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                    <text>Domingo 20 de Ahri.l

de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL CONGRESO SANITARIO INTERNACIONAL EN LA HABANA.

[L

Mu No o ILlJ STR.AD o

.AÑO IX.--TOMO !.--NÚM. 17.

MÉXICO, ABRIL 27 DE 1902.

Sub•crlpcl6n mea•ual foraru a, t l IS•
Ilkm . ld c m. ta la capital, ,. 1..:IIS
Oert:ntet U JI!, Rtna &amp;PINNI.A.

tDlr.,clor: LIC.. RAl"Atl RI H!&gt; !IPINDOLA .

PUL~ A .
[Estutiio fotográfico de F. Lavillette y F. Torre~.]

1,-Los Delegados al pié de una palma de "jipi,"-2.-Los ~on~resistas visitando una platación de calia de azúcar.

�DoonlEDgo 2'i' de Albril de 1902,

LA UBB.ANIDA.D.
Las pesonas sin cultura que &lt;lesconocen el
trato social; que de tacto rudo, de oído torpe,
de oliato duro, son incapaces de la nausea y
de la repugnancia, miran los preceptos de la
urbanidad como trabas ef-torbosas, como "impedimentos" inútiles, como coacciones odiosas, como grillos y esposas que maniatan la
voluntad y aherrojan la libertad.
Para esa clase de ·gentes la urbanidad es una
especie de vieja díscola y regañona, ó de pedagogo uraño é intratable que se mezdan en
todo cuanto no les importa é inter,ienen en lo
que no les atañe, cohibiendo la acción, reglamentando la actitu&lt;l, &lt;lecretando el vocabulario y la frasiología, tiranizando al hombre hasta en lo que de más frívolo y ele menos trascendental tienen sus palabras y sus obras, y
atavesándose al paso de la satisfacción de sus
más inofensivos deseos y de sus más apremiantes necesidades.
Dentro del código severo de la urbanidad
no hay manera de rascarse si se siente comezón, ni de esperezarse si se experimenta fatiga
ó sueño, ni de meterse los dedos en las narices si de ello viene gana, ni de escupiT, ni de
cojerse los piés, ni de recostarse, ni de nada
de proYecho. Las interjecciones permitidas son
anedinas y no descargan el ánimo, las conversaciones toleradas son insulsas y por faltas
de colorido y ele salpimienta no recrean, ni
divierten, ni casi instruyen. La urbanidad reduce la hilaridad á la sonrisa, el dolor á lagrima forti va, la melancolía á leYe suspiro, la
cólera ú imperceptible fruncimiento de cejas,
el deseo á simple aspiración, el entusiasmo á
mera aprobación.
Para ella, gritar es un crimen; carcajearse,
un atentado; jurar, una blasfemia; insultar,
un sacrilegio. Pesa sobre la voluntad humana
como una montaña; vela la inteligencia como
una nube; se alza como una muralla ante el
deseo. El hombre culto, pulcro, social y observante de los buenos preceptos y de los sanos principios, aparece ante el inculto ó el
emancipado como revestido de una armadura
fría, inflexible é impenetrable.
A mayor abundamiento la urbanidad, sobre
ser estorbosa, resulta ruinosa. Impone gastos
y exije sacrificios. Hay que gastar mucho en
jab6n, que dilapidar en lavandera, que malgastar en betún del calzado, en peluquero, en
cepilos, peines y otras mil zarandajas. Arruina doblemente, por el tiempo que quita y por
el dinero que cuesta. En lavarse diez veces las
manm,, tres ó cuatro la boca; en cepillarse, bañarse, rasurarse, desmancharse, pagar visitas,
dar parabienes y pésames, gasta el hombre la
mejor de su vida; y en adquirir ropa, «implementos» de tocador, esquelas y tarjetas y todo
el complicado material que la urbanidad exije,
se derrocha lo más florido y granado de sus
rentas.
¿.Han leído ustedes á la. baronei;a ele Staaf?
Pues metiendo pluma á i;,us consejos de buena
socie,,dad, resulta que se necesitan millones y
días ele una renta y ocho horas para darle gusto. En cambio, y por vía de compensación, la
urbanidad sólo impone fatigas, molestias, trabajo; el horn brc culto le da casi todo su tiempo
y casi todo su dinero; ella en cambio le quita
toda su libertad. Es como el corsé, como el
cuello inglés, como el plastrón del uniforme,
como el casco prusiano, como la bota federica,
como la levita cruzada, como el jarano bordado, cuesta y eRtorba, arruina y mortifica, endroga é importuna.
Sorprende y a~om bra cómo el hombre que
ha abolido todas lai- serviclumbres y proclamado todas las libertades; que ha sembrado de
cadáveres los campos y ele proezas la historia
en lucha secular y heroica contra la tiranía;
que ha abolido absolutismos y derrocado feudalismos; que ha «propugnado» por fa libertad
del pensamiento, de la palabra, &lt;le la acción,
del comercio y ele la industria, y que ha hecho
tremolar la sacroAAnta bandera del derecho sobre las ruinas de todos los despotismos; asombra, decíamos, cómo ese paladín de la emancipaci6n ha venido á «doblar las manos» y á

l&lt;}T, MUNDO ILUSTRADO

ofrecer su cuello al yugo, prosternándose, esclavo abyecto, ante esa vieja impertinente y
gruñona que se llama la urbanidad, quemado
inciensos en su honor, entonando himnos en
sus templos, depositado ofrendas en sus aras y
consumado sacrificios en sus altares. ¿Para esto se hizo la Gran Revolución? ¿Los principios
de 89 habían de dar por resultado los ominosos códigos ele la baronesa Staaf? ¿La guillotina había de dar &lt;'Orno fruto la etiqueta? Si así
es,-Mr. Brunatiere-no es la ciencia la que
ei-tá en bancarrota, sino la libertad.
Y sin embargo ...... se mueve. La urbanidad, es cierto, impone trabas, exije gastos, enfrena la actividad, maniata y reprime las expansiones animales y expontáneas, reglamenta
el suspiro y el bostezo, se mezcla en todo, en
todo pone la mano, en todo se entromete para
ordenar, decretar y prescribir; somos, sin duda, sus esclavos, sus juguetes; hace y deshace
en nuestra conducta; ordena despótica y obedecemos sumisos; manda imperiosa y acatamos respetuosos.
Y es que la urbanidad es como el calzado:
comprime, pero protege. Gracias á ella es posible la vida social, y no sólo posible, sino grata. Libre el hombre de hacer y de decir, dueño de tomar todas las actitudeR, de ejecutar
todos los movimientos, de ui-ar &lt;le todas las
palabras y de expresar todos los pensamientos,
la sociedad no tendría otroi- encantos -que los
de la taberna. No habría rei-peto rrcíproco ni
consideraci6n mutua. La libertad de cada
cual llevada al extremo, sería un atentado permanente á la libertad de los demás. Sin ella
todos seríamos libres, pero nadie estaría ni
contento ni en seguridad. La urbanidad, en
suma, no es más que una forma del respeto al
derecho ageno, respeto que es garantía del derecho propio.
Y a lo demostraremos alguna vez. Es, en
efecto, estudio interesante y ameno el de los
orígenes y razones de ser de los preceptos de la
urbanidad. Veremos entonces c6mo esas prescripciones frívolas en apariencia, y al parecer
convencionales, arrancan de lo que la sensibilidad humana tiene de más hondo y de más delicado, y emanan de las leyes más fundamentales y de los mús ocultos misterios del alma.

Miserables y Vagabundos.
CAMPESINOS.
I
Las dos cabañas juntas, al pie de una colina, cerca de un balneario; los dos campesinos
hacían el mismo esfuerzo para buscar en la
tierra infecunda el pan de los suyos; las dos
familias eran numerosas: el padre, la madre y
cuatro hijos. Frente á las dos puertas la chiquillería piaba desde la mañana hasta la noche. Los dos mayores tenían seis años y los
dos pequeños quince meses. Los dos matrimonios y los nacimientos ele cada criatura habíanse verificado, simultáneamente casi, en los
&lt;los hogares.
Cuando los niños jugaban juntos, apenas
distinguían las dos madres cuáles eran los propios y cuáles del vecino; los dos padres los
c01úundían absolutamente; los ocho nombres
bailaban en sus cabezas, mezclándose á todas
horas, y cuando querían llamar á uno, con
fre~uencia llamaban á tres antes de acertar con
el verdadero.

EL MUNDO ILUSTRADO
Dejando á la espalda el balneario de Rollesport, la primera de las dos viviendas que aparecía era la de los Tubache, que tenían trehembra¡¡ y un varón; la segunda era de los
Vallín, que tenían una hembra y tres varones.
Todos vivían trabajosamente, con sopitas,
patatas y aire puro. A las siete de la mañana,
al medio día y á las seis de la tarde, cada matrimonio llamaba á los suyos para repartir la
comida, como los que guardan patos reunen á
los animalitos. Las criaturas colocábanse alineadas junto á una mesa, oarnizada por el roce de medio siglo. El menor de todos apenas
llegaba con la boca al nivel de la mesa. Les
ponían delante un plato con pan remojado en
el agua en que se habían cocido patatas, media col y tres cebollas, y todos devoraban como hambrientos; la madre daba de comer al
menor. Un poco de carne cocida los domingos era un regalo para todos, y aquel día el
padre mascaba reposado, repitiendo: «Así comería yo siempre.»
Una tarde de Octubre detúvose bruscamente ante las dos cabañas un ligero cochecillo, y
una señora joven que lo guiaba &lt;lijo al caballero que iba con ella:
¡Oh! ¡Mii:a, Emique; mira qué grupo de niños!
El hombre no contestó, acostumbrando á
semejantes admiraciones, que para él eran un
dolor y casi un reproche.
La mujer proseguía:
-Quiero besarlos. ¡Ah! ¡Cuánto me gustaría uno como aquel pequeño!
Y apeándose de un salto, acercóse á los niños, cogiendo á uno de los pequeños, el de los
Tubache, alzándolo entre los brazos, acariciándole apasianodamente, cubriéndole de besos la cara sucia, el pelo ensortijado y rubio,
lleno de tierra, las manecitas que agitaba el
infeliz para librarse de aquel ataque.
Luego, la señora subió al c0&lt;•he, alejándose
al trote largo de los caballloR. Pero volvi6 á la
semana siguiente, apeóse, acarició al niñ.o,
sentóse junto á él en el suelo, atiborróle de
dulces, repartiendo algunos á los demás, y jugó con todos corno una chiquilla, mientras
que su marido la esperaba pacientemente, sin
abandonar su frágil cochecillo.
Repiti6 la visita, conoci6 á los padres y acabó yendo todas las tardes, repartiendo muchas golosinas y algunas monedas.
Era la esposa de Emique de Hubieres.
Una mañana su marido se apeó del coche
tras ella, y sin pararse con los niños entraron
en la cabaña de los Tubache.
La mujer y el marido estaban &lt;·ortando leña y encendiendo lumbre para el almuerzo.
Quedaron muy sorprendidos, ofrecieron sillas
y aguardaron silenciosos. La señora, con voz
entrecortada y temblorosa dijo:
-Buenas gentes, vine á su casa porc¡ue deseo ...... deseo llevarme al chiquitín ..... .
Los campesinos, de pronto, no haciéndose
cargo de la cosa, no dijeron nada.
La señora, ya más tranquila, prosiguió:
-No tenemos hijos ni familia; estamos enteramente solos mi marido y yo. Si nos lo dieran, lo cuidaríamos ...... ¿Quieren?
La mujer iba entendiendo y hahlú:
-¿Quiere vc1. llevarse á nuestro CarloR"? Xo,
eso, no.
Entonces intervino el Sr. ele Hubieres con
estas razones:
-Mi mujer no se ha expresado claramente.
Queremos adoptar al niño; pero el niño podía
venir á ver á sus padres. Si es bueno con nosotros, como esperamos, heredará toda nuestra
f?rtuna. Y si llegásemos á tener hijos, la partiría con ellos como un hermano. Pero si no
fuese agradecido á nuestras atencioneR, al llegar á la mayor edad dispon&lt;lría de veinte mil
fra_neos, qu~ uesde hoy estamos rlispuestos á
deJar dcpos1tados á su nombre. Como también
hemos de atep.derlos á ustedes, les daríamos
una pensión vitalicia &lt;le cien francos mensuales. ¿Me comprenden"?
La campesina se había levantado :furiosa.
¿Quiere usted que le vendamos á Carlos·?
¡Ah! Esas cosas no se le piden á una madre!
No, no; eso es una infamia.

El hombre no decía nada, grave y reflexivo; pero aprobaba con un movimiento de cabeza lo que decía su mujer.
La señora de Hubieres, contrariada y triste,
arrancó en llanto, y vol viéndose hacia su marido, con la voz entrecortada por los sollozos,
una voz de niña mimada, balbuceó:
-¡No quieren, Enrique, no quieren!
Entonces el marido insistió:
-Pero no es lo que ustedes imaginan: el hijo no lo venden; y aseguran su porvenir, su felicidad, su.....
La campesina, exasperada, lo interrumpió.
~í, ya lo sabemos todo; ya lo hemos oído
iodo; ya lo imaginamos todo. Váyanse ustedes
y que no volvamos á verlos en esta casa. No
es honrado querer quitar un hijo á su madre
-de ese modo.
Al salir, la señora de Hubieres notó que había dos pequeñuelos, y preguntó entre lágrimas, con la tenacidad propia de una mujer
miriada:
-¿,Pero el otro pequeñito no será también
de ustedes?
Tubacbe respondió:
-Es de los vecinos; entren ustedes á ver si
gu!t.lln.
Y el hombre Re retiró al interior de su viviepda, en la que resonaban aún las exaltadas
voces de su mujer.
Los Vallin estaban en la mesa, comiendo
tranquilamente rebanadas de pan con un poco
de 'manteca, la cual tomaban con la punta del
cuchillo de un plato colocado entre los dos.
El señ.or de Hubieres hizo de nuevo sus proposiciones, pero más insinuante, con más precauciones oratorias y más astucia.
Los dos campesinos bajaron la cabeza, negáudose; pero cuando se fijaron en que les darían cien francos mensuales, reflexionaron un
poco, sobrecogidos, consultándose con la mirada.
-¿Qué dices tú á eso?-preguntó la mujer.
Y el hombre dijo sentenciosamente:
-No es una bicoca.
Entonces la señora de Hubieres, que temblaba de angustia, les habló del porvenir del
porvenir del chiquillo, de su felicidad futura,
-de 'cuanto podía darles con el tiempo.
El campesino preguntó:
- Y esa renta de cien francos mensuales,
.¿quedará por escritura hecha ante notario?
El señ.or de Hubieres contestó:
-Seguramente; mañana mismo.
La mujer, que meditaba, dijo:
-Cien francos al mes no es bastante para
-que me prive del gusto de ver al niño; además,
..el niño dentro de algunos años trabajaría, nos
.ayudaría, ganaría tc"l.mbién algo. Han de ser
,ciento veinte.
La señ.ora de Hubieres, saltando impacientemente, lo concedí6 en seguida. Y como quena llevarse al niño, di6 cien francos de regalo,
mientras el caballero extendía y firmaba un
documento provisional. El alcalde y un vecino, á los cuales llamaron á prisa, hicieron ele
testigos complacientes.
Y la señora, satisfecha, radiante, se llevó á
la criatura que berreaba, como se llevaría de
un almacen el juguete deseado.
Los Tubache, desde la puerta, los vieron
·alejarse, y quedaron severos, mudos, arrepen·tidos acaso de su negativa.
II
No se habló más del pequeño Juanito Vallin. Sus padres iban cada mes á cobrar sus
-ciento veinte francos á casa de un notario, y
vivían poco satisfechos de sus vecinos, porque
la mujer de Tubache los llenaba de improperios, repitiendo sin cesar, de puerta en puerta,
que se necesitaba ser criminal para vender á un
rujo; aquello era un horror, á su juicio y al de
las gentes honradas; unatropeza, uua porque-

ría.
Y luego alzaba entre sus brazos á su Carlitos,
gritándole, oomo si la criatura estuviera en el
-caso de oomprenderlo y para que todos la oyesen:
-Yo no te vendí; no soy capaz de venderte,
.angel mío_ Y o no vendo á mis hijos. No soy
rica, pero no vendo á mis hijos.
Durante alg-unos -años, repiti6 lo mismo to-

Doo:rnimgo 2'i' de Albril de 1902,

Seiiora Dalia Trinidad Sh. de lturbe,
Esposa del Exmo. seftor Ministro de México en Espafia.

dos los días; á cada hora, las alusiones groseras fueron vocüeradas para que llegasen á la
casa de los vecinos. La Tubache acabó por juzgarse muy superior á todas las madres de
aquellos contornos, porque no había querido
ceder á su Carlos como la Vallin cedió á su
Juan.
Y los que hablaban del asunto decían:
-Claro que la proposici6n era tentadora;
rechazándola, se portó como una buena madre.
La citaban como un modelo, y Carlitos llegó á los dieciocho años con esta idea, repetida
sin cesar, considerándose muy superior á los
otros muchachos, porque su madre no quiso
venderlo.
·
Los Vallin, algo aislados, vivían tranquilamente, gracias á la pensión. Esto enardecía
más los odios y los furores de la familia Tubache que luchaba con la miseria.
Su hijo mayor fué soldado. El segundo murió. Sólo quedaba Carlos para ayudar á su pa-

.· dre, para procurar el sustento de su padre y
dos hermanas.
Tenía veintiún años cuando una mañana
vió llegar un lucido coche que se paraba frente á las cabañas. Un caballero joven, con su
cadena de oro, se ape6, ayudando luego á bajar á una señora de pelo blanco.
La señora le dijo:
-Es ahí, en la segunda casa, hijo mío.
Y el joven entró en la de los Vallin.
La mujer levantaba los manteles y el hombre dormitaba en un rincón. Ambos alzaron
los ojos, y el joven les dijo:
-Buenos días, papá; buenos días, mamá.
Irguiéronse los dos como espantados. La
mujer balbuceó:
-¿Es nuestro hijo? ¿Es mi Juan? ¿Eres tú?
El joven la estrechó entre sus brazos besándola y repitiendo:
-Buenos días, mamá.
En tanto el hombre, tembloroso, decía con
la calma propia de su carácter:
-¿Ya. está el chico de vuelta?

�EL lIUNDO ILUSTRADO

l)amlÍ!Dgo 27 de Albril &lt;k 1!)02,:

'EL MUNDO ILUiSTJlA.DO

VIA.J'ES AL IDEAL·

Como si le hubiera yü;lo un mes ante;;..
Pasados los primeros monwntos; lo::: v~lrc;;
-quisieron lucir al chi('o; c1uc todos le Yieran.
Lo llevaron ú easa dél akalde, á cirsa &lt;le.l cura
y á casa del maestro. ,, ~
Carlos, desde •la._.puerfa• de su cabafia, los
vió pasar.
Por la noche, e;emtmlo, les dijo á sus padres:
·
-Fueron Uf'tede~ muy tontos dejando que
se lle,·aran al hijo ele los Yallin . .
La madre respomlí,i ob,;tinaclamente. ·
-Ko quisimos vcn(lcr ú un hijo nuestro.
El padre callaba. El hijo inisi;;tió:
-No es muy &lt;lc:;agradiihle que le ;;acrifiquen á uno como ú .Juan.
Entonces el padre dijo encoleriz!ldo:
-¿:Nos reprocha¡, que no te Yenclifsemos'?
Y el joven rcsponclió brutalmente.
-Sí; lo reprocho. Fueron ustetle;: unos
mentecatos. Padres como ustedes hacen la cleHgracia de sus hijoR. )Iereeían ahora que yo
los abandona;;c.
La buena mujer lloraba, gt&gt;mía tragando
cucharadas de i:&lt;opa, Yerticn&lt;lo la mitad.
-¡Y una se mata por ('riar á RUS hijo:;!
Entonces el mozo exclamú:
-Para lo que soy, me valiera múR no haber nacido. Yiendo al otro, me ha (lado un
vuelco el corazón, y he pen;;ado: ¡,\sí podría
ser yo!
Levantóse, pro:-;iguiendo:
-Lo mejor l¡uc puedo harer es largarme
de aquí. Xo quiero reprochar á, todas horas la.
conducta de mis padres, que rne hundieron en
la miseria. ¡Xunca, nun&lt;"a se lo perdonaré!
Los dos Yiejos callaban, aterrados, llorosos.
El muchacho ¡,eguía:
-No; esta idea es demasiado triste; prefiero irme á otra pa11:e, buscar mi Yida lejos de
aquí.
Abrió la puerta.; resonaron voces alegres en
el exterior; los Vallin festejaban á su hijo afortunado.
Entonces Carlos, apretando los puños y
dando una fuerte patada en el suelo, miró á
sus padres con ojos llenos de ira, diciéndoles:
-¡:Miserables! ¡eh!
Y desapareció entre las negruras de la noche.

&lt;;uy oe

JITOTAS I•TIMAS·
. ¡ Oih, &lt;venus -de ::\1iJ.o, reina del murr11uo pi]á~trco, oomo te lla.rna tuno ,de ~os má:; exc.elsoo críticoo del aiibe ! En la amnoní,a ele tu seno--dig!Il.O oomo ell de He}ema, según Samt Vici.or-de
semr &lt;lemodclo ip~ra 1-a.s copas del rultar; en las
líneas curvas y oarndenoiooas del tesoro ; en la
mgi:nai d€SiDJu&lt;lez de tus espalidias; en la serenidad liumino..oa de tilll contornos; en el exqui-

JYlaup:rssar¡t

F.XPOiHCION DE BgLLAS ARTES.-Oleo de Leanrlro Jraguirre.

por todo d despego con que ha1&gt;r? pn~ado tu
cariño, por todas las lágrimas que te hice , erter, de rodillas te pido perdón, ahora que 111&lt;'
eRtremezco al pensar en una ingratitml ele cf'te
p edazo de mi Yida, que es todo mío y sólo para mí vi\'e. ¡Si fuera siempre así! ¡8i no necei-itara para vivir más espacio que el d e mis
brazos, ni nüs calor que el de mi pecho! Ahora comprendo lo que es i;er madre ; con llanto
d e alegría empeeé esta carta, y sólo al pensar
en uri temor lejano lloro afligida. ¡Pero qué
amor inmenso é;;te de madre! Tan inmenso,
que parece que el alma se agranda para contenerle. ¡Y cómo todoR aquellos disgustillos y
cóleras d e novia, &lt;1ne al confiúrtelos te habrán
hecho stúrir mut·lrns veceR, me parecen ahora
cosa de nada! Xo, mamá; ya no soy la niña
ncnio::ia, antojadiza; ya no me dan ataques ni
desconfío de mi pobre Julián, que es muv
bueno. Xo puedes figurarte sus atenciones
desvelos conmigo. Xo Re ha Reparado un instante de mi lado, y en los momcnt-01, de peligro tanto le ahnuuaba su d esairada impunidad en mi sufrimiento, que con lágrimas en
los ojoi- m e prometió &lt;¡_ue por nada de este
mundo quisiera verme de nuevo en aquel trance. Ahora me. río .v él también, porque el peligro ei-t:'l en el primero, y ya gracias á Dio1,,
ha pasado.
•

frío, ~- s2ú el día mús feliz &lt;le mi vida . .Jnliánte !&lt;aluda y no me deja escribir más, pon1u~
aún e itoy débil y teme que me haga daño.
¡S:cm_)re hn carii'ioso! El muy pÍC',tro ha'leíde&gt;
de reojo la florecilla y me la paga con un be~o. ¡Qué mejor firma para una carta que es
toda felicidad, nnclre adorada!

Jacinto ]Jenavenfe.

.1

~

Son muy bonitos lo~ modelos de talmas y
gorritas que enviaste. :N'o te pido más por ahora, porque eH un modo de crecer el ele este hijo mio, que de w1 día á otro todo le está pequeño. Es una hcrmmmrn; ya conoce y se ríe.
Ven muy pronto, mamá, en euanto pase el

~

.

t•-~~
~~

y

¡)ladre de mi alma, ta.mbién yo soy madre!
¡Con cuánto orgullo escribo esta palabra que
me iguala á tí, santa y adorada madre mía!
Soy feliz; sólo me apena comunicarte por escrito mi alegría, cuando quisiera, para hacerla mayor, tenerte á mi lado y confundir tus
besos con los del hijo de mi vida. ¡Te debo
tantos, madre mía! Por todas las ingratitudes,

Doonringo 27 ·de A.l,ril (le l 902,

ce

PENSAMIENTOS.

✓-­

~

La vejez es u.na enleumeda, 1 extraña :
cuida IJ)ílra haoevla dnrair.

&amp;e

la

-En preseruci.a &lt;dre 11Da o'bra útil no busquemos -dem.aí:ia.do las sC¡,,au·nldas intencil()ne,i M
S'J.S a.u1bores; juz,,,auim.i.osia sólo ¡por -us hem:.'nci()';,.
-El miedo de ser enigañatdn, hace ingrato
al hombre.
G. M. Balltour. ·

sito pei,f,il de tu semlblamte, esWJl ~ .
si'll!tebizaid.os, Ja eterim. vilda de los dioses, el
i&lt;leal de la íor.ma, la hemnosura mefa1ble, ila belleza S1t1ib1.fone.
De tu cuerpo imllnioc:llll.a&lt;lo, n.o ldasflorado aún
ipor la caricia lasciva ldel aimor, flm:yen coono
&lt;le u.na urna, los ilivci.nos perfumes dd
arte. Er,es la "Venrus victrix," alJI1alda por
Oés,ar y adorada por l'latón. 'rodios los hombres qll];e lleV3lll en cl espíritu ,eu onis&lt;teriioso
s.o,plo que iinspi1,ó á Pigrnallii,ón é ih.iro cantar á
H eme,ro, ~e a.rro1Chllan en tomo del pecloobal
q1ue ~i'€iDe tu mármol sagratdo, paira oesar,

on 1X;Qigfo,¿o éxtasis el paño que baija hasta tu:
mutil.aldo pie, en pwieig,ues magootuosos.
Eres Ja regia YO[IJ::e&lt;lora, la suiblilme modelo,
la más a.hta expresión ai•tLsti-c:a, el símbolo suprnmo de 1a Bulleza E.ter.na. E l cincel ih.elénruco
qiu-e te creó, fua:1cl'ió en tí, :m,1.1irul1Íl1osa síntesis,
~-as lÍlneas más pura2, los ooutornos más límpidos, las clesinu&lt;lt:ces más ·he,rmosas; y cfo t:x.los
estos ,elis,peroos fra.g11nmebo, ,hizo una figura,
:fomrnó un todo ~ •t ético, :realizó uino de l&lt;X:1
mús g1'8Jllide.s i&lt;lea.1les que •ha1-a ,pod&gt;ido coo1cebir
el hu:roono espíritu.
Y así diciooido, enavuooi1clo por el rec:rt11e!'ldo

�DoanÍ!ngi0 27 de All:xril de 1902,

EL 2\l[.\"DO lLGl:&gt;'l'H.ADO

de 1rus be1lem.s p1ásticas, ;penetro ou:riosa v
'IIJbolollldradament,e en el oolón ool "desnud¿"
de ila A.&lt;t.idem.ia de Sam Carlos.
Lo primero que hir,ió IIIl!.i visita, así por su tamaño oom.o por la crudez de iru. en:bonaición, fué
en Silllldro que represeillta um.a esci'cllva egipcia.
A la ver.&lt;leid que no es mll\Y henrn&lt;JBa esa figura;
eetá en pie sobre la esoa•1ima,ta cubierta con

rico taipíz de aun~as borda.dína.s; aoa,ba de albrir
la pesrud,a 001tima de Daunasoo, ;que r,e;co,J.itia oon
los peI"files de su ouerpo ,bvuno, erguido y rollizo, curas tintas soorubrfas corutrastan oon el
fonido i~OSO del Clli!l:d.TO. Si.n emlbai,go, ~ta ~••11r.a de..sag,rada ,um. ipooo; ha¡y ~ to át::ipe.ro en toda cllia ; es id.e l1Lil. efectismo que
ropugma : el cuerpo de la esclaiva., rigúldo ib.asba. .fo
ÍilOO:OOelbi.ble, tiene IUlllil5 formas ~iasi.a!do roibusbas y
a00111Vuaklias, meya oontam¡pl'81ción no produce, ¡por ciento,
1a seiie1J1a sensaci'émi estética.
Se noúa, no ()lbata,nte, '1a
fll1lll,€f¿a y segu.rü,d.'ad ·le la
lllL.aJíllJO
que
rtraoo el dlibu jo r la
ein.ergfa del
!pincel que
KlJió ooloro.do
é ia fignrra.
Meaoer,qué

para ibusca,T
eU lliOtrnbl"e clel

ooror.

EL }1U:NDO ILUSTRADO
-¡ Aih ! es extranjero; no es ,de iiri.n,gmn pintor de la .Academia; una 1limosna rde Arte; qué·
llástima!
iEntooces v0'1ví la viista paira IJ:msic.air c;tra he-11.wa. Y q,ued:é estáltroo, illeoo id¡e revarenlterudmiración, llJlllte ~a ''Baoa'Iliie" de Lafev.re. Ya
la cOOIOOÍa : es un oua:lro que 31dq1\11Íiú.6 la .Acad(.'ll'.Ilia hare ailgwn,os años, ry que, según one
cuenta,n, no es dJeil agro.do de ciertos pro:f.es.o1-es oo nuestra Bsou€l1a die, Belilias .Ar.tes.
La ''Baicante" de Lefovre es •UJn onaireivilloso estuéLi-0 .del desn'lld-o. Es una piintura magi;;traJ. Tu un paraje .agreste, wbre un fondo
de rOC'.as vendri:negrrus, se ha iteooido volu.ptuosannenre ,La "Baca.rute'' ébri.a yia con el aicre jru.go de l:as u1v'81S, con el 1penetirante perfrume de
Jas füoms y oon las ínti1IJ1a1S palp:iiUllCionies del
desieo
La m'lljer desn'll.da es la mujer .al'Il'.lOOardec.ía Vfotor Hugo.-Bañ.ado en sol, aiqJuel
cu.enpo ide afüura. de n,ieve, muestra al .aiire libre su OOll.'JlJe f.inia., dariad.a, oon 'S'Ulalvi&lt;l!aldas !de
seda,, ,y conitomoo de vir~~ruill delimrl~, en
la cual se yer,g,uen, Jwnóln&lt;las de saibm, las
pá,lildru; .rosas de 'los senos. ~ -oé.firo oar,gado deairorrnas. acaTÍ!cia aquel'la pnmav€fra idle la carne y mueve iim,perooptiiblemoo.te la;.,, ailldhas
hojias de pómpano, y 1lrus rosas. ent~aihiertaa
que IO!J,rullD. ilia fumrt:e iJ.l\llID.Ím,aoo; ~os OJ os odoroon,t,ellleain; los laibios fu.úmooos se entrea.bren para que no se quiebren las alas ®l
suspiro.
,¡ Berudruto sea cl .airt.e que así d'ÍJv•imiza 1a forma huana,na y Wl"J)remre y a,rna,ruca. ilos e:ncamtos ile la N~il.e0a ipara oorles wrda iollm.01'tal! • . . . . .

EN EL PALACIO BRANIFF.
En los últimos días no se ha hahlado sino de la suntuosa fiesta que el
D. Tomás Braniff y su distinguida esposa dieron, en honor de Mr.
\\.eetman P earl'.on, como un saludo cariñ~so de despedida.
.
Lof' magnífico.; f'alones de aquel palac10 que leYanta su mole graCiosa, en
el centro de un parque que atrae la~ miradas de ~os que pasean por ~a Reforma, f'e pohlaron de bellezas, las Joyas más preciadas de nuestra sociedad,
dt· exelamaeiu1ws de regocijo, de cantos alad?s y de acentos _orq~estal~s
que tmían á Yeces tocla la ternura de la plegana que sube al ciclo o el vi"Ol' del himno heróico que entona y reconforta.
,. .
lkscl(• la~ och o v medi,t de la noche, los carruajes cruzaban la reja q~e
limita el parque é il¡an deteniéndo¡:;e, bajo la marquesina de cristales, ~er~tla por la luz de 101-, focos eléctricos, pam dar lugar al descenso de los mv1tados.
b á 1
Una eomisión ele j6vene:; vestidos correctamente, ac~mpaña a
~s
&lt;lamas ,. C'aballrro~, hasta el sal6n de recepción que presidía con c,sav01r
faire" l'Xqui~ito, la ~efi.ora Doña Lorenza J. de Braniff.
El aeto dt• c·nncicrto dit·i~i(lo por ]o¡:: señores Arturo Braniff é Uilario

:-.r.
·~•.;
l•~~.

~

o•

m.ecwos

..Gran fiesta en la Legación
DE KE:UOO Ellf li::SP.a.:lt.a..

Racen época. ero. ios .runales
ar.istoorMiicos de la Metrópoli
€61_1)añOlla, a,as ~ que
el Exmo. señor Mri.!Ilristiro Plenj¡potemciario de Méxioo en
España, Don Mrun'llell .die ltu,rbe y su &lt;lúgna ~ , hacen
en cl SU'IlÚl.lOO.O ,palacw de loa
mt:i,guoo illla.1-quwes tle (}Wl,dalicarzar, 'hay resi'dencia ide la
Legación mex.ioa.in.a en :aqoollla
oorooolda Vá.lla.
La, wJtirrna IIOO.gmt fiesta
Olfl'IOOi!éla por los &lt;lrisbÍ!Jlb"1lilldoo
señores de lltumbe, se efootuó
el !llliÍérodres 2 ide1 que cursa y
todas lrus iaronioas de ilia socieded maldiriJ.e:ña. ,e;s,bín de '810llerdo ie.n lfl!UC hia sido 'llIIl.a de lal!
'llliÍs notaibles y SllilJJÚUOS3S que
ihaatia. rr-a fe&lt;ili.a se lham. ef€IOÚU.a-

idlo.
La señora de I tunbe es la
orgamizald:ora y ,diirectora. de
~as fiesfns y ~ t e 1a
SOOUill!da iell i.lm.stre ~ Morooo 0arb&lt;mero.
Ya 'los diia.uios dleseriiibieroo
con todo.s sus det.aliles Ja recepción á que a:ros referiimoe y
sólo q1UJeOO apumitair á "El
MiUlilldo Hustra:do" ooba nota y
1

adOI'!llar sus oolllllIDlilas oon

el

retrato :ele l.a ld.isbilruguiJd dla.ma, oopooa id~l señor de Hrull'-

'be.

ALEGORIA DE LA PAZ.-Eacultura de Longinos Núl!ez,

Damlingo 27 die Abril de 1902.

Zurita. provoe6 una tempestad de aplausos, que premiaron la correcta es-cuela &lt;le canto y la dulzura de voz de la señorita Lorenza Braniff.
Otros números musicales, quizá lo mejor del programa por su novedad
f interés, estuvieron confiados á una Orquesta. Típica y á una Sociedad Coral, que levantaron, como nube de incienso, todas las simpatías.
Tenemos el gusto de ofrecer á nuestros lectores el aspecto que ofrecía la
Típica en el palco escénico del elegante teatro que hace sus caprichosos det,alles de un arte decorativo irreprochable; y esta. ilustraci6n, tomada d_e noche por medio de procedimientos modernos, dará una idea de la gracia de
:aquel conjunto digno de toda admiración.
Componen la orquesta las señoritas:
Catalina Escandón y Cuevas, María y Laura Garamendi, Lo]a y Ana
Rubio, María y Elena Portilla, Lola Landa y Camacbo, Lola Lascmáin,
Lorenza Braniff, Paz y Luz Cortina, María Rinc6n GaUardo, Lupe y Josefina Landa y Lozano, María Matilde Ituarte, Teresa Torres Rivas, y los señores Jesús Sol6rzano, Juan Lerdo, Alfonso Rinc6n Gallardo, Enrique F ernández Castelló, Joaquín Cortina, Antonio L. Coca, Pedro Valdés Fraga,
Luis Godard, Roberto Maríu, Osear y Alberto Braniff, Mariano Mendizáoal, y la dirige el f:cñor Arturo Braniff.

�Daming.o 27 de .A!bril &lt;le 1902,

EL 1-iUNDO ILUSTRADO

EL 1-fUNDO ILUSTRADO

c6lera y juró que sabría obfigar á Eufrosina á
que se casase con el conde Longinos y, sin hacer ostestanción de inútiles amenazas, agregó
que aquel matrimonio estaba resuelto en su
voluntad que se cumpliría sin tardanza, y si
no era suficiente la voluntad paterna, recurriría á la del emperador cuya Divinidad no permitiría que una hija desobedeciese á su padre
en aRtmto tan importante como el matrimonio
de un patricio, que interesaba al público y al
Estado.

***

Santa Eufrosina de-Alejandría.
Eufrosina era hija única de un acaudalarlo
-ciudadano de A.lejandrhi, llamado Rómulus,
quien la hizo instruír &lt;le manera tan cuidado~ª en rnúHira, baile y arihnética, que cuando
pasó de la infancia, lucía un espíritu ,mtil y
-curiosamente adornado. :.o cumplía aún once años cuando los ~Iagistra&lt;los de Alejandría
hicieron pregonar en las ralles que sería premiado con una copa d&lt;' oro aquel que encontrase contest:1rión ex.acta á las tres pregwltas
siguientes:
Primera.-Soy el hijo negro de un padre lun1in.oso; soy pájaro sin alas y me remonto hasta las nubes. Hago llorar sin motivo alguno
&lt;le pena. Tan luego como nazco me pierdo
-en el aire. Amigos míos decidme ¿cómo me
llamo?
Segunda. - Engendro á mi madre y soy por
-ella engendrado, y á wces soy más largo y á
-veces más corto. Amigos míos, decidme mi
nombre.
Tercera.-Antipater posee lo que posee Ni-comedes, más un tercio de lo que tiene Temistius. Nicomede,; tiene lo que Temistius más
la tercera parte de lo que tiene Antipater. Temistius tiene diez minas r el tercio de la parte
-de Nicomedes. ¿,Cuánto le corresponde á cada
uno?

El &lt;lía señalado para el concurso se presentaron ante el jurado muchos jóYenes, con la
esperanza de ganar la copa; pero ninguno contestó con exactitud á las preguntas. El presidente del jurado iba á levantarse, cuando la
joven Eufrosina, se acercó al Tribunal y pidió
ser oída. Todos los circunstantes admiraban
la modestia de su porte y el adorable pudor
.q_ue coloraba sus mejillas.
«Ilustrísimos jueces, -les dijo bajando los
&lt;&gt;jos,-después ele glorificar á nuestro Señor
Jesucristo, principio y fin de todo conocimien1;o, trataré de contestar á las preguntas que
Vuestras Luces han propuesto, y "ºY á comenzar por la primera: el hijo negro es el humo
-que nace del fuego; se pierde en los aires y
hace que sin motivo de pena, lloren los ojos.
Así contesto á la primera pregunta.
«Voy á responder á la segunda. El que engendra á su madre y es engendrado por ella,
es el día, que sale &lt;le la noche, como la noche
sale del día y que es más 6 ·m enos largo según las estaciones. Así contesto á la segunda
pregunta.
«Paso á la tercera: Antipater posee cuarenta
y cinco minas; Nicomedes tiene treinta y siete y media; Temistius cuenta con veintidos y
media. Ahí teneis el resultado."
Los :Magistrados aplaudieron la exactitud

de aquellas respuestas y otorgaron á la jm·en
lacopa de oro y le ciñeron la frente con una
;&gt;orona de «papyrusi, para harer honor á la Rutili&lt;lad de aquel e;;piritu. Y la \·irgen fué llevada á la casa de sus padres enme&lt;lio de sones de
flauta y con acompañamiento de una multitud
de pueblo.

***

Pero corno cristiana que era y estaba animada de una piedad poco común, lejos ele
enorgullecerse por aquellos honores, Yenrió la
vanidad y prometió emplear la penetración de
su inteligencia en resolver problemas más diµ;nos de interés, romo por ejemplo, hacer la
suma &lt;le los números representados por las
letras del nom hre de Jesús, y estudiar las propiedades maraYilloi:&lt;as de estos números.
Entretanto, crecía en belleza y sabiduría y
era Rolicitada en matrimonio por muchoR jóvenes. Uno de ellos era el conde Longinos que
era poseedor de enormes riquezas. Rómulus
acogió á este pretendiente con señalada satisfacción esperando que una alianza con aquel
hombre le ayudara á restablecer sus propios
n egocios, echados á pique por Pl lujo de su
palacio, de sus navios y de sus jardines. Rómulus, que era uno de los habitantes más espléndidos de Alejandría, había derrochado sumas consiclerables, especialmente en reunir en
una magnifica sala las máquinas más admirables que se conocían, tales como una esfera que
excedía en brillo al zafiro, con las constelaciones
del cielo figuradas con piedras preciosas. Era
también muy notable en aquella sala, una
fuente de Herón que regaba aguas perfumadas, y dos espejos, tan artísticamente hechos
que convertían á las personas, que en ellos se
miraban, uno en largas y delgadas, otro en
chaparras y gruesas. Pero lo más admirable
en aquella morada era un matorral de oxiacantos, poblado &lt;le pájaros que, por medio de
un ingenioso mecanismo, cantaban y batían
las alas como si estuvieran YÍ\'os. Romulus
había gastado el resto de su fortuna en adquirir tal es juguetes. Así fué, pues, que acogió
con agrado al Conde Longinos, que poseía verdaderas riquezas, y trat6 de realizar, por todos
los medios posibles, aquel matrimonio que le
prometía felicidad para su hija y reposo para
la vejez. Pero siempre que hablaba á Eufrosina encareciéndole los méritos del conde Longinos, la niña volvía la vista y no contestaba.
Un día le dijo:
-¿No me concedes, hija mía, que es el más
gallardo, el más rico y el más noble de los
ciudadanos de Alejandría?
Y la sabia Eufrosina contest6:
-Lo concedo de muy buena gana, padre
núo, y creo rfectivamente que el conde Longinos excede en nobleza, en opulencia y en
apostura á todoi- los ciudadanos ele Alejandría. Pero si me rehuso á tomarlo por esposo ·
no lo hago por su apariencia que, fuera la qu~
fueRe, no me convencería para cambiar la resolución que tengo de consagrar mi viro-inidad
0
á J esucristo.
Oído aqupl propósito, Rómului:&lt;se montó en

va-

Eufrosina sabía que su padre gezaba de
limiento ante el emperador, cuya Divinidad,
habitaba en la ciudad de Constantinopla. Comprendió que en semejante peligro no podría
esperar más socorro que el del mismo conde
Longinos. Con el fin de lograrlo; citó al noble
para una entrevista secreta, en la basílica.
Lleno de esperanzas y de curiosidad, dirigióse el eonde Longinos á la basílica, todo cubierto de oro y pedrería; la vírgen no se hizo
esperar, pero al verla aparecer con el pelo suelto, cubierta con un velo negro, como una suplicante, el noble entrevió un mal augurio., y
sinti6 que su coraz6n se impreRionaba.
Eufrosina habló primero:
-Xobilísimo LonginoR,-le &lt;lijo, si me
amais tanto como &lt;lecii-, os causaría pena desagradarme _y así sería si me llensfis por la.
fuerza á entregaros lo que, con mi alma, he
consagrado á Xu estro Señor .Jesucristo, principio y fin de todo amor.
Y el conde Longinos le contest6:
- Xobilísima Eiúro:-ina, el amor es más poderoso que la voluntad, y hay que obedecerlo
corno á un amo celoso. Haré lo que me ordena, esto es, tomaros por ef'po,;a.
-¿Y es digno ele un hombre ilustre tomar
por esposa á una prometida del Señor?
-Esto lo consulta,ré con los obispos, no con
,·os.
Tales propósitos hicieron derramar abundantes lágrimas á la niña; comprendió que no
debía e,;perar piedad alguna ele aquel hombre
violento, gobernado por los sentidos, y que los
obispos no podrían reconocer los \"Otos secretos
que había hecho ante Dios solo y, en el exceso de su inquietud, recurri6 á un artificio tan
extraordinario que más bien debe tomársele
por admirable que por ejemplar.
Habiendo tomado su resolución, fingió cederá la voluntad de su padre y á las asiduidades del amante. Ella sufría aunque se aplaz6
la fecha de la ceremonia nupcial. El conde
Longinos hacía ya colocar en los cofres las joyas y los adornos destinados á la esposa; había mandado hacer doce trajes, en cuyas telas
estaban bord&gt;1das algunas escenas del Antiguo
y del Nuevo TP.stamento,fúbulasgriegas, historias de animales, y también las Divinidades
del Emperador y la E'm peratriz, con su séquito de ofiiciales y &lt;le damas. Uno de esos cofres
co:ntenía libros de teología y de aritmética, escntos con letras &lt;le oro sobre bojas de pergamino de un tinte purpúreo, que estaban protegidas con pastas de marfil y &lt;le oro.
Mientras tanto, Eufrosina pasaba el día _encerrada y sola, en su aposento. Daba como
razón de ese retraimiento la necesidad de disponer su traje de boda.
- No sería c01weniente-clecía- que ciertas
prendas de mi vestido fuesen arregladas y cosidas por otras manos que las mías.
Efectivamente, manejaba la aguja de la mañana á la noche; pero lo que preparaba tan en
secreto no era ni el velo Yirginal ni la ropa
blanca de la desposada: era el capuchón burdo, la túnica corta y las espaldillas que usan
los obreros de los pueblos para ir á su trabajo.
~a~ía esta labor invocando á .Jesucristo, princ1p10 y fin de todas las empresas de los justos.
Acabó felizmente su trabajo oculto, ocho días
antes de la fecha fijada para la solemnidad del
matrimonio. Pasó todo ese día en oración, y
después de ir á recibir, siguiendo su costumbre, el beso de su padre, volvió á su aposento,
se cort6 los rabelloR como cadejos de oro; se
vistió la túnica corta, se ató las espaldillas,
ech6se el capuch6n hasta los ojos, y tan luego
como lleg6 la noch e, salió cautelosamente de
la casa, mientrag que dueños y ser\'idores dor0

mían. Solo el perro velaba; pero como la conocía, la siguió por algún tiempo y luego Yol-vi.ó á la perrera.
La joven atraves6 con paso rápido la ciudad
&lt;lesierta, donde solo se oían por intervalos los
:gritos de los marineros ebrios y los pasos can$dos de los guardianes que perseguían á los
malhechores. Porque Dio¡; estaba con ella, no
.recibió ninguna ofensa de los hombres, y, def'•
-pués de franquear una de las puertas de Alejandría tom6 el camino del desierto, Riguien&lt;lo las 1;1árgenes de los canales, cubiertos de
-papyrus y de lotos azules.
Al amanecer pasó por un pobre pueblecillo
&lt;le artesanos; un anciano cantaba ante su puerta á la vez que pulía un ataúd &lt;le madera de
~icomoro. Cuando la jo\·en Re le acercó, el an~iano lernntó la cara achatada y Yellosa y ex~lamó:
-¡Por Júpiter! he aquí al hijo de Eros que
lleva un tarrillo de ungüento á su madre! ¡qué
-tierno y gallardo! l\Iientcn los que dicen que
los dioses se han ido; este joven es un verda-0ero diosecito!
Y la sabia Eufrosina, conociendo en aquellos conceptos que el anciano era un idólatra,
tuvo piedad de su ignorancia y rogó á Dios por
:SU salYación. La oraci6n fué escuchada y aquel
anciano que era un fabricante de ataúdes llamado P~rou se convirti6 á la religión verdadera, tomando el nombre tle Philoteo.

tenía pálido el semblante, enjuto, y sus ojos
estaban iluminados con la flama de un furor
melancólico.
-Hermano portero-dijo aquel hombre-conducidme cerca del santo abate Onuphre para que me cure, estoy atacado de un mal de
muerte.
Simaragda ofreci6 al extranjero un escabel
para que se sentase y le dijo que 0nuphre había llegado á la edad de ciento catorce años y
presintiendo el fin de su vida, se encontraba
visitando las grutas de los santos anacoretas
Amon y Orciso.

D0011Jin,go 27 ide Albril de 1902,
era, lo hizo ¡,entar, le lav6 los pies y le dió de
comer.
.
-Hijo de Dios,-lc &lt;lijo el mend1go,-no
siempre he sido un pobre _vagabundo tal c~~l
me veis. Tuve grandes nquezas y _una h1Ja
muy bella, muy prudente y muy sabia que resolvía los enigmas propuestos en l?s concursos
públicos y que recibió de sus _mag1strad_~s una
corona de papyrus. He perdido eRa h1Ja, he
perdido todos mis bienes, estoy apesarado por
mi hija y por mis riquezas. Te!1ía entre todo
un bosquecillo poblado por páJaros cantores,
hecho con maraYilloso a,tificio, y ahora no-

,k

*'*
Después de un día de camino, Eufrosina
llegó á, un monasterio donde Reiscientos monjes bajo el gobierno del abate Onuphre, observaban la regla admirable de Sa_n Pácomo. 8e
hizo conducir hasta la presencia de Onuphre
y le dijo:
-Padre mío, me llamo Smaragda y soy
huérfano. Os ruego que me recibáis en YUeHtra santa casa para que guste ele la,: delicias
del ayuno y de la penitencia.
El abate Onuphre, que por aquel entonccR
~ontaba ciento seis años de edad, le conteRtÚ:
-~iño Smaragda, tuR pies son hcrmosoR,
puesto que te condujeron hasta esta casa; tus
manos son bellas, pues que con ellas llama:;te
á esta puerta; tienes hambre y sed de ayuno y
:abstinencia. Yen y serán saciados. ¡Feliz niño
-que huyes del siglo, en tu traje de inocencia!
Las almas ele los hombres están expuestas á
:grandes peligros en las ciudades, y particularmente en Alejandría, porque allí abundan las
mujeres. La mujer es un peligro tal para el
hombre que su solo pensamiento, á mi edad,
me cau~a un terror que sacude todas mis carnes. Si hubiese una bastante atrevida que intentara penetrar á, esta santa casa, mi brazo
-recobraría repentinamente su vigor, para arrojarla á golpes con este cayado pastoral. Del~emos adorar á Dios, hijo mío, en todas sus
,obras; pero es un gran misterio de su Provi-&lt;l.encia el que haya creado á la mujer. Permanece aquí, niño Smaragda, porque Dios te ha
traído.
Así recibida entre los niños del santo pastor
Onuphre, Eufrosina vistió el hábito monástico.
En su celda alababa al Señor y se regocijaha
-&lt;l.e su piadoso fraude, considerando que su padre y su prometido no dejarían ele buscarla en
iodos los monasterioR de mujeres, para llevCtrsela de orden del Emperador, pero no llegarían jamás á descubrirla en aquel asilo á donde J esucristo mismo la habfa ocultado amorosamente.
Durante tres años lle,·6 en su celda una vida edificante, y las virtudes del niño Smaragda
,embalsamaban el monasterio. Fué por eso por
lo que el abate 0nuphre le confió las funciones de portero, contando con el buE'l1 juicio
-&lt;l.el joven monje para recibir á los extranjeros
y sobre todo, para rechazar á las mujeres que
intentasen entrar á la casa f'anta. "Porque--decía el religioso- la mujer es impura y la sola huella de sus pasos es una mancha infecta.''
Hacía cinco años que Sirnaragda era portero
,del monasterio cuando un hombre fué á llamar á la rrnerta. Era un joven magníficamente
traieacto y con 11'1 resto de porte altivo; pero

Tal noticia hizo al Yisitaute caer sobre el escabel, oprimiéndose la cabeza entre las manos.
-¡ ~o puedo esperar que me cure! murmuró. Y agregó luego levantando la cabeza:
-El amor por una mujer me ha reducido á
eRt" estado miserable.
Hasta entónces Eufrosina pudo reconocer al
conde Longinos y tuYo temores de ser reconocida por él; pero pronto se confió y sintió piedad por aquel hombre tan triste y desdichado.
Después de un largo silencio, el conde Longinos dijo:
-Quisiera hacerme monje para escapar de
esta desesperación.
Y contó la historia de su amor y la manera
como su prometida Eufrosina había desaparecido repentinamente; hacía ocho años que la
buscaba sin poderla encontrar y estaba aniquila&lt;).o, consumido por el amor y los dolores.
La santa le contestó con una dulzura celestial:
-Señor, esa Eufrosina, cuya pérdida lloráis
tan amargamente, no merece tanto amor. Su
belleza no tiene más precio que el dado por
vuestra imaginación, pero en realidad, es vil
y despreciable; es perecedera y no merece que
os apesadumbréis de ese modo. Decís que no
podéis vivir sin Eufrosina, y quizá sucediera
que la encontráseis y no la reconociéseis ya.
El conde Longinos no contestó, pero aquellas palabras ó quizá la voz que las pronunciaba, hicieron en su alma una feliz impresión.
Partió más tranquilo y prometió volver.
Efectivamente, volvi6 y, resuelto á abrazar
el estado monástico, pidió una celda al santo
abate 0nuphre é hizo donaci6n de sus enormes riquezas al monasterio.
Eufrosina experiment6 una gran sati,-facción, pero poco tiempo después, su corazón se
sintió colmado de un gozo más grande aún.
,k

*'*

Un mendigo encorvado al peso de su alforja
y que no tenía para cubrir sus desnudeces
más que unos girones de tela burda, llegó al
monasterio para pedir por caridad un pedazo
de pan.
Eufrosina reconoció en aquel mendigo á R6mulus, su padre, pero fingiendo no saber quien

tengo ni una tela con que cubrirme...... Sin
embargo me consolaré si puedo, antes de morir, Yoh·ei· á ver á mi hija adorada.
Cuando acabó de hablar, Eufrosina se echó
á sus pies llorando:
-Padre mio; yo soy Eufrosina, vuestra hija, que huyó una noche de vuestra casa. ¡Perd6n! Nada de esto se hubiera realizado sin la
voluntad de Nuestro Señor ,Jesucristo.
Y después de haber dicho al anciano cómo
había penetrado disfrazada ele obrero á aquella casa, donde después había viYido en paz y
oculta, le mostró una sefial que lleYaba en el
cuello. Rómulus reconoci6 á su hija, la abraz6
y la bañó con sus ~ágrimas, admirando los designios misteriosos del Srñor.
•
Por ellos resolvió hacerse monje y viYir en
el monasterio del santo abate Onuphre. Con
sus propias manos construy6 una celda cerca
de la del conde Longinos, y cantando salmos
labr6 la tierra. En las horas de descanso hacía
reflexiones sobre la vanidad de los amores terrenales y de los bienes &lt;le este mundo. Jamás
dijo algo respecto al maravillogo encuentro de
su hija Eufrosina, juzgando que seria mejor
que el conde Lonµ;inos y el abate 0nophre supieran esta historia ha,;ta su llegai:la al Paraíso, cuando eRtuvicran en plena inteligencia
con los designios &lt;le DioR. .Jamás sospech6
Longinos que su prometida viviera tan cerca
de él, y así reunidos los tr·eg perRonajes de
nuestra historia, vivieron algunos afios practicando todas las virtudes, y por un favor especial ele la Providencia, los tres abandonaron
este mundo casi á un mismo tiempo: el conde
Longinos murió el primero, Romulus tres años
más tarde, y Santa Eufrosina, después de haberle cerrado los ojos, fué llamada al seno de
Dios en la misma semana. San 0nuphre les
sigui6 á la tumba cuando contaba ciento treinta y dos años de edad, el día de Pascua del
año 395?, después de la Encamación del Hijo
de Dios. ¡Que la intercesi6n del Arcángel San
:Miguel sea con nosotros!
Aquí acaban los actos de la vida de 8anta.
Etúrosina.
Amén.
fl11afole France.
Traducción especial de" El Mnndo Ilustrado.''

�DO!Ini'llgo 27 ·de A.00:il de 1902.

EL MUNDO ILUSTRA.DO

Domingo 27' de Abril

EL MUNDO ILUSTRA.DO

'

M EXICO RU RAL.--(Hacienda de San José del Carmen.)
N ·el oorntro de 'llJl
,pi&lt;ntoresco
valle,
cmzado por el ·m.agestuooo R.io Lerma y á 'U!IlOS ouatnt.oo ki1ámiatroo de
la ciudaid Id.e Sa.1vabierria., ieoollioode

sus ciumpos ricos,
foorurud,aK1os por

la

mano llaibori,osa del
pe&amp;n' q'lll8 es lllll
héroe ldcl trrubajo
,1a HacienJd,a de S
D. Maonel Llamoea en su
eaballo favorito.
J ooé iélel OaT!IIltEfil.
región de slllIIla iim,poritamcia 'Pa;r,a,r todo aquel
(}UJe haya seg,uido la evolución de ,l a a,griouTbur,a ,d,e ::\Ikxi1co.

g-anadiv mayor, y 11na magnífica. puesa de la
·:iue ai1:rnnca ruma 1"'e&lt;l &lt;le pequeños caina'k s, pudiérumse 1,egu;r G00 .f.anegia.s, ein co.rubar ~S'Wpu.esro lia zona q u~ 1"00.i:be el iag.ua ool Río
de Lerm.a.

LOG

iproouclos prinoipitles son: trigo,
(10.000 cargas anuailizs), caña de larbúcair que
se aprovecha en el tro¡piahe ll101mado de ''Sáucllez" pana 1a €!l:aboI1acián de piloncillo de
suipe&lt;rior ca,lida,d, ,pr-OOIUiClbo ool\llal que 'ha llegald.o á estiimaa-ae en 50,000 tarci.oo, caoaJhn:¡¡a,te,
c-o:nsildem&lt;lo oomo €11. 'IIOOjor del ipa.íls, roaan.ore,
maíz, gaflOOl])zO y otros prod:utdbos, ooseohaidoo
e•n meooir -0an1liiéLa.l.
De suierite es que los 11onléL.imrienlt.os de l,a
fine.a oonstiibwyen, iaño ¡por año, 'llllW, ver,dia;dera
fortll[la.
San José d~l Oarmen penteneoe en ila a.e-

el "record" en l,a ibrega. agríí}!)la. · 6 saj-eto á, 1as ivarns ,~ l veihfoullo &lt;lle carga.
,
Hubo rwru1 ccxrrida de tor'\)S
originalísima, paaitidas de caza y j'lllegOS calm.pestres.

y en su mdiustria, en el fOIIll.e'Ilt.o de su agrúnultum.
Redirién.d'&lt;XSe á 'lll1 ~ebre escciror oon!teunipoo:'á,neo, a.lgu.i.'011
6'€'1ltó esta gran tVerda.d:

t.UiaJ&lt;itltiid ail Sr. D. Miaiu11.iel 1Jl8i111iooa, pertsona
&lt;le elevalda iru,truooián, id.e ,lnüfü1J1JJtas imci.artlin1s, 18J!Ilamte .de,1 progreso y ,por lo tanto ,pa·rJ;idrurin fiel 1dk) fos miodel1IliOS &lt;militi.vos.
Ed presa el 1ID01Vimiooto extraortlirnrurio de
su rnrea, ron .La energía q,ue gobrerma, !La i'Il.te-liglemlcia ,qrue fl'E\,o-ulia.rizia y 1a oonldlaid. que l'lll'Íll:m.ta.
No es extmño, pues, que aqu(l]. ejércit.o de
peones, colanenia hunua!Ila agiJta&lt;la en el tmibajo, vea oo él ,á, un ,paldire aunOil'Ol:'lO, y t00 ail negooro ,a.e Jia época collonial.
D€1IMStmción eloouell!be del 'Cariño que de
pro:feoolil. todas los que en mayor ó iJOOIJ.Or
escala, OOllltrihrcyen á •lia, ,prooperi!da.d de la. regilán agrícola á quie aJl'UJd:iu:nots, foeron iLas fiesi:Jais que aoaiban de oéleib'I'!lJ.'se ICQll IJIOOltiV'O del
feliz regreso d:el Sr. Llian:nosia, quúen halbía

"Si qiuercis madir el progreso
de ,las 'IIBOOnes, sacad 1m. dlilferencia. ide pe;o enibre SilLS rurmas de
guer,ro 'Y sus iim;tl"Ull:IlJ€llllt id.e la-

***
Los que ipaswron estos días de
fe.%ej06 exittraoroiÍlmÍmos illO ¡potlmn oLviid'!lll" á, S'&lt;lill José del

bra.nm."
Después 1&lt;M bamqiuetie, el &amp;.
Lliaa:nosa e:xihlbi.ló ilia ilDlás ib.emno..&lt;&gt;a

Caxu:n.e01, la n:n,a,,anífica lbacienfül
que e:xiiri.endie sus terrenos die
culltiivo en el cenitro &lt;!el vaJ.le
,p:ilntoresco, dooi.de juguetea el
R'ío ide Leron&gt;a.

coleooión de ealbailloo q¡ue ,pue,elfi el !I)!ÚS, misde el ~ y andailuz 3Jl'TIOlg'alll.t es, ,hast:,a el texMl!O q,u-e bate

de enoontrarse

Don Manuel Llamosa y sus empleados.

SaJOOillé .d,a;nz.-a a~ fren,te del Tetrarca,
[Para Frias FeroAndez.J

y al coompás ~ los címbalos &lt;le oro,

la música el pen-tiágrarrna sonoro,
cQIIlo ala iblrunca ry tibia OJl ritJ1110 a,ba1X:a.

Aquel.fa tanle. .
última de sus ta.roes en Jia. ,playa
escril&gt;ió ell ooldicill.o ensamgrenitaao
con girones del alma .... !
cla.'Vi&gt; después su.s ojos ffll la sierra,
iwgra. como la hUJ11a,;
el mar eniuirooilclo se cm&amp;paba
con imponmtt;ia suma .... '.
se wó h10011fano y solo,
remolinaido por sus h.oorlas ·1001as,
si,ntió el ma:rti.nio arrtero
que daDl las illuw:nes mmiliun&lt;las .....

El ruerpo róseo y ,t ierno qu.e se enarca
e.s un nuevo y espléndido teooro,
que núbil se descubre con desdoro
de lru; ip.aterni,datles dcl Patriarca.
De !Jl'Ollto, Sa:lomé lleYá á la vista
la saingr.ien.ta caibeza del Bautista
que ,el etiope en UJl ,plato le ha ofrecido ;

filósofo y ,poeta,

Aigua en atbuDJdamieia, oa,rna1iza.dla fuá.bilimeute •pru-a la iwiga.ciÓ'll meifJ&amp;lica; ia1bonos cosnta.nte.s; &lt;prooodlinnlientos qwe la ciencia aiconseja contra el :úm.perio -die la rrutina; Íllillpl:amen.tos meciámñboo ooeptados por .s.u boinJd.aid en
Woo loo i&gt;u.eblos que Jen,1M1tan ~ill agriiowLtura
colmo eleaneinto 'Pri:nciipaJ de. riquesm; ái&lt;bol€G
y (P8shoo; ga-u,rudo en 01mza,m.ie11to die 1,aza¡s;
vía. f~rrea en,laza!llldo ter,re no,, ~o-rus y ofi0Íl!IBl5; lhé ~uí los recursoo .p oderosoo .de esta
HacienJ.a, que ,debe· ,consiooL'M, e oom.o moo12ilo
en el ,pais.
D€130e'Illdlienido á, iruf01m1~ minuei~, podemos de.oír que cuent:a wn tel'll"enos para
.mil mmegas •de semb ra&lt;liLu'a, odh-0 sitios idie

per:mam.oo:ido un año ausente de su paJtria,
pana :viaj'!llr á itrruvés de la EU'J"Qpa.
Sam José &lt;ft:J Camme.n prendió en lo aJ~to de
sus mwroo il!a polliúromila lde mil gail:l.aaidetes,
eohó á. VUJelo l,as, alleg.res es&lt;j_'ll'Ífas de su oa;pilla
a•l.Jbea.nrlie, é hiro :resorurr el espaieio oon las
:ronm.idJalhles detonaci'OOla3 die: 1as ''oáimaras."
Nl\llillerooos inv•i'Ollldoo 00ll!iliier-0n de esta C'apital, Sailivatierm, A.-dáa:nlba,ro, Oel.aiya y Guanajuarlio, y por espacio de düS días se prolongaron loo festejos de viloo y e;plffildOO".
E[l los corredOO'eS ,de Jia finm principall se
sirvió un. banquete de 200 cubieritos y se
brim.d:ó ,p or loo progreoos de i\fé:xri,oo, y su poTvonir bcitllamte, basa.do mlás que en sus IIIlhl:as

!1 LACIO DE CHAPUCTBPBO

SALOMÉ.

ATAVICA.

l

Llegada del :Ir. Ll11mos• á la Hacienda.

cann.allo fut.4,otado en. la 1a.a1J1JUra,
artista de i.onJpr.esiomi:s
que arranúÓ de su espíriÍ.itu la púnpura .....

.. . . . . . .
pensó en W ertiher ve:n.cido,
en su tragedia rurla,
y enferano coo:no Werbher,

rom¡pió

Sl\lS

liga&lt;liures ..... !

.-.

Justo pastor ]llos.

y en torno de '1,a víctima iD.ililola.da
prepara la danzante la sagrada,
posición, ,para el baile pr&lt;:1mclido.
Psdro N. Ulloa.

E'1 "spont" del remo está de lllloda. entre los
jóvooa;; en:tmsiastas de la caipiiba:l.
El higo que ,aa,tilioia.laniente se lb.izo lffi1 el
hermoso bosque de Chai¡roiliteyeo, €S a/hora el
pwn.to de cita. de Mmtles reroaidiores y :remadoras que se entnetienoo en .pasaT las caJ!1uro~ ta.rdoo d~ la ~ ó n á la somlhm de los
miagiestm.osos ahoouet.es que ibañam. S'llS vetustas raioes en fas .agtras del nuevo fago.

lAls etrnlba.rcaciones no merum ip'lllll.to de reposo, valJl y vienen col[ll'a,das de ~es "a:matenini' ent:re J&lt;lEI que se oueDJt3,n mudhas señorúltas que luicen &gt;traje, daros y soanibrillas de
paj,a J ilooies.

El ba,tir de [,as aguas se oorummde con los
grit os de en,t usilllSlilo, con ,Las l'1ÍlsaS y oon l.os
-a,pliausos d~ la multitud 4ue se idii.Vii.eme con
el nuevo "esport"
Y .mri.enltras, iaJíllá á •lo lejos, se mueve •la. fila
de Ollll"'l'Uajes suniro.o.sos eoono 'U.Da e:n,onme serpiente id:e esca.-mas negras que se arrastre sobre la vooum del gnrun .praido.

,

FLORACION.

1

OORRIDA DE TOROS POPULA.R.- Camaleño estoqueando
al tercer bicho.

1

¿ J\ie sueñas cun-1 te sueño? ¿ A.caoo g.uaroas
:mí, pasi.OIIJ&amp;"ias y 'Violetas?
i .nwtd'eLa cual m'Old.e!Lo anis estrof-as
oon La egr,egia. 1b1ainJcurn de1 Penthelia !
paira.

PIOrque en el níveo :a1c:ázair de tu espíritu
cantan a:n.is ilusiones ¡pootrirrn.era.s;
;paira escn-ilbwte así, mojo la pluma.
en iJ.,a esencia. IIllwpciaíl de .La azucena.
Ruiseñor de mis sueños : es tm .a1ma
sard:a. de orierutrules panlias ;
por eso hruy en mi lira rfloraieiones
de iaz.aihares, oo :na.ndoo y gmr.denias.

OO'Ill-O U!OO

,.

¡ Me au.ieñas ou.al ,te sueño ! En tu espíritu
han iprenrliiido tus atlias mis quimeras;
¡desde entOlllJOOS mi ai1ma tiene alburas
oomo Sll!Iltu.ooa floo:iaci:ón iéLe estrellas.
Banquete en los corredores de la Hacienda.

Grupo de invitado, á las ft1tstas de San José del Carmen.

ae l !l11·~

.Culsa {;odov.

El lago de Chapultepec.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 27 ,d,e .Albril de 1!)Oi.

~L

I"\ UN DO

ILUSTRADO

MÉXICO, MAYO 4 DE 1902.

;AÑO IX.--TOMO I.--NÚM. 18.

0erente: LUl!t Rtl't!t !tl'INDOLA•

..alrecter: LIC. RAl"AfL Rtl't!t !tPIN.DOlA,

LA CIUDAD DE QUETZALTENANGO.-IDestru.ida por el 1'1timo temblor,)

1os Temblores sn Quatsma.la.
'l'e:rrilbles ,ha.u sido siamipre los terremoto$
-que h.a'll aool-ail,o á. nuestm vooitoo República.
La oaid,ooa, volloámiica q,u¡e alt:raiviiesa esoo Con t:i!l'.l.ente, hasta perderse en Paltagcmia, ib.a 'Producido iteITibles &amp;aCUJdimi'eTutos en La .Almériicu
d€il. Sur y Centro All'.l'.lél'lwa.
De esta ú1Llma, Gualterrmua iha siido el 'PªÍS
;p,:nedestmaido á los rt:.em'bllores y lia que mayo.res
pé:rfüdas de iv.i.das é inttereses !ha sulfri-do.
El volcám. -del Ohico, situ-a:do en la fl'l()lntera
del Sail.mdor y GuatbeuniaJ.a, re encuentro ,a,elVllilliIDWbe en er'Ulpción, así oomo el idte Santa
M,ao:ía, en el 0€6te de '.m ú1biima. República.
Las foltogrorrías que hoy ,pulfucaunos, ip001en
die llHIIli..fiesto los t~r~bles Sffio"OO causarlos
por loo temibilores.
Fm la vista de QUJ0tt,aJ},tenamgo, a.parece el
Cenro Quemmdo, vo1cán si.tu-atlo á ivcin.te minutos rde la ciuéLald, y JEU &gt;Santa María que,
romo dijimos, se ffi!'C'U.elllJhm hoy en ~wpción.
El edificio COlII. pi1astm.s collocailo 'lÍ. 1a izquierda 1de ia fotogra.fia, es el .Aiy'U!nlllalm&gt;enito de
la ciudad, CU!)'ª oonstruociÓin fué ib.echa por
ilnidígenas •gu'&lt;lltemal1tecoo; sigu¡e el 1henm'OS0

,--------,--------------~-:------------

'
1

T.EM PLO DE ANTIGUA O U ATEMALA.-LDestruido por~nn(tem blor lace 125 ellos.]

templo de San. .Fra.ncIBCo, ,de 1D.'OitaiMes bellez.as
0JJ.'1g_uiítectónicas, y ~ d:ren:be se ~ t r a el
merta8ld.o, i8Jmjpl,i o y cost()SI() E&lt;lifi.cio, y umo de
los m.ejo:oos ,die a¡q;uel.ila, Reyública. I.Jas oonstru.ociones de rr,a oereclha, son casas particulares que roomm 1a. alegarrroia. y "oonrfort" de
los p,a,lacios anOldieirnoo, ry qrue €0l'.llbeilleooa. 611
groo l!llil!naria. á ,la, hoy diesoiliadn Q~all.t.enan~· go.
La 'llam,Uiro. -del fooi.do es al sitio de donde·
loo .revoluciOlllal"ios ciivilles boonb-ardea.ron la.
oiu.daid. en el añ.o de 1896 y dand.e s,e ,eijercier0111 ineipresail.ías polfü-oos con el a1loallide Don.
SiJn.foroso Agu.i.fo.I y el irioo rumeDJdado, Jurun:
Alparicio.
PuJblicannos igu,afunenlte la :fotografía del
teaniplo Awbi.gua G.u.aloom.aJIJa, que fué &lt;liestruído por un t,e,n,emOlto ha.ce 125 -años, y lasruím,as de San Sebast.iáll. en iia. ci'U!dad de F.6mrin.tla.
Estas fotografías nos el.as facilitó el reputado ipintor rulemá:n, señor G. Bodewing que
,, se en.cuenitra .aouta:lrrnea:ute en -México.

MADONA.
Oleo moderno. (Sin firma..)

.....

- ..

s•

11
Idem. Idem. ea la capital, "1 36

Sub!Jcnpcidn mensual fnran~a,

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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          <name>Título Uniforme</name>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1902, Año 9, Tomo 1, No 17, Abril 27</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Campesinos</name>
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        <name>Cartas de mujeres</name>
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        <name>Fiesta en la Legación</name>
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        <name>Hacienda de San José del Carmen</name>
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        <name>Viajes al ideal</name>
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                    <text>EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 27 ,d,e .Albril de 1!)Oi.

~L

I"\ UN DO

ILUSTRADO

MÉXICO, MAYO 4 DE 1902.

;AÑO IX.--TOMO I.--NÚM. 18.

0erente: LUl!t Rtl't!t !tl'INDOLA•

..alrecter: LIC. RAl"AfL Rtl't!t !tPIN.DOlA,

LA CIUDAD DE QUETZALTENANGO.-IDestru.ida por el 1'1timo temblor,)

1os Temblores sn Quatsma.la.
'l'e:rrilbles ,ha.u sido siamipre los terremoto$
-que h.a'll aool-ail,o á. nuestm vooitoo República.
La oaid,ooa, volloámiica q,u¡e alt:raiviiesa esoo Con t:i!l'.l.ente, hasta perderse en Paltagcmia, ib.a 'Producido iteITibles &amp;aCUJdimi'eTutos en La .Almériicu
d€il. Sur y Centro All'.l'.lél'lwa.
De esta ú1Llma, Gualterrmua iha siido el 'PªÍS
;p,:nedestmaido á los rt:.em'bllores y lia que mayo.res
pé:rfüdas de iv.i.das é inttereses !ha sulfri-do.
El volcám. -del Ohico, situ-a:do en la fl'l()lntera
del Sail.mdor y GuatbeuniaJ.a, re encuentro ,a,elVllilliIDWbe en er'Ulpción, así oomo el idte Santa
M,ao:ía, en el 0€6te de '.m ú1biima. República.
Las foltogrorrías que hoy ,pulfucaunos, ip001en
die llHIIli..fiesto los t~r~bles Sffio"OO causarlos
por loo temibilores.
Fm la vista de QUJ0tt,aJ},tenamgo, a.parece el
Cenro Quemmdo, vo1cán si.tu-atlo á ivcin.te minutos rde la ciuéLald, y JEU &gt;Santa María que,
romo dijimos, se ffi!'C'U.elllJhm hoy en ~wpción.
El edificio COlII. pi1astm.s collocailo 'lÍ. 1a izquierda 1de ia fotogra.fia, es el .Aiy'U!nlllalm&gt;enito de
la ciudad, CU!)'ª oonstruociÓin fué ib.echa por
ilnidígenas •gu'&lt;lltemal1tecoo; sigu¡e el 1henm'OS0

,--------,--------------~-:------------

'
1

T.EM PLO DE ANTIGUA O U ATEMALA.-LDestruido por~nn(tem blor lace 125 ellos.]

templo de San. .Fra.ncIBCo, ,de 1D.'OitaiMes bellez.as
0JJ.'1g_uiítectónicas, y ~ d:ren:be se ~ t r a el
merta8ld.o, i8Jmjpl,i o y cost()SI() E&lt;lifi.cio, y umo de
los m.ejo:oos ,die a¡q;uel.ila, Reyública. I.Jas oonstru.ociones de rr,a oereclha, son casas particulares que roomm 1a. alegarrroia. y "oonrfort" de
los p,a,lacios anOldieirnoo, ry qrue €0l'.llbeilleooa. 611
groo l!llil!naria. á ,la, hoy diesoiliadn Q~all.t.enan~· go.
La 'llam,Uiro. -del fooi.do es al sitio de donde·
loo .revoluciOlllal"ios ciivilles boonb-ardea.ron la.
oiu.daid. en el añ.o de 1896 y dand.e s,e ,eijercier0111 ineipresail.ías polfü-oos con el a1loallide Don.
SiJn.foroso Agu.i.fo.I y el irioo rumeDJdado, Jurun:
Alparicio.
PuJblicannos igu,afunenlte la :fotografía del
teaniplo Awbi.gua G.u.aloom.aJIJa, que fué &lt;liestruído por un t,e,n,emOlto ha.ce 125 -años, y lasruím,as de San Sebast.iáll. en iia. ci'U!dad de F.6mrin.tla.
Estas fotografías nos el.as facilitó el reputado ipintor rulemá:n, señor G. Bodewing que
,, se en.cuenitra .aouta:lrrnea:ute en -México.

MADONA.
Oleo moderno. (Sin firma..)

.....

- ..

s•

11
Idem. Idem. ea la capital, "1 36

Sub!Jcnpcidn mensual fnran~a,

�EL MUNDO ILUSTRADO
Douruinigo 4 ck· ::\fayo •de 1

aoi

Domingo 4 de Ma,yo tle 1902

EL :MUKDO ILUSTRADO

CATALANAS.
E L
Tuve un buen encuentro en B11.rcelona: Ramón Araluce, á quien HUS negocios de librería
tenían anela&lt;lo hacía algunos meRes en la
ciudad condal y que paKcaha eontento por entre aquellos almogávares su joven cabeza de
moro sin Reñor. C'on él volvimos á Gracia, visitamos los salones artísticos, en que la moderna pintura catalana ticnclr á riYalizar con
lo mejor que producen actualmente hu, grandes capitales del movimiento ei-tético; con él
visitamos los «Quatrt&gt;gats," taberna á estilo de
las de :\Ioutmartre, pero un poco máR intencionada y extrafüt en HU capric:hosa arquitectura y decorado, y voh-imo:; á «:\Iirarnar,)) á
devorar siRtcmúticament&lt;', eontrmplando el
mar pintado como un mar de teatro, á brochazo limpio, con una compo;.ición de oro y esmeralda, y á escuchar lu-s profesiones tlc fe del
más sabio y más rpgocijaflo &lt;le los doctores de
la universidad; profesiones que habrían hecho
temblar de pavor al Yencrable rcpu hlicaniRmo
del Sr. Pí y )Iargall.
El partido republicano catalán, que no es
soeiafü;ta, pero que i-c coclea mucho con el ::;ocialiRmo, corno los radicales en Francia, tiene,
según pude ohi;crvar, suR pri1wipales fuerzas
organizadas en ]a,; logias masónicas; hablé con
algunos de i,us jefeF&lt;, me parecieron hombres
muy inteligente:&lt; y enérgicoR, apai-ionado::; contra los agentes dc•l régimen monárquico, sin
dü,tinciún de matices; jal'ohinrn; Rinc:ero,:, clerófobos tremendos v fr&lt;lcralistas netos. Demostraban gran afecto, no ele frase, sino razonado, por ~Iéjico, y extraordinaria admiración
por el Pre1;icl('llte; pero esta nota es igual en
España, en todas laR clases y todos los partidos, en todos los que se ocupan en nuestro
país; nos veíamos obligados á poner una sordina en estas alahru1zas 1 por mucho que nos
halagai;en, de miedo de que resultase la nación
menos digna de encomio que RU jefe.
Yo soy un pobre artista marrado que nunca
pude tocar en un piano con las dos manos á
un tiempo, ni acerté á dihujar otra co,;a que
perfiles inverosímilmente irreales; y conste
que prefiero un trozo de cielo bien manchado
á todl)s los libros del mundo ('incluyo en ellos
á Esquilo, á Dante, á Shakespeare, á H ugo,
que son dioses para mí) y un poco de música
que responda á mi música interior, á todos los
dramas y comedias de la tierra. Pero tengo,
como tocloR, mis preferencias dentro de estas
aficiones; visité un templecillo griego, elegante, pulcro, inofcnsiYamente presuntuoso, que
me gustó mucho; el sacerdote de aquel templo
helénico, en que abundan las armaduras medievales, los tapices asiáticos, los borgueños y
credencias del Renacimiento, los sillones de
gran talla y toda clase de baratijas de arte, es
un señor de edad, muy acicalado, muy simpático, con un poco de «pose» á la Carolus Durán; era un duque del pincel, era ~Iasrriera.
Tiene telas bellísimas, mujeres muy bien pintadas, con amor, con voluptuosidad, con deseo ..... .
Aconsejo, para descansar de tanta hermosura, una higiénica ducha glacial bajo las altísimas bóvedas desnudas y tristes (¿son altas,
son hondas?, ¿qué sé yo? aquí estas dos ideas
contrapuestas parecen lo mismo) de Santa
María del Mar. Volví dos ó tres veces; me parecía un barco viejo encallado en las playas de
la eternidad; en barcos de éstos que hoy carcome la herrum be por dentro y desmigaja el
huracán por fuera, se embarcó antaño un ejército, un mundo que iba á la conquista del Paraíso; ay, nosotros, los del «último barco,»
también buscamos el Paraíso, ¿en donde está,
Dios mío? ¡oh! Santa l\Iaría del Mar quizás lo
sabe; y seguíamos recorriendo sus naves sin
crucero y tornamos á subir á la plataforma del
altar mayor, detrás del cual está el coro, austero, sepulcral; el facistol es un mueble de

CAU=f?'ERR A T.

fierro virjo, una eRpccie de• bitácora, allí está
la brújula del buque deRamparnclo . ..... Pero
cómo habla aquella desnudez, pobre y sPcular;
cómo rnnta la canción de In eHpcranza aquella
arquitectura mÍ&gt;'tica, sin literatun1, aquellos
vitrales de pedrería apagada, aqurllo&gt;' oros
muertos del altar...... Santa )faría es el canto
llano de la arquitectura ogira.

Tenía deseos ardientes clr &lt;·onocC'r ft Santiago Rusifiol, un gran ,;incero, ¿,pintor'?, ¿,es&lt;'ritor'? no sé; un artista. cxceli-o de temperamento, de pensamiento, de sentimirnto. LoR que
son así, sin comrdia, sin «pmti-pri¡;,» sin actitudes, sin eákulo. ya sean elái-icos, románticos, naturistaR, decadentista&gt;&lt;, ó todo junto,
me atraen y me rinclen corno un gran e&gt;&lt;pcctáculo de la naturalc7x'l, como una obra suprema de arte, como un sublime pensar.
Cuando mi amigo, el joven diputado catalán Ferrer y ~fas, me decía en )fadrid: «¿,Puedo ai:,e¡i;urar que va vd. á Barcdona·?»-~í, le
conte¡,té, pero YO)' al «cau-fcrrat. ):-Por una
mañana, apenaR fría, de aquel Diciembre, íbamos en peregrinaciln hacia el «Cau-ferrat)) en
compañía de algunos dr ntH';-;tros bueno;-; amigos catalanes )Iercado, Deffi;-; ~, yo. El «Cauferrat)) ( quien tradujera ,mido ftneo)) se al'ercaría mfü-: al signific:ado) eR la c;1sa ele .Jaume
Rusiñol en el pueblecillo de Sitjes (leer Siches) cerca de Barcelona, junto al mar.
El eamino tiene poco de particular: rná,: nos
diYertían nueRtros compafieros de Yiaje, flacoi- ó ~ruesoR, ruhiC'unclos ó púlidos, tocloR enérgicos como el ei-pañol ferruginoso que hablan;
mereaderes corno los de (itnoYa, Florencia ó
Venecia para quicnrs el arli' clice iilgo, que ,:aben drunaRquinar el fierro &lt;le RU vida con los
arabescos de oro de cierto instintivo amor por
lo bello . ........ Tal me paretieron. )!icntras
hablaban ellos re&lt;'ordaba YO; retordaba doR ó
tres viejos catalanei-1 próeere;-; de mi tierra y
amigos íntimoR de mi padre que fueron de las
primeras y mús profunda8 admiraciones de
mi infancia, y ni comprendo á Campeche Hin
murallas ni sin aquelloR Yi0jos torreones de
su comercio y su marina ya muerta: D. Frnn- .
cisco Claussell, D. .José Ferrcr, D. Salvador
Preciat. ........ Los veo con sus panamás de inmensas alas, sus grandes chaquetas flojas de
alpaca, veRtidos de dril blanquísimo, las grandes cadenas de oro sol,re el chaleco y las antiparras de carey, .v paReando por el 11rnelle ó la
alameda con el «licenciadoiJ que tenía el arte
de hacerles confe;sar HU vida y la vida del Campeche de antaño, lo que le diYertía infinitamente ... Buenos amigos, buena gente. Así es
esta: pan, pan, vino, Yino ......... Excepto este gitano que nt ú mi lado, emborronada la
morenísima cara de barba hirsuta v selvosa
cabellera corvina, ojos de brasa, boca sensual,
voz ahogada por el agma y cuerpo endeble y
nervioso. Es el redactor en jefe de «La Yanguardia,,, muy devoto del gran poeta de SitjeR,
muy conocedor de todo el mundo político y
literario español y por más i-eñas andaluz, nada menos que de Hueh·a, de Río-tinto, como quien dice ...... Para estas gentes el talento
es el cigarrillo que fuman sin cesar. En i,uma,
un grupo interesante; toda gente de acción y
de pasión .. .... ¡C6mo nos gustan estos á nosotros los ine1tes, loR gordos ...... !

*
En la estación de Sitjes nos esperaban algunos amigos; uno de ellos, un gigante cobijado
por alianchísimo sombrero, un ·verdadero
chambergo, el desgarbado y anguloso cuerpo
forrado en amplísimo macfarlane azul que tocaba al suelo y mostrando entre la frente car-

gada de sombra por d chambergo y la gran
harba inculta, unos ojoi; de luz propia, risueño,; c·on rcl{uupagos dolorosos, la mancha clara tle la lt'z ú 111cdio tostnr corno un chamiz&lt;.&gt;
y la boea mordaz, irónica, bondadosa, sin embargo, y semmal; labios acos~umbrados á los
largm1 besos ele la Ycnus latm,1. Era Jaume
Rusiiiol.
Hombre es este á c¡uicn no se puede definir,
porque no se le pueden marcar límites, porc¡ue no se puede concretar ¿Es un poetar
Xo ha&lt;'c verso::;, ciertamente, pero ha:v en su
proi;a i;ubstanc:ia y música para muchos poemaR. ¿,Es un pintor'? La técnica no tiene para.
él secretos, ni el estudio de los grandes maestros tiene para él misterios y, sin emhargo, hay
en sus olmtH, algunas franca,:, directas y claras, y otras que traducen la naturaleza con
cierta indecif&lt;ión v amaneramiento y una especie de «partipris » impre¡;ionista y efc?tista, algo de sueño no realizado, de aspiración no satisfecha, de e,:as en que parece
que el autor en lugar de su firma ha puesto un
pincel roto que clice: no, no es esto. Y con
todo, eso es, eso son, la fórmula de toda una
estética, la síntesis de una manera «sui generis»
de sentir lo bello, manera impaciente, enfermiza, que á pesar de los conYencionii-moR dela escuela nueva que busca en combinaciones
de colores que no están en los objctoi-, la impresión de la vida, á distancia,como en la pintura ci-ctnim, resulta pcri,onal y de un buen
gusto refinado y sutil. Xo definiremm;, pues,
á Rusifiol, le denominaremos con una palabra.
abstracta, le llamaremos «un artista.),
Es un emancipado, rompe con las tradicionei, clásicas, odia lo:; colores distintos y directoR, sólo gm;ta del matiz, del medio color, si
pudiera, pintaría con ultra- Yioleta y tiene un
secreto rencor contra los colores visibles del
espectro solar; alma soñadora y mística, y á
pesar de eso, dotada de la más perfecta visión
de la realidad, paRa á todo correr por entre la&amp;
armonías impecables de las composiciones delos clá;;icos, de Rafael para abajo, y adora lasinexperiencias é ingenuidades divinamente infantileR y fascinadoras de los primitivos: Gozzoli, Pinturichio, Lippi, Batticelli, Angélico,
son sus númenes y en España el Greco, el
«realista)) cxtraiio y soberano, sin el cual, acaso, Velúzquez no habría sido Velázquez.
Es un emancipado, un protestante, por ende, quiero decir, un protestador, un protestador elocuente contra la prosa, contra la burgueRía, contra el mercachifl.ismo actual. Admirador y amigo de algunos ele los más conspicuo&amp;
modernistas, reune en su castel artístico de
Sitjes, un grupo de devotos de lo bello, y lesdirige sermones encantadores, como el que así
empieza: "Por tercera vez os reunís en el CAu
FERRAT á orillas del mar; por la tercera vez
huyendo del bullicio de la ciudad, venimos á
soñar junto (t esta hermosa playa, á dejarnos
arrullar al compás de las ondas, á respirar aire de poesía, nosotros, los enfermos del «mal
de prosai, que inunda hoy nuestra tierraAquí venimos huyendo la ciudad para sentirnos juntos y cantar unidos lo que en nosotro&amp;
brota del fondo del sentimiento, para extraernos el frío que co1Te por las venas de cuantos
nos alineamos bajo la bandera del arte; para.
bañamos y embriagarnos de sol y claridad
que nos arranque un momento de la tristeza
de la noche. Venirnos porque necesitamos expulsarnos de tanta farsa egoísta, de tanta sensatez fingida, de tanta comedia de sentido común, de tanta seriedad fingida ó tanta risa
estúpida, impuestas por los menestrales enriquecidos en parte, y en parte por la democracia á esta sociedad nuestra que por miedo
de ser loca se vuelve insípida.,,
«Los ideales de hoy, las solas lidias que á las
grandes mayorías interesen, son cuestiones-

s
~

,11

·,.
~

.

'

...

..

SANTIAGO RUSI KOL .

:materiales tan solo, exijenc-ias del mif,érrimo
&lt;iuerpo; sufrimientos de envidia de los unog y
:ansias de anricia de los otros, riñendo confusamente para contentar los gritos del estómago. Empellones de los de abajo, resisten&lt;iias de los de arriba, clamores de angustia y
mordiscos de agonía para disfrutar, ¡pobres
gentes! lo que ellos llaman "el bienestar de la
vida': ¡Todo por la carne Yil y nada para el
espíntu; todo para alargar la vida y nada para
hermosearla, todo para las hortalizas de una
1&gt;ros'.1' alimenticia y estrag;tda, y nada para los
JardmeR del alma, para los sencleros floridos de
la poesía, para lo~ aye¡.; del sentimiento y las
quejas del corazón, para los pobres ideales de
-&lt;Josas nobles, escondidos r moribundos como
si sintiesen vergüenza de ·Ycr la luz.,¡
. Y ese hombre que Ya allí delante de mí, baJando la cuesta, grande, anguloso, envejecido
por una cruel dolencia, ri~ueño, de ojos en que
se transparenta 1'l bondadosa risa del corazón¡
&lt;Conforma ú su,; prédica~ toda su vida, satura&lt;la de arte y emoción, con un poco de rudo ,,
vivaz perfume marino y una gota amarga cie
&lt;lesprecio por la sociedad en que vive. Su
idealismo no es un éxta~is, es una ira que bus&lt;Ca con la punta de la espada la hinchada piel
&lt;le su época envilecida por la adoración de la
materia para desinflarla y vaciarla de un pin-chazo y luego acostarse á dormir y á ensoñar..

Bajábamos. lJajábamos por entre hileras -ci'e
&lt;Casas limpias y blancas; á meclio camino entramos á una de ellas, de cierto señorial aspecto en su flamante arquitectura neo-gótica,
-digámoslo así: era la casa del concejo; los munícipes de Sitjes se reunen en un salón con
mucho gusto decorado, gracias á la liberalidad
&lt;le uno de los vecinos de más notoriedad: el
~ r. Robert. :Mucho nos complació saberlo y
'Oll' de boca de aquellos distinguidos catalanes
Y del alcalde del pueblo, elogios gue)ndican

el apego y la admiración que allí y en Cataluña toda se profesa 1,or el eminenta profesor,
que es una de las glorias de la ciencia española y ~e la beneficencia uniYersal; oí aquello
con cierto orgullo; el Dr. Robert es mejicano
nacido en Tampico, é hijo de campechano· s~
abuelo e~3: catalún. Había sido la suya un~ de
esas fanuhas que mantenían vivos los vínculos entre la Península y la hija emancipada
co!llo otra d~stinguida familia tampiquefia, d~
origen cata!. n, c¡ue hoy tiene en Méjico re-

pre;-;entantes en la primera línea del afecto y
el respeto social y cuyo representante en Barcelona, Salvador Castellb, es también estimado
y querido.
L)e~amos á la casa de RuRinjol·, como debe
esenb1rse el nombre. Precedidos por el gigant~o p_oeta, pasamos al vestibulillo tapizado de
dtbttJOS .v acuarelas, calzados algunos por firmas célebres, francesas, sobre todo y entramos ó mejor subimos á una gran pi~za dividida á la altura de la mano por una halaustrada
Yieja y s6lida sobre cuya cornisa había tiestoi- y plantas .\' antiguallas: aquí el hogar catalán, la chimenea autGnticamente vetusta rompiendo el decorado general de azulejos romboidales, con suR piedras blancas ricamente
talladas en el Renacimiento eRpañol, que tan
pronto se escapó por lo plateresco hacia minuciosidades infinitaR de ornamentación de
encaje y joyería; junto á la chimenea el banco de piedra, los viejos silloneR. Yo creo que
los tueros que allí se queman tienen un sello también auténtico y viejo. En las paredes
blancas, bajo fas gruesas vigas conHtelaclas de
r?setones de metal, hay cuadros, platos, ¿qué
Re yo? No podía detallar nada; me embargaba
el conjunto.
En el fondo del salón, en la segunda mitad,
una fuente que bullía, frente á un inmenso
vitral, detrás del cual flameaba la tapicería
de oro del «Cau ferrat». Allá fuimos subimos
á tui torreoncillo, enclavado en una ;oca· todo
el l\Icditerráneo .á nuestros pieR. Todo: porque aquel azul era i-in límites en su intensidad ,Y en su extensión; seguíamos debajo de
nosotros los graciosos entrantes del mar entre
loR cantiles; no tr:tgicos, sino idílicoR de la
coi-ta, un i61ote poblado ele gatos, mant~niclos
por el municipio, colonia penal, hastante floreciente como las de todas las vfotimrs de la
injusticia humana «;,Por qué abomina vd. de
los colores francos y netos, de los azules puros, en la obra del artista, ¡oh maestro querido! si la naturaleza los emplea'? ¡Ah! si el pintor pudi~ra mmr pinceles &lt;le rayos de sol y
reproducir estas transparencias divinas yo 108
admitiría.,,
'
Un averío de velas latinas salpicaba fl!' triángulos de lino blan&lt;'o aquel zafiro infinito que
se movía r respiraba y reía. J~n el horizonte
la f-lilueta casi diáfana de un «Steamcr» que
rayaba el domo bruñiclo del ciclo co:1 larga
e:&lt;tría tle humo.
Allí habríansc paRaclo las horas, la~ vidas;
la luz azul que de la mar nmfo, así como ('li ra h« enfermedacle,- dP lm, tejiclo,;1 Huele clcsinfeetar y purificar el alma; se siente uno
bueno, mejor cuando meno¡;, Fuerza era subir
al pisr1 alto; íhamm, el'! c·mioRi,lad en (·uriosi-

"Lá MORFIIIIA" (Cuadro de Rusill.ol i

�Do!mJinigo 4 die )Iao·o de HIO'.?
dad, de antigualla en antigualla, entrando,
corno filtrado:, al tm,·és clel muro del tiempo,
en otros 1:1igloR, lejos .dl'l enr(tcter industrial
del arte mu&lt;lerno, lejos &lt;le la m:í&lt;1uirni que
forja sin concieneia, en la,; épocas en lJlle la,
nIRquina era la mano, la inteligencia, el instinto estético.
El salón alto es un mm,eo &lt;le fierros Yiejos,
las paredes están tapizadas de lhwes, de ce. rrojos, de picaportes, de alelabas ~· aldabones,
¿.&lt;1ué sé yo'? rn mundo de fantasía y &lt;l&lt;' arte,
de calados de acero, de encajes tenues de
hierro, de htbcrintos ingeniosos en las 11,'lYc:-y en las chapmi, pero todo antiguo, todo personal ; llaYe ó aldabón de aquéllos había c1uc
parecían retratar á su autor anónimo ó reYelar una época; era toda una psicología simholizada en hieroglifos de fierro, Y no era todo,
atriles, fa:;cistoleR, fanales, candela hros góticos de los siglos XII y XIII, no finamente
cincelados como los franceses ó italianos de
ac1uella época, sino toscos y geni&lt;1les como era
el temperamento del obrero catalán; lechos
,del tiempo ele los «consellers.» ¡Cuánta paciencia, cuánto gusto, cuánto &lt;linero. para
j untar esto! .\llí entre aquel muReo de arte
muerto, de arte que no volverá, que no tiene
para que Yolver, dos tC'las pinta&lt;las por Teotocopuli ( el Greco) el sublime y desigual arti~ta cretense que vino al Occidente europeo
en plena celad de oro del Renacimiento italiano y supo ser original en medio &lt;le los maestros y llegó á ser excéntrico, demente dicen algi.mo&gt;&lt;- Ei,tos «grecos,, tienen una regocijada
h istoria que Rusiñol cuenta en su libro de
impresione,- artísticas, el único que, según
creo, ha pu blicado en castellano y en donde
con una elegancia y gracia de estilo incompa.ro bks1 expone á vuela pluma su estética y su
alma.
La alcoba del poeta es un cuarto decorado de una cama que tiene doscientos años,
de unos muebles de la misma edad, y blanca y
envuelta en muselina como la de una doncella; en una rncRa un volumen de Montesquiou
r-Fezensac,

***

En torno de la fuente que regaba un poco
fa meRa y un mucho las plantas que la rodeaban, teniendo por cortina del gran vitral la seda joyante del Mediterráneo, almorzamos opíparamente, servidos por una fresca y guapa
muchacha, «spécimen» puro de la aldeana de
Cataluña, todo col or de manzana en el rostro,
~rana en los labios, sombra dorada en los ojos;
fuerte, pero esbelta y reidora, y por su marido,
&lt;1ue le hacía parangón por lo fuerte y lo sano.
El poeta, convaleciente todavía de una enfermedad nefrítica, de la que pudo escapar
gracias á dolorosas operaciones, no desmintió
1.m momento su buen humor: brindó, predicó,
cantó y contó á maravilla ¡oh! no, sus cuens
tos no estaban hechos para ser oídos por las
madonas de Boticelli, no; eran ecos de la ,ida
del barrio latino, sal gruesa y picante fuerte¡
pero capaz de hacer reír al dragón esculpido
en el «picaportas de la casa del Arcedift, » ¡Y
J&gt;ensar que este estudiante de inagotable y endiablada facundia es un melancólico, es un
soñador airado y triste cuando hace sus devociones ante el altar del arte! Por allí había
cuadr os suyos, paisajes los más, rincones de
jardines españoles, cementerios de aldea sombreados por altos abetos negros que dibujan
sus largos piñones de sombra en el suelo enrojecido por el sol, y recuerdos de la Alhambra, del Generalife; sobre una puerta, frente
á m i asiento, veía yo una mujer que parecía
un cadáver en el fondo de cuyo corazón no se
hubie&amp;e apagado todavía la lámpara, . , . Era
la &lt;emor:finómana» de Rusiñol, su mejor tela
quizás, sin duda la más YiYida, y es una
muerta... . .. ,,.
Después de comer, un «coup de theatre,» un
cuadro de Zuloaga, el admirable pintor vizcaíno, el amigo fraternal de nuestro huésped,
Era una fragua en Vizcaya, de una fuerza, de
una expresión, de una verdad en su sencillez
&lt;le colorido y composición que hacían re~ordar al maestro, al formidable, al sin par.
Parecía un cuadro hecho en su taller y toca-

EL )IUNDO I LUSTRADO

EL )IUXDO IL'C'STRADO

.

l

D

l.

1

EI, "CAU F ERRAT,"-[EI: Hogar en la sala baja,]

do por el miRmo pincel que di6 color y vida
á la FORJA DE YuLCAXO. Una excursión á la
encantadora playa en donde el artista y sus
amigos han levantado una elegante estatua al
Greco, terminó la visita .. ,,,

¡Adi6s, mi querido gran poeta, indeciso ens
tre el pincel y la pluma! ..... Los hombres cos
mo vos son necesarios, parece que vivís en lo
pasado, en lo muerto, y no, lo pasado redivive en vuestra alma; y no sabéis decir cómo,
pero si podéis balbucir y murmurar vuestro
infinito anhelo; n1estra eterna balada á esa luna que refleja la luz invisible de un ideal, de
un sol que tramontó las cumbres de la edad
del arte, porque era la edad de la fe, es necesaria en nuestro tiempo de mecánica y de negocio; es para el hombre de trabajo sin compensación cuando est.á abajo, y sin ideal cuando está arriba, un descanso, una música; es
la sombra de la noche, la frescura del bosque
y la risa de la fuente sumadas en el canto escondido del RUISEÑOR.

CERILLOS CHINOS.
N'o sé si es Alarcón quien ha escrito una serie de estudios intitulados, respectivamente:
Lo que se ve, Lo que se oye, Lo que se huefe,
Lo que se gusta y Lo que se tienta en las Exposiciones Universales, El simpático escritor
comprendió sin duda que para dar una idea
de ese caos organizado, eran indispensables
una clasificación mu~, rigorosa y una exposición muy metódica, Cuando se tiene mucho
que decir, debe procederse como cuando se tiene mucho que empacar. Hay que acomodar
aristas, que imbricar ángulos, que empalmar
superficies, que escalonar y acuñar volúmenes
á fin d e ahorrar espacio y de poder encerrar
mucho en poco.
El lo consiguió mediante su clasificaci6n de
las cosas en función de los sentidos y gracias
al ordenamiento de los hechos en razón de las
sensaciones que provocan,
La tarea es enorme, Una Exposición Universal es, en suma, una síntesis, una reducción, un e.xtracto del mundo mismo. Dánse
cita ahí las ciencias, las artes, las letras, la industria; la Naturaleza con todos sus productos y con todos sus panoramas, desde el peder-

nal hasta la flor y desde el lago hasta la cordillera, De un lado la maquinaria, podero:::a y
deF-mesurada, hace girar sus volantes y oscilar
sus balancines entre Yapores que silban y chispas que centellean, fabricando toda clase de artefactos y produciendo toda clase de artícul os,
bombones lo m i::11110 que placasl de blindaje,
encajes y fallas lo mismo que rieles, Del otro
los márn10les y los bronces reproducen las formas inmortal es de dioses y de ninfas; los cuadros recuerdan los episodios de la historia, las
leyendas de la mitología, las escenas de la Yida diaria, Aquí brillan en sus estuches las joyas, despidiendo iris y envolviéndose en refulgencias; ¡i,llá, en sus frascos, dibujan ,-us
formas extrañas y siniestras los fetos y los
monstruos.
Los esqueletos y los despellejados manequíes anatómicos parecen contemplar, meditabundos y filosóficos, los esplendores de la moda y las e:xtraYagancias de la vanidad humana.
:Mientras de un pebetero se exhalan perfumes,
de un respiradero se desprenden acres emanaciones industriales. Hay vapores culinarios que abren el apetito, y exhalaciones nauseabundas que lo cierran. Se oyen á. la vez.
crujidos, chirridos, murmullos y cantos. A
dos pasos de una bocina que ensordece, se oye
sonar una música que deleita,
Se come de todo y de todo se bebe¡ arroz
con popotes á la usanza china; caviar á la rusa, pilaf á la turca, cebada á la tártara, ratasá la japonesa, cerveza negra, como en Anvers,
ale corno en Londres, wiskey como en Nueva
York, sidra, champagne y hasta pulque mejicano. Se dan cita todos los pueblos, negros,
blancos, cobrizos, amarillos, vistiendo dalmá,
ticas, capas, jubones, enagüillas multicolorescalzando sandalias, coturnos, botas, huara,
ches; con sombreros redondos, turbantes, chechías, gorras de astrakán.
Las construcciones son tan heteróclitas y
variadas como todo lo demás. Junto á un
templo griego imitado del Partenón, se alza
una pagoda china importada de Shan-Ghay;.
al lado de un palacio veneciano REINA una
choza canaca; el arco de triunfo fraterniza con
la noria argelina, Sillones con ruedas, ferrocarriles Decauville, plataformas m6viles, tranvías eléctricos y barquitas automóviles facilitan la circulación.
Quien ha visto una Exposición Universal,
y el que esto escribe ha tenido la fortuna de visitar dos y á mayor abundamiento en París,
ha ,~sto todo cuanto hay que ver y ad.mirado
cuanto hay que admirar; ha tomado el pulso,
á la VITALIDAD humana, sentido y medido la.
omnipotencia del genio y el poder transfor-'

mador ,\' n·dl•ntor dl'l trahajo, H' ha r&lt;'l'OJH'iliaclo con la humanidad Y con la C'i,·ilir.,1l'i{rn
y }l('l'l'l'l'llhl&lt;lo Kll e;;pl'ranza y su fo l'll l'l porYl'llil'.
('uarnlo pa;;ado l'1 til'lllpo 111(' he pre·guntaclo
qué co::1a ú qn(. co;;a:,; Prt (';;e Ya ria do y ei&lt;tupendo C'onjunto me han e·onmm·iclo ó impn•sionado mú::1; e·núlcs ele tanto:; prodigios han ckjado
huella mú;; profunda en mi alma, aenho por
contestar que dos: la prinic•ra locomotora y los
cerillo::1 chinor-, Hahle111os ele é::1toi- últimos,
que son poco conoÑ&lt;los,
\'üütahn C'l jurado del ramo ele cerillos l'l
departamento chino, ~' fué recibido por un
mandarín, :rngusto, nobilísimo, l&gt;orclado ,\' rccaniado en todns ]:is costuras, f'u1wrnda la nariz por un par &lt;le gat'a:-- enorm(•,; de &lt;'ristalcs
circulan•s, y asi:--tido por un int1~rprete.
- E xh iben ui-kclc~ cerillo,;,
-i'4Í, :,;rñor.
-~írnrnse t•11seiiúrno:--lo8.
El 111:111&lt;!.1rín tomó(!¡- un l'&gt;'('apamte una:-;
cajas ele cartón y nos las cli::1tribnyó. Contenían pura ,r 8impkmcntc uno8 popotes como
de veinte centínwtro::1 dr largo, ;;in huella alguna de fósforo ó azufrl'.
E l ju rado lo::; miraba, remiraba y revohía.
sin atinar cómo p()(lría hncé rseles arder. Viendo Jo cual el mandarín, irnperturba.ble, pidií,
al intérprrte un cerillo europeo, é impal'\i ble lo
encendió y c·on él p rendió fuego al popott·,
ofreciéndolo cleRpués [tla adm iración y al fallo
del jnrado, Una buena m itad de éste que&lt;ló
cOJwertida en e¡.:tatua de sal, en tanto que la
otra mitarl reía :t mandíbula batiente y comcnta ba ruido,-amentc el caso.
-¡Cerillos que se encienden con cerillo!
¡Esto no se ve mft1:1 que en China! Préskme
vcl. sus cerillos para encender los míos.
A mayor abundamiento, el popote, apenas
encendido Re había apagado, con,-,en·at1(lo tan
sólo una especie ele muñon negr uzc·o en uno
de suR extremo:-. Aqu í la hihtridacl se h izo general. No sólo se n ccf'sitahan cerillos para encender aquellos cerillos, ::sino que ademáR ni
con la ayuda del cerillo ardían.
-«¡ ¡Quelle hlague! !» exclamaban los hornbreR buenos del jurado.
El mandarín, entonceR, :-in perder su i-angre fría sopló ,mbre el cabo ennegrecido del popote, y con gran c,;tupefacciún de los circunstantes, el popote volvió ú arder lo bastante para permitir encender un cigarro ó una bugía,
Lo dejó apagar y enfriar de nuevo y rnlvió á
soplar i,obre él r el popote Yohió á arder, La
experiencia se repitió de m1ern diez, Yeinte
veces con el mismo sorprendente resultado, r
por más que se dejaran transcurrir cinco ,r
diez minutos, al menor soplo el popotc ardía
de nueYo.
La hilaridad hahía cesado y la había reemplazado el asombro. En medio ele él, el mandarín dirigiéndose al presidente del jurado,
director, por miís Hefías, clel eRtanco frands
de cerillos, le dijo con HU nwclia lengua)' en un
francés apenas i nteligible.
-¿Mejor cerillo chino ú crrillo francú/ Cerillo francés no arde. Cerillo chino no se
apaga.

PENSAMIENTOS.
El sen·iC'io militar &lt;'S C'l complrnll'nto ele la
educación m1eional.

F. BHnrnm¡.;,
Las nuhP:,; puPelen ocultar una estn·lla, 1wro
las nubes pa~an y ht l'Strella queda.
LtTY Fi:1,1x-L.u·n¡.:,

VIAJES AL IDEAL.
NOTAS IBTIM.AS.
DIAZ ALBEB'l'Illl'I.

La ¡n·rnr-a ele la Ifahana nos tnw una noticia mu\' tri:-tc-: la 111 ue1ie &lt;le un nrti;;ta .
Era i.111 mago &lt;le•l Yiolín. l lace onee añoiYino á .'.\Iéxi~·o y dió rnrios c·om·icrto:,; en el
Tmtro Xacional.· Ya no existen ni l'l teatro ni
el Yiolinista.
l'crn en mí ha qucclaelo un reeul'rdo Yivísimo &lt;le .iu pr&lt;•sentación, que Yo,v ahora á n•produeir á manern de cfínwro homenaje, l'n una:,;
('llantas líneas.

Cuando apareciú Díaz .\lhertini, se prndujn
un niurlllullo cll' c·urioRiclad; n•( 01TiÚ C'l katro
un c::1treme{'i1uicnto de silllpatía,
0

primer lw,ao. ('] cliúlogo &lt;h• los ea,-;to:-- nni'.m'H,
el ritmo 1lc· la" frn::1c•s e·,1nell'nt&lt;"s, dl' los JUmmentos apa:--ionn&lt;lor-·?
¿.Quién sai&gt;&lt;' clP:--pcrtar en la mcrnorin, &lt;·&lt;m
armonía:-, la illlagcn ele la nm·ia mm•rta ú la
escena del adiús &lt;k;sp:--1wra&lt;10·?
Y, mientra:- Allll'rtini toeal,a d anclante del
coneil'rto el!' .'.\Il'ncklssohn, lo;; re(·uerclo:-- lernntarnn el nido: allá ihan en handacla:s, con rumbo ú lo pa::1ado, :t husC'ar lo:- días ele oro ele la.
niñe·z, la:-- noches azuh•s 1le la~ eita:-- 1le amor,
las hora~ nl'gras elt• las tristezas, lo,: instantes
fugitirns tk las al&lt;•gría:s.
Xo, no c•ra ,\lhertini el c¡ue toC'aha; e1 ra llll&lt;':&lt;tra alllia que llornha.
lkspu[.s ...... al cll':sa parl'&lt;·t•r l'l fxta,;i::1, allí
estaba e•! ,·iolini;-ta. rnt·e·i&lt;"ndo "u.1,·e é impere·c·ptihlenicntc' l'l eucrpo, i1wlinando la l'aheza
haC'i:t el in:--trnmento t'Ol1 una e·o111plaeencia ele
inspimclo, 111a1wjanclo el arc-o qu&lt;' C'Orre ágil,
:-e &lt;k,-liza e·on tilllitll'z, hiere eon ,rniorosa suaYida&lt;l. ataca e·cm furia inu:-itada, pa:-:a en Yérticro l oto ~obre las cuerclas "al fin, e·omo fati:aclo
r' tit•nl' earicias rnlu¡'ituor-as
.
.\' &lt;leliea.dPzns ent·r,·antcs qne produ&lt;·l'll &lt;¡nejas de eri:-tal
que ,·ihra al hcso ele· la luz.
¡&lt;}ut': maravillas de· cjeeueiún nos ha mostnHlo &lt;•:--t&lt;' mago del arte cu ,cper1wtuas m ovile»
:· l'll la "Danza ele lm, .Brujas.»
.\lbertini Sl'lltÍa h ondo,,· cjl'CUtai&gt;a acl mirahltment&lt;',
El ,·iolín tomaba en i'U&gt;- 111,mo:- una Yida
l'Xtraña, fantú,-tiea, c·olllllO\'('&lt;lora; dentro de
la frúgil caja de madera, un gran rnrazón golpeaha, como dl'ntrn ele un tórax; ¡oíair- eómo
palpitaba ele nngu::1tia; e::1euchahais eémio latía
de phtc&lt;•r!
A las \'l'ees pnrl'l'Ía que ccPuek» e:-eonclielo en
pl inr-tnmwnto, imitaha 101&lt; mnrmullos de las
H•lrn,-;; el torrentl' que cal', la pahncm que se
mec·e, c&gt;l agua qne &lt;·one, el pájarn que gorjea.
¡) [i,-terioso lcngnajr ele la Xatnra leza, rncerra&lt;lo por aiic cll' enrnntamiento c•n rl Yiolín
&lt;le Alhc•rtini!
Otra:- Ye(·c•s allí ::&lt;&lt;• agazapaba, un srr inYisihle: eantaha, lloraha, reía; lanzaha roncas careajaclas ~· gritos alegres, Albertini lo detenía,
lo :-mjc•tnha, lo rnanclaha; y cuando el arco Re
de~prenclía de la:- e·uerclm:, el alaclo ¡i;nomo cnrn nclecía y huía. el c•,-;píritu tornaba del C'Clcstial arrobamiento ,v l'I aplauso e:-tallaba como
una trm1w,-;tncl de emocionPs com primiclaA .. _

DIAZ ALBERTINI,

¡ Qué figura tan intne•:--antc la dd gran ,·iolinista! Sobre &lt;'I cuerpo &lt;le haja estatura, se
erguía la ealwza, &lt;'0n altivez olímpiC'a; una eaher.a de eahellcra larga _v enere:spada, &lt;·01110 f-i
la ini-pirfü•ión al salir, In rcrnlvic•ra; &lt;le frrntC'
serena, ahon•daeb, lurnino;.:a; ojos &lt;lP mirada
tranquila, fulgurante', inten"a; ojos que relampagueaban de i1111n·m·i,-o, l'0mo el horizonte'
en una noche ele m-;tío; faz apolínea, ele perfile::1 suaYrs, que conser\'ahaaún finosra;-gos ele
adolcscenk: y, ;-ohr&lt;' c·:--tas fac-eione", mareada
una ;.:ingnlar cxprP!:'ión ele rngueclacl indiferente, &lt;le distracción cándida, como si d ecrebrn,
desligado ele laA srnisacio1wi&lt; ele la Yicla rml, se·
ocupa:--e en elahomr pensamientos de poc:--ía
hrumosa, ú rn clc:--pertnr rrcue•rdos ele• C'o:-as
queridas ,v lejanas,
Díaz .Albertini Yeía Rin mirar, e·omo ,-i c·1itrc
lo:-; ohj&lt;'los y lo:-- rayo,; de :-u mirada f'l' intl'!'pusi(•ran la:-- ,·i,-ioneR elr un :suetio,
Yo aplaudí cksclc· mi huhwa: aqtwl noble
rnr-tro llll' d&lt;•jaha a&lt;liYinar un e':-;píritu radiank y alto.
Y toc·ú; ~· e·uanclo d ar('0 pasó ro:-an&lt;lo la~
c·ner1l,t;- sonoras, C'0lll0 una ala la Sll)ll'rfic-ÍP &lt;le
la linfa, d instrnlllcnto c·xhaló nota~-mita,l
quejas, mitacl gorjeo:-:-quc llegaron á mi alma como el'0S aclormecido:-- de YOt·(!s mistl'rio:&lt;aF- que mr decían: ¡stwtia!
Xo; ar¡uello no cm el "conC'ierto" de ~fcndel::1sohn ¿.(lu(, pauta aprisiona lo,: suspiros'?
¿Qné signos expre,;an el «bú11olo» ele los ;sollozos'? ¿Dónde está h nwlodía que eneierm la
halada arrnllaclora ele la cnna, rl rumor dc&gt;l

LUZ DE LUNA.
La luna. toll10 múscara &lt;le un clrama
Que la c·laYe clel mnnclo &lt;le:--nuwce,
C'omo funcli&lt;la plata resplancleee
Y un tl';;oro ele porn1¡¡1:,; clcs¡mrrnma!
Hay vroeligio,-; (lp luz c·n &lt;·,ula rama
Qu(• á un clelirank inqrnl;::o se estremece,
Y el firmanwnto cliúfano lHll'ec·r
De YÍ&lt;lrio ,\' :-ecla portcnto:--a trama.
En la arC'ada ele] patio ~r• &lt;lifuncle
rna luz azulada; e:-- un en:--nl'iio
De fiesta el &lt;¡ne e•n lo:-- (unhitos elintga,
Y mi pa:::-ión &lt;1ue en el misterio sr huncle
Con &lt;ll·licia eontempla, eonio un sueño
t·na fi¡i;ura ele• mujer. muy Yaga!

lf ica rdo f;ómez /(obelo.

�DOIIIl!ing-0 4 die 1Ia¡yo de 1902

EL ~.\IUNDO ILUSTRADO

•

Dorruing-0 4 die ifayo de 1902

EL }fuXDO lLCi':iTHADO

CONCURSO DE CAKONES KRUPP, CANET YIIOMDRAGON.--BRILLAUR PARAUA IIILITAR.--BESRR\'ISTAS ENACCION.
ron medida", pe;;os, cte.,~· en i-eguida se comenzaron ú haeer las pruebas sobre el campo, ta.rea que ocupó
á la comisión por cliez días con:-:ecutivos.
El día 18 ,lel próximo paRaclo
Abril ,-;e llevaron á cabo las pruebas
prácticas preliminare:4, concurriPn&lt;lo
al campo &lt;le tiro el señor Pref-i&lt;lentc
de la República .r rl scfior ) IiniRtro
de la Guerra, loi- G-encrales y Coroneles que mandan los cuerpos de arti.llcría, y la mayor parte de los .Jefes del Ejército.
Las prnebas Re efectuaron con toda minueiusida&lt;l, en presencia de los
8rcs. Krnpp y Canet y del Sr. Coronel ) [anucl )1omlragón, autor de la,
boca de furgo mexicana prcsc•ntada,
á concurso.
Aun no e,; conocido el dictamen
que rendirá la Comisión técnica, y
en los círculos militares se le espera
con~entusiasmo, porque ha Rirlo Yer-

Callón'Krupp oo baterfa.

tlánclole ~ frente, en el Riguiente dispositivo._,:
Zapallores, 3?, 16?, 17? y 24? Batallones,~•
columna por batallonc~, con sus bandas y musicas á la izquierda. El costado derecho de
cada hatn.llón se apoyaba en la orilla de la
banqueta del Portal de las Flores y Puente de
Palacio. La distancia entre los batallones era
ele 3 m. -&gt;0, en el concepto de que el 24? quedaba al borde exterior de la banqueta del Zócalo, del lado Oriente.

* *.*

CORONE [, M ANUEL MONDRAGON.

El celo de nuc"tro gobierno por clofar del
mejor armamento al Ejército mexicano, ha hecho que se abra un concurso de bocas de fuego,
en el que han figu rado las llamadas Krnpp,
Canct y 1\fondragón, C]_Ue hasta la fecha se
cuentan entre las mejores que existen en el
mundo.
Forman la comisión que habrú de dictaminar sobre la supcrioridarl de los caíiones, los
seíiores Coronel ,Juan Villegas, Jefe del Departamento de Artillería; Ma)'Or Rafael Eguía
Lis; Capitanes primeros, Víctor Hemández
-Covarrubias, Francisco Nan·áez, y Tenientes,
Enrique Ruiz y Fernández y Serna.
Las pruebas que se han efectuado son las de
resü,tencia, ligereza y tiro, para las cuales se
-0rganizó una expedición militar.
Los primeros estudios fueron de gabinete.
.Se hicieron alguna~ comparaciones, se toma-

Callón Saint Chamond-Mondrag6n, haciendo fuego rápido.

daderamente agra&lt;lable Yer que el producto de
la inteligencia de un mexicano figure con buen
éxito al lado de aquellos que se han reputado
como primeros en el mundo.

Kuestras ilustraciones representan algunas
escenas de las pruebas que se efectuaron en la
Escuela de Tiro de San Lázaro.

A retacruarclia clcl 24?, Y cubriéndose con la.
"
.
,
&lt;lerccha, formaron en columna por batena.'!,
un grupo de Artillería. montada y uno de á
(•aballo ,. á continuación, m columna por esrna&lt;lro;1es, los drl 3?, 4'? y í'? Regimientos,
siendo ele 4 metros las distancias en estas columna,t Las hanclas y músicas Re colocaron á
la izquierda de las primeras haterías y escuadrones.
La c-olocación inclicada no podía ser más
llamativa ni de mejoras efecto;;.

Callón Scheider Canet en bateña,

..

1!

:!
.9
4)

•••
Aquellas línea,; desplegada¡,. &lt;le los infantes,
tan recta¡,. y simétricaf'¡ la formación de la Artillería y de los Regimiento:-; y las distancias
!!Uardadas entre cuerpo ~· euerpo, hicieron del
conjunto un cuadro marcial hermosamente sugesti rn que proYocó aplausof-.
.
La Secretaría de Guerra pm,o así de marufiesto la disciplina é inf'trncrión de todos los
cuerpos que guarnecen la capital.

Publicamos hoy un grabado
que da perfecta idea de la gran ,
parada militar efectuada el 2 11~•11t:a,.,,.._
de Abril último, en honor del
Sr. General Díaz y en celebración del aniversa1:io ele la gloriosa toma de Puebla, por el
denodado Ejército de Oriente.
La Plaza de la Constitución,
en todo su conjunto, se ofrece ft
la vista, drstacándose en sus
costa.dos del Oriente y Sur las
tropas foderales, en forma&lt;:ión
vistosísi ma.
Estaban situadas paralelaCallón Saint Chamond-Mondragón y su nnevo carro de mnnicioll'8s
mente al Palacio ~acional y
en baterla,

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Brillante Parada Militar

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�Domingo 4 ,die Mayo de 1902

EL .MU:N"DO ILUSTRADO

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~lJj

I nstrucción de reservistas.-M ovimientos de caballería.

LOS RESERVISTAS EN ACCION.

Se cree que antes &lt;le un mes la. Reserva se
compondrá tle 2,000 oficialc,;.

La S&lt;.'gunda fü•srrrn del Ejértito :-e considera como un Cuerpo ele importancia, dado:- los
:fines de s u institución, d cntusin1-1mo que de:,;pierta en la jtn-&lt;.'ntml mexicana, por e1 deseo
de ;;crvir ú la patria en aptitud l'fL•ctirn, y el
grado de inRtrucción militar que rnn alcanzando todos los que á ~I perkrw&lt;·en.

Loi, Rcsen·istas de esta capital concurren
todos los domingos, durante la mafi.ana, al
tampo tlc Anzm('K y ahí hacen su práctica,
mandando tropas regulare-.'-, bajo la \'igilancia
clel J eje del Drpartamento del Estado :i\Iayor
Especial y los que tienen el &lt;·aráetcr ele instructorC'R.

Los movimientos que se ejecutan atraen numerosa concurrencia, sirviendo estos actos públicos para demostrar el empeño que toma el
Hr. Ministro de la Guerra, por los adelantos
del Ejército.
Publicamos tres grabados que representan
la instrucción tle los HC'RerYÜ,tas en las tres arma:-.

I nstrucción de reser vistas.-Maniobras de Artillerla.

DEL NATURAL.
Fulgor tle luna que en las ondas riela,
PC'rfumc agreste por los aires Yaga,
Rumor ele notas en la brisa vuela
Y allá ...... en lejana confusión Re apaga.....
Pareja amante que goz:ar anhela
La soledad cuyo misterio halaga,
E n tra al esquife que brillante estela
Deja, cual cisne que en nadar se embriaga.
Huye Yeloz, se aleja prc:-urosa,
Y, cunl se mece sobre el mar el ílY&lt;',
Se columpia la frágil na\'ccilla ......
De pronto, C'l remo de su afún reposa,
Y no se escucha otro rumor que !'l suave
De ornlas que bC'san la afilada quilla ......
J. Pablo Franco.

SU BELLEZA,
Su belleza era un árbol que mecía
del viento al soplo su penacho erguido,
y &lt;'ll cuyas ramas construyó RU nielo
el ave ,le la eterna poeRía.
Yo &lt;lesperté bajo su sombra un dfo,
por ht impaciencia el corazón trarnúdo,
y de hinojos postréme embebecido,
al contemplar su noble gallardía.

Torpe Adán de un moderno Paraíso,
gustar el fruto de aquel árbol &lt;Jniso
mi alma, en el ardor de su imp,tcicncia;

Y llevarlo á. mi bo&lt;'a logré a~tuto;
mas el almíbar de aquel tierno fruto
enyenenó por :-iempre mi existencia.
Aurelio aonzález Carrasco.

TORRIDO.

Y en busca tlel ansiado, del singular remedio
Conque calmar su fiebre, su inextinguibletedio,

Por el gran moribundo libé un sagrado vino
A la luz Hoñolienta de un verso alejandrino.
l\Iientras tocaba el grillo del blanco mediodía
Bajo la gloria, el pífano de su melancolía.

.-.

Aquilino~ V/1/egaa.

Un enorme Hilcncio ele vergonzante cripta
Donde la vida loca se retuerce proscripta.
Los lagartos, el frío de :-us cntrafias yertas
~latan entre el rcscolclo &lt;le sus arenas muertas.
Y desfilan las Yíboras: son Yenles latigazos
A los pobres vencidos, los Redientos 1ibazoR.
En el verde murientc del pajonal hinmto,
El Rol lanza su rayo &lt;ksolaclor y hrnto.

Su rayo, puñal blanco de ardoroso diamante
Que le &lt;'lava á la tiena desnuda ." rutilante.
Y hav un hervordcfragua,;;obre laroea enhiesta
Doncle el nC'gro granito, de fiebre se retuesta.
Y el río tlcslizan&lt;lo, bajo las verdes frondas,
Sus negras y pesadas y adormecidas ondas,
Dice HU gran tristeza; mientras ferviC'ntemcnte
Las an•nas se ahrevai1 de la man~a corriente.

Y bajo la gran gloria del blanco mediodía
El grillo toca el pífano de su melancolía.

Y pen:-;é en las ('aricias y pensé en el anhelo,
Con rO&amp;'l&lt;los ele nácar, con frescuras de hielo
Que ha tiempo que cultivo.temeroso y doliente
En la maceta triste ele mi alma. adolescente.

Y camello can~ado flt-1 lángui&lt;lo desic,1-to,
VínuC'stroamorcnfom11 i, nuestro cariño m U&lt;'rto.

Domingo

EL 1[17XDO ITX:-:iTIL\ DO

GRITO POSTRERO.
La pálida Nereida americana,
la reina de los mares &lt;le Occidente
sacude su melena refulgente
como un rayo de sol en la sabana.
R:tdiantc y luchadora la maíiana
acarició su ensangrentada frente
y su selva escuchó cual mar rugiente
el tropel de la carga ~oberana.
Hoy, si el que ayer se declaraba hermano
no quiere avasallar, ¡guerra al tirano!
brille el acero libertario y fuerte,

1.-Pue nte de Pat éhé. (Querétaro.)
2.-Caída de agua

de S a nta

Cruz, ( Morelos).

3.-Los puentes de San Angel.
4.- Pue nte Viejo e n Coyoacán.

y resuenen tle nuevo lo:-; clarines

ilamando r~ los hcr6iecis paladines
al último combate &lt;le la muerte.

5.-Gruta á inmediaciones de San Angel.

1

-:1:

die 11ayo 'de 1002

�Domingo 4 &lt;le Mayo de 1902

EL 1IUKDO ILUSTRADO

Doo1Jiugo 4 die- ).faiyo de 1902

EL MUNDO ILUSTRADO

~
Damas
distinguidas.
00

JU Sifón de Churubusco.

La obra tardó más de un ailo, y se construyó bajo la dirección de los señores ingenieros
Angel Lascuráin y Enrique Guzmán.
La obra, que es grandiosa, consta de tres parLa Comisión Hidrográfica en su sección del
tes principales: el sifón, fa desYiación del cauValle de :México, acaba de llevar á término
ce .del río de Churubusco, y un puente sober]a construcción de un nuc,•o sifón f':obre el cabio levantado en la calzada que va de Ixfacalnal nacional, destinado á dar paR0 bajo éste al
co á Mexicalzingo, lugar del sifón.
río de Churubusco.
Las obras tienen
por objeto, ante todo, evitar que el río
de Churubusco desemboque en el canal
nacional, para que
no se azolve éste, lo
que traería e o m o
perjuicio directo la
disminución del
caudal de agua del
canal nacjonal.
Para obtener esto,
fné necesario llevai·
á cabo una larga desviación del cauce del
río, pues éste desembocaba m u c h o
más arriba del canal
nacional, cerca ele
un punto denominado « Buenos Aires,» desde donde se
abrió el cauce nuevo, llevado hasta
atravesar el canal
donde existe el sifón, y en la actualidad se prolonga hasta un canal de derivación que lo aleja
de dondepueda cauSftT perjlúcios.
En una de las fotografías, tomada á
lo largo del canal
nacional, se Yen los
muros de fierro que
constituyen la parte
lateral y superior
del sifón. Se ven,
además, las salientes ele mampostería
del puente, hacia la
izqlúerda. A éste le
falta la ohra de ornamentación únicamente.
La otra fotogmfía
está tomada desde el
nuevo cauce del río
de Churubusco v se
ven en el fondo v
bajo del puente lo.'!
· Debido al cincel del escultor J ujalbet Augusto'• Cqmtc tiene y.a un grandt's conductos
monumento digno de su memoria.
'
' ,•
cuadrilongos por
Fué inaugur~do el día 23 de Marzo, en la plaza de · la Sorbon~, en donde el agua pad centro del barr10 de las Escuelas, es decir, en el corazón de la vida in- sa. Este tramo lo
tekctual que el filósofo amaba tanto.
están ahon&lt;lando en

MONUMENTO Á AUGUSTO. COMTE.

SRITA. ELENA DE QUEVEDO.

la actualidad. L1s obras íuenm ya inauguradas y desde luego el sifón empezó á funcionar,
pasando sobre él el agua del canal nacional.

Los concursos de Coyoacan.
Ocho días du~ó la Exposición de Flores
Peces y Pájaros en CoyoaC'án, YJ su resultad~
no pudo menos que ser satisfactorio. , ·
30 exhibiciones íueron premiadas debiendo citarse de prefereo.cia un lotei d~ plantaf
importadas del Japón, entre las cuales había
unas de formas raras y caprichosas obtenida&amp;
artificialmente para producir en ell~s el «emanismo» 6 deformación de sus tallos y ramas;.

Anve rso.

la colección de plantas florales y ,de ornato,
que remitió de Tacubaya el Sr. Alberto Me.
Dowel; la eolección de insectos perniciosos á.
las plantas y los insecticidas propios para la
c:xtil:pación de la plaga, trabajo de la Comisión Mexicana ele Parasitología.

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EL PARRICIDA.
El defensor alegaba la demencia de su rlicnte. f¿C6mo explicar de otro modo un crimen
tan extraño?
Reverso.

Ilustran estas líneas dos grabados de lasmedallas que constituyeron los primeros premios. Son de bronce opaco, y su troquelad&lt;
se estima romo una obra artística.
L'l clausura de este certamen se efectuó con
la mayor ~olemnidad, recibiendo sus premios.
los expositoreR, de manos de lw distinguida;
Sra. D 1! Luisa Elorriaga.

I
Habían aparecido una mañana en un cañaveral dos cadáveres abrazados, una mujer y un
hombre, personas distinguidas y de brillante
posición, jóvenes aún y recién casados, ella en
f'egundas nupcias, habiendo permanecido Yinda el tiempo justo que marcan las leyes.
No se les conocían enemigos. El móvil del
crímen tampoco era el robo. Sin duda los
arrojaron al río después de atravesarlos con un
estilete.

Las diligencias del proceso no daban luz
ninguna. Los barqueros interrogados no habían
visto nada; iban á sobreseer la causa, cuando
un joYen ebanista de un pueblo cercano, que
Re llamaba Jorge Luis, apodado «El Burgués,»
presentóse como autor del hecho.
A todas las preguntas dió la siguiente respuesta:
-Conocí al hombre hace dos afros; á la mujer hace seis meses. Con frecuencia me llevaban muebles antiguos para qu.e los restaurase.
Y cuando le preguntaron:
-¿Por qué motivo los a:w,;in6?
Limitóse á contcHtar:
-Los asesiné porque decidí asesinarlos.
Y no hubo manera de arrancarle otras declaracione~.
Aquel mozo era, sin &lt;luda, un hijo natural,

enviado á casa de una mujer que fué su nodriza, luego abandonado. 8e llamaba solamente Jorge Luis, y como se mostraba inteligente, reYelando gustos y delicadezas instintivas que le distinguieron de los otros niños, le
llamaron «El Burgués,» y por este apodo le
conocían. Tenía fama de.ser hombre de provecho en su oficio; era también alcro tallista·
se le tenia por muy exaltado partidario de la~
doctrinas comunistas v hasta nihili::itas· muy
devoto de novelas de· aventuras, de rel~tos y
dramas terribles; elector influyente y orador
hábil en las reuniones públicas de obreros y
campesinoR.

II
El defensor alegaba la demencia de su cliente. ¿Cómo, si no, admitir que un obrero esti-

�EL
mnhl&lt;' a:-;t•:-inarn :sin 111ú:,; ni lHÚ,-, ú do,.: pt•r;.;onas rl(':tllcl:tlada:,; qut• ll' favon·t·ía11•&gt; El a1·u:-ado
confl',.:aha 1pH· :-il'111pi·e fueron g,·m•rn:,;n:- !'(111
él, y sus liqui&lt;lfü•io1ws hadan t·onstar qut• ll'
dieron en dos años trnliajo por ya]"r dt' tn•:-c
mil frarn·o,-.
l-11,1 ¡,;oln t·:q1lirnl'ií,11 ¡n1n•c-ía 1•11 a'lud rnso
aeeptahll': la lo&lt;"lll'a, la idt•a lija &lt;Id pohn·
dei-hr1·l'da&lt;lo &lt;¡ll!' :st• ,·1·ngn ('11 1lo:&lt; 1,u rgu&lt;'"l'"
de todo:-\ lo::' hurgtll'sPs; y t•l ahogado hizo l'lltnn&lt;"l'S una llllt_\· húhil alu,-iún al ,l]llldo «El
Btugu(,s,» ciado por l'l Jllll'l,lo al 11iñll ah,m,lonaclo, v ex&lt;·lanrnha:
-E~ta ironín, ¿_no &lt;lchiú in Huir tamhifo _,. ·
exaltar nl &lt;ll'l-(&lt;li&lt;·hado 111ozo qut• no ¡nulo c·1moccr ú ,;u:-; pa&lt;lre,-·? .\rdienk n·1mhlimno. ¿_qu(·
&lt;ligo'?, mú,- qm' n•pnhlirnno. porqm• pt·rtt•1w1·t•
al partido qtw la Repúhlin1 l'usilaha y dcpmtaha no h:H'l' l1lll('ho Y ahora n•t·il&gt;l' t·on lo:hrazo:-1 ahierto:s; ú lN' ·partido para el &lt;·ual t·s
el inc·t•11&lt;lio un Jll'in('ipio _,. c·l a,-;l'sinato un reeur:::o nalurnl. E:,;a:-; tri:,;ks &lt;l()(·trinm,. ¡,rodarnarla:s en n•unionc•:,; púhlirn,-, han penli&lt;lo á
ese liornbn•. Oyú ú los re¡,uhlit·ano¡,; 1wdir la
sangre clr (h1mhl'ta; hubo hai-!a rnujen·s qul'
pemr:1lmn rn tal i,;t•11ticlo; la ,.;angn' de Uaml&gt;t•ta, la sangn• de C:rl•,·_1·. ~u &lt;'"píritu enfermo
,.:e tm:-:tornú, _,. tarnhi(,11 pt1lfa :,;anw&lt;', :-1angre
de l)m·guf,.;. ~o &lt;k•hl'lllO:- c·ornlenar ÍI t•i,te hombre; dch&lt;'l110i" rornknar al Yerdadt•ro tulpahle
de Rlli'\ extmvío,.;: ¿.ú la C0111111une!
o_,·{,ron:-:e 111urmullo,.; d(• aprolnl&lt;'i(m. l'omp renclía,.;e &lt;l¡lH' tenía d ahogado la opinión &lt;le
su partl', y e l fü,('al no repli&lt;"aha.
Entonct'i" el preRi&lt;lt•nte hizo al atlli":t&lt;lo ]¡¡,.;
pregunta:-; &lt;le eo:-:tumhre:
-¿_Tiene q u e añadir algo d a&lt;·u:&lt;a&lt;lo Íl la
&lt;lefcn ;;a·?
E l homl,re se lenrntú. Era 1,ajo, muy rubio.
&lt;·nn ojo,.; gri:,;ps fijo:-; _v l,rillantl':'. l'na voz fuerte, fran('a y ¡,;onora salía &lt;le aquel eut•t']ll'Cito,
y eamhiaha nrn_\· hn1,-c·aml'nte {¡ lm; primcrn,.;
palahra,.;, el &lt;·onc·L•pto que todo,- habían formado.
IJ al1laha ('011 altin-z, cl1•c-lanmndo tan darnn~t'n!e, qt~e la nH•nor palabra :-e hada oir en
el rmt·on IIH\,- apartado.

III
-~eílor ]&gt;J't'i-(icknte: yo no quil'ro ir ú una
ca,.:a ele loc·o:s; prcfit•ro la ¡rnillotina. Din~ Lt
verd,Hl.
AHeRin(, al hom hrl' _v ú la mujer, porqut· eran
mis padre;,,
l-na seíiora tiene una triatura v la 111amla
ú un ¡,ut•hlo, _,· la l'ntn•w1 Íl nna n;1driza. Y &lt;•s
eondl:'nado un sl'r ino('cnh· ú la n I i:--eria i111plara hle, ú la ,·ergüenzn irn•&lt;limil,k de su nadmil'nto ih·gítimo: aún rnús, ú la lllllL'rk; porque le ahanclon,111; porqul' la noclri:1.11, &lt;lejarnlo
luego dr rt•(·ihir :su pensi{,n m(•n:-;ual, plll'lll'
ahanclonar al hambre ,· ú la n1uerte la l'riatum que le &lt;-onfiarnn. ·
Pc•1·0 la mujer que mr t1·ió l'l'a honrmla: mús
honm&lt;la, mú,- ge1wrosa, mfo• (ligna, mú:-1 madre que mi madre. Y me c·on!'rn·ó ú su laclo,
eclueúnclomt', &lt;·11111plicnrlo :t fuerza &lt;le i-atrificio,.; un dcher ele humani&lt;lad. Hizo mal: l'S
mejor dPjar morir ú los infclitl'" arrojado:-; ú
las aldeas dt',-cle las c-apitale:;, corno se arroja
la hasu ra al ,llTO\'o.
Crec-í eon la ;l'nsaeií,n vaga &lt;lP mi deshonor. Lo:-1 niiim, c¡uc jugaban c-onrnign rnt· llamaron expósito un clía .. sin salwr lo que signific-aha e:-:c' n0111hrt\ oíclo en sus c-a¡,;a:-; ú Ru,padrC'K. Yo tampo(·o lo sabía y me hizo daílo.
Era ~-o t•nt&lt;mer;-; no ha/ 1;1otiyo para callarlo-uno ele los m(1,.; inkligenk,; t•n la e:-&lt;cuela. lluhirra ;;iclo un homiire honrado; t.il
yez u 1i. homhn· superior. ,.;i rnif, ¡,aclre,: no c·ometicran el nimen ck al,arnlonarnw.

:m-xno

11rsrrn.\D0

Y 1·stl· ('l'illll'll :-(' (·0111\'fií, t·rnltra rní. Yo era

la \'Ídirna ,· ellos los c·ulpahle,-;. Yo e,-;talia incld1•11¡,;o, _,. ~·llo:-: d&lt;'"J&gt;ia&lt;lado.,; .,· nnell':-. l&gt;t-hínn
quPn'rttll· ..,· llll' ahandonahan.
Lv'." d1•l,ía la ,·id,1 ¿_la vida l'" un n•galo
que· ha dl' :wrnd1•t·1•r,.;t•·?-La mía fu(- una dt•,&lt;,.&lt;'1lt11ra, l)¡~pu(.¡,; dt• :-:u v1•rgo11w,-;o aparta11,iento. ,.,(,]o t¡Ul'd,tl,a 1•ntn• mis padn•s _\' .1·0 la
n'll:,);anza. l~llo,- n•,tlizaron eontra mí el acto
rnú~ i11hun1;1110. rnús infa111(' ,v 111,mstruoso que
ptwdl' n·alizars1'.
1-11 hmnhrl' injuriado. rnaltrata&lt;ln, rolmclo.
¡,uedt' rt•(·U¡&gt;l'ntr lo Jll'rclido {1 fuerza ele fu_e1_-za:-:. Cn ho111 hre burlado. cngaíiaclo, mart1nzl1&lt;l0. mata; un ho111hre ahofrtl·aclo, mata; un
lw111lire 1ksho11raclo, mata. Yo fuí más robado, mú,-: t'ngafmdo, 111artiriz:Hlo, ahofekaclo
n10rnl111l'tltc•. rnús deshonrado 11ue to&lt;lo:,; a11uellm• ú lo!-( c·uak•1-1 a hsoh-(,i,-.
]\fo ,·engué; mat(,: mi deredrn era legítimo.
lfr clc,-tmído ,m ,·ida felir., para cobrarme &lt;ll'
In ,·ida horrihle que mr habían i111pnrf'to.
¿_Ifahrá quien mr llame pnrriei1la, :-;i&lt;•tHlo
dios los que 111&lt;' arrojaron ele :,;Í como una c-arga oclio:-:a, lus que 111c ,·cían l'Oll terror, eorno
una infamia, lo¡.; que me aC'rptarnn colllo una
ealami&lt;lad, r me ocultaron eomo una ,·ergürnza·? Brn,&lt;.·alnm phtl'l'l'C'i" 1•goí:;b1:-1, y Yicndu
:,;u;,; placeres intern1111piclos por una c·riatura,
suprimieron h1 l'l'iatnra. Yo, {¡ mi \'l'Z, los he
suprimido á t'llo:-;.
Y, &gt;'in t•mbargo, hac·1· poto t iempo estun.'
aún clec·idido Ít perdonar.
Hael' cloi; año~
lo dije-mi patlrc fu(, ú
mi casa por vez pri11wr.1. Yo p;-;taha ignorante
d!' todo. Enl'argónw do:-1 mudik:-:. M{ti- tarde
supe que se había informado por d cura, l'nea rga ndo d Rl'(•n•to.
\'olviú c·on frec-uc'1ll'ia. ~fe hada trahajar
1,ashmte, ~' me paga ha hien. 1\ ,·ete,.;, cntrrknía;,;p h ahlando l'&lt;mmigo (ll' eual1¡uier mmnto. Yo me afit·iont'.: Íl su trato.
A l principio ele e,-te año, me llt•vú ú su mujt•r, mi macln·. Al entrar ]a ,.;eíiora, krnhlaha
tanto, que la e-reí ddima ele una dolenc-ia
m·n·io;-;,1. Lul'go llll' pidió una ,;illa y un Ya:-o
Ül' agua. Xo me &lt;lijo mú:-:; contemplaba lo~
mul'hlC':-; l'Oll i nquietu1l .,· &lt;·onh':-.taba ('O!I monol"ílabo:,; ú las preguntas qul' le haeía el hombre. Cuantlo ,.;e fnl·nm, la &lt;.:reía algo pertur-

·"ª

bada.

1

\'oh·iú al eaho de un mC':,;. E;-;taha múi, tranquila, mús ·dueña dt• sí. Aqm•l día eHtuYicron
muthn rato rn rni C'a:-a, y n,e hieieron encargo:,; de &lt;-onsidcraei(m. L:{ YÍ tn•;,; ,·e&lt;.:es aún, Hin
a&lt;liYinar lo que ocurría. l't•ro 11mt tarde, la
mujt•r me hah)ó ele mi vicia y de mi niñez.....
me pre¡.,11.mt6 por mi;; padre;:. Yo la dijl': «n1is
padrl's, Reñora, prm1 unos 111i,-erahle,;, que me
ahandonaron.i, Entonees (•lla, lled1Hloi-&lt;' la:manos al eornzím, tayó &lt;lc;;nrn_\'lHla. Yo pen:-;(, cll' pronto: cc¡E,.: mi madre!)) pero no lo dí
Ít !'llkndt r. Qui:-t' aguardar (1 que h,1hh1H·n
dio,;.
Y me infom1(, dl' todo. Kupe que se hahían
e-asado l'll .Julio, y tiue mi 111,t&lt;lrr hahí'H enYirnlado algún tiempo ante,.:. Mnrmurábase
que :-e amaron en Yicla del primer marido; pero no hal,fa prueba eit•rta. Era yo la prueba
que faltaba; la prneh,1 que primero quisieron
oeultar .,· 1upgo 1lrRtrui.r.
Yo aguardaba. Ella Yoll'ió una tarcle, siempre ton el hombre; Yoh-ió, al pareeer, mur
eonmm·ida; ignoro por qué. Al in,c, me &lt;liju:
«E;-;timo {¡ u;;ted porque le rreo un excelente
mu&lt;·haeho, muy trabajador; si no tipnc u:-1ted
no,·i;1. e;; rle ,.;uponer que pronto la tenga y
piensp c·asarse; quiero rnntrihuir ú su felic-iclad, poniéndole ahora en tondicione:,; de elr¡¡;ir lihrcnwnte (t su gm;to á la compañera ele :::u
Yi1la. Yo me' &lt;'a:-;(, una vez contra mi gui-to, y
,-(. c·uánto p,ukd. Xo tengo hijos ~; soy rica,
0

Jil,n·. 1lu!'1ia ele mi fortuna. Tome uste(l un

EL /V\UNDO ILUSTRADO

elote.
Y 1u1• ofn·&lt;·iú 1111 sohre grand&lt;&gt; ,v lacrado.
La 111ir(· fijamente y dije:
¿.l·stcd t'S mi 111ndrc·?
Het 1·o(·t·diú tn•s pa!-los, e-u hri(ndo!-l&lt;' lo:-: ojos
&lt;'011 lns manos para 110 Yern1t', ~- d homhrP,
,.;o;;tenién&lt;Joh1, &lt;'xela111ó: «¡E:stít ustc&lt;l loeo!»
Entom·e,- le tonksté:
-Xo t•sto.,· loen, sé que son u:-:t(&gt;¡Jt,,; mil" pa{lre:,; ...... Ya no t•i- posible so:;tc1wr el engaño.
Contiés&lt;•nlo )' guanhu·(, d ;:eereto: no les pcclir(, tllt'nta,- y :,;eguiré siendo lo que :,;oy: un
ebanista.
Hetrotedió hacia la salida, sosteniendo en
sus lm1zo,- [t la mujer, que lloraba. Corrí á cerrar la puerta y guardúrnlome la llaYe c-onti-

AÑO IX.--TOMO !.--NÚM. 19.

MÉXICO, MAYO 11 DE 1902.

•rector: LIC. RAl'AfL Rtl't&amp; &amp;PINDOU,

Sub:,cn pcidn mensual forari~a, 1 l 5•
IdeUJ. l d c.m. ~n la capital, ., 1 .36

Gerente: LUI&amp; RtTtl'I &amp;PIN•eLA.

11u(·:

~Ií rcla eúmo llora, C'Úmo teme, y dígame
aún &lt;1uc no es rni madre.
,\ 1 oinne se alborotó, palideciendo, aterrado por el CReándalo que amrnazaha, que po(lía e:,;tallar de pronto, y pensando que s u eonsidPraeión. ,.;u buena fama, ¡;u honor 1w]igmhan, halbueeó:
-Es usted un c·analla, que apro,·eelm una
oportuniclad fa,·orahle para explotarno!-. ¡Haga m,ted bien, sea uste&lt;l generoso t·1,n eKta gt&gt;ntuza! ¡Koeórrales, prot~jalcH!
.l\Ii. madre, repetía enloqu ecienclo:
-Yíunono:&lt;, vámonos, vámonoi; ..... .
Como la puerta seguía cerrada, el homhre
gritó:
-¡Ri no abre usted en seguida, le har(, llevar á la cárcel por e,.:tafa y violencia!
·y o e;;taba sereno, tranquilo, clueíio &lt;l.e mL
Abriendo la puerta, miré luego eómo se alejaban y He hunclían en la sombra de la noche.
Parceióme d e pronto que me quedaba más
huérfano, mít:,; abandonado que nunca: me
srntí arrojado á la calle: llllíl tristeza eRpanto!&lt;a, mezclada eon odio, c·on ira, con asco, me
inYaclió; rcbclábasc y conrnoYíase tocio mi. ser;
un cleseo de justieia, rectitud y honor, me impul;;aha. Corrí para enC'ontrarlo:-1 hacia la orilla del ~ena, siguiPndo el camino que con1hwe
á la cstaó6n del Chatou.
Los akane(,. La nochl' cf'ütha oh,-ctna; iba
yo á paso de lobo; no podían oirme. l\li maclrr lloraba, mi padre repetía:
-Tuya e,; la culpa. ¡Ese afún dC' wrle! 'Gna
insen:,;atez, otupan&lt;lo la posieiún que ocupamos. Debimos fayore('erlc deRcle lejos y ;,in
que nos eonoeicra jarná:-...... X o pudiendo ree(mOC'l't-le, ¿.á qu(, olw&lt;ledan tanta:; yit,itas peligrosa,-·?
Entmwl',; anmn\ sali.(·ndole" al encuentro,
implieantc:
-ContieHen usted e,; 11ue ,.;on mis paclre:s. ~Ie
ahandon,1ron una Y!'Z. ¿~le reehazarún ahora?
El homhre alzú la mano eontra mí-lo juro
por nii honor, seiíor pre;;irlentc,-mc golpeú,
y al cogt&gt;rle ,n&gt; por la solapa, Raeó un rrYólYer.
Lo YÍ to&lt;lo rojo: hl r-angre me cegó; no sé lo
qur hiec; lleYaba un c·o111pí1s en el holRillo, y
herí, herí: cai,;tigué con ra bin, eomo pude•.
l\1i madre gritaba: «¡Speorro!» «¡AseRino!»
arrandmlome la harba. ~egún &lt;licc•n, la maté
como al otro. ~o,.:(, nada. ¿_Supe lo que hacía
en aquel momento'?
Yirrnlolos Íl lo:s do~ en tierra, los arrojé al
río, ,-in reflexionar.
Aborn, que me juzguen lo:-; ltomhres honra-

•

•

Üos.

***

YolYió ú ¡;cntari4t'. Ante aquella rcnlación,
quedó rn 1'UBpenso la 1&gt;cntenéia.
Hi fuésemos jueec~, ¿eondenaríamo~ ú ;:emejante parrieida:?
GUY DE MAUPASSANT.

REFLEXIÓN.
Estudio fotográfico.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL
mnhl&lt;' a:-;t•:-inarn :sin 111ú:,; ni lHÚ,-, ú do,.: pt•r;.;onas rl(':tllcl:tlada:,; qut• ll' favon·t·ía11•&gt; El a1·u:-ado
confl',.:aha 1pH· :-il'111pi·e fueron g,·m•rn:,;n:- !'(111
él, y sus liqui&lt;lfü•io1ws hadan t·onstar qut• ll'
dieron en dos años trnliajo por ya]"r dt' tn•:-c
mil frarn·o,-.
l-11,1 ¡,;oln t·:q1lirnl'ií,11 ¡n1n•c-ía 1•11 a'lud rnso
aeeptahll': la lo&lt;"lll'a, la idt•a lija &lt;Id pohn·
dei-hr1·l'da&lt;lo &lt;¡ll!' :st• ,·1·ngn ('11 1lo:&lt; 1,u rgu&lt;'"l'"
de todo:-\ lo::' hurgtll'sPs; y t•l ahogado hizo l'lltnn&lt;"l'S una llllt_\· húhil alu,-iún al ,l]llldo «El
Btugu(,s,» ciado por l'l Jllll'l,lo al 11iñll ah,m,lonaclo, v ex&lt;·lanrnha:
-E~ta ironín, ¿_no &lt;lchiú in Huir tamhifo _,. ·
exaltar nl &lt;ll'l-(&lt;li&lt;·hado 111ozo qut• no ¡nulo c·1moccr ú ,;u:-; pa&lt;lre,-·? .\rdienk n·1mhlimno. ¿_qu(·
&lt;ligo'?, mú,- qm' n•pnhlirnno. porqm• pt·rtt•1w1·t•
al partido qtw la Repúhlin1 l'usilaha y dcpmtaha no h:H'l' l1lll('ho Y ahora n•t·il&gt;l' t·on lo:hrazo:-1 ahierto:s; ú lN' ·partido para el &lt;·ual t·s
el inc·t•11&lt;lio un Jll'in('ipio _,. c·l a,-;l'sinato un reeur:::o nalurnl. E:,;a:-; tri:,;ks &lt;l()(·trinm,. ¡,rodarnarla:s en n•unionc•:,; púhlirn,-, han penli&lt;lo á
ese liornbn•. Oyú ú los re¡,uhlit·ano¡,; 1wdir la
sangre clr (h1mhl'ta; hubo hai-!a rnujen·s qul'
pemr:1lmn rn tal i,;t•11ticlo; la ,.;angn' de Uaml&gt;t•ta, la sangn• de C:rl•,·_1·. ~u &lt;'"píritu enfermo
,.:e tm:-:tornú, _,. tarnhi(,11 pt1lfa :,;anw&lt;', :-1angre
de l)m·guf,.;. ~o &lt;k•hl'lllO:- c·ornlenar ÍI t•i,te hombre; dch&lt;'l110i" rornknar al Yerdadt•ro tulpahle
de Rlli'\ extmvío,.;: ¿.ú la C0111111une!
o_,·{,ron:-:e 111urmullo,.; d(• aprolnl&lt;'i(m. l'omp renclía,.;e &lt;l¡lH' tenía d ahogado la opinión &lt;le
su partl', y e l fü,('al no repli&lt;"aha.
Entonct'i" el preRi&lt;lt•nte hizo al atlli":t&lt;lo ]¡¡,.;
pregunta:-; &lt;le eo:-:tumhre:
-¿_Tiene q u e añadir algo d a&lt;·u:&lt;a&lt;lo Íl la
&lt;lefcn ;;a·?
E l homl,re se lenrntú. Era 1,ajo, muy rubio.
&lt;·nn ojo,.; gri:,;ps fijo:-; _v l,rillantl':'. l'na voz fuerte, fran('a y ¡,;onora salía &lt;le aquel eut•t']ll'Cito,
y eamhiaha nrn_\· hn1,-c·aml'nte {¡ lm; primcrn,.;
palahra,.;, el &lt;·onc·L•pto que todo,- habían formado.
IJ al1laha ('011 altin-z, cl1•c-lanmndo tan darnn~t'n!e, qt~e la nH•nor palabra :-e hada oir en
el rmt·on IIH\,- apartado.

III
-~eílor ]&gt;J't'i-(icknte: yo no quil'ro ir ú una
ca,.:a ele loc·o:s; prcfit•ro la ¡rnillotina. Din~ Lt
verd,Hl.
AHeRin(, al hom hrl' _v ú la mujer, porqut· eran
mis padre;,,
l-na seíiora tiene una triatura v la 111amla
ú un ¡,ut•hlo, _,· la l'ntn•w1 Íl nna n;1driza. Y &lt;•s
eondl:'nado un sl'r ino('cnh· ú la n I i:--eria i111plara hle, ú la ,·ergüenzn irn•&lt;limil,k de su nadmil'nto ih·gítimo: aún rnús, ú la lllllL'rk; porque le ahanclon,111; porqul' la noclri:1.11, &lt;lejarnlo
luego dr rt•(·ihir :su pensi{,n m(•n:-;ual, plll'lll'
ahanclonar al hambre ,· ú la n1uerte la l'riatum que le &lt;-onfiarnn. ·
Pc•1·0 la mujer que mr t1·ió l'l'a honrmla: mús
honm&lt;la, mú,- ge1wrosa, mfo• (ligna, mú:-1 madre que mi madre. Y me c·on!'rn·ó ú su laclo,
eclueúnclomt', &lt;·11111plicnrlo :t fuerza &lt;le i-atrificio,.; un dcher ele humani&lt;lad. Hizo mal: l'S
mejor dPjar morir ú los infclitl'" arrojado:-; ú
las aldeas dt',-cle las c-apitale:;, corno se arroja
la hasu ra al ,llTO\'o.
Crec-í eon la ;l'nsaeií,n vaga &lt;lP mi deshonor. Lo:-1 niiim, c¡uc jugaban c-onrnign rnt· llamaron expósito un clía .. sin salwr lo que signific-aha e:-:c' n0111hrt\ oíclo en sus c-a¡,;a:-; ú Ru,padrC'K. Yo tampo(·o lo sabía y me hizo daílo.
Era ~-o t•nt&lt;mer;-; no ha/ 1;1otiyo para callarlo-uno ele los m(1,.; inkligenk,; t•n la e:-&lt;cuela. lluhirra ;;iclo un homiire honrado; t.il
yez u 1i. homhn· superior. ,.;i rnif, ¡,aclre,: no c·ometicran el nimen ck al,arnlonarnw.

:m-xno

11rsrrn.\D0

Y 1·stl· ('l'illll'll :-(' (·0111\'fií, t·rnltra rní. Yo era

la \'Ídirna ,· ellos los c·ulpahle,-;. Yo e,-;talia incld1•11¡,;o, _,. ~·llo:-: d&lt;'"J&gt;ia&lt;lado.,; .,· nnell':-. l&gt;t-hínn
quPn'rttll· ..,· llll' ahandonahan.
Lv'." d1•l,ía la ,·id,1 ¿_la vida l'" un n•galo
que· ha dl' :wrnd1•t·1•r,.;t•·?-La mía fu(- una dt•,&lt;,.&lt;'1lt11ra, l)¡~pu(.¡,; dt• :-:u v1•rgo11w,-;o aparta11,iento. ,.,(,]o t¡Ul'd,tl,a 1•ntn• mis padn•s _\' .1·0 la
n'll:,);anza. l~llo,- n•,tlizaron eontra mí el acto
rnú~ i11hun1;1110. rnús infa111(' ,v 111,mstruoso que
ptwdl' n·alizars1'.
1-11 hmnhrl' injuriado. rnaltrata&lt;ln, rolmclo.
¡,uedt' rt•(·U¡&gt;l'ntr lo Jll'rclido {1 fuerza ele fu_e1_-za:-:. Cn ho111 hre burlado. cngaíiaclo, mart1nzl1&lt;l0. mata; un ho111hre ahofrtl·aclo, mata; un
lw111lire 1ksho11raclo, mata. Yo fuí más robado, mú,-: t'ngafmdo, 111artiriz:Hlo, ahofekaclo
n10rnl111l'tltc•. rnús deshonrado 11ue to&lt;lo:,; a11uellm• ú lo!-( c·uak•1-1 a hsoh-(,i,-.
]\fo ,·engué; mat(,: mi deredrn era legítimo.
lfr clc,-tmído ,m ,·ida felir., para cobrarme &lt;ll'
In ,·ida horrihle que mr habían i111pnrf'to.
¿_Ifahrá quien mr llame pnrriei1la, :-;i&lt;•tHlo
dios los que 111&lt;' arrojaron ele :,;Í como una c-arga oclio:-:a, lus que 111c ,·cían l'Oll terror, eorno
una infamia, lo¡.; que me aC'rptarnn colllo una
ealami&lt;lad, r me ocultaron eomo una ,·ergürnza·? Brn,&lt;.·alnm phtl'l'l'C'i" 1•goí:;b1:-1, y Yicndu
:,;u;,; placeres intern1111piclos por una c·riatura,
suprimieron h1 l'l'iatnra. Yo, {¡ mi \'l'Z, los he
suprimido á t'llo:-;.
Y, &gt;'in t•mbargo, hac·1· poto t iempo estun.'
aún clec·idido Ít perdonar.
Hael' cloi; año~
lo dije-mi patlrc fu(, ú
mi casa por vez pri11wr.1. Yo p;-;taha ignorante
d!' todo. Enl'argónw do:-1 mudik:-:. M{ti- tarde
supe que se había informado por d cura, l'nea rga ndo d Rl'(•n•to.
\'olviú c·on frec-uc'1ll'ia. ~fe hada trahajar
1,ashmte, ~' me paga ha hien. 1\ ,·ete,.;, cntrrknía;,;p h ahlando l'&lt;mmigo (ll' eual1¡uier mmnto. Yo me afit·iont'.: Íl su trato.
A l principio ele e,-te año, me llt•vú ú su mujt•r, mi macln·. Al entrar ]a ,.;eíiora, krnhlaha
tanto, que la e-reí ddima ele una dolenc-ia
m·n·io;-;,1. Lul'go llll' pidió una ,;illa y un Ya:-o
Ül' agua. Xo me &lt;lijo mú:-:; contemplaba lo~
mul'hlC':-; l'Oll i nquietu1l .,· &lt;·onh':-.taba ('O!I monol"ílabo:,; ú las preguntas qul' le haeía el hombre. Cuantlo ,.;e fnl·nm, la &lt;.:reía algo pertur-

·"ª

bada.

1

\'oh·iú al eaho de un mC':,;. E;-;taha múi, tranquila, mús ·dueña dt• sí. Aqm•l día eHtuYicron
muthn rato rn rni C'a:-a, y n,e hieieron encargo:,; de &lt;-onsidcraei(m. L:{ YÍ tn•;,; ,·e&lt;.:es aún, Hin
a&lt;liYinar lo que ocurría. l't•ro 11mt tarde, la
mujt•r me hah)ó ele mi vicia y de mi niñez.....
me pre¡.,11.mt6 por mi;; padre;:. Yo la dijl': «n1is
padrl's, Reñora, prm1 unos 111i,-erahle,;, que me
ahandonaron.i, Entonees (•lla, lled1Hloi-&lt;' la:manos al eornzím, tayó &lt;lc;;nrn_\'lHla. Yo pen:-;(, cll' pronto: cc¡E,.: mi madre!)) pero no lo dí
Ít !'llkndt r. Qui:-t' aguardar (1 que h,1hh1H·n
dio,;.
Y me infom1(, dl' todo. Kupe que se hahían
e-asado l'll .Julio, y tiue mi 111,t&lt;lrr hahí'H enYirnlado algún tiempo ante,.:. Mnrmurábase
que :-e amaron en Yicla del primer marido; pero no hal,fa prueba eit•rta. Era yo la prueba
que faltaba; la prneh,1 que primero quisieron
oeultar .,· 1upgo 1lrRtrui.r.
Yo aguardaba. Ella Yoll'ió una tarcle, siempre ton el hombre; Yoh-ió, al pareeer, mur
eonmm·ida; ignoro por qué. Al in,c, me &lt;liju:
«E;-;timo {¡ u;;ted porque le rreo un excelente
mu&lt;·haeho, muy trabajador; si no tipnc u:-1ted
no,·i;1. e;; rle ,.;uponer que pronto la tenga y
piensp c·asarse; quiero rnntrihuir ú su felic-iclad, poniéndole ahora en tondicione:,; de elr¡¡;ir lihrcnwnte (t su gm;to á la compañera ele :::u
Yi1la. Yo me' &lt;'a:-;(, una vez contra mi gui-to, y
,-(. c·uánto p,ukd. Xo tengo hijos ~; soy rica,
0

Jil,n·. 1lu!'1ia ele mi fortuna. Tome uste(l un

EL /V\UNDO ILUSTRADO

elote.
Y 1u1• ofn·&lt;·iú 1111 sohre grand&lt;&gt; ,v lacrado.
La 111ir(· fijamente y dije:
¿.l·stcd t'S mi 111ndrc·?
Het 1·o(·t·diú tn•s pa!-los, e-u hri(ndo!-l&lt;' lo:-: ojos
&lt;'011 lns manos para 110 Yern1t', ~- d homhrP,
,.;o;;tenién&lt;Joh1, &lt;'xela111ó: «¡E:stít ustc&lt;l loeo!»
Entom·e,- le tonksté:
-Xo t•sto.,· loen, sé que son u:-:t(&gt;¡Jt,,; mil" pa{lre:,; ...... Ya no t•i- posible so:;tc1wr el engaño.
Contiés&lt;•nlo )' guanhu·(, d ;:eereto: no les pcclir(, tllt'nta,- y :,;eguiré siendo lo que :,;oy: un
ebanista.
Hetrotedió hacia la salida, sosteniendo en
sus lm1zo,- [t la mujer, que lloraba. Corrí á cerrar la puerta y guardúrnlome la llaYe c-onti-

AÑO IX.--TOMO !.--NÚM. 19.

MÉXICO, MAYO 11 DE 1902.

•rector: LIC. RAl'AfL Rtl't&amp; &amp;PINDOU,

Sub:,cn pcidn mensual forari~a, 1 l 5•
IdeUJ. l d c.m. ~n la capital, ., 1 .36

Gerente: LUI&amp; RtTtl'I &amp;PIN•eLA.

11u(·:

~Ií rcla eúmo llora, C'Úmo teme, y dígame
aún &lt;1uc no es rni madre.
,\ 1 oinne se alborotó, palideciendo, aterrado por el CReándalo que amrnazaha, que po(lía e:,;tallar de pronto, y pensando que s u eonsidPraeión. ,.;u buena fama, ¡;u honor 1w]igmhan, halbueeó:
-Es usted un c·analla, que apro,·eelm una
oportuniclad fa,·orahle para explotarno!-. ¡Haga m,ted bien, sea uste&lt;l generoso t·1,n eKta gt&gt;ntuza! ¡Koeórrales, prot~jalcH!
.l\Ii. madre, repetía enloqu ecienclo:
-Yíunono:&lt;, vámonos, vámonoi; ..... .
Como la puerta seguía cerrada, el homhre
gritó:
-¡Ri no abre usted en seguida, le har(, llevar á la cárcel por e,.:tafa y violencia!
·y o e;;taba sereno, tranquilo, clueíio &lt;l.e mL
Abriendo la puerta, miré luego eómo se alejaban y He hunclían en la sombra de la noche.
Parceióme d e pronto que me quedaba más
huérfano, mít:,; abandonado que nunca: me
srntí arrojado á la calle: llllíl tristeza eRpanto!&lt;a, mezclada eon odio, c·on ira, con asco, me
inYaclió; rcbclábasc y conrnoYíase tocio mi. ser;
un cleseo de justieia, rectitud y honor, me impul;;aha. Corrí para enC'ontrarlo:-1 hacia la orilla del ~ena, siguiPndo el camino que con1hwe
á la cstaó6n del Chatou.
Los akane(,. La nochl' cf'ütha oh,-ctna; iba
yo á paso de lobo; no podían oirme. l\li maclrr lloraba, mi padre repetía:
-Tuya e,; la culpa. ¡Ese afún dC' wrle! 'Gna
insen:,;atez, otupan&lt;lo la posieiún que ocupamos. Debimos fayore('erlc deRcle lejos y ;,in
que nos eonoeicra jarná:-...... X o pudiendo ree(mOC'l't-le, ¿.á qu(, olw&lt;ledan tanta:; yit,itas peligrosa,-·?
Entmwl',; anmn\ sali.(·ndole" al encuentro,
implieantc:
-ContieHen usted e,; 11ue ,.;on mis paclre:s. ~Ie
ahandon,1ron una Y!'Z. ¿~le reehazarún ahora?
El homhre alzú la mano eontra mí-lo juro
por nii honor, seiíor pre;;irlentc,-mc golpeú,
y al cogt&gt;rle ,n&gt; por la solapa, Raeó un rrYólYer.
Lo YÍ to&lt;lo rojo: hl r-angre me cegó; no sé lo
qur hiec; lleYaba un c·o111pí1s en el holRillo, y
herí, herí: cai,;tigué con ra bin, eomo pude•.
l\1i madre gritaba: «¡Speorro!» «¡AseRino!»
arrandmlome la harba. ~egún &lt;licc•n, la maté
como al otro. ~o,.:(, nada. ¿_Supe lo que hacía
en aquel momento'?
Yirrnlolos Íl lo:s do~ en tierra, los arrojé al
río, ,-in reflexionar.
Aborn, que me juzguen lo:-; ltomhres honra-

•

•

Üos.

***

YolYió ú ¡;cntari4t'. Ante aquella rcnlación,
quedó rn 1'UBpenso la 1&gt;cntenéia.
Hi fuésemos jueec~, ¿eondenaríamo~ ú ;:emejante parrieida:?
GUY DE MAUPASSANT.

REFLEXIÓN.
Estudio fotográfico.

�Domingo 11 &lt;le Maiyo de 1902.

La urbanidad y la etiqueta.
La ciYiliza&lt;'ión, ya lo hemos &lt;lemostrado alguna vez1 modifica profundamente la organización mornl del hombre. De esa máquina
tosca, de ese organismo ru&lt;lo y torpe, primitiva y naturalmente, la cultura social, el refinamiento de las costumbres, los comodi&lt;lades de
la existencia van haciendo un cronómetro por
la precisión y una harpa eólica por la :;ensibilidacl.
El hombre inculto, para sentir, necesita
impresiones hrusciis¡ para pensar, hechos palpitanteR; para conmoverse, escenas brutales.
Su retina necesita, para impresionarse, el relámpago; su tímpano, para vibrar, el trueno;
su corazón para latir,el espectáculo de la orgía
ó de la matanza.
Nada de lo que es delicado, esfumado, tenue, leve, lo impresiona ni conmueve. Necesita sabores fuerteP., olores penetrantes. Las
ideas, para llegar hasta su espíritu, necesitan
ser desmesuradas, estar desnudas, ostentarse
impúdicas y cínicas. Para él la caricia ha de
ser estruión; el beso, mordida; el abrazo, estrangulación; la chanza, insulto; el fuego, retozo: el amor, lujuria.
De ahí que pue&lt;la ser desaseado, brutal,
desgarbado; de ahí que su fra11queza sea ruda; susmodales,soeces; sus costumbres, impuras; sus actitude8, antiestéticas, sin que ni él
ni sus semejantes sientan asco, ni antipatía,
ni horror; ,;in que intenten reprimir ni sus palabras ni SUK deseos y sin que nadie prescriba
códigos ni imponga freno al desbordamiento
de las ideas, ni á la irrupción de las pasiones, ni á la consumación de los actos.
El hombre culto y civilizado es, por el contrario, de una impresionabilidad de sensitiva.
Como las impre,iones más leves excitan su sensibilidad, como las ideas mejor veladas le rE!velan todos ,:us eontornos; como le basta el
bosquejo para adiYinar el cuadro y el simple
boceto suple en él á la estatua , huye por sistema de tod,is las impresiones toscas que lo
lastiman; prrfiere adivinará percibir; simulará ejecutar é impone á todos esa mesura, ese
tacto, esa reserva, esa contención de espíritu
y de cuerpo, ese tiento en la lengua, esa armonía de la actitud y ese ritmo y gracia del movimiento que constituyen la urbanidad.
Todo lo que en el hombre primitivo hay
placer en la ostentación de su animalidad,
en el hombre culto hay goce intenso en reprimirla y disimularla. Toda la urbanidad está
ahí. El hombre más pulcro sería un puro espíritu, delicado y refinado. Por eso la urbanidad es tiránica y por eso, aun siéndolo, es
aec'"ttada por los hombres civilizados. Las privaciones q uc impone, los sacrificios que exige, son muchos y grandes, pero son gratos.
Hay un placer divino e11, siendo un animal,
aparecer como un hombre. Es, en suma, una
forma de la redención; la ciencia y el arte son
las otras.
La urbanidad, vista de un lado, es una forma
&lt;lel pudor; vista del otro, es una forma de la
filantropía. Obliga á velar, á atenuar, á disimular las pasiones, las concupiscencias, los
apetitos, las simples necesidades animales.
Tolera la indignación, pero proscribe la cólera; veda la burla, pero admite la ironía; huye de la chanza brutal; pero soporta el dardo
fino. De la carcajada hace la risa; del grito,
la palabra; del terno, la exclamación; del soHozo desgarrarlor, el gemido doliente. Envuelve al alma humana en una nube perfumada á
través de la cual se vislumbran apenas las lu&lt;:has, las convulsiones, las explosiones que la
.sacuden y agitan, y aparta de la vista ajena
todos los espectáculos crueles, grotescos ó sangrientos que pudieran ofenderla. Por eso es
filantrópica. Evita á todos dolores inútiles,
repugnancias estériles, cóleras infructuosas.
Obliga á todss nuestras bajezas, á todas nuestras miserias, á todos nuestros extravíos, á en&lt;:ubrirse. Atenuando lai- expansiones pasionales, dulcificando el lenguaje, forzando á todos
:al respeto de todos evita choques y conflictos,
desazones y molestias, hace la vida social más

1-;1 :m;xDO lLUSTRADO
llevadera, menos ocasionada á odios y rencores.
No hay que confundir la urbanidad con la
etiqueta. Aquélla es una matrona bondadosa,
amable y hospitalaria; ésta, una vieja adusta,
áspera y regañona. Aquélla es fondo, ésta es
forma y exterioridad. La primera arranca de
dos virtudes humanas: el pudor y la filantropía; la segunda toma origen en un vicio: la
vanidad. La urbanidad impone sacrificios benéficos á todos; la etiqueta, servidumbres odiosas á los más. Entre ellas media el abismo
que separa la bondad y la delicadeza, de la altivez y el orgullo.
La urbanidad ha surgido ele la civilización;
la etiqueta nació con el absolutismo. La urbanidad habla á las pasiones, moderándolas, y
á las costumbres, dulcificándolas; la etiqueta
habla á los movimientos y actitudes. Arregla
sus ceremoniales como pasos de baile; ordena
procesiones y desfiles; establece privilegios y
preeminencias, confina á cada hombre en un
puesto y lo fuerza á una sola actitud 6 ú un
solo movimiento. Lo que la urbanidad nivela,
la etiqueta lo desnivela. Para ésta los hombres
son figurantes de apoteosis armoniosamente
hincados ó postrados ante una divinidad. La
urbanidad es esencialmente democrática, porque impone el respeto al derecho ajeno y la
igualdad ante sus código8; la etiqueta es esencialmente aristocrática, porque pospone las masas á las individualid,.'tdes y esclaviza á todos
en bien &lt;le unos cuantos. Entre una y otra
media la misma diferencia que entre la moralidad y la mojigatería.

EL DESHEREDADO.
I
Había conocido ti&lt;'mpos más felices, á pe¡,ar
de su mi~eria y de su de1wentura.
A los quince años, un coche le rompió las
dos piernas. Desde entonces pordioseaba constantemente, arra~trándo;;e por los camino,; y
por las calles, balanceado por sus muletas, que
le habían levantado los hombros hasta las
orejas. Su cabeza parecía hundida mtre dos
montañas.
Expósito, encontrado en una zanja por el
cura dP- Billeter la víspera del día de difuntos,
fué bautizado por este motivo con el nombre
de Nicolás Todoslossantos; mantenido por la
caridad, permaneció extraño á toda instrucción,estropeado deRpués de haber bebido nnas
copas de aguardiente-ofrecidas por un panadero para emborracharle y reirse un poco del
infeliz,-y desde entonces, vagabundo, sin
medio alguno para ganarse un pedazo de pan,
sólo sabía tender la mano.

II
En algún tiempo, la baronesa de Avary le
consentía que durmiese metido en una especie de nicho, lleno de paja, tocando al gallinero, en la masía más próxima de su residencia señorial; allí estaba seguro de hallar en
los días de hambre un pedaí7.o de pan y un
vaso de vino. Con frecuencia recibía también
algunos céntimos, arrojados por la ilustre señora desde la alto ele la escalera ó desde una
ventana. Pero al morir la baronesa, todo acabó.
En los pueblos apenas le socorrían, viéndole demasiado; aburrió á las gentes paseando
sus andrajos y sus muletas y su cuerpo deforme, durante cuarenta años, por toda la comarca. Sin embargo, él no se iba, por no conocer sobre la tierra más que aquel rincón
,
,
'
aque11os tres o cuatro casenos donde arrastró
su vida miserable. Había puesto fronteras á
su mendicidad, y nunca bubiera rebasado sus
límites.

Ignoraba si el mundo se extendía más allá
de los árboles que siempre limitaron su horizonte. Ni lo pensó jamf1s. Y cuando los campesinos, hartos de verle siempre junto á sus
labores ó metido en las zanjas, le decían:
cc¿Por qué no vas á otros pueblos en lugar de
arrastrarte siempre aquí, ?)i alejándose, no respondía, sobrecogido por un confuso temor á
lo ignorado, un temor de miserable á quien
todo espanta: los rostros desconocidos, las
miradas recelosas de los transeuntes y los gendarmes que van de dos en dos por los caminos, á los cualas huía por instinto, hundiéndose para evitarlos entre las malezas ó detrás
de las rocas.
Al Yerlos á distancia, relucientes bajo el sol,
cobraba de pronto el miserable nna agilidad
de monstruo, que le permitía buscar al punto un escondrijo. Se descolgaba de sus muletas, dejándose caer como harapo, y haciéndose una bola, reducíase, como una liebre recogida en su cama, confundiéndose con la tierra.
Nunca tuvo que ver con ellos; pero no le
abandonaba su temor, como si lo llevara en
la sangre, como si lo hubiero recibido en herencia ele sus pa&lt;lres, los que no conoció
nunca.

III
No tenía refugio, ni techo, ni cabaña, ni
abrigo. Dormía en cualquier parte, invierno
y verano, se deslizaba en los pajares y en los
establos con una destreza notable, y escapaba
siempre antes que reparara alguno en su presencia· Conocía los agujeros para entrar en
los cercados, y habiendo robustecido sus brazos el uso de las muletas, trepaba por la pared á los depósitos de forraje, ') ailí pern1anecía oculto á veces una semana, después de
recoger en una correría provisiones bastantes.
ViYía como los animales montaraces; á nadie conocía ni tenía cariño á nadie; los campesinos le trataban con una esprcie de hostilidad resignada y desprecio amortiguado. Le
apodaban cccampana", por sus balanceos entre
las muletas, como las campanas entre los dos
pilares que las apoyan.
Pasó dos días en ayunas, porque nadie le
dió nada, decidiéndose todos á librarse de su
presencia. Los campesinos, desde sus chozas,
le gritaban:
-¡Quieres irte, sin vergüenza! ¡:N'o YuelYas
á pordiosear aquí!
Daba media vuelta y se iba de un salto á
otra parte, donde le recibían de igual modo.
Las mujeres decían, asomúndosc á las puertas:
-No es posible mantener á ese granuja todo el año.
Y, sin embargo, el miserable necesitaba comer todos los &lt;lías.
IY
Había recorrido casi toda la comarca, sin
recoger ni un céntimo, ni un mendrugo; esperaba conseguir algo en Tournolles; pero eran
dos leguas de camino por la carretera. y estaba .fatigado á más no poder, eon la tripa tan
vacía como el bolsillo.
Sin embargo, se puso en marcha.
Era en Diciembre; un viento frío corría por
el campo, silbando en las ramas desnudas, y
las nubes galopaban á tra,és de un cielo sombrío, precipitándose hacia un lugar ignorado.
El inválido avanzaba lentamente, con penoso
esfuerzo. De vez en cuando sentáhase á descansar algunos minutos en la cuneta. El hambre le hacía sufrir, entristeciendo su alma,
confusa y abatida. Sólo tenía una idea: cccomern; pero no sabía por qué medio.
Durante más de tres horas padeció en aquel
interminable camino; al fin, viendo los árboles del pueblo, la esperanza le dió ánimo y
aceleró sus movimientos.
El primer campesino á quien se dirigió pidiéndole una limosna, le dijo:
-¿Ya estás aquí otra vez? ¿Nunca nos veremos libres de tí?
Y «Campana.,i se alejó. De puerta en puerta vióse rechazado; echábanle de todas partes

EL :'.\CUNDO lLUSTRADO
y no ~e. ~ocorría1:. Continuó, sin embargo, su
expedicion, paciente y obRtinado. :No consiguió ni un céntimo, ni un mendrugo.
Reconió los cortijos, andamio á trayf,; de
las tierraF: húmedas, á tal extremo extenuado,
que apenas podía levantar laR muletas. Le despedían en todas partes. Era nn día frío y triste, uno de loK días en que los coraz011c\~ se
cierran, las imaginacione,; se irritan, la;; almas se obscurecen y las mano~ no Re abren para socorrer.
Cuando hubo hecho su Yisita v recorriclo
todaR las casas, fué á E&lt;entarse junto al eorralón del señor Cbiquet. Descolgfoie de sus muletas, y estuvo largo rato inmóvil, torturado
por el hambre y demasiado embrutecido para
comprender su horrible miReria.
Esperaba, sin saber qué; le soRtenía la vaga esperanza, que no se pierde casi nunca~speraba junto al corralón, el ROCOITO miste.
noso que se aguarda siempre clel cielo ó de los
hombrer:;, i;in pensar cómo, ni por qué' ni por
dónde puede llegar. Pasar01i por delante del
infeliz unas gallinas negras, buscando su alimento entre la tierra, que da vida á todos los
seres.
A C?,d3: i~1i-tante picaban un grano, un insecto 111Y1R1ble. y luego proseguían su rebusca
lenta y segura.
ccCampana las Yeía sin pensar en nada· luego le rnrgió, más en el Yientre que en el 'cerebro. la sensación, más que la idea, de que uno
de ac¡uellos animalitot; re,mltaría mu)· apetitoso, asado en una lumbre de leña seca.
No Rospechó que proye('taba un robo. CoO'ió
una piedra y arrojúndola con acierto m~tó
una gallina. El animalito cayó
Jas
. , aO'itm~do
"'
a 1as; huyeron las otras, halanceúndose al correr, y ccCampana,&gt;J encaramándose de nuevo
en sus muletas, aYanzó para cobrar su caza
con moYimientos parecidos á los de las bestia~
que le huían.
. Cuando se in~linaba para recoger el cuerpecillo negro, salpicado con sangre, recibió una
embestida que le hizo soltar las muletas y caer
de narices. Y el señor Chiquet, exasperado,
golpeando, pateando el cuerpo del inválido
que no podía defenderse, daba en él como l¿ ·
hace un labriego al Ycrse robado.
La gente del cortijo a,;omó á ver lo que ocurría, y todos ayudaron al dueño para moler
al mendigo.
Caando ~e hartaron de maltratarle, resolvieron meterle en la leñera, mientras aviKaban á
los gendarmes.

Domingo 11 de Mayo clie 1902.

Las gente:-; &lt;¡ue le bailaban, se detenían para Yerle pasar, murmurando:
-¡E:-; algún ladrón!
A hora muy avanzada llegaron á la capital·
nunea el miRerahle fué tan kjos. ~o compren~
día lo que le pasaba, ni lo t1ue podía pai;arle.
Tocias a&lt;¡ucllas cosas terribles, impre\'istas,
aquellos roi;tros clesconoeidmi, aquellas casas
nuevas para él; todo le consternaba.
No habló; nada se le ocurría, ignorante de
todo. .Además, despuéR de tantos años de no

hablar á nadie, casi había pcrcliclo el uso de la
palabra, y sus pensamiento::; eran muy confuaoK para encontrar su expre,.,i(m.
,. ~
Le llevaron á la cáreel. A nadie se le ocurrió que podría tener hambre, y no le dieron
ele cenar.
Cuando al día siguiente fueron á busl'arle
para que sufriera el primer intl:'rrogatorio, le
hallaron muerto.
¡ Qué sorpresa!

f;uy de )Yfaupassanf

5 DE ~lfAYO.
La celebración del glorioso triunfo alcanzado por las tropas mexicanas sobre las francesas el día 5 de Mayo del año de 1862 se efectuó en el aniversario actual con el mismo entusiasmo de siempre.
'
Notable fué la fiesta de armas que todas las
ti·?J?ªS ele la guarnición hicieron en los campos
nnli~'tres de la ccVaquitau y resaltó por su solemmdad,por su belleza y por su patriotismo)
el acto de entregar nuevas banderas á los Batallones Zapadores y 17&lt;?
La exte~sión del campo elegido, el pleno
sol que caia sobre la ordenada multitud militar como contribuyendo c-on su brillo al entusi~srno &lt;le la fiesta, las tribunas adornadas por
millares de notas blancas, trajes de Primavera,
y en el centro, como un relicario de la Patria

'

'

tica moderna, abriendo un plan lleno de orig~naJidad, de detalles marciales, airos&lt;5 y convmcente.
La entrega de bae.deras á .los Batallones ele
Zapadores y 17, que mandan, respectivamente,
los Coroneles Bernardo Palafox y .Joaquín
~Iaafs, es un acto de una fo11rn1 exquiRita subordinada ú un ceremonial que hace s~ntir
honclameute.
El Batallón de Zapadores,que era el primer
cuerpo que debía recibir nue\'a enKefia avanzó desde el sitio que ocupaba, sin pe~·der su
línea desplegada, basta detenerse, con precisión admirable, á veinte metros de las tribunas.
El Jefe del Cuf'rpo, Coronel Bernardo Palafqx, dió la orden de ccpresenten ...... armas,»

.
..

t

y
ccCampana", medio muerto, ensangrentado,
estuvo allí toda la tarde, toda la noche, toda
la mafiana, sin que nadie le diera ele comer.
El hambre le devoraba.
Lo,, gendarmes llegaron al medio día y
abrieron la puerta con precaución, temiendo
hallar alguna resistencia en el preso, pues el
señor Chiquet sostuvo que fué atacado por el
miserable, y que difícilmente se pudo defender.
El cabo gritó:
-¡Yaya! ¡De pie!
Pero á «Campana,i le fué imposible moverse,
por más cosas q uc hizo para lograrlo. LoR gendarm~s creyeron que todo era fingido, una vil
astucia ele malhechor, y los dos hombres armados, maltratando al infeliz, lo pusieron sobre sus muletal".
El miedo le Robrecogió, ese miedo irn;;tintivo de los conejos hacia el cazador y de los ratones al gato. y, haciendo esfuerzos máR que
humanos, conRiguió sostenerse.
- ¡Andando!-lc elijo un gendanne-¡Andando!
. Todos los criatloi, y jornalero¡; del cortijo le
vieron marchar. Las mujeres le amenazaban
con el puño, los hombres le injuriaban; al fin
le habían cogido; librábanse &lt;le aquel importuno.
Y el pobre se alejó entre los dos guardianes,
hallando la energía desesperada, imprescindible, para seguir arrastrándose y sosteniéndose
hasta la noche, sin darse cuenta de lo que ocurría, de sobra espantado para. comprender
nada.

Descarga del Batallón de Zapadores al recibir su bandera.

la tribuna de los veteranos, de los hombres
que hacen el bien al pueblo, de los conspicuos
luchadores del adelanto, de las graneles figuras del militarismo.
El señor Presidente de la República se encontraba á la cabeza de tan respetable grupo,
representando, al par que su altísima digniclacl,
al glorioso elemento que hizo el triunfo de la
brillante jornada que se conmemoraba.

***

Las tropas de la guarnición han demostrado palpablemente sus amplios recursos de instrucción y su firme disciplina.
,
El paralelogramo que formaron las fuerzas
de las tres armas, se basaba en una idea de tác-

y las bandas tocaron marcha ele honor en los
fmo_mentos
de avanzar la bandera antig~a, protegida por su
1lemnemente.

escolta, para ser entregada so-

El señor Presidente de la República sosteniendo en su mano derecha la nueva bandera
que iba á recibir el Batallón, y observando
una actitud imponente, habló así con voz robusta:
ccCaballeros Jefes y Oficiale,;, Suboficiales
del Batallón de Zapadores:
ccEn nombre de la República, vengo á encomendar á vuestro valor, á vuestro patriotismo
}'. estricta disciplina, esta bandera que simboliza su independencia, su,; instituciones la.
integridad _de su territorio y el honor mi!i'tar.

�EL )IU!S'DO ILt"STRA.DO

Domingo 11 &lt;le )fayo de 1902.

EL MU'NDO ILUSTRADO

-

Damingo 11 de Malyo die 1902.

-- ..

SOLEMNIDADES DEL 5 DE MAYO.-EI señor Presidente de la República arengando á los Batallones Zapadores y 170. al entregarles sus nuevas banderas.

E.I señor Presidente de la Repúblicca r~cibe de mano, de_l Coronel Palafox la bandera cumplida de Zapadores,

�EL MUiNDO ILUSTRADO
Doonñngo 4

,die Mayo de 1902

Domingo 11 &lt;le Mayo de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

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El Sell.or Presidente de la Reprblica llegando al campo Militar de "La Vaquita."

«¿Protestáis seguirla con fidelidad y constancia, y defenderla en los combates hasta alcanzar la victoria ó perder la vida?ll .........
En estos momentos se escuchó al unísono
la voz de los jefes, oficiales y soldados: «SI
PROTESTAMOS.))
El Presidente continuó:
«Al concederos el amparo de su sombra y el
honor de ponerla en vuestras filas, garantizo
á la República, con fundamento de las virtu·
des militares que os reconozco, que sahréis
conservarla á la altura y prestigio que alcanzó
h oy hace cuarenta años, flameando victoriosa
sobre los soldados de reputación más elevada,
merecida y universal del Siglo XIX.»
Ante estas frases que destilan entereza viril,
fe inquebrantable y legítimo amor patrio, la
concurrencia victoreó de nuevo alJ efeSupremo,
quien al hacer la entrega de la bandera,se conmovió visiblemente.
La enseña hermosa, ondeando al viento su
tricromia simbólica, fué llevada al centro del
Batallón, que continuaba presentando armas,
y entonces las bandas de todos los cuerpos
tocaron la marcha de honor y las músicas el
Himno Nacional.
El Coronel Palafox dió las órdenes de «frente á retaguardia, media vuelta á la derecha,
.. . fuego de salva, con un cartucho ... apunten
... ... fuego.)) . .....
Y sonó una descarga cerrada de fusilería.
Zapadores volvió rn frente á las trihurnrn,
descargó los cartuchos, y obedeciendo á otras
órdenes, rápidamente formó en columnas por
Compafiías, descabezando cada una á la derecha y desfiló, en columna de honor, frente á
las tribunas, en tanto que los aplausos le saludaban.
El 17 Batallón recibió á continuación su
nueva bandera, en la misma forma explicada
anteriormente; y cuando hizo su descarga de
usilería, una descarga perfecta por la unifor-

midad, fué objeto de una ovación delirante.
La bandera cumplida. de Zapadores no tiene historia militar; la del 17 concurrió á diversas acciones de la guerra del Yaqui y «aquí
comienza la época más gloriosa para esa insignia de honor- dice el Coronel Maafs en su
informe,-para ese emblema de la patria, que
ha hecho ondular sus pliegues en medio de
enemigos cuya astucia y pericia los convierte
en terribles y peligrosos.»
ccPregonarán siempre la gloria de nuestra
bendita enseña- agrega el Jefe del Batallóncuando se escriba la historia de la guerra del
Yaqni, la Plaza de Vican, tomada á sangre y
fuego, Laguna Prieta, Bahmeca, Fortín de la
Angostura, Laguna de los Coyotes, Bosques
del Añil y Bosques de Bataymove, donde se
libraron los combates de mayor importancia.
Al hablar de la entrega de esta bandera, dice: ......
«Hoy, 5 de Mayo de 1902.... .. entregamos
esta bandera que ha sido nuestro vital en las
fatigas, nuestro guía en los desiertos, nuestro
fuego en los combates. Ha hecho discurrir mil

veces en nuestras arterias, cual bálsamo regenerador, el entusiasmo d_el amor á la patria;
y á la hora del peligro, en lo más reñirlo de
la refriega, su vista ha sido para nosotros la
señal infalible de una inmortalidad.
ccNo es sino con profundo sentimiento, y
acatando la ley, que hoy devolvemos esta insignia consagrada por nue"tros esfuerzos, por
nuestras energías, el sacrificio de muchas vidas y el amor de muchos corazones. Es un
emblema muy querido, que nos abandona en
medio de la vida, para entrar tal vez en lo
imperecedero de la historia, llevando consigo
la mejor parte de nuestra alma.ll
Las maniobras militares terminaron con un
brillantísimo desfile, avanzando la infantería
por columnas por compañías, á paso ligero; la
A1tillería y la. Caballería, al trote.
El Jefe de la División, General Jesús Alonso Flores, y los de las Brigadas, Generales Pérez, Villegas y Ruiz, fueron felicitado5; pero
es fácil comprender que todas las felicitacioc
nes se dirigen al Sr. :\Iinistro de la. Guerra, que
abre á nuestro Ejército un nuevo horizonte.

El Sellor General en Jefe y su estado Mayor.

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�!Doondmgo 11 de Maiyo &amp; 1902.

EL MUiNIDO ILUSTRADO

Dos cuadros de Primavera.

LÁ.S CONDECORACIONES
Bepartid•s en la solemnidad del 5 de llla70.

~

Es interesantísimo el trabajo que el Departamento del Estado Mayor de la Secretaría de Guerra estuvo emprendiendo, durante largo tiempo, para formar una colección completa de Heráldica Militar de
México ó sea la colección de cruces, placas, escudos, m¿dallas, etc., concedidas á los patrio!as,_ desde
la Independencia, hasta 1894, en que se distribuyeron las condecoraciones correspondientes al asalto
y toma de Puebla, en 1867, y al sitio y toma de Querétaro, el mismo afio.
Aparte del valor ci~ntífico, el traba~o á que alu;
GUERRA DI RtFORMA
dimos lleva otro mérito: el de estar litografiadas a
181;8, 18~9 T 18f0
varias tintas, con sus colores y esmaltes naturales de
dichas condecoraciones, formando una serie de seis
cuadros murales, que inspiran el más vivo interés.
Aprovechándonos de esta labor, hemos calcad~ las condecoraciones qu_e fuer_on
distribuidas por el señor Presidente de la República, d~ra~te la cere-rnoma cívica
del 5 de Mayo; ofrecemos, pues, á nuestros lectores, las s1gmentes: .
Condecoración Patriótica de la Paz creada por decreto de 8 de Abnl de 1856, cuando se creyó que habían acabado las guerras intestinas, con la derrota de un jefe reaccionario de categoría.
,
Condecoración concedida á los que lucharon e? la batalla del 5 _de ~layo d~ 1862, y a
los que ayudaron á contener al enemigo, en la vispera de este ep1sod10 gl~moso.
Condecoración concedida á los que lucharon en las Cumbres de Acultzmgo, el 28 de
Abril del mismo año.
Barra distintivo por la Guerr:1- de Refo!~a,creada pcr decret~ de 21 de Enero de 1861.
Concedida á los que sostuvieron el s1t10 de Puebla, á las ordenes del General Don
Jesús González Ortega, en 1863.
..
Condecoración concedida á los que s1t1aron y tomaron la plaza de Querétaro en 1867,
dando el golpe de gracia al Imperio de Maximiliano.
Por último verán nuestros lectores los tipos diferentes de las condecoraciones de
"Constancia,»' que son tres: de primera clase,_ que la_Ordei:_anza Gene~·al del Ejér?ito_ordena se imponga á los que llevan más de _t~emta y e1nco a~os de _servir en el EJérc1to;
de segunda clase, á aquéllos curo~ s_ervicws pasan de tremta anos, y de tercera clase,
·á los que llevan por lo menos vemticmco.

JEFES DE LOS BATALLONES QUE PROTESTARON BANDERA EL 5 DI MAYO.

En las fiestas cívicas se hace generalmente, la distribución de estas recompensas honrosas que atestiguan los méritos
individuales, ya en la época aciaga de la
lucha, ya en la obra de reorganización,
á favor de la paz de que disfruta el país.
No necesitamos entrará describir cada
una de las piezas de la Heráldica Militar
que publicamos: El grabado las reproduce
con exacta fidelidad, y ello nos satisface.

Las mañanitas así, con su luz virgen y curiosa, su cielo muy claro y muy azul, sin una
mancha, sin la huella de una nube, y c;u aire
fresco y húmedo, con transparencias de cristal
y centelleos de piedras preciosas, son la delicia
de los madrugadores, de los que se levantan
con el día, de los que tranquilamente cierran
los párpados cuando viene la sombra para que
no se asusten las niñas de sus ojos, y los abren
al mismo tiempo que las últimas estrellas se
diluyen en la claridad de nieve del alba.
Las mañanitas así, puras y radiantes, que
se visten de almas gloriosas para ofrecer flores
al sol, que asperjan de rocío los nidos para que
despierten los músicos y en cada árbol se toque
una aleluya á toda orquesta, que destapan las
urnas de las rosas para que se perfumen los
campos, y echan á vuelo las campanillas para
que repiquen la gloria; las mañanitae. así, que
ponen un grano de oro en cada arena, una gota, ele fragancia en cada cá.liz, 1.m gorjeo en cada a ve, una sonrisa en cada boca, son la más
exquisita coquetería de la Primavera, y reparten á todo el que la pide, á manos llenas, como quien da limosna, con un tesoro inagotable, la alegría de vivir.
Las noches sin luna, enlutadas y llorosas,
como viudas inconsólables, hacen de la ciudad
un camposanto. De lejos, entre la obscuridad,
los bloques de casas parecen pesados y gigantescos monumentos sepulcrales, y los focos
eléctricos, lamparillas de tumba. Uno que otro
lucero, como blandón de luz cansada, se enciende, por intermitencias, en el paño fúnebre
del horizonte.
Pero sacude la aurora sus desteñidos pabellones de púrpura, en el fondo del paisaje, y
la mañana de luz virgen y cielo azul sobre la
ventana del sol y se asoma, y sonríe, y dice jubilosamente: «Buenos días.,i
«Buenos días, señoritas flores; lirio, qué
blanca está tu seda; anoche estuviste bruñendo tu tocado de oro, margarita; camelia, qué
pomposa está tu gola de encajes; amapola, qué
joyel de brillantes te pusiste sobre el raso de
los pétalos; qué vaporosa muselina pompadour
la de las caléndulas; qué penacho tan gallardo
el de los claveles!»
«Buenos días, jóvenes pájaros, bulliciosos
artistas; vamos, hijos, á ver qué vieja canción
ó qué empolvado motete ensayáis ahora. Qué
numerosos están los coros. Suena un orfeón
en todos los árboles!))
«Buenos días, muchachos enamorados; perezosos! que se llega el momento de la cita.
Amaneció. Romped el hilo de luz del sueño •
con el que atáis las alas al amor; la vida se ha
vuelto hermosa. La Naturaleza está contenta.
Hay una boda en cada rama. ii ..... .
Y mirad cómo los madrugadores, los buenos, los felices, los pobres, los que habitan las
casas de barrio, el escribiente, la costurerilla,
el «calicot,i, el obrero, el estudiante, los que
no viven de noche, porque la noche es muy
mala, y muy cara, porque los refinados placeres nocturnos, insanos y artificiales, no están á su alcance; los que se levantan con el
sol, van por las calzadas de la Reforma, bajo
la húmeda ojiva de los árboles, en parejas silenciosas, en bandadas cantantes; éste, pensativo soñador, de andar lento; aquél, mozalbete apresurado, que teme llegar tarde á donde lo esperan un beso y una mirada; esos otros
dos, él y ella, en un coloquio de risas, todos
aspirando el aire á plenos pulmones y sintieudo en el corazón la gran alegría de vivir.
¡Oh mañanitas de l\Iayo, de cielo muy azul,
de aire muy linipio, de luz muy blanca, y
qué buenas sois para las flores, para las aves
y para los enamorados!

EL MUNDO ILU6TRADO

[)llllli1Dgo 11 &lt;le Miruyo

cuas luminosas, y á cada golpe¡ una explosión
de chispas inunda de brillos deslumbrantes el
horizonte. Conforme pasan las horas, crece el
incendio de los aires hasta que, ya muy entrada la mañana, tórnase ígnea la placa de
esmalte de los cielos.
Los jardines, entonces, alzan en señal de
protesta sus árboles amodorrados y secos, y
las flores entrecerradas y soñolientas, atisban
por entre la maraña de las frondas, la llegada
del viento como tristes enamoradas que salen
á la venta~a, á la hora de la cita, inquietas y
desesperadas por la tardanza del amante.
Pero el viento suele ser un novio informal;
no acude cuando lo llaman; sabe lo que son
las mujeres y por eso se deja rogar tanto de
las flores. Desde su enhiesto varillaje, se inclinan las rosas aristocráticamente, seguras de
que á ellas, que son las más lindas y las más
elegantes, va á ir primero el galán desdeñoso.
Por entre la hierba, como por entre los barrotes de una reja, se asoman, en actitud humilde las violetas, porque aunque pobres y mode~tas saben muy bien lo mucho que valen.
Las n{argaritas enarcan sus estrellas d~ nieYe,
impacientes y contrariadas de que, quizá porque carecen de fragancia, no les haga caso el
ingrato. Las azucenas están furiosas: ¿cómo?
¿será cierto que el viento desdeña su limpia y
perfumada blancura?
Entretanto llueve sol, un sol rabioso que
parece mal humorado, y que gusta de quemar
pétalos. resquebrajar ramas, sacar el jugo de
las hojas y beber en la copa de las campánulas las heces del rocío.
Las siestas son fatigosas, er¡.ervantes, pesadas. Todo dormita con una pereza voluptuosa mezclada de cansancio y fastidio.
'No, no saldréis de vuestro febril sopor, pobrecillas mártires del sol y desdeñadas de los
céfiros, hasta que las nubes, que también tienen mucha sed, acaben de llenar su tonel en
los lagos del Valle, para apagar la fragua de
los cielos, antes de que llegue la noche.
Al medio día, el viento está muy entretenido
con las amapolas, esas rollizas aldeanas que se
ríen de puro coquetas, entre los trigales, y no
volverá á los jardines de la ciudad sino después de haber corrido mucho por sembrados
y campiñas.
Es verdad que este sol es cruel como un inquisidor; y que con gran aparato y áurea pompa, recorre el infinito ordenando autos de fe,
y martirios terribles para castigar á las flores.
Los pájaros y las mariposas están salvados.
Ellos tienen alas y pueden volar en busca de
sombra y de frescura.
Vosotros, no; que estáis prendidas á la rama, y la rama está. t:fianzada á la tier~·a, y la
tierra no suelta nunca por voluntad smo por
fuerza.
Pero ...... ¿novéis como se realiza el milagro? Se oyen risas y cuchicheos. Baja por la
escalinata, saltando y atropellándose, una banda alegre de muchachas bonitas.
Vienen en busca de vosotras, para llevaros
primero á sus labios, luego á sus búcaros, en
seguida á su seno, y más tarde á la mano trémula de algún soñador que os guardará, ya
secas, como una reliquia, en la caja de palo•
santo, entre listones, guantes y bucles de cabello perfumado.
El amor os libertará del sol y de la lluvia;
de caer tostadas con la arena humeante, ó de
naufragar en la charca fangosa.
El amor es divino para realizar estos milagros. Suele hacer con el corazón lo que con
vosotras.
¿Qué, no estáis contentas?

iOH POETAS!
(DE JosÉ

idle 1902.

s. CHOCANO.)

¡Qué desgracia mayor que ser poeta!
Ser fe, ser caridad, ser esperanza
y devolver el golpe de la lanza
con raudal sacro de virtud secreta...
La indiferencia, que ni á Dios respeta,
no respeta la hermosa lontananza
en que suefia el cantor sin venturanza
como en el golpe de arco la saeta.. . .. .
Eso que Numen la torpeza llama,
es más que onda que tiembla, onda que brama·
es como expiación de un gran pecado,
'
es un dol_or ~gudo y sempiterno;
y no lo pmto Dante en el infierno,
porque Dante era el mismo condenado.

.-.

,Beso de nieve.
Su busto venucino ciñe el grana
Corsé de gasas con estrellas de oro
Y custodia en el músculo el tesor~
De su primer amor, de luz arcana ..... .
La novia como virgen circaciana
En el diván sentada con decoro
Desabrochó el corsé...... temió el desdoro
No quiso confidente esa mañana......
'

Pensaba silenciosa y con anhelo
En el futuro de su ansiada boda
En estival aurora de desvelo ..... .
Y el beso que en su pecho renacía
Hecho cadáver, témpano de hielo
Rodó en su corazón, caja vacía....'..
JUSTO

p ASTOR Ríos.

REFUGIO.
Ni tú lo sabes, mi adorada santa,
No sabes que un amor es mi ventura,
Que formada de luz y de hermosura,
Siempre ante mí tu imagen se levanta.
Que un himno suave con delicia canta
Mi más prnfundo amor á tu dulzura
Y en un torvo silencio mi ternura
Cada día más firme, se agiganta.
Mi amor en mi secreto está escondido:
Ignorado del mundo, mi tesoro
Se conserva sin manchas; he mentido
Otros nombres, me salva su murmullo,
Y refugiado en tí, mientras te adoro
Me siento ungido de fervor y orgullo.
RICARDO Gó:r.rnz RoBELO.

lYIEDIOEV.AL.
Enclaustrado ideal á quien adoro,
De frente de marfil y aurea guedeja,
Sal á la ojiva, que allí va mi queja
Volando en alas del laúd sonoro.
Tú eres mi castellana y yo el rey moro
Que ronda, trovador, bajo tu reja,
Donde la luna pálida refleja
Su corva luz entre platino y oro.
Aunque á la voz del plectro no respondas,
Descorre la calada celosía
Y déjame que, al ver tus trenzas blondas,

CORONEL BERNARDO PALAFOX,

CORONEL JOAQUIN MAAFS1

El ·sol está rabioso á más no poder. Desde
muy"temprano enciende las fraguas del oriente y se pone á majar el hierro encendido del
día, sobre el yunque azul de las montañas.
Martillea, con su gran martillo _de oro, las as-

Admire en medio de la noche el día ..... .
Aun el alba está lejos; no te escondas;
No es hora de que sueñes tqdavía!. .....
MANUEL

s. PICHARDO.

�Doonimgo 11 de M~ ,die 1902.

EL MmIDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

ACTUALIDADES CIENTIFICAS.

monumento en la Santa Veracruz, y copia de
él es la cajita que forma parte de uno de los
grupos tomados. Esta
cajita fué hecha por la
hermana de Rayón á
los pocos meses de la
muerte de éste, y se la
destinó á guardar las
cartas y restos históricos que les dejó. Según asegura Don Gaspar Rivera, su esposa
y algunas otras personas que conocieron &amp;l
hijo y nieto ele Don
Ignaeio Rayón, loR restos de éRte se encuentran Repultaclos en el
Pantrón E1S¡&gt;aíiol, en
el Hejlnlem ele] Dr. TolTP,;, quien ("(llll-'t'T\'Ó
Pn una c-ajih &lt;'HP&lt;'&lt;·inl
lrn; &lt;l&lt;•H;mjos &lt;ll'l h( roe•,

LORD KELVIN.
I

Entre los sabios ingleses que más se han distinguido por la importancia y trascendencia de sus obras, se cuenta el antiguo Profesor de Física de
la Universidad de Glasgow, Lord Kelvin.
Más de media centuria de trabajo incesante y fructuoso, de vigilias y
desvelos, es lo que el célebre físico tiene en su abono y lo que le ha granjeado renombre y fama universales. En Junio de 1896, la Universidad
que le ha servido de teatro para el desarrollo de sus actividades, celebró el
Jubileo del sabio con una ruidosa manifestación á que concurrieron hombres de ciencia notables y representantes de distintos círculos profesionales
del mundo.
Lord Kelvin es actualmente objeto de demostraciones semejantes en
los Estados Unidos, y su viaje por la vecina República constituye, por decirlo así, la nota científica más sonada.
La Universidad de Columbia, una de las primeras de aquel país, por lo
vasto y bien dispuesto de sus programas y por la influencia decisiva que
ejerce en el progreso intelectual, invitó no hace mucho,al sabio inglés para
que hiciera una visita á los establecimientos de enseñanza superior americanos, dando, además, una serie de conferencias sobre Física. El establecimiento ofreció á Lord Kelvin costear su viaje y el de su esposa; y aceptadá la invitación por el célebre maestro, comenzaron á organizarse entusiastas festejos para recibirle.

El jueves próximo pasado, á las cinco de la
mañana, dejó de existir el Sr. Coronel Don
Francisco Santa Cruz, Gobernador Constitu•
cional del Estado de Colima.
El señor Santa Cruz nació en Guaymas el
afio de 1838; prestó muchos servicios de importancia á la República y figuró en distinguidos puestos ele la Administración Nacional.
Fué por tres veces gobernador ele la Entidad
Federativa en cuya capítal ha muerto.

ha:-:t·1 ~u 11nH•1·t1', ro

gando al ~r. BiH•1a ((ll&lt;'
los S('J&gt;td-lnrnn c!Pntro
del propio fér&lt;'tro. De
allí ,i ..n · qu&lt;· in(1tilllH·ll t•.• se ](o-: hu~c-,tra
en la ~anta \'rracruz.

Lord Kelvin, no obstante su avanzada edad, trabaja sin descanso, y la
sola enumeración de los estudios y memorias que ha dado á la publicidad,
formaría extenso catálogo. Los ramos que cultiva con especialidad, son los
de maguetismo y electricidad.
Reliqui~s de Rayón.

En uno de los más pintorescos alrededores
de la ciudad de México, cerca de Mixcoac, levanta sus muros de piedra la casa principal de
la Hacienda de Santa Rita, en donde viven la
vida feliz del campo los descendientes de uno
de los héroes de nuestra patria: de Don Ignacio Rayón.
Allí el santo amor filial y el respeto infinito
hacia el héroe,han hecho quese conserven ocultos á la profana mirada del vulgo, unos objetos pertenecientes al héroe, y un buen arsenal
de cartas autógrafas, algunas de las cuales tienen datos importantes.
El jefe de la familia, el Sr. Don Gaspar Rivera, honrado y laborioso agricultor y comerciante, se casó con la biznieta del héroe del
fuerte del Cóporo, y de esta manera se ha formado una numerosa familia descendiente de
Rayón.
Entre los objetos preciados que posee la familia Rivera, se cuentan como principales: una
espada que perteneció al héroe y que llevó casi toda su vida de campaña.
El arma es de acero fino y tiene, al agua
fuerte, gran número de grabados y adornos
especiales. Se la conserva en su funda primitiva, ya rota por la acción del tiempo, como se ve
por una de nuestras fotografías.
.
Otro ele los objetos es una cigarrera que Don
Ignacio Rayón hizo con sus propias manos durante su largo cautiverio. Es de cartón y tiene
gran número de incrustaciones ele cristalillos
dispuestos con verdadera simetría, y además,
está salpicada de marmaja de colores, que la
hace más vistosa.
El tercer objeto es una banda, distintivo militar, de color verde, de seda finísima y perfectamente bien conservada y tejida. Lleva en

11 de Maiyo ,die 1902.

EL CORONEL FRANCISCO SANTA CRUZ.

El mes pasado la Universidad le ofreció una espléndida recepción, en
la cual estuvieron representados por enviados especiales, las agrupaciones
é institutos científicos más importantes de Norte-América. Los sabios más
renombrados concurrieron también á la manifestación.

JOYAS HISTORICA.S.

~&lt;71()

el centro un bordado de hilos de oro, transversal rcon relación á ella, seg6n se ve en la
fotografía.

•••
La familia conaerva un retrato pequeño del
h éroe, que . según aseguran, es el mejor que
existe. En uno de los. grupos fo1:mados en las
fotografías que damos á nuestros lectores, se
ve reclinado sobre el puño de la espada.
Con una pequeña parte de las cartas forma-

El señor Santa Crur. obtuvo el grado de Coronel por virtud del despacho que, ctiando Re
iniciaba la revolución de la Xoria, expidió el
Sr. Juárcz, invi:;tiendo con el referido grado
militará todos los Gobrrnadores ele la República: después ohtm·o el despacho de Coronel
efectivo del ejército pe11nanente, por ratificación que de ello hizo el Senado.
La muerte del señor Santa Cruz ha sido
muy sentida en el Estado de Colima, donde
contaba con numerosas simpatías.

mos un grupo, procurando ante todo que se
vean las firmas, pues ellas prueban la autenticidad de los documentos, y en su oportunidad
publicaremos alguna de ellas íntegra.
Las cartas fotografías son de los distintos
hermanos Rayón y una de Hidalgo, que es
más bien un salvo conducto.

* **
Poco tiempo después de muerto el héroe
Don Ignacio Rayón, se le levantó un pequeño

Autógrafos de Hidalgo y Raróu,

En

un

día de campo ¡¡frecido por el Club "Amistad," de Oaxaca, al señor General Martín González, Gobernador del Estado, el día Z1 del mes pasado,

�·Doonlingo 11 ide Miaiyo ole 1902.

Et

EL MU!lIDO ILUS'filMDO
se separaron. De esa uni6n naci6 una nifia,
que está actualmente casada, y por la cual manifest6 el poeta un gran afecto.
Scholl era presidente honorario de la sociedad de «Gens de lettres» y no fué s6lo un escritor de gran talento, un dominador de la
cr6nica del eco, de la noticia actual; fué también un «tipo.» Su semblante de aspecto brutal el pliegue de los labios bajo los mostach¿s blondos, los ojos salientes de miope en
que sostenía un mon6culo, todo eso atraía la
atención. Viendo pasar aquel hombre tan s6lidamente constituido, siempre correcto como
un «gentleman,i, se pensaba: ese es «alguien.»

MUNDO ILUSTRADO

AÑO IX.--TOMO I.--NÚM. 20.

MÉXICO, MAYO 18 DE 1902.

Sub6cripei6a men:JUal roran,a, f l lh
Idem. /dezzr. ~ /a capital, ., 1.:16

••rector: LIC. RAr'AfL Rtn&amp; &amp;PINDOLA.

0erentei LVI&amp; RU'r&amp; &amp;PINNLA.

-,, _]&amp;i

I!-

--::,.

LAS EXEQ,lJIASDE CEOIL RHODES.

El JO de abril, después de la ceremonia
religiosa presidida por el obispo Bechuanalad los restos del llamado «Napole6n del Cabo»' fueron transportados más allá, de Buluwayo, en plena Rhodesia.
Dos mil matabeles se instalaron en las alturas junto al «Kopje» solitario en el cual dehía
ser enterrado Cecil Rbodes. Cuando llegó la
noche, se inmolaron quince bueyes, reemplazando de esta manera á los antiguoi,; sacrificios humanos.
El gran hombre tiene por tumba un simple
hoyo cavado en la cima del «Kopje,» preci:-amente en el lugar en que ~e celebró la conferencia de paz con los matabelcs el afio de
1893, conferencia que fundó el imperio de Inglaterra en el sur de Africa.
Nuestro grabado representa la rara escena
de las exequias.
A NlJESTROS SlJBSCRIPTORE~.

La paginaci6n de la entrega de «Los :Miserablesi, que se adjunt6 á nuestro número pasado, sali6 repetida.
Hay que tenerlo en cuenta á la hora de encuadernar la obra.

AURII.lANO SCHOI.1.
Acaba de morir Aureliano Scholl, á la edad
de sesenta y nueve años y después de sufrir
una larga y dolorosa enfermedad.
Naci6 en Burdeos el año de 1833, y cuando
contaba diez y siete años de edad, fué á París,
á donde lo llamaba una vocaci6n. que se confirm6 más tan luego como terminó los estudios primarios. No dejaba aún los bancos de
la escuela secundaria, curu1do comenz6 ámandar clandestinamente algunos artículos á un
periódico titulado «El Corsario,» que los admitía sin sospechar que aquel colaborador fuera un retórico.
Después Scholl llenó con su prosa palpitante y galana todos los periódicos que en
aquella época se llamaban «la prensa pequefia ·n luego colabor6 en el «París» del conde de
ViÚedeuil, en «El :Mosquetero» de Alejandro
Dumas, y por último, en «La
»
, , Ilu;;tración.
d
En el ,cFígaro» comenzo a emostrar su sello personal escribiendo la serie de artículos
denominados «los Bastidores.ii Fundó en seguida «m Enano amarillo»y «El Jockeyi,, y al
cabo de algunos años conquist6 un lugar brillante en la pléyade de los cronistas de la
época.
En lo que podríamos llamar la 10egunda
parte de su carrera, es decir, después de la
caída del imperio francés, sostuvo valienteménte en &lt;eEl Acontecimiento,» «Voltaire» y
«El Eco de París,» la legítima reputaci6n que
había ganado. En el curso de esta, época sostuvo duelos muy notables, contándose entre
sus principales adversarios Paul de Cas~agnac,
Robert; ifücbell y el conde de Dion.
La labor absorbente del periodismo, en la
cual gastó lo mejor de su talento, no le impidió publicar muchos volúmenes con novelas
y fantasías, así como un libro de Yersos titulado: ,cDenise.n Abordó el teatro, pero logró un
éxito s6lo mediano.
En 1866, Scholl se cas6 con la señorita Irene Pekins, hija de un rico comerciante inglés;
pero transcurridos dos años de matrimonio,

t

S. M. ALFONSO XIII, RE Y DE ESPAÑA.
JURO AYER, SABADO 17 DE MAYO, LA CONSTITUCION

DE SU REtN0
1

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1902, Año 9, Tomo 1, No 19, Mayo 11</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>·Doonlingo 11 ide Miaiyo ole 1902.

Et

EL MU!lIDO ILUS'filMDO
se separaron. De esa uni6n naci6 una nifia,
que está actualmente casada, y por la cual manifest6 el poeta un gran afecto.
Scholl era presidente honorario de la sociedad de «Gens de lettres» y no fué s6lo un escritor de gran talento, un dominador de la
cr6nica del eco, de la noticia actual; fué también un «tipo.» Su semblante de aspecto brutal el pliegue de los labios bajo los mostach¿s blondos, los ojos salientes de miope en
que sostenía un mon6culo, todo eso atraía la
atención. Viendo pasar aquel hombre tan s6lidamente constituido, siempre correcto como
un «gentleman,i, se pensaba: ese es «alguien.»

MUNDO ILUSTRADO

AÑO IX.--TOMO I.--NÚM. 20.

MÉXICO, MAYO 18 DE 1902.

Sub6cripei6a men:JUal roran,a, f l lh
Idem. /dezzr. ~ /a capital, ., 1.:16

••rector: LIC. RAr'AfL Rtn&amp; &amp;PINDOLA.

0erentei LVI&amp; RU'r&amp; &amp;PINNLA.

-,, _]&amp;i

I!-

--::,.

LAS EXEQ,lJIASDE CEOIL RHODES.

El JO de abril, después de la ceremonia
religiosa presidida por el obispo Bechuanalad los restos del llamado «Napole6n del Cabo»' fueron transportados más allá, de Buluwayo, en plena Rhodesia.
Dos mil matabeles se instalaron en las alturas junto al «Kopje» solitario en el cual dehía
ser enterrado Cecil Rbodes. Cuando llegó la
noche, se inmolaron quince bueyes, reemplazando de esta manera á los antiguoi,; sacrificios humanos.
El gran hombre tiene por tumba un simple
hoyo cavado en la cima del «Kopje,» preci:-amente en el lugar en que ~e celebró la conferencia de paz con los matabelcs el afio de
1893, conferencia que fundó el imperio de Inglaterra en el sur de Africa.
Nuestro grabado representa la rara escena
de las exequias.
A NlJESTROS SlJBSCRIPTORE~.

La paginaci6n de la entrega de «Los :Miserablesi, que se adjunt6 á nuestro número pasado, sali6 repetida.
Hay que tenerlo en cuenta á la hora de encuadernar la obra.

AURII.lANO SCHOI.1.
Acaba de morir Aureliano Scholl, á la edad
de sesenta y nueve años y después de sufrir
una larga y dolorosa enfermedad.
Naci6 en Burdeos el año de 1833, y cuando
contaba diez y siete años de edad, fué á París,
á donde lo llamaba una vocaci6n. que se confirm6 más tan luego como terminó los estudios primarios. No dejaba aún los bancos de
la escuela secundaria, curu1do comenz6 ámandar clandestinamente algunos artículos á un
periódico titulado «El Corsario,» que los admitía sin sospechar que aquel colaborador fuera un retórico.
Después Scholl llenó con su prosa palpitante y galana todos los periódicos que en
aquella época se llamaban «la prensa pequefia ·n luego colabor6 en el «París» del conde de
ViÚedeuil, en «El :Mosquetero» de Alejandro
Dumas, y por último, en «La
»
, , Ilu;;tración.
d
En el ,cFígaro» comenzo a emostrar su sello personal escribiendo la serie de artículos
denominados «los Bastidores.ii Fundó en seguida «m Enano amarillo»y «El Jockeyi,, y al
cabo de algunos años conquist6 un lugar brillante en la pléyade de los cronistas de la
época.
En lo que podríamos llamar la 10egunda
parte de su carrera, es decir, después de la
caída del imperio francés, sostuvo valienteménte en &lt;eEl Acontecimiento,» «Voltaire» y
«El Eco de París,» la legítima reputaci6n que
había ganado. En el curso de esta, época sostuvo duelos muy notables, contándose entre
sus principales adversarios Paul de Cas~agnac,
Robert; ifücbell y el conde de Dion.
La labor absorbente del periodismo, en la
cual gastó lo mejor de su talento, no le impidió publicar muchos volúmenes con novelas
y fantasías, así como un libro de Yersos titulado: ,cDenise.n Abordó el teatro, pero logró un
éxito s6lo mediano.
En 1866, Scholl se cas6 con la señorita Irene Pekins, hija de un rico comerciante inglés;
pero transcurridos dos años de matrimonio,

t

S. M. ALFONSO XIII, RE Y DE ESPAÑA.
JURO AYER, SABADO 17 DE MAYO, LA CONSTITUCION

DE SU REtN0
1

�Domingo 18 de Mayo de 1902

MONTPELEE.
Desde que hace dos mil _años sepult6 bajo
sus lavas ardientes y sus áridas ceruzas á Herculano y á Pompeya, la acci6n plut6ni~ no había cometido un atentado más cruel, m consumado una hecatombe más vasta que la que
acaba de consumar en la :Martinica.
La Naturaleza es la gran traidora. Con sus
actitudes voluptuosas y sus afeites i;efin~dos
como la cortesana; con sus cantos langmdos
y sentidos, como la sirena, atrae al h&lt;?mbre, lo
engríe, lo arraiga para despué~ ~~dirlo en el
abismo 6 condenarlo á la perdic1on.
..... Nada más sonriente, más tibio, más seduc~r y más dulce que la falda del V esubio 6 la
costa de la Martinica. La montaña drapea~a
de esmeralda y coronada de humos blanq':1zcos como un pebetero, alza su frente maJestudsa entre nubes de plata franjeadas de oro.
Las laderas descienden en suaves esca_lones,
cubiertas de olivos en fruto y de naranJOS en
flor, y el coloso, coronado de nubes y dor~do
por el sol baña sus plantas en el ametista
profundo del golfo. De todas las vides penden
racimos, de todas las flores emanan ~omas,
de todos los horizontes acuden las bnsas, de
todas las ondas surgen destellos. Es el paraíso.
b'
Aquella tierra de promisi6n promete e1 1enestar la abundancia y la prosperidad. Del suelo fe;til brotarán espigas, de las rama~ f~ondosas penderán frutas, los.rebaños multiplicados
pulularán entre los tomillos o~orosos y _los céspedes suculentos, las aves arndarán é m~ubarán, los bueyes ararán, los ho~bres trabaJarán
seguros del presente, tranquilos por el porvenir.
Acuden en tropel. Los unos en barcas, .ª1adas como palomas que en bandadas franJean
el horizonte; las otras descendiendo de la cordillera fronteriza 6 cruzando sus estrechas gargantas 6 ascendiendo penosamente de los valles remotos. Ahí está el bienestar y ahí está
el porvenir. Manos á la obra, aquí se levantan
chozas allá se ara la tierra, más allá se perforan po~os 6 se cavan cisternas 6 se abaten robles.
l
b .
La colmena zumba y hormiguea, e tra aJO
fecunda y explota, el h:ombre sie?Ib~ Y cosecha la riqueza se acrecienta y distribuye. A
poc~ andar, en las laderas y en los valles se
agrupan los casei;íos,. se levantan _tor~es q~e
revelan templos o chimeneas que mdican fabricas· entran y salen del puerto los navíos
cargados de mercancías, circulan los vehículos
atestados de granos y de frutos. : or todas
partes actividad y labor fecundas; a la b::trraca sucede el edificio, á la choza ~l palac10, á
la carreta el furg6n, á la herraID1enta la maquinaria á la pobreza el comfort, a~ comfort el
lujo. To'do es felicidad honesta y bienandanza
legítima.
.
La naturaleza sonríe y acecha. Como e1 criador de ganado, acaricia, chiquea, ceba y _engorda su presa; la visita en su establo, le suve
el alimento abundante y sano, el agua fr~sca
y pura; cuida amorosamente de su 1;&gt;ululac16n;
se desvive por su salud y por su bienestar; le
gradúa con el term6metro la temperatura, con
el higr6metro el grado de humedad; la ª?Iªmanta casi como una madre. El corderillo,
amoroso y agradecido viene á lame~ su ~ano
y la ternera apacible muge de s_at1sfacc1on á
su presencia sin so8pec_har que b::tJº aquel protector hay un perseguidor y baJO aquella providencia un verdugo.
Así la Naturaleza; nos mima, nos halaga,
nos engríe con la vida y nos hace creer en la
felicidad.
..
Un día en medio de losregoc1Josdeuna prosperidad bien ganada 6 del silencio de u_~ reposo bien merecido, nos sorprenden _grumd?s
sordos de fiera hambrienta_ o explos10nes subitas de c6lera ciega. El ?ielo se ente~ebrece
con vapores malsanos, la ti~rra ruge y tiem~la
con sacudimientos convulsivos. La _montan~,
majestuosa y casi divina en su olímpica sere1;11dad, comienza á retemblar; sus flancos se -~gnetan y vomitan lavas que son la destrucc10n Y
lodos que son el escarnio. El cráter, antes

EL MUNDO ILUS'rRA.DO

EL MUNDO ILUSTRADO
frío se convierte en hornaza; el pebetero flame~ como un incendio; fúndense las nieves de
la cima precipítanse al valle los torrentes de
lava. El humo ciega, la ceniza asfixia, la l~va
incendia, el lodo salpica y mancha. El cnsol
volcado parece inagotable. Llenos los cauces
torrenciales desborda sobre las escarpaduras,
desciende por las faldas, inunda los valles;
aquí devora la cosecha, más allá incinera el
granero; salta del campo á la ciudad y derriba
templos, palacios y fábricas, para no detenerse
sino en la playa, á orillas del mar, en donde
se traba la lucha formidable de los dos elementos del agua y del fuego, entre hervores
desmes~ados y densos desprendimientos de
vapores.
En medio de la catástrofe, escenas desoladoras; familias que huyen cargando lo que de
más precioso tienen; niños aterrados y fatigados que gritan y lloran; hombres que huyen
con las ropas incendiadas y mujeres con la
cabellera ardiendo que van y vienen, enloquecidas, como teas ambulantes 6 como gorgonas
coronadas de fuego.
Aquello puede durar un momento. Lo que
el hombre ha incubado, criado y consolidado
en siglos, el fuego lo devora, la lava lo consume y la ceniza lo sepulta en un instante. Cuando ya no queda nada vivo, nada entero ni
nada en pie, el volcán verdugo descansa y
sonríe. Ha hecho su obra, ha dado cima á su
tarea, ha llenado su misí6n. y el sol del día
siguiente lo encuentra herguido y en píe sobre ruinas humeantes, sobre cadáveres insepultos, sobre campos escuetos y sobre riquezas y glorias sepultadas.
La labor de siglos ha quedado aniquilada
en ·segundos; las esperanzas de un pueblo ó
de una raza, convertidas en lavas negruzcas y
en cenizas blanquizcas; las riquezas lentamente creadas y acumuladas, se han disipado en
humo; y de lo que eran campos, mieses, re•
bafios y caseríos, no queda después sino un
islote negro de lavas calcinadas y de rocas estériles.
Sic transit gloria mund:i.

ARTISTAS MEXICANOS.

meuzado no se terminara. El
boceto, que tiene muy buenos
detalles, figur6 también en la
última Exposición.

J. SAL01tlÉ PINA.

Entre los artistas más notables que ha producido, de sesenta años á esta parte, la Academia de San Carlos, ocupa lugar preferente don
José Salomé Pina, pintor considerado, en la actualidad, como el primero en la RepúbliC!l,.
De aspecto simpático, de franca y abierta
conversaci6n y de un carácter, en suma, que
repele todo lo que sea fatuidad 6 egoísmo, el
Maestro, como debida y cariñosamente se le
llama cuenta,en su abono,con cualidades muy
poco ~omunes, y con páginas del libro de su
vida, muy dignas de narrarse.
Prescindiendo de los obligados detalles de
la biografía, hasta donde nos sea posible, vamos á transcribir algunos apuntes acerca de
esa simpática personalidad artística. Como
Rebull 1Ianchola y Felipe Gutiérrez, fué discípulo 'del célebre Maestro Clavé y bajo su direcci6n en la Academia, comenzaron á desarrollara~ sus notables facultades para la pintura.
En 1854 pas6 á Europa, pensionado por el
Gobierno mexicano, y pennaneci6 en París
desde ese año hasta el de 1859, perteneciendo
como alumno á la Escuela de Bellas Artes de
la capital francesa, mediante un merecido
triunfo por él obtenido en los concursos correspondientes. Allí tuvo por compafieros á Bonnat, Carolus Durán y Lefevre.
_
Partió, después, para Roma, y en Italia fué
en donde comenz6 á manifestarse su tendencia
á seguir una escuela propia, enteramente suya.
Fortuny, el gran pintor del siglo pasado, fué su
amigo íntimo, y se complacía tanto de sus
obras, que, cuando Pina preparaba la pintura
de s u cuadro «La liberaci6n de los esclavos por
los primeros cristianos,,, le instó repetidas veces, para que, en su mismo taller, ejecutara la
obra.
El Maestro hubo de rehusarse otras tantas
veces, porque-según dice con su habitual
modestia-no quiso que la influencia de aquel
genio del arte contemporáneo ejerciera presi6n
sobre su c,yo" artístico. Fortuny, no obstante,
se aprovech6 de la ausencia de Pina en cierta
ocasión é hizo conducir á su ú;ller la tela preparada por el Maestro.
:,Todo el tiempo de su estancia en: Europa::se
dedic6, con asiduidad
y ¡constancia admirables, al estudio de los
pintores italianos y esl pañoles más célebreR,
y así es como ha podido ofrecernos copias de
cuadros tan bellos y
tan bien acabados, como los que present6 en
la última Exposici6n
de Bel1as Artes. En
París pint6 su celebrada tela "Abraham é
Ii,aac,,, la de «Santa
Ana» y la de c&lt;La Piedad," que es, sin duda, la que le ha conquistado renombre y
fama de pintor por excelencia.
Los cuadros que pint.6 en Roma, fueron
muchos, y con el ejercicio de su arte pudo
sostenerse allí durante
muchos afios.
Entre otros episodios de su vida, cuenta el :Maestro el siguiente, que, estamos
seguros, pocos conocerán:
El Archiduque
Maximiliano encargó á
su Embajador Velázquez de Le6n, residente en la capital italiana,
que buscara en Italia
Salomé Piña.-Cabeza de estudi9,

Domingo 18 de Mayo de 1902.

En la Academia se conservan algunos cuadros del Sr. Pina, como el «San Carlos Borromeo, ,, que fu6 con el que gan6
la pensión del Gobierno para
emprender sus estudios en Europa. En su gira, por el Viejo
Continente, vi,;it6 las principales ciudades y los museos más
célebres, y á instancias de sus
admiradores y de su maestro
Clavé, volvi6 á J\Iéxico, para
ingresar al profesorado de la
Academia, donde ahora dirige
las clases de pintura.

No son los apuntes que hemos transcrito, los únicos que
conocemos y que se relacionan
con el Sr. Pina; muy á nuestro
pesar callamos otros, atendiendo á que en nuestras columnas
no podrían contenerse y á que
no faltarán plumas que tracen,
como se debe, lafiguradel Maestro.
H emos querido ilustrar estas
líneas con fotografías del estudio de Pina y de sus principales obras, y en nuestros grabados pueden nuestros lectores
encontrar la reproducci6n de
ellos.

P ENSAMIENTOS.
El médico, el explorador y
el marino, son los tres tipos
perfectos del valor moderno.
PAULAD.Uf.

Lo sobrenatural de hoy puede muy bien ser lo natural de
mañana.
JuA~ RAl\IBAU.
Envidiar es descender.
JuLio RrcARD.
La caridad obligatoria es el
curso forzado de la mendicidad.
G. M. VALTOUR.

Salomé Pina en su estudio.

un pintor que pudiera encargarse de hacer u ,::
cuadro conmemorativo de la visita hecha por
Pío IX al Archiduque y á su esposa, doña
Carlota Amalia, en el Palacio de :Marescotti,
cuando, de paso para México, se habían detenido cm aquella ciudad. Yelázquez de Le6n fué á
consultar á Pina, y por consejo de éste la obra
se encomend6 á Podesti, uno de los pintores
más afamados en aquella época.
Súpolo Maximiliano, y teniendo noticias de
que se encontraba en Roma un «artista mexicano notablei&gt;-Pina-escribi6 á Velázquez de
Le6n, recomendándole encargara á éste del trabajo, de toda preferencia. Podesti, que había
puesto mano á la obra, se felicit6 de esa resoluci6n que honraba al pintor mexicano, y aun
prometi6 ayudarle en cuanto pudiera.
Por esa época Doña Carlota Amalia sali6
para Roma,al arreglo con Pío IX de los asuntos de la Iglesia en México, y pocos días antes
de que se declarara por su médico su locura,
estuvo varias veces en el estuclio de Pina, á
quien, según manifest6, quería servir de modelo para el famoso cuadro. En estos días, dice el Sr. Pina, Carlota daba ya muestras de
extravío.
La serie de acontecimientos políticos que todos conocemos y que tuvieron desenlace en el
Cerro de las Campanas, hizo que el cuadro co•

'-1

Salomé Piña.-Tipos italianos,

�Domingo 18 de Mayo de 1902

EL MUNDO ILUSTRADO
EL ll.tUXDO ITXSTR.\DO

Domingo 18 de )layo de 1902.

EL SR. LIC. FRANCISCO DE LA RABRA,
Ministro de México en Sur-América.

1

La Secretaría de Relaciones, teniendo en cuenta las releYaiitei; cualidades del joyen Lic. D. Francisco
de la Barra, lo acaba de nombrar
Enviado l~xtraordinario v :\Iinistro
Plenipotenciario ele l\lé~ico en las
Repúblicas de la Argentina, Uruguay, Paragua,v y Bn,sil,con residencia en la hennosa capital de la primera: en Bueno1- Airee.
El lit:cneiatlo de la Barra es indudablemente el mús joYcn de nuestros Diplornúticos: nació en Querétaro el 1G de junio do 1863. Sólo
contaba veintiún años ele edad cuando se le 110111 hr6 profesor de ~Iatemúticas en la Escuela Xacional Preparatoria ele esta capital, y dos años
mas tarde ohtcnía,de:-pués de un brillante t•xarnen, el título &lt;le abogado.
El voto popular lo ha lleYaclo dos
veces ú ejercer el cargo de Regidor,
tres el de i-,íIHlico del II. Ayuntamicnto,y tn's el ele Diputado al Congreso de la l:nión. Es miembro honorario de la Real .Academia de Legislación y .Jurisprudencia. de ~Ia&lt;lrid, socio del Instituto de Coimbra,
en Portugal, y socio de número de
la Academia ~Iexicana de Legislación. Representó á ésta en el Congreso Ibero Americano, reunido en
~Iadrid en 1892, en cuyas discusiones tomó partl', y entonces fué agraciado con el título de Comendador
de Xúmero Extraordinario ele la Orden de Carlos III.
En esta misma época fué electo
Secretario del Congre:;o Literario Hispano Americano que se reuni6 en
Madrid. Fué nombrado más tarde Cónsul General de la. Repúhlira Argentina en México,
ad-honorem, el cual cargo no pudo desempeñar por ser Diputado al Congreso de la
L'ni6n.
Ha siclo Plenipotenciario del Gobierno de
::\léxico para negociar y firmar el tratado &lt;le
amistad, comercio y navegación con el Reino
ele los Paí:-;c:- Bajos, y para negociar el tratado
ele Extradición con Italia. El rey de Italia lo
nombró Comendador ele la Orden de la Corona de Italia.
Es ~enetario General de la Academia Central :Mexicana de Legislación y Jurisprudencia, correspondiente de la Real dt ~Jadrid, y
miembro de la .Junta DirectiYa del Nacional
Colegio de Abogados. Es profesor ele. Lógica
en la Escuela Xacional Preparatoria, clase que
en la actualidad no da, por tener una licencia
ilimitada.
Ejerce ;;u profesión como abogado postulante y es en la actualidad el abogado consultor
de la 8ccrctaría de Relaciones Exteriores, y fué
Delegado á la Segunda Conferencia Internacional .Americana, en cu~,as sesiones tomó
parte importante.
Ha publicado gran número ele obras, entre
las que podemos citar en primer término su
estmlio Robre la «Ley ~Iexicana de Extradici6n.»
Sólo espera para Ralir de esta capital á desempeñar su importante puesto, que se encuentre perfectamente restablecida su esposa,
que desgraciadamente viene padeciendo una
afección que ya está ca,:i curada.
El señor de la Barrn goza en Sud-América
de gran prestigio por su:-; obras, de manera
que la no ti tia tle su nombramiento ha sido
ac&lt;'ptado con Ycnladcro regocijo.

·-·

• La vida no es para el saber ni para el trabajo,, pero el.saber y el trabajo son para la
Yicla.-HE1mmn SPEXcEn ..
~o puede haber guerra civilizada; estos dos
términos se excluyen. - Ü--1.RXEGIE.

PARA UNA CUBANA.
Poesía dulce y mística,
Busca á la blanca cubana
Que se asomó á la ventana
Como una visión artística.
l\Iistcriosa y cabalística,
Puede dar celos á Diana,
Con su faz de porcelana
De una blancura eucarística.
Llena de un perfume asiático,
Roja, en el rostro enigmático
Su boca púrpura finge.
Y al sonreiJ:se ví en ella
El resplandor ele una estrella
Que fuese alma de una esfinge.
RuBEN DARIO.

Sr. Lic. Francisco de la Barra.

DE ZARATHUSTRA.
Zaratbustra el profeta, bajo su gruta
Ciiióse la sandalia. Con paso lento
Hacia clima. &lt;listante marc6 la ruta.
En el ancho horizonte puso la inquieta
Implacable pupila. Callaba el viento
Y la tierra cantaba para el profeta.
Con las sienes cargadas de la infinita
Soledad nemerosa, detuvo el paso
Ante el híspido rostro de un eremita.
Y al ver del ermitaño la faz sangrienta,
-¿Quién, le dijo ceñudo, puso en tu vaso
La gota de esperanza que te alimenta?
- Yivo como los tigres en las montañas;
Bebo el agua fangosa ele las mezquinas
Cisternas elonde abrevan las alimañas;
BuRco en gélidas noches el duro suelo;
Despedazo mi carne con las espinas ..... .
)li padre es Dios, mi padre vive en el cielo.
Así dijo el anciano. Selló el marchito
Labio desfalleciente; luego buscaba
Tras el palio de frondas el infinito.
Y el viejo Zarathustra con paso incierto
Se alej6 en su camino, mientras pensaba:
Xo sabe el ermitaño que Dios ha muerto.
VÍCTOR

1\1. Loxno~o.

ESFINGE.
Yo soy como esas olas gigantescas
· que sobre el lomo enorme
del monstruo azul se agitan y retuercen,
y van rodando sin saber á dónde.
Yo soy como esas negras tempestades
· que obscurecen el orbe,
y como inmensas furias desgreñadas
lloran mientras los ámbitos recorren.
Yo soy como esos rudos huracanes
que en las obscuras noches
lanzan hondos quejidos lastimeros
en las arcadas de los anchos bosques.
Yo no sé qué pesares espantosos
el corazón me roen;
á un mismo tiempo el alma me engrandecen
y hacen que gima, y me retuerza y llore.
Y, sin embargo, ante el alegre mundo,
que mi mal no conoce,
río y me apropio la frialdad que ostentan
las estatuas ele bronce.
JULIO FL6REZ.

iOH LUMEN!
Por la escarpada y áspera pendiente
De mi vida ascendí: clavé mi nido,
Como águila gigante, en el raído
Peñ6n que enhiesto corta la vertiente;
Y esperé á que llegaras: lentamente
}le enerY6 tu caricia; y el temido
Halcón de las montañas, cayó herido,
A tu beso traidor, en la corriente.
Por eso cuando miro que la vida
Extingues á tu paso; cuando bafias
De la roca la cúspide encendida
Del volcán, que corona las montañas
Como un sol, piensa mi alma entristecida:
«Oh, luz, traidora luz, también tú engañas!»
ELIAS L.

ToRR1'S,

�Domingo 18 de Mayo de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 18 de :Mayo de 1902

EL '.MlJtNIDO ILUSTRADO

Fiesta de Arte, en la Legación de México en Madrid.
LA. HISTORIA DE LA DAl!lZA.
canto. Con sumo gusto particularizaríamos la
descripción de la primorosa indumentaria; pero la necesidad de concretar todo lo posible la
extensa reReña de la fiesta, nos obliga á prescindir de ello.
Baste decir que las encantadaras moras, con
sus bordadas chuhas, sus zaragüelles de rica
sedería, ceñido su talle con el muguaxcha y
prendidas con ajorcas de oro y collares de perlaR, y los apuestos moros luciendo sus flotantes alquiceles y cubierta su cabeza con el turbante enrollado sobre la xaxia, ofrecían á la
vista un admirable espectáculo.

El cuadro III, «Corte de Amor y el Consistorio del Gay Saber,» era reproducci6n del
cuadro de Pradilla.
La interesante escena provenzal comienza
por un «Lamento,» música de Chapí, cantado
por la Marqursa de Bolaños con gran delicadeza y expresión, y en el centro aparece la
poetisa, vestida de roRa con adornos de plata
y coronada de laurel, ante los reyes, personi-

1

i

La corte de amor y el Cosistorio de l Gay Saber.

Aparecieron cuatro esclavos que conducían
en lujosa silla de oro á la Princesa enferma, y
delante de la litera los guerreros de Alimen6n,
cubiertos con sus airoros alquiceles y embrazarlas las blancas adargas, bailaban una característica danza guerrera, y lll1 pintoresco s(·quito de moros y moras bailaba,n también moriscas danzaR, para las que había compuesto
C'hapí expresamente la música de arábiga cadencia.
La segunda eRcena representaba la som hría
mazmorra en que estaban encerrados los cristianos cautivos. La caritativa Princesa, que
descendía á llevar pan á aque!los infelices, es
sorprenrlida por su padre, y al in timarla éste
airado, que mue1-tre los panC's (]UC lleva en su,
brial, la Santa dícele que son rosas, y por permisión divina el pan de la caridad cae de la
falda de la Princesa Casikla. trasformado en
hermosas flores con aroma del cielo.
Los trajes eran una maravilla, tanto por su
propiedad corno por su riqueza y deslumbrador conjunto de armónicos matices, y las nifías y niños que los vestían resultaban un en-

"La Vicarí a", cuadro de Fortun,y .

ficados por María Azlor de Aragón y el Duque
de Medinaceli, vestido éste con rica túnica roja y manto bordeado de armiño y luciendo sobre la cofia de púrpura una espléndida corona
de brillantes; y la reina con suntuoso brial de
brocado de oro adornado de perlas, copia fiel
de una escultura del siglo XV, y una heráldica corona. Al pie del trono, un lindísimo pajecillo con dalmática de terciopelo verde del
tiempo de los Reyes Católicos, justillo rosa y
calzas rojizas, un laúd auténtico pendiente de
sus hombros y tocada la linda cabecita con un
bonete de la época, de negro terciopelo con
joyel de oro. El precioso pajecillo, con tal arte
representado, era Piedad de Iturbe.

.Celebrando la boda ~e Pepita Jiménez,

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Domingo 18 de Mayo de J 9ú2.

EL MUNDO ILUSTRADO

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EL )IU~DO ILUSTRADO

Elf L.A. 00.BTE DE FELIPE 111.

LA HISTORIA DE LA DANZA.

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El mtístic-o grupo tki-;t;1C'{dmsc Ruhre el fondo &lt;l&lt;' jardín ¡ intado
por ,\ntonio J&gt;ra;;t, c-on un tc•n1plo rnediocval, cuyo c·laustro llegaba á
primer término, una poética fuente á la dC'reeha, y á la ir,quiC'r,la r l solio de los reyes. Los lujo:.;os trajes ele damaR, troYadorr:.; ~· &lt;'aballcros eRtabn.n tielnwnk copiados ele euadros y miniaturas de la Edad ~[edin,
eran la:.; armas de 1-(ntll propiedad, y laÚ&lt;les y F&lt;alterio:.; auténtitos.
T&lt;'rrninú d &lt;'uadro tomamlo dr la mano el lindo pajt&gt;c·illo á una
&lt;le las &lt;lnmas y &lt;lanelo la ~ríial para el Laile, una ronda de la Eda&lt;l :\[edia,
Rencilla, graeiosa _,. Plrgank
El cuarto &lt;·tutclrn del programa rra la «Corte ele Frlipe III, » _v estnYo l'IH"ornrnclaela su intnpretaci6n á niños. Rq&gt;re,;entaha la e:.;eena
loR janlines clel J&gt;alac-io clel Pardo, en los que cckhraha una fit•stH el
tcn·ero de los F'eliprs, digno de figurar en esta «Jiistmia de la danza»
por RU l'Hpecial habilidad y grac·ia para C'l baile. En e,-ta ei&lt;eena, se en1·,mtrahnn en primC'r término al Duqu&lt;' ele Lerma, en traje ele ('anlenal,
c·opia fi&lt;'l ele un retrato ele Richclieu pintado por Felipe de Champaña,
.v la Prince;:a '.\faría de Austria, suntuo~amente ataviada con traj(' hlaneo _\· plata _v magníficas jo_vas auténtieas de la época.
LaK lindas ,r elcgantíRimaf- parejm, clanzn.ron una paya na tic baile
&lt;lP ori g¡•n cspaüol, seg6n los antores entendidos en esta materia Jo a:;t•-

Domingo 18 de Mayo de 1902.

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Siguió en el orden del espertáculo la danza sacra &lt;lf' «Los 81'is es de
Sevilla. n En una clecoración en que se wía la cancehl ele la Catedral,
y á la mágica luz de tonalidad roja ~· oro, Re destaca han las artística¡; fiji!;uras e](' «niños cantorricmi,» que al són del coro &lt;lcl maestro Eslava,
bailaron :,;u carac-terfotica danza.

El tan nrngnífieo cuadro ele Fortuny «La Yiearía" de todos tan
eonocido, no requiere ciertamente detenida de,-cripció11: lmRte dC'eir que
la decoración. las fiouras y los clcta,del todos lo reproducían con tal exactitud, que parecía el cuadro auténtico tan
adi:t1irado en él ~[use~ del ·Loune, al que le don6 su primera poseedora, ~!aclame dcCasRus.
Tras este cuadro apareció un herntof&lt;o paisaje ele lo,; jardines ele Aranjtwz, copiado de una tabla de Fecletico
::\faclrazo· y á los acordes clt&gt; la mú,;ica instrumentada por :\Ianrique de Lara, se bailaron por los eom·ielacloi:; á la boda tm
solemne}: complicado minué y una no menos diffril gaYo1a. Para la 6ltima épora &lt;k la hü,torin del baile antiguo
1::n E1spañase tuvo el feliz acucnlo
de acudir á la preciosanm·elacle D.
.Juan Valera,ccPC'pitaJiménez, »yen
l t pintoresea decoración ele la
huerta ele] Pozo de la Solana. se
r;:cogió rl momento en que c·l seminari;:fa_ D. LuiR de ''argas se encuentra á la encantadora Pepita.

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,,N,tía ésta como solía hac&lt;'rlo para montar en las andaluza:.; tierras
la Condesa de Teha, que fué despué..~ Emperatriz ele los franceRefl,
de sombrero cahui.és, mar..:ellé,;
honlarlo clr coloreR, faja cdestc,
falda rorta y botas de enero ele
Córcloha. 8iguió á esta eRc-cna otra
ele pura fantasía, rcpre:.;cntando
hs fief'tas ele las bodas ele lm, citado~ prrsonajef&lt;, para qnc&gt; &lt;'11 ln
amenísima campiña amhiln;1,a, ú
la puerta de la c-a~cría que mtolda la pomposa parra, haila&lt;sc,n
¡;u,; popularE&gt;f&lt; clanzai-; los mozos ,v
mozas de la emtijada, veRtido~ con ~us viRtoso:-;
trajes cordo~eses qe la época del 40 al 50 ... ... del
siglo pasado!

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ESCE NAS EN LA CIUDAD DE GADES.

La Leye11da'.de!Santa Casil&lt;la, Escena:II.

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ElL MUINDO ILUSTRAIJO

EL MUINDO ILUSTRADO

Domingo 18 de Mayo de 1902

~en c'ilamón JJasfar BórrJcva,
PROPAGANDISTA. DE LOS PROGRESOS DEL EJÉRCITO.

Uno de los más entusiastas propagadores ele los medios para establecer la Segunda Reserva de nuestro ejército, es el señor Don Ramón Bastar
Córdova, prnminente hacendado del Estado de Tabasco.

-

Entre los trabajos de mayor importancia que ha llevado á efecto en
pro de la idea, ha sido la creación del Club de Reservistas en Han Juan
Bautista, y él mismo fu6 el primero en obtener el grado de Subteniente y
estimular de esa manera ú todos los jóvenes tabasqueños para que se aprontaran á lograr el honroso despacho que los acredita como dispuestos defensores de la Pat:ia en el caso de un conflicto internacional.
Esta idca,que culmina en el bien acogido proyecto del señor Ministro
de la Guerra, es lo que ha proYocado mayores entusiasmos en nuestra juventud y la que hace que hombres como Don Ramón Bastar Córdo\'a \itilicen todas sus energías en la creación del nuevo y simpático cuerpo de
ejército.
***

El entusiasta propagador á que nos referimos, es muy práctico en los conocimientos relativos á maniobras, instrucción militar, etc., etc., y es sumamente afecto al ma~·or brillo y adelanto del ejército.

de seguro no hubiera tenido en cuenta un falsario; las huellas de la corona de espinas no
están sobre la frente, sino en la parte posterior
de la cabeza; las gotas de sudor sanguinolento no tienen esa apariencia tradicional de las
lágrimas que le hubieran dado los artistas de
la Edad Media : cstún surcando el rostro, eo1Tiendo por entre lai,, arrugas de la pid .v c·oagulatlas en manchones más extendidos. El
c:uerpo está desnudo y las señales de la fiagPlación son aparentes hasta ~obre las partes mús
carnosas; por último, y esto es lo más importante, las imúgenes son negativas. m,to prueba que no se trata tic una de esas impresione~
que se hubieran podido obtener, por ejemplo,
untando un cuerpo de sangre y calcándolo sobre la tela de lino. Xo; el modelado ele las
imúgenes está inwrticlo, es decir, los rclic,·rs
son rnús acentuados, más Yisibles que los
ahuecamientos. Es indudablemente el prod neto de una acción químiea tanto menos intensa cuanto más separado estaba el cuerpo
de la envoltura.
Yignon y Colson prosiguiernn su i1westigación en el dominio puramente experimental
de la Química y de la Física. Estudiaron las
accionei; ,,grafogénicas» de cierta!' substancia:.;
en condiciones particulares. Demostraron, por
medio de ,·apores de zinc obrando sobre plácas fotog ríitieas orclinarim;, al gelatino-bromuro, que toda substancia que emita nipores ca-

La situación soeial del Sr. Bastar Córdova, está llamada á ayudarle en
mucho en la propaganda patriótica que se ha propuesto, y} esta circunstancia la considernmos como de gran estima, porque sostiene la·c1rrccción
y el caballeroso modo de ser de las oficialidades de nuestro ejérdito.
. .A(ljnntamo;; á estas líneas el retrato del distinguido: reservista, y a pla ucl11nos su conducta ele buen ciudadano.

Domingo 18 de Mayo de 1902.

paces de obrar químicamente sobre una pantalla, producen en ella imágenes negativas.
Como se sabe que el aloe se usaba en Judea
para la preparación de los lienzos en que se
envolvían los cadáveres, los experimentadores hicieron obrar sobre telas untadas con una
mezcla de aceite y aloe, diYersas materias y
llegaron á impresionar, por medio de vapore:-; amoniacales, esas telas y ú imprimir con
tinte obscuro, semejante al de la ,mngre vieja
de la imagen del sudario de Turín, \'arias tiguras.
8abiéndose, como se sabe, que el sudor de
un hombre l!Ue muere despues de una prolongada agonía, en medio de una fiebre ardiente, como murió el crucificado del Gólgota, despide abundantes \'apores alcalinos, la
fonnac1ón de la figura impresa sobre la reJiq uia de Turín se puede explicar muy fácilmente: teniendo por rigurosas las experiencias mencionadas, esa nuagen es la del cadáver, cualquiera que sea, euyuelto en ese sudario.
Queda por probar que este personaje sea
realmente el Cristo, lo cual no se trató ante la
Academia de Ciencias, porque es un asunto
que sale del cuadro de las cfücusiones habituales de la. sabia corporación.
La serie ele deducciones de Vignon y Colson tienden á probar que la reliquia_ en cuestión, es la que estuvo por mucho tiempo en
poder de los emperadores bizantinos.
La polémica está. abierta ...... ¡8e siente ansiedad por la conclusión! Y una cosa es innegable: la impreaionante belleza. de esa extraña efigie impresa sobre un pedazo de tela
venerado, produce una emoción muy profunda.

VICTOR HUGO.
UN ASESINATO POLÍTICO.
El cable nos comunicó el atentado, desgraciadamente mortal, que acaba de agregarse á
la lista, tan larga ra y nunca concluída, de
los crímenes políticos en Rusia. M. Sipiaguine, Ministro del Interior, fué muer to el 1.5 de

abril próximo pasado, por un estudiante de
la Universidad de Kiew, que le disparó los
cinco tiros de un revólver.
El sucesor de M:. Sipiaguine es 1\f. de
Pleehwe, que fué jefe del departamento de
policía, después del asesinato del Czar Alejandro II.

·-·

Las enmiendas son pequeñas cuando se proponen, pero son grandes cuando se adoptan.
DUQUE DE MORNY.

El santo sudario de TurÍn.
Existe en el tesoro de la catedral de Turín
un3: preciosa reliquia que se venera como el su~
dan o d~ Jesucristo. Este paño no es el único
q,u~ se tiene co1;10 ta~ reliquia: en la antigua basilicade Cedoum existe otro sudario que se asegura ser el verdadero del Cristo. La autenticidad del de Turín ha sido discutida, y en verdad que después de mil novecientos años es difícil asegurar que aquel pedazo de tela sea re;.i lmente el que dió José de Arimatea para'que se
envolviese el cuerpo de Jesús.
•
Este santo Sudario fué traído de Oriente en
el siglo XIV, por Guillermo de Yillersex~l y
lle_va~o á Turin por orden de Felipe Manuel,
pn~1c1pe de Savoya. Fué guardado en un relicario cerrado por tres llaves, de las cuales una
conserva el Papa, otra el obispo de Turín y la
t~rcera el principe de Savoya, hoy rey de ·na~ª· La p~eciosa reliquia no es sacada del cofre
smo en circuustancias muy solemnes ó en casos muy especiales. Precisamente uno de éstos
~a sid? causa de que se descubran ciertas part1cula~1dades extraordinarias que presenta, el
sudano.
Es un pedazo de tela de lino de color amarillento; mide cuatro metros y diez centímetros de longitud por un metro y cuarenta centímetros de anchura, y está alterado por huellas
de 9.uema~ura que provienen de un principio
de mce~d1? que poco faltó para que destruyera la reliquia en el año de 1532. Se le notan
tam~ién_ otras manchas obscums que forman
un dibuJo vago y que en tiempos anteriores no
ten!8:· En1898,, con motivo de la Exposición
rehg1osa de Turm, el caballero Secondo Pia
obtuvo autorización de sacar un retrato de la reliquia y entonces fué cuando, con la mayor sorpresa, se observó que aquel dibujo impreciso era
larepresentc"tción de dos imágenes de una mis.
ma persona, vista por el frente y por la espalda
y unidas por la parte superior de la cabeza como si el cuerpo envuelto en aquella tela 'doblada en dos en el sentido de la longitud' hubiese dejado su impresión en uno y en oko la-

do. Esas dos impresiones forman lo que en fotografía se llama "negatiYa", y el cliché "positivo" que se obtuvo al reproducirla, reveló todos los detalles que s(habían escapado en las
primeras observaciones. La imagen es la de un
crucificado que se~parece al Cristo que nos describe la tradición.
Pero lo más cmioso es que uno ó dos años
después del descubrimiento que dejamos narrado, todo cay6 en el oh·ido, no obstante que
una multitud de católicos habían presenciado
6 conocido el hecho, y hasta hace dieciocho
meses una de las pruebas sacadas por el caballero Pia, cayó en manos de un jóven sabio el
Dr. Paul Vignon, preparador de zoología' en
la Sorbona, y éste resolvió estudiar científicamente el hecho. En los últimos días del mes
pasado, el Dr. Ives Delage comunicó ála Academia de Ciencias los resultados del estudio
emprendido por Yignon y por su colaborador
el comandante Colson, repetidor en la Escuela
Politécnica.
. Vign?n y Colson investi aron con la mayor
9 de los clichés de
rigurosidad, usando, á mas
Pia, los obtenidos furtivamente por un amateur durante la exposición de la reliquia.
Como resultado, los dos sabios afirman que
las imágenes del rmdario de Turín han sido
producidas por reacciones química$ y son la
exacta reproducción del personaje que fué envuelto en aquel sudario.
Vignon refuta las aserciones de los que pretenden que el sudario de Turín había sido pintado algunos años antes de ser de la propiedad
de la &lt;,a~a ~e Savoya.. Contra esta teoría objeta
que las unagenes no tienen el estilo que usaron
los pintores del siglo XIV, que no hay huella
alguna de dibujo y sí solamente manchas obscuras y luminosas, muy vagas y sin contorno.
Todos estos detalles están en oposici6n al convencionalismo empleado en aquella época.
Además, al Cristo se le ha pintado siempre
con las heridas de los clavos en las palmas de
las manos, y en esta impresión, las heridas están en los puños, arriba del metacarpo, lo
cual es, indudablemente, más lógico. La herida del costa.do se encuentra en el lado derecho
por una causa perfectamente explicable y que

En una época de sabios, el único privilegiado de l\Iinerva y el único que cabalgó el
Pegaso fué Yíctor IIugo.
Nadie como él ha tenido los tres grandes
símbolos: el de la Poesía, el de la Libertad y
el de la Filosofía!
¡Nadie como él ha defendido á la humanidad!
Después de Aristóteles, nadie como él ha
legado tesoros á la Ciencia, bellezas al Arte,
derechos á los pueblos.
En su cerebro de coloso forjó rayos contra
los déspotas y cinceló páginas de oro para el
Arte.
m ha uesafütdo la crítica de todos los tiempos.
E1úrente de todo patíbulo ha llevado su protesta eterna. Todo mártir ha recitado «El Cadalso" y con esto ha azotado á su verdugo.
Las doctrinas del poeta han sido :fecundas.
Sus discípulos han sido pocos, pero sinceros.
Los más excelsos se han llamado Juan 1,Iontalvo y José ~Iaría Rojas Garrido.
.. ··········· ··········· ············ · ········· ···········
Un día los ca.bles anunciaron la muerte de
Víctor IIugo ...... su carne quedó en la zarza del
camino, pero su e8píritu voló á la región de
los inmortales.
Entonces un poeta latino lloró su ausencia
en una estrofa, y dijo:
Sobre la muda esfinge del desierto,
Un águila caudal clavó su garra,
Y le dijo á la esfinge: «¡el viejo ha muerto!,,
· ·· · ······· ·· ··································,············

Imagen negativa del Sudario.

y el viejo se fué, pero quedaron sus obras.
Casi todas protestan contra todas las injusticias humanas; otras enseñan á las generaciones ávidas de vida intelectual.
Víctor Rugo es el corazón de todas las luchas. Su lucha contra Napoleón III, es la lucha del águila contra el abencerraje de una
raza enferma. Es la protesta de un libertador
á un protervo.
El es la egida de todos los pueblos opr1m1dos que anhelan libertad. El ha divinizado la
pasión de un ideal. ¡El liberalismo! En él las
fases son absolutas y completas. Poeta, azotó
á los déspotas con su verbo prodigioso en su
poema «El Cadalso.,&gt; Fué entonces cuando sur-

Imagen positiva del Sudario.

gió «La hora blanca» ...... ¡para los tiranos! Libertador, legó ejemplos sublimes á todas las
razas: filósofo, enseñó la verdad, y en su libro
gigante de «Los Miserables," en cada palabra
dejó una flor de verdad, y en cada frase una
protesta y una ensefianza sincera!
El lo enseñó todo, y como fué el primer
poeta de su siglo, todo lo divinizó con su inspiración.
8u inspiración embriagó á los genios latinos y los empapó en su robusta idea: Julio
Flores, Chocano ....
.Jules Lemaitre encarnizado sobre su fama,
como un buitre sobre su presa, quiso derribar
el pedestal de gloria de Víctor llugo, y entonces el crítico se desplomó por la negra montafia de la Confusión!
¡Víctor Rugo es el águila de todos los siglos! Poeta, libeitador y filósofo. Tal fné su
genio.
¡Oh poeta! tu obra redime; pero con sangre! Tú, como Nietzche, escribiste con &lt;csangre!i&gt;
¡Oh genio absoluto! ¡Oh titán de la libertad,
tu gloria es eterna!
¡Poeta, libertador y filósofo, en todo eres
genio!
¡Salve!

J .)&gt;. ]l.

�EL CRIADO
(Cuento de Guy de Maupassant.)

l.

m Hcñor ~[arambot, abrien,lo la carta que
Dionisio le había entn·gado, sonrió.
Hacía Yeinte afios que serYÍa Dionhüo en la
casa; era pequefio, anchote y jovial; en toda
la coma rea le cit:1ban como un modelo de criados.
- ¿,El ;;efior i-e alegra? ¿El señor ha recihillo una buena noticia'?-preguntó Dionisio.
El sefior :\[arambot no era rico. Antiguo
farmacéutico ele pueblo, vivía de una mezquinn, renta, penosamente adquirida vendiendo
clrogas á los campesinos.
-Sí; una buena noticia-respondió d seiwr,-~falois no Re atre\'C á pleitear con mio-o·
mañana enviará el dinero. Cinco mil fnrn~o~
no están de más en la caja de un solterón.
El señor ),farambot se frotaba las manos.
Era un hombre de cará&lt;'ter resignado más
bien triste que alegre, incapaz &lt;le un esfuerzo
:-ostenido, y descuidado en sus asuntos.
Pudo conReguir una posición más lucida en
poblaciones de importancia ocupar la vacante_ &lt;le al~ún compañero mu'erto y recoger su
~hl'n_tela. PPro los pasos que tendría que dar
meY1tablemente para ~conseguirlo y el trajín
ele_ la mudanza, le aterraban, .v quedó siempre
:-;u¡eto por_Rn natural pcreza. Después de mueho refiexrnnar, acahaba diciendo:
-Bueno, lo clejo para otra vez· no me cuesta ningún sacrificio er;perar; es p¿sible que se
presente otra eo:-;a mejor.
Dionisio, al contrario, hubiera (jUerido que
su amo acometiese muchas empresas v le cleda:
·
-¡Oh! 8i yo cli8pusiera de una base ele un
capitalito, haría fortuna; sólo mil franc~is para
empezar, ,v luego lo que Yiniese ......
. )Iarambot sonreía Rin contestarle y salía al
¡ardín, donde paseaba filosóficamente con las
mrmoi- á la espalda.
Todo el día cantó Dionisia como un hombre sati~fecho y alegre, copla~ y romancC's del
país. _:'ilustró acti 1·idad inwiitada, limpiando
los cnstales, fregando la vajilla con ardor, atronando la ca.:a con sus canciones.
~l señor ~Iarambot, al verle tan afanoso, le
decia sonriendo:
-Si hoy trabajas tanto, no te quedará quehacer para mañana.
Al &lt;lía siguiente, á las ocho el cartero entregó á Dionisio cuatro carta; para su amo;
una muy abultada. El sefior :Marambot estuvo
en su habitación hasta las doce. A eRa hora
entregó á su criado cuatro cartas para el correo
t!na de las c~rnles, dirigida á l\Ialois, acusab~
sm duda recibo del dinero.
Dio;iisio no ~reguntó na1a á su amo, pero
rnostrose tan triste y pen::1atiyo como la víspera esturn alegre ,vbullicio1&lt;0.
Llegó la noche. Maram bot, acoRtándose á la
hora acostumbrada, se durmió.
Despertóle un ruido extraño. Incorporándose en la cnma, e~cuchó. La puerta, empujada hru,;came:ite, d1ó paso á Dionisia que llevaba 1;1na bujía en una mano y el cu'chillo de
la cocrna..en la otra, ,con los ojos fijos, la boca
y las me¡1llas contra1das,
¡&gt;álido) a!!itado
por
.,
o
una eHpant osa emoc1on, con el aspecto de un
fantasma.
El sefior .Jlarambot, des¡mé:,; de la sorpresa
creyendo ver en aquello un fcnómeno de so~
nambulismo, hizo intención de saltar de la
camda y ac•t-rcarse á s~, criado; pero éRte, apagan o 1a 1uz, se a1TOJO sobre él. Marambotintentaba sujetarle por los brazos, creyendo ya
que ~e ti:aJ3:ba ele un arrebato ~e locura, y se
cubna difícilmente ele los repetidos movimientos del cuchillo, que pronto le alcanzaron.
Recibió la primera herida en un hombro
la ~egunda en la frente, la tercera en el pecho'.
Agitaba sus manos en la obscuridad ansiosa-

n1ente y se cldernlía también ú paladas gritando:
'
-¿,Te ha:,; \'Uelto loe-o·? ¡Dionisio! ¡Yarn!
¡DioniHio! ¿.Te has vuelto loco?
·
Pero el criado, cada wz más ansioso encarnizábaRe y esgrimía el cuchillo sin c~•1:-ar;
rC'chazaclo unas ve&lt;'l'R por los pief;, otra:- por
las manos del Reíior, se acerca ha &lt;lP nucn, t·on
m,1s furia, hiriémlole aún en una pi&lt;•rna ,. l'll
la barriga.
·
De pront~ una idea iluminó Pl pen,-an1iento &lt;lcl notano, el cual e111pezó á ~ritar:
-Déjame; no he recibido el cliiwrO' Dioni!'io, déjame; no he rC'cihiclo el &lt;linero.'
El señor, oyendo en la obscurida&lt;l la re;:piracH!n !atigosa del criado, &lt;¡UC' se apartaba,
pros1gu16:
-~o he recibido na&lt;la; ~Ialois no paga, R&lt;'
arrepwnte de su ofrecimiento, plcitcarú: por
eso escribí las cartas que tú llPYaste al correo.
Si ?lldas, lee las que reeibí; t':-tún en el es&lt;'ritor10.
. Y haciendo un esfuerzo, cogió la caja de cenllas de la mesa de noche y encendió la bujía.
Estaba cubierto dP sangre. La i;ábana, el
cobertor, laH all)lohaclas; en todas parte,; había sangre, ha,;ta en la pared. Y DioniRio, ensangrentado también, c·titalm ,le pil' inm61'il
en medio del cuarto.
'
'
Al 1·er tanta sangre, ~farnlllhot se crcYÓ
muerto )' perdió el sentido.
·
Yolvió en sí al clcspuntar el día. Y estuvo
aigún tiempo ,;in comprender lo que ocurría,
sm darse cuenta de su estnclo. sin recordar.
De _pronto, el atentado, las heridas, todo apareció, y tul'o miedo ~' cerró los ojos para no
ver .nada. Al cabo ele algunos minutos, re~ex1onando, calmó,;e. Acaso no e.:taba en peligro de muerte, acaso tuviera cura. Sentíase
débil, muy débil, pero ,;in doloreR agllflrn,, aun
cuando notaba en algunas partes ele su cuer-

Domingo 18 de Mayo de 1902

EL 1IUKDO ILUSTRADO

EL MUXDO ILUSTRADO

Domingo 18 de Mayo de 1902.

po :-enHihle molestia como pinchazos. Sentíase
frío, hú111cclo; ,;entía una tirantez eomo :-i le
oprimiera nn Yendnje. Crcyú que la lnnnedad
crn de :-:angTC ,lerra111acla; kmlilore:-- de angustia le 1-aeuclic•ron pen,aando que aquella¡.; manchitH rojaH eran HU propia Yi&lt;la. La sola idea.
ele hallar&gt;&lt;e otra wz frente á frC'nte clt• aquel
e:-tpC'etro e:-:panto,;o, de aqud maldito criado
le conlllol'ía ~- eerrn ha. lo:,; ojo:-;, apretando lo~
¡,árpados colllo Hi temiera que se lm,• abriP:-:en
á 1·i 1·a fn erza.
¿, Y l )iont:-;io'? HúhríaR&lt;' fuga el o ,;e_gura111ente.
Pero ¿,qur determinac•ión tornaría rl, ~Iaram i&gt;ot'? ¿Lc•vanb.tr,;e·? ¿,Pedir auxilio'? Al menor movimiento abriríanse de nueYo laH hericlas y la pérdida de más i&lt;angre podría ocasionar la muerte.
De pronto sintió que abrían la puerta cld
enarto. ~u corazón dejó de latir. ~in clurla entraba Dionisio á rematarle. Contun&gt; la re,&lt;piración para que el ase:-ino le creyera muerto.
Bintió que k quitaban la :=;áhana, luego que
le palpaban el Yientre. en dolor viYo ecrca de
la cadera le hizo estremecer. Luego le layaron
con agua fresca, muy cuidado,-,amente. Sin
duda estaba de:;cubierto el crimen v le cuidaban .'' le curaban. Sintióse itwa&lt;li&lt;lo por un
goce :-ingular; le :-;ah-arían; pero por un resto
de prndmcia no quü;o moftrarse aún repuesto; abrió un ojo, 1rnda más uno, y con grandes precauciones.
Reconoció á Dionisio, de pie, solo, junto á
él. ¡)Iisericordia! Cerró el ojo preeipitadarnente.
¡Dionisio! ¿,Qué proyectaba'? ¿,Qué hacía?
¿,Qué intención criminal era la suva?
Sin eluda le la,·aba para borra1~ los rastros.
¿Pensaría enterrarle en el jardín en un hoyo
muy hondo para que nadie lo n•parase'? O tal
wz en la cueYa debajo del Yino añejo•?
Y :\Iarambot empezó á temblar de tal modo
que todo su cuerpo vibraba.
'

Se decía: «¡Estoy perdido, perdido!» Y cerraba desesperadamente los ojos para no ver
el cuchillo que le amenazaba, sin duda, con el
golpe de muerte. Pero no le hirió. Y Dionisio
le vendaba con mucho cuidaclo como si hubiese aprendido á curar cuando el señor ü•nía
farmacia.
La duda era irnpo:-;iblc ya. Despt1és de haher intentado matarle, Dionisio le salvaba.
Entonces .Jiarambot, con acento extenuado,
como práctico en el oficio, le &lt;lió un buen consejo:
-Echa uu poco de alquitrán en el agua
que uses para los lavatorios.
Dioni:,;io respondió:
-Ya lo hice, señor.
Al abrir los ojos :\Iarambot no hallaba ra,;tro
&lt;le ::;angre ni en el enarto ni en el asesino. Descansaba i;;obre sábanas blancas.
Los dos homhre,; Re miraron.
Al fin )Iarambot elijo dulcemente:
-Ha8 cometido un gran crimen.
Dionisio respondió.
-Estoy dispuc:-:to ú repararlo. Si usted no

ba de día en día el momento de:sepnrarse de su
asesino. Reflexionaba que nadie le trataría con
los cuidados y atenciones que Dionisio le prodigaba por miedo tal vez; y se limitó á advertirle que había depositado en la Notaría un
testamento cerrado, en el cual hacía la denuncia, por si reincidía.
Semejante precaución le pareció suficiente
garantía en lo porvenir contra otro atentado,
y hasta lleg6 á suponer que resultaba más conveniente conservar al criado en la casa para
vigilarle de cerca y á todas oras.
Como en otro tiempo, cuando llegaba la
ocasión ele adquirir una farmacia más importante, no acababa de resolverse, y, al fin, permanecía estacionario.
-Para todo hay tiempo.
Dionisio continuaba sirviéndole como un
modelo de criados. l\1ararn bot, completamente restablecido, no tomó determinación ninguna.
Y Dionisio continuó en la casa.
Pero una mañana, concluyendo de almorzar, .Jiaramhot oyó un estrépito en la cocina.

Dionisio porque le acusan del robo de dos pal?s en la casa del sefior Duchamd, y hay testigos. Perdone usted, sefior Marambot: pronto
daré cuenta de lo que usted ha declarado.
Y dirigiéndose á la pareja, dijo:
-¡En marcha!
Los dos gendarmes condujeron á Dionisio.

III
El abogado declar6 loco á su defendido, y
apoyaba en la defensa un delito con el otro
para reforzar su argumentaci6n. Había probado claramente que el robo de los patos provenía de la misma causa que las ocho cuchilladas inferidas á Marambot. Había primorosamante analizado todas las fases de aquel estado pasajero de alienación mental, que cedería, sin duda, con el oportuno tratamiento de
una casa de salud; había referido oon entusiasJ?-O los desvelos del criado humilde para
servir al señor, y los cuidados incomparables
de que le rodeó en su convalecencia.
Enternecido profundamente con este recuerdo, el señor Marambot lloraba.
El abogado le vió, y abriendo los brazos,
desplegando sus amplias mangas negras, co~no alas de murciélago, en tono vibrante diJO:

-Mirad, mirad, mirad señores jurados·
mirad esas lágrimas. ¿Qué' otra defensa nec/
sita mi ,cliente'?, ¿Qué discurso) qué argumento)
qué razon senan tan poderosos como esas lágrimas de la víctima? ¡Ellas hablan más alto
q:1e yo, más_ alto que la ley; ellas dicen: cc¡Perdon para el msensato de una hora!n Ellas imploran, ellas absuelven, ellas bendicen!
Calló, y sentóse.
El presidente, dirigiéndose á Maram bot, que
había hecho una declaración muy favorable
para su criado, le dijo:
-A un admitiendo que usted considerase
una locura el hecho realizado por el sirviente
¿cómo le conservó en su casa? ¿Dejaba des~
pués del crimen, de ser peligroso?
'
l\Iarambo~ respondió, enjugándose los ojos:
-Qué qmere usted, señor presidente, cuesta mucho encontrar un buen criado en estos
tiem_po~ .._.No hallara ninguno mejor.
D1orus10 fué absuelto, y entró en una casa
de salud á expensas de su amo.

me Jenuneia, le serviré fielmente como antes
le serYÍ.
:Xo era el momento más oportuno para disgustarle, y :Marambot murmuró cerrando los
ojos:
-Te juro no decir nada.

II.
Dionisia cuidó muy bien á. su amo. Pasaba
las noches .v los días :-in dormir, siempre atento, preparándole drogas, tisanas, pociones, tomando el pulso, contando ansiosamente las
pulsacione!o, manejándole tan hábilmente como un enfermero y con el cariño &lt;le un hijo.
A cada instante preguntaba:
Señor, ¿cómo se encuentra'?
~Iarambot respondía débilmente:
- Un poco más aliviado. Muchas gracias.
Y cuando el herido despertaba por la noche, solía ver á su criado llorando silenciosamente.
Jamús el viejo farmacéutico estuYo tan bien
atendido ni tan mimado. Al principio ha.bfo.
penf'ado:
- Cuando c;;té bueno, me libraré del tunante.
Pero Pntramlo en la co1waleccncia, retrasa-

Fué á ver lo que ocurría y encontró á Dionisio forcejeando contra dos gendarmes que le
sujetaban.
El cabo anotaba en un cuaderno, gravemente.
Al verá su amo, Dionisio lloró diciendo:
-Ustecl me ha denunciado. Eso no está
bien; eso no es lo prometido. Usted ha faltado á, su palabra ele honor; eso no es justo, no
e:,; justo.
~Iarambot, estupefacto y dolido al ver que
sospechaban de su formalidad, alzando lamano dijo:
-Te juro ante Dios, que no te denuncié. Ignoro en absoluto de qué medio se hayan valido los gendarmes para descubrir tu tentativa
de asesinato contra mí.
El cabo, sorprendido, interrogó:
, .
-¿Dice usted, sefior l\Iarambot, que Dionisio ha intentado matarle?
Y el farmacéutico aturdiéndose balbuceaba:
-Es decir.... Yo no le denuncio .... No dije
nada.... Eso no es nada.... l\Ie sirve con esmero .... Es fiel.. .. Es cuidadoso....
El cabo dijo severamente:
-Tomaré nota de la declaraci6n que usted
me hace. La justicia estimará este nuevo motivo que ignoraba, señor i\Iarambot. Detuve á

RESURGIT.
1fo; weños y esper.an:IBas, IIllis behlas ilusiones,
.Anocll.ie visitárorune en graitas procesiooes.
Lleg.áronse á mi ledho do a'l pa;rooer dbrtm.ia,
Y me enseñaron notas de a:mor que oo sabía.!
Ví luego niñas •h'la,ncas oon pie'les abrig,aklas,
Y víngooes hermosas de bocas periiuJmadas !
Viswnes Vla[)OrosaB, de n:rústicos etilwvios,
11.Lujeres .d~ ojos c-á.n!d.idoo y de caJool!los rubioos.
Así gocé un. moonento, uemblru:bdo de vem.tUia.
EnV7U.e1to en. ,las tirlwbllas de aqruelil,a. ,noobe obs~
cura 1
l\fos luego mis visiones se fuerOIIl allejarulo,
Y. . . me que/d'é " ~ o " die nuevo suspi(:romldo !

Los monumentos forman parte de la vida
de los pueblos: son su historia escrita en letras
mayúsculas.
ALEJANDRO DmIAS (padre).

�•

EL

\■tanyadi lánosl

l"\UNDO ILUSTRADO

AÑO IX.--TOMO 1.--NÚM. 21.

Sub$crlpci6a meD$Ual foraata, f .1 .s•
Ideuz. /dem. to la capital, ,, 1.36

MÉXICO, MAYO 25 DE 1902.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1902, Año 9, Tomo 1, No 20, Mayo 18</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Corte de Felipe III</name>
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                    <text>•

EL

\■tanyadi lánosl

l"\UNDO ILUSTRADO

AÑO IX.--TOMO 1.--NÚM. 21.

Sub$crlpci6a meD$Ual foraata, f .1 .s•
Ideuz. /dem. to la capital, ,, 1.36

MÉXICO, MAYO 25 DE 1902.

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Primer

Presidente de la Repúblic:a Cubana.

'

�JYiariano Cscobedo.

Domingo 25 de Mayo de 1902.

EL MONDO ILUSTRADO

DA TOS BIOGRÁFICOS
DEL

GRAL. MARIANO ESCO?.EDO.
El Señor General Mariano Escobedo nació
en Galeana, Nuevo León, el 16 de Enero de
1826. Fué ele humilde linaje y en su jUYentud !'le dedicó á trabajos de campo. Comenzó
su carrera militar cuando conta,ba 20 añoR de
edad, é inmediatamente concurrió al campo
del combate, en la sublevación del Estado de
Texas é inYasión americana. Pocos años después defendió el plan de Ayntla, proclaman·
do las libertades públicas.
Fné adquiriendo rigurosamente los grados
milit.1,reR, á lo que le ayudaron mucho su
patriotismo y su inquebrantable fe en la cansa liberal, y se distinguió en innumerables combates que se libraron en
Coahuila, Xuevo León, San Luis
Potosí y Zacatecas.
Ganó la banda de Coronel por su
valiente comportamiento en el ataque á la plaza de Guadalajara, militando á las órdenes del General Blanco. En la guerra de Reforma fué un
batallador incansable.

El General 'Escobedo en su lecho de muerte.

cual ganó la babilla de Santa Gertrudis, haciendo que el enemigo perdiera un valioso convoy. Después
llevó sus armas á que triunfaran en
San Jacinto. Ocupó importantes ciuclades y llegó á poner sitio á Querétaro, donde se encontraba el Archiduque l\Iaximiliano con sus más
aguerridos gmerales. Tomó la plaza,
hizo prisionera la espada de la monarquía y la entregó á la República
para que la justicia consumara su
fallo.

* * *

Se anunció la guerra en contra de
la Intenención de la Alianza Tripartita, é inmediatamente el General Escobedo se puso en marcha
rumbo á Uéxico, al frente de una
brigada que se hizo incorporar al
Ejército de Oriente, comenzando á
combatir en las curn bres de Acultzingo.
Concurrió á la gloriosa batalla del
5 tle Mayo y pocos meses después
fué sitiado en Puebla, mereciendo
que se le ciñera la banda de General
de Brigada por una notable carga á
la bayonetn 4ue hizo sobre los sitiadores. Cayó prisionero, pero en OrL
zaba se evadió y pasó á Oaxaca á
prestar sus servicios al lado del señor General Dfaz. Poco tiempo después se retiró á la frontera del Xorte.
.En a(1nellas apartadas regiones organizó una fuerza competente, con hi

•••
Al restablecerse el gobierno democrático, desempeñó cargos de gran
importancia, tales como Gobernador del Estado de San Luis Potosí,
:Ministro de la Guerra y, por último,
Presidente de la Suprema Corte Militar.
Algunos afios después pidió su retiro del Ejército.
Tal se encontraba cuancló llegó el
fin de sus días.
El señor General Escobedo murió
en la casa número 1,003 ele la calle
del Arbol Bendito, en la inmediata
población ele Tacuhaya.

*. *
Sus últimos momentos fueron presenciados por todos sus hijos y por
numerosas per;-;onas que mantenían con fl
estrecha amistad.
Por orden ·del señor Presidente de la República se embalsamó el cadáver del ilustre veterano, colocándose para esta operación en la
gran mesa que en nuestro grabado se advierte
en el centro de su estudio.
LaC1'tmara ele Diputados reclamó hacer los
honores debidos á tan preclaro representante
del pueblo, y se dispuso trasladar el cadáver
á la residencia de los legisladores.
De esta ceremonia damos cuenta en otras
páginas.

Estud io del señor General.-Mesa en que fué embalsamado.

La Nación Mexicana sufre el profundo dolor de haber perdido á uno de sus rná~ preclaros hijos.
El ilustre General de División Don Mariano l~scobedo murió en las primeras horas del día 22 del rnei; de l\Iayo, en medio de los nobles respetos del pueblo agradecido, entre el conmovedor adiós de los gloriosos veteranos y escuchando los sollozos de un hogar que lo idolatraba.
Es profundamente triste para la Patria la partida de un hijo tan fiel, tan denodado, tan puro, que tras de darle días de júbilo, imprimió en
su historia páginas de inestimable valer.
El ilustre veterano se consagró desde la tierna edad á defender el honor patrio y paseó en triunfo la trigarante bandera de la democracia;
peleó por mantener la autonomía territorial y tuvo la gloria de tomar de las manos de un imperio, la espada que hería al poder del pueblo.
Abnegado y patriota, honrado y valiente, fué un partidario acérrimo del engrandecimiento social y político de la Nación. Así lo comprendió
el pueblo, y así lo comprendieron sus compañeros de armas; por eso la democracia lo bendijo y el pundonor militar lo vió como un hermano.
Las virtudes de caballerosidad que distinguieron al ilustre hombre de los campos de batalla, pasearon también su brillo por los salones, y no
menos que como se honró al señor General Escobedo como militar, se le estimó como miembro de la sociedad.
El pueblo ha seguido á los despojos del preclaro Jefe hasta el lugar del suelo que se honrará de guardarlos; fué silencioso, angustiado por la
marcha de aquella gloria materializada que se le iba, se le ocultaba para siempre bajo el manto de tierra por cuya libertad había dado su sangre.
Y la solemne pompa del ejército brillante, el mismo ejército que la voz del glorioso militar había llevado al triunfo, fué en luctuosa marcha
á depositar la reliquia en el campo en que reposan los ilustres hijos de la patria.
El tambor batiente y la marcha fúnebre mezclaron sus tristes notas dando el adiós al ínclito vencedor de Santa Gertrudis y de Querétaro.

~------\

Caaa del General Eacobedo, en Tacubaya,

�EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 25 de Mayo de 1902.

que sufre, la que ora, la que está siempre al
pie de la Cruz.
El Padre muy arriba, muy alto, sereno y
grande; la ~Iadre, al ras del suelo, en donde
se abren todas las huesas, en donde se cobijan
Taine ha dicho que la inteligencia humana
es un universo, y que en ese universo la contodos los cuerpos.
ciencia es un sol. Hay, en efecto, en el espíriY en el choque, el hijo, como la chiRpa de
tu, dos regiones diversas: la una anegada en
• dos nubes que después de haberse amado muluz, la otra hundida en las tinieblas. De la
cho y de haber recorrido juntas albos espacios
primera nos damos plena cuenta; sabemos qué
y de haber fecundado tierras, se separan y se
cosas contiene, cómo están ordenadas y encaencuentran, y se acometen impelidas por'vien•
denadas y qué combinaciones forman: es el
tos contrarios.
mundo de la conciencia. De la otra todo lo
. No . i~porta-escribe Blasco; no importa.
ignoramos; pasa inadvertido todo cuanto enBien está lo hecho; hizo bien este hijo que
cierra y la forma y modo en que en él las cosas
amparó á su ~ladre.
pasan; sólo de cuando en cuando ciertos fenóY la ampar_ó por Madre y por Mujer, por
menos raros y ciertos hechos sorprendentes
Amor y por Piedad, contra la Yiolencia y la
nos vienen á revelar que eso ignorado existe,
Fuerza.
·
y que al lado del hormiguero de las ideas y ele
¡
Pero
ve&lt;l
que
es
el
Padre
el
autor
de
esa
los sentimientos de que tenemos conciencia y
violencia!
~o
ei;
un
hombre;
es
más
que
todoi:;
de que nos damos cuenta, bulle un enjambre
los hombre::;, porqtH' ante todos juntos no se
oscuro y misterioso, tan activo y complexo
d?b.leg1:rían
~as ro~illas, 1~i se empañarían los
corno el otro, y que se agita, elabora, forja y
o¡os, m habna labios sedientos de besar mafragua, sin que de ello podamos apercibirnos.
nos.
De tiempo en tiempo, como un cometa, se
Y yo os digo que no! Yo o::; di"o no son
desprende de lamasa negra de lo inconsciente
más que hombres los que intentan ~11atar {¡ la
un hecho, se aproxima al sol ele la conciencia
~ladre! :Xo sé quién eres! Eres enemigo mío,
y se hace un momento visible y perceptible,
ahora, en este espantoso mome11tq, acudo á
para desaparecer después en las regiones desella! Lo primero! Después...... todas las peconocidas é inexploradas del espíritu y connas .del cie.1~ y de~ infierno no bastarían para
fundirse en lo negro con el mundo real, pero
castiga1.. rn1 .11~fan11a. Para mí, todo; todo! Inignorado, de que forma parte.
ventad suphc10s, imaginad tormentos. Para
Nada más frecuente que el querer recordar
ella, nada! Xi una sombra ni una amenaza
un nombre ó una fecha, por ejemplo, sin poni un peligro!
'
'
der lograrlo. El hombre se afana por evocar
aquel recuerdo esquivo; invoca las ideas aso¿Por qué aquel inolvidable buzo &lt;lel alma
ciadas al recuerdo rebelde, se vale de analohumana, aquel que escuchó la voz &lt;lel sepulgías, emplea razonamientos que lo conduzcan
cro para vengar al Padre, no profundizó cl:Ste
al resultado. En vano. . . . . . . Como un insecto
otro mar tan negro y tan revuelto como el que
alado que nos esquiva, el recuerdo rehusa caer
se abrió á las plantas del Príncipe de Dinamaren nuestra red; dos, tres ó más veces pasa rauca"? ¿Por qué, Hamlet, no has tenido un herdo é indistinto ante la conciencia, para volver
mano?
á la sombra que lo envuelve. Nuestra testaru¡Ah! Ya sf; porque no tuviste Madre· no
dez corre parejas con su volubilidad; cavilano lo fué tuya esa mísera Gcrtrudis; tenía es~
mos, meditamos, nos encaprichamos y nos
nombre, pero no te meció en sus rodillas ni
fatigamos; una cruel obsesión nos invade y
bebió tus primeras miradas de amor ni hizo
nuestros esfuerzos resultan estériles, el recuerque se prendiera tu espíritu en el su)·o.
do se esquiva y se esconde y rehusa surgir en
Y no fué tu l\ladre por el cariño, porque la
la memoria.
Madre cubre cuando menos con su perdón
Pasan horas y días; desalentados, ya no luhasta las faltas &lt;le! Padre de su Hijo. l'or eso :
chamos más por recordar y volvemos á nuespor amor al Hijo!
tras meditaciones ó á nuestros ensueños habilMÁTALO?.....iMÁTAL0I......
¿Cómo resoh·erá el tribunal de los hombres '
tuales, extraños por completo, en muchos caese terrible problema que se somcterú á. su
sos, al recuerdo que en vano queríamos evocar.
Acabo de leer un tierno y punzante artícucon~iencia? No lo sé. Pero sé que la voz del
De repente y mientras más ajenos á él y dilo de Eusebio Blasco, en el que palpita una
escritor español no se perderá en el Ya.cío y
vagados nos encontramos, del fondo de lo inde esas anormales trageclüts de la vida: un hique desde el fondo de todos los corazones f;Uconsciente el recuerdo surge en el espíritu, el
jo que mata á su padre en defensa de la que
birá á la boca la tremenda afirmación s~l;;,1astro errante ha abandonado las regiones iglo llevó en su seno.
ne: ¡Hizo bien!
notas, de la conjunción ha pasado á la pleni¡Ah, sí; es cierto: alguna vez la verdad ha¿Matarás al Padre"? preguntará el representud y se hace visible y perceptible á la luz de
bría de parecer inverosímil. Y por lo monstante de la Ley.
la conciencia.
truoso, por lo terrible, lo parece este doloroso
¡Mátalo!. ... ~. responderá la conciencia huEn multitud ele ocasiones, en medio de ideas
ccsucedido :» Un hombre puñal en mano ataca
mana.
ó de emociones extrañas, cae en el espíritu,
en una pequeña pieza-guarida de cólera y de
como un aerolito, una idea que no se sabe de
miscria-á una mujer; no hay allí nadie que
dónde viene ó una emoción cuyo origen se igla
defienda! Sí, alguien hay: el hijo, que sale
nora y que revelan, como el aerolito, un
á la defensa de la debilidad contra la fuerza.
mundo astral, un universo de ideas y de paY encuentra en su mano un martillo y con él
siones que ignorábamos tener y que jamás hagolpea, y con él hiere, y con él mata ..... .¡Mabían llegado á la conciencia. Cuántas veces,
ta. á quien le dió la vida! ¡Qué cruel, qué hodespués de intentar en vano su solución, abanrrible; pero qué humano!
donamos y llegamos á olvidar un problema
¿Qué hará frente de este criminal la justicia
difícil. De pronto, en medio de otros pensade los hombres? Se turba el espíritu pensanmientos, la solución, en vano buscada, surdo que se pudiera ser juez de este delito.
ge límpida, completa, armada de punta en
Pero más se turba al imaginar que Re publanco.
diese
ser el reo! Y cruzan los espacios vapoEs evidente que, á menos de admitir que en
res sombríos, surgidos de simas sin fondo en
Lirio moreno, pudorosa enciende
el espíritu los efectos no tienen causas, ni los
las
que
bregan
y
se
retuercen
todas
las
infasus
pupilas de trémula esmeralda;
hechos origen, ni los fenómenos mecánismo,
mias y todas las excelsitudes, antro siniestro
hay rosas en sus labios, y á su espalda
hay que suponer que esas ideas aerolitos y
una lluvia negrísima desciende.
esas emociones cometas, vienen de alguna · iluminado por un rayo de la misericordia divina.
parte, evolucionan y revolucionan según cierAlborada de seda se despren,le
Y el pensamiento va ascendiendo por una
tas leyes, surgen y desaparecen Regún ciertos
á teñir sus mejillas; de oro y gualda
escala
interminable
hasta
el
origen
del
amor
principios, y que hay en el espíritu un laboun himno epitalámico en la falda
hasta la fuente luminosa que salpicó con ei
ratorio misterioso que las fabrica, y leyes y
suave retoza y perfumado asciende.
rocío del bien el capullo de la conciencia allá
principios ocultos que las rigen.
Como oda de ignoradas hermosuras
en las primeras, imprecisas alboradas '&lt;le l~
Esta existencia y esta acción continua de lo
empapada en purísimas dulzuras,
existencia.
inconsciente se evidencian mejor y se hacen
rumorean sus curvas..... Cruza altiva
¡.'\h! Allá hay un hombre que ha sumado
más palpables que con las ideas, con los sencomo un ensueño dulce que enajena;
todas las fuerzas de la creación: es el Padre
timientos y con las emociones. De estos fenóy
el fulgor de un crepúsculo azucena
cuya
cabeza
ciñen
los
astros.
Es
la
energía'
menos no llegan á la conciencia sino sus rebaña el cútis del hada pensativa.
es el vigor, el que opone á las resistencias s~
sultados; pero su elaboración y su mecanismo
cuerpo, en el que se embotan todas las armas.
se nos escapan casi completamente. Suelen
ERNES'ro A. GrnrnÁN Y GuzMÁN.
Y junto de él, hay una mujer, la Madre, la
sernos antipáticas ciertas gentes sin que poda-

LO INCONSCIENTE.

Domingo 25 de Mayo de 1902.

mos explicarnos el porqué, y á veces aun habiendo serios motivos para que nos sean simpáticas.
De mil gentes, ¡qué digo!, de cien mil gentes capaces de sentir lo bello en la Naturaleza
ó en el Arte, ¿cuántas hay capaces &lt;le explicar
en qué consiste, de definir su origen y sus condiciones? Todavía andamos buscándolas y no
han bastado á esclarecer el punto las disquisicion~s sabias, los razonamientos sutiles y los
considerandos profundos de los psicólogos y
&lt;le los críticos.
Es claro que el sentimiento estético se elabora allá en las profundidades más sombrías
del espíritu, en lo inconsciente, y que sólo el
producto ahí elaborado llega á la conciencia.
De otro modo no sólo sentiríamos la belleza
sino que podría1:11os explicarla y justificarla;
como en preseucia de una fiera no sólo sentimos miedo, sino que sabemos también de qué
proviene y que es fundado.
Un v3:lle tlori~o, un lago tranquilo, un arroyo apacible sugieren emociones dulces y apacibles como ellos, pero hay que consultar á
Spencer para saber por qué.
Si no existiera lo inconsciente si el mundo
del espíritu no tuviera profunclitlades impenetrables á la luz de la conciencia el hombre se. .
'
na ommscicnte
respecto de sí mismo,
y la psicología no sería una ciencia sino una JJer.,
'
cepc1on.
/

CASOS DE CONCIENCIA

MORENA.

EL MES DE MARIA.

ele dudas, de ternezas, de esperanzas;
pero todas sinceras, todas mías:

PRELUDIO

I
Quf aliento aquél tan virginal y suave,
tibio y ritmado, ondulación tan leve :
como el plumón del ave,
0omo el copo de nieve!

Qué sol aquél tan puro y tan intenso,
que iba hundiendo las cosaE'
en un baño de rubias claridades;
y todo, perfumándole el incienso,
que temblaba en los labios de las rosas,
cual palpita en los labios de la amada,
el amor que humece la mirada,
y torna las pupilas luminosas!

Con qué risa de júbilo reía
la mañana de 1\Iayo, risa abierta,
de domingo, que todo estremecía,
llamando al perezoso que dormía
al dorar las rendijas de su puerta.
Y la iglesia también, ancha y pesada,
abrió las suyas; se vistió de día,
·
y del sol y la vida enamorada,
dejó oír su torrente de armonía,
cantando con la voz de sus campanas
una excelsa canción, canción compuesta
de un puñado de notas filigranas,
incrustadas en trémolos de orquesta.

Qué conjunto de notas y colores,
de matices, de arpegios y de cosas:
las notas entreabriéndose cual rosas,
las cosas que se agrupan como flores,
la gente que á la iglesia se encamina,
y la iglesia de par en par abierta,
va dejando escapar por cada puerta
las ondas del incienso, confundidas
con los cantos, las voces, los rumores,
para ser absorbidas...... .
por ese aliento virginal y suave,
tibio y ritmado, ondulación tan leve:
como el plumón del ave,
como un copo de nieve!

II
Infantiles cabezas! frescas, sanas;
más frescas que las h ú.m.edas mañanas
y que irradian mayor caudal de vida,
con sangre de un crepúsculo, diluída
en contornos de elásticos marfiles.

Nerviosas cabelleras,
quebrándose al caer en amplias blondas,
y bruñidas al sol de primaveras
con rubias mieses de movibles ondas!
Rosas aún cargadas de rocío,
canastillas de mimbres, blancos velos,
coronas de azahares:
ya os espera la vírgen, los altares
están como los cielos,
empapados de luz; la tierra exhala
un grito de pasión que se revela
en el ave que trina y bate el ala,
en la cálida tierra que gennina,
En el botón en rosa convertido,
y hasta en la mueca misma de la ruina,
en el canto que da la golondrina,
agitando las alas dentro el nido.

III
Canto de primavera, canto mío;
canto de mi mont.'lña, de mi pena,
de mi pueblo, de todo lo que ansío
resucitar y hacer una cadena
de amargas desventuras, de alegrías,
de gratas remero branzas,

Y ahora desfilad: la iglesia abierta
va dejando escapar por cada puerta,
las ondas del incienso, confundidas
con los cantos, las voces, los rumores,
para ser absorbidas...... .
por ese aliento virginal y suave,
tibio y ritmado, ondulación tan leve
como el plumón del ave,
corno el copo de nieve!
MIGUEL PEREYRA

LA VORAGINE ROJA.
A orillas del Volga vivía un mocetón de colosal estatura, de fuerzas hercúleas, sano, fuerte y de humor alegre.
Querer y poder era todo uno para él. No
había quien se opu11iera á su voluntad. Nada
era bastante düícil para su inteligencia.
Aquello que al común de los mortales cuesta años de continuos esfuerzos, lo lograba él
en pocos meses; á veces en pocos días.
Y ocurrió que un día sinti6 amor por 1\Iaiakina, hija de un millonario que poseía veinte remolcadores y cien barcazas que llegaban
hasta Perro en sus viajes.
Maiak.ina era tan voluntariosa como Skornieff, y tan decidida como él, por lo menos.
Su padre no quería darla en matrimonio á un
pelagatos; pero la muchacha se mantuvo en
sus trece y se casó.

Skornieff era un hombre distinto de los demás. Durante el banquete y cuando ya, todos
los invitados no sabían á qué hora sonaba mediodía, dijo á :Maiak.ina:
Tú eres tan pobre como yo, puesto que el
dinero es del padrecito. Pero yo seré dentro
de poco tan rico, más rico que tu padre. Acuérdate de ello, para que no se te ocurra hablarme d e otro modo que como debe hablar una
mujercita cariñosa á su esposo. Si se te olvidara lo que te digo, arderían en una sola noche todas las barcazas y remolcadores de tu
padre.
Maiakina, en vez de contestar, miró á su esposo y estrechó su mano.

***
No hubo mejor matrimonio avenido desde
Arkangelsk á Astrakán. Maiakina sometíase
á las voluntades de su esposo, y éste, cumpliendo su palabra, era ya rico como un boyardo y la mitad de los buques y almadías
que acarreaban maderas y trigo por el majestuoso V olga, le pertenecían.
Maiakina, aun cuando había tenido ya dos
niños, era linda y cuidaba de su persona corno una ciudadana. En Pauvliov tenía fama
de hermosa y los bachk.irs y los markdovs que
la veían, sentíanse con ganas de caer de rodillas ante ella, como ante la virgen de Kazán.
Una noche, un poco antes de acostarse, y
cuando ya habían cenado con toda tranquilidad y de un modo abundante, Ignacio Skornieff dijo á l\Iai1tkina:
· -Te quiero como te quería hace cuatro años
al casarnos. De grado ó por fuerza me has de
querer, ó respetar cuando menos. Te advierto
que no soy de la madera de los que perdonan.
Todas las aldeas cosacas de Macalania, donde
nació tu padre, arderií.n como pajares el día
que no puedas mirarme cara á cara sin temblar.

Skornieff era de gigantesca estatura. Tenía
el pelo negro y rizoso, la barba espesa y enmarañada; negros los ojos. Cuando se enfada-

ha, poníase pálido y los ojos parecían redondos en fuerza de ditatarse los párpados.
Juan Fulke, el ingeniero inglés que iba á
tender un puente sobre el Volga, era de mediana estatura, de pelo rubio, de ojos azules.
Al enfadarse, poníase colorado como un pimiento y su breve acento de mando hacía mucha gracia á Maiakina.

-Te digo que esta noche no salgo y que,
por lo mismo, no sales tú de casa.
--Me parece que te equivocas, amigo mío.
No hay motivo alguno para que deje de cumplir la palabra que he dado á los Smolk.ine.
-Pues no la cumples.
Relampagueó en los ojos de la joven la cólera que hizo devastar á sus padres ambas orillas del Duiefer.
-¡Bachkir! murmuró.
Ignacio Skornieff la miró cara á cara, poniendo sus anchas manos sobre sue, hombros.
.Maiakina tembló.

¿Por qué chillan desesperadamente todas las
viejas y maldicen todos los hombres y huyen
tierra adentro mujeres y chiquillos?
Es que el Volga no acarrea agua, sino fuego .
Todos los buques grandes y chicos, se han
convertido en inmensos brulotes. En la orilla derecha, una mauo gigantesca ha pegado
fuego á la selva inacabable y todas las aldeas
&lt;le la Macalania arden como pajares. La inmensa corriente es más roja que el sol, más
roja que la sangre, es tan roja como el odio
que ha hecho estallar el incendio.
Atados al bauprés de un barco incendiado,
gesticulan como trágicos mascarones de proa
Maiakina y Juan Fulke. Un hombre de talla colosales mira desde la orilla.
La corriente empuja al buque incendiado
hacia la orilla derecha, hacia el gran brasero.
El bauprés se hunde en el mar de fuego de la
selva.
A. RIERA.

BALADA DE PRIMAVERA.
Alborea. Bajando la pendiente
de la verde colina,
al campo se avecina
la mañana gentil y sonriente.
Ciñe su sien primaveral guirnalda;
los flotantes cabellos á la espalda,
húmedas muestran las guadejas blondas,
y ella con voluptuoso calosfrío,
como Venus surgiendo de las ondas,
asperja entre las flores el rocío.
¡Cantad, alondras, se aproxima el día;
que llegue entre raudales de armonía!
Entreabrid vuestros pétalos, oh flores!
¡Llegó ya la estación de los amores!
El sol desde la altura
vivifica la tierra con sus llamas
y la grácil, gentil enredadera '
trepa del viejo tronco por las ramas.
Sobre su lecho de jazmín y rosa
se tiende á reposar la mariposa.
¡Salve, estación florida.
de juventud y amor bella alborada·
el alma enternecida
'
sonríe á tu llegada...... !
Eres nuncio de dicha. Dulce ensueño
hace latir mi espíritu adormido ...... .
¿Para abrigar mi sueño,
en dónde ¡oh musa! formaré mi nido?
SALVADOR GuTIÉRREZ NÁJERA.
.• Del lihro "Musa Pll.lida' dedicado al esplritu del inolvidable Duque Job,

�Domingo 25 de Mayo de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MU}.'1)O ILUSTRADO

~a escalinata 6e un· drene.

~~

Domingp 25 de Mayo de 1902.

---(2e,~~

'&lt;':'·;: ,.-.

fi }Ylarla f;ue rrero.
Artista: Para usted, Musa del viejo poeta,
deberá de ser habitual vivir en ese universo
extraño y sombrío creado por una fantasía
poderosa que se ha entretenido en romper, par a ensancharlos.y deformarlos, los moldes de la
naturaleza. Estupenda labor de titán inquieto
y febril.
En ese mundo monstruoso, usted, artista
noble, sueña y pasea su real figura melancólica y altiva por aquellos sangrientos cármenes
donde florecen los asfodelos del dolor y de la
muerte. Pasa usted, pensatiYa y triste, envuelta en un aire trágico, que la rodea de horror y
de misterio. Se mira usted dueña de la comarca pavorosa y la recorre tranquila y dulcemente con el orgullo de sentirse en sus propios
dominios. li:s la heredad de usted; es su feudo. El poeta, el anciano monarca, como Lear,
fné repartiendo su reino, entre sus hijas, las
jóvenes princesas del arte, y á usted, fiel y
tierna Cordelia, le donó las tierras más ricas
y vastas de su ingenio.
Departamos un poco, princesa, acerca del
nuevo terruño con que se ha engrandecido el
reino. Hablemos de "La escalinata de un
trono.»

Con la brevedad, con la fragilidad, por decirlo mejor, que suelen tener los juicios ele periódicos escritos al vuelo impac:iente de una
pluma loca, que no deja tiempo papa que las
ideas se aclaren y adquieran desarrollo, examinemos el conflicto de ese drama. Es la lucha eterna del amor y del odio; la lucha de
los dos ángeles bíblicos, sobre el puente de la
sima. Don .José Echegaray supo, en esta vez,
escoger el medio mejor y la época más apropiada, al desarrollo de su terrible fábula. Italia: el fin de la Edad l\Iedia. La sangre humana hervía; la vida era entonces intensa y vigorosa; los hombres rudos y fuertes, los sentimientos desenfrenados y fieros; todo gigantesco, tremendo, heroico. Eran los desórdenes
de una gestación; pronto iba á nacer el Renacimiento.
Don José acertó. Para su manera de concebir, excesiva y casi extrahumana, para sus
"superhombres,» nada más á propósito que el
momento hist6rico en que la raza latina luchaba con maravillosa actividad, destruyendo y
construyendo á un tiempo, en medio de una
tempestad de pasiones. Allí sí encajan bien
los caracteres macizos como torres, los sentimientos desbordantes como torrentes, las expresiones altas y luminosas como soles, las
acciones obscuras, nudosas, intrincadas, retorcidas, como bosques salvajes. Allí los personajes de Don José rer;piran bien, sin sofocaciones, sin angustias, ese aire de borrasca, soplo de la inspiración impetuosa del maestro.
¿No le parece á usted, artista, que el dramaturgo español halló un punto del tiempo y
del espacio, propio para la aplicación e,&lt;thal y
justa de su estética? La estética de Echegaray:
he aquí un asunto que sería curioso trata1· en
serio, profundizar para darse cuenta del mecanismo de esta complicada máqtuna de exterminio. Lo haremos algún día: el asunto es
curioso, original, nuevo.

***

1
1

~
1

La fábula es enorme, cierto; pero cabe en el
lugar en que el poeta la desenvolvió. No es
preciso como en otras ocasiones, corregirla,
mutilarla, cortarla, empequeñecerla, en fin,
para hacerla entrar en el cuadro estrecho de la,
realidad y de la vida. Hallazgos así, ha tenido Don José en su larga labm: artística. (En
«El seno de la l\Iuerte,&gt;• en &lt;cEl puño de la espada,» en ccLa esposa del vengador,» en &lt;cUn
milagro en Egipto.»)

Nunca, quizú, como ahora. Este ha sido uno
de sus rasgos genialcR.
¿El público ha Rahi&lt;lo comprender y estimar,
desde este punto &lt;le vista, C&lt;La escalinata de
un trono?&gt;, Artista mía¡ creo que no. El púl~li_co ha sufrido, corno siempre, con ese dolor
fis1co, mezclado de an01rnclamiento y de fatiga
que sabe producir en .las multitudes rse ma"n¿
b
torturn(l or que, como los inquisidores expertos, atenacea las entrañas·" tiene para ello una
coml_)laecncia diabúli&lt;:a. "\ l público le parece
el n11smo, todo eso que Re ha canRado de &lt;leeir
la crítica, siguien&lt;lo lai- lnwllai- clrl ec¡nilibra-

~\

para seguirlo necesitamos subir, elevar nuestro pensamiento á la altura de su cerebro, templat nuestros nervios en el diapasón de su lira,
soñar con él, extraviarse con él, seguros de
que vamos hacia arriba, hacia la luz.
Pero si «La escalinata de un tronon cabe en
una época, ¿cabe asimismo en un escenario?
Por momentos, no. Lo rompe, lo deshace, lo
dei-barata. Estalla, como los gases comprimidos y calenta&lt;los. ¡Oh, se YCl'Ía mejor, más
completo y grandioso, allá dentro de nosotros,
en el teatro de la imaginación que posee bambalinas portentoHas y maravillosos telones,

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...~ •

María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza, en "La Escal inat a de un T ron.o".

do y prudente Don ~fanuel de la ReYilla, cuyas tendencias de «dóminen le obligaban, á
pesar de un i nnegahle y perspicaz talento, á no
ver más allá de 1os ernpolYados y rancios preceptos. El público sigue diciendo ele Echegaray que es un alienado sublime, un genio que
se extravía, un ojo de monstruo que ve deformidades, un águila de alas tan recia!" y potentes, que á los primeros vuelos muda de rumbo, y se pierde, sin clirección fija, en el horizonte. Es un misterioso.
Lo que usted dice es otra cosa; es lo que dicen los superiores. Echegara,\' ei,; un altísimo
poeta. El estro suyo es sincero y potente. Su,;
ideales son el amor y el dolor, laR drn, cosas
más grandes de la Yida. Su mirada pcr&lt;'ihé, m
la profundidad de lo infinito. las más lejanas
estrellas. Es un vidente.
Los que están en la cima, los excelso$, dicen: está bien, es un poeta¡ pero sobre todo eR
un pensador; la idea, si no domina, encauza
y dirige el sentimiento, Jo levanta, lo guía.
Echegaray ahonda en los problemas humanos;
penetra en las sombrar,; del e,;píritu y las ilumina. Es un filósofo.
Y la multitud siente á Echegaray como una
fascinación¡ los selectos lo sienten como una
inspiración; los superiores como una meditaci6n.
Es verdad; no camina por donde todos, no
huella el polvo de la existencia1 no rastrea¡

mientras en la soledad de la alcoba, frente á la
bujía que parpadea, se van desgranando los
versos fáciles, elocuentes, coruscantes, rotundoR, empapados de pasión y de lágrimas!
Echegaray tiene el defecto shakespiriano:
Rer grande hasta la desproporción.
El genio, artista mía, no se da cuenta de las
dimensiones. Salta Robre ellas.
¡Y Don José cae? De cuando en cuando;
pero no ~e puede decir que cae. Se despeña,
toca la tierra, y como el héroe mitológico, se
levanta mayor y más soberbio.
En "!;a Cf'calinata de un trono," Echegaray
ha escrito un poema hermoso. ¿Gustará en el
"Teatro Español?n Sí, gustará á los &lt;ebuenos y
á los sahios.»
L~ multi1ud no sabrá qué pensar de él. Lo
sentuá. Y Don Jos6 habrá cumplirlo sus propósitos. No necmiita más.
Y ahora, artista, démonoH la mano. GraciaH. -.Acliós. -Es decir, hasta luego.

:,,

1
·11/JU~¡¡

Por prn~1era v_e~ se efectúa en ?léxico una
fiesta hípica m1htar, y el buen exito que alcanzó 110::1 hace creer que ese utilísimo1 &lt;csportn
echará raíces en el cuadro ele nuestras~costumb_res, por míts que el «sport» hípico, tan entusiastamente celebrado en Europa, no haya encontrado en la atm6sfera social &lt;le l\[éxico un
ª?Jbiente que le preste poder á su existencia.
Con la debida autorización ele la Secretaría
de Guerra, un gmpo de militares asociados al
&lt;cClub hípico alemán," organizaron la fiesta á
que nos referimo~, para la mañana del domingo 18 del me¡¡ que transcurre.
En presencia del señor Presidente de la República, del señor )finistro de la Guerra v de
un grupo muy numeroso de militares, jefes y
oficiales del ejército, á los que acompañaha
en las tribunas del campo hípico de Peralvillo, una parte muy distinguida de la sociedad
mexicana, se efectuaron las primeras cnrreras
militares con el brillante resultado que pasamos á anotar:
Primera carrera (militar). Se presentaron
en el campo para disputar el triunfo, los señores Capitún de Artillería Luis G. Gamboa
y los Tenientes de Caballería Gonzalo Izunza,
Mauro Huerta, Rafael Ballesteros, Julio A.
Michel, Ramón J. Cárdenas, Arturo Xegrete
y Guillermo ·Mariscal, y Subteniente de la misma arma, l\Ianuel M. Carrillo.
La distancia para esta carrera fué de quinientos metros, y el peso libre. Triunfaron los
señores Mauro Huerta, en primer lugar, y Ramón J. Cárdenas, en segundo.
La siguiente carrera fué con obstáculos y
tomaron parte solamente los militares.
Siete señores oficiales se presentaron en el
campo y vencieron el subteniente Antonio
Delgadillo y el Capitán Filiberto Brambila.
La cuarta carrera fué igual á esta inmeclfata anterior y á ella concurrieron muy distinguidos miembros del ejército. Vencieron los
tenientes Galaviz y Alberto González.
Para terminar la fiesta i::e organizó la carrera de la «Zorra," marcando dos minutos como
duración del juego.
La rosa fué atada al brazo del señor tenien~
te de artillería l\fanuel García Lugo, y de,;pués de un brillante combate de agilidad y de
pericia para el manejo de las cabalgaduras,
logró vencer en el juego el señor teniente del
7~ Regimiento Ramón J . Cárdenas.
La fiesta ha dejado muy buena impresión
en el ánimo de los jefes superiores del ejército y del público que concurrió á presenciarla.
Como decimos más arriba, quizá esto haga
que llegue á encuadrar en nuestras costumbres.

1¡~ , ,
..,

l¡~I

1

G

\,

Teniente Mauro Huerta, del 3er.
Regimiento.

1.

2. Teniente Ramón F. Cárdenas, del
?o. Regimiento.
3. Teniente Alberto González, del 130.
Regimiento.

4. Teniente Manuel García Lugo, de
Artillería.
Subteniente AntoniQ Delgadillo, del
?o. Regimiento.
6. Capitán Filiberto Brambilla, del
4o. RegimientQ.

1 .~·
~

__

;:

1

§

.,,
1

.

.

.. '

�Domingo 25 de M"ayo de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 25 d~ Mayo de 1902.

primeras C!arreras )Yiilifares en Jliéxico.

Llegada de los militares que tomaron parte en la primer carrera.

Los militares disponiéndose para tomar parte en la ca r rera de la Zorra.

ftE¡,;-z;ñ

iYC&amp;:ss

c&lt;C:

~~

�Domingo 25 de Mayo de 1902.

EL MUNDO ILUSTR.AJJO

EL MU:NDO ILUSTRADO

Translación de los restos

Al exponerse el cadáver al público, se q uitó
la tapa al ataúd, y las insignias militar es Re
colocaron sobre el cuerpo del egregio s oldado.

DEL GRAL. MARIANO ESCOBEDO
Á LA CÁMARA DE DIPUTADOS.
El acuerdo que los señores representantes
del pueblo tomaron, haciendo transladar el
cadáver del General Mariano Escobedo desde
la población de Tacnbaya hasta el i::alón de
sesiones de la Cámara,
efectuó en la mañana del viernes pr~ximo pasado, con todos los
honores y solemmrlades que la alta per,-ona
del veterano merecía.
A las ocho :' mrefoi en punto, Re t ransladó
el cadáver, del catafalco que se le hahfa formado, á la ranoza enlutada q11e.clehía eonclucirlo á la Cámara. Llernhan em homoros rl féretro: el Teniente del E!&lt;tado ;\favor Luis Garfias, el Capitán Manuel Grajales, Caµitán ;\fanuel Saviflón y Teniente Agustín Hernández.
Tras el cortt•jo se puso en marcha una brigada á las órdeneti del General ~[ariano Ruiz
. cocl1es part1c11
. lar1·s sc instalaron lo,;'
y en HCIS
comisionados por la Repreiln1taciún .Nacional
para recibir de manor-; de la familia ERcouedo
los preciados de!:-pojos .Y conclucirlos haHta la
puerta del Salón ele Sesiones de la Cámara.
Al frente de la Brigada, t irado por un soldado, iba el hermoso caballo de batalla del
General E~cobedo, tascando el freno impaciente, como si le hiciera falta la hábil mano que
en otro tiempo lo guiara.

***
El aspecto de la Cámara era imponen te
El tono de severidad que dominaba en la de
coración, la multitud de paños neO'roR que en
volvía la Cámara, el laurel y la p;lma artí s
icamente combinados, y los fef:tones d~ cerlro
formando aquí y allá ,;imétricas ondas hacían
que el conjunto llamara deRde luego '1a atención.
Las tribunas de los Diputados eKtaban cubiertas con merino negro, plegado á las co1umnas de las barandillas, y de trecho entrecho se veían espadas y coronas. Los pasillos
se cubrieron también con tela negra.
Los palcos primeros, los Regundos v las o-al erfas ostentaban en los antepechos °idéntica
decoración, y en las columnas, enn1eltas en
negros crespones, palma;; y corona,- de laurrl
alternadas. De columna ií columna y prrn lidos al cornisamento, había festones. Lazos
de los colores nacionaleR ataban, en los antepechos, espadas .r ramos ele laurel.
Del centro &lt;le la linternilla, que da lm al
salón, partían anchas fajas ele merino, que·
remataban en los muros, contrastan1lo &lt;'011 la

se

•11

En la Avenida Juárez, de Tacubaya.

Llegada á la Cámara de Diputados.
El cortejo saliendo de la casa mortuoria.

gran moiio ele crespón, prendido en el centro
hasta el férretro, y el rojo vivo de la He&lt;la viene, en parte, á cobijar lo,; resto1&lt; del caudillo.
Las simpatfog el&lt;· mier&lt;tro pueblo y ele las
dase;; estudiantiles hacia el cauclillo, hieieron
que la COfü'UJTencia ií la Cámara fuera numcrosísima. ,\. t0&lt;los se les permitió la entrada,
,-in efü,(ineión, resen'ándose las principales
loealitlades p:im lo;;; alto:s funcionario;; Y milita res.
·
En la :-;eerctaría de In ('úmara 1&lt;&lt;' reeihiernn
t&lt;•legrnmas ele loK Gobi(•l'llo:&lt; tic lo,- E:;tados,
expresando el 1&lt;e11timiento con qtw han r&lt;'cibido la noticia de la 111 uertc ele! (~en eral Escobedo. )lucho,; de ello~, especialnH•nte Jo,; de
la frontera y el Centro, clonde el ,·ctemno eontaha con profunclas sim patías, e:-atún redactados en tt.'•nninos muy expresi\'(l:&lt;.

re &lt;le la maiiana del &lt;lía veintitrés de :\lavo
de mil no\'edentor-; dm;, reunidos en el sal6n
de se:-:iones de la Cámara ele Diputador-; del
. Congreso de la l'nión, lo;; CC. Prei-ielente l\Ianud :-,únl'he,. ~liírmol, :::lecrctarioH Antonio
Ramos Pedrueza, Rafael Pardo Constancio
I (1· uu¡uez,
·,
' v' Pro,;ecretaIj ena
.J enaro Garcia
rios Juan de la Torre v Rican\o·c1e1 Río con
el objeto de recibir el" cacláYer clcl C. G~neral
el~ Di~·isión Mariano Escolwdo, Diputado propwt:m? a_l Congreso de l:i, Cnión por el pri111('1' D1stnto de .\.gua;;caltente:-. los CC. Diputmlos Juan Garduiio, repre~¡•11tante de la fami1ia del ilustre finado, Diputado Trinidad García, Presidente d&lt;' la Comisión nombrada por
la Cámara parn acompafiar al cort('jo fúnebre,
y el C. Gc1wral &lt;le Brigada (~n•gorio Ruiz en
. ' t1e 1n :-;et:rdaría ele ( hierra
' y
represl·ntacH,n
~farinn, rnanife~taron: que entrccrm1 á la Representm·ién Xacional los restos ~110rtale:, del
C. Gc1wral Mariano fü,eohcclo.
El l'rPsidente de la Cámara contestó: que á
nombre ele la misma los rl·cibe, para tributarks los honores dt•crPtaclos, á que Re hizo acreedor e•l egregio t·amlillo, por los ernine•11tes
servicios que prei-t6 ft la Patria. En fe &lt;le lo
cual se levantó la presente acta, que firmaron
los que en el acto intervinieron.

El itinerario que ~iguió la Comitiva fué el
sig uiente : Arbol Bendito, Calle Real 'de Tacubaya, Calzada de Chapultcpec, Paseo &lt;le la
Reforma, Avenida Juáre;1,, Callf•s de San Francisco, Vergara :', por último, hasta la Cámara
de_ Diputados, á Joncle llcg6 á las diez y cinco
mmutos de la mafiana.

***

Un toque ele atención inclieó que el cortejo
fúnebre llegaba á las puerta~ &lt;le la Cámam.
En las banquetas ele Yerg,ira, la Canoa, San
Andrés y el Factor, había compactos gru poH
d e per:&lt;onaR ele todas clase:s. En los halcones
y puertas, las familias presenciaban el paso
d el cortejo.
En el re~into de la Cámara se hizo un profundo silencio, y á las diez y quince minutos
la Comisión recibía el ca&lt;láver, que fué desde
luego colocado en el lugar respectivo. Sobre
el ataúd se veían el sombrero montado v el
bastón y la banda ele General del ilustre Yeterano.

•••

El Sr. Sánchez :Mármol, Presidente de la
Cámara,ordenó se levantara la siguiente acta:
((En la éiudad de México, á las diez y quin~

Domingo 25 de Mayo de 1902.

En el P¡¡seo de la Reforma,

NUESTRA INFORMACION

De la carroza fúnebre á la capilla ardiente.

A L.\ HORA E:,/ Ql'E E;\'TJU EX PREXSA X1'ESTRO SE:11.\XAHIO E:'T•.\ EXPl'ESTO .\l"X EL l'ADÁYER DEL \'ETEl{AXO J~X EL 8ALOX DE L.\ C.\JIIA RA Y POR LO TAX'fO, L.\ lXFOJDL\CION ORÁl•'JCA
QUE IlE)IOS OFRECIDO TEIDIIX.\ COX L .\ YIS'fA Dlt
L.\ SlJX'fGOSA CAPILL.\ .\HDIEXTE.
Ex XUESTRO PROXI:\IO XlJ:IIERO PODHE:IIOS
l'O:IIPLE'P..\R ESTA HE,-;J':Ñ'A.

claridad del sol. ·1En ,cuanto al pórtico y al
vestíbulo, el primero ostentaba colgaduras,
plegadas con g usto y salpicadas con pequeñas palmas, y plantas puestas sobre soportes
forrados de negro.
El vestíbulo se tapizó completamente :con
merino, poniéndose á uno y otro lado gnÍ prn,
de cañones, fusiles, g ranadas _v otros atrilmtos ele guerra.
La decoración rle la plataform·i es·magnífica. Lo::; muros laterales se ven completam,,nte revestidos lle negro; las columnas del fon ,lo
veladas por una tenue ga~a, v las tribunas rkl
Presiden te y rlc los Secr,•t arios, con p·1 iins
abullona&lt;lm; y recogitlos artísticamente. Rohr~
col umnas negras se v&lt;&gt;n do,, canclelahrns de
plata, en el fondo, y más abajo otrns dos, rnn
velas encendidas.
Descamiando en las tribunaR fRl::Í una tarima cubierta con merino, que soporta el ataúd
del General Er-;cobed o. Delante ele ella hay
dos grupos tle cañones, fusileR, cornetas, etc.,
y más abajo pabellones de armas con coronas
de laurel.
Una hermosa bandera ele seda, ele diez metros de largo por seis de ancho, aproximadamente, y prendida á una asta, se ve en el centro: es, en medio de los fúnebres arreos, una
nota de gloria, el beso de la Patria al cadáver
del patricio esclarecido. Cae enlutada con un
La capilla ardiente en la Cámara de Diputados.

'

ILUSTRADA

�EL MU!NDO ILUSTRADO

Domingo 25 de Mayo de 1902.

las láminas del C6dice, primorosamente impreso en colores, notas explicativas muy importantes
y artículos relacionadoR con distintos puntos históricos de la época precortesiana.
Además, la notable americanista ha publicado multitud de estudios sobre el mismo asunto de
la civilización entre los antiguos
mexicanos, rectificando errores y
midiendo el alcance y valor de
las distintas opiniones emitidas
haRta hoy.
Para hacer aún más valioso el
caudal de sus conocimientos sobre la materia, la notable americanista ha estado haciendo constantemente nuevas investigaciones y se ha puesto al habla con
los americanistas mexicanos más
eminentes.

RESTOS DE UOIIRRES II U~THE~.
En el ángulo noroeste del cementerio de San Fernando, se ve
una capilla ruinosa de agrietados
muros que llama la atenci6n por
sus detalles decoratiYos.
Sobre el arco de entrada, un
ataúd de piedra con un número 5
da aspecto singular al sitio y hace detener á los que Yisitan el pante6n.
La capilla á que nos referimos
conserva los restos de tres patriotas ilustres: los Generales José
María Arteaga y Carlos Salazar,
sacrificados en Uruapan y el General Leandro Valle, que encontr6
muerte gloriosa en el Monte de
las Cruces, cuando se defendían
las leyes de Reforma, contra el
partido reaccionario que asolaba
el país.
Ahora bien; como el techo de
aquella capilla ha venido á tierra
y sus muros, en pronunciado desnivel, anuncian la completa ruina, se teme, y con raz6n, que los
restos de tan preclaros varones se
confundan con los de extraños 6
desaparezcan.
Por esto es que el señor Ministro de la Guerra toma la iniciativa
y procura salvar esos despójos
mortales para que sean trasladados á lugar seguro, con los honores debidos á los defensores de la
patria.
Hoy publicamos una fotografía tomada expresamente para «El
Mundo Ilustrado,» y ella representa la ruinosa capilla Ít que se
refieren estas líneas.
Valle, Arteaga y Salazar, aparecen como figuras prominentes
en nuestra Historia Militar.
El ejército cumple con un deber, honrando su memoria.

------

..

f

ALUMNA PENSIONADA.

Capilla en San Fernando, donde se han conservado los
de los hEroes Leandro Valle, Arteaga y Salazar.

Actualidades Científicas.
MRS. ZELIA NUTTALL.
Ofrecemos hoy á nuestrmi lectores el retrato
de la distinguida escritora l\Irs. Zelia Nuttall,
notable en el mundo de las letras por su vas~ erudici6~ y por sus importantes investigaciones relacionadas con el origen y costumbres
de los pueblos antiguos.

Una de sus obras más celebradas, es la que
con el título de ccThe Fundamental p1inciples
of Old and New World Civilizations,» public6
en 1901, y es fruto de una labor de trece años.
Trata ese libro de las civilizaciones americanas y de la asiática (China, Jap6n, Mesopotamia, Arabia, Persia, Babilonia, Asiria y Canán), d·e la egipcia y la europea.
Con respecto á la civilizaci6n de los antiguos mexicanos, l\frs. Nuttall ha coleccionado abundantemente material, y estableciendo
comparaciones entre el calendario, la religión
y la cosmogonía de los pobladores de Anáhuac, ha llegado
á deducir relaciones muy cercanas con la primitiva civilización de otros pueblos. Atiibuye la ccSwastika» ó cruz encorvada, en México, á un origen
astron6mico y usado, lo mismo
que en otras comarcas, como
símbolo sagrado, lo cual denota cierto grado de cultura de
los pueblos y atestigua que reconocían las leyes de la naturaleza como expresión de la
idea del reino celestial, organizado en una armonía numérica por las revoluciones aparentes de las constelaciones circumpolares.

La Secretaría de Instrucci6n
Pública acaba de conceder una
pensi6n por dos años á la señorita Manuela Eugenia Torres, alumna aprovechada del Conservatorio.
La señorita Torres obtuvo, hace dos afios, el título ele profesora
normalista, tras brillante examen,
y desde entonces dedic6 todos sus
esfuerzos al estudio de la declamación y arte dramático, sobresaliendo tanto en aquélla, que la
señora María Guerrero se quedó
admirada de la facilidad y disposici6n que para declamar posee la
señorita Torres.
Esta, por otra parte, habiendo
concluido ya sus estudioe en el
Conservatorio con lucido aprovechamiento, recibió como premio
restos
la pensión que se le ha concedido.
Durante dos años viajará y trabajará al lado de la señora Guerrero; y si las esperanzas de la Secretaría y
los vehementes deseos de ella no salen fallidos, la veremos regresar hecha una actriz de
verdadero mérito.
La sefiorita Manuela Eugenia Torres, cuyo
retrato damos, está en la plenitud de su juventud, y es la primera alumna de declamación que se pensiona para que vaya al lado
de grandes actrices del arte dramático.

•••

MRS. ZELIA NUTALL,
célebre americanista.

Mrs. Xuttall Re encuentra
ahora en l\Jéxico, )' como socia de la Sociedad Alzate, ha
concurrido á algunas de sus
sesiones. En una de ellas presentó un ejemplar del Códice que lleva su nombre y que
es reproducci6n del que posee
Lord Zoncbe. Acompañan á

SRITA. MANUELA EUGENIA TORRES
a!Jumna pensionada por el Gobierno '
Mexicano.

�H

Banco Central Mexicano.
H

H

H

11

EL DENTIFRICO
CAPIT.AL SUBSCRIPTO $6.000,000.

IN'

Hace descuentos y préstamos con y sin prenda. Negocios en cuenta corriente, giros y cobros sobre todas las plazas de la República y el Extranjero, y en general, toda clase de oper::i.ciones Bancarias con Bancos, comerciantes, industriales, propietarios y agricultores. EMITE BONOS DE CAJA, de $100.00, $500.00 y $1,000.00 sin cupón pagaderos á seis meses, y
pagaderos á doce, dieciocho y veinticuatro meses, con cupones semestrales, ganando todos un interés de cinco por ciento al año.
CORRESPONSALES: Todos los Bancos de los Estados Mexicanos,
Deutsche Bank, Berlfn y sus sucursales en Londres, Hamburgo, Bremen,
Munich, Frankfurt, Dresden.-Belichroeder.-Berlin. - Comotoir National
d'Escompte, Parfs.-S. J. P. Morgan y Cia. New York-De Neuflitze y Cfa.,
New York.-Muller, SchalJ y 0ta. );ew York.-National City Bank, Kew
York.-London, and Westminter, Banck, Llmited, Lothbiriry. Lontlon, The
Union Discount company, of Lonclou, Ltd. London.-N. Fritational l{au:,,
Chicago.-Guil!ermo Voge! y Cía., Madrid.

==RIVAL==

LL

MUNDO ILUSTRADO

AÑO lX.--TOMO 1.--NúM. 22.
•1rccten LIC. lt4rA.u Rrn&amp; &amp;PINDOL\,

MEXlCO, JUNIO 19 DE 1902.

SubscripciJn mensu"J rorRnea, $ 1.50
ldem. Idem. en fo CrlpitaJ. "1.25

Gerente: LUI&amp; IUlt&amp; &amp;PIN.OLA.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Casos de conciencia</name>
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                    <text>H

Banco Central Mexicano.
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York.-London, and Westminter, Banck, Llmited, Lothbiriry. Lontlon, The
Union Discount company, of Lonclou, Ltd. London.-N. Fritational l{au:,,
Chicago.-Guil!ermo Voge! y Cía., Madrid.

==RIVAL==

LL

MUNDO ILUSTRADO

AÑO lX.--TOMO 1.--NúM. 22.
•1rccten LIC. lt4rA.u Rrn&amp; &amp;PINDOL\,

MEXlCO, JUNIO 19 DE 1902.

SubscripciJn mensu"J rorRnea, $ 1.50
ldem. Idem. en fo CrlpitaJ. "1.25

Gerente: LUI&amp; IUlt&amp; &amp;PIN.OLA.

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Cuadro de Eugenio Bulaud.

�Domingo lo. de Junio

cw 1!)02.

EL MUNDO ILUSTB.Al.&gt;O
EL :MUNDO ILUSTRADO

NlESIANlCA .

ciencia y de la experiencia, en proceder ó abstenerse en acometer ó ei;quivar eI cornbate,
en inte;1tar ó pacientar, según la ci, ncia lo
prescriba, según la razón lo dicte, Rcgún las
Y PRUDENCIA PASIVA.
DeKpués de la rnnerte del Kazareno bohecircunstancias lo exijan.
111io, ningún otro sublime Yisinnario ha &lt;lesaHay rasgos de infinita audacia que ;;on acfüulo el Gólgota.
tos de consumada prudencia; hay ocmdone:Todo el mundo e,:tá de acuerdo en quP la
Los pasados i:;iglos no vieron surgir otro
en que salir al encuentro del peligro r;; la nu~prudencia es no sólo una gran Yirtud, sino
nuevo
Redentor. La casta. sa.h,adora estnvo esnera mejor de conjurarlo ú de precaver pehtambién una garantía de éxito en la vida y de
téril por 111uchaf'&gt; centurias.
gros mayores. Un grito á tiempo puede ;;,tlrnr
triunfo en la lucha. La prudencia es brújula.
Nadie trató ele hacerse rn:htir por loi:; viejos
una situación y una acomttida audaz puede
Es ella la que debe marcar la ruta si se quiere
&lt;lolores humanos. Ninguno intentó protestar
consumar una yictoria. El paso &lt;lPl :Monte
llegar pronto, bien y con seguridad á la meta.
ante la crnelda.&lt;l de los chacales para con los
Blanco, las lluince batallas en 4uince días &lt;le
El hombre imprudente es un hombre ciego
albos corderos.
la campaña de Italia, Pl pa,-o del puente &lt;le
que marcha ~in saber por dónde, que combaPero el siglo ha cambiado su panorama cleLodó, el 2 de Abril, son ú la Yez que actos tete sin saber con quién, que navega sin ver los
so1ador y terrible.
merarios rasgos de suprema prudencia. Jnúescollos ni darse cuenta de los vientos, ni de
¡No son iguales los tiempos!
rez lanzando en Veracruz las leyes &lt;le Itdorlas corrientes, ni del oleaje. La prudencia es
l1n sacrosanto tronco esla\'O ha dado á la
ma puso el mejor de los triunfo:- en su juego,
itinerario y es fanal. La imprevisión, la falta
humanidad triste un nuevo Salvador.
los bienes del clero, y su temerida&lt;l aparente
de cálculo, de tacto ó de mesura, el descuido
Los múrtires tienen ya un moderno rabino
no fué sino restitución justificada~- pruden&lt;.:ia
en la apreciación de las probabilidades y de
!JUe enjugue sus lágrimas.
activa
de
las
más
dignas
de
elogio.
las circunstancias, la incoherencia de la acLa melancolía tiene consuelo, el frío pieles,
En uunto á prudencia no hay que de('idir
ción, la imprudencia, en fin, tiene su sinóniex cátedra ni en fayor ele la temf'riclad sisteel hambre pan.
mo en la ceguedad.
El alma del eremita nuevo, está ilnminamática ni en pro del sistemático quietismo.
Se es imprudente por ignorancin ó por patla por el miRmo sol de Nr..zaret.
La prudencia estará unas veces del lado de la
sión. El niño que jltega descuidado al horcle
El ernngelio Yienc hoy de las e::-tepas tle Siaudacia y otra:; clel lado de la cachaza. La
del precipirio, que maneja una arma peligrotemeridad
sistemática
es
locurn;
la
cautela
hal)eria.
sa, que prepara ;;u «comidita» con yerba;; acaEl apó;;tol es ruso.
bitual es inercia.
so venenosas, e,: imprudente por ignorancia,
Viene armado de la n,bel&lt;le cornamusa pasNo es prudente quien quiere el fin si ú la
por inconsciencia del peligro.
to1 il-en sus labio8 pálidos está la palabra
vez
no
conoce
y quiere también lo,: medios de
El hombre, por regla general, es imprudenformidable que había ele hacer lucir nuevas
lograrlo. La prudencia genuina, la verdadera,
te por impacif'ncia, por pa;;ión, por arrehato.
la auténtica, la única eficaz es á la vez virtud
auroras.
Cuando un deseo lo subyuga, cuando un anheTiene toda la neurosis de los Dioses v los
y ciencia. Supone voluntad; pero supone
lo lo aguijonea, cnan&lt;lo una aspiración lo doer.i~mas
de los magos hierofante~ de h1. saltambién talento y saber; es cualiclacl moral;
mina, todo su afán es saciar su deseo, realizar
pero
también
facultad
intelectual;
rl'(¡uiere
vación!
su anhelo, colmar Ru aspiración. Sondear los
Tiene nombre de fiera, y el alma de .Jesús.
tanta energía como sabiduría.
bajos, explorar la ruta, calcular laR evc}nt11ali¡8ah·e al León!
Por
eso
es
tan
noble
y tan fecunda; pero por
dades, llamará cuentaR al pro y al contra y
JuAN D'SoLA.
eso
también
es
tan
nua.
El
hombre
L¡ue
sabe
hacerles su corte de caja, elegir fría y mcditaser
prudente,
en
el
amplio
y
completo
sentidamente los medios y llegar al fin paso á pado del término, da pruebas de poseer no sólo
so, cautelosamente, deRpacito y sobre seguro,
un gran corazón 1 sino también una gran ines desesperante. Ponrrs.e á hltrar el agua
teligencia, y reúne en sí dos de los atributos
cuando devora la sed; comprar alcancía y acumás notables y Tllás grandes de la naturaleza
mular en ella bago á bago la fortuna mientras
humana.
la codicia aguijonea y acosa; emprender una
larga carrera y penosos estudios en tanto la
De allá, lejos, muy lejos, del país &lt;le los
gloria nos sonríe y nos atrae; rodear el obsgrandes ríos; del i-ol que abrasa como la!- mitáculo en vez de saltar por encima; escalar
radas de sus mujeref-; de los inmensos bosques
penosamente la cima; jugar pacíficamente al
y los profundos lagos; del paÍ8 de la naturaleajedrez con los hombres y las cosas cuando se
za sah•aje; del aire perfumado por las esenanhela asaltar el podrr, no puede darRe torcias de los pebeteros en sus palacios orientamento mayor para los espíritus ardientes, pales; del país de la1-, hayaderas de la molicie y
ra las almas impetuosas. );"o; es preferible
del opio; ele allá, lejos, de la India, trajo un
jugar el todo por el todo, tomar por el atajo,
príncipe aYenturero la semilla de unas nuevas
saltar en vez de andar, volar en vez de escaflores para su jardín, un hermoso jardín que
lar, y arriesgar en un albur tremendo honra,
TESTAMENTO.
se extendía tras cloR largas hileras de cast.'lriqueza, gloria y vida con tal de no hacer anños y robles, que formando filas, como inmótesala á las puertas de nuestro deseo y de no
viles
veteranos, en el patio del castillo, conFué
noche
&lt;le
dolor
el
más
prnfundo;
sufrir el suplicio tantálico de «hacer el osoi, á
ducían l'\l puente lcrndizo que daha acceso á
Se
arrodilló
llorando
el
pobre
hijo
nuestras aspiraciones durante meses y años
la mansión :-eñorial, que aparecía al fondo,
junto al lecho del padre moribundo.
antes de verlas realizadas. El azar antes que
con su torre del homenaje mirándose en la RUy
el
anciano
le
dijo:
el cálculo; el desengaño antes que la pacienperficie tranquila de los anchos pozos de agua
-Cuando
muera,
devuelve
este
cuerpo
cia; el fracaso antes que la interminable espeque la rodeaban.
.
á
la
tierra,
sin
rezos
ni
cruces,
ra, las alas de Icaro antes que las antenas de
Crecieron la.s nuevas floreR sobre. tallos eleno llores mi ausencia
la hormiga!
gantes y esbeltos, Teni.an la forma df' botones,
ni tus ropas de huérfano enlutei-.
Y nos lanzamos cii'gos, y caemos vencidos
ribeteados con puntas de encajes. Eran claYe-·
Y prosigue llenando con honra
y nos estrellamos contra el obstáqulo y naules
blancos.
la
tarea
vital
que
te
incumbe:
fragamos en el arrecifo, y en fuerza de aspirar
Tronchó el príncipe aventurero las .floreR y·
también en la fosa
y de anhelar y de desear, nos damos maña,
formando con ellas un precioso ramo, lo colomi destino (cad perpétuami&gt; se cumple.
por impacientes, de ver el deseo irremediablecó en el pecho de la princesa. Y era tal su
Tú serás, en la vida, un obrero
mente fallido y la esperanza inexorablemente
blancura, que su cuello era más blanco que
del
activo
taller
de
la
idea;
frustrada.
los claveles.
yo seré con la muerte, un abono
De que en la mayoría de los casos la im-E11 · aquel remotísimo país-le dijo el
para el germen que incuba la tierra.
prudencia provenga de la impaciencia, de la
príncipeexiste una leyenda que forma un
Sobre el suelo tú siembras acciones;
acción intemµestiva, de la intervención inocántico
religio;-;o
entre las Vedas, el cual dice·
bajo
el
suelo
yo
nutro
simienteR;
portuna, de la ceguedad y el arrebato, la saque
esas
flo:
es
conservarán
su blancura en toes un límite falso que trazan
biduría de las naciones ha inferido que la
da
su
pureza
si
la
mujer
que
las ostenta cs.
deslindando
la
vicla
y
la
muerte.
prudencia consiste siempre é inevitablemente
pura.
Xo
serán,
por
el
contrario,
blancas, si
Las labores de aquélla y de ésta
en saber esperar, en cruzarse ele brazos, en
la mujer peca ................ ........................ .
son
dos
partes
de
un
todo
suprem;
atisbar la ocasión y tomarla de los cabellos,
ninguna es más grand&lt;&gt;:
, ........ , ....... ··························· ··············
en esperar impasibles el vuelco inevitable de
Hermosísimo está el jardín cubierto de las
la
jgrnada
del vivo ~J del mue~o.
la rueda, dé la fortuna, en abstenerse, en canueYas flores,que embalsaman el aire del par"Es
por
eso
que
mientras
prof:.1gues
llar y en pacientar.
que que da-acceso á la mansi6n que aparecía
•1a tarea vital (¡ue te incumbe,
Tal es el tipo de la prudencia, en los viejos,
al fondo, mir(mdose en la superficie tranquila
, •·
también en la fosa
en los perezosos, en los impasibles, que olvi~
de los anchos pozos de agua que la roch•an.
mí
destino
((ad
perpétuam»
se
cumple.
dan ó desconocen que la prudencia tanto es
AlH junto ñ las :florcR e8t.-lí la princesa mo11. CABRERA GUERRA.
activa como pasiva, qull consiste, según el caribunda.
Un raudal de sangre que brota ele su
so, tanto en acciones GOIDO en abstenciones,
cuello, trµeca en rojo,&lt;; los chweles blancoP.
que tan prudente puede manifestarse el que
Fué impura y manchó las flore,;. Se había
emprcn~e como el que espera, y que puéde
cumplido la triF-te leyenda del cántico de Jo,,.
haber temeridad en cruzarse de brazos.
Vedas.
La prudencia consiste en someter la conducALEBRTO PoTTs.
ta á las sugestiones de la razón ilustrada; en
subordinar los actos á las ensefianzas de la

Domingo lo. de Junio de 1902.

PRUDENCIA ACTIVA

l.OS CLAVELES HOJOS.

El sol en alto ya, radiante y flavo,
Como el áureo remate de un gran clavo
Incendiaba los techos relumbrosos,
Y del suelo las casas recogían
Sus sombras multiformes, que fingían
Blondas, chales y mantos caprichosos.
El lago-limpio espejo de las floresAdormido por plática y rumores
De sa~1ces ~ubiertos de hoja:- muertas,
SemeJaba rizado y palpitante,
Una blanca paloma agonizante
Con las alas, aún trémulas, abi&lt;.'rtas.
Composición premiada con la flor natural en los Juegos Florales organizados
en beneficio de las víctimas de Guerrero.

El dolor es impulso y es anhelo.
Dejad que nos envuelva con su velo
Y sin piedad el coraz6n estruje;
'
Para eso va la vela en el navío,
Para que el soplo de huracán bravío
La hinche, sacuda y el bajel empuje.
Qué son prosapias y tesoros vanos,
Junto al honor de las robust.-'ls manoi:;
Que siembran lauros y la tierra abonan?
'Toda arruga en el campo de }a¡:, frentes,
Es surco en que se gestan las simientes
Que de rubias espigas Sf' coronan.
En la noche agobiada por mil duelos
Cuando incendian el raso de los cielos '
Cual proyectiles en fusión los astros;
Cuando fi~gen las nubes, ya quimeras,
Ya montanas, ya torres, ya canteras
De ónices veteados y alabastros.

Y en el fondo turquí, churrigueresca
Rec6rtase la Iglesia gigantesca,
Con bordados sutiles como plumas
Y gárgolas y encajes y doctores, '
Fingiendo de la luna á los fulgores
Petrificada confusión de espumas.
Y el viento entre las ramas caiaturrea,
Y el arroyo fugaz lentejuelea
·Con reflejos de plata derretida
Agitando en espasmo su lustrdsa
Superficie inconsútil y rugosa
Como enorme epidermis contraída.
Y es el solemne bosque milenario
De terrores ilógico santuario,
Y lenta y taciturna y pensativa
Entre blondos celajes aparece
La luna que la tierra empalidece
·Como una inmensa lámpara voti~ra.
En la noche, en las noches más quietas
Mi alma ha visto á videntes, á poetas
-Correr tras su ideal; torvas las frentes,
Anhelantes y fijas las miradas,
Y convulsas las manos levantadas
Como un mar agitado de tridentes.
Sobre esos ojos lánguidos que apresan
Vaguedadea tristísim'.ts ¡cuál pesan
Los cansancios de horribles desveladas!

..

Y sobre esos cabellos, el Destino
Enflaqueció sus ruecas de albo lino
Devanado en las testas perfumadas.
Al toque de marcial clarinería
La revuelta legión cobra energía·
Y tras ella los cuervos su c::unin~
Prosiguen acechando, semejantes
A negros zapapicos relumbrantes
Que alzara un formi&lt;lable remolino.
Ari~tómenes, Rugo, no me asombra
Que hayáis brillado si os rodeó la sombra.
Que fuisteis sombra? l~nneoreced la noche·
. . f e? Re8ucitad "la mía·
'
uefuiste1s
Q
Que fuisteis fuego'? Iluminad el día
Y ele lo~ astros encended el broche.
Y miento, foisteis luz indeficiente·
Luz y Amor en la Yida evanescente, '
Luz, Amor y Verdad, Fuerza y Consuelo·
l:a l~nz~ en ristre y ajustado el sayo,
'
Surg1ste1s de repente como el rayo
Que de una puñalada rasga el cielo.
(?h musa dulce y pálida, ¿te alarmas?
RmdoR son de las vibrantes armas
Qu~ n~ienti:as ciñes á tus sienes yedras,
TrahaJo, aliento y porvenir pregonan·
¡Hay mucho oro y diamantes que aprisionan
En sus brazos atléticos las piedras!
¡Oh visiones heroicas de mis hondas
Meditaciones causa! Epaminondas
Byron y Cuauhtemoc, y el iracundo
Espartaco agitando su bandera
A cuya móvil sombra bien putliera
Refrescar sus cansancios todo un ro.undo.
Pon,eguir vuestro ejemplo, ¡pobres sueños!
Dejé mi hogar, mis cármenes riRueños
'
Mis auroras, mis fuentes, mi frondaje'
·Mi neblina-de selvas leve enagua.-'
Ay! de la cual, como á través del agua
Yí tantas veces el fugaz paisaje!
'
Lo recuerdo: la esquila de mi aldea
Que entre cedros altísimoR blanquea
Luciendo su hermosura y su donaire
Escaparse dejaba-bulliciosas
'
Burbujas invisibles y armoniosasSus graves notas que esparcía el aire.

Me afirmé en el caballo que á carrera
Tendida atravesó la carretera·
Y el viento, con rumor de fér~·eos oonces
Enredado en sus crines parecía "'
'
Detenerlo y decirme: (&lt;Aún otro día,
No te vayas.i, ¡Ay, cómo lloré entonces!
Hoy _conte1!1plo oscilando destejidos
De m1 mfancia en la fronda muchos nidos·
l\le asomo de mi alma á las ruinas
'
Donde vagan errantes mis canciones,
Y no hay líquenes, plúmbacros gorriones
En parvadas, ni sol, ni golo~1d;·inas.
Si hoy brotan asfodelos en mi senda
FatigoRa ~' sin fin; si no hallo tienda
Que dé á mi cuerpo bienhechor reposo·
Cunndo se abate mi cabeza mustia
'
Ay! cuando siento el corazón de a~gustia
Apretado cual puño musculoso,
Me acerco, Poesía, á tus altares
Escucho el desgranar de tus colla;es
En tu veste de vivos tornasoles
Mientras lenta la mirra va exte~diendo
Alargando tenaz ó recogiendo
'
En el aire, sus vagos caracoles.
Tú me has dicho: El Dolor es misteriosa
Rei-urrección, y todo ser y cosa
Asperja con sus gotas de ·rocío·
Entre zarza agresiva nace el a~e;
¿Del abrupto volcán desnudo y grave
No es de llanto cuajado ~u atavío?

Dirige hacia las cúspides el vuelo·
El dolor es impulso y es anhelo
'
Y eR causa de ascensiones infinitas·
Si sopla el aquilón, la onda entre brumas
Se aguza y manda al cielo sus espumas
Cual florón de nevadas margaritas.
Corno el bólido ignívomo alumbrando
La vida cruza sin cesar cantando·
'
No gimas, aunque lleves honda pena
Eq el pecho claYada; así se mueve
Y aRÍ atraviesa el mar bajo la nieve
Con el arpón clavado, la ballena.
AREL

SALAZAR.

�Domingo lo. de Junio de 1902.

Domingo lo. de Junio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUS'rRADO

sintió la enorme falta tll' una C3JH'ra11za amiga
y cayó toda trémula sobr~ la p mt.:rno~a
y doliente ribera del Ted10. Dolornsa, .
caía para Riemprc, por 1,üern¡_ire, (•nl11.,ll\C1da!
¿Qué piadoso Reno la Yolvena a la nd::d
·········································
~~~
:tral1ajo ¡1e11saha:
-¿Para qné trabajaba, pa,rn qui(n trabajaba?
· Para quién era el fruto dP su obra futura
¿.
¡· .
t
presentida tan bella, f.:'ll1 t 1,·11m y an p~1ra;
si el profundo dPsprec10 d(' su al11!a tleswrta
caía sobre cosas de los hom hre:;;; f&lt;l muerta
para el amor su alma, la &lt;liYina egoísta.
.
sólo vibraba al eco de sm ansias de artu,ta. .... • ••••?
No valdría acaso mejor morir"? ........ Hu Snciio
'
11 l' y l"ISll&lt;'J\O.
.
- •· .. •.1
quizá entonces
se ' alzara i11tl orna&gt;
Amar? ...... ¿.á quién•? A nadie ¿.para &lt;¡UL~·? ...... ,
¿.Uabia, acaso,
un ave en el camino que can t ara a, RU 1~,a so.'?
La Inacción aflojaba su:; rnúsculos. El ~echo
.
lo postraba por !Siempre, con10 nn mal sm ren~ed10.
· Para qué hacf'r :--u Oura, e!'a. obra que amaba?
1r ara qué trabajaba? ¿Para quién trabajaba"?

···Ü~i~i ·~;;t;· ·;;it:;;· ~¡~·

Bal bino Dávalos.

Lic. Justo Sierra.

JUEGOS FLORALES.

Lu is G. Urbina.

La fiesta se efertuó en el teatro del Renacimiento, ante una concurrencia muy selecta
y en medio de u11a animación pocas Yeces Yista en nuestro medio artístico.
El poeta ,·encedor, Abel f-ialazar, tm·o el
singular tino &lt;le nom 11rai· Reina de los .Juegos
á la Señorita 1Iaría Tere,-a Limantour, «una.
reina de espíritu blanco como mansión de
virtudes, paradisíaco como verjel de gracias, y
religioso como santuario de arte,)) que dijo el
florido y elegante 'Crueta.
Formaban la Corte de Amor las señoritas
Lorenza Brnnifr, Catalina Escandón y Cuevas,
María Quijano, Masía Rineón Gallardo, María Elisa lloreasitas, Lupc Ieaza y C'amacho,
.Josefina ~úñez Pricla, J oRefita Ramos Sauri,
María Algara, )faría. :\I miel, :\laría Portilla y
CueYas, Carolina Mac :Manfü, :\forcedes Berriozáhal, Chonita. Ramos 1--auri, :\Iaría Luzárraga, ::\faría 1\fatilde Ituartc. Ll1pe Rincón
Oallarclo, :\!atilde Olavarría y Lanclázuri, Ele•
na IturbP, María de la Rolcdacl Portilla y María Garamendi.
Adornamos las página8 de nuestro semanario con los retrato8 de tan distinguidas señoritas, así como también nos eomplacemos en
poner e11 nue,:tras columnas los grabados que
representan á los poetas y prosi,-tas triunfadores, á los estudiantes que iniciaron la fiesta y
á los señores que formaron el tribunal del
,cgay Raber.))

Ha sido un éxito abundante y primero en
México el que alcanzaron los estudiantes de
la Escuela N. de .Jurisprudencia, organizando
unos Juegos Florales para allegar recursos á las
víctimas de los terremotos en el Estado de
Guerrero.
La aristocracia del talento que exhibe b
nueva gen eración de productores de las bellas
letras, concurrió á la lid literaria y prestigió
el nombre nacional con el más preciado de los
títulos: el de educación intelectual.
Nombres que surgen á la vida literaria, como los de Abel Salazar, Manuel de la Parra,
José F. Elizondo, Ramón Yillah·a, Severo
Aróstegui, 1lanuel Romero Ihañez y Eduardo
Colín .figuraron en prirnera línea, al lado de
l os y~ estimados y aplaudidos de Amado Nervo, Enrique Fernández Granadoi,, Laura Méndez de Cuenca, Victoriano Salado Alvarttz,
Juan Sánchez Azcona. Angel del Campo, Lic.
Viramontes y Agustín Aragón.
El tribunal se formó con tres de los más reputados litnatos mexicanos: Líe. Justo Sierra, Balbino Dávalos y Luis 'Crbina. Ypara
-compl etar el brillo de esa fiesta de talento, se
nombró Mantenedor de los Juegos á .Jesús
Urueta, el más galano de los oradores modernos.

Premio.
"Secretaría de Relaciones".
en los Juegos Flora les.

Avido de esparcirse, Uriel sentía aislado
su corazón, un tiempo vibrante, enamor~do;
cuando eran sonrosadas y frescas las mananas,
cuan do abría sus sueños como
.d rosas tempranas
I
)ara
todos
lo.;
besos
de
la
v1
a.• •··· · · · ·
I
¿Qué obscura
invasión de rencores lo colmó de ama~gura,
que rendido por agrio y enorme desal~ento,
se doblegó su espfritu doloroso, sangnen to, .
como árbol combatido por rudas tempestades?
•Oh qué angustia vagaba sobre RUS soledadeR!
!01/ qué desolaciones incurables! Y el manto
m~ntable del Tedio, con m:1-Jéfico encanto
caía sobre todos sus grancl~s ideales,
todos estremecidos por hen,daR.mortales ......... .
En la obscura ribera del r ed1~-p~ntanosa
ribera-cayó el alma, el alma m1stenosa . .
de Uriel, cayó de pronto, como un ave d1vrna,
con las alas cansadas ..... •••·
.
.
Glonosa peregrrna
del cielo del Ensueño creaclor el alma aquella,
cual Si llevara den tro el fulgor de
. una estrella,
sacudía las alas y cruzaba 1os cie1os,
toda vibrante y llena de ind~mable~ anhelos ... •.•!
l\las un día sin sol la abrumo la fatiga,

L

)fas un día ......... ¡oh milagrn!, como una nueYa aurora,
de unos ojos azuleR la lui encantadora.
lo deslumbró de p ronto, «conmonidorai:1ente,1
v el amor Yino dulce, ,cyi,·o, tenaz, arcl1ente"· ········ !
· En los ojos azules &lt;le ella .un rngo encanto
había: su mirada, cual lmmno.s&lt;! mai?to,
en vol da su alma trcrnante y \'li:nonana,. .
com o un cielo á una :;;elva &lt;lolientP _v sol1tana.
El sintió cuando en esa sel rn, vi l&gt;rante .Y bella,
toda llena de sueiios y luz se pPnlió ella... ... !
Sintió al Amor: un ase, un ave que llegaba
á cantar en la sel va de su alma. Cantnba
tan misteriosamente, tan clulceme~lte el ave,
que encantaba la Relva su canto g1ato y ¡;uave.1
Y así fué que los árboles de aquella selYa obscura,
de aquella interminable seh·a de )a ª!1iargura,
inclinaron sus frondas como meditaciones,
al oir ((ele aquella arn la::: extr~ñas" canciones ......... !
Y Uriel ante su mesa de trabaJo sentía,
como una vida nueva que su ser invadía
y sabía, vibrante, comprend.i endo qu~ nmaba,
para qué trabajaba, para qmfo t rabaJabal
MANUEL DE LA PARRA.

Mantenedor.-Lic. Jesús Urueta.

cCos prosistas n¡encionados

Juan Sánches Azcona.

Victoriano Salado Alvarez.
Premio de la Secretufa de Instrucción Pública,

Leonardo Viramontes.
P remio del G,1uieruo dul Distrito.

Manuel Rome ro lbáñez.
Premio del Gobierno del Distrito.

Ricardo Gómsz Robe,lo.

Agustfn Ar agón •

Angel &lt;iel CampQ.

�Domingo lo. de Junio de l!l02.

EL MU};"'DO ILUSTRADO

LOS ESTUDIANTES INICIADOllES DE LOS JUEGOS FLORALES.

José Pallares,
Presidente.

José Castellot,
Vocal,

José M. Lozano,
Vise presidente.

Al iguel Lanz Out et.
Tesorero.

Juan R. Ore!,
Secreturio.

Arturo Gómez,
Vocitl.

por la experiencia tri;;tti tlc b \'itla
al re~orrcr su lumino:;o arco;
lo:; OJOS del retrato soii tranquilos
con la ,:ercnidad impcrturbalile '
ele las (•strellaK que en la noche brotan.
. DeH·ono&lt;:Pn la Yitla. y, por lo tanto,
ignoran las torturas t¡ue prodi&lt;ra.
~u rostro se il nmina sua vpn;cntc
&lt;'Oll el tenue &lt;.:htror de la inot'en&lt;.:ia.
:Xo e;; un rostro &lt;le núbil, no e:; el tuyo!
E:; un rostro infantil!............
·
.
Oh mi ~agrada!
La imagen que pinté, ya la conozco!
Loei OJOS de Esperanza, &lt;.:olor ele h•janía,
son de la otrn li::;pernnza, Je aquella, tan1bi~n rubia,
l¡ue i,;e mau::hó t•n la enna 8agrada de tu ,wno! ..... .

En la ~alma infinita de su boardilla, trü,te
desde el instante en que ella su ai,émica modelo
·
' ojos glaucos
cerro' 1os g1aucos OJos,
aquellos
que nunca olvidará. Cuando en sus labios finos
brotó c~al pincelada una gota &lt;le sangre
como s1 fuera el punto final de i-u cxü;ten&lt;.:ia·
desde la tarde umbrosa en que ella tlci;cnnsal&gt;a
con la carne muy pálida y los 1wrvios muy flojos
resaltando en su ct.erpo los tonos diluídos
'
que noR marca la Yida para rntrar en la )I uerte;
desde 9ne ella se ha ido, desde que su modelo
tranqmla se ausentó! i'Jué sol? está el artista,
qué mudo, qué nostúlg1co, que enfermo de tristeza!. ..
Jusé F. Elizondo.

Allí está el caballete. l:n lienzo que descansa
sobre él, ~1uestra en, boc~to la imagen de la au8e11tc.
En act.itud beatífi~a cierra el pintor los ojos
para copiar RU eRpí~·1tu, su espíritu que e::&lt; ella,
y al contemplarla siente que su ánima se hunde
en ese gran espasmo ele las idolatrías.
Y reza fervoroso, y en éxtasis sublime
desgrana la ternura sin fin de una plegarin:

Oh mi adorada muerta, f'iemprc viva!
Yo sé que son tus ojos una fuente
de magnífica luz, donde he aprendido
el credo del Amor, que es tu ensefianza!
Pintaré, pues, tus ojos, que me im;piren
para que al trono de tus regias formas
su vasallaje los colores rindan ..... .
Ya están! Así profundos
Eran así tus ojos.
Y o sé bien que en tus labios he bebido
la doctrina eucarística del Arte
con .todas sus plegarias y sus dogmas.
Pmtaré, P.u~s, tu~ la_bi?~, que me instruyan
sobre esa Trm1dad m&lt;hY1s1ble
corn,tituída por Luz, Color y Forma:
Ya están! Ai-í, muy frescoi:;,
Eran así tus labios.
Yo sé 'JUe c0n la p{llida blancura
de tu anémica faz, tuve una iclE'n
precisa del color que hay en tu alma.
Pintaré tus mejillas y en suR tonos
recordaré la esencia de tu espíritu:
Ya están! Así, de cera.
Tu cutis era nieve.
Ahora, por corona, un haz de rstambres rubios
Cayendo ensortijados hasta be;;ar tu frente
La ceja un arco de oro. El cuello un alaba~tro.
Las manos dos florones ele pétalos sedosoR.
Concluído está mi cuadro. La firma serú un bei-o.

Eran así tus ojos, así, como esperanza·
así era tu pupila, t'Olor de lejanía.
'
E:-os tus trazos ,;on, Y, sin cm har"o.
.
el ,l"1e1:zo rrprei-;l'nt~ una
figura ,., '
mas tierna c¡ue tu 11nagen, mús serena.
:Xo tiene ei;te 8l'mhlant&lt;' aquellos rasgos
~le suprema hond,td, falta de orgullo,
rn~e1:rna ele candor, llena tle ali(•ntos,
prodiga de esperanzas y ternuras:
hay algo en el rrtrato que se ap:nta
de ar1uella jm·entucl que te rnvolda;
en tu cuerpo, las Yenas se infiamaban
c~m 1~ ima~ión ele un fLwgo primitiYo
v1gonzado por la i-;angre nuent
y ít t1m·fs del tejid,&gt; transpare1~te
de tu l pi&lt;lcrmis sonror-;ada, he visto
Rer¡wntrar la pasión en los ci:;tambres
de lus artc•rias múltiplr~ y azuler-;;
y en .el wrde Jl!·ofu!1&lt;lo de tui; ojoR
R0 agitaba el m 1steno, se agita ha
con esas com'uh,iones i1dinitas
de los mnres furioso&gt;', que prohibrn,
mostrando la amenaza de sus olas
hacer la exploración de sus entrañ'as :
eran así tus ojos. Inson&lt;lablrs
prohibiendo con el brillo tle s{1¡; luces
hacer la exploración de tu al1úa blanca.
Y las pupihts qur el retrato copia
no se tlefienden; muestran su ternm\1,
apat·ihle, sincera, permitiendo
CX] !orar tranquilamente
su profundo mi~tcrio. Entre lai-1 \'enas
&lt;lt• la carne sin mácula que imita
no ha_y ere&lt;·c-ión clc\ pubertad. La Yida
~l' resbala por ellas, &lt;.:orre suave,
mgenua &lt;le eanilor, eon la inocl'ncia
cll' una niñez naci&lt;•ntl' eon la dulce
&lt;.:ontcmpla&lt;.:iúu d&lt;· un mundo nue\'o.
La imagen que el retrato manifie:-ta
no tiene lns nnlientes floraciones
ele .A.mor y Yüla que en la tu va había.
:Xo hny en sus ojos la expre¡;i(m dolosa
de un sol poniente que al hundirse, muestra
huellas &lt;le sangre, cicatrice;; honrla;;.
herida¡:¡ dcsgarratlas, cruelmente abiertas

Y en l~ ('alma inlinita ele :;u boardilla, triste
tle,,tle el rn~lante en &lt;¡ue ella su anfmit'a modelo
•
' ojo,; glam·os
e-erro, 1os glall("OS &lt;&gt;Jo:-,
aquellos
que nu1H:a olndara. Cuando l'll el t'aballetc
reconoeió la imagen de a&lt;¡uella otra esperama
que i-e ntan·hó e11 el seno de ,;u adorada muerta
el artü,ta, nostálgico, en un an·am¡ue heroieo '
desgarra la pintura, y en suH brillante:; ojo:; '
brota cual pincelada una lúgrima inmúYil
como si fuera el punto final de ;.u trii-tl'za.
Joi,;~~ F. ELizmmo.
Primera mención del premio de la Secre1arla de Relaciones.

·-·
Yel Bndba de basalto sonreía, ...

ASPECTO DEL FORO EN LOS JUE GOS FLORALES.-Fotografía tomada sin luz especial.

iSAL VE, OH MUSA!
(Primera mención dcl'Tema libre.]

,\quclla tarde, en la Alameda, lo&lt;'a
ele amor la cluke idolatrada mía
me ofre('iú la eglantina de su bo~a.
Y el Budlrn de basalto sonreía..... .

Otro Yino tl&lt;&gt;Rpné¡, y SUR hechizos
me robó; díla ('ita y en h. umbría
nos trocamos epíi;tolas y rizos.

Y el Buclha ele liasalto sonrbía ..... .

IIo~· .hace un afio del amor !&gt;('l'llido,
al ,;1t.Jo n1tho, ,v &lt;.:olllo ('Sto,· rendido
tras largo c·aminar, trl'po ú ·10 alto
dt•l zótal,l en &lt;¡ne .C'! sÍllil ,olo repo;;a;
derrotado _\' :-;anµ:nento rnnc•rc c&gt;l día
.V c•n lo:,; hrnzo,; &lt;lcl Bu&lt;llia de ba~alto
me i-orprendC' la luna mistc&gt;rioi-a.
Y el Budha &lt;le basalto sonreía ..... .

¡Oh, f:Í! de:,;nuda y blanca, como en sombría
:Xoche, fulgente Y enus aguarda el día;
Como allá en la ribera del Indo ignoto
Surge desnuda y blanca, ele la. onda fría,
La flor del loto..... .

i
Cuando de ,·erde mirto la más ardiente
Del festín la más bella, ciñó mi frente '
Y, al chocar de las copas, el ambarino
¡'\éctar llm·é á mis labios, te vi riente
Surgir del vino!

¡Ralve! á tuc; aras vuelvo, tras larga ans&lt;&gt;ncia,
¡Oh &lt;&gt;terna lnz. oh nortf' de mi exü,tenl'ia!
Ciñe á tu i:;ien el lauro de la victoria;
Ri eres de mic; cantarec; almn, y cnde1wi11,
Tn)'ª eR la gloria!

Bajo el laurel glorioso que se leYanta
Y de la Patria. lihre los triunfos canta.
.Junto al mármol ele Paros que al sol destel la
Yo te Yi leYantarte, del ara ,;anta,
'
Como una cstrrlla!

El amhirnte E'R ele rosns &lt;&gt;n torno mfo;
En cada flor" fronda tiemhla el rocfo:
Esparce rl n,t;ra levei:: trino::o, rumorr::o ..... .
El ciel o eR úureo polvo. murmurio &lt;&gt;l río,
La tirrra flores ..... .

¡Tuya es la gloria, oh Musa! de~de tu alteza
Descendif:te á l os campoR de la tristeza:
Lo pTegona l a Fama, qne, ahsorta y muda,
Vi6 surgir de mi lira tu ideal belleza

Blanca y desnuda!

Ante belleza tanta caí de hinojos..... .

Y al morir de esa tarde de tintes rojos
Languidecentes lllrgo, vagos y umbríos,
En la luz se bañaron de aquellos ojos
Los ojos míos..... .

- ¡Yacra y etérea vírgenl el ancho cielo
Deja .; al canto acu&lt;le con fácil nielo.
Flor ele hermosura ';,' gracia, risuefia aurora,
De toda sombra impura, de todo &lt;luelo
DiRipadora!

1\fovido ele tu C'ncanto dejé rnii- lnres
Y en -pos &lt;le exeel::ons cumhrrs surciur los mares;
Fni por doqt1iera heraldo de tus hlaRones,
Y latieron al ritmo dr mi8 cantareR
Los cm·azoneR ...... .

Contemplaba del ciel o l os ígneos tules,
Yo te miré en sus ojos, la Yez primera,
Grandes y azules!

Yo te miro en lo Yago &lt;le hi alborada,
En la pálida nuhe de plata orlada,
En la niebla que se alza. de azul lnguna
En rl c~fJJ}z ele Flora y en la perlada
'
. :~""-.
Luz de la luna ...... .
'&lt;-

Al ca·er de 1~na tarde de primavera,
De aquella blonda niña que en la ribera

Y en el follaje muRtio que gime y llora
Donde hajo la tirrra mi mache mora
'
Y abra7A'l yedra humilde la eruz ele Cristo
En la paz· de las tumbas ¡oh r edentora! '
Tu sombra he Yisto! ..... .
Dondequiera. te siento, tú me acompañas
Y de tu luz, ¡oh ~Iusa!, mi senda bañas!
Acrnles amorosa si oyes mis quejas..... .
Eres la sola amiga que no me engañas,
Que no me dejas. ., ...
E~'1U~U'E FERNÁNDEZ GRANADOS1

�e,

]Yfunáo J/usfraoo.

aJomingo

1'-l

de Junio oe 1902

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo lo. de Junio de 1902.

Domingo lo. de Junio &lt;le 1fl02.

,.,

,¡

FUNBB..a.L.ES

1

'I

DEL GRAL. MARIANO ESCOBEDO.
Ofrr&lt;"imos c·onipktar &lt;·n &lt;·1 pn•,;cnt!' númrro
ele «El .:\lnncl11 llu-.(r:Hlo,&gt; l\Hcstra inl"11rnia&lt;"iú11
rclntiY,t .í lo,; ru1wr.tl1•:-; &lt;l1•l &lt;·gn•¡i:io ,ol1lado
Uciwral Don :\lariano E:-&lt;&lt;"ohtclo.
Ln c·&lt;·n·nw11ia n·rili1whi el :-úhn1lo en la t'úmnra el·• Di1n1laclo,; rrn: 1m,1 nola Íll1JHH1c•nk _,·
,;pn•r,1. Lo:-1 n1ús alt11,; fu1wion:1rio,;, elc.::-scl1• e1
Hr. Pr&lt;",;id1·nt" de, la H1•¡,úhli&lt;·a y :-:us :\li11i-.:tro;;, lm,-t:l In,: r1 f)J\•:-;entank:-s dPI l'o,lc·r .Jrnli1-i.tl )' d&lt;·l L.•µ:islaliro; lo,- .Jd&lt;·:-: del Ejército
m:Í:-; etH'tl!l11,1-.1ilu:-s; la jun·n!ncl eslu&lt;liosa v d
ptll'hlo, tocio,; 1-Aahan :illí n•nniclo:-s para· tri1,ut.tr d último hon1&lt;•11aj1· al ilu,-;ln• 111m•rlo.
)!celia liom antl':- il&lt;' la e·&lt;•rt·nH&gt;tlia, ,;e n•cibínn
aún c•n la ('ún:ar.1 &lt;·11n,11a,-; ·" palmas que la
a&lt;ln1irac-ión \" el c:ariito llcvahan ante el cadúvcr &lt;lel hfro~. y que cuhril'ron por eompleto
la plab1for111a de la f'rp,;itlenl'ia.
A la llegada 1ld l'rinwr :\Ingistradn, las tribunas&gt; los palc:os y la,; galerías Pstahan entt•ran1&lt;•11lc 11.-na:.:. i-\c hizfl l·ntoncPs un profundo :-:ilPtH·io. ,. yj,-ihl&lt;•111cnt,, 1°11Hwicmaclo el señor Diputa&lt;lo n..Jos(, Ll1pez Portillo y Rnjm:,

El señor Presidente de la República lle¡¡anc!o al Panteón.

Yer, se pusieron un tolclo, atlorn;t lo con negro,; crespone:-:, lo.~ asientos para l:1 concmTenci:t v la tribuna.
Üabló, en noml&gt;l"c ele la ('[unam, p ) ~1·. Diputado D. Rafael ele Za.rns Enríquc'z. Su pieza omtori:, fué hrern: salpica1l:t de frasl's hrillantrs, connrn,·ió al auclitori,, hondamente.
Trazó :t grandes rasgos h ,·i&lt;la cld egregio militar, JlC'"an•lo, en la balanza &lt;ll' la 1-'ana erí tic·a, el Yalor ele sus sacrilkios )' clt&gt; ,;u,; ah1wgaciones en hi&lt;'n &lt;le la República.
Como repre;;ent:rntc de la seguneln R&lt;'sPn·a
del Ejército, pronunció en ,;pguicln una lwr1.wsa oración fúnf'Lre el Sr. Lic. Hoclolfo fü•yes ..Joyen aún, fü•no ele alit•ntos _,· dr lcrnntadas i&lt;lt-a¡s, su clii-&lt;·ur,;o fué el mús j u,;to .v
entusiasta t&gt;logio &lt;lC'l (lt'1wral Eseoheclo, eomo
,;ol&lt;laclo y e-orno ciudadano.
_ El Rr.· Presidente el&lt;&gt; la H&lt;:&gt;pública clepositú
en la tierra húmeela. aún clel sepulrro, un rnmo ele f-lores artifieialPs ..... ... Los clcmá--nmigos del héroe~· sus admiradores cl&lt;'positarnn
también sus ofrenda,:, y d t'ad{l\'N dd lm11·0
(-:eneral reeihió sobre l:'Í la últilrnt palebula ele
tierra!
La fosa que gunrda los restos ele E,;coheclo
y que -Yalga la frase del Diputaclo D. Trinidad García-«es wuy estrecha para contener
tanta grandeza. y tanta majestad,» el-'tá ~itnacla. entre las de Ocampo y C1ui11Prmo Prieto.
En el acto oficial.

pronunriÍ•, e•n 11&lt;&gt;111hre ch• la Cámara, 11na
oraeión l"únl'hre en c¡m· t•11alll'&lt;·iú los rnt'·rito&gt;del predarn l':Hulillo de l.t Sl'~lln&lt;l:t inelt&gt;pr11clencia.
Higuió al Hr. López Portillo, Pll el uso &lt;le la
pahbra, el i4r. :\linistro de• la f;ul•t-rn, (lcncral ele DiYi:-ión I&gt;. Bernardo Hc,·c•:,;. C'on voz
fuerte, con map;nífiea enlonaeiíni hizo el elo. mas
.,
.
' Escobedo
g10
entusiasta
de D. :\foriano
cliriernlo l¡nc «h:1jo la. mi,-;rna dolorosa impre~
sión, to&lt;los acudían :t aquel reeinto ú renelir
el po;;tr&lt;'r honH•nnjl· al qtte :supo pn vida conc¡rnslar:sc c·l n•sp&lt;'to ~- la n•ne•raciírn &lt;fo sus
eonciu&lt;lacla11os.» El ("orlo cli:-sn1r,;o del i-\r. :\lini,-tro de b (,n&lt;'rra proclnjo &lt;'n d auditorio
ho1Hh imprc,-iún por la Yir\'za. de la frn,-p ,. lo
c•lc•rn&lt;lo ele lo:-- &lt;·om·c•pto,;.
·
Tl•rminada la e1•rc1110~1in. la e·&lt;nnitiYa ,;,• pui-o bn mare·ha p:1ra :-sep:nll" pflr la calle de \'ergara lia:-.ta la d1• :-;an .\n&lt;ln~s. punto Pll qt:c• ~e·
1•1wo11trahan los &lt;·at-ro:-i que d1•hínn eoneluC'irla
al Panteón ele Dolon•¡-;_ El fGrrtro fué conclu&lt;'icln en homtirnK liasta el p(irti&lt;·o ele la Cúman1. para colol'arlo 1·n una ,-;oht&gt;rhia l'arroza tirada por sc•i:-; c·al,allo,-; negros &lt;le gran aha&lt;la.
Gn desfile interminable &lt;le personas &lt;ll' toda,;
las clases !'ociales seguía. al fúnebre cortejo.
mientras l'I Batallón de Zapa&lt;lores 1m•sentnlia
sus armas Y la m(rniea tocaba la mareha. üe

&lt;CJone.»

6

1.

•

Cerca de la fo:¡a en que se inhumó_el ea&lt;lá-

\

Alta n•sonancia. han tl'ni&lt;lo t'll lo:-:
circulos rnilitares las pruebas de pn•ciKiún, tiro rápido )' n•¡.;i:-itencia. &lt;le lo,;
enñones:111 oncl nig-ún, :-Sehneidt·ry Kru1&gt;Jl.
De las prin1era:-&lt; &lt;limos ~·a ctwnta ú lnR
kc-ton's &lt;lP ((El :\1 undo Il ustfuclo,» proelueicndo algtma:-i fotografías de las bo("as ele foe¡!n.
\"alllos ahora :í ocuparno:,; ele las últimas pruebas deduaclas, ú sea las de reF-istenein.
P,na ponrr á pnwha los caflom's, se
orgnnizó tma expeelil·i{m ú ('uernaYaca,
q ne siguic•n&lt;lo d rum ho ele Clrnruhu~eo,
tornara el antiguo eamino carretero que
c-ornlucc Ít la. u1 pital dt&gt; l\Iorelos, eortantlo el ,\jusrn.
La prueba no podía ser mús dura,
por decirlo así. Se hic:ieron cuatro jornadas: una á Tetepan, otra á TopilPjo,
otra á lluiC'hilae v otm ú ('uc•rnaY:H·a.
El eamino es ci&lt;' lo n1Ú¡-; actiden lacio:
hoyancos profunclm, que han a hi,•rto lns
llm·ia,;, pendientes ('así in1posih!!'s, roeas hacinada~; toelo lo c¡ue puede constituir los mayores ob:-túculos.
,
Organizacla convenientrmentP la. columna experli&lt;"ionaria, ;;; lió el 9 d-el a&lt;'tual, l leYanclo corn-igo la fuerza y obreros neee:sarios pnrn el s&lt;•n·icio, una fragua sistema 13an¡!P, carros con municiones, cquipnj('I-', Ptc.
La prirnl'ra jornada ;;e hizo ras1 1-&lt;m
dificultad; pero la s0gundn-clc Topilejo ú HuichilnC' - fué Yercladeramenfr
penosn. En ese tramo hubo ocasione¡-;
en que era preciso enganchar doble tiro
á los carros para prm,eguir la marclw;
put&gt;s hay de~niYelei- hasta. de cincuenta.
centímetros y laH piedras hacían en extremo difíeil el paso de los trenef'.

El final ~~ l¡i lnhumaci6n,

En camino.-2.

n paso difíciJ.-4. Al pie del lomerío del Ajusco.-5.
3· U
Marcha penosa.6. ¡Alto!
momentáneo.-7. Un pe~ueño descanso.

El ascenso.-

�EL MUlNiDO ILUSTRADO

Domingo lo. de Junio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

CUBA.---EL NACIMIENTO DE UN PUEBLO.

Domingo lo. de Junio de 1902.

h uianigua, saliendo al encuentro de las hnf'S·

Por uiios mantuvo la atención del mundo
entero la lucha que emprendió el pueblo de
Cu ba por emanciparse de ht dominación del
reino que la contaba en tre sus dominios adquiridos por el derecho ele la Conquista. Tocio
un panorama &lt;le heroicielacles, ,le almegacioneR, clt&gt; 1&lt;a,'rifi('im,, de hecatombes, ele tri unfos ." de l'pisodio1&lt; admirables se ,lc•Rarrolló á
la \'iRta el(• la huma11idad, que presenciaba abi-ol'ta aqut'lla «fuerza dr la drl,ilidatl ,, mante. la por &lt;'1 m:H
' nohle ele lo:-; idMlcs ' que pue111t
de l'01H'Pl1ir un puehlo. Al modo &lt;lr aquella
1udia del pastor-r&lt;•y y el gigant&lt;', Sf' conHide11111:t la t•m prendi,la por Jo:,; hijo,; ele la perla
antillana y lo:,; ind(1mablt•s gunr&lt;l,u.lun•,; de l
e,w11. lo il&gt;ftwo.
Los &lt;·ampo; de batalla se empaparon &lt;'11 i:&lt;ni1-

Lugar donde se r eunió el primer Ay untamiento de l a Habana.

te1&lt; espa ñ ol as.
Tal estampa Fe mira hai,ta en E:l hogar más
pobre y con ella Pstán ,:icmpre loi:&lt; retrntos ele
los gloriosos l\fa rlf y :\Jacco, aquel los d1,s héroes que rindieron ,:u,: ,·idas Jw¡.:amlo f'l suelo
por cuya libertad peleaban.
En el gra hnclo del Cai:,tillo del ~I orro, se ,;P
daramente la nueva enReiia n'puhlicana flotando sobre la pei,ada roca que presenció tantas heroi('i&lt;lades.
La fachatl a del Palacio dr lo,; Podere,; Federales da idea de aquel pasn1lo de poderío
que los ibéricos rcyeR lllantuvil'ron en esas tierras; sienta su pc,;:ula mole en el lugar máK
ct'·ntrico ele la ciudad, y &lt;leRpu(.,; de Rer ref:iclc•ncia de los GülJC•rnaclorpR Uenernle:, &lt;le la
i:;la, ser;\ mansión dd man latario &lt;le! puehlo.
XuPstros grahadoH repre:-:enta n tani hién t!os
puntos de gran importan1·ia hii;tórica: el Iugar
en qui· i-;t• reunió el priml'r ,\_nrntnniiento de
la ciudad ele la IIahan;1, y el sitio en que fueron fu~ilatloR \'ario:-: e:::tudianle,-; de medicina
en el afio 1871 por los rnluntarios C'Spafloles.
Aclemns, nuef'tro corre~ponf'al nos remite
una inst.ant.ínca, tomada expre;;amentc para
nuestra puhlical'i(m. del i&lt;eñor Pre:-:iclente Estrndn Palma, ::\Iáximo Gómez y el l'reHitlente
1Jt,J r\ yun tamiento.

H n_v que oir la voz del siglo que Re alza del
seno de loR talleres, hay que obedecer al progreso que va tachando con rayas ele acero los
renglones de lo que trazó la historia en la página &lt;le los campos ele comhate.
Cuba llega á la vida cuando una saludable
experiencia ha puesto el ha,:ta aquí á la infructuosa lucha de los pueblos.
Un ja su frente con f'l óleo &lt;le la paz y venga al cenúculo de laR naciones poderosas por
el trahnjo.

***
La prolongada lucha que Cuba mantuvo con
su dominadora ERpaña, ha dejarlo sembradas
por los campos y por las ciudaele,:, multitud
&lt;le reliquias que el monumento eternizará.
"El Mundo Ilustrado» adorna sus columnas
con la ·reproducción de varios de los principales puntos históricos y curiosos que se encueiltran en la capital de la nueva República. Publica también un grabado que reproduce una
estampa popularísima en la Habana y que representa el retrato del General ::\Iáximo Gómez, vetnano muy notable de la guerra de libertad, en el traje y arreos con que vagaba en

El Presidente Estrada Palma,
Máximo Gómez y el Presidente
del Ayuntamiento de la Habana.
berha expro~amente para
"El Mundo llustr ado."J

( l nstanL1•D"'8

g re valif'nte; y como si el suelo no qui~iera
aceptar las ú lti maR gotas de la del vencido, las
aguas las recibieron, tiiiénclose con el rojo de
un crepúsculo de poderío que,al diluirse en el
vaivén de las olas, semejó el sonrosado_de una
aurora de li bertad.
~
,,d
Cu ba, ampnrada por una mano protectora,
iba á nacerá la vida de~los pueblos libres; esn,
misma mano no se apartó hasta tener el con-

Máximo

Gómez.-(De una estampa mu,y popular en Cuba).
Palacio d e los Poderes de la República .

vencimiento, de •que la recién n acida podría
caminar con~propios pasos.

Ca11tl llo del Morro.

Rl 20 del mes en curso, cuando sonaban las
doce del día en los relojes ele la capital cubana, se arrió la bandera de las estrellas que ondeaba sobre el palacio de la naciente República, y en su lugar se izó el pabellón ele la
estrella solitariar que tanto había recibido l os
fuegos de la dominación y cobijado los cadáveres de épicos h éroes.
El regocijo que se apoderó del pueblo cubano en los momentos ele ver confirmada la
1,oberanía de su enseña, fué indescriptible, y
sólo puede ser imaginado por noi-:otroR los hijos de las repúblicas, que alimentamo; el fuego del ideal patrio con el amor á la libertad.
Y todos los pueblo,; rlel Continente americano y las naciones d el viejo continente que
viven _constitufdas en el rÍ'gimen democráti('o,
han visto con lwneplácito ese ad\'e11imiento á
la vida libre ele llll pueblo quf' basta,nte cau
compró la rea lización de su nohle ensueño."
Rl saludo ha sido muy cordial, muy gmto,
tanto para la recién venida Pomo para los que
la esperábamos
'
Ahora toca á la cordma y al patriotismo de
los cubanos, entrar de lleno en el armónico
proceso del adelanto, esforzándose en mantener la paz de la misma manera que mantuvieron la lucha por el realizado ideal.

DECADENCIA.
En el paterno muro, condenada
De avaro olvido á la venganw muela,
Al cordón polvoriento que le anuda
Se enreda la panoplia aba_nµonada.
Largo reposo 'aletargó laJ espada · •· &lt; •
Y el casco viejo de cimera 11.1da-; ·· J
Lim¡i. ·el tiempo la dag,a·que, des11.u~\fl, , ,
Contuvo al paladín de Ricn crinada.'
:
1• - '

'.

¡Pasó la noble estirpe! El hijo enclenque
'!'meca en establo lo que fué palenque,
Las bojas de Damasco en asadores.
Y ve impasible- púes luchar no pudoCaer deshecho el abollado escudo
Del orín á lós tajos vencedores!
Gun.LER:1ro YA LE~CIA.

Sitio en que f ueron fusil ados v ar ios estudiantes de Medicina
el año de 't871, por los v oluntarios españo les.

�VNO DE

$10.00 Somatosa
del Profesor J. M. Solari,

CUESTA

DE LA FACULTAD DE PARIS,

''EL ECONOMICO''

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POR EL SUPREMO GOBIERNO MEXICANO.
Muele nixtamal, carne, cacao, azúcar, canela,
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LAS EMINENCIAS
MEDICAS DEL MUNDO.

"BL BOONOMIOO"

MÉXICO.--CALLEJON DEL ESPÍRITU SANTO NÚMERO 1.--APARTADO 468
Toda la prensa de la Capital como cEl Imparcial,&gt; cEI Popular &gt;
cEl Mundo,&gt; cEl Pais&gt; y cEI Tiempo,&gt; etc. etc., se ha alegra.do
de este invento, que redunda. en beneficio de todas las clases; del
rico, porque de este wodo tendrá sus moliendas más perfectas y
limpias, y del pobre, porque ya no tendrá que consumir todas sus
tuerzas en el metate.

MÉXICO, JUNIO 8 DE 1902.

TONTCO, NUTRITIVO Y

MOLINO PATENTADO

P{DASE CIRCULAR DESCRIPTIVA Á B. YG. GOETSCDEL.

AÑO IX.--TOMO I.--NÚM. 23.
•ll'cctor: LIC. R,U'AlfL Rt'rtl!I l!IPINltOLA.

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puede transportarse facihnente á cualquier ;,arte, y está perfectamente acabado.
Lo tenemos sencillo, es decir, que muele de un s1Jo lado, i\.. .. $ 10
Lo tenemos doble, es decir, que muele de los dos ladus, á.. . . 12

~L MUNDO ILUSTRADO

Su;&gt;erlor á l03 vinos de Peptona. por sus erectos medlclnaler. y su
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>VNO DE

$10.00 Somatosa
del Profesor J. M. Solari,

CUESTA

DE LA FACULTAD DE PARIS,

''EL ECONOMICO''

Subscripción mensual forsnes, $1.50
Idl!m, ldem. en la CHpital • ., 1.25
tlere.te1 LIJll!I RlfUl!I l!IPINHlA,

RECONSTITUYENTE

POR EL SUPREMO GOBIERNO MEXICANO.
Muele nixtamal, carne, cacao, azúcar, canela,
chile, café y toda clase de cereales.

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Ningún molino presenta iguales ventajas que «EL ECONOMICO,&gt; porque en efecto, así como muele nlxtamal, igualmente muele café y chocolate, mientras que los demás molinos no pueden moler café, y mucho menc,s el cacao y la canela.

LAS EMINENCIAS
MEDICAS DEL MUNDO.

"BL BOONOMIOO"

MÉXICO.--CALLEJON DEL ESPÍRITU SANTO NÚMERO 1.--APARTADO 468
Toda la prensa de la Capital como cEl Imparcial,&gt; cEI Popular &gt;
cEl Mundo,&gt; cEl Pais&gt; y cEI Tiempo,&gt; etc. etc., se ha alegra.do
de este invento, que redunda. en beneficio de todas las clases; del
rico, porque de este wodo tendrá sus moliendas más perfectas y
limpias, y del pobre, porque ya no tendrá que consumir todas sus
tuerzas en el metate.

MÉXICO, JUNIO 8 DE 1902.

TONTCO, NUTRITIVO Y

MOLINO PATENTADO

P{DASE CIRCULAR DESCRIPTIVA Á B. YG. GOETSCDEL.

AÑO IX.--TOMO I.--NÚM. 23.
•ll'cctor: LIC. R,U'AlfL Rt'rtl!I l!IPINltOLA.

SOLO 10 PESOS

muele veinte litros de nixtarual en diez minuto~; es un aparato que
puede transportarse facihnente á cualquier ;,arte, y está perfectamente acabado.
Lo tenemos sencillo, es decir, que muele de un s1Jo lado, i\.. .. $ 10
Lo tenemos doble, es decir, que muele de los dos ladus, á.. . . 12

~L MUNDO ILUSTRADO

Su;&gt;erlor á l03 vinos de Peptona. por sus erectos medlclnaler. y su
iabor exquii,lto comparable con el de los mejores vinos de mesa.

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Almacén de Drogas.-Coliseo Nuevo, número 3.
Frente al Teatro Principal.

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EN PRIMAVE:RA.--ALREDEDORES DE MÉXICO.

�Domingo 8 de Junio de 1902

TOCA, TOCA, TOCA....
Música de las "Campanas de C'arreóo."

Después de una permanencia de varios días
en Puebla, se regresa con las pupilas iñundadas de luz y los oídos atestados de ruido.
Aquella población privilegiada por su clima y
por su cielo, histórica y heroica, tiene en la
República el monopolio del ruido. No ciertamente el de las bocinas de las máquinas, habiendo muchas, ni del rodar de los carruajes,
ni el de los timbres de los tramías, ni el del tumulto ensordecedor de las multitudes.
En Puebla el ruido no viene de abajo, sino
que cae de arriba; ahí, en tiempo de guerra
truenan cafiones, y en tiempo de paz repican ó
doblan campanas. En una exposición de la
campana á través del tiempo y del espacio,
Puebla obtendría, sin competencia posible, el
gran diploma de honor.
Las hay &lt;le todos tamaños, desde la saboyana hasta la Campanilla de los Apuros; de todos los timbres, desde el ronco bordón hasta
la aguda esquila; de todos los tonos, desde el
contrasol grave hasta el fa sobre agudo; de todas las escuadrías, desde la del coloso hasta la
del pigmeo. Con aquel brouee podría fabricarse
no sólo una columna, sino una columnata Yendome, y rehacerse toda la artillería alemana. Y
no es eso lo peor. sino que suenan todo el día y
casi toda ln. noche y presiden á todos los actos
de la vida.
A las cuatro de la madrugada, el alba, discreta como luz de alborada. La noche se despide con campanadas lentas, monótonas, como un sueño que se disipa. Aquello no es alegre, regocijado, entusiasta como surgimiento
de aurora, sino lánguido y triste como despedida de sombras. Aquella despedida es eterna;
dura, se prolonga, se perpetúa, parece que no
ha de terminar nunca. .Julieta parece decir á
Romeo: ,lNo, no es la alondra; es el ruiseñor."
El toque de alba dura hasta muy entrado
el día y enlaza pintorescamente con la llamada general 'á las primeras misas. Este campaneo es apremiante, conminatorio, precipitado. No settrata ya de arrullar las últimas horas del sueño, sino de excitar á los perezosos,
de hacer saltar de la cama á los retardatarios;
de despoblar las alcobas, de repoblar los templos. El campaneo es general; como al rededor de cada casa hay tres ó cuatro iglesias, .en
cada iglesia diez ó doce altares y en cada altar se dicen de tres á cuatro misas por hora, y
como para cada misa de cada altar y de cada
templo se haqen tres llamadas, más ó menos,
de diez minutos cada una, á partir de las cinco de la mañana, y á veces antes, Puebla se
inunda de armonía; todo vibra, todo resuena; se cree estar dentro de un piano á la hora
del estudio; nadie oye lo que otro le dice, y sólo por escrito puede comunicarse el pensamiento.
Aquella sonora situación se prolonga más ó
menos hasta medio día, qon una variante: entre nueve y diez las campanas llaman á misa
mayor por columnas de compañía; ya no suenan en orden disperso, sino en masas compactas, por grandes efectivos, maniobrando
por cuerpos de ejército, de cien en fondo, y
anunciando en la misma forma todos los pasos de la ceremonia y las trágicas peripecias
del santo sacrificio: el introito, el prefacio,
la epístola, el evangelio, la consagración, la
elevación, etc., etc. Viene después á las doce
el Angelns, que dura generalmente hasta que
se acaba.
A las dos de la tarde, derrengados, los campaneros se retiran á almorzar dejando suplentes que de ahí á las tres dohlen por los muertos ó repiquen en conmemoración de los fastos
nacionales. A esta hora se reanudan los trabajos con h pertinaz y lenta cuanto interminable llamada al sermón y ésta encuenda, sin
levantar mano, con las llamadas al mes de
María, al Rosario ó al culto de Nuestro Amo.
Excusado es decir que todos los campanarios
repican sit1 cesar al descubrirse y al volverse
á cubrir la Forma, al entonarse cada cán-

EL MONDO ILUSTRADO

EL MU.NDO ILUSTRADO
tico á cada padre nuestro y cada ave maría y
durante el desfile y procesión de los fieles.
Gracias á estas acertadas disposiciones, puede llegarse sin dificultad hasta las ocho de la
noche, en que se inicia el toque de ánimas; vienen después la queda, el cubrefuego, etc.,
etc., que permiten ccsperar l'alba novella.,,
Al día siguiente todo vuelve á comenzar dentro del mismo programa. Los domingos y días
festivos, los repiques y llamadas son dobles y
más intensos.
Ante estos hechos patentes é innegables,
ocurre preguntar ¿á qué horas platican los poblanos? ¿á qué horas meditan? ¿á qué horas
duermen? ¿cuál es el jornal de un campanero
de número ó de un adjunto? ¿qué tanto por
ciento de la población vive en los campanarios y de los campanarios'? ¿qué número de
brazos quedan disponibles paral::J agricultura y
la industria'? ¿si no tendría más cuenta la tracción eléctrica para las campanas en vez ele la
tracción animal? y en este supuesto ¿si los miles
de caballos de vapor que suministran las caídas de Portezuelos bastarían para dar vuelta
á las esquilas y hacer oscilar los badajos? Caso de no bastar, que no bastarán, ¿no podría canalizarse hasta Puebla la fuerza que
desarrollan las Cataratas &lt;lel Niágara con el
objeto indicado?
Sobre todos estos interesantes puntos quise
ilustrarme; pero janúls püde oír á mis ilustrados interlocutores ni hacermr oír de ellos.
En Puebla hay que vivir en silencio en medio del ruido.
Ya en México he sabido que un estadista
poblano ha calculado que con el bronce de
las campanas de allá, se puede hacer una coraza al planeta, y que puestas unas al lado de
las otras las vibraciones que producen al día,
se podría hacer con ellas una guirnalda á la
VíaLactea.
En esto me parece que hiiy algo de exageración.

EL HEROE.
Es en las afuéras ele la ciudad, al extremo
de un camino. Hay un cerco, algunos metros
de tierra buena, y en el fondo, con las ventanas sobre el río, una casa de modesto propietario, semirrentista, semipaisano.
Es allí donde vive el viejo.
Tiene cabellos blancos, barba blanca, una
faz como una mota de algodón, donde parpadean dos ojos de color de tierra.
Pues todo el día él remueve la tierra, la
buena tierra; y las rosas germinan, se abren
f n turno suyo; las rosas de carne, las·rosas de
sangre, en una floración maravillosa, como
para perfumar todas las fiestas de la virgen
durante un siglo.
Pero los pájaros que pasan por encima del
jardín agitan las alas y siguen sin jamáR detenerse allt Porque sobre el anciano, solitario y grave, sobre las ventanas, sobre las roRas, flota una polvareda de tristeza, impalpable y pesada.
Nadie penetra nunca en el jardín, en la casa.
Algunas veces, muy de tarde en tarde, un
kepü, galoneado aparece en la portezuela cerrada del cerco; es un coronel ó un general, que
al cruzar por allí se ha acordado.
-«Sí, creo que es aquí.. .... »
Y se detiene entre dos trenes para cumplir
la peregrinación. El oficial sacude el cerco.
La puerta continúa cerrada; pero allá_ lejos,
en medio de loR roRales, hay un viejecito, inclinado sobre las platabandas.
¡Hola! ...... buen. hombre.
¡hola!
El hombre se vuelve, apoyado sobre la
azada.
-¿Es aquí e.onde vive el coronel Nominé'?
Entonces sucede siempre lo mismo. El vie•J •••

jo, sin responder una palabra, deja la azada,
se aleja, entra y corre el cerrojo en la casita,
donde permanece encerrado, hasta que el kepis, cansado de esperar, se retira y dobla el
recodo del ca.mino.
El coronel Nominé......
Un vuelo de victorias se eleva ante este nombre ....... Fou-Tcheu ...... Bac-Winh ...... .SongTay..... .Tuyeu-Quau ..... ·Lo suficiente para
llenar la tela de una bandera.
Y era á él á quien se veía siempre adelante,
con el sable rojo: un héroe.
Cuando regresó ele las rutas de gloria, se retiró á su ciudad natal. Una pequeña ciudad,
lamida por el Mame.
Y la ciudad se enorgulleció. La municipalidad organiz6 fiestas. Sus conciudadanos se
unieron para ofrecerle una espada de honor;
él rehusó las fiestas; rehusó la eRpacla.
Llegó en un tren nocturno, y bordeando las
murallas para no encontrarse con nadie, corrió á encerrarse en la casa á orillas del río,
sin atravesar la ciudad, á la cual no bajó nunca.
En los primeros tiempos, varios indiscretos
recorrieron el camino del ermitaño. Había
tantas cosas que ofrecerle! candidaturas políticas, presidencias de mil sociedades. Todos
choMron con la puerta del cerco, inexorablemente cerrada. Y poco á poco se cansaron ....
Se dijeron:
-«Es un salYaje; un hipocondríaco.»
Y él, en su jardín, mientras cultivaba RUS
rosas, miraba...... miraba muy lejos, en el fondo ,del, espacio ...... Era una evocación lo que
alla yeia.

Los soldados marchan cantando, á lo largo
de las rutas amarillas ......
Luego, bruscamente, ligeras burbujas ele humo pasan por entre los bambúes; y la canción
se interrumpe; los hombres se estrechan, llenos de ansiedad. Algunos prorrumpen en un
¡ay! y se abaten. Las filas están graves....
Luego son pagodas que se escalan al través
de los rosales ...... Trofeos de cabezas cortadas
...... Después, la desolación febril en los plantíos de arroz, á los cuales se entra hasta la rodilla ...... y cosas allí perdidas, sumidas en el
fango: fusiles rotoR, soldados muertos ......
Y aquélla era su obra, su gloria.
Esa visión de la muerte que hahía creado,
lo perseguía, alzaba ante él como el eterno espanto. El olor fétido le oprimía la garganta
...... aun entre las rosas, aun en medio del perfume y de la vida de aquellas flores fragantes
y múltiples, que cultivaba con pasión.
Pues éste era •m sueño actual: castigar la
tierra que alimentó él con cadáveres, y hacer
germinar en ella la vida..... .
Una vez una mujer se presentó en la casa.
Era alta y bella. Venía de muy lejos. Se
había entusiasmado con las acciones del héroe
y partió ele su casa, atravesó Francia y llegó
para tributarle simplemente su admiración ...
Llamó en la puerta del cerco, como los
otros, y se halló frente al anciano.
Xo la despidió. No huy6 ante la importuna
....... Pues la gloria siempre es dulce cuando
se refleja en el coraión de las mujereR.
Ella comenzó, un poco exaltada:
-¿El corenel Nominé ...... el héroe?.....
El la interrumpi6 dulcemente:
-¡Chist! ...... Yed mis rosas ..... .
Las contemplaba, conmovido de ternura y
orgullo.
Las milagrosas flores ondulaban sobre sus
tallos como en un altar maravilloso...... Pero
de pronto, el anciano palideció; un soplo de
terror pasó por su rostro.
Aquellas flores eran demasiado exuberantes; parecían congestionadai•, con una intensidad de vida extraordinaria. Su floración desbordábase, invadía el espacio.
Y si él hacía así levantar en derredor esa
vejetación anormal, espantable, ¿no era acaso
.porque llevaba adheri&lt;los á las suelas de sus
zapatos restos de podredumbre, piltrafas de
cadáveres que fecundaban la tierra bajo sus
pasos?
La visitante llevaba, en testimonio de su

Domingo 8 de Junio ele 1902

puede deeirse que lrnya logrado la
notoriedad Ít que era acreedor. La
república no podía tenerle confianza: era muy natural; él no la quería. Al imperio no opuso reiaif;tencia, todo lo contrario: le aylllló en
su desarrollo; pero cuandoi;;e le ofrctía algún cargo, no lo accptabn, alegando lo incompatible de las labores á que estaba acostumbrado, con
las que le impusieran los deberes civiles, 6 de pública administración.
Cuando la guerra, le aconteció
una av1::ntura que hizo circular mucho su nombre entre el público. Era
prefecto de su pueblo natal (Frottcr pres de Vesoul ) y tuvo que
marchar rumbo á Breme; allí se desarrolló el sucedido.
El nombre de l\Iontepín gozaba
de celebridad y corría de boca en
boca. Se supo su llegada al pueblo
alemán é hizo el ruido consiguiente,
por más que nadie ó casi nadie de
aquella gente supiera ú punto fijo
á qué ¡;e debía aquel renombre. Un
empresario y director de conciertos
PIERRE Lon.
crey6 que se las había con un cantor célebre y se apresuró á in,vitarlo
para que desempeñara un número
sensacional en la fiesta que &lt;'staha
JAVIER DE MONTEPÍN.
para dan,e. Prometiúle un programa
extraordinario, u1rn. «claqt;en 8Ín precedente. todo cuanto, en casos i:,eLa última y mu,v eélC'brc figura de
mejantes, ofrecen los nrgodantes de
aquellos novelistas populares que
Alejandro Dumúi&lt;, pitdre, capitanenespectáculos.
l\Iontepín rió ·con RUS comp11iíe1,a y de los que Dencry era el penúltimo supervi \'iente, acaba de desaparos; pero no can tú, no podía cantar.
J,-:;l empresario se había adelantado
recer. Javier de 1Iontepín ha muerto.
Siempre la crítica se clió amplio
y el anuncio circulaba ya en público. Llegó la hora del espectáculo y
vuelo en el campo de la obra de tan
fecundo novelista; algunos pedantes
CORONEL FRANCISCO ORLA, nombrado Enviado extraordinario
hasta entonces se explicó la equivocreen darse importancia de selectos,
y Ministro plenipotenciario de Guatemala en México.
cación del empresario. El público
diciendo, que desconocen por completo la
su tío, el marqués de 1Iontcpín, lo desheredaconcurrente al teatro no se molestó é hizo sólo que se le explicara con claridad quién era
producción de .Montepín; otros se burlan; pese y lo confinara al castillo de 1\Iontepín, en
el huésped notable que tenía el pueblo. Sobre
ro la multitud, qne durante medio siglo Re
l\Iaconnúis, ni que su padre lo descorazo1rnra
este asunto 1lontepín escribió, .v á la vez que
rió y lloró con las narraciones del conde, esa
en sus primeros ensayos. Por todo pasó y fué
multitud que glorifica r consagra, atestiguará
á redactar un periódico, «Sílfide," dirigido por
aumentaba su fama, hizo que su engitñaclo
empresari(ganara dinero.
que en el escritor hubo imaginación desborun peluquero que le pagabaá tres francos (sedante, fecundidad prodigiosa y extraordinaria
senta centavos) la columna.
Pasó mucho tiempo mezclado á la vida papotencia de trabajo.
La notoriedad llegó poco á poco. ccLes Cherisien!;e por sus relaciones de periodi;;ta y de
Fué pródigo en las polémicas, en los artícuYaliers du Lansquenet" hicieron que la atenautor tPatral. Fué amigo de los do,; DumáR,
los periodísticos, y en las novelas:'lue se cuenci6n pública se fijara en el novelista, y cua11de Villemessnnt, de Deennery, de l::lcholl, de
tan por centenares.
do en el viejo «Fígaro» apareció «Mari de MarJulio Simón, ele lvon y de muchos otros. lla1\Io11tepín tenía vocación irresistible por las
garite, " «Villemes~ant, el director le dijo:
letras y tuvo que luchar con la frialdad del
«Amigo, esto es un éxito sin precedente, es
hía vi1&lt;to que la muerte le arrehatá'ua á totlos
sus compañeros y se había alejado á sus promedio en que se desarrollaba. No bast6 que
necesario que la no\·ela no termine, escriba
usted una segunda parpieclatlm,, en el pueblo de Cabourg,y en su be
llbima habitación de Passy.
te."
La pérdida ele su esposa le produjo un gran
Esta segunda parte tuvo tanto éxito como la
abatimiento y dijo que se sentía feliz con morir, para. marcharse al mundo en que habitaprimera, y ~Iontepín, defiaiti vamen te, se hizo céba su compañera.
lebre.
El porte de Montepín
era espléndido: su cuerpo
medía seis pies de altura,
poseíauna fuerza extraordinaria, manifestaba culto por todo lo bello y sn
mesa era magnífica y deliciosa, profusa y refinada, al grado de que sería
tlifícil encontrar otra semejante. El conde mi:&lt;rno trinchaba, servía y
cuidaba de sus invita.dos,
haciéndoles los honore:;
co11 una finura y sencillez
exquisitas.
J~ra benévolo con todos; pero ¡ay de aquel
que se expresara mal de
sus amigos: tenía una réplica inmediata, con palabra anona.dante y con\·icción apasiona&lt;lora!

admiración. una cruz de honor, recamada de brillantes.
-No ...... -dijo el viejo rechazándola.
Y le pidi6 el ramo de violetas que
llevaba ella en el peC'ho: porque esas
flores habíanse abierto en la tibieza
de un seno de mujer, ele una fuente
pura y fresca de vida.
-Pero-exclam6 la joven anguRtiada-el coronel, el héroe ...... ¿sois
vos·?
El viejo la empujó, contestándole
con la voz bruscamente dura:
-Idos ...... ¿Acaso no estáis viendo que no soy un soldado, que soy
un campesino?
La siguió con los ojos mientras
ella se alejaba. Por un minuto contempló la falda que desaparecía lenta en la curva del camino. Después
volvió á tomar su pala y prosiguió
removiendo la tierra.
Pero las paletadas de tierra caían
con un ruido blando y sordo, corno
sobre capotes &lt;le soldajos muertoR ...

***

JAVIER DE MONTEPIN.

Después de tanto trabajo y de tanto éxito, no

DR. HENDRIK MULLER, Comisionado bóero
que visita nuestro país,

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 8 de Junio de 1902

EL MUNDO ILUSTRADO

La obra poética en los Juegos Florales.

Y canté versos y ofrendé mis flores
Al Alma Genetriz, nunca rendida;
Volví á cargar mi aliorja de dolores
Y proseguí el camino de la vida.

Y o te ruego defiendas mi derecho
y que vengue tu brazo poderoso
los muchos daños que me habede11 fecho.
Por tu hermosa princesa del Toboso
persigue sin piedad á esos follones
sin concederles tregua ni reposo.

E infecundo y errante y solitario,
Anduve, anduve, y encontré doquiera
En cada flor un místico santuario
Y en cada coraz6n la Primavera.

Ellos son asesinos y ladrones,
destruyeron á heridas mi semblante
y robaron mis bellas ilusiones.

Anduve, y un aliento fatigoso
De incesante labor me perseguía,
Y del aura en el vuelo rumoroso
Palpitaba la enorme sinfonía.
De la vida inmortal, eterno emblema,
El maizal destrenzaba sus panojas,
Restallaba de súbito la vema
Al entreabrir su ramillete de hojas.
Flujo de savia con chorrear de fuente,
Bullidor, ascendía á los renuevos,
Fermentaba en el surco la simiente,
Y hervía el germen en los frutos nuevos.

DE ''NIEVES."
.... La llanura estaba desierta;
nosotros estábamos solos, pen·
sativos y teníamos quince años.

BUSTO DEL POETA AMADO NERVO,

MUSSET.

ejecutado por el artista mexicano Fidencio Nava,
y admitido en París en el sa16n de 1902.

Las pálidas nieblas, M~rfa, que bajan al nlle!.
Las pálidas nieblas que vienen de la al~a montana, .
Son tristezas muy,hondas, muy frías, tnst~zas ele Inv1erno
Que Yienen buscando las..muert;i~ íraganc1_as,
Las que huyeron~de.todos los ~ahces mustios
De los amarantos y de las acacias.
Declina la tarde: el Sol ha borrado
Sus múltiples oros, sus ópalos vivos y sus escarlatas
Sangrientas, y entona la sombra nocturna
Una melancólica y triste balada.
Escucha: la queja que vibra en el aire
Tiene entonaciones pastoriles, lánguidas;
Es la misma queja que oyeron antaño
Los tiernos pastores de la vieja Arcadia;
La idílica queja que el Pan mitol6gico
Preludió en su flauta
Y que reprodujo más tar?e Virgilio .
Bajo el hondo palio del cielo de· Italia.
El rebafio blanco, de impoluto armiño,
Silencioso y grave cruza la cañada,
Batilo suspira y Berta, la hermosa
Pastora gallarda,
Reclina en el hombro dél amado imberbe
La gentil cabeza de oro diademada.
Déjalos que pasen, ¡oh núbil María!,
Y bajo las ramas
, .
De este terebinto rumoroso y frag1l,
Juntos escuchemos la triste balada
Que entona la sombra, llenando el espacio,
La idílica queja que vibró en la Arcadia
Y que reprodujo más tarde Virgilio
Bajo el hondo palio del cielo de Italia.
· ¿No:es verdad_ que la agónica tarde
Es una plegana·?
Pues oremos. Amor es el Sumo Pontífice
Y son sus devotas las jóYenes almas.

VIEJO ESTRIBILLO.
¿Quién es esa sirena de la voz tan doliente,
de las carnes tan blancas, de la trenza tan bruna?
-Es un rayo de luna que se baña en la fuente,
Es un rayo de luna ........ .
¿Quién gritando mi nombre la morada recorre?
¿Quién me llama en las noches con tan trémulo acento?
-Es un soplo de viento que solloza en la torre,
Es un soplo de viento ........ .
¿Di, quién eres, arcángel cuyas alas se abrasan
en el fuego divino de la tarde y que subes
por la gloria del éter?
-Son las nubes que pasan,
Mira bien, son las nubes........ .
¿Quién regó sus collares en el agua! Dios mío?
Lluvia son de diamantes en azul terciopelo ..... .
-Es la imagen del cielo que palpita en el río,
Es la imagen del cielo ........ .
Oh Señor! La Belleza•sólo es, pues, espejismo,
Nada más Tú eres cierto~ sé Tú m\ último Du,eñ~.
.
¿Dónde hallarte, en el éter, en l_a t~erra, en m1~1msmo?
-Un poquito de ensu~ño te guiara_en cada ab1smo,
Un poqmto de ensueno..... .

-

GERMINAL.
Yo escuché la canción: era gigante;
Y en el misterio de la noche umbría
Y en el rodar del aura resonante
~
Palpitaba la enorme sinfonía.
_1
Y al aura pregunté: ¿Qué voz ignota
Y extrañamente musical, lozana
Como una juventud, abre su nota
Semejante al reir de la mañana"?
Y el aura respondióme-;¡Í;¡~·cÍo el vuelo!
Para emboscarse en las tupidas frondas:
Es un beso de amor, de amor y anhelo,
Que envolví al paso y arrastré en mis ondas.

Ramón Adrtan Vill&amp;lva,

Y al aura pregunté: ¿Quién de tal modo
Atruena el aire con su trova santa'?
Es el amor que lo fecunda todo,
Arrodíllate, y ora, y vive y canta.
Y escucha el salmo resonante y puro
En la hora sacra de dolor y prueba;
Es la Creación que marcha á lo futuro,
La materia inmortal que se renueva.
Que su victoria en el hogar pregona,
Y en la cuna desgrana su vagido;
Es la inocencia que su rima entona,
Es el beso de amor que ha florecido.
Y yo, el paria, el erra1.te sin amores,
Canté al amor en actitud rendida;
Volví á cargar mi alforja de dolores,
Y proseguí el camino de la vida.
RAMÓN ADRIÁN VILLALVA.
Septima Mención,

·-·

Á DON QUIJOTE.
Aqui vengo, -valiente caballero,

Nacido de un rubor y una esperanza,
En un naciente hogar, RU ritmo lleva
Los presagios de incógnita bonanza
Y los temblores de la carne nueva.
Y lo arrastro en mis alas, confundido
De los bosques sonoros al aliento,
Al úber polen y al cantar del nido;
Y en un fecundador sacudimiento
Yo los disperso en el caJlado am bie11te
Como átomos de vida; escucha, escucha,
Alzan la trova del vigor naciente,
El himno eterno de la eterna lucha.
Y de la vida ensánchase el imperio
Y todo canta á la naciente aurora:
Oficia amor y cúmplese f'l misterio;
Arrodillate y ora.

Severa Aróstegui.

Con tal motivo me presento agora;
pues no permitirás, oh noble andante,
que se burlen asi de una sefiora.
Ceñía con orgullo mi abundante
diadema, de cabello tan obscuro
como es el ónix y como él brillante.
l\Ii cara como albérchigo maduro.
los ojos negros, calidad suprema,
erguido el cuerpo y el andar seguro.
Esos gigantes de maldad emblema
al pasar hacen surcos en mi frente
y arrojan canas en mi real diadema.
Era mi corte noble y excelente,
formada por galanes escogidos
que á mis pies se postraban servilmente.
Imploraban amantes y rendidos
de mis ojos ardientes los destellos,
todos estaban de mi amor perdidos.
Rubios, morenos, varoniles, bellos;
y cuando ya escoger me proponía,
se volvieron borregos todos ellos.
Asi como en ridícula bacía
convirtieron tu «Yelmo de l\Iambrino,»
un palacio de ideales yo tenia.

Has de saber que soy una cuitada
princesa que del mundo en los confines
habitaba mi alcázar retirada.

En esta con~ición y en tal estado,
ya me matan la rabia y el despecho
por ese grande y vil desaguisado.

El comercio espera con ansiedad la terminación del muelle de acero que construye en
Tampico la Compailía del Central Mexicano
y que substituirá al de madera que destruyó
no hace mucho un terrible incf'ndio.
Los trabajos de construcción están muy
avanzados y no pasará un año sin que la gran
obra quede te1-minada. El muelle se asienta
sobre macizos pilotajes metálicos y su armadura está hecha bajo un sistema enteramente
moderno.
El tramo del frente de los edifieios de la
Aduana está concluído en todas sui:, pnrtes,
como puede verse en nuestro grabado. Considerado á lo largo, el muelle tiene dos serc:iones una alta y otra baja: la primera .queda á
la ¡ltura del piso de los furgones y mediante
la uniformidad de nivel, las operaciones de
carga y descarga serán fáciles en extremo.
La segunda, es la destinada á la vía por donde deben penetrar los trenes.

SEVERA ARóSTEGUI.
Sexta Meoción.

Cambiaron por completo mi persona,
convirtiendo en tu atenta servidora
á Su Alteza la gran iricomicona.

de tu famoso y formidable acero.

EL MUELLE DE TAMPICO.

¡Zus! ¡á ellos! Que vuele Rocinante;
contigo dudo que á luchar se atrevan.
¡Quítales porfavor un solo instante
de mi amor y mi dicha que se llevan!
l\Iéxico, Abril de 1902.

Unos encahtadores malandrines
robaron mi poder y mi corona,
con diabólicas artes los ruines.

Y en molino de viento de un camino
lo trocaron de pronto, y he quedado
quiera ó no, dando vueltas al molino.

á buscar el apoyo de tu espada,

Salvador Jllarflnez J,lomla.
Cuarta Mención.

Quinta Mención,

Y crecía el bregar como un anhelo,
Y, jadeante, triunfal como la gloria,
Hendió de pronto el estrellado cielo
Un grito de dolor y de victoria.

Domingo 8 de Junio de 1902

Laura M.éndez d" Cuenca.

SEQUÍA.
Reverbera la mica en la montaña;
las hierbas sin aroma y sin rocío
se despojan del lujo del estío
y enhebra en ellas su cendal la araña.
Mezquina sombra de menguada caña '
que ni á un gusano devolvier~ brío,
es codiciada por el mustio río
cuya corriente ni los guijos baña.
Desde alta cima el labrador otea
á las reses de sed desfallecidas
en la sabana que al incendio humea;
y mientras que las almas afligidas
á rogación convocan en la aldea,
las nubes de oro vuelan esparcidas.
LAURA MÉNDEz m; CuENcA.
Octava Menci{ln.

�EL MUNDO ILUSTRADO

.

~--e:

""'~

,~

Mme. HUMBERT.

La casa en la Avenida de la Grande-Armée.

Los grandes Estafadores

Esta situación duró veinte años, y la suma
total recibida por los esposos llumbert, ascendió á más de cincuenta y seis millones, que
permitieron mantener un gran lujo y comprar
numerosas propiedades.
Pero los Crawford, tío y sobrinoR, el testamento y los millones legados no han existido
más que en la imaginaci6n de la señora Humbert, autora y alma de toda esta audaz maquinación.
Un acreedor impaciente tuvo algunas SORpechas é indujo á la justicia á que visitase la
famosa caja fuerte.
La caRa donde se la guardaba al abrigo de
los indiscretos, está situada cerca del Bosque
de Boulogne, en el núm. 6.5 de la Avenida de
la Graude-Armée.
ll;s una suntuosa casa de tres pisos, hecha
de piedra labrada, y tiene un aspecto majestuoso. Las ventanas del primer piso están protegidas por fuertes rejas. La puerta cochera y
las ventanas están coronadas con un blasón
que tiene esta divisa: «Pro Fi&lt;le et Patria.» Es
bueno decir que tal blasón y tal divisa pertenecen al conde Branicki, á quien los Hnmbert
habían comprado el inmueble en 1886. por la
suma de 600,000 francos pagados ...... en papel. El interior del hotel es suntuoso: ricas
colgaduras, muebles raros y gran cantidad de
cuadros de famosos maestros y objetos d,1
arte.
Allí fué á donde, en ausencia de la familia
Humbert - que se había eclipsado misteriosamente desde la antevíspera del día 9 de ma•
yo -se presentó la justicia buscando la caja
fu~rte con los cien millones. Fué necesario
llamar unos obreros para que descerrajaran el
cofre· y cuando la puerta cedió, con gran sorpresa' se vió que allí no había más que. m~as
cuantas alhajas sin valor y papeles ms1gmfica:ntes.
Al siguiente día se practicaron algunas pesquisas en las oficinas de la Renta vitalicia! que
pusieron en cla_,ro que estab~ vacía l~ caJ~ social y que babia desaparecido Roman el Aurignac, qLte, con el concurso de Emilio y Luis
del mismo apellido y de tres empleados, administraba esa institución financiera, destinada bajo una apariencia de banco de seguridad, á verter las economías de los desgraciadoi- subscriptores en la escarcela de la hermana, preten&lt;;l.ida millonaria.
· La Sra. Humbert debe de contar unos cuarenta años. La reproducción de su retrato completa la resefia que pudiéramos hacer de su opulenta persona. Ha sido lo que la prensa llama
«una &lt;le las personalidades parisienses más conocidas.» Tiene gran partido en la sociedad
).llundana; y en su palco de la Opera -uno
de los más i·icos- hacía ostentación de sus hermosas joyas, mucho menos por coquetería que

HUMBERT.

-t, • .

,.
-~

r /1.....iél~

Xo data de a ver el principio del escandaloso robo que el mundo del noticierismo ha
bautizado con el nombre de Humbert-Crawford, y que ha pasado bruscamente d~l estado
civil al criminal, colocándose en la sene de las
causas célebres.
En el año de 1878, la señorita Teresa d' Aurio-nac originaria del pueblo de Bauzelle, cereaº de Tolosa, cóntrajo matrimonio con Federico Ilumbcrt. hijo &lt;lel señor Gustavo Humbcrt, jurisconsulto dii;:tinguido, que °:1urió. hace algunos años, cleRpués de haber sido diputado, senador, guardasellos y presidente de
la Contaduría (Cour de comptes). La esposa
llevó en dote la bagatela de cirn millones,
provenientc1&lt;, según el relato de la dama, de

Mlle. MARIA D'AURIGNAC.

la herencia de un riquísimo americano apellidado Crawford; pero durante los trámites testamentarios, aparecieron dos pretendidos sobrinos del testador, que obligaron á la señora
de Hum bert á mantener intactos los millones,
hasta que se obtuviera una resolución definitiva de los trilrnnales. Mientras tanto, el matrimonio hubo de vivir recurriendo á préstamos.

Domingo 8 de Junio de 1902

M. HUMBERT.

por mostrar públicamente una especie de certificado ele riqueza.
Federico Humbert nació en París el 19 de
julio de 1857; pronto, pues1 conta:á C?arenta
y cinco años. En 1885 8e hizo elegir diputado
en el departamento de Seine-et-1farne, donde
poseía grandes propiedades; pero los electores
no le renonron el cargo en 1889, y desde entonces se apartó de la política, repartiendo sus
ocios entre la pluma y el pincel. Exp,uR.o
varias obras en los Salones v. con el seudommo de Franc;ois Haussy, 1;ublicó hace tiempo un volumen de Yersos, entre los cual~s
hay unos que se llaman: «Los verdaderos i1cos. »
La señorita :María el' Aurignac es más joven
que la señora Ilumbert.
Román d' A urignac ha tenido una existencia muy accidentada. Después de Rer un humiltlc empleado en nn bazar de Tolosa, paRÓ
á la América del Sur, radicándoRc un tiempo
en Ranta Fe _y luego en Bm&gt;noR Aires. En
1885 fué al Cáueaso; en 1897 á -:\[adagascar y
más tarcle á Túnez, siempre practicando una
«explotación« ventajosa.
Las 6rdenrs de aprehensión contra los cuatro fugiti,·os fueron dadas inmediatamente, y
mientras tanto, han sido presos tres presuntos
cómplices: uno confeso,l\J. Parmentie.r, y rlos
antiguos notarioR, Durmout y Langlms.

M. D'AURIGNAC.

�6e la
cJ!(artinica.
Una eiudad
que desaparece.

LA CIMA DEL MONTE PELEE que hizo erupción,
destruyendo la ciudad de San Pedro de la Martinica, y causando la muerte de millares de habitantes.
Esta cima se encuentra en el extremo Norte de la isla y tiene 1,350 metros de altura
sobre el nivel del mar.

VISTA PANORAMICA t&gt;!:: LA CIUDAD DE SAN PEDRO, DE LA M AR,..
"

BENHANZIN, antiguo Rey de Dahomey, preso en Fort-de-France, Martinica.
En su cautiverio lo acompañan ocho de sus mujeres favoritas, su hijo, que está en el extremo
izquierdo del grupo, y su fidelisimo primer ministro, que se encuentra en el extremo de la derecha.

A,-(Al fondo ae ve el Monto Polée, cuya ~rupcl6n acab6 con la ciudad citada).

�Domingo 8 de Junio de 1902

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

La independencia ds Cuba.

A CUBA.

El día 20 del mes pasado se efectuaron en
la Habana las solemnidades más significativas con que se entregaba al pueblo cubano el
derecho de gobernarse por sí solo.
En todos los momentos de ese día reinó el
mayor entusiasmo. Los cronistas y corresponsales narran con espléndidos colores las fiestas, hs ceremonias oficiales y el conmovedor
regocijo que se apoderó del pueblo al ve; consumado el ideal que tanta Rangre le hab1a costado.
Los nombres de los héroes muertos en la
lucha y los de quieneR les han sobrevido, eran
pronunciados por todos los labios, en medio
de frases de gratitud, de bendición y de carifio.
Una de las solemnidades más conmoYedorag
fué la de izar la bandera de Cuba libre, en lo
alto del Castillo del )forro. Consideraban que

(UN CANTO DE GRAN ÉXITO.)

¡Todo en tí es portentoso! ¡Todo es bello!. ..
Desde el matiz de la purpúrea rosa,
hasta el ardiente y fúlgido destello
que el sol despide de su faz radiosa.

¡Perla del mar Caribe! Ya dichosa
puedes alzar tu frente soberana
tostada por el sol, y luminosa '
como el primer albor de la mafiana.

Ten esperanza y fe, que en el camino
impacientes te esperan los amores ........ .
v hoy para tí, la mano del destino
caricias tiene y desparrama flores.

Ya puedei:;1 en la ruta del Progreso,
posar tranqmla tu segura planta·
en tí la brisa es un perenne beso'
el mar te arrulla y el amor te ca;1ta!

¡Ya arribaste á la cima! Por doquiera,
para que el mundo tenga que adorarte,
como de una mujer la cabellera,
flota al viento tu mágico estandarte.
Tu enseña nuestras almas regocija
con el color que le quitó á los cielos,
y alegre y amorosa nos cobija,
como el ave en el nido á sus hijuelos.
Adoro tu bandera porque es mía:
al desplegarse con gentil donaire,
susurra el mar, el cielo se extasía,
la besa el sol y la acaricia el aire.

Partida del "Brooklyn", llevando á bordo al General Wood,

alto ni tan gentil como el árbol cubano;_ por
ei;;o , todos los adornos figuraban en pmuer
término las palmas. Como rasgo de amor patrio, debo repetir lo que oí de hoc_a ele un español: «Hay gente que no ha conuclo por ;omprar una bn.ndera.» Y es la Yerdad; ¡cuantos
pobres ga.c;tarían los pocos céntimos que tenían, en comprar eHe pedazo de trapo tan querido!
A laH 3 y 40 minutos de la tarde salió majestuoso ei «Brooklyn." A RU bordo salía de
Cuba el General Wood, y en el 1,)Iorro Castle,,
partían laR fuerzas interventoras. . .
Las bendiciones del pueblo red11mdo las
acompañaron en RU traw~sía, y al perder de
vista. las graneles moles de aquellos buques, el
pueblo cubano rermiró satisfecho: ya era enteramente libre. ¡Cuba era ya para los cubanos!

¡

I

4

:l&lt;

¡.

1·

j

Momento de izar la bandera en el Morro.

al estar allí colorado el glorimio pendón tricolor, cesaban todos los males de Cuba y por
ese-ideal Re derramó tanfa sangre. No es de
extrañar, pues, que las doce campanadas del
día 20 de ma~·o, horn en que ascendió la bandera, fueran sn.ludadas con un Rolo grito, salido de cien mil horas: «Yiva Cuba Libre;»
mezclándose á las campanas lanzadas á vuelo,
el estampido de los cañones saludando á un
nuevo pueblo, y las lágrimas que corrían por
todas las mejillas de hom hrrs y mujeres.
La enseña cubana flotó el día 20 orgullosa
en todas la1, embarcacioneR Rnrtas en la bahía,
y el vapor español«Alf~nso XII," al izarla en
sus mástiles, la saludó también con las salvas
de sus cañones.
La Habana Re vistió de gala; lavó la caraá
sus viejos edificios; engalanó sus palacios y
hasta en la más humilde casucha lueía la
bandera, el símbolo de la patria, y flotaba entre palmas que le ser\'Ían de adorno. La palmera es el símbolo de Cuba Libre. Nada tan

Domingo 8 de Junio de 1902

*'*
corresponRal nos

~uestro
ha remitido una
magnífica colecci6n de fotografías que represent.an el aspecto de la ciudad de la Habana en
los días de su fiesta.
En nuestro próximo número publicaremos
esa interesante información, y por hoy nos limitamos á reproducir en nuei:ltros grabados
cuatro impresiones tan importantes como curioRas: h partida riel &lt;!l~rooklyn," llernndo á
su bordo al Genera.l \Vood en cornpaiiía de las
fuerza~ interventoras, &lt;1ue pu rtía.n conmo,·idas
por la cariíio~a despedida que el pueblo IP.s hiciera. Xinguno habrá que al contemplar los
mil sombreros agitilndose, los mil paiiuelos ele
las bellas, danclo su adiós á los que partían;
nadie, al oír los gritos de entusiasmo, lo:- vítores al ejército hermano, negará que Cuba ha
sabido agradecer lo que por ella hicieron los
americanos.
El ((Alfonso XII," saludando al pabellón cubano, nos hace ver una significativa manifestación de nobleza hacia el ,·aliente pueblo.
El momento de izarse su pabellón en el Morro y la primera guardia que le da el ejército
de la República, son dos curiosas reproducciones que los pueblos libres verán siempre con
positivo agrado.

El "Brooklyn" y el "Alfonso XII" aa ludando al pabell6n cubano,

Con ella ve adelante, pueblo mío,
y ni al dolor ni al porvenir le temas
ama á la paz, defiende tu albedrío, '
y haz de los dos tus únicos emblema$.

..

Xo olvides que el trabojo dignifica,
que el perfume del labio es la plegaria ;
y no clejei--mi voz te lo suplicac1ue se eclip8e tu estrella solitaria.

-

BoNH'Acro BYR:--E.
Mayo, 1902.

La primera guardia en el Morro.

CAlXTAS DE MUJERES.
¡Qué bien has hecho en acordarte de mí!
Sabes que mi amistad no puede faltarte nunca. ¿Y pides que te jur.gue? Todo el día e!'tuvc llorando después de leer tu carta. ¡Pobrecita mía! Y ahora CO!lfidencia por confidencia.
También yo sufro; me casé como tú, ya lo sabes, como nos casamos todas las muchachas
de nuestra clase. Nos educan, según dicen,
para que podamos presentarnos en el mundo.
i Pero qué mundo tan pequeño! Cabe todo él
en un salón de baile. Y así es.

~1--;.,iJ
,-t'-,!.

¡'"'
~

/3.,
,,tt

.

...,

.,_

Al presenta1te en el primer baile, oye!' decir: éste es el mundo. El mundo, para el cual
te han educado. Por el que hm, aprendido
fran cés, inglés, equitación, dibujo; por el ()Ue
ga.~tas un dineral en trapos; por el que oyes
músic:i en invierno, Yas ú lo~ toro!' y á las carreras en primavera y recorres l ngares extra11jeros en verano V otoño. Aqncl primer Ralón
~e baile, mn.rca ·con i:;us paredes, ale~aclas p()r
ilusoria prn,vección rle espejos, el límite de tus
aspiraciones. En,:éñate á respirar en él, porque has de vivir de su ambiente; amolda tu
pensamiento y tn corazón en la hechurn á la
modn. &lt;le que Re viflten n.llí todos. Su~a ~u alma, guarismo irnügnificante, uno, s1 &lt;¡meres;
pero un alma al fin en el alma media, total
de una suma de aln;as insignifirantes, ceros á
la izquierda. de una unidad. Desde ese día,
frac más ó menos, conoces á todos los ~ombres que podrán ser tus novios, tus maridos,

tus amantes y tus amigos. Tienes donde escoger.
¿,Quién J,o duda'? Como en los baratillos de á
real y medio, las baratijas son diferentes; pero todas valen lo mismo. Si á tí no Re te ocurre, ¿.qué impoiia? No faltará quien te dé el
guión parn lml-'car empleo adecuado á tus
afectos. Para novio elegirás ( consejo práctico
y moralísimo) únicamente al que pueda ser
tn marido. Yo eonficso que me gushban para novioR los que i:;egím me drcían, no eran
hnenos para maricloi,;. Para maridos, son r('comendaclos: en primer lugar, los primogénitos grande,; d0 España, ricos y juiciosos. En
segundo, los hermanos menorei-, títulos también y más 6 menos juiciosos que los primogénitoR. En terr·ero, cualquiera cm1 las anteriores conclicionrs, annque no sea juicioso. En
cuarto, los emparentados con familias aristocráticas, que puedan añascar de aquí ó de allá
algún titulillo Kin grandeza ó sean, á lo menos,
caballeros ele Calatrava ó de Santiago, ó cosa
en fin, que trascienda á nobiliaria. Para éstos
Ron.condiciones indisperniables: mayor riqueza y mejores costumbres¡ por aquello de lo
que no va en llanto, que rnya en suspiros. El
quinto lugar, para caso de apuro, como las últimas reservas en la milicia, lo ocupan bur"Ueses d&lt;' a.ver, «parvenus» inmens;:nnente ri~o&lt;:, en orden de preferf'nria de mayor á menor grado de düitinción, de mejor á peor origen de ri(Jueza, etc., etc...... .
Dime si cuantos nos tratan de matrimonio
proceden de otra Rnerte. «Madamminna, il catalogo é questo.» Sólo dejan de recomendarnos
uno el que nosotras amemos, sea quien fuere,
venga ele donde viniere. Como ,·es, en todos
estos casos y lugares, lo &lt;le menos al elegir un
hom hre, rs el hombre; lo importante es ,;u
condición social; su patrimonio, su parentela,
la casn en que vive, el coche que gufa, el caballo que monta, el ¡:;astre que le Yiste. Del
primer mnrirlo en quien yo pensé para marido, sólo recuerdo un trotón inglés, alazán tostado que guiaha en un «bugg_v» con ruedas
amarillas. Tanto es aRí, que cuando me Reguía en paseo, decía yo, ó pensaba para mis
adentros : «Ahí está. el caballito; ¡qué bien trota! ó cletrás Yiene el «buggy.» ¡C6mo se cono-

.

ce que es inglés en el rnido de las rueaa~!n ....
De otros hombres recuerdo, porque las aprend_í de memoria, páginas enteras de la guía oficial, donde rampaban Rus non1bres, seguidos
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de retahíla interminable de [ducados, condados, marqueRados, haroníai:; y sefiorías. Entreteníame yo repitiéndolos en voz alta, prei:;umiendo cuál retumbaría mús sonoro, anunciado en vestíbulos v salones. De otros husqlié
en la lista de accionistaR del Banco el núme~
ro correspondiente y calculé la re;lta de sus
acciones, ó me dí á visitar los cuartos desalquilados de sus finca,; y á ponerles precio. ¡A
tantos pretendí y tantos me pretendieron!. ...
Porque es indudable que los hombres han de
tener también su lis~'l y en ella no dehía vo
anclar de las últimas. Allá, entre las aristócratas de caudal saneado, juventud sana y educación sanfaima. Después de las aristócratas
opulentas y hermoRas por añadidura, Rumo
ideal dt&gt; perf~cciói:i, 111eta del gmn 1,steeplechasse» rnatnmomal ()lle c•orren á diario centenares de mozalbetes y hombres maduros.
¡,Y cómo me casé'? Come) quien Raca pareja en
una figura rlC' cotillón. ERtús f'n corro con
otras muchachas, detráR ]mi hombres en otro·
la m ÚRiea te aturde, la charla te marea. Lo~
&lt;los ~Ol'l'OS dan vueltas .v vueltas en opueRto
sentido. ¡Qué eoner, qué empujar, qué reir!
Su0na una palmada, te sueltas del corro, vuelves la cabeza .Y encuentras á tu pareja, con amable !-lonrisa, extendidos los brazos para estrecharte en ellos. Acaso te le presentaron aquella n_oche; acaso le ,·es por vez primera...... .
¡No importa! Todos bailan; á bailar. Así me
casé. Y en verdad, el motiYo que me decidi6
fué gracioso. Se casaba por entonces 1\Iarfo
Cruz Fuensalce con Fernando Moneada. "Una

�}

Domingo 8 de Junio de 1902
boda magnífica. ¡Qué regalos, qué vistas! Yo
quedé deslumbrada. -Un collar de perlas rosa
que fué de la Yallierc, según dicen; un zafiro
caboch6n rodeado de brillantes, maravilloso
y qué sé yo... diademas, broches, brazaletes,
un tesoro. Ya sabes que la abuela de María
Cruz tiene las mejores alhajas de Madrid y las
de mejor gusto, y puso lo más rico en la canastilJa de María. Pero lai:; ropas excedían á
todo en riqueza y buen gusto; como que la madre de l\Iaría CruzeE sin disputa lamujermás
distinguida de Madrid. ¡Qué ropa blanca!
¡Qué encajes! Unas enaguas de un tul especial, que parece seda á la vista y luego es finísimo y trasparente, y á la luz hace visos entre
blanco y rosa... . . . que no puede pedirse más
en enaguas.
En deshabillés de mañana, había obras de
arte, estilo \Vatteau, estilo Van-Dick, puras
preciosidades. Tan prendada quedé de uno
de ellos en particular: el de estilo Watteau,
de «surah céfiro y antiguos Valenciennes, &gt;&gt; que

no pude resistir al deseo de tener uno igual,
exacto y escribí á Robín aquel mismo día y
le pedi á papá lo que faltaba á mis ahorrillos
para completar los mil quinientos francos en
que pude sacar el peinador de mis sueños. Pero papá se puso furioso; no por el gasto, sino
porque le parecía impropio de una muchacha
soltera toilette tan costosa. Es una ridiculez,
me dijo; una prueba de mal gusto. Cuando te
cases podrás tenerlos iguales y mejores.
¿Sí?-dije yo-Pues si no está en más de eso
el ponerme lo _que se ~~ antoje, me casaré en
seguida. Cornente-d1Jo papá amoscado.-Y
el que primero lleg6 aquel día de mis pretendientes&gt; me ball6 decidida á ser su esposa.
Federico era un buen partido. Lo mejorcito
de la lista. Yo también para él, y nuestras familias aceptaron, muy complacidas, alianza
tan ventajosa. De cuantos me pretendían, Federico era quizás en el que menos había yo
pensado para marido. Su familia asistía á casa con frecuencia, sus hermanas eran íntimas
amigas mías; juntas pasamos algunos veranos
en su quinta de Zarauz; pero Federico viajaba
mucho; á Madrid s6lo venía de pasada; sui:;
amigos más íntimos eran diplomáticos extranjeros y nadie en nuestras relaciones, ni su familia misma, supo informarme de su carácter
ni de sus costumbres. Concertada nuestra boda, nos veíamos diariamente. Según costumbré francesa, todas lati mañanas me enviaba
un ramo; después le veía en el paseo de coches; algunas tardes me acompañaba á pie, comía en casa casi todas las noches, y allí se
quedaba de tertulia 6 nos acompañaba al Real.
En el tiempo que duraron nuestras relaciones,
no tuvimos ni un disgustillo. Eso sí, oos quedamos sin conocernos. ¿Qué habría dentro de
aquel hombre distinguidí¡;imo, de conversaci6n amenísima, que me hablaba de viajes, de
teatro, de Rociedad, de caballos, de coches, sin
contradecirme nunca, &lt;lispuesto siempre á sacrificarme sus gustos y opiniones'? ¡Blanquísima pechera almidonada: por más impenetrable te tuve que milaneRa cota de mis antepasados! Verda&lt;l que no me esforcé mucho
por dar con el defecto de la armadura. Probé
u::ia vez á darle celos y me dijo que no era celoso. Prohé á pedírselos y lo tom6 á risa. La
mayor prueba de consideraci6n -me dijoque puede dar un hombre á una mujer, es
hacerla su esposa. No comprendo que la esposa pueda tener celos de otra mujer. La reflexi6n no me pareci6 des pues muy s6lida;
pero la expuso en torio tan digno y con tal seriedad, que por el prohto me dej6 convencida.
Renuncié, pues, á mis escaramuzaR, que pudiera llamar de recohocimiento, y me dejé de
averiguaciones. Pr6xima nuestra boda, te-

EL MUNDO ILUSTRADO
nía tantas cosas en qué pensar más importantes. Los días ebteros me pasaba en correspondencia con modistas y sastres, mueblistas y
joyeros. S6lo el traje de boda me ocupó una
semana. ¡Es tan difícil reu!'ir la sencillez á la
elegancia en el vestido de boda! Por fin, entre «Robín» y yo dimos con una idea exquisita. «UUA vrai trouvaille. » Lleg6 también el
«deshabillé Watteau," causa inconsciente de
mi boda, y mis visitas compitieron con las de
l\1aría Cruz, y no se habl6 en Madrid de otra
cosa y me casé por fin ...... y pasaron días y
meses. En el aturdimiento &lt;le viajes, fiestas,
atavíos, lo que menos pude yo notar en mi
irnevo estado, fué cambio alguno en ideas y
sentimientos. Federico era el mismo de novio, siempre cortés, amable siempre; yo me
complacía en verme obsequiada por él, no me
fastidiaba nunca á su lado y aun le echaba de
menos cuando me dejaba sola. Emociones
tranquilas, costumbre de carifio, no era más.
Así, dos meses. Uú día, al cabo de ellos, después del almuerzo, al que habíamos invitado
á varios amigos de Federico, extranjeros la
mayor parte, anunci6me su pa1tida para una
expedici6n artística (no recuerdo si á Salamanca 6 á Toledo) que duraría cinco 6 seis
días. No sé qué sacudida sentí en mi coraz6n, algo no sentido basta entonces. Yo creo
que en la cara que puse debi6 de conocerse.
En lo que dije no, porque s6lo, como débil
protesta, me atreví á indicarle: hace mucho
frío, no vayas á coger una pulmonía. ¡Qué
vulgaridad y qué tontuna! De tantas cosas
como sentía desbordar en el coraz6n por vez
primera, no acudía á la boca sino aquella fiofiería. ¡Hace mucho frío! Frío hacía, sí, pero en el alma, frío de muerte que estrémeci6
todo mi ser, consciente al fin de que jugaba
con lo más sagrado del alma en una farsa de
amor insostenible. No tengas miedo. No me
hace daño el frío-me contest6 agradecido. Y luego ya solos, mientras preparaba el equipaje, al recordarle yo varias cosillas que olvidaba y pudiera necesitar, con un apret6n de
manos, me dijo a:i;nabilísimo: «¡Qué felices somos!" Esta es la verdadera felicidad del matrimonio; dos esposos que se estima~ y se
guardan siempre consideraci6n y respe\o.
¡Consideraci6n ! Sí; por qué forjarse ilusiones? Yo me casé sin amarle. ¿Qué raz6n había para que él me amase? ¡Consideraci6n y
respeto! ¿Para qué pedir más á un matrimonio combinado por cálculos de hombre práctico y caprichos de niña mimada? Pero él, si
no amor, habría sentido alguna vez las inquietudes, los goces de una pasi6n ardiente....... .
Algo sabía yo de sus amoríos con una mujer
casada. A él le bastaba. con la consideraci6n
y el respeto. (Estas palabritas, que trascienden á inglesas, se me atravesaron). Pero yo no
sabía lo que era amar, yo no había sacrificado,
como otras muchas, ningún emmefio por unirme á él, porque mejor me conviniera. Niñería, capricho sí pudo ser; cálculo interesado,
no. Y ahora el amor se venga y exige al coraz6n su tributo. Bien dice al pie una estatuita del diab6lico dios, que qompré en Sév1 es:
ce¡ Quel que tu sois, voici ton maitre,
il l'est, le fut, ou le doit étre!»

¡No querer nunca! Lo que se llama querer ...._.. Tanto -:ale no ha~er vivido. No; por
aturdida, por msubstanc1al, por ligera que
seas, por mucho que disperses y malgastes las
fucrzaR de tu corazón en mil fruslerías llega
un día en que, cansada de todo, las rcJnes en
tí y buscas para ellas más digno empleo. ¡Qué
feliz fuera yo si el encargo de un traje me divirtiese días, como antes, Rila compra de unos
caballos me abstrajese de toda otra idea! He
descubierto que tengo corazón. ¿Ves qué desdicha? Y sábelo; quiero, en fin, con toda mi
alma; estoy enamorada...... ¿De quién dirás?
No lo adivinas por mucho que lo pien~es ..... .
De mi marido. Dirás que no ves causa de desdicha y que peor hubiera sido enamorarme de
otro. Yo sí la veo y del segundo punto si
por malo lo tengo en mi conciencia; el c~raz6n siente que le hubiera estado mejor acaso.
Puedo decir á mi marido: me casé contigo sin

amor, sin conocerte casi; si el día de nuestra
boda_., al pie del altar, te hubieran cambiado
por otro, me hubiese importado del cambio
como del de un tenor en la 6pera, por indisposición repentina. Y ahora vengo á pedirte
calor y cariño del alma, porque tu varonil
hermosura me domina y la quiero para mí sola, porque cuando no hablas conmigo, á quien
juzgas sin duda incapaz de comprenderte y
nada comunicas de cuanto piensas serio y
grande, cuando hablas con tus amigo:-, olvidando que yo te escucho ...... te oigo admirada y bebo ansiosa tus palabras y quisiera mejor beberlas boca cnn boca... ¿Qué te parece
si le espetase una declaraci6n por el ei:-tilo?
Creería que había perdido el juicio y que me
burlaba de él, y adi6s consideraci6n y respeto.
¿Qué pensaría de este amor «sur le retour,»
violento, exigente, si yo pretendiera que no
se apartase de mí un instante, que no me prefiriese á sus amigos para tratar con seriedad
cuantos asuntos le interesan? ¡Qué idea tan
triste forma una de su condici6n de mujer,
cuando su esposo le replica, al preguntarle cariñosa, qué le·preocupa 6 entristece: ¡déjame&gt;
son asuntos míos, no es cosa de mujeres! ¡Ay!
¡Créelo! Tu amor culpable no te dará mayor
tormento que este mío, santo y legítimo. ¿Y
crees tú que él lo conoce? Si lloro, lo atribuye á los nervios y se apresura á traerme al médico; si trasluzco mi agitaci6n en mal humor
y displicencia, se retira á sus habitaciones sin
mostrarme contrariedad ni disgusto. ¡Consideraci6n y respeto! ¡Estoy condenada á ellos
toda mi vida! ¡Veces hay que le insultaría,
envidiosa de la mujer del pueblo, apaleada
por marido bmtall No hay remedio. Nunca
sabrá cuánto le quiero. Verá en mí á la esposa digna y respetable nada más. Aceptará las
caricias de amoríos que al paso se le ofrezcan,
sin remordimiento de que yo sufra por ello.
A fuer de hombre corrido y avisado, se creerá
alguna vez en el caso de dudar de mi fidelidad ...... sin increparme, sin pedirme cuentas
de su amor traicionado ni de su fe vendida,
satisfecho con que se cubran las apariencias y
no tener que darse por entendido. ¡Cuántas
veces me suele hablar como por tercera persona, de las que él llama escapadillas de la legalidad, y hasta parece que me traza la línea
de conducta en ellas, para que sepa hacerlas
sigilosas! Oye el fin de mi historia. Después
de batallar con impulsos diversos, venci6 la
resoluci6n de declararme. No me atreví de día,
ni de noche á la luz tampoco. Sentía que una
mirada de las suyas, al interrogarme con muda y fría curiosidad: «¿Pero mi mujer está loca
6 qué le ha dado?" ...... bastaría á turbarme ;
á enmudecerme confusa, avergonzada. Aguardé la ocasi6n ...... Y juntos, muy juntitos, á
obscuras, al oído, le fuí diciendo todo. Animada d( oirme, las palabras buscadas contrabajo primero, fluían después á par del alma,
con el calor del alma sentidas. Nada quedaba en ella. Ya lo sabía todo. La nifia caprichosa que se cas6 sin saber lo que era querer,
le quena con toda su alma...... ¡Pobre elocuencia del coraz6n! ¿Qué dijo Federico al
oírme? Nada; crey6 que le contaba como otras
no~hes, alguna historia de hablillas y murmur~c1?nes de an:iigas, como siempre, tonterías
sm 1mportanc1a y desde mis primeras palabras se quedó dormido ...... y dormido siguió
hasta la mañana siguiente, mientras que lloraba yo, desvelada por algo que sentía dentro
de mí. ..... Algo que había vivido de mi vida
para mí, nueva vida qua estremecía tbdo mi
Rer _e~ palpitaciones, ilusión y esperanza de
cancias ...... Antes de nacer como mi amor
había muerto mi hijo ah~gado en mis en~
trañas.
Jacinto be11av.enfe.

LUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 1.--NÚM. 24.

MÉXICO, JUNIO 15 DE 1902.

•1rector: LIC. l!Al'AfL Rtlf&amp; bPINDOLA.

Subsc ripci.5n mensual fornnen, $1.50
Idem. Idem. en Ju cnµ1tv1. ,, 1.25

(ierHtf!I LUI&amp; Rnr&amp; &amp;PINNLA.

•

•

j)rin¡avera Feliz.

(De la Colección Hillebra11d.)

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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Domingo 8 de Junio de 1902
boda magnífica. ¡Qué regalos, qué vistas! Yo
quedé deslumbrada. -Un collar de perlas rosa
que fué de la Yallierc, según dicen; un zafiro
caboch6n rodeado de brillantes, maravilloso
y qué sé yo... diademas, broches, brazaletes,
un tesoro. Ya sabes que la abuela de María
Cruz tiene las mejores alhajas de Madrid y las
de mejor gusto, y puso lo más rico en la canastilJa de María. Pero lai:; ropas excedían á
todo en riqueza y buen gusto; como que la madre de l\Iaría CruzeE sin disputa lamujermás
distinguida de Madrid. ¡Qué ropa blanca!
¡Qué encajes! Unas enaguas de un tul especial, que parece seda á la vista y luego es finísimo y trasparente, y á la luz hace visos entre
blanco y rosa... . . . que no puede pedirse más
en enaguas.
En deshabillés de mañana, había obras de
arte, estilo \Vatteau, estilo Van-Dick, puras
preciosidades. Tan prendada quedé de uno
de ellos en particular: el de estilo Watteau,
de «surah céfiro y antiguos Valenciennes, &gt;&gt; que

no pude resistir al deseo de tener uno igual,
exacto y escribí á Robín aquel mismo día y
le pedi á papá lo que faltaba á mis ahorrillos
para completar los mil quinientos francos en
que pude sacar el peinador de mis sueños. Pero papá se puso furioso; no por el gasto, sino
porque le parecía impropio de una muchacha
soltera toilette tan costosa. Es una ridiculez,
me dijo; una prueba de mal gusto. Cuando te
cases podrás tenerlos iguales y mejores.
¿Sí?-dije yo-Pues si no está en más de eso
el ponerme lo _que se ~~ antoje, me casaré en
seguida. Cornente-d1Jo papá amoscado.-Y
el que primero lleg6 aquel día de mis pretendientes&gt; me ball6 decidida á ser su esposa.
Federico era un buen partido. Lo mejorcito
de la lista. Yo también para él, y nuestras familias aceptaron, muy complacidas, alianza
tan ventajosa. De cuantos me pretendían, Federico era quizás en el que menos había yo
pensado para marido. Su familia asistía á casa con frecuencia, sus hermanas eran íntimas
amigas mías; juntas pasamos algunos veranos
en su quinta de Zarauz; pero Federico viajaba
mucho; á Madrid s6lo venía de pasada; sui:;
amigos más íntimos eran diplomáticos extranjeros y nadie en nuestras relaciones, ni su familia misma, supo informarme de su carácter
ni de sus costumbres. Concertada nuestra boda, nos veíamos diariamente. Según costumbré francesa, todas lati mañanas me enviaba
un ramo; después le veía en el paseo de coches; algunas tardes me acompañaba á pie, comía en casa casi todas las noches, y allí se
quedaba de tertulia 6 nos acompañaba al Real.
En el tiempo que duraron nuestras relaciones,
no tuvimos ni un disgustillo. Eso sí, oos quedamos sin conocernos. ¿Qué habría dentro de
aquel hombre distinguidí¡;imo, de conversaci6n amenísima, que me hablaba de viajes, de
teatro, de Rociedad, de caballos, de coches, sin
contradecirme nunca, &lt;lispuesto siempre á sacrificarme sus gustos y opiniones'? ¡Blanquísima pechera almidonada: por más impenetrable te tuve que milaneRa cota de mis antepasados! Verda&lt;l que no me esforcé mucho
por dar con el defecto de la armadura. Probé
u::ia vez á darle celos y me dijo que no era celoso. Prohé á pedírselos y lo tom6 á risa. La
mayor prueba de consideraci6n -me dijoque puede dar un hombre á una mujer, es
hacerla su esposa. No comprendo que la esposa pueda tener celos de otra mujer. La reflexi6n no me pareci6 des pues muy s6lida;
pero la expuso en torio tan digno y con tal seriedad, que por el prohto me dej6 convencida.
Renuncié, pues, á mis escaramuzaR, que pudiera llamar de recohocimiento, y me dejé de
averiguaciones. Pr6xima nuestra boda, te-

EL MUNDO ILUSTRADO
nía tantas cosas en qué pensar más importantes. Los días ebteros me pasaba en correspondencia con modistas y sastres, mueblistas y
joyeros. S6lo el traje de boda me ocupó una
semana. ¡Es tan difícil reu!'ir la sencillez á la
elegancia en el vestido de boda! Por fin, entre «Robín» y yo dimos con una idea exquisita. «UUA vrai trouvaille. » Lleg6 también el
«deshabillé Watteau," causa inconsciente de
mi boda, y mis visitas compitieron con las de
l\1aría Cruz, y no se habl6 en Madrid de otra
cosa y me casé por fin ...... y pasaron días y
meses. En el aturdimiento &lt;le viajes, fiestas,
atavíos, lo que menos pude yo notar en mi
irnevo estado, fué cambio alguno en ideas y
sentimientos. Federico era el mismo de novio, siempre cortés, amable siempre; yo me
complacía en verme obsequiada por él, no me
fastidiaba nunca á su lado y aun le echaba de
menos cuando me dejaba sola. Emociones
tranquilas, costumbre de carifio, no era más.
Así, dos meses. Uú día, al cabo de ellos, después del almuerzo, al que habíamos invitado
á varios amigos de Federico, extranjeros la
mayor parte, anunci6me su pa1tida para una
expedici6n artística (no recuerdo si á Salamanca 6 á Toledo) que duraría cinco 6 seis
días. No sé qué sacudida sentí en mi coraz6n, algo no sentido basta entonces. Yo creo
que en la cara que puse debi6 de conocerse.
En lo que dije no, porque s6lo, como débil
protesta, me atreví á indicarle: hace mucho
frío, no vayas á coger una pulmonía. ¡Qué
vulgaridad y qué tontuna! De tantas cosas
como sentía desbordar en el coraz6n por vez
primera, no acudía á la boca sino aquella fiofiería. ¡Hace mucho frío! Frío hacía, sí, pero en el alma, frío de muerte que estrémeci6
todo mi ser, consciente al fin de que jugaba
con lo más sagrado del alma en una farsa de
amor insostenible. No tengas miedo. No me
hace daño el frío-me contest6 agradecido. Y luego ya solos, mientras preparaba el equipaje, al recordarle yo varias cosillas que olvidaba y pudiera necesitar, con un apret6n de
manos, me dijo a:i;nabilísimo: «¡Qué felices somos!" Esta es la verdadera felicidad del matrimonio; dos esposos que se estima~ y se
guardan siempre consideraci6n y respe\o.
¡Consideraci6n ! Sí; por qué forjarse ilusiones? Yo me casé sin amarle. ¿Qué raz6n había para que él me amase? ¡Consideraci6n y
respeto! ¿Para qué pedir más á un matrimonio combinado por cálculos de hombre práctico y caprichos de niña mimada? Pero él, si
no amor, habría sentido alguna vez las inquietudes, los goces de una pasi6n ardiente....... .
Algo sabía yo de sus amoríos con una mujer
casada. A él le bastaba. con la consideraci6n
y el respeto. (Estas palabritas, que trascienden á inglesas, se me atravesaron). Pero yo no
sabía lo que era amar, yo no había sacrificado,
como otras muchas, ningún emmefio por unirme á él, porque mejor me conviniera. Niñería, capricho sí pudo ser; cálculo interesado,
no. Y ahora el amor se venga y exige al coraz6n su tributo. Bien dice al pie una estatuita del diab6lico dios, que qompré en Sév1 es:
ce¡ Quel que tu sois, voici ton maitre,
il l'est, le fut, ou le doit étre!»

¡No querer nunca! Lo que se llama querer ...._.. Tanto -:ale no ha~er vivido. No; por
aturdida, por msubstanc1al, por ligera que
seas, por mucho que disperses y malgastes las
fucrzaR de tu corazón en mil fruslerías llega
un día en que, cansada de todo, las rcJnes en
tí y buscas para ellas más digno empleo. ¡Qué
feliz fuera yo si el encargo de un traje me divirtiese días, como antes, Rila compra de unos
caballos me abstrajese de toda otra idea! He
descubierto que tengo corazón. ¿Ves qué desdicha? Y sábelo; quiero, en fin, con toda mi
alma; estoy enamorada...... ¿De quién dirás?
No lo adivinas por mucho que lo pien~es ..... .
De mi marido. Dirás que no ves causa de desdicha y que peor hubiera sido enamorarme de
otro. Yo sí la veo y del segundo punto si
por malo lo tengo en mi conciencia; el c~raz6n siente que le hubiera estado mejor acaso.
Puedo decir á mi marido: me casé contigo sin

amor, sin conocerte casi; si el día de nuestra
boda_., al pie del altar, te hubieran cambiado
por otro, me hubiese importado del cambio
como del de un tenor en la 6pera, por indisposición repentina. Y ahora vengo á pedirte
calor y cariño del alma, porque tu varonil
hermosura me domina y la quiero para mí sola, porque cuando no hablas conmigo, á quien
juzgas sin duda incapaz de comprenderte y
nada comunicas de cuanto piensas serio y
grande, cuando hablas con tus amigo:-, olvidando que yo te escucho ...... te oigo admirada y bebo ansiosa tus palabras y quisiera mejor beberlas boca cnn boca... ¿Qué te parece
si le espetase una declaraci6n por el ei:-tilo?
Creería que había perdido el juicio y que me
burlaba de él, y adi6s consideraci6n y respeto.
¿Qué pensaría de este amor «sur le retour,»
violento, exigente, si yo pretendiera que no
se apartase de mí un instante, que no me prefiriese á sus amigos para tratar con seriedad
cuantos asuntos le interesan? ¡Qué idea tan
triste forma una de su condici6n de mujer,
cuando su esposo le replica, al preguntarle cariñosa, qué le·preocupa 6 entristece: ¡déjame&gt;
son asuntos míos, no es cosa de mujeres! ¡Ay!
¡Créelo! Tu amor culpable no te dará mayor
tormento que este mío, santo y legítimo. ¿Y
crees tú que él lo conoce? Si lloro, lo atribuye á los nervios y se apresura á traerme al médico; si trasluzco mi agitaci6n en mal humor
y displicencia, se retira á sus habitaciones sin
mostrarme contrariedad ni disgusto. ¡Consideraci6n y respeto! ¡Estoy condenada á ellos
toda mi vida! ¡Veces hay que le insultaría,
envidiosa de la mujer del pueblo, apaleada
por marido bmtall No hay remedio. Nunca
sabrá cuánto le quiero. Verá en mí á la esposa digna y respetable nada más. Aceptará las
caricias de amoríos que al paso se le ofrezcan,
sin remordimiento de que yo sufra por ello.
A fuer de hombre corrido y avisado, se creerá
alguna vez en el caso de dudar de mi fidelidad ...... sin increparme, sin pedirme cuentas
de su amor traicionado ni de su fe vendida,
satisfecho con que se cubran las apariencias y
no tener que darse por entendido. ¡Cuántas
veces me suele hablar como por tercera persona, de las que él llama escapadillas de la legalidad, y hasta parece que me traza la línea
de conducta en ellas, para que sepa hacerlas
sigilosas! Oye el fin de mi historia. Después
de batallar con impulsos diversos, venci6 la
resoluci6n de declararme. No me atreví de día,
ni de noche á la luz tampoco. Sentía que una
mirada de las suyas, al interrogarme con muda y fría curiosidad: «¿Pero mi mujer está loca
6 qué le ha dado?" ...... bastaría á turbarme ;
á enmudecerme confusa, avergonzada. Aguardé la ocasi6n ...... Y juntos, muy juntitos, á
obscuras, al oído, le fuí diciendo todo. Animada d( oirme, las palabras buscadas contrabajo primero, fluían después á par del alma,
con el calor del alma sentidas. Nada quedaba en ella. Ya lo sabía todo. La nifia caprichosa que se cas6 sin saber lo que era querer,
le quena con toda su alma...... ¡Pobre elocuencia del coraz6n! ¿Qué dijo Federico al
oírme? Nada; crey6 que le contaba como otras
no~hes, alguna historia de hablillas y murmur~c1?nes de an:iigas, como siempre, tonterías
sm 1mportanc1a y desde mis primeras palabras se quedó dormido ...... y dormido siguió
hasta la mañana siguiente, mientras que lloraba yo, desvelada por algo que sentía dentro
de mí. ..... Algo que había vivido de mi vida
para mí, nueva vida qua estremecía tbdo mi
Rer _e~ palpitaciones, ilusión y esperanza de
cancias ...... Antes de nacer como mi amor
había muerto mi hijo ah~gado en mis en~
trañas.
Jacinto be11av.enfe.

LUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 1.--NÚM. 24.

MÉXICO, JUNIO 15 DE 1902.

•1rector: LIC. l!Al'AfL Rtlf&amp; bPINDOLA.

Subsc ripci.5n mensual fornnen, $1.50
Idem. Idem. en Ju cnµ1tv1. ,, 1.25

(ierHtf!I LUI&amp; Rnr&amp; &amp;PINNLA.

•

•

j)rin¡avera Feliz.

(De la Colección Hillebra11d.)

�Domingo 11&gt; de Junio de 1'902

EL .MUNDO ILUS'l'RADO
EL MUNDO ILUSTRADO

DIAS DE RO~;fA
Bl Jea11s.-Vna visita á la Bistori
La visita fué en la tarde; mas no había perdido mi mañana: no, en Roma no hay un momento que perder. Hay que verlo todo muy
de prisa, á escape, á merced del guía. Y luego-ya que no reverlo todo-volver so~o, enteramente solo, con algún compañero discr~to,
que no aode,que no se mueva,que no respire;
sobre todo, que no pregunte, que no pregunte, Dios mío, que se aleje, que respete á un
hombre clavado una hora 6 dos horas ante un
pedazo de estatua, sin impacientarse, sin mostrarse, sin decir ¡qué lindo es esto! ¡qué hermoso es esto! Nada: sin irse, ausentarse ¡oh!
ideal de los compañeros de viaje artístico!
-oh! ideal! Volver solo á algunas partes, á algunas cosas.
La soledad es un sueño irrealizable en estas
ciudades italianas, bien lo ~é. Entre lo bello
por la historia 6 por la estética y el contemplador, se interpone siempre un grupo de turistas ( el turista es un acridio que devora rápidamente la flor de la emoci6n estética y en
sus diálogos, observaciones, lecturas y vaivenes, torna árido el campo de la belleza). Mi
sensaci6n es que los turistas son americanos,
mejor dicho son americanas; en las cimas de
los campaniles, al pie de los monumentos, en
las cornisas de los coliseos, en las criptas de
las basílicas, en los rincones de los camposantos, en elfondo de las catacumbas, á la orilla de los golfos, en la ribera de los lagos, en
las isletas de los ríos, en el brocal de las fuentes, allí están, bonitas á veces, á veces feas
como peregrinas mejicanas, siempre parleras,
jamás conmovidas, con el eterno Baedeker en
las manos, el rojo Baedeker á un tiempo útil
y odioso; toda la Italia artística me pareció
enferma de escarlatina, tanto así la ví pringada de manchas rojas, gracias á la ·profusión
hormigueante del consabido librillo escarlata.
Los guías son ultrafastidiosos también, pero necesarios á veces para· ahorrar tiemoo, y
divertidos con frecuenci"t; {¡ mí me dfrertían
con sus descripciones enfáticas, sonoras y absurdas casi siempre. A otros los enojan: á mi
buen amigo Pancho Icaza lo encienden en ira.;
los acribilla á sarcasmos y á insultos interdentales; algunaR veces su cólera hace explosi6n en el rincón de una iglesia ó de un alcázar: «Pero, hombre, está usted loco; este sepulcro es del siglo XV,» decía !caza, en Toledo, á nuestro sacristán cicerone. « Perdone
usted, respondía el apostrofado, es del XIV."
«Pero, permítame usted, replicaba Icaza, no
sea usted bárbaro; no ve usted que es de D.
Alvaro de Luna.» «Sí, sí, triplicaba el guía,
D. Alvaro fué favoritc, del rey que lo ruzo degollar ...... » «Eso es, terciaba yo, con espíritu
conciliador, eso es, pero se mandó hacer su sepulcro antes de morir; un siglo antes.,, El sacristán se inclinaba agradecido y triunfante y
el Secretario de la legaci6n de l\Iéjíco, me decía furioso: c&lt;Hombre, con usted no se puede
tratar nada en serio.»

'

Lo que había visto en Roma en la mañana
del día en que visité á Adelaida Restori, era
,&lt;il Gesú. » El edificio en verdad no tiene imán,
no dice nada ó dice poco1 por fuera. Vignola
lo hizo (no tengo á mano modo de rectificar)
y este correctísimo señor, que era para los estudiantes de arquitectura de mi tiempo, lo
que el Vinio 6 el Heinecio para los de derecho romano, fué muy clásico y muy bien y
nada más; quizás eso basta, acaso no. En honor de la verdad, yo creí mucho tiempo que
el Viñola era un libro; pero ya veo que no:
era un arquitecto ordenado como un libro.
Por dentro el Gesú es espléndido; todo jaspes y mármoles ricos; todo oro, todo ostentación de brillo y lujo de advenedizos, que Í\
fuerza de amplificar el arte del cinrelador de

la joya y del relicario, arte nimio y sutil de
orífice y esmaltador, hasta darle gigantescas
proporciones y revestir con sus orfebrerías una
basílica, lograron crear una forma artística
nueva. Discutible y discutida, sin duda; todos recordamos la ir6nica é implacable aversi6n con que describe Taine el estilo lindo,
mundano, amanerado, alambicado del Gesú, y
en general de las obras de arte jesuitesco. Y
tiene raz6n, es un arte de decadencia, le ialtan la sencillez, la armonía, la majestad del
arte helénico y la exuberancia serena y sana,
hecha de fuerza y de gracia, del arte del Renacimiento. Es cierto, pero es encantador, es
adorable; yo tengo lagunas en mi sensorio estético; á mi me gusta Bernino y sus grandilocuentes declamaciones teatrales de bronce y
mármol; me gusta Canova y algunas veces
profundamente (y en esto Stendhal es de mi
opinión contra la de Taine); las dos figuras en
bajo relieve del sepulcro de los Estuardos, en
S. Pedro, son simplemente divinas; y me gusta ,cil Gesú». Decididamente, decimos en francés, tengo mal gusto; es el que tengo. «Nemo dat quod non habet» como perogrullaba en
su latín al alcance de todos uno de mis maestros de derecho.
Del estilo de.los plateros aplicado á la arquitectura y á la alta escultura, al gongorismo frecuentemente detestable de Churriguera,
¡qué caída, qué cascada de formas, qué alteraciones de líneas al capricho del dibujante,
qué transformaci6n de los graves y elegantes
órdenes clásicos reducidos á ornamentaci6n
pura, á puro accidente en un laberinto dorado
de florei; y florones, capiteles de fantasía com. plicados de festones de quimera, Yainas de oro
que aprisionan y deshacen los fustes de las
columnatas, al margen de los nichos y hornacinas habitados por. figuras policrómicas ele
santos en éxtasis! De aquí esos gigantiescos
retablos que parecen ostensorios esmaltaJos de
colores por las imágenes; verdaderas «iconostasis» que bajan al nivel de los altares de..c;de
los arcos de las b6vedas y que parecen escalas
místicas de Jacoh f'Oña&lt;las por monjas histéricas.

Más soorios, más correctos en su enorme
profusión ornamental, son estos altares del
Ge;iú, el de la capilla de San Ignacio, sobre
todo, que es típica. La impresi6n es que todo
está re,·estido de ornamentación de oro y mármol, desde la urna de bronce riquísima que
guarda las reliquias de ese caballero andante de
la Virgen María, hasta las figuras coronan tes de
la Trinidad beatífica que admiran el globo sin
par de ,dápislázuli" que representa al mundo
y que es un regalo de la Compañía de Jesús
al Eterno Padre. San Ignacio ( escultura en
plata), brilla en su gran aureola de metal.. ...
Y á mí me encanta todo eso.
Allí, junto al altar mayor, me encontré con
la tumba del cardenal Bellarmino; pedíle risueñamente perd6n mental por las injurias
personales que en mis mocedades le había dirigido; y una vez que me sentí perdonado por
el grande y bondadoso señor, me fuí saliendo
de aquel relicario de oro, ofuscado y coritento. Aquello me había gustaclo mucho.
El afán de irreverencia y desacato que caracterizaban la época en que fuí adolescente
(la Intervención, el Imperio, la Restauraci6n)
afán que circulaba en nuestras venas, ·p ues~
que estaba en la atmósfera que respirábamos,
como polvo levantado por gigantesca torre de-·
rrumbada, nos hacía cometer actos irrespetuosos, generalmente estúpidos, con cierta
frecuencia. Y o tenía por un retrato del cardenal Bellarmino que había en mi colegio, antigua casa de .Jesuítas, una aversi6n espe&lt;'ial.
:No sabía quién era aquel sabio cardenal jesuí-

cordaba poco, algo más mis versos: allí los
tiene, en su Biblioteca, en el tomo de sus recuerdos de Méjico; una Biblioteca de muchos
volúmenes, perfectamente ordenada. De Altamirano, mucho; la acentuadísima fisonomía
intelectual y física de aquel hombre que parecía un bronce recién salido del molde antes
de enfriarse, no inmutable como Juá.re~ sino
infinitam_ente m_~vible, como la pasión, había
causado tmpres10n honda y profunda simpatía en la Ristori. Del Sr. Lerdo, que fué como solía, admirablemente fino y galante' con
ella, se acord~b~ bas~nte: y llovían las preguntas y las msmuac10nes y de todo, sin esfuerzo, por solo el d6n de la admiración retrospectiva y de la emoción presente, hacíamos
brotar una flor que dejábamos á ~os pies de
aquella m ujer genial que decía que todo el secreto del artista cousistía en buscar el alma de
la obra dramática y crear co11 ella una realidad: entender, comprender, he aquí el secreto; compren~erlo todo, todo, y hacer con eso
un ser que vtva.. .... nos repetía.

(Del libro "En la Europa t.atina")

ta, fundador del ultramontanismo; mi profesor de 16gica me había dicho que era un «mocho&gt;&gt; (mote que, según me explicaba, era una
contracción de ((mochuelo»), y eso no habría
bastado, si su actitud, si su mirada no me
hubiesen inspirado el deseo de faltarle al respeto. Lo ruce clandestinamente; le transformé los bigotes, le pinté un gran ,,puro» en la
boca, ¡horrores y estulticias! Mas no puedo
olvidar el miedo con que lo hice; aquel fué
un acto más heroico que bárbaro¡ yo temblaba cuando detrás de la máscara grotesca de
que lo había decorado, adivinaba el verdadero retrato, el que tenía fijo en la memoria, su
mirada severa que me abofeteaba y me hacía
poner colorado. Por eso cuando tropecé con
su sepulcro, le pedí perdón, entre risueño y
temeroso.

ccTempi passati," me decía á mí mismo suspira1ido, mientras, {¡ pie, por el c&lt;Corso Vittorio-Emmanuele,» me encaminaba hacia la casa
de nuestro Ministro en Roma, con quien ib~
á almorzar. ¡Tiempos pasados! esa exclamaci6n resume todas las sensaciones que Roma
produce en quien pasa, en quien se va, en
quien se que&lt;la. Hasta lo presente, hasta lo
actual parece visto ~en una perspectiva cuyo fondo es la historia humana; todo aquí es
el pasado, hasta el porvenir. Todo vive de lo
que ha muerto. Roma es como la naturaleza;
la vida es una perenne transformación de la
muerte. Por eso es triste y divina. Una mujer joven, un niño,· una flor, un canto de hoy,
nacen aquí con mrn pátina de tiempos idos que
encanta y enerva; todos parecen envueltos en
una impalpable atmósfera de siglos muertos.
Cuando ll egué al palacio Giaccomelli e,:taba trahsido de frío, á pesar del espeso gabán
y de la caminata. Entré y un tibio y afectuoso ambiente de hogar mexicano me envolvió
como una caricia. En aquella casa era yo
siempre el bienvenido, quizás porque los señores adivinaban cuánto los quería yo y todo
lo que para mí significaban de familia y patria ausentes. Gonzalo un poco triste y delicado de salud, pero amable, cumplido y elegante y pulcro como nadie¡ su esposa deliciosamente dulce y buena. Las horas allí me parecían minutos.
De~pués de almorzar á la italiana, con sa- ·
brosísimos quesos y exquisitos vinos de oros
y rubíes, que olían á recuerdos de Horacio, y
luego de una conversación llena de añoranzas
y hecha de repasos de la juventud, la inatrapable fugitiva, llegó la hora de nuestra visita,
y en unos cuantos minutos estuvimos en la
casa señorial de la señora marquesa Capránica. Subimos, nos anunciaron, entramos en
un salón confortable, artísticamente decorado
con reliquias de triunfos y homenajes de vencidos y subyugados, y en el mismo instante se
present6 una anciana risueña y cordial, envuelta en sus paños de invierno, velada casl
la plateada diadema de los años por una cofia
de blondas negras, más corta de estatura que
cuando esculpía en nuestro sensorio las figuras divinas de Fedra y Medea y Lady Macbeth, hace más de un cuarto de siglo en el
.
..
'
"
escenar10 meJicano; pero con un lampo de luz
joven todavía en la mirada. No sin emoción
la besé la mano, recordando que, en premio
de unos versos, me había dado antaño un par.
de grandes besos en las mejillas .... .. ,qTempi
passatil»
.
De todo ello hablamos, á todo volvimos·
Gonzalo, á quien estima mucho, y yo, nos eñ~
cargábamos de ir despertando alternativamente sus reminiscencias, y poco á poco aquella
vieja decoración del Méjico de 76 ascendía en
el escenario de su memoria y se precisaba casi, aunque un poco pálidamente. A mí me re-

***
Le hablamos de las grandes visitas que había
te!:!ido la escena en Méjico, de Sarah Bernnardt:
para ésta no hay medios, 6 es divina ó es ins?portable; 6 es Doña Sol y Margarita Gaut1er.. .... Y Theodora, añadí. Sí, es verdad,
continuaba la señora, pero Theodora es un
gran escenario dramático más bien que un
drama. . O insoportable, seguí insoportable
como en «l' Aiglon. » Nuestra U:teriocutora no
había visto ,el' Aiglon.» Le expliqué que Sarah
allí era una calamidad á mi entender.
1
Record6 del París de sus tiempos la pasi6n
•paternali, que el gran viejo Dumás había sentido por ella: temperamento de fuego como el
de Altamirano, decía; y su rivalidad con la
R;ach~l, ,q~e tomó la importancia de un episodio histórico en los anales del segundo imperio. H ablamos de Eleonora Duse: no la reemP)~za á usted, señora marquesa, la sucede,
?iJe yo ¡~ra preparar con esta adulaci6n lo que
t?a á decir. _E}la, muy curiosa de mi impreRlón, me obb_go á detallar un poco, á analizarla por vez primera. No lo había hecho cuando
ví á 1!1 diva en Madrid. Me dejé fascinar por
ella sm buscar el porqué; la ví enferma obli' gada á detenerse en los muebles cuand~ recorría la escena, y creo que ese aspecto de histérica, bajo la diadema negra empenachada de
blanco, tal como la describe el autor de dl
F-uoco,» afiadía intensidad al efecto que en el
• auditori&amp; causaba.
verdad es que de las artistas supremas
que he visto, Ristori «in ca pite,» y Sarah y Car~tl (una cantañte que es una maravillosa actnz) y Sada Y ako, ninguna había tomado tan
profunda posesión de mi ,cemotividad &gt;&gt; que
dice Ezequiel Chávez, como Eleonora-' es el
arcángel de la emoción escénica.
'
No tuve empacho en manifestarlo así. Sí
f afirm6, la Ristori, es admirable á veces. E~
«La Mujer de Claudio,» incomparable. Yo la
prefería en ,cMargarita Gautier,» en la ccGio·. conda.» Esto sí rue guardé bien de expresarlo.
-Por acá viene, siempre que está en Roma
pros~guía diciendo la señora, deseosísima. d~
contmuo, de conocer mi opinión sobre el modo con que interpreta tal 6 cual papel; entra
como un huracán, me acribilla á interpelaoiones Y á veces, sin esperar mis respuestas, me
b~ las ruanos y se va. Es una soberana n erVtosa.-Si es una soberana, añadí, forjando
un leve retruécano, una soberana que es una
esclava; é hice alusi6n á D' Annunzio, .....
Rápidamente pas6 del francés al italiano y
más á sus anchas nos habló de sus hijos, de
s~s netezue~os, del susto que había tenido el
dí a del asesmato de Humberto..... . .. Su hijo
e~marqués, chambelán de ,&lt;la Regina" (la Regi~ es Margarita de Saboya, y á fe que pocas
f muJeres lo han sido tan completamente como
~lla! por el amor, por el es¡,íritu, por el inforunio), á quien conocimos en Méjico, joven. zuelo elegante y barbilindo, estaba en Roma
en ~l.momento del crimen; alguno le trajo la
. ~oticia, saltó del lecho y corri6 al teléfono;
d campanilla telef6nica rabiosamente tocada
espert6 á la señora Ristori; el tiempo de po-

u

f

1

t

nerse una b~ta y correr. ¡Qué pasaba! La espantosa ~a~idez de 1,1u hijo le revelaba una funesta noticia, per? del ~iálogo trágico que iha
Y venía por los hilos electricos no sorpre11día
más que un extremo cada vez más horrible
más doloroso .. : ~lla creía_9ue algo había pa~
sado en la familia de su hlJo, ausente en aquellos días; una desgracia, uno de los niños enfermo, muerto quizás...... Y la pobre abuela
se volvía loca de angustia y el marqués no
contestaba, imponía silencio con la mano su
voz temblab~, no quería perder una sílaba ...
Por fin hablo: ccé arn.mazzato il ré» ... ¡Horror!
(Y~ me fi~uro el grito: nadie ha lanzado estos
súbitos g~~os trágicos como ella.)
. Y camb10 entonces la escena iba yo á dec1_r, y nos habl6 de la reina có~o había reci?1do la notic~a, ~u espanto,' su agonía, y luego
su ~uelta á si misma, su entereza su regia seremdad_ salpicada de lágrimas, el' pobre hombre expuando en sus brazos sobre su traje de
fiesta, sobre el regazo de raso blanco salpicado
de sangre..... . Se había levantado; su voz un
tanto velada y sorda, recobró su limpieza de
acero y vibraba como una espada ... .. Cuando
_concluy6 su relato, s~ asombró de sí misma
de sus lágrimas, de su emoci6n admirable~
m~nt~ ,comunicada, de nuestro aspecto de adnurac1~11 temblorosa y pálida........ Gonzalo
aplaudi6, yo estaba inm6vil: había visto en
aq~el momento, la última gran escena d~ la
última gran trágica; porque ella fué la postrera encarnación ~e la tragedia clásica, porque
o!ras, otras ge~nales han humanizado la tragedia, la han baJado del templo, la han metido
entre nosotros, la han hecho más dolorosa:
ella es la única, es la última que le conserv~ba su sello divino, su carácter augusto: al
pie de su escenario se alzaba el ara de Dyonisos, la ccthymelé.»

***
En otro saloncito pulcro, sencillo, hecho ccad
hoc» para la conversaci6n íntima para saborear la música, para paladear lo~ versos nos
esperaba Bianca, aquella Bianca delidiosamente &amp;en~il, para quien el Méjico elegante de
hace vemtiocho años fué todo miel y flores ...
Doña Blanca, como todos la llaman es una
figura ideal, su cabellera precozment~ platea. da, encerrando en dos bandas lisas y sedosas
el 6valo fino y puro de su rostro blanquísimo,
levemente sombreado de rosa, sus ojos claros
y serenos como un madrigal de Gutiérre de
Cetina, su voz dulce y fresca como un hilo
cristalino de ccacqua vergine,» su esbeltez su
traje, todo en la ccmarquesina» era poético' era
úna evocación de arte de los tiempos en 'que
Luini y Botticelli pintaban sus madonas y sus
santas. Se busca involuntariamente e1 círculo
intangible del nimbo sobre la cabeza de Doña
Blanca. Nos sirvió una taza de té y · hablamos, hablamos ...... Primero de Méjico, por supuesto;
en ella más que en la madre el recuerdo es
preciso.
Los paseos, Chapultepec, las muchachits
mejicanas de la sociedad rica 6 ricacha de
entonces, su amabilidad exquisita (cámparegiabile,» diceDofüt Blanca), el camino de Veracruz á Méjico, todo lo recuerda minuciosamente. Deslicé cierta pregunta indiscreta.
¡Oh! sí, me han dicho, repuso, que ya es un
anciano casado, con muchos hijos, que vive
en París; nunca viene á Roma? Sí, la inform6 Gonzalo, pocos días haestuvo aquí.-¡Oh!
¿por qué no me vino á ver? Cuánto gusto habría tenido, él y su hermana, tan buenos amigos nuestros! Y el alma pura de Doña Blanca se veía en el fondo de sus ojos como una
concha irisada en el fondo de una ola en la
playa.
La conversaci6n se orient6 poco á poco hacia el arte dramático y volvi6 á la Duse, cela
de las bellas manos,» que dice el autor de
,cGioconda» (no de la Gioconda de Da Vinci).
Hablé de la extrañeza que en Madrid me había causado ver á la soberbia artista representar con profundo amor , precisamente en la
Gioconda, el papel de Silvia, que encarna la
lucha ibseniana entre el deber impuesto por
la necesidad social de conservarse y vivir, y la

Domingo tñ de Junio de 1902
asI?irac~óu del ~rtista hacia un mundo superior
( 6 mfe,nor, ¿qmén sabe?) de sensualismo é idealismo a la vez: la perenne batalla que riñen en
el corazón de los P?etas y de todos los hombres
de arte, _el amor simple y silencioso como la
abnPgac1ón y el sacrificio de la mujer que representa la noble y santa prosa del hogar, y el
otro ª'!1ºr, el de la ruptura de los vínculos, el
de la libertad ,Y d~l placer, que no es más que
el amor de si_ mismos, que es el más feroz,
aun en 18: trágica sublimidad que asume á veces,, el mas ÍP.roz de los egoísmos. y volviend~ a la_Duse, decía yo c6mo después de escnto «ll Fu&lt;?co,» en que D' Annunzio pasea
~n un marav1~oso carro de sedas y pedrerías
ª 1~ nobl~ artrnta para mostrar á todos las infinitas tristezas de sns desnudeces marchitas
de alma y cuerpo, puede ella ponerse en cofi~cto con él, interpretando con tanto entusiasmo sus obras. ..... !
Miste;ios, misterios del alma femenil· siglos y siglos _de esclavitud dejan esos s~dimentos turb10s en el fondo de un ser.. . y recordaba_y? lo que había visto frecuentemente en mi tierra: una mujer herida y pisoteada
por un hombre, volverse airada contra su salvador.. ··· .P~ro había ido demasiado lejos; la
pudorosa mirada de Doña Blanca me indicaba todo lo que la repugnaba el espectáculo
~¡ue, evocaba_ antes~ vista. ¡Oh! yo nunca leo
a_D _Annunz10¡ sus hbros están excluíclos de mi
biblioteca. Sé, por_ sus versos t¡ue es un gran
poeta, per&lt;? ma~ bien un artista, porque yo
no comprendo a los poetas sin corazón y en
este ho1?_bre no hay corazón .....
Así d1Jo. Y ya había venido la noche y el
resp~andor de las chimeneas luchaba cdn sus
re~eJos en las ventanas con los últimos besos
gnses del crepúsculo, cuando dejamos «a régret» aquella ca:-a en que rendían culto á lo
bello Y~ lo bueno, inseparablemente, dos nobles muJeres:_una que venía lentamente de un
paraíso de trrnnfos, de glorias; otra que lentamente subía c-on su blanca aureola en la cabeza hacía el paraíi;o del ensueño ..... .

DE "ODAS BREVES"
]Jeafus ille . .
¡D~choso aquel que, lejos
del aire corruptor de las ciudades
atiende á los consejos
'
de Dios y á las verdades,
del claustro en las calladas soledades!
-El que, en celda bendita
--centro de paz--como eu propia
' casa
muy sosegado habita;
'
goza dicha sin tasa,
y, á solas con su Dios, la vida pasa·
Que, á un lado la riqueza
'
dejando, cifra su mayor tesoro
en sólo la pobreza;
y tiene á gran decoro
unirse de los ángeles al coro.
No de su celda al muro
el ruido mundanal furioso llega·
en Dios vive seguro·
'
vela sutil despliega,'
y por el mar de la oración navega.
¡Qué es verle divertido,
del bosque entre los árboles cantando
y luego embebecido
'
el cielo contemplando,
quedarse cual la tórtola llorando!
¡Oh dulce apartamiento
do es venturosa del mortal la suerte!
de paz divino asiento
¿quién no habrá de q~ererte?
¡dulce es la vida en tí, dulce la muerte!
FEDERICO EscoBEDO.

�EL MUNDO ILUSTRADO

'EL :\l"GXDO JT.,"GSTRADO

Domfogo 15 de Junio de 1902.

EL NUEVO MINISTRO DE MÉXICO EN BÉLGICA.
La Comi!úún Permanente del
Congl:eso de la lJnión acaba de
ratificar el nombramiento con que
el Sr. Presidente de la República
se sirYió honrar al Sr. Lic. Don
Emilio Par&lt;lo (jr) para que, co!1
el carácter de l~nviado Extraordinario y Ministro ljlenipotenci~rio,
represente á México en Bélgica y
los Países Bajos.
El nueYO Ministro lleva una
importantísima comisi6n ante el
Tribunal de la Haya.
El Sr. Lic. Pardo hizo sus estudios preparatorios en. la~E~cue;
la de San Ildefonso, Yr.; se tJt~lo
abogado en la de Jurispruden?ia,
cuando apenas C'ontaba vemte
años, tras una brillante carrera.,
Poco despué;-, y durante algun
tiempo, el notable juris?onstdto
redactó con el Sr. Lic. Pablo ~Ia~eclo, el periódico de .J urispruclencia «El Foron, y más tarde
pasó :t de8empcíiar lll~ ~rnpleo en
el 1linisterio de .Justu:ia, el que
&lt;lejú vacante pa.ra servir como adjunto del Procurador General~~l&lt;'
Justicia de la :N ueiún y del l◄ 11;cal de la 8uprenrn Corte. . .
Al inauaurarse la Admm1stración del
General Díaz, fué Hi:mado á ocupar un puesto pronunente eh la misma 8ecretaría ele
Estado· fué despufs ·Agente del
l\linist~rio Público, 3'-~scrito ~ l?~
juzgados del ramo c1 Yil; y Sll'\'10
como catedrático en la Escuela de
Jurisprudencia, de la cual era uno
de los alumnos fundadores, la
asignatura de Derecho Constitucional comparado.
·
En 1878 fué electo Síndico del
Ayuntamiento dé la Capital y designado para dar la clase de_ ~erecho Constitucional y Admm1s-

st

SR. LI C. E MI LIO

PARDO

(Jr),

t rativo en la Escuela Superior de
Comercio y Administración, en
don&lt;le posteriormente obtuvo por
oposici6n la de Derecho Comercial, Consular y Marítimo.
A su regreso &lt;le un viaje á Europa y á los Estados Cnidos,
salió illecto Diputa&lt;lo al Congreso de la Unión, del cual ha
sido presidente en varias ocasiones. Ha tomado participación aetiYa en casi todas las discusiones
importantes de la Cámara, á contar &lt;lel año de 1886, formando
parte de las Comisiones de mayor
significaci6n; y al ultimar el Seüor Ministro de Hacienda el arreglo de la Deuda Pública, fué uno l
de los miembro,' de la Comisioo !I
liquidataria y estuvo á su cargo
el reconocimie11to y la conversión
&lt;le la Deuda Interior.
Cltimamente integró la Junta
&lt;le Beneficencia priYada, enm
en extre1110 honorífico.
Por lo demás, el fü. Lic. Pard
lrn. influído mucho en el moví
miento literario jurídico, y tra
j:ulo con empeño por el adelan
de la ciencia tlel Derecho en el
legio de Al&gt;ogados de México,
cual es Secretario hace m uch
años, y en la Academia de L ·
!ación y .J urispruclencia, de cu
junta ele gobierno ha formado
te desde que fué fundada. Es
bifo miembro correspondiente
la Real Academia de Legislad
y Jurisprudencia de Madrid y
la Sociedad de Legislaci6n Co
parada, &lt;le París.
En la conferencia Panam
canll se le nombró Presidente
la Comisión de Arbitraje, y
tra.bajos fueron de lo más meri
río.

Desde el momento en que lo único que
m uere y lo único que se entierra son peleles
y que cada uno al irse como los nij'ios al venir, trae su torta bajo la ,forma de una buena
póliza &lt;le seguros, ya no hay por qué llorar
ni por qué gemir, al contrario «gaudeamus!»
gocemos, seamos felices y exclamemos como
en las defunciones de los reyes:
¡El pelele ha muerto!
¡Viva el pelele!
Y es tanta y tan grande la injuRticia humana, que á los Balrnori, l\fadieclo e «tutti quanti» no se les tendrá en cuenta. el bien que nos
han hecho, la tranquilidad que en punto á
mortalidad han traído á nuestro espíritu, sustituyendo á la muerte una parodia y sacando
de lo siniestro lo risible.
Gracias á ellos, lo que muere no son ya los
hombres, sino sus nombres; lo que se entierra
no son seres, sino efigie!". ¡Y vamos á darles
como recompensa la bartolina!

:J)r.

Jtl. Flores.

AYER
¡Oh nieve del verano! ¡Oh mariposas blancas!
Que batíais en su huerto vuestras alas de plata
Como lucientes velas en un mar de esmeralda.
¡Oh pájaros salvajes que amáis el infinito
Y veníais en las frondas á colgai· vuestros nidos
Donde pasar la noche bajo los altos pinos!
¡Oh indómita parvada de incansables insectos!
Los de zumbidos graves que en el jardín discreto
Rimabais en un coro nuestro idilio ya muerto.
Vieja banca agrietada revestida de yerba,
Refrigerio propicio ele hormigas sempiterna!&lt;,
Que el secreto guardabais ele ternuras inmensas.
Parra verde y fecunda ele ramajes espesos
Que erais arpa sonora al beso ele los vientos
Que os azotaban rudos con resoplidos épicos.

SRI TA. A D E LA SERRANO.

Y vosotras, de luna limpias noches serenas,
Que alumbrabais mis pasos en las calles est1·ecbas
Que conducían al chtustro poi· intrincada senda.

Y ahí tl'iste. agitado, buscaba con last'ivia

La humedad refrescante ele aquellas piedras frías
lleclinanclo mi frente en sm; duras aristas.
Y cual fardo. insensible, pasaba largas horas
Al pie ele esas paredes, r en una nochE' lóhrcga
Un hombre compasivo me arrojó una limosna.

¡Y tú, mujer, la pálida, la soñadora mística!
Fragante jaramag-o credclo entL·e esas ruinas,
Que calmabas amante mis ansias infinitas.
Que te cantaba el numen ele mis 1:imas precoces

Y oías las primeras confesiones ele amm·es
Avel'gonzaclas, tímidas, vacilantes y to1•pf:'s ....

Todo se trae consigo la oleada del recueL"do
Cuando remueve el fondo de aq uelclormiclo ensueño
¡Como la ola salvaje que se empina á los cielos
Llevandoensusespumasloque á su paso estorba,

Así, jardín sombrío, vieja ca&lt;;a ruinosa.

Os arrastran las olas del mar &lt;le mi memoria!
EDUARDO COLÍN.

La sangre nos Ya volviendo gradualmente
al cuerpo al considerar que un buen tanto por
ciento de la morta fülacl corresponde á los peY LA ESTADIS'rICA
lelrs qne csns tumhas qué los sepultureros
DE LA MORTALIDAD
caYa~1 con afán, encierrnn simples muñecos,
que esos mon11n1entos,Rtmtu0Ros los ui:ios, modestos loR otroR, eRas trucri; funerarrns, esas
Las reiteradas exhumaciones de pelPles qne
inf'nipcioneR piaclof'aR ó ticrnaR, Ron, no_ hohan venido verificándose, y las más numprn,:a.s
menajes del ,·indo á 1~ difunta &lt;.&gt;Rposa, 1~ del
aún que amenazan rea.li~a~s&lt;' á corto pla:-o,
huérfano al padre extmto, clel amante a s~
darán ocasión á un trabaJO mmenso de rectifiamada desaparecida, sino tan s6lo señales Yl·
caci6n estadística y llegarán á desvanecer, así
si bles de una ef'tafa y signos exteriores de burlo esperamos, la \:alum~ia que pesaba so~re
las sangrientas {t las Compañías de Segmos.
nuestra salubridad pública. Ya era extra.no;
Esta:-;, «de S('p:m·o,» no están contentaR y
en efecto, y casi rayaba en lo ~b,mrdo, que. a
a.un han claJo scñaleR de desagrado; vero en
una altitu&lt;l ele míts ele dos mil metros, ha~o
cambio qué satisfacción, y qué orguUo y q_né
las auras más tibias y el cielo más puro y 1,,aR
tranquilidad de conciencin para las Agencias
azul, que, por un lujo ele coqu?tena ha &lt;laclo
ele Inhumaciones, que ven prosperar ~u nep:?en engalanarse ele suntuoRas pmpu_r~s crepu~cio y elrvarse la cifra de sus transacc10nes sm
culares, lejos de florecer y '.le fruchtic~r la_ vique· en ello medi_e m_ucrte de h~rnhre_ ni pelida fuera tan efímera, hubiera ele extmgm~·se
gro para la proprn 111 para ln. ex1sfrncrn de los
ta~ pronto y hubiera de Rer ta1~ &lt;leRfavoral&gt;lr
RPr&lt;';- queridos!
nuestra estadística de la rnortahclacl.
Hay, en drC'to, un amargo rc1&lt;ahio y c:icrta
iiédicos, higieni:-;tas )' soriúlogos pe1:clían
profunda melancolía en el T&lt;'gorijatlo frotalos bártulos computando lo~ tanto" por ~10nto
miento de manos ele (]Uien redondi:'a su fortuformidables ele las ef\tadísticas mor~u9nas, y
na á costa de 1a Yida. humana, de qnirn miele
los gobiernoi-, los Con1-ejo~ ele Salubmlad -:,· los
la.s utili&lt;lacles &lt;1&lt;' su trabajo por los dolores 6
concejoR con «e», se arr~maban en ?br~s de
las ang11Rtias de los demás, y ele qui~n gm~a
saneamiento, se con~umrnn en mechtac1oneR
la RubsiRteneia á expensaR de la ex1stencrn
trascendentes á ese reRpecto, y la prensa sugeajena.
ría. medidas y rlesem·olvía proye~tos, así co_mo
Y cuando los agentes ele inhumaciones, los
las academias científicas hosq~teJaban_ explicaempresarios
de panteones, los sepultureros y
ciones y formulaban imputac10nes s111 lograr
loR fabricantes de cajaR ó de lápidas mortnoesclarecer el arcano.
,
.
riaR, por un capricho de la ¡,uertc _ó por la geHoy todo Re comienza a explicar y se va punial habilidad de una banda de timadores se
diendo compren&lt;ler. Esa.s muertes, en mucha
encuentran
de improviRo con que la demanda
parte .al _meno:;, son mucrtPs
pega'. rnt:e~de su trnbajo aumenta, su:; negocios prospetes camárna; no so1:, coi_no dec1a el ot10, ,r,e1ran y sus utilidades se acrecientan Rin necesidaderos» muertos,RinO s1rnp1es peleles, fo~ma~
dad de que la peste diezme l¡i población, ni
engañosas de cadfver, molcleaclas en ca.rton o
la epidemia siegue vidas ni amenace la proesculpidas en zompantle.

LOS PELE LES

1c

pia, deben sentirse &amp;'l~isfec~os de sí mis~os,
del fondo de su corazon tiene que surgir
sentimiento de gratitud y amor á los inven.
res que quitan á su trabajo y á su p~ofes1
todo cuanto tienen de amargo y de tn ste,
quitarle nada de cuan to tienen de lucrati
antes bien, acrecentándolo.
Si yo fuera artesano, sería fabricante,
tre, modisto, zapatero 6 mueblero de m
cos. Debe ser, es sin duda delicioso, tra
para hacer la. felicidad ajena, para propo
nar placeres y recreaciones dulces. Es ése
placer supremo y la noble satisfacci6n ~el
tista. Crear para que otros gocen, trabaJar
raque otros Yivan, aliar con ht dicha con:
la desgracia, con el placer contra el dolor, ,
la. prospcrida&lt;l contra la miseria, con la
contra la muerte; nada mús noble ni más
de. Ai::í se santifica el trabajo.
De estas altas f;ati"faociones estaban pri
rlos hasta ayer aún, los tristes artesanos d
muerte. Podían trabajar honrada, pero
alegrem('nte; con conciencia, pero sin
jo; entre las brumas ele la tristeza, mas ~o
jo las radiaciones de la. alegría. TrabaJa
llorando ó fmspirando, nunca riendo Y
tando.
Hoy laR cóRas han cambiado. Ya i-e P
llevar rn ÚRica de cuer&lt;la. á un entierro; C1
tarareando de Fatisfacción una fosa.j in
entre riS:1s y chacota una capilla ard1en~
los muertos. no son seres queridos que .
parecen, sino fortunas que llueven del
ya no plantean ante el espíritu los ate
res problemas del más allá, sino sugieren
sólo proyectos de inversión lucrativa, .
ele organización de tamaladas; ~·a no tí
en medio de la vida ese crespbn que .
enluta; hoy abren horizontes indefin1d
placer y de prosperidad.

Domingo 15 de Junio de 1902.

Mención en los Juegos Florales. •

Ednardo C'olfn.

Abajo temblorosas las mar¡raritas mustias
Tiritando de frío con sus hojitas juntas
Que elevaban al cielo como plegarias mudas.
Y vosotros de1·ruíclos, pes11clos paredones
Que os trasponía anhelante de pa,;i6n y ele goce
&lt;.;uando llegaba, lenta, la silenciosa noche ....
¡Ventana enflorecida de mohoso enrejado!
Hierros que al fin domaba la furia ele mis brazos;
Tiestos frescos y olientes ele tloriponclios blancos.
Y vosotras campánulas, azules campanillas,
Pedazos de aquel cielo extendido allá arriba,
Que subíais presm·osas á besar sus cortinas,
Que rozaban las luengas cabelleras flotantes
De los inmensos pinos y de los verdes sauces:
Y vosotras palomas, trovadores-fugaces,
Queerais la nota alegt·e de aquella casaauste1·a,
Desnuda y tenebrosa con su salas inmensas.
Llenas de santos viejos y de viejas leyendas.
¡Oh callado euiflcio, venerable convento!_
Relegado al olvido con su paz y su huerto,
Perdonado sin duda por la pica. ~el tiempo.
Y á. lo lejos; humeante y erizada de- torres·,
La ciu.dad adormida con. sus secos rumores ..
Y,todavía más lejos, en el confín, los montei, .. . •

CONFERENCIAS CIENTÍFICAS.
La Asociación del Colegio ~Iilitar ha inaugurado, eon toda solemnidad, la primera Reric ck las Conferc11cia;- Científicas que preRcrihE'n sus &lt;'~tatutos y que han de Yerificari::e
afio por afio.
m :-(tbmlo i &lt;lel aetual, con asistencia del
i,cñor Presidente de la República y de sus Secretarios ele Ifacil'nda, (imrra y Fomento, se
celebró la se;-ión de apertura de la serie, ante
una eRcogida concmTPncia. El Teatro del Con~en·atorio, que fué el loeal e;-cogido de antemano, esta ha primorosamente adornado.
El señor Ingenil'ro Ignaeio ele lri Barra pronnnciú un cntusia~ta &lt;liscurRó &lt;le apertura,
que fué escuchado con interés y que le Ya lió
aplausos y felicitaciones. Declaradas abierta:;
las Conferencias por el señor Presidente de la
Repú hliC'a, el Tcnirnte Coronel Do:-:. J ulián
Pacheco, á nombre del grupo de Infantería,
dió lectura á un ·importante eRtudio acerca del
uniforme de cm11paña que pref'cri ben los reglamentos mi Iitare~, !. de )n;- reformas &lt;¡UP es nec·t&gt;:&lt;a rio intrnducir en {•l.

�Domingo 1!1 de Junio de 1902

EL SB. LIC.

EL :MUNDO ILUSTRADO

Honramos nuestras columnas
con el retrato del distinguido oaxaqueño, Licenciado Don Emilio
Pimentel, á quien la opini6n pública en Oaxaca, designa como
&lt;candidato á la primera Magistratura de aquella importante Entidad Federatirn, para. el pr6xiwo período constitucional.
El señor Pimentel se educ6 en
'SU tierra natal y, durante algún
'tiempo, desempeñó el cargo de
Secretario de Gobierno, con notable atingencia. En Méxir.o es
muy conocido como hombre de va
lía,· y los servicios que ha prestado á la actual Administración, ya
como representante de nuestro
país en el extmnjero, ya corno
Diputado, 6 bien como Presidente de la Corporación Municipal,
hablan muy alto en su favor.
Para ser un buen gobernante,
cuenta, pues, con los antece&lt;lenks más honrosos, y así lo comprenden, en Oaxaca, todos loR
que ele verns Re interesan por la
prosperidad de aqudla rica porción de nuestra República.
Su candidatura. se ha recibido
con marcadas muestras de Rimpatía por todas las claRes socialt&gt;s,
y los «clubs" no han vacilado en
acogerla con entusia~mo.

III
-Yette, tengo que hablarte.
-Qué hay, padre mío?
-Hay que uno me ha pedido tu mano ahora mismo ...... Un rico partido...... Yo he subordinado mi respuesta á la tuya, y quiero saber qué es lo que piensas.
Y ette se puso á temblar.
-De quiéfi, pues, se trata?
-De Christian, el hijo de mi VIeJO amigo
Claudio, el más rico hacendado de los alrededores.
Qué! Christian, el rico Christian pensaba
efi ella?
Ciertamente, era nn magnífico partido-un
partido en el cual soñaban las más hermosas
muchachas del pueblo.
Y ette gustaba charlar con Christian el día
sábado por la mañana: cuando antes de ir éste á la feria vecina, se detenía á tomar una copa de sidra, por tener pretexto de darle los
buenos días.
A esta sola idea: que él la había pedido, latía su corazón con violencia.
-Y bien, mignonne?
Iba á responder, pero repentinamente pens6 en Juan y en Pedro, asociándolos en su
pensamiento contra este nuevo pretendiente.
Los pobres morirían, era seguro, los dos,
como lo habían escrito!
La víspera había encontrado á Pedro, que
al verla, se puso como una amapola; además,
había creído distinguir más de una vez, por la
noche, ruido de pasos bajo su ventana, y oculta detrás de la persiana había adivinado la silueta de Juan.
Y su coraz6n, hasta entonces tan quieto, tan
poco hecho á las penas y decepciones, comenz6 á librar un combate rudo.
Desde hacía algún tiempo había soñado el
amor como la uni6n sencilla y dulce de dos
almas, sin amarguras, sin temores, y he aquí
que el amor se le aparecía como una cosa dolorosa, como una batalla que dejaba víctimas
sobre el camino.
Y sería ella, la pequeña Y ette, tan débil,
tan mignonne, la causa de todos estos dramas?
Pasada una semana de reflexión, como su
padre insistía en conocer su respuesta sobre el
asunto de Christian, baj6 la cabeza y dulcemente respondi6:
-A qué mentir, padre mío?-Me parece
que no sería completamente feliz! Esperad.
Christian al sábado siguiente no pasó, afligido sin duda, y, por su parte, Yette llor6.

Va á sus sienes, las que viste
la patria con sus laureles,
el aura que en los verjeles
ronda como un alma triflte.
En su pupila, que asoma
cual un signo de pureza.,
hay del le6n la nobleza
y el candor de la palon13 ...
¡Gloria al bardo! ¡Salvas de oro
ríndale el sol con sus cintas,
y vierta nacáreas tintas
el iris con su tesoro!
Cuando en el llano desierto
le ofrezca sombra la palma,
un heRo imprima en su alma
la gloria del héroe muerto!
Que ¡ay! el bardo necesita
para que su canto vihrr,
admirar la patria libre
en su grandeza infinita;
Y como dej6la esclaYa,
para obtener albedríos,
ungir su lira en «Dos Ríos"
y jurar en «Punta Brava»
¡Gloria al bardo! ¡Salvas de oro
ríndale el sol con sus cintas,
y vierta nácareas tintas
el iris con su tesoro!

Retorna lihre el poeta:
al pisar el patrio suelo,
brinda á la región del cielo
sus perfumes la violeta.

Como su nombre pequefio, contenido en una
sílaba, en un soplo casi, Yette, de diez y ocho
años, era una niña fresca y graciosa, las manos
finas, la boca mignon, pero sus grandes ojos
rasgados- - dos luceros-iluminaban radiosamente su rostro y hacían á Y ette tan linda,
tan linda, que, por todo el pueblo, hasta las
mujeres, cuando la encontraban, se volvían encantadas y murmuraban:
-¡Miradla pasar: es la primaveral Esta primavera estaba hecha apenas de gemas y retoños; ninguna flor de amor había abierto en
este nuevo y pequeño corazón.
Yette nada conocía de la tierra si no es que
había sobre la tierra sol, canciones y alegría.
Desde por la mañana hasta por la tarde se
la oía cantar, y en su morada, dichosa por
ella, su risa era una continua cascada de notas
ligeras.
-Hija, decían los vecinos, una niña tan
preciosa como tú, no debe casarse más que con
un rey.
-¡ Dejadla! ¡dejadla! gruñía su abuela. Ella
Re casará según su coraz6n. E1-o será lo mejor!
.Una mañana de abril, Yette recibi6, por
mensajeros misteriosos, dos cartas, una azul,
la otra rosa.
En la primera le decían morirse de amor
por ella. En la segunda, le juraban matarse
si no quería conceder su mano.
Los bellos ojos de Yette se velaron.
¿Era eso el amor?
En el fondo de su coraz6n, alguna cosa de

Y cuando muy tarde, Yette qued6 dormida,
su elecc16n no estaba hecha todavía; allá, en
el fondo, sin darse cuenta, á cada uno concedi6 un pedazo de su coraz6n.

Y mezcladas con los trinos
de las aves, nuestras brisas
ráfagas son de sonrisas
entre aljófares divinos!

LA Vtl'EL'l'A DEL :BARDO.

I

EL :MUNDO ILUSTRADO

Rasg6 ígneo rayo las brumas:
de blancas nubes circuido,
el sol es un rey dormido
en albo diván de espumas;

B■ILIO PIIEllTEL.

MIGUEL

COYULA.

Habana. - Abril 1902.

extraño, de incierto, pero muy dulce, acababa
de vibrar.
Y la preciosa Yette, que antes s6lo pensaba
en reír, ahora soñaba ........ .

II
El autor de la carta azul, era Juan, un
guapo mozo de fino mostacho. Nunca había
hablado á la joven sino de cosas indiferentes,
pero repentinamente su memoria Re ilumina y
recuerda sus enrojecimientos súbitos, sus maneras torpes, sus miradas cor1'fusas cuando se
encontraba cerca de ella.
¡El!. ... .. ¡.Juan!. ..... por rnari,lo!
Yette sonríe; dt&gt;spués maquinalmente-desgarra la carta eh pequeños pedazos, que se esparcieron sohre t&gt;l suelo.
-¿Después de todo, piensa, por qué no?.....
Pero aún tenía en la otra mano la carta á
mrdio abrir.
Estaba firmada por Pedro, un joven del
pueblo cercano, pálido y blondo, muy estimado; muchas veces la había encontrado en casa
de unos parientes, pero jamás habían cruzado
un largo diálogo.
.
El también la amaba en verdad, y tanto,
que era capaz de c~meter una locura si no ·
consentía en ser su esposa.
'
¡Casarse!. ..... ¡ya!
Pedro no le disgustaba. Al contrario, le parecía bueno y sencillo; ¿no sería un goce encantador el de asociarse á .su vida?
¿Pero, entonces, .Juan?
Y ette desgarró la carta rosa lo mismo que

había hecho con la azul, y sus despojos se
mezclaron en la alfombra.
La pobre niña se encontraba aturdida.
¿Qué hacer? ¿Qué pensar? ¿Sería necesario
responder?
Yette repasa en su memoria todos los acontecimientos de toda su vida; jamás había causado un daño á nadie, y siempre había procurado mostrar,:e buena y caritativa con todos.
La abuela pasaba.
Yette corri6, le enlazó al cuello los brazos,
y le preguntó tímidamente:
- Qué habrías hecho si en el mismo día y
por distintos lados te hubiesen dicho que te
amaban?
La abuela, estupefacta, lleva la mano á sus
anteojos para estar bien segura de que es i;u
pequeña Yette la que hablaba así:
-Señora! mignonne, lo que yo habría hecho ...... es bien sencillo ...... Me habría preguntado á quién de los dos amaba.
Bella solución! Cuál de los do~? Pero Yette
no sabía nada. Los dos le parecían mu,v gentiles _y le hacía.1), después de todo, gran honor
pensando en ella.
Aquella noche no d urmi6. huscando una soluci6n á tan grave problema.
Tal vez Pedro sería el más serio? No era
Juari el más simpático?
-Sí, á fe mía! Juafi vale más; tanto era
así, que hasta pudo pensar en ca~arse, idea
que hasta entonces no le hahía ocurrido.
Pero qué diría Pedro? No había hablado
de matarse si rehqsaba? Hi~bría que dejarle
m.orir?

IV
Estaba más bella que nunca; sus grandes
ojos habían tomado una expresi6n de tristeza
que le caía deliciosamente.
Después de Pedro, después de Juan, después de Christian, otros vinieron que la amaron y se lo dijeron.
Ella habría querido dar su corazón á alguno,
vivir, con un c,1mpañero bueno y agradablP,
años venturosos; pero la atormentaba i,in cesar el pensamit&gt;nto de que otros pudiesen sufrir por ella!
Al menos, en tanto que ella no dijera definitivamente «no« á ninguno, todos ellos tenían
el derecho de esperar.
Y con esta idea, no se decidía. A cada uno
concedía un poco de su ternura dulce y agradecida.
-Es extraño! decían las gentes, la pequeña
Yette no se casa! No será, sin duda, por falta de pretendientes! Vuelve la espalda á todos
los muchachos del pueblo.
-'Tal vez ama. Pero á quién?
Nadie lo sabe.
Pasa el tiempo. Christian se había casado,
y hay que agregar que ricamente.
Pedro no se había ahorcado ni echado de
cabeza al río. En lugar de esto, acababa de

•

celebrar sus esponsales con una. de sus primas.
En cuanto á Juan, no abandonaba un momento la taberna.
Y ette había sabido todo esto, y cada vez había sufrido por ello. Había creído en la palabra de cada uno de ellos, y cada uno de ellos
se había llevado un poco de su corazón. Otros,
después de juramentos de amor eterno, se habían ido sin volverse á acordar de su palabra.
-Lo ves, Yette, decía la abuela, has hecho bien en no decidirte; el amor de los hombres no dura una hora!
V

Un día se esparció el rumor de que Yette
estaba mala, bien mala. La nueva corri6 de
puerta en puerta.
Por la noche viéronse deslizar sombras hacia la casa donde la joven habitaba. Eran los
enamorados de Y ette. Cada uno de ellos la
había pedido en matrimonio y cada uno de
ellos había recibido la misma respuesta in.cierta, eugañosa. Pero era tan bella, tan bella, que á su pesar la amaban siempre en el
fondo de su corazón.
El mismo Christian vino oculto en una
gran hopalanda para no ser reconocido; no era
feliz y sentía á Y ette.
Pedro había roto sus esponsales; el recuerdo
de Y ette estaba vivo en su alma.
Cerca de la puerta estaha también Juan,
que había desertado aquel día de la taberna.
Pero ninguno osaba entrar.
Se miraban con desconfiahza, celosos unos
de otroi;,, pareciendo comprender por qué estaban todos ahí.
Al fin uno de ellos tocó á la puerta.
Una voz triste responde:
-Dejadme, mi pobre Yette se muere!
El viento soplaba cruelmente. Era porque
fueteaba sus rostros ó por otra causa? ........ .
Estos hombres lloraban.
En la casa se oy6 al fin un gran grito.
-Ah! todo ha concluido, dijo Christian.
El viento soplaba con más violencia.
Cuando se les permitió entrar, Yette reposaba en sus blancas vestiduras, con un haz de
flores en sus brazos. Sus grandes ojos, aquellos que habían hecho que la amasen tanto,
estaban cerrados. Solamente su boquita entreabierta conservaba aún una sonrisa.
Los j6venes, descubiertos, penetraron suavemente en la estancia.
-De qué ha muerto? preguntó uno de
ellos.
La abuela no respondió, pero una voz misteriosa murmuró:
-De amor tal vez!
Entonces la abuela, que sollozaba en un rinc6n de la pieza, se levanta, toma el ramillete
que reposaba en los brazos de Y ette, y sin hablar, di6 una flor á cada uno de aquellos j6venes.
Traducción especial de ·•El Mundo Ilustrado."

DE PAUL VERLAINE.
Lasombrade los árboles, como el va.por se pierde,
De los tortuosos ríos entre las brumas densas;
En tanto que en el aire, sobre el ramaje verde,
Las tórtolas se quejan.

Viajero: ¡cuántas veces el pálido paisaje
Te vió· á tí mismo pálido como la sombra aquella,
Y cuán tristes gemían en lo alto del ramaje,
Tus ilusiones muertas!
'J,'OBÍAS IJIMÉNEZ,

Domingo ló de Junio

a6· ~02.

POPOCA TEPETL.
El rey de Espafia concedi6 á Diego de Ordaz que llevara en uno de los cuarteles de su
escudo la figura majestuosa del \'Olcán que
asoma su testa blanca por entrn las nubes que
en Primavera se levantan á pasear por los horizontes del Valle mexicano. Y fué que el audaz aventurero trep6 hasta la cima de la nevada montaña y encontró en ella el elemento
para fabricar la pólvora que había de cohquistar el pasado poderío.
El escudo de Ordaz se horró en todos los
recuerdos, y la quebrada. silueta de la montaña, luce en otro cuartel que tiene por fondo
el azul de los cielos.
Un aeronauta me cont6 que en su vida de
arriesgadas excursiones jamás había visto más
hermoso valle que el Valle de México y que
era innarrable la impresión de paisaje que le
prestaba la presencia de las cimas nevadas.
Es seguro que no mentía el aeronauta: es
atractiva y muy atractiva la vista del horizonte hacia donde quedan el Popocatepetl y el
Ixtacihnatl; parecen majestuosos desposados,
que de pie sobre la verde alfombra del Valle,
se envuelven en las hubes de incienso del gran
templo ..... .
¡Lástima que en estos últimos días las miradas se hayan vuelto con ansiedad y desconfianza hacia la espléndida pareja! Decíase que
el «var6fi" nos amenazaba, que rugía sacudiendo un penacho de humo, que ... el Monte
Pelée le había causado celos con su triunfo de
exterminio é iba á probar si su poder era tan
grande como el del gigante homicida de la
Martinica.
Afortunadamente nada hay por ahora menos cierto; el Popocatepetl no presta su boca
de fuego para que la c6lera de la tierra enferma bata contra la placidez de la vida y plante banderas negras por doquiera.
Lejos de ello, el Popocatepetl tremola un
penacho de humo blanco en son de saludo á
la pureza de nuestro cielo. Así lo dicen los
tranquilos habitantes de los pueblecillos que
se recuestan en la falda de la montaña. Cuando se les pregunt6 si desconfiaban del gigantesco vecino, volvían una mirada casi cariñ.osa al volcán y sonreían diciendo:
- Mírelo usted, está tranquilo ........ .
Aquella buena gente ama á la peligrosa
montaña, no cabe duda; la aman quizá por su
belleza, porque les manda am bien.te fresco,
porque sus nieves deshechas son caídas de agua
y riachuelos, y vida de la vejetaci6n y alegría
del bosque.
Oh! si el volcán les jugara una mala partida ...... l con cuánta tristeza veríamos la muerte de la risueña comarca! El pueblecillo de
las casas blancas y de los techos rojos; la aldehuela que parece que está postrada ante el
santuario donde la devoción guarda una imagen venerable, desaparecería triste, muy tristemente. Pero, ya lo hemos dicho, el Popocatepetl no «piensa" por ahora azotar á los que
lo quieren; si la tierra se conmueve con una
enfermedad formidable, si la serie de catástrofes de estos últimos tiempos ha despertado hipótesis y teorías que ya s61o vivían entre los
renglones de los libros de la ciencia étnica,
nuestro suelo no sufrirá la confirrnaci6n de
esas teorías, ni la realizaci6n de esas hipótesis, ni el grado de fiebre de la enfermedad
formidablé.
Y después de esta satisfactoria promesa, que
siga el pueblo, sin temores, contemplando la.ti
hermosas puestas del sol que la terrible erupci6n del Pelée nos dejó como espléndida herencia; nuestro Popocatepetl no mandará ú
otros hemisferios un regalo semejante.
Hay que ir á hacerle una visita de agradecimiento; yo ya vengo de allá y lástima que
el buen viejo no tenga manos, sería oportuno
estrechárselas.

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EL MUNDO ILUSTRADO

.IDL JfU.NDO ILUSTRADO

Domlngo 15 de Junio de 1902.

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Domingo 1 á de Junio de 1902

princesas &lt;le la casa real ascendieron á una
plataforma levant..'lda enfrente de la localidad
de Jm; senadores, diputados y ministros de Estado. Los in \·itados extranjeros tomaron asiento á la derecha de los personajes reales, que
se sentaron en cuatro sillones dorados. A la
izquierda del rey estaba una mesita dorada,
donde se encontraba m1a biblia y un crucifijo ele plat.c'l., y á la izquierda el cetro y la corona de pedrerías costosas.
Al entrar los personajes de la comitiva, torlos los presentes se pusieron de pie, sentánclo;;e después á indicación de la reina. Entonces el presidente &lt;le las Cámaras, Sr. Vega de
Armijo, se acercó á la mesita y elijo al rey:
u8eñor: las cortes reunidas por orden de vuestra augusta madre, la reina regente, se han
reunido para tomar de vuestra Majestad el juramento que, conforme á la Constitución,
har~is, de mantener la Constitución y las lcVt'S. »

Salida de Alfonso XIII rumbo á la Cámara de Diputados.

La Jura de Alfonso XIII
La nota culminante de lo,; último;; clías en
el m 1.mdo puropPo. fué, ;;in ümla, a lgnna, la ('O·
ronación de S. ~r. Alfon!'O XIII, lll11mtdo á
regir los destinos de su pní;;, conforme á la
Constitución del reino.
Tan grande ha sido la re;;onancia de c:-te sucei;o, que no sólo la prensa espai1ola, i-ino la
de todas las naciones principales del Viejo
Continente, han llenado sus columnm, con l"f'·
latos de los regios festRjoi=; y con ilustraciones
que representan los distintos actos á que ci=;tuvo presente el joven monarca.
No hay para qué decir que los ei=;paíioles,
como vulgarmente se dice, echaron la casa por
la ventana, en ocasión tan solemne, y que la.
afluencia de provincianos superó en Madrid á
los cálculos hechos para dar hospedaje ÍI los
miles de visitantes que invadían calles )' plazas, ansiosos de arlmirar los edificioi- cubiertos
con ricas y artísticas colga,duras, los brillantes
desfiles de las tropaf:, y el paso de Don Alfonso XIII y su comitiva.

***

1

t1
1

11

El 17, día en que el Rey entró en su mayor
edad, estaba ya terminado el suntuo;;o adorno
de las calles, consistente en multitud de. banderolas, guirnaldas, festones y valiosn.s tlraperías en que predominaban los colores amarillo
y rojo. Una soberbia instalaeión ele alumbrado realzaba, por la noche, el soberbio golpe
de vista que ofrecían las callef:, en donde se
lernntaro11 plataformas destinadas al pueblo.
LA PROCESION REAL.

f

Se formó en la Plaza de Armas para seguir
de allí rumbo á la Cúmara tle Diputados, clonde el Rey debía prestar el juramento dt· fidefülad á la Constitución.
F,l de:.;;filc fué un magnífif'O e.'-pectáculo. YarinR hemlrlos á caballo alirían la mareha, s0gnidoR por una banda, montada tamhién.
l'almlleran~os rev0:;ticlos con ricus trajcR de
col01es, conduda11 los corcl'lrs. Trns los nin
cero:&lt; y los cahnllos de hatalla del 1·P_r, nHH·
chaba un escuadrón, luciendo uniforme"' Yistof'Ísimos, y que era el que precedía ú los carnmjes.
Los cochero,; y latayos portaban los uniformes de eRtilo Luis XVI, bordarlos de oro v
plata, con las armas de las familias nobles del
reino. El primer carruaje e,¡:a tirado por caballos negros, y llevaba en su interior cuatro
maestros de armas.
Seguían el coche del gran chambelán de la

corte y lns de lo.: grande;; tle E,-paiia. Las infantas babd y Eulalia ocupahnn el &lt;'iguientP, que iba separado. por un pelotón do 1:t
guardia real, del que ocupaban los Príncipes
tle Asturias, cuíiado y hermana del rey. }':;;te
carruaje t•stab1t decorado &lt;le una manera magnílka.
l'n lujoso carro de caoba, vacío, tirado por
ocho hrrmosos caballos C.'lRtañof:, que conducían seis palafreneros, continuaba la serir, estando dedicado á preceder directamente al
coche real.
En éste, además del rey Don .Alfonso ~- de
la reina Cristina, iba
la infanta 1Iaría Teresa.
Tiraban del carruaje ocho cahallos grises,
con penachos de plumas de aYestruz y ricas guarniciones de color rojo. Los oficiales
&lt;le la casa del rey y un
cle,-tacamento de guardias, cerraban lacomi...
tiYa.
Durante el desfile,
desde las puertas del
Palacio hast..'l.la Cámara &lt;le los Diputado,:,
f'l joven monarca fué
.
ohjeto de innumerahlcR 1uuestras de simpntín..
A la llegada, una comisión de doce sena&lt;lorPR -:,· doce diputad0:,
rcei hieron á 8S. ;\DI.
Pll las gradas del edifi ci u. rcYesticlas de ter- ,-·""!',
cio pelo rojo y oro, ,\'
prccccliclos por los maC1'ro:-;, pasaron á laf:
antf',;al:if:, que estaban
] !(,na;; de cortcsanoicn rigurnso traje ele
etiqnrta, luciendo lns
conrlecoraciones Y lo,&lt;;
uniformes IoRdipl~rn-,á--ticos y militares rle alta ~ratluaci.ón.

· El Sr. Armijo sostuYo enfrente de 8. M. el
libro donde se encuentra la. fúnnula dd juramento, mientra;; que el rey ponía su mano derecha en la biblia, diciendo: «.foro por mi
DioR mantener la Conf'titución y las leyc,;;.
Si tal hiciere, que Dios me lo recompeni=;e. Si
no lo hiciere, que DioH me tome cuenta.»
Durante el juramento, todos habían permanecido en pie, scntún&lt;lose cuando el rey lo
hubo hecho en el trono. Ent011ces rl p'residentc de lns Cortes dijo: «Las Cortes han recibido el juramento qne lmbéis hecho, de
guardar la C0nstitnciún y las leyei=;. &gt;&gt;
En el mismo momento se dispararon 21 eaíionazo,:, anunciando el juramento.
LA JARRETERA.

ron motÍ\·o del f:uccso de la. coronaeir.n, el
n•v Eduardo VII confirió Í1. Alfonso XIII las
co.mlecoraciones de la orden de la Jarretera
comisiopando al Duque de Connaught par;t
imponérselas en su nombre.
La ceremonia reYistió la mayor solemnidad.
La imposición se verificó el 16 de Mayo.
Acompañado el Duque por los miembros de
la embajada especial que se nombró para que
presenciara las fiestas de la coronación se presentó en Palacio, donde le esperaba rny, la

..

:1

El momento de la "Jura".

rei11a madre, los infantes y p rí ncipes de AHturias.
•
El embajador ei;;pecial lPyÓ un diseurso·en
que se declaraba el nombramiento hecho en
favor del rey Alfonso por el rey Eduardo de

l

,·

1

Inglaterra, &lt;li,curso al que contesté, el monare~ e~p~~ol con otro, di~ndo las gracias por la
~hsün~1?)1. Acto contmuo, Ee procedió á la
1mposH·1on de la Jarretera, que es el distintiYO de la orden y que está formada por una
liga de forma eRpecial,
con una inscripción,
una banda azul obscuro y una placa.
Los acompaíiantes
del duque de Connaught fueron los entargaclos ele llernr estai- in~ignias, que entregaron al re,v A lfon1-0 en medio de las ceremonias de e!'tilo.

Poeó despué;: se Yerificó la imposición de
1,lf: condecoraciones
que forman el distinti,·o ele ln orden peffa
de los Agclas, y en la
tarde, el príncipe Eugenio de Sueóa, en reprcsentaci(m del rev
Osear y por encar¡¡.o
especial de este soberano, hizo la imposición de las insigniaR
de Já orden real de los
serafines. El discurso
que pronunció el príncipe con este motiYo,
estuvo lleno de fra,-es
halagadoras para Es·
paña y para su joven
rry.

~

'
f!ii

,,.......... .

LA JURA.

El rr.'·,~ia rrina regente, los príncipes y

El carruaje real á las puertas del Congreso.

El Duque de Connaught imponiendo á Alfonso XIII las insignias de la Or den de la Jarretera.

La Princesa lealriz de Borbón,
"Cn 1lra111útico incidente acaba ele conmover
~l barrio n~á~ populoso de Roma. Bajaba una
JOYen prec1p1tadamente los eRcalones que conducen al muelle del Tíber, cuando de pronto
;:e la Yió arrpjari=;c al río. Felizmente el arrojo
de un guardián municipal pudo salvarla.

Beatriz de Borb6n.

Aquella joYen desesperada, era nada rnenos
que la princesa Beatriz de Borbón, casada con
el príncipe Fabricio :Mássimo, de una de las
más ilustres familias de Italia.
La princesa es hija de Don Carlos de Borbón y de su primera esposa, y hermana de
Don Jaime.de Borbón.

�....
lJonúngo

15

de Junio de 190~

EL MUNDO ILUSTRADO

1!1t :MUNDO lLUS'rRAllO

parcían por doquiera su claridad, y, de lejos,
la Habana parecía esfumarse envuelta en los
tintes de un hermoso crepúsculo.
Los edificios particulares y los del Gobierno estaban también vistosamente adornados:
aquéllos con suntuosidad, y éatos con la más
severa elegancia. Puede decirse que durante
los días de las fiestas no hubo casa, por más
humilde que fuera, que no se encontrara em•

~a dn6epen6encia 6e f8u6a
,El entusiasmo con que la Perla de las Antillas celebró su advenimiento á la vida de los
pueblos libres; la magnificencia con que recibió á su primer presidente, regando á su paso
palmas y laureles, y las inequívocas muestras
que ha dado de su alto rúvel intelectual, harán, sin duda, que el recuerdo de las fiestas

dirigido correspondencias amplias, en que se
resume todo lo que, de principal, hubo en las
fiestas, y por las descripciones que haj,hecho
la prensa, podemos calcular, no sólo hasta
qué punto llegó el entusiasmo, sino también
hasta qué grado se derrocharon el buen gusto
y el sentimiento artístico.

Domingo t 5 de Junio de 1902

Contaron sus tristezas, tiernamente,
Sus ligeros amores, su pasado,
Y solloz6 una música doliente
Jijn ttn tono menor, policromado.

1

•

~

Arco de los vecinos de la calle de Obispo.

arcos triples; los del medio con el nombre de
algún combate, y en los de los lados con nombres de generales cubanos.
L:1. plaza del Vapor estaba también muy
bien adornada: todo uniformemente.
El arco de la plaza de Albear, fué de lo más
notable y lo dedicaron los vecinos de la calle
de Obispo á la República cubana.
Entre otros arcos triuntries merecen citarse
por su belleza el del Cuerpo de Bomberos, el
del Ferrocarril de Yillanueva, el de la Compañía de seguros «El Iris,» el del Partido Nacional y el de los vecinos de la calle de Muralla.
Fácil es comprender, nos dice nuestro corresponsal, el aspecto que presentaban las
avenidas más céntricas durante el día: un mar
de gente se agitaba en ellas haciendo casi im posible el paso de .les carruajes. Por la noche,
el golpe de vista era encantador: millares de
luces de los colores rojo y azul y blancas es-

Monumento A la República, en la Calzada de Monte.

Arco de los Bomberos y monumento i Martí, erigido por el barrio de Tac6n.

lle mayo, perdure en los anales de los grandes
regocijos americanos.
Todo lo que en aquella preciosa Isla, llamada á los mejores destinos, significa aliento y
vida: el comercio, la industria, la agricultura
y los grupos intelectuales, sin distinción de
partidos ni de clases, llevaron en ese día á los
altares de su patria un voto y una ofrenda:
el voto de vivir siempre unidos para su felicidad y su engrandecimiento, y la ofrenda que
parte del cora:zón y se traduce, ora en una lágrima, ora en un pensamiento, ora en el g:1.llardete que luce al sol las galas de sus colores, prendido á la humilde ventana del obrero ó á los altos remates de los palacios.
Nuestro corresponsal en la Habana nos ha

Lo que había más que admirar en aquella
orgía del entusiasmo-nos dicen de la Habana,-era el aspecto que presentaba la ciudad
revestida con todos los atavíos de una belleza
incomparable. La ciudad es ahora-contra lo
que era hace cinco años-una población completamente aseada y llena de encantos.
Las calles, casi en su totalidad, se en contra han lujosamente adornadas con cortinas, ban-

una armazón con los colores nacionales en la
parte superior y formando una especie de bambalina.
Bombas de colores rodeaban cada uno de
esos pequefios arcos, estando asimismo iluminadas casi todas las fachadas de las casas.
En la Puerta de Tierra ó sea plazoleta de
Ursulinas, se levantaba el espléndido y majestuoso arco que los vecinos de dicha calle de
la Muralla dedicaron al primer presidente de
la República de Cuba, según la inscripción
que ostentaba.

pavezada con festones y banderolas: el rojo,
el blanco y el azul, la enseña cubana, estaban
en todas partes.
En la imposibilidad de dar á nuestros lectores fotografías de todos los edificios principales y de los arcos, nos limitamos á reproducir las que ilustran estas planas, con la certeza de que, para formarse una idea de la suntuosidad de las fiestas, son por sí solas suficientes.

1

.

Ella también sufría: femenina,
Se enamoró de un son, nunca escuchado,
De un acorde de luz adamantina,
Y lloró con su música divina
En el tono menor policromado.

/

Arco de la Empresa del Ferrocarril de Villa nueva.

derolas y luces eléctricas y de gas, de formas
caprichosas.
Todas ri valizabatÍ en gusto y magnificencia.
La de_ la calle de la M~ralla era, sin disputa,
la meJor de todas, eubierta de cortinas v banderolas. A. cada cinco metros se levantaba

Arco de la Compañia de alumbrado de
gas, en la Calzada de La Reina.

La guitarra lloraba, dulcemente,
Y en sus combas vibrando el encordado,
Sollozó aquella música doliente
En el tono menor, policromado.

r=-.---

JUAN

R. ÜRCI.

i

Arco de la Compañía "El Iris", en la
plaza de San Juan de Dios.

Arco de los vecinos de Muralla, en Mo nserrate.

Arco del Partido Nacional,
frente al Teatro Alblsu

Tenía la bandera cubana á ambos lados por
las dos caras, hecha toda de luces eléctricas
varios escudos de las repúblicas americanas
el español. Además, una matrona que representaba á Cuba.
Después de este arco, se veía el de la calzada de la Reina, frente al parque de Colón.
Era de madera y ostentaba el retrato del'.señor Estrada Palma.
·
Toda la calzada de Galiano estaba llena de

y

La calle de Muralla, vista desde la de San lgnaclo,

Un negrito muy popular en la Habana.

�Et

MUN.00 ILUSTRADO

AÑO IX.--TOMO I.--NÚM. 25.

MÉXICO, JUNIO 22 DE 1902.

Subscripción mensu11/ forRneo, $1.50
Tdem. l&lt;lcm. e11 ¡,, t..·uµ1t1;t1. ,, 1.2{j

Director: LIC. R,U 'AtL Rn~ &amp;PINDOU.
Oercnlc1 llJlb Rtllb &amp;PINDOLA.

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SERA CORONADO EL 26 DEL ACTUAL.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Et

MUN.00 ILUSTRADO

AÑO IX.--TOMO I.--NÚM. 25.

MÉXICO, JUNIO 22 DE 1902.

Subscripción mensu11/ forRneo, $1.50
Tdem. l&lt;lcm. e11 ¡,, t..·uµ1t1;t1. ,, 1.2{j

Director: LIC. R,U 'AtL Rn~ &amp;PINDOU.
Oercnlc1 llJlb Rtllb &amp;PINDOLA.

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SERA CORONADO EL 26 DEL ACTUAL.

�Domingo 22 de Junio de 1902.

CABTA A 'UH POETA

Los versos de Enrique Torres Torija.
Mi querido Enrique:
Llegaron á mí los versos de usted como van
las abejas al panal: cada uno con su gota de
miel. Los he leído todos; he releído algunos,
y como son tafi juveniles y frescos, me han
dejado una tranquila impresión en el espíritu y una buena sonrisa entre los labios.
Los poetas así, como usted, que abren su
pecho- un joyero de ingenuidades - para
mostrar sencillamente lo que poseen; los poetas que no alardean de saberlo todo, de sentirlo todo, de llevar en el alma visiones proféticas y sublimes secretos, los poetas delicados y humildes, que pasan entonando en voz
baja su cancioncita tierna y dulce, sin más
esfuerzo que el que hacen los pájaros para
abrir las alas y las flores para abrir las corolas, me causan una amable y sutil emoción
de bienestar, que se parece mucho á la que
experimento cuando me extasio mirando jardines solitarios.
Hago yo en libros como el suyo, lo mismo
que en esos jardines: me pongo á pensar en
cosas mías, muy intimas, muy escondidas,
muy frágiles pequeñeces de la vida; granos de
oro de la felicidad que guardamos avaramente, por el temor de que la realidad grosera
y prosaica nos las eche á volar de un soplo.
Sí, estos libros son los que sirvE&gt;n para las auto confidencias, para las remembranzas.
En el de usted, hay una deliciosa sinceridad casi infantil. Es un libro que huele á rosas. No es usted un complicado, un refinado,
un morboso; es usted un joven, es usted un
poeta. Y con esos dos supremos y divinos dones, como con dos prodigiosos talismanes, rima usted armoniosamente, sin rebuscamientos ni pompas, los latidos de su cora2ón, y
realiza el milagro de acordar con la suya la
palpitación de otros corazones.
La inspiración de usted sube con dos alas,
la del amor y la del dolor; sólo que su dolor
no es desesperado, no es voraz, no es iracundo, no es el ala recia de un buitre, no golpea
el aire y sube hasta el sol con enfurecimientos de rapifia; es un ala de paloma herida
que vuela toda trémula con desfallecimientos
de angustia, y el amor no es tampoco ala de
aguila que de una sacudida aE&gt;ciende hasta las
confusas lejanías; es un ala de ruiseñor: Re
abre en busca del granado que sombrea el balcón de J ulieta.
Usted se queja con 1n, alta resignación de los
creyentes:
Vengan las amarguras! no tt&gt; importe;
mírame; yo sufrí las asechanzas
del destino, las sufro todavía;
pero sus rudos golpes rio me dañan.
Así debes vivir; conserva siempre
para el combate las mejores armas,
y no llores jamás tu desventura
si te vuelve la suerte las espaldas.
Ten fe, como la tengo, hermano mío,
y también como yo, ten esperanza.
Usted ama con los éxtasis puros de loR idealistas:
Ojos de negro azabache,
Ojos de amor infinito,
Ojos de inmenza dulzura,
Ojos lindos;·
Yo los quiero, yo los amo,
yo los sueño, yo los miro;
y en el fondo de mi alma,
santuario de mis cariños,
esos ojos de tu rostro,
esos tus ojos magníficos,
tienen su altar y su culto,
su adoración y füS himnos.
He aquí, mi querido Enrique, su alma de
soñador, suave y exquüüta, diciendo, bellamente, las rlos eternag tri vialidades de la exigtencia: sufro, amo.
Los versos de usted, si carecen en ocasio-

EL

EL MUNDO ILUSTRADO
nes de adorhos.líricos y atavíos platerescos,
tien~n, en cambio, una fragancia primaveral,
que es el vago perfume de su poesía.
Una ruborosa y velada tristeza envuelve el
libro. Es una tristeza romántica, melancólica,
aterciopelada. Es más bien melancolía que
suspira y que por momentos quiere llorar.
¡Ah, buena compañera de los veinte años,
inspiradora de las primeras elegías, te conozco! Eres la musa blanca y pálida de los poetas jóvenes; les dictas las más bellas estrofas,
los sumerges en los más azules ensueños ..... .
Y bien, Enrique; aquí quedan sobre mi mesa de trabajo, llena de papeles burocráticos,
los versos de usted. Muchas gracias. l\Ie sonrío, porque pienso: quizá por equivocación sucedió que estas lindas mariposas se detuvieron
en los zarzales de mi vida.

.Cuis {;. Urblna.

L.A NOVE:L.A~POKMA.
El alma humana es como la mar, no deja
el lugar á las arenas sino para volver más
profunda y más agitada hacia otras riberas
que invade y que fecunda.
En el siglo XIX, ella se refugió al principio en la música. Beethoven, Weber, Mendelssohn, Shumann, Berlioz, Chopin, y después, y por sobre todos, Ricardo Wagner, fueron los intérpretes de esta vida interior que la
Filosofía y la Literatura desconocían cada vez
más. Bayreuth fué, ante todo, el teatro del
alma, del alma sufriente, militante y triunfal,
fuera y por encima de todas las convencioues
y todas las contingencias.
Hacia el mismo tiempo, dos grandes escritores septentrionales, Enrique Ibsen y León
Tolstoi, genios severos é inquietos, renovaban
el espíritu del drama y la novela, haciendo
penetrar en ellos el cuidado de la vida interior. Ese mismo cuidado, minando poco á poco los viejos dogmas y los viejos prejuicios,
llevaba un gran número de espíritus jóvenes
á la concepción religiosa de la existencia, bautizada con el nombre de neocristianismo, y
penetrando en la democracia, le asignaba, de
más en más, como ideal, la creación de los héroes y la formación de una «élitei, espiritual,
profetizada por Carlyle, Emersson y Schuré.
Y es esa literatura del alma la que bajo los
diversos nombres de Simbolismo, Misticismo,
Idealismo, hau ilustrado con sus nombres
Maurice Mmterlinck, Henry de Regnier, Gabriel Sarrazin, Gabriel Trarieux, Louis de
Cardonell, Eugene Hollande, Fernand Gregh.
En el arte, como en la naturaleza, las formas no son sino figuraciones de la vida. Para
que la forma se renueve, basta que la vida sea
renovada.
A medida que la atmósfera idealista modificaba para la Europa las condiciones de su
vida interior, la forma de los géneros evolucionaba tan. bién.
En 1894 Gabriel Sarrazin publicaba las «Memorias de un Centauro;,i en 1895, Gabriel
d' A.nnunzio escribió las «Vírgenes de las Rocas i" Edouard Schuré, «el Angel y la Esfinge ;n
y en 1896, G. Sarrazin escribió «El Rey del
Mar.i&gt;
Esas cuatro novelas, bastante desdeñosamente acogidas, salvo una, por la gran crítica
y el gran público, pero festejadas por una
«élite," constituyen las primeras manifestaciones, osémoslo decir, los primeros modelos, de
lo que se puede llamar la novela del alma, ó
mejor, lo que debería llamarse la NovclaPoema.
J. l\I. VARGAS YILA.

.:ircsno

ILUS'l'RADO

EL SB. MAGISTRADO

EL OTRO CANTO DE BAILE.

FRANCISCO DE P. SEGURA
Acabo de mirarte á los ojos, vida; he visto
relucir oro en tus ojos nocturnos, y esa voluptuosidad me ha paralizado el corazón; ¡he visto brillar una barca de oro en aguas nocturnas
una barquilla dorada que se hundía y reapa:
recía haciendo señas!
Tú dirigías una mirada hacia mis pies, locos por bailar; una mirada arrulladora, derretida, risueña é interrogadora.
Dos veces tan sólo agitaste con tus manecitas tus crótalos, y ya me bailaban ebrios los
pies.
Los talones se empinaban; los dedos escuchaban para comprenderte-el bailarín ¿no
lleva los oídos en los dedos de los pies?
Salté á tu encuentro; tú retrocediste ante mi
impulso, y hacia mí serpenteaba tu voladora
y fugitiva caballera.
De un brinco me alejé de tí y de tus serpientes; tú te erguías ya, medio vuelta con
los ojos henchidos de deseos.
'
Con torcidas miradas me enseñas sendas
t?rtuo~as;. por tortuosas sendas aprende a'ltnc1as m1 pie.
Te temo cuando estás cerca; te amo cuando
estás lejos; tu huida me atrae; tus pesquisas
me detienen. Sufro; pero, por tí, ¡qué no sufriría yo de buen gra&lt;lo!
¡Oh, tú, cuya frialdad enciende, cuyo odio
seduce, cuya huída ata, cuyas burlas .. . ..... .
conmueven!
¡Quién no te odiaría, gran atadora, arrolladora, seductora, escudriñadora y descubridora! ¡Quién no te amaría, inocente, impaciente, arrebatada pecadora de ojos infantiles!
. ¿Dónde me arrasJras .ahora, indómito prodig10? ¡Y ya vuelvesahmrdemí, dulcee1:,quiva
dulce ingrata!
'
Bailando sigo tuR menores huellas. ¿Dónde
estás? ¡Dame la mano! ¡O aunque sólo sea
un dedo!
Hay por ahí cavernas y espesuras· nos vamos á extraviar! ¡Alto! ¡Detente! ¿No ves revolotear buhos y murciélagos?
. ¡Eh, tú, buho! ¡Murciélago! ¿Quiéres burlarte de mí'? ¿Dónde estamos? De los perros
has aprendido á aullar y gañir.
Graciosamente me enseñabas los blancos
dientecitos; tus malvados ojos me asaeteaban
al través de tus rizadas melenas.
¡Qué danza por montes y por valles! Yo
soy el cazador; ¿quieres tú ser mi perro ó mi
gamuza?
¡Ahora, á mi lado! ¡y vivo, endiablada saltarina! ¡Arriba ahora! ¡Y á la otra parte!¡~Ial haya! ¡Al saltar he caído yo!
¡11irac6mo estoy tendido aquí! ¡mira altane~a, c6n:io imploro tu gracia! yo qui~iera
segmr contigo... senda!&gt; más agradahles!-las
sendas del amor al través de esmaltadas espesuras! ¡6 las que allá costean el lao-o
donde
0
nadan y bailan dorados peces!
'
. ¿Estás rendida ahora? Allá abajo hay oveJªS y arreboles vespertinos. ¿:Xo es buena cosa dormir cuando tañen la flauta los pastores?
¿Tan rendida estás? Voy á llevarte allí· deja siquiera caer los brazos. ¿Y tienes sed?'. .... .
Algo podría yo darte; pero tu boca no quiere
beberlo.
¡Maldita serpiente é~ta! ¡hechicera escurridiza, veloz y ágil! ¿En dónde te has metido?
Pero en mi cara siento dos marcas de tu mauo, dos manchas rojas!
Esto): h'.11-to de ver~s de seguirte siempre
como cand1do c01clenllo! Hechicera, para tí
he cantado yo ~asta ahora; ahora para «mí»
debes tú ...... gritar!
¡Debes bailar y gritar al compús de mi látigo!
¿Pero no he olvidado el látigo?-¡Xo!
FEDERTC'0

~l día 16 del corriente dejó de existir en la
capi~al el Sr. Lic. D. Francisco de P. Segura
Magistrado de la Suprema Corte de Justici~
de la Nación.
Fué el Sr. Segura un hombre de elevadas
&lt;lotes intelectuales, y un abogado en que se
her1:11anaban la ilustración más amplia y la
rectitud más bien entendida.
·
Al.sel?elio de su cadáver, que se verificó el
d~a fngu1ent~ por la tarde en el Panteón Frances, c.oncurneron, entre otra~ distino-uidas persona!1da&lt;les, el l::\r. Se0retario de H~cienda, el
Presiden.te de la Suprema Corte, Magistrado
D?n Féhx Romero, los Sres. Líes. Pablo y
~1guel Mace.do, Jacinto Pallares, Indalecio
Sanchez Gavito y Francisco de la Barra.
. E1~ representación de la Corte, hizo el elog10 funeb!"e ~el Sr. Segura el Magistrado D.
Manuel Ga\cia Mén&lt;lez, hablando después, á
~ombre d~ la1 Escuela de Jurisprudencia, el
Joven Enrique Rodríguez Miramón.

l

NIETZ;l('JIE.

-Una cosa bella es una alegría pei·enne.KEATS.

-La alegría del corazón conserva la edad
florida: la tristeza seca les huesos.-SAL0MON.

r

Este es el c:u:10; uistedes resolverún si mi
hombre estaba loco ó no lo estaba. El practicante-un buen chico-me aseguró que en su
concept:o era un fan,antc, un hom hre que tenía
la suficiente fuerza de Yoluntad para fingir "f'n
locura» cada día, con objeto &lt;le pasársela entre los locos, qne es siPmpremenos odioso que
vivir entre criminaleR, menos doloroRo que
trab:3-jar en ~rn castjllo embutido en el mar, y
vestir el urüforme a rayas azules. l'1,te1les sabrán si es creíble egc fingimiento, sin que á
fuerza de repetirlo llegara un día en que se
convirtiese en locura real.
Tengo que apretarme bien el cr(mco para
que no se me salga esta idea. ,\ ver ( contando) una; ya oigo una; la oí bien; Ít yer, otra;
ya oigo otra. Esto es lo malo, que es otra,
que son otras; no son aquellas mismas que no
oi, y que debía haber oído. ¡Qué torpe es la
i,maginaci?n que yo tengo! ¿La que yo tengo,
o la que tienen todos los locos"? porque dicen
que yo estoy loco-¿la que yo tengo, 6 la qut&gt;
tienen todos los hombres'? Todos, sí. ¡Qué
bien abarcan estas palabras al conjunto: todos
los hombres, ¡todos los locos! Es muy torpe,
decididamente; yo no he podido oir esas campanadas que necesitaba oir; no puedo.
Si las hubiera oído, no sería extraño que
pudiera oírlas otra y otra yez, así como escucho muchas yeces la Y0Z de aquel maldito:
ccUrge, pueR, señores jurados, un castigo ejemplar para el acusado ...... »
. Pero ¡por Dios! ¿por &lt;¡ué no podré oir en la
imaginación aquellas seis de aquella mañana"?
No; y culpa del reloj no fu(,; es decir, yo creo
que no fué. ¡Ah! el reloj es un gran invento;
pero deberían tener repetición, no sólo una
vez, sino muchas; una, dos, tres, cuatro, ci}1co, Reis, y luego, una, dos, treR, cinco, s~is;
¿qué tonto soy! entonces se confundirían y
tampoco hahría oído yo la hora que necesitaba; ¿cómo saber cuándo acababa una vez, y
cuándo empezaba la repetición? lina, &lt;los ..... .
has~ seis, y luego sietr, quince, yl:Jinte, ¡imposible! un repique continuado ........ eterno!
La eternidad sería insoportable; qué fastidio!

Fot. de Mora.

. Esto es lo curioso; yo mr figuro bien y oigo
lnen todo, menos aquellas seis campanadas
hasta este repique que oigo ahora. ¡Ea! basta';
hasta; me atunlen esas campanas; ya he oído
corno ochenta horas; .al fin; ya nada; como i-i
las campanas se hubieran \'nelto de papel, como en aquella mañana; las campanas de papel, con lenguas de trapo.
. ¡Si hubieran podido güardanue aquellos somdos para hacérmelos oír cuando desperté ·
pero no; y eso que existe otro gran invento'.
el fonógrafo,
y, ¿def qué me sin·e el fon6o-rafo'
.
o
)
-:,' e1 cmematogra o, y todo ef;o? Tocio cstú
muy bueno; ~e puede voh-er á oir ·" volver (t
,·er, y á oln, y Ít saborear; no, eso no· entonees ge habría &lt;'Opiado bien la vida·'cuando
m,istic•ndo ú. una c,-crna puesut c•n un 'aparato,
,·eamns .Y oigamos y olamos )' gm,ternos y toquemos todo, todo romo C'l'a en nqurl insfante, ¡qnf. lwrmoso descuhrimiPnto! Prro ¿por
qué no po&lt;lrmos oír lo que 1rn1wa hrmos oído·?
Aunque
RÍ •po&lt;lemos, RÍ ' sí·' •,·o oio-o
to&lt;lo lo
•
t°"
fJUe qmero, s11~ hahcrlo oído ,mtes; ú ,·c•r, ¿_&lt;'Úmo rugen las fieras en un hosfJue?
Así; así. ;.C'6mo rrirít el Dinblo'? ARí; aRÍ.
~h~ra, ¡vamof'! me nyudaré. l\Ie levanto precip1tadarnrnte ele mi pobre cama· va deben
. s.
í ¡Qué! no han gonado?
' • Yoy á
Rer 1as seis;
oírlas; una, otra ...... nada más! ¡se han vt1elto de papel las campanas, campanas de pap&lt;'l
con lenguas de trapo!
Yerdaderau1ente, yo tuYe la culpa· va estaba resignado con mi i'Uerte; había ~ido con
admirable precisión todas las horas· ¿quién iba
ú creer que cuando sólo faltaba m{a, rnc durmiera·? Y me dormí, y ~oíié r.on el pt&gt;r&lt;lón de
la .Justicia; ¡quién sabe cuántas cosas mú,-?
Esos ensuefios, y lo que entre dos Rueíioi; he
pensa&lt;lo, Jie Yisto, he oírlo-¡oh, qué palabra:
«oído!»-lo he olvidado siempre fácilmente·
he desper1liciado por eso muy buenas idens'
porque luego no he podido rl'corda1·las.
'
El despertar fué horrible; aun me pan'rf'
Yer á aquellos hombres de caras neµ:rnzcas,
inconmovibles, mudoR, como lo~ muertor&lt;,
cuando les preguntaba )·o si luibían sonado
lag seis, si _ya iban por c,;o á agujerearme d
cuerpo, para haeer ju,;tieia al otro, á mi muerto, es decir, al que yo quité de esta vida.
Nada me quisieron contestar, y ·"ª se ofan
los pasos «rechinantes» en aquel corredor largo, estrecho .Y oscuro, como cañón de fmil,
por donde me habían llel'ado tantas veces á
la reja del Juzgado; y _ya se oía el rni&lt;lo de
las armas, pero las seis no sonaban, ¿.por qué
no sonaban ya? ¡Cnmpana cruel, campana
malclita, reloj maldito!

l&gt;omin&lt;ro 22 tlc Junio de 1!-l0'Z.
A.l menos el personaje del drama veía en el
reloJ los momentos que le quedaban de vida
pe~·o, par3: mí se h,abía muer~ aquel reloj. '
c,1~m~1én habr~a matado ¡! un semejante, ít
otro 1 ~loJ, y también lo habnan fusilado'?
¿Qmén sabe qué sería. peor? Yo me asomP
~rna vez á uua ventana y allá abajo un vieJO, parecido al tiempo,' marcaba en' un libro
los momentos de mi vida que pasaban y ya
había muchas hojas marcadas, y muy pocas
~n blanco; _¡por poco. muero esa noche! ¡AjaJá; a~orn ?igo un rmdo metálico semejante al
de nu reloJ de comedor cuando se apercibe para dar la hora. ¿Serán las seis que no pude oir•?
Porque_ ha:;ta e;;o; las seis me persiguen todas
las rnananft¡;, pr!·o yo me tapo las orejas, porq~e no t¡u1ero 01rlas, porque no son aquellas
seis qu.c no pu?e oir, y t¡ue-¡como si fuera
un dehto 110 01rlas!-son el origen de que me
hayan traído aquí.
En efecto, grité que no había oído las f'eis
y después me trajeron á este nuevo encierro'.
. Cuando ya era hora, es decir, debe haber
sido la hora, porque yo nunca miento yo no
la oí, entraron unos hombres, y me' dijeron
algo del Juez, y ¡qué sé yo qué relación tenía
el Juez con un nombre de mujer: era Roledad?
. Creo qu? sí; debe haber sido, porque me
tienen aqm solo, absolutamente solo con mi
pensamiento, que corre, corre mucho, y luego
salta y rueda, o se levanta v vuela ó se hunde f baja, baja . 11:rnch,o, ~1asta allá' debajo de
la tJ.erra; va á v1s1tar a llll muerto.
. Cuando corre y salta ó vuela y sube, nada
un porta; lo malo es cuando se detiene cuando
se púra en ur~a .idea: las seis; entonc~s rompe
con una hornpilante solució11 de continuidad
la paz de mi espíritu. ¡Las seis!
¿Cuando oiré aquellas seis? Estoy seguro de
que, en cuanto las oiga, moriré, porque es la
l.10!-a rnarca~la,para mi fusilamiento, y es preferible monr a llevar esta vida.
, Ahor~ oigo h?ra~: una, una ...... ¡s6lo una!
Con~o s1 se arrepmt1era de seguir ese reloj; ¡los
reloJes que se burlan de mi! se quedan riendo
de!&lt;pués de que suena la última hora. Por .eso
m~ parecen mt~y naturales los cariños y los
odJOs que yo ~rento por las cosas; creo que
~rnnca he quendo á una persona como quiero
a er&lt;e portaplumas negro, regalo de un amio-o.
¡Pobre porta¡.ilumas! El debe extrañarme n~ucho si es agradecido y es bueno. Quiero á ese
portaplumas con un grande cariíio paternal
paternal, ¡qué.raro y qu.~ curioso fuera eso ¡uh
hombre que tiene un h1Jo portaplumas, v luego negro!
·
)~n, cambio,. tengo un ?di~) á los . relojes, nn
odio. a loR fus1le1,, un ocho a ese lndra11te que
an:oJaba agua perennemente. ¡Qué grandes
od10s! creo q~e no es posible odiará una persona con es~ odio, _porque es mucho, ni es posi?lc ~mar a un h1JO con este amor que profe¡;o
u rn1 porta,plumas negro; es mucho amor!
Y hay que convenir en que tengo razón
cuando amo con esa fuerza á las cosa1:,; éstas
son merecedoras, porque son absolutamente
buenas .absolutamente malas; todo depende
de la ut1hdad que prestan; mi espejo roto es
ab:;olutamente malo, siempre malo; y las pers~ma$ tenemos esta mezcla de .bondad y de nulidad que nos haeen menos dignos de amor v
lll('nos digno1&lt; de odio.
·
¿.Yen ustedes"? Ahora se ha ido el pensamiento; ahora es cuando me salta y corre y tro
. y cae, para l.evantar.s e nuevamente,
'
' pepieza
ro no, se ha detemdo haciéndome mucho ruido dentro del crúneo, como esos focos eléctricos que se apagan, y se quedan murmurando
quién ~abe cuántas cosas, runruneando fuertemente.
,\,-,í nw pasa; ya oigo una dos tres· oh los
. d e t'terna repebc10n;
.. , ' hasta
' seis,' veinte,
,
re1oJei-;
º?henta .... ~· pero no ,so!1 las seis que necesito
mr; ¿porque no podre oir las seis de aquella maíiann? Esto
es lo que me canso de preo-untar
,
o
.
.Y a~1, to.do sucede; no se llegará la hora de
m1 fus1lam1ento, la ho~a de mi muerte, y entonces ...... ¡nunca morHél quedaré ¡toda la vich1;!" en este martirio enorme, esperando ufias
seis que no llegan, que no pueden llegar, porque ya pasaron, porque ya se fueron.
¡Y así habrá tontos que no quieran morir!
:B'RANCisco ZÁRATE Ru1z.

?

�1

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 22 de Junio de 1902.

DE PBINCIPE DE GALES

-Á

REY DE INGLATERRA.

l.'" Si el nacimiento del primer hijo varón es el
acontecimiento más importante de la vida matrimonial; cuando ese hijo es el presunto heredero de uno de los tronos más poderosos de l&amp;. tiena; cuando la pareja que cifra
en él sus más risueñas ilusiones es una pareja real, el suceso adquiere, no sólo el encanto
idílico de una cuna rodeada por el amor de
los padres, sino la importancia ele un asunto

vicia íutura del príncipe, años más tal'&lt;le. El
amor clel príncipe consorte, la tierna solicitud
de la reina; el empeño de ambos espo;;os de
exaltar á su hijo á los ojos del pueblo sobre
el e1.1al debería más tarcle reinar, son, en lo
general, la norma de la educación que hubieron de hacerle dar.

***
Desde edad muy temprana, la reina quiso
hacer ele su heredero algo como un lazo de
unión entre el trono y el pueblo; lazo de que
carecía, primero, por haber elegido un esposo
de origen alemán, y más tarde por haber quedado viuda.
Esta intención fué realizacla á maravilla, y
no contribuyeron poco a.l éxito las cualirlades del príncipe. ::\luy joven aún, fué enviado á una visita á la India. Después al Canadá, al Egipto, á la Tierra 8anta; y t~dos estos viaje:,¡ tuvieron por resultaclo efectH·o e:strechar los lazos que uuían á)as~-culonias con
la metrópoli. En tocias partes fué recibido con
gran entusiasn10; de la India regres6 cargado
de presentes tle los príncipes3indios y lle\·ando las simpatías de los colonos.
DPl Canadá pasó á los Estados Unidos.
La reina y ::;u esposo temían que, no extinguidos aún los resenti~ni~n~os dejados ¡~ot· la
lucha de indepenclencm, ·:el1pueblo anieneano
recibiese con e i e r ta
frialdad al representante de la Corona,al descendiente de ,Jorge III.
El presidente Buchanan insistió en solicitar
la visita, y en tonef s se
clecidiú que el prínei pe
Alberto Eduardo hiciera un viaje á la gran
República,pero ;-in llevar la repreRentación
de la reina, y súlo bajo
Rll título &lt;le harón Ren-

simpatías, y ft afianzar los eslabones que ligan
á la metrópoli con los miembros del imperio
desgregados en todas partes del munclo. En
esta tarea política emplea buena parte de su juventud.
Desafecto á la marina y á la milicia, á las
que sólo ama por lo que tienen de esportivo;
un tanto alejado de la corte rígida y se\'era de
Wíndsor aprovecha el ti&lt;'mpo en una labor
que será 'segmamente fructífera en l_o futuro:
mirar de cerea á los pueblos, tan diversos en
su origen y &lt;·n su8 condiciones, cuyos destinos ha ele regir algún día.
To&lt;lo contribuye, además, para que el pueblo le ame. Este no había visto con buenos
ojos la elección de esposo que hizo la reina.
Tampoco aprobaba del todo la inclinaeiún
decidida de la soberana al imperio alemán, ,v
hubiese Hielo para él una graYe contrariedad
que el hereclero del trono f"e hubiese caf&lt;ado,
conforme á los dPseos de la soberana, con u11a
princesa de origen alemán.
Lejos de esto, el príncipe hace un matrimonio que tiene algo de novelesco. En 1860, t·neontrándo;:e en la catedral de \\-01111s, ve• por
prinwra vez, admirando los frescoi::, á !ª prinecf-a AlcJ·andra'lde Schlc,:wig-Holstcm--BonL
, l
, •
dPJ"boing-Glucksbourg, que a a sazun.-no contaba más ele 16 años. Tras ese primer ·encuentro, el príncipe de Gales procura voh&lt;•r á ,·t-r

1rell'.

E luarJo VII y la Reina Victoria. en 1846.

de e:-tado, y el infante es el mima.Jo, 1h) i,olamente de un hogar, sino de todo un pueblo.
. Así, para la Reina \'ictoria de Inglaterra y
para el príncipe consorte, el día 9 de no\'iembre de 1841. fecha en que nació el príncipe
heredero de la corona de Inglaterra, fuf uno
de los días memorables-y cuántos clichosofó terribles vió pasar la augusta señora!-de
esos días que la historia recoge y la crónica.
adorna con detalles de todo género.
A las cuatro semanas de su nacimiento, el
hijo, que fué durante toda la vida de la reina el amor de sus amores, fué elevado, por
mandato expreso de Su Majestad, á la diguidad de Príncipe de Gales y Conde de Chester.
Generalmente se cree que el título de príncipe de Gales es hereditmio, que deben llevar
desde que nacen los herederos ele la corona
de Inglaterra. Es un error: el título c1ne corresponcle al primer hijo del soberano inglés,
es el de Duque de Cornuailles; el otro da lugar á nueva creación en cacla caso.
El título de Príncipe de Gales ha sido conferido treinta y siete veces: diez y nueve ú
príncipes independientes, y diez y ocho ú
príncipes ingleses. No todos éstos, sino (micamente once, han llegado á ocupar el trono,
pues varios han muerto antes que el soberano
reinante.
Alberto Eduardo, el heredero de Victoria
I y que va á ser coronado rey dentro de muy
pocos días, con el nombre de Eduardo VII,
fué bautizado, con los nombres de su padre y
de su abuelo materno, Eduardo ele Kent, el
día 25 de enero de 1842, por el arzobispo de
Ca.ntorbery. en las pilá"s de oro de la Torre d&lt;'
Londres, y con agua del Jordán, llernda expresamente para la ceremonia.
La infancia, la adolescencia, la vida escolar, transcurridas al lado de sus preceptore1&lt;,
6 bien en las Universidades de Oxford v
Edimburgo, no hicieron prever cuál sería

la

El recihi111iento hecho en los Estados Unidos al heredero del trono inglés, fué delos más
entusiasta;;, y clisi pó
los temores ele la reina.
Desde que cruzó la fron
ter a canadiense , el
Príncipe de Gales enMarlborough-House.
contró totlo un puehlo
que acudía á &lt;larlP la bienvenida, que le-aclamaba á cada paso: el hü•lo quedaba desecho;
las ciudades más importantes se disputaban el
honor de una visita, Y por prinwra vez se viú,
en armonía completa: ondear el pabellón tricolor de la República junto al "rnion Jack»
de la antigua metrópoli.
Un ra1&lt;go delicado del príncipe acabó de conquistarle la popularidad. Su primer cuidado
fué irá Mont Vernon, á visitar ]a tumba de
Washington. El hijo de la reina permaneció
unos momentos con la cabeza descubierta ante el mausoleo del fundador de la Uni6n Americana, en actitud respetuosa, sin desplegar
siquiera los labios, como para no turbar la solemnidacl del recinto. Después, allí mismo,
plantó un castaño, y el "Times» decía á propósito de este acto, que el príncipe heredero
había enterrado allí, al lado del héroe americano, la semilla de la cliscordia.
A partir ele ese momento, había ganado para sí todos los corazones. .Jamás personaje alguno de Europa había sido recibido de manera tan brillante y había conquistado tanta
popularidad.
:Más tarcle, en 1868, cai:-ado ya, hace en
compañía de la prineef"a cJp Gales, t!n viaje ú
la hla de Esmeralda, y del pueblo irlandés
recibe marcadas muestra;; de simpatía,que no
dejan &lt;le redundar en beneficio del prestigio
real.
En suma, por todas partes, en las colonias
y en el extranjero, va á borrar resentimientos,
á prodigar á. los pueblos algC' de la realeza que
éstos gustan de tener más ó menos á la vista;
á afirmar el prestigio de la Corona; á cosechar

EL MUNDO ILUSTRADO
El casamiento, por amor, de un príncipe
heredero del trono inglés, es para cautivar los
corazones de los súbditos, y más aún cuando
el príncipe, en vez de ir á buscar alianza con
la poderosa casa de Hohenzolern, como lo deseaba la Reina., se une á la hija de un príncipe, por entonces alejado de las gradas de un
trono, qne vivía en el retiro la vida más modesta que pueda sufrir un príncipe, y á quien
sólo una serie de sucesos imprevistos debía sentar después en el trono de Dinamarca, y aliar
con casi todas las casas reinantes ele Europa.

Robó el oro su lustre á tu cabello,
Y á tu boca el coral su sangre pura;
O11tenta el mármol, como tú, su albura
Y el cisne arquea, como tú, su cuello.

***

En tu sonrisa se estremece el Rello

Si el papel político ele Alberto Eduardo, en
los primeros años de su juventud, fué muy
importante para el gobierno de la reina Yictoria, más tarde, despu6s del matrimonio, debía ganar en interé,:. El heredero del trOHO
instaló su residencia oficial en Marlborough
House, mansión adquirida por la corona especialmente para el príncipe. Allí se forma
una segunda corte, más popular y menos rígida que la de Wíndsor, que la muerte del
príncipe consorte llen6 de luto; allí acucie la
aristocracia de la sangre, del dinero y del talento, á r€cibir la consagraeión ele su fama en
los salones de los príncipes. Desde allí, el futuro rey de Inglaterra organiza clubs, patrocina obras de caridad, rige la elegancia, es, en
suma, el «leader» de la sociedad inglesa que
acude á él para prestigiar ó para confirmar sus
actos. En esa tarea le ayuda dignamente la
princesa Alejandra: mujer elegante en sumo
graclo, inteligente y abierta á todo sentimiento benévolo, es también la que norma la vida
aristocrática de la alta sociedad londinense.
Así, la vida en Marlborough House fué sumamente laboriosa para el príncipe, que, fiel
á su programa, no dejó pasar oportunidad alguna para ganar popularidad. De tales fatigas, los príncipes van á reposarse en el dominio de Sancldgham, en el condado de Norfolk,
una residencia campestre digna de un soberano, donde sólo tienen acceso los íntimo;;, donde se efectúan las famosas cacerías en las cuales el príncipe y ocho ó diez amigos abaten en
tres ó cuatro días cerca de· cinco mil piezas de
pelo y pluma.

***

(Asiento de Ia:Corte del Prln&lt; ir e de Gales.

El matrimonio de Eduardo VIT, en 1863.

á la princef'a; y por fin, en 1862, envía á su
eRrndero al castillo de Berrn,dorff, en demanda formal de la mano de la princesa.

Cosa extraña: ni la reina ni sus ministros
creyeron nunca nece1&lt;ario familiarizar al príncipe rle Gales con los asuntos del gobierno .
Hace pocos años, cuando se trat6 de la abdicación de ht soberana, en la posibilidad de
que tal aconteciera, el heredero tuvo acceso á
los negocios públicos; pero no se le llevó hasta
las intimidades de la alta política.
Mas ¿para qué tomarse tnles molestias, para
preparari-;e á un gobierno en el cual la acción
del monarca. está limitacla por una estricta
constitución y por la. voluntad del pueblo?
~Iás, mucho más cuerdo y previsor fué ponerlo en contacto con la sociedad inglesa; hacer de él un moclelo del noble inglés, lo mismo
que del miembro de la alta burguesía.
Así, al pasar de príncipe de Gales á rey de
Inglaterra, Eduardo YII promete ser un soberano liberal, bien querido por la aristocracia y por el pueblo, y perfectamente compenetrado de su papel en el trono de la Gran
Bretaña.
De miras amplias, no ha tenido empacho
en manifestar su grande admiración hacia
Gladstone; no ha \·acilado en distinguir á los
judíos ricoR en una sociedarl pmitana. Ha
declarado sn 1lesPo ele• &lt;JU&lt;' en las ('ercmonias
ele la coronación i::f' rmprima la imposición del
óleo, como signifitando que le parece impropio en los tiempos actuales hacer pasar á un
rey como un elegido dP Dio,:, y también ha
querido que se modifique la fórmula del juramento, en atención á que entre los centenares de millones de súbditos, los hay ele todos
los credos y de todas las religiones.
N"adie puede dudar que, por su educación,
por su papel cerca del pueblo, por sus miras
personales y por la situaci6n que ocupa,
Eduardo VII será el tipo del soberano moderno abierto á todas las evoluciones, el que ne'
,
.
cesitan los pue.blos que han de ser monarqwcos y progresistas á un tiempo.

:l)r. ..C. .Cara g })ardo.

Domingo 22 de Junio de 1902.
COLOMBIANA,

Helénico perfil, rico atavío,
Que nácar inviolado esculpe y dora;
Es su hermosura enamorada aurora,
Que lleva airosa como eterno estío.
PE.RUANA.

De un bes&lt;? del amor á la hermosura,
Y en tu muada trémula fulgura
La lucha de una sombra y un destello.
Lohengrin te ha soñado como un rubio
Querub, eiwuelto entre flotantes tules,
Robre su cisne blanco, en el Danubio;

Y ha visto que halagan&lt;lo i-ns antojos,
No son tus ojos como el cielo azules,
Sino el cielo es azul como tus ojos.
.JOSÉ

s.

CHOCA.NO.

Ama con frenesí, con desvarío,
En su negra pupila tenta.dora
Lleva el fuego ele un beso que enamora,
Hecho luz, hecho carne en el vacío ......
Es Ofelia si lucha enamorada,
O N"idia de fulgores indecibles
Que ríe con el alma desgarrada.
Mas olvida cantando en la alborada,
Porque vive en el cáliz de la pompa
,cQue enerva como flor emponzoñada.»
JUSTO p ASTOR Rrns.
-Yivir es morir un poco cada día.
1\h:x m:s.

C.\TU-

LLJ-~

*
*'*

-Una buena madre vale por cien maestros
de escuela.-SPENCER.

Bamboleándose cándido y suave,
Ya el Señor con sin par gentileza
como encima del ala de una ave;
y la chusma fanática. y grave,
en coreada oración, zumba y reza.
A una cruz que enlutada camina,
en altar q-ue entre incienso se esfuma
;· que cruge y retiern bla y se empina,
el ya muerto Señor se avecina
~obre un lecho cuajado de espuma.
Se deslizan dos ;argas hileras;
rodeando al Señor eomo adorno
de rojizas y extrañas lumbreras,
Yan del lecho clavadas en torno
temblorosas las pálidas ceras.
y

l'n runrún infinito que atruena
los oídos, palpita y estalla
cm la gran procesión nazarena;
allá lejos, al fin ......... triste suena
destemplado clarín de batalla.
Larga tropa ele fríos soldados
acompaña los santos dolores;
mal seguros y mal enfilados,
los clarines al par destemplados,
destemplados al par los tambores.
Casi en medio, .Jesús, ya rendido
por el peso de un árbol que asombra,
pues no tiene una. hoja ni un nido,
rn de túnica obscura Yestido
romo pálicla y trrmula ,;om hra ..... .
El litwn 1'ura entre cien feligrp,;es
con un mí~tico orgullo se entona
para ahar r-us católicas preces;
un ravito ele luz cae á veces
en la tersa y rapada corona ..... .
Todos llevan los ojos clavados
en el Dios de loi;; grandes martirios,
por la fe de ese Dios arrastrados ..... .
Y jazminei-, y rosas y lirios
á sus pies van cayendo mezclados ......
Sopla el viento y a.paga los cirio:;!

JOSE S. CHOCANO.

�Domingo 22 ele Junio de 1902.

Domingo 22 de Junio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL :\IUNDO ILUS'l'RADO

C.rcursiones al. ¡?opocafepefl.
La fiesta del agua y del rartón. El pueblo
hace por un dia la vida del anfibio· y la legión
de chicuelos se echa, de la frerite ~i occipital
el untado chacó de cartón que está luciend¿
sus marcialidades en las alacenas de Mercaderes.
Así se celebra el día del Bautista.
La costumbre de zambullir el cuerpo en el
agua de las albercaR, importa toda una borrascosa solemnidad. Aquel chapoteo que en
los ocurrentes símbolos rlel pueblo sin duda
significa una reverencia á líts aguas'del río E&lt;agraclo, no es saludable si las proezas natatorias primero y luego las libativas dejan de
acudir á tan memorable ma!'ifestación.
El devoto menos ferviente del Bautista «celebra» arrojándose de cabeza desde el piso más
alto de los que circundan la alberca, con el
fin de probar que sabe sufrir un chicotazo de
las aguas y contener la respiración más ó mrnos tiempo. El acto revif,te sernmción · drsde
que el bañador viene dando \'Oltere~s hasta
que se hunde en las aguas; y después, desde
que la figura desaparece hasta que torna á
surgir con la melena untada i:;obre los temporales, los ojos inyectados y fijos con la ansiedad de la asfixia, la boca abierta dando paso
á un torrente de oxígeno, y, en todo rl semblante, pintado el ge¡,to de una brutal violencia. El «esforzado" sonríe, la mnltitucl aplaucle,y uno «que no se quiere qm•daratrás,» trepa á una altura mayor y el espectáculo vuelve
á comenzar........ .
Tantas y tantas proezas como allí se suceden, obligan á las mús calurosas feliritn.ciones
y éi;tas llegan con Ru «natural" complemento.
Las barracas se concmre11; el pulque rscurre
su hebra por drbajo de el pu iiado de vai;os
que el esc-ancia&lt;lor hunrle en rl tond t1del nH'jor», y da principio otra fieRta....... también dr
carácter líquido.
Oh! si aquella:-: ilustres personas que han
pas~do ú la cate~oría de santo¡.:, Rupiemn 6
hubieran presenbdo ( para el:ltar de acuerdo)
la manera como se las había ele honrar en este
mísero mundo, tengan ustedes por un hecho
'}Ue dan con sus buenai; accioneR al traRte 6 f&lt;&lt;'

las e~ronden, de umnera que ni los X rnodcrnos i,:e In;; Pncontraran.
Y vamos con la consecuente 6 sea mrjor la
inconsecuente fiesta líquicln.
...... los ánimos se enardecen; loR baiiacloreH tocan al dictarlo de héroes; las charolas de
enchiladas no se dan repo:-o y los vaso~, loi-:
grandes y repletos rnRos, están prisioneros
entre los dedos, de puntas arrugarlas por rl
remojo. Se ponderan los triunfos, la griterín
se levanta; cae el brazo r-:obrc el hombro del
recién conocido, SP n1ascnlla el «tú" amistoso
y ..... .
Bajo el cielo gris-San .Juan siempre cubre
s11 fie1&lt;ta con un manto plomizo-\·a internándose la som hrn de la noche. Allá, en la
cercanía de las alherC"as, se n,·e la canción ele)
último «dernto» e11tr(&gt;(1,jida ·.,n el ronronear
de los hordonei-: de un hnjo. La harra&lt;'a. transpan,11ta mm lui &lt;l?hil; l 11 el fondo clel tonel
hav heces mtuSC'al,undas.
tn la allwrca las agrnts t-&gt;stún tranquilas;
duPrmen 1le:&lt;pu?s clt&gt; la ntda faena; ha pasado
su clía.
El cartón sí dcse111reñit un papel noble en
la tiesta del Bautista: corona las cabecitas de
la legión que &lt;'Stá al pie 1le la pintorPHCa rampa clr las edad&lt;'H.
El chaeó de mrtón e:&lt; la ligum que arranca
la primera sonrisa al (!rspertar de lo!- chic11elo;.:. f-;an Juan rs el patrún d&lt;' la rnilicia. inVt'ncihle, &lt;IP psos jt&gt;fe(•itoi-: &lt;JIH' gnwn dr un eontinuado triunfo Pll el campo d&lt;' l,atalla donch,
por todo clarín clP (mle1ws i-;uc1111 rl ristrident&lt;'
grito del llanto provoca.do por 1n rabieta; por
~ev~staci6n se tiene b degollina clr varios pohchmelas,y por bandera de tregu¡i las cortinas
del pequeño lecho, cubriendo la escena del
m:1s heato reposo.
,\_ los militare:&lt; de Han .Juan He les conceden

todos los grados posibles, se les pnmite faltar
á la diHciplina, no acucien á ningún toque de
llamada y llega la «inmoralidacli, hasta el extremo de que cada quien compra su categoría
según el alcance del bolsillo.
Los hijos del escribiente del juzgado resultan cabos; los del jefe de sección pueden llegar á capitanef', y los del banquero se gradúan
generales de divüüón, con uniforme, espada
y ...... condecoraciones. El papelero es recluta, y rn tan cmnpa.ntc por esas calles, exhibiendo lo que debía haber cubierto con el pedazo de trapo que hubiera obtenido con los
mismos centavos que dió por el chacó de cartón; el hijo del portero es asistente y sólo con
ese carácter puede marchar en la columna que
de¡;fila por los amplios y floridos corredores
de la morada rica.
·
Y ...... hay también 1&lt;ciudadanos,, que no
pueden pertenecer ú la milicia; son inválidor:,
lei; falta una mano ...... que Yaya al boli:;illo
del chaleco y cambie monedai:; por chacós.
Ei;tos im·úlidos forman toda una multitud
que se con,-titnye espectadora triste del hélico
desfile. Para ellos la fiesta de San .Juan es una·
derrota. Las espa&lt;las, los caballos de otate
lai:; mochilas, los chacós, les arrancan mirada~
ele angustia; ellos no pueden marchar con
aqnelloR arreos. Si piden su puesto en las fiJai-;, se le!'I contesta
ron una evasiva·' si aritan
,
o
,
~e 1es arresta o se les aplica la pena...... glutea
por insubordinación con vías de hecho.
'
Ran Juan es cruel para ellos; al igual que el
1•ielo del día memorable llora con la sombra
de su manto plomizo, así los chicuelos pobres
dejan raer sus lágrimas en rl suelo gris ele la
harria.da, á donde los confirni la miseria que
no los deja comprar los militares arreos del
día ch•l Bautista.
¡Pobres inválidos!

Las excursiones al Popocatepetl están ahora ele moda y casi no hav
semana e1í que no se verifique una nueva ascensión.
•
lin viaje al \'olcán, nos decía hace poco uno de los excursionistas,
es de lo más hermos? que pueda concebirse; por una parte, la majestad de aquella mole mmensa coronada de nieves perpetuas que brillan

ran por sendas más cortas y seguras, lo hicieron bien, hasta donde
podían hacerlo, y así logramos llegar hasta el cráter. ¿Quién, después
de ese 1digero ejercicio», iba á sentirse rendido por la fatiga? Ninguno,
es claro; en la noche «nos servimos" una cena confortable, y antes
de las t~es d~ la mañana, con «la fresca,,, que dicen los «guías," comenzamos a subir ..... .
Las cabalgaduras que montábamos la tarde en que comenzó la ascensión, quedaron en Tlamaca, rancho á 3,027 pies sobre el nivel del
mar. Lo demás del camino, se hizo á pie.
Nada anormal--entró aquí nueRtro informante en el terreno científico-observamos en el volcán: vimos escarparse columnas de humo
por los siete respiratorios del cráter, y los vapores sulfurosos que se desprendían nos impidieron acercarnos más. Lo del humo, no es nuevo;
hace muchos años que se observa.
Estábamos, agregó, nada menos que á 18,420 pies sobre el nivel
del mar, y, sin embargo, la temperatura no se mantenía muy baja:
era de cuatro grados sobre cero. Por la parte del volcán que ve al va-

.
Ascensión, principio del hielo.

al sol y que deslumbran, y por otra, las campiñas de belleza incomparable, con sus grupos de árboles y sus aguas rumorosas, que parecen esfumarse á medida que se af'eiende...... El árbol, el corpulento
árbol á cuya sombra descansamos, allá abajo, á la orilla del ca¡;erío
1para emprender la jornada, iba, poco á poco, pareciéndonos más
más pequeño, hast~ que, por fin, lo perdimos de vista· las callejas del
¡ pueblecillo eran cada ,·ez más estrechas, y, como si l~s fincas se en\ cogieran en un «apiñamientoi, imposible, las mirábamos alejarse de
nosotros, cada vez más, hasta confundirse en la risueña lejanía, con

y

Labio

s.

E. del cráter.

lle de Puebla, ha habido algunos deshielos que han dejado des~ubierta la arena, dando ocasión á que, entrellos indios, circule como segura la opinión de que el volcán tiene 1ctiña. i, Provistos de un «aneroide,»
hicimos algunas observaciones, emprendiendo en seguida el regreso
rumbo á Tlamaca y Amecameca, punto éste último dQnde tomamos
pasaje ú hordo del tren que nos condujo á )léxico.

***

Aquí nos dejó el narrador y nos drspe&lt;limos de él, agradeciéndole
su vif-ita. LaR fotogrn.fías que ofrecemos fueron tomadas en una de
tantas excm¡;ioucs hed1as al Popocatepetl por el Sr. Ing. Beltrán y
Pnga.
·

..

Labio occidental del cráter.

los peñascos _y las frondaR...... De lo alto, aquel panorama del caserío, simula un «nacimiento,, iluminado, por la noche, con lucerillos
intermitentes.
El ,·iaje es de lo más difícil para los que estamos hechos á la vicia
de las ciudades "':,' acostumbrados á tomar la acera y la sombr:1. Se hace, muchai:; Ye&lt;'es, cayendo y levantando: aquí se trepa por entre riscos; allí, la finísima. arena hace caf'i imposible el paso ...... más allá
la 11ie\'e, la nieYe que cubre aquella te:-ta enorme que se hunde en el
azul desafiando el azote de las tempestades y las inclemencias de los
siglos ........ .
Xuestra excuri;ión, ;;in C'mhargo -s&lt;'guimos en su:-; disquisiciones
poéticas á nuestro joven «aJpiniRta,,,-fué &lt;le lo más gn:to para nosotros, qu&lt;' teníamos hambre y sed de trepar al Pc:,pocatepetl. Los
«guí_a~» que pagamos á buen precio allá. ah_ajo para que nos encamina-

.. El lxtaclhuatl visto desde el Popocatepetl.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 22 de Junio de 1902.

:ElL 11:UNDO ILUSTRADO
~ viaje á Europa y de lo que en el mismo
tiempo había acaecido en l\Iéxico, y especial~ente de lo que había intervenido en los últ~m~s sucesos de l\faximiliano, y me refiri6 lo
siguiente:
({El día L'5 de junio en la tarde, fué la primera, Yez que visité ~ ~Iaximiliano, porque me
llamo para que recibiera i-u confesión sac-ra-

últimos 6ías 6el .clmperio.
-------------- :• '1leliqu1as c'Kistóricas.
El l\Iuseo Nacional de Artillería acaba de
enriquecerse con la interesantísíma donaci6n
que de algunas reliquias hist6ricas que existían en su poder, hizo á favor de ese Establecimiento, á su muerte, el ilustre Yeterano General Don Mariano Escobeclo.
Forman e11e legado, entre otros también
mur valioso,;, lo~ ohjetoR cuyas reproducciones

de la toma; y es una prueba de la nobleza de
sentimientos del veterano, porque al publicarlo, levant6 con él el estigma de traidor que
pesaba, no sobre uno de sus amigos, ñi Riquiera sobre un compañero; sino sobre Miguel López, nm quien jamás lo unieron lazos de compañerismo ó de amistad.
Otro &lt;le :iuestrm; gralm&lt;lo8 representa la es-

Son también dignos rle mencionarse tanto
los cinco fusiles, quP 88 conservan, empleados
en la ejecuci6n de D. Fernando l\Iaximiliano
y de sus dos generales, como los que sirvieron
para dar el tiro de gracia al Archiduque y á
D. Tomás ~lejía. Uno de éstos es sistema ,1Alleni&gt; y otro 11Peahody.»

***

Pur último, rcproducimos,exactamente igual
Pll tamaño, el retrato que el titulado Emperador envió al Hr. ({eneral F..scobedo la víspera
del día ele su ejecución. Este retrato es fotográfico y se guarda en un marco ele madera
barnizada de 1,egro, con Yidrio. La dedicatoria, escrita en el reverso, puede ver;;e en cliché
separado.
Xos parece oportuno hacer notar que la frn:se «Al Sr. General en .Jefe» y la fecha «Querétaro 18-6-671,, no fuPron escritas por Maximiliano, que se limitó únicamente ú poner su
firma. La forma de la, letra, como puede apreciarse desde luego, es muy distinta. Sin que
mula se sepa de cierto sobre quién escribió e~a
breve dedicatoria, para recoger la firma del Archiduque, no es av1•nturado suponer que haya
sido el mismo Padre Koria que el 18 de ,Junio
escribiú la carta á. que se refiere el artículo del
l'iahio b_istoriador D. Agustín Rivera, que reproducnnos en seguida.

Retrate&gt; fotogrAllco d.,l Archiduque.

Confidencias del Padre Soria.

Carta de Maximiliano á Miguel Lépez.

en fotograbado ilustran esta~ página~ y que pasamos á enumerar, puntualizando, hasta donde no:,; e,: po,:ihlP, """ dcmllct-,.
CuidadoRamente conservada, 1:;e encuentra
allí la célebre carta escrita de puño y letra,
delArchiduque de A ustria á su compadre Miguel L6pez, encareciéndole la completa
reserva en todo lo relativo á la cornisi6n
que lo llevó á conferenciar con el .Jefe del
Ejército Republicano,
el 14 de Mavo ele 1867,
víi-pera de· 1a ocupaci6n de la plaza y de
la consiguiente caída
del Imperio.
La publicación &lt;le
est&lt;• precio,-o rlocumen•
to constituye, sin duda, uno de los hecho¡::
mÍls salient.Ps dr la \'ida militar del (·h•nernl
Escolw&lt;lo, toch \'CZ que
al d:1r :l &lt;'&lt;lllO('('r :,;u copia en 18~,. dcdiné1
con una modei;tia que
lo enaltece muchomús,
algo &lt;le la gloria que se
le concedió por la toma
de Querétnro. F..stc eH
un rasgo de modeRtia,
de humildad pudiéramos decir, porque es
inconcuso que ese do,..Iuma do oro conque seco~• curuento rebaja el méfirwó la sentencia de muerte, rito del hecho militar

padn que, al re11&lt;lin;e ¡m:&lt;1011ero de la República, puso el ,\rchiduquc en mnno;; clcl lil'neral en .f efr ele! Ejfacito ,:itiador. El nrnia referida tiene la ernpuñadura doruda, .Y en ella
el escudo del Imperio, .,· una n,agnítica hojn
en la que se ven distintas figura:,; primoroi,;amentc grabadas. Pendiente del puño por un
cordón de oro, tiene una «borla» ele canutillo
del miRmo metal; la cubierta es de piel .,emrjante al ,1glacé,» y est;Í adornada con apliraeiones de metal dorado al fuego. El &lt;"inturón
y los tirantes son de galón de oro, y en el eha-

Todos los historiatiores, al narrar los últimos días de l\Iaximiliano, hablan del ,,Padre
:::\oria»; pero ninguno dice ni su nombre. Yov
pues, á decir quién era el "Padre Soriai&gt; )'
lo que me refirió. El muy Reverendo Padre
Lic. D. Manuel de Soria v Beña tenía en 186í
poco más de cincuenta a·ños, pertenecía á la
nación otomí, era de baja estatura, moreno,
de cuerpo endeble y enfenllÍzo, de genio tímido, de buena capaci&lt;lad intelectual, humilde
y l'Írtuo1:;o, de dulces palabras y modaleR, ahogado reeihiclo por d
tribunal ele Querét.Hro,
monje del Oratorio de
Ran Felipe Xeri,
la
misma ciudad, canónigo de la catedral ele
la miRllUl ,, \"icario
Capitular, ó·,:ea, el c¡ue
gobernaba á to&lt;la la
di6cesis ele Querétaro,
en la sede vacante por
muerte de su primer
Obispo D. Bernardo
Gárate.
Desde 1853, en que
eHtnve la primera yez
en Querétaro y conocí
v traté al Paclre Soria
el Oratorio, tuvimos
amistad y corresponllencia epistolar hasta
su muerte. Así es que
el día 1:l de marzo de
1R68, en 11ue llegué á
Querétaro de paso para Lago:,;, ú mi n1clta
de Europa, {t 1u11.'o qut•
me lm,jé ele la diligencia, me fuí á visitar al
Padre Horia; no le hallé, le dejé mi tarjeta,
v á las cinco de la tarcle fué á la casa ele diligmciaH y tuvo la bondad de hacerme una
visita de algunaR horas, en las que hablamos principalmente de La espada del Archiduque.

ue

en

Un-~ MaximiJiano."

petún, (!p fonna ewtdrangnlar, se ven tamhién
Jal'i armn&gt;' i111 pPriah•:,;.
En un l'le¡tanle e:studw car111t•,:Í ~e grnn1h
uno de lo;; «~laxi111ili .. nos»-pieza ele oro de
Yeinte pesos-con que el Archüluque obsequió
en 1oR instantPs en que iba á ser fusilado, al
pelotón encargado ele 1111 rjecución ..Juntos con
esta pieza, c,i,;tán el lapicero y pltm1a ele oro
con que el (ieneral Escobedo confirm6 la sentencia de muerte dictada el 14 de .Junio á las
once y media de la noche contra. l\Iaximiliano,
)1iram6n y Mejía, por el Consejo de Guerra,
el 16 del mismo Junio en las primeras horas
de la mafian:i,.

•

•

mental ( que no hizo esa tarde, sino al día siguiente) y lo auxiliara en ~us últimos momentos. En loR días Riguie11tes lo visité á mañana y tarde. Yisité tam hirn una que otra
vez ú Escobedo para arr~•glar algunas cosas.
Cuando yo le hablaba á ~Iaximiliano, lo trataba de «Su Majestad»
y cuando lo mentaha
delante de Escobedo,
le decía «el Archiduque, ,,porque tenía miedo, ja, ja, ja. En la celda donde esta.ha Maximiliano no había mús
que un catre, algunaR
:,;illas ele tule, cloi; haúles y dos mesas: en
una eseribía l\Iaximiliano y en otra estaban
sicm pre eiscribiendo
dos personas, y me parecía escribían en alemán.
La CE:lcla tenía una
puerta y una ventana para el claul-'tro, .v
~raxirnili an O te 11 Í a
i-icmpre cubierta con
su capa la ventana,porque no tenía vidrios y
le molestaba el aire. Lo
primero que me dijo
l\Iaximiliano el día 15
fué esto: «He recibido
--.)
la noticiade que laEmI
peratriz ha muerto .
Ahora sí ya muero
tranquilo.El único tormento qnr yo lle,•aha
al ,:epulern em el clejar
ú t&gt;~a muj&lt;·r, y n1ás en
el estado &lt;•n que estaba¡» y n1a,,clo dij,1 p;;to . se le rndarun la1:;
FusilP1 con que se dió el ti ro ila ) '
•
E
f , l
gracia á Mex,miliano y á Meil•- agr1mas.
Rt..'I. ue a
única vez que lo ví
llorar. :Mt•jfa fu~ el que le diú la noticia de
que bahía mucrto!Carlota, y era que él y Miramón fraguaron f'~to para hacerle más soportable la muerte á l\Iaxiliano, porque se afligía
acordándose &lt;le su esposa. ))
))El día 16 en la mañana lo confesé y le administré el Sagrado Viático. El mismo día 1G
en la tarde, me dijo Maximiliano: "H&amp;,game

•

L

usted favor de facilitarme un libro•({valiente ,,
~orno ~o habl~ba bien el castellano, me qu~rrn ~ecir «un hbro que le diera fuerzas para
monr. n Yo le llevé al día siguiente un tomo
de los S~r~n?nes,de Massillón, y á la otra vez
que lo v~s1te, dandome un abrazo y refiriéndose al hbro, me dijo: «¡Magnífico, magnífico!,,
»El día 17 tratamos de una carta que había
de dirigir al Santo Padre, pidiéndole perd6n
de todas las faltas que había cometido como
emperador católico; él se prestó luego de muy
buena voluñtad y me dijo: «Redacte usted la
~arta y yo la firmo." Y o le dije que era meJ0r que la redactara él para que expresara espontúneamente
sus ;;entimientos·' mas él in.. .,
H1sho en que la redactara yo I' cecli. Al día
siguiente en la mañana le Jiet¿ el borrador de
la c·arta. y al llegará las palabras «su hurnilde
hijo," me elijo "Y ohediente, obediente, escrilm usted iH y levantándose de su asiento, me
&lt;lió un abrazo, dicit&gt;ndo: ,c¡Excelente! ¡exce1(,nte! Kolnmr11te agrPguc• uBted que le suplico Íl Su Santidad que se digne decir una misa
por mi alma.» E:,;cribí la carta con las adiciones hc&lt;·has por l\íaximiliano, el cual la firmó
y yo me la e1'11(. rn el bolsillo para remitirla
ú Roma.»

1

Domingo 22 de Junio de 1902.
es el idioma de la Corte Romana, porque aunque lo conocía el Sr. Soria, no lo conocía MaximiHano, ni fué escrita en alemán que era el
idioma de Maximiliano, porque é~te 110 lo conocía el Sr. Soria, sino en idioma español,que
era el que conocían los dos. Todas las historias }! ~~uchos peri6clicos han referido que
Maxim1hano en sus últimos días escribió una
carta al P~pa; pero hasta hoy se publica esta
carta al pie de la letra. Luego que Pio IX recibió la carta, hizo una alocución muy Rentida á los Cardenales sobre los últimos mome11tos de :\laximiliano, y se celebraron solemnes
exequias en la capilla Sixtina, con asistencia
del Papa. de los Cardenales, del Cuerpo Diplomático y demús grandes de Roma.
El Kr. Koria, prosiguiendo en su narración
me dijo: «En la tarde del mismo día 18 fuí {t
visitar á Escobedo para arreglar la hora en
que le había de decü· la misa á l\Iaximiliano
al día siguiente. Le dije: «Diré la misa á las
siete» y me contestó: «Xo no señor dígala usted á las cinco." Le fuí ,{t connu{iear esto :Í.
~la'.'imiliano y me contestó: «¡Ah, ah, quiere
n.~c1r que la cosa ha ele ser temprano! Bien,
brnn, a las cuatro de la manana me tiene usted listo.,, En efecto, fuí á las cuatro de lamañana y ya lo encontré con la cara lavada muy
bien peinado y ,·estido con aseo. Lo ;olví á
confesar. dije la misa, despuéR de ella le \'Olví
á administrar el Sagrado Viático, dimos 0crracias, se desayunó y platicamos un rato.
,,A las seis de la mañana comenzaron á sonar los tambores y las cometas en el patio \'
por la escalera subía la tropa que iba á c~ri&lt;lucir á l\Iaximiliano al suplicio. Este se puso
muy pálido y cortó la conversación. Esta fué
la única vez que lo ví turbado. SalimoR luego
de la celda,y cuando íbamos en el corredor ya
él iba con su color natural y sus modales 'rogosoR. Luego que montamos en el coche co11ar, porque me di6 una' esmenee, yo a' tem)
prcie ele convulsión, :v :\Iaximiliano Racó luego un pomito con álcali y aplicándomelo á
las nari?es, rnedecía: ,c¡Oh, no, no ha.Y que
tener miedo, no hay que tener miedo!« De
manera que en lugar de auxiliarlo yo él me
iba auxiliando, ja, ja, ja. 1\-faximilian~ llevah_a ?n la ~ano derecha un pañuelo y nn cruc1fiJo medi11:no, de bronce, &lt;le mi propiedad,
que tengo siempre F-obre la mesa de mi estudio, y en la izquierda lleYaba un ro~ario qne
le bahía regalado su señora madr&lt;'. Luego que
el coche I?ªr~) _al pie del Cerro ele las Campanas, )Iax1m1hano se puso el sombrero, el cual
era de color morado oscuro, de felpa v de copa haja, y luego se lo quitó y arrojó en el
asiento del coche1 diciendo: 11¡Ah! esto ya 110

Unos de los fusiles empleados en el fusilKmiento.

Yo le dije al Sr. Soria. que deseaba tener
una copia de esa carta y me dijo que me la
remitiría por el correo. Me la remiti6 en efecto, y es la siguiente: ,1Prisión en el Monasterio de Capuchinas, en Querétaro, á 18 de junio de 1867.-Beatísimo Padre. --Al partir
para el patíbulo á sufrir una muerte no merecida, conmovido vi \'amente mi corazón y con
todo el afecto de hijo de la Santa Iglesia, me
dirijo á \'. !-\antidad, dando la más cabal y
cumplida satisf:wción por Jm¡ falt:1,: que pueda
hah(•r tenido ¡,ara con el,,\'i&lt;'ario d(· J e:-111-ristw,
y por todo aquello en que haya sido lastimado su paternal corazón; suplicando alcanznr,
eomo lo Pspero, de tan buen Padre, el corrl:'8·
pondiente perd6n.-Tarnhifo ruego humildemente á Y. Santidad no ser olvidado en sus
cristianas y fervorosas oraciones, y si posible
fuere, aplicar una misa por mi pobrecita alma.-De \'. Santidad humilde y obedieute
hijo,que pide su bendición apostólica..-M.urMILU~0.i&gt;
La carta, pues, no fué escrita en latín,_que

Dedicatoria para el Gral. Escobado, del retrato del Archiduque.

sirve!» Trató de abrir la portañuela, y no habiendo podido hacerlo pronto, se 8a.lió del coche sin abrirla, lo que me aqmiró, porque era

�Domingo 22 de Junio de 1902.
muy largo, é iba subiendo tan aprisa por el
cerro, que no lo podía alcanzar.»
Después de haberme referido el Sr. Soria el
modo con que se colocaron )Iaximiliano, Miram6n y Mejía, y las arengas que dijeron el
primero y el segundo, me dijo: «Estando parado l\1aximiliano en el lugar donde lo iban
á fusilar, me entregó el crucifijo, el pañuelo,
el pornito ton álcali y el rosario. Antes me
había encargado que remitiera el roi=m,rio á la
archiduquesa Sofía. Dió alguno;; pasos hacia
los soldados que lo iban á fusilar, llevando
algunas onzas de oro en la mano; el oficial
que mandaba la ejecución le dijo: «Atrás;»
Maximiliano le dijo: «¿Qué no se permite darles esto?» El oficial contestó que sí, y ~Iaximiliano se acereó á los i::oldados y dió á cada
uno un «maximiliano," que·era una onza de
oro de á 20 pesos, con su busto. Luego que
fusilaron á los tres, hubo una gritería de
«¡Muera el Imperio!" «¡Viva la República!i,
sonido de tambores y cornetas y desfile de
tropas, y yo me quedé parado y entontecido,
hasta que un oficial se acercó á mí y me dijo:
«Padre, la misión de usted está concluída y
me parece que no está usted en su lugar.»
Luego bajé de prisa por el cerro, me metí en
el coche, me fui á mi casa y estuve algunos
días en cama, enfermo del estómago. Después un alemán me ofrecía .5()() pesos por el
crucifijo y yo no se lo quise vemler, diciéndole que también quería conservarlo como un
recuerdo."
Luego que se fué el Sr. Soria, me acosté,
porque jamás, ni en mi juventud, he acostumbrado leer ni escribir nada después de las
nueve de la noche. Otro día, en Guanajuato,
escribí estos apuntamientos, para conservar
en mi memoria, al pie de la letra, lo que me
había dicho el Sr. Soria.

.flgusfiq ]livera.

-------•·- ------

EL DÉCIMO
¿La historia de mi boda?
Oiganla ustedes: no deja ·de ser rara.
Una escuálida chiquilla de pelo greñoso, de
raído mantón, fué la que me vendió el décimo
de billete de lotería á la puerta de un café, á
las altas horas de la noche. La dí de prima
una enorme cantidad, un duro. ¡Con qué humilde y graciosa sonrisa recompensó mi largueza!

EL MUNDO ILUSTRADO
-Se lleva usted la suerte, señorito-afirm6
con la insinuante y clara pronunciación de la;;
muchachas del pueblo de Madrid.
-¿Estás segura?-le pregunté en broma,
mientras deslizaba el décimo en el bolsillo del
gabán entretelado y subía la chalina de seda
que me servía de tapabocas, á fin de preserYarme de las pulmonías que dispersaba el remusguillo barbero de diciembre.
-¡Vaya si t&gt;stoy segura! Como que el déci·
mo se lo lleva usted por no tener yo cuartos,
señorito. El número ...... ya lo mirará usted
cuando salga ...... Es el 1,420; los años que
tengo, catorce, y los días del mes que tengo
sobre los años, veinte justos. Ya ve si compraría todo el billete.
-Pues, hija - respondí echándomela de
¡!eneroso, con la tranquilidad del jugador empedernido que sabe que no le ha caído jamás
ni una aproximación ni un mal reintegro, no te apenes; si el billete saca premio...... .la
mitad del décimo para tí. .J U¡!m11os ú medias.
Una alegría loca se pintó en las demncradaf:
facciones de la billetera, .Y con la fe míls ahsoluta, agarrándome ele una manga, exclamó:
-¡Señorito! por f'U padre y por f'll madre,
dém e su nombre Y las señas de su ca!'a. Y o
sé que de aquí á cuatro días cobrmnOE&lt;.
Un tanto arrepentido ya, le dije cómo me
llamaba y donde vi,·ía; y diez minutos después, al subir á bnen paso por la Puerta del
Sol á la c.alle de la. l\Iontera, ni recordaba el
incidente.
Pasados cuatro días, estando en la cama, oí
vocear «la lista grande." Despaché á mi criado
ií, que la comprase, y cuando me la subió, mis
ojos tropezaron innwcliat1imente con la cifra
del premio gordo; creí Roñar; no soñaba: allí
decía claramente I,420 ...... mi décimo, laeclad
de la billetera, la suerte para ella y para mí!
Eran muchos, muchos miles de duros los que
representaban aquellos benditos guarismosv un deslumbramiento me asaltó al levantarme, mientras mis piernas flaqueaban y un sudor ligero enfriaba mis sienes. Hágame justicia el lector: ni se me ocurrió renegar de mi
ofrecimiento ...... La chiquilla me había traído
la suerte, había sido mi «mascota" ...... Era una
asociación en que yo sólo figuraba como socio
industrial. Nada más justo que partir las ganancias.
Al punto deseé sentir en los dedos el contacto del bienaventurado papelito. Me acordaba bien; lo había guardado en el bolsillo exterior del gabán, por no desabrocharme. ¿.Dónde estaba el gabán? ¡Ah! allí, colgado rn la

fil MUNDO ILUSTRADO
percha ...... A ver ...... Tienta de aquí, registra
de acullá ...... Ni rastro del décimo.
Llamo al criado con furia, y le pregunto si
ha sacudido el gabán por la ventana...... ¡Ya
lo creo que lo ha sacudido y vareado! Pero no
ha visto caer nada de los bolsillos; nada absolutamente., .... Le miro á la cara: su rostro expresa veracidad y honradez: en cinco años que
hace que cstú á mi servicio, no le he cogido
jamás en ningún gatuperio chico ni grande...
l\Ie sonroja lo que se me ocurre, las amenazas,
lar, injurias, las barbaridades que su ben á mis
labios...... .
Desesperado ya, enciendo una bujía, escudriño los rincones, desbarato armarios, paso
reYista al ct&gt;sto de los papeles viejos, interrogo á la canasta de In. basura ...... ?fada y nada:
estoy sólo con la fiebre de mis rnanoR, la sequedad de mi amarga boca y la rabia de mi
corazón!
A la tarde, cuando ya me había tendido sobre la cama á fumar, para ver de ir tragando
y digirie11do la dect&gt;pción •horrible, suena un
campanillazo vivo y fuerte, oigo en la puerta
discusión, alboroto, protestas de alguien que
se empeña en entrar, y al punto veo ante mí á
la billetera, que se arroja en mis brazos, gritando con muchas lágrimas:
- ¡Reñorito, señorito! ¿Lo Ye usted"? Hemos
sacado el gordo.
¡Infeliz de mí! Creía haber pasado lo peor
del disgusto, y me faltaba este cruel y afrentoso trance: tener que decir, balbuceando como un criminal, que se había extraYiado el
billete, que no lo encontraba en parte alguna,
y que por consecuencia nada tenía que esperar de mí la pobre muchacha, en cu,vos ojos
negros, ariscos, tenú ver relampag11ear la duda
y la dei::confianza rn{is infamatoria..... .
Pero la billetera, alzándolos todavía húmedos, me miró serenamente y dijo encogiéndose
de hombros:
-¡Yaya por la Virgen! Señorito .... .. no nacimos ni usted ni yo para millonarios.
¿Cómo podía recompensar la confianza de
aquella desinteresada criatura? ¿Cómo indemnizarla de lo que la debía-RÍ, de lo que la
debía? l\lis remordimientos y la convicción de
mi grave resporn;abilidad pesaban sobre mí de
tal suerte, que la traje á casa, la amparé, la
eduqué y por último me casé con ella.
Lo más notable de esta historia es que he
sido feliz.

Don José Maria Velasco en su estudio

cftrlisfas cJKezioanos.

E~m,IA PARDO BAz.ü.

•

•
•

•

..•

EL VALLE DE MEXICO.-Cuadro de Velasco.

Domingo 22 de Junio de 1902.

••

Viejo.pintor que con s.u perseverancia y talento ha logrado una fama tan Justa como merecida, Don José María Velasco es, hoy por hoy,
uno de nuestros más celebrados artistas.
De su paleta han brotado cuadros llPnoi; de luz y de wrdad que
tan~o aquí, como en e~ ?xtranjero, le hnn ,•alido siempre elogids entusiastas. En _las expos1c10nes de París, Filadelfia. Chi&lt;-ago, ~ew-Orleans y EF:pana, sus obras fueron premiadas, y su nombre consig!,ado con encomio en las crónicaR.
. En la actualidad, el Sr. Yelaseo ;;in-e la claf:e de Paisaje y Perspech va ~n ~a Escuela de Bellas Arks, y ef' profesor dibujante en el Museo ~ae1onal.
Como maestro, profrsa un decidido amor á la enseñanza v ha formado di~cípulos que le honran por .su amplia información ~rtística y su
empeno. E1~tre otrns, ml-'recen citarse l\Iercedes 7,amora, Dolores Soto, Carl~s RJyero, Cleofas .\.lmiuna y 1Iateo :::\al&lt;lafia, YC11tl.tjo:;amente conoc1rlos.
Dr- sus ant~cPdentes, como 3:rtista, po~lcmos decir que fué discípulo
del notable pmtor Don Eugemo Lanclf'!'JO v que, desde los comirnzos
de su carrc•ra, clió pruebas incquh·ocas de KU fadlidad para traducirá
la tela, ora el soherhio espectáculo de un crepú~eulo, ora el impo1wntc panorama en que los Yolcanes f'e destacan fin~endo enormes te,:tas torona.cb.s de hielos eternos. La c-ampifia é&lt;&gt;n todos Hlo primorei&lt;·
el río, e~ árbol, el cielo con todas sus galai-:: lo que siempre es bello:
lo que ,nempre ofrece e11canto:; á los ojos y expansión al alma ha sido su fuente de inspiración predilecta.
'
Poeos, como &lt;•l Hr. Velasco, se hahrán de&lt;licaclo-cstanJt&gt;S ciertos-con tanta constancia á lor; t&gt;stuclios ele paisaje, y pocos, eomo él, habrá
c~ue logren bordar sui:i obras con el dl'rroelw de detalles y de puntualidad que se obser".n. cn suR cuadro!'. ::-e conoc·c que e1&lt;tudia muC'ho,
y que no de,.;perd1cia nada de lo que puede sen-ir de rnoti\·o.á su
pincel.
Por lo demás, el :.\IaeHtro ha ,.;iclo ohjrto de distincio1ws tan honrosas, como la que recibió siendo estudiante nírn, de habér1&lt;ele nombra110 profesor de la Al'adernia de 8nn Carlos. Hace poco le fué conferida
la Cruz de la Legión ele Honor y la ele caballero de la arelen de Fra11cisc·o .José. Como miembro de la Soci ednd l\Iexic:ana de Historia ~aíural, ha prestado 1irny buenos Kervicios.
Ilustramos estas planas con una fotografía que representa al :;\Iaestro en su estudio de la Escuela de Bellas artes, y con la copia de dos
de sus cuadros más notables.

Peña.s.-Cuadro de

Yelaseo.

�EL MU:N1)0 ILUSTRADO

Domingo 22 de J unio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 22 de Junio de 1902

La catástrofe de la Martinica

/

LAS RUINAS DE S.AJNT PIERRE:

I

I

La terrible catfü•trofe de la Martinica, casi
sin precedente en la historia contemporánea,
y que tan dolorosa impresión ha causado en
todos los pueblos de la tierra, aparece cada
día, con los relatos que &lt;le ella hac.:en los que
estuvieron presentes en Saint-Pierre horas después de la completa destrucción de la ciuclad ,
más, mucho más tremerida de lo que en un
principio se creía.
Toda una población entregada Íl las fecundas labores de la paz )' del trabajo, que eran,
hacía mucho tiempo, su patrimonio, desapareció al paso de un torrente de lava que fué á
derramar al Océano. Los temploi-:, los edificios
más suntuosos, las chozas más humildes, todo, en un solo día, quedó convertido en montones de ei;combros y cenizas; el afán de muchos años; la obra realizada con tantos sacrificios y á costa &lt;le numerosos esfuerzos, se
deshizo como la sal en el agua, y donde antes
velaban el amor maternal, junto á la cuna, y

¡Ver los muros lucientes
que te circundan, celestial palacio,
bafiarme en tus corrientes,
y por el leve espacio,
cabalgar en tus nubes ele topacio!

.,1

Mas ...... ¡ay! que es trance duro,
cerca la orilla ver; casi tocarla,
juzgarse ya seguro,
y luego ...... ¡oh Dios! dejarla
cuando el barco feliz iba á gozarla.

..,. ,/ -

¡Ah no, Señor! tus brnzos
tiende bondoso al pobre nnvegante;
quebranta ya Rus lazos,
y, puerla rn un instante,
¡ir In, gloria ú beber &lt;'11 tn semhlant&lt;•!

~~

FeiJerlco €scobeiJO

.

~~"'"-..- ..
~

~

--

.

.,..::;¡

..-,:¡

¡~

-

U n cadáver e ncontrado en la plaza.

Ru inas de la Catedral.

En la plaza de Bertin: restos del Sem áforo.

el genio de la civilización, sobre todo un pueblo, i;ólo &lt;¡ueda un cuadro trif-lte, inmensamente triste: la &lt;lesolaciún bajo el manto de
brumas de la desgracia.

¡Traspasar tus fronteras
anhelo ya, mansión de mis amores,
sentarme en tus riberas,
ceñirme con tus flores,
y escuchar de tus fuentes los rumores!

E l comandante del crucero «~nchet,, clescrihe, con los colores mái; vivos, la terrible e:;cena que surgió á su vista cuando horaH después de la hecatombe, llegaba á Saint-PiPrre.

magniturl de la catástrofe. l El Capitán de la
goleta «Gabriela" describe también á un amigo su.vo de Fo, t-cle-France aquel cuadro ateITador con todos sus eRpcl uznantes detalles.
Completn.1110:-1 la información gráfica que hemo,; estiulo publicando acerca rlel trrrihle suc&lt;•f:o, eon nlgunas Yi:-1tas muy interesantes, de
las ruinas clt• H::.int-Pierre.

,c.\l llegará la ciudad-dice,-me dí inmediatamente cuenta de que aquello era una inmensa hoguera. Hice salvar algunos sobrevivientes que se encontraban á bordo del vapor
inglés «Rorairnn.&gt;&gt; y sobre las cenizas en tierra.
Todos estaban más ó menos abrasados, y algunos murieron durante el camino."
Todos los habitantes de Saint-Pierre urnrieron por el fuego y la asfixia; los navíos fueron volcados, incendiados, y los mástiles cortados al ras &lt;le los fondos. El «Suchetn se sal\'Ó por una mera Cf.Sualidad; pues habiendo
ordenado el GoLernador al Comandante que
estuviera en Saint-Pierre el día 8 de mayo á
las siete de la maña11a cincuenta min utos
a.ntes de que sobreviniera la catástrofe, exactamente,-retardó su marcha, rlebiclo ú c¡ue
tm·o que hacer:-:e alguna repar~ción á las nrnquinarias.
A i::u llegada á Saint-Pierre, el Comandante
envió á tierra cuatro escuarlras de obreros y
exploró en persona, con una de ellas, toda ln.
ciudad, cerciorándose de que todos sus habitantes habían desaparecido. Después salió para el puerto de Precheur, que estaba seriamente amenazado, y con el auxilio de dos buques,
logró poner en salYo á los angustiados moradÓres de aquella població¡1.
~ El-relato del comandante del «Suchet» basta, por sí solo, para dar exacta idea de la

CUPIO DISSOL VI.
¿.C'uúmln, Sefior, el día
llegará de la eterna bienandanza,
radiar.t&lt;' de alegria,
Pn pos del cual se lanza
ron amoroso anhelo mi rf-lpt-nrnza·?

\

•

ERa uCasa de oro,"
¿.cuándo gozarla le será ya dado?
de su inmortal tesoro,
¿.hasta cuándo privado
ha de quedar el pobre desterrado?

•
•
,.

•

•
•

•

•

•

.. ••

i•• •
•

•• ••
•

•

•• fl

•

•

La calle de Víctor Hugo.

La plaza do la Catedral.

Rotit ya la &lt;·adena
&lt;lr la materia vil del bajo suelo,
¿.('uándo el alma St'!"ena
podrá ron1per el ,·uelo
.'" las man,-iones habitar del cielo·?

•

,

Cer emon ia en Nuestra Señora de Pa r ís, por las víctimas de la

catástrofe.

Á LA MEMORIA DE ALEJANDRO 111.
El grabado que reproducimos á continuación, reprrsenta la espada que el Pref'identr
de la Hcpúblira Francesa, ::\L Loubet, depotú:ante la tumba del Czar Alejandro III, en
su última Yisita á Rusia, como un homenaje á
i;u memoria y erí prueba de las cordiales rela-

ciones que unen ú su pueblo con el imperio
de Nicolús II.
La espada rs una primorosa obra de arte:
su rmpuñadura es de oro ~· marfil, trabajados
eon exquisito gusto, y la hoja, de acero muy
fino. Un gran ramo de olivo, de oro, e1wuel-

ve la empuñadura, y en ti lazo que lo sujeta
se vr cincelada esta frasr-: uFo:•tleris memor.n
u( Recuerdo de alianza),»
:\l. Loubet obsrquió al Metropolitano de
San Petershurgo y á la ~Iunicipalidad, con
valiosos objetos de arte .

�•
Despu~s de nuestro artículo ?el primero del presen~e,
muchos lectores nos h an pedido datos complementarios

EL CABELLO•
.

EL MUNDO ILUSTRADO

sobre el mé~odo empleado por el INSTITUTO CAPILAR. Creemos que lo mejor, e_s invitarlos_Pª!ª q_u e esc1iban al ~irector del Instituto Capilar, 10 RUE DE I'YS L Y, PARIS, el que con gusto dará gratIS todas las mdicamones que se le pidan.

AÑO lX.--TOMO I.--NÚM. 26.

~.:;e¡.,~ .~--'i'l-.~.~-.,,,_.~-~--~-~-"""'-*-'·-'i'!-.-'i'!-.~.~-*--~-*--*-·~-~-*-~ -a.-a.f/-.-'i'!-.~'*---'i'!-•_,.,,I

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¡ LAS AGUAS DE POZ:OS !
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1.

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1 •

Son en general malsanas. Si ellos son abiertos en las
cercanías de las casas 6 poblados y á poca profu ndidad del
suelo, puede asegm arse que no son verdaderos nacimientos naturales, sino las infiltraciones de albañales y &lt;lesagües de las mismas casas y, por tanto, los agentes seguros de

1
~

~

LAS INFECCIONES DEL INTESTINO.
Si los pozos son abiertos á gran profundidad, constituyendo la tierra una especie de gran filtro, la cavidad de
un pozo es una oportunidad para que los gérmenes retenidos en las capas inferiores del suelo, las infiltraciones de
los cementerios y por consiguiente, l?,s materias orgánicas derivadas de los cadáveres en descomposici6n y, en
general, las maten.as fecales absorbidas por la tierra é infiltradas por las lluvias, encuentran desahogo, á lo largo
de las paredes de los pozos cuando éstos no están revestídos, llevando á los individuos que toman tales aguas, los
microbios patógenos del

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COLERA Y LAS FIEBRES

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TIFOIDEAS.

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EL ALIENTO

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UNICOS AGENTES IMPORTADORES
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- -filmacén de J)rogas- COLISEO NUEVO NUMERO 3.

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Frente al Teatro Principal.

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~·$·$·$·$·$·$·$·$·~·$·$·$·$·$·$·$·~·~·$·$~
,

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~

•

l.

INTERESANTE A LAS SEÑORAS.
Para obtener la curación pronta, rápida y segura

~&amp;~

•~

•

Enfermedades llamadas de Cintura
y para eorregir

~

La e•te,-/lldad en la muJe,-. los deso,-dene•
menst,-uales tlu/os de todo• géne,-o•!I
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es un tónico maravilloso. Limpia,
purifica y enriquece la sangre, excluye
del sistema los venenos y comunica
-;P'Or á los nervios.

La Sangra.se Enríquece,
Los Músculos se Ponen Fuertes,
Los Nervios Cobran Vigor,
y se Rebosa Salud.
Zarzapalrill:i. es solamente uno de
una docena de iugredientes de que está
compuesto este remedio maravilloso.
Cada medicina est:í llamada. á ej ecutar
un gran trabajo en un sentido. Per..
esto no puedo decirse de las demás
Zarza.parrillas,

~~-~-~-~-~-~-~-~-~-~-~-~-~-~-~-~~~-~-~-~J

EL MISMO

•

JOSÉ UIBLEIK SUCS.

~

.

•

..

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'.?»

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krentct LIJI&amp; Rfl'ffl &amp;PINHLA.

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~
;i

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ROJA. " Apartado 123. Tehuacán, Pue.

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Idtm. Idcm. en la cHpita J, ., 1.25

Silf

~

(

Dire c t o r; LIC. RAl'AtL Rfl'f!'&gt; f&gt;PINDOLA.

EL DENTIFRICO

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MÉXICO, JUNIO 29 DE 1902.

•

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Porque solo es verdad de la

del Dr. Ayer.

..

No os dejeis sobreponer ó engal'lar
por alguien que con urgencia os recomiende alguna nueva Zarzaparrilla de
la que nada sepais.
Preparada por el
Dr. J , C. Ayer &amp;Ca., Lowell, Mass, E.U.A

•

•

...
•

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é'isfudio /oto9ráfico .
Sch lattman,

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1902, Año 9, Tomo 1, No 25, Junio 22</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>•
Despu~s de nuestro artículo ?el primero del presen~e,
muchos lectores nos h an pedido datos complementarios

EL CABELLO•
.

EL MUNDO ILUSTRADO

sobre el mé~odo empleado por el INSTITUTO CAPILAR. Creemos que lo mejor, e_s invitarlos_Pª!ª q_u e esc1iban al ~irector del Instituto Capilar, 10 RUE DE I'YS L Y, PARIS, el que con gusto dará gratIS todas las mdicamones que se le pidan.

AÑO lX.--TOMO I.--NÚM. 26.

~.:;e¡.,~ .~--'i'l-.~.~-.,,,_.~-~--~-~-"""'-*-'·-'i'!-.-'i'!-.~.~-*--~-*--*-·~-~-*-~ -a.-a.f/-.-'i'!-.~'*---'i'!-•_,.,,I

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¡ LAS AGUAS DE POZ:OS !
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Son en general malsanas. Si ellos son abiertos en las
cercanías de las casas 6 poblados y á poca profu ndidad del
suelo, puede asegm arse que no son verdaderos nacimientos naturales, sino las infiltraciones de albañales y &lt;lesagües de las mismas casas y, por tanto, los agentes seguros de

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LAS INFECCIONES DEL INTESTINO.
Si los pozos son abiertos á gran profundidad, constituyendo la tierra una especie de gran filtro, la cavidad de
un pozo es una oportunidad para que los gérmenes retenidos en las capas inferiores del suelo, las infiltraciones de
los cementerios y por consiguiente, l?,s materias orgánicas derivadas de los cadáveres en descomposici6n y, en
general, las maten.as fecales absorbidas por la tierra é infiltradas por las lluvias, encuentran desahogo, á lo largo
de las paredes de los pozos cuando éstos no están revestídos, llevando á los individuos que toman tales aguas, los
microbios patógenos del

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COLERA Y LAS FIEBRES

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TIFOIDEAS.

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Frente al Teatro Principal.

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COLISEO VIEJO NÚM. 8 MÉXICO D. F,

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La Zarzaparrilla
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Dr.Ayer
es un tónico maravilloso. Limpia,
purifica y enriquece la sangre, excluye
del sistema los venenos y comunica
-;P'Or á los nervios.

La Sangra.se Enríquece,
Los Músculos se Ponen Fuertes,
Los Nervios Cobran Vigor,
y se Rebosa Salud.
Zarzapalrill:i. es solamente uno de
una docena de iugredientes de que está
compuesto este remedio maravilloso.
Cada medicina est:í llamada. á ej ecutar
un gran trabajo en un sentido. Per..
esto no puedo decirse de las demás
Zarza.parrillas,

~~-~-~-~-~-~-~-~-~-~-~-~-~-~-~-~~~-~-~-~J

EL MISMO

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JOSÉ UIBLEIK SUCS.

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krentct LIJI&amp; Rfl'ffl &amp;PINHLA.

==RIVAL==

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EL DENTIFRICO

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MÉXICO, JUNIO 29 DE 1902.

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Porque solo es verdad de la

del Dr. Ayer.

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No os dejeis sobreponer ó engal'lar
por alguien que con urgencia os recomiende alguna nueva Zarzaparrilla de
la que nada sepais.
Preparada por el
Dr. J , C. Ayer &amp;Ca., Lowell, Mass, E.U.A

•

•

...
•

,,

é'isfudio /oto9ráfico .
Sch lattman,

�,

Domingo 29 de Junio de 1902.

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1 1

1'

"

Orígan da las emocionas.
La mayoría de los hombres tiene una tendencia natural é irresistible á admitir como
hechos consumados, como fen6menos que no
necesitan explicaci6n ni suponen mecanismo
prod 11Ctor, todos aquellos sucesos familiares
y cotidianos á que está habituado y que, en
fuerza de haberse familiarizado con ellos, le
sirven más que como objetos de im·estigación,
como medios de comprender lo que no entiende y de explicarse lo que ig1,ora.
El sol alumbra y calienta,....... Pues que así
siga. Kada más natural.. ..... ¡Y qué ...... ! Los cuerpos graves abandonados á sí mismos
caen ...... ¡Tanto mejor! ¡Pues no faltaba más!
¿Pues qué querían ustedes que hicieran? El
azogue es movedizo, sus plateadas gotitas esquivan el contacto, huyen de la mano como
la ninfa del sátiro; Re escabullen y giran como mariposas metálicas; comprimidas. se pulverizan antes que dejarse atrapar. ..... Pues..... .
por de contado ...... ¡Bonito el azogue para estarse quieto!
Y así por ese orden. Para los espíritus vulgares sólo lo extraño, lo extravagante, lo imprevisto y lo insólito merece estudio y amerita explicación. Un jorobado, un enano, un
borrego de dos cabezas ó un pollo de cuatro
patas; esos sí son problemas científicos, hechoe y cosas dignas y merecedoraR de atención; lo demás puede seguir su curl"o sin que
nadi~, salvo algún medio loco ó desequilibrado, se ocupe de escudriñar sus cam,as, sus leyes y su mecanismo.
Se necel"itan la cachaza y la Randez de un
Galileo para fruncir el cef{o y concentrar la
atención en una lámpara que oscila. Xell'ton
debe haber tenido muy poco en qué pensar
para preocuparse de una manzana que le caía
sobre la narir., y Arquímedes clehe haber sido
un vago y mal entretenido para ocupar~e t&gt;n
averiguar por qué flotan los barcos y por qué
naufragan las rocas.
El punto de vista del vulgo y el punto ele
vista de los sabios es enteramente diferente;
para aquél, sólo lo estupendo e,; digno de atención; y para éstoR, es en lo familiar dondP reRide el misterio De ahí el menosprecio &lt;le! vulgo por los i,abios. El vulgo todo lo ¡,abe; los
sabios todo lo ignoran. Ahí donde el sabio
medita, el vulgo sonríe. El uno busca explicaciones que el otro cree precisamente haber encontrado.
Esta actitud reRpectiva y recíproca es la
misma en lo que se refiere al mundo físico,
que efi lo que atañe al intelectual y al moral.
El vulgo sabe por qué el Océano es imponente, risuefia la pradera, majei;:tm.,sa la montaña, y el sabio no llega jamás á averiguarlo. La
diferencia entre la caverna y el firmamento,
entre los horrores de la noche y las sonrisas
de la aurora·; el porgué del amor, el porqué
del patriotiRmo; el secreto de los &lt;leslumbra!bientos de la gloria y e} misterio de las torturas del remordimiento, todo ef'o, y más, deja indiferente al común de las gente,;, y Rólo
ocupa y preocupa el cirndor de los Babios.
Y, sin embargo, todo eso necesita, impone y
amerita explicación; supone un mecanismo,
combinacioñes de causas y c9njunciones de
principios; todo ei-o tiene un mecanismo y una
razón de ser; se explica por otros hechos y se
deja comprender mediante ciertas leyes; y ahí
donde se pára distraída la mirada del ignorante, se clava fija, tenaz, eRcrndiñadora é inexorable la mirada del pensador.
En lo que á las emociones se refiere, algunas de esas leyes y algunos de esos principios
han sido ya establecidos, y laR emociones, como el universo, tienen un génesif'.
Todo lo inmenso, lo desmesurado, lo inconmensurable: el desierto, el océano~ el firmamento, despiertan emociones grandiosa8,
sublimes, épicas, y en todas ellas se discierne
un vago terror de todo lo que nos es imperior,
é ingobernable; el miedo y la admiraci(m Ron
el meollo de lo sublime.
Todo lo que es peqneflo, inconsi,;tente, voluble: la gotn, la flor, el ineecto, la chispa,
es gracioso, bonito, dulce á la vista, grato al
oído. La confianza, la certidumbre de nues-

•

EL MUNDO ILUSTRADO
tra superioridad, la impunidad frente á lo pequeño, son el origen de ese género de belleza
que llamamos l:t gracia.
El crepúsculo, el sauce llorón, la bruma,
los matices obscuros del colorido, son profundamente melancólicos; de~piertan, sin que de
ello tengamos conciencia, ideas de decadencia, de extinción y de muerte, que, recordándcmos la pmpia, nos hacen llorar y lamentar
la ajena.
Tmlo lo que brilla y reRuena suscita en nosotros la alegría. El estridor y el brillo son indicios de vida, de energía, de fuerza, y gozamos con la actividad ajena, porque no¡: hace
pensar en la propia. De ahí los gritos, estallidos, cántico¡;; y f'alrns con que solemnizamos
las grandes fiestas públicas y privadas.
AtaviamoR &lt;le negro á la viuda ó al huérfano, porque el negro, extinción del color y de
la luz, Rimbolir.a la nrnerte de nue;;tras ilusioneR ~- de nuestrns Pi-peranzns; y vestimos de
blaneo á la virgen y á la desposada, porque el
hlaneo t'" irradiación plena de eRperanr.as y de
ilusiones. El rojo es color guerrero, porque eicolor de sangre é incita al corn hate; el verde
es símbolo uni,·eri-al de e,:peranzn, porque es
el color ele loR paf-tos tierno&gt;' y de hts sementeras nneientes, )' el azul eseolor divino, porque
es el color del firmamento.
Loi-- diamantes que recaman un manto son
bello;;, porque parecen estrellas tachonando un
&lt;·ielo y porque son indicio~ de riqueza, de poderío y de bienestar. Es bella una espada, porque recuerda combates y victorias; es majestnoRo un cm,tillo feudal, porque evoca reminiscencias dr ?poeai:; heroicai:;, y es fúnebre y
triste un cemrnterio. porque es asilo de la
muerte y nos sugiere ideas de aniquilamiento
y clei:;trucción.
Comprendido en esta forma y de este modo
el mundo misterioso de nuestra~ emocionm,,
t'l simbolismo de las coi::as se hace transparente .v luminoso; comprendernos todos los fetiq nis111os: el de la bandera, símbolo de lapatria; el del áncora, signo de salvación; el de la
violeta, emblema de mcdestia; percibimos la
conexión necesaria de las cosas inertes é indiferentes con nuestra vida activa y multiforme,
y por ese camino y con ayuda de esos procedimientos, llegaremos, sin rluda, á responder
algún día á esta pregunta: ¿Qué es lo bello'?
sin imitar al magistrado romano que preguntó: ¿Qué es la verdad? y volvió la espalda sin
e;;perar la respuesta.

j)r. JY{. Flores

-------•------EDGARDO POE.

Cuenta, un capitán de marina mercante americana, gran amigo de E&lt;lgardo Pi:ie, que la
noche antes de morir éste, reunióse con él en
la taberna «Shoi Tower" de Baltimore, refugio predilecto del gran poeta. Era la primera
vez que se veían después de la muerte ele Virginia Clemm, mujer y prima de Edgardo.
El capitán notó por el aspecto· de su amigo
que éste, además de sufrir mucho, se hallaba
muy enfermo. En efecto, ya había tenido por
entonces dos accesos de «delírium tremens,"
ocasionados por el alcoholismo.
La hermosa y altanera cabeza del poeta, de
ancha frente despejada, nariz de líneas correctas y boca fina y triste, mostraba una palidez
enfermiza. Sus grandes ojos violetas parecían
á la vez más tenebrosos y más luminosos que
nunca: tal era su doble y fascinador aspecto.
Sentáronse los dos amigos á una mesa colocada en el hueco ele una ventana, y Edgardo
Por se quejó al capitán de que lo tuviera por
demente, cuando tan sólo se hallaba aquejado
de una neurosis.
En aquel momento crur.aba la calle una dama de aspecto enfermizo, apoyada en el brazo de un señor.
El novelista, presa de un t&lt;'mhlor religioso,
dijo, tendiendo su mano delicada y fría:
-«Yo sé por qué esa mujer se halla en punto de muertr, y ,·o.v á referirte lo que 1011 médicos no han a&lt;liviuado ni p&lt;,rlrán adivinar
nunca."
Y con una seriedad que no daba lugar á
duelas, comenzó el relato siguiente:

-Invitado una vez á un baile de carnaval
dado en Baltimore, fuí el primer convidado
que llegó á la casa.
La gran puerta estaba abierta de par en par,
proyectando sobre la calle obscura una viva
claridad, como la lente luminosa de una linterna mágica. Sobre aquel fondo encendido
resaltaban los carruajes que á cada instante se
detenían, dejando á los invit.ados, que bajaban, se agitaban un momento é iban en seguida á perderse en la linterna ...... En el vestíbulo se agrupaban los lacayos y ,;e veían los
~~~
muros guarnecidos con los paletós de los hom¡
bres y con lo,; abrigos de las señoras.
''i
Al contemplar aquella escena, asiRtía yo á
nn espectáculo terrible. Ca.&lt;la uno de los concurrentes al baile dejaba colgada en la percha
su envoltura humana; vestido de etiquet..'I., sa1
lí&amp; convertido en esqueleto completamente
..,1
mont..·ulo.
Quedaban en las perchas todoR aquellos
..,
cuerpoi:; Hin Of&lt;amentas, semejante,; al p&lt;'rsonal
1
de un teatro de títerei,:, los unos rígidos, ret&lt;&gt;..::
nidos por el cuello, los otros doblados por la
1
mitnrl en las posturas más raras.
'¡
En seguida cada pareja, dos esqueletos, uno
"-J
'
1
más grande y otro más chico, frangueabim la
puerta del salón, y dándose el hrar.o, iban á
saludará los dueños de la casa, únicos personaje,-: de carne y hueso allí presentes.
Lo más extraño era que ni éstos ni aquéllos
parecían notar la metamorfosiR, agrupándoi,;c
los esqueletos, c-onversando y p:iseándose sin
extrañeza ni confuPión.
l'na pareja retard:-1da llegó en esto al vestíbulo. l~ra un ,·oluminoRo personaje de imponentes bigotes, y una mujercita de ojos lánguidos, que llevaba una camelia. Poco después
los dos pen;onajes hacían i,;n entrada como todos los demás, pero sobre el cráneo de la dama había quedado fijada la camelia como por
la opre::;iírn de un beso. Xada más lúgubremente bello que aquella viva flor roja sobre
una hlanni. cabeza macabra.
Quedé como clavado en el umbral del salón, aterrado r sin saher si había perdido á
mi ,·ez mi pálido cuerpo.
Saqué entonces mi reloj y observé que podía contar razonadamente sus golpecitos.
En el salón se bailaba con horripilantes
arrebatos de alegría, formándose y deshaciénse las cuadrillas, al compás de música oculta
por cortinajes, ó girando las parejas valsadoras
en vertiginosas espirales. No se oía en medio de
aquella agitaci6n y mezcolanza ni el crujido
de la seda, ni el roce de las alhajas, sino un
choque seco y continuado, semejante al rasgamiento de las ramas secas en el fuego de
una hornilla.
Mientras tanto, permanecía yo inmóvil; pe¡·o mis miradas seguíaTl con insistencia la camelia roja, graciosa y petulante, que me encantaba, haciéndome sentir esa primera efervescencia del amor que me recordaba á mi
11
querida Virginia Clemm.
Terminarlo el baile, apresurábanse los concurrentes en el vestíbulo para acercarse á la
NOTAS DEL PUEBLO.
percha. Les vi endosar sin dolor ni dificultad
su em·oltura de vitos: los hombres con sus
LWle,anía nos enferma ele indiferencia con
paletós, las mujeres con sus abrigos de pieles.•
1
'-· 1
, •:
impresión ar.ul. Lo mismo la barriada con
En seguida salían tranquilamente, después 411,
•u fondo gris, parece que nos esfuma en una
cambiar los cumplidos de costumbre.
vi6ta sin impresión la vida de aquellos que el
La pareja que había sido la última en lle...
,f ¡',. batir del cornzón de la ciudad, arroja lejos,
gar fué la última en salir. De pronto el prequizá como sangre saludable para fortificar ui1
cioso y esbelto esqueleto de la camelia roja
aiembro d~)il; quizá como reRiduo dañoso
lanzó una exclamación:
•
,
• Jti~ no ha podido nutrirRe ele f&gt;xígeno y se
-¡Ah! dijo-~ han llevado mi abrigo de.
raso blanco y me han dejado este otro de raso
·" • ~ . • • • mand~ á pasar por todos )~¡; r~sgu~rdos del
.•.
p
~ or~arnsmo para que vuelva a ser útil, prove•
arnarillo.-Y riéndose, cubrióse con él.
•
• ch"8o· y apropiado para la vida social.
Al instante ví aparecei, pliegues sobre su •
it. •
r Los que así son tratados se llaman, en térrostro, sobre sus hombros y sus brazos desnumino muy imperfecto: pueblo.
dos. La infeliz habíase revestido con el abri· · La vida de esta enorme masa se disuelve en
go ajeno, la encarnación de otro cuerpo que
la indeferencia, lo mismo que el contorno de
no ajustaba á su armazón anatómico, sobre el
la montaña se imprecisa en la lejanía~
cual puede i!ecirse que quedaba ondulando.
Acerquémonos para traer una novedad.
Espantado de aquello, salí disparado del pala••
Un guía en este vericueto que vive con la
cio del baile.
ola de nuestra vida: el papelero. Nosotros no
Pues bien, acabo de reconocer á la mujer
tenemos un término especial con que señnlar
de la camelia rojn en ~~a que pa."!Ó hace poco
al puñado de gente chica que se defiende en
arrm,trándose casi.
. la lucha de la 'l!ida con el esfuerzo propio, y
Los médicos se empeñan en vano, con tollamamos «papelero» al primer mucbachillo
da su cieñcia, por descubrir lo que llaman una
que se nos acerca cambiando el peri6dico del
enfermedad extraordinaria. ¡Tontos...... J,,
día por un centavo, 6 bien haciendo de la ho-

r

EL MUNDO ILUSTRADO

Dornjngo 29 de Ju'ti.io de 1902.

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EN FONDO GRIS.

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ja impresa y de una mirada viva, la docu-

mentación para ohtener una Rimpatía demostrable con el regalo ele un centésimo de pe,;o.
«Papelero;» bien está y valga, ya que el término en su ambigüedad puede facilitarnos la.
interpretación de uquien hace papeleR," y «papel" es el de un prócer y un mendigo; el de
un engañador y un veraz; el de un luchador
y un holgazán; el de un emitidor de papel de
banco y ...... un vet1dimiero de pnpel impreso
con la nota sensacional del día.
Pues ese "gamín», ó ugolfo,, ó papelero, entre nosotros, es el mejor introductor á la barriada, al salón «azuln ( azul es lejanía, ¿estábamos?), y él nos l~eva sin saberlo, porque lo
seguimos en sus pasos, cuando «ya va,» despué~ de su lucha y su gritería desentonada
por ayenidas y calles; cuando lleva las manos
Yacías de papeles impresos y vuelve á su mundo á sus compaflías juguetonas, al ejército sin
ar~as, sin la coraza que se llama educación y
que en el anillo de proletarismo &lt;]Ue cerca á
todas las grandes ciudades, parece estar sitiando á los ca11tillos de la educación y de la
riqueza que levantan sus torres en el campo
áureo.
Los pasos del papelero nos guían y nos hacen pisar la alfombra gris del suburbio.
Buscamos escenas.
Un grupo de hombres que invaden de pared á pared la vía pública, siguen con vista
ansiosa el vuelo de un centavo tirado á lo alto . .Juegan «los volados.&gt;&gt; ¿Qué es eso?
Eso es el entretenimiento que en la 1&lt;vulgaridad» de nuestros salones se llama: tentar la
suerte. Acá, el que es «imprudente» en esas

diYersiones, Be condena á pasear una pobreza
eu campos de oro, ó para decir mejor, á ser
&lt;w~precio en l.a fpria de las preciacionflS; allá,
la 1mprudenc1a se traduce en riña, la riña en
cárcel; la cárcel, por desgracia, no es la mayor
deshonra que considera nuestro pueblo, pero
sí, la Ye como un desfalco en sus intereses de
voluntariedad. El jugador de ,rvolados, )&gt; al
revés del otro, no pai-ea su desprecio moral,
pero sí considera su desprecio material en el
fondo de una cárcel.
¿Hay diferencia entre esos dos desprecios?
El relativismo pone en alto el fiel de la balanr.a.
Y nos alejamos de esas co11Sideraciones
y sigue á nue¡;tra vistc'I. el harrio, gris en su
cielo, en sus paredes, en sl: suelo, en su luz de
tarde nublada, que va cayendo lent~, muy
lentamente, tras ese abanico de polvo tenue
que, á lo lejos, simula un capelo de vidrio
apagado en fJUe se guarda á la ciudad.
A la vera ele un callejón, junto al hueco de
una ventc'l.na, está un grupo simpático; se oye
rasguear pobremente una guitarra; apenas se
comprende la copla:
«Siento que me he de morir
Si no logro tu querer,
Así se mueren las flores
Cnanrlo no ;,querei&gt; llover."
Y ese cuadro reconcilia con el barrio; es el
vendimiero que se busca la vida eacanciando
versos, azucarillos y alegría en el fondo gris
del cuadro que parece que se nos esfuma en
una vista sin impresión.

'
Para que la mujer sea prudente :en sus"'costum bres, ha de saber con precisi6n en• qué
consiRte la. prudencia; y para que imite la pureza de los ángeles, es indispensable que sus
ideas no se reduzcan á la materia.
GRENAILLE,.

�•
Domingo 29 de Junio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo '2!1 ,le Junio de 1902.

n:3- .abrió los oj_os, fijól~s,. asombrado al princ1p10, en la \ 1rgen placida, en el Señor San
,José de luengas barbas, en los reyes magos
que le ofrecían oro, mirra é incienso.
Después, deteniE'ndo su mirada sobre la figura vivnz y recogitla del señor cura., sonrió
con P.onri;;a angélica, confiada, adorable; y
tendienelo sus bracitoi-\ hacia el sacerdote, alegrPmente gritó:
-¡Papá!
ARMANET.
(Premiado en el concnroo abierto por l.e Jonrnal de Parls.)

,

,

CUBA A LA REPUBLICA
(FRAGMENTO DE UN POEMA.)

La lil-(urita rubia ,. HOnrientr de .J e:-ús no,•:--

•

El ,:eñor curalen1ntú un arbolillo &lt;¡lll' acababa de caer, colllpuso la cofia :'t una pm,tora
de cern, colocó Ít una expendcclorn de leche rn
la bon&lt;lo1.a&lt;la de un camino, ~·, 1·nantlo hubo
terminado, retrocedió alguno,.; pa,.;os para mejor observar :-u obra.
Aquello resultaba perfecto. :-,obre un fondo
le papel grii;, &lt;lestacábase un paisaje &lt;JUe Yercleaba espléndidamente; el 111u~go simulaba
la yl'rba, ya crecida, de las pnuleraR; una arenilla dorada empolniha la,.; carreteras; nn
arroyuelo diminuto brotaba ele las cimns, formaba cai-ca.das, eorría en ;;eguida, y pasaba
por bajo puentes, sobre cuyos pretiles se apoyaban placenteros loi,; pastores. La~ casaP., pequeñitas, colgaban ele los picacho;; tle las rocas de cartón; rehafios entf'ros pacían por los
campo1-, y árboles exóticos extendían al aire
sus ramas rígidas y pintarrajeadas.
Cirrtamente, por aquí y por allá se notaban
detalles algo raros. La wrclura e;;pléndida &lt;le
las praderaR contrastaba bastante con la nieYe
&lt;JUe espolvoreaba de blanco trchos y cornisas;
un soberbio earnero sobrepasaba en tamaño á
las colinas cercanas ." algunos pm;tores ,·eín n
por encima del hombro á las más grandci;
hosterías.
También los trajes se resentían ligeramente
ele la falta de color local. rna aldeana bretona, y una arle,-iana, i,;e crur.ahan en el mismo
sendero; una suiza ele cnh&lt;·llos rubios se reía,
con toda la boca, de una 1•spaiiola, orgullo:-a
de Hl mantilla, y tras de una palmera, una
bailarina trataba de ocultm- sus pien,aR, mal
cubiertas por las mnllns rMatlas.
Pero ésü1s eran pequeñeces sin importaneia.
Todo cambiaría de agpecto cuando, por la noche, á l:1 luz de los farolillos, llegara el niño
.Jcf'.Úf:, dr cera, ofrecido por la ca:-;tellana. tlel
lugar, y fuera ií reposar nnwlle111cnte sohrP la
paja del pese hn•.
Y , con cfPrt&lt;,. c·m11Hlo los últimos Yoltejeos
&lt;le las esquila:; llamaron (t misa de «gallo" {1
los Yecinos ele las m(t8 ll'janas chozas, un grito de a&lt;l111irn&lt;'ión lanzado por todos loP. fieles,
comentó favora hlemente la ohm ,lel señor cura. A la daricl:ul de loR cirioR. ú las irrn,diaciones del candil, scolgado, por la fuerza de
lns eircunsbrncias, de la ea pilla dE' Ran Antonio, el altar &lt;le X:l\·idad 1•e¡;;plandecía, admira ble y magnífi('o. La,; aren itas ele oro ci nti !aban á lo largo de las Y&lt;·n•clas; el :irro.,·uPlo parecía arraf'trnr olas &lt;le kntejul'las brill.rntes·
fulgoreR multicolorns H(' n'trnta han 1•11 la nie,·;
que pspol\'oreaha tP&lt;"hoi- .,· rornisaf'. Y fl'a de
verse á todoH aqnrllrn, prre!!rinoH de madera,
de pasta, ,le pon'&lt;'lana. ca111i11anclo sobre el
musgo Yer,le, ,•n dire&lt;'ciún al eHtalilo heJHlito
clondc acahaha &lt;le cumplirHP la prnfed:1.
¡El portal em una, niaraYilla! En primer
término, la Yirgen l\Iaría, envuelta en i,;n
manto azuloP.o; dPspurs, Han Jof'?, apoyado
en su vara; seguíanle el asno ." el btw,\', inquietos, penrntivo~, y a1h't, frent¡, á la estrella
milagrosa, los treR Reyes ;,fogoH, ofrerienclo
humildes el oro, la mirra y el incienso.
PPro ¡oh ,:orpresa.! entre el dulcr rof'tro de
)Iaría y la opulenta barba de San José, el lecho de paja apareció ...... vacío!

,¡,

taha allí.
·
l'n murmullo Ul' cfo:gusto corrió ¡•ntre lo:lieles. Dii•wreto .'" tímido al principio, eomo 1•!
rumor de las !,risas en Jo;; bosque;;, fué trt'&lt;' iendo ,. ereciendo co1110 una tempestad que
n•,·enta~t' entre loH i::antoi- muros de la igleDe repente, el señor cura apareció, atravpF&lt;ado el alzacuello, el solideo sobre la oreja,
leYantar.do los ojos al cielo:
-¡Oh amigos mío1-, mis &lt;1ueridos feligreses! ...... ¡(.~ué def'graeia.! ¡Qué inmensa desgracia! ...... El Xiiio .JesÚH, ya lo ;;abéis, el
Xiño .J esfü; ofrecido por In, señora Condrsa ....
-¿Qué'? ¿Qué'? exclamaron, anhelantes,
cien derntos.
Pue,; bien...... ¡ ha llegado en f"U caja,
despedazado, hecho astillas!...... ¡Ah Dios
mío, Dios mío! ¡qué desventura!
l'n silencio solemne acogió estas palabras, y

...

.. .

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•.,.;;

.. . ..

•••

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fué interrumpido por un :-ollozo. El sefioreura llorn,ba.
Entonces, débil , tímida, una voz se dejó oír
en el santuario.
-Reñor cura! ...... seiior cura!
El ;,aenclote, de,.;concertado todaYÍa, rnh-ió
PI rostro~ humedecido por amaro-o
lloro' .v de
~
un rinc·on apartndo smgió la figura de una
111m·lrneha flacucha, pálida, co11 dos grandes
ojos tri1&lt;tei&lt; y hundido,;, levantando en sus manos Ít un muñec-o, Ít un chiquitín de nne,·c
mesei;;, que dormía, el pobrecito, como Ull án gel caído del Pnraíso.
-¡Silviana!- exclamó el sefior cura,-;.qué
quieres? ¿.qu(· hac-es ahí con ese muchacho, hija
mfa?
-¡Ah ,;eñor cura! Como me dijeron que el
que ofreció la señora Condesa era tan hermoso, he querido vPrlo; no tme á quien dejar mi
chico v le he traído envuelto en el chal. Señor ctirn, acuéstele usted en el pesebre, en el

lugar del Xiiio .Tesús; e:-;o Rerá ¡,:ira {,] ele ht11•11
agüero.
Ruplimba la infeliz, con rnz lm-tirnn:-;a; v
el sefior cura, Yacilaha, entenwddo, easi n·sucito á todo.
Mirándolo hien, ¿.qué culpa tenía aquel querubín de que su madre lo huhiesl' tenido, chicuela todada, ele no sabía qui{,n v en alo-ún
lugar desierto? Ante DioH ¿,no son· iguales"todas las criaturas? ...... Y luego, la Yirgen d&lt;'l
manto azuloi-o y el señor f,;an Joi,é de negra y
opulenta barba, ¡e1&lt;tahan tan afligido¡; por no
tener allí F&lt;ll Xifio .Jrsús, rubio y risueiio!
f,;(1bitamente, el sefior cura se de&lt;"idió. To1116 al nifio de las mano¡; de Silviana, lo sacó
ele l~is pafiales que. le rnvoh·ían, le quitó la
1
alnnlln, y los zapat1tos de lana v triunfante
radio1&lt;0, lo acostó, así, desnud¿, · ;obre la paj~
del pes1&gt;bre.
iY &lt;Jué adorahlr estaba en su papel de .Jesús el hijo de Silviana! ¡Qué encantadores sus
bucles dorndos, suR piernas y sus brazos regordetes y los hoyuelos que tan alegremente
reían en su carnr satinada! Los fieles extáticos, olvidaban el padrenuestro por ~ontemplarlo; el señor cura, tartajeando sus &lt;CÜrernus,» l~ veía con el raho del ojo, temeroso de
que un rnesperado despertar deshiciese la graciosa iluf:ión de la celeste levencla. Pero el muchacho dormía como un q11eruhín v la miP.a
de ((galloi, terminó sin accidente ~lguno en
medio de los cánticos piadosos " del h~nno
perfumado que del"pedían los incen1rnrios.
Concluídas las últimas oraciones, una inRpiración divina hirió el alma agraclC'cida del
spfior cura. Con gran pompa, prececlirlo por
el maestro de .ct&gt;rernomas que empuiiaha su
alabarda, seguido de los monaguillos, vestido,;
de blanco, de los chantrei-:, cubiertos con la
sobrepelliz, ~' del sacristán, provisto del hisopo, abandonó el altar y se dirigió al pesehrr,
que resplandecía con fulgores de ascua.
Con ademán lento, muy lento bPndijo al
nifio, que apaciblemente dormía.'
•
-¡Dios mío!-excln!nú_en alta Yoz,-impe11etrablcs son tus cle,;1gmos. Has permitido
que en e::-ta noche solemne en que dii,te un
1-\alvaclor al mund!&gt;, el hijito d e.:lih·iana oc • ;
para el I ugar que ,1 tu augnf'to h1¡0 rsui ba destin:i~lo. ¡Bendice, Señor, á ,•str hijo de• ea- ~
F:ualidad! ¡Har. que algún día, gracias (t Lu m'- •··.
seric?;dia infinita y á tu om nipotente intrre •
,·enc!on, enc~1e1!tre al hombre qut&gt;, c•n eont.1- •
hcrmo con R1hiana, lo lanzúalnrnnrlo! ¡Te Jo ~
pedimos, ¡oh Dim; y Seíior nuef:tro!, en el '
nomb~e &lt;lel Pnclre, del Hijo y• del Espíria
Santo. ,
.
• ..
-Arnen-~esponcl1Pron en coro y co11111on-.
dos todos los fieles:
·
En c,-;oR mo111r11tos, el dulee .frsús d(' :-,j]lli/ia-

••

El Incendio
Allí avanzan velocPs los guerreros

blandiendo los aceros,
en el nervioso puilo, al golpe recta.
la boja afilada, erecta.

Las notas de las músicas, ardientes,
empujan á la gente enfurecida,
y un incienso de pólvora encendida
se exhala de la flor de los valientes.
La lucha, cada vez más despiadada,
negro el encono, la venganza fiera,
conflagración abajo, sombra arriba.
y al nombre de la patria desgarrada,
los victoriosos van gritando: «;Muera!&gt;
y los que muel'en les responden: «¡Viva!&gt;
Las bestias, espantadas, sin gobierno,
al sentir que la llama las acosa,
en confusión horrible y tropelosacondenados que escapan del infiernoatropéllanse al raso,
y pidiendo sus alas á Pegaso,
se lanzan de estampía
hacia la solitaria lejanía ...... .
La nochr impuso paz á la refriega,
á la horrenda, feroz carnicería.
¡la noche! ¡y dicen que rs mejor el día!
Y, cual sudario, las obscul'as caudas
el va.sto manigua] envuelven raudas.
¡La noche llegó triste!
'l'ú no vista mi tierra aquella noche ¡ah. no. tú no la viste!
~· pensándolo al golpe me cloblPgocuerpo exangüe, ~ncorvado,
por la espina vital cauteri:;:ado
con botones ele fuego!
;Un enfermo gigante pa1·ecía
que estií l'Onvaleciendo todavía! ....... .

•
.J_"".,

\\\~

JY(a17uel S. j&gt;icharoo

VIRGEN ÁRABE.

-~

11 ~ -~•,.

1
~

"

Grábansf' finas, du1as,
en el polvo las corvas herraduras
de los potros rebeldes. ¡Infelices!
¡NadiP hahrú de ¡n·emiar su, ci&lt;'at1·ict&gt;s!
Ruelto el renclal f'n la l'arret·a ÍI f'Scapr,
va la colgante vaina
golpeáudoles el anca temhladorn,
y la e~puela desgarra, punzado1·a,
el ijar, que ensangrienta la polaina.
Y al mismo tiempo que la gente vurla

•

'
,.

I •

,. •

con indómito avance,
cuanto conquista su terrible alcance
enciende y 1mlve1·iza &lt;la candela.&gt;
¡gs la legi6n sagrada
que causa espantos y que infunde asombros:
es la eterna legión de los que sufren
que viene á pt·opagar la nueva idea:
es el poder del filo y de la tea
que necesita coágulos y escombros;
que arrasa y que desquicia,
mientras no baste al Bien y á la Justicia
• el poder de la mente y ele los hombros!
El imponente choque se avecina;
tirando á quema ropa
de inmediata colina,
rompió sus fuegos la enemiga tropa.

..••

•
•

•

«La candela&gt; prosigue sus hazañas:
las encendidas caña¡;
sus airones flamígeros aventan:
los gases, dilatándose, violentan
las fibrosas entrañas
y, rompiendo las cáscaras, revientan!
Los tiros de la miel, que el campo asordan,
los del fusil y del cañón acal 1an,
y los jugos en lavas se desborda&amp;,
como las almas dulces cuando estallan!. ....
El combate

..

•

Junto al río se ven los combatientes
y empeñan la batalla fratricida,
donde no hay un soldado sin herida
y en púrpura se bañan las corrientes,

La virgen [u·abc estú bajo un cielo hiperhúreo gozando &lt;le la blancura de la tarde.
La novia parece un lirio opul ento deshojndo sobre un líbico lecho nupcial.
:;uf'. manos simuladoras ,k heliotropos marinos, se posan con &lt;lulr.ura sobre un libro dt&gt;
marfil.
De las raíces íntimas de la al hum de su alma, filtra la honda sugestión 1mpresa (t la rstrofa por un bardo adolescente ele pluma
blanca.
Sonríe ...... y su sonrisa de crista.! rnga por
el cóncavo venusino &lt;le sus perlas...... A veces su sonrii-a, alígera como libélula de plata,
naufraga en el mar de luz que clpspide la rojn
flor de RUB labios temblorosos ..... .

Tiene sobre su pecho, color de lino, una
flor roja-como sangriento caracol de Tyro;y arele en todo su busto, corno en el de Casandra apolínea, el i,;ibilante fuego ele un amor
voluptuoso y persistente.
Lee, r vuelve ú leer; y en el fonelo ele su
glauca pupila recoge los últimos cadú rnres ele
un pah,aje nacarino, en un horizonte sin límites...... .
Allá...... tras las enormes siluetas de las
Pirá1,,ides y las Esfingrs, di\-isa una línea de
hielo, hiperb6ren, y dúctil, que parece derretirse tenuemente ...... Es el crepfü:culo que empieza ...... !
Y. al fin, labrada ron el ágata de la fama,
vió ln, gig:inte estatua del "Genio" ...... deflafiando á los e,·os bajo el esplendor de e,-os muros
egi pcíacos.
Tornó á leer, y en la página. blanca, como
nenúfar muerto, &lt;lej6 raer una ]~grima arrancada de su alma, en esas horas grises, cun,i1tlo
se había viRto impotente para volver (t la tibia
ribera de las níveas iluRioneR de la primera
rdad ..... .
Celebró entonces sus connubios con la nostalgia, y aprendió-de;:;,Je esa tarde blancaque el amor es la mús grande entn• las tristezas humanas.
Las nubes como alas rotas de l'igi.ieñas blan('¡\S, se esfumn han f'll el (qiice de la f'Umbre
lejana ...... !
Era la hora ,le! Ticiano ..... .
Cna ola crepus(·uln,r )' 110,.;túll(Í(·:1. hafió tamhifn C'l alma de la vir~en úrabe........ .
Crrrú Pl libro ...... Dió una mirada lun1inosa
al n•tr:1to del porta, despu,~s l!inguida, C'0lllo
un loto rnfcrmo, di' la Idali,t, eln\'Ó sus re,londa,.; pupilas ;;ohm PI horizo11t&lt;· tnuerto, hipC'rhórPo y ;;ilt&gt;ntc•...... Y 1•0111novicla (li ,1 1•! último
adiú,, {t la,; bl:uwa~ ilu;;iom•¡-¡ de ;;u pl'illlf'rn
r&lt;lad ........ !

. Todo el 11nmclo d,•hc reconocer ho,· la importan&lt;'ia del pn peI q ne la m uj1·r e,;t({ llamada
ú clci-empcfiar Pn el gí·nero humano; todo 1•!
mundo cl('he n•c·ono(·t&gt;r la neel'sicla&lt;l de e&lt;lucnr
:'t la 11rnjer ptlrn tan alto fin.
Bnsso:-.

La 111uj,.r dr miís m{•rito PS la que reemplaza digna liten te .'1 su 111;1ri&lt;lo cuando C-ste se halla, ausente.
GoETUE.

La discreciún ,. la honclad fonna.n un &lt;lote

muy imticiente 1iam una nrnjer.

Respir&lt;t el campo con rnmor de ignotaR
Yoces de idilio. El aljófar rncda
Sobre los montes, y á la luz reme&lt;la
Diamantes raros de soguillas rotas.
Se oyen ecos de cántigas remotas,
Alisa el tordo su plum6n de seda,
Y oculto el papagayo en la a.rboleda
Alza su voz de alharaquientas notas.
Muge el ganado; con acentoR bronco,;
Suenan las hachas al herir los troncos;
Y miC'ntras mueve con pariente mano
El labrador, en su hrrcdad, la. yunta,
Fresca ilusión sobre su fe despunta,
Como despunta sobre el surco el grano.

PLAUTO.

�Domingo 29 ele Junio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

I

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 29 ele Junio dé 1902.

La primera carrera, en terreno plano, foé
ganada por M. S. Turner; la segunda, para
muchachos de menos de 15 años, por Luis
Mosser; la tercera, que fué de obstáruloR, por
K Emonrls; la cuarta por Osear Braniff, y la
quinta por Horacio Sharp.
Después Yino una carrera de ponnies mrxicanos, ú 440 metro1-1, en la enal el jockey Yrncedor fu(, el sl'iior 1\1. Sharp.
En la carrern para señorita~, que fuú de lns
más di,·ertidal-', d triunfo corn•spondiú ú la
seüorita Tlwclr.

JUEGOS OLÍMPICOS
EN HONOR DE EDUARDO VII.

. .

rn incidente lamentable-la repentina enfermC'dad de Eduardo YII-vino ú interrnmpir, el marteR, la serie de fei-tejos con que la
colonia inglesa se disponía i'i celebrar en ::\IPxic o el fausto suceso de 1:. coronación del r •y ele
Inglaterra.
·
De las fiestas que ;:;e
efectuaron, lo que más
llamó laatención, fueron, sin duda, los J uegos Olímpicos, que se
verificaron en el Club
Reforma, el m i s m o
martes.
A las diez de la mañana se reunió en el
espacioso terreno del
Club lo más selecto de
la colonia británica y
algunas familias americanas ?l mexicanas;
el señor Ministro Inglés y el Cónsul y Vicecómml de la Gran
Bretaña, que presidieron los Juegos Olímpicos.
A un lado y otro de
la pista se colocaron
filas de sillas, en donele tomaron aRiento las
clama~.
Los jugadores 1u cían
elegante traje dP sport,
sobresaliendo l o s de
los jockeys,c¡ue eran de
H&lt;'da y de ,'Ísto;:;os colores: Una comi;:;ión de
señoras y señoritaA que
vestían trajes blancos,
zapatos blancos y Aomhreros ele paja, atendían á los invitados.
La mayor parte ele los
concurrentes vestían
del mismo color, hasta
T orneo de saltos de alt ura, con ga rrocha.
los niños.

,

-----------·--

BUSTO DE REBULL.
El grabado que antecede repreRenta el busto, en yeso, de Don Santiago Rebull, ejecutado en la clase de ERcultura ele la Escuela de
Bellas Artes, por el alumno Sr. Domínguez.
El parecido es de lo más exacto, y la manera con que están tratados los detalles de la
obra, acusa en el joven escultor buenas disposiciones.

Carreras de ponnies.

En la otra carrera de ponnies, :;alió Ye1wcdor el Reñor P. Stoney. La carrera para selioras y caballeros, la ganaron el señor Stoney y
la sefiorita Ware. Una de las carreras más dive1tidas fué la carrera en cuatro pies, que ganaron C. ::\1. Bulting, en primer lugar; en segundo, J. Lacaud, y R. Blakmore en tercero.
En lugar del «tug of wari&gt; hubo una última carrera de ponnies, que ganó el Sr. Alex Arnnr.
A la una de la tarde los concurrente,; fueron
obsequiados con un lunrh por las señorita,;
ele la comisión nombrada para. el efecto. Todas ellas, lo mismo que los socios del Cluh .,·
los miembros del comité de las fiPstai-, lucínn
listones en el pecho con los (•olores ele la h11n&lt;lera inglesa.
Terminada la comida, eontinunron laR &lt;'Hrreras. Las más notables fueron las de saltos
ele garrocha, carreras &lt;le eaballos y (·ni-rt•ras
de señoritas; y la que hizo reir mucho, fué la
de c,aballeros atados de los pies.
Hubo ~demás, saltos y otro" ejercido::; atléticos.

1

--------------NUPCIAL.

•

Ante una selecta concurrencia se efectu6 ú'.timamente, en la Profern, el mat1imonio cl&lt;'I
~r. Lic. Pascual Luna Parra con la distingni-

Carreras á ple.

lla f;eñorila Carmen Mariscal, sobrina. del seIior Ministro de Relaciones.
Los contrayentes son muy estimados en la
sociedad mexicana, y la formación del nuevo
hogar ha sido recibida con verdadera simpatía.

Tipos londinenses
A dónde vas, joven soldaelo? dice el porta;
y yo, pensando en tí: ¿á dónde vas, chicuela

de las ralles, «girli• ingle.~a de dieciocho año;;,
con tus ojos azules claros como el agua, con
tus cabellos rubios cortados cerca de la nuca,
mn tu boca de rosa y tus mejillas de 11iíio?
;..\. d(mde vas, pequeña «girl," caminando sohre las bahlosm; &lt;le esta ac&lt; ra de Picaclilly,
cuando en ,,1 reloj d(' la torre ~t..Jame;;, nllíi
en ('J cabo Je la ealle, la aguja marc,l las diez
ele la nochr, y C'ua11do las clariclade;; qt1C' iluminan las ,·pntanas 1lp las casa;-: virtnosaR con1iPnzan (l apagarRP·?
Con tu ypsticlo de color l'hro. tu ancho ,;0111hrero y tus guantes rojo:-:, Ro1iríPs al transeunte con sonriRa casi ingenua, _,, lo qur hul"cas
1•s 1·1m que \'ivir n1añana sin trabajar. Y si no
llega1&lt; aquí sino ú las diez, C'R qui' YirnN; {t pi1·
desd(' muy lejos, desue uno de los barrios donde la~ casas cuestan barato; y Yi,·es allí con
alguna de tus cam:ira&lt;las que fup de cacería
por su laclo. ~Iañana por la maliana, una &lt;le
yosotras, con las mangas del ve;:;tido blanco
0

Torneo de saltos de altura, sin garrocha.
Sra. Mariscal de Luna Parra.

volteado hacia adentro y el ancho sombrero ú
llores sobre la cabeza, limpiará los cristales del
único balcón de la casita, en tanto que la otra
prepara el té, el «roastbeef» y las tajadas de
pan con manteca sobre la mesa de vuestra sala, donde Sbakespeare eluerme sobre alguno,;
('jernplare::; de no\'elas ilustradas. Pero esta
tarde? ...... DP, paRante en pasante vas erranelo,
casi cúndi&lt;la, ni cínica. ni orutal; y al_i:que te
rerhaza menos duran1C'nte que los otros, le pillPs para beber aguarrliente; y pronto, ahora
mü,mo, poelrt{ verte de pie, cerca de la mesa
del cc Bar,» en nwdio de otras jóYenes, tiernnP
como tú, cerca de hombres cubiertos con anclrajos; y tu faz de ángel revelará ingenuo placer mientras apura,; PI ancho vaso de brandy.
DeRpnés ReguirÍli&lt; ('ITn.nclo sobre la acera cacla
vez mús ,;ilenc-iosa.
...... ¿.A clúnde ,·a:-:, pequ('iia «girl»? ¿.Hacia
qu{, fin lamentable ele orgía y de borrachera?
~in rmhargo, entre d Yieio y t(1 no hay de común :sino el &lt;linero que t(' proporciona; con
una rPntecilla y un f'RJ&gt;ORO sería,1 feliz. La corrnpciún no te ha marcado en la cara, como ú
tu lwmw nn n1a.lclita de lo~ houlf'vares de París, cnpL h,wn brilla carniinaela bajo una máscam de polYos di• nrroz, y c·uyos ojos penetrantN; irmclian hajo las ceja", gasfada:; por la pintura. ~faR, ¡oh chicuela de LondreR!,para el soiiador que te sigue con la vista, cu[mto mú"
triste no es tu monótono paseo que el &lt;11' tu
viciosa lwrmana parisiense! ..... .
PAL"L BouRGET.

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�Domingo 29 de Junio de 1902.

:EL M UiNDO ILUSTRADO

aún y se dirigen hacia la
belleza inefable, que brilla á través de aquel místico universo. Las lágrimas del sufrimiento se
agotan insensiblemente
pam dejar paso {l las del éxtasi!', ó m~s
bien, aml,as se confunden en una angw,tia
mezclada de delicias. A veces estalla la desesperación, pero al punto reaparece la poeRía, y
las modulaciones mfoi &lt;lesespcradns se exhalan envueltas en una magnificencia de ucordr::i
tan extraordinaria, &lt;JU!' lo sublime 1-1obresal&lt;'
v lo cnbrr tocio &lt;·on su penetrante armonía.
Al fin, después de un gran tumu lto y un gran
c·omhat&lt;· lo sublime sólo subsi~te; la lnmentaciún, t-;·ansformacla, sr convierte en un hin1eneo qu&lt;' eorre ~· resuena, llevado en un
&lt;·oncierto de notas triunfantes. Al rededor
del en11to, en lo alto, nbajo, en multitrnles
aprenf-adas, entrelazadas, cxtf•ndidas, '? un
(·oi·o d,· aclamaciones q ll(' crece y dobla lllCl'sa 11tc&gt;men te su vehernrncia y su alegría. El
tt·dadü es insuficiente, no hny voz que no tome ¡,arte en aquella fil'sta, las mf,s grav(:'1&lt; con
H11-1 trnenos, las más altas con RUR gorjeos,
unidn.s todas en una sola Yoz, una y múltiple,
corno nquelln. rosa divina que vió Dante, cttda
una de cuya,; hojaR era un alma hiena,·e11tnrada.
Un &lt;'anto de Yeinte not;1s ha dado origen á
tan diversas emociones! Así en una catedral
gótica, la ojiva chata de la cripta se encorva
en arcos á la fúnebre claridad de las lámparas, entre muros húmedos, en la lúgubre obscuridad que envuelve la tumba de un muerto; de,;pués, arriba, en la iglesia, libre reper.tinamente clt-1 peso de la materia, se yergue,
sube en columnitas hasta el cielo, hermosea
las vidrieraR con sus festo nes, extiende sus
trí-1,oles en los rosetoneR iluminados, y hace
drl templo un tabernúculo.
HIPÍlLITO TAJXE.

MONUMENTO Á DAUDET.
En uno de los rinconcitos mús pintore,:cm;
de los Campo,: Elíseos, bajo laR frondai:; y rodeado de flores, se lPYanta en P:1rí-.: &lt;·l monumento consagrado á la
,uemoria de Alfoni&lt;o
Daudrt. La obra, qur
es un notable trab,tjo
de escultura, es del nrtiF&lt;t~'1 Saint-1\farceux ,.
fué inaugura(la Rolen1nPmcmte el
dr ma\'O último.
· La figura de Daudrt
en primoro,;o mármol
blanco, es un retrato
fiel del gran novrliRtn;
parece ei;tar animada
de RU el'lpíritu.
El aclo de la inauguración se Yerificó estando allí representados los círculos literarios v artísticos de más
nombradía. La fau,ilia del ilmitre novelista. ocupaba un pequeño estrado frente á la
estatua.
El '.\I inisterio ele Be11.ts .\ rt(•s r el de Instnwción P(1 hlica \' la
Sol'ieclnd de Hente de
J., ·tras, l'n 1·iaron delPgado-.; ú la ceremonia,
eoncu n·i&lt;&gt;1Hlo eií per~onn, el Prefecto del 8&lt;'na, algunos mieml,rn,
drl Concejo ~Jnnicipnl
v 111m1ern:,os amigos v
iulmiraclnreR ·clr DalidPt.
M. ,\hcl lle,mant,
en 11ombre &lt;le la Sociedad de Gente de Letras, pronunció un bello diRcnrso, haciendo

EL MU!NDO ILUSTRADO
el elogio del autor de«Nabab", de &lt;~Saph_o» y de
tantas otras obras que dan lustre a la literatura francesa y quese deben al eximio_ escritor.
Se pronunciaron, además,otra~ piezas oratorias, v l\I me. Lara, de la Comedia Francesa,
recitó i:mos verso1-1 rlc Lucií,n Pat(,, rscritoR expre~nmonte pnra la l'erernonia.

cCa pa~con los _Boeros.

( De.!. u lre" Chenier)
( '01110 en su

muerte por la vez postreni.
El cisne gime. y falleciente entona
Dulce cantar al despedir la vida,
Pálida así, r en la mirada triste
8ombra funesta, desplegó sus labios
La ninfa, y dijo con susurro lel'e:
«¡Oh del Sebeto náyades ligera~.
Cortad las trenzas sob1·e mi sepukl'O'.
Clinias, ¡adiós! no voll·erií. tu amach1.
Cielo, mar, tierra, valles y torrentes.
Flores y bosques y repuestas grata~.
Tened continuo á su memoria el nomh1·p
De Neera, rn bien r sus amores:
De su Neera, que por él la casa
Dejara de su madre, y fugitiva
De ciudad en ciudad errante aml u,·o,
Sin atreverse á levantar los ojos
Delante de los hombres. Ora el astro
De los gemelos de la hermosa Helena
En el jónico mar tu nave guíe;
Ora de Pesto en el verjel lozano
Dos veces eu el año frescas rosas
Corte tu mano por tejer guirnaldas;
Si á la puesta del sol, vaga tristeza
Mezclada de dulzura tu alma siente,
Llámame, Clinias; estaré á tu lado
O tras tí volaré: mi alma errante
Gemirii entre las hojas de los bosques,
Descenderá en el seno de las nubes,
Llevaránla los ·d eutos en sus alas
O brotará de la marina espuma.
('orno centella surcará los aires,
Leve cual sueño, sin cesar volando,
Y siempre tierno y amoroso siempre,
Mi acento blando halagará tu oído.

El Lo rd Mayor anuncia que la paz ha sido proclama da.

Marcelino Men6ndez Petayo.

r-

:-n

LA ÚLTIMA SONATA
Es una frase &lt;le una línea, lenta, de infinita
tristeza, que va y vuelve sin C(•sar, como un
sollozo único y lnrgo. A ella se u1wn algunos
sonidos ~ofoca&lt;los; cada acento :;e prolonga con
los que siguen, _y llluere sor~,unent(', como
¡¡;rito que acab:i co'.1, un susp1:o;_ de modo qtw
cada nueva explo:;1011 dt:_sentumento lleva por
cortejo las quejas n:itigunl", . ,r, con la lamentaci6n suprema, se 1t11--zcla s1cm pre. el Pro de1,ilit'l.do de los primero~ dolores. ~ada hay el&lt;·
,luro en e,;l;a queja, ning,una indignne_ií,n, ni1!"llll·t rel&gt;rldía. Jj:L corazon que la ('llllle no d1;e q•ue es infeliz, sino q_tw 1,~,f"1il'idacl rs impo,;ible; y, en est'I. re~1gnac1011, encuentra la
c:tlrna.
como un desventurado de,;trozndo á cau:-:a de una caída trernencln, r que, tl&gt;11&lt;lido en111edio de un desierto, Ye la folgurante pe~lre,fa del cielo tachonar In bó:1 &lt;la dr :u _ultima
noche se desprende, se olv1&lt;la &lt;le f-1 mismo, _y
no pi¡nsa ya en reparar lo !ne1&gt;,arnhll:'; ,1a serenidad divina ele las cosas mfundc en el una
dulzura secreta, y sus braws_, _que 110 pueden
ya levantar su cuerpo martmzado, se abren

un

Domu1go 29 de Junio de 1902.

" Fogata" en cel e brac ión de la paz.

Grande, inusitado, fué el entusiasmo con
que en toda Inglaterra se recibieron laR primeras noticias referentes á la paz con 8ud-Africa. El pueblo, en masa, recorría las calles de
Londres, saludando la plausi ble nueva, y las

demostraciones de regocijo fuernn, como mm('a, ruidosas.
La paz estaba asegu rada, y no quedaba de
aquella terrible lucha que conmovió al mundo, sino el recuerdo de los sacrificios de vi-

das y haciendas, y de la heroici&lt;la&lt;l el e los
combatientes.
Las dos ilustraciones que ofrecemos es ele
lo más interesante que encontramos rn la información gráfica de la prensa londinense.

Fragmentos da una leyenda.

El fondo del corazón de la mujer es tal vez
menos vigoroso que el corazón del hombre;
pero es menos susceptible de infatuarse en la
gran eorrnpeión moderna. -SATNT-MARTIX.

Si la ciencia v la sabiduría se hallan reunidas en una criatura, no pregunto el srxo; admiro.
LA BRt'YÉRE.

Ah! los supremos goces de la pasión vencida!
Ay! el voraz cansancio de la virtud perd ida!
Cuando á tu puerta llame con por.fiada mano
El mal, arroja, insulta, desecha al vil tirano.

MARTINICA.

Yo sé muchas historias de inolvidables días,
De pérfidos halagos, de recias agonías.

•

En ellos, como un héroe de bíblicos cantareR,
Ct'uzó el placer lloviendo diluvios de pesares;
Y envueltos en las mallas de trítgicos arreos,
Ardientes y sudosos, volaron los deseos.
Allí 1as blancas vírgenes ele lúbricos contornos,
De aéreos y sutiles y diáfanos adornos;

•

Allí la fiebre loca, el beso eterno y rudo
De la impoluta esclava sobre el marfil desnudo.
Y en mareante vértigo, cien danzas peregrinas
Meciéndose al acorde de suaves mandolinas.
¡Y aquella larga .fiesta, aquel carnal desdo
De Abdul-Hassam no pudo matar el fiero hastío'.
Arrnr.. FARINA.
,{:;,.'t('

1

~.... ~

&lt;

'

Vista de Séin Pedro, desde el mar, 48 horas después de la prime ra erupción.

�Domingo 29 ele Junio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

TRIUNFO DE UN MEXICANO

Re llanrn.ha :\lidtP y rra paÍ·isiense hasta la
punta de las uiias. Yo l:i querfa porque no Re
parecía á loH otro:,; gatm;, con su nariz espiritual, eolor rosa ele las rosaR de, Bengala, su,:
ojos dr un gri!l muy dulce, azulado, cambiante eomo el gris ele ciertoR cirios de oetuhrc&gt;, en
el que el sol agoniza Pll la bruma; su pelo rubio, cruzado por rayaR irregularrs_; sus patas
finaR, elegant&lt;•s. eomo las manoR de mi amiga.
Qu(&gt; p:tvores al mirarse en el psiquis &lt;¡ue le
repro&lt;l ucía su imagen; Rus "toillcttes,, interminables en que SP acicafaha como una mujer
que espera un cortejo de enamorados, y que
no se encuentra bastante bella: Qu(&gt; tent!lcioneR lo&lt;'a!l sus glotonerías cuando merodeaba
sobre los blancos mantelPs, entre las copas .r
loR plato!-, olfateando con sus narices dilatadas los perfumes que exhalaban los azulados
rapo,es!
Y RU fina \'oz, en In que RC comprenderían
las inflexiones; l'Sa rnz que 1-lUplicaha y i-e init:tha i;uecRi\'alllentt&gt;, que tenía ternuras mentirosas, astu('ia,: femeninas! Y sus ¡;alto;; furiosos, 1'-llS en,-rcras por tocia la hahitaeiún, tan
rápida;.:, 1¡t1&lt;' si• hubiPra dieho c¡ue una pelota
ele seda roda ha, l,ri1,ea ha, estrellántlose contra
los nnwl,l&lt;·s; su1- juegos &lt;·on &lt;·ualquier cosa,
&lt;·on la n,o~&lt;·n lJUU zunil,a en el ain• la borla
de un eojín, PI sohre anugado qu~ arraf-tra
por PI suelo! Y su:s contori4iones en las que Rll
l'llt&gt;rpo Hexi hl&lt;· torna l ,a acti tu ele" Pxtraiias; sus
¡,irnetas de payaso, que exrit:ln lnR aplauso:,;
y los da 111oreos &lt;lPI p(1 blico.
QlH~ había sido :\íiette en las metempsicosis
lejanas, en las existencias anteriorc:-;? Tal Y&lt;'Z
una seclurtora endiahlnda, tal Yez una atlornda &lt;¡ue ju¡raba con f•l
amor romo los l"altirn hanquis con sus aros
de cobre. Meguramentc
una mujer y una rnbia.
Es á causa de esta
quimera que la 4uería
tanto, la había hecho
mi camarera familiar,
íntima, que se tiene en
la mesa de trabajo que
se acuesta !"obre las carillas en las que la tinta
está apenas seca; y. por momentos, eon un
movimiento discrMo, eon un especial maullido, me recordaba que ella languidecía, que en
vez de borronear papel sería mejor palmearla,
hablarla y divPrtirla.
Tenía horror Ít la soledad y á las tmieblas.
La música la sumNgía en verdaderos éxtai;;is.
Se hubiera creído que ella la comprendía y
que e11a Rcguía el ritmo.
Una noche de Yerano le traje de la feria &lt;le
~euilly un conejillo plácido, ca si domesticado,
que había obtenido como premio en un juego
de muñecos.
Entoncef', entre l\liette y el recién llegado,
se produjo una escena como el capítulo de
«Manette 8alom6n,» en que el mono de Coriolis se eRfnerza en rnderezar la cola retorcida
de un lechón. Daba n1eltas y m{1s ,·ucltas á
una distancia res1wtu0Ra drl conejo; se erizaba, arqueba el lomo cuando él 1wanzaba un
paso ó cuando blandía sus largas y perezosas
orejas.
El conejo la contemplaba con ojos bondadosos, se aproximaba, parecía querer ofrecerle
sus-servicios. Esto duró una media hora; deRpués, al fili, Miette se atrevió, lo arañó de un

zarpazo le mordió su cuero blanco. El Re es' 1o espia
. 1ia,
eapalia 'ú RaltoR; ella. lo persegurn,
lo denihaba.
Y cuanclo se sintió muy cam;;ada, no pudi&lt;•11&lt;lo ,·a. mÍls Re c&gt;ehú sohrc (.1 &lt;·orno sobre
. , la;_., patnR
'
. 11·
un diYún
c•stiraclas, la ea1)cza me
nacla, aplastúndolo eon todo su JWf-0 al pobre
animal, c¡ue no osa.ha mmwarR(', 111oviendo Rolanwntc sus orejas.
DcRde rsc clía rl dcsgraci:ulo sirvió ÍI :\liette
(le colchón, y muy en breve, aho~a&lt;lo, &lt;l&lt;'rrengatlo poco ú poco, qm,dó Hieo, murien_do eo1110
loR resignados, en la sombra y sin nrnlo.
Creo que amaba á l\liPtte y que soportaba
pacientemente e8e Ruplido ¡,or an1or; prro no
me atrevería á afirmarlo.
Pohre :\[iette, ella tambi(.n se fu(., quizús i-e
fué al paraíso tle los gato~. ~u JW&lt;¡neii.L alma
mió á lo impal pahlc eo1110 la humareda ligera
de un rigarrillo ru;:o, y rne imagino que habrá resucitado en algún planeta i&lt;lea I donde
las lindas gatitas como ella se Pn&lt;·rcRpan m,te
los platos de leehc aztwarada, d&lt;' salrnis d&lt;'
alondra:-: C'SJW&lt;"ialrnente prepuraclas pnrn ~us
ho&lt;'iquillos, :wudiC'n&lt;lo capri1·l10,-anll•nte [t ci

Los aficionados al "tiro de pichón» tuvieron
c'lt:asión ele disputarse, por primera vez, el
gran premio que ofreció el "Bois ele Bologne,n
de P:1rÍR á aquel de sus miembros mús diPstro en e;a claRe cfo ejercicio.
El Círculo «BoiR ele Bologne,, está formado,
en su mayor parte, por los júvenes hispanoam~ricanos múR "pariRicnses», Rcgún laR crónicas de la prensa francesa, y el fondo que se
destina á los premio!l, 20,000 francos, fué cedido por el preRidentc del Círculo. Dr esta
Ruma, parte se resprvó para adjucliear recomprnsm, en meta Iieo ú los \'CJH'&lt;:'&lt;lort&gt;s, y parte
para costear el lwrn,rn;o raso c¡ue representa
nueRtro grabado.

]~n d prÍl1wr rnnc·u r:--o, que fué c]p lo 111Íls
notable, obturn t&gt;l primer premio, con!&lt;if-tente
1•11 el 1&lt;,·a~o,,. &lt;•I :-;r. D. Francisco Hinc6n Uallarclo, 11wxica110, que rt&gt;~icll' en Parí~ imc•e al1,!Ún tiell!Jlíl.

PARA UN ALBUM
Prefiere el gran dolor que puriliea,
Al mezquino sosiego
-Que euerµo y alma püfi&lt;lo Plll[lOnzoíia.,\coge reverente
La memoria de un mártir generoso,
Y escupe tu desdén sobre la púrpura
Del muelle lecho de Popea infame.
tas amorosas iluminaclns por c¡.;pJéndiclaH 110dws de luna, haeiendo rl t'Urretón de la mañana :'t la tarde rniP11lras son dil'hosas.
Rt,:--É :\lAIZEROY.

Odia el placer estfril-

El í&lt;lolo brntal del sibarita,y ama el clolor, que es Xilo
Que horada el \'Hile al desbordar, mm; crea!
ABBL FARIXA.

ANIVERSARIO
[Traducción ele Guillet'mo ValPncia.)

Hennann, toma el cúntaro
ele tierra gris:
no olvides la costumbre y Yente luego
en pos de mí.
Hoy ha siete ,·cra110s r¡uc lo \'irnos:
recuerda ...... En tanto
que él hablaba, nosotras en el pozo
hundíamos risuefüts nuestros tántaros!
Después ...... un mümio clía,
nuestros noyios perdimos. Hoy, hermana,
iremos á buscar en la llanura
la fuente que sombrean
dos álamos y un haya,
para que allí
llenemos en silencio nuestros cántaros
&lt;le tiemt gris ..... .
STEFAN

GEORGE.

•

�"'

·································•························································

ENTRE LAS AGUAS
QUE PUEDEN SEB.VIB.1'0S

PARA EL USO DIARIO
No es indiferente tomar cualquiera
de entre ellas. Es necesario hacer una
selección que deberáestár basada en
los caracteres particulares de cada
variedad de ag;uas. Debe, pues, establecerse un balance entre las aguas
,_
de diveJ'i,OS orígenes, toman&lt;lo en
cuenta las cualidades intrínsecas que
posean, así como los inconvenientes
y peligros que á menudo puede11 ofrecer. U na larga serie de experien~
cias demuestran que en general, siendo las aguas minerales de termalidad
superior y ilevando en sí disueltos
elementos con10 e1 ácido carbónico
y los cloruros son las más exentas de
bacterias.

......~.......

VINO DE - - - - - •
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})reparado por el :br. ]Jaumefs, de J)arls
y recomendado por los mejores médicos nacionales y extranjeros, pues contiene en su composici{m y mezclada
en forma de licor, agradable a un para los
paladare más delicados, principios
que, como el
AceHe da Hlgado de Bacalao, el ltlol, la Doca,
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se ha.n reconocido como los los únicos infalibles pi,ra la persearnci6n y curación de todas las afecciones que dependen de

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1902, Año 9, Tomo 1, No 26, Junio 29</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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T!\BL10TECA UNIVERSITARIA
''ALFONSO REYES"
FONDO RICARDO COVARRUBIAS

�...

;, ~ Bl llC'.'TF.C[\ UMVc.RSITtAldA
• ., LfOf"50 ~EYf.c;

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f~.p,iJ itlCA. JO COVllfif.ijfj' Ei .

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MUNPO 'ILUSTRADO .
FONDO

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Subscripci6n mens ual

MÉXICO, JULIO 6 DE 1902.

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Cierenlt:: LlJI&amp; Rtl't&amp; &amp;PINDOLA.

Director: LIC. RArAtL Rfl'~ l!oPINDOLA.

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UNA LECCIÓN DE
1

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olecci6n H lllebrand) •

:

FONDO

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RICARDO COVARRUB!AS

�Domingo 6 de Julio de 1902.

L.a voluptuosidad del dolor.
Pocas paradojas hay comparables á la que
consiste en afirmar que puede haber placer en
el dolor, goce en la tortura y voluptuosidad
en el sufrimiento.
Iíay tal antagonismo entre gozar y sufrir,
tal contrarlición entre reir y llorar, entre ser
feliz y ser desgraciado, como la hay entre ~1
paraíso y el infierno, y tal parece que el agmjón excluye la caricia tan completamente como la noche al día y como el odio al amor.
No obstante; á juzgar por lo que se v_e, tal
parece que esa incompatibilidad no existe y
q ue son compatibles el placer y la pena y que
en ocasiones la pena misma es un placer.
Excluyamos, desde luego, las cosas en que
el sufrimiento actual es una condición de placer futuro, un medio de alcanzar, de conquisfar satisfacciones mayores y más duraderas.
El anacorefa que se condena en esta vida al
ayuno y á la soledad y á la penitencia para
aozar en la otra de los éxtasis infinitos y ele las
~upremas fruiciones d el paraíso; el ambici~so
de gloria q ue se impone privaci~nes y sa?nficios con fal de pasar á la posteridad cubierto
de lauros; el codicioso que brega, sufre, lucha
y se afana para llegar á la riqueza; la coquefa
qu e se cincha y se faja, que calza el borceguí
del tormento y se arruina en a ras de la moda,
todos estos seres son comprensibles y explicables. Sufren porque el sufrimiento que ~e _imponen es condición de los goces que codician,
y pagan con d olores actuales los placeres futuros á que aspiran.
.
Así concebido, el dolor es una necesidad á
la que nos sometemos á la fuerza, y, como el
trabajo para la mayoría Lle los hombres, el sufrimiento no es más q ue una condición «sine
qua non » de nuestra subsistencia y ele nuestro
bienestar.
P ero en ocasiones y muy frecuenteR por
cierto, encontramos 1~erRonas para qui~nes. el
sufrir parece tener un encanto· especial, 111trínseco, inuependiente de los goces que ú costa, de él se puedan alcanzar. Estas gentes buscan el dolor, Jo a nhelan, se lo procuran, lo
fomentan. sin n ecesidad imperiosa, sin que
nadie ni nada las obligue á sufrir y Rin esperanza mayor de alcanzar por su medio satii-facción alguna.
Yo me pregunto y cualquiera puede preg nnta,rse: ¿por qué y· para qué el archi!11.illonario Morgan, por ejemplo, en yez de vivir apn.cible y trn.nquilo, gozando de sus rentai:;, Rembmndo en torno suyo el bien, consagrado Íl
la familia, al arte, á la caridad, se mete en el
lío de fundar trusts colosales, se echa encima
una labor inmensa, ,lisgustos sin cuento, desazones infinitas, inquietudes y angmitias sin
término? ¿por qué se condena á los días sin
hll.mbre y á las noches sin sueño, á la enfermedad crónica y al mal humor persistente?
El legendario, hombre excelente cuanto juaador empedernido, solía dormir en una cova~ha despu és de ha her desmonfa&lt;lo una partida,
y practicaba el principio de «más vale perder
que dejar de jugar». Ahora bien, jugr: singanar de hecho 6 sin la esperanza de ganar, eR
pura y simplemente rnmeterse á la más tonta
de las torturas y á la más congojoRa de las angustias.
·
.
Conozco ebrios que hacen al licor los gestos
de repugnancia más abominables, q u e {1 cada
copa tosen, escupen, sienten 11áuseas y trasudares; que una vez ebrios, ven fantasmas .,·
visiones terroríficas; que después de la embriaguez caen en &lt;''l.ma, sufren insomnios, gastralgias y mil r ,,iaques más, y que, sin embargo,
nunca P .n en su juicio y no hncen más que
behe'"
- , hipocondriacos saben mejor que nadie
&lt;¡Ut ver enfermos, oir hablar de enfermed:tdeR
ó leer descripciones ele ellas, es bastante parn
que eri el acto se sientan acometidoR uel mal
en cuestión, sientan todos sus síntomas, experimenten todas sus manifestaciones; lo que no
quita que nada les deleite mús, ni nada busquen, provoquen ó.se procuren con más afán
que conversaciones 6 lecturas de clínica trascendental ó de patología terrorífica. Yo he co-

:IDL MUNDO ILUSTiRADO

EL 11UND0 ILUSTRADO

nocido una que, gorda, rozagante,sazonada como un fruto y fresca como ur¡a flor, se sometía sistemáticamente y por diletantismo á la¡;
delicias del vejigatorio, á los éxtasis del sedal
y á los refinados goces de la cauterización puntuada.
Un amigo núo, orador, sufre las penas. del
infierno 0ada vez que abc,rda la t ribuna; siente vergüenza, angustia, miedo al ridículo, _terror pánico de ser sil bado; lo que no le impide
prodigarse, perorar, brindar en todas partes,
á todo trance y á troche y moche.
Cosa semejante he visto en soldados ú quienes el combate inspira profundo terror y que
lo afrontan y provocan en cuanto puedC'n; en
duelistas que van al terreno como el clía en
que los han de enterrar y que gustan de tener
«lances de honor»; en artistas dramáticoti que
sufren la pena negra entre ba1&lt;tidores, y q ue
trabajarían de balde con tal &lt;le no drjar ele representar, y fal snce&lt;lc con otra multitucl ele
personas.
El col umpio, las montai1as ruRas, la cscarpoletta mágica, el chile picante, el volador,
etc., etc., no son más que aparatof; de tortura
que el público reputa instrumentos ele jJlacer.
Ante esto;; hecho,:, cuya explicación hemos
de buscar a lgún día y ele los que todos tenemos una colr.cción en nuestra experien cia y
hasta en nosotros mismos, preciso es conYenir
en que el dolor no excluye necesariamente el
goce, y que puede haber voluptuosidad en el
sufrimiento. No es ésta más que nna de tantas contradicciones de que ei:;tá hecha la naturaleza humana.

Jr. )Yl. Flores.

HOJA DE ALBUM
Para una Artista.

I
Tú pasaf;.-Y el poeta, reYerente,
que, cual tú, marcha en pos ele la conquir-ta
de la gloria, te rnira; y en tu frente
ye un úureo nimho, y dice:- «¡:::\alve, artista!»
«¡Inspirada, detente.»
«Dame tu amor y tu dolor; tu llanto
«Y tu ri¡;a; tu e61cra y tu cnlma;
·
«necesito tu canto;
«neceRito tu alma.
«Interpreta los sueiios; interprrta
«fúbula:-; dolorosas ó joviales;
&lt;dn multitud te aclama, r yo, poeta,
«deshojo nnte tus pies mis ideales.»

II
Tú pn.sas.-Y el galán que Ya a tu lado,
sediento de placer y de pecado,
contempla tu figura voluptuosa,
v te clice:-- «Yo estoy enamorado,
·
«¡Salve, mujer hermosa!»
«Detén el paf"o, y buscaré la muerte
&lt;&lt;en tí.-8opla en la lámpara del Arte,
((porque quiero en la sombra poseerte,
((en tus labios de Erígone, beberte,
(Cy en tus formas de Venus, comulgarte.
«Dame tu amor y tu dolor, enojos,
((penas r goces de tu vida loca;
«necesito tus ojos;
((necesito tu boca.
«Mi juventud se vuelve en tu presencia,
((adoración, caricia y embeleso;
«te daré mi exiRtencia
((desleída en un beso.»

III
'l'ú pasas ..... .
- ¿.Yes? Y los cariíios ciertos
!-alen ú recibirte, recatadoR,
con los labios cerrados,
con los brazos abiertos.
Y dicen:-«Yen; ¿á dónde rns, viajera?
«¿Te rindió el deseagaño ó la fatiga?
«El corazón te espera,
«reposa, buena amiga.
«La vida es corta y el destino ciego;
((he aquí que ni te adulo ni te imploro.

Domingo 6 de Julio de 1902.

&lt;&lt;¡Amor! ... polvo de fuego .. .
((¡Glori a! .. polvo de oro .. .
«Dame tu pena y te daré mi olvido,
((te doy mi llanto dame tu amargura,
(Cy en ·1a án fora el~ tu alma, el escondido
((perfume virginal de la ternura.
«Perderás tu esplendor y tu belleza,
«todo se perderá; yo no me pierdo ..... .
((y lJUedará flotando en tu cabc~a
((un astro, la tristeza,
((en un nimbo: el recuerdo ... »

.Cuis

g. llrbina.

ADIOS
E ran las seis de la n1añana. Una vaga neblina, como muralla gris -de estaño y plomo, encapotaba la montaña. y 110R ocultaba el sendero, en ocasiones.
Seguíamos nuestra marcha mientras que
lenfamente se iban alejando los nubarrones
tenebrosos.
Las brumas de la mañana, en vellones espirales, se desparramaban á lo lejos, se perseguían y revoloteaban como la humareda ele
un bosque incendiado.
Luego divisamos por encima ele nuestras
cabezas un jirón azul, y poco después el sol
traspasó col'I uno de sus dardos de oro aquella confusa marejada de vapores.
¡Adorable destello del otoño que abrillantó
el zafiro pálido y el satín blan co de las colinas!
Los rebafios acudían á las praderas, atraÍ•
doa por el llamam iento monótono del pastor
y el retintín cascado de los c~ncerros.
En las pend ientes tapizadas de hierba verde, los tulipanes de octubre desperezaban friolentos sus pétalos de gasa. En las hondonadas
caía una llovizna tenue, y por el azul radiante cruzaban las ondas sonoras de los campanarios distantes, como si desde ellos emprendiera su impetuoso Yuelo la a legría ele la mañana.
Dc•ntro de poco abandonaré este recinto d e
hallas que ya no profana el ojo vulgar de los
turistas; esta montaña ele mi niiiez, donde, ya
enfermo y agobiado por el dolor Lle vivir, encontré nuevas fuentes de vidit y juventud.
¡Mirajes ele reposo y de saludo en un destierro de flores ! ¿,Volveré :l veros·?
Cuando nwstros abetos ostenten de nue,·o
sus p irámides frescas, y las aves hayan agotado el generoso festín ele los frutos invernales,
tal vez el acero ú la alevosa enfermedad m e
hayan privado de la luz.
¡Adiós! No me emidiéis, porque, como decía el poefa Ovidio á las fronteras extranjeras,
sin vosotras, mis compañeras silenciosas, regreso á la ciudad.
¡Si por lo menos pudiese llevar en mi alma
algo de vuestro orgullo vigoroso, de v uestros
alientos vírgenes y de vutlstra descleiiosa y pacifica bell eza!
L AURENT

'l

'LHADE.

11 .IME~TOS DE LA VIDA DR ~rnx1co
1

finochecer.
La tarde va cel'rnndo &lt;:011 lentitud PI abanico de nácar que el nublado y el sol invisible
fingen en la regiím de Occidente, y la ciudad
comienza su agitarión &lt;le vida nocturna.
Es preciso Yolver del Parque. hacer el ca111 ino lentamente en el carruajen.bierto, para &lt;'0ntemplar la quietud de los rainpoi; l1•janos, para ver las últimfü; horas de fieb rr de los paraderos de los ferrocarriles, para cliYertir¡;;e &lt;·on
los gusanillos de luz -que t.11 pa rt&gt;&lt;·en los 1110tores eléctricos que &lt;;orren wrtiginoso,-; all:1 :t
lo lejos, tias ele Jo¡; troncos dt• la creda fila dt&gt;
eucaliptus que• lim itan el camino Yccinnl,-y
Yer cine de pronto rnc sohrC' la ciwlad un puiiaclo de J)('clrJría &lt;7ue deja HU,- ca111l&gt;ia11t,,,prendiüo,; en m , manto dt&gt; pe11111111&gt;r.1.
Los erguidos monumentos n•t·o rtan ~us ~¡

1u.etas en un fondo de dariclacl indecisa; pronto las miradas se les acercan, los defalles se
precisan; Re contempla al indio glorioso, de
e-ara á la ciudad, enseñando su espléndir]a actitud de indomable guerrero; luego el geJiovés,
rodeado de sus frailes taciturnos; después él
rey ecuestre danelo el tlanco á In ayenida, rayada por la fila de luz de lai- esferas eléctricn.s.
Los Cá.rruajes han ence!'dido:,-;us linternillas
y parecen insectos que vienen siguiendo con
,-;us ojos luminoRos el rumor de la ciudad. De
pronto la avenida se estrecha, se:ilumina profusamente; la tersura de su suelo y el fantástirn feerismo de los escaparates hacen creer que
aquello es un salón por el que desfilan el lujo y
la alcgrín, PU m archa á la intimidad y al desc:rn,-o.
El carru:1jc Y:l 1Pnta, muy lentnmc,nte, innnstado ('11 la liht que 1,e mueve eon 011dula-:io1wi' :1 1wnas :sentidas. :-ic toca t&gt;I extremo &lt;le
·a aveniua; apMece una cxplosiím de m0Yi111iento bajo t&gt;l ,·etusto portal dondt' ln payerín en cuentra inocente:- !-iOl'JH·1•:-aH .Y las vm•e,;
el&lt;' los veJHlimieros forman rurnor en &lt;¡lll' ;;p
destaca claro, Yibnrnte, Pl grito clcl pap&lt;'lero,
ofreciendo el periódico ele la tartlP ..... . .. .
El buró&lt;;rata ,·a con pn;;o reposado rrn11hn
a l hogar, uespuéH d e la lni&gt;or monótona; 1·1 &lt;'~tndiank prri-iguc ú la costurera qtw al,andona
e•l taller; el ccgenllernan» exhibe ¡;u figma (¡ l,1
1uz de los aparndores; pm;a la pa n•ja frl iz cu¡;t-odian&lt;lo [i un cn ja111 hre d1· caht•cit.1s n 1hia;;, y
hay ojos que se detienen con 111irnJn elocuente en la fie¡;ta de rayos ele las joyas heridas
por las esfera;; incandescentes.
Acabó · Ha. Salta. d e tu carruaje, lrnenn
amiga; dejh 'los mullidos rojines y préndete ú
mi brazo; ,·ltlnos por entre la multitud para
vivir con Rn ,·ida, para alentar con sus alegrías.
El anochecer es triste en el hogar; parece
que á las floreR l es contraría la sombra; la alegría ele los bebé:-;~ rey&lt;&gt;zu(•lo,: se encierra en la

nleoba como en un cofn&gt;, v el 1,;ilencio invatle
los dominios del rumor. Hí, es triste el ano&lt;'liecer en el ho¡i;ar: junto ú la mesilla del ccabntjnur" no se inclinan blondas cabezas sohrc la
la.bor femenina ú ;;obn• las púgina,-; ell' la non+t favorita; t•l pi,1110 est:'t &lt;'enauo, el sill(m
donde He pasa la ,·elaela est[t rncío. T odo se
reserya para &lt;·w1mlo llc~ue In, plcn11 noelw,
para cuand o la c·al le est{· en silt&gt;ncio, para
cmrntlo el asiduo tertuliano se prc;;ente Íl ocupar su siti o nc:osturnbrndo.
· En el silencio del amplio patio hace irrupción el ruido del ¡,ii::ar del os caballos y del rodar &lt;lPl carruaje. Llega vacío: los amos se hnn
qne&lt;lado en un Plegante café tomando {¡ pequeños sorbos una góndola ele cognac.
Y a irán á, casa.
Ln servidumbre comienza ú iluminar los salones.

.Cuis Frías Fer,¡ánde~.

LA CITA
La noche es blanca,
como enorme asfoclelo
la luna se levanta.
En la hondonada,
bajo el florón del cielo,
la lumbre es cual de plata.
En la cabaña,
los árboles del huerto
sus aromas derraman ..... .
Bajo la palma
ondula ya el pañuelo
de la novia qne aguarda.

•

Y se dilata,

y rompe er aire muerto,
el beso de &lt;los almas ..... I

J usTO

PAsTOR

R1os.
Fotografías de M, RAMOS.

'

•

�Domingo 6

Et M:UNDO IttrsrnA:bO

de Julio de 1902.

da vez que me lo platica .v es diez veces al día
lo meno:-;. A ella le dejó el retrato ele su hijo,
de ese mal hijo que abandonó á su pobre madre; se lo dió para que si lo reconocía alguna
vez, le dijera que no se h'tbía olvidado de bendecirlo antes de expirar, para que fuera dicho~o; que le rogaba que fuera bueno, que le deJaba su último ...... que sé yo cuántas otras cosas que la pobre ya no pudo decir. Murió y
aun tenía el retrato en la mano crispada ... '!

-- ~
~

La carretera larga, interminable, caliza, con
reverberaciones &lt;le horno de calcinación, se
prolongaba dese,-peradamente solire la loma
erizada de zarzas y sembrada &lt;le rocas escombros rle la monta11a que la estación d~ las lluvias había lavado tenazmente.
J ulián venía caminando por ella desde hacía más de sei¡,; horas...... Toda vía el alba no
despunk'l.ba; las calandrias soñaban escondidas entre los hirsutos penachos ele los altos
cocoteros, la paloma torcaz, metida la cabeza
bajo el ala para preservarse del sereno al abrigo de su tibio plumión, no penf:aba en dei-perezarse siquiera; y ya Julilí11, el pobre arrapiezo, con la raída maleta al hombro, levantada la solapa de la americana a.tornasolada y
luida por el uso, sus zapatones armados de
tornillos en la suela y su sombrero de fieltro,
manchado de sudor, estaba en marcha por
aquellos vericuetos.
Tenfa veinte años. como si dijéramos los
primeros anuncios &lt;le la primavera de la vida;
pero estaba tan escueto y demacrado con tal
fondo de·postrimerías de juventun-¡'vida que
la.nguidere falk'l. dealma!,-que má;; hien tenía
el aspecto ele uno de esos pálidos mendiguillos de arrabal que recorren los festivale;., temblando entre los labios exangües una (•nri&lt;bd.
Contaba ya algunos clíai- ele esta cruel perPgrinación; Yenía ele rnuy lejos, tltl Yez de
allende los mares.
Extenuado por la fatiga, nbrnmado por rl
sol y el poh·o del camino que leYantaban las
bestias y rarretas al pai-a.r, &gt;. que, como un
crnel sinapismo hecho tamiz, f:e le metía hasta dentro ele sus porosahiertos y húmedos no
se permitía, sin embargo, reposo alguno. 'Lo
azuzaba alguna f'Órdicla inquietud adivinada
en su mirar proceloso, mitad alfo:o v mitad
abyecto, algo de luchador temerario y· de vencido herido de muerte.
'

Llegó la noche envuelta e11 su gra11 velo &lt;le
luto, y como una vieja gruñona y mal humorada que no gusta ele dormir con rnidos impertinentes ni con luz, vino imponiendo silencio y dejando á obscuras este hemisferio.
Pero apenas recogida en su sueño los insectos, habitantes del musgo, salen d~ sus escondrijos sonando sus destempladas trompetas;
las aguas del torrente, al golpearse contra las
rocas! levan~an ntgas y ddc.es resonancias, y
un viento ligero, pero travieso recorriendtJ
sembrados, sacudiendo el ramaj¡ y atropellando descortésmente las descuidadas frondas,
produce un singular rumor de hálito sensual
jade3:11te, febril, iuegular; ora acompasado'.
ora ;,1lbante... como delatanrlo un vértio-o amoroso de fecundación!. ........ Y la obs~uridad
también era violada por enjambres de luceros
constelados allá arriba sobre la inmensa clámide azul, y abajo por miria&lt;las de luciérnagas, encendiendo y apagando sus soberbias ei:meraldas, y jugueteando con mil vuelcos y
trenzamientos á lo largo de las líneas sinuosas del arroyo.
Julián marchaba aún, menos febril pero
siempre con su gesto acre ele clolor inc¿nsolable. Ya había dejado atrfo, la carretera la ro-a·
0
su sombra movible deHtacábasf' netamente e~
el seno mismo de las medias tinieblas- á medias con los fulgores de las estrella;,. ' Más de
una vez. había subido la colina, descendido
las vertientes y atravesado las cañadas; salvand? precipicios y desafiando pa;,os estrechos
P!·acticados en el borde de desfiladeros de gra1uto; buscando las veredas tortuosas, borradas

•

.,.

.,.

bajo ~upidos espartizales y menudas hierbas,
rompiendo ramajrs y escalando cen:as copadas de abrojos, había llegado por fin á «Villadorada.»
Allí se detuvo un moniento reclinado i:;obre
la balaustrada rota y cascajosa del puente y
en seguida penetró por la estrecha calleju¡hi,
provoeado á cada paso por una jauría escandalo~a.

l:na de las ca~as ef'taha en plena orgía: r-onaban
el&lt;• músi&lt;:a , choques ele eristales,
. acordes
,
risas mas u menos recatadas, requiebros simples de ~alanteadores pro,·incianos, y torpes
declarar10neR de enamorados novicios ........ .
Había luces, vino y mujeres; calor de bnjíar-,
calor de ponches. calor de pasiones, acaso
-¿por qué no?-ha~ta ealor de besos furti\'ofi
detrás d e biom hos,al lado ele tibores,rntre abanicos de armiiio ,. nácar.
Allí crn .......... no caliía la menor duda: rl
corredor llC'no de maceta&gt;- ei-rnaltadas, la eRcalinata roja, las cariátides medio clerruídas,
sosteniendo frisos desmantelados y empotradas entre los dos diedroR del frente ...... Sí,
allí era d?nde su madre lo esperaba con los
brazo!, abierto¡;;......... ¿.Qué hacían, puer-, esas
gentes? ¿Qué significaba er-a tertulia?
l:'na muchedumbre curiosa y complek'l.mente desconocida para .Julián, se apiñaba delante de la puerta. ¡Cielos!...... ¿Lo habrían
rngaiiado? Pero no, una fuerza irresistible
atraía, su alrr,a desde el interior de aquella
casa.
-Se_ño!·, preguntó á m~ !11ocf'tún con aspecto de sirviente, ¿qué fam1lm vive aquí?
-D,on Ricardo, su esposa y tres hijas que,
despues de mi encantadora Rosa son las flores más lindas v lozanas del pueblo.
-Y sin embargo, las sefias son precisas
aquí es; pero ¿no habita aquí una señora M/
ría Luna?
-Habitaba, amiguito ...... il\Iaría Luna ha
muerto!. .... Ayer mismo fué enterrada; yo
fuí uno de los que prestó su hombro para cargar el ata.úd basta el cementerio. ¡Vaya! á no
ser por m1 Rosa, que la quería tanto y que vendió unos aretes de oro que tanto la agraciaban,
para pagar su sepultura, la pobre abuelita hubiera ido á la fosa común.
Julián ahogó u11 sordo gemido y sintió una
ola de amargura llegar á estrellarse contrn sn
corazón; luego mnrmur6 con la boca llena de
hiel:
-¡Tan pobre era!
El lo sabía bien, él que era su único amparo, su sola esperanza.
Por el rostro atrabiliario de .J uliún corrieron dos lágrimas; y con tal dolor expres6 que
~e sentía fatigad? )' quería descanf&lt;ar, que su
rnterlocutor, solicito, lo llevó de allí dando
un rodeo á la casa, y penetraron á u'n jardín
fuertemente saturado de perfume de jazmines
y madreselvas, hasta llegar á una especie de
;'

pabellón, al que entraron. Allí prosiguió r-u
conversación:
-Soy jardinero de esta casa, que mis amos
acaban de alquilar, lo cual festejan ahora con
ponches y música.
l\Ie a~ignaron esta habitación, que fué la suya; la encont.r é así, con estos mismos objetos
gue le pertenecieron y que tengo orden de ti~
rar ó de quemar. Los dueños se la habían dado á cuidar, y por caridad también, pues según sé, era ya muy anciana y padecía algunos
males físicos que le im¡.,edían trabajar, le pasaban algunos subsidios miserables para vivir,
y eso que tenía un hijo joven é inteligente que
bien hubiera podido sacrificarle algunos de
sus recursos.
Los dueños marcharon hace poco á un viaje largo y la encargaron á un sobrino de ello~,
don Manuel; pero éste hizo maldito el caso del
caritativo encargo; cuando le dieron la noticia
de que la seii.ora estaba enfrrma, se e11cogiú
ele hombros é indi&lt;'ó &lt;JUe se mandara al hospital.
• Fué una niiia ele catorce abriles-siguiú diciendo- la única que le prodigó alguno!'l socorros y la ac-mnpañó hasta lo~ momentos clf' su
muerte.
Ah! pobre Hosa mía; es tan lrnen:t y la qu&lt;'ría tanto! ...... Me platica, eon la 111ús honda
trif,teza, c¡ue durante su enfermedad, hasta en
sus postreros insta11tl's hablaba de ~u hijo
.Juliím , lle11:1ndolo de elogio¡;; drda llornnclo
que siempre había sido un hijo 111oclclo, pero
que una malvada &lt;'OllH•dianta se Jo había rnbado, enarnorúndolo Ioc·a111entc v llevú nclo~cln
qui¡:n r&lt;aue ú. qu(, tierras l&lt;•ja
si 11 hali('r
vnelt-0 ú saher de {,J hnl'Ía un ftiio.
Apenas podía.Juliún contener C'l lh111to; miraba en torno i-uyo y cada objeto le lanzaba
un reprochr al corazón. !:,u madre, Ít quien
había amado tanto, muerta rn la miseria en
la indigencia, en la mendicidad· aislada y ~lesvalida ...... Allí estaba, tibia aú:1, la pavesa de
la línnpara que tenía encendida á toda hora
delante de S\1 Sagrado Corazón de Jesús, para
que se lo cuidara, para que lo librara de la
muerte, para que se lo trajera pronto. Oh!
ella creía firmemente que volvería; lo sofiaba
todas las noches, ya ú su lado, cantúndole, to
c~ndole en la guitarra aquella mazurka tan
tnste; ya colgándole calendarios, alineando los
retratos en los dos tarjeteros vi(•jos, leyéndole
la ,1Sor Filomena de Goncomt», t1ue tanto la
conmovía, y sus propias rimas que la hacían
enjugar lágrimas ele orgullo· ya ¡&gt;odando y trasplank'l.ndo geranios en mac~tas nuevas y arreglando algunas varillas rotas de la jaula del
clarín cantador. ..... La imagen sorda comenzaba ú cubrirse ele pol\'o y parecía mirar tristemente hacia el lrcho vacío. Allí, reclinada
sobre la pared, como la dejó al salir de ,misa
el (1.ltim? día, éstaba la pequeña silla portátil
de iglesia, que él le compró de su primer sueldo ...... Todo estaba allí inmóvil, silencioso,
como aguardando la vuelta de su dueño.
-Mire usted, le decía el jardinero adivinando tal vez sus pensamientos. Aquí está su
ba.úl. Rosa me encarga que lo cuide mucho
mientras manda por él; y comenzó á sacar de
allí prendas y objetos: aquí está su vestido
negro de franela que su hijo le envió ú poco
de marcharse, ...... éstas son las pan tu Has ele
su uso, ...... los anteojos, ..... .los dos devocionarios, ...... el rosario de concha, ...... el paquete ele c;utas de ese .Juliá,n, ... esta cnmisa manchada de sangre fué también de él, una ocasión
que lo llevaron dos amigos á su casa con una
h~rida en el pecho que por poco le cuesta la
vida á ella. ¡Oh! cuánto habrá sufrido la
pobre, para que Rosa llore .v se entristezca, ca

. J ?liá1~ estaba pálido, convulso, una angustia mfimta hacía vibrar su alma, y cernía todos sus músculos en un mortal desasosiego.
Y entrntanto. el vals agudo, vibrante, poblaba el ambiente con sus (1l timos lánguidos acordes, flntremezclados á la vocinglera turba de
los ron vi dados.
Qné mundo 00 peni-nmif'nto;:, de recuerdo;;
ele niñez y de felicidad i,;e habían despertado
en su cerebro, exaltado por 1&gt;l dolor y debilitado por el hambre? ¿,Qué besos y qué halagos
maternales lo habían vuelto á acariciar?.. ... .
¡Quién sabe! Pidió agua y salió de prisa como un demente, pero á los pocos pasos sintió
que una enorme montaña le oprimía los pulmones sin dejarlo respirar, y llevándose la
n:ano al pecho, después de pronunciar á rned~~ voz ¡madre mía!, aflojados sus nervios,
dio su cuerpo contra el duro pavimento de la
calle.

'

Al día siguiente, una hermosa joven de 14
abriles, vestida de muE:elina color de lila, con
una guirnalda de frescas adelfas en el · pelo
de mo tostado, de mirar dulce v tez sonrosada, con un retrato en la mano, 'juraba llorando al alcalde que .Julián no era uh malhechor
y fué puesto en libertad.
'
Fué en Yano que Rosa luchara por retenerlo, que la fiebre devorara sn carne; Julián
sentía ansia de locomoción, sed de fatiga ..... .
Besó su mano y se alejó llorando por la carretera larga, interminable, caliza, cuyas líneas
,;e perdían sobre la loma erizada de zarzas!
lS)fAEL l\fA.GAÑ'A.

Domingo 6 de Julio de 1:)02.

BECQUER .

cielo, resbalando sobre los árboles, que asomaban por las tapias.
Las cruces herrumbrosás imploraban con la
voz de la piedad á los hombres de fe y á los
poetas con la voz del miRterio.
Todas aquellas cosas pensativas, hablaban
rle un secreto no revelado, clamando por 1&gt;spíritu para vivir y ritmos para volar ...... ¿Qniénes eran aquellos que yacían allá en el polvo,
sin un epitafio, sin un recuerdo de sus vidas,
viviendo tan en la muerte?
Alcé los ojos al templo, y todo se armonizaba en una frase de tristeza misteriosa; las
cruces, los ángeles, las piedras, eran versos de
la leyenda ignorada. Y una imagen de alfa.
frente, hecha '])ara anidar fantasmas brillantes, de ojos meridionales poblados de ensueño~, con la Loca plegada en un gesto de amar~ura, y fll pelo negro y el rostm pálido, par-ó
delante de mí como diciendo:
- Yo tengo la palabra del conjuro.
¡Oh! visionario enfermo, desconocido cuando amabas y sufrías, glorioso cuando dormías
á la sombra de la cruz, inmeñso por los gérmenes del mundo que te llevaste. Por ti las
hojas. del otoño dicen un diálogo que llora;
por ti los claros del bosque forjan fantásticas
mujeres en las noches de luna_: no hay hiedra
que no te nombre, y no hay ruina que no te
~voque á ti que supiste alegrarlas como un páJaro.
AHÍ dije, y sentí placer al recordar esta estrofa:
·

He asistido á una evocación ·que se hizo en
mi espíritu casi carne y alma, en una antigua
posesión jesuítica.
Acabábamos de cruzar la única nave &lt;le la
iglesia, para ver su atrio. Los viejoR ladrillos
agrietados, se erizaban de musgos, dentro de
un parapeto en semicírculo. A veinte met.ros,
una ranchería ruinosa, vivienda de antiguos
eRdavos, envejecía á la sombra de algarrobos
seculares. Kos detuvimos al pie del templo.
Los techos de teja remedaban calados gótico~ de firme y hurdo dibujo, en el aire 1mtilizndo ele la tarde.
Las ojirns con láminas de cera, cubiertas
drl polvo empedernido de los años; lar- torres
unidas por anguloso puente descascarado; los
esquilones i-in lengua, rotos y verdeantes ,
acrecían la soledad desamparada del paisaje.
Desde el atrio se veía el valle, cerrado por sierras de violento perfil al oeHte, y al este empenachadas dfl fraguas de oro, con humos,
chispas yrayoi:a, queseperdían en las sombras
arboladas de las bases.
El espíritu, angustiado por la tristeza llena
de pensamientos que exhalaba el templo meditabundo, quería fundir,;e como una nube
en la sublime serenidad del ambiente!
Una acequia de diáfano raudal, con voz acariciadora, corría serpeante, y como voz de la
tarde evocaba el «Angelus» de los antiguos indígenas.
Nos deslizamos después al cementerio que
tenía uno de sus lados en la pared del templo.
Dos ángeles de tosca madera presidían la
vegetación espontánea del recinto, y varias
tumbas como cilindros truncos, asomaban á
flor de tierra..
El aire parecía inmovilizado en el misterio
del silencio, y la paz descendía del color del

nn~,

.

EL MUNDO ILUSTRADO

SITIOS PINTORESCOS.-"Las Fuentes".

¿Quién en fin al otro día,
cuando el sol vuelva á brillar,
de que pasé por el mundo
quién se acordará?
A~GEL ESTRADA.
Los monumentos forman parte ele la vida
de los pueblos: es su historia en letras muyúsculas.-DmIAs (padre).

�Domingo G ele .Jnlio ele 1902.

ne·scnbrimientos Arqueológicos
Monte Albán.
Entre Jo¡:; descuurimiento,; arqueolú¡¡:icos qne
últimamente se han hecho en la República, y
que con jul'ticia han llamado la atención por f:\I
importancia, se cuenta el de una antigua Ciudad Sagrada de los Zapotecaf', que por muchos años permaneció oculta bajo una pequeña cordillera cercana á la Capital del Estado
de Oaxaca. De los cerro¡., que forman ef:a cordillera, el más conocido e,: el que lleva el nomhre de «Monte ,\ll,ún."

EL }lUNDO rLU8'1'TIADO

EL 1TCTKnO TT,TT8'T'TIADO
Entre los objetos &lt;le alfarería y &lt;le jade hay
coRas verdaderamente notables: de los primeros damos hoy á conocer seis urnas cinerariaR,
que afectan la figura de ídolos; la más grande
de éstas mide cuaren ta y cinco centímetros de
altura, es cilíndrica y tiene un color rojizo pálido.
En las piezas de jade hay gran número &lt;le
cuentas r preciosas mascarillas: de éstas últimas la más grande tiene de seis á ocho centím~tros y está primorosamente esculpida.
En el lugar de los descubrimientos, se Yen
ya desenterradas las ruinas de los templos v
edificios, y dentro de poco el señor Batres emprenderá otros trabajos de importancia á fin
de que queden libreR estos monumentos ck
todo obstáculo y puedan ser l'isitados.
Pr6ximamente publicaremos otros grabado1&lt;
dando á conocer vario'l de los interesantes monolitos que han sido traídoi-, y una dei:;criprióu más detallada de tan interesantes descubrimientos.

1as tradicfones Inglesas

El nuevo gabinete Francés
M. COMBES.

Publicamos hoy el retrato del jefe del nueYo gabinete francéi::, )I. Combe:&lt;, á quien,hasta ahora, se le aprecia, máR que como polftico,
como filósofo, metafísico é historiador.
M. Combes tiene sesenta y i::icte años; hizo
estudios eclesiáRticos en el Semi nario Albi v
enReñó filor&lt;ofía en el Colegio de los Ascensit;nistas de Nimes.
Es doctor en Filosofía, Letras y l\Iedicina;
ha sido vicepresidente del HPnado y Ministro
, e Instrucción Púhlfra en 189,'í.

El notable descubrimiento de que noR ocupamos fué hecho recientemente por el Irn,pec·
tor General de :\Io:rnmentos Arqiwológicos de
la República, después de haberse efectuado con
anterioridad varias exploraciones y trabajoe
dé importancia en el u)Ionte Albán" por otroiaryueólogos que no lograron éxito alguno.
En la ciudad descubierta se han hallado
ruinas de templos, Repulcros y otros curioso,:
monumentos arqueológicos, entre los que figura uri gran obelisco que mide cerca &lt;le tres
metros de altura, ei:; de basalto y tiene esculpidas en sus cuatro caras varias figuras y jeroglíficos. Algunos de estos monolitos han sid0 transladaclos por el Seíior Batres á esta Capital, !' vernlnín á enriquecer las Ralas de ATqueología del Museo Xacional.

Físicamente es pe(Jnrfio y ,·idsimo y trali: jador infatigable.
Como jrfe del llinif,terio, RP, ha obligado en
.:u programa á aplicar, con todo m vigor, la
ley sobre Asociaciones Religioi::as.

LA MAGDALENA DE RUBENS
¿Por qué eres sólo una sombra impalpable,
unida por siempre al tejido de esa tela y cautiva detrás de una capa ligera de barniz? ¿Por
qué eres el fantasma de la vida que no vive'?
;, De qué te sirve ser hermo:,a, noble y grande,
tener en los ojos la llama del amor humano ó
divino, :' sobre la cabeza la espléndida corona del arrepentimiento, si sólo eres un poco
de aceite y de color, extendidos de cierto modo'? Vuelve un poco hacia mí, adorada mía,
esa mirada llorosa y brillante á la vez; ten
piedad de un amor loco, pecadora, á qui1•n el
amor abri6 las pue1tas del cielo ...... Baja de tu
cuadro, e1wuélvete en tu manto de satén verde, porque ya hace mucho que eRtás arrodillada ante el sublime despojo. Las santas mujeres guardarán el cuerpo sin tí, y bastarún
para la fúnebre velada. \ 'en, )Iagdalena : no
has debido derramar todo el perfun1e i-ohrc
los pies del divino Maestro. Debe quedarte
aún bastante narclo y cinamomo en el fondo
de tu vaso de ónix para dar brillo á tui:; cabellos manchados con la ceniza ele la penitencia.
Tendrás corno antes hilos de perlas, pajes negros y cobertores de púrpura ele Sidón. Yen,
)Iagclalena: que aunque muerta hace mil años,
tengo yo bastante fuego y bastante juYentud
para reanimar tus cenizaR. ¡Que te tenga yo
un minuto en mis brazoi-, eRpectro de belleza,
y que muera luego!
T1mnLo

G.\CTifIF.R

El pueblo inglés, en medio de su gran re1&lt;peto hac!i todas las libertades; ,;u amor fanático
por la Jibertad, que se manifiesta, ya individual,
ya colectivamente, y que le ha llevado hasta
encerrarse en lo que alguien ha llamado su
«espléndido aislamiento," conserva un gran
apego á la tmdición en lo que se refiere, sobre todo, [das etiquetas de la corte.
Por esto es que en la capital inglesa, á
las riberas del TámrsiR, donde fecundan
todor&lt; los gérmenes del progreso y fermentan todas las ideas modernas, va á cP!ebrarse, en cuanto la Ralud del soberano lo
permita, una ceremonia que á pesar de las
innonciones que se le han hecho, tiene
mucho &lt;le medioel'al, y en ella se repetirún rituales curiosos que en otro tiempo
eran importanteR,y en nuestros días guardan sólo un interés histórico.
Todo, en esas ceremoniaR, se hará siguiendo al pie de la letra las instrucciones
del -duque de Xórfolk, pariente 1lel rey,
como «EarUiarshal» de la coite. En es'.ts
instrucciones encontramos algunas (JUe Re
refieren á loH trajes y las corona~ que deben
llevar los miembroi- de la nohleza.
Los pares deben llevar, sobre el traje
de corte ó el uniforme, un manto &lt;le terciopelo carme~í, ri beteado rle piel, y una
toca forrada &lt;le piel y con lii-tas de armifio, que varían según el rango. Las espos.as de los pares llevarán sobre el traje de
corte, un manto de terciopelo carmesí y
toca de piel, con bandas de armiño, cuyo
número, así conio el largo del manto, dependen del rango de la que lo ui-a.
Las córonas son distintas, según la jerarquía, como puede \'erse en los grabados adjuntos.
Todos llevan un cerco de plata adomado con
imitaciones de piedras preciosas, excepto la
de Bar6n, cuyo cerco eH liso y cuya toca es de
terciopelo carmesí, con una franja de oro.
Sólo los miembros de la familia real tienen
derecho á usar piedras preciosas en la corona.
Las de Jo,: príncipes, (JUe con·esponden á los
hijos, hermanos y tíos del soberano, llevan el
cerco suspenso por cuatro flores de lis, alternando con otras tantas cruces &lt;le )falta.
La de las princesas se distingue en que lle
va, altcrnadar&lt;, flores de lis, cruces de ~!alta
y hojas de fresa. La de los sobrinos .v primos
del soberano llevan únicamente cuatro cruccg

1le ~falta, alternando con i¡i;ual número de hojas de fresa. Lor&lt; duques u~an corona cuyo cerco tiene por adorno ocho hojas de fresd., dr
oro. Se distingue la corona de marqués, en
que lleva cuatro hojas de fresa y cuatro esferitas de plata, alternadas. La corona de conde
tiene ocho hojas de fresa y ocho esferitai:;,
montadas éstas en un tallo casi tan largo como la altma. de la corona. La de loe vi1.condrs
e~tá adornada Rólo por diez y seis esferitas de
plata, y la de los barones rólo por ocho.

La coror.a que usó la reina \'ictoria en su
coronación, fué hecha especialmente en 1838,
con joyas de coronas antiguas y otras que dió ,
el teso ro real.
l. Corona que usó la Reina Victoria en su Coronación .- 2. Corona usada por el Rey Eduardo como Príncipe de Gales. - :l. Corona de Príncipes ele la Gran Bretaña.--!. Corona ele Princesas. -5. Corona ele los sobrinos y primos del
Re~&gt;-6. Corona de Duque.-7. Corona de Marqués.-8. Corona de Conde.-H. Corona de
VizcondE•.-10. Corona de Barón. -Eduardo VII
,v la Reina ,\.lejandra en el trono.

Domingo 6 ele Julio ele 1902.

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�Do111inp:o &lt;i '3€ ,Julio dt; 1002.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 6 d€ Julio de

EL MUNDO ILUSTRADO

ARTISTAS MEXICANOS
fiaclo ei-:a clase en Han Carlos, formando una
generación de d iscípulos muy numerosa.
El Sr. Parra ha concunido en distintas ocasiones á los certálllenes organizados en l\Iéxico, y sus obras son generalmente estimadas
por lo bien escogido ele los asuntos v la maestría con que están tratados lo8 detalles. Eu la
última exposición de Bellas Artes, que se celebró para allegar fondos que ~e destinaron al
auxilio de las ddimas de los temblores en
Guerrero, presentú una pri moroi-a colección
de aniarelas tomarlas, en su mayoría, &lt;le los
alrededores de Tacubaya.
En dos ilustraciones que publicamos aparece el artistit. l'na es la fotografía de su estudio, ta l como se encontraba en los momentos
en que recibó al reporter en su casa de Tacubaya, y otra representa el jardín en que, á menudo, ha.ce el :'.\Iacstro sus apuntes del natural. Completa esta plana la reproducción de
11na de sus acuarelas más elogiadaR.

Félix j)arra
Demoli ción de edificios y const r ucción de tr ibunas, en Londres.

Las grandes pérdidas en Londres.

Cuan do el maestro Pina se hizo cargo de
la clase de pintura en la Escuela de Bellas
Artes, había entre el grupo lk alumnos de ese
establecimiento, un joven ú quien, por sus
notables facultades y su perse,·er:mcia en el
estudio, estaba resrrvado nn lugar p rominente en la galería-harto escasa por cierto-de
nuestros artistas. Esr joven era Félix Parrn
el famoso acuarelista que, lwrho ahora
maestro, contribuye con su labor al engrandecimiento del arte entre nosotros.
.,Parra obtuvo, meclinnte concurso, una pens10n para emprender un viajt' á Enropa, hace•
algunos años; Yivi(¡ en París, 5· tra¡;, una jira
fecunda para él en ensefianzas y experiPJH'ia,
volvió á )léxico, para ingresar ú la fü,cnela de
que había sido alumno, como profcsnr de di bujo de ornato. De entonces acá ha &lt;l&lt;'sem¡w-

m;

'- -- ----

---

.......

El cable noR cla euenta, de las enormes pérdidas sufridas por alp;unas compañías, debido
á la inesperada suspensión, en Londres, de las
pomposas fiestas de Eduardo Y JI.
EdificioR costosísimos, casi manzanas enteras fueron demolidos por empresas particulares'. para construir en su lugar tribt!nas _destin adas á los espectadorei-. Los propietarios de
las fincas derribada~ recibieron de las empresas fuertes sumas en numerario y, al ajustar
sus contratos, la i:;eguridad de que tan pro:1to
como terminaran las fiestai::, los empresarios,
por ¡,u cuenta, levantarían las easas, p~ra de·volvérselas, conforme á los plano!- previamente aprobado!-. Los especuladores creyeron con
esto hacer un gran negocio: el precio de entrada á las tribunas se fijó en una regular suma
por persona, y mucho antes de, que aqn&lt;'llas estuvieran terminadas, se habrnn agotado
ya los boletos de admisión.
La mayor parte de e8tas emprrsa.c;, que tenían en juego fuertes capitales, quisi~ron ponerse á, salvo de cualc¡mer emergencia y tomaron pólizas de seguros. Vino la enfernwd::ul
del rey, v al anuncio de que las fiestas quedahan indefinidamente aplazadas, los dueños ele
las fi n C'aS que fueron clemolichts, exip;ieron la
n lw,·a construcciún ele f'llas por las e1npresas,
,. á su vez éstas reclamaron ele ln::: Compañías
.de' t'leguros' el pago re
l 1a,; po'1 izas.
·
;\lo-unos «seguros" han ,;iclo pagados determit,;ndo 110 pocas c,quiehras,» y otros no, porque ha.,· compañías ele las qne expidieron púlizas, que alegan que la enfcrmrcbvl ele! rey y
In, con1&lt;ig11ie11te suspcn1&lt;iún de l:1s fiestas 110
estal,an considerada:-: corno ac-e1de11te:-:. La
sensaciún qlW ha proclneiclo 1•11 Londres e:-&lt;lt·
asunto, es de hls mús profnnda:-:.
Lo;; cl11ei10i-' de hotel&lt;'s .v los 1·nme1Ti,u1tt•s &lt;'11
wquc•110 han :&lt;nfrirlo tarnhiÍ'n pé&gt;n!idas ron~i1
derable:&lt;. f,01&lt; primNos ohltgaron a los htwspcclei-; á dejar su!&lt; cuartos, con_)ª e::;peranzn 1)P
que en loi-: días rle la Corona!'ton, In afl11cn1•rn
de extranjeros sería incalculable. ,,· de que J~&lt;&gt;·
drían hacer su agosto, cobrando por los alopmientos sumas fabulosa!-; y los segundos, acapararon comestibles y bebidas que n~ han podido todaYía realizar. La carne, el hielo, to~~o
lo que es de consumo inmediat?, se perd1~,
importando para alg_unos comerciantes la rmna completa.

iENCORE ....!
Yuel 1·e hacia ti mi coraz6n amante,
¡Oh aurora de mi vida, inmaculada,
más luminosa cuanto más distante!

G.

NU~EZ DE ARCE.

Entre la negra. sombra que me embarga,
del tedio que me abruma y dei-espera,
surges de nuevo en mi existencia amarga,
dulce recuerdo de mi edad primera.
Yuelves ÍI m i alma como Yuelve el ave
á donde un tiempo fabricó sn nido;
como á la playa. el náufrago perdido
{1 contemplar los reiltos de su nave.
¡Oh puro amor de mic¡ mejores días,
mi amor primero, celestial .Y blando!. .....
¡ha mucho tiempo que pasí, cantando
la edad ele nuestras castas alegrías!
¿.Te acuerdas? ...... era mía tu sonrisa;
tuyo mi amor, exento de reproche ..... .
¡Cuántai; ternuras orultó la noche!
¡Cuántos sui:-piros se llevó la brii:-a!

'
Fué aquel amor la
chü,pa transitoria
que transformó mi f:rr adol escente:
me hahlú la, dicha en tu i:;erena. :frente;
miré tus ojo~ y 1,oñé en la gloria .. ... .

Hoy h1 mnno inflexible d1•l destino,
el deher, nos di,·iden ,,· rechazan:
ya lo w:-...... n1i ramino y tu camino
:,;ohrC' los l,on[cg de• un abismo pa:-:an.
_I'

Y aquel n111or, celeste y sohrehum:mo,
liene hoy u 11 a l!!o cnfernrn q uc se queja;
tie1w triist(&gt;zai-: ele full!or IPjano,
y amargura:,; de l·:111lo que s~ ah•ja ... ,
Pero ámanrn, mujer. ..... e:,; infinito
este tedio del alma en que me muero ..... .
¡Yuélveme á hacer feliz, amor bendit&lt; !
iYuélveme á hacer feliz, mi amor primero!
FELIPE

T.

l'ONTRERAS.

1902

�Domingo 6 de Julio de 1902.

IDL MU!NDO ILUSTRADO

Et ttuNbO rttrSlt.RADO .

bomingo 6 de Julio de 1~02.

San j')eoro de los J)inos

Ll ueve oro. Be pronto u11 clamor de vi~tozos se levantan, y el Yien to pesado del desierto agita como lenguas de fuego los gallardttes de las azoteaR y las colgaduras de los parnpetos. Bel kiss surge finalmente sobre un
elcJante blanco, adornado de un penncho clP
plun1as preciosas .,· l'nhierto por una rerl dl·
oro rntre cuyas mallns ¡.;angmn c•¡irhu nclM.
Engalanada como un ídolo; un amplio ma nto
de púrpura cayéndole ele los hombros; loR cabellos relumbrantes de polvo de plata; el ro,:tro velado por un tul amarillo de Bactriana,
casi inmaterial, &lt;'OlllO un humo dorado; toda
cubierta de pedrerías rutilantrs. ardi endo -ent re temblores ele tintas delicadas; entre un
vuelo de pájaros maravillosos, esca~latas, azt~leR y verdes, que ,:e ¡igitan en el aIJ"e, rete111dos por Clldenetas in\'isi ble,:: Be~kisi-; acompaña indolentemente, con su auamco de plumas
&lt;le pavo real, el ritmo oudcan te de las arpaR
...... En torno del elefante real, las esclava¡.;
,lanzan coronadas de flores, sacudiendo si~troR arientinos r ag-itanclo guirn nl &lt;llls con rit11 10,; de voluptuoi,;a rnolicir ......
El ('Ortejo entra ('n la v laza ele -:\lc•llo. Tod11
,·C'stido de brocatel. los cnhellos l"ujetoi-; por
una dirt&lt;IPma de lino y pel'las, !--alomón &lt;·stÍt
en el balcón prinri plll tlel palacio, con llli:&lt; nir1nos en un ,·ai:&lt;n de hálsarno para rociar ú BelkiRs Íl I u pnso.

dlnima~as c7ieslas
En medio del mayor entusiasmo se verificaron en esta ocasión, hts
t radicionales fiestas ele San Pedro de los Pino:;.

En la calle principal.

disputada p_or los oficiales y particular~s. qne _h :tbfa n tom~do parte
1
en las :1nter1ores y fué ganada JJOr el senor Capitán Capdevielle.
, parte de la lucha de "'J..'ug of war "termm
' 'o] af iesCon la segunda
ta de la mafiana.

Ca,rreras á caballo.

Et'GEXIO DE C'ASTRO.

Las carreras en bicicleta ttwieron el rnáR completo éxito. i-ieii- Iueron las que se jugaron y en ellas reRtiltaron \'ictorio;:oR los R~iiores
F lores -:\Ierodio, I gnacio R. Zra, C. :\forales, l'eláez y el orgamzador
Sr. To,·ai·; pero ninguna d e eRb1s ral't'ern:,; de1&lt;pertó el interrs qlH:da
"herhll.J&gt; p~r rntias seliori tas q ue se dis put¡i ro11 ron energía po&lt;.'o c·n-

EPILOGO.
Robre divanes de oro,
C'ual ornados por rnúgiMs quernhes,
El sol con su p upila d(' diamante
Hecli11a su cabc&gt;za entre las nubC'R ......

.\t·u arela :u11arilln,
Paisaje n·i:&lt;peral que &lt;•11 llamas ar&lt;lP,
.Jirones que ,·0'11 wi"I &lt;h·l naufragio ......
i Lúgrima del coloso fuf la tarde!

EL CUADRO DE APELES.
El úlieo connubio por el flanco
De mil perfiles y nrntices blondos,
Flotando en cuacln, drlicado y blanco.
El reflejo i m perfocto que surgía,
\ 'agando sobre el eúriz de los hondo,:
Miraje:- hiperbóreos que prrclía ... .. .

Distribuci ón de recompensas.

Por la tarde hubo una kermesse que, no obstante las
lluvias, se v ió muy concurrida.

Carreras en bicicleta.

múñ el premio de la segunda carrera. T riunfó
la señorita Daurdey.
La parte de ciclismo terminó con la llamada
«carrera fin de siglo" y ?ºn el juego de cinta¡;;, acto que fué may aplaudido.
Terminadar,¡ ~as carreras de cielistas, tocú su
turno á un club formado de jóvenes mexi~tnoR
y americanos, para hacer el llamado "Tu~ of
war,» ósea la luch a de fu erza, acto poco conocido de nuestros nacionales y m uy recien temente
i mportado de l os Estados l'nidos.
Los jugadores demostraron una fuerza atlética en todo el t iempo qne cluró la reñida lucha.
La primera carrera sin montura, á distancia
de cuatrocientos metros, foé hech a por los señores Ricardo Guarneros, ::\Ielesio Jiménez y Leopoldo Llorente, ganando el p rimero, que 1i1ontaba el caballo «Quebranta huesos.n
La segunda fué para oficiales del Ejército v
se usó la montura m ilitar. Tocó ve11cer en primer lugar al caballo «Perqu eo,"
montado por el sefior Capitán
Luis Capdeviellr, y el segundo
lugar á «Pclée», que montaba el
señor Teniente Obregón .
Ganaron la tercera los seliores
Augusto Ruiz y .Agustín Cisneros.
La cuarta carrera fué también
pera. mi litares. tocando esta vez
el primer lugar al subteniente
Manuel A. Carrillo y el segundo
al Teniente Salas.
La carrera de campeonato fué

ESTUDIO FOTOGRAFICO.

LA LLEGAD{ DE BELKISS,
(T radu cción de Luis Rerisso.)

1

1.
1

SI TIOS PINTORESCOS.-Capilla de Santa Uirsula,

},); pleno estío en Jerusalén. Laminados de
oro, los palácios arden al sol; rlc las ventanas
cuelgan vaños de púrpura. En lo alto de los
muros y de lfü, terrazas, agitando floridos gajos de al mendro, hon?bres, Dl';1jeres y niños,
esperan, con aclamac10nes festn:as, 1~ llegada
de fo reirnt de Sabú, cuyo séqmto viene costeando maje1:tu osamente el Cedrón 1 entre nubeR de polvo roRáceo ...... La fanfarna ~el cortejo, rel uciente de oro, clamorea ai111?~1os hosannas de t riunfo ...... Hombres y mnos trepan á las palmeras; y por las calle~, en tre la
m u ltitud siempre rnús esprsa y nndo,:a, lo~
vendedo1'.es pregonan agua de las Piscinas de
Hei;;ebon y cerezas clr l.'rumyeh ...... El cortejo sube la colina lentamc11te: las alabardas y
los escudos i rradian entn, el flamear d~ lof&lt; e~tandartes y d e oriflanrnR ..... . Y los ln erosoltmitanos dilatan los ojos, llenos de pasmo, al
contempl_ar los heraldos, que Roplan tro~npctas de plata; los elefantes, lo~ dromedai:10s y
los caballos, cargados de bagaJCS y cub1er~os
de gualdrapas roja:;:, a~ornaclas de gemas rncandescentes; la fanfarna renl, cuyas tr?mpas,
timbales, sistros, clarines y tí°:panos smrnl~n
monstruos fabulosos, y la teona de _las_ ª:pistas, ceñidas todas por el !-ablah _e~1pc10 a rayas blancas y verdes. En una mebla de fuego, el pol vo borra el resto del cortejo, que ~e
oculta repentinamente en un bosque de higueras y de sicomoros.

El artista, incansable bosqu ejando
í:\obre su cuadro en pálidos fragmentos,
Y la suerte sus luchas desdefianclo ......

.

Manuel Torres.

ria hace estremecer los palacios: el cortejo
trnspone cler,¡lumlmtdommente la puerta ele las
PiscinaR. De las ,,entanas v de laR terrazas cae
una lluvia de flores; todas las gargantaR grita n, todos los ojoR rrRplandecen, toclos los bra-

M EX ICO ANTI GU O.

~ d e pronto en nictúlope avasallo
T,anza la esponja en nieclio de torn1entos,
Brilla la, eRpuma ..... .y ,;urge su caballo!
.Jl",.:To PASTOR

L as cú pu las de San Francisco,

Hios.

�Ricos
yPobréS
...

AVISO IMPORTANTE

41
t»lf~moi.."'l"'pea- 1 aJcleenc,e., mlDoaulol ,
jomaJeroe ateatlgqaD la In,,,_ repataolóD de • POllana del Dr• .Ayer.

1- aotorlda&amp;!a mddlcu ieonm,.,,..

esta&amp; pOdona (11n . .

l&gt;esarreglos del bfgadc,, del .....
mago, estreftlmlento de vientre,
exceso de l&gt;llu, dolores de caLa. Fosfatina, Fa.lieres
l:Jeza é Igualmente para el n,a. ~s el alimento más agradable y el mas rematlsmo. l a ~ y la nea- wmendado para los niños desde la edad de
rat..a5eis á siete me!-cs sobre todo en el morneuto
6
del destete y durante el periodo del crec1!'.dtllD oableltal om oapa di miento. Facilita la denficion, asegw·a la
udc8' 1 olJao ooe ptODtltad, pero et. bu~na f ormacion de los huesos.

una DIID8l'a auawe

r aclD poc le&gt; taDtD

elmejorremedlo....,

El fosfato de caJI que entra et la
comrposlc16n de la Fosfatina "Falleres," estA. rprerparado por 111n rprocedl•
miento especia!, con apara.tos apropósloo y no se encuentra en el comercio.
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y EN Tnt" U

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órganos dJ¡e1füoe , nfuenaa el •
tema.
C. A,.. t r4.c

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u, 11 113/tlmo y de qu, sa hace mP.ncldn en et fll1'mutarlo
del Profesor
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1902, Año 9, Tomo 2, No 1, Julio 6</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Ricos
yPobréS
...

AVISO IMPORTANTE

41
t»lf~moi.."'l"'pea- 1 aJcleenc,e., mlDoaulol ,
jomaJeroe ateatlgqaD la In,,,_ repataolóD de • POllana del Dr• .Ayer.

1- aotorlda&amp;!a mddlcu ieonm,.,,..

esta&amp; pOdona (11n . .

l&gt;esarreglos del bfgadc,, del .....
mago, estreftlmlento de vientre,
exceso de l&gt;llu, dolores de caLa. Fosfatina, Fa.lieres
l:Jeza é Igualmente para el n,a. ~s el alimento más agradable y el mas rematlsmo. l a ~ y la nea- wmendado para los niños desde la edad de
rat..a5eis á siete me!-cs sobre todo en el morneuto
6
del destete y durante el periodo del crec1!'.dtllD oableltal om oapa di miento. Facilita la denficion, asegw·a la
udc8' 1 olJao ooe ptODtltad, pero et. bu~na f ormacion de los huesos.

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C. A,.. t r4.c

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7 atorciopelar el cutl.s.

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•

�Domingo 13 de Julio de 1902.

LOS NIÑOS EBRIOS.
Entre las noticias de policía aparecid:-t~ últimamente, hay una que ha paRado casi ma~vertida, ó que, por lo menoH, no ha prodnc1do alarma.
Se trata &lt;le un padre que embriagó á s_u h~jo y fué castigado debidamente por la ¡usticia.
Entre nuestra clase proletaria, no es cosa
rara de un modo absoluto, hallar casos semejantes y aun pudiéramos decir que la maldad e~pantosa de envenar á los nii1os, c_ie un
modo prematuro, con alcohol, es ~astante f~·ecuente. El hábito del vicio y la ignorancia,
son las causas principales de estos inicuos delitos.
En la vida de estas pobres gentes, e1:1tra C?mo un elemento indispens&lt;J.ble de existencia
el«pulque;,,:pero esa bebida, que les sirve ~orno
base de nutrición, es, á la vez, una especie de
maná para ellas, y la utilizan en todo y para
todo, y á ella recurren, lo mismo para sati:,facer un deseo corporal que para que les dé consuelo y resignación en los dolores morales. El
pulque representa el «Deux ex máchina» de
nuestras masas populares. En él buscan la
alimentación, la tranquilidad, la salud, y el
valor, la alegría, la decisión; en ~~ ahogan sus
tristezas y con él bañan sus regoc1¡os. El «pulque" es manjar y medicina, y es energía; posee, según dicen, propiedades eficaces para la
carne y para el espíritu.

E

Estamos, pues, contemplando los s~ntomas
de un alcoholismo colectivo, que ha Hlo lentamente consumiendo y empobreciendo á una
numerosa clase social, que va camino al crimen y la locura.
Muchas veces, á diario, se habla ahora en
la prensa, en las reuniones científicas, en las
academias, de este gravísiino mal, cuyas fatales consecuencias resentimos desde hace tanto tiempo y que á cada instante es una perturbadora amenaza.
Por todas partes se estrnlian los remedios
de esta tremenda enfermedad, y los hombres
de ciencia concentran su atención en la observación de tan doloroso fenómeno.
Pero un hecho como el narrado por los
periódicos y al cual hacemós referencia? viene á aumentar de una manera más triste y
más amarga, l~ gravedad de esta dolencia social.
Los débiles, los indefensos, las criaturas que
acaban de venir á la vida, los recién nacidos,
los que deben traer una fatal herencia de desequilibrios y sufrimientos, son -precipitados
por los mismos brazos paternales, por los que
están obligados á defenderlos, en el sombrío
abismo del vicio, en cuyo fondo suelen encontrar la piedad anticipada de la muerte.

¡Cómo! ¿Hay niños borrachos, y son los pn.dres los que ponen en sm manos temblonas
el primer vaso de pulque, y en sus cerebros,
todavía inconscientes, el primer deseo de hallar en la embriaguez un regocijo?
Sí; hay niños borrachos y son los padres
los que se dedican á esas diabólicas enseña!lzas.
Pueden verse en la calle los efectos de esta
abominable perversidad.
Van por esos mundos, raquíticos, escrofulosos, endebles, tristes, muchos chiquillos que
llevan marcado el estigma de su origen, h
huella repugnante de la miseria y del vicio ele
quienes les dieron el ser. Estos infelic&lt;'s no
pidieron la vida, y no reniegan de ella, sino
que la soportan y hastn snele parecerles placentera.
El germen de sus desgracias futuras, Jo llevan en los atavismos que en ellos, como en
una rama, han ido depositando viejas degeneraciones de sus antepasados. Están fatalmente condenados á ser ebrios. delincuentes,
locos, imbéciles.

EL MUNDO ILUSTRADO
Pero no tan pronto; ¿por qué no los dejan
vivir en su infantil é inocente felicidad, mientras se les desarrollan, para envenenarlos, las
herencias, como plantas malditas?
Y no; miradlos ya tambaleantes, soñolientos, ú con los pómulos rojos r la mirada febril é indecisa; miradlos comatosos, estúpidos,
arrastrados por la mano de la madre greñuda,
que va dando traspiés, ó del padre, que vo~ifera. Algunos hay que no andan aún, qu e
van efi el regazo, y que lanzan el hipo del
ebrio sobre un seno seco, que no sirve ya para amamantarlos.
En los cuadros de las defunciones se anota
la muerte e.le muchos niños. Entre ellos van
los que se murieron porque les dieron de beber demasiado temprano. Sí; eR una desgracia; hay niños ebri.:is.

Los funerales ds Wagner.
El mundo parecía haber disminuído de valor. Stelio Effrena pidió á la viuda de Ricardo Wáguer que á los dos jóvenes italianos que
una noche de noviembre habían trasportado
del barco á la ribera al héroe desvanecido, y
á cuatro más de sus compañeros, les fuese
concedido el honor de trasportar el féretro de
la estancia mortuoria á la barca, y de la barca al carro.
Tanto fué concedido.
Era el 16 de febrero, y una hora después
del mediodía, Stelio Effrena, Daniel Glauro,
Francisco de Lizo, Baltasa:- Stampa, Fabio
l\Iolza y Antimo della Bella, esperaban en el
atrio del palacio. El último había llegado de
Roma, habiendo obtenido traer consigo dos
artesanos, empleados en la obra del Teatro de
Apolo, para que llevasen al funeral haces de
laureles cogidos en el Janículo.
Esperaban sin hablar y sin mirarse, dominados todos por el latido ele sus corazones.
Oíase tan i;,ólo sordo rumor de pasos por los
peldaños de aquella gran puerta, que en lm;
candelabros del umbral llevaba e,:culpidas las
dos palabras: «Domus Pacis.» .
El hombre del remo, que había sido querido por el héroe, bajú {t llamarles. Tenía los
ojos abrasados por las lágrimas en aquel rostro viril y fiel.
Stelio Effrena fué delante; los compañeros
le siguieron. Subida la escalera, entraron en
una estancia baja y poco iluminada, donde
había un olor ti·iste de bálsamos y de flores.
Esperaron algunos instantes. Abrióse la otra
puerta. Entraron uno á uno en la estancia
contigua. Todos palidecieron uno á uno.
El cadáver estaba allí, encerrado en la caja
de cristal; y al lado, de pie, se hallaba la mujer del rostro de nieve. La segunda caja, de
metal bruñido, brillaba abierta sobre el pavimento.
Los seis portadores se dispu~ieron ante los
restos mortales, esperando una señal. Grandísimo era el silencio y ninguno parpadeaba;
pero un dolor iinpetuoso asaltaba sus alma8
como una ráfaga, y las sacudía hasta en lo
más profundo de sns raíces.
Todos miraban fijos al elegido de la Vida y
de la Muerte. Una infinita sonrisa iluminaba
la fai del héroe tendido; infinita y distante
como el iris de la nieve, como el brillo del
mar, como la reverberación de los astros. Los
ojos no podían sostenerlo, pero los corazones,
con una maravilla, con un asombro y con un
espanto q ue los bacía religiosos, creyeron rt&gt;ci1,ir la revelación de un secreto divino.
La mnjer del rostro de nieve hiio 1111 levr
ademún, pernrnnecicmlo rígicln en su actitud,
como un simulaero.
;\IoviéronRe entonces los seis com palieros
hacia el ataúd; tendieron los brazos, recogieron el vigor.
Stelio Effrena colocóse á la, cabeza, y Daniel

EL MUNDO ILUSTRADO
Glauro á los pies. Soliviaron el peso concordes, á una orden dada en voz baja por el conductor. Todos sufrieron en los ojos un deslumbramiento, como si &lt;le pronto una zona de
sol atravesase el cristal. Baltasar Stampa rompió en sollozos. rn mismo nudo apretó todas
las gargantas. La caja onduló; después bajó;
entró en el envoltorio de metal como en una
armadura.
Los seis compañeros quedaron postrados en
torno. Titubearon antes de bajar la tapa, fascinados por la infinita sonrisa. Al oír un rumor ligero, Stelio Effrena alzó los ojos: vió la
faz de nieve inclinada hacia el cadáver, aparición sobrehumana del amor y del dolor. El
instante fué igual al de la eternidad. La mujer desapareció.
Bajada la tapa, volvieron á levantar el peso
aumentado. Lo trasportaron fuera de la estancia, después por la escalera, con lentitud.
Arrebata.dos por una angustia sublime, en el
metal del féretro veían reflejarse sus rostros
fraternales.
La barca fúnebre esperaba ante la puerta.
Sobre la caja se extendió el paño. Los seis
compañeros esperaron con la cabeza descubierta á que la familia descendiese. Bajó reunida y apretada. La viuda pasó velada; pero el
esplendor de su semblante quedó para siempre en la memoria de los testigos.
El cortejo fué breve. La barca mortuoria
iba delante; seguía la viuda con los íntimos;
. después seguía el pelotón juvenil. El cielo estaba obscuro sohre la gran vía ele agua y de
piedra. El silencio era digno de aquel que había transformado en infinito canto, para la religión de los horn bres, las fuerzas del Universo. Una bandada de palomas, partiendo de
los mármoles de los Scalzi con un movimiento relampagueante, voló sobre el ataúd atravesando el canal, y enguirnaldó la cúpula
verde de San Simeone.
En el desembarcadero, un ejército taciturno
de devotos esperaba. Las grandes coronas daban su perfume al aire ceniciento. Se oía el
agua chocar contra las proas curvadas.
Los seis compañeros sacaron el féretro:de la
barca y lo llevaron en hombros al carro, que
estaba preparado en la vía férrea. Los devotos, aproximándose, depositaron sus coronas
sobre el paño. Nadie hablaba.
Entonces avanzaron los &lt;los artesanos con
sus haces de laureles traídos del Janículo.
Membrudos y fuertes, elegidos entre los
más bellos, parecían forjados en el autiguo
molde Je la estirpe romana. Estaban graves
y tranquilos, con la majestad salvaje del Agro
en sus ojos con venas de sangre. Sus líneas
enérgicas, la frente baja, el pelo corto y crnspo, las mandíbulas sólidas, el cuello taurino,
recordaban los perfiles consulares. Su actitud,
exenta de todo obEequio servil, los hacia dignos del cargo.
Los seis compañeros en competencia iguales en fervor, cogiendo los ramos de los haces,
los esparcieron sobre el féretro del héroe.
~obilísimos eran aquellos laureles latinos,
cortados en la selva de la colina donde en
tiempos remotos descendían las águilas á llevar los presagios, donde en tiempos recientes
y sin embargo fabulosos, tantos ríos de sangre vertieron por la belleza de Italia los legionarios del libertador. Tenían los ramos derechos, robustos, obscuros, las hojas duras, fuertemente enc1avada8, con los bordes ásperos,
verdes como el bronce de las fuentes, ricos de
un aroma triunfal.
Y viajaron hacia la colina b(tvara, aún adormecida en el hielo; mientras los troncos insignes daban ya los nuevos retoños en la luz
de Roma, n1 r umor de las fuentes ocultas.
U .\BRIEL

D' ANKTJNZIO.

Domingo 13 de Julio de 1902.

El Sr. Obispo Ibarra y González.
En medio de innumerables demostracionei-;
de simpatía, acaba &lt;le tomar posesión del Obispado de Puebla el t;r. Dr. D. Ram(m Iharra
y González, Prelado que &lt;lurante 1loce ,lño¡.;
estuvo al frente &lt;le la Diócesi de ('hilapa.
El Sr. Iharrn es nati\'O del ERtado ele (foerrero; hizo sus primeroí' estudios en el Seminario Palafoxiano de Puebla, y pasando múi-;
tarde á Roma, ocupó una beca c•n el Colegio
Pío Latino Americano. J.: n 1880 fué or&lt;lenado
Sacerdote en San .Juan de LPtrá11, y treH añoR
después regresó á la capital del vecino EHtado
para ejercer allí su minü,terio.
A partir de 1885, fu~ Prebendado de la Catedral Angelopolitana., Promotor fiReal de la
Mitra y Yicario Capitular.
El Sr. Iharra, generalnwnt~ e1-timadn por
sus virtudei::, enenta hoy 49 niio!:' de e&lt;lnd.

JAGUARES Y CUERVOS.
Las fieras!
Es un siniestro grnpo. Los jagunreR!
En las bocas
arden los ojos del ardiente lacre,
La zarpa retraída
como envainado alfanje;
turbio el ojo felino, en donde nadan
encendidos azufres; los ijares,
batidos por alientos de fatiga.
Bajo una mata de bambú Re placen.
Sobre el fondo de oro
de las pieles, destácanse
como rosas de negro terciopelo
la manchas negras. Arboles
vestidos de hojas opulentas, echan
la sombra de sus toldos de follaje
sobre el grupo de fieras que reposan.
La tarde,
en los ojos sangriento~ del Ocarn
pone llamas dP cráter.
Durmiendo,
durmiendo están los euen-os centenarios,
Abajo está la sima,
allí los cuervos lúgubres. A bajo
están los huesos que los bravo1-1 piros
como cizallas férreas mondaron.
Las vastas excursiones por las cumbres
donde reside el viento. Los espacioR
donde escriben sus rúbricas de fuego
los deslumbrantes rayos,
cuando pasan las nubes de tormenta
como torbos rebaños.
Eso sueñan los cuervos
-siniestros reyes calvos
envueltos en sus clámides de lutoante las brumas del Poniente trágico.

EN LA CALLE.
Ves esa vieja escuálida y horrible?
Pues oye, aunque parézcate imposible,
Fué la mujer más bella entre las bella;;;
El clavel envidió sus labios rojos,
Y ante la luz de sus divinos ojos
Vacilaron el sol y las estrellas.
Y hoy ¿quién puede quererla, quién un beso
Podrá darle con tímido embeleso?
-Yo, me dijo un extraíio que 111r oía,
Yo que por ella en la existencia lucho,
Que soy feliz cuando su voz escucho ....
Esa ,·ieja.. .. e,; la hermo.,a m:1.dre mia !
JULIO FLÓREZ.

Todas las investigaciones practicada~ prueban palpablemente que, con relación al hombre, la inferioridad intelectual de la mujer E'S
un sarcasmo, y la inferioridad moral una mentira.
F. G. C.

ILMO. SR, DON RAMON IBARRA Y GONZALEZ, Obispo de Puebla.

BROTE.

-

Adiós los amorosos devaneos,
Adiós, y ¡para siempre!
La copa del amor está vacía,
El entusiasmo juvenil, ausente.
Convidado al festín, yo no he traído
Sobre los labios la sonrisa alegre,
Y una voz de ternura me reclama
l\Iuy lejos del banquete.
Al apagado ardor, la calma sigue;
El escondido albergue
A la ruidosa calle;
Al frenesí, la postración irwrte.
Que&lt;lacl dentro la sal:t, nfortunadoR·
Bebed hasta las heces!
'
Yo he bebido también ... acerbas U1gri111as
Que en mi=copa rodaron)olamente!
ABEL

F ARINA.

NENUFARES.
En un brillante lago, cual lámina de 01·0,
B0t·dado de esmeraldas, cual vívido tesoro,
He visto marchitado nenúfar naufragando
Sobre la risa tenue del céfiro besando.
'

1; luego J'.ª cadáver flotar sobre la orilla,

Cual manpQsa muerta que al légamo c intill a ....
Así también nenúfar batido por las olas
De amores tropicales, con sangre de amapolas,
He visto yo el cadáver de un beso voluptuoso,
Nadaudo sobre un lago de aromas silencioso . ..
Así mueren amores que nacen solitarios
Envueltos en sus propios dolores y suda1'.ios .... !
J. P. R.

HOJA DE ALBUM.
¡Qué estrofa entre rui lira habrá q m• &lt;'ante
el poema inmortal de tu herm osura
si ya tu frente de serena albura
'
es un poema de amor en tu scrnLlank!

¡Quf e;¡tl'ofa puede haber m{u; inHinuante
que tu mirada c}p sin par ternura,
rlonde la luz de la ilusión fulgura
como fulgma rl alba en el levante!
Xo tengo en mi laúd un himno ele oro
que rime de tus gracias el tesoro
)' que conmueva tu alma eon su canto;
porque es mi verso el ¡ay! entristecido
de un corazón que, de luchar rendido
sólo puede brindar su desencanto!
'
FRANCISCO YZÁBAL YRIART

�Domingo 13 de Julio de 1902.

Domingo 13 de Julio de 1902.

EL MUNDO ILUS'l'RADO

EL MUNDO ILUSTRADO

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''
Cerc-a de medio &lt;lía se Rii-vió un I unchchampañe en uno ele los senadores df&gt;l parque, pronunciándo,,P entu-1iastas hrindiR por
los RreR. Cla_vton y Azpíroz.
'El Rr. General Díaz contestó al brindis del
Embajador Americano, a,gnuleci1mdo las' fraseR de Rimpatía que tuvo p:tra }féxico. J

~\le~.¡ .
¡.\'

-·~
'~
. ~~

Grande fué el entusiasmo con que la colonia americana residente en la capital, celebró en esta ocasión el
aniversario de la Independencia de los Estados Unidos.
El Tí voli del Elíseo,
donde debían verificarse la ceremonia oficial,
los juegos atléticos y
el baile, presentaba un
golpe de vista encantador. Las callecillas del
parque est,than adornadas con multitud de
han&lt;leras de los colores nacionale.;; y de ht
República hermana, y
con farolillos rnnecianos. Recortando lo"
prados, se exténdín.n
en hileras las sillas destinadas á la numero1:,a
conctu-rencia, y en un
lugar á propósito entrr
festones y lazos artísticamente distribuídos,
se levantaba una amplia plataforma.
El Sr. Embajador de
los Eetados Unidos,
Gral. Clayton, se presentó en el Tívoli á las
diez de la mañana, en unión de los Secretarios de~la Embajada, y momentos después,
un prolongado aplauso anunció el arribo del
Sr. Gral. Díaz. Acompañab:.n al Primer Magistrado sus Ayudantes los Sres. Capitane,;
Porfirio Díaz y Samuel García. Cuéllar.
El Sr. Presidente de la República fué recibido á las puertas del Tí voli por loR Sres. Gral.
Clayton, Lic. D. :Manuel Azpíroz, Embajaclor
de México en Wáshington, r otros n.iembros
distinguidos del Cuerpo Diplomático.
La ceremonia oficial dió princi pío con una
serie de evoluciones ejecutadas por niños de
ambos sexos, que agitaban sus manecitas con
banderas americanas y mexicanas, llevando á
la cabeza del grupo un «General en Miniatura," que cayó muy en gracia; los niños cantaron después en castellano nuestro Himno
Nacional, y acto continuo, el Sr. Embajador
Clayton, en una corta, pero expresiva alocución, dió gracias á los encumbrados personajes que, con su presencia, honraban aquella.
significativa reufi.ión.
Tras la lectura del acta de Independeucia
de la Unión Americana, el Sr. Embajador volvió á haca. uso de la palabra para pronunciar
t&gt;l,discurso Oficial, que fué muy aplaudido.
. El «Star Spangled Banner,,&gt; cantado por

1

un coro·de.niños, cerró'la ceremonia oficial. . • .. ~ .._
Los Juegos!at1et1cos consistieroñ en carreras, luchas de fuerza, asaltos de pugilato, y otros ejercicios.

•

•

. La primera serie fué de quince carreras iÍ
pie y resultó de lo más di \'f'rtido, pues laR carreras se jugaron con obst{1.culos, en sacos con
saltoR y disfraces.
'
:\Iuchos fueron los americanos que dando
muestras del nwjor humor, tomaron parte en
estas carreras, y no pocoR los que demostraron asombrosa ligereza ? agilidad.
En otro lugar del mismo Tívoli, á espaldas
de la plataforma, se improYisó otra pista donde se verificaron otras carreras
'
todavía máR llenas de atracti~
vos, pues en ellas tomaron parte los
. niíios, .v en dos de ellas,
graciosas Reñoritas.
Estas fueron muy aplaudidas y demostraron su hahilidad
en el «sport» del tiro al blanco
con pelota.
Los niíioi- Y&lt;'nce1lorPR en las
earrera:-. de las ruale" nlguna:-:
fueron C'On oh~táculo:s, con saltos .'" en sacos , •
recibieron !'orno
premio precio:-:014
j uguctt-:-: ._le bastan te rnl1"1·.

La lucha de fuerza fué el acto ele venladera sens~ción en los juegos atléticos, pnes
por eRpac10 de más de media hora la concurrencia, nerviosa é impresionada, seguía
uno á uno de los movimientos de los luchadores.
En la primera tomaron partP oeho empleados del Ferrocarril Central contra
ocho del Nacional.
'

;.

.-

..

/

Saltos ele señ"or~u.-EI con~i,-EI desfile
Llegada del señor Presidente de la República y del Embajador de los Estados Unidos.-EI juego
de la cuerda.-Alegoria: "México y Estados Unidos".

•

ele 1;11¡ l)a11deríts.-~I fin de una carrera.

(Fot. M, Ramos),

�EL MUNDO ILUSTRA.DO

Domingo 13 de Julio de 1902.

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@g')Uü©oo M
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Domingo 13 de Julio de 1902.

EL MUNDO. ILUSTRADO

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•

¡;;

(Trad. "El Mundo Ilustrado".)

AY- dice el poeta :John Keats-:- ciertas
formas de helleza que, más que otras, tienen el
poder de apartar por un momento el velo de
crespón que enluta nuestrns almas: tal~s como
los árboles tiernos y ancianos, los narcisos con
el pueblecillo de plantas verdes que los rodean; los matorrales en el coraz6n del bosque,
con su rica floraci6n de eglantinas olorosas ... »
Hay también por esos mundos, asociaciones
de cosas bellas que tienen el don de evocar en
nosotros el recuerdo de las bellezas que han
desaparecido, resucitando la exquisita impresión.
Ahora mismo, bajo el pabell6n de frondas
de mi jardín, la opulencia de las flores esparcidas y mezcladas á la verdura de los macizos,
ha operado en mí ese encanto sugestivo
la variedad de sus formas y de sus colores: unas con un tono amarillo pálido, á medio abrir Y
como rendidas ya por el peso de sus corolas; otras, con la tierna tonalidad de una sabrosa carne
femenina. Las hay de un blanco marfilino virginal, de un rojo como las nubes que hiere un
sol Poniente, de un rojo ennegrecido como la sangre cuajada, de un cálido tinte anaranjado, 6
de una delicada coloraci6n de albaricoque. Arriba, las ramazones de un verde muy subido hacen
resaltar el brillo de esas manchas carmesíes 6 lechosas, ensangrentadas 6 ambarinas y,á través de
los brazos entrelazados, se trasparentan rincones &lt;le un cielo azul intenso.
Bruscamente invoco los paisajes que un día admiré á la orilla del lago de Como. Vuelvo á
ver los mantos de rosas de Bellagio y tengo la sensaci6n deliciosa del azul del lago italiano que
entreví á través &lt;le la intrincada frondación de la villa Sarbelloni. Una serie de parajes primaverales y del Mediodía, resucita ante mis ojos bajo la h6veda embalsamada &lt;le los rosales.
Las impresiones de otros tiempos se despiertan con la vivacidad y la frescura voluptuosa de las
cosas recién vistas.
Tuve en primer término un prado muy amplio sembrado de violetas y de primaveras; se extendía hasta perderse de vista entre &lt;los muros cubiertos de glicinas color lila p[tlido y olientes á clavo. ¿A d6nde llevaba esta señorial avenida? No lo sé; pero de lo que me acuerdo como de un
espectáculo de ayer, es de la embriaguez que me producía aquel manto florido, por aquel penetrante y fino olor de los racimos de glicinas; era la
sensación de la juventud, de la alegría paradísiaca, experimentada en aquel lugar encantado, del que yo s6lo saboreaba la feérica belleza. Me
parecía vagar en plena fantasía shakespiriana, en esos jardines donde Orsino, duque de Iliria, soñ.6, al son de dulces instrumentos, sus amores
por la condesa Olivia y dijo á sus tafiedores de viola: «Si la música es el alimento del amor, dádmela, dádmela con exceso, para que mi deseo
se agote, se sacie y se calme ......... Tocad; la música llega á mis oídos como una suave brisa del Mediodía que pasa sobre un sembrado &lt;le violetas y les roba su olor. ........ »
Poco á poco se levantaba ante mí la montafia boscosa que domina á Bellagio y que del'.ciende para irá Civanna. La rut.a sube haciendo zigzags por las praderas, por los verjeles, por los taludes herbosos constelados de pervincas rosas. De vez en cuando un aguacero tibio caía del cielo
tempestuoso y velaba el paisaje. Después cesaba la onda, los brazos de los árboles goteaban, la tieI
rra y el agua reaparecían radiosas en un rayo de sol, y volvía á ver por intervalos luminosos el azul
,::
1 • /,
del lago, lo mismo que en este momento entreveo el azul del cielo entre las rosas diseminadas y las
.
·v
'
movibles verduras.
~· L-"·y
Es el lago &lt;le Como, con su azul intenso, con las suaves sinuosidades de sus verdes riberas y con
sus pueblecillos blancosJ es el lago el que á estas horas vive ante mis ojos. Bajo la luz brillante del
¡'
Mediodía, se me aparece con sus flotillas de barca que van rumbo á Cadenabbia, y también lo veo
l
/
en la transparencia de las noches de mayo, mientras que los ruiseñores trinan entre las lilas éll
,
flor. A la hora del crepúsculo se desprende una barca del muelle del pequeño puerto; gana la anchura; una mujer con vestidura blanca va de pie en la proa, y con una voz de contralto se pone á
cantar aires de 6peras, bajo la incierta claridad de las estrellas. ¿Cantaba por su propio placer, 6 paJ .l.:'.
ra distraer áalgún inglés byroniano y fastidiado? Jamáslo supe, perosobre el agua silenciosa y negra, aquellas melodías italianas duplicaban la poesía de la noche. Era como la representación de
I
una novela de Jorge Sand, una de las novelas que tienen por teatro la región de los lagos italianos
,·
y que ya hoy no se leen. Cuando mi primera juventud, me parecían de una fantasía tan adorable
.
como inverosímil, y fué hasta después de pasar algunas semanas á la orilla del lago de Como, cuando comprobé su absoluta verdad.
No cabe duda que es el país de lo romancesco esta regi6n encantada que se extiende entre Ere1
mezzo, Cadenabbia y la punta de BE&gt;llagio. Las villas sombrías, abandonadas y en uh estado de
completa ruina, que se abordan desembarcando al pie de misteriosa&lt;; escaleras de mármol, parecf'n
J

:/~, \. i ;

,.
\

Corazón de Jade, descubierto
en Monte Al bán, baxaca. Rev.,rso.

•

j Pequeña joya de Jade, descubierta
en Monte Al bán, Oaxaca.

Anverso

Corazón de piedra de Jade, encontra•
do en Monte Aibán. Anverso.

'¡

Joyas de piedra de Jade.
Monte Albán. Reverso.

creadas para esconder las más poéticas a~enbruscamente. Las miré, una cerca de la otra,
En la cumbre del pequeño montículo se ven
turas de amor. Los huéspedes que por allí dissobre el puente del navío; la madre mandaba
ya libres de la tierra que por muchos años
curren 6 que se hallan alojados en los hoteles
adioses á sus admiradores de la villa; la hija
los había cubierto, los edificios y monumende la playa, tienen el aire de Jo¡: héroes de noestaba de~deñosa é indiferente, Y todada esde la Ciudad Sagrada. Monte Albán es un
vela.
ta mañana, bajo el rosal, volví á ver á estas
pequeño cerro que forma parte de una cordiEn el curso de los recuerdos evocados eRta
dos figuras que huían, con un encanto sin sellera que se halla situada á corta distancia de
mafiana, bajo mi pabell6n de rosas, volví á
mejante; una, parecida á mis rosas espléndila capital del Estado de Oaxaca.
encontrar dos figuras encantadoras, entrevisdas; la otra, soñadora y encerrada en su meTan notab~es_ descubrimientos figurará¡,
tas durante algunos días en los jardiprox1mamente entre los interenes de Bellagio. Eran dos mujeres,
santes trabajos que el Inspector
madre é hija; pero la madre t..'l.n jo~e1;1eral de Mvn~mentos Arq,1 eoven todavía, que hubiera podido tolog1cos presentara en el Congreso
márselas por dos hermanas. Era mode Americanistas &lt;¡ ne debf'rá reurena la madre, con un tinte aceitunirse en el próximo mer1 de octunoso, el pelo peinado sobre los tembre en la ciudad de Nueva York·
porales, los ojos grandes, de color
café; podría tener como unos treinta
años de edad; la joven contaría apeE~1 vano es que busques fuera,
nas dieciséis y reproducía, en blon&lt;le
ti el reposo que dentro de ti no
do, al tipo materno; tenía el aire &lt;le
encuentres. - LA RocHEFOUCAULD.
una soñadora negligencia, que hacía
resaltar la vivacidad petulante y la
*
provocadora coquetería de su compañera. Viajaban solas y comían en
El \10mbre vi:,? de afectos puros; s1 la tranqmbdad de concienla mesa del hotel, donde la madre
cia !nese mercancía, nunca se pacharlaba aturdidamente con todos
sus veciuos. Se comprendía que el
gana por ella todo lo que vale.RrnES.
deseo de placer era en ella una funPerspectiva del Cerro de Monte Albán, en donde se descubrió
ci6n tan natural como la de respirar·
*
la Ciudad Sagrada de los Zapotecas.
á falta de otra víctima, hubiera co~
La
idea
es
un
alimento; pensar
queteado con el camarista 6 el ccmaies comer.-VICTOR HuGo.
tre d'hotel.,&gt; Esta manera de ser parecía
lancolía como las rosas Xiel, de pesadas coromortificar mucho á la joven; le subían los colas, apenas entreabiertas.
lores á la cara y en sus lánguidos ojos cintilaURSUS EN EL CIRCO.
AxDRES THEURIE'r.
ba repentinafllente una luz de iracundia. Estos relámpagos de virginal indignación la hacían mucho más bonita y atrayente que á su
r,¡e~a1 cristiana y prometida ñe
LA CIUDAD SAGRADA DE LOS ZAPOTECAS.
V101c10, augusta.no, va A ser inmadre. Las dos agradaban: una por sus mamolarla eo el Circo atRda al lo·
rno !le no toro: Nerón ha proneraiale~envneltas; 111; otra µor su misteriosa
Damos á conocer á nuestros lectores varios
met,?o hacerle gracia de la viy sonlbna reserva. Cierta noche se marcharon
da s_,el atleta Ureus vence á la
de los preciosos objetos de jade, así como dos
be•t1a: In p,Jabra sacramental~• 'Habet.'
grandes lápidas de
basalto, perfectaDel _Circo en la mitad, ruge la fiera
mente esculpidas y
Sacudiendo aquel cuerpo que, desnudo
que presentan figuSobre su lomo está sin más escudo
'
ras jeroglíficas &lt;le
Que la flotante y áurea cabellera.
gran interés. las cua,6
le.-; fueron· descuEl César miope que en la Roma impera
biertas en los sepulTras
~u f'st1~r~lda mira. hosco y ceñudo; '
.
..
. 1
cros de la Ciudad
Agomza , m1c10 de horror mudo
Sagrada de los ZaLa multitud, estupefacta, espera:::::::::
potecas, en el cerro
de Monte Albán,
Se adelanta el campeon, emprende el salto,
Oaxaca, por el Sr.
Ase e~ testuz del bruto, y en la lucha
D. Leopoldo Batres.
SerneJa parecer de fuerzas falto ........ .
Uno &lt;le nuestros
,
.
grabados es la vista
Pero vence su fe, que en Dios es mucha
en perspectiva del
Rueda el toro, y él yergue á Licia en alto '
cerro de Monte Al~'
y el c,Habetn de Ner6n, por fin, se escucha.!
bán, lugar en don✓
de se han hecho losNogales, Son., enero de 1902.
importantes hallaz,
'
gos arqueológicos de
E. MAQUIO CASTELLANOS.
que nos ocupamos y
que con justicia han
llamado la atenci6n
de los arque6logos
é historiadores y del
Lápidas de basalto preciosamente esculpidas, encontradas
en los sepulcros de Monte Albán.
público en general.

I

·.

.\.: ...

_J_

-

~

y

·¡

�nom i ng-o 13 de Julio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

de la vida

~e JWéxico.

EL }1:UNDO JLUSTH.i\DO
numentos; E'6lo roza lo más alto de las arboledas, á las ramazones débiles que apenas
alcanzan á sostener el nido de la oropéndola.
Las siluetas de las torres monumentales
de la Catedral, Ron como dos brazos_que Re

Domingo 13 de Julio de 1902.

lla entre arrullos y frases á media Yoz; se aviva la luz de la alcoLa,
hay pisadas discr~tas; luego, cesa el murmullo, todo vuelve á quedar
en calma, la noche sigue su viaje tranquilo ........ .

Poco antes de que la aurora &gt;&lt;e acerque, las sombrnR entran en pleno reinado, la ciudad apaga xus veladoraR¡ la puerht de la taberna
acent(1a su marco ele luz roja, la linternilla del guardiún (]el orden pÚ·
hlico aviva su pobre clariclatl,y resuenan lo:; pm,o,-; del último tra~noehador ó del primer obrero que no espera á que la aurora lo drspiertc.
En la tahona ¡.;e oye la fatiga de los amasadores; la &lt;'himen ca arroja.
la primer bocana.da &lt;le humo, y la puerta del expendio que Feahre,
deja escapar el olor de la harina cocida.
8e escucha el último grito de la. noelw:
-Jaletinas ........ .

***

,\ penas un mnrn,ullo vela el ,-ueiio ele la ciudad; &lt;·,iJ
una explosión de luz Robre el asfalto de )a¡; avenidas y
no hay sombras que se alarguen caminari&lt;lo hajo el foco
eléctrico. Se han bonaclo lns parrdcf- luminosas de los escaparates;los discos de los relojes encendidos parecen ojos
que contemplan la quietud y e8tún alerta para dar razón
del tiempo que pasa. De crucero en crucero, las linternillas de los gu·rnlianes del onlen público, se wn como
puntitos de luz amarillenta prendidos á la. tersura del asfalto; rlijérnnse luciérnagas &lt;le alas enfermas 4ue han caído sobre el polvo.
Y aquel murmullo que vela es al modo ele esos ruidos que se escuchan en el silencio de la alcoba _,. que no tienen explicación ni motivo; bien pueden ser una fibra de madera que se rompe, bien el viaje
furtivo de un roedor, ya la materia que se espereza. en su cam,ancio
de inmovilidad, ya el último choque de un eco que ha venido peregrinando desde la lejanía conmovida en su reposo. Así el murmullo de
la ciudad: puede ser el canto del ebrio, la bocanada. de ruidosa orgía
que arroja la taberna; quizá el llanto rlel nifio perdido en la vía pública, tal Yez el grito clesganador ele una madre que sufre........ .
Y la ciudad duerme cobijando su caRerío en !asombra que desciende de lo alto y que de pronto se ve rechazada por el aliento luminoso
de las esferas veladoras.
S6lo toca á las cruces de los campanarios y á las coronas de los mo-

Y en tanto que la noche ha pa:--a&lt;lo. el labrador cerebral Yacií,
sobre las cuartillas nn pedazo &lt;le \'ida.; enciende el eigarrillo que le h:1
ele ayudar á conciliar el sueño, -:,.· deja abandonada lit labor jnnto ú la
taza de caf~ vacía.

lernntan hacia d cielo implorando entre la sombra; el castillo de
los reyes, de los emperadores y de la República, parece un cofre de
ébano con incrustaciones de pedrería; el bosque dormita soñando en
sus leyendas, y el viento que corre por entre los :frondajes, viene ú
la ciudad como el aire que los abanicos orientales soplan en el sue ño
de las sultana,;.

NEUROSICA.
Cuando el hogar duerme, parece que está vestido con un manto ele
solemnidad. "C"na luz débil raya en el quicio de las puertas; las flore 8
del corredor están inmóviles; en la. pajarera hay de vez en CtJando un
hatir de alas, pero no hay reclamos, ni piares, ni locos vueloi, ni ojos
brillantes como cuentas esmaltndaR.
Suele surgir, npagado, lejano, un llanto infantil que pronto se aca-

................. ···········. ··············· ····•··· ········· ·· ·······
········································································
Aquel día, sola estaba,
Releyendo sus reliquias amorosas;
Esas cartas que de lágrimas bañaba
Oprimidas por sus manos temblorosas .. .. . .

Destrozada por sus pena.~ y la tisis

Y 1-&lt;in fuerzaR en su pecho aniquilado,
CadaYérica se hallaba por la crisis
De los males infinitm, del pasado ..... .
En la ausencia de RU novio
Releía las estrofas y las cartai- del poeta,
Y sentía la amargura y el oprobio
Del despecho y RU saeta.
¡Pobre a.rtif,ta! á su piano cadencioso
Le imprimía sus tristezas y sus cuitas,
Fué su amigo y confidente generoso
En sus horas ele nostalgias infinitas.
Mas i--u novio en la tn.berna,

füm n.lcoba de bohemio,; desgra.ciadoR,
La ol Yidaba ...... y embebido en la ciRternn
De la. orgía, no J&gt;enRaha en sus a111orei-- oh·idad11:-.
Y ...... entretanto aquella artista
En su piano uno;; \'tÜRes ensayaba
Y (•njuga,ba con el húmedo batista'
El acopio de su llanto, &lt;¡ue el recuerdole annnc·a-ha.

¡ Pobre noYia! á su piano cadencioso
Le imprimía sus tristrzas y gus cuitas
. y eon f'1dente generoso ,
l"'ue, su amigo
En sus horas dP nostalgia~ infinit.1R ..... .

SALTO.i.DE..ATESCACO.

�Domingo 13 de Julio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

JOSE MARIA YIGIL
Uno de los vit&gt;jos y entusiastas paladines de
nuei;:tra literatura nacional, que con su gran
talento y refinado gusto artístico, fué de los
que caracterizó b pasada época de la vida literaria mexicana, es el maestro D. José :i\I. \'igil.
Antagónico de la moderna bohemia, el notable escritor luchó incansablemente por conquistar un alto puesto, y á diferencia de los
actuales cantores de una musa patológica, el
señor Vigil se empapó en el clasicismo más
puro del siglo de oro.
Ferviente culto, veneración pudiéramos decir, consagró el maestro á los imperecederos
monumentos literarios de Cervantes, Argensola, Quevedo, Fray Luis clr León y talltos
otros que en España mar~.ron la época más
gloriosa de la literatura latina.
Sus composiciones son prueba innegable ele
lo que asentamos: hay en ellas mucho dr la:arcaicas églogas y mucho de aquellos sonetos
perdurablemente admirables.
Debido es, por corn;iguiente, qtH' 110s con.
sagremos al notable literato, que ha sido maestro de toda una generación, y quien, altamente modesto, ha conquistado triunfos sin pretenderlos.
Muchas s011 las apologías que se han escrito
en honor del señor Vigil. No pretendemos llevar á cabo semejante tarea, sino limitarnos á
enumerar sus escritos y hacer mención de los
puestos públicos que ha desempeñado.
El año de 1850 publicó una colección de
sus primeros versos; el tomo se titulaba: «Aurora Poética de Jalisco» v le valió merecidos
aplausos por la belleza, dulzura y corrección
de las poesías que allí se incluyeron. Inspira
do por la musa dramática, el maestro escribió
«Dolores» y «La Hija del Carpintero», hermosos dramas que se pusieron en escena por los
años de 1851 y 1853.
En 1855 fundó ccLa Revolución», periódico
de altos empujes y en el cual su director se reveló apóstol del credo liberal. En esta época,
el señor Santos Degollado lo nombró profesor
de filosofía en el Liceo del Estado de Jalisco.
«Realidades y Quimeras» es el títuló del se-

D. JOSE MARIA VIGIL, Distinguido Literato é historiador.

gundo tomo de versos que el señor Vigi.J!publicó el año de 1857, y las cuales poesías le
valieron el mismo éxito que las primeramente
publicadas.
Después fundó y dirigió los periódicos «El
:Nuevo Mundo» Y «El Boletín de Xoticias» hasta que en 1869 fué electo djputado al C~ngreso de la Unión. Fué redactor en jefe del «Sig.lo XIX»,)' el Gobierno lo nombró en aquel
tiempo Director del Archirn General ele la
X ación.
El señor Vigil ha sido profesor de la clase
el~ español en la Escuela X. Preparatoria; Magistrado d~ la ~uprema Corte de Justicia; profesor de Historia en la Escuela de la Encarnación, y Director de la Biblioteca Nacional.
Este último cargo, honroso y dificilísimo
lo _desempeña en la actualidad con grand~
acierto y escrupulosa dedicación.
Ademát' de lo indicado,
el señor Vigil ha escrito
una ccReseña histórica del
Ejército de Orientei,; el
tomo 5° de la obra cc:.\Iéxico á través de losSiglos»;
una «Reseña histórica de
la Poesía l\Iexicana,, , y
numeroso,- estudios sobre Isabel Prieto, Nezah ualcoyotl, Orozco y Bena, Juan Valle v Sor
Juana Inés de la éruz.
Pertenece á las prirn-ipales sociedades científicas y literarias de México y los Estados; es miembro conespondiente de la
Academia de la Historia,
de Maclrid; de la Real de
la lengua, y Director de
la Academia de la lengua
en México.
Tal es, muy condensada, la reseña de las composiciones literarias que
ha escrito, y de los puestos públicos y honoríficos
que ha desempeñado y
clesempeña el notable filósofo y literato D. José
M. Vigil.

DRSPUES DE LA MUERTE DE MIMÍ
. ..... Y la estaci6n risueña de las flores
Torna otra vez, y titilante brilla
En loR pétal0s blancos el rocío;
Levántate, Mimí, cáliz de amores,
Mas ya el nido de amor quedó vacío,
A obscuras y desierta la boardilla.
Mimí, Mimí, ¿no me oyes? Importuna
~oche argentada de radiante luna
Con clivina y letal melancolía
Vi~ne su calma á perturbar, que duerma,
DeJad que dnerma con el rostro al cielo ......
~ocbe de luna, triste ritornelo,
Igual que aquella cuando me decía:
-Mimí me llaman, pero estov enferma,
i\Iimí, l\Iinú, ¿y es cierto? tu partida
),fi pobre alma á comprender no alcanza
¿,Y te fuiste, l\Iimí, sin despedida
'
Llevando de Ja mano mi esperanza?
¿Qu6 me dejas de ti? recuerdos sólo,
La cofia rosa sobre el blanco lecho.
La cofia rosa que cubrir solía
Sus áureos rizos, por la vez primera
Y? )os toqué al ceñírsela, que roce
D1vmamente suave,
Sus pulsaciones violentó mi mano ......
rn murmullo ...... ¿qué es? Mimí que tose,
¿M:imí que tose por la vez postrera? ..... .
Es el viento que gime en la vidriera
Y mi ternura funeral conoce..... .
Y la estacion risueña de las flores
Torna otra vez, y titilante brilla
En los pétalos blancos el rocío ........ .
¡Crepúsculos de oro, tardes tristes!
Quiero creer que la memoria pierdo,
Que os esfumáis si jadeante os toco;
El destino feroz, raudo me apremia.
Aoy un pobre poeta enfermo y loco..... .
¡ Dejad que en mi boardilla, su recuerdo
Bese tan sólo en medio á mis delirios;
Yo Ré muy bien que está bajo los lirios,
¡~i un mármol, ni una cruz, era Bohemia.!
,\::-.;TQ:,10

H.

ALTAMIRANO.

CIRCUNSTANCIAS.
El plan del Capitán no era feliz;
Mas se desnubla el sol, y es Austerlitz.
Nunca mejor el Capitán pensó;
Pero empieza á llover, y es Waterloo.
WILLIAM YouNG.

D. JOSE MARIA VIGIL en su despacho de la Biblioteca Nacional.
F.&gt;togratla • tom.l las 'expresamente paea "El Mundo Ilustrado."

Traducción.

�Domingo 13 de Julio de 1902.

EL MlJINDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTR.A.DO

.EL BAILE DE LOS VIEJECITOS.
NOVEL A

CORTA

(Traducción especial de "El Mundo I l ustrado",)

I
-Telo aseguro, papú, y á ti también, mamá:
es necesario que den ustedes un baile. Yuestro
amplio y _bello departamento del primer piso,
con sus ~iez Yentanas que dan á la avenida,
parece dispuesto expresamente para una fiesta suntuosa. Ilahlarán todos los periódico~; y
luego que ustedes reciban en s11 cai-;a ~erán recibidos por los in\·itados en las 1m~'ai:: y a,-í
repentinamente, entraréis en el gran ~imdo:
RP11tndos en la orilla de sm: sillones rle r-atín
flamante y nuevo, co11 los pies &lt;le punta, como
i;i no. se atre\'ieran á poi;ar]oi; sobre el peluche
mullido y i;ua\'e de sns alfombra,;, todaxfa vírgene:-i ele cxtrníias pi:&lt;adai:;, el bueno \' aordo
viejecito ~L Peronx .r la magnífica ~-iejPcita
l\Iarl. Peroux, N;cuchahan á la elegante jown
con ese rei-;peto qne los padres que no poseen
~rna g1~an cducaciún,_ tie11en á i-;11 hija única,
mstrmda
más c;i., en elI&gt;coleg10
, . en que ;:e 1mo-a
~
ra penswn t'n ai rn. Luego que la ioven hubo
acabado de hablar, los Yiejecito¡; se miraron.
-Pre&lt;'isamente, hijita se :wentur(, á decir el
viejo con voz casi tímida, aunque un poco animado con Jo¡; rnoYimiento:- aprohativos qtw
con la caheza hacía ,;u esposa,-precisamente
no tenemos d&lt;';:eo de lanzarno!4 al gran mundo, ni al nwdio, ni al más pcqueíio. No tenemos des.e~ ck pertene~er á mundo alguno. Te
lo 1:epet1,r1:: una Yez mm,, porque parece que Jo
olvidas a c.ada momento:. nuestros oríge11es son
muy humildes. Yo he sido jefe de meseros en
un restaurant, y tu madre cocinera. A fuerza
de economías logramos obtener. al cabo de
diez años, cinco obligaciones de la «Ville de
París.» Una de ellas nos hizo ganar el gran lote de quinientos mil francos; pero como tu
madre y yo teníamos mucho cariño á nuestro
oficio, por más que esto te parezca divertido,
y come, nos sentíamos todavía lo suficientemente jóvenes y activos para no vivir sólo de
nuestras rentas, establecimos un hotel en Niza,

Siempre hen:ios guarda?º el mejor orden y la
mayo~ exactitud; y umdo esto á que conocerr.ios bien las co~as en lo q·1e se refiere fL servic10, mesa Y. cocma, hicimofl que nuestra casa
fuera la meJor y menoi-; costosa en toda la ciudad.:. Los clie!1tes afluyeron; y dei&lt;pnés de veinte anos de é~ito,y con 18:s manos un poco abundante,- de dmero, Yenchmos nuestro hotel en
diez .'"ece;: más d&lt;' lo que nos había costado ,.
voh·1rr.ios t,, París mu_r ricoi;, casi millonarios,
pero sm &lt;;&gt;rgnllo &lt;!~ nmguna el'&lt;peeie! Como no
tcnemm: rnstrucc1on, no poderno~ sPr vanidoKOs; comprendemos bien que si nos hemos esforzado por trabajar mfü, que otms "E'ntes
también la suerte no:- ha siclo propicia.~Xues~
tro caso .no es el tu.vo; tú has siclo fclucada en
un medio muy cliferente, con otraK ideas ,·
otros prejuicio;; cfütintos ele loR nueRtros· has
podido, .~raciaR á tu, cuantiosa elote, caRa;·to ít
tu elec?1on, fü•\'~r e, trc1: que te conviene y
ª}raer a tn cafla a l()s amigos que te agradan.
]~;; perfectamente comprern,ihle que tengas gu1-,los. costun1 br~s y_ caprichos que nosotros ni
s~spec_hamos s1~¡lll&lt;'ra.; pern ;:i admitimos c¡ue
v1rns a tu atlt0JO, e;; Justo que nos dC'jes vi\·ir
al nue;;tro.
Lajm·en, impacie1!tc, ihaáahrirla boca para contestar perentoriamente, pero la viejecita,
ena1:&lt;lecida P.ºr la verba y la franqueza de su
mando, le hizo seña de que quería ú su \'ez
hablar.
- Ya-dijo con un touo ele reproche clisim t!lado, -en vez de dejarnos comprar un hotehto pequeíio y retirado, cerca ll' Auteuil ó &lt;le
Passy,, nos has hecho alquilar en plenos Campos Ehseos ~ste e!1orme clep'.1-rtamento lujoso,
que no conviene a nuestros intereses. Necesitamos, instalados de este modo, de siete á ocho
mozos; y como este gasto excede á lo quepo~emos pagar, resulta que la vigilancia mía
tiene q~e can~arme. Y no nos hemos retirado
de la. vida activa para no obtener ningún beneficio, Cop:ipréndelo píen, un&amp;, vez por to-

das: somos viejos y tenemos nece;;idad ele reposo.
Luego que los viejecitos acabaron de decir
todo .10 9ue pensaban, con la Hencille;,; que era
el pnne1pal resorte ele su elocuencia, callaron
p~rqn~ nJ {i uno ni ít otro les gustaban la¡;; ré~
plicas mutileR. Callaron porque les pareció
Jui-;to que tlespués de ello;; halilasc• f&lt;U hija.
Er-,ta había ei:;euchado las rnrnnPs que le &lt;lahan tnnto el padre como la madrr t'nn cierto
imperceptible e11cogimiento de l;omhros y
luego que la dejaron hablar, comenzó á &lt;le~
fender su causa con el imperturbable aplomo
Y la dei-;concertant(• Yoluhilidad que eon1-tituían el Rello tli:stintiYo de laH educanda:-; de
su colegio.
-~le mortitiea &lt;lecirlo ú u:&lt;tet!L'!4, queridos
¡,adres, pero no entcnd?is nada, ahi-;ol uta mente nada de la \·ida pari;;iern;e. Hi yo os ahanclonase•á Yosotros mi;:mo¡;;, ante1- ·de tres me,;ei-; moriríais ele faRtidio. Hé mejor r¡ue u,-terles l_o que se debe hacer. El primer deber &lt;le
los neo¡.; es gastar sin llenu- la cuenta. Xo ha y
nwjor manern ~l&lt;' com hatii- la anai quía. ERto ~~ asunto social! Aclemúi:1, á Vlie!4tra edad
estai~ .expuestoR á sufrir una pereza peligrosa.
I~a~cms cada día menos; todo se reduce áacarlC'iar recuerdos en el rincón dd fnerro·
el
b
&gt;
a l nia y e1 cuerpo se adormecen. Xada 1rnnlc
s~r mái:; rr.ialo, moral y física.mente. Se llecesita :eaccioi:iar y ~~to se consigue por un solo
med1&lt;;&gt;: la distraccion. Como ven ustedes, es
ta~b1é1: asunto de salud! Por último, todos
mis amigos, que saben que estáis instalados
ahora en París, encontrarán extraordinario
m~zquino, i!lcomprensible, que no hagáiR re~
chma;r las b~.sagras de la puerta. Creerían que
teníau, ve.rgu';nza de mostraros en público. Y
aquí tenéis como esto también es un asunto
de conveniencia.
La viejecita Peroux hubiera querido contestar que ~lla co~batía la anarquía!á su manera,
por medio de limosnas bienlempleadas entre

los pobres que conocía; el viejecito Peroux hubiera querido objetar,' que el médico le había
recomendado el reposo; ambos tenían en la
punta de la lengua decirle á la bija que ella
se entendiese con gastar sin llevar la cuenta, :v
que como no conocían á uno solo de los amigos de su;yerno, les importaban muy poco sus
mezquinas apreciaciones. Pero aprovechando
la excitnción, el desarrollo y ardimiento de
ideas en que la hacía internarse la facilidad
de locución, dándose apenas tiempo para hacer de vez en cuando «nfJ,,, la joven los cohibió por lo imprevisto y audaz de su peroración.
-Y he aquí por qué, querido papá y adorada mamacita, daréis un gran baile, seguido
de un suntuoso banquete, precisamente de este sábado en ocho días!
Los viejecitos temblaron. Ante un peligro
tan inminente, papá Peroux se arm6 ele valor
v lanzó esta frase corno un último cartucho:
· --Si tienes tantos deseos de dar un baile,
dalo en tu casa.
• :-__ La joven permaneció impasible ante aquel
golpe. Arregló tranquilamente sus abrigos, envolviéndose con exquisita coquetería, y luego
dijo:
-En mi casa es imposible; no es tan grande como la vuestra; no tengo tres salones en
un solo piso ni servidumbre suficiente. Además, hemos gastado mucho en este invierno y
el estado de nuestras rentas no nos permite
hacer un nuevo desembolso. Creí daros un
verdadero placer y siento mucho que haya siclo, en su vez, una contrariedad, pero ya es
tarde para retroceder: ya he repartido más &lt;le
trec;cientas invitaciones entre mis amistades.
¡Trescientas invitaciones!. ...... ¡Qué horror!, gimió el anciano perdiendo toda resistencia.
¡Misericordia! ¡Qué espanto!,exclam6 la viejecita como un eco desolado.
Nada temáis, dijo la joven con una sonrisa un poco burlesca. Esto no os causará la
menor molestia. Ya me arreglé con Potel para el "lmffet" y la comida; mandará sus «mattres el' hote1", sus cocineros y sus galopines.
Pasé á casa de Belloir: adornarú y decorará el
departamento. 1Ii florista, á mis órdenes, hará lo demás. Llegaré bastante temprano para
recibir los primeros invitados. Me encargaré
de todo, no tendréis absolutamente que ocuparos en nada.......... más que en pagar.
Y, pru&lt;lentemente, sin atendel" á nuevas obserYaciones, se levantó y se despidió. Sólo se
vió precisada á agacharse mucho para abrazar
(1 los ancianos, porque se habían ciuedado con
la cabeza baja, hundidos en un silencio ele
desgracia y de consternación.

II
El día de su baile («su baile)) ¡qué ironía!),
papá y mamá Peroux no f&lt;abían dónde esconelf!'se. No se sentían estar en su propia casa;
iban y venían como almas en pena; se asomaban por a&lt;1uf, espiaban por el otro lado; ya se
sentaban sobre una caja, ya sobre un rollo &lt;le
taniz; erraban de habitación en habitación con
aire de desgracia, cansados, tristes, como dos
pájaros á cuya jaula se le hubieran quitado
las varillas donde tienen costumbre de posarse.
Desde por la maíiana, llegaron los tapiceros
y desaneglaron todo el departamento, vaciaron todos los salones, el billar, la sala de fumar, etc.,y amontonaron todos los muebles en
la recámara. Cubrieron los muros con colgaduras de un rojo capaz de ha0er cegar, y dieron rnartHlazos hasta aturdir. Los desconocidos ,nnaitre,-; &lt;l'hott&gt;l» se apoderaron del comrclor y de los armarios, y rPrnovían las piezas ele
plata, la porcelana y el cristal. La cocina, con
sus hornillos rebosantes de fuego, estaba llena
de galopines con gorros blancos, que se apresuraban disponiendo vajillas, cacerolas y botellas. Los electricistas paseaban por todas partes gra11des esca.leras, multiplicaban los cables
entretejían sus hilos, mientras que por toda;
las puertas, de dos batientes, abiertas á. lascorrientes del aire, iban y venían los jardineros, con los zuecos llenos de lodo, colocando
grandes plantas verdes, poniendo y quitando

flores, rociando y refrescando todo con finos
pulverizadores.
Los viejecitos, al principio, qmsieron oponerse impedir el trastorno y el pillaje en su
casa. tomada por asalto; pero los sirvientes se
juzgaron inútiles ante aquella falanje de i_-eemplazantes y pidieron permiso pa.r a salir.
Así, pues, solos frente la horda de mt1:usos,
papá Peroux tuvo á bien ponerse su cómodo
traje de casa, y mamá Peroux se comulg6 su
cólera y, con su aquella diminuta talla, su
porte sencillo, su ca.ra bonachona y su voz
aflautada, nadie pudo creerla la verdadera
dueña &lt;le la ca;;a. Por otra parte, las órdenes
de su hija eran formales. La invasión continuó, y confinados de rincón á rincón, desterrados, apostrofados, rnaltratados, corridos,
los viejecitos no resistieron y se dejaron arrastrar por la inercia de la falta de poder.
Hasta llegada la noche, toda aquella gente
desapareció y el ruido cesó como por encanto.
Las puertas se cerraron; una tibieza de invernadero, en que vagaban los perfumes de las
lilas, de la.s rosas y de las violetas, se extendió en todo el departamento, bañado por una
luz de oro. Papá y mamá Peroux se paseaban
á través de todo aquello, con el pasmo del
campesino ingenuo y de la pavera sencilla
que en todos los feerismos, y no se sabe por
qué servicio inconscientemente prestado, el
hada buena transporta á un palacio de apoteosis. Lo admiraban todo con temor, no se
atrevían á tocar nada, respiraban á pequeñas
aspiraciones, preguntándose si acaso se les
exigiría, á la hora de la hora, restituir lo que
habían consumido de un aire tan precioso,
tan raro, tan deliciosamente perfumado.
-Esto es muy bello, me da miedo, decía
la viejecita, pálida y temblorosa. ¡Cómo voy á
parecer vieja, amarilla y fea en el brillo de estos espejos, de estas flores y de estas luces.
-¡Oh, tú estás bien conservada-suspiró papá Peroux,-barás todavía un pequeño efecto. Pero yo que voy á estar torpe y ridículo!
-Si me crees muy segura, te equivocas.
Las amigas de nué!ltra hija, todas Yerda&lt;leramente mundanili;, van á comerme viva, de la
rabeza á los pies. l\Iira, se me pone carne &lt;le
gallina.
-Y los amigos de mi yerno, los señores elegantes y desdeñosos, rnn á toserme mirándome de un modo que ya siento el calofrío.
-No resuelYo irme á vestir; retardo esto lo
más que puedo. ¡Ah! si vieras el traje que,sin
permitirnie una sola observación ÍI la modista,
tu hija me mandó hacer para el baile! Es ele
satín ,,erde tierno, ¿.lo oyes?, ¡verde tierno, para tu pobre vieja! Y el talle está de tal manera escotado, que parece que "º" al baño. l\Ie
sie11to enferma desde ahora! •
-¡ ·o me hables, yo tengo sudores fríos!
Cuando me ponga los zapatos lustrosos, me va
á parecer que me han limado los pies. Pero
eso es nada al lado clel traje que me ha hecho
el sastre de mi yerno. Estoy desde ahora como una castaña sobre la parrilla, una caRtafia
que siente tostar su cúscarn. Y luego, que estoy tiin acostumbrado, que ú falta de servilleta, nrn pongo el paíiuelo debajo del brazo.
¡Yaya, que voy á cansar es&lt;'ándalo!
-Yo también voy ú hacer algo de eso lo
, s·iento que ..... .
,
ver.is.
Un campanillazo interrumpió la conYersaci6n.
¡Ah! papacito, si serán ya nuestros ii1Yitados? ..... l\Ie tiemblan las piernas v me siento
enferma.
·
-Te ruego, mamacita, &lt;¡ne no mr hables de
nuestros invitados; me haces mal.. ....
-Xo nos quedamos aquf.. .... de:;;filerno~.
-Esto es ...... Rin tambores ni trompetas.
~- dando .vivame11te media vuelta para esqmvarse, dieron de nunos á boca con un diablo de ujier que estaba en pie tras de la puerta. Con puños blancos, Ji brea de paño azul
con botones ~e oro, más erguido, mús solemne que un smzo de catedral, aquel espantajo
que nunca habíase visto, les cortó la retirada
ru~bo á la recámara, y con un aire y un tono
de Juez ante culpables, los apostrofó bruscamente:
-¿Qué hacíais aquí, brr? ¿por qué escapáis
de esta manera? ¿Qué significa esto? ..... .

Domingo 13 de Julio de 1902.
En su turbación de pánico y en la sofocación de este interrogatorio tan á quemarropa,
los viejecitos se quedaron petrificados. Sin
darles tiempo á respirar, el terrible espantajo
les echó hacü, adelante:
-Vamos, despejad ¡canario! ¡Nada de explicaciones! «¡Cierren!" ¡No es su lugar de ustedes aquí! ¿Quién me ha dado estos desahogados curiosos? Si me montáis en cólera, llamo
á la policía. ¡Vamos! ¡Ilnchs! Sin manchar el
suelo ...... y prontito, ¿.eh?
Ciego á sus gestos de indignación, sordo á
sus protestas, el ujier los arrojó ? la antecámara. La viejecita se dirigió á la gran puerta
de honor, pero el ujier les gritó cínicamente:
-¡Eh! ¿.La salida de losamos? Nada de eso,
¿para qué sirve entonces la escalera de los criados?
Y de un último empujón, el ujier echó á papá y á mamá Peroux á la repostería y les cerró la puerta. Allí, en medio de otros desconocidos: «maitres d'hotel", cociueros y galopines atareados, fué peor. Pasmados,· golpeados, injuriados, tratados ÍL codazo, y con miradas rudas, f'l papacito y la madrecita pasaron ele la repostería á la cocina, de la cocina [i
la meseta &lt;le la escalera; y ¡paf! con la puerta
en las narices: se encuentran solos en la escalera de servicio.
-Ji.;sto es atroz, dijo el viejecito colérico.
Ser puesto á las puerta:, de su propia casa por
los mozos que uno mismo paga, es inicuo, es
el colmo!
Luego qne la viejecita pasú la primera impresión de sorpresa, no pudo evitar reírse.
-Oh! yo no me enojo ......... encuentro todo esto muy divertido ...... muy divertifo!
-Pero no lo dejaré así. Voy á subir por la
escalera principal!
-Te olvirlas, amigo mío, que está guardada por el ujier mayor: te in1pedirú la entrada.
-Bajaré al cuarto del conserje, mandaré
llamar al comisario de policfo ......... me haré
abrir las puertas de mi casa por la autoridad
judicial.
-Qué escándalo, qué ridículo escámlalodecía entre risaR la viejecita, encogiendo los
hombros. Quieres que hagamos il'rupción en
el baile con traje de todos los días y seguidos
por la fuerza armada! ¡Sería un escándalo que
nuestro yerno jamás nos perdonaría y que haría á nuestra hija caer desmayada. Si me crees,
no hagamos tanto ruido, aprovechémonos en
silencio, alegl'e y maliciosamente, de la torpe1..a de ese gran imbécil del ujier.
Papá Peroux, ante el bufn humor indiferente y bromifita de ::;u esposa sintió que ,:u cólera decaía. Ya empezaba ú ealmar,e.
-¿No deseábamos esquirnrnos"? preguntó la
Yiejecita.
-Si, pero..... .
-Era muy difícil, pero ahora es muy fítcil.
Todo está á pedir de boca, ya lo ves. Nuestros
invitados se dfrertirán sin nosotros,y nosotros
nos clivertircmoi:; sin ellos.
. -:-¡Eh, eh, ésa sí ya ~s Ufüt idea - dijo el YieJe&lt;'ito, que nunca po&lt;lia estar por mucho tiempo colérico y acababa de quitarle el mal humor aquella proposición tentadora. Ei,o serú
muy divertido..Justamente tengo en la bolsa
la llave &lt;lel sexto piso, donde guardo los n•cuerclos y las reliquias de nuestro modesto nw~aje de otros tiempoR. Arrojado¡; de acá abaJO, rnmos arriba: es nuestro único asilo.
- Oh! eso es; comeremos en nuestra buhardilla, como en los buenos tiempos en (1ue éramos pobres ...... pero Jóvenes! Qué bonito va
á ser esto! Sólo que YO no teno-o un Rueldo en
la bolsa para que coi11amos; ./tú?
-Tampoco. Xo llevo ni cartera ni portan!oneda. Espera...... ei-¡wrn, tengo en mi bolsillo dos monedas &lt;le n iinte sueldo,; para rnis
pobres, dos francos! ¿,Eh? Qu{· caf-ualidad!
-Con eso tenemoR. Yamos ú buscar qüf
comer.
( COXTINIJARÁ) .

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diogr afía.
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E n l as e nfer medades de la vejiga empleamos la iluminación de
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este ór gano por medio de los Siatoscopios más modernos. En las ,,.
enfermedades de l a Uretra ó caño de la orina, p r acticamos todas las
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oper aciones más modernas, para destruír las úlceras, fístulas y es- :/JI
trech amiento s de l a misma, empleando procedi mientos rápidos y
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°;/i
I tali ano, con las últimas r eformas que han sido hechas en los Es.l)J
tados U nidos po r un renombrado especialista.
j_l¡
L a s enfe r medades p or el agotamiento prematm·o son tratadas con ";/i
éxito e nteramente satisfactorio. Las enferme dades secretas las tra_l)J
tamos po r los p rocedimientos más modem os que en la actuaiidad
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se usan en Europa. Las hernias son curadas sin o peración sangran~
te y sin ptlligro para el enfermo, si guiendo, cuando conviene, el mé?
todo Esclerógeno ó método francés. La Sítilis es tratada eu sus di- }
versas manifestaci ones; figurando en nuestra estadística más de
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1~,ooo casos curados con éxito, poP nuestr o procedimi ento. La Va- :/JI
ricoce1e es curada r adicalmente por un procedimiento propio del Dr.
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EN SU ESTUDIO
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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11

; El Consultorio yenfermería particular del Dr.C. Preciado ~
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t

y más bien dotado de todos los instrumentos y útiles más modernos,

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Este Consultorio está consider ado en la Capital como el mejor

Et

EL DENTIFRICO
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para llevará cabo, como basta aquí se ha hecho, operaciones de
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a l ta y pequeña cirugía. El grupo de médicos que acompañan al D r.
P reciado en sus operaciones, es de gran fama y bien sentada repu- . .l)J
tac i ón.
;/JI
E n el c itado Consultorio, además de practicarse toda clase de ope:/JI
1·aci ones q uirú rgicas, se cura: L a piedra en I a orina por medio de la
;/JI
Litotr icia: operación en que no se necesita herir la vejiga con ins·
t rumento cortante.
~
Son tratadas las enfermedades de los riñones, haciendo el di agf
nóstico, en casos diñciles, por la aplicación de Rayos X y la Ra- .¡¡¡
diogr afía.
j_l¡
E n l as e nfer medades de la vejiga empleamos la iluminación de
~
este ór gano por medio de los Siatoscopios más modernos. En las ,,.
enfermedades de l a Uretra ó caño de la orina, p r acticamos todas las
:/JI
oper aciones más modernas, para destruír las úlceras, fístulas y es- :/JI
trech amiento s de l a misma, empleando procedi mientos rápidos y
;,,
ec onomizando a l enfermo salud y tiempo.
1»
E n las e nfer medades de la Próst11.ta, emple amos el Procedimiento
°;/i
I tali ano, con las últimas r eformas que han sido hechas en los Es.l)J
tados U nidos po r un renombrado especialista.
j_l¡
L a s enfe r medades p or el agotamiento prematm·o son tratadas con ";/i
éxito e nteramente satisfactorio. Las enferme dades secretas las tra_l)J
tamos po r los p rocedimientos más modem os que en la actuaiidad
)
se usan en Europa. Las hernias son curadas sin o peración sangran~
te y sin ptlligro para el enfermo, si guiendo, cuando conviene, el mé?
todo Esclerógeno ó método francés. La Sítilis es tratada eu sus di- }
versas manifestaci ones; figurando en nuestra estadística más de
:/JI
1~,ooo casos curados con éxito, poP nuestr o procedimi ento. La Va- :/JI
ricoce1e es curada r adicalmente por un procedimiento propio del Dr.
~1,
P reciado.
JJI
Se m and a r án g r atis, á quien los pida remitiendo un timbre de á 10 ?.ll
centavos para gastos de correo, los s iguientes libros: Tratamiento
?Ji
para las enfermedades propias de señora s.
?J
T ratami ento de la B lenorr agia y otras enfermedades seci·etas de
?JI
los hombres.
,1,
~

AÑO IX. --TOMO II.--NÚM. 3.

#

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i. EL VINO DE SAN GERMAN ..i
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Tónico y l'econstituyente, preparado por el Dr. LA.TOUB. BA.UMETS, y que por los principios

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eminentemente curativos que contiene:

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oombinaldos en dósis estudiadas en mruLtituid de oa.;;oo pnícticos,
es, á ilia v,ez que un licor &lt;le g u.sto aig.raool&gt;le, el remedri.o adminis;raJdo con •mejor éxito por nota.oles facu1taitiv,o.,; en el tl.'l!lJtrumiem.to
de personas lirufá!Jic.as, de ancianos oebil.i,ta,dos, de ,mujeres dorótroas ó e xtenwi.das por he,mori1J1gias ó por partos laiboriosoo, de
indii,virlru.os gaistados por fiebrns de países oá1i!dos ó por la anemí,a

tropical, tan OOII1Ún en nue,tros países, de enfermos de la mé- ~
dula espin-3.l ó atacarloo de par álisis ó rebla.ndecimiem,to senil. , :
La pru&lt;C"l'la de que la preparación del DOCTOR BAUMETS •
ha reai:J.ado fiioos que perseguía s-u raiutor, se puede tener eu ~
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MUNDO ILUSTRADO

~

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•~•••~•~~~• ~ •~• ~• ~ • ~•~~~~~•~•~•~•~•~•~•~~ •~~~ •~•~•~ •~• ~•~ e ~• ~ •~• ~ • ~ • ~• ~ • ~ • ~•~~-- ~~

DE JESÚS F. CONTRERAS
EN SU ESTUDIO
PARA ADIESTRAR LA MANO

IZQUIERDA

. &lt;

Y -l

�Domingo 20 de Julio de 1902.

TRISTEZA DE OTOÑO.
Varios amigos íntimos nos reunimos aquella noche en casa de María Suberseaux, que
celebraba su cumpleailoR.
Antes de las diez la conversación fué languideciendo por momentos; y entonceR ¡¡faría
se sentó al piano y tocó-corno sólo ella sabe
hacerlo-una romanza deliciosa que nos impresionó hondamente.
-Nada causa en mi ánimo tan extraüa
emoción como esa melancolía dulce y lúnguida de ciertas músicas, qu~ parece vasar, 3;un
después de muerto el ~~mdo, en loma~ !'econclito de nuestro ser, chJO una de las Jovenri;
allí presentes.
. .
Aquellas simples palabras lucieron en nosotros el efecto de una sugestión. 01 vi dando el
carácter de la velada familiar, cada cual habló de la hora de mayor tristeza por que había
pasado su espíritu, y de la m~sica &lt;1ue mús
perdurabl~mente hab~a logrado rn;ipres10narle.
Las muJ~res exp~s1eron las mas . rar~s. teorías los mas complicados caF0S ps1colog1cos.
Luego les tocó su ~ez {dos hom?res. Toclo:hicimos alguna sencilla confidencia, e\'ocando recuerdos lejanos.
Sólo Armando N:l&lt;'"'*- hermoso muchacho
de ojos luminosos y m,anos ducales, . ;1dorad?
secretamente por Mar1a-permanec10 en silencio como abstraído en un sueño de amargura. '
.
.
Viendo que todas las miradas se fiJaban en
él, comprendió que había llegado su turno y
dijo lo siguiente:
-Paseábame con la bella Isabel Stévenson
en una tarde del último otof10, á la orilla del
mar.
La había conocido en los primeros días de
mi llegada al puerto, y simpatizamos de, tal
modo, que poco tiempo d~spués no~ tratitbamos como si fuéramos antiguos amigos.
Ella habitaba un pequefio pabellón construído sobre las rocas, y en la_ hora de las mareas las olas lleoaban á depositar sus espumas
en el muro de piedra del corredor, pintado de
un azul claro y adornado con una colección
de acuarelas marinas.
Allí pasé horas inolvidables al lado de
aquella mujer encantadora, alrededor de la
cual parecía flota.r un velo de poesía y de misterio.
Vestía siempre de negro y era delicioso el
contraste del color de su traje con el de su
rostro su cuello y sus manos, de una blancura de;lumbradora. Su cabellera, de admirables matiees, caía graciosamente sobre sus
bom bros como una cascada de oro.
Era delgada y esbelta y podría tener veintiséis años. Creo que quien la viera una_ v_ez,
no podría olvidar jamá~ ~quella figura_~mna
de grandes ojos mela~colicos, qu~ ~~nc1aban
·los espíritus con una mtensa caricia 11npalpable. De mí sé decir que su mirada me hacía
el efecto de un beso dulce y terrible, dado en
mi mismo corazón por los labios ardientes de
una mujer querida.
.
.
De su vida no sabía smo que era mglesa,
que viajaba con su madre-una señora fi:U~ y
elegante, de cabellos blancos--y que partman
en el primer trasatlántico que llegara á aquel
puerto, que les habí~ gustado por su aspecto
pintoresco, por su clima y, sobre todo, por la
serenidad de sus noches, cuya calma sólo turbaba el sonoro clamor de las olas.
Aquella tarde. una inquietud sin nombre,
un hondo desconsuelo, se habían apoderado
de mí, sintiendo bajo mi brazo el suave cal&lt;?r
del brazo de mi amiga, que muy pronto, quizá dentro tle algunas horas, dejaría de ver para siempre.
.
.
Ella miraba el horizonte, poblado hacia P.l
sur de enormes nubarrones cenicientos; miraba la movible llanura del mar y el fulgor amarillo del ocaso con una eA.l_)resión desolada; y
envueltos en una como neblina de ensueño,
ebrios de emoción y de angustia, caminábamos como sonámbulos por la ancha playa solitaria, sobre la qu~ parecía descender de los
cielos azules una tristeza profunda. Nuestros
espíritus, impregnados de la doliente poesía

EL MUNDO ILUSTRADO
que había tradu~ido en músíca poética!_ !Cuánto debió trabajar en afinarlo, tesar y estuar sus
cuerdas basta hacerlas vibrar al fin con dulce
gemido!. .. Debió reconocer entonces la posibilidad de realizarlo todo en el mundo, menos
regir el pensamiento humano por la razón abstracta· allí donde esta razón no encuentra un
homb;e sano y equilibrado en quien germinar
y abrirse en flor, muere por no someterse á
la tiranía. El poeta egoísta, de acuerdo con sus
planes podrá hacer mover polichinelas, pero
no cre~r Yerdaderos Reres llenos de vida con
procedimientos mecánicos.
De aquella escena en que Goethe quiso crear
hombres fué arrojado al fí n por un"pudel&gt;,( 1),
ejemplo que hará meditar á todo rl que trate
ele ejercer desde ani ha u na autoridad artificial.
Allí doncle un (-loethc había fraeasatlo, fraea:-aban los clemús, por ser e~to de buen tono:
los poetas siguieron aún compon_iendo pie~as,
pero ya no para repres,_entarlas, srno p~ra 1111primirla,; i;olamente. bnto1H·eH aparec10 aquel
engendro monstruoc;o, inaudito: «¡ Dramas escritos para la lectura muda!"
En su "Wílhelm ¡¡Jfister," noctlw proce&lt;li6 .
como artista puro, al qur hasta el poeta niega
RU concurso para inventar un deRenlace consolado de la acción; rn sus \\'ahlverwandtschaften,,, el poeta, lírico y elegíaco se manifies0, como vidente ele a mas, :1unquc no como vidente de criaturas animadas.
Pero lo que Cervantes hahía percibido en
sus pesonajes "Don Quijote y Sancho Panza,»
se revel6 á la mirada universal y profunda de
( loethe, bajo la forma de :F'.w.sto y i\1e~st6feles; estos personajes perc1b1tlos partí_cularmente por él, acompañaron luego al artista en
sus investigaciones, como el enigma buscado
de un inefable sueño poético, en_igma del 9ue
Gocthe, por un esfuerzo muy poco artístico,
pero sincero eü absoluto, creyó haberse hecho
duefio en un «Drama» impoRible.
Para libr:n al mundo ele la maldición que
per-:a sobre fl, ~e deben buscar ejemplos efect\vos de estudios serios donde encontrar la pos1hi lidad de la salucl. Debemvs buscar los caminos que la na,turale;:a misma, con solicitud de
tierna y cuidadosa madre, ha trazado, adelantándose á nosnt ros para nuestro povecho. Este fné el objeto de las investigaciones de Goethe, y esto es lo que hizo de PI un ejemplo tan
consolador, tan confortante para nosotros. ~
hecho de que su Fausto, viejo y caduco, se viera precisado á recurrir al diablo pa1:a _Preparar
un refugio i't la libre y hurn_ana act1 V1dad, . ~o
nos permte, en verdad, considerar esta creac1on
como el definitivo asilo de los seres puros; pero por este solo hecho el alma del culpable lué
arrebatada á ese diablo, porque un alma celestial adoraba al infatigable trabajador.
.
El poeta hubo ~e h_uscar tambié~ c~n am•
mo sereno en los rnstmtos de asocrnc10n humana aquella tendencia conser~adora de formación descubierb1 en el trabaJO de la naturaleza. Así lo V(;mos claramente en las citas Y,
consideracio~es sacadas de un «\Vanderjahse•
por Henri de Stein · no puede dejar de re
nocer que Goethe s~ pre.:&gt;cupó vivamente co
FROILÁN TURCIOS.
tal pensamiento: la posibil~dad de fundaru
sociedad nueva sobre una tierra nueva. Con s
~·ecto sentido llegó á reconocer que no se I
esperar una gran cosa de una sencilla emigra-.
ción, si no era precedida, dentro del terrufi;,
materno de la vieja patria, por un convenCl
miento fundado en la educación intelectual 1'
Xo sé dónde dijo Goethe que en toda rn vimoral; y desde el puIJto de vista precisameJ?
da á pesar de ser fecunda en acontecimientos,
te de esta educación, intentó presentarn?~ ti·
no' había experimentado más que cuatro sepos ejemplares de sugestionadora expres1on.
manas de pura felicidad. En cuanto á los años
Rica.rdo WAGNER.
de mayor desgracia, no ~es concede especial
mención· los conocemos sm embargo. Fueron
[1] •·Pudel"'1 que en alemán quiere decir" gosq,ueoillJ":;.
1
aquellos 'en que trat6 de adaptar á su uso un
rro de lanae," significa taml?iéo hyerro, fracaso. Alu e
instrumento desafinado y maltrecho. 8u poeste juego de palabra e al pumer Fausto.
deroso espíritu aspiraba á librarse de la soledad silenciosa de la composición literaria por
la obra tle arte viril y sonora. ¿Qué mejor y
más segura mirada que la suya para abarcar
la vida y conocerla? Y una vez poseído de la
verdad, aquella verdad observada, pintada y
descrita por él, ¿qué más natural que el de~eo
de hacerla oír en ese instrumento? ¡Oh Dios
mío! ¡Cómo resonarían en sus oídos, desfiguradas y desconocidas, aquelliis concepciones

de la tarde sufrían un dolor intenso, y nuestros labios guardaban un silencio desesperado, en el que toda palabra, hasta la más leve,
hubiera sido inoportuna.
.
Caminamos así durante algunos mmutos,
mudos y trémulos, fr.,nte al mar infinito. Yo
aspiraba el tenue perfume que se exhalaba de
los cabellos, del seno, tle to&lt;lo el cuerpo de
aquella dulce criatma. Aro11;a sut~l. que me
embriagaba, que me enloquecrn, sugrnén?ome
una visión inaudita de belleza y de gracia ultraterrestrrs.
-¿.No habéiR amado nunca?-le pregu?té
de improYiso, casi instintivamente, 1mpe~1do
por una extraña fuerm interior, por un ardiente dei:,eo de conocer el misterio que rodeaba su
existencia.
]Wa me miró un instante, y ví en sus pupilas una luz nueva. DeRpuéR, (·on una bella,
Ronrisa en los labios hanuoniosos, dijo sencillm11ente.
-Sí. He amado mucho, una sola vez. Es
una antioua historia de mi primera juventud.
lTna leye~da de sangre y de lágri,nas. El mu;
rió trúgicamente, lamentablemente: he aqm
todo. Y o he jurado ser fiel á ¡;u memoria .1:
llevar, durante mi Yitla, en mi alma y en nn
traje, el luto de su amor.
.
l\lientras ella hablaba, sentía yo como s1 una
mano de hierro apretara mi corazón, como si
mi espíritu se llenara de lágrimas de flwgo.
Guardamos de nuevo u11 i;ilencio que entonces me pareció solemne ............ .. ........ ..
Un grito ronco y lejano, que_ venía de al~ú,
de las inmensas soledades marmas, nos lnzo
estremecer.
-Es el trasatlúntico-dije yo mirando en
el claro horizonte del ocaso, casi Ít flor de
agua, una pequeña columna de humo.
La hermosa joven me mirú un segundo,
muy pálida.........
.
.
Y contiuuarnos nncstro paseo, 111consc1entes, taciturnos, bajo l:t anguRtia de un silencio mortuorio ........ .
Llegaba á nosotros, de las últimas casas del
puerto el lánguido sollozo ele una guitarra, á
la que 'se unía una voz de mujer que cantaba
una balada melanc6lica, una de esas banales
canciones de un sentimiento tan vivo, que
nos hace sufrir, sufrir sin causa ó gozar con
un goce doloroso ....... ..
Aquella música lejana, en la agonía del_crepúsculo, bajo el cielo sereno, ~n el que brillaban, como flores de luz, las primeras estrellas;
el monótono ru1110T de las olas; el vuelo de las
aves marinas; el cúlido soplo de las brisas
errabundas· todo mezclado, compenetrado,
confundido' con una desolación íntima y suprema llegaron á producir en mí una tristeza des~sperada, honda, infinita;. una tristeza
ante la cual eran pequeños el cielo y el mar;
una tristeza tan inconsoln;ble, J-:an profunda,
tail extrahumana, que crei moru .............. ..
Morir allí con la postrera luz de la tarde, con
las mano; sobre el corazói1, con los ojos llenos
de lágrimas, con los labios sellados por un silencio terrible, más grande que la Muerte ......

GOETHE

======== = = == == = ====.,;;E~L;;,,;;MUN~;,;,;;;;D,,;;O;.,,;;IL;;;U,;;,,;;S,;T~RAD~~O~-=""

Domingo 20 de Julio de 1902.
- - =============

clesús

c7.

'8onfreras.

Cuando del seno de una raza como la nueRtra? ardiente, pero voluble; pasional, pero H'l'sátil ; generosa, pero inconstante; lúcida, pero
perezos~, surge un hombre á la vez inspirado
y enérgico, talc•ntoso y pujante, síntesis admir~ble ~e cerebro, c~rar.6n y músculos, de intehgencrn clara, Rentunientos nobles v voluntad
indómita, los amantes de la ciencia los entuRiastas del ª!-te, los adoradores de la' patria deben descubrir sus frentes en ¡.:efial de admin1ción_ y mirarlo corno un hijo privilegiado del
destmo.
La naturaleza humana cornpleJ·a.,,. múlti'
p 1e a' pesar d e su aparente
unidad,·' sólo se
acerca á la perfección por la armonía de Rus
facultades y la proporciún de sus diversas al'tividades. En el orden mental las potencia!:fundamentales son la inteliorncia el sentirnie::to v la vol untad
"'
'
E l talento solo, po;. grande que él sea 8ill
la nobleza del sentimiento, es antes pernicioso que benéfico, y odioso que estimable; y sin
1~ energía de la Yol untatl, es infeeu ndo y est(,.
n i. Los hombreR eminentes rn cienl'ia en arte, en políti?-'1.; los que han dejado tr;s ele RÍ
huellas lummosas en la historia los verdadl'ros benefactores ele la humanid~d, han sido {t
la ,:ez l~cidos, b~enos y enérgicos,y no puede
aspirar a constrmr monumentos duraderos y
ohras inm?rtales quien,á la vez que intelige11te,. no se siente noble y grande por el senti1mento, y pujante y poderoso por la voluntad.
I:?s sentimentales sin pujanza, son estérile~
plamderas,. capaces de grmir y llorar, de anhelar y aspirar; pero son los eternos vencidos
por la adversidad y las eternas víctimas en la
lucha por la
Sal_vo tal cual chispazo tk
talento, que b~1lla un rnRtante para extinguirse luego, su vida es oscura su oloria incier•··
· son' fanales,sonluciérº
=, su o braef'uuera. ?\o
1~agas; no son l_uchadores, son convulsionanos; no son ágmlas, son mariposas.
Los hombres pujantes sin sentimentaliF:mo,
S?,n, por lo común, grandes per\'ersos; la p1es1on de la voluntad los empuja á una acción
desbordante que el ideal no orienta, que el
amor no entauza, que la generosidad no atempera. ~on huracanes, aludes cataratas rau
~os y destructores, impetuos~s y arras~ntes.
Toman por asalto á la humanidad, se desbordan sobre las sociedades como los bárbaros
sobre Roma, y dejan en la tierra que pisan
huellas de sangre, en el camino que recorren
am ontonamientos de ruinas, y en la memori~
de los hombres, repugnancia y odio.
f &lt;? así los ~ere~ completos, acabados y arm om co~; é~~os t1en~n una brújula, el ideal;
una aspirac1on, el bu:m; un itinerario y un fanal, su ciencia y su inteligencia, y un· propulsor poderoso, su voluntad. ~on á la vez ala y
palan~; . e:ilor y luz; fecundos y prolíficos,
crean, 11:1c1an, reforman, regeneran y dejan
en la ciencia, principios; en el arte model~s; en la legislación, códigos; en la s~ciedad
';rtu?es; en la industria, mejoras; en la con~
c1enc1a, derechos;
, d en la política, libertades, J"
en e1 corazon e la posteridad, gratitud y
amor.
.
E n el dominio del arte, Jesús F. Contreras
fué uno de esos hombres privilegiados curn
m en!-3,lidad descansó sobre la trípode 'i11conmov1ble del talento, del sentimiento y de la
V&lt;?luntad. Luchador infatigable, nacido en humilde cuna, supo, á fuerza de eneroía de
;onstancia, de trabajo y de estudio :1e~arse
a una po_sición envidiable,y llegó á ~cuparlugar predilecto en el corazón de cuantos lo con oe1eron, en el mundo del arte y en la sociedad.
·

vi?ª·

E sta primera e~pa ~e su epopeya, sus combates c~mtra la m1sena y la ignorancia; sus
an&amp;ustias frente al múrmol rc,helde i't las evocaciones de su ideal; sus luchas utópicas cont~a el bronce candente y destructor que en
c~erta ocasión estuvo á punto de devorarle los
p1~s; esa lenta ascensión al Tabor por un cammo de Calvario, sus días sin pan, sus no-

ESCU L TOR JESUS F CONT RERAS, ·¡· el 12 del actual.

ches sin fuego, las crueles nostalgias de nue:-tro sol y de nuestro cielo en la boardilla extranjera y helada y en el taller brumoso, todos es_os dolores, todas esas miserias son poco
conocidas; pero sus íntimos Rupieron toda su
crueldad.
Xada pudo abatirlo; saltó obi:;tácmlos sorteó escollos, libr6 combates y alcanzó Yict~rias.
El d_e sheredado llegó al bieue,;tar, el aprendi½
se l11zo maestro,_ el artista surgi6 y se impuso,
y ante él ~e abneron todos los horizontes y para él sonrieron todas las esperanzas.
. En la cúspicl~ lo acechaba, tosca y despiadada, la fatalidad, y tras sufrimientos prolongados y crueles, perdió el brazo derecho
qu~ tan vigorosamente empuiiaba y esgrimí~
el cmcel.
. El _gladiador quedó inerme, el inspirado art1sJ-:a,11npotente;y otra vez los buitres de la misena y los buhos habitantes de las noches negras aletearon sobre su frente, amenazándolo
con el olvido y la mendicidad.
El atleta, tlesconcertado un punto recobr6
,
h'
'
t o .sus
µron
.
, . encrgias, re izo su educación , se
1mprov1so 111strume11tos de trabajo, se puso {t
la obra, y el vencido de la víspera alcamó la
más estupenda de las victorias con esa obra
p~o_digiosa que _él llamó "::\Ialgré tout!,,,símbolo
viviente y palpitante de su vida de luchas •·
'?-cto~·ias,y ejemplo inmortal para todos los pu's1lánnnes y para todos los descorazonados.

El tle:-:tino no podía perdonarle aquel 'triunfo y ú pc¡co se eel,ó en él cruelmente: lo maniató con la parálisis· lo aniquiló con el dolor·
~e robó hasta la palaÍn·a y lo empujó rahios~
a la tumba creyendo que iba á hundirlo en el
olvido.
«l\Ialgré tout!" ~1:,e es el grito de los hombres
fuertes; ése el lema de las voluntades pujant~s. «lllalgré tout!" sí, á pesar de todo! Con ese
signo se Yence hasta la muPrte misma. Con
«)Ialgré tout!" Contreras ha conquistado la inmortalidad.

Na_da más á ciertos genios es permitido tener ciert.::&gt;s defectos.-Yíc'rOR Ht:Go.

*

. ::\Iuchos artistas creen demasiado en su gen;o y no bastante en el trabajo.-Juuo BRETo:x.

*

Se comienza por hacer arte se acaba por
hacer obra.-F, BRUNE'l'IERE. '

�EL MUNDO !TJUSTRADO

Domingo 20 de Julio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
su tribuna improvisada. ~na inmensa ~clamación respotide á este ardiente l~amamiento y
en un instante los árboles del Jardín qued_an
despojados de sus hojas, con las cuales los ciudadanos se hacen escarapelas.,,

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.

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La. tragedia comenzó,, á parti~ de esta pri mera explosión. Todo Pans se agita y se revue~ve como un mar proceloso, y el Trono experimenta una gran t repidación; de hecho e:staba
ya derribado. Al pueblo se unen algu~os destacamentos de los guardias franceses y se recorren las calles paseando el busto de Nécker; en el jardín de las

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JESU S CONTRERAS EN SU LE CH O DE MUERTE

14 DE JULIO
Camilo Desmoul1ns.
Camilo Desmoulíns era un desconocido que
entró á la Historia de un solo paso.
En los momentos en que, á moción de Mirabeau la Asamblea Nacional, fuerte y terrible de;de 'el solemne juramento del ce.Juego de
la Pelota.i&gt;, pidió á Luis XVI el retiro de París de los veinte regimientos extranjeros pagados por la Corona, y el Monare;a ~espondió con
la destitución de Nécker, el mmistro popular,
París era como una nube demasiado preñada
que d~bía descargarse muy pronto. El hambre
conturbaba todas las inteligencias, el odio convertía cada pecho en una fragua ardiente, la
desesperación hacía vibrar todas la~ 3:lma~. La
noticia de la salida de Nécker del mm1'lter10 de
las finanzas, cayó sob_re ese París,, ei: el cual
la vieja Francia se ag1ta_ba en sus ultimas ?Onvulsiones como una chispa sobre un barnl de
pólvora. El Palacio Real, especie de cuartel general de la Revolución, presentaba aquel día
memorable, el 12 de Julio de 1789, una fisonomía formidable.
He aquí cómo describe un historiador la entrada del jóven colegial:
«En aquel momento el día estaba en su media carrera. Entraba la canícula; un Sol ardiente &lt;lardeaba sus fuegos sobre las planchas
del gran monumento real. Rt•pentinam~n~,
un rayo hiere &lt;:l espejo colocado en el meridiano del jardín y prende fuego al pequeño cañón diversión habitual de los paseantes. Esto
fué ~omo una sefial. Un j6ven que no era para
la multitud más que un desconocido, pero á
quien la Historia llamará _c~n el nombre de Camilo Desmoulíns, se prec1 pita del café de Foy,
sube á una mesa con el vigor y la agilidad de
sus veinte años y pronuncia una arenga inflamada.
- «Ciudadanos! No hay un momento que
perder. Yo llego de Versailles, Nécker ha sido
destituído ... esta caída es el toque á rebato de
una San Bartolomé de los patriotas. Esta noche todos los batallones suizos y alemanes salarán del Campo de Marte para aniquilarnos.

( Apunt e

'fullerías una carga de dragones acomete sobre ellos derribando á algunos, y con esto la
indignación llega al colmo.
Camilo Desrnoulíns, que aún llevaba en la
ropa el polvo de las bancas del co~egio donde
acabara de disertar sobre los discursos ~e
Cicerón y las arengas de Demóstenes, solo, ~;n
mús apoyo que su entusiasmo y ~u gran J?asion
por la Libertad, lanz~ndo el pnmer g~1to de
"'uerra desafiaba las iras de la riionarqma Y de
los re);es, cosa que la misma_ A~a~blea, Nacio11al no se atreYió á hacer, m s1qmera a sostener leO'itimando el movimiento con su autorización~ Tampoco hacía falta.. El pueblo_obr~ba por sí y ante sí; con una soberana rnt mción comprendía que su salud est:a,ba en la guerra y ú ellfl. se lanzaba en un vért1go saludable.
·
Treinta mil hombres re-::--,..._
sueltos armados con fusiles en~ontra&lt;los entre la
paja de un hotel, lo más
florido de la burguesía,
de la juventud y de la c~ase obrera, la flor de la ciudad caminaban dos días
después hacia ~a :13astilla
como una ola fervida, P'.1·
ra ahogarla en su propui.
sangre y demolería entre
sus brazós
La prisión de las ocho
torres estaba preparada
para la defensa con muchos días deant1cipación:
un batallón
de suizos, la
guardia de
los inválidos, municiones, cafiones, víveres,
pólvora en cantidad suficiente fpara volar medio
París, y una muralla de
nueve pies de ,'spesor, reforzada con parrillas de
Album de Contreras.
hierro, hat:fan de este edificio la má~ formidable
ciudadela. Con todo, no resistió más que cinco hc,rflR de combate para quedar reducida á escombros.

Xo nos queda más recurso que correr á las armas y tomar «cocardes» (escarapelas) para reconocernos... Qué color elegís? El verde, que
es el color de la esperanza, ó el azul ~e los Cincinatos, color de la libertad de América y de la
democracia?
((-El verde.... ! El verde... !, grita la multitud, y entonces el jóYen, que ya no tartamudea
ni vacila al hablar, responde con voz clara y
vibrante :
"- Amigos! La señal ha ~i~o dada. Veo ~esde aquí á los espías y sateh~s de la policía
que en estos momentos me miran de frente ... ;
pero no caeré vi~o ~n sus manos. Que todos los
ciudadanos me imiten!»
«Y acto continuo agita dos pistola!", pone
una cinta yerde á su sombrero y desciende de

I

I

de Villasana.)

¿Por qué?, han preguntado los escépticos;
qué significación podía tener para el pueblo la
Bastilla, que era como la prisión de los patricios? ¿Por qué se dirigieron á éBta en vez de dirigirse á Yincetres, que era la prisión de los
pobres·?
Era un acto rle alta justicia. La Rastilla tenía algo de fatídico que la hacía un símbolo
de t"'rror ~' de crueldad inaudita; era la opresión en su forma más desesperante, en su último refinamiento de dolor llevarlo hasta lo inconcebible, más allá de toda resistencia humana. rn prisionero ei"cribía á una dama de honor de María Antonieta: «Hoy, señora, hace
cien mil horas que sufro ... !» Sin embargo, no
imaginaba que le faltaban doscientas mil más.
Entre los siete prisioneros que encontró el poeblo en los calabozos, á seis metros bajo el nivel del suelo, donde la humedad apenas permitía reRpirar, ó en lo alto rle las torres, donde
el frío del invierno ara álgido, dos estaban locos y uno de ellos, cuya barba estaba tan
crecida que le llegaba hasta la cintma, creía
vivir aún bajo el reinado de Luis XY y decía
llamarse «el mayor de la inrr.ensidad». Otro
exclamaba: «Durante los siete afi.os que permanecí encerrado por delitos que jamás llegué á
saber, en la bella estación no tenía suficiente
aire; para calentar mi cámara glacial, se me daban maderos sacados del agua; bebía, ó mejor
dicho, se me envenenaba con agua pestilente
y corrompida; mis alimentos no los habrían comido los perros más hambrientos.. . !»
La destrución de la Bastilla tenía, pues, una
significación grandiosa, humanitaria, para
aquellos bravos campeones de la Revolución.
Por esto la noticia fué recibida con gran regocijo, aun en las clases aristocráticas de pueblos
de tan diYersa índole como el inglés y el ruso.
La Francia libre nació el 14 de julio de
-1789, y con ella la libertad política del pensamiento, del hombre y del pueblo. La obra de
Voltaire se había consumado. En señal de ello
sobre el mismo lugar en que eRtaba la orgullo~
sa prisión de Estado, los republicanos levanta-

ron esa esbelta columna de bronce·en·cm·a cima el Genio de la Libertad parece comÓ que
quiere atraer bajo sus alas doradas á todos los
pueblos que sufren.

***

Pero... ¿.y Camilo Desmoulírn,?
.\h! el gran patriota, la figura más simpática rle la Revolución, después de combatir al
lado de l\lirabeau y de Robespierre, cuando
apenas comenzaba á 8entirse embriagado con
las primeras sonrüms de la gloria, fué, un día,
el 31 de mario de 1794, detenido con Dantón
y enviado con él, su último maestro, al cadalso seis días después. Alma sensible, casi femenina, amaba la vida porque comenzaba á encontrarla bella al lado de su idolatrada Lucíle y de sus hijos.
Al ser conducido en la carreta al patíbulo,
arengaba con desesperación al pueblo:
-Por qué consientes que maten á tus amigos; reconócemel Quién te llevó á la Bastilla?
Quién te condujo á la re,·olución?... Quién te
dió las «cocardes" en el jardín del Palacio
Real. .. ? Soy yo, tu amigo, Camilo Desmoulíns. ..
Funesta amistad... !
Isl\I..\EL MAGAXA.

EL CRISTO.
Conozco á los hombres, y digo que J eólÚs no
es horn bre. Los espíritus superficiales ven una
semejanza entre el Cristo y los fundadores de
imperios, los conquistadores v los dioses de las
demás religiones; pero esta semejanza no existe, porque entre el cristianismo y cualquiera
otra rel igión, media la distancia de lo infinito. ..
Todo _en Jesús me asombra: Ru espíritu me
!'lObrepuJa y su vol~;1tad me confunde; no hay
punto de comparacwn entre El y cualquiera

Domingo 20 de Julio de 1902.
otro en el mundo, pues es un ser aparte. Su
nacimiento, su vida, su muerte, la singularidad de su dogma, que supera la sima de las
profundidades y es su más admirable solución;
la singularidad de este ser misterioso, su imperio, su marcha al través de los siglos y los reinos; todo es para mí un prodigio, no sé qué
misterio insondable que me abisma en una meditación de que no puedo salir, müiterio que
está ante mis ojos, que no lo puedo negar y que
tampoco puedo explicar. En esto no Yco nada
del hombre... Finalmente, y éste es mi último
argumento: no hay Dios en el Cielo si un
hombre ha podido concebir, ejecutar con todo
éxito el gigantesco designio de arrebatar para
sí el culto supremo usurpando el nombre de
Dios Jesús es el único que se ha atrevido á
hacerlo, el único que haya dicho claramente y
afirmado sin perturbarse él mismo de sí propio: ce Yo soy Dios;» lo cual es bien diferente de
esta afirmación: ,eYo soy un Dios»... ¿Cómo,
pués, un judío cuya existencia está más averiguada que todas las de la época en que vivió
siendo sólo el hijo de un carpintero, se hizo pa~
sar desde luego como Dios mismo, como el ser
por excelencia, como el creador de todos los sere~? ¿Y se arroga toda clase de adoraciones, y
edifica su culto con sus manos, no de piedras
sino de hombres?. .. ¿Y cómo por un prodigi¿
que sobrepuja á todo prodigio, quiere el amor
de los hom_bres, es decir, lo más difícil de alcanzar en este mundo, y lo consigue al momento? De todo esto deduzco yo su divinidad. Alejandro, César y Aníbal fracasaron en esta empresa; conqu_istaron el mundo y no llegaron á
tener un amigo.
El Cristo habla, v en lo sucesivo las generaciones le perteneceñ ... Todos los que creen en
El, sien~en ese amor cuya fuerza no puede gastarse, m cuya duración puede limitar el tiempo, ese gran destructor. Yo, Napoleón soy
quien más lo admira, porque he pensado en
esto muchas veces, y es lo que me prueba absolutamente la Divinidad del Cristo.
NAPOLEÓN

BONAPARTE.

dosé cJJ(arla c1loa dlárcena.
. Nos_consagramos hoy al escritor notable y erudito historiador
Jalapeno D. José María Roa Bárcena, á quien la crítica ha juzgado ya y c?locado en el alto puesto á que se ha hecho acreedor
por sus escritos.
S~p~uagenario en l:i, actualidad, el señor Roa es uno de esos
ar:cianos altamente simpáticos, á quieues se les escucha con deleite y se les trata con veneración.
.!ecunda ha sido su labor literaria, y como dice uno de sus
biografos, en todas las obraR que el señor Roa ha dado á luz se
nota una_tendencja decidida á favorecer el desarrollo de las' letras mex1ca~as, a _serles útil cultivando diversos géneros que
pueden serv1r de eJemplo y de enseJi.anza.
. Con cleci~ida vocación ~ara_ las letras, las cultivó desde muy
Joven, pubh?3-ndo sus escntos en varios periódicos vera.cruzanos
Y en «El Umversali&gt;, «T_.a Cruz», ceEl Eco Xacional&gt;, y «La Sociedad», estos últimos de México.
, Su primer tomo de poeRías líricas fué publicado en 1858, y en
este, así como ~n sus «Leyendas» en verso, y en sus «Cuentos y
N~ve\as», desc~be con ~xactitud nuestras costumbres. nuestros
paisaJes y los diversos tipos de nuestra sociedad.
·
, El a~1o de 1860 pub!icó un c,~atecismo elemental de Geografia l!mversal», y tres anos despues su ceCatecismo de Historia. de
:\íéx1co» y sus «_L~yemlas ~Iexicanas«, en verso, que contienen
numerosa~ tra:11m01~es. cuadros y descripciones ele sucesos de
nuestra historia antigua.
Desde es~s ~ínei~i. em·iamos nue,;tro reRpetuoRo saludo al viejo
maeRtr? y_d1st1~g~u?o amdémico, cuyas ccLeyendas« han merecido el, sigmente ¡mc10 del notable literato español D. l\Iarcelin0
:\Ienendez y Pelayo:
ce .... -.... •·. Las ~e!1J:(O por las mejores. En las de asunto azteca
no hay men_o~ fac1h~ad y_ gracia narrativa, y hay, acaso, m{u;
~oesía de estilo y mas lu¡o y pompa en las descripciones· ero
tie:1~n algo de E.)x6tico é interesan menos, á lo cual cont;i6u e
qmz,t la rare~~ y áspera est1:u?tura ele los nombres indígenas ~a
falta de relac1on de las_trad1ciones y creencias de aquellos :eblos con to?o lo 9ue vmo después de la conquista. De dond~ resulta que s!endo 1g~al en unos y otros asuntos la habilidad d l
poet y qu~zá super~or ~n lo más difícil, es poesía menos hum!1:ª a ~e caracter ~n~10, a no ser_ en «La Princesa Papantzin» que
tiene cierta grand1os1dad profética.»
'

�Domingo 20 de Julio de 1902.

EL :MUNDO ILUSTRADO

Domingo 20 de Julio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

ea lluvia que por fin encharca el suelo;
besa el sol esos charcos
y hecho el llanto vapor asciende al cielo:
el vapor que a.si sube
llega aJ trono de Dios y se condensa
en pavorosa nube
que aprisiona en su seno
plegarlas, altiveces y desmayos,
extiende Dios la diestra, estalla el trueno,
la nube se abre, y de justicias lleno
desciende el Redentor envuelto en rayos!

18 DE JULIO.

finiversarío de la n¡uerfe del Eenemérifo Juárez
«La competencia 6 la libertad de
La gran obrn del ilustre Lic.
cultos depura la conducta social
Benito .Juárez, se agiganta en el
de los ministros del altar, eleva
corazón del pueblo á medida que
su
nivel intelectual y estimula su
los tiempo¡.¡ transcurren y el é\er
celo evangélico; en una palabra
moral ele la Nación Mexicana se
el régimen de la Ji bertad, en ]~
vigoriza, alimentándose con los
religión como en todo, no ofende
sabios principios que el Rdormani perjudica sino á los inhábiles
dor puso en el corazón de los buey perezosos, á los nociYos y conos ciudadanos, al cruzar como
rrompidos; y rsta es precisamenastro divino por los horizontes de
te la benéfica influencia de la Lila vida patria.
bertad en la obra de la civilizaAño por año concurre una leción humana. Y la I~leRia eR una
gión de ciudadanos al lugar en
inRtitución civilizadora, ó no tie&lt;JUe han quedado los reRtos del
ne razón de Rer.
Patricio, y conmemoran el 18 de
Julio, fecha negra en la historia
«Xo, las leyes de Reforma no
nacional. porque ese día la muerRon tiránicag, Rino redentoras ele
te ra~ró implacable sobre el amigo
la conciencia del hombre; sólo la
pr~dilecto (lt•l puehlo libre.
ignorancia fanática ó la mala fe
La manifeRtaciím efrduaela d
sectaria pueden proclamar lo condía ele antier fué solemne, grantrario.
diosa y conmorndora cual era juR«.Juárez es hijo del Partido Lito.
beral,
y ciertamente una de sus
Desde el ciudadano esc-larccido
glorias más puras y legítimas; pehasta el humilrle hijo del pueblo,
ro el Partido Liberal no le produfueron á cubrir con flores el lugar
jo para su uso exclrn;ivo, no. J uádonde reposa el il m,tre J uárez.
rez
pertenece á la Nación, y su
Desde la gr:m comitiva que f:e
obra para la Nación fué hecha.
organizó para que marchara de
Caben, pues, dentro de nuestras
laf: puertaf\ del Palacio ~acional
instituciones, con pleno derecho
al panteón de San Fernando, hasen lo religioso, todas las sectas,
ta el solemne momento en que
en lo político, todos los ideales.
el Primer Magistrado de la RepúSólo hay dos cosas intangibles en
blica fué á depo,-itar una corona
nuestra herencia: la Indepensobre la tumba del inl'igne comdencia de la Patria, como baf&lt;e
patriota, ·se sucedieron momentos
inconmovible de la vida naciode verdadera manifestación de panal, y la Reforma, como su amtriotismo.
biente vivificador, como su honComo notas salienteR, la crónira.
ca ha apuntado el notable cliscurRO que el Lic. Rosendo Pineda
«No hay, no puede haber ya
pronunció en el a.cto oficial.
un pueblo intolerante cuya indeNada menoR hubiera podido espendencia no esté destinadiL á peperarse de un orador de semejanrP.cer ó entre los horrores de la
te talla, de un verdadero «leadern
~uerra ó bajo la incontrastable indel Parlamento Xacional, que cofluencia del progreso. La Reforma,
~L LIC. PlNEDA PRONUNCIANDO SU BRH,LANTE DISCURSO.
muJga con las más sanas ideas del
puef', complementa y ampara la
liberalismo.
·
Independencia.
No resistimos á copiar algunas frases del
«Los extremistas de nuestra escuela murmulos ánimos, y ya podemos juzgar mejor de las
notable orador, que probarán la justicia con
cosas. La Iglesia bajo la Reforma vive mejor
ran recelosos por la suerte de la Reforma. ¿Por
que fué aplaudido:
para el cumplimiento de su misión cristiana
qué? ¿Porque el Gobierno de la República no
«Han pasado los tiempos, Re van Rerenando
que bajo el sistema del monopolio religioso.
se inspira en el espírit.u de la intolerar.cia y
de la persecución, característico de nuestro ·
enemigo tradicional? Pero eso sería declararnoR
vencidos, renegando ele la. virtud de nuestro
programa. ¿Con qué derecho habría entonces
vencido el Partido Liberal al Clericalismo?¿Y
con qué derecho conservaría en sus manos el
Gobierno ele la República•? Ko. El Gobierno
no puede ser intolerante, porque tiene que
amparar todas laR sectas, ni puede ser perseguidor, porque tiene que respetar todos los
derechos. La alta misión &lt;lel Gobierno consiste preciRamente en cohonestar, digamos la
palabra, en conciliar dentro de las instituciones todos los intereseR legítimos v todas las
aspiraciones sanas.. Por eso el Presidente de
la Repú~lica es conciliador, y ése será uno de
Rus glor10sos timbres en la historia. Xo; el
hombre que, joven, se lanzó á la vida pública
en las filaR de la Reforma, vertiendo su sang re por ella; el hombre que combatió con insuperable esfuerzo y con gloria insuperable
por la. Indepenrlencia, que· continúa con los
proceflirnientos de In Par., la ohra d~ .Juárez,
ese hombre, no es posible que comprometa los
destin°" de la Patria en vergonzoRas, cobardes
y estét'iles tram,accione:-.
·
«La Reforma eRtá asegurada en el sentimiento del pueblo, y sostenida en las manos del
( foliierno.
«Tengamos, pues, fe en el pon·enir )' eonfia.nz:~ en nuestra cansa ; y como el homenaje mfü.:
cltgno que podamos ofre&lt;'er á la. m emoria d1·
.Juárez, y como la. s uprema expresi6n ele todos nuestros anhelos patrióticos, sobre la tumLA UOMI'l'IV A EN L A A VENIDA JU ÁREZ ,
ba del Grande Hombre llamemos á la concor-

y

¡El choque fué terrible .... ! cuando a.l cabo
entre ruinas sangrientas y despojos
el vencedor se irguió; cuando 'IUS ojos
recorriendo los campos y la altura,
vieron en el confin del horizonte
los tintes indecisos de la aurora
después de aquella noche larga y frfa,
bendiciendo al destino. llenó su alma
de una suprema aspiración: el dfa;
de una indomable voluntad: la C'alma!
Y la paz y la luz al cabo fueron:
vió el arca derrumbarse el alto muro
que encerraba la tierra prometida;
y aquella pobre raza desvalida,
engeñdrada quizá.s por la mirada
despreciativa y seca,
que lanzó en la tortura

'·

dia y al olvido de nuestraR desgracias y rencores á todos los que con nosotros comparten
el nombre de hijos de México. Así y s61o así
consolidaremos la Paz y el imperio ·sereno y
jnsto de la Repúhlica. »

....

El aplaudido po~ta J mié Peón del Yalle pronunció una hermosa composición con trozos
tan brillantes como éste:
Aquellos fueron sfmbolos má.s que hombres:
Hostias por el destino consagradas,
carne y sangre de un pueblo,
en el altar augusto de un calvario,
Dios elevó aquel pan á. lo infinito
del asombrado mundo ante los ojos,
y el sacrificio resultó una gloria;
porque un esclavo comulgó de hinojos
y se Irguió sin cadenas una historia!
Lenta y oculta; acaso basta ignorada
por ellos mismos, germinó la idea:
toda revelación es imprevista,
surge á. la luz de pronto,
mas se elabora ttmida y despacio;
hasta que llega Abril, el campo ignora
que son las flores sus mejores galas,
y el á.guila no sabe que tiene alas
hasta que va á. engastarse en el espacio .....
El llanto que derrama el oprimido __
_

0

'l'RIBUNA EN EL A(;'l'O OFICIAL

a.l caudillo espaflol el héroe aztet'-8.;
en vez de avaro atesorar mllla1•9s,
trocó en yunques y fraguas los altares,
y erigió un templo á Dios : la bibl1-,teca.

¡Juá.rez! ¡Señor! levá.ntate y vé tu obra;
mira la obra de aquellos
Que á. tu lado lucharon y contigo
le dieron con sus leyes !l. la patria
puesto seguro y salvador abrigo;
despierta y mira: del taller, del aula,
venimos ante el ara de esa tumba
el cá.ntico á. entonar de nuestro credo;
venimos á. decirte Que has vencido;
nue el pueblo de sus labios nunca aparta
de tu enseñanza la sagrada forma,
y que soldados de la paz tenemos
un Pstandarte: nuestra Magna Carta,
y sólo un grito al combatir: ¡Reforma!

.....

LHs demás persona.&lt;i que ocuparon la tribuna tnvieron momentoR Yerdaclflramente feliceg, como que todaR ellas Ron de recoflocidas
ideaR de avnnce. y la obra del Patricio les
prestó elocuencia.
Rentimos no ofrecer en nuestraR columnas
inRtant/\.neas de &lt;'arla. uno &lt;le los oradores. L~
&lt;'Ú.mara fotográfica R6lo pudo traernos el momento en que el Lic. Pineda ocupaba. la tribuna.
Ha_v eTi el público la convicci6n de que en
este afio se ha. acentuado de brillante manera
la conmemoraci6n
la muerte de quien por
sus obras ha merec1do la altísima dignidad de

?e

RETIRADA DEL $);{, PRESIDENTE DE ¡,A REPÚBLICA

'

Benemérito de las Américas.

�Domingo 20 de Julio de 1902.

l&lt;}T,

MTTNDO TT,U8TRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

EL EDIFICIO DE LA SE(~H~:TAHÍA D~ JUSTICIA É INSTRUCCIÓN PÚBLICA.
Hace poco más de
un año, el Gobierno
adquiri6 en propiedad
el antiguo edificio que
se encuentra situado
en el ángulo que forman las calles primera
del Reloj y Cordoba ·
nes, y que como se sabe, es obra del inspirado arquitecto Tolsa.
Tal adquisici6n tenía
por objeto situar en
un edificio propio la
Secretaría de Justicia
é Instrucci611 Pública.
Con el prop6sito de
adaptar esta Roberbia
construcci6n al objeto
á que se la destinaba,
1
se tuvo la necesidad de
emprender obras de
gran importancia, las
cuales fueron h á b i 1mmte proyectadas y
acaban de terminarRe
hajo la act&gt;rtada dirN·ciún del f'eñor C1tpitáll
de I 11genieros D. Porfirio Díaz.
En el magnífico edilicio á que nos referimos, se ha logrado en su distrihuciúñ interior
una completa transformaei6n, tanto en la mayor belleza de su arquite&lt;'tura, como en comodidad para el público y los empleados de las
diversas oficinas que t&gt;n él van á instalarse.
Vamos á describir á gran&lt;les ra"gos la ohm
del sefior Capitán de Ingenieros Dí:iz, que de
una manera tan satisfactoria ha conseguido,en
un breve espacio de tiempo, transformar una
residencia particular en un suntuoso palacio.

nen desde la época en
que se construy6 este
edificio los balcones
del motivo central de la
fachada de la calle del
Reloj.
PLANTA BAJA.

A
1

,..,

~

1

"'!!

.
~

··- Fachadas del Edificio de la Secretaría.

LAS FACHADA!&lt;.

La fachada principal, ó sra la de la C'alle del
Reloj, conserva la disposición que se le diera
desde que fué construí do este edificio, sin otras
reformas que las indispensables para dar mayor luz y ventilaci6n á los nuevos departamentos interiores. En la parte central de esta
fachada SP le ha. construído, signiendo el estilo de su arquitectura, un Plegantc tímpano .v
un hermoso frontón. sobre el cnnl quedará
dentro de pocos &lt;lías colocado un helio grnpo
escultórico, en bronce, qne represenfa la Justicia y la Instrucción, obra del malogrado escultor .Jesús F. Contreras.
La fachada del lado Korte, ú sea la &lt;le la
calle de Cordobanes, no ha sufrido reforma alguna. ele importancia, y ta:ito en ésta' corno en
la anterior que hemos rlescrito, los antiguos v
toscos ha.rancfales d&lt;' fierro que tenían los balcones, han ;,ido suhstituídos por elegantes halaustradas ele canterfo, iguales ft las que tie-

Decorado interior de la Entrada Principal
del Nuevo Edificio.

Salón · de Recepciones del señor Ministro,

En esta parte del edificio se encuentran los
nuevo,; locales destinados al Archivo General de Notarías y Registro Público de la
Propiedad y del Comercio, así como á la
oficina pagadora de este ramo, constando estos departamentos de
varias salas y grandes
Aalones elegantemente
decorados, e o n sus
puertaR y 1am brines de
caoba roja, con artísticos tallados, teniendo
cada uno de los primeros su puerta especial
pam la calle, y los pa·sillos que dan acceso
al interior, lujosamente decorados con los
pisos de mosaico traÍ•
clo de Italia. E&gt;1tos departamentos también
están comunicados con los patios princ-ipales.
La gran puerta principal de entrada á este
palacio es de madera de caoba roja, y como
todas las demás del edificio, luce tallados de
gran mérito artístico.
El paRillo 6 cubo que co11dnee de esta puerta principal al interior, ~e halla lujosamente
decorado y ostenta en su elegante plafond varías figuras y trofeos alegóricos ele la Justicia
y la Instrucción; de éste se pasa al vestíbulo
de la gran escalera, el cual se halla también
ric1tmente decorado, siendo su pavimento de
mármol italiano negro y blanco.
La escalera que parte de este hermoso vestíbulo es verdaderamente monumental, sus
peldaüos sor, enormes bloks de mármol estatuario blanco y fué encargada á Carrara; su
barandal es sumamente artístico y elegante,
coneta de cuatro tramos y recibe lnz cenital
por una hermosa cúpula de cristales; frente á
ella se encuentra el local destinado á la Conserjería.
Consta el nuevo edificio de tres patios, y
tiene otras dos escaleras, una para Uf'O de los
empleados del l\Iinüiterio,y la otra para la azotea, lugar en donde tiene sus habitaciones
la servidumbre.
Todos estos patios están comunicados interiormente por pasillos decorados ron eleg,rncia. y pavimentados de mosaico italiano; en el
del fondo se halla instalada en uno de sn,; án.

Salón do trabajo del señor Ministro,

Sala de Juntas de la Subsecretaria de Instrucción Pública.

gulos una poderof;a homha eléctrim que ele,·a [1 los tinacos,que-se encuentran ú un/1. altura de dieci!&lt;iete metros, 1, HOO litros de agua por
hora.
EXTRERUELO.
El vestíbulo en que desemboca la gran escalera de 111ármol en este
piso, luce elegante y c-orrecto decorado, siendo también su pavimento
de mármol de Italia; por él se tiene acceso á las salas de espera del
sefior Su hsecretario de Instrucción Pública, al gran salón de recepciones, á RU Rala dP, trabajo ~' á la de su secretario particular, cu vos artísticos plafond, de PRtilo Renacimit&gt;nto, llaman desde luego hi: atención.
La. Sala de .Juntas, que ~e halla también en este departamento y
que se encuentra fit&gt;lmente reproduC'ida en uno de nuestros grabados
es quizíi uno de los salon~;; más bellos en este nuevo edificio· su ar~
tÍAtico deeorado es ele estilo Renacimiento; los lamb1ines y 'puertas
lucen ele¡mntes t~llaclos; su lujo~o tapiz es ele seda de color salmón, y
C'Ompletando la nqueza de su luJoso plafond.se w una buena pintura
alegórica, que representa la In~trucción. Ha~·, ademús, otros dos grandes salone_s, dos de ellos con vista á la calle, que se destinan á varias
ele las oficmas del ramo, r cuya decoración es muy semejante ú la de
los salones que dejamos descritos.
El gabinete de toilette y W. C. del señor Subsecretal'Ío se halla
también elegantt&gt;mente decorado.
'
Los muros de los corredores se encuentran estucados v sus pisos son
de mosaico italiano.
•

Domingo 20 de Julio de 1902.

sus grandes puertap, lle caoba roja, primorosamente talladas, cuyos
hermosos remates de la misma. madera, casi tocan la elegante cornisa
del hermoso plafond, en cuyo centro se Ye una artística pintura alegórica que representa á la Justicia y á la Instrucción.
.
El piso de esta suntuosa sala es de mosaico de maderas prec10sas y
fué mandado traerá Italia; sus lambrines son de caoba roja, con magníficos tallados.
Sigue después la biblioteca del sefíor l\Iinistro, lujosamente ornamentada,cuya rica estantería es de madera de nogal americano, obscuro, ricamente tallado, y sus grandes puertas estún formadas por cristales de una pieza. El piso de este local se encuentra igualmente tapizado de igual manera que el anterior.
La sala de trabajo del señor l\Iinistro constituye Yerdaderamente
una obra de arte; su rico tapiz de seda es de color oro viejo r ei'tÍt en
perfecta armonfa con la suntuosidad de su plafond de estilo Renacimiento, completando la belleza y lujo de n;te local ~us puertas y
lambrint&gt;s rle caoba roja, magníficamente tallada, así como una ele~ante chimenea de mármol bla11co estatuario, expresamente traída de
Carrara y que pref:enta esculpidos artísticos adornos en relieve.
Sigue clt&gt;spués el departamento del señor ~ubsecretario de .Justicia,
l:omput&gt;sto ele t.es amplias .r elegantes :::alas, la JIÍPza clel secretario
particular del ;,efü,r ~Iinistro, y otros grandes salones destinados á
varias oficinas de esta Secretaría. de Estado.
El gabinete de toilette r \V. C. de los se1iores Ministro y Subsecretario, lucen también elegante decorado.
Los corredores de este piso tienen sus mmos estucadoR, se hallan
cubiertos por elegantes marquesinas de criHtales, y sus pisos son de
rno~aico italiano.

*
El edificio á que noR hemos referido fué ocupado durante mucho
tiempo por la Lotería ~acional y por el ColPgio de Escribanos.

PLAX'fA SUPERIOR.

Desemboca la elegante eRcalera principal en un Yestíhulo decorado
con lujo y gusto artístico, el cual conduee primernmente á la;; salm:;
de espera del señor Mini~tro y ~el seiior SuhRecretario dr .J m1ticia; en
esto~ local;R _desde luego se advierte la belleza dr ~u;; tapices, el gran
mérito artist1co ~le sus plafouds y la rí,Jueza de suR pisos de mosaico
de maderas preciosas, los cuales fueron pedirlos á Itali1t.
Contigua á las salas de eRpe~a de que antN, nos ocupamo~, se encuentra la ~ran sala de recepciones del Rt&gt;ñor St&gt;cretario de .Justicia é
Iustruc-ciún l'ública, que o~tenta Ycrdaclera nrngnificencia en su decor:ido de estilo RenacirniPnto; del hermoso tapiz de st&gt;da &lt;le coloreR p:í.hdos que cubre sus muros, destácanRe, ~omo principal ornamentación,

Vestíbulo y escalera monumental.

Es la construc_ci6n más hermosa que se halla en toda la carrera ele
callt&gt;s que se extiende de~de la esquina N'orte del Palacio Nacional
hasta los límitf's del cacerío ú orillas de los terrenos colonizaclos de
l'erah·íllo.
La inaugmaci(m del suntuoso edificio está ya próxima.

Pinturas alegóricas en los Salones de Recepción y trabajo del Sr. Ministro.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 20 de Julio de 1902.

EL MUNDO ILUS'l'RADO

,,Ca Fiesfa de la &lt;!oloqia Francesa.

desaparecía bajo los millares de ramilletes que tramaban una
red y los focos incandescentes que asomaban de los lirios y
crisántemos que les servían de pantallas, trazando así un cuadro, en lo alto, para hacer resaltar los artísticos detalles y la
finura de la confección en su conjunto.
Los arcos del segundo piso ofrecían el mismo brillafite decorado, agregándose á éste haces de banderas, panoplias de
luces y palmeras, que en los ángulos de la brillante estancia mecían sus verdes penachos.
Tal adorno, senéillo, elegante v poético, atrajo tndas la1-;
miradas.
·
Antes de ganar la doble c;;C'alera. flanqueada de arbustos en
maceteros "artnonvean,'' Re eneontrahael saloncillo de honor, donde fué recibida )fada111e Blondel, la esposa del distinguido diplomático que rrprei-:enta á F'rancia en nuestra RepúhliC'a.
Cortinajes de seda amarillo paja, con flecos y franjas de oro,
haja ban en densos pliegues; mueble,; lujosos tapizados de riea tela rameada; p:antas exóticas en valiosos tiestos de mayólica, Robre columnillas de nogal tallado primorosamente, se
erguían en los á11gulos, )' por último, en el fondo, un espejo
biselado parecía solazarse en reproducir las escenas de la
fiesta.
En la planta alta, los corredores, las Ralas laterales el de
"toilette" de damas; el "fumoir" y demíu, departamentos estaban tan brillantemente iluminados eomo el patio descrito,
distinguién&lt;lose el salón de recepciones, en
donde atraían las miradas un busto en bronce, símbolo de la Francia artística y batallaclora, y nn retrato del Presidente Loubet.

14 DE JULIO.
El entusiasmo que reviste la fiesta
francesa en México, subió de grado este año. Todos los franceses residentes
en esta capital, se dieron cita durante
los días 13 y 14 del me que cun~a, hajo la arboleda frondosas del Tívoli del
Elíseo, y durante la
noche del 14 al 1.'5, en
1 os elegantes salonei$
del Círculo de la calle
dela Palma.
La principal avenida
de la ciudad , donde
abundan los establecimientos ele comercio
francés,se engalanó con
los vistosos colore,; de
la. gran República amiga.
Principiaron las fiestaH con una visita que
vario, miemhi-os prominentes de la Colonia
hicieron al señor Camilo Blondel, Ministro
de Francia en México.
Luego las puertas del
Tívoli se abrieron para
que los alegres -celebrantes de la gloriosa
fecha pudieran reunirse á presenciar las diversiones qne tenían
preparadas y que consistieron en carrera,; á
pie y en burro, en una «G)·mnaka»
curiosísima y presentada por primera
vez en México; juego de "La ponle au
pot)I, una gran kermesse con su respectiva batalla de confetti,y por último, el
baile familiar, organizado en los salones del Tívoli desde las primeras horas de la
noche.
La primera carrera fuf á pie. El punto de
partida estuvo á espaldas de la tribuna principal, y la pista recorrida formaba un semicírculo cuya terminación estaba en uno de los
extremos de la gran tribuna. En esta carrera
fué vencedor el jovencito Alberto Bourlón. A
continuación se efectuó la carrera en sacos,
que, como ,;iempre. provocó hilaridad gene-

/

El Ministro Blondel en la tribuna.

ral. En esta venció Eduardo Laborde, y obtuvo el segundo puesto el niño Echart.
La carrera en burro fué más divertida que
las anteriores. Cnando los jinetes iban en mitad de la pista, el joven Pedro Collantes cay6
de su cahalgadura, pero no sufri6 sino el susto. Los vencedores fueron Alberto Bourl6n,
primer,premio,y Luis Masser,segundo premio.

\

LA '•QIMN AKA, ''

La carrera de la «grenonille)I se efectuó entre aplausos, y en ella fueron
Yencedores los niños Osear :Manier y Rafael Ortiz.
Después se efectu6 la «C-:yronaka»,
(¡ sea una carrera de di versos animales,
conducidos todos por
señorita.~. Las guapas
conductoras de estos
aninmles, fueron la sciiora Blanca ( lómez, señorita J~nriqueta Aumprate, ,;eñorita Elena
)forales, &gt;'eflora F. Pellntier y señoritas Marga.rita ·Dulmlt, Elena
Paz)' Ernilia Gros, que
conducían, respectiYamente, un pato, una
gallina, un guajolote,
un cuyo, una tortuga,
una paloma y un conejo.
Este espectáculo, nne''º en México, llamó la
atenci6n de los concurrentes, que prorrumpiernn en aplausos para las hermosas señorik'ts que :;e disputaron
el premio.
Todos lo;; animales
estaban atados por el
cuello con nn delgado
cordoncillo ele seda, cuya extremidad libre estaba rn poder
ele las dama;;. Dada la señal de partida,
los animales fueron puestos en marcha.
La carrera result6 muy original y
graciosa. Salió vencedor el pato, ocupando el segundo puesto la gallina. Lit
_paloma qued6 u1uerta á mitad de la pista.
Terminaron las carreras con otras en hurro,
montados por los jóvenes de manera de dar
su espalda á la cabeza del animal. En e:ataincómoda posici6n partieron los "jockeys», ele
los cuales fueron vencedores los niños Cástulo
Vaca y Luis Mosser.
La kermesse que se efectuó el luñes, sobrepasó en animación á la que f1e hizo el día anterior.
Además de las familias francesas, vimos allí
á, muchas alemanas, españolas y norteamericanas, aparte de numerosísimas mexicanas.
Los «puestos", iguales en número y en adorno á los del día anterior, se vieron concurridos á tal grado, que las señoritas, dependientes y meseros, no podían cumplir con todos
los pedidos.
Las bandas de ar;illería, Estado Mayor y
14? batallón, se diittribuyeron en el interior
del Tí voli.
Una ligera lluvia comenzó á caer minutos
después de las cinco de la tarde, y esto bastó
para que la mayoría del público invadiera el
salón principal &lt;lel TÍYoli, donde !'le improvis6 un baile que terminó cuando la lluvia hubo pasado.
Puede asegurarse que muy pocas veces se
ha hecho derroche tal de coi ,fetti y i::erpentinas. Los papelillos multicolores tapizaron por
completo el piso de 1as calles y prados de los
jar&lt;linef1, al grado que en una comliderablc extensión del parque no se Yeía. un palmo de
terreno que no estuviese policroma&lt;lo. Las
serpentinas, colgando de los árbole.;; y detenidas en los toC'aclos de las señoras, completa~
ban el encank'l.dor aHpecto de aquel lugar.
La lucha continu6 hasta el obsc:urecer, hora en qne se iluminaron los saloneR, "puestos»
y_jardines con multitud de farolillos vene-,
cianns.
~lu&lt;'has familias ,;e. retira.ron y nna van
parte penetró al salón del baile, mientras
el 1·esto continuaba aún eu los cenadores y jardines del Tívoli.

Domingo 20 de Julio de 1902.

El 'flirt" del cofetti.

El salón de baile ostent:1 ba un ;;encillo adorno. BamlPras meximnas y francesas, colocadas entre guías de he-

no, formaban el decorado de aquel sitio rlonde ,se puso
una abundante ~illería.
·
Cuando terminó la fiesta de la maflann. el señor M1•
nistro de FranC'ia, a.compafiado del presidente~del Comité y al¡runoR miembros rlel mismo Re trasladaron al
hospital francéH cnn objeto rle hacer la Yisita anual qtw
se acostumbra á Ion asilados.
·
El señor Blon&lt;lel mandó lleYar de su casa un exqmsito lunch que se había preparado y lo distribuvó á lo~
enfermos. ~. .o~ mi_embro~ _del Co~ité y algunos otro:-franceses d1r-t111gmdofl, h1c1eron:obsequios á lm; pacirntes.
1

Las fiesta;; tuYieron como digno hroche el baile en el
Casino de la calle de la Palma.
El adorn? era una filigrana ele-arte y coquetería, y la
concurrencia tan numerosa como..distinguida.
Pasado el vestíbulo, el patio, punto culminante de la
fiesta, se ofrecía en toda sa belleza, envuelto en la claridad que derramaban los focos eléctricos suspeudidos
aquí y allá bajo los ar'
cos 6 entre las flores.
El «plafond» estaba cu,bierto por una gigantesca
adormidera que encarrujaba sus pétalos y de allí
brotaba como un raudal
de florefl que venía á terminar en la araña central,
convertida en guirnalda
exuberante.
Seguían las lineas de
los arcos, guías de flores
que iban enlazándose
pomposamente en loe basamentos de las columnas, y la parte media de
ésta contenía foquillos
que brillaban con los colores de las !bandera,; de
-;_
Francia y )léxico.
El cornisamiento casi

Guardia del Liceo Francés.

..

.: .-.·:

.•.

·.

Uno que cae entre dos fuegos.

...

Grotesca carrera en burros

-

Poco antes de las die1. se anunció la llegada
del Sr. General Díaz, que se presentó acompañado de su hijo el Sr. Capitán Díaz, y el Sr.
Capit{m Escandón.
.
La comisión del Comité recibió al sefior
Presidente en la puerta de la calle, y á la ent rada del salón el señor Ministro francés.
El baile comenzó con unos lanceros, y ya
en esos momentos había en el salón más de
doscientas parejas.

*
Se encontraban entre la flelecta concurrencia, los señores Ministros de Inglaterra, su
PHposa; el señor Ministro de Bélgfoa; el señor
Encargaflo de Negocios de Chile, el de España; los Secretarios del Japón y de Austria el
Cónsul General de los Estados Unidos el Gobernador del Distrito y su esposa.
'
A las doce de la noche, el i-eñor Presidente
fué invitado por el señor Ministro francés para tomar el lunch. El primer Magistrado dió
~l abrazo á la Sra. Blondel, y el sefíor Minist ro francés á. la del Sr. Greville.
A la hora del Champague el sefior ~Iinistro francés se
levantó de su asiento, y en correcto espafiol, clió las gracias al Sr. General Díaz por haber asistido á la fiesta
dando así una prueba mús de las simpatías á los francei::e~
y á su patria. Que esas pruebas de amistad no sólo se demostraban en esta ocasión, sino en la no muy lejana al dar
muestras del sentimiento por la catástrofe de la :Martinica.
PropuRo un hrinclis por el Sr. General Díaz y por el Presidente ele Francia.
El sefior Presidrnlc contcRt6 hacienclo nok'l.r la oran
estimación que el pueblo mexicano tiene por Francia~ l:1
nación que primero proclamó los drrechos del hombrr .

�Domingo 20 de Julio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

El Baile de los Viejecitos
XO\.EL\. CORTA.
(Traducción especial de "El Mundo Ilustrado.")
(Concluye)

TII
Yivaracho,;, tembloroso~, emocionados por
la escapada, los dos viejecitos habían bnjado
la escalera de la servidumbre. Mamá Peroux
se cubría la cara hasta debajo de los ojos con
la manteleta; papá Peroux llevaba el pañuelo
sobre las mejillas corno si le dolieran los dien•
tes; de este modo pasaron de prisa por frente
á la puerta del conserje sin ser mirados. La
puerta cochera estaba abierta de par en par y
por ella ganaron la calle sin hacer ruido.
-¿Tienes frío, madrecita·?
Sí, un poco, pero no mucho. Esto me impedirá caminar ele prisa. Dame Yeinte sueldos. Tu vas á la tienda y compras una botella de vino de á dieciséis, no de dieciocho
porque es muy caro, ¿eh?; dieciséis .¿lo oyes!?
- ¿Y si me conoce el dependiente?
-No tengas cuidado. ~unca ponemos los
pies en su casa. ¿Cómo quieres que se figure
que nosotros mismos venimos á buscar nuestras provisiones? Además, si nos reconoce será mucho rn{ts divertido. Anda. l\fientra~ yo
voy á comprar ocho sueldos de castañas. Total: veinticuatro sueldos; lo que sobra lo erastaremos en luz y fuego. ¿Hará calor allá trriba? Te volveré á encontrar aquí mismo ¿eh?
Diez minutos después los viejecitos ~e habían vuelto á reunir.
-Compré dos velas, dijo mamá Peroux.
Pagué h. leña y las castañas y no me c1ueda
un solo sueldo. Toma, ayúdame, esto estú
muy pesado y tengo los dedos helados.
•
- Yo, dijo papá Peroux, compré cuatro
brioches de á sueldo y un limón de á dos.
Tampoco me queda dinero.
Esto no ha sido prudente. Debimos guardar algo para lo imprevisto.
Se miraron sonriendo.
-Lo mismo que en otro tiempo.
-Lo mismo.
Iban caminando lado á lado, ayudándose á
llevar sus fardos. Delante de su casa se detuvieron y miraron hacia el primer piso. El brillo de la luz eléctrica se tamizaba en las cortinas de tul, resbalaba por entre las varillas de
las persianas arrojando hasta la banqueta un
reflejo de iluminación.
·-;--Eso está ~uy .«chic»; dijo el viejecito.
¡Mua! Esto esta meJor por fuera que por dentro ..... .
-¡Eh! ..... . á un lado, ¡imbéciles!-gritó un
c?chero agregando una sarta de juramentos.
1: rozando con las ruedas á los viejecitos penetró el vehículo por la puerta cochera. '
-¿Viste?, dijo la viejecita. Va adentro una
dama vestida de tul color de rosa. Ten cuidado, acércate; mira otro coche que va {i entrar,
y otro y otro. El agente del orden los pone
e!1 fila.. Ah!, en ese landó van dos chmas Yest1das &lt;le .blanco y acompañadas de un viejo
que lleva, el sobretodo entreabierto, dejando
ver toda una ,;arta de condecoracionrs.
-Y. todo es~ mundo su be á nuestra casal
¡Brom1stas! R1 nos reconocieran ..... .
Pchs! Con é,;tos corremos menos peligro
que ~on el tendero.-' _['ara reconocernos sería
prrc1¡.;o que eRta gen_t. .os conociera.
-Pero nuestra híjfí nu1:;stro yerno ..... .
Estiln ya arribn ltaci.endo los honores. To~o está nn~.v hien si!1 no,mtros. ¿,Cómo dndarian que tu co1; el v1110 y el leño bajo el brazo
y yo .ron ~a lmJÍa y las ca,;tafias en el faldón
de m1 levita, estemos aquí haciendo de pazguatos?
Y tener que pagar todo esto! ~e necesita
ser corno nosotros de bonachones.
¡Qué tontera! Siento un disgusto que no me
&lt;leJa reír.
-Oh! cállate, papacito, me vas á hacer reventar de risa. Me di:rie1-to como nna bendita.
-Y yo como un pilluelo.

Mientras tanto, eran más numerosos los coches que llegaban; vinieron más agentes del
~rden y la multitud se apretaba, se hacía dano por.ver. Entonces el papacito propuso:
-Mua, ya me empiezo á cansar· todo este
barullo me atui:de. Sin contar con'que el disg?sto me ha abierto el apetito. Si quieres, subuemos ya.
-Eso~ iba á decir. Hace un poco de frío;
el sexto piso está alto y yo no tengo mis piernas de hace veinte años. Y todavía no estamos en nuestra cafla.
-~ira, elijo el viejecito, precisamente el
conserJe vuelve las espaldas; éste es el momento. Toma .el pan y sígueme. Colémonos trai::
ele ~se «tro1t-quarts» que va (i entrar. X o nos
veran.
S~ hicieron lo más chiquititos posible y Re
deslizaron tras del coche; pasaron entre el inuro Y los caballos v ganaron rectamente la escalera de la servidumbre, sin ser vistos.
-qi Ya ~stá hecho, rlijoel anciano; ni viRtos 111 con?c1dos. Para atrapará papá Peronx
es ne';~sano ser más listo que mi conserjr.
. -:----8.m embargo, he tenido miedo, replicó la
v1eJeclta. :\1 pasar por el pmtal, me palpitaba el corazon con fuerza; pero e,;tos Rustitos
agradan ...... me gui;tan mucho.
. 'Treparon los .eRcalones al principio &lt;"011 n1p1dez, no por 1meclo ele encontrará los criados,
porque bien sahían que éstos estaban en el
vestíbulo y en el cuarto del portero viendo rl
desfile de fracs, de trajes y ele coches, sino porque ?e la calle y del patio subía. un ruido atroz ·
ele pia~ar de caballos, de rodar de carruajes y
de ~lmr y cerrar portezuelas, que les causaba
un mstintivo terror,
En el término de la escalera, frente á la puerta ele la cocina, se detuvieron para tomar aliento Y escuchar algo. Se oía el mismo resoplar
de las hornillas, los mismos golpes de las caserolas, .de los vasos y de las vajilla.e;. Luego
q~e. abrieron la puerta de la repostería, advirtieron que del fondo del departamento lle-

Domingo 20 de Julio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

gaba, como por oleadas, un rumor de multitud
que va y viene, y de voces que se cruzan por
entre las intermitencias de la orquesta.
-¡Qué movimiento, madrecita, y qué desorden debe haber allá.
-¡ No, ni hables papacito! Deben estar oprimidos como sardinas en lata.
- ¡Qué calor debe hacer en semejante estufa!
-Cuando pienso aue allí podía estar yo, me
da calofrío.
·
-Yo siento mareo ..... .
Volvieron á emprender la subida de la escalera, con un miedo atroz de que se abriera
la puerta. ~e la C?cina,y fueran atrapados al
paso, arroJados Vlvos a la hornaza. A medida
que subían, el piafar ele los caballos y los golpes ele las portezuelas se iban haciendo más
y más sordos. Arriba en el corredor desierto
y silencioso, el rumor'llegaba como el' ruido de
la ola de un lejano mar.
-Por aquí, mamá; dame una vela, dijo Peroux, y toma la botella mientras busco mis
cerillo:-.
~~cendió la Yela, sacó la llaYe de la boli::a,
abn?,l~ puerta y, tnn luego como entraPon,
volv10 a echar el cerrojo.
DespuéR, en l'&lt;Upremq dúo lanzaron un profundo sm;piro de libertad, ~orno si acabasen
de escapar de algún peligro.

IY
La buhardilla pequeña, aseada y provii::ta
tlr chimenea, tenía, en vez de trngaluz inclinado una ventana en el fondo.
1\Iientra,;· r¡ue papá Peroux coloraba el trozo
ele, leña entre los ~i::nillos y soplabn con todas
sus fuerzaR para avivar el fuego mamá Peroux
recor~-ía la habitación, recono~ienclo su lecho
nupcial, las dos flillas de caoba, el sillón de
reps verde, el aparador y la mesita plegadiza.
Al encontrar en semejante boardilla todo su
pobre y querido menaje, sentía en su coraz6n
un agradable sobresalto.

•

-Ah! qué bien has hecho, qué aiiorable
eres· por haber conservado todo este mobiliario viejo. Causa placer recordar su juventud!
-Sí, sí, ciertamente, mamacita-dijo el sefi.or Peroux abriendo el armario;-pero no es
éste el momento de charlar ni de enternecerse; ahora es necesario que reúnas tus recuerdos de cocinera. Mira nuestra caserolita de
entonces y nuestra primera sartén. Aquí está
lo mismo, el lim6n cortado en trocitos y la
botella descorchada. Asa las castañas y calienta el vino; yo pondré el mantel y los cubiertos.
Y con toda seriedad, ella con la manteleta
sobre la cabeza, á guisa de cofia, él con la servilleta bajo el brazo, se dispusieron á comer.
-¿ Ya acabaste, mamacita?
-Ya, papá.
- -Entonces vamos á la mesa.
- La mesa está monísima, Peroux, pero
monísima.
- Y con nada, ya lo ves. Por toda cristalería tenemos dos vasos; en cuanto á cubiertos,
encontré nada más una cuchara: nos la prestaremos uno al otro. Confiesa que no estoy
todavía tan empolvado, y que si fuera necesario volverme á ganar la vida de esta manera, me la ganaría.
-Yo también. Nadie hace mejor las cosas
que nosotros. Prueba este vino caliente tan
oloroso á lim6n y ¡chúpate los labios! A las
castañas les falta un poco de fuego.
-Están buenas.
-No, yo me conozco bien; tengo muy buen
ojo. Peroux, hemos sido unos artistas en nuestro género.
-¡Caramba! ¡A tu salud! ¡Felicidades!
-¡A la tuya, Esteban!
Y rompieron á reir; después la viejecita, gozosa, dijo:
-Es encantador esto de sentirse uno en su
casa, solos, como en este momento. En esta
boardillita con techo tan bajo, con mobiliario tan pasado de moda, se siente tibieza y
dulzura, ¿verdad?
-Y qué tranquilos! Esto conforta. Hay
más recuerdos en esta sencilla camarita, que
en todos nuestros grandes y suntuosos departamentos.
-¿Quieres que nos vengamos á vivir aquí?
- Sí, sí quiero. Pero no será fácil con la
presencia de los criados y la vigilancia de nuestra hija.
-Daremos otro baile. Tus castañas están
exquisitas, madre, me estoy deleitando. Dame ahora de beber.
-No te causes males.
-No hay cuidado: imagina todas las drogas que estaría tomando allá abajo; imagina
la cara que harían los mozos si les fuera á pedir un vaso de vino caliente!
-Y qué miradas de desprecio de mi cocinera, si mañana le mandara asar castañas!
-Y decir que hay ge11tes que se imaginan
que con ser rico se puede comer todo lo que
se quiere ..... .
- Y vivir como se desea. ¿Por qué te ríes,
papacito?
-Porque pienso que si tu hija y tu yerno
nos buscan, no nos encontrarán.
-Xo creo que nos busquen ... tienen otras
muchas cosas que hacer. No les hacemos mucha falta .
--'-Ninguna. Pero tú has dicho eso con cierta tristeza. ¿Acaso te arrepientes de haber subido?
-Oh Dios mío! Lo que me entristece es ...
la idea de bajar.
-Nadie nos corre.
-Felizmente. Pero, luego ó después, dentro de algunas horas, toda esa gente se habrá
marchado y será necesario que abandonemos
todos estos vejestorios que nos han hecho jóvenes, para volver á donde están los que nos
hacen viejos.
-Ah, sí! Eso entristece, suspir6 el viejecito. Y eso sin contar con que en el departamento grande nos vamos á sofocar todo el resto de la noche. Debe apestar la cocina el
musgo, las flores marchitas y la comidafrí~· y
cuánto polvo, cuánto desorden debe haber.'
-¡Qué suplicio dormir allá!
-¡ Uf! pero ...... dijo el papacito con la ca-

ra picarezca y el ojo en guiño, si para completar nuestra aventura no bajamos, y nos
acostamos aquí. .....
- Oh, amigo mio, si eso no es posible,¿para qué me alborotas?
-Es muy posible. Hay un par de sábanas
y una almohada; colchón y edredones. Todo
lo que nos falta es recordar c6mo se hace una
cama.
--Si no es más que eso, me encargaré de
hacerla.
-Ah! mamacita, me parece tenemos veinte años, que acabamos de casarnos y que estamos en una camarita de posada campestre,
en una noche de primavera..... .
-Bueno, bueno; creo que estás un poco
inspirado y vas á decir tonterías.
-¡Quién sabe! Abraza á tu viejito, abráza•
lo muy fuerte, con toda franqueza, como lo
amas. como no te atreves á hacerlo allá abajo
cuando tu yerno y tu bija y los criados están
espiándonos para burlarse de nosotros. ¿Quién
nos puede decir aquí que somos ridículos?
Nadie nos ve. Si nuestras caras han envejecido, nuestros corazones no!
Y la viejecita le dió un beso, murmurando
con voz dulcemente emocionada:
-Tienes raz6n, papá: el amor es como las
flores: siempre hermoso ......... hasta ruando
está marchito.
V
Al día siguiente, como á las cinco de la tarde, en el saloncito del gran departamento recién puesto en orden, los viejecitos estaban
sentados en el borde de sus sillones flamantes y nuevos, con los pies de punta, como si
no se atreviesen á posarlos sobre el mullido
peluche de la alfombra. Su hija entró.
-Bueno, dijo la elegante joven, después
de haberse desceñido el abrigo. Bueno, vuestro
baile ha tenido un éxito enorme.
-¡Oh, sí! dijo la viejecita, sonriendo con
cariño al viejecito, nuestro baile ha sido bueno, estoy enteramente de acuerdo.
-¡Mucho muy bueno! agregó papá Peroux,
con un malicioso guiño de ojos. Por nuestra
parte, anoche nos divertimos bonitamente.
-¡Sí, sí! muy bonito, confirm6 la mamá.
-Ah! Conque le tomáis gusto?, dijo la joven pasean&lt;lo la vista de uno á otro de sus padres, con sorpresa de advertirles regocijo en
el semblante. El caso es que todo ha salido
bien.
--Sí, muy bien.
-No hubiera podido ser mejo1·.
Después de un corto silen()io, el viejito volvió á hablar, dirigiéndose á su hija:
-:~fo somos nada disgustados; tu mamá y
yo nos contentamos con poco. Pero de ti que
te conoces mejor que nosotros, quiero saber si
realmente nada creeR que haya faltado en
nuestra fiesta.
-Narla, dijo la jo,,en con corrección; todo

--

ha marchado perfectamente. A mi llegada hice rectificar, en el sal6n de fumar, algunos detalles; pero insignificantes. Ya me esperaba
no haber visto á ustedes poco después de entrar á los salones, porque comprendí que, ocupados en tanto preparativo, no habríais tenido tiempo de acabar pronto vuestra toilette.
Iba á buscará mamacita á su recámara, cuando llegaron los primeros invitados.
Os vi muy poco en suma, pero lo bastante
para juzgar por mí misma que el sastre de mi
marido había transformado á mi padre y que
mi modista había hecho rejuvenecer á mamacita lo menos treinta años.
Se interrumpi6,algo disgustada por los guiños de ojos que se le dirigían.
-¿Pero qué tienen ustedes? ¿qué cosa ridícula he dicho para que tengáis gana de reír?
¿Os burláis de mí porque os alabo?
-Vamos, no te disgustes por tan poco, dijo mamá Peroux con ánimo conciliador. Estamos muy agradecidos, por el 0ontrario, de
las alabanzas que nos diriges. Pero nos reímos ...... porque no creemos merecerlas.
--¡Acabaremos! exclam6 la joven. Yo no
bago más que repetir lo que todo el mundo
decía en derredor mío: «Ah! ¡qué bien lleva
vuestro padre el traje, qué aire tan serio y tan
inteligmte! Y vuestra madre es encantadora
aún con esa deliciosa toilette de raso verde
tierno!»
-¡Qué divertida! decía riendo mam{t Peroux.
-¡Qué buena, qué buena! gritaba papá Peroux, golpeándose las rodillas.
-Qué pasa·? exclam6 la joven impaciente.
¡C6mo estáis de budistas!
-No tanto como tú, contestaron á una voz.
Y el viejecito agreg6:
-¿Conque encontraste que el traje me iba
muy bien?
-Sí, perfectamente bien.
-Y el vestido tierno de tu madre ... . . .
-Le quedaba á mara villa!
-Esto es demasiado; ¿,verdad, mamá'?
-Es el colmo, papacito ..
Y les costó tanto trabajo mostrar seriedad,
que la hija se incomodó.
-¡Por fin me disgustáis! 8i es por burlaros
de mí por lo que hacéis que os cuente lo que
mirasteis tan bien como yo ... . . .
-Nosotros no hemos visto nada, confesó
imperturbable papá Peroux.
-Me vais á hacer creer que no sabéis nada
ele lo que pasó en vuestro baile?
-Lo ignoramos todo, absolutamente todo.
-¿Cómo es esto? ¿Por qué?
-¿Por qué? ......... Porque no estuvimos en
él.
Y_ ante la cara de sorpresa ele su hija, no
pudiendo contenerse, papacito y mamacita se
ec~1aron á la boca los pañuelos y rompieron á
ren locamente.

-. .

�__________

,_
UN BUEN APETITO
UNA BUENA DIGESTIÓN
UN HÍGADO SANO
UN CEREBRO PODEROSO
V NERVIOS FUERTES

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•
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••

La salud del cuerpo, en general, está ligada directamente con el
estómago, ó mejor dicho con el aparato digestivo, donde se prepara
el gran trabajo de la nutrición que ha de fortalecer, desarrollar y
sostener hasta los órganos más peque!lo&lt;J del cuerpo humano.
Este trabajo es universal. Lo mismo que el hombre los animales
y las plantas se nutren para vivir, y los que no lo hacen por falta d e
d
medio ó trastornos independientes de su voluntad ú orig,ina os por
ellos mismos, enferman, deperecen y mueren al :fin inrremisiblemeate.
El estómago debe cuidarse siempre, en cua!quiera época, evitando todo exceso que pueda da!larle cuando está sano atendiéndolo oportunamente cuando está enfermo.

No dejamos, pues, de recordará las víctimas de su estómago,
recurran á las

Píldoras del Dr. Huchard,
DE PARÍS,

Antisépticas Y Sifil1ticas.

•

Las propi edndes de estas píldoras e&amp;tudiadas y experimentadas
por multitud de médicos entre ellos distinguidos prefesores de la E11-

t

•
;

i!

LAS PÍLDORAS DEL DOCTOR HUCHARD, DE PARÍS.

•

t

.

---------------------------------

! Cuidar el estómago es el secreto de la buena salud.
i

i
•

Y NUESTRA SALUD

cuela Nacional de Medicina de México y de la Facultad de Paríf!, son
tales, que su efecto se siente inmediatamente en el enfermo que
las toma.

!
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Doradas para la• ca•0 • con Blarre6s, Plateada•
para lo• casos que están caracterizados
por constlpaoi6n 6 extreiflmlento•

••
••
•
•••

•!•

---------Las Píldoras del Doctor Huchard se aplicarán siempre con éxito
en todas las afecciones intestinales, y sobre todo en

!
!•

Gastralgía, Dispepsia, Entero-colitis, Catarro húmedo y
seco del intestino, Dilatación estomacal,
Parecía del estómago, Infecci0nes intestinales,
t
Falta de apetito, Agrios, Malas digestionee-, Ulcera del ;
estómago, Disenteria, etc., etc.

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Son recomendadas por los Profesores de la Escuela Nacional de •
Medicina y Doctores Gutierrez, Ban&lt;le"a, Gavmo, Ramirez, de Are- •••
llano Garay, Parra, Ocampo y otrJsmuchos que han recetado enhos• •
pltales y á sus enfermos pacttculsres, según lo acredi1!an los certl:fi- •
cados de tan respetables 1'.acultati vos y los enfermos cur ados con ellas

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C

MÉXICO, JULIO 27 DE 1902.

ELIXIH ESTOMACAL
DE SAIZ DE CARLOS
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QeuerTado por el método d e M . Pasteur. Pre11cribese en la• molestia• ele
~ g • , la clorosis. la anemia 7 laa convalecencia•; este vine
~ n d a a las personas de edad, ~ las mujere■, jóvenea 7 • loa Jlllio.,

del

[L MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 4.

Y todas las enfermedades del Ea•
tómago é Intestinos por cr6tdca1
y rebeldes que sean, las cura radicalmente el famoso

Vlao fortlticante, c1ig est.,vo. tónico, reconstituyente, de ■aborexcel••te

Zarzaparrilla

"ECONOMICO"

,

BUENOS DÍAS

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Benemérito Juárez</name>
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        <name>Camilo Desmoulíns</name>
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        <name>José María Roa Bárcena</name>
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        <name>Tristeza de otoño</name>
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                    <text>__________

,_
UN BUEN APETITO
UNA BUENA DIGESTIÓN
UN HÍGADO SANO
UN CEREBRO PODEROSO
V NERVIOS FUERTES

DISrErSlfl
6flSTRfl l,6l fl
~t,x,li

r

Mejores son estos que las grandet'
riquezas, y podeis obtener estos benefieios por el precio de una botella de
Zarzaparrilla del Dr. Ayer, y un pomik
de Píldoras del Dr. Ayer. Son las doa
medicinas más eficaces que pode.is com
pra.r.
Si vuestro apetito fuese escaso,
vuestra digestión tardía ó incompleta
y os sintieseis nervioso y falto de :fuel'
zas, deberíais tomar la.

EL MISMO
1

FERRUGINOSO:
Anemia.
Clorosis, Convalecencias, etc.

GflTflRRO
INTESTINfll,

¡

"'~oso

-

SIETE MEDALLAS

DE

ORO

P ARÍS

20, Rue des Fos&lt;és-St-Jaoques
1 en /as Farmacias.

FOSFATADO:
Linfatismo, Escrófula, se
Infartos de los Ganglios, etc.

1

Dr.Ayer
Expele todas las impurezas de Ja
tangre viciada, la. enriquece y la po•
10ja y da á los nervios fuerza y vigor,
Podeis halla.ros un poco enfermo ó enfermo de gravedad; podeis ser joven 4
viejo; rico ó pobre, no importa como
es encontreis ó sintais desde el u.mento en que la Zarzapa,rrllla del Dr,
Ayer devuh9 la salud á t.ode al

BELLAS ARTES

ESTOMAGO E IITESTIIOS

~••o MUY 1mpop;TANTI!. ,.ía.

El tJnlco VINO autln
RAF.í:iAEL, 01 salo qu, t11n1 ,, d,r1cho 11., /lamars, ast, 11111i
11 111/tllnoy da qui s3 hace m6ncttJn ,n al flf'fmularlo del Prof11
OUOBA.RDAT IS ,, CJ M'" CLEMENT y 0 1•, di Ya1,nc1 (Dr,m,,
rancla), - Cada s,talla lt6oa ta marca di ta11 Unión d• loa Fabrioutd
,n IIPIICUIZO un m1dal/Dn anunciando ,, CLETEAS ...
_.'
L08 tJ1ma1 ,on ¡¡rosaras y p111:rosas fatslllcacton,s.

u,

_______...__

La fama adquirida por eateElixir en todo el mundo lo ha hecho

tan popular, que hacen in6tilealoe
eloi:-ios.
f No dejen de tomar el BU.zlr ...

_____

_

tomaoal de Sáia de Carloa.
De ••nta en Droperfu., BeU-

El VINO de
PEPTONA CATILLON

restablece ,., ftlerzu
,., d/geat/onet, el apetito
Ea e/ mejor recon1tltuyented1
"-__.,~__, laa peraonaa debllltadat por
la edad, el oreclm/ento, /11 enfermedld11 del

ESTOIIIAGO
LANGUIDEZ, ANEMIA,eto.

Preparada por el
a,.J.fJ.Ay•r&amp;Ca., Lowell, Masa., i.UÁ.

8u trand/010 txlto ha dado orlt•n i muo/lu
lmlUolone,; debe, pues, exltlru la lrma
Cat1Uon.
,. IIGIL St••arttn, Parla J ..... raraallll.

Nunca se apliqueuVejigatorio

ompre Ud. el Moiino

f

sin haberie procu.l"ado el verdadero
coN FIRMA oE ALBEsPEYREs EN EL IAOO vEAoE

VEJIGATORIO de ALBESPEYRES

PAPELdeALBESPEYRES para mantener los Vejigatorios sin olor ni dolo,·.
FOIIOlJZE•ALBESPEYRES, 78, Faubourt. St-Den/1, PARIS, 711 IMulu,....,tlCloM.

1

1

Medalla de Oro xpoa t. olvera. 1900

~~~1f~tl½ili
" 1f /, .,,. Fl,ma r obre cada Cll,rri/lo

•·········································································································~
•

}• -NUESTRO=ESTÓMAGO=

!

.i

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•

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•

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•
••
•
•
•

♦

•

•
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•

:

i
•
•
••

La salud del cuerpo, en general, está ligada directamente con el
estómago, ó mejor dicho con el aparato digestivo, donde se prepara
el gran trabajo de la nutrición que ha de fortalecer, desarrollar y
sostener hasta los órganos más peque!lo&lt;J del cuerpo humano.
Este trabajo es universal. Lo mismo que el hombre los animales
y las plantas se nutren para vivir, y los que no lo hacen por falta d e
d
medio ó trastornos independientes de su voluntad ú orig,ina os por
ellos mismos, enferman, deperecen y mueren al :fin inrremisiblemeate.
El estómago debe cuidarse siempre, en cua!quiera época, evitando todo exceso que pueda da!larle cuando está sano atendiéndolo oportunamente cuando está enfermo.

No dejamos, pues, de recordará las víctimas de su estómago,
recurran á las

Píldoras del Dr. Huchard,
DE PARÍS,

Antisépticas Y Sifil1ticas.

•

Las propi edndes de estas píldoras e&amp;tudiadas y experimentadas
por multitud de médicos entre ellos distinguidos prefesores de la E11-

t

•
;

i!

LAS PÍLDORAS DEL DOCTOR HUCHARD, DE PARÍS.

•

t

.

---------------------------------

! Cuidar el estómago es el secreto de la buena salud.
i

i
•

Y NUESTRA SALUD

cuela Nacional de Medicina de México y de la Facultad de Paríf!, son
tales, que su efecto se siente inmediatamente en el enfermo que
las toma.

!
!

Doradas para la• ca•0 • con Blarre6s, Plateada•
para lo• casos que están caracterizados
por constlpaoi6n 6 extreiflmlento•

••
••
•
•••

•!•

---------Las Píldoras del Doctor Huchard se aplicarán siempre con éxito
en todas las afecciones intestinales, y sobre todo en

!
!•

Gastralgía, Dispepsia, Entero-colitis, Catarro húmedo y
seco del intestino, Dilatación estomacal,
Parecía del estómago, Infecci0nes intestinales,
t
Falta de apetito, Agrios, Malas digestionee-, Ulcera del ;
estómago, Disenteria, etc., etc.

i

i

Son recomendadas por los Profesores de la Escuela Nacional de •
Medicina y Doctores Gutierrez, Ban&lt;le"a, Gavmo, Ramirez, de Are- •••
llano Garay, Parra, Ocampo y otrJsmuchos que han recetado enhos• •
pltales y á sus enfermos pacttculsres, según lo acredi1!an los certl:fi- •
cados de tan respetables 1'.acultati vos y los enfermos cur ados con ellas

i

PIDANSE EN :LAS PRINCIPALES DROGUERIAS Y :BOTICAS
Donde eatán de venta con las lnatrucclane• necesarias para su uso-

·

;
!•

►·•·············••t•♦.•t•♦.•t•♦-•~•♦.!~•♦-•··············~•t••··············································••t

Subscripción mensual foránea, $1.50
ldem Jdem. en la capital,,, 1.25
Oerente1 UJll!t Rtltl!t &amp;PINNLA,

Director: LIC. RAt-AtL Rtltl!t l!tPINDOLA.

Los principales médicos de M6xico y de las naciones mú cirilizadas lo recetan ya como el mejor medicamento para el

aede.

C

MÉXICO, JULIO 27 DE 1902.

ELIXIH ESTOMACAL
DE SAIZ DE CARLOS
. . . etiou para las persona s debilitada• que los ferruginoaoa y laa qubaaa.
QeuerTado por el método d e M . Pasteur. Pre11cribese en la• molestia• ele
~ g • , la clorosis. la anemia 7 laa convalecencia•; este vine
~ n d a a las personas de edad, ~ las mujere■, jóvenea 7 • loa Jlllio.,

del

[L MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 4.

Y todas las enfermedades del Ea•
tómago é Intestinos por cr6tdca1
y rebeldes que sean, las cura radicalmente el famoso

Vlao fortlticante, c1ig est.,vo. tónico, reconstituyente, de ■aborexcel••te

Zarzaparrilla

"ECONOMICO"

,

BUENOS DÍAS

�nomingo 27 de Julio de 1902.

LOCOS SUBLIMES.
Dentro &lt;le algunos sigluf', cum1du el hombro ci,·ilizaclo se ha.va adaptado, f'i rs que 11'-~a á adaptarse, á las condiciones 110,·ír-imaR de
la vida nctua l. .v á las exigencias de su casi i mprovisarla ci\'ilización; cuando el torrentf·, ho.,·
desbordado _Y espumante, vuelva á su cauce y
lo recorra plácido .v. tral1(¡uilo entre frondas
colgantes y flore,; abintas, la humanidarl de
hoy va á ofrecer á la de mañana el más extraño·espectáculo, ~• loR pensadores fríos y serenos nos diagnosticarán una locura expansiYa
;· deRbordante y un convulsivo ataque de gran
histeria.
Ho.,· por hoy, .v ya hace más de un siglo de
esto, Yi\'imos en perpetuo clese&lt;1uilibrio ('On
nueRtro medio, )' nuestro estado habitual es
un elesenfrenado neurosismo. Del seno ele un
feuelafü,mo apacible y compresivo, pasamoR
brnscamente á fines del siglo XVIII á un régimen expansirn y de libt&gt;rtad; de la sumisión
pasiva del espíritu,á su emancipación completa; del reRpeto, á la reiYindicación; de la. actividad monótona. al trabajo multiforme y complejo; de la fe, al escepticismo; de la verecl.1,
al campo libre; de la madriguera del topo, al
ambiente del águila.
La ciencia )' la industria. con sus progresos,
han creado nurYaH formaR de trabajo y nuevos elementos de placer. Por el libro y el periódico estamos en comunión &lt;le ideas con todos los espíritus, y por los hilos del telPgrafo
en contacto con todos los pueblos. En los
grandes centros repercuten todos los ecos humanos; pensamos con todas las cabezas; sentimos con todos los corazones; queremos con
todas las voluntades. Cada uno de nosotros
está en espíritu presente en todas partes, lo
m ismo en los festiYales artísticos de Berrnth
que en los combates del Tran~ymi.J, que en los
misteriosos Y fecundos laboratorios de Pasteur
~- de Edison·, )' asistimos lo miim10 á los sepelio.s que á las coronacioneR dC' loR re.res lej:rno::-.
La instantánea y el cinematógrafo nos permiten asistir á todos los graneles Ruce::-os .,· ver
cómo se desenvuelven todm, las peri pccias &lt;le
nueRtra artividad; con el teléfono conversn.mos mano á mano con los auRentes; con el fonógrafo legamos á nuestros pósteros el reo ele
nuestros cantos como de nuestro~ gemidos y
hacemos vibrar las rnces de los desapare-:i&lt;lo!&lt;;
cou los rayos de Rocntgen miramos á través
de los cuerpos opacos y percibimos las palpita- .
ciones de nueRtras vfaceras v las a.Iteraciones
de nuestros órganos. Tenemos ,·acunas preventivas contra las grandes plagas,y cmativm-;
ele las grandes epidemias.
La química prepara artificinlrnentt&gt; los productos cuyo monopolio se había reHerrnclo la
~aturaleza, é inventa, y produce otros mil que
la Naturaleza no :-:oñó. .\ntes de n1ucho no
sembraremos, fabricaremos; haremos féculn&gt;&lt;,
azúcarn&gt;&lt;, fibrinai-; ,r :1lhí11ninas ·" p&lt;&gt;cliremos al
laboratorio y k la u1á4ui11a lo que &lt;·0111iemmn
{t ne¡.(arnm, las tiena.s ag,&gt;tadas y las tturestas
taladas; y la Plectricidad, e:&lt;a E:-;fi11ge tantos
:-:iglos im penetmhle .v 111 nda, &lt;·0111ie11m ya. (1 re,·elarnos sus mi:-:terios v á realizar á nurstra
\'ista sus múltiples prodigios, caldeándonor&lt;,
alu111hrú1ulono:-, curando nuestros aehaqt1&lt;'R,
cLindono.; energías inagotables r1ue explotar _y
l'(•\'elándonos mi.,,terios &lt;]lle podemos apro\'edrnr.
Yivimos hoy la \'ida de toda la humanidad;
nu&lt;istro sistema nervirnm r;e encuentra sometido :,;in descani;o á In ex&lt;"itación de todas las
:-enHaciont•s imaginables; aute nuestra \'ista
gira 1111 ca leidoseopio inagotable de formas .'"
C'olorr.,. X uestra ideación, atropdlada y turhulen t.1, forja, crea, inventa, aplica, explota;
uuei;tra &lt;•n1oti,·idad, a¡wna.~ fatigada., encuentrn p:'diulo ,r cxcitaciún en nne,·a:-: impresiones
y nuevaR aspint&lt;'ione:-:; nue;.tra. Yoluntml Ke ve
ú la Yez solicitada en multitud de Renti&lt;los diferentes~• hacemos cada uno el trabajo d e todo un Yiejo pueblo y de toda una antigua ci,,il ización.
l~Rte exc&lt;•so &lt;le actividad mental moral y
rísica, e,-tá en clt&gt;sproporción ('01) la ;.eHistencia
nrtt1al lle nuestro organi::;mo. Para t1ue llegue

EL ~!UNDO ILUSTRADO
{(ser-normal, fisiolbgica é'i nofensiva, son forZO!"OS Y11rios sip:los de adaptaci(m )' de selecci(m. El organismo, individual y colectivo,
no ,::oportn laR bruRcns tranRicionei,,.
IJoy no vivimo,:. urnt vida normal Y regular, i,:ino una vida de fiebre r de mareo; nuestros órp:anoR, adaptados á excitaciones menos
intensas, á impreRioneR menos rudas y á trabajos menoR fatigoRof'. se rei-ienten de un ,rsurmenagei, peligroRo á la salud física y mental.
TodoR somos neur6ticof-l. anémicoR, ~· vivimoR
en perpetuo estado de debilidad irritable.
De ahí nuestrai- deRgraciM y nuestros extravírn::; ele ahí tanta locura v tanto snicidio,
\' de nhí también tanto a.lcoholiRmO V tanto
morfinismo. Los unos sucumben en 1~ lucha,
abrnmadoR, imbécileR ó enajenado,;; lo:, otroR
buRcan en los excitantes una ficticia '" momentánea re!'&lt;istencia ú Jm, ar&lt;perezas de.la lucha y ú los agotamientos (lUC la deRmesuracla
tensión dE- las facultades ncn1Tea.
Xuestro camino de gloria )' de grandeza eRtú sembrado de víctimas &lt;le la enfermedad,
del vicio y del crimen. HemoR con&lt;]uiRtarlo
para la poRteridad bienef'tar, grandeza.. poderío, ). la hemoR pagado con fibras de nueRtra
carne .v lagoR de nuf'Rtra sangre. Romo:- locoR
tal vez, hist~ricos, r&lt;in duda; pero locos é hiRtéricos sublimes, que nos hemos ofrecido t&gt;n
holocausto al bien humano ~' al progrer&lt;o de
la ciencia. La posterirlad nos lo tendrá en
cuenta y sabrá, como C'risto á la Magdalena,
perdonarnos nueRtro deRequilihrio ? nuestro,;
vi.ci.os por lo mucho &lt;]lle hemo,; amado la Civilización y el ProgreRO.

El Ventisquero.
A los tres añ.os de matrimonio, el marqués
C'ltaha tan enamorado de su esposa como el
día antes &lt;le su casan,iento, lo cual podrán no
alC'anza.r á comprender algunos maridoi,:, pern
eRto no es llll inconveniente para que el a.mor
del marqués resulta,ra 1m hecho.
.
En cuanto á Elvira, que había querido á su
primo Arturo de esa manera especial con que
ama la mujer cuando lo hace por vez primera. parecía estar F&lt;atisfecha de su posición social.
Rin el consejo &lt;le amhaR familias, El vira y
Arturo hubieran concluído por ca¡;.:arRc; pero
como ni uno ni otrn C'onb1 han a.pPnas ,·nn lii1•·
neR elP fortnn:1, se &lt;011,·ino por parte ele_ torio,::
c&gt;n que aqurl matrimonio t'r1:1, nn diRpa.rate en
torl:1 la extensión &lt;le la palabra; qnr no hahí:1
11i ,-iquiera. que penr&lt;ar en rl, put&gt;,- «coi1ti¡1:"
pan )' celiolla", era una. frui-e \'HCÍa de tocio
Renticlo ~- cursi por aiia.elidnra; por lo r¡ue los
primos, a.tendiendo á loR sentimientos dr la
realidad más que {1 loR de suR corazones, hi cieron µunto y aparte en 811 mutuo ,v re('Íproco amor.
Y el 111arquéi-l de G.... .. ,que por lo ilu"tre
rle sus blasones, al par (lUe por su cuanti'osí,-ima fortuna,, había Ritlo el candidato sui,piraclo
por cuantas jówneR de la rnús encopetnrla aristocracia se encontraban en estado dP. merel'&lt;-'l',
~· del que se aseguraba, como cosa 1wn1elta, el
enlace con nna. joven algo RU parienta, modelo
de totlo género de virtudeR \' bella hasta ~er 111
admiradón rle los F&lt;alones ~ que por entonees
concurria. vió 'á Elvira, se enamoré, como un
loco de ella, y C'Onclu.vó, con ~rnn et--cándalo
de to&lt;lo!l, por dejar plantada {1. su futma, la
que dci,clr entonces no Yolvió á dejarse ver en
público.
P.:IYira, por 1m parte. no dudó un momento
en aceptar aquel ventajosísimo partido, y el
linajndo y an·himillonario marqués conclu.vó
por tener el mismo trágico fin que cuenta Yíctor Rugo cupo al capitán .Tehs.
El primer_año de mat,rimoqio1!ó Rea el con0

Domingo 27 de Julio de 1902.

EL MUNIDO ILUSTRADO
venido en llamar el de la luna de miel, se lo
pasaron los nuevos espc sos recorriendo las
principales capitaleR de Europa. Desgraciadamente para el marqués, durante este viaje
Elvira tuvo el capricho de que lf's acompañara una prima suya, la cual no YolYió á separarse de la nueva marquesa.
Aquella prima fué el primer punto negro
en la vida del t,1amorado marqués, porque el
11egunclo, ósea el examante y primo también
de Elvirn, más que punto negro,resultó punto
filipino.
La presencia de Arturo en la casa del marqués acabó por constituir para éste una verdadera contrariedad.
Las atenciones que Elvira dispensara á su
primo, las continuas visitas de éste, y otra
multitnd &lt;le detalles, nimios en la forma, pero no en el fondo, concluyeron por despertar
los celos del marido. Rr&lt;te no ignoraba las reJaciom•s amorosas habidas entre Elvira y Artmo hacía algunos años, pero hasta (lUe los
celos no llegaron á germinar en RU corazón,
aquello había pasado inadvertido. Pero desde
entonce,; no.
Las miradas que se cruzaran entre El vira y
Arturo, laR confianzas que mutuamente se permitieran, las coincidencias naturales, ó que al
menos había que confe¡::arse que debían serlo,
reRultaban para el celoso marido una serie de
supoRicione,- que comenzando por preocupar•
le, conclnfan por constituir su deResperación.
La figura imprescindible de aquella prima que
parecía multiplicarRe cuando Arturo se encontraba allí, era para el marqués el mayor
de todo:, los torceelores. Y procurando ocultar
en lo más recóndito ele su alma aquellos, para
él unas veces fundados y otras hasta criminaleR pensamientos; ncudi'endo á lo mejor á su
memoria la figura de a&lt;1uella otra de la que
había lahrado RU eterna infelicidad, y sumido
en el máR hondo de los dolores y en la más
acerha de las amarguras; mirando siempre
desvanPcerse las pruebas ele cuantas sospechas
concebía; en una palabra, f-ufrienclo todo el
horroroso martirio que experimenta todo &amp;.que]
que tiene la der&lt;gracia ctc que se apodere de él
el no sin razón llamado demonio de los celos,
el buen marqués irnfrfa espantosamente, sin
que á ef&lt;te Rufrimiento alcanzara siquiera el Je
nitivo ele la comunicación; hasta que la figura &lt;le Arturo desaparecía y, como consecuencia de esto, la de la imprescindible prima ;:e
restaba, y el enamorado esposo, al encontrarse
á solas ? en presencia de su mujer, comenzaba por olvidar y concluía por arrepentirse y
hasta avergonzarse de aquella serie ·de eludas
y sospechas.

ción del distinguido diplomático, por el Primer Magistrado de nuestra Nación:
.
Se cumplió el solemne ceremomal de estilo
pronunciando el señor Conde una alocución
muy correcta, que le fué contestada
de igual manera por el señor Presidente.
Al acto asisti6 casi toda la colonia
italiana que reside en la capital; todos los Señores Generales, jefes y
oficiales francos de la guarnición, y
Yarios particulares que gustan de
presenciar la respetable ceremonia.

do la imprevisión de no darles cuerda. Este detalle para un tronquista, cual lo era el marqués, no hubiera tenielo importancia alguna
al no tratarse de un camino tan estrecho como el que tenían que recorrer y al
cual rodeaban multitud de precipicios, en el fondo de los cuales se hallaban los ventisqueros.
En el momento de subir al carruaje, que sólo tenía cuatro asientos,
resultó una de aquellas coincidencias
que el marqués acababa siempre por
confesarse que debían ser naturales.
La imprescindible prima, bajo el pretexto de que en los de detrás se mareaba, se empeñó en ir en el asiento
delantero, y como no era cosa de no
complacerla, Arturo y Elvira ocuparon los asientos traseros.
Trataba el marqués con toda su
habilidad y pericia de hacer que los
caballos que tan pronto se iban hacia
la izq,iierda como querían volverse
á la derecha, entraran en camino,
cuando al fijarse en la sombra que
proyectaba el carruaje, creyó ver que
Arturo rodeaba il talle de su prima
y que ambos unían las cabezas en
actitud de darse un beso. , Y al levantarse como movido de un resorte y ver cómo la sombra no le había
engañado, abandonó las riendas, y
tendiendo los crispados puños, rugió: ,c¡miserables!»
Pero antes que el marqués acabara
de pronunciar esta imprecación, los
caballos, al sentirse sueltos hacia el precipicio,
rodaron por éste, y en uni6n del carruaje y de
cuantos iban en él, desaparecieron un instante
después en uno de los próximos ventisqueros.

***
Desde aquel día y siempre á la

misma hora en que ocurrió la catástrofe que acabamos
de relatar, sobre una peña desde la que se dom inaba todo el lugar donde se hallaban los
ventisqueros, se veía la figura de una mujer,
de la que ni- la distancia ni el amplio manto
en que iba envuelta, eran bastantes á ocultar
la juventud, la distinción y la belleza. Y aquella figura, al retirarse de aquel sitio, lo hacía
siempre por el camino que condu0ía á la finca
colindante de la l!Ue por ahi se sigue conociendo como propiedad de los marqueses de G ...

M.

GAYCÍA REY.

\

***

El señor Conde Vinci desciende
de una de las principales familias
de Italia. Nació en Termo y se educó en Roma. En el año de 1884 comenzó la carrera diplomática en
la Secretaría de Relaciones de su
paÍR.
Ha desempeñado los cargos de primer Secretario de las Legaciones de
Sui1.a, Holanda, Madrid, Wáshington, Berlín y, por último, en Londres, de donde partió para Roma con
el objeto de recibir las cartas credenciales de Ministro en nuestro país.
El señor Conde habla perfectamente el español.
Durante su carrera diplomática
ha recibido las condecoraciones de
Drákbrok, Alemania; la del Aguila
Roja, del mismo Imperio; la de Isabel la Católica, de España; las de
San Lázaro y San Mauricio, de Italia, y algunas otras.
E XMO. S R. CONDE JULIO CESAR VINCI,

Su Majestad el Rey de Italia acaba de enviar al Exmo. Señor Conde Julio César Vínci
para que lo represente ante nuestra República
en calidad de Enviado Extraordinario y 1\Iinistro Plenipotenciario.
El jueves próximo pasado, á las doce del
día, se efectuó en audiencia pública la recep-

El señor Conde de Vinci es un modelo de
elegancia y de afabilidad en su trato; se atrae
fácilmente la!:1 simpatías y Re advierte que es
de aquellas personas que saben acrecentarlas y
conservarlas.
Hablando con el diplomático, nos pintó en
pocas palabras la estimación de que goza nuestro pueblo allá en la suntuosa patria del arte,
y nos dijo mucho, mucho y muy grato acP-rca
de los artistas compatriotas que han marc.bado para nutrir el ideal en aquel su bello país.
Nos habló con entusiasmo y galantería de
la ciudad que lo contará por su huésped, y se
manifestó interesado por la marcha de nuestros adelantos.

Y sí: sois los arbustos; el tronco carcomido
cayó en tierra, ya seco, mutilado y herido;
pero las mismas aves en vuestras ramas duermen;
triunfó de los embates del viento y del olvido
el árbol que en los surcos echó de nuevo el germen.

«La muerte no esla gloria.de los que son osados,
no es el apoteosis de los que son malvados;
para ellos el estigma, para ellos el olvido:
para los seres buenos al arte consagrados
la muerte es como para los pájaros el nido.

***

«Entra, reposa, calla; arroja la paleta
~• los pinceles: duerme en la región secreta
donde la carne baja y el espíritu sube;
y, libre al fin, que vuele tu alma de poeta
como sutil fragancia que a.rriba se hace nube.&gt;

Nuevo Enviado ExtraOYdinario y Ministro Plenipotenciario
de Italia en México.

ITALIA EN MÉXICO.

***

Por primera Yez desde su matrimonio, al
concluirse lo,- mese,; de primavera, Elvim )'
su e1;poso dt&gt;ciclieron pasnr una temporada. en
una magnífica posesión que tenían en t&gt;l Pirillf'O v rle In &lt;'Ual colinda.han los terrenoi,; &lt;'ni!
una ·propiPdad ele loR padres c]p aquelln pri•
mera prometida del marqué:- ,I' en donde la
jo\'en RC había irn::talado desde poco después
del casamiento de aquél con El vira.
El tiempo continuaba, por no variar, en un
todo contrario á lo predicho por el almanaquP.
Hn rín ocho díaR que los marqueses se encontraban en su finca del Pirineo,Y oí uno solo se
hahía dejado ,·cr el sol, cuan'do se presentó
Arturo.
Pn ra el m:irqués resultó éste el mayor de todos los nublados.
Dos díaR cleRpués,amaneciú uno espléndido.
El contraste que preRentaban los rayos del
sol, al toear huyendo las capas dP nieve que
cubrían rl suelo. f'!'a realmente hermoso.
Despu(,s clt&gt;l almuerzo, se convino en dar un
paseo en earruaje, ~- en atención á cine el lugar en que el paisajP resultabH más helio y
donde la nieve debía e!lcontrarse en mayor
cantidad,cra el de los Yentisqueros, se decidió
ir por aquél.
Si el marqués,ála llegada de Arturo, no huhiera 1..stado tan preocupado, seguramente que
no habría dejado de fijarse en que de los cuatro caballos enganchadoR, á lm: dos delanteros,
que eran.muy j6venes y briosos1 habían teni-

Alos Discípulos del Maestro ReQull.
Leida en la velada que se
celebró en honor del insigne artista.

Rendido de cansancio por el sendero iba:
pero mostrando una serena confianza,
sobre el endeble cuerpo llevó la frente altiva
-dombo radiante donde brilló perenne y vi va
la luz de un largo sueño de amor y de esperanza.
¿,Lo recordáis? Cabeza de majestad ceñuda
cual si desafiara la iras del destino,
sin el mohín del odio ni el gesto de la duda,
mas sumergida siempre en una triste y muda
contemplación extática del ideal divino.

.... Y él iba lentamente, muy triste y muy sereno,
con rumbo hacia ese dulce palacio misterioso
que acoge á los rendidos de la vida en su seno.
Tocó la ruerta y dijo:-Yo soy un hombre bueno
que aqu ha llegado en busca de paz y de reposo.
Yo soy una existencia de luchador que un día
sintió flotar un aire de gloria en su cabello,
yo soy un pensamiento, yo soy una ene1·gía
gastados en la ruda y angélica porfía
de halla1· en todas partes las formas de lo bello.

Y atravesó la senda con plantas claudicantes;
El iba lentamente, vosotros no; de prisa
.
marchabais juntos, gárrulos, gozosos y triunfantes;
él iba solo y triste, v al veros tan distantes
os saludó, de lejos, con su postrer sonrisa.

Yo he puesto luz y sueños en todas las cabezas,
auréolas inmortales en todos los dolores.
inmaculadas• túnicas en todas las pure,1as,
co1,onas de luceros en todas las tristezas
y rutilantes alas en todos los amores.

Así, al ver los arbustos que bordan las praderas
el árbol carcomido, dice: Sois mis retoños,
son mías vuestras savias que al circular ligeras
os dan calor; y vuestras floridas primaveras
son las transformaciones de mis mustios otoños.

Abrid; traigo la kábala profética en mi acento;
yo me he ceñido el áureo laurel de la conquista;
'::,Oy un impulso firme y un alto pensamiento
gastados en la magna labor de dar aliento
al Bien y á la Belleza. Abrid; soy un artista.

Yo soy un árbol triste que resistió el eterno
combate del invierno con todos sus rigores;
mas antes de cubrirme las nieves del invierno,
cada uno de vosotros en mí fué brote tierno,
anunciación y símbolo de las futuras flores.

Y- ¡oh magia del conjuro grave y solemne!entonces
la puerta misteriosa giró sobre sus gonces,
ycuna vozqueveníade loalto,&gt;exclamó:cpasa;
tu vida tiene toda la fuerza de los bronces,
amaste la Belleza y el Bien; ésta es tu casa.

** *

Hacéis bien, los retoños, en venerar la santa
sombra ele! árbol viejo '}Ue crió vuestros abriles:
un ideal, el suyo, en vuestros pechos canta:
su gran amor al Arte, su religión, levanta
y anima vuestros nobles anhelos juveniles.
Sed como aquel artista, de majestad ceñuda
cual si desafiara las iras del destino:
'
sin el mohín del odio ni el gesto de la duda.
mas embargado siempre por una triste v muda
contemplación extática del ideal divino. •
Sed como aquel maestro que por la senda iba

y que mostrando una serena confianza

'
sobre el endeble cuerpo ]levó la frente'altiva
-dombo radiante donde brilló, perenne v viva
la luz de un largo sueño de amor y de esperanza'.
Julio 1902.

�Domingo 2?' de Julio de 1!)02.

EL MUiNDO ILUSTRADO

EL CONSEJO SUPERIOR
De Educación Pltblica.

Una ele las creaciones que ma.rnr utilidad
traerán, probablemente, á la causa de la Instrucci6n Pública, es sm duda el Consejo ¡.¡nperior de Educación Pública, que aun cuando
!lo está constituído definitivamente, ya Re han
hecho l os nombramientos de las perRonas yne
figurarán al frente de él, ." cuyos retratos damos en el vresente número.
Se nombró, en primer término, Serretario
del Consejo al Doctor Porfirio Parra, bastante
conocido ya en el mundo de la ciencia pnra
que pretendamos decir algo nuevo aeerca de
él.
El Sr. Parra nació en Chihuahua, ele unn
familia humilde, y desde su más tierna e&lt;larl
se dedicó á los estudios, distinguiéndose má:-;
LIC. JUSTO SIERRA,
Subsecretario de Instrucción Públir.-,.~

in, 1Jh~ho 11.T.:'.--'i'n.\ no
Domingo 2?' de Julio de 1902.
=-====----=-========~~~~~~=======---_:

tarde en la Preparatoria, donde fué el discí.
pulo predilecto del inmorta.l Gabino Barreda;
y más tarde en la Escuela de ~íedicina, donde
iüzo una carrera brillantísima.
En la actualidad es profesor de Anatomía
dei;criptiYa y obtuvo por oposición la clase de
Fisiología hace unos cuantos años. Ha repreRt&gt;ntado á Méxiro en multitud de Congresos
Científicos en el Extranjero, y es partidario
acérrimo de la educación de la juventud.
El segundo nombramiento, el de Oficial del
Consejo, fué hecho en favor del Sr. Alonso
).fariscal y Piña, actualmente Diputado al
Congreso de la Unión. El Sr. Mariscal se ha
distinguido por su afecto hacia la educación, y
á esto sin duda se d ebió su nombramiento.
El tercer empleo es el de Oficial Auxiliar, y
fste fué conferido al Sr. Antonio Revilla, periodista muy conocido y que desde las columnas de distintos diarios ha defendido siempre
la Instrucción de las masas y combatido por
ella.

1

1

Don Rafael Angel de la Peña.

LIC. ALONSO MARISCAL,
Oficial.

CUNOS VIEJOS.
Blas6n.

SR.

DR. PORFIRIO PARRA
Secretario

[Para Frias Fe rnán&lt;lez. l

Uh cincE&gt;l mu_,- hE&gt;roico fué E&gt;l que en lahor ardiente
Robre el batido acE&gt;ro de fúlgida coraza,
marcó con los veRtigioR de sn indomable diente
los épicos blasoneR de legendaria raza.
De una aqnilina raza de viejos luchadorE&gt;R,
que siempre &lt;leRpreciando rPYeReR y irnplicioi;,
á los combate;: iban en medio &lt;le looreR
lanzando en RUR clarineR sus roncos epinicio!':.
Rnrgiendo del escudo, caudn l águila abría
i;tls alm: como en lnrgo reYolotear Yiolento,
y cayéndole encima de la tei;ta, fulgía
como bafiado en llamas un corazón sangriento.
Dice la vieja historia que el cin&lt;'el me ha contado,
que un dfa cuya fecha ít precisar no llego,
·
murió la heroica mzn. clespuéi; ele h:i ber triunfado
sobi-e el águila altiva el corazón de fuego.
¿De qmén fn(· aquella her{ildica? ... Aca;:o en tu m Pmoria
aquel E&gt;mhlema muchoR rectwrrloi- te clei-pierta,
Y Yes en los blasoneR caducos ele mi hiRtoria
corazóñ triunfante sobre un ág11ila muerta!

un

Voy á la Justa.

Reñor:i, yo te juro que en la purp(1rea ar~na
ele la lucha Ít que tran&lt;'eR de amores noR onllan,
logra1·é en rudo esfuerzo lucir mi lanza llena
f&lt;nrt 111, 1111.nare de ~q,11111('! Q,U~ (\ t\11'1 riCll'I fin 1!9 hUmillatt,

ANTONIO REVILLA,
Oficial.

El triunfo.

Encima de mi potro de crin copiosa y i-uelta,
mnr&lt;'hC- á bui;&lt;'ar tm lnuro para tn frente hernwi-:n.,
siguiéronme tus ojoi-, y en la campal revuelta
triunfé, y aquí te traigo la palma victoriosa.
H eroico en la pelea. de todos fuí temido,
jni.té con 101, más bravos y ardi entes p;ladiadoref-,
y ~e cu brió de gloria mi acero enrojecido
en sangre de Pelayos y Cides Campeadores.
Rendición.

"\fas ante ti, señ ora., se rinde mi bravura,
y humillo nnte tus plantas blasones y armadura.
Homenaje.

Que i;i por hra,•o un elfo. r eté firme y Rereno
lcgioneR enemip;afl huscando desagravio,;,
nnte ti sólo ansío caer sobre tu seno,
vencido, pero cerca del fuego ele tus labioR!
Y:i Yei;, ante tu eximia belleza irresistible,
apriRionado (]Uedo por amorosos lazoR,
." lo!&lt; alientos púgiles ele mi raza invencible
se mtrnren en la cárcel marmórea de tus brazos.
El Emblema.

¿,Recuerdas el e111 !,lema c!Pl blasón acerado? ..... .
dice el cincel que 1111 día, que yo á fijar no llego,
murió la brava raza, después de haber triunfado
i;;&lt;lbrP. el águila alti va el corazón de fuego!

•

Pocas Ron, indudablemente, las personas
de esta capital &lt;jue no conozcan {t D. Rafael
Angel de la Peña, nuest ro notable gramÍltico
y atildado lingüist,1.
Maestro de toda una gcneraciún, no ba hithielo entre sus discípulos uno solo que no conserve gratos rl:'cuerclos del i Ini-traclo prnfrsor y
del caballero correctíi,imo. El respeto y eariiio
para el seiwr &lt;le la PE&gt;fü!, ~e ha l,1e&lt;'ho tra1icional en la E~cnela :'\ac1onal f repnratorrn,
dónde siempre• ha ocupado uno tk lo~ primeros pucstos entre los Pducndorl',; de l.1 ju\'ent u&lt;l.
Desde qu&lt;' ter111in(• ;;u c,trrera literaria, !"e
dedicó al µrofesora&lt;lo, hahie1Hlo "ido catedr:,tico de Latín y de Litenltura e11 el hoy extino-uido colegio &lt;le Han .Juan &lt;le Letrán, y de
Lógica, Gramáticn Uastella na y prit1H'r cur,;o
de Matemáticas en la Preparat::-ria.
En 186::l cuando el Relior de la PPiin contaba 32 aíi~s de edad, fu(, nombrado indi viduo ele número ele h «8ociedad Húmboklt,» y
más tarde perteneció al «Liceo Hidalgo,» ÍL la
«::locieda&lt;l de ProfeRores de Puehla,, y al «Aten eo Mexicano dc Cie11cia,- .\' Letras," ·en el que
fué presidente de la sección de Ciencias Filológicni;.
. .,
.
8u coni;tantc d ed1caewn al eRtud10 y RUR
profundos conocin~ientos ele nue~trn_ i_dioma,
le valieron haber s1Clo nombrado md1v1duo de
núm ero de la Academia Mexicana de la Leno-ua ·" correspondiente de la Real E spañola,
º ' J deHcle entoncei-, ._,ecretar10
u
· perpet uo &lt;l e
siendo,
la primera.
En junio ele 1897 rePibió el seiior ele la Pt•ña u11a comunicación oticial en que se le hacía saber que D . ~Ii~uel Antonio Caro, \'icepre;:idente pn ejercicio ele la Repú lilica de Cnlombia lo había designado para que desempeñara' en ~I{&gt;xico el cnrgo ele Címst~l Cie~1eral
de dicha República, pero, por rnotn·os mdepenclientes de su volurita&lt;l, no pudo aceptar
tan honrosa distinción.
Refiriéndonos á sus escritos, diremos que
«La Influencia de l os métodos lógicos en el
progreso de las ciencias," rn_1 «~iscurso sobre
la tendencia actual de la ciencia," otro sobre
«El Positivismo considerado como doctrina y
como método," ,,J;:xposición rar.onada de diver-

"ºs planes de estudios," y otros opúsculo:; mús,
le har. valido extraordinarios elogios á RU autor.
H a publicado, asmnsmo, extensas monogrnfías que forrnau parte de una (ira111ática
Fundamental, para lectura. de peri;onas y,i
formadaH en este linaje de conocimientos; una
Uramátita Teórica Prúctica de la Lengua Castellana para los alumnoH que cnrP-an est'l. matnin en la E:-&lt;cuela Preparatol'iit, y vario" estt:d ios lexirngl'áficos, a&lt;lemús de algunos ensa,·os de Crí tita Literaria, c·on10 el prúlogo ,1
;,:\furmnrios de la ~elY,l,, ele D. .Joaquín ArC'aclio l':1gaza; un estudio crítieo &lt;le ,,Angelina,"
otro d e «El .Bachillel'," ek. Finalmentf•, lui
eo mpuesto &lt;liscun;o", ctictúnu'n&lt;•s sol, rt• obras
de texto ,. numNosos artículo,..
Tal
&lt;·n bre,·e resumc11, la ohm liternri:t
de D. Rafael Angel de la Pe iia, eon cuyo retrato honrarno8 las columna¡; de este se11Ja11ario.

e,.;

--------------TRES SON.E.TOS.
[ l!e,tboven l

CLARO DE LUNA

En alta noche la canci{m serena
trae en su giro ,,agabundo el viPnto,
corno rúfoga triste de un lamento
qne allú en el fondo del pasado suena.

La cantiún del e:;píri tu :,;oiiada
que envuelta en nimbo tle triztez,1 liuta,
cual el nenúfar lúnguido, lllle lirota
en silente riber,\ abandonada.
Destacaba lit luna mortecina
perfil &lt;le pri!1cesa bizantina
tle antiguo marco en la brumosa tela;

Hll

y el viento :trl'ehataba un t riste canto,
l'OlllO

como

la vida que frcnnda el llanto,
1111 hondo suspiro &lt;le 8tradella!

EDGARD ALLAN POE.

De l:t hoguera en que su alma se consume
brilla en su frente re8plandor &lt;livi no,
y en torno al desolado peregrino
Lconorn exhala su inmortal perfume.
.Para que el Cue:·vo del dolor le abrume,
le refieren las sombra,; del camino
d e Ligeya el ·1am1:nto sibilino,
los palidos terrores de Ulalume.
Vaga en la noche de su eterna angustia
crispado el corazón, deshecha y mustia
su corona triunfal, el pecho inerte.

Y en la horrenda visión de su delirio
e~cuchit las Campanas del martirio
presagiando sus bo,1as con la ~Inerte!

cCeopoldo j)íaz.
Oh ¡ cuál traduce la profu1ida pena,
la am'asga soledad clel pensamiento,
la hre\'t' ditha, el hondo :-ufrimiento,
c·on fra,:e niga de misterios llena!
Sobre las teclas púlidas del piano,
desgranando su nota cristalina,
pareee una lihélnla tu mano,

Y tu frente ele anfrnona 1-1c inclina
al eYocar del rui,.l:'iior gernmno
la sollozantl:' vibraci ón divina.

PENSAMIENTOS
La tolerancia es una virtud clifíci 1: 11 uc•stro
primer Hentimiento, _y aun el segundo, es odiar
[1 quien no pirn:,;a igual á nosotros. -LE)IA 1'J"RE.

*

Los poetas son hombreR &lt;Jllf' han rnnservatlo t&lt;us ojos ele ni íio... · D.-1.uni,;•r.

*

Los pintores acaban haciendo rt&gt;tmtos, v los
poetas haciendo pniúdicos. - ROBER'l' o~ LA
VIEJA CANCION

t'.,!ZERAXXE.

Oh la vieja canciún, 11u1wa ol ridacla!
La canción vieja de doliente nota
que sollozar parece una harpa ignota
por vagabumlo céfiro agitada.

De lrL confideucia á la ind iscrcción, no har
mayor distancia que del oído á la boca.-P_1,:-

*

'rIT-8ENX.

�Domingo 27 de Julio de 1902.

LOS BEYES SIN CORONA.
Son los tiranos más terribles que conoce la
humanidad. Desde uh trono que en vez de
oros y terciopelos tiene espuma de encajes y
marfil y armiño, el rey dicta su vol~ntad en
un idioma que sólo comprenden sus iguales y
sus esclavas. Estas son de la más alta nobleza que se conoce en la corte humana1 son las
e13canciadoras de vidas las que encienden la
columna de luz que glria en el viaje por la tierra; las que dan su existencia y no m~eren,
son láa rimas de infinitos dolores y sonneas de
inefabLis alegrías, son legión y se llaman una,

EL MUNDO ILUSTRADO
bre la alegría de la corte. La esclava tiemb~a,
viénenle á la imaginación mil sinsabores, qwere que el monarca esté entre sus brazos ....... :.
¡nunca tirano alguno ha ideado peores castigos!
(Infunden miedo un niño que no ríe y una
mujer que no ama; son vidas enfermas de un
mal incurable: el extramundo.)

DON GERAIIDO LÓPHZ DEL CASTILLO.
Elj'.'decano de los ac~ores rnc~~canos,. pon
Gerardo López (lel Cast1llo, munu rl mH•rcoles de la ~rma.na que termina.
La populni-idacl ele Don nrrnrclo cm grnn-

Cuando el rey despierta, la esclava lo saluda con un beso sobre la mejilla tibia, un claror de penumbra entra por los encajes del trono y va á herir las pupilas del soberano, que
por lo brillantes parecen go?1s _de Juz_ en el
fondo de un capullo. Es estoico a las pmneras
caricias, parece que no oye el murmullo dr
las frases mimosas¡ despu~s de un_ rato se ~a
cuenta de que está en la vida y qmere_ ergmrse y caminará la luz. Entonces cambia todo;
es!necesario que se ocupe de los asuntos de su
reino llegan los ministroR: un polichinela que
va s~bre ruedas tocando unos platillof', un
Pierrot manco y con visibles señas ele maltrato en el semblante un automata con sorbete
blanco trián1rnlos'ctc bermellón en los carrillos y ~on el costado herido por el agujero de
la llave; después sigue el &lt;lescuart~lamiento
del ejército: se vierte de golpe la caJa de ?ªr
tón y ni en la más tremenda batalla pudiera
verse cuadro semejante: caen cien generales
confundidos con cien soldados¡ el dragón erguido sobre su cabalgadura se recarga sobrr
el filo de las espadas; caballos y peatones están en actitud de marcha, por más que Jamala suerte loR haga caer &lt;le cabeza entre las pa-

tas de las bestias y amagados por las pu11tas
de las bayonetas; ¡ah y las estaturas!. ..... provocarían una pesadilla épica: junto á un general que no levanta una pulgada sobre el peluche de la alfombra, está un soldado raso
colosal, tan grande, que apenas el rey Rerá
capaz de alzarlo con las dos manos..
Pero Su Majestad no da mucha importancia á eso de los cartabones, le es igual que el
abanderado pueda pasar por entre las pierna,;
de un corneta ó que un general á caballo tenque ordenar que los soldados se pongan en
~uclillas para hablarles al oído.
La revista comiefiza: sobre un rosetón de la
alfombra van poniéndose en pie los militareR¡
alaunos dan la espalda al Soberano, otroR lo
ai~enazan con las bayonetas, el de más allá
no guarda el equilibio y ~a con su persona en
pleno peluche¡ es m,cesano que pase ámanos
del rey: los deditos sonrosados ponen el remedio al acaso y el soldado puede pararse. En
esa revista no hay que llevar los uniformes
flamantes ni las espadas con brillo; el rey corrige todos los desperfectos sili incomodarse, y
en tal faena se encuentra cuando .... . ,

ªª

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-Vamos, niño, dice la voz de la esclava,
ya es hora.
Sí, es hora de que Su Majestad soporte la
toilette¡ de que lance gritos y manotee cuando
el jabón cometa el desacato de colarse por entre los párpados. Pero un momento después
el rey queda flamante y puede marchará 13:s
avenidas del jardín para adiestrarse en los dificilísimos sports del aro ó de la pelota.
Suele dar el Soberano con su persona en
tierra; las damas de la corte se ponen en movimiento, corren {t levantarlo y le sacuden, á
mano limpia, el polvo irreRpctuoso que se le
ha pegado á las regias vestiduras.
Le dan el alto tratamiento de «travieso,)) y
le suplican que suspenda sus interesantísimos
estudios.
El rey frunce el seño y se marcha silencioso á su palacio.
Cuando come, una &lt;lama &lt;le la corte se situa
tras del regio sitial y le lleYa hasta la boca el
alimento. Suelen caer las augustas manos dentro del plato y mojarse en los caldillos ....... ..
El consejo hace oir su voz:con el esquisito tratamiento de «sucio¡,, "cochino", se suplica á
la real persona que suRpentla la ejecución de
su augusta voluntad.
Se le ofrecen frutas exquisitaR, un trozo tlt
mango, por ejemplo: el re? adquiere unos hermosos bigotes rubios que para sí envidiara el
coronado Kaiser. Entonces la dama de servicio maltrata con sumo cuidado las reales comi$uras de la boca y borra el oro del mostacho de sobre la tersura sonrosada.
DespuéR, cuando la noche llega, el palacio
se silencia, la servidumbre camina de puntillas, la veladora hace penumbra en la alcoba
real y entre las espumas de encaje del trono
cae como un pétalo de rosa el monarca, el tirano, el poderoso señor......
Ya duerme, cesa el canto arrullador, la eRclava bosteza ......

Don Gerardo López del Castillo.

tl_e; la había formado s1~ paso en los ese-enanos ante cuatro generacrnnes.
Trabajó en todos los teatros de la capital,
desde el de mayore:- \·uelos en el arte, hasta
el humilde jacalón ele los barrios. Lo conocían
todos los públicos y todos lo aplaudían.
Don Gerardo tuvo genialidades que aumentaron su popularidad haciéndolo héroe de
multitud de anécdotas en que se le pinta como una personalidad simpática, apasionada
siempre por el arte y de su patria.
Trabajó mucho, muchí:simo, y nunca logró
adquirir el elemento ¡,ecuniario que merecía
su asiduidad en la labor. ~Iui'ió pobre, dejando hijos honrados, que él mismo educó para la
escena.
La muerte de Don Gerardo López del CastilJo hará eco en toda la República¡ probablemente no hay poblado en que falte un habitante que hayaLaplauclido al viPjo y simpático
actor.

Domingo 27 de Julio de 1902.

. ",~t

Al entierro concurriemn su:- eompañer¡os
de arte y entre ellos
ha :-;id~ u,uy sentida la
desa¡)a~·ición del decano artista.

El cofre de B11mbert.

***

funden todo un poema:en su:nombre, en nuestra lengua se les dice: Madres.
Lo primero que aprenden los labios del_rey
es á llamará éstas esclavas, cuando no deJahdo escapar un sonido, sí dibujando u~a sonrisa, porque los tales reyes s~n ~e lo ~as raro
que se conoce: frun?en el ceno a s~s iguales,
gritan hasta desgafütarse y se encienden en
blanca ira ante los que se acercan á reverenciarlos; pero con sus esclavas son todo lo contrario gustan de dormir en su regazo, abandona~ el trono por seguirlas, las imploran,
sienten nostalgia ele ellas ..... .
Estos tiranos pregonan sus edictos por sí
mismos en medio del máR desesperante de
' con muecas que provocan nsa,
. coi;
los ruidos,
pataleos que ponen en desorden el trono. )'
la obediencia debe ser inmediata so pena, dr
algún atroz martirio; ¡ah! los castigos Ron tre-

mendos: el rey pone cara triste, sus ojos Re
marchitan, ve con indiferencia el dominio de
sus cariños y pasa como un nublado por so-

EL MUNDO ILUSTRADO

a~unto TI Ulll bert
:-igue teniendo Pll Parí~ t1u1üt \·ida &lt;'11lllo Pl
¡,rinwr rlín que di11HJs ú
nuestro, ledores una
ncticia ilm,trada ele la
('Scanrlalusa t-stafn .
;,
%''
,,
El púhlit:o parisirn1-e es (·01110 el 1rnP1-tro¡
lt&gt; gusta e011&lt;•~·er los
\.,.:·
111Ú,-; lige•ros inr1&lt;l nt1•f:
de lo 1-ensaci,,11111, v la
prPn1-a seri:L 110 d&lt;"~dt:'ft a eéle gu,t ,.
Entre nota r nota dP
:1 rtP, a pareeP ;,11 lnél rel'i~tas ele mú,: nombre
la i nformaeión cletalhtcla é ilustracla cl&lt;c'l mo•
111e1ito en que fu(· ext.raíclo de la c;1,,-:a 11ú1111•r,, (i,) rlc la al'enicla de•
«':randt• Armfe., Pl fa'"º"" l'ofre de hiPl'l'O 1•11
i¡ , t" lt1s c·stntulorE'S deda11 tPn,·r guardados
l11s 111il ,u1u,•,.: dt• fr:111t.:u,,.
l 11~talúro11s(• grú11,-: y
a11dn11iiaj\'s para hac•e1· li:ij:ir la célt'hre caja v la sensacimrnl noti;ii1 \'Ol {¡ por tocia;; la~
c;dleR rereanas. En poco,- 1110111P11to~ se agolpC, ante la casa una multitud cu,io,-a.
,
En París, co1110 entre nosotros, las na,tler1as
se tornan &lt;'n grandes aeontec·imientoR. PaReante;:, hombres ele negocios. n•púrters, fotúgrafos, &amp;, &amp;. toun Re rnniú allí en &lt;&gt;spera del
grnn monwnto. f-;i cuando flota un _sombrero
Yiejo en la,. aguas del :-,lena, la multitud pa;;a
J1ora,; \' horas contemplúnclolo, ¿.qué no sc•ría
en f'stá ,·ez que se tri.taha de un objeto tanta,
Yeces citado en las c0Jumna1- de los periódicos? ¿cómo se habían de privar de decir: «¡ Lo
he visto!»
·
La gruesa fila dr espectadores se mantuvo ii
clistancia, contenida por agentes del orden público que parrrían rl Renicio lle honor del
rr_v de los cofres.

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El descenso del Cofre.

8u I\Iajestncl ele hierre, s&lt;, hiz11 esp&lt;•rar mu&lt;-110. De la pirz:1. que oc•upa ha en el Regundo
pi,-o, i,n rl lado opuesto :'t la fadiada del e&lt;lifil'io, J'n(, trnllf,ladacla poco á poco; pero una
masa qne pesa 2.000 kilos no puede moYerRe
fíwilnH'ntl'. Drspu?s de tres horas de trabajo,
el augu;;to rnuehlP enseñó \lit ángulo por una
Yentan:i ......
Lo n1i~r:10 •¡ui&gt; Pª"ª Pll &lt;'l teatro cuanuo ,;e
h•vnnta el telún &lt;IPRpnc~s de nn entreacto prolongado, ,-:uc•Pdiú Pn aquel e,;pectúculo. La
aparición h1f saludada rnn un rumor prol011gado ele la multitud impaciente. Despufs RÍ·
guieron las peripecias del descenRo. que los
eoncurrPntes conternphron con atención, prro
no sin lanzar gritos burlPRCos.
.\lgunos se &lt;'Ontentaron con &lt;lecir "mírenlo", con una &lt;'Rpecie de ingenuidad admirativa, por lllÍlR CJUP ese cofre se• parezca á tocios lm,
rnfreR; otroR dieron :-;uelta á la Rátirn qtw Ruele
8&lt;'r fr 1·eeeR la filosofía. .1· la ju8ti('i:t elrl Jlllf'·
hlo.
:i\1 ientras, el bloc im p01wntr efectua.hn 1--n ¡]p,-r-t'nso en tre el andiamnjP, lenta, majt&gt;stno~amentc•, hHsta rl pif'o clr In cfille.
l'n rano mrgó (•on l'I cofre haRta la l'asa de
Remates.

MENSAJE
Para una artista.

•

•

De tu arpegio ele notas cristalino
Irradia con tu voz em hriag:ulora.
Del Arte nnevo C'I eRplen&lt;lor cli,·ino.
Y ;;urge de tu hoen, flor roRatl.t.
En cascadai:; de luz, nial una aurCJra
El ~imún ele tu voz como una oleael;.

O e11 hori&lt;las vihracioneR van tus not:l,-:,
Airo,:as cual laR úguilas andina$,
O cual blanca hnnda&lt;la de ga.viotaR ......

La llegada á tierra.

Y surge clr tu boca, flor ro¡sada,
L'n arpegio c[p notas cri:-tnlim1R ......
Con relámpagos blondos de albor:ida!
J US'fO p AS'fOR füos,

��Domingo 27 de Julio de 1902.

Domingo 27 de Julio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

'11' MUINDO ILUSTRADO

m

feentenaric 6e cfllejan6rc ~umás.
Hay "rllndeR popularida1lei- que lleg,rn :t
borrar h~ nacionalidad &lt;lel individuo, dándole por patria el mundo entero. Así ha pasado
á Víctor Rugo, Khakespeare, Dumás y muchos otros.
Francia rn á celebrar el centenario dC"l nacimiento del popular novelista Alejandro Dumíis, y ef'a fiesta será unn nota para todoR los
paí¡;:es.
Dumíis nació el 24 &lt;le .Julio &lt;le 1802 en Villers-Cotterrts, encantador puelilccillo que guarda. por el fecunqo novelista un culto ferv~!·oso. Apenas se ahanduna_~l tre1! en la e¡,;tac-1~n,
Re mira la eRtatnn del J11JO mmiado, fnn&lt;lula
en bro~e, ;;onrit'nte, cnn su ~arn honnthon:i.

que abundan en «Angel Pitou," y que el autor
coloca en el poético pueblecillo.
.
Ji:n París también se celebrará el centenano
de Dnmús, pero será por los meses de octuhrr éJ noYiernhre, _v una &lt;le la,: ~randes fie1,tas

cos-y no pudo nprontarle nada en rnetúlfro,
pero lo citó para el ;;iguiente día c~m todo ~su c:irnara fotográfica. El protf&gt;g1d~ eshn·1,
puntual (1 la citn y encontró al novelista con
una crriReta del taller dr modas cercano.
--Retrátenos usted, elijo Dnmí1s haciendo
que lfl muc·hacha i-e le colgnra al l'Uello en actitud picaresca.
El fotúgrafo ol,edC'ti{, y obtuvo umi placa
casi cs&lt;·atHl:ilosa.
-Ahora t•xhilw usted ese retrato en s111&lt;
muestreroi- y lo 111anda vender ÍI hnrt.-idilla1&lt;
por los bulevares.
Aquella fotografía íntima obtm·o gran fxitn y t&gt;l fotógrafo i"C' creyó hastnnte proteµ1rl,,.

j (

[

PEDAZO DE UN ORIGINAL DE "EL VIZCONDE
DE
BRAGELONE.''
Autógrafo de Dumás que existe en México en poder de nuestro compañero Juan Sánchez Azcona.

Cuando el proceso iba (t terminar, Dnmús
,;e desistió de su acuRación, y el producto de la
venta de lai,, fotografías, que lleg6 á varios
cientos de miles de iran.::os, fué á poder del
fotógrnfo.

***

l'na &lt;le las excentri"idades de Dl1más, fué
hacer construir un castillo exactamente igual
al que ideó en su famosa novela «El Conde ele
~[ontecristo." Era un primor de arte. Y esta
nota de esplendor le duró muy poco tiempo:

✓

/_,_ -,-¡
--i ..:: ---~- ~ ::~;/

(

,·

1

...,_.,.-. -·· - 1

~~~\ ~:~

En el año de 1864, cuando volvió de Italia
á París, no tenía recursos y dió al teatro su
obra (&lt;Gardes Forestiers. &gt;&gt; Xo fué bueno el éxito, porque el cajero se marchó llevúndose el
producto de las reprcsentacionei-. Entonces
Dumás ideó la manera de allegarse recursos
uiilizando su popularidad. Formó una compañia dramática y la hizo recorrer varios departamentos ele Francia, recomendándole que
anunciara en todas sus funciones que asistiría el autor de la obra, Alejandro Dnmái-.
Contaba con poderse transladar violentamente &lt;le París á In población donde se encontrara
la compafiía. Así sucedió muchas veces y lo~
éxitos y el dinero estaban Íl la orden del día.
Pero una vez, estando la compañía en Laón,
se hizo el acostumbrado anuncio \' Dumás no
se presentó en el teatro. La furia ele los espectadores fué tremenda, como que se creían burlados. El primer acto de la obra pasú entre
silbidos y cojinazos, pero cuando sonaba la
campana para comenzar el segundo acto, se
escuchó un gran ruido
en el vestíbulo y Du
más hizo su presentación en el palco. Todo
el furor se tornó en
aclamaciones y los concurrentes g1·itaron ú
una voz:
-¡El primer neto;
queremos el primer ac-

jo de la clase más corriente; sobre esa mesa un
tintero, plumas y bastante papel azul. Tres
sillas de barrotes redondos ....... .. era todo el
mueble.
El único lujo que se asomaba por allí, era
una especie de vaso etrusco en que se bañaba
ya una rosa, un clave~ 6 un ramo de lilas.
DumÍls llevaba pocas prendas de vestir, aun
eH el invierno; con la c.abeza descubierta'y los
brazos desnudos, el ilustre novelista pasaba horas y más horas encorvado sobre las cuartillas,
como un buey sobre el surco, haciendo que
pasara de los puntos de la pluma lo negro sobre lo blanco, ó más bien sobre lo azul. Y á
su decir, aquel ejercicio de galero le producía ·
m1a acre voluptuosidad.
Las pobrezas de Dumás eran conocidas por
los dícerec;; nunca se le vió priYado C:e aquellos gustos dispendiosos que eran fácilmente
explicables en la opulencia.
Jamás clejó de tener mesa puesta para sus
amigos, ni abandcn6 la m·esita del café.

to!
Y no hubo remedio,

Ultimo retrato de Dumás,

jfontecristo comenzó á construiri:;e en 1840
jamás fn{, terminado· lo pusieron ú la venht
&lt;leRpués del fracaRO del 'l't&gt;iltro Histórico. La
revolución del afio de 1848 arruinó al castelfano director y tuvo que YOlYer á P~rís. ~na
mañana se le anunció la visita de F10rentmo,
el crítico de un peri6dico que se titulaba "El
Constitucional. » El novelista acababa de almorzar con su hijo Alejandro. El criado hizo
entrar al yif,itante al comeclor.
-Querido Fiorentino le dijo Dnmíis, no
se apure usted por que h~mos teTminado: tome una de estas frutas y cómala.
Y le pre11entó un plato con dos cereza_s arrugadas, casi Recas. Fiorentino no se hizo . ~le
rogar y Dumás lo miró sonriendo y )e diJO:
-Se acaba usted de comer cien rrnl francos.
-;,Cómo es eso·?
- Jluy sencillo: estas dos rerezas es todo lo
q~e me qu~daba &lt;;1.e Mon~ci:isto y Mon~ecnsto me ha costado doscieutos mil francos.

y

l
Dumás en el año de 1828.

L:i c,tlk principal &lt;lel pueblecillo &lt;le lo;; \'alúis, se llama ele Alejandro Dumús, y (i cien
paf-08 después de ha.her entra&lt;lo en elltt, se advierte una placa de mÍlrmol, incrustada. en un
muro, qu¡, señala la casa natal del novelista.
Ya Yillerfi-Cotterets celebró una original
fiesta conmemorando el centenerario de Dnmás. Fué preciso que la adelantaran algunos
días para que la estación de las Huvias no fuera un impedimento. Toda la fiesta se celebró
al aire libre, reproduciendo las descripciones

&lt;·onsi¡,tir{i f'll la «repri,ei, de ,1Enriqtw III y :-u
Corte," f'n el Tratro Francfs.

***

De pocos hombres se contarún tantas anécdot.-is célebre~ como de Dumás; una de las
menos C'Onocidas es la que narra la mariera
como el novelista enriqueció á un fotógrafo
que se le había acercado á pedirle protección.
Dumás se encontraba sin un sueldo-lo que
era tan común en él como tener miles de fran-

pero Dumás no [ué &lt;le la misma opinión y
completó su genno:-iidad acusando ante los
tribunaleR al retratista y exigiéndole una fuerte imlemnización.
El escándalo que produjo este incidente, fu{,
pasto de las conversaciones de todo París, y
nadie quería quedarse sin un ejemplar de aque
lla fotografía. Durnás sigui6 todo el juicio :l
la vez que fomentaba la venta de lof&lt; retrato;;,
que llegaron á inundar verdaderamente las calles parisienses.
·

l

tuvo que repetirse el
primer acto, y la fiesta
continuó bajo los mejores auspicios.
El té1:mino de esa jira fué en Villers-Cotterets, y para celebr~rse el triunfo de la Jira, Dumás ofreció á los
c6micos un banquete
con manjares gnü,ado~
por él mismo.

El gabinete tle tmbajo de Dumú8, cmu;·
do caía en la rna8
extremada pobreza,
cuando se puso ú redactar su periódico ''El
.:\Iosquetero, por ejemplo, tenía ~m aspecto
casi cenobítico.
Nada que fuera un
adorno, ni un cuadro
ni una estatua. Una
mesita de sabino cubierta con un tapiz ro-

))

EL CASTILLO DE MONTE-CRISTO

~~­

�Domingo 27 de julio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

=

__,.,......,._-------------

AÑO IX.--TOM0 11.--NÚM. 5.

MÉXICO, AGOSTO 3 DE 1902.

Subscripción mensual foránea, $1.50
ldem

Jdem. en la cai,itaJ, ,, 1.25

Oerente1 LUI&amp; Rttt6 6PINOOLA.

llrector: LIC. RAf',UL Rfl'f!; &amp;PINOOLA.

PUYS.-CA SA DON DE MURIO DUMAS.

El fin del célebre rscritor fu? triste. Pa.reer
que el destino se propuso someter á aqnC"l
hombre tltn espléndidamente dotado, á una
prueba más terrible que Íl C'ualc¡uier simple
mortal. Dum(ts tuvo diez meses ,Je agonía,
agonía intelectual que no puede enmpararse í1
la. espantosa penitencia que sufrió Xapolón en
la roca de Santa Elena. Durante diez mC'SPsf'l
maravilloso C'uetltista tuvo la sensación dC' su

impotenria ...... Su hijo All'jandro, c11ru1&lt;lo sobrevino la guerrn, lo llevú ni puf'hlo de Puy,
cerca clr Dieppe, ~· allí se extinguiú para rl
mnn&lt;lo aquel gigantesco rspírítu. un día de
invierno ¡.;umbrío, nebulo¡.;o, siniestro ....
IgnorÍ&gt; lar,; desg1·acias que le est.'tlian ocurriendo Íl su patria, _v súlo hasta el ,líri siguiente de Hit muerte, hasta d día siguientr, lo,;
Prusianos rntraron {1 Dieppt&gt;, eomo si para

rsa últim:1 jornada hubieran e:sperado 4ue
nquel gran coraz{m:=de~Llo,; franceses hubiera
df'jado dr latir.

POR EL JARDÍN.
(Cuadro de Toudouze).

CASA DONDE NACIO PUMAS EN VIL.L.ERS-COTTERETS,

SEPULCRO DE DUMAS EN PUYS

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 27 de julio de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

=

__,.,......,._-------------

AÑO IX.--TOM0 11.--NÚM. 5.

MÉXICO, AGOSTO 3 DE 1902.

Subscripción mensual foránea, $1.50
ldem

Jdem. en la cai,itaJ, ,, 1.25

Oerente1 LUI&amp; Rttt6 6PINOOLA.

llrector: LIC. RAf',UL Rfl'f!; &amp;PINOOLA.

PUYS.-CA SA DON DE MURIO DUMAS.

El fin del célebre rscritor fu? triste. Pa.reer
que el destino se propuso someter á aqnC"l
hombre tltn espléndidamente dotado, á una
prueba más terrible que Íl C'ualc¡uier simple
mortal. Dum(ts tuvo diez meses ,Je agonía,
agonía intelectual que no puede enmpararse í1
la. espantosa penitencia que sufrió Xapolón en
la roca de Santa Elena. Durante diez mC'SPsf'l
maravilloso C'uetltista tuvo la sensación dC' su

impotenria ...... Su hijo All'jandro, c11ru1&lt;lo sobrevino la guerrn, lo llevú ni puf'hlo de Puy,
cerca clr Dieppe, ~· allí se extinguiú para rl
mnn&lt;lo aquel gigantesco rspírítu. un día de
invierno ¡.;umbrío, nebulo¡.;o, siniestro ....
IgnorÍ&gt; lar,; desg1·acias que le est.'tlian ocurriendo Íl su patria, _v súlo hasta el ,líri siguiente de Hit muerte, hasta d día siguientr, lo,;
Prusianos rntraron {1 Dieppt&gt;, eomo si para

rsa últim:1 jornada hubieran e:sperado 4ue
nquel gran coraz{m:=de~Llo,; franceses hubiera
df'jado dr latir.

POR EL JARDÍN.
(Cuadro de Toudouze).

CASA DONDE NACIO PUMAS EN VIL.L.ERS-COTTERETS,

SEPULCRO DE DUMAS EN PUYS

�Domingo 3 de Agosto de 1902.

LOS NIÑOS CRIMINALES.
NOTAS CALLEJERAS.
La noticia es ya poco alarmante, porque en
fuerza de la costumbre, nos hemos habituado
á verla con cierta despectiva indiierencia. Sin
embargo, es sumamente triste y se presta á
graves consideraciones del orden moral y sociol6gico.
Hace pocos días hablábamos de los niños
que beben; ahora, un acontecimiento de actualidad, publicado hace unos cuantos días
por los peri6dicos, nos obliga á hablar de algo tan doloroso como la embriaguez prematura: la criminalidad precoz; los niños que beben y los niños que matan; el anverso y el reverso de esa obscura medalla que esculpe en
las tinieblas del abismo la maldad humana.
Lo que los niños del pueblo ven, al abrir
los ojos, por primera vez, es una riña. Y conforme van creciendo, van asimismo dándose
cuenta de que la vida es una lucha en la que
vence el que tiene mejor cuchillo y sabe herir
más certeramente á su contrario. Las reyertas
del hogar, los escándalos de la pulquería, los
pleitos de los ebrios, las conversaciones de familia, las admiraciones y alabanzas á los valientes del barrio, forman en tomo del niño
del pueblo una atm6sfera de odio que poco á
poco envenena su espíritu débil y turba su incipiente raz6n.

***
No es raro encontrar por las calles de la ciudad, mujeres que riñen, hombres que pelean
tumultos de borrachos coléricos, y con ellos'
acompañamientos de muchachos que lloran'
de chiquillos que corren y vociferan también'
de hombrecillos que no levantan media var;
del suelo y que ya contemplan impávidos, como si fuese un espectáculo divertido, el combate de dos fieras humanas que por una causa baladí se hieren y se matan en el paroxismo de una rabia salvaje.
Como en los niños eorios, en los nifios delincuentes hay heredismos insanos, perversidades atávicas, rencores y venganzas que han
ido pasando de generación en generación. Son
niños que estuvien..111 amamantados con bilis
y que están educándose entre la sangre y la
blasfemia.
Esos miserables cuartos de vecindad, verdaderas espeluncas, sirven de refugio á iracundas
miserias y á furias' de alimaña. Estos seres
que viven en ei vicio y ,¡e revuelcan en el sombrío y pestilente fango de la ignorancia y el
crimen, no tienen hijos, tienen cachorros. De
su existencia golpeada, fustigada, inquieta·
de sus amores primitivos, rudos, brutales sa~
len estas vidas tristes ya contaminadas po'r un
anhelo selvático de destrucción y aniquilamiento. En estos niños se reproducen todas
las bajas pasiones. En esas almitas anidan cóleras. En esos blancos templos hay buitres.

***

La riña callejera es para ellos lo que el simulacro para los militares. Tienen en sus casas, en el arroyo, en la taberna, un continuo
y eficaz aprenJizaje. Reciben diarias lecciones de los padre:;, &lt;le los amigos, &lt;le los conocidos y de los desconocidos. El mundo para.
estas criaturas no tiene más que dos formas:
el pleito en cualquier parte, en el hogar en la
vecindad, en el barrio, en la pulquerí¡, y la
cárcel, allá lejos, un caserón siniestro donde
los hombres se perfeccionan para salir más
desalmados y más bravos.
Desde antes de entrar en la escuela, suelen
estos muchachos entrar en la comisaría, y antes que el profesor, tiene que ver con ellos el
gendarme.
Oyen, y con su infantil y vivaz imaginaci6n
abultan los h.echos que se les refieren: escándalos, robos,· raterías, asesinatos. Esas conversaciones aisladas, esas confidencias canallescas,esos diálogos obscenos y cínicos son las
lecciones orales que reciben perpetuam~nte los
alumnos de la perversidad y del delito.
El medio_ q~e ~es rodea los empuja fatalmente. La imitación, natural en los recién
venidos á, la vida, los estimula. Sus juegos son

lllt MUNnO ILUS'l':ttAnO
siempre riñas más-6 menos fingidas. Buscan
defensa ó apoyo en el cuchillo real 6imaginario que suponen llevar 6 llevan en la cintura.
Resultan criminales; pero su maldad no es
una planta de generación espontánea; la delincuencia se la enseflan los padres, la aprendieron de lai:, gentes entre las cuales viven; la
respiran en el aire como un miasma.
La perversi6n colectiva colabora en esta
obra IDOJJStruosa. Los niños delincuentes son
un producto del estado social de nuestro pueblo.

EL MUNDO ILUSTRADO
que enfriaba mis manos el antepecho de la ventana.
Miro en efecto lJ_arejas alegres que se esconden tras el seto onental para beber en honor
de los poetas, en la gloria del sol trasmontan.
te.
Suaves perfumes se escapan por las mangas
de seda.
Triste de mí, c¡ue me siento sin alma y sin
defe"!sa ante el áspero viento de Occidente.. ..
El_ viento que azota los crisántemos y los marchita, asemejándolos á mi coraz6n.

VÍ UNA FLOR DE LIS.. ~.
Las playas del «mar chapálico11 !'&lt;On un refugio para cuando Re hace insufrible el peso
de la Yida monótona de la ciudad lujosa. Allí
hay chalets encantadores, acurrucados en nidos ele frondas, y mesones destartalado~ en
donde se puede esconder la vida, conversando
con labriegos y pescadores sencillos; hay hotel con verandas qne se asoman á las aguas
rumorosas, barquichuelos que corren á lo lar•
go de la playa, remados por muchachas vera11eantes, de rostros risuefio&gt;', vestidas con el
vaporoso traje de campo, del que es ÍI modo
de clásico detalle el rebozo de colorPs fuertes,
cruzado sobre el pecho. Y ~•a sea desde el balc6n del hotel, 6 desde el corredor del chalet,
ya desde las arenas de la orilla snlitaria 6 en
la punta del embarcadero-formado con barro y piedras, que el golpe de las olas lustra
y derrumban,--el panorama es tranquilo, quizá un poco melancólico, predispone á los recuerdoR, provoca á los idilios; se Riente que
por la transparencia de los ojos se asoma una
tristeza, agradable porque es inclrfinida ......
Cuando se tiene humor de c01wersar con
los pescadores, se nota. la influencia r¡ue en
ellos han ejercido las horas lentas, que pasau
en la soledad, sin más compaflía que los peces moribundos arrojados al fondo del lanch6n; sin más idea que tirar hien ele la red
para que la presa no se escape; sin n1Íls entusiasmo que el de volver á la playii verde en
que se divisa la crucecita clavarla en lo alto
del campanario. como alguien que los espera
con los brazos abiertos.
La plática es sahro,:a: apuntando á un lugar
impreciso de las aguits, dicen que allí fué la
gran cat.ástrofe que llevó tanto luto{¡ la ciudad de Occidente; hacen advertir que ('\ pequeño mar es traidor, que tan pronto sus
aguas acarician como golpean, que por laima.fianas convida al trabajo y que por las noches despierta Ít la angustia. Allá lejoR está la
mancha de la. isla del Presidio; nni;,· pocos I ugareños saben su historia..... .

el loto rojo

UNA POETISA CHINA.
La gloria de los poetas no se forma en la
China del mismo modo que en las demás naciones. Dilátase largo tiempo en formarse,
pero así resulta más justa y más duradera.
::ialvo raras excepciones en los tiempos modernos, bajo la influencia del ejemplo extranjero,
nunca se ha dado el caso de que un poeta haya tehido la osadía de juzgar dignas de la prensa sus propias poesías y de publicarlas en volumen.
Cada poeta canta en las reuniones de los
amigos y de los literatos los versos que ha
compue:sto-en el País Amarillo los versos se
cantttn siempre al compás de una melopea tradicional; y si una de las poesías tiene la aprobación de los oyentes, éstos piden al autor el
permiso de copiarla. Y así, de mano en mano,
Ja poesía va circulando entre un público siempre más numeroso, y el nombre del poeta se
difunde fácilmente, espontáneamente, como
un perfume suave.
También algunas veces el autor, por carecer
de relaciones, se dirige directamente al público. De ahí las poesías, casi siempre anónimas,
que aparecen escritas en los muros de los eclihcios públicos ó en una que otra puerta. Los
que pasan se acercan, leen, y si la poesía les
parece bella, la copian y la hacen leer á los
amigos. A poco estas poesías resultan célebres
y populares.
Con frecuencia pasa más de un siglo antes
de que un Emperador dé la orden á. una comisión &lt;le literatos para coleccionar en volumen las poesías ya consagradas por la fama.
Entre aqu~llos cuyas obras fueron así recogidas y publicadas, perduran á través de los tiempos Jos nombres de Li-Tai-Pe, Thu-Fu y elde
una poetisa: Ly-y-Hane, quien vivió bajo la
dinastía de los ::;long, en el siglo XII de nuestra era, y de quien muy poco se sabe, fuera de
lo que nos dicen sus versos, altamente sentidos y personales.
Ly-y-Hane, que es muy admirada por sus
compatriotas, discurre siempre sobre un solo
asunto: la herida incurable de su corazón, que
i;angra en la soledad. Y el amor que atlige y
consume á esta Safo del Celeste Iruperio, aparece como ignorado de quien lo inspira. Acaso
ella no tuvo nunca el valor ele revelarlo. Tampoco se lo habría permitido su condición de
mujer ni las costumbres ni las conveniencias.
« Diríase una flor enamorada de un pájaro; una
tlor que, no teniendo voz ni alas, muere exhalando su alma, perfumada de amor,,.
A su dolor, Ly-y-Hane a:socia siempre en
sus versos el ambiente en que vive, el paisaje
que la circunda, lo que ella puede ver desde
su ventana.
He aquí algunas traducciones:

.Ca fiesta de los poetas
:Niebla ligera; densas nubes, largo el día, interminable el dolor ......
El perfume está por extinguirse en la dorada quimera.
¿No es el tiempo de la hermosa fiesta de los
poetas, el tiempo que retorna siempre? Sin
duda, porque ayer, por la primera vez, sentí

Una flor se abre en la superficie del agua
profunda...... Del agua profunda .........
Tomo el sedal y lo lanzo hacia aquella flor
de las raíces profundas ...... Hacia aquella flor
de las raíces profundas.
Turb~do ha sido el misterio de la tenebrosa
~rofun1idad, ceF:a el reposo, la agitación se extiende a lo lejos. Y trato con el sedal de atraer
el loto ...... como si allí estuviese su coraz6n ... .
El s?l sobrena_;1a en la extrema orilla del cielo: palidece; extrnguese; ¡ay! se hunde en la
noche...... Se hunde en la noche.
S~bo al piso superior. Deténgome ante mi
espPJO..... ¡Ah, el rostro triste y dei"trufrlo'
El rostro triste y destruí do.
.. · ..
Las plantas rev~rdecerítn ...... ¿Cómo yo, sin
esperanza, he podido llegar hasta este día'?

J)esesperacíón
Llama, llama.! Implora, implora!
Restaña! Duerme, duerme! Llora llora! Sufre, sufre siempre!
'
Apenas llegan los días cálidos retorna la
estaci6n del frío.
'
¡Cuán penoso es vivir.!
. Dos ó tres tazas de d~bil _viiio no b~stan paia poder soportar el agrio viento matmal.
Ya los cisnes salvajes repasan el río. Hace
~ucbo tiempo que los conozco, por haberlo'!
visto pasar y vol ver (t pasar.
¡M1 corazím está cruelmente herido!

***
Los crisántemos abundan pór to&lt;laR partes
c◊-n exuberancia suntuosa.
, Pero la flor que aquí se marchita ¿quitn
a desearla? ¿No soy yo la eterna guardiana de
esta reja?
¿Ct!ándo, pues, Re extinguirá el día en la
oscuridad?
l!na lluvia sutil baña las hojas ele las paulomas.
El crepúsculo llega lentamente· la. oscuridad
cae poco á poco.
'
Al fin la noche!
Y sin e~nbargo,. nada ha cambiado para mí.
Ah, qmén pudiera-destruir para siernpre la
palabra «desesperación"!

***

"ª

*
*'*
Nada sabemos de la vida de esta poetisa: ignoramos quién fuese el objeto de su amor- no
sabemos ta.mpoco en qué circunstancias se'haya des~rr_ollado esta &lt;.!olorosa pasión; pero si
una cromca pormenorizada nos lo diJ'ese , 11,,.
,
, b
,
' 1,1-'"
ganamos a sa er mas, acerca de su vida, que
lo que nos dicen Estos versos desolados?
«Con 111. más tiema admiraci6n-dice Judit
Gautier-he descifrado los Yersos de esta noble y conmovedora poetisa; y sintiéndome dichosa de haber sido la primera ei, hacer resonar, fuera de los _confines del Celeste Imperio,
el nombre armomoso ele Ly-y-Hane,,_

Domingo 3 de Agosto de 1902.

..

A esas playas del «mar chapálico» fní ú la·
var las desilusiones de una prolo:~gada. p!lr·
manencia. en la aparatrn::a ciudad-me comen1.ó á platicar un amigo mío que es FIOiiador,porque me las imaginé solitnrias, porque creí
que el invierno habría dejado desiertos los
chalE:ts y el hotel de rumbo. Tenía ilusión &lt;le
no encontrará gente alguna que hubiera pisado las calles de la ciudad que me hastiaba.
Y en verdad que loR primeros días pasaron
á medida de mi rnluntad. Era el único lrnésped del hotel, duci10 abRoluto de la vernncla,
del c:.,medor, de la sala de billares; cantaba,
silbaba, refa á solas cuando Yenía ú Yisitarme
algún recuerdo; nadie me irn portunaba con Raludos ni conversaciones ampuloRfü,; prohibí á
la servidumbre que me dirigiera la palahrn y
fuí muy feliz, muy feliz, cuando .......
Cuando vino á. turbar todo mi contento una
mujer extraordinaria. Llegué al comedor pa.•
ra almorzar, y precisamente en la mesa en
que acostumbraba instalarme, la encontré. Su
tipo era muy acentuado como oriunda del
Norte: ojos azules muy Yivos, tez blanca, pelo
rubio en que se esconclía tal cual hilillo de
plata.
Vestía una bata roja recargada de adornos
blancos. Este traje me causó hondo malestar,
porque me revelaba que la desconocida estaba
instalada en 1,mü, hotel, y no por pocas horas.
1\-Ie alejé lo más que pude y fingí no verla;
pero no había transcurrido un cuarto de hora
cuando oí que con voz insinuante se dirigía
diciéndome en correcto espafiol:
-Caballero ....... caballero, repitió, porque
no hice caso de su primer llamamiento.
-Usted me hablaba.
-Sí, para que tenga la amabilidad de informarme respecto á la vida que aquí se lleva.
-Señora, aquí hace uno su voluntad.
-Gracias.

Creí que había terminado la conversación y
me volví :t mirar el lago.
- 1Qué hermoso es eRlo, ¿ ,·erdad?
-Bí-contesté con indiferencia.
¿Me acompafiaría á pasear usted ei-ta tarde en bote?

¡.\cliós tranquilidad!
- ...... sí la acompañaré á t1F1ted; pero .......
el lago es traidor; tan pronto RUR aguas acarician como azotan ......
-Caballero, los peligros para mí son despreciables.
-¿.Cómo, c6mo es eso? Y acerqué mi silla
á la mesa de la desconocida.
-He vivido en plena borrasca; mi historia
ha &gt;&lt;ido una tempestad desencadenada. Contaré á usted algunos rasgos ahora que Ya.rnrnos al bote.
·
·
La mujer se levantó haciéndome un saludo
con la cabeza, y salió del comedor recogiéndose
el trajP de esa manera como lo hacen laH americnnas, ¿comprendes?

***
\'eíamos á lo lejos la playa con su opulenta
vegetaci6n; parecía un adorno rle plum6n verde pega.do á la ondulosa orilla de las agua,;.
ll:l bote que nos llevaba iba á la vela y por
momentos Re perdían todos los detalles &lt;le la
costa.
11i compañera había cambiado ele traje: llevaba una riquísima bata de seda rosa, con
mangas muy anchas; sobre el pecho tenía
bordada una flor de lis.
Charlaba describiéndome la sensación 1¡ue
le producía la inmensidad líquida; veía al cielo y se abismaba siguiendo con los ojos á una
nube. :Me resolví á decirle con timidez:
-¿Y los rasgos de la historia? ........ .
-Es usted curioso.-Y agreg6 después de
una pausa, esta noche sabrá uRted lo que ha
sido mi vida.
Luego se inclinó sobre un costado de la embarcaci6n y hundi6 una mano en el agua. Iba
mojando la orla de la manga y lo advirtió.
Con ingenuo impudor recogi6 la tela hasta el
hombro y me dej6 ver un brazo escultural y
sonrosado. De pronto ~quivé mis mirada,;,
pero luego ví que no le causaban molestia y
me fijé con todo descaro.
·
Cerca del hombro tenía una mancha azul;
mi curiosidad se animó y me acerqué para ver
mejor; era una marca de tatuaje, una flor de lis.
¡:Mujer más extraordinaria ó más ........ ordinaria! pensé.
La tarde iba cayendo, y la sombra comenzaba á subir de las aguas.

ir

-Nos voh·eremoR, p·erdatl'?
,
-~o, sefi.or; pienso esperaraqu, la noclw.
-Jle c¡uedf frío. Hice !-efia al hotPro el~
que arriara la vela con esperanza de que la,;
olas nos arrastra.ra:1 á la orilla. Momentos deHpués la sombra nos invadió.
.
.
N6s habíamos quedado en s1lenc10 por a!•
gún tiempo. Empecé á pensar:. una_ flor de hs
en el hombro de una mujer mister_10sa.........
Sonreí y palpé mi traje para cemorarme de
que era á la usanza modernn; no, no ll~vaba
yo e:spac!a al cinJo, no ern. un personaJe dr
Dumas o cosa as1.
Ella rompi6 el silencio:.
.
-Si mi juventud hubiera corndo a1 lado
de mis padres, mi pasado ~ería u_n ensueñ_o y
no una pesadilla, nunca unos OJOS me ~mraran con burh ni un cerebro se perdena en
' 6 menos p~nosas. n·icen que
conjeturas mús
eRtoy enferma del alma; el mundo_ es. el que
Pstá ao-onizanclo de imbP,cili&lt;lad. :Mis OJOS han
pasad~ por todos los panoramas, _miR labios
hablan todos los idiomas; he conocido á todos
los reyes y todos los reyes han doblado su rodilla ante mí. . .....
(El botero me clió con el codo y volví los
ojos para verlo: quería reir el muy imbécil.)
-Sefi.ora-&lt;lije creyendo que me contes
tarfa la extrniia mujer ......
Por fortuna. estábamos ya en un fondo bajo, el botero saltó al agua y comenzó á impulsar el bote rumbo á la orilla. Tocamos el desembarcadero. Un hombre estaba de pie á 111
orilla dPl agua. Luego r¡ue saltamos Íl ticrr~,
se dirigió apresuradamente ÍI nosotros. Me miró con ojos coléricos y tomando á la mujer
por un brazo, la ar~astrú precipitadamente
rumbo al pueblo.
lile 'luedé sorprendido. J~sa noche fuí á conYersar con los pescadores del mes6n y me aconsejaron que abandonara yiolentamente el puehlo.
Hace un momento que \'i pasar esa «flor
rlel isada. » en u na carretela a.hierta. Parece que
,·a rumbo á Chapultepec, ¿.quieres 'lUe la busquemos?

.Cuis Frías Fernande~.
EL SUEÑO DEL JAGUAR.
Bajo los negros árboles del bosque
se entrelazan las lianas florecidas;
en el aire pesado los in¡.¡ectos
Yan y vienen, ~· en curvas infinitas
se colnmpian los pájaros brillanteR,
los monos, laR aralias amarillas.
Es allí que, siniestro y fatigado,
entre los viejos troncos de marchitas
y musgosas cortezas lentamente
el cazador de be,;tia~ se aproxírna,
frotando !':US riñones musculoso,;
con su elástica cola v las mandíbulas
entreabiertas, seclie~~'l.R, arroj1111do
ronco y breve resuello. Sorprendidas
huyen las alimañas, los lagartos
cuyas escamas en la yerba brillan,
y los reptiles en la espesa fronda
se calientan al sol del mediodía.
Es un sitio del bosque donde nunca
penetra el rojo sol, allí reclina
el jaguar su cabeza en una roca;
pasa el áspera lengua humedecida
por sus potentes manos; luego entorna
sus ojos soñolientos y dormita.
En la ilusión de sus inertes fuerza~,
hace mover su cola estremecida
batiéndose los flancos; despuéi-1 ,;uefü1.
que en medio de las verdes .v escondidas
florestas mudas, las filosas garraR,
co11 sorprendente rapidez felina,
hunde en la carne de los recios toros,
que mugiendo, en tropel se precipitan.
LECOXTE DE LtSLE.

�EL :MUNDO ILUSTRADO

Domingo 3 de Agosto de 1902.

EL :\lU~no ILUSTRADO

et cJJ'(tnistro 6e. cJJ'(ézico en . Bu6a.

LA ZIRANDA DE LA QUINTA.
Era la celad li,;onjem en que el nlnm be),p
t'll la copa ele las prin11•ras emoeiones.
Fué esto al salir de la infanda, cunndnlampos c]p luz cierran el hori1.011te ele In ,·ida.

RECEPCION SOLEMNE

El Presi,le11le de Cuba, !:Ir. Estrada Pah1~a,
ha recibi&lt;lo en arnliencia, con l'I 1·1·rcmomal
&lt;le costumhre al :--r . I ngeniero D. &lt;3ilhcrto
Crespo y :\la/tínez, primer :\linistn1, l'll'nipo•
tr.ncia rio aereditiulo por n uestro paiH ante PI
( iobicrno de la naciente República antillana.
La recepci6n , dice una co~r?-;
ponden cia de la bla, "e Yenticu
en Palacio v fu(· de lo más i-ignificati\'o. A la llegtllla &lt;lel i--r. Cn•spo y l\Iartínez, lo" artilleros cnhnn os 1·on su hamh•ra, presentan&gt;"
am:as, ,. la banda J l u11i&lt;"ipal 1·j,·cutú ci' 11 i111no l\:tya111és. l &gt;&lt;"spués de la ct•rc1110~1i:1 diplo111úti1•a
!'lalió el nuevo :\[nustro, y al llrgar frente ú la b:rndera. t'Uh:~na,
hizo ú ésta una re\"erencrn, :-1enclo salu&lt;lailo· por los marcialc:aeordes &lt;lel ll im no :--acion al Jlcxit'ano; de ese h imno, 111ús hermoso cuanto m[1s lejos tle In. patria :se m;cucha. E l sef1or Cre:-;po
permanecií, un nrnm en to en la
puerta ele Palacio, emocionndo,
c:&lt;cuchando las ,·ihrantc:;not:1s ,lel
himno p atrio.
•\. l a audiencia :súlo concurri&lt;'ron las altas pcrsonali clacl1•s de lit
polít ica, entre las que estaban io,~ecretarios &lt;le l)e.o;pach o, el Ayudante del Presidente y el &lt;lel .J efo
ele la.,; fuerzas, el Te,;orero C:encral el Prei-ide ntc y el Fiscal ¡Jcl
T ribunal i--upremo. PI Yiceprr,;id ente de la Rep ública, el .\.lcalde
:Mu nicipal, Reetor 1lP la UúiYersida d (tobernador Ci"il, 1'resi&lt;lente d~ la .\.u1liencia, .Jefe de las Fuerzas, Pre·
sident e d el ~enaclo, Pre:;iden tc &lt;le la A1~1demia de Ciencias, Director !le PenaJr.:-:, y algunos 8enadores y Hepre~ent:111te~.
. .
Despu és de la ceremorna, el ~r. ~hm:stro
fué present:ldO por el Pr~sidcntc Estra~a P:~1nui á ca&lt;la uno de los citados persomtJe:,;. hn
la tar&lt;le' el scilor l're:spo,
ilcompafüulo
.
, . . del,
Címsul seflor l'alonnno , cstm·o a v1s1t:Lr a
cada uno de los Secretarios de Despacho, con-

\trri&lt;'ultura :-eflor 1\·rry, quien ll' hiw 111úl.ti "ples pn•!.(untas
'
' ·
.in t en•s;UH
' 1os&lt;·
'sobn· ~l t•x1t'o,
por n m•~tro ptiís.
],&lt;1:- discur,-o,- eambia,los entre PI H&lt;•pn·:-&lt;•ntante &lt;l&lt;· ~lí-xico y el :-;r. Estrnda l'nl n ia, ¡•,-tu\"Íerun llt•nos de afeduo,;:i:- frn,-;e,- para los dos
paí:::es, unidos de hoy. en ¡JeJanle,
no súlo por la c011rnnHlail d1• su
I1•11"ua y de su origen, sino ·tami,i(.~ po;· su:- in:;tituciune,; y tt&gt;ndrnl'ia,.;.

0

LA PB~:m:.a.VEBA..
t;"n &lt;lía se me ocnrriú-preYalido &lt;lcl perm iso superior de &lt;tue &lt;lisfrutaha 1h• inquirir
cuanto en µann me Yiniera- recorrer el !'ala•
cio de las fü,tal'ion es, c¡ue se l e,·anta e11 una
d e las regione:; mús agrndable:s del país ,le la
Imaginaciún.
Satisfice mi &lt;"t1riosi&lt;l1t&lt;l; pude contemplar ele
cerca las hahit:H:ioncs lujosas y tapizadns dt•
tri plealfom bra del In"'.ierno.•\. mi _sabor examin{ los janline!&lt; muranlloso,-, culnertos de flo- ·
res y frutos por los que pasea el \'ernno 1•n un
tmJé que n~&lt;la tiene que envidi:n. :, nuestro
p rogenitor ,\.dán, como no Kea la h~Ja &lt;~e parrn.
Me exta.o;ié bmm rato ante las halnt'lc1ones coq uetue~ai-_ del Otoño, y tra.h(&gt; c_~n ,•er:4aci~n ,c·on
el propio mterc:-;ido, com·en-ac10n ,ql!P qu~za algún &lt;lía rt•,·elarc en forma. &lt;le vend11·a «111tNview.»
Iba á salir ,·a 1lel Palado de las Estacion es satisfech;, f instruíclo, en lo que !'ahl',
cua'ndo :-;e me ocurriú preguntar á mi amahlt•
cicerone por la Primavera.
-?\o la he hecho pasar, porque nclualnwnte está la pobre muy atareada~- ten1n &lt;[Ue h !'S·
torbemos.
-¿,En ¡¡ué sr m·upa Psa i;rflnra·?- pn•gunl&lt;'·
asombrado.
-¿,Olvida uste&lt;l acaHo que dentro tlr bren·s
¡Jías ha de i,alir [1 1•¡,rena.
•
-Es yerthul; p&lt;•ro 110 quiero de;;aproYcdiar

º***
l'na corta distancia nos ,.;epnraha de Gruapan, ñ donde por priníern ,•ez se dirigínn 'mi,¡,nsos.
C:~1:iinaha apr~s\~raclo, ·11e~111 ya mi ima~in11c10n ch• Jo¡; p:nsnJe¡.; maranllo:-os que se hahrían de &lt;le::-arrollnr ú 111i Yistn. en múgico ealeiclmwopio.
Ya &lt;',-cncha:,a t·I mnrnH1rio ele tnntos mann11tialt•s y l'l moníitono, p&lt;'rO imp011ente zmn•
!&gt;ar clP las l'a,-1·adas; ya miral,n lo:- úrbol1•s cunpcl~1s el&lt;' sahro:;as frntns y las flores ele inlinitn
,·:11wclad 1 J\ll' lapizan &lt;·1 stwlo, y YeÍa los rojos
Íl'&lt;"hos de )a,; ca:-as clP,-tnc:1rs1• :-ohr~ !,¡., Yerdi•s
Y l'slwl~os Jl, at:!narcs lllC'cidos por el viento.
«¡,\ )11 e:&lt;ta l n111p:m!» Pxcla111í, í1 mi lado
u_na \'01. cuyo_ c•co, ;"ª mu_v lc•jano, resuena
:;1emprc en llll cornzon.
. En :·ano. s&lt;' dilatnli:m lns pupilaR de mi:s
ºJº"; l na lllllll'lha l'nrtina dr Colh,je me i111pcclia IIP~ar l'Oll la mirada hasta el edt:n flori'.lo. Hal~m algo l'OIIIO ~ma~c•l\'a olN·urn qne se
mterpoma llc•na clt• IIIH-teno,-a maj&lt;&gt;:&lt;t:1d.
«Co!1tt&gt;mpln &lt;'S&lt;' úrhol Honú ilP nueYo la
arn1&lt;&gt;l)lº"ª \'OZ _&lt;l&lt;' 111i p:ulre:-lus clías que Jo
han ,·,sto l'rgmrst• ,-ohrp la tierra, son at'a,-o
tanto: &lt;:01110 las hoj:i" que lo euhren. •
. .\ton1to clctm·e el paso para medir con 111i
\"l~tn aquPI l;(iirante &lt;le la Ycgetaciún, que 111e
había p:ir¡•~ulo un hoi-que enl&lt;&gt;ro..\c¡uella in111ensa rortrna qne nH• irnpedíaclivit-:ará t·ru:1pan, aqlwlla "cl\'a obst·urn que ocultaba el
lianorama, no &lt;"nLII, en eft:cto, mús que. nn solo
arhol, orgullo cfo la c·reaeiún!
¡ Era la «ziranda,1 ele la Quinta!

El sefwr lngPnicrn Crc:;¡,o y
~Iartínez cm•nt:1 1·n su nl,0110 los
111ús l1&lt;n1ro~o,- antc-ecclP11l1•s : l' n )Ií•
xil'o cll':-cmpcflú por alµ(m til·lll·
po la ~ub,;ccretaría dr Fomento.
rnpt[1nclose la e,;tinuwiím de cuantos lo trataron, por ,;u cnrúd&lt;'r
afable. espíritu c·o1wilindor _\' r&lt;•e·•
titml d1• mira,-. ,\ la mnerl&lt;• 1lt· D.
,\ncln'·!&lt; Clemente \'úupwz, &lt;·1 anti.,uo Cún,-ul &lt; ieneral de J [fxiro
e,~ l 'uha, fuí• nombrado para i;ul,stiluirlo, y rn ese nuc,·o 1•1wargo
trabajó sin de,-l':rnso para fortnlt&gt;•
cer las reln!'io1w,; nwrcantileH existenlt•,; entre nue,;tro ¡,ab y la 1'1•rla ele las .\.ntillas.
En e,;te senti&lt;lo, nuestro paí,.;
le µehe mu&lt;"ho.
Por lo demús, el primer Ministro de )léxil'o en l 'nha p,; generalmente estimado l'n la I sin, &lt;¡U&lt;' ·
c·onsidem como su ¡;pgunda patria.
Prueba muy clara dP esto ~on lo,.; elogios t'0ll
que la prensa de la Habau:1 1•11alteciú los mí-ritos del estimable diplomatico, al dar cm•nta de su solemne recepción por l·l &lt;;obierno Cubano.

..

.

SR. ING. GILBERTO CRESPO Y MARTINEZ.

versando a.mistos:L y cariñosamente con ea,la
uno el&lt;· ellos; sohre· todo con 1°1 St•cretario ,h·

ocaisún tan oportuna. Le rnego m&lt;· llern ú presencia de la l'rin1a\'era.
Echamos :'1 andar, y por el camino mi amable guía m&lt;' dijo:
Paréceme que se ha dt• arrepentir uste&lt;I de
su c-nriosidad.
- ¿,Por qu{·"?
-Pon1ue ya sabe ust&lt;·cl que analizando de
cerc-a las cos:u;, 1,;p pierden muchas ilusione,-.
- ¡Bah!
he Yisto acaso mil veces los
1•ncantos de la primavera? ¿,Querrá u¡.;ted hacerme creer 1¡uc la realidad no superar{\ {l la
ilusi6n'?
)li guía murmuró unas palabra:- qu&lt;: sin eluda le sugería su mal humor y, de pronto, :&lt;l'·
iialando Ull!\ puerta, me dijo:
-Puede usted pasar; ahí Pst.á la Primavera.
Penetré en una habit:1eión mús pnfum:ula
c¡ue tien&lt;la. de peluquero.
Hcntatla. en un diván , con un pincclito Pn l:t
mano iz,¡uic•rda y una borla de &lt;larsc• poho en
la derecha, estaba una viejecita, llenn la nm1
di' afeites y el t·uerpo de alifafei-.
- J&gt;ispenHe usted, seilora, dijt• dPspu&lt;~s ele
haberla examinado; sin duda nu• l'&lt;¡UiYoqu&lt;'·.
- ¿.l'or quifn pn·gunta"?
- Desea.ha ver{¡ la !'ci1orila Prima,·era, Y. . •
- ~cr\'Ídora ele u,,-trcl, cont,•stú la bruja. ti1w-.
dé de pie&lt;lra. Ella &lt;¡ue \'iÍI mi a,;mnhro, soltÍI
una c-arcajada y dijo:
- Ya, ya comprundo! Pero imagine u:;led,
hombre de Dio,-, qnc c-uento yn mucho,; .s iglos
de existencia, y que la juventud no dura cter-

.

***

1&gt;_ehajo d~ ~lla r!'ina si1:n1prc la :-01ubrn. con~·crtHla &lt;'11 t~mel,las, cle tal ¡.;uerte. qtu• 1w deJan ,k~('ubr:r el tronl'o qu&lt;', 1·01110 E&gt;i cimiento
el&lt;&gt; una torn•, soporta la &lt;':-tu penda 1¡10Ie de

----- -

Y&lt;'nlura: janiús han pe1wtra&lt;lo por sus rama;;
el du(c¡• centellt·o'tlt• las 1•stn•lln,;, la argentada
rlaridacl de la luna, los elhwios del astro re,·
,h·l clía!
·
El cielo-.\guanda, » como le dicen pol'ticarnente los ,qmrépecha »-l'ir\'e de ca¡wlo con :--u l'ristal
purísimo ú la nncha
fronda. al tallo cn•
Jo,-al, :í la:-; nlHlosas
raíce;;, r¡u&lt;', éomo
hrazo,- clPI ri-c¡uelctn
dr 1111 titún, agnrran
al :-ut&gt;lo en una exkn,-iún l'nnsic!Prahll'.

3° de

Agosto de 1902.

En política, la inconstancia t•s una opinión :
e:-; la de todos los hombre¡.; de negocios. -R.,m·,-sox.
La caridad obligatoria CH el cur:-;o forzado de
la nwndiciclad.-vALTOt:R.

**,:·
E"

IJll&lt;' e•n
tie111 pos anti~uos,
la tribu cntna ,1u;,
¡,ohlal,a á l "rna¡,an
iha allí. :'1 :a hora
&lt;'n que,;¡ i-;ol l':,;lá Pn
·d (·enit, ú rendir
e·ulto al geni,, dc• la
norhe!
¡( 'uúntas ,·&lt;'ces 1111
&lt;-jí•rcito &lt;le Yalien!t•s tarascos 1h•:&lt;&lt;':lll"ªría de :;u¡.; fatigas
tlehajo ele aquclla
cleliciosa hín·edn!
¡C'uúnt~s_,·l·cc,- yo rni,-mo \"Í &lt;·n lo,; &lt;lías ele
nuestras &lt;'(ll&lt;':\H ludias ú un c-;cuadrún con1•
J~ldo ele guerrili&lt;•ros oculto 1·11 a, 11wlla oliscurnlacl, pro11to Ít can con10 el ran1 soltrf' t•l
l'riemigo atrinl'hcraelo en lTruapanº!
¡Y c·uúnt.11,; c•sr. recinto ~omlirío ,. místico se
ha tr0&lt;·ado en templo ,lel rlios dc• los idilio:-'.
f:1111:1

.

¡Q~1í· h~rmosa, q~ie imponente ~- qu{, llrna
clr_nrn-tenos l'."' la ;manda ele la Quinta!

Eut·.\trno Hnz.

nn.mente. Como todai-, hu, co,-as, &lt;•:;toy i-mjeta
:1 ca111l&gt;im:, ~- en 111í, romo en todo, la ilusión
de los demás es lo que me pn•st:t 1•ncai1tos.
Y al decir 1·sto, "onriú y su ,-omi:a:a resuití,
honible muec·a d&lt;' ,;u hota desdentada.
:--o q uise Yer ni oir niús. Y clesde entontes
miro con lle:-wonfianza los encantos de la !'rima ,·c•ra.

***

;."º

SALOMÉ.
B:.ul:t :;obre el marmí,reo ¡,a,·imentn
y su forml\ impeta hh· 1wrcgrina
1•n una ll'Ye on,lula&lt;·ií,n felina
puehla &lt;le aromas l'i clonni,lo yi,•nto.

••

Entorna la, pupilas sofladoras,
su caht'll&lt;'f:t fú lgid1t d1·"·lta;
y &lt;'11 la gl oria inmortal &lt;le· i-11 l1t•lll'za
Y&lt;· al lPrminar sus 1lanza::- tentaduras
una fuente de hruilida ¡,lata
dPl H:rntista la pt1licla &lt;':tl)(•1~1.

&lt;'ll

. . ~·-·

UN RECUERDO .
[ Traducción de Loopoldo D ia• ]

Eu..\ miraha fijamente el suelo.
En el hondo silencio los imtnntf's
abi~mos eran ele dolor y duelo.
¡Oh_, ~í po~ siempre juntos, anhelantes,
un 1mprev1sto golpe nos hiriera!
'Lentnrncnte cla,·úme "US brillante:-;
ojo;;..\ un miro su conn1lsa boca
hahlúndome palabras, \' e,·ocando
una rojiz:t"_llaga, &lt;1ue s:ingrando.
pareee que salpica á quien la toca.
(; ,\BHIEL D' .\X~V:\ZlO.

Lo ,;obrcnalural dt&gt; ho_r, pur.1h• sl'I' lo naturnl de mafüma.-.JE.\'.\ H.urn,\.S.
Em·idiar 1•,; &lt;l1·s&lt;·enJ.,r. - .Tm,E,- llll'.\ltll.

Florece &lt;le pasiún su moYimi(•ntn,
,-;onríe de p lat·er su faz clivina,
y su trúgiro ps¡,írtu ilumitn
Pi fulgor &lt;11· un rl'lúmpa~o :-,mgri L•nto.

Domingo

!-l,ly_ARJ;;S PI NTQRE~COS,-TeziytJfo,

�Domingo 3 de Agosto de 1902.

flrfisfas jóvenes.~----.Joven y consagrada por completo al estudio del piano, Artemisa Eliwnrlo :-urge Pn la actualidad como una risueiia promei-a del arte.
En esta pianista y compositora se reúnen &lt;lotes ,·aliosisímas, como son la per!'everaricia, la
modestia, el buen gusto y, antes que todas, el acendrado empeño por el triunfo netamente ar~
tístico, sin mezcla de atribÜtos que en algo pue&lt;lan deslucirlo, pues Artemisa ni ha pensado 111
piensa dedicarse {t la euseñanza para medrar con ella.
, .
.
Desde los primeros años de su infancia, nuestrn hermosa artista comenzó, ron ex_1to enndiablt&gt;, los estudios de piano y composición: aquéllos ,lirigidos por .Julio ;\forales y .Julto lttHtrte y los últimos al lado del notable maestro D. :\Ielesio :\forales.
' Terminados ambos, Artemisa se hnz6 á la vicia clel concertista y en ella continúa recogiendo
aplausos _v formanclo, poco á poro, la iomarce!'ihle corona de laureles que en tiempo no lejano
ha de ceñ,r.
El teatro del Conservatorio, la Sala Wágner, el «Círculo Católicon de Puehla y otros centros donde el arte se reftÍgia, atestiguan los legítimos éxitos que Artemisa ha conquistado en
sus audiciones.
Como compositora ha revelado poseer valiosas dotes de ternura y de sentimentalismo m11rcadamente religiosos, con insinuaciones de sabor simbólico, y de ello dan clara n1nestra sus
ocFugas» y sus «Cánones.»
Ho1uamos hoy nuei;tras columnas public,indo el retrato de la joven y bella pianista mexicana, que ha. logrado colocarse, en temprana edad, á una envidiable altura de conocimiento;;
y reputación.

Domingo 3 de Agosto de 1902.

RT. MUNDO TLUSTRADO

RL MUNDO ILUSTRADO

Rl incendio del Teatro Princí¡al
EN PUEBLA

ocEl Imparcial» ha da&lt;lo cuenta pormenorizada del terrible incendio ocurrido en el Teatro Principal de Puebla en las primeras horas
del último lunes, y que tanta sern,ación produjo en aquella &lt;:iudad.
Las proporciones del siniestro fueron tales,
que no hay, en la capital del vecino Estado,
memorias ele un aeontecimiento semejante:
todo el edificio quedó reducido á cenizas y escombros en unos momentos, perdiéndose con
la completa destrncción de los archivoR de la
Compañía de Zarzuela que en él trabajaba y de
los guardarropas, el patrimonio ele muchas
familias,qne han quedado reflncidas á la miseria.

***
Xo f-ie f'abc á punto fijo cuál fué la causa
determinante del siniestro: se decía primero,
que la fusión de un aJ11m bre de la luz eléctrica hizo que el fuego invadiera poco á poco el
teatro; pero fué desechada esta versión como
inverosímil, debido á que el circuito se apaga
á la una de la mañana y el incendio se declaró

EL TEATRO ARDIENDO.

horas después. Se considera como probable
que el fuego tuvo origen en el departamento
de los coros. Esta versión se funda en que,
por la falta de la luz incandescente á la hora
en que los artistas abandonaban el teatro para
dirigirse á sus habitaciones, muchos hicieron
uso de velas,y en que no es remoto que alguna de éstas quedara encendida en los cuartos.
Las autoridades no aceptan tampoco esta versión, en vista de que el fuego i;,e declaró por
distintos puntos á la vez.

***

La imaginación popular se ha dado vuelo
discurriendo sobre las causas posibles del siniestro, y no ha faltado quien lo atribuya al
diablo.
Nuestras ilustraciones dan perfecta idea de
la magnitud del incendio, que represenh para los propietarios de.l teatro una pérdida com- '
pleta.

Hay en las jóvenes adorables pudores: te_
men dejarse adivinar los secretos que tienen,
y guardan cuidadosamente cerrado el libro en
que no hay nada escrito.--G. M. VALTOUR.
Las mujeres, eü su mayor parte, no nos
a,man: no eligen á un ~ombre porque le amen,
sino porque desean ser amadas por él. KARR.
• #t '

DOS SONETOS
LOS PAJAROS
En los huertos desiertos de turcos v alhanesef\
los pardos ruiseñoreR sus arnore:- mm'.mullan,
en tanto que las tórtolas 8e acarician y arrullan
en las rígidas copas de los yerto,; ciprefles.
En las dormidas naves se posan las gaviota:;
á de~pedir del día las ~xánimes luce&gt;',
v en torno ele las Siete Torres los avestruces
van midiendo á zancadas los campos rnmeliok-i,i;,.
Do el arte muestra ruinas y primavera galas,
se oye trinar cadente, se oye batir de alas,
más que la cauta orquesta del céfiro 8Uaves;
Y al caer de la tarde y al despuntar del dfa,
ociosa como un hijo de Agar la fantasía,
por_el espacio inmenso vaga en pos de las aves.

NARGHILE
En rnga8 reflexiones el fumador se abisma,
en un C'afé del muelle. viendo el sol que se pone.
y en el cristal del límpido narghilé descompone
al:1nu-tir, los matices policromos del prisma.
Orla blanco turbante 1&lt;u faz de tintfs rojos
y del «tornbekii&gt; envuelto en la humareda densa,
¿.cómo acertar que siente, ni presumir que piensa
á través de las turbias pupilas de sus ojos?
¿Es tal vez un satélite de la Joven Turquía,
un~fanátíco ulema ó u:i miserable espía,
que recompensa pródigo el imperial erario?
¿Saborea Husiones ó le amarga el estío?
Ni él lo sabe; y á solas, en medio del gentío
con el ~umo celebra s~ coloquio diario.

Fotograffaa tomadas expresamente para "El Mundo Ilustrado".
ANTONIO m,; ZAYAS.

�Domingo 3 de Agosto de 1!)02.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILU8TRADO

Domingo 3 de Agosto de 1902.
el Sr. Mayor Escandón, han sido. objeto de
i:iumero sas felicit~ciones de sus amigos y com})aiieros•

SAN A NGEL

Las fiestas En~San Angel

"

La expof'irión de planta", flores y fruta¡;; wrificada el último domingo en Ran Angel, ha
sido, sin duda, la nota más Raliente de lastradicionales fiestas del Carmen.
Se escogió como local para la exposición
el lado norte del jardín de San .Jacinto, dividiéndose el certamen en tres secciones: la primera, que era la &lt;le las plantar;:, se encontraba
cerca de la entra&lt;la; la segunda, de fruL'lr&lt;, 1&lt;eg uía á la portad a q ne daba aeceso al jardin, y
la tercera, de flores, ocupaha una de las calles que desembocan en el kiosco central.
La sec&lt;'ión ele planuis tPnía en pri mer t?rrnino un lote que representaba un pequefio
jardín. Entre las plantas que figuraron e11 él,
se er.co11trahan ejemplareR de cloradendro notarlaha.liaR, gl usineas, begonins de dahalias y
horknsia~.
Seguían &lt;kspués otros lotri::, de cfüitintos expo~itores, en que podían Yerse las plan1as má;;
raras for mando caprichor-os grupos y un conjunto que ofrecía el mejor golpe de vista.
En cuan to á los pn&lt;'8tos de frnws, llamaron
tnmhi én la aten ción por lo va riado del contingente exhihido y la riqueza de los ejemplareR.
La sección de flores fué muy interernnte:
entre las pieza~ que se ex h ibían figuraban un
«hote de pes&lt;'adores,&gt;, que era una obra de ar' t&lt;&gt;, una «jitrdineht,» un «laurel,, _v una "c~trclla», trabajadas con el mejor gusto.
Duran te toda la F:xposición, la banda de la.
Escuela ~iwional de Ci &lt;')!OS ejecutó Yarias pi&lt;•zas, instalándose en el pabellón qu e pa ra la
apertura s.i le,·antó en el recinto de la kermesse.
La entrnda fué entcrnmPnte lihre;_v para evitar desórdener- y atro¡wllami cnlos, por u11O de
los extremos del janlín i;e Pntraba y por las
t ref&lt; er-quinas restantes se :;:alía.
El acto de apertura, verificado en la n a"iana, r-e vió muy concurrido. Por la tarde buho
una a.nimada kermer&lt;~e e n que tomaron parle
las fami lias mns distinguidas.
Para hoy estahn anuncia&lt;h la distribución
de rpcompen&gt;as á los expositorei::, conforme al
dictamen del jurado cnlificador, que integran
Iris Rritas. Teresa Glisson, Dolores Cortina.
V értiz, María Rangel y .Anila y Carmen Zu1,iría.

EL ESTADO MAY!JRDRL SR. PRESIDEHE.
l,ln ~r1,1pg lle 11cñoritas.

.

• 1

-

. _.;,:- , • .,, ~~ cxhibl&lt;;l~n d,e plantt~i .·:

L.otc de frut~11

'..: ;·"'t~~',\ ·

.l.Jni

, El Jurado c¡ilifi~ador,

plCZJ floral, :,:,-.. ,l

'

.', ..

,;,;;,:;it.'ii:;:¡~, . ·,.

1:

i\ota recibidn. ·eon ,aplaui-io ('ll Jo,-: CÍr&lt;'ulos
militares ha sido el ascensc,, ú TenientP Coro•
ne!, del Sr. :!\Iayor Félix Dfaz, tlUe por algún

tiempo desempef1ú el cargo de .Jefe interino
del :b;sLndo ~l ayor c]p] Sr. Prer-iclente &lt;lt la República. m Sr. Capitán Primero, .A_yudantc,
D . Pablo Escandón, fné agraciado igualllH.'nü•, ('Oll el d&lt;•spacho de ::\Iayor; :· en virtud dt• haber feneciao el plazo de la liceneia
que tenía. ('on.:edida, ha vuelto á haceri-e c,ngo de su p uesto de .Jefe del miRmo Estado
Mayor, el 8r. Coronel Fenrnnclo González.
Tanto el Sr. Teniente Coronel Díaz rnn1O

J

Sr. M ayor Pablo Escand ón.

EL ESPÍRITU LIBRE.
Xuestras conviccion&lt;'s m:is elevadas deben
parecer in:c:en~at&lt;'ces y aun crímenes á. la&gt;'
inteligencia,- de aquellos que no ei::tán preparados ó que no ~on capares. El exoterismo y
el e~oterismo, tan en U:-0 entre los i 11dios, los
µ-riegos, los pE'rr-as y los rnn~ulmnnP¡:, y dondequiera qn&lt;' hay jerarquía y no igualdad, no
se diHting11e11 por que el filó1-ofo exotérico wa
IM cosas ~xteriormente, i:;in juzga.rlai&gt;, ni estimarlas 111 pc•netrarlas; lo ei:;encial es que las
,·e de bajo en alto, mientras q11e el esóterico
las \'e jDE ALTO gN EA.JO!
Ha_v alturas en el alma de,:cle las cuales la
tragedia mir-nm cle~a dr parecer tragr&lt;lia; y :;:i
iodo el mal drl nm,·er,:o 1-'C concentrara en un
, olo mal, ¿.qnifn osaría de&lt;'iclir si la vista de
&lt;&gt;~Je mal pr'?du~irín nt"cesnriamente Ja compas10n y ,lu plic:i na clP &lt;&gt;~te modo Pl mal mismo?
. ..... Lo que sin·e den limf'nto y fortaleza á loihornhrcR superiorP:-, &lt;lehP- 1-er casi un veneno
pnra los ho111 hrrs i nferioref:, que Ron de una
el'lpeeic m11v difrrl'lltl'. LnR virtudeR de un
hom hre orclina río i n&lt;I icarían tal vez en el filóeofo flaqueza_s _v :·i?ios, y rs posible que un
homhrr de d1~J&gt;OR1&lt;·10•1es snperiores, si degP-nera :' se arrm11n., l l&lt;·rru&lt;· {1 posrer por esto mismo, en el mnnclo infe rior (•11 que ha. caído, l~s
cualidad&lt;'R de un santo.
Libro¡.; hay qne tif'n1,11 vnlor im·er~o, i-egún
(JllQ los IC'a un alma i:-u¡ wriut' ,. furrte ó un n.1mn. inferior .v débil; ('11 rl prii'1wr &lt;'fli&lt;O ;.on hernl&lt;lo8 que aun1entn_n 1n hnin1r:i &lt;le los lml\·oi::;
en el ~rgnn&lt;lo i-:on hhr'.&gt;s 1-'edu&lt;'!Or&lt;'f-&lt;, corruptores, d1soh·er1ter&lt;. Los libros que ú todo el mm ido l(lll't:111, t-on libros qur Rit&gt;mpn• huPlen mal:
el olor de la ple he se IE's ad hirre. , Donde la
plebe_come y bebe, :' tamhifn &lt;loncle venern,
har Rlempre mal olor.

..
~r.

Teniente Coronel F~llx Día;,

l"1,µ1m1m .\'rnTr.;;rm:,

�Domingo 3 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

LA. LEGA.ClÓN DEL PERÚ
A raíz de la reunión de la segunda Conferencia Internarional Americana, el gobierno
del Perú comisionó al distinguido juriscowmlto D. Yíctor ::\I. Maurtua para que, con el carácter de cónsul general de aquella República
en nuestro país, estudiara la mejor manera de
establecer entre los dos países una corriente
de francas y sólidas relaciones.
El Sr. Maurtua se dedicó con todo empeño
al cumplimiento de su encargo, y poco tiemJ.io
después quedó establecida en .México la Legación del Perú, figurando como jefe de ella el
Dr. D. Manuel Alvarez Calderón, ministro
pleuipotenciario acreditado cerca del gobierno
de Wáshington por la misma República.
En ausen cia del :-;r. Ah·arez Cal&lt;lerón, quedó al frente de la Legación el Sr. )Iaurtua, estableciéndose las oficinas respectivas en el número 3 de la 11.t calle de la Industria. El edificio está decorado á todo lujo.
Para dar una iden de la s untuosidad de esa
residencia, publicamos algunas fotografías tomadas expresamente para nuestro semanario,
en los momentos 1•11 que allí se celebraba. el
28 del pasado, el aniversario de la Independencia del Perú, con un magnífico banquet«•.
Los invitados á esta fiesta fueron los Señores Coronel Francisco Orla, )Iinistro de Gua-

y á través de la noche se adelanta.Confiar podemos en su lnz benigna
tJUe ha ele llevarnos á i-egura playa.ronfiar debemos en su luz tranquila
que, á trav~s de la noche, al cielo arnnza!"

Y de Psiqué Yenciendo los terrores,
tomó á su pecho la perdida calma,
v la induje, wnciendo i-u tristeza,
~-en&lt;'iendo ,;us temorei-; y hesándola,
[1 i,;eguir hasta e I fin- cuando &lt;le pronto,
ele la avenirla al fin- 11ue,:tra mirada
detúrnse en la puerta de una tumba,
la puerta de una tumha legendaria:
;.Q11e hay escrito-la dije,-qué hay escrito
de esa tumba en la puerta, dulce herinana?
"l.:Jalume!. .. l:la.lume! ... ella repuso;
"tu perdida Ulalume idolatrada!. ..... "

LEGACION DEL PERU ,-EI Comedor.

El patio de la Legación.

ULALUME.

NOCTURNO.

1
• .
L__,
-

¡-

Forjé el ideal más bello de poesía:
De patria, amor y fe;
Y junto á tu calada celosía,
De amor me moriré.
¿Quién en el mundo me dará consuelo
Para sufrir y amar?
~Ie otorgará la compasión del cielo
La Virgen de Kevlaar.
Como el soldado la sangrienta lanza,
Del pecho en mi aflicción,
Arrancaré este amor sin esperanza:
¡No ti«&gt;nes corazón!
Mísero amante, nítida camelia.
Que floreció en abri l,
No habrá de ser la enamorada Ofelia,
Margarita gentil.
¿,Que importa la ilusión desrnnecida,
Que se rompa el laúd,
Y de este suéño despertar sin vida
En el frío ataúd?

Detalle del Salón de Recepciones.

tema.la; Sr. Encargado de Kegocios &lt;le Espafüi; (+Pneral D. Rafael Reyes, de Colombia;
Lic. D . .Tosé López Portillo y Rojas, Lic. Balhino Dávalos, D. Pedro Snntacilta, Ingeuiero
D. Fiacro Quijano, D. Enrique 1Iillan, clis
tinguid.9 peruano, é Ingeniero D. Luis González Obregón.
El Hr. 1\faurtua atendió á los in vitados con
la ma.vor cortesía y los hizo pasar á la elegante sala de recepción, que He encuentm al fo11do del chalet.

El cielo estaba gris, mustias las hojas,
encogidas las hojas y abrasadas.
Era, del solitario mes de octubre,
noche sombría, en época lejana,
próximo al lago d e Auber, en la obscura
tierra de \Yeir, brumosa y encantadajunto al ciénago de Auher, en la triste
región de \Veir, vam pírica y extraña.
Por la inmensa avenida silenciosa
de cipreses titánicos, vagaba_por la inmensa aven ida de cipreses,
rngaba junto con Psiqué, mi alma,
cuando mi corazón era volcánico
romo los ríos de encendida lavacomo los ríos de encendida escoria
que su corriente sulfurosa ar rastran,
v de la cumbre del Yanek descienden
allá del Polo en la regió11 heladaque gemebundos, del Yanek descienden
del 'Polo Norte en la región ingrata.
Nuestro diálogo fué breve y tranqu ilo,
graYes fueron también nue;;tras palabrasmás quedó el pensamiento adormecido.
y la memoria soñolienta y lánguida.
Que era noche de octubre no advertimos.(¡Ah! noche de las noches ... Xocheinfausta! )
ni el triste lago de Auber recordamos.(Annque, en otro momento, ?asta él llegara. )
Xi el t riste lago d e Auhcr, 111 la ohscum
región de \r eir, Yampirica y extraña.
Y mientras que la noehe envejecía,
anunciaban loi-; astros la mañana,
~. augnraha el cuadrante su venidafin de la arboleda solí ta ria
fulgor opaco .,· nebuloso vimo1&lt;, .
del que surgió la mcdiit luna n1ág1ca-l:i, luna de Astarté, con doble cuerno,
con clohlc cuerno dialllantino _r chno.
Y

ni

El decorado ele esta 1-1ala es estilo Luis XYJ,

y d mobiliario de lo más artístico.
A la una)' media los invitadoti pasaron al
comedor. La mesa estaba a&lt;lornnda con multitud de flores y ofrecía el mejor golpe de Yii-:ta. Hohre el aparador se encontraban uno de
Jo,; n1ejore¡.¡ rdrntm: del Benemérito .Juárez y
alguna,; piezas d(' la rnjilla del llamado 1~111perador )litximiliano.
l're,;idicron la c-on1itla los cction•s Coronel
Orla y Dr. :'lfnurtna y durante ella reinó la
111ás franm animación. ,\ h horn, del c..1.mpahña se brin&lt;lú por el P erú, por su Presiclente y
por el tlistinguiclo representante ele aquel
país.
Terminado el ha1H1uete, los concurrentes pasaron de nuevo al sal6n de recepciones, en
donde we sirvió el café.

Domingo 3 de Agosto de 1902.

"Ru ~&lt;la á tran~s &lt;le un éter rle Rnspiro:::
y es--&lt;lije- mns ardiente, rnú~ que Diana.-

El llanto ,·i6 correr por las mejillas
don de rl gusano, sin morir, se arrastra
por moi-trnrnos In ruta de los cielo,;la paz Lctt1•a ele los cielos, marcha:
la!'! estrellas &lt;l!:'I León ha tra1-1pat-:ado la gnaricla del León dejú á i-u t•spalclay á despecho del León brillan sus ojos
y el amor r!'\'erhera en su mirada. ' '

Despacho del señor Maurtua.

)la~ Psiqu~ elijo lrvantanclo el índice:
" Tiene aquel astro palidez extrañ.a,hondo recelo inspírame... :¡alejémonos!

Huy:u11os pronto de su luz nefa¡;;ta!
Oh! volemos? .... volemm;" .-Y en el polYo
rozaron los extremos de sus ala.&lt;:y me hahló, de terror estremecida,
y en el polvo caer dejó sus alas.Sollozó con angustia tristemente
arrastrando las plumas de sus alas.
"¡Delirios son!-le respondí. - Sigamos
á traYéR de esta luz trémula v diáfana!
Su esplendor !-libilino está ir1:adiando
ií un tiempo la Belleza y la Esperanza!
)lira! El camino de los cielos buf:ca,

MONUIINTO ALA JIPEBATBJZ ISABEL.
Hace poco se inauguró en 1lontreux (Ruiza) el monumento erigido por subsrripc-ión
pública á la Emperatriz Isabel de Austria.
Cuando ocurrió rl
repugnante crimen &lt;¡ne
arrebató la vida á la
Emperatriz, se pensó
en dedicarla un perdurable recuercoen ac¡uello~ lugares dond e «&gt;n
repetidas temporadas
había pai-:ado los último!'! clías felices de su
exü,tencia. Parti ó la
iniciativa de una diHti11p;uifla dama inglesa,
y no solamente los hahit.antes de )Iontreux,
sino los de otras part!'s
ele Suiza v los extranjeros, cooperaron al
pensamiento.
El monumento fu{,
encomendado al escultor :-;trizo .\ ntonio
Chiattonc, que ha acer
taclo ÍI repre~entar en "t&gt;I
111úrn10I de Carrara las
faedoneH de la Emperatriz con la exprfsi',n

Quedó mi corazón mw&lt;tio y sombrío
como las hojas secas y crispadas&lt;'omo las hojas secas y encogidas.y "fué octubre, sin duda, murmurabaen «esta» misma noche, cuando vine
aquí, trayendo abrumadora carga.Del año que pasó fué en esta noche,
en esta noche, cual ninguna infausta.
Ah! Qué demonio me empujó á este sitio
y me condujo á esta región fantástica!
Bien conozco esto mudo lago de Aubery ei-ta tierra de Weir, fosca y nublada:
reconozco el obscuro lago de Aubery de \reir la región brumosa y áspera:
es el ciénago de A uber, es la triste ·
región de \reir, Yampírica y extrafia."
EnoARDO Pm:.

*
.\ctividad v amor á los hombres, es la última palabra &lt;le la vida privada, y también de
la social.-~L BERTHELOT.

de dulzura y de tristeza que conocían cuanlos la contemplaban ele cerca. Los menores
drt.-'lllef: dC&gt;l traje están labrados con gran primor.

�Domingo 3 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL l"\UNDO ILUSTRADO

LAS GB.A.Jl'.A.D.A.S "BARDEN" COXTB.A. INCE:NDIO.
UN INVENTO MARAVILLOSO.
Con resultados Yerdaderarnente notables se
efectuaron hace poco en esta capital las pruebas de las granadas extingnidoras de incendio, cuyo inventor es Mr. !farden. Las experiencias se hicieron por los :-;res. Pascal:· .facq ueminot, Agentes en la República,cle las mara,·illosas granadas A que nos referi mof'.
La Secretaría de Guerra nombró á los i-;rer&lt;.
Coronel C+ustaYo ~Iaffs, tle la )Iaestranza ¡\acional de Artillería, y Tenientes Coroneles Rafael Dúvila y Luis Gil, de los Cuarteles de Ar-

·-

AÑO lX.--TOM0 11.--NÚM. 6.

los almacene;; e~tán HituacloH,se colocó un cuarto de madera cuyo ta.maño era como de tre:,;
metros de alto por dos y medio ch.: anl'ho y G
Una granada "Harden."
de largo; la entratla quedó para el lado por
donde soplaba el Yiento con mayor rapidez.
A las tres de la tarde del jueves :2-1 del ccrrientillería, para que concurrieran á las pruebas
te, y en presencia de 1n. Comisión )Iilitar, que
que los Agentes iban á practicar,y presentaran
después un informe acerca de los resultados · no perdió ningún detalle, se efectuaron las
pruebas. Antes de ellas los Agentes hicieron
obtenidos. La misma Becretaría designó {t los
dar un baño con alquitrán, petróleo y aguaconcesionarios, para que se efectuaran 11:1,s pruerrás ií, la parte interior del CLtarto; el .Jefe de
bas, la Casamata (Almacenes generales de
la Comisión :\[ilitar hizo qne en el lugar en
Artillería), y allí, en uno de loE patios inte

que iba á dcsarrolhrsc el fuego se 1rnsiernn
como comhustihle algunas ramas secas ~· tahl:ts delgadas. El fuego comenzó á produtirse en presencia, no s6lo de los militares de la
('omisión, sino también de algunos otros que
rc¡;iden en los almacene,;, y dr algunas otras
per~onas que habínn acudido á presenciar las
interesant.es experiencias.
.
Las granadas consisten en vnas botellita:;
de cristal azul, muy delgado, para que puedan romperse fácilmente al chocar contra algún objeto, despedir los gases que encierran
:' contener los a,·antes del incendio apagan,lo
las llamas instant{uwamentr.

•
peapuét del lncenctlQ, 1-1\l~ll• de una ~ran¡¡da "Hard~n,"

I

'

Subscripcióo meosual furáoea, $1.50
ldem Jdem. en la carital,,, 1.25
6erenle: LlJI&amp; Rtl'I&amp; &amp;PINDOLA,

lllreclor: LIC. RAf'AtL Rtrt&amp; &amp;PINDOLA.

Comisión militar. Agentes y espectadores en las pruebas.

riores, y sin abrigo &lt;le ningún gfnero tontra
el aire, que es muy ÍUE't'te en las lomas en 11uc

MÉXICO, AGOSTO 10 DE 1902.

~a dleina

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Artemisa Elizondo</name>
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                    <text>Domingo 3 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL l"\UNDO ILUSTRADO

LAS GB.A.Jl'.A.D.A.S "BARDEN" COXTB.A. INCE:NDIO.
UN INVENTO MARAVILLOSO.
Con resultados Yerdaderarnente notables se
efectuaron hace poco en esta capital las pruebas de las granadas extingnidoras de incendio, cuyo inventor es Mr. !farden. Las experiencias se hicieron por los :-;res. Pascal:· .facq ueminot, Agentes en la República,cle las mara,·illosas granadas A que nos referi mof'.
La Secretaría de Guerra nombró á los i-;rer&lt;.
Coronel C+ustaYo ~Iaffs, tle la )Iaestranza ¡\acional de Artillería, y Tenientes Coroneles Rafael Dúvila y Luis Gil, de los Cuarteles de Ar-

·-

AÑO lX.--TOM0 11.--NÚM. 6.

los almacene;; e~tán HituacloH,se colocó un cuarto de madera cuyo ta.maño era como de tre:,;
metros de alto por dos y medio ch.: anl'ho y G
Una granada "Harden."
de largo; la entratla quedó para el lado por
donde soplaba el Yiento con mayor rapidez.
A las tres de la tarde del jueves :2-1 del ccrrientillería, para que concurrieran á las pruebas
te, y en presencia de 1n. Comisión )Iilitar, que
que los Agentes iban á practicar,y presentaran
después un informe acerca de los resultados · no perdió ningún detalle, se efectuaron las
pruebas. Antes de ellas los Agentes hicieron
obtenidos. La misma Becretaría designó {t los
dar un baño con alquitrán, petróleo y aguaconcesionarios, para que se efectuaran 11:1,s pruerrás ií, la parte interior del CLtarto; el .Jefe de
bas, la Casamata (Almacenes generales de
la Comisión :\[ilitar hizo qne en el lugar en
Artillería), y allí, en uno de loE patios inte

que iba á dcsarrolhrsc el fuego se 1rnsiernn
como comhustihle algunas ramas secas ~· tahl:ts delgadas. El fuego comenzó á produtirse en presencia, no s6lo de los militares de la
('omisión, sino también de algunos otros que
rc¡;iden en los almacene,;, y dr algunas otras
per~onas que habínn acudido á presenciar las
interesant.es experiencias.
.
Las granadas consisten en vnas botellita:;
de cristal azul, muy delgado, para que puedan romperse fácilmente al chocar contra algún objeto, despedir los gases que encierran
:' contener los a,·antes del incendio apagan,lo
las llamas instant{uwamentr.

•
peapuét del lncenctlQ, 1-1\l~ll• de una ~ran¡¡da "Hard~n,"

I

'

Subscripcióo meosual furáoea, $1.50
ldem Jdem. en la carital,,, 1.25
6erenle: LlJI&amp; Rtl'I&amp; &amp;PINDOLA,

lllreclor: LIC. RAf'AtL Rtrt&amp; &amp;PINDOLA.

Comisión militar. Agentes y espectadores en las pruebas.

riores, y sin abrigo &lt;le ningún gfnero tontra
el aire, que es muy ÍUE't'te en las lomas en 11uc

MÉXICO, AGOSTO 10 DE 1902.

~a dleina

�Domingo 10 de Agosto &lt;lt .... .,02.

--

==--

EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 10 de Agosto de 1902

EL 110'NDO ILUSTRADO

OTRO MILAGRO AMABLE
híase alejado «más allá.» ¿Pero dónde era «más
En aquel tiempo .Jeims at,., no había salido
all:í.'?»
EL esenio, con un gesto brusco, indicó
de Galilea, de las orillas del lago de Genezavagamente las montañas de Judea, Engaddi,
ret; pero la nueva de sus milagros había lley las fronteras purpúreas del reino de Asket,
gado ya á Siquem, ciudad rica, entre viñedos,
donde se levanta, siniestra sobre una roca, la
en el país de Samaria. Una tarde había paRa.ciudad
de .Makaur. Pero en vano lof' siervos
do un hombre, con los cabellos al viento, dianhelantes buscaron hasta el país de .Moab.
ciendo que un nuevo rabí, un nuevo profeJesús no estaba allí. Un día, _va á la vuelta,
ta, andaba por las verdes coli~1as que van de
un escriba que Re recogía á Jericó, paAÓ junUagdala á Cafarnaum, an unciando la llegada
to á elloR montado en su mula. Los siervos de
del reino de Dios y curando todos los males
Obed, rodeáronle p reguntándole si había enhumanoR. Mientras descansaba junto al pozo
contrado un profeta de Galilea que hacía mide Jacob, el hombre cont6 también que el ralagros. EL hombre de la Ley gritóles que ni
bí en un campo al pie de Cafa.maum, había
había. profetas, ni bahía milagros fuera de Jecu'rado al siervo de un centurión romano,
rusalén, y que s6lo Jehová era fuerte en su
desde lejos y sólo con murmurar suavemente
templo; y aun persiguióles á pedradas, en
una palabra; y que otra tarde, habiendo atranombre del señor de Israel. Los siervos huvesado en una barca de Galilea á la tierra &lt;le
yeron á Siquem. Y grande fué el desconsuelo
los Geraseniofl, donde se hacía la colecta del
ele Obed porque sus rebaños perecían, sus vibálsamo, había resucitado Ít la hija de Jairo,
flas se secaban-y á ese tiempo crecía en Sahombre importante que leía en la Sinagoga.
maria, consolador y lleno de promesas diviY como la gente puesta al rededor le pregu1,1nas, el nombre de J esús de Galilea.
tase si era ése el Mesías, y qué dulzura habia
Entonces un ce!&gt;turión romano, Publio Sepen sus palabras, el hombre irguióse, tomó el
tilnio, mandaba el fuerte que domina el valle
cayado, y sin beber siquiera del pozo donde
por donde se va á Cesárea. y al mar. Publio
Jacob había bebido, desapareci6, con los caera hombre próspero y goz,iba los favores de
bellos al viento, entre las rocas, por el camiFlacco, legado imperial en Siria. Pero destle
no que conduce á Betania. Pero una esperanhacía mucho tiempo, su hija única é infinitaza, deliciosa como el rocío del Hermón, quemente amada languidecía de un mal extraño,
dó refrescando las almas; y al momento la
imcomprensible aun para los esculapios y patierra pareció menos dura, y toda carga parera los magos que bahía mandado consultar á
ció menos pesada ..... .
Sidón y á Tiro. Blanca y triste como la luna,
Entonces, en Siquem, vivía un viejo llamasin quejarse y sin hablar á su padre, dejábase
do Obed, señor de rebaños, señor de viñas,
acabar, sentada en la explanada del fuerte,
de una familia pontifical, que, desde los antibajo un toldo, mirando melancólicamente los
guos cultos de I srael, sacrificaba en lo alto del
lejos azulados del mar de Tiro, por donde h amonte Ebal. Pero un viento abrasador, ese
bía venido de Roma, en una galera, con solvie1;to. de desolación que viene, á la voz irridados. Algunas veces, á su lado, un legionatada del Señor, del fondo de las tierras de
rio desde las almenas disparaba lentamente á
Asur había matado las mejores reses de RUS
lo alto la flecha y atraYesaba una grandeúguila,
grandes rebaños; y, en las vertientes, donde
volando con ala serena en el azul. La hija de
habían crecido mil pies alegres de viñas, neSeptimio seguía un momento el ave que revogreaba ahora solamente la esterilidad de los
loteaba, hasta golpear muerta. sobre las rocas;
brezos. Obcd, con la cabeza escondida en el
después, más triste y más pálida, conti1111aba.
manto, Jamentábase á la orilla de los camimirando al mar.
nos.
Septimio, habiendo oído aquellos hechizos
Después, oyenC:o en Siquem hablar del radel rabí, tan poderosos sobre los espíritus
bí de Galilea que alimentaba las multitudes
que curaba todos los males, destacó tres decuy sanaba todas las desgracias humanas, Obed,
rias de soldados para buscarlo por todas las
hombre leído, pem;Ó consigo que el rabí seciudades de la Decápolis, en la Pcrea, y á lo
ría uno de esos hechiceros que maravillaban
largo de la costa hasta. Ascalón. Los soldados
á Judea, como Apolonio, el de la yoz de bronmetieron sus escudos dentro de los sacos de
ce, y el sutil Simeón de Samaria. Estos, aun
lona, y partieron haciendo resonar las sandaen las noches obscuras, conversaban con las
lias ferradas sobre las losas de la!&gt; tres estradas
estrellas, y sabían las palabras que ahuyentan
romanas que se cruzan en Samaria. De noche
de las mieses los moscardones negros, engensus armas brillaban en lo alto de las colinas,
drados en los lobos de Egipto. Jesús, más poentre el resplandor de los hachones. De día
deroso que Apolonio, más sutil que Simeón,
penetraban en las casas, rebuscaban en la esdetendría la mortandad de sus ganados y hapesura ele los huertos; y las mujere:a;, inquiería reverdecer sus viñas ...... Ohed llamó á sus
tas, traíanles hijos y vasijas llenas de vino de
siervos, y ordenóles que fueaen á buscar al
8afed, que ellos bebían, cogiéndolas con amrabí á las ciudades de Galilea.
bas manos, de un trago, sentados en el suelo,
Los siervos ciñéronse los cintos de enero y
á la sombra de los sicomoros. Al pasar por
partieron corriendo hacia el Norte, por el calos puestos romanos, otros legionarios ú hommino de las caravanas que conduce á Damasl,res de ias cohortes sirias, oyendo el nombre
co. Una tarde a,·istaron, hacia el poniente rode Septimío, juntábanseles, llevando en el casjizo, las nieYes del monte Hermón. Después
co una rama de olivo. :Mas poco á poco, estas
el lago de Genezaret resplancleci6 ante ellos
marchas inútiles en busca de un rabí judío,
cristalino, azul celeste y tranquilQ, en la fresirritá.banlos; entonces detenían las caravanas,
cura de la mañana; un bando sereno de ciacometían brutalmente á la gente en las algüeñas blancas cortaba el cielo claro volando
deas, clamando por el nombre de Jesús. Al
hacia la parte de Safed; la ciudad nuern de
avistarlos·los pastoreR de Idumea, que dan las
Gama.la tenía un suave brillo de mármol, e1.reses blancas para el Templo, refugiábanse de
tre los verdores; y el agua, transparente y .:in
prisa en los montes; y desde el borde de las
murmurio, bañaba los pieR de las yerbas altas
azoteas de las ciudades, los viejos sacudían
y ele las adelfas en flor. Un pescador que en
sobre ellos las manos llenas de malos presaaquel Jugar desamarraba perezo,iamente Hl bargios, invocando la cólera de Elías. En los alca, díjoles que el rabí había dejado Galilea
rededores de Hebrón arrastraron fuera de las
y se había encaminado con sus di1&lt;cípulos hagrutas á los solitarios para arrancarles el nomcia la parte de Galaad, por donde baja el
bre del desierto ó del palmar donde se esconJordán.
día Jesús de Galilea; y la ignorancia de los
Los siervoR siguieron, corriendo, sin repomercaderes, que venían de Jope con una carso, hasta el sitio en que el Jordán forma un
ancho remanso y duerme un instante, inmóga de betel y que jamás habían oído el nombre del rabí de nalilea, cont6seles como un
vil y verde, á la sombra de los tamarindos.
delito y pagaron veinte dracmas al clecnrión.
De la entrada de una choza, hecha de ramas,
.\.sí prosiguieron hasta Ascalón; no encontraun esenio, cubierto tle pieles &lt;le cabra, taciron á Jesús, y retrocedieron á lo largo de la
turno y salvaje, gritóles que Jesús, solo, ha-

EL PRIMER OBISPO DE AGUASCALIENTES.

costa, enterrando las sandalias en las arena
ardientes. Una madrugada, junto á Cesárea,
avistaron, sobre un fresco otero, un bosque clP.
laureles donde blanqtrnaba recogida.mente el
frontón liso de un templo. Un viejo de luengas barbas, vestido de hilo blanco, aguardaba
allí, grave y religimiamente, la aparición del
sol. Los soldados, desde abajo, preguntáronle,
agitando las ramas de olivo, si sabía de un
profeta de Galilea que hacía milagros. El viejo, sereno y sonriendo, cHjoles que no había
profetas ni había milagros, y que sólo Apolo
Délfico conocía el secreto ele las cosas. Al oír
esto, los soldados, muy despacio, con la cabeza baja, como en una tarde de derrota., recogiéronse al fuerte de Samaria. Y grande fué
la desesperación de Septimio, porque su hija
se moría, sin quejarse y sin hablar á su padre,
y la fama de Jesús de Galilea iba subiendo,
alumbrando toda Samaria, como la aurora
cuando se levanta por detr~s del monte Hermón.
Entonces junto á Siquem, en una casucha,
vivía una viuda, desgraciada entre todas, que
tenía el hijo enfer mo con calenturas. El suelo miserable no estaba enea.lado ni había en
él jergón. En la lámpara de barro encarnado
habíase secado el aceite. El grano faltaba en
el arca: el ruido durmiente del molino casero
había cesado, y ésta era, en Israel, la eviden•
cia cruel de la infinita miseria.
La pobre madre, sentada en un rincón, lloraba; y extendido sobre sus rodillas, envuelto en harapos, pálido y temblando todo,
el niño pedía.le con una voz débil como un
suspiro, que fnese á llamar á ese rabí de Galilea de quien había oído hablar junto al pozo de ,Jacob, que amaba los niños, alimentaba las multitudes v curaba todos los males
humanos con la cai·icia de sus manos. Y la
madre decía llorando:
-¿Cómo quieres, hijo mío, que te deje y
vaya á buscar al rabí á Galilea? Obed es rico y tiene siervos, yo los ví pasar, y en vano
buscaron á .Jesús por arenales y ciudades,
desde Chorazin hasta el país de Moab. Septimio es fuerte y tiene soldados, yo los ví pasar preguntando por .Jesús, sin encontrarle
desde el Hebrón al mar ...... ¿Cómo quieres
que te deje? Jesús está lejos, nuestro dolor está con nosotros. Y sin duda el rabí, que lee
en las sinagogas nuevas, no escucha las quejas
de una madre de Samaria, que sólo rabe ir á
orar, como en otro t iempo, á lo alto del monte Gerazim.
E Lniño. con los ojos cerrados, pálido y como muerto, murmuró el nombre de Jesús.
Y la madre decía llorando:
-¿De qué me serviría, hijo mío, partir é ir
á buscarle'? Largos son los caminos de Siria,
corta es la piedad de los hombres. Viéndome
tan pobre y tan sola, los perros saldrían á Jadrarme á la puerta de las casas. De seguro
Jesús murió; y con él murió, una vez más,
toda la esperanza. de los tristes.
Pálido, y desfallecido, el niño murmuró:
-:\ladre, yo quería verá Jesús de Galilea.
Y en seguida, abriendo despacio la puerta
y sonriendo, Jesús dijo al niño:
-Aquí estoy.
E&lt;;A DE QUEIROZ.

Fray José }YTarla J&gt;orfuga/
La semana pasada tomó poses1on
de su car~o, como primer obispo de
Aguascahente,i, el Ilustrísimo D.
Fray José l\Iarfo Portugal, prelado
que por algunos años gobernó la diócesis de Binaloa y que, posteriormente, fué 1ransladado á la de Sal tillo.
E l Sr. Portugal naci6 en l\Iéxico
el 24 de enero de 183 ·; hizo los estudios de latín y filosofía en e] Seminario de Guadalajara, y habiendo ingresado como novicio al convento de
Zapo¡,anos,se ordenó pocos años después, nombrándosele cura de Asientos.
Fray José María es miembro de
una familia distinguida que contó
entre sus varones prominentes al
cékbre obispo de )Iorelia D. Juan
qayetan? Port,ugal_, único de la Iglef;1a l\Iex1cana a qmen se ha conferido
el capelo cardena!icio. D. Juan Cayetano había muerto un mes antes
de la fecha de su nombramiento y
éste no tuvo efecto.
El primer obispo de Aguascalientes fué consagrado en Guadalajara el
8 de Diciembre de 1888, y desde ese
a-qo hasta el de 1898. en que pas6 á
8altillo, estuvo al frente del obispado &lt;le Sinaloa.
En la capital de la nuern diócesis
ha sido objeto de numerosas manifestaciones de simpatía

MEDIO SIGLO DE VIDA PÚBLICA.
LORO SALISBURY.
Calmadas las turbulencias de la política inglesa, despejado el horizonte que durante más
de dos años estu,·o encnpotado á causa dt&gt;l
conflicto sudafricano, acaba ele retirarse de la
vida p(1blica. una de las figuras mús respeta-

***
cuento

Publicamos este
que ha aparecido
en diversas revistas europeas, corno un homenaje al insigne l'Scritor portuguéR E9a de Queiroz, muerto recientemente en París. En opinión de la crítica contemporánea, este cuento
constituye una de las joyas más preciosas de
la literatura moderna.
LORD SALISBURY.

bles de Inglaterra, uno Je los luchatlores mús
tenaces, que durante muy cerca ele medio siglo fué uno de los más fieles servidores ele su
país y de su partido: Lord Salisbnry.
El último primer ministro de la Gran-Bre-

ta ña, cuenta en la actualidad setenta y dos
años. Hace cuarenta y nueve, cuando el ento~ces senci!l11;men~e :\.fr. Salisbury acababa de
salir de la 1 rnvers1dad de O.xford fué á. ocupar un sitio á la Cámara de los C~munes. como representante del distrito de Sta.mford.
Desde el princip_io en la Cámara baja, y mús
ta~cle en la de los 1ores, donde fué á ocupar el
asiento de su padre, luchó ardientemente como uno de los miembros más convencidos del
1iartido conservador, cuyaR principales figuras,
a la sazón, eran Derby y Disraeli.
Como conservador ha trabajado siempre,
represe11tanrlo á esa fracción interesantÍRima
de la naeión inglesa que desempeña notablemente el papel á qne debieran sujetarse todos
los partidos conservadores: el papel de moderador de la acción impulsiva del elemento reforma.dor.
. Así, lord Sali~~ury, opositor ardiente &lt;le!
sistema democratico, enemigo de toda reforma política, colosal adversario de aquel coloi-o que se llamó Glad;;tone y que era :a;encillamente llamado el gran v-iejo; lord Salisbury
foé el más rudo obstáculo con que ha tropezado el liberalismo inglés; pero á todos los intereses ha opuesto siempre el interés de Inglaterra.
Y a. fuera en el Parlamento en los bancos de
la oposición; en la prensa d¡sde donde en los
.
'
' mucomienzos
el e su. carrera política,
logró
chas veces sacudir al país en una inmensa
coumoción; como miembro del gabinete Dilraeli, ó cor, la inmensa responsabilidad de director ~e la _rolítica ~~glesa, lord Salisbury
combatió la mtroducc1on de reformas liberales en Irlanda, combatió también el ultraimper~alismo .c~mo sistema; abop;ó siempre por
el h~re cambio; se apegó, al pie de la letra, á
sus ideas conservadoras; pero jamás transigió
en aquell? 9ue p~diera. disminuir el poderío
y el prestig10 del 1mpeno británico.
La única vez que estuvo de acuerdo con el
ministerio Gladstone, fué cuando dió su voto
firme en pro de la conservación de la influencia inglesa en Egipto.
·
Como ministro de Relaciones y como enviado del gobierno británico, concluyó numero-

sos tratados y asistió á importantes conferencias internacionales.
Seguramente que Salisbury, como hombre
de Estado, tuvo muchas menos simpatías que
GladKtone, &lt;lespert6 m~nores entusiasmos y
brilló con luz menos viva. l\fas el inmenso
prestigio que nadie podría negarle, se debió á
dos de los ra¡.,gos principales de su vida pública: una firme moderación y una excesiYa pru&lt;leneia, hijaR quizá de la fecunda experiencia
qur debe haber sido el frnto de una de las· carreras políticas más largas que cuenta la hi~toria.
Ese prestigio y esa experiencia fueron, sin
duda a lguna, facto1·eR &lt;le primer orden para
que el gobierno britúníco pudiese re1&lt;olver mejor el tremendo conflicto de Sudáfrica. Es
bien :-ahido que lord Salisbnry se esforzó en
evitarlo; y bajo la guía del prudentísimo estadi;;ta, el pueblo inglés marchó confiado á la
guerra.
El retiro de Sali.:bury ha sido lamentado
por la prensa continental, que veía en él un
espíritu conciliador.
Pero, si bien lord Salisbury se retira, puede decirse que SUR principios conservadores seguirán rigiendo la política inglesa: su sucesor,
y sobrino, 1\1r. Balfour, se ha distinguido ya
por el acierto de su labor como «leader" del
gobierno en la Cámara de los Comunes,- es puede decirse, hechura de su ilustre a~te~esor
cnyas ideas ha secundado brillantemente. E;
el famoso orador que, en ocasión solemne
lanzó al mundo las siguientes frases de grai;
trascendencia política:
'
«He oído, dijo al recibir á la Liga en favor
d~, la paz, rechazar con rnz indign~da la noc1on de _gue, cuando una coRa perjudica á los
que llamáis vuestros rivales, debe forzosamente aprovecharos. Toda la historia del mundo
e~~ ahí para probar la falsedad de ese princ~p10. Todo lo que puede ayudar á la prospendad de otro país, ayuda indirecta, pero se-

/

M R. BALFOU R, Jefe del Gabinete inglés.

gura y realme:ite, á vuestros propios intereses.
Pensar que el mundo está dividido en cierto
número de comunidades, de las cuales cada
una no gana sino lo que pierde su vecina es
la superstición máR hefasta y más grotes:ia á
que puede obedecer una nación.»
. Fórm1;1Ja. supre~a y positiva del altruísmo
mtemac1onal. iÜJa1á que pudiese -ser repetida '
f~eeuente~ente fuera del convencionalismo
diplomático; y ojalá que pudiera ser evocada
para resolYer los conflictos entre pueblo y
pueblo!

~r. .C• .Cara !I }&gt;ardo.

�Oomingo 10 de Agm;to de 1902.

ET, MUNDO ILUSTRADO

tL :i\IU1--UO ILUSTRAnO

LA BELLBZ:A FEMENINA.
La alta filosofía, á través de sus lucubraciones profundai;, de i-ui- i1n-estigaciones complexa,; .Y ele su8 razonamientos complicados,
pro¡,ende :í la rel-'olución de treR grandes cmes,tionN, y á la definición de tres grandes hechos.
La.'&gt; tr,:s preguntas á que quiere dar completa
y exacta rf'f'puesta, so11: ¿']ué PS lo verdadero?
¿,qué es le, bueno? y ¿,qué es lo bello?
Lo \'erdaclero, lo bello y lo bueno han siclo
las tres esfinges, impasibles y mudas, Riempre
er&lt;rui&lt;las v v¡¡Jndas ante la mirada del in vestigador. Toda la ciencia converge á _reso_lver
el primer problema, toda la moral á d1luc1dar
el srgundo, toda la estética á esclarecer el tercero.
El prodigioso desenvolvimiento ele la ciencia hmnana; b variedad inmensa de los medios materiales y mentales ele investigación;
el microscopio, que ncrecienhi lo infinitamente
pequefio; el telescopio,&lt;Jue aproxima lo infinitamente lej:wo; rl análisis, que disocia los
co111rn1estos; la síntesis, que los reconstituye;
el escalpelo, que diseca; el calor, que funde y
volatiliza; la electricitlacl,&lt;Jue anima lo inerte;
h lógica, que templa~- aquilafo. el criterio; el
razonmniento, que escuclrifia lo desconocido;
l.'l e:1l&lt;"11lo,que reduce los frnómenos á fórmulai-. todo ha co11trihuíclo á definir más claramente y 111(•jor para el homhre qué es lo que
dehr entender por Yerdtul y eómo distinguirla
del errnr.
La Yida humana diaria con todas sus peripe('iai-, la hü,toria con todas sus epopeyas ,\·
todas sui- C'at:istrofes, el irn,tinto con todas sus
sugei-t iones .Y la nrcrsidntl con todos sus a premio!-', nos han ilustrado sohre In, naturalezn,
el origen _v la sanción de lo hueno. En esfas
dos materias mucho sabe el hombre y mucho
ha aprendido; si no alcan7.a nún las solucio11es t·ntrgiiricns, entre\·é por lo menos i-us printipalc&gt;J" li1wamit•11tus; 1-'i no se ha a¡,oclernclo
de todo e,) do111inio, ha c1mquistado al menos
prm·1n&lt;·i:1s t•ntt&gt;rn:-- ." ant1•i- &lt;le mucho el eon&lt;'t&gt;pto de lo YPrdadc&gt;ro ,r de lo huenu será sati faelorio v estará liie11 drfinido.
:,¡opas:; lo mismo co11 lo lit&gt;llo. La hellezii,
di:--eernililc en cacl,teaso concreto ron fmficien1&lt;' dnridad, rehm;a tena.mwnte re\·elarnos su
prnfun&lt;lo y fundamental 111i1Sterio. Como una
ninfa juguetona, coqtH'tea con el hombre, ;;e
le ofrecr, lo esquiva, se le a&lt;"erca y huye;
y ctmndo el hombre c1'ee tenerla entre sus brazos, de un salto 1ie escapa.,· se esconde en las
profundidades impt-netrahlPH de la i-elva.
Todos !:'abemo,; que es bello el firmamento
inundado de 1101 í, t11chonaclo ele ascuas de oro;
todos sentimOl-4 la belleza profunda y apacible
del mar en calnm,y su sublimidad imponente
cuando st&gt; &lt;'nere11pa r se agita en el seno de la
tempestad; hella es la luz y hella es la noche;
la lwlleza llt•na los espacios inmensos _v se hace morauas de clinmentP. en las gotas de rocío;
es lwlla la eordi llera colosal é inmutable, y lo
t'S el in,;ecto imperceptible ,v 1wrccedero; son
helios el desinto interminable y el Yalle floriuo; la mujer y el a,·e, la nube y la joya, la
roc•n y la espuma, el fuego y la nieve.
La belleza es po!:&lt;ible en todm, las circunstancias _\· e11 todas las condiciones; puede ofrecer:--c _v ostentar,-e en todas las coRas; cabe en
igual grado ann en las más opuestas _v contra1lictoriasi en ,;u amplísima órbita puede
n1ovPrse c&gt;l unirerso entero, cosaR y sereR, fnerzai- v feñómenos.
Esta heterogeneidad de las cosas bellas, ei-a
frecuente contradicción entre tipos indiscutibles &lt;le bellelm, i111pide al hombre orienta.rHC, enco11trar el hilo, explomr el laberinto ,\'
llegará formular un concepto de lo helio, enpaz de abrazar en su generalidad todai; lascosas hellas ." todas las múltiples formns y modos en yue pueden fler bellas.
Pero si no es posible llegar ft formar una
idea general y fumliimt&gt;nfal de lo bello,sí puede serlo el llegar á definir en qué consisten
ciertos g~neros de belleza, y C'l pon¡ué de ese
atributo en grupo" e~pecialei,; ele eosas y rn
forn Hls especiales de lo bello.
Tal:pasa1 á nuestro juicio1 con una de sus
0

forma" supremas, con una &lt;le&gt; sus 111:í1- pr1:f&lt;'eta,; nrn11ifest:1eionrs, con la belleza ft,1111•11111:1.
Complex,1. variada, múltiple, c,1111prenclida ~11
una escala inme11sn que ni tles&lt;le la gracia
hasta la maje1;tad, la LPlle;m feme11i11a es red11ctihlr, sin embargo, ÍI c·omliciune:-- mpit:ilc-,;
ÍI requisitos i111prl.'•ei11dil,IPs, :t all'ihutos fu111l:rnw11tnlc,si¡u1·, &gt;'e!.(ÚII i111pert'n en 1111:1 ú otrn
proporción ,\' según :--t' ('Ollil&gt;illC'll lllÚ&gt;&lt; {, lllf'llll:-armonio,-amente, pniducen todos :--us 1,n-acl11,-; y
todas su:-- 111oclaliclatbs.
E:&lt;tos atributoi- fund,u11entalc" ,:011 :'t llllt'"·
tro 111rnlo ,lp \·er, frp;,;: la ,;alud, la grn&lt;·ia .r
cil.'rto g-01wro do fuerza, de nptitud ú 1·:qmt"itlad l'II nrn1011ia et n t·l dPRtino y l:1 111i:--i{n
runda111l'ntal de la mujer en ln ti;·na.
Para que u11,1 mujer &gt;'t·a Ju,Jla, •!ehe ('llllH'II·
zar por ser sana. Todn dl•fm111idnd, trnh 111util:u·iú11, todo tras1111to t•xterim ú nsil,1,• d1·
u11a alt1•raciún or¡¡;:u1i('a, dl' 1111 trn~torno fun ·
ciomtl, dP 1111:1 enf1•n11t&gt;dad, t•11 fin, 111Ít11 {, llll'·
no,; t·anwtrrizada, afra, tl1,:.;ligura _\· PX&lt;"IU_\'P
rnú" í, rneno~ t·o111pll'la11H•11t&lt;' la liPllt•za h11111ana y t'SJll'&lt;"ial111e11t(• In fc111eni11:1.
Este t·onc1'pto por sí :--llln, i111pli1•;t ú t•ntr:1ñ:i in II umern 1,IPs 111,\ll ifc,-:taeion,•,; n&lt;·&lt;·P:&lt;nrin" t'·
inevitalilrs di' l,1 lwlleza femt-'11i11:1. '.\i11g1111:1
deformidntl drl t•sqtwieto, ninguna ntr111i:1
musenlnr, ninguna 111n11ifo,-1nciún exterior 1•,:t:'ttica ú di11{n11i&lt;"a clt&gt; un tra:a-torno {¡ lllal i11t1·rior, deja de intluir 111:b {, 111c11t1R rn la li('l11·z:1
de la nllljer,y e~as n11rnil'P,.;t:1eiont•s ,:011 inro11taliles. La ,;alud completa _v vigornm !4e n•1·t'l:1,
no sólo por h ar111011ía _\' proporción dt• J:i,_
formas _v la integridad _,. correcto fu11C'io11a111ie11to de los 111il'mbro,-, sino t:unl,ién poi·
111ultitud de otro;- C'arncteres ri:-ibll's que l.1
tlenuncian v rc&gt;rclan.
La ¡,id tlebl.' HPI' kr:-a, sin manchaR ni Ineras ni cicatrieeH 1·e\·1·lacloras de malt&gt;s {¡ dt· n&lt;'cidentcs ndunles ÍI p:isndo:-. La sangre. rÍ\'ll.
ardiente y genero,-a, debe colorearlo, y las \'I'•
11a1i deuen \'etearl11 _v jaspeada li¡!ern y lo,·almente. Los ojo,: deben ,:er brillantes y lí111pitlos; la pupila pura; la 1111rntln dehe refit·ja1·
;;in emhara7.o y con tidt•lidatl la,: paf;io11,-,; y
las idl.'ns. :-\011 tolerables en la piel cie1·t;1H I'"·
li&lt;leces que llamamos intere:-:antes, y t•n la 111irada cierl.llR languideces \'Oluptuosn,;, _\· sut·l, 11
110 serlo cie1taH exprei-ionesaud:wes {, in,¡ui,.i
doras, por razone:; que no so11 del 111rn11ento y
que anali1~'lre111os e11 su llportuniclad; pern la
hPlleza supre111a e" i1wo11ciliahle con las p:tlideeei:; de la nialaria ú del e:incer, &lt;'on l.1s n1:111chas y liicras reveladoras de !ns co11:-titucio1w,;
enl'ermizas, y con las tlaxidcl'e:, y arrugaR pP·
culiares ele los 1:&lt;ere;; dfl,ilt-'s.
Una eabellera alrnmlantl.', Redo~a y rngamentt• 11ncluladn, es ele111&lt;·11to funrl:1nw11tnl di'
belleza, pon¡ue P:--111a11ire:-;t,1ci611 de la :--alud fi11rccie11te. El pelo rna1chilo, e:--ca:&lt;11, n1orlt•ci1111,
es peculiar tle los :&lt;ere:-- enfermizos, eo11w la
cal vi,:ie de los agotados.
Los labios rojos, la dentadura hlaiwn y 1-ana, el aliento puro, la piel h:ilitosa, In urC'ja
pequefia, bien cortada _y a ¡,licada easi n I C'l'H·
heo, la 11ii:t i:sonro:--.ufa y recta, trn&lt;lucPn \·igor,
organización nor111al, y constit11y1•n ele1,1entol-l
i11&lt;lispe11saLleR &lt;le la l1t•lleza fen1e11inn.
Pero la :-:alud y pm c·om,iguientP la hl'lh·za
se traduc~n tn111bié11 por .-.ctiLudes y nw\·imiPntos. ]~! tro11co erguitl11, hi c:i he;1,a recta,
el andar firme y rít111il'o, el nde111Ítn desparpajado y a111plio, cierta ligera on1lulaciú11 dt•l
talle que renila la nornialid,id de la P,-trndura
anntúuiica; una re!-'pirncifo1 at·o111pa:a-ndn, n111plia, profunda; \'OZ clarn, sonora, 1,ien ti111l,rada, que da i 11dicios de&gt; la intl'wi.tad y \'Í¡.?:or
de los órgnnos crn-respo11dirntes _\' liasta b 111:ino tibia y :--et·a, todo, ú ht vez que ele111e11to t•stético, es condición fisiolúgica. _v todo t•~o y
mucho míi:--, que 0111itimo,; por 110 ser dif11,o~,
nl'cesita una 11rnjer parn Sl'I' l,elln.
De ahí unaconsPtiueneiapri'tt-tic:t importante: la n1ujer, para ser helln, del1l' prncurnr :--1·r
sana, ~: como en Esparta, :--i 1,ien C'on 111i'ts pu
dor y mesura, debe procurar C'Oll la gin111:1,.,Lica, la hidroterapia y la higit&gt;ne, conserrnr t·on
la salüd la belleza, \' acrecentar la hrll ..1,a
con la salud.
·

2Jr. )Yf. Flores.

bomingo 10 de Agosto de 1001

�Domingo 10 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

La coronación .de Eduardo VII.

llajo las naves de la gran
Abadía de Westminster, acaba de ser solemnemente coronado por el Arzobispo de Cantorbery, y de otorgar el jurament¿ d séptimo de los
Eduardos de Inglaterra, el sucesor de la venerable reina Yictoria I.
Xuestros lectores si.ben que, debido á la repentina enfermedad del Rey, hubo de
transferirse la coronación, y pJr fin el estado satisfactorio ilel soberano permitió fijarla
para el día nueve ele Agosto.
Desde que se fijó la fecha, los preparativoi::, temporalmente suspendidos, se reanudaron. Los periódicos ingleses nos dieron anticipadamente, descripciones minuciosas
del decorado que ostentará la brumosa Londrei,, para una sola de cuyas calles se gastó en adorno la sumn. de mil libras esterlinaf:, ó sea m[1s de diez mil pesos en nuestra
moneda.
Las arcaicas ceremonias :1,trajeron, además de los representantes de los gobiernos de
todos los países civilizados, á multitud de visitantes de todos los lugares de la tierra,
que presenciaron, en los albores del siglo XX, desfiles y actos iguales á los que se efectuaban hace tres ó cuatro siglos.
Porque, si bien por atención al estado fü,ico débil del rey Eduardo, se resolvió modificar unas ceremonias y aun suprimir otrafl, en lo general el ritual seguido fué copia
fiel del que la tradición conserva para casos semejantes. Y la nobleza de Inglaterra, una de las más apegadas á la tradición, se preparó á tomar parte en lrus
ceremonias, desempeñando á conciencia el papel que le correspondía.
Casi todas las calles recorridas por la proseción real, fueron limitadas por un cercado, para impedir que la aglo~eración perjudicara el

El adorno en las avenidas principales de Londrea

Domingo 10 de Agosto de HÍ02

EL MUNDO ILUSTRADO

huen orden del desfile; fste [ué ensayado repetidas veces, enganchando
los troncos á carruajes sobrecargados
hasta que tuvieran el peso de las carrozas realeR. Ningún detalle se olvidó.
La procesión debió ser suntuosa,
contribuyendo á su brillo la presencia de Lord Kitchener, la primera figura militar del Reino en e~tos momentos, que desfiló seguido de su
eRtado mayor.
Otro de los detalles del desfile que
indudablemente llamó la atención,
fué la concurrencia del contingente
indio que marchó al frente &lt;le todos,
lo cual es una distinción honrosa hacia los representantes &lt;le la principal
de las posesiones británica1-.
A la solemnísima ceremonia. de
ayer en la A ha.día. de \\'estminster
no concurrieron más que las
altas personalidades de In......
glaterra y &lt;le las naciones
amigas, que enviaron sus representantei:;. Las ceremonias fueron l,rcves para comodidad del rey; se suprimieron laR letanías y algunos
otro,; detalles. Las sillas del
trono, que 1lehían Pstar en
una gran plataforma, para
que pudiesen ser vistas de
todos los eRpectadores, se
pusieron al nivel del ¡;uelo,
parn evitar al rey la fatiga
de subir los peldaño¡;_
La víi-pera de la ceremonia, la Abadíit de Westminster recibió la. riquísima colección de joyas reales
fJUe se conservaba, hacfa
mucho tiempo, en la Torre
de Londres, y que fué usada
en la Coronación. rna. guardia especial qued6 encargada de su custodia hasta el
momento en que vueha á
depositarse en la Torre.
El Soberano ha conferido
á las personalidad.es más encumbradas asistentes á las
fiestas, insignias de las principales Ordenes del Reino.

Posición de Eduardo VII al dar el juramento.

Los trenes llegaban
materialmente llenos
de pasajeros ávidos de
presenciar el desfile de
la regia comitiva, y no
había punto de los que
tocó: en su trayecto el
desfile, que no se viera
invadido por la muchedumbre. :Muchasde
las graderías que en
junio hicieron construir algunas empresas, para a 1q u i I ar
asientos al púhlico, y
de las que i,e levantaron por los clu h,-, ful'ron i,,uprimidas. E11
las que qu0daron, 1, s
asientos se alq ui Ja., cm
á elevados precio~.
A la. hora en que
entra en prensa nuestro semanario, la colonia inglesa, residente
en la capital, celel,m la
Coronación de Eduardo VII, uniéndose al
regocijo de sus nacionales, que se desborda
en to&lt;lo:; lus_lugares del
mundo donde flota el
pabellón inglés, ó en
aquellos en que, como

E/ rey Bay Farina, de Kaway y el Prín•
cipe Pamayangba,
concurrentes á la coronación,

aquí, se agrupan los súbditos de la Corona de
Inglaterra para estrechar los lazos que los
unen.
La nota más saliente de los festejos preparados pot la colonia briünica, fué, sin duda,
el gran baile efectuado la norhe del viernes en
el Circo Orrin, y que superó en lucimiento,
elegancia. y animación á lo que se esperaba.

*
*'*

;

1

El entusiasmo con que en toda Inglaterra se
ha celebrado la coronación del Rey, no tiene
precedente en los anales de los grandes regocijos de Inglaterra. En Londres, horas antes
de la ceremonia, las multitudes recorrían las
calles en medio de las mayores demostraci011es
de júbilo, y millares de olm,1'os se ocupaban
en dar la última mano ú la decoración de las
avenidas y de los edificioi,. En algunas partes
el adorno Iné menos rico &lt;le lo que se espera.ha; pero en otrai,, se hizo mucho mús valioso
con las instnlacio,ws de luz que ostentaron por
la noche los l'alaeios principales de la populosa. ciuúa&lt;l.

Los Arzobispos y Obispos de Inglaterra que tomaron parte en la ceremonia.

VESPERTINA.
~ritos clásicos.
..... ~Iás, ap6yate más .... Que sienta el peso
de tu brazo en el mío; c&gt;stás cansada
y se durmió en tu boca el postrer beso
y en tus pupilas la última mirada.
¡Qué fatiga tan dulce la fatiga
que precede á los éxtasis; pereza
del cuerpo y del espfritu que obliga
á mezclar el amor con la tl'istezal

El contingento indio,

Se va la luz. Y la naturaleza
parece que nos dice: ((Soy amiga
de todos los que se aman; los amparo¡

ya os dí lechos &lt;le flores; os dí asilos
rnistcrio~os; reposad tranquilos
en la estrellada sombra que os preparo.
Gracias, amiga! El alma de las cosas
sigue de nuestro espíritu las huellas;
primero, para amar, nos diste rosas·
después, para soñar, :1os das cstrell~s.

La luz se extingue en el zafir, lo mismo
que en los profundos ojos de mi amada·
'
pero queda un fulgor en el abismo
y un toque de pasi6n en la mirada:
sutil y delicioso panteísmo ........ .
·····.Más, apóyate más; vienes cansada ..... .

.Cuis ~- Urbit¡a.

�BEBE
CUADRO DE JORDAEN&amp;

--,'
..

�Domingo 10 de Agosto. de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ÍLUSTRAbO

RESIDENCIAS DIPLOMÁTICAS.
LA LEGACIÓN DE AUSTRIA
Reanudadas las relacioneR diplomáticas entre México y el Imperio Austro-Húngaro, hace algunos
meses quedó definitivamente instalada en nuestra
metrópoli la legación respectiva, figurando al frente de ella, como Ministro Plenipotenciario, el Sr.
conde de Hóhenwart Gérlachstein.
Las oficinas ele la legación estuvieron provisionalmente instaladas en uno de los principales hoteles de la capital, trarn,ladándose después á la
suntuosa finca de las calles de Bucareli, en que se
encuentran ahora establecidas.
La residencia del señor ministro de AustriaHungría, es una de las más lujo~as: todo en ella
es de ·un gusto exquisito, y difícilmente se encontrarán salones en que, como al:í, se hermanen la
riqueza y el arte para formar un conjunto tan
bello.
Al penetrará la legación,se advierte, en primer
término, el magnífico decorado de la escalera, construída con mármol de Carrara; un guardapolvo de
finísima seda de colores, con bordados y flecos .:!e
oro, cnhre la parte del fondo, haciendo resaltar la
severa elegancia de la obra arquitectónica. Este

Domingo 10 de Ag9sto de 1902

EL HUMO.

'ff·

1~

Fumaba mi pipa, recostado sobre la hierba,
con la frente levantada hacia el cielo; y con
los párpados entrecerrados dejaba flotar mi
espíritu en la deliciosa languidez del sueño
que comienza.
En mi pipa no había tabaco de Cuba• ni de
Oriente. Había recuerdos, e,iperanzas; besos
de ayer, sueñoR de mañana; besos que no se
realizaron y sueños que no han de efectuarse
nunca, y de mi pipa salía una nube de humo
que subía, se vaporizaba y se desvanecía antes de llegar al cielo.
Y me dije: «Esta nube de humo son mis
sueños.». Después,melancólicamente cerré los
párpados y me dormí.

1

Fachada de la Legación.

cuuos españoles y atributos reales; hay también un par de grandrs
i;;illones del tiempo de Carlos V. El señor ministro los obtuvo en Sevilla cuando fué representante de su país en España.
El salón {&lt;blanco» está decorado á t0tlo lujo. Pertenece á la señora
condesa y allí recibe á sus amigas íntimas. Sns cortinas y muebles
son de felpa blanca,y multitud &lt;le objetos de plata tapizan los muros:
allí se ve una colección de primorosos objetos traídos de Tánger, en
la que figuran braseletes, collares, pulseras, etc. En uno de los ángulos está un altar con ca,,delab~os y otros adornos &lt;le plata antiguos
y muy valiosos.
En el ala sur de la finca se encuentra el despacho del señor ministro. Este departamento es amplio y está adornado con cuadros de esculturas debidos á los mejores arti8tas antiguos. Su decorado es estilo
oriental,y sus muebles, tales como sofás, mesas y estanteR, son de estilo
morisco. Sobre la mesa &lt;lel señor ministro se ven retratos de soberanos y nobles de Austria, acuarelas y gobelinos.
El comedor está situado al lado oriente; sus muebles son estilo ro-

Salón de recepciones.

Cuando despert(en-el- cielo - esplendoroso
del ::\Ieuiodía irradiaba triunfalmente la luz
tlel sol y las nubes doradas _¡mrpurinamente
corría~ sobre el azul. Había una sonrosada,
páli&lt;la y frágil, que atrajo mis miradas. La seguí con los ojos y con el pensamiento hacia las
paradisiacas glorias del sol, y sentí que la
amaba yo con todo mi corazón .... .•... porque
aquella nubecilla sonrosada se había formado
con el humo de mis esperanzas y de mis en._ _J
sueños.
J

CATULLE MENDES.

mano, y la vajilla, de plata primorosamente trabajada.
Entre las ,•arias obras de arte que decoran la legación de Austria y que hacen &lt;le
ella una de las más suntuosas residencias
diplom{iticas, se encuentran algunas debiclas [i pintoreR mexicanof-.

Las armas más poderosas dr la mujer
Ron las lágrimas; las mfü, tiernas, lo~suspiros, y la más terriblt&gt;, la lengua.

Despacho del Sr. Ministro.

Todo golpe es fecundo: el de la azada
hace la flor resucitar del suelo;
el del cincel traslada del modelo
la línea por el mármol indicada;
triunfa en la li&lt;l ardiente el de la e8pada;
el del llanto, en la tierra da consuelo,
y el de la gota que desprende el cielo,
deja la verde espiga elaborada.

Escalera principal.

guardapolvo fué ttaído de Tánger por el señor ministro y está trabajado con verdadero derroche de buen gusto. Al terminar la escalera,
t&lt;e extiende un amplio corredor, pavimentado con mosaico y mármol,
y en los ·m uros, que ilumina un tragaluz de cristales de colore~, se
ven cuadros muy valiosos &lt;le distintas épocas y escuelas.
_El salón de recepciones 6 sea el «amarilloi,, es de lo más elegante
que pueda imaginarse. Sus muebles son &lt;le madera preciosa y están
tapizados de raso finísimo,que hace juego con el color de las cortinas
y de la alfombra. En el fondo hay dos retratos muy bien ejecutados
del señor ministro y su esposa. Constrastando con el estilo que domina en el salón, se encmentran otros muebles, tan valiosos desde el
punto de vista histórico, como ricos en detalles de arte.
Estos muebles, finísimamente tallados, que pertenecieron á la condesa Momfanser, de la época de-Isabel la Cat61ica, tienen grabados es-

Labran los de las fábricas grandio$aR,
forjando las figuras luminosas
cuando en lmi yunques el martillo bate;
y al entablar la lucha por la vida,
es el alma por golpes combatida
la m{ii, dura y mejor pam el combate.

El Comedor

Sala de rocl~ir do la señora Hohonwart.

�::s

bomingo 10 de Agosto de 1902.

-·~[arr!
1
El poeta v ió llegar una joven c..l(' un rincú_n del jardín,_ hern10Ra,
triunfal, sonriente; y no quiso tener t iempo smo para meditar e11 que
son ndorahle¡,. los crrlwllos Jorados cu:Lndo flotan sobre las nucas marmóreas, y en que hay ro:-tros que vnlen bien por una alba.
.
Lufgo todo era. del icioso. Ac¡uellos quince n~us, entre la;; ros~~ qmnce aiios, sí, lo ef'tithan pregonando unas pu¡nlas serenas ele 11rna, u11
sc,no a.penas ergui&lt;lo y una frescura primaYeral; aqurllu,- ro-s:tle,-; tfl11hlorosns que hacía,r. ondul:1 r sus arcos ,·er.\P,s, aquellos c..l1_1rnzneros con
sus ramilletes rrle&lt;rre" domle se detenían al paso las ma r1 po:-as errantes llenas de polvZ de oro, y las libélulas &lt;le alas cristalinas é iri&gt;'adas;
aquel cisne en la ancha taza, ei,ponjando el alabastro ele su:-\ plumas,
zambnyéndose entre e,-;pumajt•os _,, burh11ja1&lt;, ron volup~nosida,l, en
la trasparenria del ao-1111 la c;H;ikl. limpia, pintrrda, apar1ble, de don' de feliei&lt;lacl; y en la. puert;i l n ancia~1a,_
.
.te emergía corno unaº onda
u!1
i1wierno en medio de tocia nl1uella vida, cerca 1le '.\[ar.v, una vngm1dad en tior.
Ricardo, poeta. líriro, que anJaha á ra.i:a de cuaclr?~, e;;tabn. allí con
la satisfacción de un goloHO que paln.&lt;lca cosa:- exqu1s1ta~.
Y la anciana y la joven.
-;.Qué traes?
-Flores.
l\Im,tra.ha Man· su falda llena romo iriR hecho trizas, que removía.
co11 una de Rus ,·11anos grúcil&lt;'H ele ninfa, mientras ~muiendo su linda
boca purpurnda, RUR ojos abiertos &lt;'ll redondo dejaban Yer un color de
lapi"'lázuli y n na humedad nuliosa.
Rt:REX

D.\JUO.

PENSAMIENTOS.

C'onfieso que esas existencins ni:&lt;laclas hajo techos ignorado;:, 111,•
han causndo siempre el ef&lt;•cto de ri!lternas ;;iempre cerrndas en que
duermen las aguas y en las que 1-&lt;e reiapira un aire malsano. Todo lo
que es olvido en la tierra, tiene algo c..le la muerte.--..\. Dt:: )[l;SSl~T.

***

Lo que el amor empiez t, sólo puede ser acaba&lt;lo por Dios.

***

Si iaoil'l pieura, seu imán; si planta, sensitirn; si hombre, amnr.\'wroR

Hl'GO.

EL MUSEO DE ARTILLERÍA

EL MUNDO ILUSTRADO

e

"J-·.

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"QUO

TRES CRUCES.
I.
VIRIATO.
De Ga.lba la matanza pretoriana
inicua y rnín \Jlle de;:yai;tó la tierra,
'un puehlo de pa,:toreis, á la guerra
lanzó una Ycz allá en la lusit.1na
región feraz, poé-tica y lozana
do tesorns de hien el campo encierra:
guerra feroz que al Cniverso aterra ......
pérfüla, y cruel, y hárhara .,· tirana!
Y \'i riato ~e a Izó. Y con la testa
ceii ida. ele hure!, un lustro entero
siempre al combate con tesón ise aprei-ta.
y en el combate yérguese el primero,
y cae al fin con la cabeza e11hiestii
mártir de f'll deber, Ruhlime y fiero!

II.
KOSOIUSKO.
Sin esperanza alguna., cual existe
el barco sin timón ni arbola&lt;lura
entregado :í la negra desventura
en océano colérico que embiste..·....
Como el hombre infeliz que se resiste
á sepultar HU Yida en la tristura.
&lt;le un in1placable ma.r, tumba segura
en cuya perdición nadie le asiste;
así el polaco aquel, vistió la ma.lla

RETRATu DEL GRAL. MARIANO ESCOBED0.
La Secretaría &lt;le ({nerrrr acnba &lt;lr rrmilir nl Museo Nac-ional &lt;le
Artillería un retrato al úlPo &lt;lel ilu;;tre General D. ~lnriano EscoLedo,
:'.í qui&lt;'n la ltPpúhli~a del_ie, eomo se f&lt;nl~e, t~11t&lt;!S y t1111 _:'aliof&lt;os ,er\"Ícios en ¡,ro d(• "ll 111tpgnclad y de sns rnstitt1&lt;·101ws. ]ti n·trato, cuya,
copirr fologrídka lomada ex¡,ref&lt;anwnle para. 11t1cf'tro srmanario ofrecemos lw.\', sná coloeado en lugar prl'ferente cid 1\1 us&lt;'o, como un
homenaje :'t los merecimientos del patriota eximio.
8ep;ún f'aben1os, Pn el mi,;mo }luf'eo y en &lt;lepartamcnto _especial,
~Pr{u1 colo&lt;·ada"' ,·lll'ia,; reliquiaR que pertenecieron ¡¡] héroe de 13anta
Gerlrudis, tales &lt;·orno laR nn111erosns condecoraciones que conRtelnhnn
el peeho clel &lt;listinguiuo militar, el uniforme, la banda, el esradín y
c•l bastón que U!-'aha en l:1¡.; g1andes formacionef', y algunaR de las
prendas que porta.ha cuando mandó c,l ej(,rcilo de operaciones sobre la plarn de Queré.taro en 1867.
El ch•pnrtanwnto ei-pccial dt'ilicado al Genernl Es1·ohedo donde se
guardar{u1 e!-'as rnlirn,as prendas, formará uno de los que con más interf:- pue&lt;lnn visitar::-e en el Mm;eo &lt;le Artillería, tan riro en objt'tos
hi:;tóricoi-.

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VADIS?"-Grupo de hadas.-Grupo de sacerdotes.

del defensor de su Polonia un dí,t
y á todo~ los Yillanos por muralla
i-u pecho preRentó ...... y Europa impía
«¡ Fin is Poloniae!,, O,\'Ó trai-: la batalla:
el adióR postrimer del qne moría ...... !

KRU6ER.
En brega desigual, la frente al rielo
el Yiejo león asiste á su destino,
homérico, inmortal, casi divino ........ .
como germen exótico del suelo.
Xo tiene allí el titán para su anhelo
más que las lobregueces del ramino,
más que las veleidades de su :-sino
y su hihlia y su Dios como consuelo;
). sin cuartel, y al borde clel abi:-1110
"e crece el león en el com hate rudo
sin arredrarse nunca al cataclismo ......
pero ...... ¿por qué, Señor, por qué 110 pudo,
morir como los otros, siempre el mismo
por su patria y su i10nor, sobre el escudo?
.i.D..\LBEHTO CARRíEDO.

ACUARELA.
Había rfrra nn lwllo jnnlín, con mít"' flores que awleas ." n1ús \'iolt--las qui· ro--as. Cn bi&gt;llo ,Y prqut'íin j,ird(n con janune&gt;', pern sin &lt;'Rtat nas; con una pila bl:11H·n. pero sin i-urtidurPf:. Ccr{'a una C'asita con111 hecha para t111 cuPnto dulr•e y feliz ........ .
l~n la pila un cisne se cliapu1~;tba, ren,IYi1•ndo el agua., ,;acudiendo
la~ ala;; cl1• un hla11&lt;·or d&lt;&gt; nie,·r, enarcando el &lt;'Uello en la forma &lt;lt--1
br,L1.o de una lirn ú el asa de una ánforn, y n10\'ienc..lo el pico húmedo
\' con tal luf&lt;trc, eomo si fue1-e lahrndo con una gota de color ele ro:-:a.
· En la puerta &lt;le la cnf'a, como extraída.de una 110,·ela de Di1·kenR,
ei;taba una de esas viej:ts inglef'as, únicas, solas, clíu-,icaf', 1·on la cofia.
encintada, los anteojos ;;obre la nariz, el cuerpo encorvado, las mejillas arrujada1-, más un color de rnanzanrr marlura y 1-alml rira. Sobre
la suya oh,wur:1, (•I cll'lantal.
Llamaba:

••~uo
LA 1:aSPINA.-(Eatudlo fotogrAfico de L"perclo),

Domingo 10 de Agosto de 1902

VADIS?"-Banquet~ d~ N~r9n.-EI tri\lnfQ,

LA PESETA DEL PÚBLlOÓ.

Es cosa a,·eriguada c¡ue á medida que loo
espectáculos baratos i-on más numerosos en la
capit.1,l, la afición del público á las di,·ersiones teatrales ha ido creciendo gradualmente.
Desde el jacalún, que arrniga en los barrios y
se sostiene á coKta de nuestra:-; clasei; ínfimas,
haHta el «teatro &lt;le la tanda)), donde se exhibe
lo má8 tiamante clel «género chico", realizan
ahora lo que hace YeintP aiios no hubieran
realizado lo:; teatro" de entonce;;: ,·ersc llenos,
ele hote en hot&lt;-', por una concurrencia ansiof'n,
más que &lt;le emocione!:' profundas, del cosquilleo que &lt;lespiertnn el libreto salpicado de equívocos y la mú,-ica intencionada y retozona.
De aquí que la 1wseta del público, que cae
á las arcas de la üH¡uilla como una gota continua, ba:-tc para que las ohra1:&lt;, corno lo hemos
Yisto en esto,; último:- díaR, sean llerndas á la
escena, no i::óln eon propiedad, Kino con Iujo
cof'a á que no ei,túhamos acostumbrarlo;; v qu~
el género chico haya echado en }léxi'co raíces tan honda~.
El ccQuo Vadis)), zarzuelita cu,·o éxito consiste principalmente en la suntu~sidacl del decorac..lo y de los traje,-, es una prueba de lo
que significa la afición ele lo¡; t.'lndófilos á esta
clase ele espectáculos, para las empresas: la.
obra se montó, en el primero ele lo;; teatros de
la tanda, ¡;in omilir gastos, .v h,'1. qt1e&lt;lado en
el cartel sin trazas de empoh·arse en los archivo!-'.
El éxito lo hizo el público, porque íi él se
debe siemprf&gt;, en eRtos ca~o8, h victoria: peseta
á peseta, llena ú reYentar las taquillas, de donl~e :-alen trajes y decoracione1-, y música y artrntas.

�Domingo 10 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 7.

MÉXICO, AGOSTO 17 DE 1902.

Subscripción mensual fo~nea, $1,~
Idem ldem, en la capital, .. 1,
Cierente1 LUI&amp; Rt'l't&amp; &amp;PINNLA.

alrccton LIC. RAf'A(L Rtn&amp; &amp;PINDOU.

HERMANAS.
(Estudio fotográftco de P. Torres y P. Lavillett-.)

CAZA DE UN TORDO ·
Cuadro de Gárate

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 10 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 7.

MÉXICO, AGOSTO 17 DE 1902.

Subscripción mensual fo~nea, $1,~
Idem ldem, en la capital, .. 1,
Cierente1 LUI&amp; Rt'l't&amp; &amp;PINNLA.

alrccton LIC. RAf'A(L Rtn&amp; &amp;PINDOU.

HERMANAS.
(Estudio fotográftco de P. Torres y P. Lavillett-.)

CAZA DE UN TORDO ·
Cuadro de Gárate

�Domingo 17 de Agosto de 1902.

Cleptómanos Modernos
Jfofas Ca/1,jeras.
Los diarios de información se han entreter,ido durante la semana en pormenorizar dos
sucesos, no originales ni extrafios siquiera,
pero sí interesantes: el proceso de unos ladrones de cincueh ta mil pesos, y la aprehensión
de otros, que, con hábiles eombinaciones, engañaron á un rico espaüol para robarle algunos miles.
Estas noticias serían de una aburridora insignificancia, si en ellas no apareciera el tipo
del héroe novelesco, de folletín, hecho con un
poco de Rocambole y otro poco de Conde de
Montecristo. Hablo del ladrón de levita, del
misterioso personaje que se presenta en sociedad con los aparatosos modales de un actor,
de un galán joven que viste con elegancia, come y bebe con esplendidez, sabe bailar boston,
y habla del honor como de un ideal ya conquistado y seguro.
En las sociedades e.xquisitamente civilizadas
se presenta este caballero con bastante frecuencia y sus proeza.'l hallan en ellas campo libre
y rico. La vida de estos hombres delie de ser
interesante y curiosa por extremo; debe de estar compuesta de escenas y episodios jocoserios como las memorias de Casanova, con un
gran fondo de filosofía callejera, pervertida y
amarga, en cuyo vulgar pesimismo no palpitará otra cosa que una gran sed de placer y un
sensualismo encanallado y brutal. La educación les ofrece poderosos recursos para llevar
á cabo sus fechorías; y la moda y la urbanidad
ponen á su disposición agradables disfraces
para ocultar sus intenciones y malevolencias.
Son hábiles prestidigitadores, comediantes de
buena escuela, y andan por esos mundos urdiendo planes y fraguanao asechanzas entre e_l
estruendo de una orgía inacabable, como si la
sociedad fuera para ellos lo que para los romanos de Petronio fué la casa de Trimalci6n.
No era común entre nosotros este peligroso
embaucador. Nuestro era y henchía las cárceles el tipo del ladrón miserable que, por las
noches en las calles solitarias, hurtaba, pufial
en mano, y echaba á correr con el reloj y la
bolsa á su lejano escondite, á su tenebrosa corte de los Milagros. Xuestro E'ra el haraposo, el
hambriento, el vagabundo, que, ignorante y
estúpido, arrebataba á la existencia, para poder vivir, lo que ella no le daba de buen grado.
Pero este malhechor era fácil de conocer, y la
policía lo atrapaba con facilidad entre 1ms mil
y tres tentáculos.
Mas al ladrón refinado, al elegante, al que
flanea por el «bulevari&gt; del brazo de los amigos
aristócratas, al que asiste á teatros y «clubsi&gt;,
juega al bacará, va en carruaje al paseo, galantea á las perdidas de moda y desafía á los
que se atreven á poner en tela de juicio su nobleza, á ese autor de estafas y engañifas, {i ese
flamante Picolet, no le veíamos aparecer sino
de cuando en cuando, en los anales del presidio.
Hoy, quizás por primera vez, nos damos
cuenta de que nos invadi6 la plaga y de que
la propiedad tiene un nuevo enemigo, más terrible y_ue el pobre ratero que va entre la multitud, avispado y audaz, buscando la punta
de un pañuelo que extraer, y que el legendario salteador de caminos, que, antaño, iba por
escarpaduras y vericuetos, exponiendo la vida, en persecución de algún convoy imaginario.

LA ORUGA.
Sale de entre las hierbas que la ocultan durante el calor, y atraviesa la avenida arenosa,
haciendo grandes ondulaciones.
En una huella de pie de jardinero, parece
perderse.
Llega á las fresas, allí descansa y parece aspirar el aire¡ después vuelve á emprender su

EL MUNDO ILUSTRADO
camino, y sigue, ya sobre las hojas, ya bajo
las hojas ...... Ahora sí sabe á dónde va.
¡Hermosa oruga, gruesa, velluda, con puntos dorados y ojos negros!
Se guía por el olfato, se estremece y frunce
como espesa y rizada pestaña.
Detiénese al pie de un rosal!
Agárrase, tienta la corteza lisa, balaucea su
cabecita de perro recién nacido y se decide á
trepar.
Ahora, parece que se traga penosamente cada centímetro de camino transcurrido.
En lo alto del rosal ábrese una rosa coloreada como las mejillas de candorosa niña.
Sus perfumes la embriagan, no desconfía de
nadie, y deja que suba por su tallo la primer
oruga que llega, y la recibe como rico regalo.
Y pre8intiendo que la noche será fría, se
siente feliz al echarse una boa en derredor del
cuello.
JULIO REXARD.

LA GOLONDRINA HERIDA.
Al pie de mi ventana ha caído esta tarde,
en el jardín de la fonda, una golondrina herida.
Yo no supe hacer nada por ella: la acaricié,
la sostuve entre mis manos, pero se me murió.
Y es que estos seres, sanos 6 dolientes, corren
sólo por cuenta de Dios, y los hombres nada
sabemos de ellos sino que andan por el aire y
que parecen más felices que nosotros.
Pensando en el que dispar6 sobre la golondrina-el cual es, á no dudar, un hijo de
Adán y, por lo tanto, hermano mío,-me he
sentido un poco avergonzado ante ella. El linaje de esta pobre ave me aparece en estos
momentos harto más noble y principal que el
nuest.ro. En efecto, ella viene en línea recta
de aquellas piadosas avecillas que consolaban
á Cristo en la cruz, arrancándole de la frente
las espinas, y el cazador y yo venimos de los
que se las pusieron.
Este impío Nemrod habrá recorrido eú vano, durante todo el día, estos montes vecinos,
y no se ha resignado á no disparar su escopeta. Ya se ve: compromete á mucho esto de salir de casa arma al brazo. ¿Cómo volver sin
haber hecho sangre? En cambio, ese mismo
no se avergonzará de volver muchas noches
sin haber dado limosna á un pobre.
La cosa ya no tenía remedio; el tiro fué certero, y lo único que yo he podido hacer, para
no dejar en tan mal lugar al género humano,
ha sido dar á la golondrina piadosa sepultura
en un rincón del jardín.
La he enterrado al pie de una palmera, como ella hubiera deseado descansar, si es que
pem16 en esto, que nada se sabe; y alegran su
tumba, en torno del suelo removido, una opulenta mata de geranios y un rosal blanco.
Poca tierra he tenido que sacar para hacer
la fosa. ¡Pobre animalillo! ¡En qué poco espacio cabe! Y sin embargo, mandaba como
soberano en los aires, y de Africa se venía á
España, como yo voy del comedor al salón.
¿Habrá en el mundo quien no las haya envidiado viéndolas volar? Si hay alguno, te'ngamos lástima de él, porque eso es que se encuentra á gusto en la tierra. ¡En la tierra,donde viven los ingratos!
¡Qué pena causa ver en el suelo lo que tuvo
alas y se cerni6 altivo en el espacio! Por eso
son cosas tan tristes un pájai-o muerto y un
alma caída.
En los otros seres, los que andan atados á
la tierra sin poder dejar nunca su impuro contacto, no parece caso tan lastimoRo verlos caer
sin vida. No bajan de tan alto, y ya en su actitud mientras viven, con la mirada hacia el
suelo, los pies palpándole cautelosamente, parece que andan buscando el mejor sitio para,
echarse y morir.
El hombre mismo, que apenas ha conseguido otra ventaja que empinarse un poco sobre
los demás pobladores del mundo, le recorre
de un extremo á otro en busca de algo que él
no sabe lo que es, y que no es más que la
tumba.

Pero el hombre lleva dentro un pájaro á
cuyo vuelo no alcanza ningún otro.
Sube el alma humana, guiada por la oración, ó por el recuerdo 6 por la esperanza, y
tan alto sube, que no hay en el mundo alas
que la sigan. El ruiseñor desde la copa del
árbol, la golondrina en la espadaña de la iglesia y el águila en su altísima rocrt, se preguntan asombrados cuando pasa: ¿A d6nde irá
tan alta?
Y, á pesar de ello, si no hay alas que la alcancen, el alma tiene también sus cazadores.
No la tiran cuando está en lo alto, que no la
dieran entonces. sino que aguardan una de sus
impensadas caídas, un breve descanso en
tierra.
En esta caza s6lo hay un cazador que tenga
licencia de armas. Es uno que usa flechas; da,
al parecer, sin saber en d6nde, porque se finge ciego; pero da siempre en el blanco.
No os guardfis de él, almas nuevas que ahora ensayáis el primer vuelo. Dejaos prender
en sus redes 6 herir por sus tiros, porque es
muy triste la vida de aquel á quien Amor perdona.
Dejaos herir, y si morís de la h erida, mejor.
Aprended de esta pobre golondrina, que volaría á su nido sin reparar en el riesgo ni en la
distancia.
Dejaos herir, y guardaos bien de hacer vuestro nido sin pedir permiso al cazador de las
flechas; porque no basta, no basta, como hoy
se cree, con amontonar muchas pajas.

-

EL MUNDO ILtrS'l'RAbO
UN BUSTO

DEL GHAL. ESCOBKDO
La Secretaría de Guerra,yreviencto que, tar&lt;le o temprano, ha.brá
de erigirse en b República un monumento
que perpetúe la memoria del ilustre general
Don 1Iariano l~scohe&lt;lo, encomendó ú la
Escuela de Bellas .\ rtes el nio&lt;lela&lt;lo de un
busto, en yeso, lJtie
pueda Rervi r de hase
para la ejceuci6n ele la
('Statua, IIE&gt;gado el raso.
El busto á que nos
referin10R fué hecho
por el ::ir. Arnulfo Domínguez, quien tuvo á
la ,·ista las mejores fotografías del vetPrano
y la mnscari !la sacada
á 1,u muerte. La obra
repre~enta al vencedor
de Santa Gertrudis en
la plenitud de su vida.
Desde el punto de
vista artístico , tudoi;
los detalles están tratados con la rninucioi;i&lt;lad que requieren las
obras de esta naturaleza.
La encina que adorna
el busto, es del mejor
efecto.

ENRIQUE MENÉNDEZ y PELAYO.

EL PRELUDIO.
Siempre á igual hora y un breve instante
junto á los hierros de mi ventana,
todas las noches no sé qué mano
preludia un arpa.
No sé qué aliento tan misterioso
siente el arpista siempre que pasa;
no sé qué impulso mueve sus dedos
para tocarla.
¿Es miedo acaso lo que le impele?
¿es alegría que le entusiasma?
¿6 algún recuerdo que le atormenta
ó que le halaga?
¿Qué es lo que inspira su fantasía?
¿cuál es el móvil, cuál es la causa?
¿por qué las notas del instrumento
hieren mi alma?
¡No sé, Dios mío! mas me figuro
que acaso el pobre sufre la carga
dura y terrible de una existencia
desventurada.
¡Cuál me conmueven esos sonidos
dulces y vagos que me regala!
¡ay! ¡quién pudiera darle consuelo,
paz y esperanza!

LAS SEÑOdlTAS ESTRELLAS.
Las sefioritas estn•llas estuvieron en el baile, donde danzaron locamente toda la n oche,
y ahora, mientras vuelven á su hogar al través de los jardines azulei-; del éter, bailan todavía. Atado el resplandeciente cintillo y sueltas
atrás las largas cabelleras. vf&gt;stidas de una vh-ida tela de diamante, cogiendo .por los caminos pálidas flores de pedrerías, y sin resignarse
á andar tranquilas como setioritas delicadas.
¡X o! Bai Jan y ba ilan sin cesar. Las innumerables comparsas forman ya la figura de un
Carnero, (¡ de un Escorpión, 6 de una Lira, 6
de una Balanza, 6 de un Arco que dispara, ó
de un Pez, 6 de un Pavo, 6 de una Ballena, 6
de un Fénix, 6 de una Grulla 6 todas estas figuras á la vez, y el inmenso collar que se desparrama no se modifica, y todas estas frentes
de diamantes alumbran y blanquean lainn1ensidad azul.
-¡Yamosl-dice la grande Aldebarán á la
pequeña Proci6n,-apuremos el paso, por fa-

Yor. ¿Xo ves que se acerca la terrible, la espantosa Aurora, que avanza vestida de rojo y
c¡ue ya nos va á quemar la extremidad de los
cabellos con la llama rosada de su antorcha"?
-¡Ah!-dice Proci6n,-semeha caído uno
ele mis escarpines de cristal y te sigo como
puedo, un pie calzado y el otro desnudo.
-¡Qué importa!-;responde 13: señoritagrande.-Apresúrate, y s1 es necesano arroja también el otro en el camino, en alg~na caverna
de oro. Si no te cuidas de lo que te dije vamos á tener que pisar luego las rosas de¡¡ mafiana, salpicadas de sangre. ¿Y qué dirá el seíior Camilo Flammarión si nos ve todavía en
el cielo á la hora en que es de reglamento que
las honradas estrellas estén en cama?
TEODORO DE BANVILLE.

N.UlIVO OBISPO D! CHIAPAS.
La semana pasada se efectuó en la Colegiata de Guadalupe la consagración del Señor

bomingo 17 de Agosto c1e 1902.
Doctor D. Francisco Orozco y Jiméne1,, nombrado últimamente obispo de Chiapas.
El señor Orozco es en la actualidad el más
joven de los obispos mexicanos; naci6 en Zamora el 19 de noviembre de 1864, habiendo
comenzado sus estudios en el colegio establecido en .Jacona por el padre Plancarte· allí
permaneció dos años; en 1876 se dirigió á
Roma, ingresando al Colegio Pío Latino Americano, en donde siguió sus e~tudios hasta ordenan;e, y en 1888 regresó á l\léxico nombrúndoscle vicerrector de !a Escuela Cat61ica de
Arte!&lt;, en Zamora, puesto que desempeü6 por
mús de cuatro afios. Fué agregado á la Universi&lt;lad Pontificia y nombrado catedrático
d~ hit-toria eclef'iústica, filosofía y Sagrada Escn tura.
Pocos años después se translad6 á esta capital, e11 do1:ide por algún tiempo desempeñ6
el cargo de vicerrector &lt;lel Seminario Conciliar.
:El :.:!9 del pa'3ado julio recibi6 el «brevei, pontifical en el colrgio del Sagrado Coraz6n. El
St'ñor Orozco posee una \'asta instrucción y
!&lt;U nombra111iento se ha recibido en Chiapn;;
con beneplácito.

SR. DR. OROZGO Y JIMENEZ, OBISPO DE CHIAPAS-

Infinidad de personas le han enviado sus
f~licitaciones, y muchas otras de Zamora y de
d~erentes par:es del Estado de ~Iichoacán, vimeron á México para asistir al acto de la
consagraci6n.
Ten:1-ina&lt;la la ceremonia, el nuevo Obispo
Í?é obJeto de numerosas demostraciones de
simpatía, o~sequián&lt;losele con un banquete á
que con?urneron el Sr. Arzobispo Alarcón y
otros miembros del alto clero.

El adivina sin conocerme
cuánto deploro su suerte infausta,
y agradecido, con un arpegio'
me da las gracias.
Yo también triste paso la vida,
yo también sufro penas amargas
y me consuelo cuando en mi reja
preludia el arpa.
CAROLrnA DE SoTO y

ÜORRO.

-Nada sucede en la vida ni como se espera ni como se teme.

.

***

Los OJOS del espíritu son como los del cuerpo, se fatigan cuando quieren ver más allá de
cierto límite.-ALFONSO Iú.RR.

***

-Se ha dicho que ya no hay nifios...... Es
que no se cuenta á los ancianos. - ALFONSO
D.A.UDET.

PUERTAS DE MEXICO.

LAS CALZADAS DE LA P !EDAD y TACUBAYA.

�EL .MU N lJO lL US'l'HAlJO
Domingo 17 de Agosto de 1902.

Domingo 17 de Agosto de J 902.

EL MUNDO ILUSTRADO

LA BELLEZA FEMENINA
La gracia es condici6n de tal modo necesaria de la belleza femenina, que basta en ocasiones para constituirla. Y no s6lo es condici6n necesaria de este género de belleza, sino
de la belleza en general. Nada dotado de gracia deja de ser bello, y se impone un estudio
especial de la gracia para formar cabal concepto de lo bello en general y de la estética femenina en particular. Intentémoslo.
Si todo lo gracioso es bello, no todo lo bello es gracioso. Hay cosas y fen6menos que
dentro de una incontestable é imponente belleza, están totalmente fuera de la gracia.
El indefinido azul del firmamento; la masa
deslumbrante y agobiadora del sol; los horizontes infinitos del mar; los imponentes lineamientos y las rocas abruptas de la cordillera;
el huracán, la tempestad, la tromba, son incontestablemente bellos, sin lliezcla alguna posible y asignable de gracia. Este género de
belleza es grandioso, imponente y monumental; suscita admiraciones extáticas; despierta
emociones profundas, produce espanto, terror,
dolor.
La gracia no penetra tan hondo ni abarca
tanto espacio en la sensibilid.. d; la gracia no
sacude, acaricia; no impone, alhaga¡ no atormenta, recrea; no hace estremecer, sino sonreír.
Para esto es indispensable, desde luego, que
lo gracioso no se presente en masas confusas,
ni revista formas monstruosas ni ocupe espacios desmesurados. Lo gracioso ha de ser pequeño, relativamente al menos; armonioso
siempre; m6vil y ágil en general. El mar no
es gracim;o, decíamos, siendo bello; pero pueden serlo un lago y una fuente. Los grandes
mamíferos; los árboles gigantescof', contrastan
á este respecto con las aves, con los insectos y
con los arbustos. El colibrí, microsc6pico,
multicoloro, ligerq, ágil y juguet6n; la mariposa, esmaltada é inquieta; la nube, diáfana
y ligera; la espuma, blanca y perecedera; h
gota de rocío, la flor,encarnan y simbolizan la
gracia, porque son pequeños, movedizos y armoniosos.
La gracia se caracteriza de preferencia por
el movimiento. Un paso lento y torpe; un
movimiento pesado y difícil; una traslaci6n
rectilínea y mon6tona, excluyen totalmente
la gracia. Entre Hércules luchando y una ninfa jugueteando; entre el proyectil brutal y rudo y las volutas del humo; entre la avalancha·
que rueda y el ave que vuela, median difere:1cias profundas que emanan de los caracteres
fundamentales de la gracia.
Dondequiera que el empuje necesario al
movimiento es considerable,y sobre todo, dondequiera que es claramente perceptible, la
g_:acia desaparece y se evapora. Para que 1a
actitud, el ademán y el movimiento sean graciosos, es necesario que sean fáciles, espontáneos, y que pneda11 tomarse 6 ejecutarse siu
esfuerzo aparente. Sentarse á plomo, echarse
de bruces, andar cojeando 6 arrastrando los
pies, gesticular con vehemencia, moverse c011
lentitud 6 con embarazo, son, todos, actos que
excluyen la gracia.
La mujer verdaderamente bella, debe moverse rítmica y cadenciosamente; debe ser ágil
y vivaz, sin extremar su movilidad; su mímica, su gesticulación y su ademán deben ser
fáciles, c6modos, armoniosos. Todo lo que

puedan tener de extremado, de torpe, de fatigoso, afea á la mujer, le quita el garbo, la soltura, la agilidad, y la convierte en masa inerte, difícilmente movible, 6 en aut6mata chocante y ridículo, movido con alambres ó accionado con resortes.
La gracia en el movimiento supone en la
estructura condiciones y requisitos indispensables.
..
La esbeltez, desde luego, y la flexibilidad
del talle y de los miembros. Importa, en efecto, para que los moYimientos y las actitudes
puedan ser graciosos, que las masas huesosas
y musculares no produzcan impresi6n de pesadez. La osatura debe e.er fina y ligera, las
coyunturas proporcionadas y suficientes. Importa igualmente que no sea muy acentuado
el relieve de los músculos, ni lo sea tampoco
la saliente de los tendones. Cuando, como pasa en los ath:tas, el relieve muscular se dibuja
á cada movimiento ó su acentuación es permanente; cuando los tendones revelan perceptiblemente su tensión bajo la piel que los cubre, el esfuerzo que el movimiento exige, es
directamente visible, y por no estar disimulado 6 atenuado, excluye toda impresión de
gracia. Por eso el Hércules Farnesio 6 el Torso del Belvedere, que parecen tener bajo la
piel una cordillera muscular, no serán jamás
modelos de gracia y sí de ese otro género de
belleza que se llama la fuerza; y por eso será
inmortal símbolo de gracia la Diana Cazadora, eternamente bella, de Hans l\fackart.
De esta necesidad de que el esfuerzo quede
disimulado, nace el que exijamos á la belleza
femenina cierta uniforme y torneada morbidez, que rechazamos en el hombre, símbolo
estético, para nosotros, no de la gracia, sino
rle la fuerza.
La gracia radica, no tan sólo en el cuerpo,
sino en el alma, y trasciende de ésta á aquél.
La respuesta fácil, la réplica viva, la fácil movilidad de la atenci6n, la metúfora adecuada,
traducen la facilidad y la acomodaticia variabilidad del poder mental y disimulan el esfuerzo del pensamiento y de la reflexi6n. Lo
mismo las emociones: todo lo que las haga
aparecer desmesuradas en su manifestaci6n 6
lentas en su aparici6n, les quita la gracia revelando su fuerza 6 su torpeza.
Los OJOS, espejos del alma, la boca, la fisonomía en fin, así como la mímica y el ademán, deben, pues, traducir la espontaneidad,
la adaptabilidad á las circunstancias, la rapidez de aparición y la mesura en la expresi6tt,
características de la verdadera gracia. Ni la
mueca acentuada, ni el grito estridente, ni la
carcajada histérica ni el ademán convulsivo
son compatibles con la gracia, como no lo son
tampoco la mirada fija y opaca, la fisonomía
inexpresiva, la inercia indolente ni el silencio fúnebre.
La mujer, en suma, para ser plenamente
bella,debe encarnar y simbolizar la gracia. La
gracia puede ser su abso1uci6n estética, porque no exigimos á la mujer fuerzas, sino
atractivos; ni empuje, sino delicadeza, y porque, en suma., fuera de la maternidad, que es
su trabajo hercúleo, s6lo le pedimos sea el ornato y el encanto de nuestra existencia.

(1Fot01nfla• de la coleoo1511 J!'elludl11!,J

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 17 de .Agosto de 1902.

Domingo 17 de Agosto de 1902.

eCa ecrcnación 6et c!iteg e6uar6o.
~u oele6raoión en cJ&amp;izioo.
El entusiasmo con que la eolonia inglesa residente en :México celebró
la Coronación del Rey Eduardo VII, efectuada en la populosa Londres el sábado 9 del corriente, hizo que las fiestas organizadas en honor del soberano por la Comisión respectiva, dejaran entre nosotros
los más gratos rPcuerdos.
La serie de festejos se abrió con el suntuoso baile dado en la tienda
de Villamil la noche del 8. El espacioso local, adornado con verdadero derroche de buen gusto, presentaba un aspecto encantndor. El
plafond de la espaciosa sala &lt;le
baile imitaba un a enorme
«Union Jack» en cuyo derredor se veían, enrolladas, draperías de los colores mexicanos.
En los antepechos de los palcos había cal'tones con los nombres de las distintas colonias del
Imperio Británico, y, arraucando de las columnas,arcos de follaje que formaban un primoroso conjunto. Las graderías
desaparecieron bajo una capa
de flores y de verdura.
Dno de los éxitos del adorno
fué la decoración del fondo
que cubría el foro. Era un lienzo qne representaba la regia
mansión del Wíndsor Castle,
cuyos torreones se dei-tacaban
!iObre un cielo opaco, y cuyos
muros se mojaban en una coniente que ,·enía á terminar en
una cascada de admirable efecto. Ladecoración era muy hermosa.
En el:vestíbulo y en el salón
tk dl'saho_go, el i-ir. Bourclwl'.

ville, :Ministro de Iriglaterra, se presentó en el local acompañado de su
esposa.
Al presentarse el señor Presidente de la República, tanto el señor
Ministro, como los sefiom, Anclerson, Foot y Jerome, 8alieron á recibirlo hasta el vestíbulo. El señor Gene1al Díaz ocupó el palco especial
que se le había señalado, y donde le acompañaban los señores )linistro inglés y señora; Embajador Clayton y señora; General Bernardo
Reyes, Ingeniero Lean&lt;lro Fernández y señora; señora Barran de Rin-

[Fot. Schlattman.

EL DECORADO DEL FONDO.

A la hora del champaña,el Sr. Ministro inglés pronunció un corto, pero entusiasta brindis que fué escuchado por los comensales con
el mayor interés. El Señor Ministro Greville tuvo frases de exquisita cortesía para el Sr.
Presidente de la Repúblics. y para el pueblo
mexicano. El Primer ::\Iagistrado correspondi6 á este brindis con el que últimamente dió
&lt;rEl Imparcial,i á conocer. Las palabras del
Sr. Gral. Díaz produjeron en la concurrencia
la más grata impresión.

EL SALÓN DE BAILE.

cún Gallardo y algunas otras
personas distinguidas.
Dc~de ese momento la fiesta
desplegó toda su animación.
El golpe de vista que ofrecía
la sala era indescriptible. Telas
vaporosai- de colores claros en
su mayorí&lt;t, encajes, flores; todo irreprochable y ceñido á la
más exqttisita elegancia.

SALA DE DESAHOGO.

que fué el e!1cargado del adorno, hizo también derroche de su buen
gu~t?· Multitud de banderas, piezas florales y plantas de las más exqms1tas completaban el decorado.

***

La fiesta comenzó cerca de las diez de la noche, hora en que el Sr. Gl·e-

A media noche se sirvió la
cena, á la cual fué invitado el
señor Gcnen,l Díaz.
La mesa oficial estuvo instalada en el foro del Circo, que
estaba adornado con banderas
mexicanas é inglesas. El señor
Presidente tomó asiento en el
centro y á suR lados las sefioras
de Greville y &lt;le Azpíroz. Frente al Primer }lagii-trado, estaban los Reñorcs :\Iinistros de
Inglaterra, Francia é Italia y
señoras, siguiendo á sus lado.-;
[Fots. Schlattman J
los señores Embajador amPri •
.
cano, Lic. Jlanuel Azpíroz, Ingemero Leandro Fernández, Gobernador del Distrito v señora sefiorita. Halfetf', señora Dolores B. de Rincón nallarrlo, L°ir. .Tos{, '.\lgara
R~nor
y señora H.
e1mlH', señora Chytou, selior Encargado 11P Xego-'
c1os de Espafta, Wálfo.nt y señora, Teniente Bartlei- señor }lcC.:nry
Encargado de. N'egocios del .Japón, Conle Stadniki ;. Kilmasegg, ·
otros caballeros y damas distinguidos,

y

tantes de las demás naciones y á los miembros más encumbrados de la Administración.
El terrible aguacero que se desató sobre la
ciudad á la hora que señalaban las invitaciones, no fué obstáculo para que la Legación se

viera concurrida por lo más selecto de nuestra
sociedad. Una buena orquesta estuvo tocando
piezas escogidas, y tanto el Señor Greville como su esposa, atendieron á les invitados con
toda cortesía.

El sábado por la mañana se verificó la ceremonia religiosa dispuesta por la Comisión
de la Iglesia de Cristo. El templo, de moderna arquitectura, fué adornado con verdadera
elegancia.
En el altar se colocó una cruz formada con
gardenias, que tenía á sus lados coronas de
laurel en cuyo centro estaban las iniciales E.
R. y A. R., y en las ventanas, grupos de plantas y flores exquisitas.
En el presbiterio tomaron asiento las personas que componían el coro, y en la nave los
miembros del Cuerpo Diplomático, los altos
funcionarios y multitud de damas pertenecientes, en su mayoría, á la colonia inglesa.
En representaci6n del Sr. Presidente de la República,asistió el Sr. Secretario de Relaciones,
Lic. D. Ignacio :Mariscal.
La ceremonia consistió en u11 sermón predicado por el Rev. Forrester, y en la entonación de algunos coros, principalmente.

-.

Por la tarde, el Sr. :Ministro de Inglaterra
ofreció una suntuosa recepción á los represen-

SALIENDO-DE LA CEREMONIA RELIGIOSA.

��...

Domingo 17 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

EL DEPENDIENTE.
Todos los afanes de las primeras horas del
día se dedicaban á él.
Luego que se oía el martilleo penetrante y
prolotigado del despertador, la señora abandonaba el lecho-con cuidado, con sumo cuidado, para_no mover al muchachito, que dormía el s~eno sabr?so de la mañana, -y tras
de ver si E&gt;n la cocma estaba todo listo para la
primera faena, entraba á la recámara del esposo, entreabría la puerta del balcón y se acercaba á verá su buen hombre que con la cara
hundida en las almohadas, descabezaba todavía el último sueño.
- ¡Eh, las siete!
No obtenía respuesta.
-Ramón, Ramoncito ...... Ram6n Ron las
siete dadas, hijo.
'
-¡Voy, voy, voy!
Media vuelta y á saborear otro jironcito de
reposo.
Ya sabía la señora que aquello duraría poco, y su afán tomaba otro rumbo. Abierto de
par en par el ropero, buscaba los pantalones
planchados la víspera, tomaba el jaquet que
estaba en la armaz6n de alambre, volviendo
la _esp3:lda. á l°: escena de la alcoba; luego hacía
m111uc1osa revista de cuellos, i ba hasta el balc6n para que la luz le ayudara á patentizar las
nitideces y los brillos; igual cuidado con los
p uños, y mucho más al ponerles las mancuernas de chispitas; pañuelo, calcetines Todo
era colocado sobre una silla junto al lecho, y
la sefiora salía llevando en la mano el par de
zapatos empolvados.

BN E1 C1UE EBITANICO.

1 '

EL CONCIERTO DEL MARTES.
Cor.i broche ~e oro, puede decirse, se cerr6 la serie de
festeJos organizados por la Colonia Inglesa para celebrar la Coronaci6n del Rey Eduardo VII
. Los s,:1-lor~es_ del ~lub Bi~tímico, uno d~ los centros de reum6n mas d1st!ngmdos de nuestra Capital, abri6 sus puertas
el mart;s úl~11110, para ~f~·e_cer á la crónica de la semana la
nota m~s i-ahente. ~ l ed1fic10 se veía engalanado, en su parte exterior, cor, multitud de focos incandescentes, de diversos
colores, que formaban una C?:ona imperial. A uno y otro Ja&lt;lo estaban, formadas tambien con focos, las iniciales E R
Y la fecha de _la Coronaci6n. Completaban el adorno del~ fa~
chada haces de banderas inglesas, escudos y piezas florales
artísticamente distribuídos.
En el interior el
adorno era sencillo
pero de buen gusto'.
La entrada se decoró con guías de flores y cedro, y las
escalera:;: estaban tapizadas con fina alfombra. A los lados
había tiestos con
plantas de-ornato y
en el primer desca'.nso una gran corona de gardenias. En los corredores
se veían piezas florales del
mejor efecto, guirnaldas y
banderas.
. El sa16ri. en que debía verificarse el concierto anunciado, es uno de los más elegantes del Club. Su puerta
P:incipal está formada por
vistosos cristales de colores.
En el fondo había dos grandes retratos del rey y la reina, los cuales estaban rodeados de un doble marco de
~lR. GEOROE GREVILLE, ll1INIS'l'RO DE
flores finas, blancas y rojas.
lNGr,ATERRA.
En el remate de la puerta se
, ¡ S 1
puso un cuadro que repre:,;en ta a os oonanos en el trono; El reti·ato d e 1a rema
· ,,.1ctor111,
· est a. b a med'10 cu b"1erto con un ,crespon
negro, y ador nad o con fl ores 11
&gt; anl
d
cas. E
de corti·nas
· l esas
l n caet a. puerta
h elb'salon servían
.
, band eras 1n¡1;
y en os en rep~nos, a 1a ()omtas figuras de flores. Del candil dei
centro,
focos de luz,, pai·t'ian guí as d e fl ores
L
1que
d tema
b ·¡ mas ·ele veinte
,
asa a e · a1 e contigua
a la de conciertos luci'a un ado
d' d
rno parec1·d o.·
-:..\_ 1as. nue, e ~ ~1e 1~ e la noche, hora en ue se resent6 a
panaddob defisu d1stmgmda esposa, el Sr. l\Iinist;o Gre~lle co~en~~1~
agra a 1e esta.
'

***

Ya se hacían los preparativos para que la
v itla del comercio se agitara. Los mozos sacudían las fachadas, descorrían las cortinas de
acero.y á. la mirada &lt;le 101- escasos transeuntes
se iban presentando los maniquíes lujosof-1,que
habían pasado la noche en su cárcel de vidrios
con la mi!'ma postura incómoda en que los
vió la multitud que paseó ayer por el bouleYard. Los ei-ca1-ai·ates ele las joyerías mostra
ban nada más sus zócalos de peluche; los brillantes estaban todavía durmiendo sus luces
en las tinieblas de las cajas de fierro. Las joyas son como los hombres que hacen gran papel en la política ó en las finanzas: no pueden
estar donde quieren, á su antojo: si d uermen,
se les vela; si llegan á un sal6n, atraen las miradas; si sufren demérito, se les relega á. lai- capas i nferiores y se les olvida ... .. .

if

1

1

CLUB BRI'l'.\NICO.

SALÓN PRINCIPALIY CORREDOR.

La «Imperial _Overture,,, ejecutada ror la orquesta fué el primer
número _del cone1nto. Después los «Aires britániGos:,, que acabaron
con el himno «Go&lt;l ~a~e the King", cantado por el coro.
f fe lo~ números siguientes, uno de los más brillantes y aplaudido¡
~ el hu~rno ''.Loyalty", cantado por el coro con acompañamiento de
piano. ~ste h1m_no fué compuesto para esta ocasi6n por el señor
Bruce Bailey, qmen lo dedic6 á la señora Greville esposa del "\finiRtro Inglés.
'
·
A las on?e se suspendió el concierto para
tomar un ligero lunch. Después fueron ejecutados una fantasía, por la orquest:! y el coro «Long life to a boston's name".
La fiesta terminó con un baile improvisado
que se 1;&gt;rolongó hasta las dos rle la mañana
en medio ele la más franca animación. La
sala esta?ª adornada, como la de concierto¡;,
con sencillez y buen gusto.
La concurrencia fué muy numerrn,a y cscogida.

C~mpletamos nuestras ilustraciones relativas a las fiestas de la Colonia inglesa con los
retratos del Sr.. Ministro Greville y' de Mr.
Anderson, Presidente de la Comisión encargada de organizarlas.

Ma,, J, M . ANDERSON,

Ya en los relojes públicos han sonado las
tres campanadas que anuncian la proximidad
de la hora. Los dependientes que han madrugado forman corrillo delante de la puerta cerrada y chicolean con las muchachas del gremio, que no son esquivas con ellos, quizá _por
la igualdad de sus luchas, de sus cansanc10s,
de sus sinsabor.es y ele sus alegrías.

***
El último beso, allá en lo alto de la escalera. La esposa le alcanza todavía para quitar de
la solapa una imperceptible mancha de polvo,
y el flamante señ or baja de p risa. E n el último peldaño se detiene para Yer una vez más
á la compañera y agitar la mano en son de
despedida.
- Vienes temprano, hijito, ya sabes .. ... .
E l esposo hace u n signo afirmativo con la
cabeza, por más que no sepa ese «ya sabes,"
pero se imagina que será un platillo de su gusto que lo espera, 6 el descorche de u na nueva
botella de coñac ó un beso, en último caso.
El es un dependiente de joyería, y á. esa
clase de establecimientos conviene concurrir
con tal 6 cual acicalamiento. AJ!í se trata con
la riqueza sobrante, con el capricho exquisito,
con uno que otro oropel 6 con el último cartucho de oro, que por «último,» es el más vanidoso, el más exigente, el que quiere más solemnidad para quemarse; es como algunos
r eos sentenciados á muerte: aceptan un banquete pocas horas antes de ir al cadalso y qui1•ren champaña seco, porque el dulce puede
hacerles daño.
Y como es tan poco agitado el comercio e11
las joyerías, Pl dependiente pasa muchas horas en reposo, reflexionando acerca &lt;le la última comprarlora, que iba con cara de paRcuas,
el último mozalbete, que estando todavía en
tutela,se aventura á solicitar alhajasácrédito.
De pronto. recuerda á su ei-posa, á la compañera que desde el peldaño alto de su casita
humilde le grit6 que «no tardase, que ya !labia»
¿Qué sabía él'? ¡Y que aquel ángel de
bondades no lucirrn l'Ohl'&lt;' &lt;•l lóhulo de la oreja

Domingo 17 de :Agosto tle 1902.
n i el más raquítico solitario de los que él tomaba diariamente á puñados para ofrecer á
las elamitas perfumadas que quizá valían menos que su gran señora!
)Iientras que arreglaba en el estuche un soberbio aderezo, venía. á Ru imaginaci6n la hermosura de la espmia iluminada con los dardos
&lt;le luz de aquellos brillantes. E l sofrnclo rostro se coloreaba con el rubor ele la alegría y se
le aproximaba más y más hasta dejarle un beso de cariño y de agradecimiento.
-Has t.rabajado mucho para traerme una
alhaja!. ..... te adoro y la adoro ..... .
La hermosa visi6n se borraba brnscamente.
Un señorón seguido por una aya cubierta de
cintas blancas y llevando en los brazos á un
sonrosado capullo de vida, se presentó pidiendo :
- Un juguete para este chico, cualquier cosa, algo que le impida llorar de aquí á casa.
Y al decir esto, puFo sobre los cristales del
mostrador un billete de alto precio.
Se le dió al bebé una sonaja de plata y marfil. Con lo que aquello valía, el dependiente
hubiera cumplido la mitad de sus compromisos mensuales...... ¡iba á ser para qne un niño no llorara durante algunos momentos!. ... ..
El hijo del dependiente nunca había tenido, ni en sueños, una alhaja semejante.
Su hijo .. . aquel niñito encantador que tan•
to lo besaba ..... .
Resueltamente era un hombre desgraciado,
y desgraciada la esposa y desgraciado el hijo!
Y hundido en una ola de desesperación,apuraba y apuraba más aquella pena,cuando acertó á volYer la vista hacia la puerta del establecimiento: allí Yió á un niño harapiento que
contemplaba con ojos de profunda t risteza la
suntuosidad de la tienda de alhajas.

.Cuis Frias Fernánde~.
LA SEÑORA PROFESORA
ANA RAMIRO DE FIGUEROA.
El 12 del corriente dej6 ele exi:.:tir en la capital la &lt;listinguida profesora cu.r o 1w111 hre Pllcabeza estas líneas.
La i-eñora Ramiro
nació en Acapulco é
hizo sus estudios de
profesora en est:t
ciudad, donde obtuvo el título y e~ta, Q
bleci6 un colegio
particular. Algún
tiempo después fué
nombrada directora
üe una escuela no&lt;'turna, pasando más
tarde á. servir una
municipal. Su matrimonio la hizo sc-·
pararse Je i;;u empleo, pero al enviudar, volvi6 á desempeñarlo, poniéndose, ademá~, al frente de un
plantel dominical.
En 1889, el gobierno de Oaxaca la llam6 á
organizar y dirigir la Escuela Normal para
profesoras, creada en la Academia de Niñas
por el gobierno del ge1wral Zertuche, y desde
1896, en que volvi6 á :\féxico,estuvo encargada de las escuelas nacional primaria superior
núm. 2 y nocturna núm. 4.
. Durante el gobierno del general D. Gregor10 Ch~vez, en aquel Estarlo, reorganizó la Esc~ela Normal s~hre las bases de la pPdagogía
e1entífica, contribuyendo á la formación de la
ley reglamentaria que aun rige en aquel plantel, y con RU clara inteligencia y su espíritu ele
progreso, elevó á la Academia á un grado de
esplendor notable.
Por lo demás, ~a seiiora ~inda de Figueroa
i-ostnvo ? clefend16 con ahrnco la conveniencia de adoptar en las eRcuelas primarias de
esta capital los n:iétoclos modernos , e~tre
ello;- el de la escntura-lectura, que ha ido
nbnéndose paso debido á sui; constantes esfu¡,rzos.
La muerte de la estimable profesora ha sido
muy sentida.

,e

�Domingo 17 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 17 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

METRÓPOLI MUERTA.
Los museos son los cementerios del arte: no muestran, evocan .
. Las grandes galerías claras y silenciosas, como salas &lt;le hospital,. nos sumergen e1: sonambulismos extrafios. Et guardián
dor!111ta, sentado al pie de una columna. Por los vidrios pol~•or~entos se filtr~ la luz del sol. Los escasos visitantes pasan
111?1ferentes, haciendo i&lt;onar sus gruesos botines sobre los mosaico~ y ~e detienen ante las mismas obras, con un gesto de
aburrimiei:ito, porque ha~ venido, máR que por venir, por
poder decir que han venido. Desde la calle sube el vaho de
la vida: gritos de mercaderes, ecos amenazantes de multitud
que pasa. Por la ventana, abierta como un marco se ve un
recorte de cielo-la mejor de las telas. L~s muros
ennegrecidos, abren sus grietas como arrugas de ve:
jez.. Los chapiteles, las cornisas y los bajos relieveR,
cubiertos de años y de recuerdos, sonríen con sus
egoísmos de historia. Parece que vivieran todavía su
época en la nuestra, por un contra.sentido de los senticlos. Y todo nos. habla de la muerte. El artista que
pai-a, parece seguir un convoy por una avenida de
cipreses. Su sombra se alarga en las galerías como
un mástil,y se rompe contra el muro.
Se piensa en el eterno contrasentido de las artes
/
obstinadas en i_nvadirse .Y arrebatarse entr~
sí sus prerrogativa!'&lt;. El pintor busca el relieve de sus cuadros, el escritor quiere pintar
escenas, y el escultor se empefia en hacer
hablar á sus estatuas. Quizá fué para conciliar estas ambiciones que los romanos aven, turaron la pintura sobre los mármole8. La
tentativa ful\ grotesca. Pero si una mano sobre
humana consiguiera amontonar en un solo
rayo de luz todo lo divino de todas las artes,
estaría resuelto el problema de los Dioses.
¿,Qué pensaríamos de un ((Prometeo» esculpido por Miguel Angel y pintado por Velásquez, que dijera palabras de Hugo entre el
torbellino de una música de Wágne~?
Son divagaciones. La atmósfera helada
tle las galerías inmensas; el silencio interrumpido
de largo en largo por el ruido de un objeto que cae
ó una indicación del guardián que repercute en to:
das las salas; la misteriosa pasividad de los retratos
cuyos ojos siguen al visitante como si le repro:
charan la fantasía de vivir cuando ellos descansan
detrás de la tela; la resurrección de las lecturas· el
atcwi!'mo de las supersticiones, y un sentimie~to
extr~fio que nos invade ante el esfuerzo de tantas
voluntades victoriosas, inspiran al visita:JAte inge•
nuidades de Pierrot y gestos incongruentes.
Pero por la fúnebre solemnidad de las salas, paFa á veces una pareja joven con trajeR alegres y ojos de domingo.
Son dos enamorados que desdefian las telns y las estatuas
y buscan una cueva ignorada y un rincón solitario para
Reguir hilando hermosos l?royectos de mentira. Pasan ajenos ú todo, con una sonrisa r un beso en los labios. Los
personajeR de las pinturas se asoman para verlos. Un caballero de Yelásquez que baja por una escalera de piedra
Je¡: ¡:aluda ceremoniosamente coii un sombrero emplumado'.
Pero los enmorados es~i: aturdid?s de felicidad y no ven
nada. Cuando encuentran el s1t10 tranqmlo que huscan se sientan Robre la banqueta roja y hablan atropellada y caprichosamente, en pelotones rle alegría, hacienda caricaturas con las palabras. ¿,Qué tienen ellos que ver con :Murillo y con Rembrandt?
Si Goya surgiera de improviRo ó Delacroix bajara de su retrato, habría una obra maestra máR. Con cuatro pinceladas decisivas fijarían el grupo sobre el muro, dándole una auréola de estrofa. Los colores tendrían ironías de Rabeláis y antítesis de
Rugo: en el museo, en la metrópoli muerta donde los cuadros
parecf'n lápidas sepulcrales que hacen el elogio de los artistas
que fueron, el extrado de dos almas locas que ignoran los dei-tinos y corren detrás de una quimera, empujadas por un contra8entido risible que hace nacer la vida de la muerte.

]Ylaque/ ligarte.
SUICIDA.

I
AftTIITAI DIL. TIAT,io HIDAL.QO

De pie sobre la tumba de un suicida,
Exclamé con voz ronca y dolorida:
«Cobarde, no mereces descansar;
No supiste vencer vanos dolores?»
Y hollé rahioso las abiertas flores
Que atlí mismo empezaban á brotar.
Eso fué ayer. ... más hoy, ya fatigado
Y de sufrir y de luchar cansado,
Ya me parece atónito escuchar
Que alguien pisa mi tumba de ira loco
Y me grita.: ~Cobarde! tú tampoco,

Tá tampoco merecea deacanea.rl»

JULIO FLOlUlZ,

JU ANITO .
La madre pasó la noche junto al niño, pálida, con los ojos hundidos y el cabello destrenzado. En su rostro, fresco antes como la
rosa que acaba de abrirse, se adivinaban las
sombras de un dolor incurable y de una tristeza que lentamente se infiltraba en su espíritu.
Juanito, el chiquitín de cuatro años, de pupilas azules como el cielo, estaba enfermo,
muy enfermo desde aquella tarde de octubre
en que salió con él á pasear por el campo lleno de cañas tostadas por la nieve, de troncos
desnudos &lt;le follaje y de yedras marchitas.
Ella recordaba, hundiendo ia mano descolorida en la onda. negra de su cabellera, como
para impedir que la memoria se le escapara
de improviso, que el chiquitín no había, como
otras tardes, correteado gozoso, alegre, hasta
rendir:;e. Otras veces saltaha, iba al río, y
sentándose á la margen, revolvía con sus manecitas incansables la húmt-da arena que brillaba á loi. rayos del sol como un reguero de
piedras preciosas.
Huraño, retraído, i¡¡in aquella sonrisa que
lo hacía ta.n hermoso, no quiso apartarse &lt;le
ella; reclinó la cabecita rubia en su seno y por
primera vez quedó J uarúto como absorto ante
el crepúsculo que daba á las cimas cambiantes de ópalo.
-¿Qué es aquello, mamacita? murmuró inquieto y medio turbado. Se quema el cielo;
mira la lumbre...... Y como si aquel espectáculo le infundiera pavor, vol\'ió su carita de

ángel para ocultarla con las ropas de la mujer,
que le besaba con ternura.
La madre sonrió dulcemente, y acariciando
la sedosa cabellera del niño, le dijo: Esa lumbre que ves, es la lumbre con que Papá D10s,
que está en el cielo, castiga á los niños que no
son, como tú, obedientes y buenos.. .... Más

arriba-¿ves la estrella que está más arriba?
-está la gloria donde Dios pone á los que
quieren mucho á sus padres, como tú me quieres ...... Allá está tu hermanita; es aquella estrella...... Las estrellas son los angelitos ..... .
Crecía la sombra y J uanito vió que el cielo
se llenaba de luceros ..... .

***

en vela y el recuerdo de todas las tristezas
que marchitaban su corazón de veinte afios,
hicieron que la madre quedara largas horas
sumergida en profundas meditaciones.
¿En qué pensaba? Pensaba en el esposo
que encaneció en plena juventud sentado á la
mesa de trabajo y que murió dejándole, como
única herencia, á Juanito; en la nifia que le
mandó el cielo cuando la primavera enfloraba
los campos, y que le arrebató el aire helado
de una mañana de noviembre; en el hijo que
se le maría, y en su desgracia ..... .
Hubo un instante en que reprimió los sollozos que se agolpaban á su garganta y, sin
ruido, se acercó al lecho en que el chiquitín
se consumía. Juanito sintió una mano helada
sobre su frente y abrió los ojos. Un sudor extraño empapaba su cuerpo; sus brazos no se
alzaron ya como un reclamo á las caricias maternales, ni en su boquita aleteaba el beso
casto, inocente ...... el beso más puro de todos
los besos!
-¡Quiero ver las estrellas!. .... . quiero verlas!. .. . .. ¡rnamacital, dijo el niño con voz apenas perceptible.
Y la madre corrió .... .. aturdida, sin sentido, abrió la ventana y se puso á contemplar
el cielo ...... el perfume de las flores invadía
la estancia, y allá, lejos, muy lejos, brillaba
la última estrella.
Juanito había muerto.

Desde aquella tarde la fiebre consumía al
chiquitín de ojos azules. Las noches pasadas

RENÉ DE

RoY.

Srito 6e cZe6enci6n.
¡Almas inermes que lloráis cautivas
del vicio ó del error; almas incultas
que, á. todo anhelo de grandeza esquivas,
vivís por siempre bajo el mal sepultas,
sin que la vida en su batalla inmensa
os haga altivos levantar la cara
y comprender que de la turba ignara
surge á la luz la multitud que piensa!
¡Almas enfermm,, que del fuerte esclavas,
marcháis á la ventura
sin que arda nunca en vuestras turbias frentes
el sueño augusto de pisar la altura
en donde agitan su gloriosa tea
de espíritus videntes
aquellos que con armas refulgentes
combaten por el triunfo de una idea!
¡Seres obscuros, la existencia os llama!
'.rrocad ~a bruma que os envuelve, en lampo
que radie á vuestr0s ojos
y os ilumine el anchuroso campo
donde se ven los estandartes rojos
que ostentan los que en pos de la victoria,
luchan con fe sin t'xhalar un grito
y se arrebujan en la luz de gloria
que sobre ellos refleja lo infinito.
La inercia que os domina es un estado
de mísera agonía;
es la faz angustiosa del nublado
que á vuestros ojos obscurece el día.
Sabed que es tiempo de que alcéis con brío
en vuest1:0s puños la triunfal palanca
con que la vida intelectual nos lega,
en vez del nublo que á la acción estanca
y del error que al pensamiento ciega,
el haz ele lui que al pensamiento arranca
de la inacción para decirle: brega.

Mirad: hacia lo lejos
se descubren las bélicas milicias
y se perciben los sonantes dejos'
de a&lt;¡uellos que alentando á. las caricias
que hace la Fama á su actitud heroica
llevan la luz á. la conciencia obscura '
y van marchando á la guijosa altura

con paso firme y voluntad estoica.
Oíd cómo se escuchan
rumores &lt;le mareas
y explosiones de recios alaridos:
es el épico hervor de los que luchan
agitando el pendón de sus ideas
sobre el grupo sin fe de los vencidos.
Mirad: sobre la cumbre
de brillos esplendentes
alzan al cielo su fulgor de lumbre
las incansables, pensadoras frentes.
Y esa luz, y esos bélicos clamores
y ese ol¡;aje de fuerzas superiores '
que yerguen el proscenio
de su labor, sobre la egregia altura,
forman la olímpica expresión del genio
la faz más amplia del esfuerzo humano '
que todo lo adivina,
'
que sin cesar nuestra existencia explora
y á la voz de los rayos que fulmina,
hace del caos despertar la aurora.

con la expresión de una existencia informe
vitalidades que el error sepulta
'
bajo el dominio de su fuerza enorme.
Quizás penséis que el heroísmo brota
de una celeste inspiración arcana
que empuja al hombre y que le dice: flota
sobre el nivel de la conciencia humana.
Pero mentira. En la eternal batalla
en donde el hombre con lo arcano brega
nadie á triunfar predestinado se halla· '
ta1~ sólo t riunfa y á lo heroico llega '
qmen marcha en pos de la verdad aug11sta
llevanclo en su sendero
'
la voluntad como radiosa fusta
y la razón como tajante acero.
BENITO FENTANES.

STELLA,
(DEL ITALIANO.)

¡Seres que á trágico dolor sujetos
atravesáis la tierra
sin la conciencia de los mil secretos
que en su pasmoso mecanismo encierra!
¡almas sin luz! la humanidad consciente
la que trabaja en la labor pensante
'
estalla en gritos de dolor inmenso '
al comparar vuestra actitud doliente
con la actitud radiante
de los que elevan el sagrado incienso
de su razón ante el altar sublime
en donde oficia la verdad y en donde
se alza un~ voz que á nuestra voz responde
y nu~va vida ~ nuestro ser imprime.
Amáis lo heroico y en la fe sencilla
que os enardece, se vislumbra el rastro
de un culto que se humilla
ante el ara rle todo lo que brilla
sea virtud, inteligencia ó astro. '
Amáis al héroe sin saber que el germen
del heroísmo en vuestro ser se oculta
sin comprender que en vuestra masa duermen

Del árido peñón la bruma vacra
corre su velo de volutas rotas " '
y entre nn vuelo furtivo de g~viota8
tiembla la luz que en el conffo se apaga.
E~ disco arg~nteo de la luna, indaga
la triste obscundad. Yibran las notas
d: un harpa que han templado las ignotas
mnfas que Apolo con su lira embriaga.
¡Crepúsculo Rin fin! El alma aduna
con el beso plateado ele la luna
el casto beso de la novia muerta·

'

y en medio del silencio y la agonía
ya próxima á morir el alm·a mía
'
al borde de la tumba se despier~!. .....
MIGUEL

***

C. NovARO.

-La libertad es incompatible con el amor:
amar es ser esclavo.-MME. DELAU~AY.

�[L 'MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 8

MÉXICO, AGOSTO 24 DE 1902.

Subscripción mensual foráoeñ, $1.50
lctem Jdem. eu la ca1•1tal, ,, l.~r,
Oerenlf!l LUl6 Rt'l'l6 6PINDOLA.

Dlrf!clor: LIC. RAf'AfL Rr'l't~ ~Pl"IOOL4.

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LAS CONSENTIDAS.
(De la coleccl6n Pellandlni.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>[L 'MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 8

MÉXICO, AGOSTO 24 DE 1902.

Subscripción mensual foráoeñ, $1.50
lctem Jdem. eu la ca1•1tal, ,, l.~r,
Oerenlf!l LUl6 Rt'l'l6 6PINDOLA.

Dlrf!clor: LIC. RAf'AfL Rr'l't~ ~Pl"IOOL4.

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LAS CONSENTIDAS.
(De la coleccl6n Pellandlni.)

•

�nomingo 24 de Agosto de 1902.

E L VIEJO.
Decrépito, sucio, macilento, apoyando en
un grueso bast6n el corrorndo c~erpo,q~1e por
instantes amenazaba caer; carmnando a rastras con un temblor senil en las piernas, que
denotaba el supremo esfuerzo del movimiento· deteniéndose á ca1la paso para contemplar,
co~ mirada entre distraída y estúpida, lo que
á Ru alrededor sucedía, ÍI sumergido en ensimismamiento caxiloso, como atenaceado por el
recuerdo así cruzabii las calles de )léxico hace quinc~ ailoR, un hombre enveje.cit~o á la
vez por el pen!-amiento, por el Rufr11mento y
por el vicio. Los transeuntes pasa.han ante él
con desdeñosa indiferencia. Xatlie le saludaba, y, sin (•mbargo, todo el mundo lcconocía.
En torno ele aquel horn bre, inerme ya en la 1ucha por la existencia, giraba la multitud, pleº t6rica de fuerzas y ambiciones. Algunos, al
pasar junto {t él,· pensaban: ¡pobre «v.iejo))!
Una compa.--ión rúpida. y tladacomo de limosna por unos cuantos corazones buenos! ~ra e,1
único sentimiento que arrancaba el «VIeJ0" it
aquellos que en otras fpocm, le conocieron y
trataron.
Yo, en distintas ocasiones, pude Yerle de
cerca y notar la profunda huella, el surco indeleble que en aquel rostro habían dejado las
ideas las Hv•rimns y el alcohol. Entre una
barb~ hirl'!uta de canas amarillentas y lacias,
gestic~aba con dolorosa expre."lión la. boca desdentada· sobre la palidez &lt;le los pómulos asomaba la' mancha cárdena, denunciadora de la
fiebre alcohólica, y traR los opacoR vidrios de
unos anteojos de vnrillas torcidas, chispeaban,
baj•&gt; las cejas ásperas y blancas, los o~cur~s
ojoR, inteligentes, viYos y de extraordrnar1a
energía.
¡Qué minado, qué ruino~o ?-e• encontraba
aquel organismo! ¡Qut abatido y qué tri~te
aquel espíritu!
•
E l «Viejo,)) á semc&gt;janza de Edgard el americano bajaha lent:unentc el antro obscuro de
lúgub;es fantasmagorías, é iluminado Íl trechoR por la llama verde del ponche. Cuando
le conocí, lle&lt;raba rn al último peldaño; había dejado todo e11 su pa,·oroso dei;cendimiento· la inteligencia, la fuerza, la fantasín, y sólo
le 'quedaba la vaga conciencia de una vida fecunda en clolores y desilusiones.
¡Y ese hombre in válido del combate social;
ese ¡;er triplementc herido por el infortunio,
por la abyección y por la miseria, había sido
poeta, filó?-ofo, novelista; hahía cantado n?bles ideales, se bahía sentido lleno de i-ent1mientos altos, que hicieron explm,iún de entusiásticas estrofas ataviadas con ricas imúgenes y verba fulgurantu!
El «Yiejo» fué poeta lírico: sus versos son
tristes y se arrodillan ante las enamoradas de
veste blanca v nimbo sobre la frente, como la
Beatriz de la ·Divina Comedia; fué humorista&gt;&gt; notable: sus humorismos están impregnados de fina ohsen·ación, y fueron escritos en
ese estilo vibrante y · «cortado» que tantos
triunfos valió á Alfonso Karr; fué filósofo á
la manera de los viejos románticos: con cierta
mofa sangrienta y cierto doloroso esceptici!nno
que á las veces ríe y á las veces blasf~ma.
El «Viejo11 tuvo su cortejo de adnnradores;
se impuso {t su época; saboreó los manjares
del triunfo. y oyó d eco prolongado de los
aplausos. Tuvo en su juventud veladas de sabio; estudió y produjo; entró con brillantes
armas á luchar por hi exist1:ncia,y se sentó en
la me.cm de los poderosos, y en lot-1 e8cailos del
Congre.r,o.
Cuéntanme que, no obstante, vivió una vida libre, ligera, con algo de misantropía y
extravagancia. De joven habitaba en una boardilla obscura, en la cual, á decir de un literato contemporánro suyo, habfa por único
mueblaje una cama revuelta, algunas sillas
y, colgados en la pared, un machete suriano,
y un cántaro, almac(n de las producciones literarias.
«El .,.iejo,» conforme avanzaba Pn edad, y
por circunstancias que no conozco, pero que
me parece adivinar, fué acentuando su carácter de bohemio, hasta convertirse en un tras-

ET, MlTNDO TT,TT8TRAD0
nochador de café. Ninguno me lha confiado
los detalles de esta existencia tan brillante y
prometedora en el principio, y en el fin tan negra y tan infortunada. ¿Empujada. por quif,n
fué cayendo aquella alma en el abismo? ¿Como fueron desvaneciéndose la~ esperanzas,
muriendo lai; energías, y aflojáulose, poco á
poco la voluntad de este hombre superior'?
Y 'sólo sé lo que necesito: que el «viejo» fué
un vencido de la suerte, un hombre que iba
dejando la vel'ltidura de su talento y de su genio en los zarzales del camino.
¿En el naufragio de esa vida flotarán algunos libros hai-ta alcanzar la playa lejana'? Creo
que sí. . .
.,
. . t ¡·
.
.
El «v1eJo• mur10 ya sm m e 1gencrn, sm esperanza y sin nmigos ...... ¡Pobrecillo!

DIONISIO.
:'.\Ir. )Iarambot abrió la carta que le entregaba su criado Dionisio, y se sonri(&gt;.
Dionisio, que servía en la casa desde hacía
veinte años v que pasaba en to1la la comarca
por Ull criado modelo, preguntó:
-¿Ha recihido el señor una buena noticia'?
::\Ir. )Iarambot no era rico. Antiguo boticario de aldea, jamús había t¡uerido casarse,
y vivía de la modesta renta adquirida ven&lt;liendo droga:o á los campesinos.
A la pregunta del criado contt-stó el farmacéutico:
-Sí , Dionisio. El tío )Ialóis retrocede
- ante.
el pleito con que le amenazo, y manana recibiré mi &lt;linero. A un solterón como yo, nunca
le viene mal el ingreso de 5.000 francos.
Y )Ir. Marambot se frotaba las manos de
gusto.
Al día siguiente, á las nueve de la mañana.
el cartero entregó á Dionii;io cuatro cartas para Ru amo, una de las cuales pesaba mucho.
:'.\Ir. )Iarambot !:'e encerró inmediatamente
en su cuarto hast.-i el mediodía, y despufs confió á Dionisio cuatro sobres pam el correo.
Uno &lt;le ellos, dirigido {t :'.\Ir. :'.\lalóis, era indudablemente un recibo.
Llegó la noche; )Ir. Marambot se acostó á
la hora de costumbrr y se durmió como un
bendito.
De pronto le de~pertó un ruido extrailo.
Sentóse en la eama y escuchó. Pero de repente Re abrió la puerta y se presentó Dionisio en
el umbral, con una bujía en una mano y un
cuchillo de cocina. en la otra.
::\Ir. Marambot supuso que su criado se había vuelto Ronámbulo, é iba á levantan;e para
dirigirse á él, cuando Dionisio apagó la luz y
corrió hacia el lecho.
Su amo tendió las manos para detener el
golpe que le derribó de eApaldas, y trataba
de ap~deran;e &lt;le los brazos del criado-á quien
creyó loco,-ÍL fin de evitar las terribles acometidas que le dirigía.
El pobre boticario fué herido primero en
un hombro y luego en la frente y en el pecho,
mientras· agitaba sus manos en la obscuridad
y gritaba con toda la fuerza de sus pulmones:
-¡Dionisio! ¿Te has vuelto loco, Dionisio?
Pero el otro continuaba hiriendo sin cesar,
hasta el momento en que ::\Ir. :'.\Iarambot exclam6:
-:Xo he recibido el dint•ro, no he recibido
nada. )Ir. :\Ialóis ha retirado su protesta y
voy ÍL pleitear con él. Para eso has llevado las
cartas al correo.
Y haciendo un supremo esfuerzo, cogió de
la mesa de noche una caja de fósforos y encendi6 una luz.
El infeliz esta.ha cubierto &lt;le sangre, y al ver
tan terrible espectáculo, se creyó muerto y perdi6 el sentido.
Rcanimóse al rayar el alba, pero cerró los
ojo~ para no ver nada. Al cabo de algunos minutos amenguóse su espanto y reflexionó.
No estaba muerto y podía volverá la plenitud de la. vida.

EL MU:t-..""DO ILUSTRADO
¿Qué había sido de Dionisio? Probablemente habría emprendido la fuga.
De pronto oyó )Iarambot abrir la puerta.
del cuarto, y su coraz6n dt•jó casi de latir. Al
ver á Dionisio, cerró los ojos y contuvo la respiración, para que el asesino creyese que su
obra estaba tennina&lt;la.
Sintió que le &lt;¡uitaban la sábana, que le
palpaban el vientre y lJUe le lavaban con
agua fría las heridas.
Indudablemente trataban &lt;le Ralvarle, y con
gran&lt;les precaucionee se atrevió á abrir los
ojo~.
Vió á Dioniiüo junto á él y volvió á cerrarlos con espanto.
-¿,Qné hada allí aquel hombre·? ¿Qué nuevo proyecto abrigaba?
-¡Jl),toy perdido!, pensaba :Mr. iiaramhot,
poseíclo de indefinible terror.
Pero no tardó en com·encer::;e de que i;u criado, dc•spué'- de haberle querido matar, se empeñaba en salvarlo.
El boticario abrió de nuevo los ojos y notó
que no había ya san¡tre en el lecho y que le
habían mudado las sábanai...
-¡Jfas cometido un crimen horrible!-exclamó )lr. :\Iarambot.
-Pero voy ~ repararlo-contestó Dioni~io.
-Si ui-;ted no me denuncia, continuaré sirviéndole fielmente como antes.
Xo era oportuno disgustar en aquel momento á su criado, ~· )Ir. )Iarambot exclamó cerrando los ojos:
-¡.Juro que no te denunciaré!

***

Dionh,io salvó á su amo, y por espacio de
muchos días v mu chas nocheR, no i-e separó ni
un instante del lado del paciente.
Aunque el boticario pensaba despachar á
su criado tan pronto como t:stuviese rcsú.ll1lecido. iba aplazando de continuo la realización
de su propósito.
Creía que el miedo á la denuncia contendría
á Dionisio, y le anunció que había hecho testamento ante Xotario, en el que revelaba su
crimen á la ju~ticia por si voh-ía á cometer
otro atentado.
Dionisio siguió siendo un criado incomparable, y )Ir. Maramhot, al ve~e curado y tan
bien asistido, resolvió no despedir nunca á i;u
sirvie11 te.
Pero un día, de.-,pués de· almorzar, oyó un
e~pantoso ruido en la cocina.
Corrió hacin ella y encontró á Dionisio entre &lt;los gendarmes.
Tan pronto como Dionisio viú á su amo,
exclamó:
-¡:'\le ha denunciado usted, y eso es una
infamia después de lo prometido!
:\Ir. '.\Iarambot conteAtó:
Te juro ante Dios que no es así y que ignoro cómo la justicia ha conocido tu tentati rn
ele asesinato contra mí.
rno de los gendarmes dijo entonces:
-¿,Cómo, señor"? Ese hombre ha querido
matarle?
-Sí-murmuró el boticario, sin darse cuenta de lo que ocurría.
-La justicia, repuso el gendarme, tendrá
en cuenta ese crimen; pero ahora, señor :'\Iaram bot, detengo ÍL e:;e pillo por el robo de dos
pavos en casa de )Ir. Duhamet.
Y volviéndose á su compañero, le dijo:
-¡ En marcha!
Y los gendarmes se llevaron á Dionisio.

***

El abogado apeló al recurso de la locura,
apoyando uno en otro los dos delitos para robustecer su argumentación.
El Presidente, vol\'iéndose hacia )Ir. ::\Iarambot, cuya declaración hahfa sido excelente para su criado, le preguntó:
-Pero aun admitiendo que no tuviese UEted á ese hombre por loco, no se explica cómo
ha podido usted consentir que continuar-a. {,
su servicio.
-Qué quiere usted, señor Presidente!, contestó el farmacéutico. -Cuei-ta tanto encontrar
un buen criado en estos tiempos!
Dionisio fuó absuelto y destinado, á costa.
de su amo, á ser encerrado en un manicomio.
GuY DE )lAcPAss.-1....'\T.

Domingo 24 de Agosto de 1902.
dículo v 1¡11e tau1hié11, l'Uando ele sus derechos
se trat~; sabe defenderlos heroicamente, ho~
no deja de aprovechar la excelente opor~u~udad para llenar los boulev~rcs con el cstrcpito
de sus grito;; y de sus canc10ncs, de re,·.~l\'erse
y agitar:;e; pero en el fond?, en 1~ acc10n, ~o
se deja arrebatar por los gritos béhcos de quH!•
nes Je quieran levantiu- en armas en contra de
la autoridad legítima.
:,,i acaso, las sencillas mujeres del pueblo,
.
los c:unpe:-inos y los rudos obreros, s1e1~te1~
ulgu como un dejo &lt;le tristeza al despedir a
los religiol'o,; lfUe se desbandan; como el al&lt;le11110 que marcha del lugarejo natal, en busca de horizontes mfü; amplios, siente que asoma una lagrima á sus ojos cuando, al traspom•r la colina, mira perderse á lo lejos la mancha blanca del ca111pa11ario de la aldea.
Y a,-í la Ley, la augusta reguladora de las
sociedades, va cumpliéndose fielmente, firme.
uwnte, co1110 toda ley de progreso!

j)r. .C. .Cara!/ })ardo,

RONDEL.

La manifestación de las madres de familia en la plaza de la Concordia.

LA REBELIÓN CLERICAL
EN FRANCIA.
Desde l1ace muchos días Franeia PS teatro
&lt;le una al-(itación, bulliciosa Pn ~us ma11iíestacioncs, aparatosa l'n :sus proc:edi111ientos, pero
que, en el fondo, no ofrece gravedad alguna
ni llegarÍL ú a&lt;ll¡uirir lns proporciones &lt;le un
alboroto político.
De tiempo atrús exi!-tía un concordato entre
el gobierno franci:s y el \'atieano, nwdiant1:
el cual, la primrra de las parteH contratantes
se rescrnd,a el 1lerecho de sujetará determi•
nadas rel-(las el establecimiento de m;o&lt;:iaciones religiosas, y In facultad de negar autorizaci(m ú las co11grcgaciones que no :-e sujetaran
Íl esas le,·t!s.
Xo oh~tante el concordato, htt-1 asociaciont•s
se extralimitaron; continuaron organizúndose
sin autc1Üa&lt;'ión. El ilustre jefe del Gabinete
francéi.., :'\l. \\'al1h•ck Rousseau, hizo pa!-'ar un
decreto para la di:,;olueión de las eo11grPgacioncs que no hubiesen cumplido con la ley.
En virtud de r:--r decrl'lo, fueron notificadas
las a:-ociaciones infractorns de que dchínn
dispen-;anw. Buen númern de dichas asociaciones obedecieron al mandato h•gal, pero muchas otras resoh·ieron resi:::tir 6. cuando ml!nos,
hacer ruido y atraer i-;ohre ellas la atención
pública.
.
Para conseguir esto último, c¡ue parece haber sido el verdadero fin de todos los sucesos
recientes, las asoeiaciones reunieron á sus ami·gos, entre los cualeA hay alborotadores de profesión; los que tenían á su cargo ei&lt;cuelas, citaron á una extcmporúnea distribución de
premios, para congregar Ct los padres y, sobre
todo, {1 las madres rle familia.
Reunidas estas sencillas gentt·s, no faltaba
un «leadt•rn eloem•nte c¡uc las exhorta?-e ÍL defender Jo que llamaban los derechos de la divinidad, y resistir [i los manclntos de la lev.
A!-Í se formaron grupos numerosos: sabido
es cuún fácil ha sido en todo tiempo afiliar
manifestantes en el bando de la opoRiciún; y
en los &lt;lías señalados para la clausura forzosa
de los establecimie11tes rnarcadü,- por el decreto legal, se reunían millares ele gentes ansiosas de gritar y de hacer C'std·pilo. Había entre los jefes del movimiento tiguras muy populares: Francisco Coppée, !-acado de quicio hace tiempo por su misticisn10, y un hermano de
Guerin, el famoso por habl'l'se t•ncerra&lt;lo en
el in!provisado «fort Chanol,» donde hizo una
cómica resistenciii á la policía.
Hay allí, al frente del movimiento popular
oposicionistas de oficio, &lt;le aquellos que tie:

111•n la furia antigobiernisl:;t, semejante ú la
furia anticlerical, y que lrs im¡mba á asociarse ÍL cualquier movimiento de cualquier naturaleza. que sea, y 111oti\'ado por 110 importa
qué pretexto, con tal
i¡uc sea un movimiento de protesta y de oposición al mandato de
Joi,; gobernant&lt;s.
•\sí se ha visto la
paradoja de que, aquellos 1¡ue defienden acto~ hostilt'.'i de quienes
han sido acl ver~arios
eternos de la libertad,
,·an ahora por los houlevnres de l'arís gritn nclo «mueras" al Gobit·rno y «viYas• :L la lil&gt;t:r•
t.•uli

:\[artillaré mis laminas di' oro
para o-rabar su imagen ¡wregrina
1·uun&lt;lo llegue hasta rní, blanm y 1livina,
murmurando mi virgen: ¡Yo te adoro! ...

Y vok1rí1 en mi alma su tesoro
su voz angelical y cristalina,

***
El movimiento lia
tmido su lado instru&lt;·ti,·o, en medio de todo.
lJa daclo una ptuehl
palpable y c·onsolaclom de que las instit11eiones de la gran Hepú blica, cuna de• i:1,lihertade1-&lt;,son cada día
más firmes. Ha demostrado cúmo, á lll&lt;'·
di&lt;b que los tic&gt;mpos
pasan, son mfü, y 111:'ts
difíciles las tremeJHlns
reacciones contra e i
j&gt;rogre:&lt;o, que en otro
tiempo y en otros ¡iaíses han lwcho indispensable que cada ley
lihertatlom, cada ¡•a~o
civilizador, sea sellado
con sangre.
)[as esos tiempos
han pasa.do ya. Los
clericales franceses lanManifestación
zan grito:; de guerra,
&lt;le rebeliím furiosa contra la lev y In. autoridad 1·onstituí1la. «L'Cniveri:1, » qt1c es el órgano mús caracterizado de
ese partido, ha publicado las mús atroces injurias contra ~L Combes, el sereno ejecutor
de la ley; ha amenazado {L las autoridades y
predicho el exterminio de todos los instrumentos del Gobierno.
Y sin embargo, el pueblo francú;,que acude
á todos los RitioK builicio~os, que ama todo
aquello que le dn pretexto para gritar, parn.
moverse, para lanzar la ironía, herir con el ri-

frente á una escuela de religiosos.

y por grahar su imagen peregrina
iirnrtillaré mis láminas de oro .....

Y volcarú mi lira su tesoro;
y su sonante estrofa auriargentina
cantará su hermosura y mi te1;oro;
¡y por grabar su imagen peregrina
martillaré mis lúminas de oro! .....

R. ,M.

RUBIO.

�Domingo 24 de Agosto de 1902

EL :MUNDO ILUSTRADO

Domingo 24 de Agosto de HJ02.

EL 1IU:KDO ILUSTRADO

I-IORAS DE MEXICO.
Ya la ciudad ha quedado flamante, acepillada por las máquinas del
barrido, sacudida por el
pompón &lt;le orülo, bien trigueños los asfaltos
por el lavado ú grande agua que van haciendo
el abanico cristalino de las regaderas y In
cuadrilla de aseo público.

el arrabal y se reúnen todas las del rumbo para comenzar la labor ú un mismo tiempo.
Cuai1do llegan al taller, ya «madame)) está en
su puesto y da las primeras órdenes «egeandou
que es un primor.
Las costureras son un gremio alegre, quizá
porque casi todas ellas tienen la hermüsa safü,facción de estar entregando la vida para
llevar un pedazo de pan á una madre anciana, ú un padre imposibilitado para el trabajo,
ó al hermanito huérfano, chiquitín adorable
que ~e queda en la carn de la buena verina
mientras la luchadora va á hacerse sangre en
la yema de los dedos con la punta de la
aguja.
Las ronquistas del feminismo han creado
un nuevo grnpo ele laboriosas. Ko llevan el

mo barrendero, el flojo11a1.o, les echa polvo en
las faldas y las apremia con malos modos para
que le dejen el campo libre.
En los jardines hace iris el chorro del agua
del riego,q11e se convierte e11 mil gotas al azotar las ramazones cubiertns &lt;le hojas brillantes. Va y viene el hombre de la manguera,
siendo diversión &lt;le muchachos desocupados
y ele fuereñ0s que por primera vez visitan la
ciudad populosa. lBl musgo de los camallones
y la arena de laR callecitas se refreRcan y entra
en alegría el jardín que por la noche fué teatro de !&lt;Ole&lt;lad y &lt;le sombras.
La estatua de bronce tnmbi~n recibe su bailo y da al sol sn color toRtado con un fuego
de brillo y un 1\•shalar &lt;le gotas que fingen
diamantes sol.&gt;re piel africana.
Y la promesa de la patria, los hombres del
porvenir, van apresnradus á emprender la
faena del &lt;lía:cn_los salones &lt;lel colegio, todos

HEYJ&lt;.:S Y NOBLES AZTECAR.

EN HONOR DE CUAUHTEMOC.

Ya el sol vierte HU luz de vida en la espléndida mañana; lm1 campanarios son centros
de la onda ritmica que llama con sus sonoridades á las prácticas del templo.
¡Las ocho!
Los relojes pó blicos martillean con monotonía, como un aviso sarcástico á ese enjambre que momentáneamente se derrama por la
ciudad y corre á escomlerse en la vida interior ele los almacenes, de las casas &lt;le modas,
en los escritorios, en los colegios, en los edificios públicos.
Es la costurera, la que escribe en niáquina,
el burócrata de ínfima categoría., el mocetón
extranjero que pasa la vida tras el mostrador,
la empleada en los c.&lt;tfés y en las dulcerías
elegantes; es todo un jirón de actividades que
corre á mover la gran maquinaria del comercio.
Las costureras caminan;•en grupo, Yiven en

humilde chal, ui dejan caer la falda para y11e
no se exhiba la bota &lt;le tacón chueco ni con
indiscreciones del cuero que publican el color
de la media; 110, éstas so1: todas unas da.mitas
de sombrero emplumado y que se ciñen el traje á la manera de las hembras del Norte, hablan~algún idion1a, teclean con habilidad en
la máquina de escribir ó saben empacar con
maravilla de gracia los d.ulces y pasteles, disponer la mesa de refreEcos y ofrecer con exquisita coquetería un ramo de flores.
Los jóvenes burócratas, por lo general, oyen
la hora de entrada á la oficina á varias cuadras del pupitre, y aquello sí que es correr: se
agolpan á las plataformas &lt;le los eléctricos, y
apenas sienten que el movimiento cesa, se
apresuran á bajar con precipitación atropellando cuanto encuentran, tropezando en el empedrado, y, jadeantes,. cubiertos de sudor, llegan con tiempo·limitadísimo para garabatear
una firma en el libro de los registros de asistencia.
:Mientras tanto, en las puertas de las sornbrererías se dan el apretón de manos las oficialas, prometiendo verse á la salida, y el últi-

El jueves por la maiiana i&lt;e ,·erific6 ante la estatua ele Cuauhtemoc la ceremonia. qtH', aílo
por afio, organiza el Ayuntamiento para honrar la memoria del último emperador aztecn.
La significatiYa manifeRtación, que tiende :1 mantener incólume en el pueble el culto al valor y al patriotismo, revistió en esta vez un lucimiento y solemnidad poC'o comunes. Con anticipación se dió principio al adorno de la glorieta y del monumento, c¡uo oster,tal,a multitud ele
banderas y lazos de flores artísticamente com binadoi,;, invitúndose á laR escuelas nacionaleR para que concurrieran al acto.
Comenzó éste con una pieza de música ejecutada por la banda, ,Y después ab&lt;Jrdó la tri h¡1na el señor Presbítero Rirn&lt;loval para leer un cliRclll'i\O en ((nahnatl,,, que luego tradujo al castellano; una pec¡ueiia niña leyó en seguicla un corto diRcurso, 4ue le fué nrny aplaudido por la
desenvoltura l'.On que lo pronunciú. El Rr. .Juan R. Orcí cerró fa parte literaria recitando unos
bonitos verso!'.
·
A continuación subieron al kiosco ,·arios niño;;, vestidos todos de aztecas, .v entre los cualeR se veían sacerdotes, guerreros, nohleR, etc. E!'tos nifi.os entonaron algunos himnos y cánticm: de guerra, dirigiéndof:e despuéR nl monumento en vistosos grupos. Algunoi- indígenas ele
los puebloR cerc.1.noR rcmcurrieron á la manifestación lle\'ando flores, que regaron en los pelclafios que dan acceso á la plataforma.

PAISAJES PARISIENSES.
ELFRlO

il uminadoR por ese alegre rayo &lt;le sol de la
mafiana.
A las puertas del plantel charlan los buenos
camaradas esperando la hora. ¡juena la campana: ¡8on las ocho!
JAYIER DE UL)IA.

•

Los jardines públicos, las plazas y los deRem barcaderos de los ríos, están cu hiertos de
nieve. La ciudad tiene un aspecto hostil. Grandes caravanas de harapientos peregrinan al
acaso por las avenidas. Y los diarios refieren
la aventura de los que, acosados como bestias,
no se resignan á morir sin haber mordido.
Hoy es la historia de la mujer flaca, vestida
de verano, que arrebata nna cartera al transeunte; mañana el epü,odio del profesor desgraciado que sustrae un abrigo de un escaparete; y pasado, el drama de los hambrientos
que asesinan á un hombre por robarle el /l,lfiler de la corbata.
El gendarme y el juez no amedrentan á nadie. Hay muchos que cometen el delito con
el fin de dormir algunas noches bajo techo.
Los asilos están colmndos , y tratan de hacerse admitir en las prisiones.

*
*'*

Los paisajes de París son contradictorios.
Los lagos del bosque de Boulogne se hielan á
veces y se cubren de gentes felices que patinan envueltas en abrigos de pieles. Los carruajes agunrdan al borde de la avenida y como los jardines, los caminos y los árbole~ están muy blancos, todo parece dispuesto para
una boda. Los caoallos se impacientan y piafan, pretegidos del frío por mantas gruesas que
llevan coronas en las puntas. Las damas se
pasean con perros diminutos, de patas muy
finas, que envuelven en mandiles de lana ó
es~onden en el hueco de! «manchón». Las pareJas se anudan y se aleJan Robre un pie escribiendo jeroglíficos con el patín sobr~ el
hielo. Otros se calientan junto :í los braseros,
apurando vasos de licores finos. Y hay tanta.
felicidad en torno nuestro, que el paisaje pa•

reoe_:_f~av_er~l, ~un en medio de 11\ nieve, Pe•

ro al caer la tarde, cuando todos se precipitan
en tumulto hacia la ciudad, la a,·enida e,ná
llena de hon1breR pálidos y mal rnsti&lt;los, que
corren detrás de los carruajes, ú riesgo ele perecer entre las ruedas, y se encaraman sobre
los estribos, para ofrecer un ramo de flores y
LA CHCRCMiA. y EL TEPO:-lAXFLE.
pedir una limosna.
Por las noches, los
cafés se encienden v
hrillan con reflejos de
oro. Al través de los
Yidrios empañados se
,·en mesas muy blancas, salpicadas de luces de colores. Las parejas se despojan de sus
abrigos y comen á boca llena. con grandes
risas holgadas, de gente sin inquietudes.
La espuma del champ~ña rebosa y humedece los manteles. Las
hermmias se vigilan eri
los espejoR, ofreciendo
labios muy rojos y manos llenas de diamantes. La música arrulla.
Pero cuando los grupos
salen, siempre les detiene una mujer an. .
drajosa, con un niño
Nllil'OS CONCURRENTES Á LA CEREMONIA.
en br~zos, que extiende la mano sin llorar, porque se le han helado las lágrimas.
lil fiío subrayva todots ]dos c?i:trastes. Los t~atros rebosan de multitud curiosa. Se ei-trenan
obras nuevaR.
e1 au or ramntico, que se retira t1iunfante después de haber encant d ,
úblico con
bl
. l' . ' 1
d
.
. a o a RU
P
d
d d t ., u~
ema s1cEolog1co a amo a, encuentra, al entrar á su casa, un nifio aban
ona _o . e rns e a puerta.
verdader_o problema, que no es posible resolver con frases raras m giros de a~coba elegante, es ~l destmo de ese desgraciado. Pero como parece haber huído
la mo~a ele Renbr, y c~mo el público se enfada con el que interrumpe sus di gestione~ el 1t
'.1ra~át1co vuelve la hoJa de su día y reanuda al siguiente su eterno juego inofensi.~o deª~ _or
mtngas al redeclor de una mufieca de «bondoir.i,
eJer
Que la nieve r.Jg_a cayendo sobre los techos y 1:1obre las esperanzM. El Rer humano Re n&lt;la tn í,
todo. Loii que tu!tan, acabará_n por encontrar una ext:ai'ía_ voluptuosidad en su tortura,
110
fal~rá un hllmbriento que gl'}.te, con cuello en la gu11lotinll,:-¡ Viva el frío!

Píº

ª:

y'

Jrf•nu,1 v,art,.

�Domingo 24 de Agosto de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
~VUELTA en el copo de humo que se deja escapar de entre los labios cuando se &lt;¡uiere aYivar el
claYillo sofocado por la ceniza, va una sensación,
un recuerdo muy lejano ........ .A1&lt;í, así fné la primer fumada que dimos al cigarro hurtado á nues•
tro señor padre; así, sin que el humo bajara á la
laringe á producir ese dejo amargo &lt;¡ue hoy estimamos magnífico, sabroso, necesario, i nsubstituíble.
La escend se recon-truye con pa:::mosa fidelidad:
el cigarro e1-taba abandornlClo sobre el bufete, &lt;le·
i,;ertó de la cajetilla y allí estuvo mucho tiempo,
hasta que fué advertido por nuestra mirada de
pilluelo, que pasea y pasea sin cesar por todos los
rincones, por todos los muebles, sin dejar un solo
sitio, un solo adminículo, un espacio por pequeño que sea.
El tal cigarro había caído sobre un papel escrito y parecía una oruga atacada por un ejército de
hormiguillas negras. Se nos ot,urrió salvarla de
aquel trance y, con la cara vuelta hacia el sitio
por donde podía ocnrrir una
sorpresa, tendimos la mano,
atrapamos el cigarro y con am,ie&lt;lad lo hundimos en el bolsillo.
Allí fué iÍ hacer compañía á un pedazo de pizarrín, á una media docenn
de huesos de chabacano, al pañuelo anudado en forma de conrjo, á........ .
á todo un nido de baratijas que atiborraban el bolsillo hasta darle fa apa•
riencia de una deformidad corporal.
Luego ahandonamos el lugar de la tremenda hazaña
y recorrimos la casa para m,egmarnos de que la aYentura podía seguir sin peligros.
Qon la cara Yuelta ú un rincún,examinamos detenidamentr la cilíndrica enYoltura. Ii:n aquel entonces la indu~ti_'ia estaba en pañnles; los papelrs nrn.tiza&lt;los eran
rans1mos,_v por loi-i extrrmos de la «canal» no asomaban
las marafias del tabaco cortado en hehrn1&lt;.
Xo, aquello era todo un proceso de laboriosidad: dentro de la hojita blanca, la hoja arom{ttica se apretn ha
conYertida en fragmentos;y para dar solidez ú la en vol•
tura, en las extremidades 1&lt;e hacía un dohlri1 &lt;¡u&lt;', observado desde los distintos puntos de vista posibles, i-e antojaba uu ojo haciendo un guifio,
un muñón de pierna ampntada, la mitad de una boca c]p
vieja ...... Y deshaciendo aq ncl
pleguje, "Jescabeza ndo"- con1,,
se decía,-estaba á
la vista una cola
tura por andarse rode gallina.
sando con los huesos
El cigarro hury el pizarrín y con
tado pas6 varias
toda aquella ráfila de
horas en el bolsibamtijaF. qtlfi viajallo, perdi6 su blanban por innurne,ables manos infantiles,
que g01,an &lt;le mala fama en cuestiones de aseo. La. «canal» se ajó, el
t~haco se puso en movimiento, quiso escapar y
d1ó al traste con la esbelta figura cilíndrica.
Fué preciso ,·iolentar los arontecimientos pr•
ro sobrevino un imprevisto incidente: ¿con' qué
encender aqnel cigano? La hornilla de la cocina era peligrosa por aqul'llo de lai-i delaciones
maritornianas; la caja de cerillos del buró no estaba libre &lt;le acarrear una Rorpresa que huhiern dado fnne~to fin á la aventura; !.qué hac,·r·?
¡.Ah! - magnífico
ro·cuer&lt;lo, -en la n piRa del santo que hahía en el cuarto dr
la.criada, ardía 1111a
lámpara: la. dificu 1tacl esta ha reRucl t:1.
C'c&gt;1, no poco trabajo Re logró trepar hai-;ta tener al a.lnrn('e la
111ístira Anma; pero
un nuevo tropiezo i-;o
nos pone cn el cami-

no: «era un sacrilegio-al decir de la vieja sirvienta-encender cigatTOS en las lámparas dedic'.1-clas á los i:-antoiu Momento de vacilación;
caR1 tenemos deseo de abandonar la a.ventura.
HaRta podernos creer que la borrosa cara de
la imagen está nielta hacia nosotros y sentimos una mirada de reproche.
De pront'.) viene una sorpresa agradable:
hay una cabecita de rerillo al pie del Yaso de
las floreR. ¡ Magnífico!
La casualidad protege la aventura y podemos seguirla á nuestro a,,tojo. Todo depende
_va de elegir un sitio seguro; que sea á la vez
de escondite y de observación. Yamos resueltamente.

Las inocencias de la niñez ;;on los medios
ele defensa que velan en todos los peligro-; en
que la coloca la irreflexión. en niño toma
mil precauciones para hacer algo que le está
prohibido, y al cabo de esa gran !abor viene á
incurrir en un detalle que sería de péi;imas
consecuencias para lo proyecta.de.
Nada se oponía ya á que fuésemos á fumar
nuef-tro primer cigarro; pero sobrevino la idea
de que ,iaquello» no tendría interés si no era
prer;enciado por alguien que nos diese ocasión
de envanecemo~ por la hazaña.
¿.Quién podría ser el elegido·? Precisamente
el que menos: nueRtro hermanito menor, un
chiquitín que hahla mús dP lo necef-ario, que
de buenas ú primeras espetará la hiRtoria á
nue,:tros padres y que será irremisiblemente
creído..
Sí, él nos acompaña, comprende bien la
rnorrnidad &lt;le la a,·entura y también guiña rn
ojo en son de malicia.
La realiznción del delito va á ponerse en
planta. Lasmanostorpes, pequeñas y tembloro!-:t",comienzan la faena. Re deshacen las «ca1,ezaf'» y se intenta el movimiento de «toreen,
que hemos visto en otros dedo~: la rebrldía
del tabaco e:, deResperante, tan pronto se logra
aeomodar en nn extrnno como se ei:,capa por
el contrario; la 1&lt;C.'lnah estiÍ hecha un imposible de macnlacionei,, ajamientos y roturaf'.
Cotwencionalmente admitimos que aquello
está arreglado.
Las miradas del hermanito han seguido
nuestra farna; ya se le advierte e::-.~ocionado,
ya nos f'Omíe como queriéndonos decir que le
causa placer estar en la aventura.
Es indescriptible el momento de frotar la
&lt;'abecita del cerillo en la pared del rincón es-

cogido para teatro de los acontecimientos. ¡Si
se apaga! ........ .
Brota la llama dejando escapar una corona
de humo. En la penumbra, aquella luz da á
nuestros scm hiantes un tono de lividez. La
mano temblorosa acierta á colocar entre los
labios unn extremidad del cigarro, mientras
la otra baila un movimiento de miedo en la
flama azul del cerillo.

Se escapa el primer copo de humo ...... Así,
así nos supo, como cuando ahora queremos
avivar el clavillo sofoc:1do por la ceniza.
Las funrn.das se repitieron sin interrupción.
evitando que el hernrn.nito observara que nos
producía. n,al efecto el 1-ahor amargo de la. nicotina. Luego le tendimos la colilla y él también fum6, escupiendo y pas/Ín&lt;lose el dorso
de una mano por los labio!'.-, mientras que con
la otra se restregaba un ojito que el humo hizo llorar.

La hazaña está cumplida. Pasa el tiempo, y el mal sabor de la boca persiste. 11:n los alimentos
y en las golosina!' ""e' halla un amargor penetrante que recuerda, como la intranquilidad de la conciencia, la consumaci6n del delito.
De pronto sentimos como que alguno nos clava los dedos en las sienes: el estómago protesta;
necesitamos la cama, el reposo, la obscuridad.
Y nuestra madre, inquieta, se acerca á preguntarnos lo que sentimos; nos pasa la mano por la
frente sudorosa, y en un momento de suprema angustia acerca sus labios á nuestros labios y nos
besa....... . .
Todo está descubierto.
-¡Qué bonitas gracias, muchacho pillo: has fumado!
Y una Yocecita aguda agrega con alegría:
- Y yo tam bié11, mamá.
Imposible toda defensa: ¡ay de nosotros cuando llegue nuestro señor padre!

Otro primer cigarro de gran fama es el que se clava á los labios de las elamitas que so pretexto de
un dolor del alma, apuran humo para hacet· nubes al cielo del ideal.
Es increíble que una mujer se resuelva á envolver las cadencias de una frase rariñosa en ambiente
de sala de fumar.
Todo lo hien que parecen unos bigotes cabalgando sobre un veguero, se ven mal unos
labios que besan el extremo nicotinoso de
un cigarro: son pétalos (h, una flor loca.

Domingo 24 de Agosto de 1902.

�Domingo 24 de Agosto

ne 1902.

EL :ivIUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

LA BELLEZA FEMENINA.

•

Existe una correlaci6n íntima y necesaria
entre la estructura de cada ser, su forma y sus
proporciones, la distribución y contextura de
sus 6rgano3, y sus instintoR, sus hábitos, sus
necc1;id:i.&lt;les y su misión ó destino en la vida.
Ei,a correlación es doble. De una parte, se establece entre el Rer mismo y el medio y las
circunstancias en medio de las cuales se desenvuelven y se suceden las peripecias ele su vida; y de la otra, se ostenta en la armonía de
los cli\·ersos órganm:, en la subordinación de
los accesorim, ú los principales, en el equilibrio, digámoslo así, que entre ellos Re establece, y en la nece!&gt;id;1d ó fatalidad que determina y enlaza sus condiciones, de tal suerte que,
dado un órgano, pn&lt;'den preverse los demás,
;,' que, á semejanza de Cuvier, conocido un
Jiente, puede con la imaginación reconstruirse todo un animal.
Tiene garras y eolmilloR el león, alas el águila, aletas el pe;:, chupadores el· pulpo, ei;pinas
el 1&gt;riw, concha la tortuga. :-;E'gún el animal
\"ive y ;;egún donde ,·ive; según se alimenta,
s&lt;'gún se 1wrpetúo, s&lt;'gún posee instintos de
combate ó tienr necesidades de defensa, así
ei;tá organizado, a:-i po:=1ee armas ó coraza y
a~í se desc1wuel\'en sus fauces, sus miembros,
sus eentidos, su organif'mo todo. .Aquí el múi-culo :-e vigoriza, allá el tendón se flexibiliza,
mús allú los tegumentos :-;e endurecen, las garras se afilan, los dientes se aguzan.
Hay más: de ei&lt;a rorrelación, de esa congruencia, de esa lógica inflexible que eslabona ine,·itablemente los tejidos y los órganos
y los adapta ú las necesidades ele! animal, nal'e hL estética &lt;le los seres Yi vos. La helleza,
c¡ue no es 111ás que una forma de la lógica,
consiste to&lt;la, al menos en los seres &lt;¡ue ,·iren,
en esa adaptación admirahle y en esa completa coordinación de los órganos, traducida en
formaH y en proporciones exteriores y visible!'.
Tanto es así, que pueden ser igualmente
hermosos, aunque diver~amente conformados,
el tigre y el ciervo, la paloma y el cóndor, el
crustíiceo y el insecto.

En la belleza humana se coniprueba el mis-

no sea nunca musculada, ni, por consiguiente,
angulosa ni de irregulares contornos. La musculat~ra debe en ella quedar disimulada bajo
una ligera ca¡,a de morbidez, que da torneado
á las formas y las desenvuelve en curvas amplias y armoniof'as. Debe la cadera ser amplia, volada, y no estrecha como en el hombre. El muslo, en Yirtud de esa necesaria
amplitud de la cadera, tiene que ser ligeramente oblicuo; las rodillas, que estar juntas;
la pierna, á partir de la rodilla, que ofrecer
una cierta divergencia; el vientre debe ser
más abo,,edado que en el hombrn, y la cintura estar colocada más alta.
,.\ fin de asegurar la inmovilidad y el reposo de ciertos órganos, la respiración en la mujer se hace principalmente con la tabla del pecho, lo que da mayor amplitud á la parte Hnperior del tórax y hace más saliente el esternón
y míis abovedado el pecho. El seno firme y
turgente completa eRte conjunto estético.
Si en la aclold1cencia y la juventud deben
predominar la gracia y la esbeltez en la estética ÍClllf'nina, en la edad madura deben preponderar la majeRtarl y los indicios visibles &lt;le
la fecundidad. Diana y Yenui- pueden ser
flexibles como juncos, gracioi-as como ná vades, úgileR como ciervas; Juno y Minerrn del)en i-er majestuosas, vigorosas y reposadaR.

En la matrona, cierbi corpulencia, cierta robustez, cierto grado de «e111bonpoint,,, la cintura ,·asta, son altamente estéticas. La expresión de ·1a mirada debe ser serena v augusta
el porte arrogante, el andar lento _; firme. E,:
Oriente t&gt;stiman en tanto la gordura de la mujer, que le rnutilan los pies para obligarla. al
reposo, ~- casi la ceban para acumularle gra~a
hajo la piel.
En la nrnjPr .ra he&lt;·ha, la fri ,·olidad, la ,·oluhilidad. lm; rnanifeRtaciones turbulentas de
la idea ó de la pasión, i-on el"t&gt;ncialmente antiestétical", _,. con ellas las actitmlei-, ademanes
y porte cot-reRpondientes. La madre dehe, ante todo, ol"tentar ternura, que es el sentimiento m:tternal por t&gt;Xrt&gt;lencia, y debe, asimismo,
en toda RU persona &lt;lar muei-tras de valor para el sufrimiento, de heroísmo para d efender
á su prole, de abnegación a hsol uta á los suyoR; y mal se compadecen esas grandes dotes
con la 1110,·ilidad )' la coquetería de que tanto
gustan algunas matronas y que tanto desdicen
de su verdadera misión en la vida y de los
altos fines ú 1¡ue estrm llamada~.

mo principio. El hombre, naci&lt;lo para el tra-

bajo y para la lucha, destinado al esfuerzo perenne, ú la labor mua, ú afrontar peligros y
ÍI. V&lt;'ncer ó subyugar adversarios. tiene por
fondo estético la fuerza. Para ser bello, ha de
ser alto, rnbusto; sn musculatura debe ostentarse bajo la piel en vigorosos relieves, y los
tendonC's dibujarse poderosos y elásticos; su
e;;queleto debe ser rígido, resi~tente y vigorosamente articulado; anchas sus espaldas, y amplio y levantado el pecho.
La misión de la mujer, su destino 1,atural,
es otro. La misión suprema de la mujer es la
maternidad¡ nació. principalmente, para madre y para nodriza, y su organización toda ha
de revelar que es capaz c1e l lenar su misión.
:Qe una manera general, la. maternidad supone el nido, el hogar, la vi&lt;la sedet1taria; la resistencia más que el empuje; la acumulación
de la fuerza en 6rganos determinados, y no su
dispersión en el reRto del organif'mo.
Pe ahí que la mujer verdaderamente bell!l

***
Salud, l"iempre; gracia en la juventud¡ majestad en la edad madura¡ tal es la trípode en
que descansa toda la estética femenina. La
gracia es, por su naturaleza, transitoria¡ la
majestad es y debe ser el atributo estético definiti,·o y permanente. Si yo fupra artista plástico, no esculpiría Venus, ni Dianas, ni náva&lt;les, ni ninfas; esculpiría á la madre de los
Gracos, que encarna las formas más nobles de
la belleza femenina: el vigor fecundo y la no_
bleza majestuosa.
0

Domingo 24 de Agosto de 1902.

�ET, ~ruNno IT,U8TRADO

EL )tUNDO ILUSTRADO

nomingo '2-l rle •\go~to tll' 1 !)0'?.

NUESTROS ARTISTAS.
Joaquir¡ 2). Casasús.
En nuestr:t ~alería de literatos mexicanos prominentes, toca hoy
turno al Sr. Li&lt;'. D ..Joaquín D. Casasús, personalidad de las más
distinguidas en nuestras letras y cieneias y en la política, y que ha
demostraclo &lt;le una. manera evidente que el ardoroso y fructífero culto del gay saber, por ningún modo está reñido con 11:3 au~teridacles
de la ciencia ni con las activida&lt;les inherentes á la viua moderna.
Casasús'. figurando, como decimos, en los míis altos peldaños
de la intelectualidad mexicana, ofrece principalmente &lt;los fases á
que ha dedica.do sus gr:~ndes energ~a~ me!'tales: e~ al propio !iempo un eminente economista y un d1stmgm&lt;lo y muy erudito literato. Como economista, ha pre,-tado importantes servicios al país y á
la ciencia, y su bibliografía económica es conocida y e~comiada por
el mundo intelectual de todos los paíseFt. BástenoH copiar lo que al
Lic. Casasús decía el ilustre Ftahio Emilio Levasseur, Presidente de
la Socieclael de Economíii Política de París y Profesor en el Colegio de
Francia, al opinar sobre el importante libro «La_ Cuestión de 1~, Plata
en México:» •ÚH agradezco el haberme proporcionado la ocas10n de
leer vue:-tra obra sobre la cuestión de la plata en )léxico. Es una
de las obras mejor hechas que conozco, acerca de las razones que militan en fosor de la libre acuirn.ción de la plata. He citado la obra en
mi cun;o del Colegio de Francia, en donde he tratado, durante el primer semestre, de la moneda en los Estados Unidos. Sobre esta materia tengo una opiniún que difiere de la vuestrt1; no estoy convencido de que los Est.'\dos Unidos adopten el tratado cuyo proyecto presentáis; pero siempre se h~lla instrucción leyendo una obra compu&lt;•:&gt;ta
como la vuestm,,,
Una declaración semejante, hecha por un hombre de In. talla &lt;le
Lernsseur, no s{ilo honra altamente á Casasfü,, sino á nuestra patria.
Además del libro citn&lt;lo, CasasÚH ha publicado otras varias ohras
en que con profnndida&lt;l trat.'\ intere:-:antísimos asuntos económicos,
tales como: l(La Demhi contraída en Londrei"," «La Cuestión ele loR
Bancos• «Ln,; InstitucioneR de Crédito,» «El Problema )Ionetario,»
«La C¿níerencia I nternaeional ele Bruselas,1 ( conferencia &lt;lada en
francés en la t--ocicdad de Economía política y social de Lyon), t&lt;lliR•
t-0ria de los impuestos sobre el oro y la plata,» «La Depreciación &lt;le la
Plata y sus remedio:-:~ y «El Peso )Iexicano.» El señor Casasús ha
ocupado prominentes pnestos públicos y ha desempeñado honrosas y
delicadas comisiones. obteniendo siempre ,·aliosas distinciones. El
primer eargo público ,¡ué de:-empeñó, á la edad de 22 años, fué el de
Secretario General dl' Uohierno en el J&lt;);tado de Tabasco. Después
ha sido, sucesivamente, miembro ele la "Gran Comisión de Crédito
Público• que en 1884 e,-tudi6 la delicada cuestión &lt;le la Deuda IngleBa, Diputado al Congres0 de la Unión descle 1886 hasta. la fec.ha, Presidente de la Comisión del Código del Comereio y de la que presentó
el proyecto de Ley de Instituciones de Crédito, Profesor propietmio
de Economía Política en la Escuela ~- de Ingenieros, Delegado de
:México á la Confcrentin Internacional )Ionetaria de Bnu,elas, miembro del Congre:-:o ele Ynlores )[obiliarios de París en 1000, Delegado
de México y Secretario General en la 2 1~ Conferencia Panamericana,
y miembro de la Socie&lt;lad de Economía Política &lt;le París.
RU

***

Esta ha sido la carrera científica y política de Casasús; en cuan•
to (t sn obra literaria, á la que él suele dedicar sus más caras é íntimas atencione.-., ha sido parca., pero ele valor sólido, que le ha lle•
vado á ocupar u n sitial de Académico &lt;le la Lengua. Hu tra.dureií111
dl' la «Ernngclina» &lt;le Longfcllow es una de las mejores ()Ul' se l'Ollo·

cen; su traclucciún de las odas &lt;le Jloracio le ha valido grandes aplausos de los mÍls eminentes humanistas, eomo D . .To,;é Rufino Cuervo,
que ha escrito que dicha traducción le «i;atisfizo de ~a manera míu,
cumplida;» y el Obispo de Yeracruz, D. Joaquín A~C.'\lhO Paga1.a~ que
c:-:cribió al conocer la traducción de Casasús: «Conozco un poeo a Horacio y le soy muy devoto, tanto que aun me ?isponfa á "dar á la estampa algunas Yersiones nuevas; pero ahora desisto enteramente, porque creo que sale sobrando.»

CANTO PRIMERO.

-Ah! Habla hajo. "\o lo d('spiertes. Es n1i
gran padre Xetzahuakorntl.
-\'ámonos.
·
-\'nmonos.

l ~YOC,\CIOX.

I:a ~ivin~ v_irf!Pn india acaba de enjugar:-:t:
la ultnua lagmna. Lo:-: estremecimientos dl' su
l;º&lt;!erosa volu ntad se han extinguido va en el
ultimo ~emb!or de sus labios. Ya no lfora ......
ya no t1cmb!~ ....... :4u cara 1•s una mÍlscara &lt;h•
bronce ...... I mhaJa ...... trabaja...... Es la ineansable ohrcrn de un manto lH'cho c·on plu1n~s llen,ns de luz. Estl' manto es el que llernrÍl
m1 poesia.
l&gt;i\'ina Yir¡:!en, 1,ija de Xetzahualco,·otl tú
la &lt;le 13; Pº!leros~ rnlunt.'\&lt;l, óyeme: Qiiierd qu~
me guH•:- a la (,rut.'\ cfo las Flore:-; con Alma
porque te!1go de hacer una corona para la frcn~
t_~ de la ''.1~ge11 &lt;,1uc c.~tú l?Íllicla &lt;id mucho peni,;,1r. ~~a di\ ma Y1 rg&lt;'n mdia, l lena de screnirlacl
Yolno la cara, nie mirú fiJ'ament,• v &lt;liJ·o· ·'",'&gt;
t
ll ' ?
•
. t,•'
l'lll &gt; arn,;. ~·a e,; la horn en qu&lt;' las cosas no se
ven, en_i-1 aire hay mucha,; brujas\' en el bosque e:-;ta ,·ciando PI dia l,lo; el sudo·estú empapado de sangre .,· hay nrncho,- guerreros sobro
(•I c¡ue duermen &lt;'I suetio de la muerte. Ya es
la h~ra en que lns eosas no se ven, ·no tem-

~rn~

6

\:amos, señora, quino c¡ue me guíes.
- \ amos.

CANTO SEGUNDO.

El ~r. Casasú,; tiene concluídas las traducciones de las obras de Tibulo y de Catulo, ,v está concluyendo las ele Virgilio.
.\demás de las traducciones citadas, Casasús ha escrito numerosas y bellas composiciones originales en prosa y en verso, algunai; de
las cuales publicart&gt;mos próximamente.
.JoYen aún, pues cuenta cuarenta y cuatro años de edad, todavía
pneck espcrars1• mucho de sn talento, de sus conocimientos y de su
laboriosidad, sostenidos por una voluntad férrea, la «volunta&lt;l condem;&lt;1da y dilatada• de
que habla N'ietzHche.

EL IDEAL.
Y luego, una torre de marfil, una flor mii-tica, una estrella ú quien enamorar ... Pasó, la
ví como quien viera una alba, huyente, rápida, implacable.
Era una estatua antigua con alnrn que se
asomaba á los ojos, ojos angeli&lt;'nle,:, todos term1ra, todos cielo azul, todos enigma.
Sintió que la he!&lt;aba eon mis miradas y nw
e,1..,tig6 con la majestad de su helleza, y me viú
como una reina y como una paloma. Pero pasó arrebatadora, triunfante, como una visión
que de.~lumhra. Y yo, el pobre pintor de la
:Naturaleza y de Psiquis, hacedor de ritmor-; y
castillos aéreos, ví el vestido luminoso del
hada, la estrella de su diadema, y pensé en la
promesa ansiachi del amor hermoso. )las de
aquel rayo supremo y fatal, s6lo qued6 en el
fondo de mi cerPbro un rostro de mujer, un
sueño azul.

La virgen y yo, de camino, atrave:-anclo el
bo~c¡ue de las graneles sombras.
-¡,Ve,;, sefiora'?
-¡.Dónde'!
-Allá ...... en _el fondo del bosqi¡e, hay un
gra,n amonton:nmcnto de lnz opaiinal&lt;eniejante a la que \'emos en suetios, y en el fondo de
esa luz, ~u.1 gran tlncatzin; míralo, parece que
estab~ ~1e1e!~do palabrar-; llenas de misterio \'
de ach_\'Jnac1un ,V t&lt;e ha quedado adormido.
cara tiene algo dPI misterio de los c¡ue 1-':then
sae.,r. lois n1alos espíritus del ctH:rpo. t--us manos tienen ~n terrible gesto, parecen creadmi
para empunar las armas c¡ue 1&lt;iemhr:rn In
lllUl'rte.

Ru

CANTO TE:RGERO.
l..\

1;ut•T.\

IIE L.\,-; FI.OIU:-; l'OX .\t.,I.\.

~eñora, ;,cuál e.-&lt; e.--ta flor tan blnnca·?
-Una \'irgen india vino á llorar penas dt•
amor al hor,le de cista&lt;; ª"'U:ts ,. cuando &lt;•I Gra. 11
" \'iú' ya
.1
" '
( ,a 1&gt;a11ero I tojo nació, la
muerta flotando sobre esta.-. aguaFt.
lo- ,
-Señora, ¿,eu:'d e,; estotra flmecita hla11ca
elr. bordes ,·ioletas, quc tiem hhi elnl&lt;'rmentc•
&lt;'Oll las lnn1inosas got.1s &lt;le agua ,·er,h• que
caen de las ¡wñas ,;obre ella·?
Es ~l alma ,_Jt, una virgen extranjrra. ;-;ien1pn~ Yolna :-ns ºlº~ haC'ia :-11 patria ele donde la
trnJeron; 1•1::~ &lt;Id J~a.ís de las &lt;·osas que no se
t~:an; murru cant1rn. Fué la !':-:posa siempre
\ _11gen ele un guerrero...\1 morrr. en esa flore•
etl:t hla~1ca &lt;le h~rdes violetas dc·jú su alma.
-Rcnorn, ¿cual es esta flor d&lt;&gt; tonos Yario,;
y npagado,,?
-Durante t'.ulo el día \'in• encrrraela, sP
l't_nplea l'll ;ttaviar:-:e, y Íl la caí&lt;l:t de· los saturmnos 1·n:p11scnlm, llena el&lt;&gt; pompa,. s(•nstialidacl, '-C c•nt~Pg-a &lt;'ll Jo;. brazos d,·l Lu.f'ero ele lo:Jl\wrtos. hs su l 1 terna clC'l-lpO!-acla. Es PI alma
ch• las c·osas sin remedio.
::-t--eñora, ¿cu.íl e•s eR~a. tlor tan roja que se
le,.111la altanera,\' &lt;lesp1aelacla sobre todas sus
hermana,;'?
-E,; el alma ele! guerrero do lo;; terrible:brazos que eon 1-l~t macana hacía masa la cabeza el_e f-m•.~nenngos. .\1 mcirir, en esa flor
tan roJ:t deJo su alma.
-¿.).' esh florecita pomposa'?
-~,sel alma de un grn~ioso niiiito príncipe;. Era h:rrnano mío; por _eso es la flor ,¡ue
mas ~mo .\ 0 ; pero ha'.' rle prisa tu coronu, porque ya l~ac·e n~~who tiempo qne el Gran Caballero HoJ~ na~io. Ya las aves sr hatian en las
aguas, Y a nn mr qtwma PI dP:-eo ele seguir mi
manto hecho con plm11as llena~ ele luz.
C'1usÍ&gt;FOHO

I B.~ ~~:z.

Domingo 24 de Agosto de 1902.

�Domingo 24 de Agosto de 1902.

Et MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

de Agosto de 1902.

la Empresa Bieni-Larnbardi ef'crituró por cuatro meses forzosos, pagándole un precio excesirn. Miguel Sigalcli, rnntajosamente conocido
en :\Jéjico, Augusto Balhoni y Artmo ::\Iacentelli son los ot1 os tenores.
El resto ele la Compañía, barítonos, bajos,
etc., etc., estú constitnído por los mejores elementos y contrilmye ú qne el cuadro, tal como
SP. anuncia, sea de lo más completo que pueda
veriie en nuestros teatros.
Por lo que hace al repertorio, Guillermo
1:,ell, Aída, Lohengrin, Ebrea, Don Giovanni,
::"\avorese, Tosca, ~Ia.:!beth, .Sanson~ é Dalila
?_ Bella Fanci ulla di Perth, f-on las obras pri nc1pales. Anclrea Clwnicr, Poliuto, l\Iefistoft&gt;le
y algunas otras completan el archi,·o.

Han comenzado á circular los
elencos del cuadro de ópera que ocupará durante la próxima temporada
de invierno el Teatro del Renacimiento, y del cual son empresarios
lm1 Sres. Sieni y Lambardi, tan conocidos de nuestro público como infa
tigables en su empeño de ofrecerle
norndades dignas de notn.
La Compañía, en efecto, está formada &lt;le artistas &lt;le primer orden á
quie11es la crónica extranjera ha tributa&lt;lo calurosos elogios, _y el archicon que cuC'nta es de lo más notable del repertorio antiguo y del moderno.
Como primer soprano dramático
absoluto, figura A velina Carrera, de
la Scala de ~Iilán y del Real de Madrid, que viene precedida de envidiable forna; y como soprano lírico,
Chalfo Herrera, «la Chalíai• que dejó
entre nosotros tan gratos recuerdos
con su Feclora. inimitablf'.

"º

De Li ncla Bram billa, soprano ligero del San Carlos de Nápoles, se sabe que es artista de veras y que ú
sus dotes de cantante aduna todos
los atractivos de la mujer hermosa.
En cuanto á Conceta Dahalander,
la primera mezzo-soprano, ha hecho
una buena carrera.
Al lado de estas artista~, estú Ya •
lentín Duc, tenor dramútico absoluto de la Gran Opera de París, ú, quien

Domingo 24

GOTICA.
Niña de la testa alll'ina
Y nariz &lt;le Roxelana,
De tez cual la porcelana
Y labios ele cla,·C'llina

~

'

,Jj J;

Tremola en tu mandolina
'
Asomada á tu ventana,
Alguna dulce parnna
De la corte parisina.

'

,

, .

t

~

¡Que tus ojos soíiadores
Viertan dulces sus ful.rores
,., . '
-Dardos que Cupido ase:-;t.a
Y tu radiosa hermo~nr'a
Desvanezca mi tristura,
Sifia _de la aurina testa!

, ~ ~ i lvesfn

JosÉ D. VELAsco.

�EL MUNDO
AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 9.

ILUSTRADO

MÉXICO, AGOSTO 31 DE 1902.

Director: LIC. RAl'AIL Rflt&amp; :!IPINDOLA.

Subscripción mensual (nránea, $1.:,0
l dem

J dem. en la cai•it.al, 11 1.25

Cierent e: LUl:!1 RU'f:!I &amp;PIND0L.\.

...

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,.;

..

·-

..,

ISOLA !
(De l a colecc ión de Pellandln i.)

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 9.

ILUSTRADO

MÉXICO, AGOSTO 31 DE 1902.

Director: LIC. RAl'AIL Rflt&amp; :!IPINDOLA.

Subscripción mensual (nránea, $1.:,0
l dem

J dem. en la cai•it.al, 11 1.25

Cierent e: LUl:!1 RU'f:!I &amp;PIND0L.\.

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ISOLA !
(De l a colecc ión de Pellandln i.)

�nomingo

:-n

de Agosto de 1902.

et

,.

c7atalismo.

El fatalismo no es un estado de espíritu peculiar y propio d&lt;&gt; los pueblo;; orientales.
Creer en la fatalidad inexorable y en el implacable destino; imponer que no hay posibiliuad de modifkar loR decretos del hado; admitir que á día fijo y á hora fija lmi sucei-orhun de verificarse i-in que nnda pu!'da impedirlo ni evit:irlo, r reconocer que la acci6n
huma.na es impotente para conjurar cat{1;;trofes ya decretadai- y para esquivar males predeterminado;;, es una tendencia univerrnl y un
pecadillo filosófico de que nadie está exento y
en el 4ue todos incurrimos más ó menos.
«Le llegó su hora,» decimos de una persona
que ha muerto, .v r:,i inquirimos la t.rascendente Rignificación de la fraRe, descuhrimoR que
traduce la convicción profunda de que la persona no podfa haber muerto en otro momento, que ya al nacer tenía marcado el término
fatal é irrevocable de su vida,y que no hubiera habido manera de anticipar ni de retardar
un segundo el suceso.
Según esta doctrina, puPde el hombre exponerse impunemente á mil muertes, precipitarse de una altura, arrojarse al mar, apurnr
veneno, y todo impunemente; si no ha f:Onado
su hora,saldrá incólume de todos los peligros,
como la ;;alamandra del fuego.
Llegada la hora, por el contrario, no hay
precauci6n que baste ni recurso eficaz; encerrado en un relicario, al abrigo de todo riPsgo
y alejarlo de todo peligro, el hombre sucumbirá 1,in que nada ni nadie pueda evitarlo.
Llama desde luPgo la atención que el fatalismo, que teóricamente se aplica á torla clase
de sucesos y que comprende en su doctrina
lo mismo lo favorable que lo adverso y lo mismo la dicha que el dolor, en la práctica no se
profese sino relativamente á los sucesos lúgubres, siniestro,;,amenazadores, y á los acontecimientos de8graciaclos y &lt;lafi.oso,;.
l\adie cree sino muy débilmente que la fortuna., la prosperidad, la dicha, sean suceso,;
fatales é inexorahlPs, que han de ,;obrevenir,
quiérase ó no, á día y hora&amp; fijas, á personas
determinadas. \' ense estos hecho;;. por el contrario, como mudables ó camhiadizos, como
caprichosos y volubles, corno sm1ceptihles de
no i;er al menor cambio de las circuni;tancia;:,
y como influenciados por las má;; efímeras
condicione,; ambiente;,. En cambio, la enfermedad, la ruina, rl dei-!'ngaño, nos parecen
Fometidoi- á una ley fatai, irremiRibl!' f irresi,;tible, que nQ hn de varinr por nuestra influencia ni por influencia alguna.
El origen de la doctrina. fataliFta radica en
un error ele ohservación y en un mal procedimiento de investigaci6n. El fatalista juzga
siempre de hechos con;;umados va de 11contecimientoH renlizadof:. dr Rucef'o8 'verificado,;.
~Juert,t una ¡wr1&lt;ona, el fatalish1 formula ,:u
«ya estaba escrito»,~· trabajos le manda á quirn
quiera hacerle ramhiar de opinión. En vano
eerá hacerle ver que el F11ceso ha tenido una
causa, que ésta, como mnt•1.f: otrnR ef&lt; rn
principio, modificable, ~- qne, moclifiracl~ en
tiempo hábil, el 11contecimiento no se huhiera
realizado; que si la persona no se hubiera expuesto al contagio ó á la intemperie, ó no ,;e
hubiem encontrado en el sitio de la cat.'1strofP,
viviría aún. Inútil será pretender drtnostrarle que eF.a. mii;ma enfermedad 6 accidente hubieran podido ca.usarle la muerte antes del
momento que él llama fatal. El fat:i lista contestará que precisamente se reuni6 el conjunto de coudiciones que causaran la. muerte, porque «ya ett'l.ba escrito» que la persona había
de morir; que si no se reunií1 en otra ocasi611,
es porque no era en ese momento, sino en el
otro cuan&lt;l? tenía qu~ sucumbir, y que si es1
capo
antes a otros peligros, acaso mayores, es
porque no había sonado su hora.
El fatalista, en suma, es una anguila dialéctica, fle~ible y. escurridiza que no ha.y manera de SUJetar 111 de reteuer y que se escapa
de las manos.
Y, sin embargo, el fatalismo es la neaaci6n
de toda la ciencia y de todo el progre~o hu-

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

mano1&lt;. La cirncia, descubriendo la causa de
todos los fenómenos, establee·iendo cómo i-e
pueden modificar y cómo sur, variaciones y
modalidadeR anticipan, retardan ó impiden
los Rncesos, ha dado golpe de murrte al fatalismo; y la industria y el trabajo humanol",
alejando las causas de enfermedad, de muerte ó de ruina, lo han enterrado bajo una montaña de inventoR útiles y ele descubrimientos
prorli¡doi-;os r á diario eiplotacloR.
Contra la. fatalidarl del rayo ha in\'entarlo
el pararra:vo; contra la del naufragio, la hélice-:,· la hrújula; contra l11s del hambre y la desnudez, la indu;;tria y el comercio; contra. la
ele la enfermedad, la hi¡i:iene y lll, terapéutica;
contra la de la ignorancia, la imprenm y la
escuela; contra la del crimen, la autoridad y
la ley.
Cada dfa, á medida que más se estudia,
que más se emprende, las inexorables fatalidades que pesaban sobre la. humanidad, se
atenúan, se aplazan, se modifican ó se conjuran: á las fatalidades que aparecieran inevitables del espacio y del tiempo, el hombre
ha opuei-to el ferrocarril y el telégrafo; contra
la maldición del trabajo, cuentlt ron la míiquina, y nadie sabe aún si llegará á conjurar otras
mayores y más implacables.
El fatalista es un género ele filósofo en perpetua. contradicci6n consigo mismo. De ,;er
consecuente con su doctrina, su vida no sería
máR que la más complet.'1. y perenne inacción. El fata.lista « pur sang n no debía. comer, ni beber, ni dormir, ni trabajar, ni emprender ni lograr. ¿ Para qué? La actividad
y el trabajo tienen por objeto precisamente
conjurar famlidades, conservar y mejorar la
vida propia y la ajena.; y si todo es fatal, y si
todo ha. de verificarse irremecliahlemente en
dfas y horas determinados, no hay para qué
molestarse en bre¡rar, en aspirar, en luchar.
No por no comer el fatalista ha. de morir más
pronto; ni por no luchar ha de dejar de lograr;
ni bregando y penando ha de conjurar los males que lo amenazan.
El fatalismo es un gfncro de filo,;ofía que
no vale la pena de refutar ron considerandos
ni con razonamientos. La mejor refutación
consistiría en probar á los fatalistas, y ellos se
han enr,.argado de hacerlo, que toda su vida y
RU conducta toda es una negación de sus principios, una refutación de sus doctrinas; que,
rn una. palabra, es filosofía que muchos profe~an, pero que nadie practica.

PÁGINA BLANCA.
l,M dioses de Provenza 11nclahan rrr::i.ntei-.
Ellos. los im:nirarl.orrfl del amor Y la. noe;;fa
habían dicho á los bardos: «Cantad á la;; da~
mas. IIE•vad á ;;us ca;;tillos vuestros enf:llf'ños,
trjidofl nor los hilos de oro de vuPstro;; laúdes:
no rlej/'.i,; que resuenen en suR oído;; los ecofl
flolos drl clllrín guerrno entre el fra¡ror del
trueno, ha.crd oír al ruiseñor del hoRque. »
;.A oui~n quHéis qui' rant~mM?-contestó
Rugo dP. Mata.plan::1.--En Be1le::iguart nos congregó Yiolante, y Barcelona ovó nueRtrnR «corranda.s. » )fas ¡ay! que :í la englantina le faltaba una hoja. La arrancó con sus labios Gast6n rl.e Roca.mora de los rizos ele Violante.
Clemenci11 Isaura nos lla.m6 á Montpeller.
Cinco trovadores tomamos plaza en las «Cortes de amor». ¡:N"uestros cantares arrullaron el
suefi.o de Jaime de Foix v de su dama! «No
nos pidáis «endrecasn,_ s6lo hay pureza en el
n:ianto de San Jorge y en la nieve de los Pirmeos. »
Y Jo;; dioses de Provenza andaban errantes.
Del Ter al Llobregat, de éste al Garona, del
Garona al R6dano, los castillos se sucedían

'

con sus torres almenad1u;, sus \'entanas góticas
y sus fosos floridos; pero en cada almena se
agitaba una banda, en cada alféizar se asomaba una doncella, y en cada kso un caballero
armado alargaba 8U mano cubierta de guantelete de acero á la escala de seda que del muro
pendía..
Y eternos peregrinm;, los dioses seguían las
cornisas que dominaban el golfo y la «Costa
azul».
Al fin, junto á ::\Iarsella, vieron un lugarejo
de casitas blancas, cubiertas por los jazmines
y naranjos; y un moscardón que sobre el río
tiraba de un pétalo de rosa guiado por maripo::&lt;as de alas tornasoladas, lo,; condujo á Beauca:re, t:l paraíso de los insectos de color y las
cigarras.
Los dio;;es se dijeron: «Ya que en Provenza
no existe, haremos la mujer ele los ¡,oeta!l.» Y
cogieron una paloma blanca que agitaba sus
alas en el techo de una choza, la bel'aron en
el pico y la transformaron en mujer.

***
¡Qué hermosa era Colombina! Sus ojos eran
azulados como las olas que traen los besos de
Beaulieu á PortvendrPs; sus cabellos rubios
como las mieses de .Aviñón y Pera.lada; sus
labios rojos como las auroras de Montserrat y
Bellegarde, sus manos blancas como los lirios
del Canig6 y Cerdeña.
El pobre Pedro, Pierrot, como le llamaban
en la playa, la vió un día cogiendo fresas. Las
golondrinas, los pardillos y los jilgueros se las
disputaban, y Pierrot se quit6 su larga blusa
y ahuyentó los pájaros. De ent-0nces, Pierrot
y Colombina se quisieron. Almorzaban nenúfares del río y comían la flor de los naranjos.
Por la noche Colombina se sentaba en una roca y se resguardaba del frío, envuelta en los
rayos de la luna, y Pierrot la adormecía cantándole canciones al compás del ruido de las
olas.
Otra vez la Provenza renacía; las cuerdas de
las liras podían sin rubor cantar amores; Colombina y Pierrot eran dichosos, y puros y
blancos sus corazones, como el lino transparente de sus trajes.

A H0RACIO

A TI S

.Cuis ))laf/as de 7averne.

LA SIESTA DE PAN

Donde ahora un pastor indiferente
Trepa ligero con segura planta
Si alguna de sus cabras se adelanta
Al subir del collado la pendiente;

Cuando Atis, ya mujer, en la ribera
Del mar ele Frigia se lamenta en v·ano,
Uno de sus leones soberano
Cibeles suelta en rápida carrera.

Demos punto al certamen, Melibeo;
Ya no suene tu flauta, que en la siesta,
Harto ya de vagar por la flc,resta,
Pan descansa en los brazos de Morfeo.

Entre el bosque de olivos, do la frente
Del ameno Lucrétil se levanta
' v canta
Y más que el Hebro pura, brota
De aguas salubres cristalina fuente·

«Ve y castígalo tú», dice; y la fiera
El cuello enarca, y con furor insano
Ruge, salta, destroza, cruza el llano,
Difundiendo el espanto por doquiera.

Y le placen las grut.'\s del Liceo,
Y ésta es la hora y la guarida es ésta,
A donde viene y á dormir se acuesta
Sobre un lecho oloroso de poleo.

Allí Horacio vivió; y allí tendido
A la sombra de un álamo frondoso
'
'
Coronada
de rosas la cabeza,

Atis mira al le6n, calla y medrosa
Huye hacia el bosque. El címbalo sonoro
Y el atambor re,menan; de la diosa,

Frente á su antro crucemos; débil rayo
Del sol alumbra el 16brego retiro,
Y al pasar le veremos al soslayo.

De asirio nardo con la esencia ungido,
Llenas las copas de falerno humoso,
Cantó el amor, y el vino y la belleza.

Marcha hacia el templo, por la selva, el coro;
Y á Atis llevan en triunfo, delirantes,
Coronadas de yedra las Bacantes.

l\Ias calla, Melibeo, que un suspiro
Del viento basta á despertarlo. Acecha ...
¡Qué hermosa Ninfa en su regazo estrecha!

1Jl!1 ABBOL BOTABLE.

de árboles gigan~escos, se extienden en toda
la comarca, ofreciendo á los ojos del tomista
panoramas en que la Naturaleza ha derrochado, á manos llenas, sus primores.
~ada, sin embargo, hay en el Istmo que
llame tanto la atención como el árbol que representa el grabado que hoy publicamos. El

rarísimo ejemplar es una higuera «Chumbe»
que semeja. un arco enorme cubierto de «bejucos" y enredaderas. Este árbol único en
aquellas regiones, por su configura~ión, se en~uent~a en una finca de campo perteneciente
a particulares, y se conserva como nna positiva curiosidad.

'

Es sabido que el Istmo de Tehuantepec estÍI considerado, por su espléndida vegetación,

Llegó el invierno; cuando el sol se oculta,
Provenza se despoja de sus galas y los nidos
ele a.mor cierran sus puertas con las hojas secas que caen de los árholes temblorosos.
Colombina se aburría, Pierrot ya no cantaba y el Mistral mugía, llevándose muy lejos
los suspiros de amor que ellos lanzaba~.
Hay tierras tan mala8 que por castigo el i;ol
las abrasa noche y día; allí las flores s~n color de fuego, las hojas &lt;le sus árboles se doran
con reflejos lívidos que hacen daño.
Allí el amor no e8 brisa que acaricia, es vendaval que abrasa y seca.
Arlequín amaba á Colombina: una golondrina atravesó el estrecn6 y le cont6 las perfe~~iones de la inocente niña, y Arlequín cubr10 su cuerpo con todos los colores de sus
campos, todos los matices de sus luces.
Colon1bina al ,·erlP alargb las manoi-. Pierrot estaba. fuera; había ido á buscar una luciérnaga para alumbrar el nido de su amada.
Cuando volvi6, la puerta estaba rerrada · él
' canto' hasta e1 amanecer; la nieve le cu'
canto,
bría, y al resbalar por srn; m&lt;&gt;jillas, dióle ese
color con que lo habéis conocido.
Al despuntar la aurora, las persianas de yeclra se entreabrieron, y Arlequín aflomó la
cabeza.
Pierrot huyó. ¿D6nde"? no se sabe. Tan sólo al despertar la primavera, le veréi:; en las
riberas dando serenatai; á la luna.
Está un poquito loco. ~o lo extrañéis· la
nieve ele una noche ha enfriado su mente'soñadora.

Domingo 31 de Agosto de 1902.

como una de las regiones más fértiles de nuestro país. Botaques casi inaccesibles, poblados

�Domingo 31 de Agosto de 1902.

EL :MUNDO ILUSTRADO

-

]}L 1ItJNbO lLtJS'l'RAbO

Domingo 31 de Agosto

de 1902.

APOTEOSIS DE UN BENEMÉRITO.
El último ele julio se hizo en Cam¡wclw, .í
iniciativa !lel «Círculo Liberal Campec-hano,"
la apoteosis del Sr. Lic. l'nblo t+arcía, fundador y benemérito de aquel Estado, fallecido
en .Méri da en la misma fecha &lt;lel ali0 de 18!}3.
'l'od:1s las clases sociales se aprestaron Íl secundar la iclea, &lt;le la agrupación illiciadorn
resultalldo una nu,nifestación \'erdaclerament~
suntuosa, c.¡uc har(t época ell los anales de la
historia campechana.
En representac16n del Sr. Presidente de la
República, presiclió el acto en..iobernador del
Estado, :-,q.José Cai:tellot, /los ·sres. ~ecre-

El vestíbulo de l teatro.

ANT ONIO F ABRÉS,
Publicamos do,; fotografím, que muestran al Sr. Fabrés (nombrado recientemente por el Sr. Presidente de la Repú hlica Profesor de dibujo en la
.\cademia X. de Bellas Artes, ensustitución del Sr. Rehull) en su hermoso
taller ele ParÍR, taller c¡ue es un primoroE&lt;o museo de arte.
m Sr. Fabrfs es muy reputado en Europa, 8obre todo como habilísimo
dibujante y como opulento colorista. Su inspiración complácese de prefE&gt;rencia en nsuntos orientales, en tipos españoles del pueblo pintoresco, E&gt;n
todo /lfllll'llo ')ttl' :1(111 a la pompa del color á la poesfa de la expresión, y hay
en su manera de pintar mucho ele aquella magia y conexi6n de Mei,;sonier.
D. Antonio F"lbrés se sinti6 primero llamado á la escultura y logró darse á conocer con
bellas estatuas; pero un día el lienzo venció al
mármol: el color atrajo con irresistible atracci6n al )Iaestro, )' desde entonces éste, dejando el cincel, hizo ele los pinceles-iy con
qué acierto!-su heredad y RU gloria.
El pintor Fal,rés es un formiclahle trahajauor, y Ml influencia en nuestra Escuela Rern
tan rápida como benéfica. El l\Iae8tro quitará &lt;;U taller eRtahlecido en París, ¡&gt;ara aproYcchar en )I!!xico sus rnliosos elernentoR.

Sr. Jos é Castellot, Gobernador de Campeche.

tarios ele Hacienda. y d,, Guerra y )farina,
fueron representados por los Sres. Dr. Tomás
Aznar Cano y Cayetano \'illa,;eñor, respecti.vamente. El{Gob(:'rnador de Yucatiin eiwi6
u na comisión especial fonuacla por los 8rC's.

Decorado del fon do.

Lic. D. Rodolfo G. Can tón, D. :'.\1 anuel Irigoyen Lara y D. Jo~é I. Xovelo, á quienes acompañó la Banda de )IúEica clel Estado. Igualmente todos los Partidos, Municipalidades y
Corpora~iones públicas del Estado de Campeche, tuvieron su representación oficial.
El programa fué de lo más escogido. Hablaron en prosa los 8res Lics. Santiago i\lartín~z Alomia, :Manuel Irigoyen Lara, Felipe
Rmz Flores y Br. Arcadio Escobedo Guzmán,
y en verso los Sres. Lics. Pedro Rodrícruez
Palmero y Antonio Cisneros Cámara y
Salvador ::\Iartínez Alomia y Felipe Bueno
quien recit6 una composición escrita por el
Dr..Joaquín Carvajal. La parte musical fné
de;;empeiiacla por las
&lt;himas campechanas
Carlllen }Ing:iñaJe R.,
l\fargarita Rojas, Jesús
Dondé r .\.delaida Riva;; y lo~ ProfPsores An
to11iu del Río Carlos
' CárI',eri&gt;z y Abelarclo
d:1111s .:II. G., q uieneR
efectuaron a I piano
hnmo$aS piezas ele concierto.
Damos fotografía:;
del Te::itro «Francisco
de P. 'l'oro,,, en el que
se ve!'ificó la ceremonia, y cuyo adorno re:;ultó notable por su
elegancia y buen gusto artístico. Al pie del
monumento que aparece en el fondo del
teatro, se depositaron
numerosascoronas, llamando la atenci6n entre otras, lá.s de lo; Gobiernos de Campeche
Y Yucntán, la del Sr.
l\linistro de Hacienda
ofrE&gt;cida por su repre'~entan te. la del Cluh
«Pablo García," la c!E&gt;I
«Círculo de Estudiante:,;,". ele Yucatán, y un
precioso mmillete ofrecido por el Agente
C'm~~ular francés, Dr.
.Jultan E. Quintero, {t
nombre de la Francia
Republicana.

Brs.

iOH LOS BESOS .... !
Oh! qué dulces los besos, los hondos
los que brotan clel alma que adora,
'
como surgen los pájaros blondos
cuando rasga sus vestes la aurora :
Oh, qué dulces lo,; besos los hondos!
Oh! qué puros los bes~R, los suaves,
los que llevan aroma en sus alas,
agitanclo al pasar, como aves
su plumaje de nítidas galas '
Oh, que puros los besos, lo; suaves!
Oh! qn_é ardientes los besofl, lostiernoi;,,
los que vibran cual notas de lira
los que lloran dolores eternos '
de la e~erna_ pasión que Auspira,
oh, que anh~ntes los liei-os, Jo:; tiernoi-:!
Oh, que tr114es lo&gt;&lt; ltpsos, los pMido~
los que adoran dolientes quimeras
'
y se eHtnmpan en ro:-trn8 eAculiliclos
?unndo mu~ren las dichas po¡,¡treras,
¡ Oh. que tristes los besos los pálido,11
Oh! qué a!ados lo,o be~os, los bes~~
que han nacido al nacer los amores
lo:&lt; que brotan de labios oprnsos
como brotan temulanclo las florei:,
¡Oh, qué ala&lt;l&lt;,s los besos, los beso!&lt;I. .....
FEDERICO UHRBACH.

MENSAJE.
Sei'lor~:
tus ojos arcaoos,
i:i-ue fingen paisajes de eosas c!ivioas,
,.son_ lagos ele menta, profundos, callado~
ó abismos lucientes de oodus maricas~ ·
Señora:
tus pálidas manos,
~ue ofrecen caricias pia~lnsM y leves,
r;s~n pétalo~ s~ave, de lt~s _sitgr·atlos,
u 1osas rnu~ blaneas de ful¡ndas nievE&gt;., ~
Senora:
tus fénidos labios.,
~~e a~n'!'nte-; 1·edt~u helios madri:,rnles,
r.son LOJa~ ¡;ardeo1as, claveles extral!os
6 ánfon1~ neas de r·ojos coralesi'
·'
Señora:
hay dulzuras a1nortecidas
en la nob_!e palidez de tus maoos
)' luz radiosa de pasiones descon;,cirlas
de larg~s confidencias adormecidas ' '
en el cristal azul de tus ojos arcan~s!
J. M. VARGAS VrLr,A.

•

�~~~~~~~~l;!~=======,,!E~L~M~U:N~D:0::1L=U~S~T~R~AD~O~===::::::::=:::•Domingo 31 de Agosto de 1902.

dominar mis nervios, por tener la segu~idad
de que era ésa la única manera de sahr del
tormento me hizo servirlo de nuevo una, dos,
veinte ve~eR, siempre con ((la idea», nub!ándome la vista, martirizándome, enloquec1éndome hasta la última vez, en que de pront?,
'
' n i c6mo
sin saber
cuán&lt;lo, 111· por que,
. ' sm
.
que ((la idea» me nublara la vista m me hiciera enloquecer, me ví rodeado de gente, sujeto por dos manos de fierro y desplomado en
el sillón á mi cliente, con la vena &lt;lel cuello
destrozada de un navajazo, de la herida manando un río de sangre que formaba un charco en el suelo. ~!iré al hombre y no me e~tremecí ni intenté huir. Debo de haber abierto
mucho los ojos, porque distintamente oí decir con espanto á alguien:

·...~,,.~· :~'
~

,:.e ~-.

~·

-r.. •

,.

... .
~

'l ·. . . :•~~:: ..

."·./:~:\

El muerto iba á asearse á la peluquería cada jueves y domingo. Era un señor gordo, muy
gordo, excesivamente rojo. ,ere? que debe de
-¡ Está loco, está loco!
haber sido rico, porque vestia bien; usaba _una
y no estaba yo Joco, señor. No, ni estoy.
gran cadena de oro, y en las buena~ pr~pmas
Dejé
de sufrir. ?lle puede infinitamente la
no era parco. Siempre me buscaba~ m1. ......
muerte
del pobre viejo, un buen hombre. No
¿Por qué me buscaba, señor, por que me bussoy
asesino,
amo el bien, me conmueven los
~ba? ...... Me hacía charlar y reía de mis ocuniños.
¿Por
qué lo mate? .. .. .
rrencias como un niño.
El prisionero clavó su cabeza en las manos
Un día.... ¡Ah, señor, qué horrible, qué hoy no volvió á hablar.
rtiblel Con la navaja en la mano, le con~ba
no me acuerdo qué mentira, cuando me -~111~
Esperé un ;ato; continuó el mutismo. Le
«la idea,,. La deseché angustiado, se cubno ~1
dí una palmada cariñosa en un hombro y sarostro de un su&lt;lor frío y el corazón me palpilí de la celda, de la cárcel, de la obscuridad á
tó con fuerza. Se fué el señor y «la idea&gt;&gt; se
la luz, á la plaza, abrumado, triste, eniermo.
fué con él. Creí que no vol vería á perturbar~
me más y riendo de la idea como chusca e
imposible, me llamé imbécil; per? volvió :1
En la plaza, unos rapaces que salían delcoseñor y «la idea» volvió ~on él, y siempre asi,
legio jugaban locamente; una parva~a de ~o~on él se iba y con él regresaba la maldita, 1~
londrinas atravesaba el cielo; la multitud distorturante, la tremenda idea. Luché, luche
curría indiierente, y el sol caía augusto Y sodesesperadamente y bebí más, señor, hasta
berano sobre todo aquello envolviéndolo en
el exceso, hasta el delirio. La ahogué;. ;s deoro.
cir, creí ahogarla, pues C&lt;la idea,, volv10 ira-¿Qué debo decir en la defensa?
cunda ' terrible, machacándome el cráneo,
triturándome el corazón, destrozándome la
1902.
JosÉ ,J. GAMBOA
vida ..... .
El alcohol era mi único refugio. Hubo vez
en que pensé que «la idea» no, ;ºl~erí~ ya
nunca, en que era yo feliz. Serv1 a m1 clien~
con toda tranquilidad; reíamos los dos; casi
llegué á quererle. Una de tantas veces, cuanfo
más ajeno estaba á la tortura de antes, solo
vi de su cabeza el enorme cuello, el cuello rojo, que me atraía, que me llamaba'. fuerte:
mente horriblemente. Solté la navaJa, cerrc
los ojo~ y me dejé caer desplomado en el _silló1~
de junto al tocador. Ya repuesto, suph'1 ué a
un compañero que continuara lo. tarea
m:
fuí á mi casa. En el camino me pregunte que
era eso, ¿por qué me iba á mi casa? No sentía
nada ya en la calle, era yo el de antes, y regresé al trabajo.
.
.
Decidí excusarme de segmr trabaJando con
el muerto; pero un pensamiento imbécil de

lLUST:l?.AbO

E

L VERTIGO ele las n.lturas es un
pretexto pn.ra poner en acción la
nervio8idad. Es mfü; que atrayente, repulsivo, es má~ que dominador, Jo1~inado; tiene mucho de voluptuoso,
porqu~ s1 en el momento de estar bajo Ru influencia se tiene la curiosidad de cerrar lmi
ojos, se puede experimentar la sensación de
la caída, y sabido es, por relatos que están en
tela de creencia, que en tales momentos suele
parecer r¡ue se está flotando Robre nubes verdes y rojas.
Esto necesariamente es bellísimo, y más
cuando el senRacionista «vuelve en síi, ,. se encuentra de codos en el barandal de un· halcón
de cuarto piso y siH más novedad que haber
trabado una pierna entre las rejas y no poderla libertar sin algún sacrificio dolo1oso.
Luego, pueden abrirse i111pl.nemente los
ojos¡ la vida de la ciudad pasa ante ellos con
lm, detalles más inesper.1elos. Todos m11even
á risa porque se antojan una fiesta de caleidoscopio grotesco.
Todo el volumen de un hombre puede en-

cerrarse en ese círculo de media vara de diámetro, y si el sol hiere la figura con rayos
oblicuoi;, la hace proyectar una sombra r¡ue
se arrastra i"Obre el asfalto y i-e ve á manera
de una cauda de eometa que tuviera por núcleo un sombrero.
La tersura del piRo empolvado eR una tim
ele esos ciclos grises que cobijan,como capelos
de vidrio opnco, el paisnje de la tarde de estío.
En esa tira pasa la sucesi6n de per-.ipectivas.
A lo largo de la mirada que cae, está la cruz
que sostiene los hilos del telégrafo; pa1•ece el
puente de un violín enorme. Y Jo¡; hilos rayan &lt;le tal n1anera el suelo, que producf'n la
misma i-ensación que cuando se mira el bol'de
de la yfa féirea desde la ventanilla de un tren
en violenta marcha. Debajo de e!'a r&lt;'d se ven
las figuras caminando con Pnervante lentitud:
s6lo desde lo alto se puede apreciar lo poco
que avanza el paso ele los hombres y de las
bestias. La mirada sigue con cansancio el
movimiento sincrónico de la marcha; la visual persigue á lo lejos una figura que Yaría
paulatinamente hasta que se pierde en el extremo ele una raya que traza.

•••

De entre los defensores de oficio fui el degido.
Condujéronme á la celda del reo Juan Linares, peluquero, veintiséis años, prvcesado
por homicidio.
El preso me miró fijamente, muy fijamente. Era un joven delgado, alto, de frente despejada, mirada dura, ojos hundidos, rómulos
salientes, las fosas nasales un poco dilatadas,
los labios gruesos, la barba muy aguda.
-¿Usted es el licenciado X. -.... ?
Después de mi contestación: _me hizo sentar
en el poyo de la celda y me d1Jo:
«Sí, sí, señor, á usted es al que he elegido.
Tal vez me comorenda usted. Yo soy bueno,
siento que soy bueno; pero siempre nervioso;
ahora más que antes, porque bebí, señor; yo
no bebía.-¿Que por qué bebí. ..... ? Por lode
siempre, por ahogar un ~olor, por matar una
pei1 a. He i,ido muy nerv10so, mucho, desde
niño. Los médicos dijeron que tenía «ne uras ... »
quién sabe qué. Padecía miedos infundados,
terrores, algunas ideas que me atormen~ban.
Si estaba en una altura, deseos de arroJarme
desde allí; ganas de matar..... Eso era lo m~s
espantoso señor ...... ¿Usted nunca ha sent1,
.
d
do esas cosas? Dominé mis nervios, que, e
esa manera por lo general me molestaban en
l 1 me
temporadas' cortas. Me enamoré', ¡caro.,
toc6 enamorarme de una mujer coqueta, que
me engafi.aba. Sufrí, sufrí lo indecible y bebí.
¿Por qué? No sé; bebí sin darme cuenta, el
vino producía en mi ser un gran consuelo. _L&lt; s
compañeros de trabajo- soy peluquero, senor,
para servirá usted,-los compañeros de trabajo me lo advirtieron:-,Nas á volverte loco,
Juan;» pero no los escuché.- - Usted, señor,
perd6neme, nunca se ha curado una pena bebiendo? ...... Pasó lo natural, que me echaron
de una peluquería, y de otra y de otra, hasta
el delito.

!

de

~L MUNDO
:bom1ngo :H
Agosto c1.e 1902.
~ __,¡a:::!!!!!!,=::===!e==================,,,,,;==;,,,,;,=,;,;:,:;,,;:,,,~=============,,,,;;;,,,,,,===~=====
Cuando es el momento en que la mirada
ene perpendicularmente, la sensaci6n extraña
llega al colmo. Un paraguas es una flor negra
que carnina; el coche que par-a, es un pinacatP; el foco eléctrico es una cabeza calva que
tiene calado un grotef:co r-orhete.
La mirada pasea ele vez en cuando por el
manto acci&lt;lentaclo de las azoteas, para clescan;;ar de las sern,aciones extraña;.; se ponen de
tú Ít tú con el tercer cuerpo de un campanario; vuela á la campiíia y sorprende un tren
de ('arga que marcha culebreando por entre
las arboledas, que la lejanía convierte en césped.

Vuelve á caer en la franja gris de asfalto.
Par-a un ciclista á toda máquina y cleja la sensación de que va en el aire, al modo de esas
golondrinas que vuelan muy baje y &lt;1ue hacen violentas quebradas para no chocar contra lo que invade la calle. La golondrina y el ciclista tlehen de sentir el mismo v~rtigo; deben
de llevar el mismo torrente tle aire en los oídos,la mi1&lt;mamonstruosidad de impresiones en
la retina ;quizá los aguarda una misrua muerte
......... Aunque no; _ro ví este caso: traía la
golondrina su vuelo bajo, vertiginoso, tremendamente fugaz; de pronto fué á chocar contra
un poste de hierro; el golp&lt;l fuG formidablr;
de haberlo sufrido el cuerpo de un hombre,
quizá huuieran sido incontables los fragmentos de huesos en c¡ue se habría co1'iYertido el
esqueleto.
La golondrina pareció lanzada por aquel '
chor¡ue á recorrer el mismo camino que había traído¡ esto duró un momento, y de la
manera más brusca abandonó el vuelo bajo y
emprendió uno de ascenso vertical; se remontó mucho; luego, parece que se detuvo; después, el cuerpo del a,·e se precipitó en el vacío, con las alas impotentes, voltejeando ......
seguramente había muerto!
Parece q ne el ave quiso ir un último instante á sentir h espléndida grandeza de r-us dominio~; quizá haya clavado la mirada en aquel
rincón del cielo por donde llt'gú ......
El cicli8ta muere de la manera mús prosaica: cae hajo las ruedas de un carro, el asfalto
~e tiñe el~ sangre, E&lt;e ngolpan loR curiosos y
una camilla pone fin al espectltculo.

***

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Pero ha pasa.do el ciclista nuestro Rin no,·edad algunn. A su vértigo, le sigue otro: el del
1ctrolley1,, ruidoso, ca,;i terrible.
D;sde la altura, el tren eléctrico parece un
coleoptero c¡t_ie huye, escapado de un gabinete de naturalista, con el alfiler clavado PU el
lom?. Pasa chi_rriando¡ la gente se aparta de
la v1a; los pasaJeros que suben, parece &lt;¡Ue entra1! á gua_rclarse en una caja.
Una últ1_ma sorpresa: he visto todo el proceso d~l Cl'lmen n1lgar. El ratero echó mano
al reloJ del trarn,eunte; éste echó mano á la
m:i,no del r~tero, y el guardián del Ol'den público puRo a todrn; á mano1 conduciendo al la&lt;lr6n_ á la Comisaría. ¡Oh, si aquellos hombres
que JUz~an de los actos &lt;le la vida pudieran
Yerlos E&lt;iempre desde un cuarto piso!. .....
E~ hora de ab:1ndonar el balcón, he ar-pirado a1r~ sano y v1~to mucho; sé que el vértigo
del_ ab1srn_o es una pamplina y ...... echo una
última mirada al vacío desde la má'l alta meseta de la escalera..

Javier de lllma

.

.

....~.··

.,...;.~
~

---•~:..·)~·

..

-

···•

. _,;:~)~?{i:t~~~·-.

�figosfo 31 de 19()2.

"el J(fundo j/usfrado"

HOSPICIO DE POBRES.
Desde hace algunos años viene h:i.ciéndose Roberto Gayol y Don Mateo Plowes. Los
sentir la urgente necesidad que hay de trans- trabajos de albañilería se encuentran muy
Ja&lt;lar del local que actualmente ocupa en la avanzados; y con el fin de que nuestros lecex-Acordada, el Hospicio de Pobres, á un tores puedan formarse idea de la magnitud
edificio que reúna todas las condiciones que del nueYO Hospicio, pasamos á describirá
grandes rasgos el proyecto respectivo.
requiere tan útil y benéfica institución.
El nueYo edificio, por su disposición esEl Señor )linistro de Gobernación, en vista de esto, propuso la compra de un terreno pecial y por encontrarse completamente aislado, tiene una fachada principal
que tt1Yiera la amplitud necesaria
•
i
que ve á la Calzada de San Antonio
para construir en él un moderno ediAbad, y cinco secundarias,. habiénficio, encomendando el levantamien\TI[
&lt;lose adoptado para la primera el
to de planos y la ejecución de las
~
Estilo Escolar; consta ésta de dos
obras á los señores Ingenieros Don

~la.
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i 1_

\F

;,~~~ ~

cuerpos, y su costo resulta relativamente económico, pues
los materiales que en ella se han empleado son: mampostería
para los rimientos, ). cantería para las mochetas, moldurai1,
salientes, balaustradas )' remate~; d resto &lt;le la construcción
es de tabique.
El piso del nuevo edificio se eleva á dos metros !-iObre el nivel del terreno en que se ha construido y se halla sobre bóveda de sistema cohesivo, siendo ésta nna de.las
primeras construcciones en que se emplea este sistema.
Al frente hay
tres grandes jardines que corresponden, el del
ala Sur, á la Escuela :para niños;
el del centro, al
patio de Honor,
=c=-::ir , r ,

UII QRAII EDIFICIO.
y el del ala Xorte. al departamer..to para Escuela de Xiíias.
En el j:udín del Patio hay una fuente, y hacia el fondo,
en la. parte central de la fachada, una &lt;&gt;scalinata t1ueconduce
á la. puerta principal del e1lificio. En el Yestíbulo i-;e halla. la
escalera de honor, qm· da acceso á la plnntt, alta.
La techumbre del ,·estíuulo estará formada por una gran
bóYeda de tabique, que se reformó posteriormente y que se
construirá tal como a parece en el cliché que publicamos por 1,;eparado.
En la parte sur del edificio i;e encuentra la Escuela de ~iños y el departamento de Párvulos,
formados por grandes salones destinados á clases,
ejercicios físicos y
recreo, etc. etc habitaciones para los
empleados, pie1,as
para los vigilantes

y serdclumbre, y eHca.leras para la partr

alta.
Rn &lt;&gt;Sta. misma planta ¡:e encuentran la
Dirección, oficinas, almacenes, comeclorei,;, eocina, despensa y otras clependenciai,;,
Al fondo del edificio estarán la la,·andería, rodeada de grandes patios. La parte norte del local está destinada á la. Escuela de Xiñas, rasi igual en su clistribnción á la que antes hemos descrito, y los Talleres de bordados,
modas y confeccionei,, flores artifi•
ciales, cajas de cartón, etc.
En el ala sur de la planta alta se

encuentran otros salones destinados á diveri::as
clases, amplios y bien ventilados dormitorios,
lavabos, un mirador, baíios y otras dependencias de la misma escuela.
La parte central la ocupan un Hall, en el
cual desemboca la escalera de honor; sigue el
Gran Salón ele Actos, la i-ala &lt;le recibir del Director y las habitaciones de éste.
·
l~n el costa&lt;lo norte, y correspondiendo á la escuela de .Xiña:a;,
hay otros locales destirn\dos á clases, dormitorioR, vestidores, y lavabos, mirador, \\'. C. y otras dependencias.

EL CANÓN BAN E, DE TIRO RÁPIDO.

El Coronel Mondragón describe el mecanismo de los cañones.

dilatado de la carga. En seguida pasó el innovador á describir la
pi.,za transforma.da, indicando que en ésta, para efectuar la carga,
sólo son necesarios tres movimientos.
•.
Continuó la descripción por el montaje, que difiere totalmente
del antiguo, pues ahora el caS1ón tiene un aspecto moderno y se
halla montado sobre un trineo que resbala á lo largo de una cuna,
la cual encierra en su interior un freno hidráulico, de forma entera.mente nueva, que rinula el estuerzo de retroceso y da inmo,·ilidad al sistema; al exterior hay un resorte
que recupera al cañón en batería cuando ha termina.do el retroceso sobre la cuna. El sistema
de un mecanismo de puntería en dirección, y
otro de fren :&gt; de camino.
·
El mástil de la cureila ha sido alarga.do dotándose de una azarla que mordiendo el terreno, presta un punto de a.poyo al caíión en el
momento del ti ro.
Como cosa notable presentó el Coronel un
sistema de miragoniométrica, provisto de un
anteojo qne permite hacer las punterías con snn_ia facilidad, gran claridad, y hacer referenciai::
Rm que el apunta.dor camhie de posición, sino
que por una combinación ópticas~ llega al resultado de referirse, ya sea á derecha, izquierda.
ó retagun.rdia, con toda precisión y claridad.
Este aparato, en el cual no hay necesidad ele
la intervención de un guión, permite hacer perfectas punterías por cualquier persona,sin necesidad de que sea apuntador.

El domingo anterior se verificaron en el polígono de
San Lázaro las pruebas del cañón sistema Ba.nge, transf~rmado en cañón de tiro rápido en la Maestranza Nacional, conforme á un ingenioso mecanismo ideado por
el coronel D. Manuel )Iondragón.
Sobre una plataforma de cemento se colocaron dos
c~ñone~, uno del antiguo sist~ma y otro del moderno,
d1spoméndose todo lo necesano para las experiencias á
las cuales había sido invitado el Sr. Presidente de la
República.
A las diez de la mañana se presentó en el polígono
el Primer Magistrado, á quien acompaíiaban entre
otras personas, los Sres. Ministro ele la Guerra 'y capitán Porfirio Díaz.
El Sr. Presidente se dirigió desde I uego á !a plataforma en que se habían instalado las dos piezas 1-mjetas
á prueba, y el coronel 1Iondragón hizo en a.Ita voz la
descripción de la antigua y de la nueva arma interesando á todos los concurrentes.
'
El viejo cañón Bange tiene, entre otros defectos propios de su si~tema, el fuerte retroceso, que hace perder mucho tiempo para volverá dispararlo, la dificultad que ofrece para obtener una buena puntería, y lo

75 m1m que acaban de estudiarse en concurso con una rapidez de
19 disparos por minuto.
'
Lus resultados fueron espléndidos: la dirección del tiro no cambió.
Solamente la altura varió en razón de que el terreno cedía.
Lo~ blancos colocados á 1,000 m., en los que las granadm, obraron
por tiempos, estaban literalmente acribillados de bahl.s.
Despm'.·s se pasó á hacer una prneba &lt;le resistencia y estabilidad,
e111plazamlo el cafl(,_n e1í una plataforma de cemento, sin aplicar el
freno de ruedas; y con sorpresa de los concurrentes, el cañón no se movía, prueba que ninguno de
los cañones experimentados que vinieron &lt;le Europa, pudieron resistir.
Por último, se &lt;lispu~o el tiro r(1piclo á 1,000 m.
::,· se ejrcutú con la rapidez (•norn1c de Yeintidí s
dispai·os por minuto, dejando altamente ~atisfechos (1 los el'pectadoref&lt;.
El eoro1wi )Ion1lragón fué felicitado por sus ~l'periores ,Y por sus compafieroR de arn1ai,.

***Ban1,1;e se coni-idern d,·
La refonrnt dc•l raiiúii
tra~cP1Hl1·nta.l importancia, pues con muy poc,
coi-to para la .Xación, ésta po~eerú un número co11i-iderahle de cañones, eon todos los adelantos moden,os, obteniéndose una eco11omía &lt;le más de ..
400,000 pesos, porque los gastos de la trn.nsformaciún del sistema solo llegarán á 50,000 pesos, y
comprados, no se conFeguirían en menos de ......
500,000 pesos los cañones que se de~ea transformar.

El señor General Díaz presenciando los efectos de los disparos.

Todas las nuevas ~fezas de gue se ha dotado el caiión Bange en su transforma~1on, han sido construídas en la maestranza, por obreros mexicanos y bn.jo la. dirección del señor coronel )londragón.
LA LLUVIA

La ta~·de gris su cabellera afloja
&lt;le luz ciñendo pálida guirnalda,
y al. echar sus cabellos á la espa Ida
llu':ias ele perlas nítidas arroja.
Con cada ¡,~rla se descuelga una hoja,
cua\ desp1:end1do adorno ele una falda
haciendo _mcru~taciones de esmeralda'
sobre la tierra que la lluvia moja.
, La noche que ~?n túnica de nieblas
a los bo~ques cob1Ja, en las tinieblas
los :"caricia con RU aliento el frío.
Y amane.cen temblando en Ja montaiin,
sobre los hilos de la agreste araña,
frescas sartas de gotas de rocío.
Un disparo con el Ban¡¡e transformado
Antes de las pruebas.

ROBERTO BRE:iES ME~Jo:X.

�Domingo 31 de Ágosfo

de

i902.

Et MUNDO ILUSTRADO

Domingo 31 de Agosto de i90i.

EL .MUNDO ILUSTRADO

Edificios que desaparecen.
EL COLEGIO DE LAS BONITAS.

..

Uno de loi- más viejos edificios de la capital acaba de f'er dnribado por la piqueta demoledora del embellecimiento de la población,
dejando una brillante historia de su existencia.
Eu la época del virreinato, el lugar que ocupa el edificio quedaba fuera de lo que en aquel
entonces se llamó la «traza de ~Iéxico" y que
ei,taba limitada hacia ei,e lado por la calle del
Puente del Zacate, situado en el barrio de la
Concepción Cuepópam.
m origen del edificio mencionado es por
demás curioso: en aquella época, la constante
promiscuidad de españoles é indígenas trajo
consigo el aumento de hijas que, generalmente faltas de ilustración, rodaban al fango del
vicio perdiéndose en él.
Un virtuoso sacerdote de Guanajuato, el Sr.
D. Manuel Bolea Sánchez de Tagle, teniendo
en cuenta eso, ideó conRtruir un edificio en
donde recibieran educación todas las niñas
bastardas que nacieran en México y en algunas
ciudades de la entonces Nueva España, hijas
que por su hermosura corrieran el riesgo de
prostituirse; de ahí la denominación del «Colegio de las Bonitas" que desde luego se le dió.
El padre Bolea propagó entre los ricos de
entonces la idea que tenía, y que fué aprobada con entusiasmo, resultando de ahí que
poco después se habían reunido para emprender la obra ciento cincuenta mil pesos que
empleó el Sr. Bolea, desde luego, en la construcción.
Aun no terminada ésta, llegó la época de la
Independencia y hubo que suspender la obra,
que pasó,á la muerte del padre Bolea,á poder
del clero, quedando el edificio á medio construir, Rin que llegara, por lo tanto, á alojar
una sola de las bonitas á que estaba destinado.
El tiempo pasaba y entonces la Señora Ana
l\laría Gómez, condesa de la Cortina, ideó la
instituciún de las Hermanas de la Caridad,
para lo cual le hacía falta un edificio especial,
y no encontrando otro mejor que el principiado Colegio de las .Bonitas, se lo compró al
arzobispo, y de su propio peculio y de acuerdo con su esposo, concluyó la obra, instalando en él á las Hermanas.
La condesa cedió el edificio á la institución;
pero en el documento de ce,iión extendido por
ella, figur6 una cláusula por medio de la cual
se decía que, cuando el edificio por cualquiera circunstancia dejara de pertenecer á las
Hermanas de la Candad, aquél pasaría á poder de los herederos de Ja condesa de la, Cortina.
Esto fué lo que sucedió más tarde cuando
la desamortización de los bienes del clero;pero
aquellos, mediante convenios , lo hicieron

-Cuánto lo siento!
-¿Conque te gusta Margarita?
-Es tan bella!
-Seguramente; no creo que haya media docena en el pueblo corno ella. '.fodos los extranjeros se detienen, durante la estación, delante de mi casa para r,ontemplarla ...... Mas
para qué he de retardar el golpe; querido pastorcito, aque~ que quiera el bouquet, ha de
traerme el florero ...... l\Ie comprendes?
-Es que tengo algún dinero.
--Sí, algunos cuantos escudos con que hacer hervir una olla durante ocho días.
-Estoy cierto que habrá mús.
-Bah! todo eso son historias. Déjame tranquilo y vete con tus ovejas ....... Cuando tengas el florero, hablaremos del bouquet.
Y el zapatero empujó dulcemente al pastor
hacia fuera.
Lentamente, con el corazón oprimido por
la decepción, el pobre pastor subió la colina
en dirección á su ranchería. Allá, sobre los
flancos de los crátnes extinguidos, sentado
sobre lm, brezos ó sobre los haces de retama,
en tanto que su rebaño pastaba, él había acariciado mucho tiempo la idea de que l\Iarg~rita fuera algún día su mujer. Y la l\1argar1ta lo había entretenido con esta esperam.a. Se
conocían de fecha muy atrasada, agradábanse mutuamente, y se amaban de una manera
sencilla, sin decirse muchas frases.

•

Un ángulo del edificio.

pasar á propiedad de la Beneficencia Pública.
El edificio es célebre por los incendios que
ha sufrido, pues en el último período de diez
años, éstos ascienden á más de doce, entre los

cuales figuran como notables el de una trapería que ocupaba varios departamentos que
fueron enteramente consumidos, y que duró
toda la noche.

PEDRO
La trompa del pastor resonó en lo alto de
la aldea.
Una á una, las bestias fueron juntándose
en la sombra crepuscular de los establos y de
las caballerüas; Jai, vacas, lentas y dóciles; los
carneros, más recalcitrantes, poco individualistas; las cabras, caprichoras, fantftsticai,, dibujando á veces piruetas retrógradas, como
esa&lt;: muchachas que están con tanta cara en
el momento de entrar nuevamente el internado.
Una vez que estuvo enteramente reunido el
relJaño, el pastor silb6 á su perro Labri, y juntos descendieron al valle. l!;ra una tarde de
abril con una frescura exquisita. El agua cristalina de los manantiales, formando pequeñas
cascadas á través de las rocas graníticas que
bordeaban el camino, daban la ilusión de pequeñas esquilitas que repicaban á lo lejos. El
aroma de las violeta!'! impregnaba el aire, y
de los álamos inclinados sobre el río, salía el
triuJ dulc-l y ¡ut:r nte de los ruiseñores.

ras enteras el valle que se e~tendía á sns pie~,
el valle soberbio, en un rephegue del cual l~e
movía la sombra amada; pero no er:i el va e
lo que veía eran los ojos de l\fargauta.
Ahora h;bía que perder toda esperanz3:. ...
El carácter obstinado del padre Mateo le impediría cambiar su decisión.
,
, .
Margarita se casaría con otro galan mas :'.co que él, porque no podía pretender hace1se
rico en el oficio de pastor ... •..

*** .

Una tarde que soñaba tristemente en :'.\Iaraarita reclinado sobre un lecho de anémonas
~ilvestres, vió un coupé que pasaba por la carretera en tanto que la hermoea dama que lo
ocupal;a lo miraba fijamente._
.., Repentinamente, a, una senal d~ la_ dama.
se· detiene el coche. La joven salto v1 vamente-á tierra v seºdirigió hacia el pastor.
Intimidado y estupefacto, se levanta, pone
su sombrero bajo el brazo y espera.
-Buenas tardes, Perico.
-Buenas tardes, señora.
-¿Xo me reconoces ...... ? María la hija de
tus amos.
,
y Je tendió la mano, una man.o mas blanc_a
que el marfil, en cuyos dedos. bnllab~n s~rt1jas que lanzaban fuegos semeJantes it relampagos.
Seguramente que la conocía...... siendo los dos
pequeños habían cuidado
sus cabra~ lado á lado. Hacía de esto quince años.
La nifia había hecho su fortuna....... ... Se decía en el
país que hab~a casa~o con
un barón m11lonar10...... .
'._
~ " ... -,.
¡Pero también qué voz! A
los diez años nos lanzaba
trinos capaces de despertar
á todos los volcanes de la
cordillera...... Parece, pues,
\11
que María tenía una mina
.in.
"',
de oro en la garganta.
~"- .
-Y bien, Pedro, siempre pastor?
t.~"
-Siempre, murmuró.
-~o te has casado?
1
- X o. El padre ~Iateo
me ha rehusado á :Margarita, diciendo que me faltaban recursos.
-Debt:rías tomar seis-de
..
las mejores cabras é ir á
tentar fortuna á París, du.....
rante la bella estación. Ahí
tienes mi dirección: 84 bis,
boulevard Enrique IV. Si
quieres, seré yo la primera
á quien veas. Tomó la tarjeta y la envolvió delicadamente en un billete &lt;le á
cien francos, dándolo á Perico, y partió de nuevo en
el coche.
Pedro quedó boquiabierto, anonadado; aspirando
el delicioso perfume que la
damadejó á. su paso.
Luego púsose á palpar
El Templo de las Bonitas.
el billetito azul......... El
era para él la sensatacto de este papelCi
•
• 1 ·Sus cabellos eran
con
Oh! hermosa cnatma. l'los hilos de la Virci6n de
una caricia...... en 1rancos:, Eh' ~bl.
negros, largos Y finos com·~no· más vivo que
Con los escudos que tenfa en el bols1 llo, bie~1
ti t de un morse
'.
odía tentar la aventura. Haoía oído. decir
gen; e1 n e,
decen
ciertas
veces
en
~uchas veces que los cabrero!'! reahzab~n
esos reflejos qu1 resp1~n1te· sus dientes, más
randes beneficios paseando sus cabras. á t1 ael cielo sobre e Pº~tri. ' ~111• cuello fusado
~és de las calles, sil ba~do, un tema, siempre
blancos que los de
'nta torneada y ro.
flauta de
que emergía de una gr~ás ligera presi6n lo
1 obre un acordeon O en una
igua'
·¡
. t
Pan ys esto no era muy d'f'
l 1c1 por cier o.
busta; manos en que ª. 0 delirado esbelto,
·Po;
qué
había
de
lograr
lo
que
ellos?
El
110
hacían temblar; un curpn annoniz~das; pero
bién teñía una hermosa flauta ~e Pan que
cimbrador, de formas 1\a de Margarita, sus
h~ía hecho él mi!,mo; y en mater~a de t?t&gt;ar,
de toda es~ belleza mordro el más grande de
estaba seguro de que no lo superanan los caojos constituían r,ar~?n~es eran esos ojos Y
los encantoR..Qube g
e1-as profundidades
breros de París.
. .,
.
qué flamas bnlla an en .
Durante ocho días lo pers1_gu10 esta idea.
delante
de
negras!
\ ' ac1.1a ba, ya sintiendo el vfrt1go
.
•,
taba sob re e1 dorso de aleste formidable punto de mterrogac1on que
A veces se recos d 1 a y contemplaba hogún grueso bloque e av,

-~....

.?
.,..,

\

ifr

A la entrada del pueblecillo, contra las ventanas ya cerradas de una casita baja, cuya fachada estaba decorada por un sueco gigantesco, tocó el pastor.
Se abrió la puerta, y en el dintel apareció
un robusto viejo, con mirada hostil.
-Ah! eres tú, Pedrn, dijo dulcificándo~e
un poco al reconocer al pa:stor ...... ¿Qué Yienes á hacer á. esta hora?
- •.\. hablarle á usted de Margarita.
-¿Y qué quieres referente á :\Iargarita'?
-Deseo hacerla mi esposa.
Pedro dijo esto con resolución, pero azorado, bajando después la vista y dando rueltas
al sombrero, que tenía en las manos.
-Bien estamos! Acaso es hora ésta oportuna para venir á pedir á una niña en matrimouioi' Sabes ante todo si )Iargarita consiente?
- Oh! en cuanto á eso ...... tengo completa
seguridad. Llamaclla.
-Se ha ido á pasar la noche en casa de su
abuela.

~

',

ta

RESTOS DEL COLEGIO,-Aspecto general.

constituía París, ó ya conmovido, angu1-tiado
al solo pensamiento de abandonar su, aldea.
Consultó con Margarita y tsta lo alento en su
proyecto.
.
..
Al día siguiente, Perico cond~JO 1~s se!s
mejores cabras del puebl? á la gan~a m~1s proxima, y partió con Labn para 1:1 gian c1~dad:
La primera miiñana que Penco se v1ó en
las calles de París con sus ca~ras Y su _per:0,
la emoción fué tantii,que hulnerafl podido JUgarle una mala partí?ª·
,
Lo primero que h1zo fué correr ~- la casa
de la hermosa dama 1Jaría, y le sub~o. un cubilete de leche por la e;;&lt;'alera de serv1c10. Una
camarera salió á abrirle.
-¿,Qué querfo?
_
..
-Traigo esta leche para la senora l\1a1í,t.
-La señora no se ha levantado.
-Decidle que es Pedro el pastor de Fontanas quien la trae; pero haced que le llegue
aún caliente.
.
,
La camarera soltó una nsota.da, tomo la taza y volvi6 al r.ab?. de un. instante.
-l\Iuy hien. d1Jo deshzando en las_ manos
del cahrero una moneda blanca. La !-en ora me
ha dicho que traigáis todas las mañanas una
taza igual de leche, y que os dé por ella dos
francos.
dí d"
-Dadle en mi nombre lof! buenos as, lJO
Perico, radiante de alegría. Para un estreno,
no está mal.
y lleno de valor su flauta resonó de una
' Obreras Jovenes,
.,
manera maravillosa.
cama;
r&amp;ras nodrizas le tendían su vaso 6 su taza o
le pedían prestado su cubilete. Su éxito lo
aturdía le hacía subir vapores á la cabeza.
Pero lo' que más placer le causaba, eran las
atenciones que se tenían por s~s cabras. El
frutero les arrojaba grandes hoJas de col, los
niños les daban frutas y terrones de azúcar.
¡Oh! estos parisienses ... ¿Pero es que pens\
ban alimentar sus cabras y pagarle su leche.

r

Lle(l'ado el otofio Pedro contó por última
vez st~s ahorros. L¿s dos francos diarios de la
bella dama, habían aunmentado consider~1.)lemente. Tenía más de- ciento cincuenta hnses. Era el momento de hablar al padre Mateo y de casarse con l\Iargarita.
.,
No bien hubo saltado del tren, corno á la
casa del zapatero con ,un heri:noso florer? ?culto bajo su bluf'a; habia querido ser espmtual
á su manera.
Margarita enrojeció al verle, y el goce del
pastor fué tan grande, que no pudo reprimirse y la abrazó. Luego sacó el florero de su hlusa y vaci6 su contenido sobre la mesa.
Los luises sonaron agradablemente, esparciéndose sobre la mesa, y fulguraron ante los
ojos del padre Mateo, atónito delante de esta
avalancha de oro.
-¿Me concederéis ahora la mano de Margarita? preguntó Pedro.
~l padre l\Iateo juntó uno por uno los luises de Pedro, contándoloe:, los colocó en el
florero guardó el florero en un armario, con
llave
tendiéndole la mano al :pastor, díjole:
-1Iuchacho ... Tómala. Es tuyo el bouquet,
pero el florero es mío.
.JEAN RocHON.

y

PENSAMIENTOS.
El sabio debe inquietarse de lo que se diga
de él en un siglo, y no &lt;le los elogios ó injurias de un día. - L. P ASTEUR.
Un poco'de pedantismo,y se hace reputación
de profundo; un poco de amargura, y se pasa
por moralista de altos vueloR. -EM. AUGUR.
El tiempo no es dinero, ei, esperanza.-A.
GODARD.

Se dice: «Todo viene al que sabe esperar. »
Se puede también decir: «Todo se escap&amp;. al
que eRpera demasiado.»- E. THIAUDJERE.
Museo: hospital de obras de arte.-A. HALLAYS.

�Domingo 31 de Agosto de 1902.

Et MUNDO lLUST:1:iA})ó
ET, 'MUNDO TT,U8'1'RA no

La Opera en el Benacimisnto.
(Del poema dramático "E I Pastor," por E. Marquina.)
DIMAS

?llAGDALENA

Mujer! estoy cansado.
MAGDALENA

el camino hasta aquí:&gt;

decir satisfacción, y decir ¡:roce,
y decir hermosura y clerit· vida!

Quieres beber ~lel agua mía?
¡,Ha sido largo

DL\fAS

.
Largo y peooso.
Las piedras_\' carnbroños de la sierra
estorban el camino á cada paso
y es difícil andar por esas sendas
para seguir á un lobo.
MAGDALENA

;,A •rn lobo?

[Pe use.)

Sí, Magdalena, veo entre las otra~
tu casa roja, con las tlores blancas,
y me parece hun dfrme allí, como árbol
en el hoyo en que duermen sus raíces.
Mis pasos, hasta. ahora malgastados,

DIMAS

Quiero
beber el agua del Jugar hermoso
recogida en el fresco de tu herrada.
(Bebe J

i Bendiga el cielo el agua, hermana nuestra,

su buena voluntad y su frescu1·a!
i ?endiga el cielo á la mujei·.que llega,;sm preguntarle el,nombre, al caminante
y le tiene carifio y le socorre
con don sencillo, sin poae1· orgullo
en el socorro que le da!

En nuei-tro número anterior publicamos fo.
tografíaR &lt;le algunos de los artistas principales del cua&lt;lro de Opera que ocupará el Renacimiento durante J:i prúxima temporada.
Hoy ofrecemos Jo¡;; retratos del maestro director .Alfredo Donizetti, &lt;lel primer tenor dramático absoluto, Augusto Balboni, y del bajo
~azareno Franchi, así como de los barítonos
Ramón Blanchart y Alfredo Pei. De estos artistas se han hecho en los teatros de Europa
los mayores elogios. Blanchart, que es el pr{
mer barítono absoluto, tiene una carrera
brillantísima.

DIMAS

EL LOCO.

Al mismo
que devoró, hace días, un chicuelo

En la oSCltrida&lt;l del cuchitril, inYadido por
la sombra, el viejo carpintero veía á Yeces surgir una polYareda de historias viejas.
El fantasma de la mujer que le había abandonado, pasaba por su imaginación, con una
muera de deE&lt;dPn. riendo y cantando. Pasaba

Domingo 31 de Ag-osto de 1902.

ra ver pasar la vida. A la hoia en que el taller
comenzaba á poblarse de i-ombra y los muebleR dibujaban siluetas Yagas que parecían
trepar por los muros para agazaparse en los
rincones, el carpintero esforzaba una sonrisa
para acariciar á un chicuelo enfermizo de ojos
muy grandes y muy abiertos. Era su hijo.
La historia fué corta. DeEde mi ventana v
cuando el chiquillo cedió á la enfermedad, se
echó e11 brazos cle],,padre y murió, dándole un
viejo abrazo prometido. Luego, el entierro mi.
sera.ble, que se perdió al volYer la esquina, en.
tre la indiferencia de todos. Y después, durante muchos días, el cuchitril cerra¿o y muelo, con un papel de bordes negros pegado á
la puerta.
Fué un incidente que se olvidó muy pronto. Bastaron mios días para que todos se habituaran á Yer la puerta cerrada. Pero, cuando al caer de una tarde lluvio¡;;a se abrió otra
vez el tugurio. la primer Ye0ina que se acercó
á la puerta, rrtrocedió espantada.
El taller estaba atestado de at.aúdrs pequrfios, de ataúdes para niñn". ,lp nb1ú,lcs negro&gt;'

carne tierna, y brindando su estuche á lapodredumbre del cuerpo, con ademanes voraces
ele monstruos á la entrada &lt;le un bosque.
Ha pasado mucho tiempo ? el carpintero
no descansa. Hu martillo i-igue dando cabeza-

-- - ..... .....
,

)

Nazareno Franchi, bajo absoluto

1

dispe1·so_s, como cabras de un rebafio
que no tienen pastor, se hacen acordes
se o:d_enan todos harmoniosamente, '
se dirigen á un fin; son como notas
de un ruido musical, que se hacen canto
Y expresan el amor cuando las juntan
en un solo cantar labios cantores!

das sobre la madera, como una Yoluntad sobre un obstáculo. Cuando el sol declina y empiezan á brillar las luces tras los escaparates
de las tiendas, abandona la labor y se sienta
á meditar. Pero así c¡ue apunta el alha, n1el-

[Pausa.]

¿Qué tienes, ::\Iagdalena? ,.no me escuchas~
MAGDALENA

MAGDALENA

.
.
Quisiera,
siempre que siento, en mis entraílas mismas
deseos de ofrecer, encontrar dones
'
como este don del agua, que no tiene
más precio que el amor con que se ofre&lt;'e!;
DIMAS

de aquel pueblo de allá, sohre el camino.
Tres noches le he buscarlo: hov finalmente
mordiendo Pl hambre en él, ha sido necio'
para venfr en busca mía: ¡µobre!
;_con_ qué J:rnrnildad venía y qné obligado
a mis ant1g-uas atenciones! Tristes
de co_mp~!dón los ojo~; afilado
el~ m1ser1a ~l hocico: despeinado,
srn pretensiones, el modesto pPlo
que ha~e toscos sus flancos, y las patas
protegiéndose él mismo con la cola
Toda una buena bestia, que, al pri~~¡'pio,
me ha hecho reír de buena gana. Apuesto
4ue me la han enviado á estas montañas
para ponerme alegre; yo le he abierto
lo~_brazos, con dulzura: no me habría
remdo con el lobo, si me hubiera
pagado mi cariño; pero el necio
me ha hecho traición: el animal pequeño
coba:de al hombre, ha pretendido binca1'.
l?s dientes largos en mi propio cuello:
si no le rompo el corazón, me mata
y con la lucha, deliciosamente
'
se han llenado mis miembros de fatiga·
parece que la vicia doblemente
'
me ab:aza ahora, y quiere coa más fuerza
por mis venas correr, aunque me ahogue.

.Porla primera vez, desciendo al llano
y hago descanso en él, y cobro fuerzas :::J
y doy pasto á mi sed, y no deseo
vol ver {L andar ni abandonar el llano.
En esta tarde, abriéndosp á mis ojos
como una flor, la placidez del valle
mt: IIPna ~e perfumes: yo, que nunca
de¡é los picos de la Sierra mía
ni entré en la calma de las tierras quietas
más que para nutrirme, hoy he sabido
cosas hermosas de I a tierra vieja:
hoy sé que hay otras fuprza;; por encima
de la necesidad; hoy sé que agrada
sentarse sin fatiga, y conversar
s!n pedi(· nada y en~ontrar mujeres
srn abatirlas .... ¿.donde vives, niña:&gt;
porque la casa que te guarde, quiero
co?templarla, _de hoy más, desde mis cumbres
ro¡a, con el aliento a,ml del humo
'
1~ p_uertecita abie1·ta desde lejos, '
dimmuta en el valle, quieta inmóvil
atrayéndome á ella, ingenu~mente '
com~ querida cabritilla, joya
'
de mi rebaño, sola entre las yerbas
y echando aliento azul al aire frío!'
¿Cuál es tu casa y cuál tu nombre? dime
cosas nada más tuyas; necesito
reducir sólo á ti todo el cariño
que siento por las cosas de la tierra!
MAGDALENA

MAGDALENA

Mi nombre es Magdalena, y la más grande
de las casas de allí- ¿la ves:- a.quella
con 1·osas que se ríen, por encima
de las tapias del huerto, es donde vivo!

Siéntate aquí; descansarás!
DIMAS

,.l'onoces

p._tos Iugat'P~ tú:

MAGDALENA

Desde chiquilla
l'Ort•o por ellos y me entt·ego á ellos.
Dlll1AS

m cielo copia bien las placideces
de tus ojos de nii1a.
1 SentAudos e.)

Estoy rendido!

DIMAS

Uomo si toda el agua de las nieves,
en un día de sol de nuestra Sierra
se juntara en un hoyo y allí quieta
la fina luz del aire recogiera',
'
me parece que todas las pal abras
con que expresamos hermosura de algo
se Juntan en tu nombre y alH toman
~flor de luz y trascendencia de aguas.
Iu nombre romperá, cuando las ansias
de dat' al mundo mi deleite puncen
mis_ labios torpes, la torpe~a mía,
y diré «Magdalena&gt; cuando quiera

Ni una sola palabra de tus labios
~e _apartará ya más de mi memoda.
&lt;,Piensas que no ~ escucho? Tus palabras
me p_arecen tan bien, que estoy muriendo
de oirte habla1:, desde que estoy contigo,
Y te escucho, s10 pena de moril-me!
DIMAS

Morirte tú? ;,por qué? ¿porqué amor•mfo•,
¡cuéntale á tu pastor las penas tu vas •
·
que tu pastor salurá con su cayado '
a tu defensa!
~1AGDALIJ:NA

. ¿,Cómo hablarte? ;,Quieres
que con nns propias manos te destroce
PI corazón querido ·t ;,que mis ]{Lo-¡-imas
apaguen para siemp1·e tu aleg-l'Ía
co1110 la arena el fuego ele una hÓo-uera''
N ad~ te he de contar: ta1·de te he ;isto ·
Y meJor fuera no eocontra1te nunca:
toma del cuerpo el alma mía, amor,
como has tomado el agua &lt;le mi herrada
Y vuélvete á tus curn bres, y uo baje,,
'
Y no vuelvas al llaoo, donde nad1.i
fuera de mí te mira. cou cariño!
0

Alfredo Donizettl, maestro director

como una obsesión y huía, corriendo tras
el placer, con los cabellos ,;ueltos, el corpiño desceñido y los labios hún1edos, calle abajo, calle abajo, hasta. perderse en la
noche.
Yo observa ha el drama desde mi halcón
c·11ando apoyaba los ojos en los Yirlrins pa-

--

.

Augusto Baltoni, tenor dramático

DIMAS

¡Mi Magdalena!

ve al trabajo. Cua1Hlo los vecinos se acercan,
les mira con ojos extraviados y les rechaza.
-¡Hay qne trabajar!-dice siniestrame1,tr.
Y sigue fabricando ataúdes pequefio:a;, como
si estuviera acechando el cadáver de todos loiniños.

MAGDALENA

Sí, tu Magdalena
9-ue no quiere arrancarte de tu Iglesia,
imagen milagrosa, parn hacerte
puntal de árboles viejos ea el llano
Vuel Vt&lt; á las cumbres con la luz y uéj ame
en la noche del mundo y del espíritu.

(_

DIMA

DOLOROSA.

[Cou cahna la abra.a y se disp0oe á partir.J

Yo trae1·é luz al valle.
l\L~GDA LF.N .\

Y yo la espel'O
con las ventanas de mi casa abiertas!

Ramón Blanchart, baritono absoluto

[Sale Dimas, firme de anclar. y sin volvers ~ á verá Magdale!'"· que le sigue, coi,
los o¡os J leoos d" lágrimas, hast" perde,le
de vist1&lt;.

Alfredo Pei, barítono

de tela y de caoba, de pino pintado y &lt;le cedro oscuro, que abrían sus bocas vacías, aguardando la presa codiciada. Los cajones fúnebres se amontonaban en grandes pilas y avanzanan hasta la puerta, im·adiendo casi la calzada y ofreciéndose al caminante con una sonrisa y un guifio &lt;1ue recordaban un desastrr
posible y un desenlace ine,•itable. Parecía r¡ue
todos estaban pidiendo [1 voces su ración de

Flotan en el silencio del santuario
fervorosos murmullos de oraciones
y pinta en el asfalto sus manchones
el trémulo fulgor del himpadario·
Chocan las frías cnenta.i, del roiario ·
el a.rmónium solloza roncos i,:one¡;;
'
y 8e elevan las turbias nublazone;
que vierte por su boca el incensario·
La Virgen Dolorosa, en la hornacina
con un nimbo de gloria que ilumina '
el do~or de su faz clemente y bella,
DeJa asomar en su pestaña obscura
una gota de llanto que fulgura
como en la. noche el brillo de una estrell:i

J. l\L FACHA.

�Domingo 31 de Agosto de 1902.

Et

EL MUNDO ILUSTRADO

MUNDO ILUSTRADO

AÑO lX.--TOMO ll.--NÚM. 10.

MÉXICO, SEPTIEMBRE 7 DE 1902.

Dlrector1 LIC. RAl'AtL Rfl'f&amp; &amp;PINDOLA.

Oerente1 LUI&amp; Rtl't&amp; &amp;PIN90L4.

LA Vur:LrA D~L SOLDAUÜ.

UNA PARTIDA DE CARTAS.

(Cuadro de Melssonier.

Sub,cripción mensual foránea, $1.50
luem Jdem. en la ,cai•ital, ., 1.25

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 31 de Agosto de 1902.

Et

EL MUNDO ILUSTRADO

MUNDO ILUSTRADO

AÑO lX.--TOMO ll.--NÚM. 10.

MÉXICO, SEPTIEMBRE 7 DE 1902.

Dlrector1 LIC. RAl'AtL Rfl'f&amp; &amp;PINDOLA.

Oerente1 LUI&amp; Rtl't&amp; &amp;PIN90L4.

LA Vur:LrA D~L SOLDAUÜ.

UNA PARTIDA DE CARTAS.

(Cuadro de Melssonier.

Sub,cripción mensual foránea, $1.50
luem Jdem. en la ,cai•ital, ., 1.25

�Domingo 7 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

~

han de halagar la vanidad ó la alegría de los
tituciones monárquicas y cuando se consolidó
EL HOMBRE
hombres.
la vida cortesana, el hombre acabó por volCierto que el ciprés es triste y su tronco f:Uverse mujer. Su piel se suavizó y se sonrojó, su
be recto; perc la pena que el ciprés simboliza
mano se afil6 y emblanqueció; su pierna, anno es ya del mundo, es el dolor purificado que
tes vigorosa, se hizo fina y vagamente nervio~a no busca consuelo en la tierra, que nada
sa; sus ojos se.agrandaron; á la barba poblada
tiene ya con ella. Por eso tiende sus ramas y
é hirsuta se sustituyó el bigote sedoso y riza.,, Cáda raza, cada época, cada pueblo encarna
pone tan altas las hojas, donde no alcanza la
do. Dejáronse; crecer las cabelleras, usaron
·· -' y se condensa, por decirlo así, en un tipo, en
mano ni casi la vista.
corsé, tacones altos y rojos, dieron de carmín
una personalidad determinada bastante á reu•
Se inclina de un lado mi sauce, del opuesá los labios y recamaron y bordaron sus vesnir y condensar sus caracteres predominantes
to á la casa á cuyo arrimo vive. Xo será intiduras, y llegó á ser difícil distinguir un abay esenciales y á caracterizarla por completo en
gratitud, porque sus ramas besan amorosas el
te de una conventuala, y los petimetres del
lo ~oral, _en lo intelectual y aun en lo físico.
viejo balcón de madera, que alegra un cajón
duque
de
Enguién,
como
los
«mignon»
de
EnY'f
· •
D~l .J'w'ísma
manera que á cada clima y á cacon geranios rojos. No será. ingratitud sino
rique III, acabaron por llegar á ser el tipo de
d~~oca géológica corresponden una fauna,
más bien la sublime resolución de algu~os inla especie. Sin el espíritu caballesco peculiar
uda flora y una estratificación &lt;.::sperial del teconsolables: huir de la multitud sin negarla
de la época, las mujeres hub;eran acabado por
rréno, as1, en lo social y en lo humano,· hay
su amparo; no vivir junto á ella, pero sí con
revestir la coraza y cefiir la espada, como lleflore,s y faunas caractel'Ísticas y diferenciales
ella.
garon á hacerlo los obispos, y Mad. de Londe fas épocas y de las razas.
gueville gustaba de disparar cañones.
;Lá palmera, el naranjo, el limonero y el
Vino la época industrial, el intelectualismo,
El espacio que abarca la sombra &lt;le este sautamarindo; la luciérnaga, el cucoyo, el mosla lucha por la vida en el trabajo, y todo el
ce es muy grande. Bajo su caído toldo caben
q t1ito, el chacal y el jaguar, caracterizan la zohombre se concentró en la cabeza. Despejósele
muchos tristes, muchos hermanos huél'fanoi,:
na¡, tropical húmeda y exuberante; el jaray arrngósele la frente, se le hundieron los ojos
todos los adoradores de una hermosa sin alma.
mago y el camello, las regiones cálidas y se•
y adquirieron un brillo febril; encalveció. Si
Crec~n las ramas desiguales y tortuosas, cocas; el oso blanco y el zorro azul, las hiperbóen V ~rsalles todos parecían mujeres, en la
mo qmen en su pena no puede cuidarse de su
reas; los cereales, las frías; el llama y la caBolsa, en la Academia, en el laboratorio y tras
compostura y bien parecer; mas, á pesar de
bra, .las montañosas. Y si en vez de considedel escritorio, todos parecemos viejos. El cuerello, forman abajo un contorno casi exactarar el espacio, consideramos el tiempo, compo es un pretexto, un peor es nada; en los
mente circular. ¡Qné graciosa y tristemente
probaremos que el iguanodon, el megaterio,
balnearios no se ven sino esqueletos raquíticaen sus hojas, hasta tocar algunm; la menula amonita, caracterizan igualmente determicos ó torcidos, tendones gráciles, sobre huesos
da hierba! ... ¡Oh, estas hojas de sauce, finanados, períodos geológicos, y que se pueden fiy eczemas, pechos hundidos y e:;paldas estremente lanceoladas, son lágrimas que alauien
jar no mE:nos bien por las impresiones que
cha8, bíceps atrofiados y pantorrillas ausentes.
llora;
tienen su forma y su «caer," su h:tlago,
han dejado las hojas, los ta:llos y las raíces de
La belleza humana moderna, en el hombre
en
fin!
... Cuanto más se mira el árbol de las
las di versas plantas prehistóricas en las enal menos, no es ya de forma y de proporciotumbas,
más encantos se le encuentran. Así patonces blandas arcillas que han acabado por
nes, sino purameute de expresión. Hay luz
sa
con
el
pensamiento de la muerte.
convertirse en durísima:;; rocas.
en los ojos, brillo en las frentes, ondulaciones
Une
á
las
ramas entre sí el lazo más fuerte
El tipo humano es también regional y crosugestivas en el cabello. Tenemos cráneos de
el
de
la
pena
común, y así, cuando el vient~
nológico, El esquimal, diminuto y obeso;
pensadores ó de poetas, entrecejos de filósofos,
pasa y en la robusta é insensible cajiga cada
el ab_isinio, negruzco y musculado; el sueco,
rugas de meditativos; pero ya no tenemos forr~ma se mueve por sí, con total independenbla\.nco, rllbio y pecoso; el beduíno, ojinegro y
mas de atletas ni proporciones de giro nastas,
bairbudo; nuestro fronterizo, alto, esbelto y
cta de las otras, y del álamo orgulloso se ve á
ni caras de efebos. Somos hidrocéfalos sostenicada hoja temblar por su cuenta, el sauce muevi~oso y nuestro indio del sur, amarillento,
dos por popotes.
enjuto y raquítico, son frutos especiales de cliye todo entero y á conipás su lúnguiclo ramaje.
Ko es ya en el bafio donde podemos admim~ -s?nos ó enfet·mizos, de regiones frías ó
, ¿Por qué crece siempre á orillas del ano yo
rar nuestra plástica, como antes los romanos·
o muy cerca de él'? ¿Es que las lágrimas que
.
.
'
cál1&lt;ias~ de terr~tori?s secos ó pantanosos, de
para Juzgar de nuestra belleza, no tenemos más
llora el árbol formaron el arroyo y le alimenla tJi,\ldes altas o baJas.
elementos que la fotografía, que nos represen;ltÍ tiem,po iufluye también poderosamente ta con actitudes y expresión de iluminados ó
tan diariamente, ó es que, como todos los tristes, ama el sauce la vista y el rumor del agua?..
en1&lt;l.~ r .~ello y carácter á la personalidad 111:1con posturas y gestos de inspirados ó de viEste querido árbol no vela aquí sobre tummaná, ~9,on excepción del chino, que es idéttdentes.
tico-y aparece incam biable desde hace veinte
ba ninguna, y todo en su derredor aparece riSi llega á ser un hecho, que no lo será, la
suefio y viviente: picotean las gallinas entre
mil años, como son idénticos á los de e11tonfotografía espirita, ella, que trasmitirá á la
el cés?ed, canta en el balcón contiguo una cace¡3 su clima, sus usos, sus costumbres y sus
posteridad nuestra alma, si posible ed con tolandria, florecen en él los geranios y hacendoleyes ele hoy, los hombres han cambiado y
dos sus anhelos y todos sus ideales, será la
sea una mujer de sa1,o color entorno de la ca•
cambian progresivamente con el transcurso
única institución capaz de dar idea del único
~ª· !odo sonríe, y, no obstante, parece estar
de-1 tiei,ip-o.
,
género de belleza á que podemos aspirar.
Justificada la presencia del sauce; aspírase aquí
;El;.n,tigttÓ espartano era alto, esbelto, vi¡ Lástima grande que nuestra alma haya decomo la calma que sucede al dolo( después de
goo:oso, musculado, tipo de la belleza mascuvorado nuestro cuerpo! ¡Se llevaban tan bien
consolado, q como el perfume que dan las meliiía'q_ue nos legó aquella heroica antigüedad.
.el cuerpo y el alma en la antigüedad clásica!
morias tristes luego que el tiem1~0 las quit6 su
E~ :i~Q roman?, que le ,suced_e e~ ~l orden crocrudeza.
nQ~og~co, comienza ya a dar rndicios de flaxi'
. Parece que vela sobre algo, muerto hace ya
d~¡(_&lt;le' obesid~d cada vez más acentuadas,
tiempo. ¿Qué habrá aquí enterradci? ¿Serán laa
ali ~ti:emo de que i,i Rómulo y Remo son
esperanzas de algún otro soñador , que vino á
d~en~ientes de loba y secos y musculados
sentarse una mafiana donde yo estoy sentado?
CO!n,º~~~.wadre, T.i berio y Calígula ·resultan
¡Qué hermoso sauce! ¿Quién le plantó aquí?
hijo~ de·cerdo por lo grasosos, por lo pesados
y por lo glptones.
E. l\IJ&lt;~SÉSDI~Z Y f'.EL.\ YO.
En la Edad Media; como nadie come, como
los que no orari hacen penitencia, y como el
resto de las gentes vive del bandolerismo miComo la mujer d e Lot, toda sociedad que
litante 6 luchando contra él, todo el mundo
'ELSAUOE•
se d etiene para mirar hacia atrás, se convierte
está flaco, pálido, ojerudo, al grado que el aren estatua y se petrifica.--AXATOLIO LEROY
te1 bizantino nos parece, y con justici&lt;1., una
¡Qué hermoso sauce saludo-todos los días
BEAULIEU.
plasttca 'dé hospital y dé anfiteatro. Había sin
en mis andanzas por estos lugares!
dud~ hombres fuertes; pero no por el móscuHasta su tronco llora, que no son sólo las
lo, smo por el nervio, ni tampoco por la sanCuando la bondad de loR demás sobrepasa
ramas
y las hojas. Se inclina de un lado lo
gre, sino por el alma.
1í. la mía, no tardo en llamarla debilidad.
cua! no ha de ser tacha de su h ermosura e~ un
Cuando se constituyeron gradualmente las
PABLO Ro:mLLY,
tronco de sauce; séalo en los otros árboles, que
randes nacionalidad el" á la som hra de las ins-

.- -

EL MUNDO ILUSTRADO

.

DBL TIRMPO Y DRIL RSPACIO

r

~~~~~O&amp;:'~

El vuelo de las sombras azotaba
el abrupto peñón como castigándolo
~orla osa?ía de sentar pel"adamente
su n~ol~ a la; vera del camino de los
~b
fantast1cos giganteR.
Cortado á pico, como un muro
enorme que se hundía en el infinito
azul, _no era creíble que aquel
penon ~ud1era ser hollado por pie alg_uno, 111 c¡ue cerebro humann resist1er~ el ,vértigo tle su cima.
.·) ft~e,. sin embargo, que un atre' ido vrnJero emprendió !:'l ascenso,
ruando las Rornbras incrustaban su
ne~rnra en todos los resquicios de la
penn,_ en t_odos los angostos i&lt;enderos,
en !ns grietas profundaf:, abiertai&lt; á
n1~nera de cRpr ntoi"as ~onrisas del
nb1~mo.
El valiente que intentaba la avrnturn, parecía Her un vagabundo ent~:f!ndo _á l?s caprirhos &lt;le la suerte.
Q
N_1 alforJn 111 callado, ni piele1;;, quizá
,~1 rumho..... Emprrn&lt;iiú la marcha
Kll1 vacilaciones. desprecinndo la
som lira Y apoyando con firmna la pi:sadn, que no dejaba huellas en la
.
.
roca.
l na mirada que huhieKe dominado todo a,1uel e1-1 '
1 •
·idivin ' '
'
·
'
P un no rnb1em
• . . ~()O n &lt;¡lle i-:e encan11nnbnn los pasos &lt;le) iWenturern' El a~ccns•0
ern mutil_ para ganar los can1pos opuestos; nada había en ·aqt 11· .- ·
que .pudt~m co111peni-:ar las fatigas de la atrevida excursión le a cuna
Í can11naba, y más caminaba, bordeando las grietns ~- siguiencl 0 0,
1lmH1onan do. n ,·ol untad, los angostos senderQf'......
·

"ª:í?

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.
f 0mmgo
7 de; Septiembre de 1902

'

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*** tiPll1J10 f Oº pn '()S ele) · '
liahía durado al!!LII~·
, Ya
·1 1el aseem,o
J)
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· ' ·' .. :s
,·rnJe1·0 no
'ac,i a 13,11. e pronto, i-:f' paró ni borde dt'. una arieta rolo~al
¿.Salina que; ern aquello'?
,.,
,' ·
Difíci lme11 te Ke a lt-anzaban lns tli rncnsionP~ &lt;]p )a ora,1 1.
1
suntuo· .
, ·
&lt;l
.. ,
·
, ·
,.., , uoca· era e
so I om p11mento e u na ,·1i-:10n dn ntesca.
'
~e &lt;letU\'O para contemplar el prodi"io· y al ,·oher la vista¡. · 1
rer111to tJne eo 1&gt;JJa
.. 1&gt;a 1a ptP&lt;
· ¡rfL, 1111ro
. , :í 111"' pálida
• • luz de un J'irún
• clealb
H1c1a 0e _
rada, qut• un n1omstruo
gigantesco tlormitaha
en actitud de descanso.
La emoción clel cami nante debió de Rer
terrible; parecía que el
terror lo privaba dctodo movimiento.
Y naturalmente: el
audaz se encontraba en
el palacio de uno de
esos seres que la naturaleza ha hecho en un
refinamiento de concepción horrenda. Era
gris el monstruo; cla-

vábai:isele al cuerpo cuatro patas cortas, armadas de arra .
amanllenta se posaba en su lecho sembrado de brillos d g d s,/ª panza
ca_uda asquerosa, de forJ:?a triangular, apuntaba á la 11 pr::ed ª Y una
~~!;onbtrlaasnlao cdabelza,l semia_plastada, parecía hundirse co~ fr~ciinª~!r~Í
J
e e a uz naciente.
. E_l, viajero contempló un rato al monstruo ue
vut10 la presencia de aquel imprudente hué~p1d.' en su sueno, no ad-

!

a; lnu;r~·dadh gdue e:a ~wprudente y ha~ta temerario. Otro en su lug '
ra UI 0, siqmera para no sufrir aquell
' .. ,
pesadilla; pero él a\'anzó penetrando en el
l . a espantosa v1S1on de
J , . h
pa aCJo.
0
1
&lt;lo ;i;o;s~~b~
1:~~::~~~!~~~c~ad~ ~~1~tuosidad semejante: tomisma, pero tallada con caprichos que 1 ie11a, los m~ros eran la roca
dido conceuir· eñ algunos lu ares se e so o un gran ai:t1sta hubiera poforma, con taÍlos finol-' y ere!~s.
rguían vegetaciones de rarísima

:i

:t~i;$

~r

La sombra, que, á manera ele cortinaje ser f. 1 1
cio, prestaba una sensación fantástica al ~onj:~:/ª a fondo del pala-

:1

*

El monstruo seguía Jurmiend:
via· .
d .
.
.
contemplando todas las innumerai;ies f 1rio pu o ieco1rer el recrnto,
y a 1 l .b 1 . d
Je ezas.
a uz I a Htcien o irl'll!JCIÓll y bañaba má &lt;l
d'
~ugusto y horrible morador. La audacia del visi~mt: TI1e ,1º }cuerpo al
e pascar con ]Jaso tranquilo en denedor &lt;l l
.,
ego a extremo
atentamente en todos sus detalles.
e monstruo y observarlo
A proximóse á una de la:. "anas y s
. 1, d .
de ellm;, Más atento estaba ;;l la ·ttre:is~l!-0 a a ll1!!'ª1' la agudeza y filo
&lt;le un choque formidable se h1'zo' o1'1· r¡ 1 obstend
' ac10,n, cuando el rnido
t,
,
, a en ra a ( el pal ·
L
ose una nube de polvo el rnon"tl'Uo h'
. . aCJo. evan1,;en}~• la terrib!e garra ~obre el ~'1:1jero. izo un movmnento rápido y
Estaba perdido. Pagaba con h \'ida a
1
. .
arrastró á la más loca de las cur'iosidade~.ue temerano impulso que lo
La _garra era pesaclísirna y temblaba sobre el cu .
, .
h u~&lt;l1énclola más y más en el suelo bla11d &lt;l 1 1eI po de la victnua,
:-..; h
·,
o e pa acio
• o ay eT?oc10n comparable ú la t}UC estab
.· .
mentos sentrnescar&gt;ársele la ,, 1·&lt;la· 1,,
. ~,expeumentando; por mo.
'
" resp1rac10n se h ' f ·
to perdió to&lt;la esperanza la luz"~ txti11gui'0 l
acia at1go:;n; pronno ~riuufo de la angu;:tüt...... ~
, ª muerte llegaba eu pleUna nue\'a detonación conmovió el sil .- &lt;l 1
.
polvo rní1s densa cubrió la atmúsl .. ·
enc10 e palae10; otra nube &lt;le
&lt;liú u11 salto 1&gt;rot11·~'1ªu·,-u
.. y...s·al·,
,
.Elc1·monstruo
¡
o "
1uaesca1&gt;e
el e l·,L gneta,
.·
p1 en 1en&lt; o una carrera vertigiuo .
. l·
.
ernEl viajpro !&lt;ú sintió libre de la g;:;\t;11u;i 1~11p1_1,1alíl~.
mon~ña. .
opi 1111 ;i, wov10 los nnern-

r----------------------~-----, /
/

/

/

bro~. y :-e !'segurú con SOr!Jresa &lt;le que llO
tei~~,i clanu alguno.
·~º pudu4.explica1'i-e ÍL &lt;¡ué &lt;leb''lU su sa·· l\'ll(' IÚII.

***
cubierto ce
¡ musgo
y ···· .. •Era un carn1Jo
b
. e_n e1 pasta an tranquilamente unas
11veJas.
en la roca, un''ª
t .-t
·ete 8enta&lt;lo
,
J:' s orc1 o se
Cl1tl nia en torturar una la a -i·. .
.el monstruo!, mientras hajabf
~~~
ner por J~s a_rrugas de la peiia
una_ h?rm1gmlla negra: - ..... .
el naJero audaz!

í: :t~~-

.Cuis Frias

FRAGMENTO.

PUERTAS DE LA CIUDAD,-Caludas de Guadal upe,

1

r.

1

san

. y Tacuba
Antonio

Fernándu.

�.'

EL MUNDO ILUST!tADO

L-,mini.to 'l' Je Sepfo,mbN' de 1902.

LOS ÚLTIMOS INCENDIOS
et dealro
~ el corto período de
seis día:; se han registrado en el país tres notables in&lt;'endios: el del teatro Acuña, de Sal tillo,
ocurrido el 24 del pasa&lt;lo;
el &lt;le! meren.do &lt;le Puebla, que He d&lt;·claró el :W
por la noche, y el de u11a
parte de la fabrica de hilados de Río Blanco, que
se produjo el mi,mw tifa
en la madrnga&lt;la.
Ln. frecuencia con que
ei;;tos lamentahles sucei:;o;;
vienen repitiéndose, es
alarmante:en BaltilloacaFachada del "Acuña".
baba de ser consumido
por el fuego un cajón de
ropa, cuyos dueños perdie~·on m{~s ~e cu~r~nta mil pe~os, y en Puebla
estaba aún cuando sobrevmo el ultimo siniestro, pal¡ntante la consternación producida. por la completa dei&lt;trucciún del teatro Principal.
EL incendio del Ar.uña, hrrmof&lt;O edilicio del estilo moderno, se
declaró á las siete v media de la mañana, hora en que las campanas ele los templos toca.ron a \arma. Mom€11tos de1,pués, una e~pesa.
nube de humo envolvía todo el teatro, y el
fuego se propagaba con suma n~pidez.
Las llamas se eleYaron á considerable altura, y fué tal el calor desarrollado por E&gt;lla~,
que los árboles ele la plaza di' los Hombres
Ilustres quedaron en parte carbonizados. Al
derru111 bar,:e el techo del teatro. Yin o por tierra la torre del reloj, desplománcloi,e tamhién
parte del pórtico.
.
.
Perdida la esperanza de Hofocar el mcend10,
poi: la carei1cia de los elernclltos llel'e:mrío,;,
las autoridades pusieron toda f&lt;u n tenci11n e11
sah•ar de las llama:; los establecimientos nwrcantiles contiguos. La gendarmnía y los sirvientes de la!:l tienclai; acudieron con toda eficacia á las maniobrns de desocupación de lm;
almacene;;, y con cubetas y cánfaro:&lt;, se logró
refrescar los 111uro;; y n rmazo11es r¡ue el fuego,
con toda facilidad, ltul,iern invn.dido, sin la
oportuna intervención de la policía.
A las ocho ele la mafiana se de!:lplomú lo que
~un estaba en pie del teatro Acufia, quedando reducido á cenizas y ef'combros en mcnois
de una hora. La co1111;añía dramática que actual&gt;a en el coliseo, sufrió la pérdida de tocio
su archivo y atrezzQ.

***

Acerca del incendio del mercado de Puebla,
el fuego no dejó en pie más que los muros de

Domingo ~ de Septiembre de 1902.

BL .\IUKDO lLUS'I'IlADO

"cllcuña."
m'lmposteria que, ennegrecidos por el hum,), encerrnb m ú la n!afiana.
siguient&lt;: un lrncinamiento de vigas, muebles y trastos c_arbornzados.
La noticia del siniestro cundió con rapidez por toda la ciudad, Y la~
calles vecinas se vieron en un instante llenas de gente que acudía a
prestar auxilio.

i..l

***
Sin alcanzar las colosales proporciones de los incendios á que acabamos tle referirnos, el que se declar? en_ la fúbr~ca_ de .H\o Bla~1co, produjo, sobre todo en Orizaba, un pá.mco rnde:;cript1ble. ~,e ~.ec1~ q:1e el
voraz elemento había acabado cou una gran parte ,&lt;le_ la fabnca,pei o no
tardó en rectitkarse la noticia, dando por hecho, ~mcamE&gt;nte, qt!e las
llamas sólo causaron algunos desperfectos en el salon de telares. El administrador de la negociación y los operarios ocurrieron con toda oportunidad al punto en que el fuego se habfo decla:ado, y pronto . pudo
extinguirse, sin que los trabajos llegaran á paralizarse. La vers~on de
que el incendio se debía á t!na ~·0nganza. ?e yarte de lc,s operan_os, se
ha desmentido por los prop1etanos &lt;le la fabnca, como un «canard» de
los alarmistas.

II ustramof; esta página con algunas fotografías relafü·as al incell&lt;lio
del hermoso teatro &lt;le Saltillo •que acaba de desaparecer.

El incendio del teatro.

De ,~Primavera Sentimental"

.,..
0::\10 si la metrópoli, Hospital de Terceros, edificio que ha pl'ISAclo
&lt;le algunos años á est" ft la historia rodeado de :inécdotas y tradi!'ioparte, no hubiera su- nes, como tantos otros. En las nuevas cal les
frido la 111ás leve trans- del Cinco de l\Iayo, abiertas casi en toda su
formación, del uno al extenFi6n, se com,truyen actualniente las
otro extremo ele la ciü- primeras fincas, y pronto lo que ahora rR un
dad f'e echan ele ver, hacinamiento ele escombros, será herm11:::a
en el día, el empeño prolongaeión de una de nuei&lt;tras nwjoreR aYeconstante por dotarla nidas. En cuanto al HMpital, no querla rasde nuevas calles que tro dei edificio: columnas de hiP1To, cabrins,
favorezcan el tráfico, montones de materiales y un ejército de opede jardines que la her- rarios se ven en el sitio donde Re levantara.:
mo~een y ha¡?nn agra- allí se pone mano á una obra. dr utilidad púdable y amena. á 1,us blica, que reclama el desarrollo tic la pohlavisitan teR. y de edifi- ciún: á la nueva caRa de Correo1,. ::\Iás allú
cios con que la. higiene se ve, cerc.ado, el campo en &lt;Jne ha de conf&lt;y el ornato resulten ga- truirse el teatro más suntuoso de la. Repúnanciosos.
blica, y por todos los rumLos sopla u11 vienEsto que ha &lt;lado en llamarRe «fiebre de re- to propicio á la hermosura y ensanche de
construcción» y que no es más que una de n urstra metrópoli.
tantas manifestaciones de la época bonanci hle
Para un observador, hay en todo esto puntos muy dignos de estudio:
por que atrave1-amos, va, poco á poco, hacirn- ~r:i, J'Or ejemplo, el sistema, tan distinto del antiguo, con que se construclo cambiar el aspecto que
ye actualmente. Al pie de esta página publicamos
de población antigua conseruna fotografía. de la armaz6n de hierro de la Casa de
vó por muchos años la capiCorreos: quien recuerde cómo se levantaba una casa
tal. La easucha de pei&lt;adas
ha.ce veinte años, se quedará.asombrado; todo es ahopuertas cede su puesto al
ra diferente, los métodos han cambiado de manera
~
airoso "chalet" de amplias
notable, ajustándose no sólo á las condiciones de la
ventanas por donde penetra
belleza arquitectónica, Rino á las más estrictas de la solidez y de la buena disla luz á torrentes; el caserón
tribución.
poblado de leyendas desapa•
Los techos pesado8, la,&lt;; ventanas estrechas, los pisos hundidos, todo esto Ya,
rece envuelto en nubes de
con
la rutina, proscribiéndose para ahrir ancho campo á estilos que se compolvo, y por todas partes, copadecen mejor con las exigencias de la cultura moderna, y con las condiciomo por encanto, las consnes especiales del terreno.
trucciones modernas se multiplican con una 1·apidez
asombrosa.
Las colonias en los suburbios y las avenidas principales en el centro, estnn enDebido es, por lo demás, consignar que el Ayuntamiento corresponde al
fermas de esa ,,fiebre." No
empeño de reconstruir que trae fuera de casillas á los propietarios, con la imhace mucl.io, la piqueta del
plantación de mejoras de tanta utilidad como los nuevos pavimentos, los merembellecimiento demolía la
cados que están en vía ele edificarse y la apertura dt calles donde el tráfico y
última pared del Nacional, y
la comodidad lo reclaman. Ji:! Gobierno General, por su parte, contribuye
hace unos cuantos meses estambién á la obra, ya con la. construcción de locales para e8cuelas y casas de
taba aún en pie con SUR ambeneficencia, ya con la de aquellos que, como la Casa de Correo", están llamaplios salones y conedores el
En el Cinco de Mayo
das á prestar al público servicios importantE&gt;s.

¡Cuán feliz es el sol! En lns mañanas,
por verte, su carrera precipita,
,i tuR balcones llega y en tu alcol,a
penetra por la abierta celosía.
Retoza en los encajes &lt;le tu lecho,
á tu hermoi:;ura da calor y \'ida;
tórnase ritmo en tu1, azules venas
y epigrama ele luz en tus pupilaR.
Mas yo no em·idio a I sol, sino al espejo
en donde ufana tu beldad se 111ira,
que te ama. alegre, cuando e:-tús delante,
y al punto que te rns, de ti se olvida.

F ABIO FIA.LLO.

Después del siniestro

EL hombre estudia {t la n1ujer más que á
las mujeres; éstas ¡.;e inquietan rnenoE de conocer al hom hre que á los hombres.
Supersticiones: debilidade;; del espíritu en
las cmtles frecuentemente el corazón agota sus
fuerzas.-G. :M. VALTOUR.

Armazón de la nueva Casa de Correos

�Domingo 'i' de Septiembre de 1!)02.

EL l'iIUNDO ILUSTRAbO

EL MUNDO ILUSTRADO

DOS ÁRBOLES VIEJOS
LEYENDA BRETONA.
Esto aco11teeía en Plougmmou, no hace todada mucho tiempo.
Había allí, c:11 una pobre quint,i agrh:ola,
un huen hombre.,· una mujer que, no teniendo
medios para limpiar f'U trigo á máquina, lo
hacían al trillo. Dei;&lt;le el alba hasta la puel-'ta
del sol, trabajaban &lt;le c0ncierto, el hombre
conduciendo la,; espigas,y la mujer arreglando
las e1as.
Pensad si, concluí&lt;la la jornada, encontrarían el lecho con placer, aun cuando la cama
fuese de pajn de aYena y las aábanm; de ruda
tela de cáñamo. Apenas se buscaban tiempo
de cenar algunas patatns y de recitar tmn om-

-\·amo!-', Rnclegornla!. ....... l'or esta sola
,.l,,d ..... .
E11to11ce•s ella, cntri,:teC'ida:
--~oy sien1pre denial-'iado necia en (·un1plir
tus ,·einticuatro c;q1rieho:&lt; ...... En fin, ;;ea! ...
\'e .v haz lo 11oi,;il,le por eswr aquí pronto &lt;le
vuelta, si no quieres que me Lluenna aquí,
ve:&lt;t ida, en el int...rvalo.
No hahín terminado la fr:uie, cuando el
hombre estahn fuera, bajando á graneles pasos hacia el molino. En tnnto que vió claro
en su eamino. corrió más bien que anduvo;
pero en u11 f'itio en que el sendero parecía hundin;e en tierra, entre dos altos taludes desplo-

I

r

ción: un instante &lt;lesµués, estaba11 tend idu::;
roncando á cual más y mejor.
La última noche el marido habló de esta
manera á su mujer:
-Radegonda, entre los ricos es costumbre,
cuando agosto ha terminado, haya en la noche banquete para los limpiadores. Por mí, si
me diera~ el manjar que tanto me gusta, ra
sabes que preferina pnsteles, esos ricos pastelitos de trigo 1wgro que sabes hacer, Radegonda.
La mujer, que caía de fatiga, exclamó:
-¡Pasteles, mi pobre hombre! No sueñes;
tengo los brazos cortados. Yo he trabajado
tanto como tú, ¿no es verdad? Y como no tengo la fuerza tuya, estoy que no puedo má~.
Cómo quieres que encuent1 e valor para ponerme á prender l'l fuego, ú amasar la haiina y á
preparar la pasto:? Y adPmÚf,, nrn1 cuando encontrara eRte Yalor, no podría contentar tu antojo, porque no hay una brizna de harina en
la alace11a. ¿Ko recut&gt;rdas que hace más de una
semana e¡ue hemos estado e11 la coi::echa ,. qut&gt;
no has ido á caRa del molinero?
•
· -¡Oh! si no es mús que harina, yo me encargo de traerla.
-¿Qué irías hasta el molino? ...... ¿.Después
Lle haber sudado tanto, de tanto trabajar? ¿Tu
P:-tómago es un amo duro é intransigente
Hervé l\Iingam?
'
Hen-é l\fingan1 contestó suplicante:

nmcl11s, preciso le fué ir mús
despacio. Hen·é avamaba á
tientn~, porque tenín. sol,re fl,
mlemás ele la so111 brn e.le Jo¡¡ tal udeR, la
df:' tres vit-jo~ úrl,olC's. 11 a, p11e,:, con
pree·aucib11, sujetnndo ea.da uno de ;;us
paf.O!-&lt;. En medio del Hilencio, que era
profunclo,y á pesar d,· que el aire t&gt;Staba
inmóvil C'omo RuceJe gPnernli11ente un
las noches ti biaf' &lt;le ngo~to, oyó que
el follaje, arriba de ~u en.heza, c·ornenzó
á hacer ntido de un modo bizarro é
inesperado.
-Di rntre, t'S cosa muy particular, pensó.
Levantó los ojo:-, y á p&lt;'Har de la obscuridad, reconoció en la hlancurn plateada de la
corteza cuyo ramaje sac-udía de esa suerte, que
eran dos hnyas de a1-pecto venerable, que se
hacían e-ara vanas, ele un talud á otro, y mezclaban su:; r:i.mas como para abrazarse. Se hubiese creído que _eran largos brazo" des&lt;:arnados que se nnían. Lo r¡ue había dP mús extra-.
ño, era que su murmurio, m11.v ligero, se parecía á un cuchicheo de voces humanas. Hervé l\lmgam Fmspenclió su paso y puso oído
atento.

Xo había eluda, las dos hayas com·er,-ab:m
entre sí. K UPstro hom hre, poi: escuch:trlas, ol,·it!ó molino, harina y pa:-telef'.
El primero de los dos· Ítrhule", el de la derecha, decía:
-Creo que tieneH frío, ;\foharit. Tiemblan
todos tus miembros.
Y el 1,wgunclo árbol, el de. la izquierda, re~po11día tirit&lt;tnrlo:
-~í, GelveRtr, estoy helada, helada hasta
ln médula. Siempre que cae la noche,es esto;
la frescura me penetra á tal grndo, que es como una segunda muerte ......... Ft-lizmente,
esta noche hacen pasteles en casa de nuestro

hijo; habrá u11 hnen fu¡,go, y tan _luego c,01110
Hll mujer.'" él se hayan nco;;taclo, iremos a calentarnc s junto al hra,ien•.
fü1tonct•s el primer árbol:
- Yo te acom paiiaré parn no dejarte ir sola,
;\faharit. Ma", i,;i tú me hubieses obedecido
cuando éramos Yi vos, no estarías en la necesidad de espPrar ít r¡ue hicieran pasteles en
casa de nuestro amado hijo parn sentir un poco ele calor. ¡Cuántas Yeces no te pedí que
fueras má!'&lt; caritativa hacia los pobres! Bajo
pretexto de que posefas poco, no querías dar
narla, y ahora tienes que sufrir el castigo. Porque has tenido el corazón frío, tienes que hacer una penitencia dura. Y yo, porque fuí
demasiado débil hacia tu pecado, soporto el
castigo contigo. Pero al menos no sufro. lo
que tú. Los pobres qu11 rechazabas, yo los mdemnizaba cuando 1-alías; por ejemplo, les daba en cuaresma. pedazos de mantequilla en vueltos en hojas de col; en los días grandes,
pedazos de lardo envueltos en pa.pel, y aho.ra,
estas hojas y e:-te papel me hacen un ve4tldo
que me tiene siempre caliente'.
--¡Ay!. ..... exclamaba siempre e~ seg~ndo
árbol, con una tristeza que se hubiese dicho
que se le salía el alma ..... .
Hen-é Min~am no quiso oír más. A riesgo
ele hncerse prdazos veinte veces la cabeza, tropezando con las piedras del camino, clescenclió
hrincanclo la pendiente hasta la tienda del
molino de Trohir.
De reo-rern tomó un camino dos veces más
lar¡!&lt;', p~r no' pnsnr 1,ajo los vetustos árboles.
-A fe mía, le dijo :-u rnujf:'r, creí que no
YO I,·erías.
Y notando su aire hosco:
--¿Qué te ha pasado·? Tienes el rostro lívido.
.
-Es que estoy en el colmo de mis fuerza1-.
Traigo los miembros roto:-. ~e,;pués d~ la ruda jornada. esta carrera ha fl!clo clemasmdo.
-¡Cuando yo lo decía!. .... En fin, consuélate. Pc1e1:1to que has traído la harina, vas á
comer los pasteles.
-Sí, murmuró, ahora mús que nunca es
preciso qnP. loH hagas.
Pensando c1ue con b espera hahría at1mentado su ansia, Radegonda se creyó en el deber
de servirlo diligentemeute. Por lo general,
doce golosinn'l de sartén no eran cosa de
causarle miedo. pero esta vez, desde. la tercera se declaró satisfecho, y hasta ah1to.
'-Decididamente, siento más necesidad de
dormir que de comer.
-¡Ah! muy bien; si lo hubiera sabido, no
habría pueRto tanto fuego, dijo i-u mujer.
Disponía.se á npartar los tizone¡,., despuéi:; de
haber quitado la cacerola., pero él la detuvo.
-Deja arder t,Hlo eso y ncostémonos.
Esperó á que estuYiese desvrstida y, en el
momento en que se puso de espaldas para
meterse en el lecho, arrojó una nueva hrnzada de viruta en la flama. Radegonda quedó
rlormida en el acto. Pero él permaneció con
los ojos abiertos.
Desde el lecho, colocaclo justamente frente
á la ventana., se veía claramente por los postigos entreabiertos el rielo y la campifla, pues
había claror de luna.

***
La noche estaba silenciosa, como sucede
por lo regular en pleno estío. Sonaron las diez,
las once, y nndie venía. El hombre comenzaha á dudar ...... Pero &lt;:eren. de las once y media oyó un ligero rniclo como de ramas que
arrastran y que sacuden; después, poco á poco el ruido aumentó, fué un rumor parecido
al de los bosques agitados por la brif;a, y
Hervé vió claramente las sombras movibles
de dos hayas que se dirigían hacia la cas;1.

Marchaban tan cerca una de la otra, como era
posible, en la misma línPa; se hubiese dicho
que la tierra las llevaba. Yeíanse, á la. luz de
la luna, brillar sus troncos argentados bajo
rns follajes inmensos. Atraveimron al fin la
cerca.
«Fru ...... u! ...... u! Fru ...... u!. .... u!. ....... !,,
gemían sus Yastos ramajes.
Bajo las sáhanas, el hombre castañeteaba
los dientes. Jamás había creído que dos árboles pudieran por sí ¡:o]os hacer todo el murmullo de una selva. El ruido estaba luego alrededor de él, por arriba, por todas partes.
- \'an á &lt;lerri bar la rasa, se dijo.
Escuchó el frotamiento de las grandes ramas contra Joi:; muros y sobre el rastrojo del techo. Por tres ,·eces las ha vas dieron la vuelta
á la morada, sin eluda buscando la puerta.
Hervé se ocultó la cabeza entre las manos para no ver lo que iba á pasar. Pero al cabo de
tres ó cuatro minutos, no oyendo más ruido,
atrevi6 á mirar. Y he aquí lo que vió: su padre
y su madre estaban sentados sobre las escabelas de leña, de cada lado de la hoguera, tales
como eran cuando vivLm. Los reconoció claramente, eran ellos los que habían venido bajo la forma de árboles.
Hablaban entre sí en voz baja. La vieja habfa levantado un poco su falda de fustán roja
para calentarse los pies, y el viejo le pregunVtba:
--Sientes uu poco de calor?
-Sí, respondía ella. Nuestro hijo ha tenido la precaución de agregar al fuego una nueva brazada de virutas.
El hombre entonces despertó á su mujer.
-Mira!
-¿Qué? ¿dónde?
-Allí, en la hoguera, á aquellos dos viejos.
¿:No los reconoces?
-Tú sueñas ó tienes ataque de fiebre, mi
pobre marido. No hay en la hoguera más que
el fuego que chisporrotea,
-Pon tu pie sobre el mío, Radegonda, y
Yerás lo mismo que yo.
Puso el pie sobre el suyo, como se lo indicaba, y vió á los viejos.
-Dios perdone á los difuntos! ...... Pero si
es tu padre y tu madre! balbucía juntando las
manos trémulas de estupor y de espanto.
-Por merced, no digas ni hagas nada que
pueda turbarlos.
-¿.Qué nos quieren?
- Ya te explicaré la cosa cuando se hayan
marchado.
Entre tanto, el viejo decía á la vieja.:
-¿Te has calentado, ~faharit"? Se acerca
nuestra hora.
Y la vieja decía al ,·iejo:
-Sí, ya no tengo frío, Gelvestr. Pero tengo vehementes deseos de que mi dura penitencia se acabe.
En esto, el reloj sonó el primer gol pe. Los
viejos ,:e levantaron; luego desaparecieron. Y
entonces, el gran rumor de follaje comenzó ú
lo largo ele la casa.
Fru... u .. . u ... ¡Fru ... u ... u ... !
Después el ruido se alejó á medida que se
alejaba también la sombra de los dos árboles
bajo la luna. En su lecho, Radegondn temblaba, no comprendiendo na.da de estas cosas extraordinarias. Cuando todo Yolvió á quednr
desierto y silencioso, el hombre contó lo que
había visto y cómo había sorprendido el secreto de los dos muertos.
-Está bien, dijo Radegonda., mañana darem9s una torta de unto para los pobres de la
parroquia que no tienen ni siquiera lo poco
que nosotros tenemos, y manclaremo'l decir
misas á la iglesia.
Así lo hicieron, y desde entonces las dos
hayas no volvieron á hablar.

EL FIN DE LA. BA.TALLA
&lt;PÁGINA DEL 8 DE SEPTIEMBRE)

Domingo 7 de Septiembre de 1902.
Ruedan al foso: piérdese conciencia
Del amor y la vida y queda iner~e
La razón. ¡Es la lúgubrP demencrn.
Del fuego .r de la muerte!

I

III

Llegó el supremo instante. Batallones
Inquebrantables sostenían el fuego
Tras los lejanos matorrale,:. Trágicos,
Con salvas fragorosas los cañoneR
Rimaban la epopeya, exterminando,
Demoliéndolo todo,
Em·olviendo en espesas humaredas
La angustia y el horror, la snngre, el lodo,
Y entre las calcinadas arboledas
El épico fermento del combate;
En tanto que, más cerca, en las praderas
Que se tienden al frente,
Tras las sólidas líneas de trincheras,
El grueso del Ejército, potentE&gt;,
E1-peraba la carga, redoblando
El fuego de su atroz fusilería,
Mientras á retaguardia, como un trueno
De tempestad, se oía
El rodar de furgones galopando
Para ir á abastecer la artillería.

II

Y entre los gritos que el furor desgrana
En la refriega, vibra en los confines
Del negro campo triunfadora diana.
Resonando en un himno de clarines ........ .
Cesa la. enrojecida hayoneta
Y el fusil en su lí1gubre trabajo,
l\Iientras los enemigos allá abajo
Huyen al triste toque de retreta.

T_.entamente calló la artillería,
Y allá sobre el tumulto, y en lo alto
De la que fué trinchera,
Desplegó sus colores la bandera
Del batallón que consumó el asalto!
HERIBERTO

FRIAS.

PALACIO DE GOBIERNO.

Ved: pecho á tierra un batallón heroico
Se bate á fuego rápido. :'lletralla
Enemiga le diezma ferozmente
¡Y su gallardo Coronel, estoico,
A caballo se yergue frente á frente
De la muerte y la gloria en la bntalla !
A toda brida llega un ayud:mte,
Le dice:-,qya!ll-Dermparece luego ........ .
El jefe alza la espada y, arrognnte,
Dominando e] corcel, que se encabrita
Al reclohlar del fuego,
Con ,·oz fulmínea á sns soldados grita:
"¡Valiente bnta.llón: en un instante
Tendremos el honor de dar la carga,
Y el enemigo nos verá en la gloria
De llegar á sus fuertes posicionrR
Y arrancarle de firme la victoria!
-¡Y á nuestra diana torarán retreta
ERos acobardados escuadrones!
Alto el fuego ¡y calad la bayoneta!"
Dice; el tnmbor redobla fulminante,
Al par que vibra rcataqm,,, la corneta;
De1&lt;pidcn mil clestellos
-Pre,mgios clel terror de la matanza,\ 1 sol las armaR, y ei-1 aqu,~I instante
El batallón como un alud Re lanza
-«¡Aellos!&gt;J-gritando sin cesar-«¡á ellos!"La sombra., el rno1;, un exterminio inmern,o
Al pie de la trinchera cobran vicla ........ .
-Y la trngerlia. hajo el humo denso
l'11lpita enfurecida........ .
En el tremendo campo
Todo se enciende y todo se estremece;
Crepita formidnhle la metralla;
El olor de la pólvora enardece
La lucha CUPrpo á cuerpo, entre rugidos
Que subrayan el trágico episodio
Y hacen surgir sobre la :\Iadre Tierra
La venganza y el odio,
Las c61eraR sangriPntas de la Guerra!
Re deia;morona el parapeto; eRtalla
Ln granada en peclazos; los cadá verrs

Se ha comenzado á construir en Chilpancingo el Palacio de Gohierno que substituirá al
que, antes de los últimos temblores, ocupaban las Oficinas principales de la Administración de Guerrero.
El nuevo edificio obedece á un plan bien
meditado; es de mampostería, de un solo piso,
y la distribución de todos los departamentos
f'e ha hecho de manera que no carezran ni de
la amplitud ni de ventilación suficientes. La
fachada principal es de bonito estilo y se emplearán en su construcción los mejores materiales.

Como sueño tenaz surge en mi mente
Una mujer que amo y que me adora,
Que no siendo In. misma á cada hora
Otra tampoco es indiferente.
Mi corazón, para ella transparente,
No es problema, á su sabor lo explora,
Ella tan sólo puede, cuando llora,
Refrescar los ardores de mi frente.
¿Es morena? .. Tal vez.¿lti.ibia? Lo ignoro.
¿,Su nombre? Evoca mus cal, sonoro,
Los nombres de las muerta~ preferidas.
Por sn mirli.r recuerda la escultura
Y ha_v en su voz el tÓno y la dulzura
De las amnclas voces extínguiclnF&lt;.

fi,¡afo/e le ]Jraz.

EL PALACIO DE CHILPANCINGO.

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�Domingo 7 de Septiembre de 1902.

Domingo 7 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

El Institnto de Ciencias de Oataca.
Hace alguno:- años que con el objeto de
asegurar ,m estabilidad y n1Pjorar SUf&gt; condiciones materiales, se peu¡:Ó en la reconstrucción uel a11tiguo edificio del Instituto de Cienciag de Oaxacn,que se encuentra situado en el
:111¡¡:ulo que fo rnrnn la ,'! calle de 111 .\ venida
de la J ndep&lt;•11&lt;lencia. y la 1'.1 (le Benito .Juárcz,
&lt;•n h capital &lt;le! Estado.
El edificio de que noi- oc·upamoi:- redstegrnn
interés pnrn la hi -.torin. Fué inaugnrndo el día
8 ele enero de 18:27 con el nomhre de «Irn,tituto ele Ciencins y Artes del J~¡::ta&lt;lo,» y su
creación ~e dchi6 ÍI un decreto del Primer Con
greso Constitneionnl.
·
El acto de su instalación, que revistió la
mayor solemnidad, fué pre,idiclo por el Gobernador del Estado en nqnella. éporn, acompañado del Consejo, principales autoridades y
numerosos vecinos de la importante entidarl
federativa.. S u primer Director fué el distinguido Fray Francisco Aparicio, y más tarde
estuvo al frente del Establecimiento ,..J señor
Juárez.
En ei Instituto de Ciencias y Artes del Estndo de Oaxaca se formaron hombres tan notables como el Benemérito Juárez y su ministro de Justicia, el célebre jurisconsulto D."
1Ianuel Ruiz; los abogados D. Manuel Dnblán, D. Félix Romero y otros muchos que
sería largo enumerar. Alumno del mism:1
plantel fué el actual primer magistrado de la
República, quien cortó su carrera para seguir
la de las armas, ponifndose al servicio ,'ie la
Patria en d efensa de las instituciones democráticas.

***
El antiguo Instituto era d e sólida con strucción y muy amplio; pero se h acía ya n ecesnria su reconstrucción, debido al estado de deterioro e n que se encontraba á últimas fech as.
Por iniciatin1. d el Jefe Político, Coronel D.
Prisciliano Benítez, se emprendiero n las obras,
siendo autor del proyecto que se ha ejecuta&lt;lo, el Sr. Ingeniero D. Rodolfo Franco.

J

La comitiva regia

El Arzobispo de Canterbury unge á E:.duardo V 11

Bah! tú seráR el exclusivo tema
de mi próxima epístola ..... .

ECOS DE LA CORONACIÓN
DEL REY EDUARDO.

ENRIQUE

ToRJir..;

ToRJ.JA.

Junio 1902.

El antiguo edificio

En los grabados que hoy publicamos se'encueutran la fachada del antiguo edificio y la
del moderno. Esta última consta de dos cuerpos, y los materiales empleados en ella son
mampostería en los cimientos y cantería en
el resto ele la construcción.
La distribución interior del moderno edi ficio ,está arregla?~ á los preceptos de la peclagog1a y de la h1g1e11e, y ofrece en cuanto á comodidad, las mayorc,; ventaja~.
En la planta alta se encuentran grandes salones clotados de suficiente luz h1en ventilad os; y en uno de slls departa~entos se halla
el )luseo del EHtado.
La planta baja está destinada á las clases,
y e:1 la parte 8 ur del edificio está instalarla la
Bibliotrca PúblicA,
á la que da accern
una puerta que ve á
la calle de Benito
.Juúrez.

establecimientos de beneficencia. Al volver á
Guadalajara, se le nombró canónigo de la Catedral y rector del Seminario, y durante su
rectorado, se comenzó la construcción del nuero edificio que ocupará el vlantel.
En 12 de febrero de 1899 fué consagrado
obispo de Sinaloa, diócesi en donde atendió

Las revi8tas europeas vienen llenas de detall~s acerca de laR suntuosn,; fiestas con que
la c1Udad ele Londre:s celebró la coronnción de
Eduardo VII. y de los relativos á lns ceremonias que se ver°ificaron en la Abadía de Wei::tminster.
La infornrnción gráfica que ofrecemos en esta plnnn, es de lo más importante que se ha
publicado en Europa. En nuestros clichés pueden ver,:e represen lados, tnnto los actos de
coronación clrl Rev v de la Reina, como los
hrilln11teR d&lt;'~fil&lt;'8 ·de.la regia comitiva el día
de In ceremonia.

Pero el acento rnag1co y sonoro
De una voz celestial llegó á mi oído.
Y un beso de tus labios desprendido
Me despertó diciendo: ¡yo te adoro! .. ... .
¡)Ientirosa!. .. ¡después Rintió mi alma
Algo terrible que robó su calma
Y que le dió la muerte de improviso!. .....

EL PRIMER BESO.
Era un sueño de h adas-sueño de oroCon que los genios del Edén florido
Arrullahan mi pecho dolorido
Cansado de verter su nmargo lloru.

¡El beso que me diste estaba lleno
De letal y mortífero reneno
~[ezclado con la miel del Paraíso!
E~RfQl.8

POST SCRIPTUM.
Te hablé ele mis tristezas: enferniitas
que sufren un mal crónico;
el doctor asegura que no tienen
remedio,
lo deploro!
Te hahlf en párrafo aparte
de las incertidumbres de mi alma,
de nnn 1111gustia infinita que me oprime
y una aflicción inmeni::a que me nrnta.

NUEVO OBISPO
Te conté mis insomnios; esas noches
que me pnso sin sueño,
con los ojos rai::gando las tinieblns
terriblemente abiertos.

DE CHILI\PA
Para cubrir la vaca nte qnc dejó como obispo d9 Chilana el Dr. D. Ramón ·
Ibarray GonzálezAl
h¡icerse cargo de b
dióceRi de Puebla,
ha Rielo nombrid.o
por S. ft León XIII
el Sr.. rDr.
José
·, Hom6bono A nava,
1
a.étual obispo de ·si,, na.loa.
,é . El señor A!laya
,.:nació en GuadaiaÍ jara el 13 ·'de no, --cviemhre
ele 1835.
• ituy joven aún, in-.
--º~~1 ~ dé rnria~
gres6 al seminario - á lá r~nstrucci ' •
c~2pelits y est:~b
1tqsJ'le~hc;á~~s. al culto,
de aquella ciudad
para seguir la ca- . fundando vanas':éasa-s, rle -~enefü!encia. Poco
de~pu~s de su coni-ngraciún arrrgló u11a pererrera eclesiástica, y ·
g_nnac1ón á Roni::f y loi, Santos Lugnl'es, asísalgunos iiños dest1enclo ni Coneillo Plehario Latino american o
".Pt1és recibi6 la borconv?,ca&lt;lo por R. ~- el ~apa, y en su apertnr;
1a &lt;le doctor en dfungw de 8ecretano. !,lizo despué,; un viaje á
nones.
Rollla, en rrpresentacwn ele los catéili&lt;'os meFué cura de vaxica11os, con moti,·o dPI jubill'O pontific¡L[ del
rios puntos, y en
l'npn.
las parroquias donm señor Anaya irá próximamente á hacerde ejerció, procuse cargo de su nueva diócesi.
ró fundar escuelas
y proteger siempre

Te elije que lloraba; para muchos

éstm, son nimiFdndrs;
te &lt;lije qui:' llorn hn, como un niño,
no, como un nifío no, como un cobard e.

... Y no te haulé de ti! ¿qué olvido es éste·?
¿Por qué fiOY egoísta? ..... .

:n..

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La nueva construcción

, \~.Í~,.•[·~¿ir.::~~~~- .

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' 1.--líJlJ!ii ~¡, ~t"'~ !~.tM ~-~
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Coronación del Rey.

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!al desfile.

Coronación de la Rei na Alejandra.

C.

ÜLIYER:\.

�EL MU!-;t&gt;O ILtJS'l.'RAOO
Domingo r;- Je Sepfümhre de 1902

EL MUNDO ILUSTRADO

TUNQUILLA
Abril C:aba placer á la tierra y á las gente¡;,
En Jn, aldea, encaramada en lo alto de la colina, las cabañas, cercarlas y con techo &lt;le cáñamo, parecían de oro con los rayos a.l~gres
del sol· una Yerdadera nube &lt;le rPtoños prntaba los ~rboles en las ramas dei:mudas, y á lo
largo del arroyo parlero destacábanse manchas de flores rojas sobre un manto de verde
terciopelo.
Un pequeño sendero ascendía en tanto que
el arroyo hacía un descenso, 6 más bien, Junquilla subía lentamente por el sendero, con
tanta mús lentitud, cuanto que Juan, su
amoroso galán, la lleYaba del brazo, y los dos
se detenfon con frecuencia para cortar aquí
una anémona y allá rnn prima1·era. Camina-

Formal é ingeniosa, llevaba á las casas el contingente de sus talentos sobre toda clase de
asuntos del hogar, que bien pro11to estimaro11
en su justo valor. Al poco tiempo, tenía que
abandonar su cnsita desde por la mañana para Yolver á ella. al caer b noche. L::i mañana
entera del domingo y algunos ratos todo,; los
días, á prima hora, los dedicaba á su jardín:
plantaba, injertaba, aderezaba con deliciosa
minuciosidad los prados, y muy en breve, su
vida era la más llena de trabajo, h más tranquila y la más sabia que se pueda imaginar.
De tiempo en tiempo iba á unir sus cortas economías al modesto te8oro que tenía depositado la señorita Didier.
Así vivía en paz con todos, cuando la llamaron á la casa de la señora Loif'f:eau. Fué precedida por su reputaci6n de buena trabnjadora y de señorita juicio;:a y ordenada. La señora
Lois~eau era de mal carácter.

no lo querí::i. Sola, sí, pero sola con la buena
amü,ta&lt;l de to&lt;los.
Y dijo en tono firme: «.Juan, tienes raz6n. »
.Juan la &lt;lió un abrazo y partió lleno ele valor.
Guando lleg/&gt; á casa de su madre, díjola con
timidez:
--1\fadre, no piensas que haría bien en tomar estado?
La sefiora LoiRseau respondió sobresaltada:
-Tú! ... pero apena" tienes veintiún afio;,!

-

l /--~
ban pensativos, silenciosos, sintiéndose en
plena posesi6n del presente; pero el porvenir,
¡cuán incierto!
J unquilla, dos veces huérfana, no era partido para el hijo único de la anciana sefiora
Loisseau, que disfrutaba de los bienes que son
necesarios para f:er «rico» en una aldt&gt;a. Ella,
J unquilla, se decía en el pueblo r¡ue había sido encargada en la casa de unos jornaleros,
los ~Ia.thurín, quienes la recibieron como á
una bija; la mujer murió cuando la niña tenía apenas doce años. Mathurín entonces pidi6 consejo ú la institutriz del pueblo, porque
Junquilla era su discípula predilecta.
Fina, dulce de carácter, y de espíritu más
franco que el de sus compañeras, era para la
señorita Didier una niña de confianza, y la
institutriz, un poco aislada, se interesaba por
el misterio de esta víctima de algún drama ignorado. Mathurín dijo que, en los primeros
meses, recibía diez luises de oro que guardaba
para dotará la niña, pero ¿qué podría hacer
con esto? Tendría la pequeña casita &lt;l.el jornalero, jardín, y esto era todo.
Junquilla era hermosa; delgada, tierna, esbelta, lo que le había valido su sobrenombre.
¿Qué iba á hacer ii. la ciudad, sin previsi6n,
sin experiencia'? No era mejor prepararle en
su casita una vida tranquila?
La buena institutriz aconsejó ii. Mathurín
que guardara á la niña,que podría servirle admirablemente para el manejo del hogar. Preocupada por su suerte, la enseñ6 todos aquellos
conocimientos útiles y hasta agradables: á jardinear de modo que supiera aprovechar de la
tierrn y ele las estaciones; platicaba con ella, le
daba á leer algunos libros útiles, y hacía que
la acompañara en sus paseos.
De esta manera, J un quilla había llegado ii.
f'er una muchacha instruída, avisada, entendida en multitud de cosa;,, y al mismo tiempo sencilla é ingenua. Acababa de cumplir
dieciséis años cuando ~lathurín, á consecuencia de una jornada fatigosa, cay6 enfermo y
muri6.
Esta vez, la hufrfana se sinti6 profundamente inquieta por su vida; pero la buena señorita Diclier vivía; fortific6 las buenas disposiciones de trabajo que conocía en su desventurada &lt;liscípula,y depositaria del pequeño tesoro que Mathurín le había entregado al morir, lo guardaba piadosamente, tomando muy
poco, lo justamente necesario, para evitar que
Junquilla se creyera en la mendicidad· le bus'
co, queh aceres en la aldea y en las casas
vecinas.
Poco á poco la joven se hizo á la nueva vida.

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Ninguno, ni rn hijo Juan, sobre todo éste. ,·· ~
que conocía muy bien la mano, Rl'Ca como un
nervio enjuto, de f:U madre, se había arriesgado j::imás á resistir. La Junquilla, con su
talle d.ilgado y suave, y su firmeza innata, era
un viyo contraste con 1n. ruda paisana, y Juan,
por instinto, buscaba en ella un refugio.
Junquilla era demasiado prndente pam irá
-Es verdad, pero estoy fuerte, y sería'tan
la casa de la señora Loisseau, cuando vi6 que
feliz en familia ...... 1
,Juan la cortejaba; pero Juan venía :í buscarla,
La Reñora Loisseau hizo un gesto. El pobre
iha á esperarla á la hora &lt;le entrada, la acomchico había soñado un poco de ternura, cosa
pañaba á menudo con cualquier fútil pretexque jamás había encontrarlo sitio en la vida de
to. El, por su parte, se mostraba dulce, reserla paisana. ¿De d6nde venía á Juan este devado, casi tímido, con esta joven en quien, sin
seo de c,vivir en familia"?
explicárselo, encontraba un encanto irresisti-Pues bien, ¿y cuál es la nuera que quieble. Ella lo acogió primero como camarada,
res darme?
rlespués ... palabras muy tiernas se deslizaron
.Juan sinti6 que el momento supremo había
hasta su corazón; y he aquí c6mo, aquel día,
llegado y contest6 en voz baja:
Junquilla subía lentamente por el Rendero del
-Yo quierJ á la Junquilla.
riachuelo cortando flores, en tanto que su amiLa señora Loisseau se levantó violenta.
go .Juan la acariciaba el talle silenciosamente.
-¡ .J unquilla! Esta hija de nadie, que no se
sabe siquiera de cl6nde ha venido, y que no
tiene tres escu&lt;lmi!
Al cabo de un instante, Juan levant6 la caJuan se defendi6 y defen&lt;li6 su idea.
beza con resoluci6n y dijo:
- Pero nosotros tenemos bastante y ella e8
- Mira, Junquilla mía, esto no puede conhacendo8a, tiene granrles virtudls, y eso te lo
tinuar ar,¡í. Después de todo, mi madre ... no
he oído d ecir.
soy su hijo único? ¿Por qué había rle querer
--Sf, para el trabajo: pero para formar una
mi desventura?
familia ...... Pues, hombre, r.o faltaría más que
En el fondo no es mala; voy ii. pedirle que
eso.
nos casemos.
-Pero ......
Junquilla mene6 la cabeza. No se hacía las
-Basta! Ko h::iblemos más &lt;le tal asunto.
mismas ilusiones sobre el carácter de la seño.Juan, desesperado, exclam6:- Está bien,
ra LoisReau. Pero pensaba como Juan: «esto
madre&gt;; entonces prefiero irá la ciudad. No
no puede continuar así". Las gentes del puepuedo permanecer aquí! Sí, me iré, me iré,
blo someían con indulgencia viéndola pasar
repetía el pobre joven comprendiendo que tocon Juan; pero si se podía pensar que no em
do se estrellaría contra esta paisana cabezuda.
para matrimonio, se pensaría mal de ella, y
Juan sali6 para irá contarle á la señorita

boming-o ~• de Septieruh-e de 190~

lo que no osaba decir tí. la Junquilla. Sumadre lo siguió hasta la ciudad, y antes de u11
mes supo el chico que, hijo único de viuda,
pero, según declaración de la madre, inútil
para la casa, lo reelamab:rn para hacer sus
tres años de servicio militar.

***

Había transcurrido más de un año. El carácter de la señora Loisseau se había agriado
má8 y rnás, al grauo de que en el pueblo casi
todos la aborreeian por t,ll dure,m, tanto eomo
.unaban tl la .J unqu11Ja por :su bondad.
Lrn día de plaz,~ en el pueblo, la paisana
vo1,·íú co11 un fuerte tlolur Je ealJeza. Había
epidemia de virnela¡ la señorita l)idier lo supo, y mundo al lloetor, &lt;¡uwn preserituú la vacuna general.
Fué un «::,úh·ese quien pueda». -Xo qucJú
servidor en esta casa conta11111rn&lt;la; solamentt.:
una vieja que no tenía &lt;londe vivir, permanl'ció allí encendiendo el fuego, calentan&lt;lo d
agua, pero incapaz de prestar ningún cuidado.
¿~u1{•J1 a~istiría a la enfl'nm\'t ~o había en todo el pueblo!
La señorita Didier fué en el acto á ver {t la
Junquilla:
-Hija mía, le &lt;lijo, es un deber. Tu vacuna lm sido &lt;le lal mas eficaces; observarás la¡;
reglas de higiene, que eomprenderás tú mejor
que las otras,y podrás cui&lt;lar sin peligro á esta pobre mujer.
-Pero ...... la señora Loisbeau me detesta.
-En cuanto á eso, no tengas temor alguno:
tie11e los ojos en tal e¡;ta&lt;lo que no puede abrirlos, y una liebre que la hace delirar á toda hora, para t¡ue pudiera reconocerte. \' e, no arriesgas nada.
Asegurar que Junquilla entró allí con una
man sed u111 lne perleeUt, i:lena &lt;leci r demasiado;
fué vor deber e hizo :m &lt;leuer. :::iecu n&lt;lú al doctor a uiarnv1Jla, y la i:lefiora, a pesar &lt;lt:: su euad
avanzada, se repuso l1•11tame11te, conservando
idea:; eoniusa:s, pero, eu el fo11do, la u11::;1tut
nrroganeia. :::iu 1,1riuier acto de gratnud, apena::; ::;e s111t1ó lllCJor, fuf motill'al'le la ¡,uerta it
la eufel'luern, pagaudole t-illi:l ::.ervicio:&lt;. Deb¡,uf:.; 1ua;1du a bu:;car una JUUJcr del paí¡;; la.
1u UJer \'lllo ex pre::;ame11te cerca de la. ¡,uena Ít
gritar:
-¡Quiéll! yo Yen irá cuidar ú ei;ta Yit·ja venE¡"nol Diaut1e, 11ue be u1ue1a y que nos deje
Íl todos en paz ...... !
Eutonees corn preudiú que .J unq uilla, resigna&lt;la y trnl\\1u1la, va11a 1wt:;¡ pero disimulo,
hasta que un atayue de ¡,arali:s1s la po:;tró sobre una silla. 1~st:: día la :sirvienta vi no á ;;uplicar huuultle111ente á Juuquílla que fuera;
t)Sta ntciló pnuiero, ¿no :-,errn mejor irse y ol •
vidar·t l'eru pen::;ó t.u~1 u1é11 en Ja pobre vieja.
:;ola.,alm11Jo11a&lt;la, lejostle su hijo, &lt;1ue,t,;in duda, ignoraua el e:-,tatlo de :m_rnadre,.y _accedió.

DE LOS ESTADOS.-Jardín de San Francisco (Guadalajara).

.Juan había e:-:crito ,·arias cart::iR, pero la. Reiiora l:is ocultaba Cl'lo!'amente, ,v renunciaba
ÍI leerlas por 110 dejar que Junqnilla las viese.
Esta, dócil, paseaba á la paralítica, la. acostaba, le administra ha los alimentoi:', y así la Yida tranRcurría.
Una tarde, Juan, sin ser e!'lperado, pas6 la
puerta del jardín; la madre Loif'seau entraba
apoy::ida sobre .Junquilla y le decía:
-Hijn, quiereR darme mi tabaquera?
La. e11fern1a palideci6 y .Junquilla t11mhié11.
-Cómo! ¿Eres tú, Juan'? Y dirigiéndose Ít
.Junqnilla, la dijo:
- lJ ija, puecleH irte-, no te neceHi to _ya; mi
.Junr, me ayudaní.
Pero .Jnan, rúpido:
-l\fndrr rnín, o,; rreía rnúH mala; pueKt11
que podéis andar, me "ºY á ,·cr á mis camarachiF.
Y Haliú, pero f:U mirnda hn.hía dicho ú Junquilln. un mundo ele pen:-amiento:&lt;.
Juan venía lo menos pof:ible á la. cm,a. La
vieja d&lt;-'jaba, que .Junquilla la cuicl11!'le con picda1l, y Habe, Dio,; hasta cuándo hu hiera durado e!üo, si la !nena seJiorita Didier no hubiera intervenido.
l.:n día de invierno Yino Íl ,·er á la Refiorn.
Loi~8e::iu y delantE' de .Junquilla le dijo:
- El doctor tiene ncceHidad ele una pen,ona para cuidar á uno de sus rico¡; clienteR· me
¡,i&lt;le á Jnnquilla, á quien ha apreciado v'iva.mente aquí. Hija mía, e,:pero que aceptaráR.
La paralítica exclam6 con sentimiento:
-Qué! ¿Llevar¡:e á .Junquilla·?
- Es en su interés, señora Loisseau; hay
que dejarla partir ......
Por la noche entr6 .Juan sin decir á su maclre nada. ,Junqnilla se había. marchado clPsde
bacín al~unas horas.
La. ,,i;•ja llamólo:
-~o me has vuelto ú hablar de Junquilla;
¿a&lt;'a~o ·"ª no la amas?
-8eñorn, para que me mauléis otros tres
afio!&lt; ni Tonkín! Muchas gracial-'!
-Oh, no! Es una buena muchacha... y este dottor quiere quitárnosla; nadie rne cn¡'darÍI
como ella ......... Deberías hacerla tu eP-po~a !

***

***

.Junn, sin oír m•&gt;s. Rflliú y corrió como un loco á busc-ar
[t .Juuquílla., ÍI pe;inr dt•l frío
y ele la hora a ,·ai1¿ada. La encontr6 en casa de la. Heñorita
Didier....... .
-Al fin, ,·amos á Sl'r dichosos!
[Trnduccióo de "El Mundo llnstrado."J

TEMPLOS DEL PAIS.-Parroquta de Lagos.

- Ln. hellcza del euerpo humano desarrolla
un fluido magnético que escla1·iza las p('J'so-

nns &lt;le limita.da cultura socinl; pero la hnnda.&lt;l
del almn, con sus brillantes tleRtello's, ilumina
el camino que noH conduce al templo de la
felicidad.
·-Los tontos nos hacen reir; los ,:abios nos
hacen pensar.
-l\Iejor que Pxplotar lo pa:-:a&lt;lo, es rotmar
el &lt;·ampo donde potlrún cultivarRe las ideasd¡,
lo porl'enir.

Quiero ú todo el mu1Hlo,
yo ú nadie deteRto.
¡Si hay· un hombre que me odie en la tierm
tmnbih1 yo lo quiero!
Con mi frente altil'a,
muy cc&gt;rca. del delo,
siempre "ºY por la altura, y no escucho
los odios protervo,;.
Es mi alma un a,·e
de conRtante nielo ...
porque teme al posarse en la tit•rra
mancharse con cieno.
Tengo un numen triste,
soñador y bueno;
tengo un numen qi1e grande en mi carnP
no vi ve en el suelo.
Xo anidan en 111i alma
los odios rastreros,
que en loH puros y nol,leR altare:;
110 vivet1 los ruen'0f:.
Despertar mis iras
es un vano empeño;
eR mi alma mi broquel que rE&gt;chaza
los danloH iHfectos.
:-liga el odio infame
P-U l'llin clamoreo
mientras "ºY por l'I mu1'ido ca ntando,
cantando y riendo.
~Ii patria es el mundo
mi mundo es el cielo. '
::\[is hermanos son todos los hombres
tle todos los pueblos!

José )rl Col/antes.

�EL MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO ll.--NÚM. 11.

MÉXICO, SEPTIEMBRE 14 DE 1902.

Subscripción mensual foránea, $1.50
Idem ldem. en la.capital, ,, 1.25
Oerentet LlJI&amp; Rtl'f&amp; &amp;PINDOLA,

8lrector1 LIC. RArAU Rtn&amp; &amp;PINDOlA,

UNA MALA PARTIDA

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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