza y una
promesa de redención.
Y desde ese momento, como si hubiera sido to•
cado por maravilloso talismán, empezó á reponerse con gran asombro de los médicos y regocijo de parientes y amigos y criados, que le amaban todos por bueno y generoso.
Poco tardó en volv~r con la salud la a:egría de
l!l casa. Durante los días de la convalescencia la
Condesa evitó há.bilmente toda co11versación relativa á Rosita, que habría podido conmover al
paiüente comprometiendo su salud; pero una vez
que lo creyó bastante fuerte, se sentó á su lado1
le tomó una mano con sus dos manecitas tibias y
acariciadoras, y dirigiéndole una mirada en que

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Domhl,:o 9 de Octubre de 1898

Domingo 9 de Octubre de 1898

EL MUNDO

de Rosita que estaba apenas iluminado por una
veladora de bombilla aznl.
Solamente por breves instantes permaneció
Marcial cerca de Rosita; y cuando salio llevaba
unas grandes tijeras en la mano, y llevaba en los
ojos la expresión del espanto, del dolor y del remordimiento. ¿Había herido, habla matado á Rosita?
Atravesó el patio sin que Maria Poulet, abismada en su dolor, lo hubiera visto; saltó las tapias y volvió al bosque, único lugar en donde
podía entregarse A los arrebatos de su angustia
sin temor de ser interrumpido por nadie ... .... .
. . . . . .. ' . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

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eabia fuego de todos los amores santos inclusive
hl amor maternttl.
-Jorge, Je dijo, ¿vieras? tengo un deseo ... .
-¿Cu~l?
-Dar un gran baile, pero espléndido y lujoso,
como los de nuestra luna de miel, para celebrar
así tu restablecimiento.
-El Conde sonrió complacido, y ella agregó:
-Será en el Castillo da Villiéres que haremos
reparar y embellecer para el efecto; y en ese
baile ..... .
La Condesa calló un instantante y luego bajando la voz hasta bacerla dulce como una car~cia,
agregó: y en ese baile presentaremos á nuestra
bija, diciendo que acaba de salir del convento.
Como hemos estado aislados del mundo, nadie
sospechará nada ¿verdad?
-~~res un ángel Luisa 1 contestó el Conde, lue•
go Je besó la frente y tomando la actitud resuelta y alegre de los días de su juventud, hizo ve•
nir A los criados de su mayor confianza, reiteró
cien veces las mismas órdenes, y con impaciencia dispuso las reparaciones del Castillo de Villiéres.
Una de las cosas primeras que hizo, fué encerrarse por b11.enas horas en su despacho y escribir las carlas que tan profunda revolución causaron en el modo de ser de Rosita, de los espo-

sos Poulet, de los hermanos d~ Mariel y de Marcial Rigot.
V

EL ULTIMO- REmmso.
Ya los Condes de Villiéres estaban en el Castillo y ya los convidados hablan empezado i, llegar en lujosos carruajes, que·atravesaban el pne•
blo entre una nube de polvo. El Conde y la Conde3a habían estado varias veces en la casa del
herrero Poulet y quedaron encantados de Rosita
tan bella, tan inteligente, t~n instruida, llamán•
doles sobre todo la atención su porte distinguido
y sus maneras elegantes sin afectación, como si
hubiera pasado la vida toda en los salones del
gran mundo.
El s,\bado por la noche se anunció á Rosita
que al día siguiente serla conducida al Castillo
muy temprano, pues quería la Condesa que oyeran juntas lo. misa de alba, y que ya se quedaría
desde entonces Rosita allí, pues el baile era esa
misma noche y no había necesidad de que la nilla volviera al pueblo.
Cuando Marcial supo esto por boca de la misma Rosita, su aflicción llegó al último límite, y
en su desesperación, concibió un proyecto 'que
era salvador á su juicio pues dejarla á Rosita im-

•

~

posibilitada para concurrir al baile de la Condesa.
Todo el día Marcial anduvo vagando por el
campe, y al cner la tarde ¡cosa extra:i'1a y nunca
vista! se Je vió entrar á la taberna donde bebió
un gran jarro de vino. Luego volvió al campo y
no regresó á la aldea sino cuando ya las luces
se habían apagado en todas las casas.
Entoncea deslizAndose entre la sombra como
un criminal, y procurando no apartarse de los
muros, llegó á la herrería, saltó la tapia, acarició al perr1 que ya era su viejo amigo, y penetrando al patio de las hRbitaciones, se dirigió al
cuarto de Rosita que encontró cerrado. Pero al
lado de esa habitación estaba la de Maria Poulet; y en los momentvs en que Marcial se acercaba, un ruido inusitado le vino á sorprender. Era
que Marfa abría la puerta, salía con paso cauteloso como no queriendo despertar á nadie y
atravesando el pRtio iba A sentarse jur.to á la
fuente, donde dió libre curso á sus lágrimas y á
sus so11ozos.
Marcial apenas tuvo tiempo de ocultarse en la
puerta del cuarto de Rosita: y luego que vió á
la infeliz esposa del herrero que entregada á su
dolor no Jo había descubierto, penetró por la
puerta que había quedado entreabierta, y pasandú á tientas por el aposento de Maria, llegó al
1

Luego rechinaron los !nelles, ardió el carbón,
comenzó el trabajo, y también alli como en la
cocina había lágrimas, pero éstas caían al mismo
tiempo que los martillazos sobre el hierro enrojecido, y se evaporaban muy pronto, como para
no ser vistas de nadie.
VI

-

mente oprimida en los brazos de su compallero
de polka, y escuchaba las palabrRB que_ éste le
decía en el oído, como si fueran una mus1ca de
los cielos.
EPILOGO.

Cinco afl.os después de estos acontecimiento_s,
al caer de una tarde tibia y perfumada de Abril,
EL GRAN BAILE.
los hermanos de Mariel salieron de la casa cural
de Villiéres y como de costumbre tomaron el ca·
El Castillo de Villiéres parecía por la abundanmino
de la fragua .
cia fantAstica de luces, uno de esos prodigios de
Corría como siempre el río, bullicioso y transla pirotécnia que se hacen arder en las fiestas
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . populare~. Todo era claridad en su interi~r, del parent~, atravesando la ald_ea y ?ordeado por dos
Antes de que empeznran á apagarse en el ci~- salón á la biblioteca, del torreón á la cocma, Y filas de viejos casta.nos; la 1gles1a levantaba rienlo las estrellas matinales, y cuando Venus brilla- por todas partes corrían criados de libre'\ atano- te y deslumbrador su campanario pintado de
ba todavía en toda la intensidad de su esplendor, sos y complacientes¡ pero lo más no a.ble era el blanco qne resaltaba sobre el rojo de L_os tejados
la Condesa impaciente se l~vantó, y tomando jardín ilumioado á la veneciana, y remoz~do de vecinCts¡ por las callejas tprtuosas cammabau aleasiento en un earruRje ligero que se le tenía pre- tal manera, que causaba una impresión de asom• gres los labradores que volvían al_ hogar, Y to~o
respiraba la calma y la tranqu11Idau de ouos
parado para este viaje, se dirigió á la aldea. Que- bro v de bienestnr indescriptible.
ría sacar de su casa á Rosita antes de que hubiePoco antes de que diera principio el sarao, días.
Los hermanos de Mariel tenían el cuerpo má.s
ra luz, para evitar las miradas investiga.dorad y apareció en los salones el Conde de Vilhéres danlas preguntas indiscretas de las comaJ.res de la do el brazo á Rqs1ta, la cual como lo habla pre- encorvado y los cabellos enteramente canos; ese
vecindad. Así pues, temprano llegó á la herrería, dicho la Condesa, babia salido de las manos del era su único cambip.
pero no tanto que encontrara dormida, como lo peluquero más bella aún que cuando tenía su
Ya CRSi de noche llegaron á la fragua; Y al
esperaba, á·la esposa del herrero. ¡La pobre ha- opulenta y ensortijada cabellera.
tender la mano al honrado y viejo Pablo Poulet,
cía muchas noches que no sabia lo que era dorUn murmullo de admiración se dejó oír por entraron en la zor.a ilumiuadn por la. roja luz de
mir[
todas partes ante aquellos ojos que irradiaban, la hornaza y parecínn fa.ntásticas siluetas infer·
Con afecto saludó la Condesa á Matia; y que- ante aquellas sonrisas de labios frescos y dientes nales.
riendo sorpr•mder á Rosita penetró á su cuarto, blancos, ante aquella belleza correcta y atractiNinguno de los antiguos tertulianos faltaba, Y,
y ella fué la sorprendida al ver que la nilla, en va en plena juventud.
como de costumbre, se hablaba de las ult1m~s noefecto, estaba dormida, pero que toda su hermo Desde afuera, trepado en uno de los Arboles ticias deParis y de los sucesos de la localidad,
eiísima cabellera había sido cortada casi de raíz, del camino, Marci•l Rigot observaba todo con sin· chismes ni murmuraciones, porque no lo cony que los cadejos de pelo estaban regados aquí ojos ávidos. Al pié de ese mismo árbol los hersentían el Cura ni el Alcalde.
y Rllá por el pavimento.
manos de :Mariel vinieron á contemplar el Casti- Aquí he leido, dijo el boticario s,candu de
Indudablemente que esto era obra de una ma- llo desde afuera; y creyéndose solos, estuvieron
su
bolsa un ejemplar de Le Journa! , algo referenro criminal. Alguna vecina envidiosa de la. for- conversando largo rato.
te á una persona que fué muy amiga del sellor
tuna de Rosita había cometido este atentado. ¿PeDespués de que separándose de allí regresa..
ro cómo había podido penetrar estando cerrada ron á la aldea, ~far~ial Rigot se bajó del árbol y Cnra.
-El Alcalde tomó el perió dieo, buscó el s,t10
le puerta? No era posible suponer el paso por la con andar de sonámbulo, y silencioso y pálido1 se
h,. bitación de Maria que estuvo desvelada toda dirigió A la aldea también, entró en su casa, es• que el boticario le se!lalalaba y acercándose á la
la noche. ¿Qué había sucedido pues?
tuvo escribiendo largo rato, y antes de que ama- luz ley_ó lo siguiente:
«Los últimos telegramas del extremo Or~ente
Era preciso averiguarlo. La Condesa y Maria neciera tomó el camino de la ciudad.
nos
comunican una triste nueva. El Tt:ment~
qne se perdían en conjeturas, decidieron al fin
Entre tanto en el Castillo la animación del baidespertar A Rosita para que aclarara el enigma, le crecía, y Rosita admirada y agasajada por to- Marcial Rigot, que había hecho una carrera rápty así lo hicieron sin pérdida de momentos.
dos, se sentía enteramente feliz. Fatigada del da gracias A sus altas virtudes militare~, _btl muerEl primer impulso de ésta al ver lo que :e ha- wa1s se había sentado en un diván, cuando un to víctima de su arrojo en una de las ultimas esbía sucedido, fué ponerse á llorar. Desde luego antiguo servidor del Conde le entregó una carta caramuzas libradas contra las hordnB de Le-hápensó que era obra de Marcial, pero por un res• que, con el cará.cter de urgente, acababan de bú. Su muerte ha sido sumamente sentida por todos los que le conocieron.&gt;
to de piedad hacia ese infeliz que la había ama- traer de J,i aldea.
Cada uno de los tertuliano• tuvo una palabra
do tanto, se resolvió á ocultar sus sospechas y
Rosita la abrió y leyó con creciente emoción
de afecto para el honrado molinero que durante
¡extrallo corazón el de la mujer! sintió que esta
•cción le despertaba el dormido amor, y hasta lo que sigue:
su breve permanencia en Villiéres se supo cap«Perdóneme usted, seiiorita, si por un momen- tar universales simpatías; y se agotaba ya el tedesfó por un momento que la Condesa encontrara impropio llevarla en ese estado a sus salones. to tuve la audacia de elevar mis ojos hasta usted ma de esta conversación, cuando el Alcalde, que
-Así, ptmsaba Rosita, me quedaré aquí, ven- y de ofrecerle mi amor: no sabía lo que acabo de continuaba recorriendo el periódico dijo de imdrá. Marcial y tornaremos á nuestra dicha anti- descubrir sorprendiendo sin quererlo una con• proviso:
versación de los hermanos de Uariel; no sabía yo,
gua y á nuestro antiguo amor.
-He aquí otra noticia que para nosotros es
Pero no pasó ~so. La Condesa viendo con ho- digo, que es usted hija del sellor Conde de Villiésensacional.
res, y ahora que lo sé, comprendo que para mí
rror esa acción vituperable de que había sido
Y leyó con voz ahogada por la emoción:
victima la pubre nilla, se apresuró á llevát'sela sería una locura alentar esperanzas todavía..
•La fiesta dada anoche por los Sellores ConMe
voy
en
este
momento
A
París,
y
sin
pérdipor temor de que alguna od10sidad de esas que
des de Villiéres para celebrar el matrimonio de
da
de
tiempo
entraré
como
voluntario
en
alguno
en los pueblos cortos son tan frecuentes y temide los regimientos que van A salir para las pose- su hermosa hija Rosita, con el Marqués deBrieux,
bles, preparara nuevos peligros p·ara la hija de
siones francesas de Asia; y allí me haré matar en fué verdaderamente regia.&gt;
su esposo. 8
Seguía una minuciosa descripción de aquella
Así pue , como mujer de mundo, comprendió la primera batalla.
Mi muerte, eso es lo único que puedo ofrecer fiesta, y terminaba el periodista haciendo votos
que el mejo r camino que había era no dar gran
importancia á este acontecimiento, y aturdió ála á ustea. Adios, sellorita. ¡Dios haga á usted tan por la felicidad de la joven desposada.
Quien estuvo más atenta á la lectura de estas
nilla con hablarle de los preparativos de la fies- feliz como merece serlo por su belleza y sus virnoticias
fué Maria Poulet.
tudes!•
ta, de la necesidad que habla de que en el acto
¿María Poulet, aquella que era un prodigio en
se fueran junt,s, y la ayudó á vestir~e y engalaMARCIAL RrooT.
achaques de cocina y repostería, que siempre
narse, y le dijo que el peluquero del Castillo le
reía como una chicuela y cantaba como un caarreglaría tan oién los cabellos cortándoselos á
Cuando Rosita hubo leído por dos veces esta
uso varonil y de tal modo, qne quedarla mucho carta, se levantó del diván, y pálida y sintiendo nario, que era gorda y colorada, y que era en
má.s hermosa y encantadora que con su antigua que el corazón Je saltaba en el pecho cortándole fin la alegria hecha mujer? ·
No. ¡qué va á ser! la Maria Poulet de ahora hacabellera.
respiración, fué en busca del Conde.
Horrible lué el dolor de Maria Poulet cuando la -Acabo
bía
envejecido prematuramente, estaba flaca, pade recibir esta carta le dijo ensefianRosita partió, pues sintió como si del fondo del dosela, y el que la escribió es un1 joven honrado liduch11. y canosa, no reía nunca y se hacía serttlmase la hubieran arrancado dejándole allí en su
vir por una cocinera.
que no sabe mentir. Qué debo hacer?
lugar, un vacío grande como el mundo y obscu-Cuando se fué Rosita Je llevó el corazór,, de-Olvidar todo tu pasado como si hubiera sido
ro como la ceguera. Luego entró á la cocina, enun penoso sueiio, y entrar de lleno en la vida de cía á veces viéndola con tristeza Pablo Poulet.
cendió sus hornillos y se puso á hacer el desayuEs una tontería matarse así por cosas que no tiefelicidad y de opulencia que te aguarda.
no, pero no cantando y riendo como en mejores
Diciendo estas palabras, grave y sereno el nen remedio.
clixs. Esta vez fué la primera en que cayeron Conde fijó los ojos en su hija con amorosa miraY el pobre hombre, porque nunca se vela en el
sobre los ladrillos del fogón las lágrimas de aqueda y procuró penetrarle hasta lo intimo de la
espejo no había notado que estabtt. tan envejecilla mujer que no había llorado nunca.
do co~o su mujer y que también, !'l fuerza de
A poco salió Pablo de ·su habitación silencioso conciencia.
-Así lo haré, dijo Rosita, soportando con en- melancolía, se estaha matando poco e\ poco.
y sombrío. Tampoco él habla dormido en toda la
tereza esa mirada. Y como en ese instante llega11och~; así lo delata!:-an su rostro pá.lido y sus
ra el joven Marqués de Brieux á recordarle que
ojos enrojecidos. Marido y mujer cruzaron una
Je había prometido acompallarlo en la polka que
mirada, una no más, rápida y furtiva pero que
se estaba tocando, dejó el brazo de su padre, toles penetró muy hondo, y sin decirse una palamó el del Marqués, y se perdió entre las parejas
bra, ella como muy ocupada, se inclinó sobre sus
de bailadores. U nos instantes después sonreía.
hornillos y él, como teniendo pri•a, se lué á la
con la sonrisa de la felicidad al sentirse dulcefragua.

.

-

Ji'.L MUNDO

�296

EL MUNDO

Domingo 9 de Octubre de 1898

~

Domingo 9 de Octubre di, 1898.

Lectura para las damas.

PAGINAS DE LA MODA

EDUCACIÓN PRÁCTICA,

1

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¡

Un redactor de un importante periódico tuvo hace
-a!ios la ocurrenc~a d~ escribir un articulo en que in•
"&lt;iicaba la convemencia de que se le diese á la mujer
una edu~ación más práctica que la entonces se daba,
:y se le vmo el mundo encima. Algunas señoritas que
sabían hacer maravillosos pañuelos calados se pusiero_n á sollozar, heridas de lo máA vivo de ~u amor
propio; otras que se gastabRo la vida haciendo cojines
de raso que después se 1ifab11n, estuvieron varios
dlas con. Jaqueca, las especialidadea en bandurrias
flore~, pmturs etc., e~c.. pmiPron el grito en el cil'lo;
.Y al fm! una d~ ellas, ignoro 11i bandurrista, bordadora, florista ó pmtor11, escribió un articulo refutando
d!) al mal ave1Jturado plumlforo que ya sentía haber
picado con los puntos de su pluma tantas suceptibilidadea.
¡No queremos ser cocineras! decía la refutadora.
¡No queremos ser costureras!
¡No queremos ser planchadoras!
¡No queremos Bf'r repo8teras!
¡No querPmos hacer calzones!
¡No queremos guisar frijoles!
¡Muchas gracias, señor n1dactor!
¡Ud. platicará bonito, pero nosotras no fumamos!
Fué aquella un:i. tempestad en un vaso de agua,
~om_o mu~has que se levantan en los periódicos sin
.Justificación. Porque, eP verdad, el articulista no tenia respecto al be,lo sexo las abominables ideas que
se le atribulan, no quería hacer costureras, planchadoras, co~ineras, etc.; quería una cosa juiciosa: que
B6P,0~pusiera 1~ educación qu.- eólo sirve de adorno, á.
la utll, á. la indispensab le para la vida; y al indicarlo
no _8e referí~ al bello sexo, ~ino al que por falta de el!•
_pintu prá~tlco ó por una tendencia perniciosa a.limen•
t~da por ciertoP _resabios de vanidad, tendencia y vamdad que también se notan en una porción considerable del sexo fuerte, gastan todas sus enerilas en
un_a labor estéril, en nna labor deleznable, aunque
brillante, que no puede servir de base á. la felicidad.
&lt;Claro está que las que juiciosamente habían adunado
lounoá lo otro no calan bsj" el dominio de su censura.
En este s~ntido tenia r zón y cuantas veces las mism.,s á quienes molestó la verdad expuesta con tant11
lfranqueza, lo habrán confesado en el curso de su vida!

Cuántas veces habrs.n sentido que no hace
daño ser tan duchas en manejar la cuchara
como los útiles de bordar! Y es esto tan cierto que damas de muy elevada posición social
lo justifican, iniciando á sus hijas, pua evitarles sinsabores, para que puedan decir con
razón que su educacióu es completa, en loe
misterios que tanta repulsión causan á. algunas hijas de Eva.
Y vaya un ejemplo flamante, que tomo de
un periódico que tengo á la vista:
"La venerable Lui~a Hesse Cassel, la octogenaria esposa del rey Christian IX de Dinamarca, no pasará. á. la Historia por sus hechos de reina Consorte ae un rey constitucional no ha sido mucho lo que ha tenido
que intervenir en su reino; pero como es diglla de consideración y alabanza eaa mujer,
es como espo~a y matlre de familia!"
"A sus hijas las educó como áseñoritae po•
"bresque necesitan saber muchas cosas úti•
"les para no ser una carga para sus padres y
"par"' a.vudar el dia de mañana a su marido.
"Aslesque no solo con la aguja trabaron cono·
"cimiento desde muy pequeñas la princesa
"Carolina y la princesa Maria, para hacerse
"ellas mis1nas los trajes y reparar las ropas
"de su hermano, sino que en la cocina les hizo
''entrar su madre para que aprendiesen cómo
"se da de comer con economia á. una nume•
"rosa familia."
Y si esto se hace tratándose de hijas de reyes, para quienes el porvenir no puede ser
mas hal11güeño, ¿por qué las humildes, las
desheredadas de la fortuna, para quienes el
articulista escribía, no habían de recibiruna
educación semejanto?
De entonces acá loe tiempos han cambiado, la idea de que el aprendizajti de cierta
clase de labores era de mal tono, se ha ido
desvaneciendo y 11un hay algunas peuonas
que tienen á orgullo el saberlas á la ptrfec·
ción Pero quedan aún algunas rezagádas ..
Para esRs iutercalo en este mal hilvanado articulo el recorte referente á la esposa del rev
Cnristian!
•
Jl)SÉ CONDE,

LA VANIDAD.
La vanidad no se asienta jamas alli donde
impera la razón: tiene por base el sentimiento, y respira la atmésfera de la fantada.
Por eso ese vicio nomina máR en las mujeres que en los hombres, de las cuales lleg.. á
apoderarse. si la inteligencia poseé solaml'nte una mediana ilustración. Y lo que sucede
en la edad adulta, sucede también en la infanci!I.: se ven en mayor número que niños,
niñas propensas á la vauidad. Preséntase
este vicio durante la infancia, casi con loe
mismos caracteres que en la virilidad,
Asi como un hombre mira con cierto desdén á los demás, persuadid" de que viste me•
jor, ó tiene más arrogante figura, reune jus·
ta mente en su sentir, muchas prenda• que le
recomiendan al aprecio y conFideración de
todo el mundo. aun cuando todo el mundo
se ria de él: as! también el niño que vive en•
tre otros niños, mira con inmotivado despre•
cio á. sus crmpañ,eros, y obra siempre persuadido que
sólo es el único acret"dor á la !'stimación general, que
la c!ee injustamente prodigada cuando á. los demás
se dispensa.
·
E,;to no obstante, es el niño como el hombre, menos
celoso de sus personales prendas; y por esto hemos
notado que en cada cien mñoR vanidosos y presumí·
dos figuran noventa y cinco niños por lo menos.
Y en eilois se observa, generalmente hablando, hechos característicos de pr.,sunción tan marcados, como
pueden observarse en una mujer vanidosa. Ol&gt;servad
á la niña presumida y no veréis más que una mujer
en pequeño dominada por aquel abommable vicio.
Madres de familia, corregid en tiempo oportuno á
vuestras hijae, para que no se dejen dominar por la
pre,;unción y la vanidad, porque la coquetería, de la
presunción y de la vanidad, á la perdición, no hay má.s
qu~ un paso que suele salvar la mujer con mucha fa•
cihdad.
A.L.

L"- 111J.JER Y EL A.lJTOMOVIL.
El 11automovili~mo11 -palahra admitida ya en casi
todos los idiomas-.,igue conq uistaudo en París numero~os adeptos.
Ahora acaba de ingresar en sus filas la Duquesa de
Uzé3, y el examen á. que fué sometida la ilustre dama
antes de obttiner su permifo para t?"Uiar un carruaje
automóvil, ha sido los pasados dias el asunto de las
conver11aeioues de la alta sociedad parisiense.
Sobre su -automóvil ha palleado la Duquesa al tribu~al exam~nador, compue~to de un ingeniero y dos
peritos, guiando el carruaJe C"n toda perfección á
grandes y pequeñas velocidades.
Los "chauffeurs,11 como en Europa llamaná los que,
mas propiamente, d11signan en Estados Unidos con el
nombre de "motorms, 11 están muy satisfechos con su
nueva é ilustre compañera.

Figs 1 Y 2.-Tr~jes de media estaci(m.

Espalda.del modelo de la flg. l.

297

EL MUNDO

Espalda del modelo de la fl.g. 2.

LA MUJER INSTRUIDA
La mujer instruida es la inteligente compañera lle
su marido; ella lo comprende, vive de sus ideas y se
e1eva con él por sima delos prosaicos quehaceres domé~ticos.
El111 un día y otro dfa lo sostiene en las dificultades, en las luchas numerosas a que está sejeta la existencia del hombre.
Rus consejos son preciosos y su esposo halla consolación y fortaleza en confiarle sus contratiempos, sua
esoeraozas Y' SUB tristezas.
En el gobierno de la casa, la mujer instruida tiene
{¡, su ~argo la contabilidad: sabe lo que se gasta y lo
que se gana, y de ese modo mantiene una prudente
economía.
Et marido la aprecia, la idolatra y hace el elogio de
su mujer á todes cuantos llegan &lt;\ su casa.
A más dA todo esto, hay una cosa en que resulta
más el cometido de la mujer Instruida: la educación
de 1011 hijos.
Eu los primeros s.ños los lacta, los cuida de sus enf 1&gt;rmedades, etc., más tarde ella es qulen les pone el
libro en la mano para enseñarlos á leer, y razona con
ellos sobre infinidad de a~untos; puede decirse que
ella es quien les suministra las lecciones de cosas.
Cuando llegan sus hijos á cierta edad, los sigue en
sus estudios, los ayuda y los anima á continuar y á
triunfar.
La mujer instruida es un tesoro para un hombre,
es nn angel para sus hijo.s
Mujer que lees estas linee, ¿no quisieras ser como
el bello tipo de que hablo? ¿no quisieras ser una mu-

jer instruida?
RODOLFO MENENDEZ,

P URIFICACIÓN Dl!l LAS flABITACIONl!lB

He aqui uno de los medios más sencillos y eficaces:
Mézclense 140 gramos de agua, con 40 de vinagre y
140 de agua colonia y agrégense á la mezcla 50 gra•
mos de uiplocoRito de cal seca. Colóquese en una va•
sija plana, pónganse en el centro de la habitación,
cuyo 11.ire quedará puriCicado en poco tiempo.

��TOMO 11

MEXICO, OCTUBRE 16 DE 1898

EL ASESINATO DE LA EMPERATRIZ DE AUSTRIA.

·11
1111

1

1.-EI cortejo Umebre al salir del Hc,tel Beau Rlu~.:;e.
1

2.-Demostracl6n de slmpatfa frente al Hote-1 Beau Rlváge, en G;lnebra

11
1

AJUARES para sauz MARIA

Y LOHENGRIN, ejecutados en nogal americano, con.filetes oro y
tapizados con brocateles de seda, según sus propios modelos.

•

NUMERO 16

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>TOMO 11

MEXICO, OCTUBRE 16 DE 1898

EL ASESINATO DE LA EMPERATRIZ DE AUSTRIA.

·11
1111

1

1.-EI cortejo Umebre al salir del Hc,tel Beau Rlu~.:;e.
1

2.-Demostracl6n de slmpatfa frente al Hote-1 Beau Rlváge, en G;lnebra

11
1

AJUARES para sauz MARIA

Y LOHENGRIN, ejecutados en nogal americano, con.filetes oro y
tapizados con brocateles de seda, según sus propios modelos.

•

NUMERO 16

�EL MUNDO

302

LASEMANA
El terc~r aniversario de la coronación de la
Virgen del Tepeyac fué celebrado en la Basílica
de Guadalupe con la misma pompa que otras veces, aunque con menos entusiasmo.
La aristocrátita concurrencia que acudió accediendo á la invitación que para la fiesta religiosa hicieron circultlr distinguidos caballeros,
recibió una sorpresa que compensó la relativa
stncillez del aeto.
•
Quien diga que en México el arte decae, ignora ó finge dP- propósito igno(ar que cada día nos
trae nuevos avances y un refinamiento de gustos
y aficiones desconocido en la supuesta edad de
oro cuya exacta situación en los buenos tiempos
que fuer·on, no asiertan á seilalarnos los pesimis•
tas 1,i1,tt máticos.
No Eé, lo confieso, si antaiio celebrarían festividades como la del último miércoles, con una
selección tan delicada de atractivos artísticos. La
misa de Fons resucitó el piadoso y místico siglo
anterior al Renacimiento italiano.
En la historia eclesiástica no hay acaso época
mAs bella, que la se:llalada por el definitivo consorcio del arte eon los ideales religiosos. Hay que
volver las miradas y el pensamiento á la fé sencilla de un Fra .Angélico para comprender las
maravillas de la plAstica que confinaba con las
bellezas inmateriales.
Como la pintura de aquel santo, preservado del
paganismo invasor por la soledad del claustro, la
música medioeval llevaba en sus acentos, y resucita en nuestra época de cosmopolitismo y democracia, la tristeza vaga del instinto cristiano.

"""

El Pm·aiso Pe1·dido ha hecho célebre y glorioso el nombre de Milton en el mundo entero y hoy
lo llena de afrenta eu el Teatro Principal.
.Aquello es un puritanismo al revée. Lad figuras
de la pieza son bíblicas, paradisiacas, y no hay
en los huertos del valle suficientes hojas de higuera para cubrir tantas pecaminosas desnudeces,
El género chico progresa. .Afina los procedimientos porqut, el tandófilo es cada día más exigente y aunque en la parte literaria conbien poco
,e conforma, vuelve del lado de la plástica con
unos caprichos que no podrá satisfacer el empresario sin perder la gravedad de su carácter.....
.Afortunadamente para los que van al teatro en
busca de impresiones susceptibles de pública confesión, dizque pronto inaugurará el teatro de las
tandas unas funciones de moda cuyo programa
copi,ml el de las veladas en que oíamos piezas
de género grande con Rosa Palacios.
l.&gt;ios lo baga así, para b!en de los que no se resignan A olvidar la Bohemia y á recordar A Burón con las interminables congéneres de «La Redoma Encantada» y de la «Pata de Cabra.»

La pública curiosidad se ensafta comentando
en vacío las causas de la muerte de una seiiorita profesionista, prometida de un jóven médico.
Había ido al consultorio de 11u futuro, y súbitamente fueron llamados otros dos médicos para
contener una hemorragia que en breve privó de
la vida :í la joven.
Ya el cadáver estaba sepultado y el hecho ol•
vidado cuando la autoridad judicial inició inesperados procedimientos, orde11a11do la exhumación, La sospecha de un crimen, da siempre marg,m. 1\ malévolas suposicio,nes, y si el hecho eJ
misterioso .6 raro por lo menos, la credulidad popular se entrega á las hipótesis, prefirie11do las
mi\s absurdas.
No es posible prejnzgnr; pero dentro de la re•
serva mils prudente de opinionea, entristece la
tempestad de escándalo que agita un infortunio.

,,.,,,

Anúnciase la construcción de un gran hotel en
la calle de Patoni. Según los datos que publica
la prensa, los empresai·ios invertirían mí1s de un
millón de pesos en la obra.
Nosotros casi no tenemos idea del atracti rn
de nuestro maravilloso clima. En N ew York donde en verano caen los transeuntes, muertos de
insolación, y en el invierno apenas basta el admirable comfort de las habitaciones para contrarrestar las crueldades de la atmó~ferA; en todoa los
inmensos territorios del Norte, cnstigados perpetuamente con todas las inclemencias, hay millonarios que darían todo su oro á cambio de los 25°
centígrados de nuestro valle.
México es para ellos el delicious summe1· reso1-t,
mejor dicho, lo sería, sin l!iS abominables privaciones que aquí sienten, habituados como eatán
1\ una complicación tal de comodidades materiales que aún Europa se les antoj'l pl\is inhabitable.
No es mucho que prefieran la temperatura de
hornaza de sus climas A una estancia en los estrechos é incómodos hoteles mexicanos. El hombre vive de hábitos y tolera lo malo que conoce
desde que nació á una peua desconocida y nueva.
Por eso el día que podamos cfrecer al millonario del Norte, hoteles como .e l. «Auditorium» ó el
«Gran Hotel,» México serA la ciudad opulenta,
aristocrAtica y cosmopolita de .América, la residencia de los príncipes y nababs A quienes vere•
mos desfilar por las calles con la misma indiferencia con que ven en Broadway á los rough
1·iders de Roosevelt.
Dick.

,outt,a Oitntral.

RESUMEN.- La cruzada contra el anarqulsmo.-La Iniciativa de ltalla aceptada por todos. - El socialismo
alemAn.-Sns avances, sus progresos, sus c:onqulstas.
La reacción de Gulllermo II. -Recuerdos de Blsmarek.-Soclallsmo y anarqulsmo.-Guerra sln cuar•
,,.,,,
te!.-Viaje del Emperapor A Palestina. - Recuerdos
medleevales.-Las tendencias de A.Iemanla.--Un soberano protestante defensor de los cat6llcos.-Las
Un viento trAgico ha soplado sobre las riberas
conferenc:as d11 París.-Las comisiones ln1ernaclonapestilentes del canal.
Ies en Cuba y Puerto Rico - ObstAculos y ulflcultaTodo, hasta la desesperación, debería de tener
des. - La deuda de Cnba.-El protocolo y el tratado
sus límites, porque el absurdo choca con la natude paz:.-Conclusl6n.
raleza y el dolor mismo se suspende y cede ante
Sacudida la sociedad europea con un estremeel asco.
cimiento de horror, por el salvaje atentado de GiYit que no siempre ha de ser sublime el suici- nebra, que hirió de muerte i\ la augusta matrona
dio, sea d menos estético como Ofelia flotando que compartía con el emperador Francisco José
sobre el río.
el trono de .Austria-Hungria, ha comenzado, como
Pero arrojarse al canal hediondo .... Adelante. era natural, una excitación por todas partes para
Otro de los suicidios de la semana, muestra arrancar de raíz los gérmenes morbosos que proun caso típico de sugestión. Dos jóvenes, más ó ducen el anarquismo, pla11 ta venenosa cuyaz; emamenos exaltados por románticos fantaseos, ha- naciones pestilentes amenazan de muerte á todos
blan de las decepciones de la vida, y uno de ellos los grandes de la tieíTa, fermentación extraiia de
propuso A su compaf'lero de infortunios,-acaso esta edad llena de sublimes grandezas, y llena
imaginarios,-un suicidio á duo.
también de tristes y dolorosc.s desfallecimientos,
Incontinenti vierten un veneno en sendos va- que engendran esas manifestaciones propias de orsos, y al llevarlos A los labios sólo uno de los jó: ganismos caducos.
venes bebe; el otro no ha he.cho mAs que un siViendo;los soberanos de la tierra que .por filiamul11cro de envenenamiento.
ción naturttl, las ideas anarquistas pr.:&gt;ceden del soEn este singular suicidio, la sugestión del uno cialismo, mal elaborado en cerebros ignorantes,
ha sido la causa ocasional de que el otro se arran- incapaces de comprender la parte filosófica de
cara la vida. Tal vez sin el asentimiento de su los apóstoles que han ,predicado la regeneraimprudente compaftero, el desdichado suicida se ción del obrero, contra el socialismo se lanzan y
hubiera sobrepuesto á la crisis juvenil que des- organizan cruzada formidable ahora que sus proflorrt tl:lntliB belltts esveranzas, sacrificadas á esa gresos crecientes llevan á sus adeptos hasta senmelancolía funesta que engendra en las almlls la tarse en las curules de los parlamentos.
educac,ón sentimental. Unos versos, una novela
pesimista, el mutuo contagio de dos imaginacio***
m s delirantes invaden un espíritu débil cun su lellubo un tiempo en que el Emperador de Alegió11 de ideas insanas.
mania, teniendo manifiestas tendencias il borrar

Domingo 16 de o~tubre de 1898.
del Imperio basta l11s huellas del régimen bis-marckiano, pretendiendo rehacer la obra entera.
del Canciller de Hierro, tuvo complacencias y hasta halagos para los socialistns. Ln ley terrible·
decret11da en tiempo de Bii,marck sufrió tan hondas modificaciones, que casi pudo decirse derogada. Los socialistas cobraron ánimo, tuvieron
ocasión de organizarse en grupos, de establecer·
círculos, de llevar sus ideas de las ciudades fabriles y manufactureras á los pueblos, á las aldeas
y á los campos; al sociafüino urbano iba adhiriéndose con perfiles revolucionarios el socialismo rurlll. La organiz11ción,ga11Hndo paso ápaso
nuevas plazas en el Reichstag, pesaba ya en las
decisiones del parlamento, y en más de una ocasión, uniéndose cor. los liberales, lignndose con loBcatólicos ó absteniendoseenl11s tliscusiones, pudo
decidir con su voto de las m:\s arduas cuestiones.
del Imperio.
Dificil era que el Emperador, siempretendiendoá imponer su augusta sobilrana voluntad, siempre
procurando conservar y concentrar en su persona.
las facultades legislativas, Fiempre haciendo todo,
lo posible por reinar co~o absoluto, si11 trabas de
Dietas ni de Pt1rl11mentos, difícil era que tolerara
por más tiempo estos avances del sociafümo quemenoscababan su poder y cercenaban su autoridad.
La muerte de Isabel deBaviera que todos lamentan, el atentado horrendo de Lucbessi qn1:1 todos.
anatematiz1m, la manifestación I epuguante última de los an11rquistas, pr1c:stan ocasión favorable para una reacción antisocialista. Como desgraci11damente los monstruos an11rquistas, que últimamente han hrotado esgrimiendo el pu:llal del
asesino y agitli.ndo la tea incendiaria, han salidode Italia, de allí es de donde ha partido el grito
de alarma: el gobierno del rey Humberto ha sidoel primero en convocar una convención internacional, para allegar loe medios que hieran en el
corazón á la hidra feroz que se persigue. Todos
los soberanos, los gabinetes todos de Europa han
contestado de acuerdo, y ya se indica la ciudad.
de Venecia como el punto dondti han de reunírselos representantes del orden constituido, los comisionados de los gobiernos legalee, los delegados de los pueblos ca.ltos, para concert11r la manera más cómoda, expedita y eficaz de extirpar el anarquismo.

• **
No espera Alemania las decisiones del Congre-so de Venecia para comenzar sus persecu'!iones.
contra el socialismo. En el Imperio hay gérmenes.
bastantes para que la aspiración sana del obrero,.,
mal dirigida, encanzada por rumbos obscurcd y.
extraviada en su curso, pueda degenerar en alteraciones de la paz, en cuarteaduraa del edificio,
social, en desquiciamientos revoluoionarioa, y á.
ello acude el Emperador con mano firme.
.Allí donde los filósofos se pierden en lucubraciones abstrusas, donde los predicadores toman,
los perfiles del apóstol y los poetlls se tr11ntfigu-ran en genios proféticos; allí donde el r.udo fecundo se abre para recibir las semillas de todos.
los ideales y los gérmenes de todas las aspiraciones; alli donde la estructura política tiene a..
loa pueblos sujetos á un régimen férreo y ligado&amp;.
con fuertes ataduras á una constitución militar,.
basada sobre las necesidades de después de l!il! conquistas, y pedida por las exigencias de rivalidades inextintas, allí también las ideas socialistas crecen, se cambian, se tramfiguran en ~coa
revolucionarios; arman alguna vez la maco del
regicida, empujan en ocasiones á l11s turbas ignorantes A manifestaciones tumultuosas, y sólo por·
las condiciones de raza y algunas circunstancias.
de educación, esas fermentaciones de las tinieblas, esas producciones del antro, no llegan á tomar en el alemán los perfiles sombrío&amp; y los rasgos c11racteris.tieos de los anarquistas meridionales.
Pero ha llegado el tiempo de arra--.r esa hierba malsana, de dirigir la tendencia laónr11da y
la aspiración sensata del obrero y del campesino,
alemanes, par la vía del orden legal: i\ eso tieuden las disposiciones tomadas por el Emperador.
Mas esas resoluciones tieneu que acomodarse al
medio y á los intereses ya creados, no pueden.
romper con violencia contra un grupo de la sociedad que ya es respetable por su número. No
ha mucho que uuo de los jef~s principales de esa
organización, que por el voto de sus conciutladatos.
tiene un asiento en el parlament11, y por el consentimiento de sus corup1:1i1eros tieue la jcf11tur,L
del partiuo, ha declarado, que constituiüo y.i. dt

Domingo 16 ti"' OctubrP de 189!:I.

I

socialismo como partido político en .Ale·
manía, es ahora invencible; sus trabajos
hicieron rodar del pináculo de su gran deza al príncipe de Bismarck, Ante su
fuerza, ante su resistenci11, se estrellarán
también las pcrsccusio nes del Emperador. »
No serA 11i1í. Probablemente se e11t11.blecerán medios de conciliación. Acarn
haya conces10nes por ambas partes y el
elementoobreroy el rural, con su repre•
sentar,ión genuina en el parlamento, irán
cumpliendo su progrnma dentro ctel régimen constitucional.

DA:MA.S DISTINGUIDAS

***

j

Mientras se resuelven estos problemas
de alta trascendencia, mientr11s se agitan
las diversas clases sociitles preparándose rA la cruzada antianarquista, allá va
Guillermo de Hohenzollern acompaiiado
de su augusta esposa, allá va, nuevo ca•
ballero del santo Graal, rumbo á los Santos Lugares Avisitar el sepulcro de Cristo. .Allí, cubierto con la arm11dura inmaculada de G.'dofredo de Bouillon ó de
Balduino de Flandes, ostentando sobre
su casco brillante el águila bicípite del
Imperio, visitará los lugares santificados
por las hazanas mediuevAles de sus antepasados, recorrerá la PHlestina en carros triuufales, recibirá pleito homenaje
de gentes y pueblos desconocidos, parificará sus labios en las 11guns del Jordán,
santificará sus armas junto á las igiesias
primitivas, y tal vez, al regresar, se considere como uno de los héroes legendarios, que eu las edades pasadas pelearon
por la Cruz contra las huestes sarracenas.
Muy desviado andaría de la verdad el
que juzgase este viaje del Emperador
como una excursión de recreo, engendrada entre las aficiones románticas que han
producido las lecturas de los mienesinger. Defensor de la fo se presentó En -riq ue de Pra.sia en el Golfo de Petchili, y en defensa de los crii.ianos tomó posesión de la bahía
de Kiao Chao. Ddensor de la fé será Guillermo de
Hohenzolle.rn en las soledades de Siria; y como
alguna vez se ha hablado de poner esos territo·
ríos al 11mparo de la cristianísima Francia, se
adelantará A los acontecimientos, precederá i\ su
rival en el camino de esas conquistas pacíficas,
y t11l vez por ,compens11ciones de apoyos efectivos y morales á la Sublime Puerta, en la cuestión
de Oriente que llfecta á Europa, obtenga el protectorado de los católicos de la Turquía Asiática.
¿Quién podrá oponerse á esos manejos, quién se
atreverá A interpouer el veto A esas aspiraciones
de modo tan poético realizadas? ....

***
No son tan fáciles y llanos los caminos que tienen que recorrer l11s comi:iones internacionales
de p1:1z en las confere11ci11s de París, y las comisiones hispano americanas encargadas de hacer
cesar la soberanía espafiola en las Islas de Cuba
y Pa.erto Rico,
Claros como estaban los términos del protocolo, f1rm11do en Washington, en cuanto se refería á
la cesión de Puerto Rieo y de las islas adyacentes en favor de los americanos y al ab11ndono de
toda soberanía espaf!.ola en la Grande .Antilla, no
han logrado ponerse de acuerdo los comisionados, nl entrar en los detalles y menudencias de
esa cesióu y de ese abandon:.-.
Aparte de las cuestiones de derecho común que
provicneu direct11. éinmediatamente del cambio de
nacionalid11d de los territorios, en cuanto se refiere A las personas y á los hllbitantes, han surgido
cuestiones relativas á los edificios, á los bienes
muebles é inmuebles del Estado, al material de
guerra, fijo y rodante, A la administración particular de cada uno de los territorios desamparados por las guarniciones espallolas, y antes que en
todo esto, han tenido que fijarse en el asunto
transcendental de la cuHntiosa deuda cubana, tratando de fijar las responsabilidades de los unos,
las obligaciones de los otros y los derechos
que á cada cual corresponden.
De un lado ebtA la Unión Americana que todo
lo exijc, que no quiPre hablar de dl·Uda cubana,
alegando que esos comprombos correspond1c:11 á

203

EL MUNDO

que Espa:lia ·se ha decidido á perder para
siempre su imperio colonial, replegando
e n la penfosula todas sus actividades y
c oncentrando en la metrópoli todas sus
energías?
lle aquí, pues, que dos circunstancias
de distinto género nubllln pc,r ahora el
cielo sereno en que deben desarrollarse
las conferencias de París: por un lado, la
deuda de Cuba y las dificult11 des de repatriación de las tropas t-bpañ'ola s con los
anPxos de las propiedades del Estado en
las .A.u tillas; por otra, lA cuestión f ilipina,
que por,e en abierta ¡:rngna los intereses
esp11 iloles y lo que hasta 11quí pa.diéramos }Jamar las aspiraciones americanas.
Puedan la moderación y el tino de los
encargAdos de formular ese tratado de
paz salvar todos los escollos, vencer to·
dos los obstilculos y terminar sus tareas
tranquilamente, sin que presenciemos el
espectáculo, que serfa doloroi:;o, de ver
suspendidas esas conferencias, y por ende, recomenzadas las hostilidades entre
dos pueblos amigos nuestros.

X.X.X.
13 de Octubre de 1898.

El Nnevo Manicomio; Gu:eraJ.
UN GRAN PROYECTO

Señorita Natalia Kerlegand.
(D¡;¡ }JJIIXICO.) ·
Fotografla e e Valleto.

Espaiia y que el abandono de la sob .. ranía no debe traer consigo aparejada la cuestió11 de tan importante responsabilid11d; del otro lado, E~pafla
que todo lo pide, y que al pnder sus colouias,
pretende entregarlas A beneficio de inventario,
con todos los gravámenes y deudas que en nombre de ellas se habían contraido nntes. Perdidos
en estas discusiones los comisionados de ambas
naciones, ven transcurrir d tiempo sin que avance con la rapidez deseada la obra de la evacuación de 1as fnerzae espallolas. :Fa.ta &lt;.le transportes y escasa de medios para adquirirlos, Esp11i1a
no puede acudir á recojer á sus hijos que viven
ahora en el desemparo y aislamiento; y entre tHnto el americano recl11ma y exige que en términos
perentorios queden terminadas las oper .:1ciones
de la evacuación del territorio cedido ó a bandonado.

• **
Las conferencias de París tampoco van desarrollándosetr'lnquilamente. Eco fiel de las dificultades pulsadas en la Habana y en San Juan de Puerto Rico, marchan lentamente, sin que hasta ahon
se sepa que los representantes b11n llegado á algún acuerdo definitivo. Agréga se 1\ estoque, h11 yan
apenas apuntado el problema filipino, ha servido
sólo para dividir los ánimos y provocar protestas
de una y otra parte en aquellas couferencias que
deben ser modelo de calma y de serenidad.
Es quecomo antes hemos dicho, elarcbipiélago
filipino será tl eEcollo ante el cual pueden estrellarse la buena voluntad de los comisionados y
las contradictorias imtrucciones que han recibido de sus respectivos gobiernos. Sean cuales fueren los proyectos que se reserva hasta ahora el
presidente Me Kinley, estamos seguros que en la
expani:;ión coloníul i\ que tienden, deben comprender algo más que la ciudad y la babfo de Manila y Cavite con sus territorios auyacentes. Podrán limitarse sólo á la isla de Luzón; pero si
quisieran extenderse A todo el .Archipiélago, para
constituir una república tagala blljo el prott:ctorado americano, ó para anexarla como acaban
de hacerlo con las islas Hawaii, ¿lograrán con•
vencer é imponer su voluntad á los diplomáticos
cspailoles? ¿No se opondn,n éstos sin descanso, á tales pretcusic,ncs? ¿C~uién puede pensar

El grabado de la siguiente pllgina represe11ta el proyecto formado por S1. Iugei,iero
D. Luis L des la Barra y 11protiado ¡ior la Se•
cn 13rla de Gobernación.
l!:l ternrno ea extenso y costó O( hl'nta y
seis mil pesos. El recinto 1uurado teudra de
frente cu1ttrocie11toe cuarenta y cinco metru
por trescientos de costado. En su .nte1 ior se
levantaran, en primer térm'no y t-u la zona
central, lo~ Pabellones de admioislración de
Flest.s y Biblioteca, de Servicios Genera'les,
_____ Comt'dores, de Maquina:ia y Talleres y el
Anfiteatro y Museo Anatomo-patológico.
Los Pabellones latt1rale&amp; se destinarán á Pensionistas de primera clase, al servicio de Admisión y Observación, Pensionistas de segunda clase, Enfr1 meria
y Asilados gratuitos.
_La linea excéutrica quedara ocupada por las hab:tHciones para los facultativos encargados dti los
diferentes dP-i,art~mentos. el Pabellón para loa degenl'r..dos, el de Baños y el de Agitados.
.Eu la parte po~ terior del Pabellón de Administración Re construirá un amplio y hermoso jardín con
U~ll fuente ..n el cen!ro; en los angulas ~orrespond1tmtes al muro principal, se formaran dos Jardines.
Completan _el_ cuadro apenas bosquejado, los pabe•
lloneR para v1g1lantes, uno en cada qugulo del edificio, raballeriz11S, depóEiLoa de carbón, de combustible. etc.
El número de dementes que contendrá el asilo ea de
632, ó sean: 24 de primera clase. 128 de segunda y 480
dd tercera. Los pabellones qued1trán comunicados por
galnias cublPrtae. Los servicios generales, médicos
y administrativo11, dtberan e tar simados en la parte
central del eti1Cirio para cone.-guir que las comunicaciones sean fAcile_s y rápidas Ya leVllntRdo el plano, ee
convino en invertir.,, orden de loe pabtillonea de pensiouietas de p~lmer1t. clase y de &amp;d~ie!ón; aquellos quedaran mát1 10med111tos á la Adm1metraclón y el de
admisión mis ntirado.
Se observará que todos los pabellones situados á
uno y otro l1tdo de la zona central, tRI como ee destacan en el grabado, son iguales en eu aspecto y aimét:lcos; loa de la d"'recha serao p,ua las mujeres y para loe hombrea los de la izquierda.
Pata loe casos de lnc..,nd10, el establecimiento deber~ tener una buen11 bomba, escalas, mangueras y
extmguldores. El personal do vigilantes y jefes de
tKller deberá estar apto par11 prestar sus servicios en
c1tso dado, para l.i cual sná uecesario darles la instrucción que el uso de los aparatos requiera.
Se ha procurado, además de la aolidt&gt;z y bonito aspecto de la obra. que todo aquello que rodee al deIDt.&gt;nte sea agradable; que cuando se encu&lt;&gt;ntrti perf~ctamente vigila~o,. ee crea, sin embargo, en absoluta
libertad; que la d1sc1pli11a sea un hecho sin hacerse
peno@&amp; por el empleo de medios violentos que nunca
deben usarse; y, en suma, que por medio de distracclone~ y fiestas. 11tinadamente escogidas y por un
trabaJo voluntano y de carácter remunerRtivo se consiga que en la imagioación llena de tinieblas y preocupaciones de loe enagenRdoa. 11enetre un rayo de
luz que alegre y consuele al miserable.
El personal de la Comisión que estudió el proyecto
ee comrone de los señores Doctores Vicente Morales'
Manue Alfaro, S Morales Perelra, Antonio Romer~
é Ignacio Vado é Ingeniero D. Luis L. de la Barra.
Merece aplausos elSuJ&gt;remo Gobierno por e~te gran
proyecto de Manicomio General, y muy: especialmente enviamos nuestras felicitaciones al Señor Secreta.
río de (;obernación, Gene.·al D. Manuel Gonzálc z
&lt;.:o. lo.

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-l, Torre Elffel,

2. T10&lt;adero.
3. Puente de Jena.
ll, Puente de la Concordia.

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Puente Provisional.

5, Puente de Alma.
6. Pabe116n Alemán.
7. Puente de los Inválidos,
8. Puente de AleJ 1ndro IU..'1 9 Esplauaja de los InvlLlldcs.
13. Pequeño Palacio del Arte.
14. Entrada Principal.
15. Plaza dt la Concwdla.
lJi. Campos Elíseos.
17. Arco de trluu!o •

12. Gran Palacio del Arte.

•

10. Cámara de Di¡.utados,

-~- ..

-

i--t.ti;:.,

i

�~LMUNDO

006

LOS .DORMILONES.
(Instantáneas para "El Mundo"J
Para el que duerme en una cama PB muy difícil
comprender la vida de esos pobres diablos que se al
bergan de noche en el umbral de alguna iglesia, sin
perjuicio de pasar el día dormitando en !ad bancas de
los paseos.

Do.mlJ)go 16 de Octubre de 1898

Domingo 16 de Octubre de 1898

dan aqui y allá, se viste de deshechos y la no che......¡oh la noche del vagabundo! De canti::Ja
en cantina, embriagándose á
&lt;'0sta de la liberalidad de otros
ebrios, hasta que lo sorprende
la mañana tom11ndo hojas en algún ter.dajón No bien llaman á
primera misa y el sacristán, tam•
baleándose de sutño, abre las
puertu de la iglesia, se cuela de
rondón como ensucasa parador•
mir al1i todo t'l tiempo que se lo
permitan los fieles escaudalizados.

Con la cabeza hecha un cán•
taro de grillos, sale del templo y
en pleno dia, en la banca caldea •
da á los rayos del sol de las on·
ce, sigue durmiendo sin eurarsa de la gente que .pa~a v tropie•
zacc,n sus piés extendidos, ni de
los pilluelos que no pudiendo robarlo se divierte.n á su costa.
............................................ La•lesta.en el Paseo. ............................................
Entre este vicioso cuya inútil existencia debia :tia
No sou t'titot! 1011 uuicos que se duermen en t-1 desrrer la policia, como un desperdicio, y el honrado J0r- empeño de su oficio: el billetero apoya la espalda en
nalero que sale de su casi. al amanecer y se afa!)a la esquina. levanta un pié á la altura del guardacan•
durante seis horas por vencer media tarea,hayun ab1s- tón y dormita, soñando que se le quedó el número
mo El tenacero municipal, emplt,ado en alguna cal- del prPmio gordo y que ha comprado un magnlfico
zada, duerme á las doce: del aia, sobre la bar.ca de colchón de plumas
piedra ó en la espuerta. La
Del suPño como de todo lo que por algún lado que
difert'ncia de actitud acusa la 1!6 mire constituye un placer para el hombre, puede
difnencia de vida y el distinto ·
grlld0 de moralidad: el borra.chio duerm~ sentado, teme•
roso de que la policla lo arroje dela ciudad ó dP que algún
vecino le diga: "ea, amigo,
ocupa UPted dtmasiado sitio:"
el trabajador. por el contrario,
aprove&lt;:ha la hora de Jibntad
que le dPjan y se tiende á
dormir, tranquilo como el que
h,1 ganado el pan que digiere
y PI reposo que dii,fruta.
A dos -r,asns de alli, ePperan•
do la s111ida de los albañiles
de la obra, estA la hija del
peón...... Desde Tepito ha venido con la canasta de la comida y como Stt anticipó mucho, miPntras e~pera á su padr" se ha dormido en la acera.
Pobre chiquilla, no sabe que
al despertar la aguarda un
buen regaño del albañil Mientras dormia, un can hambrien--·······························-····~!.•1:1.e~'?.&lt;!e.1~.~~&lt;!~~~~11,_.. .lf!~_l.f!-.!S:1.~~] .........................•............•
to, dió cuenta con la magra
pitanza del infeliz peón que
¿Quién pára mientes en esos grupos nómadas, tan
pintorescos,-sin dejar de ser repugnautes,-de hom• pasará el día sin más alimento que las hojas de anls
brea sucios y v~letudinarios que cabecean en el ati·io de la madrugada
Los que viven en medio de los ruidos populares son
de la Catedral desde las ocho de la mañana, con el
así. No conocen ese supremo refinamiento del ineomrostro oculto tras de un per:ódico que no leen?
Entre 10s sempit11rnos ocupantes de las bancas de nio, lote del iatelectual para quien ni una cama suala Alameda ó del Zócalo, es dificil adivinar quiénes vísima, 11: el silencio de las altas horas nocturnas son
son lo@ que duermen alli por vicio y los que lo hacen parte á desterrar preocupaciones y provocar el reposo del espíritu, tan caro á los que buscan en vano las
por necesidad y á falta de otro alojamiento.
¿Hay rnalmen~e hombres sin hogar, aún. en el sen• delicias de un momentáneo 110 ser.
Ved A ese cochero que tiene su puesto en el sitio de
tido estrecho que tiene la plllabra cuando se aplica al
miserable cuartucho de un hotel de intimo orden? No la esquina. En las tardes bochornosas df'll verano dor• ............................... &amp;perando al albañil..................................
somos moralistas. y como nuestro papel se limita á lo- mita en el pescante, bajo un sol que le freiria los setografiar tipos ca.llejuos de dormilo.nes, diremos,• - sos si los tuviera, El lado de la sombra es el de la decirse qu1:1 satisface mas, en tanto que im¡,orta una.
con gran asombro de los que viven normalmente, alo· tranvía, y para dar paso á la¡¡ corridas, pasa las ho- transgresión. Sin llegar al caso extremo del centinejados en una ca8a con su correspondiente dormitorio, ras que lo detiene su carga, sudando á chorros, sin la que se duerme en una guardia frente al enemigo,
más amparo •iontra el sol canicular que el sombrero- -heroismo supremo de la pereza,-señalemos con el
- que el número de los noctívagos es infinito .
Este es un trasnochador empecatado que no sabría te que le tapa los ojos. Duerme feliz como si fuera el dedo al Secretario particular que aprovecha las au•
acomodarse con el hábito de dormir dentro de las cua- diputado aquel que pasa tendido en el fondo de su sencial! del Señor Gobernador para abandonarse A la
tro paredes de 1ma pacifica vivienda. Le horroriza el landau de suaves movimientos, ini~iando su plácida
trabajo. desde niño Falió expulsado de su casa y co- eiesta que irá á. continuar en la curul arrullado por
mo nunca ha tenido obligaciones que cumplir, pasa la monótona canción de lo.: secretarios.
los dias Dios sabe donae, se alimenta con lo que le

Entre dos acuerdos.
dulzura de una siestecita furtiva. Erns cinco minutos de descanso valen para él más que PUB nocturnas
calaveradas; cinco minutos nada mb, al cabo de los
cuales volverá á su tarea tan fresco y éampante. Pri•
mero oye la música de elgún mosc11rdón ')ue revolotea sobre su cabeza, y en la estancia vecina. la voz
de su principal ocupado en dar una audiPncia extraordinaria; luego, los sonj,jos se apagan El e~pfr:tu de un hombre que descama p11rece ciego y sordo
á. todo lo A'!':terior; pero no, hay algo en nosotros que
vela mientras aparentamos dormir: el chirrido de un
sillón, una puerta que se abre, unos pasos que van
aprox'mándose, y cuando e11tra el Señor Gobernador,
su Secretario está. erguido, dispuestc á reanudar la
tarea.
Pero no sólo el que está rendido por trabajos fisiC!lB exorbitantes ó por continuas fatigas goza subrep•
t1ciamente del suei10 prohibido en horas de actividad.
Se comprende que los impedidos de dormir en su casa la hagan fuera; pero aquella santa señora . . .... A
las tres de la tarde se encamina á la iglesia, ocupa su
sitio favc.ri~o y impiezan á luchar en su ser inútil y
quebrantado la piedad alada que busca espacios azules á. través de los ventanales de la cúpula y el fatigoso martilleo de la pereza,- esa pereza que momifica
las alma!! en los rincones polvosos y grises donde la
oración se convierte en cadena de rezos mecánicos
y somnolentes.
Para el que en. medio de los campos silenclo11os,
duerme entre arrullos de tórtolas y rumores de follaje, el sueño tiene un sabor de égloga. Dormirá. la
sombra de un árbol; e11e sueño es al descanso reglamentl!-r~o lo que es un fe~tln_phidárico á los banquetes of1c:ales .. . .... con brmd1s á la hora del Champagne.
El que ha pisado las aula11 infantiles e:i tiempos de
~al meta y "Amigo de los niños" recuerda el valor que
tiene para los que saben emprender la vida, la siesta

-

'
'-..
El

sueño del medio dla. (en elátrio].

Donde dejó la carga.

Mientras se vende el de los $10,001.

A la hora de coro.

307

Jl'.L MUNDO

sabrosisima, audazmente consumada contra el dómine re•
gañón y brutal. U n libro de
Jan te p11 ra ocultar el rostro y
á dormir . ... y si por mal .:e
, uestros pecados, el magii ter
descubre la trampa; qu~ importa una hora de calabozo á
cambio de un minuto de sue•
ñol Pero el peligro no está t'n
la vigilancia del maestro; á
cada lado hay un rapaz que
despierta al dormilón. ya colo•
cando un cerillo debajo de los
piés, ya metiéndole e1, las ven·
tanas de la nariz un papelito.
Es más fácil dormir en la
calle que en una escuela. Los
pobres pilluelos sin hogar lo
sab11n y cuando se echan en
el quicio ae una puerta., no en·
vidian al niño mimado de
buena familia que ha intenta•
do inútilmente obsequiarse
con med;a hora de sueño en
En pleno rnl.
la banca del colegio.
·······························----····--···•······················•············ ·•·········..... · ···· ·· ·······
Los que tienen aatisfech~s todas 11us n ecesidades, para vivir en armonia con las leyeij morales hay que
envidian á esos pobres diablos, hombres~ perros, que trabajar y ser útil á los demás.
gustan sibariticamente de un mendrugo o de una no•
El rent'gado de la vid1&lt; social es una excepción que
che de d~scansu á la intemperie.
explican suficientemente la perPza, Pl vicio. el cretiLey dura, le.y terrible rara los que todo lo tienf&gt;n, nismo; pero el perro que abandona á los 11m, s que
no desear nada, digo ma , de11ear sólo tener un deseo, lo miman ea un dt'Pequilibrado incomprensible. ¿Qué
como aquel perso1rnje de los Gouncourt.
se le exige? Nada, fid11lidad y rl'poso.
Yo por mi parte, en mis nochAS in.so_m.nes, ~e C!ln•
Eso es precisamente lo que no quiere: nació aventemplado melancólicamente dePdA m1 t1b1a. hahtac1ón, turero y come con más gubt0 el pan precario del hur•
al perrillo canijo que se formá una aleoba, alll en la
puerta de la casa veci.,a.

-·······································ºlase de escritura........................................He sentido tentaciones de seguir sus pasos, y en
sus inciertas odiseas nocturnas, creo sorprender algo
asi como una vaga aspiración semejante á. las que
agitan el espiritu dé los desheredados que á falta de
otn1 diversión de más eubstancia entretienen sus no•
ches inútiles imaginand:, baladas á la luna, entre las
umbrosas avenidas de los parques.
Misteriosa exi,tencia. la del can vaga hundo ....
Y poética ¿por qué no ha de haber p1,etas en la raza canina?
Algunos conozco yo que como el borrachin que
arrastra sus guiñapos y su depravación en figones de
mala nota. prefieren á los mimos de una Peñorita ro•
mántica la escamocha de los mercados y las incle·
mencias de la vla pública.
Perros calaveras, impenitentes viciosos ó locos tal
vez, poseídos de un ·d elirio de ambulatprio, que los
empuja lejo, de los hogares calientes y áe los afectos
abrigadores
En los hombres me explico el capricho divag&amp;dor;

.............................Por falta de marchantes..................................
to que la abund1rnt1:1 ración dt:méstica. ¿Qué no existen séres asien la especie canina? Alguien que los co•
noce, asegura en grue~oP infolios que no es el hombre el único Eér dotado tan pródigamente de instintos
absurdos.
Consuélense los excépticos de la humanidad. El perro, el animal, elt&gt;gido como término de compar11ción
cuando hablamos de virtudes, tiene tantos vicios como el hombre, y de los peo,es.
-

Donde:se puede......

�•
EL MUNDO

308
LOS FUNERALES

nnm11'1?0 16 ilA Octnhl'A dA 189&amp;

Domtngc 16 de Octubre dA 1 ~

ESTA.CION DEL FERROCARRIL DEL S'(TR EN OA.XA.CA.

309

A.BNEG-A.CION..

DE LA EMPERATRIZ DE AUSTRIA
La mañana del 14 de Septiembre salió de Ginebra
el cadáv.-r de la Emperatriz; colocai:lo el féretro en
una sencilla carroza fúnebre, de la que tiraban cua•
tro caballos, se dirigió el cortejo á la E@tAción de Cornavin en medio de uua multitud aglomerada en las
ac ·ras.
Un grupo de damas ginebrinas dirigió al E!l)perador Francisco JMé una carta en la que laR Hgnatarias le manife~ta ban sus sentimientos de reprobación
por.,¡ crimen y deploraban la afrenta hecha á la ciudad de Ginebra al elegirla como teatro de un acto
tan infame. Adjuntaban á la c11rta una corona destínadit al catafalco de la Emperatriz.
El trt'n fúnebre, compueEto utl seis vagones, atr~VPSÓ el territorio suizo en toda EU long1t:id. de~dt1 Ginebra hasta Busch11. pasando por Lauzanne, Friburgo, B.irna, Olten, Aarau y Zurich
El dla 15 á las d,ez de la noche llegó á ViC'na el cuerpo de la Emperatriz: la estación del O1:1ste e,;taba empavesadit de negro.
El clero del palacio recibió el cadáver. El féretro
que lo contenía fué colocado en 11n carro tirado por
seis caballos negros, conducld&lt;'R por un cochero y
~- tres lacayos de librea y llevan.do. por ef coita un piquete d11 infantería, un escuadron ae caballeria y un
destacamento de guardias palatinos Un grupo de lacayos á. cabHllo prl'cedian el convoy, lle".ª~.do lint~rnad enc,.ndidas En el trayecto la guarmcion de Viena formó valla pre~entando laR armas.
El cort .. jo fué recibido en la Hofburg por el cura de
la parroquia y sus vicarioa, y en Peguida acompañaron al féretro á. la iglesia de palacio ocho pajes con
cirios. doce guardias austriacos y húngaros y diez y
sds dragones á. pié Seguian el gran Maestre de la
Vista del andén.
Corte, el gran Maestre y la Gran Uama del palacio de
la Emperafriz, dos do sus damas de honor y dos chamseg-uido por el Emperaáor únicament11, de~cendió á la lugares remotos. Tenia 24 años en 1887 y era subtebelanes.
.
Dt1positado el ataud sobre un catafalco, el Gran &lt;"ripta, entrega.ndose las llaves al Padre Abad de los ~~~
Destinado al Sudán como miembro de una coloma
Maestre de la Corte de la ·J:mperat1iz 1&gt;ntregó IAB lla- Caouchinos.
Entró entonces el Emperador á. la iglesia de donde expedicionaria combatió y fué nombrado Caballero
ves que guardan el cadáver al gran Mae~tre de la
CJorte; procédese á. la bt&gt;ndicíón cuyas oraciones pro• salió á. poco para volver á la Hofburg, acompañado de la Legión d~ Honor. á los veintiseis años, por una
nuncia el clero y de.,pués dt1 cerrar la iglesia se reti- por el Emperado:· Guillermo. La cerem,,nia habla acción extraordinaria: á la cabeza de su compañia,
concluido y todavia durante una hora llenó las calles tomó un fuerte guaruecido por mlllare~ de nPgros¡
ra todo el mundo.
A las diez de la mañ ma del dia siguiente los habi- un verdadero torbelliuo de umformes .multicolores: en medio de la refriega recibió una herida en la catantes de Viena se dirigen en masa á. las calles por oficiales extranjeros, generales húugaros, magnates, beza, pero no abandonó el campo sino hasta que tomó el punto.
.
lad quP debe pasar el cortejo. El Ring tiene un aspec- eclesiásticos con sotanas violetas .....
Después hizo viajes de exploración en el Niger.
to particular é imponente: los mástile~ elevados hace
Con el grado de Teniente y bajo las órdenes del \'.Jo•
algunos días en señal do alegria, psra celebrar las
ronel Archü,ard hizo la célebre campaña contra Ahmafieet11s del jubileo, están cubiertoij de crespone11 y de
EL 00 llA.YDA.YTE MA.RCHA.ND
don en la que fué gravemente herido. Peleó despu_és
cada uno do ellos cuelga una bandera negra.
contra las tropas de Samory, hizo nuevas explorac10Vida y aventur.ts de un explo.·ador afrlcáao.
El carro fúnebre es magnifico, rematado por una
nes _y á fines de 1892 volvió á. Francia con el ¡nado
coron imperial á la que rodea una galeria formada
de Capitán. A los s~is meses, el C»pitá.n Marchand
de águilas de cuyos picos penden pasamanerias neCuando Marchand tenia diez y ocho años, era un fué
encargado de una expedición Lontra los Estados
gras. A ambos lados del carro camh1an los guardias jovenzuelo f1aco, de miradas dulces, que no se asodel palacio, de gran uniforme: detrás, los arrogantes ciaba á los placeres ruidosl s de sus camaradas. No de Thiesalé, los conquistó en algunas Btmanas, desguardias alemaues y húngaros y los i1úsares ro;os.
era expansivo; lela mucho, siempre estaba leyendo. pués de dos combates sangrientos, diez escaramuzas
toma por asalto de la capital
A las once el co1·tejo tr..sponia la puerta exteriorde
Sus padres quedan hacerlo notario ... . Así es que y la
Nuevos vi11jeR de Pxrloración y segundo regreso á
la H•,fburg y algunoij minuto, después, el cadáver de de acuerdo con la V('iunhd p11terna, al terminar sus
Isabel Emperatríz de Austria, deecan&amp;aba en la capi- estudios entró el joven Marchand á la oficina de un ln patria en 1895 Ese año fué premiado con tli nombramiento de Oficial de la Legión de Honor.
lla del palacio.
notario y se dedicó á copiar escrituras.
J)urante el día 16 todo Viena deefiló ante el catafalSin embargP., el joven tiscribano soñaba . . .... No lo
co de la Emperatriz; el 17, dia sefülado para lacere• 1,alentaba el fuego sacro que inspira á los depositamonia fúuebre, uua multitud inmensa invadía desde rios de la fé pública. Apenas se vela libre de sus ta•
que amaueció, las calles que debla atravesar el cor- reas, se iba con un libro en la mano á vagar por las
LA NUEVA ESTACION DEL FERROCARRIL
tejo.
llanuras de Bresse.
EN OAXA.CA.
El Emperador Guillermo llegó á. la una de la tarde
*
y fué rncibido en la estación por Francisco José. Co* * decía Marchand á sus
-Quisien ir á las colonias,
locó dos coronas magnificas sobre el ataud, una en su
Por lo que puede juzgarse de la apariencia de los
compañs"os
de
Jo
que
el
llamaba:
"presid10 notarial." grabados y teniendo en cuenta los datos que se Rir•
nombre y otra por la Emperatriz de Alemania
E::a
el
tiempo
en
que
los
periódicos
y
las
revistas
A lae cuatro menos cinco minutes, las campanas de
vió sumini~trarnos el Sr Walter Moscow, Gerente Gela parroquia de la corte iniciaron el doble y todas referían las proeza~ iifricanas del marino Brazza.
neral ere! Ferrrocarril Mexicano del Sur, el aspecto de
Marchand
con
la
obsesió,1
que
haoe
á
10s
locos
y
á
las demás de la capit11l dti Austria contest11ron. En
la nueva estación de Oaxaca es agradable, y la cons·
los
heroes
quería
conocer
el
continente
negro:
no
pullledio del más profundo silencio y de la emoción getrucción del edificio difiere de los de su especie, tanto
nnal avanzó el fúnebre convoy¡ todos se descubrlan do rPsistir, 1 antes de la época de la conscripción, se por los materiales utilizados, como por la distribución
afütó en la mfant11ria de marina.
piadoeamente
que se ha dado á las oficinas.
Eotonces comenzaron los largos años de trabajo
La cnomonia de la Iglesia de los Capuchinos duró
Uno de nuestros grabados representa el anden de
cearenta minutos y terminada la bendición, el ataud obscuro y apasionado, de lravesias, de residencia en pasajeros paralelamente al cual se halla la via por
donde deben entrar los coches del ferrocarril.
Toda la extensión de ese anden está cubierta por
ESTA.CION DEL FERROCARRIL DEL SlJR EN OA.XA.CA..
un techo de fierro y tejas rojizas, que viene siendo una prolongación del techo genc;ral que descansa
¡¡obre los muros que limitan el salón de espera y ven•
ta de boletos. A la izquierda del expresado salón. se
levanta una torrecilla de dos pisos, de sencillo aspee
to, situada frente al cerro del Fortín que se destaca
en el centro del Marquesado
Tres grandeR puertas dan acceso al salón y una se•
rie de ventanillas angostas dejan penetrar la luz. Al
frente del andén se ven tres plataformas colocadas su·
bre la via principal, cercana á la de escape que está.
sobre la derecha
El otro grabado representa el ml~mo edifi,iio por el
lado que da al camino real; en el centro queda la puerta de entrada principal para el público, á. la derecha
la torrecilla y á la izquierda las tres ventanillas correspondientes á las que en el costado opue11to hay en
el mismo muro. Obsérvase que la puerta principal está formada por uu pórtico saliente de recios J'YlUr.:&gt;B
rematados por un cob.,rtizo de fierro y tejado rojo.
Todo el edificio está hecho con canteras verde-claro y sus cornizas, marcos y adornos, son de piedra
rosada, preciosa combinación de colores que produce
un hermoso efecto desde lejos. Dirigió la construcción el Ingeniero de la Compañia F1:1rrocarrilera, Sr.
T. A. Coroy, según los planos del Sr. C. S. Hall
La nueva estación se levanta á un lado de la anti·
gua. en terrenos del Marquesado y cercana á la vla
de los ferrocarriles urbanos de la ciudad de Oaxaca.
Al p· esente se halla casi concluida la obra materi11I, faltsindo solamente los detalles poco importantt'o
del exterior y la colocación del 11encillo y elegante
mobiliario en el interior de las oficinas dt&gt; Express,
Pasajes, Equipaje y Salón de e11pera.
La bodt&gt;ga ó estación de car~a quedará á un lado
Vista del lado del camino real.
de la de pasajeros qu~ acabamos de describir.

EL MUNDO

Al cumplir diez y seis años Eugenia Martln salió
•de su aldea de Bretaña para trasladarse á Pari~ á. una
casa donde una hermana de eu padre, la vieja Maria,
eEtaba sirviendo desde hacia mb de doce años.
Obligada por su edad al descanso, deseaba que su
.sobrina le sucediera en el puesto que había venido
•d~sempeñando, y para conseguirlo había hecho de
ella á la Señora Heurtaut, su ama. las más calurosas
recomendaciones aunque casi no la conocía

¡
r

Tan p-onto como Eugenia recibió la carta en que
su tia la llamaba, se emba1 có dócilmente y con el co•
-razón conmovido, llevando todo su eq 11ipaje en un
,cesto del que no se quiso desprender en todo el camino, y mientras duró el viaje le parecia est11r soñando
y le zumbaban en la cabeza torbellinos de ideas com]&gt;llcadas con el ruido del ferrocarril.
Algo como un estupor indefinido se pintaba en sus
-ojos grises, ll11nos todavía con los recuerdos d11 cuanto acababa de dej11r, y vibraban aún en sus oídos las
campanas de la aldea que tocaban el Angelus en los
momentos en que po: la última vez pasó frente á. la
parroquia.
La última cara amiga de que conservaba memoria,
·era la del chiquillo que le trajo en su carreta hasta la
estación y le dijo al despedir11e:
-¡Despabilate, Eugenia,y procura hacer fortuna en
itu Par1s!
Ahora en torno suyo no babia mAs que gentes desconocidas y se Eentia muy sola e:1 medio de tantas ¡?entes. Derrepente oyó decir: "Paris" y descendió desva•
necida entre la multitud atareada, que la empujaba
de aqui para allá sin cuidarse de ella en lo más mínimo.
Al fin oyó que lallamaban por su nombre yvió venir
á una viejecita amarilla y seca, rt-luciente como un
objeto nuevo que le dió repetidos besos en ambas mejillas; y entonces muda y conmovida, se dejó ~onducir
á un t?."a.nvla que lleno de viajeros, estaba á punto de
partir.
Por el camino, su tia le hablaba mucho, pero atur•
dlda por "ll ruido de las calles, ella no oyó más que
"la Señora. la estaba esperando" y por ePto sentía un
secreto temor de n.; ser del agrado de "la SPñora."
Su angustia se acentuó al penetrar en la Isla de S.
Luis tan tranquila por las tardes. Ni un carruaje re•
-corría la extAnsa calle alargada por la perspectiva del
'l'io y de los puentes; grupos de chiquillos jugaban en
las aceras ó se persegutan gritando, y el ca111panario
&lt;le la iglesia alzaba su flecha dorada entre la bruma
sonrosada del crepúsculo.

Al dar vuelta á una esquina, la tia dijo:
-Esta es nuestra casa, ya verás qué tranquila.
La casa era antigua; de aspecto solemne y f,io como
convento de provincia. En cada piso, cortinas blancas
cubrían con el mismo cuidado !ad dobles vidrieras de
las altas ventanas, evitando que la curio,idad exte•
rior penetrara á. los departame,,tos, y se vela al lado
de las rejas de hierro forjado, figuras esculpidas en
los marcos de piedra, tristes, grises y melancólic, s.

Con emoción religiosa temblaba Eugenia, cuando en pos de.
su tia subió por la an•
cha escal0l'a, y el pen!'amiento e11tonces de
la "aeñora," lAatravesó
como un puñal el corazón.
Precedida por Maria. entró á un departamento del segundo
piso y llegó por fin al
gran aposento en donde la señora Heurnut
la aguardaba sentada
en un sillón. Era esta
una mujer de cincuenta años, alta y descarnada con ojos incoloros y boc11, desdeñosa,
que vestfa traje muy
amplio y se cubría con
una toca de punto de
Chantilly.
Cerró el libro q 110
habia estado leyendo
y se puso á. observar
á. Eugenia. La cofia
blanca bretona ds la
joven, le pareció de
un efecto deplorable
y dijo con voz doliente:
-¡Qué tocado tan
feol Pero usted trar11ce
dulce, hija mia,y aqui
será necesario serlo y
sobre todo no hacer
ruido nunca porque yo
sufro mucho de los

nervios. Será usted obediente ¿no es asii' Maria estará aqut unos ocho dlas todavía para poner á. usted al
corrier.te del servicio.
Como la voz con que fué dicho esto no era re-puhrlva, Eugenia se tranq~ilizó y aún se at:-evió á dirigir
los ojos A. 11u ama y vio quP ésta al hablar, mostraba
unos dientes muy largos y muy amarillos.
La tía la condujo ~ la cocina, que le pareció J?equ~ñisima en comparación de las de la aldea El a1.re.humedo del patio entraba por la ventana y un ultimo
rayo del sol llameaba sobre el cobre d~ las cac1rol11s.
-Aquí, hijita, si eres razonable, vas á. ser fehz, yo
te lo digo. La señora es buena pero muy cuidadosa
de sus intereses, el señor no se mete en naaa, y con
tal de que la comida esté lista á. su hora. ya no pide
más. Puedes hacer honradamente aqui tus pequeñas
economías para el dote cuando te quieras casar. El
señor y la señora tienen bienes y nada más que un
hijo, el señorito León, muy simpático y muy afectuoso,
que me quiere porque lo conocí desde pequeñito. Ahoro t:ene sus quince años, está en el Liceo v vieneaqui
cada. quince dfaij, Cuando salga pasará á San Ciro á
terminar sus estudios.
En ocho días Eugenia se puso al corriente del servicio y Maria sefué. La aldeana se acostumbraba pronto á poco á esta nueva vida y la atmósfera de la calle
se hacia mAs soportable para 11u pecho. Gran trabajo
cc.stó h:icerle abandouar la cofia bretona que desagradaba á ~u ama, y la primera vez que se vió sin ella, se
ruborizó como si estuviera desnuda. Con el tiempo
acabó por acostumbrarse también.
E l PPgundo domingo que siguió á su entrada en la
casa, hacia las diez de lamañana,el repiqueteo prolon~ado de la campanilla eléctrica, alborotó toda la casa.
Edpantada por este escándalo, Eugenia corrió á la
puerta y se quedó inmóvil ante un colegial que la veía
con ojos asombrados.
-¿Y mamA? le pre~untó.
Y pasó junto á ella como un huracán, despertando
todos los t&lt;cos dormidos en las paredes y sacudiendo
ruidosameate todas las puertas en el arranque de su
alegría
DeRde la cocina, Eugenia ola su voz que vibraba
con armonías de campana y ri~a de cascabeles. Cuando puso la mesa y ya reunida toda la familia, oyó que
la señora Heurtaut impotent11t ante este desbordamiento de juventua, decia con acento quejumbroso:
-Este muchacho no me tiene compasión. Ay! mis
pobres Lervios!
F.I señor Heurtaut escuchaba á su hijo sonriendo, y
habiendo éste preguntado quién era la que estaba
sirviendo la mesa, le contestó:
-Es !'obrina de nuestra vieja Mariti.
Eugenia !'intió que el joven la examinaba con ojos
audaces y perdió la cabeza. Un rubor súbito le tiñó
hasta la frente; en su turbación dejó caer las cucharas que llevaba en la mano y salió precipitadamente
llena de angustia y desesperación como si le hubiera
ocurrido una desgracia muy grande.
Desde e11e instante ya. no se atrevió á ver á. León
sino á. hurtadilla~. pues se sentía incapaz de soportar
s:n emoción la claridad de aquellos ojazos pol!ados

�310

sobre los suyos. Pero algo de esta luz, un rayo ténue
le babia penetrado incendiándole para siempre el co•
razón y ile consagró á admirar y á amar á su joven
amo con una especie de ardor devoto, subyugada por
su desenvoltura y su el~gancia de pollo presuntuoso
y considerándolo como de una materia superior á la
suya. Jt:ra la primera vez que veía á un muchacho de
tan arrogante figura, de ojos burlesco~, manos blan•
cas y tez cuidad11, y hasta el más leve gesto que hacia,
le quedaba á ella como un recuerdo imborrable.
Pensaba en Leóu á toda hora. inocentemente, con
fervor, en un misterio profundo que nunca debla ser
penetrado, y este germen de amor, B" desarrolló en su
humilde pureza. de flor silvestre nacida á. la sombra y
que ninguna mariposa debla libar.
Corrió el tiempo. Pasados cuatro años, León salió
del Liceo,entróá SanCiro y se convirtió en un militar
desarrollado que llevaba el uniforme con gallardla.
SPguia viniendo los domine:0&lt;1, pero sus visitas eran
más cort..s cada vez y Eugenia se entristecía de ver•
lo serio y melancólico, pues recordaba los arrebatos·
de alPgrla que antes le eran comunes y sus carcajadas que llenaban la casa de alegria. mientras que
ahora tenia un modo de em;tir la voz que revelaba
lasitud y fastidio.
Siempre cuidadoso de su persona, seguía fascinan•
do á. la criada que con precaucióu religiooa, procura•
ba apartarse de él, lo que á León nada le importaba,
pues tenia para ella no más que la con~ideración indulgente que inspiran los obJetos usudes de la casa.
Al llegar ó al irse decía con indiferencia: "Buenos
días, Eugenia, ó adios Eugenia" sin pensar que estas
palabras calan como maná de amor en un corazón ardiente y lo exaltaban didponiéndolo á todas las abnegaciones y á to&lt;1os lo@ sacrificios
Cuando por las uoches cooversal-an los amos, estando de sobremesa, Eugenia ola á la se:í.ora lame:itarse
con voz quejumbrosa de las faltas de León, de sus
deslices con ciertas cría turas del barrio latino y ele
sus orglas en los restaurants nocturnos.
-Vamos, Clarisa, le decla el señor Heurtaut, tú
exageras; todo lo tomas por el ladotrágico ...... Es preci~o ger tolerante ... Este mozuelo tiene veinte años ...
ya asentará la cabeza
Y Eugenia, á. quien la voz incisiva de "la señora"
le desgarraba el alma, se sentia bruscamente reanimada y la tranquilidad renacía en alla al oír el tono
bonachón y conciliador del anciano que, en su opi•
nióo, era un gran hombre. Además. en el fondo de su
alma obscura, admiraba ella demasiado á León, para
que pudieran parecerle viturableR sus acciones. cualesquiera que fuesen, y para no creer ,:¡_ue todo le estu viera permitido.
Por las noches, bajo el techo de su cuartucho, se
entregaba libremente á pensar en León con ingéoua
ternura, dt&gt;Sbhogaba sin reserva su corazón y dejaba
que se debbordara su peligroso secreto en tanto que
la noche arrullaba la c~sa con su a tercio pelarlo silendn P:uu•llnrlOPA por el roducitlo camarín, E11gAni:l
re[J¡,xio11 b1 cnmu una, b;rca la ú u11 ,1 ila,a )!,1chas

EL MUNDO

v.eces lmag;n11ba que él, la estaba escuchando y como no
tenla sér alguno á. quién con•
fiarle las alegrlas 6 las amarguras de su vida, poniase á
contarle en dulce conversa·
ción interior, toda clase de
pequeñeces; le hablaba de su
palis en el que pensaba sin
CP.sar; de sus pa.:!res á quienes
tac. poco ha bia conocido; de •
las miserias de sn infancia y
de las mil espinas de su existencia diaria. Cuando sufriaalgún grave diPgusto, le suplicaba, Imploraba su gracia cayendo á sus pi.is como la esclava cae á los de su señor ó el
crAvente á. los de su Dios.
Sobre una repisa engalal'lada con un encaje de papel y
dos ramas benditas de boj, Eu
genia habla puesto una imagen de yeso de la Santa Virgen,
y encima, fija con dos clavos,
una vieja y amarllleuta fotografla que representaba un
grupo de cnlegia!As de pié en
· un jardln. Eutre elloR se veia
á Lt'ón. de quince años, uni .
formando tal como ella lo vió
por vez primera Encontró este
retrato caído detrás de algún
mueble que removió para limpiarlo, y entonces lo recogió
como un tesoro: único latrocinio que ella se permitió cometer en aquella casa y qut, la
ful'rza. desuamor excusaba.
Todas las noches, al meter•
se ea su frío y duro camastro,
á la luz vacilante y débil de la
lamparilla que humeaba y l'Dvenenaba. el aire con su hedor á. petróleo, contemplaba
largo rato con piadoso recogiimie .to, más el retrato que la
imagen y luego se dormla lloran&lt;10 y rogando á la Virgen
por el joven para que le protegiese.
Gran dicha fué para ella
la propuesta de M. Heuraut,
quien para entretener sus
ocios, ofrecióle enseñarla á
leer. Mucho tiempo hacia que
ella so avergonzaba de su ignorancia y el pensar que instrnvé11dM11 podía agn,dar á
L"ÓII la hi;r,I) v,•ncrr ~in prna

D omingo 16 de Octubre de 189l:s.

Domingo 16 de Octubrede 1898.
las dificultades de las primeras lecciones. Pronto fué
para ella una ·costumbre levantarJos manteles y asear
su vajilla apresuradamente después de la comida, para irstl á sentar de lado "del Señor" y ponerse empei1osamente descifrar las palabraP que Heurtaut le
señalaba con la punta de la uña perfectamente pulida.
y recortada. M entras, "la Senor11 11 inmóvil y tiesa en
su sillón escuchab!l. un poco y lul'go se adormecla
arrulladi por el lento murmurio de las voces. ~plieó•
se con ardor á. la· escritura y pronto pudo enviar con
sencilla vanidad que no ocultaba, cartas pasablemente es •ritas pa• a maese Nigoullet, para la tia Maria,
para un tlo •iue habitaba del lado de Treguler y para.
l'I Señor Cura que le habla dado allá su primera comunión.
.
•
Suij amos estaban contenti. irnos con e 11a, aprecia•
ban su buPDa v ,Juntad para servirlos y hasta la.
st&gt;ñora. ll0 obttante_ su poca locuacidad, se extendla á decir:
- Es una buPnP. muchacha, económica, prudente y
naturalmente adicta.
Era justo porque EugPnia cu.idaba de sus intereses
como si fueran propios, dt-fend1éndolos contra las rapiña&amp; de los proveedores áfin de que aumentaran los
ahorros que al cabo hablan de ser para Leóo.
Sucedla frecu11oteme11te que la anciana stñora se
fastidiaba de estar sola y entonces la llamaba para
que con su lab&lt; r de costura, fuese á hacerle compañía cc.nversando entre tanto dulce y confiadamente
en ia ~erena paz de la casita.
La Heurtaut, llevada por su enfermedad de espi•
ritu á atormenta'r se innecesariamente á propósito de
todo, la decía:
.
-Hija mla, ei nsted quisiera separarse de nosotros,
1\reo que tendría yo gran trab11jo,Para poder reemplazarla.
Y seguidamente ponlase á bac!'rle á. EugPnia insidiosas pregutas que ésta ernuchaba sorprendida, pa•
ra saber si por casualidarl no pens11 ba todavía en casarse ó si algún obrero dti la vecindad le hacia la.
corte.
Eugenia. bastante confusa le aseguraba que ni una.
ni otra cosa sucedían, y que ella no quería separarse
por nada: y no osaba co1Jfia11e que eJ lechero lamolestaba bastante con su manera de verla, guiñando
los ojo~ y de hablarla aproxim~ndose demasiado, co•
sas en que p6rsistia desde bacía algún tiemp.&gt;.
.l!:ra este lechero un mocetón Fólido y de aires vigo•
rosos, de abiPrta y jovial fisonom1a, siempre sonríen•
te, á quien ella encontraba cada vez que iba á buscar
la leche á. la hora de la ordeña.
Para ella era un gran placer ir al establo donde
todos aquellos olores propios del Fitio le despertaban
recuerdos de su país; gustábale aspirar aquellas rúst:cas y desapacibles emanaciones y acariciará. las vacas que volvlan hacia ella sus grandes ojos asombrados y le lamían las manos con su ltrngua áspera y húmeda.
Detrás de ella llegaba el mocetón Guillermo, con
la blusa azul entreabierta, dejando ver un pecho be-

•

1

liudo y dos brazos musculosos que aallan de las mangas arremangadas y llevando un escabel bajito y un
gran bocal de hoja de lata que hacia sonar estrepitosamente. Con su voz gruesa y alegre saludábala con
un: "He aquí á la gri8; he aqui á. la Normanua!"
Empujada por el mocetón. levantábase la vaca lentan1ente du su cama de ~rosera paja y presentaba sus
tetas henchidas. Eugema se aprox11naba con su jarra
para coirer la leche más caliente y acord•ndose delas
costumbres de su niñez. seguta con cuidado la maolobr&amp; hábil y ligera del ord~ñador, mientras la leche
cala rápidamente, salpicando de gotitas blancas las
paredes del bocal y lleoá.odolo de fma espuma nevada.
Animado por su atención, Guillermo se habituó á
darle conversación y de ella resultó que él nabla vivido largo tiempo "º Bretaña dnnde aún tenia parientes. Eugenia se familiarizó mb cc.n esta circunstancia y al fin ambos hablaron de su pais. de sus fami•
!ias y ae las cosechas, según se presentaban.
Guillermo decla frecuentemente:
-¡Oh. yo quiero volverá nuestra tierra; volve1é un
día ú otro .... alquilaré una queBtirla y &amp;eré el duefio
en mi casa.
Y entonces veía á la joven con una sonrisa entre
maliciosa y tierna que parecla traicionar misteriosos
propósitos.
Ella sus?iraba i;in responder, con un aire resignado,
en tanto que su pensamiento enternecido se iba allá
al lejano rincón donde creció y donde tuvo sus primeros ensueños, en la campiña semi-salvaje
barrida por el lejano soplo de la mar.
Esta camaradería se estrechaba cada
d!amásyGuillermo se animaba, sus njos
brilla':&gt;an cuando veia las mPjillas frescas
y sonrosadas de Eugenia. su alto seno y RU
talle esbeito y bien r, doodeado. Entonces
le hablaba con más intimidad, contábale
sonriendo cuentecillos y declale bromas
que la desconcertaban á. veces , pero est!)
era una manera con que él quería man1•
festarle que la encontraba agradable, que
la deseaba y que era su amigo sincero.
Un dia que ella estaba de pié tras de
él en espera de que ordeñara una gorda
vaca blanca que masticaba perezMamen •
te un rP.sOO de su heno fre~co y oloroRO, él
se volvió bruscamente con resulucióo y
atacó la cuestión un poco conmovido:
-Pues bien. el tiempo se me hace muy
pesado . .. ¿Sabe uoted, Eugenia .........?
me marcho á la tierra ........... .
Unicame~te que ... : .. es necesario que
meacompane una muJer .... una muchacha honrada que me quiera ...... tengo
alg,unas economías .... yo tr~bajaré mu•
cho y .. . , .. podríamos ser felices ........ .
¿Verdad1 ....... .
El se calló, asustado por lo que había
dicho y esperó con las manos tembloroeas y ordeñando aprisa, aprisa ..... .
Eugenia no contestaba nada, instinti•
vamente inquieta, pero sin comprender
lo que él babia querid'&gt; dl'cirle.
Por fin él ee resolvió á preguntar tar•
tamudeando:
-En fin ...... ¿esto es hecho? ........ , .
he aqui mi mano .. . .. .
Eugenia consternada, aturdida por la
sorpresa y conmovida por la sioceridaJ
del afecto que revelaba la voz do! pobre
mocetón, se puso á. balbutir excusas:
-Usted es muy honrado, y yo agra•
dezco ........ pero, ...... pero ...... ,. no
puedo, no puPdol
El insistió sorprendido y descontento:
-Pero, ¿por qué?
Las ideas se confnndian en la mente de
Eugenia y no sabia que responder, por•
que tampoco quería e tenderlo, al contra•
río, le apenaba el pesar que iba á causar•
le. Por fin, encontró una frase:
-Es por la señora ......por ella solamente ...... me apena dejarla ..... .
Y buscaba una salida, sus ojos espanta•
dos giraban y velan á lo lejos la calle; de
pronto tomó su partido, dejó á. Guillermo
asombrado y partió lanzándose casi á la carrera sin
volver los OJOS,
El dla siguiente, fué domingo, y Eugenia, a-1 re•
gresar del temple, encontró á la señoraHeurtaut con
semblante grave y contrariado.
-Hija mía, sea usted franca, le dijo la vieja dama;
acaba de verme un joven que desea casarse con usted y quiere saber si usted consiente. Yo no tengo
nada que objetar; usted es U ,re
¿Quiére usted dejarnosl .l!:n fin, cuáles son sus intenciones?
Eugenia l'scoodió la cara entre sus manos y una
tempest~&lt;1 de sollozos se escapó de su pecho; entre
sus gemidos murmuraba: 1Diós mio, oh! IJ.os mlol como si la m~vor dePgracia la hubiese herido.
La señora, cuyos nervios se crispaban con aquel
llanto, preguntó impacientada:
-Por fin ¿quiere Udted casarse ó no?
Eugenia sacudió eoérgicam1&gt;nte la cabeza, con desesperada nt'gación. y la señora. tranquilizada, la despidió con una fria caricia, quedando singularmente
fastidiad .. y sorprendida de aquella rrlsis.
Eugenia, una vez en su cuarto, lloró sin consuelo
durante aquella noche y abrió su corazón ante el retrato y la Virgen, confiándoles su inmenso amor con
frasus cortadas é incoheren~eP.
-¡Dios mio, cuánte lo adoro!. ... jamás podría vivir
al l"do de otro ......... me siento suya para siempre,
aunque él no me quiera, le pertenezco como un perro ftel.., .sin esperar nada y siempre lo amaré!. ...
No rit1seo más que verlo dichoso .... no sentiré odio
Pi e•• 4ue ama otr:t, al cnntr1trio. la querré y la qut'rré
bien puesto que él la quiere .. ,.

EL MUNDO
En la siguiente primavera la señora cuyo estado
nervioso no mejoraba, hizo á su hijo tales escenas,
que éste desertó de la casa durante un mes; pero ta·
les serian las plegarias de Eugenia, que León reapa•
reció con una sonrisa menos obligada que a u tes
Las relaciones de hijo y madre continuaron dificlles, y sus entrevistas tlran penosas La auciaoa, implacable y fria, sentía hervir las amarguras de madre despojada y vislumbraba tras de su hijo á la otra
á. esa que arranca á !os hijos del regazo materno.
Pero la benevo-1.en-eia tran-quila de H111utaut que
fingía no penetrarse del hielo de la atmó~fera ayudaba á. que 1,e mantuviera la situación
Hubo una tregua cuando al salir de San Ciro con
sus galones de Subtenitmte. vino León á anunciar
que iba de guarnición al Mediodía, La tarde que partió oyó Eugenia que la Sllñora dijo sus¡.,irando, a su
marido.
- Y á pesar de todo i;e la lleva.
El anciano hizo un gesto como diciendo. "¿Y qué
quieres? Nada podemod hacer para evitarlo
Eugenia, sangrándole el corazón pensaba en esa
mujer que iba con él á partir su ,ida, á vivirá la
luz de sus ojos. ¡Hacia bien! ¿Quién podía abandonarlo?
Pero desde entonces 11lgo negro la envolvió y em•
pezó á entristecerse de tal modo que tenla siempre el
aspecto embohado de las gtlntes que tienen su cere
bro vacío.

En tres año e León no apareció má~ que dos veces por
la casa y cuando Eugenia lo volvió á ver palpitó con
emoción celeste Durante los primeros dlas vivió lapobre en una atmósfera quimérica. flotando con el vértigo de la felicidad y ni siquiera '1ormla por las noches
para tener más tiempo de pensar en él.
Tanta amargura habla derramado en sus lágrimas,
tanto habla imrlorado al dispensador de todos los
bienes, que su misericordia descendía al fiu sobre ella
y la dicha llegaba de improviso y en in&lt;)sperada forma.
Leon habla vuelto á vivir á. su casa. A las nueve le
llevaba el de3ayuno, y los objetos de que para ello se
servia le parecian como sagrados. La vista de la taza
en que él posaba sus labios para beber la penetraba
de una emoción dulce y la conservaba sintiendo esa
emoción todo el dla.
Cuanto podía retardaba, para contemplará Leon
furtivameute, las pequeñás labores de arreglar su
cual"to, abrir la ventana y prepararle el agua para sus
abluciones, pero le causaba siempre admiración la
perpetua melancolia de las miradas de su amado No
es feliz, se decía, y rogaba á la Virgen todas las noches y todas las mañanas que lo bendijera yse digna•
ra enviarle todas las venturas del mundo
Eugenia acabó por Pospechar que esas tristezas le
veBian del empeño que tenia la señora en casarlo
con una mujer del agrado de ella, pues la lucha entre madreé hijo continuaba sorda con gran dolor
para el señor Heurtaut á quien su mujer exhortaba
para que interpusiera en el caso su autoridad paterna.
Uoa mañana, en los momentos en que Eugenia iba

31l
á salir Jel aposento de León despuéa de servirle el
desayuno, éste 1a detuvo con una frase:
-Prepáreme usted la mll.leta, Eugenia, porque roa•
ñana me voy.
Ella no articuló una palabra, pero se quedó petrificada, mirando A Lt-ón como un condenado á muerte
ve al verdugo qm, le va á cortar la cabeza,
León la examinaha maquinalmente y de pronto
pensó ante esta dócil, impt1netra ble y dulce figura de
criada, en lo monótona qu" sPria aquella existencia
humilde qRe tenla, sin embargo, dfilech-0 á un r-ayo
de felicidad.
Otras eran amadas, deseadas, solicitadas, en tanto
que la infeliz no tenla n»da, doblegada bajo el poder
caprichoso de una ama que pad.. cia crisis nerviosas.
Apiadado y curiodo, dijo pues en voz alta quedando pendiente de la resi:,uesta.
-¿Y se fastidia usted mucho aqul, Eugenia? No
tiene nada de divertido vivir en esta casa.
Ella tembló al otr aquel acento -bondadoso y respondió con voz balbucit'nte
-No, señor Ltón, yo no me fastidio nunca
Iba á agregar: porque lo adoro á usted y pensando
en usted soy feliz, pero calló y bajó los ojos sintiéndose débil bajo el pese de aquel instante dt1 dichas.
Siguiendo t,1 impulso dti piedad que le movió á dirigirle la palabra, Leó11 sacó de su portamonedas una
pieza de oro y la dió á la joven dicióodole:
--Para que se compre usted un vestido.
·
Eugenia conser,ó después un recuerdo
imborrable de este momento en que por
primna y última vez León le manifestó
sus simpatlas.
Algunos meses después y á la hora en
que los señores Reutaurt ePtaban de sobremesa recibieron un telegrama que el
padre de León abrió temblando &lt;·on el
presentimiento de una mala noticia. Apenas hubo recorrido la primera linea dijo
con angustia:
- Está enfe~mo, muy grave, quiere vermt'I y que parta yo en seguida.
La mad~e lanzó un grito y cayó desva•
necida. Eugenia se arroJÓ d0bre su amo
en u.n arrebato de desesperación, le tomó
el telegrama y lo leyó pá ida y abriendo
desmesuradamente los ojos.
-Mi maleta, mi maleta pronto, dijo el
anciano; y sin agregar una palabra, doblPgado por la eu.ocióo salió de su casa y
tomó 61 primer tren en la próxima estación.
En tres dlab no se recibió noticia algu•
na. La señora Heurtaut martirizada por la
inquietud estaba en cama, con fiebre, y
muda y sombda parecia no pensar sio·o
en cos11s IÜgubres. Eugenia pasaba los
dlas y las noches como en el horror de
una pesadilla,hasta que una vez, se sintió
atraida por secreto impulso y corrió á la
iglesia. A!lí de rodillas, oró con las lágrimas en los ojos. y cuando terminó su plegaria se puso de pié, frente al Cristo, fijando en él ms óÍOB que parl'clan dos agujeros sombríos abiertosdelante de un horizonte negro.
¡Veinte y seis años de miseria, de servidumbre, de dolor, venían á presentarse
ante el altar aguardando dela Divina justicia una ráfaga de compasión!
Cuand.&gt; volvió á. su casa se admiró de
encontrar toda11 las puertas abiertas. Entró corriendo entre muchst gente entristeeida y llegó como loca junto al lecho en
que la señora se retorcla en convulsivos
mortales. En un instante lo comprendió
todo y cayó como herida deun rayo dando
un grito desg8l'rador.
Cuando volvió en sí quedó asombrada
de que no se le hubiera reventado el corazón: sentía el estupor del vértigo y la cabeza hueca y adolorida ·
-Vamos, Eugenia, le dijo la portera que
estaha_ conmovida como si su propio hijo
se hubiera muerto, vaya usted á su cuarto
á. descansar un rato, yo cuidaré á la señora.
Dócil y sin iuerzas obedeció Eugenia, pero cuando
abrió la pue, ta de su cuarto sintió como si hubiera levantado la losa. de una tum_ba y volviendo á. bajar la
escalera escapo ~ la calle sm saber donde iria semejante á las fieras heridas que corren locas hast¡la obscura peña en que se dejaran caer para morir.
La isla dormla solitaria y silenciosa. Eug.-nia siguió
á lo largo del parapeto del rlo y la dulzura de la noche esparcida en torno suyo, la envolvió en una caricia dulce, y entonces el pensamiento volvió á su cráneo a· tes vacio.
León habla muerto! Por la primera vez, Eugenia se
formó U!}a idea exacta y profunda de esta Aspaotosa
d.esgrac1a y se represento su cuerpo rígido, sus ojos
sm luz, su boca que ya no hablarla nunca más.
Y siguió caminando, con la vista clavada en la corriente_del rio y diciendo: León, _León, con trabajo,
como s1 le pesara la lengua. La brisaarieciando bor•
daba la superficie de las aguas con pequeñas ~ndulaciones orladas de claridad, entre las cuales surgía
al~o como ~na cara transparente, cuyas pupila~ de
miradas l~Janas, pareclan expre_sarunreprocbe. Luego apareció otra cara y otra y cien y mil que emer•
glan primero y flotaban después como floreb desho•
jadas ....
Entonces en un arrebato, Eugenia trepó rápidamente la escala del muelle para arrojarse al río pero
un grito·vibró á su espalda. rumor de carreras~ ovó
en _el muelle y dos manos robustas se apoderaron de
la Joven.
~ran los gendarmes. y en presenciH. de ellos Eugeuia vol vio de su a ucinacióo y explicó que'como

�Domingo 16 de Octubre de 1898

EL MUNDO

312

se le babia hecho tarde para volver á su casa, por
e PO habla venido corriendo.
Los gendarmes la acompañaron hasta la puerta de
su casa.
La señora H!'urtaut y Eugenia esperaban el regreso del amo, anunciado con anticipación. La señora
instalada eu su gran aillón; Eu~enia poniendo en una
mi&gt;síta la comida del viajero. Ni unaniotra hablaban
abrumadas por los recuerdos, llenas de la ansiedad
de oir de boca del anciano los detalles de aquella
del&lt;gr11cía.
Al fin 1&lt;ntró el señrir Heurtaut, muy envejecido,
con los pasos lentos y el cuerpo pesado. trayendo en
brazos un bulto que puso en manos de Eugenia Esta lo contempló con ojl)s fascinados: era un niñito rubio, de facciones ddicadas y de boca pequeña y
riente.

El señor murmuró temeroso, mirando á su mujer
con ojos de plegaria y señalándole al angelito de
Dios.
-Es el hijito de nuestro León. Lo vamos á recojer ¿verdad?
Profundamente conmovida la señora iba á abrirle
los brazos, pero contenida por un súbito pensamiento
de rencor y de ira gritó:
-¿Y la madre?
-Murió hace seis meses, dijo el señor.
Entonces la anciana tomó al niño lo contempló ávidam.,nte y con voz sorda, salida de lo profundo de las
entrañas, exclamó:
-1Qué lindo! 1Cuánto se le parece!
Y volviéndose á Eugenia se lo entregó diciéndole:
-ysted, Eugenia. usted es la que nos lo va á cuí•

EL MUNDO

Domingo 16 de Octubre de 1898

dar, porque no nos d~jará usted nunca ¿no es asi?
Usteá nos cerrará los OJOS ..•. usted ....
No pudo continuar; se cubrió la cara con las manos
y rompió á sollozar sin consuelo.
Eugenia se apoderó del niño con tran¡¡portes de
fiera. Un delirio de alegria le inundó ~l cuerpo, oleadas frias primero y ardientes en segmda penetraron
en sus médulas; toda la dicha humana que nunca se
babia atrevido á soñar, le vino, real y verdadera de
improviso. Tenia un niño ...... un niño de él ..... . -ylo víó en éxtasis, con toda su alma, y hasta se permitió el supremo placer de besarlo.
Ya se sentla fuerte, más fuerte que nunca, protegida contra todos los infortunios de la tierra.
EoGY.

PAGINAS DE LA MODA
{
1

¡Ya el Ocídente puebla
de sangrientos manchoneR
del sol la mortecina claridad;
y-dragones que aborta la tinieblavan surgiendo del norte nubarrones
cárdenos, que presagian tempestad!. .....
1Luzl...... ¡máR luz! ...... -¡imposiblel Ha expirado la tBrde,
y el valle, el monte, y el espacio azul
se van llenanao de nPgrura horrible ....
¡ay, como tienes, mi dolor cobarde,
horror á las tinieblas! .... ¡Luz!. ... más luz!. ..•

OFRENDA.
A LA CONDESITA DE CASA ROMERO.

Condesita de dulcP-s miradas:
Me han contado tu historia las hadas
Que estáticas velan tu azul cama!ln.
Ell&amp;s dicen que finges dormida
Una virgen de luz circüida,
Ellas dicen que finges despierta
Una blanca madona, cubierta
Con el i:nanto de algún q 11erubin.

JOSÉ BECERRA,

HIMNO DE AMOR AINES.

Indiscretas! También me han contado
Que á la hora de hacerte el tocado
Tu dama,-esa rubia de talle gentilLlega un silfo de aspecto arrogante,
Y animoso, y coqueto, y triunfante,
De tus ojos al claro destello,
Se entretiene en col¡rar de tu cuello
Las alhajas del príncipe Abril.·

Por fin llegaste! Te di una cita
ha muchos años, en los albores
de mi existencia llena de cuita,
y te aguardaban, mi vírgencita,
¡todos mis sueños y !!!ÍS amores!
Por fin llegaste! yo no sabia
que te acercabas gentil y ufana,
más me lo dijo la musa mía
por que mi numen te presentía
como á una novia, como á una hermana,

Y que luego, al prenderte al corpiño
Las camelias de pálido armifío
Que á un gnomo robara galante doncel,
A la vez que la riente fontana,
Su aderezo de perlas desgrana
En cadencias muy suaves, muy suaves,
El espléndido coro de aves
Que aprisiona tu lindo verjel.

•*•

Cerebro triste, cerebro mio
que tiritabas lli:no de frío,
alma clavada sobre una cruz,
alma vencida por los dolores,
ya teneis auras;ya teneis flores,
ya teneis vida, ya teneis luz.
Cantan un himno mis ilusiones,
pisan estrellas de oro mis pies
y en mis ensueños y en mis canciones
y en mis delirios y en mis visiones
h"Y este nombre de fuego: Inés!
Inés, escrito miro en el cielo,
Inés, las linfas del arroyuelo
van murmurando; tu nombre es
música excelsa, divino arrullo;
Inés, suspiran con dulce orgullo
mis pensamientos: Iné,, InéS!
Mis ilusiones, las golondrinas
que antes batian en 1as ruinas
sus leves ..las de tornasol,
si en tus miradas de luz las bañas,
van al alero de tus pestañas
buscando nido, buscando sol. .....

Y en las tardes murientes de Mayo,
Que al fulgor del glorioso desmayo
Que hunde entre nubP-s de púrpura al sol,
AtravieF&amp;s la verde llanura
Donde el agua rodando murmura
Y anhelante deshojas mil flores,
Comparando sus vivos colorPs
A los tenues de occiduo arrebol.
La hemos visto-aseguran -de noche
Cuando ya ha replegado su broche
'
La pompa soberbia del mundo floral,
Desde el fondo sin luz de la ojiva
Escuchando, curiosa y altiva,
La canción de nocturna rondalla,
Que en los plectros feliz i,¡e avasalla,
Frente al viejo caatillo condal.

•**

Cómo te sigue mi pensamiento!
Oirás sin duda doquiera estés,
algo que fmge rumor del viento,
nota perdida, lánguido acento,
que suspirando tti dice: Inés!
Ah! tú no sabes los celestiales
dones que vienen contigo á mi:
has dado flores á mis eriales,
alas potentes á mis ideales
y fé á mi alma, p11es creo en ti.
Oh! no me olvides, oh no me hieras,
por quien más ames, por quien más quieras ...•
mira quemí alma ~i tu la ves
su vuelo al trono de Dios levanta
y un himno inmenso de gloria canta,
un himno inmenso q •te dice: Inés!
X. Y. Z.

•*•
Ya las hadas se van, condesita,
Pero en prenda de próx'ma cita
Me dejan un ramo y un rojo listón,
De los cuales con gusto rometo
No contarle á ninguno e secreto . ...
Entre tanto, Margot, guarda el ramo
Y,-libélula de oro que amoBeba nectar en él tu ilusión.

f

EDUARDO MELO Y ANDRADE,

México, Octubre 9 de 1898.

DE "ACUARELAS''
I.
Ya asoma en en el Oriente
festiva y temblorosa,
la nacarada luz del nuevo sol;
y al beso de la aurora sonriente
se matizan de ambar y de rosa
los celajes que el céfiro rizó.
El Orto se abrillanta,
Sélo quedan gírones
de la nocturna y recia temptistad;
¡a.y, cómo el nido se despierta y cantal
¡cómo se alegran ya los corazones
al destello del sol crepuscular!

r

La luz serena el viento ....
1qué profunda es la calma
en lo infinito del espacio azul!
¡Descansa, mi dolor: también yo siento
que penetra hasta el fondo de mi alma
el benéfico rayo de la luz.

II
Ya apresura su vuelo
la avecilla medrosa;
se entristece la tierra: ¡muere el sol!
¡cómo van desgarrándose en el cielo
los celajes de na.car, que de rosa
el beso de la aurora matizó!

LUZBEL
J ehováh feliz la concepción máP bella,
Allá en lo eterno, refractó en su mente:
Era un arcángel cuya hermosa frente
Bañaba el iris de su limpia estrella.
Un rastro de diamante era su huella,
Una aurora de oro era su ambiente,
Y era su cauda un lampo transparente,
Bordado del fulgor de la centella.
Ptiro el .lircángel mirase en si mismo;
Envanecida la criatura loca,
A su Criador atrévase insensata ....
Rásgase entonces el eterno abismo,
Y, contra el filo de candente roca,
Su orgullo estrella la beldad ingrata.
JOSÉ MARÍA RODRIGUEZ Y Col!!,

FIGURA 1.-TRAJE PARA TE.

313

�Domingo 16 de Octubre de 189b.

--=81=4=============-==============,;E~L~MU~ND~~º:.:.,=====--==-==========~º;..:º:.=miugo 16 de Octubre de 189i

.j

Fig. 2 -Traje parislt-nse de Otoño.

Hia-iene de la infancia.
(CONCLUYE)

Nosotros creemos que no ee debe tener al niño demasiado envuelto, por&lt;iue además de que las muchas
envolturas le impiden extender sus miembros con libertad, la transpiración cutánea que siempre viene
acompañada como toda st1creción de productos acres
é irritantes, (urea, ácido úrico, etc ) por la sudación

estas eubetAncias,debida á ~ue propiedadee,producen
una irritación en lo~ t?jidos, dando orígen á escoria·
ciones en las axilu, en las ingles, etc, escoriaciones
que mucho hactin llorará loe niños, pudiendo las madres evit11r estos sufrimientos á sus hijos por los cuiuadra convenientes
Debe. pues, la madre cuidar que el niño se encut1ntre en el mejor estado de aseo que le permitan sus facultades, por con~iguiente, somos de opinión que a!
niño se le bañe, fe le cambien frecuenttimPnte sus ropas, que se inspeccionen el cuello, las axllal'. las ingles y tt,das las rartes en que la piel de loe niños for·
mi\ urugap ó pliegues, á fin de evitarl"s mole~tias
que mucho los hacen sufrir, ocasionándoles el intértrigo (vulg Pscaldadura~). Para corregir estas IDl\nifi,st~cionee bueno ee que dtispuée dti bañar al niño
diariamente, y una. vez inspeccionadas la~ parteR anttis dichas, se lee aphque en ellas polvo de almidón,
de haba. de licopodio. f'tc. El baño produce en el niño
b11stante biene.tar. y hemos podido observar con cuánta avidez el niño busca el agua dtil baño, que Je produce además del bienestar, un sueño tranquilo y quizá rt1parador.
A medida que el niño crece ee deben cambiar sus
v~stidos por otros que estén en rtilación con su crecí·
miento y sus movimientos, que de día en dia se hllcen
más marcados. y que si lo condenamos á tener siemprfl ha~ta mayor edad con fil uso de los mismos, po•
driamos originarles algunos defectos en su conformación física
Alguhas madres quieren que sus hijos aunque no
tengan una edad conveoiPnte, que usen calzado; ei se
exctiptúa e! de el't11mbre, único que pueden usará titulo de abrigo, c_ualquier otro es perjudicial, porque
n~ es~ando los mños aptos para explicar la inconvelJlf'IDCIIL del calzado, puede éste ocasionarles algunos
defoctos en su aparato locomotor. Todos sabemos que
el uso de él es un preservativo único de nuestros piée
contra 1a rudeza del suelo, y que te11iendo po: objeto
preservarnos d~ las lesiones qu~ las asperezas del pitio pueden ocasionarnos á los que ttinemos que hacer
uso de estos órganos p ua caminar juzg11mos, pues,
inn11cesario é iuconveuiente el uso riel calzado propiamente hablando, y para decirlo de una vez, que
puede ser perjudicial pasa el niño, que por eu cortll'i·
ma edad para los dias de su vida en brazos de la madreó la niñera.
Michel Levy juzga mal el uso de la franela como
prenda de vestir para loe niños; se exagera el uso de
este artfcu!Q para abrigarlos, para guarncerlos contra
loe cambios atmosféricos que tienen su utilidad al
punto de vista de la calorlcidad. La franela según él,
hace á los IJiños delicados, enfermizos é indolentes.
Ac3:rrea la bUciedad por la impregnación de las emanaciones cutáneas. Douné !!ree que en loe niños no es
tan dificil ni tan peligroso como se cree despojarlos
del uso de la franela de,puée que la han llevado mucho tiempo.
El dormitorio del niño no debe ser ni dema~iado caliente ni demasiado frío; ee evitará sobre todo acostarlo en el lecho de la madrti ó de la nodriza, se le
acobtará en una cama aparte bastante bien aerel\da,
41:lDI?- temperatura de 19 á 20º. centlgradoe. Deben supr1m1rse l11s colgaduras que impiden que el aire circule libremente en su lecho. Michel Levy I\Coneeja no
ac•&gt;etumbrar á loe niños á dormir sobre los brazos ó
19:s _rodillas, porque se lee expon1.1 á tomar actitudes
v1c1oeas,
En. cuanto á los cuidados de limpieza, é3t.:&gt;e tienen
una importancia capital en la higiene del niño; de.,de
e! m omen~o en que ha ensuciado sus pañales, tia precieo cambiárselas para evitar que todo11 loe productos df? secre_ción p~oduz&lt;?an irritaciones en la piel excor_aciones, intertrigo, eritema, etc.), tiene también por
obJeto el cambio dti ropa, que la humedad no les produzca cólicos y algunas veces hipo que ea tan moles•
to para loe pequeñitos Las funciones de la pi!ll serán
manEenidaR por baños frecuentes á una temperatura
de 2;)º á 30° centlgrado~, abluciones, lociones cuya temperatura 11e irá graduando paulatinamente hasta 10º
Y 1~º centígrados, estas lociones frias serán hechas
rápidamente y seguidas de fricciones con un lienzo
s~ave. Será algunas veces necesario suprimirlas, por
eJemplo en el invierno, sobre todo si et niño ee delicado ó enfe~mizo. Como seria imprudente y peligroso
sacar al mño antes de lo&amp; quince dLs de su nacimiento á_ la callt,, ..obre todo en los tiempos fríos. es convem .. nte hacer constar el nacimiento á domlcilo en el
Estado Civil, as! como se practica en lae grandes ciudade~ de Europa. Unl\ vez habituado el niño al aire
exterior, será preciso hacerle salir, á lo menos una
vez ~odos loe días durante una. dos, tres ó más horas
segun las estaciones y las condiciones atmosféricas.
Se deberá evitar en el recién nacido CGn gran cuidado, la acción del frlo que puede lleg11r á ser el punto de partida de afecciooeR más ó menos graves ta·
les como la hicte1•:.a. esclerema de los recién nacidos
brf!11,quitis, coriza. peunomanía gastro-entiritis, oftalmias, todo de forma catarral
Muchas madres con ese amor rayano en egoiemo
qu.ieren que á eue pequeños no lee dé ni el sol ni luz'
ni aire. y encierran á la niñera con el nido ti~ la re'.
cámara casi herméticamente, y el niño que necesita
desde sus prfmeroe dias, _un aire puro, saturado de
oxigeno, respira al contra:10, un aire cargado de Jae
impurezas cun que se vician los airee confinados en
l~s habit~ciones. Todos sabemos la poderosa hifluenc1a que tienen sobre nuestro organismo los elementos
atmosféricos, luz, aire, etc., la no menos poderosa de
loe rayos solares, y cómo ee modifican nuestros tejidos al contacto de esos p_oderosoe elementos. ijo por
eso queremos que el mno permanezca á la intemperie, pero si, que con un poco de cuidado y prudencia
el recién nacido reciba ei beneficio de tales elemen!
to~, que se v~ntile la bllbitaclón p!'ocurando lascorr1PntPs de aire en el departamento debtinado para
su habitación.
Ya hemos hablado algo acerca de los cuidados que
· deben tenerett con los recién 1:1acidoe y vamos a~ora
á ocuparnos de la parte más importante que requiti•

315

EL MUNDO

modifican profunda y rápidamente la cons~itución ~e
la leche, s,,n á menudo la cauda de convull!iones, dia·
rrea ó ataques epileptiformes
La extrtima excitabilidad del sistema nervioso, la
manta puerperal, la alteración de las facultades 1nentales, un tempernmento dl'masiado linf1tico y la prediRpORición á la tisis pulmonar, la debilidadad congenital ó adqu.frida, tite, son también otras tantas causas que ijtl oponen ó contra indican la lactancia
maternal.
Por parte del niño, es imposible Po ca11os de labio
leporino, adherencia anormal del freno. de la lengua,
di visión de la bóveda palatina ó dtil velo del paladi&amp;r,
etc.
La lactancia de una nodriza, requiere, para ser
buena, algunas indicaciones indispensables qu~ nunca deben descuidar los padres de un recién nacido, Y
deberán ser muy flxigentee tanto en lo físico como en
lo moral para la adquisición de aquella.
Según Devergie, loe caractert1R que dl'be tener una
buena nodriza, son su edad df'I 25 á. i:!O años; más allá
d11 eRta edad, las buenas nodriz11s son ruas, su COn$titución debfl ~er [unte, de pecho ancho, temperamen•
to sangutneo linfático. cabello.~ negros, dentadura sa
na senos piriformes con pezones claramente marcados
sin una demasiada dilatación de las venas. Tanto come st&gt;a posible no será primípara, porqu~ m!entras
más hijos haya tenido, t~udrá más exp,menc1a respecto de loe cuidados que rflclamala pr!mera edad, se
preforirá una nodriza casada á una célibe, ofreci~ndo
ésta menos ga:antias de buena conducta y moralidad;
toca al médico de consulta dará los padres estos consejos por Jo que se relaciona con la buena salud de
eue hijos.

r

LAS HER.OIN AS.

(

RAFAELA LóPEZ AGUAYO:DE RAYÓN.

Fig S -Desha.btllé lVatteau,

t

Fig. 3.-Traje de paño.
ren todos sus órganos, todos sus aparatos, en suma,
todo su organismo, pllra conservarse siempre resistente y poder l'Oportar loR atHques de procesos patol~gicos inherentes á su edad Vamos á hablar de la ahmentación.
Entendemos por alimentación el arte de introducir
en nu~stro organismo. cuerpo.9 de naturaleza complexa
y bastante,. para reparar tas pérdidas de todos nuestros tejidos.
Y llamamos alimento tuda substancia que introduci-

da en el aparato digestivo, es c~paz de clar los elementos de reparación ií nuestros tejidos y los materiales
del calor animal. (Beclax d)
Es sobre todo en la primera infancia que la alimentación desempeña un papel importai,te.
Está hoy demostrado que la lechfl debe ser exclusivamente el primer alimento del niño y la base de eu
alimentación duraute todo el tiempo de eu primera
edad; la eetru ctura anatómica de la boca en esta época de lil. vida. hace imposible la preheosión, la masticación y la inEalivación de loe alimentos.
La pr1mera secreción láctea ó calostro es indispen sable en el recién nacido, 110 porque le purgue Rlno
porque ee un quilo dado por la madre, una emulsión
natural que no puede reemplazar ninguna otra artificial. Algunos autores quieren que transcurr11n veinticuatro ó cuarenta y ocho horas para dar al niño el
pecho; pero Michel Levy cree que no ee necesario esperu tanto tiempo. que si el estado de la mlldre lo
permite, se puede intentar dárselo de diez á doce horas después del l\lumbramiento.
La lactancia puede ser natural ó artificial.
La lactancia natural es proporcionada por la madre, por una nodriz" ó por un animal doméstico, de
ah!, cuatro variedades de lactancia: 1ª la maternal, 2"
la ministrada por una nodriza, 3° la que proporciona
un animal, 4~ la proporcionada con ayuda de un instrumento, biberón, cuchara, etc. El más usual ee el biberón.
Vamos aunque someramente á estudiar cada una
de estas formas de lactancia, siempre convencidos de
nuestra insuficiencia, la que deja innumerables vacíos que sólo vuestra indulgencia puede llenar.
Comenzaremos primeramente por la lactancia maternal.
F!sta es sin discusión alguna la única que deberla
siempre ser empleada, interesando esta conducta tanto á la madre como 1tl niño.
Por parte del niño, éste encuentra en la leche de su
madre el alimento n;áe apropiado á ·Rus necesidades
y i'UB órganos.
Hay algunas circunstancias que pueden modificar
la lactancia, y éstas pueden dependtir dti la madre ó
del niño.
El estado general de la mujer, las emociones vivas,

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Es digno de uol\ espartana el rasgo que hact1 entral' á tisa dama en el coro di, las heroínas. dfl la Independencia de México. E~tao_do _Don Igna_c10 Ra.yó~ ª!1
la Hacienda de Cóporo, (D1stnto de Z1tácuaro, M1choacán.) recibe la noticia de que. s_u hermano Don
Franci,;co habla sido hecho pns1onero en Tlalpuja hua, por el corone_! rea.lista Don Martin
Matias de Ao-nirre, qmen ofrticla perdonar18
la vida 11i o.;'n Io-nacio ab1ndonaba la causa
de loe insurge;,ed. Don Jgn ,cio sabia bien
lo que le m"ndaba el deb11r; pero lo consulta
con su anciana madre. y ésta, a.bogando su
sentimiento y dejando que las lágrimas Je
quemaran interiormente til cor_azón. le ordena diga á Ao-uirre que podla rnmolar 1\. !U
hermano; que ella h.1cla el sacrificio de él en
aras de la patria.

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Fig. 7.- Cawisa ltlarfa Teresa

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MANUELA MElDINA,

El Licenciad,, RoPains, secretuio del gran
Flg. 6.-Trate de Srita para Ga.rden Party.
M.orelos, consagra en el diario de ?pera~lo•
nesqueescribia, este recuer.ioála mtrép1da
amazona:
Auxilios á los ahogados.
"Dia 9 de Abril, (miércoles) Hoy no se ha heci10 fnego ninguno. Llegó en estedia, ¡. nuAstro campo, Doña.
Manuela Medina, india natural .~eTt1xcoco, mu¡er exLa respiración artificiRl debe ,er practicada para
traordinaria á quien la Junta d10_ ~l tltu,o de c~pita- ahogados, para los asfixiados y para los envenenados.
na porque ha h11cho varios serv1c1os á la nación Y Si al cabo de tres hoe11s de esfuerzos coLtinuos el paac:editádose por ellos, pues ha levantado una compa- ciente no recobra la vida, será inútil continuar.
ñia y se ha hallado en siete acciones de guerra. Hizo
Manual operatorio.-!º Colocar al asfixiado en un
un viaje de má~ de 100 leguas_por c~!loctir al Gendrl!-1 sitio ventilado que no esté demasiado caliente; desl\forelos, deepué~ de haberlo visto, d1¡0 que ya mor1- nudarlo y acostarlo, la. parte alta del cuerpo ligeraria con ese gusto, aunque le desp3daz.i.se una bom- mente elevada, pero la cabeza inclinada hacia atrás;
ba dA Acl\pulco."
cubrirlo con manta, con paja ó heno Sep11rar las manDoñ11 Manuela Mfldina murió en la ciudad de Runa- dlbulas, mantenerlas abiertas por medio de una
cimiento en marzo de 182-2. Se atribuvesu m •1 erte á cuchara ó de un trozo dfl madera, atraer la lengua
dos herieas de lanza que recibió en un combate y que hacia afuera con los dedos enrollados en un pañuelo
año y medio la tuvieron pootrada en el lecho del y confiarla á un ayudame.
. .
2º Mientras que los ayudllntes fr1cc1onan el cuerpo
dolor.
con alcohol ó franela seca, hay que colocarse á la caLA GElilERALA CATALÁN.
beza del asfixiado, tenieudo cuidado de desobstruir
En uno de esos puebiecitos que se esconden .e~tre y limpiar las ventanas de la nariz y la boca si hay neJa11 arrugas de las montañas del Sur, es,aba sitiado cesidad; coger los brazos cerca del codo, el dedo pulel General Catalán, que ttiula á sus órd:en~s un puña- gar hacia adelante: apovar lateralmente sobre la caja
do de valientes. Pero la rendición era 10d1spensable. toráxica por el intermedio de los brazos, y llevarlos
No era que faltase el valor: era que hacia algunos después, haciéndoles describir, lateralmente un circudias que las provisiones se hablan agotado y el desaliento habla invadido á los insurgentes algunos de los
cuales veían la capitulación como. halagüeña eApe•·
ranza. Eran los mc,mentos más crit1cos, cuando la esposa del General seguida de un grupo numeroso de
mujeres. ee presentó al cllmpamento.
-Venimos-dijo- porquti hemos hallado la manera de ser útiles á nuestra patria: no P?demoe p~lear
pero podemos servir de al1ment.~I Vemmos á 1!1or1rly dando el eje'.llplo de abnegac100 sacó del cinto UR
puñal y ee lo llevó al pe..:ho: cien hr_azos se lo ~rrancaron al mismo tiempo que un alar1do de entusiasmo
aplaudla aquel rasgo sublime.
El desaliento huyó como los fantasmas con la luz
de la mañana: las mujeres se armllron d~ machettis
y garrotes y salieron á pelear co1_1 el enemigo:
Casi todos los insurgt1nti,s murieron pero nmguno
ee rindió.
VIRTUDES Mll)OICINALBIS DEL AGUACATE,

1

.

\ . ¡/
\ • j
,A, ¡

Este fruto tan delicioso y alimenticio también ~e
medicinal. Contiene un aceite inm jorable para evitar la calda del pelo, y el j_abó~ hecho con él es exe:elente para sullvizar el cutis, siendo además el me¡or
emoliente para la gota.
.
La semilla fresca y molida, disuelve los panadizos;
y seca y pulverizada después de tostarlo, es un remedio eficaz para las diarreas.
Con el zumo de la semilla se marca la ropa de una
manera indeleble.
0

�Domtn,ro

EL MUNDO

316

lo sobre la cabeza del paciente: volverlos á llevar
al tórax, apretar y tirar así sucesiv11ment~. El movimiento completo debe ser practicado de 15 á 18 veces
por minuto. Al mismo tiempo, 1&gt;l ayudante que •ostiene la lengua deberá ejercer sobre ella tracciones alternativas, correspondientes á los movimientos impre11oe á loe brazos. (Efte procedimieIJ to indicado por Mr.
La borde, ha dado excelentes resultados) Se o:ve el
aire que entra eilbanJo y la reepir11ción se restablece
poco á poco si se han tcm..do todas las precauciones
necesal'ias.

16

de Octubre de 1898

FIG. 6-TRAJE DE SEÑORITA PARA GARDEN PARTY

Es de gasa blanca y azul con un gra!l plissé en la
falda, limitado por un bordado azul pálido y blanco.
El cuerpo 011 todo phssé con un gran yoke bordado, y
graciosas espaldetas.
FIGS 7, 8 y 9
Dos elegantes c11misas y un deshabillé Damos bajo estos uúmeros tres graciosos modelos oe casa de
última novedad. La camisa Maria Teresa, es de noche en nansouk blanco; el deshabillé hácese en batisti ó en surah , la camiea segunaa que también 11s
de noche en pe~cal blanco, guarnl'cido de bertha orlado de u'na veneciana y un eutredós.

. ...._,,...._.

CRNSERVA DE DURAZNO.

TOMO II

:MEXICO, OCTUBRE 2~ ~E 1898

•

NUMBBO l'f

FJG. 10-EOM"!IRERO RODA.

Todo hecho de raso y plumas La falda ó calota PB•
tá formada con el raso, y de él surgiendo las aos alas
y un pen11cbo, de muy buen guRto. El raso forma á
la izquierda un moño muy hermoso.

Se pone al fuego un cazo con a¡rna á la que se le
añade una cucharada de ceniza; luego que esté hirvit&gt;ndo se ponen en 1&gt;lla los duraznos y cuando se les
empiece á levantar el pelll•jito se sacan uno á otro, se
restrt&gt;gan con una servilleta hasta que queden bien
mondados, y se echan después en agua tibia. En se·
guida se hace un al mi bar cllmficado y dt&gt; medio punto en el cual se echan los duraznos para que hiervan
por e~pacio de media hora; pa8ada é,ta, se apartan
del fuego, y se guardan en un trasto de barro
Esta operación se repite por cinco días consecutivos para que la fruta quede bien conservada; el último día, despu~s que hay~n hervido. rn le añade azúcar al almibar, se pua éHe por una servilleta húm11da, se vuelve A ponrr al fut&gt;go hafta que t&gt;sté de pun•
to, y en seguida se vierte ~obre los duraznos.

Otro DB[O

FIG. 2-TRAJE PARI&gt;JENSE DE OTOÑO,

FIG. 3-TRAJE DE PAÑO.

Es de paño de otoño. 111111rgado. con una caPaca fantasia de hermosisima factura, con solapas capricho•
sas, abierto sobre una camisa de batista pliseé.

dB

"LA MUTUA"

RPcibi de 11Tbe M11tu·ll Life I11~nrance Compan;v,
of New York" 111 •nma de ($14,287) catorce mil
doscientos ochenta y siete pesos plata muícima asi:
$10000 suma asegurada, y
$04 28"7 por devolución de
premios, en p&amp;go total d11 &lt;'uan~os dnethos s~ deri•
van de la póliza núm "760 832 bs¡o III cu~l y á m1 fav,,1·
estuvo asegurada mi fi11ada espo~a Dona

ISA.BEL HERRERA DE V ..l..Z(t,UEZ.

FIG. 1-TRAJE PARA TÉ.

Es de Sarga de lana y seda gris' perla, con un iacquet militar de hermosa factura, cruzado de alt&gt;til,as
fijadas con botones fantasla, las cuales ornan también
las mangas.

$14)287.00

En Guadalajara, (Jalisco)

NU EST.R OS G .RABADOS
Está hecho de piel de seda rosa vieja brocateado
en azul con figuras de guias. forma una gran casaca
orlNda de volant"s sobre una toilette d11 tul de sPda
pfüsé orlado también de volantes graciosos Cuello
Valois.

dB

INTERIOR DE LA CATEDRAL DE MORELIA.

Fig 10.-Sombrero Roda.
4 -TRAJlll FANTASÍA.
Es también de paño, con ca~acón, formando en el
cuerpo como un doble cors,·lt&gt;te y en la falda como
una doble museta, ambos ahlntos sobre un gran plissé de gasa m11y ceñido. Gran corbata papillón de
muselina de seda.
PIG 5 -TOILETTE OBSCURA CON BANDAS.
Es de paño de otoño gris acero con jacquPte figurada, que asi como la fqJda estl\. orlada de bandas
bordadas de hilo de seda, en dibujos sobrios pero
muy elegantes.
FIG.

y para la df'lblda constancill en mi carácttir de beneficiario ne mbrado en la póliza, extiendo "l prest&gt;nte
recibo en la misma póliza que ~e devuelve á la Compañia para su cancelación en Gua~alajara, (Jalisco,)
á veintidos de Agosto de mil ochocientos noventa y
ocho.
Firmado.-Miguel Vázqnez.
Un"B timbres por valor ae $14 30 ctd u1;.b1damente
cancelados.

r

Un timbre de$ 050 cte. debidamente cancelado
Salvador ~spaoa, Notario Supernumerario de e~ta
Municipalidad, Certifico que el sntnior recibo fué
suscrito en mi presencia por el Sr. D Miguel Vázquez, á quien doy fe conocer asi como de q11erecibió
de la Sucursal del Banco de Londres en Peta ciudad
la cantidad que Pe expresa en el mismo Do_v fé.
Guadalajara, Agosto veintidos de mil ochocientos
noventa y ocho.

Firmado.-Sah--ador Es¡,aña.

ALMACENES
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~LA REFORMA DEL COMERCIO~
ESQUINA DE LAS CALLES DE TACUBA Y EMPEDRADILLO
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(Fotografia de la Escuela Porfirio Diaz, di' M01·1•/ifl, Jara "Et Jlundo .)

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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        <name>Abnegación</name>
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        <name>Comandante Marchand</name>
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                    <text>Domtn,ro

EL MUNDO

316

lo sobre la cabeza del paciente: volverlos á llevar
al tórax, apretar y tirar así sucesiv11ment~. El movimiento completo debe ser practicado de 15 á 18 veces
por minuto. Al mismo tiempo, 1&gt;l ayudante que •ostiene la lengua deberá ejercer sobre ella tracciones alternativas, correspondientes á los movimientos impre11oe á loe brazos. (Efte procedimieIJ to indicado por Mr.
La borde, ha dado excelentes resultados) Se o:ve el
aire que entra eilbanJo y la reepir11ción se restablece
poco á poco si se han tcm..do todas las precauciones
necesal'ias.

16

de Octubre de 1898

FIG. 6-TRAJE DE SEÑORITA PARA GARDEN PARTY

Es de gasa blanca y azul con un gra!l plissé en la
falda, limitado por un bordado azul pálido y blanco.
El cuerpo 011 todo phssé con un gran yoke bordado, y
graciosas espaldetas.
FIGS 7, 8 y 9
Dos elegantes c11misas y un deshabillé Damos bajo estos uúmeros tres graciosos modelos oe casa de
última novedad. La camisa Maria Teresa, es de noche en nansouk blanco; el deshabillé hácese en batisti ó en surah , la camiea segunaa que también 11s
de noche en pe~cal blanco, guarnl'cido de bertha orlado de u'na veneciana y un eutredós.

. ...._,,...._.

CRNSERVA DE DURAZNO.

TOMO II

:MEXICO, OCTUBRE 2~ ~E 1898

•

NUMBBO l'f

FJG. 10-EOM"!IRERO RODA.

Todo hecho de raso y plumas La falda ó calota PB•
tá formada con el raso, y de él surgiendo las aos alas
y un pen11cbo, de muy buen guRto. El raso forma á
la izquierda un moño muy hermoso.

Se pone al fuego un cazo con a¡rna á la que se le
añade una cucharada de ceniza; luego que esté hirvit&gt;ndo se ponen en 1&gt;lla los duraznos y cuando se les
empiece á levantar el pelll•jito se sacan uno á otro, se
restrt&gt;gan con una servilleta hasta que queden bien
mondados, y se echan después en agua tibia. En se·
guida se hace un al mi bar cllmficado y dt&gt; medio punto en el cual se echan los duraznos para que hiervan
por e~pacio de media hora; pa8ada é,ta, se apartan
del fuego, y se guardan en un trasto de barro
Esta operación se repite por cinco días consecutivos para que la fruta quede bien conservada; el último día, despu~s que hay~n hervido. rn le añade azúcar al almibar, se pua éHe por una servilleta húm11da, se vuelve A ponrr al fut&gt;go hafta que t&gt;sté de pun•
to, y en seguida se vierte ~obre los duraznos.

Otro DB[O

FIG. 2-TRAJE PARI&gt;JENSE DE OTOÑO,

FIG. 3-TRAJE DE PAÑO.

Es de paño de otoño. 111111rgado. con una caPaca fantasia de hermosisima factura, con solapas capricho•
sas, abierto sobre una camisa de batista pliseé.

dB

"LA MUTUA"

RPcibi de 11Tbe M11tu·ll Life I11~nrance Compan;v,
of New York" 111 •nma de ($14,287) catorce mil
doscientos ochenta y siete pesos plata muícima asi:
$10000 suma asegurada, y
$04 28"7 por devolución de
premios, en p&amp;go total d11 &lt;'uan~os dnethos s~ deri•
van de la póliza núm "760 832 bs¡o III cu~l y á m1 fav,,1·
estuvo asegurada mi fi11ada espo~a Dona

ISA.BEL HERRERA DE V ..l..Z(t,UEZ.

FIG. 1-TRAJE PARA TÉ.

Es de Sarga de lana y seda gris' perla, con un iacquet militar de hermosa factura, cruzado de alt&gt;til,as
fijadas con botones fantasla, las cuales ornan también
las mangas.

$14)287.00

En Guadalajara, (Jalisco)

NU EST.R OS G .RABADOS
Está hecho de piel de seda rosa vieja brocateado
en azul con figuras de guias. forma una gran casaca
orlNda de volant"s sobre una toilette d11 tul de sPda
pfüsé orlado también de volantes graciosos Cuello
Valois.

dB

INTERIOR DE LA CATEDRAL DE MORELIA.

Fig 10.-Sombrero Roda.
4 -TRAJlll FANTASÍA.
Es también de paño, con ca~acón, formando en el
cuerpo como un doble cors,·lt&gt;te y en la falda como
una doble museta, ambos ahlntos sobre un gran plissé de gasa m11y ceñido. Gran corbata papillón de
muselina de seda.
PIG 5 -TOILETTE OBSCURA CON BANDAS.
Es de paño de otoño gris acero con jacquPte figurada, que asi como la fqJda estl\. orlada de bandas
bordadas de hilo de seda, en dibujos sobrios pero
muy elegantes.
FIG.

y para la df'lblda constancill en mi carácttir de beneficiario ne mbrado en la póliza, extiendo "l prest&gt;nte
recibo en la misma póliza que ~e devuelve á la Compañia para su cancelación en Gua~alajara, (Jalisco,)
á veintidos de Agosto de mil ochocientos noventa y
ocho.
Firmado.-Miguel Vázqnez.
Un"B timbres por valor ae $14 30 ctd u1;.b1damente
cancelados.

r

Un timbre de$ 050 cte. debidamente cancelado
Salvador ~spaoa, Notario Supernumerario de e~ta
Municipalidad, Certifico que el sntnior recibo fué
suscrito en mi presencia por el Sr. D Miguel Vázquez, á quien doy fe conocer asi como de q11erecibió
de la Sucursal del Banco de Londres en Peta ciudad
la cantidad que Pe expresa en el mismo Do_v fé.
Guadalajara, Agosto veintidos de mil ochocientos
noventa y ocho.

Firmado.-Sah--ador Es¡,aña.

ALMACENES
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11

(Fotografia de la Escuela Porfirio Diaz, di' M01·1•/ifl, Jara "Et Jlundo .)

�I'

EL MUNDO

318

LA SEMANA. La consagración de la Catedral de l\forelia que
ha dado oca~ión á una temporada de fiestas religiosas y populares en la 11ntigua V!llado!i~, atrae
la atención de la inmensa mayona catohca del
país y un gran concurso de fieles.
Morelia es una vieja ciudad dP. abolengo en
nuestra historia, Nació en el siglo XVI, en plena época de la rfervescencia polític11 y social que sacudió
las incipientes nacionalidades del antiguo continente, arrastradas en contrarios movimientos de
adelanto ó retroceso, por la Reforma luterana y
por el gran Emperador, por las intrigas de los
Guise y por la difusión de la cultura helénica.
El escudo rlc armas concedido por Carlos V á
la nueva ciudad, vino á engastarse en la heráldica c0lonial para presidir esa larga vida inerte de la
época,-la. vid11 de las ciudades esp,iilolas de América. Hidalgo vino á dará Valladvlid el atractivo
legendario. Entre los muros de su colegio encuentra el patriotismo simientes de libertad, recogidas y fructificadas por el espíritu de Morelos, y
la iniciación de dos beroes en un martirologio de
ideas continuado despuéi! con el sacrificio por la
humanidad.
Los siglos del virreinato no fueron de activ~dad ni aún p11ra las empresas de la fe. Hoy que
la Iglesia Mexicana, camina á su albedrío, sin el
·amparo de la mano secular, la piedad popular
edifica y c'lnsagra en un día templos suntuosos
-obras que pedían siglos para su consun~~ción
en aquellos tiempos. La Catedral de Moreha comenzó su fábrica en 1640 y hasta 1744 quedó
concluida, acumulando bajo sus bóvedas riquezas
de ornamentación, aun hoy maravillosas, cu:stodias vasos y paramentob, órgános y obras de
cinc~lado que hacen de aquélla basílica un joyel
de tesoros artísticos.
El Sr. Arzobispo Arciga ideó las reformas cuya consagración celebra con grandes solemnidades el clero de México y con regocijos y fiestas el pueblo de la capital michoacana.
/IW

Las peregrinaciones religiosas están de moda
y se hacen también á la moda del día. En Pullman vienen á México los devotos de la Guadalup1tna y en Pullman van los fieles que concurren
A las solemnidades de Morelia, presididas por Monee:nor Averardi. ·
Todo cambia, y· si el nuevo cruzado protestante, Guillermo II, en su viaje á los Santos ;Lugares,
visita al enemigo de Cristo, responsable de tres•
cientas mil vidas de cristianos sacrificados al fanatismo mahometano,- á su vez, otros peregrino3 menos dispuestos acaso que el César alemán
A ~irar con ojos benévolos á Abdul-Hamid, pretenden ¡oh piedad de las chusmas de Pedro el
Ermitailo! abrir en Jerusalem un bazar que exhibirá productos y artefactos mexicanos.
.
El mercantilismo invade las rutas del desierto,
holladas por los mártires y los paladines de la fe.

,..

1

1

La gloria póstuma tiene á veces detestables
contra partidas, que consuelan á los ignotos de
su no ser en el cielv de la inmortalidad.
La muerte que absuelve de las grandes faltas
humanas y da esplendores sin mancha á un renombre de sabio, de beroe ó de poet11,, hace en
cambio más chocante la popularidad bufa que
nimba con discos de oropel la frente de un elegido.
. .. _.
p .
Dos de nuestros más ex1m1os 11ncos, neto y
Acuila, pasan noche á noche el suplicio de una
resurrección irrespetuosa en las tablas de cierto
teatro que para decorar los cuadros de una zarzuela, les decreta apoteosis de relumbrón con cabriolas de bailarinas y mús1ea alegre.
Quietos están en su tumba, serenos en su gloria, para que exhumen su recuerdo que trasciende a ideales purísimos, y no está bien esa exhumación irreverente.
Ya ha empezado por ahí el estribillo de las moralejas habituales á propósito del siniestro percance 11caecido al Ecijano en la plaza de toros de
Guaclah1j,m1.
La ¡.,iedad ante un infortunio 1-em&amp;jante, borra
de nul'Stros cuadros sociales la fi~ura del torero
insolente, re!Hdor y vagabundo que castiga con
su impertinencia 111 tranquilidad de la vía públi·
ca moderna, pavimcutada de aéfalto. No, de~imos

ahora, el torero es uno de tantos infelices inmo•
ladas por la ignorancia y la complicidad del me·
dio soc ial propicio á irrefrenables barbaries que
n0 han menester sino mucho atraso industrial,
mucho analfabetismo y mucha miseria para hacer
posible el tipo del gladiador en nuestros días.
Ni los pueblos vigorosamente condu&lt;?idos por
hábitos seculares de trabajo, dejan de ser justiciables por este enloquecimiento de la multitud ante
los prodigios de la animalidad victoriosa;pero es
el lote que nos ha tocado á los hijos de Espafta,
el menos euvidiable,-presenciar en las arenas
ensangre ntadas carnicerías que justificamos en
nombre de la gracia pintoresca.

,..

Mientras en Europa se quejan aún las gentes
de una canícula extremosa, sin igual en los ailos
anteriores, el viento que desnuda aquí los árboles de su follaje, nos hace presentir fríos invernales á los que no nos tiene habituados nuestro
clima.
Y '!Sto que no preocuparía tanto en otras épocas, sirve hoy á los seil0res sabios para traer y
llevar observaciones y estudios comparativos sobre la influencia probable de las manchas solares en los cambios atmosféricos de la tierra.
El astro central ha tenido en este afio de gracia, máculas como nunca se le habfan echado de
ver tantas ni tan considerables. Y aquí encaja
como de molde la hipótesis d_e Flammarion.
Para este gran astrónomo y sonador, las mancb11s solares son manirestaciones eruptivas de
una agitación interior intensísima y por lo mismo la irradiación de calórico es mayor cuando
esas manchas aparecen.
Por comprabada que pretendan la teoría su
autor y partidarios, nada tiene que ver con nuestro próximo invierno, cuyas causas locales han
prometido demanda de alcohol y acaso excep•
cionales tareas á la justicia del orden criminal.

,..,

El suicidio del joven teniente Delbouis rompe
la banalidad de este género de acontecimientos,
por frecuentes ya poco ó nada comentados, y CU·
yas causas ocultas caben de ordinario en algunas formas típicas de extravío, locura, amor, celos, etc.
El pundonor y especialmente el honor corporativo de la clase á qua pertenece un hombre,
hacen atribuir al suicida que con propia mano
se castiga por haber ofendido su dignidad y la
de un grupo, cierta frialdad en la determinación,
que es la mejor exculpante de la falta, pues indica un supremo respeto á la moralidad vulnerada en momentos de perturbación.
El joven militar que se ha suicidado llegó ebrio
la noche del miércoles á un teatro de zarzuela.
En su estad.o de excitación lo olvidó todo y arrojó al escenario su kepis, á los piés de una tiple
que bailaba la «Serpentina.»
El loco arrebato del oficiai fué público é imposible hubiera sido disimular. La ordenanza, severa, iba á cojerlo con sus tenazas, á discutir su
conducta, á condenarlo sin remedio.
El pundonor, hondamente lastimado, fué más
inflexible aún que la ordenanza y como heróica
reparación entregó al ejército un cadáver.
/IW

Nos ha vhütado una viajera original. La Sra.
Schumann recorrerá el mundo sin mas recursos
que una voluntad enérgica, una suma considerable de extravagancias, una navaja de afeitar y
unas tijeras.
Los diarios de los Estados Unidos rnn únicos
en el mundo para descubrir anomalías y alentar
aventuras extrafalarfas. No les basta lo raro ó lo
monstruoso eventual Para regalo de mentes divagadas: crean el acontecimiento pa1·a narrarlo
después. El periodismo contemporáneo no es un
espectador, que registra sucesos, es un prestidigitador. Es el déspota de la imaginación popular.
Es el que declaró á este Fígaro con faldas que
nos visita la p1·imer peluquem del mundo, dándole medios para que vaya á to:ias partes, hable
con todos los personajes célebres y llene una sección reporteril sui generis, cuya primera nota estará destinada á nuestro país:
DICK.

Domingo 23 de Octubre de 1898.

¡lolitica Q&amp;ttttrttl.
RESUMEN. - Eferv•scencta en !rancla por el proceso Dreyflls, - Kevlslontstas Y antl • rev:stonlstas.Amlgos y enemigos de las Instituciones -La cuestlóo
de Justicia convertida en cuestión polittca - La gran
hutilga ue Parts. -.Kntereza y serenidad del ministerio Brlsson. Consplraclon monárqulca.- Bo!!aparte
ó Orleans. • Otra vez salvada la República -La cuestión de Fachoda,-Las asplract:•nes de Francia y las.
reclamaciones de Inglaterra. - El comandantetMarchand y el General Kttchener -Oonsplraclón anar-

quista contra til empe:-ador Oulllermo.-Los enemigos del orden social - Concluslon.

Creciendo sin cesar en el pueblo francés la
excitación producida por el asunto Dreyfus, divídense ahora los franceses en dos bandos limitados casi pe1 ft!cta mente: de un lado están los revisionistas con los antisemitas á la cabeza, losmilitares de alta graduación y los que se postran en contemplaciór. de las tradiciones católicas de Francia; del otro están los radicales, los
que pretenden que por encima del gobierno civil
no se constituya ningún otro poder, aunque pre•
tenda envolverse con el manto de la gloria y los
resplandores históricos del ejército francés.
Una vez decidido por el gabinete Brisson
que es preciso proceder á la. revisión del proceso, sin que esto prejuzgue de ninguna manera la.
persistencia de la culpabilidad de Dreyfus ó la
posibilidad de su absolución en un nuevú juicio,
los ánimos se exa.tan, las masas se agitan, la
prensa siembra el escándalo por todas partes, y
en meclio de esta balumba de opiniones opuestasque 'chocan, de acusaciones múltiples, de responsabilidades mutuas que se lanzan, la suerte del
infeliz desterrado en la Isla del Diablo queda
colocada como en segunao término, y sólo se
sienten las fermentaciones de la opinión públiea
dividida en opuestos bandos y lanzada á terribles colisiones
Pocos recuerdan ya el triste fin del teniente
coronel Henry que en la soledad de su prisión
puso fin á sus días, tal vez para evitarse la vergüenza de apareéer ante el tribunal militar, convencido de falsario, por más que haya habido
quienes aseguren que tan tremenda determinación le fué sugerida por sus jefes gerárquicos.
Se han olvidado también del teniente coronel Picquart que en los calabozos de la prisión
militar de Cherche Midí, sufre las persecucione~
del general Zurlinden, gobernador militar de París, á pesar de órdenes expresas de todo el ministerio.
La misma figura dantesca del infeliz ex-Capitán, que en su horrible prisión ve pasar las tediosas horas de su destierro cu noches sin aurora y
días sin luz, se esfuma y se desvanece en las lejanías del horizonte, perdiendo así sus contornos.
vivos, y dejando de ser para st.s conciudadanosemblema de la justicia popular, ó símbolo de eterna execración.

*

**
Desatadas las pasiones políticas, agitada de
ese modo la cuestión, se sienten crujir ambicio•
nes desconocidas, se percibe el choque de intereses opuestos, y mal que pese á todos los que tenemos fe en la República, se ve que en el fondo
de esta agitación hay algo que trabaja en contra
de las instituciones establecidas, en la hermosa
nación que lleva el estandarte de lo que pudiera
llamarse la civilización latina.
·
Se han mezclado de tal manera en este asunto
los sentimientos patrióticos, los fanatismos guerreros, la adoración y el culto por la tradición
militar de Francia, se han mezclado de tal modo
con aspiraciones pcrsonalistas, y se han cubierto
unos con el manto de la justicia inexorable, declarando intangible la determinación del tribunal
que juzgó á Dreyfus, y pidiendo otros en nombre
de esa misma justicia en forma de clemencia la
revisión del proceso, por irregularidades er: su
secuela, por hechos supervinientes después de la
sentencia, que se ha formado una atmósfera1 en•
medio de la cual es difícil encontrar el bilo misterioso de Ariadna que guíe á través de tan intrincado laberinto.
Un periódico inglés declara formalmente que
el mayor conde de Esterhazy, en una entrevista tenida para más seguridad ante testigos, ha
echado sobre sí gran parte de la culpa que pesa
sobre Deyfus, se ha llamado autor de la famo1 a
minuta ó /Jorderean, dc,cumento de convicción en
contra del capitán acusado de traidor. Poco des-

Domlnlt'O 23 de Octubre- d" 1898.

EL MUNDO

pués recíbe~se en P11rís ruensajes de Esterhazy,

tachando de falsas y calumniosas las imput!lciones del periódico de Londres.
Los mismos periódicos alemanes, alguno de
ellos con cara cter oficioso, b11n hablado de lu
r elaciones existentes entre el mayor Esterhazy y
el agregado militar de la embajada alemana.
Los más activos del partido anti -revisionis ta d~claran haber sumistrado fondos al militar adusado por el Observer; y en me dio de tan opuestas
y contrarias declaraciones, imposible es decidir
si la nueva acusación está fundada en la verdad
ó es un ardid-solamente para la rehabilitación de
Dreyfus.

*

**
bastante á mantener

Como si no fuera
la tensión de los espíritm ya caldeados al rojo por la
agitación revisionista y anti-revisionista, estalla
en París una huelga de obreros, que, aislada en
un principio, crece y se agita como impetuoso
torrente amenazandll comunicarse á diversos
gremios, susp&amp;nder el tráfico en los ferrocarriles,
detener la construcción en todas las obras del
Estado, principalmente en las que se disponen
par~ elgra~ certamen de 1900, y propagarse, como mcend10 entre los bosques, á las principales
ciudades industriales y manufactureras de Francia.
La huelga que en su '!Omienzo tenía carácter
pacífico, se entrega á violencias, arrastra por la
fuerza á los obreros, multiplica sus adeptos por
medios coercitivos, amenaza seriamente la tranquilid~d pública de la gran metrópoli, y hay que
recurrIT á más de las fuerz11s de policía, á la fuer'
za militar. Acuden de los departamentos vecinos
millares de soldados á reforzar la guarnición de
París, y en medio de la agitación tremenda de
los espíritus, he aquí que quedan frente á frente
el pueblo y el ejército. Es inminente el riesgo de
un formidable choque. Corren entre las filas de
los buelgistas agitádores que aconsejan inqensateces, en tanto que circulan eotre los soldados
algunos folletvs incendiarios.
¿Qué habría sido de la ciudad, si hubiera faltado en tan tremendos instantes la serenidad en
las esferas gubernameutales? ¿Qué explosión más
tremenda habríamos presenciado, si el reposo, la
tranqu~idad y la correcta actitud del gobierno,
no hubieran logrado aplacar poco/\ poco la agitación obrera, calmar los ánimos, dirimir las contiendas y obsequiar en el órden legal las aspira-· ·
ciones populares? Afortunadamente para la estabilidad de la República, Brisson encontró en sus .
compafieros de gabinete las supremas energías
que se necesitaban para conjurar la crisis, y logró evitarse el choque temido entre el pueblo y
el ejército, que acaso hubiera sido el toque de
arrebato para una gran revolución.

á la ciudad de Fasbo da, en llls riberas del sag rado Nilo. Encuentra á la pobl11ción de¡:g uarnecida, y aunque no tiene fuerzas suficientes para
resistir ni á los dervises que pueden volver ni á
las tropas anglú•egipcfas que se adelantan¡ marchas forzadas, para t omar posesión del territorio
conquistado después de la batalla de Ondurmán,
el valeroso coma ndante fráncés, el 11trevido Marcband enarbola la bandera de la Republica y
permanece en pié y serenCI, esperando los acontecimientos y declarando haber asentado la planta en tierra conquistada, en nombre de su nación.
El gabinete ing1és pide á todo trance la retiradit
de ~illrcband, ó por lo menos la desautorización
ele sus actos, para no verse obligado á rechazarlo por medio de la fuerza.
Cámbianse notas reposadas y que no salen del
tono severo de la diplomacia entre Londres y
París, y la cuestión se sugeta á discusión entr e
los gabinetes. ¿Pero qué es lo que se discute?-clama la prensa inglesa.--Mientras permanezca Marchand entre los muros de Fashoda, no cabe discusión posible, y cuando se retire, nada habrá
sujeto á discusión. Defenderemos nuestro derecho
por la fuerza de las armas,-grita la prensa francesa:-'.'rfarcband ha entrado á terrenos inexplorados. Fashoda no estaba en poder de las tropas
anglo-egipcias cuando nuestro explorador tomó
posesión de ella en nombre de la República. Si
hay que abandonar la plaza y el territorio conquistado para evitar un rompimiento, preciso es
que encontremos una compensación por parte de
Inglaterra; que- se limite por medio de tratados
1~ esfera de acción de las respectivas poten~
cias.
Y en tales circunstancias, se espera con ansi;1
la llegada del informe oficial del audaz explorador, para saber hasta dónde son fundadas las aspiraciones de los franceses, que en su arrebato
patriótico, han aconsejado ya al Ayuntamiento de
París dé el nombre de la ciudad sudanesa á una de
las calles de la gran metrópoli.
Ta1;Dbién en esta ocasión el gobierno radical
que rige ahora los destinos de Francia ha dado
altas pruebas de moderación y de mesura, no dejandose guiar ni de las explosiones patrióticas
de la prens_a nacional, ni alterándose tampoco pvr
las exaltaciones de los periódicos inglests.
0

Sr. Don CJlandlo Molina,
Artista. Director de laE obras de la Cat.edral de Morella.

tes de estallar, salvando así una vez más las instituciones republicanas.
Es curioso hacer observar que_sólo en tiempo
en que gobiernan los partidos extremos ocurren
estos incidentes en París. La agftación del Gral.
Boulanger, ligada con la reacción orleanista lo
mismo que la conspiración recientemente de~cubierta, han acaecido cuando un gabinete radical
se hallaba en el poder.

.,

*

**

319

No bien se serenaban los horizontes y comen•
zaba la calma á aquietar la exaltación de las maCJatedral de Morelia.
sas populares, cuando de entre las filas de la
prensa á quien se acusa de estar vendida al sinPodrá haher en la presente crisis labores sedicato Judío, fundado para la rehabilitación de
Dreyfus, brota la noticia de que existe un gr,m cretas de los imperialistas ó de los partidarios
complot para derribar al gobierno y acaso tam• del Príncipe de Orleans; es posible que los amanbién para minar y socavar las instituciones repu- tes de la reacción monárquica, pretendan aproblicanas. Dícese que en la conspiración estaban vechar la ·agitación actual que ha Masionado en
comprometidas altas personalidades del ejército; el pueblo fraccés el asunt0 Dreyfus, para restause llega á aventurar que el mismo Gral. Zurlin• rar el trono de Francia; pero una vez descuden, ex-ministro de la guerra y gobernador mi- bierta la intriga, una vez que el gol pe ha resultalitar de París, era el seilalado jefe del movimien- do en falso, la República sale triunfante de en
to, uniéµdosele el que fué jefe del Estado Ma- medio de esta contra-revolución abortada, y hay
yor del ejército, Gral. Boisdef!re, obligado á di- que dar de corazón la enhorabuena al ministerio
mitir su alto empleo después del suicidio del co- Brisson y al presidente Faure, por la entereza
ronelHenry, y el GraJ. Pellieux que tan activa par- que han desplegado en el momento actual, porte ha tomado como acusador en el famoso proce• que sir, dar crédito á amenaza1:1, sin intimidarse
por nada, han seguido las inspiraciones de su
so Dreyfus.
conciencia
en nombre de la justicia.
Otra vez el ·gobierno de París ha dado prue*
bas palpitantes de su alta serenidad, al proceder
* *
Y como si estas convulsiones interiores no fuefríamente para sofocar la llamada conspira ción.
Aunque ha oído pronunciar con insistencia los ran bastantes á sacudir el espíritu público de
nombres de los príncipes Bona.parte, aunque ba Francia, tan fácil de ser arrebatado por tradición
Silbido la llegada del príncipe de Orleans á Bruse- y por a~avismo, la cuestión de :B' ashoda se recrulas, tal vez después de haber tocado la frontera dece, prnvr,ca nuevas ex11ltaciones y, según el to•
francesa, no ha perdido ni un momento la calma no que adopta la prensa británica y francesa,
necesaria en momentos tan críticos, ni siquiera está á punto de provocar un rompimiento.
Un grupo de exploradores extenuados por la
ha procedido á estas horas contra los generales
acusados de infidencia; y si bien eg cierto que se fatiga, debilitados por largas excursiones á traha anunciado su destitución, basta estos momen- vés de selvas vírgenes, de torrentes impetuosos,
tos no ba habido acuerdo decidido en este punto y de pantano1 traidores y de ,rib11s salvajes, llega
acaso Ei la conspiración b11 existido, le ha basta do desde el Senegal basta las tierras del Sudán
tener en sus manos los hilos de la tenebrosa tra- egipcio, que acaba de conquistar para el Khedive
ma, para ahogarla en su cuna, para sofocarla an- la espada ven cedora del gral. Kitchener. Llega

***
Bien pensaban los soberanos europeos en comenzar á la brevedad posible una cruzada contra los
anarquistas, batiéndolos en brecha en todos sus
antros, persiguiéndolos en sus obscuras cavernas
y destenándolos de todos los centros civilizados.
~penas salió rumbo á Palestina el emperador
Gmllermo, cu1mdo, por oficiosidades dignas de
alabanza del cór.sul italiano en Alejandría se
descubrió una conspiración anarquista, enc~mi•
nada á _asesinar de modo execrable al emperad?r Guillermo II durante suviaje por Egipto. Sabiendv que el monarca teutón, antes de dirigirse
á los Santos Lugares, pensaba atravesar la tierra
de los Faraones, llena de recuerdos históricos que
tan elocuentemente habían de hablar ásus aficiones románticas y medioevales, preparábanse los
aborrecidos hijos de Ravachol y de CaserioSanto,
á atacarlo con bombas explosivas en una plaza
de Alejandría ó en una calle estrecha del Citiro.
Sabedores de que el itinerario imperial se había
cambiado, disponianse ya á trasladar sus instrumentos de muerte á las costas del lsiaMenor
ó á l~s llmur~s de Siria, para atacar al emperador si era posible al pié de las murallas de J ericó ó en las calles sagradas de J erusalem.
Af:lrtunstdamente para la gran Germania la
t~nebrosa conspiración ha abortado, y sus prinmpales a_ct?res se bailan presos, aunque algunos
de los crimmales mandados por la vía de Suez á
~al:s~ina, no han caído todaví11. en poder de la
Just1e1a. Pero han de caer: sus filiaciones y retratos han sido enviados á todos los consulados
extr~~j~ros de Egipto "'! de Turquía Asiática, y
es _d1f1CJl que pu~dan librarse de las activas pesqmsas emprendidas por la policía internacional.
Este atentado, que para gloria de la civilizac~ón, no ha podido llevarse á cabo, sólo servirá para que se redoblen los esfuerzos contra
el anarquismo, y para que la gran cruzada con•
tra ~os enemigos dela sociedad que ha convccado
Itaha, se lleve á puro y debido efecto. La civilización así lo exige, la justicta lo teclama.
_
X.X.X.
Octubre 20 de 1898,

�320

Domtngo 23 de Octubre de 1898

.!L MUNDO

...

......
'

·.
A•

~ i

quimistas, brujos y evocadores. Fué una entrada
triunfal en la historia la de este nieto de Brumor de
La1al un paladln lt-gendario, y de Bertr11n Duguesdin, el salvador dt1 lit Francia d_11l siglo XIVº; una rn•
trada triunfal: en l.Rs batalld v1b1 ó com~ el r11g:1do
de un león en los primeros al'doree el grito de Rais, y
entre el polvo y .-1 humo de los primerus comb11tea de
arm11s de fupgo, tnmoló muy alto, al par ~e los más
altos pendones, el suyo, dtcorado con el funebre escudo de rn casA: oro cruzado de sable.
Era una ~poca at:iag11, aqu.-lla, la más nocturna, la
más lúO'uhre de la int11rmmablt1"guerra declt&lt;n años."
No ha bia Francia; Francia, el patrimonio lentam1iute
crecido de los reyes capeto¿, id .. ntificad11. con é~to&amp;,
e@taba d1ddida, disuelta, no e-.:istla: un rer d6 Fran•
cía habla ~ido proclam11do s1Jbrt1 la tumba dt-1 po
bre dement_, Carlos VI, en S11n 1Jioni11io, y este rey era
un Lancaster, r •y a,., Francia y d" fogl~terra. Utro
rey. no reíuaba fino en unas cuantae. crndades del
valle dt-1 Loir·1 y del mediudia; t&gt;l rt&gt;y del Bourgea, le
llamaban los lngles6d. Estt1 lntortunado t&gt;&amp;taba á punto de ser arrojado del ttlrruíio conservado por la 11111vajf'I energia &lt;1t1 jPfes de ba11dat1, como Dunois, LH Hlre, XautraillPe y Ricbemont, PP!lsab! refugiarse 11n
Cast1lla; acaso lu bab'rla becho H los mgles1111 Sil hu
biesen apoderado de Orleaus. Lo que no estaba en
podt1r de los ingleses estaba en el del rencoro110 du
qu11 de Borgoña y de otrus b11rones fendal ..s má.i rti•
) es en ~Ud d1Jmiu1os que en Bourges-Carlos VH Años
terribles, ewpapados en s11ngre1 en la sangre dt1l put1•
blo de los campos, victima de todoR, qui, deyoraba
su pan de miseria como sus pitdreti, los Jacques
de mediados d11I siglo lamentable que habla a&lt;:!l.b,.,.do,
sin llevarse consigu ni el luto :il la desesper11cmn.
Eran 1011 itños en que, según los;cronistas, 10s lo boa
rabioEos de hambre, invadum las ciud11des. Noche de
agonía larga, sin fin; la muerte no llegaba Litigó la.
resurrección, 111 \·ida; resurrecl'.ión y vida en la ltl, e,1
la in11piración popular encarnada tu una pobre mu•
cha.cha que creia en la Patria y creia en Dios. Llt'gÓ
Juana d' Are.

'

..

~

.i •

BARBA AZUL
I.

; NI el Ogro del Purgarcillo ni el Lobo de la Caperucita encarnada, n1 tll Xtabay: ni la Porontoroch vestida de palo, qu"' ile comían á ,os niños que no qu~rlan
acosta~se temprano, en loe cuentos 1de mi nana, que,
sin saber o, mtl refc:ria probablementeviejoe mttoe moyas trai,formados, IDA causaron, de chicuelo, el horror
que Barba•A~ul, el.opulent9 señor, más ogro que to•
dos los ogros y-más lobo que todos loe iobos Cierto,
la narración de Perrault es admirable, es un climax de
miedo y terror sa!liamente dispuesto: la v,uaedad 11in
cesar relnovada del señ')r de la barba-azul, moti ,o de
horror eLtre las muchachas, no poi lo viudo, se entiende, 1,iuo por el color de la ba, ba. cosa que no he
podido explicarme; sus riquezas, vajillas, teias, mue,
bles, castillos, prados, etc ¡ la codiciosa doncella que
consiente en c&amp;i1ar~e con el monstruo; la ausencia d11l
cspoeo, la llav~ had_a que queda en poder de la indiscreta castellana queª" apresura á abrir el retrete mis•
terioeo al pié dt1 la torre; el espt1luznante desc..ibrimiento de los cadáveres de las esposas degolladas:
la sangre coagulada 11n el piso; la l1ave calda de las
trémulas manos de la joven; la mancha hnborrahle; la
vuelta de B11rba-Azul; la desobedienma denunciada
por la llave fatal; 111, sentencia de muerte¡ el plazo concedlao para orar; lot l1amamlentos reiterados del feroz esposo armado de su cuchillo aterrador; y Ana,
la hermana Ana, expiando en lo alto de la torre la lle·
gada de los hermanos libertadore8: y los hermanos
que tardaban y la agonla infmitit del g.rito: Aua, hermana mia ¿qué veer Y la angusth, mortal dti la rea:·
puesta: Sólo veo el sol que polvorea y el campo que
verdeguea. Al fin, al fin. la mujer arrodillada ante el
verdugo, el relampago del cuc_hillo sobre la desgrll·
ñada 011,beza, y en ese supremo instante, los golpes á la
1,uerta-¡oh! esos golpes cómo suenan en el corazón!
:--Y los v,mgadores que entra~. el verduge que mue;
re...... Perfdcto es el cuentec11lo y honda e imborra•
ble la impresión en el ánimo de los niños. Y si los niños supieran quiénes erau he verdadera■ vic!imae de •
Barba Azul! Yo se los voy é. decir.
Ya. bombreclto de diez y siete años, leyendo á Mi•
cbelet, me encontr_é con una ~orrenda figura reabada en el fondo r0J&lt;l del crepu11culo fe:idal: Gill~s de
Retz mariscal de Francia, noble bretón deencumbradish~o abolengo, cometió cl"lmenee tim abominables,
en loe tiempos negros iluminados por el nimbo de
martirio de Santa Juana D'Arc, que su renombre dura
aún en lu comaro11s bretonas, en tionde se le llama,
confondíéndolo con un foragtdú inglés de aquellas
~pocas. Blue ba,b, Barba-Azul: una bestia de exterminación .die.e resumiendo. el historiador.
8e quedó en ml el horror y la curiosidad, una gran
curiosidad, se justapueo al primer eentlmiento. La
opereta francesa me gustó mucho. porque me hizo
reir mucho y la risa tie una especie de absolución psicológica de cualquier profanación. Mas aquel empei,o de loe d!vPrtidores, juglara¡; iba yo á decir, de la
sociedad del 2 ° imperio napoleónico en transformar
en gee.to caricaturesco el crispamiento traglco de la
máscara de la historia, no m.e hizo olvidar á BarbaAzul.
[*) La serie de retratos que con el titulo supra'!Crlto me propomro
exponer ante los Jeciores del Jlundo ll11ttrado, han n!lcldo de mis
apuntes de profesor. t!u caricter Httrarfo no permite el aparat.o
erudito de cltas y notas. paro todo cuanto en ellos se afirma e,~ rl·
gurosamente comprobado.

~I fin CRYÓ un libro pnberbi11m11ntP.docnmentado en
mtd manos Si, Barba-Azul er11, Gilles de Bilis; por lo
mPnos, torios los elementos de la leyenda anteriores
itl Siglo XV se cristalizaron en el recuerdo pavoroso
del St'ñor bretón. Algunos cr11t'ln que Ba.-ba-Az.ul era
una transformación del din11 Iredr11, que según el RigV~da, tenla una barba cerúle11, y qne este mito tranem1~_ró, e 11 forma de cuento. dt1 la Iodia•á la Bretaña
céltica Otros creen qn"' 111 el11.ve del drama exl11te e11
la Jpy1&gt;ndl\ de Santa Triflna la hij11. del Conde de
VannPs, dada en m&amp;Crimonlo á un rev bretón del siglo VI matador dA 8U8 mujerP.8, y qúe mató á Trifina,
rPsuc1tada, despuéo de degollada por el Klorioso San
Gildas.
'
Por este camino Re puede andar mucho; ee puede
demostrar que la llave de la s.-ñ,na B11rba -Azul es
una metamorfosis de la manzana de Eva y que loe retretes _misteriosos que figuran t'ln cien .t radiciones y
con!!eJae populares, son origen del que guardaba las
muJeres d11golladaa del terrible marido. Y la curiosidad de la mujer, veintevPces mPnor qut'I la de loe hombree ¿no es el elemento primordial de fábulas incontableij?
Pt'fo he aqui dos antigualla9 que nus acercan al
hombre 'lue sirvió de iuuln á estt1 polvo de hierro de
las leyendas trAgicae de Bretaña, el país de la~ calvas
rocas de granito, del c'elo gri!l v del mar bravio, bajo
el que yace la ciudad de Is. cuyas-campanas oyen sonar los bretones en el fondo de sus enneños.
·
En una endecha de las doncellas de Pléeur, 11n anclan&lt;• Obispo trashumante pregunta á las niñas bretonas el motivo de su llanto; lloramos á la bella Giwe•
nols, responden ellas. tA.vl a.vi ayl El terrible BarbaAzulla ha matado como á todaij MUS mujelres.-Ba.rbaAzul vi~e poi:_ aqui? repregunta P.! aterrado anci~no,
pues huid. ninas, huid; el lobo r.tpaz eemenoe terrible
.q~e t'l bar~n, el oso es má~ dulce que el maldito baron de Rats -Pasa el tlempo y la!l niñas de Pléenr
canta:1 en sua romerlas: el rulaeñor hace resonar con
sus tiernos act&gt;ntos el boscaj •; pinzones y oropéndolas
-renu!'van sus melifluas cantilenas y la naturaleza entera está vestida de fiesta: Gllles de Laral no exist.;;
Barba azul ha muerto
¿Barba Azul? Porque tenia ei,ta muca terrible el
barón de Rais. Clerta ocasió'l, y esta ei la otra antigualla, llegaron do11 jóvenes enam 1radoe al castillo
del mon~truo; al lleg.ar la noche, los slcario811epultan
en un calabozo al joven y Rais lleva por la fuerza á
,su cayt11a á Blanca la bella enamorada, y quiere obli•
gar a capell!n á casarlos. El sacerdote vacila Blan•
ca se resiste fu~~osament~: te doy joya.e y traj~s, dice
el.barón_ á la m11a. No. Jamás. grita é•ta.-Te doy
mis cast11los y_mis p11.rque¡¡ -!\lo, jamás; solloza Blanca.-Te doy mt cuerpo y mi alma dice fuera de si
Oilles.-Acepto, dice Blanca que ~ra el diablo; y te
marco ~es~e hoy-Tocando la barba roja del barón
la convtrtlo e11 azul obscuro y añadió: dt1sde hoy no
te llamarás Gilles de Lar1al, sino Barba-Azul.
Era linajudo como un duque de Bretaña; las casas
tle-M&amp;&amp;tmol'eney, d&amp; Machecoul, de Laral ñ&amp; Craon,
ee hablan unido á Rata· (que andando el tiempo se
convirtió en Retz) y de toda esta savia feudal habla
·nacido Glllee; crec;ó en libertad. dueño de si ml~mo,
bajo la tutela apenas perceptible del anciano Ju•n
de Craon, su abuel'?; era herm\)@O, de gallarda estatura, de porte genttl desde la aurora de la juveratud,
Era tan nob1e como el duque bretón, a1tzerano suyo·
pero era más rico; era riquieimo; no babia fortuna e~
Fr!'-ncia comparable con la suya, cuando llegó á loe
vemte años y se presentó en escena simple barón
simple señor. no dignándose ber ni duque ni princl:
pe, con un séquito esplendoroso de cr.balleroe escuderos, pajea y criados. y otro séquito de canónigos,
socb.antres y coros de llU capilla mirifica ., otro sé•
quito &lt;&gt;culto, trémulo, pero preferido a t¿dos, de al•

•*•

'

Su voz parecla 111. voz del arcángel de la resurreecióu, er11 un surgite mortui¡ caballeros v pueblos ~e
levantaron reaiv1vos y biguieron á la Í'ucelle; I• si•
guió 111 rt1y al combate, al triu11fo,álaco_n11agracióuen
Reims; luego la abandonó, luego la olvidó; ..ola fué á
111, p11sión y al martirio cowo Cr~sto. En 111, irr~diación
de aquella milagrosa epopeya (J&amp;mtd, se ha dicho, la
hi.tori• ha collttl11do mái de cerca al milagro,) caraco•
ltiaba ti0bre un corcel vestido dt1 h•erro y dt1 iumensas gualdrapas recamadu de oro, un mancebo de
veinticinco bñoa. Nombrado · por el rey, deaeo11o_de
distinguir en él á la alta nobltiza bretona, guardián
espec111,I de la mar&amp;villosa é inexperta pastorcllla, lti·
lit-a de Rals. renombrac;o ya porsu valor y su crueldad
en 1011 combates cuyos sitios quedaban 1argo tiempo
marcados por las horcas de que colgab411, entre
· una nube perenne de buitres, los cuerpo11 de los prl•
s10ner&lt;&gt;s,
En la armadura de aquel hombre, todo acero y oro,
lo mismo en el timbre dti la bruñida Cólada, que en la.e
esct1nas brillantes del calzado ferreo á la paulaine. se
reflej!l.ba en l'Ojo,laluzclaraypuradelagloru1deJuana. l!.n Reí ~s, el llevl&gt; con su escolta rti¡r1a la santaampolla, que guardaba el crisma dtl unción de los re•
yes tranct1~es, á la catedral en que reeib1ó el ~&amp;lltÓJ
de Mariscal de Francia, tlespués del• cer,monta m~a
conmovedora que habla dedpleg&amp;do su pompa st&gt;mlbárbara eu la 11dva de columnas y esculturas del templo gótico y bajo las eternas penumbras dtt las bóvedas oj1 vas iridadas por los deijtellos dti ped~erill de loa
vitrales.
Luego vienen las ma,as ;ornadas para la herolna;
Gilles no la abandona, la acompaña en l11s hora_s tra•
gicas de los fosos de Paris y luego se retlriin Juntos
y el señor del Rais no vuelve á aparecer en Ji, gue•
rra...... ¿Qué bad&amp; rondando por las cercan1a11 de
Rvut1n tin los dlas del bUplicio de Juana? ¿Qutiria sal
variar O era su eterna, su insaciable curlostdad1 l• que
lo llevab L al!!, donde Dío11 y el diablo deblan Qtl dta•
putaut1 aqu11lla presa singular? l,tui"n s be. pero in•
quieta la vrest1ncia de este milano ceroa,blemprecer•
ca d6 la pa.loma 'lorenesa. En su esplrim lleno de su•
pertlclont1ll satánicas, aquella mucbacba extraordina.r1a, dt1be de haber hecho la lmprt111ióu dtiun pr~blema.
¿li:ra una enviada de Dios ó tt1nla pacto con el diablo?
,La seguía, la ,ob~ervaba por e110 qu1záa, esperaba
sorprt1ndtiria llamando á los santos, su11 protectores,
querla tener la prueba de que 1011 st1rt1s ultra-terrea•
Hea nos oyen y se nact1n v1oibl11s, atraldo11 de la som•
bra de la tumua como las mariposas por la luz, por el
pre,t1glo de los conjuroo mágicos
Sin embargo, la fascinae1óu ejercida por Juana an•
bre t1l f&amp;11tuo110 barón es Indudable; cuando despuéa
del suplicio de Rouen, una joven impo,stora., recore
una parte de .l!'r11,neia llamándose Juana D'Arc salvaua de la muerte, Giltes Vllela en su auxilio y le confl•
parte de sus trupas.

Oomingo 23 de Octubre de 1898.

321

EL MUNDO

l)ieles de marta y gris. Esta clerecía y loa nilío11 del maravilloso .del paisaje formado de estanques, de ríos, como en el famoso Misterio de Orleans, reprt&gt;sentado
coro y los órganos, lo acompañ11b11n en sus expedi- bosques y suaves y 11zuloso11 horizontes, T 1ffauges, el á t"Xpeusas, problamt1nte, de nuet1"0 hombrA y en el
ciones; no se cansaba de oir música ni se saciaba de · castillo favorito de Gilles de lL11ie, guardd ba dentro que f1gur11ba casi .. n primer término junto á la egrecautos infantiles; una ocasión que oyó en una iglesia de su@ muros de granito, tr:das las maravill11 s del 11r- gia safv11dora de Fnmcia.
Para que en esas épocas de Afición desm11,iurada á.
dtt Poitiers, la voz de un niño, á. quien llamaban elrui · te ojivo, todas li.s riqueza11 del mobiliario y dtt la de-señor le contrató para su cap:lla, mediante la cesión cor11cióu de las postrímerias dó los titimpo11 góticos. esta clase de diver,iiouee, costo~isimas muchas de
formal de una de sus tierras. Inútil es poncierar el Los salones de rectspción cubit1rtos del arma11 esplén· ellas, en eota época en qut1 Francia se erizaba de taesplendor de los paramentos sacerdotales; el oro pro- didas de España, de Florencia, d..J Oriente: loe muros blados en todas la11 plaza11, atrios, y corrah·s llamase
digado en casullas, custodias, cAlices, candelabros, cubiertos de telas de t.ro, que hoy, apenas e&amp;tarian la att·nsióu el furor del barón por esta clas.- de plaatriles. vinajeras, escandalizaba á los que llegaban al alcance de los a.rchimi'lonario.; salas de banquetes certis ¿cómo serian ellost En donde quiera que lle•
-á verlos. ¡Cuánta piedad la de este siniestro dilettantel rodeadas de c1:edencias cuájadc.1s de v11j rl1,.,1 (en el gaba oe t1ijt11blecia -,l t11 ohido, se t11ndian Ja., decora
.Era eso, un dilettante, como Nerón y 11n el sentido qu"' · cuento de Perrault se consP.rva mt1tUOri1t dti ellas) y cioutlS, se apreijtaban los j 11glares y loe act1ire1:&lt; (tohoy damos á las palabra~, un maniaco de sensaciones en donde corría para todo vi~1taute, para tollo foras· do eso iba en la esco,ta d-, Rai,J ) se ord1,11aba al
tero el vino viejo y t1l hipocrái á torrentes, en uua pueblo que dt'jara. ,u tr.;bajo para asistirá la repre•
extra.ordinarias; un degenerado.
trnutacióu. Y 111lá iba la multitud, atropellándose, grl•
Lefa, leía á Suetonio; mala siembra, pésima en un · especie de perenne orgla. Los órganod de todos pre
campo abonado por los instintos apenas reprimidos cios denunciaban en todas parte, la rudomanla del tanrto. palmoteando. aullaurto de júbilo; de1,pués del
de la vanidad, de la impureza, de la impureza absolu- joyen castellano; la.11 pinturas dti las bovt1cla11 1 til lujo · Misterio ó de la Farsa.-! t111plé11d1do st&gt;ñor ob-equiaba al put&gt;lico con bauquetell oplparos de lo~ que frai•
bárbaro y ostentoso de los· rt'tr..tes, el ,,ro y la pedrti
ta, de la que lleva aparejada el deseo tnsaciable de
sangre y .,¡ delirio homicida; los Tiberios, Caligulas ria de los ornamentos de su capilla la'I incornpa.rdbles le~, art.-sauos y comactrei!, sali .. n "hitos y bo racbos.
¿M ,s cómo h11cla e•ttl bombr6 para ceb11r •in taza
y N~rones aparecen en ese libro como divinidades dtil bestias de sus c•Jadr.,s entre las cualt'S reiuaba Cascrimen y del mal, como hombres capaces de aprove• senoix, su caballo favorito, hacian honda iwpreijión el no de sus prodigalidadt&gt;s? Lo gastó todo, lo ven·
dió y lo empeñó tor., á frng,neutos, á retai(/11 desmti·
-ch!l.r su omnipotencia ps.ra convertir todas las ener- en cuantos los velan.
Y no las ocultitba el vanidoso barón: t1n todos sus nuzó su g1gauter,ca f-.&gt;rtuua.) la di~persó t'U manos
.gias del mnndo postrado allte ellos á. un solo fin: pro·
porcionarles una sensación capaz dt1 extraer y ago- eastiilos, en su ca,a de Nautes, babia la mi,ma. pro• d.- burgu .. 11es y señort'ij ~µe atrapaban ávidos los destar t1n sus naturalezas infinitamt1me sensualt:s, toda fusión de e;plen_dor, la misma gala de d •ri·oche y de poj•Jt! de e1:1ta magnifica ave de prPsa feudal.
Sufami1ia pi &lt;iió al rey laioteriiicdón del pró ,ligo; peprodigalidad. Cu,mdo 111 man11cal d" Francia hacia
su anima.lid&lt;ld en un instante de tieleitt1 y horror.
La vt1rdad es que el barón de Rüs ttlnia la pasión un viaje, los hostelerod de las ciuda·l1111 y pu.,b!oij que ro eI duquti de Brt1t!iña. q11t1 se eoriquecia con las mi•
g • 1as dt1l banquete d11I magua te su v11sallo, lo ~ostuvo.
,de los libro11; los 11uyos er•n exq1.usitos de forma y ra- visitaba haclan su agosto. Existe11 memori11les de
ros de fondo; en aquellos tiempos eu que la exigua tallados de una vi11ita suya á O•leans: todos las hos• Y R ..is no paró di} gastar. Era un loco, entonces. ¿Creia
-bibliott ca del rey üarlos V, era en Francia objeto de terlas fueron ocupadas por su servidumbre por sus ac..110 que no habla. d11 sec11.rse aquel pactolc, que sue
11,dmirac1ón, y de pasmo, uu siglo después, en ioda la carrozas y equipaje&amp;: en tudas ellas 1;1111 t scuderos y riqut'Z 1tBn ot11ndrian fírü Prt-cit1amente; estaba á pun-crie.tiandad, la de Matiab Corvino, que hoy apenas for· pajt1s, sus cortesanos y lacayos, derrnmaron el oro á to, cuaudo aBl regaba su citudal y delap.idaba. alborozado ,u fortuna estaba. A ¡,unto de rehacerla ins·
.maria un lote de la Biblioteca Nacional de t'aris ó de manos llenas.
Mas no solo _por eso eran dlas de holgorio los de la tantt11eamentt1 y de ,.IJ.o~ar en ella á todow lol! potenla del Mll11eo Británico, Jalibrerla del beñür bretón era
-de primer orden: riquisimas las ho;as dt1 pergamino presencia de Gilles en uua población importante: si• tadus del mu11do. Grlles de Rais iba á fabrie11r oro;
en que él mismo nimiaba las mayúdculai.' rutilantes y no porque tenia, como otro deg11nerado d-, nut1stros all! estabá formándostl en el fondo de su crisol ae altersas y bruñidas las pieles de !ds pastas que se com- dias, pero dulce y bl11ndo éste, el infortuuado Luis qu1mi.t11, como el huevo de oro del mito Indico, la
placla en esmaltar con primor. Porque es,e hombre de Ba"iera, la pasión, el delirio de las reprt"Stlntacio- Piedra filosofal. 1Obl si, iba á encontrarla, la habla
encoutrado ya., tt-n¡a por co!oborador al único señor
-tenia todas las curiosidades; él si habria. querido po- nes teatral~s, era la época allut1lla1 en que loe mt.,üi
.seer la Ha.ve-hada del cuento d , Perrault para abrir rios se emaacip11ban de las represent11ciou.-s y pdn· frudal má1:1 orgulloso y mát! ambicioso que la Tierra,
&lt;todos l.os misterios y penetrar en todos loe ~ecretos; tomimas que sólo se vtlian en .Jas Tg1~sia11 y salra el al Di11blo.
-era u¡¡ Fausto que habria dado miedo á Mef1stófoles. drama liturgico á la c11lt11 á revivir g-roijera y pinto
rescam11nte, en medio del brutal entu.iasmo de laij invi:A5tv
genuaa y feroc11R mult tud,,s, los epi-udios de la Pa•**
Alta roca sombría y siniestra en medio del cuadro sión de Cdsto ó de ,a Pasión de Juana la Donc"1lla,

---1

J ~

0

. Pero no era la empresa.de salvar la Patria, lo que
absorbía el ánimo de Pete feroz halcón feudal. Ya lo
hemos dicho, era riqulsimo; las rentu de sus castillo•,
parques y granjas pueden valorizarse en una canti•
dad equivalente á se!scientoa mil peaoa anuales de
n'uP&amp;tra moneda actual mexicana. Amante desenfre·
nado del lujo artlstico (se comprendP) tu movlliario
vaHa. en la misma moneda, cerca de un mll,ón Loa
prioclpes envidiaban la casa militar de aqu11l barón,
compuesta de doscientos caballeros, escuderos y pejes
ric.am6llte vestidos, pagados y manttinidoa opípara•
mente. El duque de Bret11,ña le env1dlaba 11u capilla. de•
dlcada á los santos inocentes (aqui uu estremecimiento
de horror de la hisrnria) y dotada como una catedral ó
una colegiata; aus canónigos (solicitó del Papa. que fue·
ran mitrados como los de Lyon) recibían e~eldoa c9pio·
sos y vestian luengaa túnicas de escarlata forradas de

EL EMPERADOR G1JILEEBMO II DE A.LEMA.NIA.. -TRAJE DE CA.MINO (t1JE VESTIBA.. &amp;.-Y PA.LESTI.NA. .

..

�Domingo 23 de Octubre de 1898.

EL MUNDO

EL KAISER GUILLERMO II
1,a, bU

EXPEDICION A. PALESTINA..
Como ya saben nut&gt;stros lPctores, el Emperador y la
Emperatriz de AlemHIJJa s~Jieron de Berilo, sPguidos
de _numero-o acomp11nam1t&gt;nto, par11 emprPnder un
viaJe á Oriente en que é.tá iucluida una visita á loa
Santos Lugares.
Los impt&gt;riales vi11j,.ros Paldrlan de la cApital de su
reino el d_il4 doce de Octuhr1:1 ú tim_o para embarcarse
en Venec11l c1,n rumbo á Constannnopla primt-ra tlS·
tactón de su itinerario Alll pl'1manecerlan cinco dlas
como huéi!pedes del Grau Turco y en seguida prose,ruirian pua A~ia ,\h1nor y visitando someramente
Halfa, Cesarea, Jaffa y LH trún .,fectuando su entrada e~ JerusAle~ el dfa vt'inti_nueve de Octubre para
asistir á la ded1cac1ó11 d .. la 1glePia alem&gt;1na d.,l Redentor que es el objl'to ó m"jor dicho el pr.-texto del
viaje. De_ ahi pa\ti!la la com,tjva á Egipto en cu,·as
metrópohs del Cairo y de AleJandria se efectuarían

rumbosas fiestas en honor de la imperial pareja ger•
mana, fiestas agradablemente interrumpidas con excursion~s á las pirámides de G1zeh, á la pirámide es111louada de Saggarah, á las obras del Nilo y á la primera cascada del mismo rio, durando sólo este último
paseo doce dias de navegación en yate.
Eijte os el itinerario primitivo que elaboró la opult&gt;nta imaginación de Guillermo II en su gabinete de
Berlln y que fué dado á conoctr al público por !a
prensa alemana. Posteriormente el Emperador le hizo
notables modificaciones, pero sin prescindir de su visita á Jtlrusalem. En la sección cablegráfica de nues
tros diarios podrán nuestros lectore11 St'guir la fantás·
tiea excursión del Kaieer aunqu.. sea por modo ideal.
Es curioso observar el viaj.- á Palestina d11 un Emperador de Alemania en este fin del aiglo XIX, comparándolo con las cruzadtis que guiaron sus abuelos
en otros ti11mpos Federico Barbaroja dejó las obscuru selvas de Germanl• para plantar la bandera de la
l,i:uz en la ar,.na misma que bt&gt;bió la sangre de Jesucristo. Segul,.le un acompañal'liento regio de c11balleros de la más alta estirpe y la sangre alemana r~gó
generosamente la tierra santa por eatlncla; mas suJeta

DomJngo 23 de Octubre de 1898

al sacrlle"'o cautiverio de la Medía Luna. _A Guillar-•

LAS RlVALWAOES FRANCO-INGLESAS

mo II le a~ompañan lgualw~ . u, los mas ~r!lla~tes ca-•
balleros de su reino y el obJeto de su Vl&amp;Je. tteno de,
común con las cruzadas el honrar la memo~1a del Redentor con la dedicación de un templo cristiano evangélico á dos pasos de la iglesia católica del Santo Sepnlcro. Pero no hay cuid~do: hoy no se derramará
sangre y la pavorosa noticia del complot anarquista.
fraguado en contra del Emoerador de ~lemania nopasará de mala intención gracias á los cuidados de la.
policia. Espnémoslo asi. . .
.
Reproducimoi! hoy la uhlma fotogrAffa del K~1sercon el uniforme que ueará en Tierra Santa. Gmllermo II que se entiende hasta t'D achaques de sastrería,
ideó el traje y dirigió su hechura en todas sue detalles, desde la elección de la tela apropl~da á los calores asiáticos, ha&amp;ta el color del correaJe que endosarán las bestias de la ciiravana.
La entrada de Ge illermo II á _Je~usalem, c~~alleroen brioso bridón y seguido de cmtllante_ com1t1va será sin duda más !lparatosa, pero menos tierna , mu~homenos que la que efectuó hace diez Y ocho siglos.
otro m~narca que se llamó Jesús Na~areno!. ...

OMDURMAN

EN EL ALTO NILO.
Una págl"• de historia contemporánea.

323

ll!LMUNDO

v

KAGMAW

PUNTO Dil VISTA FRANCES.

Sabid I es que á ritlz del renacimiento egipcio promovido por Mt-hi,mi-t-Ali con el concurso de funcionarios y Pabios fr-ncePPR. Egipto comenzó la conquista del Suda u. Después de Juchar largoP años contra los mercadt&gt;res de PSclavos del Alto Nilo RPouf
Pacha, Gobernado del Sué.an tramés, Je; dividió en
tres provincfas el ~ño de 1883, Occidental capital El
Fachn; Crntral cayital Khartoum y Oriental capital
Massouah.

&lt;'

¡~
1::,

e:

LOS DISTURBIOS EN LA ISLA DE CRETA.

Los ,ia.blegr11 mas a11unci1tn 1,. ejPcución de algunos
musulmaneb convictllri d ➔ 11Se,l11ato,1 pPrpl'trados en
Candía .v de 16s que fuero11 vh-tim"s súbditos de la
Reina Victoria. El ord n Mfl ha re,1tablecido "'º la isla
gracias á 1,. intervendón dfl lo2"laterra, apovada por
Fra~cia, Italia y Ru~ia, poteuciu que se unieron á
los mgleses para obtener la te, minación de uu estado de cosas tan escandalofo como criminal.

tia.nos. As! fué. en efecto,comenzando el desarme :,
lll entrega de fusiles á los ingleses desde la útt!ma
semana de Septiembre.
Esta vez, los esfuerzos combinados de las grandes
potencias mencionadas obtuvieron el más completo y
humilde acatamie11to del Sultán á las con•liciones que
le fueron Impuestas Es de notarse el alejamiento
de Alemania y Austria. en estal!I nPgociaclones, y
su pApel de 1&gt;spectadores en la cuestión qua tanto
ha dado que decir y tanto indignó al mundo occidental.

e-¡

importancia, porque reeue~da una de las eecenas mássignificaiivas de la barbarie turca. Sabido es qua decidieron los Almirantes extranjeros desembarcar á..
veintt1 ingleStlB del Hazard para que hicierbn guar,dia en la. Aduana, situada en el muelle Además acor•
aóse·que lRS autoridades cristiaua11 se instalaran en,
la oficina del colector de la Aduaua.
El resultado de estas medidas fué el disturbio-que conocen ya nuestros lectores en todos SUR porme,nores por los datos publicados en la prensa ?iaria.
T11mbién aparece en esta página la calle prmclpati

CJ

IJAR- NUBA

OM·OEL GAL

•
,50

Croqrus de la región que se disputan Franela é Inglaterra.

t;a,pJCán J. B. Marcband,
Jefe de la expedición francesa sobre Fashoda.

La iusurrección msdhista, que los ingleses dPjaron
prop1o~ar adrede para justificar au ocupación del
Bajo l!:gipto, hizo perder al Khedive sus provincias
euda11e,a11.
El 28 de Enero de 1885, Khartoum, defendida wtrépidameute hasta t&gt;monces por Gordon, cayó en manos d ..! Mauhi, quien la destruyó inmediatamente es•
tableciendo su capital en Oadurman.
De,d11 entonces el Sudan egipcio quedó eutrf'gado
á la ~narqula, á los ingleses hicieron pesar duramen•
te su~ ugo s1,bre Egipto á fin de proteger eete desgraciado país d11 las amenazas de los dervishes.
Asi transcurrieron diez años sin que se transparen•
taran los manejos tenebrosos del "lntelligence Depar-

El Puerto de Candfa.
Candia. - Puerta donde estalló el motin

¡;;

• Cediendo á las dewan.d11s llel Almirante Noel
autoridades turcas demolieren los edificios con!iguos
al campamento de los iuglese&amp;. Los insurgentes hablan
acampadv cerca de Candla, listos para atacar á los
iurcos¿ pero se_ det~vieron. confiando en que la Gran
Brets.na tomar,a. baJo au eficaz protección á los cris-

•••
La ciudad de Candia quedó reducida á una completa desolación Nuestros grabados representan algunos de los lugares de la ciudad.
La Aduana donde debb. percibirse el diezmo (contribución) el dia que estallo la revuelta, no carece de

de Candia dpspués del fnPgo y la puerta donde fueron muertos l'I teniente Haldam y otros ing,eses.
Una vez más se ha prestntado la cuestión de la intervención en los a~untos interiores de Turqufa y en,
los de Creta. viéndo~e en esta ocasión con toda evidencia cuflnto mas eficaz es la intervención inmediata y aislada de una sola potencia que la de todas ó,
aljr•rn11s de Pilas simultáneamente.
El Almirante Noel obró cen energla y r11¡&gt;idez, al
mismo tiempo que el Ministro de la reina e11 Constantinopla llevaba de frente el asunto de la repnación i.
les ultrajes sufridos por Icglaterra.
Posteriormente intervinieron las otras tres potencias mencionadas. como para dar á e• tendn al sultán que no era valedero ninguno de sus b11bitualesrecureos: la mentira descarnada y los pérfidos subterfugios de su política cruel.

tement", dirigido de una manera notable por el coronel Wingate.
.
Bruscamente, el 14 de Marzo de 1896, se telegrafió
de Londres al Cairo !a orden de emprender una expedición contra los derviehts, teniendo á Dongola como objetivo. El comandante en jefe, General Kitchener hizo retroceder á los desvishes y estableció su
cuartel general en Berber. Durante el invierno de
aquel año preparó la siguiente expedición cuyo objetivo debia ser Kartoum.

*"'*

Sin embargo, les ingleses no dejaban de h:quietarse sobre los acontecimientos que podían ocurrir en
f'l Alto Nilo. S11bian que babia partido una miPión
france~adelCongo con destino á B11br e1 Ghaz11l. pero
ignoraban eu organización y su de~tino reAl. EntonCf'B hideron correr el rumor de un desastre de la
mis!ón Marchand para que los fr..nceses abandonasen su reserva.
En parte lograron su objeto, y conociendo las verdaderas Intenciones de la expedición Marchand decidieron una ofensiva violenta
El 4 de Septiembre el ejército del General Kltchener se adueñó de Khartoum despuós de un violento

combate, y los pabellones inglés y egipcio ondearon
sobre 1011 muros triunfalmente.

--------•-------LA CATEDRAL DE .MORELIA

Calleprlnclpal de Candfa después de lofl disCurbiofil.

Esta notable basilica, cuyas torres tienen 62 metros.
de altura, fué construida en un largo periodo de tiem•
po.- -mAs de cien años,-y como es natural faltábaleal~o de armonía, ciertos detalles eran imperfectos. ,
El Sr. Arzobispo Arciga fué el iniciador de las obras,
la@ que se pusieron b8jo la dir, cción del inteligente
artista Don Claudio Molina. Lo primero que se hizofué substituir el antiguo pavimento con uno de mo•
saico veneciano cuyo efecto es preciosisimo.
El decorado de las naves y ile la cúpula PS otra de
las mejoras y según las descripciones publicadas en
la prensa. que ya hllbran visto nuestros lectorf'S es deuna magnificencia y de un gu~to artístico notables.
El coro fué removido de la nave central en donde·
impedia la vista. de la parte principal del Lemplo.
Tiene éste entre lo más notable la sillerla del coro,
estilo Pigl!' XVI; los órganos cuyo valor no bi1ja de
$100,000; el trono del altar mayor. de plata maciza, regalo del Obispo Ortega y Montéñez; el sagrado, cl11
plata y oro, cincelado primorosamente; una custodi*
~stimada en más de $150.000, etc, etc.

*

**
Pareció que ya no se opondría
ningún obptáculo á
los lnglese11 e1.1 su marcha El plan grandioPo de Cecil Rhodes, el conquistador df'I Africa austral, fué
para eilos de una realidad completa.
Tratába11e de unir Egipto á la colonia del Cabo, á
través del Africa central. Bastaba para ello h11cer remontar el Nilo á sus cañonnos, para asegurar su in·
corporación con Mac Donald y Cavendish que ocupa•
ban Ouganda y hablan ealido victoriosos en Mruli.
Con esto, su hábil polftica les hubiera permitido, á
cambio de ventajas especiales, franque11r el Estado
independiente del Con¡ro y el estandarte britAnico
habr!a flotado triunfalme1,te desde el Norte al Sur
dt'I Africa en toda su inmema extensión.
Sólo una eombra tenia ~~te cuadro: la expedición
Marchand. No bastaba que 11e hiciese correr el rumor
de su fracaso; necesario era que el hecho se confirmase. Ahora bien, lejos de haber muerto, el capitán Marchand y sus compañeros de armas, los capitanes Baraties, Ge,maio. Mangin, L¡¡rgeun. el teni, nte To11qne, el alférez Dye y el Doctor Emily hablan llegado
á Fashoda.

•

Fasbodn. ocupada por la expedlcl6n Marchand.

�EL MUNDO

324

Oomiugo :23 de Octubre de 189l!

Domingo 23 de Octubre de 1898.

EL MUNDO

PEKIN Y SUS CERCANIAS.

·-•
Puente ••Lomo de Camello."
Parte exterior de la muralla.
EL EMPERADOR DE CHINA Y SU MENTOR
comprendida en la _esfera _d111 acci?n ingl_111sa. rE'I•
La. travesla. de los franceses al mando de Marchand 111stá
couocié11&lt;lolo
asi
Al111mama,
Jt,i.ha
y
el
~,;ta&lt;t_o
1
1b~e
d~l
será uno de los más noteblt1s t&gt;jr1mplns dt1 lo que pue- Uongo. El gobierno d0 Lord _R 1Pt1bery. man_1f_.,._sto PU·
China es el pals de los certámenes á propósito do
de la. energla. iorlividual. R.imnnt~udo Fucesivamen.te blicameute cuando se or_(amzabll. la exp_ed1c1ou Mar- to 10.
el Oubanghi el M'Bumou y t&gt;I Bokau. penetró por ulHemos oído hablar tanto de Emperadores y Empe•
timo Marciland á fineK de 1· 97. en la cuenca del Nllo cha.ad que cualquiera invasión emprt1ud1da sobre el
rat1ices dP China, ya enve111&gt;nados, ya
y ocupó el fut1rte Hossioger, cerca. de
dPpuePtOP d111l poder; ora victimaq de unas
cou.ipira.cioneR ó conPpiradores á su Vt'Z;
Tamboura en el Saueh.
Comenzó P.ntonct&gt;s á bajar p&lt;'r t&gt;Fte rio,
-tanto ht&gt;mos oid0 hablar de esto que
afluente delBabr el Ghaza.l, fundandopues
1·r111emos pertiuente la publicación de l11s
tos militarP.s en Kodjioli y t&gt;n 1,. confluen·
liuPa8 y del retrato y vistas chinas que
cia. del W ,mu. al que dió el nombre de
form" n ~Fta página.
fuerte Desab::, asegurando asl su linea dfl
;.Cómo 11..-ga á rn alta digni~ad una Emcomunicación. Pasó por MePchra en Rek
pi&lt;ratriz de China? Ya lo lltmos dicho, el
y á poco acampó á orillas del lago No.
certámen t'S el procedimiento universal,
Por su parte Llotard, comisionado dtil gcempleanrio en CLina para prover todo
bierno francés en el Alto Aubanghi, funpuesto vacante. H11.ce justament111 diez
dó los establecimiento,;, de R~ b ..t y Dem
años hubo nn gran ~oncurso de jóven, s
Ziber. mandados por el capitán Valdenai·
casad..-ras con más ó meaos titulos para
. re, y luego el de Ganda bajo las órdenes
pretender la dignidad suprema. E1 primedel teniente Cha¡,uiP, uniéndose aKI los
ro de todos os requisitos es pertenecer
esfuerzoR de esta expedición con la del
á cif'rta clase social elevada y ser ademas
Capitán Ma.rchand.
de la raza domiuante.
Los franceses ocupan la provincia de
Las primer 1s prueb,is dieron por re•
Barh-el·Gh11zal y sus ePtablecimit&gt;nto@ cerPultado que qnedara.n sólo treinta.y un con•
ca del Nilo obstruvt&gt;n el camino de los in·
currente,; acepta1as; selas condujo en cagleses. Estos protestau contra la ocuparros cerraaoij á !'alacio, en el qui! eutraron
ción de territorios que pretende lCgipto,
antes de que saliera el sol. Sirvióseles un
banquete para rt&gt;parar sus fuerzas, dt1·
EL PUNTO Dlll VISTA INGLÉS
bilitados por la nocturna caminata DesSir Herhert Kitchener ha dado feliz terpués dt&gt;l desayuno fueron llevadab á la
mino á. la campaña del Sudan, aseguranpresPncia rle la augusta y temible Mado losintereKes anglo-egipcios.
jestad. la Emperatriz viuda. la cual pa,6
Parece en E'.ft'ctu que todas las dlficu\en revista á las doncellas, examinándolas
tades han desaparecido y que este resulpor grupos de cinco
ta.do satisfactorio se obtuvo con un mini·
Uada una de las aspirantes al trono llemum de esfuerzoa. Como el gran Carnot,
vaba una tableta en la que estaban et1•
Sir Herbert Kitchener es "un organizador
critos su nombre, su edad y prosapia;
de la victoria," aunque, á decir verdad, su
después de iuterrog-arl&amp;s la. Emperatriz
mayor mérito consil!te "'n que prevee con
viuda. mezclando á sus preguntas una
igual perspicacia las pt\rdidas que se proque otra ob,ervación matt1rnal, S M. forpone infhgir al enemigo y las que evita
maba su opinión. Si esta era. deijfavora•
para los suyos. Basta pensar en la morble. la tablita de la donc 1la rechazada se
talidad terrible requerida por la conquisponía en mano6 de uno de los oficiales
ta francesa en Madagascar para que se
encargándole que entrt&gt;gare á la rnteiecomprenda la plena exensión de respon•
sada un rollo de st&gt;da. Lue¡;ro se la condusabilidades de los inglt1ses eu la presente
c1a á su carro quedando fuera de concampaña.
curso.
Tócale ahora á la diplomacia tomar 1011
hilos de la empresa manejada con tanto
tino por el soldado La presencia del maEl interés de estos***
datos consiste en la
yor Marchand y de las fuerzas francesas
luz quti derraman sobre las relaciones
er: Fashoda, creó una situación que reque ligan á la Emperatriz viuda con el
quiere mucha y muy firme decisión por
Emperador Aquella. es de hecho, 8uperinparte de Lord Salisbury si se quiere evit~ndente del harem, posición fuerte que
tar un conflicto internacional demasiado
conserv&lt;l á tilda costa, toda vez que le da
serio.
ua medio excelt1nte para regular los acSt&gt;gún t&gt;l chauvinisme (patrioterismo)
toR del Emperador.
#rancés, la emprt1sa del valiente Mavor
lilJANG HSlJ, Emperador de China.
Las mujer.,s de la corte e~tán sujetas á
March~nd tuvo por mira. ó µrovocar á Intodos sus •:aprlchos: su sonrisa las llena
~laterra á discutir la cuestión t&gt;gipcia,
u obtenPr una. garantia ma•erial de la evacuación del valle del Nilo por una potencia extranjera: serla co'!l• de placer y su enojo las anonada, porque no sólo se
Riderada como "acto de desafecto ó enemistad hacia manifierita cou palabras sino que acude á veces á me•
valle del Nilo.
·
dios brutaJeg para mautener su autoridad.
Fashoda. pertenece al Egiptv, Está declarado que Inglaterra."

Algún ático e!!tudiante, 11lumno de Anatomía
,práctica ó de Patologfo. interna de lo~ del Hospital General, bautizó á aquel viejo setentón, dt!
ancha esp ld1t, cuerpo de Hércules de circo y
-entrecana melena de Nazareno, con el nombre
-del mitológico gigante; y e11tre la estudiantil ca•
terva de medicina, ti !ceo aquel no era conocido
IJli llamado de otra manera, uo sin razón, pues A

0

Tumbas de la dlnastfaMing.

Entrada á un edifl&lt;'io público.

11emt&gt;janza del enemigo de Ulises, é:1te, A su gi•
:gantesca. estatura sumaba la ausencia completa
de un ojo, saltado de un lanzazo por un húsar
aUBLTlltco, allá. en los tiempos de la guerra de intervdnción y en la bat1tlla, asalto, escaramusa. ó
albazo que ustedes quieran; peleando nuestro
,hombre, eso si, siempre en las filas del ejército
,liberal.
«Polifemo&gt; era popular en el Hospital, tanto
.por su monomanía como por sus costumbres y
11us buenos servicios. Desequilibrado pacífico, lo
mismo ayudaba A los entel'meros en su servicio
que repartía el rancho li. los locos y cargaba de
buena voluntad las camillas con los muertosrum•
bo al Panteon; pero tenia sus dias de 11bstracciún,
de nostalgia profundo\, de fúnebre ensimismamiento, y en ellos ni por rueg0s ó amenazas consentía
en hacer el aseo del cuarto del «practicante adjunto,&gt; ni en cti,rgar las lámparas de petróleo, ó
cambiar de sitio por súplica del boticario, el pe•
sado almirez en el que tocaban á zaf11rrancbo de
huelga los estudiantes en los días de fiesta; entonces se concreta bu A pasear sin descanso A la sombra de los fresnos tlel jardín y en formular á los
convalecientes que allí acndían en busca de oxígeno, su eterna pregunta, aquella pregunta sencilla y terrible, cliwe acaso de un problema que
devora la pobre humanidad. Y era raro aquel loec con sus dej0s de filántropo, filántropo en medio de la miseria, y su-; barnices de erudición y
de saber en mitad de tres docenas de locos analf&amp;béticos. Si á un cofrade, por ejemplo, le veía
próximo á la desnudez, él se privaba de su levitón
graciento y desforrado, herencia de algún alcohólico muerto en el Hospital y adquirida por des-

pojo sobre lti pl1tncha, para cubrir aquella desnudez y evitar aquel frío: y si en alguna ocasión, á
la demanda de algún enfermo, respondii\ la impertinencia de algún enfermero, él mediiiha en
la contienda con tono de rdórico y puntos de
mondista.
Pobre Polífemol En 11que1 ojo único, inmensamente abierto, sereno, sin parpadeos, brillaba una
mirada con reflejos que parecían decir: compasión, caridad, ternura ..... .
El vivia, allá, hace lue, g &gt;B años, en su rancbejo oculto como nido de águila entre las rocas de
la montaña, ageno de desdichas y de dolores,
idolatrando en un hijo, un mocetón fuerte y simpático, según contaba, y en un nieto cuyo 11dvenimiento estaba anunciado, cuanrio á las playas
del golto llegó el cuerpo expedicionario francés
y la imperiosa necesidad de la derensa nacional,
se llevó de aquel hogar tranquilo al hijo, para
convertirlo en víctima de la. patl'ia y héroe de la
guerra. Mas no p11ró allí: á poco se necesitaron
más soldados, más gente, mucbos mh hombres
para defender el territorio y arroj!l.r al invasor; y
cuando el derrotado pelotón de patriotRs pasó por
las puertas del bohio pregonando el peligro de la
madre patria y requiriendo el auxilio de la
sangre de sus hijos para ella, el hombreno vaciló;
echó una mirada al interior del jirnal en donde
quedabán una mujer, madre joven y hermosa y
un niño, angel ñe inocencia, terció al hombro el
fusil y respondió: «!Vamos!»
Dos ó tres encuentros con el enemigo; el padre
sirviecdo en la mísma compafl.ía que el hijo, por
rara casualidad; el viejo, soldado ras'J; el joven,
un cabo gallardo •Y bravo; y a~ tercpr encuentro,
un zuavo, un maldito zuavo de rojo pantalón bombacho y bla.nca polaina, qu1en encarándose el
arma, apunta al cabo en una Lrir.chera, hace fuego y le rompe el corazón .... y .m viejo, un soldado raso, que mordiendo co érico el cartucho
del fusil, apunta al zuavo y 1,: sepulta una bala
en pleno cráneo,
- Psché ...... Despufl~ maté muchos gabrzchos y muchos reaccion· rios, no por vengar á
mi hijo sino por cumplir con mi Patria; pero
me batía con miedo porque me acurdaba mu
cho de mi nietecito. 8i me mataban qué sería de
él sin padre ni abuelo? Quiso la suerte que un
austriaco me dejara sin un ojo, y entcnces pude
pedir mi retiro y regrtsar á mi montaiia con un
centenar de suzas amarradas en el cinto y arran-

cadas en buena lucha á un forrajeador de la caballería enemiga; onzas que cuidé mucho porque
las destinaba ¿no sabe usted para que? Pues para que mi nieto fuera Licenciado ...... Lice,iciado como Don Benito Juárez y como mi General
Gonzálcz Ortega.·.· ... ¡Si hasta llegué A pensar
que sería corno ellos Presidente de la República,
General, que sé yo!
Cuando volví á mi rancho me encontré con que
mi nieto era un rollizo muchacho que andaba ya
y tocaba el t~mbor en un pedazo de vasija de fierro ...... Me llamaba papá y era el retrato vivo
de ini hijo.
Me vine al pueblo para que se educara y fué
á la escuela y aprendió á leer y en un lfl de Sep•
tiembre dijo unos versos y en la repartición de
premios de la escuela, el Jefe Político le colgó
al pecho una medalla, y le regaló un duro nuevecito ... . y ....
¿Sabe usted donde se van las almas?
¿Sabe ueted por donde se sale el alma de los
que mueren?
Yo no lo pregunto porque no creo en el alma ...
Sí creo •. pero quiero saber por donde se va el
alma, si tenemos alma cuando morimos porque....
¡si lo he sabido no se me muere mi nieto!
Aquel, mi hijo, cl\yó de cara al sol, ú plomo,
rígitlo y sin quejarse; el balazo le partió el corazón y por allí acnso se escapó el alma en un borbotón de sangre cAlida! Pero este ...... Porque
ha de saber usted que mi nieto se enfermó; que
yo corrí como un loco en busca del viejo médico
de mi batallóu, amigos de campal1a, y que mi
amigo, el mét.lico, Jlegó y vió y pulsó y me dijo:- «No tiene remedio .... no tiene remedio ...•
E&lt;J una alma que se val&gt;
Y ha de saber usted que yo no me conformé
con lo que aquél cruel, mi amigo, me dijo. ¡Cómo había de conformarme con que se muriera el
cariño de mi alma, mi alegría de la vida, mi esperanza de la vejez? ¿Había acaso economizado
mi sangre en los campos de batalla, egoista con
mi Patria, para otra cosa más que para que mi
nieto viviera? •... ¡y se me iba A morir! .... ¡Se
iba aquella alma? Pues bien: yo la detendría.
Cuando le vi agonizante cerré las puertas de
la alcoba; cerre los cristales de la ventana, cerré
basta los resquicios de la madera, y cerré 11queJla boquita con mis besos, muy bien cerrad!\,
muy bien cerrat.la .... á. ver si podía irse aqut!lla.

�326

Domingo 23 dfl Octubrtt de 18,qS

EL MUNDO

Domingo 23 de Octubre de 18,qS:

balando dos lagrimas, cuando levi sobre la plancha me parecía
sorprend1 r en la si11gular mirada
de aquella pupila clan.da, insistente y tenaz al infinito, al azul,
al firmamento, yen el rictus mortal de aquellos labios que parecían sonreír dulcemente, que
aquel bcmbre había penetrado
por fm el problema de su pregunta, y satisfecho, sabían ya como se van las almas de los que
mueren!

almita blanca....... nó·, no saldría ...... es1aba presa!
Y se fué .... ¿por dónde? ¿có•
mo?
Por eso, por ef:o me pregunto
cómo se va.u las almas de los que
se mueren. ¿En una mirll da, en
un suspiro? Y por eso dicen que
estoy loco, y yo me res:gno á
creerlo_ porque al fin y al cabo,
fuera del Hospital nadl\ tengo
y á nadie quiero y nada haría.....
Aquí estoy bien."

*

ESTEBAN

**

l\fAQ.UEO ÜASTELLANOS-

Üxaca, Agosto 18 de 1898:

¡Pobre Polifemo! l\lurió, y ·pu•
de verlo en la plan ch;,; y así como cuando oí su naJ rncióo, de
su ojo único, y de la 61 bi1a hueca del otro, pude sorprc1.der res-

C~Ol\'IOS VULGARES

Lcf\ MUOHf\OHITf\-. DEL BOULBVf\RD
Todo es pasar por la. esquipn de Mercaderes y
Plateros: allí la conoceréis.
Anda siempre confundida entre el bullicio de
la gente, voceando el periódico de la mariana y
jugueteando con el enjambre de granujas, sus
compafteros de comercio, que revplotean por aquel
extremo del boulevard.
Y no pasa inadvertid11 en medio de la multitud.
.Atraen sus ojos obsc~ros hermos11meme grandes; atrae el correcto óvalo de su 10stro de tez
pálida á la que el sol á fuerza de imprimir sus
ósculos de fuego, ha dejado un tenue ensombre•
cimiento; atrae su boca de fa bios grue~•.&gt;S con inflexiones de coqueterías abigarradas: atrae su
cuerpecito flacucho que no permite nad.t :\ la be-

lnmPdilltamente me hirió el rPcuerdo de las alcobas tibias, donde entre pieles y mullidos cojineq, duermen los niftos ricos.
Recordé á esas madres e11ntas que velan junto
á la cuna, el suefto sonrosado de la aurora de la
vida.
:Y aquella infeliz no tenía nada de eso! ..... .
¿Por qué ..... (,Qué había hecho aquél sér que
estaba en el momento de la vida en que se es an•
gel, para que fuera y!l. azotado por los negros
vientos del infortunw? .....
Recordé que en el mar de 111s mu1titudes navegan á veces existencias brotada,, de 10 ar.Animo;
existencias sin luz; peregrinaciones trerneudas
que principian en el torno de una inclusa ~ aca
ban en la fosa común de un C"6@enterio!. .. .
¡Oh! y los días de Psas existencias! .... .
Esos días, densamente nubllldos, hacen que
se deshojen las flores del alma y de cada una de
las hojas que caen. ruedan prendidos los hinatos
sentimientos con que Dios ilumina el tenebrario
-de lo futuro.

\

La muchachita del boulevard ...... ¿de dónde
brotó?
Tal v1.z en el rincón infecto de una casa debarrio que le sirve de hogar, te11g11 á los autores de
sus días. Tal vez un pobre ciego.: .... una infe·
liz paralítica ...... quizá un beodo .... una nauseabunda ramera .... ¿Y por qué no uno de tantos con quienes se codea y á quienes ofrece su
mercancía en el extremo del boulevard.2
·

lleza plástic'l., pero que se mueve, se mueve con
flexibilidades de viborita, escurriéndose por entre los tra11seuntes, escapando con burlona gracia
de una mano que intenta acariciarla ó yéndose á
prender al brazo de alguno de sus conocidos á
quienes manda con imperio que le den centa~os
ó le consuman la mercancía.
La conocí una noche.
Ya era tarde y el boulevard estaba casi solo.
Salió á mi encuentro y me tomó una mano sin decirme palabra. Así caminamos un buen trecho.
Sus piés descalzos daban sobre el terso pavimento de la acera produciendo un ruidito sordo y
acompasado.
Al fin me dijo con voz fina y en tono familiar:
-¿Qué,. hace frío? Yo tengo mucho.
Infeliz! Si estábamos en pleno invierno .... ¿Cómo no había de tener frío?

Ella pudiera ser el capullo de una flor de cieno,
creada para adornar el carnavalesco tocado de
esa harpía de falsa hermosura que se arrastra. protegida por las sombras de la noche, á lo largo ae
las avenidas desiertas ó danza en l11s salas olientes á ajenjo, al compás de los acordes de un piano que más bien gime que cant11.
Pudiera ser el 1tpoyo del claudicante ciego.
Entonces-idolatrable flor marchitada por la inclemencia del inforLunio,-sería radiosa, lumínica, regaría claridad de apoteosis en las hor11s dtl
aquel ser abrumado por el peso de la sombra.
. Pudiera ser la redención de alguna •pobre víc•
tima del vicio; entonces-inmarcesible flor sub•
subyugadora-];;. descarnada mano de la desgracia ·no podría ahogarla en la inmunda charca de
la prostitución¡ sería nube, estrella, átomo del
azul infinito, y en su vuelo llevaría, libre del humano desprecio, á aquel ser que había pasado
por la existencia con la frente dobleg!lda, arrastrando la vista en asqueroso cieno.
Pudiera ser.... una vengadora de los crime•
nes que ha cometido el oro, entonces -rayo de
sublime indignación-haría que ante ella se doblegaran las frentes de nitidez apócrifa, ensena-

ria á las multitudes que á ve&lt;!PS e!'I lodo lo que
parece espuma .... y la estulticia perdería su,
gesto de risa y la sociedad rugma como leona
acosada.

. \r~~~~.-;~d¿ ~s·p~;a·; p~~-l~·¿~qlri·~¡ a.'e'M~~~~:
deres y Plateros; allí conoceréis á la muchachita.
del boulevai·d.
L. FntAs FERNÁNDEZ,

ANIVERSARIO
Un año hace hoy ¿te acuerdas? me decías
"Te amo; la vida para amarte es corta.,
Tu amor al paralsQ me transporta
En que cifré las esperanzas mias 11
¿Cómo creer ¡ingrata' que mentlas
Si estH.ba el alma con su amor absorta.?
¡Me hiciste dePgraclado ... ! ¿1ue te importa.
Que viva yo sufriendo mientras rfas?
Hoy lll dicha te cubre con su manto,
Y en su gentil regazo te da abrigo ....
Si mañana en las ,rarrae del quebranto
Un destino arrojérate enem'go,
Yo con amor enjugaré tu llanto
Y tu desgracia partirás conmigo.
JUAN VALLE..

terior de su americana, para cerciorarse de que esta•
ba alli la carta consahida.
Llegó, y encerrado en su cuarto, tembloroso de dedo!! y con el corazón Detido en un puño, abrió la carEra una noche de ·seJ&gt;tlcmbre, que se pRsaba de ta que, á vueltas de algunas ternezas de cajón, termifreaca y ray11 ba en fria. Julio, sentado en un banco n-aba de este modo: "No hagas en el teatro nada que
del jardln solitario, con las manos en los bolsillos del me disguste: va sabes cuáuto te quiero y lo que sufro
gabancito, p()CO menos que tiritando, esperaba á que con ciertas cosas ...... Acuérd1tte de que tu cariño es
el reloí dt1 la vecina iglesia diera las ocho: hora de~de la única fellcidád de tu Clara •
Y es,as frases, sin duda satidas del corazón, aca~ahacia tiem¡io fijada para rondar las ventHnas de su
novia, saludar! .. al puar ó, si babia oportunidad para ron de exasperarle. "Que me quiere" ...... -se decla,
ello, decirla algunas palabri!las preliminares de la somiendo con irónica amargura - Engañifas, para
que no pueda pedirla cuentas d" lo que ha hecho ni
conversación de más noche.
Aquel amor era el único verdadero y arr11igado de lo que hará esta n')che ..... Me juzga tan sandio
que hasta entonces sintiera: habla ido creclenao man• que con cuatro lindezas me dejaré como una seda" ..
samente en su corazón hasta dar al traate con todos -"Pero ven acá ...... - le dt'cla. otra voz en el fondo
sus pesimismos de hom·
bre incrédulo y desengañado. Y á él se entregaba con el entusia~mo
y la vehemencia de su
extremoso carácter.
Tenla Julio exagera•
disimo puntillo y más
que sus puntas y ribe·
tes ele celoso. Y no era
precisamente que juzgase á su nov•a c1tpaz
de burlarle: lejos de e lo,
la tenia en la LOejor opi ·
nión, confirmada por el
juicio de todos cuantos
la conoclan y por la pro·
pia observación en l11s
horas serenas; sino que
á veces se efectuaba en
el fondo de su ser como
un desdoblamiento des u
personalidad que produela dos enies comple•
tamente distintos: el uno
serio, confiado pacifico.
el otro tarambanR, Incrédulo, alborotador y
pendenciero .... Y cuan•
do éste se encr~paba,
de nada servia la sana
dialéctica del cuerdo
que gHstaba t.n balde
sus buenas maneras y
mejores palabras: el en•
te loco no cedia, toma•
ba por cobtirde vacilación la cordura del otro,
se envalentonaba con
ella y le hurgaba, le
hurgaba hRsta que el
bueno repelia la agre•
sión, y, yéndose á las
manos, se zarandeaban
un buen rato, sudorosos
y jadeantes. Mas nunc"
conclui,m aquellas contiendas por el triunfo
definitivo del uno sobre
el ott o rival: las terminaba el cansancio. y enton•
ces los dos combatíentes, gruñendo y mirándose fosco, se largaban,
C.ida cual vor su lado.
A ·veces pirecla quo
ll! atmósfera es tira pro·
-:i'._ a, que el ¡iobn, Ju•
lio, ~según 10 bien dis•
puesto qne Je encontra
ba cualquier quisicosa.
se tragaba en el aire el
prollfico germen de los
celos.
E•a una de estas la
ocasión il" mi cuento.
Despertó Julio aquel dla
sucPptible, descrnfiRdo,
nen·io110. Re acordaba
sin qué ni para qué de
ciertas cosillas que ha-·
bien pasado tintre él y su novia, hacia ya mucho tiem- del cerebro con tono reposaJo y tranquilo-'\\_Qué es
po: las veia en su imaginación como si en aquel lo que ha hecho? ¿Sabes, aca110, Jo oue 11.ará? ¿1.;uándo
momento estuviesen acaeciendo, y aunq·1e dA todas ha preteudido burlarse de ti l'mbu1,terol1" . .....Y á
ellas se le habían dado explicRcionPs sin número, todas ePtae pr, guntas. daba PI ente loco contestaciosentla molesto prurito de recordarlas, d•• revolver los n ..a rá.pidae, tf'IPgréficas. revivit1udo ciertos sucesos,
empolva~os trebejos que guardaba su mPmorla, y ti- recordando cierta11 p11labras. Nad11, que los doa morll·
rar de ellos, alzándolo11 en alto, parll verlos por todos dores del c11rebro di, Julio, estaban á pique de tirarse
IRdos á la luz zenital. Era el e .te loco que apuraba los trastos á la cabeza.
la psclenciR á su constante enemigo, el cuerdo, para
Mas no habla tiempo que perder: cambió Julio las
darse el.gusto de una agarrada.
bota11 qufl llevab11 por otras de espejeante chRrol, tro•
Asi estaba Julio, ruando la prlmeu de las ocho có la americana de todos los dfas por el levitón docampanadlls que e11peraba le hizo estremecerse y le, minguero, se puso tirillas y puños limpios: pasóse el
vantuse de un salto.
cepillo á lo largo de las pPmf'r»P; eepolvoreó el somPromo llf'gó á la casa de sn novia que según cos- brero; co¡:rió el ga bancetfl, y dió con su malhumurada
tumbre, le esperaba á la reja. Iba á hablarla, mb ella persona "º el vl'stfbulú del teatro
se le adelantó, diciéndole con voz queda y precipitaEPtP, aunque milagro de comodidad en una capital
da, á la vez que le alargaba una carta:
de provincia de cuarto ó quinto orden. no era unR
-¡Esta noehe al teatro!
obra artística, ni mucho menos -Aqu ..na noche tenia
Lo que Julio sintió al oir esas palabns. no Ps para • 1aPpecto dePairado de siempre (salvo los cuos en que
descrito. Primero, degaliento, tristf'Za. cólerR; deapué~, la fiePtll era gratis ó 11e represPnt11ban comedlas de
algo que le pesaba en el alma y que le hacia ,ndar á gran aparato): unas cuantas fHmilias deEpPrdlgada~
testerazos con mil ideas de muerte. 11,Qué alegría ha- en palco11 y J&gt;lateas, y al¡rnnos gomoPos apiñados en
bla sorprendido en aquellas p11labra~I...... 1Qué bifm 101, asittntos de patio contiguos al escenario,
se conocia que más le agradaba exhibirse, ver v ser
Julio tomó una butRca colocada de modo que podía
vista, que tener la basta aht. sobrosa conversación de verá AU novia con entera comodidad A su lado se
todas las nocbesl ...... Ya no le quería.... Le traiciona• Pentó á poco rato un larguirucho y espetRdo indiviba vilmente ... Le dejaba por otro ...."Habladurías duo á quien no conocfa. Y al ente loco, que gozaba
del ente loco. que habhm acabado por hacer que el riñendo, Pe le mPtló en la cabeza que Clara, al mirar
euerdo fruncina el entrecejo y le mirase con ira.
á eu novio, miraba también al desconocido sujeto, y
En tanto. Julio camlnaba á grandes zancadas haría cada vez le fue parPciendo su disparatada ocurrencia
•u casa, echando mano á cada momento al bolsillo in• la cosa más Indudable.

TURBONADA.

327

EL MUNDO

Ji;Dtr-e tanto, Julio sentl; sl'cil.. y amarga la bocR,
p•l,1&gt;itante~l corazón, Ju.os los rulrn.1br&lt;i~; y repimti·
nos impuleos de gritar increpándola, allt, ddaLte
de todos, de hacer no sabia que etcandalosas buba•
riciades, le alborotaban los nervios.
El e11te cuerdo colitenfa las int&lt;:mperancise de su
rival, sujetándole con fueu:a. Pero llt·gó t-1 saint:te,
invariable fin y remate de nuestras funcionl's te11trales, y comenzó todo el n.ul'.ldo á nirse..... " ¡Dio8
santo! Toda aquella gente tenla la de~facha~tz de estar
alegre cuando él se conPumfa de a1,~ustia11. . . . . . . .,,...
Aquellas risas eEt1uendoeas que estallaban á c&lt;iro, ·
er11n como cntnas perdigo1,adas que Je acribiJJ,a.
bao el corazón El, entre aqut-lla e:xplo~ión de bPbalicona a·e~rla, arrugaba el 1cntreceJo, se mordía Jo¡¡
labio~con furia y se sen tia morir Y tst11s a.ngustias houible~ snbferun de punte, &lt;:ua n do vió que ella
también se refa. Entonces el que al ente cuerdo,
incapaz de contenerle
be le escapaba el loco
de entre las manos .....
Afo1 tunadamente enes e
momento tenLinó la pieza ..... Julio salió.
.
No pudo, aunque lo
intentó resueltamente.
tomar el camino de su
casa. y df'jar la ventila•
ción desu11 agravioij has•
ta el d!Rsi~uiente. Fuerza irresisuble le emouja ba hacia la casa de· su
novia, á pesar de que d
ente cue, do con su inalterabl" eentldo común
le prevenla la inutilidad
de su tentativa: Clara
aunque lo de11ease, no
habl11ria con él á aquellas horas.
Y allá se fue, sin embargo, y rondó largo
tiempo inútilmen•e. Entonces toda a q u e 11 a
amargu::-a que le anda•
ba por 11entro, engrc•
Pada por violenta cóhi•
ra, desbordose en crlR•
pamiAntos de puños, en
duros vocablos y en "1·
gunas lágrima11, pocas
y amargu, de esaP que
brotan Rin contracciones
de rostro.
Al cabo, hizo un enér•
gico llamamiento á su
volunt1td, á una fuerza
que él llevaba oculta en
1,, más hondo de su ser:
111la no siempr11 respon•
dla á ~11s conjuros, mas
si la daba por rt&gt;spondoFabf1LSobrepo11er~e á los
más fieros arrntos dPI
ente loco. A-1 sucedió
entonces, y J t1.io se largó á su casa.
Ya acostado y envuel•
tll en las mantR&gt;1 la ca•
beza, amontonaba acusacionf's. rnpo1oía pre·
guntu, formulaba res•
puestas y cunado ya
percibia el úlci,oo detalle de su plan dA c.&gt;n•
ducta, la imagin~ ción se
Je iba al techo del teatro,
IJPno de grietas y clesconchRduras; á la lámpara humeantP. que ál•
guien empinándose Pn
una butaca.apalól'Ó denn
soplido; á la~ alegoriRs
.
del tf'l.ón: á la cara risueña de éste ó aquél espectador; al libro útj.imam'eute leido; á los diversos asuntos pendientes ...... Mereed á violentos esfuerzos tornaba el descarriado di11cureúásu punto de partida¡ más se escapaba de nuevo,
y asf una vez y otra, hasta que el sueño. IIPgando ~in
ruido, desvanedó las cavllacio)'.les y Plató la zozohra.
Cuando despertó al dla siguien~e, experimentaba
una sensación de dejadez absoluta. Los dos combatientt:s, el cuerdo y el loco, echados en tierra, fatigados y contusos, se miraron sin recelo. Pf'guros de que
uno y otro estaban inútiles para mucho tiPmpo
El que primero volvió al uso de su discuno fue el
cuerdo, y echó en ca,.a al loco, aunque ~in ofenderle
ni picarle el amor prof,iO. sus intemperanrias y desvarios, mas éste. que era tal vez, quien mPyor gasto de
fuerza. habla berho, postrado y abatido, ni siquiera
escuchaba. . . . Y aquel cerebro delirante y aquel
cuerpo desmadejado fueron entrando en c&amp;ja,~erenán•
dose como el cielo y el már después de una. borraPca.
Sólo el corazón de Julio, como devBFtaclo campo de
batalla, conservaba los rastros dfl la trPmenda refriega. lt;staba magullad'b y dolorido y annque bien
se le alcanzaba que todo ello no babia sido quizás,
sino un punto del ente loco, no pOI' e,o dejaba de
sentir el dolor de 1us he~tda.s, y t, nía t l pobre in•
mensa necesidad de palabras de carii,o y juramentos
que como blandos apósitos, restañaran su sanj!'rfl.
.Entonces el ente cuerdo y el e:ote loco Plntieron qu11
la conciencia les remordla, y, camblánilose una m:•
rada melancólica, tuvleron)jlltima d.- él.

f. GARCÍA RODRÍGUEZ
• 1. '

·1
,1.,

-~~

�Domingo 23 dA Octubre de lff!R.

!.L MUNDO

Domtngo 23 de Octubre de l!S9b

3;¿9 ,

EL' MUNDO

PAGINAS DE.· . LA MODA
'

\

La canción de una madre.
A LA SRA D:lÑA JmSEFHiA PIDR'!!JYRA DE

Y que. del hondo espacio triunfadores,
Bañan su cuPllo en mares &lt;IA colores
Al deegRrrar la a.urora el infinilo.

GARCÍA,

En la nllcbe, en los hondos 1.gujeros
D11 eu p• ñón. rlondA l. s brisa11 suaves
Se refu&lt;rilln, él sueña co~a11 gravPs:
Ya que eleva Pn el aire á los corderos,
Ya, que agarra en las nubes las aves.

Pata. "El Mundo."

Ha muerto el sol ...... anochece,
Están las ramllB temblando,
Y loR nid.o s oscilando ..... .
E11 el viento quien los mece.
Sopla, l'Opla ¡oh maneo viento!
Ven á columpiar los nidos;
Canta, canta, soñoliento,
A 1011 pájaros dormidos;
Be&amp;a las plumas sedosas
De 1111 aves perezosas,
Y ramas y nidos mece,
Qae ha muerto el sol. ... y anochece.
Desmayado por el sueño
Otro pájaro pequeño,
Más blanco, más, que el armiño,
Duerme, sonriendo, en su cuna:
Ese pájaro es mi niño
Y es quien lo besa la luna.
1&lt;;1tin sus lljos cerrados
Por las pestalias velados.........
Baja, baja 10h blando sueño!
Duerme, duerme á mi pequeño!
¡Flor de espuma, flor de armiño!
¡Oh mi niño!
Si sabe cantar el vh,nto
Para dormirá 1111 aves,
Yo también canciones suaves
Cantaré con dulce acento,
Sé tantas baladas bellas
Como ha,r en el cielo estrellas;
Sé melodiosos canares
A millares ..... .
¡Oh vleniol y los dos velando
Con amor junto á las cunaa
Pasar veremos, cantando,
Noches blancas. noches brunas,
Rojoe 110101, tristes lunas.
Llenos de nieve y escueto11
Pronto e1tarin loa abetos;
Mecerin los vientos frios
-Cunaa, entonces, de hielo
Que rodal'ÁD hacia el 11u'1)lo.........Maa nada importa que fuera
El árbol se agoste y muera,
Se cubra de escaroha el llano
Y ae congele el pantano,
Si adentro, en au cuna hundido,
Está mi túño dormido ..... .
¡Oh pequeño! no te importe
Que roJa en el llano el Norte;
Aunque el lobo en la espesura
Aullando esté con pavura
Acoaado por el lrlo,
Y el perro á lo lejos ladre ..... .
Nada temas amor mio:
Junto i ti vela tu madre.
¡Baja, baja ¡oh blando sueño!
Duerme, duerme á mi pequeño!
¡Flor de e11puma1 flor de armiño!
. ¡Oh mi niño!. .••.•

(FRAGMENTO.)

En una roca de ia ~inra nmbria
Vive un condor y a viPjo' y de@plumado,
Que conttimpla la bóveda vllcia
Con tan honda y tPnaz m1-lancolfa,
Cual si estuviese 11111 petrificado.
Ya no puedA V&lt;!lar y cuando empieza
La blanea nubA á coronar la altura
· Envidioso la mira. y co.! tristeza '
Inclina taciturno la CRbPza
Sobre su roca inconmovible y Jura.
Sirve de escarnio á los demás candores
Que anidan an en las cumbres de granito,

Ove, neurótica enlutada,
oye: la orquesta desmRya
preludia un v11ls en el ,alón;
de luz la estancia está inundada,
de luz también el corazón.

a

Mas se mira )AR alas rompungido
Y no baila en ellas nt 11iqniAra rastros
De aquel tiempo en qut&gt; hubiera basta podido
Colgar su ElnormP y 11ilencioflo nido
De las rubias peetHñllB de los astros.

¡Ronda fantástica Iniciemos!
el vals es vértigo: ¡valsemosl
¡que viva el vértigo, mujPrl
es un maelstromm: encontraremos
en su vorágine el placer.

JULIO FLORBIS.

EL ARTE..
(TBÉOPHILE GAUTIER.)

SI; la obra As más radiante
si el pulimento es terso:
diamante,
mármol, etmalte, verso.
No baya presión intrusa;
mas para andar derecho,
¡,,h Musa!
lleva coturno estrecho.
Al diablo el ritmo so~o
que como floja calza,
pié ocioso
se pone ó se descalza)
Rechaza, estatüuio,
la arcilla trabsjada
de di1t.rlo
con mente divagada,

Doma al rebelde p1-ros,
vence al carrara durolos raros
dueños del perfil puro;
arranca á Siracusa
el bronce que altanero
acusa
el rasgo bermoRo y fiero;

f

MARÍA ENR!QUJITA.

EL CONDOR VIEJO.

ALL"EGBO VJVACl!l

•

persigue en cornalina,
eon delicado apego,
la fina
faz del Apolo griego.
Pintor, huye acuarelas,
, y fija loa colores
que anhelu,
eual e"maltadores.
Hay sirenas caud1tdae,
mostruos de los blasones,
pintadas
en raras contorsiones;
en su nimbo trilobo
.á la Virgen y su Hijo,
el globo
del pié de la cruz fiJo.
Todo pasa.-Robueto
el arte siempre vive,
el bueto
al pueblo sobrevive.
Y la medalla austera
que un lilbrador ha bailado,
entera
de uu cé3ar ignorado.
Loe dioses mismos mueren,
,pero los versos, gonces
adquieren
más fuertes que los bronces.
Cincela, esculpA, lima;
que tu flo~ante. ensueño
imprima
su poderoso empeño.
BAI,VINO DÁVALOS,

Valsar, girar, ¡qué lindo es eao!
valsar, girar, perder el seso..
hacia el abhmo resbalar,
en la pendiente, darse un beso,
morir después ...... valsar, girar . ...
Paolo, tu culpa ramancesca
viene á mi ••spirltu; Francesca,
unida siempre á Paolo vas ........ .
¡Iinpúlsanos fonambulesca
ronda! ¡más vi vol ¡mucho más!. ...
Valsar, gira:-. ¡qué lindo es esol
v1tlsar, girar, perder el seso,
hacia el abismo resbalar,
en la pendiente darte un beso,
morir después: valsar, girar•.••••
AM&amp;DO

NmR.vo.

CA.LENJ&gt;ULA..

Vuestros ojos no han visto otri1 criatura
Más ideal, conjunto má,r divino;
Tiene el port., soberbio y la blanc,tra
De una estátua de mármol florentino.
Mira, y en su mirada ae ve el cteln,
Hllt&gt;lR, y su voz sem.. ja una romanza;
Al andar, el Amor, como en un Vt'lo.
La envuelve: tiene el ritmo de la danza.
Su bocll e~ una boca que provoca,
Late en ella la fras.. apasionada,
Y ha dejado en los labios de eea boca
Su púrpura op"Q.ienta la granada.
Iluminan su pálido semblante
Misteriosos perfiles de madona;
8lls cabellos, en grupo deslumbrante
Recogidos, como una real corona
O Al casco de un guerrero, f'n su alba frente
Ciñen Para ella son tod111 mis rimas.
La música del ver110, el soplo ardientA
Del númen sacro, Gloria, que tú animas.
*
Oh, deliCRda flor de invierno! El viAnto
ne Otoño soplará sobre ti un dia ........ .
Yo no sé qné fatal presentimiento,
Al verla, oprime y llena el alma mia.
En tanto tu beldad florece, impera,
Perfuma y rle, canta é ilumit.a.
1Presto tt1 dlrA ¡adiós la Primavera
Y llegará el Invierno que extermina!
VICENTE AcosTA.

·

FIG.1- HODELO PARISIENSE DE RECEPCION.

.,

�..
Domiugo 23 de Octubre de 189i

Domingo 23 de Octubre de 1898

EL MUNDO

830

Chismes y enredos de Sociedad.
La lengua nunca está quieta, siempre busca algo
que hablar aunque lo que iiiga sea para echar portie•
rra la reputacién de una ó más persoD'ls,
Esto sucede principalmente con aquellos individuos
que brindan una amistad falsa, una sinceridad que es·
tán muy lejos de St'ntir, y como no profesan lealtad y
franq::ieza 8iempre están cubiertos con el velo degradante de la hipocreda y el miserable manto de la vi•
leza.
¡Es increíble! ¿Quién será capaz de creer que en las
principales ca' as de familia es donde se le dá mayor
circnlación á la cbisrnografia? nadie ¿verdad¡&gt; pUt·s
sabedlo: en ese lugar es donde acostumbran denigrar
y enterrar en el fango de la deshonra, la conduc·a de
muchas per8onas que, en esos circulos, son objeto del
más detestable de los vicil,s: de la difamación y la ca •
lumnia.
He aquí por que hay quo mostrarse indiferente con
esos que o•recen una amistad que bajo todo punto de
vista es falsa, digo falsa, porque después, al separarse de esos hombres, viles por naturaleza, van á otro
lugar cualquiera á murmurar y ponerle mil defectos
á aquel que no hacia una hora le ofrecian una an.istad sincera
Si por una rRreza no son ellos quientis lo tiran al
fango del desprestigio, es en esas casas de familia
donde tanto el marido, c&lt;1mo la mujer y los hijos, no
están máá que indagando el modo de vivir de este ó
de aquél, pr!'guntando al vecino cosas que no le importa y queriendo saber lo que hará lo que come, có·
mo vive y cu~ nto gana, para alimentar sus pasiones
con chismes y enredos. ¡(J;ué poca educación, q,:é fal
ta les hace estudiar algo á Carreñol

.11',L

3° Comer de postre mucha fruta madura, lo más re•
cién cogida posible.
4° No desayunarse con café ni té puro, sino con cacao ó una ligera infusión de té.
5° Dará los niños al levantarse una taza de caldo
de harina de avena bien cocida y mezclada con h,cbe,
cocida también, pues la leche sin cocer es dificil de
dip:e1 ir y d . asimilarst-1 con el alimento.
6º Reducirá lo estrictamente n ecesario toda bebi·
da alcehóllca, y mPjorar más aún, suprimirla
por completo si E'S posible.
7° Desnudarse por completo al acogtarse,
quitándose cuantns prendas se han llevado
puestas durante el dia, volverlas al revés y sa•
cudirlas y colga:-las.
8° Quitarse 111 ll·van tarse li. ropa con que se
ha d01 mido, volviéndola también al revés, y
colgándola cerca de una ventana abierta.
9° Lavarse todos Ice días, si no es posible
bafiarse ccn agua fría ó templada, frotándose
con un cc&gt;pillo ó epponja y iabón ordinario.
10º ?\o df'j11 r de abrir la ventana del
cuarto de do1 mir.
Asi como el pan moreno ba sido reci•
bido con favor incrdb:e, la supresión de
las bebidas alcohóiicas y carnt1 de puerco em·uentran viva resistencia, porque
contruia hábitos arraigados desde muy
antiguo é intereses que sal•
drlan perjudicad!is con la re•
forma.

bleza de su alma y la,e fibras más sensibles de su co•
razón.
Cuando una persona hace presente á otra, por me•
dio de una conducta digna de todo elogio, su reco•
nocimiento por loe favores que·de ella haya recibido
esa persona debe sentirse contenta. tranquila. y ea'.
tisfecha como el que después de haber contraido una
fuerte deuda en numerario, log1 a al fin, traR de continuados trabajos y prolongadas fat~ga!l, saldarla satisfactoriamentes aunque entendemos que loe favores
i.amás llegan á. pag11rse.
Felices loe que sa.:t&gt;en y comprendE'n lo que signi,ca la palabra gratitud frase elocuente y significativa para las personas nobles: ella es suficiente para
condensi.r en su lacónica expr~sión todo un sentimental poema de re-conocimiento, de amor y de ternura.
La gratitud tiene el poder de arrancar abundantes
y cristalinas lágri nas, aún de los corazones más empedernidos, y convertirlas en estimadas, valio·sa.e y
delicadas perlas.
Dichosas las alma.d que eftán pE'rfum11das con el
agradable aroma de la gratitud, ellas son ac,eedoras
al respeto social y á. nuestra más distinguida consi•
der11ción. ¡Benditas mil veces sean!

sus casas sino que se mantienen averiguando la vl_da.
de todo aquel que pasa esas ..... _.. esas son mád dignas de compasión que de ~tisprec10
La mujer porque es mu¡er y los ltombrf's ¿por qu~?.
porque son hombree, si que lll Pon; pero hombr~ssm
del' cadtiza y sin honor 4)"' vendt1n s~~ conclt·n •· ias al
que 1.. compra el fruto vJ! _de SUij ¡:¡o-tones el que por
pasar de intetigen~e le arr_o~ 1 á RUij 01d,)K el t?r' "ute de
mentiras, calum111as y v1hpt-nd 1 os degr1td~1,do asi á.
per&amp;0na11 bonr~das.q:ne vi VI'~ de su trabttJO y no del
10, 11.
miserable y_ ba¡o of1c10 de rh1Rmn110~
.
La calumnia es el arma que esgrime la gente que
.!!:Ros adnladorf'~, envidiosos_ clf'l b1E'n a¡eno: son loe
no tiene decoro ni dignid11d, es d instrumento que reptilés odioso~, los gu~,.n~s mdecl'\ntE'e que rol'~ el
usan varias personas. para obtenE'r por este m_ed10, corazón dt un h11mbre i:ie ideas nobles y pensam1en•
una venganza ruin y miserable, fruto de sus pasiones to1&lt; elevados.
¡Fuera con esos cuervos que de"P' dizan la honra
desmoralizadas y corrompidas.
.
¡Triste es decido, pero aqul es donde impera, don- del Q'Hl vive con bone1&lt;tidad¡ fw•ra cou es"s adn!Rdode tiPne su11 vastos dominios, ese orador que corrom- res del potentado, funa ~ n e,.a pl~~a vil que liP~honra la sociedad en que vive y denigra con su J.,ngua
pe á las sociedades!
Esos ind:viduos escudriñadorf'S de secretos. forma- la condurta del artePano tuna con f'llos a11tes que
dores de chismes y mu~muradores de ofic~~• no deben iufiltre en otros el veneno d&lt;\ RU lengu~ puuz••ñosat
RAFAEL.HlllREDIA REYES.
ser admitidos en la sociedad por estar nntdos _con la
,.
dignidad v delicadPza, pero es todo lo contrario. son
los que obtienPn como premio de su vipedna leng~a,
una somisa ó un miserable mendrugo que le arroJan
aque,los que se alimentan de enredos y sinvergüen·
zadas para poder saciar el más impuro ~e lo, ~eseoP:
el apetito más degradante. para deshaloJar algun ren·
cor ó pasión. digna de esa·s 11lm.as ruines q~e se valeu
La gratitud es una cualidad ó por mf'jor deci:, una.
del agudo puñal de la calumma para herir el pecho virtud que comiste en hac11rnos no olvid~r Jª';'JáS
de un hombte, quti causa la envidia del que carece de los beneficios qne de otra persona ha vamos rec1~1do.
honrar!Pz y d;gnidsd
.
El hombM digno. el hombr« honrad?, el que tiene
Esas familiaP ó mujflres que siempre tienen puesta presentes siempre las deudas de ~ratltud que ha:va.
la máscara del hipócrita e~as queuunca.AlzanlafreL- contraído con una ó varias per~uoas, da á conocer ·
te por temor de que se les conozca su falta, ~!'as que de6d11 luego. con este sencillo A la par que pfgnificasiernprP ocultan la verd, d y propagan J11 mPntlra esas tivo proceder, lo dl'licado de sus sentimientos, la noque violan el lecho nupci11l, esas que nunca están en

Esas ó esos ave1iguadores por afición, de cosas que
no le importan, son real y verdaderamente una plaga
socia una caterv, de vampiros que destrozan la co~ducta'de algunos jóvenes, valiéndo~e de la calu".!!Dla
vil, digna de encontrar lugar y abrigo en la boca de
esos seres degradados y maléficos, qqe acos~umbran
arrojar por tierra la reputación de mucho~ 11m acordarse que 11El detractor oculto, es semeJante ~ una
serpi,ente que muerde traidoramente. ( EcleB'l,astés

_______ _________
LA GRATITUD.

Recetas útiles.
CONTRA EL VENENO DE LAS SERPIENTES

~e aqui la receta que M. Victor Kr1 menasqer prescr~b': cont~a la mordedura delas serpientes. La t:i:a.nscribtmos sm comentarios.
"Se cuecen de tres á seis huevos hasta que estén

ECONOMIA..

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Fig. 7.-Truje de novia.

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después se les envuelve en papel. conser':'ándolas en sitio seco, porque en un lugar humtdo
se enmohecerán.
En E@paña se forman colgajos Pn cada dos
granadas que se atan á las puntas de uh mecate formando _c ontrapeso. eo,bre• cañas gruesas
puesta.11 en posición horizontal y sUFptnd1das
del techo de las clmaras AIII pasan el otoño, el
invierno y parte de la primavera sin que sufran
nin¡?:ún detrimento:
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lJ!t' ,- 1

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1 •.

Es muy fácil, apquirir dinero,
pero es muy dificil saberlo cnneervar. Si todosloejóvene,conservara.n el sobrante de ~1111
ganancia.a en vez de gastarlo
torpemente, en pocos años tPn·
drlan la suficiente cantidad de
din!'ro para emprender un DR·
J gocio cualquiera por su propia
.cuenta.
Pero no sucede asi: observatl
al joven que disfruta de m11gni•
ficosalariol Cuánlastimn~amente expende su dinero! Siempre
escaso,-mucho más si ti~ne
una familia á quien sostener.mientras que en realidad de•
biera tener su depósito en el
banco y poder en poco tiempo
sacar ventajas de una buena oportunidad y entrar
en algún buen negocio.
¡Jóvenes, no desechéis las oportunidades que se os
presentan!
La.única adulación disculpable es la que se prodi•
ga á. las mujeres virtuosas.
Jamás envidies á hombre alguno las riquezas; envidia su virtud,

Valor alimenticio del café.

Fig. 6.-Traje de calle.
duros. se separan las yemas y despuéR de haberlas
cortado en redondeles, se les aplica sobre la herida
hasta que los huevos de amarillos se pongan negros.
Se cambian los redondeles á medida que vayan enne¡rreciendo y se c(lntinúa e11e tratamiento basta que fa
llama del huevo no pierda su color natural.
Conseguido esto, ~ 1 enfermo podra estar seguro de
que todo el veneno ha sido aspirado por las yemas;
sintiéndose al mismo tiempo ya tranquilizado por el
completo restablecimiento de la vista. La hinchazón
como también la fiebre, ha br!l.n desaparecido.
No hay mordedura de serpiente-por venenosa que
ésta sea-que resista á este tramiento tan simple. El
paciente puede llegar. á encontrarse en est~do. casi
mortal, perder el sentido y encontrarse ca.si ciego,
según la especie de serpiente que lo baya mordido
safvará siempre; bastarán tres noras para poner de
pié al enfermo.
RKCOLECCION Y CONSERVACIÓN DE LAS GRANADAS.

Fig 2 Traje de calle.

331

MUNDO

Fig. 3.-Traje sastre para el otoí..o.

Fig. 4-Trnje de easa.

I~ig. ::i-Otro traje de ca,,sa.

Las granadas recolectadas temprano se arrugan y
desmerecen en el mercado: Jo mejor es dejarlas ma ·
durar complf'tame11te en el árbol; pero en esto puede
hk her, l lnconvPniE'nte d ~ que se abrHn. á lo que son
muvpropenQas Para oub~~nareMe accidf'_ntees necesario cubrirlas con sus ho¡as ó por cualqmer ntro medio, al aproximarse á su complt-ta madurez Una v!'z
recogidas, se les expone al sol durante dos dlae, y

Al decir de un distin1?uido bigieni~ta. el Dr Homs PHellada,
f'l café conti en~: 1, sales útiles
para la nutrición; 2, principios
aromáticosqueinfluyen con ventaja sobre la digestión; 3. una im•
portantisima cantidad de substancias grasas, principio de los
alimentos respiratorios: 4. mate•
rias azoadas, principio por excelencia de los alimentos repara•
dores.
Una infubión de 100 gramos de
café á una libra de agua, repre•
senta veinte gramos de substancias nutrlti vas.
Está demostrado que quien se
alimenta con escasez, puede go•
zar de buena salud y trabajar,
más si se aumenta su ración dt1
diario con una ración de café.
La infusión decaféapacigua el ham·
bre y sostiene y aumenta. las fuerzas
cuando esta bebida no perturba con
sus efPct,,e el temperamento, ó no está
contraindicada para. lasal11d,
Un litro de café con lc&gt;che representa seis veces más de substancia sólida
y tres veceP más d111 materias azoa.das
que el caldo dtil puchero.

DECALOGO E:IGIENICO
Los perlódicns higienist~s de Lon•
dree no cesan de predicar al µúblico
que siga sus saludables preceptos: Pa•
.ra disminuir "en una mitad," dicen, la
mortalidad: baFtarla. con observar el
eip:uiente decálogo higiénico:
1° Limitar el consumo de la carne,
proscribiendo por completo la de puerco
2º Substituir el pan blanco de harina
por el de harina de trigo molido conla
cá~cara. Este precepto ha tenido tal
acE'ptación, que al paso quf' va auruentRndo el tlPearrollo de IR vt•nta del pan
de esta claPe "e p1:ede dar por deste•
rrada la costumb,e de comer pan
blanco.

.1-'Ig. s.-Trnje de 1·inje•.

�EL MUNDO

332

I,,!S MUJERES EN L! UNION
El bello sexo, ó mejor dicho el
eér débil, porque no faltan en él feas
y víejas, eetá apod.,ráodose sensiblemente de los puestos qu., aor,es
desempeñaban los represeotamea
del sexo fuerte y barbudo en los.l!:stados Unidos.
No es oportuno llamarla atención
al hecho verídico de que en los telégrafos. en los correus, en la con•
tabilid11d d11 muchas ca8ae de comer•
cío y de hotllleir, las eeñoras y ~•ñoritas han demostrado St'r más útiles
que los hombres. Se &amp;st'gura que
son más puntuales. mb limpias en
sus labores quelo,1 hombres y que.....
no beben.
Al paso que andan laR Rn('iertad~s
feministas no pod11mo- tard11r,m V&lt;ir
á nuestro G&lt;&gt;bierno extender ni,m•
bramientos oficiales á favor dt1 muchas señoritas Los primeros terre
nos que invadi rán será11 los de la
correepondencia y lus de la tel11i?"rafla, )oij tPléfonos son poca co~a para
ellas, pero como aprPndizaje han
dado re,1ult~dos magulficvs.
Es tanto mils de temerse por Algunos jóvenee que s-, consideran wuy
útiles, el poderío qu•· van tnin~ndo
sus compañeras en t'dad pero no t'n
defectos que se acaba dt1 palpar la
realidad hace unos días en una fun
ción pública donde no se represPn•
taba comedia alguna, sino se cumplia con un deb11r voluutariaweute
aceptado
Si en las tiendas y en otros establecimientos tuvieramos tan esmerado y amH ble servicio como el que
hubo en todos los puestos de la k.-rme.se, los dueños de esas casas importadoras meuudeadoras se barian ricos en menofl de tres 11ños.
p.,ro trat,nnos de verdaderas profesiones. La Señora Harrlet Hmson RJbinsou nos dice que existen eo
los estados Unidos, en la actualidad 16::! co1egio, superiores. exclusiv11mente abiertos á las señoritas. La
señora Maria M1chel fué la primera mujer que ocupó
un puesto como profesora; "nsPñó astronomta y matemáticas en Vassar el año 1866 Muchas mujeres se admiten hoy día como miembros de la Facultad, no sólo
en colegios reservaddos á su sexo, sino deo de concurren ambos
A la par que Re multiplican lm1 hospitales para mujeres se multiplican también los calt&gt;gios módicos.
Existen siete sm contar numerosas e,cuehs de medicina para hombres, abiertas 111 sexo femenino.
Las mujeres médicas son casi tortas de la ePcuela
homeopática. Hasta última fecha las escuelas de medicina regulares ú oficiales no han permitido que las
mujeres sigan sus cursos. Pero que resulten mujeres
,regulares ó irregulares, lo natural t:B que el éxito de
las mujeres practicantes no puede ya ponerse en du•
da y sus colegas del sexo masculino no se atreven ya
á juzgarlas desfavoublemente.
El censo de los Estados Unidos en 1890, da el número de las mujeres médicas eo todos los paisos y s urna
4555

· En cuanto á la literatura, es iucreible cuántas mujeres escriben. Unas bien, otras mal, pero la mayorla
merece elogios 0l&gt;roelia Waters, del Bo.,ton Evening Trn.mcript, fué la primera mujer period\eta de
Boston. Hoy las muj1 r 1~ editan y publican periódicos
y hasta revl,tas, en tudas partes de los Estados Uni·
dos, y las columnas consagradas á la colaboración de
las mu¡eres son el complemento aco~tumbrado de la
publicidad de un gran número dti periódicos de importancia.
Harece, dice la señora Robinson, que las mujeres
han entrado r~atmente eo lo que Thomas Carlyle llllma el "Cuarto Estado," y han tomado resueltamente
pose&amp;ión de él con la profesión literaria, los viajes á
las regioues inexploradas del pensamiento, a~i como
otras en las regiones desconocidas, con el fin de satisfacer e1 apetito insaciablt, de 1011 lectores.

NUESTROS GRABADOS

~- ---··

F-!G, 1.-M0DEC,0 PARBLEl~i!lil Dlil R~CElPC[Óll.

Ei de crepé azul d~ china Cl)n una gran lona bordada eo la parte inferior del f•ente de l!L fald,i, y tres
cintai p!l.ralel:i.s de galoocillo seda orn,ndo la bata y
el c,1erpo. Un eleg,rnte boa de tul blanco de grao
f,mtasia com9leta el adorno.
FIG, 2. -TRAJID DBI CALLBI.

Es de· pañl) beige ó diag,rnal, con 1'11 ml)rielo especial dl'I un fichú de muselina de seda orlarto de volantes de tul, que sirven también de adorno á. la falda.
FIG. 3,-TRAJE SA"TREl PARA OTOÑO

Es de paño de inviernn, formando un smoking muy
justo, un falso chalPCO de cuello fanta.Ria, redondo y
falda plena, adornado todo en varias formas, de galón de seda.
FIG. 4,-TRAJID DE CASA,

De sargR de seda con un yoke alternado de cintas
de raso y un gran plastrón bordado de elegantisiino
modelo.

Figs. 9, 10 y 11.-Tres modelos de calle.

Después de tres años I!ose pierde todo lo paiado.
Guanajuato Septiembre 13 de 1898.

FIG. 5.-TRAJE DE CASA.

De escocés muy fino con una gran e@toca bordada
de galoncillo de seda y una draperia de Saffetas, medio oculta por uo gran yoque bordado de galoncillo
también jockt&gt;ys sencil,os de muy butin gusto.
FIGS. 6 y 7 -TRAJE DE DAMA DE HONOR DE UNA NOVIA.

FIG. 8 -TRAJJII DE VIAJID
Estilo sastre, de una encantadora originalidad. Casaca fantasía orlada de guia de seda y abierta sobre
camisa de muselin11. azul pfllido, yockeys de una 11legantisima forma, figurando el cuello,.
FIGS. 9, 10 y 11,-TRES ELEGANTES MODELOS DE CALLE,
Et pr!mflro de seda- azul con una gran draperla de
guipure, el segundo de popelina de seda con volantes entredoses de satln y pl11strón plissé de lo mismo,
mostrando un cuerpo coselete de muy buen /irllsto, el
tercero estilo sastre, de casa con fantasia, abierto sobre uoa camisa da muselina y ornada de grau corbata avolimtada de blonda vieja de Alen~ón.
FIG. 12-CUERPO ELEGANTE, DJIILANT.BIRO Y JUPALDA
.

,.

El ceoPo de los
Estados U oídos en
1890 nos da á. conocer el número
de mujeres auto·
ras entregadas á
labores literarias
ó cieotlficas, Sen
2,725; do éstaR, el
periodismo posee
868 Las mujeres
artistas que se dedican á la enseñanza de las artes,
suman 40,845!!

Damos bajo estos números dos modelos de tr,jes
de los que a hor.1 son de más actualidad y gusto para
tos matrimonios: Uno de desposada de último modelo, de satín ligeramente crema y cauda dr11peada y
otro de sarga de seda azul acero con cuerpo drHpeado de muse1ina de seda y una gran falda ornada de
un de:vanf d., volantes y galoncillo de ser.la.

.

NUMERO 18

r

TRAJE DBI NOVIA

Fig. 12.-Elc¡rante cn.-rpo. Delantero
y espalda.

•

MEXICO, OCTUBRE 80 DE 1898

TOMOil

Ea de muselina blanca con un yoke de entredos y
votante carrujado y un plastrón diagonal plisbé.

Sr. D. J. Adrián Palomo, Directo: General de la._
·'MEXICANA."
Compañia Anónima Nacional de Seguro■ ■obra la Vida.

MÉXICO

SEÑOR MÍ'l:
Teniendo en mi poder la póliza Ea\dada núm. 47 de
que era poseedor t0i finad" PRp,,so ..,¡ Sr. D Leobardo Mendoza, 11e prPISPntó en ésta elAgenti, de la Co_mpañla Sr. D Juan N Campos y manifestándole mi tg•
norancia para h.tcer la re:lamadón correspondiente
como hered ira lt&gt;gltima, dicho Sr. Campos, con toda
actividad é inteligencia procedió al arreglo de los
documentos necesarios, 11vitá11dom., to•la clase de
mole.tías.
Hoy, con autorización del Notario Público Sr. D.
Igllllcio R H"rnáodez y por conducto del estimable
Sr. D. Francisco de P. Castatleda, Banqul'lro de la Compañia, htt , Plr1 bido á mi completa satisfacción, la cantidad de $117 45 (c'ento diez v oiete pesos cuarenta y
cinco ceutavos,) importe tot¡¡l de la citada Póliza 11al•
dada.
Si lo juzgr. usted conveniente, dé publicidad á la
presente, pue., creo será de alguna utilidad para los
asegurados en esa honorable Compañia, ver confir•
mado que en el desgraciad&lt;&gt; caso de no poder soste•
ner sus Pólizas más de tres años como Ii, sucedió á
mi querido esposo, ya á esa fecha pueden obtener
una saldada y lograr aunque sea un pequeño ahorro
en bien de sus familias.
Doy á usted las debidas gracias por la violencia
con que ordenó el pago referido, yme ofrezco su muy
atenta y afectisima S. S.
Firmada.-Rafaela Pedraza V. de Mendoza.
MUY

&amp;l $r. Presiaente ae la Nepública ?:la señora su esposa.

(Fot. de Va11eto, tom.ada últlm.ament.e.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL MUNDO

332

I,,!S MUJERES EN L! UNION
El bello sexo, ó mejor dicho el
eér débil, porque no faltan en él feas
y víejas, eetá apod.,ráodose sensiblemente de los puestos qu., aor,es
desempeñaban los represeotamea
del sexo fuerte y barbudo en los.l!:stados Unidos.
No es oportuno llamarla atención
al hecho verídico de que en los telégrafos. en los correus, en la con•
tabilid11d d11 muchas ca8ae de comer•
cío y de hotllleir, las eeñoras y ~•ñoritas han demostrado St'r más útiles
que los hombres. Se &amp;st'gura que
son más puntuales. mb limpias en
sus labores quelo,1 hombres y que.....
no beben.
Al paso que andan laR Rn('iertad~s
feministas no pod11mo- tard11r,m V&lt;ir
á nuestro G&lt;&gt;bierno extender ni,m•
bramientos oficiales á favor dt1 muchas señoritas Los primeros terre
nos que invadi rán será11 los de la
correepondencia y lus de la tel11i?"rafla, )oij tPléfonos son poca co~a para
ellas, pero como aprPndizaje han
dado re,1ult~dos magulficvs.
Es tanto mils de temerse por Algunos jóvenee que s-, consideran wuy
útiles, el poderío qu•· van tnin~ndo
sus compañeras en t'dad pero no t'n
defectos que se acaba dt1 palpar la
realidad hace unos días en una fun
ción pública donde no se represPn•
taba comedia alguna, sino se cumplia con un deb11r voluutariaweute
aceptado
Si en las tiendas y en otros establecimientos tuvieramos tan esmerado y amH ble servicio como el que
hubo en todos los puestos de la k.-rme.se, los dueños de esas casas importadoras meuudeadoras se barian ricos en menofl de tres 11ños.
p.,ro trat,nnos de verdaderas profesiones. La Señora Harrlet Hmson RJbinsou nos dice que existen eo
los estados Unidos, en la actualidad 16::! co1egio, superiores. exclusiv11mente abiertos á las señoritas. La
señora Maria M1chel fué la primera mujer que ocupó
un puesto como profesora; "nsPñó astronomta y matemáticas en Vassar el año 1866 Muchas mujeres se admiten hoy día como miembros de la Facultad, no sólo
en colegios reservaddos á su sexo, sino deo de concurren ambos
A la par que Re multiplican lm1 hospitales para mujeres se multiplican también los calt&gt;gios módicos.
Existen siete sm contar numerosas e,cuehs de medicina para hombres, abiertas 111 sexo femenino.
Las mujeres médicas son casi tortas de la ePcuela
homeopática. Hasta última fecha las escuelas de medicina regulares ú oficiales no han permitido que las
mujeres sigan sus cursos. Pero que resulten mujeres
,regulares ó irregulares, lo natural t:B que el éxito de
las mujeres practicantes no puede ya ponerse en du•
da y sus colegas del sexo masculino no se atreven ya
á juzgarlas desfavoublemente.
El censo de los Estados Unidos en 1890, da el número de las mujeres médicas eo todos los paisos y s urna
4555

· En cuanto á la literatura, es iucreible cuántas mujeres escriben. Unas bien, otras mal, pero la mayorla
merece elogios 0l&gt;roelia Waters, del Bo.,ton Evening Trn.mcript, fué la primera mujer period\eta de
Boston. Hoy las muj1 r 1~ editan y publican periódicos
y hasta revl,tas, en tudas partes de los Estados Uni·
dos, y las columnas consagradas á la colaboración de
las mu¡eres son el complemento aco~tumbrado de la
publicidad de un gran número dti periódicos de importancia.
Harece, dice la señora Robinson, que las mujeres
han entrado r~atmente eo lo que Thomas Carlyle llllma el "Cuarto Estado," y han tomado resueltamente
pose&amp;ión de él con la profesión literaria, los viajes á
las regioues inexploradas del pensamiento, a~i como
otras en las regiones desconocidas, con el fin de satisfacer e1 apetito insaciablt, de 1011 lectores.

NUESTROS GRABADOS

~- ---··

F-!G, 1.-M0DEC,0 PARBLEl~i!lil Dlil R~CElPC[Óll.

Ei de crepé azul d~ china Cl)n una gran lona bordada eo la parte inferior del f•ente de l!L fald,i, y tres
cintai p!l.ralel:i.s de galoocillo seda orn,ndo la bata y
el c,1erpo. Un eleg,rnte boa de tul blanco de grao
f,mtasia com9leta el adorno.
FIG, 2. -TRAJID DBI CALLBI.

Es de· pañl) beige ó diag,rnal, con 1'11 ml)rielo especial dl'I un fichú de muselina de seda orlarto de volantes de tul, que sirven también de adorno á. la falda.
FIG. 3,-TRAJE SA"TREl PARA OTOÑO

Es de paño de inviernn, formando un smoking muy
justo, un falso chalPCO de cuello fanta.Ria, redondo y
falda plena, adornado todo en varias formas, de galón de seda.
FIG. 4,-TRAJID DE CASA,

De sargR de seda con un yoke alternado de cintas
de raso y un gran plastrón bordado de elegantisiino
modelo.

Figs. 9, 10 y 11.-Tres modelos de calle.

Después de tres años I!ose pierde todo lo paiado.
Guanajuato Septiembre 13 de 1898.

FIG. 5.-TRAJE DE CASA.

De escocés muy fino con una gran e@toca bordada
de galoncillo de seda y una draperia de Saffetas, medio oculta por uo gran yoque bordado de galoncillo
también jockt&gt;ys sencil,os de muy butin gusto.
FIGS. 6 y 7 -TRAJE DE DAMA DE HONOR DE UNA NOVIA.

FIG. 8 -TRAJJII DE VIAJID
Estilo sastre, de una encantadora originalidad. Casaca fantasía orlada de guia de seda y abierta sobre
camisa de muselin11. azul pfllido, yockeys de una 11legantisima forma, figurando el cuello,.
FIGS. 9, 10 y 11,-TRES ELEGANTES MODELOS DE CALLE,
Et pr!mflro de seda- azul con una gran draperla de
guipure, el segundo de popelina de seda con volantes entredoses de satln y pl11strón plissé de lo mismo,
mostrando un cuerpo coselete de muy buen /irllsto, el
tercero estilo sastre, de casa con fantasia, abierto sobre uoa camisa da muselina y ornada de grau corbata avolimtada de blonda vieja de Alen~ón.
FIG. 12-CUERPO ELEGANTE, DJIILANT.BIRO Y JUPALDA
.

,.

El ceoPo de los
Estados U oídos en
1890 nos da á. conocer el número
de mujeres auto·
ras entregadas á
labores literarias
ó cieotlficas, Sen
2,725; do éstaR, el
periodismo posee
868 Las mujeres
artistas que se dedican á la enseñanza de las artes,
suman 40,845!!

Damos bajo estos números dos modelos de tr,jes
de los que a hor.1 son de más actualidad y gusto para
tos matrimonios: Uno de desposada de último modelo, de satín ligeramente crema y cauda dr11peada y
otro de sarga de seda azul acero con cuerpo drHpeado de muse1ina de seda y una gran falda ornada de
un de:vanf d., volantes y galoncillo de ser.la.

.

NUMERO 18

r

TRAJE DBI NOVIA

Fig. 12.-Elc¡rante cn.-rpo. Delantero
y espalda.

•

MEXICO, OCTUBRE 80 DE 1898

TOMOil

Ea de muselina blanca con un yoke de entredos y
votante carrujado y un plastrón diagonal plisbé.

Sr. D. J. Adrián Palomo, Directo: General de la._
·'MEXICANA."
Compañia Anónima Nacional de Seguro■ ■obra la Vida.

MÉXICO

SEÑOR MÍ'l:
Teniendo en mi poder la póliza Ea\dada núm. 47 de
que era poseedor t0i finad" PRp,,so ..,¡ Sr. D Leobardo Mendoza, 11e prPISPntó en ésta elAgenti, de la Co_mpañla Sr. D Juan N Campos y manifestándole mi tg•
norancia para h.tcer la re:lamadón correspondiente
como hered ira lt&gt;gltima, dicho Sr. Campos, con toda
actividad é inteligencia procedió al arreglo de los
documentos necesarios, 11vitá11dom., to•la clase de
mole.tías.
Hoy, con autorización del Notario Público Sr. D.
Igllllcio R H"rnáodez y por conducto del estimable
Sr. D. Francisco de P. Castatleda, Banqul'lro de la Compañia, htt , Plr1 bido á mi completa satisfacción, la cantidad de $117 45 (c'ento diez v oiete pesos cuarenta y
cinco ceutavos,) importe tot¡¡l de la citada Póliza 11al•
dada.
Si lo juzgr. usted conveniente, dé publicidad á la
presente, pue., creo será de alguna utilidad para los
asegurados en esa honorable Compañia, ver confir•
mado que en el desgraciad&lt;&gt; caso de no poder soste•
ner sus Pólizas más de tres años como Ii, sucedió á
mi querido esposo, ya á esa fecha pueden obtener
una saldada y lograr aunque sea un pequeño ahorro
en bien de sus familias.
Doy á usted las debidas gracias por la violencia
con que ordenó el pago referido, yme ofrezco su muy
atenta y afectisima S. S.
Firmada.-Rafaela Pedraza V. de Mendoza.
MUY

&amp;l $r. Presiaente ae la Nepública ?:la señora su esposa.

(Fot. de Va11eto, tom.ada últlm.ament.e.)

�LASEMANA
Promete un éxito feliz á la fiesta de caridad
el 1ino de l11s comisiones organizadoras y el gran
empefto qu~ han puesto las damas de nuestra so•
ciedad, co11tribuye11do gei erosamente con sus donativos, to:los de valor artbtico inestimable, ricos algunos y no pocos, una verdadera maravill11.
Exhibidos estos úl1imos días en los aparadores de Plateros, y admirados de todo el mundo,
tienen ya esos objetos sus codidosos que desean
conservarlos como recuerdo del Bazar y muestra
de las múltiples y sorprendentes habilidades de
la mujer mexicana.
Mas no sólo hay que ver en ellos la obra del
talento; entra por mucho el corazón en los primores ofrecidos por las damas en esta fies1a.
Hay una nota exquisita por el sentimiento que
entrafta el acto de dos niftas, huérfanas y pobrea
que llevaron su contingente ingenuo y de valor
pecuniario casi nulo, pero estimativamente elevadísimo. Una muileca feísima y barata, vestida
con tela de un vestido de la madre muerta, fué
el donativo de esas niftas, de una precocidad de
sentimientos tiernos que consuela de tantas maldades y de tantos vicios que erizan 111 existencia.
Algún curioso ó algún devoto de las virtudes
infantiles, pagaría premio de oro por la mutleca
que tiene en sapobre aspecto, todo lo que hay de
puro en el alma infantil,- la piedad por los desgraciados y el amor, iba á decir, el culto del
amor filial.

,..,,

Y ya que por uno de sus aspectos la fiesta del
Bazar de Caridad evoca mise1 ias que tenemos á
la vista, muy cerca de nosotros, hablaré también
de las que pueden sufrir los pueblos remotos.
Un sabio, que ha enriquecido la cien~ia humana con not:lbles descubrimientos en el orden de
las ciencias físicas, toma la teoría de 111althus en
un aspecto especial y predice la progresiva carestía del trigo hasta el extremo de que antes de
treinta afios se producirá una crisis total de har~na en las t~honas. Según ese sabio, la pobla·
ción consumidora de pan crece rápidamente, y la
producción de' trigo permanece en un mismo nivel d~sde 1871. De aquí el resultado q~e nos
anuncia.
La profesía no es muy inquietante para los que
ven á uno y otro lado de nuestras vías férreas
iljmitados campos incultos cuyo seno jamás rom:
pió el arado. Aún hay espacio en el mundo para
muchas sementeras.

,..,,

Don Juitn Tenorio anuncia su anual aparición
en los teatroa de México, para solaz de chicuelos
y ejercicio de esforzados declamadores.
. Nada pinta mejor nuestro apego á los hábitos
mveterados como esta singularísim11 y curiosa
solemnización del día de muertos por medio de
un ~r~ma que ~l gusto popular coloca aparte, in•
clas1fJcado, asignándole un lugar más bien conmemorativo que literario en sus aficiones.
El público que escucha los líricos coloquios de
Don Ju_an y Dotla Inés y el monólogo en el cementerio, no va al teatro, con el espíritu de amatteur que hace de este lechuguino un tandófilo
de aquella sentimental, una cliente de Hidalgo
de los que apl~uden «Los parecidos» ó «Mag•
da» unos curiosos, más rnteligentes y críticos
que entusiastas.
En día de muertos todos vamos al teatro y á
todos nos divierte por igual el actor de tercer
orden, y todos nos despojamos de prevenciones
para regalar nuestros oídos coc la música peregrina del verso espai'iol.
Algunos hay, y no son pocos, que no toman en
serio. ni la pieza ni á los artistas; pero van al teatro y encuentran tan natural la presencia anua}
de Tenorio en las tablas, como los actos ordina•
ríos é indispensables en la vida.

f

y

/IW

La tesis social de los sombreros en los teatros
se discute aún en las ciudades europeas.
'
Antes de que en las nuestras hubiéramos podido adoptar alguna solución definitiva y radical
apareció en Franela una dama que repitió el pro:
digio genial del huevo de Colón.
Los bandos contrarias se agitaban con un apa•
sionamiento que impedía la lucidez de espíritu suficiente para discernir la posibilidad de una tran-

Domtngc 60 de Octubre de t&gt;i!"tii

Domtna-(l 30 de Octubre de 1898

EL MUNDO

334

sacción honrosa y la Clllma para adoptarla una
vez formulada con claridad.
Mas, afortunadamente, no faltó quien pudiera
aisiarse de la contienda y estudiar el problema
con todaserenidad,resolviéndolo con gran acierto.
Como sucede siempre en esta clase de reyertas, el quid nu estriba en imponer á una bandería la voluntad de lit contraria, sino en llevarl11s
á. un terreno neutral. En el caso, ese terreno
se ha encontrado y quedan abiertas las negociaciones para la paz definitiva.
Todos quedarán satisfechos, porque si bien las
sefioras podrán usar sombrero ¡,ara ir al teatro,
se ha ideado un sombrero especial que sin estorbará los demás espectadores, satibfaga el c11pricho de las que no pasan por llevar la cabez¡J. sin
plumas y cintas.
La capota de teatro es, por lo que dicen los periódicos, un modelo de elegancia dentro de las
más exiguas proporciones.

La aparición de la fiebre amarilla en Monterrey ha causado alarma profunda en una gran re•
gión de la frontera, no obstante los fríos prematuros y el empefio con que se procura calmar los
ánimos intranquilos.
Prep11rábase, alegre y entusiasta, la grau ciudad industrial á rec}bir la visita del señor Presidf'nte de la República y á ofrecerle sinceros
testimonios de adhesión, cuando dió el telégrafo
la notic:a fatal, 1rnunciando al mismo tiempo la
fuga de muchas f.tmilias temerosas del contagio.
Difícil es en casos como este medir la import11.11cia de la calamidad por el pánico de la!! multitudes; pero la alarma por sí sola constituye un
mal. todll. vez que desconcierta la actividad económica y perturba las relaciones mercantiles.
/IW

La muerte de la señorita María Barrera despierta una curiosidad que tal vez no quede satisf~cha con el dictamen pericial ordenado por el
juez de la causa.
El inculpado es un hombre de mérito, hábil y
co°:ocedor en cuestiones médico legales. No será
fácil abrumarlo con un dictamen pericial, por
conc!uyente que sea, y antes que rendirse agotará mil recursos de ciencia é ingenio para defender su causa, aclarándola si es buena y sí es mala, apuntalándola con sofismas.
Los delitos de astucia y principalmente los
que se consuman por medios técnicos desconocidos de la generalidad, facilitan al culpable las
eva1:1ivas, y al per~itirle una actitud, mAs bien
de sabio discutido que de reo justiciable, hace11
de él casi un árbitro de la opinión pública, impotente para orientarse, si no es en cuestiones morales.
/IW

La perspicacia de la policía descubrió y detuvo en Paso d~l. Norte al agente de un gran sindicato de f11.lsif1cadores, que habían proyectado
desparramar en la R~pública billetes de los bancos del Norte y pesos del cufl.o norte--americano
fabricados por esa gran asociación.
'
. SJnad_o _hubie~a sido el robo y muy cuantiosc,
s1 la_ po~cia n_o rnterviene con tanta oportunidad
y ef1cac1a, deJando tranquilos á. los Bancos y al
Tesoro de los Estados Unidos, á cambio de una
desazón para los anti--yankees afectos á. grandes
sucesos y fuertes emociones por cuenta de otro.

-

«El amor por principios» es una de las últimas
novedades literarias exhibidas en los escaparates
dc.l 5 de Mayo y 8an }francisco.
El h~roe, -un Don Juan moderno, que busca el
am01· sin amor en la depravación más descarada,
~ostenta a_l d~s~ud_o un espíritu si~temático que
t.ene por eJercicio mtelP.ctual pervertir á todas
!as mujeres que seduce. Después de aventuras
menarrables por turbias, termina la novela con
noviazgo y casamiento, como las narraciones por
entregas.
Un escritor que estudia esa obra inspirado en
crite_rio ;ndependiente y sano, teme que el extranJero Juzgue á la sociedad francesa por esas
novelas.
Temor justo y patriótico en estos momentos en
que asistimos á_ lás escenas de anarquía moral
de un pueblo agitado por violenta crisis.

DIOK.

*"'*

10olitirn ®.en.eral.

A pesar de que fueron tan pocos los votos que
falt11ron al ministerio para obtener esP- voto de
confianza, el prehidente Faure ha admitido la renuncia, esperando que los ministros dimisionarios permautzcan en sus puestos mientras se
coni;tituye un nuevo gabinete.
¿Dónde se tomarán los elementos necesarios
para refrenar esa C1imara ab,oluti&amp;ta, que en un
momeuto dado derriba gobier11os, pulveriza ministerios y hace caer los ídolos de un dfa? Bris•
son era presidente de la Cámara cuando ocurrió la crisis que derribó al gabinete Melline; fué
el designado parl\ presidir el gabinete, porque
en él se tenían fundadas esperanzas de que ha bia
de llP-var en su programa las aspiraciones de
una mayoría tornadiza y sujeta á vaivenes incontables. Ya otra vez hemos referido de qué
manera ha sabido salvar los escollos, vencer los
obstáculos, co11jurar las crisis provocadas en estos tiempos de turbulencia; y á pesar de tod11s
estas circunstancias que lo recomendaban á la
consideración de sus conciudadanos y al respeto
de las Cámaras, ha caí.lo falto de la coufianza
que inspiraba antes, y se retira tranquilo. con la
conciencia serena, después de haber cumplido
con su deber.

RESUMEN - La agttaclon polftlca en Francla.-Exalta-clón de los bandos p·•r el proceso Dreyfus.-Apertu •
ra de las Uámarm,. Defr.cclón del General Cha:?olne.
- Calda del gabinete de Fr.incla.-Temores d11 reac •

clón, "lrmcza ue la Kepúbllca.-EI resp!andor de
la Justlcla. . La previa censura en Espana. - Crisis.
parcial en el mlnls,erlo, - Temores para lo porvenir..
-La nueva vida de la monarquia.-Conclus:ón. ·

La exaltación en Francia había llegado á su
colmo. t&lt;.:l pueblo de P11rís hervía en fermentaciones de todo género; era esperado con ansia el ·
momento en que las Cámaras se abrieran, y todos
temí m que la tempestad habría de desatarse en el
recimo de la reprt!sentación nacional. La cuPstión
del Sudan ~gitaba los espíritus, una racha de tormenta azot11ba la atmósfera política y se advertían bélicos rumores y gritos de combatP-, por·
disputará la vieja Inglaterra ese girón de tierra .
egipcia, donde enarboló la baudera de la República, como atrevido explorador, el comandante
Marchand. A E:sa excitación por la cuestión de·
Fashoda unía~e la proximidad del día en que la
Corte de CssRción celebrara su sesión primera,.
para decidir bi el famoso pt oceso Dreyfus que ha
llegado á dividir á .os franceses en dos bandos,
debía reponerse y por tanto verse otra vez en
consejo de guerra.
Capitaneados pc,r el célebre agitador Paul Deroulede, los ciudad11nos de la Ligl\ Patriótica iban
por calles y plazas, por bulevares y avenidas, por·
casinos y clubs, predicando el odio al semitismo,
denunciando i\ los partidarios de Dretfus como
traidores á la patria, enemigos del ejército y Ct·
paces de amenazar la seguridad de la Repú-·
blica.
·
Los amigos del destPrrado de la Isla del Diablo,
apoyados en su deFecho y soste.D.idD.s en sus aspiraciones por fa. actitud resuelta y desidida que ha•
bía tomado el gobierno que presidia M. Brisson,
dabanporinnegableel triunfo y predecían la seguridad y firmeza en que se hallabaelgabinete, porhaber sujetado tod&lt;,s sus procedimientos á las.
pres~ripciones de la ley, por intentar, en la órbi•
ta de sus facultades y dentro de los términos legales, la enmienda del error que pudiera haber en.
el famoso proceso.

*

**

l
L

*

**
abrieron en

Y las cámaras se
medio de esta
efervescencia sin igual. Las voces de los primPros.
oradores se perdieron entre los gritos de la mul.
titud que llenaba las galerías y vociferaba á las.
puertas del palacio d-, Borbon. Un incidente sencillo fué suficiente para desprender la avalancha.
que había de arrastrar en su caída al ministeriode Brisson. Alguien preguntó por qué no se perseguia-á los que en la prensa y á la continua ata-•
caban la institución militar y á,las altas personalidades del ejército francés. Habló el ministro de
la guerra, el Gral. Uhanoine, y en vez de sosta•
ner con entereza la actitud asuruida por el gobierno de que formaba parte. en vez de recoger
y afrontar las responsabilidades que le tocan según la solidaridad del gobierno constituido, habla de sus ideas personales, de su~ propias convicciones, pretendP- envolverse en una aureol11 de
popularidad, hace laapología deCavaiO'nac y Zur-·
linden, sus predecesores en el depart~mento de
Estado que es á su cargo, y por encima de todas
las fórmulas constitucionales, presenta su dimisión, cual si la Cá.mara de Diputados se hubiera
transformado en Convención nitcional.
~abía llenado ~u objeto: aplausos y manfüstac10nes de regocijo se dejan escuchar en las filas de 1~ extrema izquierda y en el centro. Se
oyen gritos y se escuchan aclamaciones tumultuosas en el sagrado recinto de las leyes, y á duras penas se restablece la calma.
. Otro diputado ~r~tende sostener el predomimo del po~er civil s?bre el ejército. Es apoyado por Bnsson, y unidos los radicales y sociali_stas, aprueban 1~ moción; oero cuando el presidente del conseJo se levanta á pedir un voto deconfianza á que tería derecho, p~r Ja mesura1 el
reposo y la serenidad con que ha sabido dirigir·
la nave del Estado en medio de las ondas tempestuosas que la han azotado en los últimos días
e? medio d~ ~os vientos de to1·menta y en el pe:
r10do de cnF_:s por que acaba de atravesar, h
~ámara le mega ese voto {)Or una exigua mayona, y queda planteada la crisis ministerial completa.

El pueblo sigue agitado en las calles de P¡).rís;
la ola antisemític11 crece y se agiganta; pierde
importancia en la consideración de las multitu•
des la cues1ion de F11 shoda que ayer las exaltaba; se desvanece en la bruma el ruido de sus aspiraciones tumultuosas, y se siente por todas
partes la palpitación de una grim crisis.
¿Será acaso qur la rt•acción monárquica conthúa secretai:nente sus trabajos de zapa? ¿Será
que los enemigos de la República prosiguen en
la sombra sus labores reaccionarias? ¿Ha brá.n logrado las exaltaciones que prudujera el asunto
Dreyfus abrir un abismo entre los oandos revisionista y antirrevisionista, de tal manera que en
su exaltado patriotismo no er.cuentren algunos
otra solución que .la vuelta de la monarquía?
Quién sabe! pero es lo cierto que en estos momentos atraviesa la República Francesa por uno
de los períodos mAs peligrosc s que la han conmovido en las edades presentes.
Amenazada en el exterior de una guerra que
pudiera ser de terribles consecuencia6¡ sacudida
en el interior por aspiraciones opuestas y encontradas; divididos los buenos hijos de Francia por
el asunto Dreyfus, al que en realidad se le ha pro•
c_urado dar mucha mayor importancia que la que
tiene; separados los amantes de la gran patria
francesa en dos grupos, por la conc.e pción de la
idea de justicia en cuanto se refiere al infeliz excapitán tfue lleva cuat,o aftos de estar marcado
con el nefando estigma de traidor, necesita de
todo el esfuerzo, de toda la abnegación de los
verdaderos patriotas, para poder conjurar la tempestad que se desata.

***
Como han llegado muy adelante los procedimientos del gohiHno en el camino de la revisión
del proceso, es difícil que el nuevo ministerio retroceda en la ruta ya emprendida. Muy pronto la
Corte de Casación que ha ce determinar la validez ó invalidez de todos los procedimiantos, dará
su inapelable f,1Jlo; y cualquiera que sea el grupo
o el partido que se halle en el poder, radicale'!,
socialistas, republicanos ó mode!'ados, tendrán
que acatar ese fallo, á menos ue ech!lr por tie•
rra todo el edificio constitucional. Si la República sale avante en este conflicto, como nosotros
lo esperamos, porque tenemos Ié en la democracia francesa. porque creemos que no son eternas
las obnubilaciones se ciales, ni perpetuos los deslumbramiPntos, ni infinitas l11s obcecaciones; bi
sale triur.fante en estll vez la R1&gt;pública, habráse
asentado sobre bases inconmovib1es, y se presentará ante el mundo, no ya coronad-1. con rayos de
grandeza, sino con los inmortales resplanores da
la justicia.
Que se desaten l11s b11ndas de los antisemitas,
que ruja el motín y estalle la tormenta social: la
República, firme sobre sus bases de granito, barrerá. con la fuerza armada todos los elementos
de la revuelta, serenará el cielo, para tremolar
después el pendón tricolor sobre todos 103 franceses unidos y !uertes, en una sola aspiración: el
amor de la patria y el imperio de la justicia.

r

335

EL MUNDO

***

EL BAZAR DE CARIDAD

Pocos días antes de que se rindiera la asediada plaza de Santiago de Cuba, que no podía recibir auxilios de la Hab ana ni apoyo alguno por
parte de la destruida escuadra de Cervera, el gobierno espaftol estableció la previa censµra para
todos los periódicos, y se encargó de cumplir este acuerdo la autoridad militar de ctda población.
Siempre protestando por est11s tr11bas, pero vigilados constantemente por el gobierno, seguían
los pniódicos d_e la capital y de las provinci11s,
cumpliendo con esta determinación que no se derogó ni en el corto tiempo que duraron 'a biertas
las Cortes. A pesar de todas estas dificu ltades que
á cadll paso procuraban crear los órganos de las
min rfas, no había ocurrido ningún incidente notable.
En el momento menos espHado, un periódico
de oposición da á luz un ar1ículo que no había
pasado por el lápiz rojo del censor militlll'. El generlll Cbinchilla, Capitán General de Castilla la
Nueva y Ex:tremadura, S1;t'lpende el periódico y
pone preso á su director, á pes11r de su Cllrácter
de diputado á Cort&lt;'s: y be aquí como 111 cabo de
tres meS&lt;!S y por un incidente inesperado, la suspenbión de El Nacional y la prisión del ,eftor Figueroa, hlln venido á precipitar una crisis ministeri ll en K1paft&gt;1, anunciada desde hace mucho
tiempo, pronosticada principalmente por la Unión
Conservadora que preside el seilor Silvela, an ·
sioso de recoger la herencia de Sagasta.
El minis1r0 de Instrucción Pública, una de las
figuras más salientes en el partido liberal, el sefior Gamazo, que á muchos ruegos aceptó una
cartera f'n el gabinete de Sagasta 1 ha presentado
su dimisión; el general Chinchilla se ha retirado
de su puesto, antes de verse sacrificado por el
SP:ilor Gamazo; el General Correa, Ministro de la
Guerra, se aleja también del ministerio, y como
el incidente no ha sidc más que la Musa ocasio•
nal para poner en evidencia la fragilidad uel terreno en que se asienta el gabinete liberal, témese una crisis minis!erial completa, que en los momentos actuales, podría tener muy grav~s trascendencias.
L"S comisionados espailoles, que representan á
la Corona en las conferencias de París, encuentran c11da vez mayores dificult1:tdes en el desempeflo de sus funciones, porque á cada paso también tropiezan con las ex·gencias de los comisionados americanos, inflexibles en sus aspira•
ciones y que no retroceden ni se apartan una
línea de las instrucciones recibidas de Washington. Se ha llegado hasta anunciar la suspensión
de las conferencias, y sila esci3ión se acentuara, si
llegara á faltar al sefior Sagasta la confianza de
la Reina Regente, y si la crisis parcial del ministerio se generalizara, probable se"ía que el sucesor de Sagasta llegara basta cambiar las ins•
trucciones dadas á los comisionados de París, y
por la tanto interrumpir.las negociaciones de paz.

Hemos hablado en otra ocasión y la prenAa diaria
ha rPpetido la infm mación con cuantos detallas se ha
tPnido á mano, respecto dAl gran festival d11 caridad
que, para conm11morar el dla onomástico del Sr. Gral.
D. Porfirio Dl11z. l'I circulo da suA amigo&amp; ha dispuesto en este año comrJ pHrte de las fiestas qu11 se c11le•
bran en su honor LH que hoy se verifica en la Al11mArla eA digno complem ..ntv de las e'fectuadas el 14
y 15 dd próximo pasa•lo Septiembre.

***
Y mientras se suceden estos sacudimientos ministeriales, se percibe claramente un rumor de
descontento en toda la península. Ya no son la
agitación carlista ni el movimiento republicano
los que amenazan perturbar la paz; son los gremios industriales, los grupos de trabajadores, las
asociaciones mercantiles, todos los elementcs productores del país, que se i,ienten agobiadob,
los que hasta ahora manifiestar. de una manera
pacífica su inconformidad con la marcha general
de la política; y oprimidos ya por los tributos,
buscan de divers1,s modos una solución á. sus
angusti,,s.
El país que ha visto con resignación estcíca los
desastres de la guerra, que hasta ahora no ha formulado ninguna protesta por la pérdida de las
Antillas, en cuanto ~ignifica una desmembración
del territorio, acaso sienta la herida que dej11. en
los centros económicos la falta de mercados de
consumo á que se había acostumbrado la producción nacional con el régimen de los cuatro
sígl"s coloniales.
Tiempo es ya de que Espa:lla comience á restafiar su sangre derramada, á cicatrizar 1ms heridas y trabajar con toda la abnegación de sus
hijos en reconstruir todo el edificio que ha sacudido la pasada crisis, y reconcentrar todas sus energías, llamar en 11u socorro todas sus fuerzas vi vas,
para entrar de lleno en un periodo de regeneración.
·

X.X.X.
27 de Octubre de 11898.

JU NTA D'RRCTIVA DE SJi:ÑORAB.

La componen las distinguidas damas cnyos nombres d&gt;t.t..Os á continuación: Maria C. rle Liman tour,
Luz A. de Gonzáles Costo, Guarlalupe C. de &amp;~bollar,
Sofia O. de L mda. Guadalupe R de Cha vero. t:lisa
L. de U11m11cho, CHtalina C de Edcandón. Guadlllupe
E de Escandón, AngPla GonzálPZ dl'I Ituarte, Maria
L. dt&gt;1 Landa, Guad,.lupe C. de MiPr, Chtra M. d11 Mo•
rán, Refugio T de Rincón Gallardo y Luisa R R. de
Teresa.
COMISIONlilS.

De invitación General: Joeé W. de Landa y E3candón, Apolinar C11stillo y Gregorio Alda8oro.
Dti ornato y -distribución de puestos: Guillermo Valleto, Lic. Rosendo Pineda y Lic. Adalbnto A. Es•
tev11.
De recepción de objetos: doctor Eduardo Liceaga,
Francisco D. Barroso .V Juan rle Pérez G;ílv,.z.
De colocación de objeto.,: Ricardo Diener, Denio
Ollivier, José Sígnord. Eugenio Sivy. Florencio Cas111ñares. Luis Labadi11, Rector Labadie Agustln
Honnorat y Julián Jauffred
'
De rifa de objetos y dlRtribución: Francisco D. BarroAo Ramón Alcázar y Manuel Algara
De Banca: Sebast1án Camacho, José 'Landno, Romáu S de Lascurain, Franelsco Suinaga y Antonio
Riva y Echeverrla.
De concierto: L:c Alfredo Chavero, Lic. Arturo Pu
y José Rivaa.
De policia: Carlos Quaglla, Antonio Tovar y Tomás
Morán
La Comisión organizadora la forman D. Guillermo
de Landa y Escan&lt;ión, como Pre11ldente de ella, y los
Sres Alfredo Chavno y Guillermo Barron, VicepreEidentes
La Comisión de Programa la intPgran los Sre11. Gui·
llermo Vall~to, Telesfvro Garcia, Fra:1ci&amp;co D. BarroilO, Carlos Quaglia, José W. dA Landa y Edcandón,
Lic. Luis Labastida. Lic Ernesto Chavero, Lic Miguel
Sagaceta, Lic. Adalberto A Esteva, Apolinar Caotlllo
y L1c Arturo Paz.
El f11stival dl'I c11ridad comienza á las 10 A. ltl, y
terminará á la 1 P. E.
Los objetos que bondadosamente han cPdido las
damas d11 México para que su producto se destine á
obra de caridad serán rifados en la forma y condiciones que establezca la Comis,ón encargada de ella.
Quedó prohibido el uso de serpentinas y confetti
durante tll curso del festival.
El producto de la venta de objetos del Bazar será
distribuido Integro á !ns Asilos y EitR blecimientos de
Beneficenria. en la forma que acuerde la Juntll Directiva de Señoras, pues el "Circulo de Amigo~" expen¡¡ará todos los gastos que origine el festival.

Edad de las cata.ra.ta.s del Niága.ra..
Todo el mundo conoce las catáratas del NiAgara
esa inmensa casrada cuya incomparable bell, za 1t~rae
continuamente parvadas de turistas ávidos a11 gozar
de tan grandioso espectáculo y de solazarse b11jo el
gigantesco y diáfano capelo que forma el agua al precipitarse desde las altfsimas rocas.
Las catáratas del Niágara han inspirado á muchos
artiijtas. .v los Upices y los pinceles han reproducido
infinidad de veces esa maravilla de la naturaleza.
Mas no son tan sólo el arti~tico y el grandioso los únicos puntos de vista de11de los cuales se debe considerar todo primor de la madre tierra, sino tambléu el
punto de vista científico es tomado en consideración
y las investigaciones de esta índole, aplicH das á las bellezas del planeta, han revel11do muclias veces curioslAimos secretos de iapreciable importancia para el
perfeccionamiento de las ciencias naturales
Los eabios bánse ocupado siempre de tales estudios y últimament" uno de ellos, el profesor de geologia Spencer, dió en Brooklyn un11 confflrencia sobra la edad de l11s catarat!lS del Niá~ara, con gran
acopio de datos y de cAlculos que demuestra el extraor&lt;linario inte1 éd y la completa dedicación que el
ilustre profeso, consa1rró á su trabajo
El problema ha Vt'nido ocupando á mucbo3 grandes
cerebros desrle hace más de un siglo, y á él han de .
dicado mucho tiem¡.,o centenares de geólogos El primArO fué 11n• lngiéR, el Dr Fllier y fijó L edad del
Niágara f alls en 55 000 años Lyell, en 18 10, pretendía
qua dichas cat&amp;rlltlls se form11ron. tllles como laR conocemos, dc -dA hac~ 44 000 añf)@ \Voodward eu 1.a 6
reducía esta cifra aún á 12,000 años, y más r.-ciente'.
menta un sabio francés Gilbert, fijó, después de import1rntes y lsrgoij trabajos efectuados sobre el terreno. en setenta stglos la edad del NiAgara.
Baeándos11 sobre un principio nuev'J mucho más
preciso, á saber, el retrocesopr&lt;&gt;gresivo ó recesión del
suelo bajo el esfuerzo del agua. y después de haber
estudiado las diferentes fast'S de la formación del
rlo miRmo, lo que basta hoy no se habla hecho. el pro•
fesor Spencer ha llegado á lll conclusión de gue existe desde hace más de 32 000 años. pero qua las catarat11s no se formaron sino h1tsta diez siglos más tarde.
El sabio geólogo mencionado 11stima que las cataratas cuy a altura actual es de 128 metros, fuertemen.
te encauzadas entre rocas muy duras y resistentes
durarán todavla por cincuenta ó sesenta siglos en el'
mismo estado en que hoy las contemplamos.

�•
Domingo·ao de Octubre de 1898

Domi.ngo

EL MUNDO

3.:6

~

de C'::t1!bre dA 1RAA

EL MUNDO

---

r-

-----------

1

1

El Palacio del Emperador y el Lago Lotns.-PEKIN.

LA CRISIS EN EL CELESTE IMPERIO

f

✓.:;

Antes de los últimos sucesoB del Sudan y del re&lt;:rudecimiento de la agitación dreyfuEista, Pekín fué
el centro de la curiosidad europea
Tel&lt;'grama tras telegrama veni.a de la capital del
&lt;Jeleste Imperio anunciando ó bieu que el Emperador
habla muerto, ó que estabaconva esciente, ó que nunca se había sentido mejor.
·
Por último.se ha dicho con insistencia que el Emperador tiene no sé que enfe~medad orgánica y que
la Emperatriz viuda ejerce .,in opoeicióu el poder i!imitado que le permite la docilidad del sobe:ano.
Loa disturbios promovidos contra los extranjeros
han sido castigados duramente. pr(lcurando darle á
la represión de esos atentados un carácter de sensible escarmiente para los que aún soñaran con nuevas agresiones á los residentes europeos.
Todo esto y las leyrnda·s contradictorias y algunas
de ellas inverosimlies, que corrieron por la prensa,
desfigurando los hechoB reales de la última rAvolución palatina,-todo esto, decimos, indica la dificultad de conocer exactemente los sucesos diarios de un
país envuelto por una corte de intrigantes en una
niebla de la que sólo vemos surgir chispazos provo
cados por los manejos de los ministros europeos. ¿Qué
hay en el fondo de este caos"/

Por tercera vez toma la dirección de los negocios
de Estado del Imperio la Emperatriz viuda, tia del
soberano nominal, Los periódicos ingleses que consideran á Li-Hnng-Chang como un tnemigo de los intereses británicos, presentan á este Astil dista como
un conservador y creen eiue su intención en la coda
pública, seria preFagio de una era de e~taciona
miw1to, durante la cual t.&gt;da reforma es ab~olutamente imposible.
Por el contrario. el rival de Li-Hun~•Chang, KaogYou Mer, es para Jo¡¡ ingleses el tipo del hombre de
P~tado progresista y liberal, un Gladstone, en una
palabn..
Tanta importancia Je han atribuido á PStR. rivalidad Pntre Li Hung-Chang y Kang-You-Mer que el
D aili J,l,fai l llegó á pedir la moviiizarión de una flota
para impedir la vuelta de: primero al pode,·.

EL EMPERADOR Y LA EMPERATRIZ DE ALEMANIA
f.N LAS MANIOBRAS.

coynntura de esta histórica expedición para publicar
sus retratos de'mil maneras. diforentes.
El gmpo de nuestro grabado representa á los soberanos imperiales en el campo de las maniobras de
Westfalia.
Recordarán nuestros lectores el interé~ que dP~pertó en el ejército alemán el encueLtro de los do~ cuerpos militares que con un efectivo de 100 000 nombres, hicieron marchas y contra-m~rchas, movimientos e~tratégicos y bivaquearon, simuiando todas las
condiciones de una campaña.
La presencia del Emperador dió á las fuerzas un
gran entusiasmo que contribuyó de una manera evidente á los magníficos rAsultadoi! de las maniobras,
en los que aqu"11a formidable máquina de guerra puso de manifiesto la PXcelente or~anización y la11 demás cualidades del ejército alemán.
Aunque en un sentido rigurosamP.nte cronológico
parezca extemporánea la publicación de este grabado, no lo creemos asi; pues como llevamo; dicho, hoy
es la imperial pareja objeto de universal curiosidad.
y no hemos querido que falte en nuestra colección el
retrato ecuestre de la Emperatriz haoiAndo tlado en
edición anterior 111 que representa á Guillermo TI en
su traje de moderno peregrino á los Santos Lugares.

Guillermo TI y su esposa son las figuras del dia
Los periódicos del mundo entero hablan de ellos y de
su peregrinación á la Tierra Santa, aprovechando la

✓

....,,,..f'-r•

~ ~~

),.::.::====:::=;;;;;;;;::~·

Q\~.f'/ ---~ ~

r ~v ~\~~

ry~~)f
[·

Maña Lozano de Landa.
Clara Mariscal de Morán.
Maria Luisa R. R. de Teresa

Guadalupe R. de Cha.vero.
Refugio Terreros de Rincón
Gallardo.
·

Ellsa Lynch de Ca.macho.
.Ma.r1a Callas de Ltmantour.

Sofla 0sio de Landa.

Luz Acosta de Oon~lez Clos1o.
Guadalupe E. de Escandón.

Guad \\upe r.ordero de Rebollu.
Angela. G. Buch de Ituartt,.
Ca.tal!La Cuevas de Escan&lt;lón.

El Templo del Cielo.

Ruinas del Palacio de Verano del!ltrnido por los aliados
en la guerra de 1860,

�Domingo 30 de Octubre de 1898.

EL MUNDO

338

nnmln1ro 30 de Octubre de 189/l,

'll~}tt

\

,

fll!lWa

h;!

ªª"ª· ªº

C'RISTOBAL COL ON
I NMORTALIZADO P 1) R EL flfllSCUBRD!IEN·
TO IJEL NUE VO MUNDO
CUANDO C Ai.V I E l&gt;TA BA BAJO LA
DOJl!ÍNACIÓN G ENOVEISA.
M URIÓ EN VALLADOLJD EL 20 DE
MAYO DE

1506.

¿Qu é habrán 11icho de Asto Genova,
Noni, Savona, 1''1uale, Oue!!Jia, Bo¡,rliH~co, · Albiwlla y lat1 otru cunas de
CtJló11?

NOTAS
Las epidf'mias me ralP11, . co~o las
ot,ab t'pidemias, duran algun tiempo
y c1,ando hau asolado un ¡,als, pas&amp;n á
t,ll'0,

.

Thiei·s.

* *en un hombre sus
pueblo encarna

El
e~veranZad, sus pabiOll68 y SUB BUt'ñOs.

Masc,d.

Za mujer aaúlfera-

La enseñal!Za superior de las mni eres en Inglaterra.

No se gobierna ***
con afectos.

L uis XVIII.
"Qui est sine peccato........."

Pº"'ª

Jesús.

***
Las enfermedRdl.'s que

matan á un
pueblo no 1,011 aquellas de las que se
queja, sino l11s que tanto lo halagan
4ue uo quiere curarse de ell.. s.

Este g-rupo escultórico es obra del
artista Sr. Rodolfo Bernardelli, autor
de la estatu&gt;1 dP. D. Pedro de Braganza. erig-lda l'n Rio de Janeiro.
L11. obra que publicamoR, cuyo mérito fué recouocido en el certamen inter•
nacional di, Chicago, es un. de las
mejorAR del Sr Bernardelli.
La fotografia de donde tomamos
nuestro gra bRdo. fué galantPm11nte obsequiBdaA la Redacción dé ••El Mundo"
por el inteli¡rente literato Sr. D. JoRé
de la Vega Serrano, qui"n inspirAndose en la crPación artística de Bnnar•
delli, !'Scribió el soneto que en seguida
reproducimos gustosos:

Berthelot.
*

*
Un amor que ha* expP.rimentado
, et'S c1.mo un rostr , 1ifeado por la vi•
ruela.

1011

•**puede hacerse tc,De un vieio amor
do, ha.ta un uuevo amor; mas nunca
una aru1st1&lt;d.
Bourget.

•*• 1 -Es todo Jo que
Sa honrado y deb
se nece.ita para ser in6trumento de
lob bribones.

Valtour.

..**
PariP, la ciudad ael

SONETO.
A FE:LIX BltRNARDllLLI

LA MUJER ADULTERA
"Qui est sine peccato.................."J es,ís.

P.lacer, es ante
todo la ciudad del trabaJo.

•

Gondeau.

Jesús. el de la ·voz llena de encant~,
el de palabra dulce y atrevida,
el que á dar vino al hombre nueva vida
y á consolar con su evaníelio santo,
se detuvo al oír qul'jas y llanto
de una mujer, del puehlo perseguida,
que echándose á sus piés, arrepentida,
se escondió entre los pliegue~ de su manto.
El Hombre-DioR, entouces, magestuoso,
con airado semblante y ge•to duro
que á la compacta. multitu.d arredra,
Pxtendiendo su brRZO milagroso
dijo al pueblo: "Quien se h(ll.le limpio y p uro,

ése que arroje la primera piedra

Octubre 12 de 1898.
JOSÉ DE LA VEGA SERRANO,

--------.---------

Casi todas iaR mujeres ingleRas que han estudiado
en las Univerddades de aque paiR, han ol-itenidoem,
pleos en la enseñanza pública. En los E~tados Uni·
dos no pas 9 lo mismo, pues la mayoria de las mujeres
que han cursado en los colegios de enseñanza supe•
rior son bibliotecarias, taquigrafas, periodiRtas, mé·
dicás, ayudantes de hospital. actrices, astrónomos ó
agentes de seguros ó de cambio ..
Las estadísticas de las que tomamos estoR apuntes,
no se refieren naturalmente, sino á las mujeres que
estudian para lucrar con su carrerll intelectual: las
que porneceqidad ó por amor á la vida indepPndien·
te buscan empleo á. su activiad en labores que les
producen lo necesario 'flara sostenerse y sostener á
sus padres y á sus hermanos.
Pero hay indudablemente "tras muchas qufl cur an
los estudios superiores, en parte por seguir la moda y
en parte. por dar á su espiritu una elevada cultura,
que brille en la sociedad, á la par que su belleza y su
eJpg·ancía
Para este grupo, la educación es un adorno. Buscan en l'lla ¡,. suprema distinción que constituye los
acornplishrnents obligados de una young lady de alta
sociedad, tales como sports. múdica, idiowas. En
esos casos, la ensl'ñ•t:za superior es una de las cosas
superfluas, que son para otrR s tnujeres las más nece•
sarias; sin embargo, i? qufl hov es superfluo,. puede
litigar mañana á considerarse como un precioso recurso con el cual sea fácil conservar una posición
que J~~ adveraidades hubieran desbarjl,tado para.
si•~mpre.

¿Cuál es la patria de Colón?

*.*

El movimiento q•te impul$a A111.q_mnjereR ~ segui_r
la enseñann eup.,rior data d•l primer terc1~ del. ~1glo. Como siempre que se trata de una mod1f1~ac1on

Aqui nació en 1441

tidos á los exámenes más elevados de
la Universidad, que sirven para r eci•
bir grados y honores; pero á dlfn°ncia de los hombres que pueden !111v11r
agregado á su nombre la" ll'tras B A
(Bachiller en ArteP) las muieres sólo
reciben un certific.. do que no !As con•
fiere ni&lt;11!'ÚD titulo. Por mii e sfunzo
que han hecho no se leR permite llevar
)11. toga universititria ni las insignias
de los g1·ados.
¿Por qué existe esta anomalía? SA
comprende t nto mAnos cuan.o que en
la Univerdidad de Lon&lt;lres ha~e vein ·
te años que no se e,tablece diferencia
11ntre les candidatos de ·amhos sexos
~n un pllfs en que las muieres no capad•s ó viudas que llenan ciertas C"!'·
dicionf'~. pueden Per electoras y aun
elegibles para inte¡?rRr los consPj1Js lo•
cales de administración de las t111cue•
las, es muy curioso que las rorpora •
cinnes dP. las Univer.idadf's dP Cam •
bridge v Oxford, opongan, sin otra rá·
zón que la rutina. tradicional. un ohR·
táculo t&gt;1n grande á la. marcha del fd.
minismo.

·
tes - á este t!Íulo; á
cbfn par~ los 1a':t/1~anGi rton ~ l Colegio y
poco se ranF
r importancia deter•
al.desarrollarse.y t~!Ñ, wuham Coll~ge cu·
mrnó la f~!1dac1ón f1.. á Miss U1ou¡¡h una de
va direcc1on se con º
• . .. d
dP. la nut'va enH•nauza.
ias m1c1a o~d~dde Ntwnbam fue tau gra1 de
q~: ~r~JtT;uo est11 blt•c1m1eni~ eFtt
1
\
en tres: Old Hall, füdw ck y oug
d . de
.
o de las pensioo1,tas uo PXCtl e
' .
n31mer u edad varia mucho: se necesita una
•
\1 ..,.
1~0 y s a especial para ingr11Par linte, de. l~s
X(
d1spPm
d 30
den v1v1r
18 años: las que ¡.,asa_n ~
en Cam ·
1
f era como las que nent
d
1.
\V
b~fdge. Gozan de ~rna gran liber1ad/ueÍ.1 ¡~
¡
las horas de estudio_. p~es 11u~rra: sc~De~e~6 cierra á las 6 en 1Uv1erno) .
á las 11
uedPD entrar !11s pf'nsio~1stas
.
1. no
~
recibido alguna invitación ~e la cm·
dlad. Cada una de' llas til'D6 cuar.to mdl'pf'D•
diente, pudiendo decorarlo segun su gusto
perPonal.
· se repar•
El tiempo consagrado" 1 t ra b FJO
3
odo: dti 9 á 12 y mPd,a: de la, y
~e~?aes¡~:i: 6 y dt&gt; _la~ 8 á las.10 Sin t mbar
go no es obligatorw Pl estudio en todo es/~
tie~po pues aparte de las .hor~s di e con! e:
'
renc1a o c
pemionist11s pued~n
bacerloquemás ,me- Alumna de primer año.
Colegio de N orth Hall.
ran.
11 1 b ••
DePpués de la comida se abren 1os !! u s
profunda de las costumbres y s~b"E; t?de los cuales alguL0I! ~on muy 6BJ?ec1ale¡; y
do de las preocupaciones. al pr~nc1p10
tiPnPn noca~ aPo• iad~s. coro_? por eJemplo, la
apenas pudo comprenderse la 1mpo~Brvwning Socúty, cuyo o_bJeto es co~PlJta~.
que babia de tomar el mov1•
las obrab del
Brownmg Otros c_lubs
En las condícion11s de la vida moderna P.S 1t vecPs tancia
miento.
son más concurrirlos: la Sociedad Musi~al Y
forZ'lPO parll la mujerproporcion. rsP rPcursos d&lt;1 sub·
11
El
año
de
lfl48
Re
fundó
Queens
Cola /:Jociedad de Debates en la que se d1scusistl'ncia y aún 1011 que n ..cesit&gt;t. Pi hogar en ando el
la primera institución d~ alt_a
t1-1n c,1 11.•tionPR literarias. de arte y moral.
trabRjo del hombre n_o produce I_o bR.Rtant11. Entonces llege"
enseñanza
para
muj11res.
F,l
ano
Sl·
El Polilical Club es una verda~era asamblel\
la mujer se ve sometida á tralJa7os forzados.
guiente
se
abrió
"Redford
College"
y
arlsmt1ntaria, en la 4ue domma Yª. el elePero esta carga pued,· aligerarse, á medida que no paRaron las cosas de alli. ha~Ja
tl'nto liberal. ya PI consf'rvad.:&gt;r. Recibe las
cultive su inteligencia y ejercit, sus habilidades roa• 1867
EPta
6R
la
fP.cha
de
la
formac1on
noticfas del d a, directsmPn.t~: ,v las conoce
nuales.
North of England G_ouncil aso.ciaanti'&amp; de que ~algan los per1od1.cos. Las seLos trabsjos mf\R penoRos son los menos remunera.• del
ón que tenia. por obJeto orgamzar
Piones no pon de lo más tranqm!o: pues las
dos Es una verdad incoutrovertible que laM tareas ci
cursos superiores para las mujeres en
·óvenes ladies no tien_en que en".'1drnrles naen las que et sér humanohaceintervenirsuinteligen- todas
las grandes ciudarlPs. Bajo la in~a de su pasión poliuca á los m1embrns más
cla y una afición apasionada. se estiman yª" remune• fluencia
áe esta sociedu d la Universifog-osos de la Cámara de los Com~ne~ . .
ran más ampliamente que los trabajos qne sólo de• dad de Cambridge
admitió á las mujeUna vez por seman'\ las pens10mstas se,
m11ndan penosos esfuerzos musculares y el sudor co- res á rP.cibir P.! titulo
de PStndios s 1pereunen para bai•
pioso del siervo.
higher local examinations
Jar, v aunque no
No cesaremos, pues, de. ~ncarecer_á las m~jerP~ )a riores
En 1868 se abrió un colegio en Hithav·hombres en la
importancia de .ta educ~mon y d~ ~a.mstrucc1on ut1l,
nunión ee diviH·
es decir cientiflca, háb1L1entedmg1das, pues son los
ten grandemente.
medios po&lt;lerosoR con cuyo auxilio consf'guirán abrir•
A las diez de la
se un camino fácil á travéa de los obstáculos que denoche se apagan
tienen á tantos hombres incapaces de llegar á la meta de sus aspiraciones.
las luces. pero no
duerme el colegio.
Alumna de segundo afio.
Ei! la hora de las
r eu nion es inti·
maP: hasta las once se visitan unas A otras, platican, toman
té. tocan y cantan. Si quieren prolon14arhla
tertulia dPspués d11 las once. pueden acerlo, con la condición de no turbar el sutño
dP. las que duermen.
.
Tal es la vida ordinaria. VHl~da por los
matches de tennis entre dos coll'g1os, las con_·
ferencias, los meetings. los conciertos los ba1
¡ 68 d11 fantasía improvisados, los Kettledrums
presididos por las profesoras y á 1".ª que P.e
invita á las estudiantes de los colegios vecinos.
.
El domiogo cada pens'.onista hace s11s e1ercicios piadosas c, mo lo cree conv_eniente, Y
aún puede a~tsenerse de ellos. La hbertad religiosa es tal. que muchos acusa1;1~ Newnbam
Colleg-e de Rer un foco de agnost1c1~mo y ba,ta de incredulidad.
El cnrso completo de los "'Studios dura tres
Colegio de CJlough Hall.
años. Desde 11S!ll las estudiantes son admi· Alumna que ha recibido diploma.

UOLEGIO DE CJLOUGH H,t,LL.-Refectorio para las grandes reuniones

..,
1

Siete ciudades se disputaban la gloria de hkb er vis•
to nacerá Homero. Más son las que prP.tendeu ser cuna de Cristóbal Colón, cuyo descendiente el Duque d_t1
Veragua ha tomado tanta parte en reclamar las cem·
zas del descubridor de América á los vencedores de
Santiago.
Génova 1 Pradello Finale, Oneglia, Norvi, Savona,
Albissola, Bogliasc¿, Cogoleto y di~z. lugarts más,
pretendeó cada uno tener tltulos suf1cient1::s en.apoyo
de su opinión.
Los corsos, por su parte creen que ~olón ~d su compatriota y le asignan como cuna Calvt, ~ama de Napoleón I. Esta opinión pa"ece haber temdo mur ~ot~bles adhsrentes, pues el Pre&gt;idente de la Repub l1ca
Fraacesa, M Grevy, firmó el 6 de Agosto de 1882 el
siguiente decreto:
\rtlculo 1 ° Se aprueba la ereccit'&gt;n de una estatua
de Cristóbal Colón en la Plaza de Cal vi (Córcega), por
medio de subscrición pública.
Articulo 2.º El Ministro del Interior queda:·á encar•
gado de la ejecucióu de este decreto.
No hnbo fondos para la estatua ó bien los habitan·
tes de Cal vi creyeron que I arasatisfa,3er su amor propio local, bastaba una placa conmemorativa. El hecho
es que no se erigió la estatua, celebrAnaoRe en cambio, grandes f:estas en Calvi el año de 1886.
En el curso de esas fiestas se colocó en la calle de
Colombo y en el muro de la casa que se su ponla haber
sido la del navegante, una placa que decla as!:

El Emperador y la Emperatriz de A..lemauia, en el campo de las maniobras.

�Domln¡ro 30 de Octubrf'I df'I 1898.
Domingo 30 de Octubre de 1898,

EL MUNDO

340

DEL

LAS COMISIONES DE LA PAZ HISPANO-AMERICANA
L ..s Comisiones de la paz hispano americi.na se
componen de diez rnln11b1 os. ~e. presidente de la
eap11ñola el Sr. 1Viomero Rlos, uno de los ministros reform11dorea de 1868. Duraute la Adminiotrac1óo de
Amadeo desempt-ñó la cartera de Justicia. Tomó parte activa en la reforma de lo., Códig11s españoles Pe·
nal y de Prccedimieotos. Tiene setenta Pños y es actualmente Presidente del Senado Español. Los otros
comisionados españoles son: Aba\'zuza, hombre de se·
senta años, e1ucado en Inglatf'rra y grHu conocedor
de la leugua int('lesa: ha sido Ministro de España en
Francia y Ministro de las Colonias en una de las Administraciones de Sagasta; Garnica. Magistrado de la
Corte de Ca,iación y Diputado por Santander; Villaurrutia, antiguo Consejero de la Embajada de E-paña
en Paris y actualmente Minist,ro en Btus~las; el General Cerero, del arma de artHleria, director de la defensa de laa corta,i de España.. El Sr. Ojeda. Mini8iro
de España en Tá11ger. es el Secretario de la Comisión
Española
La de los Estados Unidos tiene por Presidente á Mr.
Cu~bmann Kellog Day, smi¡¡:o intimo y br11zo dti Mr.
McKioley; últimamente era Ministro dd Of'pHrtamento de Estado. Lo actmpai,an: Mr. Whit~lt w Reld. f'X•
Embajador f'n París, uirector pr&lt;,piet11rio de la Tribu·
na de Nueva York, escritor de mflrito y orador fogoso; Mr. Da.vis, Presidente df'I la Com!Fíón de Relsciones :J::xteri ores del Senado; Mr. Frye, Senador por Mai-

341

EL MUNDO

digno de su alta representadón internaoional! sino
que les prop~rcíona t1das. l~s comodidades po_nbles.
.J&lt;.:ntre otras tienen los com1s10nados un esplén~1do buffet en la gran galería donde celebran sus ses10nes.

ne. PX alcalde de Lewiston y ex-Presidente pro tw1,pore del Seuado; Mr. Gray, S&lt;&gt;nador por De1..waer Y
aotigno Srcretario de Estad{).
.
Lo~ comibionados americanos tienen por Secretariu á Mr Jobo Moo,e, autor da una obra de Derecho
íuternacional, y los asesoran el Coma~daote B!·ad·
ford, Consejoro ni. val y el General Merritt, const'Jero
militar.
Las comisiones tienen á m disposición los de~arta•
meo toa de la planta baja del Mioi!Wrio de Relac10nes
Elderiores del Gobierno francéo; á saber, t:I gran s.a•
Jóo, la g'llería de recepciones y el comedor. El Mln~stro francés se reservó únicamente el salón de EmbaJa•
dores.
t
Perfecta ha sido la galanterla fraoc_e~a en es.a oca
sión, pues no sólo ha dado á los com1s1ones un local

En el Cuadrante.
•

J. de GARNIGA

/

~~
*

-Céntra) R. GERE!lO

DIURNAL

Sombra y humedad. Bajo las tarimas podridas
1uga de escarabajos y roer de ratones.
En las viejas banc11s de labrado pino,doblados
cortinajes de terciopelo marchito con goterones
·d e cera.
En torno libreros negros con apretad os infolios encuadernados en gamuza.
Luchan en la triste oficina, la bocanada de humo de incienso qi..e viene de la
iglesia con el olor del agua jabonosa que
se entra del patiecillo donde una lavan .
dera flagela entre risas y canciones sus
húmedos trapos.
Y ante un bufete color de ataúd, colmado de expedie1,tes amarillos y de polvosos registros y roídos periódicos, tintero de cohre, cazoleta con municiones
y mar mllja; candelero herrumbroso con
11n cabo de cirio y carpeta de cuero ....
Caladas las gafas verdes; el cráneo su-cio sembrado de rojizos pelos; el ojo la-criméantc; varicosa la nariz; razo,rado el
b elfo; to~iendo y arrojando humo de cigarro por la boca desdent11da; con mano
huesosa, ademán lento, arqueadas las cejas, chirriante la pluma de ave, el notario de la Parroquia llsientll con escritura de
Torío las actas de bautismo, matrimonio
y defunción.
Enmudece P.l órgano en el templo, Jan.za u n quejido de gig¡mte moribundo el
poderoso oficloide; rueda la campanilla
del mon11go por la escalinata del presbiterio; suenan las muletas de la últimit
beata, y al desvestirse el Cura en la sacr istía, alterna su voz senil con la alga.zar a de los monaguillos, y el reloj de
pesas tintinea su música de campanillas.

El olor de la cera quemada se mezcla al de las
resinas y á la emanación cadavérica de las flores
p odridas en. los turbios vasos.
Y el notario tosiendo, carraspeando, busca en
las fojas del infolio salpicadas de arenilla, no·m-

bres y fechas; el gato arafta 1:1us ,pantuflas y él se
deja.
La página de ese libro con sus razones de la
misma extensión, equidist,mtes, uniformes, se me
antoja los lotes simétricos y numerados de un
cementerio: en esa fosa un nino, en la siguiente
un matrimonio, en la vecina un padre de fa·
milia.
Esos tres episodios supremos: el nacer, el amar,
el morir .... registrados con formulario inexpresivo en volúmenes polvoso1, recios, taladrados
por la polilla, sellados por la araila.
El inefable ensueilo de mis anhelos en veinte
líneas; la desgarradora tragedia de mi madre, en
veinte líneas; la ·alegría del nif!o limpio del pecado original, envuelto en pailales, llevado 111 templo en brazos del amor, en veinte líneas.
No es verdad,que la tumba nos iguale y valgamos en muriendo, el mismo puñado de polvo, el prócer y el escribiente
de Juzgado; queda la vanidad póstuma de las lápidas y maus0Jeos, y hay
quienes fenecen garantizando el más
allá con una póliza de seguros de ultratumba: bulas, indu:gencias, absoluciones, misas, sufragios y responsos.
Iguales todos somos en ese libro fo.
rrado de becerro duro y tosco para
que resista las injurias del tiempo,
copioso inventario de vidas y de muertes numeradas, sin orden de catP.gorías:
arriba un finado ilustre, abajo un infante que será un asesino.

MroRós.

W. Z. de YJLLAIJRRUTIA.

E,L,,
A la luz de una bujía, inclinados sobre el lecho
amplio, conteniendo el aliento, contemplan todos
á un diminuto envoltorio de paftales del que surge como un capullo amoratado la cabeza de uu
r ecién nacido.
Comentarios: la matrona de lentes (cuatro diopt rios negativos,) le augura una salud ejemplar; la
abuela le encuentra pa-rec:do con su difunto esposo; los chicos observan que las ma:necitas hechas ovillo, ~in tacto, esbozando actitudes de

Whltelaw Reld.

Gray.

Moore, Secretarlo.

Day, Presidente
de la comisión americana.

Frye.

Davls.

F RIMOOENITO.

aral'lazo y quites pugilísticos son más pequeilas que :as del rorro de porcelana; y el padre se
impacienta y se entristece porque lo llama, lo
acaricia, le mueve el labio y no comprende en
sus ojos de opacidad azulosa ni una sola mirada
de ternura ¡no Jo conoce todavía!
Quiere tomarro en b razos y teme lastimarlo; le
prohiben que lo toque; le predicen que quien comienza con tales extremos será un padre consentidor y eso es fatal para la familia.
-Otro rato, un
ratito así nada más,
dejen que lo mire,
el último b.iso ....
Y lo aspira como
al perfume de una
rosa; el olor lacteo
del muñe'co lo encanta y sus v isajes lo arroban: parece diglutir manjares imaginarios;
frunce la frente; di1 ata 1as narices
liliputienses y bosteza con el más có•
mico, risible y minúsculo de los bostezos.
Cufíaaa! t o d o s
gritan 1 o mismo,
cual los gatitos tiernos y el padre se
desespera de mirarlo así, fajado, horizontal,como un fardo en una cuenca
de preciosos paila:les.

Van á baf!arlo y los hombres estorban para esa operación y ademas lo marean con el cigarro: fuera!
El papá se refugia en el estudio y con la cabeza entre ambas manos piensa en ese ser feo aún
- á él le parece encanti.dor-en ese ser como
provisional, sin mirada, sin olfato, sin voz, movido apenas por el mandato del instinto y sometido inconscientemente á las leyes de algunos pocos animales.
Lee á Edmundo de Amicis, lee la Higiene de
la Infancia, y cerciorado de que todas las puertas están cerradas, súbitamente se desnuda al
pensar que cuando lo tocó estaba caliente ¡si le
dará meningitis!
Cuando propone que le pongan el termómetro
y llamen al médico, se ríe la comadrona en sus
barbas y Je asegura que el genio más genio pero
padre prirnerizo; sabe menos de muchachos que
una chicuela de ctilegio.
Y el primerizo evocA los escaparates de las jugueterías ¡qué espadas! ¡qué tambores! ¡qué cajas de soldados! ¡qué velocípedos! Pero si apenas
tiene ciento veinte horas justus de ver la luz y la
luz artüicial, porque nació á las tres y cuarenta
minutos dos segundos del día 4 de Mayo, miércoles!
-Pero es él•quien tose? El croup suele ....
¡Y ese aprensivo que así se mortificaba es
médico cirujano y especialista colosal y de fama hasta eu ropea en las enfermedades de los
niiios!
MIORÓS.

�342

Siempre había ella soñado con ser la mujer de un
poeta!. ..... Pero el destino i~placable. ~n. vez de a
existencia romántica y febnl que ambicionaba, le
conc.. dió una dicha tranquila casándola con un ricQ
de A uteuil, que vi vla d~ sus rentas, de carac~e~ dulce
y pacifico, aunque vtPJO par~ ella, y cuya_ umca pa·
sion. absolutamente inofensiva y t, anqmla, era la
horticultura.
El buen hombre pasaha el tiempo con la podadera
en la mano. cuidando y limpiando una magnifica colección de rosales, calentando el invernadero ó regando las cestas, y por vida mi a. los lectores convendrán,
en que to •o ello no era 111imento
bastante para un corazoncito hambriento de algo ideal. No obstante,
durante ditz años su vida fué recta
y uniforme c mo las calles finamente enarenadas del jardln de su marido, y asi Ja continuaba á pases
contado~, eP.cuchando con fastidio
resignado, el seco y estridente ruido de lae tijPras siempre en movimiento, ó la lluvia iufinita y monótona que c11la de los pequeños agujeroR de l11s rt&gt;gaderai- ~obre las
frondosas plantas. Aqu.-1 furibundo
hortic&lt;1ltor, tenla par a con su mujer el mismo cuidado meticuloso que
con sus flore~. Media el frio y el calor Pn su salón lleno de ramillett&gt;s:
tPmia para elrn tanto las he ladas de
Noviembre como los solPs de Marzc&gt;,
y como á esas plantas que se mettn
y se saci..n en época determinada, la
hacia vivir metódicamente con los
ojos fijos en el barómetro y en las
var aciones de la luna.
Asi pe1 maneció mucho tiempo Pntre las cuatro paredes del jardin
conyugal, inocente com"u~a c\emat,de; pero con fuertes aspiraciones
hacia otros jardines, menos regulares, menos tr1rnquilos. en los que las
rama11 de los , osalee creciesen todas
4 un tiempo, en los que las hierbas
fuesen más co, pulentas que los árbo1.-s y esiuvit'sen cargadas de fantásticas y desconocidas fh,res, Ubres y
bajo más ardiente sol. Esos jardines 110 se encuentran más que en
los libros de los poetas, así es que
ella leía muchos versos á excusas
del jardinero. que en achaques de
poesía no estaba al tanto más que
de los dlsticos de1 a manaqu1::
Quand il pleut á la Saint Médar&lt;i,
L pleut quaraote jours plus tard.
Sin elección, con la mayc.r avidez,
la desdichada devonba ios más malos poemas, con tal que en ello~ encontrase consonantes á "amor" y
"pasión," luego cerraba el libro, pasaba horas enteras en soñar y suspirar, exclamando al fin· "he aqui el
marido que yo necesitaba,"
Todo esto habrf., quedado por
1 iempre reducido á vagas a11piraciones. si en el room• nto terrible de los
treinta años, que es la ed11d decisiva para la hermosura del dla. ne hubiese encontrado en 11u camino al
irresistible Amaury.
A maury es un poeta de salón, uno
de tantos exhaltados con frac negro
v guantee ¡rrls perla, que entre las
iiiez y l»s doce de la noche van á
las teit ulias á referir sus éxtasis de
amor, @us desesperaciones, sus embriaguAces, melancólicamente apoyados en las chimeneas ó en ~lgún
otro mueble, mientras que las mujeres en traje de baile formadas en
circulo escuchan ocultándose tras
de sus abani,·os.
El tal poeta puede pasar por el ideal del género.
Cabeza de remendón fatal, hunJidos los ojos, el color
pajizo. se p, ina á la rusa y se alisa el cq bello con pomada húngara. Es uno de los desesperados de la vida
como los amito la11 damas, siempre vestidos á la ú ltima
moda, un lhico congelado. en el que solo 11e adivina
el de@órdt&gt;n de la inspiración, por el nudil flojo de su
corbata puesta con negligencia. Indispensable es
presenciar su éxito. cuando con estridPnte voz, rPcita l,na parte de su poema. El Credo del Amor sobre
todo aquella parte q 11e termina con este admir-ble
verso:

Domtngo 30 de Octubre de 1898

EL MUNDO

quedó vencida, Fólo que coiho en el fondo de aquella
existencia elegiaca, habla a1gún fondo de hoaradez Y
orgullo, no qul,;o cometer un'l falta mt&gt;zquina Ad~m11s, el poeta declaraba en su Oredo que no comprend,a
más que uua ti~pecie de aaulterio, el que marc~a con
111. cabeza alta, d~eafiando á la ley y á la soCJ~dad.
Tomando pue, ¡:,or guia el Credo del Amor, la Joven
tlSpu~a BA evadió bruscamente aet jardt11 dti AutPu!l,
y attarrojó E'n brazos dfl su poeta• •"No put&gt;do, 111 d1Jo .
vhir cou ese hombre, Lévame contigo. 11 -En casos t!tl·
Illt'jalitPs, t'I ma-ido se llama siempre, ".:se hombre"
ha11ta caando es un iardiuero.

Jas continuas alertas. tod_as esas cosas que alimentaban ~u pasión, desaparecieron y ella c_omenzó á comprender, oirando más cla!º• y á c&amp;d!)-, mstante en J~
inH•lación Je su pequena babitac1on, eu e@os mil
pormenores caseros de la vida di!)-ria que se dabamásá conocer el hombre con quien vrvl~Lo poc~ qutt. habla en ~l de sent1m1entos ge~erosos,
hnoicos o delicados Jo d1luia en sus ver, os, sm g~ardar na.da para su consumo personal. Era !°ezq~mo,
eg-oista. y sobre todo lo ql}e el amor no _pe dona. leproso Además se habla rasurado el bigote y aquel
di~fra z le sentaba muy mal. Qut\ difereucia. c~and_o
entre dos candelabros le oyo recitar su Credo y tenla el bigote rizado
y sedoso En el encierro forzitdo que
~i
por ella se había impuesto dió rien!
da suelta á todaH sus manlas, de la.
que Ja ma:vor era creerse siempre
eufe1 mu. En fuerza de fingirse tlsi •
1
co, el que tal hace lle!?'&amp; á eren que
Jo está realmente. El poeta Amaury
tomaba mil medicinas, se envolvla.
1
en papel Fallard y siempre teuia. lle.j
na la chiminea de botellas y d -' poli
vos. Durante algún tiempo su compañera. tomó á lo serio su papt'l de
He1mana de la Caridad; la abnegación daba al menos una excusa á su
falta, un objeto á su vida. Pero
pronto se cansó y á rn pes r en la
pieza sofoc..nte en que el poeta se
envolvía en franelas, pensaba en el
jardincito perfumado, y el buen jardinero visto de frjos entre sus plantas y sus Cl'etos Je parecla bu ..no,
sencillo y desinteres11do, tanto ce mo
era el otro exigente, egoísta y ....
Al cabo de un mes amaba á su
marido, le amaba realmente_. no cou
el afecto de la costumbre, sino converdadero cariño. Apasionada y
arrepentida le escribió un dla una
larga carta de la que no recibió r~spuesta quizá el iardinerocreyóque
no e~t~ba aún bastante castigada.
Pero de nuevo envió carta trlls de
carta, suplicó, se humilló para volver á su lado, ·asegurando que me•
jo!' querla la muerte, que continuar
viviendo con aquel hombre. Había.
llegado al amante su turno paraqu"
se le llamase, ese hombre. siendo lo
raro que se ocultase de él rara t&gt;s·
cribir, poi que aún creia al poeta
enomorado y temía su exaltación.
"Jamás me dejará partir." añadía.
Cuando á fuerza de súplicaP logró obtener su perdón y que el jardinero consintiera en recibirla, creemos habn dicho que el ma.ri~o era.
todo un filósofo su vuelta al tt&gt;cho
conyugal tuvo todas las peripecias
misteriosas y dramáticas de una fu¡ra: hizo que el buen jardinero la robase. Tal fué su
último goce de culpablf'. Una noche que el poeta &lt;:anPado de la vida á duo, fué á. recitar ante el mundo su
Credo d,l Amor, ella saltó á un fiacre, en el qu11 la PB•
p,ra.ba su viejo eppose en la extremidad de la calle,
y asi fué crmo volvió al jardincito de Anteuil, cura•
da para Piempre de su deseo de ser mujer de un poeta ...... Verdad es, que aquel poeta ...... v ..lia muy
poca cosa ..... .
A. DAUDET,

Dnmtne-r SO dr OctubrA tle ll&lt;!b-,

EL MUNDO

0

.
l

Amau.-y tuvo un
momento dl'I ePtupor.
,.Cómo diablos podi!l
imaginarse, que una
mujer de treinta añ(ls
podfa tomar por lo
~erio un po ..ma amorosol' No obstante,
contra mala fortuna,
b11en corazón. y como
en el bien abrig11do
jardincito deAnteuil,
la dama aquella se
habla con e e rv ad o
he1mosa v fresca se
la llevó sin murmurar. Los primeros días
fueron encantadores,
y como se temi n
!Bs persecusiones del
marido. fué preciso
ocultarRA bajo nombrt&gt;~ suoueRtos, cambiar de trajes, habitar 10s barrios inveroslmiles y no tilmar más
qut&gt; los ferrocarr-les de •:in tura En la noche sallan furtivamentA ó haclan paPeos sentimentales A lo
largo de la~ for tificacionfls. ¡Oh poder de lo núvelesco! Mientr.is ma,vor era el miedo de ella, aumentaban
las prt&gt;ca.uciones, tra, aparentes cortinas y persiana9
corridas y le r,arPcía que aumentaba la talla del poeta. En la no,·.he abrlan el ventanil!o de su habitación,
y contempl~ndo las 68trellas ,ue parecla subían de
los fanales d 1 cercano camino de fierro. ella le hacia
decir. ,V repetir muchas veces lll famosa parte del poema que terminaba. con el no menoc famoso verso:

Y yo creo en el amor, como creo en Dios.

Y yo creo en el amor, como c:.-eo en Dios.

Advertid, que mu ho sospecho que tal farsante se
cuida tan poco de Dios como de cualquiera otra cosa;
pero las mujeres no ven tan claro. Fácilmente se dejan atrapbr por esa materia viscosa, y puede 11111&gt;gu
rarse que cada vez que Aroaury recita su Credo del
Amor, hay en el salón piquitos rosados, pronto8 á de vorar sus versos tiernos, ese facil anzuelo dt&gt;l st&gt;ntt·
rniento. No hay que pensar, ni menos que dudarlo,
tiene el ~oeta tan lindos bigotes, y cree en el amorcomo cree en Dios ......
La mujer del jardinero no resistió: en tres aesione11

-,Qué bueno, qué bue1.1ol
Desgraciadamente aquPl!o no duró mucho El marido los dfjó tranquilos ¿Qu(&gt; · queréis? Este hombre
era filósofo Luego que su mujer Jo abandonó, cerró
la verde puerta •le su oasis. y con toda calma se dedicó
4 cuidar sus roPales. pPnsando con placer que como
Rus raíces penetraban hondamente eu la tierra. no podrlan marcharse
Ya tranquilizados los amantes volvieron á París y
repentin~mtinte pareció á la 11eñora, que su poeta babia cambiaao. La fuga, el temor de ser 11orp• endidos,

A HEREDIA
Primera página del libro "Lápidas."

Tu gloria llena todos loe confines
con la luz de su roja llamarada;
tu libro es una crátera sagrada
digna sólo de olimpicos festines.
Son tus versos heraldos paladines
quP trotan á bandera desplegada,
formando ari::tocrática mesnada
y al heróico sonar de los clarines.
Oh altisimo poeta, quién pudiera
porseguh el albor d0 tu cimera,
ostentar tu blasón como amuleto
y aprisionar con impecable mano,
todo el lustre del ritmo castellano
en la malla ideal de tu soneto!
AMADO NERVO.

. No hay candlldos, guardas, ni cerradurae que m eJor guarden una. doncella, que brs del recato propio.

-Cervantes.

La mujer PR un ser de cabello largo y entendimiento corto.-Schopenhauer,
La mujer hermosa agrada á. los ojos; la mu;er buena.
agrada al corazón: la primera es un dije, la segu11d·,._
es un tesoro.-Napoleón l.

E~ FAMIT,IA-LEYENDO EL PERIODICO ILUSTRADO.

ENVIDIA
CONFIDENCIAS DE UNA SOLTERON4.
Para mi, cuya vida transcurre triste y monótona,
Mientras tanto la pobre Luisa envPjecia .... Cuando
será e~te dia uno de 1011 má, agltadoP; 110 he tenido, pien~o en f'sto~ treinta 11ños de mi vida, me pareren
siu embargo, más que una visita: la de una antigua una intermiaable avenida de árboles torios Jo misamiga, que vuelve á esta tierra, después de treinta mo ......¡Qué hice en eRtos treinta años, Dios d0 mi
años de residencia en París; treinta años de dicha, de vida! y ¿como pude soportar sin morirme de hastlo,
felicidad inmPnsa. para ser victima después en la más los innumerables dias pasado~ en la misma monotohorrorosa catá~trofe y encontrarse sola. inconsolable. nla? Pues bien mentiría si dijt&gt;se que he sufrido en
He aqui la historia •ie Germana Eyron; merece ser mi soledad, y dePpués de pasar los treinta, la crisis
conocida.
de las solteras, pasó la fiebre, y me &lt;lesperté un dia.
Fuimos compañeras de colegio; h;cimos la primera rePignada con mi suerte, hasta riéndome de ella.
comunión el mismo dia: nos examinamos junti,s muFeliz y contAnta, en fl 1, de mi libertad, arreglé mi
chas veces, y siempre unid11s nos presentaron en el vida para no aburrirme; he aprendido lenguas que no
mundo.
habl11ré con nadie, he formado proyer.tos dó viaje que
Este último acontecimiento consistía en asistir una tampoco conseguí realizar, y por fin, haciendo un
vez por semana á las modestas reuniones mu&amp;icalt&gt;s poco dtt bien á mi prójimo, g-ané la amistad de alguque daban alternativ&amp;ménte algunos funcionarios pú- nas personas.
blicos.
¡Qué existencia! ¿Pero no vale más que la. de GerMi aparición fué más brillante que la de Germana; mana. hoy?
puesto que han transcurrido treinta años puedo deToda su felicidad, que parecla interminable, se vicir sin orgullo, que yo era la más bonita de las doF; la no abajo en do11 años
Iüás bonita y la mAs rica, puesto que tenla ~ote ~e
Una apoplt&gt;gia se llevó si su marido Su hijo, que
veinte mil duros, y Germana tan sólo ocho ó diez mil ya era oficial, murió en la última expedición coloYo moren"• ella rubia con un a carita de gato, bin nial.
más atractivos que los pocos 11ños.
Le quedaba á Germana una bija viuda, madre de
Pero los hombres ven J:1s cosas á su manera, y aunque me llamaban "la hermosa Luisa," hacian la corte una hermosa criatura: la madre y el niño murieron
de" difteria hace quince dlas ....
á Germana, y no sentla.n hacia á mi más que una. ad•
Sola, con los pocos recur11os que el Est•do concede
miració11 platónica ...... mspiraba reEpeto, en una pa4 las viudas de sus empleados, aqui está de vuelta
labra.
¡Cuántas vP.ces llegaron á mis oido~ estas palabras: como un ángel herido de muerte .. Hoy trausladaron
"Luisa necebita por su belleza un Prlncipe que se ca- aqul los restos de sus seres queridos donde podrá ir
se con ella y la lleve á un Palacio encantado ......... " al menos, á rezar sobre su tumba ......Y esta será.
Quizás tuvieran razón .... .... Desgraciadamf'nte los su virla en ad.-lante: deshacerse en lágrimas entre
Principt&gt;s se olvidarern de mi, pues nunca hicieron los s11uces d,,J cemt&gt;nted .., ha&amp;ta unirse, como ella desea, con los ausentes.
ningúu viaje por aquella provincia.
¡Cuántas veces en mis años de soledad, al recibir
_¡;;¡ resultado fué 4ue me quedé para vestir imágeº"ª• mientras que Germa?ª•. agas~Jada por todo el carta de Germana en que h11bla de su marido, de sus
mundo, se casaba á los ve1nt1tres anos con unmspec- hijos, tuve accesos de melancolla dolorosa, revolviéndome contra mi destrnol
tor de Aduanas.
Hénos ahora ella y yo en el mismo abandono, en la
A las pocas 1,emana9 se iba á París, habiendo conseguido que dieran á su marido un cargo en la ad- miswa humillación; no tenemos más que nuestra mutull amistad .... Y verdadt:ramente, ¿110 es mejor mi
ministración central.
suerte que la de esta infeliz, herida cuatro veces en
Germana llevó la suerte á su matrimonio y fué aún lo que más querla?
más festejada que lo babia 11ido de _s_oltera.
·Yo ahora desafio á la p ~ovidencia á que me envie
Adoró á sn marido y á sus dos hqos-;una. mna Y una pena qui, me haga derramar esas 1Agrimas.
un niño c&lt;Jmo en los cuentos de hadas! - y fué realmente U:n modelo dtt casadas. ¡E3 tan fácil ser virtuo............... .... ...... ........ .. .... ........ .......
sa cuando se posee la&amp; feiictdad!

¡Cómo se miente una á sf misma! Escribo esto y las
lágrimas me vienen á los Pjos. Y lloro pensando que
Germana me hablaba haci, un rato de su casa, de Ru
matrimonio. de BU hijo y del otro prt&gt;cio~o bebé que
tendía en su agonla los brazo11 hacia ella .... Si, ha
sufrido; no es ahora más que un mar de dolored, pero ha amado, ha sido esposa y madre .... Y ahora si
qne tengo celos y envidia de ~us tumbas, que son su- .
:vas, y @obre las cuales tiene el de::echo de llorar, de
llorar mucho.
MARCEL PREVOST,

DE "PERLAS NEGRAS."
Cuando el sol vibra su rayo
de oro vivo, de oro intenso,
de la tarde en el dt&gt;smayo;
cuando el sol vibra su rayo,
¡pienso!
Pienso en ti, la D seada
que mi amor buscando va
con nostálgica mirada;
pienso en ti, la Deseada,
y pregunto: ¿no vend1'&lt;íJ
CuKndo 6btoy febricitante
en los brazos del Ensueño
que me lleva muy di8tante;
cuando estoy febricitante,
f8Ueñol ·
Sueño en ho111bros fraternales
donde al fin repo~aráu
mis cansados ideales;
sueño en hombros fraternales
y pregunto: ¿no vendrán.e
Cu11ndo estoy enfe1mo y tri.;te
y es Inútil mi recbmo
porque al fin tú no veniste;
cuando estoy eufermo y triste,
¡amol
Amo el beso de la Muerte,
que mañana ·entumirá
mi avidez por conocerte;
amo el beso de la Muerte
y me digo: ¡si vendrá/
.AlíADO XERYO,

�Domingo 30 de Octubre de 1898.

Oombigo 30 de Octubre de 1898

345

.EL MUNDO

PAGINAS DE LA MODA

CARl\IEN.
Para "El Mundo Ilustrado."

Eres donaire y ¡doria! PasaR y rie"
Tibia estl'la dPjando. que huelP. á .fl~res .. . .
¡Oh, que labios los tuyos! Son albtehes
RojoR como la sangre de los zegries
Que fueron tus gloriosos antecesores ....
Eres codicia y fu1&gt;go .... Vi-r tu be!mosura ....
Qué corazón no ~iente y ama y palpita?
¡Oh, qu~ ojos los ~uyos? La noche obscura
Nunca pudo ataviarse con la negrura
Hermosa de tus ojos de naznrita 1
Pasas1 v las palomas en el alP.ro
De los r 11'jos tl'jA dos de tu Sevilla
Curruquean amantes; y en el ligero
Aire que !!lueves, notas hay de b"lero
y P.fluvios aromosos de Manzanilla!
Y ries y es tu risa provocadora
PromE&gt;sa de deleites y de torturas;
Y et alma que al huirte loca te adora
Quisiera ahora besar~"· matarte ahor~,
Cual con tant1ts, qu~r1da!! aunque perJuras!. ...
Suenen las castañuelas! Fuera congoja!
¡Paso á la veleidosa! 1Viva el donaire!
Y si un celoso, al paso te hunde la hoja
De su navaja, finj11 tu sangre roja
Una flor, en tu manto que agita el aire!
E. MAQUEO CASTELLANOS,

LA MUERTE DEL AGUILA.
(DE liEREDIA)

Cuando traspasa el águila
la nieve eterna. oscila
en busca de más aire
para su vasto vuelo,
y de un sol más cercano:
en un mb puro cielo,
para caldear el br!llo
de su feroz pupila.
Y parte; en un torrente
de fuego va tranquila
y sube más, más alto,
mirar quiere en su anhelo
como el relámpago abre
de la borrasca el velo.....
un rayo de repente
sus dos alas mutila.
Da un grito más la tromba
su rotación le imprime,
ella la luz apura
con un ardor sublime
y cae en el abismo
que eu el zafir flamea.
Feliz será quic,n Gloria
ó LiberGad se at:eve
á amar si en pleno orgullo
de fuerza ó de fé en la idea,
halla. una muerte de águila,
muy fúlgida y muy breve.
JUSTO SIERRA,

Guille::mo II de Hohenzollern.
¿Qué quiere? á dónde va.? qué busca ahora
el paladín de la tudesca razal
¿Lleva de Barba- Roja la coraza
ó de Moltke la espada vencedora?
Al rojo Oriente la cortante prora
vuelve de su bajel; la fuerte maza
del antiguo teutón blande, y embraza
de Lohengrin la egida protectora.
Y allá se va, sublime visionario,
á consa¡!'rar su centro y su diadema
junto á las tristes rocas del Calvario.
Y sobre los siriacvs arenales
á meditar callado en el problema
de sus grandes delirios imperiales.
CONSTANCIO PEÑA lDIÁQUEZ,

Octubre de 1898.

DE "AZAHARES."
XXVI
Vamos, niña! Bueno está
que te quejes de mis quejas:
devuélvanme tus abeJss
la miel que mi amor lf'S da;
mayor que el tuyo es mi duelo:
secar tus llantos anhelo
siempre que mi amor implores.........
¿Pero qué tiene qu~ llores,
6i llor., también el cielo?
¿Lloras? Tu dolor es santo:
porque el humano ddor
en los bauti~mos de amor
se cristianiza con llanto.
Si te inclinas . 1 quebranto,
mayor cariño me inflama.
que solamente la que ama
puede pensativa y grave
tP.ner, al pe~o del ave,
la inclinación de la ramal
Llora, llora en tus dolores!
caiga cual baut:smo santo
el rocio de tu llanto
P.n mis agostadas flores .........
Deja que en amor da amores
· y en éxtasis de pasión,
la .copa de mi aflicción
con tus lá¡rimaP se llene ..... .
¡Forma de lágrima tiene , ,
hasta el mismo corazón!
Secar quisiera en mi anhelo,
por lograr tu imagen pura,
el llanto de tu amargura
con el blblico pañut1lo ......
Tus lágrimas como un velo
P.n que la luz se adivina,
fingen con magia divina
un sol entre vagos tules:
abre tus ojos azules
como un ctelo sin neblina!
Sonrie, ángel del ensueño!
tú no dP.bes padecer:
los hombres dti la mujer
no pueden cargar el 1eño.. . .. .
Perdón, perdó1J si en mi empefio
turbé la paz de tus lares:
La causa de tus pesares
fué causa de mis locuras;
tu lla11to es en perlas puras
y mi llanto ha sido á mares!

j: -~·,..;;.. .

(.

•

XVI
Te vas y Die dejas:
bien saben tuP rejas
los tristes adioses de mi hondo pesar.
Mas luego que surques los mar11s profundos,
Colón de la dicha, descubre ottos mundos,
al golpe del v.iento y al flujo del mar.
Si sientes que grave
y augusta la nave
palpita 1&gt;n los tumbos, con rudo fragor,
recuerda que acaso la ola maldita
sacude mi pecho que cruje y palpiia ....
la nave es un pecho y el pecho un amor.
Sentada en la popa
mirando la tropa
de estrellas en torno de inmenso arrebol,
recuérdame y piensa que nube inflamada
te vibra en su seno quizás la mirada
dt&gt;l último toque de mi últ'mo sol. ·
No yaya~. Espera
que mi amplia bRndera
desdoble sus plit gues en lucha por ti:
verás que cobarde se rinde el Destino,
y no haces el largo doliente camino,
por más que las olas te griten que sil
Te vas y me dejas ....
yo siempre á tus rejas
vendré con mi nube buscando arrebol.
Oiré tus acentos; diré mis canciones;
veré tu faz blanca que ocultan crespones
formando un contraste de noche con sol. '
JOSE

S.

CHOCANO.

'·

•.1-• '•¡

FIGlJR.l . l. - GRAN CAP A DE ESTACION.

�346

Domingo 30 de Octubre de 1898.

Domingo 30 de Octubre de 189i

EL MUNDO

de su ser mismo y sin duda en su tentaculage 1e cuentan y se trasmhen el peligro inmi1.iente que corre todo el vecindario; porque
se sigue charp·ean do el Bgua. con sus eFpantosos rui,ddos, permanecen todos ocultos, dettmienuo fuertemente por dentro con sus frágiles garras su quebradiza. puerta. Cesa Pl
peligro, vuelve el agua á su nat~ral tran
quilidad y entoncPS ¡qué es v11r como á. la
tentaculada, de fuera, del primero t!D cabe•
za (que es el que está en la !'XtrPmidad de
la radícula) van abriendo todos á una sus
puntas, asomando primero la runta de 1;1n
t ..ntácuiu, luPgo todo, después todos, por ultimo. ealen todos los inquilinos muy contentos, á través de su tra1.1sparente ~orada, y
van de paseo hasta donde les permite la lo~~i•ud de su cuerpecito adherido á. la. radi cela y aqui de las felicitaciones por habene
Palv'ado de la tempestad en el fondoinmenEo
de su oceano; loe requiebros. los galanteos,
las burl11s, y algunas veces, las mas, cuando
acontecen n•tas borrascas, que es con mucha frecu~ncia, no falta algún rotife1·0 que
huyendo de la fuerte marea que se Fiente al
chocar Jaa olas contra las paredes del acuario, corre despavorido t-n impetuoso torbellino á nful!iarse en lo más et'pebo d_e
las ralct&gt;s en donde es prontamentfl apnsionado por los tentaculos de algún briozoario de la comunidi,d, y de aqui otr? motivo para nuevos plact-mPs, nuevas risas y
algunas veces amargas diPputas; pues olvidando lut&gt;go hasta los matrimonios en proyPcto, suegros y nueras, suegras y yernos se
arrancan de entre sus garras (y algunas ve-

l

Flg. 2.-Sombrero Mahdem.

Fig. 3 - Sombrero fantasía.

Fig. 4-Toqueta para dama.

Una joya para las damas.

Fi¡rúreRfl el !Actor cuántas
victimas Pxigirála confección
de una de esas pellizas. sin
i¡rnal por m ligereza, su hermoRura y su fabuloso precio.
con que Pe abrigan las más
hermosas br11sileñas.
¿Cómo se cazan estos pl'queños monos, estas encantadoras criaturas, tan pequeñas.
t11n a.giles, que parecen al jugu11tear en el follaje pájaros
de fuego?
Por mPdio de una estratagema que demuPstra la inocencia v la casi estupidez del mono-león.
La golosina es su placer fa.
vorito
El indfgPna que lo conoce
demasiado bien, hace un agujero perfectamAnte geométri ·
co en el tronco de un árbol, y
coloca en e! interior un saquito de arroz. grano á que tie1,e gran afición el referido
cuadrumano, éste espia la operación dEIPde lo 11lto de un árbol y ¡¡altando de rama en rama. llega al agujero, introduce la mano 13n el saco, toma un
puñado de arroz, y se encuentra prisionero como ei lamadP.ra lo hubiera encadenado.
Para retirar la mano bastaría c in que la abriese, dejan•
do en el saco su presa, en cuyo caso quPdaria libre; pero
esta simpfüima idea no se le
ocurrEI jamás, y como no quiere soltar el arroz queda prisionero de su propia gula.
La madre del mono león lleva á su hijo Pn los brazos como una car1ñosa nodriza, le
am11manta con extrema solicitud, balanceando su pequeña
cabeza de leona y lanzando
un murmullo cadencioso parecido al qne Pe hace con la.
cuna 111 dormir el niño
Esta madre desafla la muerte por salvará su hijo, y él sólo la. deja. cu9ndo la ve ~in v1 •
da: á vecPs se deja prendElr sin
resistencia abrazando el ca•
davAr de la madre.
Tal es el mono-león.

EL MONO-LEÓN

El jardln de aclimat1lCión de
Paria acaba de recibir del
Brasil seia ejemP.lares dPI mono-león, maravilla zoológica
muy poco conocida en Europa.
La na•uraleza tiene en.tre
sus fantasias belfüimas, alguna encantadora ironia; asl.
al crear al más pequefio, al
más inofensivo de los titis le
ha hecho imagen del más terrible y fuerte de los carniceros: el león,
El mono-león es la miniatura graciosa y coquetona del
rey de las selvas.
TiPne su misma expresión
soñolienta y altanera, JI\ misma crin espesa y selvática. la
misma cola nudosa y flexible;
la misma magestad, la misma
impasible y soberana mirada,
la boca rasgada y dispuesta á
la carnicería! .... Es el león de
Liliput.
Diferencia notable: esl\ crin
de un hermoso color dorado
apenas servirla para forrar la
mameleta de una muñeca.
Esa cola que bate sus hijares menos extensos que la
mano de un niño no asustaría
á una abeja; sus mandíbulas
no podrian abarcar y romper
una almendra, y en su boca no
cabe apenas un fresón dejardln.
D 1lce, familiar, inteligente,
lleno de gracig, y vivasidad,
animal favorito de las elegantes criollas, el mono-león sigue á su dueña por todas partes, la acaricia, juega con ella,
con una cinta, con un rayo
desoló con una hoja que arrebata el viento. Cuar:do fatigado se duerme en el cesto de
la costura, una mano pendiente y la otra recogida sobre la
crin, cree verse un león enano dormido.
De tedas las pieles preciosas que puede ambicionar la
elegancia no hay ninguna tan
fina ni tan preciosa como la
del mono -león.
Tiene incomparabl11 brillo,
un pelo de sin igual finura. y
unas tintas luminosas tan intensas que, estando á la sombra, parece iluDJinada por el
sol. pero es tan pequeña, tan
cuca, que serian necesarias
cuatro ó cincc piele1, para fo.
rrar la gorra de un niño.

Dios hizo A la mujer y descansó.-.Mahoma

***

La locura de un hombr11 vale más qn11 la cordura de la
mujer.-Salomón .

Fig ~ - - Jacquct Bolero.

Fig. 6. Toilette de casa para dama.

La mujer es el defecto mllq
h111lo de la naturaleza-,llil-

tr,n,

~LMUNDO

Figs. 7 y s.-Trajes para niñoi;i de 9 á 11 año!il.

Amor en microsconio.
lJNA. NOVIA.
Desde esta mañana he estado con el
incesante deseo de rscribir .... ¿sobre
qué? no lo sé; pero mi ocio lo he querido entretener escribiendo algo para
darle publicidad; por ejemplo, algo sobre el amor. que es mi lado flaco: pero .... ¡si es ya tan trillado este asunto!. ... pero los pt&gt;rsonajes que siempre
y en todas partes he visto, para inmortalizar el amor, son tomados del mundo
humano, ó al menos, son aquellos que,
haciendo sufrir contracciones y expaFtsiones al aparato laríngeo al expeler
el aire de los pulmones, pronuncian sonidos articulados, y este amor, aunque
siempre nuevo, es ya viejo argumer.to
para soñar en pintarlo.
No, mis tipos son microscópicos habita;:¡ted de un mundo acuático. Cuatro
paredes de cristR! d11 roca de media
vara en cut.idro y un fondo de zinc, limitan el anchuroso espacio donde moran m;s rudimentarios protagonistas;
teniendo por pan nuestro de cada dia,
todos ó c11si todos, las ya rllquiticas
ralees de una moribunda yerba flotante, la pontederia.
Todos son mis amigos: pues á tanto
verme ó sentirme á trav~s de su mundo cristalino, ya no me huyen los unos
ni se contraen los otros; y los máe grandes, juntando dos, no llt&gt;gan á consti
tuir el grueso de una cabeza de alfiler
y sin embargo, viven; y sin em~argo
gozan; y sin embargo sufren; y sm embargo ile aman.
Las coquetas vorticelas, que unidas
por un pié común mas delgado que la
hebra mb fina de un capullo de gusano de seda se lanzan al e.;pacio, se
contraen. se entrelazan; tienen sus ri·
ñas de 11mor; porque si una pareja se
confunde juntando íntimamente sus
frágiles y transparentes carapachos
criRtahnos, una t11rcera vorticela celosa
viene á arr11meter con impl'tU á las
amantes perj11ras, extendiendo fuertemente su delesnable pedúnculo, hasta
separar1as y cons .. guir que las infieles
no tlviden sus sagrados deberes.
Los briosoarios raros en acuarios de
naturalistas, para mi son comunes,
pues también entran en el número de
mis más fntimos amigos. Cuando introduzco mi mano con precaución y hago
jugar mis dPdos á cierta distancia de
su casa habitación (una radicela. que
está por desprenderse de la raíz común) permanecen impasibles, ó más
b:Pn, quiPren también entrar en juerga. porque toda la colonia me busca,
me sigue con sus microscópicos tentáculos; pero si por algún accidente, al •
gún hnmano inhumano, bruscamente
h!i.ce vibrar su t,ansparentc elemento,
huvPn los pobrPcitos deRpavoritlos á
refugiarse en el fondo má.d recóndito

347
ces con pedacitos de estas) el codiciado
botín
Una vez, esta mañana, una araña zancona
que vive en el ángulo formado por la pared
y un cristlli d~ la ventan~, prec1_samente
arriba del acuano, y hambnf1.1ta sm duda,
pues su tela no con tenia p&lt;,r h_uell11is de. sus
festines paPados más que el trhte despo¡ode
un t'SbPlto zancudo, logró cautinr con esa
mafia propia cte las que t, jen de lo fo,o. una
mosca d11 PRas que en mi Pscuela llamaba.moa catrinas. por ~u color muy nPgro y relucltIJte· ptro ;oh suertt'! por más que con
sus dt-lgadas patas tl'jfa y a11udaba la tran~parl'nte red que de bia tenPr segura á ~u prisionera, é,ta., en las sup1 emi,&amp; angu~llas de
la dePPPperaclón, logra desprenderse de la
moscófaga y ya se crda en liber~ad _absoluta, pens1111&lt;10 quizá en la_ experiencia , para
otra vez cuando en un pn mer aleteo se quedó pren,;ido en el último filamento . Moverse
ella. en la propiedad de la araña_, sentirlo éi!ta y precipitarse sobre la catrina fué todo
uno; pero el peFo de las dos fué -suficiente
para que la araña se quPdara con un palmo
de n:irices, pendiente de una pata y la mosca pudiera ncaparse de las férreas redes de
s11 persegu;dora.
No fué esto todo, porque al desprPnderse
de una mut&gt;rte segm a traía aún enredada
entre las patas y al11s, la tt'la que no le dt&gt;ja.fia volar l'n libertad y en un desesperado y
vio-oroso aleteo vino á. caer......... al acuario!
Ei"agua empil'za á infiltrarse en la teiarafia ·
y ved co!lJo alborota la mosca en su ruidosa
presencia al irse sumergiendo en el agua, á
los tranquilos moradores de nuest:-o mundo en miniatura
Y ese dla, digo, hace unos cuantos momentos se celebraba entre la menuda arena
del fondo d11 nuestro uuivElr,o una de las más
simpáti-~as bnd11s que jamás se hayan viPto.
Eran unos cítlopes, que pororden de edades,
dtsde los nent'11 que para brincartenian que

�Domingo 30 de Octubre de 1898.

.1!:LMUNDO

3i8
ser empujados por los palpos de loe de atrás, hasta los
Jl!áS ancia?,OS, que cuent,.n ya ocho días de i.xlstenci11., todos iban dando ....1uestras del mayor regocijo á
celebrar d sacro~anto vinculo de los dos desposados
en un templo tan gracioPo como digno de la pareja
era ur.aconchita"de una {isa muerta en una tempestad'
pero caai al término del camino tropiezan con los arre'.
batados movimientos de la agonizante mosca ... ¡y chicos y grande~! y machos y hem])ra~ huyen desolados
unos á gtrnrecerseen un grano de arena, y otros y en•
tre ellos Jo¡¡ novios á escondene entre las radiculas
de la pontederia; pero ¡oll dolor! la novia, impresionada por tantos y tau ine•perados acontecimientos, brincaba torpt&gt;mente y al buijcar la salvación en la enraizada, quedó pre¡,a ~llJtre los cinco ramúnculos de u1.1a
ramita color de esmeralda; á poco estos bracitos se
abrieron de nuevo, y exánime rodó la despoFada hasta el fondo de la arena ...... ¡llabia sido estrangulada
por nna llidral
ARNIJLF'O.

NUESTROS GR.i.BA.DOS.
FIG. 1.-GRAN CAPA DE ESTAC'IÓN.
Oe terciopelo. redonda. con cuello reina corriente
doubleé de piel y triple orla de volantes de piel de un
enc1i.ntador ePtilo. li:~ta capa flS dP la casa francesa
de Révlllon y llama la atención en Par is.
.
FIG. 2.-SOMBRERO ~IAHDFN,
Ee de fieltro, completamente redondo, con la falda
levantada hacia la izquierda Una draperia de raso
negro: enredada g,acio11amente á la copa y uu penacho de pluma constituye todo el adorno.
FIG, 3 · SOMB~ERII FANTASÍA
Una gran draperia de tul alternado con ros11s y fo.
llajes en caprichosa forma. constituye el adorno de
este sombrero, cuyas dos alas se levantan graciosamente á igual altura.
FIG 4 -TOQIJETA PARA DAMA.
Es de tul, alternada con un gran penacllo "ilusión"

y una serie de fruncidos que forman el cuerpo de la
toca, abriéndola por completo.
FIG. 5 -JACQUET BOLERO.
Es de paño de damas asargado, redondo y abierto
sobre el cuerpo blusa, con doble solapa y orlado de
cinta blanca de seda. Manga ligeremente arullonada.
FJG 6 -TOIL'RTTBI DE CASA PARA DAMA,
De una elegante originalidad; cuerpo blusa abierto
en picos sobre un plastrón plissé bordado. Mangas á
gran bordado y falda. alternada de mucho primor.
FJGS 7 y 8 -TRAJES PARA .NIÑAS DE 9 Á 11 AÑOS.
Damos bajo estos dos números dos trajes para niñas, de mucho gueto y elegancia, forma el primero
de estilo sastre un jacquet de forma. recta, abierto
sobre una camisola de punto de seda á rayas. Solapa
ancha figurando una especie de yoke ornado, afi como la falda de ancha. cinta angulada de muy bonito
efecto
FlGS 9. 10, 11 12 y 13.-TRAJES PARA NIÑOS,
Damos una c.impleta. colección de ~rajecitos para
niños de forma nueva y elegante, llamando especialmente la atención sobre el modelo marinero figura
9, d trajeclto de sarga pliesé figura 10, con yakecito
muy elegante y el paletot figura 12 de muclla fantasía con un gran tablero y yockeye ligeros.
FJG 14 -TOILETTE ELFlGANTE.
Gran falda moireé á guias, muy vistosa. Cuerpo
blusa de muse ina con un gran :voke y un plastrón
circular de mucho efecto. Un gran lazo de tul orna
el lado izquierdo .
FIG. 15,-BLUSA FANTASÍA,
De sarga de seda bordada, con solapas doubleé
de tafetas y grandes guias de seda bordadas en gran
relieve á dnecba é izquierda.
FIG. 16.-TOILETTE DE GUIPURE
Para tertulia ó calle, mostrando al frente una ligera esclavina, qu11 atrás se revuelve en una gran aplicación triangular de dibujo exótico. Basquiña hecha
también de una draperia bordada en extraño estilo.
Un gnn lazo de seda acordonada ciñe el talle y cae
hacia atrás en grandes bandas unidas en un moño
gracioso.

EL PAGO DEL SEGURO DEL GE:NER!L

CARLOS DIEZ GUTIERREZ,
Ex-Gobernador del Esta.do de Sa.n Luis Potosí.
Timbres por valor de ::¡;12.16 cs. debidamente cancelados.
Recibi de 11The Mutual Life Insurance Company of
New York" la suma de (812.147') doce mil cien•

TOMOll

to cuarenta. y siete pesos, plata mexicana.,
as!: $10,000 00 suma asegurada y$~ 147 20 por premios

•

NUMBBO 19

MEXICO, ?iiiOVIKMBRE 6 DE 1898

devueltos, en pago total de cuantos derechos se derivan de la póliza número !:00,772 bajo la cual y á mi
favor estuvo asegurado mi finado eoposo, Señor General Don
OA.RLOS DIEZ GUTIERREZ,
y para la debida constancia en mi carácter de beneficiaria nombrada eu la pól,za, extiendo el presente re•
cibo en la misma 1,óliza que se devuelve á la Compa•
ñla para su cancefación en s..n Luis Potosi, á once de
Octubre de mil ochocientos noventa y ocho.
Firmado: 'Mercedes B. de Diez Gntiérrez.

Un timbre de $050 cs. debidamente cancelado.
Antonio de P. Nit:to, Escribano Publico.
Certifico: que la firma que antecede es de el puño
y letra de la Sra. Doña Mercedes B de Diez Gutié·
rrez, quien la ha pu11sto en mi presencia. v dicho ser
la ,aisma que ac•,stumbra en 10dos sus n"egocios. En
comprobación de lo cual siento la presente en San
Luis Potosi á once de Octubre de mil ocllocientos no•
venta y ocllo.
·
Firmado: Antonio de P. Nieto.-Rúbrica.
El General Don Carlos Diez Gutiérrez tuvo la previsión de tomar en "La Mut11a,11 Compañia de Seguros
sobre la vida, deNueva York, una póliza deDIEZMIL
PESOS con devoluci.'m de premios. De manera, como
consta en la presente, su familia fué beneficiada con
esta suma y recibió también los premios que babia
depositado el Genera Diez Gutiérrez en la Compañia

•.

-!I

.It

:

-

1
¡11¡

!\

·•"~·:·-, .

EL SR. GENERAL DIAZ EN EL FESTIVAL DE CARIDAD.
(lostantáoea tomad" para El At,mdo.)

Flg. 1:i-Bl~-:a fantasta. Flg, 16.-Toilette de guJpu.re.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Cataratas del Niágara</name>
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        <name>Colegio Clough Hall</name>
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                    <text>Domingo 30 de Octubre de 1898.

.1!:LMUNDO

3i8
ser empujados por los palpos de loe de atrás, hasta los
Jl!áS ancia?,OS, que cuent,.n ya ocho días de i.xlstenci11., todos iban dando ....1uestras del mayor regocijo á
celebrar d sacro~anto vinculo de los dos desposados
en un templo tan gracioPo como digno de la pareja
era ur.aconchita"de una {isa muerta en una tempestad'
pero caai al término del camino tropiezan con los arre'.
batados movimientos de la agonizante mosca ... ¡y chicos y grande~! y machos y hem])ra~ huyen desolados
unos á gtrnrecerseen un grano de arena, y otros y en•
tre ellos Jo¡¡ novios á escondene entre las radiculas
de la pontederia; pero ¡oll dolor! la novia, impresionada por tantos y tau ine•perados acontecimientos, brincaba torpt&gt;mente y al buijcar la salvación en la enraizada, quedó pre¡,a ~llJtre los cinco ramúnculos de u1.1a
ramita color de esmeralda; á poco estos bracitos se
abrieron de nuevo, y exánime rodó la despoFada hasta el fondo de la arena ...... ¡llabia sido estrangulada
por nna llidral
ARNIJLF'O.

NUESTROS GR.i.BA.DOS.
FIG. 1.-GRAN CAPA DE ESTAC'IÓN.
Oe terciopelo. redonda. con cuello reina corriente
doubleé de piel y triple orla de volantes de piel de un
enc1i.ntador ePtilo. li:~ta capa flS dP la casa francesa
de Révlllon y llama la atención en Par is.
.
FIG. 2.-SOMBRERO ~IAHDFN,
Ee de fieltro, completamente redondo, con la falda
levantada hacia la izquierda Una draperia de raso
negro: enredada g,acio11amente á la copa y uu penacho de pluma constituye todo el adorno.
FIG, 3 · SOMB~ERII FANTASÍA
Una gran draperia de tul alternado con ros11s y fo.
llajes en caprichosa forma. constituye el adorno de
este sombrero, cuyas dos alas se levantan graciosamente á igual altura.
FIG 4 -TOQIJETA PARA DAMA.
Es de tul, alternada con un gran penacllo "ilusión"

y una serie de fruncidos que forman el cuerpo de la
toca, abriéndola por completo.
FIG. 5 -JACQUET BOLERO.
Es de paño de damas asargado, redondo y abierto
sobre el cuerpo blusa, con doble solapa y orlado de
cinta blanca de seda. Manga ligeremente arullonada.
FJG 6 -TOIL'RTTBI DE CASA PARA DAMA,
De una elegante originalidad; cuerpo blusa abierto
en picos sobre un plastrón plissé bordado. Mangas á
gran bordado y falda. alternada de mucho primor.
FJGS 7 y 8 -TRAJES PARA .NIÑAS DE 9 Á 11 AÑOS.
Damos bajo estos dos números dos trajes para niñas, de mucho gueto y elegancia, forma el primero
de estilo sastre un jacquet de forma. recta, abierto
sobre una camisola de punto de seda á rayas. Solapa
ancha figurando una especie de yoke ornado, afi como la falda de ancha. cinta angulada de muy bonito
efecto
FlGS 9. 10, 11 12 y 13.-TRAJES PARA NIÑOS,
Damos una c.impleta. colección de ~rajecitos para
niños de forma nueva y elegante, llamando especialmente la atención sobre el modelo marinero figura
9, d trajeclto de sarga pliesé figura 10, con yakecito
muy elegante y el paletot figura 12 de muclla fantasía con un gran tablero y yockeye ligeros.
FJG 14 -TOILETTE ELFlGANTE.
Gran falda moireé á guias, muy vistosa. Cuerpo
blusa de muse ina con un gran :voke y un plastrón
circular de mucho efecto. Un gran lazo de tul orna
el lado izquierdo .
FIG. 15,-BLUSA FANTASÍA,
De sarga de seda bordada, con solapas doubleé
de tafetas y grandes guias de seda bordadas en gran
relieve á dnecba é izquierda.
FIG. 16.-TOILETTE DE GUIPURE
Para tertulia ó calle, mostrando al frente una ligera esclavina, qu11 atrás se revuelve en una gran aplicación triangular de dibujo exótico. Basquiña hecha
también de una draperia bordada en extraño estilo.
Un gnn lazo de seda acordonada ciñe el talle y cae
hacia atrás en grandes bandas unidas en un moño
gracioso.

EL PAGO DEL SEGURO DEL GE:NER!L

CARLOS DIEZ GUTIERREZ,
Ex-Gobernador del Esta.do de Sa.n Luis Potosí.
Timbres por valor de ::¡;12.16 cs. debidamente cancelados.
Recibi de 11The Mutual Life Insurance Company of
New York" la suma de (812.147') doce mil cien•

TOMOll

to cuarenta. y siete pesos, plata mexicana.,
as!: $10,000 00 suma asegurada y$~ 147 20 por premios

•

NUMBBO 19

MEXICO, ?iiiOVIKMBRE 6 DE 1898

devueltos, en pago total de cuantos derechos se derivan de la póliza número !:00,772 bajo la cual y á mi
favor estuvo asegurado mi finado eoposo, Señor General Don
OA.RLOS DIEZ GUTIERREZ,
y para la debida constancia en mi carácter de beneficiaria nombrada eu la pól,za, extiendo el presente re•
cibo en la misma 1,óliza que se devuelve á la Compa•
ñla para su cancefación en s..n Luis Potosi, á once de
Octubre de mil ochocientos noventa y ocho.
Firmado: 'Mercedes B. de Diez Gntiérrez.

Un timbre de $050 cs. debidamente cancelado.
Antonio de P. Nit:to, Escribano Publico.
Certifico: que la firma que antecede es de el puño
y letra de la Sra. Doña Mercedes B de Diez Gutié·
rrez, quien la ha pu11sto en mi presencia. v dicho ser
la ,aisma que ac•,stumbra en 10dos sus n"egocios. En
comprobación de lo cual siento la presente en San
Luis Potosi á once de Octubre de mil ocllocientos no•
venta y ocllo.
·
Firmado: Antonio de P. Nieto.-Rúbrica.
El General Don Carlos Diez Gutiérrez tuvo la previsión de tomar en "La Mut11a,11 Compañia de Seguros
sobre la vida, deNueva York, una póliza deDIEZMIL
PESOS con devoluci.'m de premios. De manera, como
consta en la presente, su familia fué beneficiada con
esta suma y recibió también los premios que babia
depositado el Genera Diez Gutiérrez en la Compañia

•.

-!I

.It

:

-

1
¡11¡

!\

·•"~·:·-, .

EL SR. GENERAL DIAZ EN EL FESTIVAL DE CARIDAD.
(lostantáoea tomad" para El At,mdo.)

Flg. 1:i-Bl~-:a fantasta. Flg, 16.-Toilette de guJpu.re.

�Domingo 6 de Noviembre de 1898.

11:LMUNDO

350

LASEMANA.
No hace muchcs aftos, un grupo juvenil, movido de patriótico entusiasm1.,, fué en romería al
Monte de las Cruces y al pié del monumento que
recuerda la victoria memorable de los independientes sobre las fuerzas del cruel Trujillo,-un
monumento que harmoniza su austera sencillez
con la grandiosidad del bosque sagrado,-dejó la
ofrenda de un pi11doso recuerdo.
Patética conmemoración! Los jóvenes, los adclescentes más bien, llevaban todavía potente en
el espíritu esa clásica arrC'gancia de los selecto.;
y dcl?s idealistas para quienes la vida es epope•
ya y sólo conocen el tipo humano á través de las
severas cláusulas de Tito Livic.
Para ellos, aquel lugar sagrado, era santuario
misterioso, accesible sólo á los creyentes, á los
que se purifican en el agua lustral de las grandes
ideas humanitarias;-creían que la Patria aparecía allí en su radiante glorificación y poresofueron á oficiar en donde todo culto es grandioso,
en la soledad arrullada por el eterno murmullo
de las frondas.
Mas he aquí que una turba de seres aherrojados aún por la ignorancia y el instinto, manchan
el sitio consagrado por la Patria al heroísmo con
la sangre de brutal asesinato.
El aniversario de la batalla de las Cruces, fué
A su vez una batalla en la que pelearon odios
mezquinos incitados por la embriaguez,-ese velo que hace más obscura la noche en que vive el
bajo pueblo indígena, la existencia miserable
de una raza sin esperanzas de redención por el
progreso.

,,.,,

Vedla si nó el día de muertos en las práctic11s
de su culto á los antepasados. No comprende los
ritos del catolicismo, religión de la que es el indio adepto nominal como es nominalmente beneficiario de los derechos que le otorgan la cultura
de la época y nu&lt;Jstras instituciones.
En esos cerebros primitivos no cabe la concepción de la vida supraterrestre que constituye la
esencia de las religiones superiores,-un cielo y
un infoirno; goces y pertas inmateriales, distintas
de las que experimentall los vivob en la tierra.
Los difuntos comen, beben, se embriagan y riften como lo hacían en vida, y sus deudos no encuentran medio mejor de celebrar el día consagrado álos desaparecidos que servirles el banquete copioso y el licor que era su delicia, proporcionarles la baraja y aún armas para reftir.
La clase popular lleva á las necrópolis con sus
barracas y su completa instalación de fondas y
tabernas, el humor bullanguero, alegre, desordenado, y los excesos orgiáticos de una verbena.
Repugnante vecindad la de eeos festejadores
que profanan la muerte para los espíritus delicados que visitan la tumba de sus muertos, regándolas de flores simbólicas y de lágrims.s.

,,,.,,

. A medida'que avanzanlos siglos pertenecemos
más á los que fueron, y en todos nuestrr s actqs
sentimos la ligadura que nos sujeta á su misterioso dominio.
El porvenir se elabora secretamente, preparando inesperadas maravillas bajo el influjo del pasado.
Ascendientee, héroes, sabios y poetas ¡qué inme-nso rumor de voces elocuentes habla en nosotros y nos impele á seguir un ide8l, á resolver
un problema, a completar una. obra interrumpida por la muerte!
La solidaridad entre los muertos y los que viven es perenne, y mayor la a~ción de aquellos
en los acontecimientos, así en los vulgares é insignificantes como en los que transcienden á toda
una épcctt. Jesús conforta con su ejemplo á millones de mártires; Platón ilumina el intelecto de
la humanidad y Shakespearepuebla de tipos eternos la fantasía.
,.,;

El día de muertos, con ilU sol pálido y triste y
su bruma fría, toca nuestro corazón dormido,
despertirndo en él lo que fué. Y ese calor de afectos que sentimos un tiempo vivaz, y á todas ho•
ras presente, en este mismo hogar que abriga á
los que quedan, junto á la cuna vacía y el sillón
abandonado, nos hace pensar en la frialdad del
sepulcrv.

Becquer lo dice en la dulce ternura de sus
verses,
¡Qué tristes y solos
se quedan los muertos!
Gracias á que los sauces agitan sus ramas Y
los pájaros anidan y cantan en las copas, las
tumbas no están del todo abandonadas por la
vid11.
Nuestro amor no queda satisfecho con las cinerarias- que. llevamos al campcs:1.nto, ni con la
memoria de los muertos querido~: sentimos como
un remordimiento de vivir, de ser felices, al
agruparnos en torno de la mesa pa~a beber el v~no que tiembla fln las copas y la mirada que bn•
lla en los ojos amados.
No 1011 olvidttmos, no podemos olvidar á nuestr0s muertos.
¡Qué tristes estarán en la soledad de su tumba!

"""

Las noticias que llegan de Monterrey,-más
tranquilizadoras cada día,-indican cuán fácilmente prevalecen inmotivadas alarmas en el pueblo.
La multitud dominada por una preocupación
procede en todos sus actos de una manera ilógica, se ciega y se enfurece, se entusiasma y se
amedrenta por causas fútiles y á veces imaginarias.
Que cu11lquiera levante la voz y le diga cuando
padece hambre: «los comerciantes tienen víveres
y no quieren venderlos,» se arrojará furiosa y
saqueará almacenes y dará muerte á los supuestos enemigos del pueblo, sin examinar previamente si el acusador dice ó no h verdad.
Un quídam dice á ese mismo pueblo amenaza•
do por una epidemia: 11 los ruédicos envenenan á
los enfermos, 11 y la frase correrá de boca en bo·
ca; algunos pretenderán haber visto á los doc.ores en coPciliábulo para preparar el crimen; otros
de buena fe creerán que presenciaron una misteriosa maniobra del médico, tras de la cual el
enferuio murió súbitamente, y hasta habrá quien
atestigüe revelaciones de alguno de lvs inculpados.
En vano se demostrará la imposibilidad moral de eses hechGS imaginarios: todos los medios
racionales de persuación serán ineficaces. La
creencia 1.1bsurda n~ se desvanece con demostraciones¡ para destruirla es preciso apelar á los
mismos medios que lo engendraron.
Los historiadore!$ hablan de estos casos típicos
de demencia colectiva, momentánea ó duradera,
que produce toda agitación social. Un transeunte encuentra una multitud amotinada en las calles
de París, y alguien lo señala con el dedo diciendo: "ese es un traidor;" la furia popular se apodera del desdichado y lo abofetea y lo arrastra para colgarlo de una linterna: la víctima
tiembla, implora piedad, y cuando todo está perdido para él, grita otro amotinado 11 es un cobarde y no puede ser tirano del pueblo." La decoración cambia y el furor se convierte en hilaridad;
los mismos que iban á matarlo se ríen de él; pero
en ese momento el que iba á ser ajusticiado se
encara á la plebe y le habla de sus apiniones, de
eu vida consagrad'\ á la causa pública, y todos,
sin excepción, aplauden y lo llevan en triunfo
como á un heroe.
Así es el pueblo cuando nada refrena sus impulsos. Ya veremos cómo al desaparecer el pánico, los médicos á quienes una multitud estulta
deelaró criminales, serán objeto de veneración
por su meritísima conducta humanitaria.

,,,.,,
En el coliseo de Vitrgara celebró el Club Dramátic'O una velada, como acostumbra hacerlo periódicamente, y e$ta vez ofreció un doble atractivo, pues además de poner en escena una obra
de autor mexicano, la nueva creación dramática
se desarrolla en los brumosos tiempos que precedieron á 111 conquista ibera, en plena época de
civilización autóctona.
La obra, qpe idealiza á Netzahualcoyotl, el
poeta rey, fué bien recibida, tanto por su originalidad, cuanto por la discreción con que está
tratado el tema.
Aunque 11\ época á que se refiere es bastante
pintorerna, h11y que dudar no obstante, que alguna vez tengamos una Salambo azteca.

DICK.

¡Jolitica Qitntral.
RESUMEN.-La retLr:1da de Marehand y el eonfl.leto
rranc,-brltántco -Preparativos bMleos. -Temores
de una gra'.l eonnagracl611. - Ou los de pueblos Yeom ·
petene:as de razas. -Eslavos y sajones. -En Orlente
y en Occldent~ -Las eooferenelas de Parls.-Rumores contr11dletorlos. - La posesión de Fl'.lplnas. -La
ley del más fuerte Vre vlctlsl-Conelusl6n.
No ha bastado la salida del comandante Ma:chand rumbo AParís, álaque se da la sigr..ificación
de una retirada, para serenar el horizonte político
donde se ciernen obscuros nubarrones de guerra.
El conflicto anglo-francés permanece todavia en
pie, y prueba de ello son lvs muvimientos_y actividad que se obsP-rvan en los arsenales y astilleros de
la Gran Bretafta, la evolución de sus escuadras
en el Atlántico, en el Pacífico, en los mares de
China y oo el Mediterráneo. Por todas partes se
nota febril ansiedad y se siguen con interés los
cambios más insignificantes efectuados en las ·escuadras inglesas que resguardan todoslosmares.
Prepáranse en Davenport las unidades más poderosas de la marina inglesa, para concentrarse
en Gibraltar y vigilar desde allí Argelia y Túnez;
reciben órdenes de conce_ntrarse en Jamaica y
eu las Barbadas, los dispersos elementos que
constituyen la escuadra del Atlántico; en Victoria se reunen cruceros y caftone1 os, para dirigirse á Tahití y amenazar las islas de la. Sociedad.
Si todos estos preparativos indican un movimiento hostílcontralas di vasas colonilis francesas, que
en un momento dado pudieran ser atacadas, sábese que en Wey-Hay-Wey, Che-Foo y HongKong, se hallan listos para zarpar los buques
británicos con calderas encendidas y bien pro,
vistos de municione 1, en tanto que en Puerto Arturo, la escuadra rusa se prepara también á movimientos desconocidos.

***
¿Qué viento de muerte agita los espíritus? ¿Qué
soplo fatídico cruza por los horizontes europeos,
exaltando los ánimos, despertando viejas rivalidades, sembrando odios y agitando inextint'ls ambiciones? ¿Qué sombra de muerte cae sobre los
gabinetes, ofusca A los soberanos de la tierra y
estremece A los pueblos que parecen prepararse
á una lucha gigantesca? Como contestando á la
iniciativa del emperador Nicolás II, que apenas
hace dos meses predicaba la paz y la concordia
á las naciones de la tierra, como contestando con
fermentaciones de venganza y explosiones de
aborrecimientos mutuos, así se hallan los encargados de dirigir á los pueblos por el camino del
bien, lejos, muy lejos de la concordia que recomendaba el autócrata moscovita.
No es la posesión de un palmo de terreno en
el valle del Nilo Superior; no es el dominio sobre
un grupo de tribus nómadas del Sudan, lo que
ha podido ocasionar la exaltación en estos momentos y los grandes preparativos bélicos entre
Francia é Inglaterra; después de las continuadas
notas diplomáticas, despuás de la publicación
del «Libro Azul» por l¡¡, Gran Bretaña y del« Li•
bro Amarillo» por Francia, después de la retira.da real ó -fingida de Marchand y del aplazamiento de la cuestión egipcia para mejor oportunidad,
hay que pensar que alguna otra circunstancia, de
la que todavía no nos dan cuenta los cablegramas, ha venido á agriar los ánimos y á excitar las
voluntades, para que, cuando todos esperaban
una solución decorosa para las dos potencias que
se disputan con mejor ó peor derecho el repartimiento de los despojos de los vencidos dervises,
se encuentren, más que antes, á purito de un rompimiento.

***

No hace muchos días que el ministro alemán en
Pekín propuso á los embajadores extranjeros se
tomara posesión. en nombre de las potencias europeas, del ferrocarril de Tien-Tzin para que en un
momento dado pudieran ttcudir las fuerzas de sus
nacionales á defender las embajadas y los inte·
reses respectivos, caso de cualquier motín ó levantamiento contra los cristianos.
Rumórase ahora, que, aprovechando Rusia la excit~ción producida por la cuestión egipcia y la exaltación del espíritu británico contra Francia, trata
de~ar un paso más en territorio chino, pasando por
encima de los intereses británicos adelantando
siempre en su influencia desmedid~ y dando ur:
nuevo golpe á Inglaterra en el extremo Orient• ,

Domlngo 6 de Novfombre de 1898,

Verdadero 6 falso, este rumor sí explica satiofactoriamente á qué obedecen el movimiento y la
actividad inusitaaos que se cbservan en las escuadras y en los puertos de Inglaterra y sus colonias; sí se comprende de ese modo, por qué al
conflicto anglo--francé3 pueda substituirse el siempre amenazante conflicto anglo-ruso, aplazado
por un momento pero no resuelto, después de la
determinación muy vaga de las esferas de influencia ,respectivas sobre China, acordadas últimamente entre los gabinetes de Londres y San
Petersburgo.

***
Si deFgraciadamente el siglo que acaba ha de
tener las postrimerías sangrientas y ha de terminar con una conflagracil'.in universal, comparable
á la que presenció en llU nacimiento durante las
guerras del Consulado y el Imperio, ·turible será el choque entre las potencias europeas, formidable será la catástrofe que cambie el mapa de
Europa, disputAndose su dominio las razas eslava
y anglo--sajona.
·
Son de tal importancia, tienen transcendencia
tanta los nuevos problemas internacionales y las
disputas nuevas entre los p.oderosos de la tierra;
tienen tanto interés los futuros conflictos y las
rivltlidades nacidas entre los grandes pueblos, ansiando siempre nuevas tierras, buseando nuevos
mercados y requiriendo nuevas fuentes de riqueza por todas partes, que se empequeftecen ante
su consideración las viejas rivalidades, los antiguos odios que armaron á Alemania y la constituyeron en un imperio milit11r, é hicieron de la
República Francesa el pueblo siempre preparado
y con ~l arma al brazo, para volat en pos de la
revancha. ¿Qué significan los odios de dos naciones frente á los odios de dos razas? ¿Qué son la
com!:5etencia de dos países frente á la competencia de dos grupos humanos, uno de los cuales representa en su territorio la séptima parte ae la
tierra, y el otro tiene esparcidos sus súbditos y
sus factorías en toda la redondez del mundo?
El desquite que ha anhelado Francia hace cerca de treinta alios pudo ocasionar una guerra
más ó menos limitada. Para conservar la paz,
Alemania hizo la formidable triple alianza.
Después de largos trabajos y diversos tanteos,
Francia logró constituir su alianza con Rusia, para poder desafiar á su enemigo. Frente á frente
los pueblos aliados, se han contemplado de hito
en hito, sin atreverse ninguno á desenvainar la
espada, por no atraer sobre sí la tremenda responsabilidad de una guerra europea. Pero el eslavismo ha avanzado lenta y seguramente en su
camino de expansión¡ sin que nadie lo haya podido detener, ha ensanchado sus dominios, avanzando scbre el Mar Negro y sobre el Caspio, y
por fin, ha tropezado en sus inmensos territorios
de Asia con las posesiones británicas, en sus territorios europeos con el baluarte de Alemania y
de Austria, que aún tienen en su poder pueblos
eslavos.
La lucha no es de ahora, la competencia es secular. Si en el momento no estalla el confEcto, se
aplazará para más tarde; pero el desafío está lanzado entre eslavos y sajones: los dos se disputan
la posesión del predominio en Oriente y Oecidente.
¿Cuáles serán los pueblos que gravitarán en rededor de esos centros, y de qué modo se formarán las alianzas cuando estalle la contienda armada? Imposible definirlo, porque son muchos y diversos los intereses que tienen que dirimirse.
Tal vez para entonces tome parte y se siente entre
las potencias de primer órden, hasta la Unión
Americana qi:.e, después de la guerra con E;;paña,
ha inscrito su nombre en el catálogo de las potencias marítimas.
*

**

Vana fué la resistencia que opusieron los comisionados espaftoles en las conferencias de París, á las exigencias americanas, en cuanto se refería al asunto de las Antillas. Por boca de sus
representantes había declarado el gobierno de
Washington que no reconocería ni tomaría á au
cargo la deuda de Cuba, sino en aquella parte
que se ligara directamente con las ciudades antillanas, y á lo que parece han tenido que ceder
los enviados de su Católica Magestad. Pero al
anuncio de que los Estados Unidos pretenden para sí la soberanía completa sobre todo el archi•
piél¡¡go filipino, han circulado las versiones más
contradictorias.

351

EL MUNDO

Aseguran algunos, que este solo anuncio servirá para que terminen de modo inesperado todas
las negociaciones de paz; q ne en con:1ecuencia, se
renovarán las hostilidades, y una poderosa escuadra americana zarpará desde luego rumbo á
las costas espaiiolas. Dicen otros, que el presidente del consejo de ministros en el gobierno de
Españ.a luchará cuanto put:da, por medio de los
enviados en París, por alcanzar compensaciones
pecuniarias y el reconociinmto de lrt deudl\ de
Filipinas, en !a imposibilidad de oponerse á las
pretensiones americanas. Hay quienes anuncian
la retirada inmediata del Sr. Montero Ríos y sus
colegas; mientras que predicen otros la sumisión
completa de los comisionados españoles a cuanto pretenden los vencedores.

***

Difíc.il sería para Espafta, en las actuales c'.r-

cunstancias, querer oponerse por la violencia A
las condiciones impu'3stas por el vencedor. Podrá
haber disención Robre los artículos del Protocolo
que sirven de base Al traLado de P&gt;\Z definitivo;.
podrán encenderse discusiones más ó menos luminosas y esgrimirse todas las armas retóricas
recogida;; en el arsenal de la dialéctica por los diplomáticos españoles; pero enfrent1 de esos juegos artificiosos de la palabra, está. la inflexible
línea recta á que se han sujetado !fr. D11y y sus
colegas, s~gun las instrucciones recibidas del presidente McKinley. No cejaron ni un punto en la
cuestión de la deuda cuoana, y si es verdad que han
pedido la posesión de las Filipinas, probablemente tampoco cejarán y se manifestarán dispuestos,
antes que á ceder, á comenzar de nuevo las hos•
talidades, que tendrían por campo de acción, ya
no las aguas de Cuba 11 i el territorio de la gran
Antilla que está á medlas en su poder, sino tal
vez los puertos y las plazas muítimas españolas,
á donde probablemente se dirigirían las escuadras
de Sampson y de Schley, con la seguridad de n.o
encontrar la resistencia de una escuadra enemiga.
¿De qué podrían servir en este caso las protestas del gL&gt;bierno e;;paftol por R.nte la!f potencias
europeas? Europa que contempló indiferente cómo
se desarrollaba el drama. hispano--americano, sin
dar seftales de intervención, más allá de las ma•
nifestaciones de platónica simpatía hechas por algunos órganos de la opinión, quedaría otra vez impávida ante la renovación del conflicto. Harto
tiene que ucuparse en sus asuntos pr,:ipios y en
sus dificultades interiores, harto tiene en que pensar para curarse de las desventuras del débil.
Triste es pensarlo, pero hoy como ayer, el
vencido tiene que sujetarse á la ley impuesta por
el vencedor.

X.X.X.
Noviembre 3 de 1898.

de
ROMA.
¡Qué mal hizo el municipio romauo al m1111cbr destruir las ruinas de los baños deD'oclecianol Perola razón que tuvo f:J.é poderoshima en estos tiempos mo•
dernos: el emper.ador d-e Altlilla"Aia hacia en 1888 su
primera visita á su regio aliado Humberto, y el municipio de la capital d..l reino temió enge11drar en el
augusto hué~ped una impresión desagradable, si lo
primero quo se ofrecla A su vista era una mole de piedra negruzca v ca, comida que proyectaba su sombra
secular sobre ia frescura cie los muros de la estación
y muy cerca d'll monumento que conmemora el fracaso del modernfl Lacio en sus empresas conquistadoras.

No sé cómo habrá quedado la plaza después de escombrada, ni quiero saberlo; pláceme conservar la
impresión imperecedera que recibí al entrar a Roma y que guardo fresca a pesar de que entonces nri
eaplritu sólo presentla las emociones de la beHeza.
Hace v11rias h...-11s qu11 el ferrocarril, ese monstruo
de hierro con entraiias de hie1·ro. ha venidJ atl'aveean•
do campiñas sagradu. Sus r~ils están clavado~ en
tierra santa que, al ser removida para el levantamiento de las terraplenea, entregó á sus verilugos mil tesoros de arte y mil secretos histórico@. Desde que entramos al valle del Tiber, el eaplritu se siente espo•
leado por las recordaciones de los gloriosos tiempos
idos y · todo el· paisaje exhala una queja tristJsima,
una 'queja que parte de las _entrañas de sus ondulaciones volcé.nicas y vibra en el ram1tje de sus oliva•
res y azota las ventanilla.s del tren con el empuje de
las rimas latinas. El río serpEllltea eu armóni1as curvas cortando con la aridez de su légamo pedregoso
-i~stimonio dtt aquellas aeoladoras inundacionesla matizada verdura de los campos, A trechos mués•

trase la !il•r eta dentada del monte de San Orestes.
del antiguo Soractt,s, lnmtlnso bloque calt:á, eo que
sirvió d-, plldestal á. un templo de Apolo, y que cantó
Horaclo.
Vides ut alta stet nive candidum Soracte,

y que cantó Virgilio:
Summi deum sancti custos Soractis .A.pollo!

El conductor, menos clásico, anuncia la estación ~e
Borghetto, con parada y fouda Hay sin embargo u~a
penFadón deliciosa: beber el mismo vino de las 1nismas uvas ....
A la derecha, un castillo en ruinas. de pieara rojiza y torres tr~angula.res, mitad t1;1mplo y mit11d forta•
leza, con un campanario y un puente levadizo. A la
izquierda, sobre lll Tiber el ancho Ponte Fdice, cc,nstruido por Augusto y restaurado por S1x10 Quinto, y
cien veces cruzado por las legiones de lus Césares,
-por aquellas legiones acerada11 y bravla@ de esos
Ceda res apolineos,-y por las caravanas de los Papas,
-por esa&amp; purpuradas y muelles caravanas de aque•
llos Papas apocallpticos.
Sigue el ferroc11rril, y á lo lejos, entre el ob~curo
verdor de los proffcuos montes de olivos, blanquean
las casucas de un lugarejo abondonado, no mu_y did•
tant" d-,1 claro que sobre los mismos montils forma el
emplazamiento de Civitta-Caijtellana. Es Rignano, al
pié d"'l .Soractea; .alJi .nacieron dos tipos esencialmente romanoR, dos completas encarnaciones de sus épo•
cae: Julio C.isar el estoico y Lucrecia Borgia la ramilra.
El terreno Pe occidenta más y más, y los oliveros,
cargados de frutos, acarician la cóncava techumbre
de los vagones
E6t11mos en la Sabina, terra oleum ferens, que dió
mujeres á los romanos, mujere8 que rueron tomadas
por la futtrza con viriles energias y en cuyos flancos
si' labró el advenimiento de la futura raza vencedora.
Muy cerca de los rieles, á ambos lados, yacen fragmentos de piedra puerilmente labrados; el suelo está.
surcado de extraños cimiento8, la yerba se escapa de
las grietas de una vieja muralla, invade los cantos en•
mohecidos y brota flo;·es nuevas sobre las ruinas ¿Qué
iecuerdo vaga por alfü ...... Alli fué Curae, la patria
de Numa Pompilio ..... .
Sigue el Tiber murmurando su eterna canción, é.
la derecha del camino.
1.Jh! los murmullos de los rios! Los ríos, esas venas
pletóricas de la madre Tierra, cc,nservan en sus pulimentados cauces la crónica de los pueblos, y es un
h"cbo que sus aguas, eternamente 11uev11s, la cantan
al claro de la luua ó al beso dorado del sol. Los rios,
como los hombres, brotan de quién s11be 4ué ignotos
orígenes, pero desiguales; los rios, mád que 1011 hom•
bree, tienen el cuño de la raza, y corr-,n, corren, corren no importa á donde, llevando en los reflejos de
sus ltofas un girón de a1olengo que nunca podrá.a
manchar las profan-as abluciones que se dectúan en
sus orillas, aún cuando ellas pretendan precipitar en
sus aguas las incoloras fusiones de la moderna geo¡crafia politica. El Rhin siempre ha sido y será por
siempre teutón, como húngaro al Danubio y romano
el Tlber. Los rios murmuran sirmprn canciones propias y la canción del Tiber-10h, Vlrgilio, Horncio,
Cice-.ón, Liviol-tiene todala harmónica redondez de
la lengua madre, y en sus a~uas ,•liluido floh el opulento plumón del alma latina, con su doble aju11te
magnifico de liras y de epopeyas.
De pronto el carril torna forzadamente y se desou~
bren monumentos que arrancan el espiritu de lus viejos recuerdos de la Roma pagana, para engo1farlo en
plena Roma pontificia primero, y para recordule á
la Roma flamante y unitaria despu~s. En ef¡,cto, esa
villa que á guisa de perdurable centinela, parece columbrar la escarpada !J. nura desde lo alto de su
asiento, para resguardar los cascados patrimonios del
sumo obippo romano, fué la de los Orsini, señores pa·
tricios de muy hi•tórica alcurnia, y pl'lrtenece hoy á
los prlncipes de Piombino, no menos hrill11nte11 próceres de la corte vaticana. Asiéntase la 'Villa en pertenencias de Monte Rotendo, vieja heredad de una r.11
za extinguida, y napoleónicamente convertida, más
tardt&gt;, en envidiable ducado para los br'. vos .Ponill•
tow~ki. Ali!, hace seis lustros,elfrigio Garibaldi arrebató á las tropas francesas y pontificias un flerón pa•
ra la corona de Italia ....
Muy poco nos falta para llegar á. Roma, y vamos siguiendo la dire&lt;wión de la antig-ua tía Salara que
se extl-,ode á orillas del camino por donde va avanzando la humeante locomotora. A lo lejos, la villa Albaní (oh, sacro colegio!).
Todo nos re.,-ela que estamos ya a la puerta de una
metrópoli moderna: las multicolores banderolas ferroviarias que siembran sus tenos vivos sobre la alternada monotonia del verde (o ivos) y del gris (piedrae); las estaozuel~s rú8ticas rodeadaij d1;1 tropeles
lactiferoe; a qui y acullá, f.l.bricas de co sé qué, arrojando por sus alt~s chimeneas penachos de humo y
justificando, prosaicas y feas, el apasionado exclusivismo ruekiniano ....
Lubgo, se atraviPsa el rio Anio, afluente del Tiber
exhausto casi en épocas d~ sequia, y desenvuelve
con magestuosa lentitud su rinta de plata por Pnmedio de su lecho pedregoso ¡Oh, los leches pedregodos
d.6 la campaña dt1 Romal
A la izquierda las montañaa de la Sabi11a se rPfunden en los montes Albanos, sombreando el horizonte
con su 11lta y larga fila de árboles seculares,
El treo avanza. avanza, y repentinamente resuena.
un estrrdent'e silbido ....
Un nuevo recodo que se tuerce, un trozo de paisaje que se descubre, y luego, á la derecha, un inmenso hacinamiento de construcci0nes, como piocelazos
de sepia, coronado por un mara víhose enjambre de
torres y cúpula■. Una- de éstas, muy ancha y muy her•
mosa, sobresale por todo el cuadro y da e11. los ojos

�Domingo 6 de Noviembre de 1898

EL MtTNDO

352
con el júbilo y l1t confianza de un viejo conocido,;::my
cnnocido, á quien sin embugo no lletnos v1eto jamás.
¡El! Roma, con la cúpul4 de San Ptidro, nimbada de
oro por los últimos espl ndores del sol ponienttll
Et carril traza un vasto circuito en torno de la ciudad, como para hacer más deRellble el pronto arribe,.
El ring' se E111trecha paulatinamente, pa•amos muy
c'3rca &lt;1e la Pnrta Maggior6, rasawos e! de~portillad"
templo de Miu6rva Médica y entr1tmoJ:1 eu la estación . , .
0

***
¡,Nn PR cierto que el ánimo debe hallarse envi1elto
en deliciosa unción al Rllntirse en la vit'j I mt'trópoli
del pa¡.¡-1tni~mo, en la Ciudad Eterna, en Roma?
Iuc,,ndcieutemente t'spérase ver la es111sclón inundadit por bh,ncas parvadas dti togado11 cives y de
triu11fales legiouarios, á.vidos df-l .-s.,uch11r la• nuAvas
traidas del pais de los GaloJ:11 qui ipsa lingua Cettre

apellantur, ó bien de 11lbirrojas procesiones cardena·
licias ilumiaadas por los fulgores del oro y de las
gemas.
Pues bien 111 imprePión que Pe recibe l'S desol~dora; horriblemente at1eoladora El eFpectáculodes1e~pre. la igualdad ante el progrArn; las aduaneros uu1formadoJ:1 las máquinas t&gt;volucionando con .. normPs
pujo11 . ... los mi~mos pujos que he nido en NewYork
y e11 Parh1, en BArli11 y en Vhicago Yo bien Pé que
Psos pujoA eon 10P pujns de lit civilización, pero :por
Jov~I al llegará RoLila redonarou muy ingrat11.mente
en mis oído11.
El rlPMerado aumPnta cnando d.J cnnvoy Al' VA dAR·
cender á un gr&gt;1.nd d11 rubicundr,¡ nii11ters y niistres
envut11to~ "" amarillos carr1kij y calzlldos de piel &lt;le
coc&lt;'drílo Son ,vank•e~, que de.sde ultramar tiene1;1 alquilado algúu palacio histórico donde morarán mientras hagan 111111 adquisicio11l's de arti1tic works "n 111.11
gaL:.ri1t11 particul1tr1111, 11.,vándose la11 tel311 watJstras á

EL ORf\N FESTIVf\L,

!Jomin_go 6 de Noviembre de 1898.

¡ruisa de pavesas de gruesas cl~io_s pa~cuales, I:i,brados con primor para burlar la v1¡r1lanc1a del gobierno
ltaliitno que prohibe la e~portac!ón de cuadros y. eec·ultur,,s célllbre~. ¡También la Ciudad Eterna va s1eudo invadida por los yauktles, oh maeinro Sierra, por
esos Atilas aurífero~!
Ahora bien. al salir- de la 1111tacióµ y de~pnés dA
mirar el r:i.quirico y banal mausoleo quti recuerda laR
hecatombet&lt; Ítaliana;¡ en Abisinia. 1111ré en frtinte el
gigante muro de la11 terma~ de Dincleciano que ~oy
y11 no l'xi,ten y q11e halagabaogratame~te al viaJero
ávido d6 tlt'mpod idos. cou 11u colosal ~1Jueta. negra
que en dl'cr.-ciente dPnt.,dura, recorta ha el ePfumado ;mbient"' de 1a viPj, R()ma. al desl'mbarc~r á la
hora dA la tarde moribunda. tAh. nnncio podré p1&gt;rdo11ar tal dAstrucción al Senatu.~ Populusqup, Rornanu-~ quP fnncionó el 11ño fo8'i rlA h era woderna y
MMDCXVI de la fundación de Roma!
JUAN

SÁNCHEZ

AZCONA,

DE, Of\RIDf\D·
Expendio de dulces de la Sra. Linch de Camacho.

en la Alameda de México el día 30 de Octubre.

;.atención la esbelta Torre Eiffel1 copia reducida y

Conoci,lo@ como Ron ya del público todos In~ detalles del Bazn dti Caridad, rllprorl.ucimos ~nlo In má.s
intt\r.-eantes para d ..j.r consignado en nueHro 8"manatio un recuerdo de la brillante fiP~ta prep11rada por
el "Circulo de amigos dd Sr. Gt1n11ral D1az" en ob11equio á nuestro prim:,r Magistrado.
Mer-ece 11plau•o11 e;a agrupación por el tino con
qu11 dispuso la gran fiesta y el ,,;r Va.ll1&gt;to por el gusto arttatico de que dió pruebis tan palmariao.

gforiPtA v •e &lt;iirig-e al Norte, cond11cia al sencillo pabtllóu del "F&lt;!rrocariil," jut'go muy semt'jante al de
rui .. ta
Formaban el pequeñc pabellón elegantisimos paneaux &lt;le ~alón con p;nturas qu11 representaban t'SCenal! acuáticaR; f ~~to11e11 de vtirde follaje unian los 11xtr11mo11 d.-, t&gt;,to11 cuadros que sostenían l'll su parte su¡,eiiur el told" en forma de cono, pintado en su e:x.tt1•

***

La glorieta-central dd la Alameda quedó enteramentt' tra11formada en vaet t t'Xpo11ición donde pudo
ap:eciarsl'.l, en co1,junto y t'n dt'talltt. 111 importante
contingente que llevuon al fes.tivitl las ml'jorns familias de la sociedad mexicana.
La fuente príocipil de uuedtro prime· parque Ori·
tentaba adornod b.,1Ji~imos; en su ct111tro se debtacaba
gigantesco búcaro formado de camedores y palmas
que levantaban un soberbio penacho hal!ta toc11.r d
cit·lo raso que cubria el amplio salón dond11 fuero11 colocados los dunativos de las clas11s 11c,,modadas Stimbro1.dud eutre la supeifici11 liquida de la fueuttl ~e deA
tacabiln gallardos y henn ,sos los dif.,rent~s juegos
hidráulicJa, c.&amp;da uno rl.e .,,1011 rodeado dtt camedored y
otra8 plautas exóticas, que 11ervian dem treo A lascorrienttis de agua qne 11ubian á regular altura para
caer Juego sobre prnciosos ramillet.is de flores n ,!uralfls.
Las p:i.redes de la gran fuente P~taban 11dorn11das
en su interior _v exterio• por paneaux de heno frdt-co y
delicadas plantas entre las cual"" sobresallao las buga.mbilias azaleaH. margaritinas, malva rosas, geranios y palmas de la fortia. Trescientas sillas rodtiaban
la ful'nte.
·
Al r11dedor de la glorieta y en galeria de m!lrlera
reve,t1da de JitlnZoR de colorea r:,jo, ro11o1. v ven.le uilo, velau.ie los nunuroso:1 objetod qut1 f.Jrm 1b.rn el
Bazar.
La pequeña calzada que se desprende de 111 gran

353

~T,MUNDO

Guar.lia de honor.-B.m1beros de ciudad.
rior, á rayas gualda y blanco, y oro y blanco por dentro.
•i:n los tapetes verdes, en vez de números, figuraban 1011 nomhres de )aR principales capitales europea.: R lma. Bru.rel:1R ~hdri.i, Lóodres, Berna, Vieua y San Petersburgo

mmy. parecida á la original.

L~s sei,oras de Chavero, E,thPr Torne! rle Marte!
Beatriz Hijar dt' Cha vero y Landero &lt;le Algara y Japeñotit11s Sar.&amp;, Magdal.-na y Victoria Chavno, Car
m.-n Itur bide, Auita CuevaF, Consolación Garcla y
Lui,a LlamPdo, fueron 1as t'ncargad11s de rorrer la
rut1da. di' la fortu111t 1 siempre h1,l!til á las lindas apostadoras y ricos ci. bailaros.

La torre tiene uno:1 doce metros de altura v en sus
-cuatro costados1 en sus aristas1 en su pequei'ía. cúpu'la, por todas p~rtes habla sartas de botellas quefor•
·maban un gracioso aspecto.
Para aquellas personas que no tuvieron ocasión de
-conocer la instalación, dirtimos que se emplearon caltorcemil bote1las. La base dd la torre descansaba so•

Pabell6n de los Gobellnos.

Cuatro tiendas fueron levantada 1 al rededor de la
fuente, todas adornadas uniformemente: en el fondo
de un triángulo formado con barriles y á los costados, trofeos de banderas y escudoa nacionales, y grandes macetones de porcelana cubiertos dt1 mudgo Los
mostradores eran unos ecusssons de tela verde nilo y
rosa y en sus extremidades unas palmas de la India
y paneaux dti musgo y floree De las cuatro tiendas
partian anchas tiras de lienzo verde claro que se

Fueron encargadas del despacho de cerveza, la
Sra. Duque de Estrada y SritaA. Angela y Paz Rosete,
Luz y Lupe Villar y Dolores Cárdenas.
El pabellón de dulces de la "lmperiRl" era amplio,
en s u fondo percibianse dos gobelinos, priCJc.roP!simos que representRban escenas de la époea di,
Luis XV: estos encantos del arte fueron colocados á
uno y otro lados de un gran espejo de finisim&lt;1 luna
veneciana e·1cuadrada en marco dorado de singular

El Pab ..llón de la Banca, situado al princ1p10
de la calzada 1,1.-rid1una1 qu~ pa1ted6 la glorittapriucipo.l fi~u1ó entre l011 má, bello11 y mejor adornados.
8u obj, to-la v.-nta de ficha~ se distinu valor-Jo hacia sn uno de los mas cencurndos.
El Pitbellón na pt1qu• ño, un verdadAro &lt;'entro de
finanzas, preciosa chucheria qne con-titulan delicados y f1ni.imos obj tOJ:! d" artd tie J.,gftima procedencia a~iática.
El rl'ducido recinto guardaba hermosas filigranfs
orit'ntalti~: biombos i11rrones colosal~s, graudes abanicos de papel. farol.illos de todos tamaños y colorel:!1
uoa pdmH••sa luna bil!elada·con marco de hambú y
mimbre clar11 que hacia jut'go con 111 rt1veetim~nto de ·
la arroazón dt1l mootrt1.rl.or, 1oda construida d.- mimbr"'
v cañas dti bambú. Eu el fondo de 1-l microscópica
tiend11. aparecla e' dragón alado dtil J 1¡:óa, de anchad
fauces y relucieLtes llPcama•.
Compl- b ban el sin¡:, ular arlorno, grandes y ricos
macetones de China con pequeños arbustod &lt;le la mism• proced~ncia.
R.iciblan y caJDbiAb rn las mrinP&lt;laR. entrPgando en
FU lugar las ffrh'll! d,,rada11. 1118 \lt'ñora11 DolorPs Barrón dA Rincóu G1llardn, Carolina Cuevas de Esc.. ndón y Sara Diaz M mi~g·a de Rinron Gallardo y las
s11ñoritas Maria Rincon G&lt;Allar.to, Maria Portilla, Luisa Alcázar .v Paz G Calderón.

Ma!!'nifica in~talación fué la que hizo la Co'Tlpañíl\
Cc,rvecera de Toluca. De cerca y de lt'jos lli.wi.ba la

La exposlcl6u de labores manuales en la Glorieta Central.

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lbre un tonel de proporciones descomunales, redeado
-de otras botellas más grandes.
La fuente que corresponde a la glorletll. respectiva,
fué transformada también; el grupo de ninfas des•
-cansaba sobre vasto bu.caro de flores y plantas exóticas; al rededor habia diseminadas tres mil botellas
de diferentes tamaños, sembreadas de bouquets de ro"8as y paneaux de musgo.

untan en el centro de la glorieta, á una altura regu-

lar, formando el toldo del pabellón.
Rematando la cúpula de la Torre Eiffel, flameaba
una bandera blanca con esta inscripción: "Festival
de Caridad II Dirigieron los trabajos el Sr. Ingeniero
Enrique Cárdenas y su hermano Teófilo. No bRjaron
de tres mil pesos los gastos hechoe para levantar la
torre y los cuatro expen•lios descritos.

tallado; hacia afuera y casi en los extremos del salón.
se levantaban dos araucarias; macet~JlAS con ralma
de la India y tibores cori plantas l'xóth a,. En e interior de la tiend~ habla v ..rios ramos J11 rosas. El techo y cnbierta del mo&amp;trador eran de cretona de dibujos japoneses: 11quel e~taba sostenido por eebeltaa
columnas forradas de género rojo y f..@tón.
Al frente del despacho estuvieren las Sras. Guada-

...-..--~~~~~
C,lLLES CENTRICAS DE LA. A.LA.MEDA..

Taller de Fotografia de los Sres. Valleto y grupo de seiloritas
que lo atendieron.

Pabell6u de Sao Angel.

�354

EL MUNDO

El aspecto del salón era sencillo y de,
buen gusto; fuera de él se colocaron varias mesitas, confidentes y sillas austriacas que constantemtnte estuvieron ocupadas por 1011 numeroEos clientes.
A un lado de este puesto se levantaba
el vulador de pedales, aparato poco conocido aunque 11fecta la forma de un volantln y es movido por los mi.moa que toman asiento en las carretill11s que sostiene el grueso pié derecho del centro. Jóvenes y niños estuvieron psse11ndo constantemente y dt&gt;jaron buenos rendimientos á la Empresa.

!upe Terreros d_e Algara, Cuevas de Mier,
Cuevas de .l:'o_rttlla y Ana Schultz de A· rillaga y señoritas Anita Rubio Obregón,
Pepita Algara, Carmen Rincón Gallardo
Leonor de Mi~r, Lolita Rubio Obregón;
Guadalupe M1er. Paz Vortina Elt,11ita
Mier y Luz Cortina,
'

***

tA un lado del puesto de "La Im~erial"
estaba simado el .Pabellón Azteca. l,.l frente del ~ermoso salón se destacaba el Ca
lendario Azteca, soberbia imitación del
que se e11cue11tra en el Museo Nacional
A los 111dos de ese monumento h.1bia
plantas de nuebtra rica flora como cactus
magut-yes y plátanos; en los t&gt;Xtremo~
fueron colocaaas dos grandes deidades
aztec&amp;P, las cuales dtscan.: aban sobre
piedras de la misma procedencia.

Domingo 6 de Noviembre de 1898.

*

**

Gran fuente.-Glorieta de la A.lameda.

Entre grietas de cavernas y encuadrado
por orquide11s cactus,
trepadoras y bugambilias, se alzaba el gran
receptáculo de cristal
que encaraba varios
peces de colores En su
tapa habla colocados
numerosos rBmos de flo
res naturales. El techo
del acuario consistía en
una sencilla enramada
de heno.
LasseñorasMariaLuisaRomero Rubio de Teresa, Adela Fernández

La Tombola era un elt&gt;gRnte 11alón con
todas la11 apariencias de un almRcén de·
chuchnlas y preciosos juguetes. El teclio,
y paredes e&amp;taban cubiertos de géneros
rojos; ha bia numeroso11 esc11pars tes llenos de objetos.
E•tuvieron al frente del pabellón las llf'ñorae Maria
L de Landa y Javier&amp; B. de Landa y señoritas Maria
v Lup11 de Landa, Lupe y Jostfina de Landa y Buch,
Maria Teresa y Lolita Parada y Maria 1!.lena Echeverria.
·

*

**

Los dulces y pasteleP se vendlan en una gruta veteada de nieve, Un globo pintado de azul y blanco selevantaba en lo alto.
.::: ;
En este puesto que como tenemos dicho era artístico vendía pastelee y dulces la apreciable señora Laura Fot mento de de la Torre, acompañada de las señoritas Emilia y Laura Fischer.

*

**

Con justicia fümó la atención de todas las personas
que concurrieron á la ,\l&amp;mf'ld&amp; el tlegante. correctoy artístico puesto del Sr. D. Hipólito Uhambon quieo

DGmtngo 6 de Noviembre de 1898

laurel Y sobre el techo del puesto, se otsentaban tres enormes mariposáe multlco•
lores.
El fondo. del pueFto na un gran p aneaux fo1mado con rebozos de seda hechos
en la fábnca del Sr. Chambon
Es~e puesto ~staba a _cargo ~e la Sra. Victorino de Chambon. Mi.ría Chambon y
de Pmedo y Sntae. Trimdad Olvers. Marta Clsneros ClE&gt;ofas Olver.
Este puesto se vló muy co1;1currido porque ,a Sra. Maria Cbsmbon de Pinedo
~stu~o constantemente trabaJ11ndo en el ttlar que con dicho (, bjeto se colocó en el
mte!"1or.
Con justicia d!be mencionarse comoorlginal el puesto de li!cheria.
E~a un pequeno, J er'.' • gradable pue~to, se encontraba formado rusticsmente,
habiéndose tmpleddo en su e11nstrucc1ón tronco@ de árbolts recién cortados y el
fondo del pJebto cc,mo el mostrador, estaban piLtados al temple figurando madera.
En este puesto. expe1;t_dia queso, lech .. nat11 mantequilla y cuajada la Sra JJes·
ternes y su graciosa h1Ja.
'
'
·

'ºª

*

J
puestoR muy simpátic~s fueron otu;ados por las alumnas del Hoepicio,
En uno se coloc_aro~ loe teJ1dos, las medias, calcetines.v otros objet..,s, y en el c,tro
s~ velan la~ ~aqumartHS en que la11 al~mnas trabajaban incesantt'mt&gt;nte en presencia del J?Ubhco. que ávido y compl!lcido, presenciaban dichos trabBjos. Estos er11n
flores, caJas de cartón, b_?neteria, tmtoreria, encuadernación fotografía rayado
bordados, deshilad ,s, tf'J1dos, Ptc.
'
'
'
. ~l pasar el _Seño.1 P~tsidente de Is República por uno de los puestos df'll Hosp1c10, presenció mmucioaa~ente los traba1os qne en él se ejecutaban, manüestánaoee enteramente complac!do de ellos, por Jo eual felicitó á la~ alumnas, quienes
agrsdecieron,_ceimo era debido ias frnses del St&gt;ñor General Diez
El Sr. D. Luis Ortiz Y ~rtiz, Director del Hosph io obsequió á uombrede sus educandos al Señor Gral, D1az con un ramo de flores que acababan de confeccionar.

*

En ~l puesto de cigarros del Buen Ton~,.~ trabajaron durante la fiesta algunas
máquinas movidas por fuerza eléctrica.
En este puePto, que era •umamente ele¡?'ante, vf'ndlan cigarros l:i.s st&gt;ñoras Guadal~'!ª C de Rebollar, Concf'pción V de Maci&gt;&lt;l.o, JuHna C de Sáncht&gt;z y et&gt;ñoritas
Cee1ha Rebol •ar, Elena y Rosa Val, Manuela Rose:1zweiz Elena y Juana Sánchez
y Elena Ochoa.
'
·

*

. Pequeño. simpático, artístico y de un gu*sto que nada dt&gt;jó que desear por su sencillez, era el putsto donde se t&gt;xpendian dulces.
Estar a formado de plantas exóticas tropicales en la~ que se der,tacaban las palmeraP, trepadoras, etc.
Al frente Llel puesto se colocaron dos grandes jardineraa con plantas del mejor
gustu.

Lote de la Compail fa Cervecera.
~¡ mostrador estaba cubierto por lienzos pintados
al oleo, representando algunas e11cenas de los indlgenas.
Las señoras Campero de Pasquel, Cervantes de Rivas y 1..ervantes de Campero y las sPñoritas Guadalupe y Ana Echeverria y Luz Pasquel atendlanaquel
expendio de dulces finos.
'

de ;'rlurphy. Concepción
Landa de Lascurain y
Carmen Vastelló de La·
claud y señoritas Luz
Diaz. !.Jonchita Lascuraio, Lolita de Teresa,
Lollta Lascurain y Gertrudis Castelló, fueron
las respetables damas
encargadas de expen•
der flores.

lJna glorieta,

El salón de la fotografia era uno de los más hermo- como en otras fiestas, demostró PU afecto á todo losos de cuantos visitaron las familia~. El aspecto era que s.ignifica pro_greso y fllantropia.
El pu~sto del Sr. Ch.tmbon estaba formado de tres
sencillo: fachada principal de un edificio moderno y
en 1:11 interior una verdadera galerla fotográfica, con arcos dtt madera en los que en gracio@o conjunto se,
ventanlllas en el techo, ·sillones giratorios, cámara, velan plantas finisimas, dominando la gardenia la bu·
'
salón de revelar y todos los demás accesorios corres• gambilia y la margarita
En artlsticos enf,.ces so v1:1fan gulas de encmo ypondientes á. un taller en toda forma.
Era de nrse la habilidad de las hermosas discipu•
las de D&amp;IZ'uerrf'I vara desempeñar el dificil trabajo.
La Srita. Maria Teresa Limantour dirigia admirablemente las labores del taller, siempre lleno de clientPs;
ayudábanle las 8ras Susana Elguero de García Pi·
mentel, DolorPa F. d11 Rlvas, Francisca G. de Algara y
Sritas. Maria Rivaa Fontecha, Rafael&amp; Garcia Pim11ntel, Eltsa Rola, Ani,. Maria Algara, Lolita Garcia PimP.ntel, Lolita Sola, Josefina Miner y Paz Ca!!lpos.
Los productos de estf'I puesto ascendieron á quinientos cuarenta y dos pesos, 11uma que pone de manifiesto el gran movimiento habids en el Salón. Hacemos notar que los gastos de instalación y cuantos
se hicieron en el taller funon erogados por los señores Valleto hermanos, en beneficio de los pobres.
El Pabellón de San Angel formaba un hermosisimo
conjunto de plantas d11licadas y muchas de ellas exóticas; la rica flora del Valle ostentaba alli sus más be•
llos productos; habla araucarias, begonüts, hule, tuberosas, alocasias, yonedulos, piñanonas. camelias,
g!is;nias, lirios del Japón. cañas, palmas de la India
y del desierto, aralias del Japón, oligonias, nisperos
y otra inmensa variedad de plantas delicadas de to•
dos los climas.
Las señor&amp;I! Laura 8. de Marisc-al y Catalina Altamirano de Casa11ús y señoritas Laura y Carmen Mariscal, Maria Si-irra, Mar~arit., Quintanilla, Concha.
Sierra, Ana Quintanilla, Teresa del Villar y Angela
Querajszu, estaban al frente de esto magnilico puesto de plantas y flores.

Torre Ei:ffel.-CompafUa Cervecera
deToluca.

REST A.lJRA.NT.
A las diez y media de la mBñana, llegó el Primer Magistrado de la República.
Lo acomp11ñaban sn di~tioguida esposa y las i,eñoras Amada Diaz de ,te Ja Torrf'I, Sofía Romero Rubio de Elizsgs y Luisa R~igosa de Diaz.
HiciPron la recepción dos comisiones. la primera de dama11. presi&lt;iida por
Doña Maria Cañ11s de Limaotour. á quien acomp~ñ11ban las señoras Formento
de de la Torre y Lincb de Csma&lt;'ho. y la otra comisión compuesta de los s~ñores Guillermo Vallfto, Sebast!An Camacho. Guillermo de Landa y Escandón. Ltc.
Alfredo Cha vero, Lic. Rafael RAhollar, Román S de Ls~curain. Apolinar Castillo. Lic. Emilio Pimeotel. Cárlo11 Rivas y Líes Ireneo y Arturo Paz.
PPnet~ó á la Alameda el Señqr Presidente por el costado Sur, c&amp;llf'I del Pa•
bellón Morisco Pn dende formaban una doble y vistosa valla los bomb11ros de
la ciudad. luciendo sus brillantes uniformes de gala, que coneht,m en oantalón
rojo, chaquetln azul obscuro con botone~ argentados y reverbersntes cascos.
La llegada del Señor Presidente, que indica el prPludio tle la gran fi.,sta, la
anunciaron con sus toques de atención los clarines del t&gt;jército,:, las bandas militares con los acordes de nueHro Himno Nacional.
El Sr. Gral. D;az e11 unión de loP caballeros va dtadoP á quienf'B se unieron
poco11 momentos después el Seflor Mini.tro de Comunicaciones y el General Pedro Rincón Gallardo, recorrió los puestos, uao por uno
E!)- la Banca adquiri_ó un _buen númPro de monedas de latón, troqueladas es•
pecialmente para la fiesta, maugurimdo desde luego la11 tran~acciones.
Se det1;1vo en la glorieta central admirando la 1 iquisima colección de labores artist1cos, donadas por el bello sexo, en bit&gt;n ·de la clase menesterosa. Visitó
los pabellones en el siguiente orden: Gran acuario donde anquirió un precioso
ramo queª" prendió en el ojal de la lP.vlta, Tombola, Dulces. el osbellón de los
Gobelinos, Cnveza, Ruleta de Monte Cario, Pn donde apostó á MBdrid y fué fa.
vorecido por la suerte; Industria lechera, gruta de "El Globo II é Industria Sericfcola
'
En este p~ bellón se detuvo largo rato observando el movimiento de los tela•
res, y ~os brillantes trabajoP de seda que se ejecutaban en aquellos ml'lmentos:
. Elogió al Sr. Chambón por dar una muestra palpable de su loiciativa, refiriéndose á los progresos que está. alcanzando la Sericultura mnic11na
Visitó á continuación los pabellones del Hospicio de Pobres, el BPguodo puesto de flores, el departamento de "El Duen Tono," donde compró algunas cajas
de pu~os y cigarrillos, la Perfumería, y por último el salón de Fotografía.
Cedi.,ndo á la galant1:1 invitación de las señoritas ocuoó el sillón en tanto que
alocaba !a cámara Lola Sola, auxiliada de Maria Teresa Limantour que
cubría el ohjttivo.
'

***

Pabell6n árabe de Perfnmerfa.
F.n el fondo del puesto se destacaba una preciosa escultura de Venus.
En este puesto, que sin disputa fué uno de los que alcanzó mayor éxito, se encontraban las Sras. Elisa Lynch de Camacho.
Fausta Juanes de Guerra, Paz Raro d« Palomo, Teresa Fernández de Robalo,
Carlota Hay de Rübke, v señoritas Angela O'Gorm11n, Maria González Quintanilla, Ana y Maria Ro balo, Maria y J osefma Hay, Angela Zamora, Eugenia Escalante
y Victoria Corona.
.
Al presentarse en este puesto la Sra. Carmen Romero Rubio de Diaz, fué obsequiada por la Sra. Lynch de Camacho con un precioso juguete de ¡,lata y cristal
conteniendo dulces.

En cada uno. de los puestos que visitó la Señora Romero Rubio de Diaz hizo
calurosos elogios de la ele¡i? aocia y arte que se ostentaba; y después de felicitar
á todas las damas por el plausible éxito del festival, hizo consumo de los 11rticulos á la venta.
El paseo de la Señora Romero Rubio de Dlaz á través de la suntuosa fiesta
fué una ~e las muchas. mao.ifestaciones de gran estimación que rinde la socie~
dad mexicana á la distmguida y virtuosa dama.
La distinguida dama llt-gó al departamento en que las asiladae del Hospicio
de Pobre1:1 h11cian sus labores manuales.
Son tle tal manera nota.bles los trabajos que en el departamento que citamos
8!3 efectuaron, que la señora Romero Rubio de Diaz hubo de detenerse ali! un
tiempo mayor que el que habla ~mpleado en las demás instalaciones.

,.**

Muy atractivo era el puesto rústic~_de hcores en~¡ que sobre la madera se veía
en consorcio agradable la bugamb1lta y la gardema.
En este puesto se encontraban las Sra. Clarck y la Srita. Carlota Pliffs y Sritas.
Clayton.

,.**

Pasteles, s11.ndwichs, cerveza y refrescos fuer.:&gt;n los
articulos que se encargaron de expender en el Pabellón levantado por los vecinos de Tacubaya, las Señoras Guillis de la Vega, Carrasco de Garza y González y señoritas Julia de la Vega, Amella Rodriguez
Miramón, Maria Gonzá.lez Carrasco, Trinidad Soriano, Maria Rodrlguez Miramón y Mirh Solano.

355

EL MUNDO

•** ostentaba una gran ornamentación floEl puesto de &amp;oda era elegante y vistoso,
ral, dominando el color rosa; fondo de dos gobelinos, ricos tapices, un gr1m espejo, labores chinas y dos frondosas araucarias.
Haclan las ventas las señoras Guadalupe Cuevas de Mier, Juana C. de·Portilla,
Paz Rincón de Barron, Josefa F. de Algara, Guadalupe Terreros de AlgarR, señoritas Ana y Dolores Rubio Obregón, Carmen Rincón Gallardo, Guadalupe M1er, niñas Elena Portilla, Elena Mier y Luz Cortina.
***

Kiosco rústico delaA.laweda.

Maj!'nifica la instalación de la casa Labadie Sucs. Todo revelaba estudio, gusto
y esplendidez.
La media luna de los mahometanoayuna ornamentación con sus tibores, flores
exóticas y telas orienta.lee, daban carácter, y carácter acentuado, al h1gar ocupado por este puesto.
Las damas que lo atendieron, eran las señoras Angela González Buch de Ttuarte., Ana Algara de Cuevas, Cristina G. Certina de Alvarez Rul1 Concepción Torne!
de Suína~a y señoritas Maria Algara, Amalia Diaz, Encarnación Collado, Maria y
Matilde Ituarte, Maria Garamendi y Concepción Suiuaga,
A la entrada de la Alameda, al lado izquie1·do, se improvisó un restaurant y
cantina, adornados con gusto y servidos con prontitud, donde estuvieron infini•
dad de familias durante el gran festival.

Pabel16n A.zteca - Venta de dulces.

�EL MUNDO

Domingo 6 de Noviembre de 1898_

Domina-o 6 de Noviembre de lR!!A

EL MUNDO

MEDIOEVAL
Yo la vf por la blanca luna envuelta......
b gótica ventana le servia
-de tosco marco á su estatura esbelta,
y la flotante cabellPra su1,lta
-en torno de sus hombros descendla.
Triunfal vibró la música IPJana;
-clamaron al cruzarse los aceros;
y sonriendo miró la castellana
·e l reñir de dos nobles caballeros,
Uno cayó por fin; el otro herido
~siéndose al caer á una corniea
.alzó la vista, la miró rendido;
:y cuando ella le vió también caldo ......
lanzó á los aires su vibrante risa.
MIGUEL

Orquesta U:plca "Carmelita."
A las once de la mañana se efectuó el primer conci"rto.
Un aplauso cariñoso saludó á las jóvenes que veatlan vaporosos trajes de gasa blanca, semejando una
parvada de palomas estacionadas en un risueño
jardln.
Tocaron con verdadera maestría. la Obertura de
Thomas. 11Raymond11 y la doliel'lte "Serenata de Schubl'Tt" y la danza "El Amor y la Vida."
Una tempestad de aplausos premió la bella labor
de las ejecutantP~.
Hubo un pequeño intermedio.
Apareció la señorita Maria Rosales y
rPcitó un monólogo del señor Eduardo
Nori ..gR. Maria Rosales artista de corazón, Triunfó y arrebató el aplauso.
No tuvo menosatracttvos el segundo
concierto que comenzó á las doce y
media.
La balada de la ópera "Il Guarany"
puede considerarse como de prueba
para las buenas a:.-tistas, fué cantada
por la señorita Esperanza Dimariaa,
que es una esperanza del arte.
Reune á su propia aspiración y á su ·
hermosura, una buena escuela de canuna voz cautivadora de soprano.
a señorita Dimarlas es discil)ula de
la hábil profesora Concepción Ruiz,
que la presenta con c,rgullo en las aua.iencias extraordinarias.
La orquesta tipicil. "Carmelita"volvió á deleitar, tocando la conocida masurka del gran alemán W aldteufel,
"Bellas;" el Ave Maria de 11 Otello,11 los
•*•
"Aires Nacionales" y el danzó.u 11El
En el costado Oriente de la Alameda,
Charro."
se levantó un pequeño teatro. El foro,
Terminada la simpática fiesta se hibastante amplio, tenia nuevemetros de
zo balance general de los producioa
altura.
obtenidos. La Banca, hasta la una de
La arcada, pintada al temple, ostenla iarde, recaudó cerca de cinco mil
taban alegorills musicalei! y cuatro copesoe; el Monte Cario, donde se estalumnatas de orden toscano.
bleció el juego de ferrocarril produjo
.I!;! remate lo formaba un soberbio
más de quini1:ntos pesos; la cervecetímpano con una gran lira en el cenrla arrojó cerca de quinientos pesos,
tro, cruzada por una palma.
debiéndose observar que sus producLa decoración del fondo representaIndustrla serlcfeola.-IDp6llto Ohambon y esposa.
tos ne fueron mayores, debido al tiemba una alameda con los tonos del crepo frio que hi;.o toda la mañana y las
púsculo matutino
rachas de viento que causaron molestias á lo\l concuVioloncellos.-Rita Pl'rez de León, Agustina Pala- rrentes
El improvisado !'alón, cubierto por una extensa lodurante la ta~de.
cios Castro y Virginia Moreno.
na contenta 400 sillas.
Contrabajo -Paz Varela
La presentación de la orquesta típica «Carmelita.•
Salterios. -Julia Irigoyen y Maria Piza.
era un poderoso atractivo, p:!es sabido es cuántos
Arpas. Guadalupe VllllPjo y Adela Garcia Flores
triunfos ha llegado á conquistar desde su presentaGuitarras.-ArtAmisa Ellzoudo y Severiaua Moreno.
ción, y cuáles los progresos que está realizando con
Todas las fotografías fueron tomadas direetaHuiros.-Niñas Anita Thompson y Sara Pérez de
aplausos de los inteligentes.
mente para EL MUNDO.
El conjunto de esta celebrada orquesta es notable, Leon.

A las señoritas del Hospicio fueles ~umamento grata la distinción con que las honró la Señora Romt&gt;ro
Rubio de Dlaz y el público que presenciaba tal distinción, vió toda la altura de ella y la estimó en su
valor justisimo
La distinguida dama en m dio de aquellos seres
débiles, pero felizmente defendidos de lat1 crueldades
de la vida por la poderosa mano de una caridad noble, era un ,madro digno de la prosapia moral de la
dama y de la altura de miras de la fiesta en que se
hallaba.
La Señora Romero Rubio de Dfaz
recibió algunot1 regalos de las señoras
y señoritas encargadas de los departamentos, y entre esos regalos está uno
dela instalación de tejidos de seda. que
la dama elogió con frases muy satisfactorias.
Al visitar la Señora Romero Rubio
de Diaz el Pabellón de Sericultura, le
fué obsequiado por la Señora Vil:tori•
ne de Chambon, un magnifico rebozo
de seda, blanco y oro á listas, con un
rapacejo que era una verdadera fili·
grana.
Est~ ba guardada tan primorosa prenda, dentro de una caja encojinada de
seda roja en su interior y con forros de
terciopAlo blanco con broche de oro
Se lefa esta inscripción. "Carmen R.
R. de Diaz.
El rebozo. admirablemente tejido,llamó la atención de todos los que lo vieron.
0

como notable en su dirección encomendada al profe ·
sor Don Apolonio Arias.
Forman este simpático grupo musical una plé'l"ade
dA hermosas señoritas·
•
He aqui @us nombres:
Mandolinas.-Beatriz Arenal, Ignacia Marchena,
Lucrecla Arenal, Guadalnoe Lombardo. RPbeca Purón, Josefina y Mercede., Hinostrosa,Luisa Thompson
y Clotilde Ruiz.
Violines. - Emilia Dalhaupe J1olores Guerrero, Enriqueta Arenal, Guadalupe Varela y Luz Flores.

E. PEREYRA.

357

DE "ACUARELAS"
Inmóvil. y de pié sobre cubierta,
Colón, la testa erguida
y la mirada alerta,
explora el m11r, que cubre ya la b-mma,
y del que. como Venus de 111 ""puma,
ha de surg:r la tierra promPtida.
Va á fenecer la luz. la noche avanza,
y el sol, como en un lecho soberano
se mu etra en el confin del oceano, ·
en una esr:endorosa 101,tananza.
SobrA e dorado azul dPl firmamento,
u_na nube de nácar y amatistas
f1ngfl un barco que. en ::-11udo movimiento,
se Pncamina, empuj•do por el viento,
al pals de unas playas nunca vistaR ... .. .
Colón medita, contPmplando á solai
la caida del ad que, al fin, se apaga
al hundirse en el seno de las olas
de 1~ 1;IJ1&lt;r, c_omo un ·barco qne naufraga.
Sub1to, tnste murmuró: «,Tres diasl. .....
«¿Al cabo de éllos-como al "ºI ;;.hora•sorberá el mar las esperanza" miaq
•y al viejo mundo volverA la rrora?'
«¿Acaso por.¡ue está la fé perdida,
•v muerta ·111 esperanza en los que guio
«tampoco yo, Dios mio,
'
•he de tocar la tierra prometida?• ..... .
Y pro~iguió: «¿No flS D•os quien tra~ la ignJta
«tler a mi barco impele? ¿lucho en vano
contra el furor de mi fortuna adversa.?• ..... .
Y cayó de sus ojo• uoa ~ota
de llaoto, que sorbió del oceano
Ja onda azul, murmuradora v tPrsa!
•
Luego a~regó temblando:'«¿Y ~i no PXiRte
esa hermosa región más q11e ..n mi ment.,?• .... . .
¡mas con enojo sacudió la frE&gt;nt11
para arrojar el pensamiento triste)
Y exclamó entonces: «Si m'ntió la ciencia,
«~erá Id fé mi salvación! ¡Dios mi!;,mo,
•qu1: me ha hecho soñar tm su 11xist~ncia
•la hará surgir del foudo del abismo!!•
0

estallar, en v lvfsimos coloree
las olas qu~ emrenachan las ~spumas .
Velado aun e occidente se halla
por la gran di~persión de las reblinas,
que huven de las luces ambarinas
de la aurora triunfal.
De pron to estalla
el cañón ...... ¡Oh vPntura
11in igual! ¡es la Sfña cor. venida!
¡Allá BA ve una cJDtá de verdura1
¡El umbral de ~a t_lerra prometida)....... ..
Y ante el pa1sa1t:i que limita y cierra
al fin, el horizontA de las olas·
'
de laR tres carabt'las española's
surgió este grito delirante: "¡,Tierra!!"

.. c~i~~ :;;;·¡;¡~;·¡~..i;~~·i~ ¡·;;~;;t~c1~:-...·····....

ya no mira. el ocMso, con anhelo:
¡hunde, como arrobado. la mirada
en la infi nita epplendidez del cielo!
¡El suprPmo placer RU faz desnuda!
¡lhnto de gratitud nubla sus ojos
y le inunda corriendo las mejilla's!
¡Y á sus plantas. la duda
ha caldo de hinojos,
y le abraza, llor11ndo, las rodillas!
JOSÉ BECERRA,

VIEJOS ROMANTICISMOS
EVOCACJONES

li•Y. un, papel entre mis versos, mudo
cowµnce dt1l recut"rdo que me asalta:
lo abro tt:imblando. á la mAmorla ayudo
y en t&gt;l silencio de mi t-c,gar desnudo '
me pougo á meditar sobre tu falta.

II

tol

~ ,·

..~.'

-·
-&lt;-~\~

Mi eFpfrltu cansado emprende el viaje
y libre dtil afAn qu11 lo consume.
'
vuela al pasado ptara .~er su trajP,
besar F~ f,.ld11 d11 cruJ1ente encaje
y embriagarse, otra vez, con su perfume.

Desplegadas las velas,
y huyendo los peligros al tanteo;
allá van, con ligero balanceo,
sobre el dormido mar las carabelas.
Dejan las naves hervorosos rattros,
los vientos rumorosos cuchicheau,
y en las diáfanas olas cabrillean
las miradas trementes de lo11 aEtros.
Colón de pf11 sobre cubierta, alzada
la fari:, que baña resplandor escaso
hunde serenamente la mirada
'
en la infinita sombra del ocaso.
Media la noche. Quedos y süaves
se oyen los ecos de la mar, que agita
sus olas, mansamente;
¡Y reina en t1Lnto, á bordo de las naves
ansiedad infinita.
Y un silencio supremo ......... !
¡De repente
cae de hinojos Colónl. ... ¡temblando nombra
á su Dios! ..... ,lY eeñalll con la ml!no
una luz que, en un punto no lejano
agujeró la sombra) .•.....
"¿ta Sl}eño? ~ice, y luego: ¡Nó! ¡Menguada
11
fé da m1 corazonl. ... ¡Duda traidora
"vete lejos de mil ¡Reconcentrada '
"tengo toda mi alma en la mirada)
"¡Nunca he visto mejor que como ahora!"
Y ante la luz qub su vtmtura labra
tras de un éxtasis mudo, ,
'
terminó temblorosa l!i palabra:
"Luz!. . . . tierral ...... salvaciónl .... ¡yo te saludo!

El labio tiembla entonces y te nombra
y vuelvo á vermti en la risueña 11etanciá:
las cortinas de tul, la roja alfombra,
y derramando entre 1&amp; grata sombra,
mi regalo de flores su fragancia.
El piano abierto: en el atril ali;:-una
romanza que cantaste en la mañama·
el tibio ambiente que á la luz se adu'na,
y el tembloroso rayo de la luna
prt&gt;ndido en el cri~tal de la ventan&amp;.
¿Qu,é _viento de harmonlas celestiales,
d., ml}~icas y besos, suena en tornol'
De _1m lámpara. en grupos desiguales,
asc~en~e el humo •in blancas espirales
y d1buJa en la sombra tu contorno ....
.... Alli, e~tás: sueño mio; no te 11scondaa
que ya mis 1lus1ones vuelan francas;
del pecho surgen e:i lumlneas oiuJas
tal como surgen de las verdes frondas
ebrias de miel las mariposas blancas.

III

No te escondas, que ya mis ale"'rias
1101..1 flores que abren el cerrado broche·
derr~ma luz ~obre las sombras mlas '
v déJame decir como Tobias:
Hay un angel ea medio de mi noche!

J Je á~bar el oriente se colora,
bullen las aguas con rumor 11onoro
y tiemblan los destellos de la auro~a
sobre las linfas de color de oro.
Y á través de Jas brumas
se ven, del orto 11zul á los albores, .

LUIS

,.~-·--;,~

Exposici6n de donati'l'OS de las damas mexicanas.

- ::..-~~t';ti· '

G. U&amp;BEN.A.

�Domtngo 6 de Noviembre de 1898

l!:L Ml'NDO

858

JJomingo 6 de Noviembre de 1898.

existir, de dormir, en fin, uu suefl.o sin ideas, sin
recuerdos, un suefio en el que Ely y Pedro serían
para él como si no hubiesen existido!
¿Cuánto tiempo permaneció así, con el rostro
contra la tierra, presa de este dolor total, irremediable, que acaba por apaciguarnos el alma á
fuerza de agotarla? Un ruido de voces que oyó
detrás de la cer.:a que lo separaba del jardín, lo
despertó bruscamente de este éxtasis de dolor
en que había caído. Unos hombres caminaban
sin luz, midiendo sus pasos, abogando sus pala-

EL FINAL DE "UN IDILIO TRAGICO"
Hacia una de esas noches de primavera provenzal, en que la naturaleza entera es una embriaguez de voluptuosidad. Por encima de las
cercas del jardín llegaban hasta Pedro los aromas
de las flores. Una brisa suave removía los obscuros follajes de los árboles, lo bastante para dar al
paisaje una especie de vida extAtica y sofwlienta, y el firmamento palpitaba de estrellas. Un
delgado cuarto de luna rasgaba las tinieblas, sin
tener fuerza para iluminarlas, y un inmenso misterio flotaba en el silencioso cuadro. ¡Qué noche
para encaminarse hacia su amada, con todos los

•

éxtasis en el cor~zón, con todos los besos en los
labios, y en las venas con todas las fiebres de la
felic~dad presentida. Pedro, sin embarg.:;, á
medida que se aproximaba al lugar de la cita, experimentaba una inexplicable tristeza. Al realizar este acto, se juzgaba tan culpable que se sentía agobiado. Y lo realizaba, no obstante. Iba.
El filtro que babia penetrado en sus venas con
las palabras de la carta, seguía dominando su voluntad vencida. Iba, pero el contraste Pntre esta
exc_ursión clandestina y vergonzosa hacia una
muJer á la que despreciaba, se parecía tan poco
á sus entradas de otras veces en esta misma villa
Pº! es~e mismo camin_o, férvidas como una pere:
grmación!. . . . ¿Y Ohverio? ¡Dios mio! Si Oliverio lo viese a~ora, este OlivPrio á quien traicionaba tan ·cruelmente!. .. . Tlll era la tensión de
todo su sér, sacudido por el do ble e~tremecimiento de los rPmordimientos y del amor, que los más
leves rumores lo sobre.saltaban. En torno suyo,
las formas de las cosas tomaban aspectos amet;1azador~s ) fantásticos. Su co1·azón palpitaba,
sus_ nervios se estremecían, tenía miedo. Le pareció que unos pasos le seguían y se detuvo á escuchar. En cierto momento, cuimdo se preparaba
á_ franquear las tapias del jardín de Ely, la sensa•
ció~ de que lo seguían fué tan fuerte, que retrocedió, explorando el camino, los matorralts, los
montones de piedras, evitando, como un ladrón,
la gran estela luminosa que proyectaba un foco
de luz eléctrica colocado en un montante de la
verja. Sus pesquisas no le pusieron e11 descubierto nada sospechoso. Pero la emoción había sido
t~~ violenta, que_ temió deElizarse por el mismo
sitio, muy accesible, demaRiado al descubierto.
Se puso á correr, como si realmente fuese per:;eguido, a~ re~edor del. pequeilo lago que prolongaba el Jardm de la villa hacia arriba. Un muro
bastante elevado cerraba todo un pedazo. Lo.escaló, ayudándose con las ramas de una encina
que crecía al pié. Por un instante oculto en el
vestimrnto de ladrillos en que ter:Oinaba la· paretj., escuchó de nuevo. No oyó sinv el ruido de
la brisa, el murmullo del follaje cercano, el am-

plio silencio de la noche, 'Y lejos, muy lejos, los
ladridos de un perro, en alguna casa aislada: Se
dijo: «He soi'iado,» y se dejó deslizar, sosteniéndose con las manos: luego, caer. La altura era de
más de tres metros. Tuvo la suerte de que la tierra, floja en este lugar, amortiguase su caída, y
se dirigió hacia la casa. Algunos minutos más
tarde, se encontraba á la puerta del invernadero,
que empujaba suavemente, y la mano de Ely se
apoderaba de la suya . . .. ¡Qué grande era su
emoción! ¿Pero cuál habría sido si hubiera sat&gt;i•
do que su pánico no ¡_lo había engaliado, que
realmente unos pasos habían seguido los suyos,
desde que · abandonó el
hotel, y que el testigo cuya presencia había sentido en la sombra, tan
próximo á él, hasta el
momento que comenzó á
correr no era otro que
Oliverioi'
La casa se alzaba, impenetrable, saenci os a,
con el misterio de su masa, negra á trechos, blanca á otros, en donde reflejaba la luz eléctrica.
E~ mismo amplio silencio
de la noche que Pedro
había escuehacto desde
lo alto del muro, interrumpido por lejanos ladridos, continuaba en•
volviendo la campilill, y
los árboles seguían extremeciéndose, las flores
exhalando sus perfumes
y las estrellas pidpitando; y Oliverio permanecía inmóvil. á orillas del
jardín, en f.l lugar en que
se había ocultado parano
ser visto por su amigo.
Su dolor, en aquel mo.
. .
mento, no era de los que
impulsan al movim1ento.-Desde que advirtió el
rostro de Pedro, á la hora de la comida, en la
mesa, aquel rostro trastornado, aquellos ojos
brillantes, aquella boca
palpitante, todo le había
revelado que ocurría algo nuevo. Estaba cansado de tantas luchas, cansado de tropezar siempre, en su corazón ó en
el de su amigo, con tantas miserills!. . . . Y además, ;,qué preguntarle,
después de su convers!l.•
ción de la víspera? ¿Había callado?. . ¿Con qué
objeto lastimarse todavía el uno al otro? .. Más
tarde, ante la agitación
creciente de Hautefeuille,se despertó su desc.:mfianza. Se dijo: «Ella lo
ha escrito, dándole una
cita» ....... Ah no! En la
situación en quo se encontrab1u1 uno frente al
otro, recibir una carta
de Ely, leerla ynohabliir
de ella. era de parte de
Pedro un crimen de amistad que jamás cometería. Oliverio se había esforzado en demostrarse
la locura de esta sospecha. Luego, la ostensible fiebre de su ·amigo se
apcderó de él. Sintió,
en su apretón de manos,
cuando en la noche se
separaron, quelatraición
estaba cerca, cierta, ya
realizada. ¿Por qué no
le dijo nada en ~se mi-

nuto supremo? Las grandes decepciones del cor21zón tienen estos dtisprendimientos. Ante cier~
tos golpes inesperados, no se lucha, no se queja,
uno. Si Pedro había en realidad concebido y
aceptado la idea de faltar al juramento que ambos habían hecho ¿qué reproche dirigirle, y con
qué objeto? 1,con qué objeto? .... Y apoyado en,
la ventana abierta, haciendo un llamamiento á
su dignidad de hombre, para no ir á llamar á la,
puerta de su amigo, Oliverio murmuró todavía
por niucho tiempo. «Es imposible,» hasta el segundo en que creyó ver la silueta de Pedro atravesando el jardín del hotel. Esta vez no se dominó. Le fué preciso bajar, preguntar al portero.
Este le informó, en efecto, que Pedro acababadesalir. Algunos instantes después, se lanzaba, él
también, en. dirección de la villa Helmhotz. Había distinguido á su amigo. Lo siguió, lo vió volverse, escuchar, empren·der de nuevo el camino .... Cuando Pedro estuvo á punto de penetraren el jardín, Oliverio no pudo contener nn paso,
hacia 11delante: fué el mom1mto en que Pedro Jo.
oyó. Oliverio se refugió en la sombra: el otro paaó á su lado, casi lo había rozado, y se lanzó corriendo, sin duda hacia alguna otra entrada queconocía. Oliverio dejó de seguirlo.
Se sentó sobre el talud, y allí abandonoseáuna
de,;esperación en la que se resumían, en la quese agrupaban todas las tristezas experimentadas.
durante aquellas dos semanas. No ignoraba qr.een este mismo minuto, en esta casa silenciosa,
cerea de él, Ely y Pedro se ancontraban juntos.
Sabía que se perdon1u'fan, que se amarían, y esta.
idea le causaba un dolor tan agudo, que lo dejaba para\izado en el mismo sitio. Un amor apasion11do por esta muju, el sentimiento de que su,
amigo, ese amigo tan querido, había pasado porencima de él para ir hacia ella, el mortal estremecimiento de los celos y la amargura cte la traición; tantas inexplicables emociones lo hacíalh
vacilar. Acabó, por tenderse, á lo largo, sobre
la tierra fría, sobre esta tierra que nos cubrirá á,
todos algún día y cuyo peso, al sepultarnos, sepult.irá también las insufribles rebeldías del corazón. Y yacía allí, con los brazós extendidos, el
rostro en la yerba, como un cadáver, deseoso demorir, de irse, de no amar más á esta mujer, de
no volver á ver más á su amigo, de no sentirse-

f

/

-~--

.::.__.______/

.!
1

· ELMUNDO

das! Oliverio la miraba con ojos fijos, con un ardor extratio. ¡Cómo hubiera qu'e rido traspasar
las paredes, y penetrar en espíritu; aparecerse á
aquel por quien arriesgaba su vida!. . .... ¡Ay!
habría conservado el valor de su martirio si hubiese ;ealmente visto la habitación de Ely, tal
como·se encontraba en este momento y á la luz
velada de un globo rosado la cabeza de ella junto á la de Pedro, y el hermoso brazo desnudo de
la joven ciiléndose al cuello del joven y dicién•
dole:

-Sino hubieses venido, creo que habría muerbras. Llegaron tan cerca de Oliverio que éste los
to esta noche, de dolor, dP. 21mor ...... Pero sahabría tocado si se hubiese puesto en pié.
li, -Por allí es por donde ha entrado y salido las bía que vendrías, sabía que me ptrdonarias ....
otras noches, monsefior, decía una de estas voces, Cuando toqué tu mano, sin verte, todos mis dolosusurrante, casi imperceptible; por allí saldrá; res se desvanecieron .... Y sin embargo, qué dura era tu voz, al principio. ¡Qué crueles palabras
estamos ciertos de que no se nos escapará ....
-¿Y está usted también cierto de que ninguno has podido pronunciar! ¡Cuánto me has hecho sude sus hombres sospecha la verdad? respondió frir! . ... Pero ya todo se olvidó! Dime que ya todo se olvidó, puesto que me tienes en tus brazos,
otra voz, ésta apenas disfrazada.
-Ninguno, monseilor; todos creerán que tiran puesto que sabes que te amo, y que tú no has dejado de amarme .... Dime que me quieres ....
sobre un ladrón.
-Seflor de Laubach, exclamó una tercera voz, Vuélveme á decir que me quieres, como allá en
el jardinero acaba de decirme q 110 la puerta del aquel barco, cuando oíamos suspirar al Océano!
¿Te acuerdas?
invernadero está abierta ....
Y sus ojos buscaban los de su amante para en-Voy á ver, respondi6' la primera voz. en tanto que la voz imperiosa lanzabo un Verfluchter contrar lo que tanto había expresado en su carta
Esel! Este juramento manifestaba cuánto descon- esta claridad de la dicha
tentaban al organizador de esta emboscada estos absoluta, que ya no bridetalles de vigilancia .... ¿Una emboscada? .... llllba en ellos. En el fon¿Dirigida contra quién? .... Sabiendo todo lo que do había una idea fija de
sabía, Oliverio no tuvo un minuto de duda: el ar- tristeza y de remordíchiduque estaba enterado de que un hombre se . miento. Iba muy pronto
encontraba con su mujer, y preparaba su ven- á cambiarse en una idea
ganza. Deseaba una venganza anónima, como lo de espanto. En los moatestiguaba la pregunta que había hecho á su mentos en que, más tierayudante, y luego el movimiento de cólera con- na, más carii'iosa, mAs imtra el «maldito bruto» que había aludido á la pregnada de amor, la
puerta del in ve1 nadero. Era necesario que el boca de Ely oprimía los
amante fuese matado como un malhechor vulgar, párpados del joven, para
«para salvar el honor de Ely,» pensó Oliverio, arrojar de allí la melanque se enderezaba ahora, y con la cabeza incli- colía, e1talló una detona- ·
nada, oía las voces que se alejaban. El archidu- ción en el jardín, luego
que y su ayudante acababan, sin duda, de hacer dos, tres, tiro tras de tiro,
y u11 grito .desgarró el
rodear el jardín: Pedro estaba perdido.
1Pedro, perdido!. . . . Oliverio se levantó del aire. . . . Después, nada.
todo. La posibilidad de salvar á este amigo al Un silencio terrible haque tanto había querido, acababa de represen- bía sucedido. Los dos
társele. Si él penetrase en en el jardín, sin ser vis- amantes se miraron. Una
to, si se deslizara hasta la puerta de este inver- · misma idea venía á atranadero de la que uno de los acechadores había vesar sus cerazones.
-Ocúltate, dijo Ely,
hablado y por donde debería indudablemente
salir aquel á quien se quería matar! .... Si em- voy á saber ...... Y toprendiera después la fuga, precipitadamente, de mando la lámpara se dimodo que hiciera· creer que salía de la villa! . .. .. rigió hacia la ventana, la
La idea de esta sustitución y de este sacrificio abrió, y con voz fuerte:
se apoderó con una fuerza irresistible de este ¿Quién está ahí? ¿Qué
desgraciado, que tanto acababa de desear la sucede, gritó.
-Tranquílizate, amimuerte. Arrastrándose en la sombra, franqueó á
su vez el mismo lugar casi por donde el otro ha- ga mía, contestó una voz,
bía pasado, y comenzó á caminar en linea recta, la del archiduque, cuya
hacia la vílla ... .. . Esta se alzaba, siempre silen- horrible ironía la hizo
ciosa, siempre adormecida, sin que un hilo de luz estremecer: fué un ladrón
surgiera de los intersticios de las ventanas cerra- que quiso introducirse

35J

en la villa .. .. Debe tener dos ó tres balas en el
cuerpo. Lo estamos buscando, pero no te preocupes. No volverá más. Laubach ha tirado casi á
boca de jarro ....
Ely cerró la ventana. Cuando entró á la pieza,
vió á Pedro muy pálido, con las manos temblorosas.
-No te irás, le dijo. El jardín está lleno de
gente.
-Es necesario que me vaya, replicó él. EsOliverio sobre quien han descargado ....
-;,Sobre él? exclamó ella. ¿Estás loco?
-Sobre él, replicó Pedro con singular energ-Í&gt;I; sobre él, á quien han confundido conmigo.
Me ha visto. Me siguió. El era aquel· cuyos p,1,sos oí ....
-No, no quiero que te vayas, prorrumpió Ely,
y se puso delante de la puerta. No, te lo ruego;
espera. No era él, no era tal vez él. ... Te van
á matar. Te lo suplico, amor mio, no salgas, no
te vayas .... -El la apartó casi brutalmente, repitiendo: ¡Déjame! ¡déjame! sin una mirada, sin
una palabra de despedida. Ya estaba en la parte
baja de la esllalera, en el invernadero, en el jirdín, y Ely no había tenido fuerzas para moverse.
Permanecía apoyada en la pared, contra la que
él la bibía arrojado, con la cabeza inclinada, escuchan do, con una ar.gustia que rayaba en la locura ... . Pero ninguna nueva detonación volvióse á oír. Pedro no encontró ni al príncipe 1ii á su
gente, ocupados en buscar las huellas del primer
fugitivo.
-Ah! gimió Ely. está en sálvo .... con tal que
el otro también lo est.é! .. ..
Como se ve, el terror de Pedro se habí l apoderado de ella. Sí, el desconocido sobre quien
habían tirado, podía muy bien ser Oliverio. En
el acento del príncipe, no cabía engaño. ·No se
trataba de un .adrón. Su marido había sabido
que recibía á un amante, y tendió un 1azo. ¿Pero quien tomó el puesto de Pedro? Por vez primera, después de muchos ailos, esta mujer de un
espíritu tan libre, tan penetrado de fatalismo y
de nihilismo, tuvo un movimiento hacia un auxilio de lo Alto. El terror de lo que entreveía si
en realidad ella y Pedro habían causado el asesinato de aquel hombre de quien ella había aido
la amante y él el único amigo,-la trastornó de
tal modo q~e cayó sobre las rodillas, y oró porque este castigo les fuese apartado á los tres .. Oración vana, tan vana como la loca carrel'a de
su cómplice, que se precipitaba á lo largo del camino, deteniéndose por momentos para gritar:
¡Oliveriol Nadie respondía á este nombr.i. Por
último llegó !il hotel. Iba á saber si no había sido
juguete de un horrible sueflo. ¡Cómo se quedó
cuando el portero contestó á su interrogación:

•

�260

•

Domln~o 6 de Noviembre de 1898.

EL MUNDO

-El sefior del Prat?
Salió pocu después de
usted.
-¿Y no preguntósiyo
habfa s~lido?
- Si seflor. Y no sé cómo no lo oncontró usted,
porque tomó exactamente la misma dirección . ..
Así, ninguno de aus
presentimientcs lo había
engatlado. Era Oliverio
quien lo había seguido,
era Oliverio quien fué
sorprendido en el jardía.
¿Estaba muerto? ¿Est11ba
herido? ¿En dónde estaba? Toda la noche,
Hautcfeuillo erró de uno
á otro f-Xtremo del camino, registrando los fusos,
las cercas, las piedras,
palpando los árboles, el
suelo, regresando al hotel y saliendo de nuevo.
Fn la maflana, cuando,
literalmente como un loco, volvfa de estas inútiles pesquisas, er,contr~,
en unll encrucijad.a, dirigiéndose hqcia Cannes,
por otro camino, á dos j fl.rdineros que conducían
una carreta, y en esta ca•
rreta yacía la forma de
un cuerpo humano. Se
acercó y reconoció á su
am~o. Dos balas habían
atravesad:&gt; el pecho de
Oliverio. En su rostro,
impregnado de arena, se
leía una infinita tristeza.
A juzgar por el sitio en
que lo encontraron los
jardineros, había caminado una media hora después de su herida.
Luego le faltaron las fu~rzas, y se desvaneció, debiendo morir, sin volver al conocimiento,

Domingo 6 de Novil'm'tre dfl 1~
Aquellos A quienes amamos y nos amaron, aquellos con quienes fuimos
tiernos, compasivos, buenos, aquellos con quienes
hemos cometido faltas
que no fueron expiRdas,
aquellos que partieron
· sin que sepamos si nos
perdonaron. ¿se han separado por siempre de
nosotros? O bien ¿vuelven á vivir á nuei;tro lado, con una vida qne se
escapR á nuestros torpes
sentidos, con esta vid~
confusa, misteriosa y temible que la pied1:1d antigua 11tribuía A los Afanes? ¿Hay muertos indulgentes y protectores en
torno de nuestra debilidad? muertos irritados y
vengadores que no nos
permiten ser dichosos
11unert más? Entre este
mundo .Y el otro, no
podemrs comprender si
existe un lazo, ni admitir una definitiva ruptura. Que esta presencia de
los muertos, invisible al
rededor de nuestrd vida
terrestre, sea un suefl.o
ó una realidad, lo cierto es que jamás! después
de esta noche horrible,
Ely ha podido ver á Pedro, ni escribirle. Cuando ha querido tomar la
p'uma para aproximarse
á él, siempre algo se le
ha impedido; y este algo
ha detenido siempre á
Pedro, cuando ha desea•
do darle una seflal, solamente de su existencia.
Hay entre los dos vivos un muerto, que nunca,
nunca desaparecerá. -PAUL BouRGET.

PAGINAS DE LA MODA
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de una hemorragia provocada por la herida y
por la marcha.
¿Adónde van los muertos, nuestros muertos?

361

EL MlTh'I&gt;O

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1, - ~

POR QUB OOMETI r\QUBL ORIMEN.
Como el estlo estaba ya muy avanzado, mi amigo
Kariete, que era un neurótico muy Impresionable y
muy rico, decidió hacer un viaje á Italia y llevarme
consigo. ¡Un vi11je á Italia! Eso habla sido mi Idea fi•
ja, el ensueño de todas mis hora11, el c.bjeto de mi vi•
da. Acepté con entusiasmo su invitación y fui á hacer
mis preparativos de marcha: vender algunos objetos
para sacar d~I empt'ñ0 ouoe más necesarios, eso era
lo principal Digo, sin contar la enojosa tarea de despedirme de ldidora. mi amable compañera de hogar,
en otro tiempo no lejano t&gt;ella como un ángel ahora
triste y melancólica como una azucena marchita.
Después de com 1rar por encargo de Karlste, nuestros trajee de camino y todos los obj ·toe necesarios
para un viaje de cuatro meses, me armé de resolución y me presenté ante I11idora. Cada dla se agotaba más; era como una buiia que arde, y arde y eti tiene que consumir sin remedio. Sus opulentos cabellos
rubios Iban tomando esos tonos terrosos y esa aspereza del pelo de loe ani,oales enfermos, sus labios secos y morados tenían una perpetua contracción de
dolor y solamente sus ojos, sus magnificos y asombrosos ojos negros coro&amp;adoe de peijtañae de oro, brillaban con el brillo que tienen la11 estrellas en la madrugada.
Me conmovl al verla, pero mi emoción duró poco y
no pudo vencer el disgusto. el piadoso y compasivo
disgusto que Pentla yo eu presencia de esta enferma
de amor que se Iba extinguiendo lentamente. Muy alto hablaba en mi conciencia la convicción de que yo
era la medicina que necesitaba aquella inft&gt;liz para
durar algunos años más ó acdeo para volver á la salud y la alegria, pno no me resignaba á venir á pasar cou ella muchas horas todos los días, hacerle versos ccmo antes, jugar con sus cabellos y adormecerla
cerrándole los ojos con mis besos.
No: imposible! Mi vida, mi aliento, mi placer, estaban en la redacdón. punto de cita dti mis más espirituales amigos, en el Casino, en loe bastidores del teatro en loe restaurants donae se cena, siempre bien
ac¿mpañado, á las altas horas de la noche ..... .
Tan pronto como entré á su cuarto, enarto de enferma, impre~nado de un fuerte olor á drogas de botica me dirigió una mirada tal, que me llegó á lo profundo y me reproché IR crueldad de mi conducta para con esta pobre criatura á quien seduje y arranqué

r

del hogar honrado de en~ padree y á quien t:11ta ba de
liban •onar 11hora del modo má~ cob,11de Ptro la naturaleza humana es tal, que en mPdlo de mis nmordimientoe flotaba la ola d~ un sentimiento de orgullo
que me hacia creerme una especie de Tenorio irresistible.
-¿Es cierto que te vas? me preguntó Ieidora con
voz humilde y quejumbrosa
Y notando mi vacilación p.i.ra responaerl~, agregó:
-Me lo dijo tu amigo Karhte.
- Yo temi que ella Je hubiera h11 blado de sus penRS
que me interesaba ocultará todo el mundo y le repliqué duramente.
-Apuesto á que le dijo usted mil calumnias contra mi.
-Calumnias ...... Qné malo ere¡,J ¿Por qué me hablas
con tanta dureza? No le dije nada á tu amigo. El fué
quien me contó que partlan Ustedes ;.es vndad eso?
Comprendi que me PBtaba hablando einctiramente
y mi com¡¡aeión renació
-Si, Isldora; es cierto, le contesté.
-Ahl Dios mio! exclamó. No lo quería yo creer ..
¿y qué va á st:r de mi sin vertt:?
No pudo contener por más tiempo sus lágrimas que
babia estado trabajo~amente comprimiendo tin sus
párpados, y me dijo sollozando, con sollozos que me
desgarraban el alma.
.-Bueno, yo no ~enia en Pi mundo más que á ti, y
tu te vas y me deJa8 para que me muera itqul sola.
Me hablas dejado de amar...... ahora ya ni lástima me
tienes.
Intenté consolarla, le tome sus manecitas flacas en
q~e res11ltaban las venas.como cuerdas azult:s y le
diJe.
-No desesperes, Ieldora. Es verdad que voy ápartlr pero no más que por algunos dlas. El pobre &lt;le
Kanste á quien debemos t11ntos favores ha tt:nido
el capricho de ir, y quiere que yo lé acom,l!añe. Pero
volveremos pronto.
-Eso dices, eso dices, pero yo, bien sabe Dios que
no te veré más, porque en cuanto salgas por esa puertll se me acaba de romper el corazón y me muero.
¿Vieras cómo siento el corazón? Como una cosa muy
grande que ya no me cabe en el pecbn y no me deja
reapirar. Como está lleno de mis lágrimas, cuando

reviente me envenenará y ya no te veré más, ya no
ttl VPré .••.

- Te juro que volverPm~s pronto.
-Eeo me dic~e, pero Kariste está loco Una vez en
Roma ó en Florencia se le olvidará que existe Parb
cnmo se le olvida todo y se q::.edaran ustedes alli.
Isidor11 se me HCercó tendió su brazo delgado como
una cuerda y pálido. con palldPz tr ~neparente y lo
anudó á 1,1i cuello. Su boci,. me besó con besos que
lastimaban, como esos que las madres dan áloe niños
que se les mueren; su aliento cálido, aliento de enferma. me hacia la impre11ión de una llamarada y sus
ojos se fijaron en mi como ávidos y sedientos.
-Déjame verte verte. vnte bien, por la última
vez, me dijo y luego se desplomó desvanecida.
Yo :ir,roveché el momento para hu!r. Ya era tiempo,
poco faltaba, apenas una hora para la salida del
tren.
Pocos minutos despues que yo, llegó Kariete á su
c11ea muy alegre.
-Adivina qué hice hoy, me dijo.
Y sin esperar respuesta continuó:
-Pues ful al jardín dti aclimatación y vi unos pavos
rPalee, magnif1coe, diantre, ma¡cnificoe, y me vino la
idea de un gran cuadro decorativo: pavos reales eu
un campo de pensamientos, pavos agrupados entre
matas de pensamientos, pavos pisando peneamien tu
¿sabes?
Y nada de elnt ·sis, alli dentro ni cielo ni atmóefera:
lo~ pavos dibujados pluma por pluma y los pene&amp;•
mrentoe flor por flor. Mañana empiezl) á trabajar.
-¿Pero no nos vamos á Italia en el tren que va i
salir dPntro de quince minu:os?
-A Italia ... .á Italia! ¿Y que vamos hacer alli? En
Parl~ hay pavos muy hermosos para modelo, anda á
comprarme dos, cuesten lo que costaren.
Corrí á. mi cua faidora euaba en el mismo sitió del
p&amp;vimento donde cayó momentos ant~e de mi salida.
La toqué. Estaba muerta.
ÜCTAVIO MIRBBAU.

1
'

FJg. l. -M:ante-au para salida en la tarde.

EPISODIO DE LA VIDA FEMENIL.

I

,

Se habla levantado á las cinco, era de noche RÚn;
,apenas si habla descansado seis horas. Pero ¡qué ha~erl Aquellos tres pequeñuelos destrozaban un monle de ropa ..... .
La culpa sin embargo, no era de ellos, se comprende loe trapos duran poco, y á cada. momento había
qu~ remendarlos. :ea.ciencia! y la pobre mujer, á la dé
bil luz de una lamparilla, eegula cosiendo apresurada,
agitando unas manos descarnadas sobre aquellos po•
bree tra}loe con m".lvimientos febriles.
En un solo lecho, arrimada á un rincón de la miserable pieza, dormían encogidos los pequeñuelos, en
aquellas e~trañae y graclosRe poelcio:iee que suelen
tomar loe niños cuando yacen en elcom,leto abando-no del sueño.
De pronto, un ruido en un principio, como si surgiera de la tierra. luego Rmnentando ha11ta llegar á ser
un fuerte silbido, largo, in11lete.nt_e, hizo temblar loe
vidrio1; de la ventana y loe dos umcoe vasos que esta•
ban sobre el apRrador d~ pino.
Dios mio! exclamó la mujer parándose de un salto y
-arrojando el trabajo sobre la mesa.
-Dios mlol El pito! Hijos mios, arriba, el pito, no
to habéfe oido? Levantaos, arriba.

Y sin esperar más, emprAndló á vestir las tres criaturas, con la precipit~ción, con el ansia propias de
quien llega á la eetació 1 y ve que el tren esta por po,
neree en marcha.
Pronto. ligero . ...
Loe niños, sorprendidos en el euPiio de l!'quella manera, puetérons~ á chillu: pero la m~dre s10 hace~lea
caso continullba á vPstirloe, confundiendo las medias,
loe zapatos y lanzando un ge:.}ido tilda vez que tenia
que pArder un minuto de tiempo parR _buscar alguna
prnnda calda &lt;iebajo de una 8ill&amp; ó baJo.la cama.
Por fin loe tres rai,11ce11 qnl'd&amp;r!ln ves,1do~: pPr~ los
pobrPeltos aún no hablan concluido d" ti&gt;ner 1meno y
de chillar, muy al contrario. ahora tenlan hambre.
La mujer corrió ai apar1tdor sacó una taza repleta
de sopa, y los p..,qneñuelos e~ le colocaro1;1 en torno
La sopa estaba fria-era ~l mee de Jul:o;-pero los
niños la devoraban igualmente
La madre para hacer m{s pronto loe embocad~ á
grandes cucharadas v por turno, p!'ro como ocurna á
veces que alguno no ·fuera lo suficiente eollctto á vaciar la boca, así la cuchar, nas11ba Inexorable y en•
traba en la boca del vecino. La lección ePc&amp;rm1mtaba
al iiesp1tcioeo comilón, que para no quedar otra vez
rezagado. engullla las cucharadas de sopa abi como
estaba, sin perder tiempo pua maecarla.
Concluida la'opP.ración, loe chiquitines parecieron
quedar satisfechos.

Entonces, siempre de furia, la mujer agarró del brazo el segundo y llevándose por dela!l'~ el mayor,
mientras levantabl\ en los brazos al ultrmo,-!1~ pequeñuelo &lt;i.e trc,e años-cerró la puerta de un t1ron, Y
bajó la escalera á saltos
Abajo en la calle donde eehba el estable.cimiento,
una porción de mujereJ corrian para no de¡arse sorprender afuera por el eefundo silbido, que Indicaba
á un tiempo la entrada a taller f la clausura.
DPspué11 del sonido del pito, se sabe, habla que pagar la multa.
y no pasabR mañana que _no hubiera alguua ~e estas retardatarlae de un minuto; porque un mmuto
después ya no se entraba por el portón.
.
Todas corrían, galopaban, algunllS en estado !ntereeaute luego se separaban un momento, páhdas,
desfallecidas, á recobrar aliento, para emorendtir nuevamente IR carrera hasta llegar al establecimiento á
cuya puerta se paraban como ante un lugar de salv~ción, la cara se les ilumhiaba entonces con una .sonrisa de sRtisfacctón. mientras el corazón y _la crr~tura
80 les agitab~ dentro del cuerpo como si quisieran
saltar afuera.
.
Nuestra mujer, á fuerza de gritos, emp~llonee y tironee, hab!R coneegnido llegar con sus hlJoe hasta la
puerta del Asilo de Infantes que estaba cerca d_el establecimiento, v hllbla allf deJado al má~ pequeno de
loe niños, abandonando loe otros dos sobre h1. acera,

�862

Domingo 6 de Noviembre de 1893.

EL MUNDO

después de haberles dicho en voz b11ja algunas palabras de recomendación. En ese inEtanie, desde lo alto del techo de la fábrica se desprendió el segundo
silbido, breve, seco, casi en ~on de broma. La mujer
atravesó la calle de una corrida, y llegó al portón don~e otras acababan de llegar: pero el por~ero, un eici·
llano ex sargento, las acugió con una guiñada de desprecio.
-Pero si recien acababa de sonar el pito, clamaba
un11.
-Atrás, querida, retírese, hermosa ... . decia el ex•
sargento con un tono melifluo insultante, agarrado
del orazo á una que babia conseguido pasar el dintel.
-Yo estoy en el oratorio-protestaba la obreradéjeme pasar.
·

Fig. 4.-Guarnici6n para cuello.

l

Domingo 6 de Noviembre de 1898.

363

EL MUNDO

más que usted, con eso conservará usted su propio,
re@peto.
No deje usted de leer algo fuera de los artículos.
sobre las modas y gacetillas sobre tertuli-11s, porque
en el mundo eueli, haber otras cosas tan importantes.
á lo menos, como esas grandes cosas.
Esté usted persuadida de que aún cuando su marido no tenga corazón, siempre tendrá estómago, y no
olvide, por tanto, prep11rarle con alguna frecuencia.
lllguna vienda bien easonada para ablandar el yugo,
d ..J matrimonio.
·
No le mortifique us!ed muy seguid9 por dinero-,
sino ajuste u . ted los gastos á lo posible.
En fin respete usted la parentela de su marido, especialmente á su madre, como que por se~ ella la sue-

CONSEJOS A LA.S :MUJERES CASlllAS.
Sea usted -siempre con su marido tan cortés y tan
benéLola como cuando él no era más que su novio.
Entonces usted se alzaba para mirarlo; no le mire
ahora de arriba á abajo. Ttmga usted pr11eente que

Flg. 2.-0uerpo bordado.
Fig. 7.- Paletot para la estación.
Pero él ya la habla echado fuera. Aprovechando la
confusión otra obrera t&gt;D cinta y de fisonomia dolien·
te, había tratado de escabullirsfl hacia el patio, pero
el portero que tenia la manija del cancel gritó:
-Ojo al vientre¡ y lo cerró de un empellón
La infeliz dió un salto gwtesco, gruesa como estaba, apenas si logró evitar el golpe.
El portón estaba cerrado! Las mujeres se miraron
unas á otras, una de ellas tendió el brazo con el puño
cerrado echando una maldición.
-TreiI:.ta céntimos de multa! Un minuto de atraso,
un tercio de jornal perdido!
Pasaron una á una por la puerta pequeña, cabisbajae, pálidas, silencio~as, después de haber hecho asen·
iar su nombre en una libreta.

gra de usted, ha dFj¡1do de Fer madre de él, madr&amp;
que lo amaba ya, cuando usted ni aún lo conocia.

PARA USO DOMESTICO.
Muchas veces se de11ea hacn una sola taza de caf&amp;
para tomar en las comid11e. Para loe que están acostumbrados á hacer el café solo en mayores cantidades, la operación es bastante dificil. Un buen cocinero recomie11da el plan siguiente: Echese en una taza
un poco de clara de huevo y llénese la taza de agua
fria. Revuélvase bien, échese todo en la cafetera, há-

FJg :i.- Gran paletotn de in'l'lerno, delatero
y espalda.

Fig 9.-TOOA. .TIJA.NA..

con quien e~tá usted casada es con un hombre, y esté, por tanto. prPparada para las imperfecciones.
Deje usted una que otra vez que su marido sea el
~lti!Do que hable, eso lo complacerá á él y no le perJudicará á usted en nada. Deje también que él sepa

Fig. 8.-A.brlgo para casa.

Flg. 3.-Blusa elegante.

gase hervir un pi.r de minutos y añádasele un poco
más de agua caliente.

El siciliano con las manos en los bolsillos y la pipa
en la boca, sonreía a todas ellas mientras pasaban. y
Alas más jóvenes les murmuraba en voz baja algún
requiebro
- Cochino!-contestó una y pasó.
Mientr11e tanto abajo en la calle, sumida aún en la
semi-oscuridad del crepúsculo, alfrio de Julio, dos ni•
ños, lloriqueando y teniéndose de la mano, se encaminaban leniamente á la escuela, dos horas antes de
su apertura.

Para destruir los insectos que se crian en las camas
ó en los agujeros de las paredes disuélvase en agua
polvos de peretro, conocidos también cou el nombre
de polvo11 persas, bmándose con esta solución las
part-es infestadas.

NOTAS HIGIENICAS '

•••
•
Las nueces, las avell1i.nae, almendras y otras frutas
de esa especie, son, á causa Je las subsbtaucias grasas que contienen, muy nutritivas, pero cuando e&amp;
toman hay que masticarlas bien porque de lo contrario hay _peligro de una indigestión. Las personas de
estómago delicado no deben tomarlas nunca. Cuando
más _daño llacen es cuando se toman después de la
com1da.

••;,.
Flg, 6.- Volante ttltJro&lt;\ no"'edad.
•

Cuando se hierven cerezas frescas, grosellas y demás!r.i~as delicadas para conservarlas, es convenieuie anadir al &amp;,ll'ua unpequeñoterrónde alumbre pues
se ha visto que asi no ea deshacen tanto.
·

Para que la luz artificial no perjudique á la avista,
es necesario que sea bastante mtensa para permitir,
sin esfuerzo alguno distinguir claramente los objetos. Los rayos luminosos de cualquier fuente que provengau están siempre acom¡.,añadoe de rayos colorí•
feros de intensidad variable según la ciase de alumbrado, como hemos dicho anteriormente. Si los rayos
luminosos no producen mal efecto eu el aparato vi·
eual, loe rayos del calor si, pues producen un estado
congestivo del globo ocular, qufl, frecuentemente repetido y_ mantenido durante un tiempo un poco largo, produce transtornos coneiderables.
Asi es que, euando se está obligad~ á usa: la luz
artificial para algún trabajo que neceéite el eJercicio
del órgano ac la visión, babia de P.rocurarse que con
la mayor intensidad de la luz posible, para evitar los
eFfuerzos, se tenga la menor cantidad de calor qu11
se pueda.
Por este motivo se debe preferir un.a luz intensa,
que pueda colocarse lejos de los ojoe,para que á ellos
no lleguen los rayos oolorlferos con intensidad capaz
para perjudicarlos: ot_ra manera de evitar esto, ~e.hacer que el foco Jummoso proyecte sus ravos umcamente sobre el objeto que se qu1ere alumbrar y que
loe ojos no lo reciban del foco de luz. A este fin, tienden las pantallas, reflectores etc., tan usados en todas partes.
·
.
La luz debe ser fija. Toda intermitencia, las oscrl&amp;•
clones de la flama de las velas, bujlae, en las lámparas mal dispuestas, fatigan mucho la vista, requieren
esfuerzos en el ojo, alternativai! de dilatación y contracción de las pupilas, inconvenientes que son muy
perjudiciales.

Es preferible tener varias luces colocadas conve•
nientemente que una sola. En este último caso debe
preferirse que la luz esté al lado izquierdo. sobre todo para el que escribe; pues asi alumbra perfectamente sin que la sombra proyectada por la mano, impida
ver bien y sujete al ojo á esfuerzos.

raso se dflbe envolver en papel azul y def pués e 1
otro más fuerte, de cualquier clase.
Un oculista de gran fama dice que loP velos con motRs que tan de moda están ahora, son el peor enemigo
que pueden tener loe ojos.

La luz blanca, la que más se asemeja á la luz solar,
es la mejor. Casi todos loe sistPmae de alumbrado dan
una luz amarillenta, excepto la luz de arco que produce luz blanca ligeramente azuloea.
De los cuerpos cuya cembuetlón se utiliza para alumbrado, Pl aceite y la estearina son los que dan una luz
más blanca.
El color de la luz solar resulta de la fusión de rayos
luminosos de los siete colores del espectro.

Para tapar las ~endljas más ó menos grandes que
se hacen en los pisos, ~61:1ese una gran cantidad de
periódicos y papeles VIeJoe, se hacen ped11zoe pequenos y se echan á cocer en una caldera, 11ñadiendo al
agua unos puñados de harina para formar un engrudo espeso, con el cual se rellenan las rendijas en las
tablas cuando está caliente.

**•

NUESTROS GRABADOS.
FIG. 1-MANTEAU PARA SAL'DA EN LA CALLB,

Las plantas que se tienen de adorno en la sala ú
otras habitacion~s,-requieren que se les quite con la
mayor frecuencia posible el polvo que lee cae en las
hojas. Para esto conviene pasarles todos loe días un
trapo mojado por ambos lados de la hoja. Esto es necesario para que no se les obPtruyan loe poros por
donde respiran como nosonos lo hacemos por la boca
y por las narices.

•*•

Para conservar cintas, listones, pañuelos y otros artículos de seda, se recomienda guardarlos envueltos
en papel ordinario como el que se usa en las tiendas
par11 hacf'r paquetee. El papel blllnco tiene cloruro de
cal y esta substancia descolora la seda. La ropa de

Está hecho de uu cuerpo de collet amplio, en tul
blanco, sembrado de pajitas de diamantes fruncido en
la parte baja por medio de un empiezamiento que cubre todos los hombros formando una. bonita esclavina. Ese empiezamiento se recubre de must-lina blanca, enteramente fruncida simulando un capuchón. El
cuerpo de collet está incrustado de chantilly negra.
FIG, 2-CUJIIRPO l30RD.ADO,

De casimir de damas, muy justo y muy sencillo con
adorno de guias de cordoncillo de seda.
FIG. 3 -l3LUSA lilLlllGANTlll,

De sarga de seda negra, con un gran plissé á ambos ladoP, ceñida por un cinturón fantasil1; entre ambos plissés una banda fijada por botones fantasía.

�nomtngo 6 de Noviembre ·de 1898.

EL MUNTlO

OPINION DE UN CAPITALISTA EN MEIICO
AOEROA DEL SEGURO SOBRE LA VIDA

En "LA MUTUA" de Nueva York.
México, Obtub1·e 3 de 1898.

•

Sr. D. Donato de Chapeaurouge,
Dired.or General de la Compañfa de Seguros; "LA MUTUA'
Presente.
Muy Sr. mio:
Me permito 11cusarle recibo de los Rt&gt;guros por ....
($300,000.00) trescientos mil pesos que acabo
ae tomar en la Vompañla que Va. repres..uta en esta.
República, y obsequia1;1do 11us deseos deque expong!llas razones que he temdo para asegurarwe en cantl·
dad tan importante y para preferir el tomarla á "La
Mutua" á pesar de que mis frecuentes vi•jes á Euro·
pa y Estados Unidos, me han dado toda cla ..e deopor·
tunidad para tomar mi seguro en cualquiera d~ _las
grandes Compañías del mu11do, congubtolemamftesto que en mi creencia. el seguro sobre la vida toma l.\
forma de una protección, no B)IO para mi familia, sino
también para mis bienes y negocios que tengo entre
roanos, los que no quedarán ~in fondo11 conque seguir
activándolos si les faltase mi perdona! dirección.
Respecto á haber elegido "La Mutua," mi personal
couommiento de sus inwenso11 recursos, con loR cuales cuenta para cumplir sus obligaciones, sus méttdos
de organización y los plane~ atrat:tivos de seguros
que ofrece son tales, que á mi juicio uo ad111iten competencia.
En conclusión, le manifiesto que mi iutención es
aumentar el seguro sobre mi vida en e~ta Compañia
dentro de poco tiempo, y tendré mucho placer entratar con Vd. este asunto.
lSoy de Vd. afmo --y atto. S.~Firmado.-{). Eisennaun.

NUMERO 20

MEXICO, ~OVIEMBRE 13 DE 1898

TOMOil

EXAMENU.

Fig. 12. - Corbata
ítltima n()vedad

Figs 13 y 14.-Trajes de estacl6n.
FIG. 4-GUARNIC.JÓN PARA CUELLO.

•

Es una elegantisima gnarnición de guipure tt&gt;rminada en punta11, orladas de volantes Ji.
geros de muselina de seda, y ceñido el cuello por una leve cinta de satin.
FIG, 5-GRAN PALETOT DE I~VJERNO, DELANTERO Y ESPALDA,

Es de casimir asargado, con una elegante esclavina redonda, muy ajustado y dos gran·
des filas de botones fantasía.
Sobre cuello de terciopelo muy sencillo.
FJG, 6-VOLA1'TE tLTUIA NOVEDAD,

EP un volante muv hermoso de escosés con entrerlo~t&gt;S de ci1110 acordonada de seda para remate de
faldas de cie1 ta severidad y elegancia.

no. 7-PALRTOT

PARA LA ESTACIÓN,

De ¡;año obi~po, ligeramente diagonal, hecho de
dos empiPzamientos: el superior que forma un casa&lt;'Ón 11ju~tado. dejando dos elegantes faldetas, y el in·
fnior que P~tá con~tituido por una falda rlgida y justa. Dos hileras de botones fantasía ornan y cierran
el casacón.
FIG. 8-ABRIGO PARA CASA.

Estilo dragón muy justo con cuello vuelto y adorno
de alhamarns y t!Sti-ellas.
FJG. 9-TOCA JUANA.

Sombrero levantado delante, de fi!)ltro castor muy
claro, ~uarnecido de ~os draperias torsaladas de ter
ciopelo un poco más pálido aún, una de ellas se enreda á. la iz~uierda al rededor de la fuda; la otra á la
derecha desapareciendo en la parte posterior, delante las dos se cruzan sosteniendo una larga pluma.
FIG, 10-FICBÚ ELEGANTE,

ER un fichú volante de muselina de seda, ornado
de blondi1 blanca de Bélgica y rematado en el talle
por un bonito l11zo de ¡¡atln. ~;1 fichú se abre sobre un
gran plastrón de cadeneta, de muy buen gusto
FIG U-TOILETTE DE DAMA PARA LA ESTACIÓN.

Es una elegantísima t ,iJette de seda acero asarg .~da con grandes aplicacioneP. dP. bordado á ban•las pa,
ralelas con Pntredol!es rle seda negra. Cuerpo ablusado con un hermoso fichú dti blouda de AlenQon vieja.

&amp;1 asunto ae la lemporaaa.-Después ael e~amen..

FIG. 12-CORBATA ÚLTIMA NOVEDAD.

Flg. 10,-Fichft elegante.

D11mos con este número uno de los más elegantes
modelos de corbatas para trajes estilo sastre de las
que están hc,y más en boga.

APUNTES DEL NATIJRAL

Fig 11.-Tollette de dama. para la ~stacl6n.

I

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo, 1898, Tomo 2, No 19, Noviembre 6</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Alameda de México</name>
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        <name>El final de un idilio trágico</name>
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        <name>General Porfirio Díaz</name>
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        <name>Gran Festival de Caridad</name>
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        <name>Por que cometí aquel crimen</name>
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                    <text>nomtngo 6 de Noviembre ·de 1898.

EL MUNTlO

OPINION DE UN CAPITALISTA EN MEIICO
AOEROA DEL SEGURO SOBRE LA VIDA

En "LA MUTUA" de Nueva York.
México, Obtub1·e 3 de 1898.

•

Sr. D. Donato de Chapeaurouge,
Dired.or General de la Compañfa de Seguros; "LA MUTUA'
Presente.
Muy Sr. mio:
Me permito 11cusarle recibo de los Rt&gt;guros por ....
($300,000.00) trescientos mil pesos que acabo
ae tomar en la Vompañla que Va. repres..uta en esta.
República, y obsequia1;1do 11us deseos deque expong!llas razones que he temdo para asegurarwe en cantl·
dad tan importante y para preferir el tomarla á "La
Mutua" á pesar de que mis frecuentes vi•jes á Euro·
pa y Estados Unidos, me han dado toda cla ..e deopor·
tunidad para tomar mi seguro en cualquiera d~ _las
grandes Compañías del mu11do, congubtolemamftesto que en mi creencia. el seguro sobre la vida toma l.\
forma de una protección, no B)IO para mi familia, sino
también para mis bienes y negocios que tengo entre
roanos, los que no quedarán ~in fondo11 conque seguir
activándolos si les faltase mi perdona! dirección.
Respecto á haber elegido "La Mutua," mi personal
couommiento de sus inwenso11 recursos, con loR cuales cuenta para cumplir sus obligaciones, sus méttdos
de organización y los plane~ atrat:tivos de seguros
que ofrece son tales, que á mi juicio uo ad111iten competencia.
En conclusión, le manifiesto que mi iutención es
aumentar el seguro sobre mi vida en e~ta Compañia
dentro de poco tiempo, y tendré mucho placer entratar con Vd. este asunto.
lSoy de Vd. afmo --y atto. S.~Firmado.-{). Eisennaun.

NUMERO 20

MEXICO, ~OVIEMBRE 13 DE 1898

TOMOil

EXAMENU.

Fig. 12. - Corbata
ítltima n()vedad

Figs 13 y 14.-Trajes de estacl6n.
FIG. 4-GUARNIC.JÓN PARA CUELLO.

•

Es una elegantisima gnarnición de guipure tt&gt;rminada en punta11, orladas de volantes Ji.
geros de muselina de seda, y ceñido el cuello por una leve cinta de satin.
FIG, 5-GRAN PALETOT DE I~VJERNO, DELANTERO Y ESPALDA,

Es de casimir asargado, con una elegante esclavina redonda, muy ajustado y dos gran·
des filas de botones fantasía.
Sobre cuello de terciopelo muy sencillo.
FJG, 6-VOLA1'TE tLTUIA NOVEDAD,

EP un volante muv hermoso de escosés con entrerlo~t&gt;S de ci1110 acordonada de seda para remate de
faldas de cie1 ta severidad y elegancia.

no. 7-PALRTOT

PARA LA ESTACIÓN,

De ¡;año obi~po, ligeramente diagonal, hecho de
dos empiPzamientos: el superior que forma un casa&lt;'Ón 11ju~tado. dejando dos elegantes faldetas, y el in·
fnior que P~tá con~tituido por una falda rlgida y justa. Dos hileras de botones fantasía ornan y cierran
el casacón.
FIG. 8-ABRIGO PARA CASA.

Estilo dragón muy justo con cuello vuelto y adorno
de alhamarns y t!Sti-ellas.
FJG. 9-TOCA JUANA.

Sombrero levantado delante, de fi!)ltro castor muy
claro, ~uarnecido de ~os draperias torsaladas de ter
ciopelo un poco más pálido aún, una de ellas se enreda á. la iz~uierda al rededor de la fuda; la otra á la
derecha desapareciendo en la parte posterior, delante las dos se cruzan sosteniendo una larga pluma.
FIG, 10-FICBÚ ELEGANTE,

ER un fichú volante de muselina de seda, ornado
de blondi1 blanca de Bélgica y rematado en el talle
por un bonito l11zo de ¡¡atln. ~;1 fichú se abre sobre un
gran plastrón de cadeneta, de muy buen gusto
FIG U-TOILETTE DE DAMA PARA LA ESTACIÓN.

Es una elegantísima t ,iJette de seda acero asarg .~da con grandes aplicacioneP. dP. bordado á ban•las pa,
ralelas con Pntredol!es rle seda negra. Cuerpo ablusado con un hermoso fichú dti blouda de AlenQon vieja.

&amp;1 asunto ae la lemporaaa.-Después ael e~amen..

FIG. 12-CORBATA ÚLTIMA NOVEDAD.

Flg. 10,-Fichft elegante.

D11mos con este número uno de los más elegantes
modelos de corbatas para trajes estilo sastre de las
que están hc,y más en boga.

APUNTES DEL NATIJRAL

Fig 11.-Tollette de dama. para la ~stacl6n.

I

�- LA.SEMANA.
La aprehensión del Dr. Abrego es el escándalo del día, y de muchos días, porque este asunto pondrá. frente al criterio social no A un BCU·
sad, , sino un delito, mil delitos, tenebrosos y hasta hoy posibles é impunes por la audacia de sus
autores y la incapacidad de re6istcncia de las víctimas.
El reo á quien se forma causa no es un hombre,
es un tipo social. Todos Jo hemos visto en íntima
relación con los débiles y los ignorantes, abusando de su fu~rza y de su saber para dar satisfac•
ción A los apetitos de una animalidad exigente y
de una codici11 de judío.
De sobra se ha estudiado en Europa este tipo de
criminal--científico, para quien la ciencia es un
arma de conquista: domina por ella como el asesino por el puflal y el ladrón por la acechanza y
la ganzúa.
Este intelectual pone de relieve el error pueril
de los que creen en el valor de la ciencia como
factor moral. La frase del Nigromante reveló,
antes que las conclusiones de la psicología fueran del dominio común, el contraste entre la noción abstracta que ni moraliza ni corrompe y la
enseilanza qne forma los caracteres sujetá.ndolos
al imperio del deber.
·
¿Qué es, en suma, la posesión de las verdades
científic"s para esos seres sin probidad, sino una
de tantas formas que afecta 11' delincuencia ins•
tintiva para revelarse y danar?
Un sabio es un amante desinteresado de la
ciencia. un curioso, que investiga el misterio
por el placer de descubrir verdades, como el poeta busca nuevas formBs de belleza, sin pP,nsar en
los resultados definitivos de un verso ó de una
solución en la marcha de la humanidad.
El obrero--científico procede siempre por un
deseo egois•a, bajo y animal, y cuando su espíritu encuentra la fórmula que ilumina un problem'l
ó indica un procedimiento, es nula en él la emoción intelectual; sólo percibe los resultados personales, inmediatos, que habrá.n de proporcionarle
un título académico, una explotac~ón, un medio
de obtener ventajas.
Entre estos se reclutan ~os crimin11les cientificoa, los que amparados por una situación privilegiada vulneran audazmente las prohibiciones de
la ley penal, como si en el dominio de su técnica
no tuvieran aplicación los principios morales.
Ciertamente asombra esa audacia: un asesino
de los de puftal huye ó se entrega; un ladrón borra
las huellas de su crimen; pero astes dPlincuentes
de laboratorio entregan á la sociedad un cadá.ver
y se cruzan de brazos, diciendo con desdén: «es•
toy tranquilo: cuando sea oportuno defenderé mi
conduct" y discutiré el punto científicamente.»
Causa pena ver convertido en torneo de argotistaa el tribunal; pero cuando un hombre, un acusado, se presenta ante los jueces manch11do por
el crimen y sin los rubores del convicto, y hace del
banquillo una cá.tedra y de sus entuertos un tema
profesional, la conciencia pública tiene derecho A
imponer los rigores de la antigua vindicta.
,,.,,;

Dos sacerdotes locos han dado tema á las gacetillas de la semana.
Uno de ellos fué huesped de San Hipólito y tan
medroso lo dejar,n tres años de reclusión en el
manicomio que no daba punto de reposo á sus
alarmas y para defenderse del que pretendiera
arrastrlo de nuevo al hospital llevaba siempre
oculto un revólver.
El agente de las comisiones de seguridad que
pretendió aprehender al infeliz demente, fué
agredido por él de una manera aúbita y violenta.
Y ese buen ministro del Seflor es un clásico
que ha pasado la juventud recitando versos lati•
nos y cláusulas ciceronianas; es un hábil casuista que conoce todas ias citas de los Santos Padres y docu:!lenta con ellas sus sermones sabios
y sutiles.
Tal vez tenía la enfermedad del escrúpulo, la
que hace zozobrar el espíritu en un mar de dudas.
El confesonario es para esos hombres rudísima
prueba: ¿qué in-folio puede encerrar todas las soluciones para los casos de conciencia pavorosos
que llegan diariamente A la rejilla en demanda
de consejo?
La confesión de un penitente desquició 111. razón del pobre clérigo, y desde entonces se. vida
es uua brega contra las sombras fantasmagóri-

Domingo 13 de Noviembre de 1898.

i!:LMUNDO

866

cas de la locura más cruel, la de las persecuciones.
El otro sacerdote Joco es menos interesante, 11un·
que su _delirio sea el de las ~randeza~. .
.
No tiene l!l locura apostólica de Nazar1~. mes
imputable á. la meditacion absorbente. Tipo vu)·
gar de enajenado se cree Rey del Nuevo Con_unente; habla de minas riquísimas de
Y di~mantes v tiene. un odio y una preocupación: odia
á los anarquistllS rPgicidas y se cree amerl8~ado
de muerte por lvs itlllianos colegas de Casen~,

º:º

La fantasía anglo-sajona anticipll descripciones de la lluvia de estrellas errantes que surcarán el cielo las noches del 13 y 27 de este mes.
Cada treinta v tres anos, dicen los llStrónomo~,
visitan la órbita de nuestro planeta dos escuadrones de fulgur11ntes meteoritns, re~tos d_e sen•
dos cuerpos cósmicos disgr, g11do&amp; por algun choque tremendo y silencioso, de esos que en bs
pr0fundid'\des del espaci&lt;;&gt; suspen_den por un momento la serenidad de la harmom&gt;l ctlleste.
Los fragmentos luminosos &amp;iguen su m11rcha
obedientes A la ley de gravitación que trazó la
órbita de los cuerpos que formaron, y ahí vien&lt;'n
como en los aflos de 33 y 66 á divertir y A aterrorizar A los humanos el breve e~pacio de unas
hor11s.
Vt-remos en la parte central del cielo unll sombrilla luminosa que extenderá su media naranja
sobre la tierra, dejando caer una que otrll ch~spa
que al precipitarse eutre las ondas 11tmosrénc11s
del planeta, rodará. deslumbr,rnte, _hiriéndolo c_o•
roo un formidable caflonazo que d1sparar11. algun
enemigo q·1e nos da caza en el inmenso oceá.no
&amp;id eral.
Y mientras como en anos anteriores las gentes
sencillas acudan al exorcismo y A la oración para conjurar las fatídicas viiijeras, los observat~rios provistos de los mejores aparatos fotográficos aprisionarán en las µlacas sensibles el aspecto de esta f'.esta astronómica, cuyo programa han
preparado con exceso de pormenores los cronistas de la cienci:l.
Dick

definitivos para form11r un juicio cabal en el resultado de las eleccio11es.
.
Pero si hPmos de atender á lo que anunc1~ la,
prensa republicima, si tenemos e~ cuenta el triunfo adquirido en la gran metrópoh dun:ie más segura parecía la candidatura de los demócr11tas,.
hay que pen~11r que la 56~ Lrgiblatura federaL
tendrá. unll mayoría repubhc11n1;1.
Esta actitud del pueblo 11mericano e~ ~os últimos comicios ~ignific11rA el apo~ decidido A la
política de McKinley, la aprobación solemne de
sus actos tr11nscendentales en el presente _ano, la.
sanción pública de la marcha general seguida por
el Gobierno, muy principalme11_te en cuanto serelsciona con la política internacional, con 1-t solución del problema antillano, con la conducta seguida en la guerra contra E;paft~, Y_ h11sta co!l
las instrucciones dadas A los comisario,¡ 11mencanos, encarg11dos de concertar el tratado de paz.
con la nación vencida.

.º

La UniónAmerican11, quo· en sus últimos tiemp.:s tiende á la expan~~óu ter~itoriid, qu? 11grega
primero las islas Hawan, adquiere por ces1ú11 Puerto Rico y las otras pequel'.lai Autillas que&lt; ataban
bajo el dominio espatiol, que toma un pum~ reapoyo en las II bruptas roc11s del gr~po de l1ts islas
de los Ladrones y pretende por fin que Espafla
renuncie á su soberanía sobre Filipinas para tomar el extenso archipiél11go bajo su pr-0tección,
constituyendo ó no, una república tagala; e11tr11rA,
definitivamente por nuevos rumoos, se enderezará por vías nuevas, y olvidando l!s ~radicivne~ delos ilustres fundadores de la repubhca, y haciendo lt un lado la herencia moral que le lt&gt;garan
los Washington y los J efferson, se asentará. entre las potencias de primer orde!l ~ue sueftan
constantemente con nuevos territorios, que se
preooupan sin ce11ar del engrandecimiento, y lle•
gan hasta la obsesión que se ha dado en llamarla manía del kilómetro cuadrado.
Fuerte ya y poderosa, después de haber acumulado en labor infatigable y en constante trab11jo grandes elementos de todo género, duefta y
orgullosa de una fuerza r,uperior, llega un momentv en que se desl'orda; son frágileij barreras
A esa expansión los preceptos de sus antepasados, son inútiles válvulas á esa txplosión 11111tradicionts gloriosllB de sus fundadores: llyer era
RESUMEN.-UNA SEMANA DF. GRANDES ACONTE- el Hinvaii, hoy es Puerto Rico, y maflana será. tal
CI.MIENTOS.-LAS ELECCIONES AMERICANAS Y EL vez el archipiélago filipino.
DISCURSO DE LORD SALISBURY.-LAS TRADICIO·
NES DE WASHINGTON Y LA POLÍTICA DE EXPAN·
***
SIÓN.-:MoKINLEY y LOS REPUBLICANOS.- Los
Afortunadamente las nuevas tierras adquiridas
TERRITvRIOS ADQUIRIDOs.-HAWAII, PUERTO Rr- y las qut. están p11ra caer bajo su jurisdicción
co Y FILÍPINAS.-LAS DEOLARAClONES DE LORD abren ancho campo A todas sus actividades, exSALISBURY.-ACTIT{'D AGRESIVA ANTE EUROPA. tienden dilatadus horizontes á su vista, hacen
-LA CUESTION EGIPCIA.-LA ALIANZA ANGLO· brotar ricos y caudaluRos veneros de producción,.
AMERICANA.- ENTRE BASTIDORES.-N°UEVOS TE· ofrecen amplios y segurqs mercados 111 consumo,
MORES PARA LO PORVENIR.-CONCLUSIÓN.
y requieren, antes de entrar en plena explotación,
Enmedio de la gran agitación que reina entre y de llenar todos los deseos, tiempo suficiente palas naciones europeas, por los diversos aconteci- ra acomodarlos A las necesidades del pueblo amemientos que sin cesar se suceden y á la continua ricano.
excitan los espíritus y exaltan los ánimos con los
Ni un día, ni un afto ba~tarán á organizar los.
temores de próximas catá.strofes y los anuncios pueblos incorporados ála Unión americana. Puerde futuras violencias. hay dos hechos que tienen to Rico, tranquilu, floreciente, c11rgado de frutos
una altísima signíficación, que son por decirlo así y de flores en medio de su régimen colonial, no.
como la clave de actitudes pasadas, y explican por ha. de ofrecer ningunas dificultades. Las islas Hasí mismos muchos de los temores para lo porve- waii, pueblo recientemente abierto á las corriennir. Nos queremos referir á la renovación del Po- tes de la civilización moderna, serán fáciles de order legislativo federal en los Estados Unidos y á ganizllr en territorio federal, fáciles también de·
la elección de los poderes loCllles en muchas de desarraigar las últimas reliquias de la extinta
las entidades federativas de la Unión Americana, monarquia. Con la cooperación de los elementos
y junto con esta agitación electoral, el discurso separ!ltistas, con ayuda del conato de gobiernoque acaba de pronunciar Lord Salisbnry en ocn
provisional constituido por los i11surrectus, con
sión solemne, ante el cuerpo diplomá.tico y los los restos aprovechables del régimen autonómico
ministros de la Corona británica, congregados en espafiol, es posible dar orden y vrganización Ala
suntuoso banquete.
isla de Cuba que tan necesitada. está de reposo y
Estos dos acontecimientos se ligan y se entre- de gobierno firme, para cicatrizar todas sus helazan de manera palpable; hAllanse relaciones ín- ridas, para abrir A las corrientes civilizadoras.
timas entre los resultados de las elecciones ameri- sus fuentes de riqueza cegadas, para ingertar eu
canas, conocidos hasta ahora, y las declaraciones el nuevo régimen elementos de vida y de activihechas por el jefe del Gabinete británico
dad, tras la ruda brega, tras la sangrienta lucha.
que acaba de terminar. Ya entonces podrá resol**
*
Segun las noticias recibidas,
el triunfo electo- verse su suerte y determinarse sus futuros destoral está. hoy a favor de los republicanos, si bien tinos.
es verdad que los demócratas reclaman para sí
Pero el Archipiclago filipino, agregación hetenumerosos puestos adquiridos en las legislaturas rogénea y disímbola de pueblos y de razas, donde·
locales, y 11un discuten la probabilidad de obte- palpitan los gérmenes de un régimen teocrático,
ner mayoría en la Cámara federal, unidos c.on donde está.n todavía vivientes los deFpojos de un,
los populistas. Bien averiguada está. la eleccion régimen colonial irregular; el Archipiélago filipidel candidato republicano, para el importantísimo no, formado por unaagreg-ación irregular de pue•
puesto de gobernador del poderoso Estado de blos, unos en el esta.do primitivo y salvaje, otrosNueva York. No son conocidos todavía los datos semi-bá.rbaros, y otros cultos y civilizados aun,

.

Domingo 18 de Noviembre de 1898.

que con los resabios malsanos de sus viejas tradiciones; alli donde hay intereses tan· 1.,puestos,
preocupaciones tan arritigadas, pasiones tlln vio•
lentas, rliZIIS tan di&amp;imbolas, ge11tes t!ln distintas,
costumbres tau heterc gé11e11b, todo eho regado en
un iI,me11so territoirio, desparramNdu en los millares de isltts, de islott-s y de roc11s 11bruptas que
forman tollo el grupo; el Archipi~l,.go filipino uecesita de grandes 1:isfuerzos, de trabajos hercúleos,
para dárbele orden. pa:-11 constitom,ele un gobier•
no, para incorp1.,ra1 lo Ala gr11n República awericana. Ardua es 111 tarea y erizada cte d1ficulL11dts;
magna la emprei,a que tiene que acome•er el
gobi ~rno de .McKinley, ~í, venciendo los obstáculos
que oponen los comi:111nos espall.oles en las conferencias de P111 ís, logra por fiu, con mdemnización ó sm ella, hacer que Espafla renuncie A to•
dos sus der1:chos de soberanía sobre el arcbipiélago
magallAnico, eu favor de los Est11dos Uuiúos.

***

Dar fuerza A estas labores, aliento á estas tendencias, s,-11ción á esta política, iw¡.,ulso á estas
pretensiont-s, todo eso significa el muuro del partido republicano en los coruicios elector11le., de
la presente semana.
Y si tiene todv este alcance en cuanto se refiere á la política interior del gobierno de Wa~lnugton, no cre•·mos aventuraúo decir que ac11so se11.
ruayor en cu11nto be refiere A sus rt-laciones internacionales. ¿Qué &amp;iguifican d nó, las dec111raéiones de S,dü,bury á iaiz dd prentendido triunfo de los republicanos tn los cowiciosi' ¿De qué
puede ser t I símbolo ese carro alegórico 4ue pa•
seó ayer pl r las calles céntricas de Londrts, representaoc..lu á la r11za anglo-sajonai' ¿A qué fin
el estrecho a brazo de Colombia y Britania en ese
carro, el bOldac..lo amencauo con el ¡.,abellón inglés y el &amp;oldado inglés cou el pabellón americano?
El jete del gobierno inglés declara de una manera categórica su adb.:sión A la iniciativl;I del
Czar, sus buenos deseos por cooperar en el orden
de lo posible á que se realice el filantrópico pensamiento, la humanitaria idea del autócrata moscovita; pero hace sus reservas, perfectamente explica bles eu los labios de un diplomático inglés,
y declara tamoién que la Gran Bretana no puede
suspender sus armamentos, ni dejar ctesmautelados sus puertos, ni &amp;onar en desguarnecer · sus
fortalezas, sin abdicar de su soberbia, sin ver derribada su grandeza y renunciar, acaso para
siemore, á su gran imperio colonial.
En esa virtud, sigue el movimiento en los arsenales, la actividad en las maestranzas, el trabajo en los astilleros, la vigilancia eu el Almirantazgo·1 y como no hay quien pueda, por su propia
vo.uu tad y por su solo esfuerzo, co1,jurar las nubes de torment., y las amenazas de gutrra que
se ciernen sobre lll Europa continental, dice Lord
Salisbury que no es de extrafiarse que su paí:1
esté en guaroia y disponiéndvse para cualquiera
eventualidad. No quiere que un 11contecimiento imprevisto lo sc.rprenda dt&gt;sprevenido, porque seria inmensa su rosponsabihdad.

*
* *

Noblemente alaba al gabinete francés, por su
prudencia y buen criterio manifestados en el reciente conflicto. No esc11tima los términos más
laudatorios para el ministe1 io de la República
Francesa, que ha sabido con prudencia y buen
sentido evit11r un choque que A muchos ¡.,11recía
inevitable. ¿Y cómo economizar sus fra~es de e~comio al enemigo que se ha plegado a sus ex1genci11s y ha quitado de enmedio todo motivo de
discusión, orden11ndo la relir.11da del comi,ndante
Marchandi' ¿Cómo no derrawar las flores de ll\
oratoria después de un triunfo diplomáticoi' No
será. u1:a solución la. que se ha encontr11do al probleml\ egipcio con la terminación del couflicto
de F11shoda; pero el apl1;1zam~ento solo de es!\
cuestión, aunque sea ec términos amenazan~es,
es ya un motivo de satid11cción para el gobie1no británico.
.
Vendrán acaso nuev11s reclamacionc s después;
'pedirá. Francia sola ó apoyada en Rusil', su aliada la evacuación de Egipto ó rn colocación bajo ~n protectorado internacional, y habrá. otra
vez resistencias por parte de Inglaterra, y á menos de una coalición europea contra el poder
britá.nico, los que bombardearon Al~jandría, los
que han sujetado á su tutela al Jedive, los ve_n•
cedores deOndurmAn, los que capturaron Jartun
los que aniquilaron el poder del Ma_hdi, los que
abatieron las banderas de los dervises, los que
están en posesión ahora de toda la cuenca del

EL MUNDO

Nilo, desde Damieta hasta Fashoda, quedarAn
allí donde han levantado sus tiend11ij, donde han
extendido sus dominios, donde han phntado su
estandarte.
Y seguirán avanzando parll obtPner el predominio sr,bre el Contine11te NPgro; obtendrán por
contrato oblig-ado la babia de Deli1goa, 11rrllncada de gr11do ó por fuerz11 á Portugal: seguirán
avanzando al Norte y al Sur, al Oneute y al Occidente, h11sta unir los br11zos de «·sa cruz que se
extiende desde la dese mbocadura del sagrado
Nilo bastll la colonia del 011 bo; y desde las costas enc1mt11das del OcPáno Indico hasta las bocas del Níger y Sierra Leo1111., sin importarles que
de e,e modo, ap ,rten y limiten las po,;esiones
extranas.

***

H11y además un punto, 4ue es el que queríamos
seflalar desde un principio, en que coinciden la
política american11 y la in~les11, en que se confunden por su importancia, Jos do3 grandes llcontecimieutos de la s1:ruana: el discurso de S111isbury
y J¡¡s elecci0nes ..n ;o:; Estados Unido:.. Nos referimos al pasaje en que el jefe del gabinete inglés, declau que la adqubición dP, Filipi11as por
los Estlldos Unido,, si es aM~o un motivo para
perturbar )R. paz, indud!I bltmeute ha de ceder en
bien de la Gran Bret11ña. Es que, como lo indicara poco ba el ministro Cb.imberl:Jin, cada día
avanza más la idea de una alianza anglo-amerina; y por esta vez puede afrrm11r,e, que sanciovada en los comicios la política de MrKi11Jey, se
presumen ya los preliminllres de esll a11siada alianza. . Y la unión de los pueblos anglo s11jones, que
tienen y se 11tribuyen una gran mis1ó11 en la tierra, será un hecho consumlldo, como se indicaba
en el carro alegórico que corrió anoche las calles
de Londre':! entre los aplausos de la multitud y
el entusiasmo frenético de un pueblo, que muy
rara vez ab11ndona su fría seneridad y se entrega á arrebatos febriles.
La unión anglo- americana inici11rá una nueva era, hará como la presentación internacional
de los Estados Unidos en el concitrto de las potencias. y marcará. una nueva etapa en la marchll triunfal de esos pueblos, trnbajadores infatigables, que se derraman por toda la redondez de la
tierra.
Como contestaudo A esta posible alianza, va se
anuncian protestas contra la ·actitud de los Estados Unidos, se habla de algo más que de interveuciones platónicas por parte de algunos gobiernos europeos, y se indican como posibles cier•
tas gestiones diplomá.ticas tn favor de Espat1a y
para poner coto á las que apellidan exigencias
de los americanos. Y aunque así fuera, McKinley no retrocederá. en la ruta que sigue; si
cuenta con el voto de sus conciudadanos en los
últimas comicios, no cejará en la marcha emprendida, aur,que se interpong:tn las gestiones diplomáticas de los monarcas europeos.

X.X.X.
10 de Noviembre de 1898.

Los estudiantes de .Alemania. ·
La vida estndí11ntll pasa por la más 11.g-radable en
todas putes del mundo, y dlcese con sobrada razón
qu6 las prc:,ocupaclones del examen están hartamen•
te compens11das con la falta absoluta de preocup11cionPs de otrll lndole.
La savia juvenil que hierve en las vevas cnn lrresiEtibl~s imp.-tuosidarles; el porvenir que Pe abre por
dt1lante dt1 nosotros y que aunque incierto y azaroso,
pláce:ios verle sit•mpre color de ros11: el coutlnuo roce con c~r11cteres lgualmt&gt;ute juvenilPs y entusiastas,
son t&gt;lementos más que suficit·ntes para asPgurarnos
un buen girón de felicid11d, de esa folicida&lt;1 pérfida
y v.-leidusa. que nunca se 11ntreg-a por complt&gt;to v que
guarda tsiempre una gota de hiel en el fondo de su
copa, que dicen dr1,bord1rnte de se-:uh.r FH!erno.
Y ee curioso obst-rvar las coHumbres y la vida in•
tim11 de eso!'&lt; haces de juventud, de esas yemas que al
estallar mañHna, formarán fl núcleo dlrigPnt11 Je sus
pueblos, la diput~ción iutelectual qnP h1&amp;brá derepreseutar ante el tribunal augusto dt&gt;I Ti ..mpo. el estado
meutal de toda uua comarca en uu pt:riodo preciso de
la hidtoria humaua
La vida eHtudiantil varia en cada pueblo. en consonancia con carattt-res y 1radidonee y no creemos
que en todo el orbe haya una más original que lab
que lit van los g11rmanos que cursan aulas
¡Cuán lejos iie ell11 la gaiantnia ruidosa del Barrio
Latino y lus rudos atlt:tfijmos de O:xfordl Aqni no hay
ni mujeres ni pelnt11E, ni polltica ni eocild1smo religio110. El e,tudiante ah mán tiene orgullo fn no ocuparse slno 11n asuntos Pstudiantlles, que est~n ·dentro
de la tradicionacadémica, como ellos dicPn. Lo demás
lo abandonan olimpicamf-'ot1111n m11uos d6 IOP füisteos'
nombre con que designan á los que no son de ocupa:
ción inteltctual y á ·quienea profesan más desdén que
los más ner,·iosos artistas á monsieur Prudhamme.

Desde h1Pgo, enAlPmanla la relación ele los jóvenPS
que estudian e~ mucho menor que en cu~ l11uiera otra
p11rte, put:s 11111 sólo es rep~tad_o e.,tudiante el que
cursa 11.lguna facultad univerHtn1a. µ,1.1 a lo cual ~-a
le ha sido prl'ciso abaolver todos los e-tudioR pi l'pa•
ratorlos y ten6r en la bolba un titulo dt1 bachilln; Y
p«,r otra parte las condicione11 de tlu pr11~rt1•0 mliUd·
tria! demandan m1,c·h~s brazos y muth&gt;d acti-vid•d~~,
de suerte que un muv rt1d1tcido 1,tim .. ru de jñv.,1, .. r1
83 el que lucha por eidoctoi-adu para abrazar profe,iunt'S lioaalt&gt;@.
Para conocer bien la vida académica dt1 AIPm•nia,
PB preciRO observar de 011rca alguua dt&lt; l•s v11•jos ciudades universitariaR. de lae mári J?'6,.,1111ad y tr111iiciut1Rlistas. Bonn por t'j •mplo. ó mejor H~idf-'lberg
Heidelb6rg tiene todas l1&amp;s aparituciad de uua, il'a
medioPval: sus techns de teja 11caualada, ,obreslllien·
t68 en las fachadas haPta tocarse casi en el c11ntro de
la calle; sus tabernas subterráneas: sus campauarios
semi gódcos; sus fuente ! ornadas de groseras t'Pculturas de piedra todo evoca vivamt&gt;nte las vil'jllS épo·
c11s, y antójase ver dedilar por aqu11llas call, j 111 un
tropPI de lansquenetes ó un escuadrón de dr11gone11
de Wallenstein.
En epa villa. los estudiantes Pon reveR y señores regocijo de taberneros y azote de filisteos Al1i ellnR go•
zan de muy especiales privi:eg1u11, caoi &lt;1e fuerm1,
puesto que por ejemplo la policla urbana no puede
mortificarlos para nada, por exlPtir uu cuerpo de
guardianes particulares con el nombre 11e "polici&gt;t.
académica" asi como también un tribunal A pt&gt;dd
para juzgar de los delitos correccioualed cc,meudu11
por estuoiant6ll,
En Heidelberg, ¡cosa rara! caPi no hay gu11r1,ic-ión
militar. tal vez para evitar conflictos e11tre eetndiautes y oficiales, y Pxtráñase el viajero a1,te la t sca,ez
d" uniformes ambulantes, cuya profusión Ps el 1·a,go
m4s caracrnristico de las otras ciudades aJ .. maoa11.
En cambio hierve materialmente la multic&lt;&gt;lor policrc.mla de las cachuchas académicas, y , o se pu11de
dar un paso sin topar con numnosas p11rvarlas d., estudiantes que cruzan las acerhS, entre u1uch&lt;111 ri.,as
y muchas ·oromas
La cachucha estudiantil PS I bligatoria para lnR PS•
tudiantes que siguen la tradición, por4ue "" .,¡ cli.tintivo de la agrupación académica á qu6 11e pertt'nPce.
Estas agrupaciones const'tuyen la particul~ridad
fundamental de las universidades alem11nas, pue.i eu
ninguna parte acostumbran los ei;tudidntesá unir~et'u
Poc1edades perfectamente organizadas y diEcip,inadas que no tengan absolutamente ningún fin poli neo.
¿Cuál es pues d objeto de tales agrupaciont:s ac.. démicas de la vieja Germ,rnia?
Tienen dos: bebe1· mucha cerveza, y batirse mu_i¡ á menudo¡ pllrO beber y batirse ordenadamet1te, coufurme
á reglas y ceremoniales de muy estrictaobservauP.ia y
bajo la dirección de individuo11 de superior g, r ,rqul&gt;t.
en el escalafón académico, tal cual lo inandan los do:1
códigos aprobados p11ra todas las univer11idad.. s 11l6·
manas, y que son: el "Código de la Es_¡,adi..11 y d 1·Códi¡z-o dAI P1chel."
•
En Heidelberg hay más de veint11 ag-rnpacionea de
este género, de las cua!Ps hay alguna~ de muy larg..
e:xidtencia ya como la "Saxo Boruss1a" qut- se func11ó
á principios del siglo paeac!o. CKda una de el11u1 tieue
sus colorell especialPs, pero todas obedecl'D á. los mili•
mos códigos ya citados. Los colores se ostentan en la
cachucha y en un listón de cinco centimftros de ancho
que s11 lleva cruzado sabre el pecbo, de izquierda á
clerecha. Cada agrupación tiene P11 prP11icleucl11 y dos
clases de mit1mbros activos: los "Bursche" (eomp&gt; ñe•
roP) que ya tienen má11 de dos an.011 de pertenecer á.
la Sociedad, y los "Fuechse" (zorros) que son lo: principiantes
CHda compañero tiene un zorro especi11lmente destinaoo á 11u cuidado, y el cnal ti6ne q U6 obedece1 le en
todo y por todo Los Fuechseuun una cola de zorro e'n
torno de la ca,:hucha, como Efütintivo e@pecial de su
carácter académico.
El "Código del Pichel" tiene que ob11ervarse dPsde
el momento en que se encuentran tres estudianies
junios. y su pri-scripción fundamental prohioe que se
beba menos de un litro por cabeza eu una sentada.
Ad11más, fija la manera de empuñar el pichel de llevarlo á los labios y de tragar el liquido, y e@tabl.-ce
los castigos que 86 impondrá. á los que en tales manipulaciones se equivoquen, los cuales castigos consisten en hacerles beber determinada cantidad suplementaria d1&gt;l llquido de Gambrlno. Hay además cenmonias
especiales como la salamandra que cQnsiste en golpear uniformemente los picheles 50bre la mfüa v beber luego el li1tuido, obedeciendo las órdl'nes de in ando. En los inte1medios, se cantan canciones de lamalicia de la signient.., &lt;,ue malamente traduzco:
Entiérremne en ttn t07let
grande como Heidelberga.
para que de.Ypt,és de muerto
siga bebiendo cerveza........ .
En cuanto á los duelo11, no Re parecPn en nada áloe
que solemos ver en p11ised latiuod; el duelo 11cadem.ico consi11te en cortarse el roijtro con unos sables ligerls,mos llamados Rapier, estando perfectamente pro•
tl'gido ..1 resto del cu11rpo y llevando ante, josctegrueso ~lambre
En 238 encuentros que tuvimo¡¡ ocasión de presenciar. no hubo unu solo de consecuencias serlas: una
herida en la mejilla, alguuas i,uuta&lt;ias, una ci.::atriz
para toda la vida ......y basta,
Hay que hacer dos advertencias que son las que
más bacP.n pene11r sobre el extraño gusto de los tudescos: l ª el duelll ac11démico no es originado por enemistades, sino por voluntad de ambo11 contrincantes,
que se honran con ello mútuamente; 2ª es altamente
honroso para ellos tener cicatrices en la cara.
Como se ve es bien rara la vida de los estudiantes
alemanes, y muy distinta de la de otros palees . Sólo
en un punto hay analogla: en que casi no se estudia 1
ÜSCAR JlERZ .

�Domingo 13 de Noviembre de 1898

Domingo 13 de Noviembre de 1898

EL MUNDO

368

EL MUNDO

869

BAILE INFANTIL EN EL COLEGIO DE LAS SEÑORITAS _SALGADO.-:.oAXACA.

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Niño José Castellanos.
BAILE IN.FA NTIL

l:N EL COLEGIO DE LAS SRITAS. SALGADO

Niña Ana H Castellanos.

Estado actual de la Casa de Cuna

tPs, haciéndose la clasificación de los niños en expósitos, amparados y pensionistas.

REFORMAS MATERIALES Y ADMINISTRATIVAS,

E::-te departamen'°, dependencia directa de la Cuna, es de novlsima creación, pues cuenta loR diar, que
van transcurridos del mes. En él son examinadas las
mujeres que proponen sus servicios como nodrizas á
efecto de proporcionárselas los certificados respectivoR para s~r admitidas en las casas particulares.
El local de la insp~cción se halla situado en la plant11 baja á la izquierda inmediatamente á la puerta de
entrada que da á la calle de la Merced; consta de dos
satones, uno para el despacho del Doctor encargado
de la inspección, Sr. Miguel M Márquez, y el otro dedicado á los aparatos con que se trabaja. El mobiliario de ambos salones es nuevo y de aspecto sencillo
á la ;,ez que elegante: las paredes y techos son enteramente nuevos y están convenientemente tapizados.
En el muro principal se halla colocado un retrato de
grandes dimensiones del act::al Secretario de Gobernación,

INSPECCIÓN Dlt NODRIZAS,

EN OAXA.CA.

El Colegio de las señoritas Salgado es uno de esos
-establecimientos benéficos á la sociedad, pues las
-educandas que á él concurren forman despué3 lo selecto de ell11, toda vez que la educación y la enseñan-za corresponden á las más serias exigencias de la
moderna cultura y de la moralid11d.
Cuatro generaciones educadas en ese Colegio atestiguan los nobles afanes de la corporación directiva
:y docente de ese Colegio.
Una nota característica del establecimiento que nos
ocupa hace acreedoras á las señoritas Salgado á la
gratitud de la sociedad oaxaqueña. Nos referimos al
desinterés con que las mencionadaR profesoras cumplen su misión nobilisima: largos años hace que viven entregadas á la enseñanza y jamás han lucrado
-con su profesión.
Limita.n su ambición á cubrir los gastos del cole.gio, á sostenerlo en un pie de progreso y á retirar
modestlsimas utilídatles, -únicamente las que reclaman sus necesidades personales.
Este ejemplo de excepcional hidalguía merece los
aplausos de todos los que se preocupan por el progre•
-so y el bien social.
Ultimamente se Pfectuó en este plantel un baile de
fantasia en el que tomuon parte los niños lle la buena sociedad oaxaqueña.
Damos en estas páginas retratos de e@os niños así
-como un grupo, que nos envió nuestro corresponsal.

Ntno T,uls Fernández.
Nlfta Luz ERperon.
Nmo Federico Zo~rllla Barrunula.:

Nlfta Trápa~a ll'lgueroa.

NlftO Jed,rltO Hernánde~.
Nlfta Jlnrla Esperón.

Nll\o Guillermo Cast,na.. os.
Nlfl.a Ksp,ranza Bergts
~ifto Roberto Maqueo Zerturhe

Niño'José Trápaga Figueroa.

Fecunda en mejoras de todll especie ha sido la época presente de la Casa de Niños Expósitos de la capital. En cenaonancia con los adelantos modernos y
las necesidades crecientes del periodo evolutivo por
que atravesamos, ese Edtablecimiento de Beneficencia ha sido objeto de las reformas que pasamos á reseñar.
Pocos dlas hace q11e la Dirección de la Casa de
Cuna distribuyó el Reglamento provisional que c;letermina las obligaciones de todos sus empleados y el
objeto principal que persigue la institución. Anteriormeme no existla ese reglamento,del todo indispensable para normar los actos económicos y administrati vos, y la Secretaria de Gobernación acaba de otorgar su sanción para que sea puesto en vigor.
La declaración fundamental del Reglamento hace
saber al público que el Asilo queda abierto á todos
los niños que llegan al mundo sin derechos á un
puesto en la sociedad y á aquello, que por ac•
cidentales circunstancias no tienen bajo el techo pa•
terno lo:1 necesarios elementos ni las prolijas atenciones indispensables á su vida. En esa virtud queda abierta La Cuna, para los huérfanos de padre y madre que no tengan deudo ó persona que desee recogerlos, los que no puedan ser sostenidos y
educados por sus padres y los que, mediante pensión
mensual, sean presentados por sus padres ó parien-

LOS DORM~TORIOS.

Son tres !os reformados últimamente: el de nifios y
niñas de uno á cinco años de edad, que cuenta con
vein1itrés camitas de fierro, uniformes en su aspecto
y dotados de nuevos y ric'ls abrigos. Entre catre y
catre hav colgada una tableta barnizada que sostiene los articulos necesario&lt;! para el aseo de loe ,asilados. Las paredes están pintadas al oleo, de color
azul; en la principal hay una inscripción que dice:
"Puesto por la dirección bajo el amparo de la virtuosa Señora Doña Carmen Romero Rubio de Diaz."

Colegio "Divina Providencia."-Dirigido por las Sritas. Salgado en Oaxaca.

..

"

'•

�Domingo 13 de Noviembre de 1898.

ltL MUNDO

370
A continuación se ve el
dormitorio de llls niñas mád
grandecitas del Asilo: contiene ,·eintinueve ea.mas de
fierro, toda11 cubiertas de
géneros blancos que semejan un lampo de nieve; t-n•
treeama y cama hay un buró cerca de la cabecera y
un bonito bastidor en los
piés. Las paredes estAn
tRmbién pintadas al oleo,
color verde cl.. ro, y en la
del frente Fe lee la inscrip•
ción dedicatoria á. la señoril doña Luz Acosta dt- Gonzálflz Cosio.
El salóu rosa es el de los
niños distini?"uidos ó pensionistaP, llijos, por lo general, de mqtrimonios acomodadoP. Existen doce camitas de fierro pintadat1 de
blanco y su dotación de
abrigos es d., lo mAs fino
y elegante El aPpl'cto dtt
eFte salón 11cabado úlr.imamente e~ bellfaimo. En el
muro de la d"recha. pinta. do t.l oleo como los demás,
puede leerse la inFcrlpción
que deuica fil hermoso local á la vennanlla mimoria dfl la SP.ñ ora Doña An·
gela Lamadrid dama zsca•
tecana que legó al e.table•
cimiento una fuerte snma
de dinero, que e.i preci•amente con la que se han
hecho las repMicionPB y
mejoras que venimos re,e ñando.

Domingo 13 de Novlembro de 1898.

371

EL MUNDO.

EL F0)1D0 DOTAL.

ProJ ecta el Sr. Doctor
D. Manut&gt;l Dominguez, Di•
r Pctor de la Casa de Cuna,
establPcPr un cepo en el
iuterio1 del A~ilo para recaudar dinero que se aplicará al fondo dotal de Expósitos
Cuenta el autor dfll proVflCtO con la bueaa disposición de las clases acomodada&amp; para reunir algunas
cantidadPs en benetlcio
de los de~heredados. El cepo podrá abrir11e solamenw por el Dirt&gt;ctor y la Rectora de la Caija, de común
acuPrdo.
El Sr. Doctor Dominguez
nos decia: SI las parejas de
recit\n capados acostumbraran dt"positar el dia de sus
expon11alPs ó el de su matrimonio un modePto óbolo
en el cepo proyectadú, al
fin de cad&gt;1. año encontrarlan los huérfanos un capital que asegu~·ara su porvenir más tarde, cuando
dejaran el P.stablecimi1mto;
y digo más tarde, porque
mientras permanecen los
niños en el Asilo, el GobiP.rno atiende á sus necepirb des.11
1Oialá que nuePtras damas
ricas acoj1m con bondad y
empeño la idt&gt;aemltida por
t&gt;l señor virector de la.
Cunal

OTRAS OBRAS 1'.ATERIALES.

Los corredores de los piROO superiores é inferiores
están pintados al temple.
En el descanso de la escalera, cu_yo piso es de table.tas de mármol bianco y gris,
se destaca una pintura de
mérito representando á
una matrona. la Ciudad de
México, cubriendo ecn su
manto la cuna en que duerme un niño y tendiendo su
diestra á un pequeñ&lt;&gt; Jeaarrapado que e8tá en actitud de implorar abri¡ro,
protección y alimento En
"! fondo dAl cuadro se tlB·
fuman el PopocatPpetl y el
Ixtacihuatl levantand◊ sus
nevadas cimas sobre el
hermoso Vallo, dd México.
La Sala de Mú~ica ha sido objeto de varl,H mejoras; piano, mesas y banque•
tas son nuevas y de made•
ra barnizada.
En el patio principal se
construirá más tarde un
Estatua de Lore111.aua y grupo de niños en la Casa de
hermoso jardln y en su centro se levantará la estatua.
"n bronce, del Sr. Arzobispo LorPnzana, fundador de quido y permaneció una mañana entera enReñando á
la Ecónoma de 111 casa la manera dtl hacer foncionar
la Casa de Niños Expósitos en 1766
El loca! que ocupa la Escuela de Niños ha tido ob- el aparato y mezclar la !!.'che con un cocimiento de
jeto de meJoras tanto en su decorado como en la do · cebada pPrla filtrada y agua de cal, alimento que se
da á los niños débiles y A otros que no tienen norlritación de útiles y libros.
A moción de la Sra. D.ª Luz González Cosio de Ló- zas. Las graduacion1•s de las trt&gt;s subotancias se hapez se introdujo últimamente otra importante mi,jora: cen con e~mero y cuidado y según la edad y e~tado
la de un aparato esterili11ador de Ji. leche que se da dA las criaturas
Las observaciones hechaP hastaaho, 11 con la qu),. tituaho1a á los niños que anteriormente vivian con sua
nodrizas en el campo. La propia señora en persona ción del alimento nlltural por el artificial, ha d~du bue·
compró la estufa y accesorios par.. e~terilizar el li- nos resultados.

Casa de Cuna.-Sal6n de Escuela.

EL ASUNTO

(;asa de Cuna. Sal6n de disUncUm.

DE LA TEMPORADA

aparición de los anuncios y de la próxima venta fijada
p,ir,. PI rróximo marteM y cuyo objeto era sathf• cer los
30,000 francos de dHñ" ij y perjuicios qu,1 la Corte de
Aptilación ordenó quu se pagara
los perito11 del
proceso Estnh11zy
Del sábado al martes todos los dl'Focnpados de Paris pasaron por la c1&lt;lle de Bru~elae para ve,· la ca~a
dfl treP piP08 y doa puntas cocheras marcadas 21
y 22 his. En e~ta ú!Lima, correFpondiente á 1,. habitación dP Zo!11, que comprAnde el piso bajo y el princi•
pal, babia un p pP) tin brado......... .
La libta de los objett s del anuncio delata un colrccionador qu,; ha rettnicto pacienteme1,ttt mil preciosidll·
dtls. Sin embargo, no se siente la misma impresión al visitar la ca~a di' Zola.
Lo que ha falt11do al dueño
de tantos tapiceP y ornamentos de igletia, objetos chinos,

EL REMATE
En r.uestra primera plana presentamoi, á nuestros
lectores un cuadrito de género, que sin duda alguna.
evocará. en ellos muy agradabl.-s recordaciones de la.
época juvenil.
El examen, el temido exa•
men, ha pasado; recojióse
ya ei fruto de un año de
desvelos, y el terrible jurado-esa trinidad de ogros
- está. para pronunciar su.
fallo.
¡.Cuál será éste? . . . ,
La ansiedad desespera y
con razón el estudiante vi•
ve un siglo en los pocos
minutos yue lo separan de
conocer el resultado. Si este es desfavorable, hay en
perspectiva 11mé,1 de los
Cnua.
di,guetos y de las recriminaciones dt-1 hogar, todo
un año de rPr&gt;Ptición, todo un año robado á la brevedad de uue~tra vida. Si favorable, 1 hi están las vaca•
clones. las yocundas vacaciones con su opulenta cauda de libertad y rte inefabie vaganci1t ......
;No temas. joven Pstudiante, los jurados son piadosos porqut! fueron jóvenes!

&lt;!asa de Cuna.-El Patio.

DE LO.S MUEBLES DE ZOLA.

a

Un sábado de la prim"lra quincena de Octubre aparecieron en Paria tres ó cuatrocitlntos avisos, repartí·
dos convenientem"lnte, en los cualf's 8"' anunciaba el
remate de los mut:bleR &lt;1e la casa núm. 21 biA de 111 ca•
lle de Bruselas, domicilio del autor di, Nana y de
Acuso.
Todos loe periódicos de la mañana hablaban de la

bibelots y curiosidades de todos loR estilos no es
ciert. mentAel dinno y el gu.co, ~iuo la padt:ntta.
Cuando Zola salió d,i&gt;f•m tivan.ente d11 la 1Dt&lt;diocridad y sus hbros le prod:1jero11 u11a renta de mi llonario,~" ocupó en reunir los matP1ial.. s dt: su lujo como
acostum bra á reunir los ".'ateria!Ps dP- una uovt,la,
Con un ardor sin Pjemplo, frecun:tó la CaFa de rematPR y lúS almacenes d,; curiosidadeF; lt&gt;ia •liariamente
11
El Monitor de las Venta." y cuando viajaba corría
tras de lo~ comerciantes de curiosidades.
Compraba sin descanso, jamas ngateaba; queria
dos co~as: safüfac r sus deseos y no pnder ttempo
en compras. Tuvo el ctpricho de sentarse en una silla
de la edad media_y la encontró: soñó con un s11rcófago
de miirmul par&gt;&lt; hacer dfl él una jardinera de flord
artificiales y dió con el objeto desl'ado.
~
Las piezas de la caFa di.' Zola produ cen una impreFión de exce•o en la ornamentacióM. Haf una SHla de
billar en la que serla empresa dificil ma1wjar el taco
sin echar al suelo los bustos y bibelots. Todo lo que

...

,t

Velando al niño .....

-

~-- ___
- _........,
- ----~.--:

Tomando la leche del esterilizador.

�372

Domtn,ro 13 de Noviembre de 1898

EL MUNDO

Domingo 13 de Novlembrfl de 1898

EL MUNDO

373

FATAL CADENA~
-

El dfa aquel en qu11 RJsa-huérfana de un preceptor, muerto, como todo11 los del gremio, en miserables
condiciones -anunció á. sus compañeras de trabajo la
intención de marcharse para siempre del taller en que
,se hallaba, laasedláron todas á mil preguntas sobre su
nuevo género de vida. y aún la encarg·ada del taller
acercóse a ella para decirle:
-He sabido que se va usted y quisiera saber si lo
·h ace disgust,.da con el trato que recib6 ó por alguna
-otra causa agena al trabajo . . ..
-No, señora: aseguro á. usted que no 88 mal tr11 to
ni mucho menos lo que me hace abandonarla, y siempre conservaré á. usted en buena estima por la con
ducta que ha sabido sPguir para conmigo.
-Dabo advertirle, afü1dió la Madame, que tengo fa-cuitadas para aplicar los sueldos que me parezca. conveniente, y que me hallo dispuesta á. aumentar el de
,usted si es que sua necesidades la obligan á buscar

Rosa habla sido hija de un matrimonio constituido
por un paupérrimo profebor y una dama de relevantes cua1idades, y la educacióu recibida en sus primarod años hasta la pubertad, y además, su inteligencia
d.:sp1erta y clara, la hablan hecho culminar desde Iuego al encontrarse poco tiempo después en el núcleo
á que concurriera para entablar la fatigosa lucha
diaria.
Muertos caPi al mismo tiempo ¡08 padres de Rosa,
_,,.,.. -

¡ 11

l

"

,,.

._ ~

vióse estaprecisada. á. trab1tJ11.r para
el 11ostenimiento
suyo Y de su anciana tia, ciega é
inutil. é ingresó,
mediante recomendacio nea, al

-·

El remate en la eai.a de Zola.-'32,000 francos por una mesa"
hay en esta sala fué embargado, con la excepción de
un retrato d~ Zola por Manet cor.siderado como recuerdo de familia.
Los b.istos no tuvieron la misma inmunidad: uno
de ellos que data de 66 está aprisionado 1&gt;or una corona en cuyas cintas se l11e: 11 A Emilio Zola, paladín
del derecho y la justicia II Hay otras muchas coronas
por el estilo; una inscripción dice: "Al gran comba•
tiente, defensor de la libertrd y la justicia, los Húngaros que lo admiran y simpat:zan con él;" otra; "Al
sub time Zola, gloria y veneración del mundo civilizado II y por último, ,m una guirni.lda, colocada en un
Cdballete dorado: "Homenaje á Zola, de cincuenta y
seis institutrices del Haya.11
También fueron inventariados los muebles del salón del comedor, de la escalera, de las piezas acceso:da~ y del vestibulo: sólo, respP.taron _los _agentes de la
ley el gabinete de traba¡o y el dorm1tor10.

El Rimulacro de venta se efectuó en el zaguán. Como Zola no tiene coches, había colocado en ese lug-ar
estatuas de mármol mutiladas, !larcófagos procedenfes de la Villa Borirhese, una virgen d11 madera, un
bajo relieve italiano que representa la Cena, una máscara antigua y piedras sepulcrales.

***

A las 11 de la mañ,ma llegaron algunas damas iug-lesas, los terraceros huelguistas. 'os reportera de La
Libre Parole y de L'Intran~igeant y algunos comer
ciantes de la casa de Ventas que iban por curicsidad
pues va sabian lo que habla de suceder.
A lii una y media se abrió lit puerta para que entraran cuarenta personas que se reunieron á quinientas
que ya estaban e~pi:rando. Para contener el empuje
de la gente, se habla colocado una mesa tras de la

SA.LON DE LA. OA.SA. DE ZOLA..

cual estaban los rematadores, los conserjes del tribunal, los amigos de Zola y los enviados de lo~ periódicos neutrales. ·Detrb de la puerta vidriera, un grupo
de mujert&gt;s rodeaba á la Sra. de Zola, nerviosa y agitada.
Ya se sabe lo que ocurrió. Al pedir 120 francoR por
la mesa misma que tenía delante EII comisario rematador, alguien que e~taba junto á Mllese Va.vid, ofreció 32 000 francos. "Se han ofrecido 32 000 fra!lcos,
quién da más?« -"Deseo ver la mesa," dijo un concurrente habitual áloe remates.- 11Seenseñarála mesa, 11
replicó David. -Y dos mozos levantar,&gt;n PI mueble estilo Luis XIII, vulg-ar. cuy.. valor es de 60 francos; el
co•nisario repetla: 113·' 000 francos ¿No hay quiAn dé
más? .... 32 000 francos, una vez. do" veces .... ¿l'.l,o hay
quiAn dé más? Adjudicada por 32 000 francos al Sr .. .
11
Fasquell11, editor. 11
La comedia que pedía la ley quedó representada,

otra casa en que ganar más que aquí. Me es usted
·útil y deseo por esta razón que no nos abandone.
-Mucho agradezco á la so:ñor" la ooinión que de
:mi tiene formada, pero he tomado ya mi resolución y
estoy pronta Allevarla á cabo en todo lo que me sea
posible.
-¿Usted es huérfana.?
-De padre y madre.
-¿Tiene usted otros parientes?
- Sólo una anciaua tia que comparte conmigo mi.serias y trabajos.
-Le han propuesto á usted alguna ocupación en
,que notablemente disfrute de mayores comodidades?
-No, señora: me propongo no emprender en adelante trabajos análogos á los que hasta hoy he desempeñado.
-Entonces .... no me explico la manera de qué
pensará usted vivir; ámenos que vaya á casarse.
-Efectivamente. Muy pronto, si Dice lo quiere, iré
.á vivir con el hombre que va á ser mi esposo, y al finalizar esta semana dejaré de hacer comp11ñia á usotedes para prepararme á mi nueva vida. He aqui la
razón, que, á no dudar, encontrará. usted aceptable.
A primera vista, Rosa no mostraba en su aspect'J exterior, cualidad al~una que la distinguiese Je la generalidad de las obreras de almacén, cuando al obs·CUrecer ó en las primerashorasde lamañanarecorria
en un grupo de dos ó tres compañeras las calles de la
-ciudad. Alta. de cabellos y pupilas intensamente ne•
gros y más ó menos 'bonita. poseta sin embargo, como
principal atract.ivo, un cuerpo hermosamente delinea•do cuyas elegantes curvas mostrábanse magnificas
.á pesar del humilde vestido poco propicio pariA hacer
resaltar tales magnificencias
Observada detenidamente, Rosa, á pesar de sus
,grandes ojos negros y de su su cuerpo harmónico. resultaba poco simpática para la generalidad, tal vez á.
-causa del pliegue de sus labios, que le daba un vago
aspecto de irritante soberbia y de impertinente im- '
perio. Su risa tenia en si un cierto tinte enfático y
iburlesco á semejanza de la de aquellos individuos á
quienes una alabanza necia é inmoderada saca de
,quicio; no obstante, disfrutaba entre sus compañeras
-d.e una gran dosis de •ionsideración y cariño, debida ·
.á. sus actos de caridad practicados entre algunas de
.la¡¡ obreras más pobres, á su celo en el trabajo quejamás abandonaba durante el dia, y, -sobre todo, á. su
actitud y manera de aparecer, que la encumbraban
Todeándola de una aureola de superioridad moral re-conocida desde luego por los individuos vulgares
,que la trataban.

t111lerdelquemáRtardi,habfa desalir con la esperanza de una unión próxima á realizarse.
Poco después de aquella converllación sostenida
por la joven y la directora, Pl pintor Julio Orla, trabajando una mañana en el atelier, recibía la siguiente
carta escrita por Rosa.
«-¿QuiéreR hacerme feliz. como lo repites hace tan«to tiempo? Pues bien, ha lle~ado la ocasión de bepa«rarnos para aiempre y de vo,verá ser como antes, dos
«extraños. No te exijo na&lt;la más, ni aún el olvido ab«soluto, porque sé que serla una ofensa demandar tal
«cosa. de ti, ya que durante mucho tiempo has aeegu«rádome que sor tu único amor después del Arte,
«Tampoco creo que llegues á supcner el enfriamien •
«to de mi cariño: te quiero hoy lo J11ismo que ayer, y
«d_uran~e tod~ mi vida me acor~aré de ti porque has
•stdo tu el pnmer hombre á quien yo he amado, in«clusive mi padre Sin embargo, hay otro hombre que
«tiene mayor óerecbo á mi ti,rnura, y este hombre es
«mi hijo, es nuestro p"queño hijo que empieza á bal«butir "papá" sin tenerlo.
•Aparte de este acto, no creo que tengas otro algµ«no que reprocharme: he sido fiel á ti durante tres
«largos años en que mi amor de joven me ha fortale«ci_d_o pa~a esperar, inútilmente. por desgracia, la le«g1t1mac1ón de nuestras relaciones; y hubiera tal vez
«esperadc más, si no existiese hoy otra honra que de•
«manda mi cambio de conducta. en adelante. He sido
«tuya y seguiré siéndolo, si no de hecho y material«mente, si por el connubio de nuestros espíritus efec«tuado ha tiempo é indisoluble á pesar mio; y á cam«bio de mi cariño y fidelidad de este tiempo pasado
«recla,oo de tí "1 no volver á buscarme ni hacerm~
«recordar de manera alguna esa ex istencia anterior,
«que amo, pero á la cual no debo ya volver los ojos.
«Tiempo es, pues, de decirte tod·&gt; lo que ha de su«ceder, sin ambajes ni reticencias, ya que gustastan«to de la ver dad desnu&lt;ia: Vive cerca del almacén en
«que trabajo, un hombre de cuarenta años, más ó me«nos, propietario de un pequeño comercio y que se
«llama don Ernesto Berna!. Hombre de sana&lt;i costum«bres y de sencillo carácter, trabajador y bonachón
«poco ó nada instruido, si no es en cuanto á los valo:
«res en el mercado, y dedicado con gran ahinco á sus
«negocios,
en todo y por todo, lo que se llama un
«burgué~; posee algu!los miles de capital, que no
«aventura sin previas vacilaciones, es soltero, solo y
«goza de una salud incomparable. He aqui á gran«des rasgos el hombre que ae conceptuaría feliz en
«exceso, si yo accediera á. ser su esposa, y que no es«pera más que mi asentimiento para acercarse ante el

"ª

•

«altar de la Ley y darr.os honra á mi hijo y á ml-por«que nos acepta á ambos.«Para hacerle admitirá mi Gastón, he forjado una
«historia, inveroslmil para cualquiera otro, menos pa«ra él, que me ama ciegamente y cree ..n rr,i sin un
«átomo de duda. Por esta hi~t ,ria, el niño aparece co«mo hijo de una dama de alta posición, cuyo nombre
«permanece en el misterio, la cual dama hace llegar
«á mi oder, el dinero necesario para el sostenimien«to de pequeño. Esta burda trama. que á cualquiera
«otro autorizarla para pretender de mi licencias y
,desmanes, ha aumentado sólamente en el señor Ber«nal el amor q•1e me consagra; pues diee que muy
«grande y caritri.tivo debe ser mi corazón, cuando por
•prac!icar una buena obra he desafiado á la maledi•
«cencia.
«Así puPs, muy pronto, si los acontecimientos no lo
«impiden, Ga~tón se llamará Gaetón Berna!,
«y yo de«jaré de ser la. amiga de un artista
«para transformarme en honrada y respetable señora.
«Comprendo que este paso dado por mi
«poará afectarte: pero estoy resuelta á ello y
«su falta de realización no dependerá. de mi.
«Mañana iré á verte por última vez, nos des«pediremos como dos buenos 11.ermanos, uno
«de los cuaies va. á emprender un largo via«je,del que, acaso. no habrá de volver, y es«pero que muy pronto hallarás el consuelo
• de e.te abandono, entregándote por com«pleto á la realización de tus euaueños de
«Arte.•

f

A la salida del taller, una vez finalizadas
las labores del dia, Rosa, contrariando la costumbre establecitia, encaminose sola á su
hogar, pretextando a ute sus compañeras cierta ocupación urgente que la obligaba iJ marcharse sola. A poco andar, experimentó la
impresión de alguien que deliberadamente
la siguiese; volvió la cabez&gt;l y sus miradas
encontráronse con las tímidas v cariñosas
del comerciante, que avanzaba en su seguimiento
-1Ahl ¡.Es usted? No le había visto.-Prorrurupió Rosa deteniendo el paso:- ¿Lleva
usted el mismo rumbo?
-Si, y si usted lo permite la acompañaré
hasta su casa; pues no es otro mi deseo .....
-Muchas gracias ...... Estoy segura de
que no encontrarla en mi camino mejor
acompañante que usted, y acepto gustosa
su ofrecimiento. Vamos 11ndadno,
·
-¿Esto es que se propone usted tratarme
con mayor indulgencia en adelante? 1.Acaso
tendría yo la felicidad de ver que mis palabra. han llegado á conmoverlai'
-¡Chstl No hablemos de eso Acepto la compañia de
usted-clavando e!l él sus profundos ojos-A condición de no tratar esos aeunto,i, Tiempo hay de
sobra.
-Es que hace much,, tiempo, desde que la conocí,
no puedo pensar en cosa diferente: ¿Des~a usted tal
vez prolongar indefinidamente Pete tormento? ¿No
está usted stigura todavía del cariño que le tengo?
-Pues ....
-¡Oh, sil Tengo esperanzas de que usted ha de darme crédito; ~I corazón me di.::e que no puedo soñar
en balde tanta felicidad ... ,
-¡Ja1 jal jal Pero .... el qu.. yo ha.ya dicho que hoy
~o se debla tratar tales asuntos no ~igllifica que manana ....

•

�374

-¿De veras?
-Cou st&gt;guridad.
- 1Graciad, mil gracias! No sabe usted que feliz me
hace con SUR palabras
-Esta e~pna será b1méfica para usted; pues le
p~rmitirá rdlexionar aún sobre lo que va á de•
cirme.
-Nada tengo que agreg-Rr: usted conoce ya perfec•
tamente lll honradez de mis intenciones y la sinceridad de mi cariño. y no falta má• que una. palabra suya para que lllis esp~r11nzas ~e rt&gt;alicen
-Allá veremos. Ahora, dPjeme nPted porque nos
hallamos cerca de la casa. Haata mañana.
-Sl, hasta mañana.
El señor Bernal detúvose t&gt;n la acera, cerca de la
esquina, viendo alPjarse graciosamente á la joven;
una vez que la perdió de vi,ta, giró sobre sus talones
y encaunnose sm apre1mramit&gt;nto, láetidas las manos
en los bolsillos de la americana hacia las calles céntricas de la ciudad, llenas á esa hora de innumerables
transeuntes.
Marchaba lentamente como aquel que necesita meditar sobre algo que le preocupa. y sm labios á. vect&gt;s
entrl'abrianst1 balbuceando frases incoherentes; llegó
bajo el mechero de su restaurant y entró á éate, sentándose antt1 una de las mesillas de mármol.
Cuando el mozo le hubo servido, el s~ñor Berna) ex•
trajo de su faltriquera una carta escrita en papel común, por sus cuatro carillas, col) 11na !etra torpe y
desigual; ley ola atentamente y , uedó•e en seguida
con lt&gt;S miradas fijas en un punto invisible.
-He aquí-meditaba-toda la grHVE'ldad que consigo puede traer un acto irreflexivo Si alguien me hubiese asegurado hHce dos ~ños t&gt;@te resultado, de se¡?'Uro que me habría echado á reir. Tal parece que la
desgracia se ha acordado de mi y viene ahora á reclamarme 1,u parte . . ... .
_Me amenaza ...... Y es muy capaz de hacer lo que
dice ...... Una vez resuelta, no la detendría nada ... .
_¡En _fin! No ha,v que dejarse abatir; no todo está perdido: iré á verla hHSt&gt;t donde se halle; le daré el dinero que quiera y má~ aún para acallar sus pretensiones y á condición de no volver á. importuna1 me ni á.
acordarse de mi t'n toaa su vida. Si, si .ae negara yo
asi, rotundamente, cap11z seria de venir á buscarme
y provocar el gran escándalo. ¡Yno! 1E~o nunca! Hoy
que veo la dicha casi al alcance de mis manos ..... .
¡Dios no permita que esa mujer conozca mis planes!•..
A la mañana siguiente, des pues de una larga noche
d~ !nsomnio: Rosa preparose á. salir con el objeto de
visitar á J uho antes de las horas de t, abajo. Las reflexione11 a@emPjábanse eri amar¡?'ura á las del comer•
ciante, y remordimientos y zozobras ha8ta cierto punto análogos maceraban su voluntad hasta el grado de
producirla aqut&gt;lla vie-ilia de la uoche anterior.
-¡.Qué f'Ít:Cto habrá producido e11 él mi carta? ¿Acep•
tará filosóficam1&lt;11te el caso, ó se dt&gt;jará arrebatar por
la exaltacióu? ¿O se vengará tal vez descubriendo mi
secretn?
El atelier dPl artista, á la llPg11da de Rosa, hallábase
cerraoo. Tocó, mA11 no obtuvo reApuesta; quiso enton•
ces supuuer que Julio, no teniendo qul' esperarla co•

EL MUNDO
mo de costumbr&lt;&gt;, habrla permanecido en ellechoy sentose
á aguardarle en eJ di.ut.-1 de la
puerta de entrada. EPperó
'
Inútilmente durante una hora,
llamó repetidas vecP11. v al cabo, desalentada. bajó la escalera, oprimido el corazón por
aquel inesperado suceso.
Durante los dlas subsecuen•
tes, el P~tudio del pintor p~rmaneció cerrado para t&lt;lla,
mientras tanto, el comercian •
te activaba los preparativos
de su enlace con Rosa; lamodist~, PI sastre y el tapicero \
visitaban de continuo al se•
ñor B~rnal y un dla, l&gt;ste des
pué~ de muchas conversaciones con su prometida, presE'ln·
tóle un paQuPte de esquelas
en que ~e ar:unciaba el futu•
ro m11trimouio
-V.-ng-o udemás-ia dijopara invitarte á conocer tu nueva ca~a y para
que tú i..l mismo tiempo, me dig&lt;1.s si es de tu
gu11to. Traigo un coche que nos conduci, á á ella
dePde luego, Ai no tiene" inconveniente.
Y 11e fue1on los &lt;los, la una muy cerca del otro,
amableme11tt1 unidos y di6cutiendo acaloradamente acPrcade los menores detallt&gt;s de la nueva ea8a. El coche en que iban, rodaba á lo largo
de las callt-s, t'Dtró á la avenida pri11cipal, reco rriéndola hasta su t&gt;xtremo, siguió por un cos•
tado del rarque, concurrido en aquel momento
por cien grupos de paseantes, de esos que i, ban ·
donan temprano el lecho en busca de 11ire saludable. cruzó ante la estátua ecuestre que atrae
ha tiempo las miradas de propios y 1cxtr11ños,
por lll b lleza de su t&gt;jecución. torció por la iz·
quierda y al cabo de un cuarto de hora se detuvo ante una casa de 11legri,ap;;,riencia,construida cercadtil foso que sep11raba el campo dela calzada.
Una vez en el intnior, Rosa, agitada por una maní·
fiesta alegria, iba de 11qui oara alll, arrastanao caEi
por la mano á su promttido, abtiendo y cerrando
puertas y ventanas, y él se dejaba llt1var. h11cer y sacudir, pleno de rE'lgocijo al advertir las manifestaciones de aprobación de su compañera.
-Esta, -decía Rosa asomada á la ventana desde la
cual se distinguía la arboleda de la gran calzadaserá la elegida por mi para pasar las ta::.-des mientras
tú llegas; desde aqui-añadia pasando á otra piezapodrll vertP 1legar cuando te anuncie el timbre de la
tranvía, y por la mañana, esta puerta ~erá por la que
yo salga con el delantal rep)Pto á distribuir el grano
entre los animalitos del corral, que hau de acudiI pre•
suroeo~ A mi 'Jamada.
¡Qué hi,rmosa existencia voy á pasar aquí! Sembraré en el jardln muchas flores muchas roPas sobre todo; en el corredor cantarán siempre dos ó tres pajari·

Domingo 13 de Novlembro de 1898.

DomlnJ?O 13 de Noviembre de 1898.

s

.\

i

llos bulliciosos é lncansab)eij, y todos los dias, d&lt;&gt;p.
pués de haber prendido en el ojal de tu solapa la flor
m4s fresca y reciE'lntemente abierta E'lllo,, serán los que
endulcE'ln mi kiPteza de ver cómo el tren te llt1va á la
ciudad. ¡Ob! cuán aMio~amE'lnt"' ePpera mi co~azón el
¡?'ran dial ¡Cuán feliz y satisfecha voy á vivir á tu
lad&lt;,J
- ¿Y no tE1ndrás miedo á los ladrones?
-· ;.Crees tú?
-Pudiera ser. Esta inseguridad, estA aislamiento
es lo único que mtt repugna de la casa. Si yo estuvie
se siempre á tu lado. el caso m~ parecería risible; pero t'3 amo de tal manera y t&gt;res tan adorable.mente
hermosa. que temo y con razón el que álguien te arrebate envidioso de mi lado.
-11-lah, pusilánime!
-¡Fea!

***

Llt&gt;gó el diA del t&gt;nlace y t&gt;fectuose sin que Rosa hubi1:1ra logrado vE'lr á Julio Esto desazonábala un tan•
t1J y la embargaba en profundas cavilaciones que no
lograba desterrar ni la presencia del señor Be:rnal.
Repetiast1 constantl'ment1:1 las mismas preguntas sin
encentrar una respuesta Pafüfactoria: ¿Qué conducta habrá resuelto 11doptar? ¿Cuál 11erá su actitud una
vez que sepa que estoy casada? ¿Me olvidará? ¿Vendrá á buscarme?
Cierto dia en que Rosa babia ido á compras á la
ciudad, al recorr_er. s.e,ún.costumbremujeril, los-eseaparate11, detú.vose de pronto abrumada pvr un espectáculo espantosamente desolador. Sobre un caballete, en uno de los aparadores de una casa de Arte.
ostentábase el cuadro :le una hermosa mujer semidesnuda, en graciosa actitud artística. El parecido
con la mujer del comerciante exacto: el pelo, Intensamente negro, descendía ondulante sobre las ebúrneas
espaldas, y en los ojos parecía haber concentrado el
artista toda su atención y toda la pujanza de su nu•
men extraordin11riol Aquel cuadro era conocido por
Rosa desde mucho tiempo atrás; habla sido hecho ¡.orJulio en la primera llpoca de relaciones con la huérfana; copiado linea á lin1:1a, retocado cuidadosamente
una y cien veces, entre caricia y caricia, dur11nte las
primeras horas de 111 mañana, que dejaba libres á la
joven el trabajo del Almacén.
Ante E'll aparador un grupo de amateurs comentaba
el trabajo expue~to al público.
-JEhta si 11s pintura y no la del imrécil ese del otro
día.
-¡Claro! Pero esto debe ser algún extranjero: el
país no produce todavía cosas sl'mejantes.
-¡Calle usted! :U11ted siempre con ~u impertinente
admiración por todo io que no es nacional.
-Además de que una belleza tal ea inverosímil. ...
-Pues señores: casi puedo asegurará ustedes que
eso eso es producto del pais. ¡Sí estoy por decir que
esa cara la conozco!
-¡Hombre, hombre' ..... .
Ro~a no quiso detenerse un momento más. Alejose
violentamente, volviendo las espaldas al grupo, dió
vu~Ita por la esquina próxima y media hora des¡més,
dl'Jábase caer desalentada en el canapé de su habitación.
Sus pensamientos se atropellaban y revolvian como
las innumerables olas de un mar irritado; volvía á ver
como años atrás, sus primeros meFes de relaciones
con el artista, cuandó el amor revolaba sobre ambos
con l s alas dE'I una esperanza riente; su paulatino des·
pertar del espiritu á las sensaciones del arte, provo•
cado por las api.sionadas frases del pintor, quehabian
hecho al fin un adepto más en el núcleo de los seres
artistlcos;_tornaba á ver~e oprimida por los brazos d~
de él, cubierta á besos candentes la boca entreabierta
por la emoción, abandonada á los transportes de
la n11tur11leza con la deleitosa fruición de los placeres
apenas gustados Más t,rde, d sentimicn:o matcrnnl

levantándose de improviso en su alma hasta superar
á todos, inclusive 1:1! de la conservación propia y provocando en ella el remordimi1:1nto de la falta cometida,
inclinándola á sacrificar todo placer y estabi.idad por
el afán de un nombre qut1 dar al hiio espúreo. Y al
pensar en esto, surgia la vulgar figura del comerciante al cual se hallaba unida; recordaba sus frases
torpes y trabajosas de individuo burdo y anartista, su
palabra melosa hecha para li11onjear sirvientes, y s11
aso".!lbroso candor q11e le arrojaba. confiado en brazoR del acaso, ~in prncauciones ni estC1dios previos.
Sin embargo, habla logrado su de,ignio: su hijo iba
á llevar en adelante un apellido. Pero á costa de qué
sacrificio~! Sólo un de~arrolt0 de voluntad como aquel,
efectuado por ella y dificil dt1 repetir, hubiera podido
ofrecer semejant1is resultados.
No obstante, la volunta&lt;1 declinaba. Aquella sola
prest11,cia dtl! cuadro pintado por Julio mucho tiempo atrás y bien conocido por ella, era suficiente para
transportarla al pasado y hac1:1r hundirse en una niebla de desaliento todos sus designios; Btl veía nueva•
mente pot1eida por él, de mant:ra i11apelable, como
las briznas de paja que caen al arroyo, se detienen
un momento, y vu1ilvt1n á. ser arrebatadas por la co•
rriente que la,; ha hecho suyas Re11acia en su sér el
mismo amor de t tros dlas, con $US agitaciones y sus
Vl'hemencias. con su colorido peculiar impreso por el
iSpiritu superior del arti~ta, cou su,; ins•a11tes de mística contewplacióu y su11 arrebatos pabionaltis, y la
figura del buen ijeñor Bei:nal resurgla en la mente
flon repugnante aspecto de vulgaridad.
En esta lucha reclamaba también su partE'I la coquet1iria. Aquella frase Además de que una belleza tal
es inverosimil. escuchada momentos antes, haciala in•
clinarse máM hacia el pintor, con per,juicio del esposo.
Es decir, que se babia etJtregado á un hombre que no
sabría aprl'ciar la artfstica hermosura de su cut1rpo,
porque no era caoaz dt1 semejante idea, mi,:mtras 1¡ue
el otro, el que la habla idealizado. el que admi:-a t,a en
ella. po8eido de profundos éxtasis, la maravilla de su
conjunto, no volvería jamás.........
Rosa creyó necesaria más qut1 nunca una entrevista con el pintor; experimentliba la exigencia dt1 ver•
le y hablarle, para conocer su estado de ánimo; ¡ah,
sil para saber á punto fijo la causa qu11 le babia impulsado a mostrar ante d público, aqudla pintura intima, si asi puede decirse; y una vez la una frente al
otro, le rogarla, se arra~traria á s,.s p1és si era preci•
so para hacer que rttirase el cuad,o.
EmbRrgada por esta idea, Rosa abandonó el canapé, y dirigiéndose al escritorio, escribió.
"Me es de tal modo necesario el verte, que no vaci1110 ni en usar de este medio, por t l de lograr mis fi.
"ne$; y si no voy á buscarte, es porque estoy segura
"de que mis pasos serian infructuosos, y tú, como
"otras veces, me cerrarías tu puerta.
"No eé que fibra tocar en ti para ver coronados mis
"deseos ¿Recurriré á tu amor? ¡_A tu caballerosidadi'
"Vivo en la casa cuyas señas van en la tarjeta que te
"envio; mañana por la tarde, yo daré una ocupación
"cualquiera, lejos de casa, á los dos úRicos sirv!entes
"que me hacen compañia. y m~ encontraré en comple"ta libertad para recibirte. Ven sólo un momento, un
"instante, segur&lt;&gt; de que podrá., alejarte cuando lo
"desees"
Agonizaba la tarde del siguiente día á. aquel en
que Rosa escribió á Julio; sobre el ocaso desplegába•
se maravillosamente la clámide del astro oculto por
los montes lejanos semejantes á un gran mauscleo
bañado por una lluvia de brillante polvo de oro; arri•
ba, en el verde desvanecido que for-maba el intenso
fulgor del Poniente al esfumarse en la bóveda azul,
la estrella de la tarde cintilaba, primero con vaguedad, después y poco á poco más hrillante, c-omo una
lágrima que cayese sobre la falda de una doncella
pt&lt;nsativa.
En derredor, sobre el campo, las arboledas distantes ensombrecianse paulatiuameute confundiéndose
luego con el muro formado por las montañas; aqui y
allá los álamos, besados apenas por el viento, voltea•
ban sus hojas blanquecinas semejando fugaces parpadeos; callaban los péjaro~ refu¡!'iados ha poco ,.ntre
las frondas, y, descendiendo del Oriente, la calma y

37fi

EL MUNDO.
el silencio iban poco á .poco adueñándose de• conju1,to.
En el interior de la habitació,1 de Rosa y en el mti·
dio de ella., hallábasi,la ex·
modista ante el pintor, que
l¡i. contemplaba inalterable,
cruzados los brazos sobrti
el pecho, fijas las miradas
en los ojod de ella cuyos
p ltrpados parecían haber
perdido de pronto su movilidad.
-Y bien -prorrumpió el
artista después de un largo mutismo- heme aquí
obsequiando tus deseos.
Alzó la joven, por un su•
pr1imo esfuerzo los ojos hacia él, y tornó á bajarlos
murmurando casi imper•
ceptiblement1&gt;:
-Ayer... fai á la ciudad..
-¿Y.?
- i......nopude permane
cer por mucho tie:mpo; mi
alma se ha visto profundamente atribulada ....
-Continúa.
-Pienso que ha caldo sobre mi, algo como la pesadumbre dti uua maldición.
- ¡ Bah! Tranq uiliza~e: no
será la mía.
-¿Pero es que? ..... .
-¿.Qué?
-.Que no me aborrece&amp;?
• -¿1 o? No ....
-¡Ah! Entonces será que o!vidas mi falta ... .
-¿~lvidanai' No, es muy dificil
-i!;sto bignifica-animándose po:- grado¡¡-que tú
me amas aún. puesto que tu memoria 11e resi~te á borrar nC1estro p~sa.do; que si caigo á tus plés 1,rrepentid , hallaré J.ma mano que me ayude á levantar, que
si las lágrimas me ahogan y corren calcinando mis
mejillas, encontraré todavía quien puo::da enjugar·
las ......
-Si. Ese .... es tu marido.
-¿Cómo? Es &lt;1ecir aue ... .
-(&lt;lue según las leyes todas, el adulterio es un climen.
-Pues bien-exc18mó con desgarrador acl'nto la
mujer dd comerci1rnte-,\'O Pertl um, mujer criminal;
aceptaré la m11ldición de mi mai ido, el desprecio de
todos; más tú ¿arr0Ja1 ás también sobre mi la humilla
ción?
-¿Y no la has arrojado ya antes sobre mi? ¿No ha~
hecho triunfar una vez más al burgués? ¿Acaso te f¡.
guraste al¡,;ún dla, que un paso semtjante iba á hallar más ó mt&gt;nos tarde la disculpa?
- La disculpa. no; pero ....
-¿Qué más necesitas~ Alcanzaste por fin lo que
tanto deseabas y no tienes razón dt&lt; qut&gt;jarte; nea :va
al cab., una h ,nrada y respetable señora ... . ¡Jal .Jal
¡Jal Honrada y respPtablel ¡Pobres burgueses, opu·
lentos de oro y mendicantes de sentido l. ...
-1EscúchamP, ten prPsentf l. ...
-No, no. Es inútil. eé todo lo que vas$ decirme y
te ahorro el t1 abajo de hacerlo. Eres feliz .... Sigu11
del mismo modo.
El pintor dirig' ósA á la puPrta, la abrió, cerrándola
después tril.s..de si, llegó hasta la verja de la entrada,

y si~uió por la carretera, alt&gt;;ándose en dirección de
la ctudad.
Sobre el azul del cielo, la m,c~e h: bia t&gt;Xt ndido
su sombra como un manto flordefüado.
Cuando i&gt;l st&gt;ñor Berna! ugre~ó á casa, una vfz fi.
nalizaJas las labores dt&gt;I día, salió un criado á recibirle, con la consternación pü,tada 1-n el st&gt;mblante.
-¿Y la s~ñora?-intfrrogó pres&lt;:intiendo la proximidad de uu infortunio.
-No entre usted, st ñor, le h,1. sucedido una desgracia.
Entró á pesar de todo. En la a!cobR, sobre el canapé hallábase inanimada Rosa, ma1,ch11das las ropas
por la sangre de un ancha herida abierta l'n el pecho.
La muerte babia pasado sobrt: t&gt;lla crispándole las
manos, contray~ndo su boca y l!bandouátJdola al fin
en la dolorosa actitud del perpetuo descanso.
El viudo babia caido de rcdillas ahte la muerta, como un árbol derribado por el huracán, pronunciando
frases inconexas y entrecortado el aliento por ·los so•
llozo11
11
• • • • Y todo habla suc, dido por su culpa; si él hubiese
temido, como debla, la veng~nza y el aislamiento .. Si
por lo menos hubiese procurado para el a la corr:pañia de 1,eres adictos y cuidadosos .... Pero alli ,claro!
en la soledad, sin opo1tunos auxilios .... una mujer
sola durante todo el dia, expuekta á. loe ataques del
primer fascineroso" ....
Sobre la cuna animada al lecho, el niño •iePpertó
de pronto. dl'jando oir un leve vagido. Incorporost1
el viudo dirigiéndose á la cuna, tomóle en brazos,
mec·éndole car,ño&amp;amentecomoun tierno padre arru·
llaria al vástago tnfermo, y acercándose al canapé,
sus labios pronunciaron caPi en secreto, algo como
las frases de una oración pó~tuma.
Todos los domingos por la maña·na7ef'coiñe'rciant~
don Ernesto Bt,rnal acompañado de su hijo Gastón,
postrábat1e durante largas horas ante el sepulcro de
su eepoea, tn gie11mente muerta por su culpa.
~

A URELIO GOl\ZÁLEZ

CARRASCO.

�376

Domingo 13 de Noviembre de 1898

EL MUNDO

lJomfngc 13 de Noviembre. de 1898.

377

ELMUND_O

TARDE DE OTO~O.

PAGINAS DE LA MODA

La luz se vá: la sombra vespertina
Sobre el verde confin vagante rueda;
Y el boyero levanta en la arboleda
Las noias de su música divina.
Muje triste la res; la purpurina
Flor de los ceiboa en letargo queda;
Y agitando aua réoiged de seda
.l!a Iuchezón se ciernti en la colina.
Flotan sobre las cumbres los rumores
En que mezclan sus rezos fatigados
Rloe, verduras, árboles y flores.
Y pasan, en las sombras embozados,
Loa espectros de todos mis amores
.Por toda~ mis angustias escoltados!
CARLOS RoxLO.
Montevideo: 1898

IDILIO ETERNO.

LA FRAGUA.
(RICHEPIN)
En la fragua que fulgura,
Tarareando machacas
Mí corazón en el yunque,
Con un martillo de plata.

~i(jjoó zomanticiómoó.
INTIMA.
Qué cansancio! .. . ...Ni gozo ui padezco;
entre el hoy y el mañ·ma,
siempre un mismo horizonte eu un.- misma
senda sin fin y árida.
Yo camino al azar; @in rumbo fijo
muevo la déhil planta,
apoyado en las musas invisibles
que me gufan caBadas.
Yo vivo en un crepúsculo 11iniestro,
de claridades vagas,
pues ni la noche se desata en sombras
ni el día se adelanta.
¿Lo presente? .... Ni dudas, ni deseos
ni temores, ni ansias;
· '
siempre un mismo horizonte en una misma
senda sin fin y árida.
¿Lo porvenir? .... Quién sabe! El abandono
las tinieblas, la nad11;
'
parece que la mano del destino
de impulsarme se cansa.
¿Lo pasado? . . .. No puedo hacer el viaje
si mi abatida alma
'
· no puede volver á lo pasarlo
porque le faltan alas.
Yo sólo sé que tuve de la vida
la~ corrie;ites en calma,
que vino la tormenta, subió el cieno
y ennegreció las aguas.
Yo sólo sé que tuve sueños de oro
entre visiones blancas,
y que senti las tristes alegrías
de los seres qne aman.
Sé que todo ha pasado; ti! dulce instante
como la hora amarga;
que no me empapo en el horror sublime
de las escenas trágicas;
que no se acerca una mujer hermosa
para decirme: ¡cantal
que ya no me parece la existencia
ni leve. ni pesada;
que si en el libro de la vida leo,
·
Gloria, Amor, Esperanza,
me digo como Hamlet el sombrío
¡Bah! palabras, palabras ..... .
que veo sin placeres, sin dolores,
ni sonrisas. ni lágrimas,
siempre un mismo horizonte en una misma
senda.sin fin y áritla ..... .
Lurs G. UnBINA,

¿Quieres dél para el verdugo
Forjar la tajante-e~pada?
Haz que la lámina templen
üon mis lágrimas por agua.
¿Quieres dél para tu pecho
Una joya delíci.da?
Busca tin el. centro: tu imagen
Purpurina alli se halla.
¿Quieres de él sacar clavoe?
Pues toma, por si los labras,
De modelos tus caprichos
O mis sospechas airadas.
¿Quieres combarlo en esfera?
Pues á tu seno lo adapta........ .
Mis en tu afán asesino
Lo golpeas para nada.
Sólo quieres distraerte,
Y pegas, forjas, remachas,
Por ver cómo lo cercenas
Y en el yunque se desgasta.
Y ríes como una loca
Cuando el fuego que se escapa
Del rojo bloque vencido
Bajo el martillo que salta,
Deslumbrador estallando
Siembra de estrellas la fragua
Y sus chispazos de sangre
Se extinguen en su garganta.

Ruge el mar y se encrespa y se agiganta;
L .. luna. ave de luz, prei,arli el vuelo,
Y en el momento que la faz levanta,
Da un beso al mar y se rtimonta al cielo.
Y aquel monstruo indomable que respira
Temptiatadea y sube y baja y crece,
Al sentir aquel ósculo, su11p1ra ..... .
Y en su cárcel de rocaa ......... ee extremece!
Hace siglos de siglos que de lejos
Titimnlan de amor tin noches estivales;
Ella le da sus limpidos reflejos,
El ofrece aua perlas y corales(
Con orgullo se expresan sus amores
Estos viejos amanttis afligidos:
JWa le dice: "¡te amo: 11 en sus fulgores,
Y él responde: "¡te adoro!" en au11 rugidos.
Ella lo aduerme con su lumbre pura,
Y el mar la arrulla con su eterno grito,
Y le cuenta au 11fán y su amargura
Con una voz quti truena tin lo mfinitol
Ella pálida y triste lo oye y sube
Por el espacio en que su luz desploma,
Y velanuo la faz tras de la nube,
Le oculta el duelo que á su frente asoma.
Comprende que su amor es imposible
Que el mar la copia en su convu1110 atino,
Y He contempla en el cristal movible
Del monstruo azul en que retumba el trueno.
Y al descender trae de la sierra fria,
Le grita el mar: "¡en tu fulgor me 11b1·asol
No del!ciendas tan pronto, estre!ta m1111
¡Estrella dti mi amor .... detén el .11aso!. .....
Un instante!. ... mitiga mi amargura
Ya que en tu lumbre sideral me bana11;
1o tti alejes! ... .¿No na tu ima¡:-en pura
Brillar eu el azul de mis ent; -.nas?"
Y ella exclama en su loco desvarío:
"Por doquiera la muene me circunda!
Detenerme no puede, monstruo mio!
Compadece á tu pobre woribund11!. ...
~tli último beso de pasión te envio:
Mi casto brillo á tu semblante junto!. ...
Y en las hondas tinieblas dd vacío
Hecha cadávtir se desploma al punto!
Deapuée el mar, de un polo al otro polo
Al encrespar sus olas plañideras,
'
Inmenso, triste, desvaudo y solo,
Cubre con aua sollozos las riberas(
Y al contemplar los luminosos rastros
De la alba luna en el obscuro velo,
Tiemblan de amor loa soñolientos astros
En la profunda soledad del cielo.
Todo calla! .. el mar duerme y no importuna
Con sus griton salvajes de reprocne,
Y ;,ueña que se besa con la luna
En el tálame 1iegro de la noche!

•

•

•

JULIO FLORRS.
Colombia: 1897

BALBINO DÁVALOS
México, 27 de Julio, 1898.

SILENCIO.

LA CAPILLA.
Sola y abandonada la capilla,
destrozados presenta sus altares,
cual los raudos bajeles, que los mares
empujan iracundos á la orilla .... . •
Alli para rezar, no se arro&lt;lilla
la gente de los próximos lugares,
qutidán.iose el domingo en bUB hogares
con la mano apoyada en la mejilla.
Al pié del preguntón confesonario
hallé una larga epístola amorosa
con esta firma nada máa:-Rosario.
¡Y en aquella capilla silenciosa
pensé que del rincón más solitario
hace su Edén una mujer hermosaL .......
B BYRNE.
1898-Inédita.-

. Tú sabes que tu ideal ea prematuro:
tu sabea que no es tiempo todavía
de que darrame el suspirado día
l:!z de justicia sobre el antro ob11curo.
. Si ~l p~rvenir es sordo á tu conjuro,
~1 ea mut1l tu afán en la porfia.
calla y contempla con mirada fria
las penumbras inquietas del futuro .........
Canta al sol, cuando el sol bese la cumbre·
pero hoy aomido en ti, sella tu boca:
•
IY qué ruede á tus piés Ja muchedumbre!
Más va)e ser, guardando el pensamiento,
mudo y firme á 111 vez como la roca
que hablador y voluble como el vie~tol
Lima: de 1898.

JOSÉ S. CHOCANO.

Flg. 1.-C'upn de la estación,

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�378

Domingo 13 de _N~vlembre de 11:198.

EL.MUNDO
4.0 Quiero que comprenda mi futuro que la generalidad de las mujeres mas apreciamos ser amadas ..n
la pobreza que olvidad1111 en la opulencia; que r.o bas
tan l..s blondas, encaJes, oro y diamantes, para lltnar
nuestro corazon. En tal virtud, no admitiré que mi
marido h ..lle más encanto entre sus amigos que á mi
lado, salvo que sea tan tonta quti no put!da hactrle
agradable la velada en casa.
5 ° Tendrá razón t&gt;n exigir que él sea mi primn
amor;yomecontentarécon que yo sea el último 11m(Jr
de mi marido.
6 ° J'lio 10 quiero ni tacaño, ni pródigo, ni viejo, m
demasiado jvven; ni enfermo porque uo quiero ser
hermana de caridad; ni egoista, desevgañadr, del
muudo, misántropo, ni sencillo hasta la e'otulticia, ni
tan sabio que me olvide por am!lr á la ciencia ó a lut1
&amp; bul1 a dos infc,Jios.
-~
!,\~&gt;
í O No ganarñ mi mano. aun..c4"-t~
q\Jti v11lga muy poco, quiPn tn
l .,.,.. •
i-sLilo romántico me llamaré dio~{)~ i_
sa. flor, querubín. ensut'ño Asf
CL mo no comprendo qu~ 11lgun&lt;' ¡-~- ,.
.
se prPnde de mi porqm (¡" ,
v)
cantomfdianamtnte,nc
JJ
. /~
comprt&gt;nde· ia que, poi
, '~
1
il/ &gt;·
el hecho de ser bué1
pintor, litt&gt;rato de fama
.
me tmbarcara llevando
~\~
por gula á un piloto qnt·
Í\1
no entiende cómo st
7
mant&gt;ja la nave.
f1'J
1
.:::-,

,m~·~

Domin¡ro 13 de Novl ..mbre de 189h.

•

.Sljj

NOTA.-Soy hija úni •
ca, de padres ni pobre~
ni ricos No tengo parientes inmediatos. He "'l!"rPcibido una mediama
educación, no me desmayo. no padezco de los
Fig. 6-Jacquette nuevo estilo.
nervios: no tengo 1uiedo
á los ratonts, ni soy al
11
Socialmente11 es la co•npa:ína inseparable dPl hnm
ta ni baja, más bien more•
na que blanca; cuento veinte bre, 1~ ca~sa printipal de su felicidad ó su debdich.t,
o e! verdugo de sus hij"B
años, no leo novelas, yo coso el 11abrigo
Magnét;camente11 f'S una brújula que sirve de gula
mis vestidos, lavo cuando hav
en su pnPgrinación por el mundo
necesidad, eé barrer la casa al .~otnbr~
Botámcam11ntt11 f'S una hermo11lsima planta qui,
y remendar ropa; tengo pocas
la vtz flores y ePpinas, frutos d11lces y
amigas y ningún amigo. No produce á~ando
aroma de vino ó jugo venE'nOE0.
me da vergüenza confesar ao;11argos,
11
11s un lindlsimo b1pedo pt1 o feque pienso en el matrimonio, rozZo?lóg1csmentt
é
mdomHble.
'
porque no comprendo que no
"Teológicamente" es un misterio incompren~ihle
busque los medios legftímos ante
el cual hay que doblegarse sin razonar. cerranquien bupque un buen fin.
Tiene sufici.~te el señor re- do y prestando fé á lo que nos dice, porqu11 de lo contr~.rio ~e. incurre en su indigoación.
dactor.
, Esp1_r1tualmente 11 es PI ángel ó demonio del hogar
EVA SINADAN,
d~~ést1c!), el con~ uelo ála de&amp;esperación rlel alma.
. Materialmente 1 es el sér más precioso de la creación, sin el cual no se puede vivir en el mun,lo.

v·

Fig. 3.-Toilette sastre

FJg. 4-Toilette novedad

ELLAS Y NOSOTROS
CÓMO QUIBlRBl USTED

Á

SU FUTURO?

Interroga~a una sef,crita norte- amerfcanl' Pn un
concurso 11b1er!o sobre este tema por un periódico de
los Estados Umdos, contestó:
-~ov;en soy. padree tengo; si he pensaoo alguna
vez ~ ~1 he de pensar l'n el matrimonio. he aqui las
cond1~1ones q~e yo &amp;:rigiria para entregar á un homb,ce m1 porvemr que hov correPponde á mid padres
1 ° Que sea buen hijo. 'Pocas veces podrá ser bue~
eepdoeo el que llenó de amargura el corazón de s~s
pa rPR
2.º l\:fás lo deseo con oficio que con muchn dinero
pre~tnria un 11rtesan_o honrado á un hombre de le~
::•áunsuhace!)dado digno a un capitalista que ame
cap1ta1 que á sus hijos.
0
3. Abom!-110 del I!)iemo modo la e11clavitud absoluta Y la cons1dera~a mdPpendencia. Se que mi espoP0
~~:~~i~z:iá/ mi paé~res, y asi como h11 de amarlo
y conetantP. oraz .!!:'.. me amará con un amor puro

6

\

ESTUDIOS FIS0N0MICOS.
-·- -

Un sabio germánico, ha escrito un libro en tres tomos y lo ha dado á la e11tampa con el siguiente titulo:
Lff- boca y la barba femeninas.-Arte de conocer el
caracter de nuestras hermanas y de nuei¡tras ei,posas
según las referidas partes del rostro.
'
Para ese vis je no necesitamos alforjas.
Po~, de contado, ~obra 1 · de.la barba. Ya se sabe
que por l_a boca muere el pez," y lo mismo ocurre
con h1s muJeres.
En fin, para los que de&amp;een aplicar el novísimo arte.
A sus eeposas .... futuras,
y á sus hermanae......politicas,
ahl van tres casos in11Prtos
en la mencionada obrita.

Barba red07!da, fina, con oyutlo-Retrato de suposeedora: d'éb1l d~ ca.ricter, ."~lcionada al placer y á
las golosinas. Amiga tie la mus1ca y del baile. Muj .. r
poco casera. ~uen coraz~n; servicial para B11s amigo11. P"ro caprichosa y fac1lmP1nte descontentadiza
Barba menudit11, muy movible y un poco saliente ~ará&lt;:ter ~nérgico, pero tornadizo Prtidomlnio dti la
1magmac1ón sobre la sensibilidad. Deseo de aparentar Afición á las vanidades del mundo, que no la satisfa~en. Mezcla de sentimentalismo y de sentido
práctico Caprichos, celos. Hará desgraciados á cuantos l!l ~odean; pero satisfará las miras de un marido
aml11c10~0. por su coquetería y por 11µ arte de figurar
en un salón.
·
Bpca pequeñi!,a, de labios li,qeramente carnosos, el superior algo saliente -Pudor t'IXagerado, corazón indiferente, sombrio, Moderación en los sentimientos.
Na~uraleza tranquila y reflexiva. Orgullo, ambición
disimulada, egolsmo, etc., etc.
. Entre los fnnul!lerabl"s ejemplares que presenta el
libro de referencia, no hay uno eólo en que las buenas cualidad.ea no anden mezcladas con insoportables defectos.
No ~e puede, ~orlo tanto, acusar al rsutor de haber
mendigado las simpatlas del bello sexo.

"' Fi h...,
Fj g. u.- ci u

y mantilla muy elegantes.

i'IG, 8.- JACQUETTE DUQUESA.
mala ó viceversa. La vaca cocida es un alimento muy l)OC0 nutritivo y desagradable.
Jaequette ajustado, en paño oliva bordado de chinDebe también no olvidartie que el caldo no chilla. El bordado está hecho de entre-lazo11 en satln
es alimento tan nutritivo y reparador como ge- nt&gt;gro , recubriendo en partes la prenda. Manga con
neralmente se cree: está prob11do que contiene
muy pocos principios alimenticios y que en una yockey muy elegante,
FIG, 9,-JACQUETTE MYLORD,
taza de café con lecbe existen mucho más que
en una de caldo, No hay tampoco ventaja e1t
Se ha:ie en paño azul bordado de bandas en piel de
coct-r la carnfl en agua para tener seguido dos seda negra y cerrada por tres brandeburgos también
alimentos, caldo y vaca codda, pues esta lilti· en piel de seda atados por motivos en pasamaneria,
ma queda como ePtropsjo si el primero es bu11FIGS. 10, 11 Y 12.
no y v iceversa. Más todavfa con cuatro libras
Damos ba jo eptos números tns hermosos modelos
de carne. por ejem11lo, sólo queda después de la
ebulllción una lipra de vaca cocida; mientra~ para un 11ombrero y dos tocas dtt alta novedad, muy
que la misma cantidad de carnt!, Pi se asa pro• en boga. El sombrtiro es fieltro con una . parte de la
porcionarA dos y mt'diH libras de asado con to• falda levantada y prendida por una escarapela y las
tocas, la "mariposa" sobre todo, de una encanta.dora
dn1&lt; los principios nutritivo11.
El quimico Darce.t inventó pntillas para ha- fantasía.
cer c11ldo. las cuales preparaba con huesos soFIG.13.- CAPA ELEGANTE
los. trat1 ba á éstos con el ácido hidroclórico, con
Está hPChR en seda diagonal, á gran bordado de ca•
objeto d . separar lRs materias terrosas y con la dPna y fórmase de dos grandes ... mpiezamiPntns, el
gelatina que de los huesos obtenfa hacia las pas • inferior que es una ePptcie dP muceta rlg1da y else•
tillas, añadiendo antes al liquido un poco de car gundo de la cap!!, propiamente dicha. reoonda. ribene y legumbres Se l!a probado esperimental- teada de piel y con una elegante capeliuita y un cuemt&gt;nte que las tales raPtillas no contenían nin- llo de piel también.
¡.:-ún principio alimenticio
FIG, 14-CAS.ACÓN PARA DAMA,
El ectracto de oarne. preparado por el mé todo de Li~big se ha probado también que es
Estilo sastre, d~cheviot fino, diagocal. con falda
poco nutritivo pues no contiene crt-atina que redonda v ,olapa fantasía, bordado de cinta de seda.
PR el principio especíNl de la masa muscular. Man¡ras ligeramente abullonadas con guardas muy
Tampoco son muy nutritivos el té de vaca ("be• stincillas y eh•gantes.
citea") tan usado Pn Ingl~terra y los Estados
FIG, 15.-CAPA PARA ~EÑ0RITA,
Unidos, ni el tx,racto de carne común: para el
té de vaca se extrae de ésta todo el Jugo, me.
De terciopelo bo~dado, con dos grandPs t&gt;mpieza•
diante un poco de agua á fuego lento y cubier- mientos superpuestos, á cada lado y cuello redondo
ta 1a carne; pa1a el PXtracto la vaca en pedaci• muy mull:do.
tos 11e coloca en un frasco á fin de extraer el jugo por PI vapor de agua.
La vMtiRd Ps que el caldo.e s un alimento poco
fuerte y agrad11 ble que convieu• á los estómagos delic11dos, eEpecislmente á los enfermos y
Fig. 8-Jacqnette Dnqnsa.
convalesci•ntes. Los caldos de pollo y ternera
son ligeros. mucho menos nutritivos que el de
NOTAS OTILES
va&lt;'a :v se Ui'BD cvn ve, tija en los casos de enfermedades inflamatorias; los dPI tortuga y ra•
nas son por el contraiio. fortificantes y conEL CALDO.
vienPn en las enfermedades crónicas como Ja.
tisis; los- de yerba se usan como laxantes. De to•
dos modos, el caldo común es indispensable á
'i:c cintos palees la cuestión del caldo es sumamen• los enfermos y c¡mvalescientei,, satisface "º
te gra Vil bajo el punto de vista social, pues el consu· ellos á muchas condiciones. sobre todo, desde
mo de ese liquido con~tituye el alimento principal de que los médicos·han renunciado á las dietas rilas clases pobres. En Francia por ejemplo, no sólo es gurosas
preocupación constante en las familias de obreros el ·
Al indicar el modo mf'jor de hacPT buen calmodo mlls económico de preparar «le pot aufeu" ó de do no queremos por cierto condenar las sopas
saber oóude se vende el de buena calidad, sino que dfl uso en las familias, preparadas menos cienhasta los gobernantes han tenido empeño fin propor- tlficamPnte, pero que tienen buen aspecto v sacionar buen caldo á los pobres. Enrique IV y Napo- bo,. Sabido es, por otra parte, que esas sopas
l~óa III que como todos los déapotas 11chaban de vez nn con11tituyen el único alim•mto de las clases
en cuando de socialistas, tomaron medidas para quo acomodadas.
l.,s necP.&amp;itados recibiesen sopas bien pr,..paradas. Enrique IV solla decir que sólo se consi&lt;1er11rfa feliz el
dia qufl en cada casa francesa ae hici ..se caldo congaRECETAS UTILES
llina \"la poule au pot 11) Napoleón III organizó esta•
bleclmientos especiales de caldo y apoyó eflcazmen!e
IR creación de las tiendas llamadas «Bouillons,• fun•
SI se c~e tinta en un mueble de caoba ú otra
dadas por t&gt;l carnicero Duval, en donde por ínfimo madera fina, la mancha •ti quita con una.. cuan·
precio, se tomaba ese liquido en lujosos salones y ser- tas !?Ota11 lle espíritu de nitro disueltas en una
vido por jóvenes amables y bonitas. 11 Utlll'I dulce·"
cucharada de agua. Con nn trapo mojado de
A pesar de todas estas medidas aún abundan en e~ta
agua se toca la mancha de tinta y se frota
P '4rid los bodegones donde se vende á los obreros una · con otro trapo mojado en agua 11ola. Las mesas
l'specie de agua sucia preparada con huesos y toda de caoba se deben limpiar todoe los dlas con
clase de yerbdS En esos establecimienws, para que · un trapo de franela mojado en agua tibia y jael c4:do parezca fuerte, se hacen "ojos" echando bu- bón. Despu~s con otro tra o atado á un palo
ch.tls de aceite sobre la superficie del liquido á fin de se lt&gt;s unta con cera derr~tida y cuando se ha•
Fig. 9-Jacqnette Mylord.
q11fl éste parezca gruoso y nutritivo.
lla endurecido 11e frota bien la superficie con
Es un error, sin embargo creer que para obtener un trapo seco. De esta roanerl\ la1:1 mesas estaOPINION DE lJN CA.PITA.LISTA.
buen caldo basta emplear carne de primera calidad, rán siempre tan brillante~ como un espejo.
EN ME.X CO,
pues si bien algunas veces la mala carn11 es causa de
que el liquido sea desagradable, sucedfl á menudo
que el mal gusto y el aspecto repugnante del ,!guido
De Nueva York.
se deben á la inhabilidad del preparador. Sólo asi 11e
comprende que en muchos hoteles y "restaurants"
NUESTROS GRABA.DOS.
buenos se sirva al público sopa con caldo poco apetiMéxico, Octubre 3 de 1898.
to-o, mientras que en los hospi~ales de Paria toman los
SR.
D.
DONA'l'O
DE
CHAPEAtTitOtTGE,
eufermos un buen "consomé" preparado artística·
FIGS. 1 Y 2.-CAPA DE ESTACIÓN Y JACQUETTE
mente con muy poca carne.
Director
General
de
la
Compafl.ia de Seguros
ELEGANTE.
Para obtener buen caldo eon carne de vaca ó de
"L!
MUTUA."
Es
un!l
capa
d~
paño
de
seda
acordonado,
redon4
,
11
ca baile, {ésta última es tan J;,uena como la primera) eP
PRESENT'lll,
pr .. ci.o que el agua esté fil proporción con la canti· de longitud me~ia, con ePpigas bordadas y guias finas
(?uello
de
piel,
redondo.
MUY SEÑOR MÍO:
dad de carne: asi, para u;oa libra de carne se necesita
El Jacq~ette E'S de cheviot gris acno, parejo, adorque sólo haya dos litros de liquido. Nunca debe caMe permitn acusarle rPcibo de 'los RPguros por
J,.ntarse 11111gua antes que la cune. sino sumergirse nado d~ crntas, con cuello de piel también y solapas ($300,000.00) trescientos mil pesos que acade
lo
m1sm&lt;,.
éstR 11n agua fria, la cual se c1uienta á fuego lento, y
t,u d.- tvll!llf tiu la Vomp11ñt~ que ust~d representa en
,.,tmplaz"ndo la que se consume e.in ig11al canUdad
esta Republlca, y obsequiando sus deseo11 de que exFIG. 3 -TOILETTlil SASTRE.
d"' 11gua tibia. Si el liquido hitirve es indispensable
ponga l!lB razon~s que he tenido para ast gurarme
di~miuuir· el fuego, pues la carne se cocerla entonce·s
_De cheviot gris ace· o, formada de jacquette mu
en cantidad t11n imJJortavte y para preferir t-1 tomary no proporcionada en la ebullición la osmHzoma y &amp;Justado y solapas doublée de piel de seda clara qu!
(a á "LA MUTUA" R pesar dti que mis frecue1 , tPB via'
J" ¡relat'na. sin las cuales Pl caldo no es bueno Sólo se abren sobre un chiffón.
Jes á Europa y Estados Unidos me han dado toda clacUl\ndo 111 liquido comienza á hervir se debe quitar la
FIG. 4 -TOILETTE NOVEDAD.
se de oportuLidad para tomar mi s ..guro en cualquie""puma que se forma y se concentrR sobre la superDe mucha fanta.sia formado de un cuerpo blusa con ra d~ ~as grandes Uompañlas del Mundo, cou gusto le
ficifl y nada más entonces es cuando se pone sal al
mamhesto que en mi creencia el 11 .. guro eobr" la vicRldo. pues antes producida ~obre la carue t I mismo plastrón Y yockeys, y falda lisa á grandes pliegues. da t?ma l_a forma ?ª una protección, no sólo para mi
FIG, 5.-FICIIÚ Y MANTILLA MUY ELEGANTES.
ff ....r•to \Jll6 la ebullición prematura.
familia, amo también para mi11 bient&gt;s y negocios que
El sabio químico Liebig, que no desdeñó ocuparse
pe muselina de sfda en volantes capr1chosGe, la tengo entre manos, los que no qu..darán sin fondos
011 cuebtiones de cocina, imaginó un medio de prepaprimera y la Pegunda del mbmo estilo cayendo en vo- C?n q~e seguir activándolos si !11~ faltase m1 ..er onal
1·ar un t'xcelente caldo. Consiste é,te en no emplear lantes ondulados sobre la cabeza.
dirPCCiÓn.
.
r
~
bino filete de carne, de@provisto de tendones y apoRespe1:to á haber elegido "LA MUTUA," mi personal
FIG, 6.-JACQUETTB NUEVO ESTILO,
u ·m rósis, y reducido á picadillo muy fino E11te se poconocimiento de sus inmensos recur8os con ¡ 08 cuali" t'll1 agua fria y se coce lentamente habta la ebulli. Esta jacquette, en paño negro está incrustada de les cuenta pa_ra c~mplir sus (Jb,igaclon~s, Eus métoc1ó1; entonees ª" quita la espumR y 11e sala, no sólo ricos bordados en satin y pasamanería; se distlngu 6 dos de orgamzac1ón y lo~ planee atractl vos dti segucou .al común (cloruro de sodio) Pino también eon por un alto volanta en forma,
ros que ofrec~ son tales, que á mi juicio no admicloruro de potasio, que Liebig ha encontrado en ab un- FIG. 7-TRAJES PAR~ NIÑAS DBl 12 l 14 AÑOS y DE 6 j_ 8, ten competencia.
uaL cia en las masu musculares del hombre
En concusión le manifiesto que mi intención es auEl primero se compone de una jaquette sastre en
E.te proceder de Liebig present_a el inconveniente
mentar
el seguro sobre mi vida t&gt;n esta Compañia
cheviot
de
buena
calidad.
guarnecida
de
galonee
mide que 1'11 picadillo de carne no puede utilizarse desdentro de J)'0C.) tiempo, y tend. é muclto placer entra1-&gt;ue1:1 ce mo alimento, pues ~ueda reducido al estado litares con forro de polonesa
t
ar cun usted este .uunto.
El segundo es un gran abrigo en tartán escocés
ue esp 0 rto. Téngase sin embargo en cuenta, que aún
Soy de Ud. afmo. y atto. S. S,
haciendo PI caldo con poetas de vaca para que el ll- con una pelerlna ornada de un volante en forma
Y
l1111du ;;ea bueno, la .:une ha de quedar muy seca y botones fantasía.
Firmado.- C. Eisenmann.

Acerca del se[llro sobre la Vida en "LA MUTUA"

iQué es la mujer!
"GeográficamentP" considerada, es una catarata
que como la del Niágua•. n9a asusta y nos atrae ai
contemplarla.
11
Astronómlcamente11 es un astro encantador, rodt"ado como Saturno. de un anillo de oro que g1r11 en
una órbita muy limitada.
11
Ffsicamente" es un término metálico qu11 se dilata
al calor del orgullo ó vanidad
11
Politicamente11 es el Poder Legislativo que se imp~ne al Eiecutivo, y el partido constante de oposi•
c1ón.

EL MUNDO

Flg 7 -Trajes para niffas de 12 á 14 ail
yde64~
os

�EL MUNDO

380

Domtngo 13 de Noviembre de 1898

j&gt;

Flg. 10.-Toqueta Fantasfa.

Fig. 11.-Sombrero Tourlsta.

Flg. 12.- T oca Mariposa.

TOMO 11

•

NUMERO 21

.MEXICO,~ OVIEMBRE 20 DE 1898

•

Illmo. Seftor Dr. Don Pedro Loza y Pardavé, Arzobispo de Guadalajara.
t

Fig. 13. Capa elegante.

Fig.14 -&lt;Jasac6n paradawa

Fig. 1~.-Cnpa para señorita.

el dfa 1~ del actual.

(Fot. de Luperclo.--Guadale.jara.}

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL MUNDO

380

Domtngo 13 de Noviembre de 1898

j&gt;

Flg. 10.-Toqueta Fantasfa.

Fig. 11.-Sombrero Tourlsta.

Flg. 12.- T oca Mariposa.

TOMO 11

•

NUMERO 21

.MEXICO,~ OVIEMBRE 20 DE 1898

•

Illmo. Seftor Dr. Don Pedro Loza y Pardavé, Arzobispo de Guadalajara.
t

Fig. 13. Capa elegante.

Fig.14 -&lt;Jasac6n paradawa

Fig. 1~.-Cnpa para señorita.

el dfa 1~ del actual.

(Fot. de Luperclo.--Guadale.jara.}

�289

EL MUNDO

LASEMANA
La Iglesia Mexicana lamenta la muerte de uno
de los miembros más ilustres del clero, el lllmo.
Sr. Dr. Dn. Pedro Loza y Pardavé. Arzobispo de
Guadah1jar11, decano de los prelados de la República.
La sociedad jalisciense ha sentido hondo pesar
P.º~ la desapari~ión del octogenario prócer que
ngió más de trernta a:lios aquella Archidiócesi
presidiendo su energía y prudencia el movimien'.
tu de conoordia que armoniza 111. conciencia católica con el imperio definitivo de las iostituéiones liberales del país. Et Sr. Loza facilitó t-n su
gobierno eclesiástico el cumplimiento de las leyes del registro civil prescribiendo al clero la
obli'{ación de auxiliar á las autoridades en la legalización de los matrimonios é in:cripciones de
11acimiento.
Había sido el Sr. Loza un favorito del Arzobispo de la Garza; como él, suf,ió destierro y
confinamiento por su 11ctitud anti liberal en las
épocas de discordia política; pero cuando desapareció como partido de combate la agrupación
cltrical, comprendió el deber de someter su conducta de prelado católico á 11.1. ley imperante y fué
desde ese día un pastor de almlis.
Aceptó las exigencias del minis~erio sacerdotal en estos tiempos de Jibt-rtad v de conflictos confesionales: vió que la Iglesia, de la que
fué un príncipe, debíil apercibirse á la defensa
de su ~rimacía por medios mornles, ya ']\.l.e como
culto ltbre no contaba con el apoyo secular, yparll ganar las conciencias, emprendió el prelado
de Jalisco una obra de grande aliento: procuró
la instrucción d.-1 clero, organizó la propaganda
de la fé, moralizó con el ejemplo dt su vida pura y con su enseilanza y dió á las ceremonias el
esplendor antiguo, destruyendo los residuos mundanos que !1abía enalgu~sritos y el culto p11gano y fan&amp;.tico que rend1án los católicos á San
Jl'xpedito.
El mejor elogio que de él pudiera hacerse sería decir que fué su vida digna del gran Pontificado que dejará ála historia los nombres dcLeou
XIII, Lavigerie, Corrigan y Gibbons.

,..,

El Ministerio de Estado de Washington reclama la entrega del culpable, pues en los Estados
Unidos pretenden que la víctima del delito era
de nacionalidad nortel\mericana, aunque su nombrP. sea espafiol y mexicanos sus ascendientds.
Si esto es exacto no habrá más que 11cceder á
l1t demand11, ~• como en el caso no se discute el
derecho de México para retenerlo si se prob11ra
11\ nacionalidad mexicana del que fué víctima del
delito, el honor de nuestra diplomacia y las leye~ nacionoles no sufrirán menornabo.
Pero no lo creen así los Bayard0s del disloque
intelectual para quienes el pretexto mAs fútil es
ley que obliga á vomitar injurias contra el extr1111jero y mo1 i vo para escaramuus b~I icas que
i.fJrtun11damente no tienen consecuendas.

,..,

Ih h&gt;tbido huelga d~ algunos empleados de
tráfico, en el Ferrocllrríl del Valle.
Si en tocias partes difícil es que h11ya huelga
sin 11gitación más ó menos anárquica, 11quí no
se concebiría un hecho ele e,tos sin escandalifo.

Este diminutivo es del vocabulario nacional y
expresa con admirable precisión la naturalAza
impulsiva y pueril de nuestro pueblo y las proporciones raquític1.1s de esos arranques que en
otros países son graves amenazas al ordeu.
llay algo profundamente serio en l&gt;1. afirmación del operario en huelga: si el movimiento se
extiende, su actitud entra en juego para determinar importantes alter11ciones económicas.
En México la huelga es toda vfa. una de tantas
ocasiones para el motín anodino cuyas manift&gt;staciones m:1s graves son el si1bido soiz y la pedradli: una patrulla de gendarmes y media docena
de destituciones restablecen la tranquilidad y encard'lan la empresa amenazada.

,..,
El proceso iniciado contra el Doctor Abrego por
los trit&gt;unRles ~igue sus trámites y al mi~mu tiempo se le II bre 'Jtro juicio más severo ante la opinión pública.
La prensa honrada y seria ha dechrado contra los intereses puramente: personales del presunto reo que la sociedad no necesita pruebas legales para condenar á un hom hre culpa ble: sólo
respeta, ~ólo diacierne el mérito de la honorabilidAd al que no tiene manchas en su vida.
Y así debe ser. Si nada más hubiera la sanción
de las penas judiciales parn condenar el crimen
y la inmoralidad, túdos los malhechores que por
azaró po"ici~n privilegi11da escapan de las red.s
del Código, tendrían derecho á ocuper un puesto
al lado de los hombres intachables.
En buena hora que el acusador público se atenga A las constancias del proceso; la opinión prescinde de ello3 y basa su faJo en un criterio más
amplio: exige pruebas positivas de inculpabilidad.

Domln,ro 20 de Novlembro de 1898
vilizó con sus misioneros, explotó con sus comunidlides religiosas; no se resuelve á abandonar
aquellas fértiles tierras donde se agrupan pueblos y razas diferentes y donde ha ejercido dominio por más de tres siglos. Perdido su imperio colonial en este lado del Atlántico, aunque
algunos aconsejan é indican que no se halla en
la actualidad en Ju condiciones necesarias para
mantener su dominio á tan remota distancia de
la metrópoli; no quiere dejar caer los últimosflor0nes de su imperial corona, y pretende á toda
costa mantener allí su soberanía ó cuando menos
0btener la compensación indispensable por la
cesión que se le exije, ya que de ella no habló el
protocolo de Washington.
Y las discu~iones continúan, siguen sin descanso l11s interpretaciones del artículo tercero del famoso protocolo que se rt:fiere á Filipinas. Se busca el alcance. la significación que puedan tener
cada una de llls palabras de ese artículo, y frente
á las sesudas exposiciones de los representantes
esp~fi Jles, se alza Mr. Day en actitud severa, ein
dar la má,i míoimt sena: de transigir en cuanto
se refiere á los primeros deseos manifestados, ni
cejar un punto en cu mto se relaciona á su resolución final. Podrá discutirse la cantidad que se
dé como compensación; pero queda siempre invariable la solicitud primitiva de que Espa:lia ha
de abandonar por completo su soberanía secular
sobre todo el archipiélago.
En tal estado la cuestión, nada hay que la haga avanzar en el camino de su resolución. En vano se oye A lo lejos el rumor de negrns tormentas que amenazan deacargar sobre la Europa entera, con motivo de la cuestión filipina, que se
une, se entrelaza y se confunde con el gran problema del extremo Oriente; en vano alegan los
periódicos que de este asunto hablan, la circunstancia de que la aparición de los Estados Unidos
como un nuevo elemento en el problema, lejos de
/\clarar la situ11ción, la embrolla y agrega nuevos
obstáculos que en un momento dado, pueden oca•
sionar conflictos entre las grandes potencias en
él interesadas.
No hay necesidad de recordar que la indiferencia de Europa en el principio de la guerl'll ante las desdichas de Espa:lia, se encuentra en rI
mismo estado y nada hay que la impulse á tomar
11lgo más que resoluciones platónicas en favor del
~encido; no se descubre todavía nada que pueda
impulsar á las potencias á cercenar al vencedol'
el fruto de sus victorias. Cuando el imperio del
Mikado quiso cobrar de los hijos del cielo todo
lo que su ambición deseaba después de sus ruidoso_s triunfo~, Rusia apoyada por Francia y Alemllma marcóle un hasta aquí á sus desapoderados deseos; intervinieron aparentemente f'n fa.
vor del Ce'este Imperio, para después cobrar con
cr_eces su oficiosa intervención. La ocupación dP.
K1a~ Chao por los alemanes, el predominio de
Rusia sobre toda la M11nchuria, teniendo por base
el formidable é, ine~pugnable Puerto Arturo, y
el adelanto de Ji rancia en sus esferas de influencia sobre territorio chino, pueden relacion11rse
muy bien con aquello que parecía intervención
grlltuita y filantrópicas medidas para detemr Ja
espada tremenda de Yamagata sobre las huestes
despavoridas de China.

Como signo de los tiempos er. que vivimos de
conflicto de creencias, ruptura de la antigua ~uidlld teocrática y tolerancia social y respeto mut~o de las diversas confesiones religiosas, hemos
vi,to 111 ~mperador Guillermo, que pretende -,er
el Papa e_v~ngélico de Alemania, E freceF- al Papa
del Catolicismo, la casa de la Virgen en Jerusalem. Noble y generosa dádiva que León XIII
aceptó agradecido para los fieles del Imperio
Germánico.
Mas el regocijo que los católicos de Alemania
sienten al verse due:lios de ese lugar santo, pronto se trocará eh dolorosa decepción cuando sepan
lo que todos sabemos ya en Méxfoo, que la casa
Dlck
de la Virgen pertenece en exclusiva propiedad á
la Nación mexicana y que ni el Sultán pudo hacer con ella un obsequio al Emperador ni éste
ofrecerla 111 Papa cor. destino al culto de sus súbditos c,itólico-romanos.
Un aficionado á la paleontología histórica ha RESUMEN.-LAS CONFERENCIAS DE LA PAZ EN
Si ahora se notara algún movimiento entre las
descubierto que nuestro ex-preteuso soberano el
PARIS, - INFLEXIBILIDAD DE LOS AMERICANOS
potenci~s contin~ut11les para impedir que EstnArchiduque, adquirió para México la casa en 'reY RESISTENCIA DE LOS ESPAXOLES.-LA INTER·
dos Umdos recoJa hasta lo último la cosecha de
ferencia, por conducto de D. Leonardo .Márquez
VENCIÓN DE LAS POTENCIAS.-VANAS ESPERANsus triunfos, ¿no es natural creer que habrían de
quiec llevó á Siria instrucciones y poder bastan'.
ZAS. -LA CONDICIÓN DEL YE!o:CIDO.-LA EYA•
cobr~r tarde ó temprano el corretaje de su interte para hacer el contrato rei,pectivo.
CUACIÓN DE Ji,ASHODA.-JNGLATERRA .AGRESIVA.
ven_c1ón? De ot~o ~odo, saltarían luego los odios
Desgri1ciadamente no hay quien haya vi3to las
-APLAZAMIENTO DEL CONFi.,ICT0,-OBSOURlDAantiguos y las nvalidades nuevas se enc"'ndería
escrituras y losrepórters nada dicen sobre el desDES DE LA POLÍTICA.-FRANCIA Y ALEMANIA,el ~onflicto y acaso se formaran dos bandos en
empefio de la misión Márquez, respecto á la cual
¿HABR,Í. UN OAi\lBIOi'- CONCLUSIÓN,
u?iversal conflagración. Por eso otra vez hem 1s
difícilmentehandequedarhuellas en los archivos.
dic_ho que Europa permanect-rá en 'a actitud hieY es lástima que todo esto resulte falso y que
Después de mes y medio de conft&gt;rencias y dis- ráuca q_ue ha_ adoptado desde un principio ante
D. Leonardo guarde silencio.
.
cu:iiones, después de un11 serie no interrumpida el confücto hispano americano, y al fío Espatla
Magnífica sería la ocasión para una cruzada ... de not1.1s y memoranda, aún no lleganá un com- h_a_brA de ceder, á menos de ver renovarse las hosde remitidos.
pleto acuerdo los individuos de lll comisión mix- ~Jhd~des co_n el extranjero, en tanto que en su
ta internacion»l de París, y está toda vía lejos el mtenor se sienten las palpitaciones dokrosas de
día en que se firme el tratado de paz definitivo, un~ guerra civil, se escuchan las protestas de rt!~os aficionados ~ la_ alarma patriótica, á pro- apoyado en el proto~olo de W 11shington, para ha- b~hón de las provincias que pretende!! vida propó:nto de todo )'.' prmcipalmente de los yankees, cer cesar ese estado h.Démalo que hoy exüte enpia ante la ~olorosa situación porque atraviesa
encuemran motivos para entonar discursos con- tre la monarquía española y la Unión americana. la
metrópoh.
tra la conquista pacifica. y el buen een.tido, co- Otra vez vuelve á anunci~rse el peligi,o que hay
'l'ris-t~
es- ~onfeearlo, pero cuandu la condición
mentando el nuevo caso Cutting que se discute de que se interrumpan las negociaciones y de
de vencida !~pone á Espa:lia la unión más esireen los tribunales de Sonora.
que se retiren los comisarios espa:lioles, imposiUn norteamericano mató en territorio extran- bilitados de hacer prevalecer su voluntad ante la cha de sus h1Jos, cuando las heridas de ayer exijero á un compatriota nuestro y al ser aprehen- inflexible determinación de los americanos para g?n el esfuerzo _ma~comunado de todos para acudir A la reorgamzación del pllís, se escuchan Jas
dido en suelo mexicano, se le formó causa, de retener en poder suyo, el archipiélago filipino.
v~ces
de Barcelona y Ar~gón, de Navarra y de
a~uerdo con los preceptos de la legislación paRP.sístese todavía. Espatia á abandonar aquel Vizcaya, ~~e hablan de iutereses region11lts e n
tria.
territorio que conquistó con sus explorador~s, ci- contraposición con los intereses más sagr ,dos de

ll)olitica ®tntral.

-

Oomtngo 20 de Noviembre de 1R98
la nacionalidad. Se pronuncia de nuavo la pala
bra carlista y se escuchan á lo lejos los rugidos
de la fiera y se adivina con terror el resplandor
siniestro de 111 guerra civil.
Tengamos fe en que la vitalidad del pueblo espafiol, capaz de los más grandes sacrificios y de
supremos esfuerzos, Jo~e conjurar la tormenta
que se cierne sobre su hermoso cielo.

***
Ya es un hecho que Francia, no queriendo
comprometerd"' en una guerra extranjera con
la Gran Bretafüt, abandonó las conquistas de
'Marchand, hizo a un laelo sus aspiraciones sobre
el Nilo Superior, dejó sus pretensiones sobre
Bahr-el Gaza! y se retiró de Fnshoda, dejando
para ocasióu más propicia ht solución de la cuestión egipcia. E,, un hecho también que, e11greída
Inglaterrll con su ruidosa victoria sobre los dervi~es, primtro, enorgullecida cou las glorias de
Kitchener, á quien ensalsa como A uno de los primeros capitanes del siglo, yufanada después cQn
su triunfo d1plowáticu 1 digno de not1.1rse más,
después de la i.er1e de descalabros que ha sufrido desde que agotó la politica del espléndido
ai~lamiento, ha lleg-ado hasta olvid..r las queparecían promesas cuando se trataba la cuestión
de Fashoda eutre losgabinetes de Londres y
P11ris.
Sin existir ya el motivo de la disputa, habiendo desaparecido la causa del coJJfllcto, no se han
suspend1dr. tsin emblirgo los bélicos 11prest ,s. Ha
seguido sin dcscauso bl movimiento y la actividad extraordiuarios en los arsenales y factorías;
y desafiando al porvenir, declara por boca de
Mr. Ch:Lmberlain, el más punzante de los ministros cte la corona, que 1.11 retirarse de Fashoda,
Francia h,1 abandonado cuautos derechos creía
tener sobre el va.l.:l del Nilo, y no debP esper1.1r compensacióu alguna, ni por cuznta de las
conqu stas de Marchand, ni á virtud de su proceder correcto en la secuela de las negociac10nes. A eSbS declaraciones un tanto agresivlls del
Ministro Chamuerlain, agrégase el recuerdo que
hace de deudas antiguas y rencores viejos, júntase 111 alus'.ón á quince ailos de pequetlos alfilerazos inferidos por Francia contra Ja sober11,nía
del Imperio colonial inglés. Y cuando á estas mauifestaciones cbauvinistlls del Ministro de labColonias se asocian las declaracionets del mismo
género de los Rosevery y Hicks Beach, se comprenderá el estado general ele los ánimos en la
República Francesa.
Un periódico que recibe inspiraciones directas
de la Secretaria de Relaciones en el Gabinete francés, dice que esa 11ctitud puede inftu1r de tal modo en la política fra11cesa, que hagacarubiarderumbo la dirección dela política internacional de Europa, y establezca de otro modo el equilibrio inestablt:l en que se sostienen las poteucias. Ya otra
vez y con este mismo moti\-O, un periódicoquese
decía bien i11spir1.1do, apunt1.1 ba la posibilidad en
que se encontraba Francia de dirigir,se álnglaterra para saldar sus viejas cuentas con Alemania,
ó de acercarse á Alemania para stisfl.lcer sus dificultades con Inglaterra.
Por más extraordinario que parezca éste último
supuesto, todo es posible. Difíeilisimo es penetra:·
eutre las somt&gt;ras que envuelven los secretos ele
los Gabinetes. ¿Quién puede asegurarnos que la
aliarza franc:&gt;--rusa no orillará a1guna vez á la
República frances11, por estos nuevos rumbos?
Y sin embargo, el mismo juego que Stl presenta
delante de Francia, la misma disyuntiva que se ofrece á la nación que se ha enardecido á la sola idea
de la revancha, preséntase también ante el Imperio germl\co; por mucho tiempo se la ha visto vacilar entre 1.. s contemporizaciones con Rusia y los
halagos á Inglaterra; entre una entente con San
Petersburgo y una aproximación hacia Londres.
No ha mucho tiempo, el Transv11al er11 el fantasma que se alzaba entre la reina Victoria y suaugusto nieto; ahora se habla de un conveniosecreto para arraucar á Portugal la bahía de Delagoa
que se cede á la Gran Breta:lia, compens~ndose
Alemania con cierta extensión de sus dominios en
e1Afric'1 oriental. Ayer era la oposición de Berlín
á los deseos del Czar para el arreglo de la cuestión balcánica,y después viene su acuerdo en el
extremo Oriente, y la adquiesencia de Rusia á
que Alemania adquiera territorios en el Golfo de
Petchilí.
¿X o son estos hechos contradictorios, suficientes á apoyar nuestras presunciones? ¿No hablan
por sí mismo con reveladora elocuencia d e los
cambios continuos de las faces inagotabl68 por-

383

EL MUNDO
que atraviesan las grandes naciones siempre siguiendo su rumbo de engrandecimiento sin importarles nada los compromisos de ayer y las promesas de maf!ana?
Entre tanto, hay que esperar la marcha de los
acontecimientos para poder definir, cun certi·
dumbre, cuáles son los nuevos rumbos de esa incomprensible política europea.

X.X.X.
17 de Noviembre de 1898.

El Illmo. sr. Arzobispo de Gnadalzjara.
El 18 de Enero de 1815, y en jurisdicción de laparroquia de S1m Pablo. &lt;le la ciudad de México,nació el
Sr D. Pedro Loza y Pard,w é.
Sus edtudios dti Facultad J.fe11or los hizo en el Seminario de la ciudad, hh b1eudo 11u. tentado lucidos actos
públicod, que realmente fueron verdad1:1ros torneossot&gt;re Filosof1a, Literatura, Cienci11s l!:xact&amp;l!, Flsica, Materias de Uerecho y de l:iagrala1'eologia;enresumen:
brillantibima fué su carre, "• y llamó la atención de sus
maestros desde el curRo de 1,. ti nidad, que hizo bajo lll
dirección oe1 Sr. Cura Garza, 11abio y experto Profosor
de aquel Sem•nario
Eu 1!l dtl Marzo de 18':S8, recibió las sagradas órde-•
nea d1:11 P ..esbiterado, rtlvietiendo acto tan severo toda
la solemne ritulilidad prescripta por la Igltsia Católica.
l!:n ~2 de Agosto de 1852, fué consagrado ObiEpo de
Sonora y de ::Sinalca, c1:1leb1 ándose Ja solPmnidi.u, con
toda ¡,ompa en 111éxico, de donde pasó á Vuli1.1cán á
hacer~e ci.1 go de su Diócesis.
l!:n Jumo lle H:61:i. fué precc,nlzado Arzohi•po de
Gnad,11l1jar~. á doude llegó en Ft1brero de 1869 (miércoles de cemza). por la tardP, eo medio de la11 acllimaciuue11 rua., Mi,ceras y expontaneas, de los habit11ntes
de esa ciudad
S,ñal;,do el dla de la torna de pose•ión. y Pstando ya
alh d lllmo. S ñor Diez úti S0111,uo, Ot&gt;i~po de León,
11,te !'1 elado con Ju eolewuidaded aco..tumbradac
impuso el 1-'ulio al Sr. Loza.
'
La ded1cac1011 qut, el Sr Loza tuvo en 11u importante IUiu1sttlrio, bU11 r ..petida11 vic,ita11 á los curatos, la
frecu~.ute t xpeóicióu de cartas pastorales para l&amp;. instrucc1on de 11us d1ocesano11, su cooperación par.. el
culto de mucbod teIUplos de la ciudad v para la cons·
trucción citi var1011 que se han levirntado dent:o y fue
ra de ella; sus desvtllos porque el clero estuviese siempre 11obre el estudio y por Último, su prudeuc1a para
diri;;lr lo~ negocios, su modebtla, rn trato llfable y
demas virtudt'S privada11, Jt, granj~aron un cadño Eincero y la consideración mas profuuda de todas las
clases sociales y aúu de las auttridades del orden civil que siempre v1erun en el prelado sumioióu á las
:eye11 y dispociciooes vig1:1utes.
Comentadas favorablemente fueron las imtrucciones que el prelado hizo á todos los curas dtl la ArchidióCtlFis, prtlviniéndoles que ayud11ran á las autoridades en la práctica dtil Regi,;tro Civi!, no autoriz1mdo n!ugún acto, como maHimonios ó bautizos, hasta
que se hubiera cumplido aquel requi,ito.
Dictó buenas di11posicioues para qu1:1 se fundasen
escudas primarias en todas las fiJigri:sias de su 11rchidiócesi11.
Fundó en 1879 el magnifico plantel para enseñanza
superior con el nomorn de «Liceo Católico• sostt'mdo
cou donativos pa1 ticularea, dotándole de maguificos
catedrático,¡.
Fundó también la AeadPmla Pontificia en subEtitución del antiguo C,au,tro de Uoctore11, y esa Acade
mía fué muy respetada.
l!:_n el Cabildo de Gu~dalajara las canongias no se
obtienen por gracia.
Alli, cuando hay una canongla vac nte, los aspi·
rantt!B, que han de ser Doctores, bien en cAnones ó
en teología., se sujetan á oposición rigurosa.
Las cuatro canongias de oposición sou las de Magi~tral, Peuitenciario, Doctoral v Lectora).
Los actos sou públlcos y se efactúan en la Catedral
con asistl'ncia dt,l Cuerpo de Doctores de la Academia Pontificia.
El Sr. LozA, siempre que lo permitlan sus Pnfermedadcs, pre.idla el certamen, haciendo jubtlcia con
i,u voto.
Además de l11s canongias de oposición y las dignidae1e~ dti aqutll cabildo que son cinco. Dean. Arcediano, Chantrt1, Maestrescuela y Tesorero hav cuatro
prebt,1,d11s que el Sr. Loza. de acuerdo con los capitulares, proveyó eu 11u tit-mpo cou i,cJesiásticos muy
amentadoa por ,m11 virtudes y por su saber, aquilatlindo los servicios que ll1.1bian pre11tado en el cumplimiento de su misión.
Por e.;tO es que el clero de Guadalajara ha llegado á
tener gn n ::espetabilidad.
Al Sr Loza se debe el e,;tablecimlento de la filosofia Tomlstica.
En cuestiones del culto fué muy enérgico y justificado.
Pnhlbió en forma terminante la veneración de San
Expedito, que creta nociva y- reprimió otros males,
con mano enérgic •.
A la sombra del Sr. Loza se formaron varios hombres notables del clero, entre ellos el actu'll Arzobispo de Monterrey, D. Francisco Melitón Vargas que
fué Obi~po de Pueb1a y los Obispos actuales de Querétaro, de Colima y de Tepic.
Hace poco tiempo, cuando sus males se acentuaron
en sumo grado, obtuvo permiso para celebrar la misa en su oratorio particular y sentado. Esto último sólo puede hacerlo el Papa.

El Sr Loza celebró eu jubileo sacerdotal el 19 de
Mayo de 1888.
Era el decano de los prelados mexicanos.
Las últimlis palabras que pronunció el señor Loza
fueron: "Dios mio, te doy las gracias por todos tus ben1&gt;ficios" y luego. dirlglendose al Padre Romo, 11u fa•
miliar, que se hallaba cerca, Je ordenó le cambiase
de postura para ver Fi así se sentla menos mal.
Inmediatamente, después que aceció la defunción,
se reunió el cabildo, que en casos como e~te, obra como si aún estuviero vivo el pastor, pues no se reputa
la S ,de vacante hasta que et cuerpo ha sido enterrado. Dióse cuenta del funesto acontecimiento al Visitador apó~tolico, á los Obispos sufragáneos, A algunos
ausentes y A per;¡onas prominentes ,1e la ciudad.
Los seminaristas, cubierto• con manto y beca (arrastrando ésta en señal de duelo) empezaron ,1, hacer guardia al pié del ca&lt;iáver.
Desáe las diez y treinta minutos de la noche empe
zaron á darse en todas las iglesias de la ciudad 1as
campanadas llamadas de vacante y continuando cada cuarto de hora durante el dla 16
El tiem¡,o que t'l Sr . Loza duró al frente de los negocic,s eclesiásticos de Archidiócesis fué de treinta
años, pues fué tran11ladado de la Diócesis de 8onora
en principios de 1868
E ➔ el prt-lado que por más tiempo ha SPrvidn la silla jalisciense, Pxcediendo aún al benemérito Obispo
Cabatias, que sólo duró veintiocho años.

La Iglesia del Santo Sepulcro
EN JERUe.A.LEM

El año de 7 la ciudad Santa fué tomada y destruida por Tito; pero los judioslareconstruyeron en parte
v vivieron en ella. con los crietianos hasta el afio de
l3t
Habiéndose insurreccionado dos veces contra el
Imperio los Judios, Adriano los expulsó y arrasó de
,,uevo su capital. Tres años después fu{I reconetruida J eruealem y bautizada con el nombre de Aelia Capitolin11; los Jugares santos se consagraron al culto
del paganismo Júpiter fué adorado en el Sepulcro de
Jesucri•to, y Venm1 ec el Calvitrio.
En 1127, EleU1,, madre del Emperador Constantino,
visitó Jerul!alem, emprelldió excavaciones de investigación. y según las tr.dic'ones encontró la Cruz en
que murió Jesucristo.
A ella se debe la c,,nstrucción de la Iglesia del Santo Sepulcro bajo la que se abrigan el lugJr de pasión
y la cripta en que fué enterrado el cuerp·o del Salvador.
El Santo sepulcro no se pal'ece actualmente al edificio primitivo; de éste sólo quedan los muros inferlore11 del áb,ide: 11n el centro eRtá la gruta donde según
la tradición fué enterr&gt;1do Jesús. El primer templo,
que comprendía un hemiciclo con pórtico y una basllica, fué completamente dPPtruido por Cosroes II, reJ
de los persas, el Hño de 614.
Poco tiempo después, Modesto, superier del convento de Teodosia emprendió la. reparación de este
edificio, ay:.;.dado por el Patriarca de Alejandría, convirtiéndose entonces el hemiciclo de Conetautino en
una especie de rotonda. !Jurante los siglos XI y XII
se emprendieron obr~s considerables en el santuario
de la cri.tiandad: los cruzados le añadinon un Abside y una nave y repararon la capllla con~trnida en
et siglo VII, bajo la cual se halla la cisterna en don•
de EJeua descubrió el madero de 111 Santa Cruz.
La r&lt;Jto11da es la parte mas importante de l11s construccionP.R bechlls durantA el sil('IO XI y que se atribuyen á Maria, madre de Hakem: cubrla e~a rotonda
uu cono truncado, de cedro, µor cuya abertura superior penetraban el 1aire y la luz.
E, aire de Caumont desr•ribe as! la Ig-lePia del Santo
Sepulcro en su viaje de Ultrarnar del año 1418; "Es
muy grande y bella y está con~truida de una Ulllnera
extraña; tiene un he1 moso y alto camp11nario de piedra, pero no hay n; una sola campana porqae los sarracenos no lo permiten" ...... c.sLe camp11nario fué
obra de los cruzados y todavía existen los cuerpos
inferiores
Con relación al suP.lo de la colina, el interior forma
realmente una 11specie de cripta, en medio de la cual
está la roca que contenta el sepulcro de Cristo. Se
ha excavado alrededor dejando el bloque de piedra
como un testigo, dice V o Jet le-Duc, De este modo ee
puede circular en la grutol vennada.
Durante la edad media, se construyeron algunos
edificloR religiosos segun el modelo del Sa11to Sepulcro: la Iglesia de San Be,nig-no de D1jon, de 1011 primeros años de1 siglo XI. la Neuvy Saint Sepulcre, fundada en 045 en las pncec,iones &lt;le un señor que babia
h.icho una pereg~ioación á la ti11rra Santa. E11ta Iglesia fué muy veuerada, y en 12¡')7 el Cardenal de Chateauroux envió al capitulo dti Neuvy un fragmento
de la tumba de Jesucristo y algunas gotas de 11u .angre: se colocaron estas reliquias en la rotonda construida á imitación de la de Jerusalem .. . .. .
Hay otras muchas imitaci11nes por el estilo que aún
permanecen en pié: el edículo de la sala capitular t1Al
claustro de Constanza y capillas de los te.mplarioi
como las de flfotz y Laon.
Et respeto por el Santo Sepulcro y por los demás
lugares consagrados en los misterios cristianos es
general en todlls las confesiones y si los occidentales
han emprendido en todo tiempo perl'grin•ciooes religiosad y guerras seculares contra los sarracenos pa ,
ra restaurar la tumba de Jesucristo, es de observarse como fenómeuo curio110 la actitud de los musulmanes.
No han destruido el santuario y aún en las épocas
en que vejaban á los cristianoa peregririos, su fero-

�EL MUNDO

Domingo 00 de Noviembre d" 1 ~

Domin,ro 20 de Noviembre de t89R

ddad no llegó hasta profanar aquel lugar de universal venAración.
"Sin los turcos. dice un autor católico, este sepulcro
que se han disputado loe griegos y los católicos y las
'innumArables ramificaciones de la idea cristiana, hubiera sido ya cit&gt;n veces un objeto de lucha entre esas
eumuniones rencorosas y rivales; hubiera ido puando exclusivamente ne una ¡otra y sin duda habda

EL MUNDO
P] único pueblo tolerante. Prel!'úntense de buena fe
los cristianos qué hubieran hecho si los azares de la
¡;?UPtra hubieran hecho caer bajo su &lt;1omlnlo la Meca:
¿d• jarlan á los turcos acudir de toda~ partes á venerar f'n paz los monumentos conservados del islamismoi'......

•*•

En su estado actual, la iglesia de! santo sepulcro,

38.)

mundo. Alli se elAva el edículo del Santo Sepulcro, reconstruido A principios del siglo por un arqui~ecto
europeo. Mide ij metros de longitud por 5 y medio de
altura y desaparecP b~jo los ex voto. lámparas,•va@os
é imágenes qu11 cubren su arquitectura. ~ntre los J)~·
Ja:-eR d11l cluuito s11 ahr1m profundas cap11las, ' df'st1•
nadas á los divereos misteri~s de la pasión de Cristo;

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JERlTSA.LEl'tl.-La Iglesfa del Santo Sepulcro, Rotonda Central

1&gt;ido inaccesible á los enemigos de la comunión triun•
tante"
•'La supuesta intolerancia brutal de que acusan .á
los turco11, no se manifiesta má11 que con la toler11nc1a
y el rePp.,to á todo lo que Vt'nera,n los otroR _hombres
"Siem¡&gt;re que el musulmán vé la 1~ea . de Dios 011 el
penslimieuto de sus ~ermanoe, se mchna re@pet~oso:
-cree que la idea santifica la forma y es, en realidad,

con PU mole bizantina y su decorado griego, gótico y
arábigo y hasta con las dePgarraduras que marcan
las hu~llas del tiempo y de la barbarie, no causa la
impresión de u11a idea mal f'Xpresada, de un gran recu11rdo profanado:alcontrario todos encuentran en el
exterior la que esperaban ver.
Al fin del vestíbulo está la ancha cúpula, cuyo cen•
tro dicen las tradiciones locales, ·que es el centro del

todas encie.ran teatimonios de las escenas de la Reden ción.
El monumento principal está dividido en dos santuarios: en t'l primero Re halla la piedra sobre la cual
estaban sentadcs los ángrlee cuando dijeron á h,s pill.d11sa~ mujeres que busc11ban á Jesucristo. 11 Ya no está
aqui. ha re~ucitado; el s,gundo santuario encierra ..¡
sepulcro, cubierto de una especie de SHcófago de

�Domingo 20 de Noviembre

-

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1~ 1R

EL MUNDO

Domingo 20 de Noviembre de 1898.

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386

La atención d111011 puPblo11 llevada asl a J«&gt;rnPalem,
ha despertado t•l &lt;'bt,1111110 de m1weroto11 foLóg,·afu11 ·
que se han dl'dicado a L0Ular vistas novlslmas de los
8antos Lugares y hoy podemoR • frecer á nuestr, s
lectores las últimas que se han hecho.
Una de ell11s r .. presenta el puHto de Jaffa visto
desde el m11r Jaffa es el puerto de J ·rus»lem y en él
desembarcan la m11yor ¡;¡arte de lo¡¡ turistas que vi11itan año por •ño y a mill'lires la ciudad tle Sion.
Entrase á Jnu11alem por la putlrta de Jaffa, llamada aei por desembocar al camino que A esta población conduce Dicha pu,•rta forma parte de los viejos
muros de Jerusal.. m. hoy casi derruido~, que nueb·
tros lectores podra.n ver en el correspolldiente gra•
bado.
La otra fotografía r1&gt;presenta la Torre de David,
de viejo abolengo bíblico.
Si estas ruinas acusan altamente, abandono y deei-

día, hállase grata compensación en d cuidado y lujo
que las diversas confesiones cristianas han desplegado en otros lugares que evocan muy directamente la
vida de Cristo, sobre todo, en la iglesia del Santo Se•
pulcro .
Esta, en lo exterior, no presenta un aepecto gran•
dioso ni es obra genuina de ninguno de eso~ cláeicos
estilos arquitecturales que arrancan admiración y
respeto. Ee mas bie:: un compuesto de numerosas capillas de diHintos tamaños &lt;¡ue están de tal suerte
agrupadas que no es posible distinguir ni apreciar la
construcción principal, y apenas se advierte el portal
de la fachada y la cúpula que lo corona.
No se nota que está sobre una roe~, por la extraordinaria abundancia de las construcciones más heterogéneas que la rodean, y sólo si se quiere llegar hasta el lugar en que fué encontrada la cru:i;, se comprende, por el cansancio que se experimenta, que sin

387
advertirlo, se ha ascendido á. una regular altura. El
Gólgota está cubierto por dos capillas baj~s, de la
que una encierra el agujero de la roca. en que se dice
estuvo clavada. la cruz, y que hoy l'~tá PXornado de
nobles metales. La otrl\ capilla señala el jugar e~ que
Jesucristo fuéenclav.. do enla cruz. En embae capillas,
como en casi todas las dependendenc•as dt1l Santo
Sepulcro, el oro y la plata se ostentan con inaudita
munl ficencia .
Estas dependencias se encuentran en poder de loe
diver.-os cleros cristianos y estén escrupulosamente
repartidaR y garantizadaR por un destacamento de
soldados turcos que cuida de que los respectivos derecho11 sean respetados.
CercR del Santo Sepulcro se encuentra el catholikon,
la fastuosa eatedral griega. el! la cual, según una
leyenda muy antigua, debe encontrarse el centro del
mundo.

f\S05NSION f\l, IXTf\OIHUf\TL.
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(FOTOCRAFIAS DE ORDOÑEZ Y BOESE.)

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Entre nosotro~ es poco cultivado el alpinismo y des•
con.icemos qui:i;á fa pasión que en .1!.Uropa tienen Jo.;
amateurs pcr ese ~port que día á día cobra mayor ví-

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pai11 es caai un suceso y las pocas de que tenemos no•

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El Ixtacihuatl visto desde Amecameca.

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tlcia las han realizado Axcnrsionistas extranjt¡ros.
Los dias l.º y l:ldel corri ..nte fueron d~d•C"ados por los
señores D Ezequiel Ordóñ11z y D. E Bo;e pua emprender una ascensión al Ixtacihu~•• La tarea se:

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Ixtacihuatl.-" La Panza."

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Los Sres. Ord6ñez y Boe1,1e en el Umite de las nieves
perpetuas.

bo con todo éxito.
Desde que Mr. White House,
Attaché de la legación inglesa en
México, y un al11mán ascendieron, hace ocho años hasta el crá·
ter del hermoso volcán, no ha·
bíase registrado una nueva y forma\ ascensión como la que practicaron los ,c1&lt;&gt;ñoree Ordóñez y
Bose. Ocho horas emplearon estos caballeros para llegar á la
altura de cinco mil doscientos
och«&gt;nta metros que tiene el Ixtlacihuatl, y hora y cuarto solamente 1.1ara efectuar el descenso.
El camino escogido fue la super•
ficie ondulada comprendida entre "La Panza" y un picacho in•
mediato á "Los Pies" del Ixtacihuatl ó sea 1a partA superior del
ventisquero que llaman Ayolo•
cotl.
Siguió «&gt;l ascenso; desp-:!és de
recorrer 600 metros en fuerte pendiente, 1011 excursionistas atravesaron ti Canchal que está al
S ,,r del citado ventisquero. Las
precauciones para salvar ll&gt;s numerosas grietas cubiertas de nieve se multiplican: los planos in•
clinados de la montaña se presentan füos y también cubiertos
de nieve haciendo más penoso el
as&lt;.'enso; se forman escahmes entre el hido y se ~igue en cumbraodo. A cierta altura se percibe
un olor desagradablequepersis•
te h11staarribar al port,zuelo que
nne "La Panza" á 11Lo1LPié.s" de
la hermosa nevada á Mole. Desde aquí pueden admirarPe las
bellezas de los Valles de México
y Puebla. aquél al Oeste y - al
OriPnte el segundo, cuyo hori-i
zoute e•tá limitado por un cerco
de montañas entre las que--se
destaca la nevada cúspide del Pico de Orizaba; r or el lado deMé· '
xico la Yista se detiene en la cordillera de montañas y allá á lo lejos la serraPia de Las Cruces y el

Ixtacihuatl.-"La Cabeza" y Ventisquero
de A.yolotepito.
Nevado de Toluca.¡Precioeo é imponente espectáJulo
de )a Naturale:i;a!
· Sólo llna voluntad firme y el deliberado propósito
de no retreceder pueden salvar loa obstaculos mat~rlales de qne está sembrada la peligrosa ruta que '.le•
va ·a la cumbre.
"La Pllnza" del lxtacihuatl es la parte culminante
de la montaña y se componA de tres cimas poco salientes que se elevan algunos metros e9br11 una superficie casi plana y cubierta de nieve. Los~eólogos
señorea Ordóñez v Bose contemplaron defde ahl el
panorama de los Valles y cordilleras que se perdían
en el espacio que dominaban; habian 1ogrado llegar

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1!.:L MUNDO

Domingo 20 &lt;te NovlAmhr11 de t'IAA.

---"==========================~~;;,;;;;,;;~============-==========~===========--

M6XIOO MOD6RNO.
FOT03RAFIAS DIRECTAS PARA •FL MUNDO.•

Ixtacihuatl.- Venth1q11ero de "Ayolocotl"
6 ..Porfirio Dfaz"

4 la meta á donde pocos, uno solo quizá
han arribado.
El descenso fné más rápido, como queda indicado;
los excur~ioui111a11 blljarou algunas rampas sentados
sobre la I ieve, 11irviéudose dt1 l•·s grui,sos ba~tone11 á
guiña dt1 timón; vislturon además. loR v, otiRquers de
las moLtañas y estudiaron la~ fald11s occiáttntales.
Nuestros grabados dan una id ..a drl vl'ntisqu11ro
de Ayolocotl ó Porfirio Diaz de "La P&gt;tnza" dl'I Pico
rle medio diadela miPma "Pauza," de la "Cab,.za .V de el
Ventisquero de n.yolotepito. LOri trajes que usaron los
exploradores son de lana gruesa y mttliias scbre el
pantalón: "'º llis ropas interiores se aplicaron otros
ab1igo11 también de l•na.
11in novl'dad

Muchos hom~res ha habido para guienes ~l. caballo
llegó á ser un 1ostruMento sin voluntad nt 10-tioto
def que se sirvieron para hacer lo que b11eoameut~
lee vt1nla á las mient~s. Fácil es comprender cuil.11ta
constancia y cuáot11. nngre fria dt1bieroo emple11r
para obtener un dominio tan completo bobre el bruto.
U no dt1 los hombres que más se dedicaron al ~ulti vo
de la equitación en sus más audaces maoifostacion,.s,
ha eirlo el general de cab-t!leria dd ejército alemán,
von Rl)senb11rg. ex-coronel del célebre regimil'nto ae
húsares de Z.-1iten, y que hoy vive "n Ratltenow, reti•
rado del servicio á causa de su avaodlsima edad.

Uasa del Sr. Ingeniero Don Alberto Best, en la P calle de Viena.

• Ioici11mos hoy la publicación de una serie dA vlstlls
tomadas por nuestros fotógr .. fl's y qni, senirán para dar á. conocer un aspecto iott1resante de los progresos materialt1s realizados últimamtinte en esta capital.
C_ontrastando con.el caracter sevno y triste de las
antiguas construcc1onet1, las de los ba.rrioij nuevos
preseota.n toda l&gt;t. v&gt;1riedad y el cosmopolitismo de
las ciudades modernas.
. . E~ta variedad de las nuevae fincas nos se, virá prec1s!lmente para dar. á esta sección uu interés que
umdo á su 1mportaoc1a como dato instructivo, hace
más grata la tarea de presentar á nuestros lectores 111
colección del "Mt3xico ModAroo."
La Casa del Sr. Salcido fué edificada l'n un año Pijcaso, ut:Jizáodose en ella los mejores materiales de

coostruc!lóo y ornato. Los techos son de acero imitando estuco y las puertas y ventanas dd roble i,m-erlcauo dt1lic&gt;tdameute tallado por operarios del pala.
L'l casa del st:ñ &gt;r Iogeuiero Don Alberto Best fué
provecti&amp;da por t1I mi~m &gt; si,ñor que es como se sabe
uuo 1ti. 1011 arq u,tectot1 má, competentes y de uu gueto
exquuno. Tvda11 las obrlis del señor Beet le hao valido grandes y muy j lBtos elogios,
La casa á q utt se rAfitreo estas lineas es de estilo
fraocé~, la dbtribución de los departamentos correspondt1 á la8 exigeocia8 dt1! gusto y del moderno comfort Y su de\!on,d,&gt;t10 á la vt:z que sobrio elegaotisiruo. Et extnior t1e11e detalles de ornamentación de
una_befl&lt;lza dt11icatlídima que realzan el magnifico
COOJUnto.

Casa del Sr. Don Rafael Salcldo, en la Glorieta ele Cuauh temo(\

---------------- -------------..

.P~NSAMIENTOiiw.
Un rPporter: bicicleta de carne y hueso que corre
el record de la información.
Delaforest.
• El juego concilia e1 instinto de pereza y la co
dicia.
Doumic.
Hay siempre algo de historia en la leyenda y mucho de leyenda en la historia.
lValtour.
r

d 8il'mprn deh~moR tenPr en \!U~nta la opinión de los
emás, sobre toao cuando es uec1a.
Delpit
h E~clavos dPl 11mueño, mlramoR l'onR.aut .. m1-mte el
q~~~:~te, e~perando que llegue algo quti uo ~abt1mos
Todo es historia, aun las novelas.

de Yogile.
Jorje Sand.

EL MUNDO.

mandado á los mugiks A
podar los árboles. Cuando llegó la hora de la comida, deliberaron.
-¿Cón::.o vivir ahora?
se decían. Nos va á agotar hasta lo último. Ya
estamos cansados, y no
ha:v reposo ni de noche
ni de día para nosotros ni
para nuestras mujeres; y
cuando no queda satisfecho. allá v.a el látigo. Simeón murió á latigazos,
Amissin en el tormento. ¿Qué esperamos nosotros? Esta tarde va á venir y se dará gusto en
nuestras espaldas como
de costumbre. Con que lo
derribemos del ca bailo y
le demos un buen hachazo es suficiente. Luego lo
enterraremos como á un
perro, y el agua correrá
por encima .... sólo que
cuid11do, mucbo cuidado
y nada de defecciones.
Así hablaba Wassili Minaevqueera el más encarnizado de todos contra el gerente, porque se
le azotaba todas las semanas y le habían quitado
Re os ha dicho siempr,: • OJo por
oJo y diente por diente," y yo os di·, á su mujer para llevar a de cocinera A la ci1sa. de
go: "Suirld sin oponer resistencia.',
su amo.
S&lt;nJfa/BJ,
Los mugiks estuvieron hablando, hasta que queEn aquellos tiempos, hRbía seff.ores de diversos
dó cortada la plática por la llegada del gerente.
sectimientos; unos 1enían presente que algún día·
babían de morir y que existe Dios y que no ha- Apareció á ca bailo y riiió á lo~ obreros porque no
bían de hacer m11l á los demás hombres, pero otros podaban los árboles como á él le agradaba. Luego, entre el montón de ramas cortadas, descubrió
eran despiadRdos é inhumanos. íDios sea con un tilo peque:llo.
ellos misericordioso! Pero lo que habí¡¡ de peor
-Yo no he mandado que se corten los tilos,
entre loe peores, era los que primeramente
dijo.
¿Quién ha hecho ésto? Confiesen, ó hago
fueron siervos, y que salidos del lodo, se llegaazotar A todo el mundo.
ban á convertir en amos por una circunstancia
Inmediatamente ee puso á buscar la hilera de
-cualquiera. Esos eran sobre todo los que hacían
tilos
en quefilltab!L el cortado, y mientras lo hacia
dura la vida de los pobres .....
le denunciaron á Sidov. El gerente le dió de la·
tigazos en la cara hasta baff.arlo en SRngre. Otro
*
* gerenteá quien lla- tanto hizo cJn Wassili bajo el pretexto de que su
En un seff.orío, había*cierto
maban Mikhai:1 Simenovitch. Los campesinos tra- montón no era bastante grande, y se fué.
En la noche los campesíno3 se reunieron otra
bajaban en las tierras, que eran fértiles y extensas: corrientes de agua, praderas, selvas ... . ha- vez y Wassili habló de nuevo.
-Bueno; pues ustedes no son hombres sino go
bría habido bastante para todos, para el seff.or y
para los mugiks; pero el propietario puso un ge- rriones. Ya íbamos á despacharlo, y llegado el
rente, encargado ó capataz, esc0gido entre los do- momento, ni quien se moviera despuéi de tanta
charla. Es como cuando los gorriones conspiran
mésticos de otra de sus propiedadts.
Desde que llegó este sujeto, acaparó toda la au- contra el gavilán, llenan con sus cantos el aire y
toridad y pesó con todo su peso sobre las espal- al venir él escoge al gorrión que le gusta y se lo
das de los pobres mugiks. Tenía familia: su mu- lleva. E,e hombre, e3 hombre de C11.rne como tojer y dos hijas á las cuales había ca11ado, y dos ustedes, y cuando no se quiere recul11r no se
atesorai:',a ya mucho dinero. Habría podido vivir, recula. En el momento en que dió los latig11zos á.
y vivir sin pecar, pero er,1 insaciable y estaba en- Sidow, debimos habernos aproximado y acabarlo
de una vez. Pero Uitedes .... nada de cobard1a,
durecido en el mal.
Comenzó por aumentar en más de lo razonable nada d~ defección .... y cuando llegó todos balas tareas de los mugiks. Hizo construir hornos jaron la cabeza.
para la fabricación de tejas y ladrillos y vendía
Las conjuraciones se renovaron más y más caen provecho suyo los productos; Pntonces los mu- da día y los mugiks juraron deshacerse del ge,giks fueron á Moscow á quejarse á su scff.or, pe- rente. Este ordenó que no se suspendieran las ll\ro nada lograron. El seff.or los despidió y dejó al bores durante las fiestas de la Pascua. y semt&gt;j •r nte
otro que siguiera obrando á su antojo. Este supo disposición aca b6 de exaltar el ánimo ae los cam •
que los mugiks habían acudido á presentar su pesinos que se juntaron el ~omingo de Pasión y
·
queja, quiso naturalmente veng11rse, y la vida de tornaron á deliberar.
- Puesto -que hasta de Dios se ha olvidado, lo
aquellos pobres campe6inos se hizo más dura to·
davía. Entre ellos no f11ltaban hermanos falsos mejor es matarle, decían, y pecaremos si no le
que denunci11ron á sus c11maradas, y 11sí empeza- matamos.
Pedro M:ikhev vino también. Este Pedro Mikhev
ron (cosa nunca vista!) Ahacerse ma ! unos á otros.
El pueblo entró en anarquía y esto aumentó la ra- era un hombre tímido que no gustaba ae entrar
en las discusiones: sin embargo, dijo:
bia del amo.
-Es un gran pecado, hermanos míos, el que
Mientras más corría el tiempo más se agravaba la situación, y se concluyó por considera1· al ustedes meditan. Perder unv su alm11 es cosa muy
gerente como á una bestia feroz. Cuando pasaba grave y es mucho más facil dej11r que otro por
por la aldea escapaban de él como de un Jobo, ó propia voluntad pierda la suya. ¿Que obramal?El
se ocultlibao en cualquier parte para huir de su mal en definitiva será. para él! Es mPjor soporvista. J¡:l gerente crecía en odios al hacerse car• tarlo, hermanos míos.
W assili se indiguó al oí:· estas pala br11R.
go del terror que inspiraba, y se propmo a brumar
-Siempre éste repite las mismas cosas, dijo.
á. la gente á fuerza de látigo y de trabajo.
Que es pecado matar á un hombre! Bueno, eso es
Los mugiks sufrían ....
Llega á nacer la necesidad de que tales mons• cierto, tratándose de un hombre ¿pero de un petruos sean suprimidos .... los mugiks empezaron rro como el gerente? Dios mismo lo quiere. Hay
á. hablar de hacer desaparecer al amo; se reunían que matar á los perros rab~osos si se tiene comen cualquier rincónapartudo de la. selva, y el mas pasión y amor por los demás hombres. Pecado
más gtande sería dejarle que siga viviendo. Y nosatrevido decía:
-Será posible que suframos por más tiempo al otros, si uos toca s-:ir castigados aquí ó en la otra
opresor? No e.3 pecadv matará un hombre seme- vida por esa muerte, siquier11 h11bremoslibertado
á los demás y nos quedarán n·conocidos. Tú no
jante.
Uu día, hubo reunión en l&gt;l espesura del bos- dices más que tonterías Mikhc". Pues que ¿no es
que, antes de la Semana Santa; el gerente había pecado más grande todavía q_ue matarlo, el de

EL CIRIO.

lJNA. HA.ZA.XA ECUESTRE.

Las haz11ñas Pcuestres del general von Rosenberg,
entusiasmaron eu sumo gradv á muclt'&gt;s oficiales ale•
mant1A y se re~olvió fllnáar una alta escuela de equitación, dedicada exclu~ivament~ al estudio y cultivo
de loa más aud11ces ejercicíoR ecuestres
Hace dos años y A imitación de la alttmana, fundóse
una escuela si,mejante en el ejército italiano, que ha
dado magniticos resultario,1 y en la cual se efectúa
constantemente toda. clase &lt;te ejercicios ecuestrt1e de
loe que exigen más audacia y 1t1ás temeridad, tales
como carreras con graod11t1 ob&lt;táculos. carreras en terrenos pantanosos, t-n toda estación dt1! año, sobre la
ni Ave, atravesando rlos, etc, 11tc.
Uoa lti&amp;zaña v11rdaderamente eorprendAote, es la
que reprPsenta nuePtr-&gt; grs hado. tomada de una fo.
tografla iostantánPa, y que RA t&gt;fPctúa Po la mencionada escuela italiana de Tor di Quinto por al:unoe
jóvenes oficialPS.
Consiste el t&gt;jercicio en dese, ndn, ó rl'sbalar mejor
dicho, á Jo largo de una alta roca ó paredcasiperpendicul~r sobre el s11elo.
Necesitase para efectuarla adPmás de v11lor, sangre
fria r_ dominio completo, una vista muy preclea y una
11ens1bilidad exquisita para p&lt;'der guardar el equi•
librio.
Hay que advertir que elitallano no es pueblo ecues•
tre, por lo que tal hazaña es mucho mh me.itoria.
En México mismo, no obstante nuestra merecida
f.ma de ginetee, no creemos que haya quit&gt;n t&gt;jecute
el ejerciclo que presentamos en nuestro grabado .

Domingo 20. de ~oviembro de 1898.

359

trabajar durante la fiesta de Jesucristo? Tú mism0, te atreverías á. ir á trabajar?
-¿Ypor quéno?Sisememanda, voy.Noespa ra
mi para quitm trabajo, y Dios sabrá muy bien de
quién eselpecado, y ánosotrossólonos toca obrar
bien. Yo no soy quien digo esto, hermanos mios,
es el mismo D:os. Si él hubiera creído q ue se de·
be comb11tir el mal por el mal, lo habría proclamado en sus Evangelios. l'lfatar tt un hombre es
ensangrentar uno su alm'l. Si creen ustedes que
mata11do á un hombre malo suprimen de la tierra
el mal, se equivocan; lo que hqrán es c11rgar su
conciencia con un mal mAs grande. Soportemos
la desgraciR y será vencida.

***

Después de eRto, los mugiks no tomnron resolució11 11lguna, pues sus opiniones qued&gt;1ron divi•
didas. Unos pensab11n corno Wassili yloi otros se
fueron del lado de Pedro para tener pncit&gt;nda en
vez de pecar.
El domingo de PaRc~a se di&gt;jó á los campesinos guardar la fiesta, pero por la tarde vino el estaros to (avisador) y les dijo:
-Mikh11il ~imenovitch ordenn que maff.ana
concurra al trabajo todo el mun&lt;1r.
El estarosto recorrió toda la aldea repitiendo
la orden, seff.11lando para la labor á unos, las tierras coloc11da, en las riberas del rfo, y á otros, las
que limitaba el gran camine,,
Los mugiks lloraron, pero no se atrevieron á.
desobedecer.
Al día siguiente salieron con sus arados y se
pusieron á trabajar, y cu11ndo la c11mp11na maycr
de la iglesia repicó llam11ndo A misa y todos lot1
cristianos concurrieron, los mugiks estaban trabajando.
Mikhail Simeuovitch, el gerente, se levantó b11stante tarde y dió una vuelta por sus tierr1&amp;s. Su
mujer y su hija la viuda, se vistieron, y un criado
las llevó á misa en un carruaje pequeJ:10. Cuando
volvieron se preparó el samovar; y habiendo regresado también .Mikhail Simenovitch se pu,ieron
todos á tomar el té. De~pués del té, Mikhail cucetdió su pipa y mandó llamar al estarosto.
- Y bien: ¿instalaste en el trabJjO á los mug k ,?
-Sí
-Todos concurrieron?
- Todos. Los llevé yo mismo.
-Y .. . . habrán trabaj&amp;do? Anda á verlos y diles que yo iré después de comer: que hagan ta•
rea completa, y muy bien hecha; y que si encuentro algo malo, no tomaré en c.ueuta la fiesta. y
castigaré.
- Está bien,
El estarosto iba á retirarse, cuando Mikh;,il lo
llamó: (¡uería aff.adir algo, pero sentía ciert•J 1:mbarazo y no sabía cómo empezar.
-He aquí de qué i;e trata, dijo al fin. Oye hien
lo que esos bribones digan de mi, y me lo vi .. ncs
á contar todo. Conozco bien á. esa canalla: 110
querían t1·abajar, 1,ino quedarse a~os ados fiu h11cer nada. Comer y asistir á In fiesta, eso e6 lo 4ue
les gusta y no pien11an en el trabajo. Oye pues
cua11~0 se charle, que tengo necesidad de babcrlo. y al volver no me ocultei nada.
El estarosto montó inmediatamente á cab11lo
y partió al campo á ver á. los mugiks. La mujer
del gerente que oyó' la -conver;111c1óu, se aproxi•
mó para hacer á éste una súplic11.
Era una mujer dulcP, y de buen corazón, y cuando podía, calmaba á su marido y defendfa á los
mugiks.
-Querido Michenka, le dijo. Por este gran día,
por la fiesta de Pa~cu&gt;1s 1 por el santo amor de
Nuestro Selior Jesucristo, no peques ni hagu pecar á los mugiks, obligándolos á trabajar.
-Bien se conoce que hace ya tiempo que el látigo no b11il l sobre tus espald11s 1 por Jo atrnvida
que estás. Estos no son asuntos tuyos.
- Michenka, amigo mío. ¿Si vieras? lle tenido
un sueño, un mal sueno, rt fcrente á tí. Oyeme,
por Dios! no hagas tr11 bajar á los mugiks.
-Ya te dije que me parece que te sobra sangre y el látigo podía sacarte una poca. Cuidado!
Cuidado!
Disgustado Simenovitch arrojó el fuego de su
pipa en la boca de su mujer, la despidió y mando servir :a comid&amp;.
Le trajeron muchos platillos muy bien guisados, comió con gula, bebió sin fren o, y luego llamó á la cocinera y la hizo cantar.
El estarosto regresó y dió su informe.
-Y bien ¿trabajan? ¿bán concluído su tarea?
-Están á la mitad.

�Domingo 20 de Nl)viembre de 1898

F.T, MUNDO

1

¡

El gerente dejó de reir y quedó pensativo.
Durante algunos minutos siguió así; luego dPs-pidió á la cocinera y al estarosto, pasó tras del
cancel, sP. arrojó en su lecho y se puso á llorar y
á gemir á gritos como una mujer.
Su esposa se acercó á consolarlo y él entonces.
le dijo solament~:
-Me ha vencido .... me ha vencido ....
-Ah! decía ella, déjalos en paz, otras cosas
pe.ores has hecho y no te ha entrado este miedo.
¿Por qué temes ahora?
-Soy perdido . . .. me venció, Aléjate puesto•
que todavía no te he acogotado: esto no te con·
cierne!
Y se quedó solo en su lecho.
Al día siguiente se levantó como siempre, pero va no era el mismo Mik'lil Simenovitch.
Se habría e.icho que algo presentía; comen •
zó á languidecer y no salía casi.
Su reinado no duró ya mucho tiempo. Un dí l
vino el seilor y se le informó que el gerente e;taba enfermo, pero como en días posteriores hu •
bo de averiguar que la tal enfermedad no era.
otra cosa que una perpetua borrachera, lo destituyó.
Entonces Mikhail Simenovitch se entregó á la
ociosidad, se fa,tidió más aún, se volvió súcio,
dilapidó toda su fortuna y cayó tan ab11jo, que
se robaba las enaguas de su mujer para cambiarlas por aguardiente en la taberna.
Los mugiks mismos le compadecían, y algunas
veces le daban qué beber.
Al cabo de un afio murió, ahogado por ell
aguardiente.
LEON TOLSTOI.

-Pero especifica.
-Es malo.
-¿Por qué? Armate de valor: habla!
-Dicen que estallarás por el vientre y que con
tus intestinos se ahorcarán los condenados.
-Ya veremos cuales intestinos ven más pronto la luz del sol. ¿Quién ha dicho eso? ¿Tichka?
-Todos. Todos dicen denuestos y amenazas.
-Y Pedro Mikhelev ¿también amenaza y grufl.e? ..... .
-No: "&gt;edro Mikehelev no hace eso.
-¿Y qué háce?
-Es el único que no dice nada, Es extralio á
todas las confabulaciones de sus compa:ileros. •Le
ví, y me causó una gran sorpresa verlo.
-Por qué?
-Tcdo11 los mugik11 estAn asombrados.
-Pero ¿qué bace?
- U na cosa de todo punto extraordinaria. Cuando mele aproximé, trabajaba en un surco oblicuo
cerca de Turkina y le oí cantar con una voz dulce y deliciosa. En el crucero del arado, ardía
algo.
-¿Y qué era?
- Una cosa que resplandecía suavemente: ya
muy cerca, observé que era un cirio de cinco
kopecks, afirmado en el arado. El cirio arde y
el viento no lo apaga. Pedro estaba con camisa
muy limpia arando y cantando salmos. Da vuelta,
remueve el arado, va, viene y el cirio ni disminuye de tama:ilo, ni de resplandor, ni se apaga.
-;,Y qué dijo?
-Nada. Pues que nos deseaba á tí y A mí felices pascuas, y siguió cantando.
-Conversaste cqn él?
-No. Pero los mugiks se nos acercaron y dijeron burlandose:
-Por más que rece y cante el pobre Mikbev,
su trabajo en la Semana Santa no le será perdonado.
-Y qué contestó?
- Una sola cosa: «Gloria á Dios en las alturas

Lf\ Of\MPf\Nf\ DE, f\Lf\RMf\.
Míster Gualterio Flick era lo que se llama un hombre independiente. Lo que por alguna razón estaba
prohibido hacer, eso hacia sobre todas las prohibiciones del mundo; apenas vela en los jardines el con•
sabido anuncio: "ae prohibe cortar flores" .... y ya
tenia una de ellas en el ojal, costara lo que coi1tara; en
los teatros, jamás pudieron impedirle que fumara E&gt;n
plena sala, pues alegaba que, debido a la probición,
alli era el único ~itio en que sentla deseos de fumar.
Además, Mr. Flick era muy nervioso, y por cualquiera cosa ya estaba fuera de sus casillas.

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Pues bien, una tranquila noche de verano, Mr Flick
subió á un carro Pullman del exprese del Norte y se
inFtaló en un departamento especial.
Iba pensando en cosas del todo indiferentes, cuando sus mirafias fueron á fijarse por desgracia en una
brillante agarradera de metal, sobre la que habia un
anuncio que con gruesos caracteres decia poco más 6
menos:
CAMPANA DE ALARMA,
SE PROHIBE BAJO PENAS SEVERAS, LLAMAR
SIN CAUSA JUSTIF.CADA.

f

Mr. Flick leyó y releyó atentamente el peligroso
aviso, y luego se puso á meditar. visiblemente arrane, do á FU anterior indifereueia dichosa. Por fin, se
d!ó á monologar en voz alta con evidente exciti.ción.

~~~fl
..,'.~_::_:::!
1

1

!¡ i

LOTOS
Es tu niñez la que bañada en llanto
Dt- ~i se aleja para siempre. En tanto
La J~vent.ud, la m!lga cariñosa·,
A qlllen siguen al1geros lo~ sueños,
La edad en que abre su botón la roda
Ha lle¡?'ado á. tu puerta
'
Y al mundo del amor tu alma despierta.
D., bellas flores cub1 en tu sendero
Hadas benignas, y en tu casta frente
Donde aun til beso maternal palpita '
Asoma sonriente
'
De la be!leza el esplendor primero.
Di, ¿qué mayor ventura
Tu alma, nacida para amar, anhela?
Ama, el amor nuestro existir consuela
El nos levanta á la celeste altura
'
Y nos acerca á Dios! Coje la rosa
CC?n las perlas del alba humedecida:
Mirl!- (\Ue es ¡ay! esa ilusión hermosa
La umca flor de nuestra inútil vida ... _
FERNANGRANA.

3,1

EL MUNDO

Domlngc 20 d. NoviembrP &lt;tP 1~

y paz en la tierra A loB' hombres de buena voluntad.• Luego volvió á su arado, hizo andar A SU:.
caballo y se p11so de nuevo á cantar. El cirio seguía atdiendo y no se apaga todavía.

1

-;,Bien trazada?
-Nadll va mal. Tienen miedo.
-La tierra no está muy resistente?
-Se espolvorea como los granos de la adormidera.
El gerente guardó silencio unos minutos.
-¿Y qué se dice de mí? ¿se me insulta?
El estarosto callaba, Mikbail insistió.
-Dí, habla sin temor. No son tus palabras sino
las suyas las que vas á pronunciar. Si dices la verdad te recompensaré; si me ocultas algo te rajaré
l?-_ piel á latigazos ó te cortaré la lengua con unas
t1~eras. Hé, Katucha, sírvele un vaso de aguarc11ente para darle valor.
La cocinera, que era una moza gallarda y linda, sinió el aguardiente y elestarosto bebiópensando para sí.
-Bueno:. puesto que quiere la verdad, se la
diré:
Luego empezó.
-Se murmur11, Mikhail Simenovitch, se murmura.
-Y sobre qué? Habla.
- Se dice que no crees en Dios.
El gerente se echó á reír.
-¿Y quién dice eso?
-Todos. Y se añade que comercias con el diablo.
El gerente rió más aún.
· -Bueno. Pero veme dando detalles. ¿Qué dice
Wassili?
El estarosto no era afecto á hablar mal de sus
camaradas, pero estaba desde tiempo atras encontrado con Wassili.
-Ese grita más que los otros.
-Pero qué dice? Repítelo.
-1\fe dá miedo. Dice que morirás impenitente.
-Ah! bravo! ¿y qué espera qué no me mata
para que se realice su predicción? Ya le arreglaré
sus cuentas sin que nada me quede á deber. Y
Tichka, el muy perro, también habla así ¿no es
cierto?
- -Todos.

•

.o

1

1

l
'

!
1

- Esll es la agarradera que sirve para hacer sonar
la campana de alarma, y en todos los departamentos
hay oti:a igual: yo las he visto. y hasta he dormido tranquilamente cerca de ellas. Bueno ya está!
Y volviendo df'edeñosamente la espalda, µú·
scse A ,nreglar sus bultos, colocó la petaquilla
d11 mano en la red, cambió su sombreroporuna
gorra de viaje, su americana por un batir.,
i acomodóse
Pn el acoji!!
nado asiento, siempre
de Pspaldas é. la agarra•
dera, se abrigó los piéR
con un plaid y deFplegó
fü periódico para llamar
al Pueño; pero todo en
vano: le fué imposible
encontrar interesantes
!11@ nuevas polfticas, ha·
116 la bolea muerta y el
folle ti n detestable.
En cambio, la malhadada agarradera parecía llamarle suavemente:
-Pst! Pstl

Entonces Mr. Flick arrojó el periódico y se volvió
para contemplar cara á cara la agarradera y, sobre
todo, el anuncio.
-Pno, con mil diablos,
¿qué tiene de extraordina•
ria esta a¡?'arradera? Un
trozo de cobre niquelado
que por medio de una cuer·
a.a hace sonar una campana junto á la máquina
para que en case&gt; de peli
gro, se haga funcionar, el
maquinista asustado cierre los frenos, invierta t:l
vapor, el conyoy se d11tenga, el conductor salte á tie•
rra y vuele á viRitar to•
dos los compartimientoP,
de~pierte á los viajero,¡
muertos de susto y .... nada más!. ...
Y los ojos di' M •. F,ick se
clavaban con ira. en el asa
de metal. La muy socarrona pared=t brillar mAs vi•
vamPnte bnida por los ra:vos de la lámpara; la luz
hacia r11saltar con una Ji.
nea brillantlsima vfascinadora la curva ~legante.
propia para hund•r~A en
i,lla la mano entera y favorecer el esfuerzo dese.perado del que llam..1r,. cC\n angu"tia.
lJe,esperado Mr. Flick corrió la cortinillll que v11la
la luz para dormir; pero en la semi-obscuridad la mal·
&lt;lita agarradE'ra fué lo único que siguió brill11udo SO·
la, parecida á un comet·•, como si se hubiese desprendido de su sitio y fuesA á ponerse al alcaoC'e ele h.
mano .... Antelll inutilidad de la tentativa, Mr. Flick
furioso se abalanzó A cubrir la m\l('ica asa con el P"·
riódico, pero al hacerlo. s~s dedos se adherlan á ella
y sentlan contracciones extrañas, como para asirse y
t:rar de algo ...
-Dios saLtn, gritó Mr. Flick con sngu•tia, será
preciso que tire yo d11 é.~to para tranquilizarme?
El infortunado Mr. Flich comenzaba Á. sentir¡¡e atac11.do dfl vértigo. eomprendla quo, estR ba poseido por
la endemoniada agarradera y que al fin iba á llegar
el momi:nto en quti, sin poderlo remediar, tendlia que
colgarse y tirar de ellll á do11 manos, con todas sus
fuerzas, desebperadamente. Fin más motivo que aqufl
anuncio tonto. aquella prohibición estúpida que evidentemente podía ser violada.
Y para intimidarse, púsose á leer varias veces en
voz bien alta el malhadado aviso
Pero á la cuarta ó quinta declamación, el efecto fué
contraproducente pues Mr, Fllch, como respondiendo
á una provocación, gritó:
-Y bien, ¿qué me importa un arresto 6 una multa?
¡No pueoo ma,;!
Y trémulo, desatentado y febril, apoderóse de la
agar1 aiera, pero no IIE&gt;gó A llamar, detenido súbitamente por uIJa imagen horrible.
Pensó que la dPtención inesperada de un expr11so
en una linea recorrida sin cesar por otros trenes rá
pidos, es casi siempre la causa de una colibión. y por
su imaginación pasó en forma de suelto gacetillero
el funesto resuliado de su imprudencia: cuarenta
muertos, cien ó do8cientos heridos, das locomotoras
eumadu. una docena de coches convPrtidos en mP.r·
melada. muchos miles á~ pesos perdidod, veinte fa.
milias desamparadas .... ¡Qué horror!
Los cabellos deMr. Flick
se erizaron.
-¡No.jamás'.-grltó enér•
gicameL te - Pronto, algo
que me distraiga .... Y corriE&gt;ndo á la puerta del dep11rtamento vecino. llamó,
primero con suavidad, luego mb fuertemente.
- Señor. señor, ¿Qué tiene usted de nuevo, eh?
Pero sólo un enérgico ju•
ramento fué lo que obtu·
vo por respueeta en és•e y
en otros departamento8,
donde dormian pa1ajeroa
que, molestados, lo envill
ban al diablo con toda11 las
más eficaces fo1mas rle la
dE&gt;11l'orte·fa.
No pudiendo ballar quien
le diese conversación, vol•
vióse á su camarote y alli
se entrE&gt;gó á cantar á voz
en cuello airPs zarzuelescos v sentiment11fümos de
ópera; después bailó y en seguida hizo gimnasill, re•
sultando que cuando menos lo pen11aba su mano fué á
enganchars11 con la-agarradera y á duras penas pudo 80ltarla sin Jlamar.
Decididamente 6 llamo 6 mito del co&lt;'; e al suelo
· para librarme de E'Rta maldita tentación. Y re11uelto á
lo Sf'gundo, dirigióse á la puerta, cuando un hombre
desconocido apareció en ella.
-Qué felicidad. re.nsó Mr. Flick; un la&lt;lrón que me
a11alt• y ya está justificada la detención. Y se abalanzó con frenes! á la agarradera: iba por fin á descansar; pero no pudo realizarlo: el hombre negro cogióle
por la falda del Raco y tranquilizándolo con franca
sonri~a, pidióle finamente su billete .
-¡Qué desengaño: es u:::. hombre honrado, murmu-

ró el infeliz Mr. Flick. El conductor en persona: ni
modo de llamar
Volvió á quedar solo frente A frente de la infernal
a~arradera; pero Jll no trató de olvidarla, al contra1io, parose frente á ella. la tocó con ambas manos jugueteando y acariciándola como al gato favorito, é
iutrodujo sus dedos en la asa para ver ~1 cabfan á gus•
to. D~ pronto 11u paraguas cayó de la red en una
bruscatrrpidación del convoy; inclix:óse á recogerlo y
l'in deterse más, lo colgó de la. agarradera enganchándolo por e! puño.
Esperó ansioso unos momentos, aplicando el oido;
pero el tren no se detuvo; era qu11 el paraguas pesaba muy poco :v la camp11na no babia sonado.
Entonces colgó también su maltta y Juego su petaca de mano .....
-¡Gran Dios! Un rechinamiento, un silbido, y tras
muchos vaivenes y r11soplidos. el tri:n comienza á detenerse y por fin se para. Mr. Flick palideció y se volvió violentam,,nte al oír que abrían su puerta.
-¡Torreón, cinco minutoel grilóle en las narices el
empl11ado
-¡Oh, dijo Mr. Flick, una estación, el trl'n se paró
naturalmentti y la campana no sonó. 1.'.¿né haceri'
El 1ren cont-inuó su marcha y Mr. F,id;: volvió á su
tarea de aca1 iciar la agarradera.
De pronto se dió una palmada en la frente, babia
encontrado su idea salvadora: simple y sencillamente 11horcarse, coleándose de la agarradera; ni modo
de castigarlo. Todo hombre es dueño de tener disguFtos, desE&gt;ngaños, quiebraF y decidirse á cortar por
lu eano, haciendo el gran ,i11je en trP.n expreso.
-Dticididamente, me cuelgo de é,to; Ja e, mpana
suena, el tren se dt:tíene, acuden á descolgarme, y, si
estoy vivo. ni quien se atreva á perseguirme en semejantes circuntancias. ¡Pobre hombre, dirán todos,
cuA.nto sufrirá!
Y dicho y hecho, Mr. Fiirk hace un lazo con lascorreas de su maleta y pa~ándoselo al rededor del cuello, se sube á 111 banqueta más próxima, ene-ancha la
corrAa á la fatal agarradera y sintiéndose dichoso por
dar fin á la estúpida obse¡.,ión que lo ha ato1mentado
tantas horas, se suspende furiosamente con ánimo de
ahorcarse deveras con tal de llamar.
Rae, rae, crac ...... .
-Es el ruido del freno que ya funciona. se dice Mr.
Flick, con la cara ámoratada y los ojos queriendo ~a, lirseles de la, 61 bitas
Pero el ruido continúa.
indefinidamente; uno. dos,
tres minutos, las or,,jas de
Mr Flick ya están ennegre·
cHndose y el tren no sedti·
tiene.
Mr. Flick procura ver al
través del vdo que cubre
ya. su vista, si la portezue1'l se abre, pero nada ve
Hace brus·!OB movimientos
para E&gt;jercer más violt&gt;1nto
esfuerzo eobre lll Hgarradera, mas el ruido sigue y
el tren corre siempre ve·
lozm1mte.
-¡Ah, canall11 agarrade•
ra, tú no funcionas estás
inservible! p-ruñe medio so
focado Mr. Flick echándose 11mbas manos al cuello.
- Y por esta alhaja iba
yo á ahorcarme; bueno, espérate, que te voy á justar
las cuentu 11g-arraderita
de loa mil diablos!
Y entóncet1, atuvPgando
sn bastón por el ojo, comenzó á tirar, torcer y palanquear ála tentadora con
todas sus fuerza~, con rabia, desesperadamente, has•
ta que concluyó por arranc!lrla, torcida y al-ollada.
Entonces la contempló con sonrisa de triunfo, dirigióle una mirada de reto y preñada de desdén al aviso. y gt~ardándose la destrozada agarradera en la
bolea pusotle á lPer el antes dP.Fpreciado pE&gt;riód1co,
advirtiendo ebta vf'z que en la Bolsa habla febril animación, que la politica Fegufa una marcha profunda•
mente grave y que el folletin era d11lici0Po. arrullador, tanto, que á los pocos minutos. Mr. Flick se hallaba immerjido en dulce y reparador 11ueño no que~án~ole de ~u obsesión otra cosa que la desdeñosa é
irómca sonnea 1.¡ue vagaba por sus labios.

j

JUAN RAMEAU.

�..

Domlngo 20 de Noviembre de 1898.

EL MUNDO

EL RITMO DEL TREN.
Decidido, las montañas
el re~uPJto tren perfora,
al redoble acompas11do
clA PU marcha mon~fóaica,
Obseúón de las retinaP;
el tPlégrafo hecho combas,
cual pentág1ama col;;-ante
en los aires se desdobla,
y á los pájaros sostienen
los alambrea. come, notas,
y componen himno ala~o
al progreso y á la gloria.
De los tunelea sombrios
en las fauces caveraosas,
su trajín centuplicando
el fur10so tren se arroja,
y promueve mil estruendos
que retumbRn en las bóvedas,
cientopié:1 de raudas ruedas
que se siguen como loc11R.
Uual tremenda hacha cilindrica
la c1ddera audoroea,
part~ el vi ..nto en doR mitades
y valit:nte lo destroza:
y por él el tren Re lanza,
con la crla rizada en ondas
y erizada de centellas
que ruti11in en la sombra.
Sin pal par tajos ni riscoR,
ni aputar vetos ni frondas,
rasga, hltinde, y d .. si misma
huye en marcha voladora
Palpitando al ritmo bronco
de sus venas poderosas,
y crujiendo de sus músculos

la bronclnea urdimbre tosca,
delirante por los campos
las dist1mcias cruza y borra,
y sus alas circulares
van y van vertiginosas.
Ya á una curva prolongada,
tiocillsimo se amolda.
y el salvaje grito e~cupe
cual rPJincho de victoria;
ya en los frenos detenido
se deecuelga por las rocas
corno horrlsona culebra
de pupila audaz y roja.
Siempre el bronco golpeteo
de sus fmpetus redobla
y hH ce burla de las alas.
de la;; flechas y las hond11s.
Explosión de viva lumbre
su b:.ndera tornasola,
y la llen11 de áureas chispas
,·omo luz de su corona.
E:1 que llega al largo puente
que colgando se prolonga
sobre el rlo dilatado
rli, corriente caudalosa.
Ya Ei bando lo estremece.
~-a sacud" sus argollas,
ya volao(lo se columpia
en la trama de su comba
Crujen hinros y engranajPs,
retumbando el puente flota
¡v el prodigio pitsa1 y ciega
con su luz y con su gloria!

SINFONIA DE AMOR
Dame el arpa. mujer: si quieres versos
palpitantes y tersos,
puros y criRtalinos, dame el arpa ....
El formidable león que horror pregona
cuando halagR á la leoaa
guarda y recoje la filuda zarpa!
El que de un eólo golpe ha rot'.'I un yugo
estropeando al verdugo,
rinde ante ti sus eeplendentes galas;
y tt, iavita á subir 1Vamos al cielo!
que ei no t'S para el vut'lo,
Jpara qué tienen nuestros hombros alas?
Jugarás con los astros y las nubes,
si hasta el emplreo subes,
v nltanllo lle asombros en asombros,
quizá el arpa de verrns soberanos
se caerá, de mi-1 manos;
pero nuaca las alas, de mis hombros
Y bajaremos ha~ta el bosque luego,
y delirante~• ci.. go
rruzaré el boc1que como un león herido ....
haré que el bosque á nuestro paso se abra
ce n golpe11 de palabra,
y nos reciba como al ave el nido!
Saldremos de los boeques á lps mares¡
y al sún de mis cantares,
ron ruda proa y con hinchada vela,
ra,garemos el pliP¡¡-o de la br1.1ma1
mirando ambos la espuma
t·on que cusj:1 su látigo la estela ....
La iilit de espumosas explo11iones,
mezclará en SUB c11ncioa~s
con gritos de titán, gorjeos de ave ....... .
l!:olo bOplar:'.l. Neptuuo mismo
surgirá del abismo
A. servir de piloto en nuestra nave!
L \azate eobre frágil carabP-la,
desplt1gada la vela;
y Fonlieaudo m! eepiritu profundo,
tu anhelo alcanzarás. Avlinza, avanza¡
tl'D fé, ten eEperanza:
¡r,h Colóu de mi Aruor, toma este mundo!. .. .
El cielo, el bosque el mar el mundo todo.. .
Pero si el mundo es lodo,
, "Ómo puPde atraerte con su halago?
Hay m1ncllas en mis ~otaij azulinas,
l'n las rosas t&gt;spmas
,. lÍFperas piedras en el ter110 lago!
Ea la eminente CÚEpide y erguida,
cnmo i;i de la vida
fnPras hermoso y celestial emblema,
11 pa~cciste sobre e! c;-ampo yerto
v el zarzal se hizo huerto
~· la estrofa lilial se hizo poema.
No !'8 más r&gt;1diante el sol cuando se asoma
hacia la verde loma

SALVADOR RUEDA.

.... Y la cierro; y en el sobre
donde la guardo, sonriendo,
e11crlbo est11s dulces frases:
"En su pala, á mi dueño."
Y después, enternecida,
la miro, Je doy un beso,
la pongo en mi alma un instante ...
IY ~e !a doy al cartero!
-¡Llevadla. le digo al punto,
llevadla con todo empeño,
y cuidad que en los caminos
no os la 11rrebaten los vientos;
si está serena la tarde
veloz cruzad los senderos,
no os detengais en 1.as ventas
para pedir vino añe¡o,
outt pueden correr Jas horas
charlando con el ventero;
¡ved mi congoja, mi angustia!
¡11eguid de prisa os lo ruego!
p,.sad sin teu.or los vados,
subid las cuestas ligero,
no dt&gt;sr&gt;1nseis á la orilla
de lus claros arroyuelos;
y si al cruzar por el bosque
, e s ,rprende el aguacero.
entonce@ .... bajo los árboles
esperaos un momento,
cuidad que el agua no llegue
hasta ese sobre pequeño,
que basta una so a gota
para borrar el letrero ..... .
v dePpués, por las veredas
del bosque seguid de nuevo,
Fin dP-~cansar un minuto,
Fin volverá deteneros.
Y cu, cdo baje la noche
con su solemne silencio,
no temais al aseeino
que se oculta tras los setos;
proseguid vuestra jornada.
entre la sombra id sin miedo
sabt&gt;d que bay un ángel santo
q1.1e ac&lt;'mpaña á los v1aieros!
¡,Eecu&lt;'hais? Pues bien, llevadla,
i"11 .. vadla con todo empeño!
"¿Adiób" declsi' .... nó, de priea

por detrás de la cú,pide elevada:
surgiste; y se hizo entre mi noche umbria
el gén e•is del dla
al hágase la luz de tu mirada!
Yo como Atlas, cargando mis escombros,
llevo sobre los hombros
las ruinas de Herculano y de Pompeya:
tengo el Vesubio en mi alma. Y mi:1 amores
te dan astros, no flores:
en lugar de un idilio, una epopeya!
Yo te quiero cantar como se canta
todo lo que levanta:
para ti el són ue mi eucrespado verao.
tú eres el capitolio de mi gloria,
la cumbre de mi historia
y el corazon ideal dti mi uaiverao!
Soy áspero, y tan áspero ¡oh zagala!
que con un golpe de ala
te habré herido quizás .... Pero perdona;
la que al vate perdona y da consuelo
Se hace reina del cielo,
aunque aqui sea reina sin corona!
Ah! no te extrañen mis canciones rudas:
en las hachas filudas
vibra el canto de muerte y de trabajo ....
El hierro es el trabajo y es la muerte;
que por extraña suerte
también se da la vida con un tajo.
JoSE S. CHOCA.NO.

T.lERR~: Y C.lELO

Cuando quizás con ánimo atrevido
tu orgullo mis caricias deodeñaba;
cuando 'lUizás tu orgullo se bur!abll
. dd ese amante en su amor empedernido;
cuando en tu alma el desdén formó su nido,
y con tus puertas tu altivez me daba,
amabas sin saberlo al que te amaba,
porque el amor no muere sin olvido.
El futuro es imagen del pasado:
todo dentro de un circulo se encierra
y todo vuelve al primitivo eatado.
Variando asi con aparente calma,
si lo que ha sido tierra se hace tierra.
lo que eetuvo en el alma vuelve al alma!
J. s. c.

id y volved .... "hasta luego11 l1Oh. mi carta! vuel.a err1111te
por ignorados des1ertoP¡
allá va......... cruzando montes
y sendas y vericueto~ ....... .
AIIA. van, por los cammos,
erranteR mía pensamiento~ ......
vu11lan hacia extrañas tierra~.
hacia otros climas .... ¡muy léjosl. ..
v mieatras ellos se van,
yo pensativa me quedo ..... .
;.se habrá llevado mi carta
la corriente de un rlach11elo?
olvidllda 11obre el césped
la habrll. dt&gt;jado el cartP-ro?
1Ohl quién sabe . .• alll en las ventas
acaso a hayan abierto,
acaso en ePtos int1tantes
la es,én mirando y leyendo.
y acaso también la rompa u
y la arrojen hacia el suelo! ..... .
¡Ah! tal vez el remolino
.. ntre PI polvo la h11ya envuelto ....
ó tal vez. ya dividida,
1011 ped11cillos peqt1t&gt;fios.
como alas rotas, revuelen,
t&gt;Sparcidos por el viento! .... .
Y .... quién sabe! acaso.... ac11so ....
rendido va, sin alientoP,
al cruz11r entre las breñas
h11ya•caldo el cartero ..... .
y acaPo ..... de sed y hamore
1t 111 mismo se haJa muerto ..... .
¡,Oh! cuántas dudas funest11e
ee albergan en ml cerebro!
cuántos tPmorPB me asaltan
rlespué• que mi carta entrego!
Tras ella se va mi mente
cuando de viFta la pierdo;
y pit'nPo "º t-lla en el ,Ha,
y por la noche .... la euPñn,
errante .........por Jc,s camit1ua,
eatre los bosques espesos,
por carreteras torcidas ..... .
por sendas y vericuetos!. ..

PAGINAS DE LA MODA

MARÍA EN&amp;IQUETA'

MARINA.
DPclina PI POI Sobre el mar
Ilimitado , Pounro
B ja-diluvio dP nro La tinta crepmcular.
l\telancóliro &lt;'&amp;IHar.
Yago, tremulante coro
A•ciende .... ¡ El almo t&lt;&gt;eoro
De estrella~ va á titilar!
Y dPl confin indPciso
Ea la fa¡a lumino~a
Que un grito al asombro arranca;
Llena de rélico he&lt;'hlzo
t:"mo una ala ml,terinsa
Palpita uaa vtla blanca!
E&lt;.TEBAN FLORES.

EN VIAJE
Estoy triste, ml alondra, y no Yienesl
Ya te fuiste, mi bien ya"º mi,1 sienes
tus besos no encienden su nimbo de amor ....
Qué punzante ee la anl!'u~tta del alma!
Qué eiaiestra en su lóbrPga calma
la noche que en ella difuude el dolor!

....

Cómo caen. difuntas l&amp;.R hrjas
del árb, l ensut&gt;ñol
Cómo huyen, tPmblando de frlo.
cual viudae palomis, los dulces anbe·os!
Y ya la esperaaza,
como un astro magalflco y bello,
no luce en la vida Pu mágica glo: ia;
y Eólo el recuPrdo
arroja en la marcha su lumbre de c' r ios
de cirios de muertos!
'
Y la marcha es llrdua.
El viaje es inmenso;
el aira que sopla
es un rudo cierzo .
La ruta está llena de trá¡ricoR ci,rdos.
La noche es eterna, y es nocl1e de duelo!

*

*
Y enlutado,* solo,
vacilante, enfermo,
por entre los cardos
bajo el rudo cierzo '
en la et~rna noche, camina', cRmina
mi espiritu errante, luctuoFO viajero!. ...
Porqu-e ya te fuiste, mi divina alondra!
Porque :y a no eiento tu sagrado beso!
DARÍO HERRERA,

Flg. l. Traje parisiense de Invierno.

393

�EL MUNDO

Domingo 20 de Noviembre de U\98.

Domlngo 20 de Noviembre de 1898.

EL MUNDO

395

Tiene once años; la color tostado, el pelo negro,
muy neg-ro, tan negro como el porvenir que la espera, y sus ojos dormidos llenos de melancólica ternura, parece que denuncian (el dolor prematuro de
un alma, la eterna noche de un espiritujoven, ¡ay¡
muy joven y ya marchito por los embates de laortandad y la miseria.
Porque ella no tiene una madre que la consuele,
que la acaricie, que la bese; duerme donde le coja la
noche: ya en este soportal, ya en la escalinata de algún templo, en cualquier parte. Y en estas noches in·
vernales ¡qué frio no tendrán los huérfanos! .. . .
Su boca no es boca: es un clavt1l ardiente abierto al
primer albor de un dia de Mayo. Es una boca ped1gürña de besos, pero de besos purísimos como su dueña· perla del cielo en el fango de la tierra, lágrima
brilladora en vaso roto.

en dicha ciudad blondas de mucho nrecio. Por otrB
))&amp;rte. Mme Carolina Popp, en sus Recits et Lege:ndes
des Flandes, recoja una añeja trHdició:n loc11l referente al origen de esta deli~ada industria. He aquí la
ll'yenda, tal como la recitan aú I l~s encajeras de alli,
á lit ca.ida de la tarde, en el malecon del Rosario, manejando diestramente loe palillos.
.
Vivía en un tiem¡rn en la ciudaddeBruJail u_n_adoncellita joven y Tllbia. UamadR Serena. Su famtha era
pob~e¡ su ma,dre, anciana y achacosa; sus hermanas,
muy niñas aun; de suerte que una y o~ras vivían de
lo que la mayor ganaba, siendo preciso á_ éstl!-, para
atenderá las ne&lt;'esidades de la casa, trabaJB! em de~can~o, á fi'l de hilar cada semana dit'Z m11dl'Jae de 1! ·
no. s~r.-na amaba y era amada: Amoldo, su prome~tdo, que trabajaba de escultor en calid11d de aprendiz,
iba á c11sarse con ella en llegando á m11estro¡ mas
viendo crt&gt;cer d11 día en dia las angustias de loe suyos, la joven hizo heroicamenti, el eiguiet1te voto:
"Virgen Santa,-dijo una mañana;-~adm~ con que
pueda atenderá las necesidades de m1 familia, Y yo
ren,rncio áloe ¡roct&gt;s de la vida, borrando las aspe•
ranzas de mi cotazón 11
.l!:1 domingo siguiente, Seren~ se fué eo~ sus he~manitae al campo. :::;entada en la hierba, meditaba tristemente cuando una multitud de estos hilos ténues que
se con'ocen con 11! nombre de "hilos ,➔ e la Virgen" por
escaparse-dicen-de la rue~a de la Santa Madre de
Diog fueron á caer sobre su delautal blanco, entrelazándo11e de sunte que formaban un dibujo magnlfic~.
Al verlo Se"ena, comprendió que sus votos habian bi•

MODAS PARISIENSES.

Las modas de invierno se inician y no por ser de
aparición tardla dejan de ser más bonitas. Y es que
Parls l!abe unir ,..l arte. l buen gusto y al confort.
Las largas pelerinas de paño unido hRn pasado á la
historia y suelen prestm&amp;aree tlrnidamentt1, pero sólo
para ir en carruaje; pues para la calle, es mucho mas
preferida la cb.aqut,&amp;&amp; cerrada: no muy ceñida y adornada con gruesos cordones o con anchas cintas dealpa.ca.
Como forma y como corte, no hay nada que destrone á. la llamada hechura de @astre.
Las faldaa no han cambiado apenas, se llevan largas y del mhmo paño que !'a chaqueta.
ltn los sombreros cada vez menos adornos; son de
fieltro y en su mayoría sólo llevan como garnitura nn
pequeño turbante de peluche, unas plumas y dos alfi.
!eres de gruesas perlas, imitación ó verdad.
También se llevarán mucho las graciosas boinas de
terciopelo que tanta boga tuvieron el invierno paaado.
El peinado de la Oleo de Merode, es decir, con anchas bandas de cabellos que cubren las 01 ajas, ha cedido su puesto á otro más sencillo y elegante: flequi•
llo ondulado ligeramente ecnado hacia atrás, moao
debajo del sombrero y nuca libre de cabetlos.
Eso es todo por h()y.

•*•

Cuando "el cielo se deshace en rayos de oro" y el
sol empieza á ocultar su túnica de fuego; cuando las
nubes multicolores dibujan con pinceladas de consumado artífice todo lo qui, pueda soñar la más deslumbradora fantasía; en esa hora
"de la c.::nciencia y del pensar profundo,"
tan admirada por las alma.; supremas. Consuelo, la
niña melancólica, dirlgeee camino de los parques. En
ellos, discurriendo por loe pequeños jardines, aulla
canciones tristes, tanto como sus tristezas, y en ellos
también la ineultan loe audaces de siempre, loe que
nada respetan, ni siquiera la411,terrauora a1versidad.

FJg. 2.-Tra¡e de calle.
•..................................................................................•.............................•

LECTURAS PAR.A. LAS DA.MAS

Fig. 4.-Falda y granjacquet de estaci6n.

LA LEYENDA DE LA BLONDA
Asi como siete ciudades de Grecia se disputaron la
gloria de haber visto nacer á Homero, son varias las
poblaciones flamencas que reclaman el honor de haber inventado la blonda. Ninguna de ellas apoya su
pretensión en titulos incontestables, mas todo induce
á creer que Brujas fué la primera que cultivó arte tan
delicado y bello Un tratado Que se celebró con Inglaterra en 1390. citado por La Revista Británica, atestigua que desde ¡,rincipioe del siglo XIV se fabricaban

enamorada de las lontananzas, un tipo fino y esquisito auroleado por todas las musas.
Consuelo es la poesía 011 el ar.royo. Pobrecillal Su
tez, hoy tan pulida, se llenará de manchas y sus ojitos negros, de negrurR incitante, por donde asoman
infinitas tristezas, no tendrán más que lágrimas ....
lágrimas que abrasen!

CONSUELO
Su presencia evoca el recuerdo de la sublime concepción germánica. Si; Mignon, la pobre Mignon surge en nuestro pensamiento entonando la divina romanza: ;.conoces tú el paie dondt'. el naranjo florece?
11
¿Connais tu le pays oú fleurit l' orangeri'"

Espalda de la figura número l.

Fig, 3.-Tra¡e_sastrc última novedad.

Fig. 7.-Traje de paseo.

do oídos, y llevóse á casa la maravillosa labor. Una
vez alli, con un hilo de extrema finura, que sus propias manos blanquearon é hilaron, se impuso la tarea
de imitar aquello.
Ardua fué la tentativa al principio. Como los hilos,
al practicarse los debidos movimientos. :ie enmarañara uno con otro, Arnoldo, que lo vió, ató al extremo
de cada uno un pedacito de madera: asi es como.:se
inventaron los palillos.
Después, con objeto de que la labor se mantuviese
firme, la joven la afianzó con alfileres en una almohadilla de lana, y de alli vino el nudillo. Una semana después se concluyó la pr'mera blonda, _y bien
pronto todas las damas de Brujas quisieron ostentar
la nueva labor en sus tocados: ya jamás faltó el pan
en casa de Serena Fiel está al voto sagrado que hiciera, cuando Arnoldo, una vez maestro en su arte,
fué á tomarla por esposa, negóse á. ir al altar. Pero
una historia tan bella no podía concluir de un modo
tan triste. Un año pasó la joven y piadosa obrera,
firme siempre en su voto, hasta que la Virgen,apareciéndosele, la desligó del mismo. Arnoldo y Serena
se casaron, fueron dichceos y tuvieron numerosa sucesión. Todos sus vástagos fneron niñas, y todas estas niñas trabajaron d~ encajeras. Por esto en la ciudad de los canales, los cienes y !RR campanas, aún se
ve en la puerta de t das las moradas unR joven rubia
que maneja activa con sus dedos ágiles los palillos y
entrelaza los hilos dt1 lino blanco en frágiles, poéticos
y maravillosos calados.

ZERJllP.

Fig. 6.-Trajede paño azul con bandas
,de terciopelo.

Fig. 9. -Traje de paño vino.

*

Recetas útiles.

* sftúaee
*
Al comenzar los teatros,
en una delas puerhls del Louvre. En ella invoca la piedad, pide limosna
que obtiene pocas veces De los más alcanza la indiferencia ó el desprecio. En ocasiones

EL LIMÓN EN LA MEDICINA DOMÉSTICA,

En muchas familias suele emplearse con éxito ellimón para carar por ejemplo las neuralgias, aplicando
sencillam nte á la parte dolorida un trozo de limón
recién cortado y frotándole con él.
En el mar muchos marineros usan el jugo para prevenir y curar el escorbuto.
La persona que se sienta at11cada por la bilis, deberá tomar un poco de jugo de limón en. un vaso de
agua v sin azúcar al acostarse y levantarse.
Sabido PS cuavto se usa el limón para atemperar y
apagar la sed en las fiebres, y usándolo también alguuoe _para destruir las berrugas.
Segun un libro alemán publicado no hace mucho
tiempo, el limón prolonga la vida, tomándolo diariamente, pero no eon exceso.
La verdad es que hay pocas substancias domésticas que más beneficios puedan producir que el limón,
ya tomándolo iateriormente, _ya para usos exteriores
en las diferentes formas que hemos Íll.dicado.

"la ciega humanidad que va de prisa
la pisa sin querer . ... pero la pisa!"

Fig l'i. - Traje ornado con efecto
de polonesa.

Consuelo es una lástima! Cuántas quisieran su es,
cultura de belleza impecable. Vale más que muchas...
-Pero verdad-le dije un día-que ya tú no eres
buenR?
-Y por qué no he de serlo?
Buena y en la call8? ......... No te creo. Cuando seanda como tú andas oor ahí, huérfana y sola rodando
por todas partes y á tortas horas, todos~ pierd~, todo,
la inocenci.-i inclnsi ve. Y esas floree, quién te d1ó esas
flores?
-Mi dinero.
-¿Y para eso quifltes la limosna?
-Algunas veces, las flores cuestan poco:
-De manera que te gustan mucho.
-Ya lo creo! Y á quién nó? Yo naci entre ellas, en
el campo, donde las hay muy lindas y eilves~res. Aquí
no las he visto. ¡Ahl Si yo fuera rica, qué Jardín no
tendría! Me gustan tanto!
Al decir esto, levantaba la frente é iluminábanse
sus ojos con claridades de crepúsculo. Parecía entonces la doliente estrofa de un insigne poeta, una aim'I.

Fig. S. - Traje• sastre de paño rolo.

�Domingo 20 de Noviembre de 18981

EL MUNDO

J96

F IG. 3.-TRAJEl SASTREl Ú LTIMA NOVEDAD.
CARAMELO.

Es de paño verde c!Rro, tnmado con bandas de
paño malva. Estas combina·ciones de paños de diversos colores están muy en bogR en la actualidad. La
falda es extremadamente larga y abierta en la parte
inforior. muesta una faldeta figurAda, de paño mAlva
plissé. El cuerpo. estilo sa~tre baja basta la media•
nia de la falda en faldones parej, R, ribeteados de p ...
ño también y se ciñe graciosamente al talle por una
cintura de raso.

EPte 11e obtiene haciendo cocer el azúcar quebrado
hasta que tome tinte rojizo y despida un olor bast..nte
perceptible, sin d1tr tiempo á que se queme y obscurezca dem 1siado. Eu est&lt;I. op11ración, el azúcar co•
mienza por elt&gt;vArse en el ~ero! para dtiscender lue·
go, dejaudo algún residuo en laR paredes del reci·
pient,1. Se consigue que estas particulas no B'I quemen y e~tropeen el caramelo. b11m11deciendo el cazo
por su parte exterior. a~i que s11 baje el azúcar. con
una 11Qponja ó un trapo emp11padoa en agua. N, en
este caso ni en los anteriores salvo el de clarificar y _
el de P.spumar el azúcar, conviene teuer la espuma- ·
dera dentro del jarabe.

F JG. 4.-FALDA

'

FIG. 5. -TRAJIII ORNADO CON EFEOTO DE POLONESA.

.

FIG. 6. -TRAJBI Dlll PAÑO AZUL CON BANDAS
DE Tfü&lt;CIOPELO.

Compónese de una camisola de tul fruncida ligeramente, de un cuerpo bolero elegantisimo ribeteado
de gran galón bordado que se repite en la falda fi.
gurando un del1tntal y de uoa gran falda plegada
atrás en eleg11Dtes pliegues. Las bandas de terciopelo
son circulares y muy anchas.

r

FIG. 7 .-TRAJE DE PASEO.

Es de una encantadora f,rntasia . de paño azul, con
casacón capricho de doR faldones superpuestos, solapa doblada y plastrón de p11ño más obscuro con cuello valois.

Una libra de harina, siete yemas de hueva, media
onza de manteca cruda, azúcar suficiente y el agua
tibia que baste para ablandar la masa.

Fig 10.-Elegante traje para niño.
SALSA DE PEREJIL,

---------------------------------------------·

Un manojo de perejil se muele sin los palitos, Re ba·
ja del metate con agua y se le poue vinagre, aceite,
sal y cebolla cocida.

ENTRETENJ..MIENTO,

Lucha solo con las vicisitudes de la vida.
Abre tu propio camino, no pidas favor á J1adie, y
lo,trarás roil veces más éxito que aquellos que andan
mendigando siempn, la influencia y la ayuda ajena.
Nadie te ayudar11 como tú mismo, porque nadie se
int11resará más por tu bienertar como tú mismo.
El primer paso es el mi\s dificil qatzás: pero- eon-tlnuan&lt;10 uno tras otro e• n persev..raucia, se lleg-a á
la montaña Una vez en ella, mantente firme. Anda
entonces con más cautela. mide tus pa~os, no sea que
un resbalón ó un salto imprudente, de la cima te precipite al pié de la montaña, descalabr11do y maltre•
cho, sin poder quizás emprender de nuevo la subida.
Los hombres que se hacen ricos no son nunca los
que heredaron una fol tuna de sus padres, sino aquellos que en la pobreza, empezaron á buscar el camino
de la riqueza con el trabajo, la economía y la constancia
Loe ho.:ibree que han adquirido gloria, fama y po•
pularidad por aus mereeimientos p~rsonales, no eon
aquellos que andan cambiando á fuerza de oro los
aplausos, elogios y ovaciont&gt;s de una multitud venal,
sino los que con su saber, stl h11roismo y 11us virtudes
him conqu~stado la expol?t~nea estimaci~n eública.
Si trabaJas para adqu1r1r fama, gloria o fortuna,
siempre sin ofensa de Dios, trabaja con ahinco con
tus brazos, tu corazón ó tu cerebro. Di "quiero ser
esto," y lo serás algún dia No permitas que ninguno
dig-a: 11 Este hombre me debe lo que es."
Algunas vece@ los muchos amigos p11rjudican; vale
más no tener ninguno.

Un comerciante á au depAndiente:
-Pero hombré. ¿cuándo dt'jará usted de ser tonto?
Todos los dias me llena ust.. d l'l diario de borrones,
para pasar la lengua por la tinta Beba usted de la
botella y le será menos molebto.

NUESTROS GRABADOS
FIG, 1.-TRAJE PARISIENSE DE lNVIlllRNO,

FIG. 8.-TRAJE SA&lt;&gt;TRBI DE PAÑO ROJO.

.E_•tá f(!rmado de un jacquet muy justo con solapas
v1_eJo estilo, de una falda plena con un gran delantal
tmmgular de mucho erecto, y df' un plastrón ob•curo_ y liso •le alta novedad. La falda tiene tres grand11s
phegues.
FIG. 9.-TRAJl!I Dl!:PAÑO VINO.

La novedad ~e este traje está constituida por las
bandas de terciopelo que lo adornan, figurando rn el
cuerpo un bol"ro de muchR fantasía y en la falda un
delantal. y rodeando después la misma falda. Dos elegantes yockeys y una corbata fanta&amp;la completan el
adorno.

DB-LANTERO Y RSPALJJÁ,
FIG. 10.-ELEGANTE TRAJE PARA NIÑO,

Es este uno de los más elegantes modelos que se
han inventado pau la estación De sarga finisima
moiré está formado por un casacón todo drapeado de
terciopelo con galones de seda crema. Un elegante
yoke lo remata, drapeado á su vez d~ encaje de alen~on y abierto sobre una camisa de piel plissé de cue•
llo alto y ceñido por corbata capricho. La falda va
adorcada de soberbios galones oel mismo estilo oue
los del casacón y lleva acuchillados con grandes drapeados de mucho gusto.

~arinero. {nuy gracioso, estilo gaviero, en cheviotte
Tb1b~t1 marino ó negro, con doble cuello en tela azul
y un Jersey muy elegante.
FIG.

He aqui una linda costume de ville en sarga glacé
con la. falda y el corpiño guarnecidos de trenza mol'.
ré. €1 cuello, los reversos y el chaleco son de paño
crema; la cintura de cinta11 de satin.

11. -SOMBRl!IRO FIIIILTRO.

Ornado de plumas en el ribete de la falda redouda
con una ~ran draperia de raso rosa formando pen11:
cho y mono.

FJG, 2.-TRAJE DE CALLE ,

EL CORSÉ Y EL ALIENTO DE LAS MUJERES,

- -----------------------------------

OTRO PAGO DE 12,000.00 DE "LA MUTUA"
EN ZACATECAS.
Un ~imbre,fe $12.l O cts debidamente cancelado.
Rec1bl d0 The Mutual Lif" TnPuranc11 Comoanv of
New YorJ.t" la s!lma de ($U!,OO0.00) doce mil pe.
sos, plata ';06Xtcana en pago total &lt;1t1 cuantos dt1re
ch?t1 se derivan de las póliz11s núms 311 Otil y 542,83:J
baJo las cnales eatuvo ase¡rurado el finado Sr. Don

.TA.OINTO ROQUE SA.LAZAR
Y par!! la debida co!lstancia en mi carácter dealbacP-a
de \uutestamentaria del th,ado, ~xtiendo el presente
recibo en la misma póliza que Pe devuelve á la Com•
pañia para su cancelación, ..n Zacateca.e á veintiocho
de Octubre de mil ochocientos nov11nta y ocho.

Un autor alemán dice:-Mis largos estudios ginecológicos me llevaron á una observación importante sobre ias funciones del higado, cruelmente torturado
por el corsé, descubrí como causa única del aliento
féttdo de las mujeres. la compresión dada á la cintura, que estanca la bilis 'Y degenera las funciones anexas á la circulación de la sangre,

Firmado.-{Jarolina Salazar.-RúbJiea,
Un t!mbre de $0,50 cte. debidamente cancelado
_El L1.c. Tranquilino l\guil11r, Notario Públic¿ en
eJercicio de sus funciones
Certifica: qu~ la firma qu0 antecede es de puño v Je•
tra del~ señorita. Carolina Salazar. quien la ha pol'B·
to en m1 presenma y dicho ser la misma que acostum·
bra usar en todos sus negocios. En comprobación delo cual, slent? la pre.,ente en la Ciudad de Zacatec11e,
Estado del mismo nombre. á veintiocho de Octubre
de mil ochocientos noventa y ocho Doy fe.
Firmado.

coraz6n de coqueta.

Una señorita bastante coqueta se lamentaba de la
infidP.lidad de los hombres.
-¡Todo ha concluido para mil-decla en un arrande desesperacion-¡Tengo el corazón destrozado!
-Y ni siquiera tienes el recurso-le contestó una
amiga-de reunir los pedazos; porque hace mucho
tiempo que lo has ido repartiendo.

GRAN JACQU ET DE ESTACIÓN.

Es d11 paño malva con una polonesa figu:-ada, de
suma t-lel('ancia. La falda está orlada de cintas de raso paralelas y la polonesa lleva volant~s ligeros.

HOJALDRA OON AZÚCAR.

CONSEJOS SANOS.

MEXICO, 1'it OVIEMBRE 27 DE 1898

Muy pevP.ro es f'ete modelo de paño gris obscuro
con falda de mt1dia exteuPión tramada de bandll6 de
bordado, muy elegantes. El jacquer. es largo completam&lt;&gt;ute cruza.lo y de falda oval. Dos grandes yockeys bordados lo cubren en la parte superh,r.

CREMA AL CARAMELO,

Se pone en un caqo dos puñados de azúcar en poi·
vo; se mueve á un fuego mu 'f suave hasta que se preaente de un color a,narlllo obscuro; s ; vierte entonces
sobre el fundo de un molde Carlota, y se le deja en·
friar
Se echan siete ú ocho huevo~ en una cazuela, añadiéndoles algunas yemas p0 baten y se desli0n en un
litro de leche, se añadtm 300 g·ramos de azúcar y un
poco de cortezas de limón; diez minutos después se'
pasa el liquido por el tamiz, se vierte al molde donde
está el caramelo después de haber engrasado las pa·
redes. Se pone el mold~ en un11. cacerola sobre unas
trébedes pequeñas, se vierte agua caliente al rededor, de modo que llegue á la mitad de la altura del
mold11; se hace hervir 111 11.gua y se retira la cacerola
á un fuPgo muy suave para que el liquido conserve
su m smo calor sin hervir; se cubre la cacerola, se pone coniza caliente sobre la tapadera, y se deja repo•
sar 1a crema durante una hora por lo menos, se le deja enfriar en el agua, y en el momento de servirla, se
invierte sobre un plato. Este entrames se sirve frio
ordinariamente.

y

TOMO Il

Lic. Tranqulllno A.guilar.

'Flg.)11.-Sombrero fllt"ltro.

N. P.-Rúbrica.

EN SECRETO..

•

NUMERO 22

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 20 de Noviembre de 18981

EL MUNDO

J96

F IG. 3.-TRAJEl SASTREl Ú LTIMA NOVEDAD.
CARAMELO.

Es de paño verde c!Rro, tnmado con bandas de
paño malva. Estas combina·ciones de paños de diversos colores están muy en bogR en la actualidad. La
falda es extremadamente larga y abierta en la parte
inforior. muesta una faldeta figurAda, de paño mAlva
plissé. El cuerpo. estilo sa~tre baja basta la media•
nia de la falda en faldones parej, R, ribeteados de p ...
ño también y se ciñe graciosamente al talle por una
cintura de raso.

EPte 11e obtiene haciendo cocer el azúcar quebrado
hasta que tome tinte rojizo y despida un olor bast..nte
perceptible, sin d1tr tiempo á que se queme y obscurezca dem 1siado. Eu est&lt;I. op11ración, el azúcar co•
mienza por elt&gt;vArse en el ~ero! para dtiscender lue·
go, dejaudo algún residuo en laR paredes del reci·
pient,1. Se consigue que estas particulas no B'I quemen y e~tropeen el caramelo. b11m11deciendo el cazo
por su parte exterior. a~i que s11 baje el azúcar. con
una 11Qponja ó un trapo emp11padoa en agua. N, en
este caso ni en los anteriores salvo el de clarificar y _
el de P.spumar el azúcar, conviene teuer la espuma- ·
dera dentro del jarabe.

F JG. 4.-FALDA

'

FIG. 5. -TRAJIII ORNADO CON EFEOTO DE POLONESA.

.

FIG. 6. -TRAJBI Dlll PAÑO AZUL CON BANDAS
DE Tfü&lt;CIOPELO.

Compónese de una camisola de tul fruncida ligeramente, de un cuerpo bolero elegantisimo ribeteado
de gran galón bordado que se repite en la falda fi.
gurando un del1tntal y de uoa gran falda plegada
atrás en eleg11Dtes pliegues. Las bandas de terciopelo
son circulares y muy anchas.

r

FIG. 7 .-TRAJE DE PASEO.

Es de una encantadora f,rntasia . de paño azul, con
casacón capricho de doR faldones superpuestos, solapa doblada y plastrón de p11ño más obscuro con cuello valois.

Una libra de harina, siete yemas de hueva, media
onza de manteca cruda, azúcar suficiente y el agua
tibia que baste para ablandar la masa.

Fig 10.-Elegante traje para niño.
SALSA DE PEREJIL,

---------------------------------------------·

Un manojo de perejil se muele sin los palitos, Re ba·
ja del metate con agua y se le poue vinagre, aceite,
sal y cebolla cocida.

ENTRETENJ..MIENTO,

Lucha solo con las vicisitudes de la vida.
Abre tu propio camino, no pidas favor á J1adie, y
lo,trarás roil veces más éxito que aquellos que andan
mendigando siempn, la influencia y la ayuda ajena.
Nadie te ayudar11 como tú mismo, porque nadie se
int11resará más por tu bienertar como tú mismo.
El primer paso es el mi\s dificil qatzás: pero- eon-tlnuan&lt;10 uno tras otro e• n persev..raucia, se lleg-a á
la montaña Una vez en ella, mantente firme. Anda
entonces con más cautela. mide tus pa~os, no sea que
un resbalón ó un salto imprudente, de la cima te precipite al pié de la montaña, descalabr11do y maltre•
cho, sin poder quizás emprender de nuevo la subida.
Los hombres que se hacen ricos no son nunca los
que heredaron una fol tuna de sus padres, sino aquellos que en la pobreza, empezaron á buscar el camino
de la riqueza con el trabajo, la economía y la constancia
Loe ho.:ibree que han adquirido gloria, fama y po•
pularidad por aus mereeimientos p~rsonales, no eon
aquellos que andan cambiando á fuerza de oro los
aplausos, elogios y ovaciont&gt;s de una multitud venal,
sino los que con su saber, stl h11roismo y 11us virtudes
him conqu~stado la expol?t~nea estimaci~n eública.
Si trabaJas para adqu1r1r fama, gloria o fortuna,
siempre sin ofensa de Dios, trabaja con ahinco con
tus brazos, tu corazón ó tu cerebro. Di "quiero ser
esto," y lo serás algún dia No permitas que ninguno
dig-a: 11 Este hombre me debe lo que es."
Algunas vece@ los muchos amigos p11rjudican; vale
más no tener ninguno.

Un comerciante á au depAndiente:
-Pero hombré. ¿cuándo dt'jará usted de ser tonto?
Todos los dias me llena ust.. d l'l diario de borrones,
para pasar la lengua por la tinta Beba usted de la
botella y le será menos molebto.

NUESTROS GRABADOS
FIG, 1.-TRAJE PARISIENSE DE lNVIlllRNO,

FIG. 8.-TRAJE SA&lt;&gt;TRBI DE PAÑO ROJO.

.E_•tá f(!rmado de un jacquet muy justo con solapas
v1_eJo estilo, de una falda plena con un gran delantal
tmmgular de mucho erecto, y df' un plastrón ob•curo_ y liso •le alta novedad. La falda tiene tres grand11s
phegues.
FIG. 9.-TRAJl!I Dl!:PAÑO VINO.

La novedad ~e este traje está constituida por las
bandas de terciopelo que lo adornan, figurando rn el
cuerpo un bol"ro de muchR fantasía y en la falda un
delantal. y rodeando después la misma falda. Dos elegantes yockeys y una corbata fanta&amp;la completan el
adorno.

DB-LANTERO Y RSPALJJÁ,
FIG. 10.-ELEGANTE TRAJE PARA NIÑO,

Es este uno de los más elegantes modelos que se
han inventado pau la estación De sarga finisima
moiré está formado por un casacón todo drapeado de
terciopelo con galones de seda crema. Un elegante
yoke lo remata, drapeado á su vez d~ encaje de alen~on y abierto sobre una camisa de piel plissé de cue•
llo alto y ceñido por corbata capricho. La falda va
adorcada de soberbios galones oel mismo estilo oue
los del casacón y lleva acuchillados con grandes drapeados de mucho gusto.

~arinero. {nuy gracioso, estilo gaviero, en cheviotte
Tb1b~t1 marino ó negro, con doble cuello en tela azul
y un Jersey muy elegante.
FIG.

He aqui una linda costume de ville en sarga glacé
con la. falda y el corpiño guarnecidos de trenza mol'.
ré. €1 cuello, los reversos y el chaleco son de paño
crema; la cintura de cinta11 de satin.

11. -SOMBRl!IRO FIIIILTRO.

Ornado de plumas en el ribete de la falda redouda
con una ~ran draperia de raso rosa formando pen11:
cho y mono.

FJG, 2.-TRAJE DE CALLE ,

EL CORSÉ Y EL ALIENTO DE LAS MUJERES,

- -----------------------------------

OTRO PAGO DE 12,000.00 DE "LA MUTUA"
EN ZACATECAS.
Un ~imbre,fe $12.l O cts debidamente cancelado.
Rec1bl d0 The Mutual Lif" TnPuranc11 Comoanv of
New YorJ.t" la s!lma de ($U!,OO0.00) doce mil pe.
sos, plata ';06Xtcana en pago total &lt;1t1 cuantos dt1re
ch?t1 se derivan de las póliz11s núms 311 Otil y 542,83:J
baJo las cnales eatuvo ase¡rurado el finado Sr. Don

.TA.OINTO ROQUE SA.LAZAR
Y par!! la debida co!lstancia en mi carácter dealbacP-a
de \uutestamentaria del th,ado, ~xtiendo el presente
recibo en la misma póliza que Pe devuelve á la Com•
pañia para su cancelación, ..n Zacateca.e á veintiocho
de Octubre de mil ochocientos nov11nta y ocho.

Un autor alemán dice:-Mis largos estudios ginecológicos me llevaron á una observación importante sobre ias funciones del higado, cruelmente torturado
por el corsé, descubrí como causa única del aliento
féttdo de las mujeres. la compresión dada á la cintura, que estanca la bilis 'Y degenera las funciones anexas á la circulación de la sangre,

Firmado.-{Jarolina Salazar.-RúbJiea,
Un t!mbre de $0,50 cte. debidamente cancelado
_El L1.c. Tranquilino l\guil11r, Notario Públic¿ en
eJercicio de sus funciones
Certifica: qu~ la firma qu0 antecede es de puño v Je•
tra del~ señorita. Carolina Salazar. quien la ha pol'B·
to en m1 presenma y dicho ser la misma que acostum·
bra usar en todos sus negocios. En comprobación delo cual, slent? la pre.,ente en la Ciudad de Zacatec11e,
Estado del mismo nombre. á veintiocho de Octubre
de mil ochocientos noventa y ocho Doy fe.
Firmado.

coraz6n de coqueta.

Una señorita bastante coqueta se lamentaba de la
infidP.lidad de los hombres.
-¡Todo ha concluido para mil-decla en un arrande desesperacion-¡Tengo el corazón destrozado!
-Y ni siquiera tienes el recurso-le contestó una
amiga-de reunir los pedazos; porque hace mucho
tiempo que lo has ido repartiendo.

GRAN JACQU ET DE ESTACIÓN.

Es d11 paño malva con una polonesa figu:-ada, de
suma t-lel('ancia. La falda está orlada de cintas de raso paralelas y la polonesa lleva volant~s ligeros.

HOJALDRA OON AZÚCAR.

CONSEJOS SANOS.

MEXICO, 1'it OVIEMBRE 27 DE 1898

Muy pevP.ro es f'ete modelo de paño gris obscuro
con falda de mt1dia exteuPión tramada de bandll6 de
bordado, muy elegantes. El jacquer. es largo completam&lt;&gt;ute cruza.lo y de falda oval. Dos grandes yockeys bordados lo cubren en la parte superh,r.

CREMA AL CARAMELO,

Se pone en un caqo dos puñados de azúcar en poi·
vo; se mueve á un fuego mu 'f suave hasta que se preaente de un color a,narlllo obscuro; s ; vierte entonces
sobre el fundo de un molde Carlota, y se le deja en·
friar
Se echan siete ú ocho huevo~ en una cazuela, añadiéndoles algunas yemas p0 baten y se desli0n en un
litro de leche, se añadtm 300 g·ramos de azúcar y un
poco de cortezas de limón; diez minutos después se'
pasa el liquido por el tamiz, se vierte al molde donde
está el caramelo después de haber engrasado las pa·
redes. Se pone el mold~ en un11. cacerola sobre unas
trébedes pequeñas, se vierte agua caliente al rededor, de modo que llegue á la mitad de la altura del
mold11; se hace hervir 111 11.gua y se retira la cacerola
á un fuPgo muy suave para que el liquido conserve
su m smo calor sin hervir; se cubre la cacerola, se pone coniza caliente sobre la tapadera, y se deja repo•
sar 1a crema durante una hora por lo menos, se le deja enfriar en el agua, y en el momento de servirla, se
invierte sobre un plato. Este entrames se sirve frio
ordinariamente.

y

TOMO Il

Lic. Tranqulllno A.guilar.

'Flg.)11.-Sombrero fllt"ltro.

N. P.-Rúbrica.

EN SECRETO..

•

NUMERO 22

�Dominiro 27 de ~ovlembre 1'! 1898.

EL MUNDO.

LA SEJ.\.IANA
Ya anda por 1&lt;hí. e11loqueciendo á los crédulos
y excitando la curio~idad de los más escépticos y
fríos, un nuevo taumaturgo, autor de maravillas
sin cut-oto.
Un mes apenas hace que ese nombre vivía obscuro y pacíficamente, de un c.ficio vulgar, sin so·
fiar acaso que muy pronto iba á ser su noui bre
el de un 5ér extraordinario.
Pero un día el hambreó la ambición ayud11da
por un bien calculado cnarlata11ismo, lo empuja•
ron á seguir la carrera dudosa y mAs qu1, difícil
lucrativa de la adivinac:ón aplieada á la medicina por medios sobrenaturales ó más bien, ocultos.
Al principio, como sucede siempre en estos casos, Ja clientela del adivi110 se reclutó entre la
población densamente ignorante y pasiva de los
barrios suburbanos; pt'ro Ja fama empezó á correr, llevando narraciones estupendas de paralíticos eanados en u11 dfa., de moribundos vueltos
á la vida cou la simple ingestión de un glóbulo
azucarado, y de comadre á comadre, de Ja vandera á ama de llaves de casa rica, de costureritas á modistas, fué pasando, amplificándose y
ganando credulidad la portentosa historia de los
milagros realizados por el taumaturgo, hasta la
dama elegante y el opu ento capitalist11.
Y hoy el miserable tugurio del médico milagroso l'S una Meca á donde van en numerosa peregrinación todos los que por debilidad de espíritu creen más en la fuerza del conjul'O y de la
magia, de la imposición de manos y de sobrenatural adivinación, que en los recursos técnicos,
pacientes y sencillos de la medicina.
No ha pasado aún la época de los milai:;ros y
aunque no oigamos hablar de brujas que nave•
guen en cribas como las famosas encantadoras de
Escocia á quienes se acusó de haber ido por tan
extralla y diabólica manera á un banquete presidido por el diablo, todavía hay suficiente sumisión en los espíritus para aceptar con más facilidad consejos absurdos que los hechos naturales y
comprobados.
Hay en la naturaleza humana un sedimento de
infantilismo que guarda, como la capa terraquea
restos de formas extinguidas, las propensiones
imaginativas que crearon mitos y leyendas, fantásticas cosmogonías, historias de magos y de hadas y esas mil fábulas de los hechiceros del Norte.

-

La ilusión dominaba á nuestros antepasados y
aún los sabios inclinaron su razón ante el imperio del ocultismo; hoy los ignorantes cometen los
errores de los sabios de ayer.
La ciencia tiene sus dominios donde antes se
abrigaban el misterio y la superstición. Para las
inteligencias cultivadas, «LaNature» despierta á
la curiosidad con elmismodominio queantesejercía la narración pintoresca de los milagros de
A polonio de Tiana.
Las experiencias de Roentgen, el telégrafo sin
hilos, el cromoscopio, son maravillas más asombrosas que los caballos de bronce de Alberto
Magno y las cimitarras endemoniadas que en la
noche devoraban la carne de los muertos.
Si los jueces de la Sansa Inquisición hubieran
vbto revelar uua negativa fotográfica, habrían
quemado al artista.
Los ignorantes creen en la cieucia porque no
se 111. explican, y de buena fe crerían que sus procedimientos son milagros si lois sabios fnesen
charlatanes como los antiguos poseedores de sobrenaturales misterios de la fe.

,.,,,

En Londres, en París, en México, en todas parte~ c.J!ebrar,·n ayer su «thanksgiving day» los
cintlildanos de los Estados Unidos.
llondamente arraigada en la conciencia de
esos creyentes la idea de Dios, tienen un día en
t-1 11flo oficialmente setl!ilado por dP-creto presi&lt;frudal, para rendir al Ser Supremo tributos de
gr&gt;&lt;~itud por los bf'neficios recibidos.
:N'osotros tenemos, es verdad, nueEtro día de
11cdón de graci11s, y no es men,,r la pit'd&gt;td de los
fieles que llellltn las iglesias el 1H de Diciembre
Ji •~ta !11s horas av,mzadas &lt;le la noche; pt-ro bay
u11n díforencia menes aparente que real y profonda entre esas manifestaciones religiosas de
11m uos pneblos.
En .México es un acto esenei }mente católico,
.snte el cual guardan fría actitud los indiferentts.
~n los Estados Unidos, la multiplicación de sec-

tas ha afianzado el sentimiento religioso en la
mayoría, y hace no sólo posible sino natural la
tolerancia; católicos y protestantes de todas las
comuniones evangélicas, judíos, iodos los que
creen en Dios, se unen para tribut1trle el culto
que la conciencia inspira á cada uno. El primer
funcionario de la nació u in capite, solemniaza la
fl'stividad en la que muy pocos son los que se
eximen de tomar p&gt;trte.
Hay acaso más libertad aquí donde toda man~festación piadosa uimana de exponteano movimiento individual; libertad necesaria y justa en
los países antafio dominados por el despotis:::..o
teocrático y unitario que ha creado la incredulidad absoluta, con10 reacción contra las exigencias
de un poder suspicaz é intolerante.
,..,.;

La aboga&lt;l11. mexicana ha hecho su aparición
ruidosa en la barra de los salones de jurados.
Allí donde todo e3 afectísmo oratorio, diti"ambos y pasión; allí donde vive aún entre girones
de los discursos de la convención, el ideal soil.ado
por Juan Jacobo y se repite noche á noche este
mot1ólogo de Juan Valjean á aquella frase de Fantina, la sefiorita abogada encuentra un escenario
adt-cuado y público bien dispuesto á recibir la
simiente del feminismo.
Sin las reiteradas conminaciones del Juez, la
concurrencia que presenció el primer debate público en que toma parte la seil.orita Sandoval, baoría aplaudido ruidosamente desde que empezó su
peroración la defensora.
La novedad de! acontecimiento atrajo al público, y el trrnnfo de la Srita. Sandoval (!03 defensores llaman triunfo al veredicto satisfactorio para el acusadv, como si hubiera un verdadero
combate entre la sociedad y los delincuentes), el
triunfo la hará famosa y pronto será numerosa
su clientela.
Acaso dentro de poco, el hábito de ver á la
abogada en la tribuna, destruya el prestigio á
cuya virtlld aplauden hoy en ella á la mujer y no
á la profesionista. Entonces vendrán las verdaderas luchas, las de prueba rara las fuerzas de la
mujer, que tendrá que igualarlas en capacidad
de impulso y resistencia á las de sus colegas.
¿Hay en el inovimiento feminista algo anti-natural ó es que nuestro juicio violentado por la
costumbre se engalla al asignar á la mujer funciones sociales prop:.as, distintas de las que ha
desempeflado siempre el sexo fuerte?
En buenahora que se redima la mujer desues•
clavitud y que vea horizontes más allá de los oficios serviles y mal retribuidos; pero entre una abogado de tribuna y una médico, las p1·eocupaciones
sociales dirigen la simpatía general hacia la que
cumple mejor la misión humanitaria que ha sido siempre el noble distintivo de la mujer en este
mundo.
Dick,

-------..·-------,outim ~tntral.
RESUMEN.-EN EL EXTREMO 0RIENTE.-REVIVEN
LAS AMBICIONES BRITÁNICAS.-NUEVA ACTITUD
DEL GOBIERNO INGLÉS ANTE LA CORTE DE PEKIN.
-INTERVENCIÓN JCUROPEA EN CHINA,-DECLARA·
CIÓN DE MINORIDAD.-!NGLATERRA Y RUSIA FREN·
TE Á FRENTE.-PREDOMINIO EN DISPUTA,-MoTINES EN COREA.-CONFLICTOS POSIBLES.-NuBES AMENAZADORAS.-LA ALIANZA ANGLO-JA·
PONEliA.-CONSUMMATUM EST.-LAS CONFEREN·
CIAS DE p ARÍS, -LAS DEMANDAS DE LOS ESTADOS
U NIDOS Y LAS CONDESCENDENCIAS DE ESPAÑA. RUMORES DE ABDICACIÓN,-CAMBIO DE DINASTÍA.
-LAS PUERTAS ABIERTAS AL CARLISMO,-MOTI·
VOS PARA RECHAZAR ESTA NOTICIA,-CONCLU·
SIÓN.
Aparte de las complicaciones que pudieran sobrevenir, por la solución.que dé la comisión mixta
internacional de París al asunto deFilipinas,nuevas y más pesadas nubes se amontonan en el 1ejitno Oriente, donde parece que están ahora fijas
fas miradas de todas las naciones. Acaba de comunicarnos el télegrafo la nueva actitud asumida
por el ministro inglés en la corte de Pekín. Como
si el gobierno de Salisbury cobrara nuevos bríos
despué3 de sus recientes triunfos sobre la diplo-,
macia francesa, y quisiera dar al mundo una explicación completa, siquier sea amenazadora, de
sus recientes formidables armamen~0s, Mr. McDonald acaba de presentar una serie de propo3icio-

nes·, que se suje.arán á la deliberación ~e los:ministros extrirnjeros, por las cuales se _quiere llegar á.
una directa é inmediata intervención en los ~suntos interiores del Celeste Imperio. Preténde~e en.
ellas cercenar de una manera franca Y abierta,.
la libertad de un estado soberano, desconocer h
autoridad de la Emperatriz viuda, devolver al
misero Emperadol', desposeído del trono, su influencia en el gobierno y su ~uerza eu el_ poder,
garantizar arnpliitmente las vidas y prop1edadesúe los extranjero::1 é inmiscuirse. hasta en J~s castigos que suden imponer l?s tribunales chm~~ _á
los que desconocen la autondad soberana del HlJodel &lt;Jielo.
Podrán acaso los representantes de las potencias europeas discutir más ó menos la ingerencia
propuesta por el ministro britán~co; babr~ alguien
que quiera defender la soberam~ de Chrna para
darse el gobierno que guste y dictar leyes para
su ré&lt;TÍmen interior de que él solo es respons11ble;.
quizáºJ¡¡s tendencias manifestadas no pasen de un
proyeeto, porque Rusia, con.st~tuida desde hacd
tiempo en firme apoyo y dec~d1do protector d~la
política china, se oponga abiertamente_ á_ esa 10t1,rvención franca, que rompe las tradiciones delos pueblos y reduce al gran in:ip.:rio mo~ol á ~a
triste condición de un pueblo s111 soberama y s111
derechos autonómicos, pero es lo ciertc que esta.
nueva acLitud viene á cambiar en mucho la fase
en que parecía haber entrado el embrvllo oriental.

*
**

No existe ni puede existir, en seint•jantes condiciones, la inteligencia cordial, el modits vivend'(!
q.1e nos habían uuunciado como existente ya ~ntre Rusia y la Gran Bretafla, las dos potenciais
que se disputan á porfía el predominio sobre aquella rt&gt;gión. Desairada un punto en sus pretensiones Inglaterra, aparentó retirarse cumo en derrota, simuló someterse á lo inevitable, é indicó que
abandonaba el c.,mpo á su odiada rival; pero sobreviene inesper adamente el episodio de Fllshodu,
se envanece con los triunfos ue Kitchener, llega á
pronunciarse-y asilo anuncia en algunos diariosla palabra decisiva deprotectotado sobr1:1 Egipto,
para dar forma legal á la dominación ejercida sobre el Jedive y sobresus tierras t'.&gt;das conquistadas y por conquistar; mirase lacorrecta retir1tda de
Francia, para. evitar un rompimiento, como unJ
de sus grandes triunfos modernos; y orgullosa
con esta. serie de acontecimientos que colma.u Sll
ambición y hal11gan su vanidad, vuelve sobre su:;
pasos en el ex.remo Oriente, pretende ejercer denuevo el predominio que por largos allos .ba. ejercí•
do en aquellas apartada3 regiones, abiertas después á todos los apetitos, é intenta en su primerpaso clavar la garra eu d corazón mismo dt:1 Imperio chino.
Si es verdad que la política de Pekín ha estado apoyada, según las jndicaciones intnesa-das de San Petersburgo, pronto se verá. Si es cierto ese espléndido ai::slamiento de Inglateru de
que tanto se ha hablado, los propios con orgullo
y los extrafios con censura, nv .ba de tardar en.
saberse, que la intimación del ministro inglés, sujeta á discusión, es desechada por la mayoría de
los que representan los intereses de Europa en la..
corte de Pekín.
Y si después de este desastre, Lord Salisbury
insistiera en sus amenazas, no sería difícil que en
un conflicto violento encontráramos la 1,xplicación de esa actividad febril que ha agitado los arsenales británicos, de esos movimientos extraor·dinarios á que se ban entregado los navíos ingleses en todos los ma1 es, donde creen dominar como dueil.os y seflores. Veríase también á qué fines obedecía la concentración de fuerzas rusas
en Ja Manchuria, la congregación de buques moscovitas en Puerto Arturo y la actividad desple~
gada también eu los centro:; militares de Petersburg&lt;'.
Quizá sea posible todavía que el cielo se serene, que las nubes negras se disipen y que las tcnde~cias nuevas del gobierno inglés, en cuanto se
refieren -al Celeste Imperio, solo signifiquen una
ostentación de fuerza ante el débil y una demos•
tración ante los funtes, de que no se abandona
ni puede abandont1rse la política internaciona1.
que siempre ha guiado á la vieja Inglaterra.

•

***
Como aflaóiendo rn sombra á esos posibles
conflictos, un motín sangriento acaba de estallar
en las calles de Seoul, capital del reino de Corea.
Sujeto desde hace tiempo á cambios continuos y

Domingo 27 de Noviembre de 1898

EL MUNDO

-á oscilaciones incesantes, ese pequeflo
reino se halla como 11bandonado á :as
ambiciones de los vecinos. Unt1s veces
prevalece la influencia del Mikado, otras
triunfan los agentes moscovitas, y esclavo de ambiciones extrallas, ese pueblo
infeliz, que logró libertarse de la tutelll.
china, rio logra mantener su soberanía
ni encauzarse por los rumbos dti la paz y
la concordia.
Si hemos de atender Rl amparo que
busca el rey de Corea, con motivo del conflicto actual, pidiendo auxilio á los japoneses, habrá de pensarse que eo esta vez
los promotores de la revuelta tienen alguna relación con loe que ya son duefios
de la Manchuria é imponen su voluntad
soberana sobre todo el golfo de Petchilí;
que los rusos, cuar,do vieron que no podían retener en su poder al soberano, bus
can en las revueltas ondas de un motín la
milagrosa pesca que ponga en sus manos
todn el reino. Y volverán las rencillas, y
reaparecerán los rencores, y brotarán las
viejas ambiciones y las no extinguidas
rivalidades que han dividido hace allos á
rusos y japoneses por dominar sobre Seoul;
y si el Mikado no está solo en la a ven tu·
ra, si es un hecho la alianza anglo--japonesa de que otras veces seha hablado, la
revolución, al pitrecer insignificante, qUP.
ha ensangrent1do las calles de la capital
corean11, puede ser, como las proposi•
ciones de McDonald, causa y origen de
nuevos conflictos, motivo y ocasión de
serias complicaciones, que repercutirán
desde aquellas costas apartada¡, hasta el
seno de los gabinetes europeos.

-.Damas Mexicanas.

X.X.X.

{icuazeLaó dv vuyv.
LA CAPILLA SIXTINA.

*

***
Acaso pensando en la magnitud del sacrificio
y teniendo en cuenta el inmenso dol?r que ha d_e
contristar á la augusta seflora que nge los destinos de Espafla en nombre de su amado hijo Alfonso XIII, se ha lanzado á los cuatro vientos de
la publicidad la noticia de que, firmado el tratado de paz definitivo, la reina regente D~fla _María Cristina renunciaría su poder y abd1car1a el
trono en nombre del rey á quien representa, dejando para siempre el país y yendo á ocultar á
á la tierra de sus parientes su tristeza y su
amargura. Pero si se explica, aun ~ua~do no
se admita la posibilidad de esa abdicación, no
cabe creer la noticia que como consecuencia se
daba á un acto de importancia tan tradscendental:
decíase que la renuncia se haría en favor de Don
Carlos de Borbón y hasta llegaba á afl.adirse, que
dominados los trastorBos que necesariamente habría de ocasionar el cambio de dinastía, Don Carlos de Borbón habría de abdicar en favor de su
hijo Don.Jaime.

también sería que pusiera la munarquía
en manos del carlismo odiado, a borrecido, repudiado por todo lo que piensa, por
todo lo que siente. por todo lo que vale
en la asendereada Espaiia.
Noviembre 24 de 1898.

**
reducida

Dolorosamente
á la triste
condición del vencido, sigue Espafla la
vía de am11rgura que le imponen sus vencedores en las conferencias de París.
Desecharon primero los comisionados
americanos la aceptación de toda responsabilidad en la deuda cubana; apresuraron todo lo posible la evacuación de
Puerto Rico, para tomar posesión inmediata de
la rica y floreciente .Antilla, deseosos de recoger
en breve plazo el fruto de sus victorias; apartándose del sentido literal del art.fculo tercero inscrito en el protocolo de la paz, pidieron después
la cesión de todo el Archipiélago filipino, el abando no completo de la soberanía espafiola en aquellos territorios, y por fin amenazaron con romper
las negociaciones y comenzar de nuevo }as hostilidades, si en plazo perentorio no accedían los
comisionados espafloles á todas las demandas.
A ese punto han llegado Jai; negociaciones. A
fines de la presente semana espira el plazo sefla1ado, y todo bace creer que, cediendo a esas exigencias, la comisión que preside el seflor Montero Ríos y que representa los intereses de la monarquía espafiola en las conferencias de París,
tendrá que doblegarse á todo lo pedido y conceder todo lo solicitado, para no ver á Espana enVUP,lta de nuevo en los horrores de la guerra extranjera, para la cual estaría menos preparada y
dispuesta que lo estaba en la pasada primavera,
cuando las resoluciones adoptadas por el Congreso de los Estados Unidos la impulsaron á una lueha desigual.

399

SrUa. Matllde de Olava.rrfa y Landá.znri.
Fot.ograf!a de Vallet.o.

Por más que la noticia haya tomado su origen

P.n Londres. centro financiero del mundo, en donde generalmente están bien informados sobre la
política universal, y en donde· se sigue con cuidado la marcha de todos los pueblos, por los intereses británicos que más ó menos se ligan en
asuntos financieros con las di verSlls naciones;
aunque posteriormente aparezca confirmada la
nota por cablegram1t de Madrid, nos resistimos
á creerla, t1mto en lo que se refiere á la abdicación de lA Reina Regente, como en la consecuencia que se sefl.ala ba, abriendo las puertas de lamonarquía espail.ola á la reacción carlista, que no
tiene ni puede tener simpatías ni adeptos entre
las clases ilustradas y entre los grupos directores
de la nación.

*
**
No podemos creer que la augusta matrona que
ha resistid o firme y serena todas las tormentas que
se han desatado durante la minoridad de su hijo,
que ha desafiado todos los peligros, que casi desde el nacimiento han amenazado á Alfonso XIII;
no podemos pensar que el espíritu varonil de la
noble seflora que ha vencido tantos obstáculos y
ha visto serenarse tantas tormentas, decaiga ahora. Dura ha sido la prueba, larga y prolongada
la crisis, dolorosa por demás la situación actual.
No ea ahora el motín de Villacampasofocado en su
cuna; no se trata de agitaciones republicanas,
faltas de cohesión y exhaustas de tendencias eficaces; no tiene en frente el movimiento carlista
odiado por las clases ilustradas y que sólo eI.t•
cuentra eco en regiones limitadas de Espafla: se
halla delante de la gran liquidación de la derrota; tiene que presenciar el dol9roso trance de ver
destruido el imperio colonial que heredara; tiene que ver cómo caen uno á uno los florones más
ricos que formaron en otros tiempos la corona
de Espail.a. Pero precisamente para estas situaciones graves, dolorosas, es para lo que se buscan los espíritus fuertes y los corazones de gran
temple.
Dona María Cristina sabrá resistir como antes
y cuidar hasta lo último la herencia de su hijo.
Mas si de~graciadamente llegara á vacilar, si en
su alma agobiada de angustia crevera ver impo•
sible la coronación de Alfonso Xfil, imposible

Como dos gigantescos brazos que se abr~n
l'n actitud atrayente, las columnatas de la
plaza de San Pedro imprimen,en el que por
primera vez las mi~a. una se1Jsación inolvid11 ble. Yo creo que Bernini, al trazar los planos ..:e la monument11l conptrucción, presintió
con la maravillosa clarividP.ncia del artista
el griLndiorn efecto que habla de producir
ese á modo de enorme abrazamiento pt'trif1cado que, encerrando en ~u fondo central la
~r11n parroquia del catolicÍ!!mo, parece clamar lncePantPmente: "¡Venid!"
El cuádruple enfilamiento ctrcul11r de
aquellas 372 column1Ls y pilastras de dórica
factura, tan precisamente colocadaij que, vistas desde un punto determinado de la plaza,
aparecen formadas en simple fila, y coronado con 162 iconos. es una portada digna del '
.. gregio pa!Rcio graciosamente cedido por el
Gobierno de Italia al Sumo Obispo Romano,
St ñor de conciencias.
Deilcendemos del carruaje para darnos el
goce de recorrer paso á pa~o 111 cohomPata
antes de penetrar en la mansión pontificia, é
iomediat11mente nos rodea un verdade. o enjambre de ciceroni, ruidosos y gesticulanteP,
que á grito partido nos ofrecen sus Pen-icfos. EntAblase una. verdadera lucha por obtener la preferencia, pues nuestro moreno co,
lor les ha revelado nuestro americano abolengo, .v ellos conocen y estiman altamente
la munificencia de estas tierras. Uno de nues•
tros acompañantes se decide por fin por un
mozuelo, ap11r,mtemente listo y avbado, que
anuncia á grandes voces que, ademád de
conocer al dc'dillo la morada de las papas
ppr haber nacido en 1'1111. b»jo el glorioso pontificado del señor Pio IX(q. e. p. d.) á qui~n la
santa memoria de su padre hRbla l!ervido de
.
carabiniere, él hablaba francés y podfa traba7ar en esta lengua para la mejor comprensión de los
señores americanos.
Y, para probar su dicho, empiez!I. á contarnos con
vertigi::opa rapidez, que el obelisco que se yergue en
el ceutro de la plaza fué traido de Heliópolis por Calfgula para ornamento del antiguo Circo Vatican&lt;' ·
que por orden de Sixto Quinto fué transpostado á J~
plaz11 de Sac Pedro y erigido alli el 10 d11 Septh robre
do 15·6. bajo la dirección de Domenico Fontana: que
durante esta última operación acaeció que el dicho
Fontana no cuidó de calcular la resistencia de los
cordajes, porlo que la empresa hubiera fracasado 4
no ser porque el marinero Brasea, de Bordighera gritó, no obstante que toda exclamación estaba pl'nada
de muerte, "Acqua allefuni" (agua á las cuerdaF): que
tal consejo si¡üyó al arquitecto y al obelisco, en r11compensa de lo cual el Sumo Pontifica habla acordado á
la familia del marinero y á perpetuidad. el privilegio
de proporcionar á la Iglesia de San Pedro todu las
palmas que necesita p11ra el Domingo de R. moa· y
por último. que ya tendria ocasión de ensetl.arnos ;n
cuadro hecho por su mano y que representaba la narrada escena, el cual ponla á nuestra disposición al
módico precio de treceme lire . .... .
Por lo visto, en cuestión de precios el hombre sólo
hablaba italiano.
Tomó alientos, y preguntó:
-Naturellement, ces mes1,'1eurs visiteront man cher
Vatican?
y ·á nuestro asentimiento, manifestóse dispuesto á
gestionar lo necesario ante la guardia palatina.
Mas ello no fué preciso, pues el Doctor z ex--Presid:ente d-, una república centro americana. que babia
deJado el poder por la ingratitud del pueblo según él
y por la desvergüenza de él según el pueblo. mostró
un permiso de visita signado por su Excelencfa Reverendfslma Monseñor Ricci--Paracciani, Mayordomo de
Su Santidad.
Entramos, pues, por el Portone di bronzo, rindiónos
cortesmente d cuerpo de guardia de los Suizos-que .
con sus chillantes uniformes de Arlequín, desdicen en
mucho de la augusta majestad de aquellos sitioe,-y
ascendimos los peldaños que conducen al patio de
San Dámaso, uno de los veinte patios con que cuenta
el Vaticano y en torno de los cuales están agrupadas
la11 l L,000 salas del palacio. Pasamos una visita á Mons11ñor Mayordomo, (quien, rodeado de numerosa empleados, funge de algo aai como administrador de
aduanas, pu~s el Vaticano, como el palacio de Letrán y el castillo de Castel--Gandoifo, goza del privilegio de exterritorialidad garantizado _por una ley de
la Corona de Italia), y pasando por la Scala Repia llegamos á una entrada lateral de la Capilla Sixtma, lugar á donde tuvo á bien conducirnos primeramente
nuestro locuaz cicerone.
La Capilla Sixtina es, sin duda alguna, la más precilld&amp; joya attfbtica del mundo entero, y su recinto
(40 5 metros X U metros) encierra las más altas creaciones de los más eximios pincPles.

�Oomtn¡r!' 27 de Noviembre de 1898

Huerto de Getbs.-manf.

401

EL MllNDO

El Monte de Jo¡;¡ Olivos.

Campamento del séquito del Emperador Guillermo frente á J ~rm1alt'm.

LA LECTURA DEL CUENTO DE HADAS. '
lJna vista general de J eru salem.

E x terior de la tumba de la Virgen Jlarfa.

�402

11.:LMUNDO

l)omln1ro 27 de Noviembre de 1898.

de ejecución las hace des
tacarae fuertemente sobre
La construcción data del
el fondo que se tc,rna asi
siglo XV y es m!Eticamente sobria, de llneamie11toe
en etéreo cuadro y hace
vastos y reg11l11rtls. y si no
resaltar con jó\'r11n maeUrla.
puede igu11lárPela á las cala~ composiciones principllla11 góticas que tan grapales.
tamente remutlven nu~11tra
Las cu11lee e11 uflert1n á.
admiración, no podemos
la Cre11ción del Universo y
tampoco ueg11rla qutl' re11á episodios de la vida de
ponde á las ml\.s extrictae
los primeros hombree b11~
exigenciAS estéticas, cuanta el Diluv!'l,conformeálas
do se contempla la ariuovenionee blblicae, y todas
uiosa e~bdtez de su bóvtlellas d11mueRtran no Eólo
da,ilumiuada por la templauna admirablA armonía en
da claririad que penetra a
la composición y un uso
través de l!U11 doce ventaatlnadielmo y perfecto del
nas laterales. garboeameucolor. sino también vastos
te rasgadas y adornadas de
conocimientos anatómicos,
vitrales multicolores.
revelados con la fidelidad
.\fas lo que asombra en
de un tratamiento genuinala Capillst Sixtina. lo qutl
mente naturalista.
asombra al grado de para•
El cuadro 8° particularlizarnos y ret,mernos en
mPnte,que representa el Di
Pila sin sentir el transcurso
Juvio. es de una verdad
dalas horas, son sus muros,
asombrosa. Mirase en mesus muros en que, h~jo el
dio de las aguas y á ,o le1os
Pnorme amparo de Miguel
p)arca de Noé, c .yos costa•
Angel. los maestros florPn·
dos van chocando con catinos del g-lorios,, sigl,:i XV
dáveres tlotantee, mil'ntr11s
viven en los tieinpoli á las
que algunos hombres, con
poderosas evocaciones de
la desl'spnación de la
sus óivinae obras.
muerte tratan en vauo de
En los frescos later,iles
11sirse de loe remos ..... .
está todst la escuela de FloEn primer té~minu está un
rencia, toda esa escuela rlnavío cargado de ge11tA;
ci. de color y de idea, alta·
en carga exc11Piva y los
mente plástica é inten~achoques repetidos y violenmente psicológica: el Perutos de las olas Je han hechoi!Íno, Sandro BottioPlli, 111
perdPT su velamen. y, priPinturic,•hio Lucas Signo
vado de todo socorro, mirelli, Casimc- Roselli Salviarasele ii.vadido ya por las.
ti, Bartolomeo della Gatta,
11gnas y próximo á zozoArrigo Fiammingo y_ el
brar. es profundamente con
ollmpico Ghirlandajo. Uno
movedor v.-r perecer as! á..
falta, uuo &amp;Olo, l\. quien d
la especie humana eu mearmonioso conjunto de esas
dio del rugiente elemento.
grandes firmas parece reLa cima de una montaña.
c-lamar con insistencia: Fra
rnrge por s?brc: el. agua
Angélico ..... .
con ap11rienc1aR de isla, y
Son escen11s todas, arranen Pila ban11e refu~iado una.
cadas á las pintorescas lemultitud de hombres y d&amp;
yendas del viejo Testo.menmuje1 e11. cuyos gestos exto, y sobre ellas. demasiap, esan de un modo II dmirado altas, ¡ayl para ser visble loe más diversos sentas como se quisiera, ostentimientos del dolor y de la..
tan el fulgor de sus tiar11s
des11Pperstción.
las efigies de unos treinDe M!guel An~el son
ta Papas, pintadas también
igualmente los profetas y
por Bctticelli.
las 11ibilas que ocupan los
La bóveda y el plafond
claros, intermedios de la
son de Miguel Angel Buobóveda. Al juzgarlos, die&amp;
narotti y considéranse co•
Condivi lo siguiente: "To·
mo la obra más completa
dos son verdaderamente
del insigne arti~ta, que Pm•
admirables, tanto por las
pleó en ella más de cuatro
actitudes, cuanto por el oraños.
natovlavariedad de loepa•
Un jovPn pintor mexicaños. Pero el más admirable
no,muerto ya,y que enudiadetodo11es el profPta Jonáe,
ba entonces en la Ciudad
coloc11do en t'l principio d&amp;
Eterna, explícábame estula bóveda; pues, por mo•
s áijticamentelas creaciones
do contrario á la forma de
del gra11 maestro, m!entr11e
Cómo se construyó la Iglesia Alemana d.- J'ernsalem
dicha bóuda, til tor11 o, rt por otro lado el Doctor Z.
preguntaba con tenacidad
!.-Acarreadores de escomhroe.
2·-Alb11ñilee.
3. -Cortadorea y acarreadores ae piedras.
coitado hacia adentdo, ~~~
al cicerone, si podrfa ver el
4.-La terre
5. -Preparando argamasa
6 -Camellos viniendo de las canteras,
efectos de la luz Y 8
sombras encuéntrase en e 1
cuarto de dormir del PaJugar más cercano de los
pa y se contentaba con Ir
á contemplar los carruajes y las cabalterizae cuando Imitando bronce y mármol, el cual conjunto surge de ojos dPI espectador, mientras J11s piernas, qu~. parelos muros y se eleva hacia la bóveda para formar en c .. n estar más cercanas. se encuentran en e• s1t10 máR
supo que su primer deseo no era realizable
Dljome mi ilustrado compatriota, que él considera- ella loe nueve campos en que está dividida Esparci- )Pjano, cosa aeombro,a qu11 demuestra la habilidad
ba esas pinturas de Miguel Angel superiores en alien- das por todas partee y pintadas por m,,do que aparez- de aquel grande artista en la práctica de la perspecto y perfección á todas las de Rafael. no obstante que can salientes. mirase gran número de figuras. con co- tiva"
En el paño del fondo, sobre el altar, está el gran fresl'stas gozan de prlmacla en la opinión genere!, y re- lores naturales uuae y bronclneae otras, cuya fineza
co de Buonarolatóme las peri·
tti, su obra magpectas y los dina concluido en
versos periodos
lMI bajo el Ponpor que pasó la
tificado de Pa•
idea de Miguel
bloIII
Angel antes de
Está pintado sorealizarse y que
bre una superff.
mi amable guia
cíe de 20Xl0m!l·
habla estudiado
troeyrepreeenta
en Aecanio Conel Julcio Final.
divi, discípulo de
DesgraciadaBuonarotti, que
mente el sitio
ebcribió la vida
que ocupa caredA su maestro en
ce de la luz eufi1553, con la aprociPntP, Jo qne ubación de é11te en
nido áloe desper
todas sus partes,
fectoe del tiemEn un principio
po, }tace dificil el
sólo quiso pint11r
estudio minucio •
4 loe doce apósso de tan co.loeal
toles, pero comobra del genio
prendió que la
humano. En torobra resultaría
no del Salvador,
demasiado exi
sentado eob:·eun
gua para la o¡,u·
trono de nubes,
Jencia ar 1 ultectribunal supretural de la capimo de loe homlla, y entonces
bres, loe bienaideó una á una
venturados a~-las compoeicio·
cienden á la glonee que hoy exisria llevados por
ten é imaginó
ángeles qne sosreunirlas por metienen titánicas
dio de un conjunluchas contraloe
to pictórico de
demonios, Los
columna,, pilaLugar del bautizo de Crlsto en el .Joi-dá.n.
pecadores, en
res y cornisas,
••

..
i

Domtngó 27 de Noviembre de 1898.

EL MUNDO

403

Mas ahora ocurre preguntar: ¿cómo y por qué, y
según qué ley se formau estos cidoutls, cuya boca
mas ancha se dibuja en la foto e11fora y fiuge una
mancha en el disco luminoso?
Para esto tenemos que explicar cuáles son loe principales movimientos del sol, mattllia ettudi• da con
gr1m empeño por los llbtrónomos y cuya dtl11cr1pción
minucio11a put'de verse, por,. j ..mplu, tlll las obr11s del
P . Secchl y del a,trónomo Fa) t'.
En el sol hay que coueidnar tre~ clases de movimiento. prescindiendo de su movimiento gentlr11I de
trulación
En p, imer lu!(ar, el sol gira sobre su eje como una
inmt1n•a peonza; pero no gira com• girana u11 cuerpo
sólido. de una v~z y de una pit'za;) todo él por igual,
es decir, con las mismas velocid11des angulares.
Las zonas del • cuad,,r van ml\.11 apr111a que hie restante~: en dar una vuelta tardau uno11 Vt-iot1cinco diae.
Las 1onaR polares v11n mijs de1:1p11cio: complttan su ciclo en treinta dlas poco más ó menos.
En esta d, culación sucede
algo p11recidu a lo 4ue vemos
en las coriieutes ae nuestros
rioe. En el ce11tro del rio la
velocidad e~ la máxima, haci, 1»11 orillas disminuye.
Pue11 d sül µartlce como si
fuera un rio circular de fut'go
y dtl luz. Por el ecuador va el
hilo dela corriente; los do11 po)011 son como las orillas abre•
ciadas
l:'n,cisamente estos movi•
miento11se puedtln seguir dt&lt;s·
de li&amp; tierr11 sigulenrto el wovimieutu de las manchas
Y tlbte f.,nómeno se ex¡,lica;
J hay una razón para ebta 11.cel1:rae1ón de la11 regiones,,, cuatoriale11, para ese nt, aso en
1118 zonas prc,ximae á los polos.
La exphcac1ón la d11n 10s astrónomus por t'I s .. gundo de
los gr1mdt11 movimientos del
sol, qutl es uno de los tres á
que 11u,es nos ref~rlamo11
T .. dala m11sa solar e111a atrave!!ada, constantementt', por
loe grandes agurice:ros -si la
p11labra vale- porque, en rigor, no llueve agua, llueve
materia hecha fuego.
Son como dos lluvi11.s, generales y permanentes: una de la
superficie hacia el centb Jiu.
vía que baja del mismo ~odo
que la nuestra. Otra, del centro á la superficie, es como
una lluvia que sube: ó si se
OSCAR HERZ,
quiere es una inmensa evapor~ción y a nuestra evaporac1ó11 equivale. La materia de
EL SOL Y SUS MANCHAS
la suptlrficie, aquellas nube13
blancas de que antes hablábaSiempre tuvo el sol manchas
moe y q 11e forman Ja fcto--ee•
quegiran,queee tran~forman,
fer!!-, en suma, toda Ja capa exque á veces se di viden, y que
terior..al contacto ó bajo la inal fin desaparecen.
fluencia delfrio del espacio, se
Fenómeno es este de las
eLfria y se condensa y aumenmanchas solares perfectameuta de densidad, y por ser más
te explicado por loe astróuopesada hacia el centro del 80¡
mo@,
se precipita á través de la
Según se dice, y por muchos
abrasada atmóaf-era, constitumétodoe parece comprobado,
yendo la lluvia de que antes
el sol ea un inmenso globo de
h3:blábamoe: la que cae. Lo
materia gaseosa, ó, s1 la pamismo exactamente euctde
Jabra vale, ultra gaseosa, en
con laenube11de aguaennuee•
cuvo interior la temperatura
tro globo.
puniera medirse por millones
P~ro cuando toda estamatede grados.
ria llega al fondo del 80¡ en
En el seno del POI todas las
que domina la altieima te~pecomblnacionee quim1cae están
r11tura, que al principio de 82 _
deshechas: acaso muchos cunte articulo mediamos por mipos que cone'deramoe como
lloaes de grados, todos loe
cuerpos simples estén descompuestos qulmicos 88 descompuestos ea elementos más
hacen: la materia condensada
sinplee todavía La afinidad
se dilata y haciéndose cada
quimica se halla en suspenso,
vez más y más ligera, vuelve
ó al menos. no se hacen sená subir atravesando Ja masa
tir sus efectos, porque las en- '
s~lar; e~ la lluvia que sube ó
trañas del astro de fuego son
Pl se quiere, es la evaporación
regiones de una disociación
de las reglones centrales del
total.
La llegada de Lord Kitchener á Dover.
a@tro, que también tiene su
cambio,
la superficie
s o • . - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - ------mare¡¡.
evaporación como nuestros
larEn
por
estar rodeada
del eepacío, está sujeta á la influencia tl.e temperaturas bajlsi- lo que son las manchas solares. No son, en ve::-dad,
Ahora bien, esta d0ble lluvia que constantemente
mas: tan bajas, que acaso vayan acercándose al ce::o otra cosa que verdadtlroe desgarrones de la foto-es- atraviera la masa solar es la que entorpece su moviabsoluto dtl la termo-dinámica.
fera, que dejan al de&amp;cubierto las entrañas relativa- miento de rotación, como @e demue.tra por consideraDe donde resulta, que en la superficie solar hay un mente nPgrae del sol.
cionee de mecánica que no son de eete momento· auntrabajo constante de condensación por la influencia
Bajo citlrto punto de vista. nuestra tierra vale más que en cierto modo ~e comprende que as! deb~ ser
del frlo, y la afi id11 d quiu:ica recobra su imperio y que el astro del dia: cuando se desgarran nuestros porque es como si á una masa que gira 88 Ja atraviee~
se reunen los átomos y se reunen las moléculas como nublados, vemos el azulado firmamento Cuando ae por una serie de agujas. Y CJID0 por otra parte el ensi quisieran reconcentrarse en gotas y basta en polvo desgarran las nubes del sol vemos negruras.
torpecimiento es mayor hacia ¡08 polos que hacia el
impalpable. De esta suerte se forman multitud dA nu_¡Quizá esto tenga su filosofía y no de las más pe~i- ecuador, de abi que en éste la rotación sea más rábes blanquísimas que unas á otras se apelotonan en mistas!
pida que en aquellos.
formas redondeadas y constituyen la envolvente soPor eso en el sol hay siempre manchas. aunque paEsta circulación de la materia solar. este condenlar que desde la tierra descubrimos.
sajeras: la foto-esfera se de~garra, la foto-esfer11 se s11rse de nubes blancas en la superficie y dar luz y
A este conjunto dfl nubes blancas y brillantes es á. ch,rra, y siempre anda en perpetua agitación.
dar calor á_ los eapacios planetarios y Juego caer al
Jo que llamamod la foto esfe1·a, es decir, la esfera de
_]:'ero estos desgarros de la foto-e~fera no son super- centro y dilatarse y recoger calor para subir y conla luz.
f1C1ales: la rotura penetra hasta el mterior de la masa vertirl? en luz, es un mecanismo admirable, que hay es lo cierto, que sin ella el sol no seria para noso• solar; son enormes huec,,e; son abismos espantosos, ce del mmeneo astro una estupenda máquina produc•
tros Jo que es, sino una mancha muy grana e de for- son como embudos, cuya punta se huude en las en- tora dti calor y de luz, con su caldera en el centro y
ma redondeada Yernos al sol por s11 foto-ePfera.
trañas del astro de fue~o; son en rigor, vndaderoe su conctensador et: la superficie; pero esta circulación
Porque eatá probado experimentalmAnte. que un ciclones de aquella abra~ada atmósfera Y asf, por Jog agota también las energlas solares, hasta que llegue
gas, por alta que sea en temperatura, alumbra muy bordes del embudo, por loe flaucoe del abi@mo, se Vil para nuestro astro el momento del frio, de la muerte
poco: prueba de ello es la llama del hidróJ!'eno. .!:'ero en cierto mJdo g,,tear hacia dPntro, en hilos prolon- y de Ja sombra eterna.
que se espolvoree, por ejemplo, con pol\"O de cal, y al gadoe, las nubecillas blancas de la foto-esfera. Y hasDe todas mantras vemos en el sol una circulación
punto adquiere luz vivieima. La vibración de los cor- ta el extremo más estrecho del embudo se ve en for- análoga á Ju. que existe sobre Ja tierr.t para el agua
púsculos sólidos es la que engendra la luz. Ellos son ma dti un pequeño circulo negro.
de loe océanos. También se evapora, también sube
cambio, no pueden pasar de los antros d11l suplicio. Alli
e11ta el Infierno dantescamente interpretado. con la buca de Aqueronte y con el juez Mino11. A propósito de
é,te, cuéntase una antlcdota curiosa: El maestro de
ceremonias de Pablo Ifl, Cardenal Blaggio di Cesena, criticó duramente la composición dtl Miguel Ang81, t11cbándola de inmoral á causa rte sus desnudeces y pretendí) qu11 el sumo PontlficA ordenara la
suspensión de la pintura; más Pablo III que estimaba altamt&gt;nt6 el talt:nto de Buonarottl y que era un
PSpiritu sup..rior y amaba el Arte lejos de accederá
1011 de~eos de Biagg10, ordenó al pintor que continuo.
se su cuadro sin preocuparstl por nh,guna critica yPi
guiando sólo l11@inspiracionea d, PU propio genio. Miguel Ang..l, que supo las maquicionea d11J Cardenal,
decia1ó venguee y al efecto tr11ns'adó aus facciouPs
al lienzo dAndole el p11pel de Minos y l'nvolvienrl.o
castamente ,u cuerpo en una vibora enrmc11da. Reconoció11e Ctlsena y se quejó al Pap11. el cual q1 i ,o
ver la obra y exclamó deepu6s ingeniosamente:
-Cardenal, mis oraciones
pueden si,Jvar á un pecAdordel
J)Urgator,o munodtllinfinno.
En 111 Iofiernooe ha. pueste Miguel Angel.y t'D l&gt;I quedaréis.
Y hasta la fecha está alll
Biaggio di Ce11ena.
De~gratiad.amPnte el Papa
siguiente, Pablo IV, era de loe
puntos del Cesena y habló de
mandar de1-truir el cuadro, lo
quA se evitó gracias á Da11;.,¡
de Yolterra que cubrió eB parte las desnudec.:e del cuadro,
con todo dulor de su corazón.
Asi se aplacó Pablo IV...... ..
El cicerone y el Dr. z. regresan y nos 11visan q~e es ya
tarde hemos papado cuatro ho1 as en la Sixtina, y ¡pensábamos ver todo el Vaticauo en
una mañ1ñal
Sahm1,s nuudamente conmo•
vidoe ante lo que puf'de el \r•
te en manos de un elegido La
plaza de San Ptldro t'Stá po•
blada rle gente que sale de
misa Todos vamos 11u,!lencio,
aletargados por el éxtasis que
acaba de pasi r por norntros.
De pronto, habla el e)( Presidente:
-"Si vieran, l'n la caballer'•
za del Papa vi un caballo igualito al que yo montaba en las
revistas. y que tuve que dejar por allá cuando me vine ..
¡Cómo me ha conmovido ese
recuerdo!"

por decirlo a~i. los instrument~~ musicales de la gran
sinfonía luminosa Dti ellos parten las ondas de tlter
que vienen á herir nuestra retina, y que en nosotros
de1-pitlrtan esa sensación á que damo11 tll nombre de
luz.
Por (mcima de la foto-esfera, como si dijéramos d11l
nublado blanco y luminosa, b~y otra capa de hidrógeno. á que se da el nombre dtl cromo esfera, es dti·
cir, esfera del color, porque ~n efecto es ro11ada, pero
sólo s11 hace visible en circunstancias especiales, por
ejPmplo f'll loe ecllpe.-s.
RPP1tmie11do: eu el sol hay que comiderar tres partt-s: el interior masa relativamente sombrla. á t , mperatura inmensa.:, en que domina la disociación ml\.R
absoluta dt1 todos loe demtlntoe; la capa 11nvolvtlute
de nubtls condensada~ blancRs y luminosas, que es la
que vemos y á que se llama foto esfera; y por último,
otra capa de hid1 ógeno gener11Jm,.ut" invi,ible, y que
se dP~igna con PI uombre rle cromo esfera.
Y con lo dicho tenemos bastante para ct mprender

r

,

�404

Domingo 27 de Noviembre da 1898.

EL MUNDO

MEXICO MODERNO.

Vistas de la Tierra Santa.
Demasiado conociJas Fon y de gra•
tos recuerdos para todos los nombres Y
lugarei:i que repre11enta1;1 estas vi~t~s
que publicamos con motivo del v11tJe
del Emperador . .
.
E~ta considerac10n nos dispensa d~
dar descripciones que serian redundante"·
Los grabados por si solos dicen más
al seutimiento que cuanto pudléramoa
escribir nosotros.

La nueva iglesia de Alemania.
El Emperador de Alemania ha encontrado en Palestina hondas huellas de la
actividad alemana que desdti hace tantos siglos busca uu campo para sus
empMl!as, y safüfac~ión á sus aohe1011 rl'ligiosos en la Tierra Santa.
Carloma¡?no. di-bidament~ auto:izado por el Kalifa, construyo una igl~~ia y un hospital tin J t!TUtalem. El ed1f·cio quedó reducido á una n11na en
..,¡ tran ..curso dti los años y el terreno
fué comprado por mercaderes italian()s
de Amalfi, los cualt's _el año de lOJi!
con~truyeron dos hospitales para ¡,eregrinod - el d11 S .. nta Maria para muj&lt;-1rcs, y para hombres el de San Juan.
Este último e1&lt;tableciml1&gt;nto fué la
Cuna de la Orden de Caballeros de San
Juan. E..ta comunidad se htze cargo
del hospital, constru.t"ó un palacio para
P] Gran Maestre y habitaciones para
los otros miembros de la ordl'n. Los
monjes benedictinos edificaron laJglesi1t de Santa Maria.
En 1187, cuanao Saladino tomó Jerusa•em estableció su residencia en la
del Gr,in Maestre dti los ()aballeros de
Ran Juan y más tartie cedió toda la
propiedad á la mezquita de Ornar.
0

Casa de la pr:&gt;pledau de los Sres Terrazas.
Paseo de la Reforma.--[Legaclón de Bélgica.]

405

EL MUNDO

Deapués de Sa'adlno se hizo un hospital en el lugar
de J~ antigua igl11sia y construyose una mezqu~n.a _en
la parte noroeete del terreno. Todos estos edü1e1os
se rlett&gt;rioraron, permaneciendo en ruinas ha~ta ~869_.
En ese afio el Príncipe de la Coron11 de Prusia visito
Jerusalem y el Sultán le dió .en propiedad la parte
oriental e,n que estaban las ruin_as de que _hablamos.
Arqueológicamente es la porción de mérito menor,
ero t'n ella E1staba la gran Iglesia.
.
p Guillermo I acordó que se con.struyera en e~Muristan (el lugar de la antigua igles1a,?echa_ hoPpltal por
los sucesores. de Saladino) una Iglesia del Redentor"
Rubo difícultades extraordina.rlas para echar los
cimientos de la Ubrica Deecu.br1óse que la antigu_a
iglesia descansaba en c,tras romas, pues sólo un p1•
lar p•rtla de la roca.
. .
Añ~ y medio dP. trabajos y u_n gasto ad1c1on~l de
$150 ooó sobre los $250 000 que importaba el pn~er
prefuesto fueron necesarios para las obras -~a~1zas
dE'I mampostería quti soportan el peso dt&gt;l ed1_f1c10.
Nuestro grabado muestra los métodos onent!lles
empleadns para remover los escombros y constrmr la
iglesia del Salvador.

.. -~ i~·
,.·

~-·

¡ft§;#.'t(tl?

);;jf,._:t&gt;

La receDción al General Kitchener en Inglaterra.
Mncho antes de que el bote Calais, con el Sird.. r á
bordo estuviera á. la vista, el muelle di: Dover habla
eido invadido enteram.,nte por la multitud que acudía
ansiosa por dar la bienvenida al vencedor de los dervi~es, y vengador de Gor~on.
.
En cuan ro el j?enerai K1tchener saltó á t1.,rra, el Je•
fe militar dPI puerto, General William Buttler, r el
Mayor. Sir ,Villiam Crun.d~ll, ambos d~ gran umforme se adelantaron á , ec1birle, en medio de los aplausos'atronaJoresy 101&gt; hurras de todos los espectadores.
Dt!sde que Lord Kitchener pisó t&gt;l _suelo de su patria. 1&lt;u viaje ha sido una marcha tr11;1nfal. En DovP.r
los Highla11ders le form,iron guardia de honor. El
Mayor de Dover le ofreció U? bauq•tt&gt;te, y de ~lli fué
llevado en triunfo á la estación dP.I ferrocarnl. Una
compañia dP. grarrnderos habla formado valla desde
t"l Hotel de Lord Warden hasta la estación; pero lejos dti esforzarse en contener á la multitud. los soldados mismos aclamaban al General y se
acercaban á él para estrecbarle ]amano, Eo Londres fué recibido por los
príncipeJ Cristián Victory Francisco y
Adolfo d11 TP.ck; Lord Whol3Pley, el
GPneral Maurice, Sir George White y
muchos otros miembros de la nobleza
fueron á recibirlo y se disputaron el
honor de ser los primeros en felicitarle
por su triunfo.
Un grupo dA policlas Je escoltó hasta
las antesalas reales, donde.estuvo algunos momentos recil:iiendo innumerables muestras de afecto, y desaués
conferenció con el Príncipe de Gales.
Vi,itó á Lord Salisbury y por último,
fué á pasar un dla á Balmoral, donde
recibió cumplimientos y felicitaciones
de la Reina.

...

--.;:::··,..

,,,

-~....,..

,·

0

también por el frio de la atmósfera se _condensa en
nubes también cae en forma de lluvia, y otra vez
sube ~l seno de los mares, encendiendo, de paso, no
nueva luz, pero M la vida vegetal y la vida anim~l.
El tercer movimiento de la masa solllr es prt1c1samente el que explica las manchas solares, porque es
el de los grandes ciclones, que tienen dU boca ancha
en la foto-eefera, y que vistos como nosotros los vemos por el interior, fingen un espacio obscuro.
También los astrónomos explican con facilidad suma
y con grandes probabilidades de acierto la formación
de estos ciclones
y es que cada parte del todo aparece tan enlazado á
todas las partes del_ mismo todo en es•e admir~bl.e mecanismo, quelas particularidades de~ª?ª movimiento se
explican por i&gt;tros de los tres movimientos que hemos
enumerado, que era.n: el movimiento desigual de ro
tación de toda la masa solai:alrededor de su f"je, la do. ble lluvia de fuego, la que cae y la que sub.,, y por
último, los grandes ciclones cuyas grandes bases son
-las manchas taladros oscuros en la aglomeración ae
nubecillas blancas de la foto-esfera.
En efecto: la doble lluvia entorpece el movimiento
de rotación, que resulta mas rápido en el ecuador que
en las regiones polares.
Pero ~sta desigualdad en las velocidades del rfo
circular de fuego determina a su vez la formación de
los ciclones, ni más ni menos que en nuestros ríos la
Casa del Sr. Melber en la Reforma.
masa liquida comprendida entre dos filetes que tienen
[Construida por el Sr. Ingeruero Alberto Be,t, estilo Relna Aoa.J
desigual velocidad gira en forma de torbellino
Cuando un niño coje entre sus dedos la parte superior de una peonza, y con uno d11 ellos la empuja ha.
. .
cia adelante y coh el otro la empuja hacla atrae. la peonza gira. Pue~ as1m1s~o
en el sol cuando una zona gira con más veloc,dad qut: otra, 1~ parte mtermed1a
pu!"de girar también, y asi se forman torbellinos, trombas y ciclones S!_)lares..
De donde resulta que las manchas del sol no son fenómen~s extranos, misteriosos, inexplicables, sino bien al contrario, fenómenos senc1llisimos, naturales,
que dependen en último análisis de la dinámica solar.
. .
Al menos ta'. es la opinión de la mayor parte de los astrónomos, opm1ón bosquejada imperfectamente en el presente articulo.
JOSÉ ECHEGARAY.

México Moderno.
Aparecen hoy en estas columnas tres
ed1ficioR de los que f11rman el gracioso
y artfFtico "México Model'no."
Al iniciar esta sección hubiéramos
querido dar amplios pormenorP.s acerca de las casas que en ella figuran;
maR habiendo encontrado la natural y
delicada reserva de los primeros propietarios á quie11es nos dirigimos, los
cu:i.les nos manifestaron su deseo de
no dar pubicidad á los detalles relacionados con interese~ pRrticulares, hubimos de limitarnos á to,nar vistas fotogrAficaR del exterior de esas casas.

NUESTROS GRABADOS.

La lectura del Cuento de Hadas.
¿Cómo entretener á la. gente menuda para que por un rato siquiera se esté
quieta y deje dormir la siesta á papa?
La hermana mayor sabe cual es el remedio infalible y busca un libro y se da
á leer en voz alta uno de esos cu1mtos de hadas que tan gratamente absorben la
atención infantil, uno de esos cuentos en que hayogros que ~e comen á. los
niños, y gatos que hablan y calzan botas, y lobos que se c~nv1erten en abuelitp~~~-~~·da hace estremecerse los tiernos corazones con tanta e~ocíó!1 como
las periódicas aparicioBes de alguna b~ena hada que, ~on la mara vil.losa rnfluencia de su varita mágica, forma palacios en )os desiertos y convierte en ratones á los leones.
.
.
¡Mirad como escuchan los niños tales milagros! Mientras tanto, papá re•
posa por un instante del rudo trabajo, y cobra fuerzas para empezar de nuevo.

Domingo 27 de Noviembre de 1898,

Casa dtl Sr. D. Juan Dublán, Calle de la Penitenciaria.

L,08 Of\UTIV08 D6 Hf\Nf\MBOUOOU.
I
Boubou y Coumba eran dos nifios cautivos de
~ierto anciano. No obsrnnte su condición eran
&lt;iesconocidas para ellos lits miserias de la escla
--vitud y vivían completamente dichosos.
No se preocupaban por suorígrn;jamáshabían
inquirido quiénes eran sus padres, ni aún suponían haberlos tenido alguna vez.
Vivían bajv un mismo techo, se alimentaban
-en la misma calabaza, dormían juntos en un jergón y crecían, jugaban y trabaj ·t ban fraternalmente unidos por expontáneo afecto infantil.
En la soledad campestre de su vida, todo era
tranquilo: t1rn desconocidos eran para ellos los
grandes goces como las penas hond11s.
La aldehuela donde vivían llamábase Hanambougou. Era un simple caserío esccindido en una
.garganta de las montañas que dominan el valle
de Bakay.
El amo de los chi'luíllos, anciano apBcible y
amante de la soledad, los trataba con dulzura, dejando pasar inadvertidas sus faltas y les hM bl:.t•
ba frecuentemente de Allah, cuyo reino invisible
flota sobre la tierra, mas allá de l11s nubes, y envía algunos reflejos de ::,U esplendor sobre las rutas de los hombres. Los dos ninos amaban á su
sef!.or como si fuese un padre para ellos.
AlaFsanne (er::i el uombre del arci11no) pasaba
los días absorto en un éxtasis, copiaba los vení-culos del Corán en pergaminos, que pintaba él
mismo con imágenes, y se paseaba por la monta•
i'l.a solitaria. Pucas veces bajaba á lit llanura: lo
que sabía de los hombres h11cíale evitar todo contacto con ellos. Sin 1&gt;mbargo, no er11 un hombre
hosco y su rostro reflejaba graves pensamientos
iluminados por perenne sonrisa.
Su habitación era rúotica y humilde. Entre un
seto vivo de juncos tenía su cabafta de techo có11ico y por únicos muebles, un lecho de bambú y
una piel de carnero. Habí11 allí cerca otra cabai'l.a más humilde para los niños; un gi anero en el
que guardaba las cosechas; una estacada para
atar las cabras durante la noche y un rectángulo
arenoso rodeado de árboles, reservado para la
oración.
Boubou yCoumba jamás habfan salido de las
quiebras de la montafla. A quien les hubiese pre•
guntado desde cuándo estaban allí cautivos, le
habrían dicho: "Toda la vida."
Habían oído hablar de llanuras interminables
-cubiertas de villas populosas. Según Alassanne

Rllí era donde vivían los malvados y los miserables.
La gargant1:1 de 111, monta:il.a descendía hacia el
río en una pendiente de rocas: un 11rroyo bajaba, s11ltando aquellos escalones, bajo el bosque
de árboles gigantescos cuyos follajes c,cultaban
las lejanías de la llanura. El lecho del arroyo se•
mejaba una inmensa escalera abierta entre el túnel a~cendente formado de árboles y rocas.
:9etrás de Hanambougou se abre un valle rodeado de bosques. En ese valle t&gt;staban las tierras de Al11ssane, cultivadas por los eschvos, y
cuyos productos con la leche de Jas cabras, daban alimento á los tres.
Las estaciones del ailo imponían siempre los
mismos trabajos. La tierra del Sudán produce expontáneamente sus cosechas.
En la épo0a de la siPmbra, los dos cautivos quemaban las cañas, esparcían por el suelo las cenizas. desarraigabar, J.as yerbas nocivas, rompían
la tierra y enterraban la simiente. En las horas
cálidas se refagiaban á la sombra de una choza
y comían.
-Cuando t&gt;eas grande, me abandonarás titl
vez, decía Boubou á su compañera.
Nunca había pensado Coumba en esto y al oír
la frase de Boubou, se Pntristeció.
-1,Y ·p or qué había de abandonarte?
-No lo sé, replic.5 Boubou.
Amaban su desierto y no pensaban que hubiese un mundo fuera de él.
-¿Y á dónde iría yo? preguntó Coumba.
A dónde? Boubou no podía contestar y con
ademán vacilante:
- Allá, lt&gt;jos, á los países lejanos.
Coumba lloraba.
-Servir á otros amos, oh! no; Alassanne dice
que son malvados.
Y sus cuerpecitos, extendidos perezosamente
en un lecho de yerbas, se acercaroú estrechándose. Coumba, cuyo instinto de mujer ya des•
pertaba, dijo á su amigo:
-No, tú sí que te irás.
Boubou se defendía.
-Yo jamás me iré; jamás, repetía, y le brillaban los ojos.
Al caer la tarde, cuando la sombra de las montañas s~ extendía. regresaban á la aldea, con una
carga de leña en la cabeza y recogiendo al paso
las cabras.
Ocupábanse luego en preparar la comida. Mo-

lían el mafz en los morteros, encendían una hoguera en el patio y colocaban la marmita sobre
el fuego, asentándola entre dos. piedras.
Luego se reunían para orar er. la rústica mezquita. De pié detras del anciano, imitaban sus
ademanes, levantaban con él los brazos al cielo;
repetían sus palabras árabes, se golpeaban el
pecho, prosternábanse con la frente en el suelo
y clamaban:
-Allahl Allah!
A veces, á la luz de la luna, Boubou tocaba un
tamboril y Coumba bailaba.
Llt&gt;gaba la época de las lluvias. El arroyo con,
vertíase en torrente, saltaba los peldall.os de li.
roca y eus mugidos llenab1.rn el valle.
Los árboles refrescaban el tono mortecino de
su follaje y las f:1ldas de la montaña se cubrían
de césped tierno y jugoso. Los maizales crecían
y al evaporarse las brumas rojizas, el cielo se hacía mas profundo.
Los dos ni:il.os llevaban á p11star las cabras: cogí..n la provición anual de hoJas de baobab para
sazonar la pasta de mijo·y hacían cuerdas con filamentos de corte?as de árbol. Coumba, á la sombrn de las rocas, hilaba.
Y las altas yerbas crecían ocultando el fondo
de las gar:{&gt;1ntas, ·escalaban las alturas, ahogab.tn los frágiles arbustos y entre los árboles del
bosque formaban espesísima malla, impenetrable.
Despuéa, l11s sávias efímeras se iban secando,
el sol doraba las malezassazonando lofgranosen
la panoja amarillenta. Entrnces Boubou y Coumba pasaban el día en los campo9 ahuyentando
los pájaros de la sementera c·1aj~da de frutos.
Desde el amanecer hasta la tarde no hac~m
más que gritar, batir las palmas de las manos, y
tocar trompas parn espantar A las aves que revoloteaban sobre sus cabezas. En distintos lugares había espantajos que ellos movían con cuerdas desde su mirador elevado sobre troncos y
puesto al abrigo de los rayos solares.
Los varios espectáculos de la soledad mecían
la imaginación de los niños en suefl.os dulcísimos. Al amacecer, se evaporaba el rocío nocturno y las nieblas arrastrándose por la~ sinuosidades del valle semejaban un lago de plata tendido
entre aquellas montailas. Era la h ora nacarada.
El sol subía, subía hasta el z enit; cintilaban las
rocas y las malezas parecían zarzas encendidas.
Entre las y erbas tostadas las cigarras lanzaba n
gritos roncos y las aves buscaban abrig_o. -La na-

�406

EL MUNDO

Domin,ro 27 de Noviembre de 1898.

II

turaleza resplandecía. con tonos de oro fundido.
Pero luego el aire se ha.cía mAs transparente, las
cosas acentuaban sus contor11os y las cimas trazaban sus líneas sobre el cielo menos pálidc. Era
la hora azul. El sol declinaba, atravesando con
sus rayos oblicuos la, cresta umbrosa de los montes; en las barrancas profundas obscurecía ....
Era el momento de tono violeta que anuncia las
tinieblas.
Cierta mañana que Boubou y Coumba dormita.
ban en sus miradores, tres ginetes aparecieron en
el recodo del sendero. Detuviéronse de pronto y
uno de ellos se alzó sobre los estribos para explorar el valle con la mirada. Casi en el mismo
momento partieron al galope en direcciones divergentes. Boubou y Coumba, asustados, corrieron hacia el pueblecillo, á donde sólo llegó Bonbou. Coumba había caído en poder de los ginetes ..... .
Alassane convoca á los vecinos armados de fusiles, mt1s ya era tarde. Los extranjeros habían
escapado.
El anciano requirió su cayado ysu piel decarnero y bajó A los pueblos de la llanura que se extienden al otro lado de la montail.a. A poco regresó triste y resignado. Los merodeadores habían puesto á salvo ·su presa en Bammakou.
Boubou inconsolable pasaba los días muerto de
tedio y las noches, llorando.
-Cuando sea grande, dijo al anciano, iré á
traer A Coumba.
La seguridad con que hablaba hizo sonreír á
Alassane. Púsole la mano en la cabeza y mirAndolo, vió eu los ojos de Boubou una llama, que
hizo pensar mucho al anciano.
-Allah todo lo puede, Cuando seas hombre
ya veremos lo que sucede, le dijo.
A medida que las fuerzas deBonbou cobraban
vigor, la sementera. iba ensanchando sus límites.
Ya las mieses no cabían en el granero y con el
consentimiento del amo el excedente iba á venderse en la llanura. Boubou atesoraba.
De cosecha en cosech1\ Boubou se hizo hombre.
Un día dijo á su amo:
-Seil.or, no crees que ha llegado el momento?
-Ponte en camino, le contestó el anciano; toma este oro y que Allah te guíe. Te doy la libertad•
Y puso en las manos de Boubou todo el oro que
haoía reunido. El esclavo se arrodilló y le besó
los piés.
-Señor, ya eres muy viejo; ¿quién te servirá
durante mi ausencia?

Alassane, conmovido, lo
obligó á ponerse en pié:
-Hijo mío, Allah proveerá A mis necesidades. Sólo
una cosa tengo que pedirte.
Y su voz temblaba.
-Yo tuve hijos, un varón y una mujer; ahora estoy solo en el mundo. Trae
á Coumba; los dos viviréis
en mi casa y el viejo Alassane será vuestro padre.
Cogió un amuleto que llevaba consigo, lo colgó al
cuello del joven y le dió su
fusil.
-Ahora véte; el tiempo
es precioso.
Boubou abrazó al viejo y
dijo:
-Espér1rnos. Los dos volveremO:i, siempre fieles a tí.

Por un sendero de la monta:!l.a, que conducía á.
países desconocidos, Boubou se fu~ co~ el curazón lleno de esperanzas y el alma llumrnada porsu ensueil.o. A cada vuelta del camino dirigía loSojos hacia atrás y veía siempre la silueta blanca
del anciano que de pié, con ambas manos apoyadas en su báculo, de espaldas á u~ árbol, le seguía con los ojos hasta que se perdió entre la espesura.
Pero á poco se fueron o,mltando las cabailas
de Han11mbougou y se encontró el joven en la so•·
ledad de una boscosa altiplanicie. A cada paso,
oprimía con la mano Al cin!urón de cuero que
contenía el rescate de la cautiva.
En la opuesta vertiente, aparecieron á su vista.
campos extensos, velados de azul pálido, entre
colinas indistintas. Allí corrían las ondas del Níger y Coumba lloraba acaso, desesperando de,
ver á su compail.ero.
y fué dejando atrás horizontes iguales, preguntando en cada pueblo por el camino de Bammakou.
Llegó al fin á las alturas del Soknafi. El corazón Je palpitó cuando al salir de un bosquecillovió una inmensa llanura que se perdía á lo lejos,
entre las brumas.
Las sinuosidades de un río brillaban en eifondo del valle. Junto al río vi~ Boubou una ciudad.
magnifica cuyos tejados no eran de paja como
los de su cabafl.a. Entre el vasto recinto formado.
por altísimas murallas, había terrazas, minaretes
y en ciertos lugares hormigueaba la multitud. Sesintió fascinado.
-Bammakou, Bammakou .
Levantó los brazos al cielo y pronunció devoti1,mente el nombre de Allah.
Empezó á baj.1.r por una cuesta cuyas rocas.
minaba con furia un torrente, llegó á la llanura
y franqueó la puerta de la villa.
La opulenta ciudad de los mercaderes moros.
lo deslumbró. Vagó largo rato preguntando á los
transeuntes si conocían á Coumba. Había muchas.

.l!:L MUNDO

Domingo 27 de Noviembre de 1898.
mujeres de ese nombre, pero no reconoció á ninguna de ellas.
Desesperaba ya de verla, cuando al día siguiente, bajo el pórtico sombrío de la mezquita
de Ornar, encontró al paso á una hermosa joven
de andar violento. Su traje era de telas bordactas
de Segou y en los brazos y tobillos llevaba argollas de oro. La gracia y la belleza de la joven
impr~sionaron A Boubou, la expresión de este
rostro evocaba en él una semejanza vaga con la
~oumba de sus suenos, la sig,üó de lejos y pudo
ver que entraba A una casa suntuosa.
-¿Quién es esa mujer? preguntó Boubou tímidamente al esclavo que guardaba la puerta.
-Es la mujer de mi amo, contestó éste.
Boubou insistió:
-Y tu amo?
El cautivo le miró de reojo.
-Amet Fall, el mercader más rico de la ciudad.
Y a:iladió:
-Su mujer se llama Coumba.
Boubou desf111Jecía:
-¡Se llama Coumbal
-Sí, dijo el esclavo; ahora, largo de aquí!
Boubou, estupefacto, se retiró.
Sacó del cinturón un anillo de oro y compró
una vestidura hermosísima. Al atardecer, llamó
á la puerta de Amet Fall y preguntó al esclavo:
-¿Vive aquí Coumba, la esposa de Amet Tall?

-Aquí vive.
-Soy mensajero de un gran jefe de Segou y
traigo una misión para tu seil.ora.
Se le introdujo á un cuarto bajo en el que había cautivos recostados sobre los tapices. Unajoven de senos desnudos, con un collar de ámbar
en el cuello, condujo á Boubou por un corredor
oculto entre los muros hasta la estancia de la
seil.ora.
Coumba, recostada en un diván, con la cabeza
apoyada sobre el codo, llena de curiosidad vió
entrar A Boubou. Dos mujeres abanicaban A
Coumba.
Boubou se detuvo; tanto lujo lo p1tralizaba. L!l
fisonomía de Coumba traicionó una emoción intensa que inútilmente pretendió ocultar. Se incorporó súbitamente y entonces Boubou, cobrando valor, abrió los brazos.
-¡Coumba, gritó.
Iba á lanzarse sobre ella, pero Coumba contuvo su impulso y despidió á sus sirvientes. Cuando quedaron solos se puso en pié.
-Cómo! Boubou, eres tú?
-Sí, yo soy, dijo Boubou; vengo de Hanambongon, y la estrechó entre sus brazos.
-Coumba, Coumba, decía.
La joven tan conmovida como él, le acariciaba el rostro con sus lindas manos.
Mas su efusión fué corta. Amet Fa.U, prevenido

sin duda por las mujeres de la servidumbre, acudió, sa:iludo y amenazador.
Coumba al verlo, rechazó brutalmente á Boubou. El miedo la dominó y con voz débil pretendió excusarse, diciendo:
-Ha puesto la mano sobre mí.
Amet desenvainó el puil.al, y la brillante lámina resplandeció en su mano crispada,
Coumba á los piés de su esposo lo detuvo.
- Oh! esto no, suplicaba; pido gracia para él.
Boubou, inmóvil no comprendía nada.
Amet fijó sobre su mujer los ojos, lleno de sorpresa.
-Esto no, repetía ella con vehemencia.
El moro envainó su pufial y llamó á dos cautivos que apoderándose de Boubou lo llevaron
fuera.

III
Al día siguiente los habitantes de Bammakon.
veían en las callejuelas de la ciudad á un hombre devorado por la fiebre, que pedía agua. Tenía una mano cortada, los piés encadenados á
una barra de hierro y en el cuello una campana
pendiente de un collar.
La virtud de la esposa de Amet Fall estaba á
cubierto de toda sospecha.

o. TARDIF.

SUAVIDAD.
(DE GYP)

I

HO dias llevaba en Vichy, siguiendo á pié
untillas, por prescripción facultativa, el régimea severlsimo de recojerme á las diez,
evantari:µe á las ocho, alimentarme de zanahorias, espinacu y ciruelas cocidas, sin permitirme,
ni por asomo, echar una ojeada a las lindas criaturas
9._ue topárame al paso, de dla como de noche. "Si
Vichy no os cura- nablame dicho el doctor-estais
perdido y nada os sani&amp;ra."
I&gt;ecidime á desayunar solo en cualquier parte; y,
en lo to..:ante á la comida la hacia siempre en la mesa
redonda del hotel. Era esta tranquila y compuesta
de medianias: veteranos que relataban sus pasadas
climpat!.as, de modo que harían odiar la gloria a los
más belicOlles, algunas familias tan numerosas _eruno
respetables; una literata, cuya sola vlstame crispaba;
un excelente cura, perfecto caballero, tolerante y
hombre de mundo; una característica del teatro de
Moulios y una anciana llCOmpañada de su nieta. La
señorita Genoveva (sé su nombre por haberla oldo
llamar así A su buela) era la única persona linda de
la reunión: gentil, espiritual y blonda; de grandes y
rasgados ojos azules, aterciopelados y acariciadores;
una boquita pensadora y una tez de camella; en suma, la más deliciosa criatura que pudiese uno aoñar.
Una belleza apacible, con tendencias á lo etéreo; pero, sin tmbargo palpitante.
La miraba á la hora de comer, como el único objeto ª1!1'1·adable sobre que posar mi vista, y esto sin
ningun inconveniente para mi tratamiento. Las po,
Bitas, aún siendo lindas, no me hacfn fdiz; las admiro como preciados juguetes intangibles, por lo fráiiles; las respeto, más que las amo; para mi un baile mfantil me sirve de espanto.jo; las jóvenes bien educadas me abruman, lae ignorantes me impacientan; corolario: son pequeños seres incompletos á los ojos de
un barbaro como yo, que, prescindiendo de sus encantos, se extremecen de ante mano al decir: "Cuando pienso que á los cuarenta años, . cuando ya esté yo hllstiado y embr~tecldo, mi familia se decidirá
acaso á hacerme tomar estado con u11a chica lozana y
fuerte, respirando por todos los poros samd y vida;
ávida dA sabe:· y de recitar lo que sabe. ¿Qué será
de mi? Nada bueno de sPguro 11
Lo dicho anteriormente es con el fin de probar que
si yo miraba con insistencia á la sPñorita GPnoveva,
colocada ca@i enfrente de mi, ni ella corda riesgo en
lo absoluto, ni yo bmpoco .
A medida que los ba:iistas que hablan llegado antes iban tomando EOleta (ya hablan conclui_do su tratamiento, mmiserablt!sl!l) corrían los cubiertos hacia
un lado de la mesa. Mi vecino de la izquierda era
siempre el buen abate Silvano; empero el de mi derecha cambiaba casi a cadll comida.. Habfame tocado
sucesivamente tener á mi lado á un profesc,r de mineralogía que me hablaba sin cesar, sin cuidarse siquiera de que yo, sin escuch•rle, continuaba mi conversación con m1 vecino el abate; ora dos coroneles,
uno de dragonee y otro de linea, ambos gotosos, lo
que prueba que, ante la enfermedad, todas las armas
san iguales; ó ya un adolrscente de doce años, que,
haciendo proyectiles con migas de pan apuntaba al
interior de mi vaso y solla una vez más que ot~a dar

en ~l blanco.. Todo esto me tenia @in cuidado. No habla ido á Vichy para divertirme· de otro modo me
habri~ ido muy lej~s; temfa, al cÓntrario, encon'trar
en mi ~amino alg_u n llntiguo compañero, capaz de
descarrllarme volviéndome á mi antigua vida.
En fm, una tarde, al llegar á hacer por la vida vi
en ~! lugar que ocupaba el amable joven mancebo de
bot!ca(el delos proyectiles) á la literata, objeto de mi
ant1patlal Era una dama que frisaba en los treinta y
cinco afioe-. no _mal parecida, sin embargo; pero cargante, mona, ridículamente ataviada y soporífera has•
~a la par~d de enfrente. Intenciones tuve de retroced~~ é_ irme á. comer .a.fuera: pero teml romper el
e9uihbr10 de mi curac10n; por otra parte, el abate
Silvan_o me contempl11ba con su bondadosa sonriba
de~at1sfacción. Pensé que íbamos á echar juntos un
pahque sal-roso, haciéndo punto omiso de mi "mosca
negra" y me senté resuelto, volviéndole ligeramente

la espalda, sin afectación, con el fin de no presentarle más que el flanco.
Fué lo suficiente. Aprovechándose de que no me
era posible vigilar sus movimientos. me dió un feroz
codazo. seguido de un:
-¡Oh! dispense usted, cab.illero.
A lo cual y.o contesté con este lugar común:
-De nada, señora.
¡Ay! ~l hielo estaba.roto. Mi vecina se puso i relatarme, como una tarabilla, que el tratamieoto la hacia temblar como una azogada y que por esto me
babia golpeado el brazo. Insistió en saber si no me
habl~ "hecho daño." ¡~ra el colmo_! Yo la respondí á
reganadientes, pero siempre con fmura. Se necesita
tener muchos hígados para tolerar en un establecí•

miento balneario, á una literata que os fastidia y á la
~ual no os po~éis quit_ar de encima; pero unll de dos:
o es uno pollnco ó deJa de serlo. Me dijb que en un
tris estuvo el que fui,ra á Luchón en vez de venir á
Vichy. Respondila que habla hecho muy mal en no
poner este proyecto en ejecución, siendo los Pirineos
más agradables que Vichy.
-Son mu_y hermosos ¿no es verdad?-dijome ella.
-¡Se,berb1osl-fué mi respuesta seca.
Traté e!1. seguida de reanudar mi interrumpida
conve~~ac10n con el abate. ¡Que si quieres! Ella no
me deJo meter baza.
-Caballero,-insi8tió elia-os ruego que me con~eis alguna de v~estras excursiones por las montanas. ¡Serla tan fohz en otros! ....... ..
-Pero señora .... en verdad ... .
-¿Habeis hecho una excursión cualquiera? Al pico
dPl Mediodía ¿no tlB esto?
-Sin duda; pero ......
-Confiadme vuestras impresiones; serén deliciosas .. .. cuando uno forma parte de un circulo de esplritus escojidos ......
-Esplri.t us escojidos es mucho decir, señora; se suelen en~~ntrar también imbéciles como aqui. ... lo que
se exp.1ca por la aglomeración .........
--¡Ah! ¿sois numeroso.,?
-¡Oh! con exceso ....
-¡Di?~ mio! y yo que deseaba consultaros sobre la
probab111dad que tendría de ser bi11n acojida, al presentarme . . . ... .
-¡Cómo' ¿queréis presentaros al Jockey?-exclamé
estupefacto.
-¡Al Jockey! ¿Quién habla del Jockey?
-Me parece que' vc,s.
-¡Yol yo os hablo de El Figaro.
- Y ¿cómo diabl~s quereis que yo sepa sus lnterioridadesi'
-;.No sois_uno de los redactores de I!.,l Figaro.t
-Pero, ~enora, no he "scrito una sola lln"'a en él ec
toda mi vida. Ademll.s, me cauban horror los literato~ ....... .
Creia haber puesto punto final al interrogato-io·
pero, ¡quiá! ella no dejó de charlar un segundo, resul'.
tando de ahi que cuando me levanté de la me
sa, tenia un principio de jaqueca Tan luego comoel comedor estuvo vacío, hablé al muchacho que nos
s~rvia y le declaré categóricamente sin más explicae1ones, que ~e~eaba que me cambiase de sitio. Me
conte_stó mahmosamente: "Sé lo que quiere el señor;
cambiaremos toda la 111esa, con el objeto de que no se
note nada"
En efecto, al dia siguiente, á la hora del almueri,o
vi que el camarista babia cumplido su palabra. Tod~
la mesa había sido variada. Yo estaba colocaao del
lado opuesto al abate; édte. entre la literata y uno de
los milit~res que habitaban en el hotel. Senti á mi
buen vecmo, tan bondadoso y tan parPjo, que encont~aba todo bueno y bien, char,ando cullndo yo estaba
dispuesto á ello, callll.ndose cuando no le dirijla lapa19:bra. Al tomar asiento, vi que me habla tocado á simestra mano un caballero recién desembarcado y
que quedaban á mi diestra dos sitios aún no ocupad,&gt;s.

�Domingo 27 de Noviembre de 1~
Tenia. inmediatamente á mi lado, una pequeña eer- ó, hablando más propiamrnte, mi agua tibia, cuando
vllleta doblada con esmero; el otro cubierto ostenta- el abate Silvano, acercá.ndoseme, volreaba á mi alreba, enrollado en el cuello de la botella del vh.10, un dedor, como si tuviese algo que decirme.
-¿Qué mosca le pica á. mi caro abatel' Os encuentro
anilln marcado con PI número Jel cuarto, Fuéla señorita Genoveva la que, desorientada, así como su abue- muy diferente de como eoleis estar ....
-Caballero: tengo algo que pediros; pero temo mola, vino á sentarse á mi derecha: estas damas hablanl'e dirijido á ene Pitios de costumbre, loe que encon- •lestaros.
,-Pedid, señor abate: estoy seguro do que no me
traron ocupaaoe. Por supuesto, que no dejó de haber
refrlnfuños, lamento y recriminación,con motivo del molestaréis.
El honrado abate reflexionó.
cambio de lugares.
-Me parecéis un buen muchacho, muy bien educaAl apercihir que yo era su vecino, le. ~eñorita Genoveva se ruborizó y pareció vi!'iblemente iatimidada. do . .Vos no sereis capaz de cometer uua acción que
Por lo demás, ni una sola palabra atravesamos en el perJudique A otro ....... .
-~o, ciertamente
curso del almu~rzo; empl'lro á la hora de los poetreR,
volviéndose á mi y anegándome con loe efluvios de . -Muy bien. Entonces cesad de comprometer A esa
sus grandes ojos. con una vocesita baja, trémula y Joven ..... .
-¿A cuál joven? ¡Yo comprometo A una joyenl
avergozada, me dijo:
·
-Caballero, 1.tendria ue~ed la bondad de pasarme ¿Yo?
-¡Eh! vos lo eabei~ bien.
las c;ruelae cocidas?
-Pero, BPñor abate, no conozco á ninguna joven A
Me apreauré. accediendo A sus deseos, A pasar la lnman,a fuente, ya casi v11c·a,que tenia enfrente de mi, quien pueda yo comprometer ..... .
-En la mP11a .. . . vuestra pequeña vecina .... sabeis
notando, con satisiacción, que mi pequeña vecina se.
guía estrictameute el tratamiento, pues se sirvió una bien de quién hablo.
-Jamás la he dicho, por ahi te pudras, seño1 abacantidad de ciruelas, ante las cuales hubiera yo retrocPdido. Transcurril'lron a~I ocho dlas: regularmente, te..... . . .
-Es cierto. Ella es la que se inclina hRcia vos, con
al fin de cada comida. la señorita Genoveva. que decididamente tenla aires román ti :oR, me pedía indefeé- un aire tan tieruo. tan suplicaut11 á veces que Juetiblemente, en voz baja. las ciruelas ,..ocidae. qu" yo go .... por una seña...... un pistón bajo la mesa ¿Quién
mA hacia el honor de p.1oporclonarla. Hablando en pu- 11abe? Y todo el mundo nota eso.. . .
-E?, verdad. señor abate, que estoy estupefacto.
ridad de verdad Allano me las pedia con senc11lez.
Era un11 de es11s jói•enee tlmirlas, «"ducadas en el te- ¡.Sabeis lo qu" me dice mi vecina cuando se inclina con
mor, á las cuales se inculca una res~rva exag-erada. tau to amor á ipit Pues bien: muy baJatito me pide que
8e las r ecomiAnda que no rlan, que hablen quedito, le pase las ciruelas cocidas .........
á fin de no la llamara tención y gem•ralmente. se ob,- ¡Vamos! Y ¿por qué no las pide en voz alta?
tiene el ft&gt;cto cont, ario; pero los padres han cumpli- · -1Toma! Porque es una joven pudibunda ¡Ah! ¿sa•
cudis. la cabeza co11 aire de duda? 0d probaré que yo
do con su deber
Una mañana, después del almuerzo. tomaba mi café, .no miento nunca.

EN UN ALBUM.
A Matilde Ol11varrta y Landázurl.

,,
~

.

1

'

~~
-~

-

~

i,·~

'

~1ejos rorrianticisrrios.
SUB-TERRA,
Cuando yo muera que cubran
con mis cantares el féretro;
que pongan por almohada
mis coronas y mis versos;
quiero llevarme conmigo
a la sombra y al mi!lterio
t0do lo que en estA mundo
brotó de mi pensamiento.
Que me lleven mis amigos,
sin lágrimas y en silencio
al rincón más solitario
del sombrio cementerio;
que miren que cave honda
la fo~a el sepulturero,
dondo no sea posible
que lleguA A turbarme un eco.
Que alli me dejen, que olviden
mi paso por este ~uelo,
ó que si se acuerdan digan:
sufrió mucho, pero ha muerto.
Y yo, dormiré entre tanto
soñando, si acaso l'Utño,
con mis desdichas postreras,
con mis amores primeros,
con las tardes dPI Otoño
y las noches del Invierno
en que, llegando á mi puerta
la Musa, toc'lba quedo,
se iluminaban de pronto
las sombras de mi aposento,
crujla mi ne~ra lámpara,
lanzaba queJas el cierzo,
yo deshojaba tranquilo
laR flores de mis recuerdos,
y Ella, tomando mi frente
que sellaba con un beso,
las blancas alas a brla
para remontarme al ciP!o.
Y como están cercado
con m•s cantares el féretro,
tal vez, bese mis coronas,
quizá recite mis versos;
v si entoncAs toma forma
io qu11 quedó en Pi cerebro
cual dedpu~s de los festines
en la copa quedai. lue11:o
las rojas luces del vino,
si aun se agita el pensamióntu,
yo os juro quA algunos años
después del triste Ruceso,
han de brotar de mi tumba,
hechos flores, cantos nuevos.

, .AmanPce Df'I sueño despierta.
is se abre de Orrente la puerta
Y la Aurora. va pronto é. salir .
ne la mar, que tranquila reposa,
Surca la onda de oro y de rosa
Blanca, nave que viene hacia aquí.
Del 9riente florido y riPueño,
Del leJano pais dd ensut-ño
Donde es roja del mirto la flor,
De 1dli viene la nave ligerR,
Por ti viene ;gentil primaver1i'I
Por ti viene en su nave el amor!

Alejéme con paso~ pricfpitados, contrariado, enviando al diablo A todas las jóvenes de la tierra; seguido
del bondadoso abRte que me per~egula diciendo:
-¿Vele cómo os he diflguetado ....... ?
La comida pasó sin incidente notable. La señvrita
Genoveva, más intereEante que nunca; con traj'I de
batista azul celePt&lt;1, crispaba mis nervios lo que noes
decible Ella estaba ahí, callada y correcta; movía, al
par que ci;mill y bebía sólidamente, sus manitas blancas y cucas. Este cnnjunto de discreción me abrumaba: ganas me pasaron de sacudirla y yo pensaba:
-¡Si tú supieras la sorpresa QUe te re~ervo ahora ..... . 1
LoR postrPs Jlegaron Esperaba con lmpacienciaq,ie
la señorita Genoveva me pidiese las ciruelas: temí por
un momento que, precisamente, por esta v1 z, no las
deseara. Felizmente se decidió.
-Caballero,-me dijo en voz muy baja, inclinándose
á mi, loe ojos húmedos y con una sonrisa estereotipa•
da en los labios-caballero, 1.tPndria usted la bondad
de pasarme las ciruelas CO(:[das?
Todas las mirad11s tornáronsl'I hacia nosotros.
Respondí con un11 voz estentórea que tizo estremecer los vlddos:
-¡Vamos, sl'ñorita, valor! Pedidme frllncamente las
ciruelas cocidas. ¡Ningún mal hay en querer ciruelas,
en Vichy sobre todo!
Y tomando la fuente s., la pasé La pobre chica se puso roja como una cereza y me miró cvndternada, l reo
que me tomó por demente.
El abate Silvano me envió, desde su sitio, un sio-no
aprobativo.
"
Y yo juré, para lo futuro, no alojarme sino en un hotel chic.

409

EL MUNDO

PAGINAS DE LA MODA
~~·:0~ :'.·.··_,

..&gt;f4':)~'%,
·,-::-:.

P. FRANCH.

Misteriosa y callada, Margarit11
Cruza el sendero, con gentil donaire
Y aspira los perfumes y medita
'
l!:n el amor de Fausto, dando al aire
Sobre el cuello de lirio, el gran tesoro
De sus cabellos ,·ubios, ola de orol
Con su faz de Pierrot, reir parece
T&gt;ePde lo alto la luna,· en la r .. tama
Se queja el ruiseñor mientr11-s se mece
En un balance lánguido la rama,
Y e~bre el muro en la l!enumbra quieta
Mef1sto surge como roJa grieta!
MANUEL LARRAÑAGA PORTUGAL,

•
¡A LAM VJÑAS!
CA'NCION

¡Corr~m~s á las viñas, que ya entona
111 vendimia su c~ntico Eonoro
¡Baco desciende al mundo y e~ corona
con racimos de oro! '
Sepultemos angustias y dolores
Pn el fondo del va so cristalino
¡LlPgó el tiempo en que rnrgen log amores
de la e!'puma del vino!
Como enjambre de abejas zumbadoras
ya suenan en las viñas y 18garPs
'
las guitarras; la. risas bullidoras
requiebros y cantares.
'
Ya rueda el mo~to, en ola perfumada
con las notas de fiesta y alegria
'
de la flauta EÜave y rPgalada
que Anacreón tafila.
Besemos, bajo el pAmpano brillante
y !11~ uvas en luce.a d11 top11cio,
el pié de pis.ta y tuni,.11 radiante
de la mu11a de Horacio.

.Amanece. La Aurora despierta.
Ya traspone de Oriente la puerta
Y se pierde Pn el amplio zafir,
Cual se pierde entre el oro y I rosa
De la mar que tranquila reposa,
Blanca nave que viuo hacia aqui,
.Al Oriente florido y ri~ueño,
Al lejano pais del ensueño
Donde es roja- del mirto la flor,
Se dirige la nave lige1 a ....
Por ti vino ¡gentil Primavera!
Y te lleva en su nave el amor!. . . ...
F~RNANGRANA,

DEL LIBRO ''PURPURA"
El jardín está solo, voz alguna
Turba la soled11.d! En i&lt;L enramada
Teje arabescos pálidos la luna,
La luna con 1:1u faz enharinada
De insolente Pierrot. la luna llena
Que hace polvo de plata de la arena,

Y Pn la c9rrPta, cli\Fira la cuna
quP meciera A Melpómene v Talia
rt:citemos, al nyo de la luna
dramática poesía. _ '
En dPliciosa viña floreciente
pla~tada por t:1i padre bendecido
mi mfancia, pajarillo ufall?'eute '
tuvo risu~ño nido.
'
Desde entonces, mis oios de poeta
ve~ en las ~iñas nobles co.·azoneP;
labios de mieles rostros sin careta
y dicha sin traiciones.
¡Corr~mos á las viña11, que ya entona
la vendimia sn cantico !'ouoro!
¡BacG descien_de al mundo, y se corona
con racimos de oro!
MANUEL REINA,

Fig. 1.-Toilette de visitas para señorita.

MODAS PARISIENSES.

N ota.s útiles.

Eij muy de notar que ahora la moda se aleja cada
°"Pz más de todas las formas que presentan un ángulo.
Torlo es hoy redondeado, las chaquetas, las faldas,
lo~ adornos, las bocamangas y el descote.
Ya se han abandonado los cordones de seda que se
llevaban mucho este verano á guiHa de cadena para
el reloj; hoy vuelven é. usarse, como es natur!-ll. las
cadpnas de oro y, en todo carn, con turquesas u óp11lo~. El guante blanco sigue siendo muy de buen tono: según parece no des11parecerá.
DI cese que volverán é. usarse los baetonPe. pero no
creo que la moda triunfe, porque no añadirían nada
á la elegancia de la mujer.
Aún no han aparecido las modas de invierno y ePo
que han vuelto ya A Paritl las elegantes del gran
1Dnndo.
.
Si!?uen llevándose aún los traJes claros, y, cuando
el fre~co se deja sentir algo, endosan nuestras ele;:rantes una chaquetita roja, de pañete no muy fu Arte.

La moda está por las curRciones con las agu11s. Está uno gotoPO, paralitico, débil del pecho ó enfermo
dt'll estómago, pronto, el médico lo manda -A la estación de aguas, donde naturalmente, fil colee:a correspondient" lo recibA y lo desuAlla según la fól'mula.
Antes, cuando aún no curaba el a'1'ua, ~e recurría
á las virtudes de las pla::tas, dA los simples; v se hacían curaciones con las uvas: Plinio y Galeno hablaban de ellas.
La curación de las uv:tij a oesar de lo que pueden
decir nue~tros doctores de 11hora, no se han emprendido sin éxito; se h11ce de una manera maravillosa,
espPcialmente en los casos de anemia, disp~pPia, calambres del estómago, inapetanc1 a. sfeecionee gastrointr stinales, constipación (estreñimit-nto) y algunas
enfermfdades de la piPI.
En Montreux, -en Suiza, eJl Méran, en Pl Tiro!, en los
viñedos de las orillas del Rhin: 11n Saint Goar, en
Gr1:1utnach. en Dnrkheim, en Bavil'lra, etc , existen
establecimientos especiales, muy concurridos en la
época de la vendimia.

CURACIÓN CON LA UVA

_________.._______

Se hacen curaciones con las uvas des ie que lamadurez del fruto lo permite; la duración del tratamiento es de tres á seis semanas. La cantidad d0 u vas que
cada individuo consume, varia de uno á cuatro kilógramog al dla. tom&gt;tdas en cuatro comidas en el intervalo de l11s cua(es se hace un ejercicio' moderado
p~seando Se comienza por comer medio ktlo ó un
kilo para aumentar progresivamente la cantidad por
dia. No se c~men ni l11s peliculas ni las pepitas.
El tratamiento por las uvas obra como RUbstancia
alimA!ltlcia; como me~icamento temperante, exitante,
l~xat1vo; por los Alcahs, que disminuyendo su plastie1dad de la Faogre la hacen más fluida por los diversos elementos minerales, sulfatos, cloruros fosfatos
que reemplazan á las a'1'uas minerales.
'
'
L_as uva~ sA recogen frescas y se lavan.
Si se qu1erl'I tener un efecto purgante de la~ uvas,
se preferiran lsts blancas, poco azucaradas, acuosas
y no muy maduras.
Si, por el contrario, BA quiere 1 econbtituir una sangre empobrecida, conviene recurrir á las uvas negras, que contienen sales de fierro, tónicas y exitantes.
-

�EL MUNDO

410

Dom.Ingo 27'de Noviembre de 1898

Domlni!'o 27 de Novit1mt re de 1~ .

411

EL MUNDO

.,

Fig. 2 •.Jaeqnette &lt;Jasandra. Delantero y espalda.

Fig. 3-Boa farnesio.

más bien que de cobre estañado, y
deberá tener dos asas para poderdarle vueltas á voluntad. La tapadera deberá sobresalir como en el
cae'&gt; anterior, en toda su circunferencia de 5 á 6 centimetros.
Nóte11e que nunca se h11brán de
poner varias piezas en una cacerola, porque en este caso no se cocerían bien; cada pie.za se habrá de
colocar sola y en el centro de la cacerola. Cuando antes de la cocción,
completa de una pieza de pastelería, la parte superior tome color,
se la debe cubrir en todo ó parte,
con una hoja de papel engrasado,
porque este papel modera el calor ..
Estos ruedoP de papPl se preparan
con antelación y sirven varias veces.

COCCIÓN DE PASTELERÍA. SIN HORNO.

A falta de horno nos podremos servir de una cacerola. procediendo del
J110do siguiente. Se toma una cacerola que no esté en uso, de hierro ó
de cobre est\ñado; bastante grande, para que 1mtre sus paredes y las
piezas que se ha:van de colocar, quede un hueco de 2 á 7 centimetro11. Si
no se colocan las piezas sobre una
plancha ó en moldee, se debe:-á poner en la cacerola un sustentáculo
dt1 alambre capaz de sostener las
piezas. •stesuetentá.culo deja entre
el fondo de la cacerola y los paste•
lee un intervalo de quince á veinte
mili metros. Se colocan encima cinco
ó seis hojas de papel flngraeado y
eohre ella la preparación.
La cacerola se instala sobre unas
trébedes de siete cPntimetroe en
medio de la ceniza caliente de un
hogar, ó.e modo que se deje un espacio de dr&gt;e ii tres centimetroe entre
la ceniza ó rescoldo y la cacerola.
E~ta se cubre con uua tapadera querebase de los bordes de aquella como unos ochos centimetros al rededor. En la circunferencia de la cubierta se pone una coronade carbón
ó ascuas que no estando inmediatamente encima de la cacerola. la ex«
pone menos á quemarse y exparce
un calor más suave y más uniforme
sobre loe pastelea. !:!i la ceniza está.
demasiado caliente, se le retira un
poco de las trébedes, y se aproxima
cuando se juzga oportuno; es con•
veniente tener eieinpr~ dispuestos
carbonee encendidos, para reemplazar al rededor de la tapadera loe
que se hayan apagado y consumido,
porque es esencial que el calor sea
siempre igual. Se debe inspeccionar
constantemente la cacerola con el
mayor cuidado, pues la menor distracción bastará para que se queme
el pastel; la costumbre acaba de ponernos en disposición de obtener tan
buenos resultados con este procedimiento como con un horno. Para
lograr una cochura uniforme, se calentará primeramente y de un modo
ligero la tapadera y la cacerola antt111 de emplearlas y des puée se cambiará de postura de vez en cuando
la cacerola á fin de que por todas
partes adquiera el grado de calor
apetecido.
Cuando se carezca de fuego de estufa, podrán reemplazarlo perfectamente un escalfador ó una hornilla,
cuidando eiempr~ de que el fondo
de la cacerola se encuentre á 7 centlmetroe por encima. de los carbo •
nes. Este procedimiento es más cómodo y_ exije menas atención, pero
hace falta contar con una segunda
hornilla, para tener dispuestos en el
momento ne~Aeario más carbones
encendidos.
Si se utiliza un \19Calfador, nos podemos servir de una cacerola sin
mango, parecida á un molde de compota. Conviene que sei. de palastro

I

Fig.4 -.Jacquette tantasfa. Delantero y espalda

COCCIÓN SIN HORNO
DE EMPANADA\l DRI CARNE Y DE
PESCADO,

Se procede como queda indicado;.
solamente al principio delacocciün,
la cacflrola no Pstará puesta sobrelaP t1ébedes, Bino en medio de cenizas calientes que deben envolverla
hasta los bordes. Se guarnece la ta•
padera con una corona de carbón
1irdlendo1 de modo que cociendo la.
pasta por todos sus lados á la ve;;,
el contorno corre menos riesgo de
hundirse. Tan pronto como la pasta
haya tomado consistencia, ó sea aJt
cabo dA cinco minutos. se colocan
las tréberle¡¡ sobre las cenizas, en
t&gt;l ho:vo formado por la cacerola,
después de haber puesto en él nuevas cenizas calientes, y se continúa com., hemos dicho.

Según un célebre estadista, diez y nueve son los
mandamientos que deben observarse para alcanzar
con toda 1eguridad una larga vida.
El autor de estas nuevas tablas de la ley- higiénica
As el Rr. James Sewyer, Doctor en Medicma en Birmingham. Inglaterra.
He aquí los diez y nueve mandamientos, todos ácil~s de obeervar.
1° Dormir ocho horas.
2º Dormir sobre el cMtadoderecho.
3º Tener la ventana del cuarto de dormir abierta,
durante 1.. noche.
4º Tener un tapete en la puerta del cuarto.
5º No tener la cama contra la pared .
6º No tomar baño frío de esponja en la mañana, sino un baño de cuerpo entero á su temperatura.
7º Ejercicios antes del almuerzo.
8º Comer poca carne y cuidar que esté bien cocida.
~º (Para los adultos) no vever leche.

Fi¡. :i-Toilettes de paseo.

5. -TOILETTE DE PASEO,

1"-Modelo en paño griij, con incrustaciones de terciopelo malva bord11do La falda está hecha de tres
volantes y de llna túnica. El cuerpo blusa, bordado
también está formado de una espalda de una sola pieza y de un delaPtero cerrado en medio. Sobre el pecho nudo bordado hecho de dos 'J)untnP.
2ª-Cuello sastre en paño gris fierro, con doble pliegue recortado en dientes. PcqueñoF botones grises
deteniendo loR diente11. Gran collar curado por nn
nudo Luis XVI en terciopelo negro.

SECRETOS DE LARGA VIDA

F IG . 6.-GRAN CAPA DE PIEL .

Imitación de armiño imperi11l con motas. Cuello
avolantado . Cerrada completamente¡ cortada Agrandes pliegues.
F IG. 7,-SOMBRERO RUBENS.

FJg. 9-.Jacqnette de estación
10º Comer grasa en abundancia para mantener laR
celdillas que destruyen los gérmenes de las e11fern.ll
dadAs.
11º Evitar las intoxicaciones, destructoras de todu
esaR ce-ldíllas.
12º Ejercicio diario al aire.
.
13º No permitir que animales predilectos vivan en
los cuartos que se ocupan. Están propensos á llevar
con11igo g érmenes enfermizos.
14º Vivir en el campo,si es posible.
15° Cuidar de loR tres grandes males ó sea de la
bebida, de la humedad y de la corriente de aire.
16° Cambiar de ocupación.
17º Procurarse frecuentes pero cortas vacaciones.
18º Poner limite á la ambición .
19º Dominar el carácter.

Cuando las moras han llegado á
su completa madurez, se les reeoje~
se·les pone en una cuba, se les machaca y deja fermentar.
Lueji!'o que se acaba la fermenta•
ción, el liquido se aclara y adquiereun sabor v un olor parecido á. los
del vrno. En ese momento se extr.. eel licor, el bagazo se lleva ála prensa y el liquldo que escurre semezcla
con el primero.
Con 200 kllos de moras se pueden
fabricar 1001itros de un licor vinoso,
parecido al vino rojo. Si se destilan
esos cien litros de vine, se obtienen,
unos quince de aguardiente de regular calidad.
Como esta fabricación no exige
ningún cnnocimiento especial y está
al alcance de todas las fortunas,
merece estudiarse y practica rse.

\l

FIG,

piel y el huepn, Se ha calculado que una sola mosca
destruye as! 300 ó 400 aceitunas
El coccus alae, es otro ins• cto parásito del olivo.ataca las ramas y lBR hoja 11. Lavando las partes atacadas
con agua de caló rociándolas con petróleo se destru·
yen estos parásitos.

VINO DE MORAS.

·1

Fig. 7-Sombrero Rubens

FJg. 6-Gran capa de piel

Es de fieltro con gran draperia 11lissé bajo la falda
y orlada de blonda en la misma. Faldalevantada,con
un gran broche del que par!e un hermoPo penacho
blanco que alterna con otro negro de avestruz.
Gnn nudo de terciopelo á la izquierda de la copa.
FIG. 8. - CUELLO LOBENGRIN.
Gran cuello en zebelina abierto sobre un plastrón
y detenido en la talla por dos colas de zebeliua.
FIG. 9. - J ACQ UETT Bl DE ESTACI ÓN~ DBlC,ANTERO
De corte militar: muy sencillo y muy 11evero, con
solapas vueltas en toda la extensión y fijadas por
ocho botones fantasía; cuello vuelto, con orla de motitas de 11eda que ae repite en los guarda puños.
FIG. 10,-CUELLO CYRANO.

Es en chantilla y se compone de un cuello Médices
y de dos reversos reunidos por un pliegue doble en
terciopelo mirto. Cascada ne blonda blanca encua-

NUESTROS GRABADOS.
FIG . !.-TOILETTE DE VISITA PARA SEÑORITA .

Es en Jiiel de seda gris incrustada de bordados en
terciopelo gris. guarnición en zibelina. El bolero es
en piel de seda unida. Está drapeado y cerrado de
lado sobr., una Pepecie de reverso aconchado en terciopelo negro. Manga fruncida. Sombrero tricornio
en fieltro neg ro .
F IG . 2,-JA QUETTE CASANDRA,

Es de cheviotte muy fino, con una gran aplicación
bordad11 . Solapas avolantad11s con igual aplicación y
gran cuello ornado de zibelina.

PARÁSITOS DBlL OLlVO,

F IG. 3 . - BOA FARNESIO.

El enemigo del olivo más temiblees una pequeña mosca llamada téc•
nicamente "Dacus o!ae." La hembra
tiene un aguijón parecido al de la
avis,p a, c11n la cual pica las aceituíias v deposita un huevo en la herida i;u~ hace en ella; del huevo nace
un gusanito (1arva) que devora todo el _fruflo, no dejando má s que la..

Se compone de un pequeño boa de pluma negra y
de una gran aplicación de muselina plissée orlada de
pluma, descendier:do en cascada hasta la parte baja
del talle.
FIG . 4.-J AQUETTE FANTASÍA,

Flg. 8-Coello Lohe ngrln

Elegante Jacquette !lastre en paño neutro con bordados estilo renacimiento. El cuello está hecho de
seis piezas y bordado interiormente.

Fig-.10- 0nello CyraRo

�nnmine-o Z7 de Noviembro de 1898.

EL MUNDO.

412

drando lo~ reversos. Nudo de corbata en terciopelo
con la misma blonda.
FIG. 11.-GRAN TOILETTE DE PASEO.
Es de piel de seda azul obscuro muy ceñid&amp;, con un
cuerpo blu11a cerrado caprichosamente á la izquierda
por una aplicación de marta que empalma con •d cuello. Cintura de piel cortada en puntas. Aplicación de
piel en la falda.
FIG. 12. · · J ACQUJ!lTTE DE INVIERNO.
Cortado en triánguloa con solapas doublée de Ra·
tin. Abiertas sobre una camisola de bBtista. U aa
aleta fijada por dos botones fantasla lo cierra en el
talle. Además de terciopelo en panilla en los faldones y en las mangas.

TOMO II

.MEXlCO, DICll!.l\IBRl!j 4 Dlfl 1898

•

NUMBRO 23

OPINION OE UN CAPITALISTA EN MEXICO,
Acerca del Seguro sobre la Vida en

"LA MUTUA" de Nueva York
México, Octubre 3 de 1898.

Sr. D. Dona.to de Cha.peaurouge,

Fig. 11- Gran toilette de paseo.

DIRECTOR GENERAL DE LA COMPAÑIA DE SEGUROS •LA MUTUA.•
l'resente.
Muy Señor mio:
Me nArmito ,i.cuRarlA recibo de los se~11ros por
8300,000.00 Trescientos mil pesos
que a.cabo de tom11r en la Compañía que u,ited repreH::nta en esta República, y obsequiando sus deseod ae
que exponga las razones ~ue he t mido para asegurarme en cantidad tan importante y para preferir t'l
tomarla á «LA MUTUA" á peRar de que mis frecue ,,tel!
viajes á Europa y Eatados Unidos me han dado toda
clal!e de oportunidad para tomar mi sPguro en cual quiera delas grandes Compañias del Muodo1 con gusto le manifiesto que en mi creencia el seguro sobre
la vida toma la forma de una protecciót11 no solo para
mi familia, sino también para mis bienes y negociod
Que tengo entre manos, los que no quedarán sin fondos con que seguir activándolos si les f ..ltade mi personal dirección.
Respecto á haber elegido "LA MUTUA,,, mi personal
conocimiento de sus inmensos recurl!OB, con los cualt1s cuenta para cumplir sus obligaciones, sus métodoa
de organización y los planea atractivos de seguros
que ofrece son tales, que á mi juicio no admite competencia.
En conclueión le manifi!isto que mi intención es aumentar el seguro sobre mi vida en esta Compañía
dentro de poco tiempo, y tendré mucho placer"º tratar con usted este asunto.
Soy de usted 11fmo. 'Y attn. 8. S.
F 1rmado.-C. Eis&lt;&gt;nmann.

Fig 12-Jacquette de i11vit'rno.

MOSLER, BOWEN &amp; COOK,
Cojas de fierro y acero,
Bóvedas y Cerraduras

de las afamadas patentes
JJUEBLES para OFIOI~T.AS,
DESP AOHOS

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tienen la seguridad de conservar siempre lu■ •
eanto1 de la ltellesa y la ~e,oura de la jUTeDta
Tanto en Europa come en .lm6rica, :a uan la
dama■ mu ariateeritiea■,
,

DI mn El

w IIO&amp;OERlll TPEIFIIIEllil.

UN ENTIERRO.
Cuadro de Walte1· Hanneniann

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Cuento de hadas</name>
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                    <text>nnmine-o Z7 de Noviembro de 1898.

EL MUNDO.

412

drando lo~ reversos. Nudo de corbata en terciopelo
con la misma blonda.
FIG. 11.-GRAN TOILETTE DE PASEO.
Es de piel de seda azul obscuro muy ceñid&amp;, con un
cuerpo blu11a cerrado caprichosamente á la izquierda
por una aplicación de marta que empalma con •d cuello. Cintura de piel cortada en puntas. Aplicación de
piel en la falda.
FIG. 12. · · J ACQUJ!lTTE DE INVIERNO.
Cortado en triánguloa con solapas doublée de Ra·
tin. Abiertas sobre una camisola de bBtista. U aa
aleta fijada por dos botones fantasla lo cierra en el
talle. Además de terciopelo en panilla en los faldones y en las mangas.

TOMO II

.MEXlCO, DICll!.l\IBRl!j 4 Dlfl 1898

•

NUMBRO 23

OPINION OE UN CAPITALISTA EN MEXICO,
Acerca del Seguro sobre la Vida en

"LA MUTUA" de Nueva York
México, Octubre 3 de 1898.

Sr. D. Dona.to de Cha.peaurouge,

Fig. 11- Gran toilette de paseo.

DIRECTOR GENERAL DE LA COMPAÑIA DE SEGUROS •LA MUTUA.•
l'resente.
Muy Señor mio:
Me nArmito ,i.cuRarlA recibo de los se~11ros por
8300,000.00 Trescientos mil pesos
que a.cabo de tom11r en la Compañía que u,ited repreH::nta en esta República, y obsequiando sus deseod ae
que exponga las razones ~ue he t mido para asegurarme en cantidad tan importante y para preferir t'l
tomarla á «LA MUTUA" á peRar de que mis frecue ,,tel!
viajes á Europa y Eatados Unidos me han dado toda
clal!e de oportunidad para tomar mi sPguro en cual quiera delas grandes Compañias del Muodo1 con gusto le manifiesto que en mi creencia el seguro sobre
la vida toma la forma de una protecciót11 no solo para
mi familia, sino también para mis bienes y negociod
Que tengo entre manos, los que no quedarán sin fondos con que seguir activándolos si les f ..ltade mi personal dirección.
Respecto á haber elegido "LA MUTUA,,, mi personal
conocimiento de sus inmensos recurl!OB, con los cualt1s cuenta para cumplir sus obligaciones, sus métodoa
de organización y los planea atractivos de seguros
que ofrece son tales, que á mi juicio no admite competencia.
En conclueión le manifi!isto que mi intención es aumentar el seguro sobre mi vida en esta Compañía
dentro de poco tiempo, y tendré mucho placer"º tratar con usted este asunto.
Soy de usted 11fmo. 'Y attn. 8. S.
F 1rmado.-C. Eis&lt;&gt;nmann.

Fig 12-Jacquette de i11vit'rno.

MOSLER, BOWEN &amp; COOK,
Cojas de fierro y acero,
Bóvedas y Cerraduras

de las afamadas patentes
JJUEBLES para OFIOI~T.AS,
DESP AOHOS

Y

RESIDENOI.AS

-~~AS

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AMr1sEPr1cAs

01GEsr1~AS

har~.:.-

IL~º~Rpr. ~-~~~;.d:::E.;~

r

1

g. ""

acttva de los fermentos digestivos y losan•
tisépticos mas poderosos combinados en un!l for•
,ma nueva Y asociados con otras sustancias medlclnalea
Es el mejor remedio para la dispepsia, mala digestión estomacai
é Intestinal, para la diarrea, disenteria, enfermedades del Hfgado, gastraTgias. jaquecas Y en todos lo• casos en que la digestión es torpe y la nutrl•
ción lmptrfecta ó cuando hay Inflamación o infección del Aparato olgellhe O de
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Compuesta de austancias tóntcu y ■aludaltle
eTita las arrugas, refresca el ettl■ y conse"a 1
hermosura de la cara hasta la Tejez, comunica,
perfume delicioso y con au uso diario las 8etlora
tienen la seguridad de conservar siempre lu■ •
eanto1 de la ltellesa y la ~e,oura de la jUTeDta
Tanto en Europa come en .lm6rica, :a uan la
dama■ mu ariateeritiea■,
,

DI mn El

w IIO&amp;OERlll TPEIFIIIEllil.

UN ENTIERRO.
Cuadro de Walte1· Hanneniann

�EL MUNDO

414

LASEMANA
La próxima apertura de la XXIII Exposición
Nacional de Bellas Artei., á la que concurre con
sus obras buen número de artistas espaftoles, nos
promete una deliciosa temporada de Navidad.
Quizá en esta. ocasión la sociedad elegante,
atraicta por los reclamos de la prensa, se decida
á abandonar los esparcimientos y divagaciones
que forman su vida, para dar con su entusiasmo
caprichoso, mundano aspecto á esa fiesta de las
artes.
Y no hay motivos para dudar de la confirmación de esa esperanza, que es la de todos los que
sneftan con el advenimiento del día en que al amparo del gusto público los representantes de las
artes plástica.1:1 envíen á nuestras playas los productos exquisitos de su labor creadora,
Las obras del pincel no son hijas sólo del genio, han menE&gt;:ster la munificencia de los prócere ..
que truecan el oro de las arcas opulentas en espléndidos trofeos. No es posible concebir esa silenciosa tramfusión del alma de un Miguel Angel
á los muros y á las cúpulas, en donde leen los si-·
glos el eterno drama, sin la magiit pontifical que
pone al servicio de la civilización, á expensas del
orbe cristiano, el espfritu indómito del prodigioso inspirado.
Hay una cooperación entre el artífice que se entrega á la contemplación absorta de su ensue:f!.o y
el Mesenas que pone en sus. manos el bloque y
la tela, y le dice: «crea.:.
Y no todos los que son de esta suerte colaboradores materiales del artista, han empezado por
sentir la admiración del illiciado en presenda del
objeto de un culto. Cuántas veces sólo es capricho, ostentación ó moda ese aparente entusiasmo
que más tarde y en la liquidación de los resultados positivos es igual á la verdadera, íntima vocación de u n Cosme ó;deun Lorenzo el Magnífio.
Cita mundana de todas las vamdades y de efímeros caprichos son en las grandes metrópolis
modernaF, las «ventas» de arte y los salones; mas
no impide la superficialidad del móvil primitivo
que á la larga, lo que fué hábito social, se convierta en profunda necesidad del espíritu, fijl1ndose en el temperamento de la raza.
La mundana más dominada por d~vaneos galantes, el banquero, el político prof~sional, Legan en los centros de alta cultura, á sentir como
el último dilettanti del B~rrio Latino, la emoción
artística, honda y sincera, bajo el frac de-eeremonia y la sonrisa ~scéptica.
/IW

Las lectoras de «El Mundo&gt; son, como todas
las lectoras de todos los periódicos latinos, amigas, y amigas muy antiguas y muy fieles, del •. utor de esos cuentecitos, peque:f!.os como un pétalo.
lle nombrado á Mendes, el inquieto cincelador de
joyas frágiles que llenan el secretaire de recortes,
leidos con ansia y releídos entre sonrisas y rubores...
La pluma ligera que ha escrito los «Tres cajones» no es la de un adulador mundano de las mu•
sas galantes. Escribe madrigale8, pero sabe también el secreto de los que levantan monumentos
á la literatura de un siglo. No es de los que viven al día, del renombre efímero que nace en los
boudofrs, y esclaviza el ingenio á las exigencias
de la moda voluble.
Con bizarría de conquistador ha llegado hasta
las cumbres del Parnaso para incorporarse en la
fila que desde Eurípides basta Corneille forman
los poetas enamorados de fa trágica Medea.
Sarah encarnó en el Teatro del Renacimiento
de Paris, el 28 del pasado Octubre, ese personaje
de mujer apasionada, vengativa y criminal, que
sacrifica todos los amores por el amor de un
aventurero sin corazón y sin conciencia.
El estreno fué un triunfo. "Será más feliz que
las Jfedeas, sucesoras de la de Eurípides? pregunta un crítico. Esto no preocupa al autor; ha
escrito su obra por puro amor al arte, del mismo
modo que Sarah la presentó al público para ostentar en un cuadro suntuoso y severo la poesía
de su magnifica dicción. El drama de Mendes vale menos por el interés del poema, por el estudio
psicológico de los sentimientos y de los caracteres que por el gran sentido pintoresco y el extraordinario ímpetu de la pasión. Lenguaje suntuoso y brillantísimo sirve de ropaje á la tragedia, cuya versificación es la de todo un maestro
que posee y maneja con habilidad incomparab:e
los secretos del ritmo."

Domingo 4 de Diciembre 1e 1898;_

Mírase al fin realizado el suefi.0 helénico que
quería ver libre á Creta. Por ella fu:ron al combate 1011 hijos de Maratón y Sala1mma, por ella
· perecieron á millares en los desC1lad~ros de Tesalia y fueron denit111 das á cercén la_s cabezas de
los p11triotas en las llanuras de Lanssa; por ella
se comprometió la moderna Grecia en guerra sangrienta de cuyas heridas todavía no se resta-blece.
.
Arrebatada en sus ensue:f!.os meridionales, guiada
por el impulso de sus s1:ntimientos, quho un momento, opuniéndose al concejo de las naciones,
arrojar e1 guante á su antigua seflora de Turqui11,
quis,, sacar á sus h:!rmanos de las sombras de la
esclavitud y envolver en el manto esplendoroso
del panbelenismo á los elementos dispersos de su.
raza, que gemían en las ergastulas &lt;le Abdul Haruid. Vano fué su primer intento: la Europa monárquíca se opuso á aquellos impulsos generosos,
y la sangrienta guerra greco--turca humilló al
rey Jorge y ensenó al pueblo griego con duras
ensefümzas.
Hoy el regocijo debe ser general. Regocíjense
los corazones ht:lénicos, que resuenen eu las ribe•
ras del Pamiso y en las vertientes del Helicón, las
estrofas olvidadas de Byron; que resurja espléndida y maguífica la figura del héroe de Misolongbi que no pudo saludar á la divinaliéladt:, libre
después de la rota de Navarino, par a bendecir á
Creta, libre de sus ataduras por virtuddelamagnaniwidad casi olvidada de las potencias europeas.
Hoy la sagrada iala queda como reconocido
feudo de ltt Sublime Puerta; mañana tal vez se le
concederá la autonomía, y estemos i:,eguros d~ que
más tarde, correspondiendo á los sucrificios pasados, se agregará como un florún esplendoroso
á la corvn·:1. d~ Grecitt. Hay que teuer fo en la evolución de los pueblos.
*
**
Aunque l'\ crónica registra un nuevo caso de
Si
la
retirada
de
Fashoda
fuern apreciada en
duelo 110 aceptado, no podemos sentirnos demacuanto vale por la Gran Bret1&gt;ii.:1, si el gobierno
siado satisfechos en pui.to á decrecimento del esde Salisbury pesara en cuanto significa esa depíritu de combatividad.
forencia
manifestada por la H.epública francesa,
El revólver y el pulla! desempeftan un papel
activo en las reyertas, y sólo aquellos que no esa correccióu con que se ha manejado el gobier,
no de París,á pesar Lle sus dolencias interiores, á.
quieren leer las estad~sticas del crimen, podrán
negar la existencia de un estado de sangrientR pesar de la inestaoilidad de sus gabinetes; si se
considerara fríamente la actitud asumida por
barbarie en las costumbres populares.
Francia
en la enojosa cuc:stión, huyendo de todo
En Italia, país bien caracterizado por alarmanmotivo
de
dificultades, esquivando con exquisita
te criminalidad, acaba de formarse una «Liga
delicadeza toda. ocasión de desavenencias,, induobrera contra el uso del cuchillo.»
El 12 de Septiembre celebró su primera sesión dablemente que debíamos dar por terminado el
en Roma y en ella leyó Nori un infürme cuya incidente, y creer que las buenas relaciones, que
idea capital es una demcstración de la inefica- han unido á los dos pueblos de aquende y allende
cia de los medios reprtsivos en comparación la Mancha, contiuuarían cordiales y armoniosas,
y por ende nada perturbaría su estrecha amiscon los preventivos,
tad.
,
La policía es impotente para destruir el uso
Pero hay algo en el fondo que acaso empuje al
del cuchillo en l11s querellas; todo lo que puede
hacer es detener á los culpables y enviarlos á la Reino Unido á buscar querella á su vecma; hay algo que se ocul~a á las mirada3 superficiales, que
cárcel para que perfeccionen sus habilidades.
E! úni.:o medio consiste en una campana ex- ensombrece ahora y ¡,uede entenebrecer más adepontánea y popular; todas las personas honradas lante, basta el extremo de producir un conflicto,
deben aprovechar cuantas ocasiones tengan áma- las relaciones de esos dos grandes pueblos que
no para desacreditar el juicio salvaje que alaba en el Occidente de Europa representan las ideas
como valeroso al que arriesga la vida y mata á mí.s liberales, la cultura más 1ivanzada y que son,
cada una por su parte, la encarnación de una raeu adversario.
No es posible pensar sin tristeza que aquí don- za histórica y los porta tstandartes de les grande tantos bienes traería un movimiento de opi- des intt:reses de un gran grupo social.
nión en ese sentido, las sociedades obreras mal***
gastan tiempo y fuerzas en labores anodinas.
Cuando se estudia y se examina ese brillante
aislamiento de Inglaterra, cuando se mira s11
Dick
grande expansión por tod&amp;. la redondez de la tierra, y se veu sus naves surcando todas las ondas,
llegando hasta los más remotos climas para buscar, moderna Cartago, nuevos mercados á su producción y centros diversos á su actividad; nótase
Creta.-Fasboda. - Elaislamiento británico.- La triple sin embar~o, que en esa misma extensión que ha
alianza. -La paz hlspano-amerleana.
tomado ellmperio británico. ha debilitado su fuerNada valieron las protestas del Sultán de Tur- za y gastado sus energías, Por más que en el paquia, nada sus ruegos al Czar de todas las Rusias, s~do afto hayan llegado de los m{ls apartados
para que desistiera. del nombramiento del prínci- rincones de la tierra, donde se asientan las múltipe Jorge de Grecia para eomisario de las poten- ples colonias, representantes adictos á la metrócias y gobernador de la isla de C.reta, manumitida poli á rendir pleito homenaje á su Graciosa Made la tutela musulmana. Allá va surcando las olas gestad y á protestar su !nvariable devoción al
azules del mar Egeo, acompaftado de las bendi- gobierno ·central: las ramas desprendidas de ese
toman
ciones de los helenos que miran realizado al fin árbol corpulento
.
. cada día fuerza y vigor ,
encuentran
Jugos
propios
que las alimenten y se
su suefto de oro; allá va rumbo á Candía, donde
recibirá las aclamaciones t-iernas de los cretenses ven marcadas tendencias al self government que
que han luchado dos siglos por conseguir la liber- han aprendido.
Por rico y opulento que sea el comercio que
tad. El primer paso está dado; ya ha dejado la
tierra de Minos el último soldado turco, el último mantiene el Reino Unido con sus numerosas corepresentante de Jog califas que tuvieron siempre lonias, es palpable el decrecimiento. Las corriensuspensa la cimitarra sobre los cuellos humillados tss de ~iqueza buscan nuevos cauces, se apartan
de la hnea que las eonducía á la madre patria y
de los cristianos.

Domingo 4 de Diciembre de 1~8

D'Anunzio, otro ídolo literario, aunque menos
popular y más discutid.; que el autor de .Afedea,
trabaja también para el Teatro.
El gran estilista italiano como el orífice francés, crea ;-0r el gusto de ejercitar su:i raras facultades, y como él tiene presente en sus obras dramáticas el r1:11ultado de los efectos pintorescos y
la personalidad artística de la actriz que ha de
encarnar sus heroínas; Mende3 escribe para lll
Berbnardt, !)' Anunzio para la Duse, á lo menos
para ella fué «El sueño de una maiiana de primavera.»
Hoy es «El sueno de un crepúsculo de oto:f!.o»
el dramll public,.do por D' Anunzio en Milán.
Una altiva dogaresa de fines del pasado siglo,
ama á un joven que la olvida por la irresistible
Pantea, «cuya piel es tan blanca que parece azulada y cuy as µestallas cubren con su sombra dos
estrellas, la una negra y la otra azul.»
. La amante abandonadit comprende y explica
la infitlelidad, porque sabe que su rival «lo tiene
cautivo entre cojinei! de terciopelo, y lo oculta y
lo detiene, unido á su juventud, como la almendra á la carne sabrosa del fruto.»
Pero la dogaresa no puede perdonar el ultraje
y hace morir á Pantea, en la Brenta, una mañana
que pasa con ~u flotilla de góndolas frente al palacio ducal. En la barca de Palttea brota un incendio que susoende los cantos de la fiesta. Todos piensan en ·salvar la vida y huyen, olvidados de la hermosa cautivadora; sólo uno, arrastra
do por la corriente, grita entre las sombns: «Pantea, Pantea.»
La fábula es acaso banal, mas ¿quién no se de•
ja seducir por la gracia de las imágenes y el tono
de misterio que envuelve la sutil creación del
maestroil

-

ll)olitittt o&amp;tntrttl.

1

van por cost,,s extraftas á b.uscar nuevos rumbos.
Las. últimas not'.ls estadísticas publicadas por el
gobierno central, demuestran una disminución I!O·
table en las import~ciones y otra no-menos sensible en las exportaciones. Los encargados de vigilar ese movimiento colosal notan que día á día
les ell m{ls dif,cil enfreuarlo y dirigirle en propio
beneficio, y por todas partes buscan el modo de
conjurar un peligro i11minente, que se hará cada
vez más doloroso para aquellos que cifran toda
su vida y su riqueza en la ve utura de sus 11aves.
Han podido ob,;erv11r también, que Rüsia, Alemania y l&lt;'rancia, trabajan sin ce,ar con opuestos
intereses; que uno después de otro, cada cual de
sus gobit,rnos, han obtenido créditos cuantiosos
para aume11tar y fortalecer sus sendas marinas de
guerra. A muy cerca de dos mil millones de fran
cos se elevan l11s cantidades asignadas últimamente por estas tres potencias, para el fomento
de sus escuadras. Imposible competir en esa vfo,
imposible, aun para los ingleses, llegar en su ambición á so~tener su marina al grado que siempre
han querido, de poder desafiar por sí sola á la
combinación de dos marinas extrañas. Que corran un poco los aflos, y autes de una década, el
Reino Unido no podrá vencer en los mares á las
escuadras aliadas de su rival en Asia, Rusia, de
su escurridiza amiga, Alema1,ia, y de su enemiga.
tradicional, Francia.
***
¿Será verdad que, para prevenir esas contingencias, busCR. Inglaterra por cualquier medio un
conflicto violento con Francia, par11. eliminar de
una vez uno de estos elementos t:nemigos que se
levantan para lo porveuiri' ¿Será creíble que, conjurada la tormenta. en I&lt;'asboda, por ll\ p1 udente
actitud de los franceses, buscará. la vieja Albión
en Africi, en Asia, en cualquier parte, nuevos
moti vos de eonflicto? ¿Será dit ble que, guiada por
esas idea11 ocultas, empujada µor esos sordos rencores, arrastrada por esos odios profundo~, ha de
lanzarse contra Francia en cualquier momento
que lo juzgue oportuno? Quién sabe! En la actua·
lidad puede contar con que sus escuadras son
superiores á las flotas francesas; puede esperar
que los puertos desguarnecidos del Tonkin se
abran á sus naves triunfadoraE; que las costas de
Senegambia sean una fácil prt:sa; que las ricas
posesiones de Argel y de Túnez puedan ser ata·
cadas por l&amp; potente escuadra del Mediterráneo;
basta puede so:f!.ar con el bombardeo de algunos
puertos en tierra francesa, cuando haya encontrado el pretexto que explique la querella. ¿Pero
dónde tiene ejércitos de desembarco? ¿De dónde
toma las fuerz1:1s de ocupación, cuando su reducido ejército está esparcido por todas las comarcas del globoi' ¿Se lanzará acaso á lev,mtar
costosos ejércitos de mercenarios, cuando Francia tiene buques suficientes para defender su:1
costas, tiene guarniciones fuertes para defender
sus colonias? Se lanzará á derramar el oro á raudales en una guerra que, como dice Lero) •Baulieu muy acertadamente, puede ]'rancia prolongará su sabor?
No lo creemos; mas si así fuera, hay gran vitalidad en la República Francesa; tiene en su abono veintiocho aiios de labor constante, pacieute
y eficaz para res:stir cualquier ataque. De s~guro no se lanzaría á la aventura C!lballeresca,
pero estéril de buscar glorills sobre las ond,1s del
Océano de que son due:f!.os ahora los ingleses; pero sabría defender sus costas, sería siempre duefü. de su propio territorio, y, bloqueados todos
sus puertos, las fronteras belga y alemana por el
Norte, la frontera espa:f!.ola por el Sur, proporcionarían las puertas para continuar su comercio, y Hamburgo, Altona, Amberes, Santander y
Barcelona servirían en gran parte al comercio
francés, ¿A quién aprovecharía, pues, el b.oqueo
de los puertos de Francia, en caso de una guerra
con Inglaterra? A todus meuos á ésta; y mientras
tuviera ocupada su poderosa escuadrn, mientras
guardara f ·ja su atención en su principal enemigo, Rusia, bu temida rival, su tradicional competidora, caso de que olvidando sus promes11s de
Tolón y de Cronstadt y sus ligas de Peterbof y de
París, no entrara directamente á la lucha como
aliada, entrarfa como enemiga de la Gran Bretaña á aniquilar su influencia en el Asia.
Pensando en todo eso, creemos, pues, muy difi•
cil, pero no imposible, la temida lucha anglofra ncesa. Y aunque queden todavía motivos enojosos en el Valle del Nilo, aunque se mire flotar
el pabellónfrancésen las rivernsdel Bhar-el-Ghazal, vi~itadas por el comandante Marcband; aun-

EL MUNDO
que ~e considere esta permanencia virtual de la
influencia francesa como un ataque á los intereses británicos, todavía. seguimos creyendo que
está lejano el dia en que cesen 1as buenas relaciones ocultas, pormentida diplom .. cia, que unen
á estos dos pueblo:1.

***

Hace tiempo que viene notándose que los estrechos vínculos que unían á la Triple Alianza, se
relajan poco á poco, se aflojan y dejan á los pueblos que la constituyen cierta libertad de acción,
porque los más dét&gt;iles pugnau por respirar aire
más libre, que no les ha dejado en muchos años
la férrea imposición de Alemania. Aprovech11ndo la ausencia de Guillermo II, que iba como peregrino medioeval á visitar la Tierra S11nta y á
purificar sus labios en las aguas sagradas del
Jordán; mientras el augusto sob•~rano se eutretenía cabe las ruinas de la casa que habitó la Madre de Cristo, y pronunciaba discursos místicos
en la inauguración de una nueva iglesia luterana, hanse entendido coruialmente los gabinetes
de Parü y de Roma y concluido un tratado de
comercio fovorable á ambas naciones, tratado
que por muchos años se había cubierto de venerable polvo en los obscuros rincones de los archivos diplomáticos. Hanse entendido al fin los
pueblos latinos, hermanos por la tradici6n, amigos
por la historia, unidos con vínculos sagrados;
pues no pueden olvidar los italianos que su unidad y su grandeza ha sido fecunuada lo mismo
con la sangre de los hijos del Lacio, que con la
de los héroes que pelearon en Magenta y en Solferino; no pueden olvidar que en los pasados
días se han visto juntas, acariciadas por la victoria, la bandera de los Saboya y el pendón tricolor de Bon11 parte.
*
*
* un alejamiento de
Si este nuevo tratado marca
sus antiguos aliados por parte de Italia, la expulsión de austriacos del territorio prusiano, indica
de una manera más Bignif1cativa, cómo poi·
otro lado también se desmorona la Triple Alianza.
Italia tratando con los enemigos irreconciliables
de los Hohenzoller y Prusia provocando resentimientos en sus aliados del Sur, en tanto que se
yergue orgullosa sobre los reil!OS alemanes á los
cuales consid&lt;Jra y declara feudatarios, marcan
una nueva etapa en esa unión de la Europa central que ha pes¡¡do por tantos aflos en el equ1lihrio europeo.
Ha tiempo que el centro de gravedad de ese
equilibr"io se trasladó Je Berlín á San Petersburgo, y ya es oportuno qut: 1:se cambio se manifie&lt;.:te en las relaciones de los pueblos.
En tanto, aquel odio de otros días, que encendía
al pueblo francés al solo nombre de los que vencieron en Sedán, se calma y apacigua, ó por lo
menos no sufre las recrude5cencias y paroxismos
de otros días. Habiéndose declarado el emperador
Guillermo, con la venia del SultAn de Turquía,
protector de los cristianos al.,maues que residen
en Siria, Francia no ha sentido exaltaciones;
aunque tiene por autorización del Papa la protección general de los cristianos en Onente, ha
declarado por boca de su gobierno que no intervendrá en la de los alemanes, que vivirán de hoy
en más al amparo del manto imperial de su augusto soberano.
He aquí el fruto recogido en esa procesión
costosa del Emperador á través de las arenas de
Siria. U na recepción pomposa, aunque con grandes sacrificios, en el palacio imperial del Sultán;
ur.a visita solemne á la basílica de Santa Sofía;
una entrada semi-triunfal por la puerta de Jaffa
en Jerusalem; un obsequio de Aodul Hamid, y
una manifestación cortés por parte de sus eriemigos traaicionales.

de Felipe II, donde en un tiempo no se ponía el
sol, se desmorona y cae en pedazos en manos del
vencedor.
·
Dolorosa por demás, es la condieión de Espa:f!.a, que después de sus derrotas ve caer una á
una las joy11s de su corona; dolorosa la condición
del pueblo espa:f!.ol, que reir a, l n tan apurado
trance, cómo se pagan viejos extravíos, antiguos
errores, pasadas desidias de sus anteriores gobieruos, No pudo, á. pesar de inmensos sacrificio~, no pudo sofoc11r la ír,surreccion cubana; no
quiso conceder la libertad é independencia que
reclamaban los insurrectos, y agotada, pobre, desprevenida para 1,. lucha, así la encontró la Unión
Americana, cuando el Congreso de W a~hington
decretó la intfrvención neutral. Fué á fa guerra
por honor; las ·dolcrosas jornadas de Cavite y
Santiago de Cuba la dt&gt;jaron sin escuadra, y así
desarmada, pidió la paz. Acaso pensó que sólo
perdería á Cuba; mas ¡ay! el vencedor, como todos los que triunfan, ha querido recoger todo el
fruto de su victoria, y no sólo ha tenido que abandonar la perla de las Antillas. sino que con gran
dolor, mira perderse para siempre todo su rico
imperio colonial.
¡Cuánta lección para los pueblos! cuánta enseñanza para los gobiernos! El progreso no se detiene; en su marcha arrolladora no cuenta á los
individuos, no mfra a las razaf; sigue implacable
su camino en el eterno desarrc llo dela humanidad.
X.X.X.
1° de Diciembre de 1898.

J5d tamp ad

v1e;; ad .

BARBA AZUL.
II

El barón de Rais fué el 1·esultado monstruoso teratológico dirían los naturalistas, de una época 'de la
que antecedió, de la que fué la noche precurs¿ra del
Renacimiento, dt1 la época macábrica, de la era en que
la muerte arrastraba al mundo_ en una ronda pavorosa al compás de su doliente churumbela como dice el
viejo poema de la danza. de la muere.,; que no dice
churumbela. ~ino charambel11 (v. el ,voff de l\Ienendez y Pelayo). Con razón el Rllnacimientoprodujo en
las almas el efecto de una n,1eva vida, de 111. yid" que
volvía, de la resurrección, il resorgimento que los ualianos dicen.
La muerte para los eont~mporáneos de nuestro magnate era un imán colocado en el centro de la creación
y la ·num_,rnidad era et polvo de fierro que be precipitab:i hacia él. La Igltis1a babia sido implacable para
amedrentar_ c~n la muerte al mundo pecador; quitémoste el adJet1vo, porque todo era pecado, la vida mid·
ma ei:a el pecado ~riginal. Sucedió que quienes ae
a_trev1eron á. desafiar la muerte, que 11acida del Iaf1erno en lod dlas de la serpiente del Paraíso pugna·
ba por volverá su escondrijo arra~trando á todas las
almas, q11e quienes se atrev1an un momento á. pontir·
se en contacto coa Satanás por medio Lle! pecado
vetan tan d1ffcil ya la salvación, que sólo pensaba~
en a1_1u~ar el mal, _en extrem11r los goces de la vida, t'O
exprim1t todo ~u Jugo á la vida de los sentidos, hasta
arrojarla como uu limón sin jugo á las fauces del tentador.
L~ que hizo Rais fué espantoso, fué indecible, no
sé si me atreveré á contarlo, vacilo, ha vacilado la historia, el mismo h,tin del estupendo proceso de noble
bretón, apela al circunloquio y á las frases de disfraz: lo tengo á la victa, es horrendo. Ni el mi~mo
idioma ~e loé 1·ep01·ters. que, instintivamente h11cen
~e 1~ reticencia uu in~~rumento de lenguaie más suJ~st1vo q~e la revelac1on dii-ecta, podría decirlo todo
1&lt;10 sonroJar á los hombres Pues bien, el crimen de
Ba, ba-Azul era. el d11 muchos, era el de todos los seuiJUales, era el de todod log curiosos de sen8ación en
aqt1:ella época de sombra moral, era f'I de las pobres
muJeres que ha_cian pacto con el diablo, era el c1imen d~ 1.. s bruJ&gt;tP, el que Mtche!At ha analizado en su
marawlloao y extraño libro La Soniere, pero el crimen desproporcionado casi con el poder d.i un hombre, d coeficiente de maldad de la naturaleza humana ha lle2'ado ahi á su máximum. coufina con los t&gt;leme_ tod del mito. colinda con BPlzebuth Los otroP
Como lo habíamos previsto, en las conferencias cuando ~e emaucipabau d,11 la relfgiór, dl\lJan ti Palt~
de Paris ha prevalecido la voluntad omnímoda en el abismo; el ablsmo dio el sal~u eu t,J a.ro~ dé R~1 0 •
i¡**
del vencedor. Ni argucias, ni retórica1:1 1 ni discu•
Fué alquimista; buscó la piedra filosofal la buscó
siones prolongadas, han valitlo á los comisarios
con ahiuco infinito; la riqueza absolma e; decir la
españoles para hacer desistir á sus colegas ame- sustancia del ¡:¡oder, del verdadero pod~r,delque~on ricanos de las proposiciones formuladas en nom- vierte á la naturaleza y al hombre, en dos perros echa•
bre de esa omnipotente voluntad. Expiró el plazo dos á nuestros piPs: es el oro. ¡Una receta para hacer
perentorio se:f!.alado para la contestacíón de Es- or~l Todod los charlaLanes, todo11 los sabios, tr-dos los
de la edad que precedió al descubrimiento
pana, y Espafi.a, sin protestas, sin condiciones, eonadores
~el método científico, c1eian tener esa receta. Los aletuvo que ceder á cuanto se le exigía.
Jandrinos, padres mlsticos de la ciencia helénica de
Abandónase :a soberanía espaftola en el Archi- la ciencia humana tenían la fórmula de hacer el 'oro·
piélago filipino; cédese la i@la de Puerto Rico, la los bizantinos, sus herederoe, nos las han trasmitroo:
conocemos, eran recetas de dorador. Y junto con
isla de Guam en las Ladronas y las islas Joló; se las
es_e secreto de la piedra filosofal (era en el fondo l'l
concede una estación carbonera en las Carolinas, m1smo) babia que buscar el dti la vida, el d.- prolon•
se abandona la isla de Cuba, y el imperio colonial gar la vida, el de renovar la juventud. Y todo ello

�416

fi:LMUNDO

constitula "Ja grande obra." Cierto, no podla haber
otra mayor.
Para un loco de grandeza como Rais, para quien
qu ! TÍll. con sus d11rroches dt&gt;jar boqu1-11bit,ria dti admiración y env1d1a á la sociedad eu que vivla, y casi
lo habla logrado, era indis¡ ensable encontrar en el
fondo del criool alqulmico la fuente del Pactolo; era
indudabl11 que la eucontrarfa Se rodeó de peritos en
d arte, de clé:igos, de italianos, encendió sus horooq
y esperó, en pero ... . Todon los signos precursores del
fenómeno 11¡,arPcian, ¿cómo serla la Piedra, la Pana•
cea? De todos los colore11, probabtemente; de todod Je s
color.is en que el pri11ma descompone la luz solar; como que es hija del ¡¡ol,el sulmismo; cllacomo el sol, es la
eterna fuerz • y, por ende, la juventud eterna. Un dla,
descubierto el cri11ol cuidado11ameote, entre el azufre
tin fusión, se vió brillar algo. p111 t&gt;cia un huevo de oro
¡era tl oro! ¡iba á ser el oro! Por fln, por fin ...... unos
m,nutos mb. Avh-ar el fuego, avivar el fuego; la llama lanzó Sud d11rdo11 fgoeo11, los muros tsnrojecieron.
La grande obra ib4 á consumarse ...... Gilles estllba
muáo, teñido el rostro de fuego por el refll'jo, dos
vuntos negros como molécul•s del abismo en d cen•
tro de las pupilas redondas y azules de felino .... Ya,
ya, veamo11. v11amos ..... .Los corazones se rompían á
fuerza. de latir.
¡Qué es, qué pasa, quién llama! Oh! fllror, matad al
irupormnol Un cueri::o resuena frente á las puertas
dtll castil o; un viajero y su séquito pidtlu el puente.
i\lUA pase, que hu., a, qué muera! l!;e Mon~l'ñor el DtiJfin
de Francia que pide hospitalidad al Señor &lt;te Rd. ! Cielos, el Delffn; tragadlo infiernos.-Suena de nuevo
el cuerno .. -¿t,iué hacer? Prec•sa recibirlo; apagad
los hornos. suspended la obra, que no Sil vea, que no
se adivine nad,:. - Vistámonoe, armémonos. pr.,parad
l&gt;1s viandas y el hip.ocras; pue,pue,monseñor el Del•
fin á la casa de ijU hÚbdíto ...... Y entró tll príncipe,
viendo inquieto con ilus ojos de zorra en torno suyo,
escudriñándolo todo, retratando en su memoria par&amp;
siempre, con una sola ojtiada, los detalles del mobiliario y los rasgos más latimos de laa fisonomlas. Monseñor Rl Ddfiu iba a llamarse, en el trono de Francia,
Luis XI. •
Cuaudo partió de Tiffanges el prlncipe insumiso
que andaba de acá para allá en husca de cómplices
en su rebe•ión contra Carlós VII. todavfa activo, á
pesar de sus desordenes seniles, Silles que no habla
consentido en a) udar al hijo contra su padre y su
rey, recurrió á nue"OB g_• stos, á nuevas 1,curas, para
rehacer d milagro que efltuviera á punte de verifi•
carse en su crisol maravilloso la formación del bue•
vo filosófico. Y como ya corría la voz de que faoricaba
oro, y tll queda sostenerlo frtinte á los que le facilita•
han recursos en anticipos de rentas ó sobre Mpotecas
de sus bienes, materialmente hacia correr el oro en
su casa, en regalos, en orglas, en vajillas suntuosas
y 10 arrojaba me:;.clado á la plata viva (mercurio) y al
azufre en el fundo de sus crisoles. Y, nada; el mistnio alquímico no torn11ba á real!zaree.
Entonces tint\ a en escena un joYencito, un damisel
italian&lt;&gt;, traído á toda costa de Florencia por los agentes del barón. Prelatl, a~i se llamaba, era en sus veinte ó veintidós año• una eiJna de ciencia, d-, la verdadera ciencia: en el fondo de la alquimia, ahi donde la
sombra se condensaba en -noche, él por medio de fór·
mulas cabalisticas y espeluznantes conjuros, se ponla
en contacto con el autor mismo de la cieucía, cou Sa•
tanás, la btirplente enroscada en el árbol. del Paraiso.
Comenzaron las evocacione~ enloslaboratorlos de los
castillos de Rais, ó en la negrura de las f61Yas que
los rodeaban, á la luz de la,luua, la suprema bruja, la
que cruza el cielo como una barca de oro tripulada
por las almas de los muertos, ó muestra su faz redonda y burlona á la Tierra que bebe en sus miradas la
luz muerta del Sol
Se ap ,raron las fórmulas, se consultaron noche y
dia ,os grimc,arios, se vislumbraron fantasmas, se escucharun rumores misteriosos, @e percibieron en las
complicadas oscuridades de las construcciones gótic88, lineas, perfiles espectrales en el limbo imprllCiso
que separll la alucinación de la visión real, y nada,
nada en suma; la naturaleza entera, violada, profanada, sacudida, machacada en el fondo del alPlirez mágico no dej~ba escuchar una respuesta, una palabra,
una luz. nitda; sonidos casi irrt1altis, que par1&gt;cfan co•
uatos de lamentos y fugaces condf'n~aciones de sombra que parecían esbozos de fantasmas.

•••
De la exasperación pasó Gilles deLaval á la desesperación; la ruina, d naufragio, el hundimiento más
espRntoso de la vanidad más loca estd,a ahf, á la vista, en el horizonte; eRe diablo si venia, ese si desplegaba y tPndía en el horizonte la enorme membrana
de sus alas negras ¿Que hacer? Prelati, el !lacerdote
del mal, le decla: aún no hemo11 andado más que la
mitad del camino: declarémonos súbditos de Sataná@;
firmad el pacto. El señor filuda!, tenla todos los atrevimientos y todas las superoticiones y alguna vez todas las astucias; Gilles firmó con su sangre un compromieo de servir a Satanás; pero reservando su alma
y la duración de su vida ¿qué e11 lo que daba entonces el magnate? En realidad dió su alma y su vida;
ofreció al rey del abismo, en cambio del poder y la riqueza, sacrificios humanoe, y firmó.

¡Sentirse en la mano del diablo y no verlo, no poder
objetivarlo nu 1ca cuando ee le sentla de11trc.!. . .. ..

¡Trazar cfrculos mágicos, dibujar en los muros eignos
y hieroglifos evocadores, empuñar la e¡,pada simbóJi c11, quemar incienso y polvo ae piedra imán, blan·
dir el candtllab.o mistelioso y pronunciar til conJuro:
"Barron, Belial, Satanás v Beelzebuth, e::n nombre de
la Trinidad, en nombre de Maria la Yirglln, que aparezcáis, que nos habléis, que hagáis nuestra volun·
tad, venid, venid-•1ve11i od roluntatem meam et pa•

ciam tibi quidquid voluerit excepta anima mea et diminutione vitue m ea.

b:l &lt;11liblo ¡,or boca de su pontifice Prelatti pidió sRngre. no ¡,. saugrA de los gallos y dll la11 tórtolas que
ha5ta eutonces Gilles le había t1acrificado, sino san·
gre humana y sangre pura, sangn~ de inoctmtes, san•
gre de niños ... ... ¡Cierto dla se prt'sentó el magnate
en el circulo mágico llevando como ofrenda á Satán,
la mano, el corazón, los ojos de un niño!
Una sombra de muerte cayó sobre Tiffang"s, una
sombra espesa que SEi confundió con 111 vapor de sangre que dti ahf y de ;\1achecoul y de N •lltll~, 11e l'xba•
Jaba sin cesar! La wujtlr y la hija de Gilled de Rid~,
huyeron, no sablan lo que pas11ba, no velan más que
las prodigalidad .. s locas de aquel hombre, pero huyeron. Porque Barba Azul uo es matador de sus es·
posas (no tuvo n,ás que una C11.tar!na dll Thonars) es
un watador de niño~, es un 1;eir11dor implac11ble de la
vida humana en f1or, es la Bestia de Exterminación
En un circuito que 11braz.tba parte de Bre::,~ñ-t, de
Anjou y de Poitou, empezó á s11ntirse un malesuir indd1nibll'; el dolor sordo, iuconsolable é iuconsolado,
de algunos bogare,, ha bia saturado de miedo y lá·
grlmad la atmóeftira· ¿Qué pasaba? ¿de dónde venia la
angustia del pueblo? Hablan d11sapar!lcido algunos
niños y sus padres que los hablan bu8cado por caminos y 11ldeas, hablan eEcontrado mi.dres llorosas y
padres aterrados que contaban la miijma histori.l; en
Nantes misma en la capital del ducado bratón, ae ci
taban caeos de desaparición. ¿Quién se loa lleva?
¿Quién roba á los niños y á l. s 11dolescented? Nadie
lo BRb1a . ..... l'aHor~11 ó pastoras, barqueros del rio,
muchachos y muchachas, parl'cian tr11ga&lt;1os por la
tierra. Por las encrncijadas de los parques, en Jugare~ @olítarios, en las calles eombrillB de la ciudad. se
h11bla visto un hombre disfrazado. luego otros, fre .
cu,mtl'mente una mujer de nombre odioso, la Mefraie
también vdada de negro, y entonces era cuando las
desapariciones llenaban dtl espanto y horror á las familias ..... .
Los ingleses piden n ,ños de Francia, decfan algunos, y hay que dá. setos ... ¿Pttro quién se los da?
Pronto no hubo duda: el pobre pueblo tuvo que hacer
su propia policía y atando Indicios y fijáodo,e en que
las desapariciones se hablan verificado precisamente
en la6 cercanias de los castillos y pos'lsiones del señor de Rais y cuando él ó sus hombres paPab8n s;or
ellos, concluyó que el jovlln castellano de T1ffange11
era el autor de 1u¡uellos crimen11s sin re¡.,a1ación ¡ay!
sin reparación posible, porque era rico y poderoso como nadie. El pueblo sabia, y Asto corrió de barrio en
barrio, de aldea en aldea. d .. boca en boca, tll ! ueblo
s11bia que Gilles ePtaba l'&amp;cribiendo un libro de magia
con eimgre de niños y se lo dedicaba al diablo. Y el
diablo debla eetar satlsf..cbo, quizh no pedia tanto;
yo creo que el señor de Rais le daba horror.
¿Qué hacia este hombre? Sus agentes, suR cómpli·
ces. 111 espantosa Mefralt1, se 11cercaban á los uiños
de diez á vl'inte años les hablaban dll las muavilll&amp;s
,te los castillos de Machecoul, de Tiffaoges, y de grado
ó por fuerza loe llevaban á él, los pre.eotaban amord11z~dos al barón en su propia cámara, que era el
cuarto del tormento.
Aqui empil'u el tartamudeo de la historia. Relatemos rápidamente.
Las victimas, hombreó mujer, generalm~nte adolescentes, eran atadas con una cuerda y suspllndidas por
el cuello d&amp; un gancho colocado en el muro; pronto
empezaba la asíixla y la agonía, entonces ...... Antes
de morir el inocente, era rápidamente descolgado. se
le dejaba volverá la vida, se le colmaba de halagos,
no vela más que sonrisas. Cuando ya parecl11 recobrado, uno de los cómplices le amordazaba rápidamente de nuevo y el mariscal d11 Francia, el guerr11ro
de Orleans y de París, se a"rojaba sobre él cuchillo
en mano, lo cosfa á puñaladas, alguna vez le rompia
el cuerpo con una e11taca, le descubría las entrañas,
se detenfa, volvía, era el artista horrendo del asesinato y la crueldad: un Ntrón, un Tamerlan habrlan vuelto la espalda. El señor de Rais espiaba el avance del
dolor y de la agonia, las ú1timas claridades de la vid!i
en los roJtros, la invasión á oleadas rápidlls de la
,wmbra. Y rela, rela y sus cómpllcl's relan también;
lo que da compasión en un animal, en el toro, que ya
destrozado interiormente por el e3toque de uno de
esos repugnantes histriones de la sangre y de la
muerte, se empeña en no caer y 111 través de su11 ojos
vdados parece lanzar una suprema mirada de desprecl9 al matador; todo en fin lo que despierta ó la
piedad ó la repugnancia. ó el asco en la naturaleza
humana, era lo qne aquellos hombr"'B encontraban soberanamente risible y divertido. Raís se sentaba muchas veces eobre el pecho de sus victimas para espiar
hasta el oostrer crispamiento de la agonía
J ll'spués se decapitaba al cadáver y se reunía en
jurado aquel grupo satánico, único probablemente en
la historia del crimen, para decidir si aún era hermoso el rostro después de la muerte .... .. Hemos bajado
salvando detalles impoeibleAdereferir,hasta .-1 último
peldaño de esta espiral del Infierno La esca!R sigue
hacia abajo, pero oculta :va por las aguaa del MarMuerto, ahí donde, rRducidas á c .. nfzas, IAa ciudades
nefandas fueron sepultadas por 1a Ira del Seifor. Todo el fuego que las ab1 asó habrfa sf&lt;to poco para la cámara ensangrentada del barón de Rala.
CnRndo la inesperable tragedia habla t"rminado,
cuando, 111 demonio que aquel verdugo tenia sentado
Pn los riñones y que metia sus mil tentáculos 1&gt;or todos 1011 canales de eu eangre emponzoñada. y que se
asomaba al rostro con los ojos verdes y la boca llena

Domtn,ro 4 de Diclemb!"fl tffl 1R!l8.
de sangre y de baba, se habla hal'tado de aquel eepectácuto 11in igual, entonces el matado:: calarendldo
en su lecho y sus cómplic&lt;'S ee apresuraban a lavar el
pavimento, 1011 mur0t1, 1011 muebles salpicados de 11angre y eu la chimenea 11testada de enormes tueros encendidos, iban quemando a pedazos á aquellos má r,
tires cuy as alm11s airadas, dice el hi11toriador de R ais,
deblan clamar venganza ant11 el Dios d ti la misericordia, Si, de veras; la ju11t1cia á veces no put1dt1 couctibirse sino bajo el aspecto tle la venganzit
Un acto como el que acabamos de describirá medias ¿habrá dej'ldo 1oco de remordimiento y de o&lt;tio
de si mismo al homicida? ;Locol J11más lo 1:stuvo¡j1tmás perdió la conciencia del mal que bacta, ni la iuteligencia neta del alcance de su culpa. Claro que no
era un normal; ciare que el suyo 1'8 un caso de patologia moral d11 teratología. ya lo dijimos. pero no era
ni siquiera t:l loco moral de Lombro~so; se sabia res •
ponshble. tenia m1fldo á la justicil,. esperaba atrapar
al morir la puot11. del cable de l• at rición, que baja 4
la tit&gt;rra por uu escotillón del cielo. 1Y tenla relámpagos de r .. mordimi11utol D" cuando en cuaudo se le
11orprendlll vagando por ha sol11dadea de su; castil los ó dfl sue tiflrras, exh11lando grito3 d11 dolor. ¿Pero
no soñaba e~te hombre, D1011 w ,o'' l:"undó por 63te
tiempo nna fiesta dejicada á los Santo~ Jnocent,.s.
tlmplol H zo celtib, ar cou tona po1upa "n 11u capilla,
llena de inoce.,tee tambit\o, que la cuchilla habt .. ptsrdooado, pero no el pecado, una misa solemnlsima d Hrlicada 111 diablo en BPlcreto Alll donde habl11ba de
Dios, del Altísimo, de S.1.b'fSth ,.¡ ritual. alil decfa. Harron. Blllial, 8atán. el mol vado Y narla. y uadit: Harron. Belial, Beelzebtith no venlan; y Gillt's de Laval
Sil hundla más en el abismo Cuando 11e víó obligado
á vender uno d,, sus ca•tilloR, hizo bajar al fon&lt;to de
un subterráneo á 11us cómpl1cee y de Ahi, dfl un lo ' O
nauseabundo extrajeron 10• hueovs de ochenta . 11criftcados los condujeron en lúgubre procesión por el
Loire hasta llegará&lt; tro castillo en cuyas chimineas
incineraron los desp&lt;&gt;jos de los niños, que no representaban ni lit mitad de los que hab1an Pido martirl•
zados
Y este ultraj~ iaverosfmil, increlble si no estuviera
comprobado por las d .. claracioned conteete11 de los
testigos y por la conft'sión d~l ml¡,mo reo, duró y per•
duró Hubntiempoparaque se formara laleyenda,para
qu11 se esfumar,in
el vapor d11 sangre las llneas d,1
la fi11onomla d .. Rqis. pua que el pu~blo cantara en
suP f1esta11, endecha11 de dolor y dti odio, antes de que
l111gara el Juez .... H11bonecehidadde una imprudencia del barón. de que atRcara en uua iglesia á los que,
en nombre del Duqu11 de BretHñ•, se hablan apodt1ra•
do de uno de sus ca11tillos, rara que unll mano de hle,ro, aunque ron el guante morado del Obispo, cayera
sobre él. ...

"º

*·•

La Iglesia suele desempeñar en las edades feudales un papel divino de justicia; inqui, iJora, per~eguldora de hP-rejes y de bruj-ts suele ser odiosa por ignorantll, por despiad11da; pero cuando se iergue frente al barón feudal y arranca al débil de la mano del
hombre de presa. entonces es augusta .... Lo fué en
e, proceso de Gille111 aglomeró lits pr,1ebaa, lo obligó
11 conf~sar, lo arrodilló ante ella, pidiendo perdón á
Dios y á los hombres .... Y ya maduro para la muer
te, lln vista de sus clamnres penitentes. le levantó la
exMmunión v lo entregó á la ju$ticia del duque.
Gilles de R!iis fué sentenciado a morir en la hoguera. pero era un ,rran señor, pero era un mariscal de
Francia. pero itún durante el proceso, cosa inaudita,
se le habla permitido 11lu'iir la prueba del tormento y
no murió quemado sino que antes fué extraagulado
sobre la hoguera misma,¡Yungrupodegrandeeseñoras bretona11 que uo euu ay! las infeliclls muchachas
de Pléeur, recogieron el cadil.ver sobre la hoguera y
le hicieron funerales cri@tianosl Cuánto habrla goz11do este hombre que era un abc.,so de vanidad, que
l'xclamaba enfáticamente: •oadie ha hecho lo que he
hecho yo,• qu11 se sentla org-ullow con el espanto que
producla. si se hubiera visto objeto de estos honores!
Ohl si hubiese vivido el ttirrible Barba-Azul ,in poco
antPB que Dante. con qué voluptuosidad de indlgoa•
clóa s11blime lo habrla hundido en su infierno, liÚn
desp11 é 1 de las ab~oluciones rte h lgle-ial Rleplsodiu
de Hugolino, el devorador de rne propios hijo3, palidece ca~i al lado del crimen del 11i,ñor de Rioi ➔• ¿Stlrá
posible que no haya habido un infierno para él?
¿Por qué este furor de castlgoi' Porque fué el profanador absoluto del dolor y rle la muerte. No por
matRdor, sino por ......... En 111 fondo de la gran sala
de bóvedas ojivales, alta .v fria. en que se juzgó á
GilleR de Lava!. señor de Rais, habla en un altar un
crucifijo entre dos cirios encendidos Al pie dtii altar,
delante de una mesa tendida de n11gro, estab1m sent11•
doa I0R ju11ces presididos por el Obisi,o de N an1ee,
Juan de Male~troft. Clérigos, nob les, criados del Duque de Bretaña é individuos del pueblo, se aglomera•
ban 11n PI otro 11xtremo de la nave. En el centro, el ¡¡eñor de Rais, horriblemente llvldo, pero con voz alh y
clara hacia pausad,imente confesión de sus aelitos;o cho
ó más años de crimenes sin nombre desfilaban 1tnte
aquel grupo de personas. que ya lo sabian todo por las
declaraciones contestes de los cómplices pero que es•
cuchaban atónitos .... Cuando llegó á loe detalles nefandos del martirio dReus doscientas victimas, el silen•
cío tomó el carácter del estupor, ha11ta los muros parecían más mudne de lo que eran; la luz gris de Ül'tubre
que penetraba por loe vitral11s no parecfa la luz de e~te mundo . . .. ~ntonces los jueces se levantaron A un
tiempo, hic!Arnn callar un minnto al reo coofeeor y
el 11nciano Obi@pQ, con las m• nos trémulas de Pm0·
ción y de horror, cubrió con un velo negro k efigie
de Cristo ....

lJomll:i,&lt;o 4 &lt;1.- Dicrnmbre de 1898.

EL MUNDO

4L7

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Domingo 4 de Diciembre de 1898.

EL MUNDO

418

•

41 9

EL MUNDO

Puente colgante t-n el riu de A.tarasquillo, construido por el Sr. Teniente de Ingenieros Rodrigo Garcta.
EL CAHPA.MENTO.-Terrenos de la hacienda de lJocoapa.

EL.SIMULACRO DE GUERRA

¡rarse del orden y hermosa pn•pectiva de Jas tiendas. alineadas en una llanera y muy cerca de la mon•
tañll,

EN

SA.N NICOLA.S PERALTA..
El Colegio Militar emprendió la expedición dP. Pste
año el dla 16 del mes de Noviembre último y bl 27 dd
mismo hizo un simulacro de guerra á inmediaciones
de la Hacienda de Sao Nicolá11 Peralta.
Acompañaron al Colegio en su expedición de práctica dos comoañias de Batallón de Zapadores, un escuadrón del 10º de Caballería y unll sección de Ar•illerria.
El campamento de las fuerza11 expedicionarias aparece en uno de nuestros gubad:&gt;~. Por él puede juz-

Hubo varios ejercicios militares de táctira y tiro J1\
blanco, colocándose á, te á dlstancia11 de 1000- y ¡j{K;
m .. tro,.
Desde que llegaron los alumn ~R al lugar del campamf'nto empezaron á construir las foniflcac'ones pa8aj .. ras y dos puentes requP.riiio, por los planes 11stratégicog objeto :&gt;.e la expedición.
~l Tenieme deiogenierus Jorge Ménd1-1z dirigiS h
construcción de un reducto d11feusivo, sobre uua loma,
aprove~hando con intelig11ncia la condición dd wrre
no. El reducto constaba dfl cinco caras de veioticmco
metros: tres de ellaP, contados sobre la cresta interior,
con relieve de un mf'tro 40 centimetros de ancho y
un metro de profundidad.

El fo o tenia 2 metros 40 centlmetros y p otundidad
variablP.
Las otras dos caras del reducto eran deforma triangular.
Un perfil llamado de Versailles coronaba laobra,Pn
cu.v a organización se aprovecharon los elementos siguitfotes: dos barbetas para una pieza, y dos cañone•
ras; un 11blockbou11e," reducto, una tr11vtlrsa encupltal
y una linea de palancas de 10 metros que protegla la
entrada de la obra; dos abrigos para tiradores en la
trinchera intMior de la gola, con buf'n'IR defensai, 11ccesorias á saber: 36 t.rampaR de Jobo, 480 metros c11adrados de red de alambre, 40 metros lineales de aba,
tid1111; habiéndose empleado para el revestimiimto de
los taludes interiores del parapeto, ceEtooes. fagin11s,
zarzos, adobes y céspedes, y para proteger la cabeza
de los tiradores, aspilleras formadas con sacos de tierra sobrl'I el plano de fuego.
El total-'~ excavaciones que se practicaron fué de
1261 metros cúbicos, siendo el nromedio de hombres
que trabajaron diariamente 110, pertenecientes á las
compañias de Zapadores.
En estas obra11 hici1-1ron su práctica H6 alumnos.
Duró la construcción ocho dias, habiendo formado
el plano general el Tenientt1 Méndf'z.
El Teo,eotfl de la Plana Mavor Facult,dva Rodrigo Garcla, dirigió la constrÜci:ión de un hermoso
puente suspendido sobre el rlo de Atara11q11illo que
corre en una barranca de seis metros de pr.. fundldad.
Se emplearon d;s resiRtentes cables dti cáñamo de
cuatro ceot!metros de diámetro y dos ¡rnodes caballetes para apoyar el tablero ,obre los ca bles.
La construcción fué sencilla y se utilizllron pocas
vigas y tablúnes.

El puente tenia una extensión de 1ó metros de lar,go por 'l .50 rte anchura
Desfiló primero la Iufanteria para l'Xperimentar su
-resist~ucia, calculándose ésta en 5 toneladas por lo
menos.
Después pasaron los dragones y los carros.
Terminóse el puente en seis dlas trabajando en él
algunos zapadores y naciendo sn práctica el cabo Joaquio Maaffs y alumaos Manuel de la Cuesta y Nicolás
Martioez que en la clase de Pu,..ntes Militares y For. ticación Permante, presenent11ron buenos exámenes.
Algunas veces lus sr,rpnmdió la luz dd alba trabajandtl con el Teniente Garcia.
Además se construyó un puPnte de soportes flotantes de 39 metros de largo por 2 metros 62 centimbtrus
de ancho, sobre un ojo de agua. que se halla cerca de
Cocoapa, para el paso de las trt-111 armas y se colocó
una pasadera de barriles de 16 metros de largo por
1.73 de ancho, para el paso de lainfaoterla solamentfl,
La construcción del pr ente, que fué muy delicada,
por haberse calafateado la madtlra, duró ocho dia• y
fué dirigida por el Capitán Francisco Aguilar, haciendo su práctica el alumno Gustavo Acosta.
La pasadera de barriles de que hemos hablado fué
botada y construida en 11 boraa.
El simulacro fué dirigido por el General D11n
-Juan Villej?'as, f ormando su E,tado M11yor ..1 Te
lliente Coronel Bernardo Pa1afox y el Capitáu Fortiuo
Dávila.

Los alumnos hablan abandonado su campamento á
las ocho de la mañana y á las diez comenzó la acción.
Según el plan del combate, se debla atacar el reducto defendido por el enemigo, en movimiento en•
volvente v simultáneo.
El redu"cto se hallaba en una pequeña loma eepar11da
de otra loma de mayor extensión,!\ cuya falda está la Hacienda de Cocoapa, poi un 11mplio camino carretero.
Al Sur de esta segunda loma. ha:,. otraemioencia que
es la dominante, estando separadas ambas por el barranco que sirve de cauce al río de Atarasquilo, .v so •
bre el cual se construyeron los puentes de que antes
bemos habl~do.
l!:l enemigo, representado por unB Sección de Zllpadores, ocupaba el reducto p ovi11to de artillería. Previendo el ataque había hecho cubrir dos puestos a van•
zados con infantería y uno con caballerla, deja:ido
también una guarnición de dragones en la Hacienda
de Cocoapa.
A 500 metios de distancia de loA puestos avanz.• dos
se hallaban en linea de colocación de compañf11, las
tios compañías del C.&gt;legio Militar y las dos de Zapl\dores estando la Artillería y Caballeria en 11us rebpec·
ti vos pu1-1stos.
Comenzaron los movimientos al toque de ataque. La
prim11ra compañia del Colegio avanzó siguiendo la
dirPcción de la vertiente de la pequeña loml\ situada
al Sur del reducto, es decir hacia la izquierda,:v la se
gunda compañia avanzó de frente por el camino ca-

DPsfile después del shnnlaero.

rrt&gt;te1 o, en tanto qne las dos compañlas de Zapado•
res Pe apod-,raban del cerro de Atarasquillo, que co•
mo de mayor elevación ofrecia grandes ventajas. La&amp;
avanzadas del enemigo se retiraron combatiendo.
L'l- caoalleria de loe as11ltantes se dividió en do.a
alas, avanzando por derecha é izquierda 1\ través de
JaR lomas. para ::nirse en el punto opuesto al de su
prim.,ra coloJación, despuéd &lt;le efectua:- el movimiento eovolvent1
La llrtfl leria llev11 ba un 11ostén especial deuoueccióu
de Z·1 padores y otra de R uralea del Estado de México,
avanzó para ¡ranar la loma de Atarasquillo y como !a
pendiente es f 1cil llegó á situarse bien protegida e1n
ser viijta por el reducto. Apareció en la eminencia,
cuando las dos compañia11 de Z'lpadore11, desplegando
en tiradores. avanzaron de nueve psra protegerá 11u
VPZ á los alumno~.
En estos momentos el fuego se generalizó y los
11saltantes fueron trepando á la loma del reducto slu
cesar un sólo m ,mento el fuego. Por fin a~ completó
el envolvimiento y el enemigo, antes de verse eatr ·
chado en circulo más cerrad(), abandonó sus posiciones y emprendió violentamente 'la retirada.
Entonces cariró la caballería para perseguir á los
prófugos. rePpuéa de que una de las secciones desalojó al destacamento que guarnecía la Hacienda de
Cncoapa·
Los alumnos estuviPTon muy diestro&amp; fin todas la1
maniobras, demostrando ijU gran aprovechamiento.

(Fotografias tomadas por los Sres. A. Saldívar y A. l\Iartel.)

11

Hora del rancho á la o:rilla del ojo de agua de Santa Catarina.

�EL M{TN1)f'

420

UN ijETEOROI~TERESANTE
[Colab01acl6n)

Domtngo 4 deDic lembre de 1898

1

Domingo 4 de Diciembre de l¡'S:18

EL MUNDO

halo se fué disipando. y á la 1
habia des11 parecido por completo.
El grabado que acompaña á esta11
liut111s es de fotografia directa
11 btl'uida por el director del ObserV .ttoriu de la Escuela Nor·
wa.l para Profesora!'. Represen·
t11 únicamentA una fracción del
halo porque de otro modo se h11bri11 velado la placa. En este ob ·
servatorio se ha seguido obte·
IJiendo fotogr11fias de nubes,
exh-titmdo clichés verdadera·
meIJte curiosos é interesantes.

El sábado 19 del pasado Noviembreá las 11 l 45 minut•&gt;s de la wi.ñana se observó en esta capital un fonóm,mo meteorológico muy curioso y cuya vnific11.cióa 110 e11 muy frecuente. Ese fenómeno fué un halo
i,l cual comí.te en un circulo colorido QllP r"tl..-a al
Sol por todas parttis á. una distancia de 2:2º á 46"
Nadie desconoce el experimento qu., conb1,;te en
hacer pas11r un haz de rayos solares ll traYéS de un
pri~ma de crist11l ó de ttal gema, lo que trae consigo
la descom¡;osición de la luz bl11nca en los siete color~s del e11pectro: rojo, anaranjado, amarillo, verde,
azul, índigo y violeta, que se veo claramente en PI
UN ENTIERRO
arcu iri~. Pues bien, e~tá. demostrado que estas nubecitas filamentosaR y blancas, suaves y tramp11rent,s 4u" se llaman cirrus, están formadas por cristales
Los arfütas afectos á la «pindc1 nieve. Y no podia ser de otro modo teniendo en tura de géuero,• vense naturalcuPnta que la temper11tura de aquellas regioves es m.,nre nblig11dos á. escoger, code 60° bajo cero, como lo han indicado los in,trumen- mo a,sun o de sus creacionl'S, los
to~ re¡nstrado-es env'ados Últimamente desde Parle a..:ont11cuniento:1 mas concretay B••rlin en "dobos sondas." Resulta, pues, que la m.,nte rtsaltantes de la vida hu•
iuz blanca del Sol al atravesar esos prismas de hielo mana.
Asi, desde el inmortal Fortuny
puede pro,lucir variados meteoros ópticos.
El silbado 19 del mes próximo pasado, el ciPlo de hasta los novlsimos escolares de
México se hallaba cubierto por u,,a capa finísima de las academias alemanas, han pinci-rrus tan fma y tra~pareute que á traYé3 de eH11, po• tado repetidas veces bautismos,
día obaerva::se perfectamente el htirmoso azul dPI ai- matrimonios y sepelios.
re, y esa es precisamente la nube apropiada para la
Es evidente que en esos ac,mtecimientos que marcan, per de•
cirio asi, las t-tapas de la vida humana, es donde más resaltan las
!ltmsaciones y costumbres de una
época.
Es bien s11bido que la pintura
cuenta en Alemania con aventajado11 cultivadores, y muchas es·
cuela A de ese pais se dedican con
especialidad á la •pintura de géi::ero •
El cuadro que hoy ofrecemos
á nuestros lectorPs. se debA á. un
joven pintor de Weimar, ,valter
Hannemann, y repres..,nta _nentierro, como fácilmente se comprende á. primera vista.
Las figura~principales son dos
mujeres-viuda é bija-que es•
tán en el dintel de la puerta por
donde el ataud acaba de salir pa
ra ser conducido al cementerio.
En torno de ellas varias gentes
del pueblo forman UlJ semicirculo, y las miran con profundacon·
verificación del halo. Además, PB preciso que la cria- miseración.
fantasía del espectador vuet,alización del agua se b11ya velificado con lentitud, laLa
al mirar el cuadro y las b.&gt;nd11s
~in que el'viento la haya turbado, pues ~i la cristali- emociones
de su pecho
ración es rápida los cristales no result~l_l trasparen• expontá.ne~ surgen
mente.
tt,R ni regular11s, y el meteoro no se verifica.
Desde luego secomprPndeque
Según M11riotte para q,ue el balo se verifique debe
la escena pasa en una casa hu•
h..1ber unos cristales en po8ición tal que reproduzca ·milde,
en una de esas grandes
,.¡ mfnimum absoluto de desviación de loe rayos, decasas de obreros que abundan
hiAndo encontrarse el Sol a una distancia angular de en
Alemania, La viuda y huér·
2 ,0 io-ual á. ese minimun de dedviación.
fan&amp; ocupan mejor posición que
El "circulo de 22º que se produce al rededor del Sol, los
demás habitantes de la cay c¡U" puede produci~se también al rededor d~ la lusa; eso se vé en su .distinción
IJ&amp;, iiene la zona rnJa por dentro, de~pues sigue la
su traza.
1111aranjada, Juego la 11marilla etc, basta llegar á la y l'n
Y hé aqui, que ante el inmenso
violada. que fo1 ma la zona ext11rior. !:le ve por esto dolor,
esos c-breros olvidan sus
de los. colorrs PB á. la invnsa ~el
de proletarios y comparten
411e Ja ~isposición
arco-ins,
en el cual el r, JO queda por fuera y el v10- odios
muy sinc..,ramente la pena de 1011
lat\o por dentro.
deudos. Tal vez les sL-va de conJ.&lt;:n el halo observado en México el dla citado el ro- suelo
propio. ver que la muer'
jo, el anaranjado, el Bmarillo .Y el verd~ eran clara- te tambiln
hiere á. los que están
mPnte visibl11s; el azul, 111 ind1go v el v10lado forma.han una zona confu11a que se pt&gt;rdia entro el fondo arriba.
F.l colorido del cuadro es de
hrillante del cie!o El fPnómeno fué sin t'mbarg-o muy una
frescu-a maravillosa.
hermoso. Como á las 12 y 30 minutos de la tarde el

otro, en fin, (Y esto era causa de m/\s de una
preocupación entre las muchachas de la aldea,)
que la había visto en el palco de un teatro llamando la atención del público, por lR cantidad y
tamaño de los diamantes con que se adornaba,
tanto como por su hermosura.
A cada ur,a de estas noticias, el bueno del padre Guichard suspil'aba y elevaba los ojos al cielo, suponiendo piadosamente cuál era la causa
de tales psosperidades.

............. . ...... . .................. ...

Cmm del Sr. Jtlannt&gt;I Bnch

Nt

l:a Glorieta Colón.

(Jasa del Sr. Othon Ver,:es en la calle
de los Inválidos.

Un.a prima mensual.
Accediendo á la Policitud de muchos de nueFtro&amp;
favorecedora!!, El Mundo Ilustrado, volverá ó. repHrtir entre los subscr1t.&gt;rt1s desde el mes próximo un"ºlumen mensual como prima, según se babia estado
haciendo anteriormente
En consP.cuencia, sólo daremos un p\i.Pgo de novela
en el cuerpo del periódico, suprimiendo las cuatro p:iginas adicionales que sustituyen la prima en volllmen separado.

La XIII Exposicional Nacional de
Bellas A.rtes.
La próx:ima Exposición de Bell11s Artes ee el tema
obligado que ocupa actualmente la atencióa de nuestra. sociedad.
En consecuencia., El Mundo Ilustrado fiel á su
pro¡Z'rama de registrar con todo esmero los asunto3
del dia, ofrece ásus lectores unasección especi11l, profusamente ilustrada, que se ocupará. dPl espPrado
1ocontecimiento artlstiro y que empezara á publicarse desde el próximo número.
Piezas para las Posadas.
Anunciamos á nuestros lectores la próxima pubii ·
cación en estas columnas de un juego completo de piezas de baile para las posadas.
Todas esas piezas son inéditas y escritas especialmente para los abonados de nuestro semanario á
quienes como en otra ocasión hacemos este obse·
quío,

-¿Qué quieres, muchacho?-prt&gt;~untaba con
-earifi.osa voz el bueno del padre Gmchard, cura
de la pequ,iña p irroquia de «L,i, Fl~che,» á
un rapazuelo de cinco anos, que demasiado pe•
queño para poder tirar de la campanilla, apo•
·r,.eaba con todas sus fuerzas la puerta do la casa
c~n una piedra enorme para sus manecitas.
-Sefior cura, le traigo un recado de la tía Ger•
vais-dijo con aire de misteri?·
.
-¿Y qué quiere latíaGerva1s?-a~ad1ó el buen
•cura acariciando las sonrosadas meJ1llas del pequen.o que impresion~do por la p_resenci~ del seftor cura se había qmtano la boma, deJando al
aire una maraña de rizos m~s dorados que las
mazorcas J.e maíz de los campos que rodeaban el
presbiterio.
-Pues .... me envía ó decirle que Collinette
se ha marchado.
-Bueno-repuso el cura.-Pues ya volverá;
andará de correrías por el bosque.
-No-dijo el rapaz con aire convencido.-¡No
volverá, porque se ha marchado con un sefior!
-¡Ah! Cómo es eso?-dijo alarmado el padre
Gnic.hard.-Vamos á ver .... txplícate claro ...
·Qué seilor es ese?
-·Un eenort-afi.'ldió el chico encogiéndose de
hombros.- Uno del c11stillo de la Vrilliere que
iba en su coche.
-Pero tú lo has visto?
-Sí1 seilor·1 yo estaba con Nícol cogiendo hierba para la ca bra, cuando la vimos pasar_en el coche por el camino de Orleans .... Por cierto que
nos saludó con la mano-afladió el pequen.o con
•cierto aire de satbfacción.
No quiso oír más el cura, y temiendo _alguna
desgracia irremediable para 1:1quella loqu11la de
Collinette, cogió apresuradamente ~u sombrero
y el paraguas y se dirigí~ á ~oda pnsa á casa de
Ja tía Gervais, donde hacia uempo se bailaba Collinete encargada de servir á los parroquianos
los jarros de espumosa sidra, tan apreciada por
los bebedores de aquella lccalidad.
La desgracia era cierta.
Cimsada de sufrir los contínuos rrgan.os de la
tía Gervais, halagada por los requiebros é impulsada por sus instintos de lujo, babia cedido á
las tentadon1s prr,mesas de un huesped del castillo, compailero de armas del hijo del marqués,
haciendo tal vez más fuerza en su corazón de 1!)
ailos los engom11dos bi¡rotes del elegante militar,
que los dicharachos y las rudas maneras de los
mozos de la parroquia.
La tía Gervais se lamentaba amargamente de
la ingratitud de Collinette, á la que había !ecogido al morir sus padres, per_o sus lamentac10nes
tenían un gran fondo de ego1:;mo, pues no era
el menor de los alicientes los ojos de Collinette
para el contingente de mozos que se reunían por
las tardes en la tabe1·1ia de la tía Gervais para
trasegar á sus estómagos enormes jarros de si·dra.
El padre Guichard hizo algunas tent:tivas pa_ra
reclamar á la fugitiva, pero no obtemendo nmgún resultado desistió de ello, encomendándola
devotamente á su Angel bueno.
Poco á poco se fueron olvidando de ella, y pasados algunos afios no faltó quién, al regresar de
París, asegur~se que la había visto una mañana
por el boulevar con un g:i-an sombrero ll~no . de
flores· otro juraba y perJuraba que la hab1a visto
en un' magnifico carruaje un día de carreras, y

En el afio de 188*** surgió un grave conflicto
entre los vecinos de la parroquill de «LaFléche.»
Se acercaba la fiesta de la Asunción, patrona
de la aldea, y las obras de la iglesia se habían
paralizado por f11lta de dinero.
El arzobispo nada µodia dar, ni quería pedil',
pues estaba mal con. el mi11hterio, por las recientes órdenes sobre ltt ensefürnza.
El Consejo municipal Ha radical y se negaba á
toda entrega de dinero, y p11ra colmo de desventuras, el diputado se empeilaba en que la tiesta
se celebrase en la iglesia de la paaoquia vecina
«L'Hardouille,» p11ra vengarse de «La Fléche,»
que le había negado sus votos en las últimas elecciones.
Todo, antes que ~ufrir esta humillación, ·pues
«La J&lt;'Jéche» y «L'H11rdouiile» eran rivales desde
hacía siglos y po&lt;!as eran Ins romerfas en que no
había golpes y descalabraduras de cl:lbezas entre
-los mozos da una y otrl:l ¡.,arroquia.

421

bían dt-spedido sin darle la más pequeña esperanza de obtener los suspirados 15,000 francos.
Atolondrado y sin saber ya qué resorte tocar antes de volverá «La Fléche» con la c11beza b11 jaá
dar cuenta de la ineficacia de sus gestiones, y
donde seguramente sufriría mucho su prestigio
y sería objeto de las burlas y sarc11smos de los
tres ó cuatro librepensadores de la localidad, que
no dejarían escapar tan propicill ocasión para
martirizarle, se dirigi ó como última esperanza á
c11.sa de un antiguo amigo, con el que siempre había seguido amistosa correspondencia, no ob, t mte las diferencias de ideas que los separaban.
Autor dr1tmático muy en boga y avezado á todas las truhanerías de la vida de París, 11cogió al
buen cura con los br11zo• abiertos, le co11vidó á
a lmorzar y oyó pac.ientemPnte el rel11to que éste
le hizo de su infructuoso vL,je y de sus fundados
temore~ de no obtener nada.
-¡rifi querido Guic.hard! le dijo su amigo. En
el asunto que tanto te interesa, sólo veo una manera de que puedas salir airoso: un poco difícil
es, por la condición de la persona á ll:l que debes
ir á ver .... . . pero, qué diantre! todo antes que
«L'Hardouille» triunfe, como tú die.es.
- Y esa persona es,-preguntó el cura.
-La amiga favorita del Ministro de Cultos.
-¡Oh, oh!-exclamó el bueno del cura, poniéndose mAs colorado que una amapola.
-Sí, sí; ya comprendo que te ha de ser algo
duro el tener que recurrirá ella ... . Pero es buena muchacha y en s11 clai;e, de lo mejorcito que
pasea por el bosque de Bolonia. Además, á todas
estas mujeres les gusta hacer ostentación de su
influencia con los imbéciles que por ellas se arruinan, y no hay una que no se jacte de tener sentimientos religiosos .... Decídete, y ¡quién sabe si
-de un tiro matarás dos p:ljuos, volviendo al redil á esa oveja descarriada!
-Cómo se llama?-preguntó el cura.
-SAbelo Dios! Ella se hace llamar la señora
de Va\noble, y por este nombre se la conoce en
l&gt;t vida gal11nte. Dicen que guardaba ovejas en
no ~é qué pueblo, y que su primer amante la hi- 7,

j

A g-randes males grandes remPdios. Tal fué la
símesis del discurso que pronunció ante los notables de la parroquia el padre Guichard, · quedando acordado que saliei;e inmediatamente para París á fin de impetrar personalmente del ministro de Cultos los 15,000 francos que faltaban
para·Ja completa terminación de las obras de la
iglesia.
Once días llevaba ya en París el padre Guichard y con espanto veía que estab:t tan adelantado como el primero.
Nada había podido conseguir.
Había subido escaleras, hecho antesalas, visitado al ministro, al subdirector, al director tal y cual,
y unos con sequedad y otros c.ortesmente le ha-

zo educt.lr cou tvdu esmero ....
La verdad es que cuando se.presentó hace algunos ailos en París, sus magníficos ojos nrgros,
límpidos, rasgado,, brill~ntes comq pocos, y de expresión verdaderamente eüloquecedora, causaron una revolución en el Jockey
Club, en el Sport y en la alta banca, y á los pocos
meses ya tenía un hotel y m11gnificos diamantes.
Por ella se han arrµinado cuatro ó cinco estúpidos, y últimamente, lord .S *'** se suicidó en Mó·
naco abrumado por el spleen y sus desdenes, después de hqberla paseado por Italia y Rusia con
el tren de una princesa real. ... ¡Pero es buena chica! .. ¡Buena chic.a! _. .
·
Mientras así se expresaba su amigo, luchaba
el bueno del cura con mil encontradas ideas. Repugnábale acudirá tal persona; pero el llpremio
del caso, y cierta esperanza s~creta de ganar un
alma para Dios, pues todo sacerdote ti, ne algo
de misionero, abogaban en fa.vor de la proposición, y sobre todo, lo que mAs espoleaba al buen
sacerdote, era el temor de no ver aquel an.o cele•

�•
422

lr.f,MUNDO

Domingo 4 de Diciembre de 1898.

cuando muchacha á los piés de mi cama en «La.
Fléché.»
-Pues eso es fácil-contestó con bondadosa
sonrisa el cura.-Deja aquí todo esto y yo me en- cargo del cambio.
-Hoy no es posible-ailadió la joven lanzando un suspiro-pero más adelante yo us juro que
acudiré á vuestra bondad¡ mientras tanto, dejadme las seftas de vuestro domicilio en París, y per••
donad que os deje, pues voy á ocuparme de vuestro asunto.
A la maftana siguiente, un portero del ministerio entregaba al padre Guichard un sobre en el
cual se encerraba la orden de pago de los 15,000 ·
francos para la terminación de las obras en la
iglesia de «La Fléche.&gt;
Al mismo tiempo dejaban de parte dela seilora
de Valnoble una caja cerrada, con encargo de que
no se abriese hasta llegar á la parroquia citada.
La llegada del cura al pueblo fué un acontecí•
miento, y su fama creció cien codos, con gran
despecho de los librepensadores del lugar, que
no comprendían qué resortes podía haber tocado el cura para conseguir tal éxito.
La estupefacción de los vecinos de «La Flécbe»subió de punto al poder admirar el día dela fíesta una magnífica piel de _armilla que cubría las.
gradas del altar mayor y un p:-ecioso frontal bor•
dado de oro, que hacía juego con la casulla del
oficiante.
Lo que más llamaba la. atención de las coma- ·
dres de la aldea, era un corderito, cuyos ojos los
formaban dos hermosos diamantes en el centro,
de los bordados del altar.
-¡Qué preciosidad, seftor cura-decían entusiasmadas-qué hermosos ojos . . ! ¡Cómo brillan!
Y contestaba el bueno del cura, con sonrisa un
tanto enigmática:
-Efectivamente, son muy hermosos aquellos,
ojos • . .. ¡Cómo brillan!
brarse la fiesta secular de la patrona en su querida iglesia.
-Desde aquí se ve su casa-dijo el amigo que
maliciosamente había llevado al cura á las cercanías del «Arco de la Estrella.»
-¡Ea! Buen ánimo y á la noche ya me contarás el resultado de tn entrevista.
-¡Todo por la «Fleche!»-affadió soc11rronamente, y cruzando la calle, dejó al bl¡.en cura,
plant-ado frente á un hotel de magnífica apariencia, morada espléndida de la buena amiga del
ministro de Cultos.
No fuero11 largas las vacilaciones tlel padre
Guichard; apretando su breviario contra el pecho y confi11ndo en éste y en sus cabellos blancos, atravesó con paso rápido el anchuroso vestíbulo, y subiendo la escalera de mármol, cuajada de macizos de flore~, se hizo anunciará la sefl.ora de Valnoble, Una doncella de aire desenvuelto y remangada nariz le hizo entrar en un
saloncito tapizado de telas japonesas, no sin advertirle que la seffora podría recibirle, pues aún
estaba en el ba1io, lo que no dejó de aumentar las
confusiones del cura. Pocos momentos aespués
volvió á buscarle, y llevándole al tocador de la
seffora, le rogó que esperase un poco, pues la seftora saldría en seguida.
El lujo maravilloso que le rodeaba en muebles
cortinajes y alfombras, los mil cachivaches que
cubTían la mesa del tocador colgado de raso azul
y encajes, y cuyo uso no podía adivinar por más
que los miraba, lo suave y templado de la temperatura, y sobre todo, un perfume fuerte, acre
y verdaderamente sensual, que acortaba la respiración y hacía latir las sienes, que saturaba el
ambiente con ráfagas embriagadoras, aturdía más
y más al pobre cura, que ya
casi si:1 arrepentía de haber
idc cuando alzándose una cortin¡ se precipitó en la estancia una nube de gasas, enea•
jes y lazos de color de rosa,
que envolvía á una mujer her•
mosísima, de amplias :y-esculturales formas, apenas cubiertas por tenues gasas, y cuyos
ojos negros, grandes, rasgados magníficos, se fijaban en
el c~ra con cierto cariñoso respeto.
Al verla, el padre Guichard
dió un pa,so atrás, y alzando
los brazos al cielo exclamó con
el mayor asombro: ¡Tú! ¡Collinette!. . . . . . ¡Ahl ¡Desgraciada! ..

-¡Yo misma, seftor cural-contestó la joven
inclinándose respetuosamente y llevando á sus
labios el extremo de la faja de seda negra que
ceftía el cura.-Pero sentáos-aftadió para rom•
per el hielo de aquella impensada entrevistasentilos 11quí, seftor cur11, y decidme á. qué debo
el honor de vuestra visita• .
Un poco repuesto de la sorpresa que había experimentado, y tranquilizado, en parte, por los
modales respetuosos y deferentes dela joven, empezó el padre Guichard, con voz aún balbuciente,
el relato del asunto que le había llevado á París.
-¡Oh! . ..Si no es más que eso-aftadió Collinet•
te-podeis contar con que es cosa arreglada: aoy
mismo hablaré á Pablo .... perdonad, quiero decir al seffor ministro, y mafiana tendreis la orden
de pago en vuestro poder .... ¡yo os lo prometo!
Podeis creer, sefior cura, que me considero muy
dichosa pudiendo hacer algo en vuestro obsequio
y en obra tan meritoria ...... Más de nna vez suspiro acordándome de las inocentes fiestas de «La
Fléche.»
-Qué, no sois feliz?
-Feliz? No, seilor cura; este mismo lujo que
me rodea me ahoga más de una vez, y aunque
mis caprichos son ley para mis ..... .p1'otectoi·es,
esas mismas atenciones me atacan los nervios.
Mirad-dijo golpeando con su diminuto pié, coquetamente calzado con una chinela de ra&amp;o veis esta soberbia piel de armiño que me sirve de
alfombra .... ? Pues procede de un manto real, el
que usó en su coronación el rey de S ...... y que
lord Stais compró á peso de oro para ofrecérmela
como recuerdo de las fiestas de la coronación á
que asistimos ... Pues bien: de buena gana la cambiaría por la deshilachnda alfomtrita que tenía

MUXAN DE BEAUVILLER

MADRIGALES
I
A. UN AS. VIOLETAS,

Dulces violetas del color del cielo,
Que cultiva la mano delicada
De aquella por quien lloro,
Más desdeñosa cuanto má11 la adoro:
Si por ventura, unidas tiernamente,
Ceñís de Laura la serena frente,
Decidle mis dolores
Y aplacareis ¡oh flores!
De mi cruel adorada los enojos:
Pues ella debe amaros, cuando os dieron,
Su alma el aroma y el color sus ojos!
II
DESDEN.

Corté una blanca flor, de mi ternura
Slmbolo puro, y la ofreci á mi dueño;
Ella, con rudo ceño
Entre su mano, que la nieve imita,
Crüel la toma y aja su blancura ......
Lejos de si la arroja (¡oh ruego vano!)
Cayó la flor marchita,
Pero al caer le perfumó la mano!

III
A UNA. ROSA.,

Pura, fragante, hermosa,
Reina serás del blanco ramillete
De tiernas flores que mi fe le envía!
¡Cuánto envidio tu suerte ¡oh dulce rosar•
Nacer te cupo en venturoso dial
Llega y al seno cándido que adoro,
Donde serás de amor purpúrea enseña
Lleva de ar.oma el virginal tesoro
'
Que la aurora al nacer te dió en exceso:
Que Laura, en cambio, te dará risueña
Miel de sus labios al calor de un beso! '

IV
INVIERNO,

Duermen bajo la escarcha en la pradera.
Del invierno crüel á los rigores,
Soñando con un sol de primavera
Las aves y las flores .....
Asf, del alma en la estación nublada
Acurruca.de, trémulo de frío,
'
Duerme soñando con tu azul mirada
¡Oh Primavera! el pensamiento mio ....
FRRNANGRANA,

Do mh1pc 4 de Diciembre de 1898.

Es el ronquido horrible. el estertor humano de aquel
maldito animal; si, por mi desgracia lo oigo dentro de
mi á todas horas.
¿Lo oye usted? Pero no; usted no puede oírlo. Y ¿no
seria posible por algun medio hacérselo oir á los demás? ......... .
......Y acaso serla inútil, porque los señores curiales se han empeñado en cometer una injusticia.
Pero ya pasó. Volvamos al asunto.
¿Que si me empeño en Bl'guir sosteniendo eso que
ustedes llaman fábula? ya lo creo; es la v11rdad: yo no
he dado muerte á una mujer He extrangulado eso si
-una venganza fosta, exquisita, dulcisima.-á mi gata
morisca; pero yo lo sé bien, no hay en el Código un
articulo para ca11tigar el asesinato de una gata.
Usted no puede pensar como los dem~s, porque no
es vulgar.

EL MUNDO

...

bugia ni la agrietarían por todos lados, con sus mordiscos.
Si deseeperado por el insomnio, encendia luz para
leer, ya no los veria cord_endo junto á las paredes en
busca de sus madriJ?"Ueras, deelizándoRe :,,ápidos, eilen•
cloeos, como si sólo fueran siluetas, aéreos, fantasmagóricos.
Acaso ni sal drbn. J 1icen que les huele á gato.
Soñé cen el silencio.
Pero ¡ayl asi como lo oigo abora,asi lo oi aquella noche; mire usted como se me erizan hasta los pelos de
la barba.
No era el ronquido natural de todos los gatos Era un
ronquido estertoroso, era la quPja acompasada de un
enft:rmo que dormita. Un lamento salpicado de ronquidos. Lo principal l'ra el lamento, y sólo como la harmonía el go, goriteo, el ronquido e.pumajoso de eeosfelinoR domé.tiCOP.
Mas aún;.;.sabe usted? como si en una misa de re·
quie111,, el mismo muerto rezara, y los frailes le hicieran coro con sus voces cavernosas.
Los ratones me pisaron.
Tuve paciencia; la dePperté moviéndola sobre · la
poltrona;-me causa horror aquella poltrona cuando
la recuerdo.
Tendría alguna pesadilla. ¡Pobre!
En efecto. me miró, eomo las personas á quienes se
despierta repentinamente, cuando tienen una pesa•
dilla.
Deeputl-s se desperezó v acurrucose de nuevo.
Cubierte hasta la cabeza, entrecerrando los párpa•
dos, comenzaba á ensombrecérsfme la inteligencia, y
de Dl'evo se l.:vantó en medio del slle.ncio el maldito
quejido.
Pero ¿qué tPndria aquella gata? ¿Padecerla algún
mal ffsico? ¡Qué sufrimiento moral la turbarla el
sueño?
Otra vez, y otra más la despnté; mevefa tristemente y volvla á hu!ldirse, volvia á perderse en aquel para mi insondable oréano de su sueño.
Y siempre, en medio de la silenciosa obscuridad, se
alzaba aquel lamento salpicado de ronquidos, como
se hiergue en medio di'! templo obscurecido por negros pañoe, el catafalco cuajado de flamas amarlllentas, severas. tristes, pavorosas. El silencio era un paraleliplpedo truncado, ¡ayl muy irregular-mente, es•
pantosam.,nte truncado por la voz de aflicción de
aquella enferma; porque de seguro estaba enferma.
Entonces sentí curiosidad: seria útil saber que enfermedad era 1a que provocaba en un gato ese quejl•
do humanizado; un caso patológico curioso.
Y la dejé pasar PD mi pobre cuarto el resto de la noche. á costa de mi tranquilidad.
¡No estaba Pnfermal
¡Me repugnó y la odié!
-¡Llévatela, lej9e de aquí, y regálala, mátala, haz
lo que quieras de ella, pero que no pase aqui la noche; prefiero los r11tones,-aún cuando me devoren
hasta á mi" mismo-le dije á la vieja, y se la llevó en•
vuelta en un saco.
Al lh•gar tranqullo en busca de mi duro lecho-eK
higiénico ¿verdi,d Doctor? el colchón duro-alll estaba, alli instalada en su roltrona favorita.
Oiga.me usted: si todavía está en casa esa poltrona,
que la quemeB; no qni~ro encontrarla ahora que
vuelva,
Se levantó y encorvándose, alargó la mano izquierda
como lo hacen algunos chiquillos para saludar á sus
conocidos.

Mis defensores se empeñan en demostrar que estoy
loco para que no me lleven á. jurado . ¡Vaya una manera de defender! pero usted hará. justicia, usted informará en conciencia, y me entregará. á los jueces; y
el jurado-usted lo verá,-el jurado me absuelve:
¡Si no pueden, si no deben condenarme!
Verá usted:
Aquello era ya una burla: no esperaban la noche
paradesllzarfaeraoie sus diminutas cavernas, cautelosamente, sus cuerpecillos color de sombra; no, á todas
horas, en pleno dia, se les vela trepar por mi mesa, y
por mis estantes, asi~ndose con sus rosadas manos á
los lomos de los libros ó á 11111 molduras del mueble.
Y después, en mi habitación, lliempre tranquila, ese
ruidito que hacfan sus dientes, dientes de roedor, contra las hojas de los pobres libros, rasgaba por todos
lados el silencio.
Y un dla, la sirvienta la llevó. Fué en
la mañana, cuandc- me aseaba para salir.
No corrió á escondersfl temerosa bajo
algún mu..,ble; subió confiadamente á una
vieja poltrona, y se instaló alli como un
amigo que visita á otro.
Atentamente me observaba; y como
vergozanda de que su pelaje parduzco no
estuviese bien limpio, comenzó tambien
su toilette; se pasaba la mano repetidas ve•
ces por la cara y se asomaba á inspec•
clonarse el pecho, Juego, CQmo para consultar, me mfraba, y volvía á su tarea.
No me causó mala impresión. Hasta llegué á acariciarla. Enarcánaose me dió
las gracias.
Y eso, qufl nunca fui amigo de los animales doméatícos.
Siempre he gustado de ver tra~ las rejas
de una jaula, a1 m11gestuoso carnicero rt·
volviéndose inquieto, bramante, furioso,
por no ser libre y no poder hincarme sus
zarpas y suR dientes; las caricias torpes,
empalagosas, del perro que nos retrata en
el traje sus manoR asquerosas, oh . ... siem...._,, .,
pre me han repugnado.
' , ''~-' i
Llegó la noche.
(;.Por qué llegó?)
¡Qué felicidad! Ya los roedores no turbarian mi sueño,traveseandosobre mi cuerpo; no cenarfan con las estalactitas de la

423

La vieja sirvienta me lo dijo: la habfa llevado por
,la-tarde muy lejos, á la casa de una comadre, y al anochecer habla vuelto.
• -Pobrecita, no la eehe ueted. mi' e como vino de
tan lejos; quién sabe si ahora no lo moleste.
Y yo pensé; l'n verdad. quizá e~ta noche esté más
tranquila. Puede haber sido pasajero ese estado de
excitación nerviosa Veremos.
No sé ~i fué que me venció el cansancio. ó realm~nte ella estuvo tranquila en las primeras horas, pero
después comenzó.
Al principio, entre suAños, fue como el ruido que
hace un Insecto que ee nos mete en nna oreja, y fué
creciendo, creciendo.

í

¡Ya! el mismo qut&gt;jfdo, el mismo ronquido estertoroso, el mismo lamento de muerte, y haciéndole coro
los ratones en los libros; algunas veces, me parecía
que con una risita chillona se burlaban de mi.
Calculé en la obscuridad adonde estaba la poltrona
y ¡zas! le arrojé la novela que estaba en mi buró. Lan:
zó un quejido débil: ¡esl' el era de gato!

Y cada vez que el lamento mddito'volvfa
á revolotear como asqueroso murciélágo nor
la alcoba, le asestaba un nuevo golpe· la bujía, la palmatoria, rollos de papeles, en el
paroxismo de la desesperación hasta mi despertador, fueron á rodar sobre ella ó en las
inmediaciones.
Afortunadamente amaneció aquel día más
temprano que otros.
. . . No parecía guardarme rencor,Me miraba con pupilas tiernas, inmensamente tiernas.

y

'

�424 -=-===========~===~~=======2E:!L~MU!![N~D~0:?;·========-=---~~=_:,;0::,:n~m:,:i~n,:;,~~n.;:4;,.;rl~A=n~i=~l=P==m=b=r..e"'1=~--1898
__._
Primera un pinchazo en la nariz, luego
sacarle un ojo: el otro no, para que pud1e·
se verm~ á mi, ásu verdugo; perforarle la
lengua, cortársela y prenderla en sus propias garras; y para burlarme de ell~,. cou
RU propia mimo. srpar11da ya, acanctarle
la carilla para lavársela. Y luego sacarle
el corazón para saber cuAl era la causa
de sus dolores.
¡Ja, ja, jal Ahora si creo que me estoy
volviendo loco
Abl si no hubiera Códigos y jueces, y
pNicias, vería usted cuantos hombres mat• bao á otros asi. con esa crueldad. Yo
no; ¡yo no he matado á esa mujed

¿Se ha fijado usted 11lguna vez como miran A su
amante las mujeres of,mdidas por él mismo, cu11nao
va á llegar la reconciliación? Pues asi.
Alg1ma vPz me parPció que 1&lt;aliRn de su pecho susJ&gt;iros que procuraba ahogar ¿Ese dolor que sofocaba
durante el dla en la plemtud de sus facultades. era
el que por la noche, cuando la fatiga la rendia, hada
explosión?
A menudo me diri¡z-la sus miradas, con aquellos
ojos 11xtrañamente brillanted y atractivos como los de
una tísica.
Llegué ll. pensar ~i estarla aquPlla hembra Pna~orada de algún hom~re, y generalizando con fal~cta,
en su rudimentario mteJecto. como lo hacen los mños
que llaman papá á todo hombre que ven, me confundirla con el objeto de PU amor.
No comió; en su poltrona pasó largas horas arro·
jando por la ventana sul'miradas pardas, y dejándolas irá perdene á lo infinito.
.... Allí la encontré de nuevo la tercera noche.
No iba con exitaciones, nada de estado morboso;
en estado normal.
No bien sepulté la luz de la vela en la obscuridad
de la alcoba, cuando brotó de su pecho el maldito
quejido. Culebreaba por el suelo ó trepaba hasta el
techo por los ángulos diedros de mi aposento como
lo hactan las ratas.
O salia en espirales que se elevaban como el humo,
y a~!, as! era, gaseoso, transparente, pero negro, muy
negro.
Lamentaciones de joven enferma, dolorosos quejidos de mujer moribunda, pero muy humanos, más, so
brehumanos; como la voz de un muerto que reza en
su misa de requiem y le hacen coro los frailes con voces cavernosas.
¿Qué me importaba ya averiguar qué ejercito de
fantaEmas pasaban bailando dauza macabra ante sus
pupilas romboides, cuando corría el tdón de sus párpados?
Sus dolores me hacian sufrir, por egofsmo; yo siempre hf'I sido muy egoiPta. Aunque ¿quien es alt•tJ.idta
en el fondo, -sincerameme?
.¡No cree qs•ed qne puede haber habido desequilibrio fn sus facultades mentales, Doctor?
¡Figúrese usted, qué ridiculo! Con mi traje blanco
dti dormir, pisando sin hacer ruido. y con la mano derecha, cogida por la pitrte posterior del cuello para
que no mti c. usara daño, la endiablada gata, esa endiablada.
¡Aquello fué horroroso!
Ya no era el quejiuo dJ niña enferma, de mujer mo•
ribunda.
Era grito desesperado de mujer furiosa.
Algunos congéneres suyos, atraídos por los gritos•
llegaron
Imbéciles!
Tomaban aquellos lamentos por los ahullidos de la
hembra en celo.
Se Je acercaltan y se les arrojaba encima, llena de
odio, fiera, aterradora, y l::s ht:ría.
¿Pod1a yo acaso durmiri'
Le abrí.
A pesar de que SUR pitos eran de mujer, usted
comprende quti no esfAcilconfundir una gata con una
mujer, digo por el tamaño. No tenia remedio.
Yo 110 t1mdria temores de que viniese como en el
Gato ..Negro á retratarse la figura de la victima en la
pa, ed que estaba á la cabecera d~ la cama. No _me
· arrepentirla como Poe en 1'U persomJe, de haber eJercido esa venganza justa. C,,mo el p11r, tio de Byron
que colgó de, cit-lo de su cama la espada con que dió
muerte á un pariente suyo, colgaria yo la calaverilla
de la gata.
¿Usted ha vibto un cráneo de gato? Son curiosos
¿verdad?.
Y lo h11 hiera hecho, si no me hubieran aprehendido.
¡Qué justicia!
¡Pobre paisl
Si no fuera porque deseaba dormir y porque tenía
miedo de salir con las manos acar1enaladas, la hubie•
ra dado muerte con crueldad, como dicen los timoratos.
¡Cómo me habria deleitado con sus sufrimientos, ya
que ella me habla causado tantos.

Fué obra de st&gt;gundos.
Allí estaba, en la sombra, brillándole
fm,fóricamente los C'j08, chispeándole comn dos faros lt1janoS,í la vió usted?
Fué la última vez tn que me mi~ó con
sus pu¡,ilas ti ero as, inm_ensamentti tu,r~as
y podero~ameute atractivas. como de 0J&lt;,11
dti tiEica.
A mi nadie me quita que sus miradas eran amo•
rosas.
Eso me exasperó má~.
,
La acaricié,y cuando Petaba confiada, rAp1damente
le oprimi el cuello con ambas manos.
l(Muerta!! Parecía que :va antes había matado á ot:-as
por el mismo método ¡qué seguridad!.
.
_
¿Esto? ¡ah! es verdad; una convulsion lah1zo aranar•
me. Yo creo que fué sin intención. Me ha d. haber
agr~decido que la libertitse de la vida
Y arrojé su cadáver á la puerta de mi cuarto.
Oh, si he sabido lo que ibaá pasar, a~tes me lo ~omo
Eso dicen: qne alli á la puerta de m1 alcoba m1de.·able, se encontró el cadáver de una mujer con la11 huellas de la extrangulación.
¿Y no puede haber sid.:i otro PI criminal? ¿No puede ser una de tantas comcidencía3?

El alina es como arroyo cri•talino
que de una cumbre inacce~ibl~ urranca
en busca de los mares del dei;tmo:
corre suave ó febril se dPsbarriinca;
y en vario modo e~ con diverRa suerte
agua que se desborda ó que se ebtauca.
El alma mía. rt&gt;t.-mplada y f11ntA
á golpes de dolor, .tOr~ente h 1 111do
,
que furioao lanzara himnos cte muerte,
v que después por el amor vP_ncidn
se arrastrara á tus pié~ cual 111erp&lt;1 loca,
pronta ya á dar el tentador ~ilb:do.

... f;;;~t~ct-~~-~~¡;~i~~- ~~~·¡·¡~é· ~¡ i~t~~-~~..q;;·~·;:~·;~~:

di, ¿verdad?

FRANCISCO ZARATBI Ru1z.

PAGINAS DE LA MODA

s; te espanta t&gt;I rep_til, la magia invoca

de tu mirada eléctrica; y al p1111to,
arrancando una fuentt&gt; de lll roca,
resucit11ndo á Lizaro difunto,
barAs que del reptil brote uu alarlo
sér celtistial de harmónico co0Ju1Jto,

como el Fausto viejo y acabado
brota del F1msto .. moroso, y como brota
el arrtipencimiento del pecado . . .
La illf ncia que pasó, la edad rPmota,
que siempre destilada cae "¡ pozo
con la monotonia de la guta;
y luego mi ilusión de incauto mozo
41111 se de11vaneció cual hu,uo al viento
dejándome un hastío en cad&lt;1. gozo;
todo ello p11ra mi fué 2 caso 111iento.
pero impulso no fué se_r nunca JJurln
ni amor, ui voluntad, 01 pem11m1tlt to.
Sólo tú, sólo tú rompes el nudo
de mi suerte fatal; haces qun Pn flores
retoñe a f,n mi conu.ou di,.11udo;
y logras. con~olaodo mis dolo!ªª•
que 1111 l'temlce pero no envt-Jezca
con el tiempo el aU1or dtl wis 11mures;
logras que ya j'lmás se desvanezca
m1 e1 ót1ca i!Ubtón: que no concluya,
sino más bien quti con el tiempo crezca......
Pueda qu11 el tiempo "'olador destruya
hombre11 y monumentos y ciudade11.
puede que el alm'a. hasta los cielos huya:

es justo que en mis cánticos se esfumen
siquiera dti tu ima~en los perfilti"
cuando la11 horas dd dolor me abrumen,

***

425

EL MUNDO

AMOR NUEVO.

puede que indePcriptible11 tPmeestades
sacudan t'Ste muudo en su cimiento
y llegue el fiu dd fiu dti 1as edades:
pued11 que se desquicie el firmament9,
mas tú subsistirá~ en d Dios mismo,
hecha amor, volui,tall. y p~nsamitmto.
Hecha amor. Por un mAgico espejismo
te veo coU10 palma en las arenas,
como rayo dti sol en el abismo,
y así en las horas de 111 fci serenas
creo que llegarAs á ser guirnalda
de mi glori1t y consuelo dt, mi11 penas ....
Hecha al par voluntad, sobre tu falda
recostaré mi frente pemadora
ó de 1&gt;scabel te ofreceré rui e~palda,
hast:I. que llegue la esperada hora
de lucha diaria, y me 1::ctimulo 1::ntonces
de tus ojos la. luz que es 11,z dtl 11urora.
Si te molesta el ruido de los b1011ces
ampárame en tu cido y hat1 que gire
la pue.ta del perdón sobre sus gonces ....
H .cha al par pensamiento, PI que se inspire
caate á los Roplos de tu sacro llUIDt'n
y tu bond11d y tu belleza adwire:

Mire usted: yo cre&lt;' que el v1-cino que cieclara que
me vió entrar del brazo de una mujer, es el mismo
asesino, el mismo homicida, que ha querido pe1judlcarme.
A mi cuarto de estudiante nunca ll11vé mujeres; yo
le juro á usted por .... por el alma de la gata, que no
había visto ese cuerpo asqueroso, lleno dtt m11ncbas
y cicatrices, horrible, hasta que Jo vi en la plancha.
Si antes la hubiPra conocido puede ser que si la hubiese matado por fea y por asquerosa. pero no.
¡Ob! rinda usted 1tu informe favorable; que me lleven á jurado. Y se harlL la luz.
El jurado - usted lo vE-rá-el jurado me absuelve.
No soy un homicida; soy u1.o hombre que ha matado
una gata.
O que se aprendaá todos los que han matad,, gatos.

Domingo 4 de Diciembre de t~

puesto que tú. mientras la miel destiles
del amor, lograrás que confundido!!
estén á tus at&gt;riles mi11 abriles ....
Te amo como la cuerda á los sonidos,
cual las sombras al actro te des-:o,
pienso en t1 cu11l las a ve11 tin sus U1dos;
y hasta creyese en Dios si fuera atPo,
al escucharte h ~ blar como te eecucho,
al verte fulgurar c&lt;,mo te veo ....
Cuando lo quieres tú me rindo ó lucho:
y asi oblánnote en fin mi fuerza vana,
poca 68 la frase y lo que bieuto es umcho;
porque al ver en tus c&gt;jos la mañana
alborear de mis dias de conrnelo.
como quien t-chi:. A vuelo uua c~mpana
echo también mi corazón á vudu 1•••.
JOSÉ R. UH :&gt;CANO.

i'ig. l. - Gran capa de lujo.

FJg. 2 . - Traje de tertuUa.

Fig. 3.-Elegante traje de casa.

J_...,A VANl:DAD.
Sin que puPda nono&gt;rse Pn dil'cmión ni por un momento es iodud&amp;ble quo Dios pudo y debió hacer al
hombre más p!'lrfPcto.
Esta imperfección depende probablemente de que
quiso h11c..r la obra tan de plisa, que muchas y muchAs &lt;'0~11s BA 11' qnedMron en el tintero.
Debió á mi juicio empl11ar en vez de 1'eis dias unos
doce ó quince, ó c1111ndo mPnos ocup1tr el séptimo en
vez de echarse boca arriba á contemplar su obra
maestra
Aei al menos ~tquiPTa con eRA dia d~ má.11 1 habríamos
tenido una séptima partf'I de vicios y dPf11ctos menos,
y una séptima más de pPrfoc&lt;:ionPs y virtnd1111.
Pero en fin ya el mnnd" no se ha df'I voh-l'r á hacAr
y tenemoR que t&lt;m~rlo como f'Ftl\: salvo qud se le
ocurra á Dios mandarnos otro diluvio lo que mucho
dudo, porque aeostumbrado á no hacer nada en tantos y tantos 1tiglos. ba de Ancontrar un poco peqado el
pon!'lrse A fabricar un muudo nuevo sólo por el placer
é:11-1 ahogarnos
Sobre todo; lo ouf'I le ha dA rletenPr no es por cierto
el tr11bajo de abrir las catarat&gt;1.s del cielo para con•
vert1rnu~ e·1 rana-a. 9ino una gravl' cuestión que eR•
toy BPguro le ha de haber preo. upado d&lt;&gt;srle que por
mal de sus pecados creó 1111~!1 ptcaro mundo, y Asta
cuestión es la siguio&gt;ntfl: qu11 habil'lnrlo puestn 1111 aten
ción y cuidado P1tpecialmentl'I en lo que él consideraba.
su mPjor obra, hay.moa salido tau imperfectos, y sea•
mos casi ca,i lo que 1.. salió pl'or
Le ha de a~altar la d 1trla de que Rf podría r11Pmplazarnos con otra cosa mejor, es decir: sl podría hacer
bombrt's m1&gt;jrr •R y Re dirá que como más vale una
cosa mala conocida que una buena por conocer.y que
lo ml'jor de los dados es no jugarlos. noR deja asi como somos, aunque esto le cau~e la molePtia de tener
•
que pegarno~ alguno11 tirone, de orej11s ó de mandar•
110s á los dominios tie Plutón cuando hacemos el viaje d11 este mundo al otro y comparecemos á su pre •
sencia.
El homhr11 !'18 frdudablemente un ser lleno de defectos y de debilid,ad 111 qu•i han nacido coi: él y de las
que no ae puede desp1·Pnd!'lr, no ob•tante que la educi.ción modifica e8encialmente en muchos casos estos
defectos y debilidades.
Para 1il que frlamente pienRa y observa el mundo,
1Flg. 4,- TrajecUo para niña d.- 9 á lOailos. para el que se coloca eu la posición de espectador, el

Tig. :,,-Fro&lt;'k para niña de 11 á I;! años.

�Domingo 4,j_e Diciembre de 18911,

l!:L MUNDO

421

, ELMUNDO

Domingo 4 de Diciembre de 1898.

NUESTROS GRABADOS.
FIG, ! .-GRAN CAPA DE LUJO.
Hecha de piel de seda con gran aplicación de armiño y marta,
Gran cuello Valois. La aplicación de piel forma una capelina fantasía de notable gusto.
FJG. 2.-TRAJE DE TERTULIA.

HPcho todo de museliua de seda. pllssé y avolantada con adornos

h~•

,

FtG.

3 -JllLEGANTE TRAJE DE CASA.

De seda malva drape11da toda de crespón oscuro de muy hermoso
efecto, conyockeys elegantes y un gran pliegue cerrando el frente
de la blusa.
FIG. 4.-TRAJECITO PARA NIÑA DE 9 Á 10 AÑOS,

Muy sencillo y elt&gt;gante. figurado con blusita de fruncidos y
falda. ornada de un volante. Las mangas van con ribete de bandas.
FIG, 6.-FROCK PARA NIÑA DE 11 Á 12 AÑOS.
De i:_arga de 11eda. figurando delantal. Plastroncito, yockes y guar,
da panos de satin.
FIG. 6.-TRAJE DE ESTACIÓN.

Es Je e@tilo dragón, todo bordado de galones de cordoncillo de
seda forman brandeburgoR en el dormán, y caprichosos dibujos en
la falda. Háceee en cheviotte azul obscuro.
FIG. 7,-CUBRPO BLUSA ELEGANTE.

D~ escocés de lana con tablero11 sencillos. Mangas de globo con
punos de lino, Cuello de lino con ceñido por corbata de raso,
FIGió.

Fig. 6-Trajede estacl6n.

Fig. S.-A.brigo para niño.

Fig. 7'.-0nerpo blusa elegante.

hombre le ofrece un tema vasto y variado para sus
observaciones, una inagotable fuente para sus estudios morales.
¡Cuántas debilidades, cuántos errores, cuántas
preocupaciones, cuánt9s vicios, cuánto malo y cuánto
bueno que criticar y que aplaudir!
Se va al teatro generalmente para pasar un buen
:-ato y divertirse, pero si uno toma el mundo como te11.tro y se fija en los personajes, los estudia:, sigue con
atención los papeles que cada uno representa, el mundo es una continua comedia ó drama ó tragedia. Muy
generalmente no pasa de ser comedia que nos proporciona agradabili~1mos ratos de solaz á los que no pagamos entero tributo á las debilidades humanas.
Todas estas debilidades son ridículas y ellas serán
el objeto de una serie de artículos, empezando hoy
por una muy general de que adolecemos, y á la que
rinde culto tal vez sin pene arlo el que estas lineaa escribe.
Esta debilidad ridícula es la vanidad .
¡L-i vanidad! ¿hay nada más risible que este defecto?
El hombre vaqo es como el cuervo de la fábula; se ,
enorgullece y pavonea con las plumas de otro que se
fi~ura poseer.
La vanidad tiene por origen varias ~ infinitas cauFig. lL-Delantal bordado.
sas, ó más bien dicho, nace con motivo de un hecho
trivial y común en general, que se abulta y se agranda por el interesado al extremo de darle colosales tipos que nos dan la materia prima para fabricar este
proporciones.
La hermosura en las mujeres, el dlnero, la pcsición articulo.
No examinarPIDOB la vanidad Pn la mujer, porque
politica y social en el hombre, etc., dan origen al na- Riendo
la vanidad una dPbilidad humana y la mujer
cimiento de este'niño mal criado é insoportable, que la debilidad
por excelencia, no queremos echarle en
se llama vanidad.
cara
un
defecto
que nació con ella.
Una mujer bonita, que por su linda caray nada más,
Vamos al hombre, al hombre que por la educación
encuentra á cada esquina quien la gttiñe los ojos, un
hombre que ha tenido la suerte de ganar unos cuantos cientos de miles de pesos; un quidam que bauti•
zando el aguardiente y el vino con ocasión de un revolutis ee encarama, no digo ya á un ministerio. sino
á un simple puesto ~ecundario, son otros tantos

que en general recibe, y por la consiguiente influen•
cía que ésta debiera ejercer sobre él, e@ quien real y
verdaderamente merece que le pongamos en espectacián pública y_ que Je demos algunos tirones de ort&gt;jae.
"La vanidad en éste está en razón inversa de su in"
teligencia; es ta»to más vano cuanto menos favorecido ha sido p.&gt;r la natnra-leza con ese precioso don.
"Generalmente · 1os hombree de talento no conocen.
la vanidad, que es et1pecialmente el patrimonio de lot1•
tontos.
·
11S e desarrolló con el más pequeño motivo y con una.
fecundidad prodigiosa.
"Es como la ma,a yerba de los csmpos: la más ligera lluvia Je hace crecer á mas altura que la buena,
que el labrador ha sembrado y cuitivado con mucho·
trabajo.
"Como la mala yerba no necesita siembra ni cultivo,.
nace por si sola; está pegada al individuo como la os-·
tra á la concha, y nJ nec~sita i;lno el hecho más insignificante para mostrar.se con todo descaro diciendo:
agui estoy JO porque be venido,"
La vecindb d no se toma el trabajo de saber por quéexiste, le basta saber que vive y coneidtrar legitima.
..u existencia. Es un fantaEma que la debilidad de la.
inteligencia crea, y al que da proporciones á su capricho, creyéndolo un ser real y palpable.
La vanidad como defecto humano no reconoce ni
clases ni gerarquia.
Ella es la misma en el mozo de cordel que en el opulento capitalista. Sólo hay en ~lla grado@. que están,
en razón directa de la posición social del individuo~
por lo demás es la misma aama ridicula, es el mismopersonaje con la diferencia del tr11je.
AtreviJa como nadie, no e'lpera a que se le diga
"pase usted adelante" ~ino que se nos cuela de rou·
dón y toma asiento aunque no se le haya ofrecido.
Nace, decia, con cualquier motivo y especialmenti,
cuando el indiv.iduo pasa de una condición á otra ¡,.
modifica su condición por cualquier causa
La fortuna y la política son las dos grandes válvv.las que dan en general esca pe á este va por encerrado
dentro de la máquina humana.
Porque la vantdad no es más que un vapor que se
disipa al contacto del aire.

8, 9

Y 10.-SOMBREROS Y ABRIGOS PARA NIÑOS.

Damos bajo t1etos números un modelo de gorrito y otro de som·
brero para bebés, ambos de suma noveílad y elegancia y un abriguito de cheviotte con capelina y cuello de terciopelo para bebé, dti
muy buen gusto.
FIG. 11.
Delantal bordado para niña, Bt:ñora ó st&gt;ñorita muy exótico y ele•
gante.
FIGS. 12 Y lJ.-DOS BLUSAS ELEGANTES.
La primera es de sarga de seda con una gran draperfa bordada,

·.//~}
- , .. . .
Fig. 13.-'Froje~para nifla de 7' á S ailos.
1

\

formando plastrón y yockt&gt;ys. La. segunda es de
satín con un gran volante
de muselina de e11da cerrándola y cayendo á la
izquierda en varias órdenes de pliseés muy bonitos.

,1

' ¡·,
,,
!
!

FIG 14.-TRAJE DE CASA.

Es de cheviotte gris acero muy acorde.nado. con un
cuerpo blusa bordado de
galones á ambo~ lados y
abierto sobre una camisola de batista. muy elegante.
Fald11 sencilla ornada de
un galón.

'1

'r
\

~

~~~
z~i.b.·;.:...,.,...

FIG. 16.-T!!.AJJil PARA NIÑA

DE

7 A 8 AÑOS.

De lanilla asargada. y figurada, estilo mariuero, he•
cho todo de un frock sobrio, á grandes tableros.

..

.· FIG. 16.,-TRAJE DE CALLE,

FiK 9. - Gorrito piara niño.

Flgs. 12 y 13.-Blusas elegantes.

Fig 10.-Sombrero para niño.

.Fig. 14 -Traje de casa.

Es de paño asargado con
aplicacion de cinta de seda
bordada figurando delantal y casacón. Jacguete figurado; abierto sobre una
camisa de batiet!' pliseé.

~~

Fig. 16. -Traj-;;¡-;

- ... ':-1

;;u--;.

OTRO PAGO DE $2,000.00 DE "LA MUTUA"
EN MEXIUO.
.

Timbres por valo1 de $5.00 cs. debidamente cancelados.

La pr~sente póliza, según escritura núm. 16 de 1 °
del corr1t&gt;nte mes. otorgada ante mf en el oficio público del Notario Lic. ,foeé Felipe Castellot, ha sido
cedida en todas sus partes por el asegurado, Sr. D.
Esteban Barret Castelo, en favor del Sr. D. José Caetellot.
CampPche de Bar~nda. á 3 ¡¡,. Marzo dfl 1898.
Firmado.- Manuel H. Carrillo;-·
Recibi de "The Mutu11l LifP Insnrance Company of
New York" la suma d11 ($5,000.00) cincom.Upe•
sos plata mexicana,"º pago tot&amp;I de cuantos derecbue se derivan de la póliza núm. 752,884 bajo la
cual estuvo ~segurado el fina.do Sr. D.

ESTEBANBARRETCASTELO
y para la debida comtancia en mi carácter de endosa_tarlo d11 _la póliza, extiendo el presente recibo en la
m111ma póhza que se devu11lve á la Compañia para su
cancelación en México. A. 21 de Noviembre de 1898.
Firutado.-José Castellot.-Rúbrica.
Ignacio Costo, Notario Público,
Cert!fico: que el anterior recibo ha sido sus•
crito en mi p':esencia por el Sr. D. José Castellot, hov
dia de la fecha. Mé;xico, Noviembre veintiuno de mil
och?cientoe noventa y ocho. Eum.º-ocho.-vale.
F1rmado.-lgnacio Cosfo, Notario Público.-Rúbrica.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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          <name>Título Uniforme</name>
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          <name>Relación OPAC</name>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>~AS

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MEXICO, DICIEMBRE 11 DE 1898

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FÓT. DEL, O, SANDOVAL,

�Domingo 11 de Die iembre de 1898

EL MUNDO

400

LA.SEMANA.
La especial predilección &lt;:on que el Senor Presidente de la República observa los avances y promueve el progreso del Colegio Militar, da á la
fiesta anual de la distribución de premios entre
:os alumnos de ese establecimiento modelo, una
significación tan grande que la Nación entera se
ha acostumbrado á ver en la so1E•mnid11defectuat uada el último domingo en el Castillo de Cbapultepec, uno de los acontecimientos públicos máij
interesantes p.ira el país.
La presencia del Senor Presidente en la fiesta
escolar del Colegio y las palabras que dirige a
los futuros soldados de la Patria, son 1J.lgo más
que una simple formalidad, pues cada ailo aprovecha la ocasión nuestro Primer Magistrado para
desarrollar sus ideas sobre problemas tan íntimamente enlazados con el bienestar y el prrgreso de
la Nación, cowo son la educación militar, la disciplina del ejército y el código moral a que deben sujetar su conducta los hombres de espada.
La pacificación definitiva no puede ser una rea·
lidad sino á condición da transformar en elemen •
tos útiles las ambiciones militares y el prestigio
de los eoldados de fortuna; para esto ha sido necesario educar á loR hombres de armas en el aea•
J;amiento á la autoridad legal, el respeto á los derechos de sus conciuuadanos, y sobre todo en el
amor A lss principios de la libertad.
Y esta educación es el resultado de sugestiones
diversas la del libro, que habla al espíritu, y sobre to do'la de la palabra y el ejemplo del jefe y de 1
maestro.
Cuando ese jde es el jefe supremo y ese maessro babia en nombre de la Patria y la representa,
cuando sus en~eilanzas son máximas derivadas
dfl la justicia y de la ley, y van robustecidas por
el asentimiento del pueblo y éste las aplaude y
las encomia, grávanse para siempre en el corazón
y en él se afianzan como indestructible sedimento.

"""

Coméntase con diversas interpretaciones la abstención de los artistas mexicanos, que no han querido concurrir con sus obras á la Exposición Nacional que en breve abrirá sus galerías en la Academia dé San Carlos.
No puede ser motivo de esa conducta extrafla el
temor de ver en propio suelo desdeñadas sus producciones por las que envían los pintores europeos, pues éstes presentan sus obras, fuera ~e
concurso, según los términos de la convocatoria
oficial.
¿Será, entonces, que aun seguros del fal;o
favorable de los jurados, temen las comparacienes del públict; y no quieren someter su nombre artístico á un juicio enérgicamente sancionad o por la demanda que hayan de tener las obras
y el precio á que se vendan?
Hay acaso más orgullo que buen sentido en esa
ilesdeñosa negativa que parece una protesta colélica contra el llamamiento hecho al extranjero
y la cordial aceptación de los pintores de Ul·
ira mar.
Entre ellos figuran firmas de todas las categJ
rías, desde el «premio de Roma» hasta el pri'.1ci
piante de fama regional. Todos, tanto el art1_st~
de alta significación y valía como el modesto m1·
ciado, buscan compradores para sus obras en un
nuevo campo y entre un público al que se presentan en solicitud del fallo que asigne á cada
cu11l su lugar de honor en la escala del mérito.
Hay algo, mucho de leyenda, en el supuesto snobismo que encomia lo extranjero sólo por serlo
y condena escépticamente lo nacional á injusta y
sistemática exclusión. No por ser ei-pafiol un artista mediano y compatriota nuestro un ingenio
poderoso ha de sufrir éste, juicio depresivo.
Al contrario; si aquí el medio no impulsa á los
privil~giados y la falta de condiciones fa_vo_rables
no permite la formación de un grupo artist1co nu•
meroso, las personalidades que s:ibresalen son_por
eso mismo más altamente apreciadas en su aislamiento olímpico.
.
Pecan de inconsecuentes los que al queJarse del
público desd"én, son_ á_ su vez desdeftosos, y cuando la ocasión propieia los llama .se re~raen en
el torreón de su feudal orgullo. Si es cierto que
la generalidad no comprende el artc_y hay_ muchos que se preguntan si hay en México qmen Jo

cultive con acierto, toca á los que tienen títulos
exhibirlos, demostrando su maestría.
Dejar el campo á los extranjeros y negarse á
la lucha ·es dar la razón al escepticismo flagelado cruelmente por los mismos que hacen imposible toda esperanza.

-

Una empresa teatral neoyorkina promovió la organ:z.acion de una «Compañía Juvenil de Ope~a»
que bajo sus auspieros hará bien pronto una gira
pur las ciudades de la República del Norte.
Si este ensayo no fracasa, será el principio de
una série de estímulos con que favorecerán directamente nuestros vecinos, el desarrollo del
arte lírico mexicano.
Todas esas aptitudes dispersas y sin empleo,
esos cantantes de taler.to y sin coutrata ni medios de obtenerla, y tantos otros que sólo pen·
sarían en seguir una carrera lírica Ei no fuera el
mayor de los lirismos hacer del canto una profe•
sión cuando ésta n:&gt; tiene ubjeto de normal explotación, seguirán, ciertamente, sus inclinaciones y las educHrán con ahinco el día que hallen
remuneración suficiente y continua, y no como
hoy sucede, aplausos ocasionales aunque ruidosos.
No cabe negar las disposiciones de nuestros
compatriotas para la escena lírica, ni el gran entusiasmo de los norteamericanos, la pasión conque
reciben toda manifestación artística. En sus teatros h&gt;ln de,filado Sarab y la Duse, la Patti y
Restké: todas las glorias de Europa pasan el mar
para recibir los homenajes y llevarse el oro de
los petrolero~ yankees.
No hav celebrid11d en el viejo Continente que
no se avenga á inclinar su orgullo ante la curiosidad de esos imp1'esionistas insaciables, deseosos de sentir todas las emociones, abiertos á todas las ideas y apreciadores de todos los ta•
lentos.
En sus museos hav oh.ras de todos los maestros, vestigios de las viejdS civilizaciones; y para
ello han desvalijado los países históricos; en sus
cátedras ha vibrado la pal11bra de los grandes
inves1ío-adores, de los especialistas, de los filósofos y j;fes de escuela que representan el movimiento intelectual del siglo. Sus publicaciones,
extrafta mescolanza de escándalo, enciclopedismo y política no ha callado un solo nombre cé·
lebre, una idea ni una frase que venga de los
próceres del pensamienle: generales, poetas, estadistas, hablan para ellos de una guerra, de un libro
ó de un tratado dejando caer sobre la opinión pública la apreciacion original y precisa de los hechos del día.
Ante ese público munificente y artístico irán
en breve nuestros noveles artistas á fortificar su
talento en la censura y el constante ejercicio,
amaestrándose para formar la especialidad por
la que claman aquí los que desean el florecimiento de una escuela nacional de canto.

"""

Los periódicos de algunos Estados fronterizos
dan la voz de alarma seil.alando graves peligros
para la salubridad pública en la ilimitada y libre inmigración de chinos.
No podría detenerse México, paralizando su
acción en consideraciones de sentimentalismo político, ante la invasión de esos leprosos asiáticos
que diariamente llegan á nuestros puertos y pasan las fronteras del territorio nacional.
A grandes males, grandes remedios. Los Estados Unidos no han renegad/) de su liberalismo
por imponer severas taxativas al ingreso de chinos á su país, y nosotros, aun cuando la Constitución no consig-nara un solo precepto que directa ó indirectamente legitimctra un movimiento defensivo de tau necesaria aplicación, no nos resignaríamos á someter la propia existencia á la letra
de un principio político.No es el caso, pues el constituyente previó la influencia perniciosa de los
extranjeros y los expulsa del territorio mexicano.
P1:1ra nuestro paüi, escasamente poblado, la inmigración significa la futura composición étnica
y el tipo moral de la Nación, y por eso quisiéramos que en la extensión abierta al inmigrante,
vinieran á establecerse razas prolíficas y la boriosas, pensadoras y libres.
DICK.

-------·-------

t}olitita ®eneral.
RESUMEN.-Er, MENSAJE DE M c KrNLEY ANTE EL.
Ct&gt;NGRESO DE LOS ESTADOS UNIDOS.-LOQ.UE DE:
Él, SE E,-,PERAB .\. - LA POLÍTICA DE EXPANSIÓN
•J'~:IIRITORIAu MAL DEFINlDA.-PAUIENOIA.-LA
JNDEPESl&gt;EKCCA DE CUBA.-J&lt;'ORMA'L PROMESAEL POKVENIR DE LA GRAN ANTILLA.-LA8
CAt'SAS DE LA GUERRA Y LA LIBERTAD.-ABSUR·
DOS l.KOOXCEBU!LES DE LA JUSTICIA URUGUAYA.
U:-J MONSTRUO ABSUELTO.-ANATHElllA SIT!-LA,
UNIÓN CENTRO A~lERICANA.-lLUSIONES QUE SE .
DESVANECE:-J. -L11S SUE\ÑOS Y LAS REALIDADES.
-LAS A!"PIRACIONES DE· LOS PUEBLOS Y SUS INTERESES NATURALES. -UNA ENSEÑANZA,-CONCL USlÓ~.

Con cm\nto interés era esperado en América y
en Europa, y hasta en la remota Oceanía, elmen-SRje del presidente hlr. William McKinley, ai Congreso de los Est11dos Unidos. Todos pensab11n
que en ese documento importante se diera cuen,
ta á la representación Dllcional del pueblo americano, no sólo de los últimos acontecimientos que
han co11movido al mundo, no sólo de los hechos.
consumados por el ejé cito y la marina americana durante la pasada guerra, sino que tambiénseapuntarar:. los puntos principales de la política que ha de adoptar en lo futuro el gobierno,
y cambiará de modo tan notable las tradiciones.
republicanas de los fundadores de la Unión.
Nada, sin embargo, dijo A este respecto el Presidente. En virtud de no haoerse firmado todavía
el tratado de paz que se concierta en las conferencia:, de París, no se dan por arregladas las
grandes adquisiciones territoriales impuestas á.
Espail.a después de la guerra, y en esa virtud el.
mensaje sólo se refiere al nombramiento de comisionados en Cuba y Puerto Rico y al de pleni,
poteuciarios en París. ?rudente en demasía se
muestra el Presidente, no lanzando á la faz del,
pueblo sus proyectos de expansión territorial. No
cuenta en las Cámaras con la mayoría necesaria,
para la adoptación de esa política, basta tero.;
que en un momento dado las susceptibilidades
puritanas de algunos demócratas, los resabios tradicionales de alg-unos republicanos y las exploFiones individualistas de los partidarios del pueblo, se o por g m á la aprobación del tratado deParís.
Nada significaría pllra lo porvenir una oposición franca eu ese sentido; hay elementos suficientes en el gobierno para aplazar la discusión
el tiempo suficiente y conseguir que el nuevo,
Congreso cuyas sesiones se inaugurarán el 4 de
Mal"Zo próximo, apruebe todas las medidas to•
madas, acepte la creación de un imperio colonial'
y tome sobre sí la inmensa responsabilidad de•
llevar la idea republicana á los territorios conquistados, de moderniz11r los pueblos sujetos al domiuio de la Unión, de sembrar las ide11s nuevas
en'países monárquicos por la tradición, como Cuba
y Puerto Rico, ó de construir desde sus cimientos.
toda una organización, como habrá de hacerse
en Filipinas, donde pueblos y razas primitivas, co11,
todos los ímpetus violentos de un estado casi salvaje. se mezclan á razas y pueblos inoculados de·
tradiciones incultas y mal dispuestos por educación y por temperamento á las adaptaciones d&lt;'
la demccracia

***
De cuanto se propone el gobierno americano.
en su marcha ulterior, sólo descubre dos puntos
importantes: la promesa formal de la libertad é
independencia de Cuba y el predominio que ha
de ejercerse sobre el proyectado canal de Nicil·
ragua.
Ni en documentos publicos ni en convereaeicnes privadas jamás el Jefe del Poder Ejecutivo
había hablado de una manera tan categórica &amp;obre el porvenir de la infeliz Antilla. Los arrebatados díscursos de algunos senadores, las brillantes peroraciones de muchos diputados, la esplendida campail.a abierta por la prensa, que había
sembrado la :dea de independencia en todas las
clases de la sociedad, declarándose en favor dn
Cuba,nohabían llegado hasta las altas regiones deh
poder, al extremo de que se manifestara de acuerdo enteramente con las aspiraciones nacionales .
Imposibleseríanegar que se notaba cierta incli,..
nación en favor de un pueblo, que luch?Lba dese;-

EL MUNDO

Domin~o 11 de Diciembre de 1~8

peradamente por su libertad y que buscaba en
los campos de batalla el triunfo de unideal,yaún
parecía resuPlto á hacer de, suelo Antillano un
montón de ruinas humeantes ó el pedestal de su
soliAda independencia; pero jamás se había prom, tido como ahora la cooperación directa é inJUPcli11ta del gobierno americano para la constitución de un gobierno hbre é indtpendiente que
emanara de la voluntad del pueblo cubano.

***
Muy lejos estamos de creer que en estas resoluciones hayan tenido parte las explosiones patr;ótic11s de los jefes cubanus, nacidas más que de
~u amor al suelo cubano de infundadas desconfianzas en los Estados Ur.idos. Muy alto se procl1:1mó y muy claro lo dijo el Congreso americano
en sus famosas resolucione;i del 19 de Abril: que
111 famosa intervención en los asuntos cubanos se
lrncía en nombre de la humanidad y para librar
Al pueblo del espectáculo sangriento de una guerra sin cuartel, donde indefinidamente parmaneccría dudosa la victoria. Con toda precisión dijo
también el Congreso, que ~in reconocer la independencia de la isla, sin conceder á los insurrectos les derechos de beligerancia, declaraba justas las 11~piraciones del pueblo cubano á su líber·
tad, y lícito el que se coustituyera con un gobierno propio.
Consecuente McKinley con esas resoluciones,
hoy promete la ocupación militar de Cuba por el
ejército americano, á medida que vaya siendo
abandon11da por los espaftoles; y cuando cese todo
motivo de alarma, cuando los dueftos legítimos
del suelo entren en pacífica posesión del ejercicio
de sus derechos, cuando nada !amenace turbar el
orden regulBr de un pueblo que entra por los senderos del progreso y el engrandecimiento, entonces el gobierno americano tr11bajará dirl'ctamente en la constitución de la nueva república, y
para que luzca en las puertas del Golfo de Méxi·
co, libre y resplandeciente, la Estrella Solitaria.
No será en breve plazo, de seguro, como anheJ11n los impacientes; todavía ha de pasar algún
tiempo p~ra que el pueblo cubano, agoviado por
una guerra tremenda de más de tres ail.os, enjugue tantas lágrimas derramadas, restañe sus heridas y se prepare dignamente á entrar de lleno á
la vida de las naciones libres.

*
**
Apenas podemos creer que haya habido un tribunal. hito tan completamt&gt;nte de sentido moral,
que se haya atrevido A. absolver á un criminal
odiadú por todos los hombres sanos de espíri1u, y
á dejarlo libre, en nombre de las pasiones poli·
tÍCIIF.

No hace mucho, uno de esos degenerados, pro•
dueto morboso de civilizaciones caducas, germen exótico &lt;le nuestra Ji hre América, hirió de
muerte al presidente dfll Uruguay, seil.or Iriarte
Borda, en una de esas efervescencias políticas
que con tanta facilidad crecen, se desarrollan y
estallan en el sudo movedizo de la América Meridional. P1:1rtidos enemigos, pasiones violentas,
ambiciones aviesas, odios imposibles entre hermanos, habían conmovido á la República Oriental del Urugu&gt;ty. Impotentes los partidos descontentos para dcrribllf al gobierno constituido, y
satisfacer sus locas aspiraciones, encubiertas pom•
posamente con todos los ditirambos altisonantes
d¿ la demagogia al uso de 103 aspirantes al poder,
armaron el brazo de un asesino y quitaron de en
medio á la personalidad del Presidente, que, como
representante genuino de la nación, ut bió ser res•
petado por propios y por extra:ilos.
El cambio político no se hizo esperar; los que
acechaban en la sombra una ocasión propicia para assltar el poder, lo arrtb11taron junto á la tumha abierta del Presidente, caliente todavía el
cadáver ensangrentado del sC'ñor Iríarte Borda.
Después, como si una república latino-ameri•
na en las postrimerías del ~iglo XIX, se agitara
co~ los estremecimientos bárbaros de una tribu
de caníbales; como si en un pueblo que Sil llama
demc.cratico y que cree regirse por instituciones
libres, pudieran influir, los instintos primitivos de una cafrería, un tribunal que juzgR en
nombre del pueblo, que habla en nombre de la
justicia y que funciona en m ,mbre de les eternos
preceptos de la moral, absuelve al regicida y lo
disculpa, por virtud de que, cuando cometió el delito, un viento huracanado de pasiones embraVl'cid11 s soplaba sobre todo el territorio de la república.

Eterno baldón para losque así se ciegan, oprobio
sin igual para los que atentos á las sugestiones
de partido cierran sus oídos á las voces de la
justicia! Día llegará en que ese pueblo urugullyo,
vilipendiado hoy por magistrados i11dignos, recobre sus soberanos derechos y t-jerza justa venganza. ¿Dónde podrá ocultarse el criminal? en
dónde escondHá su vergüenza el nuevo Caín, al
cual le han puP.sto como sambenito una sentencia
absolutoriai' Donde quiera que vaya no faltarán
corazones honrados que lo desprecien ni escasearán manos justicieras que marquen su frente
con el estigma de 111 reprobación universal.

***
Asentada sobre cimientos de movediza arena
la Unión Centro-Americana, al primer soplo de
oposición cayó derribada como castillo de naipes. Débiles eran los lazos que ataban -á las tres
repúblicas pAra constituir los Estados Unidos de
la América Central.
Faltas de cohesión eran sus aspiraciones, y por
la fuerza natural de las cosas se disgregan y se
apartan, porque entre ellas se levanta el fantasma de sus viejos odios, la eterna pesadilla desus
rivalidades no extinguidas.
Formaron su constitución; formularon la base
de su unión según el tratado de Amapala; empu•
jadas por los sueños de sus políticos y alucinadas con las ca11ciones de sus poetas, pefüaron
que esas agregaciones superiores se constituyen
en el papel. Extraño error: para que pueblos disímbolos, unidos sólo por el hilillo de oro de viejas tradiciones, se congreguen para formar una
entidad más fuerte, se necesita, m111 que pese á
nuestros resabios jacobinos, se necesit11 de una mano fuerte oue ate los eleruentos dispersos, una
los intereses divididos y consolide l11s aspiraciones extrañas. Se necesita que la corriente eficaz
de las fuerzas productoras y de la actividad financiera de los pueblos se dirija por un mismo
cauce y se guíe por el común interés.
Antes que la espada de Mollke y los proyectos
meditados de Eismarck triunfaran en Sado-wa y
vencieran en Sedán, para coronar al rey Guillermo primer emper11dor de la moderna Alem11nia
en el palacio de Versalles, y a existía la unión
aduanera de la ~\.lemania del Norte. Poetas y filósofos, políticos y sacerdotes habían predicado
]a buena nueva, habían hecho brotar la idea de
la unidad germánica, que lenta y progresivamente fué desarrollándose; hasta engendrar la fuerza
creadora que unió los dispersos elementos para
constit.i.ir la gran Germanía.
¿Dónde está esa labor fructífera y eficaz que
haya podido preceder á las conferencias de Amapala? ¿Dónde está el grito patriótico que Mngregaba á los súbditos de los reyezuelos italianos
en torno de l1.1s banderas de Garibaldi y Víctor
Manuel? Dónde está el hombre fuerte que establezca la cohesión entre las repúblicas centroamericanas?
X.X.X.
9 de Diciembre de 1898.

XXIII.EXPOSICION NACIONAL
DE B.ELLA.~ ARTES.
11

AUDIENClA11

DEL PAPA LEON XIII AL GENERAL DE LOS JESUITAS
POR DON JOSJ!I VILLEGAS.

Tal como lo tenemos prometido á nue@tros lectoreR,
iniciamos hoy la sección 11special destinada álaXXIII
Exposición Nacional de Bellas Artes.
Advertimos que nuestras humildes criticas de arte,
no dPben verse como lecciones ex cáthedra, ni como
ponti ficaciones de conocedor erudito. E@cribiendo como escribimos para el gran público, profano en acha•
ques de tecnicismo, sólo desae el punto de vista :le
ese público trataremos la obri. de arte, y si alguna vez
opinamos, ounca presumiremos de infalibles
D11 los cuadros españoles que hasta la fecha han llegado para m ex-po11ición. es dificil escojer el mejoró
los mejorPs, porque muchos, la mayor parte de ellos,
son de alto mérito artlstico. Mu no cabe duda de que
la «Audiencia del Papa León XIII al General de los
Jesuitas,• de Don Jos~ Villegas, sea una ve, dadna
jova de arte y merezcaser ampliamente.,onocida.Por
e~o damos principio con ella á nuestra tarea.
~L A.SlJNTO, (1)
Todos los que de cerca eonocen las cos11.s del Vaticaiw, saben muy bien que dentro de la organización
Li] Bibliografia.: Reinhold Schoe!ler.

431

eclesiástica hay dos potencias, di\ hecho cas_i equiva·
lentes al Sumo Pontlfice, cuyos radios de Hccló1! s-0n
ind.-pendientl'B del de Su Santidad Nos referimos al
Cardenal pnf.-cto de la Congre¡!"ación de la Propaganda y al General de la Comphñia de Je.ú~. La inuependencia positiva del primero, q ,1edó comprobada
por ese largo pleito que sostuvo contra t-1 Est11do, por
loP bienes particulareR de la Congrt-gación. en el cual
d P11pa no intervino ni pudo inttrvenir de m1mera
alguna. ~n cuanto a 11&amp; de Is Compañia de Jt!sús. bas·
ta conoctr bU 11ccidentada historht, para comprenderla. El fin principal q,,e na perseguido la orden de Lo~ ola, guiada por uu1&amp; voluntad a bFOluta, ha Fido la
d.-fensa y el acrecimiento d11 loe intert•ses católicoromanol! y de la iLfluencia clerical en los deHinos soeialef, sirviéndose, para logar su objeto, de todos los
mediod del e~plritu y C:e la sabidurla.
Persigue sus miras: cuando es pobibl~, en unión del
Papa..:o y al servicio de ébtl'j cuando es ¡,recisC', tam•
bién contra el Papado; de preferencia, 1tliada con las
fuerzas del EstadC', de las LeyeF, de 11&amp; E,cuela, etc.;
PI es absolutameme indispensab,e, en tenaz combate
contra esas Cue::zas.
De alll, qu11 el pueblo romano diga que hay tres Papas, y leb bautice vulgarmente, en consonan ch con
ti! color de su re,pect1v11 indumenuria: el Papa BlanC&lt;J (el Sumo Pontlfice), el Papa Rojo (el Card ..ual-prefecto de la Propag11noa Fid.-), y el Papa Negro (el
GeneTal de los Je1mitac).
El Estado ilaliano ha tomado posesión de la 1mti¡ma
casa matriz de la Compañia de Jesús, (.-1 Collegiurn
Romanum, fundado en ló8~ por Gregorio XIII¡ y le
ha convertido en escuela laica. Del wismo modo que
les Jesuitas hubieron de abandonar su principHl nidC',
su influencia social ha mermado bastante y hoy no
podemos compararla con la i.ue. no obstante la envidia
de otra.a órdenes re1igiosas y el desafecto de los .Papas Y. las persecusiones de los gobiercos, tt&lt;nfau hace
dos 111glos; más etlos trabajan eu silencio y te11~zmen.
te, sin olvidar nunca aquetlas palabns de su G11neral
Rlcci, que ellos cre&lt;!n proféticas: "Hemos sido arr,,ja•
dos como perros; pero tornaremos como águilas. "
En_tre los Papas Negr_os de nutistro siglo, eu el cual,
graetas á Pio IX espec111lmente, la Compañi&lt;t de Je►ús ha ido de acuerdo con el Vaticanu, los padres
Roothaan y Beckx obtuvieron universaJ nur11uradi1&amp;
y compartieron en Roma con el Papa Blanco la dí!'0Cclón de los negocios eclesiásticos de todo d orbe
Cuando murió el .P. BPckx:, fué electo General el P·.
Anderlédy, un iluizo del cantón de vYall, hombre de
.-dad provecta que sucumbió en Enero de lSJ!. Entonces 1111 procedió á la elección del General que hoy gobierna la poderosa Compañia de Jesús.
Conforme á las tradiciones de la orden la elección
de un Geueral _(praep ositus generalis) debe efectuuse
con el mayor Hlgtlo y sin consentir la influencia de
nadie, ni &lt;1e1 .Papa siquiera, por un capitulo t-lPctor,d
form!ld~ por los superiores provine1ales (praepositi
p1·ovinciales), que en la actualidad son veiutist:1~.
~l vici.rio general (vicarius qenerali,s) es el encar~a~o de convocar el capitulo '-·lector, pero ha~ta ti
ulttm? _momento los electores mismos ignoran el dia
y l'l s1t10 en que se dectuará la elección.
~e aquí el sistema que se sigue para obtener tal
obJeto:
Cada Provincial, cuando menos lo esper11.., é ap1•recérsele un desconocido, quien, previo el cambio de
secr~tas stñales de reconocimiento, le orden1&amp; á nombre del mencionado vicario general, que parta inmt'diatamentt1 hacia determlnadw punto. ~l Provincial
obedece sin discusión y á. renglón seguido sin que
pu-da conf~r.enciar con ~adíe antes de su p~rtida ni
revelar el sit·o de su destmo. Arribando á éste otro
deEcon&lt;lcido le ordeua de nuevo que se dirija é. otro
punto, á menudo con rumbo totalmente opuesto y
asi le sucede varias veces, hasta que llega al lugar
d~fi~iti vo, á donde concurren todos los .radres .Pro .
vmc1ales precisamente la víspera de la elección. Esto _se hace con ?bjeto de engañ~r á los profano~ y de
evitar asi toda rnfluencla extrana que pudiera iuterponerse.
Sucedió, pues, que en 18\12, después de la muerte
del General P. Anderlédy, todo el mundo creyó que
la elección se haría en Roma, ciudad en donde
se enco~tr!ron simultáneamente la mayor parte de
los Provmcrnles de la Orden. Esto extrañó sohremanera, pues se sabia que los Jesuitas querían e, itar
esta vez más que nunca, la influencia del Vatica 1,0 1 y
en el Vaticano residía el Cardenal Mazzella de Ja
Coml?añia de Jesús, q~ien babia declarado te~er su
candidato y que trabaJaria por él por cuantos medios
pudiesE'I. l'ero el público erró, pues la elección se hizo el 2 de Octubre de 18~2 en el convento de Loyola,_cer~a de la. c~udad de Azpeitía en la provincia
espanola de GmpHzcoa, que es la patria de San I"'·
naclo.
&lt;&gt;
Desde_ el prlncipi? de este si_glo, ~ingún general de
los JASmtas habla ~ido de nac10nahdad italJana pues
van Roothaan fué holandés, belga Beckx: y Anderlédy suizo, como ya lo dijimos J!:l Pa¡,a'León XlII
:i,sl _como la cu.ria romllna, hubieran deseado que un
1tahano obtuviera el Generalato; mas, contra su11 es•
f!lerzos, no f~é asi, c¡iendo electo el español Luis Martln. ex _proscnpto de España en 1868, Director de "El
MensaJero del Sa_grado Corazón" de Bilbao, ex Rector del Seminario de Salamanca, ex-Provincial de
Castilla l Vicario General de la Orden, al tiempo de
su elección.
~l P. ~artin, de 46 años de edad, residía en Fiesole,
é mmed1atament11 despnés de tomar posef.ión de au
nueva dignidad. fué á Roma á presentar sus respetos
al Papa León XIII.
E_I ~omento en que el anciano Jpfe del catoliciemo
rec1b1ó por v~z primera al nuevo General de. la Compañia de J esus, que manda más de docl\ mil hombres
los cuales le obeuece9 cieg-Rmente "perinde oc cada'.
v er,"tu_vo ~ue ser d_e intensa emoción para el Papa cuya hab11is1ma polit1ca podía sufrir grandemente si en

�EL MUNDO

Domlniro 11 de Dlcl1&lt;mbre di' 1898,

-~D=º-m=i=n!:'..g=o=U~d=e=D=ic;,;;i,;;;em=br;..;e;..d;;;;;e;..;1;;.;;89;;;.;8;;,·===============~E:;:,:L~M~U'..;N~D::.:0~.~======~====~=========""'""-43~3Las dos figuras del cuadro sintetizan los di,s aspectos, los dos prQ•
ced1mientos que hoy por hoy of, ece la cor'poracion clerical: de un lado, Roma. vencida y débil, moribun·
da c11si, prolon!la'ndo-los parpadeos
de su agonia por medio de paulatinad concesionf's, y consc,lándot1e de
sus grandezas_ idas, entre las fulg~rautes radiaciones da la pompa h·
túrgica; por otro htdo. Loyola, el J esuitismo, el catolicismo genuÍ!lll·
me11 te ibPro que heredó el juatiUn
de Felipe II, tr11bajarior infatigable,
dominador absoluto, sutil y absorb-nte, que fué arrojado "como
perro" P.ero qu1:1 quiere volver "como águila. 11 Y vtirdaderamente, al
ver en el cua,tro de Villl'ga~ 111 mansa figura b1anca del Sumo Pont;fice
v la austera silueta negra dd Geñeral Jesuit~, la sugei,tlón se impone, y se pieLSll en un buitre y en
una paloma ....
El dibufo, como todo Jo del artist11. sevillano, es firme y verdadero.
No pueile ser detallado, porque la
indole del cuadro n,, lo permitirla
sin desmerecimiento del efocto de
coniunto. Pero de todos modos es
vigoroso y correct" en el contorno
y fiel 11n el modelado.
El colorido es perfecto. Nótese que
no hay m'ls de cuatro colorns: blanco, amarillo, rojo y negro: pero en
todas sus tonalidades, en todos sus
matices. Lo que asombra verdaderamente eF. el maravilloso 11decto de
luz" tacto en la diafanidad de la
oblicua raya de sol, como en I u caliente reverberación sobre el ¡,avimento y en su reflexión local sobre
loA bultos.
El precio del cuadro es de diez
mil francos. justo, en verdad, para
su mérito.

el P . Martfn encontrabl\ un enemi•
go y no un auxiliar........ .
Ese es l'l momento escogido por
D. JoFé Vlllegas pllra "l cuadro que
1mvió á nuestra XXIII Exposición
Nacional de B1&gt;llas Artes.y si en es•
te articulo nos hemoa extendido sobre 11lgunos antecedentes y costum •
bree de la Compañia de Jesús, es
para que los espectadores puedan
comprflnder por completo el valor
psicológico de la obra que describí·
mos.

EL CúA.DRO.
El cuadro cuPnta rn centfmetro11
de largo por 60 Ci&gt;ntim1:1tros de alto.
S. S. León XllI, envuelto en las
austeras alburab de su sotana pon•
tificia, calienta sus rigidos miembroe de «pajarit() enfermo• cerca de
una ventana ampliamente rasgada,
por la qu11 penetra un gran rayo de
sol. otoñal y luminoso. Do pié. en•
frente de él se inclina por modo Ji.
gerisimo el P. Luis Martín, cuya
negra c~pa contrasta poderosamente con la blanca indumentaria dt1l
Pontifice y con el áurea clariáad de
la luz solar. Sobre los i;illones-terciopelo carmesi encuadrado enoro
-yacen los periódicos di'! dia, esos
periódicos que el Santo Padre recorre con minuciosa atl'nción, para
buscar en PIios el detalle infimo ó
el acontecimiento 1 uidoso de lapoJitica internHcional. que le permitan
intervenir, arroj,mdo sus granos dtt
incienso á los p1és de los Soberanos
ó entre los plieguPs escarl.,tas del
republicano gorro frigio.
La verdad de la acción ee com •
pletR: mlrt'se la t-xpreij1óu del semblante del Papll, y en él se encontrarán maravilloijamente retratadas, al propio tiempo que la más
suave ben1:1volencia, la más intenH
curiosidad y la duda más torturan•
te. El General Jesuit11, en cambio,
está alli !irme y seguro, muy dueño
de si mismo, sin cl"1dar ni por un
momento el famoso 11 Dignus sit Je•
suita. 11 Su leve inclinación delante
del Pontífice. indica á las claras que
tiene la ab~oluta conciencia de que
va á tntar de potencia4 -pGtencfa,
y el escaso perfil que presenta al
espectador, perfil recortado y vigoroso de ave fuerte, no traiciona ni la
mh ligera emoción ni el más imperceptible sentimiento. Cumple un
deber de cortesi.t, simplemente.

EL PINTOR.

Cuadro de S Viniegra.

•
C u .ADRO DE

G.

GóMEZ

G1L.

De mi tierra.

lJNA JUERGA EN l'tlAL&amp;GA.

Don José Villegas es joven, pues•
to que apenas ha traspasado los cuarenta años, y aún podemos e~perar
m •.cho de su egregio pincel. Oriundo de Sevflla, t-n esa hermosa ciudad andaluza hizo sus primeros estudios de dibujo y pintura, y muy
mozo obtuvo el prPmio de Roma y
fué á esa ciudad, en la cual ha rei,idido por muchos años perfeccio•
nándose en su carrera, habiendo pasado igualmente una temporada en
Paris para conocer la escuela y los
Fvt L C Sandoval. procedimientos franceses .

FoT. DE L. C. 8.ANnovAL.

�43t

Domina-o 11 de Diciembre dfl 1898.

EL MUNDO

Muchos son los cuadros hermosos que ha pintado,
pero su "Audiencia" (quf el publico, sugestionado, ha
bautizado "El Papa Blanco y el Popa Negro," marca una era nueva al pincd tte Villt:gas, que ya ha
obteuido, á nuestro juicio, una complt:,ta y muy personal autarquía.
Sentimos no conocer alguna obra pos·erior que vinit:ra á ratificar ó rectifi&lt;-ar nuestro ase, to .
Actualmente Don José Villegas dirije la Real Academia eepañola en Roma.

lBUENA OPORTUNIDAD!
El Sr. L. C. Sandov11l prepara un lujo~isimo Album
fotográfico editado á todo costo y que tiene por ob •
jeto coleccionar los mPjores cuadros oue se presentarán en la ExpoPición de Bellas Artes.
El mismo sf'ñor vendná magnifica&amp; fotografías
ai11ladas de cada uno de los cuadros, al precio d'3
$150.

ARGELINA.
DER. TUSQUETS.

De alientos muy superiores á «Contrariada,• -es el
otro cuadro de Tusquets que ·hoy reproducimos en
nuestra pr1 mera plana.
Como su titulo lo indica,
no es más que una representación de una hembra
de Argelia.
El orientalisma perezoso
y candente anida en eso11
ojos bravíos, misteriosamente circuidos de sombras
Es argelina y por ende cepa de bandidos En suám•
plio vien ir e continuará
mañana con la desbordante
fecundidad de las hembras
orientales y casi primiti •
vas, su abolengo de corsarios. Corsarios fueron sus
abuelos,corsario es su hombre, y corsarios serán sus
hijos. Porque no obstante
los patronatog de pueblos
cultos, no obstante las cai:.::pañas de la civilización,
todo argelino adora el corso como su mád preciada
gloria nacional.
La «Argelina• de Tusquets es burdamente hermoea, es la hembra de carne blanda y desbor !ante,
nunca oprimida por los adminic1los que tiend, n á
crear una estética convencional.
¿Qué nos dice su rostro?
Lo que dicen todos los rostros orientales: mucho y
nada. Es decir. mucho vago. Los orientales miran y
no ven. Se engolfan ~n inconscientes contemplaciones, toman en su pupila
mecánicamente, PI cuadro
que tienen frente los ojos,
y sueñan en el Nirvana,
en ese Nirvana que es el
fondo de todo sentimiento
oriental. En el cuadro de
Tusquets admiramos todo:
concepción y expresión.
Colorido s om briamente
opulento y fiel, modelado
observado con minucia: tratamiento arti,;tico y detallado.
Tusquets propende á la
pintura de detalle y no pudo
prescindir de esta tendencia en su «Argelina.• no
obstante que en esta vez
se propuso ser amplio y
abstracto. :Prueba dt: ello,
los dijes colgantes bajo del
pecho.
También ratifica el cuadro la asombrosa maestría
cou que el autor trata los·
paños; mirase ésta, muy especialmente, en la tela que
se escapa de la manga.
La «Argelina• es uno de
los cuadros más hermosos
del contin¡;rente español en
nuestra XXII[ Exposición
Nacional de Bellas Artes,
y como lo hemos dicho en
nuestro día.río, es seguro
que pasará á la propiedad
del Sr. de Teresa.

CuADRO

DE

R.

RecomPndamos esas fotografías, que por B:! perfecta Pjecución tienen ¡rr,m valor artlsticv y dan coro•
pleta idea de los cuadros que reproducen.
Lugar de venta dl'I las fotografías: Fotografía Nacional, (calles del 5 de Mayo y Alcaicería nº 6) y l'X·
pl'lnd;o Aspecial que se abrirá enfrente de la Acaden.ia de Bellas Artes.

POR S. VJNIEGRA,

Arrebujada en el mantón de Jar~os rlecosgue muellemente cae sobre su falda, la maJa de la tierra de
Viniegra, se pone en jarra y nos mira con toda la
gracia andaluza.
Es un cuadrito de género bastante sencillo pero
muy sugestivo y-permitáeenos la frase-muy sabroso.
La maja del cuadro no es bonita, pero es genuina
andaluza y eso basta para que nos guste. Por entre
la seda de sus pestañas se escapan dardos de sus
ojos, que ¡vamos! nos hacen exclamar: ¡Olé por Viniegral
Dibujo, colorido y modelado, inmejorables.

11

SALVA\IENTO DE LOS BUQUES VARADOS
POR MEDIO DE LA

REM9CION DEL BANCO D.E ARENA.

EL MUNDO.

435

burgo, y el del acorazado Victorious de la
marma inglesa, varado al N. E de Port
Sa1d.
El Rossia mide 146 metrcs de longitud y
23 d" eslora; desplaza 12 209 toneladas y su
despl"zamiento á la hora del accidente era
de 80 800. Se hundió en un banco de arena
fina y limo con muchos guijarros, y por
efecto del descenso de nivel del rio llegó á
ejercer úna presión de 2,500 toneladas. Era
el mes de Noviembre y el rio fué paralizado
por el hielo cuya capa se espesó tanto en
d.e rredo,· del casco que hubo de renunciarse á romperla.
Habiendo dicho los buzos que la po¡,a y
quoi la quilla, en . casi toda 11u longitud por
la izquierda, estaban libres, ensayóse sin

CONTRARIADA.
Po1&lt; R.

TusQUETS.

De índole diversa que la
obra antnior, es el cuadro
que Tusguets titula "Contrariada."
Es una escena de actuali •
dad consmopolita: una hermosa dama que sin duda B6
preparaba á asistir á un
sarao. recibe una carta que
manifiestamente contratr11rla sus propósitos.
La acción es 3encilla y es•
tá bien tomada y la expresión psicológica es justa 11in
ser muy intt&gt;nsa ni estar
suficientemPnte detallada.
El mérito del cuadro reside en el tecnicismo: es decir, en el tino y perfel'Ción
con que sus dPtalles están
ejecutados. Dibuio y colo•
rido son inmejorables desde este punto de vista. El
tratamierto de los p11ños y
de hs superfies brillantes
es verdaderamente admirable, aunque, para todo
aquel que Juzgue la obra
de arte sobre la base de
una filosofia firme y precisa se manifiesta en este
cuadro de Tusguets una
notabllisimad.. sproporción
entre la idea y la forma.
En suma, es un ht&gt;rmoso
cuadro, pero clasifica ble
sólo como prod-::icto de "arte menor,"que dijo el gran
Taine.
También 11Contrariada11
el casi seguro que será
comprada según 10 hemos
dicho en 11E1 Mundo diario."

Los perfumes artificiales.

CONTRA.RIA.DA..

FoT.

TURQUET!'l.

"DE MI TIERRA."

Las andaluzas son femenlnas desde el nacar de la
peineta basta el chapln de raso; y los andaluces toreros casi por nacimiento. cuchilleros y decidores, son
hombres cabales que saben amará sus hembras.
Y Guillermo Gómez Gil ha sabido sorprender maravillosamente el carácter de esas hembrao y de esos
hombre11 al pintarlo11 en flamPnco divertimento á la~
puerta11 del áurea Málaga. Ha hecho más el ilustrtt
pintor ha tramladado á la tela. con la mayor fidelidad
las ca;aeteristicas ilPl paisaje andaluz, el sabor peculiar de la tierra de Maria Satotbima,creandouna obra
artística gPnuin11mente regional y aco_rde_ con las
t&gt;xigencias del Arte de buena cepa. D1buJo y colo•
riJo son pnfectos, a11i como armónico el agrupamiento de las figuras. \!'erdadera la expresión de los ros
tros y bello l:ll conjunto.
Mucho nos complace saber que Pste cuadro quedará en México, adquirido
por el conocido capitalista
Don José de Teresa.
11

Domingo 11 de Diciembre 1~ 1898.

"UNA. JUERGA. EN MA.LA.GA."
POR GUILLERMO GóllIEZ

Grr..

Antójasenos ese cuadro en pintura, lo qufl los "Cantos de la Vendimia" de Rueda ó de Manut:l Rema son
en bellas letras.
Baja el azul cielo de Anda lucia, cabe los rumorosos
tumbos marinos, bajo la sombra de un emparrado cuajado de uvas y sobre un fondo hermosamente diáfano y vigorosamente contorne11do, las castañuelas dan
al aire sus desgranes de alegria y la maja quiebra su
cadera armo11iosa al son de la guitarra, de ese instrumento gemidor "que tiene cintura:de mujer. 11
La sangre andaluza es fuego, y_ es fuego que calcina las venas y fuego que, arrojado en agudas miradas, contagia y enagena.

üel mi~mo modo que los
colores vegetales van olv1dánd0Fe por los colores
derivados del alquitrán, los
perfumes compuestos tien•
den á substituir diarh1men•
te á las naturales, y cosa
extraña, los derivados del
alquitrán parece que son
los que dan mejores resultados.
Entre los perfumes baratos que están 11.l alcance
de todo el mundo, el alquitrán ha proporcionado: la
heliotropina ó esencia de
heliotropo; la cumarinaque
huele á heno; la lorima, cuyo olor es el miRmo de la
violeta deParma; el turpiDE L. C. RANDOVAL.
nol cuyo pedume se parece al de la lila, el c , etc.
Hay mas aún. Desde ha.
ce algún tiempo, las combinaciQD.es hechas con los
derivados del alquitrán son ya incontables.
El Dr. Symes, Presidente de la Sociedad Real de
Farmacia de Inglaterra, cita entre otros productos el
Wintergreen, esenc:a muy usada en Inglaterra y que
se obtiene destilando una mezcla tte alcohol metílico
y fenol.
··
·• El mismo sabio ospeclalista ha.dado una conferencia notable sobre este asunto que tanto interesa á las
damas del mundo entero.
La qulmica del tocador va complicándose más cada
dla y al paso que siguen los procedimientos del laboratorio, dentro de poco los perfumes de las flores sólo
serán términos de nomenclatura mercantil en las droguerías.

FIG 1.-0P EJRACIONE!I PARA DEl'J'ERMINAR
LA POSICIÓN DEL 11ROl:!SIA."
.

Los bugueti encallados en bancos de escasa profundidad piden operaciones generalmt1nte basadas en el
principio de reparación del casco, tapando todas las
aberturas. Estos trabajod no dejan de tenPr sus difi-cultadee, porgue además de las que presenta la ohs-

-~ - •-.. -· 7

llit'ld-11-'c-\-~:S.....

•· \

ARTISTAS DE LA COMFA:ÑIA DE OPERA,
que ttabajara próxlmamrnte en esta capital.

FIG. 2 -DESTRUCCIÓN DEL BANCO DE ARENA POR MEDIO
DE INYECCIONES DE AGUA,

trucción de las vías de agua, es necesario reforzarlos, para que los
,cascos y puentes soporten la presión considerable que sufren después de agotada el agua.
Los buques simplemente varados, sin averias serias, se ponen á
flote con facilidad, si una parte considerable queda fuera del agua;
pero cuando están profundamente bandidas en la arena ó el fango, es preciso vencer frotamientos enormes. Difícilmente se logra
esto tratándos:e de buques de mediano tonelaje; en cuaoto á los grandes navíos de guerra, preciso es recurrirá procedimientos especiales, porque la tracción de los remolcadores ·es insuficiente casi siem•
pre.
No pudiéndose combatir directamente el frotamiento del fondo de
arena, se le.suprime, ya disgregándolo po_rmedio de c~orros de agua
comprimida, ya empleando drag·as de succión, ó ya vahéndose de ambos sisiemas en combinación.
Hay dos ejemplos interesantes de aplicación de estos método~: el
-caso del crucero Rossia.encallado en el lecho del Neva enSanPeters-

FIG, $.-VISTA DEL 11VICTORIOUS, 11 ACORAZADO INGLÉS,

Blanca Barduccl,

Amella Sostegnl,

Soprano dramática.

Estefania Collamarlnl,

Soprano cómlca.

Mezzo soprano.

éxito levantar el navío moviéndolo lateralmente. ·
La escuela de buzos de Cronstadt se encargó entonces de las operacionel!. é hizo de
ellas un objeto·de práctica. Los buzos se vestían ~ajo una tienda establecida en el hielo,
y baJaban de dos en dos, bien provistos de

lámparas eléctr;cas y de aparatos telefónicos,
permaneciendo media hora en el agua. Se
ideó limpiar el fondo sobre el que descansaba el bu, ue, di vl diendo al efecto el casco en
diez partes marcadas cada una con una raya
blapca. Bajaban los buzos sucesivamente por
los planos verticales de las rayas y transmi-

FIG. 4 . -SALVAMIIINTO DEL 11 VICTORIOUS11 CON AYlJD \ DE l'NA DRAGA ASPIRANTE
Y DE UN CHA.LAND DE INYlllCCIONES D111 AGUA.

�436

!!.o&gt;..

Domingo 11 de Diciembre 1~ 1898.

MUNDO

EL MUNDO.

437

arrollaban una fuerza de
1500 caballos, pero no hizo
1'I buque nib que girar sobre si m;smo
Al dia siguiente la operación ª" r" pi tió en sentido •ontrario, sin resultado
apreciable Sm embargo,
se arrastró 11! buque sobre
la arena ma diRtRncia de
r.ien metros. Al mismo tiem•
po se procedía á descarg-ar
t:I carbón y los proyectiles
para alig,rnrlo y qu flota•
ra al Jleg11r á un fondo de
8 metros
El ingeniero Pn j11fe del
canal de Suez, M. Quellennec. pronuRo al comandante dl'l Victorious abrir un
canal bajo el buque con
a:vuda deuna dragadesucciñ11 á babor v dos botescistc.rnas proviRtos de bombaij para inyectar agu11. en
la arfln'I á f'Rtribor. (Vease la ftgura 4.)
Las operaciones se emprendieron. llevándose á
cabo con algunas peripecias y á las 11 de la noche
dfll día 17 empezó á fütar
el buqufl. Al dla s:guiente,
á laR ocho de la mRñ~na,
llegó á un fondo de 11 metros en dond~ po&lt;ila moverse sin dificultades y por
RUS prop!os mPdi!lR, 'bel 17
de Febrero, al medio dia,

MEXICO MODERNO

Casa d.-1 Sr. Emilio Dondé,
Calle de Donato Guerra.

Casa del Sr. .T uan A.. Arzumendi,

Calle de Sa&lt;II Camot.
·---------------------------

•ian por teléfono la~ o':lservaciones por m1&gt;dio de
Jas cuales se determinó lll posició11, (íig. 1).
Pari. desbaratar 1-l banco de arena de que hemos hablado se colocó junto al buque un chaland
prov;sto de bomba l'Xpeleote, cuyo tubo era de
6l centim-etros..de diámetro. Los buzos colocaban
dicho tubo de mant&gt;ra que s11 ~xtr-t\mi1i11,d se encontrase br.jo la quilla á 7 ú 8 metros bajo la superficie del hielo (fig. 2)
De esta suerte se destruyeron todas las partf's
del banco que tocaban el buqu11 La operación
comenzó el 19 deNoviE&gt;mbre de 1896 y terminó el
15 de Diciembre, con éxito completo. Prolongóse más de lo necesario por los estudios que hicieron los buzol! de la Escuela de Cronstadt y por la
congelación del rio.

'

al 18 á las 7 de la mañana recorrió450 metros con
un hundimiento en la arena de 51} cent1metros.
La operación tuvo un resultado magnifico y
puede afirmarse que sacó al acorazado inglés de
una situación bien critica, porque en los bancos
de arena viscosa, la adherencia á la carena es de
tal manera fuerte, que los buques varados abren
el lecho bajo la influencia de lat1 mareas, hur.diendoRe progresivamente ha¡¡.talo.s to.Jtes.
Este hecho desastroso se ha presentado muchas
vecee, principalmeute en la rada de Bilbao.

La verdadera existencia es la que continúa en
nuestro corazón con el recuerdo delos seres amados.
Renan.
La gloria es el sol de los muertos.
Balzac.
Para el cuerpo lo mismo que para el alma morir
f'S vivir y en este mundo no hay otra realidad
más que la vida,
Micheld.
Nadie sabe precisar el momento en que nuestra vida deja de ser útil y en que el suicidio no
es un mal para los demás.
Valtour.

***

El Victorious es uno de los buques máA rinderosos de la flota inglesa, 11, X &amp;2 metros; 15,150 toneladas y nna andadura de HS nudos,
El 14 de Febrero, en el momento de llegar ante
Port Se1d, el viento y una mar grues1t lo arrojaron hacia el Este: después de haber ensayado
una resistenci" C'&gt;n sus máquinas, arrojó sucesivamente dos anclas cuyas cadenas se rompieron,
y encalló en un fondo de 7 metros y m&lt;'dio, á una
milla de los muelles: se hundió un metro aproximadamente.
Lo p:-imero que se in!entó fué arrastrar el Victorious por medio de dos remolcadores que des-

Casa d.-1 Sr. A,rm1Hn Cazanx,
Calzada de la Reforma.

LA CARICATURA EN EL EXTRANJERO.

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Guillermo II.-¡Cuidado Sultán! No vayas á llam~r·
me compadre delante de la gente, y no te resbalel
porque hay mucha s11ngre en todo tu pais.
~

(Courrier Frani;ais, PariE)

-

EL BARÓMETRO D111 LA GUERRA,

¡¡¡F.ASCHODA!!! ¡¡FArnHODA!I ¡FaPch,,dal

Faschoda.

(Kladderadatsch, Berlin.

La Paz Universal llega con mucha anticipación (un
siglo antes). Por tal motivo las Potencias le ruegan
que vuelva el año 2000, espt..rando que para entonces
ya habrá medios de hacerle todos los honores que merece tan ilustre huésp~d.
(Life, NewYork.)

Al Sudeste de Vivier11, sobre la cresta de una de las
:rocas abruptas que dominan Donzére, habla en otro
"tiempo un castillo tan extrañamente blanco que pare-eta visto desde lejos un cisne. Pero si se fijaba la
.atención en su aspecto amenazador, erizado debastiones, coronado por una atalaya sinit,stra se asemejaba más bien á una ave de rapiña, Hay más. A la luz
dela luna, actualm1mte, la roca donde el castillo estaba edificado, proyecta sobre las aguas murmurado·
ru y tramparentes del rio, P.l perfil de un cuadrúpedo
encabritado.
El que mandó construir aquella fortaleza llflvaba
el nombre di- Hutin des Palus y el apodo de Ferrelouve, porque no salia nunca más que acompañado por
una loba cuy-u ptttas estaban herradas á la manera
con que 2e hierran las de los caballos y los asnos. Y
hasta se murmuraba que esta fiera era el alma misma
de su amo, ó que á lo menos él la habla procreado con
la incomparable abyección de sus sentimientos En
efecto, Hutin no tenia en las entrañas 11ino la fuerza
espantoaa, la fiebre sórdida que vomita abominaciones.
Por haber visto en la encrucijada de ur: camino en
la pendiente oculta de un talud ó en un recodo del
rio su cara turgescente, atortugada, cargada de pústula s. algunas vírgenes hablan q~edado ciegas, otras
]&gt;ardieron 1a razón y muchos ancianos se encerraron
para siompre en sus habitaciones.
Sin embargo, Dios habla consentido en c,ue Ferrelouve se casara con Margarita de Evrest, beldad luminosa con apacibilid11d de estrella lejana, y que nacieran de esta mujer de pupilas de elegida, tres hijas:
Berta con cabellera de faego, Giselda morena y Odetta rubia, niñas bañadas de cielo, color de medio dia,
de t"rde y de aurora.
y FdrrelouvA amaba mucho á sus tres hijas, mucho,
porque asilo había querido DioP.
Una tarde que estiLba co.1 ellas apoyado de codos
-en el antepecho de la ventana que se llamaba venta•

na de los caballeroR, diitlnguió á dos tiros de hRllP.s· de púrpura hast I la ventau a dfl loa caba.\Jeroa. C,1,mita á un joven de piernas d1111nndas. cabeza descubi~r - uaba como envuelto en una ráfag&amp;.de sol,y- cuando se
ta y iustillo azul. que llevaba á la espalda un cesto de dt&gt;tuvo, una estt11la irradiante se extendio tras de él
mimbres y cortaba :v rPcojia. flores silve&amp;tree.
Todos quedaron silenciosos
¡Qué ineensat(l! pensó Hutin .
En seguida Hutin se Inclinó sobre el antepecho de
Y luPgo añadió pua si:
la ventana, contempló al adolescente con ojos ah1-Pero está muy 1.. j:,s todavía.
gres y sonrisa burlesca y le preguntó.
Una e~peranza feroz dilatab• entre tanto su cora-1.Cómo te llamas?
zón: hin,·haba las narices y se relamla los labios.
-Tu crimen, respondió el adolescente.
El adolescente camlo11ba aproximan&lt;io11e poco á po·
Lue~o, 1tghando ante Hutin sn cesto lleno de flores
co. Ya se distinguía su fidonomia d"lica.da y dulce, t1u añadio,
frente deopejaday limpia como d., niño dormido, y ha11-Y he subiiio solo, solo hasta ti.
ta se velan los alamares rojos de su ju~tlllo. Cantaba
Luego soltó el cesto y cayó de e.spaldas con los ojos
loe versos de un aire, entonces antiguo ya, y que @e cerrados y los brazos abiertos. La flecha que había
repite aun en el Lttnguedoc por la época de 'as ven· quedario clavada en la herida, vibró un momento; la
dimías y de la coRecha &lt;le act'&lt;ituua11:
loba vino á lamer la espuma sanguinolenta con que
.Anen adutz tas mans; la fruch e.~ embaumada.
se empapaba la arena, y aunque tendido sobre la auOdetta s•rnrela sacudiendo su C'4beclt&gt;1; Bertha escu- reola luminosa, el joven no se movió ya más.
chaba inmóvil; y cuando el can,or estaba ya á tiro de
-Que lo encadenen, dijo el feroz castellano, y lo
ballesta.
arroj~n en la cueva cerrada que be llamado "el se-Mire usted. padre mio, dijo Glselda, ¡qué bello es! pulcro!"
-Si, contestó Hutin.
Entonces, el arquero amarillo y otros dos hombres
Y de nuevo se relamió los labios, y las ventan:is de de armas ligaron al cortador de flores con lazos de
Rll nariz que erau anchas y profundas, palpitaron de
hierro y le ,lev.llron, con todo y la aureola radiosa que
alegria cruel.
estaba como adherida á su cuerpo. Cumplida esta or-Pue~to que les agrada, dijo, lo voy á hacer subir. den Hutin mandó que se preparara junto á la ventana
Al mismo tiempo apoyó 11us dos pulgarea, sobre un de los caballeros una gran mesa: en seguida se puso
trián,rulo de hierro y apareció en el actu un arquero ájugar á los dados y comió y bebió hasta la hora del
de faz asi4tica melancólica y sumisa, al cubl con un crepúsculo, y asi estuvo, con .,1 hocico de ..u loba sobre
ademán, Ferrelouve Je señaló el justillo azul La loba, las rodilla11 y se durmió cuando grazna.ron los mo•
imponente y grave contemplaba al arqutiro quti tem• chuelos, en la saciedad asquerosa del vino, la sangre
pl11ba su arco.
y la noche.
Eo ese lnstantP. y simultáneamente:
Al mediar de esta noche, un ángel gallardo ves- Gracilll dijo B rtha b•ñada en lágrimas.
belto, negro de los piés á las alas, se apareció á 'Mar-Mis1&lt;ricoratal Gimió Giselda desf111leciendo.
garita de Evrest.
-Perdón! suplicó Odetta mesándose los cabellos
Se conservaba en pié á la puerta de la cámara y
rubloP.
con los hermosísimos ojos muy abiertos; su sombra
Silbó una flecha. El justillo azul se agitó como una inmóvil subla por encima de la cabecera de la cama
bandera y el adoleacente avanzó, avanzó salpicando hasta las vigas del techo; tenia en las manos extendí0

�438
das y abiertas algunos rubfee líquidos que á la luz de
la luna cintilaban ampliamente . ... Y habló .... habló,
sin que sus labio~ se moviesen, parpadeando como si
las palabras después de salir de euo ojos pasaran al
través de las pestañas.
-He aquf el premio dela redención del mundo, que
viene de Jeruealem, dijo:
Margarita se puso á orar arrodillada sobre el col•
chón, dardeando sus pupilas siderales en las que se
reflejaban las manos del ángel, y reproduciendo la
claridad que rutilaban las gemas divinas, mientras un
rayo de la luna eepolvoreaba plata entre sus cabellos
E&gt;sparcidos. Con los brazos en cruz, el corazón palpitante y la firme voz de una predestinada, preguntó:
· Angel de luz sombria. ¿qué quiere de mi, mi Señor?
.l:!,I angel dijo:
-Levántate y slgueme.
La mujer se 'levantó y los dos se pusieron en marcha por los corredores entrecruzados donde de treinta en treinta pasoe, velaban arqueros amarillos; pero
en ese momento los arqueros de nada se a.perclblan,
porque la Voluntad Todo Poderosa quiso que quedasen pas~jeramente sordos y ciegos.
A lo largo ·d e los muros, antorchas coloca.das sobre
anillos de hierre, iluminaban. y de lo alto de las bóvedas goteaba de vez en cuando agua helada. Alimañas
viscosas aleteando se estnllaban contra las antorchas
y obEcuros reptiles serpeaban entre la sombra húmeda.
De pronto, el ángel se detuvo ante una
ancha Josa que acababa de ser soldada
con argamasa, y sobre la cual una flecha
torcida sangraba sobre una aureola luminosa. Sus plumas de tinieblas zumbaron
vivamente agitadas, los rubies de tius mano-. se reflejaron esparciendo un penetrante olor de myrra, y con la boca cerrada y
loe ojos parpadeantes dijo:
-Este es el lugar que aqui llaman el sepulcro.
Tocó la losa con el pié y sonora se levantó, dejando ver o.na fosa que alumbraba roja claridad encima de la cual permanecía como suspendida. Poco distante
de aquella cripta, Margarita de Evrest
esperab2', serena y silenciosa, con la frente inclinada y fijas en el pavimento sus
miradas de estrella lejana.
- Ohé, yohé, aleluya! clamó el ángel negro.
Y el cortador de flores surgió ensangrentado de la cueva y se colocó á la derecha del ángel. Expontaneamente Margarita se acercó á ellos, y de nueTo, en voz
baja, tierna y firme, preguntó:
-¿Qué me ordena mi Salvador?
El ángel contestó:
-Desciende al sepulcro.
Ella hizo un movimiento de retroceder,
pero en el acto, rehaciéndose y con el paso firme de quién penetra en la mansión
del amor eterno, avanzóv se arrojó al fondo del supulcro cuya losa ee cerró en pos
de ella. Entonces las antorchas consumí•
das se extinguieron y los arqueros encendieron otras, en tanto que el ángel de luz
Fombria habiendo posado su die~tra sobre el justillo azul, hizo sonreír al cortador deflores como sonríen los niños cuando al despertar sienten un beso, y le hizo
ver grandes olivos balanctiados por el
aire de la noche.
Pronto al tr11vé11 de los follajes trémulos
reconoció la tibia mansión natal y la cisterna circundada de floreP, y el sobradillo
que daba sombra al chiquero.
Y como ya no tenia m heridas ni cadenas, y como se conocía inclinado á los ensueños, pensó que babia soñado y que estaba volviendo á la realidad.
y he aquí cómo al día siguiente Ferrelouve lanzó en busca de su mujer ochenta hombres de armas y veinte escuderos,
encargándoles que se apoderaran de cuantos extranjeros apart1cieran por los caminos.
Este ejército rodeó la montaña y regia·
tró el bosque punzando con sus picas entre los mato•
rraleP, mientru una nube de pájaros espantados revoloteaba sobre su cabeza. Se desparramaron por los
valles poblados de perros y lle cabras salvajes, y s·e
11venturaron serpenteando hasta el pié de las murallas mi¡¡mas de V~iere.
Ante las puertas .de Donzére relucieron las cotas de
malla de los arqueros asiáticos, y sus ojos amar! llos relampaguearon.
Al caminar, cantaban con la música misma del cortador de flores. una especie de parodia bárbara I1ena
de humos de asesinato y de suciedades y blasfiemas
que l'mpezabi,. así:
Amen adutz t?is mans per de testas coupadas.
Algunos de los escuderos pusieron fue,!!'o á un arrabal de Ciaría..porque un Clarisiense arrojó gritos de
ePpanto viéndolos pasar; y luego sinmotivo incendiaron los cortijos de VolepaPpus y el bosque férico de
Sarrasy.y no regresaron sino hasta por la tarde ébrios
porque a qui y alli pusieron á saco las cuevas y temeroso11 porque no trajeron consigo sino un solo prisionero.
Era este un monje de anchas pupilas claras y de
boca marchita, como gastada á fuerza de plegarias.
Una pequeña custodia violeta oscilaba sobre su sotana blanca á la altura de su corazón; ceñia su cintura
con una cuerda de la que pend!a un rosario de cuentas blancas, y una corona de cabellos Igualmente blancoR circundaba su cráneo ealvo y reluciente en la
parte superior. Parecía al mismo tiempo dulce y descl rñoFO, pre'o cupado hondamente por algún asunto

EL MUNDO
magnifico y lejano que no le dejaba fijar su atención en la fri vohdad de las cosas presentes .
Se le babia amarrado con tal violencia, 4ue uno de
sus brazos quedó fracturado y colgaba inmóvil con
el antebrazo hinchado y amoratado y la mano exangüe señalada con una marca cruciforme .
Al verlo, Ferrelouve se echó á reir á carcajadas diciéndole:
-Tuvo usted, señor, una pésima inspiración cuando
dejó su convento: los caminos no están muy seguros.
¿No es usted de la misma opinión?
El monje no respondió:
-Estoy hablando, di jo Hutin.
El monje se encojió de hombros, y entonces. temblando de cólera, Hutin se arrojó sobre él y le dijo.
-Quiero que ha.bles.
Y le intt-rrogó de nuevo, riéndose nerviosamente.
-¿Cómo te llamas?
Con un movimiento de sus pupilas claras, el religioso le mostró t'l cielo donde por g1upos pálidos las es•
trellas com"lnzaban á expandirse, y Ferrelouve le escupió por cuatro veces en el rostro. Entonces, en los
puntos donde la ofensa hi.bia ca ido, brotó algo bri•
liante como una constelación viviente. En el mismo
instAnte su brazo roto se 11gitó, y de su mano destrozada empezaron á nevar ampos de luz cintilatites y
espesos ......... .
E.l castellano, livido, se volvió á sus arqueros y les
ordenó con voz amenazador.. y ahogada por el es•
i,anto:

-Conducid al sepulcro á este hombre que se llama
el Firmamento, y cerrad sobre él la losa.
Los arqueros obedecieron ....
Y por esto. al,!!'unas horas mb tarde, al mediar la
noche, el ángel de la luz ROmbrfa se inclinó sobre el
lecho de la hija mayor de Hutin, la bañó con la mirada dulcísima de sus ojos, hermosos y le dijo con acento musical:
-Ven conmigo. Acompáñame al sepulcro.
Y Bertha se levantó...... Muda. y con las manos juntas caminó en pos del cel"lste mensajero, asombrada
apenas de los corredores subterráneos, de los vigi111ntf's arquero@, de los reptiles pardos y de las antorchas fuliginosas; y cuando llegaron al borde del sepulcro. de su propio sepulcro, i!e lev. ntó una anchi,.
los11 en la cual esta vez un cordón blanco se arrollaba ._,n derred&lt;&gt;r de cuatro estrellitas relucientes.
-Aleluya, ohé. yohél clamó 1'11 ángel.
La fosa estaba llena de claridad azul, y el monje
blancot E&gt;mergiendo de estll limpidez sobrenatul inclinó su cráneo lustroso, poPó sus labios en la custodia violeta; y haciendo un ademán de regocijo cayó
arrodíllado á la derecha del ángel. y sacudió sus cabellos canos qul'I parecían corona formada por haces
de rayos de sol. Bertha e~taba maravillada al ver su
tra;e claro ornado de galones, su ahogador de corales
del cual pendia un minusculo corazón de plata y el
centelleo loco de su vellocino de oro que añadia encantos á ~u belleza Infantil. Sin embargo, una especie
·de halo pálido, rodeando el óvalo puro de su rostrv le

Domingo 11 de Diciembre de 1898.
daba un aire de tranquilid11d grave y de discreta dulzura. Suspiró levemente y luego con acento suave ymirando con mirada de confianza absoluta, preguntó:
-Angel negro, ¿qué quieres de mi?
..
El ángel, desplegando sus anchas alas,lerespondio::.
-He aqui la veluntad de Dios: precipitate en el
sepulcro.
En el acto la figura clara con manto bordado de Ji.
ríos avanzó, se arrojó, y los cabellos de oro fulguraron . . . . La losa volvió á caer sobre la tumba dejandola clausurada Y.el ángel _de la luz tenebros:i y el !Ilonje blanco se aleJaron taciturLos y con los oJos ba¡os.
Tan Juego como Hutin tuvo noticias de la desaparición de la mayor de sus hijas, lanzó alaridos más.
tremendos que los de su loba, convulso de furorv desesperación. Se dice que los pescadores del Ródano
oyeron sus quejas y que presintiendo por ellas que
su fin estaba próximo, corrieron állevaralascapillas
vecinas rames de flores, velas y ex-votos. Pt:ro él,
llamando á todos sus hombres de armas, á sus escuderos, á sus monteros, á sus heraldos y hasta á sus escanciadores y poniéndose á la cabeza.se precipitó sobre el llano y emprendió la batida en huertue, casníos,
aldeas, quemó los bosques y saqueó las iglesias. Las
aldeas y las iglesias quedaron vacias, los cortijos y
los caminos desiertos, porque al aproximarse Ferrelouve, los campesinos atravesaron el rio y se ebcondieron en caTernas y en sitios ignorados.
Sin embargo. al regresar, los arqueros encontraron.
sentados junto á una era de lechugas á
dos ancianos; el uno tuerto, de barba
enorme,y el otro con la nariz extrañamente corta y aplanada, el uno y el otro tan
flacos que se lee podian contar loe huesos.
y tan débiles que no hablan tenido fuerzas para tragar las hojas de lechug¡¡ que
aún les verdeaban en los labios.
Se les arrastró hasta p, esentarlos á los
piés de Hutin, pero fueron v11nos cuantos esfuerzos se hicieron por arrancarles
una sola palabra, pues hacia mucho tiempo que no hablaban ya. Sin embargo, cuando Ferrelouve siguiendo su costumbre les.
preguntó cómo se llamaban, fijaron tranquilamente y los dos á la vez sus ejos en
el sol. Entonces una ola de sangre empurpuró la faz del castellano; y con los.
cabellos erizados y losdientel! chorreando baba venenosa.
-Arrojad en el sepulcro á esos malandrines que se llaman "la Tierra" gritó á .
e.u.e arquero&amp;.
Y los arqueros penetraron por lo¡; corredores fúnebres, conduciendo delante de.ellos á los ancianos.
Luego, cuando llegó la noche y la luna
e11 crecilmte empezó á platear la montaña, el Señor entreabrió las puertas de la.
cámara en donde las dos hijas más pequeñas de Hutin des Palus, acababan de
dormirse. El ángel de la luz somb!'ia sedeslizó hacia el pequeño Jecho de Giselda la cual estaba con un vestido de co•
lor de rosa boruado de palmas de oro; y
al lecho m~s pequeño aún de Odetta cuyos bracitos desnudos estrechaban una
minúscula figura humana de cera y de
madera, pintarrajeada de azul y carmesí.
Con su soplo celeste lee abrió dulcemente los párpados y les dijo Juego,
- Soy un enviado de Die s. Levantaos
una y otra, y acompañadme á donde Dios
lo quiere. Sin conmoverse, casi sin comprender, las dos niñas saltaron del lecho
y dóciles, delicadas y pequeñitas, se colocaron á ambos lados del ángel llevando
la menor su muñeca de azul y carmesí en
las manos; y como viera el ángel que la
otra llevaba las manos vacías, le arrancó
del traje una de las palmas y se la puso
entre los dedos.
De esta suerte marcharon á lo largo de
las galerías subterráneas, entce las antorchas humeantes de los arquoros inconscientes, hasta el lugar llamado "el sepulcro." Levantada la ancha losa, las niñas
sonrieron, inocentes, al oir la voz resucitadora del ángel que clamaba.
-¡Aleluya, ohé, yohé, Aleluyal
y hasta ies divirtió ver cómo los dos ancianos pene~
traron juntos en las tinieblas y fueron á acurrucarse,
el tuerto á la izq_ierda y el chato á la derecha de.
la cueva.
-Qué esto? preguntó Odetta.
- Un milagro, le contestó Giselda.
En este instante, alzando sus alas negras y ocultando con ellas las lágrimas que asomaban á sus ojos,
el ángel ordenó á las dos niñas que se precipitaranen el 11epulcro.
-He aqui Jo que Dios quiere, les dijo.
Odetta obedeció apretando contra su corazón la;
minúscula figura humana pintarrajeada de azul y
ca:mesi, y Juego obedeció Giselda aj?itando la palma
de oro que le había dado el mensajero sombrío del'
cielo. T1as ellas, la pesada lopa se cerró retumbando, y el ángel desaparec(ó con los ancianos sombrios
y taciturnos .... en seguida la alondra y t.l gallo cantaron .... Un temblr,r vivo sacudió al Ródano soñoliento, y una saludab'.e frescura ~ubió de sus riberas,
al mismo tiempo qu"' de las prad~ras y los huertos,
los bosques y los Jardines, se desprendía un aroma.
suave y embri11gador y un murmurio musical y tierno. A poco el dia, resplandeciente y sereno,nació ....
Era verdaderamente un día legendario, solemne; y
no obstante, tan sencillo, tan harmonioso perfumado,
y !impido, como no es posible ver otro dia mejor.

Domingo 11 de Diciembre de 1898.

EL MUNDO.

En el almenaje del castillo, en las ojivas de las puertas y en
~l tréb~l de las venta nas, ágiles golondrinas y a.legres venceJOB voltigeaban, del!cendían, se posaban, se balanceaban huian
y ar~ullaban con mil gritos regocijados, ruidosos, bell~s y di·
vertidos, como en los tiempos del adorable San F rancisco
G~tos pere~osos de pelaje largo de ébano y de fuego; y de
pupilas cambiantes se enarcaban sobre los puentes levadizos
e~ tanto que lagartijas y salamandras calentándose al sol, dor~
m1taban entre los alhelíes polvorosos y las mentas diseminadas
á lo largo delos revestimientos de ladrillos de fosos y bastiones.
Al Norte, se veian encorvarse como un 1osario de cuentas
enormes y humeantes las Cevenes que hacia Privas. elOuvese
recortaba como una cinta de oro. Al Oeste en lontananza el
A:-deche azul, y al Este. muy cerca entonce~, el Ródano verde,
inmenso, en el cual se destacaban los triángulos claros de las
velas latinas.
Hutin par~do en cuatro piés, rebotaba y daba ahullidos como un lobo Junto á su Jo ba ante la ventana de los caballeros
cuando una camarera corrió hacia el llorosa y aterra.da co~
los cabellos en ~~sorden, esparcidos aqui y allá por s~ cara
de pavor, y arro¡añdose al suelo y golpeándose la cabeza
contra las losas y retorciéndl)se las manos vociferó·
-Piedad, señor, piedad, piedad .... 1
•
Ferrelouve se puso de pié y en un movimiento furioso sacó
la daga de la vaina y preguntó:
-¿Ha sucedido á mis hijas alguna desgracia?
Y con el brazo levantado, esperaba el instante de descargar
la puñalada mortal.
Sus ojos áv~dos col_or de acero se inyectaron de púrpura,
su cuello se hmchó, dió. tres vueltas sobre si mismo, y jadeaba.
Espantoso, echan~o chispas por los dil'lntes, vaciló y cayó abrumado por su propio peso, reb1.1tando su frente en el pavimento
Vino un escudero CO!J una jarra de agua, otro con telas d~
~lgodón, y otros sostemendo unas angarillas de escarlata fran.
Jeada y claveteada de argenterla. Lavaron á su amo lo enju•
garon, lo cargaron y suponiendo lo que babia pasnd~ lo tendieron en un lecho de campaña en medio del salón de honor.
.:qe cada lado ~el lecho fúnebre, quince arqueros jóvenes
h1c1eron la g;:ard1a con plumas negras en el casco y un cirio
de cera blanca en la mano.
Los criados afanosos, cuchicheando, asustados, supersticiosos, subieron á prender nn crespón negro en
las almenas del torreón, velaron
con gasa lúgubre las lámparas berberiMcas y los espejos venecianos, y
detuvieron las ruedas dentadas d·e
los relojes de agua.
Y sin embargo, el terrible castellano no babia muerto aún. Dormía ... !
Repleto de dolor, ahogado de
odio, con su loba acostada á sus piés,
dormla con un sueño semejante al
de la tumba ....
Cuando cayó la noche, el ángel de
la luz sombría le despertó tocándole
en el hombro.
11
Hutin des Palusl Ferrelouve.11
Desatinado despierta, silba llamando á su loba, tiende el br .. zo hacia la espada incrustada de oro y
pedrerías que los escuderos habían
colocado con los acicates de rodajas de plata y una trompeta de cobre
bajo la colcha castaño-clara del lecho.
La lobL. no se movió :, la espada
se transformó en un ramo de zizaña seca.
Livido, desfigurado, al!'azapándose en un extremo torchas y en la obPcuridad que sucedió sólo
de la sala, Hutin se volvió hacia la doble guardia de una mirada de azabache fosforescente.'
arqueros jóvenes y vió cómo se extinguían sus an-

NIHIL, REGIN.A..

En los pálidos azules
de los cobres oxidados,
En los diáfanos cristales
de loe limpidos zafiros,
Y en los trémulos fulgores
de las húmedas mrquesas:
,No hay las luces que en tus ojos, reína mía!

II.
En el oro de las cruces
de santuarios medioevales,
En los blanco@ resplandc•res
que derraman los topacios,
Y del Ambar en los rubios
y fugaces parpadeos:
¡No hay la lumbre que en tus crenchas, reina mial

439
:-Ven conmigo hacia el sepuforo, dijo la voz que salia
mismo punto en que aquella mirada brillab a fulgurante.
-Que yo vaya....
-Al fondo del sepulcro.
Y al mismo tiempo Hutln observó que la terrible mirada
del ángel pasaba como un anillo por su nariz y entraba en su
boca coma u~a mordaza, y se sentía tirado, empujado, arrastrado, retorciéndose á veces con la sensación exacta de latig;azos que le rozaian la J?iel y marchaba con pasos automáticos . la cabeza extremec1da por sacudimientos convulsivos,
los miembros rígidos . .. .
Bajo las bóvedas s_ubterráneas se puso á tiritar de frio, de
ira, d~espanto; sus p1és se deslizaban sobre materias viscosas
hundiéndose en un hervidero extraordinario mudo helado
q~e se adivinaba viviente. No babia á lo largd de las ~uralla~
n1 arqueros de cota de malla y c11sc,&gt; de acero ni antorchas
humeantes . .. Y la singular mirada de azabache luminoso
avanzaba siempre precediendo á F errrelouve.
Derrepente la mirada ceEó de avanz1&lt;r y quedó clavada en
un punto del t .cho de la cueva.
-¿Qué me quieres, llama del infierno? preguntó Hutin temblando..v castañeteandosele los dienteF.
La piedra d~ l.a fosa se extremeció, gimió y se levantó lentam~nte. Inmovrl eutonces, entre la for,ay la piedra el ángel de
la mirada fosforesceute dijo:
'
-He aqui el sepulcro.
Y el sE&gt;pulcro se iluminó.
El ángel de la luz sombría agregó:
-Hutin df'R P11.lus, h? aqui tu sepulcro.
Y cuando Hutin cayo al fondo del sepulcro, distinJ?uió cuatro seres que estab1&lt;n acostados, rlgictos como cadáveres y
estre.chamente abrazados.
Escorpiones y cucarae:has aormigueaban sobre eus faces encantadoras y entre la v1scob1dad de las bab ;sas. sus man(le
de dedos_a guzadospermanecian dulces, harmoDiosos en actitud de b1tnaventuranza.
'
Y. Hutin reco~oció uno por uno á esos sHes: sus labios se
abrieron, sus OJO~ se en~randecleron de horror y por la primera vez de su vida lloro ....
A!rodillado, levantó sus pupilas
lacrimosas terrificadae, llenas de
vergi.il'oza y de miseria hacia la mi"
rada del ángel negro y murmuró: •
-Margarita .... 1
Y respondiéndole la celeste voz:
Si, dijo Margarita, Bertha, Giaelda,
Odetta, todas en rescate de tus crí·
menes.
Y lul'go el ángel, más quedo, inclinándose y rr,ovido á compasión añadió:
'
-Pe ro los que lloran. son perdonados.
Pasó con sus alas al través de las
bóvedas sombrías; y entonces las
murallas almenadas, los machones
y las torres que iba rozando con su
vuelo de tiniebla ardiente, se derrumbaron con estruendo de rayo.
Y en la cima de la montaña, pronto
escueta y desnuda, quedópetriticad~ la loba criada por el alma demomaca de Hutin.
Y por esto es que en las hermosas
noches transparentes, al fulgor de
la luna tranquila y blanca, el viejo
relucía monte. proyecta Pobre el viejo río el perfil de un
cuadrupedo encabritado.
FERNANDO MAZADE.

MORTAJA.

Agriétase la roca y cae el día:
y en la roca agrietada y en la noche,
hay una sed de la pasión tardía,
hay una sombra obscura,
y una quietud deeoladora y fria;
y hay m.ís hielo en mi negra desventura.
En la agrietada roca me reclino;
ella en mi pecho su cabeza inclina,
y en el tálamo helado de la roca,
con mis ojos sangrientos la ilumino,
con sus ojos doliente¡¡ me ilumina,
y sediento de amor beso su boca.
Y la noche se aleja;
y la roca agrietada,
y la roca se torna más helada,
y á una tumba de hielo se as~meja.

III.
En la grana encandecida
de las rojas amapolas,
En la púrpura radiante
con que brillan los rubíes
Y en la sangre viva y pura
de los fúlgidos granates:
¡No hay las tintas que en tus labios, reina mial

***

Ni el zafiro de tus ojos, niel topacio de tus crenchas,
Ni los cálidos rubíes de tus labios de granada,
De tus besos han podido condensar el fuego ardiente,
De tus besos amorosos, reina m!al. .. . ..
RAFAEL MARTINEZ Rmno.
México, 1896.

Y cuando el alha borda lo infinito
y lustra los pic•chos de la sierra: '
ella se pEega á mi, damos un grito;
y apretando sus fauces de granito
para siempre la roca nos encierra.

MIGUEL E. P EREYRA.

CICLOPE.
De la montaña en Jo hondo
Bron.co martillo golpea,
Y el 1gneo hierro chispea
De la montaña en lo hondo.
Y el golpe, lúgubre y hueco
Como al fondo de una tumba '
Retumba,
Extraño, lúgubre y hueco.
Y canta el yunque y se queja,
Y los mazos dan y dan
Y aquel titán~ a es Saián
Ante el que c~ma y se queja:
Y aquellos músculos se hinchan
Y aqu_ellos a~rvios se encojen

Se estiran, vibran, recojen
Las carnes que recias se hinchan.
El rudo huraciln rtsopla ·
Y la fragua ronca, ronca ..... .
Y salta fa nota bronca,
Y el huracán sopla, sopla . .. .. .
Y parece, bajo el cielo,
Que en aquella lucha homérica
Lanzara una faz cólerica
Bocanadas de humo al cielo.

Y canta el yunqu"' y se queja,
Y los mazos dán y dll.o,
Y aquel titán ya e11 Satán
Ante el que canta y se queja .
Panamá, 1896. .
ADt LFO GARCÍA

�440

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EL MUNDO

Domtngo 11 de Die iembre de 1898

DomingG 11 de Diciembre de 1898.

EL MUNDO

PAGINAS DE LA MODA
HOJf\S DE, UN LIBRO.
VIOLETAS.

FLORIDlJM JIA.RE,

(JOMO EL HOMBRE.....

[De llered1a.]

Cuando Octubre los árboles desp0ja,
y envuelve parda niebla lis montaiias,
y gime tristemente en las campaiias,
barrida por el viento, la seroja;
Cuando la alondra tímida se aloja
en la seca espesura de l11s brañas,
y, como hiedra á las enjutas caiias,
se enreda al corazón tenaz congoja;
; Entonces, precursoras del invierno,
al pié de los arbustos sin verdura,
que escasa y fresca som_b ra las ofrecen,
entre sus matas de verdor eterno,
como tristes sonrisas de amargura,
las moradas violetas aparecen.

.
~

[De Ileredia.]

LAS GOLONDRINAS.

J?.~};).

..

.

ro

Es imagen del hombre ese manzano
que mis paternos muros ensombrece:
en la estación primaveral florece
y se recubre de verdor lozano.
Con las fagaces lluvias del verano,
sus ramas abatiendo, el fruto crece,
y del otoi1o al promediar, se ofrece,
aulce v rojo, al alcance de la mano.
Mas 'pasa Octubre y el Invierno arriba,
sus mustias hojas le arrebata el cierzo,
corta la podadera sus enjutos,
Y el hacha resonante le derriba
las gruesas ramas que agotó el esfuerzo
de vestirse de flores y dar frutos .

LA. UUERTE DEL A.GlJILA-

r.

~

La mies dorada en la llanura ondea
como agitada mar que el viento mece,
y en ella un rastro surge y desparece
simulando un bajel que cabecea.
El mar, hasta el ocaso que rojea,
violeta, azul ó rosa se adormece,
ó blanco de corderos aparece,
y como inmenso pl ado verdeguea.
Las gaviotas se agrupan en bandadas
y hacia la rubia mies de ondas doradas
tienden el vuelo, inquietas y gozosas;
Al par que, desde el campo, alado viento
esparc-i sobre el mar su movimiento
densa nube de blancas mar:posas.

~

r.:i

~

+
1

Ifobitan las 11legres golondrinas
ruinosc, soportal cuya techumbre
coronan, gorgeando, á la vislumbre
que dora antes del alba las neblinas.
Se esparcen por llanuras y colinas
que baña el sol con su naciente lumbre,
y al verle trasponer la occídua cumbre,
tornan cantando, á coronar las rulnas.
Mas hoy, sin que hayan vuelto, en los cendales
de las primeras brumas otoflales,
la tarde apaga su postrero lampo ..... .
¡Ji'elices ellas que con presto vuelo,
cuar.do está musiio el campo y gris el cielo,
se marchan á otro cielo y á otro campo!
OBSTINA(JION.

En cuanto abro la puerta á la ternura
en mi doliente espíritu encerrada,
viene la decepción anticipada
y echa dc;ble ccrroJo á ia clausura.
Mas me causa hc;nd'l angustia la premura
con que va consumiéndose, ignorada,
como la flor frngante y delicada
que muere sin ser vista en la e~pesura.
Y aunque en cada ocasión sufro un engafl.o,
con loca terquedad corro al señuelo
donde sólo me aguarda nuevo daiio:
Que si no he de saciar mi eterno anhelo
de una dulce ilusión sin desengaño,
perseguirla sin tregua es un consuelo.
11"'\!)7

LAS FLORES DE LOS MUER'FOS.

Jamás el dueño en su heredad las cuida:
las m&gt;lñanas heladas y brumosas
en que sucumben las postreraa roqas,
dan á las flores de los muertos, vida.
Tristes y humilde, son; las intimida
el ruido de las fiestas bu liciosas,
y floreciendo al borde de las fosas
prestan adorno á los que el mundo olvida.
Nunca en el vino que la sangre inflama
sus41&gt;álidas corolas se deshacen,
ni sobre el seno de genti! dcncella.
Sólo las busca el corazón que ama
la estación melancólica en que nacen,
siempre desierto y lóbrego como ella.

La cumbre en que la nieve siempre dura
el águila real ha traspasado:
va en busca de un ¡izur ilimitado
en que espaciar su vasta envergadura.
Quiere, en más alto cielo, luz más pura
que encienda su mirar nunca turbado,
y atrae su vuelo intrépido el nublado
donde vivo relámpago fulgura.
Mas rompe sus dos alas repentino
rayo; la arrastra raudo torbellino,
y en el fúlgido abismo cae inerte ..... .
¡Oh, quien por Gloria ó Libertad combate,
feliz si, en pleno suei1o, así le a bate,
deslmnbradora y rapida, la muerte!
LOS CONQlJISTA.DORES.
[De Heredia.]

Como halcones que dejan sus nidales,
de su altiva miseria fatigados,
pilotos, c11pitanes y soldados,
parten ébrios de heróicos ideales.
Van A buscar los ricos minerales
de Cipango en las vetas encerrados,
y por placidos vhmto'&gt; empujados
navegan hacia arc1rnos litu11les.
Siempre en espera de épicas 11uroras.,
el fosfórico mar burla su anhelo
con ilu,iones rápid&gt;ts y bellas.
Y reclinados en las t~rdas proras,
miran snrg-ir bajo ignorado cielo,
del fondo de la mar nuevas estrellas.
MI lJL'J.'I.M.O SIJESO.

Tu eres mi único amor, el culto santo
y el ideal consta ute de mi vida;
mas en el fondo de mi ser aaid'l
vago temor á tu dil ino encanto.
Sé que jamá'I consolará mi llanto
el goce de la dicha conseguid11;
y alcanzar tu cariilo me intimida,
llegar á conocerte me da espanto
Temo que al acercarme desparezca
el dulce influjo Que, de lejos, mueve
mi voluntad, como 11bsoluto duef1o:
Temo que mi ilusión se desvanezca,
y que al m1trc~arse mi ilusión. se 11eve
el sueiio de tu amor .... .. ¡Mi último sue:ilo!
18!l7.
FLOR PREMATURA..

. El sol que en ~ielo límpido fulgura,
antes de que fenezca la invern11da
esparce en la campiñ i desolada
hálitos de vernal temperatura.
Remuevese el follaje en la espesura,
verdeguea la mies en la llanada,
y en los huertos, ;a flor anticipada
rompe de su capullo la clausura.
Mas la neblina que las cumbres vela
invade el cielo silenciosamente,
y llovizna sutil la tierra mojll.
Aire recio y glacial las gotas hiela,
y, sin fructificar, la flor naciente,
marchita antes de tiempo, se d.:&gt;shoja,

RO.JO, ORO Y NEGRO.

Tiene mi alegre estancia una ventana
de ¡.,1H en par abierta al occidente,
y se alza no muy lejos, de ella eufrente,
asida á su varal, hiedrn lozana.
Cayendo tras la cúspide lejana,
baña la trepadora el sol poniente,
y el follage de un verde tr11nsparente
se destaca en un cielo de oro y grana.
Pronto el vivo carmín se descolora,
el oro de la tarde se evapora,
y en el incierto tinte del ocaso,
La hiedra, perfilándose, remeda
extrafia foliación de negra seda,
bordada en incoloro y limpio ra~o.

MI .JA.RDIN.

Es mi jardín pequefto y apartado,
mas tiene un'l lozana enredadera
que, apoyándose en rú;tica espaldera,
toca ya con sus ramAs el tejado.
Presta sombra y frescuu á su cercado
de fresnos y de acacias doble hilera,
y florecen rosales en la era
que violeta hiemal ha circundado,
Alegre es mi jardín aunque pequeiio:
de tembladoras manchas purpurinas
le salpican los mirtos y las rosas;
Y cuando surcan su verdor risuefto,
causan ofuscaciones repentinas
las alas de las blancas mariposas.

·'

ARREBOLADA.

Forman sobre los montes un celaje
los divergentes rayos del sol muerto
un abanico en t&gt;I espacio abierto, '
de áureas varill~s y de azul pais11je.
Mas el mat'z de su celeste encaje
se cambia, poco á poco, en tinte incierto,
y, por sombn tenuísima cubierto,
parece pronto á unirse el varil11Jje.
En nn mome11to _imtpreciable, al cabo
se desvanece .... Sobre el cielo flavo
perfila la montRfta obscuro pico,
Y sopla mismo tiempo una ligera
ráf11ga de aire blando, cual si fuera
1a que movió al cerrarse el abanico.

ª!

~osé ªorcía Rodríguez.

FIG. i:-GRAN TRA.JE DE ESTACION

441

�Domingo 1l de Diciembre de 189&amp;,.

ltL MUNDO

442

CIENCIA Y TRABAJO.
El r orvenir humano está cifrado en estas palabras:
ciencia y trabajo.
Ambos regeneran al hombre y lo elevan ála cima Je
su bienestar y pro gres o.
La ciPncia, basada en profundos y sólidos principios deecit'nde á los abi~mos de ht conciencia, ilumiIJándola con esplendores de la verdad.
LR cit'ncia, dPstello de la divi1Jidad, irradia m11geetuosa sflbre la frente del hombre y conduce á los pue!&gt;lo@ todos del Orbe por el he1moso sendero dela civilización.
Para la cirncia. el tiempo e~ la eternidad y el hombre su apóstol. Se difuIJde y propa¡ra por el universo
entero fulminando t'l error y arrai¡¡ anclo el conocimieIJto de las verdades eternas é inmutables como ella
que cr,nstiteyen ~u ideal y su grandeza.
La obra del trabAjo no es menos noble y regeneradora que la de la cit'ncia.
El t· abajo Pnnoblere y f'leva á In bum anidad al ideal
de ~us aspiraciones. Bajo cualquina de sus manifestaciones, deific~ el t'@piritu y Jo colma de bienestar,
sinónimo de civilización.
El hombre despr,jado de su legitimo patrimonio: el
tr~ bajo, dP¡;renerana al nivel de parilsito ~oda!.
Pur mf'dio de la dencia v dPl tr11bajo. los pueblos
conquii,tan los laurt'les del adelanto y del progreso.

443

EL MUNDO

Domingo 11 de Diciembre de 1~ 8

B

El trabaJo v la ciencia constituyen la gran palanca
de las evoluciones humanas, el vebiculr más poderoso del engrandecimiento social.
Los pueblos en cuyo cielo aún no ha ful~ura~o el
Rol esplendoroso de la ciencia y del trabaJo, g1m~n
b•jo el y ugo de la ignorancia que los p~ecipitara sm
duda al nt'gro abismo d~ la desapanc1on Y del olvido.
Por el contrario, loe pueblos á cuyas puertas b~ llamado el dulce redentor de la ciencia y del trabaJ?, se
;erguen grandes y poderosos, cstentando, bencb1dos
de satisfacción y orgullo, ti be1 moso estandarte de la
cultura
•
· b 1·
¡Loor eterno á la ciencia y al traba Jo que HID o izan
para el hombre: verdad, pez y progres!&gt;l
¡Dichosos los pueblos en cuyo seno ~olo ~e eecuc~an
Polemnes y magestuosoe la voz de la ciencia y el rwdo
del taller)

e

LA CARIDAD.

¡Beudita sPa mil veces esta elocuente palabra que
en ~i lleva imp1 eso con indelebles caracte~es todo
cuanto hay de grande y de sub~ime sobre la tl~rra... !
·Bendita be&amp; wil veces la caridad q~e ha enJugado
Lineas lágrimas) ha derramado solic1ta tantos co~suelos por doquiera que aparece, c&lt;.mo el nuncio f~hz
&lt;!e la ventur11, como la aurora deseada de redenc1ó~
para aquellos seres que sufren e? el silencio 1011 horrort's de la desgracia Y los
01,tragos de la miseria ..... ! ¡Cuán grata
eonso1adora es la caridad. cuando e1J medio de los grandes infortunios, llega á
p1:enetrar con su faz risutña y enca~tadora á la humilde morada del desgraciado á
snvirle dt1 consuelo en sus horas de angu~tia, en sus prolongados sufrimiemoe... !
Alll donde tstá postrado en el lecho del
dolor el desd1chaao enfermo, alli donde se
veá unapobreviuda desolada rodeada de
sus pequeñuelos que carecen ~e pan y_ de
abrigo; a,li donde yace e} an~1ano privado dt1 sus movimi.,ntos, o el mfortunado
ciego con su noche eterna de desvcntu• •
ras . alll e~tá la caridad.
¡La caridad! ¿Qui,.· n no se conmueve,
quién no 1,e emociona de ternura al contt·mplar lae. acciones beroi~as que J'.!racti_ca en bien de la humamd&amp;d dollente?
¿Quién no admira extasiado sus prodigiobOI! beneficios impartidos con mayor abnegación? Aun esos miembros corrompiFig 6. - Blulla para niña
dos que por su egoísmo se ai11lan de la so•
de 10 á 14 años.
ciedad; llUn esos parásit_oe indiferentes,
iufm.,nciado:1 por ruiu.-s pasion ..s. se descubre~ Y ponen en pié, cu~ndo escuchan la elocuente palabra CARIDAn, para r~nd1_rla cul~&lt;; Y veneración; subyugados por su mágiM poder. olvidando su md1fereuttsmo, ponen también e~
ejecucióu los saludables precPptos de la ftlantropia 6n fayor d~ los ~esvahdos. ¡La carid11d es el ángel del h11gar del pobre y J11!1)áB deJa de mvadulo con
cariñoso celo, llevando en su pródiga mano su benéfico ó~olo. • • • • .l
Cu11 ndo pJ positivi~mo del dla nos c?n~uce en su verugmosa carrera á un
abismo de desventuras: cuando los sent,m1ento11 l~vantadoe y. nobles parecen
haberse extinguido; cuando el aesborde de 1011 odios Y l~s p~s10nes ha llegado
á su úhimo extremo, y que un cuadro dePgar~ador de m1~er1a Y llant? se presenta á la vi,ta, producido por los males sociales, _una v1rtud puris11I!a como
un ciPlo y hermosa como un ángf'I aparece en IDJdlO de tanta deeolacl?n; conjura la negra tempe~tad que am,•naz11ba, y due~a absoluta, reina maJeetu~sa
del -vasto campo que con heroicidad ha conquistado, derrama en él .sus ~nmensos bi..,ue11, que florecen y fructifican á la so~bra _bendita ~e su m1ster~oso poder: Esa virtud es la CARIDAD: f'S ella que mfat1gable triunfa del_ ego1sID&lt;l enc11m1n~dose por el sendero que le tiene preparado el d~do de D1ol! . . . .
1Bt1ndita sea la caridad. ¡Benditos sean loe pueblos que abrigan Pn bU seno
una :-ociedad culta, que después de llenar con empeño ,deberes impres~indibles, impulsada por su filantropía, cumple c'?n. abnegación con otro, quizá el
más ¡;rrandioso y meritorio; el de socorrer prod1gameute á las clases menestero@aol
La caridad se abre paso; un hermoso ho·
rizont., lleno de risueñas esperan&gt;tas para el
porvenir tiene pvr perspectiva: la cultura
y la civilización la han inscrito en las pá~inas de su,; conquishs desde tiempos muy
remotos. Para que sus saludables práct1•
cas se lleven á efecto y su aquilatada vir·
tud se arraigue en loe corazones, nRC1a importa que se le dé el nombre de Nantropia
de beneficencia ó cualquier otro; b11sta que
s~s fines sean altaml'nte morales para que
su marcha progresista por el sendero del
bien encuentrt1 imitadores abnegados, y
pueda se,:ruirdestru_vendo los falsos cimientos levantados por el egoísmo, entre tanto
que las clas~s desvalidas no cesarán de exclamar llenas de santo regocijo: Bendit",
bendita sea mil vecPS la caridad y la culta
sociedad que la prodiga.

r

D

Fig. 8.-Grupo de blusas itltiwa no-vedad.

JESÚS BERNAL,

MODAS PARISIENSES

FJgs. 2, 3, 4 y 5.-Trajf's de casa y de calle.

Las gr11ndes reuniones no se anunciRn
aún entre loe elegantes y los salones sola- Fig. 7. A.briato para niña
mente suelf'n entreabrir sus puertas para
de 6 á 8 años.
recibir en familia nada más álas intimas
Los teatros comienzan 4 verific11r sus
grandes primeras y aqul y allá vemos la moda del invierno iniciarse lPntr mente.
Los coletos, forma de chal puntiagudo son muy feos y creo inútil que algunas mondaines traten de lanzarlos.
La mayorla de las mujere~ chic,irdieren la ancha capa Tedondeada con un
volante y con forro de gran fantasía.
'
Para ir verdaderamente á la moda esta capa no deberá. cruzar~e por dP!ante y dejará al descubierto ti plastrón del corpiño, la cintura y el delantal dela falda.

Las faldas son c11da vez rob plana11 en su parte alta y se han suprimido los botones de d•trAs.
Se llevan las faldas de muy poco v11elo; pues hoy
la moda se complace en modelar las formas con caprichoso empeño.

EOONOMIAS

MAXIMAS MEXICANAS
"Qui(&gt;n guarda para otro

dla de Dios descontla."

"El que viene atrás que
arree.''

Las ant }riores máximas, la primera significando
uoa mala interpretación dl'.la confianza que ae debe
tener en Dios, puesto que El no autoriza. el deepilfa-

rro, y la segunda encerrando un egoísmo horripilante, son dos máximas qu., de~graci .. d11meute imperan
en el carácter nacional y son causa deque entre nosotros, la economfa sea un enigma.
Esto nos decla ayer un juicioso amigo nuestro y
creemos que tiene razón, pues en toda~ las clases sociales ije advierte la costumbre de dil l.pidar cuanto
se ti.-ne.
El rico ga@ta todas sus rentas y algo má ·: el empleado siempre e@ti\, entre las garra11 riel matatias; el
artesano es capaz de mandar al empeño la h.-rramienta que le sirve para tra baj11.r. con tal de poder obsequiar un vaso di' pulque á m"dia doc,ma de amigos.
Pensar l'n mañitna, en el porvAnir de los hijos, invertir algún peque:ío capital para q ,1e 1011 que n"B
suceden en la vida reco1an abundantes fruto11; eso,
entre no11ot.ros con poca11 ex~epciones, es una barbaridad: «El que venga atrás que arree.•
¡Allá se la~ compougan cvmo puedan!
Tan lamentable modo de ptmsar, precisa que sea

combatido enérgicamente y para esto basta poner an·
te los ojos de nue,tro pu.-blo y cPmo saludable ejemplo, la conducta que siguen á este respecto los pueblos
de otras nacioneR:
El francés. el español y basta el yankee nunca gastan cuanto tien..,n: relacionan 1,us gastos á lo que ganan y forman ~u~ prl'supuestos en loe cuales figuran
como primera partida: tanto para economla, y estas
sumas depositRdas t&gt;n un Banco ó invertidas en negocio ~eguro no son tocadas sino en caso de necesi•
dad extrema, y po· l'l contrario se aprovechan las
opo-tunidades todas de a1.mentar el capital que en
muchas veces tiene por base un franco de ahorro al
mes y que en el transcureo de dos, tres ó cuatro gi,neraciones, hace d11 lus descendientes de un infeliz
jornalero unos capitafütas.
Nos quejamos de la abrnrción y aún con justicia;
pero nada hacemos para impedir que nos consuma
esa borágine.
Por patriotismo, por conveniencia personal, por

�Oom1ngo 11 dt: Diciembre de 1898,

u, MUNDO

444

La figura 5 es de terciopelo obispo, está hecha de
una gran bata ceñida con broche fantasía á la iz•
quierda y eleva cuello y solapa y orlas de chantilla.
Es una toilette de gran lujo para la estación.

•

FIG.6 -BLUSA PARA NIÑA DE 10 Á 14 AÑOS.

De escocés de lana, muy olgada, con bonita cintura de cuero, grandes yockeye y un tablero en el
frente.
FJG, 7,-ABRJGO PAR.A NIÑA DE 6 Á 8 AÑOS.
De escocés de lana iormando un frock con capeli•
na figurada, orna?ª de un volante y de gusanillo de
seda en bandas circulares.

TOHO.Il

NUl[ERO 25

MEXICO, DICH MBRE 18 DE 1898

FIG, 8.-GRUPO DE BLUSAS DE ULTIMA NOVEDAD:

abcde.
Bajo e$tas letras estan comprendidas cinco blusas
muy elegantes y la espalda de la blusa e. Las blusas
más orlgmalee son las de.slgnalee con las letras q, Y; d.
La primera es elegantemente avolantada y lll ultima
tiene un gran peso bordado de alta novedad, coronando un plisse muy elegante. Distlngueee por su
sencillez de muy buen gusto las blusas by e.
FIGS.

9y

EXP0SICION NACIONAL DE BELLAS ARTES.
(EN LA ACADEMIA DE SAN CARLOS.l

10.-ELEGANTES SOMBREROS PARA N:úios.

Son de suma gracia y elegancia. E\ primero es un
gorrito de raso rosa con gran apllcac1ón de pluma Y
elegantes fruncidos Pn el frente, el segundo es de paja de Francia drapeado formando la draperia una se•
!ie de graciosos fruncidos.
FIG. 11.-TRAJE PAHA NIÑO DE 4 Á 5 AÑOS,

Fi,s. 9 y 10.·- :t!legantes sombreros para niños.
amor á nuestros hijos, es fuerza que n~estro carácter
se modifique, que abdiquemos de nuestros l'lrrore3 y
que gravemos en nuestro corazón esta palabra:
¡Economía!
.

De cbeviotte fino, pantaloncito ajaretado, jacquecito marinero, chalPco de seda.

AZÚCAR Á LA CANELA.

Se machacan en un mortAro 250 gumos de azúcar rallado, y 32 grar:nos de
canela pa&amp;ándolos por un tamiz de 86·
da, y se conservan en sitio seco.

AZUCARES AROMATIZADOS.
SOBRE EL TABACO,
AZÚCAR A LA. VAJNILLA,

Se cortan en trocitos dos palos de vainllla y_ se machacan en un mertero dtl mármol; se añaden después
125 gramos de azúC'lr. se machacan nuevamente has•
ta que el azúcar y la vainilla se hayan confunditlo de
tal modo que no se les pueda distinguir. Para impedir qne este azúcar pierda su perfume, se pone en un
frasco provisto de dos tapadPras, una, la primera, llena de agujeritoe, y otra, la segunda, que cierre herméticamente.
AZÚCAR AL CAFÉ

Pónganse fin infusión durante veinte minutos 200
gramos de café en dos vasos de agua hirviendo: pásese por uu lienzo: échese en la infusión cuanto azúcar rallado pueda humedecer dicho café, y luego se
hace secar en la estufa ó el horno, y se tamiza.
AZÚCAR j.L ANÍS.

Háganse secar AD la estufa ó en el fogón 20 gramos
de anís verde; májense en un mortero con 2i&gt;O gramos
de azúcar rallado, luego pásense en un tamiz muy
tupido, y guárdense en sitio seco.

Según el "Washington Star" un »indicato de b11.nquero11 in¡leee11 y americanos, ofrece á loe Estados Unidos hacerse cargo de los gastos de guerra
con España, reembolsabll'le en veinte
anualidaues, en cambio de la concesión
ole! monoµolio de los tabacos y de loe
forrocarrilee en Cuba y las Islas FHi•
pinas.
La ciudad Lemgo, situada en el principado de Lippe-Detmold, Alemania,
ha adquirido una celebridad particular. Alll se fabrican para el mundo en,
tero.. . . de fumadores, las pipas más
perfectas de "espuma de mar."
Y se admira que sea en tierra firme,
lejos del océano, donde se confeccionan esos preciosos hornos, es necesario recordar que la "espuma de mar"
nada tiene que ver con la "gran cubeFig.
ta," que ese vocablo es simplemente
un 11,rnbrenombre11 que hace alusión á la lig.,,reza á la blancura de la materia. a espuma de
mar se compone de una tierra
magnesiana blanca y 'JU6bradi•
za, que se hace hervir en leche,
para amasarla en seguida con
una mezcla de cera y aceite de
linaza.
En los alrededo.es de Lemgo
se encuentrar. admirables tierras
magneEianas, que poseen las virtudes necesarias para la confección de esas pipas maravillosas.

l

11 -Traje para niilo de 4 á :S ailos
FIGS. 12 Y 13,-TR~JlfCITO PARA NIÑA DE 15 Á 16 AÑOS

La número 12 es un tra;ecito escocés, con delantal
figurado, dejando ver un plaetronclto yunoe yockeys
de muy elegantes y con cintura de seda.
La figura 13 es de sarga de seda bordada de gslones, abierta sobre una camisola de escocós de seda
d~ mucho g jsto y ceñida por una cintura de raso.

OTRO PAGO DE $3,000
DE "LA MUTUA"

NUESTROS GRABADOS
FJG. 1. -GRAN TRAJE DE
ESTACIÓN,

Es de paño azul obscuro, bordado en grandes guias al frente
y figurand,, en la falda una gran
ala que cae sobre la izquierda.
El jac&lt;i uet es corto y muy justo;
cuello que recuerda el estilo princesa.
FIGS. 2, 3, 4 y 5.-TRAJES DE
CASA Y DE CALLE.

1 .,

FJgs, 12 y 13.-Trajes para niilas de l:S á 16 ailos.

La figura 2 es una blusa de eatln con hombreras y una gran
aplicación de bordado de cadenes de seda.
La figura 3 es traje estilo sastre, de pi el &lt;ie seda lila pálido
con gran bolero acuchiillado, camisola plfssé de seda negra y
ciuturón del mismo estilo, muy
elegante.
La figura 4 es de sarga, con
yacquet y chaleco fantasía. El
chaleco está completamente cerrado y el jacquet unido por dos
grandes botones fantasla. Camisa de batista muy elegante.

EN EL SALTILLO, COAHUILA.
Reclbi de 11 The Mutual LifA In~uranee Companv of
New York" la suma de ($3,000) Tres mil pesos
plata mexicana, en pag·o total de cu1tntos derechos se dt1r1van ae la póliza número 671,631 bajo la
cual y conjuntamente conmigo estuvo asegurado mi
finado esposo
DON IIJG1JEL ARISPE MAR rINEZ

y para la debida constancia en mi ca::ácter de beneficiarla nombrada en la póliza, extiendo el presente
recibo en la misma póliza que se devuelve á la CompNñia para su cancelación en el Saltlllo, Coahuila á
los 21 dias del mee de Noviembre de 1898.
'
Firmado,-Josefa Carrasco vda. de Arispe.-Rúbrica.

Una limosna para el Santo Templo.
(;uadrn pe r José Benlllure Y Gll

Ruperto González del Moral, Notario Público en
actual ejercicio,
Certifico: que el antPrior recibo ha sido extendido
en mi presencia por la Sra, Josefa Carrasco Vda de
Arispe á quien doy fé conocer siendo la firma d~ dicha ~en:ora la 9u~ ella usa en sus negocios. Saltillo
Noviembre vemt1uno de 1898 Doy fé.
'
Flrmado.-Ruperto González del,Moral.-Rúbric&amp;.
Notario Publico.
Unos timbres por valor de $3 50 cs. debidament&amp;
cancelados .

Fo,. de Luis C. 3andoval.

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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          <name>Título Uniforme</name>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Oom1ngo 11 dt: Diciembre de 1898,

u, MUNDO

444

La figura 5 es de terciopelo obispo, está hecha de
una gran bata ceñida con broche fantasía á la iz•
quierda y eleva cuello y solapa y orlas de chantilla.
Es una toilette de gran lujo para la estación.

•

FIG.6 -BLUSA PARA NIÑA DE 10 Á 14 AÑOS.

De escocés de lana, muy olgada, con bonita cintura de cuero, grandes yockeye y un tablero en el
frente.
FJG, 7,-ABRJGO PAR.A NIÑA DE 6 Á 8 AÑOS.
De escocés de lana iormando un frock con capeli•
na figurada, orna?ª de un volante y de gusanillo de
seda en bandas circulares.

TOHO.Il

NUl[ERO 25

MEXICO, DICH MBRE 18 DE 1898

FIG, 8.-GRUPO DE BLUSAS DE ULTIMA NOVEDAD:

abcde.
Bajo e$tas letras estan comprendidas cinco blusas
muy elegantes y la espalda de la blusa e. Las blusas
más orlgmalee son las de.slgnalee con las letras q, Y; d.
La primera es elegantemente avolantada y lll ultima
tiene un gran peso bordado de alta novedad, coronando un plisse muy elegante. Distlngueee por su
sencillez de muy buen gusto las blusas by e.
FIGS.

9y

EXP0SICION NACIONAL DE BELLAS ARTES.
(EN LA ACADEMIA DE SAN CARLOS.l

10.-ELEGANTES SOMBREROS PARA N:úios.

Son de suma gracia y elegancia. E\ primero es un
gorrito de raso rosa con gran apllcac1ón de pluma Y
elegantes fruncidos Pn el frente, el segundo es de paja de Francia drapeado formando la draperia una se•
!ie de graciosos fruncidos.
FIG. 11.-TRAJE PAHA NIÑO DE 4 Á 5 AÑOS,

Fi,s. 9 y 10.·- :t!legantes sombreros para niños.
amor á nuestros hijos, es fuerza que n~estro carácter
se modifique, que abdiquemos de nuestros l'lrrore3 y
que gravemos en nuestro corazón esta palabra:
¡Economía!
.

De cbeviotte fino, pantaloncito ajaretado, jacquecito marinero, chalPco de seda.

AZÚCAR Á LA CANELA.

Se machacan en un mortAro 250 gumos de azúcar rallado, y 32 grar:nos de
canela pa&amp;ándolos por un tamiz de 86·
da, y se conservan en sitio seco.

AZUCARES AROMATIZADOS.
SOBRE EL TABACO,
AZÚCAR A LA. VAJNILLA,

Se cortan en trocitos dos palos de vainllla y_ se machacan en un mertero dtl mármol; se añaden después
125 gramos de azúC'lr. se machacan nuevamente has•
ta que el azúcar y la vainilla se hayan confunditlo de
tal modo que no se les pueda distinguir. Para impedir qne este azúcar pierda su perfume, se pone en un
frasco provisto de dos tapadPras, una, la primera, llena de agujeritoe, y otra, la segunda, que cierre herméticamente.
AZÚCAR AL CAFÉ

Pónganse fin infusión durante veinte minutos 200
gramos de café en dos vasos de agua hirviendo: pásese por uu lienzo: échese en la infusión cuanto azúcar rallado pueda humedecer dicho café, y luego se
hace secar en la estufa ó el horno, y se tamiza.
AZÚCAR j.L ANÍS.

Háganse secar AD la estufa ó en el fogón 20 gramos
de anís verde; májense en un mortero con 2i&gt;O gramos
de azúcar rallado, luego pásense en un tamiz muy
tupido, y guárdense en sitio seco.

Según el "Washington Star" un »indicato de b11.nquero11 in¡leee11 y americanos, ofrece á loe Estados Unidos hacerse cargo de los gastos de guerra
con España, reembolsabll'le en veinte
anualidaues, en cambio de la concesión
ole! monoµolio de los tabacos y de loe
forrocarrilee en Cuba y las Islas FHi•
pinas.
La ciudad Lemgo, situada en el principado de Lippe-Detmold, Alemania,
ha adquirido una celebridad particular. Alll se fabrican para el mundo en,
tero.. . . de fumadores, las pipas más
perfectas de "espuma de mar."
Y se admira que sea en tierra firme,
lejos del océano, donde se confeccionan esos preciosos hornos, es necesario recordar que la "espuma de mar"
nada tiene que ver con la "gran cubeFig.
ta," que ese vocablo es simplemente
un 11,rnbrenombre11 que hace alusión á la lig.,,reza á la blancura de la materia. a espuma de
mar se compone de una tierra
magnesiana blanca y 'JU6bradi•
za, que se hace hervir en leche,
para amasarla en seguida con
una mezcla de cera y aceite de
linaza.
En los alrededo.es de Lemgo
se encuentrar. admirables tierras
magneEianas, que poseen las virtudes necesarias para la confección de esas pipas maravillosas.

l

11 -Traje para niilo de 4 á :S ailos
FIGS. 12 Y 13,-TR~JlfCITO PARA NIÑA DE 15 Á 16 AÑOS

La número 12 es un tra;ecito escocés, con delantal
figurado, dejando ver un plaetronclto yunoe yockeys
de muy elegantes y con cintura de seda.
La figura 13 es de sarga de seda bordada de gslones, abierta sobre una camisola de escocós de seda
d~ mucho g jsto y ceñida por una cintura de raso.

OTRO PAGO DE $3,000
DE "LA MUTUA"

NUESTROS GRABADOS
FJG. 1. -GRAN TRAJE DE
ESTACIÓN,

Es de paño azul obscuro, bordado en grandes guias al frente
y figurand,, en la falda una gran
ala que cae sobre la izquierda.
El jac&lt;i uet es corto y muy justo;
cuello que recuerda el estilo princesa.
FIGS. 2, 3, 4 y 5.-TRAJES DE
CASA Y DE CALLE.

1 .,

FJgs, 12 y 13.-Trajes para niilas de l:S á 16 ailos.

La figura 2 es una blusa de eatln con hombreras y una gran
aplicación de bordado de cadenes de seda.
La figura 3 es traje estilo sastre, de pi el &lt;ie seda lila pálido
con gran bolero acuchiillado, camisola plfssé de seda negra y
ciuturón del mismo estilo, muy
elegante.
La figura 4 es de sarga, con
yacquet y chaleco fantasía. El
chaleco está completamente cerrado y el jacquet unido por dos
grandes botones fantasla. Camisa de batista muy elegante.

EN EL SALTILLO, COAHUILA.
Reclbi de 11 The Mutual LifA In~uranee Companv of
New York" la suma de ($3,000) Tres mil pesos
plata mexicana, en pag·o total de cu1tntos derechos se dt1r1van ae la póliza número 671,631 bajo la
cual y conjuntamente conmigo estuvo asegurado mi
finado esposo
DON IIJG1JEL ARISPE MAR rINEZ

y para la debida constancia en mi ca::ácter de beneficiarla nombrada en la póliza, extiendo el presente
recibo en la misma póliza que se devuelve á la CompNñia para su cancelación en el Saltlllo, Coahuila á
los 21 dias del mee de Noviembre de 1898.
'
Firmado,-Josefa Carrasco vda. de Arispe.-Rúbrica.

Una limosna para el Santo Templo.
(;uadrn pe r José Benlllure Y Gll

Ruperto González del Moral, Notario Público en
actual ejercicio,
Certifico: que el antPrior recibo ha sido extendido
en mi presencia por la Sra, Josefa Carrasco Vda de
Arispe á quien doy fé conocer siendo la firma d~ dicha ~en:ora la 9u~ ella usa en sus negocios. Saltillo
Noviembre vemt1uno de 1898 Doy fé.
'
Flrmado.-Ruperto González del,Moral.-Rúbric&amp;.
Notario Publico.
Unos timbres por valor de $3 50 cs. debidament&amp;
cancelados .

Fo,. de Luis C. 3andoval.

�Domln1rn 18 de Dleft,mbre dfl 1~.

~L MUNDO

446

LASEMA.NA
Un corresponsal ha hecho públicas las quejas
de algunos pintores á quienes causa extrafleza no
recibir invitación persunal para el certamen de
Bellas Artes.
Muy fuera de lugar esa extraflesa toda vez que
por su carácter mismo, estos concursos no llaman
de puerta en puerta en demanda de telas ó estatuas: la invitación es general, se hace púolica
para que todos la lean y la acepten los que quieran, sin compromiso.
Por incipiente que sea el arte en 11uestro país,
y limitado el número de sus cultivadores, no podrían hacerse oficialmente esas designaciones, en
familh1, que dado que no fueran en extremo laboriosas, parecerían ridículas.
¿Quiént:s son los artistas dignos de presentarse en cor,curso? LI\ comisión organizadora no puede pretender un conocimiento exacto y completo de sus nombres y seiias, y menos aún comprometerse á extender certificado de admisión á
priori antes de saber que el invitado va á pre•
sentar obras dignas del concurso.
Tampoco podría estar segura de no excluir en
su lista de invitación a. algún maestro, y en ese
c&gt;1.so, para que nadie quede fuera, se invit1i á todos, sin dirigirse personalmente A ninguno.
Nada más ridículo que llam11r á un artista y
lui•go rechazar sub obras, y nada más inconve
niente que aceptarlas, no por lo que valgan, sino
porque se le invitó y para que r.o quede desairado.
11/W

Estas exposiciones tienen por objeto la exhibición de obras artísticas y á veces result11 que
quienes se exhiben son . ... sus autores.
Y no se refieren estas líneas á los que, desoyendo sinceras advertencias, pouen á la comisión en aprietos y obligan su conciencia á admitir y al público á ver inconcebibles mamarracbos,
monumentales caricaturas del arte, cuyos perpetradores no tienen ni la excusa delos pocos afios.
Más qµe estos inconscientes, s~ exhibe quien,
como cierto profesor que no mencionare, hace figurar entre sus obras y las de sus discípulos un cuadro .... de medalias.
Qmen la;i ha visto no me dice si son de oro;
pero de plata ó bronce ó de lo que sean, lo cierto es que forman vistosa colección en artístico
cuadro que si honra mucho al que lo presenta,
porque en esos discos brillan sus antecedentes,
no da las mejores garantías de modestia y bUE n
sentido.
Acaso el meritísimo profesor pretende que no
se atribuyan sus obras á algún ignorado principiante; acaso, no muy 11atisfecho de ellas, desea
que todos sepan que en otras ocasiones ha hecho
algo mejor.
De todos modos, lo que ese sefior exhibe allí,
es su persona, cosa que bien mirada no ha de ser
fecunda en emociones estéticas.
Hay artistas en el concurso que hubieran podido enviar veinticinco medallas de oro á la Exposición; si no lo hacen es porque ni se estila, ni es
de buen gusto ser heraldo de lapropiafama.

,.,,,,

La Sociedid Real de Lóndres en la que han tomado asiento tantos investigadores originales,
tantos sabios perseverantes que con sus teorías
y sus descubrimientos ilustran grandes capítulos
dt: la historia ~ientífica, ha emprendido una obra
digna. del genio británico y de una utilidad extraordinaria.
A mediados de este afio celebróse en Lóndres
una Conferencia Internacional convocada por esa
asociación con el fin de formar un catalógo General de Literatura Científica. Compréndese la
importancia del objeto y la indefinida variedad de resultados que habrán de provenir de una
sistemáLica clasificación de todas las obras científicas conocidas.
México envió su represer,tante á la Conferencia
y secundando sus planes, se ha organizado una
Junta Nacional á la que se ha encomendado la
formación del catálogo mexicano de obras científicRs.
No podemos gloriarnos de ocupar sitioeminente en el cultivo de las ciencias; pero no corres•
ponde el ~ilencio formado en derredor de la actividad pensadora á la existencia de una verdatlera
eeterilidatl del intelecto mexicano.

Cuatro ó cinco vehementes ditirambos de retórica vulgar forman la reputación de los que explotan el escándalo literario ó periodístico, y una
existencia ente'ra ocupada en resolver un problema
y completar una investigación, no bastan á conmover el indifereutismo social cuyos muros de hielo
no tRladra con su reputación el hombre de pemamiento.
Por eso creemos que aquí la ciencia no progresa ni en su difusión ni en las especializaciones de
un cultivo carifioso y fructífero, al par que l,1
literntura y las artes, productos que se nos antojan mas 1.aturales y propios de este suelo y de
la raza que lo habita.
El catálogo de L1Leratura CientHica nos dirási
hay razón para juzgarnos como nos juzgamos, ó
si hay motivos ¡,ara cstentar galhtrd0s ejemplos
de útiles conquistas eu el terreno de los conocimicutos c1entíf1cos.
11/W

El vü1je del Sr. Presidente de la República á la
capital d(:j Nuevo León, viene á d11r á la nueva
posición que ocu¡::a l\Ionterrey entre las primeras
ciudades de la República, algo como una conffr.
mación de la justicia con que pretende aquel ewporio fronterizo el reconocimiento de su fama.
l\Ionterrey conquistó búbitamente y como por
sorpresa su inmensa prospHidad, pasaudo en un
día de la modesta línea en que afirmab:i su prog¡-eso á la dominación industrial de inmensa zona
tributaria.
No ha sido obra del azar esa transformación
violenta: concurrieron á ella múltiples factores, y
acaso su sirnación topografica uo es el menos ilnportantt:; pero el carácter de su put:blo, su homogeneh!au étnica, e; adelanto de la instrucción y
hts ideas de ahorro y cooptración y su constancia
eu el trabajo, Jleváronlo á la compren:iión de lus
nuevas condiciones económicas del país, adaptando sus e~fuerzos á la3 exigencias del industrialismo cvnLemporánto.
Por eso, no bien sintió el primer contacto civiliz11dor la Ciudad frontei iz,¡, sus hijos emprendieron la conquista mercantil de amplios territorios,
abriendo vías exrnnsas que la necesidad de la
competencia ha ensanchado y derramando los
productos de una labor industrial extraordinariamente activa en los mercados que supieron
dominar.
Ciert11mente, el elemento extranjero ha cooperedo en vastas proporciones á la re11lización de
esos progresos; pero allí el mexicano no vi ve del
para:,itismo ocioso ni en la condición pr1::ca1 ia
de la inmovilidad: se agita, proyecta, trabaja,
ahorra, busca la asoci«cióu y a.masa en ella las
grandes fuerzas que tal1:1dran la roca, clavan
el riel y montan las poderosos máquinas modernas.
DICK.

¡Jolittm Q&amp;.cn.crttl.
RESUMEN'. -FRANCIA É INGLATERRA. -LAS DECLARACIONES DE UN MINISTRO. -TODAVÍA LA
CUESTIÓN DE Ji' ASHODA.-LA ARRuGANCIA BRITÁ·
NICA. -ALEMANIA Y LA ALIANZA FRANCO·· RU8A.
-FIN DEL ESPLÉNDIDO AISLAMIENTO DE lNGLA·
TERRA. -CONCLUSIÓN,
Impulsado por su propia iniciativa ó inspirado
quizá por in~inuaciones de Londres, el embajador
inglés ha causado profunda sensación en todos
los círculos políticos y diplomáticos de París, con
un tremendo discurso que renueva en todas sm
partes las acusaciones de Chamberlain, las apreciaciones de Ilicks--Beach y la acritud creciente
que Lord Salisbury ha manifestado en cuanto se
refiere a. las relaciones con Francia.
No bastó que el gobierno de París, cediendo á la
prudencia y el buen sentido,renunciara en lo absoluto á las gloriosas conquistas de l\Iarchand,
que por caminos iuexplorados, por selvas espesas y caudalosos ríos iba plantando su pabellón
victorioso en nombre de la República francesa
para buscar un puerto de salida en las aguas del
río sagrado. No bastó que Francia, abogando sus
sentimientos patrióticos, haciendo á un lado sus
arrebatos meridionales, acallando los impulsos de
su pueblo, extasiado ya ante las relaciones legendarias del que llamó héroe de Fasboda, evitara
todo m&lt;'tivo de conflicto, se abstuviera de sostener sus conqubtas que consideraba en buen de-

recho, y cediera en favor· del Jedive tierras que
habían consagrad.:&gt; ld somb~a des~ bandera _Y las
azafias de sus expedicionar10s. Mientras Bnsson
y Delcassé resistían prudentemente á las insinuaciones del gabinete de Saint James( L~rd SaJisbury hacía halagadoras promesas, rnd1cando
que toJo habría de discutirse y se llegaría á satisfactorios y amistosos ac~erdos luego que se hu-biera dado la orden de retirada á Marchand.
Si el objeto prmcipal de la expedición del valieute y osado explorador había sido llegar á las
riberas del Bhar el-Gba.zal, para alcanzar un punto
de! Nilo Superior abrir una vfa de comunicacióu entre el Nig;r francés y el Sondan, y uni-r
por medio de factorías Egipto con el Senegal, el
s11cr1ficio hecbo por }&lt;'rancia al abandona-: l!'ashoda debía tener alguna recompensa. Así lo daban
á entender los diptomáticos iugleses á los representantes dt:l gobierno francés, así couvencieron
á éstos mejor que con las amenazas; así lograron
su objt'tO final mejor que con los movimientos de
sus escuadr11s, la actividad de sus arsenales y el
aparatoso apresto de sus preparativos bélicos.
Así suavizaron en lo posible las asperezlls de la.
derrotli diplomálica, halagaron las susceptibilidades del amor propio francé3 y evitaron las explosiones pati ióticas de un pueblo que no pudo
considerarse dendido.

***
Pero hay algo más, sin duda, tras de esas halagadoras ¡.,rom1::sas, algo que otra vez hemos Rpuntado, que em¡.,uja acaso de una manera inev:table en formidable choque á los dos grandes pueblos occidentales de Europa que más han trabajado por el progreso humano, y han rendido mái.
forvientes cultos en los altares de la civilización.
Sir Edmund Monson acaba de decl11rar, con la
autoridad que le presta su carácter de embajador británico cerca del gobierno de la República.
francesa, que no hay esperanzas de nuevos arreglos amistosos; que el mismo derecho que asistió á
Inglaterra para exigir la retirada de Fashoda.
servirá pi,ra sostener el dominio de Egipto sobre
todo el valle de Bahr-el-Gbázal, y para re.chazar,
por ende, toda pretensión de Francia á obtener .
un puerto en el Nilo Superior. Entra en apreciaciones sobre la política interior de Francia, censura la actitud dela prensa, ataca indirectamente la inestabilidad de los gabinetes, y al insistirsobre la grandezl\ del Reino Unido, aconseja moderación y buen seutido á los que han dado pruebas palpitantes de buen sentido y de moderación,
durante toda esta campafia, tanto más dolorosa.
cuanto qu0 ha Vfnido en un período de agitación
en el interi:.r de la República.
Que Sir Edmund Monsonhay a obrado por su propia cuenta ó aconsejado inmediatamente por el Jefe del gabinete i11glés, el efecto;sobre Francia ha.
sido el mismo. Ya se dejan oír las voces guerre•
l'llS que anuncian el combate; los heraldos de la
opinión hacen sonar las cien trompetas de la.
prensa y proclaman ante el mundo entero los manejos equívocos de la pérfida Albión.
De capital en capital, de gabinete en gabinete,
circulan rumores alarmantes, se habla de combinaciones posibles entre los puPblos, de alianzas
probables, todas tendiendo á mantener firme esta amenaza tremenda: la guerra continental.

Para contrarrestar la altivez británica, que se
cree duefla y sefl.ora de todos los mares y capaz
de desafiar con sus escuadras congregadas la.
combinación de todas las de las gr1.1.11des potencias, amigas ó enemigas, se murcnurll por lo bajo
la inteligencia posible entre Francia y Alemania.
No es que se considere fAcil el olvido de anticruos.
rencores y el perdón de viejas ofensas; no e:que
se juzge la situación capaz de llegar al extremo de conciliar completamente á los vencedores y vencidos de 1870; pero ante el peligro,
todo cabe. Hoy es Francia quien ha tenido que
s?portar_las_exigencias de esa insaciable expanc1ón territorial de Inglaterra; en las mismas condicciones se encuent ra Alemania por sus colonias
africanas. Siempr¿ han creído los poiítícos alemanes que su imperio colonial estaba á merced de
las flotas inglesas, por eso se ha vi,to el deseo
invencible del Emperador de aumentar competentecne?te marina de guerra, á fin de resguardar territorios que han costado no pocos sacrificios, y son legítima esperanza p11.ra el ensanche
creciente de la producción alemana, urgi1a de

!ª

Domtago 18 de Diciembre de 1898

nuevos mercados y centros nuevos
de consumo.
Si es verdad que la iniciativa filantrópica de Nicolás II llevaba ante todo por objeto el humanitario fin de aligerar las cargas que pesan sobrn los
pueblos, en forma de abrumadores presupuestos de guerra y marina, no se
oculta a nadie que tras de. esa nobleza bien puede ocultarse el problema
político de ir acercando lentamente á
Francia y Alemaniit, hasta llegar á la
conciliación que sería el gran desideratum, y no encontraría ningún obs•
táculo, obtenida la neutralidad de Alsacia y Lorena de que también se ha
hablado.
¿Qué sería delReino Unido ante esa
alianza formidable aunque difícil pero
de ningún modo imposiblei' ¿Cómo podría resistirá los ataques de Rusia contra sus posesiones d~ la India, mina cargada que sólo espera una chispa para
entrar er, colosal conflagración?
Arrogante siempre Ingl11terra cuando no encuentra resistencia, bombardea Alejandría, destruyeZanzíbar, degüella cipayos, acuchilla zulú es, diezma matabeles, encadena reyezuelos
11fricanos y marca con sangre y fuego
las huellas de su paso. Raras veces se
encuentra en su historia hazafias notables como las de Kitcbener en Berber y en Omdurmán. Hábil ante todo,
se escurre fácilmente, huye de las contiendas, esquiva los conflictos cuando
no está segura de la victoria. La unión
de Rusia, ~'rancia y Alemania indudablemente la haría retroceder. La
agregación de la gran Germanía á la
liga franco--rusa que ha sido desde su
celebración prendasegurade paz, afirmaría ésta en toda Europa y acaso sólo serviría para eclipsar los esplendores de ese aislamiento británico, de
que tan orgullosos están los ministros
de lareina Victoria.

X.X.X.
Diciembre 16 de 1898.

.LA NOCHE DE NAVIDAD
EN PROVENZA.·
Son interesantes sobremanera las costumbres y las
ceremonias que los provenzales practican en la celebracUn de la gran fiesta de la Navidad de Nuestro
Señor Jesucristo.
Algunos nouve ó villancicos (nouve es también la
traducción de Navidad) de Saboly son el aperitivo de
la gran comida del 25 de Diciembre que se prepara en
el hogar, en unas inmensas ollas ó sartenes á propó·
sito para los numerosos convidados que asistirán á
ella En efecto, , es la costumbre en ese dla, reunir to•
dos los miembros de la miama familia en la casa del
jefe ó abuelo, y no es raro enconti-arse hasta veinticinco y treinta personas al rededor de la gran mesa
de Navida&lt;i. El abuelo la preside y de cada lado secolocan los miembros de la familia por rango de edad.
Tres velas ordinar:as de sebo, dos grandes y una pequeña, ocupan las dos primeras las extremidades de
la m'lsa, la pe,iueña se coloca en el centro. Esta figu·
raes la de la Santa Familia José, Maria y Jesús en
medio de sus padres. La comida empieza por una ensalada muy blanca rociada con ~ceite de olivo en el
cual se han disuelto algunas sardinas con ajos tostados, después una salsa de espinaca; y en fin, el plato
tradicional de bacalao á la provenzal. Vienen en se•
guida los postres que consisten en grandes pasteles
de mantequilla llamados fougasso y en turrones de
almendras Pero antes de tomarlos se observa la gran
ceremonia de la bendición del pan y del vino. El
abuelo toma uu gran pan, lo bendice, lo rompe y lo
distribuye entre loe asistentes; después tomando un
enorme vaso de v:no puro, lo bendice también. bebe éi primero y lo pasa á cada uno d~ los miembros de la familla para que beban á su vez, hiAs·
ta. el niño recien nacido si lo hay. Esa ceremonia es la
de la institución de la. divina Eucaristía, sacramento
por medio del cual Nuestro Señor Jesucristo debla
quedarse ~nido á los fieles cristianos, alimenté.ndo!os
con su carne adorable y su sangre preciosa.
Cuando todos han probado el vino el abuelo se levanta, toma una rama de olivo, emblema de la paz, y
roela con ella y con el vino del mismo vaso unos instrumentos de hierro que retienen las c:,enizas en el hogar v que llevan el nombre de cachofiós. Ei:_tos cachofiós que tienen habitualmente una empunadura
de cobre liso ó esculpido con diversas figuras·no pueden ser sino los dioses Lares de los viejos romanos
protectores de la. casa, del hogar y de la propiedad,
de modo que esta última ceremonia es meramente

Da:rnaa di~tinguida.s.

Tiroliro. liro lou gaú canto
Nom;e! Nouvél
Terminado éste, toda la familiR se dirige
en caravan11 hacia la iglesia dt'l pueblo
pbra asiRtir á la misa de media noche,
después de la cual cada 1.no se retira a su
propia casa.
Tal es la vieja costumbre de Provenza,
en esa gran fiesta de Navidad_

",UNA LIMOSNA

Pf..R! !L ~AlfFO TE]l~t'.:O...r
POR JOSID BENLLIU~E Y GIL.

Y en ~-~a ni~idez que al hielo enoja,
agresiv", vivaz. llameante, roia,
se destaca la veste dfl mona_qó.
Amado Nervo.

La idea religiosa ha dado. en todos los
tiPmpos, abundantes asuntos á las artes
plásticas
Esculpió el paganismo en pentélh•o
mármol las Pfigies de sus dioses y más
tarde el catolicismo-no el cristianismo
-pintó á sus sautos. Hoy tod11vla, el templo inspira á menudo á las modernas manos creadoras, mas de otra 11uerte que en
los tiempos idos.
No ya la impecable forma flsica de la
mitología greco-romana, ni la recortada
expresión mistico-p~icológica del divino
qua.trocento, sino lo que la decoración
religiosa ofrect. de vistoso ó de colorido ó
de tenebroso, es lo que hoy suele animar
á los sacerdotes de !a plástica. Aq11ellopegan:smo y quattrocento es intensamente bello y lo ~erá por s1empre; mas para
cr11arlo en las postrimerías de este siglo
XIX, es preciso confesar que habr[a menester de una buena dosis de artificio.
De aqul que,-aunque pese á los torpes que proclaman el exclusivismo del
desnudo sólo porque éste es bello y no de
otra suerte como el pergar.:iino académico
combate por el exclusivismo del soneto y
de la oda-el desnudo vaya desprendién.
dose cada dia más de los grandes pinceles para ceder el campo á la contemplaSra. Laura Formento de de la Torre.
ción de la vida real y desbordante y de
la realización de bellezas positivas. que
Fot. de Valleto.
-----------------------------------·----------------------- mayor sugestión habrán de ejercer en
el moderno sentimiento pue.to que están
un resto d11J viPjo paganiRmo. lo que no debA sorpren• dentro de su comprPnsión y verificaciónintuitivas, e11
dfl:o si se considera quetodit Franela, ante&amp; Galia, fué decir, dentro de su medio.
colonia romana antes de Jpsucristo y varios siglos
Hoy, el artista toma del templo la sensación artlatidespués y que la Pro venza estaba más cercana ála me- ca ~olamente, ya no hay el 11entimiento religioso; hoy
trópoli. Los convidados acompBñan al abuelo pontifi• pinta el artist!l, ya no predica
ce durante esa CO!'emonia, se ~ientan en seguida á la
Varios cuadros de esta índole podremos contemmesa y despué~ de haber comido los turrones, se le- plar en la próxima Exposición Nacional de BPllasArvantan todos y vienen á colocarse en unos asi ..ntos, tes, y de ella eR el de Benlliure que titula: ",Una lien forma. de semicirculo ante una inmensa hoguP- mosna para el Santo Templo l. ... " y que el pública ha
oa formada con enorm 'IS trozos de leña. que arde con bautizado ya, más lacónicamente, «Limosna •
ruidosos y grandes chisporroteos en la va?ta chimeEl asumo no puede ser más sencillo: un acólito, re•
nea. El abutilo ocupa el cPntro dt:l st:micirculo y los vestido de la púrpura usual, pide limosna. E11 la figuniños se acuestan en el suelo á los pi-és d-elas person-as ra capital y única; las demás sólo le sirven de cuadro,
grandes. El jefe de la familia pone entonces lae ma- incrustadas entre las sombras del templo ..
nos en las rodillas y con tono solemne empieza á reLo primero que se experimenta al encontra1 se frenferir el Advenimiento de Cristo con todas sus diferen- te á frente de la obra de Benlliure, es una sensación
tes circunstancias. Todos loe oios se fijan sobre el de rojo y blanco, como en el soneto de Nervo cuyo
abuelo, los pechos no hiten ya para no turbar la na- último terceto sirve de eplgrafe á estas lineas
rración, y las bocas se abren como para recoger toSólo que no trató el artista de manifestar simpledaq las palabras que s11len de los labios del pontífice. mente el contraste de la albura y de la sangre, sino
Al terminar la narración el abue'o enciende ba- que quiso que blanco y rojo se destacaran, contrasbitu3lmente una pipa de tabaco y sigue refiriendo tando entre al. sobre un fondo Ióbregoysombrio. )Emcueiltecitos á los niños mientra11 que las otras perso- presa audaz, en ve.dad, que Benlliure tuvo el tino de
nas cantan villancicos. humedP.ciendo todos y de cuan. realizar maravillosamente!
do en cuando, la garganta con un buen vaso do vino • Veamos la figura capital, el concentro del cuadr.::
puro.
estudiemos su contorno general y veremos cuán airoNo se duerme en esa noche es la única en que los sa y cuán sentida resultó la representación del moniños tienen licencia de Telar esperando la solemne nago.
mi11a de media noche anunciada pronto por el canto
Es un gamin simpático y bueno, ftU6 mal se halla
de Jo., ¡!'allos que no deja de hacerse oir hacia las on- dentro de la svtana y del roquete y que está pensance y media, y en caeo de un olvido de pa·te de esos do en quién sabe qué atractivos del arroyo mientras
gallinaceos hay siempre quien se encarga de imitarlos. con unciosa voz pide la limosna para el templo. Su
Entonces se entona. al unlaono el villan~ico:
rostro fre~co :r juvenilmente ingenue, desborda vida,
y se comprende que, aunque dedicado al servicio saTwoliro, liro, lou gaú canto:
cro, es ese monaguillo un capullo de hombre que
Nouve! No·¡¿ve!
siente en toda su amplitud el gusto de vivir y que es,
tá dispu11sto á exigir de la vida c1u porción de goce,
'!'iroliro, Uro, el gallo canta: Navidad! Navidad!
esa porción cuya demanda es el sagrado y universal
Se dt1scubre en st-·guid" el altar formado habi- derecho de los hombres.
tualmente de la VfrgP.n Maria, de San José y del Niño
Hasta aqui el estudio psicológico en el cuadro. Nos
Jesús recostado en la paja de un pesebre, en una po- queda ver el tratamiento quP, como en los cuadros ó.e
bre cabaña de Belén y c11lens1&lt;do por el aliento de un Tusquets que ya hemos descrito y reproducido, cona.
buey y de un asno. Encima se ciernen unos ángeles tituye el mayor mérito en la «Limosna&gt; de Benlliure.
que tocan instrumentog de cuerda y el campeíitre pi· El fondo sombrlo de que ya hemos hablado, es un bofano. Junto á la cabaña sr eleva el arbol de Navidad nito estudio de tonalidades bajas y de modelado. Los
que consiste en una rama de olivo, á la cual se han fieles que asisten á los santos oficios, se adivinan
suspendido todas las muPstras de las frutas del pi.le, a.penas en la sombra, pero se adivinan en lit:eamiencor:eervadas para este dia. Se canta delante del pese- tos precisos Vease el viejo que está en primer térbre el villancico:
mino, á la derecha.
El icono mariano del altar lateral, asi como el cirio
Un poutoun, un poidoim
que arde ante él, tienen hermosos efectos de luz, que
Sus li f auto e li pé de l'enfantoun.
se sorprende fácilmente si se mira su ejecución muy
de cerca y, alejándose en tieguida, se contempla el
Un beso, un beso en las mejillae y en los piés del efecto obtenido.
niñito.
Asimismo hay que estudiar los encajes del roqueAl mismo tiempo el ab1111lo dando el ejemplo besa te que á nuestro juicio so11 un tour de force de pintura
las mej,llas y los piéd del Niño Dios y todos loe demás moderna y forman el clou de este cuadro. Mirados de
Jo imitan.
cerca se ve que eután hechos, al parecar, de una esSe repite el villancioo:
pesa mezcla de blanco y bermellón, amasada á espá-

�448

EL HUNDO

Domingo 113 de Diciembre de 1898.

UomlnKO 18 de Diciembre de 1898.

Cuadro de Enrique Serra.

Cuadro de J. Echena.

tula. Y de !Pps, á cuittro metros aproximadamente
se m.iran destacarst1 dt1 su fondo rojo, diáfanos, lige:
ros, 1mpalpllbles
Este cuadro PB uno de los mejores que hPmO!l visto
dela escuela _que el vulgl) llama llfectista ¡Ojalá que la
Escuela Nac1onlll de Bellas Artes lo lldqu1rina pues
es un gran modelo de e~tudio que serviria mucho pa•
ralos que humedecen pincel!

EL CAIRO.
DE J. ECHEXA..

Ac~eo los pintores español11s sean los más idóneas
para mterpretar lu escenas orientales ~
H~y en su sangrt1 muchril de Oriente y la-tendencia
general de sua bellas artes no ha podido perder aún

EL CAIUO.
su dejo moro. qufl ~e manififlet.l\ muy espP-cialmente
t1n su arquitectura y en su mú.ica.
Ello rt-salta a•f míPmo Pn la contPmph,,-iñn dl'J las
Cl)StumbrPs mori~caP, ,. bbtanos mirar •El Cairo• de
F.cht-na para compreoderlo PrP•cl11din1dn dt1 lRS
odalls_cae, dt1 sus mu11ble~ y ntPn~ilios y dP-1 f Pndo dPl
pa1eaJe y_conc"t&gt;tándonos á la tt1rn1z ... ¿no nos pare•
ce e11tar viendo una azotea andaluza?
_Ahí hay mace~as y azulPjos, como en E~paña. y adivma~os á Espanamuy cPrc11, 1,..parllda tan sólo tlpl
Cootmente n~gro por esa lengüéta de agua de Gibraltar....
El.9riente ejerc11 sobre nosotros una poder&lt;'~&amp; s11gP~t10n y muy pocos son los que no ha, ao volado á
él en alas de su im:iglnación .v de su dt&gt;st'o.
Del brazo dPI cel~ll P1errt1 Loti hPml)R e~tado en fil
Oriente varias veces, v n.. mos vivido bU vida litina de
voluptuosidades y de ·perezas.

Ftt. de Luis C. Saodoval.

,.o~ acordllis de Trtuán, la clud-\d blanca, PBa qne
dut&gt;rwt- i11doltrntemPnt11 arropada en Qu atmóoftlra diáfana. calurC11111 v v1braut11?
Nada 811 mu~·""• ui la~ hoja11 ,Je los 4rbo1Ps, ni ICIB
tlllJPs de la~ palma11. ni 111 nariz d11 los dromedarioR.
Todo d11111me 1&lt;1,foc11dn nor IR lgnea atmósfera y poi:la .,mbli11¡?"uPz de ln11 trópicos.
F,n PI cuadro de E1·b .. na encontramos mucho de PFO.
R•prPFt'nta nna tnr11za en 1118 afueras d .. l Uairo,
1ma t..-rraza de hl\rem A la hon &lt;lela 111rdP. Tre11 odali.&lt;!as rnatan el til'mpo en lnf1rnt les divPrtimiPnto~
SPgúu la conc, pcíón orit&gt;ntal de la mujer. ésta no
tit&gt;ne derPcbo A reu1111r. es una co~a animada, un j1t•
gu.. te que distrafl A loR ,a:bado11 señorones en sus
horas de hastío, en sus horas ¡!'rises.
Un h:trP~, eR_ una jaula di' ave11, pflro de avPs taciturnas .v ~1lencio11as. L11 guzla no pu~de acompañar
c1mtos heroicos ni ende&lt;:haa de amor, porque til awor

no pued11 11er consciente en las mujerP11 orientales y
los grandes himnos que levantan oleaje en el a!O::a,
BOi!, co@a muy abstracta para eus frágiles cerebros de
páJaro, enervados con toda la somnolencia que d n
las drogas del Libano. Caanao canta la guzla, canta
fábulas y baladas que se transmiten de generación
en generación y que son casi siPmpre parAbolas de
una sencillez t1ncantadora ó alabanzas en loor del
amo y tsposo.
"Ven,:-canta la odalisca,-ven, podProso señor, y
entre mis brazos, más blancos que la leche, oividarás
las penas ~e tu vida.-Soy tu sierva, sPñor, y mis cabellos enJu~arán tu frente, como enjuga la gacPla
con la blandura de su lengua la gota ae sangre que
enciende el armiño de su piel.•
Las odaliscas que pintó Echena, tienPn todos los
rasgos caracterist1coe de 111 hembra orieatal indolente y muelle, y las actitudes están tomadas don fideli·dad y estudio.
En primer término, dos de ellas jue.,.110 con un tablero, mientras la tercera dl'ja flotar s'it mirada sobre
la ciudad que duerme á lo lejos.
A nueRtro juicio el rostro de esta mujer
·es el mejor ejecutado y el más sentido,
porque su expresión es clara y precisa.
tPiensa acaso la odalisca, al mirar la
· diafanidad del cielo y la ciudad que se
extiflnde ampliamente á sus piés en su
libertad?
'
No, no piensa nada; mira y no ve, vive
inconscientemente, y está en ese sitio por
azar, porque la pereza la ha clavado allí
por algún tiempo.....
Los di,talles dól cuadro son buenos, sin
igualar la exactitud y el procedimiento
11.e Tusqnets ó de Jiménez Aranca. y~! ,:o
lorido dt-1 prime.- término tiene algunos
toques disonantes y tal vez falsos.
Lo que má'I nos agrada. es PI fondo,
lo dli\fano d11 e~a atmósfora tan cbra sa·
·cudida por 9nién sabe qué macabros vi-

La Hadona de las Lagunas Ponttnas.
Las figuras que nos presenta en el cu~drito que
deecribimos, demuestran profundo ee~udio en todos
eue detalles Se ve que antes de reunirla.e, las Pstudió
en diversas actitudes y miembro por miembro, de
suertb que, al trazarla&amp; sobre la t"la d~finitiva, no
hubo vacilaciones ni tropiezos, y cada toque del pin•
ce! fué oerfectamPnte pensadQ y analizado de ante•
mano. Aislada cada una de esas figurae, puede formar por si sola una verdanera obra de arte
El agrupamiento flS armónico y real. y de igual belleza positiva el fondo que da á su acción.
Esos patios andaluces, llenos de luz y de coloree,
constituyen un asunto muy propio para sugestionar
á los pincelistas Pero su mismo derroche plástico da
Jugar no pocas veces á imperdonables vulgaridades
y á groseros efectismos.
Nada de e~to hay en lo de Jiméoez Ar11nda y no
obstante la viveza de sus color1&gt;sy la protus1ón de sus
detalles, ¡cuarda la severa s(lbrledad que es el tono
distinguido de esta clase de pintura, imposible de adquirir para !i1e impotentes medianías.
La expresión de loe jugadores es muy sentida y re-

"ª

UNA RIÑA DE GALLOS
POR JIMÉNEZ ARANDA.

Una rtna de gallo&amp;.

Fot. de Lnls C. Bandoval,

comendamos á nuestros lectores observen ti! admirable e~tudio muscular de loe rostros.
Modelado y per~pecti va Ron p11rfect0s, y no vacilamos en clasificar de mag-nlf1ca, sin restricción alguna
esta obra de Jiménez Aranda, sin darle, no obstante,
la categoria de obra maestra.
Ht&gt;mos hecho una observación: el marco que la encuadra es muy poco apropiado ~ara hacer valer las bellezas de la obra. El ancho dorado absorbe la preci•
sión del dibujo y la escala tan variada de loe matices,
y ahoga, por decirlo así, el verdadero efecto del conjunt?. Si ese cuadro tuviera un marco menos brillante, de maderd sombría, ó mejor de terciopelo obscuro, resaltarla m\.s la labn del llrtista.
Noes cosa sencilla la elección deun marco y en filia
debieran fijarse los pintores más de lo que.suelen ha.•
cerio

LA MADONA
POR ENRIQUE SERRA.

A eett1 regp11cto debemos advt1rtlr que
eee fondo hecho de colorPs tan téuuel! y
'tan Tagos, lrreproduclble en fotografía, por Jo cual apenas ae ve en nuestro
grabado, no obstante que las fotografías
que nos ha. proporcionado el Sr. Luis C.
:sandoval. son de una irreprochable eje•
cución artistica..

Cuadro de Jim&lt;!nez .Aranda,

Fot. de Luis C. Sandoval.

DE LAS LAGUNA8 PONTINAS

·bi-amiento.~ a fuerza de su inmovilidad.

Hé a qui 11n cuadrito de género que pue •
•de reputar@11 como un protritipo de lamoderna ePCUPla seviUana, de esa escuela
que tan bien comprende el dibujo y que
ha [logrado adunar la precisión de éste
con la más opulenta magnificencia de colorido.
Jlménez Aranda e11 sobradamente co•
nocído en clrculos artlsticos, su reputa-eióu e~ internacional ya, y la "Riña de
Gallos" no es sino una creación normal
de su egregio pincel, 11s uno de tantos
cuadros que pinta anualcnPnte, y esto es
lo que vi~ne A probar el inmenso valer
del 11rtl~ta ~evillano.
Jiml\nez Aranda, como todos loe verdaderod trabajlldores del Arte, no pone au
firma 1i no está eatidfP.cho; trabaja siemiJre en compl11t11 tensión de sus fuerzas
-creadoras y acu,1a s;empre en su molde
peuonal y perfecto .

449

EL MUNDO

Don .José Villegas,
Dlstinguldo pintor espaftol.

No anduvo desatinado Enrique Serra
para escojer los asuntos ae SUR úl,imos
cul\dros, pues los alrdedoree dt1 Roma 1111
,,frecen abundantes y altamente sugesti•
vas.
Aprovechando su paso por 111 Academia
de !'inturll q·ue España tiene estableci,ta
('ID Roma, bajo la dirección de D. José ViJl('lg11e.-situada allá en las alturas de San
Pietro in llfontorio -Enrique Serra ha p1udo he, mo~1dimoa paisajes de la campiña
romana, d11 los cuales ha enviado varios
á nuestra XXIII Exposición Nacional de
Bellas Artes Ciertamente, «Lll Ma.dona
de las L11gunas Pontioas• es t,I de menor
1&lt;1iento1 mas no por ello deja de ser un
cuadro muy apreciable, que contleu-,
grandes btillezas.
Esas marismas romanas tienen un carácter muy peculiar que no !!6 encuentra
t:n nmguna otra parie. ImprPgnado su
suelo de aguas estancadas y pmridas, es
mortal su atmósfera y be fiebres que se
conocPn vulgarmente con el nombre de
malaria, cuentan por miles las vlciimas
y11e hacen anualmt1nte. Pero, en cambio,
la vt1geta.clón se desborda por todas par•
tes y predta á. aquellos moniferos campos
un a11pecto encantador.
Lod 11ldeanoe cuidadores de las escasas
&amp;iembras que por all1 existen, han elt1vado
en medio de las lagunas Ponti.aas un icono ae madona azás rú~tico, ante el cual
hac11n sus oraciones.
Salit1nte de las aguas, la madona pontina parece p, otejer aqnellos pantanos y
la lámpara que arde ante ella prueba la
d~voción que le ofrendan los campesinos.
Eea imágen sirvió de pretexto á Don
Enrique Serra para pintar un bonito p11i8aje en el que hizo gala de su compleco
uominio del refle¡o y del elRro-obscuro.
·• ~as aguas que pinta Serrase desprenden de sus paisajes en asombrosa transparencia y el menudo ramaje de eue arboled1ts1 verdeando en todas las tonalidades, constituye uno de los grandes
atr11ctivos de sus obras.
Don Enrique S11rra ha obtenido numerosas medallas de oro y de plata en laa

�450

,r.1,

MUNDO

Domtn,ro 18 de Diciembre de 11191!.

varias Expoelcionee Naeionalee é internacionales en
que se ha presentado, y con ju@ticia ee reputado como u~o de loe más brillantes pintores de la nueva generación eep11ñola .
Aun cuando nuestro grabado da una idea bastante
exacta del cuadro original, uno de sus g1andee méritos queda oculto; nos referimos al colorido que PB
"!JD&amp; de las especialldlldes de Serra y que á nuestro
Juicio es superior en él al dibujo y a la composición.
Estamos seguros de que los cuad,.oe de este autor y
entre~elloe el que hoy reproducimos serán de 1,,s más
aplaudidos en nuestra próx:ma Exposición.

miento se destinaron los
fondos so brames de la Obra
Pia de Santiago y M:onse
rrat, y para el caso de que
éstos fueran insuficientes,
los demás d• índole análoga que administra el MiniR
terio de Estado. del que la
Academia depende.
ConsignAbaee ·n el bPr•
moso preámbulo del cit11do
decrPto que es el pueblo
español, en sus artfl11 como
en literatura, un pu,.blo
profundamente inspirado y
al mismo tiempo nativa•
"lnteresantA al público.
menteorfginal;reconoclase
la expontaneidad como la
t
Todos los que deseen Poberhfas fotografias de los primera de sus cualidadPs
1
cuadros de la Exposición de Bellas Artes. las obten y, virtudes; y considerando
drán en la acrPditada fotografia Nacional (5 de Mayo que lo que más necesitaba
y Alca.icerla nº 6.)
para completarlas eu el es
'
Recordamos á las personas de buen gusto que nues- tudio y el trabajo, juzgátro colaborador artis~ico Sr. Luis C. Sa_ndoval prepara bBee lo más propio para fo .
JI¡
un al bum de gran luJo con una colección de dichae fo. mentar el genio nacional
tografiae.
ofrecer á los arfütae espllñolee un campo de estudio
y un lugRr de recogimien
to y de ensayo en la ciudad
t
que será eternamente la
metrópoli del arte, enRoma.
A la objeción vulgar rte
Publicamos hoy el rEtrato de estP pintor Ilustre, au- que en aquel emporio del
,-1'
. r
tor de dos cu11dros que se presentarán en la Exposi• arte antiguo dPgeneraban
ción N. de Bellas Art.is, y uoo de los cuales reprodu- loe artistas en amanerados
y académicos, oponlanse
cimos en nuestro número anterior.
Nació en Sevilla en 1844, v sus primeros P&amp;tudios l011 ejemplos dti Velázque;;,
hizolos bajo la direccion de Eduardo Cano y José Ro- Ribeu y Goya, que tanto
mero, demostrando bien pronto su talento art1Ptieo al estudiaron v aprendieron
pintar. muy joven aún, su cuadro Col6n en la ·Rabida en la Ciudad Eterna, sin el
que fué comprado por SS AA los Duques de Mont~ menor menotcabo, antes
por el contrario. con noto pensler.
A co.,ta de grandes sacrificios logró su pPr8everan- rio desarrollo de su perso
te voluntad el anhelo de transladarse á Roma ·Y en nal originalidad y su ge•
1867 fué á la Ciudad eterna, donde trabó estrecha nuino carácter español .
A Psto11 antiguos ejemamistad con ErnPsto Fortunv, v fué dlscipulo de
Eduardo Ro~ales. Est_e y Zamacole prote~ieron no . ploP pueden hoy añadirse,
El nuevo teatro de la Opera C6mica en Parfs.
blemente al Joven artista, y por su medi11c1ón vt'ndió por fortuna, los muy reeu prlmaa obra de importancia, El descanso de la ciente11 de:troe artista@ concuadriU11~ á Mr. Stuard.
t11mporánPos que han pasado por la Academia de
Ea 1868 figuraron en la Exposf,.ión de Madrid su~ RomR y son 1011 más excelentes tm laa artes que res- tecto Ale~anñro Herrero dló principio á loe trabaios~
fnáe d1flc1l11s que si d11 una construcción nueva se tralienzos Don Qu_ijote, El herido, Una barricada y El pectivamente cultivan,
tar11: y en Enero de 1881 se inauguró la nueva Aca.
mae.stro de capilla, que rt"veiaron el j?8nio del artista:
dem1&gt;&lt;.
y su laboriosidad en ,1 diflcil arte d1ó tal resultado á
***
Se entra en ella por el lindo patio que es la marl\vi11ue geniales aptitudes. que muy poco deepué- era coEl Edificio de la Academia, es el antiguo convento
nocida, y muy apreciada su firma en Jo~ mercados de de franciscano11 dl_l «San Pietro in _M?ntorlo,• erigido lla de las artes, el famoso templete de Bramante. TieRoma y de Parle y vendla 111 opulento Vanderbilt ~n por los Reyes Catollco• por el nactmiento dol prinCli- ne ést11 tres puertas. á l11e que se sube d ... ede el pavicuadro Un bautizo en Se1;illa, en el precio de 150 000 pe D. Juan; pero abandonado el derecho de España mento por la gradlnata que circula alrededor. Sobre,
francos.
desde la calda de la casa de Austria, habla prescrito la meseta se levantan dii,z y PPiR columnas colocadas
Larga tarea serla la de enumerar aqui li.e abras de en tantos años.de olvido, y estaba á punto de vender- en circulo v de11tacadas del edificio que corona una
V1ll~gae, qu~ desde entonces han mabtenido y au- se el w ,nasteno por el Gobierno italiano cuando el el,egante balaustrada. termin11ndo ~l templete en una.
m~nt11~0 su Justa fama, y _11ue han sido siempro la ad- difunto Cond~ de Coello entabló la recla~ación diplo- cupula con las armas Reales de España esculpidas en
1111raclon de cuantos IRR vieron en las ExpoPicionee de mática en 187.&gt;, y logró con grandisimo c11lo v perse- m~~ll!ol de Paros, leyéndoPe 11u la fimbra eetll lnsRevillA y Madrid, de 1877; de Lid boa. de 1879; de los verancia obtener un11 tranSACCión enfre nana y Es- cr1pc1óo: En !}onor del Principe de los Apóstoles tl:
Sres. Hernández y Bosch. en Madrid en 1881 y 1882· paña, por la cual, mleutras Italia renunciaba á Jo que Rey de Espana: cayéndose de antiqua la cúpula de'es.. '.' la~ de Sevilla de 188a. y ntr11e muchas El autor d~ crela derechos que le daban las leyes del reino, el r.,. te templete, ó solicitud del ilustre ~lfarqués de Villena
El triunfo de la Dogaresa Foscari y dP La muertedtl prPsentBnt11 d11 EPpaña. dePpué11 d11 aPegurar el serví- Tef!(!Vó con su hereditaria piedad la memoria de la pri:'
mitiva obra de_sus abuelos el a1io de 1605 Esta capilla
alta tiene prectoha&amp; estatuas de mármol de San Pedro
-r.~;.;;....-:,;;:;:;-:!'!'.J-;""J-;"""-:
...-. ..-....-_-...;.-_- - - - · - - - - - - Y ~e los cuatro EvangelistaR. Se baja d~spués en escahnata á la otra C!ipllla, adamada con incrustacionps
de mármoles_. en ~a que se lee sobre la verja de hierro
~or11da ePta mscr1pclón: Lo.~ Católicos Rei¡cs de Espa-- .
_.!
na, Don Fer:n,ando y Doii,a Isabel de.,pués' de erigido el
·11
templi?, pu.~ieron este altar dPdicado al martirio dtl
r
Pri~ciµe de los .Apóstoles, año de la redenci6n cristiana,
'
150~ :A,! lado derecho se ve la mPdia columna donde
se refiere que fué 11~otado el Apó~tol, y en el centro
un hoyo donde se dice que fué plantada en sentido
inverso la cruz de Han Pedro. Subiendo una nueva
e_sc~lera de márm?I, se entra en el primer piso del atto mterno dPI antiguo monasterio pero cuyas gfieriae, levantadas un metro, y restaura•he sus columnas, 1;&gt;reeentan uua bella perspectiva.
.Alh están lllseetanciaedevarloe pen11ionados ¡ 8
t~dio_s de los ar9uitectce y músicos, las precioea~
b1tacionee del di_rector y el grandioso estudio del mismo, acaso e\ mPJor de Roma y de seguro el de vistas
mA_e magnificas. De este estudio, que forma Ja arte
baJa de una de las nu_evas torree, se pasa á la gra~diosa sala de las e.x.posic1one~ anuales. cuya luz, erfectamente preparada por gigantescas vPntBnae p8
menta a1tJ.,~icamente dispuesta por las clarab~ ~ / ~
hierr~ y cnstr.1 que se elevan hasta las cumblee dd
edlticto Paralelo á ést11 hay otro estudio igual.
Las dos eec~lerae de la Academia conducen á 1~11t~rree ~e la 11;mma, que son loe otros dos estudio d
pmtor, mmed1ato~ á otra serie de habitaciones
e
bellas do loa p~ns10nados, y cuyos dos talleres de
tura e~ comumcan P,0r la azoteaterraza,de~de la c~ ..1
protegidos por altisima barBnda se disfruta de
'
la más magnifica vista de Roma'
seguro
Descendiendo las gradas qu~ desde esta t
conducen á los ja~diues, Pe va áloe estudios Je e~r::t
tura, que el arqmtPcto Herrero supo colocar
lJn :ferrocarril lllitmtiense
cascadas, árboltis y lagos.
entre•

f'f1:,t
·111~--

D. JOSE VILLEGAS.
0

"

i--¡r- - ~

:!~

!u
il.

maesfro, tiene una de esas reputaciones artl,ticas tan
u_nánimemente otorgada y tan universalmente conocida, que hace por compl.ito ociosa toda ponderación
de su talento.

··*

De un 1eepet11ble periódico español tomamos las siguientes lfneas sobre la Academia Españ ,la de Bellas Artes de Roma, que dirige actualmente el Sr. Villegas .
En 5 de Agosto de 1873, y por la noble Iniciativa del
Sr. Castelar. acrAedor á la gratitud de cuantos aman
el arte, creó el Gobierno de la República la AcRdemia Española de Bellas Artes en Roma, A 11u eoateni-

cio de lo. iglesia y la existencia permanente del mo•
naster10 en la parte que da al tPmplete del Bramante
pudiendo existir alll religiosos ó pa,:erdote,¡ con un'
rect~r _español, se comprometll\ á asegurar la idea por
él iniciada de que España estK bleciPse una Academia
de B_t1ll~s _Artes en el resto del casi arruinado edificio,
medio umco de que este convenio no encontrase impugnadores en el Parlamento itálico.
Acord_a~a P(!r el Gobierno español la construcción
del edificio, aun mediaron años de ,ucha incesante
con dificultades de órdenes distintos: en la esfera di•
plomi\tlca, en el campo religioso y en el terreno material y práctico. En Julio de 11:179, el notable arqui-

LA NUEVA OPERA COMICA
DE PARIS.

El antiguo teatro de la Opera Cómica se incend"ó l
año de 1887. Durante seis años fué ¡
.
i e
en práctica loe di v ereoe proyectos de °:,~~8 ible
po~er
8
del eaificlo que e e presentaron, puPe las d~~ 6~ucción
no estaban de acuerdo y ¡08 diput1tdo
mua s.
que rechazaban loe senadore&amp; ó á la i~ aceptaban el.
Al cabo de ese tiPmpo 86 b 'ó
versa
mee de Junio de 1893, M. Lo~/.Be~~l~~n~ureo Y en el.
, Joven, •pre•-

Domfniro 18 d11 ntc!PmbrA -1.. 1898.
nfo de Roma• y autor de algunas casas
de muy buen gusto, salió victorioso, quedando aceptado su proyecto.
A mediados de 1894 se puso mano li la
obrR, la qu_e adelantó con alguna lentit".ld
por las dificultades de admi11iPtracióo intP~i?r, pero al fin :va tieu11 Paria un nuevo
edü!cio que eegnn loe intPligentes es un
eenJunto d11 • noblez~ serena, rico en dPtalles exquisitos, graves y sonrientes á la
vez•
Nuestro grabado nos diepAnea de descrlhir el nuevo monumento. ó á lo m ..n 08
la fachada qu~ da á la Plaza de B0Yeldi11u.
De una solll OJeada 11e ve elordenam;ento
ge!1eral: t_res !l'randee puertas en 111 piso
baJo y Brr1ba tres altas v11ntanas entre colnmnae y ot::ae Reis más pequt&gt;ñ,ie con M·
rlátideR . Las cariátidt1s son de Allarrl Michel y P11yurt y las c11tatuae de la Jl.fú,ica y la Poesía colocadaA en nichos AD las
alaR laterales son de Puecb y Guilbert.
Más grandes son las fachadas laterales
y de un a11pecto mfts sobrio. Están ocupadas por filas d11 ventanas y en el primPr
pbo corre un halcón con bal11uRtras d.,
t&gt;i~dra y sostenido porméosulas. bien trabaJadae PD el perfil y el dPcorado y cinceladas de una manera impecable·
Dos puertas e:: cada una de ePtas fachadas dan acceRo li un vestlbulo llamado lateral. en el que PA aei11ntan las cuatro escalera~ que dan A todaR_ lae galerfaR y que
comumcan con PI ePpac10•0 vestíbulo cPn•
tral. la cual está adornado de mármoles
mosaic,1~. y pintura11 dPcorativas v tiPn~
un.a !!'rave estatua de Michel , el ºPensamiento. Este vestlbulo está debajo de la
sala.
En ésta todo es armonía y buen gueto:
los relieveR el oro El tono gP.n11ral PB
blanco marfil y rojo el fondo de loe palcos.
.
Loe pflareR de nueve 11rcadae eo11tienPn
la bóvPda elevada á diez v siPte metros
sobre las bancas de la orquesta .
La pintura d11 la cúpula es de Benjamín Constaut·
la Poeela. la Slnfonla, d C11!1to, aparecen en pl,.n~
luz, y vag-amente, los personaJ11s de la ópera cómica
actual y del tiempo antPrior: Manon, Carmen, Mireille, la Dama_ blanca y otras menos diEtintas y por últlno la Gloria e_nvuelta en n:v:os argentinos, ,,apor&lt;&gt;ea Y, d- fo1mae mcierta11, domma todas PPae figurlls
y mira pasar la theorla inacabable de Jae flcciont'B Jlricae_. Lo que sobre tod? Impresiona en Peta obra. al
go difusa, es su cok,rac1ón tan bien contrastada con
la monocronia de la sala.
No~ falta espacio para hablar d11l fovn, de la escalera de h~nor, etc. etc. eR donde hay tantas obras ya
fuertes, pmtorescas ó eombrlas, de pintores, ornamentlstas y escultores de talento, en loe plafones, 801,re
las puPrtas, en todas pllrtee.
El monumento erigido al arte por M Bernfer 68
una obr11 enteramente frai,cesa y moderna aunque
noblemente embellecida por los recuerdos' clásicos
que guarda su graciosa y exquisita arquitectura.

COMO SE DIVIERTEN LOS NIROS
NORT l!.-A MERICA1'1 OS,

U.~ FERROCARRIL LILIPUTIEXSE
El coche clásico tirado por cabras caerá pronto en
el olvido más completo. Lo~ niños tendrftn ~porte má11
en consonancia con los progresos de la época.
Mr. Tbomas E. Me Garigle, de Niágara, ha mandado construir un ferrocarril Jiliputlflnse con obieto de
que funcionara en la Exposición Trans-Mieeieispina,
de Omllha en una via farrea de 300 metros.
Los diez vagones de dos asiento~ nada tienen de
particular. Lo interesante de estfl juguete es la locomotiva, reproducción exacta y fiel y reducción á un
séptimo, de una locomotiva de tren de p.1eajero11 que
corre en el ferrocarril Central de Nueva York. Tiene
ocho ruedas: cuatro grandes • delante y cuatro motrices atrás, con un tendPr montado sobre dos trucke.
L.., vla es de O me .30 de anchura y PI extremo de
la chimenea de la maquina se levanto 0mts. 63 sohre
el nivel de loe rieles, la lonj?itud total de la locomotiva
con su tender es de 2ms. 20.
E l vitor se 'l'I) i uce eo una caldera ignltubular de
0ms . 25 de diámetro y la forman once tubos de Orne . i-5
de diámetro, y de 0ms. tO de longitud. La presión dt'I
vapor es de 9 kilógramos por cpntlmetro cuadrado.
La caldera tiene capacidad para 54 litros de agua y
se alimenta con dos in vectores. Loe ..:ilindros son de
un diámetro de 0me. 5 y los pistones juegan en una
extemión longitudinal de lme. 10.
La Jocomotiva pesa 279 kilógramoe. La dotación es
completa: el maquinista tiene á su alcance, caja de
arena, campana, silbato y un freno de vapor para las
ruedas motrices.
En el tender hay una provisión de 68 litros de
agua.
El pePo total del tren con sus diez vagones y eu11
veinte viajeros, tan diminutos como aquél es de 1800
kilo¡-.
Este juguete ha hecho furor en la Exposición de
Ornaba y acaso ¡,e instale también en la deParis.

451

EL MUNDO.

dlenteP v otro que dló al último Duque de
Laval Mont morency.

**•
La recepción de loA nuevos cabBll11ros
Pe hace con gran pompa ta,ito en Madrid
como en Viena, en sesión del cap1tulo de
la orden. Loe caballflroe llevan la túnica
de terciopt'lo rojo doblada de Feda blanca, t'l maDt0 de rúrpura, loe zapatos rojos
.v C&amp;JlAruzR dP miFmo color, la toca de
Luis XII, eEpPcle de turbante cuya extremidad cae sobre la e11palda. Et collar se
UPll sobre el manto, sujetándose á la espalda .
Tanto el ceremonial rellglo~o como los
trajes. se han suprimido por Esp•ña para
los prlnripee Pxtra11jPro@ y los jPfee de
Estlldo. No Ps eFta la única modificación:
se han Ruprimido también los derechos
de c11ncilleda para loe t'Xtranjeros.

***

. EL GRAN DUQUE VLADIMIRO.
Su Alteza Imperial, MoBseñor el Gran-Duque Vladimlro, generalls1mo dtil Ejército rueo, fué plldrino
d11I !'re1,1d• nte de la República Franctisa cuando este
alto pereonaj11 recibió la condecoración del Toisón
de oro.
El viaje del Gran Duqueá Parb haeido muy comentado por la pr11nsa; pero 111 verdadera significación de
tu vii;lta a M. l◄'aure y loe asuntos qui: cor. él baya
ti·.. ,ado, no p~tiuen ser conocidos, y todo ,o que sobre
el asunto pudiéramos dPcir, serian suposiciones más
ó meuos aventuradas. Oiremos algunas palabras sobre la ceremonia en que tan principalpBpel upresentó el Gra~-Duque como padrino dt:l Prebidente.
Se ha dicho que e, collar entregado á este era el de
Carlos V, y eso no ee PX11cte: el collar que recibió M.
Fauro fué usado por el Mi,,ri@cal Mac Mahon v aute11
por R10s Rosas. Es Boj?uramente de los que•se han
hecho en t:ste siglo para reewplazar los perctldos acabo e~ el que_ ret1wplazó el de ~apoltón I que ni fué
re.tituldo nt reclamado. Tambit'&gt;n ~"' hau p.-rdido uno
que el primer pretendiente transmitió it bUi deseen-

El Señor Montero Rloe, caballero deleg11do, recibió los honores militares en t1l
patio del Eliseo. por un batallón de infantnla con bandera dPPolegada. habiendo
tocado la banda. la Marcha Real de España.
De11put'&gt;e de las presentaciones en el Sil·
ló'l de Embajadores y cuando todes hubieron tomado asiento, el Marqués de Novallas, fungiendo de Secretario de la Orden, leyó el decreto de nombramiento.
fir01ado por Muia Cristina, t'n rPpresen taclón de su hijo Don Alfon110 XIII, Du
que de Borgoña y Jefe y Soberano de la
Orden insigne del Toisón.
DeRpuéa dtt haber recibido M. Faure el
TolFón, con las cerPmonias de estilo y la
proml'sa de contribuir al esplendor de la
Ordt1n, el Marqués de Novallas leyó el act11. que fué firmada por M. Fa11re. el Sr.
Montero Rloe, el Gran Duque Vladimiro,
el Sr . León .v Castillo, M. Uupuy, M. DelcaeFé, t1l Marqués de Nova.llae, el Marqués rle Villalobos y M. CroziPr.
El Presidente firmó un recibo que será
eonetirvade en la Cancilleria de la Orden
en Madrid, hasta su mu11rte. El recibo dice asl:
'
e Declaro haber reClibido dA S.M. Alfonso XIII y de
manos de su Embajador en Parle, un collar de la Orden insigne del Toi~ón de Oro, el cnal collar, según
lo prescrito por los Estatutos de la Orden, me obligo
á dejar mandado en mia disposiciones testamentarias
que se entregue por mis herederos, después de mi
munte, al Canciller de la Orden menc!onada. •
La cnemonia duró á lo más un cuarto de hora. To•
das las personas presentes deFfilRron entonces ante
M. FaurA. dirigiéndole sus felicitaciones.
El Sr Montoro .Rios, caballero de)Pgado, y los secretarios fueron conducidos á la Embajada de España co11 una escolta de dragones. Del mismo modo fué
conducido el Gran DuqueVladimiro~ pero después de
haber conv11rs11do un momento con M. Fame.
En la noche se solemuizó el acontecimiento con una
cena y una gran representación teatral.
El Presidente Faure aprovechó la ocasión para reunir en derredor de los dos tíos del Czar de Rusia á Jo
más selecto de la politlca y de la diplomacia de Parle.

INGLESES Y FRANCESES.
VIEJAS RENCILC,AS,

Dice un periódico parisiense, divagando sobre e
último debate anglo-francés:
No afirmamos de una manera absoluta que sea imposible todo afecto entre dos personas nacidas en riberas distintas de la Mancha. Esto es obra de experiencia individual.
El punto discutible es el sentimiento que abriga el
pueblo inglés por el de Francia. Durante los ciento
veinticinco años que duró nuestra lucha por la supremacia maritlmR y colonial, la hostilidad era menos
vehemente de lo que pudiera creerse á primera vist~: pelear es un medio como otros tantos, para aproximarse y conocerse.
La guerra de antaño engendraba á la larga el respeto y una especie de eimpatla. Sin embargo, la rivalidad se ha envenenado, porque loe intereses ocupan cada día mayor campo que loe sentimientos. Si
los intereses no nos impiden siempre ser justos, casi
siempre cierran la puerta á la generosidad.
La guerra de Crimea creó entre ambas naciones
un sentimiento nuevo cuvos vestigios eran aún visibles en la época del conflicto franco-prusiano. Antes
de que ellta última guerra hubiese terminado, se representaba noche á noche en los jardines de Cremorne. en medio de un entusiasmo freaético, la reconquista de Str11sburgo por los franceses. En la pantomima de Navidlld del circo de Aetley, una linda morena que personificaba á Francia y que salia al son
de la Marsellesa, recibla un diluvio de floreb y por el
contrario, á una jamona rubia que encarnaba á Alemania le gritaba furiosamente el público todos los insultos Imaginables.
Muchos oficiales del ejército Inglés estaban desee• peradoR por no hacer nada en pro de Francia: algunos hicieron 1a campaña como voluntarios, y @e asegura que Lord Kitchener, muy jovená lasazón,eirvió
Conde Francisco Thnn-Ilohenstein.
en las filas de nuestro ejército en aquella época.
Sin embargo, la opinión estaba muy lejos de ser
Presidente del Gabl •ete Austriaco. cuyo dlscunoo en et Relchsrath
pmt••tanrt~ contra la expulsión rt~ austrla&lt;'.os llevarta á cabo en Pruunánime. l!:.l viejo Carlyle escribió una carta al "Tisia. ha producido ,.,,.n se"sacfón en Rerlln. El itl•curso del es ta
mes," en la que el profeta de Chelsea declaraba en
dlota au•orfaco •e ha rcnn,1derado como uua seria a.mena,,a pa,ra
eathfacción por verá Francfa, "frivola y fanfarrona,"
la existencia de la Trlplfce.

�Domingo 18 de DiclembrA d11 1898

452

Domingo 18 de Diciembre de 1898.

EL MUNDO.

MEXICO MODERNO.

derrotad~ por Alemania, "modesta, religiosa j grave.11
LOS predicadores formaron en coro en derredor del
ftló11ofo, por diversas razones.
Como aún no se conocía la verdad por las confesiones cinlcae de Bismarck. nosotros pasábamos por ser
loe agresores; Dios castigaba nuestros pecados: su cólera cala sobre Francia como antaño sobre Sodoma ó
Babilonia. "Gesta Dei per Gerrnanos" asi predicaba
ante la Rein!l el fogoso_ Norman Ma~ Leod y algo de
estos sentimientos h0Pt1lee se deslizo en las pá!?inas
del Diario Intimo de Victoria, la cual olvidó borrar el
pasaje cuando entregó al público sus recueruos.

Lf\ LE,OOION DE LOS NIA08.
-¡,VendrAs pronto, papá?
-Sí, Magdalena.
-Cuando?
-Dentro de una hora. Adiós, vete pronto por
-que si no, Miss Nelly se impacienta.
En efecto, l:l viPja aya aparecía en el dintel del
salón, rígida, contrariada por la espera, y un pliegue como de reprimenda comprimida, contraía su
boca fría de inglesa, poblada de lim~os dientes .
Iba carg11da de rdquetas, pelotas, libros de es•
tampas; todo el bagaje en fin que la chiquilla exijía le llevaran cuando por las maftanas se la conducía al jardín próximo á correr, jugar, tomar el
aire y distraerse de li;. monotonfa de la c11.sa.
Dió un beso más á su padre, sahó, y al momento las habitaciones quedaron en silencio melancólico, el silencio de la viudez! Hacfa d os aftos
.que la muerte había pasado por allí de improvi.so arruinando el amor, la dicha, todas esas cosas

¿En dónde están ahora *""*
lot1 que se afliglan por nuestras derrotas y los que las celebraban?
Han abandonado el campo á una nueva generación
que parece perf.-ctament~ unificada en su opinión y
que _si no odia _á Francia siente por ella una male~olencia desconfiada y sarcástica.
Nuestra alianza se desh.zo como se desbaratan todas. las alianzas en l~s que u1;1a parte da todo y nada
recibe. Nues,ra polit1ca econom1ca se ha oriemado ha•
cia el proteccionismo: hemos buscado en la expansión
colonial. compen~ación y consuelo para 11uestra mala
fortuna. De aqui han surgido veinte problemas que si
no han puesto frente á frente nue~tros soldados y
!os su.vos, han dado ccasiones de lucha á los diplomáti~os de ambas naciones: tales son las cuestiones del
Niger, de M,:kong, de Terranova, de China y sobre
todo la de Egipto.
Al acercanos á. Rusia, es decir á una potencia que
será siempre sospecbosa á los ingleses hemos añadido
A la lista de las quejas que Iuglate~ra creia tener
co_ntra nosotros, lus que hace valer contra nuestra
ahadi..
Entr.i tanto los periódicos ingleses dan cuenta á sus
lecto:-es de los tristes debates que enturbian y corrompen nuestrl!- v~da pública desde hace diez añoP: los
C?meo_tan d1ar1amente de manera de presentar áFran.
ci q baJo un aspscto antipático ó ridículo. Mas la energía. y J~boriosidad del pueblo france3, la abnegación
y la virtud de nuestros hogares burgueses la actividad, creadora de nuestros sabios, todo e110 ~e calla á
los mgleses.
El nombre de Pasteur no seria conocido en la isla
sino por los ePpecialistas, á no haber descubierto el
medio de curar la rabia. DurantA más de diez años
se ha_n burlado de Taine y de su Historia de la litera~
tura rnglesa, como se burlaron de Lessep!! y de su proyecto de canal.
. Nad~ sab~n de ~e1:1an mientras que los franceses
mstru1dos cuan diariamente á Darwin y á Herbet
Spencer.
Un profesor inglés d-ecia recientemente á un , 6 .
dactor_de '';Los DebatAs:" ~arece que vais á establecer umvers1dades en Francia. Le sorprendió extraordinaria~ente _s:i.ber que se trabajaba en esto desde
hacia vemte anos y que el decreto de que babia oído
hablar vagamt1n•I', venia á sancionar legalmente d
hecho consumado.
Por todos estos procedimientos de razonamiento y
de información. por estas ignorancias y estos errores
sumados á verda&lt;ies mal comprendidas, se ha formado una falsa imagt1n de_ Francia, y e~a imagen,flja en
el espirito de la población mediiL de Inglaterra no 86
borrará fácilmente.
'

453

EL MUNDO.

frecuentemente, sino tal vez al carácter seco y
adusto de su ay a, Sa vinien pensaba en esto al verlas salir juntas, y se preguntaba si una aya joven,
bella y riente no convendría mejor p11ra predisponer á la alegria á su pensadora chicuela. Este día,
sobre todo, le había parecído al partir una palo •
mita que parada en la puerta de una iglesia, tuviera sobre sí toda la sombra de la turre.
En cambio Miss Nelly era un guardian de toda
confianza sin peligro de aventuras, citas, intrigas
ó negligencias; y como para el viudo lo principal
era la seguridad d~ su tesoro, estaba contento
así, sin que por eso dej11.ra de i;obrevigi h1rla en
los jllrdines y avenidas adonde llevaba á Magdalena todos los días. SP. les reunía, se aseguraba
de que 11:1 chica no babía caído ni se habfa resfriado, y procuraba aunque sin éxito hacerlajugar con otras criaturas, porque c onservAndose
sola suspiraba y veía de lej,,s las bandades de

Savinien espiaba toda esta gentil transformación, movimiento del instinto eterno, infantil expansión del amor, y viéndola salir engalanada,
temb lorosll, feliz, decía para sí.
- Va como á una cita.
E ntonces pensaba en sí mismo , en sus emociones semejant as cuando iba á ver en otros t.iempos
á la madre de Magdalena que tanto se le parecía, y el viudo se sentía más solo y más adolorido.
.Aún no conocía á ese Teodoro de que su bija
se ocupaba sin cesar como de un hermano. Ella le
tuteaba, le llamaba Teo ¡que nombre tan lindo! y
contaba á la vuelta de sus paseos cuanto había
con verdado con él.
Comunmente, cuando iba Savinien á reunirse
con su biji\, ya Teodoro se había marchado y por
eso no había logrado conocerlo, pero al fin tuvo
esa curiosidad y una vez acudió más temprano.

J
Casa del Sr. A.gustin Hagenbach, en la A.venidaJoá.rez.
Las profecias más extrañas son las del abate S, uffrant, cura bretón que vivió en tiempo de la vueha
de los Borbones.
Hace más de cincuenta años, anunciaba:
Et dia en que la palabra c11.mine tan aprisa &lt;'-"'IDO el
pensamiento; en que los coches caminen sin caballos;
en que las cabezas más sólidas no sepan a donde ir
ni conozcan el camino recto; el día en que los legitimistas sean tan pocos que puedan abrigarse á la sombi:a de una encina, entonces los grandes acont..cim1entos t1starán próximos y se oirán tr..s gritos: "Viva el régimen social," "Viva el Emperador," "Viva el
R~y, 11 gritos que vendrán del Norte.
Será terrible, pero inijtantáneo y todo se salvará,
cuando todo parezca perdido.
El buen cura previó el teléfono y el automóvil; en
cuanto á lo demás hMy que A•perRr.
Otras profeclas no realizadas aún:
~aliándome en Roma el 11ño de 1891 se me dij'l que
Leon XIII rdnar1a veinte añ ,,s p11ro que no 11, galia
111 vigé,iwo segundo aniver.;arlo de su rsinado.

PROF.ECI.A.~

Antaño y ogalio

El mago Papus p11blica en "La Iniciación" algunaa
profecías que.rt1producimos á titulo de curiosidad.
Y para ius¡nr»r confianza á los incrédulos damos á
continuación algunos ejemplos de profecil.s realizadas.
Un prospectus del abate Torntl-, comentador deNastradamu@, advirtió el 1tño de 1860 que la r1wolución
triunfaría en Nápoles, Palermo Venecia y Roma Y
en 18ti2 anunci11.ba que el Pode~ temporal del Pontifi.
cado duraría tanto ~omo el Imperio y que Gariba1di
(Vacua, puerco medio -hombre) y su hijo irian á Chálon y Ma ~on durante lo~ trastornos públicos.

Esta predicción me sorprendió porque el PHpa tenia entonces ochenta. y un años y parecia esta.r muy
débil.
Sin embargo, en Febrero ha cumplido veinte ai'ioa
de reinado; la primera parte de la predicción se ha
realizado.
E,peremos uno~ meses la confirmación de la otra
parte y .... . .luego que nos digan s! lo hizo la cailU&amp;·
lidad.

. . ..--~~----,

.,.

)

1
l1
Casa de la Sra. Vda de Hida1ga. Bucareli y Donato Guerra.

Casa del Sr.Lic. Alfonso Lancu.ster Jones-1" de la Industria.

frágiles y preciosas conque dos corazones se li- nin.os que parloteaban como pajarillos y corrían
por el jardín.
gan.
Ese día el viudo había prometido ir pasRda una
Savinien ahora se sentía incompleto, l'rraba
hora,
porque deseaba quedarse solo consigo mispor las habitaciones como buscándose á sí mismo y no podía comprender la vida en esa sole · mo, con sus recuerdos, pensar en el pasado y
dad mora I y material.No mas la presencia de la ni- llorar ,por su corazón que estaba frío como una
:na de quién se había convertido en padre y ma- losa bajo la cual hay un cadaver.
dre A la vez, le hacía soportar sus amarguras
de viud0.
*** un compafteropara
Magdalena
un
día
encontró
Magdalena tenía seis aftos, y estaba deliciosa
con sus cabellos de un color tal que parecían ra- sus juego:.. Era un chiquillo que como ellll iba
yos de luna, con sus ojos muy grandes y un 11s- diariamente á las mismas horas al jardín. Lo pripecto grave de persona mayor que hacía reír. Es- mero que hizo, fué no retardarse para sahr quita seriedad le venia de sentir3e huérfana? Ne: la tándole así á Miss Nelly un motivo de impacien· muerte no había dejado huellas profundas en su cia y regailos; por el contrario, en cuanto almorz1:1ba se dejaba vestir, abreviaba los adioses y samemoria. Se acordaba apenas de un día en que
hizo mucho sol y pusieron en la casa grandes cor- lía corriendo.
-¡Qué pt"isa llevas, Magdalena!
tinajes negros y abundantísimas flores, sin que
-Si,
papá, porque me espera Teodoro.
se hubiera dado cuenta del por qué de todo
Savinien ya conocía al nuevo pesonaje que haesto.
Como Savinien quería que la nilia se acordara bía entrado en la vida de Magdalena, la cual no
de su madre para que lloraran juntos por ella, le estaba tan pensativa como antes y hasta parehablaba frecuentemente de cómo era, cómo se ves- cía tener más grandes los ojos. Reía, jugaba, saltía, y 1e aseguraba que estaba de viaje, que quería taha influenciada por su amiguito á quien admimucho á su hijita y que ibaá venir un día úotro. ri,.ba hablando de él con exaltación, se iba des.Así hasta él se engafta ba un poco ...... pero en pertando en su espíritu una coqueteríu casi femenil, quería salir siempre con sus traJes dominliL chica no cansaba gran impresión.
.Así pues, si Magdtilena rra de una gravedad gueros, por lo que tenía con Miss Nelly conflicprecoz, no lo debía á esos tristes recuerdos que tos y escenas de lágrhnas, y se veía en todos los
no comprendía con todo y que se le evocaban tan espejos al pasar cerca de ellos.

Desde il'jos di-tinguió á Magdalena y á Teodoro
de pié que hojei\ban un lihro de estampas, en tanto que cerca numerosos nifl.os, corrían, gritaban
y rPtozaban cruzándose pelotas y volantes.
Ttin prorito como vió á su padr e corrió á racibirlo Magdalena llevando al chico de la mano.
Era este un delicioso muchacho morenito, de cabellera tumu.tosa pero descíplinada y de movimientos ágiles. Ojos límpidos que revelaban inteligencia, y boca muy fresc11 y muy riente. Tenía buen gusto Magdalena! Teodoro saludó con
mucha distinción, tendió la mano y se irguió ceremoniosamente.
-¿Siempre juPgan juntos ustedes? pr .&gt;guntó el
padre.
-Si seftor.
-1,Y no juegan con otros nin.os?
-No nos htin sido presentados.
Savinien permaneció reflexivo. E stas palabras
de buen tono le sorprendieron. ¿Estaba hablando
con unos nin.os? Los veía en este momento graves como una pareja de jó venes que habienrlo
vuelto á tomar el libro entr11 h11.n á la regió n de
los ensueilos despreciando el juego que es la forma infautil de la actividad. Luego. sus ojos des,
prendiéndose del libro vagaron sin fijarse en nada,
cayó el libro y ellos siguieron distraídos, silenciosos muy cerca al uno del otro.
Luego un diálogo.
-Es tu padre ese seftor?

�45i

-Si, Teo.
-Lo quieres mucho? ¿por qué?
-Porque es muy bueno, me regala juguetes y
vestidos, me cuenta historias, me despierta besándome por las mailanas y me ama mucho.
Teodoro escuchab,t
pensativo, hundiendo
sus miradas en el lejano
horizonte como para
buscar al extremo de
las largas avenidas de
árboles á alguien que
no vendría jamás.
-¿Y tú padre, Teo,
también es muy bueno?
El chico respondió
muy triste y con voz
que en vano tra~aba de
hacer firme.
-Nolo conozco.Está de viaje, pero va á
regresar

-Como mi madre, dijo Magdalena suspi·
rando.
El viudo oía este diálogo sufriendo mil tortu•
ras, suspendido de aquellos labios que así hablaban de la muerte. La misma mentira dulce les
engaliaba y esta similitud fué acaso causa de su
simpatía. Se vieron diferentes de esos ctros niflos que tienen padre y madre y están entre uno
y otro como una lámpara entre dos espejos, y
ellos entonces se ligaron con esa melancolía que
tiene aquel á quien le falta uno de los dos y que
hace una infancia infirme, una infancia que cojea.
Teodoro y Magdalena, acababan de comprender por que eran más graves y no se juntaban á
la banda de los demás niflos. Un vivo deseo de
ver á esos dos viajeros prometidos les agitaba y
volvieron á tomar el libro maquinalmente, sin fijarse en él y siguiendo cada uno en su idea.
-Yo quisiera tener padre, como tú, dijo de
pronto Teodoro.
-Y yo madre, como tú, contestó Magdalena
acordándose de la madre de Teodoro que venía
por él algunas veces, vestida de claro como las
reinas de los cuentos de hadas, bella como la luna, y amorosa .... . .
El viudo estaba conmovido hasta el fondo del alma, habta el fondo de su dolor, y los dos niiios se
pusieron muy tristes. El instinto tiene una gran
fuerza explicat~va y les hizo comprender ayudándose sin palabras pero con la lucecilla de sus
inteligencias que juntas alumbraban lo suficiente,
el negro misterio de aquella ausencia. En el mismo minuto ambos vieron claro y vieron dos caras
desconocidas de seres que les habían amado; y
conscientes de que esas caras no retornarían jamás de su viaje á la sombra, los niños se abrazaron y ~e pusieron á llorar.
Cuando Savinien, con el corazón torturado
cruelmente, se aproximó á ellos para llevarse á
Magdalena, vió en los ojos de los niiios lágrimas
grandes y silenciosas que sucediéndose sin interrupción, salían, rodaban por sus mejillas frescas y sonrosadas y caían á tierra, corona de perlas tibias quP. el viento llevaba A dos tumbas ignoradas la una de la otra.

~

MUNDO

Era la hora del regreso: Miss Nelly recogió los
juguetes. Magdalena dió un beso A Teodoro y
luego se fué con su aya en tanto que Teodoro se
alejaba con la suya. De tiempo en tio,mpo volvían
las caritas para verse aún, sintiendo como que se
querfan más, después de haber llorado juntos.
En cuanto al viudo, enter1tmente entregado á
rn dolor que la conversación de los nilios había
renovado, se internó en el bosque por las avenidas solitarias por encima de las cuales descendía
la noche vestida de gasas negras y coronada de
diamantes.
***
MagdalePa hablaba sin cesar de Teodoro y este nombre empezó á hacerse familiar_en la triste
casa del bulevar Eeauséjour donde parecía que
el chico habitaba un poco interesándose todos
por él. Magdalena refería constantemente á su
padre lo que Teodoro habfa dicho, los juegos que
prefería, las personas que frecuentabs, sus libros
y su;, costumbres, y así fué como Savinien conoció el sisttma de vida de la casa del chiquitín con
los menores detalles. Era una familia cuyo modo
de ser pasaba como por una linterna mágica por
Magdalena, reflejándola en el·espíritu de su pa•
dre. Era la reproducción
de otro hogar enlutado,
en el que la madrehabía
sobrevivido para educar
al huerfanito. La niña hablaba con frecuencia de
la madre deTeodoro que
la acariciaba, le regalaba dulces y juguetes y
se sentaba á ve ces á verlos corretear bajo los árboles, y hablaba de ello
con exaltación.
El viudo se acordaba
de lo que Magdalena dijo en su conversación
con el niño que él había
sorprendido: " Quisiera
como tú, tener una madre."
Admirando los trajes
de la viuda, Magdalena
decía que eran relucientes y lindos como los de
los cuentos de hadas, lo cual era una prueba para Savinien de que eran claros y de que en consecuencia va no era reciente su viudez. Gracias
á la interm.inable charla de la nifia, aquella desconocida había llegado como Teodoro á formar
parte de la casa y se hablaba siempre de ella, teniéndo~e conocimiento exacw del estado de BU
salud y de todo lo que le concernía.
Un día que el viudo fué má.s temprano al jar·
dín á reunirse con Magdalena, la conoció personalmente. Era muy joven aún, á pesar de que
Teodoro tenia seis años como su amiguita, y lucía tanta gl'acia que parecía más bien una hermana mayor. Estaba conversando con los dos
niilos y tenia en las rcdillas un libro de estampas
que comentaba sin duda con relatos asombrosos,

Domingo 18 de Diciembre de 18118.

Domingo 18 de Diciembre 1e 1898.

porque sus oyentes ni parpadeaban y tenían el
aspecto de estarse repartiendo el tesoro de aquellas historias. ¡Grupo colorido por el sol, cuadro
tranquilo de vida y de juventud!
El viudo se aproximó y dió á la dama las gracias por sus bondades para con Magdalena. Teodoro avanzó y le tendió la mano con ademán seguro y franco, y él lo acarició con tierna gratitud reconociendo que había venido á ser como
un rayo de luz y de alegría en la existencia melancólica de BU hija.
-¡Se quieren tanto! dijo la madre.
y los dos niflos, felices por estar juntos y felices al ver que sus padres lo estaban también, se
tomaran las manos y se besaron con sincero y
encantador regocijo.
El viudo por di5creción no prolongó la entrevista y á los pocos instantes se despidió llevándose á l\fagdalena que, un poco triste, iba al lado
de su padre. No hablaba: parecía reflexionar en
cosas muy serias y brillaba en su carita algo como el reflejo de una dicha interior nueva para.
ella. Derrepente preguntó:
-Dime .... ¿y lÚ también amas á la madre de
Teodoro?

*

**
Una gran contrariedad sobrevino.

Miss Nelly
recibió de Inglaterra una carta en que la llamaban su madre, y Saviuien se disgustó mucho por
eso, pues la nueva aya que vino no le inspiraba.
mucha confianza y tuvo que dedicarse á ejercer
una vigilancia más estrecha yendo con frecuencia á ver si la niila era conducida COillO antes á
lugar conveniente.
Con ese motivo volvió á ver reiteradas veces á
la seflora Chenée y se estableció entre ellos cierta intimidad principalmente causada por la seme•
janza de sus situaciones respectivas. Se refirieron su vida y Savinien supo que la madre de Teodoro quedó viuda á los dos aflos de un matrimonio aceptado óiD voluntad ni amor por instigación de sus padres, y que aquello fué como un
paréntesis de su vida del cual se acordaba como
de un viaje hecho en compailía de alguien que la
entristecía.
¿Y puede ser otra cosa diferente el matrimonioi' La señora Chenée se asombraba como de
una inverosímil aventura del amor que le pinta•
ba Savinieu relatando sus aflos de ventura, de
pasión mutua y su viudez inconsolable. ¡Qué consolador era para él ahora tener á quien hacerle
estas confidencias! Sin Magdalena, á quien se había dedicado exclusivamente, le decía, la vida le
habría ~ido insopcrtable. ¡Pobre nifla, pensativa
ya, pensativa y melancólica como su madre!
Pero felizmente había encontrado á Teodoro
que la había enseriado A jugar, á ser niña, á serfeliz.
Viudo y viuda hablaban constantemente de sus
hijos sin cansarse jamás; sP. referían sus caracteres, sus inclinaciones, sus frases tiernas ó graciosas, y un día Savinien citó la última ocurrencia..
de Magdalena:
- Dime, papá: ¿verdad que yo estoy casada.
con Teodoro?
Los viudos hicieron el exámen psicológico de

esta ternura que era en verdad un amor en pe ·
queila esca!a, y Savinien hizo observar que los
niiios aceptan todo plenamente, y no hay moti·
vo para dejar de creer que puedan enamorarse
de un modo f Prviente.
La seilora Chenee oía un poco pensativa, y contestó:
-Es verdad: suelen observarse esas precocidades, y hay chicuelas que son para sus muñecas
unas madres amorosísimas.
.Ambos contemplaron á s.:ts hijos enterneciéndose y siñtieron como que los ligaba un lazo de
familia, y;,, que según las palabras de Magdalena
se consideraba casada con su amiguito.

***
Un día Savinien tuvo una sorpresa imprevista
que lo alarmó: había salido una hora después de
Magdalena inquieto por el deseo de reunírsele,
pues no tenía gran confianza en la nueva aya, y
al llegar al jardín donde tenían costumbre de de·
tenerse no las encontró. Buscó de árbol en árbol
buscó tras el Kiosko de los conciertos militares,
y buscó más lejos por las avenidas del bosque
sin encontrarlas, ni tampoco á Teodoro que seguramente no había venido.
Mucho se afligió Savinien y hasta se imaginaba que la cara de la muerta se aparecía entre las
fronnas llena de reproches mudos, porque no ha•
bía sabido velar por la niiia consagrándose á ella
exclusivamente como lo había prometido en lci hora solemne de la eterna separación.
En vano la llamó con gritos desesperado3; no
le respondía eco alguno, y bien prcnto fué presa
de un terror pánico, irracional y creciente. La
incertidumbre !P. era intolerable y quería cesar
de sufrirla en seguida: pero ¿cómo? En su desesperación pensó en Teodoro_ que acaso t~vier~ indicios del paradero de la mila; y muy mqmeto,
resolvió ir á tomar informes á la casa de la sefiora de Chenée que estaba cercana.
Rápidamente se encaminó en aquella dirección
y el temor en que se hallaba Je hizo suprimir toda
otra reflexión sobre si sería ó no indiscreta semejante visita que, por otra parte, quedaba excusada con lo grave de la situación.
No bien hubo llamado á la puerta cuando ésta
se abrió, y antes de que manifestara el objeto de
su visita una inmensa alegría le inundó el corazón. La ~oz de Magdalena había llegado hasta él
como una música al tra"&lt;'és del corredor y el sa•
Ión, cuyas puertas y ventanas estaban abiertas
en este día tibio de primavera.
Un momento después 11' seilora Chenée vino á
su encuentro excusándose de haber traído á Magdalena por ser día del cumpleailos de Teodoro.
Ya habían comido juntos y ahora estaban en el
patio entre las rosail recién abiertas que tanto
se les parecían.
El padre y la madre fueron á l!entarse en el

EL MUNDO.
saloncito desde donde podían contemplarlos á su sat:sfacción, en tan•
to que los chicos jugaban descuidados entre los bosquecillos de lilas y
adormideras de aquel microscópico
jardín que parecía hecho apropósito
para ellos.
¡Qué graciosos estaban! se les hubiera creído verdaderamente enamorados, pues hablaban en voz baja
cuchicheando, como temerosos de
que sus oídos percibieran lo que decían sus labios y sus labios dijeran
lo que sentían sus corazones celosos hasta del aire.
Por momentos su ternura se hacía
como más grave; Teodoro tomaba
la mufl.eca que la niiia había vestido de seda tan brillante como las
rosas y el sol, y la colocaba entre
ellos sobre un banco de piedra, juntos daban las manos á la muileca
y con mucha gravedad se paraban
y la llevaban con mil cuidados por
la avenida como para enseilarla á
andar.
La interpelaban, la acari1faban,
la reilían simulando que era su hija
y representaban así el cuadro de la
eterna pasión dando á sus padres,
sin saberlo, una lección de amor.
Contemplándolos la seilora Chenné, se acordaba dé sus conversaciones con Savinien sobre la psicología
de la infancia, y la invadían las Jasi
tudes deliciosas del ensueño. Con los ojos veía á
,os niños, pe.ro con el espíritu contemplaba otra
imagen más cercana y más atractiva. ¿Que la turbaba así? ¿Eran los primeros efluvios de la primavera embriagadl&gt;res y perfumados, trayendo
al alma solitaria la poesía de los nidos?
. ¿Era la melancolía del crepúsculo cayendo co•
roo crespón finísimo sobre el cielo de su alma?
De pronto la viuda pareció arrancarse á sus
reflexiones, y mostrando á los niilos, dijo:
-Parecen deveras dos enamorados.
Luego rñadió:
- Y son felices, pero muy
felices, y no sólo para ellos
hizo Dios en el mundo la
felicidad ..... !
Desde hacía tiempo que
Savinien la interesaba por
su elevaciún de espíritu,
sintiéndose apr-0ximada á
él á causa de la semejanza
de sus situaciones, y aún la
había conmovido aquel do•
lor noble y sincero que ella
podría curar con su piedad,
que constituye lo esencial
del sentimiento femenino.
Todos los pensamientos
de una tarea de I estauración y con.melo acuumla
dos en su alma para Su.vinien y que habían estado
flotando comu en la vaguedad de un ensueilo, tomaron cuerpo ante la lección
de amor de los niños sinceros y vehementes, y el
deseo de amar estalló en
ella como los brotes irre•
sistibles de una primavera
interior.
El viudo quedó sorprendido al adivinar, al comprender lo que estaba pasar.do en el ánimo de su amiga,
y pensó que á él no le era
posible amar viviendo, como vivía, más allá del mundo y de las ilusiones, pero
la prueba no lo agotó: se
acordó instantáneamente de
su promesa á la moribunda de no casarse y vivir
sólo para Magdalena, y exclamó como respondiendo
á sus propias ideas:
-No, no! Ofrecí A la
muerta no casarme. Qué
diría ella?
Y hacienda un supremo

455

esfuerzo sobre sus inclinaciones del memento,
tanto más arrebatadoras cuanto más inespera•
das, se puso en pié como quien está resuelto á
huir de una irresistible tentación, y apresuró la
partida. Los niilos fueron traídos del jardín y
las despedidas se hicieron con rapidez.
Cuando Teodoro se quedó á solas con su madre, al verla pálida y óonmovida se inquietó quedando muy asombrado de que estuviera triste
cuando él era_ tan feliz, y luego se fué poniendo
triste poco á poco, al mismo tiempo que las sombras de la noche, descendiendo del cielo, se extendían comci gasas impalpables por el salón.
El juramt&gt;nto que se hace á los muertos es una
cosa sagradit. porque los muertos nos ven, nos
oyen, nos persiguen y sufren cuando se ven humillados y olvid1tdol.'.
Savinien luchó contra los encantos arrebatadores de la joven viuda que l,:i brindaban· toda
una vida de alegría y calor, y al fin resolvió suprimir los paseos al jardín para quitarse ocasiones de te11titción y de debilidad, y desde el día
siguiente M,igd11lena fué llevada á pasear por el
otro extn-mo de la ciudad.
Pronto se acostumbró la chicuela á su nuevo
itinerario y á lati avenid11s y jardines del otro la•
do de'l Sen11, h11sta que al fin acabó por no cuidarse más de ,i vivía ó no su amiguito.
¿Acaso, pr.. maturamente despierta A la razón,
había comprendido que algo iremediable desligaba los debtino:1 de ella y de Teo, cuando apenas empez11bau á unirse en dulce intimidad?
Savinien no se atrevió nunca á pretender penetrar en ese mistPrio del corazón de su hija. Tal
vez todo consistfa en que había olvidado pronto.
Y entonces pensó en esa vida en miniatura que
nos representan siempre los niños, amando, aborreciendo .ú olvidando sin motivo y en pasajerísi•
mo período &lt;le tiempo. l\fagdal&lt;"na con Teodoro
había presentado de pronto la imágen de una pasión correspoudida, y había dado, sin saberlo,
una ardiente lección de amor, que podía haber
sido contagiosa. Ahora, estaba dando una lección de olvido ...... Olvido rápid&lt;', propio del
corazón femenino, en el cual nada s~ puede escribir, según la expresión del poeta, que no se borre
como si hubiese sido escrito sobre la arena ó sobre el agua. - GEORGES RoDENBA0H

�Domingo 18 de Diciembre de 11198.

~-...
¡ur ;VPsoR&amp;ROl

..

AB ETERNO;
Traf'mos dPsde otros mundos
cual rPCUf'rdo dfl ot:·os dias,
iuefables simpatia1&gt;,
r~s..ntiroientoe profundos.
¿Los oleaies iracundos
chocan Eólo por chocar?
¿Amar es tan Polo amar?
¿Dónde el punto de partida
eHá p11ra nuestra vida:
en la playa ó en el mar?
A do1mir cual pPscadores
en 11lta mar nos echamos,
.v en la playa despertamos
de esta vida de dolores.
Y esas vidas 11nteriores
confunden cunas y fosMs,
dando a@i á las presunciosae
Ciencias de moldee estrechos,
el cómo de t~ntos hechos
y el por qué de tantas ~oP.as!. ...
L11. Natura tal v~z quiere
rehaciendo Jo que df'Ehace,
que el alma de uno 4ue nace
1&gt;ea el alma de otro que muer.i.
Nadie asl romper espere
tal deEtin.:&gt; eslabonado.
¿Quién es el que no ha mirado
singulares coincidencias,
en hendas cl11rividenclae
de futuro11 que han pallado?
Cruzando el recuerdo está
un puente 11obre el abismo.
cuando á vPces me ensimicmo,
cuando el alma ae me va.
Recuerdo el placer qui7á
hoy que las penas me a!ligen
placer de amores que rigen
el rumbo de una pasión
110 sólo Pin conclueión
sino también sin origen!. .....
Pasión que es luces. sonidos,
mieles, aromas y plbtlcas:
todas las fuerzas elásticas
de nuestroff cinco sentido@!
En los sueños desmentidos

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Pronto con mi pesar y mi amargura
Que ni consuela el tiempo ni mitiga,
De11cenderé rendido de fatiga
Al fondo d11 ignorada sepultura.
Y tú vendrás radiante de hermosura;
Y al dulce halago dEI tu voz amiga,
Harás que me fevante y que te flga,
Alma inmortal, á la culeste altura.
Y alll do eterna la verdad subsiste,
Tt: diré de mi afán para consuelo
Qn•· viva y muerta mi esperanza fufEte.
Qne te di mucho amor con Joco anhelo,
Y que no te di más, porque no existe
Más amor en la tierra ni el cielo.

~-··•

de mi corazón amantA,
truena un beso u-sonante,
se "nsan&lt; ha, SA alza h11sta Dios,
y nos arr118tra á )ns dos
cowo un círculo dP.l Dante!
¿Amo ó dese(&gt;? Otra vez
tra8 de apurar el licor,
dejaré el vaso de 11mor
vo1c1tdo sobre la hez?
O cual moribundo pez
que toruara á EU eltmento,
i,;·ozaré gozos bin cuento
tm ilusion,-s sin fin?
¿Es de Edén ó es de jardin
el olor que trae el viento?
Ttmgo yo al queda1me á solas
seutiw1entos encontrados:
amor,..&amp; contra pecados,
1~ños flnt1rndo en las olas ..... .
En mis florlls las corolas
y en mie árboles los nit1os
Í:on otros t11ntos oldos
con que P.scucho eternamente,
la pifia de, la serpiente
rnbrl'I IO@ frutos prohibido11l
Caiga ó no caiga en error,
después d11 dufarlo, creo
qu" todo amor es deseo
y todo dPseo amor
Esto que e11 en mi fulgor
y que alumbrándome va,
i-1 primero no será
ptiro el más profundo ijf
de mis deseos de aquí,
di' mis amores de a1lá .... . .
Memoria que es ambición,
recuerdo que es porvenir,
este amor me hace @11ntir
como -:ina resurección.
Si es justo que la Pasión
pidiendo limoPnas ande,
ya que el amor que se expande
i-n mi alma no cabe en ella,
denme otra vida máP bella
sobre otro mundo más grandP!. ...
JOSÉ s. CnocANO,

·------------------------------------------------------------------------------------INEXCELSIS

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TEMPESTAD

PlANO.

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EMILIO FERRARI.

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México, 1898.

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Como invapor ejércit ,, en montones
Las nubes bajan á e.nvolver la ti11rra;
Simula tll viento su clarln de gunra
Y ..1 trueno el galopar de sus bridones.
Ruge a. dictancia el mar en sus brisones,
El horizonte en lobreguez lle cierra,
Y á devastar los campo~, de la 11ierra,
ViPnen bramando 11ludes y aquilones.
El valle há poco floreciente v gayo
Mira á merced del torbellino cit&gt;go
La antigua pompa qu11 heredó de Mayo;
Y un caos es todo á nuestra vidta Jue¡¡-o,
Sobre el que Dios con PI zig-za¡!' del rayo
Trar.a, al pasar, su rubrica de fuego.

JAVIER SANTA MARÍA.

México, 1698.

DANZA

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Domtn,ro 18 a, Diciembre de 1898.

Domingo 18 de Diciembre de 1898,

EL MUNDO
OTRA RECETA CONTRA LAS VJIIRRUGAS.

PAGINAS DE LA MODA

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'.. . '·:
RIPIOS SOCIALES

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LOS INTELIGENTES
Por lo regular se califica de intell;ente á
todo aquel que descuella sobre el vuigo por
~us conocimientos, por su educación, por sus
maneras ó por su facilidad de expresarse ó
de insinuarse con los demás que viene á ser
lo mismo; pero como no siempre fos juicios
d-, las agrupaciones sociales son ri~uroaamente exactos ni están del todo librea de
11qulvocaciones, tambtén eon aceptados como
inteligentes pur sang esos seres híbridos que
andan por ahi en una perpetua holganza viviendo á costa del prójimo ó de la prójima á
quienes engañan con un desplante admirable mezclándose Pn todo, dando su voto en
las cuestiones de interés público ó privado,
cuando no 11s ni oportuno ni sensato. ni se
loa pide nadie y c. usando más daños que la
floiera en los surcos abierto&amp; por la constancia, la honradez y el trabajo
Asi como no se concibe un paisaje de las
regiones polares i!in algún cachalote envarado en el hielo ó sin focas tomando el sol semestral sobre un témpano flotante, así tampoco se concibe un cuadro de la moderna civilización sin que en él figuren esos anfibios
que si no contribuyen á embellecerlo, por
lo menos ayudan á producir efecto en los corazones sencilloR ó pusilánimes, COl"lO l" Quimera, como el Pulpo, como la bestia del Jebodán ó como el caballo del Apoca'.ipsis.
Inteligwte es el mancebo audaz que se duce á una joven tan pura como inexperta y
que luego la abandona enmedio del arroyo
con el amargo fruto de sus condescendencias.
I nteligente es el que lisonjea á la viuda ignorante presuntuosa y rica, explotando en
su favor tan estupendas cualidades.
Inteligente ea PI que pide prestado un du•
ro al amigo recién llegado de provincia. mucho antes de sacudirse el polvo de la deheBH., y después y a no le devuelve ni los bueno• d!Re.
Inteligente es el que se suscribe á un pe·
riódieo y que después de recibirlo y leerlo
de gorrit., devuelve la susbcripción haciéndose de las nuevas y negando haberlo pedido.
Inteligente es la cachuquera infame que á
la vuelta de una esquina acecha á la niña indefenPa y sencilla para cambiarle &amp;u oro por
pe.~os f'alsos empujándola al lodazal.
Inteligente es el rapaz pretencioso y tonto
que antes de aprenderá leer correctamente
ó á trabajar en algún oficio, pierde lo mejor
de su tiempo haciendo versos cuando no cosas peores.
Inteligente es el abogado ramplón que cuan•
do no lt, ajusta el cacumen para mantenerse, se dedica á buscar empleos, á embaucar
tontos y á patrocinar negocio11 turbios, ya
que loa negocios claros nunca están á su al•
canee.
Inteligente eP el orador que sin lástima de
su personilla y con más acopio de pretensiones que de conocimientos, asalta la tribuna
que poco á poco, y como por via de encantamiento. se va virtiende en picota ante los
asnmbrado11 espectadores.
· Inteligente ea el médico que para que no
se agote tan Jll onto la mina del cliente rico,
le ministra substancias más propias paraalarg11r la PnfPrmedad que para curarla.
Inteligente es el yerbero ó fármaco sin conciencia que substituye unas drogas con otras
con gravP pPrjuicio de la humanidad dolien•
te. Estos i11teli_qe11tes son peor"&amp; que el vómito y causan más eHragol! que el cólera mor•
bus .
Pero .... son tantos loe inteligentes la11readoa, encomiados y haFta venerado11 por el pópulo, gracias al
111aravilloso modo que tienen de ingtmlarse, que sería tarea muy larga pa@arlea revista en una estrecha
,•.n1umna de periódico; pt'ro está demostrado por una
clulorosa experiencill, que asi como no siempre es dev, to el que se da golpea de pecho cuando rPza; ni
honrado el que administra intereses agenos; ni cumplido el albaceR, tutoró curador de menores ó huérfanos; ni hombre recto el que no bebe ni fuma; pero
t-n cambio presta dinero al tanto por ciento; ni deve•
ra~ pobre PI que pide limosna; ni deverae rico el que
ma frac, latiguillo y sombrero de copa¡ ni deveras caritativo ó magnánimo el que regala ciuamelos á la
rl,,ocellita ú ofrece sus desintert1sados servicios á la
vinda desamparada y de no malos bigotes; ni devera11 cielo, ni deveras azul, ese cielo azul que todo,
vPmos como dijoArgensola, resulta quelostales intelir¡e11tes que han dado margen con sus bellaquerlaa al
presente articulo tan verfdico como mal pergueñado,

Echeae en una cantidad cualquiera de agua destilada hirviendo, bicromato
de potasa basta saturación, ea decir hasta que no pueda disolverse mAs. ~e deja
enfriar la disolución, con lo cual se precipita parte de la sal, y el liquido que
queda ea el medicamento propuesto, que se emplea en frlo, bañando ligeramente con él las verri..gas, una vez al dia.
·
¡Ah! Este medicamento tiene la ventaja de que sirve para las ,personas y para
loa animales.
MESA RlliVUl!ILTA,

Llega una recién casada de visitar á una amiga de
colegio, casada t11mbién de poco tlempo y le dice á su
marido:
Ay, Pepe, ¡¡f vieras que matrimonio más felz! Ella manda en jefe.

..

**
se ha

Una infel:z
casado con la
hija de un relnjero, pero el matimo•
nio no e.a dichoso
t:lmarido, harto de sufrir, escribeá
1 .
su suegro lasiguien/¡j
te carta:
JJ1: ·
"Le envio á usted
1-&lt;,'~rjj/
mi reloj y mi mujer
~r~ti&lt;~
para que los compon~ ;&gt;
gR. Uuo y otra ade'
lantan demasiado."

!'
/

I

Flg. 3.-Traje de calle.
Fig. 4.-Traje de Tlslta.
PLUMA.S DE G&amp;..RZA.8

ADOR'i'OS DE LAS MUJERES

Flg. 1.-Traje de casa.
no son tan diablos comú parecen y aaf nos libre Dios
de elloe.

NOTAS UTILES
Cuando un objeto cualquiera está sujeto con torni•
lloa, ocurre muchas vece11 que ésto~. con el transcurso del tiempo, se e11mohecen, imposibilitando el des•
tornillarloa.
Sin embargo, nada DJás fácil que lograr esto.
Basta aplicar á la cabeza del tornillo por algunos
momentos, loa suficientes para que se caldee bien, un
hierro enrojecido, é inmediatamente dar una vuelta
fuerte con e, destornillador El calor. al clJJatar el tornillo, ha roto la capa de orfo que en éste se habla formado.

Flg. 2.-Traje de calle.
CONTRA LAS VERRUGAS.

Todo el mundo está. Pxpue•to á tener verrugas pe•
ro no todos saben que hay un medio muy sencilld pa•
ra hacer que deeaparl.'zcan: como que no consiste
en más que en aplicar encima de ella~, dos veces al
dia, un papel de estraza untado de jabón negro, conservándolo todo el tiempo que se" posible. Luego.
rascando las verrugas, irán desápareciendo poc:i á
poco.
Dl~en, y no lo dudo, que este procedimiento sirvetambién para los callos; pero no he te11ido ocasión decompro~arlo. De todas maneras, como el remedio ea.
inofens1vo, se puede ensayar.

Los fracasos relativamente numerosos, en las tentativas de cria de avt&gt;~truces en Argelia. surgieron á
un colono francés de Túnez. la idea de compensarlos con la cría
y domesticación de las ~arzas.
Sabido es cuánto se busca para el adorno de loa sombreros
de las mujeres, la8 plumas dorsales d11 e~ta hermosa variedad d11
aves acuáticas Se venden en Paria de 300 á 600 franco~ los 600
gri.mos, aPgúo su calidad. La pluma nPgra se busca y se aprecia ml\.s por iU bellPza y por su rareza. Loa precios antes indica•
dos, ya muy elevit.dos de por si, tienden aún á. subir, á consecuencia de la diminución de la Psl,recie, perseguida conatantementt",
unto en las J!'Uaridaa de América á orlllas del Orinoco, como eu
Asia en loa pantanos del Tookin. En Hanoi algunos comerciantes hacen su principal negocio ctn pluma de garza que exportan á Paria. El cnnbumo industrial absorb11 todo lo que PII mRnda,
Loa puertoa de Venezuela enviaron en lb95 cerca de 600 kilos d°'
pluma de adorno; 'f si se admite que cada ave proauce de 3 á 5
gramos, ee ve 1, u11 la cifra de aves sacrificadas en una docena de
b ñoP, t1a fabuloPa Si nn a" provee á su conservación, la eapPcle
desaparecerá en el siglo venidero, como desapareció ya en EuFig. li.-Frock para nifta.
Flg. 6. - Traje para nlilo de 6'.ailos.
ropa.
Flg.
7.-Gran
sombrero Imperial.
Veámoa en qué condiciones se ha emprendido en Túnez la
cria de garzas y los resultados obtenidos.
La prnpiedad dedicada á e@tR cria, está cerca de Túnez. Se instaló Rllf una
PARA EXTI:--GUIR INCENDICS.
gran pdjarera, conteniendo estanque y árboles: cuya construcción no ha costado
1oenoa d" 14 OLO francos 8·1probó primero con unas treinta garz11a ~al va jea cogl•
das por los indtgPnae. La rPprnducción ha ~ido tan fácll, que Pn la artualidad
¿Quiéren ustedea proporcionarse un liquido de 1011 llamadcs matafuego
la pajarera contiene cerca de 400 garzas El criador declara que el rendimienesos que, guardados en botellas, basta arrojar uua de éstas á las llamu de u
to anual de una garza ea de cerca de 35 francos, producto de dos desplumPa,
cendio en sus comienzos. para extinguirlo?
en Julio y á principios de Octubre, cerca de 6 gramos de pluma, á f&gt; francos el
Pues la composición es la siguiente:
gramo, y los productos de 1,na incubación. La reproducción es singular; pero
debe subordinarse 'ln general, al espacio necesario, para la existencia de las
Agua ... . ........................ . . . 72 211 parteP.
aves muy pendencieras, aunque rncialea.
,,
Cloruro de calcio ................ . . lti,/!28
,,
Cloruro de ma¡¡:nesio ............. . 4,500
Cloruro de sodio ..... .... ........ . t.3()j
"
Bromuro de potasio ........... ... . 2179
Cloruro de bario .................. . 0,265

"

Una niñera de muy poca estatura busca casa.
-No me conviene usted-le dice u11a señora-es de~~ado baja.
- ¡Pues ,Pjor! Asi cuando se me caen los niñoe, se h1.,oen muy poco daño.

Total. . . . . . . . . . 99 989 partes,
La inalgnlf!cante fracción que bita para las 100 partes se compone de jndicios de
cloruro de hierro y aluminio.

�Domtng;o

EL MUNDO

460

18 de

Die lembre de 1898

Por maltratos á mujeres.
Habla u·n periódico humorístico:
En Inglaterra existti una ley en donde están con•
· ·11lg'nádos los castigos que recibirá todo aquel que mal_trate á su esposa, por .-jemplo:
-Por 't irarle los platos á la cara, decirle improperios Y estrellarle un vaso en la cabeza, có.lez chelines•
-Por una bofetada en pleno rostro y un garrotazo
en las costilh1s, cquioce chelines ,
-Por magullarle un ojo, poniéndoselo como un to•
tt1atA y romperle la boca, cuna libra esterlina.,
-Por una paliza eu toda forma, cuna libra ester •
Por afianzarle los cabellos y arrastrarla como un
gato por la cola, cdos libras esterlinas.,
Por una patada, es d11cir, por una co11 que le rompe
algo, cdos libras esterlinas. ,
Por matarla á garrotazos, •diez libras esterlinas.•

,

NUESTROS GRABADOS.
FIG, 1.-TRAJl!l DE CASA,

I

De sar~a azul pálido formado de una falda plena y
Y una Jaquctte orlada de piel, en un frente de muy
buen gusto.

i~H.mrrmtu !h\ .!...:.\ =.1JI:1'J~I'.¡JJ!J;\
.;\l. rn~m;it riU:smr;1 rr DI u arru1Ju~1

FIG. 2 . -TRAJE DE CALLE.

De Sf!,rga de s~da muy fina, azul obscuro con un
entredod de terciopelo malva, ornada toda de bandas
de raso y guias.
3. -TRAJE DE

NUMERO ~6

VIAJE DEL SR. PRESIDENTE DE LA REPUBLICA A MONTERREY

Una.,

FIG,

•

MEXICO, DTCll4 MBRE 25 Dlll 1898

TOMO II

CALLE:,

De lana yerde plata, formada de un j:tq11ecito y de
una falda Justa orlada de cintas de seda. Eu el cuer•
po un entredós de draperia con guias de terciopelo.
FiG.

4, -TRAJE DFl VISITA,

De satin amarillo plata, tallado en forma de bata
con grandes solapas ornadas de blonda y abiertas so·
brti una camisola de batista plissé.

FJg. 8-Traje de estacl6o, taotasia.
•··············································································································-

"'
*'*

¡Cuándo establecerán el divorcio absolutameoteldecia un marido.
-Entonces, -exclama lamujer,-me casaría de nue•
vo, y tú me echarla!\ de meno".
-No: quien me echarla de menos serla tu nuevo es•
poso.

FIGS. 5, 6 Y 7.
Damos con estos números dos modelos de toilettes
para niños, de última novedad y un sombrero de alta
novedad de fieltro, elegantemente caído á la izquierda y ornado á la dereclla de plumas, en coqueta combinación, encubriendo el peiuado.

FIG. 8.-TRAJJII Dlll ESTACIÓN, FANTASÍA.

Ea de paño malva, en forma de bata, formando dos
grandes volantes y fijado por dos i&gt;omnes fantasía á
la izquierda. Mangas drapeadas á grandes dibujos.
Solapas doublé de raso.
FIG 9,-TRAJJII DE PAÑO PARA CALLE.

Flg. 10. - Toilette elegante,

••*

Una joven agrasiada salti de un almacén de música
con una partitt1ra bajo el b~azo.
Se le acerca un pollJ y li, pregunta cortesmente,
-¿Canta u.sted, &amp;eñorita?
.
-Si. señor,-responde ella después ile un momento
de vacilación -¿Por qué es ¡,, pregunta?
-Porque tendrla mucho gusto en acompañarla.

1J110

.

de los a.reo11 trinnhdc·s á la entrada de la ciudad.
'

Es de paño azul turquesa, todo adornado de ban•
das paralelas de terciopelo. Cuerpo muy justo con solapas drapeadas de guipure. Plastrón de terciopelo
negro.
FIG. 10,-TOILETTE l!ILEGANTE.

Es una caorichosa combinación de paño ama, illo y
terciopelo. En el cuerpo blusa forma un corselete de
muy buen gusto y en la falda figura una sobre falda
fantasía.
/
FIG. 11,-TRAJlll DE TERTULIA. ,

Es una gran toilette alternada toda de blonda de
Br1;1selas y ~erciopelo parma á grandes bandas po!I•
terrores, de1ando un delantero muy angosto. Yockes
de blon~a, escote redondo orlado de cadeneta de 11 eda lo mismo que la falda.

.'

- - -- -- - - - - - - I' - - - - - -

OTRO PAGff.DE $8,316.50 DE ''LA MUTUA"
EN GUADALAJARA, JALISCO,
Timbres por valor de 8.3:.! cs. debidameute cancelados.
R&gt;1cibi de «The Mutual Life In1mrance Company of
New York• la suma de (88,316.liO) ocho mil tres•
cleotosdleclsels pesos, clncu,entac..nta.vos
plata mtlx1cana, ae,i: $5,000 suma asPgurada .Y :¡¡;3 a16',
50 cs., por devolución de los premios 11xi1ibidos, ea pag? total de cuauto~ derechos se derivan de la póliza
uumero 429133, baJo la cual y á mi favor estuve asegurado m1 fmado esposo

D. ALEJANDRO AGRAZ
Y. pa_ra la debida constancia en mi carácter de beneficiana, extiendo el presente recibo en la misma póliza
que se devuelve á la Compañia para su cancelación
en Guadalaj11r'l, Ji\ll~co ~.26 tlfl Noviembre de 1898.
Fm:iado.-Refuglo P. Vda. de A.graz. -Rúbrica.

FJg. 9. - Traje de paño para calle.

Un timbre de 50 cs. debidamente cancelado.
' Gi\b~rto. Gómez, ~~tario Supernumerario de esta
mumc1pahdad,. cert1f1co: que ta Sra R efugio Palomera de Agraz, firmó ante mi el ante·
rior recibo y le fué entregada la
cantidad que en él se expresa. Doy
fé. Guadalajara, Noviembre veiutiseis de mil ochocientos noventa y
ocho.
Firmado.-Gilberto G6mez. Rúbrica.
Flg. 11-'l'rale de tertulia.

Visita del Sr. Pr~hlente á. la Penitenciaría del Eiltado la mañana. del mart••~ 20- •lel nclnn.1
(F&lt;,to¡;rafws de D . Lagran:;e).

1

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domtng;o

EL MUNDO

460

18 de

Die lembre de 1898

Por maltratos á mujeres.
Habla u·n periódico humorístico:
En Inglaterra existti una ley en donde están con•
· ·11lg'nádos los castigos que recibirá todo aquel que mal_trate á su esposa, por .-jemplo:
-Por 't irarle los platos á la cara, decirle improperios Y estrellarle un vaso en la cabeza, có.lez chelines•
-Por una bofetada en pleno rostro y un garrotazo
en las costilh1s, cquioce chelines ,
-Por magullarle un ojo, poniéndoselo como un to•
tt1atA y romperle la boca, cuna libra esterlina.,
-Por una paliza eu toda forma, cuna libra ester •
Por afianzarle los cabellos y arrastrarla como un
gato por la cola, cdos libras esterlinas.,
Por una patada, es d11cir, por una co11 que le rompe
algo, cdos libras esterlinas. ,
Por matarla á garrotazos, •diez libras esterlinas.•

,

NUESTROS GRABADOS.
FIG, 1.-TRAJl!l DE CASA,

I

De sar~a azul pálido formado de una falda plena y
Y una Jaquctte orlada de piel, en un frente de muy
buen gusto.

i~H.mrrmtu !h\ .!...:.\ =.1JI:1'J~I'.¡JJ!J;\
.;\l. rn~m;it riU:smr;1 rr DI u arru1Ju~1

FIG. 2 . -TRAJE DE CALLE.

De Sf!,rga de s~da muy fina, azul obscuro con un
entredod de terciopelo malva, ornada toda de bandas
de raso y guias.
3. -TRAJE DE

NUMERO ~6

VIAJE DEL SR. PRESIDENTE DE LA REPUBLICA A MONTERREY

Una.,

FIG,

•

MEXICO, DTCll4 MBRE 25 Dlll 1898

TOMO II

CALLE:,

De lana yerde plata, formada de un j:tq11ecito y de
una falda Justa orlada de cintas de seda. Eu el cuer•
po un entredós de draperia con guias de terciopelo.
FiG.

4, -TRAJE DFl VISITA,

De satin amarillo plata, tallado en forma de bata
con grandes solapas ornadas de blonda y abiertas so·
brti una camisola de batista plissé.

FJg. 8-Traje de estacl6o, taotasia.
•··············································································································-

"'
*'*

¡Cuándo establecerán el divorcio absolutameoteldecia un marido.
-Entonces, -exclama lamujer,-me casaría de nue•
vo, y tú me echarla!\ de meno".
-No: quien me echarla de menos serla tu nuevo es•
poso.

FIGS. 5, 6 Y 7.
Damos con estos números dos modelos de toilettes
para niños, de última novedad y un sombrero de alta
novedad de fieltro, elegantemente caído á la izquierda y ornado á la dereclla de plumas, en coqueta combinación, encubriendo el peiuado.

FIG. 8.-TRAJJII Dlll ESTACIÓN, FANTASÍA.

Ea de paño malva, en forma de bata, formando dos
grandes volantes y fijado por dos i&gt;omnes fantasía á
la izquierda. Mangas drapeadas á grandes dibujos.
Solapas doublé de raso.
FIG 9,-TRAJJII DE PAÑO PARA CALLE.

Flg. 10. - Toilette elegante,

••*

Una joven agrasiada salti de un almacén de música
con una partitt1ra bajo el b~azo.
Se le acerca un pollJ y li, pregunta cortesmente,
-¿Canta u.sted, &amp;eñorita?
.
-Si. señor,-responde ella después ile un momento
de vacilación -¿Por qué es ¡,, pregunta?
-Porque tendrla mucho gusto en acompañarla.

1J110

.

de los a.reo11 trinnhdc·s á la entrada de la ciudad.
'

Es de paño azul turquesa, todo adornado de ban•
das paralelas de terciopelo. Cuerpo muy justo con solapas drapeadas de guipure. Plastrón de terciopelo
negro.
FIG. 10,-TOILETTE l!ILEGANTE.

Es una caorichosa combinación de paño ama, illo y
terciopelo. En el cuerpo blusa forma un corselete de
muy buen gusto y en la falda figura una sobre falda
fantasía.
/
FIG. 11,-TRAJlll DE TERTULIA. ,

Es una gran toilette alternada toda de blonda de
Br1;1selas y ~erciopelo parma á grandes bandas po!I•
terrores, de1ando un delantero muy angosto. Yockes
de blon~a, escote redondo orlado de cadeneta de 11 eda lo mismo que la falda.

.'

- - -- -- - - - - - - I' - - - - - -

OTRO PAGff.DE $8,316.50 DE ''LA MUTUA"
EN GUADALAJARA, JALISCO,
Timbres por valor de 8.3:.! cs. debidameute cancelados.
R&gt;1cibi de «The Mutual Life In1mrance Company of
New York• la suma de (88,316.liO) ocho mil tres•
cleotosdleclsels pesos, clncu,entac..nta.vos
plata mtlx1cana, ae,i: $5,000 suma asPgurada .Y :¡¡;3 a16',
50 cs., por devolución de los premios 11xi1ibidos, ea pag? total de cuauto~ derechos se derivan de la póliza
uumero 429133, baJo la cual y á mi favor estuve asegurado m1 fmado esposo

D. ALEJANDRO AGRAZ
Y. pa_ra la debida constancia en mi carácter de beneficiana, extiendo el presente recibo en la misma póliza
que se devuelve á la Compañia para su cancelación
en Guadalaj11r'l, Ji\ll~co ~.26 tlfl Noviembre de 1898.
Fm:iado.-Refuglo P. Vda. de A.graz. -Rúbrica.

FJg. 9. - Traje de paño para calle.

Un timbre de 50 cs. debidamente cancelado.
' Gi\b~rto. Gómez, ~~tario Supernumerario de esta
mumc1pahdad,. cert1f1co: que ta Sra R efugio Palomera de Agraz, firmó ante mi el ante·
rior recibo y le fué entregada la
cantidad que en él se expresa. Doy
fé. Guadalajara, Noviembre veiutiseis de mil ochocientos noventa y
ocho.
Firmado.-Gilberto G6mez. Rúbrica.
Flg. 11-'l'rale de tertulia.

Visita del Sr. Pr~hlente á. la Penitenciaría del Eiltado la mañana. del mart••~ 20- •lel nclnn.1
(F&lt;,to¡;rafws de D . Lagran:;e).

1

�l!;L MUNDO

4 62

LASEMANA
Cuando las generaciones que sucedan á los actuales pobladores de este nuestro pedazo de tierra libre americana, revisen el inventario de
nuestros mtdios materiales de comfort, la lista
un poco larga de aplicaciones científicas hoy en
uso, como al telégrafo, el teléfono, el alumbrado
eléctrico, y se enteren de que en los últimos
ailos del siglo XIX dominaban en las clases pensadoras de la sociedad mexicana los mismos
principios civiliz11dores y de alta moralidad que
form11n en el centro de las naciones europeas, el
crPdo filoeófico de un Spencer y de un Stuart
Mili, creerán que un insigne anacronismo de los
bistorió¡rrafos ha puesto por fecha la de Diciembre de 1898 y dió por teatro un lugar poco distanle de México, á lus salvajes acontecimientos
que el último domingo ensangrentaron la Plaza
de toros de San Bartolo Naucalpam.
Son de tal manen extrailos á las costumbres
y á las ideas de un pueblo en vías de civiliz11ción
los escandalosos 11lborotos y los crímenes perpetrados esa tarde, que con razón corre gil ían nuestros nietos la fecha, haciendo retroceder una centuria su lugar indicado en el tiempo, pues apenas
si cabe en la barbarie colonial con su aparato de
corte paralizada en el dogmatismo y la. rutina y
su pueblo ignorante, embrutecido por perenne
ayuno de ensefiauzas, sin procedimientos de trabajo ampliamente productivo ni relaciones con
los que podían ofrecerle elementos de lt:cha contra el error y el secreto para extraer los frutos de
la naturaleza.
Una multitud hambriente de goces sanguinarios sale semanariamente de nuestra capital para
olvidar la vida del bufete ó del taller y en lugar
apartado, emplea dos ó treS- horas, presenciando
con deleite de caníbal hambriento la agonía de los
animal, s más útiles y el peligro que corren esos
infelictis juglares que, excitados por los insultos
de la plebe, se burlan de la muerte cada cinco minutos.
Rugidos de fiera son los del toro que embiste
los del matador que no acierta á dar la estocada
final, y los del público, ebrio, loco de rabia y espantosamente cruel con el hombre qu~ lo divierte y con el animal que le sirve y le da alimento.
Un día la res no llena de condiciones para la
lidia: la empresa ha engailado al público y éste
protesta en la forma que da expresión á las iras
del niilo y del salvaje. El que no discierne un medio racional de reacción contra la causa de sus
desencantes, se ofllsca y destruye: el niilo rompe el juguete y el populacho, sin ponderación
moral. se amotina. Arranca furioso las tablas
nes de la plaza, hiere á los toreros, golpea á los
gendarmes que intentan imponer el orden y cuando ya ha olvidado todo respeto, se creería que
nada teme: suena una detonación, la sangre corre,
ruedan los heridos por el suelo y el pánico sucede
á los ímpetus del primer arrebato.
En los pueblos indígenas vecinos el «topil» con
su mosquete de chispa, es una supervivencia
detiempos lejanos como el arma que lleva al
hombro: no es «el centinela de la ley,» según
la frase moderna; es el. representante de la temida autoridad del cacique, cuyas órdenes no son
pri3ceptos legales sino amenazas y que se impone comouna coacción mecánica al indio que halla
la noción del deber, no en la conc:encia, sino en
el proyectil de una boca-n arta..
..
El «topil» desconoce los medios concihadores
y no sabe aplacar un tumulto sino á balazos; ante el pueblo que se i;'1subordina no es ca~a~ de
un razonamiento, m de un acto de habihdad:
disparar inconscientemente es su único procedimiento. Puesto que tiene un arma, cuando no es
obedecido mata; cree que esa es su consigna.

,.,,,

Los que en nombre de la belleza a1·tistica defienden las corridas de toros, protestan contra
el viejo tópico de la inmoralidad de ese eepectáculo.
Esos Osear Wilde repiten que el arte no es moral ni inmoral; es hermoso ó fe_o y es todo.
.
El arte? Sí, así lo llaman. Oigamos lo que dicen:
«El conjunto de espectadores, el panora1;'1a ale•
gre de trajes multicolores, el elegante ~mforme
de los toreros, el entusiasmo de la ~ultitud, los
acordes de la música, dan á las corridas e~ a~pecto determinante y principal de un esparc11mento

Domingo 25 de Dicltimbre de

1~

campo i su actividad y, 11uiadas por un sentimiento aventurero. con sus pertiles caballerescos y sus
reflejos cristianos, intentaron buscar nuevos súbditos á la Cruz evtre los habitantes del mundo qneacababa de descubrir el genio de Colón.
Y allá van, empujadas por la ambición de muchos y el e: píritu a venturero de la época, las frágiles carabelas euderez11.ndo su proa hacia las costas.
americanas. Lo3 Diego Velázquez. Hernán Cortés,
Alvarez uel Cabral, Núilez de Balboa y Pizarro
extienden los dominios de la corona espailola portodo el territorio conocido de la joven América.
Vasco de Gl:lma, predecesor del ilustre genovés~
había enconti-ado el camino de las Indias, doblando el Cabo de las Tormentas. Allá se lanzan Elcano y Magal!anes, y al mediar el siglo XVI pudo
exclamar d adusto Felipe II: «El Sol no se pone
en mis dominios!»
Portugal, Sicilia, la Italia Superior, los Países.
Bajos, el Franco Condado, las Baleares, formaban
el patrimonio de Esvaila en el continente europeo.
A pesar de la línea trazada en nombre de Dios
por Alejandro VI, sometido el Portugal á la corona de Cilst1lla, sus dominios en América se extendían desde las playas del Seno Mexicano y lascostas de la Florida, hasta las tierras fértiles de
los indomables araucanos. Las costas orientales.
de Aftica, los archipiélagos meridionales de Asia,
las numerosas isl:,s pobladas por tribus malayas,
las colonias múltiples de la India, fundadas por
lil actividact y el genio lusitanos, todo lo que había pertenecido á .Portugal, iba después cay~ndoá pedNzo~, del poder del adusto soberan:&gt;, que
dejaba como monumento de su grandeza, el mo/IW
nasterio del Escorial, en cuyos claustros somLas últimas enseilanzas del siglo son no para bríos y galerías solitarias, parece vagar todavía.
un pueblo sólo, son para una raza, para un siste- la sombra de aquel Rey que, según la expresión
ma. Tanto tenemos que apreciarlas y compren- del poeta, fué
Aguila que. vivió como un gusano,
der su honda significación, los de acá como los
:Mo11a1·ca que mi¿rió como un mendigo!
de allá: por eso á todos los que hablan lengua castellana se dirige el novel académico Fernández
Flores en su discurso inaugural.
***
Pocas veces había escuchado el mundo casteCuando se contempla este poderoso imperio
llano palabras tan sinceras y tan impregnadas en
colonial, en el pináculo de la grandeza guerrera
la realidad histórica. No es un académico según
el viejo concepto, es decir un hombre de biblio- espailola, cuesta trabajo creer cómo han bastadosólo tres siglos p11ra desmoronar ese grandíosotecas, un monomaniaco de palabras, el que ha
edificio, que parecía construido sobre fandamen•
hablado en la Espailola; es un hombre, un obsertos inamovibles de granito.
vador que vive-en su tiempo, que conoce su caEs preciso estudiar el genio castellano encar•
sa, su país, su siglo, que como periodista y á fuernado en los prohombres que han dirigido el goza de contar sucesos y estudiarlos para contarlos
bien y exactamente, no se preocupa sino de la bierno de la metropoli, es necesario analizar el
exactitud y ama por eso la verdad, con un amor espír_itu m~dioeval, refractario á todos los progrede profesional, al que no ponen trabas ni el con- ª?ª! mflexible _á todas las evoluciones que ha prevencionalismo cortesano, ni la meticulosidad del sidido los destmos de Espaila, lo mismo bajo la
dinastía de lasAustrfos, bajo el reinado delosBorhablista, ni los intereses de partido.
bones,
que bajo el imperio de las ideas modernas
Ha dicho y es preciso repetir, aprender de me•
y
aún
en
~edio de las ~.ismas revoluciones qu;
moría, meditar eso que él dice: "¡Hay que cree1·!
~an
sacudido
el suelo hispano en los tiempos úl¡Pero creer es amar y no se ama dos veces lo
timos.
mismo!
Nunca pensaron los reyes de Castilla constiLos ideales del siglc XVI r.o podrán reilir batallas y ganarlas en el siglo XX! Procuremos de- tuir en los pueblos conquistados organizaciones
sembarazarnos de los dos verdaderos obstáculos políticas_ que se ~s_imilaran á la metrvpoli; guiatradicionales que nos cierran el camino: la Igno- dos por ideas rehgiosae, alucinados por el espírancia, mujer beoda, que se despereza tendida al ritu guerrero, ebrios _de su grandeza y orgullosos
sol, y el Orgullo, magnate harap!ento, sentado de su suprema autoridad, por todas partes levanjunto á ella en caído pedestal y que se cree gran- t~ban cong_regaciones de súbditos, nunca agrupaciones de ciudadanos. Engreídos los hijos del país
de porque se mide por au sombra!"
conquistador
con las ideas caballerescas, desdeDICK.
fiaron sfompre toda actividad que no fuera la militar, despreciaron como indigno de su grandeza todo ejercicio que no fuera el de las armas, y
la Corona, el clero la nobleza las ciencia~ las
artes vivieron siempre con l~s productos d~ las
RESUMEN.-UN POCO DE HISTORIA.-CvNSTITU· colonias. Ríos de oro y plata corrían del Nuevo
CIÓN DE LA NACIONALIDAD ESPAÑOLA.-LAS CON- al Viejo Mundo, sirviendo de puente las naves esQUISTAS Y LOS DESOUBRIMIENTOS.-EL IMPERIO p~ilolas; pero como Espaila nunca quiso ser naCOLONIAL DE FELIPE Il.-«EL SOL NO SE PONE c~ón productora, nunca quiso buscar en sus coloEL MIS DOMINIOS. »-INTEGRACIÓN POR LA FUER- mas mercados á su producción,ni pretendió ligarse
ZA Y DESINTEGRACIÓN POR LA NECESIDAD. con _ot:o sistema de comercio que no fuera el exTRISTE É INUTIL EXPERIENOIA.- LA GUERRA DE clusiv1_smo en f~vor ~e la metrópoli, el centro deCUBA.-LA GUERRA HISPANO··AMERiOANA.-EL aquel rnmenso impenú colonial, sólo er.i. el conTRATADO DE PARÍS.-POltVENIR DE LOS TERRI- ducto para que aquellas riquezas se derramaran
TORIOS CEDIDOS Ó ABANDONADOS POR ESPAÑA. por Europa, y sólo qu~daran salpicaduras de oro
PUERTO Rrco, CUBA Y FILIPINAS. - EL ÁGUILA DE y pedreria en los pórticos de sus inmensas cateWASHINGTON.-CONOLUSIÓN.
drales ó en los claustros de sus innúmeros conDespués de ocho siglos de lucha en la tremenda ventos.
epopeya de la reconquista, cu11ndo las huestes de
Para m~ntener sometido el dilatado imperio,
Isabel la Católica clavaron el estandarte de la nunca pudieron los reyes de Espaila envainar la
~ruz sobre los minaretes I?uslímicos de la impe• espada ~i cecrar el templo de la guerra. Difícil
nal Granada, quedó constituida una y fuerte la era acud1~ á ~ofocar las insurrecciones que estanación espailola. Las fuerzas vivas del país que llaron áraizmismade las conquistas; vanos los ess~habíane°:1pleado en recobrar palmo á pal~o las fuerzos del Du9-ue _de Alva que Quiso ahogar en
tierras dommadas por los abencerrajes, buscaron sangre llAs aspiraciones de los Países Bajos. Se

gracioso, con esa gracia á la que Spencer llama
disimulo de la fuerza» . ...
Esparcimientos graciosos los ahullidos de la
plebe, las palabrotas de los charros, las riilas entre pelados y gachupines: ¿no es esto colmar la
medida?
Disimulo de la fuerza el golpe del craneo del
picador en las tablas de la valla, la ancha herida
dol caballo y su muerte con las entrailas destro·
zadas, las banderillas de fuego, los espasmos agónicos de la res ..... .
Es muy vieja, centenaria, la declamación contra las cor1 idas de toros; la llaman cursi los que
niegan que ese espectáculo es cruel, sangriento
y estúpido. Muy traídos y llevados han sido los
mismo¡; 11rgumentos contra el toreo; pero no es
la culpa de los que predican sobre un mismo tema desde hace siglos, sino del estado social que
hace mc~sario repetir mil veces el mismo sermón.
No eS lo chocante que aun haya quien insista
en censurar, sino qué aún baya quien aplauda;
quien llame maestros y artisti1s á esos tonsurados de coleta, producto del vicio, de la degradación, de la ignorancia, de la miseria y
de la holgazanería; que aún se diga de un toro:
«ese apenas serviría para el arado,» como si la
última aplicación de un animal fuera para un fin
útil, la más despreciable, y la primera, ese esparcimiento gracioso que más que por la sangre,
que por la brutalidad material de la lidia, es inmoral por el salvajismo que nivela á los espectadores haciendo de un pueblo una chusma desordenada y soez.

_________________
,

~tJlitita Oirnrral.

Domingo 25 de Diciembre de 1~8

EL MUNDO

desgran~ primero_ Holanda_, se seg'"ega Portugal empollar en ese caliente nido el aguilucho de la
con sus ricas colomas;trabaJosamentesemantienen República Cubana.
los dominios de Italia bajo la tutela nominal de
En Filipinas ha~ más labor. Allí hay agrupalos Borbones; piérdese toda esperanza de reco• ciones de distinto género, allí hay tradiciones sebrar el trono de Carlos V, que tenía un piésot&gt;re culares de dominios teocráticos, juntamente con
Alemania y otro sobre lite columnas de Hércu- las explosiones sangrientas de pueblos semi-bárles, y el mismo territorio espaftol mira con pena baros; allí hay ciudades organizadas en cierto
clavado el pabellón inglés sobre el peMn de Gi- modo á la europea, y '\duares levantados como
braltar.
en las épocas del hombre primitivo; allí hay manifestaciones de la moderna cultura y erupciones
*
**
bárbaras del período paleolítico; hay moros, taCUando los puritanos de P .msylvania y de Vir- galos, malayos, negros, mestizos y espailoles;
gi»ia dan el grito de independencia y pretenden hay un montón de aspiraciones informes, rugiconstitur una nul va nacionalidad, soberana y li· dos de ambiciones sin nombre, Javas candentes
bre de la tutela británica, allá acude Espaila en de pasiones no domadas, y con virtudes y
favor de los rebeldes; cierra sus oídos el Sobera- vicios en abierta pugna, con cualidades y defecno á las sabias sugestiones del Conde deAranda. tos que corresponden á las distintas entidades
Y cuando los pueblos latino-americanos quieren étnicas lJ.Ue pueblan el vasto archipiél11go, mu•
imitará los anglo-sajones del Norte, no hay quien che tendrán que hacer los americanos antes de
hable en tierra espailola de conceder la indepen• · constituir en aquellos dominíos una colonia, un tecía á las nacionalidades que se bosquejan en la rritorio, un protectorado digno de la civilización
libre tierra americana: los Calleja y los Morillo, republicana.
esgrimen su espada sangrienia, levantan patíbuProbablemente primero se dedicarán á sugetar
los en Chihuahua y en Ecatepec, entran á fuego y pacificar las islas de Luzón y Mindanao, á cony sangre en Ayacucho, y sólo cuando cae venci- venct&gt;r á los jefes y caudillos dela última revueldo el ejército castellano en Junin y Carabobo, ta, de su inhabilidad para gobernarse por sí mis•
ó domeilado en Iguala, rn resigna á perder sus mos; se derramarán por el país misioneros laicos
dilatados dominios. Se resigna, decimos, porque y seglares, como apóstoles de la Buena Nueva; y
la independencia de la América Latina fué con• si el comercio, la industria, las artes, la riqueza
quistada á fuego y sangre, nunca concedida. La y c:l bienestar no bastaran á la pacificación, ahí
desautorización de los tratados de Córdoba, que quedan los Dewey y los Ottis para convencer á
firmó el Virrey O'Donojú, la desgraciada ex- los rebeldes con el supremo argumento: lafuerpedición de Barradas para la reconquista de Mé- za de las armas.
xico, y la tardanza en reconocer los gobiernos
X. X. X.
constituidos desde Anahuac hasta el Plata, nos
Diciembre 23 de 1898.
indican de una manera evidente cuán dificil fué
esa resignación;

*

**
TaIJtos florones arrancados, tantas enseilanzas
de la historia fueron vanas: la insurrección de
Cuba.. no fué atendida., las aspiraciones á la independencia no fueron es~ucbadas. Después del grito de Yara, que ocasionó la guerra de diez ailos,
vino la proclamación de Baire, que no pudiendo
ser sofocada por Martínez Campos que firmó las
promesas del Zanjón, ni por Weyler que quiso
contestar á la guerra con la guerra, ha dado oca.eión á la pérdida completa de aquel imperio coloniwl que hizo exclamar A Felipe II: «El sol no se .
pone en mis dominios.»
Ya se ha firmado el tratado de paz en París.
Para que quede sancionado el aniqui:amiento de
ese imperio colonial, sólo falta la ratificación del
Senado americano y la aquiescencia de las Cortes
espailolas. Háblase de seria oposición, por parte
de ciertos senadores, á la expansión territorial y
á. lo que se ha dado en llamar el imperialismo militar. Débil será ante las compactas mayorías de
que dispone McKinley después de las últimas
elecciones; débil será también ante el deslumbramiento que ejerce sobre un pueblo joven el
esplendor de sus recientes conquistas.

EL PERIODISMO

SEOUN UN PER.IOD/STA AC,WEMICO.
(De un discurso pronunciado en ia Academia Espaliola.1

El periodista no e¡¡ más bueno ni mis malo que su
tiempo, ni que sus conciudadanos; por más que se
diga, él no ha hecho e1 siglo, es el siglo quien le ha he•
cho á él. Lo que hay es que la letra de imprenta grita
más que una. garganta y hace más sangre que un puñal; que el periodista mete la reticencia injuriosa, la
frase obscena, el comentario irreligioso en máquinas
de 50.000 ejemplares por hora; y la injuria, y la frase,
y el comentario procrean infiuitament-.,; y son turbión,
nube, plaga. El periodista es una figura en cien mil
espejos, un cuerpo con cien mil sombras; una persona
que se desdobla en cien mil. Sus tendenciall en lite•
ratura, en arte, respecto de los hombrea y de las co•
sas, vuelan muy altas sobre el mundo intelectual de
la Inmensa mayoría de eue lectores, aqul, dunde el saber leer ee ya una aristocracia. Y, estas tendencias,
si de algo pecan, es de ser sobrado espirituales; en·
ttondiendo por esto únicemeute ser muy modernas.
El periodista es hombre nuevo, buscador de noveda•
des, cree en la novedad; y, en cada cuartilla nos hace
una. revelación y en cada temporada descubre un genio. El autor, el libro, el cuadro, el cárnico, la primadonna del dia, eso es lo bueno para él: como ellos no
exist•eron otros, nunca jamás. Susarticu1os,eus cuentos, sus crónicas, sus criticas, no son el alimento que
corresponde al vientre de las multitudes y el que ellas
desean y piden; y puede decirse de los periódicoH
que sirven platos más delicados que el paladar! . . .. . .
Bien lo Silbéis vosotros; pues en los números de gala
***
que imprime su noble vanidad, figuráis no pocas vePero si el tratado de París, como es de presu- ces, y esparcís por toda España joyas y flora"! Las
mirse, no sufre ninguna alteración en el Senado, tendencias del redac,or literario al uso, son ª"anzadigrande y delicada es la tarea que tiene que cum- simas: ya no es burgués, sino anarquista. Tanto es
plir el gobierno de Washington. Puerto Rico no &amp;Pi, que yo soy un periodista viejo, no sólo por mis
años, sino por mis ideas ...... D.ntro de la literatura
• ofrecerá, probablemente, ningunas dificultades; periodística soy un solitario. Ni me asombra Zola, ni
se organizará en territorio como las islasHawaii, me conturba Ibeen, ni me ciegan los fulgores de otras
·
y mal que vese á las naciones comerciales, se es- últimas constelaciones.
-Ni, cuando escribo, me pierdo en consideraciones
tablecerán las tarifas proteccionistas de McKinretóricas sobre la moral en el arte ni sobre el arte por
ley, reformadas por Dingley.
si mismo; temas favoritos de los críticos modernos•..
Después de la promesa solemne del Presidente Literariamente, para mi la novedad es el pasado: mi
de los Estados Unidos en su último mensaje, hay moral es no tenerla; lo que á mi me gusta me pareque esperar h constitución de Cuba independien- ce siempre moral.-Y, respecto de los moldes nue•
....... .
te. Pero antes de que se establezca el gobierno vos¡Loe
moldes nuevos se suelen comprar en el Ra~tro,
cubano ¡cuántos obstáculos que vencer, cuántas y los asuntas fin de siglo son oro antiguo que se pladificult~des que allanar! Por atavismo y por he- tea! Dafnis y Cloe andan por ahi, en las ediciones de
rencia, por condiciones de raza y de clima, el pue- tres francos cincuenta con zapatos de ju¡?ar al tennis
el uno, y con sombrero Niniche, la otra. Ofella ha to•
blo de Cuba es inquieto y descontentadizo: ¿ha- mado ya más chocolates en el retiro que deshojó flo•
bremos de presenciar en esos campos que ha ta• res en su jardin de Dinamarca; y Hamlet reaparece
lado la guerra las escenas sangrientas de las dis• en todas las naciones civilizadas, á fines de invierno,
cordias interiores, patrimonio común de los pue- con una regularidad digna de un recaudador de contribuciones. Esto es en la alta novela; lectura de dablos latino-americanos? ¿No aparecerán la gan- mas que cortan las hojas con el impertinente y de ingrena del caudillaje, la polilla del cacica~go, las telectuales de club. que las rasgan alzando el pié y
manifestaciones morbosas de los pueblos Jóvenes metiendo la bota; pues si considero la de folletín ó pu•
pular, prefiero á la epopeya del agente de policía y al
que no saben hacer us_o de su lib~rtad? ¡Q~ién millonario
hecho Dios. aquellos otros delirios que se
sabe! Pero mientras existan esos smtomas, mien- llaman por ejemplo Los Mosqueteros, donde la gente
tras todos los que han rendido culto en la mani- se riza los bigotes con la espada y puntúa las misivas
gua á la Estrella Solitaria, no entren de lleno por á pistoletazos, pero que son libros de sinceridad; disparates vividos, como ahora se dice; y en loe cuales
el sendero de la paz y del trabajo, y apliquen to- hay-ambieBt&amp;de-ju\tellÍJld,
virilidad épica; impetu dti
das las energías de que dieron muestra durante vida. ¡Más me agrada soñar con caballeros de la Ta•
la guerra, á la gran obra de constituir una patria, bla Redonda, que roncar con golfos ó ratasl Para mi,
allí quedarán las guarnici_ones america~as, allí en literatura sólo hily que hacer dos cosas, hacer bien
quedará el águila de Washmgton, á ver si puede lo que está uial hecho y hacer mejor lo que está he-

463
cho bien. Como vela, mi espiritu no es el espíritu del
periodismo corriente. Mas aunque fuesen indiscutibles est11s afirmaciones miB.B no le debedan ser dichas
al público, que vive de ilusiones y de espe1anzas y
que necesita diariamente refrescar su cerebro y su
corazón. Habría f:!.Ue cerrar las librerías, habria que
fundar asilos para los novelistas y poetas. Los nuevos
moldes. las nuevas escuelas, cumplen, después de todo. una misión, continúan la vida material de sus in•
ventoros y prosélitos y la vía láetea del pensamiento.
-"A estas pildoras las llamo patrióticas. decía el farmacéutico, para su más fácil despacho II Y á ciertas
obras selasrotulanaturalistas, para que pueda creerlas apoteosis de la civilización el buen burgués. No
es.esto decir que nada quedará delos millones de libros
arrojados por las prensas y elogiados por los periódicos. Tal vez quede alguna ob,a. Alguna que nosotros
habremos leh.!o sin enterarnos de ella!
Algo que quede! Este es el BU'lño. el ideal, la gloria
del literato, y, por desgracia, 111 desconsuelo del periodista Los libros van á las bibliotecas, los periódicos á las tiendas de ultramarinos. Transfórmanse en
cucuruchos l~e más Ingeniosas improvisaciones del
redactor de hojas públicas, y luego van al montón de
la calle, al cesto del trapero y al cementerio de los ha•
rapos: todo apenas en veinticuatro horas Bien mirado novelistas, dramáticos, poetas. . . . . . corren igual
suerte. Nada perdura: todo pasa. Han aido agotados
mare~ de tinta en dibujer iipos, en describir costumbres, en personificar ideas, en crear perfeccionados
mundos ...... y la tinta que aún permanece húmeda
sobre el papel cabrá en un mediano tintero! De nuestro gran teatro no ha quedado, tal vez. para el espectador exigente, y no literato, más que una obra de
acentuación y espiritu modern,,s: El Alcalde de Zalaniea. Otras vemos repre11entadas, de otros hidalgos
de la Poesia; pero no lndiPcutidas, y el publico las ve
y oye con atención tan inquieta, que no resiste ni al
airH de 1011 abanicos.
El Alcalde de Zalamea fué un aleteo del genio de
Calderón, en el cual salvó de un arrane.ue tres siglos
del porvenir. Yo he visto representar este drama, hace muchos años, en función inaugural de temporada,
de tal modo, que no hay estrella de mayor fulgor en
el cielo de mte recuerdos. Yo he visto un Pedro Crespo, que se llamaba Valero; un Don Lope de Figueroa,
nombrado JuliAn Rom&lt;1a. y una Isabel dicha por excelente decir, La Teodora. Y los demá::i actores eran
de este fuste-en la r11lación gerárquica de sus papelf's-eran Mariano Fernández, gracioso noble cuando él quería, y la Rijosa y Zamora y MJrales. ¡Brillen
aqui sus nombren, por esto sólo, como cu actores
eximios! Y en la novela, ¿cuáles tenemos que hayan
impuesto á todos los siglos y á todos los gustos? 1La
del manco ilustre! Y las obras que quedan no sólo aon
escasas sino que sus autores no pudieron anticicipar•
se, para ellos mismos, el goce de la inmortalidad deseada. Acaso Calderón, en su Alcalde. pensó no más
que en protestar contra las demas!as de aquellos tercios del Rey católico de los cuales decia :Melo: «Que
eran azote de los lugar Je violentando las leyes del
agasaJo; que hasta osaban desmentir la miEma cortesía de la naturaleza y fulminaban ferozmente contra
la honra del que los sustentaba y s11rvia,; y no pudo
imaginar que alzaba un himno profético: un canto á
la dignidaa del hombre, al respeto d~ la mujer, á la
personalidad humanal Y acaso Cervantes, en las aveRturas de su heroe de lanza en astillero, enjuto de ro1tro, gran mad!ugador y amigo de la caza, quiso escribir únicamente algunas páginas de entretenimiento y agotar los caudales de la risa. ¡La voluntad,
h"lmbra ea, pero no es fecunda.si nosedesposaconese
misterioso ser que se llama el acierto! La Nat.iraleza
produce en lo obscuro. ¿Es que quiere producir, ni
sabe qué produce el Jiamante?- «La inspiración ea el
trabajo, ha dicho no sé quién, ......¡Trabajemos, pues,
todos; trabajemos siempre! ¡.Abramos surcos y arrojemos semillas l. ..... A lo mejor sobre las espigas del
centeno descuella, luminosa, extrañísima flor!
Ni concluye aqui 111, · tristeza del periodista, ni ésta
es la única despedida que debe de dar á cuanto él
crea y confecciona. Porque al fin, el poeta, el litera.•
to, el sabio, e! ignorante, al escriben ó imprimen, lo
que escriban ó impriman será suyo y representará
para ellos, no sólo reputación, &amp;ino dinero. No asi
.el trabajo del periodista: es de todos. El lo da. otros
lo utilizan, lo reproducen-y, tal vez I,, firman y lo
venden -No le amparan todavía las leyes.-En les
Congresos de la prensa 11e ha tratado de este asunto
y se ha propuesto algo. La propiedad intelectual ha
sido desconocida primero y ha parecido luego discutible. Las letras, ee dijo, son una religión y los literatos sus sacerdotes. Todavía se cree por al~uno que
no se debiera cobrar ni los poemas DI las misas. ¡Afirmación gallarda y diabólica. gran receta contra los
poeti&amp;s y los curas! No falta boh'lmio de café que se
arroje y diga, levantando su copa de coñac: «¡Noeotros somos astro(y nuestra luz debe esparcirse como
la del sol! ¡Nuestra· profesión, por ser tan gloriosa,
nos impone sacrificios; como se los imfone ar militar
la disciplina y la Iglesia al clérigo y a fraile; que no
pueden amar con amor de hombres• (Miserable escritor el q,ue va contando las perras grandeé!, ó las pesetas, ó los duros que le valdrán las lineas de su prosa!
Que no podais decir. de un poeta:-¡Es el mejor ....
pm·que es el más caro! ¡El genio preferirá siempre ser
Cervantes á ser Rostcbildl" Bien dicho está; pero me•
jor serla fundir con Rostchild y Cervantes una sola figura. Esto desea lajuPticla dela!glo:y,á la verelad,que
los versos d11 Victor Rugo no sonaban menos blen en
losoidos de loe franceses, porque cada una de sus letras reprl.'sentase un luis y cada estrofa un billete de
Banco. Dos de las pocas obras que han resistido á la
critica y revivido en las generaciones, Gil Blas v Ma•
non Lescaut, fueron escritas por encargo del librno.
Y Walier Scott y Lamartlne han encontrado inspira•
clones, no ya!en la esperanza-de una fortuna, sino ar.te
los paquetes de pagaré. de sus despilfarros. El h11mbre es aconsejadora del.trabajo y mi.dre fecunda por

�464

Domingo 25 de Diciembre de 18!18.

ff,L MtTNllO

VIAJE DEL SR. PRESIDENTE DE LA REPUBLICA A MONTERREY
(F ,tografíos de D . L agrange.-Monterrey.)

Domtngo 25 de Diciembre de 1898

465

EL MUNDO

·!¡
1
1

•··

Monterrf&gt;y. -La Penitenciaria del Estado.

LO.;¡ ARCO~ TRIUNFA.LE!!iJ

Plaza del 5 ,le Hayo

Calle del Comercio.

()alle de lVm,hington.

En la Alameda qua lleva el nombre de nuestro Pretroe rE&gt;presentantes en MontArrPy, A•l como á h de
nuestro colaborador i.,ti,tico, podemo~ publicar en sidento, habla do11 11rco11 de f'Xq1,1,1to gueto y un mo1,umento de pleura P.D cu_vo ci,ntro un.. e.tatua de la
este número.
~l lun.es 19 á las tres de 1&amp; tarde llegó el Sr Presi- Gloria ostenta el r ..tratO dl'l Sr Gl'nl'nl Diaz.
El tra.vecto de la estacióu 11: la CR11a df'l Gooernadnr,
dente á Monterrey, deteníendose Pr -trt-1n e11peciar en
que hizo el viaje, ea la Edtación d ·1 E~rMcarril del fué una continua ovación par• el Sr. Prei!ldAntP.; &lt;le
-Golfo. Otro tren especial habla 11alido para encontrar todos los balco11PM y 11zotea~ llovían fl r reR A su paso,
al ilustre viajero, conduciendo al Sr Gobernador d" y PI put1blo lo ada,nH ba con ,,!vo l'nt.i1Pi8~mo.
Ya ttn ~u alojamit&gt;1,to. ■ alió a. los balcnneP dP la ca•
Nuevo León, á )011·sre~. Generel~s d11 uivisión Gl'rÓ·
nimo Tcevldo y Francisco Naranjo, al Sr Liceuciltdo, ea cou 111.11 di, t 1ugu idas pn1!011a8que lo acompañaban
-General Don Lázaro Garza Avala, al Gllneral Don
Pomposo del Campillo, al Sr Oi&gt;n Antonio V. HPr
nández, Gerente del Banco de Nu..vo León; al Sr.
Don Francisco ArmP.ndariz y M A. Monnom Gerente
del Ferrocarrfl del Golfo, quienes fueron á recibir al
Sr. Presidente á los limites del Ei1t-tdo.
El Secretario del Gobierno,los miembros del Poder
Judicial y de la Ll'gislatura, 10s empleadod foderalea,
la comisión de obdequio r un g1mtto inmenso, llenaban la. Estación, cuaudo se anunció lall!lgada del tren
pr11sidencial
Dado el punto de atención, la batería hizo una ell.l·
-va de veintiún cañonazo,¡, las campanas de la ciudad
se echaron á vuelo y todos los espectadores vi&amp;orl'aron al Sr. Presidente de la República. Ocupados los
coches por la comi&amp;iva, atravel!Ó édt&amp; la ciudad hasta llegar al alojami,mto deritin 1do a, Sr. General Diaz
en la casa particular del Gobernador del Estado.
La ciudad se babia engalanado de una manera vis·
-toeisima: no habia casa por humilde y ap1utada que
iuese en donde no lucieran los adorno¡¡ que indicaban
el júbilo cen que los bab'.tantes de Mont ..rrey redbieron la visita del Prim.ir ~.1.gistrado de la Nación.
En todas las callea que recorrió la comitiva había
~reos triunfales: en la Calzada de la Unión, á la entrada de la ciudad, dos de 6Ptilo azteca, el primero de
ellos con esta inscripción: «Menterrey da la bienvemda al insigne Presidente de 111 R8pública; en todos los
demás, las inscripciones glorift ,·abim los ht'chos memorables de la bi:itoria militar y polítictt. del Sr. General lJiaz.

.,,

,~

,:

nistración de Corrl'os, Palacio Municipal, Eecuela de
J urieprudl'ncia. Pal11cio dl'l GobiPr110 Pn construcción la Penitenciaria y I') HoPpital González.
uel .. dificio de la Penitenda1la damos una vista ge ·
neral :v otra en el momento en que concluyó la visita
el 8r. Prl'sidl'ntt1 v se d:ri¡zió al co• he.
ERIA Fitu,ula cPrca de la bermoslsima Alaml'da Porfirio Dlaz. En 1'1 frl'nte f'Ftán los juz¡zados de lo Civil
y d11 lo C.·imin11I y l'n el pteoPUpl'rior las ealas del Supi,ri&lt;ir Tribunal de Jmticla dl'I Estado.
Lu prisión ti11nl' 2::s6 celdillas rl'partidas l'n siete
grnpos cnnvergemes l'lltre los cuales hay patios con
local amplio para los tallne~ de carpintería, cordelería, zapatl'riR y dl'más l'D que trab11jan los presos.
Admini,tración. cunpo de guardia, bados, cocinas,
Ptc; todo l'Ptá arrP¡zl11do convenlE&gt;ntemente. La coni.•
trncrlón de este ebtablecimiento penitenciario coetó
$223 000.

***
P"r la prl'mura del tiPmpo no publicamos hoy una
vista dt&lt;l b11nqu .. te con qu11 se obsequió al Sr. General Diaz "' miFmo dia 20 en que hizo la visita a los
edificios públicoP.
Sólo nos fné posible obtent1r para este número las
fotogrsfíae que rl'pre,entan el lugar de ese banque•
te, con las mt'BR s y" diPpuestas y el arreglo difinitlvo
momentos antes de que loe invitados ocuparan las
Illl'RIIS,
Ya hPmOR descrito el Teatro Juárez en otra ocaPión dl'd1cando un núml'ro de nue,tro semanario á la
inRuguración de 1'1\f' edificio.
Por la II pariencia di, la Rala convertida t.n comedor
podrán apreciar nu,.st, os lPctores las buenas condiciones qne rl'une el local para un festín como el que
a llí S I' dió " " honn r di'! Sr. Prebidente val mismo tiempo advnti rán .-1 bncn g u- to, la sencillez y armonia
del sdurno y la di~poo1ción en que ee colocaron las
meeae.

,.

l'tlon1nnenCo t&gt;ri¡:-idn al Sr. Presidente
.... la Alanwda,

A reo de Ja Paz

("JI

la Pinza D.-gollado.

para preseuc1ar t1l liesf1le a e UU;&lt; prOCt'blÓ u inmensa
que for maron 1rna descubierta de caballeria, la banda de Estado Mayor, los alumnos del Colegio dl'l Estado, de las 13scuelae dA Juri sprud'e ncia, Muni&lt;&gt;i pales y partlcu lares, miembros de la Academia de P rofeso rt'S alumno'\ de la Escuel11. de la Asunción, ohreroe de diversas agrupaciOJlPII mutualistas. más de mil
socios del drculo polltico Unión y Progreso l'mpll'adoe federales y del Estado, agrupaciones masómcae,
comisionados &lt;le laR c0lonias t'XtranjPras. etc.
En la casa del Gobernador del Estad&lt;', adorn ad a
con sobriedad y gueto, el Sedor Gen,,ral lJlaz v algunas de la.a personas que lo ac&lt;impadaban, veian pasar
la procesión.

A reo_dd trabajo en la Plaza Degollado

----------------- ------------esto;.más sus hijos PHl'lfm sn ra1nftfcos ... El Quijote
no hubiera p••r&lt;li&lt;io niull\ a110qu~ c ..rvantes. our1 Pegún Narei•&lt;• Snr11 'TIOcen,ba hubieeA c1mado Desde
que Alfonso Karr for ,11u,ó su célt1hre frase: «La pro•
pied~d intl'l .. ,1·1nl 0 • nna propi11rlad,• las le,rae han
qmmdo Per burguesa., y lo hRn sirio.
E'! el plagio, .... .,¡ litl'rato. d111ito vergonzoso: en el
periodi~ta. excusabll'; 11qul'l 11labora. é~te t1scrib e al
minuto. Y es dP. itctvertir que •·l plagio no da vid11,
mata; po·quA en laR 1..tr11s hay que eoldn el oro con
el oro y servir el vino adejo en copa de Venecia. ¡N
0

han visto D eedé:n.'nas con percRI, ni la m 1zJ1. de
Hércules puede serv1rl,.s de caballo á loe chiq ,1illo~
¡Ei inÚLil robar la diadem, de Sh •k.i~pet1r e si no ~~
t1en1111u frente, q11e de &amp;u frent1-1 sale el r-,spla.ndor y
no de b. ~orona! D.i todos modos, bu11no f 1 ,rae •~tigar por irreverentf'ls á los que a•alten y de~nnden
al Genio. 1r~uie,t\ robe su capuehón al D lntó q•te Jo
lleve en el Abanico!
lsID~o_FmaNA.i¡omz;FLoams
PA

EL SR. PRESIDENTE DE LA REPUBLlC!
EN MONTERREY.
Breve tendrá,que ser E&gt;eta revista porqu11 ya el pú
bhco .eonoce en todos PU~ prrmenorAs 1... r~•ación de
las f1e~tas con que recibió IR et.pita! neoleoneea l
su _dlstmguido huésped, y á nosotros Póto nos toca
dl'Jil.r aqul conslg-nado uu r• cnerdo de Plla11 v e:z:pll•
car los grabados que gracias á la actividad de nuea•

Esquina s. E. df&gt; la Alameda
Porfirio Diaz.

***

El martP B20 vMtó el Rr. Presidente los edificios
públicos de Monterrey: Palacio del Gobierno, Admi-

Esquina N . E. de la Alameda
Porfirio Diaz.

�466

EL MUNDO.

Domingo 25 de Dfefembre de 1898 _

EL TE&amp;TRO .JU-'.REZ &amp;NTES DEL B.lNCllJETE OFRECIDO &amp;L SR. PRESIDENTE DEL&amp; REPUBLICA

Domingo 25 de Diciembre ie 1898,

EL MUNDO.

''UN DUELO'-'

co, está muy bi&lt;&gt;n pintado y es de una
diafanidad pasmosa.
El dibujo nada deja que desear, y ei.,
fiel el colorido, porque su aparente
uniformidad en lo verde, se explica si
observamos que representa un tramo
cerrado del bosque.
La única nota disonante que en&lt;ion•
tramos en el cuadro-por inútil y por
impropia-es el leoncillo ó algo pare•
cido que avanza hacia el estanque, por
una vereda do! bosque.
No se sabe á punto fijo si quiso ser
estátua ó natural, aunque suponemos
que lo primero, porqu..: lJO se usan los
leones sueltos en los parques; pero de
~odos_ modos está mal hecho y peor
1magmado.
Hasta hoy el cuadro ha gustado bas•
tante, por lo que no será remoto que
sea uno de loP primeros que se vendan!

DAMAS DISTINGUIDAS· r

POR EOHENA,

¿Recordais aquellos delicados versos
de H.ubén Oario, de ese prlncipe mago
de esta América nuestral
El ollmpico cisne de nieve
con el ágata rosa del pico
lustra el ala eucaristica y breve,
que abre al sol como un casto abanico.

"Vista tomada desde el escenario.

El ~i&amp;ne con su inmaculada albura y
c&lt;'n su silueta donairosa y elt,gante,
ea P"ra nosotros eimbolo de pureza y
de prosapia, y antójasenos inseparable
decoración de los viejos parques rea•
les en donde los corteiunos de la Pom•
padour desgranaban al viento los te•
soros de su flordelisada galantería. Y
parécenos que el cisne, cuando con
inimitable majestad cruza las aguas
del estanque, es· un resto viviente de
squellas épocas fr11ncamente sensuale11 éinconscientemente art!sticas, que
viven en nuestro cerebro encuadra•
das en un marco maravilloso de perfu•
mes y de colores, de sedas y de borda•
dos.
Es el cisne un ave elegimtemente
armónica, de voluptuosos gestos y
atrayente ingenuidad, y ya el Padre
Jove dióle gran supremacía sobre las
de su especie cuando encarnó en ella
para gustar loe hibleos ósculos de
Leda.
Por eso llamóle Darlo un ave olimpi•
ca,y en verdad que es esa expresión
el cond.ensamiento de la albura y deta
majestad, de la lilbura inmaculada é
inmaculable y de la majestad ingénita
y sostenida.
Mal! ellas no bastan para tener á ra•
ya las pasiones, y en el cuadro de
EcheBa vemos al ave ollmpica sucumbiendo á los impulsos de la materia.
Dos cisnes -jóvenes y hermosos como
se estila en novela-se disputan el amor
de -una doncella de su raza, y emprenden, á la vista de la hermosa, una descomunal batalla á picotazos, que resolverá sin duda alguna la cuestión
pendiente La hembra les mira impasi•
ble, suavemente arrullada por el val•
vén que sobre el agua imprimen los
impetuosos movimientos de aus adoradores,
La idea, aunque sencillisima, está
bien estudiada y es propia par11 un cuadrito de género.
Ella sirvió de pretexto á Echena para demostrarnos su tratRmiento de las
aguas que es marifico, sin igualar
no obstante al de Enrique Berra.
'El trozo claro,-extremo izquierdo
bajo del cuadro,-que refleja un trozo
de cielo visto entre el follaje selváti-

•~e

''UN ENCUENTRO FELIZ"
POR R. TUSQ.UETS .

/

.

DE O

A~/:

l,

~A,
t::,.,,&lt;-J

"'

.#'

,

(Fot. Tabe1·. San Fancisco California.

Se creería que Tusquets, al elegir
las obras que envió á México, se propu•
so demostrarnos que dominaba todos
los géneros, El Mundo Ilustrado ya ha
dado á conocer á sus lectores dos cua•
dros del eminente pintor, los cuales
pertenecen á géneros muy distintos.
••Contrariada" es un cuadro de detalle cuya maravillosa ejecución hemos
elogiado ya
"Argelina" es na gran cuadro de
efecto, de sobrio pero inte::so poder
sugestivo.
El que hoy reproducimos, Unencuentro feliz, tiene algo de ambos:
Esunidilio,un idilio coEmopolfta, es
decir, humano. A orillas de una fuente,
encuéntraseunmozoconsumoza y ambos entablan un diálogo amoroso, uno
de esos diálogos que en todos los idiomas se empiezan con una sonrisa, sA
tamizan por un sí y se concluyen con
un beso. La muchacha ha ido á reco•
gerf:gft en rústicos cánta1 os que con•
·eer a l!UJ fados, y el mozo, virilmen•
je, 4-i o 'i abrevar á sus bestias. Es•
tas son, al menos, las causas ostensi~les de su aeudimient, á la :fuente;
¿pero en realidad, no serian otras las
que motivaron ese encuentro f eliz't
La expresión de las figuras nos ase•
guran que el, y que ese mozo y esa
mo-za 1m111ren el 7JTI'-Ctmro secreto de
proporcionarse á voluntad esos encuentros felices.

EXPOSICION(ENNACIONAL
DE BELLAS ARTES1
LA ACADEMIA. ;DE SAN_CARLOS)

"lJN Dt:ELO"

Vista tomada de la puerta.

cuadro de J. Eche na , en la Academia de San Cárlos,

Fot.ografia de Luls G. Sandoval.

�1!:LMUNDO

468

Cuadro de R. Tusquets, en le. Ace.demle. de San CArlos.

,. No puede ser mil.e armrmioso el cuadro que dió Tnsquets á 1i1ste sentidlslmo idilio campeRtre La barda
blanca y carcomida, ribeteada de azulejos; las inq uietas enredaderas que trepan con tenaz deear:-ollo; el
emparrado del fondo: las beitiae mlsmae. -impaRibles
y seguros confidente~, -todo converge atlnadamente
ii producir una agradable emoción estética
El tratamiento de iae bardas es ¡¡obrlo y fiel, así co•
mo el del follaje. Bes-tiae-y f+gurae- viven cen vida inten,a y el fondo que se extiende más allá del emparrado tiene bonitos efectos de claro-obscuro.
No obstante que es éste u11. buen cuadro, lo ju7.1gamoR inferior á los otros de Tuequets de que ya hemos
hablado.

"MAÑA ENCONTRADA."
POR B. GALOFRE.

E~ este un cuadro que 1l primera vista.llama la atención é invita á un estudio prolijo.
l)esde luego extraña que un cuadro al óleo tenga vidrio y extrañ, asimismo la extraordinaria minucia del
dibujo y la exactitud de los mái insignificantes detalles. Muchas opiniones hemos oldo y ninguna de ellas
concuerda con otra. Unos dicen que es un mal intento de procedimiento á la Meis¡¡onnier; otros sostienen
q te es un trabajo de miope, más digno de un artlfice
clllnesco que de un creador m1,derno; hav quien supone en el cuadro un trabajo sucio y a¡¡egura que en

"lJX EXClJENTRO FELIZ"

él se encuentran detalles muy ag-enoR /i la pintura 111
óleo y que en él Rfl echó mano de rflcursos que son
del exclusivo dominio clAl artA industrial y que jamás
dl'ben P.mplearse en el arte estético .
No•otros hflmos visto l."l cuadro con detenimlflnto é
impau.ialiclad y creemos que ee un espécimen de un
procedimiento absolutamente nuevo A nueetrv juicio, es un intento de rPforma muy lograd/!, que cier•
tawente llrralg-a en MtMl½l!Onnier, pero-41ue ti-ene- un
tratamiento mis detallado, menos heterogéneo y más
firme.
Q•1Ada por ver 11i la innov11ción AII bella y confel!&amp;•
mos que este punto es mny discutible. Existe hoy día
un inmotivado desprecio hitcia loe detallista.R, que tiene por origen el am11neramiento de la mayor parte de
ello~ Allora bien ¿llay amaneramiento en el cuadro de
Galofre? No, nosotros no lo encontrarnos y vamos más
lejos aún: este cuadro nos \rae muy vivas reminiscencias del inmortal Fortuny.
ietúdiese atentaml'nte el tratamiento y se verá que
por detallado y minucioso que eM, nada hay allf de
convencional ó de relamido. Algunas faltas de proporciones y de dibujo que encontramos, son de una
índole muy distinta.
El asunto es ptntoreRco y Astá bien tratado. Loe andaluces son gante de á caballo como los hungaro3 y
y como nosotros, y en la vida que IJevan hay mucho
color y mucho mrivim!ento.
El cuadro de Galofre representa una escena dfl una
feria de caballos. Se le ha encontrado una maña 111
corcel postulado, y en vano intentan loe vPndedores
borrar la mala impresión por cuantos medios están á
su alcance.

Domlniro 25 de Diciembre de 11:198,

Vomln¡ro 25 de Diciembre de 1898.

469

Fotografle.de Luis G. Sandoval.

Hay algunas figura.e pRrfactamente 11entidae y PB·
tudiadae, y en general, f'l cuadro prod~ce buena !~presión y gnn deleite, cuando se le mira sin preJUl·
cioe ni exclusivismos.
El hecho de que tenga vida, se Pxplica, según creemos. si se atiende á que hay hacinamentos de color
tan finos y delicados que cualquier roce podría destrnlrloe, perdiéndose asi el efecto buscado.
Es digno de e.s.tudiaree este p~ocedimiento de Galofre y sin duda alguna encontrará muchos imitadores. Desgraciadamente es muy probable que éstos se
lancen sin la meditación necesaria ó exajerando las
peculiaridades del maestro, lo que daría por resultado deformarlo y alterarlo, como ha sucedido en lite•
ratnra con todas las innovaciones y rasgos ::aracte•
ristlcos de loa maestros.

ALBUM ART.ISTICO.

NOOHB BUBNf\ EN EL Mf\R

El que prep11ra el aventajado fotógrafo Don
Luis C. Sandoval, contendrá los mejores cuadros de la Exposición Nacionai de Bellas Artes.
También venderá fotografias sueltas el Sr. Sanp.oval, en su establecimiento (5 de Mayo y Alcai•
cería nº 6.) Fotog-rafía N11cional.

VES Lameneek,
era Cápitán de
P.l Á1'CO··Íl'ÍS un
magnírico pailehot de modelo
Rmericano, tino
de la proa, bien
asentado en el
agua. lijero de
arboladura y sóJido en todas sus partes, que estaba tripulado por
-veinte vigorosos marineros bretones y caminaba
con una velocid1td de veinte millas por hora.
Hecho sn cargamento y em barc11dos sus pasajeros entre los cuales figuraba un Reverendo padre que acRbaba de pasar cinco alios en Oceanía,
-el .frco--Iris ha bfa zarpado de Valparaiso á
principios de Noviembre, es decir en medio de la
estación de verano para los pahes del Sur, hxbía
doblado el Cabo de llornosy subía al Norte pera
alcanzar Bnenos Aires que era uno de sus puertos de escala.
El. Capitán Lamenek esperabll que su vi11je
proseguiría con toda felicidad hasta Franci,11
-cuando á la altura de las Islas Felkl11nd se produjo A hordo un acontecimiento que causa siempre la más profunda emoción cuando ocurre en
plena mar, un fallecimiento.
Entre los pasajea&lt;'s de segunda emb11rcados en
Valparaiso, se contaban una joven y su hijo de
diez A doce meses que se inscribieron en la lista
con los nombres de María viuda de Nollet y su
hijo Enrique.
Ella tenía apen!\s veinticinco anos, era rubia,
&lt;le fisonotnill agradable y dulce, pero un poco
salYah y &lt;tunque sus compalieros de viaje y los
mer:neros estuvieron llenos de atenciones hacia
-ella y aunque el Capitán al hacer diariamente su

'
Cuadro ~e B. Galofre, en la Academia de San Cárlos.

ELMHNDO

Fotografia de Luis G. Sandoval.

•

•

visita de proa le decía alguna frase am11ble y le
preguntaba por el bebé, ella se confiab1 poco y
respondía con reserva á todas las prPguntas acaso por timidez ó acaso porque no tenía más que
cosas tristes para referir.
Se sabía que efa normanda y que su marido
empleado en una gran explotación ar""entí rera de
los Andes murió seis meses ante; del nacimiento del nillo, desgracia que inclino á la viuda
al deseo de volver á Francia al seno dd su famiiia. En cuanto á Enrique, era su mamón fresco y
sonrosado con enormes ojos azules como su madre y que sonreía ya á los hombres de la tripulación siempre que le acariciaban, lo cual sucedía por lo menos veinte veces en cada hora.
Una tude, la pobre mujer que aunque un poco
pálida no p1trecía estar quebrantada de la salud
fué _ataca~l l:l por_ unas horribles sofocaciones
murió de 1mprov1s0 tal vez á causa de una aojina
de pecho ó de la ruptura de una aneurisma. El
Capitán levirntó según las regla~ de na ve""ación
acta del fallecimiento, selló los equipajes ....é hizo
constar que no había hallado 11ingún d11to que lo
iluminar/\ sobre el verdadero eqtado civil de la
dirunta. En vano buscó su acta de casamiento, un
pasaporte, un documento cualquiera; no encontró más que un apunte en que se decía que el
chico fué bautizado en Valparaiso pero no se
mencionaban los nombres de la familia de lamadre; ademAs algunas cartas dirigidas de Francia
á l\lr. N'ollet, pero que no daban ningún indicio
que pudiera ayud11r al descubrimiento be los p,1.
rientes del huerfanito.
No quedaba mas que una esperanz11. Como
María Nollet había avisado su vuelt11 á Francia,
probab:emente al llegará San Nazario encontrarían en el Correo carta para ella.
Llenadas las primeras formalidades, el Capitán
ñíspuso las exequias eomo son todas 111s de abordo, iguales para pobres y ricos cuando la tierra
e,tá muy lejos.
E l carpintero hizo un ataúd, acostó en él á la
pasajera y por la tarde, al obscurecer, el CapitAn

y

dió orden de qu~ dos hombres trajeran al por,talón de estribor la caj l, á la CUlll para qne no sobrf'nadase se le h&gt;1.bía amirrado una bala de
caMn.
El sacerdote recitó en alta voz el oficio de di•
funtos y luego el Capitán dijo laeónicemente!
-Bulto á la mRrl
Todavía el mi,ionero rezó algunas oraciones y
mientras, el ataú1sehnndióen las olas con unrumor sordo. E11 ese momento los testigos de esta
escena no purlieron ahogar un grito de terror al
que respondió desde la proa el llorar de un niJio ...... El huerfanito acababa de despertar y
huscaba en vano el sonrosado pezón que sus labiecitos ya no tocarlan jamás.

***
Al día si~uiente, las cosas de abordo recobraron su curso ordinario, el tiempo mejoró y El
Ai·co-.Jris si~uió pua Buenos Aires. En cuanto
al nillo, q11edó bRjv los c1idados de una pasajera
de segunda que expontáneamente se efreció para
llenar esa tarea. No carecería de n11da: la cabra
q_ue estab&lt;1 alojada en el establo de proa, tenía
siempre l1t~ te~as llenas y además todos los marineros le hablan como 11doptado, y en cuanto llegaba la noche, le tomabRn dulcemente en sus manos ene tllecidas. le hacían sonreír, y le arrullaban con cantos bretones.
Así corrieron ocho días. Se arribó á Buenos
Aires sin permanecer anclados más que el tiempo necesario pllra recojer mercancías y puajeros, y luego saliendo del estero del Plata se dirigió 111. pr;)a al hemisferio oriental.
'
Entre los nuevl•S pasajeros venían dos franceses: el ~efi.or y la sellora de Lussay que
volv~an A Fr;rnci! d~spués de una larga permanenc111. en la Repub!Ica Argentina. El marido. Jaco~o de Lussay, ingeniero hmoso, tenía unos
t~e1?ta ~ dos alic-s,_ y era de aspecto agradable y
d1st10guido; su muJer, Raimunda, no había llegado A los veinticinco y era notablemente bella con

�l!:LMUNDO
que d.e bía hacer escala
en Buenos Aires, y anuo~
ciándose á los condes el
viaje.
En este estado las co•
sas un día atacó elcroup
al niño y se lo llevó des•
pués de breves horas de
sufrimiento.
Ya puede imaginarse
cuál sería el dolor de los
infortunados ps.dres que
aún permanecían inc, n•
solables cuando se les
anunció que El Arco-Iris
estaba en puerto.
Para qué ir ahora? No
es á nosotros sino á él
á quien se aguardaba
allá, se dijeron ambos
entre spllozos, pero Lus•
say recobró el valor y
convenciendo á su mu•
jer, realizó el embarque.

su tez meridional, sus grandes ojos obscuros co·
ronados por largas pesta:lias y su opulenta cabe•
llera de ébano.
Lo que sorprendía desdo luego y denunciaba
el modo de ser de 11mbos esposos, era su ternura.
recíproca, su comunidad de ideas y su deseo evidente d¿, no vivir á bordo sino el uno para el
otro y evitar cualesquiera relaciones que pudie· ·
ran interrumpir esta intimidad.
"!)espués de la comida, en Yt'Z de permanec_er
en el salón ó ir a.l pm,nte con los demás pasaJeros, se refugiaban en la toldilla de popa, Y allí
con las manos entrelazadas se aislaban del resto
del mundo, soliaban y permanecían mudt&gt;s eomo
si temieran comunicarse sus pensamientos.
Un día, sucumbiendo al terror que la poseía,
la joven dijo á su marido:
-Por qué volvemos allá si Dios nos 'luitó el
ángel de perdón 'lue me había dado? No creeti
que de nuevo se me arroje y se me maldiga?
-Raimunda mía, desecha esos horribles temores, pues nada de eso es posible. La desgracia
misma que nos ha herido, abrirá de par en par
para nosotros la puerta que nos había estado
prohibida. Aleja tus temores y confía en el porvenir.
Referiremos el drama de familia que motivaba
estas palabras.
Hijo de un coronel sin bienes de fortuna y . de
una mujer noble y orgullosa, Jacobo había sido
destinado por padre y madre á. dorar sus blasones por medio de un matrimonio rico al_ cual podía aspirar por su talento y sus pergaminos; pe·
ro el día en que la condesa de Lussay anunció á
su hijo que iba A casarlo con una millonaria, éste
declaró que ern prometido de la sefl.orita Raimunda Bernier, plebeya y sin fortuna pero á la
que amaba tiernamente.
El conde y la condesa trataron inútilmente de
luchar contra las inclinaciones de su hijo y en
consecuencia la ruptura fué completa y brutal.
Desvanecidas sus últimas esperanzas de esplen•
dor y de lujo, la orgullosa dama arrojó de su ca•
ea y maldijo á Jacobo y á su P,Sposa.
Repetidas gestiones hizo luego para v.:lver á
ver a sus padres, pero ellos se mantuvieron in•
flexibles y entonces lo9 recién casados resolvie•
ron partirá buscar fortuna en América. Instalados ya en Buenos Aires, intentó de nuevo Jaco b?
una reconciliación ,in que durante un afio recibiera respuesta alguna á sus cartas.
.
Un día le dirigió su padre algunas líneas en las
que aparecía algo de la anterior ternura, pero la
sefl.ora Lussay permaueció ínflexible en su ren·
cor hasta que un acontecimiento abrió las puerpuertas del perdón. Rainmnda tuvo un hijo, y ~l
advenimiento al mundo de un Lussay, no podia
. dej!lr de impresionar el -ánimo de la condesa.
El conde escribió:
«Si tu madre cuya salud me tiene inquieto, no te
~scribe ahora, pienso que es por un último combate entre su orgullo y su corazón. Me parece que
¡¡i derrepente te aparecieses con tu mujer ytuhijo, les tendería los trazos á los tres. No resistiría
A una sonrisa de su nietecito.»
No se necesitaba más para resolverá los esposos á regresar áFrancia, y cuatro meses después,
arreglados todos sus negocios, se fijó el día de la
partida tomándose pasaje á bordo de El A1·co-I1·is

,

*
* * por vien•
Jl'avorecido
to v mar bonancibles,
El· Arco-Iris remontaba
hacia el Ecuador, y el capitán aseguraba que no había hecho nunca viaje dad que llenan de harmonía.e en la noche del 24más rápido, en tanto que los pasajeros que ha· de Diciembre los hogares bretones, el Capitán
bían doblado el Cabo de Hornos se acordaban dijo:
-Ahora, á la mesa!
de sus olas tremendas y hallaban dulce y grata
la mar que atravesaban. Si el chico, adoptado
por los marineros no hubiera estado allí para
***
recordar á. la infeliz quo descansaba en el
La sefl.ora Lussay que no quiso separarse defondo del mar, ninguno haría memoria de aquel
su dulce Jesus sino hasta dejarlo dormido, ocuepisodio.
Los esposos Lussay seguian apartados pensan• pó el sitio de honor frente al Comandante y prondo en la acojida que les harían en París y sin in- to cundió por todas partes la alegría.
Solo la mujer del Ingeniero permanecía silenteresarse por nada de lo que los rodeaba, excep•
ción hecha del huérfanito al cual Raimunda aca• ciosa enmedio del bullicio genei:al, y cuando aD
ricia ba frecuentemente, y los días corrían así fin pudo retinarse al lado de su marido, le dijo
cuando r..na tarde el contramaestre se presentó al con voz entrecortada y arrojándose en sus brazos:
Capitán y le dijo:
-Ahora, cuando tenía en mis rodillas al Nifl.o
-Mi Comandante: maflana es 24 de Diciembre Dios, soflé por un instante en que nuestro hijitoy nosotros quisieramos festejar la Navidad.
nos había sido devuelto. El pobrecillo estásinpa•
-Excelente idea ¿pero cómo/
dre y nosotros.... .sin hijo. Este huerfanito po-El padre dirá la misa. Improvisará el carpin• día ser deveras nuestro Salvador.
nero un pesebre y un portal; nuestro buérfanito
-Abl Raimunda: el cielo te inspira. Adopté-será. el nillo Jesus y tal vez la seilora de Lussay
moslo.
accederá á ser la Virgen.
Estrechó á Raimunda contra su corazón y en.
- Bien pensado, Prepáralo todo, Oilic.
los labios de ambos pasó fugitiva sonrisa de feli-Luego se acercó á Raimunda:
-Mi tripulación, sefi.ora, quiere festejar roa• cidad.
Al día siguiente el se:lior Lusa.y pidió una. enfl.ana la Navidad; cuentan con todos los persona• trevista al Capitán y le comunicó su idea de adop-jes menos la Virgen y naturalmente han pensado
tar al huerfanito.
en usted. ¿Consiente? Eso la distraerá un poco.
-Mi esposa, le dijo, lamenta aún á nuestro pri-•
Raimunda interrogó á su esposo con la mi- mogénitc que acabamos de perder en Buenos .
rada.
Aires y que teniendo la misma edad de Enrique·
-¿Por qué no? dijo el Ingeniero.
se parecía mucho á él.
Al día siguiente, por la noche, El A1·co-I1·is pre•
¿Quiere usted confiarnos al huerfanito?
sentaba un pintoreco golpe de vista.
-Sería lo mejor, contestó ·e1 marino; pero coA popa del palo mayor se había instalado el mo entre los papeles de la difunta no encontré·
portal y en él, medio desnudo, Enrique dormía nada que me ponga sobre la huella de sus parlen•
teniendo á su derecha á Raimunda, admirable- tes, si por una carta que se le haya dirigido á
mente bella con su traje azul. A la derecha el car- San Nazario averiguo que tiene abuelos, ó tíos ó ,
pintero muy bien vestido, representaba á San lo que sea, me veré en la necesidad de informar•
José y algunos animales les de la muerte de lll se:liora Nollet y de la predel establo complet ,ban sencia de su hijo aquí.
el cuadro.
-Es verdad, no babia penaado en eso. ¿Y qué
Pasajeros y marinos hacer?
oyeron con devoción la
-Esperar. Cuando lleguemos á San Nazario,,
misa de Navidad y ter- tomaremos una resolución.
minada esa ceremonia el
sacerdote se dirijió al
***
portal donde se arrodilló
A
partir
de
ese
día,
Raimunda
se hizo una ma• ·
en momentos en que Endre
para
Enrique,
sin
quitárselo
sin
embargo A,
rique despertando sonreía y fijó en él sus ojos la excelente mujer que le había venido prodigan-·
do sus cuidados y El Arco-Iris proseguía su rutl..
asombrados.
Al mismo tiempo subió hasta que el 5 de Enero por la noche el vigía,
de la mar un nimbo de anunció los faros de la embarca.dura del Loire y
fuegos fatuos que se en- al dia siguiente se echaba el ancla en San Naza-•
roscaron en el extremo rio.
de todos los mástiles, y
envolvieron el portal en
***
luz azul.
Raimunda y Jacobo se instalaron en el hotel1
Los pasajeros lanzaron con el huerfanito que el Capitán les había permiun grito de sorpresa en tido llevarse provisionalmente, y durante una gran
que había algo de espan- parte del día su ansiedad fué extremada, pero
to, y los marinos aplau- por la tarde llegó á traúquilizarlos el mismo Cadieron esa iluminación. pitán.
No había en el correo carta alguna ni nadie se,
Cantadas por la tripu•
]ación las coplas deNavi- presentaba á. reclamar al nifio.

•

Se necesitaba sin embargo esperar aún algunos días antes de tomar una resolución.
El Capitán empezó por informar á las autori•
dades competentes del fallecimiento habido á bor•
do y luego el Juez de Paz de San Nazario, tutor
legal del hu~rfanito recibió información de los
deseos del sefi.or de Lussay y su esposa, quedando en comunicación con ellos para obrar ulteriormente conforme A la ley.
Convenido todo esto, Jacobo se despidió del
Capitán da El Arco·Iris, y anunció por telégrafo
á su padre, que acababa de desembarcar en San
Nazario con su mujer y su hijo y que al día siguiente tomarían el tren de la mafl.ana para ir á
París.
Algunas horas más tarde vino la respuesta:
«Tu madre está enferma, pero los espera con
no menos impaciencia que yo. Tu antiguo &lt;lepar•
tamento está listo para recibirte. Mil besos para
todos.&gt;
Llorando de alegría la joven releyó este mensaje y al dfa siguiente tomó con su marido y el
nifi.o un compartimento reoervado del tren.
Enrique no iba tan sencillamente vestido como
á bordo, pues su guardarropa había sido enriquecido con multitud de ,:-rendas de gusto y lujo
y se pasaba la gran vida en brazos de Raimunda
que le cuidaba con afán y como temerosa de que
también se le escapara de las manos.
En París, un terror loco se apoderó de ella de
nuevo cuando desembarcó en la estación de Monparnasse, ante el temor de que la Condesa deLussay descubriera la verdad.
Mil imaginaciones la conturbaban sobre laaco•
gida que le harían, altiva, piadosa ó indiferente,
pero el ingeniero la tranquilizó lo mejor que pu•
do y diez minutos después estaban á las puertas
del palacio Lussay. El Conde, que desde una ventana estaba en impaciente acecho, vino á la escalera y los recibió con los brazos abiertos.
En seguida se apoderó del &lt;!"hiquitín cuyos mag•
níficos ojos estaban muy abiertos por el asom•
bro, y lo besó con efusión, diciendo:
-¡Cuánto se te parece Jacobo, y qué bien hiciste en venir! Vamos: tu madre nos espera.
La joven tembló otra vez y tomó al niilo en
sus brazos como para que le r,irviera de escudo,
y los cuatro penetraren al apo~ento de la condesa, que estaba reclinada en un ancho sillón. Cier•
tamente que se le notaban las huellas de la edad
y las enfermedades, pero conservaba aún una

altiva expresión de nobleza y superioridad en su
fisonomía impenetrable.
-Aquí están ya los tres, dijo el Ccronel presentando á los que volvían del destierro.
-Madre! gritó Jacobo arrodillándose á sus
piés.
La condesa sin pronunciar una palabra tomó
la cabeza de Jacobo entre sus manos enflaquecí•
das y se p-y.so á examinar á Raimunda que se
aproximaba ]fmtamente, pálida, sin atreverse á.
sostener las miradas escrutadoras de esta madre
á quien tres a:lios antes le había arrebatado á su
hijo; y parándose á poca distancia se puso á temblar sin fuerzas ya para sostenerse en pié.
Entonces su marido se levantó y le dijo:
-Valor, Raimunda, mi madre te espera, ven
con nuestro hijo:
-Nuestro hijo .... oh! no, ne. Yo 1 o me atrevería jamás ....
Y cayó de rodillas murmurando:
-Perdón, perdón!
-¡Y de qué? preguntó inquieta la condesa.
Y como la joven callaba, afl.adió secamente dirigiéndose á su hijo.

NUESTRAS ARTISTAS.

ANGELA SALAZAR.
[De Guad&amp;lajara.]

Ei una ni:lia, pero cómo interpreta
ya, con qué precisión. y suma de co·
nocimientos y A la vez con qué calor
y vida á los músicos que ama, á los
Cbopin y Thomé, á los Mozart y Bee•
thoven, á los poetas y á los maestros,
á los ruiseiiores y á las águilas!
En las mazurcas, en los nocturnos,
tocando aquel delicioso preludio del
compositor polaco en el que parece que
al compás de una llovizna incesante y
menuda, se quejan todaslati amarguras
de una existencia sombría y melancólica, es su alma de virgen, capullo
de lirio, destello pálido de aureola, la
que vibra en los trémolos y gime en
las cadencias.
Sacerdotisa apasionada de lo sublime, prefiere entre todos sus grandes
amigos, y ese destello caracteriza su
índole musical, al rey augusto que no
dejó herederos: á Beethoven.
Cuando en las teclas de su piano,
que son sus aras, oficia ante él, sus
ojos obscuros reflejan las llamaradas
de aquel sol que no ha muerto.
Perla oculta. que sólo en su hogar
brilla, flor modesta que se enconde y
reserva para sus íntimos sus mejoresaromas, Angela, sencilla y buena, vive
apartada de ruindades y pequeileces;
sin saber lo que es envidia, sin conocer los celos, sola y feliz en su santua ·
rio, en que la adoran, que embellece y
perfuma.
Los que la escuchan le dicen: «Gra-

•

471

EL MUNDO.

Domingo 25 de Diciembre !le 1898.

Domingo 25 de Diciembre de 1898,

-Habla entonces tú.
Raimunda le dirigió una mirada suplicante.
-Si: tieneusted razón.No debemos mentir. Es•
te nillo no et1 nuestro.
-¡Que no es de ustedes! Y se han atr evido! ...
-No condene usted sin oír.
Y Jacobo se acercó otra vez á su madre y le
refirió con acento de profundo pesar cómo per•
dieron á su hijo inopinadamente pocos días an•
tes de embarcarse para Europa, cómo se preguntaron ambos ya en el barco si tenían derecho de
volver solos; cómo no habían podido resistir al
dei!eo de volverá la patria en donde aguardaban el perdón de su plldres; cómo en la mar conocieron al huerfanito que en la fiesta de Nnvi•
dad se les había presentado bajo la forma del
Salvador, y cómo, en fín, se habían resuelto á
hacer su adopción.
Pronfundamente conmovido, el conde había to•
mado de la mano á su nuera que llevaba á Enrique entre sus brazos y la acercaba á la sefi.ora
de Lussay q\}e los veía venir sin repulsarlos.
En ese momento se puso á sonreír y tendió
sus bracitos hacia e¡¡a sefl.ora cuyos grandes ojos
estaban fijos en él y empezó á decir con su más
dulce voz, como un pajarillo que pía en el
nido.
-Mamá, mamá!
Entonces, después de una imperceptible vaei
!ación, último suspiro de su orgullo vencido· y
como s: cesando de ser madre se trasformara de
improviso en abuela, apartó á su hiju, tendió los
brazos á la que por tanto tiempo había colmado
de maldiciones, al nifl.o aquel que como el recién
nacido de Betlem lavaba todas las faltaa del pa·
sado.
Quince días más tarde por medio de una acta
de adopción legal, el estado civil del hijo de Ma·
ría Nollet quedó fijado para siempre, y pronto la
salud de la condesa empezó á restablecerse bajo
los afectuosos cuidados de su nuera.
En cuanto al conde que se había dedicado por
entero á la adoración del bebé, tenía ya el proyec·
to de hacerlo soldado y le repetía saltándolo so·
bre sus rodillas.
-Tú vas á ser otro Coronel Conde de Lussayl
El cielo había derramado sus bendiciones sobre aquella familia, como resultado de la piado•
ea inspiración que tuvo Raimunda en la noche
de Navidad.
RENÉ DE PONT JEST,

cías,» los que hemos contemplado sus
ojos fulgurantes de inspiración, podemos dccirl~tambiéo «Gracias,» tú nos
elevas al ideal, en tus pupilas hemos
podido ver de cerca un astro: «el de
tu genio.»

ENTERRO SU COBAZON.

I

1

Murió en una triste tarde
la hija de Juan Simón,
y era el buen J u11n en el pueblo,
el único enterrador.
El mismo á su pobre hija.
al cementerio llevó;
él mismo le abrió una ZRnja
murmurando una oración.
· Y, llorando como un niño,
del cementerio salió,
con la espuerta en una mano
y en el hombro el azadón.
Al verle le preguntaban:
¡,De dónde vienes, Simón?
Y él, enjugando los ojod,
contestaba á media voz:
-Soy enterrador, y vengo
de enterrar mi corazón
JOSÉ

M.

BARTRlNA.

�472

EL MUNDO.

NAPOLEON.

LOS ENGANCHADOS.
Allá en oculta región sombría

Simoun, torrente, cráter, sobre el corcel galopa
~u corcl'll blanco! ¿á dónde, por fin le llevarál' '
Ve su imperial ejército la rebosant~ copa
del triunfo ¿eternamente su mano esculpirá? ... .

El valle 1'11 bosque, la serranía,

En. medio de la noche la fatigada tropa
tendida en!ª llanura como un rebaño está:
es un contr1sctor monstruo que á la. aterrada Europa
del uno al otro extremo 11menazando va.
Yen tanto que en las tiendas que esmaltan la llanura
ó á la merced del viento que agita la espesura,
'
durmiendo están las águilas del imperial blasón,

Et fértil @urco de la heredad,
Y como litinzo que ciñl'I al mont11
La franja iumenPa d,.l horizonte
Que hace mas vasta la soledad.
Allá en aquPllas selvas calladas,
Mientras las aves enamoradas
Cantan sus himnos á. la quit!tUd,
Vibran. los látigos homicidas
Y ruge airada ae¡rando vidas
Con sus horrores la esclavitud.
En esos campos y en ese suelo
Se 11lzan plegarias que van al cielo
&lt;Jomo una queja, como un clamor .. ,,
Son las plegarias de los proscritos
Que á Dios elevan lob hondos gritos
De sus miterias y su dolor.

la fu~rte die~tra oculta bajo el obacuro paño
del redrngote; rnmóvil, inalterable huraño
como insaciable cuervo está NapoÍeón.
'
AURELI0 G. CARRASCO,

Alll los hijo¡¡ de la indigencia
Van imprlidos por la violeHcia
Y sin quti alcancen á descubrir
~ue alimE»ntados con un meudrugo
Y ante la férula del verdugo
Tienen por fuerza que sucumbir.

,

Cuando cansados y adoloridos
Pobtran sus ,merpos desfal1ecidos
En esa lucha ciega y tPnaz,
Ante su imagen atribulada
~ Ruge colérka y de@piadada
'.:}.J: La voz de mando del capataz.
Cesa el trab~jo. Tristes y mudoR
Van con los miembros casi desnudos
A hallar alivw sobre un jerg-ón
Y_tras de angustias desespnan'tes
T10mbla en sus labios ag-onizant ;s
La ultima queja desu aflicción ......... .
. . . . . . . . ... . . . . .. . . . . . . . . ... . .. . . . . .. . .. . .
¡Seres nacidos en la indigencia
Que por los mart-s de la exietencia
Vais implorando la caridad,
Marchad tranquiloF, que et sufrimiento
Halla en las naves ael sentimiento
Las bendiciones de la piedad!
1Ne¡rroe espiritus homicidas!
¡Almas soberbias, encallecidas
Por el aliento de la ambición,
.r:n vuestras arcas resplandeciente~;
En vuestros nombres y en vuestras frentes
Llevais un nublo de maldición!
Diciembre 15 de 1898.
BENITO FENT.&amp;NES.

,_lijAYO DE LUZ.
Dicen que cnando el sol ya morihundv
Ya á ocuftarse por fin tras la montaña;
Cuando la negra noche se aprvxima
Con su triste cortejo de fantasmas
Su rayo fulgurante se desprende '
De la luz moribunda que s11 apaga '
Que baja con efluvios temblorosos'
Iluminando con aus luces pálidas
El follaje ondulante de las frondas
Y las nubes que flotan desgarradas;
Que á su contacto tibio se iluminan
Con claridades trémulas y va¡ad.
Y dicen que á su beso se estrecen
En su broche las flores perfumadas.
Y. ~uando tus pupilas soñadoras
F,Jae en mi con expresión extraña
Brota de ellas un ravo luminoso '
Que llegande hasta 'el fondo de mi alma
Hace que se despierten mis ensueñod
Mitiga mis congojas y mis ansias,
'
Y á su luz se disipan mis tristezas
¡Y palpitan de amo1 mis esperanu~I
FRANCISCO M. DE ÜLAGUIBJ;;l,.

Domlnl!'O 25 de Diciembre de 1898.

Domingo 25 de Diciembre de 1898

473

EL MUNDO

.PLEGARIA
¡.Qnieres romper conmigo? No es bastante
haberme destrozado el corazón:
preciso es del desdén con el diamante
quebrantarme el cristal de 111 ilusión!
¡.Por qué lo quiebras? es locura acaso
Poñar con tu perfume y con tu luz,
pero no me hagas apnrar el paso
~i ves que siempre llegaré á la cruz ..... .
Si ves que en medio de mi Stnda se halla
Pn acecho el Dolor con sn puñal,
¡.por qué te gozas en romper la valla
y en deja!' libre mi camino al Mal?
Ah! Ya que asilo piensas, di que es poco
mi vuelo para ti: ¡tan alta estás!. .....
dime que soy un necio, un fatuo. un loco:
si más quieres decirme, dime másl
Págame mi cariño con cariño,
ó devuélveme el alma que te di;
pero nunca me en¡:('añes como á un niño.
porque hace tiempo que el candor perdi! ....
Per.=óname si ac11so mi alma rnda
ha turbado tn sueño virginal. .....
No exi~te amor con fe: quien ama duda,
durla cual yo de conseguir su idesl.
¡Y tras tanto sufrir, sufrir en vano,
y tenerse por fuerza que reir,
asi como las olas del oceano
que parece que ríen al morir.........
Debo reir, cual reiría Otelo,
al hallar en las penas de mi amor,
no á desdicha mayor. mavor consuelo.
sino á mayor pesar, desdén mayor! .........
Si quieres tu que m~ arrodille y ltore,
ante ti la rodilla dobla:-é
vergüenza es que entre lágrimas te implore
mas si quieres que llore, lloraré!.........
'
No debes ser un pálido lucero,
Fino un ardiente y vivido arrebol:
yo quiero lumbre y flama, yo no quiero
brlllo de nieve, sino luz de sol.. .......
JOSÉ 8. CHOCAN&lt;'•
DIAHA.NTES

Murió _sin una lágrima en los ojos,
Y era J• ve_n, muy b_eila y muy ijensible,
Y cuando iba á espirar, sus ¡,. bios rejos
Murmuraron: "¡Me mata un lmpodiblel"
El llanto que faltó en esa agonia
Quedó tras sus pupilas, sin embacgo,
Y los gUFanoe de la tamba fria
No lo bebieron. ¡Era tan amrgo!
Más tarde, y al abrir la sep.ultura
Que d1&lt;l ángel guardó el pesar postrero,
Dt1l cráneo yerto entre la cuenca oecnra
U.a diamante encontró el sepultur~10.

Y desde entonces pienso entristecido
Al contemplar las jJ,vaR más preciaaas:
-1Cullntos de eoos d.amantes habrlan sido
Lágrimas congeladas!
J. RIVAS FRADE,

EY LA FIESTA DEL NA.CIMIENTO DE CRISTJ.
Hoy rompe Dios los orbes ce'.eFtiales,
) al de la tierra tan btmfgno arriba,
\Jlle des~rma la diestra v11ng~tiv1t
]'1.ra abrazar con ella á los mortales;
Y pues gime con paz en los umbrales
Un tiempo odiosos la esperanza viva
l &gt;el ofensor, ya próspero apnciba
Al Dios infame júbi,oR triunfales.
¡Oh feliz culpa! que si por inmensa
Nt en los ilt1noij cupieras del olvido,
Ni en méritos de humana recowpensa,
L" justicia y la paz. que tu h&amp;R unido
Libran hoy el remedio d" la oftlnsa '
En el amor del príncipe oftlodido.
AKGE:-i30LA,

DIVERSIONES DE DIAS DE ASUETO.
Cu.rnRo DE ·coNRAD BECR)l.\:,. :-,;.

�Domtniro 25 de Dielembrfl de 1898.

1!:L MUNDO

474

Domingo 25 de Diciembre de 18\!8

EL MUNDO

UEXICJO MODERNO.-EL CJENTRO MER(JA.NTIL.

MEXICO

MODERNO.

El interior del edificio está sub-dividido en lotee
cuya unidad de medida son 5 metroA de frente por
~ de fondo. U no de estos lotee vale $50 en el primer
piso, 40 en el segundo r, 30 en el tercero.
Naturalmente estos ultimos e~tán siendo loe más solicitados, puesto que el elevador hace indiferente la
altura y en cambio tienen más luz que los inferiores
y se disfruta en_ ell~s de un ~elli-imo panorama, del
cual dá una páhda idea la vista que publicamos.
l!;s fácil remover las divisiones entre dos lotes de
manerl:' que ei alguien necesitare dos ó más lote~ en
extensión, pero formando un solo cuarto ó bien subdividido en varias piezae, puede obtenerlo. De este
modo hem~s visto grandes departamentos compuestos de vimos lotes unidades y lotes solos divididos
por elegan~ee tabiques de m,i.dera en dos y basta en
cuatro gabmetes _pequeños, á gusto del inquilino,

LA REORGANIZ1CION DE ESPÁÑ!

•**

Fachada del edUlcJ((constrnido por el Sr. D. José de Teresa en la esquina de la Plaza de Armas y calle de Tlapaleros.
-·······················································································.... ··············•···•·······•···········•·•··································•·····•··········•····················································•······· .....

Sin embargo de faltar t Jdavia ligeros detRllee de cío del propietario, cuando se vean obligados á cam·
biar de casa.
ornameotac1ón en el interior de algunos departamen
toe, pueden considerarse como terminadas las obras
de construcción de este gran edificio.
Comfort y economla en materia de habitación por
Podemos llamarle grande y notable aunque no sea
más sino porquf'I, substituyendo á toda una calle de cualquier parte de la ciudad y con mayor ruón en el
vetustas y as'métricas casas, p&lt;'11ueñas y pesadas co- centro, eran dos ideas incompatibles para el inquilino
mo lo fueron la mayoria de las c,bras inspiradas en la y seguirán siénoolo en bastante tiempo, miemras no
que Hepan imitar al del "Cenestrechez de miras de la época colonial, y á aquellos abunden los propittarios
11
legendarios portales claudicantes, cuyas raquitlcas tro MercantH.
Mucliae veces nos hemos ocupado teóricamente en
arcadas dabau abrigo por el día á los pequeños comeuioe de la miseria y po;· la noche á tenebrosas y demostrar que en México, una de las más ingentes
non sanctas aventuras, ~ió nacimiento á una hermmia necesidades es la de conbtrulr habitaciones que, ofreavenida, amplia y alej('rada por un buei;i número d_e ciendo las comodidH des que los adelantos de la época
edificios comerciales, de pocas pretens10nes artistl· pueden proporcionar al inquilmo, sean á la vez de un
cae, pero muy bonitos dentro de la sencillez del estilo precio razonable.
E,tamos seguros de que más de un propit1tario se
propio del objeto para que fueron constr.uidas.
.
De una manera completa se transformo tin poquísi- ha sonreído desdeñosamente ante nuestra demanda,
uzgándolll utópica é impracticable.
mo tiempo y debido á la natural emulaoió•.1 de los propietarios, la fisonomía •le toda una avenida. antes sucia y desc:iidaday hoy bastante mejor q:ie 111 cacareada de Plateros, con perdón sea dicno de los señores
propietarios.
No son, sin embargo,estoe merecimientos del nuevo
edificio, los que nos mueven µriocip11lmente á descri•
birlo en -particular, sino el hecho de inaugurarse con
él un útil género de construcciones, de las cuales e~ta
es el primer modelo, pues basta qhora nos hablan sido
desconocidas, y la lección provechosieima que para
propietarios é inquilinos se desprende de este ensayo y
que nos proponemos poner en relieve, consecuentes
con el interé~ que nos inspira todo progreso positivo
que se traduzca en ventajas para el público.
Si apenas hace tres años se le hubiese dicho á un
comerciante, profesional ú otro cualquiera bombrG
de n~gocios, que podía ofrecérsele en el centro de la
ciudad y en el corazón mismo del movimiento mercantil un hermeso almacén ó despacho, ventilado, lleno
u~ luz, con alumbrado eléctrico especial pata las noches magníficamente ast&gt;glirado contra los cacos mediante inviolables puertas de acero y un ;:1ervicio propio de vigilantes. con elevador gratuito, con fuerza
motriz si la necesitare, todo esto en un edificio sólido de bella fachada y ornamentación int..rior no meno~ lujosa y elegante y á precios inferiores á los que
se pagaban y pagan actualmente por obscuros y húmedos almacenes, donde se pudren las mercancías ó
las destruyen las ratas en breve tiempo, ó por incómodos y mal acondicionados despachos, lejos del cen•
tro de loe negocios. es seguro que ese comerciante
ú hombre de profesión se habría reído y habría tenido por charlatán al que tal oferta le hiciera.
En efecto, todos los que tienen que arrendar un local para ha.hitación ó negoc,io, han admitido.como.cosa indiscutible y se han resignado á que, para vivir
en el centro, es preciso pagar caro, estar incómodos y
no exigir otros lujos que los que ellos mismos quieDetalles del patio central.
ran y puedan proporc:onarse a su costa y en benefi-

•*•

. ...

················································-

Pues bien, el Sr. D. José de Teresa, cuya iniciativa en materia de negocios es laudable, ha venido á
darnos la razón y el ejemplo de cómo, mediante la
aplicación en una de sus formas del prineipio económico de la división del trabajo, puedan proporcionarse habitaciones para negocio, cómodas, lujf"&gt;sas, céntricas y baratas!
La descripción ilustrada del "Centro Mercantil" va,
á eviden~iarlo.
·
Las vistas de conjunto y detalles que damos de la
fachada de ese gran ed:ficio, nos ahorran toda descripción de las bellezas ornamentales que hacen de él
uno de los más notables de México.
El piso bajo está destinado á grandes almacenes de
comercio, cuya ventilación,se¡uridad y buenaubicación se reconocen á la simple vista.
Tenemos entendido que la mayor parte de esos almacenes, aún no ocupada, debe servir para instalar
la negociación de ropa y confecciones de que ya nos
hemos ocup11do prolijamente en nuestras ediciones
diarias y que llevará ti nombre del edificio.
En la parte interior del pi~o bajo está instalada la
planta eléctrica propia del edificio, bajo la dirección
del mecánico y entendido electricista ingléi, Mr. Theo
Montgomery.
Esta instalación es de seria importancia. Consta d&amp;
do&amp; motores con el dinamo acoplado en el mismo eje
del volante, que es la última perfección conocida en
el género y á la cual se de be que la luz producida por
las corrientes de esos dinamos, no tenga intermitencias ni titilaciones .

Cada motor tiene su caldera especial, con una fuerza efectiva de ocbenti. caballos, yen caso de descompostura de uno de ellos, fmicionará el otro. Actualmente eólo trabaja el motor de seis á d:ezdela noche,
y como el elevador es movido con ener¡ia eléctrica y
hay quienes pudieran necesitar alumbrado en la casa durante el día, se instaló con un costo de quince
mil pesos, una excelente baterla de acumuladoros
que dan luz y fuerza durante el tiempo que no trabaja el motor de vapor. Las personas que por la naturaleza de su negocio necesiten fuerza motriz en sus
departamentos, pueden tomarla en la casa á un precio minimo.
El elevador, del cual damos dos ilustraci,.nes es
de muy suave movimiento y_~e gran precisión, pudiendo usarlo todos los inqmhnos y visitantes, grátls
y desde las 7 á. m. hasta la 11/ 1 p . m.; luego desde las
3 ~asta )as 9½ p. m. Ha.v.un empleado especial con
luJosa hbroa para manejarlo.
La eecalera rodea el eleyador en toda su altura y
está construida en las meJores condicio,•es de pendiente y altura de loe escalones, de mimera que no t-1!moleeto subirla cuando falta el elevador.

El patio central que dá acceso á todos loe departament?B e@ de verdadera belleza con su gran techo
de cristales labrados, sus pisos de mosaicos y sus tres
cuerpos de ga,eria•, régiamente decoradas con estucos y jarrones de bronce de mucho gusto, dominando
en la decor_ación dos ton os, el café y el oro de las molduras y relteves . Nuestras ilustraciones dan una idea.
Damos también ilustraciones de los Jotes ya decorados y o~upad?s po_r las-üf!cinae del propietario y por
un profes10nal mqmlino. Estos lotes tienen vistas á
la calle, as! como el gran e.p~cio, aún no subdividido. que damos también.
De los departame:::tos que no ven á la calle, puede
veree toda una ala, y se advertirá que su iluminación
no es inferior á la dti los primeros.
Entr~ otras comodidadee, Cl;'da piso tiene un grande y luJoso departamento de modores todo cubierto
de mármol, con elegantes tocadores y un mozo con
la librea del edificio, encargado del co11star.te aseo.
Damos un grabado que representa esta oficina. cuy_o cui~ado es de tan poco in~f'lrée ·para los proplt·tarios, siendo aei qu.e lá salubridad de una casa tiene
tanto que sentir de tales de$cuidos.
Una gran parte de las oficinas está ya ocupada, y es halagador ver el movimiento de hombree de
negoeios, clientes, mensajeros y mozos que sin cesár
van y vienen por las lujosas galerías del patio central, buscando á los negociantes y profesionr.les que
acudieron los primeros á aprovecharsi, de las ventajas de este palacio del trabajo, donde tan poco cuesta
tener habitación sana, hermosa, cómoda y barata.
Damos un grabado que representa la sala de jun•
tas de la futura Sociedad Anónima "El Centro Mf'lrcantil," La decoración es severa:, lujosisima. destacándose en el fondo el retrato del Señor General
Diaz, quizá como una alegoría de que á su sabia
ge~tión d1,be el pais la buena fortuna de ver realizados estos adelantos.
Nos consideraremoa largamente recompen@adoe, si
esta descripción logra emulará loe propietarios que
pueden imitar al Sr. de Teresa y pronto vemos echar
los cimientos de otros edificios construidos según la idea que presidió á la del "Centro Mercantil,"

Por creerlo de interés tomRmos lo siguiente de un
manlfiesto de la Cámara Agrícola del alto Aragón.
A causa de la latitud de nuestro territorio, desviado del paso ordi'lario de las lluvias, por su altitud y
estructura orográfica y su apartamiento del centro
del contiuente europeo, que es al propio tiempo centro de la historia moderna., ha debido España, más que
Hingún otro pais, hacer una politica preponderantemente económica; politica agraria y politice. mercantil· de aprovecnamiento de todas las aguas fluviales y
de lluvia, de factorías comerciales en todos los lugares de producción y de consumo del planeta, de aperturas de vías de comunicación numerosas y baratas,
de modestia v de circunspección -en su convivencia
con los demás países . La educación del pueblo, el
cultivo de la ciencia, la libertad politica, las relaciones exteriores, el mantenimiento de laindependtncia,
el orden interior. la expansión de la raza por 1Juevos
territorios, venían en segundo término y requerían
como necesaria condición aquella base económica.
La cabeza y el brazo depPr.den de 111 oficina del estó·
mago. Dime lo que un pueblo come, y te diré el papel
que desempeña en la historia. Spencer ha probaJ.o
que el porvenir será del pueblo que mejor
nutra.
Ahora bien: l!:spaña no produce fa cantidad de substancia alimenticia que necesita para el!tar bien 111imentada: todas las noches, más de la mitad d-, los españoles se acuPstan con hambre . Por eso ha sido tan
lento el cr"cimiento de su población: por eso su vida
media es la más corta de Eur.Jpa. Y de alli por qué el
pensamiento entero de la nación y de sus gobernantes debiera haberse concentrado t'n eso: en la despensa nacional, en PI modo de proveerla, de buscar víveres, como Inglaterra, por toda la redondez del planeta.
l&gt;e hoy en adelante ese debe ser el primer cuidado
y la principal preocupación de los hombree de gobierno; lo que se ha llamado con cierta relativa exac•
titud "politica hidráulica"
Quédanle á la agricultura española dos min11s por
explotar, que valen por algunos miles de millones:
una el agua d'I nieve y lluvia que cae en el territorio,
la cual hay que retener en él, defendiéPdola contra
el plano illcltnado por los embalses y las sangrías, y
contra la evaporación por la labor de desfonde; las sales vegetalizables del subsuelo, álas cuales el bueyy
la mula, con el numilde arado transmitido de caldeos
y egipcios no han podido alcanzar, y que es precise
sacar ahora á la superficie y convertir eh pan, mediante las laborea profundas.
Regar la tierra e11 elevarla casi á la condición de
valore:: del Estado, porque así como t&gt;stos maduran
sus cupones trimeetratmente, aquella rinde todos los
años tres cosech11e. Deffondar la que no puede ser
regada equivale á menudo á renovar su virginidad,
y en todo caso á hacerla más resistente contra la sequia, disminuyendo en una proporción considerable
el c,,eficiente de pérdida de las cosechas de granos,
ensanchando el área de los forrajes de secano, doblando la producción de vino por hectárea y dotando
asi á est11 caldo de aptitudes económica@ para la lu-

ª"

Elevador y su t-mpleado.
psra que, al menos en parte, des.tparezcan esos tugurios que la necesidad obliga á habitar con mengaa
de la salud, de loe intereses y de nuestra reputación
de progreso v civilización.
El Sr. de Teresa ha ga11tado bi.~tanre máede un millón de pesos en este edificio; y mucho dinero en recone•rmr, hermoseando, las numerosas propiedades
que tiene.
El Sr. D. José de Teresa merece bien de la ciudad
de México.
X. P.

I

Detalle del centro de la fachada en la calle
de Tla11aleros.

Entrada principal interior.

�476

Domingo 25 de Diciembre de 18\!8

Domln,ro 25 de Diclt1mbre de 1898.

EL MUNDO

417

EL MUNDO

IIEXICO .l'tlODERNO.-EL CENTRO MERCANTIL.

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Tipo de departamento exterior sin dividir c&gt;n lotes.

Tipo de despacho.

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Sala de juntas del Centro .l'tlercautll.

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Escritorio del Sr. de Tcrei;m.

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Dci;;J)acho particular del Sr. de TerNot.

CajH- del Sr. de 'Fcresa.

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p,Oa&gt;l&gt;O
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SONETOS.
(Del libro_Dolor, Ideal, Esperan:a).

_J

I.
Si entre el mundo que palpa y el que sueña
Doquier la enorme discordancia toca,
Si el ambiente le asfixia y le sofoca
De su morada, lóbrega y pequt1ña;
Ah! si su voz, que Jo inefable enseña
Y mue,tas razas del sepulcro evoca,
Muere en la turba indiferente y loca
Cu~I pasajera ráfaga en la peñ i;
Fuerza es que el vate, huyendo de la plebe
Por inviolados sitios errabundo,
Del alma á. noble soledad se eleve:
Que en esa altura. en éxtasis profundo,
Brisas de Edén anticipadas bebe
Y escucha los rum'&gt;res de otro mundo!

II.
Cuaudo en mita&lt;t de su triunf,.nte vuelo
El r/\jo ~ol las cumbres ilumina.
Hac"n loR rayos que su f,.z fulmina
Los tristes ojos 11partar del cielo;
Mas, cuando tiñe de la tarde el velo.
Misteriosa la luIJ?bre vespertina,
La 1111rada, perdiéndose domina
Orbes má:1 vastos que soñó el auh..,lo
Mientr11s la dicha sus fulgoreN lar,za
La m,·nte, hundida en terrenal bajt"za '
NA da divino á. penetrar alcanza:
Crl'pÚdculo del alma es la trist&lt;'z:1.,
A cuya luz la timida esperanza
La playa ve do el infiuito empieza.
,w

:
III

Ay! para el alma en qu .. la fe no anida
Auge! guardian del p1-1nsamiento hu ua.;o
~; el d1Jlor inde~cifrable arcano.
'
Laberit,to sin lumbre y sin salida,
La ment11 por la duda ob,:cureclda
Ea hoscas noches escudrifi 1 en vano
Por qué rug" el dolor, vasto Océano
En a~ estrechis lindes de la vida. '
No asi el _c~"Y ente, que á su cruz ~e :,braza,
Y en la aíllx1ón acrlsolari;e espera
Como el metal en la rugiente hornaz~,
Pen~ando, cual el mártir en la hogu~ra
Que el dolor s.i.elda y para 11iemp~e enlliz'a
Lo que rompió la iniquida.I primera.
JOSÉ JOAQUÍN CASAS.

�,!!;L MUNDO

478

Domln,ro 25 dti Diciembre de 1898.

Do~go 25 de Diciembre de 1898

LECTURA FARA LAS DAMAS

FLORES Y BEBES

PAGINAS DE LA MODA

Una espléudida mañana de primavera en que todo
p_arecia _sonreir, y &lt;JUe la luz _dt1l _sol alegraba el espi·
ritu hac1endole olvidar las m1ser1as de la vida, encontrábanse en nn parque donde la g ente gozosa de la
magnificencia de aquel bello espectáculo, paseaba
riente bajo lasfrondaij delos árboles que se mecían al
soplo de una _nueva brisa que arrastraba el perfume
de mil florec1llas campestres. De la abstracción en
que me tenia sumida la lectura de uno de mis favoritos vino á sacarme el parloteo de una bandada de lindos bebés que en su dulce balbutir trataban de nn
asunto en verdad grave para ellos, ¡de un entierro!
Cené el libro olionte aún á imprentay púeeme á escuchar la conversación de los pequeños hombrecillol',
-Si, decia uno de ellos, de mofletuda !az y grana es
ojos azules que la brisa cubría por momentos con las
rubias guedejas de su angelical cabeza,murióanocbe
y hay que enterrarlo ahora.ahí lo tiene la niñera, pero an_tes de traerlo hay que hacer la sepultura.
¿Co_mo es la BPpultura? preguntó un pequeñln que
mordisqueaba un pastal gravemente.
-Un hoyo grande y feo donde se echa á los muertos contestó un diminuto
marino que portaba el visto~o unifoi:me de los ingleses. '
-Bueno, ¿pero ahl se queda par~ ~\empre? dijo otro pálido y enfermizo con
queda vocesilla que apenas se percib10 entre la algazara que formaban los lindos bebésl
-No,hom°!Jre, se apresuró á contes~arle el primero que hablara, si es un entierro de mentiras, v:amos. no más por Jugar; vamos á hacer el agujer1, debajo de
aqu~llas flores roJas y despué~ le traeremos con música pero yo como soy el
due110 le cargo,
'
Nadie objetó una palabra. y todos correteando se dirigieron hacia un rosal
donde un~s 1?ellas flores ostentab~n. toda.su lozanla y hermosura cual si quhsieran contr1b u1r con ella á la magmftcenc1a de la mañana Desde el asiento que
ccupaba podla verlos, afanosos, con sus pequeñas manecillaR esca1 bando en la
ª!~na que cubrla la calle que divi.'la _los prados; nadie hablaba y toda su atencion est~ba reconcen_trr.da en el trabaJo q?e emprendían; cuando vieron que la
fosa tema la profundidad qu~ desearan, ntJO el que había dirigido los trabajos.
-Ahora si. va~~e á trai,rle pero 3:ntes cort3:remos flores .V' ramas para actor•
narle Y asi lo hiCieron: las margaritas, los girasoles y las bojas de violeta'llenaron sus manog regordetas, y emprendiendo una carrera tan veloz como se
lo permitian sus débiles y gruesas piernas, pronto llegaron á donde descuidadas y parlachinas estaban las niñeras formando coro y hablando temendo por
tema principal de su insulsa conversación, los defectos de sus am~@; y á un .. de
ellas de rostro de ídolo se dir1gió el que habla anunci!ldo la muerte y promovido el entierro, le pidió _algo, y aq~ell~, de una bolea de mano sacó un objeto
envuelt? en ~n papel aJado. La ch1q~1.lleria rodeó al pequtño bebé, que lleno
de pars1moma y magestad desenvolv10 aquello y presentó á los ojos de sus ca•
maradas al travie~o maese Polic~inela; pero, en: ¡qué estado se encontraba el
buen mac.se! las roJas y largas narices caracter!Et1cas hablan desaparecido, as!
como también parte de la saliente barba, la ropilla encontrábase en estado
lamentable y los legendarios cascabeles habían dt1sapacido; triste era en verdad
el estado de\ buen maese que ~n la Navidad y la víspera de ReyeJ hace rew nar sus platillos sobre la barriga, arrullando á los bebés sus amiguitos.
La bandada de lindos enterradores organizó la procesión; á la cabeza, y lle·
vando en la rubia suya al desventurado maese, caminabaRichito, as! lo ol nom·
brar, en averiada caja de cartón y entre multitud de flores de que antPs hablan
h~cho acopio; segulanle sus compañeros formando el má,1 hermoEo acomp, ñamiento, con ramos que llevaban á la. altura de sus bellas cabecitas, los u1100;

....

.(

Fig. 1,-Traje sastre para ciudad.

Fig. 2.-Traje de casa.

LA MUJER.
La mujer, el ser más interesante de los de la cr1&gt;ación; es débil y fuerte á la vez, constante y caprichosa, valerosa y sensible, amante y adorada. Por esto
el Creador la asoció á los destinos de otra arrogante
criatura que se cree el rey del universo, y no es más
que el hombre. Por su debilidad y por todas los atributos de su esencia se diferencia extraordinariamente del que se cree su señor y está orgullosa de ser su
esclavo.
El hombre, inquieto en placer, ambicioso d_el bien
que persi,rue, !atigaiio 1&gt;n su carrera, se agita más
penoso cada dla y vive fuera de su vida.
La mujer. más constante. más afectiva, más mode•
rada de sus deseos y más amante con el corazón que
con 1011 sentidos, con@idéraee sólo destinada al hom·
bre, enorgullésese de C(lmplacerle y limita su upiraeión y su gloria A. pos~1&gt;rlo. .
.
La mujer, que ha udo obJeto de estudio de mu-

choe siglos para los hombres pensadores_, no es ni: serA verdadPramentEI conocida por los h!JOS del siglo
XIX. 1.Qué mano sE'&gt;rÁ tan temerararia que intente
decir lo que es la mujPr? '!'PI vez ninguna. Se puede
comprender lo que PR una ei,posR, una madre, una
hermi,.na y una amantP: pno jamás se comprenderá
quiza lo que es la m11j Pr. Un amigo, un amante, u_n
herm~no un espos(l, 1111 hijn y un padre, podrá decir
lo que vJle y es pi,timahll' PPte titulo respectivo a!•
canzado po:· la mujn. pno todos ePos titulos reunidos no bastan ni con,· ienen las más veces para conocer y explicar este Eér.
El amante sólo 111 ve al través dPI prisma de la imaginación y de la pR~ión df' l amor. El e_sposo, ya la amt1
ó la d1&gt;teste la ve ~1PmprP. ante PUS OJOS y en su corazón tal cual' éstos se la pintan, no como ella es. El
padre es ciego en verá su hija; el hijo ama, respeta
y venera á su madre; el amigo es indulgente con la
amiga.
Es del destino del hombre g-ozar y sufrir por la ~ujer mas no el de poder juz_i?a.rla; porque ésta es un
sér' multiforme. verdadera Proteo que cambia ~e forma á nuestros ojos según las pasiones que hacia ella
nos animan.
La mujer, sér incomprensible, se parece á la flor de

otros, largas ramas de jazmín formando verde arco
sobre el extraño féretro, y todos entonaban una triste melodía de música incomprensible, una música que
sólo ellos podrian escribir y Pjecutar, una melodía
tan llena de sentimiento como la qutl el célebre Gounod escribió á sus pt1queños allligob cuando "El entierro de un muñeco "
Con paso g,av e y sin cesar en su canto pasearon
por todas las callecitall, hafta que por fin el adorable
grupo llegó al rosal á cuyo pié hablan cavado la fosa
pan. dar sepultura al pobre mat'se. Lo que siguió fué
cómicamente grave; tli rubito bajó la caja, le rodearon en gran contusión todos los pequeños, y entonces
el pálido y enfermizo niño que antes preguntara si
maese habla de quedar asl para
siempre, dljo;
- Puo las cosas de un muerto se
bendicen .
- Si, si, exclamaron todos á una
voz, hay que beudecirle, y empezaron á señalar eobr'- el 111ontón de
flores que cubrlan el fé retro las más
grotescas bendiciones. al tiempo qu0
decian algo sin bentido, simulando
sin duda el latln de los responsos;
de~pul'B colocaron dentro del sgujero e! cuerpo del Polichinela, arroju on sob1 e él todos sus ramos, y
1:charon arena hasta cubrirlos por
completo.
1Pobre maese? ah! quedaba entre
floreR y cubierto por el ramaje de
aquel rosal que se mecía al soplo
de la brisa; los pequeños. entre alegres risa!I y cantando, bailaron sobre la sepultura, y colocaron en ella
una diminuta cruz formada con loe
tallos de una campánula que ahi
cerca se encontraba. Alejáronse
dePpués de mi vlsta: la inevitable
lucha por la existencia llevóP1e bien
¡.ronto de donde habla visto el entiP.rro de maei!P; alguna VPZ, y muy
lejos, he visto también llndos bebés
que me han traldo á la memoria á
aquellos. Y donde quiera que estoy,
gústame en los dlae primaverales,
...o;;:;:. cuando las hC'jas de ,os árboles re•
¼,· clén lavadas por la lluvia se agitan
~ al soplo de una brisa fresca y su}¼ surrante y las renuevos de las plan-~
tas brillan heridos por la magnifica
luz de uu sol esplendente, pasear
por Jo¡¡ parques, y contemplando á
los bebés, olr su charloteo que se
confunde con PI piar de los gorriones que se cuentan no sé qué picarescas historias que IPs hace rPgocijur; y he visto bebés alPgres y bebés
tristPP,los unos rt'b ozantes de salud
corretean por las avenid88 con sus
Traje para niña de 9 á 11 años.
débiles y gruesas piernecillas tras
alguna mariposa que revolotea de
aquí para allá burlándo.se__del.afán
A

Fig. 3.- Traje de casa para señorita.

~----------------------------------------------------------------- ---------- -----------------------------------Lectura:para las Damas.

479

EL MUNDO

--

los campos, al insecto del aire, al sol del firmamento
al mundo de los mundos, á quienes sólo el Creador
puede conocer de una manera perfecta en todos sus
elementos y en todas sus relaciones. Por tal razón, el
que ensaye escribir la historia de la mujer, necesita.
un sentimiento exquisito; porque si trata de describir el fuego que la anima y electriza sus sentimientos; porque si intenta describir lo que está más allá.
de los sentidos y pertenece al sentimiento y la razón;
porque si quiere, en fin, penetrar en un foco invisible de donde se irradian todos sus movimientos visibles para lo cual necesita el fisiólogo de un análisis
delicado, de un reactivo tan sutil é inmaterial como
el elemento sobre f\Ue tiene que operar-por estas razones necesita poner en eRpontáneo movimiento y
ejecución todas las emancipaciones de su alma; y el
sentimiento será la luz que ilumine en SllS investigaciones.
B. M . FLORES.

--------•--------

Fig. G.-A.brlgo elegante.

Flg. 6 . - Frac para seilorita.

FJg. 7.-Dos paletots elegantes.

�480

Domingo 25 de Diciembre de 1~8.

EL MUNDO

FÍO. 11.-TRAJlll DE O.ASA PARA DAMA

Falrlade gros negro con sobre falda d_o sarga de_ s1:1da ris tieruo, formando cuerpo tawb1én, acuch1llado/en el cuerpo y en la falda, con bordado de seda.

•

FJG. 12 .-UN BONITO TRAJE DE TERTULIA

Todo de crespón de ee•la bordado, con uua muctlta
lle eatin bordada también. una v!111lta de blond~ de
. Brudelaa en el pecho y una gran cintura de ra~o fino.

Otro pago de $12,000
DE ''LA MUTUA."

· Tomo I

P
oxpoóición

México, Domingo

0
9""bacionaL de ooe
LLaó

Iº

de Enero de 1899.

/Cf teo
LhZ

Num. I

en La Ctca_oemia de &amp;an &lt;8azLoó.

EN ZACA'l."'ECAS.

Sr- D. Donato de Chaupeau:-ouge,
Director General de "La Mútua."
MEXlCO.

Muy Señor mio:

J&lt;'i,cs 9, 10 y 11.-Trt&gt;s sombreros tUtima novedad.
de 101:1 p"queñ,H: los otros se alPjctn de las niñeras y
pasean por la8 enarl'n ,da¡¡ callPjutl!as que dividtm los
prado@, contempla u do l:ts mBtizadas ftu~es_ que gozosas die,m al sol ,m el vaivén dti SU8 u1ov1m1ento@, «te
amo,• «te amfl,• y no la8 t~can, úmcamente laa _contemplan con su:1 gran&lt;illd OJO~ y queda1;1 ptmsat1vo@,
y allá si por casualidad dt1scubreu uua v1olet~, mirando para todos lado,, l1t toman deliL'-.:.ldntneute con sus
manecitas, v espiran con ansia su aroma, cual si quisit:ran con.aervar por Ul.ll.Ch0-tiempo en sus pulmoncillos el delicado pt!rfuwe de sus liudas hermanas.
D . .R. SULTALTA.

H eceta.s útiles.
Buíi.uelos para el chocolate. - Se toma un kilo de harina de flor. y en el ceuiro 1:1e le hace un hoyo y se le

- d e un va111to
echa un huevo entero Despué~ se le ana
rina
de agua ligeramente tibia y s ,J, y @e amasa l~ hª to~in ce,ar con uua cuchara de madera; se le anaded r
da el agua tibia que necesite la puta para qui
muy e~pesa y no muy dura: deepués de trabajar ª 8 •
ta endurecerla algo más que para los ~esos buecos,
se pone un gran caso con mucblsímo aceite; c~m las
m11nos se c1 je la ma@a y se forma una_ rosqullhta; se
echa l'n el aceite cuando es1á muv ca!Jente, sacándola con la espumadera HSÍ que esté bien dorada.
Se aumentan ó disminuyen las cantidades en proporción con los buñuelos que quieran hacerse.

ª

•*•

Con esta focha me ha sido pagado Pn .e l B'lnco de
Zacatecas, por el Sr. D. A11to!1.io Cbávez Ra~lrez,
Agente Eepe&lt;'ial dtl esa Compama. y ."!1 presn1_c1.. del
Sr. Notario Público Líe. D. Tr~nqmhno ~g-mlar, lacantidad ($12,000) doce n~il pesos, 1mportt&gt; de
las póliza8 unm.-ro8 ¡¡11 Ool y oH,tsJ:l l1:1 una de$ 10 EOO
y la otra de $2000 en que e,;tuvo asegurado el bllnor
mi padre

D. JACINTO R. SALAZAR
Antes de concluir quiero hacer constar que el ~i&gt;ñor
mi p~dre recibió en vida dividendos por valor de..: . .
$879.86 cs.: que el costo de !_as do~ pólizas e~ 11 a~os
una y Ja otra f'll o años de v1genc1a, respectivamente, fué de $6.10! 2l! C8., y que á loR 23 día~ d~ haber
hecho la r11t:1awttc1ón d11 pago se puso á mis ordenes
el valor de las repetidas póliz11s.
Soy de Ubted don este motivo su atta. y S. S.

Carolina Salazar.

Para quitarse las pecas: hay que lavarse por las no ·
che8 cou esta compoe1c1ón:
Agua de rosas .......... .100 gramM.
Sulfato de zinc ........ . .. ,O
11
Eijte tratamiento local se complementa con una fricción por la mañana, compuesta de
Manteca de cacao . . ....... .40 gramos
Agua oxigenada........... lO
11
Vloruro de calcio .......... 5
,
En seguida se ponen polvos de almidón.

Nuestros Grabados.
FIG. 1,-TRAJE SASTRE PARA CIUC'AD.

l!:s do h eviotte gri~ acero y está compuesto de una
falda plena, con adorno de brandtburgos y un dormán con el mismo adorno, ligeramente abierto sobre
1m chaleco de seda. Sowbrero turil:lta adornado con
di&gt;s alas de palomo.

g-

Fio.°2.-TRAJE DE CASA.

E.s de escocéij obscuro de lana, con blusa holgada,
oruada de un gran volante y abierto sobre un plastrón de cadenilla. En la falda dos volantes de ligaros
farolille,s
FIG. 3.-TRAJE DE CASA PARA S~ÑORITA.

Es de escocés ¡?ris claro, falda y blusa . La falda
tiene un delantero figurado y la blusa varios tablei os
y una capelina muy 11legante.
Cvllar de seda á rayas negras.
FIG, 4,-TRAJE PARA NIÑA DR 9 Á 11 AÑOo.
Es de cheviotte azul obscuro, estilo marinero, con
falda tableada, blusa holgada, con gran cuello ornado de cintas de seda
Corbatín de raso muy elegante.

!. FIG.5,-ABRIOO ELRGAKTE.

Es nna jacq:uette de cheviotte muv fino, con un gran
cuello de piel formando solapa. Mangas de globo. Falda lisa.
FIO,

6 -FRAC PARA SEÑORITA.

De cheviotte también, azul obscuro, con ribetPS de
piel v grandes adornos de galón de cordoncillo de seda. Faldón redondo. Falda de amplitud media.

DOS Al\1.IGAS.
FOT. DE
.ACUARELA DE POYEUA.

FIG. 7,-DOS PALRITOTS ELEGANTES.

J&lt;'OTOGRAB,\DO UE LOS TALLERES DE

El primero de paño obicuro gris perla, con gran collar y guarda mangas de piel y de brandeburgo; el
segundo cheviotte azul negro, con capelina ornada
de piel.
FlGS. 8, 9 Y 10. - Dos SOMBRERO!\ FIELTROS v UNA TOCA
DE RASO DII' LOS MÁS ENCANTADORES ESTILOS.

FJg. 11. Traje de casa para dama.

Los fieltros ·Ron ambos redondos con adornos de raso negro, el primero en dos penachos y el segundo de
seda crema, alternanlio con una pluma rfaada.

Fig. 12. -lJn bonito traje de tertulia.

-

EL MUNDO•

LUIS C.

8ANDO\' AL.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo, 1898, Tomo 2, No 26, Diciembre 25</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Ángela Salazar</name>
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EL MUNDO

Domingo 25 de Diciembre de 1~.
FiO. 11.-TRAJE DB OASA PARA DAMA

F II J,lade gros negro con sobre blda do sarga de Bts·
da rls tleruo, forwaodo cuerpo tawblén, acuchilladoten el cuerpo y en la fald•. con bordado de seda.

FI0.12.-UN BO~'lTO TRAJE DE TERTULIA

Todo de crespón de se•ta bordado, con u ,, a mnc~ta.
ile sallo bordada también. una v~ .. 1,11. de blond~ da
BruoeJaij en el pecho y uua grau cintura de raiso Itno.

Tomol

Otro pago de $12,000
DE ' LA MUTUA.''
1

0xpooición

México, Domingo

_,.
9(JacionaL

i: 0

de Enero de 1899.

CD LLao UJileó
/C1
de oue
en La

•

Num. I

tbca,oemia de &amp;an &lt;8azLoo.

EN ZA.CATECAS.

Sr. D- Dona.to de Chaupeau::ouge,
Director General de "La l'tfiífua."
.MRXlCO ,

Muy Señor mio:

1-'igs O, 10 .,- 11.-Trl"S sombreros (tlUwa novedad.
de 1011 P"queñó-1: los otros se alPj 10 de l11s niiieraa y
pasean por la11 eaar.. n ◄ d1111 c1-1lt.-jui,l11s que dividen loe
pradoe, contemplaud() l1-1s mstiz11.das l1ures que gozo•
eas die.,n lll eol t!n el vaivén de sut1 U1ovlmit,uto~, &lt;ta
amo• ,te am(l,• y no llld tocan, úo1camente lao cootemplan con su,i g1•J1ni!.et1 ojo-1 y qut1dan pt!n1111tlYoe,
y allá el por casuaudad d,.scubreu uua vlolet,, miran do para todoa lado,, 111. toma.u deli1.~dJm1eute con sus
manecltas, Y t'&amp;plrau .:on ansia su arom11, cual si quislt:rllII con.servar par .nui.c.ho.tlempo e.n sus pulmoocilloa el delicado pt!rCulllt1 de sus lindas ht!rman11s .
D R SU!.TALTA, •

H eceta s útiles.
Buii11elos ]Jara el chocolate.-Se toma un kilo de harina de flor. y eu i,J ct,11tco ne le hace uu hoJo y se h1

~ d e un va111to
echa un huevo ent6r0 Deepué~ se le ana
rina
de agw1 llger11mente tibia y s ,1, y ee amasa 1~ hª toFin Ct1oar con u11a cuchara de mader1-1; se le anaded r
da el agua tibia que nece!lite la pafta para qu 6 8
muy e,peea y no muy dura: deepué11 de trabajar h&amp;H·
ta endurecerla algo máe que pua loe ~esos huecos,
ee pone un gran caeo con muchl11!mo aceite; con las
m11nos se c, je la mua y se forma una rosquilllta; se
echa t-n el aceite cuando eslá muv caliente, sacándo·
la con la espumadera 11si que eEté b:en dorada
Se aume11tan ó disminuyen las cantidades en proporción con loe buñuelos que quieran hacerse.

•••

Para quita1·se las pecas: hay que lavarse por las no •

Con esta focha me ha sido pagado Pn .el B,nco de
Z1tcatecas por ol Sr . D. A1,to11lo ChAvez Ra.mlrez,
Agente EspP-rlal ~" f'B!I- Compañi11.. Y."º pree,-ucii. del
Sr. Notarin Plibhcn L1.:. D. Tr&gt;1nqu1lino AJ!'Uilar, litcantidad ( ~12,000) doce 11111 pesos, lmportP de
las póllza11 ,¡¡11mno11 dll Otil y f&gt;l~1tsJt l1&amp; una de S10 000
y la otra de 2000 en que e. tuvo asegurado el i,eñor
mi padre

D. JACINTO R. SALA ZAR
Antes de concluir quiero hacer constar que el 1tPñor
ml p~dre recibió e11 vid&amp; dividendos por valor de ...

$ 79.86 ce.: que el cos,o de la.~ dos póltzu e~ 11 años
una y Ja otr11 Pn 611ñoa de vigencia, respect1v,tmente. fué de $6 JUJ 2t c,c1 .. y que á. lo~ 23 dia~ de haber
hecbo la re.:taw"c1ón d., pago se puso á m1e órdenes
el valor de la1&lt; repetid11e pólizas.
Soy de Ubted con 1;1ste moiiv., su atta y S. S.

{)arolloa. Sala.zar.

ches cou 68ta compoo1ctón:
Agua de rona . ......... .lCO gr11mn1.1.
Sulfato de zlnc., ......... ,O
,,
E~te tratamiento local ee cowplcmenta con una fricción por la mañana, compueet.. de
Manteca de cacao.......... 40 gramos
Agua oxigenada. . . ........ JO
Vloruro dt1 calcio .......... 5
,
En seguida se ponen polvos de alwldón.

Nuestros Grabados.
FIG 1.-TRAJ!!: SAST.BE PARA Cll'l'AD,

l!!s do h eviotte grl,- acero y está compuesto de una
falda plena, con adorno de br11ndtburgos y un dor•
mán con el mismo adorno, ligeramente abierto sobre
1m cb11leco de seda. Sombrero turi~tll adornado con
d.ie ala" de palomo.

Si}'ILl.-TR1,JBl Dl!I OASA.

E.e de escocé11 obscuro de lana, con blusa holgada,
oruada de un gran vohmte y abierto sobre un plastrón de cadenllla. En la fa.Ida dol! volarites de ligaros
farolillts
FIG. 3--TRAJlil DE CASA PARA S. ÑORITA.

Ea de eecoc~s .1tria claro, falda v blusa. La falda
tiene un delantero figurado y la blusa varios table, os

y una c11pelloa muy elegantt',
Cullar de eeda A rayas negras.

FlG, 4.-TRA,TE PARA NIÑA DR 9 A. 11 AÑOo.
Es de chevlotte azul obscuro, estilo marinero, con

laida tableada, blusa holgada, con gran cuello orniLdo de cintas de seda
Corbatin de raso muy elegante.
l.

no .5.-AllRlGO lilLXG.A,TE.

Es una Jacquette de cbeviotte muy fino, con untran
cuello de pielformando solapa. :"lhngas de globo. Falda lisa.
FIG, 6-PRAC PARA SE~ORITA,

De cbeviotte también, azul obscuro, con rlbetPs de
piel v grandes adornos de g11Ión de cordoncillo de seda. Fafdón redondo. Falda de amplitud media.
FIG.

DOS AMIGAS.

7.-nos PALRlTOTS ELEGANTES.

FOT. DE LUIS(', 8 ,HfDO\"AL.

A CUAREL A DE POYEUA.

1-'oTOGltAR\DO DE LOS TALLERES DE

El primero de paño ob\curo grie perla, con gran collar y guarda mangas de piel y C:e brandeburgo; el
segundo cbeviotte azul negro, con capelina ornada
de piel.
FJG8. 1 9 y JO.-Dos SO)IBREROS FlELTROS y UNA TOCA.
DE B.A.80 DB' 1.08 MÁS ENCA.NTADORBS BSTfLOS.

FJg. u. Traje de casa t)ara, dama.

Los fieltros Pon ambos redondos con adornos de raso negro, el primero en doe penachos y el segundo de
eeda crema, alternantlo con una pluma rb.ada.

FJg. 12. -lJn bonito trato de tertuUa.

-

EL

)f {J'N DO,

�EL )[C~DO.

2

LA SEM'AN.A.
Entro en la er6nka como un &lt;·onvidado entra en
una ¡•a:,;\ conoci&lt;ht donde e pera encontrar bue1ws amig-os. mujere;, hermosas y paliques rociados de gracejo
y rhampaiia. Porquelacr6nica, para mí. noe;,másque
un pretexto para dhagar. snelta y locamentt&gt; por los
campos del humorismo, de, !izarse por los pasillos bf'cretos ~· las potl.'rnas ei.condirlas ele! suceso. contiar 111
públlr'o. no la existencia común, i,;ino algo de la propia existencia, no zurcir ~acetillas literarias y revistas
de tandas, sino eantar una romanza á lapriman~ra, &lt;J
entonar un hlmrn, al libro nuevo, t\ decir una galanter1o al oírlo de la bella que pasa, &lt;Í JIH11uu sin rumbo
por !al, aYenidas &lt;ll'l ensueño.
L&lt;,s homhrt&gt;s polit.icos tienen i;u programa. Losnonistas,-que ntlen más que los polfticos, porque entretienen más v son inofensivo. ¿no es yerdad, aru1ga
mía?-dl'ben tamhiPn lanzar {L los cuatro Yientm; un
programa lleno de alhago · y pt·omesas. .._\bí rn el mío.
;,Qut1 ofrezeo:' Bus&lt;.'ar la fralil' bordada. ton oro y lentejuelas, la palabra brillaot.e &lt;.'orno una cuenta dE' ,·idrlo, l'l pl'..todn de dalmi\t!l'.a de pi'1rpura. Fingir c.1.
halgatas histc',ricas, torneos de rmnes. jlll'gm, (, llurninaciones de metáforas. en que los vocablos á. cual
m1h. Yistnso" r inquietos se clispoten el triunfo: (,:te.
1·hiquitín como un paje. aqlll11. gran: y rko como un
heraldo: esotro. risueiio y zatiament.c empingorotado
como 1111 aldeano: t.&gt;l de más allá, desdei'ioso como un
príncipe .... tmha ligera rle fantasías, mundos ruti. !antes .I' débiles que suben un momento por el aire
tranquilo, globos il'izados y transparentes, pompas de
Jalxín, en fin, que me entretend.rtl en lanzar soplando
en una rniia arrancada al caramillo de Pan, para divertir ÍI esas niiias traviesas y locas, á esas imaginaciones tornudiza1:, y &lt;'aprichosas que de nada quieren
saber sino d&lt;• las 111il y ,rnn 1wd1c.~ de la Yida, de losencantos r hel'hiC'erías del Cnirerso, de las proeias y
aventuras de la ilushín. La mentira que cuenta mist erlos v t·,íbala:,, es una divina 8cheresada. Ah! Chronos, rey Schariar, ,·tejo sultán de las lndfas, q ltet-speras e01:{ impaciencia el rlesE'nlace de la bistoriadr l~eclreddín, deja ele pasarte la mano constelada de i;ortlJaS
por el neg-ro torbellino de la barhll, aparta de tu pálida boca la nervloi'.\a serpiente de la pipa que ha envuelto tus icleas en una nube de opio, encierra en sn
estuche de earne morena las pupllas febrile ... . Clarea el alha, y 1a luz.--Odalisca curlosa,-se asoma por
la persiana vercle. entra con timidez de enamorada ~·
arrojando su cba.l de seda blanca tramada ?e azules
t·stambres. murmura lentamente: Buenos d1as .....
se levanta del dh•fo de los sueños la dhim~ meut irosa; es hora de rolrer :\ la realidad; no es malo reposar de las fatiga¡¡ del vuelo; mientras los pájaros
despiertan. vosotras ¡oh Insomnes fantasías! dormid un porn . .

***

.\ilo nuevo'. Busco mi asiento, el lugar que me to-

ca en el te:tln v lo hallo entr!) mis compaiiel'Oscle juventud y de esperanza.
Pru;ó el primer brindis. El ,·!no burbujea en el fondo de las copas y lo.-, comensales comienzan á se11t.irse
alegres y comunlcat ivrn,. )Iuy lejos ele ,mi. por &lt;'nt~E'
los manjares y las llore:., tras de los bumros l1encb1dos r lm, ruentc;, maraYillosas de los dukes, entreveo
los ;omblante.· satisfechos ele los altos personajes ele
la relicitlad. de los hanqueros de l;l dicha. de los comendadores ele la rort una, de los condecorados ¡•1,n
&lt;·I toisón de oro del placer. Hablan ellos aca.loradamente. Pero la, teorías de esos sabios de ano nuern,
están ya trasegadas por las multitudes, y. como HL'&gt;
moneda de uso diario, han quedado sin relieves. Xo
&lt;.·onwn&lt;·en á nadie: 110 tienen valor y se guardan en
la memoria como un denario ó un zequi en una cokcl'i1í11 de numismática.
CrPo que nosotros no lanzaremos la queja clásica:
.,.,,. ,1utw f11y111·1~ Pli.~t,11110 •.•.. • al abrir esta caja de
hrnclora que rontiene trE'sclentos .1• tantos dfas. Ya
sabemos de antemano que la se11orita Esperam.a no
acostumbra cumplir sus promesas}' que el caballero
nesengailoes nn amigo entrometido que con su expcricnda de bomhre ele mundo aboga en la cun;L uuesil'os anhelos v Jei,; corta las alas,! mll';,tros sueflos. ;. Y
eM1 qué imp&lt;Írta? El tx,raz1\n sigue. :;in cesar. su labor misteriosa. 'fmbaja, ¡l Yeecs, c•11mo un obrero eansadu: se le conc&gt;&lt;'e la fatiga;~ le echa de ver rl rlbcrusto; pero 11111 cst{1. en el taller ohsc.'uro de mwstro
pcebo, rnnstruyenclo latido {L latlclo. el tálamo dr
nuestra prometida ventura, el jo~·ero de nuestros
imposibles delirios 6 el ata&lt;id de 11ue1:,tras muertas
ilusiones.
~o ern -verdad lo que sinti&lt;\ Ba11clclaire. en el alto
período de su locura nl'gra; el t·orazc~n no puecll' dormir ese sueno ele bruto. ¡.[n 1·ecuerrl11, sin pesaelillas,
sin visiones. Hrine. gal'itado por el amor y por el ha;,tlu e11 plena jnyentud, le dech1 en un bo11doarranq11e
de amargura: ¡acaba pronto, CHrpinlero!
\'nmos, pues, á \iVir, á caminar á marchas for,~1clas, seguros dn encontrarnos á rad:t paso un punto
rle Yista. no conocido, un panorama nuevo. El tiempo
no hnye--qué ra {t huir!- al contr:trio: tienen las lloras una marcha uniforme, 1·nrn11 la &lt;l,• 1111a eolumn,L

m!litar en una parada. Cuando estilmos entretenidos
por el goce, cuando volvemos el m-.tro para darle un
beso á la. mujer amada, cuando nos llama la gloria,
ruando nos atolondra el bullicio de laorgfa, emonces
-es claro!-no sentimos pasar el tiempo. La c·ulpa
no es surn. Mas si estamos en la alcoba, de noche,
rumiando nuestras penas. 6 frente al niilo enr~rmo,
esperando la hora en que ha d(' prepararse la lls.ma,
t• junto al cacl;iver del amigo inseparable, con el pensamiento en vela, triste, luminoso y trémulo &lt;·omo la
llama clt• los blandones. ;quil buenas compaueru son
esas horas :;llenriosas, que pasan sin :welt&gt;ramiento y
da puntlllns para no dl:;tranuos'. .\hora una: ¡cmínto
tarda la otra! dpcimos. Y no: llega acompasadamente, toc.1 la puerta y se sienta en la orilla del lecho á
ei;cuchar nuestra;, conrtclencins v á contar ]ns minutos q ne debe acompañarnos. L&gt;eÑpuh,; .... . . no se detiene; se va callada, como vino.
De e.sas iguales. pero que medidas con el listón rojo, arrancado al corsé de la novia, !iOn tan cortas, y
medidas c·&lt;m la cinta negra de un féretro pareceu tan
largas. tenemos muchas pn el ailo. :--omos ricos. J&gt;errcwhcmos este caudal que nos ofrecen. Ya vendr{m
el olvido 6 la muerte 1í empobrecernos. (fastemos ,á
raudales antes que estos ladronei; nos sorprendan.
~o temi\is que las horas huyan; temed que nos las
arrebalen: eso sí. Las dolorosas no son codiciadas,
pero ¡ah! las alegres, las salpkada con gotas de miel
divina, las de lo::, díai; ímreos v las noches azules. llenan de emidla á. esos band1do de la sombra. Precisa
gastarloi,.
Amigos míos. entremos en el festín del ano. Pas6
el primer brindis. No me obliguéis á darle l¡iblen venida al re&lt;"lén llegado.
C.'barlemos un poco, si os parece, de esta existencia aturdida que, en Enero, cree tropew.r con las doradah puertas de Jauja.

***

A I mh,mo tiempo que en J&gt;arís, con motivo ele la
apertura del nuevo teatro de la ópera cómica, la Ccir1,ui11 de Bizet, ba sido en :Méx1&lt;;0 el comentarlo artístico de la i;emana.
Lol&gt; parJslcn es. enloquecidos de orgullo y de content&lt;&gt;. aplauden. como nowtros, la mÍlsica más apaiona.&lt;fa y sugest irn de las que ha producido el genio
lírico francés.
Aquí nn S&lt;\lo aplaudimos la partitura sino también
la belle1..a de la más linda intérprete que baya pisa.do
el escenario del Sacicmal: Esteranfa Collamarini. Todo el mundo es1 á de acuerdo en que la hermo;;ura meridional de esta artista lm hecho en su C"arrera, por
lo meno.-;, la mitad de los triunfo. . i-e presenta y fascina: he aquí el prodigio. LaPlástica, por esta vez, ,·encc á laEurlthmla. Todal'ía no se t;abc si la Collamarine es e$ 110 buena rantante. Lo que sí aseguran cuantos la reo. es que no recuerdan de otra Clir11101 más
gallarda J rniu; seductora. La Unea perJudica el sonido; la gral'ia vence Íl la YOZ. Por ver nos olvidamos de

oír.
.\ malii~ 8ostegni, una hada rubia, duh'e &lt;'omo una
ca.ricia dr niiio, posee no la bellc1.a. precisamente.
(•orno la Collama.rini. sino un encanto supel'ior: la simpatía. Y su voz. Impregnada de unt'ión. virgen y pura como linfa de la montaiía, ranta con una delkade1.a, pa1 rlruonio exclush·o de los esplritus altos. J11s
. uaws pasajes de la Jfic11tfo .•\malia 8ostegni. en la escena, recuerda la rrase del viejo romántico: tiene la
!ragiliclad aparente de lasco a1:, aladas.
Estas dos lllttjerei;, cuyos retratos publica .b'l .lltrntlf/ en este número, hicieron concebir esper.mzas de
una ex&lt;·t&gt;lcntc temporada. l'ero esas esperanzas c-0mleozan :i fr111:,trarse. La Ailln ha sido nn insulto {t
Verdi. '\unque, ,\ decir Yertlad, estamos ya un poco
acostumbrado:- á e:stos desacatos artísticos.
Lo cuales, á p&lt;·sar de tnclo. son prcferihlr · ,:'L la
inicua monotonía de la tan&lt;fo.

***

)Jme. Roux y '.\Ir. Grossi se presentaron en el '1\•at J'O
Arbeu, anoche á ejet·ut ar sus experimentos sobre
adivinaci&lt;ln del pensamiento.
Esta &lt;·tase ele espectáculos que producen la sensación ncr\'iosa ele lo mara,·illoso comien1K1n 1í ser entre
nosotros de ¡::-ran atractivo. Xrn; llemn de un golpe
al univeri;c, de lo sobrenatural, y nos obligan :i viajar
por el viejo país de ius fukires, et·izado de e1wamamlentos y ruilagros. ;.Todas las expt'ricndas c¡ne &lt;'stos magos ambulantes dd Cakirismo &lt;Jt:ddental. nos
presentan. son cierta.:' Quizá no. Pan'l'C que en l'l
fondo liay &lt;'hn·e. prci;tidlgitadcín .H'!-Waram111.a. ,1iu, .
con!ormt!mohos con sentir por un m11mento el h;Hito
de la realidad en el aire vklad1, del en¡raiío. l'rirq lH',
como dice la hunw,·ado:
Con tal que yo lo 1·rPa
;.qué importa que lod&lt;'rto no lo sr:t:'

..

* *

Don Matias Romero, un homhre qne l'Onsagr&lt;í toda. su vida y tocias sus energlns al ~ublimr altruismo
de la ratria, acaba de morir en Washington. La nación entera está de luLo. CulJramos, micntrus pm;;~
l'I téretro, con un cresp,ín obS&lt;·uro nut&gt;st rus sueílús. ..
Lt 1~ Cf. ¡ · 1m1X,\.

Domingo 1 = de Enero de 1~99

Domingo 1 ° de Enero de 1899.

JDlitica ~ttttral.

EL MU DO.

3

Artista• de Ja Compañía de Qpere. d~l Nacional.

1898-1899En su ansia inextinguible de ak:rn1,ar la suspirada
meta del ideal, ;tm\ntas veces ·e sienta la h\11,nanic)acl
;í. &lt;·ontemplar el cielo abierto á sus miradas. u nwlrn
la vista hacia atrás. para sondear ent1·e las ~mhms
dt&gt;l pa ado lm, etnpas vencidas por su &lt;·on;,t:mt·rn y !ns
senderos re&lt;"orridos por su anhelo!
.
~fas ¡ay! que rn ~ada recodo del t•awrno, ~n las1.arzas que hordan la na, mira con dolor prE'ndldas l'omo
veJl(,n mrzquino las ilusiones que ay~r ruemn su ~ncanto, ve derribnclo;, por el suelo i;u:; 1dolosell' un cha,
v mezclados halla con &lt;'I polvo de las Pen,rpolis y las
ruinas de Las Ilahilonias, los frag-meut.os del Partencín
y las piedras del Coliseo. Iruplacahle el tiempo en su
obra destructora. nada respeta sn segur impia: polv11
es el Ollmpc1 ele llesiodo, cenl1.a deleznahl&lt;' los dios~s
de Homero. sombra \'ana las lncubradones &lt;le los ti·
lcísofos. miseria las creacione,- de los S.'lhios. y hasta,
los altares de loi- ttifotropos ., las bauderas de los revoludonarios. que in1 t&gt;ntaron la reg:enera('i1ín de las
moelérn.u; s&lt;1derlades, ~·acen sepultados &lt;•n rnenudiL
arena. al h'.lpulso de aspiraciones nuevas y al grito
siempre angustiado de nuevos dolores.
La lucha por la ex:lstencin, Iniciada en las rclaclcs
primitirns por el linaje humano. al lado del oso de
las cavernas y dt.'1 dcrvo glgant-e, ba continuado con
encarnizamiento ;,in igual.
No es va el &lt;·ombate Individual del bo111hre contra
el hombre,&lt;llsputándoscla presa palpitante .V la hembra eodic1ada: es la lucha colectivadepuehl11~ &lt;·ontr:i
pueblos y raza contra ra1.as en feroz e~mt ienda busean&lt;lo el predomio del mundo. dlsc•ut1endo la posesi6n de un palmo de terreno. ambicionando Ju prNlominandu. política j ' la preeminencia mercantil en io..¡
grandes rent ros de rnnsumo. Y en meclfo cleestos&lt;·uudros dantescos que representan uua lnctm que no acaba, entre ayes de dolor y rugidos rle rabia.. e~uimos
pre:.endando, mal &lt;JUe pese á l01&gt;sueños de 1~ p&lt;~tas,
á lm, aspiraciones de los film oros. y Alas pred1eac10m•s
de los apóst{)(es. seguimos presenciand1J 1·on dolor, la
perpetua victoria del míls fuerte.
:,_¡ el perrecciomuniento de las espedri; or¡.nínica. ~l'
efectÍla en el \'asto 1eatro del univers1 pnr nwdio df'la sel&lt;'&lt;'dón natural que hace perecerá los débiles y ,t
los enfermizos. incapa(·cs por ende del perfe&lt;Tinua~
miento Incesante, en el desarrollo de las sociedades
el progreso se alca.ou1. por una especie dt&gt; selecciún SQeial en la qut&gt; sucumben los menos aptc•s para la.~ran
obra de la b11manidacl. C'iego al parecer el destino l'n
su,; inex&lt;"rutables desi¡{nlos. no cuenta los inclh·lrluos
destrozados. ni toma raz(ln de las cabezas rer&lt;"enadas:
mira la obra titánica el('! hombre, y lo guía á tran1;,
de senderosohs&lt;·nros, pero que lo han de conrlucir á ht
posesicín de la verdadera luz.
Cuando se &lt;.'ontempla aisladamente y t-n hnrizontt:
limlt ado la tarea emprendid:t por lasagrupa&lt;•ionc" humanas. t·onstituidas á fuerza de lahor y de sangrr en
las modernas nacionalidades, viendo los cl&lt;'sfallet•imientos de nqu1. las caídas de allá. las angustias clr.
todas parles. tentado se mira uno de treer q111• hay 1111
hado Impío &lt;1ue SE' romplace en el elolor lrnrnano. y al
presidir los destinos de los lwmbres, l,jíloson al'epta;,á
sus ojos las ofrendas de lágrimas y s:rngrt'.
Pre&lt;"isr• es &lt;'Onlemplar &lt;'011 mirada mái; alta y aharl"ar en conjunto á la hun1anidad. para comprendt•r sus
destinos, explil-ar i:.us luchas, entender sus clec•nd&lt;'11cias, abarcar sus angust iasy adi\'inar y t&lt;'ner re en su
granrler.a.

• •*

Triste y sombría amaneclc.'• J;i primera aurora de
18!1&gt;-. :-il•gros nubarrones se amontonaban l'll&lt;'l Extremo OrientP. donde SP han dado cita Lo&lt;l1~~ lns aprt ito.
y las l'fllll'llpiscenclas de las potenl'lascul'IJpeas. Sulws
rlc trmpt·stad eniolrlaban en esos días el delo anwricano, 1\ donde ai;cenclían las llamas del irwPndio en la
insnrre&lt;"ci1ín 1·11bana ."i amena1~1ban romper clt• modo
violrnto las amistosas relaciones entre E,;paiia y los
Estado¡, l'niclo~. Y nube de tMmenta tambiPn s&lt;' h•,.1n1ahan de las azule1s aguas del s:_1graclu :-iilo, dnnelt\
la Gran Bretaila había eom·entrarlo formidahlt•ej1'reito, para rcnmqulstar rn ravor del ,Jeclln•, lm, f{-r11les reglones 1lel Sudan, sujetas ÍL la ohedlenda ele l&lt;1s
fan{ttit•t~,; dt'nises.
All•mauia to111ü posrsíún de la bahía de Klan-('hao
&lt;·on Mis territorios adyacentes; Husia ent r.-, orgullrn,a
á P1wrto Arturo, para dominar todo t&gt;I golfo ch• P&lt;'tcbili y rlesde sus fortalezas y los puestos arnnzadc,s ele
Vladirnst0&lt;·k, ser dneíla dl' la '.\fanchuria; lnglatena, desp11(-s fil' rlisputar ;\ Rusia y al .Japon &lt;.&gt;l predominio subn• l'nrea, entra pacírkauwntt' á \\ey Ila!
Wey para terwr en jaque {L su riral asiátka; F'Í·ancia
adelanta wbre Hainaul, se oxllende en el Tonkin r
Yigila más de 1·er&lt;·a el drama que se dei;ennielYe ei,
el fért 11 valle del Yantsé. Cada ruul de los que s1f
rlh,p11tahan un ,rir(,n de l&lt;'rritorioen t'l Cell'i;te lmpt•rio hn lograrln su ohjeto, y la misma ..ilemania que se
hallaba apartada de esa competencia, ba as1•ntarlo ya
su plalll a ,·ktoriosa y nadie poclrii h,Wt'rla rt•t roe •cl~r.
Tie11qx1 ha c¡lt(• el illlJ&gt;l!rio c!1ino éS co11si•lr,r,1·l11

\.

( J'tu.ilC e L&lt;t /Semww. &gt;)

como fácil botin pam los poderosos de la tierra. Constituido por sedimento;¡seculares, clonde aún se ,·en la.s
estratificaciones de las razas prlnuth·as, ese inmenso
b,winamiento de pueblos, esa agregal'i6n de razas,
mal ligadas por la aut-0ridad superior, está aguardando w1 soplo de ciYllización occidental que lo haga resurgir de ·us sepukros de granito. )fa· ;aJ! como todo progreso bumano, éste babrá ele conquistarse por
el dolor y la v iolencla.
Las e-Jases arist.-Ocráticas, con prerrogativas heredltllrias de origen milenario, mal se a, lcnPn ;\ ren11ndar
sus privilegios de que se veran despn ·eídas note Jo,.
avaureR de la cultura. Las mismas ¡•Jases populares
.hundidas en el borror de su igníJrancla. encenegadas
en el r,mgo ele su miseria, eternamente arrodilladas
en la&lt;; somhras &lt;le lasuperstiri6n y apegadas, romo el
molu;co á s11 concha, al antro obscuro de sus tr,tdiciones, t,ardarán mucho en despertar, y, azuzadas por
sus altivos seilorcs que las explotan y envilecen, lucharán de ·•speradas por quedar e1n la somhra. por
prrmanecer en el fango, por vivir en el ant.ro en c¡ue
siempre han vegetado.
Lii dinastla reinante, soUcitachi alternatintmente
por las ombras que vienen. de su pueblo y la luz (¡IIP
procede de las lnrluencias ext r.rnjen\;,. vacila entre el
temor su pcrstlcioso de disgustar 1í lw, . uyos. el mit!do real de que lo· de tuera le abran los ojos á caiiona1.0s. De esas ,·a.dli\cicmes se apron'Chan la potencias occidentales que quieren prerah'&lt;'&lt;'r sobre el imperio, y á virtud de la intluencla hri11ínlca qne :l las
veces triunfa y de la Influencia nu~s;covita que prernleCl' en &lt;K',u;iones. se traman tragedias en el palacio
imperial de Pekín, desposeyendo al soberano y rlejando la snprema autorldad en manos &lt;le la vieja emperatriz viuda. quien pretende con maquian11kas rntrigas eonjurar la i;uerte del imperio.

r

* **
Afüu j ,u·t,, c.,t! Con voz solemne y sin que nadi(\ se

hava lernntado á contradedrlo, Lord 8ulii;bury ha clechirado '(lle China bn ele &lt;'Ontarse entre las nacione,.,
enrrrnms y caducas, y ,í las que debe adminisl rar.,;p
la extremaunción cl!'I rcpartimlenu1. Tarde 6 temprano vendr.i la desintegración en el Cl'leste Imperio, y
las naciones europeas. que están á la Yera ele ·us despojos, entrarán de lleno en sns vastos t erriturios, lngertanclo á sangre y fuego los frutos d&lt;.&gt;I pr11grrsrJ ()('cidental en el viejo y carcomido tronco de la caduca
civill7~1ción a~!Mlca.
La hora sonar;\ ele galvani1.ar l'Se l'ad:í H'r. transrundh•ndo sm·ia nueva en s11 organismo di ')!regado. ,"6ó la competencia en la poset.uín dt• l&lt;1h dt•-..p11jos pue-

l-.RJT.\. E!-TKJ.'.\!\I.\ l'OLL.\)J.\RDif,

de prolongar la inútil 1·lcla de esa sociedad 'J ue se desmorona cuarteada por los siglos, que se hundir.í al
golpe de la piqueta demoledora del progreso.
Kada podrá detener á lw conquistadores en su tarea. Ni el despertar del imperio del Hol Xaciente entorpecerA sus paso~. IJan ,•isto la temible competcnc•i.\ que ;í la producci1~n europea ba becbo la industria del .Japón, recién ent,mclo al conciert&lt;1 de lrn, pueblos cultos: despertarán ¡tl movimiento moderno las
inm'1men1s trlbns de mongoles, tártaros y mandehúes;
procurarán en&lt;'a11zar en pro"echo propio su pockrosa
actiYidad, aunque sientan despu(os el 1, rro,· 11m11dllo,
viendo alzari;e nuevos mhtlrns de angustia en sus centros productores y nuevas formas de protestll en las
a.-;piraciones sodallsrns.
11
¼

*

Mas si los 111ie,t1J.~ 11riP1tlr&lt;l1,x se han disipado y nu
preocupan por ahora á los estadistas, es porque otro
terror ha naddo con perfile casi apocalípticos: es el
tar&lt;n· y(lnk,c-. engendrarlo á la luz d1•l inet.&gt;ndio ele las
naves espanolas en la había de Ca,itP; :11 relampa¡.,rt1&lt;.•o
de los caiiones de ~ampr;on que aniquilan en d~ Lwras la ll&lt;1ta del heroico Cerwra; A la rnz ele I&gt;l'wrr
que rt&gt;chaza las in:.lnuaciones drl almirante alemán l:'n
las aguas de l'l1anila: y ante la actitud de los &lt;·omisiunado ameri&lt;'anos en. la ('on rereneia de París. lJ 11&lt;'
tirmes en sus demandru, y casi implal'ables en sus :.oli&lt;·itudl"s, c·onYierien en pavesas el imperio eoloni11l
que le quedaba á E.5pafla, desechan toda discusic\u
¡¡ol.Jre deudas (·olonlales, redaman la posesi611 de Puerto Rico. obtienen la oher-,1nía de lt'llipina., y clavan
su pahell6n triunfante en la grnn .Antilla. mientras
puede alentar lihr1• é indep&lt;&gt;ndir•nte la Rep(1bllrn dl'
Cuba.
En un supremo t•srnet'7.0. y para desarmar la immrrecitín antillana. el gobierno español 1·oncerlicí la autonomía: maiiana hace un allo que comcnzc", :\ ruo&lt;'ionar el gabinete a,utonómico, en medio del regocijo
c,ticial de la Haba na. A parte de q11e la medirla era
tardfa y arran('ada por la fuerza, nn r1&gt;sc1IYía m¡\s q llt'
el problema politico y dejaba en plr el problema 1.-&lt;·11nómico. Por eso no pn peri\. Los lm,urrl&gt;C"tos cuhanos reeh:IYJLron la libertad á medias t¡ue. e lesotorl(a•
ba entre los horrores de la gm•rra. como recl1azarun
después el armisticio. porque temfan &lt;¡ue no los mndujera ásu anlll'losupremo: la ahsol11ta independencia.
En tanto los clamores del pueblo americano por la
intern'nctón condujeron al Congreso americano á sus
ramosas resoludones del l!t de Abril, y no aceptando
E.-;pana el abandono de C'uha. la guerra se hizo lne,·i table. Débil. empobrecida. agotada por una doble

guerra colonial en la qul' bahía galititclo t~&gt;das su,.
energías, la monarquía espaiiola tuvo qul• sucumbir
y aceptar 1lnlornsamenl.&lt;' la triste &lt;.·oudici(111 del Yencido. a1·eptando de grado (, por fuena la!&gt; dura!&gt; huposiciones dt:1 reneedor.

***
}las si la clerrota impm1e it 1t;spaii11 la mela lahor&lt;lc
reconstruir toda 1111a patria, para restaflar 1,11 sangre
y cic..1! rizar sn;, heridas, y enjUJ!ltr sus hígrimas; si ll•
corresponde t·once11trar todas sus energía-.. para entrar en una nu(•\'ll era de rPl(eneraeión. donde no
quepan ni )a!-, inil'uas amhkiones de J&gt;,m ( 'arlns. el
pretendiente desahuciado. 111 las utopías reg'ionalis1as que tiendan al separatismo. ni los suefios republkanos que ensangrentar!Hn un suelo ian trabajado;
no es menos clltkll In tarea que se ha impuesto el
vencedor. en medio de llk'i esplendores de sus fáeiles
\'lctoria;,.
Debe procurar c¡ne raiga l'll l 'uba el rocío rc'c·uncl11nte de la paz. para q11p {1 su abrigo int·ube la República Cubana. l&gt;ebe h:wer de Puerto Hko 1111 territor~e fedrr-,1! para que sus habitantes honrados, t rahajadores y pacíficos. no e!'hen de menos it su antigua
metrcípoli, y entren de lleno y sin t ropiPws á la virla
r&lt;'puhlicana. Debl.• hfü•er de Filipinas 11n territnrit,
pr,bpero y feliz.: sofocar lmpadencim,. rt&gt;frenar a.-,piracioneb, i;egnr corruptelas, cer¡•e11;1r aiil'Íª" tradkiones y hacer de lol&gt; heterogé11er,s grupos bumanos c¡n&lt;'
habitan el Archlplrlago 1111 ptll'hlo nnidc,. l'ap:t1. ele recibir mh tarcfe el agua lustral de la &lt;·ultura 111od1!rna, digna de la gran Repi'1hlll'a.
¡Qué alta iwrá entonces i,11 misión'. ;Cuál M' lernntará el partido republicano qut• hoy St' halla en PI poder.
conte t:mdo con hechos lrrefutahlcs las eontradkdones de los dem&lt;icratas qne i;e oponen á la expansi1ín
territorial! s,-.ir. así podní sinc-t·111rse ante el puel.Jlo.
ante el mundo 1· ante la hintorlael(•lrnht-roh·11Jaelo11n
punto IHS gloriosas tradklo11(',,, l)Ul' !el, leJrarcm l'Oll\O
sagrad() testamento los "ºashln¡¡-ton y los .J l'ITL•rM,11,
padres insil{nes de la patria americana.

•

Después de la g-uerra hispano-americana, 41w ha colocado á lrn, Estados Unidos en la 1·1111,goria de las gTandes potenl'ias y los lm puesto e11 l'1tndlci1ín de 1'11nd:1r
un imperio colonial con los despojo~ :del imprrio de
Felipe 11, nada preocupa tanto .í las nal'imws europeas C,(JlllO la marcba inYai,ora dl' hr Oran Uretaíla sobre el continente afri&lt;-ano. La espada veneedor:i de
Kitcbener que fulminó en l&gt;ong-(1),1, rdampaguecí en
nerber y redujo:\ ceni1,as, l'nbe las ruina · de Ondur-

�Domingo 1

EL MU'NDO.

4

° de Enero de l

9ll.

· od'1&lt;1" nure1c.,..,,,
°"•S #,tnd·t factorias :\ su paso. deJ·a guarniciones en los
cp1s
. "
•
•
.
•
.
. d·
puntos estraLflgicos y claYa el pabenón f~ctls en las riberas arnnza ,l!,
del Babr-el-Gbazal r sobre lo muros de l&lt;achoda.
. .
.
x O necesitaba más Inglaterra para provocar un ~on!hcto:. y ro~s1derá11dosc en nombre del Jedive dueiia de todo. los terr1lor10s suJeto .,_la obediencia del sultán ae ,J artím, clechiró á :l\larclland ltwasor de su prop10 territorio y reclamó su r etirada. Francia, que no estaba _prepa;ada para el _co~1flicto en
alegó derechos y prerrogaLh•as: al fin tmo que ceder á las
exige~rim, británicas. guardando para 1mt" tarde sus recl~mac1ones Y apelando, por ante el concierto de las nacitmes, de la solución del problema
egipcio.

MEXICO MODERNO.

Domingo 1 ° de, .'Enero de 1899.
,alma á todos lo_s pueblos de la Lierra. par-d despedir
cllguamente al siglo que acaba-:,· s-.ludar al siglo que
&lt;'Olpieza con todas las pompas de In moderna cultura.
:n ele Diciembre ele 1898.

"ªºº

***

y he aquí que en los momentrn,en qne elC'zar, int;pirado en ideales subllm es ele filantropfa y bumanjdad, pre?jca la paz ~ntrc !ns bo~1~rcs ele buena voluntad. v eon,oca un congreso mternaclon.11 para procuiar un g?neral desarme, ·que alivie á lo:- pueblos del g~ave peso ~on que se miran
agoviados, es precisamente cuando se despiertan, aITeJOS rencores, odlc:.s
o!Yidados y ,iejas ambiclonei;, para poner frenl,e a frente p~ebln~ cont1,L
pueblos r razas contra razas en la pt&gt;rpe tua lucha por la existencia.
En vai111 se anuncian visitas cordiales de sol&gt;ernnos para el dla en q~ie se
reuna en Lóndres el congreso de la paz: la Lempestad ruge en las tm1eblas, el cielo se entoldi~ con negros nubarrcines, y á }ª cárd~na _luz del r~lámpago que rasga el cielo. se ,e entre las sombras a los e¡érc1tos en pié
esperando el toque de rebato.

Como contestando (t ese predominio innsor de I nglater.ra. que fiigue su
marcha imperturbable. en su polltica de aislamiento egmst~, se lla?la de
alianzas. se trata de coaliciones v se pronuncia la palabra ltya cm111ue11tol
cmltra la gran pntencia marftinia. :\lfranse cuarteadu_ras l_Jge;~s en el ,sólido edificio que por más de cuatro lu~r?5 ba constltu1do la Triple
za, y como para compensar ese aparLtm~en1o_ posl~le. de~~~ potencias de
la Europa rentral, háblase_dc oua apro:c~mac11~n leal~ ~•~1tl\a ent:_e Al~mania y !&lt;'rancia que. asocmdas al gran nnpeno nio co~1ta, formanan b,1rrera infranqueable á las ambiciones de Jnglaterra.
,\ h ! Qué hermoso
ella para lu causa de la
ri ,·ilizachín occidental, aquel enqueseol1•idaran las renclllas
del pasado! Qné hermoso dfa aquel en que
Yiilramos juntos al germano y nl fraocils,
apartando la ,•ista de
la sombra de 8edan,
y trabajando de consuno en su propio en-

fi,tn-

C,\I:,.\

DEL Su. ~l' SERIO G \YO!\SO.
en la calle dl! la Me.rhtala.

grandecimiento! De1·uelta á Franela. declar-dda neutral. 6 con
r(,gimen autonómico
bajo la sal rnguardia de
las potendas. la Alsacia Lorena dejaría de
ser la man1.ana de la

mílll r los muros ele Jartím. el poder del
)Talldi y la influencit1 de los dervi!;e.~ en las

ni,tas reglones del Sudán, ha sido también
motivo y O(•asi(m de ·que se rompan las ho. tllidanes cnt re las nos grandes potencia., oecidentales de Europa, que comparten el dominio del ,\ frica septent rlonal.
Un esfonado aventurero francés. el ilustre
t·apihín )íarchand. babia t'mprendido desdl'
las costas de Senegambla un ,·taje atrevido,
á través de couuircas inexploradas. para eneonLrar un puerto ne salida en el Nllu superior. Despu¡ls de peripeelas romántic:i,; :v de

discordia entre dos
grandefi pueblos.
Llegará la ocasión y
acaso no esté muy lrjana en que veamos
juntas á Francia y á
A lemanla, de al't1erdo
primero en asnntús cvlonia les contra Tnglat el'l'a que ámenaza ÍL
Ltldoh. y después en srs
relaciones internacionales que interesan á
la pn1. de Europa.

*

* Noe~'isDía llegan\.
tc ya el Canciller de
1lit•rro, que rund6 sobre sangrientos despojos los t' imientos de In
uuev:i í'rermania; no
existe ya el inflexible
Blsmarck. que quiso
U.\~.\ DEL Su. JUAN.\ .•\UZU)tENDI,
modelar el imperio en
eo la calle di! Sadl C:o.rn,,t.
formas medioeniles, y
- - - - - -- - - - - - - - - - - - resttciLar en nuestros
días la ttgnra se&lt;·ular de Rurha Roja. El jove1J lTohenzollero liene
ah!erto su espíritu á todas las corrientes ele 1c~~ modernos ideales. y
acas?qnep~ en su temperamento de rmm,ntico y sol1adur una aproxímac1/,n hacia los que fueron enemigos de su!&gt; padres. H! Austria ol1·idó 8adowa, y Hnsia olvld6 Sebastopol ¿no poclrfa alguna Yez Fmncia olvidiu· Hedán1
·

C.\S,\ DEL SR. ANGEL SA V ,\LZ.\ , EN KL P .\ SEO DE

L.\ R1',"FURMA.

Para conjurar la tormeuta amenazadora no caben m:í.s que las
nueyas alianzas á las que de seguro contribuirá Nicohís 11. apó11t-0l
ele la paz. La Gran Bret.aiia no puede ,~arlar en su politica y por eso
ac~chala ocasión de vencerá !.&lt;"'rancia su rival. na ,•istodesaparecer
baJo la majesLuosas bófedas de Westminster al insigne Gladstone,
al c-great old man&gt; que le hablaba de concililwi6n con palabras de
apóstol, e n nombre de la libertad, y le anunciaba h\ concordia ,. la
paz con acentos de profeta, en nombre del derecho.
•
En A.frica, en el _remoto Oriente, en la Europa monárqutca yen la
mh,mil tierra amencana, solo Inglaterm aislada&lt;~ apoyada en la pret~ndida alia111,a c_on los Estados Unidos y ,Jap&lt;Ín, puede turbar el concierto de las naciones. ~speremo qtte nuevas y fuertes alianzas log r~u manten~ la paz, y a.'lí podrá el mundo que piensa y que trabaja, cuncurr1r al Jlamamlento á. que lo con \'oca Francia enel gran
cerLaml'n de París, Franela, que, olvidando i;us dolencias iut.eJ'lore.s,

.

DOS AMIGAS.
ACUARELA DE POV.E.Os\ ,

I&gt;osdellclnsas mundanas van al baile. v ntl&lt;•nt ras llega l:~ llora de lncruslRrse en el capitomido t·upr, charlan Junto á la chhnenea y se cuentan ...sas mil r·osas
fútiles y e1wantad111·as que torman la habit mLl cunye_rsaci&lt;ín remenina.
Tal eii el asunto escogido por Pm·eda paru crear
una a1·11arela de grandes dimeuslones, que entendernos es el único trabajo cle ese procecllmien1o artístico qtte nos ha llegado en el contingente E&gt;spaiíol para
nuestra XXllJ Expos1ci1ín Nacional dí' Bellas .\.rteb.
.\ntes de cxprebar nuestra opinión i-,ohre t'Ste cml•dro. l'UJa reprotlucchin bastante liel ofnwemos hov á
nurstros lecü&gt;res, creemos oportuno darles :, co110&lt;.·er
los urfgenes de ltt ACl' A llls'LA y sus peeullaridndei,. pam que se f&lt;n'men una idea exacta de lo lJIII' 1&gt;s ese g1&gt;ncro de pintura, adYirLiendo que los asntos que ha1·emos, fundados en práct.il'a y estudio pen,ona les, t&gt;stfü1 1·1msi1-,ri1ados en to1los los escri tos rlP todos l(is
. ;tutores que sobre la ;wuarela han babiado, de los
cuales 'Plle1ípl1ile Gautler es. á nnestrn j11lti11. t'l qm•
1m•jor In eomprendi6 y el que mejor 111 supo j111,g:ar.

Ci

EL MUNDO.

abstracto con motivo de las el),,.~ muiga&gt;1&gt; ne Poveda, dón, levantándose de una manera Imponente sobre el
rué porque, oomo ya dijimos, es uno de los pocos tra- Hena.
bajos de este género, si no el úuico, que lla venido
Las principales constl'Ucriones del lugar destinado
de Espai'ia, lo que nos extraña sobremanera, pues en al Antiyiw Pnríx i;erán: la Puerta de Rái11t )Ilchel,
ese país se ha cult i ,·ado se cul LJ va mucho la acua- las tabernas de los 1&gt;i,colares, diversas casas reslclenrela. habiendo sido Fortuy uno de los más notables cias agrupadas en derredor de una de las alt,1.s t.orres
acuru·elistas que conocemos.
del Lonvre. la Igl&lt;.'sia de ~alnt .Julien de:s )Tenet riers,
Concretá11rlonos á las «Dos mniy1J..,&gt; de Poyeda. di- el Gran Cllatelet,, la Cámara de cuentns del siglo X VI.
remos que es un buen trabajo, dil(no de tlgurar en el Palacio, et&lt;-. etc.
una galería selecta.
El ..J.ntiyu" Puri" restaura una dr las m,\s cul'iosns
.\ dem,ls del buen dibujo, Uene correcLa pen;pecti- lgleslai:; de los tiempos que fueron: 8fli11f Ju/ir-11 dn
va, justo escalonamiento de los planos y la idea, i .,lfwrlriers, construida el siglo XI 11 en la calle dt•
no trascendental, es bastante oportuna y graciosa.
San Martín por los c-tro,adores, cómicos y maestros
Sólo en,•ontramos pobreza de color, la cual, á n(Jt'.'s- en el arte de trovar. dependiente de la l'iencla y arte
tro juicio, no es atribuible al procedimiento, puc;t,la -de. música. que á la saz/In vMan en esta ciudad de
acuarela puede dar tonos mucho má.c; vigulosos m~ Pat(s.&gt;
llenos de jugo.
En el p&lt;írti!lll de la lglesla estabirn las estal uas de
~an Heneste, cómico romano y mártir, patrón de los
sa1Limba.nquis y de San .J 111ián Hospitalario, paLr6n
de la lglesü\ de 8an ,J 111lán del otro lado del Sena.
Hasta la época d&lt;' la Revolución, la Iglesia de :--an
,J ulián fué propienad y centro de los c6mlcos y cantante!&gt;, clespués de los músicos, dlsput¡indosela por
último dos secciones de la corporaci611: la comunidad
de los músicos y la Academia ele ball&lt;'.
En el pórtico se reunían cómkos. trovadores, danzantes, m1ísicos, etc. y los ,u·listas qué tocaban \10Jín, mandolina, nauta r ot ros instrumentos, venían
;i este lugar pam ofrecer sus ser\'lcios en banquetes,
bodas y tiestas de toda clase.
Para dar á la a11t1gua lglcsh\ su aspecto pintoresco,
sin duda se poblará. su pórtico de ¡{entes vestidas como las que pululaban en los siglos pasados, y será ese
lug:u el predilec•to de los atlcionados :~ Pmndones intensas. exquh,itas y extrañas.

y

r

{J

El c:iñón "Mondragón'' en Francia .

.,.

*

**
Ln :u·uarela propiamente
diclrn. /11
1í11ira. ye,wi;m y limpio es la pintura snhrl' p apel tí t'arl&lt;ín precli-ament&lt;l lllan•co. en la rual se c111p.le,1 colorestm111&lt;Jt"•
r1·11fM di111id11s en agua pum.
F.xt raíiará. sin duda el qne fijemos
qur se ha de pintar sobre 1'011do prerisa111t•ntc 1Jlau1·0, ¡w ro ello si.' cxpli1·i1
por dos razones c·apitales que á nuesrro
morlc, de ,·1.•r conslltu'ten los distint iYos fundamcntall!s dt;I pr1x·edi111lento:
1 ": Los color.&gt;s clc· la ncuarela son
siempre t ram;parentes, nunea p;istosos.
por 11hs1·11 ros e¡ tll' si'an. y sólo pueden
, rlcsprC'ndentlcn-;e 1'11 exat:ta tonalidarl
,, bien diáfanos, l'Uando sc- dan sobre
,rn fondo blaucu: :? ~ En la acuarel;1
• dáska no s? emplra j1m1á.• el blanco,
pues el hlam·o que lll'Cesita lo da el
•del papel mismo en &lt;¡ue estiin t&gt;jecuta-

.,,,,.
,'

':

tfas.
rna (lrurll'I /u ('?) en qnc s z p1me hlanc!i no es ext rictamen te más que una
un 11r¡11m1J, )' este prOtl;'Clillli('nt o si permite usar rondo de cualquier
(•olor y admitl' así llllSlllll la SUpt:l'p0sidón pastosa de rnrias rapas de color.
Hay quien denomina c1ru11rel11,, á ciertos trahajos de 11y1wz1i. lo que es 1111 i1h~urdo. y h:ty quien así denomine á ·ler10 gtinero de uh ras hfbridas. mu 1· dt•
'moda en los Tul ndns Unidos. hel'has
•con ,1yuda de lápk,•s de p11:,1el y del
l'Sfumino :.\' rnn el inrwhle&gt; t'OllC1lrS11
del sopletep11lverizador(l,rod1rrd1 oi,·e).
lo que. ií más d e- 1111 absurdo es llel iher;idamente eng-ai111so.
Bástenos eitar. !'11 apoyo rJc, loanterior. la opini&lt;ín rle )L D~lfrlnze. el
. rminm1e pintor y crít i(·o franrrs: c-~I
. alg-t'm pintor tenwmrio osase agreg-111·
{t (Cls t;illlplcs colores de la anmrela
EL A::'111'101'0
. alguna substandn •í instr11111e11to ex- --------traITos. siquieru si•11 demasiada gom;1
para ngnrir.ar las tonal idades - debl' vitrsele &lt;·on el
mismo clespre,·in &lt;·on que se ,·e al hombre qul' hace
trampas en el juego.
E.l nuclmienl n ele la acuarela se dehl' {t los minint urlstas de l:1 edad nwclia quienrs apliearon &lt;.&gt;I prot'e• dimil·ntn. !:!in sombrear, soht·&lt;' dibujos l1eehns iÍ la
pluma. l'aulattnamem e Yino el perf&lt;'&lt;·cionamlemo y
rs muy difkll recontwrr {t los primeros aenarclistas
cretminos. p11eh alguno~ trabajos qur lwn111s rii-.t 11 1•11
~111se&lt;1s europeos, 110 pueden a tri huirse c11n 1•11 t (•ni
1·ert ew !'lino á artistas c1el 1,iglo X \'JI l. 1ale:-- e111no
)torea u, J,mior. l•'rnwmard )' Tauna,v.En I u~la1err~1.
, {t principios dt&gt; esl e siglo. empez1í realmerHP {t t·ultirnrse la n•rdadera ac·nart•ln. cuantlo i;t• fund1í la famosa Sr,¡;jr!!I ,!f' pni11r1 n, in 1ro'1 r Ml1,11r~. pero ha; c¡m•
adYertir que en11·e lassupm·stas acuarelas &lt;il' l'Sa 1ipo-&lt;'il llny mnehns nynuzr,.,.
'!/0111(('/¡P,

***

SI nos hemos detenido en I ral ar ele la ;1&lt;'m1rela en

l'.\tu~ 1,;N LA EXP()SlCION DE 1000. -L.\ TOl,ESlA DI': SAN JrLIAN.

ATRACTIVOS DE LA EXPOSICION DE 1900.
EL ANTIGUO PAB.IS.
En la orilla derecha del Sena, cerca del Puente de
.\ lma. se lenu11ará sobre una inmensa plarnfomia el
. l 11fiytrti 1'11 ,·l.s. 1·011 sui; torres, sn:s casas I curirn;os
,•dífit'irn, rel:ttaurados de una manera exactá para dar.
lrrnte á lrn; Palados de 11-ucrra y :Harina, PI espel'táeulri di• 1111 pasado plntoreseo y l'a rn ¡\ los ton1 empla•
1 ÍY&lt;t1,.

Ln plataf11r111a que sc-rvlr-~ ele pavimento al . l ,1ti'./1111 l'11d,·. ti&lt;•nt&gt; una supertlcie de ti,000 metro:, t'Ua1lrnd11s. l-iu ni1·cl la pundr;\ :í cubierto de lns l'l'etien-

11•s rlt&gt;l rín y esta precauci6n no i;6h1 es útil sino que
ú la ,·ez con1 ribuiril ií la hellei..a de tan interesante
lug:u·. El .l11li!l1111 /'orí.• tendrá ,•istas manl\'111(,sus
háci;t 111 E.x¡w:-kilín, las 1·rilinas de BlilleYue y ) Ieu-

El gmhado di' la pagma nucYe reprPs(•nt a cl can,ín sistema «~I ondragú11&gt;
cuv&lt;1 e!ern hl1 n•nldo estudiándo.~e de$che· hace oeho aíius. teniendo adjunta la
l'aja ele los proyt•ct ile;;de camis.~ de acero ele q111• se hace ui;o en esta clase de
artillería: así ct11n11 el rscoblllún v- rar;1s que siTl'en para sntranspone i:uanrl11 sp hace lfl tracción enu las a.~émilas
1¡ue sirwn t:uubiliu parn cargarle, y
transportarlo á traYés de las montailas
de nuestro país, en cuyo &lt;'aso se de:;.
compone la pieza y s us montajes en
tres t'argas que se repart.en en ut ras
tantas asémilas.
'roda la cnnstruc&lt;'i(ín del caMn, está
he&lt;'ha del mejor a~ro de las forjas tle
:--ail1CI ('harnond, fábrica donde se cunst ruy{1. De la misma manera su montaje. teniendo ~ste como especia.J!dad,
tambitln tle la invencil'tn del ::-;r. )Iondrag&lt;ín. el freno que se ve en la contera, qu¡• llene por ohjeto volver {L hacer entrar en h:ttalla la pie1.u. desput\s
de llaberst' disparado.
El alcance de esla pieza, que es de
mo11ta11a y adrcm1rla á nuc:. tn• J ais
mouU'l.Oba, es de t'incü mil metro.&lt;;, v el
pe:;o del eaüón no pasa ele 110,:en1a klh'&gt;gramos, In que le hace f:kilment e transportable porlo t·aminosy aspereza:; de la sierra.
La carga del cailtín es ele ciento trelnt a y dos gramos de pólrnra sin humo
r el 1~1l&gt;Co efi met{~lico. El ("aliorc riel
cai\11n e· de setenta r cuatro n1ilímetros y la velocidad inicial del proyectil
es de drn;dentos s etenta v cinco melros
por segundo, t lro rápido:
E) Teniente Coronel Sr. Mundragón,
sallo de rsta capital para Europa en
.J unio 12 del8!li. Los cañones que llevan su nombre y son de su lnvencl6n,
fu eron experlinentados en el polígono
de Saint Chamond, (Francia), rlando
un brillante resultado.

''EL DUELO INTERRUMPIDO''
'V.\t&gt;RO DE ,loSE GARNKLO , \ LDA.

, I&lt;Jn ntagníflt'n ¡2'rnb:tdo t.iradoaparte. ofrecemos hoy
a mwstros abonado::; u1111 repruduccl6n del célebre
l'uadro_ de Jns(&gt; Oarnelo .\ Ida. que rnnstltuye- 111111 de
las nieJores notas de nuestra Es_posición Nacional de
lwllai; .\. rtes.
Es una _t'scena 111La11w11tc clram.1.tlca.1t1spirwla por
nuestra ,nda moderna. En un halle estalló la 11!t-m1a.
y _estallo urn Sl~ngrle111amente quo el cm·ut·nt ro qu(ido pnctadc, ul-1m;1 ante, de modo que cu1intlo lrn, _primeros fulgorns &lt;!el sol naciente besaban cou 1111. pálida las marchitas pompas de los salones en donde

�Oomin;;o 1 ° ch Enerl:'l de 1899.

EL MU:NDO.

6

Viaje del Señor Presidente ole la República á Monterrey.

J¡'OTOGlUFL\8 D.0

D• L A.GRAJSC.a:.
.

Domingo 1 ° de Enero de 1899.

EL MUNDO.

El riaie del Sr. Presidente dB la RBDública

I'enetn\ en los tal1eres el Heiíor Presidente v clei&gt;pués de rcc-0rn•r lcs diferentes clepartawent&lt;;s que
c11nstituyen l:l negoci:Ldcín. relieitó á los_!;ei'iun•s (lp.
rente y JJireet or por lc,s iJuenc,s productos elaborados
en u Fábrka, obteniendo U&lt;' Jo más iutcre,,wtt:,
muestras que llevcí t'onsigo.

A ) IOXTERRRY.
VJSlTA. A. LA. l!'ABH..lCA IHC T,A FAMA
y JIOtrnos DE ,lEl,n"i-i )I.\IU \.

'En los )folinos de .J¡,sús "liaría el ilw,lrc vi. it;111tc
v sus acc,m¡;aDanteh, fueron rec1birlm, -¡,ur el ~r. Ingeniero )J;rnnel G. Bhero. wieruhro dela C'asa Y. Hivero :-,ncl'sores, quíN1 ltizo l11s lwnnres de la casn,
mC1Slra11clo 1n u.aquinaria, Lrahajn.. ensPrrs, matt•rias primas, y todo lo 4uc' crnist i t nyr y u,;a la nego&lt;"lación, así c·omo lcis proclut·tos rtah&lt;¡rarlos c¡ue son,
no cabe duela rlo. ele lo wejor 4m· i.e pn,clut'c en 1ml I t-rla de hariuas. puei, rivallz.an Yentn.jo~amente ton
las (•xtranjeras y es i:sta una ele las más pcqueiias induf.trias que 1 iPne establec-idai. la cmprendeclur:1 c·as,t
Ri,ero f:-,ucesores.

La mru1ana del miércoles ~I del pasaclo salicí d ~r.
Pres1dent.e aromp,lfütdo de numerosa 1·oruit i\a,:í ,·isitar la Fábrica de «La }'ama&gt; y los .\Iulinus de .J CbtÍI-,
María.
En la Jo}fütcii'&gt;n del XaC'io11al Mcxkano tuiuarou un
tren espedal, y ,·elnte minutos de:-;p11tls ll&lt;'g:tron al
lugar de parada frente{¡ la fitb1ic-.a.
El traye&lt;·Lo, torno de quinientos metros, halhíhase
cubierto por niilos de ambos sexob, de 1•sc11el:1s o-fkiales, que for1!1ahan Yalla, sostenieuclo ellai- preciosa.,
bandera,-. trl('olores ypresentanclo ellos armas, el conjunto l'ra lwllo y tierno i&gt;speetitc•ulo. La llegacla &lt;le la tr1mltJva, m:ompaiíatla dclossciiore1, I:ng-eniero )humd
Rivero y Twmís )Icndirkhaga, cu represi&gt;ntaclón ele
las lwnomliles rnsas \'. ltivero Sm•s. y Sm':-;.. rlr llermíndez lwrm:mos1 principales actionist as de esta lll'·
gociacic\n, ful1 recibida por los Hres. .Jrn,P Olivirr y
Comonfmt, Hrrente de la fábriea. y Pablo ::&lt;eg-ana.
Director.
En el primer patlo ele\áhase nn artfst ko nreo formado de p;was ele a]g11d1ín. algodií11 s111•l1 o, hui;11 y demás utensilios.

.\l p,1sar al enmNlor. llam,í,poder&lt;isamt&gt;nte hl atrnción de la i:omitiv11 un 1\g11iJa virn. sujel a á un cstuclo &lt;p11• corn1111ta la puNta de l'ntrnca. La reirm de!
las ,n LS Sl' halla ha l'.!itl las alas ableJ tas, y lns piés li¡rados. ¡.u , h,ta tué m(lt i, o de mm·bas agudczns: mas
:1í111 euando se s11pu la coinridnwia. de que mc,weltto¡; antes rlr po~arse en la quinta, la f:ílJricn no ti•nía
un r11Jje to aprnpiadu que poner sobre el e-seudo.

1,

( '.\RIU) AWW&lt;IIIH'O 1&gt;1~ LA FA.BRIC..t DI~ T1,~1100.;

C.\ llllO .\w,;GQRICO

DE &lt;LA REINERA.&gt;

(',\RIIO ALBGOlUCO DE L.\.cFAURll'.\ DR Jor.H1
O \Sl-:OS.\S.&gt;

El M. Preslde111e propusu,que se.pu. iera al ave· un
anillo de oro, en el pil;, con la fedm irahada, dándole

&lt;L.\ l''.Dr.~.&gt; .(Tmr.AD.A nu:..~ rE .\ L 1':lll~'lc-J;¡ DE L.\. ;ilISM.\..)

AltC'O 1,EVAN1'.\.DO I'Oll LO'- O P&amp;fü\RIOS DE cLA F,DL\,&gt;

momentCls antes Sl' t!ft•c·tualia el sarao, .va los contendientes estaban sobre t•I menguado cm11JJ1&gt; 1ld honor.
espada en mano y listos para /mm· ,m nomlm,.
Mas he ahf que en el momenl(I en que los padrinos
habían dado la roz de Zi.-&lt;lo.~! un carruaje, lanzado á el:icape, aparece entre los daros del follaje y l}ega al sitio en que 1:,e dci:;arrollaba e1 drama. Los_ nvales sorprendidos b:ijan las espadas yel cl~elo sr mt~rrumpe.
IJel e.arruaje descienden doi:; muJeres, atavnulai. aún
con los trajes de la tiesta, y una de ellas, la e.5posa
sin eluda, abraza ;i uno de los contendientes el cual calla mirando hoscamente el suelo, mientras su ad\'C;sarlo, respetando el nobilísimo lmp~1lso de a)llor
que es causa de la interrupción, espera dignamente la
decisión de les padrinos.
Es una obra perfe&lt;•tamenLe sentida y ejecutada.
con m:wstría Lant.o en el conjunto como ea los detalles. El dibujo es minucioso sin amaneramiento, el
colorido real y sobrio, la pen;pectiva y el modelado
bnenos.
Tiene nn prqueiío defecto de composición: el extraordlnarlo parecido físioo de ambos contendientes,
el cual hizo que alguien l)auti1,ara. este cuadro con el
ircínico título de c.lJtiela enlre gemelos,&gt;
Hay que advertir que el cuadro que se encuenLra.
en hL .Academia de , an Carlos es el boceto que trazó
t&gt;l autor para. l:L ejecución del miadro detiniti,o que
se halla en Europa. Posteriormente y antes de enviarlo á Méxlco, el mismo Garnelo de Alda, concluyó el boceto, copiándolo del cuadro deflI.lltivo á que
acabamos de referirnos, el cual fué premiado en Madrid con medalla de segunda clase.

C'A1rno ,\LEGOlllCO m,: LA cC1-:uvi,:n,:R1A ('f'ArnTEMQC.&gt;

-- -..-,,_.. ......•
1

-..

AGt'ILA APRl,!JON.!DA EN LO:.
MOLI.NOS D~:
J i,:sus 1\1Ali1A l,;L DI.\ DE - LA
·'VISlTA DEL
~B. PltESIDENTE.

C.A.11RO ALRGORICO DE LA CASA. cSoRl'RKSA Y PRBUVERA.&gt; 1

F.ABR.ICA DE A..BTEFACTOS DE HIER-tO LAllINADO,

Ü.ARRO DE LA C::rnPA511A )! IN".!J.H &lt;ZARA GOZA.&gt;

�;.

Domingo 1

EL MUXDO.

después libertad; opinión que fu~ accgida eon acla10at'.iones.
rna wz terminada la rápl&lt;la YlsH.a á la fü1ca. la
('(ltnitirn presidencial ocupó de nuno sn carro, en
uni6a del ~r. ni 1·ero, pasando por un ingenioso puen1e formado por sacos de harina qne se Ie,·antó cert'a
cll· la , la férrea.
CARROS ALEGORJCOS.

lmpo11e11te y grandiosa fué la procesl&lt;Ín Industrial
que rel'l1rri1~ 11s calles de )Tonterrey la noche del jnt-ves :!:! del pas ido Díclcmbrc. para manifestar al :--r.
Presidente el respeto, la admiradi'tn y el agradcrimiento de las cliversas empresal&gt; de aquella ciudacl.
Formaban In pro&lt;'eslón velntldos carros aleg,~rito~.
tle los ,·uales nparect&gt;n los que pudieron wmarse fotognítil•11mente.
Or¡rmtizúse la procei,;ión, empezando el ,kstile en la
calle del llospllal hacia el ~ur. hasta la l'laz11 de Ilrg-olladn, pasando frente á la casa del Hur.lt'rnador.

aloj:1111ientn del ~r. Presidente, pura seguir despn(,s

por lm, t'alll's ele Hidalgo, Zarago1.a. Hoctor )ficr .v
Hoble, ~- disolverse en la l'laza del Colegio C'ivil.
Totlos los balcones de hL~ c,\llcs del l ráru;i to fueron
ocupadris por infi11idad de espectad&lt;Tes, y alguno.'&gt;
dí' t•stos tu\'ierfln que pagar prel'ios Pleradfsímos por
las toralidarl\'S.
Atlemás del ahnnhrado dt• g:asc Jina y gas acetileno
que l11•1aban los earros. una multitud de indlvidnns
marcharon C{)n antorchas y luces de Beng"ala danrlo Íl
la 1•scena un aspecto fantást lt'o.

°

de Enero de 1899

Domingo 1 e de :Enero de 18911.

EL GR,\X H.lILE EY ET, CA.SI.NO.
Ln facbadlt del i;nnt uoso edificio brlll.ahn con su extraordinaria lluminacMn. Ei,;turn formada éle mult 1l ud de lúmpnra~ inrandecE&gt;ntr., que en artfsli&lt;'a comhlnadc\n rcprrsPntaha capri&lt;-hcsas figura¡; ele! mejor
gusto.
.\ lo largu del w1-;tílmlo, dos hileras de csbrltas cnlumnm, de mím110! negro sobre las que, en rlt•gantes
t i,stm, rle porcr•lana. lncían con rnriado mat.izplantas
y llorc11 exMicas. Complet.aba este armonioso conjunto, 11n:1 ))1h"ed,\ de raso colur de roba, artíst lcamcnte
plegado.
Los mm•oi,; lucían, de Lrecho en t..tel'ho. Plegantesespejos hisPladus cuyo el l-erso cristal encuadraban lujrn,ns mareos.
El aspecto del patio infPrim·. era prorligimm. C':uh1
una rle Ju.-- l'lnco dh·isiones &lt;¡ue formah;111 ri;e patio M'

componía de una !Prit• de elegantes column1\s. plnuidns 111 ,\lec,. en que el color uro viejo que élominaha.
producía t&gt;I &lt;.-freto &lt;le un11 d • rsus snntuc,sos templosd,•
st•verm, naves.
El piso Pstaba n1bierlo dealfornbrasclcrolores. rojo
~- a1.11J. que fnnnahan agradable contraste con lrn,
aclornos de gm,a que unen los capileh!s ne las rolumnns.
l&lt;~I resto rlt'I a&lt;lornrl t·unsist fa en graudt•s wlll·•tcnes. esJk•Jns y lihores. distribuidos 1·n:1 g-nslo ~• ('..11!,1:ados &lt;:on art.c.
A la parte iz,¡uier&lt;la clel rorrJclrir estah,l el sal,ín del

\' RSTl.KULO D~;L Ci\lSTNU.

\"L'-T.\

r

S.\LON t'ONSTIU'IDO ESPECI \L11ENTF: P.\U \ EL

nur.r,:

01t.\N K\L(IN DI•: H.\JU;.

l'ltES!llE:\"("IAL,

Es uno do los &lt;:Pnt ros de sociedad m,ís simpátil'os
y aleg-res. No s6io da las flei,ta.s peri6cllcas que el i·cglamento previe,w, sino que ron pretextos mil , inge-

lahor ~- no las disipan inúLllmcnte, para ganar hirn
el temprano reposo; por la noche nadie piensa smo
en dil'ertlrse, respirar el aire libre y espaciar el es-

niosamente bus::aclo¡.¡ y apn,1·C'chados en conciencia
por los j6n•nes. menudean lmilc y reuniones. e.xi raordlnarios. Y con frecuencia improvis:rn t~r1 nfü111 que
no obstante ·er preparada;, en merlia hora, resultan
magnilkas por el número rle concurrentes y el t&gt;ntusiasmo de todos ellos.
La sociedad de ~fonterrey es de las más alegres y
dispuestas á dh·ertirse. );o la ahC'rroja ese sentimiento levítico y triste que hace de las ciudades ele prnvincia, conventos Jc\hregos desde que suena en las
1glesias el toque de oración. El tlima e.Hielo favorece
la Yida bulliciosa que sale en 1 ropel de las casas y
los talleres para ei;parcin,e en los piu·ques y ala-

píritu.
Los que se qul'dan en casa no busc.tn los rincones
obscurns: abren puertas y 1·e11ta11as, llace11 sonar los
pianos, reciben Yisit as.
Los miembros del Casino dan :\ su cent ro sncial el
carácter q11e piden ]¡11-; condiciones éle clima de la capital neolconesa r como el edll'icio est{1 situado cerca
de la Plaza Principal. Jugar á donde l:Oncurren dos
n•ces por semana las rauülias reglomontanas, han
conseguido que el Casino no sea c-omo lo son casi l,lJdos lo· cstablcclm:ientos de su clru;e, un centro para
hombres, y sólo para hombres, fuera de las noellcs de
reunión. De esta costumbre que tienen las dama~-de
concurrir al Casino, nace la extraordinaria facilidad
con que i,;e imprnvisan (ie tas y tcrtul ias r conciertos.
El elemento extl""&lt;1nje-ro ha hecho una transfusión

medai;.

Durante el día tooo es trabajo. trabajo absorbente

banquete. Lo:s muros rle 1•i;lt's ,~uhiertos di&gt;
espejos. ;1ltPrnaban ron haces rle handeras de
1o&lt;fas lai-; nal'ionei,, formanrlo 11n conjunto
agrarlahle. ('lnco ftK'rn; de rolor y den inrandescrnt.es derramaron ~u luz en estu aposento, que part'1·ía iluminado,¡ yi11,·111i.
[lal)fa nos mesas d1• honor. arreglmlas
para dit!cinuev~ l'uhiertos, formando dc,:;ín¡nilos recto.-;. unidos: lu g-eneral se extt&gt;nliía en lí11ea reeta. Otras mesltas mo1·ihlP:-. s" rol&lt;waron Pll t&gt;I patiu descrito,
no basLando el :-.alón mmerlor paraaloj:ir
al g-ran 111'111wro rle hwiladns que emwurril'ron.

La esealcra t¡llc á amhos lados s!' en('ont raha. dt&gt;jaba c·orrer cnt.re los claros del follaj1•,
cspléndilias rasi.·adi1s. Sallaha Pl agua entr(•
1·aprichosas y hlancas est ,llnct itas y en rompit-ntes &lt;le espuuut tafa en reriplentrs rodeados de fresc{1 hPno y hlanc:as rosas, rel\ejan-

d,, u na espléndida combin;w.icín de

luces.

La plantn alta m1taba rormacfa por un gran
pal in clP hermosísimo aspecto. El rnnjunt&lt;l
en su decorarlo er:\ de estilo Luii. XY. Ilav
una serie de rolm1m:L'i de orden jt\nico, &lt;l°e
llriraclas rnlutas. De ellas arranca un númrro igual rlE' regias arcos. Brmaban en lm;
1·11plteles cenlenares de lámparas Edlsson.
fnrmanclo óvalos. en tanto que los areos ostentaban magn!ficoscortinajes de rm;o amarillo paja, orlarlos de oro y bambalinas verclP nilo y rosn.
En la uni6n de los arcos, rlE'gantC'S eseu(los artJsticamente combinados t·on palmas
1•oi;¡11fas.

El techo fuP rubterto v nhoYedado ron
rresponcs de g:asa, l11elendo entre ésta, ant·hns rr1injas amarillo. azul y rosa; complctalia el sobcrl,io ronj1111¡ o la gran arana. del
t·ent ro, de &lt;!onde pe,tidfan esreras esmalt.aclas. y guirnaldas epyos rolore ltlcfan enlrP
lo» innnmemlfl s focos in~ndescentes.
La alfombra ora rqja y ai.uTStep. Es la
ESCALERA DE UOXOR DEL t'.\~I ~ &gt;.

-

que usa t:I C.'llsinu para los halles, .I' tamhlen
t·n sus s:1lones de rrcepción. Estos, en nú111ern tle trt's, ('l-itaban sr-parados del cuntro;
lns later-.llcs. por t.encilrlos arcos. Su rlel'.Oraclu era de un lujo espléndido. Lns puerlns
tenían t&gt;l('gantes cortinaJes ele lino peluche
rojo y oro Yicjo, i:omhlnudm, con verde y rosa. En el l.11terior ludan magníHcas lunas
Yrllt&gt;t·iana.~. ,;st osos tapices y stml Uli!&gt;O y
rit'o mobiliario. Resaltahan lus sillones. en
gran u(imero. 1·(m su blando acojinado de
l'fljll

EXTERIOtt DEL ( '.\&lt;;INO DE )JoNTEH111i:Y.

~mo es el de las gentes que cuentan sus horas de

muy f:n·orable ni progreso de los lláhitos de socinhili
dad. Gna sociedad cunsmopolita corno la de :'llontt~
rrey. es por naturaleza abierta y liberal con los no
aYecim1dos en la poblacl6n. y cotuo la gran masa ele
negocios de Lodo orden atra,e diarhnuente forastPros
ú aquella ciudad. PI resultado es que todos encantados con la ae&lt;igida carii1osa que rccihcn, traban estrecha relaciones con lo.~ h,1bitantes , forman un elemeuto. más bien dispuesto á darle brillo y moYitnlento á. la Yida de salón.
Las personas distinguidas de )[onterre~, Ylven diaramente en con lacto con el mundo. pues han Yiajado, w utbas ele ellas recibieron su educación en el extranjero y todas procuran pura el lugar de su residencia ese
m ov lmient.o. esa transwma.eirtrr rápi&lt;fa que caracte-

riza .t ros países aYam.ados y cultos. -Xo hacen, pues,
derivar sus costumbres del sólo impuhm de la trudicián. sino que auxiUados por los 1esidentes extranjcrns, las ponen en consonancia eou la ép&lt;lf'a,

ft&gt;lpll.

el Cl'Ol ro del salón se wla un cuadro
con rl 1·etrato del ~eñor Ge!leral Dlaz. al que
formaha warco un gTan pahellón de raso.
Lu~ otros departamentos eran tarnblen muy
1&lt;:11

elegantt•s. La i-;ala, rlestinada pnra la tollett t&gt; de las sciioras. era espl¡,lndida. El grande
y lujoso locaclor S" extendfa ocupando todo
un crn,;tado v alcanzaba al techo. Era de caoha con moldtu·as artísLicamente talladus. El
resto rle la sala cstatm dividido 1&gt;n tres compart.i111ie11t.os, por medio demagnHicrn; espejos vt&gt;11Pclanos.
El sallín- tncador estaba co1111111icado con

,,¡ que sirve de J!Uarclarropa. ~o tenia éste
más que una elegante eslanteria, ele caoba,
luciendo en los cajo11es y puerteclllas, artfalieos I alladns.
A1 ~eilor Presldentt&gt; v su ~Unlstros se les
cli&gt;stinaron dos saloncli.os amueblados con
al{rable HHPridad y exqulslto gusto.
Otro saltí11 más ampllo se desl in(S ,í. los cal1all1.:roi,. par,1 rkseanso. Se veía en éste un
gigantes1'.t) espt'jo que cubl'ía todo el ronde,,
llegmulo llasla el terllo.
1 amhi(tn,

Por (iltimo, mP1wlonaremo:,; el departamento de guardarrripa de~caballeros. Tan
bien arreglado t·nmn los otros apo¡,entos; tan
bien &lt;llspuesto como ello' r tan bien decorarlo l'tmLrihuye á sentar más la fama y repa-tación &lt;le que e011 just ici:i goza el aristocn'l.tico Casino de ~Ionterrey.

EL C.l"S°ON MOXDR.lGO:N EN FRAXCLl. ( Vea.se el texto. )

�EL

10

Domingo l

innmo.

de Enero de 1899.

O

Domingo 1° de Enero de 1899.

NOEL..

Tristezas de año nuevo
UN INESPERADO.
El bullicio urbano llegaba basta mi retiro de con-

'"º !esciente. Cohetes de colores lanzahan su puñado de

,1balorios fugitivos en fa noche; gritos y cantos y exclamaciones en la calle se de1&gt;Lacaban del sordo rum&lt;&gt;r
de los pealone .
.Allá, ,,1drieras ilumjnadas (~ yio,·,w por las bujías de
Jos candiles; allií el triángulo de lucecllla de un 1í rúol
11e J.'cLL•idad nuevamente encendido; en el aire frlo de
la no('be, como roto collar de notas, un fragmento de
rnls triste y como respondiendo al canto ele un gallo
deslumbraclo por la luna; súbito y jubiloso sonar de
pitos, panderos y coros, en un patio populoso.
Y yo enfermo J t,ristc esperando al aílo nuevo, ese
infante salido de las decrépitas manos (le Saturno, como quien espera la llegada del emis:,rio portallor de
malas nuerns.

)lis u migos en sus hogares, al calor de la familia.
mis parientes en lejano terruño. mis ,·ecinos huyendo
del domicilio Yetusto, el mendigo ausrnte de su puerta favorita, ni uno tí quien presentar la l'Opa llena de
vlno }. coronada de asroclelos para co11jurar las desdichas por temer, 1m'ís bien que para inYooar lm, fellcidadei; por venir.
Y miraba al campo de lo. cielos, inmutable y nunca
mou6tuno en la procesh\n de antorcl1a · de los astros
rn negro (·irc·o
. . á lo cielos espléndidos como
nunca, iluminarlos por una luna r&lt;'Splandeciente, bla11&lt;'.t y velada Beatriz. discurriendo por 1111 jardín de
tánclidas awcenas; ¡~ los cielos tranquilos cuya suprema indiferencia contrastabaccm la a~Hac-lóo tcrrestl"e
ele In:- q11e miden la Yicla por a_ilos bajo la mirada de
un poh·l• &lt;lt&gt; Yía !actea que cuenta su infancla por
mlllone,; de siglos.
Y pfü;eme ñ lt•er ,·lcjai: canas y ,l. c·onternplar viejos n•tratos. ~- á exJrnmarYiejas rlores, reliquia.,; todas
de riejo:, amoríos: como quien recoje las hojarast·a de un arhol ecul,tr. para le&lt;•r en cada tallo y en
rada marchita c•m·uhl un epi ·odio de fa última primavera.
Pero hl viña puede medirse por años? ,.:el río de la
vidu puede c•stinrnrse con ll•s kilt'm1etrusdel geógrafo?
;,el hil&lt;, rle la ,·ida se grachía como la cur1·da de un
,.,.¡1o1 ;,la radena de la vida es ele eslabones simHricw,?
Cmín viejo era en aquellos instantPs, en plenajuven111&lt;1 anat,ímica á semejanza del boyero dl• la l&lt;-yenda
;'1 quien los dioses computaban su exislenria m.ís que
por la duraC'ión por la intensidad dt&gt; sns ·cnsacloues,
resultando decrépito al cumplir aper1as los quince
ai1os con un solo amor griego sobre la conciencia.
Y me sentía tanto más wlo cuanto m1\s cansado. y
,olvla mi pensamiento,\ ot,ros soliuu·ios en esa noche
de efusiones, de plegarias, de vaticinios y de ternuras.
Pens-,ha en el vigía, que en lo nlto del mástil esplora la negrura de los mares , ofiando con los placeres de
la orilla: en el galeote que cuenta con Jo dedos el

año menos para reconquista,1· su libertael, ya. inepto
para clistrutarla porqu~ e.ncaneció en el presidio; en el
rraile para quien lo· tlempos son urilim bre sutil que
el soplo de la muerte rompe como tela de amiia Y hL
clep idra mundana muy pequeña para medir la pel'petua bienandanza ó la condtnaciún eter1ia; en el centinela transido de frío, .'i solas con su arma y á. solas
ccm sus remembrtt111..as; en el médico atento á la agc,nía de un incurable: en el loco iusomne que rumia el
ritornelo de su obse!ó;lcín; en el hijo pr6digo que siente vlboras en el alma v llanto en los ojos; en el
viandante que se extravía en la selva ouscura: en el
desterrado que fallece de nostalgia; en el prófugo cuy-a pena mayor es no poder reciLarcomo mel6dicoYerbo. el nomlJre de la madre, del liermano, de la amada,
y p&lt;&gt;nsaba en mí mismo. atenido á loo cuidados mercenarios de una sirviente que tenía nieto:,.
tiobre la mesa había flores, golosinas, copas y rino ...... tres hujías encendidas.. . . . humeaba el
tl1il . . . . y i;obre el phtto la eX&lt;'llbét de mis l nvit ados.
Y yo que babía pensado un brindis! Yo que iba i't
decirles que en esa noche la Fortuna era 1·ortesana t,rn
deseada y tan solicitada que no podfa complacerá todos; que Dios debía reir allá en lo alto de las brazarlas de espenu1zas rle los buenos galeotes ele la tierra;
de los cantos triunfah:s dr esta ci·gástula de dolores
lJUe se llama el mundo¡ de tanta promesas corno se
hacen l'Opa en mano cuando quiz1í, imisible, detr1ís
del orador. taclluma ,. fría, la muerte se sacude el
manto negro que ~alpic6 el champaña.
Iba á decirles que brindáramos siquiera por nna
tregua.
!&gt;e la calle ascendi6 uu lamento largo, eomo el quej ido de un redén naddo.. . . . un grito doloroso y
pat~tico como de alguien que pide auxilio 1í implora
el s&lt;x·orro de una madre .....
}Ie asomé: tiritando (le frío, mirando íi mis ventnnais como un mendigo en espera de limosn.is, un gato
maullaba Inconsolable ..... .
-Entra.amigo mío, y súbito enternecimiento me hizo abrirle, lhunarlo, como si fuese un peregrino e11 busL'a de hospedaje. Entra, no temas, ¡y cuán flaco y
enft&gt;tmo Yic:nes~ Entrn, no tengas recelo, soy un amigo de los gatos. )fe eSC'onder¡; para que pases: eres un
gato de la plebe: cómo te extrafüm las alfombras. y
el pcrfmne de las rosas desbordando de los ,·aso de arcilla; y la luz intensa; y los cortinajes discretos; y el
ambiente tlbio hecho para la amorosa intimidad. ¡ Pobre enfermo, vienes cubierto de fango, y herido, y
agresi,·u como todos los hambrientos!
Sube á la mesa )' toma lo que gustes: qui1.á prefieras la carne ordinaria, ó el gigote plebeyo y no te
¡;eduzcan los pistaches enrneltos en azúcar ürlstalizaela: ese jamcín color de mlrto: esos blondo¡¡ pasteles de
dorada costra; esa ga laotina irónicamente recamada
de arabescos de g-rasa y pompones de seda; esas frutas
briJl:mt.es como barnizada11 con la1.:a; esas g-elaUnas trémulas y diáfana:;: cnme, eres mi amigo de esta noche.
El auJma l. pl'imero. quiso huir)' no lo 1r,mt1uili?..aJ'on mh, caricias. ·e refugió olfateando en el anaquel
de una librería. saltó sobre un yeso, se paseó por el
marco de ltll retrato de familia y por fin atmído por
el /11,111-t de un pastt&gt;l de pollo, con todo el slbarit ismo
de la raza la emprendió contra un alón que &lt;'011 mil
preparativos y entrecerrando los ojos engulló lentamente.
l lesputls eligió lo que ;1 bien i.uvo sin que yo osara
ni mirarlo de frentc.-el gatu e. tan hipereste~iable
que .,irnfr una mirada-conform¡índome t·on seguir sn
cena reflejacl:t en ltll espejo.
~unca me he :;entido tan caritativo. ni he palpa&lt;lo
la roluptuo. lelad moral rlé una buena acción como en
aquellos inst,U1tes.
He ahí que su,-, hermoi;os ojostintilar, como amatistas, que sus miembros se rlesentumcce11: que su cola
contenta asume la curbatura de un cuello de cisne. de
una asa de ánfora, cte una rama de lita, de un cayado
episcopal 1í se balancea á diestra y siniestra l'omo el
dedo velludo de un monstmoso troglodita cliciendo ;no!
Em10rvó la espina comu una giba de camello, hin1·6 las uñas en el mantel, se lami6 la nulz y loco de
comento y denibando copas, se pusú á. jugar «l a~t.~i1w./o rPjiim,do con una nuez rle Castilla.
;.Por qué á la vista de aquél dichoso, jnfel!z hacfa

un cuarto de hora, ante aquel ~-aUejero qne se rne
antojaba. \'estido ele uegro pelaJe, un poeta robre;
por qué al ver so facilidad de olvido, su adnurabll'
adaptación al medio y al momento presentes. una~&gt;ca nada de clarivirlenc~ias me blzo en&lt;·outru en su Jllbllo tantas explicaciones y pareci?os? .
,
Lo llamé y l'ino pos:\nrlose en m1. rodillas, pasanrl~me como m1 pinrel, su cola por la fa1,: soné una caJa
ele música y n!!'uzó el oído: Je acerqué una rosa y huye\ disgustad; :.acudí ios prismas del cm1delabro y
engrif() las garras: le most,ré una bom boner¡¡ de t·oral en forma de cápsula y la bite rodar por el tapíz y
se lnnz!Í tras ellll con la curiosidad remenina de su
raza.
lgual .í la mujer, Idéntico á la Forruna,_deslumhrncfoporlo, brillazones y prefiriendo al plat1ll&lt;1suculento la naderill c111inial'ia.
Yalienle año nuevo ¡¡quel, v alegre, porque me sentía alegre en compañía de Ull irracional tan c6mi~o y
serio á la par que be me antojaba la metempsico,m,de
algun filósofo ó la materialización de un espíritu de
buen llurnor dolido de mi soledad ...... !
C1ímo el volupt.oso salU&gt; al CHjón abierto del bufe.te
y haraj6 las amorosas carlas, cómo retozó ron los listones y se Crot6 las narlC{'S en los bucles de cabello
blondo' y perfumado con ambar g:r_i~, de mi no"i:t;
c6mo destrozó las ílore. set·as y parec10 m teresarle, ma,:;
e¡ ue nada, un pailuelo de baile que arrugó y dejó w,lar
como un harapo.
Y cant,;arlo al fü,, arrellenóse en un cojín muelle ) lo
oí ronronear, y dormitó cerrando desconfiado un . ·o](,
ojo.
.
.
.\ 1 diablo mis mclancolias y mis aranes: aquel s1bari I a era un emblema de la Fortuna, del Aeaso. ele la
mella. ele todas esafi fugitivas que suelen Jla1m11· á la
puerta tiritando de frío y hambri_entas; ele las 14ue
buscan, ií quien espera otra compañrn: de lasqn~ ~osahen ele&amp;irentre el uniso burdo y la trufa patr1l'rn, de
las que0 se rleslumhran con la l&gt;ujerfa brillantl' y 1111ren del aroma ducal de la rosa; ele las que rompen
~artas y huellan paiiuelos de batista.
A.l diablo mis melancolías ;,no es wr1hld gato negro:' .\ lll salud .•\.1 diablo mis tristezas en u_na nol'he . la íiltimadel ,Liio en cuyns dos horaspostmnera~
he apre11dldo más que t'n los meses restante·.
ll e aprendido que la Fortllna escmnoese clur111lente, y que bien puede brindarse {i solas teniendo pot·
anfitrión tí un Irracional.
•
- .\ tu salud, amigo mío, á quien adopto y á c¡uicn
por la ('olor llami\ré «Dumas padr~&gt; y por el slmhól11·n siguiticndo « El . \ca:;11,&gt; neur6t,1co senor () lit' gohierna á los humanos.

11

EL :MU.NDO.

Cada pueblo, cada :raza y cada época tienen sus conmemoraciones especiales, sus fiestas propias, sus regocijos peculiares: Grecia, el Gimnasio y el Teatro;
Roma, el Circo y el l•'estin; la Edad .Media, el Torneo
y la Procesión; Espal1a, la corrida de toros; Francia.
el café y los salones. En el uno, las festilh•idades
son cívicas, en el otro, religiosas, en el otro, sociales;
pero hay una conmemoración, bay una fiesta universal, tradicional. que t.-O&lt;los los hombres celebran, c¡ue
todos los pueblos p:ractican: el ffo del ailo y el nacimiento de su sucesor.
l&lt;'iesta de ilusión y de esperanza . . •ral parece al hombre que con el afio que se Yá, huyen todos los dolores,
se disipan todos los desengaiios; que con él quedan sepultadas todas las miserias y todos los desencanto ; y
tal le parece que coa el año que viene renacer{m todas la. esperanzas, acudirán en tropel todas las dichas,
i;e realizarán todos los ensueños. J.'Milmente se admite que con el año de ayer queda cerrada la Caja de
Pandol".i y qne con el aiio de lloy se derraman!. sobre
nuestrns cabeí'd'ls el C'11erno de la Abundancia. En el
sudario del ailu que muere creemos dejar sepultadas
pal"J siempre todas nuei;tras amarguras, y registramos ávidamente la cuna del ai1o qne nace seguros de
encontrar en ella todo' los dones v todas las satisfacciones de la existen&lt;'ia.
·
Esta ilusión y esta esperanza celebramos con las
más ardientes expansiones, con las ternm·as 1m\ exquisitas. rodeados de todos los seres á qnienes amamu y á quienes asociamos y creemos participantes de
nuestra futura felicidad. La, ida era. ayer aím, un nudo gordiano, apretado, inestricable. en que se enmamñabno los ímluos problemas del ínte1·és, del porvenir, de la ambici6n no satisfecha. ele la ilusión no realizada; todo el año anterior, toda la ,ida fa babi11mos
pasado cnredánclolo por querer desatarlo. a·pretándolo por querer aflojarlo, mezclando~en sus ensortijadas
cocas nuevos hilos que las complican sin en&lt;'ontrar el
de , \ riadna que ha de orientarnos en el laberinto y
conducirnos á la l:l:llidit tranca, á las M&gt;luciom:s honorable,. á los desenlaces trilmfales; y el nudo, como una
madeja de interrogacicme sin respuesta, resiste, se
obstina, y no logramns desatarlú. Pero llega el ailo
nuevo y juzgamos que porqlle un instante del tiempo
1:1e ha d lsi pado. que porque un astro h,L pasado por un
punto ilusorio de una línea in1aginaría, el nudo queda
dese&lt;"ho y ovillado y que ya podremos seguros y tranquilos desenvolver el hilo de la existencia y seguirlo
hasta el cabo sin tropiezos, sin esfuerzos, sin contratiempos como quien navega en mrtr tranquila con el
faw ú la vista.
Por eso los regocijos de año nue\'O son universales
y seculares, como sou uníversales y seculares la ilusión y la esperanza y todos los pueblos los celebran y

conmemoran según su índole y RU t~mperamento, pero sin dejar ninguno de detenerse en ese Instante crítico y entonar un himno de bien venida, nna plegarla propiciatoria ú un hurra entuslastit al afio que
nace.
En los países tropicale . de cielo azul y asu·os cintilantes, de brisas tibias y perfumadas, los fes1ejos
son públicos y exteriores. Y enecia hac~ deslizar por
sus mágicos canales las teorías de sus góndolas, resonantes de m't'1slcas y cantos; en Xá.poles cireulan
por las calle grupos de poderoso cantores, bulliciosos,
alegres, festivos, ebrios de ,inos generosos y de ei.peranzru; locas; en Roma se abren de par en par la~ puertas de los templos, resuenan bnjosus b6Yedas los acordes plenos, prolongados y místicos ele los órganos;
voces di! mujeres y \'OCCS de niños, Yoces de :'ingeles,
entonan cantos escritos en el cielo; en Provenza SI! desenvuelven, en las arenas de los anLiguos circos romanos, las serpentinas ondulacionml de las tarándolas
que, al son del pífano y del tamboril, se anudan, se
desacen, serpean y giran como anillos ele ,1stosa culebra; e11 las plazas públicas se organizan bailes, bajo
los balcones se Improvisan serenatas; lo:, astros chispean como ascuas. las brisas zumban r&lt;&gt;mo insectos,
y la tuna desde el rielo soíll'lé inínica ante tani.a alegría que ba de converUrse despurs en dolor y alumbra, escéptica. tanto entusiasmo que ha de cleseulazarse mañana con gemidos y h\grlmas.
Pero son los países fríos, los pueblos del .Xortc, las
regiones inclementes, de cierzos helados y de brisas
cortantes, los que han dado carácter especial y tipo
peculiar á la conmemoración de ano nuevo. Para ellos
es una fie ta del hogar, de la familia. consagrada Ala
mujer, que es el S&lt;&gt;. t~n. y al nifio, que es el enC'anto
de la vida del hombre.
El cielo está nebuloso y obscuro: no luce t10 astro
en el Hrmamento; la ltmi,, aterlda, se t•nvuclYe como
en armiño. en densos nubarrones que ab. orben su claridad: los copol&gt; de nieve, blancas y pesaclas maripo•
sas, revolotean en el espano; un soplo helado se desprende del polo. y arrasa y f11st iga; los 1'trboles. esqueletos em'Ueltos cu sudarios. tienden !lllS ramas deshojadas como miembr1,,, momificados. .\fuera relmm la
soledttd y el silencio; nadie discurre pur calles ni plazas: todo el muudo st• encierra, busca el animo del
bogru·. el calor hienhel'hor de la familia. La fesli ,;.
dad desarrolla sus pompa:, entre cu:n ro paredes, (~
puerta cerrada. 1-,iu n11ís compaiíía que la familia y los
íntimos; mas no por eso es menos expansint. ni menos
bulliciosa, 11i menos brillante.
En el hogar arele un fuego c-hlspe8nte y amoroso;
el fuego, robado por Prometeo á los Dioses, el domador dt! la NaLuraleza. la alegría y la fuerza del hombre; ea el centro del salón, que pes:1dos cortinajes tapizan y muebles confol'tables y serio deccmm, el ,ir.
bol, como una áscua de oro, resplandeciente oon sus
mil luces. de cuyas ramas penden como frutos madu-

ros, las chucherías afiligranada , los juguetes vistot,0S, los encintados paquetes de apetitosas golosinas.
Luego, la mesa del restin, sunrnosa, con su vajilla de
porcelana antigua, su cristalería, fina como un ene.aje y retiplandecient,e como una joya¡ la hlanqUÍblma.
mantelería; el cubierto de plata cincelada; los pesados candelab1·os que eleY,lll en sus brazos eontorneados las bujías coronadas de luz.
En un momento dado se abren la puertas y la turba
bulliciosa de los ni11os. blancos. rubios. resplandecientes de limpieza, &lt;1e salud y ele Yida, se predpita. gritando y cantando al árbol. EJ jefe ele ln casa. ofkia de
pontifical: ese hombre venerable que ha vivido y sufrido, que ha luchado y triunfado, preside tí. la dh;tribuciún; con paternal ternur.i distribuye á ésta el rono Yigoroso. mofletudo, riramente ataviado en el
que bará sus primeros ensayos de madre y que le presagia 1ma ngorosa fecundidad; á alJuel el casco y h1
coraza, el sable y el caballo de guerra. símbolos ñe su
papel ele luchador en la ,•ida; á Jos pequeñuelos, bouajas y dulces, á la joYencitas chucherías de tocador. :t
la esposa, el hracelet.e ('Uajado de esmeralda· Yercles
como hi esperanza y de diamantes límpidos como la
virtud.
Luegd. en la mesa. ¡\ la hura del banr¡uete, ceremoniosa)" gra,·en1enLe, pa1-te y distribuye el pan &lt;'Orno
para que nadie ohidc qtúén lo trabaja y quién lo lle{L la casa y en el momento de Ja suprema Lransici(m. á la doce ele la noche, se lernnta y pronuncia
el brindis de bien Ye.nida al año nuern. brindis que es
á la vez mm plegarif\ y un himno, ~olemne y sentido,
en el que asncia 1í. tudos los suyo1, en un fen•lente,,•o,.
to de felicidad.
Aquello es á la vez tierno y augusLo, severo y dulce, patético y alegre. Esas gemes ('ou1prenden la virla no como una fiesta sino como una lucha; en los
momenu&gt;s de mayor y m,í.s libre expan:,iún, se 111oderan y refrenan. aleccionan y aconsejan y enrnenlran
el l1ilo de nuestra siempre enredada madeja en la línea recta del deber aceptado y cumplirlo.
Xosot,ros, latinos y tropicales, ks hemos plagiado
el ,írbol y el fest1n de famllia; pero nuesl ra Noel, net'.etiita, para parecen;e al suyo del cielo nebuloso, &lt;le
la blan&lt;"a nieve, de la brisa helada, de los hábitos de
,•ida interior y de los instintos dt&gt; hogar y ue famllht
pr&lt;&gt;pios de aquellos climas y de él(¡ll\!llas raz:is.

''ª

0

SENSf\OIONE,8 DE Vlf\JE.
CA IN.
&lt;Lienzo de Fernando CorDl.on---Museo de Luxe:rnburgo.)
A Carl o&amp; Pert&gt;pa.
Es una t"la trágica. CYocadora, ron loda lapa ,·orosa
miseria de la tribu maldita y toda la bíhlka cólera
del Dios implacable.
.Ante ella SP experimenta una sensaci&lt;\n dura .V angustiosa de real~dad y de_pesadilla. Esos c-uerpos. con
los delirantes OJOS lrnnd1ctos, lai; cabelleras
erizaclas cí ladas. hls bocas amargas y lamentables. loi; torsos quema&lt;los y heridos,
las piernas en la ten1,;ún suprema del 11 ltimo
desesperado e;.fuerzo, viYen! viven!. parece
que se escucha el ritmo jad~ante r cansado
de su fug-a en los arenales mrlcmcu1,es ...
Víven ·l\ son fantasmas que surgen en nosotros c1~· las profundidades. de los lfmites nublados. indeciso:;, perclielos, en que se mueven esos vaguísimos recuerdo~ de 11tr;1 cclacl
que apena empiezan á tourn, forma se desbaratan'.' son nue¡¡tros antepasaclt,,, que abren
silencio. os sus fosas en esas lejanlas el&lt;- la l'Ollciencia y pasan ~omo pidas ba(lll·i~aciones
por nuestro espín tu': \ lai; haluc-111a&lt;"wnes no
son ac;1so re,tlidacles': Hay alguna lth~·a e~
mi ser que r&lt;•slbtiendn el tiempo me liga a
ello.':' alguna g-ota dt' su sangre circula en
mis venas:&gt; alg-uno ele sm; dólore.s grita con mis doloresi' alg1ma ele sus esperam,;t,; canta con mis _esperanr.as:&gt; . . . Entonce no hun muerto! rntonces v¡yen porque yiyoyo -oh Jrn, infefü:es!-en~once~ siglll:'11 su p~ragrinacion secular con n~1 pe_r;grmacwn angust!osa.
con la angustiosa peregr111ac10n de todos, por ~1empre, eternamente, dejando en los zar1¿'lles. baJO _el
inexoral)le destino. f(I, amor, ideal, poesía, con el ritmo jadeantt&gt; y cansarlo rle la fuga en los arenales
lnclt'mentes ..... .

Allá ni la ca1·avana de réprobos, conducida por la
figura fatíd ica de Caío: bomhres. mujeres. niiios, bestias, andra.jos de pieles hirsutas .r gil'ones de carnes
desgarradas, picas de exterminio y hachas de vengan za, huyendo, arrastrada po s uraca nt'S dt' .r eovall

rf

omnip&lt;&gt;tenle y fulgurante! Y ei,ta ca.rarnna de réprobos es toda la civilizacMn: de esla familia infame nacerán guerreros. p&lt;&gt;etas )' 01tírtire.. -Pasa por el espíritu el pl\nico inmenso de las primeras edade de
ba.mbre y de do1Clr, el p:í.nico que soplaba muerte sobre los desierto caldeado hajo los cielos rojos, entre el ruido de las fieras flacas ,. ávidas y la blasfemia de los hombre· ,·ellndos y delincuentes. Leer una
página del formidable libro santo de Israel y contemplar el cuadro de Cormon, es la misma cosa: la

Yoz elel Eterno nwda sus anatemas en las mismas blívedas 11egras del cielo. despeelazadas por los alt'tazos
bravos y lílidos del relámpago; y en los coufines, i;ohre las mordentes pefias y sobre las puntas deltwibre
ele los arenales. galopan los grupos humanos lat igados pl&gt;r el Mstigo, regando en los siglos enloqueddos la sangre y el dolor qne han dado
:'i lu !Jistoria Trofeos de cJayas exterminacloraf;. de &lt;:anos triunfales. de estatmu;de m:írmol rntivo, de laureles de br&lt;mc.e herniC'o.
ele pi'1rpuras s;wgrlcntas como handeras -;
&lt;·nmu 1111 rajes, de cimeras flamantes ('!11110 1-'I
incendio y la gloria, de li ras ro1 as que at\11
vibran sus i:ímbkos proféticos, de lenguas
tru·taflas. que aún gritan sus chíusulas de
justkia, y de corazones arrancados que aún
laten rirtud y esperanza, denamanclo snhn•
la ('Onciencla el agua lustral de las fuentes
siempre Yirns del amor y del perdón!
Yicjo C'ain! des,,enturado padre de las infamia11 humanas! l'onciencia castigada, que
el espei1iíndose de ecL1d en eclad y de eA-piaclón
en expiacic'&gt;n l1a llegado hasta 11osot,ros para
que la arrojemos. con nuera marcadecóleras,
sobre las incertidumbres del porvenir, sin haber encontrado el Dios hueno. pütdoso, exorable. que hubiera lavado su pecarlo con sólo una h'igrimu de mujer.
con s61o un beso de amor!
Oh sangre rle .\ bel. basta cuando callará tu clmnm
de ,,engru1za ! ..... .

París, 189 .

�EL )HJN'DO.

NUESTRA ULTIMA
--------------('111110 11111s y yo bahia1110s r¡,sn&lt;&gt;llo separarnos el
d[a últim11 ele lllcicmtm.&gt; en Yírt ttcl rl·• que lllll&gt;st r11
amr,r se moría de anemia. m•~ par&lt;&gt;ei&lt;Í delil'ado ~- sig11ilicatirn rlesp,•dimos p:rn1 siempre clefiputss ele una
cena, íntima y rmtcrrml como los ríejns tígapPs crlstia11nl-.•í los post res d,• la cual. t ra:; un sorbo cle t·hampaila. enlr11riam,1s en plcnn aiío nucl'o, llrrnncln cacla
uno un t'ardu diyerso de q11inwrasq11c deshojar.
T1u1s hada ra anticipo:,; el" 1·n11descendencia á un
Teniente clt• .i1·tillerrn,. rt·n c11:111w á rnL sahore11ba
ele antemano la ,·0111pt1iosiclad de cles!'sper&lt;&gt;z.1rme &lt;le
amar. 1.1 rlklla de uua pr&lt;íximii y p;,&gt;rfccta apt ít ud para hacer &lt;le 111! capa un sayo y de 111i cora1.,í11 1111 hlot¡ne (, una Csl)nnja s.·gÍln 1·om·i11iern {t mis proyectos.
K n lll\' s~tfa fácil ohidar el I i bin y p •rtumado gahini•t i\ r, de 1111 n•st:1111•;111l dega11te; t.oclo actor11ad11 de
llores, v 1•11 l'ttro l' •11tro. tomo un rirtrai1ti ramillete
dP eristuk•·, pÍ1stns. frutas~- vinos p111icru01ns. 1,e lc-vantaba la mes11H d"st lnadu al i'1lt ímo fcst in.

Domingo..!_:; de Ene.ro de 1 IJ9

EL· OBSTACULO

CENA.

NOVELA ORIGINAL POR Mme. DANIELLE D' A...RTHEZ-Ilustraciones de nuestros talleres.

nnei,Lro W,-1í-1/1r por el frín siherlano de I;~ calle, _donde Hím 110 la e,.,pernba el uniforme. rcsolnnws rnm~r

ú d11u los inl'\"itables 1, rw11f1-d.n,! que salc-n ,t cncam1na.rno~ hasta las fronu•nts de los \·iejos t·ariiíos.
- 'Tu era~ mnv interesante,&gt; me dijo In~s t&gt;ntre rlos
snrhns ti(' taN: .,: aumdiendo :í que el pretérito. lmperfC'ct o de que empe1.al&gt;a á hact•r uso, tenla twrto
,.¡,¡,,, ,i .,i11nrt e1mw se ilicP. a llora. lo adopt (, &lt;iesrlc luvgo. replin111do:
-Pnr 111 part t• &lt;&gt;ras adorable.
-Hecuerrlo t1ue babia pC'rpétuame11te en tu rostro
una expresi,ín de fatiga moral. cll' de-. encanto munclauo. 11 ue 1 e fa ro reda clemasiadl!.
_
-F.n t"llanto ;í ti, u1lrnl;as d ,• un modo ext r.11111 )'
c1wantnrtor. lnés. sabias enc.:nder arlmirnblcmente
toda la pirotecnia ele tus ojos. ;, l'ur t1u&lt;'.i ya no miras
así:'
&lt;.,¡ué quieres. las miradas :;e usnn er1mo ti,s Lrajt•s.
Y tÍI, por quC.: ha!&gt; Yulgarizado ese gesto:'
-Por la misma ra1.,í11 . . )[e pa,·ece rc,t•ord:u LamlMn (lllC te \"{'Stías llll'j()r IJUC abura.
-l&lt;~s posible: tú en ,·ambio tenías muy buenl('ustu
parn elegirme trlas.
Sl. por &lt;"ierto q11e te agrad,lban ltis tolores morteeinob, mitigados, ,mate .... Entonces usabas frernen!Pme111 e boleros r tomía~ &lt;·astaíias t·uhiertas, de
la 'i'fll'J'f Eiftrl.
.
J&gt;e rci'.i1s qne sí. Te a!'uerdas culintas castai1as
nos pa rti tnllil t•nn la hoca:,;
- Te diré, no it•o la utllicladrle recordarlo .... fueron muchas.
-:\Iuchas.-repíti6 ella µensaliva, arreglándose
rlis1raidanwnte 1111 riciio que caía como haeecil1o de
oro sobre el pétalo rosado de una de sus orejas,-umchas fueron: y con la incoherencia aparente de las
ideas tL~uciadas. que se l'an enhebrando dentro con
hiliUos de luz, obsen·ó convencida:
-X o.se puede negar que has tenldo siempre h11eu
gusto para las cenas.
-Ré que el Teniente es un sibarita.&gt; utlrmé para
tranq II i Ii1.arl11.
l&gt;e PÍateros y t-an Frandsco nos llegahan el núdo
-Quiéres un poco de crema después de' tu café:'&gt;
sor&lt;lu r munof6nico de algún carruaj&lt;.&gt;, el grl10 tirl- -aiíadí.
tante clel papelern. y un nnnor entrecortado como el
-Yuya. la tomaré .... Iloy hace justamente nn
nm-run de un grun g-ato negro que se duerme ....
año
de aquella excursión rnmánLica ,l Cbapult.epec, ít
El frío se asomaba aleteando á la.s Yidrieras á hacense caruo ñel íntimo calor que reinaba en la e tan- Ja luz ele la luna -.,- con mucho frío; tú cantabas algo
cin ~ fba;e luegu despechado á. gemir s11 1111-lu-lu-úu de la Bohemiu .. .. )le parece que tenias entonces una
,·oz muy bien timbrada; por qué se te ba vuelto (i gutural ÍL lus l-Orres ñe la P~&lt;,fcsa.
.
. &gt;Il primero y único brindis. á rafz de un.t galant1- pera?
-El cio-arro probablemente, bija. . . . . . Por lv
m1 rodada de cltampana y epilogada de café negro,
fu~ el sitrufonte, que Tntls aproM en todas sus parte : que ve á l~s noctm·nos con que poetizabas nuestras
«Brindo por nuestra deliberada separaci&lt;ín: por los ,·elaclita .... eran bello., Yerdad:' Sólo que se han
hesos de ayer que flleron s:ihrosos y por lo besus. el.e ,·ulgarizaclo mucho; me atrevería á afirmar que he
mafüma c¡ue ser.ín t'omo rnos quiera; por la cordi~ ofoo alguno en un t'ilindro.
-~o e· difícil, respcmdM vagament,e Inés, al padad de tmestros futuros encuenlrns qne me permito
esperar tendr{Ul el carácter de fortuitos, y por la bue- recer entretenida en contar los 11orones del tapiz.
Habes que conservo lindos versos Luyo.&lt;;:' Hace tiempo
na I ntellg-encia entre el •renicnte y tú, amiga mfa. &gt;
Como ya no nos quedaba que hacer después de un que no rnrsiticas.
-nace tiempo que no sueño.
oo){/ tan explícito y como. por otra parte. Inés tenía
-Ya es tarde,&gt; exclmn6 de pronto, después de convs m••1wn&gt;ii deseos del mundo de dejar el comfort de

V.ERSION ESPAÑOLA. DE 11.EL HUNDO ILUSTRADO••

·~ ..

Maria :Magdalena, de pié enmedio del salón, di-

rigió una mirada en torno suyo, arregló con mano

sultar el relojito que llernha en la mufie&lt;'a, ornando
una pulsera.
-Es t'ierto, lwmos con\·ersado con regulares intcrYalos.
-Si nos despidiésemos . .
-Xu me part1 cc m:11 .... Quieres darme el ítllimo
beso~
-Por qué no!
Y UC'erc6 negligentemente sus labiosA los míos, juntándolos en 1111 beso sin eco, incoloro. comú el de dos
amigas íntimas que no e quieren.
Algo 1¡ue podría llamarse la sombra de un Yiejo culor y de 11n \'lejo perfume pasó entre nuestros rostros¡
algo que era como la última molécula de una esencia
amiga, que se eyapora; mas rué tan furtl,·o. tan efímeJ·o, tan leve, que apenas nos dimo· cuenta de
e11o.
-Ftlliz afio OllCYO, Inés.
-Ft'liz aiio nuevo, Carlos.
)1e acuerdo a,ín del gesto cordial de- su mano al
trasponer la puerta del restaurant parn diluirse como una. sombra en la sombra exterior.
-Feliz año nuern!
Torné al saloncito y encendí el postrer cigarro de
Diciembre, pensando entre humo y humo:
-Y con quién cenaré yo mañana?
.\~L\DO NER,o.

JUSTO SIERRA.
MARGENES DE LA. HISTORIA
.TIJANA D• ARU.
1

Huspendc la pastora , u balada ....
Oye &lt;le su Lorena en los rumores
la· voz di' sus r·eleRt,es protecton•s;
l--alYa.-&lt;licen-:'t Francia con la espada.
Ti'1rbase. llora. . . y Ya de su fe armada;
despierta al rey y manda á los seiiores . . ..
Ya combate .... n1 triunfa .... Entre lovres
unge al rey. Está' su obra terminada.
¡, Qué. entre esa ¡mmpa, la pastora piensa'.'
¿Qué e5 aquella apmeosil, tmnsitoria:'
No le importa. entrevé la rrt·ompensa:

Hiente él heso de J&lt;'randa ante la hhtoria.
Un beso dado t·on pm;itÍn inmernm
á la ifor de s11 sangre y de su gloría.

n
Entre la l urba marcha h\ heroína
romo v11 en el turhitJll la tlor inerte,
besa la cruz, estática, y u suerte
acepta ¡.;in temblar, con re diYina.
Como la rle la estrella matutina
en los rayos del sol, así es su muerte;
la llama suhe !lasta la virgen fuerte
y la consume á 110 tiempo y 1a ilumina.
El viento esparce sos cenlzas luego,
y en la • 'lllgre del pueblo, nunca en calma,

la reenciende en átomos de fuego:
comulga en esa hostia Francia entero,
y de toda las alma.&lt;;, nace una alma:
la Patria ¡oh .Juana! el Fenix de tu hoguera.

HOJA De; ALBUM.
El nliio llega á la apartada ro1·:l
ahuyenta al ave &lt;"uyo nido arra1w;i,
y estr1lla al punto su purpúrea bo&lt;:a
en adorable rh,a, limpia y franca.

:-;,\ngra en us manos puras el polluelo,
hrizna á brizna destroza el I iblo nido,
y el asesino encantador, al cielo,
\ uel l'e los ojos de contento hencl ido.Y qu(, importa una roca despejada,
un a Ye sin su nido y su carifio'!
vale más la argentfna carcajada,
que Pn resonantes perlas lanza el niño.
Llega 1m día-tal es la humana Wstoriaclt~ duelo y ele pa~i1ín. Entonce, ;.es cierto?
l...a imágen resucita en la memoria
el('] nido roto y del polluelo muerto.

experta las hojas de una hortensia, imprimió una
curvatura gallarda. A las cvpas de malvarosa qo.e
brotaban de un tibo1· chino, y después de algunos momentos ae grata meditación se volvió
hacia el espejo que estaba colocad'.&gt; entre las dos
ventanas y su sonrisa se acentuó entonces.
El espejo reflejaba la imágen de una joven extremadamente graciosa y elegante, una belleza
rubia, de tez mate, ojos brillantes, labios rojos y
dientes que relucían. De este conjunto se derra•
maba la vida exhuberante, en regocijo de existir
en alegría de ser; sus ojos parecían retlejar la
graciosa luz de un día de l!ayoy cintilaban como luciérnagas.
Sonrió pues silenciosamente al mirarse y dirigió á. su im11gen un amistoso saludo,y luego por medio de apropiados
movimientos del busco, hizo chispear las
cascad83 de perlas que guarnecían su
corpilio de seda inglesa de color pálido
con pliegues de. verdadera gracia esté·
tiea.
Estética? Msría Uagdalena lo era en
su tocado más qne ea el adorno de su
s11lón. Su gusto, refinado para la seleceión de formas y colores que podían pouer sns graciu de relieve, lo era menos
para proveerse de los mil y un objetos
que constiyen un interior harmonioso.
Algunos sil:ones antiguos cubiertos de
guardapolvos de punto bordados eran
los únicos objetos interesantei,. Dos meshaa de juego muy nuevas ostentaban en
todas sus doraduras y barnices su confección poco artística; había bronces de formas pesadas; en un Angulo un espantoso
tibor de imtación Japonesa; y en las mesas
y en las consolas y en la chimenea, montones de juguetillos, porcelanas, terracotas minúsculas, conejillos pintados, ratones y figuritas caprichosas de filigranas, todo formando un abundante conjunto de gusto vulgar.
El golpe de vista sin embargo gracias
A las flores y plantas vivas d1seminadas
por todas partes era agradable, y este
salón podía pasar por uno de los más ele•
gantes de )fontpazier, subprefectura industl'ial en donde la gente se cnidaba
poco de los refinamientos del lujo moderno.
Al oir el sonido del ll11madonléctrico,
Maria Magdaler!a alzó los ojos para consultar un reloj de viaje que estaba colo•
cado en una consola.
-Tan pronto! murmuró. Las dos apenas y ya viene una visitll.
•
Estaba todavía poco al corriente delas
costum brea de provincia; había salido de
París algunas semanas antes, inmediata•
mente despues de su Mtrimonio con
Roberto Le Clercq abogado de Montpa•
zier y en el día en que la presentamos á
nuestros lectores inauguraba su primeri. recepción.
De las visitas de boda que hizo, no conservaba
más que el recuerdo contuso de fisonom ias des•
conocidas, de muchos salones sin lujo y sobre todo
del fastidio de haber oído en todas partes las
mismas pregu:ntas á las que se tenía que dar invariablemente lus mismas respuestas. De manera
que no sin cierto espanto esperaba á.las personas
que debían ser su futura sociedad; pero almenos
tenía la vent11ja de que estudiá11dola&amp; allí en su
pr.&gt;pia casa A su satlsfaccíón, podía escojer las
personas agradables haciendo á un la do las más
nulas y las mAs antipá.ticas.
Sin hacerse anunciar entr1 la suegra de María
Miigdalena: ll.Da Eeftora de edad avanzada que andaba con lentitud, que tenia las facciones muy

acentuadas y qne vestía de pesad1t seda nrgra.
Su aspecto era severo y rígido. Se acercó A María
Magdalena, la besó y le dijo.
-Buenos días, Maria .h1agdalena ¿está. ustetl
mejor, querida mía?
' - ¡Mejor! ¿Pues qué he estacto enferma?
-No sufrió usted ttyer una neuralgia?
-Eso fué mu.v leve y ya pasó.
La senara Le Clercq notó que las dos ventanas
estabnn abiertas.
- ¡Que imprudencia! Y usted está. vestida con
ropa delgada.
-Pero si le aseguro á. usted que ya no tengo
nada, dijo María .hlagdalena con tono suplicante

al ver que la vieja implacable cerraba las ventanas A pesar del sol radioso que inll.Ddaba el jardín.
Luego sin bacer el menor caso ni fijarse siquiera en el oisgusto que ctlueaba A su nuera,
vino á sentarse a. su lado con afectado carino.
-Está usted encantadora hoy, vidamía:eltraje le sienta á usted admirablemente. ¿Roberto
está aquí~
-No. Roberto está. en palacio gestionando algun asunto de su profesión. Pero ¿qué es eso?
Con ojos brillantes de curiosidad, María Magdalena contemplaba á la sefl.ora Lé Olercq desatando las cintas de un paquete de forma prolongada•
y lanzó una excl11maci6n de júbilo al ver en una
c11ja incrustada de plata un primoroso abanioo

antiguo, pintado al \•leo sc,bre raso y montado
en varrillas de marfil artísticamente esculpidas.
-Ohl ¿Roberto lué quien pensó en hacerme
este obsequio?
-No, mi chiquitina, fui yo. Sorprendí que deseaba usted este abanico desde que lo vió en la
casa de Fancon y por eso lo mandé comprar.
-¡Querida seilora .... que ouena es usted!
Con alegria de 11ifta, María 1[agda.lena abrió el
abanico y mirándose en un espejo que estabacolocado encima de la Chimenea, tomó la aot:tucl
de una bailadora de minué, recojió su falda con
Ja mano y ejecutó una teverenciagraciosa yprofunda.
-Estoy encantada con mi abanico.
Ma:fl.ana lo estrenaré en el teatro, en la
representi.ción de ,Jlanon Lescaut. Me
gusta mucho .Jlanon.
- Pero usted no irá. al t-,atro, querida
mía, dijolase1lora Le Clercq con el acento de la mas imperiosa mansedumbre...
Imposible!
María .Magdalena clió punto A sus infantiles demostraciones de alegría y preguntó:
-Que no iré .... y por qué?
-Porque sería imprudente salir de
noche padeciendo esas neuralgias.
-Pero si ya estoy buena, si no tengo
nada.
-Sin embargo, eso puede volver. No,
no insista. usted porque me cansaría una.
verdadera. pena. Y o soy responsable de
usted, y ¿qué diría su padre si cayera
usted enrerma?
-No sucederá. eso y mi p:idre se cuJda poco de mis insignificantes crisis nerviosas. Aseguro A usted que nunca me
ha prohibido ninguna cosa. Ya conoce
asted su respeto A las libertades de los
demás r ya sabe usted que él acostumbra decir: "No impongo mi voluntad á
nadie pero en cambio deseo que naclie me
imponga la suya."
-Eso no es má.s que de d:entes para
afuera. Si viera á usted enfermita harfa
lo mismo que yo: le suplicaría que se
privara de un ligero placer para evitar el
peligro de agravarse.
-Yo habría querido asistir A ]a representación de una ópera en Montpazler.
- Ya la verá usted otra vez ....
-¿Cuando? Aquí no hay temporada
teatrttl, sino solamente compidiias que
van de paso.
-Que todo pare aqui, María Magdalena: se lo suplico á usted. Siento haberla
contrariado, pero esto, querida, mía es
nn sacrifici1 muy pequeno y si me tiene
usted algún afecto creo que lo hará. sin
más discusión.
.Maria 1\I11gdalena cerró el abanico con
aire de quien se siente tiranizado, y sin
verlo mAs lo puso sobre la mesa.
-Además, a11adió lo sen.ora Le Clercq,
tomándole la mano y hablándole con mucha dulzura. Tengo que hacer A usted una censura ligera. . . . sil he visto en casa de la sen.ora
Ligniere una cosa que me ba causado cierto asombre.
-En casa de la se:fl.ora Ligciere .... ¿y quién
es esa sefl.ora?
- Una antigua. amiga mía, viuda de un inspector de bosques.
-Ah! si. No la conozco porque no estaba en su
casa cuando fu.imos A verla Roberto y yo.
-Justamente. Y entonces le dejó usted su tarjeta.
-;,i. o es esa la costumbre?
-Pero esa t11rjeta que he visto, dice: María.
?illlgdalena Le Clercq de Boís de Sa11it Miu-cel.
)[aría ?t!ligdalena contestó:

�2
-Bois Saint Marce! es el nombre de mi padre
y me pertenece.
-Pero cuando una se casa, toma el de su ma•
rido A lo que creo.
-Lo be tomado pero nada se opone A que le
agregue yo el mio. En el mismo Montpa.iier y aún
eu dlnastias de comerciantes, tienen ustedes quie•
nes lo hacen asf.
-Sin duda; ea ciertas familias algunos berlllR.·
nos para distinguiase los unos de los otros han
afladido al suyo el nombre de su mujer, pero el
caso no es el mismo.
-No lo será; pero pienso que mis razones valen
tanto como llls suvas.
-P11ede atribo.irse á. vanidad de parte de usted.
-Sí, si por eso se entiende el que esté yo or•
gullosa de mi nomhre.
-Las pretensiones nJbiliarias pueden parecer
ridículas.
-A las gentes de Montp11zirr, interrumpió vivamente Maria 11Agdalen11. ¿Y por qué les babia
de hacer el sncrifieio de m1s ideas? ¿Orgullo no•
hiliRrioi' Pues si, confieso que lo teng-o, pero con
legitimo derecho y eso nopuedeserridiculopues•
to que esté. justificRdo.
La sefiora Le Clercq vió á su bija con algo de
severidad y !Iaría lililgdalena haciendo un esfuerzo recobró su sonrisa graciosa y cesó de de·
tender su causa.
-lle mandado baeer para U!'ted otras tarjetas
dijo con amabilidad la su('grl.l, levantilndose para
salir. Adioe, mi vida, estA asted muy linda, pero
muy linda, ¿sabe usted? Ph:nso que J&lt;'remaux haría de usted un retrato primoroeo. YH hablaremos
de t&gt;SO cuando vayamos jun~as á P ar(s.
La joven se extrtmeció de placer. Tenerunretrato euyo pi11tado por Frem11Ux, que era el ar·
tista prefer,do del mundo elegante, constituía para
ella una dicha inesperada.
Al dirigirse á. la puerta la seilcra Le Clercq
distinguió sobre una consola un joyero de marfil
ornado con una preciosa miniatura.
-¿Qué es esto? preguntó.
L" miniatura representaba un escudo nobilia•
río.
-Nuestras armas. Tres castillos y un dragón
en cuatro cuarteles, sobre campo de gules.
- )[uy bonito, muy bonito dijo la setiora Le
Ch,rcq guardllodose el joyero y dando un paso
para salir.
-:María )tagdalena tendió la mano.
-En el mismo orden de ideas que las tarjetas
de visita, afiadió dulcemente, usted no es la sefio•
rita de Bois de S1lint Marce! sino la seflora de
Roberto Le Clercq, y laa fantasías nobles de esa.
clase serian tomadas por el lado ridículo: conoz•
co mejor que usted el espíritu de ~fontpazier. Se
creería que es un blason f,mtástico. Se nece11ita
ser )1ontmorency, Roban, La Rochefoncault para
permitiese el lujo de mandRI pintar las armas de
la familia: de otro modo se burlan de uno. Adios,
mi vida, adios, primorcito.
Sola ya Maria Magdalena enclavijó dolorosa•
mente sus manos, lanzó una exclamación que ex•
presaba muy a. las claras multitud de eensaciones
desagradables, y empezó rabiosa A recorrer á
grandes pasos el salón.
Esta manera animada de calmar su exaltación
nen íos a, le impidió oír anunciar la visita de un
cabullero con quien se encontró de improviso
frente á. frente. Primero se detuvo muy confusa;
»ero reconociéndolo &lt;'n seguida le tendió la mano
y le sonrió con afa.bilidad.
-Ahl setior Darlot. FelizmentP. es usted ....
Si otro :ne hubiera sorprendido en estas danzas.
-Sí: habría sido sumamentegrave!
Luego se dirigieron juntos A un divAn que es•
taba coronado por los abanicos de dos palmeros.
El recién venido era ur, hombre alto, de tisonomia inteligente y de una real distinción.
René Darlot, que vivía 'ocioso, era un espíritu
cultivado, pose(a rara delicadeza de ideas era
curioso en materia de artes y se fastidiaba en la
vida por una especié de pereza para rehacerse y
luchar contra las tristezas intimas que de él se
habían apoderado.
V i.rlcs afios antes perdió A una hermana más
joven que él y A la cual amaba tiernamtnte, y
esta desgracia le dejó en tal abatimiento y lasitud, que no despertaba slno para asuntos de es•
tética.
Indiferente A todo le demás, hablaba poco, pero sus frases incisiv11e y axioml\ticas no eran ba•
na les: con una palabra sabía caracterizar cosas ypersonas.

Eí, OBSTÁCULO,

"EL MUNDO 1Lt'STRADO11

Pasaba en París los meses del invierno y el estío en Montpazier, en una quinta levantada á la
orilla del río, pintoresca en otro tiempo y ahora
ahogl\da por otras construccio11es que se habían
situado A sns lados.
En París fué donde conoció a. :María Magdale•
na, y algnnas veces pensó en que si no bubier~
renunciado· definitivamente á. formar una familia, sería esta joven Rlegre, graeiosa, refinada y
buena, la única á. quien habría elegido para esposa; pero como á. pesar de que sólo tenia ~u~renta allos, se habia declarado usado, enV('Jec1do y centenario, se quitó esas ideas de la ca beza.
Y en verdad que considerAndose ya viejo y
juzgando que la vida no podrí" traerle má~ Que
tristezas, ¿A qué arroj11r la sombra de tantos infortunios sobre esa manana de Mayo, sobre ese rayo de alboradit que era el alma de María MagdalenA?
Ella le recordaba. un poco í1 la hermana qne
había perdido. Nii\a ligera y móvil de car!Lcter,
tenia ri~as alegres que le revivían el recuerdo
de la otra, lo mismo que sus muec1ts burlonas y
su.; reflexiones excéntricas sobre las p11rsonas
que le eran ar.típáticas. Este parecido se la había
hecho grnta y 11\ 1rat~ba como á una chiquilla
siempre, y no se mordla la lengua para dirigirle
bromas qae la picaban vivamente, pero que ol•
vid1tha en seguida.
Darlot era, por otra parte, de cnnfümza en casa del doctor de Bois de Saint Marce!, el ml\s
am11b:e, el más p11risiense y el más mundano de
todos los médicos para seflorae.
Con una inagotable complacencia el Doctor llevaba á sn hija a. t.&gt;das partes en el gran mundo¡
estaba orgalloso de su belleza y tenía en sus buenos principios entera conrianza, y por eso le dejaba gran libertad de acción sin inquietarse por
lo que podría decir ó hacer. En c11mbio Marí&gt;l
Magdalena que tenia arrebatos de nilio terrible
decía de él.
-Poseo el padre ideal. Le tomo en mi vPstí•
dor al mismo tiempo que m1 abaníco y mi salida
de baile.
Varias veces Darlot usó de la influenci11 vPr•
dadera que tenía en el t&gt;Bpfritu de su amiguit:i.
parll cortllr por lo sano en los amorfos que le parecían peligrosos. y una frase cortante poniendo
de relieve los ddectos é imperrecciones del pre•
tendiente, bastaba para estP. objeto por lo común,
pues ella teníll mucho miedo al ridículo.
Supo coa un sentimiento de tristezii, que María
Magdalena Iba A casarse con Roberto Le Clercq,
y como tenía bastante intimidad con el Doctor,
no se lo ocultó.
- Pero qué tiene usted qué observar? dij'&gt;, la
posición :v la ed11d de Rc,berto son convenientes
para mi hija.
En efecto, la tortuoa era inesperttda pueq Le
Clercq era rlco, en tanto que los Boi:i de Saint
Marce! no tenían nada y su existencia era uno
de esos problemas parisienses que pueden plan•
tearl\e en estos términos: abund11ncia. dll lujo y
falta de dinero.
Bajo este punto de vista Roberto dab11. una
prueba de desinterés casa.ndose con una mujer
sin dote.
Acababa de termín11r sus estudios de Derecho
en París donde conoció A su novia, y era un hombre serio, de aspecto reservado, A quien no se
hubiera creído capaz de no arranque sentimental,
y Darlot quedó admirado de que la gracill ex•
pontlLnea y joven de María Magdalenll, hubiera
podido apoderarse de semej11nte naturaleza.
Darlot para hacer ver la desigualdad de esta
unión, hacía notar al Doctor la ligereza infantil
de su hija, pt&gt;ro éste contestaba:
-E3 verdad, pero se encontrará bajo lit dirección de la eefl.ora Le Olercq, madre de Roberto.
- Sí habitarán en la misma ciudad. . . . . . Ah!
una objeción todavíll. . . . . . . Qué será. de María
Magdalena lejos de París y de la vida á. que eslá.
acostumbrada?
-Ya tomará. nuevas costumbres, y adem:ís,
bien sabe usted que tiene en la pr:vincia una
instalación admirable. La seflora de Clercq posee
uu hotel construido en el siglo XVIII que es una
maravilla, sobre todo para usted A quien tanto
gusta lo bello. Tiene tapices y cortinajes pintarlos por Broucber, y cuadros de R11nsou y muebles y bronces de gran lujo.
Darlot interrumpió con impaciencia:
-Sí pero Marí:.1. Magdalena?
-Pues bien, ella vivirA con su marido en el

primer piso, pues la seJlora de Le Clercq se re•
serva el entresuelo.
-Vs. ú vivir con su suegr11.! exclamó Darlot
consternado.
-No con su suegra, sino en el piso de arriba,
lo cu!ll es muy difereute. No creo se imagine usted que yo soy el comensitl ~el ~olsista q~e !ive
aquí en los bajos de mi bab1tac1ón. Ni s1qmera
lo saludo. Y a. ve usted que se puede vivir blljo el
mismo techo sin estorbarse mutuamente.
-En provincia no sucede lo mismo.
-Por otra parte, la sefiora Le Clercq es una
mujer excelente y de reconocida bondad.
-Así lo be oído decir.
-De consjguiente ahorrarú A mi bija ]os cuidados del bogar, pues la ama mucho,la colm~ de
obsP.quios y hasta creo que va á. ser demasiado
debil con ella.
René Darlot se retorcía el bigote con aíre perplejo y poco convencido, y el Doctor, renunci4ndo A prodigar en vano su elocuencia, terminó diciendo:
-A.demAs era necesario que l\cabara por casarse. Piensa usted que sea agradable tener uno
a. su c1:1rgo el cuidado de una joven de veinte
8.Jlos, lind11 por aftadidura? Yo no soy de la madera con que se hacen los Angeles de la guarda.
lle siento Inútil para eso y me juzgo tel:z al quedar libre ya que todavía no teugo ma.s que, CU.\·
rP.nta y cill'!o ai\os. Eso no eca verdad; tema los
cincuenta largos de talle, pero se conservaba bien
con los cabellos muy negros, los dientes muy
blancos, la apostura elegante y la mirada vi~a, y
hasta podill creer11e mAs joven que muchcs eJemplllres raquíticos de la generación actual.
Darlot abandonó la discusión pero guardó en
su interior un presentimiento de desdichas para
el porvenir de :Maria Magdalena. Como era un
original, partió inmediatamente para Amberes bAjo
el pretexto de ir A estudiar Jas pln-turas de Ru•
bens, y su aus('ncia se prolongó b11sta el día en
que le presentamos á nuestros lectores, y en que
venia A ver A su amiga tan tranquilamente como
si se h11biera despedido de ella lll vfspera.
.Acostumbrada Maria Magdalena a. su modo de
ser, no p11.reció sorprendida al volver A verlo,
pues solfa desaparecer comunmente muchas semt1.nas durante las cuales apenas si se tenían noticias suyas procedentes del teatro ó de algún
museo lej,rno. En esas crisis Dllrlot evitaba el encuentro de sus amigos volviendo la cara. para no
verlos, y Juego reap11.recia sin explicación alguna volviendo á sus antiguas relaeiones y A sus intimidades en el punto mi~ruo en que las había de•
jado.
Sentado al lado de Maria Magdalena la observó con mirada escudriftadora y comprendió que
acababa de experimentar una contrariedad, pero
como snbía que era diplomAtica, rebelde A toda
inquisición y capaz de ocultar muy bien sus sen•
timientos, no le dirigió ninguna pregunta y sus
ojos erraron ni rededor de la pieza.
-EstA bonito el salón .. . . Ah! He aquí loe l-t•
mosos cortinajes de Boucher q 11e &lt;lt:cU'el Doctor.
Bah! estaSFon copiasperobnenas.¿Yestosbajo relieves eu uutder"? Tienen en ef~cto un notable
estilo. Y aquellos awores mor etndos pintlldos en
el cielo raso, no dej m ne ser hermosos. Deveras
que esto es muy Jéci1110 octavo! Los silloues con
guardapolvos bordados sou not1tbles, y usted,
querida sef\ora, resuhH notllble t , mbién, e1,tA u::1•
ted en estilo y pare~e un p ·stf'l de liotialba.
Maria .Magdaltna isontió1 pues le agradaban
mucho ]as galautni11s.
-Me hace gracia oír á. usted llama.r,dome: SeJlora.
-Naturalmente. El matrimonio le ha dado li
usfud una actitud digna y respetable que no per•
mite ya intimidades ni conflancitas. Bueuo ¿y
qué es esto.
Darlot acabiiba de descubrir la profusión de
bibelots esparcida sobre la chimenea y tomó un
mono pintarn1jeado que estab" tocando la guitarra, lo examinó seriamente y exclamó al fin:
-Horroroso. ¿Y es usted la c¡ue ba tenido es •
te gusto?
- Sl, yo, contestó ella despechada. No es de la
aprobación de usted?
Darlot }P.vantó un dedo con adem~n imponen•
te. Es necesario arrojar todo eso que es deshon•
roso para el salón de estilo rocaille donde tiene
usted el honor de figurnr ea este momenw! Los
lindos amorcillos del tecbo acabarían por dej11rse
caer desde allA a,rriba para romper tanta porque•
ría. Ob! cBas Sajonias contrahechas, esas flores

de porcelana, esas filigranas antiestéticas. Uf... !
Maria Magdalena, ruboricese usted.
-Seftor Darlot, clU'ece usted de galanteríal
-Maria Magdalena, carece usted &lt;le sentimiento artístico. Su alma de usti,d esta cerrad11. A las
bellezaa de lt1 forma. He visto ll. usted bostezar
durante lll lectUJ'll del Rey Lem·. Vaya! a.qui ha.y
-un m11goifico abanico.
-i1a lo acaba de regalar ml suegra.
-Tiene para usted exqo.i:1it11.s atenciones. Este
otro juguetillo es encantador, pero no veo por
ayui el joyero que le regalé á usted.
- Mi auegr" lo ha tomado.
-Ah! hacen ustt:des cambio de presentes?
La. sen.ora Le Clercq lo tomó porque mi escudo
de armas estllba pint11do lllli y eso le pareció ri-Oiculo.
-¿Y usted qué dijo de eso?
-Nadt1, no tenia qué decir. Solamente que no
puedo hacer 1) la eef'lora Lo: Clercq el 1mcrif1cio dtl
Jo que yo estimo en m!\s ...... 111. 1,1rueba de qua
no b0mos gente ordinaria y de que remontRndo
muchas generaciones no se encoutrurá. uingún
plt,btlyo en nuestra ascendtiucia.
Dios, mi dama y mí rey! Esto si es bermo•
so ... . usted tiene el deber de enorgullecerse de
su reza y ede es el único sentimiento un poco estético que le conozco. Hay en eJte hecho de po•
seer eacudo de 11rmas pl'opio, ornado de biz11rr11.s
liguras incomprensibles p11ra los uo inicial.los, a l•
go de embriagador A lo que creo. St1 siente uno
wuy por encima de lo vulgar y hasta con cierta
supcrioridud de espíritu, de inteligencia ó de ta,
leuto. Esto del uacimiento, obr11 tlXCln.siva del
azu· es injusto y recae comunmente sobre quie•
,nes menos lo merecen, pero es porque es, y se es•
tima por tantom1\.,envidiable cuanto quenadie lo
puede d11r al Que no Jo tiene.
Ella lo co11templ11ba con ademán de pensativa
jugando con los hilos de poclas de su corpilio. Le
agradaba la m1mera curiosa que te11í" de hablar
y de la que comunmente no se descubría A punto fijo si bromeaba ó hablaba en serio.
- Y en fin, afiadió. Esta usted decidida Ala re•
sistencia sobre ese particular?
•
- Sí, dijo María Magdalena con acento de !irmeza. Por Jo demAs, me será U}UY grato com1-Ia•
cer A la seftora Le Clercq en cualquiera 01ra coi,a
porque es amable y butna conmigo.
- Pero deveras?
- Ohl si. Me manifiesta una solicitud conmovedora. Nada de esos celos ui de esa acrimonia
de las suegras que hace a. los hijos la vida insoporta blc. l!Jsta no perturbará nuestro hogar. Co•
mo si fuera su hija, no piensa más que en complacerme; ha organizado todo aqul y me h11cet&lt;An•
tos regalos que me tiene confusa; ya vera. usted:
joyas antiguas muy curiosas; por ejemplo, esta
sortija.
-Ohl soberbia, dijo Darlot entusiasmado. Una
fotaille antigua de verdadero mérito.
Mientras él admiraba la sortija, ?1Llri.a Magdalena continuaba.
--Gritcias a. su interv mción estoy aprendiendo
.ft moutar á caballo. Ya sabe usterl cuánto he de·
aeado eso toda mi vida! Pero en París no teníamos caballos .... Ya cas1.1da, Roberto se resistía
pero la ser.ora Le Clercq lo ha convencido.
-¿P11oe qué, no bastaba la mflnencia de usted?
-No me habría atrevido A insisti1·. Me c1111é
.hace muy poco tiempo, conozco apentts á Rubel'•
to, es grave, ceiserv11do, y verd11.dtirt1.mente no me
ohabria atrevido. Darlot devolvió la sor1ija y se
puso A contemphtr A Magdalena con aire serio.
Dejó que decttyerala conversación, susojoserra.•
ron distraid11mente en torno suyo y luego se fi•
jaron con atención al descubrí..· en uno de los muros una acuarela:
-Una mnrina. .. .. .. Oh! oh! muy interesante,
admirable colorido. E~ta estA hcc!Ja por u11 artis•
ta de cepa. ¿Qué firma tiene? Lncía H111·tley.
-Una amigll mía, JaeeJ'IOl'ita LucfaHartley ,linda
~orno Jo son las inglesas cuando no estAn adorlladas por una fealdad cómica. Usted no conoce
personalmente á Lucia, pero le be hablado de ella
-con frecuencia. Es una original y ha organizado
una vidn positivamentb intelectual; viaj-t mucho
y vive sola aunque tiene un ejército de hermanos
y hermanas que por su parte se arreglan como mejor les convie11e. Be tiPne cleveras en Inglaterra
una extra.l'tll idell. de loe lazos de la familia.
-Por mi parte admiro Ala r11za inglesa, decla1·ó Darlot que h11bla descolglldo II\ acuarela y la
-examinab11 cerca de la ventiina. Eias gentes tie11en a1gunas virtudes de primer orden que les ha-

rán triunfar sobre las otras razas. Desde luego
un gran respeto á.lalibertad individual, en seguida 111 costumbre de contar consigo misma.a solamente en cualquiera circunstancia de la vida y
eso da temple A los caracteres.
-Lucía tiene tod,1s las cualidades que usted
indica. Mu} celos11. de su libertad de acción DO
invade para nsda la de otros y se basta a. sí mis•
ma puesto que vive sola. Posee una voluntad
tranquila y reflexiv.1 que nada doblrga y por eso
la admiro y me siento una chiquillacomparAndome con ella. Tengo tan poc:t fuerza de voluntad!
seguramente que nuestra amistad es tan tierna
pur el contraste que hay en nuestros caracteres.
Es muy artista: ya ve usted como pinta y yo no
entiendo nada en lo relativo a. lo bello, lo caal
usted me ha reprochado mi! veces. Ella se atreve
á. discutir un1t opinión y combate sin miedo y con
calma, en tanto que yo carezco enteramente de
valor, no sé coutradecir y cedll en todo desde
luego.
-Usted es ur.a j'lven muy bien educada por la
excelente y virtu.:&gt;sa senora Jacob. ¿Eslá todavía
en cas11 de su papá de ustedr'
-No; cuando me casé, pidió retirarse.
-La eetlora J 11co b es una persona distinguida,
cuidadosamente educad,1 y de una notable nuli•
dad dulziirrona y a¡,11cible .... Ella le inculcó A
nsted su finura exquisita, en igualdad de c11r!Íc•
ter, el gusto por b.s vulgaridades que tienen fa,.
ma de escojidas y la ciencia de vestirse y peinarse conforme á los elementos de la fisonomía. Eo
verdad le debe usteJ mucho. Y dígame u~ted ¿le
era grata Miss Harley?
-Oh, n o! La tranqueza de L11cía le parecía
brutal y no aprobaba ni un poco esa vida excén•
trica, viajera y artística lejos de la fctmilia.
-Me es simpa.tica su 1:1miga de usted.
-Es posible que la conozca U!ted. Me escribió
hace dos meses cnando estaba muy reciente mi
cuamiento. Tenía el proyecto de venir A. pasar
11lgún tiempo en Breta-Jia en uM aldea ae pescadores que conoció en ailos pasados, durante una
de sus excur, io 1es y de In que ha conservado vivos recu~rdos. Se llama Trégastel y Lucia quiere
hacer allí un cuadro grande, por lo cual vor á pe·
dir á. Roberto la autorización para invititrla A detenerse aquí algunos días ensu tránsito por Bretaft.a.
René Darlot tomo de una consola un libro que
estaba como olvidado.
-Ahl. .... Mnsset. .... Si leyéramos un poeo?
como en otros tfompos, cuando aun no era usted
la Sellora de Roberto Le CJercq sino la cbiqnilla
1iíaría :Magdalena que baj) la inspección vigilante de la sellora J lloob era iniciada en las .- Medi•
tac iones poéticas» de L11marti11e. LI\ seflora J acob no habrfo consentido una poesía de tanto fondo. Espere usted .... .Nauma. Hágame usted tllvor de oir esto que está. escrito por un joven en
ple1J11 juventud. Lo que más amo en l\111sset es su
sinceridad juvenil. Ah.ora podria.pasu por un escéptico.
María :Magdalena se reclinó graciosamente en
un sillóo, tomó el abanico que le regaló su sue•
gra á fin de hall11r otras distracciones ademh de
la poesía, y Dabolt comenzó la lectura con una
voz harmoniosa.
No hay nada más agradabte que leer versos A
una mujer hermosa.; Darlot hallaba placer en esta labor y prodigaba sus interesantes lecturas en
casa de las más seductoras amigl\B que tenia, sin
inquietarse de que comprendiesen ó no, y bastAndole ver uu ademin agradable ó una linda cara,
que dejaran oir ó entender una muestra de apro•
bacjón lanzada tal vez de casualidt1d. Aunque
comprendiera que sus auditoras leoian con atención di,itraida, sabía muy bien que nada e.compafia mAs dulcemente á u11 ensuefio que el ritmo
de los versos.
María Magdalena pensaba de pronto en sumarido, Aquien era necesaric pedir licencia para in·
vitar A Lucía llarlet.
Roberto le inspiraba un temor tan verdadero
por su aire de corrección, trío y reservado que
aún no se había preguntado Así misma si le amab,i y tampoco se babia exolicado si él á su vez
senú11. por ella. otra cosa que un vivo deseo que
pasaria sin duda, no dt&gt;jllndo las huellas de una
seria afección, Lo que desde Juego parecía era
que Roberto no la consideraba sino como una ni•
ihi consentida.
Robtrto hablaba poco pero era un hombre que
vttlía, que Leoia por sn madrn un cariflo deferente y respetuoso educado en la costumbre de obrar

3

constantemete siguiendo esta voluntad que siempre le habla dirigido.
Ya en varias circunstancias bastante fútiles,
l!atia Magdalena babia visto A su marido cedeibajo la iutluencia de la madre y había guardado
algo como un sentimiento de celos, vago todavía,
pero que Je demoi;traba que sn influencia no podía contrabalancear la de la seflora Le Clercq.
Con todas estas ideas que pasaban en tropel
por su imaginación, ella pensaba en otras cosas
mientras Darlot le leía 111. Nmnó'Una. La cadencia
de los versos arrullaba su sueJlo y en su fuero
interno r~trocedló A la vida alegre, exhuberante,
insustancial, que había llevado antes ele su matrimonio; y con una ligera pena pensó en eus amigas que ya casi la hnbfan olvidado ahora que estllba enterrada en vida en una provincia. Sus
amigas, gente espiritual que vivta en ese medio
ambiente, burlesco y alegre que da el incentivo
de lo improvisto A las ideas mAs vulgares y gastadas.
El medio ambiente de provincia es más grave y reposado y pOi' eso María Magdalena sentía
miedo de lo '{Ue pudiera reservarle el porvenir.
Contempló A Rtmé Darlotque se embebecía leyendo el po~ma de llusset r se sintió venturos/\
de verle ulli porque con eatv estaba menos sola
pues él la ayudaria A aclimatarse y vendría como en otro tiempo y como ahora á leerle verses
y A decirle eosaa agra.dable~.
La puert11. del salón se 1:1 brió y apareció Roberto L~ Clercq precedido por una dama de extremada vivacidad cuyos ojos azules y penetrantes, lanzllron una mirada de aaombro sobre los
dos am•gos inocentemente ocupados en su lectu•
ta. Roberto se mordió los labios que eran un poco delgados, porque encontraba la situación un
ta1t &gt; incorrecta, y dijo con tono seco:
-Maria Magdalena, aquí te traigo á la seftora
de Liguiére que no tuvimos el gnsto de encontrar
en su casa cuando fuimos á. verla.
Las dos mujeres se saludaron, y María Magdalena, benévola, recordando que esa seflora
era Presidenta de varias asociaciou~ de caridad
le habló de esas empresas.
Entre tanto, Roberto estrechó la mano de Darlot sin la menor erosión y la conversación empezó á. arrastrarse languidocicnte al pasar de un
orfanatorio A un asilo de ancianos desvalidos
!11.stidia.ndose Maria Magdalena tanto como poca~
veces le había sncedido.
Luego vinieron otru personas: el seJlor Maignan, Presidente de la Sociedad Histórica un seflor anciano, de cabellos blancos, enco;vado y
nudoso como un tronco de ciruelos. Desde que
lo vió, la seflora de Liguiére se despittió brusca•
mente con ademanes de disgusto, no sin decir A
María Magdalena:
-Mi querida sef'lora: queda usted inscrita con
cincuenta francos para la obra de nuestro hospital de ancianos menest1:orosos, y he contado de
antemano para eso con el excelente corazón de
usted. Vaya usted cuando guste con su seftora
suegra. á visit11r el establecimiento y le interesara.u mucho nuestros viejecitos ¡son tan simpáticos! Espero que sera. uste.l una de sus má.s entusi11stas benefactoras.
María Magdalena un poco contl'ariada de colabcrar sin consulta prévia a. una obra que no Je
interesaba maldita 111. cosa, acompafió A la Presidenta qtie se detuvo junto Auna joven que hacía
ruidosa entrada. seg11lda de su marido que estre•
chaba 111. mano de Roberto, y lo dijo con voz
agudii:
-~U senora de la Palliére! Mandé A la casa de
usted para cobrar la cuota de la Escuela de Desamparados 'f se me ha dado una contestaeión
repulsiva. ¿Hay en eso un error?
-Yo no sé, mi q uerida seftora. Explíquese us•
ted con Gerardo que es quien so entiende en
todo eso.
La senora de Ligniére corre A entenderse con
el senor de la Palliére que s~ queja del sueldo
e:dguo de los funcionarios públicos tratando de
evadir así los impuestos forzosos de la Presiden•
ta, en tanto que su locuaz y vivaracha esposa estrecha la mano de María Magdalena con arranques cariftosos y regocijados, haeléndole mlt cumplimientos y ofertas de simpatia1 de amistad, y
aún de intimidad.
Lll vieja Preshlenta terminó al cabo por despedirde honrando apenas al seftor Maign11n con un
ligero s&gt;1ludo.
- Oh! dijo Gerardo de la Pi!ilh1re. Estoy seguro de que h11.br~ encontrado ya la manera de

•

�5

EL OBSTÁCULO,
11:L JrflJNDO lLU!\TRADO"

11

=

..

inscribir A usted en una de sus listas. No puede
~er á. una alma nacida sin enviarle un sablazo
de dos ó tres lnises para los pobres de la comarca ¡qué sanguijuela!
AJ oír las palabaas sablazo y sanguijuela, Darlot fijó su atención.
- Gerardo, dijo su mujer con una mueca A la
vez risuefl.a y enojada, es usted inconveniente de
un modo implacable y ee va á escandalizar esta
hermosa seftora y el caballero grave y taciturno
que nos vé desde allf con su libro en la mano.
¿Qué es eso que lee usted así?
Darlot sonriendo contestó:
-Estoy leyendo .Namouna.
-No me gusta leer A Cicerón, repuso la setlora de la Palliére, y volviéndose 1\ María Magda•
lena le dijo ¿quién le confeccionó a. usted este
elegante traje de recibir?
Darlot analizó á la joven con atención. Tendría veinte ailos y una de esas figuras despabiladas de obrera parisiense, Aunque Baronesa
de la Palliére, parecía mAs bien venir de los ta•
Ueres de Montmartre y su acento vulgar subrayaba da un modo lamentable una ensortijada cabellera del color del heno, unos ojos verdes con
reflejos metálicos y una tP.Z naturalmente colorida que el blanco de perla hacia parecer trans•
parente.
Darlot después de fijarse en estos detalles se
acercó á Rob~rto.
-¿Le agrada A usted el impresionismo? le pre•
guntó en voz baja. Esta seflora tiene los tonos
mprtecinos de un pastel de foil!.
Roberto pidió políticamente al seflor 1\laignan
noticias respecto á un opúsculo histórico que es
taba escribiendo con relación á quién sabe qué
casucha ruinosa, trabajo que tenía. abaorvido el
importante tiempo del r&gt;residente.
-Empreslldiffcil, seftor, exclamó el buen hombre que hasta entonces había estado vagamente
adormecido, pero que pareció galvanizarse por
un súbito entusiasmo. Los documentos son foc1ertos, escasos, confusos. Se descubre que en 1649,
un tal Jacobo Audibet, nativo de la Harandiére
habitaba allí; luego que en 1604 la propiedad pa•
só á manos de un tal Guillermo Rossel de la Grange ...... pero, entre esas dos fechas, natia! He
buscado, he compulsado, he registrado cuantos
papeles ban podido venir A mi alcance, he hojeado loe archivos de la provincia en Caen, en Alen•
con, en Argentan, y nohe podido encontrar ni la
máe leve huella. Esto es desesperante.
-Pero, dijo René. ¿esas personas tienen alguna importancia histórica?

-Ninguna, replicó con candidez el buen seilor: los La Grange y Harandiére no f11eron ni
notables siquiera; su vida no ofrece interés algu•
no y Ja casa en que habitaron tampoco.
Darlot estupefacto preguntó:
-Y entonces ¿por qué trabaja usted tanto en
asunto tan fútil?
-¿Por qué, sellor? Porque con estos materiales que ll usted Je parecen tan peque-nos, es como se construye Ja historia gP-neral de Francia.
Sin nosotros, s.:ftor, sin nuestros trabajos perseverantes, los historiadores patrios, Michet 1tismo,
nada habría podido hacer. Pues bien: su obra
maestra es mucho mas fa.cil que esta tarea incesante, esta labor obscura, estas inda~aciones tenaces A que nosotros nos dedicamos. lllichelet tenía todos los documentos 1\ la mano y no tuvo
más trl:lbajo que el de cordinarlos con esa belleza de estilo que tienen todos los desocupados: ya
convendrá usted pues que es ml\s fácil escribir
historia en la que hormiguean los hechos, que
opúsculos sobre gentes clesconocidas de las cuales se encuentra apenas nua huella medio borrada.
-De veras .... ! pues ese es un punto de vista
particular. Difícil es en efecto hacer algo con
nada.
-Yo he escrito un volumen de doscientas pAginas en octllvo mayor sobre un documento extremadamente Importante, diré más bien precioso que tuve la suerte de encontrar enun calabc,zo
del castillo de Harimdiere. Es una nota, una simple nota de lavandera cuyo importe mont~ba á
una suma insignificante v que era de la lavandera de Enrique IV que pasó por e:ite país en 1590
en la época en que conquistaba bU reino. Por
esta nota, se:!ior, se puede averiguar que el rey
no tenía para cambiarse mi\s que dos camisas y
que hasta estaban rotas y aguj~re1tdas, puesto
que la lavandera aliade este detalle que en mi
concepto es caracteristico: «y por coser y remendar las camisas que están gastadas basta la trama, 3 sueldos.» Pues escl'ibí, como le digo á usted, un volumen sobreesto, y mis colegas de la
Sociedad Histórica han quedado de acuerdo sobre la importancia demi trabajo y la exactitud
de las conclusiones que de él deduzco. Oh, se:nor!
¡Qué lejos nos lleva en el camino de las hipótesis
esta nota de una lavandera! ¡Qué luzarrojasobre
todo un lado de la vida de nnP.stros padres! «Co•
ser tres camisas que estaban gastadas basta enla
trama .... 1 Y qué sabor tan especial el de esta
manera de decir. ¿No se le figura á usted estar
leyendo A Montaigne?

- Sf, pero con pensamientos Wl poco menos.
profundos.
María Magdalena ya no se fastidiaba: la sefiora de la Palliere con una risa obstinada que quería hacer aparecer rediante y que fütigaba como
una co,~tracción nerviosa, veía sin cesar con l&amp;.
misma ojeada viva A Roberto, á. Rene Darlot, al
Presidente, A los amorcillos del cielo raso y A los.
sillones de tRp1cP.rfa.
El s&amp;ilor Maigoan cayó de nuevo en su sopor y
pronto tocó retirada.
-Oh! dijo la seftora de la Palliere ¿notaron ustedes la rigidez de la sefl.ora Ligniere? La presencia del se:tlor :.\!alguan la puso en fuga y ·ese&gt;
viene de que hay competencia de caridad entre
ellos, pues la bija del sefior Maignan es presidenta de varias obras de las que la setl.ora Liguiere
filé despojada y se hacen una guerra terrible quetiene por campo de batana las bolsas de sus amigos y conocidos. Tan pronto como la una proyecta un baile Abeneficio de los huérfano~, proyecta la otra un concierto á beneficio de los
sordo-mudos y esto es una emulación espantosa.
La risa con que la se:i'1ora de Ja Palliere ensefl.aba todos sus dientes y sus muelas, estalló cristalina, sus ojos chispearnn y relampaguearon, y
fijando al fin las pupilas en el péndulo del relo.if
se puso A seguir sus movimientos.
Entraron otras personas. El seflor y la se:nora
de Lavernede. El, un comerciante grueso, pesado y rico, ella una mujercita delicada, elegante,
refinada en su traje y en sus maneras.
Habiendo querido la sel'lora de la Palliere en
su presencia hablar de modas y confecciones y
habiendo declarado que era cliente de Doucet,.
la se11ora Lavernede después de pasear una ojea•
da lenta por todo el traje de su interlocutora, insinuó que en La Bella Jardinera se hacüm muy
bonitos vestidos á. precios moderados. Llevándose en el corazon la flecha envenenada, la sen.ora.
de la Palliere se despidió y se f11é.
Todas estas peqnefl.as vanidades que se entrechocaban en presencia de María Magdalena !&amp;
consternaban, y en René Darlot producían un
efecto contrario divirtiéndolo maravillosamente,
y haciéndolo prolongar, sin pensarlo, una visita
que A sus ojos era amistosa y no oficial,
En el salón como en una linterna mágica. las.
figuras más interesantes se sucedían, y annqu1t
la mayor p11rte de aquellas gentes le era conocida, no podía gloriarse de que lo fuera sino en le&gt;
super1icial y se sentía muy á gusto es~udiando
de cerea conjunto tan curioso.
EJ desfile con~inuó durante largo tiempo y en

consecuencia todas las notabilidades de la ciudad
pRsaron por aquel examen obstinado; y Roberto,
que teni1t un juicio estrecho sobre! la corrección
y las convenienciits encontl'ó indiscreta la duración de esta visita, pero Darlot ni peus11ba en ir•
se; se sentía .como l'n su casa en la de )1aria Magdalena, á. la que nunca podría tomar en serio y
seguía con i11teré~ en su semhlante agraciado la
impresión que le cansaba cada una de las visitas.
El único personaje á. q11ien se olvidó de estu•
diar foé A Roberto, cuya irritación le pareció
simpleme ute una rigidez incorrecta.
Esa noche Roberto declaró A. ll[aria Magdalena
que Darlot Je des11gradaba, y ésta, cansada ue
haber visto tantas cttNS, de haber CAmbiado tantos cumplimientos y oido tantas banalidades,
no tuvo ni el pensamiento ni el valor de de•
fender la cansa de René, inquietándos~ muy
poco de Jo q11e su m11rido sintiera en cuestión de
simpatías, pues pensaba dej11rle libertad para estinuu' ó no A los 1:1migO"- de el11:1., con tlll de que le
fun11 consentiuo apreciarlos A ~u satisfacción.
El comedor de la seft.ora Le CJercq, construido
y decor1:1do II fines del siglo XYIII, teoill todit la
gracia amable de esa é¡ioca en que el arte decoraúvo, alejAndose de ]11.s exageraciones del estilo
arabesco, se ;nspirata en las linells rect11s dél arte griego y arect11ba u11a sobria eleganci11.
En f,Jrma de hemiciclo, ct,n el teche, muy elevado sostenido por pilastras estriadas; 1:ntrepa.1los de cristal ll.lter1111do con
tapicerias semejando «Las cacerías del Hey de Oudry¡,. cu
bierta. con mader8.II incrusta•
das y antiguas lacas del j11pó11
de la m,1r11villosa cerámica
oriental, ésta sala alegraba 1.,s
ojos prese11tantio un conj11oto
atractivo y disponía mejor A
gozar de una buena comida
que l11s salxs dd estilo Renacimiento, donde la encina antigua, los tonos verdes obscuros y las colgaduras de tercloptlo producen sombras en
pleno medio dia.
La. seilora Le Clercq, con el
deseo de ahorrar 1\ Maria M11gdalena tocio el cuidado de di
rlgir un hogar, se llevaba á
BUS hijos dittríamente A comtil'
en su casa.
Por más que no lo hubiera
-creido d Dor.tor Bois de Saint
~lárcel, la vida de su bija estabit mezclllda A la madre de
Rob"'rto de una manera absolutll, pue'I esta irrisori11 limiblción de un piso al otro no detenía A la
seflora de Le Olercq que amaba dem11.siado á su
nuera para no estarse ocupando A.cada mmneoto
de eullnto le coucarnfa, de modo q ne este afectuoso y excelente sentimiento se convertía en una
red de mil mttllae que envolvía A la joven tan
dulee como fuertemente. No salía sin que su suegra subiera t\ arreglarla. y á llevarla ella misma A
donde quisiera ir, y no recibía á nadie que no viniera la su •gr1l á recibir tllmbién, ni leía un libro
sin que se Je pregumau el tí1ulo, ni recib(a carta
alg11Da sin que se le preguntara el contenido.
María Magdlllena aunque muy apac¡tble era no
obstante eapaz de unll rebelión cuando se col•
mara ltt medida de su sufrimiento: pero educada
-con cuidlldosa rigidez. no dej11ba. nr á s11 suegra
lo enojoso que le era no estar nunca sola.
Una ternura que toma semejante c11mino se ha-ce una carga para la existencia.. María Uagdalena no reflexionaba en eato todavía, porq11e tenía
-veinte anos, estaba recientemente casada y la
-convicción de su j11ventud fortificaba su paciencia y Je inspirll ba el deseo sincero de vivir en paz
con todo el mundo, y tenía ademA.s una gran
!!exibilid11d que lu bacfo plegarse fácil1uente A
las voluntades que domimtban la suya.
Esto lt, impedía darse cuenta exacta de snf11s•
tidio babitu1:1l y pensaba que todo veofa de q11e
exrra:ll.11b1i la vida de P11ris, cu11ndo lo que ext1·a:ll.aba en re1didl'd era la libert11d que siempre le
aeja ba su pitdre.
Veitt poco A su marido.
Hob1:rto con no talento verdadero y un conocimiento profundo de 1n ciencia del derecho, -re•
-cogiendo la herencia de su padre y de su abuelo, qne antes que él, .fueron abogados en Montpazier, trab11jotbK mucho y llevaba una existencia poco runndana pues casi siempre ?Btaba

en Palacio, ó bien en su gabinete escribiendo ó
compulsando documentos, lo que le dejaba pocas oportWlidadei; para ocuparse de su bog11r.
Era una 11t1turl\lez,. grave y reservada, pero
Ma1·ía Mllgdaleua s11.bi!l muy bien que era amada
y que se la consideraba como un rayo de sol y
de alei?ría p11ra. aqut!lla exis encia sombtía. y he•
l,11Ll, Ella posefll este don feliz: ser nlfi•gre; reía
francamente, tenia una verbA malicies'\ y espiri·
tual y frases graciosas que despert&gt;1ban simpAtica afección. A cada unll de sus salid11s, la senora Le CJercq sonreía con 11ire de Indulgencia ó
la repnndía con dulzura, y Roberto no decfa nada sino q110 Vl'ía. A s11 muj'!r con ojos brillantes y
un deseo loco de arrebatarla en sus brazos. La
amaba por joven. por espiritual i;in el más leve
fondo de maldi1d y habrf11 q11ericlo co11test11rle,
darle en réplica salidas jac11rando8/\s que le venían á. lo, labios y cosas lindas que le i&lt;ujer(an
el regocij'l y el amor, pero Je cootenfo siempre
un súbito temor de aparecer desm3n11do, y rubos
que todo la presencia de su madre, pues siem¡,ro
nu tercero aboga esa cliue de expitnsiones.
Roberto guard11ba de consiguiente al l1:1do de
su madre y de su esposa juntas, la corrección á
que la sefiora Le Clcrq le tenía acostumbrddo.

Y como Maria Magdalena negara estar con
preocupación algnna, su suegra afladij:
-¿Ha recibido usted alg11na mala noticia res•
pecto A su papá ?
-Oh! no. Esta carta es de Lucia Hartley.
Eicrita desde Londres la carta, Lucía anun•
cihba á. su 11miga que estaba á. punto de embarcarse para Fraucia; que permanecería en París
algunos dí &gt;ts y se dirigiría Juego ll Tregastel
donde pensaba pasar el estío. Partt esto había alquilado una quinta donde llevaría todos sus utensilios de pintora pues iba a. trabllj11r con forma•
lid ad para la próxima exposición. No llevaría cc.nsigo rults q11.e una criada, p11es se proponía vivir
co11 la mayor modestia y senrlllés prefiriendo 1a
naturttleza salvaje de Bretaña y la soledad que
hay en las aldeas de oescadores al movimiento y
11ctividad de Trouvi!le 6 de Dinard.
Al leer la carta Muitt ?lbgda lenn, reflexionó
que le correspondía invitar A 111 inglesn para detenerse en su casa al pasar p11ra Tr&lt;-g,u1tel¡ pues ba•
cíac1tsi un aflo que no la veíl\ á cau11a e.le un viaje
que la 11.rtista hizo á llvlandn y que duró varios
meses.
Como )faría ~Iagdalena Ir tenia µ1·ofundo y
verdadero carillo y la admil·aba por su firmeza
de carácter, dest·Aba \'ivamente voh·er
a nrla, pero ,,acilalla para decírselo á
su marido. Esta timidez que se reprochaba á sí misma, proYt:nia 1,in dudu alguna
de que tn realidad no estabo en s11 casa sino en 111 de
su suegm.
~farfo M11gd11lena sentía lo
deJicado de :;u 1;ituación sin
querer analiznrlo, pero para
liacer práctica una invitación
de esta clase, no debía ser
ella quien invitara, sino la
seftora Le Clercq.
-Lucí11. lfarLley, la amiguita de Londr1.bi' ¿Qnédecia
de em,jo~oi'
-Nada de enojoso, se
11presuró A contestar Maria
:\lagdalena. con la premura
de las personas medrosas.
Por d contrario, viene A
Francia y si te parece, Bob,
me se, ía grato que pasara.
con nc:-sotros aquí algunos
días.
Se había puesto colorada
como una amapola y miraba
Asn marido con ojos irresis•
tibies: rara vez le tuteaba y
más rara aún le llamaba con ese diminutivo iuglé~, Roberto sonrió y respondió sin cuidarse de
cons11.Itar á su m11dre.
¿Quá hubiera dicho al verlo reír ó valsar con
-Sí, bien mío. Yo quiero todo lo que puede
lforf,i Magdalena como ella solíA h&gt;\cerlo para serte grato. Cootéstale sin tard11r á tu amiga, que
ddr soltura A sus nervios contrliidos? A ella s~ debe eer encantitdora. ya qae se ha hrcho amar
Je perdooab,in esas ligeras incorrecciones porque de mi Maria M11gdalena.
era. todavía muy joven .. .... R ,berto sentía esto
En uno de esos arrebatos de buen humor ~ne
y al pensar en la mirad/\ de asombro que le cli•
rigiría eu madre si lo vier" rej11ve11ecerse Je ese no acertaba á. dominar, Mitría. Magclal~na se le•
vantó1 dló una vuelta corriendo al rededor de la
modo, detenfa sus arranqu.es.
mesa. y se arrojó en brazos de R)berto para be·
Así pues, María ?tfagdalena habíll estado mAs sarle á su placer.
lt gusto con su padre que con su mat'ido . .Muy
L'l Seflora Leclercq encontró incorrecta esta
bien babia podido confiarlo A aquel sus pensa- acción. ¿No se b:1.bía faltado en tfeclo al re~peto
mientos íntimos, pues B&gt;lbio\ que era comprendi, q11e le era debido, tomando siu cousultár;seJe es•
da, y que hallaba siempre una excusa en esll be- ta res&lt;1lueión? No obstante, recurriendo á su mannevolencia exponcAnea que tie• en los egoistas sedumbre ordinaria, procuró sobreponerse A su
quienes amando 11.nte todo su libertRd, no pre- mala impresión.
ttmden atacar ni restringir In libertad 11gena.
:Maria blilgdalen11, entregada por completo á. la
Con Darlot mismo, ~forí11. ~iagdaleDI!. se sentía
alegria,
no observó nada y d 1jo con volubllidad:
mis en confianza; apreciuba en todo su valor
-¡Qué
gustazo me has dado! ¡Si vieras culinto
aquelll\ amistad verd11derl:l, y si reflia con él al•
g111Jas '9eees cnando el le dirigía bromas, esas ri- quiero A Lucfal ya verlts qué original es y cnAn•
ftas eran pasajer11.s y servido mAs bien parn es• to talento tieue. Es mucho más bonita que yo y
basta tengo miedo de que me ames meaos deB•
trecbar eu intimidad de buenos cllmarad1ts.
pnés
de que la nRyas cono.:ido. Ha leido mucho,
Una tarde, A la hora de la comidtt, un criado
trajo á. M,irfa Magdalen11 una carta que ella abrió ha viajado, y habla bien en todas las m ..teritts, no
apresuradamentt:. La leyó desde luego y la guar- 1mperf1cialmente como yo, sino con absoluta perdó inmediatamente siu decir una palabra. Ro- fección. Le diré que baga mi retra.o en los días
berto que refería A su madre las peripecias de que pase aquí.
-Imposible: le hará talta su taller, dijo Rober•
una audiencia en que hllbia sido defensor, no observó el silencio de su mujer, pero la seftora Le to, encantado de la alegria de su espesa.
Clarcq cuya ateneión estaba despierta se &amp;intió
-En Tragaste! lo tendrá. Se dari\ prisa para
muy contrariada porque su nuera g11ardaba pa- in9tArnrlo; no importa cómo, pero lo inst tlara,
ra eí el contenido de la carta. Sin embargo, de• porque los ingleses son m11y prácticos. Aquí tenmasiado buena, resolvió no dej!ll' ver Sil desc0n• go también el proyecto de que lo ponga i.i no
tento y dijo con tono atable.
u enes inconveniente. Le daremo:3 para eso, lt~
-¿Q11.e le pasa á usted, mi vid11 1 que se ha pues- cámara azul del tercer piso que tiene una magto tan seria?
nifica luz.

2

�6

La Setiora Le Clercq, dijo con una voz que ella
creyó dulce.
-Necesito la cAmara azul. lle dispuesto de
el111 p11r11 otros fines.
Este vaso de agua helada, calmó el entusiasmo
de :Maria M11gdalena y le hizo recordar que la
casa pertenetíll A alguien q11e no era. ella misma,
Volvió pues A en asiento, en tanto que Roberto;
sorprendido, pr&lt;'gunt11b&gt;1:
-Qne dispuso usted de la cllmara azul! Y para.
quéi'
-He suplicado A la Sel!.ora de Charmont, que
venica á pa&amp;ar á mí casa todo t&gt;l tiempo que le
sea necesnrlo para salir de la triste situación en
que se baila.
Aqui siguió un 1llencio. . . . Marf11. Magdalena se absorvió en la contemplación de nn salero de plat&amp;, en tanto que Roberto, muy contra•
rindo y no atreviéndose A decirlo, se puso A
comer como ei llevara ocbo d[as de no probar
boeedo.
J,a Seftora Cbarmon que pertenecfe. A la buena
sociedud de lit población, era una infeliz cuyo
marido acababa de morir después de una cort/\
enfermedad, dejando A su viuda absolutamente
sin recursos. Esta desgra.cia provocó de pronto
mucha., simpaúas en f1&amp;vor de la sen.ora Cbarmon
que por motivo de su carácter poco eomunicali•
vo, se ap11garon muy pronto.
La perspectiva de vivir con una persona cuya
situación era en verdad dignl\ de interés, pero
cuvas conversaciones, tristezas y melancolías Je ,
giilmas y justas, no podían sino traer su sombras
al hogar. di~gnsró vivamente {l. Roberto.
Lll Se.11.ora LeClercq, observó la frialdad de su
hijo y lamentó lo que acababa de decir, con tanto
muor motivo cuanto que en realidad la Seffora
Cbarmon aún no b11bia sido invit11da sino que por
el contrario le fué necefario resistfrse á las incliseretns io ■ inuaeiones de esta dama. El deseo
de recordar A sus hijos que ella estaba en su casn
y que para todo se debía. tomar en cuenta su voluntad, la babia llevado demasiado lejos, por lo
cual agregó en un timo conciliador:
-Es muy penosa la crisis porque pasa la se11.ora Cbarmon¡ todos sus mnebl~s van a ser ven·
didos para pagar )as deudas de su esposo y durante trtrnsi,to tan amargo, he creído que era bueno ofrecerle un asilo que no ocuparA por mucho
tiempo y podremos arreglar otro departamento
pllr&amp; la sen.orit&amp; Lucía Hartley.
María Magdalena contrariada por este inciden•
te y por lll actitud de su suegra contestó:
- Lucia se apenarfa muchísimo, sei\ora, si creyera que causaba A usted alguna molestia.: la alojaremos en nuestro departamento en - el cuarto
contiguo á. nuestro toc11dor. Y en cuanto al taller
seglll'amente que se pasará. sin él sin lamentarse
demasia&lt;lo.
La eefl.ora Le Clercq no insistió ml\s y la comi•
da terminó rin otro incidente.
María Magdalena se retiró para escribir A la se11.orita llarltey, Robertó entró A su despacho y la
seftora Le Clercq contrariada y berlda en sus derechos, aunque nada.hubiera dicho, y ofendida por
el silencio de su rujo, siguió A éste hasta. el gabinete de trabajo.
Ahí le dijo:
-¿Parece que desapruebas la invitación que
hice A esa infeliz viuda?
Roberto de ¡ronto no respondió eino se puso á
hoje11r papeles con mano distraída,
-Rtispóndeme, Roberto.
-Pienso, en efecto, dijo él con tono frío y respetuoso, que sería preferible no mezclará nna e:xtran11. en nuestra vida intima.
-Y sin embargo Re.abas de antorizar A María
Magdalena para que invite A su amiga ..... .
-El caso es muy diferente; la sellorita HartJey estarA aquí A lo mAs una ó dos semanas, en
tanto que respecto A la sel1ora Cbarmont, usted
e11be cuando va A entrar pero no cudndo va á.
salir,
-Te suplico que la consideres suficientemente
correcta para que no se convierta en una carga,
contestó la seftora Le Clercq con acritud¡ y a.de·
mlls, en caso dado yo sabría arreglarme de maneru que no seria necesario sulrirla mncbo tiempo.
-Entonces, y como ese caso tiene necesariamonte que presentarse, serla preferible dejar á
esft ar nora en PU C'lsa. en vez de darse la pena. de
reci billa, para darsü Juego la pena de hacerla. salir.
-;,Y por qué piensas que llegue ese extremo?
- Usted mlsmn lo ha dld.1c: la senor11Cbarmon

EL OBSTÁClTL().

"EL lCIJNDO TL'C"STRADO"

eetarA aqui basta que encuentre una colocación
honrosa .... Eso puede ser largo. La idea detra•
bajar para vivir le tiene que eer muy penosa, Y
más aún comparando esa. suerte con las dulzuras
de eu existencia equi. Juzgándola con benevolencia, puedo suponer qne ne eatA dispuesta A
abusar ..... .
-¡.TuzgAndola con benevolencia! Pero la conoces bastante para form11rte de ella una idea
exacta? Yo estoy cierta de qne le encontraré. con
las relaciones de que dispongo, una buena posi•
ción en poco tiempo.
.
-¿En Mnntpazier? Ella no consentiría en vi•
vjr de su tritbajo en la misma localidad en que ha
ocupado otrR -posición.
. .
-Así. puPe, ml hijo me rltie porr¡ue he mv~tado para venir A. mi casa 1\. una persona á qwen
compadezco y estimo!
Roberto irritado y rígido miró fijamente á su
madre y dij":
.
-Usted fué la que exi~ió que le dfora mi op1•
nión. Yo no me he permitido reftirla. Haga usted
lo que le -parPzca.
La sellora Le Olercq salió mAe contrariada que
cuando vino. pves había tr11ido al venir ideas con•
ciliadora&lt;1; pero 11\ actitud enérgicl\ su hijo la
irritaba tanto mAs, cuanto que en el fondo de su
causa era mala porque en verdad que Pra enojoso eso de echarse A cuestas la carga de la seflora.
Ch11.rmon.
Sin embargo 111 seflora Le Clercq resolvió pa.snr sobre todo v llevar á. cabo lo que había dicho.
Entró bAj0 está impresión A sus habitaciones y sufrió por la primera vez un hondo sentimiento de
amargura.
Todo lo que habfa hecho por sus hijos le vino
A la memoria.
Había obrado siempre olvidá.ndose de si misma
y no pensando sino en la dicha de ellos. Había.
dejado á Roberto elegir la mujer que fuer11 de su
agrado, hasta pobre, cuando por su posici~n te·
nÍJ\ derecho á mejores partidos que la hija de un
médico sin clientela. Luego, lejos de hacer sentir
á ~farfa. :'tfagdalena estll generosidad JI\ tratnha
como A hijá suya, 111 colmaba &lt;le obsequios. buscabn todas las ocasiones propicias para proporcionarle placnes; v aún babia exigido que los &lt;los
jovenes vinieran á vivir en su casa donde goza.
ban del lujo del hotel, de sus carrunjes y hast11 de
sus criados, porque en resumen ellos no tenian
para su servicio m1\s que una camarera pne!&lt;to
que diariamente comian en la mesa común. Si, ella
obraba bien y los recién casndos parecía que lo
4.uerian alvíd,,r. Podfa coni:1iderarse como pPcata.
mili uta, eso de que no la hubieran consultado previamente para invitar t'l. "ln. sefiorita d"á Hartlev,
pero eso era el punto de partida, de toda una séríe
de disgustos.
Además, Jn t&gt;ntristecia la inusitad11. actitud de
Roberto y de la misma lfarfa Magdalena que había incurl'ido en la temeridad de pasar sobre toda
consideración y alojar en su casa. t\ la amiguita.
Su casa ...... la senora Le Clecq sonrió y el pen•
eamlento de 111 relicidad que gozab11n sus hijos la
estremeció: ella era su providencia; sin ella estarian reducidos A unaexisteneiamode:1ta no contando mAs que con los productos del trabajo de
Roberto, todavía poco conoc!do paraquepudiera
estimarse como seria su posición. Sin ella, Maria
Magdalena descenderla al rango de una burguesita casi en la miseria., esperando los días lej1mos
en que debiera hacerse célebre su marido. Nada
de carruajes, ni de equitación, ni de eleg11ntes
«tea gwn,• ni de sombreros A la última mod:l, ni
de bibelots. ni de almuerzos exquisitamente ser•
vidos par1t invitar á las amigas. Sentirse tan necesaria, dulcificó el Animo de la senora, y la inclinó á la benevolencia y al perdón. Se puso á
pensar en las cuAlidades agri\da bles de .M aría ~fagdalenn, en su igualdad de humor, en su corree•
ción de maneras y ensu gracia aristocrática., cualidades que en suma, bastaba para que se sintiera orguJJosa de la mujerci~ de su hijo, tan linda y tan.
buena. Solamente que era preciso temar una. resolución firme: la de inculcarle bastante bien el
sentimiento de la gratitud que ambos le debian,
para que no se renovara mas esta veleidad de
rebelión.
Como ~laría Magdalena tenía un caracter dócil
y estaba muy bien educada, comprendería lacil·
mente y todo iría bien. En las primeras ocasiones,
A tiempo. eR cuando tlP nf'ce.;lta firme1:a. . En
cuanto á. Roberto siendo elltij&lt;J, tenia derecho para
considerarse en su casa.. . .... De consiguiente
ellrr solo C'rn la que había estado incorrcctn r por

cansa de ella Roberto hn bia asumido en la lucha 1n.
actirnd que nsuminó. El sabia que la sel!.ora Cb~rmon desagradaba ásu mujer y por t'SO sehabiadisguetatlo al saber que la iban á traer A vivir con
ellos.
Desde qnc In seftora Le Clercq tomó el partido·
de ser buena apesar de la ingratitud de quehabia
sido victima recobró su tra11quilidad de conciencia: la grandeza de su generosidad Je dulcificó el·
el cspirítu y se durmió satisfecha.
Marfa MRgdalena después de haber es1:rito Ala
sel!.orit.a llnrtley, rC&gt;flexionó en que hubiera preferido hallarse en una casa que deveras fuera su
casa para recibir A su amiga, porque es muy penoso invitllr á alguien para el sitio en que un.J •
mismo no es mas que tolerado.
Ocho días más t11rde, Lucia II11rcley estaba ya,
en :Montpnzler y la senora Charmon babia aceptado la hospitalidad que la madre de Roberto le
babia ofrecido, de suerte que el placer que causóá :Maria Magdalena verá su amiga, estaba en•
sombree.ido por la presencia const.ante de Ja da·
ma enlutada A quien Darlot llamaba, «la quejum•
brosa Eligia•
Era mur cierto que 111. seno1·a Charmon tenía
todos los derechos posibles para estar triste, pero
ella bacín g11la de esa.tristeza; se izaba sobre su dolor como sobre un pedestal y In exagernción de sus.
sentimientos s~ convertía en una plaga para lasperson11s obligadas A sufrirla. Era una muj~r al·
ti\ y desmadejada, de cabe'los negros, lac1os !
opl'iruidos contrn sus sienes e~trecbas y de perfil
anguloso como las madonru. de la escuela prernfaeJista. A Lucia liartley le l\gradó de pronto su.
tipo ~ajo el punto de vista artístico, pero la indolencia, la dejadez, la desidia de esta persona le
repu"'naron t.an vivnmente, que no pensó ya más
en c;mpa.rarla con los Botticelli puestos á la moda por una reciente JiterRtura.
-Es in soporta ble, declaró A)[aria lligdalena.
Sus suspu-os en dn sostenido menor, su. voz Janguidcciente, sus ojos siempre mirnndo al techo,
todo esto es detestable. No, no es un Boticelli ...
es un cromo barato!
-¿T de veras le gustan A usted mu~ho los pintores primitivos? preguntó René Darlot que sentado en un ángulo del salón dibujaba en una boja de Whatman mujeres d~snudns con alas de·
:'mgel para adornar una edición de GricéUd11~.
¿De veras le agradan A ustedBotticelli, Cario .Maratti, Signorelli, .Mantegna, y toda esa. cntcrva.
de viejos tallados en bronce que se divirtieron
pintando santos rígidos como estatuas de made•
ra., con colores chillones y dibujo disparatado?¿Le ~usta. A usted ('SO? A mi. no.
-Ni á mi, contestó francamente Lucía. Echemos abajo á. los dioses. No me a.grada ni el mismo Rafael. Vea usted el retrato de Juana de Arngón que estA en el Louvre, esta cabeza enastada.,
en un largo cuello, esa. boquita inverosímil, esos.
ojos demasiado grandes, ese óvalo de cara comohecho con compA.s, todo eso no es ni verdaderoni sincero. s~ siente que no debe parecerse al
original. Y el color amariJlcnto .... Los dibujosde Rafael si, los cuadros, no. Oiga. usted Mog~
quédese usted en esa postura en que está., voy á,
hacerle un retrato al pastel. e.Quiere usted~ Voy
A traer m¡s )Apicet:: y un cartón.
Lucía Rartley salió del salón v entre tanto )!aria Magdalena. &lt;lijo A Darlot:
·
-1,Qué opina usted de Lucía? ¿Verdad que es.
encantadora?
-Es muy inreligente. Es una magnífica muestra de esa raza de inglesas de buena compaftia
que ban recibido una sana educación y píensan,
razonan y obran de nn modo viril, Es muy notable ....
-Y muy linda ¿verdad?
En ese momento Lucía regresó trayendo sus.
lf1p1ces, un cartón y un caballete.
Pronto dejó listos para el trabajo todos esos ol&gt;jetos, y poniendo á su amiga !reute l~ la ventana,
comenzó su obra :\ grandes rasgos cvn una fu·•
meza ~·una seguridad de pulso, que entusiasmaron
á Darlot. Este habi11. dejado suneuareladeclarando que tenía días en que no se sentía suficiente•
mente idealista para pintar mujeres ornadas con
angélicos atributos.
Fué luego al piano, lo abrió, se sentó y se pusoA tocar un aire noruego de Grieg. Luego eantótma barcarola de Lnlo.
-Tiene usted una lindn voz y magnifica es cuela, dijo Lucía.
Durlot tocó algunos ~·orupnses deLohengrin.

-Ah! el duo del ultimo a oto .... ¿lo canta us-Lindísimo; pero muy bien podía usted aguarted? vo también.
dar para terminarlo, que nosotros regresaremos.
-Si quiere usted ..... .
-Oh, no! :Xo ee deja y se Vtlt'lve á tomar una
Lucfn dejó sus lt\pices en un momcmo v se obra de arte como el remiendo de una media, dijo
acercó al piano: mientras ella cantaba el duo con Lucía Hartley sonriendo con exquisita amabiliRené, Robe1·to entró 111 salón sin hacer ruido y dad. Espero, señora, que me hará usted la gracia
sonrió desde lejos A )larfa lfRgdalena.
de dejarme A Mag, la cual está hoy en su día de
El retrato apenas bosquejado iba muy bien¡ to- belleza.
dos estos utensilios de pintura, la linda jo,•en que
• -}fa.ría ltagdalena estt\ inscrita desde hnce
servill de modelo, los dos cantantes y el sol de
muy poco tiempo en la Lista de lAs benefactoras
estío inundando de oro el sl\lón, causaban una
del hospicio, replicó la sei'l.orn Le Clercq con to•
sensacióa de felicidad y de fmima al&lt;'grfit.
no im,inuante como para convencer directamente
Desde el momento que lle¡?ó, Lucí11. IIartley se
A un nitio rebelde. Fué presl'ntada por la sel!.ora
habla conquistndo las simp11.1fos de Roberto. Su de Ligniére y l1asta sería nn desaire ,\ dam!l tan
aspecto de seriedl\d 6 inteUgeneia agradóá quien distinguida, 11parecer manifestando tan poc9 npreera así mismo serio ~ inteligente y además, el cio de una obra.\ la .-¡ucella da, y con razón, gran
cariflo que le tenia á. ~larlalfagrlalena, e-arillo sin importancia.
frase.s pero sincero y hondo, le ru1\ muy satíbfac-No cstú &lt;'n edad ~fagdalena, p:lra ocuparse
torio A Roberto.
-Bien, mnybien, exclamó Mnría !llilgdalena. al de esas cosas! dijo Dal"lot que estaba oyendo to•
terminar el duo. Uientr11s estaba oyendo á uste- do, apeiar de su serenata.
La sen.ora Le Clercq le dirigió una mirada codes me vino un proyecto i\ la cabeza: que invitemos ti. algunos amigos y demos una velada musí• lérica.
cal. Lucia cantarA con Darlo!, tú tocru-As el
violln.
- Ya lo consulLaremos A mamá., dijo Roberto.
Lucía volvió A su caballete.
-Vuelva usted fl la posición en que estaba,
}lag: ya no mAs música. en esta estación que ha.
ee t11nto calor.
----.e e toca y se eanta en toda esración, cu1mdo
esto agrada, respondió María :-.IagdaJ~na que se
sentía capaz de ponerse á bailt1run vals. Pero Roberto, nof'senCA11adetumamá sino aquí dondequerill yo recibir. Yqnenoserfn una soírémundana, sino una reunión sencillita de algunas per:;onas de
tu amistod solamente.
-Como tú quieras. Pero de todos modos aqul
esu\ m11mA.
La stiiora de Le Clcreq, en efecto, llegaba. en
esos momentos.
-ll a blábamos de inYitar á algunas personas
A una velada lírica, dijo Roberto.
La seffora Le CJercq respondió vivamente aunque sonriendo:
-Oh! ni pienses en eso Roberto .. , • es imposible! Yo mibma. he quedado sorprendida, vida
mía (volviéndose o. su nuera) de que haya usted
tocado y cantado como acaba de hacerlo.
- Soy yo quien be cantado, seflora, dijo Lucía
con extremada política y aseguro A usted que
ignoraba que la música le fuera desagraaable.
-Ln eeil.ora Charmont como Silben ustedes, ha
tenido un pesar muy reciente; está de duelo y ha
debido encoutrar muy extra:llo que se le hagn
ruido.
Lucia. Hartley trabajaba tranquilamente y da.ba toques de mano maestra á su pastel. Darlot
Roberto enoJado por la insistencia de su masin duda no había comprendido ó no había acaso dre y por el disgusto de :María Magdalena, dijo:
ni escuchado, porque poniendo Ja sordina al pia•
-¿~evf:ras. cree usted, madre mía, qu~ haya
no cantó á Uledia voz la serenata del 1Jarúe1·0.
urgencia md1spensab]e de fr? .i\larfa Magdalena
- Seria, á lo que creo, inconveniente convidar se quedaria mAs contenta acompanando á la. seaún ,\ los amigos m:ls íntimos mientras eJla esté florita Hartlev.
aqui. Eso le sería muy penoso.
-Pues si ia sel'l.orita Hartley qniere acompaSiguió un silencio. Roberto frunció el entrece• fi.arnos, nos causarA verdadero placer.
Darlot cerró el piano. Lucía contestó con sejo: la. presencia de la sel!.ora Charmon empezaba
á caerle pesada; María Magdalena procur1tba en riedad:
-Oh! no, sef1ora. Esn sesi6n me seria muy pe•
vano cruzar una mirada con su amign y Darlot
seguia con sus gorjeos msulta.ndo el duelo de la nosa, y en elln me serta imposible dejar de lastidiarme, yo que necesitoactividadintelecmal ó cor.
viuda.
-Vine para preguntar i\ usted si estA dispuesta poral. Allí necesitaríll pennimecer inmóvil varias
A acompaflarme A la sesión del Comité del Ilospi• horas, y me temo que mi es¡,iritu estaría tan pocio de ancianos desvalidos, continuó la se:l'lora. co ocupado como mi cuerpo.
-No, no, quédese usted, se apresuró A decir
Le Clercq, sin apercibirae de la frialdad con que
María :\tagdalena, viendo A su suegra que había
fué acogida.
Como ella no tenlll deseo alguno de oir música, q:iedado asombrada por la franqueza de su nmi•
ni de dar . una velada para lucir ít. la señorita g~. '1: puesto que no puede usted cantar, ni tocar,
Hartley qne le era antipatica, no creyó ni por un m pmtar, tome usted libros en mi biblioteca y
momento haber estado impertinente, y encontra- lea.
-Gracins, querida, voy 11 salir v ei el setlor
ba muy natural y sencillo que se privaran los
demlls de aquello que A ella misma no Je agra- Dnrlot quiere acompailarmo quedaré sumamente
complacida.
daba.
:Maria ~Iagdalenn se nlejó, Lucia puso á un lado
l'lfnrla Magdalena acostumbrada ií. dejarse
su
caballetey guardó los 1:lpices de colores y Roimponer ocupaciones que le eran enojosas, quiso
levantarse para obedecer A su suegra; pero su berto lamentando que su madre hubiera maniresdisgusto era tan visible de dejar una compania tado su opinión con tanta rudeza, pero viendo una
agradable para ir A una sesi~n de viejas preten- censura. en h\ actitud d43 Darlot, se Irguió y dijo
en tono seco:
ciosas é hipócritas, que dirigió i\. su amiga una. rA-Tiene 11.'lted razón. Es mejor q11e;\farfa~[agpida mirada de inteligencia.
dalena v11.ya con usted.
-¿Cómo, Mag, dijo esta, va usted lt privarme
Y saliópara ir Atrabajar, contrariado,sintiendo
del modelo ahora que mús lo necesitoi1 Quedaría un disgusto creciente, y la impresión de que en
yo desolada, porque mi pastel va bien.
su casa no todo marchaba como debiera ser.
Y agrcg6 dirigiéndose A la seflora. Le Clercq:
De pronto atribuía. todo esto á la infl11encia de
-r:No le parece 1i usted que \"H bien, stñore¿ RenéDarJot, un desocupnclo, un hombre caprichoso

7

que imponía todas sus ideas fl .Maria Margdalcna,
pues evidentemente todas las razones que su madre d11ba eran excelentes, pero no dejaba de ser
r;en ible que cada vez quo ella exigía algo, la jo•
ven se viese oblig11da A prescindir, hacer elsaeriIlcio de algún plncer ó alguna afición, por tnl de
obrnr siguiendo las ordenes de la sef1ora Le
tlercq.
De todos modos A ella ern A quien Je tocnba
obedecer y lo hacia de buenn voluntad sin rcbe•
llón 11lguna, solamente con un ademf\n detri1:1tez1t
que durabll poco y que basta se esforzaba en disimular.
Hoberto est11bn muy 11gradeeido á su mujer por
esta a!Dh.ble docilid11d de cimlcter,pues comprendía que sin esia fl~xibilidad moral y :;in ~sta rlulzurn, su hogar podía com·ertirse en un centro de
disturbios.
La seflora Le Clercq era buena realmente y
amaba A María Mngdalena, pero de un modo autoritario. T,a amabit con despocismo y le nu!Hlcabn Ja personalidad dulcemente con !ormas mur

politicas pero con obstinación. y exigía que esta
criatura de veinte .dios tuviera losgustos,las ocupaciones y ll\s rctnciones que ella tenia, ain permitirle nada Cuera de tüli.
.
. Roberto se decía todo ~st~ recorriendo su gabmete á pAsos lentos. Sí, felizmente María Magdalena tenia una extremada dulzura de carácter.
Se asomó t\ la ventnnn para ver salir el coche
que llevaba á su madre y á. su mujer v frunció el
entrecejo, pues para que se ngravara su malestar
observó qne la senor11. Charmon iba también en
el carruaje imponiendo su duelo enlll.tico.
?llario. Msgdalentt no se atrevió á levantar los
ojos hacia el gabinete de su marido, pues se senti!l p~olundamentc disgustada, l' él, que la. conoc~a bten, comprendió que estubtt la pobrecilla haciendo esfuerzos sobrenaturales para conservar
un aspecto agradable.
Lucía y René Darlot solos en el salón examinaron el pastel abandonado; luego sus ojos se encontraron, se Yieron unos instantes y como si hubiernn cambiado un conjunto de ideas la seno.
rita Ilertley dijo:
'
-Si: es muy favorable, en efecto, qne M~g
tE:nga un caracter hm dócil. Yo no aguantaría un
mes.
-Cuando una mujer se casa, no se cansa tan
pronto .... . . .
-Pero creo que no se hll casado con su suegra, respondió vivl\mente Lucía. Si yo lur,ra amiga de Roberto Le Clercq, lo pondrJa en guardi.1.

�EL MUNDO ILUSTRADO"

11

8

contra un peligro que no sospecha. Conozco 4
Mag porque hace diez anos que somos amigas;
tiene una dulzura y una paciencia encantadoras
y cede, se dobl~ga., y hasLa se nulifica por tem11r
de cont1·arfar á gentes que abusan. Además, es
muy bien uducad&lt;1.. No se ría usted! Pero hay un
lado de su cará.cter que ni su marido ni su suegra conocen; unaob.stiuación extraordinaria cuando se la ha llevado al límite de su sufrimiento.
Entonces todo termina. La he vi,;ro romper con
amigas que la hubian ofendido en ueterminadas
circunstanch1s, y como la amabll.Il, hicieron todos los esfuerzos y sucrificios 1magillíl.bles para
que se reconciliara con elllls. y tvdo sin resultado. Con la política graciosa que usted le conoce
rechazó toda avencuci&lt;.1., y temo que otro t&gt;lllto
llegue á suceder aquí. Es verdud que va á. ser
complaciente basta lo absurdo, pero alguna vez
se llegará á cansar y entonces ..... .
Da.rl11t iuclinó triistemente la C!lbeza.
.En el comedor ornado de clllros tapices, resplandeciente de ceramica japonesa, los COU\'idados de la setior11, Le Clercq acababan de comer.
~sos convidados eran además de sus hijos, la seílora Charmon y ltt se1iorita llertley.
Otros dos dias li11bíllll corrido acenrullDdo el
malestar moriü que resemia Lucia, e-1a sobre
exi&amp;ación particulur que se siente al verá. alguno
que sufre y acepta µ11siv1.Lmente mil disgustos A.
cada instante reno,•ados.
Lucia pensaba que una leve dosis de firmeza
de parte de !\farfa ;\fagdalena llabria bastado para hacer comprender a la señora Le Clarcq que
abusaba dcsu autoridad, que susolicitull inquieta
nimia, atormentadora, celosa, y basta amante tal
vez, era insoportable.
Durn.nte estos dos días, las dos jóvenes no pudieron estar solas un instante: ante ellas apa1·ecia
siempre la sen.ora Le Clercq con su atecto fatigador, ó la seilora Cbarmon, p;\l.ida y enlutada que
con voz lenta les vertía frases en forma de ax.io-

.

EL OBSTACULO
NOVELA ORIGINAL POR Mme. DANIELLE D'ARTHEZ-Ilt.tstraciones de nuestros talleres.
VEBSION .ESPAÑOLA. DE 11.EL MUNDO ILUSTRADO"

_.._,.,_.

Número 2.

lllll.S.

María Magdale11a inspiraba á, su amiga compa.sión. Para un carActer independiente, esta servidumbre debla ser el maror de los suplicios ....
Lucía habría prcft:rido Li; más obscura medianía
de rango y de fortuna, en vez de esta situación
brill!llttt: sostenida por los millones de la seilora
Le Clercq.
No hubfa un minuto de soled,1d, de libertad,
de reposo; siempre en torno de ella, h1 im:o~odidad de una a[ección t0rpe, de una bond11d 111vaaora, de una generosidad imperiosa. }lari~ ~lll~dalcna no iba A una. visita sola, y le era 1mpos1ble tomar resolución alguna, sin d conocimiento
y l.:onsentilllienro de su suegrn.
Aunque Juera un asunto de lnzos y cintas, la
se!lora Le Clercq daba su opinión con tanta ma•
yor autoridad, cuanto que al mismo tiempo obsequi1:1 ba á su nuera con las cintas ó los lazos y pagaba las cuentas dP. l11s modistas á pesar de las
protestas de Marin Magdalena.
·Qné decir en contra de tan amables procederti:? La rueuor señal de rebelión tomaría. tintes
de ingratitud y Marín Mitgdalena no tenía. derecho para sentirse infortunada.
Pero lll seilorita IIarLley no hallaba en su amiga aquella exhuberancia d~ alegría juvenil que
se derramabl\ por todos sus poros cuando era una
nina sin dote y tenía que coser y cortar por si
misma sus vestidos. Ln. villa de entonces era en
verdad un poco bohemia; el Doctor debía tener
sus apuros de dlnero, pero e;;pí~tU superf!cial se
aturdía fácilmente hecho á v1v1r con la vida del
momento, mientras que su bija acostumbrada A
no pensar en el porvenir, estaba tan serena como
él arrebatada por e~e amor A ht libertad y esa
n~cesidad de obrar A su c11pricho que sabia comprender con tau to acierto Lucir. Riwtley.
~lagdalena ahora se ibn tram,formando en una
persona seri.11; sus ojos rient~s tom~ron una e~presión pensl:ltiva, y. en su ~oca, mdo du sonrisa se not11.ba cont1·11cc1ón entrn,tecedor11.
De pronto la Be'ilorita Hartley pensó en aCCJrtar su vi.sita y a1ej1trse de una C¾SII. en que ~o tellÍII. m.As que disg11sto, pero este veneacruento
egoista fracal'ó ante el deseo de ser útil Asu ami•
guita; resolvió no abandonarla en el momen~o de
nna cribis que veia venir, y se pu.;o á, estudiar á,
las gentes ue la casa.
Era inútil el intento de modificar las ideas de
h1 seftora lle Le Clercq: convenci&lt;la esta virja de
sus derrchos, obraba con la voluntad sinc~ra de
ser buena, y amHba á su nuera mal, eso s1, _pero
1 a amaba y no se daba cuenta de que semeJante

9

EL OBSTÁOULO.

afección no era en resúmeu,
mAs que un inm•mso egoismo.
Robet·to á. pesar de su aspecto un tanto rígido, reservado y serio, le era sfmpá.tico á
Lucía que pretendía h.allar eu .
él un cará.cter tirme y leal,
pero sn frialdad habitual alejaba toda tentativa de intimidad, toda intervención en sus 11suntos por más
qne fa.era discreta y limitada. No se atrevh uno
á bablar con un hombre a~í que ocultaha toda e
sus sensaciones y testirieaba su amistad soltlmente por medio de un apretón de manos un poco
acentuado ó sn.s anti!)atfos por un obstinado silencio.
Roberto era un reservado: oía, paseaba sobre
t1us interlocutr,res unn mirada 11cerada, y si hablaba era en términos precisos, exa.ctos y breves,
y siempre lo que decía tt&gt;nia impol'ta11cia y de•
mostrllb!l una hien cu.ltivsda inteligencia. ¿C&lt;,mo
que este h..imbre no se Apercibía de Jo quepasaba en torno suyo? ¿Podría haber incurrido en
el error de tomar A Mari&gt;1. .Magdalena por una
chiquilla sinfundamento? ¿Podría haber visto no
más que el anver~o dtl lit. medalla no viendo en
ella sino su graciosa dulzura y deduciendo de
allí que el pl.'.tcer lle goz¡,¡r de las generosidades
de la suegra bastaría para hacerle soportar todo
en cu11lquiera época?
Y Lucia reflexionaba sobre el verdadero escollo de la educación femenil en los países latinos
que encarcelándolas en un dédalo de exigencias
de convención, las lleva á casarse con un hom•
bre á quie11 no conocen y el cual t\ su vrz tampo·
co sabe de su novia sino que es una joven que
habla inglés, toca el piano, pinta y baila con elegancia. Cuando escoa dos f'xtranos llegan A conocersees dcmnsiado tarde para retroceder, y de
allf es de donde vienen principalmente los matrimonios desgr,1ci11dos.

"ª

La educación s11jona, permite por el contrario
á. los jóvenes estudiarse y conocerse mutuamente¡ llls mujeres de la buena socied d son generalmente mas instruidas, mAs serias, menos frivoli1s que las de otras razas; tienen una personalid11d mlts acentuada; y aunque su exterior es
menos atractivo, el fondo do BU alma v todo su
modo de ser-, tiene má.e solidez y virilidad y compensan con su franqueza Ddorable el engañoso

encanto con que otras mujeres sacen ocultar su
verdadero carácter.
Viniendo á la sellara L1&gt; Clercq, f'S cierto que
no hubiera intentado nulíticllr, por ejemplo a.
la s"1iorita BHTtley, porque la trntativa le h1tbría.
pnrecido imposiblt&gt;; y i;in embargo, ll&lt;'g,.do el
momento de la crisis, tal ve~ fllllrfa M1tgdalena
prrsentara una fuerza de resi.stenci/\ mAs dulce
pero más invencible que la rígid11. voluutad de la
inglesa.
Una agravación de estos forcejers era 111 pres1111cia de la seftora Cbarmon, cuya instrucción
babia sido mAs at~ndida que su educación: babia
~ido no ml'ls que institutriz en su época ml'jor, Y
haciendo como que lo olvidRba, afectaba el mAs
extrafio desdén por las maneras, los usos, las
cdnve•saciones y los trajes de las personas de
}.(ontpazier, ¡esas gentes burguesas que no sabían
lo que era buen gusto ni lo que era 11ristocr11cia.
M11ria )hgdalena encontrab11. á. la se!lorll Cb11rmon sencillamente ridícula y sus pretensiones ínjustificRdas le parecían nada m,ís cómicas; pero
Lucia Hartley, dotada de un espíritu más delicado sobre los principios de la justicia, había concebido verruidero odio hacia esta mujer pretPnciosa que la. 1;1brumAba con relatos de sus v-iajPs
por toda Europa, citando A tonttis y A locas los
nombres m!\s distinguidos y cayendo en inconta•
bles errores.
S ;empre estaba la SPftora Charmrn diciendo á.
voz en cuello que tenla el propósito de trabnj&gt;1r
y no abusar de la ho~pitalldaj que le babíll concPdido tan generosamente la seftora Le Clercq,
(pues A pern,r de sus muecas de superioridad deddefl.orn, fabia adular a. la, gentes que le eran necesarias,) pero ú despecho de esta resolución
pregonad,1 A todas horHI!, p11recia querer Pternizl:lrseen la c,na. l[anifesubaA la seftora LeClercq
una complucencfa y una admiración sin limites,
le servia de secretMia escribiendo fa abundante
correspondencia de cada día, la acompafl.llbii ;\

:sus Yisitas y sabia, en su oportunidad, colocar la saltado de un plan conver,ido entre las dos jóve1raee lisonjera que debería hacer resaltar á los ojos nes y caliticó de pretensión audaz la de querer
del mundo la bondad de su protectora poniéndose sacar de la casa A la se1iora Charmon porqne no
-ella comunmente como ejemplo afortunado de los era del agrado de María .Magdalera.
· efectos de esa bondad.
-Situación anormal. . .. ¿Y en qué? respondió
La senora Le Clercq que la había recibido con la vJuda resignAndose i\ 111. lucha y no creyendo
repugnancia, comenzaba ya. á felicitarse de tener que Lucía se atreviera A llegar á una explicación
á sn )lldo persona que tan bien lll complacía.
concreta.
Lucia con vista de todo esto no tornaba á Jo
Pero ésta, con la tranquilidad que la caracteri•
serio ks proyectos de trabajo de la viuda, y en su zaba.
concepto lo que se necesitaba para variar el esta-En qué? usted misma lo rlice A todas ho·
•do general de loe cosas, era una escaramuza, una ras. , ... y de mi parte no concibo nadt\ mée pecolisión por la qne Roberto se apercibiera deque o oso que la convicción íntima de ser una earga
en su casa, su madre obraba con demasiado des- para algn.ien.
potismo. Se necesimba una crisis para abrirle los
A estas palabras, la sen.ora Charmon tembló,
ojos 4 este marido, y se decidió á. precipitar la la eeilora Le Clercq se puso p,\lida y miró fijaerisis sirviéndose para provocarla de la sen.ora. mente á la inglesa que sostuvo esta mirada con
•Charmon que le devolvía en odio visible sus an- una serenidad candorosa y Roberto pensó:
tipntfos.
-¡Qué responderá, esta viejll?
El día pues á que nos refedmos, en la sobreLa seftora Le Clercq ae atravesó diciendo con
.mesa, la sefioritaHartley le dijo con suma runabi- tono seco.
Jidad:
-Acabo de manifestar A la setlora que estA
-He oído decir 1\ usted, seilora, que tiene vivos muy lejos de Bflr unll carga para nosotros y aun•deseos de encontrar una posición decorosa .... que sus escrúpulos so11 honrosos ...
-Ciertamente ....110 puedo abusar ya má.s de
-Ya lo creo! imterrumpió Lucía. En mi país
la inagotable bondad de lll sefl.ora Le Clei·cq.
hacia el cual Ja sen.ora de Charmon demuestra un 11.
- Usted no abusa nunca., repl,icó ésta.
§.dmirRción que me halaga., he visto mujeres de
-Es usted tan buena que trata de tranquili- c,levadísima cuna con sus mismas ideas, que guszarme sobre este particular pero sé muy bien que tan de bastarse A sí mismas y que aunque tenDO ea posible que la presencia de una persona ex• gan familia rica prefieren como ella dice, trabajar
rtra11a y en las doloiosas eircnnstancias en que yo con todo yque parecería menos penoso aceptar so-estoy, deje de impresionar de un modo penoso si corro de los parientes en vez de recibirlo de los
no A usted que es excelente, a lo menos á sus hi- extra1ios.
jos.
La sellora Cbarmon estaba pAlida .. ... ,)[aria
-Que no Jo son: pensó Lucía.
Magdalena y Roberto un poco cohibidos pero en•
María Magdalena hizo un movimiento casi cantados. Lucia continuó con su más dulce y graimperceptible en seftal de afirmación.
ciosa entonación:
.
·
-En ese caso, continuó Lucía, con la misma
-Sí: esos escrúpulos son muy delicadas y aumen•tranquilidad, espero que será. del" agrado de us- tan mi estimación hacia. la sefl.ora de Cnarmon y
ted la proposieión que voy A hacerle.
para testificarle mis simpatiás escribí sobre
La se1iora Cbarmon frunció el entrecejo y lan- particular á Lady Grey. La situación es bnena, y
.zó a Lucía una mirada venenosa y uoa sonrisa estará usted a.JJí en casa de una gran seflora que
rforzada.
bien nacida y bien educada, oo desprecia á na•
-Una de mis amigas, Lady Grey desea una die.
institutriz francesa para enseftar ll sus dos hi-¡Pobres burgueses del\Iontpazier tan desde.liosa.jas ....
mente descritos por la sefl.ora Charmon! Lucía los
-Obl interrumpió vivamente la sefiora Cbar- vengó con una sola palabra.
mon, no siga usted, seftorita, esa clase de ocupa-Piénselo usted, concluyó la joven inglesa.
•-eiones no me agradan. Yo no podría aceptar.
De mi parte, me siento dichosa porque le puerlo
-Pero ...... dijo Lucía con verdadero asom- ser ütil en estas circunstancias.
bro ¿no ba sido usted institutriz?
-¡Muchas gracia~! dijo lacónicamente la viu-Antes de mi matrimonio .... Creo compren• da esquivando dar una respuesta precisa.
•derá nsted muy bien cuán penoso me seria acep•
María Magdalena tuvo laimprudencia de aven•tar A mi edad un empleo sabalterno después de turar una observación.
1baber tenido tan brillante posición.
-Lady Grey! ¿Es aquella joven que pasa los
-Oh! insinuó Maria Magdalena: le es á. usted inviernos en Londres y posee en Escocia muchas
•tan poco grata la sociedad de Montpazierl
. tierra.e y castillos? Ob! La senora Charmon será.
-En fin. aftadió la viuda, me desagradaría sa- muy feliz allí en medio de la vid11 de lnjo que
tanto le agrada.
•lir de Francia.
'
-Sin embargo, usted me ha manifestado repeMientras Lucía hablaba, la senora Le Clercq
•tidas veces su admiración por Inglatern, replicó se había contenido aunque con pena, pero Ja inLucia llartlcy, y hablaba usted en términos que tervención de su nuera I&amp; exasperó confirmando
deveras me han conmovido. A~í pues deberla ser sus sospechas de una conspiración entre las dos
1muy grato pRra usted regresará. aquel país en amigas. Bajo esa impresión, contestó con acento
-que tiene, según dice, t11u buenas rel11cio11es.
muy duro, mAs duro de lo que ella creía y con
La sei'lora Charmon bajó loe ojos como quien la acritud autoritaria. que se tom~ para correjir
~allando quiere dar punto A una conversación, r\ uo chico inconveniente.
pero Lucia qué no gustaba de dej11r las co~as A
-Ruego á u~ted que dPje obrará. la se1iora
Cbarmon como mrjor le parezca: bastante se ha
medias, continuó:
-Serfa bueno, á lo que erro, extiminar mi pro- hablado ya de eete asU1Jto desagradllble, y la
posición, no sea que más tarde se vea ust~d en 1~ burleta de usted me parece in1empeetiva.
-Roberl)O replicó con tanta rudeza como la de
necesidad de aceptnr otra menos ventnJosa, s1,
,eomo me parece razonable, desta u,u!d salir de su madre.
- María no se h11 burlado de nadie.
la posición anormal en que esti\.
-Pues eSII insistencia por hacer entrar á la seMaría Mugdalena dirigió á su amiga una mira•da de gratitud, Roberto con un aire serio anali- nora Ch,1rmon en un camino que no le es grato,
zaba ]a actitud de h\ seftora Chnrmon, y en cuan- • me parece inconveniente.
-La seflorita llartley no na creído que ofen,to a la seflora ·Le Clercq, una irrit11ción sorda comenzaba A 11poderarse de e1la, encontrando que dería íl ninguno ocupándose en buscar una posición decente pttra una dama, y que ella misma
Lucia insistía demasiado ·s obre el parLicuh1r.
Con la susceptibilidad nerviosa de las gentrs aceptaríR en caso nl'cesario.
--Oh! ciertamente que si, dijo Lncia con mu,que tienen en mucho su autoridad; concibió la
,sospecha de que esta proposición podía ser el re- cha calma enmedio de! hnracAn que había provo-

el

cado: yo no consid~ro un trabajo intelectual como bochornoso, sino que por el contrario me entusiasma. Parece que no se siente usted bien
Mag. ¿Qu1ere usted venir conmigo á tomar el aire?
lfo'rfa Magdalena babia permanecido a.terrada
fl causa de la humi111tción que su.trió al sentirse
tri,tada como una chiquilla rebelde y caprichosa .
Roberto que lo notó se disgustó profundamente,
y Lucía antes de salir se despidió de la sel1ora
Le Clercq y dijo A la senora Cbarmon sonriéndo·
se graciosamente.
-Perdóneme usted! Le.mento mi torpez11 1 pero estaba en la creencia de que ustPd de veras
deseabn salir de apuros y en su lagar de usted
mf'I bubiese sido muy grato hallar esta ocasión.
Roberto 11nnque tenia h cosmmbre de quedarse acompailando A su madre después de la comida, se levantó esta vez y siguió á. las jóvenes dirigiéndose los tres 111 jardín.
El aire estaba tibio, apacible, inmóvil, y en
los Arboles mudos y en los nidos que dormían, no
se escucbaba ni un susurro; las altas siluetas de
los muros recortaban un cielo azul lentejueleado
de estrellas, y abajo, entre las yerbas, 10s grillos
melancólicos entonaban su serenata argentina.
A veces, bajo la sombra de una hoja ó en una
brizna de yerba, el cintilar de uni1 luciérnaga. parecía unaráfágade electricidad .... Robertoeomprimfa con su brazo la manecita de su esposa y
ambos marchaban sin decirse nada folices en esta
soledad, pero contrariada ella todavía por la ercena que acababa de ocurrir. Ll:l se1ioritn ll11rtley los seguía. á poca distancia cantando una
melodía rusa.
Robeno y :Mag fueron íl seo~arse en un banco
al pié de una acaci11. centenaria cuyas copas de
flores claras estrellaban Las tinieblas del follaje,
y se quedaron oyendo la voz deliciosa de Lucia.
-¡Cullnto gozaría yo, dijo María Magdalena,
oyendo ll usted desde aquí! Si :Uera usted al salón, abriera la ventana y cantara y tocara unos
momentos, me sentiría feliz.
-Roberto, que sabur&lt;'aba un ciguro, dijo:
-Oh! si, cante usted, seft.orita.
-¿Pero olvidan ustedes que no debemo satrevernos á. n ..da bullicioso que ataque el duelo
d~ la dama negra?
-No baga usted caso de esas ridiculeces y cante, se lo suplico. Yo mismo me siento con disposiciones musicales, y tan pronto como acabe de
fumar mi cigllrro, nos reuniremos con usted y to•
caremos algo de Beetboven. Mi María no me puede acompalillr, no sabe; se contenta con ser encantadora .... y hace bien.
Lucín Hartley ee a lejó, y entonces Roberto pasó su brRzo al rededor del t11.lle de lila.ría Magdalena y la estrechó tiernamente. Poco acostumbrada a las p11lllbras dulces, y A lvs arrebatos de espansíón, sintió conmoverse su espíritu; todos BUS
enojos, tod11s sus fatigas, ~odas las humillaciones y contr11riedades resen tidas en los últimos
meses le vinieron á. la memoria al mismo tiem•
po, re11gravados con laescenade la comida, yentonces ocultando su rostro en eJ pecho de Roberto se puso A sollozar con extremada violencia.
-No llores, bfon mfo; no podemos exigir A mi
madre que despida A esa mujer. 1\ft madre ea
ama en su casa.
-Ay! Y también en la nuestra, murmuró la
j0Vf'n.
Roberto tal vez no oyó esto último, y continuó
diciendo.
P1ero lo que sí podemos haceres mantenernos
un tl\nto separados mientrns permanezca aquí la
seflora Cbarmon. Ma11ana almorzaremos en nuestro deparramento. ¿Podrá. bastar para este servicio tu camarera.
-Si, dijo María lfogdalellll. vivamente, y yo la
ayudaré por más que no sé gran cosa. Pero seremos tan felices solos con La.cía.
-Convenido, No llores más porque eso me es
muy doloroso. Oye qué bien canta la seflorita
Hartley. Es delicioso oir mú.sica tan buena en

�EL llB'-TÁCULO,

10

una noche como estll, Abrúzame ~lag, abraz&gt;1 A
tu marido que se esté. exponiendo por tí A un
trance probi1.blemente enojoso, y vamos Atocar,
querida mía.
Roberto que no tenía delante las miradas lm•
ponentes de su madre, se olvidó de ser correcto,
y tomando AMaria ?ibgdalena en brazos como A
un niflo, echó A correr A través del jardín.
Sus care11j1tdas produjeron en la casa un rumor inaudito de que se Psombr11ron los ecos; la
sefl.ora Le Cler,:q quehnbía notado con impaciencii1. que aquella inglesa impolítica cantaba é. p 1•
sarde su prohición, vió desde la ventana el escandaloso espectáculo de &amp;u hijo y su nuera re•
tozando como unos colegiales, y oyó esas risas
que insultaban el duelo de la senora Charmon, y
ofendían su dignidad de ama de la casa.
Un instante después sonaron juntos el piano Y
el violin; su violenta irritación 11e acentUó más
todavía y se retiró A fU cuarto. Mucho mt.s tar
de, ya avanzada la noche, nfa aún sobre su c11beza la música, 111.s voces alPgres y la risa, y durmió poco, porque pensamientos am11rgos 111 desvelaron pareciéndole indigna la defección de Roberto, quien, al parecer, había tomado parLido
contra ella.
Como rn dignidad rst1tba t•n jaf'~o, como se
creia hlstimadll en sus jns1os dercelws u la grati·
tud de sus prc-tegidos, y como 110 Hll c&gt;1paz de
tomar vías pacificas en circunsL11ncias seruejan •
tes, se resolvió á salir al encuentro du los sur.esos antes qne vinierun A ell11. y á rt'pdrnit c n IDano enérgica al hijo que, por sgradur A bU mujer,

11

'fl:T, lmNDO 11,0~TRADO"

innato en todas las obreras parisienses, cuyo
gusto exquisito se form11 mirando de c~rca. Y todos los dfos la.a m1\s re!inadas eleganc111s. Esta
criada. cuando estaba. bien ata:~ia~a, podía p_asarporuna ecflorita y podía au.1bu1rsele el mismo
j!'énl'ro de distinción que pose1a la senara d1;1 la
Palliere.
.
Estela se babia dado cuenta dela ant1patínquelnspiraba. á la sellom Le Clercq Y se la devolvía.
con creces, culp.\ndola no sin razón, de Ja_s tristezas v diso-ustos de l\faria Magdalena. A,1 pues.,
entre ~arna"dos mujeres de coudición um desigual babia unll animosid11d secreta.quesetrn.ducill
de p~1·1e de la suegrn en una rigidez c~si insultante,
y de p11ne de la criada en 11;na políl!ca exagerada que desmentía. la expresión trav1tsa de los labios v de los ojos.
Fué pues un verdadero placer par,1 Estela ~sn,
mallRna 111 dirigirse al mercado, poner los medios.
para que en su camino la en~onl.l'ara_ la sell.ura
Le Clercq que volvía de la pr1mtra nusa en _compaflia. de IR viuda. La senara muy Borprend1d1&amp; y
no sabiendo Jo que p1,sAba, le hizo la indicación
de que se detuvlerll y Estela se aproximó.
-A donde v11 ustedi' le dijo como si se tralare,
de una criada suya.
-Al mercado, sellara.
-Al mercado! y para. qué?
- El sellor .y rn e~posa tienen la intención dealmorzar hov en su dep:irr.amento.
El tono con que la sirvienta pronunció estas
palabras era muy correcto y respetuo~?• peroera iruposibu dejRr de observar el_ rego_c1Jo. mterior que sentia diciéndoles y la m1rau11 10qws.dora que dirigió á, l11s viejas. Evidentem~me esta
muchacha comprendía mtty bien que el paso
dado por sus amos era el primer síntoma de una
rebelión y ya esperaba con ansiedad m11I sana el
grito de proLesta de la saegra cuya auturid1:1d sede~co11ocía. La senc,ra Le Clercq hizo un esraerzo supremo y se 11lejó con su amiga sm pronunciar uni1 sola -palabra.
La senora Charmon dejó pasar aljrunos minutos y luego &amp;uspiró con una vo.z doliente y re,
signada:
-No sabré como pagar á u~ted el beneficio de
su hospitalidad, pero considero que y1t ha durado mucho y qu~ seria indiscreto sc-gulrla aceptundo por mAs tit&gt;mpo.
La seftora Le Clercq la vió con ojos airados.
-;.Quién hace á usted suponer semejante cosa?-Ob! seftora: la actitud de sus hijos de usted.
Dillgusto á la nuera de usted y esto es muy natural, porque es joven, Rma la alegria y soy par~
ella un nuncio de tristeza.&lt;&gt;, lllis tocas de viuda,.
mis melwcolías, mi triste situación son notas discordantes en la !ieata de su vida.
Con mucha habilidad la viuda descart8ba A.
Roberto y hacia caer toda la carga sobre Maria,
Magdalena.
-Esta determinación de quedarse en su casll,
me parece una consecuencia de la conversación.
que tuvimos ayer y delos ofrecimientos tau amables
como tenaces y obstinados de la sel'iorita ·
c,taba. A punto tle olvidar á su madre. Sí, ella le
hablarfR claramente, y h11ría resaltar el derecho Hartlev tan calnrosa.mente apoyados por su amiga. En ·verdad que la joven inglesa debe tenerleque tenía p11ra conservar_en su ?asa A la seft~ra
Chllrmon, así como también bar1a ver que Miss mucho carillo para tomar sus asuntos con tal viHariley era una joven mal educada y que liaría vacidad.
- l'. sted cree que la. seftorita. Hartley . . .. ?
M:~gdulena b11bia sido ju :tamente reprendida.
-No me permito creer,peropresumo que llyerestaban de acuerdo para hacerme salir de aquí y
· ·L~- c;ia'cia' tl~')i~gd~Í~~¡ ·h~h~
do sirviendo desde muchos anos antes de suma- que ahora lo estAn todavla.
Era inútil excitar á lasellora Le Clercq A la cótrimonio \' la babia sc"uiclo A pesar de la natural
lera,
pues de por si estaba verdaderamente irrirepugnan.ci11 que ma11ifiest.9n contra la vida de
tada.
E,te acto de rebelión afladido ¡\ las escaraprovincia los criados pariHien&amp;es, preocupada
por todas esas geIJtt'S que sin haber salido nun- muzas que venían sucediéndose desde bacía ticm- ,
ca. de la capital, describon á los provinch1~os_con po, a.iladido á la hostilidad de María M~gd11leua,
FUjPción A una liter11tura netamente pes1m1sta, respecto de la sel\ora Charmon, manifestad¡¡. dt's•
T11lento y 8ltgria de Curtifieaciones para adentro; caratlamente en la escena de la víspera y S!&gt;bro
pero m(ts allá, nnda más que estupidez y hastío. todo la audacia de haber reído, cantado, toca.doEstP.ll\ . verdadera chica parisiense, fina, dies- y valsado toda la noche, tomaba el caré.cter d1:
tra, babi! y coqueta, había s~gLlido A su ama á una insurrección.
Pues que! ¿Esta jovenzuell\ de apariencia rienAlontpazier, lo eual era una prutoba de yerda?er11 adhesión. Su caritl\ audaz, la expresión nva te v dulce era capaz de arrastrar A Roberto A bl'·
de su mir11da, la fig11ra mé.s piqaresca que clásica meJantes declaraciones de guerra? ¿Era v, nluJ,
de su nariz su risa reveladora de dinntes muy que su hijo se retiraba ya dd poder m11lcr11oi'
limpios y sus maneras provocativas, todo este ¡,Iban los dos, ¡ingrntts! A olvidar todo lo t1uo.: li..1conjunto había sido del mayor desagrado para bfa hecho por ellosi'
La fortuna, l!l casa, los criudos, los coches, to•
Ja seflora Le Clercq qne estab11. imbuida en las
do
ese lujo de qnegozaban ¿de quién crai'
11ntiguas idE&gt;11s sobre domesticidad, y le repugnaEs muy malo tener siempre presente la idea. d,el
ban las f11mili11riclades dtt esta muchacha que sin
ser impolitica hrnz11bl\ lL veet&gt;s frnses cómicns bien que se hace, porque se convierte en uua ohque causaban la hilllridRd do l\[ada Magdalena. seción que toma proporciones unormalc:i y uwl, 1
'r11mbiéu le desagr11daba verla lll!lll' los vestidos u.nu por exajerar su propiagenerosidu.:! á tul punrlf'stchallos ¡,or ~u amn que ella sabia rerormitr to qm· pum compeus11rl11 parcctn poca» lOt.!,l a t.e11 el seutido de la última moda. con ,•se tacto negación y toda grutltud.

~{-¡r¡~

¡¡

·;~i-

1

-No: quieren ustedes sencillamente darme una
-Esta cri1tdn, uftadió la viuda con acento dulza- nencia en la casa y era nH•jor que hubiera enre,
rrón, tiene unas maneras desagradables. Estaba dos v conflictos domésticos: la viuda dominaría. lección.
-No nos permitiriRmos tal eosa. Y puesto que
mirando A usted con impertinencia, seguramente mAs.rácllmente por m1&gt;dio de la vanidad herida A
una mujer despechada y 11islada que fl. una madre usted Interpreta mal mis razones para obrar así
para penetrar los pensamientos de usted.
( be dicho mis razones, porque Maria Magdalenll
Todavia erd mll.s grave la ~ituación puesto que viviendo en la feliz intimidad de la fi1.milia.
Al cruzar por el vestíbulo IR sc:ll.orR Le Clercq es extratia A todo esto), debo dar una explicnse le ha.cía conocer tal resolución por medio de
una criRda. En vez de ponerl11 al tanto personal- distinguió A su hijo, y en vez de detenerse como ción: usted tiene derecho de abtigat' en su cas1i
mente y con política, se obraba con tanta incon- de costumbre A 1•.;cibir su snludo, abríó con vive· A li\S personas que quiera, pero si esas pet·•
veniencia que se la expo11ia A la humillación de za 111 puerta del SR)ón v desapareció cerrándola sonas me des11gradan, tengo A mi vez el dtt·
ser un objeto de burla p,1ra esta mujercilla vul- de un golpe con un ruirlo seco, desagradable co- recho, y no puede usted desconocerlo, de reti•
rarme hasta que hayan cambiftdo dA a,ilo.
gar.
mo una reprensión acerb11.
-Lo que yo pens&gt;1bal griLó la sellara LeClercq.
Bi1jo el poder de sn irritación, la sefiora Le
Roberto h bía venido con la intención de aviClercq apresuró el puso, impaci ente por llegar A sar A ~ll madre que ese dfa él y su mujer come- Una inevitable disynntivl\, . una elección que hacer: ó vosotros, ó ella! Y tienen ustedes la presu c11s11 y no sabiendo aún si deberitl encerrarse rían solos "º su dep11rt11mf'nto. Era la vez prime
en un silencio digno ó llamar A ~us hijos ni cum- ra quo lei h11bii. venido el capricho de est.e acto tención de hacerme ceder!
-Madre .... Está usted equivocada.
plimi.-mo del deber.
de libertad, du este egoísta y dulce plncer de es-Bien sabes que no. ¿Crees que no observé
- Lo mejor para mí, siguió diciendo la senara tar en su comedor, Fcrvidos por su cri11da con su
Charmon, como si no se hubiera apercibido del vajilla propin, y babí&gt;t t-n esto un ensayo de inde- ayer é. qué punto de mira íban hs serviciales
estado moral de su protectora, e:; acepLar lns pro- pendencia qu'&gt; diverlíll A los dos r los librnba. de e fertns de la scllorita Ilartley? Ilabía previo
complot entre las dos jóvenes.
po~iciones de la senonta. Ttartley.
la lam~ntahle y tétrica figura de la seftora. CharR(lbc·r•o no rec"gió esta acusación.
EsLe nombre exaltó al último grado la indignn· mon.
-No me es gratu la conducta de esa selloritn,
ción de la oeftora Le Cl,rcq que dijo en tono liRoberto s.:;rprendido de la actitud de !JU m&lt;tdre continu1 la seflora con vehemencia: ha faltado
gero.
- Lo mejor para usted es estarse como se es11\ y sin sospeeh&gt;1r la c11u~a, entrv trlls de ellll al sa- ayer ll la discreción, pues no debí11 permitirse l,L
sin acoplar ofrecimientos que según dijo ayer le lón y 111. encontró 11git11dll quitándose los guante3 libertad de tomar parte en asuntos íntimos que
son &lt;;lesngradables. 111\game usted favor de pen- con movimit&gt;ntns ai.J·&gt;1dos. Al verlo, la senora de no lll conciernen.
- Esll es precisamente otra razón que tengo y
sar eu que soy dueili\ de mi casa. ~o son 111s re- Cbarmou bil.ludó y se entró por l&lt;Ls piezas inte•
por la cual prefiero quedarme en mi casa, dijo
beldías de mi nuera lns que me harán cedn 11in- rlore,.
-1,De!&lt;'IIS hAhl111·m"? rlijo IR Ff'flnra Le Clercq Rl)herto con tono trnnquilo . A usted no le sim•
gu110 de mis derechos el más imilíl.'nnhA hfo ele l"R
patiza. la sellorit11
1
cua es c~ recibir en mi
Hartley y no quiero
ciu;u n quien me de lagaimponer A usted su
n11. Se qued1iril. ustetl á.
presencia. llllsta rue
mi lado todo el tiempo
11trevo i\ considerar
que quiern, ~· aun ni;í le
que A elli1. le seria peconfieso que mé serA penoso sentarse A la menosa su ausencia porque
sa de usted despué~
tengo hacia ust .. d la ruás
de la escena de ayer.
vint simoaria.
-Creo ¡Dios mo
La viuda quedó encanperdone! que mi hijo
tad 11: hizo un rel11.to de
quiere darme leceiolos servicio; que podíi1.
nes de cortesía.
prest111· á su amiga, sobre
-No. Le explico A
todo aumentándole la inusted le11lmente el esfluencia social, pues estado de mi é.nimo, y eso es todo. En mi casa es dontaba A punto d8 fundarse
de la seflorita lfartley recibe hospi t111idad, y me
en l1t localidad una susiento en el deber de ahorrarle, si puedo, todo
curtill I de la Asociación
incid11nte desagradable.
Internacionnl del trabajo
-Me parece, sin embargo, que he comprimido la
femenil, y ella intrigaría
contrariedad que me cansaba, y no me acuer do
A tin de que :n senara
haberle dicho nadl\.
Le Clercq fllese nombra-Usted le dijo mucho reprendiendo á ~faría
da Presidenta.
1illlgdalena de un modo más que rudo.
-Vaya! hijo mío: basta que pareció la verdaEra esta una empresll
dera razón de tu golpe de estado de hoy. Yo
gig1tntesca. Se trataba
creía que una .mujer de Ja edad de Marfil ~{8gdade fundar en todas las
lena, podía aceptar de la m&lt;idre de su marido
ciudades de import11ncia
una observación, una reprimenda si 8Eí quieres
casas de asilo para las
llamarla. Bastantes pruebas de mi afección le be
doncellas jóvenes y podado en todas 1118 formas posibles, parll tener sobres y talleres en que se
bre ella los derechos que podría tener su propia.
les proporcionara traba•
mRdre.
jo, pensamiento tilantró·
Roberto murmuró con disgusto:
pico que debla ser del
-Hablamos dem1111iado de derechos!
agrado de la seftora Le
No había visto A la sefiora Le Clercq en un esClercq. Siendo así, la se1\ora Cbarmont se ofrecía 1\ ir é. Inglaterra, don - corblndo por lo Bl\no é interrumpiendo el afec- t8do semtjante; siempre le había parecido la razón misma, equilibrada, dulce y buena. ¿De ctónde resi&lt;Jía el Comité Central pan e ,tenderse con tuoso saludo de su hijo.
- Sf: quería avisarle que no almorzaremos hoy de Je venía esta ira formidable de hoy? Segura•
la Directora gem::ral, estudiar el funcionamiento
mente de causns íntimas que no podía expl!C8r.
de la 11sociación, sus resultados y sus medios de con usted.
Roberto dijo est11 cosa enC1rme \ranqui111mente ¿Qué pre;:¡cnpación tenía en contra de Maria
acción.
Si Lucia Hartley la hubiera oído exponer elo • sin fijuse "n lo milsmínimoenlaimportaneia que Magdalena? ¿Por qué esta actitud de ofendida
ante la resololución tan natural, que los recién
cuentemente todos sus proyectos, habría com• le daba su madre.
casados habían tomado de gozar un poco de su
Esta replicó con tono agresivo:
prendido desde luego por qué esta mujer rechaza-Hoy solamente,
hcgar?
ba el empleo enojoso y cansado que se le o[recia
Roberto permaneció pensntivo unos instantes
Roberto observó que la seflora P.staoa irritada
y no la hubiera tachado mAs de indolente y nula,
viendo A su madre que iba. y venía por la sala
pues babri11 comprendido que por el contrario te - y se que~ó miréndola con asombro.
-St1pongo que eso no tiene por qué serle á con una fisonomía cerrada. y dura que no le ce.nia el espiriLu más suspicaz y se había trazado
necia. La alusión que ac8baba de hacer A su
un plan para ponerse al abrigo de lll necesidad, usted uesagr11d11 hle, ¿no es así?
-De nin¡1:ú11 modo, amij!'o mio, de ningún mo- afecto por M.arf" M1tría Mag,111.lena y A las pruegozando de todas las consideraciones mundanas.
¿Hi1.y en efPcto un medio de existencia. más fe- do; re.;ponrlló ella con la misma entonación sar- bRs que le había dado, tué ufensiva hBEta para él
cundo, menos ingrato que el oficio de dama eari- cásticn. Y si A tu mujer le 11grada continuar en mismo. Este recuerdo indiscrtto de los benefitllliv111 fun&lt;tadora y conservadora de obras pflls? sus ens,1yoa cuLn11rios, que lo haga en buena cios otorgados resultaba humillante, y despué~
de un corto 11:.lencio, dió la vuelta para salir.
La sellorll Cbarmont conocía mAs de una cele- h(lra.
La sel'wra Le Clercq, por su parte, habiendo
RobPrto tl'nia la particularidad d~ carácter de
bridad. de la. beneficencia que vivía con lujo sin
más arte que explotnr la compBsión de las bue- erguirse cuando ~e tomaba con él una actitud desahog11do el pri mrr arrebato de su indignanas almas, y prt:!~ría esta carrera A la de la ense- que le desagradab,1 1 y contestó con mare11da ción, y dPjado ver hasLa qné grndo se sentfa herida, empezó A calmar3e. S&gt;1.bÍ!l. el imperio que
frialdad.
ftanZ8.
ejercía sobre su hijo, pero sabía también que btl
-Si
A
mi
mujer
le
agrada!
¿Y
pl•r
qué
dice
Si este su primer proyecto frac8Saba, ella sabría
de todos modos hacerse indispensable A esta vie- ustt:d es(\? No es ella quien ha propuesto que nos cará.cter era de acero, de una pieza, le11l y firme.
Una vez que él quedara convencido de que ell11
ja. rica y pi1gada áe si misma, y atraerle tal acu- qued1\ramos en casa, sino yo.
extralimit8ba sus facultades; una vez qui, sosµe-Dever11s .... ! Y se puede saber por qué?
mulación de negocios, de correspondencias, de
cbarA con fundamento que se tr11ta.ba de nulit!-Oh!
dijo
él
más
8ltivo
todavía,
hay
muchos
viajes y deresponsabilldades, que le hiciera falla
car la voluntad de Maria ll!agdalena, todo habría
motivos,
y
le.
irritación
de
usted
me
demuestra
absoluta una colaboradora.
Para alcanzar este fin y hacerlo menos dificil que ya loe ha comprendido. Pero permítame us- termiDado y se retira.ría sin calcular las desv,mde lo que á. primera vista parecfll, era mej r que ted 11nticip1trl" que ni mi esposn ni yo hemos te- tttj'l ~ qu'I le podrían sobrevenir.
L I od!ora Lu Clero,¡ sintió mlrdo de que eso
Roberto y su esposa rueian l'oJl&gt;tiurs 1\ su permR• nido hi iutcucióu d1 de:111grad11rla.

�EL OB!'\T ÁCULO.

12
sucediera porque le am11 ba, y celosa de conservar su ascendiente, comprendió que tanLI\ cólera
era in11sitada y qo.e predisponía a. su bijo en
un sentido temible, porque no tenia seria j11stificación. Así, pues, con una diplomacia femenina,
casi involuntaria, tomó un acento conciliador y
dijo con dulzura:
-Amigo mio, ya comprenderAs, estoy segura,
la tristeza que he sentido al saber por conducto
de una criada impertinente la resolución tomada
por ustedes de alejqrse de mL
-Por una criadu.i' preguntó Roberto.
- Sí: Estela, esa descarada, me lo anunció hace pocos momentos en tales términos, que supuse que ustedes se lo habían mandado así para
darme un disgusto. A mi edad tiene uuo gran
trabajo para renunciar á. sus constumbrcs, y yo
tenia 1n ilusión de conservar á. ustedes siempre
conmigo. Amo á María Magdalena qne es una
ni!\a encantadora, y si no se hubierau interpuesto entre nosotros personas necias, nada de tisto
babria oeunido.
Roberto, cuyo corazón era fá~il de conmoverse y que profesaba A su madre una ternurll profunda, sintió crecer et1t!l ternura al oírla expresar;:;e de esa suerte, y no vió en su anterior arranque mlls que la explosión de dolor de una anciana que creía estar en visper11s de ser abandonada por su:s hijos, y experimentaba el terror del
aislamiento.
Entonces volvió vivamente hacia ella.
-¿Cómo ha podido usted pensar, le dijo, que
faé1•amos capaces de querer ocasionarle una pena?
¿Usted tenia la esperanza t:le conservarnos siempre A su lado? Pues esa es también nuestrl\ espe:
ranza y nuestro deseo. ¿Qué haríamos sin usted?
La amamos demasiucto para abandonarla. Y digo
que la amamos porque María Magdalena no ba
pronunciado nunca una frase que no sea de adhesión y de reconocimiento, y no ha hecbo ni 111.
menor alusión A lo que usted le dijo ayer. Xo
sé á quiénes se refiere usted como autores
de nue3tras desa ve9encias, pues la sei1orita
llartley es bastante inteligente, y por lo mismo
no ha. de pretender enredar a. nuestra familia. En
cuanto {i la se1'1ora Charmon, le aseguro A nsted
que no me agrada porque no 111 creo ni leitl ni
buena, y su aire de tristeza me parece afectado.
Pero si es del agrado de usted, está. bien, es justo que usted no se preocupe por mis antipatías.
Contenta de haber reconquistado toda la influencia que tenín sobre ~l la seilora Le Clercq,
sonrió á su hijo y con esa facilidad de concesiones que se tiene en los momentos en que e:.tá uno
enternecido, lo dijo:
-Puedo probarle el interé3 que tengo en su fa.
,·or sin conservarla en casa. Puesto que no es del
agrado de ustedes, pondré en ejecución un proyecto de que me ac11.ba de hablar: se trata de un
~.-iaje para ciertos informes, un negocio que no
tiene importancia para tí y del cual te hablaré
mas tarde.
-ConmoYido por el eacrificio expontaneo que
Je bacía su madre, Roberto la abrazó sonriendo
y le dijo:
-¿;{os invita usted esta nocbe a. comer?
-Ciertamente ¿y por qué ne á lllmorzar?
-Porque :llaria Magdnle, a se da en estos momentos la mar de trabajos para organizar su famoso almuerzo. Es una cosa divertida verla ir y
venir, dar órdenes, v.gilar las cacerolas y estli.
primor•)sa con su delantal blanco y el aspecto de
mujercita de su casa. Sería para ella una decepción que no se hicier.an los honores á su cc,cina.
-Pues yo, dijo alegremente la sen.ora Le Clercq
quedaría encantada juzgando por mi misma de
los talentos culinerios de tu mujer. Y si se me invitara ....
-Magnífico! Almuerce usted con nosotros y
esto nos pondrá muy uf,rnos. Ser:.\ nuestra primera recepción. Voy á a visnr á Maria Magdalena
que tiene una invitada. ¡Se va á pcner mas contenta!
Si en efecto se puso contenta con la noticia, lo
disimuló bastante, porque acogió con un silencio
absoluto la noticia llevada por Roberto.
Toda atareada recorría el comedor disponiendo una mesa magnifica, cristalería resplandeciente, vajilla con sus iniciales qne ese día deb[a ser
estrenada, argcntel'ia enteramente nneva, salero
JfnenLes y u poya-cubiertos lucientes quecontrastaban con el juego de tenedores, cucharas y cuchillos de forma antigua obsequiados á su hija
por el Doctor Bois de Sain· Marce! que eran de
plala oxidada y que tenia.o esa incomparab!e
belleza que sólo el tiempo sabe dar.

13

."F.L lr!TNOO ll,U!'ITRA00 11

-¿Y cómo se proporcionaron ustedes estas her-·
de
asperon, geranios, margaritas de ancha corola moeas flores que nada deben al arte?
- Yo salí cuando toda vía dormían todos en esblanca, ramJ\s de madreselva y de yerbas exquita
casa. Siempre me levanto muy temprano pue&amp;
tas que tan ricamente ornan con sus racimos y
al amanecer es cullndo mejor se goza de los ensus penachos 111 s zanjas y los vallados.
La sel!.orita Hartley pretendía que la sa_bia na- cantos de ht naturaleza. Salí y me aventuré por
turaleza da quince y raya A todas tas ciencias el primer s~ndero que encontré A mi paso.
--¿Y salió usted sola?
qne se relacionan con la floricultura y que sus
-Sin duda. Pero por el camino me encontré
geranios, mnrgaritas y madreselvas eran supe•
con Darlot que es el excéntrico más agrR.dable y
riores en belleza ú las más famosas orquídeas.
-Son, decía, mt&gt;nos pretenciosas y más gallar• había salido cOino yo A ver eJ despertar de los
das. Las flores de formas extra.nas mti 11.gradan campos. Eso es encantador: las hojas cubiertas de
poco y me despiertan l&gt;1 descoolianza; l11e veo co- rocío las flores entumecidas todavía por el suemo cosa fnlsifíc11d1.1, como cómicas encargadas de no d; la noche y los árboles y las lej!lnias envuelun p11pel superior á sui:; fuerzas, como coquetas tos aún en 1,i bruma ....
Da..Jot me condujo A un sitio encantador, un
que se pint;¡n para parecer henuosas. Vea usted,
rrtiro
bajo las bayas c.-rca de un est11.nqne de
Mag, que curvas tan exquisitas las de estas c11mpánulas y con que grncia cuelgan de su tallo agua azul decorado poi• mastuerzos y prímulas.
flexible y largo, y cómo estas p1 ímulas las enlazan Desde allí se contempla nna extensa pradera hadulcemente en tanto que l1:1s malvnrosas ostentan bitada par vacas mansas que parecen arrancasus tonos pálidos. En un ramo deflores silvestres das á un cuadro de Troyon y mAs adelante exencuentro todo un poema delicado, en tanto que tensos trigales del color del oro. Nos sentamos
esa~ camelias premiadas en las tixposiciones de en una barda y nos pusimos á contemplar ese
jardinerfo y horticultura, son prosaic11s con pro- campo que se desperfzaba preparándose para. la.
·
sa vulgar, tienen la acticud afectada de esos que lab&lt;'r del día.
De pront&lt;', las a'ondrasfueron las primeras que
de pronto enriquecen y se vuel\•eu condes 6 duques sin que tengan los ra~gos esenciiiles de la saliendo del surco, toc11ron la diana; luego las es'piges irguiéndose sacudieron las gotas de agua
nobleza.
que las a.diamantaban, y los ababoles empezaron
A desplegar sus pétalos con extremada coquetería.
- U3ted, seft.or Roberto, que se sonríe, ¿no ha
asistido ¡amAs 11! despertar de un campo de tri•
gos y de ababoles? Pues lo compadezco á. usted,
porque este placer refresca el Animo, como el rocío refresca el eútis. Todas las pequeflas miserias de la vida le parecen a uno entonces lo que
en realiddd son: futilidades indignas de ocupar
la atención! y se comprende que la mejor, mits
pura y mas grande de las dichas es tratar de
identificarse con la naturaleza, amarla, y no ser
sino unrt parte consciente de ese gran todo. Aseguro á. usted, sefior Roberto, que yo siento mncbo carillo hacia las plantas, y que me causa pena arranc11rlas ó corti1Ples sus flores. Sí, esto es
muy cierto y sin emburgo vea usted qué abundante colección traje conmigo. Pero faé el sei'lor Darlot quien las cortó, pues aunque sea sen•
sible como ~-o tiene más energía, y á. pesar de
mis prote3tas, recogió todas esas flores que eran
alií tan felices.
Ilablando con ese acento musical, y un poco
cadencioso de las inglesas, Lucia dió A sus margaritas en el vaso de asperón Rzul una figura artística y compuso su ramo con 111. atención y buen
gusto con que un pintor compone su cuadro, en
tanto que Roberto imeresado en lo que elle. decía, y divertido A la vez, seguía con los ojos el
movimiento de aquellos dedos blancos y ágiles
que doblaban cariiiosamente los tallos y colocaban con cuid11do las corolas á tin de que lucieran más.
Esta intimidad de conversación le 11grababa y
consideraba :l la senoi'ita Hartley muy inteligente y muy superior A las demAe mujP.res que fre•
cuentaban 111. casa de h\ senora Le Clercq. La seMaria Magdalena escuchRba sonriendo á. pesar guridad y la sencillez de esta encantador11. ni!\a,
de sus preocnpaeiones, y dijo:
le eran sumamente simpáticas y le inspiraban un
-Acaba usted, Lucía, de plnnte11r una tesis sentimiento de sincern amistad. Pero al mismo
que sería de todo el agrado de René Darlot que tiempo, pensaba en que si su madre hubiera oido
como usted, es un tanto cuanto original y maruA- tales conversaeiones no las coroprtnderíe. y ta•
tico.
charfo A la se:liorita Hartlev de farsanteó de loca.
-Darlot, aunque parezca extr11flo, dijo Rober-¿Y qué opinión se ha 'formado usted d~I seto, comparte las opiniones de usted res¡,ecto á. il.or Darlot? le preguntó: observo que en muchas
las camelias, y lo diré franMmente, hRsta con materias tiene opiniones muy semejantes A las
cierta rudeza poco cortés. Ya sabe usted qo.e mi de usted.
madre tiene una soberbia colección de cllmelias·
-Me es agradable, pero muy agradable, con. Dnrlot se negó en dfas pas11dos A en-'
pnes bien;
testó ella con ingenua sinceridad. Es un espíritu
trar á. verlas en el invernadero, con tC'do y que deJicado y original y aunque lo conozco muy po•
también hay hermosi,imas dalias.
co, se me fignl'a que debe ser bueno y que no
-Horribles, m~y horribles, gritó Lucia con có debe tener procupaciones vulgares. Pienso que
mica indignaciót!. La aalia no es una flor sino deja correr el tiempo sin preocuparse ~ran cosa.
una bola eriz1tda hecha con tubitos de nojlllata. de la vida material y prActica, y yo lo ,,dmiro
Es rigida sin perfume ni gr1lCla; rlor tonta como porque en estos tiempos ese desprendimiento es
la vanidad ó mrjor dicho, n:&gt; es una flor sino la verdaderamente raro.
obra matstra del mal gusto de los floricultores.
Deben ser muy interesantes loi dii!.logos que
Concedo que los colores son brill11ntes, pero no sostienen ustedes cuando están juntos. E$ta uu1tfene más que el co!or y pare usted de contar. f111n111 por ejemplo, al contemplar la salidll augusEn cuanto A las camelias por bellas que se1:1n, se ta del sol sobre los horizontes campestres, camfignra uno siempre viéndolas, quo son flores de biaria.n u-.tcdes de fUo reflexiones y entusiasmos
pap·eJ y en el acto piensrt uno en que estAn muy llevados 1\ la hipérbole.
apropósito para adornar los cromos de santos
Lucia hizo un signo de negac16n.
que engalanan el cuarto del pot·tero.
(Continuará,)
Uaría Magdalena habín ido á dar un vistazo
por la cocina, Roberto reía escuchando á. la jo•
ven, pintora y le preguntó:

La aei1orita Ilartf.ey arreglaba en un

Vil.SO

-No hemos cambiado diez palabras, dijo. Stin•
tados en la barda permanecimos silenciosos, porque todas_ las palabras tienen un sonido débil y •
falso en ciertos momentos, cuando la. impresión
es natural y no literRria. ¿Cree usted que le vendría al pensam:ento hablar cuando estuviera oyendo la pastoral de Beetoven?
·
Esta maft.ana las alondras, las abejas, las boj'ls
de los Arboles, las espig-,1s de trigo y las conientes, ejecutaren la pastoral para que nosotros la
gozára11:1os y lagozamos con beaút-c.dreligiosa, y
he considerado que el seiior Darlot tiene talento,
por que per..:ianeció absorto y silencioso. Al separarnos me dijo con naturalidad. »Esto es muy
hermoso ¿no es cierto? Pues hay un sitio verde,
aislado v pintoresco al borde de un estanque, y la
voy á. llevar á usted allí: se contemplan espléndidas puertas del sol.
Es un estanque de
aguas verdes invadido
por los iris y los nenúfares, situado á la orilla del
río junto á las ruinas de
un castillo abandonado
que ahora es nido de buhos; baga usted de cuenta: un cuadro de la escuela l'úmAntica ó una bala• ·
da de Victor Hago, y está 1\ ln altura de las notas
nrtisticas de 1830.
-Vaya, vaya. .. y usted de segu10 irá. con
aquél desiquilibrado á
buscar sensaciones raras
y un catarro.
-Vade retro! espíritu
prosaico, replicó riendo
Lucía. Iré .... yalo creo
que iré y debería, para
gozar v erda deram en te de
tan belloespectá.culo, vestirmeá la moda delas damas de aquellos tiempos:
cabellos sueltos en largos bucles, mangas aglobadas, zapatos puntiagudos y un chal de burato
A la espalda, fingniendo
para realzar el traje una
gracia mórbida y langaicleciente, en tanto qne el
sef!or Darlot llevnba cabellera larga aunque fuera postiza, levita con Ril•
cbas vueltas de terciopelo y un cuello que no
le dejara volver lá cara.
Roberto reía alegremente de estas locuras y
Lucía afladió:
·
-)fo ha observado usted cuAnto inflnye el traje sobre las ideas? Si en
un baile ele máscaras se
disfraza usted de arlequín, de Don Quijote ó de
griego de los tiempos he•
róicos, de fijo que no se
sentirá. usted con las mismas inclinaciones que si
va vestido de rey mago ó
de médico de los pobres.
-Lo que pasa es que usted toda se vuelve imaginación.
-No tanto, no tanto.
En esos momentos llegó la seiiora Le Cleroq
trayendo consigo á la se:f!.ora Charmon que no
habría sido correcto dejar sola, y desde luego lll
conversación se hizo penosa.
Maria Magdalena estuvo muy cortés y Roberto
observó esta circunstancia; conocía bien ásu mujer y notó la contrariedad conque obraba, con•
trariedad que también el sentía.
Eiite almnerzo intimo que pudo ser delicioso
entre los tres amigos jóvenes y alegres, se convertía en un trAnsito de monotonía como la de
los días anteriores. En vez de rasgos de ingenio
y placer delicado, iba á haber la eterna conversación sobre las d1versas instituciones benéficas de
fo ciudad, sobre las honorables damas del Comité deCarida.d, ó sobre el último sermón del padre
X, asuntos siempre iguales que se trataban todos
los dfRs en términos invariables.
Lucí11 eHaba mur f.1stidiadu y empezó á pen-

zar en que A pesar de todo lo mejor para ella era
seguir sin r.,érdida de tiempo su vi11je A Tregastel
á !in de comenzar los trabajos preparatorios de
su cuadro.
La señora Le Clercq recordó A Maria ?ifagdalena. que por la tarde los esperaba en sn casa como
de costumbre, y la joven dió políticamente lns
gracias A su suegra. Al hacerlo tenía el aspecto
lastimoso de un perrillo que ha roto sn cadena,
que cree haber reconquistado h1 libertad y A
quien se trae de nuevo al collar y al poste cou pll·
labras ca.rinosas y una cuerda en e l pescuezo.
Con todo y ei!tos inconve11ie11tes, bacla el fin
del almuerzo la conversación después de haber
estado peaada se animó súbitamente. La señora
Le Clecrq afectó quedarse largo tiempo examinando los cubiertos de plata oxidRda en que estaban grabadas las armas de los caballeros de

Bois de Saint Marce!, y María Magdalena preguntaba para su sayo con inquietud si su suegra iba.
á llevarse las cucharas y tenedores como se había llevado en dias anteriores el joyero blasonado, pero no sucedió asi sino qne propuso UD medio menos radical.
-Tengo, dijo, algunRs piezas de mi servicio qne
necesito repnrar con mi pl,1tero de París, y voy
al mismo tiempo á hacer que se lleYen estos cubiertos, vida mia.
-Que se lleven! ¿y para qué?
-Para que les g1·aben el monograma de usted
en lugar de esas armas ·que no son suyas. Es UD
trabajo muy f1\cil que no alterarA el mérito de la
argentería.
Roberto c11si no se fijó en esta indicación, pero
Maria Magdalena resintió una contrariedad tan
viva que cambió de colcr y dijo esforzándose
herólcamente por conservar un acento tnnquilo:
-No, eeft.ora: no se borraran esas armas de que
soy la única heredera, porque me pertenecen y
tengo la debilidad de estimarlas en mucho. Este
es por otra parle un antiguo servicio de cubiert&lt;.'s

que perteneció á mis ahuelos y que me daría gran
pena fuesen desnaturalizados.
-.Aseguró á usted, 'rida. mía, qne esa es una
vanidad ridícula.
-Tiene usteu mucha razón, seiiora y no lo, discuto, yero le ruego me deje con mi vanidad por
ridícu la. Que sea.
Maria Magdalena que estaba positivamente
exasperad:1., bacía esfuerzos supremos por conservarse en los limites de una deferente cortesía. Y
esto, unido al disgusto de no haber poditlo quedarse so!a en su cas!l con su marido y su amiga,
de no haber podido librarse ni por un solo día de
la presencia de su suegr11., em la última gota de
amargura para su corazón en el que la amargura
ya rebosaba.
.Apercibiéndose Roberto de que su esposa tomaba muy á. pechos este asunto, insignific11nte á
sus ojos, dijo:
-Moctilicar esos cnbiertos seria inconecto y
lu1sta ofor.sivo para el
Doctor que Josreg,tló así
:í MarÍ!l ~Iagdaleua. Por
otra parte este blasón es
muy bdlo y comprendo
muy bien que te agrade,
)taria i\fagdalena.
Ella dirigió á. su mari•
do una mirada de reconocimiento.
-Entonces, imterrumpió con arrebato ¿puedo
usar las joyas de mi fa.
milia blasonadas así, y
usar tarjetasdeviFita eo11
el título de mis antepasados agregado á mi nombre?
-Quién lo duda! Esas
cosas tienen tan poca importancia ....
María Magdalena sonriente af!adió volviéndose á su suegt·a:
-Ya lo ve usted, sen.ora? :E spero que me devolverá usted mi joyero.
-Está. bien, repuso
secamente la sef!ora Le
Clercq.
Roberto se Apercibió
entonces de que sin pen•
sarlo había dado un golpe á su madre y que ella
estaba contrariada, por
lo cual 6intió una impresión penosísima y se preguntó á si mismo con angustia si los mAs menudos incideoted de la vida
diaria iban ll provocar
esc11ramuzas de esta clase, y si todas las convere~ciones sencillas ~ n
apariencia, ocultaban lazos en que debería caer
para diagustnr según el
caso á su madre ó á. su
mujer.
Lucía. Ilartley que sintió acentuarse la frialdad
con este inc.idente, dijo:
-Yo comparto con María :Magdalena el gusto
por los b!Rsones. annque no 1&gt;E'a mtis que bajo el
punto de vista artístico. Y cada vez que seme ha
ofrecido pintar para mi uso porcelanas, entrepa:ilos y tapicerías, il tener escndo nobiliario como
usted, querida amiga, de t'ijo que lo hubieru preferido ó cnalquier11 otra cosa. Es un motivo muv
bello para piezas decora!ivas, y observen ustede·s
que así lo han comprendido y practicado los más
notablee oroamentistas.
-Desgraciadamente; replicó la se11ora Le Olecrq
con tono incisivo, se ha abnsado del ornamento de
tal modo que ya lo usa todo el mundo inclusive
los más plebeyos: hasta. en casR. de los más descamisados ganapanes be visto leones heri1ldicos,
escudos y todas esas paparruchas nobiliarias. No
hay fabricante de jabón ó de betún que no ponga escudo3 de arm1ts ensu marca de fábrica, y han
acabado los blllsones por ser nna. necedad de que
quiero curará. Maria Magdalena.

-E~ ca'.!.!.:~.,t:vc e.e n~c:os1 ~-:::::.p:.·~n.c.e s~:~ J.

�11 EL

los que se sirven de eso sin tener derecho, replicó L u"ia Harllev.
-¿Y se sabe ·con certeza quiénes son los que
tienen derecho? replicó la se.nora Le Clercq que
realmente se olvidó de su habitual mans~dumbre. SI se tr11ta no más de lasge11tes cuya .nobleza es muy conocida, muy pura, y de la cual pueden seguil'se las huellas en la historia, está. bien;
pero todas esas pequelleces prete11closas venidas
uo se sabe ue donde, esas familias obscuras de
hidalgü~los pelon~s que se lla.maron Del Soto
porqut, había en su hered1td UlJa cerca de vare•
jooe~. ó Del Estauque en honor de algún charco
corrupto¡ toda esta seminobleza necesitada )' iilti va que no se remonta! centenar y medio de
nfios, no es mAs que plebe locamente avergonzada de su origen! La fitruilia Lé Clercq á la cual
ptrtenezco porque me casé con un primo mío,
tiene uetrAs de ell11 siglos y siglos de honrada
burgesín. Hemos sido consej~rol&gt; en el Pllrlamento úe Normanufa, poBeemos nuestros anales y
nuestros orcb.ivos \IUe aunque no estén blason11•
dos, v11.len tanto CJmo cualesquiera otros ó acaso
mAs. No se encu1mt1·a en ellos ni un acto de deslealtad, ni una villanía, y desde hace má.s de
trescie11 tos afios somos los primeros de la provincia por nuestra honorabilidad, nuestra riqueza y
nuestrns alianzas con lus casas m,\s distingtüdas.
Usted, vida mía, 110 nos trae las primeras armas
que hubiésemos podido tomar, pues hemos tenicto una vizcondesa de Villeresne, u11a bitronesa
de Vatan, una marquesa de Lancieux y A lo qa.e
me imagino esas noblezas valen tanto como lade
usted. :Sin em bargC1, nunca hemos admitido la
adición de un nombre, porque el nuestro.babastado. Ahora, haga usted lo que Je parezca!
Esta vehemente salida po11ia de relieve el 81ma de la seftora Le Olercq. llabia cierta altiva
gl'andeza en su actitud y en su acento, reivindicando sus derechos de plebeya, declarando muy
alto su burguesi11 1 que no se había dignado blasonarse con tl escudo de los Lancieux. En lo que
cLijo h11bí11 mucho de verdad, pero lo dijo con tan
am11rga acrimd, que la consternación fué general eu corno de la mesa. Maria blagd.tlena con
los labios temblorosos y el rostro pálido, hizo un
supremo esfuerzo parll contenerse, y se levantó
diciendo con dulzura:
-Me siento un poco indispuesta, y les suplico
ma permitan retirarme unos instantes.
La selior,\ Le Clercq, apercibiendose de que se
había dejado llevar por la ex!lltación un puco lejos, dijo dulciflcando la voz:
-Caa usted, querida lfagdalena, que no he
tenido ni la más leve intención de ofi:nder A usted, pues be hablt1do en tesis general.
María :Magdalena no respondió, y Lucí" dijo
cuando iba saliendo del comedor:
-Voy á pintar para usted sus armas en dos
jarrones normandos de porcelana, que adornarAn
la mesa de un modo muy decorativo.
Eso era la mejor respuesta á la setiora Le
Clercq que sintió el dudo y lanzó á. Lucía una
mirada de desdén que fué recibida con absoluta
5erenidad. En cui1mo á. Roberto, estaba aterrado.
Esta comida preparada oon tanta alegriit. por
María Magdalena, terminó en las circunstancias
mAs de1agradables.
Roberto dejó la mesa casi inmediatameute, y
fué Lucia la que quedó h11ciendo los honores con
palabra segura y tranquila, metiendo A la se:ll.ora
&lt;Jharmon en juego y divirtiéndose en exasperar
ll. este dama al recordarle las funci.mes humildes
y de dom1c:stie1dad qu~ había ejerci&lt;lo en Inglaterra entre las daiuas de alto rango, &gt;:\migas de
111 misma Lucía.
,Se necesita una diversión.&gt; Este rué el pensamiento que concibieron A. la vez Roberto y Lucía. La situación i;e l1abía puesto tan tirimte en
los últimos dias, que estaba á punto de quedar
se1·iame11te comprometida la paz de e~te bogar,
grar.iits sobre codo ñ la presencia de la seJlora
Oharmon cura introducción en la casa había
provocado la ruptura de hostilidades. De réplica
en réplica, de iucidente enincidente, se babia llegado u un venosi:Jimo est.lldo de cosas, que ya
no ¡;e podin prolongar.
Desde la arenga de la suegrt1 colocando A. los
Le Clercq sobre un pedestal de tres siglos de virtudes y de riquezas, 1as m1meras de María Magdalenli habfan cambiado radicalmente, y tQda su
jovialidad, s-u aJegria infantil, sus encantadores
donaires habían desaparecido viniendo A susti•
tllirlos la más cumplida cortesía. Rabia adoptado la actitud correcta de una persona que está.

MUNDO ILUSTRADO.,

de visita en una caga antes no conocida; sonreía
con exquisita amabilidad, pero por amabilidad,
y hRblaba y contestaba A .su suegra con la entonación con que se dan informes sobre l11 &amp;alud de
querfdos amigos que en realidad son perfectamen•
te indifereutes.
Lacia que estaba en observación, pensaba para sí:
-Estamos en el período que precede á la cri. sis: Mag se refugia A sus principios de buena educación para poder soportar á su suegra, pero no
se pasa impunemente de las expansiones de la YÍ·
da íntima á 111 corrección soeill.l. Roberto habra.
notado este Cllmbio?
La.cía no tenfa con él la confianza suficiente
para iaterrog~rle sobre el particular, y 'l"eía peligrosa e.. ta situación al suponer cou fundamento
que el joven no conocía tanto como ella el cai-Ac
ter de María Magdalena.
Roberto ainnba !\ su mujer; c&gt;so era indiscutible,
pero no tenía casi con ella expansiones por razón
de carácter y l111llnba muy natural, juzgando por
sus propios sentimientos, la reserva de l\laría Magdalena que nunca le hablaba de sí misma, de sus
sentimientos, de sus aficiones. Conocía de ella lo
q ne podían igu,ümente conocer lus extral'los:su vida a plena luz. pero nada de lo interior de su alma
y de su corazón. Adem.As, las circunstancias de
su manera de vivir estaban muy lejos de favore•
cer el establecimiento de tal intimidad, pues la
presencia ine,;table de una tercera persona, era
un obstltculo invencible contra toda aproximación afectuosa.
Roberto, satisfecho del género de sus ternezas y
hallñndose correspondido en una forma semejante, no pensaba en ambicionar más. La creía una
niJla muy sencilla y riente, juzgtmdola por la
i-uperficie jovial de su carácter, pero no sospechaba ni una voluntad, ni una energía, ni un orgullo de mujer bajo aquella apariencia amable,
regocijada, infinitamente seductora, resultado de
una disposición natural, feliz, cultivada por la
mAs discreta educación.
Lucía sabía bien todo esto y era lo que la espantaba, pues había llegado el momento en que
sa. amiguita, lastimada profundamente en los mt\s
caros sentimientos, que ni su suegra .ni su marido
se habían dignado descubrir, se parapetaba en su
cortesía de mujer bien educada para empezar á
ponerse á cubierco de los ataques.
La situación de Roberto, entre dos arecciones
y dos deberes, iba por lo penosa A transformarse
en insostenible, pues no sospechaba que su muJercita faern uu carácter y cuando menos lo esperara, se iba á encontrar con esta sorpresa.
Lucía había descubierto que en el fondo del
corazón de Maria Magdalena había cierto despecho contra su marido, á causadequeéste no había
pensado en amar de ella m.\s que la elegante personalidad física, juzgándola á pl'iori, bajo el
punto de vista intelectual, como una criatura digna
de ser tutoreada.
Roberto que deseaba combatir con el atractivo
de una diversión el enojo de esta situación tirante, consultó á su mnjer sobre la organización
de un baile, pel'o esta proposición no !ué aceptada bajo el pretexto de que estaba muy avanzada
la estación, aunque en realids,d el motivo de la
repulsa tué que l[aria. Magdalena tuvo la previ•
sión de que para este caso, se vería en la 11marga
necesidad de soportnr las generosidades de su
suegra.
Lucía fo.é la que encontró la manera de resol•
ver el problema. Ilacía ya ocho días que estaba
en Montpazier. El tiempo en otras circunstancias
habría corrido gr11to para ella, pues amaba ft María Mngdalena r Roberto le era agradable; lapoblación le gustal)a también con sus tipos cw·iosos
de gente llana y algunos maniáticos que se destacaban del nivel comti.n. Pero como tenía horror
A las simaciones espinosas en que cualquier
movimieut-0 puede determinar una herida, empezó á hablar de su viaje y hacer los preparativos
correspondientes.
En verdad que puesta en la situación de su
amiga, Lucía no habrfa obrado como ella, sino
que provocando una explicación oportuna y franca, hubiera establecido sobre bases sólidas sus
derechos y habria rogado á su esposo la llevara
á. un hogar tan modesto como fuera necesario pero donde fuesen libres y tuvieran el deri;:cllo de
decir: «Estamos en nuestra casa,,.
Magdalena no tenía el descaro suficiente para
obr111· así ni se atreverfa nunca !\ hablar en términos semejantes, pues llegado el caso de produ-

EL OBSTÁOULO.

cirse una escisión seria sin grandes !rases de su
parte y retirándose sin ruido por horror a l11s discusiones.
Para alejar en todo lo posible ese desenla1.1e,
Lucia anunció en definitva su vi11je y ~nplicü á
Roberto y á :Uaría Magdalena, que la faeran !'l.
acompail.~r ,l lo menos por algunos dfas. .
E:.ta proposición fué aceptada con entusrnsmo
y .Maria :\Iagdalena simió la gran alegría de un
colegial en los momentos de acercarse las vaca•
ciones, y Roberto comprendiendo Ja i~e8: de la
seftoríta HartleY, se formó la conv1cc16n de
que una corta aÜsencia arreglad\ todas las dificultades. A.demAs, durante ese viaje, partiriA también la sei1ora Charmon, causa primitiva de las
desavenencias, y á su regre,o ya no la encomrarían en casa de la sen.ora Le Crecq.
La suegra los veía partir, sintíe11do una extrnlia emoción, mezcla de alivio y de despech'), motivada por la intuición de lo que estaba sucedi•ndo. Sin analizar bien sus peusamientoi, ttmia que
Lucía llnrtley aprovechara la libertad que indndablemente le iba A dnr el viaj ~ para inculcar
ideas de independencia en el ánimo de Mttrfo.
Magdalena. influyendo acaso hasta sobre el mismo Roberto.
Tllmb;én podia l1aher algo de celillos maternales ...... 1JU bijo oarth por la primera vez uespués de su casamiento, y se iba A encontrar enteramf'nte A solas cou su mujer que podía en esos
cuantos días adquirir sobre él un lmperlo absoluto. Es cierto que la seliora Le Clercq no analí•
zaba los det11.lles de cada 0110 de estos peDsa•
mienlos, y dejaba, por lo tanto, escaparse su intrincada psicología, pero sutrla, porqa.e est'\ba
convencida de que amaba tiernamente á. su nuera, y de que, en cambio, no había recibido u1As
que pruebi1s de ingratitud, ó á lo menos de rebeldía contra su autoridad.
La sef1ora Le Clercq, se sentía pues realmente
desgraciada.
En &lt;manto á loLjo.venes,. iniciaron-un vi11je encantador, deteniéndose donde les agradaba, explorando antiguos caseríos abandonados, visitando espléndidas c1ttedrales, iglesias esculpidas
en gr11.aHo como si fuera· u.n marfil japonés, ruinas de castillos y de abadías.
En ocasiones recorrieron kilómetros por sen•
deros incómodos, cortados a. pico, c:n bruscos
descensos, para ver montones de piedra sin importancia 11lguna, y en otras, en cambio, descmbricron en lugares desdel'lados por los guías, antiguas ermitas, capillas poéticns que dominaban
con su campanario la masa de casuchas grises
empenachadas de humo.
Permanecieron por cinco dfas en una posada
de aldea; una de esas antiguits posad11.s en !ns
que hay una ensena con este letrero: «Alojamiento p1tra personas y bestias.&gt; Y se quedarou allI
porque, habiendo entrado casualmente A almorzar, se sintieron seducidos por la limpieza y la.
pulcritud, rara en Bretalia, de la hostelera, y su
figura simplitica y atractiva.
Los cobertores perfo.mado3 con Lavanda, las
alfombras espesns y obscur1ts en lo!! aposentos,
papel de tapiz !nvervsimil mostrando pescadores de calla sobre paisajes j •poneses, y en la sala, se,bre un cojín de terciopelo, unll coronll antigua de desposada. Al pié de sus balcones, por
111.s man.anas temprano, ofiln mugir A las vac11s
que iban de los eDtablos á.111. cumpiD.a.
Pasaron allí algunos días en~antadores: la primavera cantab!t en su alml\. como en el cielo azul,
y Roberto y .Maria Magdalena iban á rt!eorrer
los campos tomando el primer sendero que se
ofrecía á su vista, perdiéndose algunas veces, y
no encontrado durante largas horas, alma \fiviente. Para recobrar su camino se orientaban, ya
valiéndose de los molinos de viento que levanta•
ban sus aspas en los claros del bosque, ya buscando las veletas de los Ci\mp1t11arios entre el
sombrío de los poblados ó Yll e11 f!o fij,\ndose en
la situación 4110 respecto de ellos g:iurdl\ban los
perfiles azules de la montatia vecina.
Deliciosos momentos se desliub11n, y entonces
tué cuando por la primera vez Roberto se ·sintió
joven y plenamente feliz no pensando ni en su
profesión, ni en sus compromisos, ni ea su madre, ni en la gravedad con que debe conducirse
en todos los actos de su vida un togado joriscon•
sulto. No se sentía cohibido por Ju ridfottlas exigencias de una sociedad provinciana y era sencillamente hombre, rebosando de juventud y enamorado de su encantadora mujer, A la cu1tl apre-

ciaba mej)r sin testigos y en
este medio ambiente de contento y de dicha.
Maria Uagd11lena nstida
con 1tlgú.n trajecillo ligero estaba primorosa, alargando sus
pasos para poder seguir á su
marido, haciéodoseayutlar para salear los sotos y los vallados que abundaban en aquella comarca agrícola, primo•
rosa llevando consigo enorme
cargamento de flores, yerbas
y rnm1ts para engalanar su habitación; primorosa cuando
cansada del cami110 se sentaba al lado de su esposo, con el
rostro encendido, f ltigada. ja • .
&lt;l.eante, desordenados por el
ait·e sus hermosos cabellos rubios, animada con lit. alegda
de ser amada, sentirse linda y
Jil\cérsclo decir. Y él se lo decfo con elocuencia y sin gastar muchas palabras, sellándole A veces los labios con un
beso á la mitad de una de sus
rrases ingeniosas, ó expresAndole su pasión en cuidadosa
solicitud y en verdaderos terrores cuando 111. veía A lll orilla &lt;le algú, precipicio. En
ocasiones ib.m tomad.&gt;s de la
mano, mudos durante largos
perlodoj miraT1do con enternecimiento á los pájaros que
estaban más adelantados que
ellos, y esta reflexión les producía algo de despecho.
Una ma.f!.ana s.i internaron
por interminables campos de
tri.go, y luego, cruzando una
vereda soro breada por casta.:fl.os llegaron A verse al fin en
pleno campo inculto. Los l't&gt;·
pliegues del terreno les ocultaban el campanario y los molinos qo.e eran su brüjula or-dinaria; y habiéndose cansado
'María Magdalena se sentó,
mientr11s su marido avanzaba
á practicar exploraciones pan,. r1e3cUbrir alguna quinta ó
habl11r con algún campesino
-que los s:icara del apuro.
A poco de haber partido
Roberto, sintió ella la impre~ión de una absoluta soledad.
~ ~ ,..,_ -~ •
) ~ ~ - " ,~ . ~ .• .
Nada ml\s que el rumo:r del
f. •··~ .' --~ ':6~. -&amp;.:. r,+:.:.,..:
..,.,;11viento sobre las doradas espi•
~.•:(~,) ~ F ; . ,..,.., gas ó entre las hojas de los
~~
arboles, formando melancólico concierto al zum-Tefastidiarfa.s muy pronto, le dijo, y en cuanbido de Jas abejas y al agudo chirriar de las ci- to A mf, el campo no me seduce gran cosa.
garr11s. Un súbito enternecimiento hizo subir las
EUa lo vió sorprendida.
lágrimas á sus ojos al considerar que era una mu-¿Qué, no te parece admirable?
jercita dulce y amorosa y que se contentaba con
-Sí, por algunos días y siempre que tenga A
sentir sin filosofiir sobre sus sentimientos.
mí lado A una María. Milgdalena elegante y linda¡
La. calma, la. paz inrinita de estas agrestes sole- pero a. vuelta del tiempo basta tú misma cambiadades, la penetraron de un modo grato y experi- rías convirtiéndote en una basta y amable cam•
mentó el deseo vehemente de vivi1· allí siempre, pesina, pues á lo que creo las modas no tienen
lejos de toda sociedad, sota con su marido Aquien camino lAcil y expedito por estas comarcas.
amaba cada dfa con creciente ternura.; vivir alli
-Las modas .... ¿y tú piensas en eso? pregunPu una pintoresca casita blanca rodeados de sus
tó la. joven con indignación.
hijos y sin recibir 11 ningún extral1o, excepción
-Ya lo creo! Tu eres encantadora hasta con
hecha de Lucía y de Darlot que eran verdadera- el trajo sencillo que tienes puesto, pero que está
mente buenos amigos, eso constituía su gran en• muy bien hecho. ¿Cómo serias vestida por una
suetlo de felicidad. Ya no más casa suntuosa, ni costurera de 11ldeal' ¿Y usarías zuecos? Porque
día de recepción, ni banquetes, ni suegra: la.natu- en invierno estos andurriale3 deben quedar imraleza, lecturas serias, música y Roberto, y no se posibles! ¡No! la soledad es bellll A r11tos 1 en tannecesitaba mAs para ser enteramente reliz.
to que h sociedad tiene ventajas y bellezas ¡,erDur11nte lo menos diez minutos, Jiiaría Magda.- sisten tes.
leca !oé la perfecta heroin1t de una novelll ingle:Uohina y contrariada María Magdalena se casa, teniendo por único deseo el atractivo de la lló. ¡Ou:ln lejos est.aba de elJa Robe::-t1 con todo
vida rústica y las alegrías sanas de la materni- y que tenía las manos entre las suyns y que con
-da d.
gran sorpresa para una pastorcita que pasaba por
Roberto reapareció 1rnliendo del campo de trigo allí a. la sazón, tomó A 11Iar!a Uagdalena en sus
y dlcitndo que acababa de distinguir á lo lejos brazos y se puso A besarla tiernamente.
los techos rojos y !ns chimeneas de uoa quinta.
Pocos momentos después almorzaron en la
En esos momentos vibraba apenas, y apagado quinta ó mt&gt;jor dicho devuraron conferoz apetito
por la distar.cía, el sonido de las campanas de la y riendo de placer, too radas de pan negro cubieraldea.
tas de mantequilla salada.
- ¡Qué pensativa estas Magl
La sala de este. quínta era admirable b!ljo el
Ella le relató su tierna bucólica y él la escuchó punto de vista pintoresco: de las vigas que sostesonriendo.
nían el tejado colgaban racimos de cebollas, ve-

15
lAs, yerbas secas y jamones tef1idos de negro por obra de las
moscaE; encima de la gran
chimenea de piedra había,mny
enfloudo con rosas de trapo
descolorido, un Santo Cristo
con cara de facineroso v una
dolorosa erizada de pÚilales;
un lecho en forma de nicho y
en el ca.al parecí!\ que se debfan ahogar los que allí durmieran; bancos á Jo largo de
las paredes y un montón de
basuras en un rincón donde
escarbaban y picoteaban ga•
lliñas, pollos y cer.dos. todo
esto formaba un conjunto en
que la limpieza brillaba por
su aust&gt;ncia. El patio de la.
quinta estaba tan lleno de estie1 o,l y p11jn podrida, que habna sido neceeario ponerse
zancos para cruzHrlo sin peligro.
Las gentes que estaban viviendo allí casi no comprendi,rn el .francés y se expresaban entre af en ese dfalecto
bretón que paree~ como arrastrar guijarros entre sus silabas
sonoras. .Algunos chiquillos
barrigones, sucios y desgarbados cuy-03 ca.bollos amarillos
y lacios les caían sobre loa
ojos, andaban por allí y se
quedaban con :a boca abierta.
contemplando A los extranjeros.
Toda estirpipiolera andraJOSa, con sus patitas socias
hundidas en zuecos burdos,
era curiosa y r.impática por el
aire de ingenuidad que se les
observiiba bajo la mugre.
Un poco descorazonada de
ese metlio ambiente, María
Magdalena 1tbrevió el almuerzo, y tomó todavía sintiendo
buen apetito el Cllmino de su
posada.
:Mientras que sus amigos recorrían los campos y hacían
amistades con los naturales del
país, LuciaHimley pilltaba en
su estudio. Había descubierto
un rincón de landa salvaje
donde abundaban las rosas v
los juncos que la entusiasmó
para una acuarela A cayo trabajo consagrab1t sus días, juzgando ademAs útil y discreto
dejar á. Roberlo y i\ su mujer
solos y libres para pasear cuanto quisieran, libertad que no habían gozado nunc11.. Era muy
oportuno no interrumpirlos &lt;'n su verdadero villje
de bodas, en el primer cuarto de su luna de miel,
ya que tan poco tiempo iba á durar, pues pronto
tendrían que emprender el viaje de regrns') A
Montpazier,

Ellos 1tgr1tdecfan comprendiendo sns móviles
la reserva de la joven inglesa y se reunían con
ella muy contentos ú las horns de comer. La velada la pasaban enrelerir detalladamente sus impresiones del día realzAndolas con ingeniosas
observaciones, y Lucia que amaba realmente á
Magdalena, pensaba que los dos esposos despué:1
de haber s11bore11.do los encantos de In libertad,
no consentirían que 1,e les volviera á poner bajo
tutela y tendrían vnlor suficiente para sacudir el
yugo de la viejll re~istiéndose con respeto, pero
con firmeza Asutril' autoridad de carácter tan absoluto!
Pronto tendremos noticiits de ella, se dech. la
seftorita llartley, pues lo mismo que yo, la st:i\o,
ra Le Clercq debe lijarse en quelevaácostargran
trabajo recobrar el imperio que ejercía sobre su•
hijos y de seguro que los va á, llamar. Pero ¿con
qué pretexto?
En efecto, correspondiendo á. las previsiones
de Lucía, tr~s días despué, de su instal11ción en
la aldea llegaron las noticias esperadas, y cuando la j•Jven pintora descen.:lia de su aposento cargada con su caj~ de pinturas y su sombrllla, la
hostelera le entregó una carta dirigida a Rober-

�16
to y con el sello de correos de Montpazier. Esta
carta era evidentemente de ltt suegra. -Esta carta no es para mi, dijo.
-Efectivamente, pero la eetlora y su esposo salieron antes de que viniera el cartero y no volverán tal vez á almorzar por lo que pienso que si va
usted á reunirse con ellos puede darles Ja carra.
La seflorita Hartley reflexionó un instante y
luego, guardAndose la curta en el bolsillo tomó el
camino de la landa donde se puso A pintar.
Por la tarde vió re6?resar á sus amigos abrumados de f11tig11, llfaría ~Iagdalena colgada del brazo de su marido trayendo ramos de flores, despeinada. riente y feliz, y al pensar en la carta quu
-para ellos tenía no pudo menos que suspirar. Esto lba á ser como un ch¿tparrón e11 pleno estío; ya
no más risag, abandono y amor. Llegaba el lrio
llamamiento A la realidad.
-Dejémosles siquiera comer tranquilos, se elijo
para su sayo, y no hizo alusión alguna al co•
neo.
La comida fué muy alegre. María Magdalena,
que tenía una linda voz de soprano un poco aga.da, Cllntó á. la hora de los postres como se buce
en las bodas de aldea. Luego tocó su turno á
Lucia y por último á Robeno quien con gran sorpresa para su mujer cantó unas coplas alegres.
Verlo ser joven, reir y perder so. rigidi:z y su
reserva acostumbrada, era parn la joven esposa
un motivo de e.regria sin límites y hasta ser.tía una
especie de orgullo s11.tbfecho.
Tal como era allí, su madl'e lo habría condenll•
do, pues no tenía el aspecto de ser heredero único
del nombre y los millonPs de los Le Clercq, ni 1:l
primer abogado de los Tribunales de:Montpazier,
sino simplemente Bób, el marido de Mag, A la que
amaba y se lo decía á gritos; que salía sin ga.antes, Itlmaba en una pipa ordinaria. y andaba ves•
tido de color con facha de un estudiantil:o en vacaciones.
Las gentes cuyo carl'icter se enea.entra comunmente comprimido, son más e:xlluberantes y expansivas que el resto de los bu.manos cuando se
presenta la ocasión, y esto era lo que le pasaba á
Roberto A. quien el amor de María :\lagdalena le
infandia una gran afición por los goces campestres.
-Es una fatalidad que wdo esto se vaya A terminar tan pronto! pensaba Lucía sin tener el valor necesario para darles la carta.. Ah! ¿por qué
Hoberto tuvo la enojosa idea de escribir á la viej!l y darle su dirección? ¡Qué imprudencia! Pero
después de todo la carta bien podía sufrir un retardo! es tan defectuoso el servicio de correos!
Ya se lRs daría al día siguiente y ~Iagdalena le
r~compensaría con un beso esta buena acción.
jJ dia siguiente Lucía se levantó muy tarde y
no vió a la hora del almuerzo á. sus amigos que,
como de costumbre se fueron a] campo á pRBear.
Despiertos desde que comenzaban los ruidos matutinos de la posada, se ase~ban rápidamente, se
vestían y se lanzaban al camino. Como ese día la
señorita Hartley no almorzó con ellos, se retardó un poco más la entrega de lJ. carta.
Por la tarde se celebró en la aldea una boda
de campesinos; los tres amigos conca.rrieron :Ua.
ceremonia aceptando la invitación que les hizo
la posadera, y tuvieron el ga.sto de verse entre
gentes que se divertían con todo su corazón.
Después de una comida abundante, todos los
jóvenes se pusieron á bailar y los viejos t\ jugar
al dominó y á vaciar tarros de eidra.
La llegada de extraflos causó de pronto una·
impresión de cortedad que por fortuna pasó rápidamente; y la orquesta, formada por unos cuantos músicos ramplones se puso A tocRr aires de
cuadrilla y el baile llegó á la mayor animación
y regocijo.
Había sin embargo en la reunión un joven pasante de notario, que llevaba corbata color de
rosa y zapatos de charol; el cual decia que sabia
valsar y aproximllndosc A las sefloras les conversaba con desdén de las danzas populares.
Se pidió un vals á los múo.icos; Roberto invitó
á Lucía y el joven pasante á :'![arfa .Magdalena y
dejaron atónitos á los campesinos bailando al son
de «Lae ondas azules del Danubio.»
Luego vinieron las cancior.es bretonas, cantos
de bodas con un ritmo t1m plaflidero, que Si, habrían tomado más bie11 por ca11tos de m11erte.
Los tres 11migos pasaron unas cuantas horas
allí que ]es fueron positivamente gr11tas. LuciR,
que llevaba siempre consigo un álbum de mano
tomó alguncs apu.ntes, y Roberto y 'i\1arla )lag-

dalena observaron que en su propia boda se h:'\bían divertido mucllo menos.
Volviendo á. la posada, L1..cía tomó la resolución de entregar Ja carta pues habría sido indiscreto conservala por mayor tiempo y se propuso
cumplir este penoso deber en la primera oportunidad que le pareciera propicia. En esta vmud,
al día siguiente después del almuerzo y cuando
los dos jóvenes se proponían salir para visitar
una iglesia antigua que tenía inscripciones latinas y curiosos detalles arquitectónicos, la sel!.orita Hartley les dijo:
-Antes de partir seria bueno que leyeran una.
carta que vino por el correo.
María M11.gdalena palideció y Roberto frunció
el entr11cejo: en un segundo, la cara de los dos
cambió de expresión y tomó el aspecto de a.na
profunda inquietud.
-La carta es para. usted, }lag.
l\Iaría llfagdalena rompió el sobre y Lneía, si,
gaiendo en la cara de su amiguita las sensaciones que la lectura le producía, pensó:
-Si, se les llama. ¿Pero con quépretexto? l\Iarfa Magdalena, después de un veráaiero t:sfuerzo
recobró su sonrisa, una sonrisa bastante forzada
y presentó la carta á su marido. Luego, dirigiéndose á. Lucía, dijo:
-Nos vamos á. ver obiigados1 querida amig11 1 •
A dejará usted que continue su viaje sola. La se•
ílora Le Clercq me escribe que mí padre va A
llegar á Montpazier el W, es decir, dentro de
dos días y es necesario que 1 su llegada estemos
allí. Por cierto que tal visita es súbita é inespe•
rapa.
-En efecto, contestó Lucía con intención,
cuando hace menos de un mes estuve algrmos
días en París vi a] Doctor de Bois de Saint liarcel y me dijo que tenia el propósito de ir A pasar
loe meses de Junio y Julio A Escocia con uno de
sus amigos, el setl.or Mac Cbaverhonse. ¿Le pidió usted que viniera?

17

EL OBSTÁCULO.

"EL MUI\'DO JT..tJSTRA.DO"

-No: seguramente mi suegra fué la que Jollamó.
Las dos júvenes se miraron con el mismo pensAmiento y un pliegue de disgusto se marcó en la.
frente de :María ~[agdalena.
Roberto que habí11 ltído la carta, veía maquinalmente el sobre con aire contrari11do.
-Ah! dijo, la carta llegó hace tres días!
-Sí contestó Lucía con much11 c&gt;1lma, pero
como ;oy una aturdida, me la entregaron antier
en el momento en que salía. á mis excursiones y
no me volví á acordar de ella hasta hoy.
-Es de sentirse, porque podríamos haber hecho algunos preparativos para recibir 11! Doctor.
-Oh! no tengan ustedes cuidado, interrumpió
Lucía, la t;etl.ora Le Clercq los hará. pur ustedes .
La comida acabó de un modo triste y muy diferente de como había comenzado.
Habiendo salido Roberto i\ anunciar su parti•
da A la posadera y A procurarse un carruAje qa.e
le condujera á la más próxim.i. estación, las dos
jóvenes se quedaron solas por algunos minnto3.
~faría llagdalena pal'ecfaprcocupada: recargada
en el !lntepecho de la ventana abierta, veía sin
verlo el paísAje ya familiar t\ sus ojos, las c11sas
baj1\s de la aldea dominadas por el esbelto campanario de la iglesia, los campos cultivados y el
horizonte azul tras d~ cuyos límites se presentía
la mar.
E\Jidentemente pensaba en la earta que acababa de recibir y analizaba los hechos preguntAndose por qué su padre que debía estar en Escocia se hallaba en cammo para .Montpnzier y por
qué la seftora Le Clt!rcq le había llamado justamente durante la ausencia de los dos esposos, lo
cual era un medio infulible pura abreviar su
viaje.

EL OBSTACULO
NOVELA ORIGINAL POR Mme. DANIELLE D'ARTHEZ-llustraciones de nuestros talleres.
VJllRSION 11:SPAliOLA. DE 11.EL HUNDO ILUSTRADO"

Número 3.
Pensamiento peligroso: la mano firme que los
tenia cogidos se estrecbaba convirtiéndose en
.garra, y la voluntad de María Magdalena fortificada. por los días de libertad que había gozado
comenzaba á revel~rsP.. ya DI) bajo el imperio de
esas ligeras con1rariedad.• s que suelen producir
le B contactos de la vida diaria, sino friamente en
toda la plena tra11qu1lidad de su eepfrim y su
razón.

Y sin más explicaciones, e1oprendió el ttrreglo
de los objetos de su uso en la malet I de viaje
que estab!l abierta en medio dtl aposento,
La sefloríta Hartley se retiró al suyo parl\ ha·
cer también sus prepatativos de marcba. y n f!exionnr sobre la situación.
Esta mujer á quien temíala sefl.ora LeClercq. te•
nía una romplexión enérgica~ aventure1 a, y aunqa.e adornada por el enCllnto de la rogs perfecta.

en cuyo fondo brillaba como un espejo el 11gu '\
fresca y azol. El brocal de ¡:,iedr11s grises bordado de musgo, de enredaderas y de plantas p1m\sitas, estaba coronado por un11, gruesa pole!l en
que corría la cuerd11; inclinándose sobre él. se
sentía g lacial humed&gt;1d y se aperciblR en las pro•
fundidades obscur/ls un pedazo de cielo azul quo
pareefa caído en el f,1odo de tma cuev,i.
Lt\ seftorita Harth,y se apoyó enel brocal y dijo:

- Espero, dijo Lucía con el fin de i11tnrumpir
el curso de estas reflexiones, qt16 dentro de algunas semanas podrll usted recomenzar su viaje y
venir á reunirse conmigo en Tregastel: yo me
-voy aUA directamente ahora qu'e y 11. no llevo conmigo buenos amigos que me hagan agradable el
camino mAs 111.rgo.
María. }Iagdttlena sin volverse, sacudió tristemente la cab".lza.
-No dijo, no iré á ver Austed á Tregastel porque lo :011s probable es que no me será permitido
y hasta me figuro que de lo que se trata es de se•
pararnos de usted, porque no se la ama y se teme so. infla.encia.
La set1oritn llarth,y contestó riendo de una
manera forzada:
-lltag, mi qu .. ric111 M11g, no hn~le usted con
tant.a tristeza ni tome el tono elegiaco de la Joven Cautiva de An1iré Cbenier.
Pero esta risa 110 tuvo eco alguno.
Después de un Liirg-o silencio, María Magdalena se volvió hacia t-U 11miga y poniéndole las manos en los hombros le dijo fij1rndo 61l ella una
mirada profund11: ya éstoy ca nsada de la lucha
y quen-ía qu.~ Roberto se impuslera_de todo.

edn~ación, se dej11.ba contrariar poC&gt;I. co3n Pn los
casos gr,i ves por las fórmulus y rutinas sociales.
Como buena ioglesa estaba mur 11,costumbrada a. los !recuentes cambios de residencia, y de
consiguiente en breves mina.tos terminó sus preparativos de vi11je y bajó al salón del primr•r pi•
so donde Roberto estaba con aire pensativo tu
mando un cig11rro.
Desde 111!! se oía á María ,111gdalena que iba y
venía por las habitaciones del piso superior.
Lucfo RArrley se ACtffCó 11 Roberto:
Quisiera yo, le dijo, llablar un momento con
usted, señor Le Clercq.
Admirado Roberto por la entonación grave con
que le fueron dirigidas estas palllbras, la con•
templó con cierta inquiemd.
-Sí: es necesario 4ue le b11.ble yo A u~ted; es
absolutamente necesario, he reflexi.onado mucho
sobre esto y he venido á deducir que sigaardara
silencio por m1\s tiempo, tendría que lamentarse
irr,.media blemente después.
Roberto y 111 joven inglesa se dirigieron con
p-l.S0 lento a.l j&gt;1rdin y se detuvieron en el extremo de uo11, avenida de tilos. AIU, bJjo 111 sombra
de !1ts verdes ramas, se abrla un pc,zo profando

-Lo que voy Ahacer es enteramente incorrecto
pPro ¿no opina usted que en cierta~ circunstan•
cias se deben poner en sega.ndo térmloo lt1s vulgares conveniencias, sobre todo si se trata de una
per$ona á quien se ama y que estA comprometlda'.J
Era necesario que Lucía tuviern un verdadero
valor mortl.l pnra que continuar" hablando A pesar de la tría imp11sibilid&gt;1d de Roberto Le Clercq.
Esta cara impenetrable, de labios un poco delgados, babia tomado tal expresión de i11diferencia
que ante ella hubiera retrocedido cualquiera otra
pe• sona qa.e no fuese Lucia fü!l'tley.
Pero ella tenía la serenidad de la audacia y en
este caso se sentía sostenida por la convicción
de qa.e obraba bien y de que se hacía preciso intent!U' todo esfuerzo A tin de que Maria Magdalena ee salvara. Contaba además con que la cortesía de su .interlocutor le serviría de apoyo, y
presentó su pensamiento en estos termines:
-Cpmo n~ quiero, sefl.l)r, enred-1rme en largos
preámbulos, ll'é derechamenteal asunto. Está usted
segur11 de la amistad que me inspira Maria I\Iagdalena, y este semtimiento es el que mu mueve , hacer lo qa.e bago. Yo la eonozeo mucho, y bajo ciertQS puntos de v ista, mejor aún de lo que usted la

,(Co11fi11uard.)

�18

puede conocer. Es una mujer dulce, tranquila,
11fecmosa que tiene horror al ruido, á las discu•
siones, y por tlll de evitar querelJas, sufrirá. lar~o tiempo y hasta pr1JcurarA siocerament~ sacri·
fic11r sus ~u tos en interés de la tranquilidad
domésticn. Esto es muy bel!v, y much1\s am!g11s
mias no serian capaces de e~luerzo semejante,
pero .... ha y un pero .... cuando ella llegue 1\
convencerse Je que la paciencia no le irve de
n1td11, cuando ve&amp; que su sacrificio volunt1uic, se
califica como justo y niuural, se ejercerá. en su
ánimo una reacción. ¿No ha visto usterJ nu.nca á
Mag en un momento de cólerai' Yo si. ... una sola vtz y me acuerdo muy bien del suceso; me
acuerdo que tuvo la entereza de romper con personas que vlvfan en su i11timldnd de de hacia varios afl.ol! y nada, nada pudo cambiar su determinación de no vol ver i\ verlas mas. Maria ?-Ingdalena tiene una energía y una firmeza de resoluciones que u~ted ni siquina ha sospechlldo, puesto
que apenas la conoctó antes rte su matrimonio.
Roberto, comprendiendo muy billn el sentido
de las palabras de 111 sefl01 ita IJartle:\T, y sabiendo cual era la tiranía A que estaba haciendo alusión, era presa de sensaciones complexas. El taml&gt;ién abrigaba la idea dr que su madre nnliric11b11,
demasiado á :María M'agdalena, él l!lmbién pensaba que con esti.. carta en que los babi,\ llam.1do
re11nudaba la peMda cadena :i. que los tenía sujetos, pero le habln eontrariatlo que la sel"lorita
Hnrtler tnmbióa bublera observado esto, que se
hubiera atrevido i\ hablarle, A decirle lo que estaba dentro de la propia conciencia del mismo Robe no, y ni uún se explicaba bien i\ bien
los móviles que 111 h11bfan t:mpujado a esta
extraña confidencia. Además, y esto era lo
mAs important&lt;: ¿Maria ~Jagdalena tenfa. en
efecto esn ob~Linación y esa enegía con que
l11 sefiorita llunJey parecía querer amenaz11rlo?
Trató do sonrcir con cierta ironía, y dijo
acentuando mucho sus pnlabras:
-En erecto, sefloritá, yo no sospechaba
ni remotomenle que mi mujer tuvierauncll.rileter tan desagradable, pues uo la coñócía
mí1s que colilo amable y encantadora y quiero i.:reer que usted exagera sus defectos.
Lucía ll11rtley le miró seriamente.
-Oh! dijo con mucha cnlma. lle aquí una
cosa que no es digna de usted. No esperaba
que a.rectara usted no comprender lo que le
digo. Usted puede condenar mi atrevimíen•
to de mezclarme en nt:goeios que no me
conciernen, pero me conoce usted lo bastante para saber que si obro así es porque me
creo en el deber de hacerlo.
-Estoy persuadido, sell.orita, de las excelentes intenciones de usted, pero creo que la
ban llevado un poco lejos.
Lucia se volvió y dió un paso para alejarse de Roberto.
-Ya lamentará 06ted algún día, le dijo,
esta altiYez injusti!icada ....
-G-Qué día, en qué circunstancias?
-Cuando María Magdalena, definitivamente
cansada, se separe de usted para. regresarse á la
casa de s11 padre, si su padre la quiere recibir,
día que, se lo advierto A usted, no estA muy lejl\n0.
H.oberto se puso encendido y sintió que le palpHaba violentamente el corazón A la idea de que
tal cosa pudiera llegar Asu.ceder; de &lt;10.e en efecto :Mag, su querid.~ lfag se resolviera A abando·
narlo á causa de 11lgunas querellas fl'itiles.
-En resumen, d'jo con el tono de un hombre
que A pesar suyo ace;:,ta una d!scusi~n. ¿'.\[aria
:l\lagdalena le ha indh:ado á usted algo sobre sus
intenciones?
-Nada, absolut1tmente nada, se apresuró á de•
cil' Lucía. No se imagine usted que sil esposa
puede ser capaz de desahogarse en recriminac:ones. Yo soy la que he visto, he observado y he
deducido :o que usted con todo y que es el interesado no ha podido ó no ha querido ver, observar ni deducir.
-¿Qué ha visto usted? Expliqnese.
-He visto que Maria l\Ingdalena, jovial en
otro tiempo, se ha entristecido notablemente y se
mantiene en unll reserva que no le es natural; he
Yisto, por mi mismll y á cttusa de mil peque.11a3
circunstancias duritnte los pocos días que pa§é en
?i[o11tpazier, que el'a no está en su t:asa ~ino bajo
las órdenes de otra persona, llena Jtl cualldades,
eso si, y me apresuro á reconocerlo, pero estas
euAlitlades no impiden que mi amiga, después de
hab~r sido libre en la casa de su padre, se en-.

F'L OB"'TÁCCl,O,

cuentre ahora, ya casaia, sujeta i una tutela severn y estrecha. Esto es exactamente al contrarie, de lo que les sucede á todas las demás. Siempre una joven desea ser su propia duell.a y ase•
guro A usted, setlor, que si ro me hubíera visto en
la situación en qne se halla ~larfa Magdalena, no
h11brfa tenido la faerza s11ficiente para reprimirme como ella lo ha hecho hasta aquí.
-¿Y qué es, pues, lo que habrill 11sted hecho?
preguntó Roberto, tanto más il'ritado cuanto que
en su fuero interno reconocía que la inglesa estaba diciendo la verdad.
-Habrfo suplic11do A mi marido que me proporcionara un hogar mode:ito, pobre 11i era preci·
so, y si no podía d 1rme más; pero en el ca.al yo fn~ra la ama y ta.viese derecho de dar una ordensm
exponer~e A reprimendas que no se reciben sin
protesta més que cullndo se es una chiquilla. Yo
preterida la más humide choza, hasta sin criados
pero mía, en vez del palacio suntuoso en que tu·
viera nn11 falsa posición.
-Y sí su marido de usted no hacía caso de se•
m1ij1mte reclamación~
-Me daría, A lo que c~eo las razones desune•
gativa.
-Es posible ..... .
-Y pienso asimii;moquesimi m11rldomeamaba,
me trataría no como á niñA. malcriada il. quien se
envía A la es!uela apesnr de sus grit~s,si11oc;mo
á mujer inteligente, y que tendríll á bien explicarme por qué ru.:&gt;tivo se me condenaba á soportar
beneficios pagados á tan alto precio como lo es

-la 1tbdicaeión de toda voluntad y de toda dignidad.
El tono de firmeza tranquila de Lucia, llamó
lti. atención A Roberto que arguyó todavía.
-.Mi madre ama sinceramente á Afaría Magdalena.
-Estoy conyencida de e~o.
.
-.\.sí se lo ha probado en todas ocasiones, teniendo hacia todos los deseos demi mujer la misma indnlgencia que habría tenido una madre.
-Lo sé y eso es lo que hn dado A mi amiga va•
lor para sufrir por más tiempo del que habría sufrido sin esta circunstancia.
-Pero usted exa,:era lasituaeión actual IC\ mis•
mo que :as peqllefl.as ditereneills surgidas entre
mi madre y mi esposa. La se.nora Charmon foé
111. causa de todo esto y ú estas horas ya la seftora
Charmon debe eEtar en Inglnterrra. ó en momentos de partir par11 allá, lo cual es un sacrificio
que mi madre hace A s11. nuera. ¿No convieneu.,,ted en eso.
-Sin duda. Pero puesto que usted tiene buena
voluntad pina discutfrconmigo y puesto que la discusión es muy interesante por tratarse de la dicha
de una persona Ah1 cual amamos loR dos, me creo
en el debe1· de confesar á usted que esas pequei'!.as
diferencias, comou•tedlaseitlifiea, me han pareei·
do demasiado seriits por el estado de Animo de las
· dos mujeres entre 4 uiene3 surgieron. La Sra. Cha.rmc,n nohasiuo m:\s que un pretexto que ha permitido:\ esos dos csu·acteres ver que no vinieron
al mundo p11ra entenderse. La sei'lora. Le Clere':I.
tiene el sentimiento exacto de su valia y el hfl..
bito de la dominación: quiere y con justicia, rei-

nar en su casa incluyendo en su casa A l\Iaría
.Magdalena, y pllra que estu~iera content!\ se n~cesitaria que su nuera se re;;1gnara ó plrgitrse sm
discusión A una obLdiencia muy dnlca t11l vez pero ajenR !1 loe derechos &lt;le qc.e debe g~zál' una. esposn. Xo! La. seno.rn Cbnr1;11on no es naua, y un~
vez quu hll)' a pllrudo surgirán de otra p11rt~ la,.
diticul.ade11. Fíjese ust ·d en este. ll1tmaro1ento
que se les ae&lt;.1b1l de hacer: la se1iora Le Cll!rcq
ba pensado 4.ue tra c~nveuiente invitar al Do~t~r
d 3 Bois 8,linc 1forcel JUsLawtmte durante ul viaJe
de u~tedes y en la úuica oport11nid1\d desde su
casamie11to que hun tenido para estar solos. ¿~o
es esto muy signlricativo?
Lll primera parte de este 1·azonamiento había conmovido ARoberto¡ la conelutiión lo h1stitnó protun•
damente. La diplomacia inva:sorade su madre que
ya había empczndo A sospechar en lo intim,o de lit
conciencia, rué sac11da A plena luz por e\&gt;tll rntrus11
que se atrevía A pregouar en voi alt!l su descubrimiento. Se irguió entonces, y con acc,nto de
u.na cor,és Iriiüdad dijo:
-A,..radezco 1\ usted q.1e haya hecho lo que usted supuso que podría stJrme útil y we propongo
reflexionar a.cerca de sus iudieacionei,, aunque
abrigo la convieeión de que usted ve las cosas de.
un modo exageratlo. m madre y ~laría Magdale•
na me aman lo bastante para abogar si los tienen
sus insignitieantes rencore~. Por otra parte, mi
madre ql1eriendo domir,ar estA en su derecho
porque s11 edñd la autoriza para tratar A l\Iaria
M11gd11lena como á, una nif'la y é~La pienso que
cumplirá con so deber de someterse á ries•
gode perderme, y no se pierde :1 un marido
con la mismi, t.tc11idad coa que se separa
uno tle cuahJuiera lllDiga aunque sea para
no vol ver á verl,1 wAs.
Lucitt Ilartlev saludó con mucha cor•
te ía y emró d su depMtamento. En ln misma tarde p11r1ió para Tregabtd á donde ya
)11 estaba esper11ndo su crrnda quti salio con
antic1 paciúo.
El Doctor de Bois f;aint )farcel era uno de
esos hombres seductores que no se rPsigrnm
nunca l\ abondonar ese papel y que por consiguiente desde que la ja.ventntl se ausenta
111\cen infinitos esfuerzos por ttparent:tr c1ue
aún está. con ellos y recurre~ á tinturas, cosméticos, corsé, pelo y distintos postizos.
El Doctor babh vivido mucho frecuentand.: un mundo peligroso pero muy n]egre. El
número do gentes lL quienel:i llamaba «mi
querido amigo• y cuyas .manos es.trecbaba
era increiblo. Su filosofía era indulgente, y
sucedió varias ,.,eces que entre esos &lt;queridos amigos• hallados en los lugares de diversión, teatros, carreras, casinos y !ondas,
11.l~unoshab!nn terminado mal¡ a.no, frecuen•
ta.dar de ba~tidores generoso y rico fil parecer, rué al fin alojado en la careé! por resolución judicial¡ otro. hombre político, po·
co escrupuloso, sufrió condena por prevaricato,
otros, periodistns sucumbieron en las luchas del
rlwntaye y otros en fin tomaron por salida la lugn ó el suicidio.
Para todc.,s esos desgraciados A quienes un destino severo había sefhllado como victimas entre
centenares de reos de la misma cnJpa, el Doctor
tenia sentimientos de benévola piedad, pues con:..prendfa bien todo lo que puede el nmor al lujo y
á la vida opu.lentn, y conocía. il tondo las angus•
tias y la pobreza espantosa que es necesario ocul•
tar btijo apariencia doradll. para no -rodar al desprecio y al olvido.
Esta alegre sociedad bohemia, mezcla de fi.
nanciero~, bolsistas, polüicos, vividores, genios,
artistas é imbéciles, es 1tmable y acomodaticia;
no exige ele sus miembros sino que tengan bue•
llú figuru, un nombre sonoro, y dinero que

gastar.
El Doctor de Bois Saint Mareel coniaba con
una. motlcsta fortuna qne tuvo buen cu~dado de
no dilnpidnr ni comprometer, y su noblezl\ era
auténtica por mits que no fuera de las mAs encumbradas, Jo ca.al sabia deefr con negligenci11
encantadora que realzaba mucho sus mérltos.
Te, ia una bella presenciii, y sus modales de
agradable suficiencia sol&gt;tenidn por un talento
brl1lante, le daban ese poderío mas grato A las
mujeres, que una grnn hermosura ó un mérltosu¡.&gt;Prior. El ideal d~ mucbns es un homlire espiritunl} fino, de frente despejada, lentes, &lt;lenmdurn blR.nca y bigotes atuzRdos, y ol Doctor corres•
pendil'&gt; 1\ este ideal durnnte muc!!o tiempo con
gran beneplácito suyo y de sus ámigas y conoei

dos, pero no por eso se volvió fátoo y como era
via.~o y elegame, agrR.daba más de '10 rPgolar.
D1ve~sas amantes y amigas lo recom1&gt;ndaron y
protegieron, y aunque su bagiije cieulífico tuera
tan poco voluminrn,o como su fortuna obt11.vo el
n~m_hrami_e11to d~ médico de dos grn1ndej negoc1ae1011es 10dustr1ales 1 y se formó un!\ clientela
de dnmns cu vas neurobis y jaquecn:1 comba con
tacto exquisito, grncias A todo lo cuitl pudo vh-lr
del moú.o que lo era mils gralo: di viniéndose mucho y trabajando poco.
A su bija In quería mucho, es cierto, pero con
la suma de ciu ülo que puede profesar un e"'oista
que ante todo se quiere ú sí mismo. Pero ºcomo
en re11lidad )fari!l Magdalena era cautivadorii,
elegante, linda y ei;piritual, lo 11gradaba. tener
esa bija A la cual biza educar por una senara
maclur11 y mur discreta que la llevabn A los lllU·
se~~! A l11s carreras, á 111 cab,\ de su profesor lle
mus1ca r á la ópera cómica. También la confiaba A vece3 á al~unas damas amigas suy11s cuidando de escogerlas con mucha escrupulosidad, por
que nunque todas las mujeres de rn mundo fueran igua(mente amables y 1:ncRnt11doras, no todas eran igualmente recomendables
El sei'lor de Dois Saintlfarcel, hontbre feliz pn.ra quien la vid~ había sido clemente v dulce
llegó 1\ 111 _edud m11durn cnsl sin dejar de agra~
dar y snphendo sus humos de con-quistador por
el aspecto de un amigo serio, co11fide11te nfeetuo•
so, papel del que sacaba maravilloso partido !iOB·
tenido por su espírítu ligero.
lfabfa conseguido eliminarse de lns combates
juveuilcs sin envejecer; no era uno de esos comparsa,¡ de tragedia, enojosos Theramenes incapaces de 11bonl11r uunea más nito empleo, y aunque
estaba bien conveucido de esto, se retir11ba por
propia voluntttd :\ un segunda t~rmino donde se
le n,a :\ buscl\r para hucerle pateme que toclavin
podinser amado mejor que ou·os muchos, mils jóvenei.:, pero menos inteligentes y ngrables.
.A.si puei1, su situación mundana permenccía
intnetR; tenia siempre invitncioTies de diez castillos diferentes de todos los puntos de Europa y
podía, á su capricho, ir al Norte ó al Sur, A Bretafta ó A Escocia, á las campi.11ns de It111ia ó A las
es1cpas de Ros.is, Tenia. amigos en todas partes.
Es muy común qu~ entren A esta socied~d flls•
tu.osa. y atraciiya, jóve11es pe1·teneéientes A eleYll·
das noblez11s y fortunas extrirnjeras sin sospechar ~l oropel de lo que los rodea, y de estos de
Bois Saint ;\lnreel fué siempre intimo amigo. Entre ellos pudo e~coger para casar fl. su hija con
un título sonoro aunque no tuera suficientemente
auténtico, 6 con algün derrochador de dinero y
de idens fastuoso como un comerciante america.
ro de jnmones ó de petróleo: pero prudente en
esto (como lo había sido en tantas otras cosas con
todo y su ,,pariencia insustancial y líger11) prl'fi·
rió aliarse á 11na familia de buena y rie,--a burga.esia, seria á la vez, inatacable como origen, hono•
ra bilidad y r,.Jaciones.
Las amigas de María Jifagrlalena la compade•
cieron porque iba A enterrarse viva _en una provincill, pero no consiguieron hacel' vacilar su inclinación. llabia que decidirse ó bien á la incertidumbre del porvenir entre las gences que frecuentaba su po.dre, duques contrllhechos y millonarios probleménticos, ó bien 111 porvenir as{'gu,
rado y la consideración públicll afü,nznda en uoa
ciudnd en que la esposa lle Uoberto Le Clercq
flgurarfa en primer lugar.
A esto último fué á lo que se decidió. Y era
necesario que l!Bta familia de provincianos honorables fuese muy ignorante de lo que e3 l1t vid,i
de París, para ir A buscar una alianza en la sociedad fantAstica á que pertenecía el Doctor Bo1s
de Saint Marce!.
Un parisiense no se h11bria atre\·ido á. tanto, pero
Robeno que babia cometido una imprudencia. casAndoseen semejante medio, mvo la h,esperada fortuna de e1&gt;coger A )faria )lagdalima que tenia
fondo serio y gran lcalLad de earAcLer. Segura•
mente que entre todas lns jóvenes do su socieda.d
no había una que la igualara, pues en :,U naturaleza, hecha de honradez tranquiJa y horror A las
aventuras, había mucho de atavismo según pre•
tendía el Doctor.
La Madre de Marfa )Iagdsllena habfa sido una
burguesa por la rnza, las inclinacivnes y la'3 coe-_
tumbres, y d tspués de su muerte fué cuando de
Bois Snirrt Marce! se lanzó en definitiva á una vi•
da q11e sin duda habría des11gradado á su mujer.
El Doctor se casó un poco por amor y mucho
por que su ¡,rometida era hija de un grun prof~-

sor de la ~'acultad de :\Iedicína mu.y instruido,
mny influente y qne podría impulsar !\ su yerno
A posiciones envidia bles.
Desgraciadamente el profesor murió casi inmediatamente después del matrimonio de su bija¡ r Bois de Saint ,cucel que no tenia ni valor ni
voluntad de llegar al éxito por el ea.mino del trAbajo, buscó cn los salones el apoyo que le hacia
falta; y no pudiendo llegar A grande hombre, se
conformó con ser hombre A la moda, y no pudiendo llegar ñ ser autoridad médica, se resignó
á ser un médico de t.efioras.
Cuando su hij1 se fué á provincia, casi no le
hizo !alta porque como su género de vida era po•
co domésLicn, apenas se apercibió do su ausencia. Tenía la costumbre de almorzar en el Joc•
key Club todas la:. matianas.y comer en casa de
algún amigo todas lns noche~. costumbre que con
mayor razón conservó cuando no teniendo yn
que proteger 1\ Maria Magdalena, se Yió más Ji.
bre y gozó con delieill de e ta liberud: además,
ese 11111.trimonio serio le babia eh•vado d los ojos
de ciertas gentes y le h11bfa quitlldo A él mismo
inqllietudes que apesar de. u despreocnpac.ón
natur11I le asaltaron en tiempos i,11sados.
Cuando so hubiera hecbo d1u11asi11do viejo para.
continuar esrn vhla de movimitinto, cuando no
tuviera ya ni diente,, ni cabellos, ni gracia, cuan•
do estuviera abrurn11do por e: reum1ttisrno, la gota
ó la dispepsia , tllill&gt;1ri•1 un buen 11id11 perreetamente preparado en dn11tlc tnmi11Ar su vida tomando
tisnnas ycuida,todc u11a mun,·r,1 co11fortable, ventajas tOdlls qu,•1 o t,, lrnbier,, podido proporcionar
su mediocn~ r,,r1um1 µ .. rson11L
En lugar, ¡.111e , rt • n111t l'"no~a pobreza final,
podría bttstll. l.1 mi1ttrc~ gozar dt!l lujo A que estaba h~ hllU!1do .r tp1~ i;.., ¡,. h ,bfa becho tlUl necesario como el 11.ire r-.:s¡Jir.tl.,lc.

l!I

Con estos pensamientos, hacía gR.la de profesar
á la sell.ora Le Clercq una gran estimación, In ad-

miraba y ponderabll In fonunn que su hijP. babia
logrndo de ser admitida. á vivir con una persona.
tau perfectll bajo todos los puntos de vista en que
se la quisiera considerar. Y cuando la seflora Le
Clercq lti escribió invitándolo A pasar algún tiempo en Uontpazier, l!Ceptó con apresuramiento,
l&gt;Unque esta perspectiva no tuera muy ocasionada
á divertirse y aunque sus prPparativos estuvieran
hechos ya para el viaje A Escocia. Era el Doctor
uoo de esos seres inteligentes que una vez tomado un partido eceptan las contrariedades que sobrevengan con J.l. mejor grncia del mundo, y sabia t11stidiarse cuando erii necesario y sacrificnr
.el placer inmediato A W'a ventaja duradera y positiva.
Llegó 1 Mont¡:&gt;azier dos tlias después del regreso de su hija &amp;in sospechar que su viaje había servido para bileer regresa1 ul nido los dos pajarillos que andaban ruvolando libres y dich.osos y
cuya rebelión se .temía.
La sel"lora Le Clercq acoJió i\ su n11era con la.
sonrisa amable de mejores días y le manifestó
una solicitud sumamente a r.:ctuosa diciéndole que
lament¡•ba haberse visto oullghda ,\ interrumpir
un viaje tan agradable y pro1ue1iéndole en compens11ción para la estación próxima un Yiaje .í.
Italia cuyos gastos ella erogaría y en el que ¡naturalmente! los iba 1\ acompaf111r.
La sci1ora Le Olercq h11 bfa II provechado ll\ corta ausencia de au nuera para hacer eambi11r el
mobiliario y el decor11.do del gilbinete de tocador
de la.joven que se habfa trA11storm11do en non pieza lujosa colgllda de telas de china en las que ha•
bia golondl'inas r.egras bordadas al realce, y en
la mesa. do tocado!' una g11arnición amplia. y rica
d1: plaLa con cili1is (no nobiliarias) de.MaríaMng-

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d11len11. OrD11ban el aposento una gran estatua de
P11iquh 1,-n mfrmol de Cari-ar11 y un diván de los
llamados d1ai;11• l011g11, forr11do de rnso y c11pito•
nendo de oro , lod pléi del cual babia una her·
mo,i:lma piel bl1Lnca de eso polar. Este tocador,
en los de1111les y en el co1•junto, p,u-ecía haber
sido comblnitdo conforme :\ lns fttntásticas des•
cripclone de 101 no,elist11~ por entreg~s y se no•
ta h11. pllr tod-is pnrte la ex111{eraclón del lujo.
Uaríll Magd11lena que tení"' tacto flnu aunque
su guno por lo bello no estuviera perfoctamente
desarrollado, se ~intió herid:t en sus principios
ralllmeDla.rlos de estética, y se acordó de que en
otro tiemo hllbia visto un tocador por el estilo de
este en casa de una Amiga dll su p11dre, una baro•
nesa rusa lle coat"umbre~ excéntricas y qne tcnfl\
todos los tainados de una d1vR de teatro de tcrct.-r
orden.
En PI acto se le vino á la im11ginación :a figura
de ,.quelh, hl\rone a ens:\yando t-ftctoa plbticos
y po~rnrns fdinas en ut,a rhai~e l1mg11e de el mis1110 coll)r y co11 botones de oro igualmente, te•
niendo entre lo brnzos mórbidos blancos y desundos u11 P"'rrillo microscópico, en la mano un
patluelo de !llo iwo enc,1je y ea el regazo c11jitas
de dulces mlentr11s que ,obre la alfombra entreabierto y ab1Lodou11do r,¡pos11ba un libro de verso~
erótico .
}:;sll\ visión le bahill quedado fijll en la memo •
ria y la hl .-a lle p11rccer,e .í u ua mujl'r Rsf le de•
,;ag-racló, pues por mu I c11ro~ que hubieran costado los objeto~ 1111( r.-unido . el toc,dor resultaba
todo lo lujoso q,ie se 4ui.1erR, pero més apropó~i10 par11 unu elt'g11nte t!Utn,tt:111da que para uuae••
pos11 dlscrett1.
)[11ri,, )[11g-dalen11 sln1ió verdadera 811tisfacción
111 vol\•er A ver d su p11dre, pues pensaha que él,
diplomAtlco t,Util, podía IIC/150 moditiClll' el t, rado
de cos11s qne 1,, rodellbll y 1ltl~t11 se 1ttrev1ó á contar co11 él p11ril e~te objeto i;111 ref1ex;onar en ,1ue
el Doctor .-r... un atu• ble egoi~tll que ~ólo se oca•
p11ha de su ¡.,ropio bien.
Lit scnor11 Le lrrc·¡ &amp;e 11¡,oderó de él con mil
¡;r11l:ioeu frases y le hizo pic;ar muchos dLis ver•
d11d.-r11me11te crueles presentil nd,,lo A h,s damas pa•
tronas ,Je las di\·ers,1 ocledades v obrc1s de beneíicenci11 que ella pre idía. Y era p,r_,. la viej1t ml1:ouaria uo po ·itivo triunfo p11sear 111 Doctor en
visitas ofici11.lcs, eseolt, da por el E~cado ll11yor
,le las m11s venl'rnbies dam11s de la p3rroqula. lt.
tr;1'1'é3 de 10 - ho piLRle;;, orf,1.1111tarlos y hilos
que esmban A su c liclado.
El lntdiz de .Bois • llint )[,\rcel tuvo que nbistir
(1 la fíe u1s dada en honor suyo: !íe~tRs iufl\ntiles en la que c,cuAlidu:1 r1e11Rcuejos recltnb11n en
eoro &lt;1on u• a des11finación llignll de ,1u,1lquier
tea1ro de funciones por t1111d1t~ y de.rn11 ban en
proce.i~n delante de él.
::,e vió c?JU0 era de rig-or en 111 neccsi.!ad de dar
conijejoa sobre la 111imentaclón de los uin.os en la
primer edad, indicar los medio mejores para la
esterilización de la leche, y sttlalar l,1higiene qne
e debla seguir en l11s epidemiR de tosfcrin11 .• e
le ensel!ab-in, roetléodo clos por los ojos, l,d,,'s
enfermos, éticos, escroC11losob que viví •n de milagro y 1\ los cu11le~ habfo 1¡ue examiuar, pNlpar
y au,culu1r on unos depar1amentos en que apesar
del empeflo que se notaba por con erv11.rlos lim·
pio I rtilnaba un olor nan eabundo lt. medicinas,
leche v .... otras cosas!
Al Doctor le co taba mucho trabajo guardar
una aeütud amable; y cuando se le plldian recetas para esos abortos de la mlscria ó el vicio, que
tenían la sangre descom¡,uesta y el aspecto 1e•
pul&amp;i vo, sentía vivos de gritar:
- 11erpo lle Cristo! arrójenlos al rio, todos, y
11 s1 se economizarAn al ruundo machas mifterias "f
muchos peligros. Esa sí que serla devera una
buena obra en lug. r de obstinarse en salvar vidas
miserables y cri .. r candidatos para el pre ldio y
la prostitución.
Durante estas vlsitu t\ 1119 que su 11egra la obligaba á asi tlr, l!Mria Magdalena seutfa la misma
repulsión qne su padre.
En muchas mujeres, el amor 1\ la infancia en el
sentido lato de la frase no existe ó es sumamente
vago. Tal mujer que adoraría lt. au hijo aún en•
fermo y sufriente, sentirá bncia los nl:11.os agenos
mal sanos ó sucios, una repuJ ión invencible. 1:~n
esta atmósfer1l apestosa, María Magdalena se lle•
vaba frecuentemente A la nariz el palluelo empa•
pado de esencia de violetas y recogía sus ropas,
estrecbAndostl cuanto podía temiendo qne se im•
pregnaran de cuanto por allf abundaba, y deses-

per11da como una gata que habiendo caldo en el
lodo no sabe por donde empezar su asco.
Al salir de una esas se iones el Docu,r, vl'rdadtramente fatigado, tomó el brazo de .u bija y
le dij&lt;&gt;:
-Chica, vamo juntos ,un rato.
L, setlora Le Clercq, ocupllda en d11r órdenes
y tomar notas en compatlla de sns colegas, seha•
bftl quPdado dlstrafd11mente en el orfiln1\torio,
Di:&amp;de que el Doctor e taba en l\Iontpaz1er, era
la primera vez que por una casu111idad los dej11ban liOlos; el Doctor ni remotamente peusó en
provoc"r una confidencia de su hija, pues como
era rica, rodPad. de las princl¡,ales gentes do la
clud11d y ocupando el primer rango entre ellas,
con~ideraba qllfl no podfa dejar dti ser plenamente feliz.
-Tu suegra es una mujer Inmejorable .••...
IarlR )l,.gd11 li:nll no respondió mi\s que con una
mueCJ\ dt! burla.
-Buena, c,,mplsciente, llena de 11tenciones pau contigo. ¿S11bes que be que:iado sorprlludido
al ver lns comodidade:1 que hay en su Cisa? ....
ea decir, en la C11s11 de usledes ..... Lojo un poco
pe ado, pero só ido, genuino, clerlo .. e ve que su
fortun11 no es de e as como he vhlo tanta,, frági•
lt&gt;s como los llougos, que al primer \ent11rrón desapnrecen 1,in d,•jtr ni la hueJIA; que vieuen pronto
y coo la mi m,1 ¡.,ris11 se vitn. Oh! chlquills¡ qué
bi1rn te casé! L:uly llrlgg me hablaba de ti el otro
dla y te compndecfa por haber venido á provincill y ('.n urnto que hacia sus aspavientos ele l,\súma ,1 4ue firmuha pagaré~, lo c:ial e,; prneb11. de
que e es1¡\ hundiendo.
M11ri,\ )lngd;denaescuchaba di,traídamente esa
verbo,ldatl r conJucla A su padre hacia la rivera
del rlo que, sucio y cenagoso &amp;traviesa el barrio
de lo obreros: calles sombrlas formada por
c.,sas 11lt11s, órdida , de v1::nt11nas sin conin11a, de
puertas repugnllntes en 111s c11!lles se amontonabJ\
lll chiquillería harapienta, retozando con gritos
penetrantes.
-&lt;Jué esp11nto~o ropnl icho . murmuró el Doctor. lle aquí el único lado de 11gr dable de esta
ciud11d; !'bte montón de gentes r ,mé,iMs y snci11s.
El palacio de ta. suegr11 está situ-tdo 11dmirablc•
mente; el judío e bellísimo y el iuverondero de
l.iB c11meltll lnmt'jorable. Oh! te c,1&amp;é muy bien ...
perfectamente bien.
Y i;e gozt1b11 en 11u obra de un modo ,an ingé•
nuo, y í!6 mo trab:i. tan contento de haber &amp;ido
11unque Cuer11 en eso, un buen padre, que )!arfa
)lngdalen~ no se atrevin A decir n11da toda.vis. El
Doctor al!adió:
- . ·o me 11rro?plento rle haber venido, é pesnr de
lo 4uti me fastidi,tn la i•1stitucíones de caridsd,
pue esto Y enc¡1nt1tdo obsen•anllo por mis propios
ojos lo Miz que ere,i tú. Ib.t a partir p111•n E co
cía oua11,lo ri-cibl la carta de 11. enora Le Clercq.
Ya iré cu11ndo termine la vblta que hago A )lont·
p11zier. Clt1verho\He ¿te acuerdui' aquel qne te
bacín la corte y que pregonab1 que eras muy lln•
d11, es quien me ha lovitAdo y in11 reaniré con él
dentro de do ,emanas. Cazaremos y pescaremos
A sati r,cclón. Debi11 yo h11b,r hecho el viaje con
Le1111dry, el barón Carlos Leandry que toca el
vlolio y cuya mujer da fíe ·t11s en que se reune el
gran munuo p11rbiense, pero ¿ abes qué pa ó?
¡,ues que lo cogieron h11cieodo trampas Pn el
bacrnrat y le 11rmar n un lío tremendo. 1Pobre
muchacho, tan agredab!e y lleno de cnalldade !
Por apuesto fué e.·pulsado del Jockey y su mujer estA desolada. Es de una bm1lla honorab!e y
todo ti dinero de su dote desapar.. cló. Hnbo se•
parllción lle bienes y de cuerpos, pues aunque un
poco t11rde, pero , e vino A debcubrir que el barón
Carlos Leaudry no era ni Leandry ni Carlos ni
barón sino un antiguo profe or de phrno que ha
rodalloun pocopon•&gt;d&amp;s partf':s1 Viena, MilAn, San
Peter~burgo, y que se l111maba 131lnvit lt. secas,
simple y senc!llamente. Eso si que deveras es espanto.o! Yo te casé mejor; ya lo creo que te casé
mejor! llírt', tú A lo que se exponen 111s jóvene
que ee casan con deaconocldos ...... Bueno, pues
A causa de es desventurada a,·entul'a m veo en
la necesidad de hacer el viaje olo. ¡Pobre de
Leandryl ¿En qué lodazal se va A hundir? Deve•
rss que me d&lt;1. pena. Ab! lle visto ya t1111las cosas . . 1 y tiene uno que acabar por voherse
desconfiado.
·Maria lsgdalena se acordaba de haber ido va•
rías vece é. las recepciones de la casa de Lean•
dry, de haber salido en carruaje A pasear con la
barone11&amp;, de haber visto en el circulo que la fre•
cuentaba1 muchos que tenlan aspecto muy seme•

jante al do Carlos y pensó que muy bien pudo
suceder que el11l hubiera resultado mujer de uno
de esos aventureros Era pues para ell,1 una dicha haber tropezado con Roberto, haberle sgra•
dado y que él la hubiera hPeho s11llr de 11quel m,idio donde siempre e.;t11ba expuesta A promi:cuidades enojosas y lll dlsg11sto de ver figurar en la
Gcu:i:ta de lo, Tribunali:a de hov, el nombre del
amigo de arer, condenado por ést1f4 ó robo y encerrado en 111. cárcel ue Poissy .... Pero ..... ¿no
b bría medios para adquirir algo de libertad,
el derecho de vivir en su casa y obrar por s[
mlemA?
El Doctor y su bijR hablan salido de IR ciudl\d
y aegalan un camino polvoroao, sembrado de Ar
boles en los dos l11dos, CBmlno que recto delante
de ellos su perdis én el horizontJ. A su derecha
ao veían las cimas redondeada , y los m11.ci os de
ua bosqu• cilio de SRbinos y de ha) a, que forma
ban un bello umbrío.
Se dirigieron )Jl•r este lado y M11rfa l\1agdalenl\
11rmá11dose de valor, dijo con la voz un poco Lré•
ruula:
-Al mennij l,l sel'1or11. Leandrv rué feliz dw·ante algunos 11ñ ,s, viviendo la vida Que era de u
agrado.
-Bahl replicó el Doctor. ·na vida engaf\osa,
llenll do placer que r,tti!{a v emp11laga. Yo mi roo,
aquí donde me ves, e,1oy has1i.,do y decidido 1\
recir11rme ..•. dentro de algunos anos y A procu•
rarme otros medio , otros amigos y otro modn de
ser. ¡Vay11! me vendré A vivir 111¡uí. LI\ ciudad no
e antipática y puede uno formarseen ella cierto nú•
mero de relaciones agradables )" seguras .• • 1'~ o
yaes algo. Si vler!IS? )le siento un poco humilllldo
cuando A algnnus de mis 11mig&lt;'b le ocnrre ona
aventura por el e tilo de la de Carlos: p~rrce que
algo me toca de su culpa, mientra que 11q11i nttd
hay que tenwr. EHor ene ntado de que te h11,·I\
form,1do una sociedad de persona roá~ sé• ias
que 111s qne conocigte en Pttri3.
Entonces ~larla 111lgdulen,, vlt-ndo que su padre no d11ba rraws de cr,mprenderla, dijo cor, t'll•
tooacióa re uelw:
-Pue yo me fastidio, me f,1&amp;tidlo extremadalll"ntc!
El doctor la contempló espantado y notó en u
c~ra una 1::xpresfón de obstinada qull ya Je conocía por habérsela vi3to annqne rua veces, en
los casos en que habla tenido 1 él, todo un hombro, que ceder A la ,·oluntad de u hij11.
-¡(;óruol Qae te f,utldlas? B·o es una nilieria.
I&lt;;n muy poco tiempo te acoijtumbr rás ¡\ 1st vida
tranquila y grata de :Montpazier. Por otra parte
no hay mucho qne lamentar la ausenci&gt;\ de l'Mi
en donde ahora no te divertirlas ya. La m11vor
p111·te de tus 11migos hAn partidc,: la Conde~ Cs -..
ka se foé A I◄'lorencia, Lady Brl¡;gs va A regre, ar
,\ Londres bu ·endn de su,i acreedore,, Lidi 1
K11.ur11nina estA en Siria Pn compaflia de la lnc11
Condes,l Adal!fieri y la pobre Bnronesa Leaodr\"
qUt! se ha YDclto fllstiálosf ima, se pasa l,1 vict~
entre Jueces y abogados. No, no; deYeras que 110
te dh•crtlrfns.
-Pero si 110 e :\[on1pazier lo que me fRsti,l"
dijo 111 Joven 11acudiendo su cl¼beclta rubi11.
'
-¿1.,lué es entonces? Supongo que no bt:rt't tu
marido .•.... L11n pronto!
-Xo:es mi UPgra.
Vi! un bastonazo el Doctor dividió por mitad
el mlls cerc~no r más erguido ababol de lo~ que
crecl~n junto A una z11.nj&gt;t.
-Cn~rpo de Cristo! Habría ro debido prever que
dos mu¡eres no pueden vivir juntas en pa2.l Con·
&amp;idera que tu suegrl\ es 111111 dama excelente.
-CA .... 1 es sencillamente insoportable.
-Te colma de obsequios.
-Y me reduce A una tutela 11troz: no estoy n
mi c~sa sino en h. s_ttya, no se me toma en cut'n
ta para ~ada, se me ?Prime y se me reg,1ftll pc,r
todo; mis gu.stos, 1111s sentimientos mis de t&gt;l'S
son criticados, analiz11dos, corregid~&amp;. L11 bond11d
de la seliora Le Clercq me abruma: no quiero Yn
mAs obsequios suyos ni más amabilidades suy·n$
¡quiero ser dnetla de mi misma!
•
.Maria Magjalena díjo todo esto con excrcm11clll
violenc.ia y el Doctor, 11terrad:&gt;, tenla la racha de
un hombre que 11cabt1 de poner el ple en un Jn1.o
r ha sido cogido do und. manera de!lagr11dablt&gt;.
Se abrfa delante de su ojos todo un crdon du
sucesos que ni slquif1ra había so:pechado y Pll'·
guntó maquinalmente:
,
-¿Y Roberto?
,
Roberto está en su gabinete ó en su tribon11•
les: oo es un marido, sino un hombre de negocios.

Yo no he tenido oportunidad de conservarlo A
tnl lado IDA• que una semana, y la sen.ora Le
-Clereq se apresuró A abreviar ese tiempo. Por
otra parte, Roberto es un hijo mny respetuoso
&lt;tUe encuentra como muy natural que yo me somet~ en todo é. su madre. . . . . . pue1 como soy
tan ¡oven)
El Doctor habla. dejado el brazo de sn hija y
peréndose en trente de ella la cuntemplaba an•
ioao.
Se habflln detenido en el bosque en medio de
un sendero tapizado de musgo.
-Veamos, veamos, dijo con tono firme. Tú es•
tlls nerviosa y lo comprendo, pues J vista de ese
~rlmatorio os _de tal naturaleza. qne puede pro•
,_ocar nna crL1 en personas delicadas como tú.
~ o mismo no me _siento mny bien. Tan pronto
como llegues A casita, te tomas diez gotas de éter
~n un vaso de agua azucarada.
-?o es que esté yo eorerma: es que soy desgra1cíRda, replicó Muria M11gdalena, y te ruego,
pM,rc mfo, que no tomes el asunto en broma. La
~eJ1oi:a I,e Clercq, te lo aso1nro, por excelente é
rnmc¡orable ..¡ue te In figures, me oprime de UD
modo nbsoluto. [e ha procurado escenas desagrada bles consecutivas de toda especie, rlnéndome como ~ nna chicuela 11110 en presencia de extran.o . )f1rtt: escribe le A Lucia Hartley q ne vino
11qu1 durante algnnos dit1s; pregúntnle su opinión
y nri\S lo que te dice.
-Lucia llllrtley es unR original, una descllbe•
.z11da.
-Oh! no siempre la has juzgado asi.
1::1 Doctor hizo un gesto de impaciencia.
-Buano! ¿y qué quieres que haga,
amiguita mía? Te bas c.u1ado con un
hombrn inteligente y rico que te ama mil·
cho, y no veo que tenga por qué quej irte. ¿Dices que la suegra te es sumamente desagradable? Es que no h , aabido congeniar con ella. Sé dulce y obe•
diente, pliégate i\ sus exlgenciu; eres
bastante fina y astutll y puedes eoeoatrar el medio de caplarte sus benevolen•
cías y vivir A tu capricho. ¡Qné diablo!
E.s necesario darse una que otra pena
también para ganar la felicidad. ¿Te imaginas acaso que la dicha completa viene
so]a, sin trab11jarla y sin hscer algo para
que llegue? No me has visto A mí, que
soy ante el mundo el modelo de los hom•
bres tolices, lleno de enojos, inquietudes
y contrariedades? Ta su.egra es buena y
te ama mucho; precisamente esta ma!u1.•
na me lo estaba diciendo. ¿Que es uo po•
co autoritar,,1? AgUAntala, ¡.,uesto que su
unic? móvil es hAcerte feliz. Tú no tienes
1nAs tarea que dejar que ruede el mundo
11in preocuparte ni elqu.iera del manejo
de lll eua que tantos disgus1os ocasiona.
-~ra gozas de un hogar lujoso en el cual
iodo marcha admirablemente: criados
mny bien educ1tdos, hermosos caballos, carruajes cr.nfortablea, trajes elegantísimos; tienes senalados dílll de recepoión, y das comidas maravillosas sin tener el tr1tbajo de meterte en or•
.ganizar nada. ¡Y te quejlls todavía! Mitría Magdalena, erea una ingratnl Ta coodncta me re•
-cuerda al gran Vizcu11de deConchalries quien me
-&lt;'&amp;taba diciendo en días pas11dos que ..... .
-Plldre mio, e preciso qne pidas A la seliora
Le Clercq qu.e nos deje vlviJ• en nae,11ra casa A
Roberto y A mí.
El Doct-0r 111. contempló petrUic1tdo.
-¡Yo ..... .! ¿que yo le ...... ? Ah1 no, no: no
-cuentes conmigo para e8"S cosas. Yo no memez•
• -clo en lo que no me concierne.
-Qómol ¿mi dicha ó mi Infortunio no te conciernen? preguntó la joven.
)!;J Doctor, • pesar de au indiferencia ordinaria, se disgustó eon eu Indignación veheml!nte
que e tall1l en los egoist11s cuando defienden au
tranquilidad.
-Tu dicha, tu deagracial lle aquí nnas pala•
bras llltisonllntes sin objeto, exclamó. No me ven•
g.-1a con trdgedlas ni con f11ramallae. Por unas
~u1111tss querel1111 femenile , flitile y sir. traacen•
dencia, te entr ...gaa al despecho y hasta te veo en
camino, si no te vue!Yo al orden, de echar por un
vol11dero el gran porvenir que te be preparado
tan laboriosamente. Pero no creits que te voy A
n~ udar ni uu poco en esa locura. Xo, querida
tnia. Dej11r de 'l'irir en cua de ta suegra? En qué
pienslls? Y con qué 1ubsistiri11n ustedes! Hoberto no e té. en condiciones delndependerae. Cuán•
to gana? Estoy seguro do que no llega A seis mil

francos. Y qué barias tú con esa suma que es in•
ferlor á la que gasta aboraen trajes y diversiones.
Pronto te cansarlas de esa honesta mediocridad
que es la peor de las posiciones sociales. Una
mujer acoatumbrada lt. satisfacer sus caprichos, A
ser s_ervida adulada. cuidada; ti vivir bajo el pié
de cmcuenta mil trancos anuales y que se verfa
reducida al papel de una burguealra nece lt11da ...
¿_Quó? ¿Irías al MerC11do, conteceion11riaa tus vestidos y remendarlas los c11lcetines de tn marido?
V,1ya! Va:val Me he encolerizado y he hecho muy
mal. Debla haberme refdo de tí qui' has Mido en
un acceso de inocenta.da. Ya te vcrfae á pesar
de tu dicha y d I tn ca a en la nece11ldad de venir
antes de dos meses A Implorar 111 gracia de tu
suegra yeso siqueserl11 humillante. Es mejor quedarte como estás que salir de In ca a para tener
lnego la vergltenza de pellir humildemente que se
te reciba tJtra vez.
Carf. ~[agdalenll, durante esta larga fillpica
habla permanec1do con la cabeza inclinada, al
ob ervarla el Doctor notó qne estaba llorando.
-lueno, díjo muy enojado: no faltaba mA, que
esto. Ya abe, que me e· impo ibie ver llorar á
una mnjer y te ruego que te reprimas y con ide,
re qun debías ahorr11rme escenas lle ese género.
Lnugo tomó lll mano de i;u hij11, se In colocó en
el brazo y se pu o á ndar en lllrección á la ciudad.
- . ·ad&amp; de lagrimitRS en la calle. ¿Estamos? Y
en cuanto A la m11rcha que querías bacermo seguir, no hay quti contRr conmigo que no soy ca•

paz de hacerte tan f111co serv:clo. Seria. la última
d las inconveniencias de parte mfa atreverme A
tratar de semejantes asuntos con tu suegra y ya
que no puedes vivir !lin su 1ocorro confórmate y
acepta_ sn p~e,encía. A ti te corresponde ver có•
mo te 10gen1&amp;s para hacer la situación mAs lleva-

dera.
!faría Magdalena, exaltad11, conducida al último extremo, dijo contenléodoae todavía y parAn•
dose frente A su padre.
-EstA bien. liaré cuanto pueda. Pero en el caso de q11e me resu,te deflnillvamente lm¡,osible
entenderme con mi BDegra ¿me recibirlt. usted en
BU CaBa?

De Hois Saint Marce) se mordió los labios
V
•
-¡ aya con esa pregunttt t11n lnconvenientel
Esta chiquilla habla de aepararae de su marido
como de la. co,a mAs natural del mundo ..•.
-l!eapóudame usted, padre mfo.
- . o debo ocuparme de semejante eventualidad.
Maria fagdalena palideció.
-Ya no me queda pues en el mundo un rincón
que pueda llamar mi caaa.. . . .
-lbgdalena, hijita, dijo el Doctor un poco con•
movido, no me repre&amp;untes el quJnto acto del dra•
ma porque aún no le llega su oportunidad. te eatlle fastidiando, chiquilla. Por Cristo! si vo te viera algún dla sin pan ni lecho, de fijo que no te
había de dejar en medio de la calle.
{aria M11gdalena abrazó y besó :, su padre.
-P~ro, agregó ésto otra vez temeroso de com•
pllca_c1ones y abogando su enternecimiento, yono
consiento en prever ni admitir aemejante even-

tualidad. Yo no q11ier&gt; meterme en nada y te
conjuro A no perder de lu propia voluntad nna
slt~aclón brillante por solo un capricho estúpido,
DeJar A tu marido) Roberto no tiene cara de di§.
bil Y seria capaz de no volver ni tl pensar en tí
¿Y quiéres decirme qué barra, en ese caso y
encuentras envidiable lll posición de una. mujereparada de aue,poso? ~•o: bast.., Yll do tonteriaa
de esta especie. Si ese pobre de ·Roberto oyera
bablKr 11af 1 sn mujer ít los tre meses de ca1&amp;.dal

ai

La senor11 Le Clercq desde la llegada del Doctor se manifestaba más dulcemenui amable que
nunca, pues presentía un apoyo en este hombre
encantador y no partld11rio seguro. Maria I fag.
dKlena vela qne su padre se le oscapaba 1 pues éste
para demos rsrle muy claro qne no se prestaba
A sostener su c-1us11 ni aceptaba sus rebeliones,
afectaba un consideración e.·agcrttda hacia la.
suegra Y le prodigaba descripciones y retratos
muy á lo vivo, bamori~ticl)S y traviesos obre la
socied.aci de que estaba rodeado en Parí 1. El asun•
to era inagcu,hle y Vt:rtlader11mente que ai el Doc•
tor hubiera estftdo picado de li1 11r111ln liter11ria,
h11brla encontrado en su, recuerdos materia para
numeros,1s novelas cómicua ó lügubrc11 pero todas
d •I ,:téncro realista.
En 881\S convPrs11cíoncs de la velnd,1 durante
111s cuales do Boi¡¡ de Saint Marce! se divi:r1(,\ e1
desplegar ante su complncietll I a11di1orlo.!odos 10 ,
recursos de una verba rAcil, cnanto tipoi; extra.
nos, curioso,¡, incrdbl es para I,'\ 11el'1ora
Le Clercq y para su hijo, de filabnn como
en una especie de linterna magical
Prlncipe val11coR, m11rqne ·es Italianos, cant11lric s euccus, barone as polacas, prince~as rus11s, bailarinaseapaJiolas
todas las n11cion11lídades, todns las varie'.
dadea del cosmopolitismo, de la intriga,
d~ la cacería en pos del placer y del
dinero, pero todn gentes divertidas, la.
ma)'.or parte de t,ilento, intercs11ntea por
s~ nda plntorescameoie bohemia¡ pu.essl
bien entre aquel concierto de nomb~s rot11mbautes ha bia algunas rel!lidades de fortuna ó do posición, la mayor parte eran
ventureros o tentadores de títulos suplantados, vividoreí! que despu~s de un
perio~o de esplendo'. desaparecían por
escotillón para hund1rse en el cieno.
Roberto que al principio hallaba placer
en estos relat.,, del Doctor, acabó por
preocuparse y oirlos con verdadera con•
trariectad. ¡Pues qué! ... ¿Este era el medio !'ocia! en que babia vi~ldo Maria Magdalena antes de su maLrimonioí' ¿Quécla•
se de amistlldes podrfa haber adquirido
en Remejante sociedad? De seguro que
todas por el ei;tilo de la Condesa Csyskla
nna especie de loca inficc.ionada de espi:
rítismo que garrapateaba rtfculos Insensatos en revistas llamadas El e.coda la t11ml&gt;a y la
lózdtm.fa alld, una es.lava quetomabaA Joaer1o
las mAs asombrosas revelaciones do los 11iediu&gt;na
charlatanes espantándose ella misma de sos ... ropios escritos.
"'
Y Lidia Konranine? Esa era una rll.8 queateotnba llevar los cabellos cortos y traje yaronll y
constitul11 un espéclmeu de esa rau nue,·a brota•
da hace poco: la de la mujer exploradora. Lidia,
que babia visto mncbo, refería con aplomo de m&amp;·
riuero y sin parp.tdear, las particularidades mAs
curiosas de los pueblos salvajes que tenla viaita•
dos en el curso de sus v1aJes¡ babia hecho esmdloede medicina, fumaba cigarrillos, escribía para
las RJvistas Cientifieas ~in retroceder anteningún
detalle de las costumbres y parcela mAI b!en un
eatudiante despreocupado que una mujer jo•
ven.
¿í la coudesa Adalgierl? Una neurótica do otro
gónero que e hallaba en situación curiosa se1
parada de uu marido 111 que nadie conoula y bns•
caba ~lstr.a&lt;::ciones á su hsstio, hoy partiendo
con Kouran1na para 111 explornclón de lll $yria
maftana enJayando uo11 composición mnslcal par~
cnntllrla en funciones de beneficencia..
¿Y Lady Briggs.il Perseguida por todas partes,
como llecía el Doctor, habiendo contrai,lo deudlUI. Y sembrado tantos acrecdorea en todaa lrui
c~p1tale · de Europa, ya no sabia adonde dlri•
g1r sus pa os y ae verill obligada antes de mucho
tiempo por cuestión de seguridad personal A lanzarse por esos paise~ del Oriente en los que Kouranlna y la condesa italiana andaban paseando sa
curiosidad.

�EL OBSTÁCULO.

"EL lfUNl)O rt,tJSTRADO"

En verdad que semejante serie de figuras no
era para tranquiliMr á nadie: 6 Maria Magdalena
no tenía una sola 11miga, lo cual era enteramente
inveroPímil, 6 se babia.ligado con aquellas mujeres
desequilibradas.
Concurrió á las sesiones de espirili&amp;mo y de
fakirismo, acompaff.ó A la condesa A 101 talleres
de arústas bobos que creian pintar almaF, oyó
las confdrencias de Kouranina y fumó con ella
ciganillos de opio.
De fijo que frecuentó é todas esas mujeres excluidas de Ja buen11 sociedad, desviadas del buen
camino, y dt-bla encon1rar muy naturales, acciones qne .\. 'Roberto y A cualquiera otra persona
educada en untt atmósfera. tranquila y familiar,
hubiesen par~cido inverof:imiles y re¡;rensibles.
El Doctor nunca pndo imagir.arae qué golpe
tan rudo habíadado A )a confiada ternura qu1:Roberto sentía por su mujer.
Era cferto que si Maria1tfagdalena atravesó por
ese lodazal no le había quedado ninguna mancha.
visible pues parecía sencilla, buena y encAntadora, pero ¿oc sería esta apariencia el resultado de
M.bitos edoc11tlos exprofeso y uu sentimiento de astucia bien desarrollado?
Por primera vez le vino á. Roberto la idea de
que su mujer no era tal vez una nifta capaz de
preocnparse solamente por las frivolidades del
momento, y se exsjeró con provinciana estrechez
de espíritu las fesldadeR del mundo descrito por
el Doctor y la ir.f1uencia que es~ medio pudo
ejerctir sobre ?t!Aría :Magdalena. No por eso sintió
disminuirse su nmor, oero entró en desccnfianza
pens¡¡ndo que babia sido una imprudencia busc;ir
mujer en un centro al cual babia sido llevado de
casualidad y que no cono oía mAs que por encima.
Desde luego admitía que la joven estaba fuera
de comparación con las desequilibradas 11. quienes babia conocido, pero se diju que era necesario guiarla con mano firme, pues habiendo tenido
una. pdmera educación de esa clase, deberfs casi
desconocer ePos principios aólidos en que se basan
la ,honorabilidad y la rectitud, y por último, que
era una gran follcldad p1:1ra ella, haber caído
bajo la experta dirección de la seff.ora Le Clercq.
Muy bitin se había apercibido Roberto de que
su mujer e.itaba cansada ya de que se ejerciera
• vigilancia sobre todos Stl.8 actos y hasta babia
pensado en que su medre abusaba un pr,co, pero
ahora se declaraba que todo era para bien y que
no tC1leraría que María Magdalena quisiera sacudir
ese yugo que era tan necesario.
En cuanto A Ja eefl.ora Le Clercq, halló en esos
cuentos verdadero plaeer no solamente por Ja
verba animada del narr11dor, sino porque á ella
también las consecuencias de esas revelaciones
se le presentaron con mucha precisión. Si: en )a
actitud de eu hijo preocupado comprendió la la•
bor que se efectuaba en su espíritu y que la influencia qne ella ejercía sobre su nuera se había
robustecido.
Magdalena no quedaba pues con esperanza algw¡a de encontrar apoyo para la defensa de BtlS
derechos, ni en su marido que ya estaba desconfiado,ni en su padre que hablaba muy rrecnentemente de los encantos de la vida de provincia y
de sus deseos de reposar algunos allos, que lainteligentevieja eco jia con entuei&lt;1smo aparen i.e co.mprendiendo bien que la esperanza de ese egoieta
era construir su nido allí donde la viJa le resultaba dulce y fAcll.
La seftora Le Clercq declaraba. que su huésped
era un hombre seductor, lo colmaba de atenciones y abrumaba con elogios de él A Maria Mag•
dalena. En estas circunstancias consideró que el
momento era favorable pa1 a un golpe de estado .
que tenia en proyecto desde dias anteriores: despedir a. Ja impertinente criada deMaria Magdalena, (l. esl$ Estela que la desafiaba con sus sonrisas y su po.litfoa burlona y que se babia gozado
en su desco-.:.cierto el dia en que por la primera.
vez sus hijos habían querido rebelarse contra
ell1t,
La vif'ja no era malvada y se formaba solamente este ideai de dichll: una vida lujosa, hijos
sumisos, un público admirador de su generosidad y ella reinando sobre todo ese pueblo como
un soberano benéfico que reparte A manos llenlts
la fortuna y loe beneficios . .Al querer apc,derarse
de María l\lagdalena no proyectaba oprimirla, sino por el contr11rio la cnlmaria de presentes y la
haría la mujer más envidiada de l&amp; ciudad; y no
Je exigía en cambio más que este peque.no sacri-

ficio muy natural: la abdicación de en voluntad.
Habiendo pedido 6 Maria Magdalena que le enviara A Estela pera el ser"lcio de la mesa, Este·
la entró en funcione11. El criado que anterJormente estaba encargado de eso, enfermó y se retiró 1\
sn caea á curarse. Estela era diestra y tenía el
desparpajo y Ji~ vivacidad de las parisienses de
sangre pu.ra.

La sellora Le Clercq, durante varios diae le estuvo dando sus órdenes de un modo altivo y seco
&amp; propósito para exasper11r A la pobre mucba~ha
acostumbrada. al trato dulce de Maria Magdalena.
Una tarde, antes de la hora de comer, la sellora Le Clercq se puso a. criticar el peinado de Estela, peinado arreglado eón los cabellos rizados,
ondulantes, atravesados por alfileres dorados, y
ac.ibó por intimarle la orden de ponerse para servir Ja mesa una eofin. blanca de algodón mAe propia de una persona. de su condición y de su clase.
-Siempre me be peinado a ..f, y mi se:llora no
me ha hecho observación 11lgana, dijo Estela acentuando las palabra, •mi sellara.~
-Cuando usted estaba en casa del Doctor de
Bois S1:1int Marcel obraría usted en el sentido que
fuera del agrado de mi nuera, pero ahora qa.e esta. usted A mi servicio tiene que obedecerme.
Despué" de haber dichoestaepalabrns con ademé.o altivo, la setl.ora Le Cler!q aalió de su casa
y subió en nn coch~ que la estaba esperando pa•
ra ir A buscar A eu nuera A la casa de la sell.ora,
de La Palliere y llevarle t\ una ceremonia solemne
cuya sola perspectiva era aterradora para María
Magda'ena. Se trataba de una sesión ñe Ji\ Sociedad de Arqueología. de la que era presidente el
honorable se.lior Magnan, quien iba á dar pública
lectura A su memoria sobre la h,vandera de Enrique IV.
En casa de la sefl.ora de La Palliere la sefl.ora
Le Clercq encontró no solamente áMag aino tam•
bién al Doctor de Bois Saint Marcel que era un
gran simpatizador de esta dama y se complacfo.
visitandola y tratAndola con discretatamiliaridad.
.- Ella y su muido son dignos de figurar en mi
i.eccióo de amigos, decía frecuentemente A su bija y de seguro que figur1mln ¡ya lo creo! IIart\n
el mi\s gentil matrimonio bohemio que puede uno
figurarse. pero con una bohemia dorada y reluciente, La seff.ora no desea más que una cosa: vivir en París; y con su ct1.riltl de modistilla embadurnadn de blanco de perlas, sus cabellos ensortijados, su amable coquetería, y sus ojos asesinos
podrá ocupar un lngar distinguido en cierta soeied11d que yo me sé. Es b11stante linda v no tiene nada de tonta, Apesar de BU fanatismo por París y sus maneras vulgarcitas. En cu11.nto á. él, su
jovislidad de hombre gordo le da cierta apariencia de figura de porcelanit para adorno de tocador, que encanta. Felizmente su mnjer es de ini•
ciativa y lo elevará, no dudes que lo elevará, y
tan pronto eomo estén en Paris ella comprendert1.
sin mucho ee•uerzo que au blanco de perlas, sus

afeites y su leo guaje convencional deben ser roodificados· se pondrA una aord1na como se bace con
lae eorn;tas y se volverá irresistible. Tiene ojos
para incendiar un .Areóp~go y _se fjercita t11n ~a- ,
llardaruente in ánima ua, volviendo loco A sumarido y al viejo l[aignen y á Darlot qud la mira
con C'jos de Jobo, que basta 1:s capaz de conquietarmu á mf: ay! ayl que ya me siento herido de
grnvedtul. Tiene unas sonrisitas y unos parpadeos que no porque son estudiados dejan de ser
penersos y llrrebatadores, unido todo esto con
una pillería y una. inexperiencia qneenc11prichan.
Maria Magdalena no vela tanto en la senora de
La Palliere y hi consideraba eolam1:nte como unl\.
provinciana menos fastidiosa que las otras, que
le hablaba mucho, le pregun•aba sin cesar multitud de cosas sobre la vida de Pari$ y hacía sabias combinaciones de telas y cintajos para eeLar
elegante A poco costo; adem¡\s, el menaje de su.
casa resaltn ba sobre Ja b11nalidad de todas las demAs que había visto en la población tan correctos
y desgarbados como monótonos.
Correcto, oh! no: no lo era el hogar de los La
P1:11liere ni monótono ni desgarbado, sino original
bajo cierto punto de vista, desde el vestíbulo en
donde G-ei-ard habfa hecho colocar linternas, pantallas, sombrillas de papel japonés y horribles
dios,is africanos tallados en madera de hierro,
hasta el salón donde se confundían en atropellado amontonami~nto sillones daros como masas
de granito, mesitas pintadas de vivos colores, pA•
jaros disecados, ratones de felpa trepando por
las cort;nae, arafl.as srtifici11les tejiendo eu tela en
el mnrco de lo! espejos, una gt·11n profusión de
flores ailvestres, manojos de cardos en las paredes, yerbas diseminadas aquí y alJll. en tarros
sencillos de terracota. pintados por Ger11rd.
Porque Gerard tenia la monomanía de lll pintura: los muros desaparecían bajo sus ensayos
de paisaje y ft1.br1caba enormes cantidades de vasijRs de adorno, pantallas, jarrones y bibeloteacon los qut. perseguía A aos amigos. Era uno de
esos seres temibles de quienes se dice que «saben un poco de cada cosa» y que seria capaz de
hacer una marmita con la zuela de eu:1 zapat-01.
I.a casa estaba llena con las pruebas de eu ingeniosidad, mutlecoe y figurillas de papel plegado ó de cartón de colores, y habi11 pvr donde
quiera tantas cintas y colgajos que aquello parecía un almacén de baratijas. En el piano cb1llón
que estaba eolocado en un Angll1o de lll sala, Gerard que ayudaba de buena voluntad A sn mnjeren las tareas de la recepción, ejecutaba. tremebundos valses, ó cantaba con ella coplas de za1·•
zuela y canciones traviesas capaces de poner eu
toga á la mayor parte de las damas que les visitaban.
Cuando llegó la seftora Le Clercq, la joven
acompaff.ada de su marido detallaba con una vocecilla penetrante y mucha malicia una serenata
de t11n sabido color, que Marfo Magdalena tenia
impulsos de marcharse. El Doetor gozaba que
era una maravilla.
-Eso es encantador, decía, tiene usted justamente la voz que se necesita para estas coeae:
aciduladll, digámoslo así. Y un talento .. . . .Abl
usted haría furor en un teatro de género .... la
canción es lindísima.
La eeilora Le Clercq frunció loa labios.
- On poco .... avanzada., dijo.
-Má.s bien un poco peligrosa, dijo Milg con
una de esas salidas que tanto hacían reír A 1u
marído.
Clara de la Palliére se ofreció para acompattn
d sus amigas ti la sesión y Gerard qu~ iba siempre en pos de su mujer, fué á buscar una cartera. de bojas blancas para tomar apuntes caricaturescos de los arqueólogos miembros de la. sociedad. Por invitación de Clara, :María Magdalena
la acompatló A su tocador donde iba A ponerse
el sombrero y entre tanto el Doctor quedó en 11'
snla con la se1iora Le Clercq y le hizo observar
los lados chuscos, despechugados y sin orden de
la _c asa en que se encontraban.
Mirando el gabinete de tocador Maria Magdalena se dijo que en semej1mte sitio no bab.-fa ella
introducido á nadie. Cortinas desaseadas, una
panoplia Je pipas enrojecidas por el uso, colocada bajo un espejo manchado como piel de tigre;
sillas fatigadas, tan fatigadas qua para sentarse
en ellas se necesit1111 mil prec11nciones á riesgc&gt;
de una caída; cajones entreabiertos en los cna les
se dietingufan en desorden los mt\s disparatados
objetos como guantes viejos, puntes &lt;le encaje,
cintas descoloridas, cajas de cerillas, paquete~

de polvo de arroz y hasta. una nariz de cartón
que Gerard se babia puesto para. el baile del fil.
timo carnaval. Armarios sin cerrar en los q_ue
los montones de telas y de trajes hechos se revolvían con sombreros de modas pasadas y zapatos nuevecitos que fraternizaban con abanicos
de marfil ó de papel y con ramos y guías de flo•
res ar tiliciales.
Clara la PaUlere enteramente a. su gusto en este desorden, charlaba, reía, C8-!ltaba haciendo
ruido como cuatro, mientras se vestía y sin notar
el asombro de Maria Magdalena. Si el Doctor hu•
hiera visto esta habitación hubiera juzgado A Clara más bohe~a aún de lo que se liabía figurado,
con es,l Af1c1ón al abandono• y esa indi!erenci1i
por el desaseo fntimo, por mas que el salón, el
vestibnlo y el comedor estuvieran resplandecieI?tes.
Se llegó al teatro dC'nde debía celebrars1 la
se&amp;ión: ya en el escenario muchos seftores viejos,
de gran levila mal cortada y botinas de pnfto
negro, estaban sentados A los lados del senor
Mnignan el cual tras de una. mesa y con un vaso
de agua al frente leía por Ja décima vez su memoria sobre la lavandera de Enrique IV.
María. MagdaleDA se alegró de haber llevRdo
consigo A Clara la Palliere que Je impediría fastidinrse, pues gozaba ~n oirla burlarse de todos
aquellos rebuscadores de papeluchos viejos y de
todAs las personas q11e se encontraban allí.
Darlot vino también al teatro y estrechando la
mano al Doctor y d Mag les anunciaba que estaba en moment.os de partir para Bretafl.a.
-Tengo, les dijo, vivos deseos de visitar Tregastel que según dijo la sell.orila Hartley es un
pueblecito encantador.
Maria Magdalena. sonrió viendo con gusto ese
deseo que su amigo Dar)ot tenía de aproximarse
&amp; su amjga Lucia.
Tan luego como se abrió 111. sesión, el sellar
M1,igna11 con voz chillona y entusiasmo cómico
leyó un opúsculo de espantosa duración: al principio reinó un respetuoso silencio, pero pronto
ante el vacfo tremendo de la interminable lectura empezaron las convereadones, primero ll. la
sordina y lnego en murmurio continuado que se
alternaba con idas y venidas de los coocurrentee, 11 brir y cerrar de puertas, sillas empujadas,
personas que ae instalaban y visi as que iban de
un logar A otro. Loe colegas del serior Maignao,
eonolientoP1 le escuchaban poco y no despertaron
11fno A su grito final después de tres cuartos de
hora. de lectura. La ceremonia continuó, pues cada uno de aquellos sellores tenla que leer algún
trabajo erudito, traba.jo sobre ilustres desconocidos de loa cuales no babia nadie que hubiera sospechado la existencia, y cada unolde estos sabios
no despertaba sino para leer eu propia obra, después de lCI cual ae dormía de nuevu 6 se esquivaba sin ruido.
En cuanto al Presidente, después de eus descubrimienios respecto A la ropa interior de Enrique 1V, se h'lbia dejado caer en un sUlon presa
de un profundo abatimiento y casi desaparecía.
bajo la carpeta verde de la mesa: se le hubiera
creído escamoteado por algún artificioso prestidigitador, si las hebillas de plata. de su.s zapatos
no hubieran estado brillando entre los flecos de
la. carpeta y si de tiempo en tiempo no se le hubiera oído decir con voz nasal y sofiolienta:
-Tiene la palabrs. nuestro honorable colega
el seftor X.
Poco á poco se fuá vaciando la sa1a, Darlot
f11é nno de los primeros que salló, pues tenía poca resistencia para el fastidio, y en cuanto á Gerard, después de ha.ber bosquejado algunos croquis caricaturescos se lné a1 casino eon e1 fin de
mostrarlos; y su mujer A poco rato expresó tales
deseos de salir, que el Doctor se vió en la necesidad de ofrecerse á acompaflarla.
Maria Magdalona quiso salir con ell~s, pero sn
suegra le dijo con tono imperioso:
- ¡Quédese usted, vida mía! Por rospeLo al se11.or h.!Jtignan ee preci30 permRnecer hasta. el fin.
-El eellor Maign11n estA dl.ll'Oliendo, observó
la joven.
-~o mucho, se apresur~ A decJr el Doctor qne
prefería ir t,. pasearse no roM con Clara; parece
que eetA duhlliendo pero es con un ojo, como los
oidores de Tribunal.
- Ademá.s, afladió la.seftora Le Clercq, hay el
inconveniente pnra que pueda usted irse, hay el
inconveniente, digo, de que me tiene usted que
acompa.ll.ar Ala visita de nuestrú orfanatario. Deseo que desde ahora .se encargue usted de la Di-

rección general de los talleres, es decir, de la
parte material de loe tr!lbajos de aguja.
-Cómo! exclamó Mllg aterrada.
-Si, vida mia, es 1111a coi;a muy fAeil que al
principio le va A ser enojosR, pero lutgo se acostumbrarA. No es mAs que cortar enaguas, camisas y trajes de uiff.os que dJstribairemos enire les
costureras auxiliares, llf'vando usted la cuenta,
ademAs, d'l todas las entradits y salidas de objetos. Esto va A ser muy interesante para usted. y
yo la ayudaré. Por otra parte, es indiapemablel
En la última sesión general he anunciado que
aceptaba nsted esas funciou&amp;e y todas las sefl.orae socias hicieron eon gusto el nombramiento de
usted. Esto es muy houroso.
Maria :Magdalena, exasperada, replieó:
--Siento, setlora, que no me baya usted consultado préviamente.
-Para qué? Supongo que no se habría usted
atrevido á rebusac, sabiendo que me daria usted
una penn.
-Es que no me siento capaz para desempeftar
un puesto semt&gt;j1mte.
-Ya la pondremos fl. usted al corriente de todo.
-No tengo tiempo suficiente
-Siustednadatiene que hacer! Y ademAs, este
sólamente serA trab,ijo de algunas horas cada semana v no alterará t-n nada. lascostrunores de usted que puede continuar en su vida mundana.
Esto no serA más que una nota seria en esa misma vida. Vamos, vida mia, no tome usted ese
aspecto de desesperación y reflexione en que
liU nombre y su pos'.ción le imponen ciertas
obligaciones. Desde hace mt\s de nn siglo, los Le
C ·cq han sido los benefactores de la poblución
pobre de Montpazier! euaodo morimos. legamos
rentad al hospital; hemos fnndado un asilo y un
orfanatorio; mi suegra, que era al mismo tiemoo
mi tia, como usted sabe, fué patrona y ptesidenta de casi todas las insútuciones de la ciudad; yo
la he sucedido y es fuerza que usted me suceda
A mf para Jo cual debe irse usted ya preparando.
María Magdalena, presa de melancólico abatimiento, escuchaba. En el escenario, un sef'tor calvo y sin barbas leía la monografía detallada de
un casucho antiguo y ruinoso del que no se conocían los propietarios primitivos y el lector se
entregaba sobre este particular A las eonjeturas
mt,.s ingeuiosas.
-Nosotros tenemos nuestras tradJcionee; y usted que esta tan ufana da su familia, debe comprender esto, alladió la seff.ora Le Clercq con voz
afectuosa. Usted es buen&amp; y se sentirA feliz haciéndose útil A los pobres. Es tan hermosa. la eari dadl
-Ouaudola hace uno por su propia inspiración

y ain sentirse obligada a. ello, replicó con amargara la joven.
La sefl.ora Le Cleecq pareció que no había. oído
esra contestación, tomó sus gemelos y conesgró
toda su atención "1 orador en tant() qu" Maria
lligdaleua en todo el tiempo que duró la sesión,
DO entendió ni vió nll.da porque tenia el corazón
colmado por la cólera. Un solo pensamiento le
ocupaba i:l cerebro: ¿hasta dóude iba A llegar 11\
tiranía de que era victima? Esto no era por decirlo asi, m1ts que el principio. Ya se leb11bíaentrediehado toda intimidad con su marido; su líbertad de casada que quiere estar en sn casa; el
derechc, de r"cibir A las amigas de au agrado, y
ahou ee le iba A enredar en las mil mayas de las
ocupaciones filimtróptcas, lote ordinario de las
per&lt;1onae cargadas de afl.oe y de eulpae, que:: sólo
piensan ya llll la salvación de su alma.
Se le iba A imponer la sociedad de una caterva de viejas excelentemente fastidiosas que sólo
hablaban de sus pobres, de su conlesor, de su ama
de Ul\ves ó de sus g11tOi y se la iba ll dar pc,r úni;
ca dMracrcióu la d" asistir A reuniones genera•
les para díscutlr la cantidad de c1Jbertores que se
debinn comprar para el invierno; y cui,ndo aún
tenia veinte anos, te11dria. que pasar loe días cor•
tando, cosiendo y distribn} eodo trajee grosero,;
a gentes suci.. s y misHables.
:Mlll'fa. :Magdalena temblaba. La vida le parecfa
muy obscura sin esperanza de días mejores. Y
Roberto ¿dejarÍII. las cosas en ese estadoi' ProbablementA si. Dtisde que regresaron de 1.1u f'Sca.patoria todo babia vueho A caer bajo el domiofo absoluto de su m .. dre; trnb11jaba mucho, reía poco y
seobservab11. en su. conducta. mucho de reserva. y
de reticencia: era una alma que cerraba sus puertas
A toda comuulcación d,cl exteriur.
La jo ven tuvo una cribis de desesperación que
procuró dibimular bajo mia aparenu~ indUt1 encin,
de suerte que lll suegra pensó que se había resignado fi\cilmente A aceptar su poderio y que er1'
necesario recompen11ar]a por su sumisión regalf1.ndole un p&lt;Yney de montar que deseaba desde
antes de casarse. Aaf se da t los niftos un pedazo
de azúcar para endulzarles el sabor de las medicinas.
La sesión termiuó, y con la misma lasitud aparente Maria Magdalena ee dejó condo.cir al orla-

�24

"EL Jd'UNDO ILUSTRADO"

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natorio donde se encontró con las amigas de su
suegra que ;a felicitaron por las funciones que
iba á llenar; tuvo el honor de inspeccionar las
clases de costura; ee la presentó con la hermana
Directora; se le entregó un gran llavero con lae
llaves de los armarios que guardaban las telas
por preparar; se la introdujo en un gabinete, el
gabinete de ella donde tendría el derecho de sentarse junto A una mesa enorme y recibir á las
gentes que vinieran á pP.dirle socorros y de distribuir el trabajo A los chicos del orfanatorio. Era
una pieza fría como lo son todos los locutorios de
convento, piso pintado y muy resbaladizo; sillas
de paja colocadas en fila junto álaa paredes blanqueadas con cal; 11na Santa Virgen de bulto sobre la chimenea, entre dos ramos de flores artificiales de pésima confección, y cc.rtin11s de tela
blanca de algodón en las puertas de los paaadizos.
Maria Magdalena se dejó conducir con aire indiferente, sonriendo de un modo cortés pero maquinal al ofr cuanto se Je decía y no teniendo mAs
que un deseo pero vi\•o y tenaz: regresar Asu ca•
sa., quedarse sola y ponerse A pensar en lo que
le estaba pasando.
~ Escribir é. Lucía .... 1 Sf, esta idea se le había
aparecido como un rayo de esperanza. . . Y sin
embargo ¿qué podrA b.acer la eellorita Hartley?
Nada en verdad. Sin que Maria Magdalena lo hubiera sospechado, ya la joven ingle11a había. tocado el único recurso pcsible habhmdo á Roberto: pero si era impotente para modificar ese estado
de cosas, podríii al menos enviaron buen consejo
ó siquiera algunas frases alentador11s y de afecto,
De esto er11 de Jo que sobre todo tenía necesidad
la pobre M11g que se sentiil muy ~ola sin tener A
quien confiarle sus luchas y sus tristezas, pues
desconfiaba de Roberto sin saber por qué y el
Doctor era demasiado egoísta para intervrnir.
La se.t\ora Le Clercq y su nuera rf'gresaron en
coche sin que Maria Magdalena pronunciara una
sola palabra; veía vagt1meole enfrente de eUa la
librea azul subido del cochero, y los caoallos que
iban al trote cadencioso irguiendo la cabeza y
levantando mucho los brazos.

25

EL OBSTÁCULO,

Las primaras veces que María Magdalena entró en este coche, muy bien guarnecido y de un
gusto correcto, esperiwentó uo satisfacciones
de amor propio y de vanidad, pues le eran desconocidas estas pequefleces, sino esa plenitud de
bienestar que las naturalezas delicadas saborean
al gozar de loa encantos del lujo. Ahora todo le
era profundamente indiferente; lo mismo el palado ~untuoso qu~ el jnrdin inmenso cuidado y cultivado c,.Huo el parque de un príncipe, rodeado
de altas rejas con sus verduras sombrías recortando el brillo de lae vitrinas de loa invernaderos colocados en el fondo, invt'rnadero de CRmelias, invernadero de foogeres, inverdaderos de
raisios y de pJátanl•B enaros.
Dirjgió sobre e:to una mirad'l de cansancio, y
en tanto que an suegra apenas descendida del
coche corrió precl'dida por el jardinero en jefe,
á ex"mini.1• una cotección de llores recibida en
su ausencia, ella con pas\.&amp; vacil1ntes y iánguidoe, muy diferentes de sn andar ágil y gracioso
de otros dias, entró al ves1ibulo engalanado con
tapicerías flllmencu, subió la esealer11 de gradas
de mármol, v E&lt;in conced~r una mirada A lit serie
de departamentos suntuos11s que iba atravt sando,
entró en sus aposentos del primer piso.
Vaciló unos instantes ante la puerta del gabi
nete de trab11jo de Roberto y sintió el deseo vehemente de acrgerse á él, buscar 6U protección, y
ante esa sola idéa le acarició algo como un ba11.o
de consuelo; pero inmediatamente después la
imagen de ese hombre grave y eevero que t:&amp;taria atrincherac!o det.rás de un montón de volúmenes y de expedientes el cual la contemplaría

con aire interrogativo, la heló quitándole toda
esperanza de apoyo.
Roberto por su profesión y su carácter, tenía.
un espíritu doctrinado y discipilnado, incapaz de
apreciar en su verdadera valfa lo que le estaba
pasando á su mujer. Habría necesitado esta elltrar en detalles menudos que son difíciles de
precisar, porque A la verdad, hechos concretos no
había para presentarlos en un cuerpo de acusa.
ción. Esa persecución incesante de que se la hacía objeto, esa invasión gradual é inexorable,
se componía de minucias apenas perceptibles;
era una intervención sobre todos sus actos, sobre su libertad moral y hasta sobre sus moTimientos.
Pero quiahl organizado todo esto en forma de
requisitoria, la protesta con que terminara contra tan ominosa tiranía, se 11poyaría en nimiedades y nonadas indignas de tomarse á. lo serio,
en tanto que desde Juego, y en hecho'! muy visi•
bles y realzados, se le podía echar en cara la
multiLud de beneficios recibidos, todo ese lujo
pagado A tan altos precios, y los mil obsequios
y mil concesiones amables y graciosas; hasta sacri(lciosl ¿No se había separado de la eeftora
Charmon nada má.s que por complacerle?
Convencida pues de la inutilidad de una tentativa, sealeJó de la puerta sobre cuyo picaporte
babia puesto ya la mano y gnnó rápidamente su
habitaci11n. .Arrojó el ;;ombrero sobre el mueble
mAs cercano y se dejó caer 11brum11dn en un si•
llón. ¡Cuán dista11tes, ay! estaban los tiempos en
que para calm11r sos excitaciones nerviosas lf'I
bastaba con dar unas vueltas por el salón! Cerró los ojos para intentar dormir y escapar así á.
los pensamientos que Ja desolaban.
Había proyectlldo escribir á Lncfo, pero no!
Le babia venido cierta especie de pudor doloroso ante la id ea de descorrer el velo de eus angustias íntimas aunque tuera delante de una amiga.
Habría sido necesario rererirle numerosos detalles, confesarle su impotencia creciente sobre
el espfritu d~ Roberto, recriminar, quejarse, y
l\faria Magdalena era orgullosa y comprendía
que la actitud de una muJer que se queja de eu
marido y aún lo vitupera, no era digna de ella.
Muy bien sabía que refiriendo sus disglll!tos los
hacia más extensos.
Después de un largo espacio pasado en una
somnolencil\ abrumadora oyó la campana que llamaba para comer, y haciendo un esfuerzo supremo acudió A verse en el espejo por un postrer
vestigiJ de su coquetería femenil y bajó al comedor, pues ya sin lugar 9. discusión se comía
diariamente en ca11a de la sefl.ora Le Clercq.
En e1 salón estaban conversando el Doctor de
Bois de Saint Marce), Darlot, Roberto y la séllora Le Clercq, y comentaban con risas y burleta&amp;
la sesión enojosa del día. El Doctor bacía picantes referencias á la seflora de la Palliere eo11 la
cnal babíil pasado horas realmente divertidas.
Darlot invitado t comer vino á saludar A Maria Magdalena y le dijo después de haberla observado con mirada escrutadora:
- EstA usted enferma, Mag?
Roberto y la sefl.01 a Le Clercq ee vol vieron A
verla por un movimiento expont!neo y verdaderamente afectuoso.
-No, contestó la joven esquivando mirarlos
de frente, estoy no má.s algo tatigada.
-¿De la sesión tal vez¡&gt; preguntó Roberto.
-Alás bien puede eer de la visita al orfanatorio, replicó la sefl.ora Le Olercq. Si me hubiera
explicado usted, vida mta, que esta ha usted indispuesta, nos habríamos venido sin tardar.
-Oh! no se ocupen ustedes mé.s de mí¡ se los
suplico, dijo María Magdalena tratando de son•
reir y con un acento que guiso hAcer dulce y grato. Esta visita era necesaria y vale más que de
una vez la.háyamos hecho.
Reoé Darlot contemplaba A su amiguita con
profunda tristeza, pues teniendo como tenia verdadera afección hacia ella, observaba cuán deprimido estaba su ánimo y el cambio de expre•
sión que presentaba au fisonomía. Aquellos ojos,
en otros días resplandecientes, estaban ahora
melancólicos, aquella boca riente estaba contrai•
da por el dolor, y toda esa joven encantadora por
su vivacidad, sos arranques y su petulancia., parecía como encerrad!i en una actitud de restirva
y de mutismo que la colocara no mti.s que á. la
defensiYa,
(Continuará.)

EL OBSTACULO
'
NOVELA ORIGINAL POR Mme. DANIELLE D'ARTHEZ-Ilustraciones de nuestros talleres.
VJ!lRSION ESPAÑOLA. DE 11.EL :MUNDO ILUSTRADO"

Número 4.
Magdalena vió que Darlot la examinaba y Je
sonrió. Darlot le dió el brazo para llevarla al
comedor, y le dijo en voz b11ja y con acento confidencial.
-No pierda usted, querida Mag, su encantadora alegría porque parecería como que cambiaba
usted de personalidad. Quisiera que tuviéramos
alguna ri11.a fuerte entre los dos como sucedía en
otro tiempo, para tener el gueto de contentar A
usted y verla reír y regocijarae.
Mngdalena 11acndió con tristeza su cAbecita ru
bia y trató de seguir sonriendo: esta simpatía
fraternal Je era muy dulce, pero á. la vez !1t entristecía. proruadamente con la consideración de
que no era Dllrlot sino otro quien debía observar que estaba sufriendo y compadecerla y consolarla.
-Cuando está. usted así, dijo René suspirando,
me recuerda mucho A mi hermana.
Y era verdad. De improviso la lasitud indirerente de Mag le habfa, traido A la memoria una
expresión semejante que babia observado en su
hermana cuaudo sintiendo que se moría lentamente, de una enfermedad incurable, no había ya
nada que le deYolviera las esperanzas. Oh! E~a
era la mirada de desaEento llena ae reproches
de un ser joven que tiene derecho A la dicha y
siente que todo ha terminado, que ya no Je queda nada, y que sus ilusiones le mintieron.
Igual á su sufrimiento de ahora era el que sintió Darlot cuando al morir aquella nUia a quien
tanto había amado, le sonreía con una sonrisa
como la de Maria Magdalena. Esta sonrisa era
la que le había dejlldo mAs profunda huella después de la desgr11ci&amp; lnolvuiable que le hundió
en el dolor.
María Magdalena le inspiraba uua piedad sincera y angustiosa y dirlgió al Doctor una mirada
melancólica que contrastaba con la gran alegría
de este egoísta que estaba junto á su hija 11in pensar en ella; y contempló A Roberto siempre correcto y altivo y á la sefl.ora Le Olercq muy ala.
nosa. en hacer con toda amabilidad los honores
de la casa. Y viendo cuanto le redeaba, el Doctor
se decía interiormente:
-¿Ko se apercibirAn todas esas gentes que estAn poniendo loa medios mb adecuados para destruir la bella harmonía de esta naturaleza de mujer tan delicadamente exquisita?
La comida empezó en medio de un silencio relativo, y solamente el Doctor de Bois Saint Marce!
lanzaba de vez en cunndo alguna puya sobre las
personas 4 quienes había conocido en la función de
la sociedad de sabios. .Estela servia la mesa con
la agilidad de costumbre, cuando la seflora Le
Clercq haciendo como que de súbito se había fijado
en ella, la dijo con un tono que dejó en suspenso
todos los Animos:
·
-Me parece haber ordenado á usted que se
peinara de otro modo.
Maria Magdalena vió á su criada con admiración. Esta aguardando tal vez de ella un apoyo,
contestó:
-Confío en que se servirá usted p~rdonarme,
pues no tengo cofias de algodón.
-Se Je darAn á usted las que sean necesarias
y ee mandará por ellas á la lencería, pero veo
con disgnstola negligencia de usted, porque prueba una mala. voluntad que no estoy di11puesta á
tolerar.
Muy mortificada y conmovida por haber sido
reprehendida en presencia do testigos, Estela dejó caer una cuchara de plata que produjo un so•
nido prolongado al chocar sobre el mos1ico demár•
mol del pavimento, y como A la sellora Le Clercq
le hacia m11y mala impresión que se maltratara.
su argentería, exclamó con suma acritud:
-Es usted una torpe, un;1, descuidada y una
grosera; hasta aquí se la ha dej_ado ob~ar á su an•
tojo, pero le pre&lt;,e~go que aqu1, en mi Cllsa, no
sufro rebeldías ni insolencias!

-Yo estoy al serviciodelaeefl.oraRoberto,res•
pondió Estela llevada al último extremo.
La seilora Le C!ercq enrojeció de cólera y replicó:
-Salga usted de aquí: ya hablaremos dentro
de un me-mento.
Maria. Magdulena dijo con una entonación tnuy
amable:
-Vaya usted, Estela, se lo suplico, y vuelva á
mi departamento.
ExRsperada por esta intervención de su nuera,
la vieja gritó:
-Puede usted preparar su maleta porque ma11.ana se va. Queda usted despe&lt;lida.
Estela s11Ji6. María Mag11lena se puso pálida y
con una voz cuyo timbre vibró sonoramente en
medio del silencio que se habfa hecho glacial,
dijo:

-Esa criada es mía, está en mi casa y nada
más yo u~ngo derecho de despedirla.
Esta era «1 fin la explosión irresistible de to•
dos los rtincores amontonados en tres meses de
opresión. La se.flora Le Clercq no tuvo el tacto
de comprenderlo aei; su orgullo se reveló y pro•
testó con dominadora alth-ez:
-Usted se olvida .... Usted se olvida del lugar en que está.
l\laria Magdalena arrebatada por una cólera
tan intensa que se le hacía horriblemente dolorosa, ee levantó y habló con la misma voz imponente que babia empleado su suegra. Sabía muy
bien lo que estaba diciendo, ofa eus palabr11s como si otra persona las estuviera pronunciando, y
conservaba ante todo y sobre todo su extremada cortesía de mujer bien educada.
Sin reflex.ionar en las consecuencias de este
incidente, se aproximó A su suegra y pálida,
con los labios temblorosos y la mirada fija le
dijo:
-Debería usted comprender, seilora, que ha
ido demasiado lejos. HastR. aquí me he resignado
á sutrir todo lo que ha sido del agrado de usted
imponerme, pero le ruego que haga ces11r en este
punto sus exigencias.
-¡María Magdalena! exclamó Roberto estupefacto.
El Doctor se levantó para llevarse á su hija.
-Cuando esté usted má.a tranqnilll, replicó la.
sen.ora Le Clercq, espero que retlexlonará y que
vendrá !\ presentarme las exc11su que debe por
esta inconveniencia.
-Estoy muy tranquila ya. Si acaso he empleado alguna ó algunas expresiones incorrectas, no

tengo necesidad du esperar nada para retirarlas
como lo hago desde luego pidiendo por ellas perdón; pero lo que si mantengo e1:1 solamente esto:
que Je suplico á usted cese de obrar respecto A
mí con ese sistema autoritario, al cual ya no quiero, ya no quiero ma!i someterm_,
Después de estti ya no quiero ntds pronu11ciado
con una voz firme, l'lfaría Magdalena calló dejando aterrados :l los testigos de- esta escena. Con
la mano apartó al Doctor que se le aproximaba
y luego, sal11da1..do correctamente, salió con una
calma perf¿cta que nadn tenía de fingida.
Desde ese momento, como si hubiera acabado
de encontrar el único remedio para la crisis qua
venía sufriendo desde tres meses antes, sintió
que le venia una gran tradquilidad y una paz absoluta. Hitbfa acabado de romper con todo, la
suerte estttba echada y ahora se abandonaba ella
á una lndirerencia profunda y agt.ardaba los
acontecimientos con una especie de fatalismo
oriental.
Cuando 11.-gó A su aposen·o, yn en completa
calma, no sentía más que una dolorosa palpitación ,i11usad1t por la violenta escena que acababa
de sacudirla.

L11. comida terminó precip.itttdamt!nte. Bené
Darlot no pudo dejitr de admirar lu actitud verdaderamente inteligente de Ja seftora Le Clercq
en esta difícil situación.
Después de la salida de María. l\fagdalena ni
una palab¡•a de comentario fué pronunciada, y la
vieja puso una cara tan serena como si pareciera
ignorar que acababa de ocurrir una escena viole1,ta; y viendo que el Doctor había vuelto A ocupar su a.eientu, le dijo con interés reanudando la
conversación interrumpida.
- Entonces, ¿usted se figura, sellor, que la sellora La Falliere conseguirá colocar á sn marido
en una de las oficinas públicas de París?
-Pues eso es bastante factible, aefl.ora, contestó el Doctor. 1\le suplico que tomarR empeilo
por ella y como tengo amigos en todos los cír•
culos sociales, le prometí t'ecomendar sus pretensiones.
A pesar de todo lo que lo tenía preocupado,
Dru·lot sonrió. La sen.ora La Palliere mu) a.recta
11 la intriga y deseosa de una' vida más· alegre,
ven[I\ pretendiendo Jesde tiempo atrás empujar
A Gerard á la burocracia de París, pero loi empleos eran muy solicitados, carecía de buenos
apoyos y ahora al fin había encontrado una buena pista.
Dejando á su madre que contestar11 al seftor
de Bois de Saint l\Jarcel, Roherto se había quedado profundamente pensativo y luego sin haber
recobrado su calma habitual y sin explicarse có•
mo, se encontró Jerrepente en una de las avenidas del judfn inglés pasenndo á. pasos precipitados.
Un rayo estallando en un día tr11nquiJo y sereno le hubiera causado menor impresión que ese
arrebato de rebelión brusea de María Magdalena.
La sensación mAs precisa de Boberto, la que las
dominaba todas, era una vehemente indignación
contra su mujer. Haber promovido semejtl.llte colisión por un asunto tan fú til como era despedir
una criada y sobre todo, haber tenido una salida
tan exttgerada y audaz, devertts qne no podía.
perdonarse. Y luego que se atrevió A decir con
tanta firmeza: «no quiero, ya no cedo más» .. ..
Eso sonaba en los oidos de Roberto como el toque de llamada de un clarín guerrero.
Esta chiquilla A quien había creído fútil é insustancial, esta ingrata. que A su madre y A él
debía todas las comodidades de que gozaba, se
ponía en rebelión abierta y se permitía tratar de
igual A igual á la sen.ora Le Clercq, olvidando
h.aata la considerAción que sel e debía como per-

�1

26

l

"EL MUNDO ILUSTRADO"

sona de edad, olvidando que era la madre dts Luego, despidiér,dose se aproximó á la se:il.cra Le
su marido y hasta olvidando que se encontraba Clercq y le pidió permiso parn retirarse.
en presencia de personas extraflasl
A la sell.ora Le Clercq Je era interesante este
¡Bien se comprendía que Darlot no la preocu- original y estaba ansioM por saber lo que pensapaba, sino que pc,r el contrario, contaba con él, ba del incidente, por lo cual be quedó 11ola con él
con su complacencia y su aprob11ción.
bajo pretexto de ir á acompallarlo hasta la reja.
De seguro que lo que que, ia era sacudir el Trataba de procurarse un medio ingenioso para
saludable yugo de la senor11 Le Clercq pa- hacerlo hablar cuando él mismo fué quien en un
ra regresar A la existencia libre que lhvaba arrebato súbito dtsl corazón, le salió al encaentro
antes de su matrimonio y sobre lg cual las con- diciéndole con voz co1:movid1t.
versaciones del Doctor habian arre&gt;jado una luz
-1Vamo&amp;! usted que es t,m buena, tan buena,
verdaderamrnte inquietante.
ame un poco A esa pobre :\fAg!
Pues bien, no. Lo había calcul11do mal: no se-¡Cómo! ¿Pero que se figura usted que no la
ría Roberto quien la dejara lanz11rse en esa vía. amo? replicó ellil. con ~incera admiración.
Era necesario reprimir esta rebelión insolente
-Si; es verdad que usred In ama, pe1·0 no por
de modo que l\Iaría M!igdalena no reincidiera en ella sino por ustdd. Dios mio! Ya sé que casi siecn
ella más. porque si no, era posible que se atrevie- pre es a~í como se ama, pero siendo u11ted como
ra después A todo. Debfa presentar sus disculpas es, bastante gen1-rosa. bien podria conducirse de
A la seflora Le C'lercq y se las presentaría, p11.ra on·o mod 1. Déjel"' usted que conserve su perso ,
lo cual Roberco le habl11ria como 11mo y se baria nalid11d, no la oprim·l. Ei una verd11dera 11ina y
obedecer, no quedllndole A In joven más recurso tiene necesid11d de sentirse libre. Mire u~ted: yo
que someterse; y de este Incidente en que pensó la he encontrado muy dilereme de como la couo
locamente triunfar, saldría enteramente
derrotado. Pero no qul!ritt ir A hablará
su mujer inmediatamente porque se sentía muy exaltado aún y temfo ioi;arrir en
alguna intemperancia de lenguaje que
despué3 le seria tal vez peuosa.
Darlor. se le aproximó:
-.Matlaoa parto, sefior, me voy para
Eret111\a como ya se lo había yo dicho á
usted y como no sé si hoy pueda tt:ner
el gusto de volver A ver A Morí.. digo, ti.
la serior11. de Roberto Li( Clcreq . . ..
Darlot había estado A pUDlC' de de~ir
«~Iarfa Jl[11gd11lena» y Robt!rtO que se
a percibió de este detalle quedó muy contrariado. ¿Qué especie de f&gt;'ruiliaridad
tenia ella con sus amigos que se permitían
Jlamarla por su nombre como A una criaturitn?
-~&lt;, es probable, en efecto, que salga
de su aposento, pues habrA usted obser,
vado qtte cuaba algo ederma.
--Enferma .... ;.Lo cree usted? á mi
~
me p1ueció mll.s bien diEgustada, pero
vl, . .
1
muy segara de eí misma y muy firme
-, ~
A pesar de su exl\speración.
~
.
Roberto, á cada instante más irrit11do,
,-,;,t,.
se acordó entonces con extremada preci- ~~~~¡;~=~~i
sión de las advertencias de la joven inglesn y se le figuró volver á verla. frente ~ .. ·
A frente mirándole con aquella seguridad f Cty firmeza que la hacían tan simpl\tica y
,
revelaban su lealtad. La sefl.orita llartley
f .l.CiQ!t
le babia dicho: ¡Cuidado, mucho cuidado!
Empujada al último extremo, Maria Magdalena se revelará: usted no la conoce!
Y en efecto, lfoberto no la conocía y
nunca la hubiera creído capaz de tanta
decisión y de tanta audacia. cMagdalena
cansada de luchar, volverá á la casa de
su padre si su padre la quiere recibir»
había agregado LÜcfa, pero precisamente si ~Isgdalena se atrevie3e á llevar á ese pun- ci; la he visto cambiada, triste, languideciente y
to la insurrección, el Doctor desaprobaría su con- me ha dado IAstima. ¡Ella que siempre estaba tan
ducta. En ese momento Roberto le vefll marchan - alegre, tan joven, tan admirablemente llena de
do I\I lado de la seilora Le Clercq, hablando con alegría y juventut..11 lmágioese usted un plljaro á
animación, tratando de disculpar sin duda A su quien se le amarra de la patita con un hilo, aunbij~, y prometíendo que la obligarfa á la sumi- que el hilo fuese de oro: no cant11rfa más¿ verdad?
sión.
y se moriría de tristeza.
Darlot siguió la dirección de la mirada de RoLa senora Le Clercq que al pronto pareció haberto, tuvo el mismo pens11miento y sonrió atu- berse conmovido se irguió sintiéndose lastimaoa
zAndose el bigote.
mAs allá de toda ponderación al observar hasta
- 81 la esposa de usted estuviera enferma, su qué punto se del&gt;conocian sus intenciones y sus
padre se apresuraría á ir á cuidarla, pero la co- actos.
noce y sabe que en estos momentos lo mejor es
-He aquí, dijo, comparaciones muy poéLicas
dejarla 5ola consigo misma. Yo que también la
pero
inj11stiiicadn11 en mi concepto, puesto que
conozco, pienso como el Doctor. Naturaleza exMaria
l\Iagdalena goza de toda la libertad deseaquisita y refinada, su igualdad de humor y su
ble.
No
tiene, es verdad, la misma de cuando era
calma pueden durante mucho tiempo impedir que
la
seftorita
Bois Saint M11rcel y podía frecuentar
se deocubra su finneza y casi podlia decirse su
la
sociedad
de gentes vichidas y equívocaR, pero
obstinación.
sobre ese punto me permitirA usted preferir mis
• i el aire glacial de Roberto ni la afectación antiguos hábitos que son los de todos mis antececon que contemplaba A su interlocutor fruncien- sores, pues es indispensable que se conserve la
do el entrecejo de un modo bastante eignifieati• dignidad de nuestro nombre.
vo, detuvieron á Darlot que, semejl.lllte en esto á
Darlot que babia logrado rehac1:rae, dijo con
la setioritaHartley, iba siempre recto á su fin sin su voz más ioclsi va:
dej~rse desviar por nada ni por nadie.
-¡Muy bien!, mi sefiora, muy bien! Me es muy
H.ober,o no le simpatizaba ni un plico; en este interesante tropPzar con personas qu'e tienen firmomento mismo hallaba placer diciéndole verda- meza de carácter, pues teniendo como tengo una
de:1 muy duras sobre su superficialidad, su impre- debilidad deplor1tble, me divierto en estudi11.r cua.l
visión y su manera egcis!a de amar A María Mag- de estas dos cualidades buena ó mala que se lae
daleoa y hablaba con un,, seguridad enteramente juzgue produce más detestables resultados. Pienadecuada parn exasperar al joven jurisconsulto. so, sin emburgo, quo hay casos en los que las

_;,:,-7 ~t.,

gentes inflexibles deben saber ceder un -po~o, así
como los débilt:s, de vez en cuando revestirse de
cierta energía si hay casos graves que sirv~n do
motivo. Esto es lo que acabo de hacer dec1diéndomé á. decir A usted lo que le be d:cho.
Sin esperar respuesta saludó respetuosamente
y se lué con paso rApido franque11ndo en ~reves
instantes la reja. Lu seliora Le Clercq le v1ó ulejarse con profunda estupefncción.
La intervención de Hené Darlot había. producido
en Roberto un tfecto semej~nte al que produjo
en su madre avivando más bhm que calmando la
11gitació11 contra María Magdalen,1 .
Atrnvesó, !'Ues, rltpidamente el jardín, y entró
en el aposento de su mujer. lb!\ con la resoluc;ón
de decirle senc:Jlamente: «Maria ir11gdalena, desapruebo la conducta de usted: usted ha olvidado
lo que debe A mi madre, y deseo que le presente
usted sus excusl\s y que para el porvenir evite
usted escenas de esta clase.» E3lO se1ia bastantl':
111 joYen se verii obligada á obedecer sin réplica,
y sus pujos de chiquilla sediciosa ~erían
desde luego abatidos.
Biijo estas impr'-'siones entró y vió .\)la·
ría M¡¡gdalena que estaba leyendo, sentada cerca de la ventana, y que ni aun levantó loe ojos al oir el ruido que produjo
la puerta cuando se abrió. Sin duda est11.·
ba aterrttda y esto actitud traoqu'lll no
., era. más que un supremo esfuerzo parll.
·• ocultar sus temores. Roberto avanzó hacia ella con ademán severo y como era.
un horubre metódico y un abngado, y tenia la costumbre de consen·ar en la memoria las frases qüe prévi11mente pensabll y maduraba para cada caso, comenzó
con entonación perentoria:
-~Iaría :Magdalena, desapruebo la conducta de usted ..... .
Ella colocó el libro sobre una mesa y
dijo io·errurnpiendo á. su marido.
- Lo siento mucho, muchísimo, pero
ya me lo esperab11.
Y como estas palabr11s fueron dicbas
con voz dara, trnoqnila y reposada, t1
abogado quedó estupefacto.
-¡Que se lo esperaba usted! Y sablen
do que me iba A ser desagradable, obró
usted como cbró?
-¿Q1,eriendo serle A usted desagradable? No, Roberto. No hubo premeditación:
hablé, ;-orque había lle~a.do al agotamiento de mis ftterzas de resistenci1t y eso, si
no hubiera sucedido hoy, tendría que suceder mallana. La verdad es que ya no
estaba muy segura de mi cuando se presentó este incidente y ..... .
-Habla usted con demasiada tranquili•
dad. gritó él perdiendo su flemaacuscumbrada, sorprendido por semejante acti·
md que salia de los limites de toda previsión.
Mag se levantó, se acercó A Roberto y
éste pudo contemplarla a plena. luz. Estaba en
erecto muy serena y una expresión de1·esolución
contenida daba A sus beciones un aspecto nuevo, Roberto tuvo la intuición de que no erit una
nitl.a la que estaba delante de él, sino una mujer
de vol.untad acaso tan fuerte como la suya y comprendió que la lucha iba á ser tormitlable.
M~g_gua!•dó &amp;ilencio unos instantes pues toda
recr1m1nac1ón le parecía inútil, El hecho se había.
realizado; una situación defJnida existía ya y quedó esperando que su marido le comunicara lo que
había resuelto.
Robertó agregó:
-Si: usted. está. muy tranquila después de haber obrado de manera qne me causó una viva
c?ntrar~edad. Usted olvidó e! respeto y las con~1derac1o~es que debe á mi madre, y habló con
rncooceb1ble audacia delante de un extrallo. Al
oír A usted ¿no podria cualquiera imaginarse que
usted es desgraciada aquí? Responda usted, Maria Magda!~r:a, y no se quede, como lo hace, mirándome f1Jamente y sin decir una palabra. Yo
tengo el derecho de saber por qué se ha olvidado
ur.ted de las convenien(lias hasta ese punto.
-No creo haberme olvidado, replicó ella con
mucha calma, y tengo la convicción de que usé
términos ente:-amente correctos, ademAs René
Darlot no C3 para mí un extran.o sino ua aw1go.
Roberto, mu.&gt; irritado se puso Arecorrer el salón a grandes pasos.
-Preguntarme pe,r qué habl6 , . .. .. ! Crtía yo

27

EL OB!&lt;TÁCULO.

que lo sabe usted bien amigo mío, pues es usted
demasiado inteligente
para que pudiera ¡.,.uorar
.
e
que no soy aqu1 ma.s que una chtcuela y que se
me trata coruo si fuera incapaz de pensar y obrar
por mi misma. No hago nada sin pedir licencia;
se me impone e&amp;to, se me prohibe lo otrC' y esta
tiranía aumenta momento A momento y se llega
hasta á despedir una criada que es mill, que yo
misma be traidu aquí y que me sirve desde la infancia.
- Oh! interrumpió Roberto. Esa muchacha es
de unl\ calidrtd deplorable y no me parece m&gt;tl
que sean alejtldas de usted todas las personas á.
4uie0Ps conoció Antes de su matrimonio.
-;.Por qué?
- PuPs porque ha vivido usted, qu1:rida mía, en
un medio que yo callriMrla de ... . impropio y
que el seil.or de Bois Saint Marcel nos ha descrito
de una manera tal que ....
~!arfa Magdal..ma se r.1borizó avergonzada por
est11 inculpación.
-Bien conocía u,ted ese medio. ¿Por qué me
fué á buscar allí? He aquí una rr11seque lamento
amigo mir•. ¿Algo en mi perdona le es á. usted
desagradable, tengo una conducta .... impropia
como usted dice~
Roberto se volvió l\ contemplllrla y ob~ervó
que teni'l un aire de profunda mP..1mcoli11.. E~ta.ba Jiodüima esca rebelde que rtivindicab I derechos de libertad incompatibles acaso cuo su juve11tu&lt;l. ¿Por qué diablos no se contentaba con
ser bPlla y amlida por su belleza arrebatadora?
-Pc1rsonalmente usted es eocantatlorll, djjo él
11proximll.ndose, pero Je asPgaro que l0:1 relatos
hechos por el Doctor, me 11.-1.0 despertado vivas
desconfiaoz11s sobre el carácter de las amigas que
t•!nÍtl ustetl.
- Conoce usted á una de ellas: ¿Le desqgrnda
Lucil\ 11:lrtley?
-D,·jemos en paz ú la sellorita llartley. U$•
ted trata de desviar la cuestión y me pre,enta quej11s infantiles que carecen de todo fandamentú. Aq uf no se 111 tiran iza á usted sino que se
la ama, y mi madre aprovecha cuantRs ocasiones·
se le presentan para demostrárselo á. usted.
•
l\lagdalena reprimió un ge:1to de impacienci1\
al oír hablar de hu generosidades cte fa seflora
Le Clercq, y Roberto faltando un poco al tacto,
lifladió:

-¿Las aficiones de usted A la elegancia y al
1ujo no s1:: ven siempre satisfechas grncias A su
desprendimiento? Debía usted tenerlo presente.
-No es posible que lo oivide, según la frecuencia con que se me recuerda, murmuró )fag despeehad11.
-Decía usted .... ?
-Oh! querido Robarto, dec(a .... .. digo por
fin, que es fatigosísímo y humillante estar oyendo que sin cesar le recuerden A uno la concesi.&gt;n
de obsequios que no ha solicitado.
-Esto, Maria Magdalena, es una. ingratitud.
No se le reprocha á usted nada, y usted corres•
ponde con el despecho y la impacieucia al afecto
de que se le dan pruebas.
María Magdalena se reconcentró un instante
porque el debate tomaba un camino penoso y eso
de discutir sobre delicudos asuntos de geoerosi•
dad v de reconocimiento, la contrariaba en lo
intimo del corazón. Comprendió que su esposo
11pena1 habil de9florado la cuestión, y re•
solviéndose á todo, quiso agotarla de una vez
¡mesto que ya se habfaempezado, y dijo con mueba-zalameria·y dulzura para hacer p8llar sas -p,rli.bras.
-Estoy segura, amigo mío, de que es en erecto por earifl.o por lo que me tiraniza su madre de
usted¡ no retiro e:1ta opinión y le protesto que si
no hubiera tenido en cuenta esemóvil, no habría
tenido el valor de sufrir tan l11rgo tiempo una
&lt;arga tan pesada.
Reconozco que me ha colmado, diré mas, me
ha abrumado á fuerza de regalos, de amabilidades y de atenciones ...... sólo que de mi parte
preferiría que me amara de otro modo, haciéndome menos obsequios y dej!n.iome obrar un poco
según mis gustos. Vamos, Roberto, asted sab_e
mejor que yo que no estamos en nuestra casa SI·
no en la suya; que es por su cuenta lo que comemos y bebemos; que ens criados nos sirven y s~s
carruajes nos pasean. Para usted que es el hlJo
ésta es sin duda una situación natural, pero yo
estoy bajo la impresión de encontrarme_ en _visita,
si torno en el jardin una flor, temu ser 10d1screta.
y no me atrevo A dnr orden alguna A esa servidumbre vestida de ceremoui11. que me ve con un

.

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-':'!

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&gt;;,

respetuos.; desdén muy comprcnsi"ble para mí.
E,ta, amigo mio, es una sftunción tirantP. D1u·,
es un plncerextremado, en tanto qu~ reeibir, a.pesar de uno mismo, se viene á convertir, A 1~ IRrga,
en un verdadero suplicio. ¡En norubre del cielo:
que la sefl.ora Le Olercq me recoj11. cuitnto me ha
regalado,que no me vuel\"a. á d11r nuncn más, pPro
que me deje siquiera respirará mi gusto. Porque
en fín, Roberto, de lo que ella pretende haberme
dndo lo que vale m:\s y yo_ quiero mAs en el mundo, me lo estAn quitando otra \"CZ poco A poco y
ese ...... eres tú!
.María Magdalena con un movimiento delie11do
deslizó su brazo al rededor del cuello de Roberto y apoyó en el pecho de éste su cabecita linda.
de modo que él al verla. y al sentir tan cerca aquellos ojos grandes y claros, aquella boca fresca y
oliente A fresas y aquella tez reluciente, sintió
que sus resoluciones se debilitaban de una manera deplorable y no tuvo fuerzas para arr11ncarse
de ese dulcis1mo abrazo de su mujer.
-Tú y yo, Roberto, no hemos estado solos
desde nuestn casamiento ni hemos podido amar•
nos más que durante aquella nuestra ese:ipatoria
de ocho días. Ella está siempre entre nos.-,tros y
naturalmente debemos conservarnos cuidadosamente conectos. En la mefa se habla de obras
pías; figúrate que acaba de dRrme un empleo en
el orfanatorio y que f}stoy condenada á coser camisas bastas que me destrozarAo los dedos y me
pondrá:n"'lllunos de 1regatnz.
María Ma~dalena extendió su mano tina y la
pus~ tan cerca de los labios de su marido que
éate no pudo prescindir de besársela. Ella sabía
muy bien la clase de ascendiente que tenía sobre aquel hombre de D'\turaleza enérgica y por
la primera vez empleó las armas de la belleza.,
irresistibles, contra 1, u suegra. Hasta aquí hA bía
sufrido sin quejarse porque tenía horror a las discusiones y á la diplom11cíll femenl11a: ahora se
quejaba, y emprendíll á tod1' costa un comb!lte.
-Y cuando por el\Bualid11.d llegttPmos á estar
solos como ahora unos cuantos instantes, los apro•
vecharé para contnte cómo estuvo la dlecasión
el! el Comité de Senoras Piadosas y á cómo vale
la tela de algodón con que se hacen los colchones
del orf11natorio. ¡Ay. Roberto! qué felices seriamos en el campo, solitos los dos ..... No seriamos ni un poco correctos y nos besaríamos en la
casa y A cielo abierto, bajo los árboles y en todas partes y A cualquiera hora.
Roberto dimdo al olvido loa para él fundados
motivos de su ju,,ta cólera, besó ll Maria lbgda•

,.,.

Jena tal como si \-a estuvieran en su casa del campe, ó A cielo abí~rto bajo los árboles del ctlmi110.
-Aquí, ¡qué diferenci11! af1adió. Tú en·s gr1tvo
y yo soy lúgubre: por nada de este mundo te 11treve1 i11s A reir y yo menos aún. Vamo3 á vclvernos muy formales: tú no pensando 5ino en las_ dP•
mandas y vo sin ocuparme mf\s que de los cincos
del orran11iorio y aeí ya verils qué perl\Oll&gt;ljes somos tan respetables y momificados! Ap~o11~ tienes treinta af\os y yo voy {L cumplir mia veinte
y . . . . ¿te atreverías á creerlo? pues ya somos
octogenarios.
.
Dime, Bob, ¿encuentras que vaya por su camtmo eso de hacernos viejos á nuestr11. ed11d? ¿~o
te dan tentaciones de eer joven, ..l mí si. Ali! no
tener nada, ni lujo, ni fortuna, nttrla mús lo qne
tú g,rnas, y vivir felices juntos! Mira que nos tlebemo3 el uno al otro y en virtud de eso yo te
quiero para mí y sólo para mí. Me parece que e:;;to es muy natural, en tanto qne A los ojos de cualquiera parecerA abominable eso de qua no_ pui.-da
yo tener marido sino á hurtatiillas como &amp;1 ful:lra
un delito. Casi no te conozco y no se 110s drjll.
ninguna intimidad de pensamientos para que podamos conocernos. Unicamente en nqud Yentu•
roso viaje que hicimos juntos be podido entreverte y eso ee todo: después, no he visto m,\s
que un sefiorón \"eslido de negro, muy estirado y
siempre con una eeflora muy severa y muy respeta.ble colocada enLre él y yo. Y tú? ¿mo conoces ocaso, Roberto?
Sus miradas se cruzaron, y esta pregunt~ no
obtuvo respuesta: todo el profundo enigma &lt;le las
almas desconocidas se levantó ante aquellos ojos
tan llenos de resplandores que se abtfan enfrente de él.
-No, tú no has querido, terminó Magdalena
con acento de reproche, no te hin dignado querer conocerme, y sin emba;go, creelo, valgo la
pena de que te tomes ese trabajo.
Roberto la estrechó contra su pecho. Todas estas cosas dichas por la =iujer amada, por esa deliciosa :Mag que tenía sobre él influencia tao grnnde. le conmovieron y como eran justas tuvieron
eco en su conciencia y en su corazón. Su madre
era amorosa f buena eon una terrible bondad invasora y absorvante; y encerrados los dos en esta
estrecha vfa ceremoniosa y grave, no tardnrían

�==

"EL )IU"S'DO rt..USTIUDO"

!l8

en atrofiarseá pesar de suja.,•entud y del amor que
so proresnban.
Pero la siluación no erll túcil de resolverse.
-¿Y qué hacer, M11g? Ya estamos aquí, y mal
ó bien nui:stra vida estA organizada.
-¡Oh, no Boh, no! Cuando aceptamos la exis•
tencitt en común no sabh1mos que
es una cosa
obsolutamtmte imposible.
- ;,Y qué quisie1·a tú qué hiciernmos?
- Diantrt'l E;cnr en nuestra c,sa, tener una
can 11ueatrll com1.1 todo el mundo.
Roberro sacudió la cabeza.
-Suet\os, querida mía, suenos. Sería cruel Rbandonar á mi maure fl su edad, después de todos los
sACrificio. que ha hecbo por nosotros.
-CunodocasaunoA susbijoe, 11migo mío sereeigna A una sepA1·11ción: mi padre me ha dej11.do
salir de París y tu madre oodía muv blendejt1rte
salir de 1,u Msa. Ya sabe qu11 la am1tmos y que
siempre serf11. para nosotros una dicha recibirla
en ca-a.
-EsR frase Jeparecerítt abominable á mi pobre
mamA.
-Pero en fin! cu11ndo ella se cas(1 sufrió la tutel que ahora me impone A mii' habría en el
mismo cnso aceptado la misma sitll8ción?
Siguió un silencio ba10t:mte prolongado. Roberto, sufriendo rou..:bo reflexionttba oprimido entre
la ll!t!cción que tenia por su madre y el amor do
Marí1t Mngd11lena, reconoch..ndo en el fondo del
corllzón que ésta tenill rnzón al querer estar en
su casa, pero retrocediendo con espanto ante la.
perspectiva del d isg .1sto y de la indignación du
la sen.ora Le Clercq,y atemoriudo también como
buen provinciano por los comentarios que h11rían
todos sus amigos y conocidos ...... lllagd1tl,ma
aftadló:
-Esto es penoso para tí, Roberto mío, lo comprendo, pero es inevitable, pues no puede soste•
nerse una situación como la que guarda111os. Por
otrl\ parte, despu¡;s del incidente que acababl\ de
ocurrir &amp;1 imposible volver A nuestra vida babi•
tu11l.
Roberto se pnso sombrío, pero ella valerosamente agregó:
-Si: yo misma to recuerd" este incidente que
lamento en la forma por mAs que me haya yo
mantenido cortés, pero que es fdiz en el fondo
porque resueke la cuestión y nos coloca en una
i;ituación tal que se hace necesario t0miu· un par•
tido en esta uiya.ntlva: ó permanecer aquí, pero
entonces en una posición obsolutamente subal•
terna, ó bien, lo que es mas lógico crearnos un
hogar independiente. Oh!, tan modt!sto como tu
quieras, como tu puedas buenamente. Yo no amo
el lujo ni el bienestar á tal punto que me sienta
capaz de sacri!icarle todo lo demlls y tengo la
convicción de que despué3 de la primera explosión de los sentimientos vl'hementes, tu madre
comprenderá que dcbiamos tomar esta resolución.
Roberto suspiró con angustia. Es verdad que
Maria :.\fagdalena defendla su causa con calor y
encontrab,~ razones excelentes, pero indudablemente fJUE'! á la senora Le Clercq, no le iban A.
faltar argumentos para probar que &amp;taria Magdadalena era una ingrata y l!l un ma! hijo, un hom•
bre débil cuya justa lndingación se había rendido á unos cuantos besos y A. unas cuantius palabritas de miel salidas de una linda beca.
-Pero en que di!icult!\des me has metido,
l\fagl
Puesto que sufrfas debiste decírmelo, en vez
de estallar en r.na escen!l irreparable como lo hiciste. Mi Intervención habría podido allanarlo
todo en tanto que ahora tengo que entablar una
lucha con mi mHdreyaca$O h11&amp;tareliir. Esta.idea
me es horriblemente penosa.
-Reflir! ¿Y cómo puedes imaginarte que tu
mamá.sea tnn poco razonable que se niegue !\admitir una co,a cuya justicia es indiscutible? Cada
uno en su cas:1. y Dios en l1t dp todos: he aquí el
precepto universal y al que se sujetan todas las
personas A quienes conocemos, siendo nosotros
loi, únicos que sostenemos una situación anormal.
- E3a es en efecto la opinión común, pero no
la de mi m:\dre y hny qne lijarse mucbo en un
lado de la cuestión sobre el cual te deslizas lijeramente ·in fijarte en su importancia. Yo no tengo fortuna personal porque mi padre, A conse•
cnencia de especulaciones infortunadas, perdió
todo lo que poseía. y mi mudre no está obllgada
A nada respecto de mi, siendo muy justo que cooEer.e todo lo que le pertenece. De mi parte no

"ªº

quisiera pedirle ni la m -1s mínima renta ó capital caso, al otorgarJi, un generoso perdón, Je dirigiría
un discurso que fijara muy bien su situaclóo y
por nada del mundo.
-Ohl lo comprendo mny bien, interrumpió Ma• que la dejara sin ganaa de intentar nunca mAs
renovar semejante audacia.
rfll 'Magdnlena con viveza.
Un rumor de vocee cot1fusas le hizo levantar
-Bueno .. peroentoncee ¿de qué vamosávivir?
llace ruuy poco tiempo que empecé A trabajar los ojos y distinguió en un balcón del departa•
y mi clientela es demasiado reducida, de modo mento de María lllagdalena á. los dos jóvenes mny
que ¿n realidad no me produce mAs de cuatro 6 ja.ntitos y en una buena inteligencia ájuzgar por
cinco mil francos al l\ft0 1 Jo cual es muy poco para su actitud y la¡¡ miradas que se dirigían. El asom•
nosotros que estamos habituados A una vidll de bro la. par1dizó durante algunos minutos. ¡Cómo!
comodidacil!S y h11br[a que prescindir de coches, ¿Roberto estaba contento con su mujer? ¿llabiendo ido A corregirla y reprender!!\ cambiaba de
servidumbre y lujosos departamentos.
M1tri.i M11g11atena se habfa tomado del brazo de propósitos se volvía de su lado y po.recillaprobar
su marido y así paseaban los dos por el aposento. su inconv~niencia? Una ola. de amargura le in-Ya te he dicho, Bob, que el lujv me preocupa vadió el corazón.
Roberto distinguió á su madre en el momento
poco pues no deseo mh que tu amor y mi tranquilidad. No soy dadtt A fiestas, lo sabes muy bien en que e .traba.
-Mira, Mag, desearía yo que le dieras tus exy seremos muy felices en una modtssta catiita de
ladrillos con un jitrdincillo de rosas y violetas cusas por haber sido dura con elb, ¿no te paque serAn mías, un s,dón en el que recibiré a rece?
Magdalena inclinó la cabeza.
quien mu agrttde y un aposento en que puudo dar
- ¿Pues qué do veras flllté A las conveniencias?
boepitlllidad Alas per:.onas du nuestro cariflo como
-Tus pa,abrns fueron correctas, pero tn actiLucia Hartley por ejemplo. Túnosabes hasta qué
punto me sería satisfactorio tener en casa por tud no. Ya h11s ,·tslo las consecuencias.
Ella comprendió que en este punto debía ceunos clias A Lucía! QJ.erido Il.&gt;b, vamos á ser al
der y lo hizo de buena voluntad y sinceramente
como hacía siempre todo.
-Bueno, Bob, no tendré inconveniente en declarará tu mamá que la amo y la respeto y que
estoy desolada por haberla ofendido.

fin e :po$03 tú y yo y á obr1'r por nuestra propia
cuenta. Llevaré nn libro de gastos con mucha
perfección y nuestra casa, aunque pobre, eerAalegre y de buen gusto. Ya verás ..•. oh! tstar en
nuestra casa ¡qué felicidad!
Se asomaron al balcón qa.e &lt;'Staba abierto y
pensativos contemplaron cómo la noche iba descendiendo sobre el jardín. Roberto reflexionaba
acerca de los lados agradables de una vida inde•
p,indiente, pero sentía al mismo tiempo la pena de
deeagrad1lr á. su madre y le preocupaban loe cuid.1doe y responsabilidades que iba A. tomar sobre
sí. porque desde el día en que se separara del pll·
lacio Le Clercq, sería cuando, casado verdaderamente, sabría lo que es la cuga de una familia.
Esto no dejaba de ser inquietante.

La seftora Le Clercq vió á. su hijo correr al aposento de .María M&lt;1gd11lena, y adivinando su frritación, comprendió qne iba á dirigir á la joven
reproches que estimaba como muy merecidos,
pues aunque en el rondo era muy buena y 11maba A su nuera, le c msaba viva satisfacción que
se la reprendiera por una 111.lr.a de respeto que la
habia dejado profundamente disgustnda.
El Doctor muy contrariado, lleno de mortificación, deseando esquivar su presencia durante la
penosa crli,is, salió cou el objeto de escribirse A
si mismo una carta que le llamara A P..ris por el
trl!n inmediato.
La seiiora Le Clercq regreso.odo por la Rvenida
que conducía al vestíbulo, se decía que Magdalena merecía una buena lección, y que seguramente obligada por Roberto, vendría al día siguiente
A darle una satisfacción cumplida, y que en ese

Roberto durmió poco: el pensamientc de los
debates que se iban a. entablar, lo tuvo sumamente preocupado durante la noche. En ,manto A. b
seliora Le Clercq, la convicción de la ingratitud
de sus hijos la tuvo en un estado de exasperación
febril.
Se acordaba con extremada lucidez de memoria, de todas las bondades y beneficios que les
había prodigado, y esto bacía resaltu la fealdad
de la acción con que ahora l!l. recompensaban sublevllndose contra su autoridad.
Menos 1¡ne nunca dispuesta á la reconciliación,
se preparó en esta noche de insomnio A una acti•
tud de altivez y dignidad herida, poco apropósi,
to para resolver las dificultades existentes.
Mny temprano entró Roberto A su gabinete de
trabajo abrumado por desagradables pensamientos: se aproximaba el momento en que era nece•
sario hablar A su mad1e y tratar de hacerla comprender y admitir los proyectos de Maria Mug•
dalena, convenciéndola, además, de que era justo
dejarla soln después de los innumerables favores
que le debían.
La empresa era dificil y el joven se sentia muy
conmovido ante la idea de afrontar una indigna•
ción, una vehemencia de sentimientos arte los
cuales siempre había cedido con docilidad.
Otras preocupaciones también le torLUraban.
Todas esas visiones de existencia modesta y libre, siendo los dos enteramente duelivs de si
mismos, eran agradables en tanto que permane•
cían en la categoría de eneuelios¡ pero A la hora de llegar al terreno de la prActica, ¡qné difi•
cultaltades de ordeu material tenían que surgirl
¡Cnán angustiosa es la incertidumbre!
No tenitm rentas ni fortuna, ni siquiera la suma necesaria para procurarse los mueble~ necesa•
rios A sn nueva instalación.
Cuando se casaron estaban tan destinados á
vivir enteramente con la seftora Le Clercq, que
so habían instalado en un nido preparado por
olla, y en el cual ninguno de los objetos de que
se servían les pertenecía.
Roberto llevaba apenas un afio de estar ejerciendo au profesión, y duranre este tiempo, 111
mayor parte de lo que babia ganatlo aún no se le
pagaba, pues sicml,lre un abogado cobra á. sus
clientes los honorarios con menos actividad de la
que emplen un comerciante para cobrar sus tacta.rati.
Lo poco que había recogido en dinero lo gastó
desde luego, pues no estaba preparado para ninguna eventualidad que le hiciera pensar en economias.
Así, pues, era necesario, al avisar A la sellora
Le Clercq que se la abandonaba, pedirle dinero
para poder ejecutar esta decisión.
Roberto reco.rrltt su gabinete con sgitacióo,de•
sesperado de la situación en que se ¡¡entfa. colo' cado: y como Mag no estaba a.111 con él¡ su inrteneia muy pasajera disminuía. Roberto se re•
hacia y las ideas que tenia desde la niliez se apo.

deraban de nuevo en au conciencia. Había trabajado tanto en este gabinete bajo )a mirada fría
de los antiguos retratos de sus antepasados presidentes, consejeros y jueces, que ya eataba ~cos~brado A un supersticioso respeto hacia esos
vieJoe pelucones que se amarillabau en &amp;UB cuadros de oro.
Mu~has v~ces al le~antar los ojos fatigado de
estudiar alguo expediente Arido, había encontra•
do aliento nuevo en esas caras altivas y pensadoras que le mostraban el camino que debía recorrer; camino recto trazado por espíritus llenos
de honrAdez, y aunque medianos, penetrados de
su importancia y de la influencia social que tenían.
Eu este gabinete trabqjaron ttntes que él, su
pudre, su abu.,Jo y su bisabuelo. Aquellos libros
de pas~s descoloridas simétricamente alineados
~etrás de las vitrinlls de lll biblioteca¡ aquel anuguo péod11lo de bronce¡ Ja mes1 macist\ los si•
llones rígidos; todo ese interior guve y severo
estaba como impregnado de pensamientos serios,
de aentimi•mtos de bonor11 bilidatl y del respeto
que cada Le Clercq ei,taba en la obligación de
tener hacia su propio nombre.
Esta raza de abogados y m11gistratlos hab{a sido altiva y leal, y en ell1t todo parecía httberse
organizado con arreglo A las pre~crlpcloncs de una
tradición veneruble á fuerzt1. rle ancianid1td. Cada uno de estos togados había tenido uo wjoberedero del nombre y lafortunR; y las hijas, cuitn•
do las habfa, entrab.m al couvento, ó se las ca... a•
ba con algun primo de la rama segunda de ta
familia que también llt!vaba ~1 nombre de Le
Clercq.
La monogrnril\ de estos hombres estabi traza•
da invitrlable desue la eternidad: inf rncia tntu•
quila, juventud estudiosa., casamiento entre los
veinticinco y los trt:int1t ,iflos, UM vida grave y
digna, honores y la consideración de sus couciu
dadanos.
Cada uno de ellos se habfa cRsado con una mujer rica y babia administrado su hacienda coo prudenci11. y tino, por lo cu11 l la fortuna. de la casa era
cuantiosa. El padre de Roberto era el único que
había dilapidado su fortuna impulsado més bien
por una causa política, pues er• muy adicto á lve
Borbones. E~ta burguesíil de tres siglos tenía opiniones realistas muy pronnncladRs, porque las mu•
jer~s qa.e por m11.trirnonio habianentrado en lafa ,
milla eran todas de alcurnia elllviuiisíma digna de
semej,rntes magistrados.
Del ladv de los muidos la rij1dez de priocipio::1 y la corrección de vida habiiln sido iodiscuti ble~ y del llldo de las esposas era tra iiciooal el
ejercicio de obr11s de caridlld.
Roberto fué el primero que en ~sta raza do bie•
rro, ó más bien de mll.dera dora, introdujo una
criatura viva, avispada, alegre, qne no estaba en
relación con las ideas y gustos de sus antepasados. En el pecado llevllba J1t penitencia.
Se iba á dar el c1tso de q_ue un Le Clercq dejara la e1tsa solariega, lrabajara fu"lra de ese gabinete y viviera pobre y nec1sitado en algunl\ casucha de arrli b?&amp;l lejos de la rcconlortirnte mirada
de los retratos de famllla.
A este pensamienlo toda su sangre fría de mn•
gistratura, toda su altivez ar~ctada, el miedo de
caer en desgracia y el orgullo de su nombre hirvieron en él. Partir, dejar todo, romper con elpasa•
do, destruir el culto de las tradiciones t11miliarea,
porque la eeliora Le Clercq había despedido á
una criada de Jlaría Magdalena, 6 mAs bien porque .Maria :'\Iagdalena habituada A la vida bohemio. sin freno ni sujeciones no haoitt sabido apreciar los beneficios de una existencia honorable y
seria era un disparttte de que se tendrían el111 y
él que arrepentir. Oh! ¿por qué había cedido algunas horas antes á. una sugestión que lamenta•
ba ahora sintiendo alg. di! ira contra quien se 111
inspiró'?
Deploraba pues en debilidad y se echaba en
cara que hubiera sido capaz de desert11r de la
causa de sus antecesores dominado por losencan•
tos de una mujer. Pero como ofreció b11blar á su
madre, era necesulo cumplir su prome::1a y bajó
á sus departamentos no sabiendo aún lo que le
iba A. decir y con el estado de Animó de un hombre igualmente empujado en dos opuestos eentl·
dos. B~ verdad que en lo que Je decídlaría :\1agd 1lena babia mucllo de justo ¿pero no seria posi•
ble mejorar ltt s~tuación i;in romper con todos los
lazos que unían t Roberto con su antiguo modo
• de vivir?
La seliora Le Clercq, enferma por la noehe de
insomn:o que acababa de pasar, estaba todavía

EL OBSTÁCULO.

en el lecho, Roberto entró en el aposento y perrnaneció unos instantes silencioso y dcspuéi de
besar A su madre dirigió una ojP-Ada á. esta pie•
za donde había entradorllra vez do:sde que se hizo hombre.
Antiguamente. en su i11fllncia, había habitado
a!H y pudo ver en el aHeiz11r de la ventana una
mesita microséópica conjque Re divirtió enj 1ego.
tranquilos y silenciO!IOS, mientras su madre cosía
ó s11.caba cuentas; vió la silla de terciopelo azul
en que lo ser.taba, muy formalito para contule
cuentos, silla en que hubfo aprehendido las pri•
meras lecciones de lectura; volvió l. ver el pianino relegado A uno de los rincones de la estancia
en que estudió las primeras escalas, y contemoló
con mirad11 melancólica la Alforu bra de flores descoloridas sobre la cual había desplegado tremebundos ejército~ de soldados de plomo ,V espantosos fa.ertes erizados de caftoni:s¡ sobre la chimenea. reconoció su retrato cuid1tdosamente conser•
vado y en el otro extremo un dibujv incipiente
conque habill intentado con mano torpe aún reproducir Ja11 facciones de su padre. Todo esto Je
hablaba elocuentemente de la inf1tncia y le recordaba que la eeflora Le Clercq había sido una
madre muy tiurna, que en vez de entregarlo en
manos mercenarias y de mandarle que juaara en
el cuarto di, los ninos, su dicha mA.s gra,~de ha •
bía '!ido tenerlo eon ella siempre y ocopar.ie de
él en todo tiempo y A toda hor1'.Puededecirsesin
temor que este afecto así crecido y ro mentado era
el qne la volvía uo tanto cuanto celosa y lidncli na ba A traoizar A María Magdalena.
La &amp;P1iora Le Ctercq observó A su hijo con an•
siedad: sabía que venía A habiarle de la escena
de la visper&amp; y q_ue esta conversación iba a si:r
grave, pero no le dijo nada, pues quería mejor

=

29

explorar el estado de ánimo en que se encon•
traba.
.-Estor ~n la Fituación más penosa, dijo él rom•
p1endo él stlencio. •
La senora te contestó dulcemente.
-Es claro! Debe ~llber sido mny desagradable
para ti oir I'. tu muJer hablar en tos términos en
que habló ayer tarde
R_o b~rto no contestó desde luego: y viendo su
vactlac1ór, lt seliora quiso p1 e ;ipitar las cosas y
llegar de una vez A la verdadera discusión.
-Tiene~. que decirme algo deeagr11d~ble, Roberto, le d1Jo; lo comprendo bien. Habla, amigo
mio. María Magdalena está despechada ¿no es
a I? c;Le tiene afecto A su criada y me suplica revo~ue yo la órJen de despeclirl,t? ¿O se conserva
altiva. Y orgullosa de haber tocado los últimos lf.
mitee de ll\ Rudacia?
-¡Si no tuera_ mt\s que eso! contestó Roberto.
Lnego, resolviéndose de Improviso agregó:
-~Itre usted, ma.mA; prefino confesar A usted
!ran~ttmente y sin dlpJomacin alguna que mi muJer tiene el pro~ó.sito de tener una ctlsl: suya, un
~ogar .. que dlr1g1r, su propia cas,l en fin; y esta
idea f11a, en verdad es enteramente comprensible.
Allora está un poco tutoreada aquí. Usted est4
en su c'le&amp; y reina en ella como es justo, pero
liaría ~agdalena tiene cierca independencia de
carActer y le desagrada tener que subordinarse
A otra voluntad.
_-¿Qué edad tiene? Diez y nueve aft.oe no cnmpltdos lohl comprendo que quiera manejarse por
si sola y que se sienta capaz de ser ,una de ca&amp;s1.
Rc,berto_vió A su madre coa enojo y ella to notó en seguida.
-To_da mujer. casad11, cualquiera que sea su
edad, ue11e el lndiec11tible derecho de tener un ho-

�so
gar que sea ·uyo. Desde hace algún tiempo ob•
servo con pena que María l[agdalena se vuelve
reconcentrada, triste, y ciertamente se considera
aunque sin causa ni fundamento, como una victima. Discusiones ligeras, pero demasiado f1 e•
cuentes se bao producido, y esto la verdad es
que me produce una profunda tristeza.
No podrla explicar A usted hasta qué punto me
contrarió oirá mi mujer hablar en los términos
en que lo hizo y ya se lo he m1m'!estado así, por
lo cual vendrá. 11. pre8eotar A usted sus excusas,
pero todos estos penosos incidentes hacen muy
dificil la vida en común. No lo cree usted
así, mamá? .Aun después que haya usted acepta•
do la satisfacción que le dé Araría Magdalena, la
situación • permanecer!\ tirante y ust.ed en to~o
pensará ver ~ verá tal vez muestrll8 de rebeldut.
de su parte. Ya ve usted que se ba revestido de
valor y aún se ha atrevido A ponerse frente A
frente de usted. ¿Quiétt nos asegura que, obliga•
da A sutrir un gér.ero de vida que Je desagrada
no acabaría por olvidar todo el respeto que le de•
be A. nstrdi' Esto no lo toleraría yo jamés, ni las
graves discusiones que tenclrAn que sobrevenir.
La seflora Le Clercq escuchaba a &amp;u hijo en el
mayor i:.ilenclo y se dispuso 1\ reprimir sus pri•
meros movimientos deexaltaeión que no habrian
servido sino pera atirmar A Roberto en su idea
de separarse de ella. En estos momentos criticas,
con el corazón y el pensamiento agitados entre
dos deberes y do,. afecciones opuestas, debla ceder al impulso más leve, y una vez ,melando en
una resolución no salir de ella. Entonces la senora dijo:
-Delilllnera, que están ustedes deseQsos de vivir solos y esto está bien ¿no es asl? Tú has resuelto complacer en ese punto A Maria Magdalena ....
Roberto inclinó la cabezasin responder de pronto, con pena porque le mortificaba la necesidad
de hacer semrjaote indicación :l. su madre, A quien
amaba tiernnmente, y le dijo con entonación melancóliM y aire cohibido:
-lla sido usted tan buena con nosotros y nos
ha probado su a!ecto de tantas y tan repetidas
maneras, que le vamos A p11recer á usted ingru.tos. Yo sufro mucho por lo que pasa v sé que me
va usted A juzgar mal. ¡Responder A las bondades de usted con un proceder de este género .... !
Y esto ¡\ los tres meses solamente de vida común
sin hacer loe ensayos necesarios para dulcificar
un poco nuestras voluntades! Esto está mal hecho 'i todos nuestros amigos lo van A reprobar.
La senora Le Clercq oía á su hijo defender la
causa de ella con los argumentos má.e contunden•
tes y Je vela de un modo enigmA:ico. Mi.,orras él
hablaba, su madre que le conocía bien, traspa•
rentaba bajo su mAscara habitual de frialdad co•
rrecta, resentimiento contra [aria Magdalena que
Jo impulsaba A este extremo y la tristeza real que
experimentaba por habt'r cedido en un momento
de debilidad.
'
Así, pues, lo dejó que enume1 ara toda~ las fealdades de la acción.
-Porque, en fin, continuaba Roberto, usted
nos ha ahorrado hasta los mAs leves enojos de la
vida material y Magdalena que pretende ser ama
de au casi1. no podri\ ni aun dirigir el modesto hogar que yo podría proporcionarle. Es demasiado
joven y está tan poco acostumbrada ll ocaparse
de cosas serias! La vida que llevnba antes de
nuestro matrimonio no creo qu4' haya sido la más
11. propósito para i1,clinarla á ....
Aqul hizo u,a pausa, respiró con es!uerzo y
encogiéndose de hombros como la persona que se
resuelve A nna cosa absurda concluyó:
-Y he aquí como con tecla su aparente dulzura, nos ha rrafdo A una posición tal que ya no po•
demos permanecer aquí.
La se!iora Le Clercq dijo i;on voz alentadora:
-Vamos, Roberto, comunícame tus proyectos.
¿Donde piensas ir? ¿qué proyectan ustedes hacer?
Sorprendido al ver esa resignación, Roberto levantó Ju cebeza y contempló A su madre.
-¡Quél ¿Deveras consiente usted sin una palabra de reproche?
- ¿Para qué? dijo ella esforzándose por sonreír. Bastante desgraciado eres ya para que agre•
gue yo li tus penas la de mis reproches.
Roberto tomó la mano de su madr~ y la besó.
-¡Qué bondadosa es usted madre mfa y cut\nto bien me hacen su, palabras! Estaba yo verdaderamente desolado por el disgusto que creí cansará usted.

"EL :líU?,'DO ll.USTRADO"

-Desolado, pensó ella para sí. Aitnque no sea
cierto A lo menos me lo dice.
Y litego agregó.
-Disgusto .... sin duda; pero el ml\s grande
que pudiera yo tener serla el ver á ustedes _des:
graciados y por causa m.la. En cuanto á m~, llll
propio sufrimiento no me preocupa. Les ~rejos
encontramos muy natural que se nos considere
como hechos para aguar fiestas é interrump1ralegrlas. "o, no me veas con esa cara de reproche.
Amo A tu mujer lo mismo que ayer la amaba Y lo
probaré ayudando A ustedes en todo lo que pue•
da. V amos .... basta de enternecimientos. ¿Qué
vns A hacer? ,. Permanecerás en 1,[ontpazier?
-Sin duda 'contestó Roberto asombrado de la
'
pregunta. ¿Pues
donde quería usted que 1uera.7
Soy abog11Jo aquí ~ aunque rui clientela sea bas•
t1inte modesta tengo un nombre conocido en la
ciudad desde hace t11otos Ali.os que espero tener
aqnJ mejor resultado que en cualquif'ra otra parte.
-Pues me imaginaba yo que Montpazrer no
era del agrado de ~[aria • Iagdalena. Es una po•
bre subprefectura, las gentes estAn muy atrasadas y esta sociedad es muy fástidiosa para una
encantadora mundana acostumbrada é la vid11. de
París. A.qui carecemos de originalidad, de deiica•
deza de brillo. Somos unos sencillos provincia1
nos boorados y fastidiosos. La verdad es que
aquí solament~ los Lll Falliere tienen ta.manos pa•
ra agradar, 11sí con eie agrado quo .... \·amos,
no me sé explicar.
Ob! con qué entonación de finura exquisita Y
de ingenuidad dijo la seil.ora Le ~lercq tod_o esto
acentuado con una sonrisa de 10dulgenma maternal!
-Tu podías haberte formado el propósito de que
te nombraran jaez en alguna otra ciudad, y me
es sumamente satisfaetorio ver quo son otros tus
pensamientos. Permaneciendo en Montpazier est1m\s seguro de que tu majer no se rozarA má~
que con per~onas bonora~les, pues ocupa aq~
una posición que en cualqwera otra.parte le seria
dificil alcanzar y yo abrigar.la. muchos temores
por su inexplil'iencia que podría volverla A amis•
tade~ incouvenientes. Tú no eres de la madera
del se:ftor de Bois Saint Marce! y to disgustaría
ver en tu casa mujeres de la categoría de Lady
Briggs, ó Lady Kan.ranina ó la condesa Adalgieri.
Dejó la setlora reflexionar á su hijo sobre toda
la importancia de esta observación y después
agregó.
-Así pues, permanecerán aquf?
-Si, dijo Roberto con acento desalentado, tra•
taremos de encontrar una casa modesta por 4 ue
yo gano muy poco dinero y ni aún sé cómo voy
¡\ eomponé"melas para el principio. , • ecesitare•
moa desde muebles puesto que no tenemos nada.
-Bueno, ya sabes que para eso contarás conmigo. Pues como íbamos diciendo, tt: instalarás
en una casitll barata, probablement~ de ladrillo,
con su jardincito al frente del ta.man.o de esta sala; tendr1\n ustedes una sola criada que María
Magdalena dirigirá y vigilará y así se proporcio•
narán una modesta dicha y se resignarAn A contentarse con la Yida di-' un encargado de fábrica.
ó empleado e.le consumos con sueldo de trescientos francos mensuales. Eso es muy penoso, hijo
mío, pero acaso tú te acostnmbrarAs, ¿Crees que
á ella le ,mcederA lo mismo?
-Pues haría mal si se quejara de un estado
de cosas que ella ha sido la que lo qn.iso.
La seflora Le Clercq sacudió la cabeza .
-Ah! pobre Roberto, diJo. La lógica no ea virtud de que pueden envanecerse las mujeres. Lo~
sentimientos femeniles son muy ocasionados A
modificarse y te lo prueba que tu esposa había
aceptado con rt'gocijo nuestra existencia Actual
y ahora no tiene más deseo que cambiarla. A.l
princi¡&gt;io se sentirá encantada y estrenará. su casa, sus muebles, su ilhertad, su responsabilidad,
y por el atractivo de lanovedad,acompallarA con
orgull.:&gt; ll la criada par11 ir al mercado y arreglarA l11s cuentas de l11 lavan ·iera y ajustará las del
vendedor de leche y las del de carbón. Pero después? más tarde? Empezar!\ por fijarse en que la
casa es Incómoda, los aposentes reducidos, el
jardín raqultico, la criada torpe y brusca y sabré. lo que es and,1r A pié aún cuando llueva, y
usar trajes mal cortados, sombreros baratos y tener que remendar l11 ropa del marido. Conocerá
en tin, fas grundes y pequenas mi erías de li.s
majeres de los pobrea r eso no tiene n1tda de dlvw-tido ¿sabe,? Y no meaclmiruría Amí que al c.1•
bo de poco tiempo pidiera volvrr aquí, cosa que
yo concederla de muy buena ,·olurtad, pero que

F:L OB"-TÁCULO,

dArla A nuestros amigos y :l. la ciudad entera una
triste idea. del cará.cter de ustedes.
Roberto. muy sombrío, hizo un ademlln enérgico significando qne jamás tomu:la él nna decisión semejaute, y su madre sonrió con su acostumbrada amorosa. lngenuidttd.
..
.
-Oh! no vale la pena jurar nada, d1Jo, part1cularme11te cuando se tiene u.n a mujer tan seductora como la tuya. Vayai por Dios que obtendrA.
de tí todo lo que quiera, y eso es mny natu~al.
Pero descartando tod~s las hipótesis y admit1en•
do que tendría hasta el fin el valor de ~us opiniones, qued11 por Jo menos esto qu~ es 111contestable: vivldan ustedes en la miseria. ¿CuAmo has
ganado esto allo?
- Unos cinco mil franco,.
-Bueno: esas g,rnancias anmentan\n de seguro· pero aún cuando llegaras A dobl11r esa suma,
vi~irfAs en la miseria, en la peor de todas, en 1'!'
de la ropa tetlida y camisas de cuello postizo. ¿1
si tuvieran ustedes hijos como espero y deseo
con toda mi alma, dónde hallarAs los recursos
neceaarioij par11 educarlos y para que María )[agdahma no ae entregue A trabajos demasiado du•
ros de mujer del pueblo que serian desastrosos
para una naturaleza tan delic~d&amp;? .
.
R'lberto hizo un gesto de 1mpac1enc1a y en•
tonct-s su madre, levantando la mano con solemnidad, dijo:
-Si he hablado de todas esas cosas, hijo mío,
es porque conviene que las conozcas á fundo Y
que no te lances A ciegas en una vía en que tú Y
ella pueden sucumbir. ¡llay tantos disgustos para 111. gente pobre, tantos cuidados A cada instante nuevos, y esto en una ciudad donde nuestros
antepaiados ocuparon una posición honrosa Y
br1llaotel Si, si te digo esto, es porque no me resigno, no quiero que mi hijo, que un Le Clercq,
en fin, se vea reducido á extremo semejante; Y
puesto que es necesario que alguien se sacrifique, seré' yo.
Petrificado Roberto se levantó y contempló ll.
su madre. No había comprendido de qué sacrificio se trataba.
-Seré yo la que me lré, dijo la seflora Le
Ciercq con firmeza y dejaré A ustedes el palacio
con toda la intalación y la tortuoa necesaria para sostenerlo y que hagan netedes en el mando
el papel que les corresponde. Para una vieja como yo, basta con una casa modesta y algunos
millares de trancos. Pero ..•. ¿qué te pasa Roberto? ¿qué tienes?
El bueno, el excelente y leal Roberto, presa
de una emoción violenta, estrechaba A su madre
entre sus brazos y la besaba efnsivamente como
en otros tiempos cuando era niflo, y la rigidez de
la profesión y el deber de dar importancia A su
nombre no le habían todavía congelado.
-.MamA, querida mamd .... es nstedmity buena, pero la. verdad es que en este caso me juzga
usted mal. ¿Se atreve usted !\ creer que fuera yo
capaz de aceptar semejante sacrificio?
Esta vez la sellora Le Cler.:q seconmovió también y con sinceridad, realmente con sinceridad.
Alguna vez entr11 la sinceridad á tomar parte
en las ~alamerias femeniles y la frase de la Camila de Muset es proft1Dda y verdadera: "¿Estds
bien seguro de que todo miente en una mujer
cuttndo miente su boca?" :Nol este orrecimiento
de deslumbradora generosidad era nada má.e que
un ardid dipiom(i.tico, y e,ta mujer que quería
conservar consigo A su hijo, lo empleaba como
una arma de cayo resultado no podía dudar.
-Te serti necesario aceptar, afladió la sellorit
acariciando con sus dedos suaves la cabellera
obscura de Roberto. SerA necesario que me obedezcas cuando yo lo exija. Ya sabes curu es mi
tiranía: no quiero ver á mi Roberto en las garras
de la miseria, no quiero que Mag, acustumbrada
á cuidados y mimos y A gastar s:n limitaciones,
se encuenu·e desgr11ciada de repente. ¿Crees que
yo quedaría contenta con mis comodidades y mi
lujo sabiendo que ustcd11s carecían de todo? No!
Por otra parte este es el palacio Le Clercq que
tiene nuestras iniciales esculpidas en las claves
de las puertas y cineeladaa en los ba.andales de
los balcones.El que lleva el nombre de la familia y es su jete natural, debe habitarlo, y ese eres
tú. En esto f11ndo mi orgullo que no considero reprochable: estoy orgullosa de mi razR y quiero
conservai·Je sus tradicione hasta el tin. Un Le
Clercq no decaerA, no saldrá. de esu cas11! Que
una vit'j \, buena cu11ndo mucho pHr11 confeccio•
nirr rol''l dt' orfanatorlos y bospitale,, vaya A11.cab11r su ,·ida lujos de estas paredes, nadll igoitica;

pero mi hijo y sus hijos deben vivir en su casa
solariega.
-Comprenderá. usted, mamA, que eso no es
aceptable, y que pueden volverse contra usted
todos los argomemos que me ha presentado hace
un instante. ¿Podrla ustetl resigaarse A vivir pobremente 11 su edad? Eso mejor lo p11ede bacer
una joven.
-Pero, hijo mio, si no se trata de pobreza; te
suplico tomes en cuenta que yo trato de reservarme una. renta suficiente para que mi vida. sea
confortable y no seré motivo de IAstimas. ¡Organizaré mi existencia bajo otro pié y eso es todo.
Continuaré como siempre ocupándome de unes•
tras fundaciones piadosas, visitaré á mi:1 amigas
y sobre todo A ustedes, qaeridoa hijos mios, y espero que me recibirán con buena voluntad. 1faría .Magclalena tiene un eorazoncito bueno y 110ble y llegará A amarme mucho cuanAo no tenga
la preocupación de que me le quiero imponer.
Roberto con el corazón oprimido, saltánclole
las sie,1es y sintiendo ganas de llorar, dijo con
voz entrecortada y como tratando de abogar su
emoción.
-Mamá, pido perdón por haber pensado aun•
que sea solamente durante un minuto, por haber
pensado separ~rme de usted. Ya no hay que ha•
blar de eso: Magdalc¡¡e pensar!\ lo mismo que yo
cuando conozca la generosirlad de usted y su ternura hacia ella: y si aún conserv11re &amp;Jguna. idea
en contrario, yo me entenderé con ella para que
renuncie.
Después besó A su madre otra vez y salió precipitadamente. Las gentes de carácter enérgico
no gustan de l111cer demasiado visibles sus emociones.
La sellora Le Clercq se dejl\ caer sobre sus al•
mohadas y sudpiraodo como quien se siente aliviado de un gran peso, murmuró:
-¡Pobre Roberto! tiene una naturaleza sencilla, recta y leal .... En cuanto A Maria lagdalena, es una chiquilla A quien hay que darle una
buena lección.

Cuando el Doctor de Bois Saint Marce! en traje de viaje salió de su cuarto llevando en la ma•
no una carta de llamamiento urgente que se babia dirigido A si mi'!mO para enseflar é sus bués•
pe des se encontró con Maria Magdalena que con
marcha lenta y ademAn pensativo salia de los apo•
sentos de la suegra.. El Doctor se imagino que,
A no dudarlo, la joven acababa de dar A. la setlora Le Clercq una cumplida satisfacción y se sin•
tió muy tran')uilizado con esta idea.
Sin embargo, esto no modilicó SUB proyectos de
evasión y siguió convencido de que ya era tiem•
po de ir a. Escocia con su amigo Claverhouse que
debía estar impaciente esperándolo.
Maria Magdalena vió á su padrt; observó que
llevaba traje de viajero y comprendió todo.
-Acabo de recibir una carta, le dijo el Doctor
con apresuramiento y ruborlzil.ndose un poco ante la mirnda de su hija, y es necesario que yo
parta ...... Una cliente enferma. La eefiora de
FernAndez ¿s,1.bee? aquella espa11oia que tiene
tan lindas esmer1tldas. Pues ba sido atacada sü•
bita.mente y parece que el caso es grave ....
María )Iagdalena movió 111. cabeza de un modo
muy significativo y contestó:
-rTo me sorprende la partida de usted.
El sellor de Bois Saint ~[arce! hizo como que
no entendía la alusión y preguntó:
-¿Podré ver t\. la sel'iora Le Clercq?
-No: está en su cama aunque no ha enferma•
do. ¡Que vn (1 enfermar! tiene un vigor, una ener•
gía un empuje que bien puede usted perder la
e~p~ranza de serle nunca útil como médico.
El setlor de Bols Saint M.arcei sorprendido por
el acento de Maria Magdalena, dijo resolviéndose
A mAs no poder á tomar parte en un debate que
le des11gradaba.
.
-Vamos . ..... entremos á tu departamento y
hablaremos: tengo un cuarto de hora aún y te lo
puedo consagrar antes de rogar á tu suegra me
reciba p11ra d11rle mi despedida.
Luego escribió en una tarjeta ~nas cuantas !~neas, tocó el timbre, envió la ti.rJeta á. su destino y aeompnllú á )la.ría. 1,[agd~lcna á_ su departamento particular del primer piso. Mrentras atravesaba corredures y bajaba e caleras, el Doctor,
sdvertido por natural sutilidad de ingeuio aviva-

do p'or vivaz egoísmo, comprendió que por razo
nes que se Je escapaban, :llar(A. Magdalena tenla
una profundn. contrariedad que la exasperaba.
¿Ilabia pensado que el arrebato de la vfspera le
daría la libertad v acababa de convencerse de
que había fracasad°o? En ese caso, su proyecto
deberf11. ser renovar los esfuerzos para comprometerlo, y tal Vf'Z hasta fuera pedirlo definitiva
protección y asilo.
Con estos pensamientos se armó de resolución.
Nada de enternecimientos ui debilidades con los
que vor otra parte iría contra los verd11deros in•
tereses de la reeil\n cnsada. Era necesario volverla al buen camino y no dejar que se perdiera por
un eaprieho irreflexivo.
Al verse en su casa, sola con su padre, .Magdalena comprendió en la actitud que tenía, sus temores de verse enredado en las complicaciones
que estaban ocurriendo y para ratificar ó rectificar estas suposiciones, esperó A que él tomara la
iniciativa, lo caal hizo desde luego, preguntando:
-Veamos, dime, ¿qué es lo que ha pasado después de tu disparate de ayer? Ya sabes, l\lag, que
tengo debilidad por ti y que me ciega el cari!io
y sin embargo, he condenado con toda energía
por encontrarla inconveniente la conducta que
has observado respecto A tu suegra. Un incidente
de esa ciase, es peor que una illlta: una torpeza.
¡Así 3e habrá puesto de disgustado tu marido! Vamos, cuéntame.
María Magdalena sin entrar en los detalles de
su conversación con Roberto, refirió lo que habla
pasado entre ellos y que después de una violenta
irritación, su marido consintió en que se separa•
ran de la senora Le Clercq.
El Doctor hizo grandes ademanes de asombro.
-¡Roberto ha cooseotidol Entonces, esto es ya
un hecho. ¿Se ha llevado A cabo ya la ruptura?
-No: ella paró el golpe, dijo Magdalena fríamente. Oh! tranquillcese usted, pues quedo bajo
so dependencia.
-¿Que me ,ranquilice yo? Pues de ese modo es
seguro. ¿Que queda::i bajo su dependencia? Pues
es lo mejor que te podí11 eucedt!r. ¿Concibes que
una mujer de buen sentido abuse del poder que
tenga sobre el Animo de su marido par1i hacerle
incurrir en semeJantes necedades? En verdad
que yo consideraba A Roberto con mayor discresión y energía. ¿Qué babrla sido de ustedes? ¿Cómo pensaban salir del apuro en que iban A me.
terse? 1Qué locura, setior, qué locur11l tú careces
de espíritu prdctico, hija mf.s, y la ünica fortuna
de ustedes y hasta mfa, es el buen sentido y la inteligencia de que da maestras la seflora Le Clercq.
Vamos al hecho. ¿Cómo se ha p?rtado?
-Con mucha destreza. Sometiéndose y abandonaDdo todo, sacrificá.ndose ,\ nuestra dicha y

exigiendo que nos quedAramos con el pAlacio y la
fortuna, en t,mto que ella, pobre y resignada se
retiraba á cualquier habitación modeFta. ¡Es necesario ser tan simple como ...... él, para no ha•
ber sospechado en tamo desprendimiento de pa•
labra, una verdadera comedia.
-Permíteme, permíteme. dijo el Doctor, yo encuentro que lo que ha hecho es magnifico, sobre
todo por el resultado que no podía ser mejor Y
ftor la aud11cia., entereza y vnlor de que ha dado
pruebas. Habría podido ser cogida por la pala•
bra y estoy persuadido de que en ese caso hubiera cumplido Jo que -prometió.
•-Conoce muy bien A Roberto, replicó Magdalena y sabia muy bien que no corría rie8go alguno. Este. diplomacia me repugna y encuentro
despreciables esos recursos y Al11 persona que los
emplea. Al principio me era cargante: ahora, ya
ni Aún la estlmo.
Todo esto lo dijo )fagdslena con la misma tranquilidad; y el Doctor si se hubiera fijado, habrfa
bailado en su hija un singular estado de Animo,
ml\s peligroso todavía que la mayor exaltación.
-Babi bah! bah! exclamó el Doctor de Bois
Saint l\Iarcel, levantdndose. Reflexiona, hija mia,
reflexiona un poco en que la vida no es una comedia en que el autor hace marchar los personajes A su antojo. Es preciso tow11r en cuenta lavoluntad de 10s demás, respetarla y evitar colislo•
nes desagradables.
-Eso es precisamente lo que pretendo que se
baga respecto A mi, interrumpió Maria Magdalena.
-Tu no eres más que una chiquilla necia,gritó
el Doctor con cólera. Donde hace falta la dulzura afectas altivez y eso es torpe, muy torpe. En
lugar de cultivar los buenos sentimientos de tn
suegra hacia tf, te procuras en ella una enemiga.
Tu escena de ayer h11. agravado la situación, pues
111 seftora Le Clercq si te llega A perdonar lo h;1n\ con tr .. bajo y Roberto te con.servará rencor
por haberlo empujado contra su maare.
- Uo consejo, dijo María Magdalena.
-Doblegarte, hacerte dulce y encantadora como lo eres cuando quíeres. ¡Qué diantres! En :P •

(

�32
rís todo el mundo te ador.ibll. ¿Cómo te las com¡,ones para ser aborrecid1.1. en tu casa?
-¿Y si no puedo doblegarme?
-Se puede cuando es in~vit!lb!e.
-loevitablei'
-Si, contestó él con una firmeza brutal, pues
no veo maner11 de obrar en otro aentido y en caso de un rompimiento deflnittvo no debes contar
con apoyo alguno de mi parte. Te aseguro que
es muy peligrosa lll empresa y seria yo culpable
si te aconsej11ra algo que no faera absoluta sumisión y si te hicier1.1. concebir la más leve e~peranza de ayuda.
Maria Magd-1lena no dió sefl.ales de sorprenderse. Esperllba esta contestación pues sabia hasta dónde el temor de las complicaciones y de los
disgu.os podill conducil' A su padre: hasta e3a
dureza que le negaba, no solo un apoyo materi11l
que le preocup.ibll poco en esos momentes, eino
aun una afectuosa simpatía, un dulce consuelo y
cunsejos menos amargos que esa brusca orden de
doblegarse.
¡Ooulegurse .. ... ! ¿qué otra cosa había 1iecbo
d~sde que se casó? ¿Y á dónde la habfa conducido esto. A una compleLa nulirlcación.
Mllrfa M11gdaltm11 vió el reloj.
·- - -·
-Si quiere usted \'er á la seliora Le Clercq
antes de partir, dijo, ya es tiempo de ir A su
casa.
-Sí. Ya voy. Adios, Mag.
El Ductor abrazó á su llij11. y ella le dejó hacer
inmóvil é indift:rente. EDLonces él la contempló
fij&gt;tmente y le dijo:
-lle aqn1 que porque no quiero ceder A tus
caprichos te me enoj ,., y me dejas partir hasta
sin decirme adios.
La joven observó que su padre estaba ver&lt;la•
deramente herido por esa altivez y entonces lo
besó también.
-Vamos, tontuela, estas son nubes de verano
que pronto pllsarlin dej,mdo paso il tu tranquili&lt;Jad y .\tu dicha. Ya Silbes, Mag, cuánto te quiero
¿Yt:rdad? respóndeme.
-Si, murmuró Mag.
- Pues entonces no te deben parecer sospechosu mis indicaciones y tienes que pensar en que
yo juzgo mejor que tú. por lo cual le conviene
oírme, puesto aparte el respeto filial, yo bien sé,
A fe mía, que la vieja tiene sus ratos de insoportable, pero se hace uno la disimulada, se la deji hablar y se piensa en otra cosa. De repente te
escapas y haces UD viajecito il París, con Roberto, por supuesto que con Roberto, pues alH encontrarás mi puerta abierta para la esposa del sefior
Le Clercq, pero cerrada para una chiquilla fea y
tonta que hacedespropós1tos. Cun que .... adios,
my da1fü1g, como dice Lucia Ifartley y que pase
pronto esta tempestad en un vaso de agua.
Dejó á su hija con la sonrisa en los labios; se
hizo la resoluc:ón de figurarse que el silencio de la joven era una muestra de asentimiento
y supuso que 11us ternezas de padre indulgente
habíim contrabalanceado PI rigor A que estaba
sujet11. De Bois Saint Marce! era deaqutllos egois•
tas exquisito3 que poniendo su pro¡,io Interés ante todo y sobre todo, no pueden soportar que se
les guarde rencor ni por el motivo más ligero.
Quería que todo el mundo le amara y le encontrara encantador.
Cuando se quedó sola María Magdalena, pensó
en la situación inesperada en que se encontraba.
Al ir A suplica1· 11. su suegra que la pcrdon11ra. por
su exaltación pasada, supo que, Roberto habill
carnbi11do lle propósitos; y fué tan profunda su
estupefacción y tan intenso su desengaflo al ver
que su vida debía continuar como siempre, que
no babia tenido tiempo ni de poner en orden su
imaginación..M11quiualmeme rué como quiso refngh1rse al carillo de su padre y no sacó de este
refugio ventuja alguna. ¿Qué debfa hacer? Lo
primero, ir A ver A Roberto y oír lo que le dijera.
Habría querido correr A su gabinete de traba•
jo, pero un sentimiento brwco la detuvo; un sen•
limiento de desprecio hacia el hombre que de es11.
manera faltaba A su palabra y un vivo rencor le
llenó el corazón en tanto que por evolución rápida de la memoria recordaba todo Jo que le prometió algunas horas antes, sus frases de ternura
y la confesión de que ella tenia el preferente Jugar en su corazón. Esto acababa de oírlo en ese
nismo aposento y luego al primer choque se da'\ por vencido sin tener en cuenta para nada
to iae sus promesas.
os 111 bios de Marftt Mngdalena so plegaron

violentamente con expresión de disgusto. Ahl ¿Esta era.la cláse de afeeto que su marido le profe•
saba? Un t~rranque enérgico pero pasajero durante el cual le ofreció todo; pero luego A caer otra
vez en los hábitos correctos de la existencia obU·
gada y artificial ú que se había conformado; el
olvido de todo cuanto había ocurrido entre su mujer y él y despué3 de haberla ex1tltado y divinizado1 á. tratarla o\ra vez como un ser inferior no
creyendo necesario ni aú.n explicarle la.s ruanes
de esle cambio.
¿Convendría irá pedirle esas razones? No: ya
vendría él il darlas si asf lo quería. Más valía dejd.rle toda la vergüenza de venir A explicar lo
iuexpicable.
Entró pues á su tocador Uaría Magdalena, á es•
ta pieza repugnante por el lujo de IDál gusto que
babia amontonado la suegra; y para arreglarse la
cabeza, des1nó sobre sus espaldas su oputenta cabellera. Acaso fuera este un Artificio de coquetería por4ue &amp;imuháneamente se dejaron oír los pasos de Roberto qu I l1egaba. Ella lo dejó entrar sin
separar Jos ojos del eSJJl'jú en el cual vló la cau
11.fligida, casi conf11u de su marido,
- S11lud, Afag ..... .
- -Salud.
-Qué seria e5tAsl ¿Has hablado con mi madre?
dijo lioberto, aborda11do desde luego la di1tcuslón.
-Si.
Magdalena daba estas contestacioneslaeónícas
sin volver lit cara. Roberto afladiú:
-1,Y te refirió lo que ella y yo hablamos?
-No¡ el resultado sólameute. Parece que á pesar de todo nos quedamos en su casa.
-¿Podía yo aceptar de ella el sacriticio de que
se Cuerai" Tú. m11,ma no lo hubit!rits consentid.o: no,
:Mag, te hubiera parecido imposible como A mi
que dejara sn propia casa.
-Nunca le propusimos semejante cosll, respondió la joven, colocAndose artístiCllmente los cabellos y prendiéndolos con itlfileres de oro.
-Naturalmente. Pero ella no se pudo resignar
á que sufriéramos pobrezas y privacloneti. Su
ofrecimiento tan t:x¡&gt;ontt1neo me ha conmovido y
te c)nmJverá. de la misma manera, estoy seguro.
Ante tal generosidad, las pequen.as reocilllls desaparecen y sóto queda la g1·1tlitu.d.
Magdalena guardó silencio por algunos instantes, como no dándose por couvencida de semejante afirmación. Acabó de arregJar¡¡e los cabellos,
rt orgarnzó los peiues y cepillos qui, le habían es•
tado 11irviendo y dijo trian1ente:
-¿Af,í, pues, estA convencido que permaneceremo11 aquí y en la!! mismas condiciones que anteriormente?
llJberto ligeramente confuso, pero afectando
ser~nidad y firmeza, dijo:
-Sí, y por medio de múma.s concesiones podremos ser felices.
-Hasta aquf las concesiones no han sidt&gt; mutuas, sino que yo las lle hecho todas pero no recrimino á nadie por eso y es inútil en consecuencia que frunza usted el entrecejo y se prep11re á
la discusión. ¿No tiene usted u11.dá más que decirme?
-No.
-Entonces sería usted muy am1tble si me permitiefll quedarme sol1t para terminar mi tocado.
-Eso bignifica que me vaya y no me tieoes
a.costumbmdo a tanto rigor, replicó Hoberto, como queriendo tomar t1 broma lll.S cosas y seapróximó A Maria Magdalena para besarla.
Ella entonces lo dejó hacer con indiferencia tan
glacial que retrocedió contrariado y tan confuso,
que queriendo salir del t•·•cador, se dirigió á la
puerta d~ la alcoba.
-Por ltt puerta de la antecámara si me hace
usted favor, dijo Magdalena.
-¿Por qué'i'
-l:'orqne .... mi alcoba no es pasc1.dizo que todo el muDdo pueda estar ci:u.zando A toda hora.
Roberto dirigió Ai;u mujer una mirada amenazadora.
-¿t;ree usted, María Magdalena, que estoy en
condiciones de prestarme A una escena de novela
seatiment1tl? Bien sabe usted que es absurdo lo
que dice y Jo que supone.
-Puede ser. Sin embargo, me figuro que no
harl1 usted intervenir A su madre en el debate. Ya
he visto cómo me ama usted y no necesito más.
Roberto, trastornado por la cólera, quiso contestar, decir 11lguna frase brutal acaso, pero ella
tenia una actiLUd tan resuelta, que se contentó con
hacer un adem{m de desprecio y salió. DetrAs de

33

E L OBSTÁCULO.

"Et, HUNTIO fl,CSTRADO"

él :Maria Magdalena corrió ruidosamente el cerrojo de la puerta.
Al oir este ruido Roberto apretó los ptlftos con
furor v rompiendo con su calma ordinaria empujó la puerta del corredor con un golpe tan violento que se lastimó la mano y entró en su gabinete de tu bajo lleno de ira y de rencor, estupe!11cto al recordar el carácter que babia descubierto
en su mujer y decidido A obrar con toda energía.
para dominArselo. Pronto se iba A ver quién se
cansaba primero de s"mejante situación.
En la estación del ferrocarril el Doctor se encontró con René Darlot que estaba de viaje pa•
ra Bretafla y siguieron juntos algunos minutos
hasta una estación proxima en que cambiaron de
tren.
El Doctor de Bois Saint Marce1 tenfa deseos de
desahogar sus penas en el corazón dealgún amigo. Darlot babf1t asistido la víspera á la escaramuza del palacio Le Clercq y era natural que se
hubiera tratado de informar del desenlace de
los sucesos que er.taba ansioso de conocer.
El Doctor le refirió que Maria Magdalena había
dado á su suegra una scitisfacción y esta por medio de un gracioso ofrecimiento, de despojarse de
su fortuna en favor de la rebelde, consiguió que
mllrido y mujer continuara,; en la casa.
-.Magnifico! all.11dió el Doctor, ya ve usted,
querido amigo, que todo se desenlazó fl pedir de
boca, y esta aventura harA comprenderá l\1ag
que no tiene mAs recurso que eometeree :\ su suegra. Esto es lo mejor que podía suceder.
-No lo considero así, declaró francnmente
Darlot, pnes Mag qued,i redncid11 A una situac:ón
insostenible, y pienso que sa marido se portó muy
m11l no cumpliéndole la promesa que le había hecho de sacarla de allí. Esto va A empequeliecerlo
en la estimación de su esposa, lo cual debla suponer él con su buen criterio¡ y aunque su hija de
usted es muy buenit, estoy convencido de que
cuando deje de estimarle le dejarA de amar; y
cuando ya no lo ame le serAn · insoportables las
inmerecidas penecuciones de la suegra y yo no
encuentro en esa probabilidad justos motivos de
verdadera inquietud.
-Vaya, vaya .... :.1 Es absurdo lo que dice
usted, replicó el Doctor. Parece que encuentra
usted agrado en disgustarme con semejantes predicciones. Después de mis sermones á M11g y de
las exhortaciones que Je hice! Pero y también yo
por qué me ocupo de la opinión de un hombre co•
mo usted que tiene la cualidad de ver todasdas
cosas de un :nodo diferente de como las ven los
demás? Usted pretende conocer á. María Magdalena mejor que yo que soy su padre y la regala
usted con un carll.cter de tremebunda altivez. Est" es archifdlso: yo que vi A todos los personajes
de nuestro asunto digo a usted que ya estarAn en
la.mejor harmonía, que mi hija en ddinitiva se resignará al verse la menos .fuerte, y también le
asegu-o Austed que es lo mejor que puede hacer.
Por Cristo que sus hermosos sentimientos son patéticos, pero una vida holgada,feliz y rica, vale
la pena de que algo se le saerifique. A. est11s horas estoy seguro de que Roberto habrá logrado
someterla por bien ó por mal1 y siempre resulta
venturosa una lllujer que hace todo lo que quiera
su marido ..... ,
Tregastel es un pueblecillo pobre formado de
cabaftas de ladrillos sin cocer que apenas se distinguen del suelo, semejantes A pequeflos montones de tierra, verdaderos agujenis de topo que
se ocultan entre la, yerbas incultas. Aquf y aUA
aparecen entre el cé~ped manchas relucientes tle
UD granito duro y los senderos así p:1vimentados
parecen antiguas vías romanas¡las placas de piedra se muestran desnudas y en alguno~ puntos
surgen sobre los macizos de verdura rocas gigantescas, monstruo-as, enormes, sostenidas en
equilibrio y ostentando en sus numero3as grietas
juncos de flores rojas ó amarillas. Cuando en esas
rocas hay
. algún
. espacio cubierto de tierrl.l, los
Mmpesmos Blembr,rn allí trigo y cebada.
Estas manchas rubias de espigas maduras producen un efecto muy pintoresco por su contraste
con el rojizo de las roca'!. Poco más lejo~, pefiasc?s ~olosales se_h1m desplomado por Algú11 sacudlm1ento plutómco; el suelo hundiéndose en rApido declive y en etie suelo piedras de fvrmas ext.ravngantes apiladas, monstruosas, altas como to
rres y tan prodigiosamente pesadas que se necesitaría uu terremoto para eambhtrlas de sitio y
que .'.&gt;Scilan sin embargo cuando lile toca un ni.lio.
(ContinuardJ.

EL OBSTACULO
NOVELA ORIGINAL POR Mme. DANIELLE D'ARTHEZ-Ilustraciones de nuestros talleres.
VElUSION Et;PAÑOLA. DE 11.EL MUNDO ILUSTRADO"

Número 5.

Rosas encendidas y amarillas retamas se defienden tras de esas rocas de los vientos rudos
de 1ll mar y del asalto furioso de las olas.
Los hab(tantes de ese lugarejo son muy pobres;
viven los hombres de la pesca y las mujeres y los
nifl.os van vestidos de andr11jos sórdidos A los
1UTecifes cercanos A eojer cangrejos y langostas.
Una chiquillería súcia y descalza salta entre los
guijarros dela playa y cuando percibe la llegada
de algún extrailo, lo rodea gritt1ndolela únicapa•
labra que conocen del idioma nacional: Buenos
días! y que es su fórmula de mendicidad, Manos
como garras se exlienden ante el viajero, y la
banda obstinada le sigue hasta arrancarle algunas monedas de cobre.
Al dia siguiente de su llegada, Darlot, rodeado
y perseguido así, perdiéndose entre los senderos
escabrosos, bordados de cabailas que sirven de
habitllción común á hombres y á auimales1 trataba en vano de hacerse indicar el lugar en que es•
tuviera la casa de 111. sefl.orlta Hartley.
Darlot se había perdido en un dédalo de cami•
nos y vericuetos, de campos rodeados por cercas
de piedras sin argamasa y marchaba sobre un piso lleno de guijarros agudos. De vez en cuando
Algún establo se atravesaba en su camino ó ha•
llaba el horizonte recortado por alguna mole de
granito que sustentaba el faro ó por la caM blanca del semAloro con su mflstil erguido y cruzado
de cordajes delgados como hilos de alambre que
apenas se distinguían sobre el fondo azul del cielo. Más allA, la mar.
Darlot después de haberse desembarazado de
los mendigos marchó costeando A través de un
campo sembrado de juncos cuyas esplnas le punzaban las piernas, y así mttrcbó la1·go tiempo bajo un sol de fuego por lugares tan vastos y tan
poco accidentados, que el milstil del semAfvro hacia
el cual ae dirigía, parecía conservarse s:empre á.
la misma distancia.
Fatigado ya trepó á una pequefl.a altura que
azotaba la brisa del mar, acre y JJena de perfumes, y jadeante JI\ se sentó A la sombra de una
roca y hasta se olvidó por algunos instantes de
contemplar el grandioso espectá.culu que se presentaba ante sus ojos: todo un pais baftado de sol
y de aire azul. El día estaba tan claro que se
descubría la costa hasta una distancia inmensa
erizada de picos superpuestos, desquiciados bi•
zarros y amenazadores.
Una linea de espuma tra.njeaba las 0111s que
chocaban contra 103 arrecifes que asomaban á

�35

F.L OB"TÁCO!,O.
"EL MUNDO TLllsTRAOO"
¿

corta distancia de la tierra, y A Jo lejos el mnr y
el cielo se coofnndflUl en nna brama vaga y t.ransparente.
Un río se dividía en una red de canales que se
nbrían penoso camino á travé,i de Las rocas hacia
la playa o.mnrilJema. Ros11rios de islas, pedregosas tamblen, se vdan desgunados por el mar, y
lae gtt"'iOtas pasaban en bandt1das lauzando gritos entristecedores.
Del lado de la tierra, entre las choz11s de pescadore·s, se alzaba A lo lejos la. flecha delicada y gallarda de un cam¡,anario de piedra que d11tab&amp;
del siglo XVl. Este ettmpanario y esta capilla
irr11diaudo en la .uz ee nimbaban de oro y vlbrabao como en una aureola.
Pero J¡ejo esta regocijadora y ardiente luz, la
tierra aJllrecia Ar1da y .il hombre dabil lástima
abrigado bajo aquellos techos dt1 paja, entre esos
mures de Jodo, en esas csbaftas mt\s tristes y desaliiladas por el contr1:1ste con el limpio azul de la
mar y la diiJfana claridad del cielo.
Darlot conmovido se estremeció. El que se levantaha antes qne el sol para admir1tr el deapertarde loa campGsde trigo en la rica [·orma11dia.
quería aqui ver deepert1:1rtambién estl\ssole&lt;h,tles
pedregosas dond1:1. los hombres padecen miseria y
b11mbre.
Se puso en pié, olvidAndose de Lucia Ha.rtley¡
v pensando en las doras priVllcione · de la gente
dt1 tan devastada comarca, emprendió de nnevo
su m•rcha hacia la playa e1;tre las rccas que de
vez en cuando extnnlnabli con atención. Una de
ellas que tenia la forma de una embarcación a11ti gua le recordó que en las cueYas del mt1Beo -·h irio hab[a visto otra s~mPjante, groscr«mente esculpida y que como és1.a tenfa 111. proa elevada,
Jo-i cos1ado:s anchos y estaba así miamo bien ta•
llada. Subió A la parte mAa elevada, y alli como
en un nllvlo de gr:mito que estuviera nnegando
tn mar de matorrales, contempló otra vez el eapirnio azul del lado de la mar, gris del lado de la
tierra. y rojizo en el litoral donde abundaban las
rocas.
Derrepente un punto blanco le llamó la aten•
cióD, Bra el quitasol de un pintor instalado A 11Igunos cen~eoares de paso~ ~e su;&gt;nnto d~ observ 11ción. FiJAndo,e más, disungo1ó al arllsta que
ern unu. mujer: seguramente la sellorita Hartley.
De un s11lto se precipitó A la tierra y tomó la
dirección en que ha bid distinguido A su amiga
que lo recibió sin disimular la sorpresa. y la alegrfa que et.perimentaba. Despué¡¡ do los saludos
y frases de bienvenida ella le dijo:
-De dónde viene nstell? ¿Dónde está aloja.do?
-Estoy alojado bastante lejos de aquf, en un
hotel que tiene toda la facha de una posada de
aldea.
-Son encantadoras esas posadas.
did
-Sl, pero la mía estlt inva a por los ingleses
y ya. sabe usted lo lnsoportables que ~on.
-Cuidado! Reflexione usted en qne está. hablando conmigo.
- Usted 00 es inglesa, ti. lo menos en ese sen-

~

tido.
-Riendo de esu, ocurrencia Lucia volvió i\
pintar continuando un estudio, muy avanzado ya..
de un c11bo de la costa erizado de pella.seos. Darlot observó atentamente el boceto.
EstA muy bien, dijo.
-¿Le parece A nsted?
-Muy bien. Por otra parte, este pais ea de una
beUeza entristecedora. Ilace dos horas que ando
errante en el litoral, penetrAndome del aspecto
melancólico de esas rocas, de eso11 matorrales, de
esa tierra gris. No debfa usted pintar esto bajo la
luz de'nn sol ardientP, sino en los momentos de
un11. horrenda tempestad.
Nubes pesadas, cielo sombrfo,gaviotaa espantadas y el viento rompiendo los matorrales y azotando las rocas, eFpléndida decoración p11ra una
escena de Jlacbethl
Darlot se sentó cerca de Lucfa que le escuchaba piuaodo.
Traje conmigo las poesías de Musset para leerle A usted mientras lrabsje, pero no debe ser Mussct el que se le11. aqul sino Shakespeare.
-No me agrada més que en inglés.
-Pues bueno. En ese caso, usled será la lecto·
ra. Yo entiendo al idioma perfectamente y me
parece muy bello pronunciado por una linda boea de mujer. Es un canto, un arrullo, un murmnrio que tiene harmonio ·ísim11s modulaciones. Eso
es, usted me leerá, todo~ los versos de Sbakes•
peare.

-~lagnftlcol ¿Y m.ientr11a leo, uated pintarA los
bocetos para mi cuadro?
--Pues Je !eré Austed los poetas bretones desde Brizeux basta Juan Nibor. Leer en alta voz en un 111.gar tan pi11tore11co como e1&gt;te hermosos versos 1
una mujer A. quien se admira, eeo es la reallzaeión de! mAs bello ideal! Yo me juzgo mAs compltto desde que estoy aqui bintiéndGme pene:re.•
po de esto ro~dio ambieute y puece que median
L11glos e11tre mi vida de eiuuad y el momentc.• presen te. Perm11necerfa yo por 1rna cteruidad contentu y feliz j11nto lt e&amp;tas penas Y al latlo de usLed. [e siento bretón como bi bublera vivido siempre bajo ebte sol y respirauuo A plenos ruhuones
el vl1:1nto de la mar.
Awbcs guardaron silencio.
Solo se etcuch11.ba el ru.:i.or acompasado de las
olas y Jes p.-reci11. que estaban Jt,jos, muy lejos de
todo lugar habitado. ~iogunll ,e1i1 en el m11r,niu•
guua cuota eu las ccrcauia¡;¡ haiita la torre del
lllro estaba oculta por un repliegue del terreno.
BI encanto inef11ble tJe la soledad les peuetrü el
corazón, y Lucía mAs ddlcitda 1&gt;int1ó que se le
bumedecii,11 los ojos.
Dt1rlot lo ob:iervó.
-Sentir juntos! ~o hay nada m:\s verdadero,
exclamó.
• Lucia volvió á. tomar sus pinceles.
-¿Por qué será? dijo ella como hablando consigo mismtt, por qué s1:rA que al placer .. bsolulo,
fit,ico é ioteltctuttl que me pr&lt;.doce la contemplxción de lo bello se mezcla siempre un sulrimien•
to, un sentimiento doloro1;0? ¿SerA ocasio1,ado
acaso por la eertlduUJ bre de que e!iO va A durar
poco y de que pronto vendrin A sustituirlo las
cosas vulgares y le .s de la vid11?
.
Darlot. siguiendo e. cur..o de sus propios pensamie11tos dijo sin res1,ouder t eata pregu11t11:
-¿lla leido u·tc:d lo que 1:scribió Rt:nan rcspecto A las campanas de la ciuda.d de Isi' Las
compara A los rt cut!rdt.ie que subeu del fundo dtl
corazón y que se oyen, oyéndose uno ptins~r.
Aquí, aquí es donde vibrtul esas campan11s le~a.nas esas campaua11 tristes y lentas. Par" mi t1ener{ una voz tenue muy apacible Y dulce, la voz
de mi hermana, que murió rebelltndobe contrtt la
muerte. Si hubiera conocido yo este p11is, la habria tr,iído A él. Aqui todo fin debe ser dulee
porque se siente uuo en intimidad con la natura•
Jeza y hasta parece tAcil y simpAtico volver A su
senn.
Lucía dejó caer sus pinceles. L1t habían con•
movido esas palabras por la extrema sensibilidad,
rara en un hombre de que daban l" prueba, Y
ademas utaban en harmonía con sus propios
pensamientos. También ella crcia escuch11r las
campa.nas del pNB&amp;do tr1tyendo rememb~·anzas
de seres desparecidos y amados en otro uemoo.
-Pues bien. dijo con acento enérgico: mAs vale haber sofrido porque as( se aprende A com •
d 1
prender lo bello. EL arte es triste co~o to o o
verdaderamente grande, y es necei11r10 no perder la firmeza cuando se oyen las campanas de
la ciudad de los muertos. A mi me devuelvi:n
mis energías. Adelante! ¿Dónde? No lo sabemos,
pero ¿qué impGrta? Marchemos co? ~ paEo se~uro y 111 frente levantada. Estos p111saJes granC:10808 me Tiemplan el alma y 1:I corazón, porque en
ellos, cerno dice usted muy bien, no se teme mo•
rir¡ y aquí es donde debería escribirse el gran
poema de la Piedad y de la lluerte.
-La educación inglesa ensena desde la infancía A aue las personas cuenten sólo consigo mi:smas, y eso las bace ruertes, poderosas.
-Cuestión de volunt,1d, dijo ella, volviendo al
acento de la conversación ordiu11rla. , • . ¿f Megdalena? hdbleme usted de ella.
Darlot suspiró mt:l,incólicamente.
-lla. tenido usted un m111 pensamiento ni traer
A mi memoria, pronunciando ese nombre, el re•
cuerdo de lo qne me ha a1orme11tado durante todo mi viaje: Uagd11lena esU\,,mal, muy mal.
-Me c~pantll usted, dijo Lucia, ¿qué ci1 lo que
le pasa?
Darlot refirió los ir.cidentes de los últimos días¡
la reb~lión de MNría Mngtlalena, su breve victo•
ría seguida de la defección de Roberto, Y el t1 ionlo de la suegra.
-No encuentro palabras para expresar hasta.
qué punto es absurdo ese marido, dijo la joven
inglesa, con a.na indignación real. ¿!{ay cordura.
en jugar así á cara ó cruz eon stt dicha Y la de
su mujer? Esta mafl.ana, sf: uua hora más tsrtte,
no ¿y 6e imagina. que elle. lo estimará y lo amarA
largo tiempo, con semejantes procedimientos? ¿y

111 vieja hipócrita? Pero esas gontea son cie~asl
Toman A lhgdalena por une. munec~, y DI ■e
Jmsgiuan de lo qne es capaz. Su mando_ la en·
cuemrn lindll· con eso le ba1-ta Y no se inquieta.
por conocerl:t: ¿Y ese vltjo fA1.uo y egotst11 de
Boi:i Snint Mareeli'
.
.
- Ya puede usted figurárselo. Al pruner gr1t?
de alarma at: pu_so eu toga y lo encontré en canll•
no pttrll Ps.ris.
-¿Qué va á ser de Msgdaleua? murmuró Lucía. E:s necesario que salga de e~ casa durante
algunas semanas, y le voy A e~cr1blr propouiéndu11elo, lo mismo que Asu marido .. Lna ~e,rta ausencia servirA de tregus, pues es 11npoi.1ble per•
ma11 ecer en presencia anos de otros en e~ estado
de eri.. is aguda á que han llegado. ¿Se figura usted de 4.ué manera !Se h11blimlni' que veng" aquí
Mcia bldgda.lena y podrA nflextonar_ ~ su gus•
to y obrar en 1,egulda con toda tranquilidad.
Lucía trató toúttvia de pint~r, pero 110 pudo,
pues aquellas maltts uotiei,111 le obscurecían e1
hvrizonte.
-Vamos, ya no puedo hacer _más! porque me
lla tr11.btornado usted con sus b1St~ritts desag,-~diible9. ¡Pobre Mllgtl11lenlll ¡Una mu¡e:r t~n exqmi,ila! Esas esc11r8.JD11Zas van A c0Lsom1r su 1tle•
g 1fa ~~ su bell.-za. El marido sin lx 1nadre, no &lt;:s
del wdo 1111tlo; yo le hab,üt creído basta lnteh1,?~nte r parece amar A su mujer, según pude ob•
1:1ervll~ · en el corco viaje que bleimos juntos. No
qui.o e11cucbar mis obserVllCiones y rue trató con
1111.iva bUpuriorid11d. ¿Qué pensará aho~11? lÜO·
meozarA a couveoeeho de que su muJer no es
capaz de sowettflle siempre, y ei~gam~nte A_to•
d..,jl Necio! Yo quisiera poder d1:c1rle m.i opinión
completa, sobre el pat·ticular.
.
Lucia colocó sus útiles de pintura en la C8JB,
plegó su caballete, y quiso ct1rg11r eon todo para.
ponerse en camino.
-Deme usted eso, dijo René Darlot, voy A llevarlo.
-¿Se illl8gina usted que yo no tengo fuerzas?
Pues sepa Ubted que todlls las maftanas vengo sola á este mismo 1,itio desde mi easa.
-¿ Está muy ltj,:,s?
..,. ÍJna legua por lo menos. Pronto la va usted
:\ ver: no es bonita pero está edificada en un cir•
co de rocas semej ~ut-i,s A estas.
DMlot, á pesar de la protestas de la se11orita
Ilartley cargó con el caballete y la caja de pinturas y Lucía echó A andar precediéndole por
t:ntr1:1 lofi guijarros de que estaba sembrada 111.
playa. Piect.recillas redondas, grandes y duru
como balas de ca11ón rodaban bajo sus piés; unM
roijadas y lus1rosas parecían de mArmol, y orru
eran azu e;¡ veteadas de blanco; en las pen.!ientes de la colina copas de lavanda de perfume
balsúmie:, snrgú.n entre las piedras; il veces en
la cima de los altosaoosapareclan carneros amari•
lientos y el trémulo qoeJumbroso de sus b1didos
vlbrabtt arrebatado por In brisa de la mar¡ arroyuelos de agua ex.tremfldamente limpida atraveaal;)au !&amp; plara envolviéndola como en una red
de mallas de cristal, y era necesario atravesar
esas con-len.es haciendo maravillas de eqnlllbrio
aobre piedras movibles. El camino era fatigoso
como la a.sceosión de una montana.
Darlot jadeN ba sinti.:ndo los plés despedazados
y los ojos abrasadus pcr el sol. En cuanto a Lu•
cía, esbelta y ligera, con su lraje grls y cubierta la cabeza por un sombrero de paja de Italia
en torno del cual se enrollaba un velo blanco,
iba. tan lista como por la:. avenid11s de césped
de un jardín inglés sin que pareciera que la fa!i•
gllba la longitud del cawiuo.
Llegaron por fin A una quinta ó granja A los la.dos de la cu11l babfa editicadas alg11naa otras habitacione11 dan,lo frente A un camino amplio lle·
nn de polvo, que servían para VÍlljeros durante
la estación balnei.rla, y que contrastaban por los
caprichos fantl\r,ticos dd su arquitectura con el
aspecto miserable de la11 ebozas de los campesinos.
-Hénos aquí, dijo la aellorita Hartley.
-Gracias á Dios! 1&gt;bscrvó Durlot.
-E11rA usted rendido de fatiga, y por bien po•
ca cosa. Entre usted¡ tomaremos el t~, r lnego
le prepararé por mi propia. m11no algunas golosinas deliciosas.
Empujó Ja puerta. de la reja de mfldeta que limitaba un peqnefto jardín, frente il la casa cons•
truida como todas las que alli se levllntan en1rP
las rocns de granito, de suerte que pan·cí11n h11bi
taciones trogloditas pues en algunos lagares, lo,
llaneo&amp; de la eolira pétrea les scrviandc pan d.

Una inmensa roca de forma de p!rAmide se alzaba A espaldas de la quinta, y
Darlot tembló al ver esta mole amen1\zadora que hubiera en sn calda apla.litado
la casa, como una encina cayendo de1,pedazaria una colmena,
-A.qui esu\. mi hogar, dijo Lucía, haciendo entrar il. René, y luego lo conduj &gt;
:\ un gran snlón 11mueblado modesblmeute y que recibía muchll luz por las anchas ventanas abíertas frente A la ma.r.
Aqui serA usted bienvenido íempre qt1e
qalera favorecerme con su visit11.
Las paredes estaban 11dornadas ya con
estudios bocetos, dibujos, croquis y apuntts en arthtlco y pintoresco de,order.
Búcaros de porcelan11. inglesa uontcnfnn
tlorPS ~ilvo11tres, 11dmi:-ables cardos de
verde pálido m«tiz11dos de rojo, de boj&gt;\s
lanceol11das y flores de un color indetini•
blP. Cerca de una. do Vis venta.n&amp;s se vefa.
uro. me 11 para té provifta de los uteni,iJios necesario , tetera de plata, tazas de
china, cuchflrillu de met11l blanco y pt1•
quelloa muntequilleros; en un Angulo, un
¡,inno; en medio del s1dón una gran mesa
cubierta de libros y periódicos, y pen•
diente del techo, una gran hlmplll'a que
terda como velador una sombrilla j apo,
nesa. En todo se notaba un &amp;abor de elegnncia encantadora, pues Lucia habfa lo•
grado en e&amp;t,l banal hostelerfn de vb,je•
ro:i, en poco tiempo y con poco esfuerzo
poner todo de tal manera qui! se notara
un sello de inteligen.e ,,rigin111id11d.
-Yu lo creo, conte&amp;tó D11rlot enc1mta•
do por 111. tranca invitAción de su amig11.
Ye11dré con fr~cuencia. Es usted muv
buena 11cogiéndome con tliDta corJiali·
d11d, Home • ·11·ett home! Hogar, dulce hoj?Arl Es ntcesario ser ingles!\ para traerte en la maleta de Yiaje y colocarte en
la mAs vulgar de las casas de cualquiera
pl11ya desierta! Roblosón era Inglés: de
sPgu:-o que en su i la, tomaba el té A las
cinco en puMo de la tarde! Debe haber
ensenado A Viernes el arte de hacer tostn•las con maotequill1', pero no tan deli·
ciosas ¡imposiblt-! como las que prepara
usted. No habría hombre més feliz que
) o en la más leja.na y desconocida de 11's
ialas, con usted por compaaera y todo es10 que tan d1vinameote se sube usted
proporcionar.
Lucia Hartlel rió haciendo gala de su
t,l1rnca y m11gnifica dentadura y se insta•
tu en companla de su huésped, dando vlsiblesmuestras de ese delicioso bienestar
que todo buen inglé-1 prueba oyendo el
Cllntar de la marmita y resplraodo el per•
lome del té.

t':

• • J.

..

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~

~
~

·
·- ~

En .Montpuier la situación segnfa mal, mucho dijo A :.\Iilgdalena, que estaha tan tranquila como
-Recuerde oste&lt;l que no acepté esas fonciones
mAs mal de lo que se imaginaba Lucía HarUey. si no hubiera cometido falt.1 alguna:
sino que me fueron Impuestas: pero por otr11 parMuria Magdalena babia adoptado u.na actitud tan
-1.Por qué no concurrió usted A la sesión?
te me es indiferente presentar ó no mi dirui.·ión
ineepera.da,que su suegra, deapnés de haber ensa•
-Tenía que hacer algunu visica11.
pues solo una cosa me interesa: abstenerme de asisva.do vanamente todos los recursos de la dulzura,
-Podía asced haberlas dejado para otro día: tir A las sesiones; y A ese respeclo, mi rcrnlución
comenzaba A dejarse llevar de su instinto vulgar su ausencia fué notada. y no dude usted que ha es lnvsriaolP.
nativo y su irritación estallaba en escenas de lama- d,uio lugar á comentarlos.
¿Era en efecto )[aria MagdaleM quién hablaba
Con un 1t1temAn de Indiferencia M11ria l\(agda- asi? La indignación y la aorpres!l. d1•jaron atrrrnyor violencia.
La joven tomó el partido de oponer A todas las lenl\ contestó tranquilamente:
da á la seftora Le Clercq; en cuanto A Robnto
exigencias conque se la abramab11, una invencible
-;\le tienen sin cuidado loa comentarios que escuchaba con el entrec,.jo con·raílo ,e u:, modo
fuerza. de inercia¡ y ahora cuando la senorn Le se h11gsm; y cowo ll\" sesiones no son de mi agra- amen11zador.
Clercq le indicaba por ejemplo que se presente.rn do he resuelto no concurrir mAs á ••llaa.
Pero la joven no demo~tró qne se daba c11enta
en el obrador de que era Directora, no d1:cfa nada
P1\lidd de ira, la s1•1lora Le Clercq dirigió ARo• de la malll impreslón que produc.ia, y afirmabasu
en contra pero se abstenia de obedecer.
berto lit miradil y vió que con cara aduRta comíl\ indepenclencla con acento de exquisita corteEin y
Cierto d{a en que hubo se5ión solemne con mo- sin que pt1reciera que ofa lo que se estaba di- sonriendo graciosamente¡ p~ro en todo esto había
tivo de una asamblea general t\ que concurrieron ciendo.
algo tan ocasionado A exa pHarque lasellor.. Le
muchas dalllJIB piadosas y el Cura de In Pa.rro4nia,
-Conque .... .. ¿hll resuelto usted eh? Pues yo Clercq, perdif'ndo la pacienci11 1 grit(:
le correspondía A )luía :.\iagdaleua ~eer un Infor- me figuro que esa. . . . resolución, no Puede ser
-Lo que yo veo muy claro es que ustect prome sobre el e1m1do que gnardaba la institución. sino un capricho mo¡nentl\oeo, porque no querrt\ cura serme persoPnlmenté des11gradabl~.
La sefl.ora Le Clercq que ccarrtó desde tempra- usted conservar una nctilud que es ofensiva para
~!aria llagdalena abrió los ojl.ls con aire dead•
no el:imvp esperando Yanamente á su nuera, pues todc.s los miembros del Comité.
mi ración.
ésta, sin previo avi~o y sin enviar siquiera sus exNo tengo Intenciones de ofender A mldie y de-Ni lo piense usted, teiiora. Mi ünico desi-o es
cullas no asistió y fuó necesario que la prt'sideuta seo no m:.\s que ahorrarme un intolerabletasúdio. librarme de cargas tnojosas y cuando lo reflexiomisma, temblando de cóh:r-t leyera el doenmento Esa!'! sef1or11s se pt18tlrAn muy bien sin mf.
ne ust,d en e11lma, convendrá conmigo en que ese
-Es que tiene usted un cargo e~ el Comité.
en su lagar.
ea rui derecho. Esas instituciones que A U3tcd le
Tan pronto como volvió i su casa se dirigió ú
- Presenlo mi dimisión.
agradan tanto, A mi no y siento mucho que ofilfls habitaciones de Maria Magdalena, y la criada
-No la presentarA usted ni aún cuando la pre- ciosamente me haya asted hecho nombrar p11ra
E•nela, que estaba allí toda.faapesar dchBber ser- sentnra la transmitiría yoal Const-jo, porque sería el desempet\o de !unciones que no puedo cumplir.
vido de pretexto al primer motlvo de ruptura, le una in pertinencia: no se aceptan fanclonea impor- No crea nsted que si,a di/ícil encontrar entre lu
tantes en colaboración con las damas mAs hono- am.igai de usted 11lguna que tenga aptitutles y mu
dijo que su ama ba'bía rnlido.
A. b hora de la comida, hora qu~ hada. muchos rables df'I la ciudad, para desembarazarse de ellas remolace.
días era melancólica y penosa, lasefloraLe Clercq en seguidn cou cm, j,inte rresCUl'/1.
E : f¡¡rccida la senora L o Clcrcq por esta aafüla

�EL OBS'.I'ÁOULO.

3h

37

EL MUNDO IT,USTRAOO"

11

do eon un desparpajo que dejaba muy atrás a. la se•
que estimaba como una burla sangrienta, iba A vistosas pertenecientes A las familias de ?fíciaiiora
de La PaUiere.
contestarle con violencia cuando Roberto la inte• lillos ó de emph,ados, aves de paso en la Ciudad,
Una violenta cólera se apoderó de Roberto,
un poco excéntricas en materia de buen tono Y
rrumpió diciéndole.
pues le pareció que lo que ella quería era poner-RuErgo A us~d. mamA, que suspendamos esta que condenaban todas sus ideas de austera diglo en ridículo. ¡Introducir á.. su casa gent?s ~e
enojosa conversación, pues en el estatfo de Ani- nidad.
Se abstuvo, pues, de presentarse en loa depar- esa categoría, que siendo arrugas ~e ella 01 aun
mo en que estamos se podía producir un incidense dignaban lijarse en él! Se equivocaba redontamentos
de María Magdalena ese día, y ésta no
te desagradable.
damente Marta Magdalena si creía que iba A traLa comida terminó rApidamente, y siempre con dió muestras de haberse fijado en esa omisión. tarlo como á, un tonto que paga todos los gas~os
Todas
estas
minucias
envenenaban
la
situllla misma corrección ceremoniosa Maria Magdale•
y se convierte en una !ig~ra alta y automá~1ca
na se reliró después de baber:1e d,:ispedido de su ción. La guerra, una. guerra femenil, pérfida Y
que
se distingue en el vac10 de una puerta Jruenmala se babia declarado rranca y decididamente.
suegra.
tras
su mujer se divierte y goza.
María l\Iagdalena tenía preconcebido todo un
Ilijo y madre quedaron solos: Roberto irritado
Que
su padre la hubiera dejado aventurarse en
por la firmeza de su mujer, y por su actitud para plan de combates, pues profundamente irritada
un munao así era deplorable; pero como había
con él, pues ya no lo ruanifesta.ba ni la menor in- por haber sido vencida, obraba en todo precipitimidad. Casi no la veía á sola.~, pues ella se en- tándolo A un rompimiento final; pero conservan- cambiado de amo, era necesario poner punto A
cerraba en eu habitación y h,s úuicas veces que do ella siempre las formas más. corteses y exq ai- esas reuniones y cortar esas amistades que pronto le comunicarían sus Mbítos y maneras, y le
lograba l1bl11rle t:ra en el salón en presencia ~e sitas. Su educación mundana muy superior A la
visitas ó en las comidas que se habitm con vert1• de lll se:tlora Le Clercq, le permitía conservar harían perder el gusto por la vida e~rena y digdurante cada escaramuza la mas sonriente sere· na que él le quería imponer. Y ª?la 1_mpondría...
do en un verdadero suplicio.
Cada uno de loe que asisúan A la mesa sentía nidad, en tanto que la vieja perdía dia1-iament9 vaya si se la impondrial y la obl1garia A que ~een efecto el malestar general, estaba en constan- algo de su estudinda mansedumbre. En cuanto A j11ra de resistírsele abiertamente y A que prescm•
te tensión nerviosa, y el mi\s leve incidente pro- Roberto, muy tiísgu 1tado, se cn!Jaba gfocial y su diera del capricho de vivir como una extraila
rigidez daba claras muestras de altiva desapro- con su marido.
vocaba unll erisis.
Esta situación era demasiado anormal y no po
N'inguno había procurado ni previsto este re- bación.

sultlldo. Roberto, conmovido d1, buena fé por las
Vino como de costumbre al salón, el día en que
generosidades de su madre, encontraba abomina- María Magdalena r ecibía, y vió estll alegre reuble la rebelión definitiva de su mujer. La se1lora nión presidida por la se!iora La Palliere. Varias
Le Clecrq estaba más eontrarü,da 'lún porque su damas vivlls y contentas reían alegremente. Se
nuera, despreciándola hasta oiertc. pnnto, se ba- c1tntaba. Ger1trd ejecutaba al piano un acompa•
bia puesto frente A frente de ella aco.sándola de ftamiento ruidoso, y su mujer cantaba coplas de
hipocresía y protestando contra la derrota sufri- aquellas que detallaba con aquel brío admirado
da, en estos términos: «Sea! Usted quiere conser- por el Doetor de Boie Saint Marcel. Otras canciovarnos consigo apesar nuestro, pues permaneceré nes sucedieron A ésta, y Roberto, grave y severo
bajo este tecb.o, ya que no puedo salir, pero obraré como un agente de la. autoridad, vela y oía sin
como si estuviera sola sin preocuparme de deseos que nadie se ocupara de él. Magdalena parecía.
ó de órdenes cualesquiera que sean y con mucha animada y alegre como no ~ la babia visto jamenos deferencia que si se hubiera cedido á mi má.s.
volunlad.»
En los ángulos, al lado de las m'\cetas de palIncidentes penosos como el que queda referimeras, alegres parejas couveraaban tomando te
do, se renovaron varias veces: después de haberse negadu á concurrir á las sesiones del Comité, y pastelillos.
Roberto apenas conocía á. esas gentes que tan
rehusó acompa.ftar á su suegra A casa delas seftoronas viej11,S cuya conversación le era enojosa, y pronto se habían hecho de confianza en su casa.
ademlls estr9chó un poco su amistad con los L~ Por lo menos nunea había visto allí una reunión
Pa.lliere, concurrió sin su marido Auna gira cam- tan numercsA. y alborotadora. Esto le recordaba
pestre que terminó con un baile, en compa11ía de las narraciones del Doctor, y sintió la impresión
gentes alborotadoras, sociedad qu~ vino A verla de que tenía ante los ojos un salón de la clase de
los que frecuentaba María Magdalena antes de su
también á su casa.
El día de l'ecepción de la joven, su suegra matrimonio. Sin duda por eso se sentía tan aleencontró en el vestíbulo del hotel, mujeres muy gre y feliz, riendo, hablando, cantando, charlan-

día eternizarse. María Magdalena se apresuraba
mucho en el camino de sus anducias, y evidente•
mente que pu-a ello se sentía impulsada por un i
ira rar-ic,sa. Pero esas sobreexcitaciones pronto
decaen, y ceden la victori11, 4 las gentes reposadas que silben esperar el fin de una crbis.
Ya volverA sobre sus pasos, seguía pensando
Roberto, sin necesidad de decirle una palahra de
reconcifü.ción, pero mientras llega ese momento
conviene impedir que se comprometa por sus
arranques de insensato despecho.
Con estos pensamientos resolvió intervenir é
intervino cou toda oportunidad, en loe momentos
sn que Gerard de La Falliere proponía una excursión A las ru~as de cierto castillo de los alrededores.
-Almorzaremos al aire libre, sobre la grama,
decía Gerard, y nos dirigiremos al lug11r en amplios carruajes que pueda contener cada uno mlls
de doce personas.
La proposición fué aceptada con entusiasmo.
-¿Concurrirá usted? pre.guntó A María Magdalena la seiiora de L" Pallit,re.
-Ya se ve que sil
Roberto, A quien no se había invitado, levantó
la voz:

- Eso no es posible. Ya le diré á usted por
-qué, Maria Magdalena.
Esta le vió: observó su frente obscurecida por
•una sombra y comprendió que estaba sordamente irritado: pero en el estado á que habían Jlegado las cosas, no creyó conveniente retroceder.
-Explíquese usted desde luego .... ¿No?Pnes
entonces es un capricho de déspota. ¿Deberé someterme?
-Vs ningún modol se apresuró á. decir la se11ora de La Palliere. ¡Cómo! ¿Quiere usted acaso
convertirse en un tirano? ¡B,.hl no impida usted
.á Mllria Magdalena que se divierta. Vaya usted
coa sus p11pelotes y sus expedientes y déjenos en
paz.
Roberto dirigió A su mujPr tan imperiosa mi•
ruda, que éste guardó silencio, no queriendo prolongar delante de extrail.os Ja discu,iión.
C11ando ya todos se habían ido, Roberto dijo
·de un modo que no daba lugar A réplicas:
-Ya sabe usted que no ir:l.
-1.Y por qté?
-Porque me desagrada. No quiero que se lance usted en esa sociedad inconveniente, v le ruego que diJminuya toda suerte de intimi.dadeo con
los La Falliere y sus amigos que me son muy anpAtieos.
Maria Magdalena no contestó; permaneció en
1'\ié junto A una mesita china que servía de sostén
á un búcaro de crisantem11s, y se entretuvo en
destrozar como al descuido con sus dedos blan·
cos y tinos los pétalos de las flores. Así las miradas de Rob~rto fueron atraídas por sus manos
tersa!! y suaves que tantas veces había besado y
cuyo perfume aún conservaba en los labios. Quin•
ce días hacia que no Ja veía á. solas, nunca le había parecí~o tun bella como en este momento, y
en un arrebato de pasión le dijo con voz temblo•
rosa:
-:Magdalena . . . . l
Ella se puso en~endida como una amapola, le
lanzó una rápida mirad11 1 comprendió lo quepa-sa ba én él, y rápidamente t11mbién le vino la idea
-de que no debía ceder A este enternecim.iento
.p asajero. Avanzó, pues, silenciosa y muda hacia
el piano, se sentó y tocó al descuido lo&amp; primeros
compasef de un vals.
Roberto desolado y lleno de ira, salió cerrando
detrá.s de él la pueria con estrépito. Y mientras
iba con dirección á sus h!ibitaciones, no dejaba
de oír el ritmo obstinado de aquella música enojosa. Entonces pensó con amargnu en que Ma•
ria Magdalena ya no le i:i.maba, pues si lo amara
~ún, no se habría portado de esa m1:1.nera.
Magdalena cesó de tocar. El recuerdo de la
mirada suplicante de su esposo le vino á la memoria y sintió que su pecho se oprimía con una
-dolorosa comoción.
-Pobre .Bobl exclamó, y luego una maliciosa
sonrisa se dibujó en sus labios.
Luego alzó sus ojos para fijarlos en el espejo
que estaba junto al piuno y vió allí reflejada s11
belleza, Tenía los ojos encendidos y unas gotitas transparentes le temblaban en las pestalias.
-Tonta! murmuró con despecho: ya no me
ama; si me amara me preferiría á. en madre.
Por la tarde, en la mesa, la señora Le Clercq
dió la noticia de que baoía recibido, procedente
•de Inglaterra, una carta de la seitora Charmon, y
afi.adió que le acompafiaba varios decumentos
que estaban escritos en inglés lo mismo que una
eartll de la sen.ora. Egerton, Directora de la Obra
-del Trabajo para mujeres. La etñora Le Clercq
habló de esta institución A su hijo largamente, y
éste, A quien de seguro interesaba muy poco el
asunto, apenas le contestaba con monosílabos,
por lo que la conversación casi no fué má.s que
un monólogo lleno de monotonía. Despué, la seflora Le Olercq dijo A su nuera de u11 modo ceremonioso:
-¿Podría yo esperar de usted que me hiciera
-un favor?
-Sin duda, seilora. ¿Y cuá.1?
-Traducirme esos papeles, porque ni Roberto
ni yo sabemos el inglés.
-Con m11cho gusto. Ah! se me olvidaba decir
á ustedes quo yo también recibí una carta. Es de
Lut:ia Ilartley que me invita A pasar unos días
en Tregastel. Le contesté aceptando y pienso
p1mir mafiana.
Roberto no veía en esto nada. inconveniente,
pero la sen.ora Le Clercq pensaba. de distinta manera..
- ¿ Y tomó usted tal resolución . sin _consultar A
nadi1::il E~o es faltar á. las conven1enc1as.

-Nv pensé que fuera necesal'io convocar un
consejo de familia para que se me permitiera ir
A pasar afganos días con ana amiga.
Magdalena y su suegra. no c!lmbi11ban ya más
que !rases de ese género. Quince días llevaban
ya en esta guerra de guerrillas A cada instante
ma.s acerb11 1 porque como sucede inevitablemente, las antipatías se exasperaran por la acumulación de incidentes nacidos de nada y que ninguna.
de las dos combRtientes trataba de evitar. Sin embargo, aún no h lb!an tenido explicación alguna sobre las caus11s de su ant11gonismo.
Cuando Maria Magdalena supo por boca de su
misma suegra que Roberto había cambiado de
ideas y resuelto continuar la vida en común, la
joven no dijo nada , ni una palabra que revelara
el fondo de sn pensamiento, y sulió del aposento
de ll\ seflora Le Clercq, sin contestar, después de
un frío sal11do, Luego, ni la más 1.. ve alusión sobre el asunto y nada ml1s qu~ un cambio ra.dical
en su método de vida: en vez de sumisión y amor,
una independencia absoluta en sus accione:1.
Después de lll comida, l&gt;l setlora Le Clercq re·
cojiólos documentos que quería le tradujera Maria
Magdalena y resolvió aJ tmcomrar6e con este pre•
texto á solas con ella, hablarle y provocar bien
una. explo~ión de cólera ó bit!n un arrt! bato de enternecimiento.
No era posible que la vida continuara asf, por•
que ya semeJante sit1111ción era. pencsa par11. todo:1
y si Marft.t. Magdalena calculó que no pu.diendo
partir en buenll h1:1rmoni 1 ibit á conseguir que la
hicieran irse, estaba en lo real. La antigua tranquilid!ld dtl la existeneia de familia hahía cambiado de tal manera., que cada reunión acababa siempre por convertu·se eu un torneo de réplicas de•
sagradables en el que cada cual se esforzaba por
herir sin pit!dad á, su 11d\•ersllrio.
María Magdalena estaba en su hllbitación revolviendo cajones y preparando mdetas para su
proyectado viaje á Tregastel, cuando entró la sedora Le Olercq.
•Esta nueva. út-mostración de independencia se
hizo muy sensible para JK vieja que venia con intenciones conciliadoras, quería h11blar dulcemente y ver si podía aplacar con buena:i pal1:1bra.s la
rebelión de su nuera. Profunda amugura. surgió
en remplazo de aquellos iseutimiento:i y dijo á
María Magdalena con altivez y r11deza:
-Quisiera estar á, solita con usted.
Oou una seilal, l\Iaría Magdalena bizo salir á
Estela que Ja ayudaba en sus prep11rativos, ade·
lantó un sillón que ofreció á su visila, se sentó
ella también y dijo:
-¿fila para la traducción, no es l\ei? Deme usted:
le leeré desde luego esos documemo:i y despué:1 si
le parece escribiré la. traducción.
.tf.ubía una carca de lasei'loraEgerton, carta muy
amable que enterneció á la se.llora Le Clercq, porque le h1:1blaba con vivo encomio de sus bondades
y le tocaba la cuerda má.s sensible: el orgullo. Evidentemente la seiiora Charmon había pintado A su
amiga con los colores mAs fdvorllbles, pues solo se
trataba en todo el escrito de la generosiditd de la
seflor11 Le Clercq, pre,.identa y benefactora de tantas obr11s de c11r1t1ad.
Con una elocuencia un poco enfática, entremezclada de sentencias bíblicas, la eeiiora Egerton ?elicita ba á su colega por todos los beneficios '-lue
babia hecho y eeguia hacier,do y tr11taba de inte•
resarla eu favor de la A~ociacióo inter,,11cional
para prnporcionar trab11jo A l¡,.s mujeres. B.ijo sus
auspicios esta Asociación ya poderosa y que tenía
en Holand11 1 H.nsia y Alema.nia. 111..mero-1as sucursales, no podría dejitr de prodll'Cir en Francia brillantes rt!Sllltados.
Se tenfa ante todo necesidad de- dmero y lluxiJioe de toda especie, por que á la asistencia para
el tr1tbajo debía reunirse una obra de bendicen•
cia pura, fundando castts de eulud para asílur á 111&lt;1
desgraciadas debilitadas por enfermedades ~ pri
vaciones para que se recobraran antes de emprender de nuevo la lucha por la vida.
El clima de Inglaterra era húmedo y frío y en
Francia era donde convenían esos a&amp;ilos. ¿Estaría
la se11.ora Le Clercq, preguntaba la carta, eu dispo•
sición de aceptar Ja presidencia del Comité Central Francé:1 que formaría ella misma y empezaría
por ocuparse de la propaganda? Tan pronto como
se abriera el primer hospicio se le daría su Direc•
ción, superior y bajo su autoridad se pondrían todas las sucnrsales que se llegaran a. establecer en
las demAs ciudades de lfrancia. Había una
presidenta para Inglaterra, una para Ruaia,
una. para Alemania y Holanda que formaban eJ

Consejo Supremo de la institución, al cual era una
distinción muy seflalada el que se llamara á. otra
persona para integrarlo.
El orgullo de la se11ora Le Clercq quedó suma·
mente halagado con la lectura de esta carta. Toda
esa gerarquia adminütrativa llamándola A una cima desde donde se la ponla á llota.r sobre las miserias del mundo como un ser benéfico que reparte los socorros y tiene el poder de aliviar las penas, exaltó su imaginación.
¿Qué eran esas minúsculas cofradíascaritativl\S
de l\lontpazier, junto á empresa semejante qu~ con•
taba entre su., miembros activos ó protectores A
las más altas personalidades E11r('pea y como
presidenta. honoraria, t. la reina de Ingqaterra?
La senora Le Clercq permaneció penlsativa. por
unos momentos, no por v~cilación para aleptar el
puesto que se la proponía, sino ideando la ma•
nern de dar mayor realce y las funciones respectivas. Una postdata ailadida á loe Estatutos, de
pullo y letra de la senora Egerto11, decía que Su
Magestad, lll Reinll, habla concédido á. las Presieidentas generales extranjeras el derecho det ser
prese,.tndas á la Corte de S11.int James cuando fueran á Londres.
Terminadll la lectura, Magdalena calló y se pusv
a. anali:Gttr la fisonomía de su suegra transfigurada por un desl.1mbr11miento de vttnidad. La sefiora Le Clercq se re11izo muy pronto y vió á Magdalenit, y le dirigió uua sourisa, pues la satisf11cción
reábida apaciguaba un tanto sus iras y rencores
dando paso á la 11costumbrada mansedunmbre.
-Y bien, amiga mía, ¿vá usted comprediendo
al fin el interé; 4ue lleg110 A presentar laR institucionet1 du cariaad? ¿lldemAs de la cicba de hacer el bien, no ve usted que aún viendo !\ los benefactores bajo el punto de vista muudano, puramente mundano, quedan colocados muy por
encima de las personillas descabezadas que son
dd agrado de ustedi'
María M11gdlllen1t no contestó.
-Vamos, ai'ladió la seflora Le Clercq, usted es
inteligeme pura no reconocer un error pasajero.
Si encuentra. usted algo enojosas las ocupaciones
que quiero que acepte, ya ve usted que en cambio lianen sus halagos. Pagllda de m nobleza como lo está usted, apreciará, estoy segura, la honra que producen las distinciones de una reina.
Si quiere usted ser mi coloboradora actualmente, le ofrezco quemesucederAluego en todos mis
puestos y dignidlldes.
Pues bit-n; esta tentadora perspectiva no logró
seducir A Maria Magdalena que tenia otras ideas
sobre la fdicidad.
- Agradezco A usted mucho todo eso, se!iora,
le dijo, pero no me siento con vocación p1tra el
caso. Ha.cer el bien, sí, cuando se me presente
la ocasión, pero no consagrandome á él de un
modo oficial, profesi('nal y cotidiano. ~o: no
ambiciono suceder á. usted en sus cargos y dignidade~.
La seilora Le Clercq, decepcionada, dió se!iales de impaciencia.
-Qjg1tme usted, María Magdalena. Por prime•
ra vez desde hace quince días nos encontramos
solas y podemos hablarnos con franqueza. ¿Qué
significa la actitud que ha tomado ustedi' ¿Adonde piensa. u,ted Uegar con esta afectacíón de
arrog11.ncia tan penosa para todos nosotros?
¿Nuestro modo de vivir no es del agrado de usted? Esto es enojoso pero confesará. usted que
hemos hecho todo lo posible por hacérse'o dulce.
Corno un ni.ilo, se revela usted contra lo inevitable ...... ,in ret1exion1tr en que esto no la condo.cirA má;; qua á. cansar t. su marido. No hablo
de mi, y eso que sin embargo tengo dtJrecho !\
cierta dderencis.
María Magdalena replico de la manera mfls
cortés:
-Puesto que soUcita usted una explicación, se
la daré. Mi contrariedad viene de que se me obliga A permanecer, á pesar mio, en easa ele la madre de mi warido, pues me creo con dt-recbo de
poseer un hogar mio en el que yo sea la única
ama, y juzgo A Roberto digno de reproche, porque no tia tenido valor par11 hacer lo quP, es r,ecesario y justo.
La seilora Le Clercq quiso eontestar, pero Maria Magdalena con un ademlin la detuvo, y continuó:
-En cuanto :l lo que usted llama una afectación de arrogancia es sencillamente una actitud de
protesta. Yo estoy aquí constreJHda y forzadll.
Sea! Usted tendri mi persona, pero nada mAs: ni
sumisión ni nuliticación.

�EL OBSTÁCüLO,

as

"EL MUNDO lLURTRADO

.~Jy.!.~ ~

39

11

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...

.

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1

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Al oír tan atrevida manifestación, la sellora nuera sobre este particular y al descubrirlos dijo subiendo de tono.
.
Le Clercq se levantó:
-Bien. Usted tiene una manera muy elástica
-Usted olvida muy á menudo con quién hade agradecer la agena estimación! Pero ¿quiere
bl11.l le dijo.
-No Jo creo, SP,fl.ora: mis palabras son eorree- usted decirme cuAles son sus propósitos al adophs. Usted me pidió que dijera la verdad, y se tar un plan de conducta que produce la guerra
emre nosotras dos? 'No se imagine usted que Rola dije:
-Usted tiene una gratitud muy olvidadiza, y berto pueda ceder, pues tiene una firmeza de ca·
en consecuencia todo cuanto puede hacerse para rácter que usted ni siquier11. sospecha y por un
mnnifestarle afecto, no consigue conquistar el de capricho pueril no faltara. a. sus deberes y A su
dignidad. Por otra parte, ¡piénselo usted bien!
usted.
María Magdalena enrojeció de cólera; pero re- Aún cuando cediera ¿no comprende usted que
habría motivos poder~sos para que lo lamentara
plicó con el mismo tono de amable cortesía:
-Seiiora: yo siento hacia usted mucho afecto en seguida y que la ha.ria A ~sted responsable ~e
y mucha. gratitud, pero la amistad de usted es sus tristezas y de sus necesidades? La victoria
demasiado dura para que pueda sufrirse y todRs de usted seria desastrosa. "'o hay que fatigarse
las graciosas concesiones que me ha. hecho usted en luchar. Está usted como en un presidio, y sus
insubordinacioues no sirven más que para pro•
h\S he pagado caras, pero muy caras. Hay mAs:
desde hace algún tiempv se me reprochan con ducir disgusto general.
-Lo siento profunda.mente, seiiora. PerC', ¿me
tan reiterada frecuencia, que ya no puedo más que
permitida usted preguntarle por qué causa se
bmentarme de haberlas recibido.
Esto era ya más de Jo humanamente soporta- obstina en guardarnos en esta casa?
-Pues porque me es grato tenel'ios conmigo;
ble, y la setlora. Le Clercq perdió la paciencia.
porque
los amo á los dos y eso lo sabe usted muy
Nunca había examinado los sentimientos de su

l

bien. Luego, que yo quería proporcionarles todos.
los medios de una vida c~moda y feliz que sin mí
no podrían tener, y ¿si viera ust:id? hasta me figuraba que usted se rt.signaria buenamente á tolerar las .... manías de una pobre vieja que acaso es comunmeote enojosa, pero que ha probadvá ustedes de mil maneras su ternura.
-Es verdad. Pero usted me hará la justicia de
reconocer que he hecho todo lo posible para rP,•
signarme, no á sufrir ma.,,ías que usted no las tie•
ne, sino su voluntad de hierro. Solamente me empecé á rebelar cuando me convencí de que la
bondad de usted para conmigo se cambiaba en
una. dominación que me reduciría A la nada. Bequerido tener algo, aunque fuera poca cosa, de autonomía, recibit á mis amigas, poseerá mi marí•
do yo y sola yo, y usted me ha dado mate en todo, se ha opuesto á todas mis deseos é ínclinacio•
nes y no solo ha hecho eso sino que hasta ha querido imponerme los suyos y sus Mbítos y ocupaciones.
Al mismo tiempo que me separaba usted de la
para. mi grata comparua de Lucia Ilartley, me sentenciaba U6ted á. la de media docena de ancianas
histéricas y enojosas y condenaba ustedlas horas
de mi juventud a consumirse en un cargo del orfa.nat0rio. La cadena era ya muy pesada y me
cansó. Comprendí que era necesario rehacermeporque si no en poco tiempo se me baria lleg!U' á
la categoria de una subalterna sin voluntad ni
iniciativa, ni inteligencia, á quien se colmaría depresentes pero se la obligaría en cambio á obedecer de una manera pasiva y mecllniM. ¿Qué
estoy en un presidio dice usted? No. Yono espe•
ro hacer ceder ñ Roberto p1.rque no es de él de
quien deper.de nue:;tra dicba futura, sino á usted.
He pensado que usted comprenderá. al fin que no
se guarda A las personas á pesur suyo .... y dígamelo u ~ted con franqueza ¿halla usted placer en ha•
berse convencido de que las dos vivimos en perpetuo pié de guerra? Roberto sufre, yo también
y este espectáculo le debe ser á usted penoso.
La sef!.ora Le Clercq repuso secamente:
-No veo en que podría yo intervenir. Cuando
mi hijo me babló de separación, inmediatamente
consentí en todo y má.s aún, ofrecí que sería yo
la que me separara. lireo que no podía llevar
mAs adelante mi abnegación.
-¡Oh! diplom11cia, y no más que diplomacia
dijo Magdalena en tono incisivo.
'
La vieja enrojeció de cólera. y perdiendo todo
dominio sobre sí misma dijo:
- Usted me falta, sen.oral usted no tiene der~cbo de sospechar de mi sinceridad. Cuando ofrecí
este sacrificio estaba resuelta á, cumplirlo; y tan to es así, que se lo renuevo á usted ahorn.
-Decidida. á. cumplir, sí, pero en la seguridad
de que Roberto no aceptará..
1\laría. Magdalenfl dijo esto con su misma voz.
dulce y tranquila, y sin embargo lamentó la crneldad de la frase porque heria precisamente en el
repliegue más oculto de la conciencia de su suegra; vió que la había lastimado muy dolorosa•
meIJte y se sintió apenada y contusa. Lut&gt;go
af!.adió:
-Roberto no aceptará .... ni yo tnmpoco, pues

ilncontraria. soberanamente injusto gozar da un
lujo y de una fortuna que son de usted. Yo no he
pretendido nunca otra cosa que un hogar mcdes•
to, pero mio, donde mi marido y mi persona. me
pertenezcan en absoluto. Esto es tan sencillo! .A.1rededot· de nosotros est11mos viendo que así se
acostumbra y nadie se admirará. de que una joven tenga Ideas de inóependencía .... tlin mode•
radas. Vamos, sellora, rerlexíónelo usted bien,
sea buena, .... como lo es usted siempre, pero
no sólo á su propio gusto sino también al nuestro. Yo daría. todo el luj &gt; del mundo por algo,
aunque fuera muy poco de libertad. Y dígame usted por último ¿después de explicaciortes de esta
clase podríamos permanecer bien usted y yo en
la intimidad diaria que se impone cuando se vive
bajo un mismo techo?
La sellora Le Clercq oyó estas pttlabras con el
corazón cerrado: nada podía conmov~rla después
de la profunda y dolorosa. herida que había recibido: y lijando en María Magdal1.41 una mirada
glacial, le dijo.
-Señora: sostengo lo que acabo de ofrecer.
Tengo el orgullo de mi 11ombre como usteJ tiene
el del suyo y no quiero que en esta ciudl\d sea.
visto un Le Clercq necesitado y decaído de su
rango. Es formal mi prop11 sición de retirarme
del lado de ustedes. A usted le toca consE&gt;gnir de
su marido que ucepte mi proposición.
-No tema usLed n11da, scliora, ni siquiera lo
intentar~.
Con un ademAn de ira la seflora Le Ciercq empujó un sillón que se hallaba á. su pas1 y olvidando toda conveniencia, dijo A media voz y con re•
concentrado furor.
-¡Una muj-,r que mi hijo tomó pobre y miserable y que en vez de considerarse feliz mete la
ziza:lla entre nosotros!
María }fagdalena se acordó á tiempo de que
era de Boie Saint Marce! y de que corría sangre
noble por sus venas. Irguiéndose pues, apareció
imponente á pesar de su cuerpecito gracioso y
delicado y dijo:
-Nuestra conversación ha tomRdo un giro lamentable hasta tal punto, que no queriendo suplicar á usted salga de aqui, soy yo la que me
retiro.
Y la pequefta Ma.g, convertida de repente en
gran setlora, abrumando i\la otra desde la altu•
ra de su nacimiento y de 11u educación, hizo una
ceremoniosa reverencia de corte y salió de su
propio departamento, dejando allí A su suegra. en
un esta.do de irritación y de confusión imposible
ue describirse.
Hacía Y" dos semanas que Maria Magdalena se
hallaba. en Tregastel. Lucia la había acogido con
una buena voluntad tan amistosa, que se encontraba como en su propia casa en aquella casa de
111.driJlos edifiC!lda como nido de golondrinas en
el agujero de una roca. Los primeros días fueron
para ella. de verdadero reposo: un alto delicioso
en el camino de tristezas y disgustos que venía
atra veeaodo desde meses anteriores. :N"ada de
desdenes, ui de entrecE"jos fruncitlos, ni de caras
hosc11s: sólo afectos y simpalias.
Lucía tenill. en el mAs alto grado la serenidad
alegre de las gentes sanas de cuerpo y &lt;le espíritu, y estaba en la. convicción de que por medio de
halagos era necesario devolver la calma A esta
alma transtornada por ucR crisis violenta cuyo
desenlr1ce no i;e vislumbri:1.ba todavía. Magdalena
le refirió los incidentes ocurridos en los últimos
dias desde que se separaron las dos amigas basta que se volvieron á ver, y su partida muy triste cuando la reru.izó.
Roberto no la acompailó A la estación. Un frío
apretón de mano, un adios breve y seco en el
dintel de la puerca de su gabinete de trabajo, y
eso filé todo. Ni un recuerdo par1:daseliorita Hartley, ni una inoicacióu arectuosa para que le es·
cribiera, ni una promesa de ir mlls tarde A reunírsele. Evidentemente la madre le había dado
noticias de la ultima rey~rta y esto había agriado
su resentimiento contra la joven. 5u actitud había sido pues, glacial. ¿Que Magdalena babia
querido aislarse~ Bien, quedaría aislada y mucho
mAs tal vez de Jo que ella había sospechado.
La. verdad es que María Magdalena. sintió una
profunda trioteza. viéndose en la estación bin que
su marido se hubiera dignado acompatla1·la 1 y
tuvo un11 1a11 dolorosa sensación de abandono y
de solt&gt;&lt;.iad, que le fué necesario hacer un e~ra.erzn su1,reroo para oo derramar abundante, lá~• iwa11.

Para que se acentuara más su malestar tuvo el
disgusto, en el momento de instalarse en el tren,
de ver A los esposos L'l Falliere que se dirigían á su proyectada excursión campestre en
unión de numerosos 11migos; todos la rodearon
y le preguntaron por Roberto, dónde estaba y
por qué causa , o había venido á despedir á su
en.:antadora mujercita. Todo esto, aunque pre•
guncado con volubilidad, era una prneba clara de
que su ausencia caus11ba sorpresa y provocaba
comentarios, lo cual hirió duramente A Maria
Magdalena en su orgullo y en su amor.
Cuando ya en marcha el tren se encontró sola
en el wagón lloró como un nill.o, con el corazón
henchido de una tristeza espantosa y sintiendo un
doloroso dt-sgarramiento al alejarse de esta ciudad donde quedaban sus disgustos y en la que
habfa i.ufrido tanto. Maria Magdalena no babia
hecho á s •1 amiga la contideoc;a de todas estas
intimidades, manteniéndose en reserva sobre
aquello que mlls profundamente la lastimó.
Si: ella que algunos rlias antes había querido y
provocado una ruptura absoluta, estsba consternada al ver que Roberto aceptaba de plano la situación. Cre) ó que á la hora de la parlida el
amor sublevá11dose en el corazón de este hombre de hierro le producida un enternecimiento,
pero nada. Se tram,tormó en una estatua y aceptó el papel que se le imponía, sin que esto fuera
cuusa d1-1 que se contrajera un solo músculo de
su cara impasible.
LPjos de su m11ri&lt;lo, la nece,idad de escribirle
atorwentab~ A M11.ría Magdalena porque presentía que aquella. aJ'ección i:ie le escapaba, y como
sucoue siempre, ante 111. idea de perderla se le hacía más nmable y más preciosa.
.A medida que pasaban los días crecía su angustia y aumentaba en BU mente la desesperación de
no saber qué hacía, si pensaba en ell11, si le hacía
f&lt;1lta ó si le b11staba para ser foliz la comparua de
su madre. Lejos estaba la si:f!.orita Hartley de
sospechar la verdadera causa. de las tri3tezas de
su aruiga que suponía ocasionadas solamente por
la situación nnómula en que se hallabi y por el
disgusto que debía causarle el pens11miento de tener que regresará Montpazier. De todos modos,
para hablarle de eso esperaba á. que pasaran los
primeros efectos del desaliento para ayudarle con
su ternura y su~ consejos.
Pasados quince días, Lucía dijo á su amiga:
-Mag, acabo de escribil' A su -,,aposo snplicándo! P- ven~a á rasar algunos dias con nosotros.
Maria M!\gdalena se ruborizó sintiendo que
una ola de dicha le inundaba el alma, Luego,
pensó de improviso en que Roberto no vendría
y en que si se daba el ca.so de que viniera se en·
contraría ella en la necesidad de confiar á la sefl.orita llartley E&gt;l estado de ruptura completa A
que babia. lleglldo, ó de r ..conciliarse parll evitar
sospechas sin haber obtenido resnlt11do alguno
fllvorable á. sus propósioos de independencia. Estas ideas la pusieron melancólica.
-Le escribió usted, pues, sin consultármelo ....!
- Si: hasta aquí, usted me había conffa.do
solamente todos sus ,~ombates con la seliNa Le
C!ercq, combates en efecto serios y transcendent1dts que me pusieron muy al corriente del
papel que ha representado la vieja. y de la actitud asumida por usted, pero hay en el drama un
personaje del cual usted habla muy poco y que
sin embargo es el que importa. mAs: su marido de
usted. ¿Qué dice, qué piensa, qué hace? Su voluntad es la que debe dar uoa solución A la crisis;
es él quien debe amará. usted lo suficiente para
sac11rla avante de estas dificultades y A quien
debe usted amar lo bastante para soportar muchas cosas.
- ¡'llás de las que yíJ. he soportado!
- Y 11. sé, ya sé .... pero me imagino que entre
usted y él debe haber cierta frialdad a causa de
que ni uno ni otro han sabido tomar una actitud
que salvara. las dificultades. El, á mi entender, se
eocontr j entre la espada y la pared no acertando A pronuucinrse en favor de su madre ó de
su esposa, y usted tsl vez no Je conservó la ternura necesaria para hacer subsistir por más tiempo la dulzur,i. de carácter que es el principal encanto de usted.
María :Magdalena, toda confll8a y mortificada,
murmuró:
-¡Qué ideas tao e.· trañns tiene usted! ¿En qné
se apoyan sus pre~uucione..?
-En la actitud de los do,. Usted no me hn di•
cho nada sobre el particular, es verdad, pero su
sileuciJ es más elocutnte que las mAs amplias

confidencias. He visto además que desde que es•
tá. usted aqui no ha enviado una sola carta. á.Montpazier y que tampoco ha recibido us'led cartas de
allá. A propósito de esto, pienso, q=-,::~.!-" amig111
que lulrfa usted bien en escribir A $1l -.rldo apoy1mdo mi invitación que porsí 10Ja &amp;a&amp;JO no p.roduzcit el apetecido r1isnltado, y yo quiero vedo
de todos modos, hablarle, saber lo que ;-iensi.
La situ11c'.ón es muy gr.. ve, Mag, y mientra,s mák
se vaya prolo11ga11du se ira .haciendo mAs dificil.
Cfou veces lforía Magd,llena había tenido este
deseo, pero cierta especie de vergüeuz11, hija del
orguUo Ja había. detenido¡ y ahora, aunque tenia
vivísimos deseo11 de verá .Roberto se dió el lujo
de fingirle la frialdad mAsgrande; en consecueu•
cia le escribió solamente algunas lineas en que le
exp1·esaba de uu modo muy cortés la tonveniencia de que viniera A Tregastel y no desairara. la
in vitac1ón de la sef!.orita Hartley.
Algunos días corr'.eron todavía sin que llegara.
la rebpuesta.

Hacía como una semana que Darlot no se presentaba por la quinta. Uno de aquellos accesos de
mel1mculi11. á. que estaba sujeto, Je había obligado
á buir áe toda sociedad. Partió para excursivnar,
había dicho, pero en realidad su viaj-, no tenia
mas objeto que el de librarse de encontrará las
dos amigas. La dulzura del hogar de la seflorita
llartley 11" babia apoderado de todo suBer dti tal
manera, que en un instante de lucidez el terror lo
habÍII invadido y se creyó en la nrcesidad de ponerse en ruga. ¿Por qué, en efecto, adquirircostumbres de vida futima con una mujer de espiri•
tu elevado y de taleoto encantador para hallar
luego, cuando ella partiera, más amarga y tl'lste
la soledadl
Cuando D11rlot observó que se encontraba muy
A gusto y como en su propia casa en aquel saloncito, junto á aque1la mesa de té, bajo esalámparJ\
que los .babia. iluminado durante dulcísim..s con•
versaciones, se dijo para su conciencia con secreio espanto, que le h1:1.bía caldo la gran desgracia
de enamorar11e de Lucia Harlley, En verdad esta
sell.urita aunque fuera como era efectivamente,
seductora y linda, no sólo por eso era digna de
ser amada eino por Au inteligencia bien cultivada
y su bondad iut.,Jigente, 111 origín&amp;Jidad de sus
ideas, lo imprevisto de suconversacióny ese sello
pers,malí.iwo de voluntad tranquila que la hacía
dilerente de todos los demás.
Lucía presentaba respecto de María Magdalena
un verdadero contraste; ést11.1 graciosa y dulce,
con una alegría infantil como cualidad esencial
del carActer, y necesitando siempre de protección
y de ternnr1.1. previsora que le alejaran toda. suer•
te de contrariedades; en tanto que Lucía, espíritu vigoroso se bastaba. siempre á sí misma, y las
tristezas que abrumaban á Mag, á ella la b11brian
encontrado armada de una. firmeza tranquil11 capaz de Lriunfar de todo.
Reué, casi tan sensible como María Magdalena,
sentía por la joven ingle3a una admiración profenda y uua e3timación real. Tenia miedo de amarla y se repetía por la millonhim11. vez que estaba
gastado, tristo y enfermo del espíritu, y que aún
cuando ella consintiera, su deber de hombre honrado era no casarse, no llevarle un corazón infortunado, una alma desalentada y sin ensueilo~. Pen•
saba además que Lucía era muy feHz en su ac•
tual modo de vivir y que no le con venfa. ligarse
con los lazos de la lamil!a.
Pretextó, pues, una excursión, pero en el camino encontraba sin cesar y por todas partes el recuerdo de la mujer de quien huía . La contemplaba durante todos los minutos de estll ausencia, ya
eu las arenosas playas &amp;embritdas de guijarros,
ya en lus campoa imponentes y melanco.tfoos y sd
la figura bit atenta a. su trabajo, bella y atr11.cti va
bajo el abrigo de la sombrilla, en la diilfana y ardiente claridad de la playa.
La reco:d!lba siempre y con cu11lqu~er motivo,
A la hora del té, la veía con los ojo, del alma en
aquel saloncíto donde la había amlido tanto, trente á la amplín, 'ventana desde donde se contemplaba el mar, y volvía á admirar sus movimieutos
graciosos, aunque enérgicos y se pensu ba 14 ue estaría. junto á la mesita esforzándose por eo,.solar
á María Magdalena., ó bi1m en el jardín, á la som•
bra de alguna pefl.a leyendo á su amiga o bra.3 exquisitas 4ue é;ca escuchaba con atención hundida en sus tristezas profundas y monótonas.
En todas las encrncijadiu del camino, junto á.

�40

todae fas quintas coronad11s por agudas toneci·
!las que se levantaban á los lados del río, D11rlot
creía vislumbrar aquellas dos ligeras sombras femeninas, una inclinada, agobiada, como destroza•
da por el dolor, y la otu erguidll y fuerte protegiP-ndo 111 frágil dulzura de su amiga. Y la obsebión se hizo tan coniinuada y fué tl\l su deseo de
volver al 11gres1e p11Íi apenas di,jqdo, que volvió
súbit!llllente sobre sus pasos y rt'gresó A Tre11;11s•
tel con apresuramiento, lrnsth1do de l1ts banales
mesas redondas de hotel donde sus oidos h11bi,m
eido martiriz11dos por un inglés insoport» ble, pa rodiil de la música delicioM que salía de los labio9 de Lucía Hartley.
C1111ndo René se instaló de nuevo en la po&lt;:ada
dourle se alejaba antes de su p11rtida. A unos cuanf
1
tos k ló~tros de la playa dti Tregast"l, su r~sol11c1on estab11 tomada: intentar una declaración
de 11mor y uunque sin duda ella le repulsaría, insistirá. riPFgo de perdt&gt;r hasta su buena amistad.
Esta pmibilidact le hizo vacilur un poco, pero luego comprendió que semejante temor era injusto
tratándose de una pt-r.;ona inteligente y buena
como lo er11 Lucí&gt;l y que no sería ea paz de alej11.r
de sn lado á un 11migo púrque la amara m:\s de lo
que ella deseaba.
René pensaba en esta'! cosas caminando por la
(Tilla de la mari~ma que sirve de rad&gt;1. á la aldea.
La mar estaba en descenso¡ algunas embarcnciones menores, c11ida.i para un lacto, parecí"n muertas; en Ja punta de un estrecho muelle que se
pl'olongaba á. lo lejos avanzando hasta el mar,
slgunos ctliquillos se entretenfon pescando con
anzuelo.
Darlot, pres a de una impaciE&gt;nci.a febril por llegar al fin lo más pronto que fuera posible, y
vor recibir desde luego la negativa que lo iba _á
,-umir en la desolación, so detuvo de cara hacia
1a brisa que llegabll fresca y húmeda. Se detuvo
A reflt,xionar en l!t manera cómo debería defender su causa y maquinalmente volvió los ojos ha
cia el lejano azul que recortaban, r,ircnndadas
de brumas, las enormes masas color de rosl\, pesadas rocas bajo cuya sombra Lucia acustumbra
ba ponerse A pintar y donde tantas veces había
pas11do con ella horas inolvidables, y en un sú.bitJ 11rr1l0que de valor se volvió hacia el camino
blanqueado por el sol y por el polvo, que conducía á ttquellos sitios.
Era la hora del medio día: un calor so.focante
subítl del sui:1o y vibraba en una asmósfera lumi•
nosa y abrumadora. Por el luuiente azul de los
cielos algunas nubes, semejantes á cintas de gaaa,
permanecían inmóviles como suspendidas de l.l
bóveda cristalina.
A pesar de sus preocupaciones, Darlot obser- picarescas y c'le color m1s que subido en todas
vó que el sendero esclibroso y ardiPnte que atra- las feri1ts de Frl\neia.
vesaba y que JJor lo común se conservabasolitttrio,
René se apoyó en una barda, detrás de la cual
estaba ahora llena de paseadores. Gentes de la se tendí11n los campos llRnos erizad:s de er11s de
comarca, mujeres de cofia blanca, de chales en trigo negro recién cortado. Algunas chozas obsqu, brillaban los colores más chiJ:ames, y de tra- curas apenas levant\das dei suelo se agrupaban
j~s vistosos, aparecian como manchas relucientes en torno del campanario de la iglesill, r á lo:i piés
sobre el fondo blanco y azul del cielo y del mar, de la multitud se revolvía un polvo fino y caliencon las tonalidades de unfreEco dePuvisdeCha- te que subía come una nube. No había ni lit mas
vannes. Hombres de sombreros de anchas alas y peqnei'l.a sombra. El sol fulgurante inundaba tosacos cortos, turistas i11gleses de calzón corto y do, y esta muchedumbre, reunida en grupo commedil\S d 1 lan11 ingle: as db 1rajes azules ó rosa- pacto, jadeaba de calor exhalando olores penedos, de talle anguloso y de piés largos y ágiles, trantes, extraJia mezcll\ de perfumes, polvos de
tod11 ilna multitud abigtiruda que caminu ba tn la arroz y pomadas, y de las acres emanaeinnes de
umma dirrección. ¿Qué seria aqueJloi'
loe establos vecinos de donde se veía.u salir arroDKrlot siguió su camino y apenas había andlldo yuelos- sucios y espesos.
r&gt;or unos cua.ntcs minutos, al llegar A la cima
Darlot fué á sentl\rse en una alta roca que dode un pel'tón entre rocas cuya ascensión le abru- minaba el lugar en que hormigeaba la gente.
mó de fatiga, pudo ver la fiesta que atraía á ese pues acababa de presentir '}Ue no encontrarfa tal
Jugar tantus gentes. Era una romería.
vez A Lucía en so casa. Sin duda habría. preferiLa pequeft.a c!lpilla de la Cll\l'idad escu.lpida en do venir A ver este espectAculo pintoresco: una
gnuoito como una urna egipcia, tomaba bajo el romería en Breta:na, y debía estar allí tomando
cielo ardiente tor:os aureos y rosados, y un imper- acaso apuntes para Slls cuadros. Paseó en to1·no
eeplible polvo de oro la bailaba toda y le daba suyo una mirada atenta y nada descubrió entre
,m la luz esplendores inesperados. Jumo 1\. la ca- la agrupación compacta de romeroil. Entonces se
pilla una multitud hormigueaba confasamente.
absorvió en un ensue1!o vago y dulce hipnotizánLas cofias de 11mplias alas blancas, los chales dose con la. decoración inmensa del p11i-11je lurutilantes, rojos y verdes, los toc11dos de laa tu- minoso. El zumbido incesunte de. 'a multitud s1,ristas contrastando con sus vestidos que también g11ía vibrando en torno suyo, y el chillar de la
result11ban pintorescos, y por encima de la mu- cantadora de jaculatorills, languideciendo ya, se
chedumbre un rumor, un zumbido confuso d~ vo- resolvía en notas agudas y quejnmbrot1as que le
Ct!s que se interpelaban en bretón, en francés, en
adormecían S1111vemente.
inglés; risas, gritos, y en !in, dominando el tuAlguien le empujó, y entonces alzando los ojos
multo, la voz aguda de una mojer que eant'lba con sobresalto, reconocjO á Roberto Le Clercq
jt1culatorias y vendía rosarios benditos. En el te- que estaba de pié en trente de él. Este no quedó
cho de una barraca de cantores ambulantes, un menos sorprendido al ver á Darlot, y al pronto
harmonium gangoso lanzaba acordes lentos q_ue pareció contrariado, pues no roa.a que por pura.
acompaf!aba el canto de t:sta vendedora de cosas casualidad se había aproximado A él y lo babia.
santas, enronquecida de tanto cantar canciones tocado sin conocerlo. Después de un in.stante de

41

EL OBSTÁCULO,

"EL MUNDO rt. Uf!TRADO."

1

EL OBSTACULO
NOVELA ORIGINAL POR Mm.e. DANIELLE D'ARTHEZ-Ilustraciones de nuestros talleres.

\

VEBSION ESPAÑOLA. DE ".EL HUNDO ILUSTRADO"

Número 6.

,,

Roberto se sentó junto á Ren~ sobre la roca ardiente. De las puertas abiertas de la iglesia salia
un rumor de los salmos coreados por las voces
penetrantes de las mujer,is; los fieles se aproximaban más y mAs al portico y un suizo muy
galoneado de oro y con sombrero empenllchado
de plumas blimcas, apal'eció en el dintel. Un remolino se hizo en la multitud.
René ref1exionab11. A pesar de la reserva voluntaria de Roberto, leía en .sus facciones contraídas, en sus movimientos apresurados, en la
expresión melaneólica de sus labios, Inquietud
nerviosa., ve1·dadsra angustia íntima. Evidentemente todo se iba a. resolver por la impresión
del primer momento. ¿Cuál serfa esll impre&amp;ión?
Predispuesto cada nao pur -resentimientos fundados, ella y él iban á abordll.l'se tal vez con
ánimos de combate, y la esperauza de vencer á
su adversario. ¿Los reuniría con má.s ruertes vineuJo::1, ó se prt!parabl ~ apartal'los más y mAs esta próxima entrevista?
t-.D11.rlot examinó con mucha atención á su co~paiiero, y la agitación que observo en él le d1ó
esperanzas, porque aparecía demasiado viva y
prof11nda para ser debida 110 mAs al orgullo herido.
-Muy contenta va A poner3e Maria Magdalena cuando vea á. usted aquf, dijo René.
Robertó le fijó una. profunda m!rada de investigación.

-Oh! no piense usted que ella me haya referido nada, y ademAs, lo mii,mo que usted, en este
momento estoy volviendo de vi11je, pues acabo de
hacer una excursión que duró varios días. Por
cierto que cuando me pu.se en camino, Lucía estaba may triste viéndola enferma en lo físico y
en lo moral.
-¡Enlerma ...... 1 ¿Qut&lt;, está enrerma. MagP
-Sí: una tristeza íntima. Ya casi no la conoz.
co, pues habla poco, no ríe nunca, se queda pPn•
aat.iva. horas enteras, apoyada la cabeza en los
cojines de su sillón,
mirando sin ver, como uoa alucinada.
'fiene tristeza, mu•
cha tristeza esa pobre criatura!
Rooerto se había
conmovido. T ambién tenía tristeza y
tristezn por ella, y
la noticia" de que había estado sufriendo,
Je hirió de la manerÁ
m!s violenta.
¿Pero por qué sufría? ¿por estar ausente de él, ó por la
difícil situación eu
que se hallaba?

.'.

vacilaeiór: se decidió A estrechar la mano de.
H.ené.
-Usted aquí! exclamó éJte manifestando verdadero placer pues conocedor como Lucia, de
la. ruptura habida entre los dos e3poscs, pensó
que alguna reconcili11eión se había verificado.
- Si. .. . .. acabo de llegar.
René se informó con mncba cortesía de la salud de la ef'ftora Le Clercq_, y continuó:
-María l\[llgdalena y 11.1. 11e1iorlta HartlE,y, es•
tá:n en eu casa seguramente?
- Ko lo sé.
El asombro de Darlc,t (ué muv visible. Roberto agregó:
-Como dije A usted, llego en este momento, y como no encontré, á causa de esta tiesta carroaje que me condujr&gt;ra A TrE&gt;g11stel, resolví venirme á pié y me he detenido nlgunos instantes
para ver esto. AdemAs. como Uotted podrá suponp1•lo, es posible que ambas estén entre esta multitud.
- Lits humaremos.
- No: prefiero permanec"r todnfa unos mo•
mentos solo con usted. Esperemos la procesión.
l\o quisiera encontrarme en público con María.
llfagd11lena.
(Continuard.)

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Las campanas de la Iglesia se desataron en un
ruidoso repique que volaba por encima de los
campos espigados y las landas rocallosas, hasta
las islas grises sembradas sobre las olas en Jos
limites del borizoute.
La multitud se dividió en dos alas deja.ndo en
el centro un ancho espacio para que pasara la
procesión, y las puert11s de la iglesia. abiertas de
par en p-'lr, dieron salida á una IDI\Sa comp~cta
de sacerdotes con sobrepellices blancos, acólltos
vestidos de rojo, nif!.as llevando banderas y es-

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�42

EL OBSTÁCULO,

"EL llUNDO ILUSTRADO"

tandartes, una lluvia de coiores encendidos que
se destacaba del conjunto gris de la multitud.
Darlot y roberto se pusieron en pié para ver
mejor este pintoresco des.file. Jovencitas coronadas de cofias de encaje grandes que se plegaban para caer en alas sobre sus hombros, llevaban en unas andas adornadas de flores, una iin!\gen de bulto de la Virgen, cuyos ca1Tillos lustrosos por el barniz, estaban pintados de un oarmin
subidísimo; d1&gt;trás, una cohorte de viudas acompa11aba A la Mater Dolorosa que tenia pe.ndientes
de las pesta1ias y rodando por las mejill.As, gran•
des lágrimas de cr:stal, y en el pecho un racimo
de enormes puflales: á lo lPjos, la mar azul que
las dejó viudas y las condenó A llevar tocas de
duelo, se irisaba bajo el rayo del sol y tomaba
los tonos lucientes del manto de seda que envolvía A la i.mAgen.
LnPgo vanían ancianos de caras brom~eadas
por la intemperie, de cuerpos velludos y manos
encallecidas, vestidos de marineros llevando un
pequel1o navío artísticamente construido¡ uuo de
esos e:cvotos que se ven comnnmente en las iglesias de las costds bretonas. ¿Cuántas torment11s
habían presenciado en plena mar esos vbjos que
ahora camiuaban débiles y encorvados, que en
otros días fueron vigorosos y valientes y ahora
casi vueltos a la infancia, susten(an penosamente
con manos temblorosas aquel barco en
miniatura, y cantaban cou voz cascada
un cántico á. la Virgen!
La procesión se desarrolló lentamente
y Darlot, abrazando con la mlI'ada toda
esta escena y el vasto horizonte de la
landa y del oceAno, se sentla movido de
piedad profunda por todos aquellos que
iban pasando y que llegaban ya al fin de
la vida después de haber 11purado todos
sus dolores ó entraban apenas A ella para comenzar á. sufrir.
-Vea usted qué bello es esto y qué
artístico, dijo Roberto con entusiasmo.
Roberto también estaba conmovido.
La multitud S6 había quedado en silencio respetuoso¡ la cantadora ambulante puso fin A sus jaculalorias¡ millares
de gentes contemplaban aquellas imAgenes santas, y aquellos barcos conducidos solemnemente entre flores y banderas por equellos viejos lobos de mar
que trataban de erguirse en gallarda
apostura, y no podían sino inclinarse
hacia la tierra que parecía llamarlos invitándoles al descanso eterno.
-Allí están, dijo Roberto con voz
breve.
Enfrente de ~i:os, al otro lado del camino que seguía la procesión, Darlot distinguió A Lucia y A Maria Magdalena
abrigadas bajo un ancho quitasol. Mag
tenía un aspecto sumalllente triste, y contemplaba con melancólica indiferencia el
espectáculo que se desarrollaba en torno suyo.
Roberto la examin~ con atención apasionada. La
encontró p!\lida; observó su abatimiento, y una
gran alegria Je hizo latir presuroso el corazón,
sin embargo de que aun conservaba sus dudas
sobre la causa de esta tristeza.
Casi al mismo tiempo alzó los ojos María Magdalena y descubrió A su marido: entonces cambió de color; sus pArpados se agitaron nervioso.mente y oprimió con mano crispada el brazo de
Lucia. Volviese la joven inglesa, siguió la dirección de la mirada de su amiga y distinguió á Roberto y Darlot.
8i este primer encuentro hubiera tenido lugar
en otras circunstancias, las cosas se habrían desenlazado de otro modo, pero Marfa Magdalena
tuvo tiempo para rehacerse, dominar Ja emoción
que le quitaba la facultad de razonar y que en
arrebato invencible l!i habria arrojado á los brazos de Roberto.
Mientras duraba el paso de la procesión que
los separaba, ella pensó:
-Ya está aquí. Esto prueba que me ama todavía lo suficiente. Pero ¿qué va A suceder? ¿Qué
solución traer¡\. proyectada? Una sola era aceptable: la que la jov.,n venía solicitando en vano
desde hacía varios mes88.
La procesión acabó de pasar dando tiempo á.
Roberto y A María Magdalena para dominar sus
sentimientos, de suerte que se acercaron uno al
otro con una tranquilidad ficticia que no dió lug,1 r il Lucía p1mi formarse un juicio sobre el estado d.: tHlS llmwus.

/

-Viene usted por algunos días? preguntó Lucia A Roberto estrechAndole la mano. ¿Dió usted
orden de que llevaran é. mi casa su equipaje?
Roberto ~ontestó dirigiendo A su mujer una
mirada tímida:
-No sé todavía si podré ó no retardarme aquí.
Por de pronto dejé mi maleta en una posada. No
pude encontrar un carruaje en que venir.
-Pero más tarde lo encontraré. usted, replicó
vivameute Lncitl . .Me figuro que no intentará usted alojarse en la posada.
Roberto dirigió A eu mujer una mirada. penetrante, y elli. se ruborizó comprendiendo que se
acercaba sin lugar á retardo alguno, el momento
de una explicación definitiva. Y sintió miedo,
miedo profundo de las consecuencias, al ver que
BU marido se mantenía estrictamente á. la defensiva. A e!la la poní~ en el caso de decidir si quería que Roberto se alojara en la quinta ó si quería resolver una definitiva separación. La iMertidumbre en este caso, se babia becho intolerable
para los dos, y Lucia comprendiéndolo con su

•

/

I

clara inteligencia y exquisito tacto, resolvió des
enmarai!ar tan penosa situación lo más pronto
posible, y dijo:
-La fiesta, el ruido, el movimiento de la multitud, todo esto me fatiga y se mi, hace ya insoportable. V!\monos inmediatamente. ¿Quiéreusted
eell.or Le Clercq? Acepte usted á lo menos mj invitación para comer con nosotros.
-Acompal1e usted A Mag que le enseliará por el
camino los lugares más pintorescos de la localidad, y así tendrAn ustedes tierno') de decirse esas
mil cosas que los casados tienen después de una
ausencia. AdemAs pueden ustedes recobrar sus
llá.bitos de campesinos adquiridos en nuestro v:aje 11.nterior. ¿Se acuerda usted? Yo monopolizo al
sefior Dllrlot pllra qne_me describa sus impresiones y los paisajes pintorescos que haya visto en
su excursión.
En camino pues, l'l!ag . . ... pero está ested muy
pálida. No la lleve usted muy de prisa selior:
cuídela usted, está enfermita desde hace· algunos
días.
La encantadora joven se alejó no sin dirigir á
su amiguita una sonrisa de cari1io y una mirada
alentadora. Mag cuyo corazón palpitaba aceleradamente, quedó sola con sn marido, enteramente sola apesar de la. multitud que los rodeaba.
Roberto observando la intensidad de su emoción, se conmovió también y le dijo:
- ¿Quieres que nos vayamos de aquí donde hace tanto calor?
Mag le sonrió con dulzura. Le había quedado

agradecida porque no le habló de usted como á
una adversaria.
Trataron de abrirse paso entre la apretada muchednmb..e, pero el desfile de la procesión que
volvía sobre sna pasos los detuvo y se vieron en
la necesidad de esperar A que se hubiera alejado.
En seguida tomaron el camino que desciende
hacia la aldea de Tregastel y se encontraron pronto cruzando por senderos rocallosos de arena y
guijarros sueltos, tostados por el sol, entre los que
crecían yerbas raquíticas y jnneos marinos de
flores amarillas. Grupos de gentes del país, mujeres con chales dti matices bArbaros, hombres con
sombreros anchos y adornados de cintas, se les
atravesaban dirigiéndose á la romería. Un alegre
repique de campanc.s llenaba el aire en una gran
extensión.
De pronto, marido y mujer sintieron una profunda turbación al encontrarse solos; pero el paso
frecuentemente de los campesinos los tranquilizó, aplazando aunque fuera por cortos instantes,
la llegada dela crisis final que ambos temían igualmente en la vaga intuición de que de nuevo iblln
á cbocru' sus voluntades.
Maria Magdalena rompió el silencio 111 fin preguntando:
-¿EstA bien tu mamá?
-1::ií: muy bien. En eijtos momentos anda muy
ataread8, porque la seflora Cbarmonacaba de regresar de Inglaterra y mi madre
va A fundar un nuevo hospicio, una casa
de salud en una propiedad que posee á.
la orilla del mar no lejos de Montpazier.
Está muy interesada en esta obra pía.
y va á pasar en aquel punto una temporada largnitahaeta realizar la instalación.
Después ¡,arece que irá alli con much11.
frecuencia. Ya sabes cuanto la apasionan
las instituciones de caridad.
-Es en e[ecio muy generosa, contestó María .Magdalena.
Luego se quedó pensativa y silenciosa
por algunos instantes, comprendiendo lo
qu.: esto quería decir. Era una concesión
que se le bacía, haciéndole entrever que
su suegra estaría ausente con frecuencia
de J.Iontpazier, pero ella era suficientemente avisada para dejar de valorizar desde luego la inutilidad de semejantes promesas. El hecho qn.e quedaba en pié era.
que Ja vieja los tendría bajo su dominio
como antes. Fundaba una institución su;:-lementaria. Eso iniludablemente la tendría ocupada, pero la libertad que en tal
situación dejaría á. su nuera seria irr.isori,1.
Sería necesario estar esperando su.a
ausencias como los escolares esperan lae
Yacaciones; en presencia en la casa haría
imposible toda intimidad entre· los esposos y dur,mtelos viajes yasabria imponer
á Mag la subdirección de todos los orfanatorios, hospitales, hospicios y obras A las cuales estaba aplicada. ¡Y esto era lo que Roberto le
veuía á ofrecer!
1\Iagdalena tuvo nn violento acceso de tristeza
y despecho. Roberto se había imaginado sin dutla.
que todo iba á quedar arrPglado pacHicamente,
que su madre hacia un supremo sacrificio alejándose de hecho de la vida de sus hijos y no reservAndose más que la cláusula orgullosa de que la
casa quedara bajo el nombre y la dirección de
ella.
La seftora Lé Clercq había sabido, explotando
hábilmente suimperio sob::-e el espíritu desu hijo
baeerle ver y admirar no más el lado de abnega:
cienes y bondad que presentaba esta nueva com•
binación, sin dP jarle sospechar que todo el caca·
reado cambio resultaría ilusorio.
:Magdalena bajó los ojos. Lágrimas de dolor y
de vergüenza le arrancaba la idea de encontrarse
presa en una argolla de bie. ro.
,,
-Esa propiedad es muy linda, afiadió Roberto
muy lejos de sospechar el disgusto de en mujer:
ya la verás, es de gran extensión y tiene enormes departamentos que han servido en otros tiempos parit diversos usos y que ahora van á ser transformados en dormitorios y salas de trabajo. Tiene además nn pabelloncito de estilo Luis XIII en
el que va A poner mi madre sn departamento
particular, y todo el edilicio está circundado de
un hermosisimo parque, CUJ as amplias avenidas
van A terminar en la playa. 81:tn Hil11rio es un sitio eocantado1· que está muy próximo á. una pin-

43

- Yo, en el vagón, lloré mucho, mucho.
Entonces g.iardaron silencio, pensando los dos
en lo que mútn11mente se habían hecho sufrir y
-SC, dijo MaríaMagdalena. con el corazón oprisaboreando con dulce melancolí~, esa tregua da
mido al pensar en la indignación que sentiría Rouna hora que el cielo les concedít1,
berto si su mujer rehn.sara lo que él consideraba
Allí estaban lejos de la vida, sin que en , )los
como una inmensa concesión.
ni fuera de ellos existiera nada más que su amor:
Llegaron A un camino ancho sombreado por altodos los obstáculos sociales habían quedado
gunos Arboles entre los cuales se veía aún la
tras de ellos,¡pero cene-cían su existeucia, senlilln
landa rocallosa y A lo lejos el mar . Un cnel yugo de su opresión, comprend.Jim que no po·
rioso Calvario en forma de laberinto y adornado
dfan permanecer por más tiempo suf1 iéndol11; y
de estatuas y de sentencias en dialecto bretón, se
en esta soledad tranquila en que eran du.:11os de
alzaba custodiado por una casa cuadrada coronasu corazón y de su conciencia, se acordaron con
da por una cruz y nna campana: de llls inmediaternura de sus gratísimos paseos á dos en los
ciones salió una turba de chiquillos andrajosos y
campos cuando hicieron BU primer viaje. Entondescalzos pidiendo limosna.
ces los dos eran confiados en su venmra, pero
-¡CuAn seco y Arido es este país, dijo Roberahora las tristezas que habían pasado sobre ellos,
to. La blancura del camino reverberando con el
conmoviendo y aqnila.tando su ternura, la habían
sol, lastima los ojos! ¡Qué tristeza da todo esto!
hecho mAs profanda.
Poco después las c11sas de la alde/\ dejaron ver
De lejos. de muy lPjos les llegaban todavia casus techos obscuros alas orill1ts del camino, y desi imperceptfüles los sonidvs de las camtrás de un muro de piedra en que pros.........,,panas de la romi:ria, y este rnmor poético
peraba el musgo y florecían alhelíes sil"" ' l1\
arrullaba sus eosue1ios ....
vestres se ostentaba una antigua iglesia,
melancólica por esos tonos grises q ne
En trente de la iglesia y limitando el
dan los a11os A la cantería; con su campacementerio, un vasto y sombrío edificio
nario muy alto en que colgaba.o tres es•
gl'is horadado en Jo mAs alto de sus muquilas raquíticas, y delante de la puerta
ros por estrechas ventanas, proyectaba su
un monumento de granito corcomido por
sombra violácea sobre las tumbas y las
el tiempo, rara cúpula de piedra coronllflores.Er.a un convento de monjas.
da por un pabellón que sustentaban piSe abrió 11inruido una puertecilla, y deslastras y en cuyo piso y cornisamento se
lizándose con pasos silenciosos salió una
distinguían apenas informes bajo-relieves
religiosa vestida de bl11nco y se dirigió
representando Angeles y querubines.
hacia la igle~ia.
-¿Será. esto uu bautisterio? dijo RoEste suceso no interrumpió casi la soberto. Entremos.
ledad de los esposos que cominuaron
Penetraron 11 atrio que también servía
junto al vi&lt;'jo muro, con las manos enlade cementerio y en el que florecían la rezadas
sumidos enun éxtasis de amor. Tlll
tama y el jaram11go silvestres luciendo
vez esta forma blanca y discreta no fuesus alegres matices sobre todo aquel conra la de un ser humano .... sino el alwa
junto de gris pAJido y de verde polvode aquel cementerio, de aqueila jgle~ia
riento. Pirámides peqneifas ó cruces de
que se aparecía un inshnte á. sus ojos.
madera marcaban las tumbas; la iglesia
La vieron dPsaparecer tras el pórtico,
tenia ventanas ojivales que descendfan
y Roberto, como si pensara que era necasi hasta el suelo, y en el techo de pizacesario llegar al fin, dijo:
rras obscuras, una escalera de piedra es-Antes de mi salida de llfontpazier
trecha por la cual se a ce»dia al campatuve con mi madre una seria conversanario. No daba miedo trepar por esta esción. Como nosotros, ella piensa que es
calera sin pasamanos, porque el techo toindispensable que cambie esta situación
do parecía. bajo, como si los cimientos de
y esto es muy fácil, querida. l'liag, entre
111. iglesia se hubieran ido hundiendo Jenpersonas que se aman. Yo te confieso que
tamente al peso de loa siglos, y como si
nunca be comprendido el -por qué de iu
en esta tarea encomendada A su decresu.bita rebelión: tú tan encantadora tai.
pitud la aguardara el cementerio plll'a
dulce, te volviste intransigente ;amo
cubrirla por completo, absorviendo sus
quien esté. en disposición de provocar rivitrinas de colores, sus techos y sus camña con el motivo más insignificante. No
panas y sepultándola como á los dem:1s
volvamos A ocv.paroos en hacer mención
fieles ahora muertos y que en otro tiemde Jo que ha ocurrido. Mi madre me ofre•
po oraron bajo su sombra.
c1ó de nuevo dejarnos su casa insistienEl sitio estaba solitario y no llegaba
do vivamente, en fa ver de esta combinaallí ni un rumor de la aldea. Todos Jos
ción que be rechazado.
habitantes habían ido á la romería. Así
es como conviene visitar estos lugares
-lnac~ptnble! dljo :Maria Magdalena.
11pacibles para apreciar todo el encanto
¿Para que pensar en resoluciones extrede su tranquilidad.
mas cuando la manera de arreglarlo toRoberto y María Magdalena dieron una
do es tan sencilla?
vuella al rededor dela iglesia, y hnbo un
- ~ tus ojos, porque te preocupan tus
·0.
momento en que la joven con un extreprop:os deseos; pero debes también tomecimiento de terror se estrechó contra
mar en cuenta para esa clase de cálculos
~~.~~.
su marido.
l~s sent~mientos de los demás, sobre todo
-, I
AJ lado del pórtico de entrada, una tos1 son d1gnos de estimación y respeto. ;\fi
rrecilla baja empotrada en el muro y comadre nos ama.
;
ronada por una media naranja en cuyo
Magdalena quiso protestar, pero Ro•✓.,_,.....g~Y~
remate había una cruz, recibí.a la luz por
berto la detuvo con nn ademan y comiamplias ventanas góticas que dejaban
nuó.
ver el interior. .Allí un montón de osamenttls imaginar. No es para vivir así para lo que nos
-Constantemente nos lo prueba. Acaso nos
humanas en espantosa confusión, dejaba aso- hemos casado. lle suf1·ido de todos modos, soste- ame dt. una maoe~a que puede desagr&gt;1darte y
mar el rictus de algunas calaveras, las cuen- niendo luchas muy penosas entre mi dlgnidad y eso _es una desg:acu, pero no puede exigirse de
cas vacías y ensombrecidas de todas. Ante este mi amor hacia ti. Ohl cruel Mag: yo te he amado nadie _que cambie su naturaleza. N"os lo prneb11
especta.culo, lo~ nervios de María Magdalena vi- mlls, mientras mAs desgraciado me has hecho!
te repito, y eso no es discutible. Y Yll que com~
braron y resintió un pavor insensato y pueril.
Ella colocó su mano suave, tibia y fina sobre p_r~nde que ni tú ni yo podem011 aceptar su sacri-Oh! Bob, esto es espantoso, dijo cerrando los la de Roberto; esta caricia muda acabó de tras- ficio Y Y! q•1e de su parte no se resuelve á vertornarlo y agregó con voz trémula:
ojos.
nos deca1~os de lo qn.e _ella llama nuestro rango,
- No, no te recordaré todo lo que sufrí el día
Viendo la emoc:ón de su mujer, Roberto pen- de tu partida, cuando te separaste de mi lado sin ha descubierto nn medio de conciliarlo todo.
Mar~a Magdalena retiró su mano de la de Rosó que en tales momentos podía hablarse con la la mae pequeiia demostración de cari1io y des•
sinceridad del corazón; y en este cementerio pnés de una escena que fué tan penosa para mi berto y _le pareció que un soplo h&lt;&gt;lado pasaba
tranquilo, ante e3tas tumbas sólo visitadas por madre ... . No, y-0 no podía creer que mi Mag, por encima de ellos y que una nube densa enlas abejas, dijo A Mag cuánto había sufrido des• mi buena y querida M11g, me dejaría así, dando- sombrecía l?s horizontes radiosos de aquella made que la dejó de ver: ¿Ya. no lo amaba puesto me la mano fríamente como una desconocida. fl.ana de est10.
Roberto siguió.
que así se retiraba de él abandonándolo entera- Me quedé oyendo aflsiosamente el ruido del ca-:-Mi madre va á. consagrar la mayor parte de
mente?
rruaje que te conducía, y me quedé junto á Ja sn tiempo A 1~ Cllsa de salud que se ha propuesCon los ojos cerrados l\Iag oía la voz dulce y ventana, levantando las cortinas, figur!\ndome en to J'undar. Pr1mero sus proy ectos se reducían
tierna de su marido. Permanecían frente al osa- mi desesperada locura que teibas á regresar, que dar para_ la obra una quinta que poseemos e~
r io, 11nte la mirada negra de los craneos vacíos. no tendrías valor paµ irte así. ... Y tuvo una. !~on1paz1t!:, ad~nde habría podido c0ncurrir &lt;JiaR oberto cesó de hablar: hubo unos instantes de amarga decepción cooudo comprendí que sf, que riamente Hn deJar de habitar en el palacio Le
silencio y luego dijo:
· así te ha bias ido!
Clercq, pero luPgo ha prderido S.m .Hilario don.
toresca aldea de pescadores. Ya iremos por allá

un día si quieres.

-Bob mío, ya Bab11s que te amo, te amo y he
sido tan desgraciadll como tú! no .... no, mlla
que tú todavfa..
-Es necesario que concluya esta situación: es
absurdo derrocbar, como lo hacemos, nuestra dicha. Es tan corta la juventud, tan corta la Vlda,
tan reducidos los minutos que puede uno consagrar al amorl
Magdalena temblando de miedo 11 causa delas
ideas evocadas en tao espantoso sitio por Roberto, dijo:
-No quiero estar aquí, tengo miedo.
lt"'ueron á sentarse á. alguna distancia de aquel
osario, junto al muro que engalanaban los jaramagos, y despnreció el terror de la Joven ante
las ta.robas llenas de flores que le parecieron
alegres.
-Mag, di.adió Roberto gravemente, no quiero
relatarte todas mis tl'istezas sutridas en las últimas semanas, pues si me amas, ya te las debes

-

~

�EL OBSTÁCULO.

"EL MUNDO TI,URTRADO"

de bav una casa para habiblción, un parque Y
varios edillcioa ady11centes y allí se va A inst11h1r
durantf'I los próximos dos meses; volvtráá Mont•
pazier á p1ts11r el invierno on nuestra compaftla
y desdti qo.e empiece la primavera harA A San
llilario frecuentes viajes.
-¿Y entre tanto nosotros viviremos en Bll ca•
1111? preguntó ?,{Ar(ll Mag&lt;lalena.
.
Roberto sin contestarle se quedó viéndola.
Magd,dena 11gregó:
-A mí me pffece tan inc'&gt;nveniente esta eom•
binn.oión como lo habrá ~ido act-ptar que mi suegra se despoj11ra por nosorros de su palacio y ds
s11 fortuna. ¿Es posible que ella soporte la vl~a en
común conmigo figurAodose ~lle su presencia ~e
es repo.l:1iva y qa.e se neces11a de sus ausencias
en épocAs derermin11das c11ando me canse yo de
sguantarl1\'r' E~to es inadmisible.
Roberto replicó:
-Nosotros no hemos considerado l11scor11s bajo eie ~unto de víst11. bra.t~I. Tú _hu reproch11do
A mi madre que no te deJa suf1c1ente libertad y
ella trllta de demostr&gt;1rte qoe hace cu,\nto está. en
sos manos para que tó. sells reliz.
-El mal consiste en que hace demasiado. Yo
le pedirít m1:111oa, mucho menos, 10Jao_iente ~~~
nos dejara arrtigll\rnos :\ ne.estro antoJo y v1 v1r
solos en nuestra cua por humilde que sea. Necesitamos lujo 1ú y vo pan querernos?
Este llamaruiento 1tl corazón no fuó oisiquiera
escuchado, pués R ,bcrto e., sentí,\ con sum-t contrariedad por lit rutinera com&gt; b.abí&gt;ln sido re1.:l·
bidas sui pr(lposicionc!l.
-Eso se sale de los limites de ll\ cuestión, dijo
con el 1tc1mto de un abog11do que di~cute puntos
de derecho. Me parece qne seria j 11sto no reeha•
zar de plano todas l11s ideu de mi m'\dre no mu
rorque son BU)'as. Ella adem~s, en el M;o de una
separación teme los comentarios de la ciudad.
-Con que no nos quedemo3 en ~fontpazier to·
di, se l\ll1u1a U.cilmente.
Roberto quedó estupeflicto; esta idea le pareció ab3urda ó indigna de que se la pusiera A dii•
cusión con todo y que eri1 el único desenllice posible para la crbis.
-Serfa una locura. En Montp1tzier tenito mi
clientela, ¿qué iría. yo A hact1r en otra par~e?
- y a te procurarías chencela en poco tiempo,
ó 1,i lo prefieres, entra e_n ~a magistratura. Tn ~adre tiene r elaciones snhc1ences para coosegutrte
un nombramiento de juez.
Roberto dló eeft.ales de viva impaciencia.
-¡Cambiar totalmente el objeto de ml vida!
No. Yo tengo mis costnmbre:1, mi ft1milia, mis
amigos, mis tradicionei en Montpazier Y 1JO me
muevo de allí.
-¿Entonces? preguntó Magdalena con desalleotu.
-Entonces, de Jo que se trata-e'$" d~ qae porparte tuya demuestres algo de la generosidad en •
que tanto abunda mi madre, la cu1tl no se pau en
hacer toda suerte de concesiones. Haz pue~ también lllgunas.
-Hacer algunas es h11cerlaR todas! P11rael mal
que nos aquej-l no sirven los recur.;os A medias.
y 0 no me resisto, Robt-rto, y te ruego solo que
rerlexiones en que h situación en Que se me
quiere colocllr es insostenible. Tu madre '! yo
hemos cambiado f1•aees tale•, que nada podría ha•
cerque caveran en olvido. Xo me perdooarA que
vo me he revelado contra eu autoridad y yo re•
cord1tré siempre que ella me ha ecb,,do en cara
que me casé &amp;in dote. &lt;?uantlo s? ha llf'ga~o A a~mej~ntes extremos la vida eomun re.ulta 1mposi•
ble, &lt;.le bes confesarlo, absolutamente lmpo, lble,
aunque esa vida sea cortada pot· ausendas de algun11s semanas.
-Ah! Tu objeto entonces es separarte completamente de mi madre, dijo Roberto pAlido y a pretan io los dientes.
-~•fo, Dios m[ol no, Dljo l1aria }1ag1alena eon
¡ l voz dulce que conservaba aún en las crisis
tis violentas mi fin es nada mas ahorrarnos el
ro bllJ·o de em'prender de nuevo una experiencia
tra
penosa, cuyos m11los resultados se está.a viendo
muv claros desde ahora.
R , berto dió algnnos p:sos alejándose de s~
mnjcr como para ponerse a cubierto de la pos1hilldad de contestarle de una m'\nera brutal. Ella
le comempló con extraordinaria Jocidez y com·
prendió desde luego que entre los dos todo había
terminado: leyó en su pensamiento la convicción
de que María Magdalena era u.na ingrata¡ la idea
de que tenía h •u:1a suegra Injusta é invencible antipatia, y el desaliento y la vergüenza de que no

oídos que II\ despertó de su abatimiento con un
ligero ternblvr; quiso levantarse y le faltaron
fuerz1te. Entonces oyó el órgllno resonar el través
de lm, espesos muros de la iglesia con unaharmonfll v11ga y podero,ll, lent.tt como una plegaria y
-consoladora !l la "°ez. Se acordó de la religiosa
blanc,t que babia atravesado su camino y que
~ra segureme11te la que estaba tocl\ndo. Eotoo•
-ces le vino la visión de una vida apacit&gt;le entre
11quellas cuatro pllredes grises, detrás de 11qa.e;1a
iglesia de aldea. Nada de crisis: una paz divinn, un
'Sneno de alma y de corazón, una mu. ne esperan•
&lt;lo l,1 muerte. La paz! el repl'sol con qué ardiente pllsióo llnmnba esas dos dicbns de las cuales
tenh sed. No pensar m1\s 1 no aruJr más, 110 sufrir mAs ....
Cerró los vjos y lloró si:enciosamente.
El sonido del órg,mo .. ra una suce&amp;ión de acor&lt;le~ que derramnb11 paz y calma en esta ardie111e 1arde de htfo. La igle•i, anqulrfa voz y cantaba un any,,fu11 de re¡,oso r di: 4uietud; íb1111 á.

era trafteientemente amado puesto que la joven
no se Neolvia A ceder.
Y ella lo amaba para h \Cer esto y mucho m'i.s,
hastJ los m(l.s cruentos 11acrifiolos con tal de dar
término A la crisii, pero lo qa.e se le proponía no
f'ra mi\s que noa impía comedla que serviría al
pronto oo m1\s que de pretexto para atraerl'l, y
lnego las cosas irían empeor.llodo en progresión
segara y rorzosa y A vuelta de al11:unae semanas
despuéi de crueles luehas volverían al mismo
punto en qt.e ahora se hallaban.
Roberto volvió junto á su mujer y con acento
breve y soco expresó así su última é inapelable
resoloción.
-Es inútil segnir discutiendo por m~s tiempo;
la c11eetióo se reduce A é~to; l,qnieres venir con•
migo :1 l\fontpllzier? Reflexiona bien antes de contestar, María ?l[agdalena,y piensa bien en qne oo
tendrás por otra vez oportanidad como 1.1 pre•
sente. Ta. tienes una energía de car~cter que no
era de sospecharse en tí y yo también tengo esa.
cualldad. Creo que si me amas debes aceptar lo
q11e te pro~ongo; aceptarlo~ lo menos como un
ensay~ y s1 la vldu en comun se hace realmente
imposible, entonces llegará el caso de que nos separemos de mi madre. Xo voy á. tratar de defend er m1. causa que se reasume en es ta pregnn ta :
¿me amasó no?
-María _Magdalena en su angustia juntó las
manos Y dlJo:
-Si te amo, Roberto, pero es espantoso que
me preguntes ~so. ¿Y po; que me preguntas si te
amo? Lo pot1r1as a~dar.
-EntoncPs, consientes?
-M~ría l\~agdalena se levantó.
.
-'.!'u no tienes el derecho de presentar as1 la
cuesnón colocAndome entre mi ternura y la des•

gracia de los dos. Por otN parte ¿ '\ mí no hay
qa.n tomarme en cuei:.t'\ también? ¿No estás en el
deber de preferirmo? Yo dtibía preguntarte esto
y sin emb,trgo no lo bago, no, no. Ei abomlnl\ble
exigirme lo imposible y deducir que no te amo si
resisto.
RobPrto replicó de un modo conclll}ente.
-Déj1\te de frases y dime claro ¿es e,tll una
repul3a?
Tan dura filé esta réplica, lastimaba tanto la
deliC11deza de la j lveo, que pormanec.:ió mud11.
-Bien. Ya me lo esperab.~. Nuncl\ pensé que
to.viera n~ted por mí otra cosa que un11 afección
ligera de la que nadie puede dispensarse, á. lo menos de los primeros me:;es del matrimonio. No es•
pere usted mAs proposición que 111 que acabo de
hacer. Li situación queda en sus manos. Cuando quiera usted irá l\1ontpazier serA bien recibida. Pero st quiere volver con su padre A vivir
aquel!a vid" bohemia y desordenada con bribo•
nes y avenrurerl\s, b11ga lo que guste. Acaba u,ted de probarme que no me 11ma y que qneria.
solo abusar de mi awor. Es necesario que haya
yo sido btstante necio para d11dar de e.o no instante. Una muj~r que 11.ma A s11 marido no lo suprime de su vida t11n fá.cilmenre como usted.
Roberto se interrumpió temblando de cólerl\ y
esperando una respuesta que no vino.
Aniquilada María M,1gd11lenase retarda las m.11.nos sin pronunciar una pl:lldbra, ni atrcr~r3e á rijar los ojos en su marido.
Entonces, pres!\ de una especie de vértigo, par•
tió A grandes pasonln vol ver i\ ver A su mujer lJ ue
permanecía como pe,rifieada mirando vagam.,n re
el campanario de la igli:sia tras del cual respl \ndecía el cielo azul.
Un sonido lento, profundo y grave vino A su.

&lt;lormir las flores, las tumbas y las piedras gri
ses, en tanto que 111. religio&amp;a, alma de todo esto,
oraba con aquella voz que difundía pensamicn
tos claros como la luz.
Maria Magdalena, logrando ponerse en pié, penetró bajo In bónda sombría y profunda de la
htlefia que teni11 iuteriormeote una humedad de
cueva. Allí, junto al harmonium vió • á la monja
que tocaba. Toda la luz del sol poniente se eon1:entraba en ese punto pasando A través de uua
-venta.na oblicua.
Maria Magdalena desfallecida, presa do un
, értigo, se paró á verla y la monja, presintiendo
A alguien cerca de ellu, se volvió y sorprei.:did"
, ió el espanto y la angusti11 de la joven.
-Eitá usted enrarma, seftorita?
Bajo esta mirada de piedad el cora2ón de 111 •.
1 f \ Magdalena se dilató y sin poder hablar esta·
Jlc'i en lltgrimll.e. Luego se dPjó llevar hastn la sacrlstia donde la monja la. hizo sentarse en una
,1,1lla de paJtt.

-Excúseme usted, deefa, aún sacudida. por extremecimientos nerviosos, Un momento de en•
fermedad ...•
-Tiene usted alguna pena? preguntó la hermana con una voz dulcemente imperiosa, habituada A, inspirar confianza y f\ distribuir con•
sejos.
Esta rspcci~ &lt;le autoridad no desagradó A l\1A.ri11. M11gdalena que se sentía heridll y en un eompll!to aniquilamiento.
-Sí, &lt;.lijo, tengo una gran pena.
L11 berman1t vió su tr11je y notando que no era
de luto. conaideró que 111 d1 egracia no era tan
grave. 1&gt;1agdaleM lo comprendió y dijo:
--Si. lle perdido A alguien á. quien umo; lo he
perdido como si hubieFe muerto.
l,a religiosa se irguió, pero sn cHra tranquila,
sus ojos lAoguidos, rns anugas, bc1 bfan ganndo la
confüu12a de MAría ?tlngdalenn 4ue en breves rrai.es refirió lo qu~ le h11 bí11 p11s11do.
La mo,,ja oyó con ltt i11q.1a&amp;ibili&lt;111d de un ser

45
salido de la vida, lejano A las pasiones y fi las luchas del corazón y que no comprendía mAs
sentimientos que la resignación y la obediencia.
-Esas tristezas, dijo, se las hace usted sola.
Debe usted obedecer A au marido, humiUnree y
domir.ar su orguUo. Yo tengo sesenta anos y
obedezco A mi superiora que es mucho mAs jo•
ven qoe yo.
)hgdalenl\ quedó desconcertl\d11: la hermana
no la había comprendido, pues entre amb11s situaciones existía mucbl\ diforencii1.
Oyó sin embargo dócilmente e11a YOZ lenta y
dulce que le dab11. con ejos banales como A una
nirla indócil, y Cl•mprendió su error de h11berse
dirigido á una mujer que no sabía nadl\ de las
tormentas de la vida. ¿Cómo erll posihle que su1
dolo1·es fueran comprendirtos ni 11precindos en su
verde.dero valor.si no h\bí,rn hallado eco algu.no
en el eorazón de la monj11i'
.
Se oyó el eoni&lt;lo de una campgna. 1 La religio•
sa se levt1ntó y dijo:

�46·

-Llaman para los oficios vespertinos. Es ne- los preparativos, y llegado el iostaote de 11:1. sep·aración le acompaM solamente hasta lii.• puerta
nei;llrio qne me vaya al convento.
Maria Magdalena la siguió A través de la igle- de la casa y le be:1ó; luego mi p.adre Je dió un
llill, la vió incli11arse un mjnuto nnte el altar, y apretón de mano y 11osotras nos asotnamos A lll
Jopg,l, bajo el pórtico, se despidió y le dió llls ventana pHa verlo por mAs Largo tiempo. En
gr11cias sin convicción. La hHmana tocando ape- Francil\ todtt la fi.tmilhl habría ido al barco y hu11ss con las puntas de los dedos la mano que l~ bier11. habido una grtm escena de lágrimas, besos,
tendill Ma-rfa Magdalena y conservándose indife- y desesperación; ptro nosotros nos amamo:1 de
rente y tranquila. concluy ~ con esta frase dicha un modo menos expansivo 11unque més prorondo. A vuelta del tiempo tuvimoi noticia tle que
de un modo expresivo:
-Es neeesario que ofrezca ustbd sus penas al el pobreci llo babia tenido una peHgrosa enferme•
dad' del hígado ocasionada por t:l clima, y nos
buen Dios:
}!arfa Magdalena se alejó m:,s triste que antes; fué muy grl\to saber al mismo tiempo que pasa·
como si a.~bara de peroer, de improviso, un mo- da la crisis alarmante estaba ya en convalescentivo de esper,rnza y de consuelo. .A.hl qué vado cia.
Darlot acordándose de la ternura enfermiza
sintió al oír esRs palitbras banales dictadas por
una caridad oblig11toria que carecla de eompa- que habitt. tenido por su madre y por su berm"nii
siónl ¡Qué lejos estaba de ella eaca mujer que se y de l1t dolorosa 11gonia que sufrió perdiéndolas,
consideraba superior. No le dijo ni nna palabra se sintió b11jo la impresión de que era una e,peconmovedora y tierna, y sin erubargo, decírsela cie de mujercilla neu.r&lt;,tica, al oir la convers11ción
¡habría sido tan fácil!
de la seilorila Hartley.
-Debe usted considerarnos ii. los frnneeses
como seres dotados de una sensibilidad exajeraLucís. Ilartley y DRrlot llegaron en 'breve á la da é iofnntil.
-No enteramente. Lo que pasa es que ustedes
fonda del lado del Oceáno; y de~pués de haber
descendido por un camino empedrado de granito. colocan el asunto pua obst!rvarlo uesde 01ros
lleno de oquedades y sembrado de guijarros suel- p.nntos de vista y en eso eonsiste todo. L/\ edut-os, atravesaron las extensiones en qu~ crecfa.n c1:1cióo de ustedes los predispone á ello como ]a
juncos y matorrales y que fueron e.nacidos por nuestra nos desarrolla más el sentimiento do lit
H.ené la primera vez que vió este país. La casa propia personalidad.
-Podría esa cualidad de ustedes considerarse
hlanca del semHoro resplandecía con una claridad deslumbradora sobre el azul verdoso de la como un refinamiento del egofamo, porque, en suma, yo de otro modo 110 acierto á comprender
mar.
Darlot refirió las sensaciones que experimen- bien esta facilidad para la separación, que viene
to dnrante aquella primera excursión y la impre- á. ser como la desorganización de la familia.
-No lo crea. usted: la familia tal como la comsión inol vida blP. que dejó en t.u ánimo el espectá.prenden ustedes, existe enlnglnterra entre el maculo de esta llanura ardiente y melnncólica.
-Hay sobre todo un peil.ón en !orma de em- rido y la mujer, y entre esto:1 y sus hijos, pero
barcación antigua, dijo Darlot, en el cual estuve esto es mientras llega el día Ecn que estos por su
sentado largo rato y que me sorprendió vivamen- edad y condiciones alcanzan la apútud r.ecesaria
te. Desde allí la distiDguíA usted .... ¿quiere que para rcclamitr su libertad.
-La naturaleza nos ensef'la algo de eso. Tan
, 1 ayamos á verlo?
Acababan de hablar acerca de este peftón pronto como las a.las de los pajarillos esti.\n listas
abrupto y cur ioso, cuRndo distingaiei-on, recor- para funcionar debidamente, los pajarillos las
tando Ju claridad dP,l horizonte, su proa ele-vada aprovechan para irse del nido y no vuelvrn más.
-Y si vuelven se les acoje con regocijo, pero
y su gal1arda y poderoba figura. Avanzaron hassus
padres no sienten la necesidad de consen·arta llegar allí; Darlot clíó la mano á Lucia para
11yudarla. en la. ascención, y luego los dos senta- los á su lado para toda la vida.
-Usted tiene dos hermanas, me dijo?
dos comodamente se pusieron á respirar la hú-Si: Luisa y María. Luisa se casó y esta vimeda y fresca brisa de la mar.
viendo
en Escocia; ya tiene hijos y hace muchos
La. iglesia de la Claridad se les aparecfa muy
visible aún, y el sonido de sus campanas les lle- años que 110 la vemos. Maria. se ocupa de asungaba apellll.S debilitado por la distar,cía. La lan- tos sociales: da conferencias, escribe y bablu. con
da estabn solitaria, pero por el lejano camino mucha erudición y facilidad. Una vez la oí y me
que se divisaba desde el pcilón y que parecía una dejó complacida. Pero no v/\ya usted á imagicinta blanca tendida sobre las rocas rojizaí!, veían narse que es una oradora de m,eeting, desordenap11sar grupos de campesinos que se dirigíán á la da y populachera. No. AH hermana es una Lady
con muy distinguidas relaciones en el gran mnu11ldoa.
Después de unos instantes de silencio, Lucia do, y aunque le agradó darse á los estudios políticos y sociales, lo hace guardando su posición
dijo:
- Estoy moy preocupada y sufro pemando en y su ra11go. Entre ustedes, la mujer bien educada tiene horror á la publicidad y permanece ob;ilo que va á. resultar de todo esto,
René que no pensaba má.s que en armarse de tinadamente alejada de Jas luchas de ese género,
valor para hablarla, se quedó mirAndola con ad- pero en Inglaterra no es lo miamo aunque seamos sobre el particular muy diferentes de las
rui:ración.
-Si: pienso en ?iiaría :Magdalena, porque su americanas. Todo esto consiste sencillamente
estndo no es nada tranquílizador; su marido tie- eu ~a solidez de la educación.
ne un aspecto tan reservado, que casi no se vis-Entonces su mamá de usted conserv!l. aún 1\
• !umbra lo que sienta ó proyecta.
su lado á una de sus hijas.
-.A mí no me simpatiza, dijo Darlot.
-No: Mi madre habita en el Norte, en una pe-Yo reservaría mejor mi opinión porque casi queD-i ciudad del Condado de Dnrham, ea tanto
no le conocemos. Me pareció encantador duran- que .Maria reside en Londres comunmente. A.lli
te el corto viaje que hicimos juntos para venir tiene una enea suya lo mismo que yo que voy á
aqu(, y creo que realmente ama á Maria Magda- visitar á mi madre cada vez que vuelvo á Ingla·
lena.
terra, porque, como lo sabe ust?d, viajo con mu•
-¿Por qué entoJ'lces la deja bajo la autoridad cha frecuencia.
insoportable de la seflo:-a Le Clercq?
Todas estas confidencias desconcertaban exce-~Ie admira que un francés me dirija seme- sivamente á Darlot. Esta familia esparcida por
jante pregunta.
las cinco partes del mundo, estas gentes que en-Por qué?
contraban tan sencillo vivir las unas IPjos de Ji,s
-Por que en ll'rancia tienen ustedes una idea otras le inspiraban una especie de antipatía A él
de la familia llevada mucho ma.s lejos dP. lo que que amaba tanto {. sus amigos y sofría tan honse acostumbra entre nosotros que amamos acaso da pena al separarse de ellos.
mAs que ustedes pero conservamos mayor suma
Lucía. observó que se h11bfo quedado pens11tivo.
de independencia. Cadll cual va por su camino
-Comprendo que mis ideas no conjugan con
~ iu inquieta.ase demasiado por el que sigan su
las de usted, dijo sonriendo.
padre, madre y hermanos ó berm1m11s, Mire usRené se quedó mirándolíl por nlgunos inst11nted. En mi casa, somos ocho hijos: los cjnco va- tes poseído de pensamientos contr11dictorios que
rone,31 terminada apenas su iostrncción, empeza- ya le inclinaban á hablar, y ya A callar.se, hasta
ron á bastarse á si mismos: dos se alistaron en la que por fío tomó bruscamente su resolución y
marina, dos entraron al comercio, y uno fué ll sin la menor !rase prepara to~ia dijo.
establecerse en las colonias inglesas de ]a In-¿~Ie acepta usted por marid ,¡, La amo A usdia. Este último es el más j('ven, y me tocó es- ted y ya debe haberlo comprendido desde hace
rAr en casa Pl día de su partida. Como mamá le tiempo.
(¡u ería mucho, est&amp; ba personalmente ocupada en
L'1cfa á. m v-cz se quedó contemplándolo con

•

EL OBSTÁCULO,

"EL MUNflO 11,t;STRAD0, 11

fijeza, pero tranquila, sin que pareciera haberse
desconcer•a&lt;lo ni de lo ines¡.,t-rado de la demanda ni de Jo-, térruinos en ']Ue fué presentada.
René pcr su partt&gt;, apenas habló, se sintió como
alivilldo de un grnn peso y con la convicción de.
que había obrado bien,
.
Luego anadió bAstante conmovido, pero muy
dut:Oo úe si:
-En tfeeto, Lucía: la amo á usted sinceramen,
te y no podría. dejar de amarla auni.¡ue a~ e~ferfamara. y be pfüiera fea, pol'que amo pnnc11mlmente su iD1eligencia y sus idea!;, y s~ alma, pormas 4Utl también amo tiU talle, SU:! OJOS y BU b )·
ea. U,:llell piensa como vo en muchisimoa asuntos y A Ja verdad tiene usted mil.a tnergía que
yo, lo curtl eu estos momentos me espi,nta. ¿Meestimará usted lo bastante para 11.ceptar mis pretensioneb? Tengo miedo de ser un poco desprcciKdo ¡.,or mis nerviosidades y wi voluntad de eecaso vig-or, pero no puedo comprometerme á
ca.mbbr porque rnentirfo; ese defecto no dt-pen.
de de mi y es superior i\ tos esf111,rzos de mi r11zon. 5's po.,ible también qui:, me encuentre u~tl'd
uewa~11&lt;10 vil'j0: soy ULHl especi~ de ruina quo
aún puede tentrse trab11josamente en pié y no
trato de disimular que Lengo muy pocos au-ac•
tivos como no St'a para 111 sepultura.
L11 sr111 isa de Lucía se ilCentuaba al oír lit mil.•
nerit 01igiunlque t1mfa Darlotdedt!ei,der sucausa, hacicudo resrtlta.r con lealtad los defectos quecreí11 tener.
Darlot siguió:
-Usted es joven y fuerte por la voluntad y porla intelige11cla, y potl!Í!i ser para usted motivo de
sutrimiento dar::ie un m11rido tan desemejaute ...
No me conteste usted desde luego; retlexione llla.y
bien sobre mis proposiciones. Amo1· es lo único
que puedo ofrecer A usted, y un amor como el
m[o lit verdad que no vale gran cosa.
-Las objeciones que estA usted haciendo, no
existen, dijo Lucia. Tt1l como es el carácter deusted lo estimo y usted personalmente me es
agradable. Sólo bay una cosa en que usted no
ba pensado y que comtituye la dificultad real:
mi Jiberra.d, mi modo independiente de vivir. No
me diga u:;ted qut:1 Jo c»nservaré después de cas11da, porque eso es inadmisible. No quiero que
mi marino, fi lkgo alguna vez A tenerlo se someta A mis caprichos, porque no lo estimaría.
-Sin emba.rgo, nuestras voluntades pueden
ponerse de acoerdo para funcionar sin oprimirse.
Creo tener los mismos gustos de usted por los.
viajes y los c.11nliios, lo cual es ya una buena
condición.
Lucía movió la ca.beza.
-No es esa sollimeme, dijo, lo que me preo1.:u_pa: se trata sobre todo de las acciones diarfas,
que yo ejecuto sin cortapisa de ninguna especie
y sin tener que preocuparme de lo que sobreellas c,pine cualquiera otra persona sea quien
fuere.
-Sin embargo, esta independtrnci'l 11bsola.La
tiene ahora una explk,11.:ión 11aturaJ 1 puesto qu&amp;
proviene del td:lt11nie11to t:1n que u,ted se eucuentra. ¿A pesar &lt;le sus firmezas y energías de espíritu, no Je hace á usted falta la 6ens11ción de
una ternura en torno suyo, alguien A quien amar
y que también la ame ;'L nstt:d? porque la afee~
ción que se puede tener por hermunos y hermanas, asi como la que ellos tienen, es solo una prolong11 ción del dulcll carillo de la infancia. Pero e!.
verdadero amcr¡ el que quiero de ustea y le ofrezco, tiene por alimento fanda::..ental la dicha de sacrificar uno sus gustos y sus preferencias, ante
las prdereaci~ y los gustos del Eér amado, No
estar ya solo en el mundo¡ sentir que la vida y
la.. m°:erte propia importllll á algoien, y senta-as1 mismo qne se es necesario para 111 dicha de
otro, todo eso es lo que ~oacentrado en un sentí•
mi~nto real y recíproco hace la ventura, pues
evidentemente ninguna persona discreta como
usted. seri11, ~paz de enagenar su libertad ~n provecho de los caprichos del primP.r individuo decente y honrado que viniese á ofrecerle A usted
su mono.
Lucia permaneció pensativa.
Darlot continuó:
-La cuestión, pue;;, se reduce A saber si puede usted amarme pur.¡ue eso lo al!anarfa todo,
¡Es tan grnto y tan cómodo eso de las mutuascomplac~Dciasl Ac1tbo de deci,rle á usttJd que
t~n~o sus mismos gustos por los ~ambioa y por
v1aJe, Eso es verdad, pero son guslQs nuevecitos
nacidos ah_ora que estoy enamorado de usted►
pues anteriormenw preteria el reposo, y c1al,.

•

qniera partida me era penosa como si se me desarraigara de un punto a1~11ldo .. Tengo el_ alma
melaneólica y ne puedo deJilr mi casa, alPJarme
de un amii,to sin opresiones en el cort1zón y sin
sentir la idea de que scaso es lit última VPZ que
tengo tales sPnsaciones; pero desde el momento
en que estuviera yo al lado de usted sin separarme nnnca, es como si no me separara ele nadie,
pues siendo con usted, ya. sea tp Finlandi/\ ó en
Túnez en Egipto 6 en.el Brasil, estaría yo cerc\l.
de cuanto ama mi corazón. Amor !;Oberano que
tc,do lo borra para exbtir impe1 ioeo y úmco.
-Amor peligroso, dijo ella, realmenle coomovida, pues hace colocar todas Jas espernnzas de
la vida en un ser mortal.
-No despierte usted la posibiHdad de la Eeparación definitiva, exclamó René palideciendo de
angnsti11. Ya he sufrido desgarramientos espantosos! Sin que hay n ln,rar A dudas, lss gentes
que no aman son mucho menos d&lt;·sgraeiadas,
puesto que no se inter~san mAs que por super·
sona, pero también P~ :erdad q:ie no conoce? lo
que es vivir. Su teltc1dad es s1rmpre npgn11v11;

drsconocen las alegrías del amor, de la abnega•
eión, de ser útil A algu!en. Yo, preflero sulrír á
ser insensible como esas rocas ó como esas briz1111.s de yerba. ¡Y después de todo, tampoco está.
bien demostrado que las yerbas y las roca.s carezcan de sensibilidad! Las flores deben amar al
sol puesto que mueren durante su ausencja_ ....
LuciH! Rdlexione usted y no me conteste todavía si tiene al¡nrna vacilación. La verdad es que
, o no put&gt;dO ofrecer á usted más que amor y toda la ddensa que puedo hallar es esta: Amo.
Pero si usted pudiera llellnr A amarme también,
cré1tlo, sería mu.cho más feliz de Jo que es usted
s.boriL . .... El aislamiento no es bueno.
Despué:; de que René aC'lbó de hablar un prolongado silencio reinó entre los dos. T,a brisa del
mar, encalmada, apenas tenía fuerza para inclinar
Jos matorrales y para estremeceun sus tallos Alas
llores recien abiertas y olorosas delosjuncos. Las
c11mpanas dt! l&amp; capilla de la Claridad se habían
callado.
El eol descendía hacia la mar inundando los cielos y las aguas de una ancl11\ fra nj,i. de púrpura.

Nubecillas ligeras de color cobrizo se amontonaban en el occidente, y un rayo vivisimo de luz
danzando sobre la cresta de las olas venia desde
el horizonte y parecia una cinta de oro tendida
sobre la onda szal. Calina inmensa caía deleapacio, subía del mar tranquilo, flo taba en el ambiente y envolvía todas las cosas, y un sentimiento de
quietud y de serenidad llenaba aquellos dos corazones que aC11baban de abrirse el uno para el
otro.
Entonces Darlot y Lucía sintieron algo como
la pérdida de la pesantez y el alejamiento de la
tierra ..... .las gaviotas y las golondrinas: que
volaban muy alto, les llevaron en sus alas la soi1a&lt;1ora imaginación por el espacie, diáfano v oloroso, y la natnraleza toda, á la que tanto amaban,
les penetró serena y augusta; creyeron que ella
les amaba también,que era suconfidente,quepreseneiaba la unión divina de sus almns y que la
aprobaba . . :. Lucía tendió la mano a. su amigo y
él la aprisionó entre las suyas.

�48

11 EL

HUNDO ILUSTRADO"

49

EL OBST,\Ct;LO.

Así permanecieron largo tiempo ain decirse
nada ¡:,orque no ha} palabras con que pueda ex-

EL OBSTACULO

preBllrse lo que sentí1tn. Luego ella tembló ligeramente, porque la brisa empezaba a. refrescar
con ht pue,irn del sol.
-Vamos, dijo René. Tiene usted trio.
DrRceudieron del pt:Mn y Lncfa dijél:
Vendrá usted A visirarme mAs tarde? Leeremos el sw•,10 de una noche de estlo
-No. E:;ta noche no, porque no hay poesía e&lt;icrit11 que valga lo que ahorl\ ten,{o dentro d~ mi
alma.
Cuulquiera otra 1,oesía. es muy inferior y quiero repetinuela con deleite {L solas, porque para la
exp1rnsió11 de mi espíritu necesito unas horas de
solt!d11d Permaneceré en In playa una parcede la
noche y volveré A este mismo sitio p11r1t hablar
con Uli conciencia de la telicitl11d. Adíos!
Se dieron otra. la vez la mano, y luPgo Darlot
pasando su brazo al rededor del ta Ue de Lucia la
aproximó it el y le dió un beso. Despué3 se separaron y ~iguló cada cual por su c11miuo.
Luci&gt;l co 1 p1so lento tomó el desuMsR. No que1fa rrfle:xionar sino cuitndo m:l.'I sollar, dej1lndose
desli,rnr Auna impresión muy dulce: al recuerdo
de la horn df!lieiosa qu~ acab,iha de pasar.
Ei 11ecc3ario saborear bien es'ls rart1s horas
de fdicidad absoluta. La tris~eza y la desgracia
l'St1\n siempre en Acecho de las personas felices y
lc11 dejan poco tiempo de gozar.
Ya cerca de la aldea, en el sendero arenoso
11.biHlo sobre la roca, vió que venía hacia ella u11
hombre que andaba~ pasos precipitRdos. Lucía
lllllió de su ensueflo v reconoció á Roherto Le
CIHC 1 que caminaba muy de prisa con el aspecto
de un hombre que huye.
Roberto se le acercó reconociéndola ll su vez y
le diji) con voz alterada.
- S11Jgo de la casa de usted, pues querfa -.cr A
uted autes d~ partir.
-Antes de partir .... ¡cómo! ¿pnesqué seva usted? B,;o es imposible.
-1'.irto .... Parto desde lueg-o: y si hubiern un
medio de estar ahora mismo en Montpazier Jo .tCl'JJ·
rnria c:1alquier11 que foese, co11tcstó él cu11 u111\
e•peci~ de furor reconcentrado deMpiuudo con
la punta del bastón una copadejd.ram'lgO;bilres •

NOVELA ORIGINAL POR Mme. DANIELLE D'ARTHEZ-Ilustraciones de nuestros talleres.
V.ERSION ESPAÑOLA. DE 11.EL :MUNDO ILUSTRADO"

\

..
Número 7.

\

1

\

tr.?i:.

Luda, bruscamente an-ebatarla A su propia
dicha por el dramst que presentíil, dijo l'eco •
br1111tlo su sangre fría y su firmeza de Animo:
No sale tren por las tardes. No puedo ustrd
p1rtir si no es basta mallana. ¿Quiere usted !rncer
,.¡ r,,•·or de decirme lo que pasai'
El n11.tural reservado de Roberto era contrario
A to 11\ confidencia., pues le repugnaban lasintimidndes; de ordinario era inaccer;ible y no dej11ba
quo penetrara nadie en las profundidades de su
Hlma; pero en este momento sufría y su frritación
y su 11m!\rgura erau demasiadoviolentasparaque
i:;o pudiera contener.
Por otra parte, estiru11ba .m mucho l&gt;ls altas
pn:ndas de discreción y talento de la mujer con
4uien hablaba; asi es que no vaciló y le dijo:
-Entre ella y ye todo htt terminado. No mP.
ama, nome ha amado nunca: tengo }aprueba. !Y
p.-nsar en que he sido bastante loco para venir ,1quí
cspnando Que me II\ llevaría! Pero no podía crt!, r
cu r;emejante indiferencia...... M11ril\ M11gd.alec a
t·s i:ect\ y dura. como este pedaz(I de piedra.
Roberto golpeó violentamente con su bastón el
rxtremo de un11 roca m:\s elevada que las otras
e11 lll orillA del camino. Lucia sin tomar nota de
In 11cusación lanzada contra su amiga preguntó:
-¡,Quiero usted decirme lo que ha pasado.Vamos A mi casa.
-No porque ella no tardará en venir y no
quiero ya verla más. Lo que ha pasado, no se lo
¡,uede usted figurar. Rehusa irse conmigo AMontpazier.
Lucía fijó en su interlocutor una mirada inye,,lil{11dor11.
- ¿ Y es bien cierto que ella rehusa irse á .Montp¡¡zit&gt;r á vivir con 1isted?
Uoberto hizo un ademAn de col era.
-Ah! si. ... olvidaba que Udted es conocedora
,11• su querella: ha debido contar á usted tod11s
Jiis inclignns persecuciones que la hacia sufrir mi
11111dre ;,no os asi? Se ha aplicado el interesante
}'h pl'I de víctima .... 1
- Pur~ 110! dijo Lucía con la tranquilidad mAs
,rr.rnde. M 1g es muy reservada bajo su aparente
abandc no, ~- apenas me ha dejado emreYer que
lt ., bía nlgunos puntos de desacuerdo entre ellit y
1.t toeO.orn Le Clerc ¡ , pero yo he adivinlldO el res-

to lo cual no me era muy difícil, habiendo podido como pude observar poi mí misma el estado
de las cosas durante mi permanencia en Montpazier. Creo que hastit le b11blé A usted mismo muy
sP.riamente sobre el particular .....
-Oh! ailadió Lucía viéndolo hacer un gesto de
impaciencia¡ no me crea usted tan importuna que
vaya ahora á. hacerle reproches por no haberme
escuchado entonces, ó para vanaglori11rme de haber previsto desde entonces lo que ahora está sucediendo¡ yo estoy bastante desoloda a. causa de
este suce10 y eso es todo. Vamos, dígame usted
se lo ruego, los detalles de lo que ha ocasionado
este rompimiento.
-Ah' La cau~a de este rompimiento. Pues sencillamente porque yo tuve la poca cordura de c:i·
sarme con una nina cuya educación no era bits
taote sólida ni ba:111da en sanos principios. Ella
quiere exigir todo de los demAs, sin dllrles nada
en cambiv. La cau-a rle nuc:stro rompimient: ....
que no me ama, que no ha visto nuncJL en mí más
que un marido rico y en buena p.::sición . ... Eso
es todo.
-Está ust?d muy encolerizado dijo Lucia lIRrtley con la ex11ctitud de su buen sentido. Cálmese usted y trate de reft!rirme detalladamente todo lo que ha sucedido, pues ac11so lb podré ser
útil. ¿De qué le sirve á usted indign11rso contra
ella, sobreexitándose as! más y m!l.s? Si María
Magdalena, egoísta y desamorada no viera en
usted más que un 1u11rido rico, r si ambiciosa no
pensara más que en la posfoión soci11l 1 volverfaá
!iiontpazier y se sometería al yugc de su suegra
antes que perder aquellas ventajas. Pero no, no
quiere eso, y su rebelión pt ueba su desinterés.
¿No le parece á usted Jo mismo?
-Es Yt'fd11d, contestó él eon acento irónico, ya
estaba yo srguro de an:-emano de que usted le
daría la rc1zóo.
-No le doy la raz-0n á. nadie: ruego A usted

solllmcnte que me refiera cr,n detnllel:I lo que
acaba depas1:1r entre ustedes dos.
H.o berto la dijo, entrecortando su relato con exclamaciones de cólera y revistiendo A Maria Magdalena de los más detestables sentimientos, lo
que hablaron ambos, y la set!.orita Hartley le oyó
sin interrumpirle dando muestrMs de gran calma
y serenidad. La exaltacjón de este hombre tan
reservado de Clrdinario la conmovió, porque era
una prneb&lt;t. de que había sido herido en lo mAs
hondo de su ternura. Amando ccmo amaba á ~fa.ría ?ilagnalena, habría creído sin inconveniente
'.}Uepodfa exigirle en nombre de este amor la sumisión ansiada, y conclwa que no era amado por•
que no se le hucia ese eaeri!icio.
-E~tá. usted muy agitado esta tarde, seft.or. El
negocio es tan grave que en mi conc.:&gt;pto, no debí/\ uited decidir nafa EL la ligero. Deje usted al•
,runas horas de plazo para que reflexionen los
dos, y h.:iga usted mal11tna una nueva prueb11.
- • o! Todo ha termínado. Mi resolución es
irrevocable. Me opuso una indiferencia glllcial
que nada pudo vencer, y no hallé en mi carift.o
expresiones bastant~s para conmoverla. Si la hubiera usted visto inmóvil, sentada frente A mí y
sin mirarme casi! :No, no! Maflana me voy; y lo
único que lameeto es no poderlo hacer en este
mismo instante.
-No admito semejante pricipitacióo, dijo Lucía con firmeza: usted en estos momentos se está.
dejando arrebatar por accesos de furor indignos
de un hombre inteligente, y en vez de emplear la.
voluntad en cbligar al pens~n1iento A formarse .•
ideas tranquilizadoras, se exmta usted m!\s y
más con imprecaciones y acusaciones exageradas.
(Concluird.)

0

Yo la conozco, le tengo mucho cari1lr, y ruego
á usted se convenza de que no soy capaz de amar

á personas que se11n indignas de mi estimación.
Si ella fuera la intrigante menuda y vil que usted supone, ni usted ni yo 111. hubiésemos amado
nunca. Todo lo que ha pasado entre uatedes es,
en efecto, muv sensible, pero ciertamente tiene
todavia solución posible; en tanto que si se obstina usted en partir sin procurarse una nueva entrevista, esto acarreará una desgracia de torio
punto definitiva. Despuéi de una separ»ción. entiéndalo usted bien, seflor Le Clercq, nada absolutam1&gt;nte nada. será. bastante para inclinarla A
que de nuevo vuelva al
•lado de usted.
Que haga lo que
quieral que regrese A la
'Ünica vida á que la llaman su gusto é inclinaciones entre los amigos de
su padre! Esto, esto es
lo que le talta: socieaad
·&lt;:on gente bohemia y
aventurerR. No pueden
bastarle para su trato íntimo gentes honradas y
tranquilas.
Lucía, ligeramente contrariada al verlo tan cerrado contrs. lo que ella
pensaba ser el buen sen·tido, le llevó lejos del
eamioo donde ya. varios
ttanseuntes les ha bian
observ11do !iján iose en
la ex111tación de Roberto.
En la landa cortada por
•el camino había rocas
planas y muPgosas A pro1pósito para servir de
asiento.
-Venga usted acá y
•conversar~mos razonablemente, si en el est&lt;1do
de ánimo de usted es posible tal cosa. ¿QuiHe
-usted volver á. ver á Mit•ria l\lRgdalena?

meter A un despotismo im,oportable que yo misma que tengo tan alta dosis de c11lma, no habría
podido soportar ni un minuto, n: aún por complacer al hombre que mAs hubiese amado en el
mundo.
Siempre y por todo y para todo, l1t ha hecho
mted someterse á la voluntad de hierro de la seflora Le Clercq para Jo cunl uo tenía ur,ted dere•
cho social ni moral. La CRsad11 contrae deberes
p11rl\ con su marido, pero no más para consumarido, los cu11les no son trlln~mi~ibles porque se llegarla al absurdo metiendo terceras personai, en

-Xo.
-¿Entonces v11. usted
partir así, solo, convencido íntimamente de
-que esto concluyó ya pa•
n toda la vida y que A
usted Je importa poco lo
·que sea de ella en el por-venir?
Roberto apretó los puftos, y con una increíble
~xpresión de obstinado permaneció mudo. En'tonces Lucía perdió la paciencii1, pero su indignación fué una indignación sin arrebatos, imponente por su serenidad y por su aplomo, indig·nación de persona sensata que le hizo decir crudamente cosas duras con entonación reposada.
-Si obrara usted así, sería digno de que se le
-considerara Austed como un loco 6ocomo un hombre malvado. Déjeme usted hablar; ya despué3
me contestará.. Soy yo quien va A hablar por:i\laría Magdalena y A hablar francamente. Usted se
-cree muy generoso porque la ha tc,mado sin fortuna, y esa es una idea mezquina porque se con•
trae de un modo egoísta A pensar en usted y no
,en ella que, la verñad, nada debe it usted.
Al casarse usted, cQntrsjo la obligación impresdndible de amarla y protegP-rla, y ha faltado us•
ted á su palabra, porque si h ha am.:ldo ha sido
no mt1s que con egoísmo, tomando de ella lo que
era del agrado de usted pero sin preocuparse de
su carActer, de sus guetos, ni de sus 11"piracionee.
En lugar de protegerla la ha querido usted so•
•.1,

el comercio intimo de la soc crfad conyug11l. A
María Magdalena usted de un modo irracional,
injusto, y basta inicuo, pretende obligarla y
por 1tbdicación A que prescinda para siempre y
de un modo radical y completo, de todas sus preferencias, de toda su voluntad y de toda su dignidad.
¡Y persiste usted hast11 el río y Je trae como
panacea para todos loR mllles preeences y futuros, una irrisoria combinación imposible de ser
aceptada. ¿Pues qué, lo que se le proponía no
ua la misma vida pasada volviendo Acomenzar?
Magdalena no le pide á usted lujo, sino la libertad de vivir tranquila sin uu eterno vigilante
de sus actos mAs íntimos, que todo el día esté interviniendo en todo sin dejarln moverse, ni pensar, ui respjrar sin;: con arreglo á. un progl'ama.
que crece todos los días.
"No me agrada est~, no debe usted hAc&lt;'r lo
otro, obre asted en este ó en aquel Rentido. No
quiero que sea usted joven ni reliz ni riente, sino
que rompa con sus a11os. con el 1tmor de su esposo y con la alegl'Ía de vivir, y se venga conmigo

A una sociedad de viejas histéricas á curar enfermos y á cuidar chiquillos miserables.''
Eso es tunto como preLender que un canario
acepte los hábitos, gustos y preferencias de un
buho.
Sí: Magdalena ha hecho muy bien; ha tenido el
valor de ahogar su ternura y su amor ha.cía usted y de preferir el abandono y un porvenir incierto á la situación humillante que le vino usted
A proponer, y esto me hace estiwarla más. Pero
la fuga de u ~ted, su resolución dó s bitndonarla,
son incalificables. Después de haberla tomado
por capricho, como se
compra una lind11 muñeca no mAs que para gozar el c : mprador, y sin
tener para nada en cuenta m!lsque el propio placer, cuando se descubre
que esa mulleca tiene un
cará.c~er ,. un corazón,
se la deja: ... Que sea de
ella lo que Dios quiera,
que el mundo la acuse
de indignidad, que su
padre la rechace,que lle•
gue ~ ser en lo futuro
noa mujer caída, peco
importa! Usted se erguira en la cumbre de su
intrgridad de l1ombre
digno y no tendri\ ni aún
remordimientos.
Roberto temblaba al
oír cada una d1, estas frases incisivas y dol'lrosas
como latigazvs. Si Lucía bubit.ra sido un hombre lo h11 bría abofeteado. Hundía las unas en
las palmns de las manos
y se mordía los labios
para no responder, y sin
t!mbargo, en medio de
1:,u furor por haber sido
tratado de esa manera,
admir11ba la actitud va.
lerosa de Lucia llartlev.
Había mucho de verdad
en lo que ella le babia
dicho, pero penetrado en
la idea del desamor y la
indiferencili de su mujer,
estaba endurecido.
-Con mucha tranquilidad he soportado las palabras de usted, dijo, y
. mi contl3stacion es esta:
parto. ~lagdalena sin discusión se negó t\ seg-uirme y ella misma es la Que ha decretado nuestra
separación. Está bien. Si quiere venir á mi casa
la acojeré. No debo hacer mAs.
Lucía suspiró y después de unos instantes de
silencio agregó con su misma voz serena y !irme:
-1 No quisiera verme en !a situación de sumamá de usted!
-Mi madre ha demostrado una generosidad
por &lt;'ncima de todo elogio.
-Lo mAs elemental era. consentir en lo qne le
pedía su nuera; y sí no quería verlos á ustedes
pobres ¿había más trabajo que el de regalarles la
quinta y el millón que va A emplear en una institución de beneficencia qne no tiene el deber d~
fundar, como lo tiene de proveer a. lll existencia
de usted? Pero yo no discuto estas cosas sino
que solamE"nte digo que se va á encontrar en un
est11do de conciencia muy embarazoso. Cuando
usted le diga que entre elll\ y M11gdalena ea ella
á. quien usted ha elejido ¿r¡ué irA A responder?
;.Qued11rá conforme con que um,d arroje á su e ➔posa, para permanecer viviendo :!Omo hijo dócil y

�50
sumiso? Tengo curiosidad de saber lo que harA.
Roberto contestó secamente;
-Mi madre, en cualquiera drQunst11ncia, hará.
lo que debe hacer. Ruego á usted, seilorita, qne
no mezcle ¡;u nombre en esta discusió11.
-Su personalidad estll sin embargo tan penetr11da en el rondo y en tudos los detalles de esta
situ&amp;ción, que no se la puede descart11r.
-En ese caso, demos fín á. toda discusión, gritó Roberto e:s:aspnado, converi,ación que en último irnálifis no conduce más que A irritarnos á
Jos dos. J\Ii resolución es irrevr,eable. Si :Maria
Magd1dena quiere volver sin condiciones á mi casa, la recibiré. )[e voy, y ésta será la última tent11tiva que habré hecho cerca de una mujer á
q11ien nunca le he inspirado más que la mfls complern. indif,m•ncia.
, Lucia le vió con verdadera angustil\ alejarse.
, llitbi'l hecho todo lo posible por evitar esta resolución extrem11, pero nada pudo influil sobre
este carácter obstiDMdo en una idea fijt1. y para
el cual todas las rebeliones de Maria M11gdalena
se re11snm!1tn en este pensamiento: no me ama!
¡Pobre Mag! ¿Qué iba á ser de ella? ¿De qué
lnclo se iba á poner en estas circunst11ncias? El
:Doctor, A las p1imei-as palabras, lanzaría gritos
de dt&gt;sesprración, v se rehusaría á recibir A su
bija. L'l simadón era en verdad difícil, pero Lu&lt;lÍl\ reser vó para el siguiente dfa pensar en los lados prActicos de este negocio. Ya Mag debía haber n•gresado á su casa y es seguro que estaría
~n un doloroso decaimiento y desolación encontrándo,e allí sin su amiga.
Lucfa apresuró el paso y llegó prontoll laquinta. Lns ventanas de la sala, abiertas, dejaban
ver la mesa del té ya lista y preparada; la IAm•
para encendida, los cubiertos adornados con flores frescas y servidos sandwichs, galletas, asados, fiawbres y las tres sillas simétricamente colocad11s. ¡Qué agrl!dable veladll habría podido
pasar Lucí11, sin los acontecimientos que estaban
ocurriendo á su pobre amiga!
• Esta comida por lo común tan íntima, !ué aquella tarde triste y melancólica. Maria Magdalena
no quiso tomor mlls que una taza de té, y Lucia,
luchando vigoros:imente, pensaba en lo que sería
necesario decir á su amiga para darla un poco
rle valor. Evidentemente la pobre joven había
]legado 11I fin de sus fuerzas, Jo cual aumentAba
mucho la i ntensidad del sufrimiento: estaba como tmb1 utecid a y sus miradas eran veg11s y ató•
ttitas.
Cnando lit criada, terminado su servicio de
mesa, laa dejó solas, Lucill. le dijo con itcentb
tra1,quilo y afectuoso:
-M11g: no le he preguntado lo que pasó entre
usted y su marido, pero la ausencia del seilor Le
Clercq y la actitud de usted no me dejan lugar A
pensamientos alegres. ¿Han reflido acaso?
María Magdalena se quedó viendo a. su amig,a
con 11demá.n de súplica.
- Xo hablemos de eso esta noche, Lucía. Estoy llecba pedazos.
-AJ eontrario, darli11g es preciso que hablemos de ello desde luego. Ese es asunto demasiado grave y no puede d"jarse para mafl.ana su discu1,ión. All.:.ra. su marido de usted está aquí todavitl y sabemos donde se le puede encontrar,
pero m1:1ilana será tarde porque habrA partido.
• -¿Crre usted entonces que realmente partirá,
que me abandonará?
Era para l\Iarfa Magdalena esto una cosa tan
inverosímil, que ni ~iquiera le babia pasado por
la imaginación. A través del recuerdo candente
de la última entrevista venían otros recuerdos de
bcras de amor que la tranquilizaban, presem{mdole como imposible el hecho de que Roberto se
decidiese a vivir sin ella. Lucia no queriendo
desauimarla contándole lo que babia hablado
cou su marido, Je dijo:
-Debemos dRr por sentado que eso puede muy
bien suceder. Mientras le sea á usted posible ir
personulmente y hablarle y realizar entrevistas
inmediatas, nada es defü:itivo, pero cada hora
,¡ue p1tsa prc,fandiza el foso que ya separa á los
dos. Si su marido de usted se va sin haberla
vuelto A ver, la dePgracia se volverá irreparable.
)[aria. Magdalena se quedó mirando á su amiga
con ansiednd y le dijo:
- En efecto me ha hecho sufrir mucho ahora,
porque me trató con dureza; pero si pretendiera
acercarse otra vez .. . ..
As, no! Roberto tenía demasiado orgullo para
intentar una reconciliaci.:in. En este momento mismo estaba tan desesperado como ella, y como ella
veía terminado el objctode su existenciaqueque-

" , • EL OBS'l'.IOULO.

EL ,ll1JN-DO,U,U$TRADA 11

11

daba ya sin punto de mira y sin la menor esperanza de felicidad, pero se sostenía en suresolu•
cióu por este pensamiento martirizador: puesto
que ella no me ama, nuestra vid¡¡_ juntos seria intolerable.
Ln&lt;'i.t e¡rregó dulcemente.
-Querid11. mfa, es µreciso renuPeiar A la espe•
ranza de que Roberto vuelva. A. solicitar de usted
una nueva entrevh1rn. Tiene un orgullo especial
par,, esa cir,:unstanciil: pero si ve que usted Vil A
él, la acojerA con alPgrfa. Eu cuantoádarunpaso
para procurarlo, no lo rlará.
- Si! dijo M11g con amargura. Tien, más orgullo que amor.
-Acaeo no e~tit bien convencido del amor de
usted.
- U,tedes han ht1blad0, Lucia, han babladr.
-Iocap1tz de mP.11tir, Ludll coutestó:
Es verd11d Magdalena, lo he vi~to y estaba
muy disgustado.
-Yo también.
- Pero su pena viene de que cree que usted no
lo anrn, en tanto que u .. ted no tiene con viccióu semcj~nll'.
M1ted11ler,a i;c quedó pensativa y lue¡ro dijo:
-Todos sus actos, sin f'mhargo prueb11nque~i
me am~. me ama ruuy poc.o ¡mesto que siempre
prefiere á. su m11dre.
- No Je reprocha usted eso: la ternura filial
honra á ouien la sit:nte, interrumpió Lucia estor. za.ndose en abogllr por una cos!l. que ella misma
cooden11bi.
-Por úhimo, si('n-00 capaz deirse 11sí y consentir en una scparnción ¿debe creerse en su amor?
¿en mi caso creeri11 ustedi'
-Yo comprendería muy bienelc1tso, pueseomo
él no se cree amado, esta idea juslitica todos sus
Retos por mh enojosos que eean. Véamos, Mag,
¿usted eetA ~n la ptrbuación dequeRob~rto seca•
só por amor?
-Oh, Dios mio! se me ha echado en cara tantas veces esto que ya 110 lo puedo dudar, exclamó
la joven suspirando.
-Aunque se Jo l1ayan echado á usted en cara,
el llecbo es cie1 to y le de be usted por eso gratitud. Lo que pasa es que acaso usted le demostró
fri11ld1:1d y eso explicll su actitnd prPsente.
llagdalena se ruborizó y contestó con viveza.
-Aseguro A usted, querida Lucí~, que Roberto
y yo habriamos sitlo muy felict&gt;s bin mi suPgra
pues ella ha sido la única causa de todos nuestros
disgustos. Su bondMd, demasi11do ... .i11rperiosa
nos ha oprimido de tal suerte, ha pesado tanto sobre nuestras acciones y basta sobre nuestras palabras, que teníamos siempre la apostura corree·
ta de personas bien educadas que llevan veinte
a:llos de matrimonio y que ya se cansaron unn de
otra, y no el 11specto de uno, recien casados alegres y expansivos. Una opresión semejante es un
verdlldero suplicio.
-Y mAs necesario, amiguira mía, es que no recuerde usted antiguos agravios sino que trate por
el contra, io de d1ulos al olvido Piense ustel y con
mucho detenimiento y ~iacreción en que estA usted en un momento muy grave y detenida en t:l
punto en que se cruzan varios caminos que deci•
dirán de la felicidad ó la desgracia de toda la
vida según el camino que se tome. Pocas borasle
quedan A usted pll.l'a tomar un psrtlao y después
ya será tarde. U:i·ed ama A Roberto,esimposible,
inadmisible que se resigne usted á perderlo, y por
consiguiente la cuestión de amor propio debe colocarse en un término muy secundario. Vea usted
pues, examine bien si puede armarse del valor
que se necesita para someterse A las condiciones
que le propuso su. marido.
-No son de ningun modoaceptables,gritól[aría ~!agdalena levantándose con agitación. Medi•
dijo (t. In cardo ra y A la conciencia de usted. ¿Cree
que pueda yo recomenzar la vida que he llevado
desde que me c11sé, agravada ahora por la circunstancia úe est11r en gnerra ttbierta mi suegra.
y yo? Digeme usted con toda frauqueza: si estuviera usttd en mi caso ¿aceptaríii?
-Pero .. dijo ella vacilando. Yo no te11goelcariLcter de ust-,d lleno de dulzora afable y graciosa, sino que soy brusell y autoritada.
- Repito mi pregunta: ¿aceptaría usted?
-Tal vez .... si amara.
-,No: Csted sabe muy bien que rehusari11; que
nunctt. habria sufrido, ni por un día siquiera el
despotismo hij'.lócrita y meloso de Ja senor11 Le
Chercq, en tanto que yo lo he hecho hasta donde
alcanzan los límites de la posibilidad: y usted sabe asimismo que Roberto exige una cosa. insensata pretendiendo volver ll lleva::-me á casa c.eesa

mujer deFpués de una ruptura tan violentacomo
la qu~ hubo l!ntre nosotros. Con vi~ta de todo_ es•
to, ni acepto ni puedoac pt11rpropos1clón semeJante y me mantengo Po mi negativa.
.
-Piense 11strd }lag, que esta es unasentenc111
de separnción para !t1empre .... !
La hermosa joven hizo un e1,fuerzo sobrehumano
para no romp~r en soJlozos y con~uvo cuanto pudo las lágrimas que, rebeldes al fm, comenz_aron
A correr 3ilencios11111ente, pero no protestó m con
una palabra.
.
-No obre usted b11jo el imperio de un desalientomoment.áneo: piense usted, querida mía, qué triste le va á. ser verse defiuitivamente sepan1da de
un marido Aquien ama, y encontrllrsesola despné~
de haber tenjdo una familia. Piense usted en todo
lo que puede scbreveuir.
y como Mag permanecía muda, la se:liorita Ilarlley 11111:1dió con el calor que le inspirabt1 tan embal'azo:111 situ11eión,
-¿U»ted me preguntA si ceded~?- 'ues blen ¿la
verdiid? fil Usted pasa poi· una crms extrema y
con su ace}Jtación se produciría una tregua. EsLoy st'gura de que su marido, satisfecho cou e:!1\
muestrt1 de docilídaCI y sabiendo ya además que
tie11e nsted un c1:1.rActer, no tolerar!\ mAs qoe su
madre la oprima A usted. Nlla. misma, µienso
que en adel1:111te respetar~ mas los derec~os dcsu
uuera y en Irn, mi co11seJo es que e:,ta m1swa 110che bable ustt:&lt;l. con Roberto. ¿Verdad que berA
lo m1.-jorl' Voy a. ponerme mi abrigo pa~a1rnompa•
:llar á usted. Es absurdo jugar con la d1eh11 C\JtuO
lo hacten ustedes dos: hay que sacriticur el amor
proµio al deber.
Alilría Magdalena contestó con firmeza:
-Gra.ci11s, Lucia! E~ usted muy buena y se
eetA haciendo violencia para.pr~&lt;liearrue un s;stema de conducta. que usted misma no seguida. No
creo que d1:1ba ceder, y no lo haré. Lo wejor es
que no hablemos más de eso.
-¿Y qué vu usted A h11cer?
-Lo pensaré .... Escribiré A mi padre.
Hubo uoa pan;a. Las dos sabfan muy bien que
este recurso tra ilusorio.
-¿Y si no consigue u:1ted nada del Doc•orP
-Haré lo que otras que v"len tanto como yo:
lo que baria u:,ted misma: trabajt1.ré.
-Lucía estuvo á puDLo de preguntarle: ¿y en
qué\l pero no quiso abatir más á su amiga . El valor real de que estabn dando pruebas le era 11gradable y respondía A sus propias íntimas con.,icciones. Y le sorprendió tlinto más cuanto que Magdalena, pequeftitn, mimada. y educada entre dnlzuras, no estaba como ella armadl\ para la lucha
y por consiguiente su csfutrzo morid era mucho
más grande.
Tu10ó entonces tas manecita&lt;J de la joven y
apl'etAudoselas vigorosamente le dijo:
-Bien l\I11g! Amo las namralezas enérgicas.
Despuéj de tudo, es posible que Roberto, admirllndo lo que m1ted vale, acabe por comprender
lo que se la debe. Con r1:1solución, todo irá bien.
No sé lo que contestará el Doctor, pero sé que
soy su amigR de usted y que la ami~taden mí no
es paui.b.ra. vana. Ayuduré A usted e~ to~o, no
llore, &lt;la'l'li11g, voy A prepararle una. 10fuE1ón detila para qu1:1 la tome y se acueste.

La infusión no produjo los efectos calmantes
que dese1:1ba. la sefiorita ffa.rtley, pues Magdalena no pudo coocili!lr el sueflo, sino que por el
cvntrnrio, la conversación que acab11ba de tener
la !labia sacado del embrutecimiento en que permaneció algunas horas, y vió cl!l.ramente su situación. Tomó una boja de papel para escribir A su
padre y JP. refirió cómo después de una última
sumisión había estallado la crisis inevitable y lo
que luego bahía sucedido.
Pero cuando llegó el momento de pedir un amparo, le faltaron palabras y permaneció pensati•
Vil con la. cabeza apoyada en las manos. Entonces se imaginó la ira del Doctor ante esta carta
que iba á interrumpirle en una agradtlble excursión. ¡Con qué indigat1.ción sabrfa lo ocurrid.o!
¡En qué términos Ja maJdeciria! ¡En que tél'minos Je iría ú conte~tarl Ocurriría á toda suerte de
solil:itudes humillantes cerea. de la Sra Le Clercq,
ttntes de resolverse á recojer li. su hija.
l!nría ~tagdalena avergonzacta al sentir quo
era una 1:arga pesada que todos querían arrojar,
se alejó del eecritorio; y abogAndose en esta casa.
silenciosa en que todo dormia. porque ya era tarde, tomó un abrigo J salió al ca.mpo.
El aire era vivo; un fresco perfume salino lle-•

.gaba de la mar; las estrellas irradiaban como
diamantes prendidos en tere.iopelo negro; la noehe no era muy obscura. Maria Magd11lena salió
del jardín y se encaminó a) acaso hacia la landa.
Sus pensamientoR tomaban otro giro: ahora pensaba. en Roberto, en su pasajt-ro enternecimiento
en aquel cementerio solitario y luego en la esce•
na brutal que había seguido.
. Y c•Jn una lucidez de memoria singular Je volv1ó A ver con l;is expresiones de fisonomía que
babia tenido. La imp1·esión fué tan viva, que revivió l1t hora. dolorosa en que todo se había roto
entre los dos. ¡Con qué dur za la rechazó! Con
qué altivez le preseutó el 11ltimat11111 inaceptable)
No, no! ya no la amaba. No que1i11. de 1&gt;1lt1 más
que su graeios11 y liud;t persona y este género de
afección era sumamente pasajero. Ya se acostumbraría pronto á. su. ausencia ....
Una amargura angustiosa hinchó el corazón de
la joven al sospPcbar que no podü inspirar A su
marido sentimient&lt;.s más elevados.
Mi.ría Magd!l.lena trepó sob r·e una roca y allí
se detuvo. En torno suyo todo se hundía e11 uoa
semi obscuridad transparente. Las PStrellas irradiaban incesantes y se veía, cerca de las rocas, el
coufuso amonL011amiento de piedras v matorrales. LII prorundo silencio c&lt;.rtado A trechos por
el mugiJo del viento y de las olas, envolvía el
vasto litoral. Ni un ser humano parecía. vivir por
allí.
Tembló. El horror de la soledad vino á penetrarlll y avanzó del lado por donde murmuraban
las olas. Sus pensamientos se hacían mlls am&gt;1r
gos, y las brutaliclRdes materiales de la vida, la
empezaban á torturar presenti\udo.se A su imaginación.
Su padre la rechazaría, era indudable. Pero si
abrumado p0r sus quej11s la recogía ¿qué existencia iba á ser la suytt? Sabía bien los proyectos del Doctor para el porvenir y éste la tacharía
de una necia que no solamente malograba su
propia vida sino también la de 10s demas. No to
maria pues parte alguna en su i11tortunio, sino
que la consideraría como ingrata, torpe y egoista.
No: valía más trabaja... Pero ¿en qué? Ella había sido hasta entonces inútil, put-s su educación no la tenín preparad11 para la. lucha por la
vida. Le pasaron por la imaginaci~n los recu~rdos de las mujeres que se consumen en una buhllrdilla abrumadas por la costura, y esta última
idea. agregada á sus pesares la volvió á la atonía
en que eSt'lba desde que la dejó Roberto.
Llegó de pronto al borde de la mar. A sus piés,
A algunos metros debajo, Maria Magdalena distinguía por ser la hora de la baja ma.·, las olas que
se al j11b1J.n lamiendo enormes peftascos despedazados, masas de granito qne parecían rnina:1 de
alguna ciudad ei~lópea. Más lt•jos, sobre las olas,
brillaban algunus puntos luminosos: eran las linternas de los pPscadorcs de langostas y c1rngr.,.
jos. Muy en el fondo, limitando el vasto horizonte, la mas11 inquieta del agua, las ol11s le, tas
y regulares que llenaban con un rumor continuo
la inmensa playa. Sobre todo esto resplandecía
la luz vivisima é imermitente del faro.
María Magdalena sulría. Su 1:ertbro, cansado
de dar vueltas A la misma idea, Je dolía ya y hapría querido no pensar más. Vió los puntos luminosos que se iban alejando y oyó la voz distante de los pescadores y permaneció inmóvil contemplando !anoche.
Poco á poco el sufrimiento exaspi&gt;rado por la
soledad la fué enervando basta p:-oducir una crisis f(sica, y ~intió la amargura inmensa de no tener A nadie al lado suyo, ninguna afección protectora. El mismo aislamiento babia en su vida y
en la playa . ...
Y este dolor se hizo tan punzante, tRn atroz,
que de súbito, pre3a de un delirio sin arrebatos Y
resuelta A acabar con todo de un11 vez, María
Magdalena que estaba al borde del precipicio dió
unos pasos más hacia el v1u:io, y cayó rodando
de roca en roca hasta un11 pena enorme donde se
estrelló, dejando al !in de sufrir ....
Roberto no conocía el país, y como había contado con llevarse á Maria Magdalena, dej0 sumaleta en una antigua posada de turistas que se en·
galanabl\ con el pomposo nombre de bote], _á
unos cuantos kilómetros de la casa de la se:norit11, Ilartley. Desde su ventana se distinguía la inmensa rada llena de sargasos y en la que á la
hora de la baja mar, los barquichuelos caídos de
costado semejaban peces muertos.

51
Su cólera, menos violenta, erll sin embargo
mAs profonda. y razonador. Todo lo que había bec.:ho para halllgar A t-U mujer le venia á la memoria; y la iodutgent.. bond1:1d delasefl.oraLe Clercq
bacín resalr11r la ingratitud de María Uagdalena,
prob:rndo que esta 110 tenía m1\s que un indoma.
ble orgullo y que no lo amaba ni un poco puesto
que en vez de venir con él se babia.decidido á la
ete1 na separación.
Con el corazón henchido de amargura, Roberto
pa1-0 largos horas martiri2á11dose al llrraigar más
y más esta abominable convicción: su mujer no
lo habi1:1 aceptado mAs que porque era rico y le
proporcionaba unll buena posición, y- quería abo1 a abusar de la ii1fluencü, que ejercía sobre él par/1 alejarlo de eu madre á fin &lt;le poder ser absoJutameute librP. En caso c!e que _él rehusara, renu11ciaría. A todo y re~resaría con sns amistades
de otro tiempo A seguir una vida alegre y descuiditda. Muy Lien debía eompre11der que Roberto
no Ja d('jaría sin recursos, y si11 duda quería. ir ti.
gozar de la.&lt;1 rentas y Jit libertad que le daba su
breve matrimonio. Algunos meses d1:1 contr11riedad
Je habi1\n 11segnrado los elen.eutos materiales que
ncces'taba oara 11Eegurar su vida bohemia.
Robtrto estiiba preocupado con esas reflexiones, cuando por namral contrapeso le vino esta
sencillísima y c lara: ¿y ei no era así? En lo intimo de su alma comprendía que su madre había
incurrido t-n algunos errores y que en estos momentos mismos debió c.brar de 01ra m11oera retirá r dose d1, su vida y &lt;lejAndolos ser frlices.
Recordaba las abrumadas palabras de Lucí~
Ilartley, pero las ahoga ha á poco pen,ando en la
indiferencia, en Ja hostilidad de su mujn durante
las últimas semanas, y su obstinación y el silencio con qne respondió A sus postrerns ~úplicas en
aquel cementerio en qne se habían sep¿¡rado. Pero
¿babia tal desBmor? ¿No fué con ungnin colorido
ae sentimiento y de verdad como le dijo: "Yo en
el w¡¡gón 1101 é mucho?••
Y creía sentir aún sobre su mano rl dulce calor de la mano de l\fag, haciéndole 11quella caricia
que nmovió en todo su sér el fuego caudentedel
amor.
El pobre de Roberto con los ojos enrrjecidos y
sfotiPndo un nudo en la gargan,a se levantó y se
~ s, mó á la ventan a par!\ respirar á plenos rulmo1,1.-s I l aire lrfo de la noche, y ver 6i así se dulcifi&lt;'a b11 la impresión que sentía de tener las sienes ,,¡.,riruidai, en un circulo de 11:erro. Después

Despues de un11 m1tla comida l'n un Palón muy
bajo de techo y lle110 de ingleses bulliciosos. Ro•
berta entró Asu cuarto y vino ! sentarse junto A
la ventana abierla. LA mar dfscendia, Jas ]anchas peECadoras babfan partido y Roberto fumaba inmóvil innumerablt&gt;s ci~arrilios y eontemplaba con aire absorto el cielo y la mar.
Durante las primeras horus fBtuvo oyendo el
ruido que hacían sus alegres vecinos, el reir, el
chocar de copas y botella!&gt; y el rodar de las bolas en el boliche del jurdín, hasta que todo esto
se fué extinguiendo poco á poco, entraron los pasajeros á sus cuartos, cerraron puertas y ventanas, y la aldea tamhién se entregó al buef!o sin
que quedara ei; toda ella más luz que la del
raro.
Como sabia bien que aunque quisiera no podria dormir, decidió pnsar así la noche dn.ndo
vueltas A sus sombríos peni,amientoa. Después
del primer desaliento se rt'bflcía y juzgaba con
su espíritu habitualmente sneno y rctlexivo. Se
babia necesitado un paroxhmo de pasión para
arrebatarlo al estado violento en que lo vió la
senorita Rartley: h vergUPnza que sintió viéndose rechazado por Maria M11gda.en11, el rencor
que le tenía y además la influencia de su m11du,
habían traído esta cr;sis de la cuitl apenas empezaba á volver.

de todo, era ridículo desesperarse tanto por una
mujer que no lo amaba y que a esas horas de seguro que estaria tranquilamente dormida y arrullada por los ensueflos de su próxima. vida, en
tanto que él agonizaba de dolor!
Ilacia ya mucho tiempo que nadie pii.saba 1&gt;or
el camino pues ya la noche estaba muy avanzada
y algunas constelaciones se hundían en el horizonte. La pleamar empezaba, el mugido de las
olas se hacia mús fuP.rte, y en la radll jas lanchas
caídas, movidas por las ol1:1s, parecían estremecerse.
En medio del silencio distinguió el ruido de pasos precipitados, y luego, saliendo de un recodo
del camino apercibió una forma negra que avanzab11 rápidamente en la sombra. ¿t~uién sería
aquel transeunte retardado? ¿dónde iba? qué &lt;'ausa precipitaba su carrera?
L'oa frase de S11kespeare le vino á la memoria:
«Desgracia ágil, tú cuyos piés son t11n ligeros ¿es
A mi quien traes tu mensaje?» Y esta frnse tomó
una intensidad de vida tan extraordinaria en su
ánimo, que pronunció en voz alta aquellas pala.br11s. El hombre que venía parecía correr como
respondiendo A este llamamiento, y Roberto le
veía ~on ansiedad aproximarse. ¿P11saria de lar •.
go? , egur11mente que sí, pues no tenia porque
detenerse trente Aesta posada silenciosa. Pero en-

�52

11 F.I,

1wxno ILUSTRAD0.11

,25

-Deme usted detalles .... dijo Robtrto JenntAndose trabajosamente. Csted la. vió?
- Si. Paseaba por la costa y distingu[ á algunos metros bajo mis
piés una forma blanca, Drscendí. .. . Dios mfol no olvidaré jamás el
horror que senti Las enormes dificultades con que trepé desde el
abismo con aquella niñ I en los brazos, mi c11rrera.al través de lastandas pedregosas, mi U.,gada y el espanto de Lucía.

• •

I

r

tonces ¿por qué ser.tía Roberto angustiosos é indefinidos presentimientos?
El hombre se detuve frente A la ventana iluminada.
-¿Es usted, seflor Le Clercq?
Roberto reconoció la voz de Darlol:I
-Si; soy yo ....
-Baji, usted. Neceeito bablarle Pronto. Des•
pierte usted al posadero, y que prepare un carruaje ligero en el seto.
-¿Qué hay? preguntó Roberto sintiendo una.
violenta palpitación, porque ahora ya no tenia do.da de que algo grave había rnce&lt;lido. Pero ....
¿qu.é?
-Una desgracia, una gran desgracia, pero baje usted. No se lo puedo decir desde aquí:
Roberto descendió enloquPcido. De fijo que se
trataba de Mag. ¿Qué había hecho? ¿Habría huido? Este fné su primer pensamiento. Corrió el pi·
caporte de la puerta y se reunió A Darlot en el
camino,
-¿Despertó usted al posadero?
fi -No. Quiero antes Sllber qué ha sucedido.
Su voz revelaba tal emoción, queDarlot vaciló
por algunos segundos; pero el tiempo urgía, era
necesario correr A La1.ion a traer un médico, y
René tenía aún en el corazón el horrible dolor de
haber visto á.' su 11miguita ensangrentada, inerte,
como muerta.
-Tuvo usted hoy un di.egusto con Mag ¿no es
cierto? Roberto tembló.
-Pues bien. Mag se arrojó desde las rocas mll.s
altas A la mar y tie ha estrellado en el precipicio.
'Roberto sintió un desvanecimiento y se encon•
tró sin saber como tirado en la escalera de lapo·
sada, Darlot le decía.
-Vamos .... 1 trate usted de recobrar el valor.
Vaya usted fL la casa de la sef1orita.Ilartley mientras yo corro ii Lanion á. traer el médico. Lucia
1a ha hecho la primera curación lo mejor que pudo pero está. enloquecida por el pesar. Tiene mo,
tivo. ¡Cuando pien110 que si la casualidad no me
hubiera llevado por allf, Mag estaría muerta ya!

j

·j
D11rlot temblaba; sus p1l111bras sin orden expre•
saban mejor que un largo discurso la angustia
que babia sentido.
Roberto dijo:
-Pero ¿no ha. muerto? ¿no ba muerto? ¿esté.
herida solamente?
-No Jo si': Tiene los ojos cerrados, la cabeza
con una gran herida, una mano destrozada y un
brazo roto.
Roberto, sin una palabra m4s, le volvió la es·
palda y partió corriendo, ein sombrero, como un
insensato en la direceiún de Tregllstel. El camino
ascendfa cortado A pico; y ahogándose con los la.•
tidos de su. corazón, el infeliz tuvo quP. disminuir
la ,,e!ocidad de su c11rnr11.
Comprendía muy hiPn lo que signlticaba el to•
no dul'O de René. El h1.bia sido Musa de todo: la
trató tnn brutalmemP, que la impulsó i\ este dolo·
roso extremo. Luego ella lo 11maba! Luego ante
el tE'mor de una separ11cf(,n, había preferido IDO·
rir! L' n remordimiento atroz le atenaceab11 el co•
razón. Oh! tontas y mezquinas querellas! ¿Qué
significaban esas pequt'i'!cces de va,ddad, de lote•
rés, de dominio, cuando se trataba de la felicidad
y de la vida de la única mujer 4 quien había amado en el mundo.
Su imltginaciú.n le representaba á ayuella ni:fl.a
encantadora desfigurada por la espantosa caída,
veía la sangre coagulada sobre los cabellos ru•
bios, y desgarrada por las aristas de las rocas
aquella manecita que tan dulcemente se babia pos11.do sobre la saya. Y luPgo se acordaba de ella
cómo la r.onoeió, radiante de juventud y de belle•
za. Se moriría? Se habrfa transformado en una
masa in!orme, destrozada, sangrienta, espanto31!.
l':&gt;u angustia se hizo tan Lremenda que como lli
hubiera podido ser oído se puso a. gritor.
-~Illgdalena .... Magdalena!
Sus gritos resonando en el silencio de la noche
corrieron por hi playa y tornaron devueltos por
t-1 eco. Pareefa. que la landa llamaba también y
decía con lúgubre son:
- ~tagdalena, Magdalena!

En este momento un verso terrible de la Orestlada vino i\ su mente: "Tn camino hablarA bajo tu8
pasos!» Se detuvo espantado de su propia exaltación v sintiéndose al borde de la locura exclamó:
- Y si muere ¿qué haré?
Contempló la mar gris que subía hacia la tierra dorando en anchas olas argentadas por las
vagas clilrid11.des del alba.
-Iré allfl dijo y siguió su camino echando á CO·
rrer otra vez.
Después de una m11rcha penodsima llegó al fin
frenttl A. la casa; quería en un ultimo arrebato vohir, apresu.rarse á ver si est11ba muert~, porque
su más horroroso temor era que se hubiera muerto sin verlo a. su lado y sin oirlo decir que laamaba. -Pero c\l poner 11\ mano en la puerta del jardir. sintíó un desft1llecimicnto, un horror cob11,rde
de verla snfrir, de h11 llar destiguradu aquella Ca.•
rita deliciosa, y perm11neció inmóvil unos instantes, presa de la mayor ,rngu¡;tla.
Brillaba luz en una de llls ventanas y no se oía
ruido alguno. Entonces cansado de ver esta luz
y preg-untllndose si sería de una veladora ó de un
cirio fúnebre, entró.
Subió Ja escalera, empujó una puerta y vió en
el lecho rodeado do coninajes azules una maaa.
envueltl\ en lieazos ... era cuanto quedaba de
Afag .. .. ! Se quedó viendo eso fijamente y marchó de ese lado con posos de autómata sin salu•
dar siquiera á Lucía llartlcy. SE\ inclinó y contempló una cara lividll, loa ojos cerrados, la nariz atilada, los labios descoloridos descubriendo
unos dientes muy blancos, la frente vendada y
otras vendas euvol\"iéndole el hombro, el brazo
y una mano. Lnciú se aproximó. El la dijo:
-Esto ya se acabó .... Esté muerta. ¿Ko ea
c~erto?
--Todavil\ no. E; un sincope. Hace una bora
que está así.
llfá.s de una vez Lucía. había querido i:naldecir á
Robe1'to, causa de estA de:3gracia 1 pero al verlo no
sintió por él mlls que compasión. . El rostro descompuesto, los ca bellos en desorden, jn.deante por
la carrera, lleno de polvo, con las m&gt;lnos ensangrent11.das por las espinas delos matorrRles, tflnfa
el aspecto de un vagabundo. Ya no lutbia aUí un
Roberto Le Clercq doctor en derecho, altivo, serio, pagado de su nombre y su personalidad sino
un h.ombre que sufría y sufría mucho.
Lucia Je estrechó lit mano.
-No hay que desesperar.
Los dos vieron á )lag; pero tenia t11 n pocas apariencias de vida, que esa frase parecía irrisoria.
Entonces volvieron l11 cara, sus ojos se eocontraron, cambiaron en unn mirnda uu mismo pensamiento y Roberto ob ervando que Lucia lloraba
no pudo contenerse )'/\ y lloró también.
La joven se rehizo c11sl al momento.
-~o nos dE-je'D.OS abatir, dijo con su acostumbrada ener~ia. s~ trara de s11lvarh1. Ya llornre•
mos si fracasamos, pero no desde antl's. Ac/\bO
de mandar al Convento á pedir algo para. h .. cer
cesare! desmayo y oigo il mi criada que regresa.
Una religiosa acompt11laba A la criad11. Robi♦rto
la oyó dirigir preguntas con voz lenta y monótO•
na. Luego la mouJa sac.5 unos frascrltos de su
bolsa y- se esp11rció por la pit"Zll un foerte olor de
éter. Lucía humedeció illS sienes de la enfor m11.
La religiosa se inclinó sobro el lecho.
-Y a vuelve en si dijo.
Entonces Rvberto se aproximó apartando A la
religiosa y v1ó que le tern bl11 ban :\ l\fag los lab:os;
Juego la re~pirnción se hizo ml'ls distinta, y cou un
doloroso gemido la joven abrió los 1&gt;jo31 pero1,jos
ioconscienres que pasaron una mirada vaga por
las caras de Roberto y de Lucia.
-Xo nos reconoce, dijo é ,te, y sufre según lo
indica la contracción de sa.s labios.
-Esperemos al médico.
-¿Tardarll. ma.choi'
-(na hora todavía, Jo menos.
La hermana arreglaba y ponla en orden cu11nto
encor.traba ,\ su paso, con movimil'ntos discretos
y silenciosoi.. Lucía se sentó junto !\ la mes11, tomó un libro é intentó leer.
Roberto permaneció cerea ele! lecho conservando en su m11no la mAoo calenturient11. de su niu•
jer que ni le reconocía ni dejaba de quejarse con
qurj s dolorosas. La religiosa sentada del otro
lado del lecho desgranl\ba eon sus dedos pAlidoa
las cuer.tas de un intermin11ble rosario ....
El péndulo con su tic-tac Acompasa.do, medía
los minutos de la hora. ml\s cruel que Roberto hl\•
bia vivido en toda su vida.

-Bueno ¿y qué piensas hacer?
L11 sellara Le Olercq de pié frente A. su hijo le
-dirigía esa. pregunta con vivo interé¡,
llabia venirlo A Treg11&amp;tel sin pérdida de minu•
tos. El sacrificio de Jiforia. ?t[agd11lena In había
trastornado y sen tia u.n horror profando hacia la
taita de principios que permitió A est11 joven atentar contra su propia vida; la comp11si6n verdade•
.raque sintió viéndolil herida, casi moribunda, estaba mezclada de una gran suma de desprecio
y de no poco rencor. La seflora Le Clercq era
{lemasiado inteligente y no podía dejar de comprender que su papel tomabt1. un aspecto odioso
con este golpe de tragedia.
Durante los últimos tres días en que Marfa Mag•
dalena estuvo delirando, e,1 gran peligro, y ~in
conocer A nadie, la vieja. suMa de diversos modos. Era espantoso el bSpectAculo de esta nida
que se moría así; la desesperación silenciosa de
au hijo le partía el corazón y 11 estoa aenlin1ien tos
enterueeedores se unía otro muy amar~o: la re•
probación muda de Lucía llartley a~ravada por
la necesidad que tenía la eeftoraLe Clercq de vi•
vír b1Ljo el mismo techo que esta enPmiga suya.
Nunca se babia arraigado mAs la antipt1.tia entre
estas dos naturalezas semejantes por la energía.
pero separadas por un abismo de sentimientos.
Desde ese día ?tfaria :Magda erra babia recobrado ht conciencia de sí misma y de su situación.
A la fiebre violenta babia sucedido un estado de
debilitlud y de abatimiento excesivoy cualquiera
emoción podía en consecuencia. serle de funestos
resultados. Tuvo un sincope casi mortal cuando
agobi11do por la Inquietud y IIorando como un
-ebiquillo se acercó RoberLo á besarla.
La vista de la sefiora Le CJercq le ero. penosa
y como esta lo comprendió y era demasiado altiva para hacerse aceptar por medio de la ter•
nura b , bló, sutriendo mucho intél'lormente, de
que ya babia resuelto reiresu· A Montpazier. Lu.efa no pronunció una palabra para retenerla; y
aunque desde tiempo atrás babia. deseado la oca.sión de hablar con esta orgullosa y enérgica mu-

jer juzgó inútil cualquiera recriminación y mAs
aún sabiendo como sabia que al cabo Roberto
había tomado una definitiva resolución. Esa U1a•
:ft.ana ella fué quien favoreció una entrevista entre el bija y la madre permaneciendo mientras
estl\ tenia lugar jufltO 1t l.'tfagdalenit que dormía.
Durante los tres días que acababan de correr
a penas habían tenido ocasión de hablarse la seil.ora Le Cler.!q y Roberto. Esta era La primera
vez que se encontraban solos y que el Estado de
)laría .Pr!11gd11 lena les dejaba el A.mmo suficiente•
mente libre para poder hablar de cosas serias.
-¿Qué piensas baceri' repití'5 la sel'lora Le
Clcrcq.
-Lo que me arrepiento de no haber hecho des•
de el momento mismo en que me casé.
-Dejarme!
Este grico de angustia que en otra ocasión habría. penetrado al fondo de las emranas de Ro·
berto, le dejó trío: ya h11bía sufrido bastante acusAndose de est~ culpa durante los últimos días.
Ella, aterrada por la indiferencia de su hijo dijo.
-¿Supongo que no intentarás hacermerespon•
sable de lo que ha sucedido?
-SL ... usted y yo.
-Ohl exclamó Ja seftora con un movimiento de
indignación: tú sabías muy bien que yo la amaba.
-Pero la amab!\ usted m'll. Por u~ted y nada
má.8 que por usted. No consultnba usted mAs que
sus propias inclinaciones r nunca las de ella....
mas no recrimimo porque soy el más culpable.
Yo debí ahorr11rle luchas inútiles y dolorosas siendo como. es mi oblig11ción amarla ante todo.
La senora Le lllereq quedó muda, sintiendo
que dolor intenso Je desgarraba. el corazón. La
actitud fi"ia de Roberto le demostraba que su hijo estaba perdido para ella y qu.e su alejamiento
era má.s del que sobreviene de una simple separación.
-¿Podfo. yo sospecharme que esta criatura tu.viera la cabeza tan exalta.da que se atreviera á
representar un drama como éste?
-Nuestro error fué querer tratarla como á una

mufleca cuando es una mujer y tarde Jo reonocimoa.
Ilubo nn silencio después de estas cuantas fra•
ses que como hojas cortar,tea re&gt;mpian los bilos
con qu.e estabun ligados es~os dos seres.
Roberto, de pié, se quedó mirando el mar que
venía A morir en las rocas de la playa y se acordó de qne allí esmvo A punto de perecer su mujercita. Entonces dijo siu volverse.
-Voy A dejar el ejercicio de la profesión y :l
entrar en la Magistratura.
-¿'Para quér .
-Pll.ra ser enviado lejos de ~fontpazier.
La pobre vieja mordió su pai'iuelo para no gri•
, tar; tanto ssi :a lutbía herido esta respuesta brutal.
- Es inútil hacer eso, dijo, cuando ya pudo hit•
blar. Yo me retiraré complet11mente á 81111 Ilila•
' riú y si así lo quieren me comprometeréáno vol•
ver nanea A,Montpazier. ¿Bastará con eso á tu
esposai'
Roberto no tomó nota de estas p11labras llenas
de amargura y ai'ladió:
-;Usted obrnrá como Je pitrezca, m11ma., pero
de mi p11rte he tom11.do ya mi resolución. He di•
rigido al .c:.lnisierlo mi petición. No quiero arrojar á usted de su Msa y le asPguro que ser!\ us•
ted siempre bien recibida en la mía. He dicho,
en la mla.
-Pues. para que no sufras una vida precaria le
tijAré una renta conveniente.
-Xo hablemos de dinero!
-Oh, Robi&gt;rto ..
Un poco avergonzt1do de su do.reza se la re pro•
cbó en cenciencia. y vió A su madre tan sincera•
mente apesarada, con un dolor tan real y prolllndo que el afecto de otros tiempos Je stJ,bió al cor11zón. Se acordó que e1 a su hijo, que no tenia de•
rec.ho de acusarla y dijo:
~
Perdón, mitmá . .Aceptaremos de u;,ted :O que
usted quiera.
E3te arrll.nqne estuvo á punto de hacer llorar a.
la seftora, pero se contuvo, y ambos quedaron
mudos, mirándose con Ja mirada triste de un su•
premo adios, con la desolación de quien rompe
con un afecto fundamental de su vid11,. Esta hora
decisiva les separaba y ya no volve1·ian nuncl\
més fl hablar de estas cosas, s ... lvo acaso cuando
llegara 111 hora de otra más definiciv!l eeparación.
Como se ve ansiosamente la última mirada de
un ser amado q11e va á morir se vieron los dos; y
Roberto sin una palabra más, tomó la wuno de
su madre se la besó y salió.
En el enarto encon1ró A Lucía cerca del lecho
y A Magdalena despierta. Esta sonrió á. su m,rido que se aproximó cuidadoso.
-Cedo A usted ese lugar que es el suyo, dijo
la inglesa levaotflndose. Puede usted hablarle ll
Mag, decirle que Ja ama, pero no se Jo diga usted
con mucha vehemenci11. pl.lrque esti\ aún muy de•
Jicadita y cualquier coaii. nos 111. podría mat!ll'.
Lucia fué al salón .
-1\lire usted á. donde conduce la bondad, se•
florita Jla.rtley, dijo la sei'iora Le Clercq. Asegu
ro A ustP.d que siempre me guiaron las mejores
intenciones.
0111 ain duda. Pero contentA.odose con ser bue•
na se hubiera usted ahorrado y á los demás mu•
chas tristezas.
-?líe quedo sola!
-'I'iene usted sus pobres.
-!fo basta eso parn el cor:tZÓD..
Lucía compadecida le dijo.
-No crea usted en tal soled .. d. Esta es una crísis violenta que por su miemll fuerza tiene que
pasar pronto. A la vuelta de unos cuantC1s meses,
días tal vez, todas las coSáS V'OlvP-rAn t\ su antiguo curso y cada hora iré. borrando el recuerdo
de lo que acaba ahorll de sucllder. Y tornará. 1lS·
ted A su vida normal; Stl hijo á ser el hombre res•
petuoso que usted educó y María Magdalena, la
encantadora y bella joven, alegria de la casa.
Luego, serA usted una inmejor11 ble a bueUta y la
dicha reinará de nuevo en el Pd!acio Le Clercq.
Después de la escena tragica, todos estos dram11e
domésticos se desenlazan del modo más tranquilo. ¿Nunca se ha ¡,reguntado nated en el teatro lo
que sucederA después del 5.'' acto? El autor nos
deja stempre en la ultima pedpecia conmovedora, porque Slibe que luego sus personajes volvera.n A la prosaica corriente de la vida. Lo excesivo no puede ser durable. Vea usted ee:llora Le
Clercq, el titulo que mejoi: conviene fl mu.chas
dram11s de la vida fotima es este, de Shakespeare: &lt;Mucho ntido para nada."
DAN1ELLE DARTHEZ.

�54

111!:L

ROSARIO.

Mm.DO ILUSTRADO"

ROSARIO.

1

realidad esto no es un cuent~. El hecho
ue vamos A narrar ocurrió en Madrid;
uchos de sus detalles son rigurosamente
ciertos y los personajes exístierdn para la epoca
del suc'eRo, 1887. A la prensa madrilelia no llegó
otra noticia qut1 la que consta en la gacetilla ~ón
que concluye esta narración.
·

AJ. pobre mendigo Je dijeron que su hija iba todos los domingos á. oír la, misa· de once de la iglesia de San José, calle de Alcall1.
Hacia cerca de medio afl.o que habia llegado A
Uadrid, procedente de Sevilla, sin que
en ese tiempo hubiera tenido otrn noticia
de su hija, que la ya dicha. El informante era uno de los revendedores del Teatro de Apolo, cercano á aquella iglesia;
sevillano él, como la chiquilla fag1lda y
como el pobre viejo.
He aquí cómo supo éste la feliz noticia.
J/an11,l, el revendedor de billetes de
teatro, bahía ido aquel día al del Príncipe
Alfonso en solieitud de billetes p1m1 el
estreno de una zarzuela de Chueca, y
al pasar por Recoletos vió al mendigo im·
plorando la caridad pública en la puerta
de San Pucual.
-Don José¡ ¿Qué le pasa A usted?
-Oh, Manuelico, eres tú?
-Por Dios, viejo, qué 1\ menos ha
venido ustedj
-Culpa es de Rosario.
-No lo creo, ella es rica ....
Pues por eso!
-No comprendo ..... .
-VerAsl Yo no tenía en mi desvalimiento otro apo)'o que Rosario. La chiquilla. trabajaba en la tAbrica de cigarros,
y mal q_ue bien la íbam&lt;,s pasando; pero
de la noche á la ma:ll.ana desaparece de
Sevilla, y por la herida que me dió en
el alma, se metió A mi cuerpo la paráli•
sis. Estuve á la muerte1 escapé de elldD0
sé cómo; hoy sólo puedo asegurar que
me queda poca vida dentro del cuerpo,
casi ningun1.1. luz en los ojos, y menos
esperanzas en el alma. Pido dos limosnas: pan para el tuUido cuerpo, y una noticiA de mi Rosario ....... .
-Vive en Madrid, bella y rica, se
apresuró :\ decir Manuel.
Y aquel viejo que acababa de decir
que pedía una noticia acerca de su hija,
quedóse inmóvil, mudo, como tocado pur
un rayo ante la aseveración de Manuel.
Parecía como que no se daba cuenta de
tan grata nueva.
.A poco, con voz ro1,ca y entrecortada,
como llena de desconfianza preguntó al
revendedor:
-lle joras que ese es verdad?
-Por la Virgen de la Paloma!
-Cómo lo sabes?
-La veo bajar de su coche todos los
domingos A las once A la Puerta cie San
José; ella entra á. la iglesia, y y o, después de mirarla y rt:.mirarla tnn reguapa,-porque no he
perdido la costumbre de morirme por su pedazos,
-me entro también ..... .
-La sigues dentro de la iglesia?
-No me entro con Paco y el Tuerto A la taberna y nos tomamos unas cafl.as á su snlú.
-.Manuel, díjole el viejo al revendedor, Dios
te pague la caridad. Vete, ~éjrune pensar y medi-

El viejo se sentó en un banco alli cercano, recostó las muletas á la pared y se dispu'io A aguardar.
-No serA larga la confesión, se dijo, estas seiioras del gran mundo no fo,nen más que un pecado, y como no les da vergüenza confesarlo, se
despachan pronto. El cura al verlas, podría echarles el «ego te absm·1 10.»
Dicho como beche,, en ese momento apareció
los ojos del mendigo el P1tdre Miguel, sonAndose
las narices repletas de rapé con un descomunal
pai\uelo de yerbAs.
-Es ...... el Padre 1liguel?

í

tar.
Jla11111:, como le Uaman sus paisanos, le dió
unas palmaditRS en la espale.la, y le d:jo:
-Adiós, viejo, que haiga :mlú, y un recadito A
la Rosario.

Esa misma tarde llamaba A la puerta de ea•
cristía de San José el mendigo de San Pascual.
-Está. aquí el Padre Miguel?
-No; confiesa en este momento A una gran se:fora, pero sn vendrá, puede usted esperarlo, contestó el monaguillo.

-Si, hijo mio, quieres confesar?
-No, Padre, vengo a. que el seiior Cura me dé
un permiso.
Para qué?
-P11ra pedir limosna A la puerta de la iglesia.
-Libre eres de hacerlo.
-No seiicr Cura, no sabe el safi.or Cura que
los otros 1:Jobres no me dejarían colocarme alli
porque soy uno mAs A pedir? Cada iglesia tiene
sus pobres; y aun con permiso y orden del sef!or
Cur&lt;1., cuesta Dio3 y su avuda que los propietarios permit&gt;ln a] recíénvenido ejercer.
-Y tú no no tienes iglesia donde implorar la
caridad?
-Sí, seftor. y me produce pAra vivir; pero hoy
he sabido que á esta de San José viene todos los
domingos á. oír misa d!3 once, una hija mía que
me abandonó hace muchos meses.
-Basta, dijo el Cura, vt:n pasado ma:liana do•
mintro á e~o de las diez y media 6. la sacristía, y
yo te instalaré.

-Dios se lo pague, seftor, Dios se lo pague!
Con gran espanto de los mendigos que detiempo ha tenían como propiedad suya los pues·
tos que ocupaban en las puertas de Snn José, sepresentó ante ellos el Padre Snn Miguel acompa:ll.udo del pobre paralítico.
-Se11ores, les dijo A modo de arenga, háganleun campo A esre hombre.
Un sordo grlliUdo se escapó de las gargantas
de aquellos pordioseros.
-No hay que alarmarse, dijo con voz severa
el Padre Miguel, este hombre sólo estarA al ladc&gt;
de ustedes uoa hora. y no pedirá limosna sino á.
una sola persona.
-Y si las otras le dan? se aventuró A
preguntar unfl. vieja vendedora de rosarios y estampitas.
-Pues no habrA que rechazar esas.
dádivas, contestó el Padre Miguel, pero
buen cuidado tendrAn ustedes de disputArselas.
- Mucho! gritó la vieja que había inte•
rrumpido antes.
•
-A.deu A:1, continuó el Padr..i Miguel, este hombre viene A cumplir no encargc&gt;
mío. Vamos, dijole al paralítico, colóquese usted aquí á la salida; así verá usted
mejor lo que desea; y situó al paralitico
entre un viejo, propietario de una pierna de palo, tendida casi hasta la mitad
del pasadizo que forman hls dos puertas,
y la vieja vendedora de estampitas y rosarios.
La curiosidnd pudo al tin más en el ánimo de aquellcs pordioseros, que la ojeriza con que veían naturalmente á. todo
recienvenido que iba A aumentar el número de los pedigüenos.
-Es historia? díjole al nuevo mendigo
la referida vieja.
El paraliLico guardó silencio. Acaba•
ban de dar las once, ya tenia allí die~
minutos, y no había llej?ado Rosario. Es•
peró, y esperó mucho. Como que la misa
\,
terllhnó y la igleS1a quedó libre de tielest
-lfanuel me ha engaiiado, se dijo el
pobre viejo, pero me la habrA de pagar.
Y encajAndose en sus muletas se dirigió á la cercana taberna, donde su pais1rno le había dicllo tomaba todos los domingos unas ca:ll.as A la salud de su hija.
Llegó, echó la vista en todas direccio•
nes, escudriftó el último rincón
de la taberna, yno v:.endo en el1a
á Manuel, exclamó:
-¡Mald!ciónl Y se dejó caer
en una de aquellas sillas bajas,
cuadradas, sin respaldo, usadas
en todas las tabernas.
A este tiempo salía el Padre
Míguel á la puerta de 81/. iglesia,
en son de curiosear lo que hubiese descubierto el mendigo.
-Valiente protegido tiene ·el
sefl.or Cura! le disparó A manera
de reconvención la vieja de los.
rosarios y estawpitas; apenas terminó la misa se
faé á. taberna vecina. Si el se:ll.or Cara pudiera
ir á esos logares: negaría á. tiempo de verle bo1-racho debajo de una mesa.
-~o seas maldiciente, repuso el Padre l\Iiguel,
¿qué sabes tú á lo que baya ido ~se hombre it la
taberna?
-Allí no se va sino á beber, contestó en tono
de triunfo la vieja.
-Y A comprarle billetes de teatro á los revendedores que dentro de el111 burlan la vigilancia de
los guardas, se atrevió A. decir el hombre de la
pierna de palo.
Una carcajada general acogió lo dicho por el
infeliz defensor del viejo paralítico.
El Padre Miguel aprovechó ese momento de
hilaridad para .entrar de nuevo en el templo.
Durante la siguiente semana tué objeto de toda
cll\se de comentarios entre los pobres de San José, que el viejo protegido del Padre Miguel deja -

ra de presentarse del lunes al sAbado; pero la
chismograffo. cesó al verle llegar, como un reloj,
á las aiez y media de la mailana del domiogo.
Como si eJ sitio que le fellaló el Cura fllese suyo
desde tiempo inmemorial, se hizo c11mpo él mismo entre el hombre de la piernii de p1tlo y la vieja gruilona.
-B1..en día, hermano, dijo al primero, A tiempo que lanzó una mfrada de rabia y de desprecio
ú la de las estampit11s y rosarios.
Media hora más tarde, al sonar el reloj de la
Puerta del Sol las ouce, se detuvo un coche á la
puerta de S1tn José, y uoa dama. elegantemente
vestida descendió de éJ y entró apresuradamente
al templo.
.Al pobre viejo paralitico apenas Je quedó tiempo para reconocer en 11quell11. dama á su Rosario.
Sil{los le parecieron los veinticinco minutos
que duro la misa. Al fin se abrieron las dos puertas laterales de la cancela. de la puerta interior,
y los fieles comeoz11ron A salir por entre la doble fila de pobres, que en nombre decada unode
sus santos favoritos, en medio de deseos de felicidad para los concurrentes A aquel templo, y
con palabras capaces de ablandar el corazón más
duro, imploraban.una limosma. , ólo una mano no
se extendía en demanda de socorro: la del viejo
paralitico.
Una de las últimas en aquel desfile fué su bija;
cuando pasó por delante del paralitico apenas
sallan á. la vez que ella tres mujeres, dos de las
cuales se dt:ltuvieron A comprar unos escapularios y el número del dia de La Semana Católica
A otra pobre situadn frente aJ puesto que ocupapa el padre de Rosario; de modo que ésta casi
quedó sGla en el trecho Q'lte hay entre la puerta
exterior y la de la cancela.
. -Por la Virgen del Rosario, una Jímosna· dijo
el viejo extendiendo la gorra al pasar por d;laute
de él su bija.
E:;ta oyó sólo las tres últimas palabras: «Rosario, una limosna.•
Volvió~e derrepente hacia el que le imploraba
t:na caridad llamándola por su nombre. Al ver
y reconocer, todo á un tiempo, al pobre viejo, dejó escapar un débil grito; LO medio de su azoramiento tiró el portamonedat1 en la gorra que le
extendía su padre, y en dos saltos salvó los escalones de piedra que dan acceso al templo, ganando en otro la portezuela de su cupé, que la
esperaba f.L la orillll de la acera.
-Al Hipódromo, á escape! ordenó Rosario ú su
cochtiro; y el carruaje partió veloz caUe de ~\Jcala. nbajo hasta llegar A la Cibeles, dende torció
hacia la izquierdtt, ganando el paseo de Rec0Jeto11 y conrundiéudose con los otros ce.ches que rodaban Cllmíno de la Castellana y el Hipódromo.

Todos los pobres vieron la especie de limosna
que aquella dama dió al paralitico; todos oyeron
aquel débil grito lanzado bor ella al tiempo de
d8r la limo.na; todos se fijaron en la turbación de
aquella mujer y en su prisa para huir; pero ninguno de ellos pudo descubrir la mAs pequefl.a alteración en el rostro del menJigo.
Como es de suponer, le abrumaron A preguntas,
y con iróníci1s felicitaciones. El, ni respondió á
aq .1ellas, ni agradeció las enhorabuenas. Guardó se el portamonedas, dirigiéndose seguidamente, como el domingo antel'ior, A la tabern1.1.,
en solicitud de Manuel.
-La tajada de ht'y 6i que sera buena, exclamó
]a viejtl m11.ldiciente, dando á entende1· que la borrachera. del viejo en ese día seria grimde.
-Siempre grufl.endol contestó el Padre ,;\liguel
que había llegado á. tiempo de presenciar la escena desc1·ita,
En l!l taberna encontró el viejo, por su suerte,
al revendedor. •
-Te convido, Manuelico1 le dijo el viejo al
verle.
-Y á Paco y al 7'uerto? contestó el invitado.
-También, pero A condición de que nos dejen
luego solos.
Otra ronda fué servida en las largas calias,pues ya se había brind11do, como de costumbre,
A la Slllud de Rosario. Una vez echado el trago
atr:\s., y besado el fondo exterior de las ca:ll.as, se
despidieron el Tun·to y Paco.
-Oye tú, dijo el primero A .Manuel, si algún
aeflorlto viete d ¡;01· billetes para ma:ll.ana en el

55

«Español,~ acuérdatfl de que es día de moda y
~fonde A servir una copa más, viejo, y despué¡¡
de:que echan un drama de Don José; apriétala la ) o lo convido á otra cos1t mejor.
mano y .po les des las butacas de las primeras fi-~fozol aquí dos copas! gritó el paralítico.
las menos de treintidos reales, ú cuarenta, si
Servidas que fueron, preguntó el viejo á liapuedes; npAliate como puedas.
nuel:
El viejo mendigo y ,.lfmwé el revendedor que-1\Ie convidas? Y t\ qué?
daron solos. FuéronsC1 á. una mesa de rincón, to-Al Español mllftana en la noche.
maron asiento -y pidieron un p1ir de copu.
-Bon:tos tengo yo el cuerpo y el alma para ir ,
-lla visto usted a su hija, viejo? dijo el re- de teatros.
vendedor dando así princibio A la conversación.
-Por el cuerpo no se apure, repuso Manuel,
-Sí, hoy aJ entrar y s11lir de la misa de once; yo Je 1tyudaré 1\ subir y á instalarse en primera
el domingo pasado no corrí con esa suerte. Tam- fila de Para,[¡;o; en cuanto al alma, eso es lo que
poco pude verte A ti.
usted necesit11, distraerse, echarse las pen1ts atrás.
-Yo estaba, contestó Manuel. ultimando una Qué va usted á hacer con ese fardo de fatigas á
corrida de toretes en el puente de Vallecas.
cuel!tas? Le va é estorbar para correr detrá.s de
- Pues, prosiguió el viejo, al entrar mi Rosa- Rosario.
rio apenas tuve tiempo de reconocerla; A la sali-Y cuánto te cuesta ese obsequio?
da, y por llamarle la antención de 11Igún modo,
-A mí? nada! yo soy el jefe de la ..Zar¡11c cnel
le pedí una limosna invocando á la Virgen de su E."11a,iol, y tengo A mi disposición las enrradas
nombre para que é3t11 lo sonara en los oídos y le necesnrias parll mi ejército. Usted será mufluna
chocara y se fij,,ra en. mí. Así tué: volvió la ca- uno de mis sc.ldados, 11u11que no hace flllrn; porbeza, me reconoció, dió un pequell.o grito, me que yn se sabe, que cuando hay estreno de su toarroJó en la gorra su portamonedas. y salió esca- cayo .E:chegaray, maldito Jo que tiene que hacer
pada fJ. cojer un coche. Yo me quedé como quien mi gente. El público se lo trae todo, ,,plausos,
Vf' visiones, no pude ni moverme; el coche partió
ovacione~, y la mar .... Los mismos 1,wrenos, los
volando, y cuando me dí cuenta de todo lo ocu- que revientan las piezas de otros si no est&amp;n co•
rrido. resolví venir á verte.
mo Dios manda, resultarán llllí de sobra.
- Y el portamonedas?
-Bueno, dijo el mendigv, ¿dónde y á. qué hora
-Aquí estA, dijo el viejo sacandolo de la faja nos encontraremos ma:ll.anai'
-A las siete en punto de la 11oche meesperará
y poniéndolo sobre la mesa.
usted
en una de las put!rtas de La I', rlct, que dan
Manuel no se atrevió A tocarlo siquiera.
-Abrale usted, Don José, vé.1mos que pode- A la Plaza de Cervantes, donde está el teatro. ¿Sabe usted dónde es?
mos sacar de él.
-Si, y alJi estaré de fijo.
El viejo abrió el oliente portamonedas de piel
de Rusia con cifras y conteras de oro. Dentro de '
él había unos billetes del Banco de Espall.n, dos
' A las siete menos cuarto de la noche del simonedas de cinco duros, algunas de plata, un re- guiente día, Janes, el vil"jo mend1go de San Pasiratito de Rosnrio he&lt;;ho por Debas, el talón de cual,-porque él no había abandonatlo s«. iglesia
un abono A butaca en !a Comedia, y una docena sino dos horas en dof domingos,-llegó al conode tarjetas de visita con este nombre: Blanca efe cido restaurant La Perla, situado al lado del EsPeñama,·.
pm1ol, y recostándose de la pared, pero siempre
-No es este nombre el suyo, dijo el viejo, ¿có- apoyado en sus muletas, esperó enterarse qué
mo habrA ido A parar A manos de Rosario este puerta le serviría de abl'igo, pues la noche era fría ·
portamonedas? ¿lo habrA encontrado en la calle? en extremo.
-:80 sea más panolis, viejo, repuso Manuel; si
Al princio se figuró que no podría servirse de
fuera como usted piensa y dice, qué papel estaría ninguna de aquellas puertas, pnes todas sea.brian
haciendo ahí el retrato de Rosario? Desengáfte- y se cerraban á cada instante para dar paso á los
se, ese portamonedas es de la, chiquilla, y las tar- par~?quianos del famoso ,·e.~faurant; pero Juego
jetas son de ella; Blanca de Pe,1a11w1· es su ,wm- s_e t1Jó en que la más cercana al teatro 110 era pracbre de gw·rra.
ticable, y á ella se dirigió y en ella se instaló.
A poco, el olor de los guisos comenzó A metér-¿ciué negocio es ese de nombre de yueri·a?
-Se llama asf el nombre que toman las muje- sele por 11.lS narices y A hacerle olvidar Jo que lo
res al dedicarse á la carrera. ¿No se cambian h~~ia llevado_ A aquol sitio; porque lo que al printambién el nombre cuando entran monjas? aun- c1p10 fué un ligero desvanecimiento, se convirtió
luego en apetito feroz, y más después en debilidad
que sea fea comparación.
y en dolor de estómago. Y no podía ser de otra
-Y qué ca1re1·a es esa?
-Pues la ....•..... la que toma una mujer manera; aquel vaho de cocina,-y de la cocina
de La Perla! era para volver Joco al más inapeque deja de ser honrada. ·.
El viejo no se enfadó por aqnel insulto hecho t\ tente.
Ya el viejo se declaraba vencido, ya sentía fJasu hija, porque comprendió en un momento que
queRr
más de lo corriente sus piernas, ya notaba
1111\nuel tenia razón en calificar de ese modo a.
Rosario. GNo se había fugado ella de su cas11 de- cómo sus muletas no Je servían del todo para sosjando al pobre V1ejo enfermo y en la miseria? tener su desmadejado cuerpo, cuando se pre¡¡entó
De dónde proveoían aquel coche, aqueUos bri- Manuel.
-Puntual ea el_ viejo, dijo el revendedor, y eso
llantes, aquel portamonedas lleno de oro y de billetes de Banco, ;aquel terciopelo de su abrigo y merece una convidada.
-Pero ue lo sólido, se apresuró A decir el menaquella seda de su traje?
El viejo sólo tuvo un par de gruesas lAgrusas digo.
-Todo es convidar, repuso Manuel.
para Ja deshonra dfl su hij1\ que er11. su propia
Y echaron á andar en dirección á un Oolmado
deshonra.
-Y qué piensa usted hacer? le preguntó l\1a. próximo.
.Al viejo se le quedaban el olfato y el estómago
nnel.
en la cocina de La Pu-la; sabia que ~lanuel no le
-Irá su cnsn .....
-Dónde, si la tarjeta no tiene dirección? Y es convidaría á comerá lo si:1iol'itu, y se conform&lt;\
esta otra prutba d~ que Ros11rio es la querida de desde luego con lo que le brindara el revededor.
.Además, ya no tenia apetito, sino «necesidad&gt;.
algún se:ll.oritón.
Llegaron al r'olmado y Juan pidió dos tintas
-Pues esperaré al próximo domingo, y en lugnr de pedirle una limosna le echaré la mano en- un !JaneciUo y un chorizo; se vació de un trago
contenido de su cupa, y alargando la otra y losúcima y ya no se me escapará.
lido al pordiosero, le dijo:
-Ypiensa usted, don José, que Rosario vuelva
-Enjuáguese la boca con la mitad, viejo, y deje
á la miM de once después de lu tragedi1.1. de hoy? el resto para asentar.
-¡Es verdud! ...... pero qué h11go?
El padre de Rosario no lo hizo Rsf; tenía prisa
-Confíe en mi, yo bUEcaré la pista de su hija,
por llegar; se echó al coleto su tinta, y dando un
levantaré la cacería y usted hará lo demás.
bocado al pan y otro al chorizo, dijo A Manuel:
-En Lí confío Manuel.
-Andando! De aquí al teatro tengo con esta
-Trato hecho, pero dígame, viejo, qué piensa
mascada, una vez instalado acabaré con el 80 •
usted hacer con ese portnmonedns?
brante.
-Onardarle; de él no me pertenece sino el reY echaron A 1ondar hacia el teatro. Manuel, como
trato de Rosario.
«persona de la casa» no encontro ningún tropieManuel al formnlar su última pregunta fué con zo en todo el trnyecto, desde la puerta de entrala esperanza o.e que el viejo dividiE1r1t con él el da hasta la primera fila de la galería. A cada porcontenido del portamonedas. Visto que ese golpe tero y á cada empleado saludaba con frase distinle había salido falso, se contentó por el momento ta, pero todas muy expresivas, de confianza y de
con menos y esclnmó:
· carillo.

el

�fil;

-Ya estamos, dijo Manuel al llegaralsitiodonde tenia dispuesto 11comodar al mendlgo;siéntese
aquí, mi viejo, coloque sus muletas debajo delos
asientos, y á esperar! vuelvo en seguida.
-¿ Y si alguien ocupa los puestos a. mi lado?
Yo qllieru est«r en tu comp&gt;1nfajl
-Descuide usted, eso queda á. c111·go del aco•
modador.
.Al salir dijo Manue: unas cuantas palabras A
dicho empleado, de fijo en cumplimiento1Uoofrecido al viejo paralitico.
Este no pudo darse cuenta al principio del logar
donde se hallaba, pues las luces ae gas estaban
á esa hora ámenos de medio quem11dor. Notando
el mendigo que por mAs que contraía sus ya cansaaas pupilas apenas acertaba distinguir curvas
obscuras sobre un fondo claro, y arcadas á todos
1idos, se decidio á matar el tiempo comiéndose
los restos del panecillo y del chorizo, brindados
por Manuel.
Media hora después comenzó á llegar la conCUíTencia y el gas ~lumbró mejor la preciosa sala. Entonces el mendigo vióque aquelhts areadas
eran l11s tres filad de palcos; r las curvas obscuras, los bordes tlel roJo terciopelo de las bútacas
forradus en gris perla.. Poco á. poco aquel fondo
claro lué cubriéndose de manchas bnsta parecer
nn jardin animado. Los vivos colores de los trajes y sombreros femeniles dab1rn ese a~pecto al
teittro. Los palcos parecían can11stillas de !lores.
El contras1e lo formab,tn el n!'gro de los f'racs y
el bhnco irreprucba ble de las brillantes camisas.
Los abanicos en su ioce!;aute batir semejaban Jas
mariposas de aquel jardín.
Pocos minutos antes de levantarse la tela sintió
el viejo paralitico otro desvanecimiento, si no
igual al que le produjo el vaho de lacocioa de J,a
Perla, ~i de idénticos resultados. Al pobre viejo
lo asfixiaba el calor de las luces de gas, que su•
bia c.argad'1 con los penfltraotes perfllmes que se
desprendlan de palcos y butacas.
Volviendo A un la.do y otro la cabeza y echándose un poco de aire con la gorra, podía apenas
pasar; la impaciencia le bacía faltar t11rnbié11 la
respiriición; y por último, el ro.ido del cercano
cuchiclleo, las ris11s de 11.quí y de allA, el constante
entrar en los palcos, el trajín de los acomodadores y la animada conversación, acompall.ado todo
por el célebre sexteto, le iban embargando los
sentidos, junto con la pesada atmósftlra, alinfeliz
padre de Rosario. A.penas veía; de los sonidoa no
percibía con claridad ninguno; el olfato y aún el
gnsto los tenía sa.tu.rados de lilas, gardenias, violetas, roslls y claveles¡ tan solo 1~ quedaba un
sentido, el del tacto, y á. duras penas le bastaban
las manos para echarse aire con la gorra y para
aplllltalarse contra el ,·arandaje, de modo de no
ser aplastado por los que se le echaban encima
por rletrás.
De repente se hizo el silencio. En medio de aquel
bullicio se oyó sonar en el vestíbulo y en "el s,i,loncillo" el timbre que anuncia el próximo momento de levantarse el telón.
La fllita de ruido hizo tal efecto en el viejo, qu~
casi volvió en sí.
-¿Qué pasad.? se preguntab11, volviendo la
cabt:l!a á todos lados. Las luces de gas fueron un
tanto rebajadas en la sala para darmayorbrillantez á 'a escena. Al principio el mendigo se atemorizó con aquel agachamiento repentino de la

"EL MUNTlO fl,U!.TRADO"

luz, pero al con-erse la tela y distinguir el foco luminoso del escenario. aceptó la semioscuridad y
el silencio, sin dnrsc cuenta ni explicarse aquella
conformidad suya.
Comenzó el drama, y con él los signnsde11probación por parte del público, los aph1usos luego
y al final d&lt;?l primer acto la primera ovación al
autor de Lorura ó 1,a11tidad.
Apenas comenzado el segundo acto, y en medio d!'l religioso silencio eu que se oyen siempre
las terrorificas escenas que sólo Ecbegaray escri,
be, entró á la sala del t!atro una dHma elegantA•
mente vestida. A algunos molestó tan intempestiva entrada; A otros !ué indiferente, por cuanto
no les estorbaba seguir el curso de la represen•
tación, pero á todos llamó la at,,nción de una ú
otra manera. Ili\sta lo;; de las galerías I legaron á
not11r la aparición en la sala de lit retardad .. y
elegante dam11; y uno de los que más se fijó en
ella Cué el mendigo, porqu~ aquella. mujer era
Rosario.
Desde aquel momi,nto terminó p11ra el pobre
viejo la representación del drama. Todo se le iba
en meditar planes p11ra encontrarse aquella noche con su bija, sin que ésta pudiera escapársele.
de nuevo. Al lm parece que halló un medio de
lograr su objeto, por cuanto 111 concluirse el acto
segundo se levantó, diciendo á Manuel:
-Acompáll.ame, yo me voy, yo no entiendo
esto.
Manuel se vió precisado A ayudar A bajar al
paralitico. Una vez en In calle, díjole el mendigo:
-1\Ii bij-t está en eJ teatro, esta noche 'a he de
dar caz11¡ encontremos su coche, ra que lo conocemos¡ lo demás corr1, de mi cuenta.
Poco trabajo coscó ballar el cupé de Rosario.
-¿Qué piensa usted hacer, viejo?
-Pues entrarme en el coche y aguardar dentro á. que ella venga; dale tu conversación al cochero, mientras yo me entro aJ cupé.
A tuerza de mil trabajos pudo hacerlo; no porque el cochero no parecía muy dispuesto al 11oli'JU8 con el revendedor, 11ino porque la parálisis
no permitía al viejo despacharse pronto.
Terminó al cabo la represerna1.1ión, y comenzó
el desfile. El viejo, dentro del cocbe, sentía dos
ruidos, el de los a.plaa.sos en el teatro, porque la
concurrencia se despedía batiendo aún palmas al
autor, y el de su corazón, que latiafuertey apresuradamente. A poco comenzó la animación afuera: el acliós de la. gente satisfecha y alegre Uenó
la. calle junto con loe gritos de los muchachos
vendedores de periódicos y el vocear de los lacayos, y de otros que por g«narse un par de perros chicos ayutlab.m á aquellos á llamar á los
cocheros:
-¡Pepéeee!-¡El 4271-¡La Corl'espondencia!iBli!-¡Paco!-¡201!- ...... aquello era una algarabia!
Al lío sintió el viejo rodar el cupé donde se había instalado, y paso á paso, &amp;iguiendo su turno
en la cola formada, veía cómo se acercllba A la
puerta del teatro. Diez minuto:, mAs tarde se detuvo el cupé, y vió acercarse el mendigo á su hija, quien abriendo la portezuela dijo al cochero:
-¡A ea.sal
No bien había pronunciado tan corta frase,
cuando lanzó un grito de horríble angustia.
-¡Socorro! ¡al ladrón! 1que me asesinan!
Rosario no había entrado del todo en sa. coche,

FONDO
RICARDO COVARRUBJAS

pero como el viejo la bahía asido fuertemente del
traje, tampoco podía salirse del copé. En esa
angu~tiosa &amp;ituación la hallaron cuantos acudieron
á prestarle auxilio al oír sus gritos de socorro.
Rosario luchaba por desasirse de los brazos del
viejo, quien, con fuerza inusitada en él,lasujetaba.
fuertemente. Una pareja de la guardia se abrió
paso, y colocilndose aJ lado de las dos vent&gt;1nillas se dieron A inquil'ir la verdad del hecho.
-Este hombre me quiere matar, dijo Rosario.
-¡Es mi hija! gritó el paralítico.
-¡Mentira! repuso la inbmt-, libradme de él ..
Lapa reja del orden había logrado abrir la por•
tezuela que babia quedado líbrti, y sajetando uno
de los guardias al virjo y asiendo el otro A Rosario, logra:-oa también arrancarla de los brazos
del pobre padre; pero aún tuvo éste foerzas para soltarse de las nervudas y fuertes manos del
guardia, y enarbolando una de las muletas la
descargó sobre la cabeza de Rosorio ~\ tiempo
que era sacada del cupé, perdida la razón.
-¡Asesiool gritó uno de los curiosos.
El viejo fué fuertemente atado, porque no cesaba de debatirse y de descargar A todos lados
gdpes de muleta en medio de los gritos de:¡[nfamel ¡Ramera! ¡.E:sa es mi bija! ¡Maldita seal
El viej&lt;' filé llevado A Ja p,•f!t•enc'itm, donde se
Je registró escrupulosamente, encontrAndosele en
la faj,i, el portamonedas de Rosllrio, tal como ésta
se lo babia echado en la gorra 111 saJir dr misa.
-¡Asesinu y ladrón! exclamó el guardia y_ue
hizo el registro, mostrando á so superior el abierto portamoned11e lleno de dinero, y aun con el
retrato de Rosario.
-¡Es mi bija! ¡Es mi hija! ¡Esa es Rosario! repetía el viejo ya con apagada voz.
-¡J'us no dice que es su hij11, y la roba! exclamó el guardia gallego.
Alguien opioó allí que el pobre viejo era un
Joco. No pareció desc11bellada la idea y se lo
transladó A la Casa de Socorro más cercana, Allí
Iué reconocido en •principio,&gt; y como el infeliz
sólo exclamaba: ¡Es mi h(ia! ¡Es Rosario.' el médico declaró que, "por lo menos era un maniaco.
A Ja mallan/\ siguiente lué enviado á Carabanchel, al manicomio que t1n dicho pueblo, vecino
de Madrid, regentea el Dr. Esquerdo, y la prensa
madrileiia publicó la noticia así:
"L'n pobre loco, harapiento y paraHtico (hay
que fijuse en estos detalles) penetró anochtl en
el cupé de u11a entretenida, á quien se conoce en
ciertos círeu'os con el nombre de Blanca de Pe:iiam11r, y esperó allí la salid11. de ~ata que babia
ido al Espafiol al estreno del drama del insigne
autor de El 01·,m Galeoto. Aunque ~ólo puede
proba.rsele al infeliz que es un ladrón, por cuanto
se le enconn·ó en la faja el port •mr neda de la
entretenida, lleno de dinero, no p11rece que fuera
é1te sólo el móvil que lo indujera á. esperarla dentro del coche, pnesá los gritos de ella, acusándolo de asesino, el viejo le dió en mitad de la cabeza tan tremendo golpe con una de sus muletas
que le c11.usó una herida de pronóstico reservado.
El viejo, que protestaba y continua asegurando
ser el padre de su victima, ha sldo enviado A Carabanchel, do1,de el doctor ~squerdo se encargarA de hacerle variar de procedimiento en el
reconocimiento de sug hijos."

...... ' ................................... .
CARl,OS B.

FIOUEREDO.

'

'

�</text>
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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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