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                    <text>EL MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO ll.--NÚM. 11.

MÉXICO, SEPTIEMBRE 14 DE 1902.

Subscripción mensual foránea, $1.50
Idem ldem. en la.capital, ,, 1.25
Oerentet LlJI&amp; Rtl'f&amp; &amp;PINDOLA,

8lrector1 LIC. RArAU Rtn&amp; &amp;PINDOlA,

UNA MALA PARTIDA

�Domingo 14 de Septiembre de 1902.

LOS CONFETTI.
El primero, decía Voltaire, que comparó á
las mujeres con las flores, fué un poeta; el segundo, un tonto. Parodinnclolo, podríamos
decir: el primero qne discurrió amenizar una
fiesta con confetti, fué un artista; el segnndo,
no merece perdón de Dio!'.
Como vistm;oi-, in&lt;ludablemente que los confetti lo son. Xnda mt1;: pintorei::co que esa JI uvia de partículaR multicolorei::, girm1do y revoloteando cnmo mariposas y simulando insectos pintaclos y jnguetone;:. Cuando la lluvia
de ::igasajo;: se desprende de una altura y cae
sobre una comitirn ti un desfile, parece un arcoiris pulverizado. Esparpajado en la atmósfera es una c::ii::cada de pedrería.
T~do lo esmalta v todo lo decora. Como el
copo de nie\·e, _el con_frtti acaba por fija~·se en
los relic\·es y hneam1entos ele las arquitectura¡.; realzándolas y matizándolas; sabe dibujar
aqt;í una corni;:n, allá un capitel, mns allá un
bajo rr.lieve. Sobre las hojas de los árbo~es,
entre el ramaje, remeda flores; entre los hilos
de las cabelleras ó los pliegues de las faldaFt,
simula pedrería; regado en el pavimento, imita rica tapicería oriental.
De tiempo en tiempo la ráfaga de viento lo
arranca de st1 momentáneo reposo .v lo arremolina en tromba sólo arrebata en enjambres pintados y deslumhradorei,,.
Hasta ahí todo Ya bien y el confetti es un
elemento decorativo, gmcioso, ágil, variado y
delicioso. Pero el confetti, como la flor, tiene
una vida efímera; &lt;lura, como las ro;:as, un::i.
mafüma; como la chiRp::i., brilla un instante y
se extingue luego. :\fomentos después de. haber surgido, revoloteado y girado, y aunantes, el confetti se marchita y se aj::i.; conoce el
polvo y se empaña, toca el fango y se mancha.
El confetti, como l::i. abeja. es vistoso; pero
importuno. Zumba, se insinúa, tiene la fuerza y el avance ele penetración del poh·o; to'.10
lo invade, de todo se ::i.podera, todo lo conquista. . A semejanz::i. del mosquito y de la pulga,
para él no hay intersticio pequefio, ni puerta
cerrada ni lugar inaccesible.
Después de una verbena ó un combate de
flores, hay confetti en todas las soperas; se
les encuentra adheridos á todas las alfombras;
pasan á través de nue;:tros Yestidos ~- llegan á
nuestras ca:-nes; se insinúan en el canal nasal,
en el árbol aéreo, en el concluc:to auditivo, bajo lo¡; párpados, en las víaR lacrimales, y los
encontramos entre las tapas de nuestros libros
favoritos ó de nuei,,tras obr&amp;s de consult::i.. Tres
días clespués estornudamos ó tosemos confetti, y 'durante semanas, nuestros peines, m:iestros cepillos, nuestros implementos todos ele
aseo y ele ui-o común, están impregnados ele
esa ei;pecie de microbio.
Y no es eso lo peor; hay toda una patología «confettil,» si vale l::i. p::i.labra. La conjuntivitis) el exniza, la otifo,, y hasta la neumonfa
v la gastroenteritis y, sobre todo, "la fiebre»
confMtil, se padecen hoy corrientPmente y se
estu&lt;;l.ian con detenimiento en las obras clásicas, «El conffetti como vehículo de todos
los cont::igios», C'S una ohrn que si no se ha escrito¡ debería ef'cribirse y que «revolucionarfa,,
to&lt;la.la medicina y fecundaría tod::i. la clínica.
¿,Cuantas veces, de regreso de la Covarlong::i. ó
elel 14 de Julio, noR sentimos acometidos de
croup ó de viruela sin sospechar siquiera que
1111 confetti insinuado en la gargaut::i. ó que
logró abriri::e paso hast::i. el i-ii-tema circulatorio, nos inoculó tan feo~ mnles.
Sin contar los traumatismo:&lt; que oc::i.siona,
ú mejor dichc:&gt;, que lo hacen ocasionar. Suelen las bolsas de confetti lleYar guijarros, agujas, alfileres y otros instrumentos vulnernntes
que Ron ocm,iona&lt;los á contusiones ó picaduras emponz01i111las como E:! confetti mismo.
Agréguern;e á esto las crisis que ha ocasionado en el servicio doméstico. Al acercarse
una tempornda fecnnd::i. en confettis, las recam::i.reras piden su baja, los camaristas presentan su renunci::i., Jo;: emple::i.dos de la liinpi::i. y los carretoneros de la basura, ;;e declaran en huelg::i. por el exceso de trabajo qne les
o~asiona.

EL 11UNDO ILUSTRADO
Digúmoslo ele un::i. yez: se impone la abolición del confetti. Hay que perseguirlo com_o
á l::i. chinche, que desterrarlo c.01110 al mosquito, que destruirlo como al miérobio. Como las
ilusione:-, deslumbra nh rato, halaga un pun
to y deja tras si molei-tias, penns y trabnjo;:.
Xo vale lo que cuesta y cue,:ta mús en afaneR
póstumos y labores i-uplementariai;,, que en
dinero. Et&lt; riqueza lanza&lt;la al Yiento y origen
de males incontnbles. L::i. supresión del cl,nfetti mejoraría mucho la condición humana.
A esto conte~tan los economistas: el confetti es una industria considerable, que «alimenta» muchos brazos y ocupa rnuchns boca;:.
Centenares de millones de proelucción y otras
tantas ele consumo; una maquinarin. perfeccionada y costosíRima; poblaciones enteras levantadas á la som brn del confelt.i, nada de esto
puede aniquilarse ;;in gra\'e daño del trabajo
y ele la riqueza humanos.
De lo cu::i.l se deduce que el confetti ei::, como la guerra, una industria que nos 11utre
aniquilnn&lt;lonos y que, como el ~Iinotauro, crece y engorda á costa de nuestra i-;angre ó po.r
lo menos á costa de nuestra tranquilidad, de
nuestro reposo, den u estros plac:eres y den uestra i-alud.
Evví vano i confetti !

PREMIO DE AMOR.
Tenía Yeinte años, su p::idre le hal,ía dado
el nombre de Aurora y era la mujer más hella ele toda la rosta del Languedoc. Sus cabellos eran tan obscuros como las zarzas que cercan las viíias. SP cuenta que cuando Aurora
con la falrla corta y suelto el cor,ié, iba á la
playa á recoger sus redes, apenas dejab::i._ marcadas sus huellas sobre la aren::i.: tan ligeros
eran sus pies.
Muchos ga.lanes enamorados perseguían á
Aurora con i-us galanterím, y sus declaraciones
amorosas. L::i. encontraban tan hermosa, que
pernmban que á su costa enriquecerían y harían gmndes cosas.
lin domingo los reunió en la playa y les habló de esta manera:
- Formáis todos Yosotros al rededor de mí
una brillante corona de az3 hares á quienes
quema el Rol de las campiñas vereles donde
trabajáis. Tiempo es ya de que piense en mis
nupcias. Las hijas de esta tierra no son gazmofias como las de J::i. ciudad y no tienen miedo á los hombres. Deseo, en tal virtud, saber
ahora el destino que preferiría para mí cada
uno de vosotros, si le concediese mi mano.

- Yo, dijo Pedro, quii,iera ser rey, mandar
ejércitos numerosos; tú, Aurora, serás la primera en todo el Languedoc, la soberana del
pueblo y de mí mü,mo. Te daré mantos recanrndos de oro, Yestidos de púrpura y de sed::i..
Mandaré .edificar palacios expresamente para ti.
.
-Yo, dijo .Jacobo, no te importunaré con
la curiosidad d e las multitude$; serás la m1,1jer mús rica clel mundo, y yo tu Creso, tu
servidor; podrá,: derramará torrentes opulencia y felicidad. Sólo para. ti, haré abrir cana.les bordados de praderas embalsamadas y de
bosques sonoros, y tus yate,;, como cisnes en
el puerto majestuoso, llegarán hasta el pie de
tu mansión opulenta.
- Yo, dijo Enrique, peeliré A Dios para ti
la inmortalidad. Serás eternamente joven y
bella, mi pensamiento y mi vida estarán siempre en ti.
· •-Yo, dijo Armando, querría tener la lira
de los trov::i.dores que seducían á las castellanas de antaño, y cantar en poesías muy raras
tn belleza y nuesti:o suelo del Languedoc, la
cuna donde sor.reíste por primera vez, tu fren-

Domingo 1.J ele &amp;pliembrr de 1902.

EL MU~DO ILUSTRADO
te de virgen. Cantnré tu nombre, tus ojos llenos de estrella~, tu ho&lt;·a roja como una granada entreabierta, trni ligeroR Yestidos tle campesina y tu corazón de reinn, los campos de Yic!es en donde platicábamos juntoi- de nuestras
rsperanzas. Yo, tu esposo, te hnría así inruorbil y dichosa..
_:_Yo, dijo Luis, con pinceles y coloreR glorificaré tu inrngen. Robre telns tan numero,;as
como las olaR del mar, repetiré tu heller.a, tus
ojof; ne~ros, tus hthioi- sensualeR, tu cuello
moreno, en donde, por la. noclw, dE•scienden
&lt;lei-ata&lt;los tus cabello~, inundados ahora ele
luz. Venderé estoR cuadros, ei-tos pasteles, estas pinturas; gracias á tu imagen, haremos
prontamente fortuna, y Yi virfüi inmortal, adorada por lnr; generaciones que \'engan dPspués
tle no,:otroR.
--Yo, elijo Antonio, querría ser el ei-pejo
en quP, por las mañanas, se reproduee tu ra&lt;Jia nte imap:en con purez::i., corno el sol se mira enYuelto entre gasai- d&lt;' aurora en los flote;;
platea.doR de nuestra mar latina ...... DeFpués,
ctrnndo tú dejes dP exi~tir, yo me romperé, y
Hólo yo, esparci&lt;lo en fragmentos olYidados,
conservaré el recuerdo de tu juventud y de
tus enc::i.ntos.
Otro galún, tímido y ;:encillo, que se ma.ntPnía á cfü,tanci::i. contemplando con htasis la
frente hermosa ele Aurorn, no pensalm en hablar, porque, en su humildad, no tenía la menor esperan1J1.
-¿Y tú, Eduardo? le prrguntó Aurora.
Al oir e$ta \'Oz encantadora, el galán cobró
ánimo y exclamó:
-Yo no quiero riquezas; no ;:ería rey, ni
pintor, n i ei-pejo, ni poeta ni millonario; quiero perm::i.necer tal cual RO.Y, en mi choza, al
hulo de mis ancianos paelres, cerca de nuestro
mar azul, en donde tanto tiempo sus olas me
han mecido como á un hijo, este mar del que
conozco y amo sus tristezas y sus cóleras.
Quiero Yivir siempre en mi honesta condición
de pescador y de labrador, según las estaciones.
Re calló, tuvo un momento de vacilación;
despuPs continuó mirando con resolución el
rostro radiante de Aurora.
-Si tú me quisieseR por marido, serías más
rica en nuestra cabafia que en ef'OR palacios
donde te arrull::i.rán músicas, donde te adulará un pueblo de servidore", porque yo te amaré
con todo mi corazón y con todas mis fuerzas.
Trabajaré mucho para que no padezcas, sobre
todo en tu vejez, y para que en todo el transcurso de tu P.Xistencia no tengas que envidiar
á ninguna de tus compañeras.
Yo seré el que trabaje, y tú serás libre en
tu país, en el nuestro, donde hemos conocido
la dicha y l::i. humildad. Nuestra casa será la
más alegre, la más feliz, la más sonriente de
estas tierras.. ..... ¡Oh! en tanto quenoset.iene
la desgraci::i. de ir á mendigar el pan de puerta en puert::i, tiene uno derecho de contar con
la felicidad, Aurora ..... .
El viento, balanceado en el mar, murmuraha dulcemente. El sol caía en el borde del
horizonte, espléndido como una rosa.
Cuando todos los jóvenes habían hablado,
Aurora Re levantó, v deteniendo su mirada sobre el humilele pescador, hizo conocer su
elección.
- TodoR me amáis, pero Eduardo me ::i.ma
más que todos. El es el único que me quiere
por mí, por lo que valgo, en mi país y en mi
destino. En el carnaval próximo celebraremos
la boda. m poeta recitad sus versos, el pintor mostrará sus cuadros........ nosotros do,;,
Eduardo, elijo ella sonrienilo, pensaremos en
nuestra dicha y en nuestro porYenir.
. Después de lo cual, todos se retiraron á la
aldea, y la brisa dPjú de murmurar.

--

~

~~

-

-

.

--~_!&gt;,_..,..-;:,._ - ~

~

',..____...... ~~~:-

2a ceremonia del día 8 •
eremonia que, ano por m1o, organiza 1::i. Asociación del Colegio :\Jilita,_- como 1~n justo
nenaje á la rnemori::i. de los héroes que combatieron contra la intervención a.men?ª1~ª en
Churuhui-co, :Molino &lt;lel Rey y Ch::i.pultepec, revistió en esta ocasión un luc1m1ento ·
extraordinario. El acto, como es costumbre, se verificó el 8 por la mañana, ante una concurrencia numProsísima,y fué prei,,idido por el primer Magistrado de la República.
Como local, se hizo uso por primera vez de la hermosa plataforma que se construye en el l?os~
que y que se desti1rnr{i exclusivamente para la celebración anual de la significativa ceremoma a
que nos referimos. "C"n amplio toldo, con franjas de .oro y borlas, daba sombra ú l::i. gradería, ·y
prendidos {¡ los tahleros del muro, había festones, escudos ? elrapp1·ías. En lo alto ele lai- pilai-tras se pusieron les retratos de los héroei- niños, )' á la entrada caiiones y otros atributos de g~:?rra que completaban el adorno.
El Sr. Presidente de la República, á quien acompañaban los senores Recret::i.rioP de Estado, Lir.
Don Ignacio Mariscal, Lic. Don .José !Yes Umantour. Gel1ernl Don Bern::i.rdo Re.ves, General
Don :M anuel Gonziílez Cosío, Lic. Don .Justino Fernánclez é Ingeniero Don Leandro Fern!indeZ,)'
los miembros &lt;le su Estado Mayor, se presentó en el bosque á las chez de la mañana, ocupando
el lugar que/se le tenía preparado.
El oficial de la ..\rmacla Xacional, Rr. Enrique Beltrfrn, fué el primero que abordú la tribuna
para pronunciar un magnífico cliscnr;,o que escucharon los concurrentei- con el más vi Yo interéR.
El poeta .JoRé .Juan Tahlacla rrcitú en seguida una. hrrmosa poesía, y el alumno del Colegio, ::\[iguel A . Fortuño, cerró la parte literaria con una a.locuciún que fué tan aplaudida como lo habían
·
sido las &lt;los piezas literarias ante======~==
riorei-.
Lo más notable ele la parte mn;:ical consistió en el himno á los
mártires de Chapultepec, que cantó un grupo de alumnas de la Escuela de Artes y Oficios y que fué
escrito expre;,amente para l,t fiesta. Una salva de aplaui::os premió la buena labor ele los autores
J' de las señoritas que lo entonaron.
Las bandas del Estado Mayor y Zapadores cubrieron los demás número~ del
programa con piezas eRcogidas.
Terminada l::i. ceremonia, se depositaron ante el monumento cons::i.o-rado á los
alumnos del Colegio muertos en defensa de. ln patria, numerosas co~onas. De
éstas, llls que llamaron múi- la atención por su buen gusto
fueron laF siguientes: ele la A~ocü1ci6n del Colegio Militar, del
señor coronel l"rancisco Orla, ministro de Guateniala y de
las Escu~las lndu~trial de. Hué!fa1_1os, Kacional I'repar;toria,
ele Ing&lt;'111eros, &lt;lP Comerc10 y ¡'\ac1onales Primarias.
En el solemne acto estuYieron representados muchos e.-tnblecimientos d e)nstrucción y agrupaciones particulares.

.JORGE BE,\U)fE.
'Frarhtcriún ,;le "'El Mundo Ilustrado,'

/
El señor Presidente y sus Secretarios.

La concurrencia.

�Domingo 14 de Septiembre de 1902.

~t :M:tJNt&gt;O 1LtJST1UbO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 14 de Septiembre de 190i.

cedes Ferrer, ((pasiega;» Blanca Soto, c,asturiana;» Pa~ Pardall, ~manola;)) y Andrés Y Carmen
Jumen, ((catalanes.,&gt; De lo,; grupos regionales, obtuvieron premio el vascona.varro y la rondalla de aragoneses y riojanos.
.
El Tívoli despleg6 toda. su animación cuando los distintos grupos se entre~ron al biule al
ia;on de gaitas y tamboriles. De todos estos bailes, el ((Aurresku» se llev6 la pmnacía por lo pre·
ciso de los movimientos y lo llnmati,·o de i'US figuras. .
. . ,
,
. .
La tarde del lunei,, el señor PresidPnte de la República v1i,1to el T1voli, siendo cortésmente
ltendido por el señor Encargado de X egocios de F,spaiia y yor los miem hros
la Junta de Cuvadonga. El Primer l\Iagistrado penetró al sa!6n &lt;le recepciones, dopde ~e ~Jecutaron alguno11
baileR regionales. l~n seguida toc6 algunas pieza¡.; el ccTerceto Catalan,,, ~1rvil:ndose despué~ un
((lunch,, que ofreció el Reñor Encargado de Negocios con un _brindis lleno de frase_s d? afecto pnra el señor General Díaz y pam nuestro pnís. El seflor Preindente contestó al bl'1nd1s con_ una
pequeña alocución que fué escuchada con vivo interés por todos los concurrentes y estrepitosamente aplaudida,

?e

***

Adorno del Elíseo.

Las Fiestas de la Covadonga en México
ON mayor entusiasmo que en
años anteriores, la Colonia espaf1ola residente en la capital celebró en esta ocasión las tradicionales fiestas de la Covadonga.
A hacer los números del programa más abundantes y variados y á darles inmütado ln:limieuto, contribuyó la circ~mstancia de
haberse dividido en dos agrupaciones distintas el círculo de iberos, tornando una la denominación de ((Junta Espaiiola de Covadong~,,, y otra la de ((Jóvenes
Espaiioles.,, Tanto ésta como
aquélla, no se dieron punto de
reposo en la organización de las
fiestas que iudependientemente
preparaban, y con muchos días
de anticipación estuvieron empeñadas en preparativos y ensa,yos que no:podían menos que influir en
el extraordinario esplendor de las fiestns_ mencionadas.

***
El Tívoli del Elíseo, donde se verificó el concurso de trajes recrionales y la romería dispuesta por la Junta de CoYadonga, presen~ba el
domingo un aspecto Yf'r&lt;laderamente encaiüador. Frente á la puerta
principal, en primer término, se le,·antaron dos graciosas portadas entre las que, simulando un arco, había piezas florales del mPjor
gusto. El retrato &lt;le D. Alfonso XIII ocupaba el centro. Los pilares
y remates de las portadas estaban cubiertos de musgo y flores en su
totalidad, y en las callecillas del parque, sujetos á los troncos, había
haces de banderas, coronas y escudos que formaban maravilloso contraste.
A las diazde la mañana el Th·oli estaha lleno d e numerosísima concurrencia.

Concurso de bicicletas adornadas.

Ansiosos de Yer los trajes regionales, los concurrentes se acrrupaban
en los amplios salones que se habían improvirndo al efecto~ Muchos
fueron los eRpaiioles
quevestíaná la usanza de las dii,tinías
provincias de la Península, contándose
entre ellos damas y
chiquitines que
Yaban ropas costosísimas.! Los vasconavarros, con su vistosa indumentaria,
llamaron altamente
la atenci6n, aHÍ como los jóvenes, sefioritas y nifios que
romponían la rondalla de aragoneses
y riojanos.
Los primeros ejecutaroH en un local
dispuesto con ve nientementeladanzn
"Aurresku," y los segunclos, bailes y piezas musicales que les
conquistaron ¡bravos! y aplausos.
1 El Jurado calificador, compuei,to de
PETIT VERSAILLES,-España y México.
los Sres. Telesíoro
García, Quintín Gutiérrez, l\Iig1;1el Llanos, L~ssé y A.m pudia, distribuyó los premioR acordados, consistentes en obJetos de arte, en su mayoría. La niña Nieves
Soto fué la que primero recibió su recompensa: llevaba un hermoso
t1:~je de salamanquina, de ra~o y seda y bordado con lentejuela. El
mno Juan Galleg_o~, que vest!~ de an~aluz, Y, Elena Noriega, de manola, recibieron tam bien premio. Ha bia otros muchos rhicuelos artísticamente vestidos, y de los cuales citaremos á l\Ier-

lle-

Xotn r,;aliente (le
lns fiestas del domingo fueron el desfile de hicic l et a s
adornadas que organizó la .Junta d&lt;•
Covaclonga, y la cnbalgata que clispu1&lt;0
la de «.Jóvenes Ei,;pañoles.,; Los ciclistas partieron tl e 1
San Bernardo.
frente de Palacio¡ ,ara el Elíseo llevanclo sus máquinas primorosamente adornadas. El ,Jurado otorgó el premio al «Club Mercurio,,, entregando í1 su president.
un eRtan&lt;larte de raso blanco. Hnho. a.clPmá«, otra8 recompensa!' lJU se distribuyeron entre aquello,-; que más
se habían ,fü,tii1guido por el adorno &lt;le
sus máquinas.
La. cabalgata salió &lt;le la plazuela ele
San J rnm en el orden siguiente:
Descubierta por el
club cicliRta To\'ar.
ün trono que oc11paha la Sri ta. Ele--

Aragoneses y riojanos.

na. Fern(mdez. Individuos
de la guardia amarilla. Heraldos montados. Varios andaluces á caballo y un coche que reprcscntalm esa región española. Dentro iban
luciendo In clfüiica mantilla. las Rritas. Dolores
Téllez y Lucrecia Arenal, acompañadlls tle Doña
Carmen González de Téllez y Doña Josefa González. Era un cuaclro de gran efecto.
De las señoritas que ocupaban los carruajes representando diversas regiones espaiiolas, llamaron la atención por lo bien acabado de sus trajes, Laura Ruso y Dolores Ranta 1faría, c,asturianai,;,, María López, :María Luisa Tresarrieu {,
La jota.
Isabel Zúñiga, «madrileñas;» Adela y Juana Curc•t, «murcianas¡,, Ernestina Arthenack, ((gallega¡,, Sofía Garro, Asunci{m, Ana y Josefina i::,aenz. «altleanas.,, Los demíts carruajes fueron ocupa&lt;los por otras señoritas que vestían igualmente traje~ regionales. En
uno de los últimos iban Rosa Carri6 y Josefa Xavarro, representando
{1 España y Jiéxiro.

** *

Los vasconavarros.

la para el servicio religioso, 1u cía un adorno floral de buen gusto.
templos numeroc;a y escogida.

La parte religiMa
de las fiestas fué d1·
io más suntuoso, ~obresaliendo en rsplendor la función
organizada por la
.Junta de Covadong11
y que se verificó el
lunes por la mnñnna en Santo Domingo. San Bernardo,
templo escogido por
laJu ventud EspañoLa concurrencia fué en ambos

Durante todo el lunes los Tí vol is se vieron invadidos por multitud de visitantes. En el Elíseo pasaron de doce mil las invitaciones recogidas á la entrada, y e11 el Petit Versailles donde la Juventud Española celebró su romerí&lt;t, difícilmente se encontraban asientos de;ocupados. Por la tarde huho carreras en bicicleta y batallas de conf etti.
Estas fueron, e!1 resumen, las fiestas organizadas. por los españoles en el vresentc afio, para
conmemorar el trmnfo de la Covadonga. De la corr1 ua de toros dada el domingo por la tarde
y del baile ccblanco y negro,» hablarnos en otro lugar.
'
Sin temor &lt;le incurrir en una inexactitud, puede asegurarse que el lucimiento qne en esta
vez revistió la Covadonga, super6 á todo lo que se esperabu. La animación más franca y el entusiasmo más grande, reinaban en dondequiera que un grupo de iberos se había reunido para honrar á la patria y enaltecerla.
Un grupo de ciclistas,

l-a cabal9ata en B11careli,

Santo Domingo.

�Domingo 14 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingn 14 de Septiembre de 190'¿.

Mater Saeva Cupidinum.
Venus,· que en Chipre reinas, de Cinara
Haz tú que el duro pecho en blanda cera
Para mi bien se torne, ú que esta hoguera
Se extinga do en amores me abrasara.

€1 baile en el J&gt;rinclDal

Con vivo césped el altar prepam,
Esch.vó; torna ya la primavera;
Pon aquí incieui-o y vino; la corllera
De rojo tiña con su sangre el ara.

La nota salient,, de los fe-tl:'jos dl' Con,donga fué l:'l baile ,Je blanco y tH'¡.(l'O efectuado la
noche del rnart&lt;·s Pn el Printi¡,al.
]i_;l adorno del ,·iejo colüwo l'!'tu,·o encomendado al :-ir. .Jane y resultó n•rua&lt;leramcnte
hermoso. La faehada ,;e decorÍ&gt; ron guías de
heno, y los medios puntos de lm; puertas se cubrieron con «paneaux» de rosas blnncas y amarillas; de los halcones del edificio pendían
banderas cspafiolai;, luciendo en el centro el

Y o habré de hacer, en tu loor, ca&lt;la año
'L'n sacrificio igual¡ y la primicia
Tendrás tú de mis campo,;, las mejores
Ovejas te da.ré de mi rebaño¡
~fas Yence su ri~or; séme propicia,
¡Oh Yenus, madre cruel de los amorrR!

En el ,·estíbnlo, tapizado con una alfomhrn
hlnnra, f'e colocaron espejo,; de marcos dorados y columnntn::- de alabastro que sostenían
jarrones con planta¡;; ele 01·n:1to.
Las puertns interiores y lo,- barandales ele
las escaleras Iu cían tamliién un adorno artístico, coni-istcnte en cortinajes &lt;le SP&lt;la, guirnaldas y mn:::go. Innumerables foco.➔ de luz
daban al ,·estíbulo una elariuad meridiana.
En rna.nto al s.1lón, el a;:pecto que pnisentaha era de lo m(u, lliunatirn. A la entrada se
pusieron gramle8 espt-jos y bronces adornados
con tlorefl exquisitas. En las columnatas de
las platea¡; había "paneauxn de rosas, y los bara.ml:iles lle los palcos primeros y segundos y

La fachada del teatro.

"paneauxn &lt;le musgo y flores. Del roset6n del
centro pendían bambalinas blancas, que remataban en los cornisamientos de la galería,
entre guías de heno y margarita,-.
Lo que mús llamó la atención fué el derorado del foro.que se convirti6 en una mezquita. árnhe. Las puerta.!'\ del fondo y las laterales lucían en sus medios puntos hilera!:' de focos incandescentes, y en el techo, cubierto por
un manto de seda, se Yeía un gran rosetón
formado con luces y un escudo de las arruas
es¡ 1aiiolas.
A la &lt;lerecha del foro se inst.al6 el tocador,
destinándose para la orquesta el anfiteatro.

PRIAPO.
En las báquicas fieHtas, Priapo un &lt;lía
De una ninfa prendúse; clesdf-iiosa,
Ella burló la súplica amorosa,
Y él redobló con ansia su porfía.

Al antro do la ninfa se escondía
Príapo entró con marcha cautelosa,
Y ante él vi6 un cuerpo de alabastro y rosa
Que desnudo en el césped se extendía.

***
Inclínase y la besa¡ y Íl su seno
Iba al punto á estrecharla, cuando oyó,-e
Un rebuzno del asno de Sileno.
La ninfa de su sueño despertóse,
Y al verá Priapo de lujuria lleno,
:·faltó y al bosque alígera escapóse.

FAUNALIA.
r-;-=-=-=-=--...::----,-,,...-....-.;.;;.;;~::::.:::-;;;:::;;:.;~;:;:::;::;;.;_::~

.

El sa16n de baile.

Vuelve ¡oh Fauno! al Lucrétil; por los prados
Ya el coro de las Ninfas se pasea;
Ven, recorre mis campos y que sea
Tu retorno propicio á mis ganados.

escudo de armas de la nación lbern, y multitud de lienzos de los colores mexicanos.

de la galería, estaban cubiertos con vistosas
colgaduras de seda blanca, festones de heno y

La concurrencia fné numerosa y el estusia.smo no llegó á decaer un solo momento.
Las damas 1ucieron vistosos y ricos trajes blancos y negros, conforme á la orden de la fiesta.
Había. algunos de confección verdaderamente
artística.
El combate de flores que se entabl6 á la media noche, estuvo animadísimo, haeiéndose
general á los palcos y las galerías.
A las tres y media de la mañana termrnó el
baile, dejando entre los invitados gratos recuerdos.

Alzan, en honor tuyo, en los collados
Altares los pastores de la aldea¡
Y en los. altares el incienso humea,
Ya á recibir las hostias preparados.

Errantes vagan 11.l azar las greyes,
Van ociosos en roQda los pastores,
Del aprisco 11.l calor ,·ense los bueyes
Luciendo todos en los cuernos flores,
Y al son del caramillo melodioso
Baila en el campo el labrador dichoso.

El pórtico.

Decorado del fondo,

�BELLAS A RTES.

Compoaici6n alegórica de Paul de Qu1nsao,

�Domingo 14 de Septiembre de 1902.

ASCB:NSOS B:N RL B:JERCITO

Jlnfigua usanza Española.

NUEVOS GENERALES

LOS TOROS DEL DOMINGO

m i-eñor PrcRid¡•1tte de la Repúblira acaha
de acordar se expirlJl nombramiento &lt;le generales de brigadr, efectivos :1 los ~l'ñores Brigaclierei-; .José ~laría l'(,n•z y .Juan \'illc&gt;O'as v de
Brigadier al :-;eflor coronel :.\Tanuel Pl;ta.' .
El (ha\. Pére1. empc&gt;zó su carrera como soldnd~ 1:aso en l SGS. ingr&lt;·sa.Hlo después al Co\pgio
::\l 1htar, en donde la krrniuó par.1 salir en ca-

.r

d
conjunto lleno de novedad v &lt;le lujo;
nos y cuadrillas &lt;le l.il m ores, un . &lt;l d
e tro público ,, alguno1-1
por la suerte del «reJoneo•, no conoc1 a e n~ s
' •
otr JS detalles. l
d
l desfile suntuoso que hizo desbordar la
Así fué el on en e aque
,
·
11\egría general:
. .
monturas v trajes época del ,.i.
Üescubierta tle alguac1hlloe, con i,us
J
glcT~~·t1~1~&lt;lós enflomtlos, en c¡ue las reinas hacían su entrada triunfal.

r

El l!l'ñor coronel Plata es hijo también del
Colegio ::IIilitar. Sirvió en la Plana Mayor Facultativa de Ingenieros hasta obtener el grado
de mayor, pasando á la caballería permanente en 1S86 como teniente coronel. Posteriormente ha sPrvido empleos ele importancia y
de~empct1aclo distintas comisiones con acierto. En la actualidad es jefe del Departamento
de Ingenieros 1\e la :--ecretatfa de t;nerra.
Por veinticiuco años &lt;le ~en·icios le ha si1\n
conferida la cruz y placa &lt;le Constancia de (Prcem clai-e.

LOS BATELES DE LAS TULLERÍAS

l~scolt~s tle \&gt;~jes y macert\ 1t los «caballerns en plaza• en sus resA. co11tmuac1~n se l&gt;res.en .ai _.
· .
¡ 8 de ni uaciJe,; ¡¡eguidos
sus pad11nlo!-I, precle( !e o le 1J·r1·tl" los caballo!!
l &gt;ect1,•os carruaJes,con
•d
¡ ¡ 1 • e 111 e · cum uc·um &lt; .. u •• · '
·
de sus s~n·1 or~,;, los.( e.º~ c:iballos con j11eces ricos y &lt;leslumhrantes.
&lt;1ui,~e~\~i~n::t~~~1;:~r~~:e;~~:edondel Ja,- cm\llrilla,; con sus trompetero!,!

y

Hacia el fo1Hlead¡•rn &lt;le lus Tullerias, un harc¡ uillo Ilota al acaso. Tan pronto, lanzado por
una brisa lo&lt;'a, hincha sus vela~, ~e indina y
a,•anza dejan&lt;lo tras &lt;le sí un clébil surco¡ tan
pronto el viento se calnui y detiéne~c entonc•ps
inmúvil, flotatl(IO inciertas sus velas como
las alas de una are l!Ul' procura ocult..rse inútilmente. Mas &lt;le improvüm, un i-o¡,lo de la
brisa intla. el ,·elnmen, &lt;'tt.hc("ea el harco dulcemente Y bala11cean1lo Robre las minÍtsl'ulms olas
de esa ·capa de ngua que el vi(•nto riza apenas,
march:1 ~ra,·e y orgullo,-o. como un inmenso
huque :-;obre el mar.

y ~mboriler~~ í~í:[~:~l~.I entu~iasmo de la concurrencia ú la hora del
• o reconocw
' ~ • e uiso d·u á f:ote el aspecto de los que se han
1
1
~
1/gr~~t~es f1estas.~e r~al carácter, direm_?s algo so1
bre el ptwticuhu·, con auxilio de hi lrn;torut ..

~~;! :i/,!~;~;~~ ~~

***

F1 &gt;rinci )al üistinti,·o de Ia8 funciones 1·eale:o de toros, .e~ el de la
" 1t · , l l ¡ s c·ihallero!-1» en el coso pues no hay noticia d¡, q ue
prcsen acwn &lt; e O " ' '
•
•
' •
l , t
Tanto es a~í
"e ha "lll ,·elebrado aquéllas sin la. mnstencia le l·s º"· ,
, . ... '
·
')' ¡ · t"
¡ c·iballeros y gente principal no teman mm; s1t10
que en o an .1gulo ti&lt;?s .,'. '
ei coso ó redondel donde permnn&lt;'cÍan Íl
¡nr-1 prcsencmr a ei-i.J.t que
·
'
1
1 ·
c~h'.1110 tomando ú no parte en la lidia, pl'ro sin ocupar o,; nl1H a~rnl0!,1
' lcone~
'
á las 1wrsonai: rea es,¡ a ni;
v• b·i
que su, ¡o q•ted·i'·an
, u, destinados
·
~lai:ias \' ;,iflo,;. Lu&lt;'go que los cahall.eros ~(·ababan de al~ncear .?~. to:
ros y en ¡0 " ticmp9 s moderno,- ?e reJonear,os, dt~ocu¡!ab,~n ei u~co {
la ¡ilebe pam de:-3arrettu· otras re:-;es. \a en e iu o&lt; e
(.,1 'éi &lt;¡ued•tba
'
l ¡']..:,, los ' rnmle1::
y senorcs
&lt;¡ e l a coi•te t l e.I re.'• D . Feli pe ·ocuparon
. .
• es.
.
¡
v
u~lo
s«¡&gt;resentaron
en
la
arena
hnlalgo~
y
cahalle1m;
que,~p,1•
t r,11 os, .,l · ·
,.
·
·¡¡
honor dp u;ta
drinados por la real per:oona, queuraron reJunc1 os e1~
',.; ,
mereciendo el nomhrnmi(•tlto de cahaller.iz?s¡ t, lo m1s111c! ~u~eu~o. en
1,6.:, con lo;; caballeros que tomai;on p~rt1c1pac1011 en las hesta~, cuando las hodas de Carlos IY y :\lana Luisa.
. .
. .
.
,\.ntiguamentP, pam alancpar y rejouear en~ reqms1w 11~d1spensal,l~
· st•r hi,ial"o, cuarnlo numos de noblem reco.nt_&gt;c1da, y de_aln_ e! ~~0~1~,rc
de cal,all~rm;¡ y si bien luego nos~ han er1g1&lt;lo pergnnunos _)MI,\ .'.ic.r,editar el li,rnjc tiiernpr" se han elegido &lt;le entre ~os que por HU po1,n~1t 1
,. c\al, carrer; militar ó sen·icios públicos an~eno~ei-, se \e;; ha cons1&lt; e0
nulo digno,; de representar á los grandes de Espnna.
.
~mhnllo el tiempo se democratiz.6 un tanto la suerte de reJ?near,
ej¡cu¿ndola inclividu'os &lt;le regular condición con el apoyo y padrrnazgo
lle los ayuntamientrn;.
•
f
· ·t ¡
Ultimamente en la fiest..'1. del rey .\.lfonso XIII, ueron rn,·1 a.&lt; os ca.balleros portug~eses para rejonear, y así se ha hecho en com&lt;~:1s de
mucha nwuos solemnidad, como son las am!alei; de .heneficenc1,t, lo
ue quiere d(•cir que en Espaf1~_no tiene ya nda propm la su;rt~ que.
; 0 r primera vez quizá, pre1:-e1.1c10 una gran part_:e d~ n,u~stro publico. _.
1 ~o ha sido nue:otro propósito liacer una, rcsena Jm;tor1c1~ 1le la,- coruclas reales, ni mucho menos. Sirvan tan. so.lo estas cort~s lmeas de com plemento á ¡0 y_ue ha dicho la pre~sa &lt;luma sobre la fie,-ta &lt;•n que lucieron su arrojo y su apostura aficionados «pur Rang».

Sr. Brigadier José María Pérez.

el barco salta alo~ado, se oculta, mécese en
medio (le furiosas olas! ¡ Derin1, se acerca, va
ú perecer! ¡Ahora, mis valientes marineros!
¡Pronto todo:-; ¡.;obre el puente!
¡:\Iira&lt;l, mirad cómo se dispersan en todos
s&lt;•ntidos córno corren por todas partes donde
hay peli~ro! ¡Y el capit~m, con su ~ran traj&lt;•
de rojos ribetes, los re,·ulYers al cmto y su
portavoz en la mano, qué henno~o, qué digno! ¡Y el viejo piloto, con su gruesa casaca
oh:,;cura y 8U gorro de piclc:; grises hundido
hasta los ojos, qué sereno, qué majestuoso!
¡Bravo! i bien por mis valiente."! !Un esfuerzo mfü; v nos hahremos sah·aclo!
Y t&gt;foctimmente: se ha virado :, bordo r el
lnH[Ut•, voltearnln su ¡,roa en plt&gt;no mar, 1Írnrd111, uoiando ,-ohrc oleadas lwrml'ja~, á lns
c11ran1adas orillas del Pab d&lt;• los ~ueiws.
¿.\'eis, 11.llá, en e,-as nuhes de púrpura y de oro,
tierra cuyos clentellone,- capricho,-os de,-lu111hran como las joyas"? De una parte, l:u;
mnripo$as de mil L·olores y lo:,; ¡,újaros mnrnYi liosos revolotean en tomo del barco; de otra,
en 111" tmsparcnte,- profumlida,lcs tlel aliismo,
aparecen del fondo del 111ar los contle,-, las
e,-,trella:,; y las llore::: riril'nt&lt;·!&lt;. Dl· pronto s¡•
pl'rcibc ú la orilla una pimgua ele ~alvajes¡
distiende sus velas de junco y se dirige, rápida, á nosotros.
El dento ~opla rle rep('ntc y el batPI :-e dctienr por un mo111e11to, gira sobre 8Í tllif&lt;mo,
liínchatbt• otra Yez sus Yela,-, ,·acila \' se dispone ú un nucrn Yiaje; y la escena e,imbia toda da, y camhia ~iem¡,re ..... .
¡:--ueña, suefü\ aún, &lt;¡tll'rido niño! Cn día,
cu1111do ~PHR viPjo, cuan&lt;lo Ja¡.; penas hayan
surrn&lt;lo tu fr&lt;'nte y emblanquecido tus cabello~. te detenclríis pt•nsatirn Íl orilla:., ele es&lt;•
foudeadcro que tt• lrnrú r&lt;'cordar las hora¡; fr.
lires de l:i infatwia ¡ y 1nientras otros niños
comienzan en este mil"tnO lugnr, con otro;; b11.r&lt;¡Uil'huelos, un viaje imaginario t·orno el qlll'
has hecho hoy, no ,·erú,; ya en ello::-, ahantlonndos sin brújula en medio del oceáno sin

""ª

lidad de teniente de lti Plana )favor Faculta

tivl\ de Artillería, cuerpo en c¡ue· ha obtenido
todos sus a~censo:; por rigurosa escala.
Entre otros cargos y emplern, de importan•
cia, ha clc:&lt;em¡,eflado los de director &lt;le la Fundición de .\rtillcría, jefe del primer 1,atallón
&lt;le Artilleros, llircctor de la l❖-icuela ele Aplicación )lilitar y, actualmente, el de jefe del
Departamento del Cuerpo Especial de Estarlo
~layor en la Secretaría de Guerra.
Por último, el set1or general Pérez ha publicado varia~ obras sobre artillería, y ha sido
catedrático del Colegio ::\Iilitar; tiene la ~ruz
de Constancia de tercera cla~c y la cruz y placa de Constancia de stgunda, que correspondm respectivamente :1 veinticinco y treint1i
años de :-;crvicio,-. El gobierno en distintas
épocn:-; le ha encomendado importantes comisionE&gt;,- científü·a", y ha('e poco fué condecorado por la l{epública francesa, con la cruz de
Comeu&lt;lador &lt;le la. Legión de Honor.

***

En cuanto al señor general \'illegas, comenzú :;u carrera en Hi69, como alumno del Colegio ::\Iilitar; en 187,:, ingresó á la Pinna ::\fayor
F11cult:ltim dé Ingenieros y en ella obtuvo todo~ sus a~censo,; hasta el de general. Ha servido en In Plana :.\lnyor l•'acultati,·a de Ingenieros, en el lmtnlló11 de Zapadores y en el
Colegio antes 111encionado, donde desempeñó
con gran acierto el difícil cargo de director,
pasando después á ocu¡,ar el ele jefe del Departamento &lt;le Artillería en la 8ecrctaría &lt;le
Guerra.
Entre las distint&lt;ts comisiones y trabajos
que se le han cncomendado,se cuentan la formación v delinenmiento ele la Carta de la República )' el estudio ele dcfemm de 111 población de Paso llcl Xorte ,. el:it:thlecimiento de
una fortiticación pernuu;ente.
lliw el proyecto y dirigió las obras del actunl Colegio :\[ilitar de Chapultepec, y ha formado parte del Congreso de la Unión como
diputado por el distrito de Otumba, del Estado &lt;le )léxico. Las co11dccoracio11es que se le
· han conferido :,;on las cruces de tercera y segunda clase y la placa respectiva.

L as reinas en el palco.

8TAS españolas sin toros, habría siun &lt;lc¡-acato.
Por esto la junt:i patriótica de Covadonga entre lo mucho organizado pam celebrar c~n :ilborozo el aniversario ele! triunfo de
Pelayo, dió la preferencia ~1 cspectú.cnlo qu~
se registrú m la J!h~za 11:\l~x1con, q~er1e~.do ~~í
elaborar una re1rn~iscE'lH'IU de la ccle~rc cor11da que sPefectnú E'll )Indri&lt;l &lt;'º!1 mott,·o ele la
coronacií,n de :--. :\I. Alfon:,.o XIII.
..
Tanta activi(hul derrocharon las com1s101wR
,. tanto se ,lijo del espectlll'ulo., c¡ue éste 1'11
~·erclarl re:-;ultó luci,lo por el bn!laute :~do~no
&lt;le la pla1.a, por la hermos~ira d&lt;! las se11ont..:s
reinas, ata.dadas con la mro~a blanca mantilla (le la «manola», que aprisionaban haces espléndiclos de gayas flore~¡ por h algarnbí.a de
la jubilo~a concurrencia en palcos y ~end1&lt;los,
por el aparatoso desfile de e::;colt..'ls r.:ales, c3:rruajes enflorados, caballeros eu plaza, padn-

Domingo H d•· S.·ptiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

...

•

Sr. Brigadier Juan Villegas.

Xo tiene brújula ni timón; i-;Jbre el puente.
en In arholndura, ningún marinero v en ese
li~tón multicoloro que le sirve dd 1·1abell(m,
mnguna &lt;le las naciones del globo er.contrnrín
su escarapela. f-u puwte es rojo y su ca~co
verde: la arboladura v suH avíos no son más
que simulacros infantiles hecho~ de fragmentos de hilo y viguetas ·de madera ... Y no obstante, i,;ohre e~ta nave imaginario, hay más vida, más e!&lt;pernnza, mús porvenir, más riqueza que sobre el más poderoso galeón de la
Compañía de lns Indias, porque tiene para
conducirlo un capitán &lt;1ue se llama Fantasía,
y para maniobrarlo, la tripulacií,n maravillo~a
de los suefios &lt;le la infancia.
•
¿.\'eis allá abajo, al lado opuesto clcl fondead_ero, e;;e hen~1oso niño que, baja la cabeza, sigue con ardiente y sofladora mirada las
evoluciones del bntclillo? .\.llí estú el poema·
allí la imaginación y la gracia gozan á trav&lt;&lt;
ele los hueles blondos de la cal,ecita juvenil
haciendo surgir frente por frente los mil inci~
dentes de un viaje fantústico c¡ue comienza
siempre y no ll'rmina jnm{1s.
Y poco á poco, á la luz feérica de la ima,rinación, esa miniatura Ya á convertir~e en océano. Se adivinan 11hüm10s prnfundos, poblados de monstruos de todas formas; l'sa orla
de piedm, e,; una costa ei;carpada doncle los
peíiascos dirigen SU\ aristas ¡,ara desgarrar los
flancos del navío, donde !ns tribus salrnjes
esperan dc,-de lo alto ele lns rocas Jo,; naufragim; que prc!mete hi próxima trmpestad.
¡Ah, el nento se eleva, ln mar se hincha,

Sr. Coronel Manuel Plata.

orilla, más que la imagen de un pobre corazón
desamparado que se abate {t merced de lascorrientes y de las te111pcstadei-.-E. )IorTox.

INVIE:S.BO
Los copos como alondras virginales
crisántemos heraldos de elegancia,
'
retornan á la Italia. y ú la Francia
cunl perPgrinoK t(·mimnos glaciales.
Hay humo en el hogar; sus e:-pirales
recorren voluptuosos por la e~t:mcin
y embriagan con su aliento ch• fragdneia
lo!-! nardos en lo:; va~os de cristales.
l'na dama elegante como un lirio
pálida trh,temente como un cirio
'
hace la lli~ección de su:- arnon•s·'
Sollozan en u~ piano los allegros;
y surge ~e ~us OJ0::1, que son 1wgro~,
una lluvia ideal de azules flores.

,JuA.., UuERRA Xc;5lF.z.

�Domingo 14 de Septiembre de 1902

lnL M:UNbO 11,tJSfRAn0

- r

T7i2

EL ~fUN'DO ILUSTRA DO

rCos '8onsejos 6e un lla6re.
Toda grnntl&lt;'7.::t ncaha: las montañas c;e clesnrnrnnim v hec:ha,- polvo, van al fomlo del
mar-101-1 ii'npt:rio,; se derrihnn,y hechos pedazos,
vnn 'al fondo de la hiE-toriit; la~ glorias se apa•
gan v npenns dejan chispas en las lejanías de
lo ¡;a~ado; el sol se apagará también, todo es
cuestión de tiempo, y no dejnrií. más que una
osamenta frí1i rodando por el espacio.
¡Qué mucho que «el le6n,,, el rey ele las selvas, a~onimrn en el hueco de su caverna!
Fué poderoso; le lleg6 su hora y empezaron
las boqueadas de su agonía.
A su lado eRtaha su hijo. el «nuevo le6n",
el príncipe heredero de lo,; bosques, el rey futuro de todos los animales.
El monarca moribundo, y más que el monarca el padre, le cla,ba penosamente el último
consejo el más importante:
-Ht;ye del hombre-ledecía,-huyesiempre; no pretendas luchar con él.' ,
.
Eres seíior absoluto &lt;le los demas n111malei:,
no les temas¡ domínalos, castígalos, devóralos
i;i tienes hambre.
Con todos puC'dl'S luchar, ít to,los puede!'!

,

vencer· pero no pretendas luchar con el hombre: te' ~11.ría muerte y sin piedad, porque es
cruel más cruel que nosotros.
-¿Tan fuerte es el hombre?-preguntó el
hijo.
-No e1· fuerte, no-replic6 el padre.-Y
continuó diciendo:-De un latigazo de tu cola, Je podrías lanzar por los aires como al más
miserable animalejo.
-¿Sus dientes, sus colmillos, son poderosos?
... Son despreciables y ridículos: valen m€no1S que los de un ratoncillo.
.
-¿Sus uñas son tan potentes como mis zarpas?
-Son mezquinas, ruines y á veces_las lleva
sucias; no, por las zarpas no consegmría vencerte.
- ¿Ten&lt;lrá melenas como estas que nosotros sacudimos orgullosos?
-No las tiene, y algunos son calvos.
Aquí el león moribundo abrió enormemente la espantosa boca: ó fué que quiso reir y no
pudo, ó fué que empezaba el ~stertor.
.
-Y las hembras de ese ammal ¿son temibles?
El leonazo hizo un movimiento corno para
levantarse· pero no pudo y se quedó pensativo entorn'ando los ojos y respirando penosam~nte con el hipo de la agonía.
Hizo un esfuerzo y dijo al fin:-La hembra
del hombre ¡es una real hembra!; pero es más
temible que el macho.
-¡,Es mucha su fortaleza?
-Parece que no; pero es grande.
-¿Y tiene uñas, colmillos y dientes?
- - ¡Vaya si tiene colmillos y uñas!
-¿Y melena?
-¡Ah! ¡Hermosísima! Y el le6n lanzó el
último rugido.
Después sólo pronunció esta:s palabras:
-Mi consejo, mi último consejo: no luches
con el hombre .. .. ..... huye......... huye tlel
hombre......... y sobre todo de la mujer.
Abri6ln. bocaza; quiso tragar~ire;r!o pudo¡
se estremeció su cuerpo; doblo maJestuosamente la cabeza y murió el león padre.
Empezó el reinado del león hijo.
Cuando éste comprendió que su padre había muerto, no lloró, porque los leones no lloran· pero se tendió junto á él, acercó su cabeza ~norme á la enorme cabeza del león difunto,
y así se quedó un rato. Los dos hocicos se

unieron: el ardiente y el hP-lado. Las dos me•
lenas :-;e 111e1.claron, couw si doR llorones de
ce111cnterio i:e enredasen, ú dos agunceros de
lágrimas se confundieran en uno imlo.
Al fin el hijo se levantó, !"acudió rola y mPlenas y rugió; yn. no queclnba mí\s que un
león: el león era él.
Salió de la caverna; á zarpazos hizo rodar
unos cuantos pedrusco~, hnsb rt&gt;nar e o mple-

tan de~preciable, tan ;-.~n,lrndo, tan ridículo!
¡ Un ser que Re parece al borrico por el entendimiento, á la serpiente por lo rastrero r venenoso, al mono por la figura, y á quien el
zorro le come las gallinas! ¡A él! ¡A él!-rugió el le6n cou poderosos rugidos.
Otro animal le cerró el pasó; le dei:nfió valiente; le la&lt;lr6 furioso.
-!\o hahles mal del hombre, animal, bárbaro y salYaje. El hombre es bueno, es nohle, es llli cornpaíiero; parte coll.IDigo RU pan,
duermo ú los pies de su cama. Si le ofendes,
me ofendeR á mí; si luchas con él, lucharé á
sn lado; mi cuerpo será ti-cudo que pare tus
r.arpazo~.
-Eres rnliente, dijo el león.-Quien cuenta con tan buen amigo, algo bueno tendrá.
-El hombre no tiene nada bueno. como
no sean sus· gallineros, refunfutió el zÓno.
Pero un águila real llegó desde un picacho
y tomó parte en la disensión.
-Calla, animalejo ruin; el hombre es un
animal de cuenta; lo digo yo, que miro las
cor,;as desde muy arriba.
-Lo dices y lo defiendes porque te adula,
poniéndote por gala y vanidad en su? escudos
de piedra.
-Lo digo porque lo sé, y porque un día
me lo reveló J ove en confianzn..
El león levantó la cabeza y preguntó:
-¿El hombre vuela como tú?
--El no vuela; pero en su cabeza, como en
jaula misteriosa, lleva un ave que vuela más
que yo y que sube más alto.
-¿.Cómo se llama?
-El pemamiento.
- Ko le conozco.
-Tampoco yo.
El león se quedó pensativo. ¿Qué sería el
hombre'? Los borricos hablaban de él con desprecio, las serpientes con envidia, los zorros
con burla, loR monos le imitaban; pero el perro le defendía y el águila le respetaba, y su

-Sigue este valle, salva esa montaña y &lt;]llizá lo encuentres al otro iado.
El león solt6 ..1 borrico y siguió i:u ca~ino.
De pronto 11Jgo se le en:E&gt;d6 á una J:ierhll:
era una serpiente. Con v10lenta sncuch&lt;la In,
arroj6 á distancia; dió un F1alto y la sujetó con
la pata.
-¿Eres el hombre?-la pregunt_6.
-No soy el hombre, soy la i-erp1ente.
--¿Se parece á ti?
-Algunos á mí se part&gt;Ct&gt;n; como yo, se
arrastran, ~' como yo,son venenoRos.
¿.Dónde enco11tra1 é al ho01bre_?
-Sigue por la montaña; ai haJar &lt;le ella,
:ica~o lo encuentres. Pero déjame, que pesas
llltH'hO.

padre, el más pudero,;o león cl0:: los bos&lt;1ue1',
mostrÍJ temor al hablar del homhre.
¿Qué debería hacer·? ¿,Respetar la (1ltima
voluntad del león moribundo, ó buscar resuelto y domar valeroso al que pretendía ser rey
de la creación?
Vaciló, pero el zorro le dijo:
-Eres el animal más fuerte que existe, eres
nuestro soberano, ¿,y vas á huir cobardemente
ante el hombre, de quien me burlo yo así todos los días y por de contado ladas las noches?
¿.Quién como tú? ¿Quién se te iguala'?
-¿.Y el consejo de mi pa&lt;lre'? ¿Y su memoria que yo respeto'? ¿Y su experiencia'?
--Tu padre estnba chocho; los años apagaron su entendimiento y gastaron su fuerza.
El león se decidió á buscnr al hombre y á
co111l1atir con él.
Continuó caminando por el bosque con el
zorro al lado, el perro delante, el mono de árbol en ítrhol y el águila por los aireR.
Al fin, el zorro le dijo:-:\fira, allí está.
Aquel que va á caballo con arco y flechas,
aquél es el hombre.
-Pero aquel animal que cruza á lo lejos es
mu_\' grande y tiene cuatro patas, y tú me dijiste que el hombre i:e parecía al mono.
-Es que el hombre, ít veces, tiene cuatro
patas ó las merece, replicó el zorro con sorna.
-De todas maneras, has de saber que aquel
hombre va ít caballo.
-¡ Pues á él! rugió el león, y avanzó potente y valeroRo.
Empezó la luchn,.
El hombre á veces huía, á veces disparaba
una flecha; y en retiradas y acometidas y e,·oluciones, atrajo al león hacia unos matonales.
De pronto, al dar el león un salto, le faltó
tierra y cayó en un foso profundo.
Quiso salir r sintió que unas fuertes lio-a0
duras le sujetaban manos, y pies y todo el
cuerpo.

La Agitación Clerical en Francia.

tamente la entrada. El león muerto tenía ya
su tumba, ni más ni menos que un faraón.
El león vivo se alejó por el monte y tromp~te6 el nuevo reinado con tres poderosos rugidos; pero aquella noche no devo_ró á ningún
animal: no tenía hambre. Dur1rnó poco, y lo
poco que durmió fué soñando con el último
consejo de su padre. ¡El hombre! ¡El hombre! ¿Por qué'? ¿Sería él hombre tan temible'?
A la mañana sig1.1iente despertó y se ech~
por el mundo. ¿Encontraría al hombre? Y si
lo encontraba, ¿debería huir cumpliendo la
última voluntad de su padre'?
De pronto sonó algo estrepitoso y terrible,
algo á modo de rugido. Debía de ser el hombre, que rugía.
Pero no; era un borrico que rebuznaba con
rebuznos formidahles.
El león por impulso que no pudo contener,
acometió ~l borrico, le derribó y lo sujetó con
sus poderosas garraR.
-¿Eres el hombre?- le preguntó.
-No-contestó el pobre animal.-No soy
el hombre, ¡aunque he oído decir que algu_nos
se parecen á mí! Es un burro, es un borneo,
es un pollino, se dice de muchos.
-¿Y tú eres fuerte?
-Ya ves que no: me tienes sujeto, me clavas las uñas y no me muevo.
-Sin embargo, tu rugido es potente; no me
di6 miedo, pero me alarmó.
-No te fíes, hay muchos que reb1:1znan
fuerte, y en el fond_o son unos pobres diablos
como yo, unos pollmos.
- ¿Dónde encontraré al hombre?

Y forcejeó la serpiente y quiso_ ~11)r&lt;le~le. •
-Eres un animal muy feo-d1JO el lean.A un borrico se le perdona; á un mal bicho
se le aplasta y se le destroza.
Y aplastó y desgarr6 al reptil.
Continuando su camino, pasó la cresta de la
montaña y empezó á bajar.
De pronto vió un animal que corría, Y. sa}tando sobre él, sin es[uerzo alguno lo suJeto,
porque era pequeño y poco robusto.
-¿Quién eres? ¿Acaso eres el hombre?
-8oy el zorro-dijo el ani!rntlejo,-y valgo
tanto como el hombre por 1111 travesura, aunque los hay muy zorros: entro en sus corralPs
y me como sus gallinas, y él sólo aprovecha
las que yo le dejo.
-¿Pero le conoces?
-Mucho y desde hace mucho tiempo.
-Pues ven conmigo.
Y el león y el zorro echaron á andar y pronto penetraron en el bosque.
En esto saltó un mono, se subi6 á un árbol
y desde arriba hizo gestos burlescos á su dueño y señor, el rey de las selvas; ?asta llegó á
rascarse en forma indecorosa reg1onea retrospectivas.
-¿Qué animal es ése?-preguntó el león á
su acompañante el zorro,-¿es acaso el hombre?
-Xo es el hombre¡ pero se le parece mucho.
Algunos suponen que son hermanoi:, ó, por lo
menos, primos.
-¡Que el hombre es asi!-dijo el león, y
lanzó un rugido á modo de formidable ~rea·
jada. Pero entonces mi pobre padre deliraba.
¡El hombre, temible?
¡Temible ese engendro ridículo? Yoy á buscarle,siquiera por el gusto de cortarle la ~o~a.
- Ya no la tiene-dijo el zorro con maltcia;
-se le ha ido consumiendo.
-¡Adelante! ¡A buscar al hombre! iA c~omar su orgullo! ¡Orgulloso un ser tan rum

...

Domingo 14 de Septiembre de J 902.
Había caído en una trampa; estaba perdido. Después de bregar un rato, lo comprendió
y murmuró con roncas voces:-::\fi padre tenía razón, debí huir del hombre; pero ya es
tarde; y se dispuso á morir con dignidad, que
es lo que todo el mundo debe hacer cuando se
convence de que la muerte llega.
El león se quedó inmóvil y dobló la majestuosa cabeza.
Al borde del hoyo se asomaron con curiosidad el hombre, el perro, el zorro y el mono;
el águila se puso á plomo y miró desde arriba.
El hombre le arrojó una piedra al león á
ver si podía aplastarle la cabeza.
Pero el león le dijo:
-No me pegues ni me hieras en la cabeza,
que la tengo muy dura, y tampoco es ella la
culpable. Hiéreme con una de las flechas EN
LOS omos¡ ((los culpables son ellos, que no oye«ron el consejo de mi padre; hiéreme EN EL
cccoRAzóx, que no le quiso ni respetó como de((bfa,,,
Y volviéndose el león, presentó el noble pecho.
El hombre, que á veces es compasivo, atendi6 á su ruego, le disparó una flecha y el león
quedó muerto en el fondo de la fosa.
El hombre se inclin6 gozoso, pensando:Hermosa piel; se la arrancaré en cuanto me
asegure que ha muerto.
El zorro se desliz6 mirando al hombre de
reojo y diciendo para sí :-Ahora que estás
entretenido, voy á comerme tus gallinas.
El moho saltó sobre el perro, y en él se
montó imitando al hombre; caballo perruno
y caballero cuadrumano, salieron corriendo
por el bosque.
El águila se remon:,ó diciendo:-El hombre mató al león; hay que subir mucho para
que no me alcance; ¿quién sabe si alg(m día
me alcanzará'?

José €chegaray.

En nuestras acciont&gt;s, debemos depender de
nosotros mismo:-; y no esclavizarnos á la alabanza 6 censura de nuestros semejantes.

Hernos hablado ya de las causas á que obedece la agitación clerical en Francia, presentándola como uno de tantos incidentes ele la
vida del gran pueblo, incapaz &lt;le acarrearle
dificultades invencibles y trastornos sin remedio.
En Bretaíia es donde la resistencia á lo mandado por las autoridades se manifiesta más
ruda y tenaz: grupos de hombres y mujeres
Jel pueblo se reunieron en calles y plazas para oponerse á la clausura de las escuelas clericalei:, armando escándalos que la fuerza pública se vió obligada á reprimir.
Los grabados que publicamos son de lo rnús
i_-eciente, y representan las escenas más importautes &lt;]Ue se registraron en Bretatia.

EL GALLO.
Firme y erguido en la escamosn. pata,
el pescuezo encendido y al desnudo
lleva por arma el espolón agudo
'
e~te rey de corona de escarlata.
Mientras vi\-e, con ímpetu desata
las dos pasiones
. de su instinto rudo,
y como srno mcontrastable y mudo
del animal y el hombre, engendra y mata.

.

Ama y lucha¡ su tiempo se reparte
en victorias de Venus y de l\Iarte.
Sultán de su &lt;'omarca, le es vai:allo

La primera parte del amor es la ilusión; ln.
Regunda, es el cariño, y la tercera el olvido. La
primera es la puerta por donde Cupido entrn;
la segunda, la columna que le sostiene; y la

el rival que. le canta y que le e1widia,
y es tenono fecundo en el sen:allo
r gladiador u1ortífero en la lidia.
.

l\f.\XUEL

Cómo fueron recibidos los gendarmes por k ...
defensores de una escuela.

tercPra el rayo que la destruye ...... aunque resultan casos en que, cual el ave Fénix renace
de sus cenizas.
'
La mujer debe tener siempre la. suficiente
dignidad para despreciar al bom hre que no sepa estimar sus méritos.

•

Abriendo una puerta.

...

~

•

6
¡:•.t
- . ¡..

t

....

S.

Pw11.\HD0.

·,!.
L'
&lt;:
r'I,.
~

..---::--1-·•~

1

El auior es una gran ninlad que muéhos
ignoran cuánto vale.
Salida de religiosas.

•

�Domingo 14 ' de Septicrnhrc de l!l02

EL MU.N"DO ILUSTRADO

UNA HACIEN D A HENEQUENERA.

AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 12.

Sub•cripción mensual foránea, $!.SO
ldem Jdem. eu 1a,Cai•it.a1,,, t,::!r,

MÉXICO, SEPTIEMBRE 21 DE 1902.

Oerente: LUI~ Rt'l't~ !IPINDOLA.

Dlrecton LIC. R,U 'A I L RU'llt !tPINDOLA.

H acienda de Subinkancab.

I'

Yucatán, cuya tierra árida se presta bien poco á lograr filones para la riqueza pública, se
ha engrandecido prácticamente y con pa~os
tan rápidos, que en estoi- momentos es por
demás oportuno considerar cuán grandes ,;acrificios ha costaclo y seguirá costando á quienes se clediean con ahinco á labrar su prosperidad. De aquel suelo pedregoso, seco, calcinado puede decirse, por los abrasadores rayos
del sol, los hacrnda&lt;los y loR jornaleros han
llevado á la Yida un manantial de biene!'I y
procuran empefloi-amente rom\el"\'arlo para
que nadie pueda ta.char de incuria á los que
poseemos con orgullo el nombre de mexicanos.
Este manantial &lt;le riqueza, el henequén, tan
solicitado en los mercados extranjeros, y cuyos pingües rendimientos parecen fabuloso1-,
es una buena pruel&gt;a de cuánto pueden realizar el amor al trabaje). la hábil dirección que
Íl la diaria labor se infunda.
~o se ocultó al trabajador yucateco rsfa Yerdad, y cuando descubrió que en los pedregale;; mismos con c¡ue la naturaleza quiso cubrir
la tierra de su Estado, se podía sembrar la
planta bienhechora, dedicóse con imponderable tesón á ohtener frutos sazonados y ricoR.
Por esto se ve que en la faena de explotar 1a
fibra henequcnera, ha puesto Yerdadero amor
para facilitar la dura tarea, y no se cansa ele
conceder recompensas á quienes con su inteligencia le ofrecen el medio de confleguir esta
facilidad.
Dan testimonio &lt;le ello las numerosas máquina¡.; desfibradoraR hasta hoy inventadas,
los tranvías y ferrocarriles c¡ue cruzan los plantíos de henequén, el embellecimiento que, Ít
costa de mil Racrificio,:, se procura en las tii,cm; de r•n111po. El cRpíritu del hijo de Yucatún no ha rn,cilndo un instante: isa.he que pa-

Don Emi l io Peón Cisneros, acaud alado
henequenero.

ra plantar cada úrbol, está obligado ít \·encfl·
la resistencia que le oponen capas enormes de
piedra; que para ronstruir caminos, necesita
salvar todas las asperrzas c¡ue los terrenos

incultos ofrecen al trabajo humnno; por último, que careciendo de sufkientc 11úmero de
jornaleros, cada dificultad se torna en inYencihle. Y todo lo ha vencido: la resistencia de
los pedregales, la aspereza ele sus terrenos; .\.
sufriendo pacientemente los rigores de su clima y substituyendo con máquinas la carencia
de brazos, se puede envanecer de que ha lleirado, si no al triunfo clefi11itirn, sí á Yictorias
mu v estimables sobre la naturaleza misma.
Ofrecemos hoy á los lectores ele EL :\Iurmo
lLusTRADO una prueba irrefutable de cuanto
dejamos dicho: los cloR grabadoR qt..e se publican en esta página y que repi-ese11tan dos viRtas tomadas de la hacienda Suhinkancab. de
la cual es propietario el distinguido caballero
_vucateco Don Emilio Peón Cisneros.
El primer grabado representa la caRa principal de la hacienda, seguidii ele una frondosa
huerta, y el segundo un plantel ele henequfn.
partido en el centro por un camino, el cual se
puede recorrer, corno se ve en el grabado, hasta en a.utomóvil. Esto cli-mucstra Ít qué grado
de adelantamiento ha podido llegar el ei;fuer•
zo de los hacendados yucatecos: han convertido en amplias y bie·n pavimentadas calles
los caminos que á sus fincas conducen, y ahora disfrutan de una facilidad de comunicaciones poco adquirida en otros Esuulos &lt;le la República.
Carruajes de suyo delicadoE, hechos para
cruzar por las ciudades ele las cultísimas ca•
pitaleR del mundo, pueden emplear!'!:', y con
el éxito ciue proporcionan la rapidez y la comodidad, han llegado á facilitar el transporte
en los úridoi- plantíos de heneciuén; y, de esta manera, han comprohatlu que la peri&lt;everancia en el trnhajo lo \ ºt'llCC todo y c•s digna
de toda recompensa.

Á ORILLAS DEL LAGO.
(C uadro de

Un plantio de henequén.

w.

Menzler.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 14 ' de Septicrnhrc de l!l02

EL MU.N"DO ILUSTRADO

UNA HACIEN D A HENEQUENERA.

AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 12.

Sub•cripción mensual foránea, $!.SO
ldem Jdem. eu 1a,Cai•it.a1,,, t,::!r,

MÉXICO, SEPTIEMBRE 21 DE 1902.

Oerente: LUI~ Rt'l't~ !IPINDOLA.

Dlrecton LIC. R,U 'A I L RU'llt !tPINDOLA.

H acienda de Subinkancab.

I'

Yucatán, cuya tierra árida se presta bien poco á lograr filones para la riqueza pública, se
ha engrandecido prácticamente y con pa~os
tan rápidos, que en estoi- momentos es por
demás oportuno considerar cuán grandes ,;acrificios ha costaclo y seguirá costando á quienes se clediean con ahinco á labrar su prosperidad. De aquel suelo pedregoso, seco, calcinado puede decirse, por los abrasadores rayos
del sol, los hacrnda&lt;los y loR jornaleros han
llevado á la Yida un manantial de biene!'I y
procuran empefloi-amente rom\el"\'arlo para
que nadie pueda ta.char de incuria á los que
poseemos con orgullo el nombre de mexicanos.
Este manantial &lt;le riqueza, el henequén, tan
solicitado en los mercados extranjeros, y cuyos pingües rendimientos parecen fabuloso1-,
es una buena pruel&gt;a de cuánto pueden realizar el amor al trabaje). la hábil dirección que
Íl la diaria labor se infunda.
~o se ocultó al trabajador yucateco rsfa Yerdad, y cuando descubrió que en los pedregale;; mismos con c¡ue la naturaleza quiso cubrir
la tierra de su Estado, se podía sembrar la
planta bienhechora, dedicóse con imponderable tesón á ohtener frutos sazonados y ricoR.
Por esto se ve que en la faena de explotar 1a
fibra henequcnera, ha puesto Yerdadero amor
para facilitar la dura tarea, y no se cansa ele
conceder recompensas á quienes con su inteligencia le ofrecen el medio de confleguir esta
facilidad.
Dan testimonio &lt;le ello las numerosas máquina¡.; desfibradoraR hasta hoy inventadas,
los tranvías y ferrocarriles c¡ue cruzan los plantíos de henequén, el embellecimiento que, Ít
costa de mil Racrificio,:, se procura en las tii,cm; de r•n111po. El cRpíritu del hijo de Yucatún no ha rn,cilndo un instante: isa.he que pa-

Don Emi l io Peón Cisneros, acaud alado
henequenero.

ra plantar cada úrbol, está obligado ít \·encfl·
la resistencia que le oponen capas enormes de
piedra; que para ronstruir caminos, necesita
salvar todas las asperrzas c¡ue los terrenos

incultos ofrecen al trabajo humnno; por último, que careciendo de sufkientc 11úmero de
jornaleros, cada dificultad se torna en inYencihle. Y todo lo ha vencido: la resistencia de
los pedregales, la aspereza ele sus terrenos; .\.
sufriendo pacientemente los rigores de su clima y substituyendo con máquinas la carencia
de brazos, se puede envanecer de que ha lleirado, si no al triunfo clefi11itirn, sí á Yictorias
mu v estimables sobre la naturaleza misma.
Ofrecemos hoy á los lectores ele EL :\Iurmo
lLusTRADO una prueba irrefutable de cuanto
dejamos dicho: los cloR grabadoR qt..e se publican en esta página y que repi-ese11tan dos viRtas tomadas de la hacienda Suhinkancab. de
la cual es propietario el distinguido caballero
_vucateco Don Emilio Peón Cisneros.
El primer grabado representa la caRa principal de la hacienda, seguidii ele una frondosa
huerta, y el segundo un plantel ele henequfn.
partido en el centro por un camino, el cual se
puede recorrer, corno se ve en el grabado, hasta en a.utomóvil. Esto cli-mucstra Ít qué grado
de adelantamiento ha podido llegar el ei;fuer•
zo de los hacendados yucatecos: han convertido en amplias y bie·n pavimentadas calles
los caminos que á sus fincas conducen, y ahora disfrutan de una facilidad de comunicaciones poco adquirida en otros Esuulos &lt;le la República.
Carruajes de suyo delicadoE, hechos para
cruzar por las ciudades ele las cultísimas ca•
pitaleR del mundo, pueden emplear!'!:', y con
el éxito ciue proporcionan la rapidez y la comodidad, han llegado á facilitar el transporte
en los úridoi- plantíos de heneciuén; y, de esta manera, han comprohatlu que la peri&lt;everancia en el trnhajo lo \ ºt'llCC todo y c•s digna
de toda recompensa.

Á ORILLAS DEL LAGO.
(C uadro de

Un plantio de henequén.

w.

Menzler.)

�Domingo 21 ele Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL, JfUNDO tT,USTRADO

***
Oye, puee, una de mis mejores aventurasla primera en orden cronológico, que fué seguida de otras muchas-y después atrévete á
hacer burla de mi fatalismo. Perdí á mi padre e11 el afw de 1885. Me dejó de herencia
una treintena de escudos de á cinco francos y
dos tíos célibes ..... y ricos. El mayor, que
era mi tutor, después de su juventud y de
una edad madura bastante tumultuosas, i;e
convirtió en un infortunado viejo bestia. No
tenía ni voluntad, ni memoria y casi ni palabras con que expresarse.
Día por día olvidaba un nuevo vocablo y
sucedió que al cabo de poco tiempo se vió reducido Ít hablar el más primitivo de los lenguajes. El otro tío, que sobrellevaba á sumayor como un fardo, era un hombre taciturno,
rencoroso y malo. Había visto siempre á mi
padre con cierto odio de Caín burgués y conservaba este odio para mi inocente persona.
Al principio trató de ejercitarlo reteniéndome
en su casa y alimentúndome con pan de avena f;in sal. Pero la presencia de los amigos de
la familia le inquietaba y resolvió enviarme
lejos, á. la casa de «un horu bre seguro» que
debía utilizarme según mis méritos.
Con este fin hizo á su hermano que escribiera una carta de recomen~ación, y agregando 1:na pos&lt;lata. de su propia cuenta encerró
el pliego bajo triple sello y me mandó á que
viese al señor Trela, director de una fábrica
de vidrio, en Chateau-Dampierre. El fin deseado era bien claro: quería hacerme tomar
como simpl~ aprendiz, s~guro de que los pesados trabaJOS del v1dnero arruinarían mi
constitución delicada. Contaba yo entonces
dieciocho años y era tan inocentón como el
ilustre Frise-Poulet. Creí sinceramente que el
tío se desembarazaba de una carga y me regocijé de buen grado: todo me parecía preferible á la tiranía de aquel hombre malvado.

***

,

El ferrocarril, primero, y después un carricoche me condujeron á. Chateau-Dampierre.
Me presenté en la fábricit de vidrio durante
un hermoso mediodí,a de septiembre, y la
primer persona que v1 fué un hombre anciano con barba militar y una mirada tan viva
que me intimidó al grado de vacilar desde el
principio de mis explicaciones. Pero me había comprendido:
- El señor Trela, me dijo, salió para un
largo viaje; yo lo suplo, soy su socio.
Le alargué la carta sellada. La toml, y durante algunos momentos le dió vuelta entre
los dedos; después:
- Es una carta de recomendación ........ .
para un empleo en la fábrica? me preguntó.
-Sí, le contesté, es una carta de recomendación.
-En ese caso, repuso, no es personal.. ....
Rompió el sobre, leyó el plieo-o
me miró
0
con atención y dijo con tono de ;ingular viveza:
-Amiguito, es una carta de Bellérophon_

Guardó silencio. A pesar de mi candor,
comprendía suficientemente que mi digno tío
maquinaba alguna infamia.
E l anciano se paseaba á lo largo de la pieza
con aire agitado y acabó por decirme:
-Xada hay que hacer, pobre muchacho,
m6s que regresar al lado de aquellos que te
enviaron ..... .
La idea de volverá. verá mi tío me llenó
de terror y exclamé:
-Yo le suplico á usted, señor, que cualquiera que sea el empleo que pueda usted darme ...
Pareció dudar, me miraba con ojos compasivos, pero tomando una resolución brusca:
-~o! dijo ...... es evidente que no estás hecho para estos trabajos. Oirte sería una tontera. Todo lo que puedo hacer por ti, si no
tienes dinero, es dártelo para que regreseH .....
Era un hombre de resoluciones firmes. Sacó dos napoleones de los bolsillos, los puso
dentro de un sobre y me lo alargó. No me
atreví á rehusar, le dí las gracias inclinándome y salí de la fábrica.

***
Cuando me encontré en el campo, sentí desesperación; me parecía imposible volver á la
casa de mis tíos. Caminé al acaso, con una
exaltación tal de tristeza, que la muerte me
hubiera sido preferible; caminé durante mucho tiempo.
Atravesé un bosque y me encontré al borde de un r iachuelo que rodaba suavemente
entre las riberas de terciopelo verde. Iba llegando el crepúsculo; las sombras lilas se mezclaban á las rosas, después un poniente azufrado apareció entre los sauces. La fatiga me
hizo sentar sobre la hierba, y mientras pensaba qué hacer, oí que crepitaban las hojas secas bajo un paso precipitado. Volví la cabeza
y ví á una muchachita como de siete á ocho
años de edad que avanzaba cojeando. Era un
ser exquisito, luminoso, color de luz y de hortensia, con bellos ojos azorados. A mi vista,
se detuvo turbada. Pero mi cara pareció inspirarle confianza, y viniendo hasta colocarse
cerca de mí, dijo con voz melodiosa y fresca
como la voz del riachuelo:
'
- Me he perdido en el bosque!
Después, con volubilidad, me contó que, ¡ugando, se había alejado de su cuidadora y
que luego no había podido encontrar el camino.
S_us piernitas estaban temblorosas, sus pies
heridos ......... Seguramente no podría caminar por más tiempo, porque el miedo la agotaba. Le pregunté á dónde sería necesario llevarla, y me indicó que al castillo Noiré. Entonces la levanté entre mis brazos y me puse
á caminar al acaso. Nos encontramos, felizmente, con una vieja pordiosera que nos indicó el sendero; más tarde, un carrero nos llev6
en su pesado vehículo.
Ya era muy entrada la noche cuando llegamos al castillo. Reinaba allí una agitación
extraordinaria. Los dueños habían partido
en busca de la niña, y algunos criados viejos
recorrían los alrededores con aire asustado.
X uestra llegada fué saludada con gritos entusiastas y, según habían convenido con el castellano, se tocó la campana de la gran torre.
Después de media hora de espera, fué anunciada la llegada de los dueños. Se precipitaron á través del gran patio; yo estaba estupefac.to, pero reconocí, en el padre de mi compañerita, al hombre que me había recibido en la
fábrica de vidrio.
-Ah! exclamó estrechándome las manos
con fervor, no hay que resistirse á la Providencia; ella es quien te vuelve á enviar á mí.
Te encontraremos un puesto conveniente y
no te separarás de nosotros n un cal ....... ..

* **

Como en la leyenda antigua, prosiguió Fon-

taine, la carta de Bellérophon había salvado
á quien debía perder. Pero yo no tuve necesidad de cabalgar sobre Pegaso ni de derribará la Quimera; me bastó encontrar á una
muchachilla al borde de las aguas. El viajero triste y desesperado y la niña de los pies
heridos, cuando se. vieron á la luz del crepúsculo, simbolizaron la felicidad.
Porque desde entonces estaba escrito en el
libro de los destinos que Irene, crecida en
cuerpo y en belleza, llegara á ser mi esposa é
hiciera perfecta nuestra felicidad.
¿Con aventura semejante, querías que no se
volviera fatalista el más inquieto de los hombres?

J. H. RosNY.
(Traduoci6n de "El Mundo Ilustrado.")

ANHELOS.
Y o quisiera besar tus dolores,
hundirme en tu alma,
revivir un instante en tus sueños.
temblar en tus ansias,
descender al abismo insondable
do me espera, soberbia y huraña,
con la frente cargada de sombras,
tu vida tan triste, tan negra, tan rara;
descubrir tus heridas ocultas,
medirlas, tocarlas,
y verter mi ternura infinita
como un baño de amor en tus llagas!
Y o quisiera encenderme en tus ojos,
como una mirada,
un instante no más, y que luego
fugaz me apagara;
pero habiendo dejado en tus ojos,
la visi6n de estas cosas aladas
que sueño contigo
y son tan hermosas, tan tristes, tan pálidas!
Yo quisiera.. . quisiera en el nido
que piadosa me brinda tu alma,
descansar un instante ... y entouces
para siempre morirme en tus lágrimas.
DULCE MARÍA BoRRERO.

E l Zócalo.

Jirones da una noche y un día.
NOTAS DE FIESTA NACIONAL
El tafiiuo Je la campana histúrira provoca
el movimiento. La 111ultitud,que había estado
quieta, bañada por el reguero de luz que parece brotar de los muros de los palacios ó rodar como una cascada lellta sobre la enorn1e
arquitectura de las torres basiliaca:a:, se agita,
se mece como una onda que despierta, azota
la arboleda, destroza el mundo de las vegetaciones pigmea_Q, da mutrte á las flores, murmura con un mgente rumor y estalla el primer ¡vi val á la Patria.
Es elmomento del paroxismo cí,·ico. Las
bandas dan al viento notas marciales y cantos
del p ueblo; á lo lejos el caiiím rermena, los
campanarios mueven alegremente su charla de
bronce, y el espacio se puebla de luces que
vuelan.
La guitarra comienza á rasguear; la fiesta
hace eclosión de entusiasmoi,, y el nombre de
los héroes corre de boca en boca, con epít1,tos
carifwsos, con la gloria de la aJmiración que
despierta todo lo que es grande de por sí y el

tiempo va tomando en ingente con esa su labor de ini-ern;ii&gt;le crecimiento.
El_ puehlo sie,nte el patriotismo con voluptuo,nda&lt;les de bera, suele no pensar en el aire
de bienes en que re:::pira la Patria, v sí en la
atmósfera de horrores en yue ha· ele morir
quien la vulnere. Por t&gt;so en Jas fechas de los
grandes :riunfos entona cantares que le recu&lt;'r1l;in el, hogar y prorrnmpe en gritos que le
traen a la memona los c:m1pos de combate.. ..
Y va por e:::as calles cmpaveRada:, &lt;·on lienzos tricrornos y que velan el sueño de la gran
nocl\e con miríadas de luees, marchando al
hornsono toque de lai, cornetas callejeras entre el clamoreo frenético, lanzando g/itoR,
amenazante f&gt;n su alegría, espléndido en la
pobreza &lt;le su sensación, atrayendo respetos y
prorncan&lt;lo burlas ..... .
A!lí va como un hiio que i-c escapa de la
cor~·iente 1~rnn~ay labra un cauce por entre las
gu1Jes p\1hclas -~le, la ci u&lt;lad :fc¡.:tejosa; allí va
p,u-a v11•1 r el ¡1ron de noche 11 Jt,gre y ver llegar la alborad¡t del día de la libertad.

Se forman grupos que son como núcleos del
júbilo; si falta en ellos el tañedor rumboso y
ntarendo, el jlOpular organillero ocupa su lu-

OJOS DULCES Y CLAROS ....
Ojos dulces y claros, de gracia peregrina,
Más bellos que los ojos cantados por Cetina,
Ojos dulces y claros, de gracia peregrina;
Mano exangüe y sedeña, mano sedeña y breve
Donde duerme la casta blancura de la nieve,
Mano exangüe y sedeña, mano sedeña y breve;
Labios rojos cual pétalos de rosa purpurina,
Labios rojos que uh claro resplandor ilumina,
Labios rojos cual pétafos de rosa purpurina;
Ojos que sois fanales en mi noche, ojos claros,
Labios rojos y manos cual mármoles de Paros,
Dejadme de rodillas y en éxtasis besaros.
Is~rAEL ENRIQUE

1

1!)0·}.

gu .v mueve el manubrio con la peregrina
creencia de una superioridad artística innegable.
Las populares parejas hacen de las callejurlas del parque un salón de baile, ,,valsan» de
la manera más groteRca, con contorsiones y
saltos que provocan la ilusión de que aquellas
arenillas queman; el compañero nt recostado
en el hombro de 1'1. dama y éRta vuelve la carn y la muestra con cierta exprefül,n del can!-'ancio &lt;¡uc provocara una obligada faena. Dan
ganas de pedir una tregua en aquella fatiga ...
De pronto, sobre el pedestal de un jarrón
ele ornato se escamma el omdor; por lo general es un estudiante entusiasta, dispuesto á
hacer derroche de elocuencia y que pide entonación á un sorbo de coiiac del país.
La ,·oz impetuosa se escuclm un momento;
pero ¡ay de ella si no interpreta el sentir de
aquellas masas!: surge la protesta, estalla el
,silbido estridente; sólo se ve que el orador
111anotea, pero la voz no camina mús allá dr
,-us propios oídos.
El derrotado tribuno abandona el pedestal;
, lcRciencle como estatua de dios pagano que no
Ita dado gusto ú sus devotos.
Y los organillos vuelven á entonar su confusión de cantos, y un momento después las
callejuelas del parque parece que tiemblan ....

LA CARTA DE BELLEROPHON.
-Soy fatalista, dijo Rolando Fontaine, lanzando una bocanada ele humo del cigarro hacia el techo. Es necesario que la desgracia «me
queme» para llegarme á inquietar......... y todavía, ámenos que no se trate de un sufrimiento físico ó de la pérdida &lt;le un ser amado, mi pena no es muy viva. Ah! era un verdadero sabio el viejo musulmán que acogía
todas las malas noticias con aquel flemático:
«Sólo Alá sabe si será esto un bien.»
Tal filosofía no ha llegado á mí por sí sola; en cierto modo, la vida me la ha impuesto. Es verdad que me ha causado angustias;
pero vegetar sin angustias, ¿no es prueba de
un detestable carácter?

bomingo -¿t ck 8cpticmlm el&lt;'

ARcINIEGAS.

Plateros y San Francisco

en l os granctes días.
4

La alborada saluda el campo de la alegría
con una risa de Iu ces blancas.
La multitud está demacrada, sobre el asfalto Re pisan vidrios rotos ..... .
La cuadrilla del aseo de la ciudad emprenbe la faena más dura del año; pero poco á po
co todo queda en orden.
Las fachadas se cuajan de rosas, ondea una
miriacla ele pabellones, !ns oriflamas juegan
con el viento desde lo alto de los mástiles.
8pena en los cuarteles el toque &lt;le diana, v al
acorde de lo marcial, se ve prender la en;efia
de la Patria en lo alto de las astabanderas.
A lo lejos resuena el estampiclo del cañón ........ .

***
rnas horas despué~, la ciudad está intransitable. La 1.:olumna militar se encamina á hacer su fiesta en los campos, que el sol haf1a
con una luz que parece que está aplaudiendo
,tl gloriof'o triunfo.

�Domingo 21 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO I LUSTRADO
Don,ingo 21 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
La ccnstrucción quedará completamente
aislada, siendo su altura de 28 metros. El sistema e.le armadura de acero que Re ha empleado para la cimentación y la:,; paredes, es de
lo mejor que se conoce y pondrá el edificio á
cu bierto de los más fuertes temblores. Además, la casa estará hecha á prueha de fuego.

***

Ln, arquitectura, tan to interior como exte-

Al apoyar de nuevo la cabeza en el esqueleto del molnsco, vuelve á 1-entir el mismo mro
sonido. Se sienta, examina el caracol y lo
ausculta como lo hiciera un mono. Ahí dentro está. Es un animal que canta y que estará
enfermo, porque no se mueve. La inmov)lidad,
como negati rn del instinto e.le conserrn016n, es
el signo de la muerte.
A la observación sigue el análisiR. Lo hace
pedazos contra otro caracol. &lt;]Ue cede también

•

'tuvo escribiendo versos griegos con la punta
de su bastón en la arena de la misma playa,
ausculta un caracol.
«Ah! qué hermoi;,o es esto! ¡Qué melodía
sin notas y sin ritmo y con cuánta tristeza!
Conserva en su seno el canto &lt;le las onda1como el cráneo guarda el canto de los recuerdos!"
Ayer en la misma playa, un niño que cur!'a ei último grupo del bachillerato, explicaba
á su compañero, mientras sostenía en la mano izquierda un Ronrosado caracol, las leyeR
de la acústica, la teoría de las cajas ele resonancia, la hélic~, en un discurso que empezó:
«·Molusco gasteropodo pulmonado ...... n

***

Y yo mirando hacia adentro, lloraba al pobre riii{o heredo-tuberculoso capaz para laR
ciencias é imposibilitado para atrapar una maripo1-a, y envidiaba al indio salvaje con s~1 ~spíritu ancho para alojar todas las 8Uperstlc10nes y todas las quimera1-!
MENDO MENDEZ.
Habana, 1902.

El Consejo de Edncación Pública.

DESPUES DE LA CEREMONIA.-Sa lida del se ñor P r es idente.

FAC HADA PRIN C IPA L.

La nueva Casa de Correos.
COLOCACIÓN DE LA PRIMERA PIEDRA.

,

El último domingo, por la mañana, se verificó la ceremonia de colocación de la primera piedra del edificio de correos, que se levan tará en la esquina de las calles de San Andrés
y Santa I sabel.
El local en que va á construirse el suntuoso
edificio, estaba convertido en un amplio salón primorosamente adornado con guías de
flores y lienzos que se enredaban á las columnas de la armazón que substentará la finca, presentando magnífico golpe de vista. En el fon•
do se improvisó la plataforma de honor: un
dosel de terciopelo i ndicaba el sitio que debía
ocupar el señor Presidente de la República.
A uno y otro lado se colocaron los asientos para el Cuerpo Diplomático, comisiones de las
Cámaras, Poder Judicial, Regidores, Gobernador del Distrito y otros m iembros prominentes de la Administración.
A las once en punto, un aplauso unánime
anunció la presencia del primer :Magistrado
en aquel sitio. La concurrencia se puso de pie
para saludarlo con demostracioneil de simpatía,y las músicas tocaron el Himno Nacional.
El señor general Díaz iba acompañado de los
señores Secretarios del Despacho y de loR
miembros de su Estado Mayor.
En seguida dió principio la ceremonia con
la ejecución de una obertura por la música de
artillería. El señor director general de CorrE&gt;os,
D. Manuel Zamacona Inclán, abordó luego la
tribuna para pronunciar un d iscurso que la
concurrencia escuchó, no sólo con agrado, por
lo correcto del estilo v lo elevado de 1-us conceptos, sin o con positivo interés, por la multitud de e.latos de importancia que contiene y
sus atinadas observaciones.
El orador hizo la historia del Correo en nuestro país, citando el sistema empleado por los
aztecas, primero; después, la época en que el
ramo, por subasta pública, estuvo reducido Ít
un simple negocio particular. y por último
su incorporación á la Corona; y Ía Ordenanz~
General de 1794, que fué, hasta hace poco la
reguladora del servicio en el paía.
'
Para hacer resaltar más los progresos realizados por la administración pública en este

sentido, hal,ló el fü. Zamacona del empeño
con que el Gobierno acude á todas las exigencias del ramo, y ponderó la influencia que la
unión Postal C"ni versal ejerce en el desarrollo
y civilización de los pueblos y que tan benéfica
ha sido para nosotros.
El discurso terminó con estas palabras:
«El Correo, ejército del trabajo, con millares
de operarios en sus filas, guardián celoso de
los secretos más íntimos del hombre, arteria
Yital del comercio, medio eficaz é indispensable para. la administración y gobierno de los
pueblos, vehículo de la idea, apóstol de la
fraternidad humana, necesitaba en nuestro
país un cuartel general, un taller, un templo
donde desempeñar su elevada misión, y á tal
objeto se destina el edificio cuya primera piedra va á colocar el señor Presidente de la República."
Cerró la parte literaria, con una hermosa
poesía, el señor Agustín Alfredo X úñez. Los
dos oradores fueron muy aplaudidos.
En tres mesas distintas se firmó entonces

el acta relativa, por más de 200 personas e.le en
tre los concurrentes al acto.
Ayudado de una grúa, el señor P1·esidente
procedió á colocar la primera piedra, casi en
el centro de la que será fachada principal, correspondiente á la calle de San And rés. Dentro del block fué guardada una caja de hierro couteniendo el acta de la ceremonia, fo.
tografías del proyecto del edificio, números de
los periódicos que se publican en la capital, y
las distintas piezas que componen nuestro sistema monetario.

***

A.cerca del proyecto general del edificio, nos
parece oportuno dar á conocer los siguientes
datos.
La superficie que ocupará es de 3,735 metros, y todas las oficinas, repartidas en cuatro
pisos, miden uaa superficie total de 13,400
metros cuadrados.
La fachada de San Andrés es de 45. 72 metros, y la_de Santa Isabel, de~74. 22

La concurre nc ia á la ceremonia.

rior, está modelada en la interpretación libre
y m odernizada de las formas &lt;le la arquitectura española, anterior á la época de las conquistas.
No puede decirse que es un verc.latlero estilo en el rigor C:e la palabra. Es más bien el
h ermanamiento de las formas góticas con la
influencia árabe y oriental reamoldadas en el
espíritu del renacimiento cláflico.

al choque. AmboR están muertos por inmóviles
y Yacíos. Xo es un animal que canta. El aná•
lisis, cuando no resuelve, extravía.
Duerme. Al día siguiente,con caracoles por
trofeoR, marcha á la cueYa y en lenguaje toscamente i mitatirn explica. á la hembra el fenómeno. Y en el si lencio v la o;:curidad de la
vi \'ienda Rll hter:ánea, do~de no corre el viento,
el caracol tam b1én cirnta.
El no contestado «porqué», entonces como
ahora, engendra el mito, y de almohada en la

El 13 del corriente, en el Salón de Actos de
la Escuela de In~enieros, se verificó la solemne apertura del Consejo Superior de Educación Pública.
El acto fué presidie.lo por el Primer Magistrado de la Nación, contándose entre los concurrentes multitud de hombres de letras, altos
funcionarios de la Administración Pública y
los Directores de la.'l principales escuelas de la
capital.
Ocupado por el Sr. Presidente y sus Ministros el lugar &lt;le honor, el Sr. Subsecretario de
Instrncción, Lic. Justo Sierra, dió lectura á
un importantísimo discurso, en que, con m:tno maestra, trazó el vai:;to programa que el
Gobierno trata de llevar á cabo para favorecer el dei&lt;arrollo ele la cultura entre las ma,ias,

E l interior del edificio reunirá todas las condiciones de comodidad y amplitud que requiere el i mportante objeto á que Re le destina.

CARACOLES
Llegó el sal\'aje á la orilla del mar al c:wr
la tarde, ~·a poniéndose el sol detrás de la inmensa llan ura líquida, á la hora del crepúsculo, cuando nacen hu; Romlm1s y tornan cuerpo las HU persticiones.
La abundante ear.ri de la jornada le tenía
alegre y Rin hambrP, con toda la eseasa I ncidcz· del espíritu. El haml,ri1•1110, civilizado ó
i:;alvaje, no pueLle sentir la i&gt;eller.a, corno el
miope no ¡,ue&lt;le e"cruta r si no cuando usa
buenos lentes.
La playa, tén&lt;l ida y fresca, rumorosa por el
monótono i;on del mar, cantaba con el terral
el dúo del sueño .v brindaba, húmeda y movediza por In. resnca, blando lecho al &lt;lesca11so. Y el salYaje desnudo sintiú por primera yez el voluptuoso contatto de la arena en
la piel curtida por las púas y los guijarros.
La reeompen~ad:i fatiga del día azaroso. Pl
Rusu1-ro del mar, la i-;oledad, la ah,;ol uta soledad como gtwnlia segura, convidál,anle al
sueño.
Un caracol sonro:;ado, grande, vuelto hacia
arriba, ofreció la almohada, porque el salrnjc
como el civilizado y por sim¡ le cuestión mecánica, necesita, aun en el 9ueño, alta la cabeza.
¡Espléndida tarde!
La felina oreja aguzada al rugido de la fiera, al ?3-nto lejano del pájaro, al leve crujir de
las hoJas secas en el rastro, percibió por primera vez el misterioso murmullo del coracol.
Levantó el salvaje la cabeza: nada, excepto el
mar, se movía; la playa estaba.desierta.

La

apertura

orilla del mar sube á ídolo en la cueya el pob:e ped~~o de carbonato de cal,que para el incho es h1~0 de la. _mar, gue llora !'lU pérdida en
el canto igual é mtermmable.; hijo, 1-in duda
alguna, de aquella enorme charca que ya ha
visitado cien veces y la ha encontrado ha•blando siempre, unos días como habla él cuando está descansando y contento, y otras como
cuando lucha con el hambre ó con la fiera
Veinte siglos después1tm viejo poeta que ·es-

del

Consejo.

por medios eminentemente educativos. La notable pieza oratoria, que publicó integra "El
Imparcial", fué escuchada con profundo iñterés por la concurrencia, que saludó al Sr. Subsecretario con nutridos aplausos.

***

El Sr. Gral. Díaz declaró irn,talado el Cons~jo, disolviéndose la reunión antes de 111,s
cmco de la tarde,

�Domingo 21 de Septiembre tlc 1!)02.

EL MUNDO ILUSTRADO
l&lt;jL ~1U.ND0 ILUSTRADO

Domingo 21 de ~cpticmbrc ele HJ02.

•
Tropas en movimiento.

Llegada del señor Presidente á La Vaqu,ta.

Las fiestas de la Patria

***

EL ACTO OFICIAL EN LA VAQUITA.

rntusia~mo que rlP'-pierta en Pl
,,l,lo In r·onmP:-,,nr:wi(,n del lwcho
111:'i, gln1ioso clP 1111&lt;•:-lrn historia, H•
Y&lt;&gt;rifirarn11. &lt;•n f•st:i YPZ, las firstn,; onrn11izndnipor Pl .\ym '-1n1iPnto parn honrar l,_1 n1&lt;•moria
ele los r·,111di)Jn,- ele ln J11&lt;l,.¡e11clene1a.
,\ ln,- fc"t&lt;:os c]p c:Hi:c•t&lt;·r nfic·ial, "&lt;' H!!l"&lt;'!!ll1"011 )ns r¡m· d Círculo &lt;IP .\111i!!os dd Rr. Uc•nrrnl Dí 1z dispu,o rn oh,,•qnio &lt;lrl Primer
:.\In!.!i,-t rado. y '!llf' &lt;·011sist ieron en fu11&lt;·in11Ps
1&lt;-:1tr:1l""· 1111 rn1wiPrto y m1n fi,.sla e:&lt;colnr,
princi¡,:ilmentP. E,to co;1(riliu_,·{¡ Pll !!J":111 manera ú &lt;lar ú las fi&lt;•stas rnn ,·or Iuci mÍPnto.
La serenata del 1-\ or_ga1;izacln tmnhién pnr
el Círculo de .\migos, no estm·n tan concurrida como Pra &lt;le esper:Hi':f', &lt;ldii&lt;lo al mal tiempo, que ohligú ú la cornisibn ú suspenderla.
~in Pmbar_go, á la hora del Grito, la multitud
Re agolpaba frente ú Palacio, prorrumpiendo

en Yivas á la Patria y á sus héroes. Cuando el
Sr. General Díaz apareció en el balcón central,
el entusiasmo no tuvo límites: un aplam,o
unánime saludó al señor Presidente; las músicas tocaron el Himno, y la alegrí:i, estalló en
todns los corazones. Fué un acto nnponente,
conmovedor.

'1;- ¡,]

El General Vélez y su Estado Mayor.

El 16 por la mañana, se verificó en la Va.
quita el' acto oficial.
Al Poniente del campo se levantaron las
tribunas di\'ididas en tres series: la central,
que se cl~c,tinó á lm; funcionarios_ p~blicos .Y
sus familias, y las laterales, á los mv1tados.
Cuando las anchas plataformas estaban ya
henchidas de concurrentes, un punto de atención marcado por el clarín de órdenes del Colegio Militar, indicó la proximidad del señor
Presidente de la República y &lt;le su numerosa
comitiva.
El señor General Díaz ocupaba un landó
abierto1 en compañía de los señores Secretarios de Relaciones, Guerra y Gobernación. Los
demás carruajes fueron ocupados por los señores Secretarios de Hacienda, .Justicia y Fomento, Representantes de las Cámaras, RegidoreP, etc.
Leída el acta de Independencia por el Secretario del Ayuntamiento,ahordaron la tribuna los señores Lic. Manuel Calero y Sierra y
Juan B. Delgado, para pronunciar, el primero, un di~curi:;o lleno de hermosas imágenes, y
para recitar, el segundo, una hermosa composición poética.
Pasados ei-tos números, el señor Presidente
impuso á algunos jefes y oficiales del Ejército,
las condecoraciones que les fueron últimamente conferidas y entregó sus despnchos correspondientes á varios aspirantes á reserYistas.

mr ate notables por su precil'&lt;ión y muy vi~tosos. Tanto el Colf'gio ~Iilitar _y los ruraleR, como la nrtillería v la infantería, demostraron
su alto grado de.instrucción.
El desfile frente á las tribunas, llam6 mucho la atención.
La DiYisión estuYo al mando del señor Comandante l\Iilitar, General D. Francisco A.
Yélez.
Al retirarse del campo el señor Presidente
de la República, el pueblo le tribut6 una ruidosa ovaci6n.

La casa l'vlosler.

das y paniers de flores. El aspecto de la casa era soberbio.
Otro tanto puede decirse ele la Casa ~lo~ler.
Estaba decorada con tal arte y riqueza, qur
llamaba la atención de todos. Los entrepaños
de la fachada y los antepechos de los balcones ostentaban primorosas obras de t apicería
formando un conjunto encantador. La .pr~fusi6n de florei- escudos y banderas, d1stnbuídas en los ~arcos de las puertas y en los
salientes del edificio, era del mejor efecto.

***
iiientras el señor Presidente hacía la imposición de condecoraciones lns fuerzas ,le las
distintas armas que componían la División,
ejecutaron algunos movimientos YerdadernLa Droguería de La Profesa.
ADORNO DE 1'::DIFICIOS.

El señor General Díaz y su comitiva en la tribuna centra).

Después del desfile.-Salida del señor Presidente

Las calles más céntricas de la ciudad presentaban, el l 6, un aspecto verdadera_mente
hermoso. Casi todos los edificios se veían empavesados ')On banderas y, muchos de ellos,
cubiertos por riquísimos cortinajes y piezas
florales de artística composición.
En Plateros el adorno fué espléndido. La
Droguería de la Profesa, que tanto se distingue en ocasiones como ésta, estaba decorada
con gusto exquisito. Cubriendo la p uerta central se veía un cuadro de la Campana de la
Independencia, y en el remate de la fachada
un gorro frigio, al que formaban resplandor
multitud de focos de luz incandescente. Las
demás puertas y los balcones lucían primorosas telas de los colores nacionales y franceses, y, completando el adorno, había guirnal-

El Palacio de h,erro.

La suntuosa finca en que están instalados
los almacenes del Palacio de Hierro, lució
también un adorno vistosísimo: El .edificio,
bello de por sí, estaba empavesado con multitud de banderas francesas y mexicanas. La
marquesina ostentaba una bonita compostura.
Esta fné una &lt;le las casas comerciales que mfü,
se distinguió por su buen gusto en el adorno.

�¡NADIE I E MUEVA!

�Dl)ming-o 21 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MU:.N1&gt;0 ILUSTRADO

EL "QUO VADIS?" EN HIDALGO
lfr¡ aconfeclmíer¡fo f~afra/.
El acontecimiento teatral d,~
las última¡: semanas, ha sido
la repre~entación en el teatro
de la. c,tlle de Corchero, del
drama tomado de la célebre no-

---,

Doming-o 21 de Septiembre de

rnoi.

si son del género serio, dur;-.n
poco en los carteles, y el producto de las representacione,;
que alcanzan no es, en la mayoría de los casos, suficiente
para que el empresario se reembolse fas canticlacles invertidas
en montarl11i;. Apenas una que
otra piececilla del génPro chico
realiza en )IfaiC'o el milagro de
corrcsvonder con pillgües utilidades á las Compañías que
la llevar. á la e8cena con relati rn elegancia .

•••

Sr. Alberto Michel, autor del liureto.

vela ele Sienkie1ricz por el conocido escritor Alberto .:\Iichel,
y que llcYa el mism.o tiombrc
de esa obra tan leída y comentada.
«Quo Yadis?» triunfó en to-

La orgía en el Palatino.

taciones &lt;le uha misma obra,
esa propiedad y ese lujo pasarían, como moneda común y
corriente,casi inach·ertidos;son,
aquéllo;:: públicoB. acostun1brn&lt;los lÍ ver la costosa indnmenta-

En este punto, la Empresa
FábregaR ha demostrado tener
fe en el éxito de sus afanes, y
la mejor prueba que ele ello
nos ofrece es el «Quo Yadis?"
Las fotografía,; de los princi pales cuadros del drama que publicamos hoy, darán á nuestros lectores cabal idea, no Rólo
de la hermosura de las decoracionc;::, sino también de la
escrupulosa atención que se
ha puesto en que loR trrjes resulten, á la par que ricos, ajustados en todo ú la usanza de la
época en que se de~arrolla el
drama. E:sta corrección, nada
común en los excenarios de ;\léxico, &lt;&gt;s digna ele elogio, no sólo por la ia;uma de esfuerzos que
representa, sino también porque con ella rcimlta ganancioso el arte
en graclo sumo.
Creemo;:: que los lectores de «El ;\fondo Ilustraclon ,·crán co11 gusto
los clichés que aparecen en estas páginas, por tratarse de un acontecimiento teatral de tanta importancia corno el que nos ocupa. Publicamo1&lt;, a&lt;lemá1&lt; el retrato del Sr. :\Iichel, nntor del lilm-to, PI del Director de e1&lt;cena'c¡ue ha contribuído en mucho al éxito de Qno Yadi!&lt;"?", y
el del pinto/ e~eenógrafo D.-.Juan Menarini, ú quien !&lt;e deben las hermosns d1•coraciones estrenachtR.

LA ONDINA DEL LAGO.

Sr. Juan Men:lriui, e:scenógrafo.

ria v el decorado esplénclido
en la escena, y las em pre:;as
tienen, de antemano, asegurada la ganancia.
Entre nosotros no sucede lo
mismo: las ohras, sobre todo
da la línea

y es justo dC"cir
que el trit11~fo, porque sí lo hu:
ho, se debe, en gran partP, a

la compañía,que montó el drama con un derroche de lujo~una. propiedad que no tienen
precedente can nuc~tros tPatros.
Para otra» ciudadei-, como
París \' X uc-va York, &lt;lonrlc :--e
dan 1i:1sta qninic·ntas r&lt;'¡,rcsC'n-

Es el lago transparente y dulce; sus aguas se extienden en ondas caprichosas que, enr,;anchándose cada vez más y rná;::, van á expirar en la
orilla, de la misma mabera que 11:rneren las
ilusiones concebida" en la edad primera ..... .
Es el lago trasparente y puro; la 1u na riela en su brillante superficie, dibujando arabescos luminosos.
Trepado en un gigantesco sauce, cuyas
frondosas ramas llegan hast~ el medio del
lago Pedro el pastor está en acecho.
E~ la hora en que la ondina, asomando r,;u
cabeza por entre las azuladas aguas, deja wr
su faz hermosa, sus cabPllos dorados, su cuello blanco, blanco como el de un cisne.
Pedro notó que las aguas del lago se agitaban levemente, produciendo un murmurio
apenas ¡ erceptible. _.
La ondina, allí, á dos paRos de él, tendida sobre la i-uperficie, le contemplaba envol
viéndole en una mirada de amor y tE:rnura-

El Circo.

El pastor Rinti6 algo como un vútigo, y cerró los ojos para no cncontranic con aquellas pupiia¡:; fnscinadoraR, euros efluvios magnéticos
empezaban ú turbar RU mente.
·
La ondina sonreía siempre, enseñando i-us pequeños &lt;lientecillos,
más pmos y más blancos que los copos de nieve que caían en las flore:;tas en lai-&lt; tardes invernales.
-\'en á mis hrnzos ¡oh Pedrt,!-decía la ondina con voz dulcísimay r-;erús el rey del lago. ~o tardes, ven, y juntos recorreremoR mis dominios; \'Críts mi palacio compuesto de coralinns _v de perlas de ignorado;:: mares ...... \'en, no tardes más, será~ mi ducíio y laR aguas te obedecerán como á su único señor ..... .
El pastor, subyugado por el acento de la ondina desde el árbol se
dejó caer al lago.
'
No bien su cuerpo tocó las agua;::, éstaH se arremolinaron precipitándole en el fondo......
'
En el lago sonorof-o y puro, en la dorada arenilla de RUS már¡!ene8,
lo;:: pastores encontraron el cadáver de Pedro
con un collar en el &lt;·ncllo, compursto de perlas y corales, regio pre:;ente, sin duda, de su
amante de una hora ..... .

Sr. Coss, Director de escena.

Muerte de Petronio,

Grupos de artistas que toman parte en "¿Quo Vadis?"

Lorrnxzo Y. CRE~Po.
EEcncha, mirn, picn~a, duda y calla.
Cuando se cli~cuta con una mujer y ella
conteste con Yalor, ha.y confianza en ganar·
pero si se pone á llorar, ha ganado ella.
'

_,_*,,

"'i"

r¡•

Decía Cicerón que las tres cosas más difíciles en este mundo, son: guardar un secreto, perdonar un inf'ulto y emplear el tiempo
cuerdamente.

�1

Domingo 21 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL :MU~TJ)O ILUSTRA DO
Los años pasan; pero no el encanto.
Cierta noche, rendido por la lucha,
En la yentana de su celda escucha
C,rntar un ruiseñor.

EL VIAJERO.

Loco de ei;panto,
El monasterio inútil abandona,
Y en busca del olvido que ambiciona,
Ya cruzando campiñas y ciudades.

t-

Del dei-ierto en las mudas soledades
Dormir tranquilo espera; ¡ilusión vana!:
Al claro alborear de una mañana,
Mientras canta de Dios las maravillas,
Cubierto el prado ve por florecillas
De hojaR menudas de color de grana ......
Veloz huye del prado, y en profunda
Caverna se guarece:
Uu peñascal escueto la circunda;
)l'inguna planta en derredor florece.

Desfile y formación frente á Palacio.

LA SEGUNDA RESERVA
DESFILE FRENTE Á PALACIO

Publicamos hoy dos fotografías que repreRentan los grupos de aspirantes á cabos y sargentos de la segunda Reserva del Ejército, que
organizados en columna, desfil:i.ron el último
domingc, frente al Palacio Kacional, y el aspecto que, momentos después de la marcha,
ofrecía la Plaza de la Constituci6n.
La columna Re organizó en los campos de
La Yaquita hajo la vigilañcia del Sr. Gral. José ~Iaría Pérez; Riguió por las calles que conducen desde el terreno hasta el Z6calo, y al
llegará la esquina. de Flamencos, hizo, por grupoR. una correcta com·ersión para situarse frente á Palacio. DPsrle el halcón priiicipal, el Sr.
PreRidente de la República, acompañado de
loR SreR. Secretarios de Hacienda y· de Guel'l':i,
preRenci6 el paso de los reserviRtas, á quienes
el pueblo aplnmlía, llenando las acerns . y el
jardín de la plaza.

Terminado el dei-file, Re toc6 «/1 dispen,ión»
v en esos momentoR los aspirantes &lt;lesplega~on multitud de banderolas rojaR, que agitaban
lanzando virnR al Primer MagiRtraclo de la Nación. El pueblo salud6 también con aplausos
y aclamaciones al Sr. PreRidente, repitiéndose la ovación cuando en rompañía l'ie sus Secretarios de Estado ahanclonó Palacio.

EL BESO.
Nathán el justo cometi6 un pecado.
Vanamente sus ojoR lo han llorado,
No borra la quietud del monasterio
El recuerdo tenaz rle un beRo rlarlo
A traición, de la noche en el misterio.
En la huerta, en el coro. de rodillas,
K'o olvida el cuadro el monje penitente......
::\lientras ella dormfa, dulcemente
Cantal,a un ruiseñor en la ventana,
Y había en su cahello florecillas
De hojas menudas &lt;le rolor ele grana.

En un rinc6n, cercano al lecho duro
Que con ramas tejió, se a.lza severa
Una cruz de madew,
Y á su pie, reluciendo allá en lo obRcuro,
Sonríe una mondada calavera.
Pero no ahuyenta el bendecido leño
La visión importuna
Y no es tranquilo ele ~athán el sueño.
············ ····························
Esparce por el antro silencioso
Su cenicienta claridad la luna.
Todo allí, menos él, yace en reposo.
De repente, con golpe misterioso
Del altar se desprende y en la roca
La calavera choca:
Hacia :Xathán rodando se desliza,
Se acerca sin rumor pausadamente
Y al duro lecho salta ... El monje siente
Que sus cabellos el terror eriza.
La sangre de sus YenaR paraliza
Cierto roce de huesos en su oído ......
Luego, una voz de timbre conocido
Así le dice con rnsurro quedo:

(:'.

1'
r(~h.
~I

-Xo me recuerdas ya? ... Te inRpiro miedo? ...
Te qnería besar, pero dormido.
La carne &lt;le mis labios ya no existe;
:;\Ias &lt;le Dios por decreto soberano
\'engo á p!lgarte el beso que me diste ......
El me pui-o al alcance de tu mano
Cuando del santo monasterio huías ......

Temblanclo aún, al despertar la aurora,
El monje, en un rincón de la prader.-i
Sepul~a la adorada calaYera
Y una pl&lt;'garia con su adiós murmura.
Con t'lla entierra todo su pai-aclo! ......
Sin \'C1lver la cabeza, Fe aprl'surn
A regresar á su apa rtndo aHi lo
Y ante la cruz se postra resignado.
Desde entonces Xathán duerme tranquilo.
RIC'ARDO GIL.

~

Tanta vida infunde el amor, que en los momentos supremos olYidamos que viYimoR.
De la inocencia nace el amor espontáneo y
también frágil: pero si lográiR inspirar amor
á un corazón herido por los desengaños, éste
será firme hasta el sacrificio.

(.l

persona &lt;lignísima y muy señora mía, tiene el
maldito vicio de llegar retrasada, por lo cual
sólo sirve para amargar gustos y adobar remordimientos. La reflexión de l\larta se había quedado zaguera según costumbre, y el
impulso ele la piedad, el primero que salta en
el corazón de la mujer, hizo que la doncella,
al través del postigo, preguntase compadecida:
((¿Quién lla.ma?" Voz &lt;le tenor dulce y vibrante respondió en tono persuasivo: «Un viajero.»
Y la bienaventurada de Marta, ·sin meterse en
más averiguacionef:, quitó la tranca, desconió
el cerrojo y dió vuelta á la llave, movida por
el encanto de aquella voz tan vibrante y tan
dulce.
Entró el ,·iajero saludando cortésmente· y
quitándose con gentil desembarazo el ch¡mbergo, cuyas plumas goteaban, y desembozándose la capa, empapada por la lluvia, agradeció la hospitalidad y tomó asiento cerca de la
lumbre, bien encendirla por )!arta. Esta apenas se atrevía (, mirarle, porque en aquel punto la consabida tardía reflexión empezaba á
hacer de las suyas, y Marta comprendía que
dar asilo al primero que llama, es ligereza notoria. Con todo, aún sin decidirsé á levantar
los ojos, vió de soslayo que su huésped era
mozo y de buen talle, descoloriclo, rnbio, cara
linda y triste aire de seiíor
aeostllmbrado al mando y
á ocupar alto puesto. Sintióse l\larta encogida y llena
de confusión, aunque el viajero se mostraba reconocido
y la decía cosa halagüeñas,
que por el hechizo de la voz

t: t•

MONUMENTO A JUÁREZ

.,,.

La iniciativa particular, en Veracruz nos
o~rece _u~ _ejemplo. prec~oso de lo que p~ede,
!)len d1ng1da y meJor onentada, la constancia
en la empresa. Nos referimos á los resultados
que 1~ ~unta encargada de colectar fondos para eng1r un monumento al Benemérito de
Amfrica, ha obtenido tras algunos años de lucha constante, de pesquisas para arbitrarse
los fondos necesarios.
El monumento que representa nuestro grabado,está en vías de ejecuci6n y no cabe du&lt;la que all_í, en Veracruz, cuyos moradores
fueron ~st1gos &lt;le la grandeza de Juárez, se
l~vantara dentro de poco la primera estatua
digna, como obra de arte, de inmortalizar
el nombre del apóstol.
La i:iin~a, para hacer más significativo el
cump.1mient_o de ese deber del patriotismo
mexicano, hizo un llamamiento -al pueblo y
desde el comerciante adinerado hasta el humilde obrero, han en \'eracruz contribuído
cm~ su óbolo para la realización de la idea.
LeJOS están los organizadores &lt;le haber reunid_~ hasta ahora la suma que importa la erecc1_on de la estatua; pero sin que la suscripción
pierda Sl~ carácter _d e eminentemente popular, contm~an pomendo en juego todos sus
esfuerzos, a fin ele que pronto puedan llevarse
á término loR trabajos.

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el alma de través y el corazón á dos dedos ele
la boca, maldecía el fatal momento en que dió
acogida á su terrible huésped. Lo malo era que
cuando justamente Marta, apurada la paciencia, iba á saltar y á sacudir el yugo, no par{'ce sino· que él lo adivinaba, y pedía perdón
con una sinceridad y una gracia de chiquillo,
por lo cual Marta no sólo olvidaba instantúneamente sus agravios, sino que, por el exquisito goce de perdonar, sufriría tres veces
las pasadas desazones.
¡Qué en olvido las tenía puestas cuando el
huésped, á medias palabras y con precauciones y rodeos, anunció que c&lt;ya» había llegado
la ocasión de su partida! )!arta se quedó de•
mármol, y las lágrimas lentas que le arrancó
la desesperación cayeron sobre las manos del
viajero, que sonreía trÍ!;temente y murmuraba
en voz baja frasecitas consoladoras, promesas
de escribir, de \'Olver, de recordar. Y como
Marta, en su amargura, balbucía reproches,
el huésped, con aquella voz de tenor dulce y
vibrante, alegó por vía de disculpa: «Bien te
&lt;lije, niña, que soy un viajero. ~[e detengo,
pero no me estaciono; me poso, no me fijo.»
Y habéis de saber que sólo al oir esta declaración franca, sólo al sentir que se desgarraban las fibras más íntim&amp;s de su ser, conoció
la inocentona Marta que aquel fatal ,·iajero
era el .Amor, y que había ahierto la puerta,
sin pensarlo, al dictador cruelísimo del orbe.
Sin hacer caso del llanto de :'.\Iarta-¡para
atender á lagrimitas está él!-sin cuidarse del
raf&lt;tro de pena inextinguible que dejaba en
pos de RÍ, el Amor se fué, embozado en su capa, ladeado el chambergo-cuyas plumas secas ya, se rizaban y flotaban al viento bizarramente, -en busca de nuevos horizontes, á llamar á otras puertas mejor trancadas y defendidas. Y Ma1ta quedó tranquila dueña de
su hogar, libre de sustos, ele temo~es, de alarmas, y entregada á la compañía de la grave y
excelente reflexión, que tan bien aconseja
aunque un poquillo tarde. No sabemos lo qu~
habrán platicado; sólo tenemos noticias ciertas &lt;le que las noches de tempestad furiosa
cuando el viimto silba y la lluvia se estrell~
contra los vidrios, Marta, apoyando la mano
sobre su corazón, que le duele á fuerza de latir apresurado, no cesa de prestar oído, por si
llama á la puerta el huésped.

€milia }&gt;ardo ]Jazán.

~\

Y::.. no verás i:obre laR trenzas mías
Las florecillas de color de grana,
Borrada se::i. por tu horror de ahora
.\quella imagen sensi.ial y mna! ... -

Aspecto de la plaza después del desfile,

RIA, glacial era la noche. El viento silbaba
medroso y airado, la
lluvia caía tenaz, ya
en ráfagas, ya en fuertes chaparrones; y las
dos ó tres wces que
Marta se había atrevido {¡ acercar~e á su
.__,,..
Yentana por ver si se
aplacaba la tempestad,
In deslun1hró la cárdena luz de un relfimpago
y la horrorizó el rimbombar del trueno, tan
encima de su cabeza, que parecía echar abajo la casa.
Al punto en que con más furia se desencadenaban los elementos, oyó Marta distintamente que llamaban á su puerta, y percibió
un acento plañidero y apremiante que la instaba á abrir. Sin duda que la prudencia aconHejalm á ::\Iarta d&lt;'soírlo, pues en noche tan
CHpanto::;a, cuando ningún verino h0nrado Re
atre,·e á eeharsf' ú la eálle, l"Ólo los malhechores y los penfalo1&lt; libertinos son eal'aces de
arrostrar viento y lluvia en hu~ca: de a yen turas y presa. :'!Iai-ta debió haber reflexionado
que el que posee un · hogar, fuego en él, y á
su lado una madre, una hermana, una esposa
que le ronsucle, no s,ile e11 el mes de enero y
ton u11a tormenta de~atacla, ni Bama á pue1:tnR aj&lt;'rnu•, ni turba 1n. tranquilidad de Ja¡; donlcdas:hone;;tafi y rec-ogidai,;. Mas :a reflexiún,

lo parecían más; y á fin de disimular su turbaci6n, se dió prisa á i-ervir la cena y ofrecer
al Yiajero el mejor cuarto de la casa, donde se
recogiese á dormir.
Asustada &lt;le su propia indiscreta conducta,
::\larta no pudo conciliar el suef10 en toda la
noche, esperando con impaciencia que r.a.yase
el alba para que se ausentase el huésped. Y
sucedió que éste, cuando baj6, ya descansado
y sonriente, á tomar el desayuno, nada habló
de marcharse, ni tampoco á la hor~ de comer,
ni menos por la tarde; y :'.\Iarta, entretenida y
embelesada con su labia y sus paliques, no tuvo Yalor para decirle que ella no era mesonera de oficio.
Corrieron semanaR, pasaron meses, y en casa ele Marta no había más dueño ni más amo
que aquel viajero á quien en una noche tempestuosa tuvo la imprevisión de acoger. El
mandaba, y :'.\Iarta obedecía sumisa, muda,
veloz como el pensamiento.
No creáis por eRo que ~Iarta era propiamente feliz. Al contrario, vivía en continua
zozobra y pena. He calificado de amo al viajero, y tirano debí llamarle, pues sus caprichos despóticos y i-;u inconstante humor traían
á :\Iarta medio loca. Al principio el viajero
parecía olm:liente, afectuoso, zalamero, humilde; pero fué creciéndose y tomando fueros,
hasta no haber quien parnse con él. Lo peor
de todo era que nunca podía l\Iartaadivinarle
el deseo ni precaverle la desaz6n; sin motivo
ni causa, cuando menos debía temerse ó esperarse, estaba frenético 6 contentísimo, pal"ando, en menos que se dice, del enojo al halago y ele la risa r~ la rabia. Padacía arrebatos
&lt;le furor y berrinches injustos é imern,atos
que á los dos minutos se convertían en trans~
portes de cariño y en placideces angelicales·
ya se emperraba como un chico, ya se deses~
peraba como un hombre; ya hartaba á l\Iarta
de improperios, ya le prodigaba los nombres
más dulces v las ternezas más rendidas.
Sus extravagancias eran á veces tan insufribles, que Marta, con los nervios de punta,

Domingo 21 de Septiembre de 1902.

.

Como obra artística el
mo!-'lumento será, si
el
meJor, uno de los más notables de la República, tanto
por la hermosura del conjun~o, como por lo bien estudiado d e sus detalles.

u¿

Proyecto de monumento á Juárez,

�!Jomingo 21 de Sepliembre de 1902.

EL

EL MUNDO ILUSTRADO

MUNDO ILUSTRADO

AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 13.

MÉXICO, SEPTIEMBRE 28 DE 1902.

Director: LIC. RAfAfl Rtl't&amp; &amp;PINDOLA,

Subscripción mensual fon\ueü, $1.~lll
[dem ldem. en hl,.Ct1.)•ILt1l," 1.~;¡
Qerentei LUI&amp; Rtl't&amp; &amp;PINDOLA.

LA PESCADORA Y EL PASTOR
ESTIO

(Cuadro de Charp1ntior-Bo1io.)
(Cuadro de Kaemmer-er.l)

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>!Jomingo 21 de Sepliembre de 1902.

EL

EL MUNDO ILUSTRADO

MUNDO ILUSTRADO

AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 13.

MÉXICO, SEPTIEMBRE 28 DE 1902.

Director: LIC. RAfAfl Rtl't&amp; &amp;PINDOLA,

Subscripción mensual fon\ueü, $1.~lll
[dem ldem. en hl,.Ct1.)•ILt1l," 1.~;¡
Qerentei LUI&amp; Rtl't&amp; &amp;PINDOLA.

LA PESCADORA Y EL PASTOR
ESTIO

(Cuadro de Charp1ntior-Bo1io.)
(Cuadro de Kaemmer-er.l)

�Domingo 28 de Septiembre de 1902.

NEVANDO.
Aquí dentro, fuego; ahí afoerR, nieve ...... .
Así eres tú, como clijv aquel poeta que tan
bien te quiso:
«ruego en el corazón, nieve en el rostro ... •"

,

Fuego como éflte, calor de hogar, manso,
tranquilo, no enervante como el del sol ele estío, que ata el ingenio,)' _pára la fantasía, y
entraba al par los movimientos &lt;lel cuerpo y
del pensamirnto; fuego tranquilo_, del que n.o
hay que temer que suba á incendio, fuego ahmentado ele excelsas materias, de troncos generosos que un día tuvieron flores y cuando
ya no las tienen privados de alegrarnos con
ellas los ojos, se' dan en pasto á la pama para
yolver á ser útiles y prestarnos abrigo y consuelo ..... .
Tal hubiera sido tu amor, e~toy seguro.
Primero flores, l'Jego luz y calor.
.
Si la vieras esta noche qué bomta, tú á
quien tanto gm;ta la nieve!_
.
Si pudiera yo verla contigo, yo á qmen tanto gustas tú!
Ha caído de repente y durará un momento.
:Xo es la nieve frecuente encanto de estos
e-limas, como en el mundo sois raras las muchachas como tú.
Aparece siempre ú. nuestros ojos como espectáculo nunca visto y viene á herir nue¡¡tra
fantasía con la intensidad y la fuerza de un
pensamiento nuevo.
Así á través de uno y otro año, de uno y
otro dolor verdadero y de una y otra ficticia
ventura viene blanca como la nieve, tu me·
moría á ' llenar ' de poético y tnste
encan to el
pensamiento. Baja sobre él mansamente, como bajan sobre el agostado jardín esos copos
y le van form;i-nclo esta blanca vestidu.ra que,
con ser tan fria, parece que ha de abngarle y
protegerle.
Como es tan raro que nieve, hasta la luna,
esta esqufra de quien apenas conservábamos
memoria, se ha dignado salir á verlo.
Yo la he saludado con la misma alegría que
á ti cuando pasado un luto apareces en una
fiesta y pensando en ti me he puesto á contemplar el maravilloso espectáculo de sus reflejos sobre la nieve.
Qué luz tan melancólica, tan hermosa! Qué
musa!
La nieve, que es triste, parece sonreír ante
las caricias del astro, como se sonríe tu rostro
pálido al sentir sobre sí la luz de unos ojos.
Si pudieras verlo, tú á quien tanto gusta la
nieve!
Durará un momento, pero la impresión de
esta blancura, de esta delicada belleza de la
nieve, vivirá aún largo rato en mis ojos, como
en mi memoria la de tu hermosura, con que
me alumbro entre las nieblas y oscuridades
de la vida.
A mí me gusta la nieve porque te gusta á
ti, y á ti te gusta porque es blanca.
Y repara que quizá no he dicho una simpleza. Blancos son tus pensamientos, y. tus
sueños, y tu alma y tu rostro, y blanco tiene
que ser todo lo que te guste, y por ser blanco
es por lo que tiene que gustarte, porque lo
blanco es la pureza, lo inmaculado, lo no vulgar, y tú no puedes encontrar be1lo nada que
no sea así.
En el jardín del mundo, del que sois vosotras las floresL-y nosotros pudiéramos ser los
árboles, quién el fuerte roble, quién el laurel
glorioso, quién ¡ay! el ciprés tristísimo,-las
hay de todos colores y aspectos. Prefiere uno
los claveles, porque son alegres; otro los encuentra vulgares y elige la rosa de té, por lo
triste, por lo aristocrática; hay quien escoge
los pensamie~tofl, por lo que significa!&gt;, y no
se paga de exteriores encantos ..... .
Pues bien, en ese jardín tú eres la rosa blanca, la que todos admiran, aunque sin atreverse á aspirar á ella, la que no se disc:ute, la que
no admite comparaciones ni rivalidades.
:íi;l blanco es la suma de todos los colores,
de todas las bellezas d1tla vista, por lo tanto.
La pureza, que es el blanco entre los mati-

EL MUNDO ILUSTRADO
ces del espíritu, es la suma de todas las virtudes de todos los afectos tiernos y generosos ...
\\.istas á través de tu alma la vida y la naturaleza humanas, se transfiguran y em bellecen; bajo ella ocultan sus asperezas la una, su
flaqueza y miseria la otra. En lo cual eres todavía igual que la nieve, que cubre con una
inmaculada alfombra el lodo y sucio aspecto
de la calle ó el camino.
Celestemente hermosas sois tú y la nieve!
Parecen estos copos pétalos de rosas blancas
que alguien se entretiene en deshojar desde
arriba ........ .
Diríase que ibas tú á pasar por debajo.
Y eso parece tu rostro; no blanco, sino nevado. Pálido, no por falta de color, sino por
sobra de blancura...... Hermosas sois tú y la
nieve!
¿Por qué va á ti mi pensamiento siempre
que veo nevar? También es blanco el sol y no
se te parece sin embargo.
¿Será que son trif:tes la nieve y tu recuerdo?
Ello es que de tal modo os asocio yo en mi
mente, que no parece sino que eres tú la que
nievas ........ .

E.

MENÉNDEZ Y PELA YO.

BiBLICA.
...... Cuando tú llegas, se van iluminando
poco á poco las colirnts y los. cárm~n~s.
,
Viendo tus pupilas, se ale¡a el vie¡o hast10.
Con todo el oro de tus cabellos, podría forjarse un ánfora.
Anfora es tu seno donde habita la miel de
un panal raro.
Anfora es tu nuca donde dormitan lánguidos los besos.
Con lai, camelias de tus mejillas, podrías
asustar á la vendimiadora implacable.
La muerte sentiría tristeza inmensa viendo
la púrpura de tus labios y el marfil de tu cuello.
Hay en t1 triunfo de tus cari~es, un beso
misterioso de la sangre y de la meve.
Tus ojos tienen fulgores del misterio; tus
ojeras son dos violetas marchitas por la escarcha.
Tus manos son dos lirios largo:; con franjas
violáceas.
Son dos estrellas tus ojos que disipan la negrura de la ruta de los tristes.
Vas marchando hacia la tumba lentamente; sin darte cuenta......
.
Tu juventud se apaga, va á tenmnar el clamor de tu apoteosis.
El clamor de la gran multitud que saluda,
se esfuma y languidece.
Y todavía, oh estatua, sigues adorándote á
ti misma, y vas cerrándole el paso á los que
en peregrinación van á tu encuentro.
Afrodita se hace trágica, inclemente y enferma ........ .
Yo quisiera saber en qué piensas en tus nochE:s de dudas é insomnios.
La.,.gran victoria será de los gusanos y de
la podredumbre.
El sepulcro con sus fauces- de piedra, se
tragará una Venus que tuvo miedo á la infinita sensación de un beso ........ .
JuA~ D'SoLA

EL HAZ DE CAÑAS.
Había en una aldea un mocetón fornido,
bruto como un alcornoque, que no sabía que
las fuerzas sirven para trabajar y no para reiiir. Su brutalidad nativa inducíale á pelearse de continuo vera el terror de los demás
mozos y el escándalo de hombres y mujeres.
Un día que el alguacil quiso reprenderle, trab6 conocimiento con sus puños de jayán y
desde entonces campó por sus respetos.
En el mismo pueblo habitaba un chico muy
listo, muy bondadoso, muy querido de sus
iguales y de sus superiores.

==
Quejábanse un día en su presencia de los
desafueros del jayán cinco ó seis muchachos
á quienes había dado un soberano pie de paliza por un quítame allá esas pajafl. Tocios
convenían en que aquello ern intolerabli,, pero convenían también en que era preciso sufrirlo, bien así como se sufre una epidemia ó
una sequía.
-¿Creéis que el mal no tiene remedio?
-Tal creemos.
El chico listo, que era quien había hecho
la pregunta, dirigiéndose á los demás f i,efla~
!ando un haz de cañas que bahía Junto a
ellos, dijo:
,
-Coged una de estas cañas y probad a
romperla.
.
Hizo la prueba uno de los oyentes y sm
esfuerzo rompió la. caña.
--¿Cuál es el más forzudo de ,·osotros?
-Yo.-contestó uno.
-Bien. Coge seis cañas á la vez y rómpelas.
-Ya está,-contestó &lt;le allí ú un rato el
que hiciera la prueba, rojo y jadeante aún,
por el esfuerzo que hiciera.
-¿Te atreverías á romper doble número ele
cañas á la vez?
-No.
-¿Y á romper el haz entero?
-N'i por pienso.
-Pues ahí t,méis el remedio que buscáis.
El que os aterroriza y os doma, lo hace porque sabe que puede pelear con vosotros uno Ít
uno. Tomad ejemplo del haz de cañas. Preste
cada uno de yosotros á los demás su fuerza;
uníos para un fiu común y no habrá quien se
atreva con vosotros.
Surtió efecto el consejo y, en lo suce!&lt;ivo,
el matamoros se convirtió en mansa oveja.

***

CANTARES.

Yino, sentimiento y poesía
hacen los cantares de la patria mía ..
Cantares ........ .
Quien dice cantares, dice Anda! ucín.
A la sombra fresca de la Yieja parra
un mozo moreno rasguea la guitarra ...
Cantares ........ .
Algo que acaricia y algo que desgarra.
La prima que canta~· el bordón que llora ...
Y el tiempo callado· se va hora traR hora.
Cantares....
Son dejos fataleR de la raza mora.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 28 de Septiembre de 1902.

cJ&amp;assenet.
UN TRIUNFO ARTÍSTICO.
Siempre nos ha parecido que los técnicos
exageran al asegurar que el público debe concunir á las a11dicioneK musicales armado de
las reglas y preceptos &lt;le! arte para juzgar confor~1e á ellos .la¡; obras que se le presenten.
Es tem!e!1c1a ¡,res~nt.uosa y ridícula, f~ta
de los cnticos especialistas, de 111ostn.r por
todas partes que su 1mperioridad sobre la mai&lt;a
comú, estriba en que ellos analizann, desmontan .v desmenuzan la obra de arte, y que
por ello se dan cuenta exacta de la función
m~cúnica, ei1 tanto que los otros, la multitud
«d1le~tan ten, sólo sabe sentirla en su ignornncia
y de¡arse arrebatar por una emoción en la
cual parn nadn ú para n1u1· poco entran la reflexión .r pJ aníllisi:;.
m público hnce hien, ú eRo rn, á experimentm la impresi(m (:',it.ftica pura, :;in :ípicf' ni
n~e~cla de e,;tndio; no ,·a :'t rcsoh·cr prohlcmai-:,
•~1 a apl1;ar conocin1icnto;;, ni ú discutir teonas; ,·a a una 1-'0la cosa grand&lt;': Íl s(:'ntir.
Rn buena hora que los niédico;; se preocupen ante his Ve11ns de :.\Iilo, de ob:,ervarlas &lt;lef;de el punto de \'Í~ta de la anatomía &lt;le laR formas; en buena hora que lo:; dúmineR aiiejos
no~e•~ que los ':ersos dt' Regnier faltan ú la
retorica de Blair; Jwro lo~ que tienen la i11~uiciún del arte y vi:,;it:111 la sagrada y pequena Rala del Loune, ú leen en el silencio de
SIi!:&gt; •~1e&lt;lit:iciones los ,cl'ri111Pr08 Poemas», no
necesitan para deleitarse sino de la educación
del buen gusto y del refinalllicnto del ~entido
estético, ~¡ue suelen encontrarse mejor en la
constanc1a, en la ¡wrsfwerancia de la oh~ervación, natural y espontáneamente guiada, que
t'n_ las. profundas filosofías y en las áridas exphcac1ones de la té&lt;'nica.
Todo esto no quiere det·ir que la crítica
sena y grave no tenga papel; lo tiene y muy
tia.scende~t.al, .,:ob~·e todo en la época prei-ente;
pero la cntic:L esta fuera de Iugar cuando el
g_rupo huma1~0, 1·o!npie11do_ la,; vallas preceptH;tas, y ])ORe1do t,e entusiasmo, aplaud,., sin
resen·a una obra tic arte porque hn sacudido
lo~ espíritus con una intensa emoción,. les ha
hecho entrever el idea l.
•
La cdtica podrít decir cuanto quiera de la
leyenda de ~Ias!;enet: si e.:; reliaiosa si 110 lo
.
o
'
es; s1. carece e1e originalidad
ó la
po1-ee;
si es
alta y nohle hasta la altura y la nobleza del
asunt0; nues~ro público, en cambio, que]no

puede decir nada de eso, no ha experimentado una sensación más honda y máf' sincera
que la que le produjo la inspirada múRica del
maestro, fr~ncés. Es música hecha con pasión
y ?º!1 lagnmas, .amasada con amor y dolor;
11; us1ca g_ue pal pita de tern urn y brilla de poc•
1:-1a; música que desc1ibe el paraíso de N'azaret, la gris y tri;;te calle de la Amargura y
que luego deRcribe y pinta con todos los c~lo·

nas pmtorescaH;u sabínmos que maneja la orquesta con una genial habilidad; sabíamos que
es 1111 gran poeta, un soñador excelso; ahora
nos h~ convencido de quP. es un hombre hueno. Solo_ un bueno puede concebir y escribir,
e!1 las le¡anías de m1 éxtasis ei::a música unc10sa y divina, que humede¿e el coraz6n como
un rocío y lo perfuma como un húlsamo.

***

EL MAESTRO MENESES.

res de_!, iris e} _rompimiento de gloria de la
Asunc10n; mus1ca que ora con los labios ele
María, canta con el coro de los úncreles llora
º el' ,·ino
con 1os 1amentos aposto'l'1cos, ríe con
en las bodas de Canaan; es l(wubre
en la tem0
p.estad, épica en las trompeta s de los centuriones, voluptuosa en la danza oriental, so·
lemne y l'anta enel «Magnificat.,1
Conocíamos á Massenet como un erran sinfonista; nos habíamos deleitado con :us «esce-

:Xo importa la vida, que ya está perdida;
y después de todo, ¿qué es eso, la vida? ......
Cantares........ .
Cantando la pena, la pena se olvida.
Madre pena, suerte; pena, madre, muerte,
ojos negros, neg~os, y negra la suerte ..... .
Cantares ........ .
En ellos el alma del alma se vierte.
Cantares. Cantares de la uatria mía;
cantares son sólo los de Andalucía.
Cantares ....... .
Xo tiene má~ notas la guitarra mía.
MADRIGAL.

Y no será una noche
sublime de huracán, en que las olas
toquen los cielos .. . Tu barquilla leYe
naufragará de día, un día claro
en que el mar esté alegre.
Te matarán jugando. Es el destino
terrible de los débiles ...
:'lfientras un sol espléndido
sube al cenit hermoso como siempre.
)fAxuEL :i\L.\rHADO.

Conjunto de ejecutantes.

El público se ha sentido una Yez más subyugado por el talento del compositor, y ha
agradecido ele todas veras al maestro l\lenesei;
este rasgo de filantropía artística este esfuerzo su1?re1110 tan desinteresado y tan noble. }l~l
nos hizo conocer estas bellezas·; justo es el tri?uto de homenaje t1ue le hemos rendido. Su
11:J~tilso ha estado á la altura de la obra. Y,
?1gamoslo con benepl~;ito, los elementos que
se ha allegado, tambien. El señor Malda
que co~ab?ró en la traducción del libreto, me'.
rece as1m1srno un elogio.
La voz pura y suave, y el alma sere1~ª Y contemplatoria de la eminente cantante
~•:a, ~cho?, y la garganta pri\'ilegiada ele la
::ita. Galvan de Nava, y las excepcionales fact~ltacl~s c~e la ~rn. Cejudo de lintiérrez, y e1-a
g1a_n espe1anza del arte que se llama :\!arfa
~ursa Esc~har, y lo~ Sres. XaYa, García .\belo, Y ~Ian~, han sido factores importantísimos del éxito.
'\ la altura de estos factores han (:'~taclo los
con¡untos, el orquestal y el vocal, al grado de
4~1e podemos afirmar que en l\léxico no fle haLian escucha~o nrnsas tan seguras, tan numero~as Y ta•~ ~ien dirigidas.
. Las authc10ne~ d_e ((La Yirgen" !"on el Rugurio de un resurg1m1ento lírico de gran alc.1 ncf'.
Así lo deseamos para bien del Arte.

Debido á la falta de luz y á lo numero;;o uel
¡ierso~~al que tomó parte en la ejecución de
«La \ irgen_,u no fné posible obtener una buena fotografia d_el conjunto de artistas. El grabado .&lt;Jue publicamos, dará á nuestros lectore~, ~lll embargo,. una idea del aspecto que
of1e?1~, el escenano del Arbeu al concluir la
au lic10n.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 28 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

IDILIO Y TRAGEDIA
HI va ahí va, gritó á lo lejos iln pelotón de chiq_uillos, corriendo pecho arnha
por uno de los campos del
pueblo, detrás de una bandada de perdigones.
En los peñascos de las cuencas y en el fo.ndo de las gargantas del terreno, el eco repite
desde cien sitios «¡ahi va, ahí va!", de un modo desvanecido y aéreo, como si otras cacerías
se verificaran en diversos sitios del monte.
¡Qué vistosa y qué bizarra partida de cazadores!
El hijo de la «Chirrina," Andrés, general
en jefe del antlante escuadrón que escasamente llega á los doce años, reparte ~rdenes y pedradas en todas direcciones y anima al tropel
con su actividad y la dirige con su b~en golpe de vista «trapacera.)) Le ha prometido una
buena su patlre pero sabe el muchacho que
el hosco autor de sus días está en el pueblo
inmediato, y al verse el rapaz libre, estalla

nos diversas actitudes, y la l"iente plasticidad
y la gracia más pt~ra y fresca, seducen en el
lienzo vivo y caprichoso.
El cuadro se descompone cuando se persu~den los chiquillos de que no pasan los perdigones.
-Puez eyo e que hay que buscarlos.
- Eso digo yo.
-Puez yo no. Yo digo que ez mejó ir á
arcanzá er nío e cigüeña que hay e no arto e
la atalaya.
-Mejó é jezo, clama la mayoría de las voces, y allá va la risueña partida entre la~ llamas vibrantes del sol, que arranca chispas
de las piedr&amp;s.
La atalaya era una torre en ruina? 1;1na altísima edificación de moros, un prochg10 de vetustez con su manto de hilos de arnña, sus
anfractuosidades llenas de germinaderos de
reptiles, sus matorrales á media obra, que no
se sabe de qué jugo beben, y sus troneras, por
las que se veía la lista del mar azul y las
arenas.
Una especie de espuerta de broza, un nido
colosal hecho á trompicones, dejábase ver en
la cima, y cerca de él, sostenidii por milagroso equilibrio sobre un pie, una cigüeña castañeteó el largo pico al ver acercarse á la torre
el tropel de libres muchachos, y se elevó á
grande altura.
Se echó la «china" para ver á quien le tocaba hacer la ascensión al nido; hubo disputas,
bulla, gresca, arreglos, desarreglos, y, por fin,
Andrés, Andresillo, el más denodado, el más
valiente, el más simpático, fué elegido para
el caso.
-Bueno, dijo, pero no matamoz los pájaro
zi los tiene; ná más que velos, ¿eh?
Se remangó el único jirón de manga que tenía su camisón, lió en un e~tropeado papel
un cigarro de pámpanas secas, describió varios brincos y zapatetas antes de aferrarse á la
obra, y por fin se agarró, en actitud de ~ana,
al edificio. Ascendió por aquella escala inverosímil; gan6, trazando culebreos, algunas Yaras C:.e altura, arañó, sintió el escal~frío del
riesgo varias veces, y en un htwquecillo maaantas y los pedruscos de las cuencas devuelvor que los demás. puso un instante el ciga~en las sonoridades fantásticas y repiten muy
para hacer descansar á los pulmones. Fudébilmente: «¡Ayí va! ...... ll
mó de nuevo, tornó á saltar la pajuela, hizo
Ladera arriba los granujas huyen como deen el aire unos garabatos de alegría con una
monios· uno tropieza, otro quita la vez al depierna libre, y apechugó de nuevo con la
lantero' éste da una voltereta para caer de pie
torre.
como l~s gatos. En un recodo, los perdigones
Ya estaba cerca del nido, y forcejeaba, canse acoclan rimando el color de sus plumas con
sado
de la lucha,á una altura vertiginosa.Ateel de la tierra, y el escuadrón de cazadores parrados los espectadores, ni proferían palabra
sa &lt;le largo.
siquiera. De pronto sintió Andrés un colosal
Entonces los animales se remueven, inspecaletazo en el rostro, á la vez que oyó un grazcionan el terreno alzándose sobre sus patitas,
nido feroz de ave furiosa; llevóse el rapaz amy viendo el campo libre, toman la ruta del
bas manos á la cara, perdi6 con el punto de
monte.
apoyo
el equilibrio, y cayó al espacio; volteó,
Rendidos de nuE:vo los chiquillos por e1 sol
rebotó, grieteándose el resonante cráneo cony la carrera, dan en tierra bajo unos parrales,
tra una peñn. La punw. del cigarro tard6 más
rojos los carrillos, las frentes sudoros3:s, el
en bajar, y por un capricho del aire fué ~ caer,
aliento jadeante y desollados maaos y pies.
encendida y humeante, en la desportillada
-¿Sabei que pica bien el sol? clama el reboca del muchacho.
voltoso ,,jefe,, con los ojos encandilados.
El idilio se había trocado pronto en trage-Jaremos sombreros con las pámpanas.
dia,
en tragedia imponente y horrible.
-Bien pensao, miá tú.
La primera idea ele los chiquillos fué la &lt;le
Y las guirnaldas flotantes de la vid, los sar•
salir huyendo; algunos ni volvieron la cara
mientos vestidos de hojas, caen trcnchados al
atrás hasta entrar en el pueblo, yendo á refusuelo en haces hermosos. Un rapaz traza de
giarse en el seno de sus madres; otros dieron
un periquete una corona y se la planta¡ otro
parte de la desgracia ..ntre espasmos d~ mt~e~combina un círculo de verdura y lo ajusta á
te
y castañeteamiento de dientes, y la noticia
sus sienes· el de más allá teje una trenza de
voló como un río de p6lvora por el pueblo.
pámpano; y la rodea al cráneo hirviente; éste
Salieron á recibir el calláver, que era conduarre~la la más graciosa diadema de Baco y
cido en hombros, viejos, mujeres, niños y toengalana su cabeza con ella; todos se adornan
cto el vecindario en masa.
como dioses griegos, y son de ver las caras suUn plañido fúnebre, compuesto por gritos
cias, los carrillos dados de obscuras pincelade
den locos, por exclamaciones de pena de
das, los torsos de color de bronce empavo:iacien labios, y por los retorcimientos de dolor
dos por el sol, bajo aquellas coronas egregias,
de la madre, llegaba al alma con el trágico
bajo aquellos adornos clásicos.
aparato de las grandes desgracias.
Grita uno de los chiquil~os«¡Por ayí van!»,
-¡ ¡Mira, mira! !-decían las mujeres á sus
y las profusas figuras del cuadro, fijas en el
hijos.-Pa que te sirva de escarmiento, pa
suelo, se inclinan hacia un mismo punto; comque no güervas á andá por ezos ~mpoz. ,
binase una aucesión de perfiles, revuélvanse
Los niños veían con agrandamiento. de OJOS
de modo distinto los cuerpos, adoptan las ma-

Sobre ésta caen infinitas filtra0iones babeando sus hilos sonoros, y cada gota, al caer, parece llevar el canto de una lírica orquesta. U11
nutrido repicar de sones armoniosos hal.aga
dulcemente los oídos con efectos de músicas
extrañas. Los muchachos callan un momento seducidos por esta sinfonía, y se ponen á
cdntemplar los círculos, rayas, rizos y_ ondulaciones que arrugan la «tez&gt;&gt; susceptible del
agua. ¡Qué misterios! Allá abajo, en .el hond.o
de aquella sima transparente, una v10len~ísima mancha de fuego, un relámpago de vivas
tremulaciones, ofusca y pin?ha los ojos con
mil espadas de oro: es la copia del sol.
-¡Mira, y no se apaga! dice uno de l~s chiquillos al verlo lanzar sus llamas de tnunfo.
-Porque está ma abajo del agua y no le
yegan laz gota.
.
-¿Y á cuántas brazas estará de nosotros, tú?
-¡Anda! Lo menos á veinte.
- ¿V amo á cogé una caña pa pincharle?
Los perdigones surgen de pronto, bruscamente, del matorral, y dejan cortado el diálogo de los cazadores.
-¡Ayí van, ayí van! repiten de nuevo los
chiquillos, lanzándose en polvoroso tropel,
como dice Virgilio, y los peñascos de las gar-

de alegría, como si fuera el graneado de un
fuego de artificio. Le siguen pisándole los talones Periquín, hijo de la Tarasca; Anselmo,
nieto' de la Cantimplora; Lorencillo, sobrino
de la Porcuza; J usepo, hijo de Trincacopas;
Celedonio, ahijado de Matapenas; Robustiano, nieto de Orinaduros; Pantaleón, primo de
Piernascomhas, y hasta las docenas de desarrapados, que, cuando llegan las postri~erías
de a~osto, ee lanzan á las cacerías de p~Jaros,
y no dejan en todo el contorno árbol sm pedrada huerto sin avería, lagarto sin ser acosado 'culebra sin ser perseguida, y charco ó
poza' sin que reciba sus cuerpos denegridos.
Congestionados los rostros bajo el potentísimo sol que cae de los cielos, descalzos de pie
y pierna sin montera ni cosa que resguarde
el cráne~ del calor, y reuniendo entre todos
un traje hecho jirones, pues el que lleva un
pernil, caree~ de lo demás, y el q.ue enseña un
tirante no tiene calzones que suJetar, van comunic{mdose en atropelladísimos diálogo~,
rendidos ya y asfixiados por la carrera.
-¡Por ayí se han metío, miales! gritaba
Andrés, ayí san acurrucao junta la aberca;
vamos á eyos.
Y cautelosamente, inclinando los cuerpos
para ofrecer menos ?lancos á l~s. perspicac~s
miradas de los perdigones, se dmge la partida de chiquillos al boscaje que pone techo de
grefias á la superficie del estanque.
¡Qué vaho de frescura al entrar bajo aquella tupida bóveda! El enzarzado pabellón deja dibujarse en el suelo una azulad.,ll, randa de
sombra taladrada de lunares de oro, que se
deslizan sobre el agua cuando el viento mueve mansamente el ramaje. Los chiquillos
muestran, salpicados de esos lunares de luz,
piernas, brazos: rostros, manos y cabezas. A
veces, el fantástico encaje sacude su tapiz aéreo, y entonces los millares de pupilas oro
corren sobre los cuerpos de los muchachos con
precipitación deslumbrante y vertiginosa ..... .
Después de buscar inútilmente los perdigones, se ponen á mirar los rapaces, echados sobre los muros del estanque, la copia de los
cielos; de las raro-as, del musgo y de todo el
bosque, allá en el fondo misterioso del agua.

rro

el cuerpo muerto, v retrocedían espantado~.
En la humilde casa de Andrés fué colocado el
cadáver, y la noche cay6 8obre el espíritu de
la ma&lt;lre como un océano de sombra. Todos
los vecinos del pueblo acudieron al velatorio;
en el regazo de las mujeres los niños· en grupos cabizbajo¡;, los de igual' edad á la' ele Andrés; los viejos, acostumbrados á los dolores,
con una tranquila resignnción al lado de otros

Por la tarde, en medio de la quietud excel,;a de los campos, 8e dió principio al entierro.
El cura, revestido de negro, llegó con ,;u acompanamiento sagrado á la puerta de los padres
del muerto, y les pidió al hijo de su alma. La
madre arrojó un inmenso grito de sorpresa
que dejó rotas sus entrañas. El canto fúnebre
lo pidió con nuevos clamores, escudriñando
el corazón para estremecer sus más leves fibras.
Cogieron los que fueron amigos de Andrés
la caja, y estalló esa sinfonía terrible, tri&gt;menda, de aullidos de almas que se retuercen y
despedazan de dolor, de cong&lt;&gt;jns que rompen
en lágrimas, de voces profundas que entouan
el canto de la muerte, de aroma de las rosas
ajadas, de jazmines marchitos, de clamore8,
de besos, de llantos.
Es la inmensa frase de pena con que se despide al que fué: la tierra cae sobre la gracia
segada en flor; las piedras insensibles retumban en la caja dando golpes de cólera; los ojos
que quedan bajo tierra, no verán más rayos
melancólicos del día, los misteriosos simulacros de Iuz de la tarde, el ajamiento de tintas
de los cielos, el mar azul que no lejos de la
tumba canta su estrofa eterna.
Hay que decir adiós al muerto. Pretendió
subir donde los pájaros y cayó por falta de
alas. píos se las puso al cuerpo de las aves, y
no qmso prenderlas al cuerpo de los niñoR
que son más bellos que los pájaros.
'

Salvador lf ueda.

AL LAGO DE CHAPALA.

viejos; las mujeres con el alma en cruz, clavada por la pena.
Cuando el ~adr~ de Andrés volvió del pueblo cercano, bien mternada la noche, vió el
pueblo de luto, gentes á la puerta de su casa
resplandores de cirios que salían de su habi~
tación, y por último, como quien es presa de
una pesadilla, á su hijo muerto. Hubo una
explosión inmensa de lágrimas, un valiente
triunfo del sentimiento.
Se tiró el padre contra el suelo, diciendo
que quería morir como su hijo; pensó desgarrarse de pena. estallar.
La tensión del dolor lo redujo al cabo de
algunas horns. En el velatorio imperaba un
silencio absoluto, roto sólo por algún recru\lecimiento de lágrimas.
En las profundidn&lt;les del silencio. allí donde los seres que asisten á un velatorio oyen
terribles músicas ,megras,» palpitaciones de
cajas destempladas, compases repetidos de
duelo, andares de muerte y voces de Yisiones
el alma humana formula, traza la interroga:
ción eterna, y espera con el oído puesto en la
sombra. Todas aquellas músicas extrañas no
pueden concretar una frase, no pueden cuajar una palabra.
Las armonías pasan y vuelven; tan pronto
preludian marchas lúgubres, tan pronto imitan sollozos y rezos, ya remedan ruidos de
mantos que se arra~tran; los cirios restallan y
dejan una línea de ceroso humo en el aire· las
almas sienten inmovilidades de piedra· ;ólo
, .
, añade su 'músiel gran mecamco,
el corazon,
ca involuntaria á las misteriosas que paRan
por el fondo tenebro~o del silencio ..... .
Amaneció, )' vino una luz de muerte á manchar de palideces los rostros; las miradas parecían despertar de una noche eterna.
Durante el día vinieron los chiquillos compañeros de ~ndrés, á .~char lágrima~ y jazmines en su caJa. Una nma, como de cmco años,
llegó con un brazado de rosas, las ech6 sobre
otras rosas, se arrodilló y movió los labios como vió que hacían las mujeres. ¡Oh divina
oración la suya, tan pura como la luz de una
aurora de mayo!

¡Qué serena quietud y qué divina
la paz de tu ribera soñadora
á la luz del crepúsculo que dora
el agua con la lumbre vespertina!
¡Cuánto adoro tu calma peregrina
al fulgor de esta tanle encantadora
oyendo la cadencia arrulladora
'
con que canta la onda cristalina!
Aquí está, suspirando hajo el cielo
mi corazón, que triste y sin consuelo
llegó hasta ti, cansado y dolorido; '
la calma de tus ondas es la calma
que anhelan los ensueños de mi almn
en sus profundos éxtasis de olvido!
FRAXCISCO lZÁBAL lRIARTE.

La Noche estaba azul azul obscuro
1:;'na amati.sta enorme y 'transparente '
Eran los c1elo8, en que el brillo puro
De los engarces de ai,tros dulcemente
Cir:itilaba; las lámparas de gemas
TeJían 11111 fulgores como hielo
E"11 l1!-s ramas y ,abriéndose
'
'
las yemas
Crepitahan los arboles tranquilos.

Li;. Noche estaba azul; en la serena
Divagación de la nocturna amante
De prnnto murmuró la cantilena '
De un lejano y nlegre caminante ..... .
Lentamente, distinto se hizo el canto,
Como un chorro de fuerza y alegría ·
Que .se desborda ~n. ~itmos, y al encanto
La Noche con fru1c10n Re estremecía:

II.
,,~ací con una aurora, soy de Oriente
Soy ge~elo del Sol, llegué á la vida
'
Con mi robusta carne estremecida
Por un soplo de fuerza armipotente,

Domingo 28 de Septiel::nbre de 1902_

La Luna.
Leve bruma de plata descenél.ía
del triste ocaso de color de hielo
cual un sudario de profundo dt,¿1 0
sobre el cadáver pálido del día.
Vagué en la noche misteriosa. frí
dejando á mi alma remontm Sll Jue1:•
por la serena bóveda del cielo,
colmada de fulgente pedrería.
Tras la curvn de un monte, l~
d •
. , 1a 1una, trá g1ca,
.
Fmrg10
cub.ierta, gen aria
de una intensa blancura fnnerat-1·a.
La ví errar espectral. Su luftl.b . .
, t
. bl
. .
re mc1erta
se apago en re 1a me a v1s10nal:'i
Y soñé el poema de la luna ~uª··
er·ta···.
FROILÁ~ TURCIOS

AZUL Y!EGBO.
Azul la blusa, la enagua l'l
Negro el sombrero .. .. Cuán befrª, tá'
Todo lo encanta, todo lo al~ e ª es ·
Con su sonrisa por donde _, gra,
a.
Su porte regio los ojos ktl•b
Turba los ojos y el corazón, a,
Porque en su cuerpo canta l
El himno ardiente de la p?'~•,ion.
... :l, curYa
Sobre RU frente morena y T
Es su cabello noche ;;in luz pa ic1
Y hay en sus ojos la lumbt-~ r. •
Del esplendente cielo andah, c,llid11.

ª

stZ.

Su boca es fresa, flor pu,..
.
Su talle esbelto, breve su Pi purrna;
Y ii I ver su garbo cuando e...e, .
p
, t d d .
,,mma
rovoca a o os ecir: "iÜlé!»
'
1:e azul y ~1egr~; .. Mi m&lt;l Cuán bella!
Pas.. y se a1.eJa... i en 1oco afán
Todos los OJOS se van tras e]1
Todas las almas tras ella vanr'
ls:1rAEL ENRIQUE

A...,.-nCINIEGAS.

***

- X o se puede tener mavor
de sí mismo.
•
~eñoría que la

Desprecié la canalla envilecid
Que ante cualquier señor dob1 1
E, incorruptible, fecundé á la a d.frente,
Circe inmortal, que me adoró ar 1~dnte
Venci a!

ª

«En la paz de la farde á mi h
Hice aprender los himno$ de l eredero
Y consagré su espíritu á la g¡ 0 .P:uerra
Llego á ti, Xoche augusta, so ria.··:·· .
Dame tus brazos v mis ojos guenero,
Con un beso &lt;le amor y de vinlter~a
•
•
'- or1a!ll

ª

t

III.
La X o-:he estabii azul pero
De resplandores blanco~ abrió Una.aurora
A la Luna, bellísima sefiora el cielo
Del ideal y el infinito anhelo.

Y la Noche fué blanca. El 8 • •
Fundi6 su alma en un beso siJ°h~no
Y la Luna tendió como un S\lqen?10so. · · · •·
Su blanda claridad sobre el ea ano
R G
Poso ..... .
.
OMEz RoB}:LO.

�Domingo 28 de Septiembre de 1902.

EL MITN"DO ILUSTRADO

EL :MUNDO ILUSTRADO
como todas;
Y madre·' ésta ' cariñosa y buena
' e'l nunca 1o
aquél. ..... quién sabe cómo sena,
vió más que en silueta, á la luz de una lámpara que iluminaba el pecho oropelado de una
santa que conmovía á un culto traducido en
flore; y en mecha alimentada con aceite. Luego el paso de la vida siguió.
:Xunca Tom sufrió de ese hermoso mal de
las educaciones; fué un chico que en su campo persiguió ch,apuline.'!, y, a~tes de tiempo,
ilusiones. Jama:; se deJo &lt;lommar por el ronrón de los regaños maternos, y resultó que un
bello día, día- bello en Ye:dad, el camino del
campo al pueblo se le hizo corto y con tan
buen motivo, d ió el ccadiós,, al hogar pater1:10.
Tom no era ccTom,,, era ccTomási&gt;; pero algmen
comprendió que aquel nombre era largo para
los vuelos del mozo y resolvió acortárselo. Por
eso como «Tomn llega este héroe á nuestra historia.
Y así es el prólogo.

. 1

su buena preparación y estudiar sus propiedades.

***
Las veloci~lades i niciales de los proyectiles
clel l\Iaü!"er se toman en instrnmentos electrobalísticos, admirables por i:;u precisión y mecanismo. Los oficiales en instrucción concurren también :í esta prúctica, con el fin &lt;le conocer el manejo de los curiosos aparato,;.

P ENSAMIEN TOS.

Cuan to más pide el místico para sí al elevar su~ oraciones, menos propicio se manifiesta para ser genero?o con sus semejantes.
Cuan to más adula al poderoso, más mortifica al necesitado.

***

LA EMPACADORA DE CHIHUAHUA.
Terrible Incendio.
Los periódicos de información han dado
cuenta pormenorizada del terrible i ncendio
ocurrido en la Casa Empacadora de Chi huahua, la noche del 19 del corriente.
La noticia del siniestro causó profunda sensación en los círculos comerciales, no sólo por
lo inesperado de ella; sino también por la suma que representa el capital puesto en juego
por la negociación. En un principio, las pérd idas se hicieron ascender á m~a suma creci•
dísima; pero, rectificados los datos, se supo
desp ués que el importe de ellos montaba,
aproximadamente,á quinientos mil pesos,cantidad que alcanzan á cubrir las pólizas de seguros que 11mparan á la compañía.
E l incendio se inició en el departamento de
refrigeración , y fué sofocado desde luego por
la policía; pero como algunos materiales no
qu edaron bien apagados, las llamas Yoh-ieron á invadir el edificio, determinando la destrucción, C.'l.Ri completa, de la Empacadora.;
pues á pesar de los esfuerzos desplegados para contener el avm1ce del fuego, sólc pudieron
salvarse las oficinas, la casa de los empleados
y u na que otra der,endencia de menor importancia.
La casa será reconstruída á la mayor brevedad.
-Grandísima gracia de sombra y de luz se
une á ios rostros de aquellos que permanecen

en las puertas de las habitaciones que están á
obscuras.
-Donde hay:más:sentimiento, allí hay más
martirio.
-Si estás solo, serás todo tuyo.

Ds la vida da un Payaso
"SE MURlu EL MONITO...."

Sonaba un aplauso estruendoso cuando Tom
y RU cctití» abandonaban la pista.
El payaso entraba todavía sonriendo, con
el animalito sobre el hom hro -el animalito
que tenía una cara de ccpuchero»;-después lo
aproximaba á la puerta de la jaula, y el «tití»
saltaba para ir á acurrucarse en un montón de
trapos que le daban calor y a rrullo para pasar
la noche.
Tom iba luego á quitarse el colorete, los
pantalones anchos, la peluca de treFt mechoneH,Y de,;pués de veRtirse de calle, con cierto
aliño, salía á donde estaba el público, mostrando un aire de triunfador, algo como lasatisfacción del que ha dado gusto con su trabajo.
Tom y su «tití,, figuraban en todos los programa!'!; el acto que desempeñaban hacía reir
y llevaba al circo á un puñado de rosas de alegría que batían palmas á la manera que una
brisa hace chocar los pétales flojos de una
flor.
Y Tom,en sus soledades, solía preocuparse.
¿Qué era él?........ .
Allá en un tiempo muy lejano tuvo padre

Los amos dejaban morir de hambre, olvidados por completo, aquel pobre ccti~í,,..Llegó á
pasar los días hecho una rosca, tristísimos los
ojos redondos, inmóviles los remos, presa de
parúsitos. Tom en un día de humor, lo bañó· le clavó los'dientes del peine, á cambio de
yai'.ios clavares de dientes del ccmonito,,,que no
estaba acostumbrado á los achaques del aseo.
Pero por esa ley de las superioridades, Tom
le perdonó todo y llevó sus buenos instintos
hasta conserrnrle las mondaduras de fruta que
dejaban los amos, proporcionándole así un
buen festín. Luego, cuando hizo frío, lo lleYÓ
á dormirá su cuartucho y ... de ahí nació todo.

Los concu rrentes al banquete de los chiapanecos.

La anexión de Chiapas á México.
Con grande entusiasmo celebraron los chiapanecos residentes en la metrópoli el 78 aniversario de la anexión ele sn Estado natal á la
Rep6 blica 1Iexicana.
El día 12, fecha en qne se conmemora la
an exión, se verificó en la Cámara de Diputados una velada literaria, á la cual asistieron
e~ Sr. Presidente de la República y.sus Secretarios de Estallo, así como numerosas famili:ts
y caballeros diRtinguidos.
El ban&lt;1uete organizado como parte del
programa, se dió el último domingo en el
Elíseo. Entre lo~ i nvitados se encontraban lo~
:-\res. Lics. Emilio Pimentel, representant&lt;·
del Gobierno de Chiapas, Em ilio Rahasn,
\'íctor Manuel Castillo, Fausto ~Ioguel y alg unos otros miembros prominentes de la colonia chiapaneca.

***

«Titíi&gt; saltaba, hacía maromas, maniohraha
militarmente; si hubiera hablado, se le h ubiese ten ido por una persona modelo de correccioneFt y rntendederas.
E~to.fué lo que hizo á Tom robará ,,Titín de
la casa de los amos y echarse á vagar por las
ferias y después por" las calles.
.
,,Tití» lucía sus habilidades por algún dmero, y nunca Tom vol vió bajo techo sin la bolsa
repleta y sin los vicios cumplidos.
En todos los seres que luchan ejerce su poder ese ánimo &lt;le progre:=:o que ya hunde como
levanta; pero que ccmueve)), mueve y constituye la era nueva.
Así fué con Tom: no se. conformó con la_
vida de las ferias y de las calles; hizo de ccTití» un prodigio, y la existencia tomó un movimiento diverso.
((Tití,, fué un sabio,y no faltó un explotador
en grande escala que vaciara mucho dinero
en la bolsa del educan te afortunado.
La barraca, de l:t feria se tornó en carpa l ujosa; Tom vistió de raso para exhibir á ((Titín.
Y así fué como ........... .

***

J avier de Ulma.

Una de ellas representa, en primer término,
á los profesores á quienes está encomendada la
enseñanza de los oficiales de las distintas zonas, que vienen periódicamente á estudiar en
la Escuela todo lo relativo {t fabricación de
explosivos y construcción de petardos regla-

)luchas veces entramos alegremente en los
templos consagra.dos al culto de una positiva.
religión ; pero siempre en tramos en la Necrópolis ó ciudad de los mu ertos, donde reposan
los huesos de aquellas personas que nos fueron muy queridas, con tristeza en el semblante y tirofundo dolor en el alma.

LA ESCUELA DE TIRO.
IMPORTANTES PRACTICAS

Ilustramos esta p:ígina con algunas fotografías tomadas especialmente para nuestro
semanario en la Escuela de Tiro de San Lázaro, establecimiento que regentea el Sr. Teniente Coronel Enrique Monclragón, durante
las clases práctiras que se dan :í. los oficiaks
del ejército.

.

.. .... Sonaba un aplauso estruendoso cuando
Tom y su ((Titín abandonaban la fiesta.
El paya!!o entraba todaYÍa sonr!end? cori el
animalito sobre el hombro-el anunahto que
tenía una cara de ,cpuchero»,-ct:ando una peRada barra cayó sobre ellos-¿Quién puso
aquel peligro tras de la puerta"? ,,Tití,&gt; &lt;lió un
gritito agudo; Tom hizo un gesto, c¡ue acentuó más lo grotesco del colorete.
Aquella noche, el monito saltó con meno~
agilidad para acurrucarse en el montón de
trapos que tenía en la jaula; el p~y~so aliñó
menos su traje, y el percance paso sm mayores prote:=:tas.
·
Tom llegó muy tarde y casi beodo al cuarto que en la misma tienda del circo le habían
señalado; se tendió en la cama, arrojando á
los rincones las ropas de payaso que se había
puesto
en la hora de la fiesta. Después dur.,
mio ..... .
A la mañana siguiehte, un mozo del circo
fué á despertarlo, diciéndole con cara estúpida:
ccSe murió el monito ....... i&gt;
El payaso abrió desmesuradamente los ojos,
se puso pálido, muy pálido; y sin contestar
palabra, vió con horrible mirada las ropas de
ra¡¡o blanco y los pompones rojos que, estrujados, parecían hacer gestos en los rincones.

Domingo 28 de Septiembre de 1902:

- ,,
Los Profesores de la Escuela de Tiro y la ofic ia lidad.

mentarios y provisionales. Paia que la instrucción sea mús sólida, los practic.'l.ntes, por
sí mismos, ensayan si:'! preparacionee en ..la
destrucción de obstúculos di versos,
adiestrÍLndose, además, en el tiro de
fusil y de cañón, en
el manejo de armas
portátiles y en la fabricación de material de artillería.

***de nuesE11 otro

,

.¡

P reparación de explosivos.

t ros grabados se ven
Yarios oficiales que,
bajo la dirección del
.Jefe de la Escuela,
preparan d iverRas
mel initas y otros explosivos. En hornillos próvisionales se
efectúan después las
pruebas respectivas,
para cer ciorarse de

_.

�BELLAS ARTES.

NAPOLEON,Y LA VIEJA GUARDIA.

(Cuadro de Ernest Crofts.)

•

�Domingo 28 de Septiembre de 1902.

La fiesta de los Italianos.
La colonia italiana celebr6,el 20 del actual
el aniversario de la ocupaci6n de Roma po~·
Víctor =',Ianuel, uno de los acontecimientos
más trascendentales de la historia contemporánea.
El local señalado para las fiestas organizadas con este motivo, fué el Tívoli del Elíseo
lugar que durante los días 20 y 21 lució u~
primoroso adorno consistente en piezas florales, ef&lt;cudos y banderas graciosamente clistri-

EL MUNDO ILUSTRADO
huidos en las callecillas del jardín y en los
amplios i:;alones de la finca.
La kermesse anunciada comenz6 á las tres
y media de la tarde, hora en que la concurrencia era ya numerosa. En general, los pues~s estaban deco~ados con guías de flores y
cintas verdes, róJaS y blancas, distinguiéndose, e11tre _todos, el de confetti, que era á cargo
ele las Sntas. Pedrazzi. El de floref:, que simulaba una concha cubierta ele gardenias
llam6 mucho la atención por el arte con qu~
fué adornado.
La mayor parte de las ¡;eñoritas encargadas
de los puestos, vestían trajes regionales: ha• hía grupos de calabresas y napolitanas y de
tí picos florentinos, nota bles
por la correcci6n del corte de
las ropas y la originalidad
ele los bordados de éstos. Como una galantería para México, algunas damas de la
Colonia se presentaron Je
«chinas poblanas."
Por la tarde se &lt;lió un baile en el sal6n mayor del
Tívoli.
A estos festejos concurrieron el Sr. Ministro de Italia,
los miembros prominentes
de la Colonia y multitud de
familias de nuestra sociedad.
La kermesse se prolongó
hasta las primeras horas de
la noche.

Flor de Invierno.
Mi espíritu agoniza y deseRpera
porque ve que el invierno
-huésped de los abrojos-se aproxima
y que \'016 fugaz la primavera
'
y ni un rayo de sol hay en la cima!
La negra noche empieza
á enYoh·er en Rus sombras mis despojos,
retornan los recuerdos á la mentf',
lágrimas de dolor brotan mis ojos,
y mi pálida novia, la tristeza,
su ósculo de dolor posa en mi frent&lt;'.
::\li espíritu agoniza
y, como una ave, acongojado vu&lt;'la,
á mirar en tus labios la sonriRa
y en tus ojos la luz fascinadora
que ilumina 11us noches como aurora,
que calma su dolor y le consuela.
Despierta, Primavera!
retorna con tus dichas y tus flores,
retorna con tus besos, Primavera,
y haz que renazca mi ilusi6n primera,
que se ausenten de mí tantos dolores! ......
Vuela á tu nido tierno
mi acongojado espíritu, bien mío;
va huyendo de las garras del invierno
quiere besar el dorso de tus galas:
'
ac6gelo, mi bien, que siente frío!
dale calor, mi bien, bajo tus alas!

&lt;:!arios €. Vllla11ueva.

.,

..

.. .

El señor Ministro de Italia en el Tívoli.

La entrada al jardín,-Adorno de las portadas.

Domingo 28 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

;

.,
t

Grupo de "chinas poblanas."

•

EGLOGA VII
Del libro I.
Hunc cecinere diem Parcae fatalia nentes
stamina, non ulli dissoluenda deo:
bunc fore, Aquitanas posset qui fundere gentes,
quem tremeret forti milite victus Atax.
evenere: novos pubes Romana triumpbos
vidit et evinctos braccbia capta duces:
at te victrices I a uros, l\Iesalla, gerentero
portabat ni veis currus eburnus equis.
non sine me est tibi partus bonos: Tarbella Pytestis et Oceani litora Santonici,
(rene
testis Arar Rbodanusqueceler magnusque GarunCarnutis et flavi caerula lympba Liger. (na,
ante, Cydne, canam, tacitis qui leniter undis
caeruleus placidis per va.da serpis aquis,
quantus et aetherio contingens vertice nubes
frigidus intonsos Taurus alat Cilicas?
quid referam, nt volitet crebras intacta per urbes
alba Palaestino sancta columba Syro,
utque maris vastum prospectet turribus aequor
prima ratem ventis credere docta Tyros,
qualis et, arentes cum findit Sirius agros,
fertilis aestiva Nilus abundet aqua?
Nile pater, quanam possi~ te dicere causa
aut qui bus in terris occuluisse caput'?
te ropter nullos tellus tua postulat imbres,
arida nec Pluvio supplicatberba Iovi.
te canit atque suum pubes miratur Osirim
barbara, Memphiten plange1·e docta bovem .
primus aratl'a manu sollerti fecit Osiris
et teneram ferro sollicitavit humum,
prirous inexperta.e commisit semina terrae
pomaque non notis legit ab arboribus.
bic docuit teneram palis adiungere vitem,
hic viridem dm·a caedere falce comam:
illi iucundos primum matura sapores
exp1·essa incultis uva dedit pedibus.
illi liquor docuit voces infl.ectere cantu,
movit et ad certos nescia membra. modos:
Baccbus et agricolae magno confecta labore
pectora tristitiae dissoluenda dedit:
Baccbus et adflictis requiero mortalibus adfe1·t,
crura licet dura compede pulsa sonent.
non tibi sunt tristes curae nec luctus, Osiri,
sed chorus et cantus et levis aptus amor,
sed varii flores et frons redimita corymbis,
fusa sed ad teneros lutea palla pedes
et Tyrire vestes et dulcis tibi-a cantu
et levis occultis conscia cista sacris.
huc ades et Genium ludis Geniumque choreis
conceleb1·a et multo tempora funde mero;
illius et nitido stilleut unguenta capillo,
et capite et eolio mollia serta gerat.
sic venias hodierne: tibi dem turis honores ,
liba et Mopsopio dulcia melle feram.
at tibi succrescat proles,'.quae facta parentis
augeat et circa stet veneranda senem.
nec taceat monumenta viae, quem Tuscula telln~
candidaque antiguo detinet Alba lare.
na.ruque opibus congesta tuis bic glarea dura
stemitur, hic apta iungitur arte silex.
te canit agrícola, magna cum venerit urb~
serus, inoffensum rettuleritque pedem.
at tu, natalis multos celebrande per anuos,
candidior semper candidiorque veni.

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Este día las Parcas predijeron
Hilando sus estambres y anunciaron
Que él de Aquitania el vencedor sel'Ía,
Terror sus huestes del Atax lejano.
Y sucedió; la juventud romana
Nuevos triunfos ya vió; ya encadenados
Miró pasar á los vencidos jefes
Y, á tí, ciñendo victoriosos lauros,
De pié, Mesala, sobre el cario el úir.10
For 1us níveos corceles aira sil ado.
Tu gloria e en rartí; fuo on tfs1igos
Las playas del Eantónico Cceano,
Tarves, el loira azul, el gran Ga1oca,
El Ród ano ligero y el Araro.
¿_Y el Cid no canta1 é, de ondas calladas
Que arrastra su agua azul por los pantanos;
Al que toca las nubes, Tauro frío,
Que alimenta al intonso Ciliciano;
A la blanca paloma, que de Si1·ia
Va, intacta, la comarca atravesando;
A Tiro, que ve el mar desde sus torres,
Y dió naves primero al viento alado;
Y al Nilo fértil que al Egipto inunda
Cuando abre Sirio los sedientos campos?
;,Por qué y dónde tus fuentes ocnltaste,
Padre Nilo, podré decir acaso·~
Por tí es la lluvia inútil á la tierra,
Nunca á Jove las yerbas la imploraron.
Los Egipcios, que lloran al buey A.pis,
Como á Osiris venérante; del carro
Fué el inventor Osit-is; de la tierra
El abrió con el hierro el seno blando;
L!;n el suelo no usado fué el primero
Que a1·rojó las semillas, y del árbo l
Desconocido 1·ecogió los frutos;
El al hombre enseñara, sobre palos
A apoyar la vid tierna, y á podarle
La verde cabellera de sus pámpanos;
El fué quien á las uvas, con pié inculto
Exprimidas, les diera sabor grato,
Y su licor quien enseñó á los hombres
La danza muelle y la inflexión del canto;
Y el vino fué quien la tristeza un día
-Disipó al labrador, de a1·ar cansado;
Y el vino fué quien el descanso diera,
Aun sujeto con grillos, al esclavo.
No ama Osiris el luto y la tristeza,
Sino amor, canto y danzas; tirios mantos,
Guimaldas de uvas y de flores varias,
'1'1·aje amarillo hasta los piés flotando,
La canasta que oculta sus mistedos,
Y de l¡¡,s flautas el sonoro cauto.
~l Genio á celebrar ven de 11Iesala
Con juegos, danzas y licor preciado.
Lleve él guirnaldas en su cuello y sienes,
Destilen sus cabellos rico nardo,
Que he de ofrecer en su loor incienso,
Pan con mieles Mopsopias preparado.
Que nueva prole á tu alredor se agrupe
Tus proezas, Mesa.la, acrecentando;
Que no callen las vías de Alba blanca,
Que te honren las del suelo Tusculano,
Que allí se hizo el camino á tus expensas
Y el sílex fué con arte trabajado.
Que el labrador, que con los pié;, ilesos
Vuelve de la Ciudad, te eleve un cauto;
Que cada vtz más bello y con más lustt-e
Tu natal se celebre muchos años.

�Domingo 28 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

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LA QUIETUD DEL BOSQUE.
Q'hosqne está solo. :Ko eR su hora oficial, no su día de recepciú~,
en que las alegres parvadas de paseantes lo invaden y las sonoras fanfarrias de la banda acallan el gorjeo armónico de las
:wes. El bosque está solo, entregado {i su augusta melancolía......
Arriba, como un sempiterno y gigante guardián de la metrópoli, el
alcázar af&lt;oma sus alburas por sobre la mancha sombría de las frondas,
r el sol parece detenerse al toc~rlas, como si en ellas encontrase una rei;istencia invencible. Pero sus dardos de oro alcanzan siemp:·e á penetrar á través de la arboleda y, como pasados por un tamiz, juegan veleidosos sobre la arena de las calzadas,siempre inconstantes, Riempre movedizos, convirtiéndola, por la irregularidad de sus dibujo8, en una'piel
de zebra 6 en una reflexión acuática.
El calor asfixiante de fin de eRtío, que parece recrudecerse como para
dejar en los hombres una ardiente remembranza de su paso, cede ante
el abanico multifolio de la selva, y á la 8ombra de los ahuehuetes milenarios se percibe la frescura de las catedrales.
Si el bosque es hermoso cuando lo animan una invasión de vida y un
desgrane &lt;le risas femeninas y de carcajadas infantiles, es más hermoso
aún cuando, envuelto en su quietud, se entrega á su augusta melancolía. Entonces vive el bosque su vida íntima y serena, entonces tiene to-

L..f-

do su poder inspirador y evocativo, entonces se le ama "por él mismo y
en él mismo,,, y la urna de la abstracción y de la poesía abre sus tapas
rebeldes y, cubriéndolos antes con un velo tejido de ideales y de ensueños, deja escapar bandadas de recuerdos, exúberos racimos de emocio•
nes, inmaculados rebaños de esperanzas ..... .
Yo adoro la quietud del bosque.La íntima poesía selvática no puede
florecer si los hombres la perturban; ha menester del silencio sólo intensificado por los trinos de una ave; exige la intensa ctmtemplación y el
íntimo recogimiento; rechaza todo artificio .Y choca con todo atavío que
no sea el suyo natural y propio.
A lo lejos, se mira por entre un blanco de las frondas, que es como un
bostezo del bosque. el blanco caserío de las poblaciones circunstnntes,
apiñado y estrecho cual conviene á una residencia de hombres. Y al
sentirse entonces lejos del caserío y de la turbulencia, el bosque pre,;ta
la i;eminción preci~a de un gran malito protector, de n!'!a enorme encuhadora de idiHos, de un templo conservador de la emoción romántica,
de un vasto asilo ele amor y de dulzura ......
En estos tiempos ardorosos ele fin de estío, id al bosque. Pero id cuando esté solo, cuando podáis sorprender los inefables misterios de su quietud, cuando pueda consolaros y fortaleceros, cuando se entregue mansamente á su augusta melancolía!
HUEMAX.

EL ARRECIFE DE CORAL.
El sol bajo las aguas del mar. como una aurora
alumbra las florestas de corales ramosos,
que meicla entre sus grutas y huecos misteriosos
la bestia formidable con la viviente flot·a.
Todo lo que las sales ó que el yodo colora,
equinos, alga, anémonas y musgos temblorosos,
cubre de obscura púrpura con dibujos suntuosos
el fondo que la pálida madrépora decora.
Con su espléndida escama, que visten de celajes
purpúreos los reflejos, por entre los ramajes
con lánguida indolencia navega un gran pescado;
De p1·onto hace, en un golpe de su encendida espalda,
por el crista.! inmóvil, sombrío y azulado,
correr un temblor de oro, de nácar y esmeralda.
JOSÉ MARÍA DE EEREDIA.

~~
La Sortija del Capitán.
Hará como cincuenta años, un navío extranjero naufragó sobre la costa de Bugueles, en
Penvenan. Fueron recogidos una docena de
cadáveres. Como se ignoraba si eran de cristianos, se les enterró en la arena, en el mismo
sitio en que se encontraron. Entre ellos estaba
el cuerpo de un hombre hermoso y robusto,
vestido más ricamente que sus compañeros,
razón por la cual se pem:ó que sería el del capitán. En el anular de la mano izquierda llevaba aún una sortija de oro sobro la cual estaban grabadas letras de una escritura desconocida.
Bugueles está habitada p.:-r gentes honradas. Se le enterró sin despojarlo de su sortija.
Transcurrieron los años. El recuerdo del
naufragio se había ido borrando poco á poco.
Sin embargo, en la velada, algunas orasiones,
esperando el regreso de los hombres que habían partido al mar, l:;1.s mujeres solían charlar toda vía de aquel á quien llamaban «el capitán extranjero» y de la gruesa sortija que
llevaba en el dedo.
La primera vez que Elisa, una costurera de
un pueblo cercano, oyó platicar la historia, no
hizo más que soñar esta joya, que se decía era
tan bella. Al día siguiente pensó todavía en lo
mismo, al otro persistió aún y todos los siguientes. Llegó á ser para ella uria obsesión.
Era pasablemente coqueta, como lo son casi
todas las costureras, y pensaba que una joya
se había hecho para brillará la luz del sol bendito, y no para enmohecerse en las tinieblas
de la tumba.
Por mucho tiempo, debo confesarlo, rechazó la tentación. Pero su oficio mismo la exponía incesantemente. Cuando iba á coser en
las casas de Bugueles, cosa que sucedía casi
diariamente, se veía obligada á sentarse sobre
el banco, cerca de la ventana, y todas las ventanas en este país miran hacia la playa.
Al fin la desdichada no pudo más.
Una noche, después que hubo terminado su
Jornada, volvió á su casa; permaneció encerra-

.

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-,.

Domingo 28 de Septiembre de 1902.

•

da algunos momentos, pero cuando estuvo segura de que nadie la veía, se dirigió á paso largo hacia la playa.
El lugar de la sepultura de los náufragos estaba marcado con una gran cruz, hecha toscamente, y estaba colocada en el. sitio donde
yacían los restos mortales del capitán. Al gran
señor, gran honor.
La noche estaba en su plenitud y todos los
pescadores habían vuelto á sus chozas. Elisa
no tenía por qué temer que alguien viniera á
i-orprenderla. Se arrodilló v púsose á remover
la arena furiosamente con las uñas.
No tardó mucho en llegar 1,. descubrir una
de las manos del cadáver, la izquierda. El anillo estaba siempre allí. Trató de hacerlo resbalar sobre el dedo, pero la piel endurecida formaba gruesos pliegues. Ensayó la operación
con un pequeño cincel. Trabajo perdido. Entonces, exasperada, cogió el dedo,y empleando
toda su fuerza, lo cortó de un solo gol pe. Después hizo entrar la mano, niveló la arena y
huyó llevándose la sortija.
Al día siguiente volvió á su trabajo ordinario. Sofamente que llegó envuelta en un «tichú» de lana; estaba completamente pálida.
-¿Qué tienes, Elisa? le preguntó la señora
de la casa.
-Oh! no es nada; un poco mala de la cabeza, pero creo que pasará pronto.
Y sé entregó á su costura.
Pero en lugar de pa!&lt;ar el mal, aumentó al
grado de obligarla á abandonar el trabajo.
Apenas desaparecía al voltear el se,1dero,
cuando se levantó un gran tumulto en la aldea.
Los muchachos que jugaban en la playa habían venido súbitamente y gritaban á vor. en
cuello:
-\'enid á ver!. ..... venid á ver!
-Lo que hay en el cementerio de los ahogados!
Todo el pueblo, hombres y mujeres, corrieron tras ellos al mar. Al pie de la cruz alquitranada, una manga ele saco salía de la arena
y de la manga salía una mano, y los dedos de
esta mano estaban horriblemente crispados,
excepto uno, el anular, que tenía una posición
rígi&lt;la y amenazante. Hubiérase dicho que señalaba á alguno con cólera, hacia un sitio,
entre la8 pequeñas chozas esparcidas de los
pescadores. En su base se podía ver una desgarradura profunda que formaba una llaga
circular.
Una de las mujeres que estaban allí, habló
de esta manera:
-Es el dedo de la sortija: se le ha robado
y la reclama.
-Volvamos á enterrar la mano, dijo uno de
los hombres.

Y en seguida la cubrió de arena.
La asistencia se dispersó, haciéndose mil
comentarios. Cuando por la noche, los que
habían ido al mar, volvieron y se les contó la
historia, fueron de la opinión común: se había cometido un sacrilegio.
Al salir el alba, los más impacientes corrieron al cementerio de los ahogados. De nuevo,
el dedo fatal se levantaba sobre la arena lisa.
-Vamos á probar hasta el extremo, dijeron. Y volvieron á enterrar el dedo de la mano, como se había hecho la víspera. Luego
fueron á buscar enormes rocas que echaron
encima.
Dos horas más tarde, el dedo reaparecía;
las piedras parecían haberrn apartado por sí
mii;mas respetuosamente, y formaban círculo
{1, distancia. Entonces hubo ele recurrirse á
otros medios. El cura del pueblo, acompañado de un chantre y de un niño de coro, vino
á conjurar la muerte salpicando en aquel sitio agua bendita.
Pero el guapo capitán no era probablemente cristiano, porque no obedeció al conjuro.
-Quiere su sortija, repetía la mujer que
habló la primera vez.
Toclo el mundo pensaba como ella. Pero....
¿dónde encontrarla para devolvérsela?
En ese momento, por un sendero que conduce de las casas al mar, apareció Elisa la costurera. Al menos, varias señoras la reconocieron en su ropa blanca y en sm andares rítmicos y elegantes.
Avanzaba lentamente exhalanelo una queja
sorda á cada paso que daba.
Cuando llegó al sitio que ocupaba el grupo,
suplicó, más bien con el gesto que con palabras, que la dejasen pasar. En una de las manos, entre el pulgar y el índice, tenía una
gruesa sortija de oro ...... Fácilmente se adivina el resto ...... !
Los hombres quisieron jugar una mala partida á E lisa la costurern .
Entonces Elisa deshizo las ligaduras que
cubrían su mano. Se aproximaron y pudieron ver que esta mano había crecido considerablemente, casi de una manera desmesurada
y horrible: había llegado á ser una mano
monstruosa, un dedo sobre todo el anular
enorme y flaco, parecía el dedo de un caelá~
ver gigante. Todos huyeron de ella como de
una leprosa.
La han encontrado más de una vez vagando por los caminos, siempre con la mano envuelta en harapos. ~o puede hablar, pero gime de una manera lúgubre.
En cuanto al capitán extranjero, eluerme
otra vez en paz con su bella sortija en el dedo
y yo no puedo &lt;lejar de pensar en la novia qu~
se la habría dado.

_jlr¡afo/e lt ]Jraz,
[Traducción de "El Mundo Ilustrado" J

�bomingo 28 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO lLUST!iADO

EL

MUNDO ILUSTRADO

AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 14.

Subscripción mensual foránea, $1.50
Idem ldem. en la.capital, ., 1.25

MÉXICO, OCTUBRE 5 DE 1902.

Gerente: LUI&amp; Rfl'f&amp; &amp;PINDOU.

atrectori LIC. RAl'AfL Rfl'f&amp; &amp;PINDOLA.

'

LAS ÚLTIMAS FLORES.

.

(Cuadro de M. Czachorsti.)

en¡ilio 3ola.
'·

t

en Pa,ris el 29 del pasado.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1902, Año 9, Tomo 2, No 13, Septiembre 28</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>bomingo 28 de Septiembre de 1902.

EL MUNDO lLUST!iADO

EL

MUNDO ILUSTRADO

AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 14.

Subscripción mensual foránea, $1.50
Idem ldem. en la.capital, ., 1.25

MÉXICO, OCTUBRE 5 DE 1902.

Gerente: LUI&amp; Rfl'f&amp; &amp;PINDOU.

atrectori LIC. RAl'AfL Rfl'f&amp; &amp;PINDOLA.

'

LAS ÚLTIMAS FLORES.

.

(Cuadro de M. Czachorsti.)

en¡ilio 3ola.
'·

t

en Pa,ris el 29 del pasado.

�Domingo 5 de Octubre de 1902.

:tt MUNDO íLtrSTitADó ·

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo

5 de

Octubre de

i902.

DÍAS DE ROMA.(*)
SAN PEDRO
Nos habíamos tropezado con un guía en
quien la. hizo para mí, previsi6n que le agraColiseo &lt;¡ue,quieras que no quieraR, Re con
Revelo negativas en el fondo &lt;le mi memodezco mucho, nos detuvimos antes de entrar
tuyó en unas cuantas horas en nuestro ci
ria para encontrar mi primera imprei;ión &lt;le
al pórtico y volvimos la cara. Para curarme,
ne. Pura ver rítpidamente, ¡ay! rápidamen
Roma, y encuentro poco, nada caRi; busco en
por momentos siquiera, de mi invencible inlo que debe yerse, mejor dicho, palparse,
las cartas á mi mujer, que son mi verdadero
conformidad co11 la vida, me he recetado ei;riciarse con los ojos palmo á palmo, no es
libro de viaje, y veo que en ellas me cuento á
pectáculos como éste; nada más que la botica
dad que baste Baedeker; la lectura del lib ·
mí mismo en preflenc1a de «la Ciudad Eteren que se despachan ci:,tas recetas suele no esrojo le quita á uno la Yista de parte de
na» ¡vieja costumbre de dejar \'er mi alma á
tar á mi alcance. ¡Pero qué bello! Entre los
monumentos, como la fachada de San P
la que únicamente la conoce y la i:ahe! :\li
celajes glaciales de enero, del !lol como de un
se necesita el guía,que ahorra el tiempo y
primera impresión resulta, puei-i, una nebuloenorme mascar6n de oro pálido, bajaba una
ne al viajero en el sitio .que corresponde. ~
sa; puedo re11olverla á fuer1.a de intensificar
cascada de luz que llenaba media plaza y colen seguida que se calle, que no &lt;liga más,
mis recuerdos, viéndolos con larga y concenmaba buena parte dei círculo de columnas y
no cuente la historia de Roma, que no eu
trada atenci6n dentro de mí mismo, en algunas
bafiaba la aguja (la •guglia», como los ro::.1ala. historia &lt;le los papas, de los cí·sares, de
sensaciones parciales que han persistido y
nos Jicen) el elegantísimo obelisco cruzado
cardenales [ésta es muy &lt;fü·ertida ÍI vecesl ¡
acaban por definirse. San Pedro es una de
del centro, y se rompfa en frises en los cholo deje á uno !&lt;olo entrar en contacto fnti
ellas: lenta, grave, inmensa.
rros de agua que brotaban, que hacían exploy lento con las cosas. Nuestro guía era lo
Fuimos allí, pasando por encima del metósión, mejor dicho, en las dos gruesas fuentes
trario de todo esto, era un joven charlata
dico Baedeker, en nuestra segunda mafiana
colocadas en el eje mayor del óvalo magnífimo, buen mozo, que (;hapurraba el inglés,de Roma. Siento mucho que ~apole6n no
co de aquella plaztt incomparable, y que por
alemán y el castellano [todoR los peregri
haya tenido tiempo de deshacer el macizo
lo fuerteR y lo augustas parecen hechas por
mexicanos acahahan de i-ier sus clientes] ,Y
de casas que está entre el Tíher y la plaza
~Iiguel Angel. La di\•iflión de la plaza, en
había in\'entado una historia romana, las
de San Pedro. ¡Qué perspectiva, qué vii;ta
cuyo medio preciso el obelisco hace las ,·eres
Romas, para el uso particular &lt;le sus favo
habría resultado! ¿Qué no ejPCutarán los edide gnomon, y que terminan en dos galerías
dos, tan fantástica. y tan singular· y la co
les italianos el proyecto del último César?
que divergen hacia. la escalinata y parecen
ba. con tanto aplomo, que al principio
Pasamos un puente sobre el Tíber, vimos
paralelas, todo retiene, abi;orbe, embarga; sócoraje y acababa. por hacer reir; ¡oh! lo
el Palacio de Justicia, inmensa mole de pielo los edificios superpue,;tos, amarillentos, ineste hombre sabía de Mesalina, de :Ma
dra y granito encajada en su emparrillado de
artísticos á pesar de sus dimensiones y i:us
de la papisa .Juana, de Paulina. Borgh
andamios y que será un suntuoi;o edificio; el
galerías vitradas y la horizontalidad sin grade otras muchas pecadoras [ eran su flaco
Castillo de San tangelo ( ex tumba de Hadriacia de sus cornisas larguísimas bajo los tejapecadoras], era tanto, las hahía tratado
no) de cien veces trágica historia.; corrimos
dos casi planos que componen el Vaticano y
tanta familiaridad, que pai;maba. Con este
á lo largo de una calle transteverina descabeque surgen por encima de las nobles balausloto, medio guía y medio rufiÍln, aborda
zando otras callejas infectas en donde la Yen us
tradas decoradas ele estatuar; de la columnata
la nave de San Pedro, después de una CM
suburbana tiene mugrosos santuarios, y al dar
de nuestra izquierda, me parecieron una inno poco larga en el pórtico, en que admi
vuelta á una e¡:;quina en donde florece una
felicidad. Ya no se pueden tocar; por dentro
mos, por encargo de todos los conocedorea,
taberna de quinto orden, nos encontramos en
los defiende el mundo de·arte y de historia
mosaico &lt;le la rnavicella• de Giotto, que ya
la admirable plaza encerrada en su clohle coque yace entre sus muros, pero yo los habría
tiene de Giotto m{ts c¡ue el nombre, á• fu
lumnata circular. Aquí entra el púrrafo que
mimdado tirar para dejar absolutamente libre
de restauracione!•\ la puerta del jubileo,
puse al principio: siento mucho que Napoleón,
la Basílica, si fuese un Julio II, un Urbahacía. pocos días hahía cerrado León XI
etc. Ténganlo por repetido los lectores. "Cna
no YIII; éi;te era un Barbcrini y dice el dilos relieves de la puerta ce11tral de bronce.
observaci6n que tuve oportunidad de hacer
cho romano: lo que no hicieron los bárbaros,
expliearnos las mitologías de aquella pu
frecuentemente: todo ei;to es enorme, es cierlo hicieron los barbarinos. Bien, pero para
santa: Europa. y el toro, Ganimedes y el
to, pero nada se ve deforme, nada desentona,
que no me tuviesen por un bárbaro completo,
la, Leda y el cisne; nuestro conductor se
todo es proporcionado; las columnas de este
habría encargado la demolición á Bramante
verdadero· atrio de la Basílica son formidavuelo: impacicnt&lt;'s ya, entramos.
( «il rovinantei&gt;, como le llamaron en su épo-Verá V., me había dicho una inteli
bles; pero en conjunto, en comparaci6n con
ca) ó á Miguel Angel, y estos caballeros haamiga mía, el día anterior; verá Y. qué
el obelisco, con lns fuentes, con la fachada
brian hecho con los escombros alguna marapresión; aquél sí que es el templo &lt;le J
del templo, se ven regulares, no son mayores
villa.
ni menores de lo que debían ser. Este
cristo; es materiafü.ada, &lt;lígamoslo uf;
Allí tienen ustedes: si Julio II, este homiglesia cristiana, la asamblea. de los fieles
:Miguel Angel presuntuoso y amanerado que
bre colérico que convirtió en clavas de guerra
se llama Bernini, lo sabía hacer á veces. ¿Y
creen que Cristo es Dios y el Papa su
las llaves de San·Pedro y machacaba. con ellas
la cúpula'?
rio.
las cabezas de las ciudades que combatían por
-Verá Y., me había dicho un dip
La cúpula, la dominadora de la Roma de
su libertad, pero que era un formidable artisitaliano, en Génova, verÍL Y. un templo
los Papas-reyes, la tiara de la moderna ciuta, porque casi inventó á Bramante, á Rafael,
gano, todo lo más pagano que puede ha
dad pontifical, que, vista desde algún sitio de
á Buonarroti (á quien oblü~ó á ser pintor en
-No, amiga mía, tan distinguida como
la campifia romana, parece la colosal campala Sixtina); si este adorador del arte clásico,
&lt;losa; no, sefior diputado, «ni l'una
na de sombra de un mundo muerto, la cúco~ el que forzó á los artistas á crear el arte
l' altra.11
pula, está allí; hay necesidad, para verla bien.
nuevo, hubiese visto concluir su iglesia, apuesMi primera impresi6n fué ésta: una
de tomar en el eje principal de la plaza un
to á que no habría permitido que la cruz griepunto de vista fuera de ella; entoncPs se ve
claridad.
ga del plan primitivo de Bramante, prohijado
Había más luz dentro que fuera; una
surgir en todo su esplendor el triple pensadespués por Miguel Angel, se hubiese converclaridad,
el ampo del mármol, que i
miento de Bramante, de Miguel-Angelo, de
tido en cruz latina, prolongando las naves haluz
blanca,difundida
en la atm6sfera. Ha
Giácomo della Porta, que tuvo la genial
cia la plaza, lo que alejó la cúpula de la fadelicioso momento de ánimo embargado
idea de transformar el domo de hemiesférico
chada y le quitó ei-a esbeltez en lo enorme,
mundo olvidado cuando se entra en la
en elíptico. La linterna, que es otro templo
esa gallardía en lo colosal, esa. gracia en la
lica por vez primera [y lo mismo en la
con su magnífico cilindro columnado y la cruz
fuerza, que gracias al tambor de Miguel Angunda y en la cuarta] que sólo puede
mondial de su remate, la linterna cierra magel y á la curva ovoide de su discípulo,la saca
rarse á la impresión que se siente ante
ravillosamente la obra maestra, que, á fuerza
fuera de par entre todas las cúpulas del mungran
ruina yuca.teca 6 ante el Niágara 6
de bien distribuida en sus gajos y soberanado, como si tuviese la ambición de cubrir con
termas de Caracalla [ vayan ustedes ri
mente asentada sobre el inmenso anillo decosu sombra á toda la. cristiandad; «ampla. da
de estas asociaciones]. En fin, poco i
rado de columnas pareadas, pierde en grandecoprire con sua ombra. tutti i populi toscani11
volví en mí al rumor del monótono
za abrupta lo que gana en artística majestad
como dijoAlberti (apudKlaczko) dela cúpu:
guía.
«Están ustedes parados en la ru
y en sere.1a finneza.
la de la catedral florentina de Brunellesco.
pórfido en que se ponían los emperado
Volvimos á la plaza, y á medida que nos
¡ Y qué fachada I No, la fachada es muy
dioevu.les, Juliano el apóstata, Carlo
acercamos al obelit co central, la fachada tribuena; clásica, regular, grande, grandísima·
para ser ungidos»; ¿y Constantino? p
vialmente hem10sa agregada, por orden del
¿pero qué hace allí? No es la fachada de Sa~
indiscretamente al oir aquellas graci
soberbiazo hombre de mal gusto y enérgico
Pedro, es el fondo de la pla1,a de Bernino con
giversaciones. Y mi hombre se lanz6
amor al arte que fué Urbano VIII, siglo
ella sí que consuena admirablemente, co~ sus
disertaci6n sobre Constantino que por
XVII, en el extremo de la na.\'e proloninmensas procesiones de columnas, con su
acaba. Yo creo que lo confundía v
gada que convertía en.cruz latina. la. cruz griepueblo de estatuas decorativas........ Es muy
con Luis XIV y con :Marino :Falier.
ga de Bramante y Miguel Angel, eim fachada
grande: sus 112 metros de ancho y so.s 45 de
guía: «Estos angelones que se ven aq
se traga la cúpula; ya en el obelisco no se ve
alto, parecen inventados para. dejaren segunprimera pilastra sosteniendo la pila de
6 se ve poco.
do término al domo. Pero como yo no puedo
bendita, son de mayor tamaño que V
Ascendiendo por la dulcísima escalinata,
D'l;andarla quitar, porque no soy ni un Rovere,
aquellas palomas que están sobre loe
mandadahacer por el arquitecto Maderna 6 por
m un Borghese ( éste la mand6 poner) ni un
de las pilastras en bajo relieve, están
Barberini, la ·veo, más aún, la contemplo y
tas que ustedes.»
entro
en
el
p6rtico.
1
[•] De mi libro "Bnla Europa latilla.

La Plaza de San Pedro.

Del «baldaquino• al disco rojizo en que es~ibamos par~dos y entre la doble línea extenor de las p1lai1trr.... que sostienen la nave centm_l, es~b~~ tncerradas las naves de la Basíh~ .l!r1m1t1va, la que, según la
tr:ad1c10n, Co_nstantino y el papa
Silvestre halnan construí&lt;lo en el
siglo.IV. Todo desapareció en un
11iglo á medida que los artistas del
Renacimiento le\'anta.ban sobre
los escombro!! de aquel vetusto y
suntuoso y como pocos interesante relicario del arte de la Edad Media, el nue\'O templo, que pare•
cía, como el templo de Salomón,
construí do con la secreta a.m bición
de poder conce11trar en él el culto
católico del mundo, el culto universal. Y comprendí ó creí comprender entonceR: aquél no es un
templo cris~iano [allí se comprende la pluvial de oro v la tiara de
pedrería del pontífiel;, no .a burda túnica gri!:! del ~azareno] ni
pagano [el templo pagano e1a un
altar en frente de un ~antuario en
que apenas cabía 1~ imagen, el ,
f~olo; fuera, la multitud presenciaba el sacrificio bajo la cúpula
&lt;lel cielo]. Xo, San Pedro es el templo católico, el templo latino no
el de la religión l{Ótica ele' las
abruptas ra1.ns del Xorte, rc·ligión
de penumbra y &lt;le cr&lt;'púsculo &lt;le
sollozoR comprimidos y de l;imn~ &lt;loloroso!l, de angu~tia y mist~no; no, aquí la religión es precum, clara, lumino!'a v humana·
este arte C!! una mar.wiila. de gra;1~
dios!dad '! de forrua, esta cúpula
es un milagro de audacia sublimemente bien calculada• pt&gt;ro le
!alta i:iiebla, y vaguedad som hra.
mdec1sa; le faltan nimbo y en-

das d_e nichos, de relieves, de medallones, de
mosaicos y ca.paz de abrigar 1:1endas capillas
dentro de su mole de mármol y cristal, (L peRar de que casi por la fuerza. no,- detenía, echa-

:s

to de piedra, suc;;pendido sohrfl nuestras cabey _cer?do por otra cúpula (la linterna) del
m·tVº e un templo. Si nos hubiera sido
pos1 ' e, pero no era posible, colocar una de
las torres de la catedral de )léjico
exactamente debajo del domo
Rentados 11ohre la cruz que la re:
ll?ata, habríamos ,·isto, cerca de
cincuenta metros Robre noi;otros
el r~Rtro de mo!!l\ico del Padre ete~:
no, mcrustado en el cielo de la lin~mha. Todo esto es para a.plastnr
a ombre, escierto; pero obra. e!:!
del hombre y esto lo yergue de
nuevo; el hombre-individuo aquí
e~ una hormiga, el hombre colectivo es un creador; me diréis: no,
el cread?r no es hombre colectivo
es el gemo, eR'Bramante es l\ligueÍ
A_ngel. Sí, es cierto p¡ro es también la pirámide h~mana de que
esos hombres
. fueron el ve'rt'ice;
pero es t:,tmlnén la corriente huma~ª que ,l t!11vés de los siglo!! llegó
,t ellos. )' o me figuro así á 1
hombres de genio en el tiem;~
he aquí un Nilo, corre del Ecua~
dor y salva el trópico y cae en el
:ª11~ que lo lle,va al Mediterráneo·
¿qt~e r~~• que accidente de tierr~
~~ 1mp1~h6 tomar el camino del
ar RoJ,º y transformar por este
!-'.ll? _fen&lt;:'~neno topogrÍlfiro tocla la
c1\'lh1.ac1on
humana?
u t os a&lt;·ci.
.
, r,11
l l enteR dirertorc.s
.
. de ln.. Corriente
1n11nann, cono&lt;•J&lt;los 6 no
Ja
·
, porque
. mayor parte han quedado an6mmrn,, cuando f.On un alma repre!lentan el papel &lt;le! genio. '

r-~------=----=. . .._"""".____________
•

y

suefio.
¡Pero qué bella ef'l, que música

de priorciones en la forma colo- ,,L_!~!!!!!l!!..J~::!a:.:3!5!!!!!.....!!!!
salid¡ cóm?, gracias á ella, á peLa cúpula.
sar e sentirnos tan pequeños al
lad
o de lamasa g1gan
·
tesCR, nos sentimoR en
relaci6
mos á andar hacia a.delante hasta llegar á. los
sar
n con ella, en acuerdo con ella! A pearcos de ~~ramante, al Baldaquino, ÍL colocarde~de los esfuerzos dP.sesperaclo8 del guía por
nos de?ªlº de la cúpula. Es inefable, no puenernos en tomo de cada pilastra, decorade decirse el efecto que causa eRte firmamen-

***
.Junto ele no~otro!', delante del
altar mayor, dt&gt;l «baldaquino "
dentro de una balaustradacle 1 '
ce d
•
&gt;ron) 'ar ~n sm cesar ochenta ó cien
fmpanl~as; se abre la balaustra&lt; a 1Il;ed1ante una lim ó dos •
,
se baJa por una es
marm&lt;?l, entre cuyas ramas haces°: i~ata de
nuflex16n la estatua. de no recuerd0 e r~a geclerno papa ob
.
que mora exactís1ma realísima d
a.nova, que s1 no ha deJ·ado' su gemo
. o, sue

r

c

' .

')

�EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 5 de Octubre de 1902.
medio genio á los actuales escultores italianos,
si les ha le¡?ado su «savoir faire;JJ dígalo la per-

fecta estatua de Monseñor Labastida en nuestra colegiata guadalupaúa, que recordábamos
viendo la que está de rodillas ante el sepulcro

tro «cicerone» nos tenía habituados-Los escudos son unos óvalos de mármol con las
abejas de los Barberini (Urbano VIII, primer
tercio del siglo XVII). Bajo la tiara y las llaves que los coronan magníficamente,~una de-

Interior de la Basílica.

1

1
1

Domingo 5 de Octubre de 1902.

de S. Pedro, la nConfesi6n&gt;J,qt1e es su nombre
oficial. Delante de una de estas estatuas (y
allí cerca estaba una de Can ova también, que
es una maravilla) dice uno: ¡qué bien hecha
está! Delante de la «Pietá» 6 del «A polo,» no
se dice nada.
Entramos en la cripta, obscuridad; en un
altar el sepulcro del santo. ¿Quieren ustedes
ver bien? decía nuestro risueño sacristán . Ecco, y se encendió una lámpara incandescente;
Edison tenía la antorcha de la fe. Muy hien,
yo no creo que éste sea el sepulcro de S. Pedro, ni qne sea su si11a aquella que está dentro del f-{il}ón de bronce de Bernino, allá en el
suntuosísimo altar de bronce que sirve de fondo al ábside. Pero como si lo creyera, porque
este sepulcro está hecho con la fe de los siglos
y los pueblos allí objetivada. Sí, es ése el sepulcro de S. Pedro, hecho con algo más duradero oue la piedra y el metal.
Subimos. Ya os he dicho, y si no, entendedlo bien, lectores míos, que tengo gustos
depravados; cierto,el suavísimo é imperceptible doble cono de uni. columna del Parthenón, que, á la vista, parece derecha, musical
y pura como el alma pensante de Platón, es
lo más bello que hay, y las columnas corintias del vetusto Panteón que acahamos. de Yer
en nuestra caminata del Quirinal al Vaticano,
con sus capiteles destrozados y sus estrías embadurnadas de reflejos cobrizos por mil quinientos años cie (rpose, )1 son más bellas que las
col mnnas de Bernino, pero estas enormes son
bellas también: salomónicas de bronce dorado torcidas en robusta espiral, envuelta en
guirnaldas de oro, se alzan con indecible majestad y se coror,an por encima &lt;le capiteles) y
cornisas y colgaduras de metal ( de donde el
nombre de ({baldaquino") , con inmen:-m; angelones á cu:,·as espaldas los negros soportes
de cuat~o consolas invertidas parten á unirse
en el globo de la cruz del remate. Y aquí intervino el guía:--Estudien ustedes, nos dijo con
aire maliguo y misterioso, estudien ustedes los
escudos d.e armas esculpidos en el mármol de
los zócalos de éstas columnas;son una venganza
del arquitecto á quien el papa Farnesio ( mentira era un Barherini), cuya estatua está allí
cer~a (Paulo III, Alejandro Farnesio), había
negado un gran favor. -Veamos, dijimos no
sin curiosidad-¿á qué negarlo?-y sin hacer alto en los formidables anacronismos á que nues-

licioF:a cabecita ¿de mujer, de niño? cierra la
parte superior de la orla, y la convexidad del
escudo) enteramente regular en los primeros,
se deforma poco á poco, se abulta desde el
tercero al octavo, al noveno, y lo E-ingular es
que la cabecita de la orla pasa de la fisonomía
serena á las contracciones dolorosas, hasta que
al fin refleja una viva alegría ele liberaci6n .
No he tenido tiempo de i.veriguar qué
ci.pricho 6 qué idea
simbólica guió al artista en esta historia
heráldic:1, &lt;ligámoslo así, &lt;le una gestación. El guía sí
estaha al tanto:
aquélla , rala bi1,toria de Giulia Farnesio. -Pero hombre ele Dios, si e::;o
es un a.nacrnnismo
terrible; si la fM·orita de Alejandro
VI pudo ser abuela del papa que mandó erigir el baldaquino. -Yo sé lo
que &lt;ligo, vengan
ustedes. - Y fuimos
al ábside: allí á b
izquierda del famoso altar de Bernino
(la cátedra de S.
Pedro), á quien no
hay que pedir gusto, sino brío y grandiosidad en el manejo de las mae-as
gigantescas de mármol y de bronce, á
la izquierda, deeimos, estaba la estatua en metal negro
ele Pablo III coronando su mausoleo. Al pie del pontífice dos mujeres
de mármol blanco:
una, vieja y fea,
es la Prudencia; la

otra, que le hace parang6n, es ~a Justicia.
Yo no sé son la juventud y la ve¡ez, y aunque quie~ las hizo lué Della Porta, un discípulo de Buonarroti, se ve en ellas la mano
del maestro.-Esta joven, nos decía el guía,
es la Giulia, por eso el papa la mira con ternura. Era un rni"irmol completamente desnudo, pero Pío IX 6 Greg~rio XVI la hizo vestir de una camisa de Jaton pmti.da de blanco 1 porque era un escándalo. Un ing1és se
en amoró &lt;le ella y se suicidó aquí ..... .-Lo
&lt;lel traje de latón es cierto, estaba ú. nuestra
vistc.1,; pero que la estatua represe~tase á Giulia Farnesio, la encantadora favonta de Alejandro VI, r¡ue hizo colocar, según cLicen, su
retrato en su oratorio del Yaticano, en traje y
actitud ele l\fadonna, eso sí no lo sé. Sé que
Alejandro Farne::;io debió sel' cardenal ú su
bella é impura hennann, casada con un aguanlador Orsini, y sé ... .. . todo lo que ustedes saben. Pero de lo que no tenín idea es d!!l \'Oluptuoso esplender de hermrnmrn, fina en su
magnitud misma, de esta estatua¡ nu_nca hizo Miguel Angel mujer así; acaso la · Eva &lt;le
la creación de la mnjer en la Sixtina. Las
otras son profundamente tristes, inconformes
con la vida ó dolorosa:-: ... Esta irradia ju\'entu&lt;l Y. amor ......
l\Iis jóveneH compañeros no querían ahan(lonar el sitio; como el Papa Paulo, que estaba encima de nosotros, barbudo y solemne,
no quer'Ían dejar de ver ... Y yo pensaba ¿en
esta impresión queda, pues, resumida la imprer.::ión de S. Pedro; en estas migajas de sensualismo queda deshecho el pan eucarístico
ele la religión riel Renacimiento; esta sublime
obra en que el arte pagano amai-ado con la
levadura de la idea católica, se levantó en er-a
ámpula asombrosa de la cópula sentada sobre estos cuatro pilares del Bramante que varecen cada uno una catedral, engendrando
así un arte nuevo, para servir de rf'licario á todas las idolatrías, para sentar en su trono, en
su ~átedra, á esta Afrodita. que sirve de tema
á las refleXiones estúpidamente pornográficas
de los guias? De modo, me decía uno de mis
campaneros, que S. Pedro es una basíli"ca cuyo e-je mriyor tiene por extrf'mos ri l ci~ne de

De este carácter
fundamentalmente
subjetivo y arcaico
del sentimientom-ístico, resulta necesa
riamente que: músico que no pueda
entrar en sí mismo
y discernir lo que
sussentimientos tienen de más hondo
y de más misterioso, y músico que no
sepa trasportarse en
espíritu á épocas remotas y á países lejanos y adh·inarlos
y describirlos, no es
un músico místico
ni podrá crear ohras
religiosas de gran•
de aliento.
La moderna música. religiosa, es antes dramática que
mística; pinta más
que sentimientos,
peripecias, antes escenas que éxtasis, y
más el mundo exterior que el mundo interno. Verdi,
en su c(Réquiem,1, es
profundamente dramático; lo había sido lliendelssohr. en
sus oratorios; lo es
el mismo abi.te Perosi en los suyo8,
y Massenet no podía dejar de serlo
en uMagda1ena,&gt;, en
L.a estatua de San Pedro.
11E\1 a&gt;i y en c&lt;La Virgen&gt;,.
Leda en la puerta y á la Giulia Farnei.io en
Pero más aún que dramático, siéndolo tan
el ltbside.-¿Creen ustedes eso? Yo no. Yo
profundamente, ].lassenet tenía que ser pinvolviendo á recorrer la gran nave, única que
toresco y descriptivo. Li. índole del talento
conocíamos aún, me detuve frente á la arcaide l\lassenet es esencialmente pictórica y e&lt;luca estatua en bronce de S. Pedro; uno de sus
cadom. Nadie como él sabe y puede describir
pit&gt;s, mellado por los Iabios de seis siglos ó
país~s exóticos, . épocas remotas, personajes
diez siglos de multitudes, parece un muñón
3:rcaico~,Y revestn-los de atributos tales, fijarles
deforme y feo. Yo lo besé, porque, ya lo he
l111eam1entos de tal modo característicos y dardicho, yo beso donde besa el pueblo, mi soles un colorido, un relieve y una vida tan proberano abuelo.
pios y adecuados, que países, épo~as y personajes se yerguen vivos, palpitantes, acabados
__J ~
~
y elocuentes en la imaginación del auditor.
Buen ejemplo son de esa peculiaridad suya
y de ese sello personal de su talento, los ballets &lt;le. «Herodfas,, y de ((El Cid,i, las «Escenas Pmtorescnsi&gt; y las nNapolitanas)) la Introducci6u de (cl\laría ~fagdalenall y Las Bodas de Canaán y el baile de las Galileas de
ciLa Virgenll.
APR0P0S!TO DE &lt;LA VIRGEN•
Y esas reconstrucciones, esas evocaciones y
esas
d~scri_pcione_s no son vagas, abstractas y
El sentimiento místico propiamente dicho
aproxunativas, sino completas concretas y
es u~ sentimiento esencialmente subjetivo )'
exactas. Tiene el ilustre maestr~ una fe tai1
arcaico: ~.,a idea religim;a de donde procede y
ciega ~n sí mismo y en su poder evocador y
que lo mforma, ha perdido y pierde cada día
sugestivo, que acomete con éxito &lt;lescripciosu carácter m\stiyo, para hacerse cada ctía más
nes de pormenor que resultan verdaderas v
mundana.
exquisitas
miniaturas. No se conforma com"0
Los templos en In Edad Media eran 16hregos,
Bizet, por ejemplo, con hacer música e~pañonnstenosos, severos y casi terroríficos. En
fa 6 de corte ibérico, sino que en los ballets
sus vai:;tas naves góticas, olientes más á
d~l uCidll des~rib~ separada y esperialmente las
humed~d que á incienso, se respiraba sombra·
diversas provmcms y hace música aragonesa,
el espíntu se concentraba en sí mismo y tod~
caste\Jn.na1 andaluza ........ .
al rededor suyo parecía sugerirle el olvido del
· Lo mismo en ((Herodías,,, hace música fenimundo y de sus pompas. Imiígenes demacracia, babilonia ¡qué sé yo! Y todos Jo creemos
d.as y enílaqu~ci&lt;las; grandes cuadros ennegrey todos lo aceptamos y ]legaríamos á pensa;
cidos por el tiempo; columnatns interminaque ha desenterrado y descubierto ]a música
bles y sombrías; capillas profundas como anpropia y genuirw de esos pueblos y de esas
tros; cúpulas inaccesiblN.:, todo inspiraba un
épocas.
;'ago .terror y convidaba al recogimiento y al
~xtas1s. CeremoníaR simbólicas venidas &lt;le le. Agréguese [t este género_ de ~lento tan pre~
ros J de remotos tiempos; trajes hic r{tticos
c10so, tan estBTI&lt;lble y casi úmco una intensia.rt:aicos; ostentación &lt;le lujo anticuado y ex6dad de pasión excepcional y una'maestría sint1'.'? todo, en e.l culto·y en sus pompas, retrogula.r en el manejo de la orquesta, y se comtraia el eRpíntu al pasado como si quisiera
prenderá por qué :Massenet es el más popular
hacerle remontar el curso &lt;le la vi&lt;la y fijar
.Y uno de los más grandes mÍl.sicos de la ess.us anhelos en el origen de las cosas y en los
cuela francesa moderna.
t~e~pos fabulosos de los milagros, de las apaNo gusto mucho de sus melodías vocales
n~JOnes, del contacto íntiruo de Dios con sus
destinadas á ser cantadas; creo que el maeR~
criaturas.
tro maneja la voz humana con µ:ienc_&gt;s !acil!-

J

MASSENET

1

Monumento de Paulo 111.

dad y menos brillo que la orquesta; ¡,ero como sinfonista, es genial, y como sinfonista evocador, incomparable. No obstante,en ccLa Virgen» se ha sobrepujado á sí mismo, y 1\Iaría1
Gabriel, la joven Galilea, cantan como ángeles.
No hemos agotado, ni con mucho, li. enumeración de los talentos de Massenet y de sus
méritos. Tiene aún uno excelso: á semejanza de Ver&lt;li, sin plagiar á nadie, espiga en todos los campos. Que un hombre de talento
encuentre un procedimiento ó un tratamiento
nuevo; que el arte se enriquezca con nuevas
formas; que surjan en la paleta nuevos colores y nuevas matices, 1\Iassenet se asimilará
todo eso, lo fundirá y afinará en el crisol de
su candente personalidad musical y lo ofrecerá tn sus obras aquilatado, depurado, pulimentado y mejorado. Cada genio da su contingente á Massenet, y con los procedimientos
de todos1 unifica&lt;los en su propio taleuto, crea
obras maestras.
Massenet, además, es prodigiosamente fecundo y estupendamente laborioso. Nadie en
Francia, y podríamos decir en el mundo entero, escribe tanto y tan bueno como él.
Los amantes del arte están de plácemes, y
el (cClub Lirai&gt; y su portaestandarte, el 1'-IaeStro Meneses, merecen bien del arte por habernos dado la ocasión de escuchar, aplaudir y
admirar una sin duda de las producciones
más inspiradas del maestro más µopular, más
fecundo y más aplaudido de la Francia actual.

La muerte del insigne novelista Emilio Zolá, ocurrida de manera trágica en la gran ciudad que fué teatro de sus glorias artísticas y
políticas, ha conmovido al mundo entero, porque la obra del magno escritor pasó 3.lumbrando los cerebros de los estéticos y de los
vulgares.
. Peregrinó ~on su esplendor de arte, por la
nda de los buenos y de los malvados, hasta
lo~rar que se pu~iera bajo su nombre la raya
ro¡a de la notonedad . La crítici. fué severa
para juzgarlo, y acabó por hacerlo una de sus
fuentes de luz.
El nombre de. Zolá figura en el proceso más
célebre que el tribunal de los hombres Yió en
el siglo XIX, y quizá al desaparecer de la tierra, cuando se le lleva á dormir en el eterno
lecho, otra nueva conmoción de pasiones venga~ agit;tr_ el viento qu~ flote sobre su tumba.
. En Mexwo fué, rel~tivamente, muy conocida la o?ra del novehsta, y no ha sido poca
la s~nsae1ón que causó el trágico fin del gran
escntor.
«E_I Mundo Ilustrado" rinde tributo ú Zola
publicando su retrato en lugar preferente.

UASJS.
Sueña el león.
Junto á las tres palmeras
se amartsa el Sol. Existe
el agua. Y Dios deja un momento
que los pobres camellos se arrodillen ......
Junto á. las tres palmeras
el árabe tendido al fin sonríe
y suspira ..... Damasco
lejos aún le aguarda. Los confines
del horizonte brillan encendidos.
Un silencio terrible
llena el aire ..... .en la arena
tiembla la sombra elástica de un tigre.
~ÍAJ&lt;UEJ:, i{ACl!APO,

�Domingo 5 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

1)0mingo 5 de Octubre de 1902.

Y, ruborizándose, huyó rumbo á su casa.
l\Ii madre me dijo que Guillermina era ya
huérfana, y continuó baciE&gt;ndo elogios calurosos de su bondad, de su abnegaci6n ..... .. .
¿Qué más diré? Antes de que transcurrieran tres semana¡,, puse á mi hijito en brazos
de Guillermina, mientras le decía al oído:
-¿Acepta usted esta muñeca? ...... ¿Quiere
usted que sea verdaderamente suya? ..... .
Y nos casamos con los trámites rigurosamente necesarios.
DA~IEL HERVEY.
Traducción de "El Mundo Jlustrado."

Nuestras madres eran viudaR; la casa de
ellas lindaba coh nuestro nido familiar del
viejo Lorient; nuestros jardines estaban separados nada más por u~ vallado que ún gran
terranova-así lo suponíamos-había agujerado precisamente para que nos pudiéramos
comunicar.
Ella era morena, y yo rnbio; ella tenía cinco
años y yo trece cuando nos conocimos. Era
natural que fuéramos Jos mejores amigos del
mundo. Cierto que nuestras situaciones no
eran muy semejatHeR: mi padre era gran capitán de fragata cuando lo rnat6 la fiebre amarilla; el marido de Juana Lehennec muri6 casi en la misma época, pero no era más que un
simple timonel, y s6lo por una herencia inesperada pudieron, la viuda y la hijita, vivir
en situaci6n humilde, pero segura. Bueno es
decir que nuestras madres no tenían relaciones estrechas y, por consiguiente, se enteraban poco de nuestros juegos. Alguna vez que
se encontraban, se mandaban por sobre el va:Jado un saludo: respetuoso de parte de la señora Lebennec, amable y gratamente protector, de la de Isabel de Coudic la querida, la
adorable criatura que, habiendo perdido todo
lo que amaba, se consagraba por entero á mí,
rE&gt;nunciando al mundo, á las ventajas envidiables de su situaci6n, de su fortuna y de su
belleza.
Cuando le declaré la resoluci6n de seguir
la carrera de mi padre, se puso pálida como
un cadáver, me abraz6 y no me puso objeci6n
alguna. Poco clarividente, como todos los muchachos, me sorprendí de su calma y no !'Upe leer una tristez11, una emoci6n contenidas
por una firme voluntad. Cierto que yo no hubiera cedido á sus ruegos, si hubiese querido
disuadirme de ser marinero; pero siempre me
causaba del'ilusi6n no haber tenido que vencer una resistencia.
Por el contrario, la ruidosa desolaci6n de
mi amiguita Guillermina, me satisfizo bastante. El día de mi partida, se me colg6 al cuello, me desanud6 la corbata, moj6 la pechera
de mi camisa con lágrimas y amenaz6 con aho-

garse en el estanque del jardín, que no tenía
más de cuarenta centímetros de profundidad.
No me pude arrancar de ella sino prometiéndole traerle de mis próximos viajes un chango 6 una negrita, lo que quisiera.
Cuando las vacaciones, la encontré siempre
apasionada, y tanto, que no me sorprendió
cuando, con toda seriedad, me ofreci6 un anillo de cobre que ella llamaba pomposamente
sortija, invitándome á jurarle que no n,e casaría más que con ella. Se lo prometí en un
arranque de sincera ternura.
Otra vez que volví á Lorient, para visitar
la casa paterna antes de embarcarme con destino á Buenos AireR, Guillermina no estaba
en su casa. Mi partida bahía causado á la
muchachita tal desesperación, que, para distraerla, la mandaron á un colegio del campo.
Contaba precisamente diez años la muchacha, cuando en una bella mañana, la «Valerosan llevó al muelle de Lorient al aspirante,
que tal era yo entonces, cargando en sus baúles una encanta&lt;lora muñeca vestida á la moda brasileña, que causó á Guillermina un delirio de alegría.
Chiquitita, delicada, verdaderamente un
ratoncito moreno, la muchacha par?cía. más
joven de lo que era. Su permanencia entre los
niños la había distraído; los proyectos matrimoniales estaban á punto de olvidarse y volvimos á comenzar nu~stros juegos de otros
tiempos, con una inocencia que hubiera sorprendido á mis camaradas de á bordo. Partí
nuevamente para un viaje que había de durar tres años en las aguas del Pacífico. Nos
separamos sin lágrimas, pero con buenos besos de camaradas. Le prometí otra muñeca.
Y á pesar del tiempo, á pesar de las modificaciones que traen los años en los jóvenes
como era yo entonces, no olvidaba á la amiguita, y cuando volví á mi casa, le mostré á
mi madre una muñeca javanesa, con el traje
original de las bailarinas reales.
Mi madre movi6 la cabeza con sonrisa enigmática:
-Ah! es para Guillermina?
Al día siguiente bajé al jardín en busca de
mi vecinita; lo que encontré fué una figura
que caminaba paso á paso, una criatura desmadejada, ni muchacha mi mujer, descolorida, la boca contraída por un pliegue grosero,
la nariz imprecisa, los cabellos ingratamente ·
echados hacia a,trás, y unos brazos desmesurados en cuyas extremidades pendían
las manos rojas. Iba á marcharme, cuando aquella persona me
mir6 fijamente y me dijo
con voz ronca:

-~:~~

·----

t~·-:-;-~~-~---..,~..

- -~'

-=::::~~;::::;;~~=~-;.!'!~_!.~ . _-:;-:;.:'_:-_:::~4~·: : ; ~ ~ ·"'.,.-.-

~
,~~

-Buenos días, señor Cuedic.
Me quedé petrificado; volvió á decirme con
impaciencia:
-¿Ya no me conoce usted?
¡Sí, era Guillermina! ¡En qué e~tado habían puesto los trece años fatales á mi pequeña camarada! .., ... .. .
Le alargué la muñeca, volviendo la cara
para ocultar mis impresiones. Tuve tiempo
de ver que bacía un gesto desdeñoso.
-No juego ya á las muñecas, me dijo con
sequedad.
Y tom6 la que yo le ofrecía, con aire brusco.
Poco tiempo después mi vida de marino
volvi6 á arrE&gt;batarme del hogar. Volví á Lorient después de cinco añoi::, durante los cuales se transformó mi vida. En To16n fuí presentado á la bija de un almirante; nos amamos y me casé con la confianza y la rapidez
que presiden á las unioneR entre jóvenes que
pertenecen á familias de gente de mar, entre
las que se sabe el valor del tiempo que se pasa en tierra.
Me separé de mi nuevo hogar dejando á mi
esposa-¡pobre Lucía!-cuando iha á ser madre, y ....... ¡no la vi más! La noticia de su
muerte y del nacimiento de mi hijo me llegaron al mii::mo tiempo-era una mañana
gris y glacial de invierno,-cuando mi navío
cruzaba los mares cercanos á Corea. Quince
meses me faltaban aún para volver.
¡Cuántas veces,estando de «cuarto» durante
las noches sombrías 6 implacablemente puras
y heladas, vi erguirse ante mí la imagen de
mi pobrecita esposa, arrebujada en un abrigo,
llevando en los brazos á su hijo, aquel hijo á
quien, probablemente, yo nunca conocería!. ..
Sin embargo, él vivi_6. Mi madre me escribía diciendo que el chico estaba á las mil maravillas. Y pasando los tiempos, me aferré á
aquella esperanza del porvenir.
El mes de junio nacía cuando, lleno de emoci6n, traspasé el dintel de nuestra vieja casa
de Lorient. Llevaba siempre conmigo algo
como una inquietud, por cierto !'Upersticioso
horror que me causaba llegar á mi casa como un extraño. Pasé el vestíbulo y llegué al
jardín. Me detuve para contemplar un cuadro
inesperado.
Bajo los tilos, mi madre, recostada en un
sill6n, 00n su labor caída de las manos, sonreía de la carrera yacilante de un hermoso
bebé que tenía las piernitas y los brazos desnudos y que abandonaba el banco en que se
apoyaba, para ir á donde estalla una mujer
arrodillada que le tendía los brazos con semblante dulce, iluminado de tierna alegría. Luego que el niíio llegó á ella, lo levantó y lo hizo reír mucho, cubriéndolo de besos.
Era eRbelta, de talle mediano y tenía mucha gracia en todos sus gestos. Cuando puso
al niño en el suelo, se irguió, y al volverse á
mí, pude ver que nada hasta entonces había
visto con rasgos más encantadores ni que impresionasen más con todo aquello que adoramos en la mujer.
Nuestros ojos se encontraron. Ella lanzó un
grito, al que sigui6 otro de mi madre. l\le precipité á ellas.
.
Inmediatamente Guillermina- porque no
era otra-me llev6 á mi hij(,. Lo abracé con
emoci6n punzante.
-Dale las gracias- me dijo mi madre señalando á la muchacba:- si el chico vive, es
gracias á ella.
Tomé la mano de Guillermina, pero me interrumpió á las primeras palabras.
-No merezco ningunas gracias ...... Este pe•
queño ser es la alegria de mi soledad,

EL PROFESOR VIRCHOW.
Uno ele lo:;; hombres de ciencia más ilustres
acaba de pagar el obligado tri.bnto á la naturaleza: nos referirnos al eminente Profesor de
Patología en la UniYersidad de Berlín, Rodolfo Virchow.

Aspecto del salón p ri ncipal.

se vefa, encuadrado en un ma~nífico marco,
el retrato del Rey D. Alfonso XIII.
Antes de las dos de la tarde, se sentaron los
invitados á la mesa, ocupando los principales
lugares el Representante de España, Sr. Fernández Vallín; el Cónsul, Sr. Escudero, y los
Sres. José Sánchez Ramos, Telesforo García,
Quintín Gutiérrez, Miguel Lhno, Rafael Gay,
Modesto Noriega, Salvador de la Fuente, Fernando Dosal, Fanstino de la Fuente, :Manuel
Suárez, RamGn Fernández, José Porrúa, Saturnino Sauto y Luis Fernández Cañedo.
Durante la comida rein6 la mayor cordialidad entre el numeroso grupo de iberos allí
reunidos, pronunciándose entusiastas brindis
por la U!li6n de la Colonia, por la patria y por
el Rey. El brindis del señor Encargado de
Negocios fué muy aplaudido.
La fama de Virchow como pat6logo, está
muy por encima de todo elogio, desde el momento en que se le considera como una de las
más legítimas y bien fundadas. En ocasiones diversas, el nombre del sabio recorrió
el mundo entero y fué recibido con aplauso;
pero lo que más enalteció al eminente Profesor fué su teoría sobre el origen de la. enfermedad, universalmente aceptada en nuestros
tiempos.
Virchow era también antropologista de
profundos conocimientos, arqueológo nutrido
de vasta y provechosa informaci6n, y político
de energfa y de talento. Su «Patología Celularn, traducida á casi todos los idiomas, es
uno de sus más claros timbres de orgullo.
En la Cámara Prusiana se distingui6 siempre como orador de primer orden..

Hay hombres que escudriñan las conciencias ajenas olvidándose de quP. tal es nuestra pobre naturaleza, que no encontramos en los otros .
sino los vicios cuyas tendencias tenemos en
nuestro propio coraz6n, haciéndolos conforme
á nuestra imagen y semejanza. Por lo cual'no
debemos tener confianza en los que fácilmente juzgan á su projimo.

El bom bre que se descuida de cumplir con
sus p,romesas, cualquiera motivo que alegue,
se debe reputar malo 6 débil: malo, si engañ6
á prop6sito: débil, si no conoci6 el valor de su
acto 6 no tuvo bastante energía para realizarlo.

TENT ACIÓN.
Call6 por fin el mar y así fué el caso:
En un largo suspiro de violeta
Se extenuaba de amor la tarde quieta
Con la ducal decrepitud del raso.
Dios callaba también: una secreta
Inquietud expresábase en tu paso.
La palidez dorada del Ocaso
Recogía tu lánguida silueta.
El campo, en cuyo trebolar maduro
La siembra palpit6 como una esposa,
Contemplaba con éxtasis impuro
Tu media negra, y una si.lenciosa
Golondrina, rayaba el cielo rosa
Como un pequeño pensamiento obscuro.

EL BnQURTE DE LOS ESPAÑOLES.
Siguiendo una costumbre establecida, la
Junta de Covadonga organizó en esta vez el
banquete que los españoles celebran, año por
año, pasada&lt;i las fiestas del 8 de Septiembre.
La Junta procur6 reunir ese día en un solo
grupo el mayor número de iberos posible, y
sus esfuerzos río resultaron infructuosos: cerca
de mil comensales acudieron al llamamiento
que se les hacía., llenando los amplios salones
en que debía verificarse el banquete.
El adorno del Tívoli del Elíseo que fué el
local escogido, era del mejor gust~: había festones y banderas en profuRi ón, distribuÍllos artísticamente en las callecillas del parque y en
los pabellones. A la entrada del salón principal se levantó un vistoso arco de flores naturales, colocándose, para cubrir la puerta un
gran biombo japonés. En el fondo del s:i.ión

~L BANQl,JETE.-OtrQ salón,

LEOPOLDO LuGONEs.

�Domingo 5 de Octubre de 1902.

-

EL MUNDO IT.JUSTRADO

LA LEGACION DE MEXICO EN CUBA.
blos; uno es el idioma; las costumbres son
idénticas, las aspiraciones iguales. Por eso se
muestra regocijada Cuba en el acontecimiento
que, en acto íntimo, pero que reviste carácter
especial, celebra el
primer :Ministro de
México en Cuba,
Sr. Gilherto Crespo
y l\fartínez: el aniYersario de la independencia de laRepública Mexicana.»
Con acopio de
datos que revelan
la información más
vasta con referencia á nueetro actual orden de cosas,
"El Hogar" traza en
seguida la enorme
curva que México
ha recorrido para
cimentar su crédito, para crearse una
situación extrafia á
todas las turbulencias, y, en una palabra, para entrar
de lleno en el carril
de la civilizaci6n y
el adelanto.
El establecimiehto de la Legación
de México en la Isla, dados los conceptos que antes
transcribimos, es,
pueR, un augurio
de que nuestras relaciones con la joEl frente de la Legación.
ven República llegarán á !Ser tan estrechas como las que felizmente nos ligan {1
una breve resefü1. de la solemne recepción del
los demús pueblos del Continente.
representante de nuestro país por el Gobierno
del Sr. Estrada Palma.
ERte acto dió margen, como se recürdará,
á que la prensa ile 1n lRla elogiara calmosamente á México y al nuevo 11finh,tro, poniendo de relieve nueRtros progresos y Pl tino desplegado por el Sr. Crespo y Maníne1. en suR
funcione,:, elurante todo el tiempo que fungiú
como Cónsul General ele la República en la
Habana.

¡, 6 p
-&lt;

***
Con ocasión ele! aniv1m:ario ch• nuei;tra InilPpench·ncia, los periódicos más caracteriz:1 dos de Cuha han vuelto á ocup:u-He de México, en términos por &lt;lemií:;; honrosos y halagadores.
Por primera Ye7--clice «El llogar"- la ·joven Tiepúhlica tle Cuba nuPile tender carilinsarncnte los hrazoi- ú la fü•púhlica ele :i\féxi(', ,.
y asociarRe á su regocijo rn el memora!,](, l (¡
&lt;le Septiernhre, c¡ue recnercln la fecha ck sH
independencin. Cnl&gt;a y México son dos ]¡,., _
manas del alma, li¡!;:«las C'n sn suerte por111•1cho:-; lazos. Ar¡uí se halla la lla\'e del Golr,,
Mrxicnno. El día infamto.que peligrase nu"s
tra indepenclencia-&lt;lía c¡ne no esperamos p.,_
gue en la ,;uceRiún de los tiempos,-oiría J[(·xico el primer toque de aviso que amenazase
la suya. Un mismo origen tienen estos p1.1e.

&lt;

;j

.

lfi

EN CAMINO.
La vereda es abrupta y en la cuesta
culminan los cantiles como dientes;
no hay aves, ni verdores ni floresta,
sófo eriazas colinas y vertientes.
La cima encaja su orgullosa testa
en el quieto sopor de las silentes
nubes, y los vapores de la siesta
emperlan de sudor las secas frentes.
Sin un miraje alegre la mirada,
la sed sin un oai;;is, los ribazos
sin una gota, y para el hambre nada!
Pero ofrece la dicha en sus ahrazos,
del i:,endero en la cúspide elevada,
el Cristo abriendo sus orantes brazos.

J. 11.

***

:

...

FACHA.

:Nada es tan difícil como pagar las deudas
de gratitud.

~
. '

Domingo 5 de Octubre de l 902.

SOBRE EL AMOR.

En cuanto al local en que se encuentran
instaladas las oficinas ele la Legación, diremos,
ya que no es pnsible hacer ele él una dcscripci6n detallada, que llena, con mucho, el objeto á que se le destina.
El edificio, de un solo piso, se levanta en
medio de un bonito jardín, limitado por una
verja. En primer término se ve una escalinata que da acceso al pórtico, y, en el frontis,
un escudo ele las armas nacionales.
Los departamentos interiores, tales como el
desptt&lt;'ho del Sr. l\Iiriü,tro, el comedor, etc.,
etc., están decorados con sencillez y elegancia.
Seguros de que nuestros leclores verán con
gusto su publicitciún, ilustramos estas páginas con algunas fotografías uel hermoso edificio.

«El Mundo Ilustrado)) publicó, en su oportunidad, el retrato del distinguido caballero
D. Gilberto Crespo y l\fortínez, primer :Ministro ele México en Cuba, 'lcompañúnclolo de

EL MUNDO ILUS'l'RADO

La significaci6n clara y exacta de los conceptos no hace apreciar á veces mejor el carácter de las cosas. En el lenguaje usual se
confunden muchas veces esas tres cualidades
6 defectos, según algunos, del carácter amoroso de un individuo: el eRcepticismo, el desencanto amatorio y la indiferencia, ó quietismo elel alma.
Estos tres estados del ánimo representan
siempre &lt;cmínimum,» un decrecimiento 6 una
profunda perturbaci6n en el ser sensible; son
graduaciones diversas de una menor intensidad en la vibraci6n de los afectos hacia el otro
sexo.
El escepticismo en el amor es un criterio
puramente mental de concebir sin certeza ni
trascendencia las relaciones amatorias.
El desencanto en el amor no es más que el
estado moral de un convaleciente que después de haber Elido víctima de algún fracaso
6 haber gastado exresivamente sus fuerzas en
otras empresas amatorias, evita 6 rehuye nuevos lazos de afecto intenso é impereceelero.
La indiferencia, ó el quietismo del alma, es
el estado más perfecto del ser, según la concepci6n religiosa de los místic&lt; s. Es el vacío
con todas sus frialdades y calmas silenciosas,
es la monótona serenidad de lo paralítico, de
lo inerte. Es una virgen ideal, esplendente ele
luz y belleza, pero muerta.
El escepticismo no es más que una convención sofística de los que dudan y se sonríen
acerca de la eficacia y del bienestar moral del
amor.

Legación de México en Cuba.-EI comedor.

de 1~ vida, deben proseguir viviendo y amando _siempre con la hartura y sed insaciable de
lo mmenso, de lo eterno y de lo invariable.

MEDIA NOCHE.

BENJAMIN DE CÉSPEDES.

***
Con los escépticos de las mujeres ocurre algo parecido á lo de aquel fil6sofo que negaba la cualidad sensible de la carne educada
estoicamente para desafiar todos los dolores
que al fin después de recia paliza tuvo por l¿
menos que reconocer la cualidad contundente
y dolorosa del garrote.
Con los desencantadoe del amor pasa lo
mismo que á esos enfermos doloridos durante
mucho tiempo por una úlcera que les impide
el movimiento, y que cuando se curan luego
no hay quien pueda contenerlos en su darrera.
Y con los indiferentes no hay mejor prueba que la tentación de unos ojos negros una
belleza incitante 6 el trato de una mujer'amable y ele talento.
Yo he visto muchos casos prácticos y he
presenciado tantas abdicaciones de eso que
llaman carácter del individuo, que ya en la
única filosofía que creo en asuntos de amor es
e~ la de pasarae con armas y bagajes al enemigo, y salga el sol, 6 la luna de miel, por
Antequera.
Y es que hay que obedecer ciegamente al
instinto del apego carifioso, que es la f6rmula
mús elevada de la moral de la especie. Pero
este instinto puede modificarse por la educaci6n·, por la conveniencia, por el hábito, y
llegar en su refinamiento y depuración á ser
electivo para el bien del individuo y de la eRei;;pecie.
Elegir el Rer am:ido; he aquí la fórmul~ expref'a de; la Yohmt:id afectiva; y en esa crítica
y deriRiva. hora ele la. dPterrninaci6n que habrit de lrncernoR frlices ó deRwaciadoR, ¿qui~n
tiene ha~tante presenc-ia de ánimo e,:céptit&lt;\
&lt;leRencantado {¡ indiferente para voh·er lai&lt; &lt;'Kpaldas (1, la aurora que asoma, y luego Íl laespléndicla ilurninaci6n tle Jo,i nntes obFcuros
nimhm; el(,] ser'?
H6lo d rgoí~ta utilitario que ama. la \"ida
por las 1--olicitarioneR eternas, por el propio
cuidaclo, y tan s6lo buRca. en la compañera la
~ierva sumisa 6 el eRcahel para encumbrarst•.

La noche, con sus fúnebres crespones
Cubre la inmensa b6veda del cielo,
Y sólo yo con mis tristezas, velo
Sumergido en profundas abstracciones.

RONDEL.
Locuaz y tentadora y elegante
cruzaste por mis sueños de poeta,
y en vano pedí luz á mi paleta
para copiar la luz de tu semblante.
Fuiste la diosa de mi pecho amante
y en mi delirio de pasi6n secreta
en vano pedí luz á mi paleta
para copiar la luz de tu semblante.
Y h?Y al cruzar, radiosa y elegante,
por mis vagos ensueños de poeta,
Oh blanca virgen de mi pecho amante!
¡En vano pido luz á mi paleta
Para copiar la luz de tu semblante...... l

R.M.

Qué amargas son ¡oh Dios! mis decepciones
Cuánto aspiro alcanzar y cuánto anhelo! '
Qué acongojada el alma, emprende el vuelo
De lo desconocido á las regiones.
La ausencia lo imposible, la quimera
El adiós, y la muerte y el olvido,
'
Todo me hace sufrir, me desespera
Y me obliga á exclamar enternecido:
¡Oh madre, buena madre, quién pP 1 iera
Dentro de tu sepulcro hallar su ni• J!

RUBIO.

***

..
•
Despacho del señor Ministro.

Los que se han hecho alguna vez amar por
la mujer presentida en los rosados ensueños
del ideal dichoso; los que Re han confortado
al calor de ese rayito de sol que cerca como
un nimbo de santidad las almas enamoradas
sos deben sentir todo el poder y el alient~

U no de loi; ea Iones de la Legación.

E:\'RIQ,UE TORRES ToRIJA.

�Domingo 5 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

OBISPO DE SONORA.

ONOCIERONSE aquí 6 a1lá, en cualer parte; ambos eran albañiles, otiles ambos, y un incidente cualquiera les había acercado, engendrando á poco la amistad que más tarde les ligara.
Juan era superficial de suyo, jactancioso, 6
«echador,,, para decirlo en términos vulgares;
amigo de aventuras, hablaba mal de los hom •
bres y peor aún de las mujeres; bebedor insaciable, rohaba al trabajo las horas para consagrarlas á la taberna, y casi se podría asegurar
que no conocía más sitios, después del andamio, que la pulquería, y, un poco menos, la
cárcel.
Sin embargo, raras veces demandaba trabajo en vano, pues nadie de los que le conocían
ignoraba que, ,,pegándose" al quehacer, era un
oficial que desquitaba como pocos el jornal
que recihía, sin necesitar nunca demasiadas
explicaciones para hacer bien una cosa.
Antonio era, por el contrario, poco comunicativo; de menos alcances que Juan, compensaba esta falta con su mayor apego al trabajo; raras veces celebraba el «San Lunesn y
gustaba poco de frecuentar la compañía de las
mujerzuelas con quienes su amigo perdía á
menudo el tiempo, y en no pocas ocasiones la.

libertad, y á las cuales calificaba Antonio de
comprometedoras y ocasionadas. La bebida,
que en otros engendra la jovialidad, siquier
sea pasajera, aumentaba su reconcentración,
envolviéndole en cierto velo de melancolía;
pero, aunque no era un vicio arraigado en él,
bebía también y casi á diario, ya por no «hacer menos» á algún conocido que se empeñaba
en dividir con él el contenido de una «tina»;
ya para refrescar las largas y pesadas horas de
sol; ya, en fin, por n() «echar campaña» con
Juan, que en este punto era á veces muy «cargado.,&gt; Inclinado más bien á la paRividad, tal
vez esto había sido la causa de amistad entre ambos; su serena actitud entibiaba en ocai-iones los vivacesimpuli;os de Juan; en muchos casos, la intervención de Antonio había
salvado á aquél de nuevas cuentas con la policía, y, observados atentamente, fácil era advertir que á los dos les ligaba, más que otra
cosa, el cariño que él abrigaba para su amigo.

***
Trnbajaban los dos en una obra grande,
hacía algunos meses; el enorme edificio comercial elevábase rápidamente sobre todos los de
las cercanías, destacando su gruesa mole de
hierro y mampostería; centenares de obreros
pululaban, trepando y descendiendo{por los

andamios; escuchábase el chirriar de las garruchas que balanceaban en la altura los grandes bloques de piedra tallada 6 las pesadas viguetas ,le acero; el cincel y el martillo cantaban á dúo y por doquiera el himno del trabajo; la voz del sobrestante ahogábase en el silbar
de las garlopas 6 en el ruido de las láminas
arrastradas aquí y allá, sobre los techos, y
desde el fondo, la cal, removida en el agua de
la presa, dejaba escapar gruesas nubes de blancura deslumbradora, que, al elevarse, desvanecíanse rápidamente en el azul del horizonte.
Por primera vez acaso, Anto¡¡io mirabn. con
cierta desconfianza el rápido avancP. de la construcción; no había pensado hasta entonces,
como la mayoría de sus compañeros, en que
la lentitud de su trabajo podría traer consigo
la prolongación de los días de jornal, y, siu
embargo, ahora experimentaba cierta vaga
tristeza al pensar que muy pronto tendría que
ser despedido, por no ser ya necesarios sus servicios, y se vería obligado á errar, quién sabe
hasta d6nde, en busca de nuevo acomodo.
En ninguua parte había trabajado tan á gusto como allí, durante los últimos meses; trepado sobre el tendido, teniendo á un lado el
«apilo" de tabiques que el peón se encargaba
de renovar constantemente, y por el otro el
cubo de mezcla, el plomo y la regla, pasaba
los días, de sol á sol, lanzando á todos los
vientos la nota ale¡ue y vibrante de la cucha.ra al golpear en el ladrillo previamente apoyado sobre el muslo, y mirando con mirada
furtiva los balcones de la casa de enfrente.
Desde que entr6 al destino, l:l. muchacha
había llamado la atención de Antonio, y pocos días después, todos en la obra la conocían
ya y saludaban su aparición tosiendo con insistencia 6 silbando ,,tonadas,&gt; más 6 menos
significativas. Y la recamarera, que parecía
acostumbrada ya á tales manifestaciones, fingía no advertirlas, consagrada á su labor, extendiendo sobre los hierros de los balcones las
tapicerías de la sala, 6 subiendo á. las azoteas
para alinear en el teJ\dedero las piezas de ropa
recién lavarlas.
Antonio la contemplaba en silencio, desde
la altura en que se hallaba, embebecido ante
la morbidez de sus brazos desnudos, ante el
erguido seno oculto bajo la tela del «caracol;" y
el acompasado movimiento de sus caderas; y
cuando ella le miraba con todo el fulgor de
sus ojos negros, el pobre volvía sus miradas á
otro sitio, echábase sobre la frente el «chilapeño," y empuñando fuertemente la cuchara,
golpeaba, golpeaba sin cesar sobre el larlrillo,
tal vez creyendo alejar de esta manera los pensamientos que le embargaban.
Dos noches sel!'.uidas, animado por una sonrisa de ella, la había detenido en la banqueta,
pintándola en torpes rasgos el cariño que por
ella sentía, capaz de todos los sacrificios y superior á todas las pruebas; pero la coquetuela
había escapado de entre sus manos, riendo
alegremente sin dar oído á sus querellas.
-Nadier. ha de quererte á la buena-le.había dicho Juan;- si no la tratas á golpes, que
es como les cuadra, más mejor es que la dejes
de ese tamaño ........ .
Capaz de trastornar el juicio á cualquiera,
la muchacha veíase asediada de continuo,
más sin lograr nadie conmover su corazón indiferente.

***
Una mañana en que el sol brillaba en todo
su esplendor, una calurosa mafiana de estío,
de cielo transparente, sin una sola nube en el
horizo!!te, Antonio, en lo más alto del andamiaje, después de consumido el frugal almuerzo, trabajaba más animosamente que de ordinario. Sentíase feliz al recordar las palabras
de ella, que le había hecho entrever en su
«contesta,&gt; la posibilidad de una futura correspondencia de ~fecto13, Llegaban aún, corrien-

Domingo 5 de Octubre de 1902.

ElL MUNDO ILUSTRADO

do por el -medio de- la calle, algunos compañeros que no habían logrado presentarse en el
momento de la lista; de pronto, Antonio, que
miraba distraídamente á lo lejos, la vi6 dar
vuelta á la esquina, echado el rebozo sobre la
frente y acompañada de un hombre á quien
tendía la mano en i-efial de despedida. Aquel
hombre era Juan, el mejor amigo de Antonio.
Permaneci6 inm6vil , viéndola acercarse
apresuradamente hasta desaparecer detrás del
port6n; vió á Juan que penetraba á la obra;
sintió que algo muy grande escapaba del fondo de su pecho, dejan1)
do P,n él un vacío des~
consolador; not6 que
un desengaño imposible de expresar, caía
como una lápida sobre su corazón; vi6se
solo en lo más alto de
aquel andamio; con
templ6 aquel día inspirador de una mentida felicidad; bajo sus
miradas extendíase la
ciudad erizada de campanarios; más allá las
llanuras teñidas de
verde esmeralda; m_ás
lejos aún,las arbole&lt;las
del panteón, irguiéndose sobre la desnuda
colina y destacándose
sobre el obscuro azul
de las apartadas mon •
tañas ........ .

***

-Fuera abajo!-:--se
oy6 gritar desde lo alto de la obra, y el cuerpo de Antonio, después de rebotar sobre los tendidos, estrell6se
en las baldosas de la acera.
La gente agrup6se al momento en torno del
cadáver; la policía acudi6 á dar fe del accidente, y un periodista que pasaba por la acera
opuesta, acercóse al grupo, y, después de informarse acerca del suceso, fuése acariciando
con cierta fruici6n el tema de un futuro editorial.

fi. (;or¡zalez Carrasco.

Se ha confirmado la noticia de haber sido
electo obispo de Sonora, para cubrir la vacante que dejó á su muerte el Ilustrísimo Sr. D.
Herculano L6pez, el actual chantre do la catedral de Durango&gt; Presbítero D. Ignacio Valclcspino.

es un pueblo el autor y otro el que sufre?
El genio de la Historia que reprueba
el torpe abuso de la fuerza innoble,
se yergue al fin, y con su voz de kueno
increpa á las naciones invasoras,
v sus deberes· dicta al Continente.
Pronto ha de ser la voluntad y sólo
la libre voluntad, único origen
de íntima unión y perdurable alianza
entt-e los pueblos que adunarse logren.
Y entonces ..... ¡Ah! el atentado injusto,
la tendencia vandálica, agresiva,
en cada continente bailará un dique,
y en la Ley de los pueblos tendrá un nombre
que llene de rubor su altivo rostro!

EN BUAJOAPAM DE LEOll
El 15 del pasado se verificó en Huajuápam
importante población del Estado de Oaxaca'.
la. inauguraei6n del hermoso Kiosco de hierro
y mampostería construído últimamente en la
Plaza Principal.
Con este motivo se organiz6 una animada
fiesta que se vi6 concurrida por numerosas familias de la localidad y de otros puntos del Estado. El kiosco lleva el nombre de «Carmen
Romero Rubío de Díaz.,&gt;

IV

El nuevo Obispo, cuya consagración se efectuará el presente mes en Durango, es uno de
los miembros más ilustrados del clero de
aquella di6cesis, y su carrera eclesiástica lo
acredita como sacerdote de energías poco comunes.
Su exaltaci6u ha sido recibida con beneplácito, tanto por la sociedad durangueña,
como p~r sus nuevos diocesanos.

Unión de los pueblos.(*)
Dos clases de lasos unen las
ooloniAs á la .Metrópoli: los
uaos, de h !erro; los otros, de
oro.
GLADSTONE.

¿Que la lucha es la ley de la exister.cia?
¿_que el repose los músculos relaja?
,:.que estancados los gérmenes, sucumben,
porque es la tempestad renovadora,
y no se avanza sin ~ontinuo cambio,
v la vida se alienta con la vida?
Mas, si todo progresa, ¿por ventura,
puede quedar la lucha estacionaria:&gt;
¿.No hay una forma de combate incruento?
,:.siempre ha de ser la forma primitiva:&gt;
Lucha el que emprende disputar el suelo
á las plantas nocivas y á las fieras;
el que obtener de la Natura alcanza
un nuevo agente, en el servicio dócil;
quien el provecho acrecentar consigue,
su propio brazo al aplicar con modo;
el pueblo que más pt·óspera existencia
ofrece al emigrante de otros pueblos;
la raza que engrandece su hermosura
con adecuado régimen de vida;
la misma virgen que insidiosa gracia
derrocha en sus modales y atavíos ..... .
Sí, todos luchan, pero en blanca lucha,
no en la airada y sangrienta de las fieras,
que sombríos espíritus proclaman
cual salvadora válvula de escape
ó convergencia del vigor que sobra ..... .
Es, pues, la guerra imperfección y atraso,
po1·que lo es siempre el que la fuerza huelgue;
que sólo la ignora.neta ó la desidia
no log1·a dada bienhechor empleo,
ni regular su escape ó condensarla
como ahorro que forma capitales.
V

La unión de pueblos que á la vida vienen
como hermanos gemelos, y se buscan
porque unidos son fuertes y felices,
toca el grado .más alto del pt•ogreso,
la forma contractual de las naciones
con que ha dos siglos que la Historia sueña;
es hecho que ennoblece y que sublima
la dignidad del hombre en nuestras almas,
y es- sagrada la patria en que acontece,
como el día inmortal que lo recuerda,
¡para ejemplo del mundo y alta gloria
de nuestra raza generosa y noble!
ERNESTO SoLfs.

México, 12 de Septiembre de 1902.

I
Con ruda mano logrará el coloso
al fin dejar inermes nuestros brazos,
á su carro triunfal uncirnos Juego,
y aun matar la protesta en la garganta;
pero en la entraña noble, la conciencia
eternamente escuchará con ira
la voz de la. razón, que nunca enciende
divino incienso ante opresor tirano.
El hierro cruel, el oro que soborna,
no son lazos de amor, dignos y eternos,
que hagan soñar á_ n? bles_ corazones
con esa. dicha de v1v1r umdos,
ó así morir en la contraria suerte.
El oro, el hierro .... . . formarán cadenas
que siempre nos degradan y mancillan,
que el tiempo las corroe y las destruye,
ó nuestra propia dignidad las rompe.

SAUDADES.
[A la manera de Lope.J

¿D6 estays, fieles amigos, novia pura,
Que no habeys contestado á mis clamores
Vosotros que sabedes mis dolores,
'
Ella que me premi6 con su ternura?
Cielo azul de la Patria, la ventura
Perdí de contemplar tus esplendores
Y sin verte son fúnebres las flores, '
::i:l e,ampo triste, la mañana escura.
Vbnid con vuestra voz arrulladora
Membra.nzas de mi cuita compafiera~,
A recordarme el bien que me enamora.
Volved, Yolved, memorias lisonjeras
Con tan rápido vuelo como agora
'
O si quereys, con alas más ligera~.

LA MIRADA DR TUS DULCES OJOS.
En el santo templo de cirios cuajado
Donde vas á misa, yo jamáH imploro
Ni murmuro rezos, pero arrodillado,
El perfil celeste de tu faz adoro.
En la calle miro tu ceñida eHpalda,
Tu sombrilla abierta bajo el sol radiante
Y tu mano breve que pliega tu falda
'
~l ta16n mostrando de tu pie elegante.
En tu palco busco tus tiernas miradas
Aunque tú escondiendo su lumbre tranquil~
Abres tu abanico de plumas nevadas,
'
Que como una nube vela tu pupila.
Súplica ferviente, rec6ndito ruego,
Te sigue la llama de mi vista ansiosa,
Te ronda y te cerca,. como cerca el fuego
El ala vibrante de la mariposa.
Hasta que movida por lo que te quiero
Sabiend_o m_i pena_, me ves sin enojos,
'
Y en m1 ámf!la triste, como en un joyero,
Guardo la mirada.de tus dulces ojos.

• Le!d~ en la Velada con que 1e celebró el 78 aniversario

de la ane1:ión de Chiapas A lll,xico.

II

LA VENDEJERA.
Sintiendo la nostalgia de su reja,
en el amplio almacén, de frutos lleno,
se ensancha de la moza el alto seno
al rudo laborar de la vendeja.
Rastro de gracia y de perfumes deja
si ensaya el garbo de su andar sereno;
y aumenta el brillo dbl tesoro ajeno,
trabajando en prisi6n, como la abeja.
Ya envasa el fruto del naranjo opimo,
ya envuelve el odorífero racimo
en níveo lecho de doradas franjas.
Mas no se escapa á su mirada astuta,
que ella es la sola codiciada fruta
entre almendras, racimos y naranjas..
RAMÓN

A.

URBANO.

La libre unión no pudo en el pasado
la norma ser de las incultas gentes,
y la fuerza brutal formó los pueblos
salvando las fronteras natu1 ales
sin 1·espetar las razas ni la Historia,
alzando el pedestal de las naciones
en odios é infideccias que desunen,
no e n la unidad del alma colectiva.
1Cuán efímera unión! Eternamente
d fiero Marte, en su hálito de fuego,
envenena la atmósfera del mundo!
Sobre el hierro y el oro están los lazos
que son la urdimbre de la propia vida:
nuestra ín&lt;' ole moral, nuestros instintos,·
atavismos y herencias, cuanto forma
el eco inmenso de la edad pasada,
ola que impulsa nuestra edad ¡.,resente
á la ignota. l'ibera del futuro!

III
La ley de las naciones ha borrado
el antiguo r encor al extranjero,
y se persigue al atentado injusto
contra la vida y libertad del hombre.
¿Cómo aceptar el crimen porque sólo

E::1 kiosco de Huajuápam.

efrér¡ l(ebo//edo.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 5 de Octubre de 1902.

LA ADUANA DE TAMPICO
La importancia del puerto ele Tampico, cáda día mayor, hizo que el gobierno se decidiera á contratar,ha pocos años, la construcción
de un local destinado á las oficinas y almacenes de la aduana marítima allí establecida.
La empresa del Central Mexicano se encargó de la obra, llevándola á cabo tan pronto
como fué posible. El edificio es de bonito aspecto y se adapta perfectamente al objeto á que
se le dedica. Además de las dependencias necesarias para las oficinas, tiene cuatro almacenes de hierro y cristales, muy amplios y
bien ve.itilados.
Contiguo á la aduana está el edificio especial donde se encuentran la planta eléctrica
que abastece de luz las oficinas, y las bombas
para los casos ele incendio.
La nueva construcción ha sido ya puesta
totalmente al servicio.
Nuestros grabados representan la casa que
ocupó la antigua aduana y que fué cedida al
ramo de correos y telégrafos, una de las fachadas principales, y el interior de uno de los
almacenes.
El costo de la construcción fué de cerca de
dos millones de pesos.

~a flor de la salud.
-No lo dude usted, declaró el médico, afirmándose las gafas con el pulgar y el anular
de la abierta mano izquierda. He realizado una
curación sobrenatural, milagrosa, digna de la
piscina de Lourdes. He salvado á un hombre
que se moría por instantes, sin recetas, ni píldoras, ni directorio, ni método ... sin más que
ofrecerle una dosis del licor verde que llaman esperanza ..... y proponerle un acertijo ...
-¿Higiénico?
- ¡Botánico!
-¿Y quién era el enfermo?
-El desahuciado, dirá usted; Norberto Quiñones.
-Norberto Quiñones! Ahora sí que admiro su habilidad, doctor, y le tengo más que
por médicc, por taumaturgo. Ese muchacho,
que había nacido robusto y fuerte, al llegar á
la juventud se encenagó en vicios y se precipitó á mil enormes disparates, apuestas locas
y brutales regodeos: tal se puso, que la última
vez que le vi en sociedad no Je conocía: creí
que me hablaba un espectro, un alma del otro
mundo.
-El mismo efecto me produjo á mí, repuso el doctor. Difícilmente se hallará demacración semejante ni ruina fisiológica más total.
Ya sabe usted que Norberto, rico y refinado,
vivía en un piso coquetón, muy acolchadito
y lleno de baratijmi; su cama, &lt;JUe era de e~as

antiguas, salomónicas
y con bronces, la revestían paños bordados del Renacimiento,
plata y raso carmesí.
Pues le juro á usted
que en la tal cama, sobre el fondo rojo del
brocado, Norberto era
la propia imagen de
la muerte: un difunto
amarillo, con tez de cera y ojos de cristal.
Pam contraste, á su
cabecera estaba la vida, representada por
una mujer mórbida,
ojinegra, de cutis de
raso moreno, de boca
de granada partida, de
lozanísima frescura y
alarmante languidez
mimosa-la enfermera que manda el diablo á sus favoritos, para que les disponga según conviene el cuerpo y el alma.

***me alargó
Norberto

EL ~1UYDO !LtJSTRAbO

·-:x

.·.

o de

Octubre

de 1902.

\

-

ca'ü.:

'

r-.,---i')

. - ~--,.::1

La antigua casa de la Aduana en Tampico.

la mano, un manojo de
huesos cubiertos por una piel pegajosa que ardía y trasudaba, y mirándome coh a11sia infinita, me dijo cavernosamente:
-No me deje usted morir así, doctor. Tengo veintiséis afioR y me &lt;la frío la idea de invernar en el cementerio. Es imposible que
haya usted agotado todos los recursos de la
ciencia.
El ruego me conmovió, y eso que la práctica nos endurece tanto! Tuve una inFpiración;
sentí un chispazo parecido al que debe de percibir el creador, el artista...... y con los ojos
hice seña de que la individua estorbaba.
-Vete, niña, ordenó sin más explicaciones
Norberto; y nos quedamos solos.
Le apreté la mano con energía, y sacando
el pomo del consabido licor verde, lo derramé
en sus labios á oleadas.
-Animo, le dije. Usted va á sanar pronto.
Vol verá usted á tener vigor en los 111úsculos,
hierro en la sangre, oxígeno en el pulmón;
las funciones de su organismo serán otra vez
normales, plácidas y oportunas; el ritmo de
la salud hará precipitarse el torrente vital, rápido y gozoso, de las arterias al corazón, y subiéndolo luego al cerebro despejado, engendrará en él las claras ideas del presente y los
dorados sueños del porvenir ...... Estoy seguro
de lo que prometo, seguro, ¿lo oye·?, usted sanará. No debo ocultarle á ui:ted que la ciencia,
lo que se dice la ciencia, ya no me ofrece recurf'o alguno nuern, ni útil. Humanamente
hablando, no tiene usted cura; pero donde
acaba la naturaleza principia Jo sobrenatural
y portentorn, &lt;)lle no es sino lo «desconociclo,J ú

Fachada Norte del nu~vo edificio.

bomingo

«inclasificadoJ&gt; ....... La casualidad me permite
ofrecer á usted el misterioso remedio que le
devoh·erá instantáneamente todo cuanto
perdió.
Cualquiera pensaría que al hablarle así á
Norberto, iba á mirarme con honda desconfianza, sospechando una piadosa engañifa.
¡Ah, y qué poco conocería el que tal imaginase la condición de nuestro espíritu, en cuyos
ocultos repliegues late permanentemente la
credulidad, dispuesta á aci.optar forma superior y llamarse ,efe!"
Los ojos de Norberto se animaban; un tinte
rosado se düundía por sus pómulos. Ansioso,
incorporado casi, se cogía á mi levita, interro·
gándome con su actitud.
-Hay, le dije, una flor que devuelveinstantáneamente la salud al que tiene la dicha de descubrirla y cortarla por su propia mano. Esta
condición ineludible y el no saberRe dónde ni
cuándo se produce la tal flor, son causa de
que por ahora se hayan aprovechado de ella
poquísimos enfermos. Digo que no se sabe
dónde ni cuándo se produce, porque si bien
suele encontrarse en las más altas montañas,
también afirman que brota en la orilla del mar,
á poca profundidad, entre las peñas; pero á
veces, en leguas y leguas de costa ó de monte,
no aparece ni rastro de la flor. En cambio tiene !et ventaja de que no puede confundin,e con
ninguna otra: ¡imagínese usted la alegría del
que la ve! Es del tamaño de una avellana; su
forma imita bastante bien la de un corazón;
el color, encarnado vivísimo; el olor, á ah,iendra. No la equivoca usted, no. Pero si va usted acompañado, si es.otro el que la coge ...... .

Uno do los almac:enei¡,

SR ITAS. CONSTANZA, ANA Y EM ILIA THOMPSON.

entonces, amiguito, haga usted cuenta que
perdió malamente el tiempo.
No afirmo que Korherto creyese á pies juntil las lo que yo iba diciéndole con imperturbable seriedad y calor persuasivo. Si he de ser
franco, supongo q~e dudó, Y. !~asta .m~ tuvo á
ratoR por un patranero, un v1s10nar10 o 11n socarrón importuno. Sin embargo, yo sabía que
mis palabras no habían ele caer en un saco roto porque á la larga siempre admitimos lo que
n~s consuela, y mús en la suprema hora en
que nos invade la desesperaci6n y quisiéramos agarrarnos aunque fuese á un hilito dP.
araña. La expresi6n del rostro de Norberto
cambió dos ó tres veces; le vi pasar del escepticismo á la confianza loca, y por último, tomándome la mano entre las suyas febriles, exclamó trémulo de afán:
-¿Puede usted jurarme que no se está burlando de un moribundo?
Ko sé si usted conoce mi modo de pensar
en esto del juramento. Le atribuyo ei;casíf'imo valor; es una fórmula caballeresca, romántica f idealista, que entraña la afirmación de
la inmutabilidad de nuestr0s sentimientos y
convicciones-de que se derivan nuestros actos,-siendo así que la idea y la acción nacen
de circunstancias actuales, vivas y urgentes.
No dando valor al juramento, mi moral tampoco se lo da. al perjurio. Juré en falso, pues,
con absoluta frescura, calma y convencimiento de hacer bien; y jnré en falso invocando el
nombre de Dios, en la seguridad de que Dios,
que es benigno, también quería que el milagro se hiciese..... .

Y empezó á hacerse desde aquel mismo
punto. Norberto, electrizado con la certeza de
poder vivir, se irguió, se echó de la cama, sin
ayuda de nadie fué hasta la puerta, llamó á
su ayuda de cámara, y le ordenó preparar,inmediatamente, maletas y mantas de camino...
-¡Solito, eh?-le repetí.-¡No olvidarse!
-¡Solito! Ya Jo creo que se fué solito Norberto. Desde su partida, todas las mañanas
me desperté con miedo de recibir la esquela
orlada de luto. Pasó, sin embargo, año y medio; encontré á los amigos del enfermo; averigüé que nada se sabía de su paradero, pero
que vivía. Y al cabo de dieciocho meses, una
tarde que me disponía á salir y ya tenía el
coche enganchado para la visita diaria, entró
como un huracán un fornido mozo, de traje
gris, de hongo avellana, de obscura barba, de
rostro atezado, que me estrujó con ímpetu
entre los brazos musculosos y recios.
-¡Soy yo! repetía en voz sonora y alegre. ¡Norberto! ¿No me conoce usted·? No
me extraña; debo ele estar algo variado..... .
¿Qué le parezco? ¡Cuánto se ha reído usted de
mí! Y lo peor es que ha hecho muy bien, muy
bien. Si no es por usted, no encuentro la flor
de la salud. ¿La ve usted? Aquí la traigo.
Abrio un estuche de cuero de Rusia y vi
brillar sobre raso blanco un alfiler de corbata
de un solo rubí, cercado de brillantes, en forma de corazón, que me entregó entre empujones amistosos y carcajadas.
·-La he buscado primero á orillas del mar.
1:o~os los días registraba las peñas. Al princ1p10 me cansaba tanto, que me daban sínco-

Fot. de Chavez.

pes largos en que pensé quedarme. Pero me
sostenía la ilusión de descubrir la flor. El aire del mar y el perseverante ejercicio me prestaron alguna fuerza. Ya no me arrastraba· andaba despacio. Registré bien la costa, p~ñón
por peñón: la flor no la vi. Entonces me interné en un valle muy rústico y retirado. Me
pasaba todo el día agachadito, busca que te
buscarás. Vivía entre aldeanos. Comía pan
moreno, bebía leche. A cada paso me encontraba mejor ...... ¡Usted adivina lo demás! De
allí subí á la~ montañas, nevadas y fieras,
que en otro tiempo me parecían horribles....
Trepé á los picachos, recorrí los desfiladeros
evité los aludes, cacé, tuve frío, dormí á do;
mil metros sobre el nivel del mar...... Y un
día, embriagado por el ambiente purísimo
sintiendo carnes de acero bajo mi piel de bron~
ce, recuerdo que caí de rodillas en una mei,eta, y creí ver entre el musgo nuevo, húmedo
y escarchado por el deshielo, la roja flor!
-¡ Pues ahora-ad vertí al mozo-que se ha
cogido la flor, á cuidarla! ¡Que no ~e seque!
Norberto volvió la cara......... Al anochecer
del día siguiente le vi por casualidad de le. acompañaba á una mujer, y me ' pareció
Jos;
que se escurría entre callejuelas, para no tropezarme. Entonces ( me había dejado sus señas) le escribí este la~ónico billetito:
,,El santo Doctor*** no repite los milagros.»

émilia })ardo .Bazáq.

�EL

MUNDO ILUSTRADO

AÑO IX.--TOMO ll.--NÚM. 15.

Subscripción mensual foránea, $1.50
ldom ldem. en la.capital, ,._l.~
Gerente: LUt~ Rtlt&amp; &amp;PINDOLA

elrccton LIC. RArAtL Rtlt&amp; &amp;PINDOLA.

delDr.AY[R
,

MÉXICO, OCTUBRE 12 DE 1902.

Curan la Dispepsia,
E:streñimiento,
Jaqueca y Desarreglos
del Estómago,
Hígado y Vientre.

·fl}{OS . ti~·~~,,.,

Son puramente vegetales.
Son azucaradas,
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es el alimento ml\s grande y el más recomenilado paralos nUl.011
desde la edad de seis á siete meses, y particularmente en el momento del destete y dur.vite el período del crecimiento. Facilita mucho la dentición; asegura la buena formación
de los huesos; previene y neutraliza los defectns que suelen presentarRe al crecer, é impide la diarrea que es tan frecueete en los nillos. -PARIS 6. A V ENUE VICTORIA, Y EN TODAS LAS FARMACIAS.

"Con 13s Píldoras del Dr. Ayer, he
obtenido siempre una acción más
segura todavia que con otras píldoras
muy en uso y que por su crédito se
han familiarizado entre el vulgo. Son
muy fáciles de tomar y no ca.usan
dolores ni repugnancia."
A. MABTINJ:Z VARGAS,

Catedrático de Medicina,
Orna.da., Esparta.
Preparadas por el Dr. J. C. Ayer y CaLow1II, Ma11., E. U. A,

HBanco HCentral HMexrcano.H

, ,.,......,,...,.,,,_.,,,._.,,,._...,._.,,,._,,,.,,.,...,,,._.,,,..,,,._.,,,._.,,,._.,,,._.,,,._.,,,._.,,,._.,,,._.,,,._.,,,._,,,.,.,,,._.,,,,.,,,._,.,..,,._.,,,,.,,.__,..,,_.,,,._..,,,..~~
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SITO EN EL COLISEO VIE.JO, NÚMERO 8.~MÉXICO.-D. F.

Este Consultorio está considerado en la Capital como el mejor
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para llevar á cabo, como hasta aquí se ha. hecho, operaciones de
alta y pequeil.a cirugía. El grupo de médicos que acompaña.o al Dr.
Precia.do en sus operaciones, es de gran fama y bien sentada reputación.
En el cita.do Consultorio, además de practicarse toda clase deoperaciones quirúrgicas, se cura: La piedra en la. orina. por medio de la.
Litotricia: operación en que no se necesita. herir la vejiga con instrumento cortante.
Son trata.das las enfermedades de los rii!ones, haciendo el diagnóstico, en ca.sos difíciles, por 1a aplicación de Hayos X y la Ra.diogra.fía.
En las enfermedades de la vejiga empleamos la iluminación de
este órgano por medio de los Siatoscopios más modernos. En las
enfermedades de la Uretra ó cai!o de la orina, practicamos todas las
operaciones más modernas, para destruir las úlceras, fístulas y estrechamientos de la misma., empleando procedimientos rápidos y
economizando al enfermo salud y tiempo.
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Italia.no, con las últimas reformas que han sido hechas en los Esta.dos Unidos por un renombrado especia.lista..
Las enfermedades por el agota.miento prematuro son trata.das con
éxito enteramente satisfactorio. Las enfermedades secretas las tratamos por los procedimientos más modernos que en la actualidad
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Tratamiento de la Blenorragia y otras enfermedades secretas de
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Para sazonar

M:A:G:G:I 1
-

SOPA, CALDO Y SALSA
EN FRASCOS.

Sangre Española.
(Cuadro de José Masriera)

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1902, Año 9, Tomo 2, No 14, Octubre 5</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL

MUNDO ILUSTRADO

AÑO IX.--TOMO ll.--NÚM. 15.

Subscripción mensual foránea, $1.50
ldom ldem. en la.capital, ,._l.~
Gerente: LUt~ Rtlt&amp; &amp;PINDOLA

elrccton LIC. RArAtL Rtlt&amp; &amp;PINDOLA.

delDr.AY[R
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MÉXICO, OCTUBRE 12 DE 1902.

Curan la Dispepsia,
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del Estómago,
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muy fáciles de tomar y no ca.usan
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Catedrático de Medicina,
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Preparadas por el Dr. J. C. Ayer y CaLow1II, Ma11., E. U. A,

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para llevar á cabo, como hasta aquí se ha. hecho, operaciones de
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Precia.do en sus operaciones, es de gran fama y bien sentada reputación.
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Litotricia: operación en que no se necesita. herir la vejiga con instrumento cortante.
Son trata.das las enfermedades de los rii!ones, haciendo el diagnóstico, en ca.sos difíciles, por 1a aplicación de Hayos X y la Ra.diogra.fía.
En las enfermedades de la vejiga empleamos la iluminación de
este órgano por medio de los Siatoscopios más modernos. En las
enfermedades de la Uretra ó cai!o de la orina, practicamos todas las
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Italia.no, con las últimas reformas que han sido hechas en los Esta.dos Unidos por un renombrado especia.lista..
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Preciado.
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centavos para gastos de correo, los siguientes libros: Tt·atamiento
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Para sazonar

M:A:G:G:I 1
-

SOPA, CALDO Y SALSA
EN FRASCOS.

Sangre Española.
(Cuadro de José Masriera)

�Domingo 12 de Octubre de 1902.

LOS CRÍMENES DE AMOR
La tragedia de Tacubaya es un caso típico
de esa aberración del sentimiento, de ese extravío del espíritu que nos empuja á dar muerte á la mujer cuando no nos ama ó ha dejado
de amarnos.
Todo crimen y, por consiguiente, todo sentimiento criminal, mirados desde cierto punto
de vista, no son, en suma, sino apariciones y
manifestaciones de impulsos arcaicos, de hábitos anticuados, de pasiones primitivas que
á duras penas van logrando la civilización y
la cultura reprimir, refrenar y proscribir.
Ese hecho que llamamos crimen, anormal
ya, aunque frecuente todavía, ha sido, si hoy
excepción, antes regla, costumbre y hasta institución. El robo es siatema de vida de las
tribus nómadas; el homicidio, acto natural en
razas y pueblos salvajes; la servidumbre de la
mujer, institución consagrada y sancionada
en viejas civilizaciones; el infanticidio, acto
tolerado y hasta prescrito en afiejas instituciones; el fraude es aún virtud en Oceanía; el
canihalismo, acto ritual en muchas agrupaciones humanas.
La inmensa mayoría de estos delitos se comete aún, pero nadie, en general, los sanciona; se comprenden y se explican, pero nadie
los justifica, en principio, y la conciencia y
el sentido moral los repudian y anatematizan.
El hambriento roba, el crapuloso estafa, el
rencoroso mata, y ellos mismos comprenden
que hacen mal, que proceden delictuosamente y con mayor razón lo comprende la sociedad que los juzga y los condena.
No pasa, por desgracia, lo mismo con los
delitos de amor, en general, y menos aún con
aquellos de que es aún víctima la mujer.
Abunda todavía quien crea que matar á una
mujer infiel es un derecho del marido y que
lo es más aún el subyugarla, el tiranizarla, el
esclavizarla. Por extensión se a'.{)lica también
el principio á la querida que nos abandona y
basta á la novia que se cansa de nosotros y nos
desdeña, y hay salvajes que hieren ó matan,
no sólo á mujeres que han violado los pactos
legales ó meramente morales contraídos con
ellos, sino también á las mujeres que no los
aman y que se permiten el lujo de usar de su
libertad amando á otro.
Cuando es el amor el que arma la mano del
asesino, cuando son los celos los que empujan
al crimen, tenemos una acentuada propensión
á la indulgencia, sentimos compasión más fácilmente, razonamos en :favor del delincuente;
y á poco que la mujer baya dado ocasión ó
suministrado pretexto al atentado, ya nos encontramos dispuestos á. justificarlo hallándolo
fundado en razón y ajustado á derecho, y fácilmente nos constituimos en paladines de
criminales á veces más odiosos y repugnantes
que todos.
Un marido ha majado á palos y matado de
hambre á su mujer, un amante ha tenido eó
la desnudez y hecho trabajar como bestia de
carga á su querida y derrochado en orgías lo
que ella ha ganado, un novio tiene devaneos
y se prostituye; la mujer abandona el domicilio conyugal, la manceba busca un amante
menos oneroso, la novia planta en la calle á
quien es indigno de llegar á ser su esposo.
P_ues bien; si amante, novio 6 marido, .fin~iendo celos que su proceder no justifica 6 sint~endo impulsos que no tienen derecho 6- experimentar, se armau, se lanzan hieren ó matan, todavía abundan quienes ~ncuentran eso
natural, justificado, debido y puesto en razón·
y el jura~o, vacilante,, desorientado, partícip¿
de los mismos extrav10s del sentido común, y
ofuscado por la misma aberración del sentido
moral, se sentirá inclinado á la clemencia absolverá ó atenuará el delito, y á cada pa~o el
criminal saldrá bien librado de un trance en
que pudo y acaso debió dejar la vida, la honra y la libertad.
¿Por qué ese modo de pensar del común de
las gentes? ¿Por qué tanta severidad contra
otros delincuentes y tanta lenidad con los de
este j_aez?_ Porq_ue está arraigado en nuestra
conciencia y vmculado en nuestros hábitos,

en nuestra sangre y en. nuestras costumbres
un gravísimo error. Porque siendo latinos,
tropicales y descendientes de razas que han
practicado secularmente la servidumbre de la
mujer, la creemos cosa y no ser humano, sierva y no libre, propiedad y no compafiera nuestra; porque al unirnos legal ó extralegalmente
con ella, creemos haberla adquirido como se
adquiere una yegua inglesa ó como se compra
un perro galgo; porque para una gran masa
de gentes, la mujer no tiene derechos, sino deberes, y porque la sumisión, la obediencia, el
trabajo, la esclavitud en suma, son su patrimonio en la vida y su lote en la existeucia.
La fidelidad de la mujer es la más preciada
de sus virtudes; son los florones más preciados de su diadema su amor, su docilidad, su
condescendencia, su eonsagración al hombre
que ama y á los frutos de su amor.
Pero fuera del matrimonio,el hombre no tiene más derecho que el de abandonarla, y dentro de él la mujer tiene deberes, pero legales,
que sólo pueden legalmente exigirse y que nadie tiene derecho ni de imponer por la violencia ni, una vez violados, de reclamar pufial
en mano.
Esto es lo que solemos olvidar, así como también el indiscutible derecho de la mujer á la
reciprocidad del afecto, de la consideración y
del sacrificio. De este olvido suele resultar la
monstruosidad de que cuando el hombre se
ha manejado mal y portado peor y con su conducta se ha hecho acreedor al odio de la mujer, todavía tiene él el descaro dt: echarle en
cara ese odio y sus consecuencias, el desplante de vengar en ella sus propios extravíos y la
fortuna de que sóbre quien lo disculpe y no
falte quien lo aplauda.

j)r. )ti. Florts.

EL VIÑEDO,
Cuando oyó que la carreta se alejaba llevando á todos los de la casa al puente de
Y oune, del lado de San J ulián, el padre Florent arrojó violentamente la ropa de cama
que lo cubría y murmuró con voz temblorosa:
-¡Quiero ver mi viñedol. ... ..... ¡quiero ver
mi viñedo antes de morir!. .... .
Y como para darse valor, para impulsarse
con sus propias palabras, repitió:
-¡Quiero ver mi viñedo! ......
Sintió inquietud. Después de quince días
que la edad lo tenía postrado en el lecho con
las piernas flojas y sin fuerzas, ¿podría ~umplir su proyecto acariciado con tanto ahinco?
.... .. No b~bía dicho un3 sola palabra, sabiendo muy bien que se le hubiera tratado de viejo loco al intentar levantarse.
Con ansiedad había previsto y esperado la
ausencia de sus hijos, que iban aquel domingo
víspera de la vendimia, á buscar fruta á Sa¿
Julián. En el momento preciso, tenía ante sí
algunas horas de sóledad y quería intentar un
esfuerzo supremo para ir allá, al ribazo, para
ver una vez más el buen vifiedo, el viñedo
preferido, el que plantaron sus propias manos
que le había hecho vivir y que daba un pre'.
cioso vino claro y alegre como un rayo de sol
...... Se deslizó de la cama.
-No podré!. ..... se dijo con angustia.
Pero el deseo era más fuerte que su debilidad, y pudo arrastrarse, todó engarabitado
hasta una silla donde estaban sus ropas.
'
Lentamente, con mil esfuerzos, se puso el
pantalón y la blusa; creyó desfallecer cuando
buscaba los zuecos y el bastón detrás de la
puerta; pero vacilando y deslumbrado por la
luz que danzaba en la recámara, se mantuvo
á pesar de todo, sobre sus débiles piernas. '
Ya afuera, le fué preciso sentarse en los escalones del patio; el sol, que sonreía le reanimó. Pudo levantarse y caminar, de~lizándose más bien por el patio,lleno de barriles y de
canastos, entre una multitud de gallinas que
cacareaban y suspendían el trabajo de escarbar la basura, como sorprendidas de volver á
mirar al viejo.
Dió la vuelta á la casa; no quería encontrarse con alguien; hacia atrás estaba el lugar

Dominp 12 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
que buscaba, y no tenía más que seguir un pequeño sendero medio oculto por los se.tm1
frondosos y altos.
A cada paso vacilaba y hubiera caído si la
fiebre del deseo no hubiera comunicado una
energía ficticia á sus músculos impotentes y
usados: ver su viñedo, era el aguijón que le
obligaba á manteners&lt;&gt; de pie -el fuetazo que
endereza á un caballo que va á caer ......
Por último, jadeante, con el rocío del sudor
en la frente, donde se inflaban las venas llegó al extremo del sendero y se encontró'ante
el paisaje.
Los labradores estaban esparcidos en la colina, pero nadie cerca de él; más arriba veía
los dos saúcos que señalaban el centro del viñedo. Volvió á tomar aliento y miró lo que
tenía á sus pies.
El campo estaba tranquilo, silencioso, como dormido; algunos hilillos de humo azul
ascendían por el aire calmado, quieto, donde
el sol de otoño vertía la lluvia de sus rayos·
la atmósfera era tan clara que el huen hombr~
veía por entre los jardincillos que rodeaban
las casas, los brazos de los molinitos de viento; sólo allá, muy abajo, en un extremo lleno
de sombras, por el lado de Joigny y Saint
Aubín, ondulaba una bruma tenue sobre un
riachuelo sembrado de pajitas de luz ...... Todo lo vió rápidamente y luego sus miradas
volvieron á subir hacia el viñedo, allá arriba,
cerca del sol.
Volvió á caminar, entonces con más viveza. Sus piernas pesaban menos á la tierra así
, y su corazon
, d e campesmo,
.
' que
l e parecia,
nada ni nadie había impresionado jamás,
saltábale dentro del pecho con golpes desiguales. Oprimiendo convulsivamente el bastón
con la mano derecha, y agitando la otra, abierta como para apoderarse de algo, se lanzaba
al fin deseado......
A los pocos pasos cayó pesadamente respirando con agitación. No intentó volverse á
poner en pie; abandonó el bastón,y caminando con las rodillas y las manos llegó al linde
del viñedo y penetró.
'
Recostado entre dos hileras de cepas respiró mejor, feliz por haber satisfecho su ~nhelo.
No se recargaba, para descansar, sobre los
troncos, por temor de maltratar el viñedo; pero pasaba las manos trémulas sobre las hojas
y acariciaba los racimos bermejos. Sus labios
machacaban las palabras insaciablemente repetidas: «Mi viñedo!. ..... mi viñedo! ...... es
mi viñedo! ...... »
El sol caía tras la montaña haciendo feerismos: un riachuelo de rubíes bajo las cepas
donde yacía el viejo campesino. Las hojas se
recortaban en seda purpurada donde corría,1
las filigranas de oro de las nervaduras· entre
!os innumerables racimos de granos r~pletos,
JU~aban los reflejos del sol, que decían su
adiós al día, en tonos de ca~mín pálido, en fugas sonrosadas sobre el ribazo, que parecía
temblar por la proximidad de la noche. Del
suelo fecundo, tibio aún por el calor del mediodía, se exhalaba el alma misma del viñedo, su aroma, rico como el perfume del vino
dulce chispeando en las cubas.
El viejo viñador se embriagaba· sonriendo
le vino el deseo de saborear unas ~vas· tentaleando en derredor, atrajo un hermo;o racimo ...... Se creyó en el otoño de otros tiempos
é imaginó oír á su lado el canto de los trabajadores, sus alegres risas y el ruido de los
carros desbordantes de racimos, que van ruwbo al lagar, donde despide fragancia el vino
nuevo, sangre espumosa y fresca de los viñedos saqueados.....
Y de pronto el sol se extinguió· el anciano
se irguió bruscamente tan alto c~mo era· un
~ltimo rayo le pus_o una aureola,y luego c~yó,
sm lanzar un gemido, entre las cepas, que se
doblegaron.
Cuando se le encontró, frío y rígido, apretaba en las manos unos racimos, y el jugo corría por entre los dedos nudo~s· con los labios, sonrientes, oprimía unas ' uvas; y así,
acostado sobre pámpanos, parecía un Sileno
dormido al día siguiente de las bacanales an·
tiguas.
PIERRE VERNOU.

.~• í\
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1
.~

l¡[\111

_

c!Xupcial
~ lunes último, por la noche

•

se efectuó' en la
·
~ e l enlace .~ivil de la Srita.' María Teresa Li~ªl~:
n M~ur, h1Ja del Sr. Secretario de Hacienda con
e1 S r. ..,,. 1guel !turbe.
.
'
.
La ceremonia revistió un c á te
1
har y se verificó en la residencia del Sr L'
t
ar c r c~mp etamente famitestigos del acto, por parte de la novia ·1os1San o~r, en fªDAvemda_ J uárez. Fueron
Roberto Núñez, D. Eduardo Cañas y' D J rl~s. .,... enL~ra . Porfirio Díai, Lic. D.
. 1 S
L.
. u 10 m. imantour· y por p te d 1
.
vio, os res. ic. D. Ignacio Mariscal D Fél'
. '
_ar
e noFrancisco !turbe. Además de los padrinos asistier~n r, •1
ix Cu~vas, D. Antomo Sola y D.
á los contrayentes y algunas damas y cab~lleros de laª ª _cerem?ndiadlas personas más allegadas
meJor socie a .

. .

.

***

El matnmomo canómco se efectuó el miércoles
1
resa, dando la bendición nupcial á la distinguida po~ ª anana er:i el templo de Santa TeD. José Ives Limantour y la Sra. Dolores Barron lªr;r e, r. Arzobispo Alarcón. El Sr. Lic.
ma.~os; y el Sr. D. F~ancisco !turbe Atristáin y la Sra. iiI°í G~ll~rdo, fu~ron los padrinos de
lac10n. Durante la misa, la orquesta e·ecutó la ob
ar a a_nas de Limantour, los de veGrieg y la «Sonata Patética» de Beetho~en , Despuitu[a de «!ref1schutz», «La Primavera&gt;, de
licitaciones de sus amigos.
· L
'
os novios ueron objeto de calurosas feLa Srita. Limantour ha recibido tanto de su fa T
chas otras distinguidas personas, valiosos obsequios~! ia, como de la del Sr. !turbe, y de muIndudablemente, éste ha sido uno de los matri
·
,
·
en la capital desde hace afios.
momos mas suntuosos que se han celebrado

18

�EL MUNDO ILUSTRA.DO

Domingo 12 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

PASEOS DEL DOMINGO.
LA ALAMEDA
Es todavía uno de nuestros paseos fayoritos. Con sus prados cubiertos de menuda hierba, sus callecillas sombreadas por los_fresnos, Y
sus fuentes que el arte ha embellecido-aquí
con una es~tua que es como un himno á la línea curva, allá con un grupo de mujeres que
vierten en la taza el agua cristalina-la Alameda como nosotros hemos dado en llamarle,
no~ parece cada día más hermosa.. ~llá ,va~os
á disipar la pena, á distraer el fastidio, a deJar
un poco de nuestro aburrimiento, cuando este mortal enemigo del alma nos invade y aho-.
ga sin compasión. ¡Cómo, entonces, euc?ntramos allí colores que son encanto de los OJOS,
notas que nos parecen gritos de alie~to, armonías que regalan nuestro oído y aires que
refrescan nuestras sienes!
Por las calzadas del parque, tapizadas de
arena que brilla á los rayos del sol como un
reguero de piedras prEciosas, . corre la t~rba
infantil dando al viento sus risas argentmas;

á la sombra del más frondoso árbol, el estudiante1Ccalienta&gt;i la lección del &lt;lía; y sentado en
la maciza banqueta de piedra labrada á golpe
de cincel el extranjero se engolfa en las noticias del t~rrufio ó en las historietas regionales
con el libro ó el periódico abierto.
En aquel sitio juguetearon alegres nu~stros
padres allí corrimos nosotros tras una mariposa
por sobre la alfombra del verde musgo ....... .
Todos tenemos en él un recuerdo de nuestros
primeros afios, que saboreamos hoy como una
copa de buen vino, porque lleva en el fondo
algo de nuestros juegos infantiles, de nuestra
vida color de rosa ........ .

***
de este

Pero si á través
prisma el parque
tiene atractivo y tiene encanto, visto como uno
de nuestros paseos dominicales, nos ofrece, en
el día, notas muy· bellas.
Allí, bajo la amplia-lona que protege una

miriada de cabezas de los rayos del sol, se reúnen semana á semana, desde el capitalista
has ~iado de consumirse tras la rejilla del «despacho, ii hasta el humilde «dependienteii de
Ja casa de comercio, desde la clama encopetada hasta la chica que viste el traje de percal de
la obrera.
Cada uno sigue el camino que le acomoda;
al pie del kiosco, un grupo de apasionados de
la música al aire libre, aplaude ((La Toscai, ó
«Cavallerfa ii «Traviataii ó los «Aires Kacionalesn ...... ¡no' importa!. ..... La batuta da la seilal rompe la banda en un desbordamiento de
not~s, y la multitud, como impulsada por un
re~orte, se pone en movimiento, invade las
glorietas y sigue por las calzadas con rumores de colmena..... .
Al borde de la fuente de Yenus, un rapaz
,;c estaciona; interroga con los ojitos picarest:os á la «mamái, y hunde laH manos diminuta~ en la taza, qu!l hace vece¡; &lt;le espejo. Ya
e:-;t:í ... mira al fondo: la espada del oficial pare. e romperse eh rnil pedazos, la cara del rapaz
,:e deforma, los troncos s.,, estiran y se contraen
y la e1-Jüi.tua se retuerce en una mueca impobible.
Entretanto, la niñera alza en brazos al chiquitín para que nadie lo derribe por el suelo,
la banda deja de tocar, y comienza el desfile
por Plateros......
. .
Pasó, para el parque, la hora del bulhc10;
vuelve otra vez á entregar¡¡e á su vaga quietud
de los días ordinarios. Con sus prados cubiertos de verde "zacatillo, i, y con sus calles tapizadas de arena que brilla á los rayos del sol como un reguero de piedras preciosas, espera la
vuelta de sus pobladores de una hora ..... .
Hay que dejarlo hasta el domingo siguiente ...... Abriendo el desfile hacia Plateros, va
una señora con dos chiquitines de la mano:
uno de ellos sonríe y se empefia en pisar la
mancha que proyecta sobre el asfalto recién lavado por la lluvia su cabecit..'l.-un primoroso
botón de rosa ..... .

día de mayo, un gran
espacio de tierra transparente esplendía por
encima de los techos,
y adivinábase un haz
de rayos de sol por

•

PEDRO MEDINA

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-~,,.,,,...,.,,,....1 , -

Una sencilla historieta.

•

detras de los sombríos
etlificios.
De pronto escuch6

~.,,,,,.

_/\J..'l.,'.MM
"' · "'· \.,.,, , .....

~
' •...,- •.
, ~
if~f"-~A-•&lt;t~.:.;...

Poema en prosa.
El vaho de las florecillas sil ves tres, oloroso
y tibio como aliento de niño recién nacido,
aromatizaba el ambiente.
Por el fondo del hori7.onte azul, hermosamente azul, cruzaban nubecillas caprichosas Y
blancas como castos ensueños de vírgenes
amantes.
Sobre el césped del valle, sombi-eado por el
murmurante follaje de los samanes, Amor,
tendido, en acecho estaba; y allí, sobre el césped del valle, bañado por aires tiernos. co~o
suspiros de púdicas doncellas, Amor triunfo.
Envueltos en resplandores de dicha y rebosantes de so11risas, ccéln y ccellai, fundieron sus almas en un grandioso beso, sonoro como las
notas de la canción del placer.
Saboreada la felicidad en el vaso coralino de
sus labios palpitantes, la apasionada pareja
emprendió la marcha hacia la blan,:;a casita
que á lo lejos parecía esperarla.
Vaho oloroso y tibio, horizonte hermosamente azul, césped del valle, formad el himno
deleitoso de las esperanzas realizadas!
FlorecillaR silvestres, nubecillas capricho,-as
y blancas, murmurante follaje de los samanes,
entonad las harmonías arrobadoras de la alegría!
Amor proseguid vuestra obra triunfal por
,
• 1
entre besos ardientes y fruiciones inebriativas

-~

Vivía con sus padres: la madre estaba ciega, y el padre paralítico. Antes de sus desgracias, habían conocido algunos días de desahogo, y Liseta sabía todo aquello que se
aprende en los buenos pianteles de ensefianza
de la mujer.
Pero ahora trabajaba ella para un establecimiento de ropa blanca, pegaba puños á las
camisas y dobladillaba sábanas y pañuelos;
sin embargo, aun est~ trabajo faltaba á menudo, porque la ciudad, demasiado pequeña,
era de aquellas en que se compra la ropa el
día del matrimonio, y dura hasta la muerte.
Liseta acercába¡,e ya á los treinta años; era
una criatura pálida y delicada, COT\ dos bandas de cabellos negros alisados ,-obre la frente
siempre inclinada; tocada por un rayo de felicidad, fácilmente habría podido aparecer
alegre y expresiva; pero poco quedaba ya de
la mujer en aquel ser descolorido y débil, de
seno hundido, de ojo:s empañados por la costura á la deficiente luz de la lámpara, y cuyo
traje de lana negro dibujaba la pobreza de las
formas que cubría.
Ella c~sía sentada cerca de la ventana de
una pieza baja que daba á una calle donde el
sol no penetraba jamás; sus dedos no ahandonaban la aguja si no era para atender al llaniado de los dos viejos, que se quejaban agriamente; despu'és, con ademanes de autómata,
volvía á sentarse adoptando su eterna actitud
de costurera, cerca de aquella ventana que f'Ólo se abría cuando el tiempo era hermoso.
Pasaban el estío y el invierno; volvía la primavera llena de maravillosas .floraciones, y
pensaba ella á veces, que un poco más lejos,
allá. en el campo,debía de haber árboles verdes,
manzanos cuajados de flores rosadas, y el sol
bañando todo este cuadro encantador.
Mas ella no vería jamás nada de esto; una
lágrima descendía lentamente sobre su pálida
mejilla, y, como compensación de aquella felicidad á la cual no podía aspirar, iba. la pobrecilla á besar á la ciega, sobre los ojos sin
luz, y acariciaba, con sus dedos en que la aguja había dejado su huella, la desnuda cabeza
del paralítico. Gruiiían ellos entonces, no
queriendo ser importunados; la madre maldecía de la perezosa que aprovechaba cualquier pretexto para abandonar el trabajo, y
Liseta volvía á la vEntana, un poco más fría,
un poco más pálida, reanudando en 1,eguida y
silenciosamente su labor.
Una vez, aconteció un incidente que vino á
trastornar la vida de Liseta; era un hermoso

-

un rnido de espuelas
á pocos pasos, y, levantando la cabeza,
· bº' á
fi . 1
perci 10 . un o cm
que la miraba.

Domin_,,.o 12 de Octuhre d,, l!J0;~
Los pájaros cantaban, r~voloteaban las ma
riposas azules sobre las oxiacantas; e:a como
un festival que la Naturaleza orgamzaba en
,honor de aquel bendito día.
. .
.
Ella vagaba presa de una dehc1osa embriaguez apoyada su cabeza sobre el hombro de
él l~s manos en sus manos; había olvidado
p~r completo to~o su pas~do. de infortunios,
y reía con una nsa de chiquilla, al contemplar la felicidad de su vida presente.

-Será preciso casarnos muy pronto, ad?ratla mía, dijo él; mi regimiento va á partir
en breve; lms hablado ya á tus padres?
-No, contestó ella, y su semblante se tornó sombrío; tú sabes que sori un poco celosos
de mi cariño y, por otra parte, temo que sea
para ellos de:nasiado sacrificio el alejarse de
esta poblaci6n en donde han vivido desde hace tanto tiempo.
El joven la mir6 sorprendido.
-Pero no sabes tú que no podremos llevarles c~n nosotros? Creía habértelo dicho
ya, Liseta; yo no po'&gt;e? en efste mundo más
7ue mi sueldo, tú no tienes ortuna, y nos es
imposible encargarnos de ellos.
-Y qné harán sin mí? dijo ella con una
voz sorda, viendo desplomarse todo en rn derredor.
-La vecina les cuidará; nosotros procuraremos ayudarles con algo; tú vendrás á verles ......
Liseta se había puesto pálida como una
muerta.
-No, no puedo abandonarles; morirían sin
mis atenciones, á que están tan acostumbrados.
-Eso es imposible, repiti6 él; sin embargo, podría yo arreglar que entrar¡m en un
hospicio.
Ella hizo un gesto doloroso é indignado y
no insistió más.
Permanecieron sin hablar durante algún
tiempo,
-Regresemos, dijo por fin ella1 con una
tranquila desesperación 1 todo ha terminado;
es preciso olvidarnos.

Ella enrojerió, retrocediendo vi".ament~,hacia el interior del cuarto, y el oficial aleJose.
Liseta, pensativa, volvió á empre.r_id~r su
trabajo, un poco avergonzada del mov1m1ento
que la había hecho huir.
.
Al día siguiente, el joven, un temente de
ca-zadores, volvió á pasar, esta vez ~alu?a,ndo
á Liseta; roja como el fuego, ella rnclrno la
cabeza, mas no huyó entonces de la ventana.
Una semana transcurrió así; por fin, una
mafiana al abrir las vidrieras, Liseta encon·
tr6 un g~an ramo de flores silvestres sobre el
antepecho de la ventana.
. .
Sintióse sofocada por las palpitaciones -~e
su corazón , y) más tarde, cuando él, aparec10,
1
ella, con un coqueto adem~n, mostro e su _corpiño adornado de campamllas y margaritas.
Entonces acercóse él y cambiaron algunas
frases· habl~ban en voz baja, para no despertará Íos viejos,que dormitaban; ella le refiri6
su triste existencia, sus muertas esperanzas,
la enorme pesadumbre de sus días de pobreza· le habló también de los que amaba, de
aq~ellos dos viejos de quienes era el único
sostén y él á su vez la contó la triste orfandad e~ que había vivido desde su niñez, su
Algunos días después1 el regimiento aban•
vida de guarnici6n, siempre de aquí para allá
don6 la población; ni suplicas ni ruegos loy siempre solo, y su contrariedad al saber que
graron doblegar á Liseta; había vuelto á ser
apenas hacía tres setnanas que. había llegado ·- }a pobre mujer marchita, taciturna y descoloá la población, y ya ee hablaba de partir.
rida, que cosía cerca de la ventana, con sus
Liseta palideció al escucharle; él lo advirtió
ojos empañados y su rostro de cera amariy la dijo que la amaba; la pobrecilla cerró los
llenta.
ojos, deslumbrada por el fulgor de tamafia feCuando los clarines resonaron á lo lejos,
licidad, y se dejó besar sobre los labios, sin
anunciando la partida del cuerpo, Liseta deoponer resistencia: tanto le amaba ya!
jó escapar de su pecho un gemido sordo, y,
Entonces, las manos unidas, aquellos dos
arrojando lejos de sí la labor, fué á arwdillardesheredados confiáronse todos los secretos de
se ante la ciega.
su vida, con el casto alborozo de dos seres que
-Mamá, exclamó juntando las manos, ma-.
han sufrido y hallan al cabo el consuelo de
má, dime que me quieres mucho; dime que
todos sus doiores.
eres feliz teniéndome á tu lado!
·
-Déjame tranquila, respondió la vieja arrancada de su suefio; ¿qué significan ahora e1:1as
comedias? Mejor harías en traerme mi café.
Una tarde, Liseta, pretextando uha orden
LeYantóse mirando desesperadamente en
urgente, dejó á los viejos al cuidado de una
torno
suyo; vió un crucifijo que colgaba del
vecina y fué á reunil-se ron él.
muro, y ante él fué á caer de rodillas, queMarchaba llena de alegría y de belleza; sus
brantada por el dolor, ahogada por los solloojos azules iluminábanse de un modo extrazos, elevando los brazos hacia la imagen.
fio, haciendo aparecer aún más soro bríos sus
► Y en la noche, que descendía, agonizaban
cabellos negros; sus labios estaban húmedos
las claras notas de las trompetas; después el
y rojos, y la mujer que acababa de surgir,
silencio volvió á reinar en torno.
transfigurada, un poco inquieta de esta metamorfosis, sentía correr por sus venas una
JUANA THILDA.
sangre joven y ardiente que aceleraba las palTraducción
de
&lt;El
Mundo
Ilustrado.&gt;
pitaciones de su corazón y exaltaba sus sentidos despiertos.
Fueron juntos al campo, allá donde ella dejaba volar antes su imaginación, y del cual
ahora pisaba alegremente lafrescayerba, apoyada en el brazo de su amante.

***

~

�Domingo 12 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 12 de Octubre de 1902.

CHAPALA

mosas aYenidas, y por todas partes se observa
el desarrollo y mejoramiento de la pintoresca
población, reina del lago.
En estas páginas verán nuestros lectores algunas fotografías de aquella im11ortante región
de Jalisco, !!amada á figurar, no s6lo entre
las más hermosas, sino también entre las más
ricas del país.

•r
••

Pocos, relativamente, son los que conocen el
lago de «Chapala», los que han pasado á la
orilla de la «laguna,&gt;- como la llaman con cariño los pueblecillos ribereños- días de F-ana
y agradable expansi6n, y los que pueden
formarse, en nuestro país, idea cabal de la
importancia que como estaci6n balnearia y
como fuente de riqueza tiene aquel hermoso
rincón de la República.
Nada tan digno de ser conocido y Rdmirado. En Chapala encuentra el hombre de la·
bo1· consumido por la fatiga, el descanso; el
artista, motivos para dar vuelo á su inspirnción; la inmigración, filones casi inexplotados; el viajero, panoramas bellí,,imof', atractivos que pocos lugares puenen ofrecer. Los
lagos-de Italia, rumorosos y azules-dicen los
que guardan memoria de ellos--no 8uperan en
hermosura ií nuestro lngo. Rodeado de espléndida vegetaci6n, tiene como el mar i;,us ttmpestades; pero tiene también í'US tardes serena~,
sus noches apacibles, sus días de calma ......
A Chapala acuden año ror año distinfu·dal;

LA ESTROFA.
Como de oro puríi:;imo-en la fragua
del corazón, -magnifica y luciente,
sobre el yunque de todos los dolores,
inquebrantable, la forjó la mente.
Y al vibrar en la die,;tra del poeta
fulgurante de luz corno una estrella
no sabe, el mismo que forjarla supo'
qué corazones herirá con ella!
'

..

DULCE ]l[ARIA

BORRERO.

Septiembre, 1902.

- .
~

,,__

(:AríA

.

.·

R~

--j~-:-

·,

Orillas del lago.-Torres de la parroquia.

Se amontonan en mi nwsa
l\Iuchas cartas ...... ¡Sólo hiel
Y pesarei::, menos esa
Dulce gotita de miel!

nearia en toda forma, que sin duda será la
primera en la República.

***

Esa no! P&lt;i.rece frágil
Festón aéreo de yedra
Enlazando bueno y ágil
Una bastilla de piedra.

Como fuente de riqueza, el lago tiene un valor ineRtimable: basta imaginarse lit. enorme
extenRión que se puede regar con sus agua~.
para medir su importancia. Una empresa particular está empeñada en este"asunto y parece
que logrará llevarlo ft término, abriendo así
ancho cauce ií la agricultura~y al comercio.

Tan pequeñita y tan leve
Como es mi sueño en la gloria,
Parece un copo de nieve
Diademando hirviente escoria.

***

Es como en la inmunda charca
Del más tétrico barranco,
Un cisne que el cuello enarca
Coqueto, lustral y blanco ........ .

A estas notas hay que agregar lo que se re-

lRciona con el crecimiento de la población de
Chapala en los últimos años.
No hace mucho, aquel pintoresco pueblecillo era un conjunto de casas antiestéticas y
mal acondicionada,;, y de chozas hechas para
desaparecer al siguiente día.
Ahora es diferente: hay ya construídos lujosos «chalets»-como el del c6nsul de Inglaterra-dignos de figurar en nuestras mfü, hrr-

.,.!.~

•

e,a

-

Un chalet.

Pienso que se tiñe en grana
Si con otras se restrega,
Como una virgen cristiana
Frente á una bacante griega.
Fué tan limpia su alba cuna!
Nació en un hogar tan bello!
Si me parece de alguna
Nebulosa fiel destello!

"Mar abierto."-Efecto de luna.

familias de Guadalajara; multitud de extranjeros van, huyendo de los rigores del Yerano, á pasar la «temporada»; y los paseos á
este ó el otro pueblecillo de los que se asientan en la playa y viven de la pesca ó de la
agricultura, se suceden en medio de la animación más franca. Hay allí, un buen hotel
-el «Arzapalo,,.-tan bien F&lt;er\'Ído como los
mejores de la capital y muy módico en sus
precios, un bonito templo, y un jardín.
Actualmente, el viaje se hace, 6 por Orotlán,
á bordo de un peqnefio vapor, ó por Atequiza, en diligencia; pero pronto vn. á establecerce un buen servicio que substituya al primrro, y es casi probable que se tienda una vía férrea entre un punto de la línea del Central y
Jamay, población de la ribera, notable por lo
fértil de sus alrededores.
Un sindicato americano tiene en proyecto
ésta y otras grandes mejoras, entre las cuales
se cita el establecimiento de una estaci6n bal-

~

=-+;;~.: ~~!..::!~=~;.:

Naci6 en la celeste alcoba
De una ideal virgencita.,
Sobre el buró de caoba,
Y en la soledad fué escrita.
La vió empuñando una pluma
Con larga mano patricia,
Saber mojarla en la suma
Esencia de la delicia.
La vió emocionada y pálida
Confiarle su puro anhelo;
Pudo de aquella crisálida
Sorprender el primer vuelo.
1

.,
¡

•

Y observar prístinas ansias
De amor y castos rubores........ .
¡Por eso tiene fragancias
De primaverales flores!
Oh mi única y santa esquela
De jazmín hecha con miel. ..... !
Te miro ...... y no corre, vuela
~li pluma sobre el papel.
JUAN

1:-1 Hotel "Arzapalo,"

B.

VILLASEÑOR.

Plegando la vela.

Una pasión satisfecha, disminuye· un vicio
satisfecho, aumenta.
'
-Mucho.: hombres, al casarse dejan de ser
hombres, y pasai;t á ser, simplem~nte, casados.
-La mujer de talento se rinde á un solo
hombre; la tonta á muchos,

- El amor hace más pródigos que avaros.

MAn.

DE SCUDERI.

No hay nada más incómodo que el estado
de viudez.

MAn.

GmA:RDIN.

�Domingo 12 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

l!JL MUNDO ILUSTRADO
la apariencia de un asno que cabecea. Las
cintas de las balaustradas convidan .á hincar
los codos y á poner medio cuerpo sobre el
abismo. La vista alcanza una amplitud maravillosa; se ve el mundo exterior de la torre.
Allá están sus hermanas, sus compañeras,
dominando también el mar.to de la ciudad y
luciendo sus cascos cruzados; allá las cúpulas
magníficas 6 humildes: Santa Teresa es una
tiara; Santa Inés está avergonzada ele tener de
vecina á tau soberbia cúpula· el Sagrario e1&gt;conde el exterior de su b6veda tras las filigranas monumentales de la Basílica, mientras que
ésta luce su gran cúpula central, espléndida
mente labrada, con detalles que la simple vista no puede descubrir á la distancia que nos
es permitido apreciarla.
Allá á lo lejos, tras de la Profesa, arra11c..i.
fina y erguida la torrecilla de San Felipe de
Jesús; es como un dardo que va á partir, no
tiene majestad, no alberga armonía!; de bronce, no es solemne ......
Y la imaginaci6n cree 4ue en este mundo
de los egpacioR, las torres y las cúpulas &lt;lel,en
de hablarFe e:-itre sí y pensar mucho, mucho,
sobre lo qne dominan.
Pasa la riqueza con toda la es¡.,lendidez de
sus trenes, y la torre debe de decirse: «l\Ie bastaría derrumbar una de las filigranas que rne
son inútiles, para que eso &lt;lesapare1,iera.»
Paf'a la mendicidad al pie del enorme muro,
y la torre dt:be de decirse: «Mis bloques narían
mil palacios para.que e1,o se acabara.»
El f-:abio que investiga en los monumentos
el paso de la civilización; el estulto que arroja una mirada ele asombro y se contenta con
medir la línea que cae de la cruz al asfalto.con
violenta carrera tle ojos; el que buf:ca en un
detalle arquitect6nico la idea dominante de la
época ...... todo el oleaje de sabiduría y de ignorancia que llega al pie de la torre y alza un
enl"aje de mirada!', como la ola un cresp6n de
rspuma, debe de conmover los bloques que engalan6 el cincel!

***

Cuando se desciende de la torre, cuando la
escalera torcida, resbaladiza y obscura nos
produce la impresión de ir creando en nues:
tro viaje una espiral de sombras, volvemos a
la. capa.- de los rumores, nos hundimos en la
ciudad bulliciosa ......
Instintivamente volvemos los ojos á aquel
mundo que hemos abandonado, y la torre, erguida, potentosa, ha de medir entonces_ nuestra
pequeñez, en pago de que ya medirnos su
grandeza.

TORRES Y CÚPULAS.
Erguidas, mirando por sobre la plenitud
del caserío, las torres y las cúpulas son majestades á cuyos pies rueda el rumor de la ciudad tiembla la onda de las azoteas, se agita
la vida de la multitud.
Tiene mucho de imponente un viaje por
las torres; se antoja el milagro de vagar por
el cerebro !le un alto pensador.
Las e;;;caleras son obscuras, torcidas y resbaladizas; así &lt;lebP. de ser el germen de las concepciones superiores. Abruma levantar la vista siguiendo la magnitud de los murales; así
debe de suceder al anhelo ante la enormidad
del problema.
Conforme se asciende á la torre, se va entrando á un mundo de silencio, se cree en una
audacia que h&amp;. violado la majestad de un sueño de titán.
Pero se asciende, se asciende con delicia....
De pronto la luz y el espacio hacen irrupci6n
en las pupilas. Se ve c6mo se mueve la vida
inferior sin producir ruido, cómo se tiende el
caserío semejando un mar apenas riwdo, y
c6mo los campos lPjanos se recuestan en soledad plácida sobre las faldas de los montes
azules.
Los pilares de la torre parecen filigranas
ruando las vemos desde el asfalto, y sus moles, que costaron las entrañas á algún monte,
están formadas por bloques que pmüeron en
tensi6n á multitud de músculos.
Se acaricia el pilar de la torre por el or_gullo de sentir su dureza; se sigue con la mirnda la curva de los arcos por la fruici6n de
presenciar la armonía ele las fuerzas; se pNmi te á la im presi6n ele a biRmo que entre al
cerebro, para engrandecer el peligro qne coni-;trny6 la obra humana.
Y en aquel ambiente de majestad, de Rilencio y de poder, la imaginación vuela antojándosele encontrar en todas las cosas que

existen en las torres y en las cúpulas, la vida
de un mundo nuevo.
Las estatuas del reloj, parece que contemplan la ciudad buscando en sus agitaciones
un aliento para la piedra &lt;le que están hechas.
Asombra que se hayan adelantado hasta el límite del cornisamiento, y que no sientan la
atracción del abismo.
Las campanas son copas que vertieron un
torrente de sonidos y que esperan pacientes á

que otra mano las rebose para volverst á derramar sobre la fiesta de la ciudad. Tienen
sobre su bronce caracteres que dicen algo de
edades muy lejanas, y signos hieráticos que
son el emblema del Señor á quien sirveh. El
badajo, que las azota con golpes formidables,
ha dejado ya huella escamosa: es la obediencia que la materia presta al trabajo.
Las campanas del reloj parecen hongos, y
El martillo que 8e levanta para herirlas tiene

Le pone al hiel'l'o un beso-beso que abrasa... y el fuelle sopla y sopla con crueles risas.
Y al ver el trozo de hierro, intento
Salir del antro, y en plena luna
Correr los valles ¡ay! porque siento
Que es mi pobre alma la que el tormento
Del fuego sufre ¡sin palma alguna!

·-«o&gt;y del lecho de llamas-lecho funestoEl fuerte brazo saca con la tenaza
El bernico fragmento de metal puesto
Ya al rojo-blanco. Y éste, dúctil y enhiesto,
Ve el yunque sin temores y ve la maza.
Y al ver del yunque la baja inquina
Y de la maza la alta a.menaza,
Sacude mi alma por la neblina
De la esperanza su ala divina ....
Y á un astro blanco que huye se abraza.
--&lt;O&gt;-

y caer deja al hierro blando y ardiente
El herrero la maza, con los dos brazos.
Y el hierro adquiere forma, y está imponente
Desgarrando la noche con el torrente
Siniestro y doloroso de sus chispazos.
Y al verlo chispas lanzando, me hundo
En mis tristezas-fecundas simasCon un consuelo-fanal fecundo¡Ya mi pobre alma riega en el mundo
Sus rojas chispas, mis ruoas rimas!
ROBERTO ARGO'ELLE~ BRTNGAS.

Al Rojo-Blanco.
Sopla el fuelle. Parece monstruo jadeante.
Su anhélito levanta llamas rojizas
Y en el carbón, de un negro desesperante,
Toda brasa retuerce su pena humeante
En las desolaciones de las cenizas.
Y ante la fragua padezco. Pienso
Que así ha paseado sobre mi vida
Sus resoplidos dolor inmenso ....
Y ante la fragua, sufro, suspenso,
De mi infortunio la sacudida.
--&lt;O&gt;-

Un mocetón moreno, de fuerte brazo,
En un vago suspiro de luna pasa.
Y dobla en la tiniebla su negro trazo.
Y un pedazo de hierro-negro pedazoToma con su tenaza-negra tenaza.J

'

y al ver el trozo de hierro, adquiero
La certidumbre mortal y loca
De que es mi alma la que el herrero
Lleva á las ascuas!. .. Y gimo... Y quiero
Que mis gemidos trague mi boca ....
-&lt;O&gt;-

y Al herrero sepulta la dura masa
En las desolaci0nes de las cenizas.
Y toda pena humeante de toda brasa

DomingJ 12 de Octubre de 1:)02

LA MUJER.
Hay detractores del «sexo débil» que no
hallan en la mujer sino lo que pueden rebajar y no juzgan lai:: diferencias que estableció
la ~isma naturaleza !;ino para prevalecerse
de sus propias ventajas, menospreciando lo
que entienden en las mujeres.
Engañados quiz~s por la «ineensata que,
según la expresión oriental, derriba la casa
con sus propias manos», se olvidan de la mujer sabia que la edifica y la enriquece; agraviados por los dejos amargos del engaño, llegan á negar ]:,. virtud de la mujer.
A estos infelices con viene recordar la diferencia que viene expresada en esta sentencia,
atribuída á Napole6n: «la mujer hermosa agrada á los ojos; la mujer buena agrada al coraz6n. La primera es un dije; la segunda es un
tesoro.»
La mujer siente, piensa, habla, obra, quiere de otro modo que P.l hombre. ¡Afortunadamente para nosotros! Si congeniase por completa identidad, ¿de d6nde por ejemplo, aprenderíamos la paciencia y la resignación? Pues
nosotros luchamos buscando la felicidad y la
mujer la «espera", haciéndose así la verdadera consoladora del hombre.
J. PARISOT.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 12 de O_c.~~re de ~9_0~.

EL MUNDO ILUSTRADO

1a tragedia da Tacubaya
Honda sensación ha causado en el público
la tragedia ocurrida hace poco en Tacubaya
y de la cual fué víctima la señorita Victoria
Peñasco.
La prensa de información ha publicado acerca del suceso, detalles muy amplios, pormenorizando las circunstancias que hacen de ese

Plaza de armas de Cuautla.

en honor de )Wore/os.
Flesfas en Cuauf/a.
El vecindario de Cuautla celebra, año por año, el aniversario del
nacimiento del ilustre caudillo de la Independencia D. José María Morelos, con una serie de festejos á que concurren numerosas personas
de la localidad y de otros puntos.
En esta ocasión, las fiestas tuvieron un lucimiento extraordinario.
El primer día, por la mañana, las bandas militares y las de los pueblos cercanos que expresamente fueron llevadas á la histórica ciudad,
recorrieron las principales calles, se echaron á vuelo las campanas y
hubo otras demostraciones de regocijo. Por la noche se dió una velada
en el Teatro Carlos Pacheco, que se decoró con flores y han&lt;leias distribuídas artísticamente. En la parte del escenario se puso una hermof'a alegoría, en cuyo centro se destacaba la figura de aquel hombre
gigante que hizo inmortal el nombre de Cuautla. Un grupo de niñas
representaba la Libertad, la América y la Patria, y uno de niños,á Hidalgo, Morelos, y Allende.

El 30 se verificó en el mismo Teatro la ceremonia oficial, formúndose en seguida una procesión cívica en que tomaron parte los niños
de las escuelas. Los carros alegóricos fueron tres: el de la Agricultura,
el de la Indu~tria y el de la Junta Patriótica, y llamaron la atención
por el buen gusto con que estaban adornados. Al pie del sencillo mom1mento del héroe ~e depositaron numerosas coronar;:, entre las cuales
había una que ofreció el Sr. D. Ignacio de la Torre á nombre del Sr.
Presidente de la República.
Además de los actos á que nos referimos, hubo un banquete y un
baile que resultó muy lucido.
Estatua

de

Morelos,

La Srita. Victoria Peñasco.

crimen uno de los más ruidosos en los anales
de la delincuencia. Nosotros nos limitamos á
dar á conocer los retratos de la víctima y de
su heridor Juan N". Martínez, y una fotog~afía
de la sala en que se desarrolló la terrible tragedia.

Domingo 12 de Octubre de 1902.

- -Lo que se ha convenido eu llamar «honor», no existe: no es más que la sombra que
proyecta uno mismo cuando le alumbra la luz
de su propia estimación.-E. SuDER)BtAN.

LA REINA.
En galano jardín, embellecido por multitud
· de flores matizadas de colores vivísimos, resplandecientes de gracia y de vida y que al
exhalar sus indefinibles perfumes, embalsamando el ambiente
que ]ns envolvía, hacían de aquel recinto
un lugar de inefables
dPlicias y doradas ilui,iones ..... había una,
entre todas aquellas
flores,empinada sobre
una Pmedadera de tupido junco, que al suave impulso del céfiro movíase eon im('eriosa majestad ostentando una brillanten 111 eola que circundaba su loz·ma far,
formada por el reflejo de los rayos de luz
al herir las gotas &lt;le
rocío que la sal picaban graciof'ament!' ...
Era la reina del jardín.
Una alegre mañana, cuando todas sus
compvñeras entonaban un cántico ele alabanzas á la aurora
del nuevo día, impresionadas contemplaron que la diosa
de ayer, la reina de
brillan te aureola, cerró sus pétaloi::, dobló
su tallo y fué á per&lt;lerse sobre la verde
alfombra de blando
césped, al notar que
Fot Barreiro. Pue.
en su mansión, en
obscuro rincón, existía una flor más hermosa que ella.
¡Cuántas víctimas hay, así como esta pobre
flor, en este mundo de engañosas apariencias,

Juan N. Martínez.

Fot. Barreiro.

de e~a pasión cruel que al fondo del abü:mo
hundió á Caín!
P. J. I zAr.rrnRE SoTELro.

BELKIS.
Detén, Belkis, tu tropa de elefantes
Ante el caliente nido ele mi tienda,
Y entra, maga gentil de mi leyenda,
Con tu traje de telas &lt;leslum l&gt;ran tes.
Muéstrame tus ungüentos, tus diamante~,
Los &lt;'Ofres y las copas de tu ofrenda,
Y deja reposando ante mi tienda
La tropa de tus blancos elefantes.
Y cuando ya en mis labios tremulantes
N'o encuetres el fermento que te encienda,
Envuélvete en tus sedas coruscantes,
Y con tu blanca tropa de elefantes,
Huye, Belkis, del nido de mi tienda.

€fré11 ]febo/ledo.

.EL FILTB.O.
No me dejes morir: calma el infierno
que encender en mi pecho conseguiste,
ó cual fiero Nerón, al fuego asif'te
que tiende á devorar mi ser interno.
Si el filtro tienes del olvido eterno,
dalo ¾l. n1i corazón, que ardiendo existe·
,
mas ponmelo
en el vaso en que hehiste'
ios licores el&lt;' Etruria y de Falerno.
Ya ef'pero con nf.ín, con anf'ia lora,
que tu cr[\tera accn¡ucs ú mi hora
y que el filtro en rni pecho se desborde.
Y máR ~recen mi anhelo y mi irnpacienci11,
porque quiero a~pirnr la rica esencia
que han dejado tus labios en el borde ...
RA:\ION~A. URBANO.

-1Jna mujer virtuosa tiene en el corazón
una fibra menos ó una fibra más que las otras
mujeres: es estúpida ó sublime.-H. BALZAc.

Sala en que fué herida la señorita
Peñaeco,

Asiento que ocupaba al recibir
La primera puñalada,

�Domingo 12 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

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VbM fortificante, dlgut.!vo, t6n1oo, reoon■tituyente, de aallorexoeleate
. . . eflou: para laa pereona■ debilltadaa que loa lerrugilloaoayl- qutaaa.
C.uerTado por el m•todo de 111. Putear. Pn■cribeae en laa mole■tlaa
~ e , la oloro■ia, la anemia 'T lu oonvaleoeuolaa 1 ..te vine ■
s-eoew1en4a • lu peraoDaa de edad, l las muJwe■, jóven-■ 'T • loa súAoa.

Af180 .MUY IMPQRTANTIL - El llnlct VI.NO •uunun
~Í~ .RAFliABL, 11 ,.,o qui t11n111 d1r1cho di llllmars, ••l.1111
u, 11 /16ltlm1y di fUI s, hac1 m,nc:tfj 1n 11 18,.,nu,arlo di/ Profe
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enfermedades de la Uretra ó caño de la orina, practicamos todas las
operaciones más modemas, para destruír las úlce1·as, fístulas y estrechamientos de la misma, empleando procedimientos rápidos y
economizando al enfermo salud y tiempo.
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Italiano, con las últimas reformas que han s1cto hechas en los Esta.dos Unidos por un renombrado especialista.
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éxito enteramente satisfactorio. Las enfermedades secretas las tratamos por los procedimientos más modernos que en la actualidad
se usan en Europa. Las hernias son curndas sin op e1·ación sangrante y sin peligro para el enfermo, siguiendo, cuando convtene, el ruét-0do Esclerógeno ó método francé,;. La 81lilis es t1·a.tada. eu sus diversas manifestaciones; ligurando en nuestra. estadística más de
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para las eofe1·medades propias de seño1·as.
Tratamiento de la Blenorragia y otras enfermedades secretas de

MUNDO ILUSTRADO

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AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 16.

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MÉXICO, OCTUBRE 19 DE 1902.

Gerentet

81recton LIC. RAf'AtL RUI:&amp; &amp;PINDOLA.

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TÓNICO

RECONSTITUYENTE
FEBRÍFUGO

ELIXIR ESTOMACAL
DE

SAIZ DE CARLOS
hellia,
Clenail, Cnnlecmiaa, etc.

Gma al 11 por 100 de los enfermoa clel

PARÍS

20, In des F01ttt-St-JacquH
1 en

l11

f:.rm1c1a,.

Lilfatiamo, Em6fala, ue
J11futo1 de loa Gauglios, etc

@~!.~,n~o,n'!!~!;~ER-

ESTOMAGO E INTESTINOS
hr nnlna J rtbtl4n 1111 11111 1111 41l1Hlu
11111 LN 1111 LI KAN TIIIADO OONf'lll■AII UTA Y1-.u

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,

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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VbM fortificante, dlgut.!vo, t6n1oo, reoon■tituyente, de aallorexoeleate
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MUNDO ILUSTRADO

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AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 16.

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MÉXICO, OCTUBRE 19 DE 1902.

Gerentet

81recton LIC. RAf'AtL RUI:&amp; &amp;PINDOLA.

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TÓNICO

RECONSTITUYENTE
FEBRÍFUGO

ELIXIR ESTOMACAL
DE

SAIZ DE CARLOS
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Gma al 11 por 100 de los enfermoa clel

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20, In des F01ttt-St-JacquH
1 en

l11

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@~!.~,n~o,n'!!~!;~ER-

ESTOMAGO E INTESTINOS
hr nnlna J rtbtl4n 1111 11111 1111 41l1Hlu
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�~omingo 19 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

,

EL MU~TJ)O ILUSTRADO

CRONICAS EUROPEAS
SCHEVENINGEN.
Al atardecer, un domingo iluminado por
un sol excepciorial, y engalanado por un cielo azul y lustroso, apenas nublado hacia el
Poniente, salimos d~ La Haya Lilly y yo, para el puerto balneario, de ((Schevenii)O'en &gt;&gt; en
un trenecillo desparramándose de ge~te' alegre. Antes de llegar atraYesamos los verdes
jardines y bosquecillos. Después, al frente
se presentó la masa café del edificio de Kur~
saal. Las ventanas, en una larga línea blanca,
se.extendían con una monotonía desgraciada.
M1 compañera no podía contener el deseo de
bajar la angos~ cal le. para desembocará la playa, sobre el dique. Y cuando llegamos ante
nosotros apareció la llanura espejeante del
mar del Norte. Y la playa, en un tortuoso litoral de ligeras colinas, se extendía hasta borrarse. Despufs vimos un muelle de madera
que avanzaba sohre las olas terminando por
un kiosco, rodeado de banderetas y lleno de
gente que hormigueaba.
El paseo por la estacada fué delicioso. Bajo el tablado, entre los gruesos troncos que lo
sostení~n, rugía el ma~. Antes de llegar á la
extremidad, nos detuvimos para admirar el
espectáculo divino: el sol incendiaba las nubes, esfumándose sobre ellas el rojo hasta los
gruesos grises, y sobre el azul del mar se proyect:aba un estrella ~e plata que deslumbraba
la vista. Una barqmlla pescadora de velas
rojas, descansaba, agitada por u~ balanceo
suave, en medio de la regia- desnudez de la
superficie infinita.
-¡Qué felices son los pescadores! ....... .
¡Siem~!e mirando el cielo, el mar, el sol y la
luna en las noches! ¡Qué bonito sería vivir
así! ¿verdad?-Y la reflexión de mi compañera contrastaba con el horrible fastidio que me
causaba pensar en la actitud de los pescadores.
Luego, cuando llegaron hasta nosotros perdidos acordes de la orquesta que tocaba en el
kiosco, me dijo sonriendo:
-¡Mira qué poético es esto! ¡Aquí te amo
más que en la ciudad!. ..... .. .
Las olas, precipitadas, llegaban hasta la
~laya, para rendir el homenaje de su apoteosis de. espuma. Y el sol, allá tras de su cortina roJa, se acercaba al horizonte en medio del
espléndido derroche de fuego ....'..

***
.En el kiosco se consumía cerveza por barnles. La gente toda, en una aclamación de
alegría, charlaba casi á gritos, entre las nubes
de humo que salían de todas las bocas de
hombre. La es~uma, en los vasos, se desparramaba enyolviendo en una caricia sus bor:
des.
Y ~a orquesta? desde un foro pequeño, hacía vibrar los cm,tales del salón, lanzando un
torrente de notas acordes que llevaban cada
uña la alegría de una carcajada. La música
era especialmente americana. Los monótonos
pasos dobl.es y marc~as que oímos) me parecílm un tributo al dmero yanque, codiciado
e_n todo~ los país~s del mundo. Y el patriotismo, siempre dispuesto á encontrar tristezas
en ~l ex~ra11jero, h~llando un amargo dejo de
nac10nahdad ofendida en el más insignificante detalle, reclamaba inconscíentemente algo
suyo .....algún inesperado recuerdo! Cuando
leí en el programa el nombre de una «Fantasía cosmopolita», sentí como un presagio de
algo qu~ no m.erece 13: pena. Y después de
una sei:ie de aires semigrotescos, fué surgiendo débilmente la lejana melodía como una
merr_ioria de lo remoto. Y conmovido hasta
sentir los ojos húmedos, oí el vals de .T. Rosas, traducido ya á todas las «músicas.»-Sentí un ataque terrible de sentimentalismo alg? ~sí como un recuerdo de un amor ~uy
v1eJo y que después de muchos años de muerto, renace e~1 una memoria, en un pensamiento melancóhco ...... Dcspués todo parecía insultarme; las banderetas holandesas las bel-

'

gas, la estrellada á rayas rojas y blancas me
incitaban al odio ...... ¡Era una de las idipresiones ele patria recibida con mayor fuerza
en mi vida ...... !

***
Cuando salimos, sólo quedaba de crepúsculo una ala roja sobre el horizonte. Y las olas
en su ngitación continua, me traían un re~
cuerdo de las lejanas costas, besadas con sus
labios espumajean tes y húmedos ..... .
E~r.

PARDO

AzPE.

El Haya, septiembre de 1902.

DÍAS DE OTOÑO.

pensamiento de negruras, como antes lo llenaba de luz; sacudiendo tu cuerpo con espumas dolorosas, como antes lo sacudía con espumas de goce; golpeando tu corazón con golpes crueles, como antes lo golpeara con alegre
y entusiasta latir. Sí; es el amor tuyo que se
ha hecho dolor, como en otro tiempo se hizo
placer.
Para quien vive de un amor, el dolor mismo
que su amor le produce es una gran felicidad
porque es un certificado de existencia.
Lo terrible, lo brutal, vendrá luego, más en
bre~e acaso de lo que tú propio imaginas. Lo
terrible, lo bárbaro, lo verdaderamente siniestro, vendrá cuando te levantes un día y halles
que hasta el ~olor ha huído de tu alma y que
t~1 amor,. tu vida, es un cadáver que llevarás
siempre msepulto dentro de ti.
¡Sufrir! ¡Gozar!...... Eso es lo menos. Lo
importante en la vida es viYir de alao de una
º ' para
pena o, d e una ventura; vivir para algo
un placer ó para un dolor. Lo horribl~ es no
vivir para nada, por nada, y continuar no
obstante, viviendo.
'
Mira esta Naturaleza aún espléndida y en?antador~ á nuestra vista, aunque algunas hoJas amarillas se destaquen entre las hojas verdes, y unas pocas matas se inclinen con languidez mustia entre las incontables matas
arrogantes y erguidas, y las menudas hojuelas
trocadas por el sol en 11íminas de oro alfombren
los paseos, y la tierra húmeda exhale hálitos
fríos, y el viento de Guadarrama tiaiga á nosotros ráfagas nutridas con escarcha ...... Toda
esta Naturaleza sufre con tremendo sufrir· los
árb?les, desde el tronco .á .las hojas, porqt;e la
Ravrn se. empereza y ~ntibia; las hierbas, porque la tierr~ va p~rd1endo fuerza para mantenerlas en pie; la tierra, porque las caricias del
sol van perdiendo la fuerza apasionada que la
hace fecunda ........ Toda la Naturaleza sufre
pe;o vive y continúa Fiendo hermosa, quizá~
mas hermosa que nunca, porque la tristeza, y
13: m~lancolía y el sufrimiento embellecen y
digmfican.
Lo terrible para ella será cuando se apoderen completamente de ella los fríos invernales
Y qu.ede i~móvil, .inerte,. pasiva, con sus irbo~
les s1~ hoJas, su tierra sm hierbas sus jardines sm flores y su cielo sin nubes '
Ahí ti.en~s el mayor dolor de l¡ Naturaleza
en sus mviernos y para los hombres en su
amor.
Sentir, su~ campos cubiertos por la nieve ó
su corazon mvad1do por la indiferencia.

Aún tenía el sol fuerza estival; las hojas
verdeaban sobre las ramas de los árboles las
matas sobre los fertilizados cuadros de derra ·
apenas si entre las hojas verdes descubríans~
algunao amarillas¡ apenas si entre incontables
matas, erguidas con arrogante vitalidad, doblábanse unas pocas con languidez mustia;
por la arena de los paseos rodaban á impulsos
del aire, hojuelas retorcidas que el sol transformaba en láminas de oro. Eran los heral•
dos del otoño, las primeras canas, las primeras arrugas que afeaban el hermoso rostro de
la natm-aleza.
Arrugas imperceptibles, canas fáciles de
ocultar; la hembra inagotable, aún podíamostrarse orgulloba, aún la acariciaba el sol con
sus besos de lum hre, aún prestaba sombra con
la verde madeja de sus extendidos cabellos á
grupos de niños y niñas, primaveras de carne
que correteaban y reían como pájaros -recién
escapados del nido.
Todo eraalegretodavía; y, sin embargo de
la tierra húmeda escapábanse vahos frío;, y
las cumbres de Guadarrama enviaban de raro
e~ raro hasta nosotros, ráfagas de viento nutrido con escarcha: indicios dolorosísimos y
breves de la muerte futura ...... .
En una alameda contemplábamos el bullicioso juguetear de los muchachos un ami~o
mío y yo, que casualmente había tropezado
con él minutos antes.
Hacía que no nos veíamos cerca de medio
año. Ciertos amores suyos, pasión avasalladora, insensata, condújole en pos de una muj~r
á países remotos, de donde regresaba con otra
amargura en el corazón y otro recuerdo en el
J OAQ.UÍN DICENTA.
cerebro, en esa caja viva, mitad por mitad urna f.uneraria y estufa germinadora, porque se
~ed1ca á enterrar desengaños y fecundizar ilus10nes.
LA ROSA MARCHITA.
Con esa verbosidad relampagueante que
traen á la boca los golpes recién sufridos en el
Se enamoró mi corazón un día
alma, flujo de palabras que representa en las
De una rosa en botón, que de improviso
heridas morales lo que los borbotones de sangre en las materiales heridas; pedazos de exisTrocóse en flor purpúrea, en cuyos pétalos
Se desposó la luz con el rocío.
tencia que huyen coh el sincero acento de una
gran pena, afanosa por exteriorizarse ante
Era la reina del jardín! Lleguéme
quien sepa consolarla, me refirió el infeliz
Para cogerla, y balanceóse esquiva
amante la historia de su desventura la eterna
historia, siempre vieja para quien la ~ye siemVel~n.dose entre el ramaje de esm¡ralcla
pre nueva para quien la relata.
'
E hméndome las manos sus espinas!
-No-me dijo,- no. Este sufrimiento es
Está marchita 3:hora y deshojada
superior á mi voluntad y á mis fuerzas. Ni
Por el sol, y los vientos y la lluvia
logro dominarlo ni me es posible resistirlo.
Y hoy quiere que me aceque y la 'acaricie
Cada recuerdo de aquel pasado, que no voh-eY que le hable amoroso y con ternura.
rá nunca. es una puñalada que me dan en el
corazón;
y los recuerdos
son infinitos' como
.
. .
De su mustia corola se desprende
sus pnmeras canc1as y sus desdenes últimos.
Aroma viejo que el amor recuerda
No; no puede haber nada más terrible que este dolor.
Y un P?lvi.llo sutil, qne es como el rastro
De glonas idas y esperanzas muertas!
-Alg? más terribl~ hay, le, contesté, algo
más ternble, y tam b1én tenrlras que sufrirlo.
-1\Iás terrible?
Para el placEr :y ~a ilusión ya es tarde!
Seca la ror;a_ y afligida mi alma
- Más; mucho más. Ahora esa pena ese suTan sólo puedo dar á la flor tri;te
frimiento, son tu amor, el amor de a~tes el
Un beso de dolor mojado en lágrimai,.
de esa mujer; su amor, que contin6a llena~do
tu alma, sólo que ha cambiado de forma troY P;iede ser que así como en un día
cún&lt;lose en suspiros de angu;;tia, en i-olloz~s de
El roc10 y la luz se desposaron
pena, en palpitaciones de agonía y Yibraciones
De la rosa en los pétalos celebren
de. odio; pero es tu amor, entero, ab¡;oluto, cuHoy sus nupcias allí el ~mor y el llanto ..... .
briendo tu ser todo, llenando tus labioR de
quejas, como antes los llenaba de besos1 y tu
R. MAYORGA RrvAs.

In terlor del 'l'emplo.

La calle de Abajo.

El Sr. Gobernador en Marftl.

Domingo 19 de Octubre de 1902.

Casas en ruina.

LA INUNDACIÓN DE MARFIL
GRANDES PÉRDIDAS
Suceso verdaderamente lamefitable por los
trastornos que trajo consigo y las pérdidas que
ocasionó, fué el ocurrido el día primero del
actual en Marfil, uno de los minerales más
importantes del Estado de Guanajuato.
Nos referimos á la terrible inundación que
sufrió aquella progresista coma.rea, á consecuencia del desbordamiento del río que desemboca á la orilla del mineral y cuya corriente, la tarde del día mencionado, tomó proporciones colosales.
A las cuatro y media de la tarde comenzó á
desatarse sobre el cerro de la Bufa un fuerte
aguacero que envolvió la mayor parte de la
ciudad de Guanajuato y los alrededores. Momentos después, el aguacero se convertía en
formidable tormenta, y el río, saliendo de madre, derramaba sobre :Marfil su corriente, ba-

(

Casas de la Plaza Principal.

Jtulnas de "La Marftle!ia"

rriendo á su paso sembradíos, casas, hombres
y animales.
Lo inesperado de la catástrofe hizo que entre los habitii.ntes del mineral se produjera un
pánico indescriptible familias enteras procuraban ponerse á salvo al ver sus casas, de improviso, invadidas por la impetuosa corriente.
Ji:n una de las escuelas de nifi.os, el agua alcanzó cerca de dos metros de nivel, levantó
los pisos y arrastró los muebles con una fuerza increíble. El templo se inundó también
por completo: en la fotografía que reproducimos, se ve la sefi.al que dejaron las aguas en
los muros, más arriba de loi: zócalos.
Las casas que habitaban los trabajadores de
las minas, quedaron destruídas casi en su totalidad, perdiéndose con ellas cuanto aquellos
infelices habíañ logrado reunir á costa de
enormes sacrificios.
Las haciendas de beneficio de &lt;cBarrera»,
«Barrera Grande» y ccBarrera de Enmedio", resultaron también perjudicadas á consecuen,:;ia
de la inundación. En una de éstas, pasada la
tormenta, se veían grandes témpanos de hielo,
trozos de madera y muebles en desorden.
Los terraplenes de los tranvías que van de
Guanajuato al mineral, se deshicieron al des•
bordari;e la corriente, y huho un instante en
que los coches quedaron flotando en el agua.
El cochero, después de tentativas sin cuento
logró salvarse, libran&lt;lo á uno de los pasajero~
de ser arrollado por las aguas. El puente
de hierro de «La Purísima» fué arrastrado por
la terrible avenida á cincuenta metros de di~tancia del punto en que estaba construído.
En cuanto al de San Juan, se perdió tambifo
totalmente.
No son ésto~ los únicos perjuicios causados

IJ11 costado de la l'arroqula.

F:n la Hacienda de "Sacramento de Barrera"

l'arte posterior de "La Marfllella"

�EL MUNDO ILUSTRADO

Locomotora aislada en un tramo de vta
que destruyó la corriente.

Lugar en que estaba el Puente de S. Juan.

dable que el número de los que perecieron fué
mucho mayor.
El Sr. gobernador de Guanajuato, Lic. Joaquín Obregón González, estuvo en Marfil el
mismo día en que se registró la catástrofe, J?ª·
ra imponerse de los daños causados por la mundación y dictar las medidas conducentes á
remediar los males sufridos por el vecindario.
Se ha abierto ya una subscripción para auxiliar á las víctimas del lamentable suceso, y es
seguro que la filantropía acuda en esta, como
en otras ocasiones, al alivio de los que, en un
momento, han quedado sumidos en la desgracia.

Fiestas Religiosas en León.
LA VIRGEN DE LA LUZ.
La imagen de la Virgen de la Luz que existe en la catedral de León, acaba de ser solemnemente coronada, con asistencia de catorce
prelados de las distintas dióce~is del país, q_ue
fueron invitados á la ceremonia, de otros dignatarios eclesiásticos y de un número
incontable de fieles
de aquella ciudad
v de otros puntos.

.

Carros volcados por la corriente.

Tramo del Ferrocarrll de San Gregorio
destruido por la lnundaclOn.

por el desbordamiento del río, pues todas las
fincas que rodeaban la plaza principal y que
eran las mejores de Marfil, quedaron reducidas á escombros. Los dueños de «La Marfileña" y c&lt;El Porvenir«, unos de los establecimientos mercantiles más importantes, perdieron con este motivo sumas considerables. La
línea del ferrocarril de San Gregorio sufrió asimismo grandes desperfectos.
En cuanto á desgracias personales, se recogieron nueve cadáveres, en el trayecto de Marfil á Santa Teresa únicamente¡ pero es indu-

El sueño de Venecia.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 19 de Octubre de 1902.

***

La función religiosa fué notable
por todos conceptos. En el interior
del templo se levantaron amplias tribunas para mayor comodidad de los in·
vitados, adornándoseles sencilla, pero elegantemente,
con vistososcortinajes. Más de doscientas luces ardían en
el altar mayor, lleno (de candelabros
cincelaclos y deotros
objetos decorati vos
del mejor gusto.
Después de la procesión de la Corona,
en la que formaron
todos los prelados
asistentes vistiendo
capa pluvial, mitra
y báculo, los canónigos de la catedral
y las asociaciones
religiosas, se entonaron algunos coros
y dió principio la
misa, en la que ofició el obispo diocesano. Esta fué la de
Palestrina y se cantó por sopranos,
contraltos, tenores
y bajos.

La ceremonia de coronación de la imagen se
verificó en medio de un profundo silencio. El
sefior Obispo Ruiz tomó la corona y la colocó
en los tres puntos de apoyo que forman las
manos de los ángeles que la sostienen sobre
el marco. Esta joya es valiosísima, fué hecha
en Nueva York y se emple6 en el trabajo más
de un año. La banda baja contiene 20 diamantes, 10 rubíes y 10 zafiros; la parte mayor,que consiste en diez paños anchos y otros
angostos, tiene 20 diamantes y varios adornos
artísticos, como cabezas de ángeles y flores de
lis. Estos paños lucen brillantes y zafiros, y el
centro de la roseta un rubí valiosísimo rodeado de ricas piedras.
.
Las demás partes de la corona están, aRimismo, adornadas con piedras preciosas y son de
magnífica hechura.
Al terminar la coronación, se escuchó en el
templo un prolongado aplauso. El acta que se
levantó con motivo de la ceremonia, está firmada por los Sres. Arzobispos Gillow, Silva,
Garza Zambrano, Zubiría, y Ortiz, y por los
Sres. Obispos Camacho. !barra, Mora, Pla~carte, Fierro, Anaya, Fernández, Orozco, Reinoso, el Metropolitano y Granjon, de Tucson
[Arizona].
En el 8eminario Conciliar se sirvió á medio
día un banquete que ofreció el Sr. Obispo de
León con frases sentidas.

***
La coronación de la Virgen de la Luz ha
sid_o, sin duda, una de las ceremonias religiosas más notables de los últimos años, pues
raras veces se ha desplegado, en festejos de
esta naturaleza, el lujo y el esplendor que revistieron las solemnidades á que nos referimos. Por otra parte, la asistencia de catorce
prelados al acto de la Coronación, y de otras
muchas personalidades del clero mexicano,
contribuye á hacerlo más notable revistiéndolo de la más alta importancia ¡,ara los católicos.
(Fotograflas del "Semanario Literario Ilustrado")

Alma mía:-dulce y triste criatura de boca
florida y grandes ojos del color de la obsidiana;- forma leve que enn1elta en un tul argentado, vi una noch~ en un claro ~e. luna:~
tú tienes la blancura diáfana de los lmos acuaticos y el perfume de los
cálices de las roeas; tú
que amas el silencio sobre todas las banales melodías del mundo. .... el
hondo silencio que habla
un lenguaje rec6ndito y
tiene la elocuencia sobrehumana del misterior! ...
-Alma de amor, ven
conmigo, en ei:;ta solemn e hora nocturna, al país
perfumado de los sueños....
Bajo la ardiente c úpu
la del cielo vaguemos en
una góndola blanca por
los canales inm6viles de
Venecia dormida. Gocemos del supremo encanto de la ci uclad única; de
la contemplaci6n de Hl
hermosura legendaria é
inolvidable. Yo impulsaré suavemente el esquife con un remo de
marfil, y surcaremos las
aguas azules como si nos
guiara el cisne de Lohengrin. Siéntate jun~o á
mí tan cerca que micora¡ón oiga el latido del
tuyo y acaricie mi r?stro el hálito de tus labios
bermejos ..... .
Vaguemos como dos
sombras, frente á los palacios de arquitecturas
fabulosas; frente á la gloria estupenda del mármol, multiplicada en los
arabescos, en las columnatas y en los magníficos
roseto!les de las torres.
Mil sueños fú!gidos incendiarán mi fantasía y
mi alma se poblará. de
perfumes y de imágenes
inefables. Evocaré la memoria de miR lejanos anhelos y sentiré florecer
de un&lt;i. manera divinn
mis tri~tezas en el sereno
amb iente de inmo1tal
poesfo. Evocaré los recuerdos de las leyendas
amorosas; y no veremof'
revolar sobre nuestras
cabezas laR sagradas palomas ele San Marcos en
las clarnR mañanas de
septiembre, ni pasar junto á nosotros bellas vírgenes vendiendo cestillas
de violetas. No ,·eremos
el esplendor de las fiestas fastuosas en los palacios de oro y de mármol, ni en la obscura noche pasar las góndolas
fugitivas, consteladas de
.
luces de colores, comovisiones ilusorias ..... .
No. Apenas oiremos, ~n las altas horas, surgir del hondo silencio del cielo y de las aguas
el rumor de una góndola que se desliza tenuemente, como una flor impulsada por el céfiro sobre la superficie de un estanque ..... .
Después llegará ·á nuestras almas una musica léjana y sutil como su milagroso encaje
de armonía¡ una música honda y ligera que
parece aletear en el espíritu y que recibe el
tímpano como una caricia embriagadora.. 1\-Ie-

Jodía aérea, cercana y distante, que tiene la
dulzura de los besos y la amargura de las lágrimas¡ que es tristísima, y habla: sin emha;go, de alegrías inmortales ... : melodía qu~ ne
y que llora, que es mundana y mor~uon_a, y
dice á las almas profundas cosas misteriosas
que no son de la tierra.
Es la antigua serenata veneciana, llena de
palabras ardientes sollozadas al ritmo lento del

Domingo 19 de Octubre de 1902.
una escala de seda... El amante sube por ella;la ventana se cierra¡ todo queda en silencio ...
Todo queda en silencio, Alma mía. Solamente oigo la voz de tu corazón. Acércate más
y tiende sobre mí el manto de t_u. cabellera
castaña ... Continuemos nuestro v1aJe por los
canales callados bajo la luna fantástica.... Y
con las manos m;idas y los labios juntos, guardemos 1,ilencio y soñemos un sueño milagro-·

La coronación de la Virgen de la Luz.-Aspecto de una calle.

bandolín polífono; la canción amorosa del
Adriático, llevada sobre las olas azules por los
vientos nocturnos; la voz del espíritu y del deseo, prodigiosa y dulce en esa hora en que la
luna borda fugaces flores de plata sobre los
muro8 de piedra.
De pronto, en lo i:ilto de un palncio se abre
una ventana gótica coronada de tréboleR, ceñida de jaspes. Y aparece una blanca beldan.visión de nieve y de luz- que se inclina hacia la góndola inmóvil, sobre la que deja caer

so de dolor y de amor, del que sólo debemos
despertar en un país de sombras, fríos y pálidos, en los brazos de la Muerte......
,
FROJLAN TURCIOS.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 19 d• Octubre de 1902.

Domingo 19 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
Los artesanos se quedaron con el mayordomo del señor en una pieza cualquiera, encogidos, sin atreverse á respirar fuerte, dispuestos á andar de puntillas, aturdidos por
aquellas alfombras en que se hundían sus
pies, por aquellos espejos en que se veían, por
aquel lujo. El pintor entró en el dormitorio
de su verdadero padre, latiéndole con fuerza
el corazón. ¡Al fin la naturaleza hablaba, aunque con voz débil! Un hombre en la madurez
de su vida, que debió de ser apuesto y guapo,
pero que era ya una ruina, aguar&lt;lábnle medio
levantándo,e en un sillón,
en el que permauecía clavado por la gota.
El pintor contempló (t
RU padre con profunda
lústimn, y adivinó él en
seguida al ca.la vera im1wuitente, envejecido antes
de tiempo, al Don .Juan
eterno, arrollado á la po
tre por su mismo liberti- ·
naje, viendo la muerte
próxima y queriendo á última hora, ante el precipicio á que voluntariamente había corrido, reconciliarse con Dios, ponerse bien con su conciencia. La postrer esperanzn
del muchacho, de ser al
menos fruto de un amor
contrariado, se desvaneci6 en el acto. Resultaba
doblemente hijo de la sensualidad.
El pobre enfermo abrió
los brazos, con los ojos
llenos de lágrimas. Sentía, ya tarde, despertarse
el único amor puro de su
vida.
-¡Hijo mío! exclamó.
El pintor se dejó abrazar y abrazó, pero á su
pesar resultó frío, y un supremo desaliento se asomó al rostro de su padre¡
vinieron después las explicaciones, las historias,
los secretos reveladoF:, to- 1
do un mundo de lágrimas y de miserias, de
otras miserias hediondas
y en nada parecidas á la~
trasparentes de la guardilla. La sociedad, el respeto debido á blasones y
apellidos ilustres siempre
limpioR, una porción de
disculpas del nefando delito perpetrado en la sombra y continuado en la
sombra, para salvar el
honor de una mujer que
ya no existía, que se hundió en la tumba, inmaculada en la apariencia, porque las manchas de la
conciencia no las ven los
demás...... El muchacho
oyó en silencio, agradeció
el reconocimiento, más
impuesto quizás por la
muerte, por el miedo al
castigo eterno, por las
mordeduras del arrepentimiento, que por el amor;
agradeció el nombre y la
fortuna, pero manifestó
LA
su propósito inquebrantable de continuar lo mísmo que hasta entonces.
Fueron vanas las súpliclt'l del enfermo, sus lágrimas. El vendría á verle, estaría siempre á
su disposición ...le querría, y afirmó esto con
gran trabajo, haciendose una violencia horrible,
por caridad. Su padre comprendió que todas
sus instancias se estrellarían ante aquella voluntad de acero, y dejándose caer en la butaca, murmuró con desesperada amargura:
-Es justol....... Es mi castigo!

Había concluído la entrevista. Despidi6se el
pintor del aristócrata y salió de la alcoba, reuniéndose con los artesanos. que, llorando en
silencio, con disimulo le preguntaron anhelantes:
-¿Qué?
El pintor no les contestó nada al pronto.
Les hizo salir del palacio, y ya en la calle, les
dijo con infinita ternura:
-¿Qué? ...... ¡Pues que no lloren ustedes
más, que yo no me separaré nunca de ~n ln-

Mil!TIATlJ'BA.
Entre la alegre turba del festín, sorprendí
la mirada de unas pupilas azules que se clavaban en las mías.
Luego. suspirando con tristeza., la vi llevar
se el dorso de su mano hacia los ojos y limpiarse una lágrima.
Palpitante de emoción, pensé entonces que
ern Pl a111or que llPgnha. C{mo &lt;le¡:¡fa.Jlecfo mi

0-

~os 6e la Suar6illa.
I
tic~a de queaq;1el honrado y vulgar
elhdo de Rodr1guez que había llevado siempre, no era el suyo, y de que
le correspondía nada menos que el muy ilustre de Guevara de Silva, le produjo al pohre
pintor de puertas el efecto de un mazazo descargado sobre el cráneo de improviso. La
nueva era tan estupenda, que le anonadó, y
Hecesitó ver en su casa el notario para cohvencerse de que no padecía una pesadilla terrible. Cómo! El, que se creía nacido allí
en la humilde guardilla, á la luz del día, el~
los amores castos de dos artesanos que con
la abnegación de todos los desheredados. ~ompartí'an resignadamente su escaRez, entre las
risas de felicidad
de unn miserable
menestrala que Re
conf-i&lt;leraba rica
con su niño, resultaba ahora ve•
nido al mundo en
un hotel alquilado en
país extraño al de la mujer seducida, para ocultar su falta, en las sombras del misterio, entre
las inquietudes de una infeliz atenta á que no queoase rastro de su caída,
para volver al mundo con
la máscara puesta! ...... ·

Pasado su estupor, con un sollozo en el pecho, que Re hinchaba"y crecía como una ola
próxima á romperse, sintiendo en el alma el
P,f!co1.or de una herida que manaba f!angre,
habló con sus padres adoptivos v les exigió la
verdad dei::nuda por cruel que fuera. El desgraciado matrimonio, otro pobrn pintor de
hrocha gorda, al que él debía las enseñanzas
&lt;lel oficio, y una sencilla é in!!'enua planchadora, resifitiéronse cuanto les fué posible á la
confidencia, no queriendo ser ellos mismos
los que descorrieran el velo que cubría la triste infancia del muchacho.
- Yo les agradezco á ustedeR esa piedad, les
&lt;lijo el joven; pero es inútil. ¿.No sé ya la verdad? Pues quiero conocerla con todos sus detalles.
·
No se convencieron ni el marido ni la mujer; escucharon con 1a cabeza baja, él dándole vueltas confuso á la gorra, y ella llorando
hilo á hilo. Representa.han ambos en aquel
sombrío drama de familia la parte generosa y
noble, y parecían, por E&gt;l contrario, loR culpables, en fuerza de compasión por la criatura á
quien hahfa.n criado en su hogar. Al cabo,
pregunta por pregunta, acosando á sus padres
adoptivoR, pndo reconstruir el paRado y supo
que, realizado su nncimiento clandestino, quizás sin tiempo para recibir un solo beso de su
madre, fué depositado en el torno de la Incluf'a: que dado á criar fuera del eRtablecimiento
á la planchadora, que acababa de perder un
hijo, cobróle ésta tanto cariño, que no quiso
devolverlo á la casa y se qued6 con él, prohijándolo en debida regla el matrimonio y acordando ocultarle la verdad de Rn origen, para
evitarle la tristeza y el rubor de su desgracia
cuando llegara á grande y 1&lt;e hiciera un hombre; una hermosa historia de abnegación, en
¡;:urna, llevada á cabo ron ese i:,anto heroísmo
del pdhre que acomete los msi.yores ¡;:acrificios
por enjugar unas lágrimas que nada le importan y que no ha contribuído á verter.

¡Gastos, hambres, angustias, toda una i::erie
de dolores sufridos con paciencia, viendo al
niño desarrollnrsr, colorado y rollizo como un
rollo &lt;le manteen, y cuando recogían el fruto
de sus desvelos, le perdían! El pobre pintor
no pudo despegar la lengua, y de que sus padres concluyero11 su confesión, les abrió sus
brazos, en los que ellos re precipitaron, balbuceando:
-¡ Quién había de decirnos que nos quedaríamos sin ti!

II
Resnltó una escena imponente. Reconocido
el hijo, el padre quería verle, y le llamó á su
palacio. El pintor acudió indiferente y sereno,
sin odios, pero sin
amor al hombre á
quien debía la vida. Este nombre
de padre, cayendo
de pronto sobre él
desde la opulencia, no le decía nada al alma; le Ronaba á hueco. El
. cariño filial no se injerta,
se siembra. Una mañan.-:.
fuése, pues, allá el pob,3
muchacho, acompañado de
los artesanos, que no quisieron dejarle solo.
El únicamente llegó hasta la alcoba de su padre.

CORONACION DE LA VIRGEN DE LA LUZ.-Aspecto del Presbiterio de la Catedral

al leerse el acta de la ceremonia.

do!. ..... ¡Que yo no tengo más padres que los
de la guardilla!
ALFONSO PimEz NIEVA.

alma en aquelloR momentos! Mi pobre alma
abandonada!
-Oh mi dicha! la dije dulcemente lleno
de rubor. ¿Por qué me miras así?
'
. -¿Sabes por qué?. me contestó. Porque tus
OJOS negros y pensativos me recuerdan los de
mi pobre Juan. Oh! loe ojos siempre tristes
de mi amado ..... .
RAFAEL ANGEL

TROYO.

�bomingo 19 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

:ffiL MUNDO ILUSTRADO

..

Mendoza y Luna fué el que coloc6 la primera
piedra.

***

Entre las dependencias notables del vetusto conven½&gt; se encuentran, por lo demás, el
subterráneo, que es un segundo edificio y que
se halla, en partP, derrumbado· y la «Capilla de los Secretos,i, en que se 'observa un
curioso fenómeno de acústica: de una extremidad á la otra se percibe el más ligero sonido.
Las bóvedas son una positiva curiosidad y
al mismo tiempo una obra maestra de ai·quitectura; su construcción es muy atrevida,
están C&lt;Yoladas.ii Las cúpulas son majestuof'as
y se conservan :¡:&gt;erfectamente, llenas por dentro y por fuera, de innumerables inscripcioner-.
Hace algún tiempo se eRtablecieron en el
interior del edifirio unos hornos para vidrio
y esto contribuyó á que las capillas y las ce{
das imfrieran un deterioro lamentable.

EL CONVENTO.

El 13esierto de los Leone~.
La Capilla de los Secretos.

OCOS lugareR, en nuestro país, ofrecen panornmas tan bellos y variados
y reliquias hist6ricas ta!'\ interesantes,
·· como el Desierto de los Leones, punto
hermosísimo de las cercanías de México visitado con relativa frecuencia por las familias y
por los turistas.
Nada hay, en efecto, comparable á ese derroche de galas de la Naturaleza, en todo el Valle, quizás en toda la República: poblado de
árboles gigantescmi que dan sombra y fre..:;cura á aquel recodo de la sierra maravillosamente fecundo, atrae desde luego y se impone
al espíritu despertando la idea de lo granclioso, con sus arcadas ele verdura espléndida y
su suelo cubierto de flores y de musgos...... .

El interior ...... es un laberinto; un laberinto en el cual, el que por primera vez visita

***

1 1

1

1

¡

De una quiebra del camino surge, imponente, el viejo convento de carmelitas descalzos, edificado en aquel delicioso retiro en los
, primeros tiempos del gobierno colonial. A la
entra.da, ruiuosa y ennegrecida por el tiempo,
se conserva en pie todavía la capilla quepara los profanos construyeron los religiosos:
sui&lt; paredes, cubiertas de heno y de hierbas, denotan el abandono en que yacen las ruinas,
cobijadas piadosamente por uno que otro arbolillo que se antoja el guardián de un sepulcro ..... .
La entrada al convento, á la que se llega
por una amplia escalera, nada tiene de notable: un arco sólidamente construído, esto es
todo. Después, un zaguán, y una pieza á la
derecha; en seguida, el patio, cuadrilátero, en
que probablemente estaba plantado un jardín.

Grupo de excursionistas.

aquellos lugares, se pierde: puertas, arcos, ventanas, celdas, bóvedas, patios; todo parece
ignal á lo que antes se ha visto; nada hay que

sirva de punto de mira para orientarse allí...
De boca de algunos montañeses hemos recogido una tradici6n que consignamos, no á
título de verdad hist6rica. sino como página
arrancada al libro de anécdotas que guardan
los sencillos moradores de aquel punto.
En aquel tiempo-los primero~ tiempos de la
Colonia-salió de la capital de Nueva España un religioso que se dirigió, en busca dfl un
campo fértil y apartado del bullicio de la Metrópoli, hasta aquellos lugares. Subió las primeras montañas, llegó á la altiplanicie desde
donde México se ve tendida como en un lecho de esmeralda, y no encontr6 en su camino alma viviente que le brinclara abrigo en
su choza, ni agua que beber, ni lumbre á que
sentarse por laR noches...... Las monuiñas
más inmediatas á la. capital eran muy áridas;
un poco m/Ís allá, eran fértiles.
Un día, al caer la tarde-sigue la tradición,
-el religioso se encontró en el «Desierto»,
descendió hasta el sitio en que se ven las ruinas, y allí halló el agua en abundancia,
hierbas alimenticias y árboles cargados &lt;l~
frutos, y di6 gracias á Dios por haber encontrado aquel asilo y refugio contra todos los males y las asechanzas del mundo.
Bien pronto llevó á otros religiosos, y ,-e formó una comuni&lt;lad; un ejército de indios comenzó á levantar Pl convento, colocándose solemnemente la prinwra piedra del edificio iÍ
principios del siglo XVII, según reza una lápi •
da que á duras penas puede hoy descifrarse. Se
ve en ella el apellido ((Mend0za» y la fecha 23
de enero de 1606. Las abreviaturas hacen más
difícil, la lectura de esa curiosísima inscripción. Probablemente, el Virrey Don Juan de

Volveremos á ocuparnos del «Desierto de
los Leonesi, al dará conocer algunas otras fotografías del pintoresco lugar, tomadas expresamente para «El Mundo Ilustrado.i,

Domingo 19 de Octubre de 1902.

LA CANCIÓN

DEL GITANO
l\lientras la niña
borda el pañuelo,
desde las ramas
del árbol seco
que tristemente
se 1,1ece al viento.
dos pajarillos
·
ven en ,ülencio
de la rloncella
los rizos negrns,
la falda hlanca,
el albo tuello,
las manos suaveR,
los finos dedos,
que van y vienen
sobre el pañuelo ......
Como las aves,
ha mucho tiempo
que cuando paso
lo mismo veo ......
Tendrá la niña
los ojos negros?
&gt;&lt;UH dulces labios
¿r.;erán tan bellos
t·omo laR flores
color de fuego
de los granados
y los mastuerzos
que tras la tapia
ú entre los setos
tal asemejan
soler; pequeños? ........ .
¿Será su frpnte
como el reflejo
que á veces vaga
&gt;&lt;Obre el sendero
cuando.lit nie,·e
tendió su vPlo
y á mediit noche,
como en los ,meños,
mientras la luna ·
se alza en silencio,
sus rayos bajan
buscando el suelo
y entre la nieve
dejan un beso? ..... .
Su rostro amado
es un misterio ......
tanto se inclina
sobre el pañuelo,
que sólo he visto
sus rizos negros
cayendo en ondas
sobre sus dedos ......
En vano agito

Un ánaulo de la capilla principal.

y alzo el pandero;
en vano el oso
gasta su ingenio ......
--Aquí, Neluskol
venga el sombrero!
baile una jota!
¡hágase el muerto!. ..
Y el oso, grave,
que toma en serio
cuantos papeles
para. él inventó,
hace piruetas,
baila un bolero,

pide la mano,
toca en un cuerno,
y en un platillo
junta el dinero,
mientras las risas
de los chicuelos
que en ondas suben
al firmamentc,
muy pronto apagan
los roncos ecos
que por los aires
dej6 el pandero ......
Mas todo en vano;

en vano vengo,
en vano el oso
gasta su ingenio ......
Como las aves,
ha mucho tiempo
que cuando paso,
tan sólo veo,
cual mariposas
que junta el viento,
sus manos blancas
de finos &lt;ledos
que van y vienen
sobre el pañuelo ......

SONETO
El P:esidente de _la Real Academia Española
ha escnto con motivo de los Juegos Florales de
Segovia el siguiente soneto:
¡Oh! los que osáis, modernos trovadores
Dispu.tarme la flor tan deseadfl,
'
Que s1 pasa á las manos de mi amada
La ensalzaréis por Reina de las flores'.
Sabed
ella me inspira·' en miR amore"'. '
, . que
F antaRtico
amador, la vi crea&lt;la
Para ser por el mundo coronada
No por sólo el Eresma y sus pastorei:.
Obra humana no fué la hermosa mía·
La sacó un ángel, que bajó del cielo
'
De un mármol que labró su fantasía'.

Vista exterior.-Las bóvedas del Con vento,

l\Ias por que otro ejemplar no viera el suelo
Al v?lyerse al Señor, de quien venía,
'
El d1vmo escultor rompió el modelo.

�bomingo 19 de Octubre de 1902.

EN EL CONSERVATORIO.
Publicamos hoy una fotografía del grupo
coral de alumnos que forman el Orfeón del
Conservatorio Nacional de Música, con motivo
de los lucidos exámenes que sustentaron días
pasados.

biado; las famosísimas «cargas» de Hoche ó ele
Murat, que tanto~ éxitos conquistaron, no tuvieron enfrente el Maüser ó el Lébel de nuestros contemporáneos, y el general Murat pudo,
de este modo, llegar mil veces á las filas de sus
enemigos, á la cabeza de sus dragones, sin que
un proyectil certero le detuviese en su triunfante ataque.

El Orfeón del Conservatorio,

. Los ejercicios de prueha conRtituyeron una
verdadera audición, altamente orncionada por
el numeroso público que llenaba el salón de
actos.
El Orfeón cantó once números del hermosísimo oratorio ele Méndel'lsohn «Paulus,,, de
factura exquisita y sentimentalismo admirable. La señorita Julia Zepeda y el alumno M.
Bech, com·o solistas, obtuvieron nutridos
aplausos.

Et MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADÓ

Las «instantáneusn que reproduce hoy esta
plana de nuestro semanario, darán idea á lo~
lectores, de la práctica ele Hipología, obligatoria para todos los alumnos del Colegio Militar.
En los primeros días de la ~cmn.na que ara-

Sin embargo ele las artuales condiciones, la
energía física del soldado es aún un elemento
indispeneable en él, y así lo estiman todas las
naciones adelantadas. El soldado debe manejar con maestría el fusil; debe estar al tanto de
la Topografía y de la Fortificación, de la construcción de puentes y de la Telegrafía; pero aJ
mismo tiempo debe ser sano, robusto, ágil,

.
....
EN EL COLEGIO MILITAR

EL BAILE EN OAXACA.-Un grupo de señorita.

EJERCICIOS HÍPICOS.
En poquísimos establecimientos de instrucción se aprovechan laR horas de trabajo como
en nuestro Colegio Militar, y de ello dan prueba los magníficos resultados que, año por año,
ofrecen los exámenes de este plantel.
En el programa de sus estudios ocupa naturalmente y desde hace mucho tiempo un
lug11.r principalísimo la cultura corporal, sin
que por esto la intelectual se vea desatendida
en lo más pequeño.
Pasaron ya los tiempos en que los mejores
soldados eran los más vigorosos, los que mayor
número de enemigos podían abatir al empuje
de su lanza, los más astutos y enérgicos en el
cuerpo á cuerpo, y al cultivo de estas virtudes
reducíase casi la educación del guerrero.
Hoy, como es natural, los tiempos han cam-

ba de transcurrir,ltuvieron lugar los exámenet&gt;
de esta materia.
Los cadetes, en general, demostraron notables adelantos.

EN HONOR DEL GOBERNADOR DE OAIACA

acostumbrado á las fatigas y animoso para intentar los mayores esfuerzos. La vida al aire
libre y siempre en acción, le instruye y vigoriza; los ejercicios atléticos perfeccionan su
vista, afinan su oído, educan su tacto y desarrollan, en fin, sus facultades todas.
Por tal razón, la clase de Hipología forma
parte del sistema de educación seguido en el
Colegio Militar. No basta que el soldado sea
sobrio y sufrido, cualidades que, por fortuna,
Hon peculiares de nuestro Ejército; es preciso,
además, que desde el general en jefe hasta el
último individuo de tropa, puedan en un roo- __
mento dado luchar contra obstáculos para los
cuales sólo se requiere vigor y habilidad físicos.

Con motivo del día onomástico del Sr. Lic.
Miguel Bolaños Cacho, Gobernador interino
de Oaxaca, muy querido eh aquel Estado, se
celebró en el Palacio de Gobierno un suntuoso baile, al cual concurrieron numerosas familias de la mejor sociedad. Las señoritas vistieron lujosos trajes, de fantasía.
En uno de los sitios más pintorescos de los
alrededores se verificó, además, un día de campo en que reinó la más franca animación.
Publicamos un pequeño grupo de señoritas
concurrentes al baile, y otro, más numeroso
de las familias y caballeros que asistieron al
día de campo.

Los conc11rrentes al día de campo.

Domingo 19 de Octubire de 1902.

�Domingo 19 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
habla más que para contestar; jamás expresa
el deseo de manifestar el gozo, la melancolía ó
el enternecimiento que se reflejan en sus bellos ojos, donde se encierran las harmonías de
la luz entre las sombras tremulantes. Su alma
me llena de una dulce inquietud; quisiera conocerla, y, sin embargo, encuentro en su misterio un adorable flncanto; acaso, ó sin duda
alguna, rehusaría yo á aquel que me ofreciese
la facultad de penetrar el secreto de esta deliciosa mujer. Es muy inteligente; sus contestaciones, justas, de una elegante concisión,
encierran en sí una mezcla de timidez y atrevimiento.
Y yo no pienso más que en ella¡ mi corazón se ha tornado realmente insoportable¡ el
universo ha crecido para mí; me parece escuchar interiormente el rumor de todos los siglos, de todas las dolorosac, y magnas generaciones que vivieron y murieron para que el
amor fuese más hermoso, para que la historia
del esposo y la esposa fuese tan vasta, tan bella, tan harmoniosa como los abismos constelados de estrellas.
18 de junio.

Castillo de la Serraz.-14 de mayo de 1857

UINCE días hace
ya. que las autoridades federale8 nos recluyen en este viejo
rincón perdido.
Todo un pequeño
mundo de republicanos y de revolucionarios: franceses, austriacos, venecianos,
polacos, rusrni, acuartelados con nosotr&lt;;&gt;S en
los antiguos salones en que antaño florecieron
los señores de la Serraz y sus respetables soldadones. No se sabría, en verdad, idear una
tiranía más encantadora. Nuestros guardianes llevan hasta el extremo su cuidado para
los «cautivos." Estas buenas gentes están orgullosas de tenernos, y la población vecina
nos saluda respetuosamente, con el sombrero en la mano, cuando nos ve salir; pues
nosotros salimos cuando noe place, y nuestra
palabra basta para garantizar todas las licencias. Yo mismo, días pasados, llegué mucho
después de la hora de la cena, y he encontrado al ,·iejo guardián Mermoz en actitud melancólica.
-Vuestro guisa.do estará frío ya., señor Durville ...... y mi espo~a se había esmerado ..... .
Compartí con él su pena, prometiéndome
no volverá entrar deRpués de las siete.
El país es un encanto. Un lago fresco, claro, impresionable á los cambios del cielo,
igual á una criatura viviente; parajes en donde pasta el ganado y se hace oír la soñadora
vibración dE-1 cencerro, y cien montañn.R en el
horizonte, verdes, violáceas, cuhiertns de nieve, en donde cada. aurora y cada crepúsculo
renuevan sus yastas, sutiles y divinas decoraciones de luz. Además de esto, un tiempo t.
la medida del de~eo, propicio á los ensueños
v á las divagaciones; una dulce sonrisa de
primavera, de cuyo seno surgen las p rimeras
florecillas, á los hordes del agua temblorosa.
E11 cuanto á mis compañeros de destierro,
casi todos son personaR agradables. Salvo dos
ó tres fanáticos. de aquellos que engendran
las enfermedades del hígado y el estómago,
son en su mayoría hombres alegres, ruidosos,
bastante habladores, buenos teorizantes, que
sólo se vuelven fastidiosos .(•uando las discusiones políticas se prolongan demasiado.
Casi todos, como vulgarmente se dice, dispuestos á «estrangular al último cura con las
entrañas del último rey,i-en teoría. Hay, sobre todo, un gigante ruso, con cabeza de león,

gran melena, ojo_s fulgura~tes, voz furibunda
que entona canc10nes terribles ...... ccLos empalaremoE ..... .los ahorcaremos ..... .los dPgollaremos ...... i&gt;, á la manera de aquellos guerreros australianos que. juran durante tres días
y tres noches c&lt;romperse los brazos, romperse
ias piernas, romperse la cabeza, rompers~ el
espinazo etc., etc.," y acaban por romper Juntos el la¡o de la amiFtad. En ei:pera de la
sano-rienta matanza, el buen Retchnikoff devor~ cada día diez libras de carne, dos docenas de huevos, un pan de cuatro lib:as, . seis
kilos de frutas y legumbres, y hebe diez litros
de vino y cerveza, pasmando de admiración
y asombro á los dos guardianes, á los gendarmes y á las esposas de ést&lt;;&gt;~, á quiene~ llena
de propinas, pues su familia posee cien leguas de bosques, de trigales y de ríos repletos
de pesca en Rusia.

ficiales á pesar suyo. Siempre acompañando
á su p~dre en todas sus salidas, sea en los corredores y jardines del palacio, i-ea á traYés de
las praderas y de los bosques, deja. adivinar
que abriga hacia el autor de sus días un amor
que es más bien una religión.
Naturalmente, toda la banda de prisioneros
se halla en éxtasis ante esta admirable veneciana; el mismo Retehnikoff ha olvidado sus
sanguinarios refranes y sus propósitos aterradores; los jóvenes adoptan la actitud de Romem•, y los viejos no descuidan la menor apariencia. El doctor ha venido á ser el soberano
absoluto de La Serraz; con la particularidad
de que, acostumbrado á estos c~mplidos _de
carambola, no les concede gran importancia.
E ignoro por qué soy el preferido de este buen
viejo, que me ha hecho acompañante suyo en

/"

-

~,itU!i!lt, /

111'

27 de mayo.

Dos nuevos prif:ioneros han llegado á La
Serraz. El primero, el doctor Ojetti. un veneciano afiliado al carbonarismo y varias veces sumergido en los calabozos de Austria, es
un hermoso viejo al estilo de su país: vivo,
seco, ojos entenebrecidos, gesto encantador,
palabra fácil, sal picada. de metáforas y supe:lativos inteligencia clara y penetrante, nutndo al ~ismo tiempo de ciencia, de arte y de
literaturas antiguas; entusiasta ar;imismo, lleno de ilusión respecto á la unidad italiana
y siempre dif puesto á sacrific~r la vida 6 la.
libertad en aras de sus creencias. El otro cautivo-una c:iutiva-es la misma hija. del doctor admitida. en La Serraz por favor especial,
á c~ndición &lt;le vivir con las hijas del guardián
l\Iermoz.
Francesca Ojetti es, por todos conceptos,
del'lum bradora.
El día y la noche se escapan á la vez de sus
hermosos ojos color &lt;le ametista, su tez supera
eri transparencia y suavidad á los pétalos de
la rosas alpinas; cada uno &lt;le sus gestos y sus
ademanes acusa a.l momento el exquisito cuidado que la naturaleza ha tenido en perfeccionarla. Peculiaridad suya también es la de
permanecer casi siempre silenciosa; rara vez
se escucha su voz, en que se mezclan las vibraciones del oro y el flexible acento del agua
que corre. Es triste, pero no con esa tristeza
que oculta casi siempre un mal flsico; por el
contrario, surge de ella una saludable harmonía una gracia divina y fuerte. No evita la
pre~encia ni la conversación de las gentes; pero en su actitud desconcierta las almas super-

todos sns paseos, por qué me estrecha la mano
como á ningún otro y aun logro algunas de las
raras sonrisas de la. joven.
Salimos los tres, cuando declina la tarde,
cuando el sol finge mil cam hiantes en el horizonte, y las montañas, coronadas de hayas y
abetos, alargan sus sombras sobre las planicies.
OjetLi charla sin descanso; su alma es un
Yivero de anécdotas y un almacén inagotable
de recuerdos; su conversación bulle, se agita,
reluce, y hace ver en un instante mil siluetas
de seres, mil acontecimientos, mil aspectos de
alma. Este hombre es un maravilloso educador;
no sabría lanzar una idea sin darle la agudeza,
la forma, el gusto que la hacen penetrar corno
una obra de arte y saborearla como una golosina.
Y Francesca, silenciosa, escucha. Nunca

Sin embargo, es verdad! El misterio me ha
hecho objeto de su preferencia; los profundos
ojos de ametista se iluminan al mirarme; la
sonrisa es confiada; sobre el rostro fulgurante
mi llegada hace asomar algo como una dulce
bienvenida. Cuando la veo de lejo:-i, mi corazón se llena de espanto; pero de cerca, merecobro por completo, como al borde de un precipicio sembrado de trepadoras en flor. Y
Francesca no hace ningún esfuerzo para disimular su alegría: la más ligera sombra de coquetería está ausente de todos y cada uno de
sus ademanes. Vive en su belleza como un rey
poderoso en su imperio; ignora ó quiere ignorar toda seducción reflexiva, que, por otra
parte, sería bien inútil, pues que posee, para
ganarse á todas las almas, su dignidad y la
fuerza invencible de su silencio.
25 de junio.

He gustado por vez primera, como un favor
divino, aquella dulce acogida que asomara en
los labios de Francesca. Mas la angustia me
ha penetrado también; la misma franqueza de
la joven se ha vuelto un suplicio para mí; temo que llegue algo que es lo peor para aquellos que aman: la falsa separación-esa cruel
familiaridad que la amistad engendra y que,
al prolongarse, excluye toda esperanza de un
afecto más vivo y consolador. Aún podría yo

resignarme, pues concibo como ccdemasiao.o
hermoso,&gt; un porvenir en que se mezclara el
amor de esta maravillosa criatura, y, por lo
demás, siento, sé que Francesca no se rasará
nunca por pura amistad: que antes permanecerá sienc.o la feliz y devota compañera de su
padre.

II
lo. de julio.

Hemos subido hoy hasta la aldea de la Meseta; la montaña reviste su gran túnica deslumbradora, sembrada de todas esas flores silveatrcs que !'e mecen en los débiles tallos, de todos
esos fragmentos de luz, de tocios esos pequeños
breñales que hallan su instante de gloria sobre
el agrio flanco de la roca, en los minúsculos
jardines colgantes hechos del polvo de las piedras pulverizadas átomo por átomo á través de
los siglos. Las hayas se yerguen como un ejército en batalla; los abetos se estremecen todos
.
. .
e11 un mismo
movimiento,
al paso de la' brisa
estival. Nos hemos detenido al borde de un
torrente, contemplando las agitadas ondas, y
Francesca ha franc¡ueado el puente y se ha
puesto á tomar un boceto al carbón.
Ojetti, interrumpiéndose en medio de su jardín de anécdotas, me ha dicho:
-Estáis pálido y triste. No cre~is que acaso os sería fácil confesaros conmigo?
Yo le miré. Sentía me sin aliento, paralizada
la sangre en mis arterias, abmma.do al peso de
mi angustia, y le respondí:

:\Iuy tardP, en las noches
Del invierno tétrica!",
Cuando el viento gime
Y gimiendo besa
Los desiertos nidos
En las ramas secas,
Cuando todo calla.
Y se oculta y tiembla
Y la nieve cae
Silenciosa y lenta,
De la mar emerge
En las olas trí:mulas,
La barca fatídica,
La góndola negra.

Agitando, sueltan
Esas plumas diáfanas
Que caen cuando nieva.
Abajo las gentes
De pavor se hielan,
Entran en sus casas
Y cierran las puertas;
Luego junto al fuego
De las chimeneas,
Se agrul?an los chicos
Y el abuelo cuenta
Un cuento que llama:
La c,Góndola Negra."

Los niños que mueren
Y sus cunas dejan
Y por miedo al frío
Se van de la tierra,
Sus alitas puras

«En invierno-dice
Con turbada lenguaEn invierno, triste
Cada vez que nieva,
Cruzan en silencio
Las calles desiertas

Domingo 19 de Octubre de 1902.
-No podéis adivinarlo?
-No ccdebo" adivinurlo. Vuestro dolor no
aumentará por haber sido confiado. No estáis
seguro de mi simpatía hacia vos?
Entonces le hablé muy bajo, casi al oído, y
él me replicó tiernamente:
-Soy todo vuestro, y, por otra parte, abrigo una gran esperanza. Sin embargo, no qui¡;iera yo pesar un solo escrúpulo en el destino
de Francesca, ya que tengo clemasiada autoridad sobre ella. Queréis hablarla vos mismo?
-La hahlaré.
Hallábame presa de profundo terror. El misterio era más profundo; sentía. el abismo ahondarse bajo mis pies. En el momento en que
me acercaba á la joven, parecióme escuchar
cerca de mí las palabras del;Gran Maestro:
c,Lasciati ogni speranza,» y fué en verdad á la
puerta del Infierno á donde llamaba, cuando
hube llegado al otro extremo de la pradera.
Al acercarme, Francesca cesó de dibujar.
Levantó hacia mí el rostro, y en sus ojos en
que aún se advertía la abstracción de su trabajo, vi que ella no tenía ninguna idea ningún pensamiento de lo que iba á deci~la, y
sentíme turbado de pronto. Ella advirtió mi
turbación, y una sombra de inquietud se extendió sobre su frente.
La hablé, trémulo en un principio, más tarde, hallando algún calor para ofrecerla mi vida•
y á medida que yo hablaba, ella palidecíamá~
y más. Cuando terminé, estaba ella ante mí
inclinada la cabeza, las manos trémulas s~
divina boca contraída por un gesto de te;ror.
Guardaba silencio; parecía no querer ni poder
formular una respuesta.
Y vo añadí:
-Os he ofendido?
Ella respondió .al cabo, á costa de un esfuerzo:
-No, no me habéis ofendido.
-Puedo concebir algm~a esperanza?
-No_ puedo respo~deros; lo ignoro tanto
cuanto ignoro todo mi porvenir.
Yo repuse, desalentado y humilde:
-~o es más que la ignorancia? No sentís
n:.ás bien que yo no puedo haceros feliz?
-En este momento yo no 1:1iento nada ni
en contra ni á favor de vuestra persona ....'..
-Estáis mortalmenle pálida cual si os hallaseis dominada por el horrnr.'..... .
Ella bajó sus ojos llenos de sombra..
-Os equivocáis: no es el horror· es el espanto. -(CONCLUIRÁ.)
'

Procesiones largas
De ánimas en pena.
Salen de poblado
Y van á la selva
De árboles desnudoR
Y altos, que semejan
Turbas de esqueletos
En macabra fiesta.
Después á la playa
Las ánimas llegan
Y allí se arrodillan
Y lloran y rezan ..... .
¡Pobres! Son las ánimas
De lor; que en la tierra
Se hurta.ron infames
Las cosas ajenas;
De los que marcaron
Con !&lt;angre sus huellas
De los que perjuros '
Llenaron de afrenta
A la virgen cándida
O á la esposa tierna!

·····························
Llorando y rezando
En la playa esp~ran,
Hasta que en silencio
Viene y se las lleva,
La barca fatídica
La góndola negra'."
Usted que es dichosa
Usted, Luisa bella, '

J J{.

JioSUJI.

[Traducción de "El Mundo Ilustrado."]

Que en su hogar tranquilo
Amorosa reina,
No sabe esas cosas
(Ni nunca las sepa!)
Que llenan de luto
La faz de la tierra,
·····

························

Cuanclo del invierno
Las veladas vengan
Y caiga la nieve
Silenciosa y lenta,
Haga usted que cierren
Que cierren las puertas'
Encienda la lumbre '
De la chimenea,
Y con su marido
Acuda contenta
A cuidar el sueño
De la prole bella.

y· ~f~~i~: :: ·.·.·· q~~- :p~~~~~'
Las almas en pena,
Que alcancen llorando
La playa desierta
Y llenen medrosas
La góndola negra ...... !
JAVIER SANTA MARÍA.

�El Vigor del Cabello
del Dr.Ayer
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, vuelve al oabel
' lo descolorido y
,n-1s la frescun
BU primer
color ; oonsern
la cabeza libl'tl
de caspa, sana los humores molestos t
t m pide la caída del cabello. Hao
crecer el cabello, destruye la aspe
~ulera se emplea

EL

Mu Noo

AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 17.
Dlrecton LIC. RAl'AfL Rfl't&amp; &amp;PINDOU.

ILUSTRADO

MÉXICO, OCTUBRE 26 DE 1902.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>El Vigor del Cabello
del Dr.Ayer
UD art\ouh
det.ooador, pet-

•

fumado, de lot
mas delir,ados,
oon cuyo uso e'
cabello se pone
suave, flexible
y lustroso. De
, vuelve al oabel
' lo descolorido y
,n-1s la frescun
BU primer
color ; oonsern
la cabeza libl'tl
de caspa, sana los humores molestos t
t m pide la caída del cabello. Hao
crecer el cabello, destruye la aspe
~ulera se emplea

EL

Mu Noo

AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 17.
Dlrecton LIC. RAl'AfL Rfl't&amp; &amp;PINDOU.

ILUSTRADO

MÉXICO, OCTUBRE 26 DE 1902.

Subscripeión mensual foránea , $1.50
l aem Jdem . en la.capita l, ,. 1,25
Gerente: LUf&amp; RHf&amp; &amp;PINDOLA.

ae

El Vigor
del Cabello
del Dr. Ayer
T ff
J.l.l'1.

'~FOSFAmTNA
lJAL'~'lJ'su
es el alimento más grande y el más recomendado paralos
·l: i
Ul.U~
desde la edad de seis á siete meses, y particularmente en el mn

Dll'IOI

J;

suplanta todas las

demu

pre.-.

oiones y pasa , ser el bvortto de lu

sefl.oras y caballero&amp;.

mento del destete y durclnte el período del crecimiento. Facilita mucho la dentición; asegura la buena !ormac!ór
de los huesos; previene y neutraliza los detectns que suelen presentarse al crecer. é impide la diurea que es tan fr., Preparado por Dr. J. O. A,,_ , C..
Lowell, Mua., E. U, l..
cue11te en los nlf!os. -PARIS 6. AVENUE VICTORIA, Y EN TODAS LAS FARMACIAS.

t

~•aro•-~
•tJ •• ntu 9.-,!Elf•-

1

~

~1
1

edificio de la ezposición «aciona/ en 4oluca.

10 P~SUS

VALB EL MOLINO ECONOMICO

�Domingo 26 de Octubre de 1902.

LA BELLEZA DEL PIE

l

El pie, como la mano, como 1a oreja, como
la boca, tie1.e no s6lo su género de belleza peculiar y propio, sino que, contra lo q_~e era de
esperarse, es susceptible de expres1on y de
sentimiento. El pie no s6lo es capaz de hablar
á los ojos, de halagar la vism con sus_ proporciones y sus contornos, ?e de~pertar ideas ~e
belleza meramente plástica, smo que entrana
6 puede entrañar conceptos superiores de belleza pormenores estéticos que pasando más
allá de las pupilas, van al encuentro del espíritu y del corazón.
Hay, pues, pies clásicos, románticos_ y decadentistas; los hay realista1&lt;, m_odermstas Y
simbolistas; místicos y prerrafa~hstas; los hay
líricos, épicos é idflic~s;. ~elod1stas y armonistas Gluckistw y P1ccimstas.
Hay el pie fino, esbelto. elegante, de !alón
sonrosado y uñas nacaradas, de proporciones
armoniosas, de curvas suaves y prolongadas
que recuerda_n ]a estatu~ria griega y las forn:i~s
ágiles y graCJosas de D~ana. Lo hay ta~b~en
vigoroso poderoso, ma¡estuoso, firme y solido
que recu'erda la olímpica serenidad ,Y el pod~r
soberano de Minerva. Hay la vanedad ccmignonne » el piececito menudo, ágil, juguet6n,
con el que las j6Yenes juegan como juegan con
el abanico. El pie lánguido, soñador_, evaporado, se desliza sobre la alfombra sm to~rla casi vive en el escarpín como en un retiro,
lejos d~ las miserias y de la prosa del mund~;
el pie andaluz es descocado, encor:'a su emp_eine como para salirse de la zapatilla y espiar
lo que pasa fuera; pisa fuerte, camina firme Y
no está jamás en reposo.
Gretchen ostenta un pie linfático, lento y reposado; pie doméstico, cons~grado al hogar .Y
á la familia; abnegado, Jabonoso y_ fiel. El pie
italiano es trágico, ardiente y apasionado; a~a
hasta el delirio ú odia hasta la locura, sm
matices ni términos medios; es moren?, sa~guíneo, impetuoso y poderoso_. . El pie pa~isiense es como la fisonomía pansiense, c&lt;_chiffoné,» asimétrico, irregular¡ carece de ~meamientos clásicos,. de proporc10n~~ armo_mosas;
pero e~ t?do grac~a y tod? expres10n, chispeante, espuitual, epigramático y suele ~a?er muecas alarmantes de gracia y de mahc1a, tener
mohines de c6lera felina y refinadas coqueterías mundanas.
, .
.. .
r,
El pie inglés es practico y utihtano; mas
que pie es calzado; éste lo protege como las
corazas á sus buques de guerra, lo oculta Y
disimula como la diplomaci_a d~ Lo:ndres los
designios británicos; en el pie bn~mco no_ se
ve más que la bota, como en la_ fisonomía mglesa la impavidez. Puede decirse que es un
pie enmascarado; nunca se sabe lo que el calzado tiene dentro.
El pie yankee es, sobre todo, una base de
sustentaci6n, un punto de_apoyo Y. un 6rgano de movimiento. Nada dice, funci~na; nada
expresa, trabaja;_no habla al al~a, smo al raciocinio. A ese pie no se le adnnra:; se le calcula como la resistencia de materiales; es un
arm~z6n de huesos revestido de un paquete de
músculos y de tendones que funciona con la
regularidad de un mot6n y la energía de un
polipasto.
El pie mexicano es ~n injerto de andaluz y
de azteca. En su calidad de andaluz e~ pequeño combado y armonioso; en su cahdad
de azteca es resignado y taciturno.. A ve~es
predomina el tipo paterno y resul~ ¡uguetón,
picaresco y charlatán; á veces el t1p? _materno
se sobrepone y el pie se hace melancohco como
un &lt;(alabado." El pie indígena suele ostentar
el apocamiento y el abatim~ento de la raza Y
ofrecer las huellas del traba¡o ~u.do, rle 1~ ~es ·
nudez casi absoluta y de la debilidad orga:n1ca.
Salvo este último caso y los de ~eform1dad,
todas esas variedades son con:ipatibles con, la
belleza del pie. Se engaña qmen crea que solo
es bello el pie pequeño 6 el regordete 6_ el larguirucho. Todo pie puede ser bello ~1 es armonioso, proporcionado, sano Y. graCJoso, Y,
sobre todo, si tiene expresi6n y si_ traduce fielmente las virtudes 6 las capac1da~es ?e su
dueño; la índole de una raza, las asp1rac1ones

EL MUNDO ILUSTRADO
de un pueblo su historia, su porvenir. El pie
puede y debe' expresar todo eso si quiere ser
bello, y el calzado puede secundarlo en esa t~rea sugestiva y casi psico16gica. Toda la an_t1güedad clásica está imbíbita en el coturn~,
toda la Edad Media en el borceguí; el Renacimiento en la chinela; la monarquía en el tac6n alto y rojo, la hebilla y el moño.
Miradas por los pies, España es una alpargata; Norteamérica, una bota; Turquía, una
babucha· Francia un botín. El tac6n chueca
es miseria· el cal~do sin betún, desidia. El
juanete vo'lurninoso revela inferioridad de espíritu; los dedos chatos y_el pie cuadra~o,. sangre bastardeada; el emperne plan.o, act1v1~ad;
el empeine combado, orgullo. Pies que P!san
con el borde interno, indican pereza y lentitud
física y mental.
En resumen, el pie es un poema, tiene elocuehcia, habla y convence, explica y demuestra. Parodiando una frase célebre, puede decirse: c&lt;Dime con qué andas y te. dir~ quién
eres,» y suele el pie revelar más rmstcrios que
los ojos 6 que la misma fisonomía. Para conocer el fondo del corazón 6 de la inteligencia de
un hombre véasele la cara, y si no basta, estúdiesele eÍ pie. Aquélla suele encubrir, éste
jamás engaña.

LA TOSCA,
Impresiones.
tópico que todo el mundo ha repetido
sta el fastidio: Sardou no maneja homs, sino maniquíes. Sus personajes se
mueven, no por la fuerz11 del espíritu,
sino por los ocultos resortes, por los hilos invi•
sibles que, á manera de marionetas, los sostienen.
Pero si Sardou no crea almas, crea, en cambio situaciones. No será un psicólogo ni un pensaa'or· pero es indudablemente un dramaturgo.
No pu~de, no lo desea quizá. ser un filósofo; se
contenta con ser un teatral. Dumás era un apóstol que dramatizaba sus prédicas; Sardou es un
ingenioso telonero que conoce los secretos de la
escena y los aprovecha. con extraordinario talento.
No se necesita más para un libreto de ópera.
Eso es precisamente lo que buscan los músic&lt;?s:
efectos y situaciones, y en las obras del comediógrafo francés no hay otra cosa.
De aquí que Sa.rdou haya resultado un gran
libi·etista moderno, el cual no requiere para.acomodarse á las situaciones líricas, graves alteraciones1 dislocamientos, variación de caracteres
ó muti lación de la trama escénica. Antaño, &lt;papá&gt; Hugo sufrió horrible_mente cu!!-ndo á sus románticos poemas, que an111:1aba un mm~nso soplo
de poesía sublime y profé~1ca, los musi?-aba &lt;papá&gt; Verdi. El verso hugma.no_ era música poi· sí
mismo; no pedía acompaña.miento de orquesta.,
no pedía que lo cantasen; se cantaba solo. ~ luego, dentro de aquellas es~ofas, un pensamiento,
y dentro de aquellas ficc10nes,. un alma_, monstruosa si se quiere, desproporciona.da, gigantesca pero alma al fin, rebosante de emoción Y de
vida. Y Hugo, poeta enorme, encajonado en un
libreto, resulta falseado, contrahecho, empeque•
ñecido.
.
1
Sardou libretista, resulta amplificado, e.evado bello.' Le falta espíritu. La música con el
suyo, sutil y conmovedor, vi:'ifica a9.~ellos dl!-ntoches &gt; los anima con su a.hento d1v100, les 10funde ~na alta y noble existencia, y ante nuestras atónitas miradas, los presenta como ante la
fantasía loca de Don Quijote desfilan los toscos
títel'es de la barraca de maese Pedro.
El milagro está hecho. Ya tien~n al!D!!- los personajes de Sardou. Giordaao hizo vinr á «Fedora·&gt; Puccini á «Tosca.&gt; Sobre la muerta letra,
y las' frases de relumbrón, y la inverosimiliLud y
1a irrealidad, pasó una _ráfaga son&lt;_&gt;r9: cargad,a
de polen y floreció la vida en las ficciones. .El
cartón se transformó en carne. Las muñecas se
volvieron mujeres. Antes &lt;Tosca&gt; hablaba mal;
ahora canta deliciosamente. Ya es lo que debía
set·: una cantante.

***

Porque la música de Puccini le ha dado verdad
y fuerza.. El flamante genio italiano halló en el
enredo tremendo y lúgubre de S~rdo~, u~a. escena dramática á que afianzar sus rnspiraciones lí-

EL MUNDO ILUSTRADO
ricas. Cada situación le ofrecía campo para describir las cosas más disímbolas y los opuestos
sentimientos.
Tres pasiones juegan en la obra, en infernal y
terrible lucha: amor, celos y odio;el amor engen,
dra los celos, y los celos el odio. Estas ti·es pasiones, enredadas como tres víboras, se retuercen
enfurecidas. El amoi' vence á los celos; pero el
odio vence al amor.
El bíblico combate del ángel negro y el blanco, sobre el puente del abismo, ése es el combate
entre Tosca y Scarpia. Tosca es el Bien celoso;
Scarpia es el Mal enamorado.
Puccini canta y pinta esta trágica batalla. Y,
admira.ble psicólogo dionisíaco, encuentra en
cada nota, en cada frase musical, en cada comcombiaación sinfónica, un precioso estado de
conciencia que le difunde en ondas sonoras y
penetra en los corazones haciéndolos salir por un
solo impulso de amor, 'de dolor 6 de terror.
En el primer acto dominan la ternura y la unción. Es un idilio, un poco nervioso, con sus
pasaies tristes, pero sobre el cual se levanta,
imponiéndose al &lt;Te Deum&gt; y á los cañonazos,
á modo de rumor de al a, el eco de las palabras
amorosas y el ruido de los besos.
El acto segundo es cruel, es torturante. Hay en
él risas de Satán en brama. Pero Luzbel cae
hel'ido por la mano armada del amor.
Puccini nos dice esto con los más desga1·radores acentos de angustia, con las más crispa.doras disonancias, cou los más inauditos y medrosos temas. Su música evoca, como un conjuro,
recuerdos fúnebres y dolientes memorias. Es música que hiere, música que sangra, aguda y luciente como un puñal, pavorosa como un antro,
negra como el crimen y roja como la venganza;
cowo en la balada de Ulhand, suena á lo lejoel tambor de la muerte. El angel blanco parece
que ha vencido; el arnoi· cree que se ha salvado ...•..
Y no; en el tercer acto se ve: todo ha sido un
engaño del Mal, una mentira de la Esperanza.
El amor parece aniquilado por el odio. Y la elegía de Puccini, patética, desesperada, llorosa,
con sus rápidos instantes de alegría funesta, en
las horas del sufrimiento, como chispas de luz
efímera en un fondo de sombra, se deslíe en infinitas tristezas, en sollozantes melancolías, y estalla al fin en imprecaciones blasfematorias, en
colosales derrumbamientos defe, en terl'ibles gemidos de desengaño.
¡Oh, gran obra, que tiene para cada cólera su
grito, para cada pena su suspiro, para cada ternura su canto, su sollozo para cada sufrimiento!

***

A nadie mejor que á Puccini puede aplicarse
el gastado &lt;cliché&gt;: El estilo es el hombre. Manóa Bohemia Tosca, son tres óperas hermanas.
!lfa~ón, coqueta y apasionada; Mimí, dulce y
sensible; Floria, vehemente y fogosa. Como las
hijas del Rey Lear, se han dividido el reino de
su padre. Se pa1·ecen mucho entre sí: son tres
gotas de un mismo nectario, tres celajes de un
mismo cielo. Manón es azul; Mimí, blanca; Tosca, i·oja. Pero estos tres colores se funden en una
so1a tonalidad frisada; estas tres óperas, á manera de tres cuentas, están unidas por el hilo de
oro de la misma inspiración. Procedimientos
artísticos y efectos orquestales semejantes, nos
obligan, oyendo la Tosca, á recordar á las ausentes. Decimos: por aquí pasó la Bohemia, por
allá se asoma Maaón, como de una mujer hermosa solemos decir: tiene la belleza de la familia.
8m embargo, por encima de estas ~peras-.
soplo divino, aliento eterno-flota Verdi. Vei:di
es wua la Italia lírica, todo el sonoro espíritu
cte un pueblv.
Puccini sigue su ascensión; prime1·0 lo f~'Ívolo,
ea seguida 10 tierno, ahora lo dramático. La
tentativa ha resultado genial.
El J&lt;Wen compositor, no sólo es ya espo~tánearuente inspirado, sino sabio. La ·rosca tiene
prunores de frases musicales, de melodías flamantes, de nobles motivos; pero encuna de ellos
caen las áureas bordadura;; de una instrumentación colorida rica, luminosa y eminentemente descriptiva. 'Hay pasajes sintnóicos elocueutfsimos que hablan con el vei'b0 ideal y vago del
sonido, mas exp1'esivo y penetrante, en ocasiones, que el de la palalJra ..... .

**&gt;t
La epopeya de la hi~toria ~niversal, es c?mo
la de Hornero: un ba¡o relieve que no tiene
fin.

***
El furor y la crueldad de un pueblo_ que
combate por ser libre, demuestran la situa•
ci6n de que quiere desprenderse, y no la que
quiere adoptar.

Domingo 26 de Octubre de 1902.

COMUNICACIONES.

cCa inn¡ersión del cahle en el ~o/fo.

EL "ldum.'

en el tambor; la otra extremidad e1&lt;taba en comunicaci6n con la caseta de tierra 1 donde había una dotación semejante de ap aratos.
Desde que el vapor empez6 á soltar el cable
la comunicaci6n entte el buque y tierra fué
constante, y cada media hora se estuvieron
haciendo observacio1,es y mediciones eléctricas
con objeto de cerciorarse de que el cable no
sufría deterioro en el momento de caer al agua.
El vapor iba soltando el cable por la proa
por m_edio de una gran polea, y á bordo, u~
mgemero anotaba en la carta marina el derrotero _d~l cable; ot~o hacía las observaciones y
~ed1c10nes eléctncas, y los operadores se ntihzaban para la transmisi6n.
El buque lleva un dinamómetro para determinar la tensi6n del cable y pa~a buscarlo
cuando se interrumpe y está perdido.

ACE pocos días se puso al servicio el cable tendido entre Veracruz, Frontera y
Campeche, C?nfo~me al co_ntrato celebrado con una compañía extranjera, y del
cual es prop1etar10 exclusivo el Gobierno Federal.
. Las ~aniobras de inmersi6n de un cable son, no sólo laboriosas, sino instructi' as! y bien mere?~n que nos ocupemos de ellas, para que los lectores de este sernanano tengan not1c1?' ~e ~a importan,te operaci?n llevada á término en aguas del
Golfo. El ?\cl_on que soplo en los pnmeros días de septiembre hizo mucho más d1ficiles los trabajos y, por lo mismo, más interesantes.
El pu1:to escogido en la playa de Veracruz ¡,ara establecer la caseta
de conex16n con el cable subterráneo está situado á kilómetro y medio
del malec6n noroeste de las obras dei puerto y antes de la caseta del cable ele Gálveston.
El cable que se acaba de tender se divide en dos clases: cable costero
Y cable &lt;le mar prof~mda; el_ costero es el de mayor diámetro; y el de
,~ar profundo, el mas reducid~. -~l conductor está formado por nueve
hilos de cobre de gran conductih1hclad, enrollados en uno central.
La inm_ersión se empezó en Ve1:acruz, haciéndose la del cable costero,
en sus pnmeros tramos, por me(ho de lanchas y emJ-,arcaciones menores, porque había que atravesar el arrecife ó bajo de ,cLa Caleta» donde
el vapor no podía entrar.
'
El «Idum», vapor destinado para instalar el cable, se situ6 á 12 millaii
~e la P~~ya, hasta donde, corno dijimos antes, las lanchas hicieron la
mmers10n. A bordo del vapor estaba instalada una oficina cablegráfica, que se conect6 con una de las extremidades del cable aún enrollado

***
Al llegar á Frontera el vapor «Idum" se desat6 un_ terri~le ciclón que lo puso en peligro.
El capitán hizo notar esta circunstancia y entonces se mand6 cortar el cable, se le puso
una boya y se echó al agua. Hecho así, el
buque, forzando su máquina, se hizo mar
adentro y tuvo que luchar tres días consecutivos con las olas para regresar al punto donde había dejado la boya.
. Este accidente di6 lugar á una de las operaClones más curiosas: c&lt;)a busca de un cable
perdido». Para esto se hizo indispern:able el
dinam6metro. Su péndulo quedó unido á una
cadena y ésta á un gancho, que se lanz6 al
agua.
El buque, por los datos que proporciona la
carta de navegación, tom6 una direcci6n contraria á la del cable y empez6 á navegar; en el
~omento en que el gancho agarr6 el cable, el
dmamómetro empezó á mar&lt;',ar tensión· fué recogido el cable entonces, se hizo el e~palme
con el cable costero para comunicará Frontera
Y sali6 el buque para Campeche haciendo sond_eos, para, á su regreso, continuar la operac16n.
En Campeche Re instaló la caseta de empalme, que se ve en la fotografía que publicamos;
se tuvo cuidado de instalarla á cubierto del
viento. Las casetas de Veracruz y Frontera
son iguales á la de Campeche.
~l Yapor sali6 de Campeche para Frontera
haciendo la inmer:::i611 de los cables costero v
de mar profundo; el• empalme se hizo frente
á Fron~ra!,qneclando d~sde luego en perfecta
conm111cac1on las tres cJUdadeR referidps. J,n,
Dirección de Telégrafo~ envi6 Yarios em plmdos para que prácticamente conocieran la interesa~te operación á lJUe nos referimos.
. La !nmersión la dirigi6 el Dr. Kénnelh·,
mge~uero electricista, presenciándola el vicepresidente de la compañía constructora Sr.
Henry.
'

Caseta de empalme en Campeche,

�Domingo 26 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

LA PROFESA
NTRE los templos más1 notables levantados por el arte cristiano
durante los tres siglos de la dominación española, en México, ocupa
lugar preferente el conocido hasta el día con el nombre de La Profesa.
Data su fundación del año de 1592, en que los padres de la Compañía de Jesús dieron principio á la obra, con el auxilio de algunos particulares que contribuyeron á ella con donativos más ó menos valiosos. Desde el año de 1585, los jesuítas habían adquirido en propiedad
el terreno necesario para la fundaci6n del templo, obteniendo del Arzobispo D. Pedro Moya de Contreras licencia para establecer allí lo
que después se llamó Casa Profesa; pero, cuando menos lo esperaban,
los religiosos de San Francisco, San Agustín y Santo Domir.go, apoyados por el Ayuntamiento, arrastraron á la Compañía á un pleito dilatado y ruidoso, oponiéndose abiertamente á. la fundación de la referida casa. Los jesuitas, entonces, ocurrieron á los tribunales y al Papa Clemente XIV, en demanda de sus derechos, y el Pontífice falló en
sentido favorable á la solicitud en 26 de junio de 1595.
Esto vino, como era natural, á poner fin á las disidencias, y los trabajos de construcción pudieron proseguirse sin tropiezo, dedicándose
el edificio con toda solemnidad el 28 de agosto de 1720.
El templo consta de tres naves sostenidas por ocho columnas; la nave de en medio es más ancha y más alta que las laterales, y en cuanto
á su arquitectura, se echa de ver en ella el mismo estilo dominante en los primtros templos
construídos en México. En las columnas, sobre todo, hay mucho de gótico.

ciones preciosísimas de pinturas, que representaban un capital y de las que se consrrvan
todavía algunas. De Cabrera, se guardaban
«La Vida de San Ignacio» y la «Historia del
corazón del Hombre degradado por el pecado
mortal y regenerado por la religión y la virtud.» En el cuadro que representa á San Ignacio en la cárcel, las figuras son retratos de
personas de la familia del pintor; en el que representa al mismo santo en el portal de Betlehem, está retratado el franciscano Fray Juan
Fucher, uno de los primeros que vinieron á
América, y así en los demás. Las pinturas
era una colección de retratos de los religiosos
más célebres en aquella época.

Domingo 26 de Octubre de 1902.

meros tiempos de la conquista. Empeñados
- ·
nes, en intrigas y trabacuentas que más de ' con s~naladas excepcioconfesar jamás_ el ~elito que había cometido. El juez eclesiástico, no
cándalos, los hechos censurables se sucedí una yez degeneraroi:i ~n esobstante, cons!dero suficientes para condenar al acusado las declaracioan, minan o el prest10-1
d
1a au ton'da d cat'l'
nes de los testigos, y pronunció sentencia contra Villaseñor el 27 de
o 1ca en estas tierras que tan lt h b'
.0 0 e
rones tan justos Y tan sabios como '.nménez ~ Lo
ian sostemdo vaa~osto de 1744. Por esta sentencia el criminal fué condenado á «serUno de estos escándalos fué el
•d
) as asas.
VII' de galaote por diez años en las galeras de Su Santidad ,,á ser separade 1743. Los historiadores de aqu~1u~~mº e~o: Profesi; el 7 de marzo
do
Y apartado de l;t ~~pañía de Jesús y á otras penas. '
0
detalles,. y si alguno da cuenta. del suceso pes tan den;as1a~lo parcos en
_El defe~sor apelo, p1d1endo se diera porcompurgado al reo· pero naparece srno que pasa por sobre ascuas. E; un h
enc1~a, que no
die sab~ s1 fué Villaseñor trasladado á Roma ó si los jueces '10 pusieron en hberta&lt;l audande el tiempo.
la mañana de ese día amaneció ahorcado en ec o ueraae duda que
~rovincial de ~os jeimíta~ en la ~neva Españ/uDca~~
cdnvento el
En_ 1850 se encontró en la capilla &lt;le San Sebastián, de la Profesa, la
sm que se supiera de pronto crnién fué el aut¿ d. 1" ICo_ s e Segura,
m?mia del padre Segura, que aun se conserva como un recuerdo del
cnmen de que fué víctima.
dición señala como tal á un pádre de la mism r e as:smato. L;:i trafué remitido ocultamente á Europa-dice el D~· Ctm~anía ~le J~sus que
una de su~ obr~s-para dejar el crimen envuelt~ e~ l·gt~stti Rive;a en
vo á los comphces. La muerte del adre Se ur
~ som ~ª.Y a ~alpresión en México, y poco despué/el padregvl cauisd hpond1s1ma imEs también sabido que.en el aposento del Dr. D. Matfas Montea uá escribir una relación
· e
'zquez e uga se puso
clo, en la Profesa, se reumeron en noviembre de 1820 varias perso~as
circunstanciada del suinfluyentes interesadas
ceso. La dicha relación
en que rio llegara i\.
no llegó á imprimir;:e,
promulgarse P.n Méxiporque no convenía
co la Constitución que
probablerpe1ote que se
sancionaron las Cortes
hiciera la luz en el
de Cádiz, por cuant0
asunto, y el manuscrien ella había--según
to se perdió, perdiénsus dichos y temoresdose al parecer los porideas manifiestamente
menores de tan terricontrarias á la religión.
ble acontecimiento.
Todos conocen el plan
Sin embargo,el punfraguado en la Profesa
to ha Yen ido á esclnrey decir aquí qué era l¿
cerse, pue~ f'egún refieque aquellos hombres
re el erudito escritor
se proponían, sería por
D. Luis González Obredemás.
gón, cinco días después de consumado el
crimen, la noche del
11 de marzo, se perpePor último, agregatró en la Profesa otro
remos que en el templo
asesinato que produjo
de la Profesa se celebró
en la ciudad verdadera
en junio de 1855, con
consternaci6n. Esta
tres días de fiesta, el
vez la víctima fué el
d_~gma de la Concephermano portero, Juan
c1on. Cantó la misa
Ramos, quien al pracMonseñor Clementi
titarse las primeras didelegado del Papa e~
ligencias judiciales paMéxico, y la función
ra descubrir al autor
fué tan sonada como
de la muerte del padre
no se había celebrado
Segura, dijo á los jueallí otra.
ces: «en el monte e,otá
Como un dato curioquien el monte &lt;¡ueso, cuentan los cronisma,,.
tas, además, que á principios del siglo pasado
Como el provincial
Segura , el hermano
encontrándose el tem:
portero murió ahorcapio lleno de personas
do en su mismo apoq_u~ concu_ri:fan á ejersento. Las indagacioc1c101s esp1r1tuales, penetro un rayo por la
nes encaminadas con
linternilla de la rotonese motivo á poner en
da, que hizo pedazos
claro el :mceso, fueron
gran parte del muro
f~uc~uosas, pues que al
y se dirigió al primer
s1gmente día era remialtar de la nave deretido con grillos al cocha, incendiando el tralegio máximo de San
je de San Ignacio de
Pedro y San Pablo el
Loyola.
coadjutor D. José Villaseñor, como presunto responsable de los
crímenes mencionados.
En la actualidad el
templo es uno de los
En el proceso seguimás concurridos por
do contra Villaseñor
las familias más enfungió como juez eclecumbradas de la mesiástico D. Cristóbal
Interior del templo.
t!ópoli, tanto por el si~sco_bar, prepósito prodo
1
1
d'
bo en qne está ubicavi!1ct, Y como asesor D. José Messía de la Cerda y Vargas del Con•
' como por a esp en 1dez de ~u tiervicio religioso
l
SeJo e Su Majestad y Alcalde decano de la Real Sala del c'rirnen.
d Nfs ocuparemos ~n l_os sigu_ientes números de «Ei Mundo Ilustrado»
h Como resultado de las diligenci~s, se averiguó que Villaseñor y el
e a ~unos otros ed1fic10s nac10nales que, como la Profesa
·
1
g_ran importancia, ya sea desde el punto de vista hist' . ' encierran
frermano portero .P!·ofef'aban enemistad al padre Segura y que aquél,
d ecuent~mente VIs1tado por los seculares, era «de genio osado, ánimo
s1do_t~~tro de acontecimientos notables, ó bien desd'e º;1~~1 ~~r habfr
oble, ,,s1xoso» con los hermanos, irreverente con los ~acerdotesn y que
tradw1?11 popular se coloca para concederles un interésq de que que
mayor1a tle los casos, no carecen.
, en 8¡
se expresaba mal de la Compañía, después de dilapidar los fondo's que
como de¡,¡perisero se le enconmendaban.
Es, más que probable, seguro, que Ramos fué su cómplice en el crimen del 7 de marzo, porque-reza la causa seguida en el asunto-ere)
mesmo día de la muerte del padre, la llavecita de la muestra del relox,,
te encontró en el aposento del provincial. Villaseñor, temiendo que el
ermano portero lo denunciara, lo ahorcó.
purar.te la substanciación del proceso, declararofi ,.como testigos
~ince religiosos de la Profesa, otros padres y algunos otros seculares.
reo nombró defensor al1padre Francisco_ Javier Lozaqo, 'Y no llegó á

J

lr

~:1

i3

Exterior del templo,

�Domingo 26 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 26 de Octubre ele 1902.

I
·, ...
.

,

...

..

•

"El Tampico" después de la botadura.
"El Veracruz" entrando en el agua.

El ((Veracruz» entró en el agua poco después bauti· á d I l

- .ta M
d G d
..
.
.,
z n o o a se~¡1erce es , o oy, hiJa del primer Secretario de la Embajada d

LOS NUEVOS CAÑONEROS MEXICANOS.

f xico en Wá_shmgton. T:mto la señorita Godoy como la señora Nixone
ueron obsequiadas con primorosos ramos de flores.
'·

***

BOTADURA DE "EL VERACROZ" Y''EL TAMPICO."
Como saben nuestros lectores, el mes pasado fueron bot,1,&lt;los en
Elízabeth port, Estados Unidos, los dos cañoneros que por cuenta del
Gobierno mexicano y bajo la vigilancia de una comisión especial, se
construyeron en uno &lt;le los principaleR astilleros de la República del
Norte, para el servicio de la Marina nacional.
El aspecto que presentaba el arsenal de E lízabeth port el día en que
se ef.,ctuó la botadura, era-al decir de la prensa americana-de lo más
hermoso. Millares de banderas de los colores nacionales y de la República hermana decoraban los edificios y los buques. Los cañoneros,
colocados el uno al lado del otro, se veían pintados de rojo y blanco, y
desde la proa hasta la popa, empavesados artíRtic;amente. En la proa

de los cañoneros se levantó una plataforma, decorándose con exquisito
gusto.
El primero de los buques botado al agua, fué el «Tampico. » La
plataforma estaba llena de una concurrencia distinguida, encontrándose allí los miembros de la Comisión mexicana. En los momentos en
que el cañonero comenzó á entrar en el agua, la señora Lewis Nixen,
esposa del Presidente que fué de la casa constructora, se iidelantó, y
rompiendo una botella de champaña en la proa del barco, dijo: «Te
bautizo, Tampico.» La bandera mexicana se izó en la proa del «Tampico» y fué saludada, en esos momentos por una salva de ventiún cañonazos, entre los «¡vivas!» de los espectadores y los ecos de las músicas.

r~pido, cuatro de seis y tubo para torpedos. A bordo h
comodos pa 1
fi · 1
,
ay camarotes
la R úbli ra os oE c1ades y una camara especial para el Presidente de
ep
ca y su sta o Mayor.

l

Es probable que para ~1-~ño entrante puedan ponerse al servicio
1

t~~c~fóe;,º!s~r;~!~iái~ac~: ~\º~a;i~~c~f:n~~fl!~~t~e vigilar la consCon motivo de la botadura l C · ., f ., ,
y á los invitad r. 1
. ' a omis10n o reCio a los constructores
. b
ols a a ceremoma, un banquete que se verificó el 15 de
sept iem re por a noche.

-

GRABADOS DEL «l\foDERN l\lExrco.,&gt; DE NE,r YORK.

Antes de l bautizo de " El Tamplco.''

_ En cuanto á la capacidad, armamento etc. etc. de los nt1evo~ canoner
· ·
datos: tanto 'el «Veracruw
'
' como el «Tam·
.
o~, d amo~ 1os _sigmentes
~ICo,)J tlene~1 diez pies de calado, un desplazamiento de 980 toneladas
una veloc1d_ad de 16 n~dos. Su maquinaria consta de dos máquinas
e vapor de tripleexpansrnn,y para el servicio de alumbrado cuentan con
~: rnagní_fica instal~ción ( dnplicac~a) de luz eléctrica. Los cafioneros
n provistos también de engranaJe de vapor y de mano para gobernarlos, grúa y cabrestantes de vapor de cubierta, y caseta de piloto acorazada con acero níquel.
.
'
b Además, los barcos tienen lanchas rápidas de vapor una canoa y
h?te de remo, y están dotados con la instalación necesari~ para fabricar
1e!º· Su capacida~ para la conducción de tropas es de 250 hombres, y
8 u armamento consiste en cuatro cañones de cuatro pulgadas, de tirg

a

Antes de la botad11ra del "Veracruz.'

La muchedumbre durante la botadura,

"!el

Tampico" entrando

ein

el agua.

�EL ~fUNDO ILUSTRADO

bomingo 26 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 26 de Octubre de 1902.

Tu }§poskión Nadonal en Jolu,a.
SOLEM:IIE .A.PEBTUB.A..

-,-a.......

Zola en su lecho mortuorio.

La muerte de Emilio Zola.
Los últimos peri6dicos recibidos de París,
traen minuciosos detalles acerca de la muerte
del gran novelista Emilio Zoll\, que tan honda impresi6n causó en el mundo literario.
Zolá, acompañado de su esposa, se recogió
temprano, para levantarse al día siguiente á
buena hora. A la medianoche, la señora se
i,in tió de imnroviso indispuesta; tocó el botón que movía la veladora eléctrica y saltó

«Traté de dormir-dice.-¿Qué pasó después? No lo sé. Vi á E~ilio 9ue se enderez~ba bruscamente, como s1 tuviera un11 necesidad que satisfacer. Pero no lo vi levantarse.»
,&lt;Quise gritar: ¡Emilio!. .. ¡Emilio!. .. Intenté pedir socorro, tocar el timbre. Q uedé inmóvil. No pude pronunciar una palabra... Sentí
de:wanecerme.. .... luego, no recuerdo nada
más» ..... .
Cuando la Señora Zolá volvió en sí, el cadáver de su esposo había sido trasladado á
otra habitación.
En concepto de los médicos, la esposa del
insigne novelista salvó su vida gracias al aire
que pudo respirar oportunamente y que penetraba por la ventana entreabierta, al gabinete de ((toilette.,&gt; En cuanto á Zolá, el óxido
de carbón producido por la chimenea encendida, causó su muerte.
En una de nuestras ilustraciones pue&lt;le verse el cadáver del gran novelista sobre el lecho
mortuorio: su fisonomía está completamente
desfigurada.

FELIPE IV.
Nadie ml\s cortes11no ni pulido
que nuestro r6y Felipe, que Dios guarde,
siempre de negro hasta los pies vestido.

Es pálida su tez como In ta.rde,
cansado el oro de su pelo undoso
y de sus ojos, el azul, cobarde.

Sobre su augusto pecho /[eneroso
ni joyeleA perturban ni cadenas
el negro terciopelo silencioso.

Y, en vez de c;tro real, sostiene apenas,
con desmayo galan, un guante de ante
la blanca mano de azuladas venas.
}Ylanuel }Ylachado

A EPOCA de paz
por que atravesamos, tan fecunda
en bienes para el
país, nos ofrece en
estos días una prue
ba preciosa del ensanche que, al amparo de una Administiación sabiamente orientada y
dirigida, adquieren
en nuestro suelo el
comercio y la industria, factore»
indifpensables de
progreso en todos
los pueblos civilizados de la tierra.
Kos referimos á
la Exposición Nacional promovida
y llevada á cabo
por el Gobierno del
Estado de México,
y abierta al público solemnemente
el 15 del mes en curso. A grandes rasgos, .,·
para que nuestros lectores se formen una idea
de la importancia del certamen, vamoi'I á referirnos á los principales departamentos d e
que consta y al acto solemne de apertura.

justísima razón por la importancia de sus datos y por la galanura del estilo, terminó con
estas palabraR, que impresionaron vivamente á
la concurrencia:
«¡Bendito trabajo! Si tú eres la maldición
divina, ¿qué sería si hubieses sido la bendición de Dios?»

***

Pasado el acto de apertura, el Sr. Secretario de Fomento y los demás asistrntes á la ceremonia, recorrieron los distintos departamentos de la Exposición.

***

En representación del señor Presidente de
la República, asistió al acto el señor Secretario de Fomento, Ingeniero D . Leandro Fernández. Al llegará Toluca el tren que conducía á
los invitados, el S r. Gobernador, Gral. Josf
Vicente Villada, di6 la bienvenida al Sr. Fernández y á sus acompañantes, mientras la
banda del Estado tocaba el Himno Nacional.
Tanto la eRtación como las calles cercanas, es•
taban completamente llenas &lt;le gente.
Pasando bajo dos artísticos arcos triunfales,
uno de estilo azteca y otro morisco, la comitiva se dirigió después al edificio de la Exposición, primorosamente adornado con multitud
de gallardetes, festones y banderas. La ceremonia oficial consistió en un discurso pronunciado por el Sr. Gobernador Villada, y en números de canto y música ejecutados por algunas señoritas y caballeros y por las bandas.
E l discurso del Sr. Villada, aplaudido co·1

El Sr. Ministro de Fomento en la Estación del ferrocarril.

El contingente de las Escuelas Oficiales del
Esta&lt;lo se encuentra en departamentos especiales y constituye una de las notas más salientes del certamen.
Algunos de estos establecimientos presentan una colección de figuras geométricas y distintos útiles de enseñan za ohjetim, y los de
Zumpango y Temaxcaltepec, una colección de
bor&lt;lados, deshilados y calados en seda y lino.

La señora Zola.

del lecho para ir á uno de los departamentoia;
interiores. No tenía fuerzas, pero haciendo un
supremo esfuerzo, según sus mismaR palabra¡.:,
logró llegar hasta el gabinete de toilette. Pasados algunos momentos se repuso, y al volver á la l'!]coba, vió que Zolá dormía profundamente.
Le preguntó, despertándolo, si se sentía mal
y si quería que ~e llamase á los criados; pero como le respondiera que no era «nada» y que la
presencia allí de los sirvientes no tenía objeto, Mme. Zolá intentó conciliar el suefio.

Casa de campo de Zola en Medan,

• t

Los de Sultepec, iguales labores manuales,
así como los de Texcoc9 y Tlalnepantla.
Las escuelas primarias anexas á las normales, enviaron al certamen juguetes de papel y
cuadros propios para la enseñanza objetiva, y
los de Valle de Bravo, implementos agrícolas
y otros trabajos escolares.
En cuanto á las otras escuelas oficiales, presentan trabajos manuales muy artísticos, que
forman una variada v hermosa colección.
La escuela primaria de señoritas expone trabajos en seda verdaderamente notables por lo
bien acabado de su hechura; siendo también

EL CONTINGENTE ESCOLAR.-Salón de labores manuales.

muy dignos de llamar la atención los de la
escuela de párvulos de Toluca y los remitidos
por los establecimientos de instrucción de Lerma, Otum ba, Tenancingo y Tenango.
Las escuelas «Josefa Ortiz, »((Sor Juana Inés,»
,,Progreso)) y ,&lt;Luisa M:aldonado;» las de Teotitlán, Ixtlahuaca y Jilotepec, y la Escuela
Correccion,tl, se distinguen principalmente
por la variedad y finura de los objetos que
ex hiben tanto las de niñas como las de
varones. Estas han enviado obras de capintería, enseres de escuela, calzado, ropa h echa,
muebles, etc.
No menos importante que el departamento
de:-tinado a l contingente escolar, es el de la
industria. En él se ven variados ejemplares
Lle alfarería, presentados por el Sr. Calderón,
y 0tros muchos productos del ramo.
La Escuela de Artes y Oficios presenta hermosos trabajos &lt;le fotografía, figuras en yeso,
harro, y muebles tallados.
En cuanto al contingente minero, lo más
valioso son las muestras enviadas de Ixtlahnnca, Temaxcaltepec, Valle de Bravo, y de
los Estados de Aguai:;calientes y San Luis Potosí.
La Escuela Normal y la de Artes y Oficios
exhiben modas y confeccionesyobjetosdearte, bordados, calados y de plata.
En el departamento central hay un artístico cenador, cubierto de flores artificiales, y
dentro de él un bm,to del señor General Dínz
así como una colección de coronas _v litografía~
hechas en la lJ:scuela de Artes y Oficios para
señoritas.
En el departamento contiguo se puede admirar una colección de mármoles, canteras y
materiales ele construcción, pertenecientes a l
Distrito de Tenancingo.

�Domingo 26 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

RL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 26 de Octubre de 1902.

á abrir el sobre señalado con el lema respectivo, resultando que el autor de la obrá premiada era el notable compositor D. Luis G.
Jordá.
Hay una circunstancia que no debe paFar
inadvertida: entre las setenta y ocho composiciones presentadas, el jurado ei;cogió las tres
que le parecieron mejores, para adjudicar á
una de ellas el premio. La,; tres habían sido
presentadas por el Sr. Jordá.
El triunfo no podía ser más completo.

EL JUGADOR HONRADO.
- Escucha-dijo Marión,-vamos á entretenernos con un juego que he inYentado.
-Se puede saber cuál es?-preguntó él con
timidez.
-Sí, oíd; yo os digo una coiaa, no importa
cuál, la primera que i:;e me ocurra; si os hace
llorar, perdéis y yo gano; si os hace reír, ganáis y yo pierdo.
-Bueno-respondió ron melancolía,-puesto
que tal es vuestro def'eo, empezad.
-Al punto-y acercándose á su oí&lt;lo,--os
aborrezco-dijo.
-Ja, ja, ja.
-Hola-dijo Marión-me engañáis. Os reís
para hacerme perder. Eiitoy segura de que en
el fonclo lloráis á la sola idea de que no os
ame. Pero bueno, esta vez no se cuenta; vol,·amos á empezar, sólo que ahora, si lloráil",
vo gano, y si no, pierdo.
· -Como queráis- suspiró tristemente.
-Oíd-dijo ella,-os :imo con toda mi alma.
m sollozó con desesperación.
-Tampoco!-exclamó ella enojada-¿cómo
se entiende?-ahora debierais reíros con la
más franca alegría, por haberos confesado mi
amor.

NUESTRO PAIS.-Río de la Canoa. (E. de Oaxaca.,

-Creedme ~Iarión-replicó él,-lo que acabáis de decir~ie no puede alegrarme de ning(rn modo. Pensaréis como os dé gana; pero
pcrmitidme que os diga que, tanto llorando
corno riendo, soil'I el mfü, leal de los jugadores; pero advertido yo de la m entiraque~iempre dicta vuestras palabrafl, na.di. puede igualar al gozo de oíros decir que no me am{tif',
como la desesperación que me produce oiro&lt;i
afirmar que me adoráis con toda vuestm alma.
CATULLE ME~DES.

Un pedestal es una peqneiia altura á la que
rodean cuatro precipicios.

***

El corazón guía haci::i las sublimes imprudencinA; la razón es la única que gobjerna.

***

Las palabras fl0n como el dinero: por el sonido se conoce si son falsas.

***

La revoluci6n es una lucha entre un mundo
que quiere nacer y otro que no quiere morir.

Detalles de los salones correspondientes á las Escuelas de Artes y Oficios.

La agricultura está representada por colecciones de cereales que se exhiben en dos departamentos y.que son de lo más completo
que puede verse.
Además, se ven en la Exposición una serie
de cartas del Distrito Federal remitida por la
Escuela Normal de Sefioritas de México, y algunos trabajos de carpinte;ía. y ((labore~)&gt; exhibidos por la Escuela Nac10nal de Ciegos.
En los corredores del edificio hay una magní-

En resumen, la Exposici6n de Toluca ·e ncierra, en sus distintos departamentos, todos
aquellos trabajos y productos que son suficientes para formarse juicio del ¡n-ado de adelanto _que alcanza el país y de la importan ·
cia de sus múltiples fuentei, de riqueza.
El éxito del certamen, por lo demás, se debe indudablemente 41 Sr. Gral. Vil1ada, que,
como funcionario, ha dedicado todas sus energías al progreso de la Entidad que gobierna,
colocándose por sus propios méritos entre los
gobernadores más progresistas de la República.

INTIMA.

Grupo de alumnas de la escuela de Artes.

fica colección de plautas finas pertenecientes
al Sr. Gral. Villada, en gran parte, y en uno
de los salones una valiosa serie de pinturas
exhibidas por el mismo funcionario y 'por su
Secretario particular.
Es también digno de mencionarse el contingente de los ganaderos, entre el cual se ven
hermosos ejemplares de ganado vacuno de raza suiza y criolla, borregos merinos, caballos
cruzados é ingleses, etc., etc., así como aves
de distintas especies, y animales pertenecientes al jardín zoológico.
Los Estados de Aguascalientes, Oaxaca
Coahuila, Durango, Colima, Tabasco, Vera:
cruz é Hidalgo figuran también en el Certamen con exhibiciones muy interesántes de
productos agrícolas é industriales.

. El himno de la Segunda Reserva.
AUTOR!PREMI.ADO.
Como saben nuestros lectores, el Comité
Central Obrero «Patriotas Mexicanos,» abrió
hace poco un certamen para poner música al
himno patriótico de la 2~ Reserva del Ejército.
Se presentaron al certamen 78 compoAiciones, y examinadas éstas por el jurado calificador que inte¡n-aron lm1 Sres. Melesio Morales,
Gustavo E. Campa y Capitán Ricardo Pachaco, se acordó otorgar el primer premio al
autor de la composici6n que tenía por lema este pensami_ento de Gutiérrez Nájera:

Cuando ya estés cerca
del reposo eterno
y tengas los ojos
velados y quietos
en un punto, en la esfera vacía,
mirando espantada
¡ esas cosas que miran los muertos!;
Cuando brote el labio
los quejidos lentos,
y la sangre apenas
circule en tu cuerpo
y penetre la luz en tu alma,
al par que los cirios
a~umbren tu pálido cuerpo,
Allí iré á buscarte
¡con amores nuevos!
¡como te esperaba,
vergonzoso y trémulo,
tantas horas al pie de la reja.

LA INDUSTRIA CIGARRERA

"El Buen Tono"
Nota verdaderam,mte interesante de la Exposición Nacionaren ToJuca, ha sido la concurrencia de la fábrica de cigarros ((El Buen Tono,»

do en dividendos 72 por ciento por cada acción de $100, cangeó ésta
por nuevas acciones de un valor representativo de $250, es decir, en los
cinco años de existencia de la primera sociedad, cada $100 habían producido $322.
La Sociedad, que desde 1899 venía girando con capital de......... .
$. 2. 500,000, pag6 en los tres ejercicios de existencia, 28 por ciento al
nuevo capital, lo que representa 70 por ciento al primitivo capital de
$1.000,000.
Así, pues, en nueve años el primitivo subscriptor le ha sacado á
su capital $392 por cada $100.
Para dará la negociación todo el impulso de que es susceptible,
acaba de elevarse el capital á $4.000,000 por la emisión de $1.500,000
de acciones preferentes con interés mínimum garantizado de 7 por ·
ciento.
La producción diaria &lt;le KE] Buen Tono,» es de cuatro millones de
cigarros, en cuya fabricación se emplean los mejores tabacos, y las máquinas engargoladoras llegan á 125.
Esta notable fúbrica es actualmente proveedora del Gobierno francés y &lt;lel Gran Duque Wladimiro de Rusia. En la Exposición de París
obtuvo el ((Grand Prix,)) ósea la recompenfla más alta.

~-

'
ÍI 1, • I 1

.

Salón principal de la elaboración.

·······································

¡Iré, por si aspiro
tu ceniza mezclada en el viento!
MANUEL PASO.
LUIS G. JORDA.

((El artista no llora lo que deja en el mundo.
sino lo que se lleva.)&gt;
En,.vista de la decisión del jurado, el Comité Central, en sesió:p e:irtrt1ordinatia, procedió

n

tan acreditada, no sólo en el país, sino también en los mercados extranjeros.
«El Buen Tono, » fundado por D. ErneRto Pugibet, y que fué convertido en 1894 en Sociedad Anónima con $1.000,000. según los datof'
que tenemos á la vii,t.1, elevó RU capital social ei:i 189_9 á 82.500,000,
cangeándose cada acción de $100 por dos un med10 acciones de la nueva
sociedad.
Sin im oortar rec,ngo alguno para los accionista1:1, resultó, en consecuencia, qué el accionista primitivo de 1894, después de haber cobra.

Detalle de la exhibición en Toluca.

..·

te

�Domingo 26 de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 26 de Octubre de 1902.

LA CERVECER1A DE TOLUCA.
Notables Progresos.
Uno de los departamentos que más llaman la atención de los que
visitan los salones del Certamen á que nos referimos en las páginas anteriores, es el arreglado por la Cervecería de Toluca para exhihir en él
sus magníficos productos. Pocas empresas, seguramente, están allí tan
bien representadas como aquella poderosa Compañía industrial: dispuestas en forma de pirámide, se ven todas las colecciones de las distintas clases de cerveza que fabrica y que tan estimadas son en el comercio, por sus sobresalientes condicionas de pureza, envas1:&gt;, etc., etc.
El lote, indudablemente, es una buena muestra de lo que pueden, en
la actualidad, la constancia en el trabajo, el capital sabiamente manejado, y el deseo más legítimo de atraer á los marchantes y complacerlos.

Había en los salones de la Exposición, al abrirse al público, multitud de visitantes que elogiaron la exhibición hecha por la Companfa,
y que, después, recorrieron los distintos departamentos de la Fábrica,
establecida en la misma ciudad de Toluca, para conocer sus magníficas instalaciones.
La Fábrica está montada en grande escala: la maquinaria es de lo
más moderno, y tanto por la importancia de su producción, como por
la fama que gozan entre los consumidores sus productos, puede considerarse como una de las primeras en América. En la actualidad, la
Cervecería proporciona trabajo á más de mil operarios, contribuyendo
así al bienestar de la clase obrera del Estado de México.

Como Gerente de la Negociación, figura el Sr. D. Santiago Graf, caballero que cuenta con muchas simpatías y que ha dado gran impulso á la Negociación.
Por lo demás, la Compañía Cim•ecera ha sido premiada en distintas
exposiciones nacionales y extranjeras, otorgándosele las más altas recompensas. En la Capital tiene establecida una sucursal desde hace algunos años.

LA FÁBRICA DE SAN ILDEFONSO.
El contingente de la Cerveceria en la Exposición.

Vista exterior de la Cerveceria.

En el movimiento industrial iniciado en México hace algunos arios, desempeña un papel
importantísimo, sin duda, La Fábrica de San
Ildefonso, negociación que ha logrado en un
período de tiempo relativamente corto, elevarse á una altura envidiable y adquirir un
prestigio que la coloca entre las empresas más
impo1tantes establecidas efi nuestro país.
La Fábrica á que nos referimos, situada en
la Municipalidad de Atzcapozaltongo, Distrito de Tlalnepantla, Estado de México, fué
fundada por Don Archibaldo Hope en el
año de 1847. En 1874 pasó á poder de los
Sres. Portilla, constituyéndose en Sociedad
Anónima, por iniciativa del Sr. D. Ernesto
Pugibet, en el año de 1895.
Reformada toda su maquinaria, puede fabricar hoy artículos de clase superior, semejantes en todo á los europeos, tanto en la claHe de casimires «Draperies», novedades para
hombres, ya sean de lana peinada 6 cardada,
como en la de cobertores de diversos estilos,
mantas de viaje y alfombras de tripé 6 «Moquette,:, llamadas de alta lana.
El actual Consejo de Administración lo
forman los Sres. Th. Brániff, H. Tron, D.
Signoret, A. ·Michel y J. B. Bellón, figurando
como Director General el Sr. D. Daniel Ituarte. y como Director Técnico, el Sr. D. León
Hupín.
.
La Compañía de San Ildefonso es propietaria del F. C. de Monte Alto, que partiendo
de Tlalnepantla, llega á San Pedro Atzcapozaltongo, y &lt;le las grandes Instalaciones HidroEléctricas que tiene arrendadas i1 la «Compañía
Explotadora de las Fuerzas Hidroeléctricas
de San Ildefonso, S. A.,» que aprovecha las
energías para la. producci6n de fuerza y luz
en la ~iud8d de México.
En la Exposición de Toluca, la Fábrica de
San Ildefonso exhibe actualmente sus prod uctos en un lote especial, que ha despertado, con

justicia, el interés de los visitantes. Los casimires salidos de sus grandes talleres llaman
desde luego la atención por la finura de su tejido y sus dibujos. Las alfombras que presenta la Fábrica son también de la mejor hechura y· revelan el grnd-0 de adelanto que alcanza

en la actualidad este importante ramo de la
industria.
Ofrecemos en esta página una vista general de la Fábrica y una fotografía del lote
arreglado por la Compañía explotadora para
el certameh abierto últimamente.

Detallo del lote do la Compañia en el Certamen de Toluca.

�Domingo 26

de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

''~a cNueva cln6usfria''

LL MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 18.

MÉXICO, NOVIEMBRE 2 DE 1902.

Subscripción mensual lorAoea, $1.50
l&lt;lem ldem. en la capüal, "1.25

Dlrectori LIC. RAf'AU RfYI&amp; &amp;PINDOLA.

Cierente: LUt!'I Rtl'f&amp; &amp;PINDOLA,

RTJINAS DE PALENQUE.

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Camas exhibidas por los Sres. A. Mestas y Comp.

UNA GRAN FABRICA.
En la crónica que de los departamentos de la Exposición Nacional
de Toluca, nos envió nuestro corresponsal en aquella ciudad, daba
cuenta de un local anexo al oficial; local que se distinguía por su elegan.
cia y por los finísimos objetos allí expuestos. Al fondo del hermoso co•
rredor que estaba cubierto con plantas varias, colección del señor General Villada, se destacaba entre nn departamento amplio, trasparentado
por lujosas vitrinas, el de ,eLa Nueva Industria», de los señores Mestas
y Comp., de la ciudad de México. Los concurrentes al certamen, atraÍ•
dos por el hermoso aspecto que presentaba el salón referido, acudían
en masa para admirar la soberbia colección de camas de latón que, con
su brillo y finísimo pulido imitando oro, formaban uno de los mejores
contingentes.
Las camas, cuya fotografía publicamos, estaban provistas de sus col•
chones, sohrecamas de raso y calados de lino.
La fama que tiene c,La Nueva Industria» por sus ricos trabajos, en
toda la República, se ha ensanchado en to&lt;lo el Estado de México con
el contingente que envió á la Exposición.
En la capital. los que conocen la fábrica y almacenes de ccLa Nueva Industria», han admirado siempre la rica y variada colección de sus productos. Hace poco que los señores Mestas, infatigables y honrados industriales que han elevado á una gran altura en la República el ramo
de fabricación de camas de diversas clases, muebles y útiles de casa
abrieron un almacén en la esquina 2~ de la Monterilla y San Agustín'.
Sin exageración alguna, ccLa Nueva Industria» es la primera en la
República y una de l&lt;ts principales en la América latina, en opinión de
los conocedores y del público de buen gusto.
Por lo demás, esta notaole fáhrica. ha tomado parte en varias Exposiciones extranjeras y nacionales, y con justicia se ha hecho acreedora
á los más altos premios.
Seguramente que en la Exposición Nacional de Toluca en donde repetimos, ha llamado la atención, obtendrá una de las ~ejore, redompensas.' pu:s aun9ue hay otros productos del mismo género, pasan inadvertidos Junto a los de ccLa Nueva Industria».

Almacenes en la Esquina de San Agustín y Monterilla,

CORREDOR DE LA CASA DE LAS LEYES.
11-

(Fot. de Walte.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Belleza del pie</name>
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                    <text>Domingo 26

de Octubre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

''~a cNueva cln6usfria''

LL MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 18.

MÉXICO, NOVIEMBRE 2 DE 1902.

Subscripción mensual lorAoea, $1.50
l&lt;lem ldem. en la capüal, "1.25

Dlrectori LIC. RAf'AU RfYI&amp; &amp;PINDOLA.

Cierente: LUt!'I Rtl'f&amp; &amp;PINDOLA,

RTJINAS DE PALENQUE.

'

'

ti '

' 1J;t¡11 ~,,,
'¡

.

~¡/

~

'

Camas exhibidas por los Sres. A. Mestas y Comp.

UNA GRAN FABRICA.
En la crónica que de los departamentos de la Exposición Nacional
de Toluca, nos envió nuestro corresponsal en aquella ciudad, daba
cuenta de un local anexo al oficial; local que se distinguía por su elegan.
cia y por los finísimos objetos allí expuestos. Al fondo del hermoso co•
rredor que estaba cubierto con plantas varias, colección del señor General Villada, se destacaba entre nn departamento amplio, trasparentado
por lujosas vitrinas, el de ,eLa Nueva Industria», de los señores Mestas
y Comp., de la ciudad de México. Los concurrentes al certamen, atraÍ•
dos por el hermoso aspecto que presentaba el salón referido, acudían
en masa para admirar la soberbia colección de camas de latón que, con
su brillo y finísimo pulido imitando oro, formaban uno de los mejores
contingentes.
Las camas, cuya fotografía publicamos, estaban provistas de sus col•
chones, sohrecamas de raso y calados de lino.
La fama que tiene c,La Nueva Industria» por sus ricos trabajos, en
toda la República, se ha ensanchado en to&lt;lo el Estado de México con
el contingente que envió á la Exposición.
En la capital. los que conocen la fábrica y almacenes de ccLa Nueva Industria», han admirado siempre la rica y variada colección de sus productos. Hace poco que los señores Mestas, infatigables y honrados industriales que han elevado á una gran altura en la República el ramo
de fabricación de camas de diversas clases, muebles y útiles de casa
abrieron un almacén en la esquina 2~ de la Monterilla y San Agustín'.
Sin exageración alguna, ccLa Nueva Industria» es la primera en la
República y una de l&lt;ts principales en la América latina, en opinión de
los conocedores y del público de buen gusto.
Por lo demás, esta notaole fáhrica. ha tomado parte en varias Exposiciones extranjeras y nacionales, y con justicia se ha hecho acreedora
á los más altos premios.
Seguramente que en la Exposición Nacional de Toluca en donde repetimos, ha llamado la atención, obtendrá una de las ~ejore, redompensas.' pu:s aun9ue hay otros productos del mismo género, pasan inadvertidos Junto a los de ccLa Nueva Industria».

Almacenes en la Esquina de San Agustín y Monterilla,

CORREDOR DE LA CASA DE LAS LEYES.
11-

(Fot. de Walte.)

�Domingo 2 de Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

en veremos! Yo no he omitido esfuerzo para
de éste marchaba gentil pPrsonaje de la avenque todo termine satisfactoriamente,y la prue· ~ tura. La luna recortaba sobre el azul profunba es que no he dicho esta boca es mía y que " &lt;lamente obscuro del cielo, la silueta del antiapenas me he permitido algunas ligeras alu- · gúo caserón almenado, y de su principal bal1
siones y esto porque su conductn,'me ha oblicón de marmóreo halaústrc y ancho como
-Perdóneme que lo venga á molestar y á
gado á ello.
mediana pla1.0lPta, colgaba la escala de seda,
quitarle un poco el tiE,mpo. Veo que está us"Como
caballero
y
como
amigo,
me"dreocon
tendida por la i,obornat!a dueña para abrir
t~d muy ocupado y me a.pena distraerlo dé ·
derecho á que se me diga de una vez á cómo
camino á las audacias t!el galán. Detrúwde
sus muchas y graves ocupaciones; pero estoy
corre, para que cada cual quede en el puesto
los vidrios verdosos y emplomaclo11, ~e .a&lt;livipasando las de Caín y necesito contarle todo
na.l&gt;a más que se veía la tigurn esbelta y blanlo que me pasa y pedirle consejo. Para eso ~que le corresponde y no se diga luego: que te
fué y que te vino! Ningún trabajo les cuesta
ca. &lt;le la doncella por quien vibrabti con ritmo
son los amigos.
decir sí 6 no, y cuento acabado! Yo por mí les
de pecho agitado toda la múc¡uina retórica y
--¿ .................. : ..... ?
aseguro que con sí ó con no, me lavo las masentimental levantada en el alma &lt;lel farma-¡Qué ha de ser! Lo de siempre ...... ya se
nos,
y
el
que
venga
atrás,
que
arree.»
céutico; blanco el rostro, IJlanco el traje, neacuerda!. ..... .el negociQ aquel!. .... .
Pasa usted á creer que ni por éims! El viejo
gras las trenzas que colgaban sobre la espalda,
-¿....................... ?
pelaba
tamaños
ojos,
el
hermano
estaba
como
las pupilas de dilatado campo lun,inoso, en
· -Sí, hombrel . no se haga!. ..... Pues mire
tonto en vísperas, la vieja se ha.cía la dormiªa;
cuya córnea alabastri na el re,;plamlor interno
lo que sucede: · &gt; . .
y yo, para no forzarles la mano ni agarrarlos
velado por los púrpacloi&lt;, tenfa relún1pngos &lt;le
Todo' marchaba á P.edir de boca. Yo había
con el dedo tras de la puerta, cogí y me fuí
pasión y adormecimienlos de melancolfo.
, puesto de mi parte cuanto me había sido popara
que
no
festinaran
el
asunto
y
obraran
con
Y,i se contemplaba el soiiadot· en medio de
sible pitra que no hubiera dificultades, y al
conocimiento de causa.
una lluvia de estocadas, blandiendo unn. tizoprincipio ~reí haberlo conseguido. Con el caAhora me encuentro en otro aprieto: ¿qué
na y defendiendo su vicia
rácter· que usted me conpce, convendrá en que
hago si me resuelven por la afirmativa, y qué
contra los campeones, humi actitud fué siempre la que debfa ser, y en
me conviene si se cierran á .la banda y &lt;licen
yendo en su caballo, en la
que p_rocuré qu-e nada hi1biera de raro ni de
nones? Usted que es frío y reflexivo, aconséjemedrosa noche, de la cattrapóma1o en el asunto. Mientras llevaba este
me, se lo suplico; la cuestión, como ha podido
va &lt;le corchetes y idguaciles.
«ten C(,&gt;11 ten)&gt;, no dejaba de estar en observaver, es para mí de capital interés; yo estoy
Para todo::; losatrevin1ienci&amp;n; y haciéndome el zorro, todo lo veía y de
tal vez ofuscado y no le doy á la bola; ahora
tos había impulsos en su altodo estaba al tanto, sin que nadie se las esque sabe usted á qué atenerse y conoce todos
ma, y para todas las biza.pantara, especialmente el viejo.
los pormenores del asunto, dígame qué debo
rrías vigor en su puño.
A poco empecé á notar cierto no sé qué, alhacer.
El ensueño se apoderó &lt;lel
go de raro que, francamente, no me esperaba,
-Tal como usted me pinta la situación, no
mozo y andaba por ahí hepero que me hizo parar las orejas y estar más
creo que haya más que un consejo que darle.
cho un papanatas, sin troen guardia, aunque tragando camote y sin dar
-¿Cuál?
pezar con la realidad, todo
mi brazo á torcer. Aquello continuó varios
-Haga usted lo que le parezca.
encerrado en su fanta::;ía, cadías y, aunque no subió de punto, acabó por
-Gracias! Mil gracias! me salva usted la
mo el testáceo en sus Yalvas, feliz al creerse
importunarme y forzarme la mano.
honra y acaso la vida!.....
excepci611 de la humanidad ramplona, despre•
Tanteé el terreho, me fuí con pies de plomo, me hice el zorro y·...... nada! Por más re2Jr. Jrl• }/Ores.
ciando los formularios oficiales y mandando
al diablo· los ungüentos y las píldoras.
des que les tendí y por más planes que les puse, al -otro principalmente, ellos seguían haEso de estarse horas y horas ante la retorta
ciéndose patos y nunca daban color. Com¡,uesta al fuego, espiando la destilaciún de inprendí que me estaban tanteando, y siempre
decente brebaje que iba á envenenar al cándiprudente y tratando de aclarar el punto, aprodo y desesperado enfermo, parecíale la más
veché una coyunturA para interpelar á la vievil ocupación del munclo. Pues no digamos
Había
asistido
el
iovendto
á
la
representaja y le díje categ6ricamente: «¿En qué quenada de cómo juzgaría el emplear su tiempo
ción del Tenorio en un teatro de la corte,y desdamos?» Ella se me quedó mirando con un
en aprender las envenenadoms fórmulas quíde
aquel
momento
había
sentido
hervir
en
su
modito! y en vez de responderme, me dijo:
micas en que andan revuelta:,; las letras del
corazón ardientes ambiciones y en su cerebro
«¿~n qué quedamos de qué?»
·
abecedario
con los números en jeroglífica mezdeslum bra&lt;lore!! planes.
Sentí que el demonio me llevaba; pero me
colanza. ¡Cuánto mejor era. renovar las avenEra
un
mozo
de
dieciocho
años,
recién
lledije á mi mismo: «¡Cepos quedos! no comproturas del amor y las guapezas y lances de aquel
gado á Madrid para estuiliar Farmacia, hijo
metamos la literatura!" y me despedí en el
grandísimo I erdido
de
un
boticario
de
acto.
sevillano,
que tenía
un pueblo anticua:Mi situación no podía ser peor. Si aflojaba,
para
toda
dificultad
do y humilde. Las
ya me las podía compon~r; si apretaba, todo
la soluci6n en su esimpresiones de la
podía comprometerse. Era necesario enconpada!
gran
capital
traíantrar un "modus vivendi» y buscar una compoAcabado que fué
le trastornado. Has- ·
nenda que conciliara todo, y resolví aguantar
ese curso, cuando
ta
entonces
no
hapara salir del mal paso.
volvió a su lugarejo
bía salido de la vulNo era fácil darle. á la bola, y por más que
familiar el estudiangaridad
del
villome rascaba la cabeza, no encontraba modo de
te, había perdido el
rrio. Predispuesto
emplantillar.
curso v las carnes é
su
espíritu
á
las
coEl caso era claro como la luz del día. De un
iba flácucho y dessa!! extraordinarias,
lado, gentes como ellas; y del otro, un ~&lt;trácter
colorido.
estaba
en
ese
macomo el mío. Ellos siempre esquivando el lanHabía intentado
men to y en esa oca•
ce; yo haciéndome el tonto Y. viéndolos venir.
la parodia de Don
La cabeza de Víctor Hugo.
sión
en
que
el
alma
En éstas y en las otras pasaba el tiempo, y
.Juan dentro de los
va á dar un estirón
las cosas en su ser. Muy amables, muy cortemedios de su escuedefinitivo
ó
se
queses! F,.,lanito por aquí ó Fulanito por allá!
Acorazad nuestra grandiosa esfera
ta. bolsa y de la proda encogida é inútil
Pase, siéntese!; pero de lo otro ni agua! Lo que
Con un blindaje de oro rutilante,
sa imperante, y &lt;lió
para
siempre,
como
más me ardía, era que sólo respondían cuanPonedle un torvo monte por semblante
con la salud en ma,
el enano que llega á
do les pregu11taba, y que s¡ no se les llamaba
Y un turbulento mar por cabellera..
::os do los médicos.
viejo
sin
dejar
de
al terreho, no hablaban sino de cosas indifeCon sus arrestos y
Al fondo dad de la mirada. austera.
ser físicamente ni1·entes.
gallardías aprendió
Un
temblor
de
relámpagos
brillante,
ño.
Es
el
período
Yo quería dejar sentado este principio: al
que Don Juan huY en los labios poned a.mor bastante
decisivo en que el
pan, pan, y al vino, vino, para que desP.ués no
biera hoy acabado
Para
inundar
la
humanidad
entRra.
hombre clasifica enhicieran el fo ni se lla,maran á engaño; pero á
f&lt;U primer calaveratre
los
seres
que
buspesar de que S(?Y claro y categórico y no hay
Brindadle por enorme fantasía
da en una delegacan las alturas ó enmanera. de ignorar lo que quiero decir, ellos
Todo
el espacio en que despeña el día
ci6n de policía.
tre
los
que
se
quesiempre en sus trece y jesuiteando de lo linLos ríos de coloi: de su paleta.
De la resurrección
dan adheridos á la
do. La cosa se ponía de color de hormiga, y to&lt;lt~ las víctimas que
corteza
térrea,:
ó
le.
Dad le por voz el rayo omnipotente, '
mando al toro por los cuernos, me presenté un
había sofiado que
nacen las grandes
día resuelto á todo, 6 poner los puntos sobre
Ponedle mil Ves ubios en la frente, ~
mataba, sólo tuvo
alas
de
la.
vida
inte¡¡Y ése es el cráneo inmenso del Poeta!!
las "ies» y á no dejar títere con cabeza.
vislumbres en los
lectual ó le nacen
Me apersoné con todos y del pe al pa les
SALVADOR RUEDA.
muertos que le leraíces.
canté el credo:
vantaron en alguna
Aquella represen"Ya hace tiempo- les &lt;,li;fe -que ustedes
leonera adonde fué
tación
del
Tenorio
saben á qué atenerse y ,ya no pueden alegar
á probar fortuna, imaginándose que iba á
fué el golpe mágicó. Habíase desgarrado el teignorancia. Bastante ·cláro les be dicho mis
encontrar la talega de onzas con que el burlalón
que
le
ocultaba
el
mundo
de
la
fantasía,
y
propósitos y bien mani~es"tás han sido mis indor audaz apedreaba á sus enemigos y prehallábase de improviso trasportado á una ciutenciones; tanto que una ve1. en el tren me dimiaba á sus servidores.
dad
misteriosa,
de
tortuosas
callejuelas,
en
jeron ustedes: et.No 1ie haga guaje! ya sabemos
En cuanto á Dofia Inés, una sola conoció
cuyo desigual empedrado sonaban lo.e; cascos
de qué pie cojea!» Despuég.&lt;le eso yo esperaba
y mús le valiera no haberla conocido, porque
de
un
caballo
castizo,
y
sobre
el
inquieto
lomo
una resoluci6n definitiva;. y todavía estamos

-CONFIDENCIAS.

Domingo 2 de Noviembre ele 1902.

•

DONJUAN.

SR. GRAL.

D.

CARLOS GARCIA VELEZ.

resultó se~ un~ zafia costurera que, después de
no muy hmpias andanzas, vino á dar con sus
huesos en una casa que no tenía nada de convento, dejando al confuso
mancebo en la. más triste de
las desilusiones.
El deslumbrado lugarefio
no si~vió ya para cosa alguna., m para moler alcanfor
en el mortero de la botica, y
fué parásito de su familia y
eterno descontento de la vida.
-Lo cual significa-decía
. el cura del pueblo sobre el
caeo con el médico- que todas esas creaciones
de. la po~sfa que tanto encumbran los sandios,
no son smo causa de males infinitos.
.-Nada de eso, amigo-replicó el doctor. Lo que sucede es que la poesía es como los

.

vinos jerezanos: bebida de caballeros que trastornan al vulgacho. El que se acerca al tabernáculo del arte con alma prosaica, perecerá como el israelita de la tradición bíblica.

.,

J.

ORTEGA MUNILLA,

OLlVERETTO DE FERMO.
Fué valiente, fué hermoso fué artista•
Inspiró amor, terror y respeto.
'
En pintarle gladiando desnudo
ilustró su pincel Pintoretto.
'
Machiavelli nos narra su historia
de asesino elegante y discreto.
César Borgia lo ahorcó eri Sinigaglia.
...... Dejó un cuadro, un pufial y un soneto.
MANUEL MACHADO.

SRA. AMALIA MARTINEZ lBoR DE GARcrA VÉLEz.

El Primer Ministro de Cuba en México.
A bordo del Ya por ,,León XIII» arribó á Veracruz, días pasados, el .Sr. Gral D. Carlos
~arcía Vélez, Ministro Plenipotenciario y EnYiado E_xtraordinario de la República de Cuba
e!1 México. Después de una corta perrnanenc~a .en aqnel puerto y en Orizaba, siguió su
v1aJe rumbo á la capital, llegando aquí el 25
del pasado por la noche.
·
. ~ la estación del Mexicano estuvieron á rec1bul? los miembros más distinguidos &lt;le la
coloma cubana y algunos caballeros mexicano!', que saludaron su llegada con apl,msos.

. El S~. Gral. García_ Vélez, hijo del prestigiad&lt;;&gt; rnsurgente Cahxto García, nació en
Santiago de Cuba por los años de 1863 á 1864.
~urante la. sangrienta guerra conocida por «de
diez afios", fué hecha prisionera la Sra. Isabel
Vélez, madre del señor General, y llevada á Ja
Habana, la acompañó en su cautiverio hasta
que obtuvo su libertad y pudo él dirigirse á
l?~ Estados Unidos, donde comenzó su educac~~n. Al fin d~ la guerra, su padre fué tambien hecho prisionero y deportado á Espafia.
Al estallar la última insurrección se dirigió
nuevamente á los Estados Unidos, 'y en compañía de su padre organizó una expedición á
la I~la, á bordo del vapor "Jokin", que naufrago. El Sr. García Vélez, por último sirvió
en el Estado Mayor del General García, y al
frente de una brigada cuyo mando se le enco,
mendó poco después, asistió á muchos combates prestando valiosos servicios á la causa
revolucionaria.
'

***
_ El Señor Ministro de Cuba viene acompanado d~ su esposa, la Sra. Amalia Martínez
Ibor, lnJa de uno de los cosecheros principales de la Isla, y de un pequefio niño que lleva.
el nombre del patriota Calixto García. Lo
acompañan también el Sr. Dr. D. Franoisco
de Paula Coronado, con el r.arácter de Primer

Secretario de la Legación, y el Capit,fo Alibal
Escalan te, como "attaché)&gt; militar
El_Sr. Gra). García Vélez fué ~ecibido por
e1 senor Presidente de la Repúhli·ca
ce
· l
, con e1
remoma acostumbrado el jueves d l
mana pasada.
'
e a se-

EL PASADOR DEL ABANICO.
(EL'.AOTOR)

De un abanico la gentil figura
De un teatro en la forma se revela.
Componen la magnífica vitela
'
Los palcos donde b1;illa la hermosura.
La gen~ alborotada de la altura
Es el encaJe que en su torno vuela.
Y_ la que al :.:;atio oprime y encarc~la
Tiene del varillaje la finura.
'
Como rayos de luz son las miradas
Que vuelan todas á, morir atadas
En el actor que el sentimiento expresa.
¡Feliz el genio de decir sonoro
Que c?m~ rico pasador de oro '
El vanllaJe de almas atravie~al

r••

..,
J. ,

�Domingo 2 ele Noviembre de 1902.

EL :MUNDO ILUSTRADO

Todo el dfa 26, puede decirse, persistió la lluvia de cenizas en los
Antes que él se encuentran los volcanes de Teca~n y Tajumulco.
Estados de Chiapas y Tabasco y en una gran zona de Oaxaca que comLa cordillera de los Andes, que forma en la Amér~ra Centr~l una
prende los distritos de Tehuantepec, Pochutla, .Juquila., Miahuatlán,
red muv intrincnda, va descendi1&gt;ndo lentamente hacia el Pacifico .Y
Ocotlán y Tlacolula; las cenizas llegaron hasta la capital del Estado,
divide ia r{'gión fría ó templada,de la coflta, constituyendo una especie
donde el fenómeno produjo una verdadera sorpresa. De San Juan Baude muralla, cuyos picos principales se divisan completamente desde el
tista se tuvieron informes de que, desde las nueve de la noche del día.
mar.
anterior, ilO había cesado un momento; la ciudad amaneció envuelta
El Yolcán ele Ranta María es perfectamente Yisible desde el puerto de
en una capa blanca, que brillaba á los rnyos del sol, romo la nieve.
Clrnmperico y tiene una forma~cónica. Al Norte se extiende la plan.icie
Los ruidos subterráneos se estu·
en cu yo centro está situada la dlt ·
---------------------------,7
dad de Quezaltenangó, destruída
vieron observando casi sin interrupción.
por los terremotos de abril último,
En Tuxtla Gutiérrez y en Comiy vuelta á destruir apenas empetán (Chiapas),el fenómeno reviszada á reedificarsf', por los temtió caracteres excepcionales, pues
blores de septiembre.
en la primera de estas poblaciones
Los flancos del volcán, septenla lluvia arreció á las doce de la
trional y meridional, son complenoche de una. manera alarmante,
tamente distintos, pues mientras
y en la segunda llegó á cuhrir ¡,]
al Sur se nota un descenso muy
1-'uelo con unn. capa de veinte minotable en el terreno, al Norte el
límetro3.
clei;cenr;o es poc0 sensible. A un
lado estÍln las poblaciones ele San
El 27 cesó la***
lluvia en la maFelipe y Retalhuleu y otras de
yoría. de los puntos en que dumenor importancia. Quezaltenanrante tres días y con ligeras ingo quecla á dos 6 tres leguas del
terrupciones, se estuvo obsen·anfoco volcánico y es, por lo misdo; pero esto no fué suficiente pamo, una de las ciudades expuesra calmar la excitación por comtas continuamente á ser destruípleto, debido á la creencia, muy
das por las erupciones.
generalizRda, de que en Chiapas
PALENQUE.-EL RIO 11hrHOL.
La altura del Santa l\Iaría es
había, como antes decimos, apade unos mil trescientos metros sorecido un volcán.
bre el nivel del mar, y en la estaPara desvanecer esta versión,
ción de invierno se encuentra nie·
el señor ingeniero Paf:trana, dive en su cúspide. Se creía generector del Observatorio Meteorolóralmente que estaba extinguido;
gico Central, dirigió un telegrapero hace algunos años, un geóloma á los jefes políticos de los disgo alemán anunció su actividacl,
tritos de Chiapas y Tabasco, afirque ha venido á comprobarse plemando su opinión de que los fenamente. Es ca;;i probable que
nómenos observados provenían de
la actual erupción haya causado
un centro volcánico correspongrandes perjuicios en una de las
diente á GuatRmala. Esta opinión
zonas más ricas de la. República
ha quedado plenamente confirma,·ecina, como es la de ,cCosta Grn•da, y el pánico ha ido, poco á po
de», que comprende el terreno que
co, desvaneciéndose.
más fácilmente puede ser invadiLa localización del foco volcánjdo por las lavas.
co, por lo demás, basta para que
nuestros lectores se den cuenta
de la intensidad del fenómeno,
intensidad verdaderamente asombrosa, toda vez que el volcán de
CITIAPAS.-PLANTIO DE IlULE.
En cuanto á las ciudades del
Santa María, situado en las cerSur de nuestro país en donde se
canías de Quezaltenango,dista de
sintieron los temblores y hubo
Tehuantepec más de cuatrocienlluvia de cenizas, parece que no
tos kilómetros y más de seteciense registraron desgracias personatos de Oaxaca, dudad en que se
les. Los plantíos, en cambio, suobservó la lluvia de cenizas.
frieron algunos perjuicios.'
Acerca del volcán de Santa María, tenemos los siguientes datos,
Es de mencionarse, por lo de·
que transcribimos por ser, en esmás, el empeño con que tanto las
tos momentos, de la mayor imautoridades de Chiapas como las
portancia:
de Tabasco, procuraron restableEl Santa María se encuentra
cer la calma en aquellos puntos
situado en la región occidental de
donde la alarma de los momdores
la República de Guatemala, á 68
llegó á su más alto grado. Las
kilómetros de la línea que divide
oportunas medidas dictadas en esá México de ese país.
te sentido impidieron, sin duda,
El volcán es uno de los primeque ocurrieran accidentes lamenros del sistema orográfico centrotables, no obstante la consternaamericano que forma en las Reción que dominaba en las masas
públicas de Guatemala y de El
v la. intensidad de los temblorts
Salvador una cadena de picos á lo
registrados, sobre todo en San
largo de las costas del Pacífico.
'fABASCO.-UNA CALLE DE FROXTERA.
Cristóbal, donde se sintieron cuaFots. de Waite.

GUATEMALA.-EDIFICIC:l Y PASEOS PRINCIPALES.

I1 ·

Domingo 2 de Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

Tos últimosJ_emblores
LLUVIA DE CENIZAS.
~ ONDA sensaci6n han producido en el país las
noticias que hace algunos días circularon con
relación á los temblores registrados últimamente en distintos puntos &lt;le la costa del Pacífico y del Estndo de Chiapas, y á la lluvia
'--- de cenizas observada en una extensa zona de nuestro territorio.
,':Las primeras noticias se recibieron en,.-,,
~~.::..-j. --·_;~ .
la Capital el 24 d~l pasado,_ día en que¿__,
- -..
por telegramas oficiales y privados se supo que ~anto en San Cristóbal ½as Casas y en Juchitún, como en Tuxtla GutJérrez y San Bartolo, se habían sentido movimientos seísmicos,
:icompañados 1e fuertes ruidos subterráneos. En algunas comarcas del
istmo de Tehuantepec se observó el mismo fenómeno.

VISTA DE TERUANTEPEC,

En San Cristóbal se presentó el día despejado; pero de rep{'nte el
sol se obscureció, comenzando á caer sobre la ciudad y sus alrededores
una espesísima· lluvia de cenizas. Lo inesperado del fenómeno hizo
que entre los ha,bitan~s cundiera un pánico ind{'scriptible: las familias
abandonaron sus casas, temerosas de una catástrofe, y el sol se nubl6
á tal grado, que en los esta:blecimientos mercantiles y en las oficinas,
fué preciso hacer uso de la luz artificial. Los ruidos subterráneos eran
cada vez más fuertes, y cuando el temblor se dejó sentir, la alarma no
tuvo límites: las mujeres rezaban en voz alta por las calles· el tráfico
quedó interrumpido en toda la ciudad, y las casas se vieron' en un roo- .
mento desiertas. En los templos se tocaron las campanas para congregar á los fieles, celebrándose algunas ceremonias religiosas.
La lluvia de cenizas cayó también en Comitán en Motozintla en
Tuxtla Gutiérrez y otros puntos, causando, como ;n San Cristóbal' un
pavor inmenso. Los ruidos- decía un telegrama-son tan fuertes' que
en Tuxtla Gutiérrez se oyen lo,; de Comitán. Las familias comen;aron
á emigrar el mismo día á los Es'..ados de Tabasco y Oaxaca.

A hacer más crítica la situación de los aterrorizados vecinos de aque)las_ pobla.cioµes, c0ntribuyó principalmente el dicho de un grupo de
md10s que aseguraron que una montafia poco distante de San Cristóbal arrojaba humo y cenizas. Esta versión fué desmentida más tarde
dándose por seguro que el cerro que se encontraba en erupción era el
de c,Don Juan", que est{L inmediato á Palenque. Los informes de las
autoridades políticas, transcritos al Observatorio Meteorológico Central
aeí lo afirmaron, aunque, como ahora se sabe, éstos informes carecía~
de fundamento.
Por lo que toca al Estado de Tabasco, el fenómeno se observó en Tenozique, Montecristo, Macuspana, Tacotalpa y otros pueblos que fueron presas de un pánico terrible.
'

CHIAPAS, TRABAJADORES DE UN PLANTÍO EN SAN LEANDRO,

lota, do Wa!to,

�Domingo 2 de Noviembre de 1901.

EL MUNDO ILUSTRADO

·,

Domingo 2 de Koviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
renta y cinco. En el puerto de Acapulco el movimiento fué trepidatorio y duró algunos segundos.
Publicamos en estas páginas fotografías de diversos puntos de Chiapas y Tabasco y ele Tehuantepec, así como de Salina Cruz, donde sopló un norte furioso hace pocos &lt;lías.

MERCADO DE TEHt:ANTEPEC.

RIO DE TEHUANTEPEC.

VISTA DE FRONTERA.

A;;í nrnrchan&lt;lo, llegamos lÍ lo alto del montr, donde una pnlmn.a :-e
clef:greñaba :-obre un abismo lle110 de mudez y de nieblas. Frente á nrii;otroi&lt;, muy lejoF, el•cielo se desbordaba como un inmenFo paño nmarillo, y F&lt;ohre &lt;&gt;se fondo vi\'O, color yema de huern, se destn.caba un negrí:-imo otern, que tenía clln-aclas en la cima tres cruces en línen. finas
.v de un solo trozo. El Diablo, después df;l el'garrar, murmuró c~giéndome del hrazo:
«La del n1edio es la de Jesúi&lt;, hijo de .José, á quien tnmbién llaman
CriFlo. Lh•gamos ú tiempo pnra. F&lt;n.horear la Ascensión.»
En efecto, In. crnz del n,edio, la de Cri~to, df!'arraigacla del otero
como un fü'bu¡,:to que el tiempo arranen, comenzó á elc\·arsc lentnmen~
te engroF&lt;n11do, ocupnndo Pl cielo. Luego, ele todo el &lt;'Spacio Yolaron
Íl11geles á f:OFlenerln, apurados como palom11s cuando acuden al grano.
Unos tiraban desde arriba, después de haber amarrado al madero largas cuerdas de seda; otros la empujaban desde abnjo, y noFotros notábamos los rsfuerzos de f&lt;Uf&lt; brazos azulacloi,. A ,·eces de la cruz se
desprend¡a, como ele una cereza muy madura, una grue,-a gota de sangre; un f:erafín la recogía en las mnnos y marchabn á colocnrla en la
pnrtemás alta dd cielo, donde quednbasuf'penf:a y brillaba con el resplandor de unn e,:trdla, Un anciano enorme, con t(mira blanca {¡
quirn distinguínmos poco !ns facciones entre la abundanria ele su cal;e.
llera revuelta ,\' los fieros de F&lt;US hnrhns 1wrnclaf:, mandn lin, recostado
entre nub-es, estas maniobras ele la Asceni-:i{m, en una lengun l"emejante
al lntín, y fuerte como el rodar ele cien cnrros de guerra. Súbitamente
todo desnpareció. El Diablo, mirando ]'nrn. mí, ·&lt;'xclnmó pensntivo:
«¡CoNs1·~1MÁTmc EST, amigo! ....... ¡Pero otro Dio~!. ...... ¡Pero otra rnligión! E~ta \'ª á extender en tierra y eielo un tedio inenarrable,,,
Y luego, lleYún&lt;lomc por la rolina abnjo, el Dinblo comenzó á contarn1e animaC:amPnfo los cultos, Ja¡¡ fiei;tas, las religiones que florecían
en su ju\·e11tud. Tocla ef'ta cof-ta del «gran Yerde," deRde J3iblos hasta
(::artngo, deF&lt;cle Eleusis á Menfis, eFtaha poblada ele dioses. Unos deslumbraban por la perfección de su belleza, otros por la complicación
de RU ferocidad; pero todos Re me1.claban en la vida humana divinizúndola. Viajaban en carros triunfale!', respiraban las flores, b¡bían vino:;;, clesflorabnn las vírgenes adormecidas. Por eso eran amados con
un amor que no ,·ol\'e~á mlí~. ½&gt;s puebll s, emigrando, podían abandonar sus ganados ú olvidar los nos donde habían bebido pero llevaban
consigo sus dioses.
'
-¿El amigo, me preguntó, no estuYo nunca en Babilonia?
Allí todas las mujeres, matronas ó doncellas, iban un día á prostituirse 1i los bosques Eagrad?s, en honor de Milita. Las más ricas llegaoan
en carros de plata, puJados por búfalos y escoltados por esclavas· las
más pobres llevaban una cuerda al cuello. Unas extendiendo un t;piz
en la yerba se agachaban como reses pacientes; otras, erguidas, desnud~s, blancas, con la cabeza oculta en un velo hegro, parecían esplénthdos márD?oles entr~ los troncos de los álamos. Y todas así, esperaban
que cualquiera, arroJándoles una moneda de plat.a, les dijese: «En nombre de Venus.» Lo seguían entonces, fuese un príncipe llegado de SuRa cori tiara de perlas, ó un mercader que corriera el Eufrates en su
barco de cuero. Y toda la noche rugía en la obscuridad de los ramajes
el delirio de la lujuria ritual.
Después, el Diablo me contó las hogueras humanas de Molok los
Misterios de la Buena Diosa, donde los lirios se regaban con s~gre.
y los a1·dientes funerales de Adonis.
'
Parándose, me preguntó familiarmente:
-¿No estuvo el amigo en Egipto?
Le contesté que sí, y que había conocido á Maruja.
El Diablo, muy cortés, me dijo:
·
-No era Maruja, ¡era Isis! Cuando la inundación llegaba hasta Menfif, _las agua~ Re ~ubrían ,de, barcas sagra~as. Una ale~ría heroica,
subiendo hacia el Sol, hacia a los hombres iguale¡¡ á los dioses. Osiris
con sus cuernos de buey, cubr~a á Isis,_ y entre el vibrar de las arpa~
de bronce, se oía por todo el Nilo el rugido amoroso de la Vaca &lt;li vina.
DesT?u,és el Diablo me contó cómo brillaban dulces y bellas en Grecia
las religiones de la Natu,raleza. Allí todo era claro, puro, luminoso y
sereno. La harmonía saha de las formas de los mármoles, de la cons-

¿-

titución de las ciudades, de la elocuencia de las academias y de la
destreza de los n.tletas. E1itre las
islas de Jonia, flotando en lamolicie del mnr mudo, como cestas
de flores, las Nereidas Re encaramaban á la borda de los navíos
para oir las historias de los viajeros; las :Musas canta.han en los
valles y la belleza ele Venus era
como una condensación de la belleza de (&lt;Hellenia.."
Pero ifl.Y!, liahfa aparecido este
carpintero de Galilea, y toclo acnbó. La faz humana tornúbase para i,iempre pálida y llena ele mi~ticismo. l'na trur. sonihrfa, cubriendo la tietTa., n pngn ba el ef'·
plmdor de lao; rosas y quitnlm el
i,:nhor á los hrsof': ¡_v em. grato al
clioR nue\'0 la fealdnd de In~ for
mas!
J uzganclo á Lucifer E&gt;ntristecido, yo trataba de conF&lt;olnrle:
-~o se apure; aun ha de haber en el mundo mncho orgullo,
much0 furor. No lamente la~ hognern.s de :\Iolok; ha rle presenciar hogueras de judíos.
-¿Yo? me contestó aclmirado.
Unos y otros no me importan.
Ellos pa~an, yo quedo.

EL 2DEABRIL
1Jn cuadro valioso.

El Sr. Ministro de la Guerra,
General D. Bernardo Reye!', ha
obsequiado al señor Presidente de
la. República con un cuadro mural que.represen~, Ja_ entrada. del
ilustre Jefe del EJerclto de Or1én,, te á la plaza de Puebla, al commmarse el glorioso asalto del 2 de
Abril de 1867.
El cuadro á que nos referimos,
fué pintado por el Sr. Francisco
de P. M:endoza y mide dos metros veinticinco centímetros de
largo, por uno cincuenta de ancho. Como obra de arte, se echa
de ver desde luego la v""rdad l'0n
que están tratados los princip:tles
detalles y· lo bien estudindo do la
composición. En el centro se ve
la fuente que en aquella época
existía en la plaz1. principal, y á
la izquierda la catedral, cuyas esbeltas torres dora la prit,1era luz
ele la mañana. El héroe de aquella gloriosa jornnda está re'pl"esentado lí. caballo, segnido de su
Estado b-favor y con la espada
clesnnda, ~alurlando al Batallón
E&lt;;A m~ QuErno1..
de Oaxaca, que forma á la derecha en línea desplegaa.a.
En la composición del cuádro
entran cañones despedazados. por
ltUERTR UE U~ IIROICO NOTABLK
la metralla, y grupos de sold~dos
que hn.cen la impresión más completa. El colorido es del. mejor
Víctima de una dolorosa enferSR. DR. D. A::IIADOR VELASCO, ELECTO ÜBISPO DE COLIMA.
efecto, pues á la luz auroral que
medad, falleció hace pocos días
ilumina la población, se mezcla
el Sr. Dr. D. Manuel Ca.rmona y
el rojo fulgor de los disparos con que, las
Valle Jefe de la Escuela de Medicina de :Méy alumnos de la Escuela y multitud de amitropas victoriosas saludaban al Sr. General
gos y admiradores del iraestro.
xico, 'y uno de los hombres ?e ciencia á quien
Díaz.
más debe la juventud estud10sa.
El Sr. Dr. Carmona y Valle era el decano
de los profesores de la Escuela, pues comenzó
á Rervir la clase de Clínica Externa el alío de
En cuanto al irntor del cuadro, diremos que, ·
1866. En 1890 presidió el primer Congreso de
pensionado por el gobierno de Coahnila, su
Higiene reunido en México, y el segundo ConEstado natal, ingresó á la Academia de Bellas
Pam cubrir el puesto que dejó, como tercer
greso panamericano. Fué, además, presidenArtes donde hizo sus primeros estudios. Poobispo de Colima, el Sr. Dr. D. Atenógenes
te de la Academia de Medicina y delegado de
co de;pués, disfrutando también una pensión,
Silva, actual arzobispo de Morelia, ha sido pre:México en uno de los congresos médicos reupasó á Europa, y recorrió Italia, Inglaterra,
conizado en Roma el Sr. Dr. Amador Velasnidos en los Estados Unidos.
Alemania, Francia, Bélgica, Holanda y E~paco uno de los miembros más ilustrados del
Su labor como maestro fué muy meritoria.
ña donde recibió en 1891, de la reina María
cl~ro
colimense.
Entre otras obras que dejó escritas, se cuentan
Cristina,
el premio que la «Unión Ibero~meEl obispo electo nació en la villa de Purifiuna sobre la fiebre amarilla y otra que trata
ricana,, concede á los artistas de reconocido
cación
[Jalisco]
y
muy
joven
aún
ingresó
code la enfermedad conocida con el nombre de
valer.
mo alumno al 8eminario Conciliar de Colima,
«infarto pulmonar,,,
Ofrecemos hoy una copia del cuadro ytlen- distinguiéndose entre sus compañeros de esA sus funerales concurrieron los profesores
cionado, á fin de que seá conocido de nuestros
tudio por su claro talento y sus aptitudes poco comunes. Después de recibir las órdenes
lectores.
sacerdotales, desempeñó el cargo de catedrático del plantel y, más tarde, el de rector, que
sirvió algunos años.
Borlado ya doctor en Teología, el Sr. Silva
lo nombró vicario y gobernador de la Mitra
&lt;le la diócesis que estuvo á su gobierno.
La elección del Sr. V elasco ha sido recibida
en Colima con verdadero agrado.

,

)

OBISPO DE COLIMA.

MUSA INFIMA.
Vedla allí, con su cántiga impudente
que de sueños tranquilos nos despierta;
desgarrada la túnica, y cubierti..
de laurel y de pámpanos la frente.
Semidiosa de un arte decadente,
ducha. en el tirso, y en la lira incierta, .
sólo constriñe su facundia muerta
para medir la estrofa lubriscente.
No es el numen de Plauto y de Terencio
que impone con sus cánticos silencio
al duelo en que el espíritu naufraga;

~ALINA CRUZ,

RIBERA DE UN RJO EN TAB¡\SCO

(rota. (Je Walte),

SR. DR.

D. MANUEL CAR~fONA y

VALLE.

es la musa falaz d.e nuestros días,
que ofende cuando entona sus poesía.s
y que á pueblos incultos embrtaga.
ftAMÓN A. URBAN(?,

.,

SR. FRA.NCISCO DE

.' '

P.

l\IENPOZA,

��Domingo 2 Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL 1.-IUNDO ILUSTRADO

Playa Vicente.
POBLACIÓN QUE PROGRESA.
Existe PO el Estado de Veracruz una peque-ña pol,lación cuyos progrefoR, en los últimos
años, han t-1ido Yerdaderamente notablei;. :Xos
referimos ú Playa Yicente, uno &lt;le los puntos
tle aquPlla rica entidad de la República más

tamos á deFcribir, á grandes rasgos, el hermoso palacio municipal que i-e inaügur6 thmrnte
las fiei-tas patrias de septiern bre.
El edificio consta. de una sola planta, en cuya construcci6n se ('mplearon la mampoi-tería.
y el tabique, y obedece, en general, íÍ una diKtri buci6n completamente adecuada al objeto á
que e1,tít dPstinaclo. El palacio está cli\·iclido
~n tres amplios tlepartamentoi&lt;, de los cuales
el &lt;l~l ala derecha está dedi,·a&lt;fo á la E&gt;scuela
de niños. En la central se encuentran las ofi-

Domingo 2 de Noviembre de 1902.
comercio en Playa Vicente. Snhiclo e;; que el

río de este nombre ofn•ce iwrias dificultades
para la nnvegación co11 vnpores de cinto miado. y que nadie bahía pocli&lt;lo ,·(•11c·erla&gt;'. El
Sr. D ..José Lúpez, comer&lt;'iante rnuy acreditado de nquella plnz:i, F:e sobrepuso 1Í. todo~ los
obi-tnculos y fletó el primer rn¡,or que hace
la trn\"esía en el río, con E&gt;l 110111hre de ,,CatE'maco", el 15 de !--eptien1hre &lt;le 1897. A bordo
del Ya por se ve, en el grabado &lt;¡ue publicamo~,
íi la familia del Sr. L6pPz, que F=e mil nrC'Ó e11
Tlar-otálpnm y un g1u po de s t s amigos.
Playa \'icentc cntnta en la 11ctualiclacl C'nn
buenas construcC'ioncs; la ng-ricultma ha progresado allí de manera notnblc y la in&lt;lustria
comienza á ensanchar,.;&lt;'.
En laf' fie:-t..'lR de sep¡,i&lt;'m hrc huho una nota saliente: el baile con que se celehró In inauguraeiún dPl palac·io. · Las principales familins &lt;le la pol,lnción ·:r algunns de lo,.; puntos
cncnnos, asistieron á la i;irnpática fiei;ta.

Escuela de Ingenieros yMaquinistas·
EN ORIZABA.

P.H,ACIO l\lU~ICIPAL DE PLAYA YICE:'(TB

lwnC'ficimlns por el esfuerzo unido ele sus lal,orioRos ltaliitantei; y por el celo de las autoridacle;,.
l\lu&lt;'hai, _,. muy importantes son las mE&gt;joras que allí Fe han llevado á cabo; pero, para
hablar Rúlo de la más reciente, nos concre-

LA COMISIÓN NAVAL MEXICANA.
..._ En nuestro número anterior dimos á conocer algunas fotografías referentes á ]a botadura de los nuevos cañoneros mexicanos «Tampico» y «Veracruz», que se construyen en Elízabeth port por cuenta del Gobierno Federal,
bajo la vigilancia de una comisión nombrada.
expresamente para el objeto por la Secretaría
de Guerra.
Hoy publicamos el grupo de oficiales de la
marina que forman la comisi6n menciofiada y
son los siguientes:
Capitán Manuel Azueta, jefe de la_ comJ...,
Guilebaldo Miranda¡
SlOn ., prl·mer teniente
·
segundo teniente R6mulo L. Alcívar¡ segundo teniente Nicolás Varela R.; c~detes Art~ro Medina, Francisco Amado, Luis G. Izag~1rre Manuel Escudero, Luis P. Florencia,
Go~1.alo Sierra, Rafael Izaguirre, Guillermo

Acosta¡ ingeniero de construcci6n naval Carlos F. Varela; inspector de maquinaria George E. C6ward; primer maquinista Te6:6.1o E.
Remes; segundos maquinistas Leopo1do G.
Correa, Manuel A. Silva, Carlos Peralta, MiguAl A vila, Osear Arenas, J ulián Ti burcio,
Sotero Rodríguez; capataces Luis Antiga y Tomás Salas.

La Cacería de San Huberto.

En las loma'! del Molino del Rey se verific6 el domingo último la cacP.ría de San Huberto organizada por el Club Hípico alemán, y
á la que fueron invitados, para que tomaran
parte en ella, los miembros del Club Hípico
Militar.
Los cazadores se reunieron en el sitio mencionado, á las cuatro de la tarde, vistiendo algunos, vistosos trajes de rojo, negro y blanco.
Los jefes y oficiales del Ejército portaban el
uniforme de gala. La
carrera comenzó momentos después, yendo
al frente del grupo el
Sr. Ju1sreed, quien llevaba en ]a mano 1a cola de zorni. que debían
disputarle los cazadores.
Lo quebrado del terreno y las nubes de
polvo que levantaban
los caballoi-, hizo que
la cccacería» fuera muy
difícil y que algunos
p:iilitares cayeran al
LA CACERÍA DE SAN Hu~ERTO,

C'inns municirale,-,, como salón &lt;le cal,ildo,- y
tesorcrín, y los ju;r,gaclo~ de prinwra i11sta11ci:1;
en el lado sur está el d&lt;'partamento ele la e,.;cuela ele ni iins.
Es de conRig-narse también nna nota que directamente se relaciona con el &lt;leBarrollo dél

suelo. Ninguno de los jinetes logr6 dar: alcance al Sr. Julsreed, quien result6, por lo
mismo, triunfante.
.
Entre los espectadores se encontraban los
sefiores Ministro de la Guerra, Encargado de
Negocios de Rusia, Secretario de la Legación
de Alemania y otras personas distinguidas.
A las 6 y media de la tarde regre::-arotl 1os
invitados y los jin_etes al centro de ]a ciudad.
Por la noche se efectu6 una cena íntima en
el edificio del Club Alemán; á la que asistieron los miembros del Club Hípico Militar.

La carrera de ingeniero durará ocho años y
cuatro la de maquinii-ta; la instrncci6n será
técnica y práctica para los primeros,y esencialmente práctica para los maquinistas y maestros de obrns.
A Francia y á Alemania se han mandado
construir los modelos de los diversos tipos de
calderas, dinamos v motores.
El costo de la olira será de doscientos mil
pesos, y los Sres. Espinosa y Ht&gt;rrera tienen
verdadero empeño en que esté terminada en
dos años.

MINIATURAS
Para vivir en deliciosa ea]ma
y gozar del amor de los amoreR,
un alma pura necesita un alma
que comparta con ella sus dolores.

***

.

Tiempo hace que los Sr&lt;'f&lt;. Lic. Elicz&lt;'r r,;,..
pinosa y Carlos Hern•rn, srcretario ge1wr:il ck
gol&gt;iemo (le Veracruz, y jefe político clu Orizaha, respectirnmente, pensaban E&gt;stnblecer en
e:-a citidad una escuela de in,¡renieros v maqninistnci, semejante ú las de Europa y 'Ei::tados Unidos.
Aprobado el plan general de la.·eseuela, fuf
sometido á la aprobación del sefior gobernndor Dehesa, quien lo ncogi(i fon n;l'(h&lt;1ero
entusiasmo, por la nepe&gt;'id:1d que del plantel
se hacía sentir en el Et-tndo, dada la Ílll portancía industrinl que ha nclquirido en lo:-(últimos
aíioi-. Con tan fa\·orahle acogida, los iniciadores eligieron el lugnr convenienteparalacoostrucei6n de la escuela, y presenta.ron al señor
gobernador el proyecto re1,pectivo, con su presupuestó.
La escuela ocupará un cuadro de ochenta
metros de frente por sesenta de fondo; y será
COl)struída de fierro y cemento, como principales elementos.

EL

"CATEMACO» EN EL RIO DE PLAYA VICENTE.

.

Que no hay dicha mayor que la ilusona,
comprobado ]o vi desde chiquillo;
en el ba nquete del amor sencillo,
el plato mús insulso si:be á gloria.

*,;&lt;*

.

Tal vez cuando te callas y suspuas ..... .
dices con menos frases más mentiras.

***

Una mujer instruída
de conciencia elevada.,
prefiere no ser amada
á verse comprometida.

y

R. A. enAGO.

PnoYECTO rAR~ EscUELA DE INGENmRos y MAQurmsr N&gt;,EN,-ORrZABA.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 2 de Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

5 de agosto.

.... -- _ , ; : , : : : : . . . . , , ~ , - ,

---~--,~-,~
J.
.

__,, -./ -;r,,~

~-

-----=--=-~( CONCLUYE)

III
12 de julio.
Cada vez que me presento ante Francesca,
veo pasar por sus ojos el mismo sobrecogimiento. Una rápida palidez sube á sus meJillas y desaparece; la mano que me tiende i::e
halla fría y temblorosa. Después, ella se rehace, y siento que su «amistad" vuelve y que mi
compañía no es desagradable, por lo menos
cuando somos tres, 6, lo que es lo mismo,
cuando el doctor se halla entre nosotros. Si
estamos solos, Francesca se vuelve y mii:a á
lo lejos. Su malestar es tal, que me siento penetrado de él como &lt;le una atm6sfera; sufro su
mismo sufrimie:1to; rompo la mal11. influencia
alejándome, y experimento un verdadero desahogo cuando por fin llega Ojetti hasta nosotros y hace reaparecer la claridad en el rostro
de su hija.
Mi pena es mortal; roe mis noches, me hunde en el pálido insomnio, en los largos ensueños iüniestros de la sombra. Solamente el opio
me defiende contra el exceso de angustia. Y,
no obstante, no experimento hacia Francesca
la menor c6lera ni el más pequeño rencor. La
prueba á que estoy sujeto, tiene algo de divino: es un sacrificio y Jo acepto. Por ella estoy pronto á to&lt;las las inmolaciones. l\fi amor
crece con mi sufrimiento, no por la contradicci6n y el instinto de lucha, que es la base de
ta.les sentimientos, sino porque mi sufrimiento es como una forma más elevada de la adoraci6n.
Yo también he querido evitar mi presencia
á la joven, pero Ojetti ha hecho imposible esta resolución. Está verdaderamente ligado á
mí y no ha habido sitio á donde no baya ido
á buscarme. Días pasados había partido yo
solo á través de la montaña; desvariaba tristemente al costado de un bosque &lt;le bayas,
cuando he visto venir al doctor y á Francesca.
El buen carbonario hallábase profundamente
triste y lleno de quejas hacia mí. En la animadón de su discurso, se ha olvidado de todo,
hasta el grado de decir á su bija:
-Dile, Francesca, que él es nuestro único
coni;uelo en el destierro; dile que su presencia
es nuestra mayor alegría!
Francesca, pálida como los lejanos ventisqueros, murmur6 con voz doliente:
- Y o os lo ruego; por rni padre!

/?~

;~

los idiomas, que le permite hablar el francés
tan corrientemente como el italiano. Posee,
además, una buena alma entusiasta, el amor
frenético de la ltalia Unida, de la lealtad, el
espíritu arrojado y peligroso de los Lovelace,
nutrido de ardor y de ternuras fugitivas. Ha
agradado mucho al doctor, que conoce á su
familia, y somos ahora cuatro que trepan por
los senderos, á la hora en que las sombras de
los árboles se alargan sobre las planicieR. Luigino marcha á la cabeza, en compañía de
Francesca; el doctor y yo los seguimos á pocos
paRos de distancia.
Busco en el fondo de mi ser el celo. Está
ausente; no puede nacer; siento que él daría
muerte á mi amor por la Silenciosa, y en el
exceso de mi angustia, me acontece el desear
que tal sentimiento surja de mi interior. Observo entonces á la encantadora pareja, los
ademanes elegantes del milanés, sus miradas
que se vuelven con admiración hacia Francesca. Pero Luigino me parece más lejoP de ella
que el Monte Rosa, y su galantería tan frágil
como las hojas arrebatadas por la tempestad.
Y yo comprendo que nada, excepto la ausencia y el tiempo, podría ayudarme contra Francesca.

fácilmente nuestras veladas, y postie el don de

hiente de fuerza envolvía fas cosas y los sere~;
la vida luchaba por doquiera; cada átomo du
musgo, cada hilo de yerba encerraba uña energía tal, que me sentí hondamente desalentado.
Adivinaba sobre mí la sombra de la mala suerte que pierde los destinos de los hombres. Y
las voces del milanés y el doctor, que subían
del barranco, llegaron á mis oídos como una
ironía.
En tanto que yo me abismaba en mi tristeza, Francesca se puso á trepar sobre las rocas,
seguida de Luigino. Detúvose un momento
sobre la arista de un gran pedrusco; el sol la
envolvía en un fulgor de gloria; asemejábaRe
así á una virgen de Léonar&lt;l que fij6 en mí,
desde mi infancia, una de esas impresiones que
jamás se borran. Bajé la cabeza, y, cuando los
dos hubieron desaparecido, un irrefrenable sollozo escap6 de mi pecho, y mis ojos se llenaron de lágrimas........ .
Largo rato permanecí de esta manera, hasta
que un paso ligero me hizo estremecer, y vi,
al extremo del barranco, á Francesca, que se
aproximaba. Ella vi6 mis lágrimas y pareci6
conmoverse, pero inmediatamente yo no sé
qué gesto de firmeza apareció en su boca, y ella,
que jamás interrogaba, preguntóme:
-Estáis celoso de Luigino?
La sorprei::a hízome enmudecer de pronto;
en seguida contesté con una especie de cólera:
-Ojalá fuese así! Si yo pudiese estar eeloi-o, bien podría esperar el curarme de este
amor imposible!
Ella se puso tan pálida como el día en que
por primera vez la hablé de mi cariño, dominada por aquella misma impresión de espanto;
después, ech6 á andar otra vez, silenciosa, á
reunirse con su padre¡ que nos llamaba.

IV
'

17 de julio.
Ha llegado á nuestro destierro un joven carbonario milanés. Es vivo y gentil como un
ArlPquín, con hermosos ojos, siempre m6viles,
que brillan en su fisonomía como juguetones
diamantes negros; su sonrisa le hace agradable
á todo el mundo, su conven,aci6n entretiene

Nada ha cambiado. Es preciso partir; no
cieo más que en el tiempo y en la ausencia
únicas medicina¡, para el alma. He manifes:
tado mi resolución á Ojetti, y éste, presa de
honda consternaci6n y Heno de queja hacia
mí, me ha dicho:
-El todo por el todo! Vuestro mal no será
más difícil de curar si esperái1:1 aún algunas
semanas más.
-Pero yo no puedo soportar «algunas semanas más,, ......... Me queda un poco de voluntad y es preciso aprovecharlo......... .. Vos no
po&lt;léis darme ninguna esperanza.
Ojetti no es un diplomático, como la ma~·oría de sus compatriotas. Guard6 silencio, y
después, en tanto que yo le miraba tristemente:
- Yo hubie.ra jurado que ella os amaría... .
Aun creía haber descubierto en ella una inclinaci6n naciente ......... »~Ia,i..... .
-Ya. ,·eir,,, sin embargo, que mi pr&lt;&gt;sencia
In. inspira una especie de tPrror!
-Sí.. .... Xo me lo explico....... No he podido obtener una confi&lt;lencia ......... Es preciso hablarla otra vez ..... .
-Y de qué queréis que la hable?
- Poco importa. De lo mismo.... ..... Pero
sed elocuente, y haced que ella os responda!
Habíamas pasado ese gran Calvario siniestro que se extiende más allá de la Meseta. Se
diría un cementerio de titanes. Las lápidas
las cruces, las enigmáticas piedras labrada;
alternan allí con los fosos profundos· el eco se
multiplica como las vibraciones de 'viejos lamentos de agonía. Al salir del Calvario el camino sube entre abetos, procedenteR ta::O bién
de lejanas edades. E1 doctor se ha. llevado á
Luigino, rogándonos esperarle, y hemos quedado solos FranceRca y yo, en la viviente catedra_!. La inmovilidad y el silencio parecían
fundirse con la luz; yo oía. palpitar mi corazón ... ... y el suyo. Bruscamente la dije con
una voz ronca:
-He llegado al término de mi sufrimiento.
Voy á partir, y he resuelto hablaros por última vez. El suplicio que he soportado por el
solo hecho de vuestra existencia es demasiado
grande para que vos dudéis de que os ofrezco
toda mi vida., seguro de no amar nunca á otra
m~jer. Hablo sin esperanza y casi por cumplir un deber-pues tenemos también deberes
para nosotros mismos,-deber que consiste en
busrar una felicidad que no ha sido de nadie
y que deberá hacemos mejores. Yo sé, Francesca, que habría sido más noble más caritativo, más dulce, si hubiese alcan'zado la infinita alegría de ser vuestro compañero· sé qué
una felicidad semejante me habría lle~ado de
resignación en las peores pruebas y de bondad para mis enemigos. Mas ~o alcanzaré
nunca esta suprema gracia! Tampoco tendré
queja alguna. para vos, Francesca; no sois responsable de las ternuras que puede despertar
vuestra persona: sería lo mismo que haceros
rei::ponsable de vuestro"'nacimiento. Os ruego

En esto mismo pensaba ayer, sentado i-obre
el tronco de un árbol caído. Cien especies de
plantas florecían en mi derredor; la tierra
transformaba en pequeñas ráfagas de color y
de perfume los ful~ore¡¡ uel gran astro¡ un am•

26 de julio~

.

Estoy libre. Las autoridades han halla.do
ligeros mis pecadillos; puedo volver, si me place, á conspirar contra las potencias amigas y
hacer méritos para que me pongan otra vez el
bocado, coi;a de que 110 tengo ningún deseo.
Mi íe, que ya antes era tibia, ha venido á menos, pues no creo que el «tira.non pueda ser
derribado mediante reoursos tan débiles como
los nuestros. Más V8.$toB acontecimientos restablecerán el equilibrio entre el derecho y la
fuerza. Dos ó tre" camaradas franceses disfrutan de la clemencia federal; pero nuestros
amigos venecianos, poloneses, milaneset'I, permanecen aún bajo cerrojo. Y yo vago como un alma en pena alrededor de mi prisión.
Lmi guardianes desde luego han pretendido
ejecutar la consignn. y deRterrarme con las gen•
tes librer,,, pero han acabado por permitirme
algunas horas de visita, d~ manera que no estoy enteramente privado del placer· de oír á
Retchnikoff jurar «guillotir.arlos,. ahorcarlos,
bafia.rlosn en agua fuerte.
•
Mas he aquí qu~ mi tristeza es cada &lt;lfa más
profunda. Francesca permanece envuelta en
su misterio. ¡Y qué me importa ese misterio,
puesto que no hay ep ~l ninguna esperanza Fª•

rilo mí!, ....... ,

.1

V

solamente tener una mirada de piedad hacia
mí, y perdonarme si mis palabras os han ofendido.
Permaneció algún tiempo sin responder,
hermosa como una Afrodita del Silencio, inclinada. la cabeza bajo los largos y sombríos
cabellos. En seguida contest6me:
-No soy yo quien debe perdonar, sino \'OS.
Los remordimientos me abruman; tengo la culpa de vuestra pena, y daría algunos aflos de
mi vida por que esto no hubiese sido. No dudéis ni por un momento de que, en cualquiera
circunstancia, estoy pronta para con vos á un
gran acto de reparación.
l\Ie tendió la mano, que yo no osé llevar
hasta mis labios.
-Adi6s, Francesca, balbucí. Partiré mañana al amanecer!
Se apoy6 contra un árbol y murmur6 como
si hablara consigo:
-No debo detenerle.
V
7 de agosto.
No he procurado siquiera dormir: me hubiera sido preciso tomar el opio en dosis peligro-

Domingo 2 de Noviembre de 1902
Ella sonri6; por la primera vez vi la malicia en su semblante. Contest6me:
-Es que yo no puedo vivir lejos de vos... !
La vida, la. gloria, el poder, penetraron en
mí, como la luz en la tinieblas!
Y Francesca añadió:
-La culpa no ha sido mía. Mi espanto era
verdadero y más fuerte que mi alma. Vañamente he ensayado sobreponerme á él. No hay
tal vez en el mundo otra criatura á quien el
amor haya inspirado mayor espanto.
Tomé dulcemente su mano; la pequeña mano era tierna, sumisa, confiada.
-Y por qué el amor os inspira t..'ll espanto?
El hermoso semblante se volvi6 hacia la
selva:
-Porque Rabfa muy bien que ya no sería
una criatura distint..1. de aquél á &lt;¡uien amar,1;
porque tendría. que abdicar por completo-.,·,
para eso. estar sPgura de mi espo~·o como de
mí misma; porque, en fin, desde este rnomento en que os hablo, he dejado de ser, no
existo ya! Mi libertad ha muerto; no soy ya
más que vuestra escla,·a; en adelante, no será
hecha mi voluntad, sino la vuestra!
Y en tanto que descendíamos de la colina,
murmuraba yo en YOZ muy baja:
-Ah! ciertamente, en la breve historia de
nuestra vida. es maravillosamente dulce el ver
que nuestro mayor premio no sea la gloria, ni
el poder ni la riqueza, sino una débil criatura semejante á nosotros, un poc-o de luz viviente, un rasgo, un contorno, un ademán, y
el ritmo de un andar cadencioso!

J. H.:Ro,;xY.
Traducción de."El Mundo )lustrado. "

HERMANA DE LA CARIDAD.

r.a. lle permanecido en el balcón del chalet,
contemplando la noche, en cuyo manto de estrellas se destacaban las sombrías torres de La
Serraz. La sombra, el estío y la montaña"no
me han ofrecido noche más bella. Mis sentidos, sutilizados y despiertos, han gustado hasta el extremo la amarga mezcla de la belleza
y el sufrimiento. La muerte descendía á mi
pecho angustiado; las cimas confusas, las aguas
palpitantes, los bosques, los astros, todo parecía formar un sepulcro en torno mío. Sentía
como una contracción del Universa, como una
asfixia del Infinito.
Sin embargo, la rebelión no asomaba en mí.
Resignábame á sufrir uno de esos grandes
amores que hacen el amor más grande entre
los hombres; parecíame que este dolor no era
un dolor solitario ni egoísta, y que yo practicaba en silencio un sacrificio en aras de otros
seres.
Y, en un Il\omento de suprema amargura,
grité al espacio:
-«Páter, in manus tuas commen&lt;lo spíritum meuml»
El alba plateada ha iluminado los ventisqueros, y la brisa del lago ha despertado al
beso de la aurora; un carretero ha. tomado mi
equipaje, y be emprendido la marcha hacia
la población cercana. Pero antes de alejarme
para siempre, he querido pasar por el Calvario. Detenido cerca de los árboles bajo los cuales había hablado el día anterior á Francesca
fuí presa de un enorme desfallecimiento; apo~
yéme en donde ella i;e hahía apoyado; cerré
los ojos, y nsí permanecí largo tiempo.
Un estremecimiento de la maleza. arranc6me
de mi sueño, y el milagro se hizo! Francesca
había venido, estaba allí, á dos pasos, mirándome con dulzura, presa de cierta turbación
mas. sin revelar el espantq en su fisonomía'.
Una lasitud encantadora daba á sus párpados
un ligero tono azulado. Y yo exclamé:
-Por qué venís á hacer más terrible el dolor de mi partida?

Con tu traje que muestra la nieYe pura
Y el azul inviolado de las montañas,
Caminas con los 6leos de tu dulzura
Y el rosario pendiente de tu cintura
Aliviando en el mundo cuitas extra.ñas.
Te has desexuado para ser más divina:
Con la cofia. ocultaste tus ojos bellos
Como el sol tras los velos de la neblina,
Apla&lt;!taste tus senos de punta fina
E hiciste el sacrificio de tus cabellos.
Pero no aprisionada por las cadenas
De votos infrangibles, calmas tus penas
Con é?(tasis ociosos y ruegos vanos,
Abdicando del mundo, donde tus mauos
Deben regar las flores de que est{m llenaR.
Tú mitigas las fiebres con tus desvelos,
Abres tus brazos tiernos y hospitalarios
A los que tienen hambre de tus consuelofl,
Y allí donde aparecen todos los duelos
Te presentas con todos los electuarios.
No serás para el novio la prometida,
Para el placer tu carne no será yedra
Que enlace sus miembros de&amp;fallecida,
Ni alumbrará tu S(•no, fuente de vida,
Porque lo has vuelto estéril como la piedra;
Pero mojas los labios de los sedientos,
Pero secas las llagas con tus ungüentos,
Y destapas tu pecho, donde hay raudaleR
De bondad, como un vaso de aguas lustralt•s
Endulzando pesares y sufrimientos.
Y para que mermaras la pena human:1,
Para que en los combates fueras conronli:i
Y en los lecl10s dolientes fueras tisana 1
Para que como el Cristo, marchei-, Hern1;: 1.a
Difundiendo á tu paso misericor&lt;lia,
'

Ningún laurel terreno te ha seducido:
Ni anhelos &lt;le riqueza ni ansias de glorin

Pues es tan extremado tu afán de oh·i&lt;lo '
Que por dejar tu celo desconocido,
'
Has borrado tu nombre de tu memoria.

EFRh

llEBOJ.LEDO.

�•••♦•♦•♦•♦•♦•♦•♦•♦•♦•♦•··························· ........................................................•~•

i• - NUESTRO~== ESTÓMAGO~ -¡•

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Doradas para lo• ca•o• oon Dlarr••• Y Plate•d••
para lo• ca•o• que eati,n oaracterlzado•
por oonstlpac/6n 6 extrelllmlento.

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.

---------------------------------

•.•
♦

cuela Nacional de Medicina de México y de la Facultad de Parí., bon
tales, que su efecto se siente Inmediatamente en el entermo que
las toma.

Y N .UESTAA SAL UD

••
♦

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••
•i•
••
••
!

LAS PÍLDORAS DEL DOCTOR HUCHARD, DE PARÍS.
La salud del cuerpo, en general, está ligada dlrectBmente con el
estómago, ó mejor dicho con el aparato digestivo, donde se prepara
el gran trabajo de )a nutrlcJón que ha de fortalecer, desarrollar y
so11tener hasta los órganos más pequefiotJ del cuerpo humano.
Este trabajo es universal. Lo mismo que el hombre los animales
y las plantas se nutren para vivir, y los que no Jo hacen por falta 1e
medio ó trastornos Independientes de su voluntad ú originados por
ellos mismos, enferman, deperecen y mueren al fin lnrremlslblemeete.
El estómago debe cuidarse siempre, en cua!qulera época, evitando todo exceso que pueda dallarle cuando está sano atendiéndolo oportunamente cuando está enfermo.

i Cuidar el estómago es el secreto de la buena salnd.

!

•~

i

No dejamos, pues, de recordará las victimas de su estómago,
recurran á las

~íldoras . del Dr. Huchard;.

♦·

•

!

DE p ARÍS,

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Antisépticas y Si:flltticas.

♦

Las propiedades de estas pfldoras estudiadas y experlmentadai,
por multltu de médicos entre ellos d1stlnguldos profesores de la Ei.•

•

;
•

•

l·

EL l"\UNÜO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 19.

MÉXICO, NOVIEMBRE 9 DE 1902.

Oerente: LUI&amp; Rtl'~ &amp;PINDOLA.

Director: LIC, RAf'ArL Rtl'( &amp; &amp;PINDOU.

!

♦

•

♦

---------Las Píldoras del Doctor Huchard se apllcarán siempre con éxito
en todas las atecclones tntestlnales, y sobre todo en

;
;
;
•

!

Gastralgía, Dispepsia, Entero-colitis, Catarro húmedo y
seco del intestino, Dilatación estomacal,
Parecia del estómago, Infecciones intestinales,
Falta de apetito, Agrios, Malas digestionee, Ulceia del
estómago, Disenteria, etc., etc.

;
~

!•
:
•

♦

Son recomendadas por los Profesores de la Escuela Nacional de
Medicina y Doctores Gutlerrez, Ban,:c..., . Gavlfio, Ramlrez, de Arellano Garay, Parra, Ocampo y otns muchos que han recetado en hos•
pltales y á sus enfermos partlcularfB, Eegón lo acreditan los certificactos de tan respetables facult atl vos y los enfermos curados con ellas

:
;
;
•

•
!

PIDANSE EN LAS PRINCIPALES DROGUERIAS Y BOTICAS
Donde ••tán de venta con la• lnatruaolon•• nec•••rl•• para •u uso-

♦

•

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J¡.~.,,,_..,,.,..;,,..~~......~ ..:;,..~;,,i..-'i'I-.~.~?.,...,,,.........-,,....-,,,."?;¡.•.-,¡.•..:;,..~...-,,.~

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DEL DR. TORREL DE PARÍS.

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Unica preparación que evita la caida prematura del pelo, lo aumenta, suaviza y hermosea, á la vez que le comunica un aroma agradable.
Su acción antiparasitaria y antiséptica, unida á un no·
ta.ble po:ier excitante del folículo piloso, hace nacer el
pelo en las afecciones decalvantes del cuero cabelludo y
evita la caspa.
Una cabellera abundante y bien cuidada, es, sin duda
alguna~ el ornato mejor de la mujer; el PETROL proporciona el medio más eficaz para eonservar este bellísimo
atributo.
El uso del

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PITROL DllL Dr. TORRB:L, DR PARIS,

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evita la calvicie prematura que t anto afea y comunica al
hombre el repulsivo aspecto de un joven viejo y gastado

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DC VENTA E# LAB DROQUERIAS Y IARI/IIAOIAS.

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Subscripció n mensual fo rAnea, $1.50
ldem lde m. en la.capital, .. 1.2:,

NOTAS P:&gt;PUL~RES.--EN EL P4NTEÓN.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1902, Año 9, Tomo 2, No 18, Noviembre 2</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>Siglo XIX</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Carlos García Vélez</name>
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        <name>Comisión Naval Mexicana</name>
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        <name>Don Juan</name>
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        <name>La Ascensión</name>
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                    <text>•••♦•♦•♦•♦•♦•♦•♦•♦•♦•♦•··························· ........................................................•~•

i• - NUESTRO~== ESTÓMAGO~ -¡•

•
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•
•

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•

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••

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Doradas para lo• ca•o• oon Dlarr••• Y Plate•d••
para lo• ca•o• que eati,n oaracterlzado•
por oonstlpac/6n 6 extrelllmlento.

:
;

.

---------------------------------

•.•
♦

cuela Nacional de Medicina de México y de la Facultad de Parí., bon
tales, que su efecto se siente Inmediatamente en el entermo que
las toma.

Y N .UESTAA SAL UD

••
♦

•t
••
•i•
••
••
!

LAS PÍLDORAS DEL DOCTOR HUCHARD, DE PARÍS.
La salud del cuerpo, en general, está ligada dlrectBmente con el
estómago, ó mejor dicho con el aparato digestivo, donde se prepara
el gran trabajo de )a nutrlcJón que ha de fortalecer, desarrollar y
so11tener hasta los órganos más pequefiotJ del cuerpo humano.
Este trabajo es universal. Lo mismo que el hombre los animales
y las plantas se nutren para vivir, y los que no Jo hacen por falta 1e
medio ó trastornos Independientes de su voluntad ú originados por
ellos mismos, enferman, deperecen y mueren al fin lnrremlslblemeete.
El estómago debe cuidarse siempre, en cua!qulera época, evitando todo exceso que pueda dallarle cuando está sano atendiéndolo oportunamente cuando está enfermo.

i Cuidar el estómago es el secreto de la buena salnd.

!

•~

i

No dejamos, pues, de recordará las victimas de su estómago,
recurran á las

~íldoras . del Dr. Huchard;.

♦·

•

!

DE p ARÍS,

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Antisépticas y Si:flltticas.

♦

Las propiedades de estas pfldoras estudiadas y experlmentadai,
por multltu de médicos entre ellos d1stlnguldos profesores de la Ei.•

•

;
•

•

l·

EL l"\UNÜO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 19.

MÉXICO, NOVIEMBRE 9 DE 1902.

Oerente: LUI&amp; Rtl'~ &amp;PINDOLA.

Director: LIC, RAf'ArL Rtl'( &amp; &amp;PINDOU.

!

♦

•

♦

---------Las Píldoras del Doctor Huchard se apllcarán siempre con éxito
en todas las atecclones tntestlnales, y sobre todo en

;
;
;
•

!

Gastralgía, Dispepsia, Entero-colitis, Catarro húmedo y
seco del intestino, Dilatación estomacal,
Parecia del estómago, Infecciones intestinales,
Falta de apetito, Agrios, Malas digestionee, Ulceia del
estómago, Disenteria, etc., etc.

;
~

!•
:
•

♦

Son recomendadas por los Profesores de la Escuela Nacional de
Medicina y Doctores Gutlerrez, Ban,:c..., . Gavlfio, Ramlrez, de Arellano Garay, Parra, Ocampo y otns muchos que han recetado en hos•
pltales y á sus enfermos partlcularfB, Eegón lo acreditan los certificactos de tan respetables facult atl vos y los enfermos curados con ellas

:
;
;
•

•
!

PIDANSE EN LAS PRINCIPALES DROGUERIAS Y BOTICAS
Donde ••tán de venta con la• lnatruaolon•• nec•••rl•• para •u uso-

♦

•

······················································~·•················································:.
J¡.~.,,,_..,,.,..;,,..~~......~ ..:;,..~;,,i..-'i'I-.~.~?.,...,,,.........-,,....-,,,."?;¡.•.-,¡.•..:;,..~...-,,.~

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........., :,..~•..,,,.,.:;,.•.,,,,.•.:;,.•..,,,..~•..,,,..~..:;,.. , •..,,.,..,,,.•

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P ETROL

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DEL DR. TORREL DE PARÍS.

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Unica preparación que evita la caida prematura del pelo, lo aumenta, suaviza y hermosea, á la vez que le comunica un aroma agradable.
Su acción antiparasitaria y antiséptica, unida á un no·
ta.ble po:ier excitante del folículo piloso, hace nacer el
pelo en las afecciones decalvantes del cuero cabelludo y
evita la caspa.
Una cabellera abundante y bien cuidada, es, sin duda
alguna~ el ornato mejor de la mujer; el PETROL proporciona el medio más eficaz para eonservar este bellísimo
atributo.
El uso del

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PITROL DllL Dr. TORRB:L, DR PARIS,

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evita la calvicie prematura que t anto afea y comunica al
hombre el repulsivo aspecto de un joven viejo y gastado

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DC VENTA E# LAB DROQUERIAS Y IARI/IIAOIAS.

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Subscripció n mensual fo rAnea, $1.50
ldem lde m. en la.capital, .. 1.2:,

NOTAS P:&gt;PUL~RES.--EN EL P4NTEÓN.

�Domingo 9 de Xoviembre de 1902.

UN DRAllA ESCOLAR.
La vida &lt;le la r!-cuela deja en la memoria
una inmensa acumulaciún de recuerdos gratos
:; risueños. Cuando eYoramos lo~ !'1t&lt;·1•so'- de
ese gratísimo é inoh·itlahle período d1• la vida,
acuden en tropel al e,;pfritu lo~ epi,-;oelio,; tiernos, las escenas cómica,:, las clelicio,-.as no!-t11lgias, las festinu, recreacione", lo'- miedos pueriles y las fútiles er-pPr:\11Z&lt;'l!-, las fatiga'- y los
goces q ue con!ititu,·en ern época, la mejor de
la vida. Perot11lJ?ut1a n·z una nube negra. empafia ese ciclo de zafiro, v un c.uce,-;o elramútico
interrumpe la monotonfn. deliciof'a ele &lt;'"ª Yicla
ficticia y encantadora y deja &lt;·omo n•rurrdo el
calmifrío del horror y &lt;'Omo huella en el ('orazón el espanto t rágit:o.
lína tarde nos e11&lt;·011tráhamo!'I en el anfitl·atro d e la E!'cuela de ~frdicin:i re('ihiendo d1tedra de nwdieina opC'mtoria. Q,-.curel'Ía . .-\grupa&lt;los alrededor «lt• la plancha, trntúhamos &lt;le
seguir las húhi)e,-; manipulaciones de nue~tro
rn ae"tro, que, ca"'i á m1curas, practil'aba una
&lt;lelicada opern&lt;'ión en el cadíl\·er.
Cerca de la plancha, un alumno llumn&lt;lo
~lontenegro «daha lt,s in,-;trumPntoi,1 11 c·01110 "'-'
d ice en el nrgot quirúrgico. y tenía empuñ:ulas
con am has manos las ramas de una fonnida ble
tijera lla mada «C'i,:alla de LiHton" y destinad1~ á
cortar huesos. Detrú;; de él un gru¡,o de compañeros que no alcanzaban á Yer, se t&gt;ntretenían en "encantarlo» tirún&lt;lole &lt;le los cabellos
ó cte las orejas. l\Iontenegro, que era el mejor
y más sufrido de los hombre!', no lo tomaba á
m al y se conformaba con distribuirá sus agresores tal cual codazo ó talonazo.
Sea que quisiera asustar á quienes lo importunaban ó sorprender Íl los autores &lt;le la jugarreta, volvióse de pron to con la inmen~a tijera. entreabierta, é in¡;tintivamente, sin dar:-e
de ello cuenta, la cerró bruscamente. En el
amontonamiento de los alumnos el terrible
instrumento hi zo prel:'a. Oyéronse á la yez un
ch asquido como el de un látigo y un grito ang ustioso: «¡Me muero!n, y un al umno, Alrnrez,
cayó desplomado l'n tierra.
La tijera Je bahía rebanado ha,-ta el hue~o
la raíz del muslo r cortack la enorme arteria
crurnl. La sangre hrotó á graude alturn, como
de un surtidor, bañúndono~ á todos. ) [ontt&gt;negro, /\terrado, espanto~o, los cabellos erizados,
los ojos !'alidoi- de las órbitas, i;e hallaba como
petri fica&lt;lo. El p[u1ico !-e apoderó de algunos alumnofl, que se precipitaron en tropel
y dando de gritos por las escalnas. Los alumnos I gnaeio Torres y Alberto Corren, con un
gol pe &lt;le vista y una intuición maraYillosas, se
arrojaron sobre el herido, y metiendo literalmente los puños en aquella bocaza horrible,
lograron comprimir la arteria y conjurar l'l
peligro inmediato de muerte; pero lii situaciún
no podía ;.er 111{1s crítica.
En la e:emiob,;curi&lt;lad que reinaba en el anfiteatro, todo era yago, indistinto y trá¡.dco.
E n la plancha, el cadávtr rígido é impasible;
en el salón, gentes que corrían en todos sentidos, gritaban, lloraban y atraían con HlR rnces á todo el per,-onal de la Escuela; entre h~
plancha y la gradería, un amontonamiento
con el que todo el mundo tropezaba. Ah·arez
moribundo; Torres y Correa, de roclilla~, 1:-\Udorosos de angustia y de fatiga, tapando con
sus manos la mteria, comprimiendo y oh!'truyendo á tientas aquella «vfa de agua," por
donde en un instante podría e!,&lt;caparse la Ylda; y Montenegro, en pleno delirio, gritando,
clamando, arrojándo:-e sobre el cuerpo de su
víctima, hafiándose en su sangre, batiúmlola
con sus lágrimas y pidi&lt;':nclole perdón.
Aquello duró un instante; pero nos pareció
un siglo. La voz y In autoriclad del maestro,
Eduardo Licéaga, restablecieron el orden. Hizo salir á todo el mundo; llamó á los Doctores Montes de Oca y D. Francisco Ortega, que
se encontraban en la Escuela, y se deli heró rápidamente ~obre la ~ituación.
No poclín i:er más grave. La herida, á lo
que podía j•1zgars1&gt;, debía ele ser enorme y profunda, é indudablemente la arteria estaba cortada. E ra imposi ble trasladar al herido; era

EL ::iIU1"DO ILUSTRADO

EL MUXDO ILUSTRA

1)(•ligrosbi1110 levantarlo dl'l suelo y ,-ul,irlo :1
una 111r-,-a «lP o¡wracione-;, y no lo ern 111C'no,;
inl&lt;•ntar !'iqniPrn de,-11\l!larln, I'º"ª mdispen!,&lt;ahlt· pnra po«ler opl•r1ll'. La. d&lt;la dt&gt; aquel
lwmbn· e:;taba t'll la, 111anos que conq1ri111ían
la arteria, y aqll(&gt;lla..; 111a11os no tenían yu
ÍU(•rza para t·o111pri111ir.
,\de111Íts, todo «ra ho4il. En medio dt• \111
arsenal colllplet11, ¡wro i11tieio11ado. un hnl,ía
una ¡,inza , i 1111 e:-&lt;·al¡wlo ni 111ia llt!Hja utilizablt•s. Xo p,1día u~ar,-.e ni d« 1 :1~ua dPI anfit&lt;•atro 1•a1--1 larnr, ni de lo:s liPnzos para enjugar, ni de los hilos para ligar ú suturnr, y
hasta t&gt;l atnhittttl' mi:-1110 t"tabn e11po11zoiuHln
y era tllortífern pnr:i un lu·rido .,· para u11 o¡u•mdu .•\qlwllo Pm d polo opm•,to, In rotunda
1wgaeií,11 &lt;le la :111ti,ep~ia, de la asPp,-ia. 1lt·l
,-;implt• asco; c·ra ia de,-.nudez t'tl t1H•dio d11 h
almndanei:1, PI nn11fr:1;. do PII plt•no ¡ ►11Prto, ." l'I
cadú\·Pr, tl'ncli1lo ('n la plandin. parPCÍa e,-;¡,erar tran&lt;¡uilo qllt' aq11Pl i1w,-;pl'rado 1·on1p:uiero &lt;le ,iaje &lt;•stu,·iera listo 11ara la gran partida.
Yo nos(• si eirnja110 alguno se ha 1•ncontrado ante un prolik-111:t u1{1s forn1idahlt•. l'ero
aquellos mae,tro;; 1·rn11 &lt;'irnja11os ,fo pin; :1 &lt;'alwza; todo lo pn·Yienm, ú tocio pr0Ye.1·1•ro·1;
y n1edi:1 hora ,lp,-;p111\~. In artnia li~ada. la h,·
rida s11t11rada y \'l'ltdada; .\ln1n·z, &lt;•n 111:iw...;
lll' :;us an1igos, podía ah:11Hlo11:1r aquel lu;..(ar
mahlito.
P,1ra los «lo~ pr(1tai-:011i,-.ta,. Pi dratna tu\·n
un de,-.enlace fu1H•:;to .•\h·an•1. 11ndcri(, m{1s
rlc• ,los ntios; aC'al,í, por 1wrdcr la pierna y n111rió i poco. _\[011t1•tH•gro, proc1•sado, fu(• al,suelto; ¡ll'ro nadie pudo curarle la. profunda
melancolía ni 1•1 cruel re1110nlimi&lt;'11to que lo
minaron y lo llevaron ú poco (1 la t11mha.
Y he aquí cúuw un juego cll" niño:-, 1111n
maldad inoeenll'. ¡n11·de ('ostar la fclicidacl y
la Yida ú dos hombre,; ext'elcntcs ,. llama«los
quizá tl gra11&lt;les destinos.
•

0

Las Zapatillas Turcas.
L\ en BaJ?dael un comerl'iante ll:1iado Ahu Kan•n; ;• aunqlll' Pra muy
co' amlaha ,-.iuuprP
n1U\'
..
. .. , 111al
. n•sti&lt;ln.. ~
porque l'n\ mu~· an1r1c1&lt;N&gt;. !:'u tunH:a p:ll'PCHI
la de un memlig,&gt;, v 1•n euanto al turh:111te
que lle,·ah:1, naclie hi.1biern sido &lt;'npaz dP «ll'tir
cuúl bahía sido su primiti\·o rnlor. Pero lo 111:Ís
notable de todo nan las znpatilla;;, ('Omp111•,;tas de andrajos y trapos sujeto:&lt; {1 la ~uelas
con grande,- &lt;·la,·n:-.
Diez años habían p:1satlo ,les«ll' la ¡,ri111c•ra
vez que ,\bu Karenentn•góaqul'llaszapatillas
{1 un zapatero del pueblo para c¡ue las &lt;·011qn1~iera y clesde entonce:- habían i(lo rP&lt;·orrit"ndo t~clos lo,-; n•me111lo:~t&gt;S uno por uno, hn,-ta
que, m(1s qui' 1.apatillas, pareC'Ían un montón
cl1, andrajos. Tanta fallla aclq11irieron quP cuando una per,-;ona quería despreciar al~o, solía
decir: Es tan feo como hs zapatilla:- de Al,u
Knn•n.
Este, que era muy li,to, ,;e dc·:-\'iYÍa ¡,or
hacer gangas. y una maíiana i-aliú rnuy temprano {1 la plaza y co111prf, por poco din&lt;'l'IJ
gran número dt• perlas dp di \·er,-.os colore:-. l'oco~ días después :;upo que un p&lt;'ríumi,-.ta que
se encontraba nee1·,-it:ulo 1lc::;calia Yen«lcr un
frm,&lt;·o de eseneia de ro,-:a,-, \. cn•,·emlo hacer
un buen neµ;ot'iO, y apron.-d1an,in la IWl't':-idad &lt;lel ¡,obre hou1hre, eomprú 1•1 frnst:o ¡ ,or
l:i mita&lt;l ele lo que \'alía.
Es co,turnhre all:1 en la. .\rabia qm• cuando
un c·omcrciante ha&lt;'C un bul'n 1w;¡;n,:io. t'onride á su,; arnigos ú un ha111¡11etP; pC'ro .\hu Karen, aunque &lt;·staha muy ::-ati:-Íl'eho ele la g:111ga que acababa &lt;le hacer, no sotiÓ siquiera en
malgastar el dinero con los amigo!'.

'.

-:\ll'jor &lt;'" empJ«,nrlo ¡•11 un kti\O. :-1' dijo,
«¡ue buena falta l,ll' h:H·&lt;·.
Y dPciclió ir al estahleeimil'llto y penuitirse
aqrn•l lujo.
.\1 ~.1lir 1le sil ~1s:1 se «·nt'ontrú con un :rn1iw1, Pl cual. al \'Pr 1·úmo iba l'njPnnclo por el
daíio 7uc le h1wía11 las za, atilla,-: ~e atrLrií, {1
ckeir!P que del,t'rÍa conq,rnr:-t' otra::-.
-Hace tieui¡,o que lo rengo ppu,:m«lo, c•ontl':-:tó .\hu Kun·n; pero al lin 1uc !H· cou\·e1H·ido de qm• (._tas ,-e hallan lnw11as todnda y
pueden clnrar mucho.
Cuando el e,m1ercianl 1' a&lt;'al,í, dP tomar el
l,atio, :-:P pu"'o lo,: mi,1rn1,-; anelrajos dt l(Ul' se
hahía dC':-pojaclo ,\' "" c11\·ol\'i,, la l'al11•za 1•n c•l
11ii-1110 a,quPrn:-o t11rba11tP; pC'ro al ir ú e.tlzarsc· lns zapatilla--, en el :-itio donde• las hahía
el«·j:ulo e1i&lt;·o11trú otra,-; 11111y 1111cn·1•ita,- y eleµ-an!l'1111•11tt' bonl:idas. ('n•.n•tHlo &lt;JllP :-«•ría un
rPualo dd allligo c-on quien ¡,,-.(nn, h:d,la111lo
al ,-.¡¡Jir dP casa, mt'liú los ¡,i«•,-; en Pilas ,-i11 pedir penni,-o ú 11aelie y n•gn:-í, ú ::-u tfü,a n,uy
,ati,-.fP('ho dP \'Pr.,e 1:alrndo ('011 t:111 l,n11itas zapat1ll:is sin haher µa,-tndo nada.
:\la,; por dt·:-~rnda para .\bn Kar1•11 r&lt;•sultó •
cpw la;; z:q,atillas eran ,lel e:ulí, qnien iiahía
1·:&lt;tn&lt;lo l'Oll su µ-enlt• en PI c:&lt;tnblt·«·i111iento «le
h:1i10:- al llli,-1110 tiPmpo &lt;¡ti&lt;' d co111rrt'iante.
La snrprP:-:1 de lns l'"&lt;'lnn,:- tuÍ' 11111_1" gr:1111le
l'll:tt11lo, ni hu,car In,-; zapatilla, dP ,-u 111110, 110
c11co11trarÍJ11 111:'1s que la:; d!' ,\l,u Kan•n.
El t·adí :-1• inrnmodú muchí:-iu10 ,. diíi únle111•,; para que inmediatanH·nte le d1•lt1\'iPra11.
!'oto 111t&gt;1w,; que ú t.mpello11c,- lll'Ylll'on al
co111ereiante :'1 pre;;encia del Cfülí, y :nmqmi
procurú defenderse, nadie le e,cudiaha. Fué
Pncerr:ulo en la eúrcel y no pudo :-alir de t&gt;lla
hasta qm· acecdió á pagar una fuerte multa.
Cuando \'ol\'Ío Íl su ea1,,a, cogiú sus ,·i&lt;·jas za¡,atillas, y enfurecido al eonsiderar que habían
::-ido causa cid castigo que ;;e 1~ había impuesto, las arrujú al río Tigri'-, qne ¡,a,aba preci~nrnente por debajo de !-U~ halconc&gt;:'.
.\!¡runo:- (líns rles¡Jll(s, Yario:- pescndorcs que
pe,-;C'ahan Pn el río ,-intieron un gran pc,-;o en
la n·d, ~- cn'_nmrlo que habín 11 c·o~ido una
l,m•11:1 n·d:ul:i, la lc•,·a11taro11 con la 111an,rale;.:rín. ¡&lt;'uúl 110 :-:erÍ:l su «li,gu,-.to cua111l~ en lul!ªr dt• lo:- p1•c&lt;':- que Jll'tlsaron t·ng&lt;r, :-e encontrnron &lt;'Oll lns f:uuo.•a:- zapntilla,! Lns µrnnd!'s &lt;'layo,- ,-e hahí:111 cngnnchado l'n la recl v
l:1 rompieron. Con 110 pot·o tral,ajn eonsigui¿ron d1•.sem·p&lt;larla;., y furio,-.o,; por d daflo que
h•,-; hahían cau:-ado, lns arrojaron con rabiii hacia los hakone;. de la casa de .\ bu Karen, en
1·11.ra hnhitaciún taynon, ro1upicll(lo PI frasco &lt;le\ e':&lt;PIH:ia de ro;.111- y las bonitas perla,; que
hahía &lt;'0111 praclo, y de b,; cuale,; :-t' proponía
::cacar 1n11cho prorecl10.
-¡Oh terribk,-. y dete:-tal,lc·:- zapatilla~! exclan1ú ~n d11&lt;•110 euando 1·1,trÍI e1, la hal&gt;itacií,n ~· YiÍ&gt; 1•1 dc,-.trozo que le lmhí:m oca,-;ionado. Xo rnc \"&lt;&gt;IYen'•i..; :1 mole,-tar 111ús, ns lo
a~t&gt;gun,.
Cogi{, 1111a pala, fuí• al jardín, al11iú un hon1U\' ho:1&lt;10 \' las l'lltt"rrú. l't•rn un Yecino
&lt;.)lit' l'n\ muy rn~migo suyo, YÍÚ lo que hacía v
Sl' Jll'&lt;'sentó en s,•guida al cadí dicipntlo qt1c
.\hu Knren tenía. cntcrraelo en su jardín un
tC':-oro. El gobemndur, que era tan :n-aritioso
como e: mismo comerciante, le 111andó llamar
inmediat:rntcnte y lP dijo e¡ue tenía 'JUe repartir t'l tei;oro con él.
.\hu Karen negú que tn\'ie,-.c te,-.oro al~t1110,
y para proharlo a-.í, manclú de,t•11ti.:rrar la:; zapatilla,. Todas sns protc;;ta,; Íl!Pron inútilc:]11\l':- nadie qni,-;o dar crédito ú !-lis palabras'.
Entonces el gobernador le hizo pagar una fuertt• multa en casti!!o de hala•r:-P nega1lo :l darle una parte del te,-.oro.
Ahu Kart' ll i;alió d1• la cas,i cid implacable
cadí llern111lo las zapatillas en la mano lloranelo de mbia y de pena.
'
-¡Xo quiero wrlas mí1,-.! cxl'lamaha.
Xo sabiendo qué partido tornar C'Ot1 ellas,
para dc,-.lrnccr_,-e de una ,·c·z y para ~ÍP111pre de
aquel ahorrt•&lt;·1hl&lt;' ealz:ulo, las Pchó &lt;'ll 1111 depí.:-ito de agua d el jaulín .•\llí fueron ú parar
ú una tnbl'rÍa en conJtllli('ación con el cltipÓ¡.;Íto, en d cual &lt;JUPdaron ata:--caclas, i111pidien&lt;lo
que pasara la coniPnte.
Los criado-; &lt;lel gobernador, muy apurados

~l \'er. que no tenían agua en ra:--a, :t\·i~aron al
rngcmcro para que a\"l•riguara la cau~a. ,. con
1~0 poca "ºl'I re~a s,• e1a:011tran~11 con las ·zapatillas de Ahu h.:11·e11. ~o r¡nPnt·11do que su¡.iP•
SI! d ~obcrna, lor que por aha11do110 :-uyo ( chi
los cnado:-) se hallaba la tulwría all-(o atascada de antt~, puc,- a,-í era l'n cfo,;:to, ·,e echaron
toda la_ culpa al (;nn~t•rt"ianlt•, dl'clarnndo que
,\bu h.a~·•·11 halJ1a :11_dudal,lc111entc arrojado
las zapatillas al dt•pus1to con el t•xdu,i,·o objeto &lt;le dc:-itrozar la tubería para ,·cngar:-t• del
gobernador. Otra ,·~1. l'ué dt-te1,ido y tu\"o qui'
pagar una multa lllas fuerte que la:-- anteriore~, a«lemús de ol,ligarlt&gt; ú l':trµ;ar ('01110 -.iempre con las tnrihle,-. zapatilla,-..
- ¡Oh grande .\lú! (•xclamú el ro111ertiante
muy dc,-e~pl·rado, ¡.qué haré c011 c,,tn,; (!¡•s,·entu~ada:- zapatillas·? Las he &lt;·otdindo prinH•ru al
cuHlado del agun, y 1·11 m11l,n::; l'a:--o:- el re-.ultadc, ha l:'ido de:-nstl oso. :--ólo u na l'º"ª llll' re;;ta ya q_u c hal'lir, l'~1tn•ga1 la, ni hwgo. l'ero co•
mo estan muy lllOJ!lcl:is y llenas de lia1To, será necc,-o rio ,-cearlas anti::&lt;.
Al ~t't-clo, las llc,·ú Íl la t1·rrnza d11 su taf'a y
las deJo all1 para l)Ue ,e ,eenrn11 al sol.
Como la emll'll:L d" ~u dt•.,grncia 110 había
!ocndo al úlL11110 c,lahím, 1111 ¡,nro que 1·,-tnlia
Jugamlo en la tcrraz:1 dli la en,-.:1 t·o11 t igua saltó á la de .\l.,11 Knrcn y se pu:-o ú c11r\:d,1r con
la,; mal hadarias za pati !la,-, arra:-tró u na ha~ta
el borele dC" la terraza y In dejó t'aer ,-obre la

no

calJl•za ,de una mu~cr que{¡ la ~azún pasal,a
por ali! con una enntura en los hrnzn,,
El m_arido d.. aqlwlla tlluje•r cit{, ú juicio al
&lt;'( 1men·1n11t1·, 1•1 cual por cuarta \'l'Z fué eastig_,ulo y multado cn11 111a.ror dnn·za qt1t' a11ll•nnmient1•, pues ~l'gÍl_n d juez, faltí, muy poco ¡,ara &lt;¡lll' las zapatillas matast•n ú un:t madre ." su hijo.
Dit•lnrh la ~cntPn&lt;·ia, ,\hu Kan·n 1 diri"i1\11.
1t', l"
,...
1I o,-;p a 1 JUez.
'Jº &lt;·011 la eara n1u1· trish•:
-~luy excelente ." ¡,mlero,-;o s,.ñot j1ll'z,
hun~~ldem~·nte, 111'.' srn_rn to {1 la ,:entenc·i11 c¡ue
h_a~icts tl•1111h! a h1eu ,!1dnr. Heconozt·o la ju-:t1e1:1 d,•I cas1_1go ." p:1~an'· la nrnlt,1, Jll'l'll de
rmli~ln,- '.'" pido d«· todo eorazún un fayor: que
os cl1g11C.1s pr11t••¡rern1t• l'Ontra mis t&lt;'rril,IP'- zapatilla,:. l'or ella, he ~ido preso y h11111illudo
y nH' \'eo arruinado parn :-ie111pn•: ¡Qui(u ~nhe Ít &lt;¡lié pdign,-; me ana:-trarún to,la\'Ía' :--t•«l
jl!sto y eo111 pasi ro y 111andad ¡ ¡,or 111i,-.PriC'ord1a! «1l11· ,-;1•:111 dt':-truídas, á \·1·r :-i :-oí,; 11.C1s
nfort11n:1tlo que yo.
El juez ncced ió ú la -.(1 pi it'n y 1,ronwtií, Pncargn rsc clp,-.dc• a«¡ll(•l momento ele lns zapatillas fat:tlt&gt;,-;.
Al mi,1110 tiPmpo hizo e11tP11der al arnricioso .\hu Knn•11 que In Yenladern t·conomía 110
1·01i--i~tc &lt;'ll l'i-lar co11tinunnw11te acu111ulando
riqueza,-, ~ino «'11 administrar los liient•:&lt; C'on
prudL·11cia _\' t!astar lo jm,tamcnte 1wee;:nrio.

miraeio1H•s, lle,·a ahom ch• la n1a110, rumbo al
futuro glorioso, :-11 n1t•jor Y 111:'1sn111n1la recom¡,c11sa: ~m;~ tierna ;,· ;u!;able \'irtud t¡II(' Jo
aco1up:11111m en i-u ncto,rn.
Lo:; :m1igos (Jlll' tanto lo querv1110", lo deja- .
mos en la pu~rta del hogar. y, e:-trC'l·hánclole
la 111:uw, le d1rcmo;;_ e_n coro: :::iú tlit'hoso; has
1ucl1:ulu ¡,or e~ta feht"1dacl; la 111ereec:&lt;.

,\'.loro In lri,-.tcza, ¡oli soñadora!,
_\' 1111,dolor ju11ta11clo con tu, l:ígrimns
\'O,\' a 111a11char con pP11,:11nie11to., neuro,-;
el ca,-.to all,or de tus c:1111clia,; lilant·a~! ·

··········· ···· ···· ················ ··················· ·····
C11nlempl:~ mi verjel; mira las florPs
q1w ayer lue1erm.1 sus uit&gt;jore;-; galas
Y IJlle formaron 1111perial diaelema
&lt;:n h ;;ercna frente de mi amada.
Ilnllaní~ mi pensil ya :-in aromas,
laH flores 1,&lt;111 c·olor y ahandonada';.obre la arena del jardín en dotHle
sorprendió sus amores la alborada.

***

_¡Yupcial.

La rnadresclva que escalaba el muro

r que '-U aroma al viento le brindaba.
rl «no me olvide~» del color del ci~l~-'
el alheante azahar y la nerntla
'
azucena de dmdido perfume·
la. margarita, la sibila mágie~
que ?el ~!uor predice la ventura
6 la 1!\~ston. del pens:imiento arrnnca;
los pahclos Jazmrn~s cuya cs1&gt;ncia
las ond_a;. del ambiente perfumaba
y las violetas tímiclns r¡ue oclilt·i'._
•
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e:-qu1rnn
en e1 prado 'las rniracla:-.

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SR. Lit'. D. EMILIO PU.1EN'fJ-:L.

'@:[ ,\ Y Yi1las que parecPn

t&lt;'ner Riempre
~ a ~arnd1•rí,-;ti&lt;':1: 1,, Feli,•i1lad. ¿_Sl'tÚ
cierto que esta Yaga cosa que Re
an~eh, &lt;¡ne c~te sueflo impn·ci,-.o t·on que ;;e
delira, puede cristalizarqp algún día en reaiida&lt;l, y acl11uirir forma \' n•nír,:enos ú los brazos·:, al alma t•n una p·alpable epifanía? Ah,
sí! Xo es 1lelirio de poeta (,-te, no &lt;'::. f:mtm;magoría (le iluso, 110 es fnnb1sma de insania,
no es alucinaciún ,le fa,cin:ulo. Es ,·erdad,
verdad pum y ;:ana, 1¡ue p:,co (1 poco, por ohm
ele 1,uestro e,fuerzo, baja ele la hrnm&lt;NI cumbre del ideal hasta &lt;·om·crtir,m en u11 c•spíritu
compañero del nup,.(ro.
S~lo que parn que el milagro :-e realice, es
preciso que nuestra exi,-.te,wia hnYa tenido
perpetua111~nte una aspiración: el liien, .r que
nuestros 1nes lmya11 hollado un solo ~endero:
el del Deber. l~I .\n1or vie,w entonct•s y es
una recompensa, es un premio. \'iene de lo
alto, como la luz y como el rocío.

l t;'

1

1

~f

~

Toda,-, to•!as mis tlore.~ se han seendo
al ~?plo del rnvicrno, que su escarcha
deJo caer en .los fragnntc.s pÍ'talos
que hoy tapizan la ::;en&lt;la abandonada!
························ ······ ···················
• Ycrda1l que n~i Ycrj1•l e,.:tú mu,· triste?
escuC'llaste _111 un trino en la ·&lt;'nmmad 1
porque al monr en nii jardín las flores
'
huy(•ron las a.ondra~ azoradas!...... '

;'lo

.
P:iso, 1111. l'rim:wern
¡oh sofrttlora r •
P_enl~n si en los delii\os ele m'i ah;i~'
Yme a manchar con ¡ien!ó\nrnit&gt;ntos lle".
'
..,, os
e•l cast O ª 11ior &lt;l e tus camelias blanca,;!
F1u.xnsco Iz..iB.\L Im.,RTE.

J2

LUCÍA. Y ALFREDO.

SRA. ,\~ll'ARO JOHDAN DE PJ:\1ENTF.L.

Y he aquí &lt;1ue la le:v diYina se ha cumplido &lt;'n uno de nuestros amigo", en u110 &lt;lP los
buenos, de los persistenteri del Bi~n, rln los
enamora(los clel Deher. Elllilio Pimentel, que
no torció nunca. la ruta, ni vaciló en el camino, ni desfalleció en la a:-piraciún. 1·nc011tr6
por fin una compañna y un nielo. Un {mgel
ha plegado junto á fl las alas, y todo radian•
te, como el oíblico, le ha dicho'. el ,;cndero es
triste, te consolaré, lo seguiremos juntos.
Esto era lo que falt..,ba á la existencia de
Emilio, c·onsa::rra«h por entero al trabajo, al
estl~(l!o y ~1 l:i piellarl. Aquí estú, pues, una Yirla utJI, cl,gna :· noblcmenlf&gt; corona&lt;la. Ya tiene hecha la conquista ele! por\'enir.
El, que es posee1lor «le un talento tan penetrante y de u11a sen::aibilidael tan exquisita· fl
que no' sólo en las lucha,; parlampntari;c:; ~.
políticas. no súlo &lt;&gt;n rl foro y &lt;•n el estrarlo
f:ino tn111hién en &lt;'1 .\rte. «h•l que es un sn('er~
dote ferYiente, alcanzó triunfos y levantó ad-

•

1:u mano cruel sobre el murfil del piano
volaba, ¡oh _e:indi,la Lucía!,

,~i.!!1
): a

tu

1:Ldo.

1·oma11tico \.

uhno

:lln,set, el dnlce poeta, ;001·;,ía. ·

, Entraba por_ la abierta cl'!osía

I~} s1!ave e~uno dl'I jardín cf•rcano.

\, v_1;n&lt;lo el que tu faz de amor urdía,
Co~ 10 tu mano y la estrl'l'h&lt;', en su mano..•
.¡},r«•s !ne,,:, _tle,p\té, (;oh suerte acerb:i!,
,ltlas s1u v1v1r IHLJO la ye1·ha,
Como rosal que al abn:g-o sucumba.

1

0

Y el p~lido poeta,.hPnchilio en llanto.
~!zab~ a tu met1}01·ia un tierno canto
1 pcdrn un cipres ¡,ara tu tumba!
FRA :\'CISl'0 :11. •\. &lt;'OXTHF.RAS V.

�EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 9 de Xoviemhre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

et Brisfo 6e Zolfern.

Tra dición feudal alemana,

L {1guila anida en
la cima de las
moutafias, allí
donde la tranquilidad de sus
polluelos no sea
turbada ni por
la. mano codiciosa del hombre, ni por el
hambre de las
be!-tiaR. Los sefiol'es de laEdad
11edia. imitaban al:úguila: edificaban sus burgos feudales en lo alto de las rocas entre las
escabro!'licla&lt;les ele las pefins. Querí;m pone!' á
sPguro sus tesoros y ~us proles, porque temían
á sus súbditos.
El águila es la reina &lt;le los aires, las aves
la temen y la odian porque las explota y vive
á costa de ellas; aquellos varones eran los reyes absolutos d~ sus tierraR, sus vasallos los
temían y loR odiaban porque vivían de ellos y
erari poderosos sólo por ellos; los sefiores feudales tenían razón en guardarse en lo alto de
los montes, entre las escabrosidades tle las
rocas.
Alemania está llena lde esos cnsti llos ó de
sus ruinas; bajando el Rin, por ejemplo &lt;le
uno y o~ro lado cad~ roca está coronada' por
un torreon deshecho o por un arco derruí do en
donde bullen las golondrinas y los murciélagos. Esas piedras son lo
único que perdura y da
fe de toda la potencia del
feudalismo, ele toda una
edad cubierta por el poir / ·
vo de los siglo!', en que

castillo de Hohenzollern. No es una ruina: el
águila, cuando está fuerte, no oh-ida el nido en
que creci6, y del cai;tillo de Hohenzollern surgió la real estirpe que hoy se cifie la corona
del Imperio. Guillermo II ha hecho restaurar el castillo, conshuído hace siglos, cuando
la feudal familia sólo llevaba el título de condes de Zollern.
Entonces estaban en el poder los Hohenstauffen, heroicos y abnegados, altivos, pero
justos, como Barbarroja, el gran emperador.
Los condes de Zollern jamús aceptaron de los
Hohenstauffen altas mercedes ni dignidarles,
cual si supieran ya que algún elfo. Rerían ellos
los Reiiores del Imperio y que el germano pueblo honraría la blanca patilla de Guillermo de
Ilohenzollern á la par que la roja y flotante
harba de Feclerico de Hohenstauffen. E!:-te para la E&lt;lncl 11edia, y aquél para nuestros días,
personifican la grandeza y el brillo ele Alemania.
El castillo de Hohenzollern asoma sus pesn&lt;las torres por sobre las coronas de los pinos
que cubren el montículo en que reposa. Es
bastante fuerte la subida y quien, partiendo
de la pequefia ciudad de Hechingen, sita al
...-;o"'...!"-~

....

.-.:

-

,

corto; pero el sol molesta al viajero, que no
encuentra e!' los adyacentes campos, sembrados de trigo, ni una choza donde reposarse.
En medio de ese c~mino, abandonada y solitaria, se leva.nta una capilla. Su campana
está muda, y su torre, de un gris sucio, amenaza derrumbarse. E;;tá árida, desierta; antiguos y semiborrados frescos cubren las paredes que se descascaran, pero no hay un cuadro, ni un cilio ni una cruz: parece la ((capilla horrible y desolada» con que Fran~ois Coppée simbolizii la conciencia intranquila.
Allá, en el fondo, apenas ,·isible por la escasa luz que logra penetrar por lmi empailados
vidrios de In única Yent:mn, distínguese un
altar sucio y desmantelado, su única imaaen
es un escueto Cristo de madera y de tam~iio
natural. Todos los Cristos mues"tran la señal
del lanzazo que el esbirro diera al Xazareno
pero ésle, además de la llaga, tiene la mader;
astillada en medio del pecho, y un dardo de
fierro, hundido hasta la mitad, parece decirnos que los he robres quisieron perpetrar nuevo ultraje en el pnciente judío, pon¡ue no leibnstaban sus sufrimientos.
La curiosidad del vinjero s.e despierta y preguntn al amilanado guía por
la significación del dardo. Todos, todos en la comarca con~cen esa trist~ historia, y
mientras el caminante prosi¡rne su marcha hncin el casti-

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-~~~t~it:i~t~:~:.,.

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llo, cuéntala rl guía tal cual
la ha escuchado de sus mayores.

***

• ~•• • .T,~

los hombres olían á sangre y no á tabaco, se
batían con la espada y no con el puiio. A cada roca se relaciona una tradición: historia!',
unas veces romúnticas y sentimentale1&gt;, casi
siempre vagas y misteriosas.

***

En el Sur de Alemania y en el corazón del
principado ele 1m nombre, se leva1üa altivo el

Domingo O de 'No\'iembre de Hl02.

pie del castillo, emprenda
la marcha para visitarlo
,
comprenderá luego que pa:
ra los antiguos guerreros
esa fortnleza debió de ser in:
expugnable. Los cnballos fatíganse para dominar la .a brupta rampa y, una vez en l::i. cima,
el castillo, rodeado de foso1:1, con su levadizo
puente recogido, tenía que burlar todos los esfuerzos ele los asaltnntes, porque lo'! dardos y
las flechas de éstos y aun las débiles balas de
los mosquetes, en vano hubieran chocado con
tm los muros, y porque los hachones encenc'idos y arrojados, no hubieran podido salvar
las anchuras de los fosos. Hoy bastaría una
batería Krupp para echar abajo el castillo: el
hombre, á tra\'éS del tiempo. ha modificado
todo. El camino de Hechingen al castillo es

~penas bañan. los primeros fulgores del
Onente la torrecilla que domina al cnstillo,
cuando las densas brumas, suavemente mecidas por 1~ brisa mati.nal, empiezan á despejarse y refleJan en opalmos tonos las caricias del
sol, que las entibia y las destruye. L'\ gran
campana deja oir su cansada, pero sonora voz:
es que el burgrave, el potentísirno Coñde de
Zollern, va á divertirse; porque el Conde ama
la caza con verdadera pasión y dedica la mayor parte de sus ocios, que son muchof', al
placer de San Iluberto. Cae el puente levadizo; los lebreles se escapan de las vigorosas roa.nos .q~1e los deti~n~n, y con alegres snltos se
prec1_P1tan en vertiginosa éarrera por la rampa,
segmdos de los mozos, pajes, lacayos y picadores con sus trompetas venatorias y de la
brillante cabalgata de nobles, entre l~s que se
destaca el burgrave, jinete en albo 'Palafrén,
eri la mano la ballesta mortífera coloreado el
r?stro por la matutina frescura ondeando al
aire la blonda y rizada cabellera que de su
gorro de pieles se escapa cual la c.-i;cada de un
lecho de rocas. El sol se ha asomado ya, lento

y

•

Y, majestt~oso, é ilumina el brillante espectáculo.: rehnchan los corceles, ladra la jauría
estrepitosamente, los cazadores soplan en los
cuernos y la masa avanza entre los resplandores ele los arneses y de las armas avanza v
vuela, se ,tlespren?e por la empinad~ vertiente,
al estentoreo gnto del burgrave: ((Xur zu!
Nur zu!»
Y allá va la horda.
Calla, vil vaf'allo, labriego insen!'ato! Por

SILENCIO.
/
,~/
;

:1

0- •

1

fl

~o te inquiete saber que no te escriba
cuando de ti me aparte;
siempre tú vi\'irús donde yo viva,
pues lo eres todo en mí: cariño y arte.
Cuanto mfo; lejos, mú;; en recordarte
latirá el corazón, y mientras menos
sepa de ti, por inflexible suerte,
mús ardientes y llenos
han &lt;le ser mis afanes parn verte.
Las aYes amatloms en ;;us ,·iajes
se "ªn de donde anidan,
y al través del espnC"io no se ol\'idan,
¡y no se cruzan cartas ni mensaje!!!
)L\NUEL

s.

PICHARDO.

NIEVES ETERNAS.
No ves, al borde del camino, un úrbol
que en su manto la nie,·e nmortají,•?
Tal vez le dió la primavera última
las hojas que este invierno le quitó!
En el estéril campo de la vida
así sucede al pobre corazón!. ........
La Fe lo \'iste con las mismas flores
que le arranca de:,;pués la Decepción!

qué gimes y levanfa;; los brazos al cielo? Porque los cazadores del Conde han destruido tu
trabajo, han pisoteado tus campos y te han
arrojado al hambre y á la miseria'? Calla, esclavo, y no turbe!c&lt; el contentamiento de tu
señor! No ves que es tu amo, que todo es suyo'? Calla, va;;allo, calla y sín·ele!
En la persecución del siervo y del jabalí, lo~
cortesanos han si&lt;lo llevados muy lejo!! del
castillo, atravesando bosques y llanurns. Los
caballos, jadeantes y cubiertos de espuma,
apenas pueclen soportar el peso ele sus dueños,
y éstos apetecen alimento y reposo. El Conde
da la señal y los cazadores se reúnen para
apreciar el resultado de la jornada. Muchos
ciervos y muchos jabalíes han sido muertos:
el burgrave está contento.
Pasea su mirada en torno suyo, buscando
un asilo contra los rayos &lt;lel sol, y sólo descubre, allá en lontananza, una casucha blanca
que turba la monotonía de los campos verdeantes.
Y la brillante cabalgata se dirige hacia ella.
Es una capilla, y un buen fraile la cuicla.
Apéase el burgrave, penetra y ordena que se
preparen los alimentos.
Entonces el fraile, con el capuchón cubriendo su inclinada testa, se acerca al Conde y le
habla.
-Sois grnnde y poderoso-dice¡-pero no
olvidéis que Dios es vuestro rey y que á Jesucristo debéis adorar, y no profanar su temp!o, cual lo estáis haciendo.»
Lanza una carcajada el frívolo Zollern, y señalando al Cristo que está sobre el altar: «Ahora veréis»-exclama,--(tahora veréis el caso que
hago yo de vuestro Dios!»
Y empuña la ballesta.
-¡El os perdone!,,-prorrumpe el fraile y
arr6jase sobre el burgrave.
Pero es demasiado tarde: el Conde ha apuntado y la flecha parte aligera para clavarse en
el pecho del icono.
Y fué el portento: da una. vuelta Zollern sob re sí mismo y cae pesadamente, golpeando
las vigas del pavimento. Se acerca el fraile y
acuden los corte.qanos, palpan al burgrave y
le tncuentran bien muerto, sin herida, sin
sangre.. ...... .
Cuenta la crónica que el ermitaño alab6 á
Dios y luego, hondamente impresionado, per-

•

dió el juicio. En cuanto á la capilla, quedó
desde entonces abandonada v ha ido de~truyéndose poco á poco, pues parece que el tiempo la ha respetado para que los hombres conozcan el castigo del
sacrílego Zollern.
Por eso es que los
cmnpei-ino8, al pasar
frente á la puerta, eantíguansefervoro~amente y no se atreven á
penetrar ....... ..

Hay una diferencia entre e~os restos
que el invierno igualó:
Para uno volverá la primaYcra,
ay! ...... para el otro no!
Dl' L('F. ~I.\RI.\

BORRERO .

JUAN SÁ.'\CJIEZ-AZCON.\.

La Capilla Arzobispal.
Damos en esta página una fotografía &lt;le
la nueva capilla del sefior Arzobispo, que
acaba de inaugurarse.
El altar es de estilo
g6tico y está trabajado, en todos sus detalles, con verdadero
arte.
En el fondo se ha
colocado una magnífica pintura al óleo que
representa á Cristo en
la cruz, y al pie una
imagen de San Dionisio mártir, hecha en
cera, y traída de Roma por el abad Plancarte.
El decorado general
de la capilla es ele muy
buen gusto.
Para los valientes no
hay más que un modo
de rendirse, esto es,
como Francisco I y el
Rey Juan, en medio
del combate y entre
culatazos.- NAror.E:6~.

Interior do la capillJ Jr.oblepal,

�EL CENTRO MILITAR

EL ~fUNDO ILUSTRADO

EL )IUXDO ILuSTRADO

Domingo 9 ele Xoviembre de 1902

LoR Sres. .J. B. FuenteH v Lic. Antonio Ramos P~drneza. rerraron la parte literaria, el
pri111rro con una. poesía que gustó mucho y
le fué nrn\'
el,wrndn,
Y rl segundo• ron un
•
l""
•
,
di!~c•urso qlle intrrcsú á la concurrrncia, no.solo por la rorrt"cciún y ¡?nl:mura de su l ·,-tilo,
sino tamhi(.n por lo p)p\'ado de Hts conceptos.
El Sr. C:encral Rryc,; d&lt;·clarú inau::rt1ra&lt;lo
el &lt;rC'Pntro••, pas,rnclo en sPgt1i1la. al :-,alón ele
armas, 1londi&gt; sr ~Ír\'iÓ un "lunch &lt;'hampagne».
En un p11t11sinsta hrinc\i,:, el f.eiior '.\linistro
1le la Gmrra. manifc:4&lt;&gt; la !-ati ...f:u·1·ión con que
el ~r. Prrsidente &lt;le In ltrpúhlic·a. Yefo el eHtahlecimiento del aC'entro )!ilitar11, y tcr111inó

hiblioteca, c¡ue eH uno de los mús elega_ntei-.
En 1·1 fondo se in~taló la !Ilesa &lt;le 1n. presidencia, colocú1,cl0Re en &lt;'1 lll\ll'O c•orrP~pondi(•nte

Con asiRtrncia cll•l seiinr '.\linistro &lt;le la &lt;:nerra, (,enl'ral D. lkrnanlo Jl¡,~•1•,-;, !-(' ,·eril)r~
&lt;lía,: pa~adoH la inaugnrnciún del ~entro ?l!1litar r,-;tabll•ci&lt;lo en l'l l'tt:trlel de :--an .Jo,c de
(:racia.
El adorno &lt;le\ lnenl ful'.: muy !"f'll~illn, pero
de buen l'Íl!cto, y l'on,:i,-tiú 1irit11:ipal11ll'nt&lt;· rn
a.tributoi- d1• guerra, florPs y e,-;cuclos &lt;le nmrn,-;
artísticamente di,-(ribuídos ('ti los cli\'CJ'SOS !'HJones y en lo,: rorreclon·,;. En el dr,-;can~o (1¡,
la e!"&lt;',dPrn t¡11e &lt;•011&lt;1111·1' ni l&lt;IC'nl &lt;¡IIC lH'llJ':I

El Ministro de México en Bélgica
Ofrecemo!&lt; hoy el retrato del cfütin~uido c.'\ha~lero Lie. D. E_milio Pardo, jr., que clcf'rmpena en la :wtuahcla1l el puc:;to de .:'l[i11istro
Plcnipote1wiario y En·
\'Íado Extraordinario de
.:'llí-x.ico Pll Bt'.· lgica \' lo,
l '11 Í;;es Bajos.
•
El ~r. Li&lt;'. Panlo e,tkma,-;indo conocido e11
nu&lt;'i-trn pní&gt;1 como ahogado emi11entr, para qu,1
pretendamos hacer su
dogio en C'Sto.,.: línea,:.

El f1111eral de nn Mongol.
Adorno de la entrada.

Salón de Biblioteca.

el "C&lt;•ntro&gt;1, se vría un cna&lt;lro al úlro representando un rurnl mexicano, y en la puerta
de entrada un «trofeo» :,neglado con el mejor
gui-to.
El acto !'e efectuó en el !'alón cl(':-tinado ú

ni lul,!nr di' honor, un p:ran retrato cid Rr. (;cnernl D. Porfirio l&gt;íaz, pintnclo al úleo.
Tanto )ns número,; lit1-r:1rio-; co1110 lo'- muF-ical&lt;'H de que r-c ('omponía C'I programa, fue•
ron muy aplaucli&lt;lofi. El Sl'iior Teniente Co·
ronel .Juliún Pachrco, Jp,·{i un int1·re~:111le informe acerca. clt&gt; los trnl;ajo,; \lcrntlos (1 cabo
por h .Junta Directi\'a, y dd cual se clesprPnde que el núnwro ele ~ocios fnndndon·s de la
a!?rn paciírn rs de !l:2. (']r,•úlJ(lose el &lt;lr los de
número (1 1:27. El Reíior Tcnil•nte Coronel Pacheco tuvo frases de elogio, tanto para. el Sr.
General Díaz corno para Jo,.; H·fiorr,; ~ccrctarios
ele ITacienela. y ele (;urrra, 1láncloles grnci:is
por los Yaliosos oh,;equios que han hecho (t la
naciente i-;ocie&lt;lad.

Salón de armas.

haciendo ,·oto" por c¡ue rl h•nÍ.'\ de la. agrupaC'iún fuera: «Uni{in, l'atrioti:-mo y Progreso.»
En el &lt;:alón de ado" :-c tocó dcRpu(~" el himno
patriótico de la 2~ J:c,-;rn·a, cant{mdo~e por el
Sr. Rafael Lópcz y un coro de niíias.

CO\tfNICA CIO~E~.

EL FERROCARRIL PANAMERICANO.
El 15 de septiembre último se verificó la.

• 1

inauguraciún de los 50 primeros kilúmetros
del ferrocarril Panameri~rno, cuya importancia e;, tan gramh•, no sólo para la rica zona que
atraviesa pues nadie descono('e la ,·ariedad de
producto~, tanto agrícolas como minrro,; del
Estado de Chiapa", sino también para el país
en general, pon¡ue podremo,; fúcihnrute conrnnicarnos, desde nue,-tm frontera.
con los E"tados Cnidos del i'\ort1:,
hasta el punto extremo al sur de
la Repúblira.
El tramo inaugurado empieza
en Puerto Aristn, pa,;a por Tonalá
y termina. en la ,\nrora, ,-igui&lt;•ndo
rumbo á San ,Jerónimo, punto
en r¡ue entroncará con el ferrorarril Xacional &lt;lel itsmo de Tehuantepee.
Al acto tle inauguración concurrieron el Rr. .Tosé Mora, procurador general de la compañía, loialtes empleado,; de la empre8a. y
numeror-as personas que fneron
ohsec¡uia.clas con un lunch {t hor-

Salida del primer tren,

do &lt;lel tren, el que estaba. enfrn.l:ma&lt;lo ton banderns mexicanas y americanai-.

La actividad con que han romenzado Jo,,
trnhajos, hace creer r¡tH' se llevarán Íl término
ú la mayor hren-dacl, pue,- ('n Jo,. seis campa-

Grupo de' emp leados y trabaj adores de la Empresa.

mrntos e~tahlecidos en el tmncto de la línea.
hav m(1R de 1200 tra hajaclon•~, y rn opinión
del pre,-ide11te ~r. Xillaml:-, antes de un afio
ef.tarí1 terminado é inaugurado todo el ferrocarril hMta Ta1•achula.
Prohahlemente para entonres, cualquiera
ele las dos lí1was que parten tlel Esta&lt;lo ele
Yerncruz rumbo al Pacífico, hahrún Ya &lt;•ntroncado con el ferrocarril &lt;le Tehuante¡)('c, queda.ndo csta.blecicla
&lt;l·~ e,-ta manera b YÍa de comunicación que unirú la. frontera norte tle mw:,tr:i Repúblira C'On las
mús apartadas regiones dd Sur,
constitu vendo uno de los n1Íls importantes c,-lahoncs del proyectado ferrocarril panamericano.
Una República. prudente, no
debe aYr11turat'lie á nada. c¡ue la.
exponga á la buena ó la mala fortuna. El único bien á que debe
aspirar ei- ÍI la perpetuidad de su
estado. -)lo1-TEsQunw.

En seguida corren {1 g:ilopc tcn&lt;lido por In inme1wn estPpa, hasta encontrar un cerrillo donde encienden una. pira.
'
:C,n~ cabalgatas &lt;ll' est1· gc:nrro, en i1wirrno
pr1nc1palme11t~,, como :-e efrrtúan de noche,
atraen gran numcrn de loho,:. qne ,-igu&lt;·n ú los

Domingo 9 de Koviembre de 1092.

A LA POESÍA.
Vengo á rendirte pleito homenaje,
Oh Gran Señora de ígnea. corona.
8erte fiel ju1·0 por el pluma.je
Que orna mi yelmo, por mi linaje,
l'or la c1·uz fénea. de mi tizona.
Vivo en el viejo castillo negro
De la desgracia, que en solcd1ides
.\ridas ,e alza. Jamás a)eg-ro
:\Ji alma en festines. :\Ii brío integro
Euu·o fulgores tle tempestades.
Es mi castillo fiero y desnudo
El que so erige sobre el baluarte
:\Iás intrincadll de un monte agudo.
En los umbrales est{L mi escudo,
Y en él mi lema: «Verdad y Arte.&gt;
Y en el más alto torreón precario,
Como bandera de amor, levanta,
t:n mástil frági l y solitario,
Gn jirón blauco que del ~udario
De Cl'isto traje de Tiena Santa.

l)c,-de los til'llll'º"' 111ú-:
atrn::;ado,-; de la. hi:-\Drin.
lo~ ptH'hlos s:tl\'ajc:- dt• la
Yo mismo, en Jo hondo del subtt•rd, t•,
.:'llongulia han !-ido (·dt•De mis tristezas, forjé el ac&lt;•ro
hrPs por sus c·11:didades
De mi armadura con ei;pontáneo
de ecuest:-c•:-, Las hordas
Te~ún, y un casco para mi cníneo,
Un ca::,co en garras de un buitre liero.
qm• en los prillll'l'o,; !-ig:los
lh•I cri,..tia11is111n, al 111anDe mis rudezas mi mano tosca
&lt;l&lt;&gt; &lt;le &lt;:cngi--Kun y de
Una loriga brillante b1~ hecho.
Sil" ,&lt;Cl'llacc:-:, i11,·a&lt;li .. ro11
Y una serpiente siniestra y hosca
la Europa, \'CIIÍan ú ca •
En la loriga su saña enrosca,
Como quet·iendo 111orde1' ml pecho.
hallo ,. a:-Í dernstaha11
las nn&lt;7ioneH en em hriún
l'ues son mis llantos gélido riego
que ú su pa:;o :-e interpoY mis dolores sinie,-tra frag-ua,
nían.
Templé mi espada, con cruel sosiego,
El rCl'lll!J'&lt;lo qu&lt;• han
De mis dolores en el gran luego
Y de mb llantos en la fría agua.
clcjado pndurn ú tra,·{!&lt;
de Jo,; :-iglos, tanto por
Solo en mi duelo, soy absoluto
811 harharidad, cuanto
En la soberbia de mi castillo.
por haber invadido el vieJusto á mí mismo, ya obtuvo d fruto ·
jo conti1wntc &lt;•n los moSembr~ en mis odios estrago y luto '
Con m1 derecho de horca y cuchillo.
mentos en que :-l' ernpfzahan ú formar las HUl'\·a,;
Oh Gran S~ilora, formando valla
n:H"ionalidaclr,-; que dl'he:\lis seotimieutus nobles ,. rudos
'
rían ,-er dc:-ptHÍ:&lt; las granE,-peran Ja ho1·a de la btitalla,
1h-s potencias de EuroCon sus JI amantes cotas de malla
Y sus lanzones y i&gt;US escudos.
'
pa.
\'iviC'ndo como Yiven
Son los que guardan mi solitario
estas tri hu,;, que h,1st:1 la
Ca,-tillo nt&gt;gro . . .. La huesw cauta
fecha con,-:ervan las co,-:Un hiiuno he1·oico de ritmo val'io
tumbre,; qne rn Jo,; priBajo el guil1a.po que del sudurio
Ue &lt;'rbto t1·ajc de Tierra Santa.
meros :-i::?lo,: de la em las
caractt•rizaron, l'll ,·a,;tas
Reina y Señora, que el brillo baje,
llanuras, fc'n p:1 rtcs H'eas
El u1·1Jlo excet,,o de tu corona,
por el im·il'rno riguro:-o,
A 1111 moutaua yerma y ::,alvaje.
y Yi\'iemlo extcrnlicla:- &lt;·11
berte fiel Juro poi· mi Jin aje,
Poi· la cruz fét·rea de mi tizona.
amplias zonas, forzada:-;
por la esc.a~ez de pa:-to,.;
l\léxico, octubre de 1902,
y la necesidad de cambiar
SR. LIC. D. EMILIO PARDO
violentamente de ,-itio,
ROBERTO ARGUELLES BRINGAS.
Ministro de México en Bélgica y l os Países B ajos.
los mongoJe:e; han adquirido una maravillosa descuatro portadores, escoltando fantásticamente
treza en la equitaciún, que eonsen·an y conal muerto.
i-errnrún, ú pc,;ar de la tenninaci{m del ferrol'n pueblo debe obrar con los dem ás pueLa. zon:i habitada por los mongoles rstá llecarril transiberiano.
blos como desee que obren con él.-EL ABAna de pequefios montículo,; en los cuales ha
'\unca construYen ciudude:-. Se conforman
TE FRE&lt;,OIRK
si&lt;lo quema.do un mongol y sus cenizas eopa.rcon amontonar aigunas tiendas de piel, en las
cidns al \'ientu.
cuales yi\-en d&lt;• la manera primitiYa que e:;tc
género ele \'ida requiere. Sus caballos Hon pequeíios, pero 1lc mara\'illo:-n pujanza; y como
durante lo,; inviernos e,casean lo,; pasto~, los
Tuda naci6n
aliment.'ln ele substancias animales, que matiene su honor,
yor fuerza les hacen adquirir.
q~.e resume los
sentimientos, las
nohles accione!'
de su Yi&lt;la pulíEstas co,;tumbrei; primitiYas de los monp;o·
tiea con el carúcles se tradu('en por prác·ticas curio~as en t0tlos
ter propio de los
lo,-; grnndt':- epi:-oclios de 1:\ vida. Lo$ ca,.:uindividuos
qur la
mientos \' los hautizos :-e celebran t'n grarnh·s
componl·n, ú escalialgatñs, ptÍt&gt;,;l&lt;' que :-on la:- mujeres ,nn bueto es ú lo que se
no!- jinetes como los honihre:-.
llama el honor
Xunca enti('l'ra11 {i sus muertoR, sino &lt;¡Ul' Jo,;
nacional.- .:'lloqueman y depositan la:- cenit.as en las e~1linas
m:-.-.
que primero &lt;·ncuentran C'll las l"rrea11ia,: de
su~ campamento,-:. Vna ,·&lt;'Z que Jo,: hrnjoc: han
visitado el cadíl\·er y le han hecho la:; aspersiones dP líquidos !-agrados que &lt;kherÍln :;n[M'\ opiniún es
Yirle para evitar el encucn tro con Jo,; walo,;
la
reina clcl munespírituR, cuatro amigos del muerto toman unn.
do, y 1a fuerza Hu
manta ele piel de camello, cada uno por una
E l cadáv er de un m o ngol,
tirano.-PA::sl'.\L.
&lt;le la:; puntas, y colocan en metlio el cadáver.

***

Al llegar A Tonal:i,-Uno de los carros,

•

�EL 1fUND0 ILUSTRADO
Drmingo 9 de ~oviembre rle 1902

EL 11:UNDO ILUSTRADO

üomingo 9 de Noviembre de 1902.

LA "SEXTA CLASE"
Y i;e advierte entonces que en aquella verbena, la mús concurrida Y
EGA el tradicional «día ele muertos», y la curio~ipopular, hacen falta l:i múoim, los fuegos, el torito, todos aquellos eledarl, aliada á la carencia de objeto ít que consamentos indiRpeni:aLJe,.; de una fiesta semejante.
grar el tiempo, encamina los pasos al sitio en
Y á medida que el sol declina, la sed tórnaRe máR y más ini-aciahle;
que la. Capital vierte, durante un buen número
se contempla desde la loma la Capital. que yergue sus chimeneas y Rus
de horas, afio por afio, un enorme torrente de la
campanariol'l; aparece ha,-tante lejos y se hace acopio de fuerza para
vida que á diario palpita en sus arterias.
emprender el regreso, besando sin cesar, en un hei;o prolongado, la hoLa mañana es tranquila, una mañana que no
ca del jarro, que ha hecho ya cirn viajes á la barraca mÍls próxima; las
parece ser precuri-ora del invierno; el sol ascienproYiRiones termina11, termina el dinero, no qneda mús que el cántaro
de á tra.vfs de un cielo lleno de brumni-, un cievacío, y Re pieni-a entone&lt;•s en rumperlo Hobre la cabeza de alguien, que
lo que se ha dado poi ,·o, como unn. &lt;lamn. que no
á veces es 1le la familia, íi veces un desconocido que con una mirada. ó
olvida el afeite, y las lejaníaR. afretadas tnmbihl
una i-onrisa i-e gan6 el peor de los obsequiofl.
por esta coquetería del azul, dibújanse apenas en
Y, como rpilogo, una morada obHcura en que mcclitar, obsrquio d1•i
los límites ele! exteni;;o valle.
municipio, ó un lecho cubierto de lona, cnstodiaclo por dos jinete~,
Xo ha llegado aún el sol al tercio de 1:1u carrern, v va los caminos v
que haee ú menudo pensar en lo efímero de los goces mundanos.
veredas que conducen al necrópolo aparecen pohlñlos de viandantes
A tlHELJO (~oxúu:z C., RR.,:,;rn.
que acuden á rendir homenaje á la. muerte, llenando de vida el fúnebre
refugio.
Sobre la colina en cuya cumbre se vergue la arboleda. que señala el
panteón, a¡;cicnden los tranvías atesta.dos, las carretas con sus toldos
multicolore~, dando tumbos de hoyanco en hoyanco y 1~'l.ngoloteando
su carga humana, y pie ú tierra, por carreteras y veredas ó á través de
loR campos en que la hoz dejó los tallos i;;ecos corno los pelos de una
harba mal afeitada, los humildes avanzan, la cruz á cuei&lt;tas, el Rímhnlo reclcntor que fijarún i;ohre la foi;a en que se pudren los restos del
que fué.
DPntro ya del recinto, contiguo al parque fastuoso de enarenaclas
n.,·enida;:, sombreado por la arboleda, y en donde el mímnol y el bronce ostrntnn mil crcacionE'S riel cincel, extiénde&gt;&lt;e el asilo de loR desheredadoi&lt;, la i-exta. dast•, á donde vnn todo¡; ar1ue\los parn quienes la
muerte fu{, tan poco piado,:a como la vida.
En aquella gran parte de hi colina, no hay arbolerlas que brinden su
i-omhra, ni flores quP. espanan sn perfume, ni ei-culturm, en bronce 6
múrmol que perpetúen una 111e111oria; la malez:i crece mquítica. sobre
las sepultmm; y en derredor de las nrgras y humilcles cnH'es que har&lt;•n
apnrrcrr la loma eomo un enorme alfiletero. Se l,u1,ca allí el sepulcro
tlcl aust•nte, á Ye!'es de manera infructuo!'a, deletreando la" plara!-1 &lt;le
hojalata enmoheeidas y por las cuales el difunto pa:;:ó á la categoría de
nú111ero; un azadí,n de,·oto remue,·e la tierrn y arranen la yerhn, lns
eruees Íl las coronas n•emplazan ú nquélla, las ceraR empiE&gt;zn11 á arder,
y los &lt;kudo,., fatigadoi-, tomnn a,-iento E:'11 torno de la i,epultura.
]&gt;espurfl ele algunos momentos de i-oportar en las espaldas los dardos
del sol, ,·iendo Íl las muj1•reR que lleYan el rebozo á los ojos y á la nariz; después dt! pronunciar cuatro palabra,: acerca del «dij unto» ó la «dijnnta», los dolient-cR, que no han dejado de escuchar el rumor que c,ece en las afueras del panteón, estiman que los hlanclones han ardido Jo
suficiente para el dest·anso del alma del muerto, soplan sobre ellos, se
arroja. la última mirada al lugar, y el grupo se pone en marcha. A los
pocos paROS hi tranquilidad reaparece; á la Yista de los ajenos pe!-lares
He olvida el propio, y la contemplaci6n de los seres y las cosas despierta
nuernfl reflexiones.
Sobre una sepultura, como única señal, s~ yergue un amontonamiento de piedras ó bien un kio,.;co cuya verja asegura un candado, y que,
al no encerrar más que coronas marchitas, parece significar el temor de
una viuda joven, al penRar que el muerto podría alguna vez salir de i-:u
tumba. :Más allá, el símbolo es un maguey, plantado alH por los rlcudos y que ha1.,e meditar sobre las aficiones que en vida culti,·6 el difunto; máH lejos es el nopal, en cuyos frutos los dolientes saborearán algún
día al miembro de la familia allí enterrado.
Y de aquí para allú, apresurado en su empeño de salvador de almas,
el sefior cura,con una botella de agua bendita en la diestra, cubierta la caheut con un «boleado» y seguido por el sacristán, se detiene un momento
cerca de la tumba, pronuncia el nombre del que descani;a bajo tierra,
dos palabras en latín, á las qne contesta su acompañante, rocía el lugar con el conteniclo de la botella, y el sacristírn, antes de emprender
la marcha, alarga la mano á los deudos, que dejan caer en ella lo que su
HUAXOLOTITL AN (OAXACA.)-Un sitio pintoresco.
piedad les dicta.
~E:' i;ale del pn.nteón, y el último resquicio de tristeza huye ante el buFLORES .
llicio, ante las frases persuasivas de los yendedores:
«~aranjas de Gualnjara;
lleve á centavo la vara!»
«Pa,;e á probar el tlachique;
pase y no se mortifique!»
«Aquí se olvidan las penas.
A centavo las doy llenas!»
Se conYiene en que el calor aumenta, en que la miflión se ha cumplido, en que el apetito asoma; se improvisa un toldo con el sarape prendido en las púas 1\c dos nga,•rfl cen•ano!', y el cántaro que sirvió para
ir á regar las siempre,·ivas ó los "tzempoal xochitJs,, del sepulcro, llena su
vientre con algunos litros del elíxir de Xóchitl y !'e procede á su consumo en uni6n de la barbacoa salpimentada con sali-a borracha, de las
cabezas de horno, de las enchil11,das 6 de los frijoles con totopo,

Antonio, en los acentos de Cleopatra encantado,
la copa de oro olvida que está de néctar llena.
Y, creyente en J-oR i;ueños qué evoca la flirt&gt;na
todii en Jo,i ojos tiene su alma ele soldado.
'
La Reina, hoja tras hoja, deshojando sus flores
en la copa de Antonio las deja. dulcemente...... '
Y profligue su cuento de batallas ";&gt;' amore~,
aprendido en las magas tradiciones de Oriente.
Detiénese ...... Y Antonio ve su copa olvidada ......
Mas pone ella la mano Robre el borde de oro,
y, sonriendo, lenta hacia. sí la retira.
Despu&lt;:s, siempre á los ojos del guerrero a~omacla
Rella Rus gruesos labios con un beso sonoro......
'
y da la copa. í1 un siervo, que la bebe y expira .. .. ..

�Domingo 9 de Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
~mdole su amor con fra~es elocuentes y apas10nadas; fué correi-pond1do, y después de una
hora el joYen se retiró lleno de amor y feliz,
llevando una flor que desprendiendo Sara &lt;le
su peinado, le dió como prueba de amor. Ella
también retiróse del balc6n enviando á .Julio
una sonrisa de despedida; pero cuando se encontró en su alcoba, soltó una carcajada y dijo:
por fin cayó, ¡pobre cándido!

•

"y tú, mi idolatrada Sara, fugitiva sombra
que me abandonas,concierto ideal de nota;; que
e?mudecen, esperanza de mi afecto que te disipas. Yo deshojar6 todas mis siemprevivas
sobre la tumba de nuestro amor. Yo he dicho
al cipréa que te susurre palabras de amor para traerme á tu memoria. Yo te amar6 siempre ......... Y tú, aunque el corazón no te lo
permita, de mí te acordarás ......
.Juuo.»

EL AUTOMOVILISMO MODERNO.
La última palabra en materia de automovilismo ha sido dada por los grandes magnates
y millonarios europeos y americanos, que han
decidido suprimir el «chaffeur» y guiar por sí
mismos sus Yehículos.
La moda i-e pre!-lta á muchas emociones,
tanto de parte &lt;le lo~ «chaffeur:;» aristócratas,
cuanto de los paseanteR, cuyas vidas están continuamente amenazadas, cuanclo menos por
la falta de fuerzas suficientes en los improvisados conductores.
Las damas han encontrado hermosas estas
impresiones y han tomado po~ su cue1,ta la direcciÓ!). de pequeños automóviles, en lo:; cuales

emprenden excursiones bien largas. La manía
del kilómetro, como se ha llamado á esta tendencia, es una locura univer;;al en estos momentos.
Todo el que puede darse el lujo de comprar uno de estos costo::os c11rruaje~, quiere
desde los primeros dí11s de RU aprendizaje
vencer el récord de velocirlarl. Quiere en su primera excursiún ser citado por la enorme v peligrosa velocidad Íl que ha llev11dn el autoi11óvil.
Ya han muerto algunos á consecuencia de
la desenfrenarla manía ele correr, y la,- autoridades Re han visto precisadas, en Londres por
ejemplo, á crear nueYos cuerpos de policía especialmente encargados de Yigilar el que no

LA COQUETA

otras veces se pasaba largas horas contemplándose en el espejo y así vivía sin preocuparse
de su espíritu.
Siendo hermosa y rica, y sin tener quien la
cuidara ó dirigiera tuvo sus adoradores; á to-

D. José Robero poseía un cuantioso capital
hecho á fuerza de constancia, trabajo y ahorro;
habitaba una magnífica casa y era padre de
una hermosa joven llamada Sara; la mamá de
ésta murió al darla á luz, así es que no tuvo
quien formara su corazón ni dirigiera su carácter encontrándose desde que nació confiada á 'gentes extrañas y mercenarias. ¡Pob1:e
niña vióse cual nave que en proceloso y ag1tado'mar no tiene piloto que la dirija! Desde
su más tierna edad acostumbráronse sus oídos
á escuchar palabras de adulación, pues todos
los que la rodeaban prodigábanselas á porfí~,
haciendo que en ella se desarrollara la vamdad, pasión nefanda que nace entre arrullos
y muere entre lágrimas.
Don José adoraba á su única hija, dábale
gusto en cuanto quería, adivinándole su pensamiento; en fin, era su diosa. Así, tornóse
bien pronto ele niña en joven, entre los mimos
de su padre á quien dominaba, y las adulaciones de los que la rodeaban, y á medida que
pasaba el tiempo, en ella se desarroll~b?- mí~s
y más la vanidad. Los placeres, el luJO musitado y la lectura de novelas perniciosas, de
esas que deben deEterrarse de la literatura porque envenenan el alma, la deleitaban, formaban su único encanto é iban envenenando poco á poco su alma, sin que ella lo sospechara;

&lt;los engañó mintiéndoles un amor que no sentía ni podía sentir por nadie, pues creíase su-

i;e corra demasiado aprisa por los lugareR ha-

hitados ÍI concurridos, para evitar en lo posible las desgracias.
El traje que han tomado lo\ ,,chaffeurs» &lt;'11
vista de que el polrn del camino e;;tropea sus
tlelicadas epiclc:·mii,, Rerú muy eleganie; pero
es mur feo. Consta de una especie de abrigo
de pieles, una caehucha de piel tambifo, una
especie de máscara, C'on do1; perforaciones c'n
las eu11les se rolol'an IOR anteojos. Ilahilitado
torio este e(]uipajc, el «ehaffem,, tiene algo de
diabólico, lo mismo que su máquina. El asombro de los campe!-&lt;ino::- ante- estos equipos, e!-l
muy justificado.

perior á todos; la vanidad había producido sus
terribles efectos. Sara era coqueta.

***
Julio era un joYen de aspecto s;mpático, de
finas _maneras y &lt;le un talento nada vulgar;
estudiaba en la Escueln. &lt;le ::'IIedicina, se había
]~echo querer de sus profesores y era muy est11nado por sus compañeros.
Todos los &lt;lías pasaba por la calle donde viví11; Sara y habíase fijado en ella, pe10 como
qmen ve una hermosa estatua y nada múR,
Comprendía la distancia que los separaba: él
era pobre y ella rica; exi;;tía un abismo entre
los dos, abierto por los com'encionalismos sociales; sin embargo, una fuerza misteriosa le
llevaba á esa calle; por ella pa~aba cuatro Yeces al día.
Vna maf'iana, Julio se detuvo. Sara eRtaba
en el balcón; qué bella la vió! ...... vestía una
m~gnífica y Yaporosa ~&gt;ata de finísima tela que
deJaba ver su terso cutis al tnwés de los encajeR de Bruse'.as; su negra y rizada cabellera
&lt;·aía dulcemente sobre su espalda; sus grandes, negros y rasgados ojos no cesaban ele mirarlo. .Julio creyó que R&lt;niaba, estaba fascinado. Ese día no concurrió á clase. apenas comió
y estm·o mu_v triste. Declinaba la tarde; ella
eHtaba en el balc6n y él en la acera de enfrente. Julio, después de mucho pensar y contemplarla, se acercó tímidamente y le habl6, pin-

.Julio adoraba á Sara y ésta no le quería,
acostumbrada, como estaba, á engañar á todos.
La lista de los cándidos aumentaba cada
día ,más y más. En
, stoda reunión , baile 6 l)as~o a qu~ c·oncurna ara, encontraba, no uno,
srno vanos 11doradores; á todos fascinaba y engafiaha. Xaturalmente éRtos, IIRÍ que se veían
bu!·l~dos y comp1:e1'.dían que era una coqueta,
ret1rnhan¡;e, conv1rtiéndo&lt;ie en enemigos, y divulgaban por todas partes el inicuo proceder
de la coqueta y bella Sara. Habiéndola dotado
la naturaleza de una belleza poco común y
siendo rica, poseía una arma de doble filo, 'c1e
que se Y11lía para l'/lcrifiear á sus víctinrns: no
era, por _lo mismo, una coqueta vulgar, y sí
ele laia peligrosas que, en aras ele su vicio sacrifiean ha:=-ta ]a exü;teneia de sus adoracl~res
sin preocuparse, con frío estoicü,mo; son esa;
mujeres, fragantes flores que atraen por su
hermosura, pero que producen la muerte tle
los incautos que se acercan á ellas.
Julio era pobre, y, por lo mi¡:mo, no frecuentaba reuniones aristocráticas, y nada sabía
acerca del comportamiento de Sara, ignoraba
por completo que fuese una coqueta; llamába]e sí la atención que siendo hermosa se pintara, que en su manera de vestir tuviera cierto descuido, que se rizara las pestañas y pintara ojeras; en fin: él, que poseía buen talento,
analizaba uno por uno los defectos de su amada, sin encontrar en ella cualidad alguna.
Sara sostuvo algún tiempo con Julio relaciones, no por amor y sí por vanidad, por mostrarles á sus amigas las cartas que éste le escribía, Ruperiores á las de los otros, que no tenían más gracia que lucir el trabajo de sus
sastres y derrochar el dinero heredado de sus
padres ó parientes.
Pero llegó un &lt;lía en que Sara vió pobre á
Julio, se avergonzó de amarlo y lo borró de la
lista de los cándidos-como ella los llamaba;no volvió ú rnliral balcón. y Julio pasaba días
horribles, no sabiendo por qué causa; creía.la
enferma, suponíase mil co!'as, pero jamás creyó
que fuese por despreciarlo; le escribió tres cartas, y de ninguna de ellas obtuvo contestación;
por fin, comprendió la verdad de lo que pasaba, y sin embargo, él la amaba más que
nunca; pero triunfó la razón, arm6se de valor
y le escribió una carta de despedida. Entregóse con más ardor que nunca al estudio: quería tener un nombre ilustre y formarse un porvenir. ¡Dichoso, ¡oh tú Julio!, que en lugar de
conducirte el dolor y las pasiones al suicidio,
buscaste en el estudio la calma y fortaleciste
tu espíritu! ¡ojalá y todos aquellos que por
una coqueta ú otra causa buscan la muerte,
te imitaran!
La carta decía así:

Sara, cuando recibió eRta postrera carta, algo se conmovió; pero pudo m{1s la vanidad y
jamús volvió á acorclar;e de .Julio.
¡ Pobre coquetn! aún era tiempo de que
fueras feliz; jamús encontrarúH otro hombre
igual á .Tulio, pue:=- tu oro y tu hermo:-ura te
proporcion11rán placeres. amantes, lujo, pero
ignoras que el verdadero amor no se compra
cou nada y que es el único que puede hacer
feliz.

***

Ifon pasado diez años. D. José Robero murió, habiendo dejado c11si en la pobreza á su
idolatrada hija, pues un terrible incendio redujo á cenizas su cnantim,o capital.
Sara, la hermosa, la coqueta, aRÍ que la vieron pobre, la despreciaron; así es la F&lt;ocie&lt;lad,
así es el mundo, y tuvo que caRarse con un
viejo achacoso, de esos que han pasado su vida entre pla&lt;'eres y orgías y t1ue buscan en el
matrimmiio de¡;cnmo, haciendo de sus hijos,

Domingo 9 de Noviembre de 1902.
vicio y la prostitución la bella y coqueta Sara. ¡ Pobre flor arrojada al lodazal, qué mísera
y breve existencia tuviste!

.Tulio era ya un médico afamado, tenía bastante clientela y hacía dos años que daba una
clase en la Escuela de ~Iedicina, puesto que
había obtenido por oposición. Vivía con su
anciana madre, no se había caRado, pues desde (]Ue amó á Sara y ésta lo despreció, volvióse escéptico, no qneri,mdo más que á la autora de sus días, al estudio y á los pobres. A
veces veíasele taciturno, se conocía que sufría
no podía olrid11r á la coqueta, aún la amab11 '
había sido su primer amor y tal vez el úl~
timo.
Un día, al penetrar al local donde daba suR
claseR, queclóse como petrificado al ver que el
cadáver que estaba en la planC'ha era el de la
hermosa Sara, que apenai- se podía reconocer
pues no era ni su sombra; él sí la reconoci6
luego. ~Iil penRamientos se agolparon en su
mente; no la habín. vuelto á ver, y ahora ¡en
qué estado y en (]Ué condiciones! Sus 11lumnos estaban esperando que les diera la clase
el maestro; éste tuvo que hacer un esfuerzo
inaudito y les habló &lt;le las funciones del comz6n; estu,·o elocuente y sombrío; al terminar la clase, los alumnos despejaron el salón
el único que quedó fué ,Julio y el rígido y mu~
tilaclo cad{wer ele Sara; ya no pudo más fingir y lloró ..... .

«Sara:
«De tu singular belleza surgió como hermosa consecuencia mi cariño; pero por tu veleidoso y coqueto carácter, como niebla a.l sol
se ha desvanecido. Hoy mi pensamiento sólo
estrecha tu recuerdo, más querido mientras
más ingrato y cruel.
«Quiero retenerte en mi memoria porque no
creo en tus envenenados sentimientos; pero
triste realidad es tener que apurar un cáliz ele
amargura que extingue para siempre la vehemencia de mi amor.
«La resignación que á mi alma llegue, cubrirá con sus glaciales besos mi pobre corazón,
donde se abrían los lirios de mi ternura y cariño hacia ti. A los claros matices que abrillantaban mi pasión, hoy se suceden las lágrimas del más grande dolor.

si los tienen, seres infelices, tanto física como
moralmente.
R11ra asi6se al caduco viejo come el náufrago á la tabla salvadora; mas bien pronto fastidióle la vida que llevaba en su nuevo y forzoso estado, y tuvo un amante y luego otro, y
así fué descendiendo por la pendiente que conduce al vicio, á la prostitución; su espo;;o llegó á saber sn comportamiento y sin vacilar se
prei:,entó á un juzgado solicitando su divorcio.
Los periódicoR dieron la noticia poniendo
tan súlo laR iniciales de los divorciados, comentándose el hecho en los CÍr&lt;"u loR sociales, y
poco tiempo clei;;pués nadie volvió á acordarse
del suceso.
Primero por gusto y después por necesidad,
se fué hundiendo más y más en el fango del

Después, con paso lento, se acercó á ella la
c&lt;;&gt;ntem_rló un.~omento, y coI"?o si aún le pudtera ~1r, le d1Jo: «duerme meJor ese sueño y
no olvides que debes despertar para siempre á
In: vida real del verdadero amor; yo deseo,
bien mío, que en otra existencia que no sea
tan fugaz como ésta que acabas de pasar aniden en tu pecho los sentinientos nobles'y clelica&lt;los que encontraron tan prematura muerte en la breve mañana de tu castidad.»
GONZ.\LO PEXA y TRONCOSO.

�Domingo 9 de Noviembre de 1901.

EMILIO ZOLA
\. PAGINAS DEL 1cDIARTO DE LOS GONCOURT»)

Sábado 27 a!?osto 1870.-Zolá viene á almorzar conmigo. Me habla de una serie de novelas
que quiere hacer, una epopeya en diez volúmenes, de la historia natural y social de una familia, de una obra que tiene ambición de iatentar,
con 111. exposición de los tempe1·amentos, de los
caracteres, de los vicios, de las virtudes, desarrollados según el medio ambiente y diferenciados como las partes de un jardín «donde hay
sombra aquí. sol allá.&gt;
Me dice: Después del análisis de lo infinitesimal en el sentimiento, tal y como lo ha ejecutado Flaubert en «Madama Bovary ;&gt; después del
análisis de las cosas artísticas, plásticas y nerviosas, tal y como ustedes lo han hecho; después
de esas «obras-joyas,&gt; de esos volúmenes cincelados, no hay lugar para los jóvenes; no queda
nada por hacer. nada por constituir, ni u n personaje ni una ligura por construir; únicamente
se puede ya hablar al público por la ca ntidad de
los volúmenes, por la potencia de la creación.

***
Lunes :3 junio 1872. -Hoy Zolá a lmuerza. en mi
1•a~¡1. Lt ,·eo co¡:er ¡t dos mAnos su vaso de Bur-

,

EL :MUNDO ILUSTRADO
Turgueneff nos interrumpe, diciéndonos con la
originalidad de su pensamiento y e~ dulce murmullo de su palabra.: «La compa.rac1ón no es 1,10ble, sefiores, pero permitidme comp!l'rar á Ta.me
con un perro de caza que yo be temdo: vente~ba. hacía la muestra, realizaba. todo el maneJO
de'un perro de caza á las mil maravillas; pero,
¡ahí tienen ustedes!, carecía de olfato y tuve que
vender le.&gt;
.
Zolá es completa.mente feliz, está entus13:~ma.do con la excelente cocina, y como yo le dl¡ese:
-Zolá, ¡,es usted por ventu:ra &lt;~our~9:nd&gt;?
-Sí-me respondió;-es m1 úmco v1c10, y en
mi casa, cuando no ha.y algo bueno de comer, me
siento desdicha.do . . ... . No ha.y más que esto. •.
las demás cosas no existen par a mí. . . . . . ¡Ah!
¿ustedes no saben la vida que llevo'?&gt;
Y helo aquí ensartando con una faz sombría el
capítulo de sus miserias. Es curioso cómo las
expansiones del joven novelis~a vienen á dar en
seguida en pal abras melancóhcas.
Zolá ha comenzado uno de los cuadros más
negros de su juventud, de las .ªl!lª~guras de su
vida de todos los días, de las m1ur1a.s que _se le
han dirigido, de la suspición en que se le tiene,
de la especie de cuarentena. que se hace en derredor de sus obras.
Turgueneff dice á media voz: «Es particular:
un ruso amigo mío, hombre de gran ingenio, afkma.ba que el tipo de J . J . Rousseau era un tipo
francés, y que sólo se hallaba en Francia.&gt; Zolá, que no ha oído, continúa gimiendo, y al decírsele que no tiene por qué quejarse, que ha b, -

Lunes 19 febrero 1877.-... Entonces Fla.ubert
se pone á atacar-siempre con grandes sombrerazos al talento del autor,-se pone á atacar los
prefacios, las doctrinas, las profesiones de fe natura.listas de Zolá.
Zola responde poco más ó menos esto:
« ... Tiene usted una pequeña. fortuna que ba
podido usted defender de muchas cosas.... . Yo,
mi vida me he visto obliga.do á ganat·la. absoluta.mente con mi pluma; me be visto obligado á
pasar por todo género de labores, sf, de las más
«despreciables&gt;.. . ¡Ah Dios mío!, me budo como
usted de esa palabra «natur alismo&gt;, y sin embargo, yo la repetiré, porque ~as cosas necesitan un
bautismo para que el púbhco las crea nu~vas ...
Vea usted, bago dos partes de lo que escr_1bo: de
un lado mis obras, por las cuales se me ¡uzga y
p0r las cuales deseo ser juzgado; de otro Jado
mi folletín del «Bien Public,&gt; mis artículos de
Rusia, mi correspondencia de Marsella, que no
representan nada para mí, que desec_h o que sólo me sirven para hacer espuma á mis libros.
«Primeramente be puesto un clavo y de un martillazo le he hecho entrar un centímetro en el ce
rebro del público; después,de un segundo golpe,
le be hecho entrar otros dos centímetros... Pues
bien, mi martillo es el periodismo, el ruido que
hago yo mismo alrededor de mis obras.&gt;

~L MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO ll.--NÚM. 20.

MÉXICO, NOVIEMBRE 16 DE 1902.

Oerente1 LUl6 Rtl't&amp; &amp;PINDOLA.

a1recton LIC. RArAtL Rtl't&amp; &amp;PINDOU.

r

***
Lunes 30 junio 1881.-La. casa de Zolá en Medán ... Una propiedad que le ha costado ya 200,000
francos y cuyo primitivo precio de adquisición
creo que fué 2,000 francos. Un gabinete de trabajo amplio y alto de techo; sobre la chimenea se
lee: «Nulla dies sine línnea&gt;; en un rincón se
percibe un órgano &lt;melódium&gt;, con voces angé·
licas, del que el autor naturalista hace saltar
acordes á la caída de la tarde.

***
Martes 10 abril 1883,-La. narii de Zolá es una
nariz particular, es una nariz que interroga., que
ap1·ueba, una nariz que está alegre, una nariz
que está triste, una nar·iz en la cual reside la fisonomía de su dueño; una verdadera na1·iz de
perro de caza; las impresiones, las sensaciones,
los apetitos, dividen su punta en dos pequeños
lóbu1os que, en ocasiones, parecen inquietos.
Hoy no ebtá inquieta esa punta de nanz y repite
lo que la voz contristada del novelista formula,
en el tono de un «Hermano, morir habemos,&gt; a
propósito de la venta de nuestros libros futuros:
&lt;Las grandes ventas ... nuestras grandes ventas
han concluido.&gt;

***
Sábado 2 mayo 1885.-Esta tarde hablábamos
de supersticiones. Zolá está realmente curioso
hablando en voz ba.¡a de estas cosas, misteriosamente, como si tuviese miedo de una oreja ttmit&gt;le que le escuchase en la somlira de la habitación. No cree en la vfrtud del número 3; el número 7 es el que, por el momento, constituye su
«porte-bonneur.&gt;
Y deja oír que la noche en Medán cierra sus
puertas por medio de combinaciones diabólicas.
Emilio Zolá, en su estudio.

deos y le oigo decir: «¡Vea usted cómo me tiemblan los dedos!&gt;
Y me habla de una enfermedad cardíaca. en
germen, de un principio de enfermedad en l a vejiga, de una amena.za de reumatismo articular.
Nunca los literatos parecen haber nacido tan
muertos como ahora, y sin embargo, nunca el
trabajo ha sido tan activo. tan incesante. Enclenque y neurosténico como lo es, Zolá trabaja.
todos los días de nueve ~ doce y media y de tres
á ocho. Todo esto necesita en la actualidad, con
talento y casi un nombre, para ganar su vida.
«Es p reciso-repite,-y no ere&lt;\ usted que tengo
voluntad; soy por naturaleza ua ser débil é incapaz de todo trabajo l argo é intenso. La voluntad, en mí, se halla reemplazada por la «idea fija&gt;, que me haría enfermar si no obedeciese á su
obsesión.&gt;
Mientras recorta una obrita dramática de &lt;Teresa Raquín&gt;, se dedica, por el momento, á buscar una novela en los mercados, te!ltado de pintar este mundo.
Y parte del día la paso hablando con este amable enfermo, cuya conversación se pasea, de una
manera ca.si infantil, de la esperanza á la desesperanza: «H;l periodismo, en el fon do-dice,-me
ha hecho un servicio: me ha hecho fácil el tl'abajo que en otro tiempo me era muy difícil. Era
una especie de fl.uio de ideas y de fórmulas,
obstruyéndose unas á otras hasta tal punto, que
me veía. en ocasiones obligado á dejar la pluma.
Hoy es un flujo regul ar, una corriente menos
abundante, pero que corre sin estorbos.&gt;

** *
Lunes 25 enero 1875.-Las cenas de Flaubert
no tienen suerte. A la salida de I a primera, cogí
mi fluxión al pecho. Hoy Fla.ubert, enfermo, falta; está en la cama. No somos más que Turgueneff, Zolá, Da.udet y yo. Se habla primero de
Ta.ine. Ca.da uno busca la manera de definir las
cualidades y 111,s imperfecciones de su ta.lento¡

ch o un camino b rillante para un hombre que no
cuenta aún treinta y ci nco años:
«¡Pues bien! ¡,Quieren ustedE's que les hable
desde el fondo de mi corazón?-exclama..-Me
mirarán ustedes como un niño, pero tanto peor.. .
Yo no seré jamás condecorado, yo no seré jamás
de l a Academia, yo no tendré jamás una de esas
distinciones que afirman mi talento. Para el público seré siempre un paria, sí, un paria.&gt; Y re•
pite cuatro ó cinco veces &lt;un paria.&gt;

. .... .. . ·· ··· .. .... ... ··· ··· ·· ····· · ... ......... .
Zolá está de vena y continúa hablándonos de
su trabajo, de la «puesta&gt; cotidiana de cien líneas que se arranca todos los días, de su vida
interior sin distracciones; tan sólo por la noche
algunas partidas de dominó con su mujer ó ln.
visita de algún p aisa.nc,. En medio de todo esto,
escápasele el confesarnos que en el fondo, su gran
satisfacción, su gran placer es sentit· la acción,
la dominación que desde su humilde agujero ejerce sobre París, y lo dice con el acento de un hombre de talento que ha brujuleado largo tiempo en
l a miseria.
Durante la confesión acerba del novelador realista, Daudet se r ecita á sí mismo versos provenzales, y parece gar garizarse con I a dulce sonoridad mus ical de la poesía del cielo azul.

***
Viernes 7 enero 1876.-En casa de Daudet, a.legre y encantadora cena a lrededor de una sopera
de &lt;bonillabaisse&gt; y de un asado de zorzales de
Córcega. Todo el mundo se sienta codo con codo
entre nerviosidades simpáticas y se come mejor
entre talentos que se estiman.
La satisfacción de Flaubert estalla en violencias de palabra, ante las cuales la gentil
señora de Daudet parece achicarse perezosament~; la satisfacción de Zolá se expansiona. en la
dicha, muy natural, de ver la fortuna y el dinero
tomar el camino de s11 hogar.

***
Martes 23 enero 1889.-Hablo un momento con
Zolá de nuestra vida entregada á las letras, en tregada como no ha sido entrega.da. por nadie en
ninguna época, y nos confesarnos que hemos sido
ve1·daderos mártires literarios, tal vez unos «bestias.&gt; Y Zolá me confiesa que este año, en que
frisa casi en los cincuenta., se ha visto cogido oe
nuevo por un retoiia.r de vida, por un deseo de
goces materia.les, é interrumpiéndose de pronto:
¡Sí,_ no veo pasar una mujer ¡oven, como esa, siu
decirme!: ¿Y no vale esto más que un libro'!

***
Miércoles 12 marzo 1890.-&lt;¿Qué hace usted
aho1·a?&gt;-dije al a.u tot· de la&lt;Bestia humana &gt;que
vino á sentarse junto á mí.
'
«-Nada..... decididamente no puedo comenzar .. .. Además, el«Dinero&gt; es de tal ma.neraextenso, que no sé por dónde cogerlo . . . . y los doc umentos de este libro, para hallarlos, para sab~r dónde hay que dar........ estoy rodeado de
dificult a.des como nunca .... ¡Ah! quisiera haber
concluido esos tres libros .... Después de el «Dinero&gt;, sí, vendt·á la «Gue1-ra&gt;, per·o no será una
novela; más bien será el paseo de un francés á,
través del Sitio y de la Cornmune .... En el tondo, el libro que me babia, que tiene para mí un
encanto especialísimo, es el último en donde pondré en escena á un sabio .... Este sd.bio ... estoy
tentado de hacerlo como un Claudio Bernara,
con la comunicación de sus papeles, de sus cai·tas .... Será entretenido .... h .. ré un sabio casado con una mujer retrógacta., beata, que dest1·u1rá sui:; obras á medida que él tra.ba¡e.&gt;
- ¿Y después, qué hat·á usted'?
-Después, lo más p1·udente sería no hacer más
libros .. . . irse de la liter atura..... pasar á una
nueva vida, mfrando la otra como acabada.. ....
-Pero ... no se tiene nuuc¡i, ese Vl\lor,
-¡Es ¡:r¡uy posible!

Subscripción mensual fon!.nea, $1.50
Idem ldem. en la capital, ., 1.25

GOBERNADOR L,TERIXO DE OAXACA.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 9 de Noviembre de 1901.

EMILIO ZOLA
\. PAGINAS DEL 1cDIARTO DE LOS GONCOURT»)

Sábado 27 a!?osto 1870.-Zolá viene á almorzar conmigo. Me habla de una serie de novelas
que quiere hacer, una epopeya en diez volúmenes, de la historia natural y social de una familia, de una obra que tiene ambición de iatentar,
con 111. exposición de los tempe1·amentos, de los
caracteres, de los vicios, de las virtudes, desarrollados según el medio ambiente y diferenciados como las partes de un jardín «donde hay
sombra aquí. sol allá.&gt;
Me dice: Después del análisis de lo infinitesimal en el sentimiento, tal y como lo ha ejecutado Flaubert en «Madama Bovary ;&gt; después del
análisis de las cosas artísticas, plásticas y nerviosas, tal y como ustedes lo han hecho; después
de esas «obras-joyas,&gt; de esos volúmenes cincelados, no hay lugar para los jóvenes; no queda
nada por hacer. nada por constituir, ni u n personaje ni una ligura por construir; únicamente
se puede ya hablar al público por la ca ntidad de
los volúmenes, por la potencia de la creación.

***
Lunes :3 junio 1872. -Hoy Zolá a lmuerza. en mi
1•a~¡1. Lt ,·eo co¡:er ¡t dos mAnos su vaso de Bur-

,

EL :MUNDO ILUSTRADO
Turgueneff nos interrumpe, diciéndonos con la
originalidad de su pensamiento y e~ dulce murmullo de su palabra.: «La compa.rac1ón no es 1,10ble, sefiores, pero permitidme comp!l'rar á Ta.me
con un perro de caza que yo be temdo: vente~ba. hacía la muestra, realizaba. todo el maneJO
de'un perro de caza á las mil maravillas; pero,
¡ahí tienen ustedes!, carecía de olfato y tuve que
vender le.&gt;
.
Zolá es completa.mente feliz, está entus13:~ma.do con la excelente cocina, y como yo le dl¡ese:
-Zolá, ¡,es usted por ventu:ra &lt;~our~9:nd&gt;?
-Sí-me respondió;-es m1 úmco v1c10, y en
mi casa, cuando no ha.y algo bueno de comer, me
siento desdicha.do . . ... . No ha.y más que esto. •.
las demás cosas no existen par a mí. . . . . . ¡Ah!
¿ustedes no saben la vida que llevo'?&gt;
Y helo aquí ensartando con una faz sombría el
capítulo de sus miserias. Es curioso cómo las
expansiones del joven novelis~a vienen á dar en
seguida en pal abras melancóhcas.
Zolá ha comenzado uno de los cuadros más
negros de su juventud, de las .ªl!lª~guras de su
vida de todos los días, de las m1ur1a.s que _se le
han dirigido, de la suspición en que se le tiene,
de la especie de cuarentena. que se hace en derredor de sus obras.
Turgueneff dice á media voz: «Es particular:
un ruso amigo mío, hombre de gran ingenio, afkma.ba que el tipo de J . J . Rousseau era un tipo
francés, y que sólo se hallaba en Francia.&gt; Zolá, que no ha oído, continúa gimiendo, y al decírsele que no tiene por qué quejarse, que ha b, -

Lunes 19 febrero 1877.-... Entonces Fla.ubert
se pone á atacar-siempre con grandes sombrerazos al talento del autor,-se pone á atacar los
prefacios, las doctrinas, las profesiones de fe natura.listas de Zolá.
Zola responde poco más ó menos esto:
« ... Tiene usted una pequeña. fortuna que ba
podido usted defender de muchas cosas.... . Yo,
mi vida me he visto obliga.do á ganat·la. absoluta.mente con mi pluma; me be visto obligado á
pasar por todo género de labores, sf, de las más
«despreciables&gt;.. . ¡Ah Dios mío!, me budo como
usted de esa palabra «natur alismo&gt;, y sin embargo, yo la repetiré, porque ~as cosas necesitan un
bautismo para que el púbhco las crea nu~vas ...
Vea usted, bago dos partes de lo que escr_1bo: de
un lado mis obras, por las cuales se me ¡uzga y
p0r las cuales deseo ser juzgado; de otro Jado
mi folletín del «Bien Public,&gt; mis artículos de
Rusia, mi correspondencia de Marsella, que no
representan nada para mí, que desec_h o que sólo me sirven para hacer espuma á mis libros.
«Primeramente be puesto un clavo y de un martillazo le he hecho entrar un centímetro en el ce
rebro del público; después,de un segundo golpe,
le be hecho entrar otros dos centímetros... Pues
bien, mi martillo es el periodismo, el ruido que
hago yo mismo alrededor de mis obras.&gt;

~L MUNDO ILUSTRADO
AÑO IX.--TOMO ll.--NÚM. 20.

MÉXICO, NOVIEMBRE 16 DE 1902.

Oerente1 LUl6 Rtl't&amp; &amp;PINDOLA.

a1recton LIC. RArAtL Rtl't&amp; &amp;PINDOU.

r

***
Lunes 30 junio 1881.-La. casa de Zolá en Medán ... Una propiedad que le ha costado ya 200,000
francos y cuyo primitivo precio de adquisición
creo que fué 2,000 francos. Un gabinete de trabajo amplio y alto de techo; sobre la chimenea se
lee: «Nulla dies sine línnea&gt;; en un rincón se
percibe un órgano &lt;melódium&gt;, con voces angé·
licas, del que el autor naturalista hace saltar
acordes á la caída de la tarde.

***
Martes 10 abril 1883,-La. narii de Zolá es una
nariz particular, es una nariz que interroga., que
ap1·ueba, una nariz que está alegre, una nariz
que está triste, una nar·iz en la cual reside la fisonomía de su dueño; una verdadera na1·iz de
perro de caza; las impresiones, las sensaciones,
los apetitos, dividen su punta en dos pequeños
lóbu1os que, en ocasiones, parecen inquietos.
Hoy no ebtá inquieta esa punta de nanz y repite
lo que la voz contristada del novelista formula,
en el tono de un «Hermano, morir habemos,&gt; a
propósito de la venta de nuestros libros futuros:
&lt;Las grandes ventas ... nuestras grandes ventas
han concluido.&gt;

***
Sábado 2 mayo 1885.-Esta tarde hablábamos
de supersticiones. Zolá está realmente curioso
hablando en voz ba.¡a de estas cosas, misteriosamente, como si tuviese miedo de una oreja ttmit&gt;le que le escuchase en la somlira de la habitación. No cree en la vfrtud del número 3; el número 7 es el que, por el momento, constituye su
«porte-bonneur.&gt;
Y deja oír que la noche en Medán cierra sus
puertas por medio de combinaciones diabólicas.
Emilio Zolá, en su estudio.

deos y le oigo decir: «¡Vea usted cómo me tiemblan los dedos!&gt;
Y me habla de una enfermedad cardíaca. en
germen, de un principio de enfermedad en l a vejiga, de una amena.za de reumatismo articular.
Nunca los literatos parecen haber nacido tan
muertos como ahora, y sin embargo, nunca el
trabajo ha sido tan activo. tan incesante. Enclenque y neurosténico como lo es, Zolá trabaja.
todos los días de nueve ~ doce y media y de tres
á ocho. Todo esto necesita en la actualidad, con
talento y casi un nombre, para ganar su vida.
«Es p reciso-repite,-y no ere&lt;\ usted que tengo
voluntad; soy por naturaleza ua ser débil é incapaz de todo trabajo l argo é intenso. La voluntad, en mí, se halla reemplazada por la «idea fija&gt;, que me haría enfermar si no obedeciese á su
obsesión.&gt;
Mientras recorta una obrita dramática de &lt;Teresa Raquín&gt;, se dedica, por el momento, á buscar una novela en los mercados, te!ltado de pintar este mundo.
Y parte del día la paso hablando con este amable enfermo, cuya conversación se pasea, de una
manera ca.si infantil, de la esperanza á la desesperanza: «H;l periodismo, en el fon do-dice,-me
ha hecho un servicio: me ha hecho fácil el tl'abajo que en otro tiempo me era muy difícil. Era
una especie de fl.uio de ideas y de fórmulas,
obstruyéndose unas á otras hasta tal punto, que
me veía. en ocasiones obligado á dejar la pluma.
Hoy es un flujo regul ar, una corriente menos
abundante, pero que corre sin estorbos.&gt;

** *
Lunes 25 enero 1875.-Las cenas de Flaubert
no tienen suerte. A la salida de I a primera, cogí
mi fluxión al pecho. Hoy Fla.ubert, enfermo, falta; está en la cama. No somos más que Turgueneff, Zolá, Da.udet y yo. Se habla primero de
Ta.ine. Ca.da uno busca la manera de definir las
cualidades y 111,s imperfecciones de su ta.lento¡

ch o un camino b rillante para un hombre que no
cuenta aún treinta y ci nco años:
«¡Pues bien! ¡,Quieren ustedE's que les hable
desde el fondo de mi corazón?-exclama..-Me
mirarán ustedes como un niño, pero tanto peor.. .
Yo no seré jamás condecorado, yo no seré jamás
de l a Academia, yo no tendré jamás una de esas
distinciones que afirman mi talento. Para el público seré siempre un paria, sí, un paria.&gt; Y re•
pite cuatro ó cinco veces &lt;un paria.&gt;

. .... .. . ·· ··· .. .... ... ··· ··· ·· ····· · ... ......... .
Zolá está de vena y continúa hablándonos de
su trabajo, de la «puesta&gt; cotidiana de cien líneas que se arranca todos los días, de su vida
interior sin distracciones; tan sólo por la noche
algunas partidas de dominó con su mujer ó ln.
visita de algún p aisa.nc,. En medio de todo esto,
escápasele el confesarnos que en el fondo, su gran
satisfacción, su gran placer es sentit· la acción,
la dominación que desde su humilde agujero ejerce sobre París, y lo dice con el acento de un hombre de talento que ha brujuleado largo tiempo en
l a miseria.
Durante la confesión acerba del novelador realista, Daudet se r ecita á sí mismo versos provenzales, y parece gar garizarse con I a dulce sonoridad mus ical de la poesía del cielo azul.

***
Viernes 7 enero 1876.-En casa de Daudet, a.legre y encantadora cena a lrededor de una sopera
de &lt;bonillabaisse&gt; y de un asado de zorzales de
Córcega. Todo el mundo se sienta codo con codo
entre nerviosidades simpáticas y se come mejor
entre talentos que se estiman.
La satisfacción de Flaubert estalla en violencias de palabra, ante las cuales la gentil
señora de Daudet parece achicarse perezosament~; la satisfacción de Zolá se expansiona. en la
dicha, muy natural, de ver la fortuna y el dinero
tomar el camino de s11 hogar.

***
Martes 23 enero 1889.-Hablo un momento con
Zolá de nuestra vida entregada á las letras, en tregada como no ha sido entrega.da. por nadie en
ninguna época, y nos confesarnos que hemos sido
ve1·daderos mártires literarios, tal vez unos «bestias.&gt; Y Zolá me confiesa que este año, en que
frisa casi en los cincuenta., se ha visto cogido oe
nuevo por un retoiia.r de vida, por un deseo de
goces materia.les, é interrumpiéndose de pronto:
¡Sí,_ no veo pasar una mujer ¡oven, como esa, siu
decirme!: ¿Y no vale esto más que un libro'!

***
Miércoles 12 marzo 1890.-&lt;¿Qué hace usted
aho1·a?&gt;-dije al a.u tot· de la&lt;Bestia humana &gt;que
vino á sentarse junto á mí.
'
«-Nada..... decididamente no puedo comenzar .. .. Además, el«Dinero&gt; es de tal ma.neraextenso, que no sé por dónde cogerlo . . . . y los doc umentos de este libro, para hallarlos, para sab~r dónde hay que dar........ estoy rodeado de
dificult a.des como nunca .... ¡Ah! quisiera haber
concluido esos tres libros .... Después de el «Dinero&gt;, sí, vendt·á la «Gue1-ra&gt;, per·o no será una
novela; más bien será el paseo de un francés á,
través del Sitio y de la Cornmune .... En el tondo, el libro que me babia, que tiene para mí un
encanto especialísimo, es el último en donde pondré en escena á un sabio .... Este sd.bio ... estoy
tentado de hacerlo como un Claudio Bernara,
con la comunicación de sus papeles, de sus cai·tas .... Será entretenido .... h .. ré un sabio casado con una mujer retrógacta., beata, que dest1·u1rá sui:; obras á medida que él tra.ba¡e.&gt;
- ¿Y después, qué hat·á usted'?
-Después, lo más p1·udente sería no hacer más
libros .. . . irse de la liter atura..... pasar á una
nueva vida, mfrando la otra como acabada.. ....
-Pero ... no se tiene nuuc¡i, ese Vl\lor,
-¡Es ¡:r¡uy posible!

Subscripción mensual fon!.nea, $1.50
Idem ldem. en la capital, ., 1.25

GOBERNADOR L,TERIXO DE OAXACA.

�.Domingo lA de Noviembre de 1902.

Et MtJNt&gt;O !LUS'l'RADO

EL MUNDO ILUSTRADO
Apresuramos el paso, vemos &lt;le prisa, vamos de prisa. Quiero llevar á mi amigo á la
Sixtina; es formidable eHto de ver la Sixtina
después de recorrer S. PeJro; es una ascensión al Popocatepetl ( moralmente hablando, se
entiende). Pero sin broma, quecla el espíritu
fatigado por días enteros; y no hay tiempo que
perder, mañana Raldremos para Xápoles.

II

V:

• t

LVI, volví y ........ volví. ¿Volveré?
Chi lo sa? Arrojé deYotamente cinco ó seis monedas en la fuente de
Trevi, porque quien esto hace, vuelve ...... Todo es bello en Italia, hasta lo feo tiene un alma de belleza; al menos así lo quise ver y lo
vi así; pero Roma, Roma, agrega un trozo de
mundo ideal al mundo del espíritu, se siente
uno dueño de más......... Ya Goethe lo había
dicho: Roma agranda las almas de quienes
la comprenden. ¡Ay! ¿la comprendí yo? La
pude apenas comenzar á deletrear........ Pero
supe amarla; me queda en el fondo del corazón la deliciosa amargura de haber sabido
amarla, de amarla todavía. Con razón dicen
los eruditos que el not'nbre sagrado y esotérico de Roma, es su anagrama «Amor.,,
Volví á San Pedro. Torné á pararme junto
de las toscas, soberbias fuentes, negras y estallando en agua empenachada de irises [reincido en este pluralillo antiacadémico]; torné á
contemplar sobre el cimborrio de )lignel Angel la curva soberana &lt;le la cúpula, reentré en
el inmenso pórtico, reví la estatuaza de Carlomagno, resonreí ante los temas de los relieves
en bronce del portón de Filnrete, y por una
de las puertas de In derecha nos colamos en
la Iglesia.
Rompiendo brumas y nublados invernales,
había salido por fin á cara descubi...-rta el sol
[lo ministro maggior della natura [Dante];
había barrido con su gran brocha de oro el
cielo, dejando amohtonadas en las montañas
fl-abélicas los copos de nubes y de nieves; había dado á la sombra húmeda de las calles su
marco bruñido, y multiplicado en las ventanas, balcones y cornisas altas, los pintorescos
abigarramientos de ropas tendidas á secar, lo
que mis compañeros encontraban indigno de
la cacareada cultura europea, y á mí me parecía encantador. Xo sabemos en mi tierra el
oro que tenemos con tener el sol tan barato;
aquí, aun en Italia, el país del sol. tiene una
demanda incalculable, supera terriblemente á
la oferta, y en sólo un turno de dos horw, sec~n su ropa por dos semanas treinta ó cincuenta mil «almas", como dicen los estadísticos,
para quienes las almas gastan 1.apatos y pantalones.
,,
Bajo el sol que la iluminaba y la penetraba
como si fuese un bloque de cristal de roca, la
claridad «sui géneris" de Sa.n Pedro parecía
mayor, más nítido el ampo de los mármoleR,
más clara y pura la soflama misteriosa que
irradiaban los pilareR, las estatuas, los sepulcros; todas las penumbras daban relieve á las
formas y matizaban con vagas azulosi&lt;lades
las crudezas blancas de las piedras; todos los
mosaicos parecían hechos de gemas, vidan,
no había sombra.

Por supuesto habíamos suprimido al guía;
la última vez Araluce y yo fuimos solos y la
iglesia estaba sola casi: dos ó trescientas ¡,ersonas: era todo, era nada. Hedeker dice: á la
derecha; nosotros tomamos á la izquierda. Ya
11abia de memoria mi itinerario, es un desfile
de maravillas de segundo y hasta de tercer orden ¿puede decirse esto? La tapa de p6rfido

del sepulcro del emperador Hadriano, convertida en fuente bautismal; si el delicadísimo escéptico que se llam6 H11driano se hubiese imaginado el destino de su mausoleo (Santangelo ), el de su sarc6fago (fuente bautismal),el de
su Pantheón (Santa María la rotonda-el Pantheón actual), se habría encantado de antemano, le divertían mucho las Rorpresas del destii:o, para él Zeus debió haber sido un Anpremo titiritero. Luego la «sagrestia»; las sacri~tías
debimos decir, dentro de ellas caben varias
iglesias; también aquí hay columna;: &lt;le la «vill1u de Hadriano: y cuadros de Giot.to, que estaban en la antigua basílica: ¡qué cu11drosl
todo se ve venir allí en esos cuerpos rígidos,
en esos coloridos marchitos y e-in jugo, C'D &lt;'ROS
San Pedros y San Pablos horriblemente torturadoR, en aqtielln «madonna&gt;1 tristísima y dulce que canta un poema sordo con la luz ,·ciada de los ojos; todo se ve venir, la forma, el
color, el arte: Giotto no es un primit.iYo todavía, es un ancestro, un precursor. Y, sin embargo, ya la poesía italiana hablaba en aquella aurora del siglo XIV su lenguaje eterno:
Dante Alighieri había escrito la «Commedia»,
que nosotros llamamos divina y de la cual ·
puede educirse toda la poei.ía. romance, aun
la nuestra, aun la de hoy .....
Dejemos estas disertacioneR para otro día en
que mis lectores estén prevenidos y no ~e embarquen; y dirán y con razón, para leer e:stas
cosaf',allí están los diccionarios, los Larouses y
los enciclopédicos...... Perdón, pues, y salgamos de la sacristía. ¿No quieren uRtedes que
nos detengamos ante esta dalmática. de C'arlomagno, ante estas primorosas miniaturas de
Giotto (todos los «primitiv0sn eran miniaturistas que sabían dar á sus miniaturas proporciones enormes), que en un libro vetnstfaimo
del «Archivo de S:i.n Pedron nos muestra un
risueño cleriguillo?
Fuera, pues, de la sacristía, hay cosas allí
para admiradas en veinte 6 treinta visitas y
volvamos á nuestra nave izquierda. Siga el
desfile, es decir, Rigamos &lt;lei-fil11ndo; para meternos en la sacristía, habíamos dejado atrás
una buena parte de la nave: defl-anclamos paso
á paso el camino n.ndado, no para ver suntuoRos sarcófagos de pontíficeR, por Tenerani, ó
Thorvaldsen, 6 Cario Maratta ó los viejos Pollajuoli, por interesantes que sean, ni los mosaicos reproduciendo en triples ó cuádruples
proporcione~, pero con fidelidad notable, algunos originales cflebres como la «Transfiguraciónn de Rafael, sino para hacer nueva estación clelant.e rle los últimos Yást1gos directos
de l\Iaría Stuardo y de su nieto Carlos (entrambos degollados), vástngoH sin savia que se
extinguieron, 6 tristes, ó alcohólicos ó im potentes. ¡Qué bien lloran sin lágrimas el fin de esta
raza «de lus dolientes destinosn ese par de figuras en relieve que se apoyan sobre sus antorchas muertas y en las que Canova, genial esta
vez á fuerza de simple sinceridad, ha esculpido un acorde de infinit'l, de incurn.ble melancolía! Enfrente, sobre una puert'l, la tumba
de la madre de estos pobres degenerado;:, una
Sobieska, un nombre glorioso que es como el
epitafio de un pueblo muerto, ele Polonia,
cuya suerte hemos llorado los hombres de mi
generación con lágrimas materialeA, como que

nos parecía que llorábn.mos á nuestra pobre
Patria, también en agonía entonces! Y yo que
decía que no había sombras en S. Pedro; todo
es muerte aquí, todo es sombra.

***
Unos grandes tablados forrados de paños
rojos, á entrambos lados de la sección superior del crucero entre el baldaquino y el áb:;;ide, nos drscomponían la bellí11ima perspectirn
de conjunto que se abre ante la vista. deRde la
puerta de la sacristía y que abraza todo el fondo y toda la altura del inmenso santuario.
Seguimmi, pues, «detallando» sepulcro;:: los
que más dicen por los recuerdos, son los de San
Gregorio :\Iagno, el verdadero fundador del
pontificado universal, y de Palestrina, cuya
alma es todavía de este mundo, pues que la
re.¡ucitan perennemente los órganos y los orfeones que dan alas á sus &lt;livinaR notaR, y por
cierto que tocla la evolución de la múi&lt;iea religiosa está encerrada entre rsos dos nombres:
Snn Gregorio )Iagno y Palestrina, el organizador del c:rnto-llano y el que hace brotar la
m(1sien. religiosa. de su capullo litúrgico como
una mariposa de oro y de luz; toda la edad
media, toda la edad mí1;tica esti encerrada entre ese papa y ese inspirado; falta un nombre
para completar esa trinidad &lt;le creadores de
la música cristiana, el del monje renegado
que puso en música sublime y sencilla la letra bíblica de la protesta y In. revolución religiosa: )lartín Lutero.
Sepulcros y mosaicos: en San Pedro triunfa
el mosaico, el mosaico absorbe y domina.; tapiza la cúptila entera, las pilastras, los altarei;;
sólo aquí cerca de nosotros había un cuadro
1\1 óleo, pintado en una pizn.rra: no me dice
nada; en cuanto á lafl copias amplificadas de
Rafael, del Dominiquino, de Güido Reni, «e
tutti quanti1&gt;, son e!:&gt;pléndidas y maravillosas;
á la primera vii,iü1. imbyugan; def'pués hacen
el efecto que una sinfonía de Beethoven toen.da
por un piano mecánico de primer orden. ¡Y
Bernini ! )fi obsesión; me empeiio en admirarlo; aquí tenemos el sepulcro de Alejandro
VII: ¡qué lujo de enormes pafios imitados profusamente en múrmoles y pórfidos de coloreR
monumentales! 8i este hombre hnhiei-e tenido
gusto, es decir, el don de la proporción harmónic.~, el de la sobriedad en la exuberancia
que Miguel Angel tiene! Entonces no r-ería
Bernini. Xo le hace, e;:ta pompa me seduce,
aunque no me persua&lt;le.
Saltamos por encima de los palitroques; sacristanes benévolos ante nuestro aspecto exótico nos a.bren las barrera;:, hacemos nueva
ertación larga en el úhside, la est1tua de la
Julia Farnesio (la llamamos así en honor de
nuestro gufa) agarra bien á mi compañero y
por fin seguimos y hacemos otro alto largo,
pero bien largo, frente al mausoleo de Clemente XIII, de Canova; no he visto cosa igual,
por el realismo y exactitud &lt;le! detalle, á la estatua arrodillada que corona el monumento;
desde un úngulo de la pilastra vecina, '&gt;e la ve
mo,·er los labios en un rezo perpetuo. ¡Y los
leones! Estos son populareR, ei-tún copiados en
todas partes; el que duerme, sobre todo, es
magnífico.

Signen los mosaicos y los monumentos sepulcrales. En esta capilla nos detenemos, después ele wr, no de n.dmirar, los mausoleos en
que yacen dos mujere!'&lt;, una. grande por su firmeza, por su prudencia, por su fe, la condeRa.
)!atilde, la amiga del inmenso hombrecillo de
bronce que fué Hildebrando, el fundador del
pontificado teocrático en In Edad )Ieclia que
no pas6 de un boceto gigantesco y trágico,y la
reina Cristina. de Suecia, la hija del apÓRtol armado de acero y de gloria que :sal ,•ó para siem- ·
pre la suerte del protestantismo en la Europa
central, la versútil,melaucólica y siniefl-trn
Cristina que se convirtió en Roma al catolicismo y cuya grandeza.
teatral está en perfect:1.
coni&lt;onancia con sn
pomposo sepulcro.....
Dería yo que nos cletm·imos frente á la reja de hierro de una capilla, para ver otros
fl-epulcros: uno muy
bajo, un lecho de
muerte, hecho ú maravilla, con RU paño fúnebre tendido sobre In.
estatua yn.cente, plegado y arrugado lwst'l
hacerlo parecrr flexible como un lienzo. PS
la tumba &lt;le Rixto IV;
al pie &lt;lel lecho mc,rtuorio hay una lúpicla
de bronce, es el Repulcro de un Robrino• de
Rixto, de otro· Hon•re,
¡de Julio II! ~ingular,
singular ..... .

do,en una especie de jaula dorada, una colum•
na d~l templo de Salomón, bastante raquítica
por cierto, y bastante poco salomónica., de se·
g~1r?, que fné el pa~rón amplificado por Bermm en _el «bal&lt;laqumo» y copiado después en
los retablos barrocos, platerescos y churriaue•
rescos de que están i11unclados Italia y E~pa·
ña y sus antiguas posesiones ultramarinas.
En el fondo, sobre un altar ( cuando su autor la supuso al ras del suelo), el grupo diYino de ((la Pietá:" una Nuestra Señora de las
Angustias, como dirían en mi tierra. El Cristo es un Apolo (el Apolo del Belvedere había
sido ya descubierto y Buonarroti lo conocía),
es un Apolo herido, exangüe y sin músculos
casi, que descansa, en el regazo de una mujer,
del dolor de vivir, y que se ha dormido 6 ha
muerto;no es fácil precisarlo. La Virgen,dulce·
mente joven, mira sin ve:. aquel largo cuerpo
eshelto, que sostiene en sus brazos, y el bellísimo rostro ligeramente barbado que cae exánime y que se adivina pálido bajo la nítida transparencia del mármol. Ella ( ¡qué mara,·illosa

Domingo 16 de Noviembre de 1902.
mano esa que· comprime y se imprime en e1
costado del cuerpo desnudo!), ella, sin lágri ·
mas, parece pre:;a &lt;le mortal angt,stia intelectual y moral, ¡~arecc que una sombra. pasa por
su alma: ¿resucitará'? ¿es Dios? ¿no es másqu3
mi hijo'? m artista que esculpió este admirablr grupo, era ya un filói-ofo por el espíritu,
apenas era un cristiano. ¡Oh! sí, conozco Ju
interpretaci6n auténtica. da&lt;la por l\Iiguel-Angel: «he querido que expresara la inmaculada
pureza de la Yirgen, por ceo el rostro ef&lt; tan
joven.,, A pesar de tollo, la angustia aquí no
e::; la expresión de un profundo dolor de madre impregnado de horror por la ciega injusticia de los hombres; es una honda tragedia
psicológica lo que ei;a fü;onomía austera. y pum me dice. Y no oigo que eso mismo os dirá
á vosotros, ¡oh lectores!, pero de vosotros no
respondo; dti mí, con mucho trabajo.......
.

***
Para resumir la impresión de San Pedro,
¿qué hay que hacer'? ¿Yoh·er á paran;e en la

***
En la c:tpilla de l\I iguel Angel, rcrc.'l. de
la puerta., recién cc,rrada, del jubileo, nos encontramos ú un peregrino rezagado, á Alberto Binnchi, nomhrr
no sé si conocido hoy,
pero mn_v popular en
mis tiPmpo,- de político, cuando rl Sr.
Lerdo, sin cmwicciún
y sin ganas hacía enRayos de rlPRpotismo.
El Sr. Lerdo, muy se,·eramente autoritario,
pero i rn prcgnaclo, co •
mo todos lo;: ahogado,;
lo estamos. de i-uperstición lep;al, á pesar ,le
su profundo ei-cepticismo, había nacido
para ser un gran ministro; pero no puclo
;:rr un gran ministro
de sí mismo, porque
le faltó ...... Renuncio
á dar á mis lectores
una lección de hist0ria política, que tras
de Her probablemente
errónea como todas las
de los contemporÍlueos, habría de fastidiarles tanto, por lo
menos, como á mí.
Entramos en el antro
-..el monstruo: á un la-

13ASILICA DE SAN PEDRO,-"La Con:ei;lón,"

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 16 de Noviembre de 1902.

las naves, en todos los idiomas, agitando sus
banderas de todos los colores, prosternándose
en todas las adoraciones, encrespúndose y calmándose rítmica.mente como un nuevo mar
Rojo, surcado por una procesión sin fin de centellan tes alabardas, de mitras coruscantes,
de tisús de oro, de sedas, de púrpuras, de encajes, y en medio de las azulosidades embalsamantes de los incensarios y de los vaivenes
lentos de los ventalles de plumas blancas, alzado en andas como una divinidad de Oriente,

rueda de pórfido de los emperadores y recoger
en el foco visual aquellas inmensidades arquitectónicas de la na ve principal, los arcos asentados sobre altísimas simetrías de relieves y
mosaicos, desplegando bajo triunfales esculturas sus impecables curvas, los perfectos medios cilindros de las bóvedas decoradas hasta
lo infinito de tableros ornamentales, y más
allá del baldaquino, soberbio y solo bajo la
claridad celeste de la in visible cúpula, la gloria de oro de la «cátedra» de S¡¡.n Pedro en el

Sepulcro de Clemente XIII.

fondo del ábside, que se ve como por el otro
extremo de un anteojo, muy lejana, muy grande, muy precisa... ? No, éste sería un fragmento de impresión material; el monumento es
más aún que una maravillosa perspectiva, es
un ser moral.
Precisa verlo llenando su función, ¡;,irviendo de albergue á la iglesia católica, á la asamblea de los fieleR, y de marco apoteótico al vicario de Cristo. Tres ó cuatro millares de peregrinos gritando sus cánticos religiosos bajo

un hombre blanco, surgiendo de su manto rígido á fuerza de oro y de gemas, bajo la cúpula simbólica de la tiara, tendiendo á la multitud que fija en él las delirantes.miradas azules, los apasionados ojos negros, la mano trémula y bendecidora, mientra&lt;; pliega sus labios
una perenne sonrisa de ternura v de absolución. Así, en esas horas en que ·¡a iglesia militante se tiende como un puente ,·isible de
esplendor hasta tocar los bordes de la iglesia
triunfante, es cuando el templo católico «es,iJ

Domingo 16 de Noviembre de 1902.

en toda la fuerza de la palabra, entonces se
explica á sí mismo, entonces vive, entonces sí
que su cúpula parece un firmamento reducido
á las proporciones de la frmte de un pueblo ...

Es evidente; no para mí, no es en la «sedia
gestatoria,i en donde está la clave ele esta obra
estupenda. Sino aquí, en esta capilla sepulcral de los La Rovere, aquí en esta tumba casi oculta al pie de la
de Sixto IV; en el sepulcro de Julio II. Del
fondo del alma del
hombre extraordinario
y duro, que aquí humildemente yace, nació San Pedro; pero
por grados: primero
quiso, como los faraones, tener un mausoleo
inmemo y verlo. Llamó á Miguel AngP.l, el
artista le proyectó una
montaña de mármol
prodigiosamente animada por todas las
graneles figuras de la
]glesia anterior y posterior al Cristo. El Papa aceptó. ¿.Y dónde
alojar aquel milagro
escultural? En San Pedro mismo. Pero la
viE&gt;ja basílica de Constantino v San SilvestrE&gt;, en la·que cada agonía y cada triunfo dr.
la Iglesia. habían dejado una reliquia, en
donde cada 1,iglo había
puesto un monumento, en donde las huellas de las profanaciones, de los sacrilegios,
de los nsaltoi&lt;, &lt;le los
incendios, babínn sido
cubiertas con las argenterías, y los relicarios y los moFaicos de
los donativos imperiales y populares, E-n
donde no había un objeto sin historia, ni un
ara Fin recuerdo, ni
una obra r-;in la firma
de una fpocn, la cateclral de los Carolingios
y de los OtémidnR, de
Grrgorio Mngno, de
HildE&gt;brnndo, de Jnoce11cio III, rste templo
renunen del nrte criRtinno en los siglos precur~orefl, 110 hastahn
para contener el sepulcro &lt;le Julio II, e1apequE&gt;iio, y, ademfü,,
amenazaba ruina. RntonceF, mientras Miguel Angel iba á vaciar
las canteras de Carraia
de sus bloques de mármol inmaculado, apareció Bramante «il rovinatore;&gt;J y, efectivamente, estos divinos
artistas del Renacimiento, en su horror á
lo que no era el arte
helénico, eran á un
tiempo sublimes constructores y destructores
vandálicos; el pasado les era odiorn de Alejandría hacia acR.
Y Bramante proyectó su incomparable templo, coronado por la cúpula del Panteón de
Agripa extraída de su concha y erigida á la
plena luz del cielo. Y entonces el Papa olvidó
su sepulcro y enfureció á Migliel-Angel y empezó á extraer dinero al mundo católico para
aquel edificio que aplastó y deshizo á la vieja
basílica llena de historia y de unción bajo

El MoiEés de Miguel Angel.

-

sus pies de mármol (apenas quedan de ella
fragmentos enterrados en las criptas de San
Pedro, en las «sagre grotten). Murió el arquitecto, murió bebiendo oro líquido (sic) el
Papa Julio, y sus sucesores continuaron su
obra. gigantesca y extrayendo de todas partes
el oro sólido, sobre todo de la fe y el temor de
las almas; de aquí la venta de las indulgencias en AIP.mania, y la lava de la protesta germánica entrando en ebullición espantosa, y el
cráter abierto en la boca de Lutero, y la erupción y el cisma. Todo ello pudo nacer de mil
otras cosas; pero nació de la idea de construir
una tumba á Julio II. ¿En dónde está e8a
tumba? En fragmentos ciclópeos, aquí y allí
esparcidos. En «S. Pietro in Vincolin está
uno de esos fragmentos, el Moisés de MiguelAngel. Pero la verdadera tumba está aquí.
aquí están los huesos, aquí está el singular
monumento que los rodea, el templo católico
por excelencia. ,Julio II quería una pirámide
y tuvo por sepulcro una basílica; su basílica
es su espíritu inmortalizado en mármol; su
paño fúnebre está en otra parte, está enclavado en la bóveda de la Sixtina. ¡Qué siglo, y
qué hombre y qué hombres! Y cuán fastidiados estarán mis lectores.

Justo Sierra.

EL ACTUU GOBBRNADOR DE OAIAr.A.
Publicamos en nuestra primera plana el retrato dP.l Sr. Lic. Miguel Bolaños Cacho, actual gobernador interino de Oaxaca, que ha
substituído al Sr. Gral. D. Martín González,
que es el gobernador constitucional.
El Sr. Bolaños Cacho es el gobernador más
joven en toda la República; le tocó ocupar ese
alto puesto en condiciones políticas muy difíciles para él, y lo ha desempeñado, á decir verdad, con toda cordura y prudencia, dejando
sii.tisfechos á todos, aun á los más exigentes,

E!-ta es-una prueba de q"ue tiene dotes especiales que seguramente serán aprovechadas en
alguna otra ocasión.
Una de las notas más sobresalientes en su
gestión, ha sido la lealtad para todos, especialmente para quienes debía. tenerla..
Enviamos un afectuoso saludo al joven gobernante, deseando para su carrera política
grandes y merecidos triunfos.
LA VISIÓN,

Un fantasma va pasando
Por el perfil de la sierra,
Un fantasma que parece
Ave y hombre, monstruo y fiera.
¿.Es un manto vaporoso
Lo que tras él se despliega,
O es un jaique lo que lleva?
De «tanto mirar,, su forma,
Toma figuras diversas, .
Y andar simula unas veces,
Y otras que inmóvil se queda,
Y días, semanas, años,
Está la visión perpetua,
Si se pierde ó no se pierde
Tras del perfil de la sierra.
Parece, al venir el día,
Guerrero de extraña tierra
Con dalmática vistosa
Y rutilante cimern.
Si se mira en los instantes
En aue la cálida siesta
Como en dorada neblina
A la montaña rodea,
El guerrero se transforma
En ave enorme que lleva
Sobre las alas gigantes
Un dios, en alto la diestra.
Entre el crepúsculo rojo
Manchado en tintas bermejas
Con bord1:1,dos de oro y plata

Y cortinajes de estrellas,
Sobre la cima del monte
El raro monstruo semeja
La apocalíptica forma
De evangélico poema.
Finge dE&gt; noche el fantasma
Desmesurada silueta,
Cuya frente da en la luna
Que le sirve de diadema.
Esta visión multiforme
Nünca pasa, nunca trepa,
Aunque parece que anda
Y aunque parece que vuela.
Cuando niño, ella ha formado Mis visiones de poeta,
Y quise mirar un día
Su horrible cuerpo de cerca.
Andando, andando y andando,
Subí trabajosas cuE&gt;stas,
Y al compás que más andaba
La visión era más bella.
Llegué hasta su pie gigante,
El alma en miedo deshecha,
Y al ver la visión sublime,
Lancé un grito de sorpresa:
Era un árbol milenario
Todo bíblica grandeza,
¡Con una ciudad de nidos
En la enorme cabellera!
SALVADOR RUEDA.

1os Juegos Florales da Puebla.
La circunstancin de haber logrado reunir ya
muy tarde, las fotografías de las damas v c~ba~
Jleros que tomaron parte en los Juegos Florale.f!
de Puebla, nos impide ofrecer á nuestros lecto.
res, én el presente número, la información ilustrada relativa al torneo mencionado.
En nuestra próxima edición la daremos tan
completa corno pudimos obtenerla, y con el esmero con que ahora, por la premura del tiempo no
nos hubiera sido posible hacerlo.
'

�~omingo 16 de Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL 1fUNDO ILUSTRADO

,

cinco de la mañana, las inciertas luces del
Oriente comenzaron á infiltrarse á traYés ele las
espesas sombras que nos envolvían. La voz de
uno de nuestros compañeros nos hizo abando-

"

La narración hecha por el Sr. Deelí estÍI llena de detalles interei&lt;antes, y nos da. á conocer
las ca.usas por las que esta montafin no ha sido
escalada. tan ú menudo como el Popocatepetl.
X uei;tro interlocutor nos informó, en efc!'to,
que las enormes grietas y los desfiladeros del
Ixtaccihuatl constituyen una serie de obstúculos para la ascensión.

***
Las fotografías con que ilustramos estas páginas, dan ielea de los hermosos panoramas
que se presentaron á la vista de los atrevidos
extranjeros.

,

UNA ASCENSION

al Jxta~dQuatl

El Po pocatepetl visto desde el lxtaccihuatl.

grupo de extranjeros entuia:iastas,
cmbro_¡, d&lt;&gt;l Club de Alpinistas ele
Suiza, e"inprendió hace pocos días
una. atrevida ascensión al Ixtaccihuatl, gigantesro compañero del Pop~ratcpetl, cuyas r{,pidas pendientes y profundos precipicios han
:-ido siempre obst.1culoi;, casi insupPrahle:&lt;,
para la realización ue esta clnse de ascensionrs.
Provistos de cables, za.pnpicos y elemÍls instrumentos necesarios pa.m el ca.so, los «ttnistas» comenzaron su viaje por la montafia, poco antes de medio día, acompañados de algunos indígenas de Amecameca, en calidad de
guías.
Durante las primeras horas del viaje no se
registraron peripecias de ningún género, pues
el Ixtaccihuatl presenta en su parte baja amplios caminos por donde puede fácilmente escalari-e. 8ólo las fatigas naturales y propias
de una expedición de ef'a naturaleza, fueron
lasque experimentaron los «alpinistas», hasta
llc~.,r á la &lt;&lt;cm•va».
La &lt;ccueva» es una inmensa oquedad formada entre las rn~as y situada l'rrcif'nmrnte en
los límiteR de la nieve. Ln tf-niperatura en ese
lugar era de dos grados bnjo cero. Allí pernocta.ron lo« excursionii;ta~, aunque f'in conciliar el sueño, puefl el frío exngerado que i::e
ha.cía sentir ÍI :tquella altnrn, entumeci6 i"Us
c•uerpo,;, poniéndolo~ en con&lt;licionrs naJa prvpieinfl para. entr&lt;'garse ni descnnf&lt;o.
«Con ansia. ei;peramos -nos elijo el Sr. Dedí,
uno de los excursionistaf'-á que el sol hafinrn con sus rayos los inmensos bloques de hielo para disfrutar de un panorama ap!'nas imaginado por nosotros. ~Iinutos después de la:-

Domingo 16 de No,·icmbre de 1902.
madas por un::i de los miembros del «Club de
Alpinistas,» quien bondadosamente nos las
facilit6.

PÁGINA DE ALBUM.
En la primavera vi una mariposa saliendo
de su crisálida como del estuche de un abanico.
Primero aturdida, como deslumbrada por
la l uz solar, se arrastró torpemente por el suelo, estirando sus alas gomosas, aglutinadas,
pegadas al cuerpo como un vestido de seda
estrujado¡ pero el sol bien pronto le sec6 las
alas, y como una flecha desapareci6 en lamañana cálida.
Después de su partida, el interior de la crii;álida conservó por mucho tiempo sus colores:
bandas de púrpura, estrías de azul y puntos
de oro.
Pensando en e,:ta. crisálida y en las hermo-

Sobre los hielos.

Ori llas de Amecameca.

nar el estado de sopor en que nos encontrábamos, y con el miís grande de los entusiasmos
nos dispusimos á reanudar el Yiaje.
«Si el día anterior-continuíi nuestro informante- experimentamos fatigas n,eramente
corpora.lei:, no fué lo mismo e! día ele nuestro
viaje por las nieves; pues aparte del cansancio, llegamos hasta smtir el temor de la muerte, á cauia:a de habernos extra,·iado entre los
blancos témpanos. El ca.so fné como sigue:
Entregados mis compañeros y yo á merced de
los «gufas,» fiarnos en··ellos ·y ningún recelo
nos asalt6 al emprender la ascensión. Poco
después de caminar por la nieve, uno de nueRtros compañeros no tu-vo fuerza para. continuar
el viaje, pues se vi6 atacado del terrible «mal

Un "barranco.''

U?•a Yez en las altas planicies del Ixtaccihuatl, los &lt;cturistn!'» descorcharon una botella·
de champagne, y ha.hiendo apurado i;u contenido, pui-ieron en el casco sus tarjetas. La botella quedó sepultada en una ,&lt;tumba&gt;, de nieve, abierta por ellos con ese único objeto.
Sólo diez minutos permanecieron los ,&lt;alpinista~» en la. cúspide, pues los rayos sola.re~,
que caían á plomo sobre la inmensa mole de
nie,·e, y la falta de oxígeno hacían insoport,lble su permanencia en aquel punto.
El vértigo de las alturas comenzaba á inYndirlos y emprendieron el regreRo provistos del
cnhle que se ma en e~te grnero ele excursioneA. En el descl'nso, por m{1s precauciones que
i;e tomaron, no pudieron evitarse las caídas

En la cima.

sas huellas que había dejado ese espléndido
peregrino del cielo, me acordé de los corazones por donde el amor ha pnsa.do.
JosÉ E. C&lt;mPIAXl.
Buenos Aires.

·-·

En amor se p'.:!rdonan las ofensas recibidas,
pero un doloroso rccuerelo no Re borra jamás
del coraz6n.

***

En el amor valen más las pruebas que los
juramentos: las primeras son la seguridad, y
los segundos la duda.

***

El amor es sordo á los consejos y ciego al
precipicio, porque no reconoce ante el mundo
otra ley que la libertad, ni más dominio que
la locura.
·

Los "alpinistas.''
D espués de la ascensión.

r

-

'-

·.

Los "guílls.''

~~

.,

de montaña:» vómitos de sangre, vértigos, desprendimiento de la epidermis, ojos inyectndos,
etc., fueron las manifestaciones de la enfermedad. Alarmados todos, pretendimos emprender el descenso; pero nuef'tra nflicci6n no
tuvo límites al Yer que los guías desconocían
por completo aquellas regiones, y que no acertaban á imlicarno~ cuál era la vereda que debíamos seguir. Fiíci~ es comprender, dice ~l
Sr. Dedí, los trabajos que pasamos para, sal~r
del dominio &lt;le las nieres. Al fin lo conseguimos, y llevando á nueHtrÓ enmarada á cuestas,
lo dejamos en la «cueni• acompafiaclo de dos
indígenas.
.
«La tentación de subir basta la cúspide rlel
Ixtaccihuatl fué iiwencible para nosotro:&lt;, y ele
nue\'O emprendimos la_ caminata. :'.'.Iú'.' afortunados que en la vez pnmera, no tu,·1mos ya
otro accidente 1esgrnciado que lamentar, y
con miles de pe11alida.dEl? ll~gamos á la cumbre ca.si inhollada· del Ixtaec1huatl.-)) - ·-· -

'
.

..

~I lxtaccihuatl,

.

--

j
!-,-a bajada.

...
que sufrían &lt;'Ontinuamente los exp~elici&lt;!narios. Indudablemente que el cnble liberto de
la. muerte ÍI Yarios de ello,;. Atados con él,
de la cinturn, lograron mÍls de una vez ponerse á salvo del peligro. Dos horas duró el
descens0 hasta la «cue,·a,» en donde los esperaban las cabalgaduras que debían conducirlos á Amecameca.
Según nuestras noticias, ésta es la quinta ó
sexta. a.scen:-iún al Ixtaccihuatl.
' Las fotograffa-s q-ue pueblica-m-0s fuerQn tQ,·
'

-

...

·-

~

regreso á Amecam~

�EL MUNDO ILUSTRA.DO

Domingo 16 de Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domñngo 16 de Noviembre

~

1902.

Nuevas estatuas en la Reforma.
serán descubiertas en
Paseo de la Reforma
estatuas de los Generales D. Juan José de la
Garza y D. Pedro José Méndez
fundidas por cuenta del gobiern¿
de Tamaulipas.
Los importantísimos servicios
prestados por estos Generales á la
causa nacional en las épocas aciagas de nuestras luchas por las
instituciones democráticas, y por
el afianzamiento definitirn de la
segunda Independencia, justifican, sin duda, el honor dispens:ido á la memoria de los dos il usT

____

.....

r ---

Estatua del General Méndel,
Aspecto de Tehuantepec después de la lluvia de cenilas.

de casas entre las cuales se cuenta la del Sr.
Gobernador del Est.ado y la que ocupa la Escuela Normal de Profesoras; otro en el que
están comprendidos el Palacio Municipal, que
destruyó el temolor de Septiembre, y uno de
los pril'lcipales establecimientos mercantiles.
Los edificios ofrecían un aspecto bellísimo, á
los rayos del sol.

La lluvia de Cenizas.
· _- Completati.,qi:-: nuestr¡i iníor~aci6n relativa
.á la. ll~via de cenizas ob;ervada el mes pasado
e~ una/extensa zona cle'fa República, con las
f~tograffas d~ Tehuantepec y TÚxtla Guti€rrez, _que aparecen en_ estas páginas y considerarnos de importancia.
· La vista general de Tehuantepec, tomada
por el señor F. Rabiella, muestra el aspecto
que de~pués de la lluvia presentaba la ciudad.
Los tejados y los árboles se ven materialmente cubiertos de cenizas. Fuera del pánico que,
c~nno, e~·a natural, produjo el fen6meno entre
l{&gt;s yecinos de aquella comarca, el espeQtáculo
d:E:bió de ser grandioso.
,:/En cuanto á Tuxtla Gutié-rrez. una de.las
poblaciones de Chiapas donde los movimientos sefsmicos y la 11 uvia fueron más notables,
pueden verse,en nuestros grabados un grup~

· ***

Un grupo de casas de Tuxtla Gutiérreiz.

...

Publicamos también otra fotografía en que
se ven: el portal derrumbado en parte por el
último temblor, en la Plaza Principal de Tuxtla, la Parroquia y la Alameda. Una de las
torres del tPmplo se mandó derribar, en vista
de que por las grandes ti.verías que sufri6, era
una amenaza para los trans.-iuntP.s.
Las fotografías de Tuxtla nos fueron bondadosamente remitidas por el señor José F.
Ca.macho, aficionado á cuya galantería las
debemos.

-

tres liberales. Méndez comenz6 su carrera militar á
las órdenes del general de la
Garza, y obtuvo fliempre sus
a!'censos como recompensa á
su brillante conducta militi~r y á su extremado Yalor. A los Yeintinueve años
de edad, poco después de recibir su despacho de General, murió combatiendo contra los francese8.
En cuanto al General de
la Garza,es una de las figura!' más grandes en la hisEstatua del General de la Garza.
toria de Tamaulipas. Fué
un soldado valiente y un
patriota que puso al servicio de la Nación todas sus energías cuando el
país necesitaba, para salvarse, el esfuerzo y el sacrificio de los buenos
mexicanos.

¡Oh reina!, ante tu solio me postro reverente,
pues tú eres la belleza, la gracia y el amor;
Apolo te designa lugar tan eminente,
las musas amontonan coronas en tu frente
y en medio de su triunfo te aclama un trovador.
Mujer mil veces reina, mujer cien vei::es diosa
y siempre para el hombre su claro luminar,
de ti surgi6 la madre, de ti naci6 la esposa
y ,Je un trozo de mármol de tu cantera hermosa
la Virgen sacrosanta que hoy brilla en el altar.
Tú animas y diriges el brazo del guerrero
que en la h6rrida batalla termina por vencer,
tú guías al marino que va sin derrotero,
tú alientai, al artista que asombra al mundo entero
y todo lo que es grande proviene de tu ser.
Permite que un !'aludo te envíe mi garganta,
ya ronca en el sonido, ya flaca en la expresión,
y sufre, reina mfa, la voz del que te canta;
su espíritu á tu impulso del polvo se levanta
y en Lázaro se trueca su pobre corazón.
Los dos representamos, por modo diferente,
el alma en esta fiesta de ,,Patria, Amor y Fe» :
yo evoco lo pasado, tú encarnas lo presehte;
yo me hundo en el Ocaso, tú luces en Oriente;
tú empiezas la jornada...... ¡yo presto acabaré!
Yo soy la lira rota y tú la poesía;
yo brújula de acero y tú la piedra imán;
idólatra ferviente, te sigo noche y día;
te di mi sentimiento, te di mi fantasía,
mis últimas endechas también por ti serán.
Permite, pues, ¡oh reina!, que traiga á la memoria.
estudiantiles tiempos que alegran mi vejez,
permita el auditorio que cuente aqui la historia
de cómo un Don Quijote sali6 en busca de gloria
y hoy vuelve á Zaragoza más loco cada vez.
MARCOS ZAPATA.

El valor en el sexo bello está sostenido por la dignidad: así, pues, la
joven coqueta, la esposa ligera, la viuda verde y pretenciosa, no pueden poseerlo; pero la mujer cristiana, suave y fuerte á la vez, como la
de la Escri tur!l., puede dar ejemplo de valor al más esforrado guerrero.
-Las ideas tienen tres gl'andes órganos para hacer eu aparición e11
el mundo: la prensa, la cátedra y la tribuna.

,-,,e~1-mr~!
..........

El po_rtal destr~ído por. los ~mblores, _

La Alameda y la Parroquia en Tuxtla Gutiórrei,

Una tehuana en traje de baile.

(Fot. Rabiolla),

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 16 de Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
te ti, y que ahora surgía-más conmovedor que
nunca, más grato, más inalcanzable.
Por qu6 crnzó en aquel entonces ante su camino·? :;in conocerla, acaso él, más tarde no
habría sospechado In. existencia &lt;le una' dicha fugitiva, apenas contem piada Ít distancia.;
mas el recuer.io llamaba á su puerta como el
pregonero de _goces _infinitamente dulces y tan
dulc~s como_1mpo~1hle~, Y. pensaba que, fli el
Destino hulnese sido s1qmera misericordioso
l'ªra con él, no habría pnmitido qnP ~e &lt;leí'-

••
RAMOS cuatro dentro
la caja de un viejo si1
món que nos molía
los huesos so pretex'
to de conducirnos, ya
en las últimas horas
de la noche, á la población en que habit:"
tábamos,
no muy dis.
¡tante de la Capital.
=7,~~::s
Habíamos entretenido el tiempo en diversiones propias de individuos como nosotros, jóvenes y dispuestos á aprovechar debidamente los mejores instantes de la vida, y
regresábamos al hogar cuando ]a última peseta había huído de nuestros bolsillos, y la idea
de una marcha pie á tierra por la amplia calzada hacía vacilar nuestro ánimo.
Afortu.1adamente, René, uno de los cuntroj
era un muchacho previsor, capaz ele morigerarse si era necesario, y á í'U precaución debíamos el no tener que cambiar el buen rato
precedente por la fastidiosa hora de caminata,
sin más espectáculo que las estrellas suspendidas en el obscuro azul del cielo.
Sumidos los cuatro, como cuatro uvas de un
ra~imo dentro el estrecho simón, envueltos
en la atmósfera cargada de humo del cigarro,
d6 Juliáu [quien así procura!}a~Y_engarse de
n9sotros por no haber aceptado su idea de bebernos t¡i,mbirn el último .peso conservado por
R~né), acomp:Íñados, por el'chirrido molesto
de,l alquilón, qne amenazaba, desarmarse porm~mentos, apo~•áhamos las cabezas.en los rlncones, adoptando la mejor postura para dejar
trq.nscurrir el1 tiempo, y con muy pocos deseos de ent..'l.b)}tr conversación..
El vehículo avanzaba lent¡imente, arrastrado con dificultad por, una pareja de rocines
a.gpnizantei-. La impaciencia de ,Tulián, que
er'- un charlaJor nervioso y divertido y á quien
el movimiento &lt;lel f.imón impedía dormitar
siquiera, manifestóse á poco en palabras..

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~ ..,.

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i .
J;,

,..

· ,~Casi siempre que.me aventuro en u~1a de
esf,as «góndolai-»,an1.enazadas qe naufragio, rec~rdo una historia, triste que, me imp~esionó
vivamente.
,. .
, -~
h.'ov á i:eferi11]a,:ja que el insopqrtable rodar
de esta caneta alar~a nuestro cmni¡10, y así,
la; relación del i-uc~o entretendrá al insomne
como
y. scn·irá de arrullo al soñoliento.
.-Conformes-respondió Ernesto;-á con-.
di,ción. de que suprimas el l_iumo de tu ~hime-.
n~, que es ló' único que nos impide conciliar
pqr completo el suefio.
Es uno de esos casos-añadió Julián apaga,ndo el cigarro-que acontecen en cualquier
nirel social, pero de l.os 9.ue nadie se cuida
cu¡1ndo los_personajes sólo ,üsten el .chaqu~tón
ó Ja humilde blusa del jornalero....... ·
iNació el muchacho en el1'ondo de una obscura covacha, en un barrio de la Capital. La
madre «molía,, y el padre era remendón, amboi- poco apegados al trabajo, mas en cambio,
fieles devotos de todos los vicios.
Cuando el niño vino al mundo, la comadrona dijo á los padres : ,,Se me figura que el nifio ha de vivir pocos años, si es que Yive»; pero á pesar de este augurio fatal y á pesar también del medio en que había uacido, el mu,

yo

-,e

chacho triunfó de la muerte, no sin llevar en • zas, arrullado por el rumor de los caballos que
el cuerpo la marca indeleble del vicio de que . masticaban el grano.
era producto. Nacido prematuramente, viciaFué, :¡JOr fin, cochero; le habilitó de ' tal el
da su sangre desde antes que abriera los ojos .
patrón, un día en que «el propietarion tuvo
á la luz, desarrollóse de manera lenta y trabaque ir á rendir ciertas cuentas ante III justicia,
josa, contribuyendo á esta dificultad la misey c,El Espanto,» como le habían apodado sus
rable existencia al lado de los padres: de la
compañeros, trocó el ayate por las riendas y
madre, que miraba como verdadero estorbo al
fuése al "sitio» á esperar la «car¡?a,» á dormipequeño, sucio y defectuoso, que se a.ferraba
tar sobre el pescante, calcinada la espalda por
ávidamente á sus senos, siempre ·hambriento;
los rayos del sol, echado el sombrero á- la cadel padre, que adivinaba en aquella nueva bora y las riendas entre las rodillas, ó á recorrer
ca la obligación de consagrar al trabajo malas calles á diestra y siniestra, azorando, al
yor tiempo.
grito de «Aire!,» á las be¡.:tias flacas y sofiolienDes4~ la edad de ocho meses, el pequeño
tas que tiraban del vehícu,lo.
conocía la vecindad del uno al otro extremo.
Uei,alentado y solo, llevando á cuestas All
En tanto que la madre cuidaba el «comal» ó se
fealdad, cual un madero de ignominia, genHase proscripto de la fortuna, de la amistad
lS
Aincera, del amor que todo lo ilu_mina. y embellece, y experimentaba furiosos arranques
de cólera y de despecho, que desahogaba al
grito de cc¡Aire!, descargando en los lomos
de las acémilas los latigazos que silbaban dolorosamente.
Y por no contemplar tan á menudo la
belleza Ü1alcanzable, la vida de los dem:Ís, tan
diferente de la suya; por no mostrará la luz
del sol su Femblante defectuoi-o, «El Espanto» . prefería. sacar uno «de velada» y pasar
la existencia lejos del bullicio del día, aun
cuando para ello tuviese que tiritar bajo el
""
rigor del invierno, que entorpecía su,; miem~~
bros, ó soport&amp;.r la llovizna tenaz que le azo.
.
taba el rostro y le calaba las ropas.
-f., .
,..,
Una noche en que la tristeza del tiempo co'·
&gt;"
rría parejas con la de su espíritu, vagaba al
azar por las calles solitariai-, al pa1:;o lento de
refrescaba en «El Cantón de los Amigos»,el ,·áslos jamelgos, aguardando una «rarga» quepatago arras.traba ·sus rodillas desnudas sobre las
recía. no llegar nunca. Los e,-pect.ículos haQaldosas del patio, almacenaba en su estómabían terminado ya, y tan sólo una que otra
go.todol! los, qesechos. con que tropezaba en
t.'l.hernn. anunciaba la vidit nocturna de la casus correría.i:, alternaba con los canes del vepital; por las puertas escapaban al exterior los
cindario y conocía los efectos del aguardiente
rumores del placer, las palmada11, las risas de
y la bebida naciona_l, que los padres hacíanle
las noctívagas, las &lt;lerlamaciones de los bebegm;tar «pa que se juera enseñando á homhre.»
dores excit..'l.dos; afuera, una llovima tenaz y
CrPció qe la misma manera, probando la
molesta hacía re,·erherar el asfalto, penetraba
bebida y los golpefl, !':Stos últimos Pn mayor
hasta la piel del cochero, y resbalaba sobre los
cantidad que aquélla; Como era de repulsivo
rocines, que inclinaban mustios la cabeza.
i;emblante, las caririns habían sido un manjar
De un restaurante surgió un hombre cubierignorado para él; el hijo de la «Cucha», como
to con un sobretodo, levant.'1do el cuello hasllamaban á la madr!f. á causa de la profur.da
ta las oreja!', y llamó al cochero. Apareció en secicatriz que. dividía eh dos su labio superior,
no conocí¡, más afec!P que el del «Selín», un . guida una mujer, oculto á medias el rostro por
un abrigo de estambres y un paraguas abierperro l~udo, sucio como él,_ con quien comto, y ambos penetraron apresuradamente en el
partía ~s horas de sol,y los insectos que amasimón, después de haber pronunciad0 el indidri'gaban en sus andrajos.
viduo del sobretodo el nombre de una calle.
]f. los siete años, tuvo una amiga: una peEl whfoulo se puf-o en marcha. Al llegar á
q_ueñuela algo mayor que él, de grandes ojos
una esquina, un policía detm·o al cochero, paneli9.c¡1 de pelo ensortijado y grata voz de &lt;-hira ordenarle que encendiese uno de los farocuela cariñosa. Fué la única que, á diferencia
les, y c,El Espanto" descendió de su asiento.
de Io.if'otr&lt;;&gt;s muchachos, no tuvo para él el reA la luz del cerillo miró el Remblante de b
proche de la. deformidad.
mujer, y experimentó una conmoción extraPero est..'l. amistlld fué de una fugaz duraña.; en seguida, un recuerdo lejano, pero im-.
ción. Peregrinos de todas las vecindades, arroborrable, llamó á su memoria.
jados los padres continuamente por los caseTrepó al pescante y los caballos reanu1laron
ros, el, muchacho vióse privado-de aquel afecla marcha. Mas "El E!&gt;panto» había. olvidado
to, que.había sido en su miserahle existencia
ya hacia dónde debía dirigirse. En su mecomo, 1,ma flor abierta entre el ramaje de un
moria sé irguió rúpidamente su pasado; volárbol agostado.
vió á mirarse niño, aherrojado á la YoltrnMoribunda la madre en el hospital, y preso
tad paterna, soportando las blasfemias y reel padre por lo de i-iempre: á consecuencia de
huyendo los gol pes que á diario caían sobre él.
una riña de taberna, el muchacho, casi un
Y después, la dulce amistad, tan dulce como
hombre yn, encoritró destino de caballerango
efímer11, que le había ligado con aquella chien una «pensión» en donde aseaba los carruaquilla, compadecida acaso de su fPaldad y de
jes, «nyateaba&gt;, á los caballos, tendía pastusu abandono; única vislumbre de felicidad
ras, barría los pesebres y descansaba por la
pocbe ep un tapanco, epcirull, q~ las caballeri~
cuyo recuerdo habfa aparecid&lt;? ~il ve~es a11•

-

..

vaneciern. en el obRcuro horizonte aquella ave
mensajen: tal vez de un bienestar futuro.
Y aquel semblante de mujer era la evoluc~ón del de la rapn.~a. de otro tiempo; era ella,
sm duda, embellecida por la felicidad, iluminada por el aD1or, vi l'ificacla por las caricias
del ser amado. También ella amaba, también
ella había logrado tocar ese cielo menos menti~oso que ~l de todas las religiones y cuyo
chos habla a los hombres con la divina voz
del lleso........ .
U11a de las acémilas tropezó en el pavimento, «El Espanto» sintióse arrebatado por la expresión de un furor indomable, y al grito de
&lt;CjAire!,,&gt; el látigo silbó sobre el lomo de las
bestias, que acelera.ron el paso al instante.
Los latigazos se recloblaron, crujiú el simón
cual si protestara contra una velocidad jamús
conocida hasta entonces, y el látigo seguía cayendo sin descanso, rabioso, terrible, sobre
los azorados rocines, que emprendieron vertiginoso esc.'lpe á lo largo de las calles solitarias.
Cuando el carruaje fué detenido, el cochero
había desaparecido de su a!:iento; pero más
t.'1rde, al &lt;le:::puntar el alba, un gendarme !JIIP
volvía del relevo, presentó en la Inspección
el cadáver de un hombre, cochero á j uzg;ll' p&lt; ,r
la fusta que aún conservaba en la die,-trn. El
practicante de guardia, soñoliento y mal humorado, diagnosticó atribuyendo la murrte n.
una congestión akohólica; pero despuéi&lt;, ya
en el Hospital, los facultativos aseguraron que
e! indi l'iduo había fallecido víctima de la rnptura de un aneurisma.
Unic.'l. vez en que la opinión le fué favorable.
AuREL10 GoxzÁLEZ CARRASCO.

Tacubnyn..

Á MI MADRE,
la Sra. Dolla Maria del Pilu Contreras de Peón .

De niño al asomar en el Oriente
'
El sol esplendoroso
de este el'rn,
~le acercaba á tu lecho, ma1lre mía,
Pnra poimr mis labioH en tu frente.
Des¡rnéfl con mis hermanos juntamente,
' qué placer, que' a 1~ara1Jia
' ..... .
Qué risas,
¡Y de todo me acuerdo todavía,
Como si fuera entonces el presente!
Hoy, cuán distinto todo y qué can~l,iado:
Dispersos en las tumbas los &lt;lespo¡os;
De otro dueño el hogar idolatrado;
A trueque de las floreH, los ahrojoH..... .
¡Y ese sol que es el mismo del pasado,
Alurnbra~do una lágrima en mis ojos!
e,

12 de Octubre.

JosE fE;ÓX

y CONTRE;nAs

Domingo 16 de Noviembre de 1902.

j&gt;oen¡as de eolor.
CANCION DE LAS NUBES.

CANCION DE LOS PAJAROS

Larvas de un hondo semillar qne encierra
la terrestre i-alud gern,inaclora,
flameamos en las pampas de la Aurora
como el blasón de una fecunda guerra.

La caprichoAa randa del plumaje
nos sin-e de fantástico yestido.
colgamos e11 lo,- árboles el nido
y somos los bohemios del ramaje.

Nacidas en el llano ó en la sierra,
es nuestra vida siempre bienhechora;
ptH sto que Íl una misión e11ranfadora
nos lanzan las matrices de la tierra.

La Yirgen selva de opulento encaje,
donde trabaja el leñador curtido,
de nuestras rimas al triunfal sonido
se alza con menos expresión salYaje.

Hadas vestidas con flot.'111ies tules,
del vacío en las páginas azules
trazamos luminosos pensamientos;

ViYimos·para amar. Nuestros amores
dan envidia á las auras y ú las flores,
dan entusiasmo á la Creación entera.

y al morir, en diamantes tembladores,
formamos la corona de las flores
y el vigor de los frutos opultntos!

Somos del mundo la preciosa gala,
de los colores la luciente escala
y el canto de la rubia Primavera.
LóPEZ DE )L\Tt;RAXA.

UNA OBRA DE ARTE
El Dr. José Peón Contreras, uno de los más
ilustres literatos yucatecos, ha conseguido en
vida, como una elocuente manifestación de cariño de sus compatriotas, lo que pocos consiguen ya muertos: que el mejor teatro de ~Iérida lleve su nombre, y que en fl se cultive el
arte sano, el arte bueno, al que Pe(,n Contreras ha dedic.'1do todas sus devociones &lt;le poeta.
Coronará el frontispicio del teatro "Peón
Contreras&gt;i el lrnsto del :Maestro, busto del que
presentamos hoy á nuestros lectores una magnífica fotografía.
El ci;cultor Sr. Alciatti, profesor de la
Ac.1dem ia de fü•llas
Artes. firma ci::ta obra,
hecha con verdadero
amor de arti:-ita, y que
con la vida del mú rmol perpetuar,, el 110111bre de José Peún Contreras.

DOS RICOS
Cuando ante mí ge
celebra al millonario
Rothschild, quien con
sus inmensas riqnezas, consagra sumas
cuantiosas á educ.'l.r
niños, curar enfnmos
y fundar asilos para
Íos ancianos, también
yo le elogio y le admiro.
Pero, al alabarle y
admirarle por eso, no
puedo dejar de acordarme de una pobre
familia ele labriegos
que habín recogido á
una huérfana en su
misera.ble choza.
-Si nos hacemos
cargo de Ka_tia.-decía
la campesma,- no~
dejarú sin nuestros últimos céntimos, y ni
siquiera tendremos para comprar sal con que
s11,zon11,r la sopa.

-Pues bien, II\ comeremos sin sal -contestó el marido.
Cuán lejos estú todavía Rothschild de ese
labriego!
IV.\X TURGUE'.\"EF.

La caridad es un deber para todos; pero~te debn se convierte en una satisfaccióil muy
dulce para la mujer, porque es innegable que
la mujer ha nacido con un caudal más rico de
sentimiento que el: que ha sido otorgado al
hombre.

�Domingo 16 de Noviembre de 1902.

Et MU:NDO ILUSTRADO

EL MUNl)O ILUSTRADO

RE O que faltaría una
medalla, y no la menos
rara y la menos bella,
ú mi collar d.., recuerdos
gladiatorios, si no contase aquí cómo murieron los dos Lá brax, ambos ilustres en los fa11tos del anfiteatro; el hijo por haber i&lt;ido el fundador &lt;le la escuela llamada «La Fulgurante,» y el padre por haber
sido el último y el mús admirable representante de la antigua, llamada «La Tourbillonnante. »
Como los libros, los juegos tienen sus destinos, y la nueva e;icuela prevaleci6 definith·amente, puesto que es la que ~s~á en uso ahora;
mas sin duela me 11erá perrrntido afirmar-á
mí que soy partidario de la antigua-que los
de11tinos no han siclo justos condennndo al olvido una escuela cuyo último repreRentante
muri6 al fin invencible y en el triunfo y la apoteosis de su arte.
Para i,er imparcial, como com·iene en tan
graveR materias, debo confe,:ar que el método
de Lábrax hijo se adapta mejor á los gustos
de la época pre9ente, inclinados hacia lo simple y lo lógico, y no pondré mús embages para
reconocer que con ella. e-e «fabrica.,1 más de priAA y fácilmente gladiadores correctos; mas espero que en recompensa se me conceda este
voto irrefutable: que no ha producido todavía
un gladiador comparable en belleza á Lábrax
padre.
Todo lo que podría objetárseme es que Lábrn.x padre debió menos á su escuela que á

la naturaleza. A lo cual responderé triunfalm ente que entonces los dioses mismos parecen
preferir la segunda escuela, puesto que fa rnrecen los parangones de una manera tan manifiesta, y con esto tendré más autoridad para
defender una, escuela, dando por garantes á los

tt~ralidad de su_s ataques y de sus arrestos, eran
dignos de elogio. Pero qué decir del juego de
Lábrax el grande, con sus vueltaR de danzn,
con_ su~ saltos dE; felino, que arreglaba según la.
euritmia? Jamas estuvo más admirable. Se
sobrepasaba. Aquellos que r.o han asistido
nu?ca á es~ e~pect~culo, no sabrán jamás
cuanta super1ondad tiene la «tourbillonnante»
sobre la «fulgurante.»
Repentinamente, con un flamígero golpe de
revés, Lábrax hijo fné herido á despecho de
la coraza y desarmado.
Todo!! los pulgares se vol vieron hacia la arena. Era su condena á muerte.
-Levántate, grit6 Lábrax padre. Yo nomataré á mi hijo.
-Es porque tú eres mal gladiador respondi6 el vencido.
'
-Di lo contrario, exclamó el padre.
-Digo, replic6 el hijo, que eres un mal
gladiador.
Sin embargo, la mt1ltitud aullaba. pidiendo la muerte del vencido, y á César mismo se
le veía gesticular furiosamente en su asiento.
Se adivinaba entre el tumulto, por la mueca
de su bocn, que gritaba. con la multitud:
«¡Hiere! ... . . ¡¡Ilierel!,1
Y Lábrax hijo, de rodillas, con su casco
deshecho, presentando la garganta, no cesaba
de repetir:
-Si no me hiere!", eres un mal gladiador.
-Soy el emperador de la gladiatura, dijo
Lábrax el grande, con un ,:ollozo que levant6
todas sus medallas sobre su pecho.

inmortales, y en particular á :\[arte y á Yenm,.
Pero son ya muchns dist:rtacione:'!, y ést&lt;ls,
sin duda, no serán gratas sino á aquellas personas que lleven su pasión por el arte glacliatorio, como yo, hasta la filosofía. Yolvamos ú
la narraci6n prometida y no nos expongai!10s
por más tiempo al reproche que se pud1ern
hacer de preferir en literatura, lo mismo que
en e,:grima., el método «tourbillonnante» al
«fulgurante.,,

***
Dei"de que Lábrax padre se hubo retirado,
después de quince años de victorias no interrumpidas, con el pecho cargado de medallas
y el puño ornado con el pequeño cetro blanco
que lo designaba como gladiador emérito; des•
de el día memorable en que había sido proclamaclo emperador de la gladiatura, RU hijo lo
había sucedido en la admiración de todos, y
debo confesar que con justicia. Gracias á las
lecciones de su padre-esto no me lo negarán,
-gracias también-lo declaro muy alto -á sus
famosos golpf's derecho¡;:, rápidos como el relámpago, y gracias ademús-convenid en elloá la rlebilidad de los reprei,;entantes sobrevivientes de la antigua escuela, Lí1hra.x hijo
triunfaba. Y con él, esto se compreude, triunfaba su método, adoptado hasta por sus hermanoR, que llegaron á ser sus discípulos é imita.dores. Tanto y tan bien, que el hijo ll&lt;'gó á
olvidar las lecciones del padre y toda. la veneración que le debía; á tal extremo llegó la fatuidad &lt;le sí mismo, que un día se atrevi6 á
decir:
«Es de sentir que el primer L'ábrax esté pr6ximo á cumplir los cincuenta; porque si esto no
fuera, el segundo Lábrax combatiría. con él
para probar que no hay más que un solo Lábrax.»
Refirieron la bravata. al padre. Este sonrió,
y ~e limit6 á reRponder que, durante quince
años, había servido á. Marte y á Yenus junta.mente y que entretanto, le bastaba servir á
Venus'. cosa que el segundo Lábrax no podría
hacer jamás.
Fuerza es saber, paracomprenilerestachuscada, que Lábrax padre, como todos los gladiadores de la antigua escuela, se ha.hía &lt;lado
la gloria de llevar de frente las luchas de la.
arena y las del a.mor, en tanto que Lábmx
hijo entre sus reformas bahía introducido la
de Ías costumbres gladiatorim,, pretendiendo
que el gladiador debe permanecrr casto.
Irritado por la burla sobre su castidad. Lábra.x hijo se deshizo en injurias contra su,
padre, hasta. osar decir que el emperador de
la gladiatura había sido siempre el favorito del
a.zar v que él, Lábrax hijo, sentía vergüenza
de t~~er por padre «probable» (tuvo la audacia
de este sacrilegio) á un gladiador tan mediocre.
.
Lábra.x padre recibió la injuria y dijo:
«Doy mi cetro de emérito y estoy pronto á
ir al anfiteatro para darle la última. lección.»

Piénsese cuál sería la afluencia de gente que
llev6 el cartel pintarlo c&lt;·n bermell6n, sobre el
cual se anunciaba el asalto entre los dos Lábmx. El anfiteatro presentaba un lleno á reventar. Céi-ar en persona llegó con un cuarto
de hora de anticipaci6n, cosa desconocida en
los analer, de los juegos. Xingún otro com hate sirvi6 ele preludio al combate único y supremo que bastaba para tener impncientes á.
más ele cien mil esprctadores. Láhra.x hijo fué
el que primero entr6 en la -nrena.. Ei&lt;taha armado de hoplómf!co.- Em ora1.aha adarga, y su
cuerpo estaba tan cubierto de hierro como lo
permitían las leyes de la gla.diatura. Se le
aplaudió por la elegancia de su porte, por la
rectitud estricta de sus movimientos, de los

LA IGLESIA DE SHIPKA.

cuales ni uno solo era inútil; por su actitud
fría, fiera y amenazante. Pero sus partidarios
mismos hubieron de reconocer que tenía más
bien el aspecto de una máquina ele guerra que
&lt;le estatua en marcha; y nadie entre los espectadores pudo sentirse encantado con la belleza de su rostro, que ocultaba la careta de su
casco.
Muy distinta fué la impresión producida á
l:\ entrada de Lúbrax padre.
Armado como un samnita, con sola una
· pierna protegida con la piara de bronce y los
flancos con un f:im plr cintur6n de cuero blanco con c::camas de plata, desnudo el dorso,
llevando por (111 ica coraza sus medallas, el ros•
tro descubierto bajo un ligero casco, en el que
montaba un hermoso penacho roj_o, se parecía
á Marte, pero Marte saliendo del lecho de Venus. Porque sn cuerpo esbelto y gracioso, que
el tiempo no había deformado, estaba lo mismo hecho pnm el amor que para la guerra;
bajo sus mejillas, semejantes á un mármol dorado ·por el sol, se hubiese dicho que las huellas de los yugularfs se habían borrado y pulido con las caricias; y su boca con dientes de
lobo, era una flor escarlata que llamaba á. los
besos; y sus ojos claros y luminosos, color de
mar primaveral, evocaban la imagen de las
olas voluptuosas, de donde había salido ya
Anadiomene.
Y hien prorito toda;; las mujeres, aun las
Vestales, levantaron el pulgar al aire, pnra pe·
dir·que el combate no se efectuam. A lo cual
respondi6 con un gesto ele gratitud y de amor
significando que tomaba los pulgares al aire'.
no como piedad hacia él, sino como un emblema. de su virilidad siempre joven. Se le
romprendió, se le aclam6 con entusiasmo y él
sonriendo, se puso en guardia.
'
Desde el primer paso todo el mundo sinti6
que Lábrax hijo estaba perdido. Ciertamente, sus golpes rectos, su rapide~ certera, la n~•

El año de 1877, durante la guerra ruso-tmca, en el paso de Shipka, los rusos efectuaron
una defensa heroica contra las fuerzas turcas
que iban al mando de Suleiman-Pashá.
Al cumplifl'e el aniversario vigésimo quinto
de esta acci6n, el gobierno de Bulgaria, en cuyo territorio queda ahora el paso de Shipka,
determin6 construir en el sitio una iglesia. del
rito oriental ortodoxo, cuya dedicaci6n se verifi?ó precisamente en la fecha de este aniveri,¡;1rro.

Domingo 16 de Noviembre de 1902.

,

Y blandiendo su espada y despu~s dirigiendo la punta hacia su hijo, la hundi6 de un
gol pe hasta el puño en la garganta del vencido, gritando con una voz estent6rea:
«¡Por la gladiatura!»
Después de lo cual, sacándola del cuerpo y
apoyando el puño contra la arena, se arroj6
sobre la punta, gritando con voz más fuerte:

Im·ita&lt;los los miembros de la familia imperial de Rusia para que asistieran á la ceremonia de la inauguración, concurrieron, en el
nombre y con la representaci6n oficial del
Czar, el gran duque Nicolás y los miembros
de su estado mayor.
El príncipe Fernando de Bulgaria 11e encontraba presente con toda su corte en la ceremonia, que consisti6, fuera de los cánticos
de rigor, en una procesion que recorrió bajo
palio los sitios más importantes y de mayor
interés en el campo de batalla.

***

La importancia de este hecho se calculará

«¡ Por los manes de mi hijo!"

Así muri6 Lábrax padre, matador &lt;le su
hijo y matador de sí mismo, habiendo sido y
querido ser, no solamente un perfecto gladia•
dor, sino ta.mbi(.n un hombre, y en esto superior ÍI aquellos que no pueden ser mús que lo
uno ó lo otro.
JEAN RICHEPIN.

por el rumor que corre de haberse firmado con
este motivo una alianza entre Bulgaria y Rusia, en contra. del imperio del Sultán.
-El amor siempre se inclina á perdonar
las traiciones del dueño amado, ámenos qm•
se le relegue al olvido.
-Los enamorados á veces se fingen engañados para gustar de los encantos, que hasta en
sus mentiras tiene el amor.
-Siendo el amor el más seductor de los sentimientos, es incomprcn ..ihle que de él nazcan
horribles fenómenos por su hechma y modo d,i
ser.

ENSU ELOGIO
Tienes el nombre ilustre C:e las emperatrices,
Y tus hombroR, en donde resplandecen las gemas,
Y tu frente, que pueblan remembranzas felicel'l,
Añoran los suntuosos mantos y las cliademas.

•

El oriente impecable de tu mórbido cuello
Opaca los albores de la perla exquisita
Sepultada en los hondos mares, y tu cabello
Es tan dorado porque te llamas l\Iargarita.
A tu paso relucen y ·cornscan las sedas,
Y al trote cadencioso de tus raudos corceles,
En tu muelle carruaje vas por las alamedas
Con tus ojos dormidos cautivando do!)celes.
En tu mano hay destellos de blancuras lilialef',
París te dió la clave de su excelsa elegancia,
Y adornarán tu mano con sortijas nupciales
O Prfocipes de Gales 6 Delfines de ;Francia.
En los bailes te sigue respetuoso cortejo,
En la calle te asedian amorosas miradas, ·
Y como en la tranquila claridad de tu espejo
Ríen en mi memoria tus líneas adoradas.
Yo alabo tu hermosura, princei'la ~fargarita,
Yo persigo la huella de tu sandalia breve,
Y pensando en tu nombre, blasono mi leYita
Con una estrella de oro &lt;le fulgores de nieve.
t

EFRÉ:-. REBOLLEOO.

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[L MUNDO ILUSTRADO

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LOS MEJORES ELEMENTOS DE LUCHA

AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 21.

CONTRA EL DOLOR YLA ENFERMEDAD

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u:
¿Cuáles son las dos armar, principales con que el hombre
puede combatir ventajosamente contra la mul~ltud de enemigos que le cercan y que se resuelven en dolor, enfermedad y
muerte? LA SANGRE Y LOS NERVIOS.
Una sangre pura y unos nervios sanos son la garantía más
segura de una larga vida. Con ellos, el organismo cumple nor•
malmente sus interesantes funciones :flslalógicas; el estómago,
10s intestinos, el bfgado, el cora2ón, los pulmones, etc., no es·
tán expuestos á sufrir las mil afecciones que padecen en las na-

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Gerente: LUf&amp; Rfl't&amp; &amp;PINNLA,

LIC. RAl'AU Rfl'f&amp; &amp;PINDOU,

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Subscripción mensnal forfloea , $1.50
ltlem l dem. en la capitH.l, ,, 1.25

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MÉXICO, NOVIEMBRE 23 DE 1902.

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turalezas débiles; se aleja de todo temor de esos terribles ms•
les cerebrales que matan ó agotan al individuo basta el extremo de convertirlo en idiota y en loco, y lo mismo el hombre
que la mujer, lo mismo el anciano que el nlfio, concurren con
alegría y con vigor al trabajo universal de la naturaleza en su
constant&amp; obra de reproducción de las especies.
También mata, es cierto; pero mata cebándose sobre todo
en los seres exr.enuados por el abuso, por la enfermedad ó por
la indiferencia, porque

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LA INDIFERENCIA PARA CONSIGO MISMO

D

ES EL PEOR ENEMIGO DE LA VIDA i
El hombre que entregado al trabajo, ó después de abusos
femeniles ó de enfermedades agudas, siente decaer sus :fuerzas
la mujer que se siente debilitada por la siempre dulce pero á
veces peligrosa labor de la maternidad y la lactancia; la joven
que al mirarse en el espejo ve palidecer y amar1llear su antes
rosado cutis, y sufre jaquecas frecuentes y perturbaciones en su
menstruación; el nlffo cuyo crecimiento se efectúa diffollmen -

te y que camina á grandes pasos á la escrofulc,sli., al raquiLi - !
mo; todos en una palabra, los que pagan tributo al mal de la U
época llamado
!!_

'-'-ANEMIA"
y que son víctimas de sus múltiples y dolorosas manltestaclo- !!_
nes, recurran al uso del
u

VI.NO

DE SAN GERMAN
DEL DR. LATOUR BAUMETS
Preparado que por su composición, en la que figuran tóni1: une la de su sabor agradable, circunstancia que no hay en otroi.
cos, reconstituyentes y puri:flcantes tan poderc,sos como el
medicamentos cuya eficacia se ve casi siempre entorpecida por

ACEITE DE HÍGADO DE BACALAO, LA COCA,
LA KOLA, EL ICTHIOL
Y LA ESTRICNINA,
es la más recomendada para

Aliviar los Dolores, Purificar la sangre,
Vigorizar los nervios
y Robustecer el organismo.
A estas cualidades reconocidas por los eminentes médicJS
que ban hecho uso de él, apllcándoio en multitud de enfermos,

E:L VINO DE: SAN QERMAN,

la repugnancia que inspiran á las persona~ que deben tomarlo,i.
~e recomienda muy especialmente á todos aquellm1 padres
que nC&gt;ten que sus hijos están anémicc,s, que la1&gt; jóven1:1&gt; 1,e po-

u-

nen cloróticas y sufren padecimientos nervk,sos, cat,1 mos y
bronqulth1 frecuentes, trastornos inte&amp;tlna es, palpit!lclonts
de corazón, Insomnios, vértigos, dolores neurálgicos, etc., de-bidos á la pobreza de nutrición y á la deb111dad progresiva, resultado fatal de la taita de pureza y energ(a de la sangre y del
agotamiento del sis_tem,a nervioso.

U

!!.
u

u

u
u

Entre los muchos males que cura radicalmente el

u

VINO DE SAN GERMAN,
su uso es de resultados eficaces en

Abcesos escrofulosos, Afecciones nerviosas, Anemia, Falta de apetito, Cbrosis} Con valescencia,

-u
-u Depleuresías, Pulmonías, Tifo ó fiebre tifoidea Dabili&lt;lal cJn:3titucional, E:rnrófula, Flores bhncas, Gan-u grena senil, Enfermedades de la cintura, Neuralgías, etc., etc.
-u

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SAN LUCAS ESCRIBE SU EVANGELIO.
CUADRO DE GONZAL O ARGl\EI LE¡:,, - PRIMER PREMIO E N EL CONCURSO DE LA ESCUELA DE BELLAS ARTES.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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[L MUNDO ILUSTRADO

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LOS MEJORES ELEMENTOS DE LUCHA

AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 21.

CONTRA EL DOLOR YLA ENFERMEDAD

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u:
¿Cuáles son las dos armar, principales con que el hombre
puede combatir ventajosamente contra la mul~ltud de enemigos que le cercan y que se resuelven en dolor, enfermedad y
muerte? LA SANGRE Y LOS NERVIOS.
Una sangre pura y unos nervios sanos son la garantía más
segura de una larga vida. Con ellos, el organismo cumple nor•
malmente sus interesantes funciones :flslalógicas; el estómago,
10s intestinos, el bfgado, el cora2ón, los pulmones, etc., no es·
tán expuestos á sufrir las mil afecciones que padecen en las na-

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Gerente: LUf&amp; Rfl't&amp; &amp;PINNLA,

LIC. RAl'AU Rfl'f&amp; &amp;PINDOU,

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Subscripción mensnal forfloea , $1.50
ltlem l dem. en la capitH.l, ,, 1.25

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MÉXICO, NOVIEMBRE 23 DE 1902.

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turalezas débiles; se aleja de todo temor de esos terribles ms•
les cerebrales que matan ó agotan al individuo basta el extremo de convertirlo en idiota y en loco, y lo mismo el hombre
que la mujer, lo mismo el anciano que el nlfio, concurren con
alegría y con vigor al trabajo universal de la naturaleza en su
constant&amp; obra de reproducción de las especies.
También mata, es cierto; pero mata cebándose sobre todo
en los seres exr.enuados por el abuso, por la enfermedad ó por
la indiferencia, porque

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11

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11

LA INDIFERENCIA PARA CONSIGO MISMO

D

ES EL PEOR ENEMIGO DE LA VIDA i
El hombre que entregado al trabajo, ó después de abusos
femeniles ó de enfermedades agudas, siente decaer sus :fuerzas
la mujer que se siente debilitada por la siempre dulce pero á
veces peligrosa labor de la maternidad y la lactancia; la joven
que al mirarse en el espejo ve palidecer y amar1llear su antes
rosado cutis, y sufre jaquecas frecuentes y perturbaciones en su
menstruación; el nlffo cuyo crecimiento se efectúa diffollmen -

te y que camina á grandes pasos á la escrofulc,sli., al raquiLi - !
mo; todos en una palabra, los que pagan tributo al mal de la U
época llamado
!!_

'-'-ANEMIA"
y que son víctimas de sus múltiples y dolorosas manltestaclo- !!_
nes, recurran al uso del
u

VI.NO

DE SAN GERMAN
DEL DR. LATOUR BAUMETS
Preparado que por su composición, en la que figuran tóni1: une la de su sabor agradable, circunstancia que no hay en otroi.
cos, reconstituyentes y puri:flcantes tan poderc,sos como el
medicamentos cuya eficacia se ve casi siempre entorpecida por

ACEITE DE HÍGADO DE BACALAO, LA COCA,
LA KOLA, EL ICTHIOL
Y LA ESTRICNINA,
es la más recomendada para

Aliviar los Dolores, Purificar la sangre,
Vigorizar los nervios
y Robustecer el organismo.
A estas cualidades reconocidas por los eminentes médicJS
que ban hecho uso de él, apllcándoio en multitud de enfermos,

E:L VINO DE: SAN QERMAN,

la repugnancia que inspiran á las persona~ que deben tomarlo,i.
~e recomienda muy especialmente á todos aquellm1 padres
que nC&gt;ten que sus hijos están anémicc,s, que la1&gt; jóven1:1&gt; 1,e po-

u-

nen cloróticas y sufren padecimientos nervk,sos, cat,1 mos y
bronqulth1 frecuentes, trastornos inte&amp;tlna es, palpit!lclonts
de corazón, Insomnios, vértigos, dolores neurálgicos, etc., de-bidos á la pobreza de nutrición y á la deb111dad progresiva, resultado fatal de la taita de pureza y energ(a de la sangre y del
agotamiento del sis_tem,a nervioso.

U

!!.
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Entre los muchos males que cura radicalmente el

u

VINO DE SAN GERMAN,
su uso es de resultados eficaces en

Abcesos escrofulosos, Afecciones nerviosas, Anemia, Falta de apetito, Cbrosis} Con valescencia,

-u
-u Depleuresías, Pulmonías, Tifo ó fiebre tifoidea Dabili&lt;lal cJn:3titucional, E:rnrófula, Flores bhncas, Gan-u grena senil, Enfermedades de la cintura, Neuralgías, etc., etc.
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-u DE VENTA. en TODAS las DBOGUEBÍAS y BOTICAS
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SAN LUCAS ESCRIBE SU EVANGELIO.
CUADRO DE GONZAL O ARGl\EI LE¡:,, - PRIMER PREMIO E N EL CONCURSO DE LA ESCUELA DE BELLAS ARTES.

�EL MUNDO ILUSTRADO

La mala índole de la lengua inglesa.

EL ~lU~üO lLUSTH.\.DO
afior-:, y también y en cierto modo tal cual
resultado. Se llegó, en efecto, á una que otra
regla, tres ó cuatro todo lo mús, de este corte
sencillo y elegante: «La''ª" se pronuncia como la "gi, moldo-válaca cua11do va seguida de
,cz¡¡ y precedida de «th»¡ si la «z»
ú su Yez seguida de una letra labial 6 de cmi, la «a)) sonarú
como la "e,: persa abierta, á menos de que la
11th)) no esté precedida de diptongo, en cuyo raso la supradicha ccaii se pronuncia como ccb lapona.i,
El Eureka se imponía.; pero pronto se pudo
percibir que había que tener en cuenta, no sÓ•
lo el orden Y distribución de las letras en la
palabra pai:;1 pronunciar una de ellas, i-;ino que las letras de las palabras próximas ó
remotas ejercían decish·a influencia recíproca y se entremodificaban unm: á otrns en las formas más pintorescas y vnriadas. En eRtas condicionei::, para pronunciar el rubro había que
leer todo el capítulo, y no i::e podía articular
el principio de una obra sino hasta haber llegado al fin. Por eso tal ,·e:r, nadie ha leído en
inglés ni creo que nndie haya tmdut:ido á esa
lengua las obras de El Tosta&lt;lo.
Esta mala índole de la lengua ingle,:n rxplica ciertos chascanillos y maLi.s apreciacionl's de que ha sido objeto y &lt;le que tal vez no
es merecedora. l'na señora decía: «¡E~tos inglesei,! ....... Ri,criben ,,bread» y pron uneian
«brecl,,; ¿no sería más seneillo decir «pan»·n·íctor IIugo daba este sano consejo: para bien
pronunciar t.na palabra inglesa, lo mejor es
abstenerse de pronunciarla; y mi maestro de
inglés me decía hace aíior,:: «En ingléR, amiguito, euando na ustecl escrito «;-;alomóm,, lea
«Xalmcodonoson,, y esta1J10,: al otro latlo.,i Y
es probado.
Próximamente insistiremo,: sohre las dificultades ideológica¡: que ofrece al neófito la
lengua de l::lhakespeare y que no son menores
que las ele orden fonológico y ortogrúfico.

Las lenguas, como las personas, tienen su índole y de ella nos hnhlan á cada paRo .r á ella
se refieren sin cesar gramúticos y retóricos en
sns disc¡uisiciones.
Admitido c¡ue las lenguns tienen índole,
hurlga probar que ésta ha de ser buena ó maln,
y huelga aún mr.s demostrar que no hay peor
índole que la ele la lengua inglesa. La vieja
mús gruñona, el coronel mús ,ltrabiliario, el
solterón más misántropo son miel. dulzura,
expansión, accesibilidad, en comparnción de
esa sucesión de graznidos y de esa mezcolanza
de signos disparatados que constituyen el habla y la ei-;critura inglesa,;.
.\ las pruebas me remito: Es sabido que no
hny reglas de pronunciación ingler-a. Escrita
una palabra, 110 ha)· manera racional de presumir cómo ha de leerse, cómo ha de sonar.
Y la raz6n es ohYia: cae.la rncal puede sonar
como todas las ,·ocales y aun como muchas
consonantes, y éFtas, ú su Yez, i-;uenan las unas
como las otras indiferentemente. La «a,» que
entre pnri::ntei-;is se llanrn ccei)) ó co,:a parecida,
tiene personalmente eatoree manl'ras diferentes, a hiertas, cerradas, rn lreeennda.s y «á piedra y lodo," de r-:onar. l'.11 in~lés ilustrado y,
&lt;le más á mús, amigo mío, me confesaba ingenuamente y con rierto rubor, que ele eso;: catorce sonidos poi-;iblel', r-:u oído no logra ha discernir más e.le diez ni su boca imitar más de
siete, y ya me parecen rn uchos. Si á esto se
agrega r¡ue la ya citada «a» puede sonar como
«e.» t·omo «i," como «on y como «u" y tomar
tantos maticeR CO!llO ea,la. una ele ('Rtas últimas, matices tan uum('roso~ .r ,·ariados como
los dela misma"ª" múR aún i-i ca be,r-:e comprenderún sin ei-fuHzo las dulzurns y Jas facilidades de la lectura, pronunciación .v escntura
inglesar-:. ·Ténga.-,e en cuenta que nada, ni por
asomo, en la letra escrita, ni un acento, ni un
asterisco, ni un apóstrofo indica cuál es el
2J.r. )Y{, Flores.
tono, cu[¡l el sonido 11ue c01wiene darle en cada
caso.
Algunos filántropos, que por tales los reputo, deseosos de facilitar la lectma y la pronunciación, han inquirido con desvelos sin
cuento, si acaso sería posible. dentro de cierDEBE hacer winticinco ó treinta mios que
tas condiciones .v mediante las precauciones
asistí á una montería en el término ele IIorindispenr-:ahles, llegar, aun cuando fuera por
nachuelos, proYincia ele Có1·doba.
casualidad, ú establecer siquiera algunas, vaya
Parúbamos c•n la hermosa finen «La )lezdos, pongamos una regla aproximativa que de
quitilla, » pert¡,neciente hoy al excelente amilejos y ªt?nque con poca seguridad, pudi era
go Sebastián Heja1,o.
en casos &lt;lados guiar al neófito en el laberinto
Era el anfitrión D. Cristúl.&gt;al de Pina, homde la pronunciación y de la ortografía. En
bre anciano, rico, a legre, gmn cazador y muy
vano¡ todos los hilos de A riadna se han roto,
relacionado con magnates y hombres políticos
y cuando se ha llegado á algo, el remedio ha
de la corte. De los ocho com·idarlos, cuatro
resultado peor que la enfermedad. Para figurar
pertenecían ú los que dejan su nombre en la
los innumerables sonido8 de las letras, se ha
historia, y loi,: rei;tantes, entre los cuales me
recurrido ú la «j» y á la«g)) francesas; á la 1&lt;sch))
cuento, no pasábamos ele granujas ó soldados
y á la «ch" alemanas; Íl la «vi, y á la «11·)) rurasos.
sas; á la «Zll persa; á la «xi, asiria; á la «m» y
La comida era siempre al&gt;untlante y sabrola «ñi• china¡;; á la «Ri, y á la «t)) groe11landesa, pero sin refinamientoi:: gaFtronómicos. II uesas; se ha recurrido igualmente á las le;iguas
vos fritos, migas y chocolate para almorzar¡
muertas: á la omega griega, á todo el alfabeto
sopa, buena olla y dos principios para cower;
hebreo, á la notación sánscrita, y han quedado
vinos de Jerez y ele l\Iontil!a, coilac, calé,
aún algunos centenares de sonidos sin reprecigarros habanos en abundancia, camas limpísentación asignable. La invención del fonósimas y criados diligentes, completaban el alografo dió grandes esperanzas de poder trasmijamiento de D. Cristóbal.
tir al que aprende y á la posteridad los inconComo la categoría de los cazadores no se
tables y musicales zum birlos, chirridos, grazmide por sus títulos y honores mundanos, sino
nidos, 1·esoplidos, ronquidos de que consta tan
por su p ericia, nadie le di,-putaba la cabecera
armoniosa lengua; pero el fonógrafo es aún
á Cmro ,cPerdigones;» scguíale un General,
muy tósco y muy impreciso, y el ochenta por
Grande de España¡ Juego otrn señor de color
c!ento de lo que recihe se le queda en la bocma.
bilioso, y bajo de cuerpo, á quien el anfitrión
llamaba Juanito; después yo, y luego los cuaDe manera que en punto á sonidos fundatro compañeros restantes.
mentales, e~tamos atenidos al sistema prehisEn el primer ojeo, la misma tarde de la lletórico de la «viva YOZ» d el maestro, voz viva
gada á la finca, se cobraron seis piezas mayoque, en lo general, parece muerta, tanto así
res. Al regresar á la casa traíamm; barruntos
es lúgubre, siniestra, sepulcral é impenetrable.
de hambre, y se nos alegró el paladar con el
Otros, no menos filántropos que los a!lterico olor y vaho de una hem10sa sartén de
rionis, se han extnn-iado por distinto camino.
«sopas de ajo. i, Estaban riquísimas. Todos reHan creído que se podría encontrar algún vat.,etimos y las celebramos. menos J uanito, que
go bosquejo de regla ortográfica, buscando el
no p ermitió ni aun probarlas, por más elogios
sonido probable ó posible de cada letra no en
que del plato se le hicieron Y. por más instanella misma, que era lo que parecía n~tura1
cias con que lo &lt;1-fligió el bueno de D. Cristósino en el c.ortejo de las que le preceden y d~
bal.
1as que la siguen. Este ingenioso procedimien--¡Vaya por Dios! ...... -excla.maba éste co n
to clió mu chas esperanzas durante muchos
\"erdadera p ena. - Si hul.Jiera sanido que no te

'"ª

Sopas de .1fjo.

gusta han, no se huliie;-;c•n puesto. ¡Quién diría
que un mozo de tu t1&gt;111ple 110 come «sopas de
ajo!" ¡En fin, Yil'ir para Yer!
-Xu se apure \'111., D. Cristóbal: tomaré
de otra cosa; "º me moriré de hambre. Ya.
contaré el jw,tificado rnotirn de mi aborrecimiento á las sopas.
Se comió, se charló y se comentaron, con la
minuciosidad propia de cazadores, los lances
de aquelJa tnrtle. Cuando tomúbamos el café,
curioso yo del asunto de lns sopas, del que
quizá nadie ,;e ncortlabn, me atreví á decir:
-8i no es tema reserrnd0, ¿,querrú contn rnos Juanito la causa de su a,·en;ión al primer
plato de nuestra comida?
)Ii vecino de mef'a me dió un rodillazo de
los c1ue anuncian que se ha cometido alguna
inoportunidad. Xo pude comprender cuál fuese; y ni mismo ti empo que me tranquilizaba
con sus ojo:-, .Juanito, en medio del mayor silencio, y haciéndome un saludo ó signo afirmati 1·0 con la eabeza, dijo lo que sigue:
-Tendría \"O unos dieciocho años cuando
salí á cazar e11 el término de la ;\fosará. Había
mata&lt;lo un par &lt;le perdices, y me hallaba loco
de placer. Fatigado y hambriento, después de
cinco horas de ejercicio, di,·isé una 1n.,sía y
me encaminé ú rlla para de1-cansar. Cuando
llegué, se LalJaban apurando Ja sartén de sopas de ajo un hom ure como de cincuenta afios,
acompañndo de su mujer é hijo.
Después ele los mutuos saludos, dijo el hombre:
-¿Quiere comer el seiiorito?
El buen tufo del manjar, que en ac¡uella
ocasión me olió ú gloria, duplicó mi harnbre.
-Sí, seiior-respondí;-quiero eomer y pagar unas so¡x1s como esas que se hallan ui&lt;tedes agotando.
-Esto no es po,:acla ni bodegón- contestó
el hombre con rusticidad catalana;-aquí comerú, pero sin pa¡mr.
-:\Iuch11:; gracia~-repliqué.
La mujer y el hijo se marcharon á la l\Iuf'ará. El hombre limpió la sartén, arregló el
fuego y comenzó á migar pa11.
- ¿liahrá suficiente'?-me preguntó.
-Eche \'ni. m[u,.
Siguió mi hombre migando, v dijo:
- ¿Ba~tarú ya?
·
-Ponga. \'111. un poco más.
-Pero ...... ¿rn el señorito (t comer tanta
sopa'? ... .. .
-Sí, ,:eñor, y dobl¡:i; \'m. no sabe el hambre que )"O traigo.

-Bien. bien; no hablo por miseria, sino
para que no sobren y haya que tirarlas.
-Descuide \'m., que no r-:obrarún.
Aiient!·as R~ preparaba el banquete, me refino el t10 Jaime algo de su vida y milagros:
había andado al contrabando en sus mocedades, y por heridas ó muerte, ó cosa semejante
fué huú:ped del presidio ele Ceuta. En fin el
tal Jaime, según re,·claba en su conversación
con 01:gullosa ingenuidad, era una buena
prenda.
Cuando vi la mesa con un jarro de vino del
Priorato, m edio queso y la sartén rebosando
de olorosa y humeante sopa, m e entre"ué en
ella con el mismo gusto que Sancho Pa~za en
aquel salpicón y aquellaP manos de ternera
que, si mal no recuerdo, le sin-ieron en la ínsula.
Consumilla la cuarta parte de la sartén quedé satisfecho.
'
-¿Qué e:; eso-dijo el Tío Jaime -no le
saben bien?......
'
- Están mu." ricas, pero no tengo más gana.
- P.ues yo no he migado dos Yeces pan contra 1111 ,·oluntad para que las sopas se tiren:
el seíiorito me obligó á migar y yo le obligo á,
comer.

Y cogiendo mi escopeta, que dejé en la puerta de la masía, me apuntaba á cuatro pasos
de distancia.
Seguí comiendo, pero á las pocas cucharadas me fué imposible continuar.
- Tío Jaime, no puedo más...... .
- Pues de rodillas, y encomiéndese á Dios
si es cristi~no._. .. .. fero, en fin-añadió, -voy
á tener misen corcha...... Dos cucharadas solamente ... ... y quedamos en paz.

po:;ici(¡ 11 en que puede darse mud1a an.imación )' Yida á las figurai&lt;. Así lo ent1-m(1ero~
los jóvenes artii,:tas, quienes, con buena 111sp1racióri y gran celo, interpr_etaron perfc-:tamente el tema á que nos refenmo,a.
.
Cn&lt;\ vez preRentadas las obras. y conocido
el fall() de los sinoclalei-;, el ~r. Lic. D. Jrn,to
Sierra, ~u b~ecretario de lnl"trncción Pú l~li?a,
visitó la fü-cuela de Bellas Artes con el umco
fin de examinar las obrns que se pre;~ent.'lron
á este concurso. El Sr. Sierra, despu~~ de, un
atento examen ele Jo,. cuadrm;, marnfe~to su
complacencia y felicitó eariño~amente á los
autores
El l11ismo funcionario indicó la con:·eniencia
que habría en c¡ue los alumnos prem~ados fueran á_turopa ú continua~· y perfece1onar sus
estuchas artíRtico~, pues rndudahlemente que
allá, en el Viejo Continente, y a,l lado.ele los
buenos mae~tros, se desarrollaran meJor sus
faculttt&lt;les.

EL SR. MAGISTRADO DON EDUARDO IUIZ.

SAN LUCAS ESCRIBE SU EVANGELIO
(Cuadro de Ignacio A. Rosas)•

Tragué, sabe Dios cómo, aquellas terribles
cucharadas que me indultaban de la_ n:i?erte,
y en seguida el T!o Jaime InE_; a~lvirt10, ~on
toda la dulzura posible en un rnst1co catatm,
lo que signe:
.
1
·-Creo que el señorito no olvidará que ~
pan crece mucho en las sopas; l?ero el c~nse¡~
que yo deseo fijar en su memona, y poi cuy
motivo le he amenazado, es el de que nunca
abandone la escopeta en las puertas de casas
desconocidas. Tome su arma y pregunte en
la Musa.rá por el Tío Jaime ::\Iontagut. Deseo
quedar amiao del señorito, Y que .sepa p~r
otros que iü"'soy mal hombre ni he sido presidiario.
.
d
d' el l
Mohino y cariacontecido me espe 1 e
Tío Jaime, del cual supe en la ::\Ius.arn que era
h ombre bondadoso, excelente é rnca_pa~, del
e
matar m. á una pa1oma. Quiso
. , .y cons1"u10
º
mu taimado que yo lo considerase un perYerlo para m~jor intimidarm!l con su estupen~ bromL
Vean ustedes por qué aborrezco 1as ccsopas
de a·o i, por qué sé que el pan empl eado en
ell;sl drece mucho, y por qué no abandono las
armas cuando me hallo entre gentes desconocidas.
...... ····················· ············
,
1 inó el -!Uento &lt;le !uanito.
Luego se refirieron otros vanos de.m~s o
menos subido color, hasta que D. Cnstobal

-Pues perdonado¡ pero con su penitencia.
-)Iárquela Ym., s~~or Conde, y se cumplirá con exactitud militar.
.
y echándome su brazo por.}ª cm tura y
apretando cariíiosan1ente, anad1_o:
d.
- Pues la penitencia es que siempre me igas c,.Tuanito» y que siempre me hables de tú
por tú.
................................
···D~;p·t~f~i~·~q{{eÜos días de_ caza no se presentó ocasión de seguir cumpliendo el pa_c~,
or ue nunca más Yolví á ver al desventura o
p v~liente General. Transcurridos muchos
rños ( e n el pasado de 1890), estuve otra v~z
en «La ~Iezquitilla,i, donde el_ generoso
tián Rejano obsequ_ia y agasap téanllíesp b ~ ii
damente ií, sus amigos, y recor? .ª so ~e e
terreno el origen e.le mi conoc1mieuto y i.elaC1ones con el célebre Marqués de los C:istille.
¡os,
que fué de la manera y con las c1rcunstancias que acabo de contar.
EL DOCTOR THEBUSSE:.lf.

~éb~~-

CONCURSq DE PINTURA.
CUADROS PREMIADOS.

···~~~·~~¡~·~~~:~

dijo:
,
¡· •o que
-·Senores, cada mochue1o a su o n: '
hay que madrugar.
.................
:~~~·~{~·;~·~
~sa,
~ i vecino _(el del
1
1
rodillaz~) me dijo que su anso eDra CP~.r tJ;1t
.
el dueño de la casa, . ns o a'
muy en los trotes de la finura; que
debi6 haberme presentado, poi:que ......
-Pero ...... ¿quién es duamton? 1
·¡El
. 1....... •D.
Juan Pnm ...... .
- ¡H om b 1e
,
Conde de Reus!. ••· · ·
l ·'
Sor rendido yo con semejant e re:'e ac10n,
p. , ,á él roaándole
que me excusase y
me d 1ng1
.,,
P erdonase.
d'" 1
eral
-·Perdón de qué? ...... - 1J.0 ~ get1
·
-~eñor Conde, de la famihar1da&lt;l c?n que
1
• ,. de llau1arle ((Juamtoi&gt; en
h e trat a d o ,ir vu,
vez de ,,Conden ó ,,General. n

···¡~·~·~·~:.~

~~t~~~~e

Con l'er&lt;ladem pena se recibió en la ~apital
la noticia del fallecimiento del Sr. )[a¡r1i-trado
á la Sup~·ema Corte de J.usticia d~ la Xación,
D. Edt1ardo Ruiz, acaecido en Druapan hace poc&gt;os días.
El 81•. )[agistrado Ruiz nació en 'G:nap~n
en 1830, y tras una b1}!lan,te carre:a hterana
en el 0o]egio de San ¡'\1colas de Hidalgo, en
~Iorelia, obtuvo el título ele abogado ~n 1862.
La efervesl!encia política en que ¡.:e ag~taba entonces el país, lo empujó á la r~voluc1ón_, y al
lado del inolvidable General Riva Palac10, luchó en defensa de la causa nacional.
Fué, más tarde, sucesivamente, Dipntado á
la Legislatura de )Iichoacún, al Congreso de
la Unión, y Procurador General de la Suprema
Corte hasta el año de 18!)8, en que se reorganizó e$te Alto Cuerpo, suprimi.é~dos~ la Pr?cnradllría para e'3tnblecer el )Iurn:teno Público Federal. Poco despuéi', el Sr. Ruiz fué electo :Hagistra&lt;lo, ci:rgo honro~ísimo que desem-

Sr. Magistrado D. Eduardo Ruiz.

C . u liendo con las disposiciones reglamentf . ~~
la Escuela Nacional de Bellas Arte~,

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s;r~,tfe~tauae;no1~0~ª~~1~ºiZ~ d!~~~:o~~n;~~·;is
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t dios aralumnos que han tenmna o su_~ e~/ el~ los
tísticos. Tres fueron los concuu en s,
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cua es merecido
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·, d e todo el probiendo
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fesorado de la Escuela. ..
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ien obEl ¡·oyen Gonzalo Arguelles u e qul
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. , I o-nacio A Rosas e ccacc st~1vo el prem\°' e d~ los dos. artistas aparecen
s1t. J&gt; Los cun.t ros
· .·
nuestros lectores
hoy en nuestro semana11_0 ,)'.
. del mépodrán formarse exacto JlllC~o. acerca
rito y belleza de las composiciones.
. el
E l asunto que se dió á los al~rn~os par~
. 11
n la tela fué el s1gmente: ,,S1:n
d
esa1ro o e
' li
· t·d orla vuLucas escribe su evange ~ asis i o .P
aún
gen María, madre de Jesus, de qmen, se.,mla tradición, hizo el retrato/ Como se co prende, el asunto ,:e presta a una buena com

peñaba últimamente. En la Escuela Nacional
de J urispru&lt;lencia servía la clase de Derecho
Constitucional en la que se tiene hasta hoy
como texto m;a obra escrita por ~l, y muy
elogia&lt;la.
.
Por lo demás, el Sr. ~Iagisti:ado Rmz fué
un liberal de convicción y un literato que enriqueció las letras nacionales con leyendas Y
trabajos históricos muy importantes. Nuestro
semanario lo contó siempre entre ,:us colaboradores mús distinguidos.

�Domingo 23 de Noviembre de 1902.

EL :MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

;..

Domingo ~3 de Noviembre de 1902.

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ULTDIO RETRATO.

•

•

La puerta giró lentamente sob:·e sus goznes.
Por una de las ventanas de la cúpula, que
estaba entreabierta, penetraba un rayo &lt;le luna y se deslizaba entre las naves iluminan&lt;lo
con su pálido reflejo los gruesos pilares, que
se perdían en la sombra de las bóvedas; y en
el fondo, detrás de las rejas cerradas, un poco
elevado, blanquísimo, se veía el altar &lt;leslumbrante y tranquilo, co11 sus dos grandes candelabros de plata.
En la iglesia adormecida, el aire dulce estaba impregnado de un aroma de incienso y
de rosas; un infinito silencio vagaba en este
divino reposo, y los dos hombres se detuvieron.
En tanto que el más pequeño cerraba la
puerta sin ruido, el mayor tomó su fieltro entre los dedos, extendió la mano como para buscar la pila de agua bendita, pero su brazo permaneció inmóvil. Por un instante olvidó que
había entrado allí para robar, y el perfume de
las cosas santas acababa de despertar en su alma los recuerdos lejanos del tiempo en que,
siendo un adolescente, ayudaba en la misa
al cura de la aldea, é hincaba la rodilla delante de las imágenes sagrn.das.
Arriba de su cabeza sonó el martillo de un
reloj, dejan&lt;lo caer de lo alto de las bóvedas
sus notas graves y como dolientes. En ondas
solemnes, flotó el ruido algunos instantes.
después se extinguió ..... .... y volvió á reinar
el silencio. El la&lt;lrón sintió que lo asaltaba
una inquietud, m1 pavor que no tenía razón
de ser; dióse á sí mismo un poco de valor, i,e
encasquetó su fieltro y abrió su enorme navaja, esperan&lt;lo.
-Pardiez! dijo d otro en tono de mofa
has tennina,lo tu oración? ......... Vamos!. .... '.
vienes ó no?
Bajo las vitrinas páli&lt;las, el resplandor de
la luna hacía chispear el oro de los relieves y
de los frisos.
Por fin, el mayor sacudió su estupor, y
marcharon los dos entre los oratorios y los
pfüpitos, deteniéndose algunos segundos detrás de los pilares y los confesionarios, fijos
los ojos en el altar, que cintilaba con sus joyas.
En sus cabezas criminales, la visión de todas
estas riquezas pasaba rápida, alentadora.
Ya cerca de una capilla lateral, el grande se
puso á temblar.
--Por d6nde comenzamos? qijo el menor ...
Primero la arquilla; veremos el rei;to si hay
tiempo. Tú está en acecho, mieutras que yo
tuerzo la cerradura.
Volvieroh hacia la izquierda y entraron en
la nave de en medio.
Bruscamente pasó una nube en el cielo. La
obscuridad envolvió todas aquellas cosas, ahogando en una sombra compacta las esculturas

y el altar........ Solamente una veladora que
pendía de una cadenilla sutil, liería las tinieblas con su flama, pero era tan fina la cadenilla y venía de tan alto, que este resplan&lt;lor
tenía el aspecto de una estrella empaíiada en
la bruma melancólica.
El mayor tembló y dijo á su compañero:
-Has visto?
-Qué hay!
-La luna se ha oculta&lt;lo ..... .
-Y eso qué?... encenderemos cerillos. No
has trnído?
-No.
-Tanto peor!; pero, en fin, eso no vale nada.
Ya he visto dón&lt;le está ...... Tú espera.
Dió dos ó tres pasos y se detuvo. Un ruido
metálico interrumpió el silencio y la voz burlona exclamó :
'
-Aquí está la caja. Tú, alerta!
Pasó un minuto durante el cual se oía un
sonido metálico.
-No hay L1edio de abrir esto con las llaves. Pásame el cincel y el martillo.
Al oír goipear el fierro, el mayor se sintió
de nue\'o presa de un gran terror. Inútilment~,_ para apar~ar su obsesión, evocaba sus raprnas á la orilla &lt;lel bosque los transeuntes
que había medio estrangul~do en la noche
en el extremo de las calles solitarias: la igle~
si~, fría é inm.ensa, le helaba de espanto. Su
m11·ada, hundida en las tinieblas distinguía
formas extra~as, el silencio se poblaba de voce~, ,Y repentmamente, al levantar sus ojos,
~~ro al resplandor de. la veladora crepitante,
v!o un rostro descolondo, flaco, inclinado hacia él, y qu.~ lo. ron.templaba fijamente, con
una expres10n mfimtamente dolorosa y triste.
Pas6 el revés de su mano por su frente sudorosa, cerró los párpados y dijo con voz casi ahogada á su cómplice:
-Acaba pronto.
:-Espera, contestó el otro; tú tienes mucha
pnsa?
Abrió los ojos esperando que la pesadilla
se hubiese desvanecido; el rostro descolorido seguía en el mismo
sitio.
Entonces pensó para si:-Esto no es posible.... yo estoy loco!
Pero la aparición se
dibujaba más netamente. Veia su cuerpo blanco, las costillas que sobresalían
bajo las carnes enflaquecidas, y sus largos
brazos extendidos que
parecían llamarlo.

•

Recordó entonces que, siendo muy niño
cuando tenía miedo por Ja nocho, para ahu~
yentar á los espíritus malignos, recitaba alguna oración. Pero desde cuánto tiempo bacía
que las frases santas habían escapado de su
memQria? Además, no era el demonio el que
surgía delante de él; era el Otro con su semblunte de sufrimiento; el Otrd que llora lo
mismo po~ los malos que por los buenos; Aquel
cuyas lá~nmas de sangre habían corrido por
los mártires y por los ladrones crucificados!. ..
Y la aparición se puso á hablar suplicante:
-Vete ...... Vete ...... Yo te perdono ........ .
Con acento ele rabia, el menor murmuró entre dientes:
- Tanto peor! Tomaré el martillo!
Entonces quiso gritar: t1Xo!. ...... No!. ..... .
No hagas eso!i, Pero su voz se ahogaba en su
garganta.
Sonó u~ ruido profundo como un ataúd
que se cierra. Con todas st;s fuerzas el ladrón
palanqueaba sobre las cerraduras ..... .
La aparici6n palideció todavía más, se inc!inó, y sobre el pecho descarna&lt;lo, que parecm elevarse por las sacudidas se entreabrió
una llaga sangrienta.
'
El homhre juntó las manos implorando:

--

--

-

- .----&lt;___

-........

~
~ 1
r :1p ·

�EL lffiNDO JT,TT~TRAno

Domingo 23 de Noviembre de 1902.

ET, MUNDO ILUSTRADO

é'

-Dios mío, perdón!... . ... . Piedad, Dios
mío!. ...... .
El otro dejó su martillo, tomó la arquilla y
se puso á sacudirla furiosamente, tratando de
arrancarla.
Entonces la divina cara se inclinó, dej6 caer
los brazos descoloridos haciendo ver en las
manos las anchas cicatrices. Todo su cuerpo
se plegó y la herida del costado izquierdo pareci6 ponerse más roja, ...
-Detente! Ahí está, delante de mí, mirándome!. ... .. .. .
El otro seguía forcejeando. l\Iovida por un
brazo invisible, la veladora oscilaba, paseando
sobre las bóvedas fantásticas sombras, y, súbitamente, el mayor sintió caer sobre sufrente una eubstancia viscosa y tibia y oyó el ruido sordo de un objeto seco que se rompió.
Anonadado, gritó:
- Sangre! Ha caído su sangre sobre mí!
En ese mismo momento se arrojó sobre su
cómplice, arrancándolo de la arquilla á la cual
se afen-aba; lo tomó por el cuello con sus dos
manos y golpeó su cabeza contra el suelo hasta dejarlo exánime, llamánnolo:
«Asesino! Asesino!.. .....Judas!. ..... »
Al día siguiente, las persohas que primero
entraron en la iglesia, se encontraron dos hombres sobre las ba.ldosas: uno muerto, con el
rostro hinchado; el otro, &lt;le rodillas, golpeándose el pecho y murmurando ininteligibles
oraciones.
Sus cabellos estaban pegados á su frente
por un barniz espeso y grasoso, que escurría
por su barba enmarañada.
La gran cruz de madera ennegrecida de la

arquilla, estaba casi arrancada del suelo; y el
crucifijo, con los brazos abiertos y la cabeza
baja, parecía, entre sus párpados medio cerrados, mirar tristemente á los dos ladrones que
estaban á sus pies.
i\1AURICE LEVEL.

POEMAS DE COLOR.
CANCION DE LA MISERIA.

Soy carne fuerte por el sol tostada,
carne de pueblo en el taller vencida;
si por todos los yugos oprimida,
de todos los cansancios fatigada.
Llevo ante el mundo la cerviz doblada
por un negro atavismo de la vida,
cual pobre bestia con sudor ungida
sobre el árido campo maltratada.
Yo soy la rebelión, soy la Miseria,
soy la fecunda y vigorosa arteria
que huye de las sociales podredumbres.
Yo soy la apocalíptica campana
que pregona las misas del Maíiana
colgada como un Sol entre dos cumbres!
CANCIÓN DEL BRONCE.

Como el carbón-diama~e, que reclama
primoroso cincel para el bruñido
y que luego, en brillante convertido
sus estelas de prismas desparrama, '

~ota saliente de la crónica ne las últimas
semanas fué, sin duda, la celebración de los
Juegos Florales organizados por los alumnos
del Colegio del Estado de Puebla, para conmemorar el aniversario de la Independencia
de México.
De los cinco temas sacados á concurso, sólo
uno, el segundo, se declaró desierto: en el primero, premiado con la flor natural, obtuvo e1
.triunfo el Sr. Lic. Miguel Bolaños Cacho,'ac.

Soy simbólico heraldo en los torneos,
corona en los sorn brío¡¡ mausoleos
y esquilón en el templo de los fieles.
Soy la memoria de las grandes vidas,
el canto de las razas extinguida!',
la petrificación de los laureles.
LoPEZ DE MATURANA.

CLARO DE LUNA.

Sobre la línea undosa de la sierra
su arco de rosicler alza la lu nn;
recorren chispas F&lt;Úbitas la tierra,
y pliegues luminosos la laguna.
Entre la espPsa hierba verdeoscura
se ve á trechos brillar agua tranquila·
y sobre un mar inmóvil de verdura '
blanco velo de luz pende y oscila.
EXRIQUE .fo,;~; VARONA

Reverso de la medalla ofrecida por
la Colonia Española.

l.

,M

So. tema.-Premio ofrecido por la Colonia
Francesa.

•

Con rumor cadencioso la floresta
arrulla el sueño de la vega en calma;
quiebra sus hojas el banano; enhiesta
su penacho real yergue la palma.

roen Blumenkron. La Corte de Amor fué formada por las señoritas Jacoba Olea, Josefina
Bret6n, Josefina. G6rnez Daza, Josefina Ala.triste, Ana María Isunza, Josefina Traslosheros, Ana Ortiz Borbolla, Julia Revilla, Carmen Haro, Sara Díaz Cevallos, Amalia Ilevia,
Concepción Sánchez Gavito, Elisa Rivera, Enriqueta Contreras, Delfina Pérez Salazar, Dolores !barra, Gertrudis Diego y Guadalupe
Almendaro.

4o. tema.-Medalla ofre&lt;:ida por la Colonia
Española.

i.ual Gobernador de Oaxaca; en el tercero, el
Sr. Lic. Victoriano Salado Alvarez; en el cuarto, el Lic. D. Leonardo S. Viramontes, y en
el quinto el Lic. D. Atenedoro Monroy. El
Jurado Calificador, compuesto por los Sres.
Lic. Felipe T. Contreras, J. Manuel Lobato
y Dr. Rafael Serrano, otorgó, además, c,accésitsn y menciones íi otros escritores concurrentes á los Juegos.
La fiesta se verificó en el Teatro Guerrero,
:ante una selecta y numerosísima concurrencia, eligiéndose por el Presidente del Jurado
reina del Torneo, Íl. la distinguida señorita Car-

Así, noble en estirpe, mi oriflama.
de dos metales á la unión surgido,
glorioso y fuerte, destinado ha siclo
para el sonante ~;unque de la fama.

El mantenedor de los Juegos, Sr. Lic. Ernesto Solís, pronunció un bellísimo discurso
que fué aplaudido con entusiasmo por la con:
currencia.
Eu el presente número publicamos fotografías de la Reina y de las señoritas que formaron la Corte de Amor, así como de los principales autores premiados, del Mantenedor de
los Juegos y de los miembros del Jurado Calificador. La medalla ofrecida por la Colonia
Española residente en Puebla, para el vencedor en el cuarto tema del Concurso, es una
valiosa obra de arte.

•

•

Domingo 23

ae Noviembre de 1902.

�Domingo 23 de Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

DoJ11·nrro 21 &lt;le Noviembl'e d 1902.
0

�Domingo 23 de Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL UUNDO ILUSTRADO

~ ·· ..M.'Y.

?~
/

-~,

Rscuela de enfermeras.
C0111POSICIÓN PREMIADA CON LA FLOR NATURAL.
EN LOS JUEGOS FLORALF.S.

r

Por mansiones reales y palacios
Ronda Morfeo, transformado en hombre;
lcelón, hecho ave ó fiera sierpe,
Vuela ó se arrastra. Mientras cauteloso,
Tornado en árbol ó en oculta roca
Vela Fantaso e! sueño de los grandes,
Los otros dioses de los sueños viven
En torno de las míseras cabañas ..... .

..

* ..

'

Domingo 23 de Noviembre de 1902.

¿De dónde vienen? ¿.Hacia dónde huyen
En innúmera. serie cual arbustos
De prolíficos campos, como el polen
De gigantescos bosques seculares,
O como arenas de la. playa. Egea?
Vienen de las cavernas invisibles
Que cerca de Cime1·ios y en la falda
De un monte sin verdor, abren sus fauces.
¡Templo y mansión del sueño!:
Allí es la. vida sempiterna. noche;
Jamás el sol con su mirada ardiente
Pudo allí penetra1•, ni el gallo altivo
Con sus arpegios de tenor anuncia
Que abre el Oriente la. divina Eos
Y Ilelios viene en su cuádriga. de oro;
Ni el vigilante ca.o dió alebresta.do
Como toque de alarma su ladrido;
Ni el ánsar pudo, con oído grácil,
Un clamor escuchar. Todo reposa
La vida de la. sombra. y de la. inercia;
Y si en el fondo el a.gua det Leteo
Corre sobre su lecho de guijarros,
Tan sólo a.duerme con rumor monótono.
En el soberbio lecho se reclina.
El a.lt-0 dios, entre mullidas plumas
Y sobre el terso ébano que opaca
Una sombría clámide,
:Mientras en impensa.das actitudes
De estáticos placeres,
Cien inmóviles dioses le rodea.u.
¡Triste y dulce mansión! .... sólo en los huecos
De la eriza.da. c1·átera.,
Crecen a.dormideras, y amapolas
Y plantas cabalísticas de donde
La noche toma, en el silencio augusto,
Los jugo,. misteriosos y letárgicos
Que esparce Juego por la tierra inerte,
Y da el placer unive1·sal: el sueño .. . .. .

......

Duerme sob1·e el regazo
De la. madre feliz el bello infante,
Y su blancura. virginal imita.
No la.va.do vellón ni fresco lino,
Sino anima.da. nieve
C-Omo capelo de encendida. lámpara;
Su corazón ignora. lo que esconde
'l'ra.s el amor la juventud voluble;
No ha. sentido el ardor del pensamiento
Ni pueoe conocer, desde la. cuna.,
Lo que habrán de ignorar sabios y estultos;
Es ama.do, no ama, vi ve y ct•ece
A expensas de otro ser-único sa.nto.¡Ah, no le despertéis! .... si despertara.
Del sueño de su edad, sólo os da.ría

Su justa maldición! ¡Dejad que duerma
En el regazo tibio
De la. mad1·e feliz, el bello infante! ..... .

***
Duerme el ardiente joven
El sueño de sus veinte primaveras·
¡Todo es color de sol: las esperan~as
La. fe, el amor, la. dignidad, la. ¡¡-lori~!
Allá divisa en la. extensión sin término
La.s lides del valor, la g1·itería.
Tumultuosa a.l diapasón del triunfo:
El verbo huma.no derramando ingente
Fulgor en Ja.s compactas multitudes
Y tras su luz--rnatrona incorruptible
De sombra. hospedadora- la Justicia.
Allá mira el amor llevado al colmo
Del silente y eterno sacrificio;
La mujet· como lágrima celeste
Uristalizada en ideal co1·ona,

Lic. Miguel Bolaños Cacho.

Límpida fuente de inmo1·tal consuelo:
Ya. es la blanca Eloísa, ya Julieta
Colgando ansiosa la flota.nt~ esca.) a·
Ya, _Prodig~ndo cánticos y flores, '
Ofeha en nimbo de perenne angustia. ....
No conoce el dolor, ni la. falsía
De un amor que hacen perecer bien pronto
En sus.ondas letales, el olvido,
_1
Y el c1·1men 1 en sus redes invisibles ....
¡Oh! deja.die que duerma
Joven feliz su prima.vera ardiente .... !

***
Duerme poco el anciano, mas el sueño
Reparador de su organismo, calma.
La pálida visión de sus memorias.
No ve surgir-como antes
en su potente juventud solíaLa mujer hecha fuente de placeres·
La amistad vuelta. mistel'ioso ha.l¡go
De personal provecho;
La Religión, sibila aparatosa

De contorsiones místicas, y ocultas
Garras para sangrar; la virtud frágil,
O esclavizada al formidable vínculo
De apetit-0s sin té1·mino; 1a Patria.,
Objeto y blanco de profa.nos ímpetus
De medro y de poder, no cull.l debiera.
La santa. patria., culto de sus hijos:
La gloria. coronando
No la causa mejor ni el mejor triunfo,
Sino el éxito audaz, que preconizan
Con c1·uces y medallas,
Pechos cobardes, corazones débiles,
Ajenos al valor y al heroísmo;
El pueblo, pobre carne de cañones,
Viviente combustible de tabernas,
Hecho á mirar el suelo bajo el fardo
De su propio dolor y vilipendio
O de la ajena. perversión bursátil;
Y en honda. tempestad .... la.s ilusiones:
Parvada de palomas que no th,ne
En alta mar donde plegar las alas .... !
¡Ah! dejadle que sueñe
Al través del cerebro empobrecido,
Un &lt;más allá&gt; de vida perdurable
Tal como le soñó la fantasía.:
Brindando goces ó infligiendo penas!
¡Dejad que el sueño borre del anciano
La pálida visión de sus memorias .... !

..

**
Duerme sólo el cadáver
El sueño perdurable de la tierra;
En el crisol del cráneo obscurecido
En donde un tiempo germinó la. vida
En santa. lloración de pensamientos,
Un enjambre vivi,:mte de gusanos,
Como un pueblo de ilotas,
En hervidero pútrido se mueve;
De las cuencas vacías
Surge, como mirada. del abismo,
Una expresión sin luz y sin idea·
Del frontal descubierto
'
Un mechón de cabellos se desprende
Como vegetación de los sepulcros;
Et corazón, que palpitó gozoso
O doliente tal vez, pero con alma,
Hoy es infecta víscera
Como un embrión de hiel y pod1·edumbre;
La boca. huma.na. que alentara. el verbo
Ríe enseñando un maxilar deforme
'
Con una. horrible mueca de vestiglo ...•••
Y a.sí duerme el cadáver
-Con la insensible muerte de la vida.La. vida. fecundante de los otros:
Desde el mic1·obio vil de sus entrañas,
Hasta la. flor que en el altar perfuma·
Desde la mariposa--flor vi viente - '
Has.ta. el hocnbre-¡ la. humana mariposa.!
¡DeJa.dle, pues, dormir!.. ¡qué gi-ito ho1·rendo
De espa..itosa verdad no lanzaría
Al despertar y ve1·se carcomido
Como despojo de it-risoria bestia!
Al ver su cuerpo, antro de o-usa.nos
Y su divino espíritu,
"'
'
Inconsútil esenllia evaporada
Como una gota de éte1· impalpable!
¡Y qué pena infernal, visión horrible
Si el cadáver, viviente levantándose '
Con su co1·te de larvas y de harapos
Llegara. hasta el lugar donde los suyos
Quizás en el delirio de la fiesta.
O del olvido en la egoísta ca.lm~
~,o~•iríao de esp~nto al contempl~rle!
1Ir1ste resurrección ...• dejad que vi va
El cadáver tranquilo,
El sueño pe1·dura.ble de la tierra .... !

EL JURADO CALIFICADOR.

Dr. Rafael Serrano.

Lic. Felipe T. Contrera~, Presidente.

Lic. Ernesto Solla, Mantenedor.

El cielo como un ojo de los orbes
'Cierra. su inmenso párpado y oculta
Su pupila de oro: el sol de ocaso;
'Sólo el fulgor fosfórico
Del cocuyo que corta las tinieblas
Como una chispa vívida
De intermitente luz; sólo el chirrido
Del grillo bajo el hueco de los surcos,
Suelen romper la obscuridad y el hondo
Silencio de la noche taciturna.
Al beso de las sombras
La flor se aduerme recogida. y quieta
Para morir acaso con el día;
El arroyuelo cristalino gime
Con su mm·mullo triste y sempiterno,
sin que la luz alumbre
Los invisibles genios de las aguas
Que en el silencio de la noche mo1·an;
El aire fresco mueve resonante
Los maizales tupidos, de hojas verdes,
Con sus mazorcas de rizadas crenchas;
Y en el rama.je oculto
El ruiseilor-el músico sonámbuloComo un eco de Pan lanza. sus notas;
La potente metrópoli desea.osa.
De su drurna. y loca algarabía.;
No resuenan sus calles
Al fogoso tl"'otar de los corceles,
Ni al sonoro roda1· de los carruajes
Ni al grito clamoroso de las máquinas .....•
Todo es silencio y paz; Nat.m·a. duerme
El sueño de los seres y las cosas,
El sueño universal. ... Duerme Na.tora.•••

Sr. Agustín Cruz CeliE, Presidente
de la Junta Organizadora.

rra; toda sonrisa encierra una lágrima; y entre
los lirios marmóreos y las rosa&lt;s escarlatas crecen los asfodelo,-, de la muerte. Lo mejor es
morir joven, llevando de la vida una id~a ilusoria, algo así como üna melodía.
-Sin embargo, nosotros somos jóvenes y
ya sentimos ~obre nuestros espíritus el peso de
una lápida fúnebre ...... No sé cuándo debiéramos haber muerto.
Ella guardó silencio.

Las deficiencias que se observaban en los hospitales con respecto al servicio de enfermeras
aptas, hicieron concebir la idea de fundar una
Escuela práctica en que puedan recibir la competente instrucción las eefioras y señoritas que
se dediquen fL la asistencia de los pacientes.
Con este objeto se trajo de los Estados Unidos una hábil maestra, y la Escuela quedó establecida en el Hospital de Maternidád.
Las alumnas visten de uniformt&gt;,de acuerdo
con los mejores modelos que han sido presentados á las Convenciones sanitarias, y han alcanzado ya, como se vió en los últimos exámenes, notables progresos en la enseñanza.
Además, y para quP. las señoras pobres puedan
dediearse á la enfermería, las alumnas reciben una gratificación mensual.
Las futuras enfermeras irán á servir, concluído su aprendizaje, al Hospital General
que se está construyendo.
-Es de almas grandes rechazar las "injurias&gt;&gt; con beneficios.
-Las "injurias» son las razones de los que
carecen de ellas.

.,.

MIGUEL BOLAROS CACHO.

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BAJO EL CIELO INMUTABLE.
En la tarde amarillenta, bajo el cielo inmutable, sintieron caer sobre sus espíritus frater·
&lt;nales una sombra mortuoria.
-¡Cuán lentos pasan los años! -exclamó él.
,¡C6mo han envejecido nuestros sueños!.. ..... .
-Siento mi alma llena de remotas memorias de
antiguas imágenes. Una dulce nostalgia des•ciende sobre mí, haciéndome sentir la angustia de las cosas lejanas, de las cosas perdidas
para siempre. A veces el recuerdo se clava
-como un áspid sobre mi corazón y prende una
nueva tiniebla en la noche de mi tedio pro·
undo.
-Sí-dijo ella con melancolía;-los años
pasan lentamente. Nuestros sueños son perfumes, que, una vez extinguidos, no pueden
irenacer. Todo es triste y amargo sobre la tie-

Grupo de enfermeras.

Y ae quedó mirando, con una tristeza. que
no era de este mundo, la línea gris del hori•
zonte ...... las nubes que pasaban ú lo lejos... .
FROILÁX TURCIJ:'.

Si uno se contentase con ser feliz, pronto lo
sería: pero uno quiere ser más dichoso que
los demás; y esto es casi siempre difícil, porque nosotros creemos á los d€rnás más dichosos de lo que son en realidac'!:
-Todo el mundo se queja de la memoria y
nadie se queja de su raciocinio.
-La 11hurla» es, entre toda.'l las injurias, la
que menos se perdona.
-

Sr. J. Manuel Lobato.

-La "injuria)) que se desprecia se des,·anece por sí misma; si uno la recibe, le da valor.
-No cont&amp;is vuestras dichas á un hombre
que sea desgraciado ó menos dichoso que voe.
-Cuando uno sueña y calla, existe más
profundamente que cuando habla y obra.
-La palabra es grande y bella, pero má.~
gmnde aún y máe oello es el Silencio, rey del
ensueño.
- Dios también
ensayó el hacer dos
obras de distinto gé•
nero; su prosa, el
hombre; su poesía,
la mujer.
- El libro del
tiempo es tan stunamente grande, que
no nos cabe más
que una página de
él en la cabeza.
-Cuando el corazón experimenta
sinceramente un
amor profundo,
siente a I m is m o
tiempo una languidez, una fntiga que
le hacen apetecer la
muerte.
DE LA TIERRA TAPATIA

Lic. Victoriano Salado Aivarez.

Lic. Leonardo S. Viramontes.

Srlta. Josefina MArtlnez

•

�nomingo 23 de Noviembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL ~I UNDO ILUS'rRADO

Domingo 23 de Noviembre de 190:2.

Que llestle allí arriba
Parecía risible y grotesco,
En pocos instantes,
De borrones llenaron un pliego.

Los temblores en Quezaltenango

Pensando, pensando,
Al mirar aquello,
Inundaba el alma
Un torrente de sano desprecio,
Que envolvía las cien figurillns
De los vivos que en torno del muerto
l:le agrupaban, unos por la imbécil
Y brutal seducción de lo horrendo,
Y los otros, «los hombres obscuros,»
l'or ganar cuatro viles dineros ...

Por ser de oportunidad, damos

La prrrn;a de informaeiGn 11:1
hablado ya de los terribles temblores que de un año á esta parte
se han registrado en Quezaltena11go, una de las ci uda eles más importantes de la República de Guatemala, y de los perjuicios camaclos por ellos, tanto en la población como en sus contorno!'.
En abril, Qunaltenango fué casi destruido por los terremotos:
las fincas principnles que no se
derrumbaron, sufricron avería?
muy considerablee, y hubo familias que perdieron con la deFtrucción inesperada &lt;le sus edificioR,
toda su fortunn. Confindos, sin
duda, los moradores &lt;le la población, en qne no se regist.raría otra
catástrofe semejante, comenzaron
á reedificar sus casas; pP-ro los tembiores no tnrdnror. en repetirsr, ,v
en el mes de septiembre la ciudad fué \'Íctima &lt;le nueYos sa,:udimientus, que produjeron un pánico indescriptible. Las pérdidas
nuevamente registradns fueron
muy grande¡.:,

á conocer en esta1s ¡,áginas unas
vistas de los principales edificios
destruí dos por los temblores de
abril.

Pensamientos.
La perseverancia ha alcanzado
triunfos increíbles. Una persona
de muy pocos alcances puede llegar con la con1stancia adonde no
llega el más luminoso y elevado
talento; y es que, por lo regular,
al gran talento va unida la carencia ~e perseverancia y de fe.

Y lo único grande,
Lo único serio
Que inspiraba en aquel cuadro vivo
Piedad y respeto,
Era la terrosa
Figura del muerto,
.\.rrojado en mitad de la arena,
Vestido de ovas,
~lanchado de cieno.

No hay nada más perjudicial
á una verdad nueya, que un errorviejo.
Es imposible llevar nada en la
vida con un rigor extremado, por~
que es impo,:ible que los que nos
rodean lleguen á la perfección
que nosotros mismos no podemos
alcanzar.

.

",.

Con ef:tos nntecedentes, fácil es
suponer la alarma que con motivo de las n cientes rupciones del
Santa l\laría reina en el país vecino, y el riesgo que de ser totalmente destrnído corre Quezaltena11go.
Edificio del Banco de Guatemala en Quezaltenango.

Nadie nace perfecto: el carácter tiene sus alternativas, com0las tiene el ccraz6n, como eT mar
tiene sus mareas, como el cielo
sus nubes; toda persona que siente mucho, es desigual, porque.Ja.
variedad de sus imp res10nes serefleja en el exte ..1or, si no tiene
gran dominio sobre sí misma.

F.

El amor, como la oración y la poesía, es el
imán que atrae al sentimiento.

UN AHOGADO

Que, acercándose al pobre anegado,
Le miraron, palparon, volvieron
Y, con mucha pausa
Y ademún reposado y severo,

***

La avaricia del amor es el constante afán de
retener al dueño ama&lt;lo.

Yo lo Yi: le arrastraban tlespacio
Del río las ondas,
Manchado de cieno,
Vestido de ovas.
La mansa corriente
Arrojóle ú la orilla arenosa,
Y allí quedó solo, como algo perdido,
Como algo que sobra.
Yo vi, desde el puente,
Dibujarse allí abajo su forma,
Blarn¡ uear los ojos cuajados y abiertos
Entre Jo amarillo de la cara tosca;
Asomar la hilera de dientes feroces
Por entre las fauces; las greñas cerdosas
Y la inculta barba encuadrando el rostro
En un marco de tétrica sombra;
EFtirados los brazos nervudos,
Rígidas y abiertas las piernas vellosas,
Y el blancuzco vientre
1Iostrahdo su horrible redondez hidrópica.

NUESTRO PAIS.-Panorama de Taxco (Gue.).

..,.

Llegaron dos hombres
Que el cadáver vieron,
Y otros dos y otros muchos, y pronto;
)lujeres, y chicos, y mozos y viejos
Formaban un corro
Trabado y espeso,
Que absorbía con sus mil bocazas,
El tufo del muerto,
Y, por ver de cerca
El hinchado cuerpo,
Sin piedad se estrujaba y gruñía,
Los ojos bestiales en redondo abriendo
Y mezclando, en impía salmodia,
Comentarios y dichos obscenos
Con cien carcajadas
Y mil juramentos.

••
1

~

De súbito se hizo,
"En el corro apretado, el silencio,
Al llegar un grupo
De hombres graves, obscuros y tétricos,
Interior de una casa destruida por los temblores.

***

El temor del ser que ama, es el de penler á
su ídolo.

Quezaltenango~Una finca en ruinas.

El sol en la arena
&lt;Con crueltlad acusaba la forma,
Daudo á los contornos del yerto cadáver
Proporciones tan raras é insólitas,
Que á ln fantasía,
Llena de zozobra,
Se Je figuraba
Contemplar absorta
Del genio del río
La imponente figura ciclópea.

,
........

El edificio consular de los Estados Unidos.

KAVAIWO y LEDESMA.

Una calle de Taxco.

�.,.

rno-~.
EL )IUNDO JLUSTRADO
,.--e:====
=====~==;;;,,;;,~,;;;;,;;;.;;;;;;;;;,,;=================-

Domingl&gt;2:1 tlc :-ovi&lt;.&gt;mbre ele

[L MUNDO ILUSTRADO
Subscripción mensual foránea, $1.50
Idem ldem, en la capiLal, ,. 1.25

MÉXICO, NOVIEMBRE 30 DE 1902.

AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 22.

Gerente: UJI&amp; RtTt&amp; &amp;PINDOLA.

elrector: LIC. RArAtL anr&amp; &amp;PINDOLA.

Sr.

cCic.

!D. cn¡ilio j)i1J1enfel,

c;OBERXADOR COX~TITU'l'IO:NAL DEL Et&lt;TADO D.f! OAXACA

('romarl!. l)Osesl6n de su alto puesto el dta de mallana).

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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tu ralezas débiles; se aleja de todo temor de esos terribles ma- 11
-11
son las dos armas principales con que el hombre les cereb1ales que matan ó agotan al Individuo basta el extre11
-u puede¿Cuáles
combatir ventajosamente contra la multitud de enemi-11 gos que le cercan y que se resuelven en dolor, enfermedad y mo de convertirlo en Idiota y en loco, y lo mismo el hombre 11
que la mujer, lo mismo el anciano que el niffo, concurren con 11
u muerte? LA SANGRE.Y LOS NERVIOS,
alegría y con vigor al trabajo universal de la naturaleza en su 11
-11
Una sangre pura y unos nervios sanos son la garantía más constante obra de reproducclófi de las especies.
11
-u segura de una larga vida, Con ellos, el organismo cumple norTambién mata, es cierto; pero mata cebándose sobre todo
-11 malmente sus interesantes tunctones fistelógtcas; el estómago, en los seres exoonuados por el abuso, por la enfermedad ó por 1111
-u ¡os intestinos, el bfgado, el corB1ón 1 los pulmones, etc., no es· la Indiferencia, porque
11
-u tiin expuestos A sufrir las mil afecciones que padecen en las na11
11
11
11
u
u

LOS MEJORES ELEMENTOS DE LUCHA

CONTRA
EL
DOLOR
Y
LA
ENFERMEDAD
..
-

-

LA INDIFERENCIA PARA CONSIGO MISMO

-11
-u
-11
-u
-u
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-u
-u
-u

ES EL PEOR ENEMIGO DE LA VIDA

El bombre que entregado al trabajo, ó después de abusos
temen1les ó de enfermedades agudas, siente d~er sus tuerzas
la mujer que se siente debilitada por la siempre dulce pero A
veces peligrosa labor de la maternidad y la lactancia; la joven
que al mirarse en el espejo ve palidecer y amarillear su antes
- rosado cutis, y sufre jaquecas !recuentes y perturbaciones en su
u
- menstruactón¡ el nttlo cuyo crecimiento se efectda dificllmen11
-11

-11

te y que camina A grandes pasos II la escro!ulosls, al raqultl1mo; todos en una palabra, los que pagan tributo al mal de la
época llamado
,, ANEMIA"

-uu
-11

"~

DE SAN GERIIIAN

-11

DEL DR. LATOUR BAUMETS

-11
-11

-u
-11

-11
11
11

une la de su sabor agradable, circunstancia que no hay en otros
Preparado que por su composición, en la que figuran tónimedicamentos cuya eficacia se ve casi siempre entorpecida por
cos, reconstituyentes y purlficantes tan poderosos como el
la repugnancia que Inspiran al las personas que deben tomarlos.
Se recomienda muy especialmente A todos aquello• padres
que noten que sus bljos están anémicos, que las jóvenes se ponen cloróticas y sufren padecimientos nerviosos, cat.rros y
bronquitis !recuentes, trastornos 'tntestlnales, palpitaciones
de corazón, insomnios, vértigos, dolores neurAJgicos, etc., dees la más recomendada para
bidos A la pobreza de nutrición y II la debilidad progresiva, reAliviar loe Dolores, l'urifioar la sangre,
sultado fatal de la falta de pureza y energia de la sangre y del
_Vlgortzar los nervios
agotamiento del sistema nervioso.
y Robustecer el organismo.
Entre los muchos males que cura radicalmente el

-u

-11u ACEITE DE HÍGADO DE BACALAO, LA COCA,

-u

1,

LA KOLA, EL ICTHIOL
Y LA ESTRICNINA,

-11

-1111
-11
-11
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11

-1111

A estas cualidades reconocidas por los eminentes médlcJs

11 11IN0 DI SAN GB.RMAN,

-1111

-11

su uso es de resultados eficaces en

Abcesos escrofulosos, Afecciones nerviosas, Anemia, Falta de ap11tito, Cloroais, Convalescencia,
Depleuresías, Pulmonías, Tifo 6 fiebre tifoidea Dabilidai cln3titucional, E1 crófula, Florea bl&lt;1nca 3, Gan-

-11

•

DE VENTA en TODAS la.s DBOGUEBÍAS y BOTICAS

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-11 grena senil, Enfermedades de la cintura, Neuralgías, etc., etc.
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krentes LUt&amp; Rtl'~ !IPINDOI 4 .

uc. R.4.r.4.tl Rtl'Ut &amp;PINIM)l.A.

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VINO DE SAN GERMAN,

que ban bacho uso de él, aplicándolo en multitud de en!ermos,

-11

Subscri pción mensu a l fo rá oea, $, áO
l d ero ldem. en la ca ••ILlll,,. l 2S

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y que son victimas de sua múltiples y dolorosas manl!eotaclo- 11
nes, recurran al uso del
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A~O IX.--TOMO 11.--NÚM. 23.
•lrcet..-s

MÉXICO, DICIEMBRE 7 DE 1902.

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11

VINO

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11

l"\UNDO ILUSTRADO

esoolar.-él'arejas del cfl(inué.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 7 de Diciembre de 1902.

El despilfarro de la energía.
La perfección de una máquina, como la ele
un aparato, no consiste tan sólo en que dé
productos acabados y bien acondicionados, sino también en que esté dispuesta en forma y
mo&lt;lo de economizar la fuerza que consume y
en acrecentar su rendimiento, en que el resultado se obtenga con el menor esfuerzo posible
y sea el mayor posible.
· Si para moler una carga de trigo se ha de
neceRitar el soplo del huracán en lae aspas &lt;lel
molino, si para arrastrar una carreta ha ele
emplearse el empuje de una locomotora, si
para levantar un fardo ha de exigirse la palanca de Arquímedes manejada por Encelado,
y si es Hércules el que ha de hacer silbar la
honda y lanzar la piedra de David, molino,
carreta, palanca y honda, resultan imperfectai,, defectuosas, torpes en su función y mezquinas en sus resultados.
Lo que pasa en los organismos inertes que
llamamos múquin::u,, se verifica igualmente en
las má&lt;¡uinas vivientes que llamamos organismos vegetales, animales y sociales. Emplear
robustas encinas para producir raquíticas bellotas, organizar y amontonar esqueletos monstruosos, musculaturas desmesuradas para llegará la inerte rnmnolencia del hipopótamo,
serían faltas imperdonables ei1 un mecanismo,
faltas en 1¡ue la naturaleza incurre con tanta
frecuencia. Por el contrario, la espiga cuyos
granos pesan más y son más nutritivos que la
cana en que maduran, el insecto que pesa miligrnmos y despliega fuerza y agilidad sorprendentes, son modelos acabados &lt;le la economía
en lit materia y en la fuerza con el máximo
rendimiento del aparato.
En el orden mental y moral ocurre lo mismo. Hay inteligencias que trabajan con exceso
y se fatigan con extremo para llegará concepcione~ insignificantes ó Yulgares, y en ocasio-

Domingo "/ de Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUS'l'RADO

nes, pasiones volcánicas, con hervores de calderas, y resoplidos de fragua y conmociones
de volcán, se disipan en inconsistentes humaredas, en llamaradas de petate y en histéricas
convulsiones &lt;le terremoto.
En este orden &lt;le ideas, á cada paso tropezamos con mecanismos y maquinarias de una
horripilante ó de una desoladora imperfección.
Hay erudito que consume su actividau y su
vida en el estudio y en la investigación, que
amontona en volúmenes inacal.,ables sus ideas
y sus meditaciones, y que no llega jamús á
descubrir un hecho nuevo, ni á sentar una ley
natural, ni á explicar un fenómeno,ni á prever
un suceso, ni á plantear una regla ni á ericontrar una solución. Dialécticos conocemos que
pasan su vida razonando, polemizando, deliatiendo, que ensartan deducciones corno chaquiras, que hacen ramilletes vistosos de inducciones y que nada logran resolver, ni dirimir ni probar. La historia de la filo~ofía y
de la vieja ciencia, abundan f'n ejemplos &lt;le
esta clase de inteligencias que, como las múquinas primitivas, son enormes y desproporcionadas y meten un ruido y traen un traqueteo infernales para nada producir ni na&lt;la
rendir.
En el orden moral hay seres t.ambién imperfectos que gastan dosis formidables de ambición, de pasiones, de emociones, para no
salir jamás de la medianía y, en ocasioneio,
para sólo labrar su ruina y sembrarla alrededor suyo.
En lo que se llama el mundo &lt;le los negocios, abundan esta clase de tipos: financieros volcánicos, atestada la cabeza de proyectos
colosales, de empresas estupendas, creadores
de combinaciones que costarán uno y producirán mil, explotadores de negocios nuevos,
de cultivos exóticos, de industrias translunares, condenados á la camisa sórdida, al zapato
destalonado y á la miseria negra.
Hay poetas que arden solos, que se incen-

dian espontáneamente, que estallan al menor
choque y que, desrués de muchos paraísos artificiales v muchos infiernos naturales, dejan
en cafüla~l de obras completas una cuarteta de
álbum ó un soneto patriótico.
En punto á despilfarro de energía y á polireza y mala calidad de productos, nada es
comparable á los malhechores, como no sean
los viciosos. ¡Cuánto afán, cu{tnta labor, cuánta lucha, cuánto sufrimiento y cuánta humillación hay que pasar en la vi&lt;la cuando se
quiere vivir en el ocio y los placeres, y cunnto se tiene que padecer en la existencia para
darse la satisfacción de morir en el patíbulo!
Una anécdota á este propósito: Junto á un
labra&lt;lur cubierto aún del fecundo sudor del
trabajo, pasa un anacoreta. --Padre, le pregunta el campesino, ¿es verdad que ustedes van
siempre descalzos?-Sí, hijo mío.-¿Que no
usan camisa?-Sí, hijo mío.-¿Que duermen
en el suelo?- Sí, hijo mío.-¿Que comen ta11
sólo yerbas?-Sí, hijo mío.-¿Qne viven de
limo!,na?-Sí, hijo mío.-;,Que sufren toda
clase de humillaciones?-Sí, hijo mío.-¿Que
se condenan á no tener mujer ni hijos?--Sí,
hijo mío.-¡Cnántas penas y cuántos dolores
-agregó el labrador--sufren los hombres con
tal &lt;le no trabajar!
A los viciosos, á los laclrones y á los bandoleros les viene admirablemente el saco y puede decírseles lo que Juan Valjean á Montparnasse:-((Ah! quieres holgar? pues prepárate
para trabajar.-Ab! quieres gozar? pues prepárllte para sufriri,.
Toda la moral humana está condensada en
esas frases.

jlT/porfanfes j)rácficas j'liilifares

'i).,(

VOLADURA DE UN PUENTE

NA expeáeuda de ve,dmlem
importancia i;:e efectuó el domingo pasallo en los llanos de Anzu res. Nos referimos á la voladura
de un puente militar de caballetes, por medio
de cargas de dinamita.
Los alumnos del Colegio Militar, bajo la &lt;lirecci6n del capitán E-egundo de la Plana Mayor Facultativa de Artillería, Gabriel Terrés,
construyeron el puente, que me&lt;lía 30 metros
de longitud, 2 y medio &lt;le anchura y 3 y medio de elevación. Los trabajos duraron cuatro día1:1, y tanto la forma de los caballetes
como la del puente, se ajustaron en todo á las
reglamentarias del er¡uipaje de puentes militares del ejército francés.
En esta obra hicieron su práctica los alumnos del Colegio l\lilitar que en el presente año
cur:,aron la clase de Puentes y Aerostación;
y á fin de demostrar la solidez de la construcción y los servicios que ésta pudiera prestar á
un ejército en campaña, la Secretaria de Guerra dispuso que sobre ella pasaran cuatro secciones de caballería y una batería mínima.
Estas maniobras se efectuaron por la tarde,
en presencia del Sr. General D. Bernardo Reye!,, Secretario &lt;le Guerra y Marina, quien se
presentó en Anznres acompañado de su Est.:·
do Mayor y de los Generales Huer,a y V1llegas.
Así que hubo examinado el puente y dictado algunas disposiciones, el señor Ministro
ordenó que pasara sobre aquél la artillería de
campaña y después las cuatro secciones &lt;le caballería. Regresaron los dragones y, durante el
paso de éstos y de las bocas de fuego, se vió
que el puente permanecía innamovilile, co1\lo
cual quedó demostrada su buena construcc10n
y las facilidades que podría prestar.
El puente se construyó en la confluencia de
los ríos San Joaquín y de los Morales, cerca
de la calza.da de la Verónica.
'J'erminadas las maniobras militares, se procedi6 á. la voladura de la obra, por medio de
petardos provisionales. El ,Sr. T~niente Coronel D. Enrique Mondragon, Director de la
Escuela Nacional de Tiro, con el personal necesario de sus alumnos, fné el comisiona&lt;lo
por la Secretaría de Guerra para llevar á cabo
la voladura mencionada.
El sefior Minit;tro y sus acompañantes, ai;:í
como el numeroso público que :isistió
las
importantes experiencias, se al?Jaron a. un_a
respetable distancia del puente, a fin de evitar un accidente dei;:graciado durante la voladura.
.,
En seguida se procedió {~ la pre~a.rac10!1 e1e
petardos con pólvora Borhnete, é mme&lt;liatamente se colocaron las cargas en los caballetes del puente. La expectación públic~: ern
muy grande, pues todas lris personas allt pr&lt;'·

Jt

AUREA.
Son color de oro Yiejo tus ca.bellos,
Y como en tus dos ojos Re, reflejan, '
De tus pupilas en el fondo, dejan
De oro viejo el color que tienen ellos.

La boca que á besar Cloris me ofrece,
Frnto es de estío de dulzura lleno.
Que oculta entre su miel letal veneno.
Quien la llega á besar muerte padece.

Y áureos por eso son tus ojos bellos,
Y por su luz y su color semejan
nos S;)les en ocaso, que se alejan
Circundados &lt;le fúlgidos de.,tellos.

Y es una tentación; roja, parece
Temprana flor cuando desvuelve el seno;
Y mientras más el apetito enfreno,
Más el deseo de besarla crece.

Por eso áurea eres tú, y á tu cabeza,
Color de hoja otofial, esplendoroso
Nimbo, como un encaje, la circunda.

l\Ias ¿qué mucho morir, si siempre vela
La Muerte tras nosotros en acecho
Y por llevarnos á su reino anhela?

Aurea se mira 11sí Naturaleza
Cuando del sol un rayo luminoso
De grana y oro el horizonte inunda.

Nadie ávida inmortal tuvo derecho.
Pues &lt;lame un beso, Cloris; de esta suerte
Como él tan dulce me será la muerte.
·

sentes aguardaban con ansia el momento de
la e~plosión. Generalmente se creía &lt;¡ne al inflamar,:e los petardos no quedarían ni restos

ele! puente, pero tales suposiciones_ er3:n_ exageradas, pues sólo se_ trataba &lt;le rnut1lizarlo
para el paso de la artillería.

El puente, antes de la voladura.

�EL MUNDO ILUSTRA no

Domingo 7 de' Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

/

La voladura del puente.

Por fin se vió que del suelo se leYantaba
una gran columna de humo y tiena, é instantes después se escuchó una fortísima det.ona&lt;:ión. Una serie de explosiones sucedió á la anterior; y así que todos los petardos produjeron
sus efectos, el señor Ministro se dirigió al

)

«...... Todos, como te he dicho, estamos
bien; sólo la pobre Felicitas parece encontrarse peor que otras veces, y el doctor teme que,
con la llegada del inYierno, no pueda vivir
muchos días. Creo que, viéndote, la infeliz
sentiría un gran consuelo."
Este era el párrafo final de la carta que una
de mis hermanas me dirigía, para informarme
de las nuevas de casa, durante mi pasajera
ausencia. Y Felícitas, de quien aquellas líneas
hablaban tan poco satisfactoriamente, era la
buena, la serYicial, la siempre adicta criada
que años tras años había servido incondicionalmente á la familia.
Mis hermanos y yo casi habíamos per&lt;lid0
la noción exacta del tiempo de sus servicios.
Al abrir yo los ojos á la vida, la había encontrado ya en la casa; su recuerdo estaba ligado
á todos los de mi niíiez. Mis hermanos mayo- ·
res sí guardaban memoria de su ingreso: una
vez en que faltaba una sirvienta, presentóse

lugar donde se levantó el puente para ver el
estado en que éste se encontraba.
Los resultados de la experiencia fueron satisfactorios, pues la construcción quedó inutilizada por completo, en pocos minutos.
Las experiencias se repitieron el jueves.

cierta mujer ya entrada en edad, en compañía
de una joven, casi una niña, demandando trabajo para esta última, de quien era tía y única
parienta. Y en la casa fué recibida la muchacha. no sin algunas vacilaciones previas de
parte de mis ascendientes, que atados aún á
viejas preocupaciones, preferían para su servidumbre personas de madura edad y cuya
conducta no exigiese la vigilancia y el continuo sobresalto en que viven las buenas madres de familia que tienen mujeres jóvenes (1
su servicio.
Admitida al cabo la joven, retiróse la tía, no
olvidándose de hacer todo género de recomendaciones respecto á su sobrina. Desde su acomodo, la fámula había obtenido permiso para
salir dos veces al mes, por la tarde, y de esta
licencia aprovechál.,ase siempre que la tía vi~iese por ella; pues entre las recomendaciones
más importantes de la vieja, se contaba la de
no permitirá la muchacha pisar la calle sin
la compañía de su &lt;CÚn,ica" parienta. Sin embargo, muchas ocasiones se daban en que la
recamarera no hacía uso del permiso durante
dos quincenas, por ausencia de Sil tía; pero al
término de este plazo, que coincidía con el pago del ,,mes,» la vieja Ha lograba robar un momento á sus quehaceres, para acudir en busca
de su sobrina y proporcionarla algunas horas
Je libertad. l\fas á la quincena siguiente, fácil
era asegurar que la buena Felícitas se quedaría sentada en la azotehuela, inútilmente entretejido en la trenza el lazo de listón azul, inútilmente sacados del baúl el rebozo «coyote»

y la enagua de holanes, inútilmente en espera
de la tía, á quien sus quehaceres impedían
preRentarse á menudo.
Y el carácter de la criada era incapnz de rebelarse ante estas contrariedades. Cuando la
tarde del domingo, esperada con tanto anhelo,
agonizaba antes de que la única parienta hubiese aparecido, la recamarera, un poco más
triste tal vez, pero sin proferir una queja, volvía á doblar cuidadosamente el rebow ,,coyote», cambiaba la euagua recién planchada por
la de trabajo, y per.etraba M- las habitaciones
á reanudar la diaria tarea, á encender las lámparas, á preparar las camas ó entrecerrar las
maderas de 10s balcone8.
Su espíritu era de una completa pasividad,
producto tal vez de algunas generacioneR de
antepaRados nacidos y muertos en la ei::clavitud del trabajo miserablemente remunerado,
en la existencia del pobrf' indígena de los campos, sometido á todas las brutalidades del
amo y sin recibir de él más que el puñado de
maíz para su sustento y el pedazo de burda
tela para su abrigo.
Llegó vez en que la tía no apareció por In
casa durante mucho tiempo, y, alarmada la
sirvienta. manifer--tó sus zozobras á los amos.
Mi padré escribió á la primera autoridilcl del
pueblo en que moraba la vieja, pidiendo informes acerca de ella, pero éstos no fueron
nada satisfactorios: se ignoraba ta111bién allí
su paradero.
IJesde entonces se conceptuó á Fclícitas corno privada en ab¡:;oluto de allegados, y, con
el tiemvo, fué vista por todos como una hija
adoptiva de la familia. La muchacha lloró
sinceramente la desaparición de aquella mujer, que había sido, á pesar de todo, su más
vivo afecto; pero resignóse al cabo y terminó
por hallar el lenitivo de su pena en el calor de
aquel hogar al cual sentíase ya ligada por
fuertes vínculos de cariñoso reconocimiP.nto.
Su situación mejoró un tanto;~ repetidas instancias de mi padre, que amaba la libertad
de todos, permitíase á Felícitas ,:alir en compañía de las demás sirvientas, cuya conducta
uada hacía sospechar, y algunas veces también encargábasela de acompaí'iar en su paseo
á mis hermanos mayores, nilios aún.
Pero después de cierto tiempo, aconteció
algo que vino á desconcertar la pacífica existencia de aquella infortunada criatura. Una
noche en que mi padre entraba al comedor,
después de haber pasado la mayor parte del
día en su bufete, insta lado en uno de los edi-

.licios más importantes de la ciudad, fué recibido fríamente por mi madre, que había acabado de cenar, hacía ya buen rato. Estas situaciones de espíritu no eran raras en ella,
que tomaba á pechos, muy á menudo, verdaderas nimiedades, cosa que mi padre no ignoTaba. Sentóse, pues, á la mesa, dando principio á las viandas que diligentemente había
traído Felícitas, espemnclo en calma á que mi
madre se desahogara de la agitación que la
poseía.
Cuando el último plato estuvo en la mesa,
Felicitas fué despedida c&lt;·n un «vete á cenar;
ya te llamaré,» pronunciado secamente por mi
madre, y quedaron en el comedor mi padre,
mi madre y mis rlos hermano¡:; mayores.
-Harías bien-prorrumpió al fin mi madre-en no volver á enviarnos á Julián, bajo
ningún pretexto.
J ulián era el criado del bufete de mi padre;
un mocetón de veinte años, con cierto aire de
bestia, brusco ea palabras y movimientos y
con algo de taimado en su actitud.
-Por qué?-preguntó mi patlre-lla cometido alguna falta? Rompió algo?
En pocas palabras fué explicado el motivo:
había llegado por la mañana, conduciendo
-ciertos objetos de que mi padre le hiciera en,eargo; todo estaba perfectamente, y se le
había despedido en seguida; pero aquel idiota, en vez de alejarse, se había detenido en un
rincón del patio, detrás de la escalera, en donde platicaba sigilosamente con Felícitas cuando mi madre les sorprendió. No cabía la menor duela; P-1 criado y la recamaren~ se entendían; dijéralo si no aquella turbación con que
la muchacha subió á reanudar sus labores del
día.
Mi padre tuvo una sonrisa de benevolencia.
Y eso qué'? Si se querían, podrían casarse.
Ella era una magnífica mujer, digna ele buena
suerte; él, aunque no de lo mejor, pues tenía
el defecto de rehuír el trabajo á la menor ocasión, no había dado motivos para que se le
expulsara. En fin, acaso podrían ser felices ...
Pero mi madre no opinaba del mismo modo. Feliz la muchacha uniéndose con aquel
taimado que á la mejor la plantaría en la calle? Qué mayor felicidad podría ambicionar
-que la de vi\'ir siempre en aquella casa en
-donde era objeto de consideraciones que acaso
no había soñado siquiera? Iba á sacrificar sus

ella misma había experimentado en su juventud, antes de conocer á aquel á quien había
rendido el alma; ese llamado inolvidable del
amor que golpea en nuestro corazón a1iunciando un mundo nuevo, lleno de deleites y de
ternuras infinitas, generador de alientos, fuente de energías para recorrer hasta el fin el agrio
sendero de la vida, y manantial Ragrado ele
plegarias á la buena, á la fuerte, á la bendita
y omnipotente madre Naturaleza.
Accedió al cabo mi padre, el criado no volvió á
la casa, y mi madre extremó su vigilancia sobre
la infortunada recamarera.
Felícitas, por su parte,
no tuvo una sola queja
para quienes así la prirnban de un afecto en que
ella había tal vez em peñado el alma entera; sometióse á la voluntad de
aquellos que seguramente tendríaü razo!'es de
gran peso para obrar así,
y ahogó en su corazón
aquel amor naciente fr
través del cual cteyó haber adivinado infinitos
espacios llenos de luz y
d_e maravillosas concepC1one,;.
Por aquel tiempo vine
yo al mundo. Difícil hubiera sido asegurar si los
brazos de mi madre mecían mi sueño más amorosamente que los de Felícitas. Desde los primeros días de mi existencia,
jamás escaRearon para mí
las atenciones y los desvelos. Cuando mi madre abandonó el lecho,
y, aprovechando los momentos en que el sueño me hacía suyo, íbase á vigilar las labores
de la casa, repetidas Yeces, á su regre;:;o, sorprendía á Felicitas cerca de mi cuna, meciéndome suavemente, contemplúndome en
éxtasis: una viva turuación se apoderaba de
ella, balbucía alguna frase ininteligible ~, se
alejaba en i,eguida á reanudar su trabajo abandonado por un momento.
Insensiblemente llegó ú ser ella la encargada de mi cuidado. Por la mañana, apenas
despertaba yo, Felícitas venía á buscarme,
abrigábame con la mayor solicitud, levantábame &lt;le la cuna en que había pasado la noche, y, cubriéndome de caricias, estrechábame contra su corazón, con un amor muy vivo
que no puclo pasar mucho tiempo ignorado
para mis padres. Horas y horas pasaba contemplándome con una mirada vaga en que
palpitaban todo!' los e·,sueños de su ser. Tal
vez mi presencia había despertado en ella el
sagrado instinto que es la vida de la huma1iidad, y ausente del afecto que florece y esparce su polen para fecundar incesantemente los
campos de la exi;:;tencia, soñaba en que yo era
el fruto ele aquel amor que había cruzado un
día cerca ele ella, acariciándola. fugitivam311te
con la dorada punta de sus alas; acaso experimentaba la doloro-,a angustia de no ser ella
quien ncercaría á mis la.bio3 el alm(bar de la
vida, haciéndome sano-re de su san 0-re, flora., el
o
cwn e todts su~ enel'6 ias, form'l p.ilpable de
todos su~ en&lt;;uelio3.
Después de m[, otros h ermanos vrn1eron,
pero ninguno logró alcJ.nzar aquel c:1rif!o tan
grande, tan vehemente, tan desinteresado,
que Felícitas abrigara hacia mí. Y yo tamuién
llegué á nutrir mi alnn ele niño con a1¡nel
afecto; á ella, m í.s que á mi mJ.dre, a cadía en
todas mis querellas, seguro de encontrar m1.yor benevolencia en su acogid:1; cun.ndo era
objeto de ca&lt;;tigo de parte de mis mayore.,, corría en po3 de Felicitas, las lágrim i.s en lo.,
ojos, repleta de sollozo., la g,u-ganta,y á la voz
de mis queja, también el llanto asom:i.ba á SLB
párpados, y m3 estrnchab:i nervio3:1m ,nte contra su pecho, en un transporte sentimental ele
a4. u ella alm.i c.'.mdid1, de aquella alm, inganua y transparente com:&gt; el agu:i. que corre so0

comodidadf's para seguir ú un h om 1&gt;re que la
engañaría desde el día siguiente, que la engañaba ya, abusando de la inocencia de sus po•
cos años? :N"o, y cien veces no!
Protestaba ciegamente contra el atentado,
celosa tal vez de aquel que ,·enía ú arrebatarle
algo que ya mi madre conceptuaba como suyo,
dominada por cierto prejuicio contra el hombre vulgar é inculto, el hombre del pueblo,
seductor de infelices obrera~, ebrio consuetudinario, incapaz del menor sentimiento de nobleza. 01 vi&lt;laba, en su arrebato de mujer decorosa y un tanto cuanto rígida, creyendo
obrar con la mayor justicia, olvidaba el imperio absoluto de ésa necesidad d e afecto que

Domingo 7 de Diciembre de 1902.
bre ]P.cho de rocnc;, retratanrlo en sus cristales
la infantil angustia que me oprimía.

···Y ~Í;~r~.. -~q;~¡¡¡· -~;;.t,~ -~~-¡~-~~~¡~¡;~··¡~~¿:
nicarnerite' el probable fin cercano de la mujer
que más me había querido en el mundo, _á
travé;, de treinta años de prueba. El sentimiento ele un deber, asociado al amor que
abrigaba para aquella mártir silenciosa de un
error involuntario, impuls6me á acelerar mi

rc6 res,&gt;, y en tanto que é,;te se realizaba, contesté la carta en cuestión, ma1üfestando que
pronto estaría de vuelta en el paterno hogar.
AguaL"dé, pues, impacientemente, los tres
días que aún debía permanecer alejado de la
familia; tenía yo algunos pequeños asuntos
por ultimar, y además, la víspera del día fijado para mi partida, fuí. invitado por uno de
mis buenos amigos de la localidad, para asistir á una cena de confianza con 4ue deseaba
obsequiarme antes de despedirse de mí.
1\lás de la media noche sería cuando abandoné la casa de mi amigo, en donde la buena
mesa, la música y la conversación de las mujeres hermosas me habían proporcionado deliciosos momentos. Llegué al hotel en que me
hallaba alojado, mi equipaje estaba casi hecho;
dejé para el &lt;lía siguiente su terminación y
me metí en el lecho, acariciado aún por el recuerdo de las breves homs precedentes.
Pero cuando volví á abrir los ojos, asombróme el ver que mi cua.rto se encontraba lleno de luz, y salté apresuradamente. El reloj
per;:;uaclióme de que, por desgracia, la hora de
partida había pasado ya. Me había dormido
como un podenco.
Tuve, pues, que resignarme á esperar urt
dia aún; pensé que sería oportuno aprovecharlo correspondiendo al obsequio de que era
deudor, y dirigí una esquela á mi amigo, invitfodole, en unión de su familia, á aceptar
el almuerzo con c¡ue de,,eaba m'l.t'.llfestar mi
reconocimiento. Elegí el almuerzo, temero,o
tal vez de que pudiera acontecerme nuevamente lo que no cesab:1 de lamentar, y en las
primeras horas d e la noche regresé al hotel,
dirigiéndome á la administración en busca ele
un criado á quien recom,mdar la hora fija en
que debía &lt;le:3pertarme.
Y al día siguiente, cutndo el criarlo 11am '&gt; á
mi puerta, puso en mi~ m 1.1103 un m :ms.1,je recibido la noche anterior. El mensaje clecia:
«E-,perábamo.'! tu llegad.a hoy, segút1 avi~o.
Felicitas ac.1.b1, de tn..Hir; expiró pronunciando tu nombre."
L1. n oticia m3 dejó helado. L:&gt; senti mac'11,
verdaderameute.
A.

Tacubaya.

G:&gt;NZALEZ CARRASCO.

�Domingo "/ de Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO JT.,tTSTRc\1r,.

Obras en los }'uerfos-

PÓRTICO.

El nuevo NJuelle de Jampko.
L ensanche cada día
más rápido de nuestras redes ferrocarrileras, y el desarrollo
que al amparo de un
gobierno estable y
previsor adquieren las
relacioi.es comerciales de nuestro país
con las naciones extranjera:;;, hacía inclispensa ble la implantación en los puertos de
las costas mexicanas, ele todas aquellas mejoras directamente encaminadas, tanto á proporcionar á los buques las facilidades necesarias para la carga y descarga, protegiéndoles
contra las fuertes avenidas y los \·ientos, como
á lograr hacer de aquellos puntos insalubres y
mortíferos, en su mayor parte, lugares perfectamente saneados y habitables.
Así, vimos inaugurar, con grandes demostraciones de regocijo, las colosales obras de
Veracruz, que tan elogiadas han siclo, no sólo
en México, sino en el extranjero; y vemos que
en :Manzanillo se llevan á cabo en la actuali-

mús tiempo. El vapor «Cromtll'ty,» ele la c&lt;Cnban 8. R Linr,» fué el primero en atracar, i::iguiéndole el «Copella,» ele la &lt;cHúrrison,i&gt; y el
«Syrin,» de la «Hamburg Amrrican Line.»
~o ob~tante qne, como decimof-l, la inau-

Domingo "/ de Diciembre de 1902.

Quiero labrar un cáliz peregrino
para enterrar mis sueños de belleza,
cuando de mí ¡;e aleje la tristeza
a~perjando de flores el camino.

guración no tuvo el carácter de una fiesta, el
muelle se Yió muy cnncurrido. A las siete de
la mañana, hora en que atracó el «Cromarty,i►
había en la playa muchas perf:onas.
que esperaban el arribo del barco.

Hoy que comprendo que en mi ser empieza
la noche del amor, quiera el destino
que tallar pueda un cáliz peregrino
para enterrar mis sueños de belleza.
Y al ver la imagen de Yola2.da impresa
en mi espíritu, imploro del destino
( cuando de mí se aleje la tristeza)
que tallar pueda un cáliz peregrino
para enterrar mis sueños de belleza!
R. l\I. RUBIO.

COPO DE NIEVE.

m

Colombina llora,
Colombina ríe,
Colombina quiere
morir y no sabe
por qué ...

cobertizo.

r=-- - -- - - - - - - - , - - - - -- - - - - - - -,

Pierrot, todo blanco,
de hinojos la implora,
la besa y le pide
perdón, y no sabe
de qué...
La luna sonríe,
la señora luna ...
Y nadie ha sabido,
ni sabrá ni sabe
por qué ...

Yista desde el Rfo Pánuco.

El aspecto que presentaba el muelle con los
tres grandts vapores efectuando sus maniobras de deEcarga, fué de lo más sugestivo. En
una de las fotografías que publicamos, puedeverse con qué facifülad se lleYan á cabo esas
maniobras. Dentro del «tinglaclo» están lo~
carros del Central Mexicano, correspondiendo
el piso de los furgones al nivel de la parte del
muelle destinada á la línea ferrocarrilera. A
un lado queda el soberbio edificio aduanal,
recientemente inaugurado, con sus espaciosos
almacenes y oficinas, que alumbra una dota
ción, propia, de luz eléctrica.
La construcción del muelle es de lo mejorque se conoce, y los materiales de que se compone lo ponen á cubierto, tanto de la acción
destructora de las olaR, como de los incendios
En cuanto á su capacidad, se considera más
que suficiente para el tráfico ordinario.
Por demás está decir que con esta mejora.

MANuEL MACHADO.

VIDA NUEVA.
El "Syria" y el "Cromarty.''

PENSAMIENTOS.

el c~mercio resulta altamente beneficiado, y
que Tampico alcanzará muy pronto el más
alto grado de prosperidad, pues terminados
1os trabajos de la nueva línea que el Central
ba comenzado á construir entre México y aquel
punto, su comunicación con el centro del país
·será más fácil y más rápida.

***
Las desgracias no c~ni°pri&gt;ndid:lS
son las más
terrible!:'.-1\11110. E. Girardín.

***

La astucia no pueJe durar largo tirmpo
contra la sinceridad.-1Ime. ]IJontmarsón.

Cuando se corre tras del talento, se atrapa
la tontería. -1\Ime. Deshoulieres.

***

Las fotografías del muelle que aparecen en
nuestras columnas, nos fueron galantemente
-facilitadas pc,r el señor J. Ibáñez Del hom, fotógrafo muy aYentajado de Tampico.

*
*'*
El más grande arte 'de nn hombre hábil
consiste en ocultar su habilidad. - :\lile. de
Lespinasse.

Rindan otros insano vm,allaje
al prócer que en el auge resplandece,
y extremen la lisonja que envilece
y consientan la befa y el ultraje.
Bridón sin ligaduras ni rendaje
que en los vírgenes bosques aparece
quiere ser mi opinión,que se envanece
de su impulso libérrimo y salvaje.
Con mezcla de Cirano y de Quijote
anhelo conseguir que nunca brote
la servil alabanza de m is labios;
y he de cambiar desprecios por desprecios
y be de odiar el elogio de los necios
'
y he de amar la censura de los sabios.

HOJA DE ÁLBUM.
El muelle visto por el lado Este.

Grabar debieran el Amor y el Arte
en pentélico mármol tu hermosura;
el Arte, cual espléndida escultura,
y Amor, cual Pigmalión, para adorarte.

dad trabajos muy importantes. En Salina Cruz
y Coatzacoalcos se han emprendido también
obras de cuya utilidad se esperá, con razón,
una suma de bienes incalculables.
Por lo que toca al puerto ae Tampico, uno
de los más notables en el día por lo activo de
su comercio, tenemos que agregar á las notas
que con relación á sus progresos ha dado ya
nuestro semanario, lo referent.e al magnifico
muelle de acero construído para reemplazar
al de madera que allí existía y que fué, no
hace mucho, destruído. por un terrible incendio.
La inauguración del muelle mencionado se
efectuó el veinte de noviembre último, sin
pompa alguna, debido á que las exigencias
del tráfico no permitían que se retardara por

Y yo quisiera el pedestal labrarte
-donde serena, y arrogante y pura,
prodigio de estatuaria, tu figura
-se irguiera, como he!énico estandarte.
¡Quimérica ilnr,ión! Ilechos pedazos
&lt;le! cruel destino por los férreos brazos,
rodaron entre el polvo mis cinceles,

y dejo que cantando sus amores
se acerquen á t.u altar los trovadores
á conquistar olímpi&lt;.:os laureles!

.

FRAXCISCO lzÁB.\L lRIARTE.

Los vapores en el muelle.

El "Capella"' atracando en el muelle.

Ruü:-r A. U.BANO.

�Domingo 7 ~ Diciembre de 1902.

EL MUXDO ILUSTRADO

~L :MUNDO ILUSTRADO

sentaba u~ magnífieo a~perto: bF&lt; prqucñnelas
que lo binlaron, luciemlo la em)'olrnda cnl•ellera: ~l justillo y la falda. corta, se Yeían bermos1s1mas.

~a c!iesfa escolar

En suma, el festival constiluve un verdadero triunfo, tanto para su infatigable organizador, eomo l ara los niño~ q11e ('11 (1 torna rn11

BRILLANTE ÉXITO.
los. Recorren entonces las niñas el foro, y á
sa lecci6n aprendida «de bulto,» si cabe la
una indicación de su directora de juego, se
Pocas veces, sin duda, se habrá efectuado
frase, fué de lo más llamativo: las niñas que
detienen para pronunciar :el nombre de-una
en México una fiesta tan simpática y conmo•
en él tomaron parte hicieron derroche de grade las constelaciones. Laj1ue acierta, pas(á
vedara como la que el martes por la tarde se
cia. Se supone que al salir de la clase las pedesempeñar el papel ;de la Tierra, y el Sol le
verific6 en el teatro Arbeu, con asistencia del
queñuelas, tratan de divertirse: Julia Mons,
designa á la Luna como su inseparable satéliSr. Presidente de la República, de altos funque fué la que dirigi6 el juego, escoge entre
te. La Luna gira después al derredor del placionarios de la administración y de numero!'11"' eompañeraf", para qus represente rl sol, á
neta, siguiéndola en
sas familias de la mejor socied,Hl.
un vals que baila con
Nos referimos al fesdesenvoltura y correctival organizado por el
ción.
Sr. Director deinstrucNo fueron éstos los
ci6n Primaria, Iog.
únicos
números del
Miguel F. Martínez, y
programa
que desperen el cual tomaron partaron
el
interés
de la
te los niños de las esconcurrencia;
el
c,Hocuelas oficiales. :2:~--'
menaje
á
la
Ciencia»
La celebraci6n de un
fué un cuadro verdaacto de esta naturalederamente hermoso, y
za es más significativa
que nos abstenemos de
de lo que á primera visdescribir, tanto porque
ta parece: es laconfirccEl Imparcial» lo hizo
maci6n plena, la prue •
ya pormenorizadamehba concluyeute ~de ""G
te, como por la falta de
mucho que ha hecho-;!
espacio. La recitaci6n
Gobierno en beneficio
del poema de Rafael
de la educaci6n del
Obligado, c,i3antos Verueblo, esforzándose
ga, el Payador,» hepor implantar en el
cha por los alumnos de
país los modernos sisla Escuela número 4, y
temas de enseña11za.
el «Himno á la EscueLa fiesta escolar conla,» cantado por ciento
firma nuestra opinión:
Almonte y dos jefes insurgentes dando órdenes antes de la defensa del fuerte de San Diego.
diez niños é igual núel simulacro de defensa
mero
de
niñas,
merecieron
asimismo de parte
de San Diego por los
la más guapa, y separa á las otras en grupos
de la concurrencia muchos aplausos.
insurgentes (19 de febrero de 1812), durante
que representan las constelaciones del ZodíaDebemos también hacer menci6n de los
el sitio de Cuautla que hizo inmortal el nomco, designando á cada una de las niñas como
ejercicios
militares, que resultaron muy visbre de Morelos, es, al par que una· lecci6n de
una estrella.
historia patria, que no olvidarán nunca los
tosos, ejecutados por un grupo de 60 niños,
Una vez qmi pueden distinguirse las c&lt;estreniños, una bella lecci6n de civismo, que deja
y de la c,gimnasia estética,» en que demostrallas» por sus nombres impresos sobre bandas
en sus almas recuerdos imborrables y muy
ron sus habilidades niñas vestidas de negro y
que les coloca sobre el pecho, designa á las
rr jo. En cuanto al «minné,» el e1-cenario pregratos.
que, con los ojos wndadoF&lt;, deben adivinar
El Juego de la CoFmogrnfín, otrn herma-

Domingo 7 de Di..:iem 1 re de hlJ

MINIATURAS.
Unga la mujer totlo
el bien que le sea pnsililc; ame y socorra {1
los menesterosos;y por
Lle~graciada que sea su
vida, ~i PmprP trrnlr:'t

.,
)

Las tres principales figuras en los ejercl ,vs de Gimnasia J•:stétlcn.

en sus 1·ecnercloG un
pedazo de cielo azul,
un horizonte sereno,
adonde volver sus fatigados ojos.
** *
El mundo, es ver-

recrea con su celestial aroma 6. la f.ociedad',
encubriendo los defectos de quien la posee.

dad, rinde vasallaje á
la opulencia; pero s6lo rinde culto á la virtud: aplamle los talentos brillantes, el fans ·
to, t~do aq~ello, en fin, que des'.umbra; pero
al mismo tiempo trata de empañar esos talentos con los tiros de la eñYidia.
'Cnicamente ama y estima verdaderamente
á la modestia, porque la modestia es la bar-e
de muchas.virtudes; y,semejante á una perfumacla diadema que adorna una cabeza herid:i,

La s9ledad tiene sobre el alma una pod~rosa influenci_a; ella la cm peq ncñece (, agranda.
-"\ftn". f'nnrinl'll.

\

Moreios, los hermanos Galeana y el abandernti'o en el cuadro
to de Calleja lí. la plaza de Cuautla.•·

parte. Deseosos nosotros de consignar esta
nota altamente simpática, puh!iP-amos en este
número algunas fotografías que nuestros lectores, estamos seguros, verán con gusto.

***

En nuestro pr6ximo número completa.remos la informaci6n relativa al festival con
gra.haclos muv intere!'antes.

dramJítico,

"Asa!-

El egoísmo y el orgullo son casi i II evi ta.blet
en el ser que no ha comagrado su vida á un
objeto superior á él.-Mme. Kécker.

***

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Dos parejas de l m·n::'
RI Sol, la Tierra y la Luna, en el juego de la Cosmografla.
$agarra y Rul frente al parapeto de los ln~mgentrs.

::\Ioreno, en el

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'Ilomec:1je .=i la Cienc-la."

�Domingo 7 de Diciembre de 1902.

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EL UUXDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

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EL turíbulo ai·dieote subía el incieoso, tt·emolaudo y extendiendo sus nfrea.s muselinas; resonaba la bacina al golpe repetido de las monedas de cobre; las
pequeñas flamas aleteantes de
las lá1Dparas v(&gt;tivas parecían mariposas de luz
que se ahogaban, y Flntt·e el abigarrado tropel
de gente devota, salimos del templo apretujados,
juntos, muy juntos y alegres, quizá porque fui mos á rngar por nuestro amor, que presentía metamorfosis en la auseocia. Cerca de la última
hornacioa. nerviosa.mente me santiguó, y tembloroso y mudo, ¡con qué uoción besé la. cruz que
formaba su manecita. blanca como un lirio, como
una ala pequeña de paloma, ó como uoa marmórea. benditera. l!":u el ábside sonoro los postreros
cantares resonaban aún!
¡Oh, cmío cierto es que los recuerdos son las
rugosidades del alma, que semejantes á las de los
peñascos, oecesitau, p1tra borrarse, años de estar
en pugna coa las aguas del tiempo!
Yaen la.calle, seguimos la.calzada que conduce á las afueras de la ciudad. Por el cielo escampado pasó un vuelo fugaz de golondrinas. ¿A
dónde irán, me preguntó dulcemente, mientras
yo contemplaba sus diminutas orejas como conchuelas de nácar; su boca, que me recordaba las
fresas que la madurez empurpuró, y su rostro,
tatuado por el sol r esplandeciente, que d ibujaba
sobre él las móviles ramas de los sauces, tatuaje fantástico en forma de plumas, palmas é insectos.
Sin respondet· á su pregunta, susun é á su oído
esta estrofa de una antigua canción: «Ea silencio se mezclaban cual perfumes, -y en silencio se
mezclaban como soplos,-y en silencio se fundían
como lágrimas-nuestras almas en un beso silencioso.&gt;
El anoyo gorgoriteaba en el hueco labrado
por sus ímpetus, semejante á un eoorme hocico
que hacía gárgaras imposibles. Un hombt·e canoso sonrió al vet·nos, y con voz hiposa é intermitente, coa secuencia del paso tot·pe de su cabalgadura, nos dió los buenos oías.
-Oye, dijo Taide, mi corazón ha sido tuyo,
pero temo que este año al terminat· tus estudios
de pintor, el triunfo, la lisonja, la frecuencia de
círculos elegantes, todo haga que te olvides de
mí. .. ¡recuerda he crecido á tu sombra para ti!...
Su voz se fué extinguiendo como el trino del
ave que se interna en un bosque; cubri6seelrosko con las manos, y sus lágrimas corrían como
cristalinas arañas á esconde1·s.: entre los encajes
de su gola.
El a1·royo seguía locamente carcajeácdose;
he1·vía, salpicaba las flores de la orilla, y en sus
pequeñas caídas agitaba su espuma como una
erunarañada madeja de hilo; algunas raíce:s redondas, como miembros anquilosado::s, fingían
lavarse eu la co1·riente pura, en titnto que á nuestro paso los álamos de co1·teza manchada cual si
estuvieran envueltos en pieles de peces pintos,
movían sus hojas como monedas de plata.
-Calla, dije á Taide ; si obtengo triunfos, será
por tu amor. Inocula1· en mi espíritu un cariño
y poder sentir sus liebres, sus dolores íntimos,
sus estremecimientos, sus dudas; tener mi pensamiento clavado en ot1·a alma, como la ma1·iposa
en el cáliz de la ilor; eso queda: ¿no se han cumplido mis deseos·! Guardaba temuras infinitas,
multiplicándose apiñaaas, esperando como la
mazo1 ca de maíz heredad fecunda para de:.gra-

narse y florecer. ;.No be aumentado mis sinsabores con el único fin de que seas mía? Too ta! ....
Anduvimos en silencio. Nuestros corazones, al
hablar así, se consolaban momentáneamente, pero temblaban por algo lejano, vago é impreciso
que llegaría; temblaban como las alondras en
sus nidos, adivinando que á la madrugada el
rocío ele la aurora bordaría. con chaquiras su
plumaje esponjado. Teníamos la seguridad de
que el porvenir- si nos hubiéramos equivocado!
-escondía. para nosotros un precipicio un obstáculo -á cuyos bo1·des áridos tenddamo; que despedirnos.
Y era \"erdad lo que decía á Taide. Antes de
conocerla me atara;rnba el fastidio, y en mis fu.
gaces momentos de nerviosidad, ansiaba, no un
amor sosegado, sino impetuoso, turbulento que
rasgara el velo de mi tristeza, que me cubrü~ como polvorosa telaraña; que luchara por quebrantar mi voluntad, me hiciera caer de capricho en capricho, y ser, en fio, igual {t la flor que
el torrente buode, sostiene 1'L .flote, y despedaza
besándola siempre. l\Ie sentía capaz de amar con
la vehemencia de un león, y podía también pasar
horas eoteras junto á mi amada, con la delicadeza y curiosidad de un niño que observa sucederse con rapidez los colores fugitivos en las
burbujas de jabóu. En ella eucoatré todo.
La úuica familia de Taide se componía de una
vieja tía, propietaria de una finca contigua á la
de mi madre. La tía Paz, así la decíamos, á pesar de su 1·ostro ma1·chito, trnscendía á elegancia y hermosura, tal cual las flores guardadas
durante mucho tiempo ea un libro exhalan un
iwoma muy leve. fogenuamente devota, empleaba sus ocios en la confección de afiligranados
sobrepellices, que r egalaba {t los curas humildes
de las pai·roquias cercanas, y en devanar con
sus maravillosas manos débiles, seda pa1·a síngulos que tenían el mismo destino. Para estas
uos mujeres buenas, mi madre y la tia Paz, la
alegría estaba en nosotros y la tomaban de nuestros semblantes. BaJo su custodia y á su calor
nació nuestro cal'iño, sencillo como las tapice~
l'Ías que el musgo tiende en las calladas, a1·1·0Jla
á los árboles y teje enlascicatrices &lt;lelas rocas.
-Deotro de una hora frás muy lejos, dijo Taide apoyaodo eu mi bomb1·0 su cabeza. ¿Pensarás en mí":' De pronto, deteniéndose, exclamó con
su som·isa luminosa: -¡Qué tontas somos nosotras! ¿Sabes en qué venia pensando:'¡ Figúr..te
una. bobería! Pensaba: &lt;Hubén no de be frse, m¿
quedo sola, puedo morirme quizá y no le volveré á ver!&gt; ....
Se calló brnscamente, como si su pensamiento
hubiera hallado en su camino un obstáculo, como las tórtolas que refrena.u el vuelo cuando el
azor apenas se dibuja en el hol'izonte.
-¿En qué miís pensabas':' insistí yo.
-En muchas cosas que no quiero ni debo decirte, me contestó lloraucto; ¡soy una loca.! ....
::;us palabras llegaban á rn1 01do vagas y confusas como el susu1T0 lle una selva. ::;u vestido
ondulaba movido por el iü1·e; oprimía su busto
un corpil1o ligern, y entre las vapornsas blondas negras de las mangas, sus manos semejaban
copos ue nieve pendientes de ramas de ciprés.
- No llores! exclamé con los ojos erupañu.dos
tamoién poi· el llanto; óyeme. i Ah, uo sabré nunca qué augustias clestlorai·on e n ese momento los
cristales ue su alma! Sabes, continue, que nunca
he siuoce!Oso, y uo lo he sido, porque teugo absoluta fe y conlianzu. absolutu. en tu bondu.d. Así
no atribuyas u. celos lo que voy á supltcarte : es~

--:

--

tás obligada·á asistir al paseo que anualment
hacen en honor de la tía Paz, y el cual tendrá
verificativo dentro de dos días en la falda de
puente que dista de aquí seis leguas. Asistirá
Gustavo, lo sé por él mismo, y no extra11es que
siendo mi mejor amigo, te ruegue sea la última
vez que lo trates.
¿,Fué que una nube opacó instantáneamente la
luz del día ensombreciendo todo, ó, en efecto, veló su semblante un torvo presentimiento? ¡No lo
supe entooces: ....
Anduvimos largo trecho distraídos. En las
brumas de mi memoria aparecía Gustavo, cuya
estúpida sensualidad, propia desu temperamento,
ardía en sus fras&lt;-s aliñadas y flexibles como
víboras;en su5 miradas lánguidas é intensas, pe1·clidas én una vaga lontananza, donde el ensueño,
la febricitl111te abstineucia y la h .. juria, desbandan sus visiones frescas de vida, que sobre muelles edredones revuelcan sus fastidios ó adormecen voluptul)samente sus cansancios. Sus lecturas, su exquisita sensibilidad y fervoroso cu lto
á la belleza, afinaron su lujul'ia, que plegaba, sin
que él St&gt; diera cuenta, sus labios húmedos y carnosos. En sus ojos claros se adivinaban á ratos
profundidades atl'ayeutes; se me antojaban límpidos rema.usos en los que el sol, filtrándose á
través del follaje de uo sauce, comunica t1·anspareocias á la masa de agua sin iluminar el fondo.
¡Oh Dios, qué inmensamente dolorosos son los
recuerdos &lt;le mi juventud!
Hepeotinamente, como invisibles tórtolas ai·rulladoras, salieron escapados ele la tol'l·e de la
aldea los sonidos de la campana.
- ¡Las nueve, excli.iné apesadumbrado, es preciso volvernos! Deben de esperarme ya con los
caballos que han de conducfrme á la estación.
Agregué en tono muy bajo: - Sé fuerte al despedirme; nos ahorra1·ás un sufrimiento.
s...,uozaba y no pudo responderme.
-¿Por qué te afliges·:' le preguoté. Cuando vuelva, serás mía, no nos sepa1·aremos, te contaré los
encantos y amarguras de estudiante, te most1·aré
mi vida ctía poi· ella como las hojas de álbum; tú,
en cambio, me arrulla1·as con tu charla armoniosa, en la que br1llarán como curiosidades sacadas de un cofre pet'fumado, tus travesurns ioocentes, tus sueños, en 10s que viviré escondido,
y tal vez alguoos dolores ieves colados de ronuón en tu espíritu.
La hice apl'esui·a1· el paso. El sol bañaba los
arbustos de la. avenida, que al dibujar sus frondas en el t,uelo, fingían cnarcos caprichosos úe
tinta; en la plaza principal una turba de vendedores ambulantes voceaoa sus mercancías, y la
pequeña esquila ct.: la iglesia, poseída de un gran
regocijo, seguía pirnete ando.
.Gn el portón éncontn1,mos á la tía Paz, á mi
madre y á un criauo. Por sus eoca1·gos, y súplicas y consejos, s.:ntia m1 corazón ues1allec1do.
Ap1·tlsm·é la ue~pell1da; besé tí Ta1&lt;1e, y en ese
beso no sé poi· qué c1·eí que nuesti·as aunas se
desprendían pai·a siemp re.
Rápidamente desauuaé el cabi·esto de la escarpia; el caballo, al se ntir el peso de mi cue1·po,
partió al galope.
.l!:l aii·e uel campo quién sabe qué cosas susurró á mi oiuo, rerrescó mi frente, agitó mis cabellos ¡ay!, pe.ro no pudo evapo1·ai· m1s lágrimas!
.l!:l pano1·ama e¡_ ue se desarrollaba. ante mí, adormiló mt pumante melancolía. Los montes verdinegros ue ocotes uesllecados y silbantes, cuya
so1emne ma¡.:stad ac1·ecentaban los gorjeos rncomptetos de los pájaros; las nubes rozando los

'

árboles, como si éstos humearan incendiados· el
río que culebreaba en el profundísimo barran~o
negro como nu hilillo de betún ; el sol chorrean:
do fueg&lt;? Y abrasand_o la campiña, por cuyo calor la berra, en varias partes cubierta de musgo
verdoso, con reflejos metál~cos color de hiel, parecía que_ sudaba; las cemzas nopalel'as como
mu_est:ar10~ de extraños fetos; cada color, cada.
paisa¡e de¡a.ba su gota de miel sobre mis dolores.
":nocbecía cuando clistinguf las luces de la estación ferroviaria. El silencio aguzaba mi oído,
y clara1;1ente oía el roce de una hoja seca de mafa
q~e el viento ~octurno venía empujando. A pocos
mrnutos dormitaba en el t ren, arrullado por su jadeo, y á la mañana siguiente instalado en mi cuarto de estudiante, recordaba los rosales florecidos
de las casas de mi pueblo, las cercas de piedra
doode se posan al mediodía los lagartos verdiobscuros como puilales pavonados, la hacienda
de mi madre, silenciosa y blanca, v sobre mis recuerdos tod?s, Taide pura y bella.'
1\Iis estud10s y trabajos diarios hicieron recobrar su buen humor á mi espfritu. El quinto día
de mi estancia en la Capital, á mi vu&lt;-lt:, de la
Academia de Bellas Artes, ent•ontrésobremimesita de trabajo la anhelada carta de mi hogar.
Nadie trazará .í rasgos finísimos la urdimbre de
impresiones que sa&lt;!uden el será la vista de una
carta amada. Cuando rompí el sobre. sentía apretada la garganta por una alegría ó angustia que
no sabré explicar.
l\Ie decía mi madre que en el paseo verificad O
en honor de la tía Paz, Taide había caído del
caballo )' había muerto.
¡Ab! morir cuando en nuestl'os corazones rayaba el día; morir cuando ella sintetizaba mis anh elos y esperanzas! ¡ Ah! morir cuando el prime1•
amor salpicaba las concieucias de perfume; morir cuando todas las ideas, todos los pe11samientos, todas las bondades, convergían en un punto; mori r cuando .... ! ¡Oh Dios mío, tú que eres
eternamente bueno, que regaste la semilla del
consuelo en las alma~ inconsolables, que abriste
los veneros del amor en los pechos sin arrullos,
y regaste tus resphtndo1·es en los corazones que
eran noches . ... ! ¿por qué me quitaste á ella, que
e r a mi porvenir, que e1·a mi juventud, que era mi
vida? ..... .

***
Ignoro el tiempoqueestuveenfermo, pero cuando comencé ií pasear mi convalecencia por los
j a rdines y arboledas, tenía en los labios y en la
mirada una amarga dulzura de un bien perdido
y lejano, muy lejano.
Un año hacía que había cambiado mi domicilio á una alegre barriada del poniente de la ciudad. A llí soñaba pensando en Taicle, al can,ado fulgor mortecino de los crepúsculos clolieotes.
F1·ente á mi habitacióo estaba un balcón cerrado
siempre, y festonado caprichosamente por yedras
y madreselvas frondosas . De tarde en tarde llegaba á mis oídos, conmoviéndome profuodamente por los recue1·dos que despertaba en mi memoria, una voz trémula, dulce y sollozante que cantaba con infinita vagnedad y tristeza:

«Volverá mi recuerdo cuando muera,
A traerte, mi biPn, melancolía:
C'omo vuelve, alejándose el invierno,
A su nido de ayer la golond1·ina.
No me olvides, yo te amo, está seiruro
Que volveré á tuc; hl'azos al¡rún día.
Como vuelve, alejándose el invierno,
A su nido de ayer la golondrina.&gt;
¡CuiÍntas ternezas &lt;lespertaha en mí la vocecita ele mi clescouocicht cantadora!
Así las risas de los címbalos lejanos encuentran en al,rún polvoso piano un eco que les
responda, y que acurrucado dormitaba como un
niilo abandonado por sus padres.
Rentía {L veces el imperioso deseo ele ir á su
deparmento, preguntar quién era, hablarle. decirle que le estaba infinitamente agradecido, porque su voz y sus canciones me hacían pensar en
oh'a voz y otras canciones que había oído ele
unos labios amados que callaban entonces porque estaban aprendiendo nuevos ritmos en un
pafs de misterio y de silencio donde las almas se
convierten en cantos inefables.
¡En cadr1 hígrima que me arrancaban esas estrofas, rodaba una bendición!
Uoa tarde• de crepúsculo sang-riento, esperaba
la llegada de mi madre y la visita de la, tía Paz;
¿,qué conversación nuestra no tendría por trama
la bondad de la inolvidable muerta'?
:\Iientras lleg-aban, distraje mi impaciencia
observando el desbanclamiento ele nube, escarlata, anaranjadas y violetas; oyendo los vagos
susurros de los árbolM poseídos ele súbitos estremecimientos. la bulliciosa algazara ele par•
lanchines go1Tiones empeñados en meliflua contienda p01· logl'ar un camarín en la em·amada, y
vieoelo al gato, sobre la silltL esparrancada, en
quieta somuolencia, con su eterno hervo1· en el
cogote.
Todos los detalles de aquella época de mi vida, dolorosos y alegres, los conservo de tal manei'a grabados en mi mente, quec1·eo que niagúu
sacudimiento trágico vivirá en mí con mayor inteusidad de precisión.
H,.bía dejado de ver á la tía Paz mucho tiempo; y cuando la vi en el dintel ele la pue1·ta tendiéndome los brazos, con el rostro c1·uelmente
ajado y los cabellos canos, débil y encorva.da,
parecía. que mi pasado esti, btL frente á mi porvenir.
Respetuosawente besé sus manos y la senté en
mi lecho.
-¡Qué viejo estás! me dijo en tono simpático y
burlón. Dentro de dos años se te verá la cabeza
como si la tu vieras envuelta en un pañuelo
blanco.
-No es difícil, contesté soarieud.o.
Agregó:-Tengo que decirte algo muy grave
antes que llegue tu madre, que supongo no tarda.
La vida te ha vuelto reflexivo, prudente y sobre
todo l'azonable. E,·es ya un homb1·e capaz de soportai· con calma. cualquier hecho, cualquie1·
acontecimiento, por intensamente abrnmador que
sea. Eres algo más que un homb1·e; como te dije
al principio, er es un viejo á quien yo quiero como á un niño, y para el que todas las alegdas
me pai·ecen pequeñas si poi· un momento se las

Domingo i &lt;le Dicirmbro de 1902.
pudierlL dar todas. ;),le entiendes·~ agregó conmovida. Ahora escúchame, y sé fuerte.
Tal solemnidad había en la tí11 Paz al expresarse, que instintivamentP incliné el cue1·po como euando SP &lt;-spera 110 ¡ olpe rucio.
-T11ide no ha muerto, exclamó más blanca
que la cera y con los ojos fijos~- brillantes.
-;.No ha muPrto:' elije non voz 1·onca ahandon;inclo mi asiento y tomándole con brusquedad
las manos.
-No ha muerto, contest6 iÍspPt•amente, y aun
cuando comprendo qu&lt;' serás capa1 ele estrang-ularme por saberlo todo de un g-olpe. e~ preciso
que me oigas portándote como un hombre y no
como un niño: siéutMr.
l'recipitaclau1ente continuó: -En el paseo del
año pasado. que debes recordar, iba como invitado de una dr mis amigas Gu,ta\·o Hartmana.
-Gustavo IIartmann, grité desl'sperndo.
-Calla, contestó jadeante, es&lt;·tíchame.
'.rodos íbamos á ca hallo, y it la entrada. del
monte, en el lugar preci~o en que el boscaje• se espesa, el animal que Taicle montaba se enc,Lbl'itó
por el ruido ele alguna hoja seca y em2,rendió la
carrera. Nos parnlizó el espanto y el pensamiento de que en la falda resbaladiza el golpe era seguro y la caída mortal. Todos quisieron marchar tr~sella,p?ro Gustavo,como un relámpago,
se teud1ó sobre el caballo,que azuzado,brincaba
como un gamo, perdiéndose bien pronto entre la
obscura malt&gt;za y las quebradas de la montaña.
Inútilmente esperamos su regreso, v entonces
nos diseminamos en el bosque con ei fin ele encontrada. Todos teníamos el alma cuajada de
preseotimientos.
Xuestro p1·ime1· hallazgo fué espantoso. Ea el
fondo ele un barranco estaba Gustavo con el cráneo despedazado. ¡ Ay I e!1 ese momento comprendí que en una hora se puede en vejecer. M1ís adelante encontramos desmayada {L Taide, pero viva aún.
Ahora escúchame y sé más fue1'te aún. Voy á
concluir.
Cuando Gu~tavo corrió eu busca de Taide,
¿sabes lo que hizo'! :No detuvo el caballo; poi· el
contrario, lo fu:stigó brutalmente para que se
desbocara y caye1·a. ¡Oh Dios! ¿po r qué los árboles no vol viet·on hacia él sus brazos y lo desmenuza1·on en el aire! Cuando la vió tendida sobre la yerba .. ¡ah Rubén, Rubén, todas las azucenas deben de habei· ceri·ado á esa hora sus cálices!
-¡Maldito! exclamé como un loco. No haz
muerto y debes morir despedazado por mis dientes, magullado por mis manos, pisoteado por mis
plantas! ¡Taide, Taide! sollozaba. Como á un
conjuro, abrióse la pue1·ta y apareció ella vestida
de negro y con una palidez ult1·ate1·reste.
-Gustavo ha muerto, dijo, yo soy la desconocida cantadora; te amo, y he vivido con mi amargu1·a incomparable sólo por ti.
-Retírate, exclamé con voz abogada.
-Calla, gritó mi madre, entl·aado en ese momento; nadie sabe nada, y yo, que soy tu madre
y que para ti quenía lo más saeto, te ruego que
la quie1·as: quiérela, dijo juntando nuestras cabezas, que bañaba con su llanto.

--~
-~

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---~_;;

�EL 2'1UNDO ILUSTRADO

Domingo 7 de Diciembre de 1902.

~L t\l UNUU lLU::,'J'l{AlJI/

Domingo 7 die Diiciemhre de 1902.

. -Te pido que robes ]as carnes frescas quetien~n los ho1;1bres de la llanura. Te pido que
asesines al primero que encuentres. Te pido
que te apoderes de ]as víctimas ofrecidas á tus
,dioses y que todo lo deposites á mis pies.
El le agradeció que no pidiera más é hizo
lo que le había exigido.
'
Durante una hora tocó delante de ella; pero
después rompió su lira y vivió como si estuviera muerto.-PIERRE LOUYS.

E

La ■uerte de las murallas.

medio de un universal encogimiento de
· hombros, único comentario hecho á su
n:iemoria,sola y muda oración fúnebre pronunciada sobre sus esrombros, van cayendo las

ra ¡uíticos y escuálidos,
los niños se acurrucan
ante el rescoldo cárdeno;
y allí tiritan .... lloran
al escuchar los ásperos
y lúgubres chillidos
de los siniestros cárabos.

sus alas el relámpago,
despréndense las hojas,
despiértanse los pájaros,
azota las vidrieras
cor: recio impulso el ábrego
y el rayo cruza y hiel'e
como celeste lc'ttigo!

mis delit·antes súplicas:
bien sé que estíts muy lejos,
¡oh blanca estrella fúlgida!
Por eso, de mis labios
se disipó la púrpura ..... .
y están mis ojos trist,,s
y mis pestañas húmedas!

Ya lh:1,ra !'l rudo invierno
-con sus 11101·dieutes 1·áfagas,
&lt;'On sus tupidas nieblas
como flotantes sábanas:
ya rueuan de los troncos
enfermas las parásitas ...
y están I as flores mustias
l' las mujeres pálidas!

Por las obscuras grietas
de las mortuorias lápidas,
las gotas de la lluvia
descienden frías, lánguidas·
¡ob trágico destino!...... '
Tal vez únicas htgrimas
que en su mansión de sombras
1·eciben los cadáveres!

Refúgiate en mis brazos
en estit noche tétrica
Y esconde eut1·e mis manos
tus manC'citus tl'émulas!
Calor y luz ansío
de tu mirada angélica,
mientras la bri,m cbarla
con la llovizna gélida.

Tal vez mn.íiana mismo,
cuando estos melancólicos
cantares á ti vuelen
con su vibrar monótono,
yo duerma solitario
bajo el sepulcro lóbrego,
soñando que me estrechas
contra tu seno mól'bido!

La dl·nsa llu\'ia cae
&lt;ion ei;pantoso estrépito;
sus membranosas alas
agitan los 111u1·ciélagos,
y en las inmensas playas
el mar undoso y pérfido
.queb1-ántase en las r@cas
con ímpeUl colérico.

Doliente y ojerosa
la luna avanza tímida,
y escóndese en las nubes,
ya inmóviles, ~-a undívagas;
en 1as desiertas calles,
sobre las losas frígidas,
mellio desnudas tosen
las pordioseras tísicas!

llesuene en nuestras bocas
el beso como un dntico;
y en t,into que apuremos
nuestra ventura extáticos,
que azote las vidrieras
con r~t:io impulso el ábrego
y el rayo cruce y biera
como cdeste látigo!

Pues yo sé que este invierno,
con lento p,tso rítmico,
se irá con sus tristezas
y su ropaje lívido!
pero este que yo guardo ..... .
tal vez el más fatídico
de todos los iu\"iernos ..... .
eterno es en mi espfritu!

En las pajizas chozas,

Allá lejos sacude

volver, todo lo negro y trágico; quedaba únicamente lo hermoso, lo inofensivo: los monumentos, la tradición, la leyenda bizarra y hermosa nimbada y consagrada por el beso amoroso del Tiempo.
Y la prisa febril y loca por destruir esos
restos menospreciados y entregados al olvido,
habla con voz doliente de nuestra desnudez
de espíritu, con la voz misma con que hablan,
en derredor de las murallas que se vienen abajo, los rostros atormentados por el afán insaciable de ccl'argent,,, y los antiestéticos trajes
modernos de los transeuntes.
Muy cerca también, l os carros eléctricos pasan apresuradamente lanzando al aire la canción triunfal del repiqueteo de sus timbres.
Edificios utilitarios y feos, ceñudos, sin ale-

JULIO FLÓREZ.

Mas ¡ay! bien sé que no oyes

Nuestro pats.-Parroqula. de Taxco (Gue)

(Fot. Waite.)
I

LA FLAUTA ENCANTADA.
otro tiempo habitaban ]a Tracia ani•
mn]es salv:ijes y algunos hombres ame- - - - drentaclol".
Los animales ernn muy hermosos: había
leones rojos como el sol, tigres rayados como
la tarde, y osos negros como la noche.
Los hombrei::, enanos y chatos, mal cubiertos de viejas piele,:, armados de lanzas toscas
y arcos grosero,:, i::e e1,cerraban en las cavidades de las montañas tras monstruo·sos bloques
que ellos rodaban trabajosamente. Pasaban la
vida cazando, y corría la sangre en los bosques.
Era tan lúgubre el paíf', que los dioses lo
habían abandonado. Cuando salía Artemisa
del Olimpo, al clarear la mañana, jamhs seguia ca mino que llevara al nQrte. Las guerras
de allí no inquietaban á Aree; la fªlta de flautas y de cítaras alejaba á Apolo, y solamente
brillaba la triple Hécate como una cara de
medusa sobre un paisaje petrificado.
Entonces fué ú habitar allí un hombre de
una raza más feliz, quien no vestía pieles como los salvajes de la montaña.
Usaba larga túnica blanca que ]e arrastraba
un poco. Gustábale errar de noche á la luz
de la luna por los mullidos claros de los bosques, llevando en la mano un pequeño carapacho de tortuga, en el que habfa clavados
dos cuernos de uro, entre los que se tendían
tres cuerdas de plata.
Cuando tocaba con sus dedos las cuerdas
música delicioi"a las recorría, mucho más dul~
ce que el murmullo de las fuentes, que las
frases del viento entre los árboles ó que lamodulación de las aves. La primera vez que tocó, despertaron tres tigres, tan prodigiosamente encantados, que lejos de causarle ningún mal, se le aproximaron lomásquelesfué
posible, y se retiraron cuando cesó. Fueron
más los que acudieron al día siguiente, así como lobos, hienas y serpientes que se paraban
sobre la cola.
Y tanto fué así, que muy poco después iban

los animales mismos á suplicarle que l es tocase, sucediénclole con frecuenria que u11 oso
llegara solo junto á él, y con tres acordes maravillosos se marchara contento. En cambio
de sus complacencias, las fieras le proporcionaban alimento y le protegían de los hombres.
Pero le fatigó su fastidiosa Yidn. Tan convencido llegó ri. estar &lt;le su genio y del placer
que daba á las bestias, que ya no se esforzó en
tocar bien, y las fieras, con tal que él lo hiciera, quedaban siempre satisfechas. Notardó en negarse aun á concederles este gusto, y
dejó de tocar por indolencia. Toda la selva
quedó triste, mas no
por ello escasearon á
]a puerta del músico
les trozos de carne ni
las frutas sabrosas.
Continuaron alimentándole y le amaron
más, porque el corazón de los animales
es ar:;í.
Un día, sin embargo, en que, apoyado
en su puerta, miraba
cómo de:::cendía el sol
tras ele los árboles inmóviles, pasó cerca
una leona. Dió él
muestras de entrar,
cual si temiese mole!&lt;tas solicitudes; rero
la leona, sin cuidarse
de él, pasó tranquilamente.
Entonces le preguntó sorprendido:
-Por qué no m e
ruegas que toque?
Ella le contestó que
no lo deseaba.
Díjole él:
-:So me conoce,;?
Y ella le respondió:
-Tú eres Orfeo.
Agregó éste:
Nuestro

-Y no quieres oírme?
-Xo quiero-repuso ella.
-Oh !-exclamó el músico-cuán digno sov
de lástima! Tú eres ¡ior quien yo hubiera tocado. Eres mucho más bella que las demás v
debes de comprender L1ejor. Por que me escuches una hora solamente, yo te dar é cuanto
soñares.
Ella le respondió:

murallas t errón á terrón-dijérase más bien
que van derramando gota á gota sui, lágrimas
de piedra.
Lloran acaso los viejos murallones, doblegándose y desapareciendo bajo la piqueta indiferente é impasible del ,cprogrei,o,» la poesía
del pasado que con ellos muere; todo lo que
&lt;¡ueda de un mundo cruel y hérpico desaparecido para siempre, impulsado por un mundo
nuevo, más justo, pero más prosaico.
Yo las miro caer, entre la indiferencia estulta ó ciega de la multitud, y siento sobrecogida el alma; porque veo en su caída y la in•diferen::ia de hielo con que la miramos, un

gría como nuestra época, muestran sus freutes
grises de piedra en los alrededores.
El progreso triunfa. ¿Pero sómos más felices?
Siempre apresurados, sin parar jamás, Judíos
Errantes de un ideal sin grandeza, hostigados
por la neurosis del oro que nos ciega
la vista con á ureo velo, y sin tiempo
para admirar, ni para comprender ni
para realizar la belleza, vamos perdiendo á la carrera la alegría, la salud del
espíritu y del cuerpo, la serenidad, la
risa juvenil que un tiempo tonificara
y confortara y llenara de gozo con su
argentino tintineo los orbes.

ESTCIJIU FOTOGRA!i'I CO.-(M.

Torres. -Profesa, 2

la uniformidad e~túpi&lt;la del sombrero de r,opa y de los absurdos pa n ta.Iones de la mesocracia.
La n1lgaridad triunfa. Triunfa Sanrho. Don
Quijote sigu e siendo apalrado y silbado á cad,a arranque heroico de su brava y generosa
a1ma.
Todo el mundo llegará á tener, según ansiaba Enrique IV, una gallina en su puchero. Y
cuando haga un alto el hornbre en esta furiosa
c~rrera en pos &lt;le .la l'iatisfacción del cuerpo
tuano, y el alma tienda los brazos en busca
&lt;le lo suyo.. , . .. tal vez lo bu~que en vano an guRtiada y mortalmente an~iosn.
'
Hallará un mundo de gentes rollizas uniformadas, viajando en ferrocarrileR, vi ,;iendo
en hoteles lujosos, l eyendo periódicos exclusivamente, embrutecidas por el trabajo y las
comodidades.
Y el ~lma se encontrarñ, estupefacta, con
que ya, a aquellos hombres gordos y sibaritas, no les puede ella servir más que de estorbo ..... .
Kovbre., 1902.
LUIS RODRIGUEZ-EMBIL.
Nuestro pals.-Suburbios de Córdoba.

símbolo de esta época de8provista del Arte
•consolatlor y sagrado, que embellece y perfuma la vida como una flor del cielo.
Con las murallas rugosas y venerables como
un abuelo, se ya quizás el último vestigio de
1a exquisita poesía del recuerdo. De la era que
-ellas representaban, pasó por suerte, para 110
pats.-Tina

calle de Tecalpulco ( Gue).

( l!'ot. Wal te.)

Acaso esté destinada á concluir la civilización contemporánea apoplética &lt;le riquezas,
&lt;le comodidades, de lujo burgués y chabacano, pero consumida por inmensa é irremediable murria, sintiendo al cabo el tedio infinito
de lo vulgar, y aplastada por la "{)erfección suprema y mecánica del &lt;ccomfort» moderno, por

�-

1

1

DISrErSifl
úflSTRfl~úlfl
GflTflRRO
INTESTINfll,

:m orgullo de la mujer.

Es su cabello. Y por qué no?
Aun una cara hermosa pierde su atractivo si el cabello es
claro, corto, basto y descolorido.
Un cabello hermoso, rico, un cabello sedoso siempre
atrae. Puede usted poseer ese cabello con sólo emplear el
riuo1· del Cabello del Dr. Ayer. Quedará usted encant ada
con él. Cura la caspa, hace crecer el cabello é im:;:iide que

HERMOSO
PECHO
por medio de PUulea Orienta.les

"'

hue~osu de 101 hombros y daa al Busto
una¡zracioaa loianfa.A¡lrC'lbattas por laa
eminencias médii.:.1s.,on benltfca,pa.,i l •
salud y coo"iencu á. loa más delicado,

temperamento!I. - Tratamiento f6...:il.
Rr,~ul lado duradero. - El rra~co con,

noLicia ft'. 6.35.J. RATd:1 Ph1P,5, Pau.Verdeau,Parl■,11'.
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la oloro■ia, la anemia 7 lu oonTal■cenolaa 1 -■to vino •
naa • 1aa peraonu do o4ad., 6 las mujeru, JtwoR• '1' • loa JliAoi
.111..UI 1■ pol:TANTI,. - El tln/CI VINO .utdntlCI
._Í~F:.ti:AR, 11Í1/o ültíín, ,, t1r1cho Jtamars, a,t, 11 ,.,

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l'IIEX C'I. ,._ p ,ntado 468.

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AÑO IX.--TOMO 11.--NÚM. 24.
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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-1:
tu ralezas débiles; se aleja de todo temor de esos terribles ma- 11
-11
son las dos armas principales con que el hombre les cereb1ales que matan ó agotan al Individuo basta el extre11
-u puede¿Cuáles
combatir ventajosamente contra la multitud de enemi-11 gos que le cercan y que se resuelven en dolor, enfermedad y mo de convertirlo en Idiota y en loco, y lo mismo el hombre 11
que la mujer, lo mismo el anciano que el niffo, concurren con 11
u muerte? LA SANGRE.Y LOS NERVIOS,
alegría y con vigor al trabajo universal de la naturaleza en su 11
-11
Una sangre pura y unos nervios sanos son la garantía más constante obra de reproducclófi de las especies.
11
-u segura de una larga vida, Con ellos, el organismo cumple norTambién mata, es cierto; pero mata cebándose sobre todo
-11 malmente sus interesantes tunctones fistelógtcas; el estómago, en los seres exoonuados por el abuso, por la enfermedad ó por 1111
-u ¡os intestinos, el bfgado, el corB1ón 1 los pulmones, etc., no es· la Indiferencia, porque
11
-u tiin expuestos A sufrir las mil afecciones que padecen en las na11
11
11
11
u
u

LOS MEJORES ELEMENTOS DE LUCHA

CONTRA
EL
DOLOR
Y
LA
ENFERMEDAD
..
-

-

LA INDIFERENCIA PARA CONSIGO MISMO

-11
-u
-11
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-u
-u
-u
-u

ES EL PEOR ENEMIGO DE LA VIDA

El bombre que entregado al trabajo, ó después de abusos
temen1les ó de enfermedades agudas, siente d~er sus tuerzas
la mujer que se siente debilitada por la siempre dulce pero A
veces peligrosa labor de la maternidad y la lactancia; la joven
que al mirarse en el espejo ve palidecer y amarillear su antes
- rosado cutis, y sufre jaquecas !recuentes y perturbaciones en su
u
- menstruactón¡ el nttlo cuyo crecimiento se efectda dificllmen11
-11

-11

te y que camina A grandes pasos II la escro!ulosls, al raqultl1mo; todos en una palabra, los que pagan tributo al mal de la
época llamado
,, ANEMIA"

-uu
-11

"~

DE SAN GERIIIAN

-11

DEL DR. LATOUR BAUMETS

-11
-11

-u
-11

-11
11
11

une la de su sabor agradable, circunstancia que no hay en otros
Preparado que por su composición, en la que figuran tónimedicamentos cuya eficacia se ve casi siempre entorpecida por
cos, reconstituyentes y purlficantes tan poderosos como el
la repugnancia que Inspiran al las personas que deben tomarlos.
Se recomienda muy especialmente A todos aquello• padres
que noten que sus bljos están anémicos, que las jóvenes se ponen cloróticas y sufren padecimientos nerviosos, cat.rros y
bronquitis !recuentes, trastornos 'tntestlnales, palpitaciones
de corazón, insomnios, vértigos, dolores neurAJgicos, etc., dees la más recomendada para
bidos A la pobreza de nutrición y II la debilidad progresiva, reAliviar loe Dolores, l'urifioar la sangre,
sultado fatal de la falta de pureza y energia de la sangre y del
_Vlgortzar los nervios
agotamiento del sistema nervioso.
y Robustecer el organismo.
Entre los muchos males que cura radicalmente el

-u

-11u ACEITE DE HÍGADO DE BACALAO, LA COCA,

-u

1,

LA KOLA, EL ICTHIOL
Y LA ESTRICNINA,

-11

-1111
-11
-11
-11
-11
-11
11

-1111

A estas cualidades reconocidas por los eminentes médlcJs

11 11IN0 DI SAN GB.RMAN,

-1111

-11

su uso es de resultados eficaces en

Abcesos escrofulosos, Afecciones nerviosas, Anemia, Falta de ap11tito, Cloroais, Convalescencia,
Depleuresías, Pulmonías, Tifo 6 fiebre tifoidea Dabilidai cln3titucional, E1 crófula, Florea bl&lt;1nca 3, Gan-

-11

•

DE VENTA en TODAS la.s DBOGUEBÍAS y BOTICAS

-11

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-11 grena senil, Enfermedades de la cintura, Neuralgías, etc., etc.
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krentes LUt&amp; Rtl'~ !IPINDOI 4 .

uc. R.4.r.4.tl Rtl'Ut &amp;PINIM)l.A.

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11

VINO DE SAN GERMAN,

que ban bacho uso de él, aplicándolo en multitud de en!ermos,

-11

Subscri pción mensu a l fo rá oea, $, áO
l d ero ldem. en la ca ••ILlll,,. l 2S

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11
11
y que son victimas de sua múltiples y dolorosas manl!eotaclo- 11
nes, recurran al uso del
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A~O IX.--TOMO 11.--NÚM. 23.
•lrcet..-s

MÉXICO, DICIEMBRE 7 DE 1902.

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11

VINO

-

11

l"\UNDO ILUSTRADO

esoolar.-él'arejas del cfl(inué.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 7 de Diciembre de 1902.

El despilfarro de la energía.
La perfección de una máquina, como la ele
un aparato, no consiste tan sólo en que dé
productos acabados y bien acondicionados, sino también en que esté dispuesta en forma y
mo&lt;lo de economizar la fuerza que consume y
en acrecentar su rendimiento, en que el resultado se obtenga con el menor esfuerzo posible
y sea el mayor posible.
· Si para moler una carga de trigo se ha de
neceRitar el soplo del huracán en lae aspas &lt;lel
molino, si para arrastrar una carreta ha ele
emplearse el empuje de una locomotora, si
para levantar un fardo ha de exigirse la palanca de Arquímedes manejada por Encelado,
y si es Hércules el que ha de hacer silbar la
honda y lanzar la piedra de David, molino,
carreta, palanca y honda, resultan imperfectai,, defectuosas, torpes en su función y mezquinas en sus resultados.
Lo que pasa en los organismos inertes que
llamamos múquin::u,, se verifica igualmente en
las má&lt;¡uinas vivientes que llamamos organismos vegetales, animales y sociales. Emplear
robustas encinas para producir raquíticas bellotas, organizar y amontonar esqueletos monstruosos, musculaturas desmesuradas para llegará la inerte rnmnolencia del hipopótamo,
serían faltas imperdonables ei1 un mecanismo,
faltas en 1¡ue la naturaleza incurre con tanta
frecuencia. Por el contrario, la espiga cuyos
granos pesan más y son más nutritivos que la
cana en que maduran, el insecto que pesa miligrnmos y despliega fuerza y agilidad sorprendentes, son modelos acabados &lt;le la economía
en lit materia y en la fuerza con el máximo
rendimiento del aparato.
En el orden mental y moral ocurre lo mismo. Hay inteligencias que trabajan con exceso
y se fatigan con extremo para llegará concepcione~ insignificantes ó Yulgares, y en ocasio-

Domingo "/ de Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUS'l'RADO

nes, pasiones volcánicas, con hervores de calderas, y resoplidos de fragua y conmociones
de volcán, se disipan en inconsistentes humaredas, en llamaradas de petate y en histéricas
convulsiones &lt;le terremoto.
En este orden &lt;le ideas, á cada paso tropezamos con mecanismos y maquinarias de una
horripilante ó de una desoladora imperfección.
Hay erudito que consume su actividau y su
vida en el estudio y en la investigación, que
amontona en volúmenes inacal.,ables sus ideas
y sus meditaciones, y que no llega jamús á
descubrir un hecho nuevo, ni á sentar una ley
natural, ni á explicar un fenómeno,ni á prever
un suceso, ni á plantear una regla ni á ericontrar una solución. Dialécticos conocemos que
pasan su vida razonando, polemizando, deliatiendo, que ensartan deducciones corno chaquiras, que hacen ramilletes vistosos de inducciones y que nada logran resolver, ni dirimir ni probar. La historia de la filo~ofía y
de la vieja ciencia, abundan f'n ejemplos &lt;le
esta clase de inteligencias que, como las múquinas primitivas, son enormes y desproporcionadas y meten un ruido y traen un traqueteo infernales para nada producir ni na&lt;la
rendir.
En el orden moral hay seres t.ambién imperfectos que gastan dosis formidables de ambición, de pasiones, de emociones, para no
salir jamás de la medianía y, en ocasioneio,
para sólo labrar su ruina y sembrarla alrededor suyo.
En lo que se llama el mundo &lt;le los negocios, abundan esta clase de tipos: financieros volcánicos, atestada la cabeza de proyectos
colosales, de empresas estupendas, creadores
de combinaciones que costarán uno y producirán mil, explotadores de negocios nuevos,
de cultivos exóticos, de industrias translunares, condenados á la camisa sórdida, al zapato
destalonado y á la miseria negra.
Hay poetas que arden solos, que se incen-

dian espontáneamente, que estallan al menor
choque y que, desrués de muchos paraísos artificiales v muchos infiernos naturales, dejan
en cafüla~l de obras completas una cuarteta de
álbum ó un soneto patriótico.
En punto á despilfarro de energía y á polireza y mala calidad de productos, nada es
comparable á los malhechores, como no sean
los viciosos. ¡Cuánto afán, cu{tnta labor, cuánta lucha, cuánto sufrimiento y cuánta humillación hay que pasar en la vi&lt;la cuando se
quiere vivir en el ocio y los placeres, y cunnto se tiene que padecer en la existencia para
darse la satisfacción de morir en el patíbulo!
Una anécdota á este propósito: Junto á un
labra&lt;lur cubierto aún del fecundo sudor del
trabajo, pasa un anacoreta. --Padre, le pregunta el campesino, ¿es verdad que ustedes van
siempre descalzos?-Sí, hijo mío.-¿Que no
usan camisa?-Sí, hijo mío.-¿Que duermen
en el suelo?- Sí, hijo mío.-¿Que comen ta11
sólo yerbas?-Sí, hijo mío.-¿Qne viven de
limo!,na?-Sí, hijo mío.-;,Que sufren toda
clase de humillaciones?-Sí, hijo mío.-¿Que
se condenan á no tener mujer ni hijos?--Sí,
hijo mío.-¡Cnántas penas y cuántos dolores
-agregó el labrador--sufren los hombres con
tal &lt;le no trabajar!
A los viciosos, á los laclrones y á los bandoleros les viene admirablemente el saco y puede decírseles lo que Juan Valjean á Montparnasse:-((Ah! quieres holgar? pues prepárate
para trabajar.-Ab! quieres gozar? pues prepárllte para sufriri,.
Toda la moral humana está condensada en
esas frases.

jlT/porfanfes j)rácficas j'liilifares

'i).,(

VOLADURA DE UN PUENTE

NA expeáeuda de ve,dmlem
importancia i;:e efectuó el domingo pasallo en los llanos de Anzu res. Nos referimos á la voladura
de un puente militar de caballetes, por medio
de cargas de dinamita.
Los alumnos del Colegio Militar, bajo la &lt;lirecci6n del capitán E-egundo de la Plana Mayor Facultativa de Artillería, Gabriel Terrés,
construyeron el puente, que me&lt;lía 30 metros
de longitud, 2 y medio &lt;le anchura y 3 y medio de elevación. Los trabajos duraron cuatro día1:1, y tanto la forma de los caballetes
como la del puente, se ajustaron en todo á las
reglamentarias del er¡uipaje de puentes militares del ejército francés.
En esta obra hicieron su práctica los alumnos del Colegio l\lilitar que en el presente año
cur:,aron la clase de Puentes y Aerostación;
y á fin de demostrar la solidez de la construcción y los servicios que ésta pudiera prestar á
un ejército en campaña, la Secretaria de Guerra dispuso que sobre ella pasaran cuatro secciones de caballería y una batería mínima.
Estas maniobras se efectuaron por la tarde,
en presencia del Sr. General D. Bernardo Reye!,, Secretario &lt;le Guerra y Marina, quien se
presentó en Anznres acompañado de su Est.:·
do Mayor y de los Generales Huer,a y V1llegas.
Así que hubo examinado el puente y dictado algunas disposiciones, el señor Ministro
ordenó que pasara sobre aquél la artillería de
campaña y después las cuatro secciones &lt;le caballería. Regresaron los dragones y, durante el
paso de éstos y de las bocas de fuego, se vió
que el puente permanecía innamovilile, co1\lo
cual quedó demostrada su buena construcc10n
y las facilidades que podría prestar.
El puente se construyó en la confluencia de
los ríos San Joaquín y de los Morales, cerca
de la calza.da de la Verónica.
'J'erminadas las maniobras militares, se procedi6 á. la voladura de la obra, por medio de
petardos provisionales. El ,Sr. T~niente Coronel D. Enrique Mondragon, Director de la
Escuela Nacional de Tiro, con el personal necesario de sus alumnos, fné el comisiona&lt;lo
por la Secretaría de Guerra para llevar á cabo
la voladura mencionada.
El sefior Minit;tro y sus acompañantes, ai;:í
como el numeroso público que :isistió
las
importantes experiencias, se al?Jaron a. un_a
respetable distancia del puente, a fin de evitar un accidente dei;:graciado durante la voladura.
.,
En seguida se procedió {~ la pre~a.rac10!1 e1e
petardos con pólvora Borhnete, é mme&lt;liatamente se colocaron las cargas en los caballetes del puente. La expectación públic~: ern
muy grande, pues todas lris personas allt pr&lt;'·

Jt

AUREA.
Son color de oro Yiejo tus ca.bellos,
Y como en tus dos ojos Re, reflejan, '
De tus pupilas en el fondo, dejan
De oro viejo el color que tienen ellos.

La boca que á besar Cloris me ofrece,
Frnto es de estío de dulzura lleno.
Que oculta entre su miel letal veneno.
Quien la llega á besar muerte padece.

Y áureos por eso son tus ojos bellos,
Y por su luz y su color semejan
nos S;)les en ocaso, que se alejan
Circundados &lt;le fúlgidos de.,tellos.

Y es una tentación; roja, parece
Temprana flor cuando desvuelve el seno;
Y mientras más el apetito enfreno,
Más el deseo de besarla crece.

Por eso áurea eres tú, y á tu cabeza,
Color de hoja otofial, esplendoroso
Nimbo, como un encaje, la circunda.

l\Ias ¿qué mucho morir, si siempre vela
La Muerte tras nosotros en acecho
Y por llevarnos á su reino anhela?

Aurea se mira 11sí Naturaleza
Cuando del sol un rayo luminoso
De grana y oro el horizonte inunda.

Nadie ávida inmortal tuvo derecho.
Pues &lt;lame un beso, Cloris; de esta suerte
Como él tan dulce me será la muerte.
·

sentes aguardaban con ansia el momento de
la e~plosión. Generalmente se creía &lt;¡ne al inflamar,:e los petardos no quedarían ni restos

ele! puente, pero tales suposiciones_ er3:n_ exageradas, pues sólo se_ trataba &lt;le rnut1lizarlo
para el paso de la artillería.

El puente, antes de la voladura.

�EL MUNDO ILUSTRA no

Domingo 7 de' Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

/

La voladura del puente.

Por fin se vió que del suelo se leYantaba
una gran columna de humo y tiena, é instantes después se escuchó una fortísima det.ona&lt;:ión. Una serie de explosiones sucedió á la anterior; y así que todos los petardos produjeron
sus efectos, el señor Ministro se dirigió al

)

«...... Todos, como te he dicho, estamos
bien; sólo la pobre Felicitas parece encontrarse peor que otras veces, y el doctor teme que,
con la llegada del inYierno, no pueda vivir
muchos días. Creo que, viéndote, la infeliz
sentiría un gran consuelo."
Este era el párrafo final de la carta que una
de mis hermanas me dirigía, para informarme
de las nuevas de casa, durante mi pasajera
ausencia. Y Felícitas, de quien aquellas líneas
hablaban tan poco satisfactoriamente, era la
buena, la serYicial, la siempre adicta criada
que años tras años había servido incondicionalmente á la familia.
Mis hermanos y yo casi habíamos per&lt;lid0
la noción exacta del tiempo de sus servicios.
Al abrir yo los ojos á la vida, la había encontrado ya en la casa; su recuerdo estaba ligado
á todos los de mi niíiez. Mis hermanos mayo- ·
res sí guardaban memoria de su ingreso: una
vez en que faltaba una sirvienta, presentóse

lugar donde se levantó el puente para ver el
estado en que éste se encontraba.
Los resultados de la experiencia fueron satisfactorios, pues la construcción quedó inutilizada por completo, en pocos minutos.
Las experiencias se repitieron el jueves.

cierta mujer ya entrada en edad, en compañía
de una joven, casi una niña, demandando trabajo para esta última, de quien era tía y única
parienta. Y en la casa fué recibida la muchacha. no sin algunas vacilaciones previas de
parte de mis ascendientes, que atados aún á
viejas preocupaciones, preferían para su servidumbre personas de madura edad y cuya
conducta no exigiese la vigilancia y el continuo sobresalto en que viven las buenas madres de familia que tienen mujeres jóvenes (1
su servicio.
Admitida al cabo la joven, retiróse la tía, no
olvidándose de hacer todo género de recomendaciones respecto á su sobrina. Desde su acomodo, la fámula había obtenido permiso para
salir dos veces al mes, por la tarde, y de esta
licencia aprovechál.,ase siempre que la tía vi~iese por ella; pues entre las recomendaciones
más importantes de la vieja, se contaba la de
no permitirá la muchacha pisar la calle sin
la compañía de su &lt;CÚn,ica" parienta. Sin embargo, muchas ocasiones se daban en que la
recamarera no hacía uso del permiso durante
dos quincenas, por ausencia de Sil tía; pero al
término de este plazo, que coincidía con el pago del ,,mes,» la vieja Ha lograba robar un momento á sus quehaceres, para acudir en busca
de su sobrina y proporcionarla algunas horas
Je libertad. l\fas á la quincena siguiente, fácil
era asegurar que la buena Felícitas se quedaría sentada en la azotehuela, inútilmente entretejido en la trenza el lazo de listón azul, inútilmente sacados del baúl el rebozo «coyote»

y la enagua de holanes, inútilmente en espera
de la tía, á quien sus quehaceres impedían
preRentarse á menudo.
Y el carácter de la criada era incapnz de rebelarse ante estas contrariedades. Cuando la
tarde del domingo, esperada con tanto anhelo,
agonizaba antes de que la única parienta hubiese aparecido, la recamarera, un poco más
triste tal vez, pero sin proferir una queja, volvía á doblar cuidadosamente el rebow ,,coyote», cambiaba la euagua recién planchada por
la de trabajo, y per.etraba M- las habitaciones
á reanudar la diaria tarea, á encender las lámparas, á preparar las camas ó entrecerrar las
maderas de 10s balcone8.
Su espíritu era de una completa pasividad,
producto tal vez de algunas generacioneR de
antepaRados nacidos y muertos en la ei::clavitud del trabajo miserablemente remunerado,
en la existencia del pobrf' indígena de los campos, sometido á todas las brutalidades del
amo y sin recibir de él más que el puñado de
maíz para su sustento y el pedazo de burda
tela para su abrigo.
Llegó vez en que la tía no apareció por In
casa durante mucho tiempo, y, alarmada la
sirvienta. manifer--tó sus zozobras á los amos.
Mi padré escribió á la primera autoridilcl del
pueblo en que moraba la vieja, pidiendo informes acerca de ella, pero éstos no fueron
nada satisfactorios: se ignoraba ta111bién allí
su paradero.
IJesde entonces se conceptuó á Fclícitas corno privada en ab¡:;oluto de allegados, y, con
el tiemvo, fué vista por todos como una hija
adoptiva de la familia. La muchacha lloró
sinceramente la desaparición de aquella mujer, que había sido, á pesar de todo, su más
vivo afecto; pero resignóse al cabo y terminó
por hallar el lenitivo de su pena en el calor de
aquel hogar al cual sentíase ya ligada por
fuertes vínculos de cariñoso reconocimiP.nto.
Su situación mejoró un tanto;~ repetidas instancias de mi padre, que amaba la libertad
de todos, permitíase á Felícitas ,:alir en compañía de las demás sirvientas, cuya conducta
uada hacía sospechar, y algunas veces también encargábasela de acompaí'iar en su paseo
á mis hermanos mayores, nilios aún.
Pero después de cierto tiempo, aconteció
algo que vino á desconcertar la pacífica existencia de aquella infortunada criatura. Una
noche en que mi padre entraba al comedor,
después de haber pasado la mayor parte del
día en su bufete, insta lado en uno de los edi-

.licios más importantes de la ciudad, fué recibido fríamente por mi madre, que había acabado de cenar, hacía ya buen rato. Estas situaciones de espíritu no eran raras en ella,
que tomaba á pechos, muy á menudo, verdaderas nimiedades, cosa que mi padre no ignoTaba. Sentóse, pues, á la mesa, dando principio á las viandas que diligentemente había
traído Felícitas, espemnclo en calma á que mi
madre se desahogara de la agitación que la
poseía.
Cuando el último plato estuvo en la mesa,
Felicitas fué despedida c&lt;·n un «vete á cenar;
ya te llamaré,» pronunciado secamente por mi
madre, y quedaron en el comedor mi padre,
mi madre y mis rlos hermano¡:; mayores.
-Harías bien-prorrumpió al fin mi madre-en no volver á enviarnos á Julián, bajo
ningún pretexto.
J ulián era el criado del bufete de mi padre;
un mocetón de veinte años, con cierto aire de
bestia, brusco ea palabras y movimientos y
con algo de taimado en su actitud.
-Por qué?-preguntó mi patlre-lla cometido alguna falta? Rompió algo?
En pocas palabras fué explicado el motivo:
había llegado por la mañana, conduciendo
-ciertos objetos de que mi padre le hiciera en,eargo; todo estaba perfectamente, y se le
había despedido en seguida; pero aquel idiota, en vez de alejarse, se había detenido en un
rincón del patio, detrás de la escalera, en donde platicaba sigilosamente con Felícitas cuando mi madre les sorprendió. No cabía la menor duela; P-1 criado y la recamaren~ se entendían; dijéralo si no aquella turbación con que
la muchacha subió á reanudar sus labores del
día.
Mi padre tuvo una sonrisa de benevolencia.
Y eso qué'? Si se querían, podrían casarse.
Ella era una magnífica mujer, digna ele buena
suerte; él, aunque no de lo mejor, pues tenía
el defecto de rehuír el trabajo á la menor ocasión, no había dado motivos para que se le
expulsara. En fin, acaso podrían ser felices ...
Pero mi madre no opinaba del mismo modo. Feliz la muchacha uniéndose con aquel
taimado que á la mejor la plantaría en la calle? Qué mayor felicidad podría ambicionar
-que la de vi\'ir siempre en aquella casa en
-donde era objeto de consideraciones que acaso
no había soñado siquiera? Iba á sacrificar sus

ella misma había experimentado en su juventud, antes de conocer á aquel á quien había
rendido el alma; ese llamado inolvidable del
amor que golpea en nuestro corazón a1iunciando un mundo nuevo, lleno de deleites y de
ternuras infinitas, generador de alientos, fuente de energías para recorrer hasta el fin el agrio
sendero de la vida, y manantial Ragrado ele
plegarias á la buena, á la fuerte, á la bendita
y omnipotente madre Naturaleza.
Accedió al cabo mi padre, el criado no volvió á
la casa, y mi madre extremó su vigilancia sobre
la infortunada recamarera.
Felícitas, por su parte,
no tuvo una sola queja
para quienes así la prirnban de un afecto en que
ella había tal vez em peñado el alma entera; sometióse á la voluntad de
aquellos que seguramente tendríaü razo!'es de
gran peso para obrar así,
y ahogó en su corazón
aquel amor naciente fr
través del cual cteyó haber adivinado infinitos
espacios llenos de luz y
d_e maravillosas concepC1one,;.
Por aquel tiempo vine
yo al mundo. Difícil hubiera sido asegurar si los
brazos de mi madre mecían mi sueño más amorosamente que los de Felícitas. Desde los primeros días de mi existencia,
jamás escaRearon para mí
las atenciones y los desvelos. Cuando mi madre abandonó el lecho,
y, aprovechando los momentos en que el sueño me hacía suyo, íbase á vigilar las labores
de la casa, repetidas Yeces, á su regre;:;o, sorprendía á Felicitas cerca de mi cuna, meciéndome suavemente, contemplúndome en
éxtasis: una viva turuación se apoderaba de
ella, balbucía alguna frase ininteligible ~, se
alejaba en i,eguida á reanudar su trabajo abandonado por un momento.
Insensiblemente llegó ú ser ella la encargada de mi cuidado. Por la mañana, apenas
despertaba yo, Felícitas venía á buscarme,
abrigábame con la mayor solicitud, levantábame &lt;le la cuna en que había pasado la noche, y, cubriéndome de caricias, estrechábame contra su corazón, con un amor muy vivo
que no puclo pasar mucho tiempo ignorado
para mis padres. Horas y horas pasaba contemplándome con una mirada vaga en que
palpitaban todo!' los e·,sueños de su ser. Tal
vez mi presencia había despertado en ella el
sagrado instinto que es la vida de la huma1iidad, y ausente del afecto que florece y esparce su polen para fecundar incesantemente los
campos de la exi;:;tencia, soñaba en que yo era
el fruto ele aquel amor que había cruzado un
día cerca ele ella, acariciándola. fugitivam311te
con la dorada punta de sus alas; acaso experimentaba la doloro-,a angustia de no ser ella
quien ncercaría á mis la.bio3 el alm(bar de la
vida, haciéndome sano-re de su san 0-re, flora., el
o
cwn e todts su~ enel'6 ias, form'l p.ilpable de
todos su~ en&lt;;uelio3.
Después de m[, otros h ermanos vrn1eron,
pero ninguno logró alcJ.nzar aquel c:1rif!o tan
grande, tan vehemente, tan desinteresado,
que Felícitas abrigara hacia mí. Y yo tamuién
llegué á nutrir mi alnn ele niño con a1¡nel
afecto; á ella, m í.s que á mi mJ.dre, a cadía en
todas mis querellas, seguro de encontrar m1.yor benevolencia en su acogid:1; cun.ndo era
objeto de ca&lt;;tigo de parte de mis mayore.,, corría en po3 de Felicitas, las lágrim i.s en lo.,
ojos, repleta de sollozo., la g,u-ganta,y á la voz
de mis queja, también el llanto asom:i.ba á SLB
párpados, y m3 estrnchab:i nervio3:1m ,nte contra su pecho, en un transporte sentimental ele
a4. u ella alm.i c.'.mdid1, de aquella alm, inganua y transparente com:&gt; el agu:i. que corre so0

comodidadf's para seguir ú un h om 1&gt;re que la
engañaría desde el día siguiente, que la engañaba ya, abusando de la inocencia de sus po•
cos años? :N"o, y cien veces no!
Protestaba ciegamente contra el atentado,
celosa tal vez de aquel que ,·enía ú arrebatarle
algo que ya mi madre conceptuaba como suyo,
dominada por cierto prejuicio contra el hombre vulgar é inculto, el hombre del pueblo,
seductor de infelices obrera~, ebrio consuetudinario, incapaz del menor sentimiento de nobleza. 01 vi&lt;laba, en su arrebato de mujer decorosa y un tanto cuanto rígida, creyendo
obrar con la mayor justicia, olvidaba el imperio absoluto de ésa necesidad d e afecto que

Domingo 7 de Diciembre de 1902.
bre ]P.cho de rocnc;, retratanrlo en sus cristales
la infantil angustia que me oprimía.

···Y ~Í;~r~.. -~q;~¡¡¡· -~;;.t,~ -~~-¡~-~~~¡~¡;~··¡~~¿:
nicarnerite' el probable fin cercano de la mujer
que más me había querido en el mundo, _á
travé;, de treinta años de prueba. El sentimiento ele un deber, asociado al amor que
abrigaba para aquella mártir silenciosa de un
error involuntario, impuls6me á acelerar mi

rc6 res,&gt;, y en tanto que é,;te se realizaba, contesté la carta en cuestión, ma1üfestando que
pronto estaría de vuelta en el paterno hogar.
AguaL"dé, pues, impacientemente, los tres
días que aún debía permanecer alejado de la
familia; tenía yo algunos pequeños asuntos
por ultimar, y además, la víspera del día fijado para mi partida, fuí. invitado por uno de
mis buenos amigos de la localidad, para asistir á una cena de confianza con 4ue deseaba
obsequiarme antes de despedirse de mí.
1\lás de la media noche sería cuando abandoné la casa de mi amigo, en donde la buena
mesa, la música y la conversación de las mujeres hermosas me habían proporcionado deliciosos momentos. Llegué al hotel en que me
hallaba alojado, mi equipaje estaba casi hecho;
dejé para el &lt;lía siguiente su terminación y
me metí en el lecho, acariciado aún por el recuerdo de las breves homs precedentes.
Pero cuando volví á abrir los ojos, asombróme el ver que mi cua.rto se encontraba lleno de luz, y salté apresuradamente. El reloj
per;:;uaclióme de que, por desgracia, la hora de
partida había pasado ya. Me había dormido
como un podenco.
Tuve, pues, que resignarme á esperar urt
dia aún; pensé que sería oportuno aprovecharlo correspondiendo al obsequio de que era
deudor, y dirigí una esquela á mi amigo, invitfodole, en unión de su familia, á aceptar
el almuerzo con c¡ue de,,eaba m'l.t'.llfestar mi
reconocimiento. Elegí el almuerzo, temero,o
tal vez de que pudiera acontecerme nuevamente lo que no cesab:1 de lamentar, y en las
primeras horas d e la noche regresé al hotel,
dirigiéndome á la administración en busca ele
un criado á quien recom,mdar la hora fija en
que debía &lt;le:3pertarme.
Y al día siguiente, cutndo el criarlo 11am '&gt; á
mi puerta, puso en mi~ m 1.1103 un m :ms.1,je recibido la noche anterior. El mensaje clecia:
«E-,perábamo.'! tu llegad.a hoy, segút1 avi~o.
Felicitas ac.1.b1, de tn..Hir; expiró pronunciando tu nombre."
L1. n oticia m3 dejó helado. L:&gt; senti mac'11,
verdaderameute.
A.

Tacubaya.

G:&gt;NZALEZ CARRASCO.

�Domingo "/ de Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO JT.,tTSTRc\1r,.

Obras en los }'uerfos-

PÓRTICO.

El nuevo NJuelle de Jampko.
L ensanche cada día
más rápido de nuestras redes ferrocarrileras, y el desarrollo
que al amparo de un
gobierno estable y
previsor adquieren las
relacioi.es comerciales de nuestro país
con las naciones extranjera:;;, hacía inclispensa ble la implantación en los puertos de
las costas mexicanas, ele todas aquellas mejoras directamente encaminadas, tanto á proporcionar á los buques las facilidades necesarias para la carga y descarga, protegiéndoles
contra las fuertes avenidas y los \·ientos, como
á lograr hacer de aquellos puntos insalubres y
mortíferos, en su mayor parte, lugares perfectamente saneados y habitables.
Así, vimos inaugurar, con grandes demostraciones de regocijo, las colosales obras de
Veracruz, que tan elogiadas han siclo, no sólo
en México, sino en el extranjero; y vemos que
en :Manzanillo se llevan á cabo en la actuali-

mús tiempo. El vapor «Cromtll'ty,» ele la c&lt;Cnban 8. R Linr,» fué el primero en atracar, i::iguiéndole el «Copella,» ele la &lt;cHúrrison,i&gt; y el
«Syrin,» de la «Hamburg Amrrican Line.»
~o ob~tante qne, como decimof-l, la inau-

Domingo "/ de Diciembre de 1902.

Quiero labrar un cáliz peregrino
para enterrar mis sueños de belleza,
cuando de mí ¡;e aleje la tristeza
a~perjando de flores el camino.

guración no tuvo el carácter de una fiesta, el
muelle se Yió muy cnncurrido. A las siete de
la mañana, hora en que atracó el «Cromarty,i►
había en la playa muchas perf:onas.
que esperaban el arribo del barco.

Hoy que comprendo que en mi ser empieza
la noche del amor, quiera el destino
que tallar pueda un cáliz peregrino
para enterrar mis sueños de belleza.
Y al ver la imagen de Yola2.da impresa
en mi espíritu, imploro del destino
( cuando de mí se aleje la tristeza)
que tallar pueda un cáliz peregrino
para enterrar mis sueños de belleza!
R. l\I. RUBIO.

COPO DE NIEVE.

m

Colombina llora,
Colombina ríe,
Colombina quiere
morir y no sabe
por qué ...

cobertizo.

r=-- - -- - - - - - - - , - - - - -- - - - - - - -,

Pierrot, todo blanco,
de hinojos la implora,
la besa y le pide
perdón, y no sabe
de qué...
La luna sonríe,
la señora luna ...
Y nadie ha sabido,
ni sabrá ni sabe
por qué ...

Yista desde el Rfo Pánuco.

El aspecto que presentaba el muelle con los
tres grandts vapores efectuando sus maniobras de deEcarga, fué de lo más sugestivo. En
una de las fotografías que publicamos, puedeverse con qué facifülad se lleYan á cabo esas
maniobras. Dentro del «tinglaclo» están lo~
carros del Central Mexicano, correspondiendo
el piso de los furgones al nivel de la parte del
muelle destinada á la línea ferrocarrilera. A
un lado queda el soberbio edificio aduanal,
recientemente inaugurado, con sus espaciosos
almacenes y oficinas, que alumbra una dota
ción, propia, de luz eléctrica.
La construcción del muelle es de lo mejorque se conoce, y los materiales de que se compone lo ponen á cubierto, tanto de la acción
destructora de las olaR, como de los incendios
En cuanto á su capacidad, se considera más
que suficiente para el tráfico ordinario.
Por demás está decir que con esta mejora.

MANuEL MACHADO.

VIDA NUEVA.
El "Syria" y el "Cromarty.''

PENSAMIENTOS.

el c~mercio resulta altamente beneficiado, y
que Tampico alcanzará muy pronto el más
alto grado de prosperidad, pues terminados
1os trabajos de la nueva línea que el Central
ba comenzado á construir entre México y aquel
punto, su comunicación con el centro del país
·será más fácil y más rápida.

***
Las desgracias no c~ni°pri&gt;ndid:lS
son las más
terrible!:'.-1\11110. E. Girardín.

***

La astucia no pueJe durar largo tirmpo
contra la sinceridad.-1Ime. ]IJontmarsón.

Cuando se corre tras del talento, se atrapa
la tontería. -1\Ime. Deshoulieres.

***

Las fotografías del muelle que aparecen en
nuestras columnas, nos fueron galantemente
-facilitadas pc,r el señor J. Ibáñez Del hom, fotógrafo muy aYentajado de Tampico.

*
*'*
El más grande arte 'de nn hombre hábil
consiste en ocultar su habilidad. - :\lile. de
Lespinasse.

Rindan otros insano vm,allaje
al prócer que en el auge resplandece,
y extremen la lisonja que envilece
y consientan la befa y el ultraje.
Bridón sin ligaduras ni rendaje
que en los vírgenes bosques aparece
quiere ser mi opinión,que se envanece
de su impulso libérrimo y salvaje.
Con mezcla de Cirano y de Quijote
anhelo conseguir que nunca brote
la servil alabanza de m is labios;
y he de cambiar desprecios por desprecios
y be de odiar el elogio de los necios
'
y he de amar la censura de los sabios.

HOJA DE ÁLBUM.
El muelle visto por el lado Este.

Grabar debieran el Amor y el Arte
en pentélico mármol tu hermosura;
el Arte, cual espléndida escultura,
y Amor, cual Pigmalión, para adorarte.

dad trabajos muy importantes. En Salina Cruz
y Coatzacoalcos se han emprendido también
obras de cuya utilidad se esperá, con razón,
una suma de bienes incalculables.
Por lo que toca al puerto ae Tampico, uno
de los más notables en el día por lo activo de
su comercio, tenemos que agregar á las notas
que con relación á sus progresos ha dado ya
nuestro semanario, lo referent.e al magnifico
muelle de acero construído para reemplazar
al de madera que allí existía y que fué, no
hace mucho, destruído. por un terrible incendio.
La inauguración del muelle mencionado se
efectuó el veinte de noviembre último, sin
pompa alguna, debido á que las exigencias
del tráfico no permitían que se retardara por

Y yo quisiera el pedestal labrarte
-donde serena, y arrogante y pura,
prodigio de estatuaria, tu figura
-se irguiera, como he!énico estandarte.
¡Quimérica ilnr,ión! Ilechos pedazos
&lt;le! cruel destino por los férreos brazos,
rodaron entre el polvo mis cinceles,

y dejo que cantando sus amores
se acerquen á t.u altar los trovadores
á conquistar olímpi&lt;.:os laureles!

.

FRAXCISCO lzÁB.\L lRIARTE.

Los vapores en el muelle.

El "Capella"' atracando en el muelle.

Ruü:-r A. U.BANO.

�Domingo 7 ~ Diciembre de 1902.

EL MUXDO ILUSTRADO

~L :MUNDO ILUSTRADO

sentaba u~ magnífieo a~perto: bF&lt; prqucñnelas
que lo binlaron, luciemlo la em)'olrnda cnl•ellera: ~l justillo y la falda. corta, se Yeían bermos1s1mas.

~a c!iesfa escolar

En suma, el festival constiluve un verdadero triunfo, tanto para su infatigable organizador, eomo l ara los niño~ q11e ('11 (1 torna rn11

BRILLANTE ÉXITO.
los. Recorren entonces las niñas el foro, y á
sa lecci6n aprendida «de bulto,» si cabe la
una indicación de su directora de juego, se
Pocas veces, sin duda, se habrá efectuado
frase, fué de lo más llamativo: las niñas que
detienen para pronunciar :el nombre de-una
en México una fiesta tan simpática y conmo•
en él tomaron parte hicieron derroche de grade las constelaciones. Laj1ue acierta, pas(á
vedara como la que el martes por la tarde se
cia. Se supone que al salir de la clase las pedesempeñar el papel ;de la Tierra, y el Sol le
verific6 en el teatro Arbeu, con asistencia del
queñuelas, tratan de divertirse: Julia Mons,
designa á la Luna como su inseparable satéliSr. Presidente de la República, de altos funque fué la que dirigi6 el juego, escoge entre
te. La Luna gira después al derredor del placionarios de la administración y de numero!'11"' eompañeraf", para qus represente rl sol, á
neta, siguiéndola en
sas familias de la mejor socied,Hl.
un vals que baila con
Nos referimos al fesdesenvoltura y correctival organizado por el
ción.
Sr. Director deinstrucNo fueron éstos los
ci6n Primaria, Iog.
únicos
números del
Miguel F. Martínez, y
programa
que desperen el cual tomaron partaron
el
interés
de la
te los niños de las esconcurrencia;
el
c,Hocuelas oficiales. :2:~--'
menaje
á
la
Ciencia»
La celebraci6n de un
fué un cuadro verdaacto de esta naturalederamente hermoso, y
za es más significativa
que nos abstenemos de
de lo que á primera visdescribir, tanto porque
ta parece: es laconfirccEl Imparcial» lo hizo
maci6n plena, la prue •
ya pormenorizadamehba concluyeute ~de ""G
te, como por la falta de
mucho que ha hecho-;!
espacio. La recitaci6n
Gobierno en beneficio
del poema de Rafael
de la educaci6n del
Obligado, c,i3antos Verueblo, esforzándose
ga, el Payador,» hepor implantar en el
cha por los alumnos de
país los modernos sisla Escuela número 4, y
temas de enseña11za.
el «Himno á la EscueLa fiesta escolar conla,» cantado por ciento
firma nuestra opinión:
Almonte y dos jefes insurgentes dando órdenes antes de la defensa del fuerte de San Diego.
diez niños é igual núel simulacro de defensa
mero
de
niñas,
merecieron
asimismo de parte
de San Diego por los
la más guapa, y separa á las otras en grupos
de la concurrencia muchos aplausos.
insurgentes (19 de febrero de 1812), durante
que representan las constelaciones del ZodíaDebemos también hacer menci6n de los
el sitio de Cuautla que hizo inmortal el nomco, designando á cada una de las niñas como
ejercicios
militares, que resultaron muy visbre de Morelos, es, al par que una· lecci6n de
una estrella.
historia patria, que no olvidarán nunca los
tosos, ejecutados por un grupo de 60 niños,
Una vez qmi pueden distinguirse las c&lt;estreniños, una bella lecci6n de civismo, que deja
y de la c,gimnasia estética,» en que demostrallas» por sus nombres impresos sobre bandas
en sus almas recuerdos imborrables y muy
ron sus habilidades niñas vestidas de negro y
que les coloca sobre el pecho, designa á las
rr jo. En cuanto al «minné,» el e1-cenario pregratos.
que, con los ojos wndadoF&lt;, deben adivinar
El Juego de la CoFmogrnfín, otrn herma-

Domingo 7 de Di..:iem 1 re de hlJ

MINIATURAS.
Unga la mujer totlo
el bien que le sea pnsililc; ame y socorra {1
los menesterosos;y por
Lle~graciada que sea su
vida, ~i PmprP trrnlr:'t

.,
)

Las tres principales figuras en los ejercl ,vs de Gimnasia J•:stétlcn.

en sus 1·ecnercloG un
pedazo de cielo azul,
un horizonte sereno,
adonde volver sus fatigados ojos.
** *
El mundo, es ver-

recrea con su celestial aroma 6. la f.ociedad',
encubriendo los defectos de quien la posee.

dad, rinde vasallaje á
la opulencia; pero s6lo rinde culto á la virtud: aplamle los talentos brillantes, el fans ·
to, t~do aq~ello, en fin, que des'.umbra; pero
al mismo tiempo trata de empañar esos talentos con los tiros de la eñYidia.
'Cnicamente ama y estima verdaderamente
á la modestia, porque la modestia es la bar-e
de muchas.virtudes; y,semejante á una perfumacla diadema que adorna una cabeza herid:i,

La s9ledad tiene sobre el alma una pod~rosa influenci_a; ella la cm peq ncñece (, agranda.
-"\ftn". f'nnrinl'll.

\

Moreios, los hermanos Galeana y el abandernti'o en el cuadro
to de Calleja lí. la plaza de Cuautla.•·

parte. Deseosos nosotros de consignar esta
nota altamente simpática, puh!iP-amos en este
número algunas fotografías que nuestros lectores, estamos seguros, verán con gusto.

***

En nuestro pr6ximo número completa.remos la informaci6n relativa al festival con
gra.haclos muv intere!'antes.

dramJítico,

"Asa!-

El egoísmo y el orgullo son casi i II evi ta.blet
en el ser que no ha comagrado su vida á un
objeto superior á él.-Mme. Kécker.

***

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Dos parejas de l m·n::'
RI Sol, la Tierra y la Luna, en el juego de la Cosmografla.
$agarra y Rul frente al parapeto de los ln~mgentrs.

::\Ioreno, en el

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'Ilomec:1je .=i la Cienc-la."

�Domingo 7 de Diciembre de 1902.

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EL UUXDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

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EL turíbulo ai·dieote subía el incieoso, tt·emolaudo y extendiendo sus nfrea.s muselinas; resonaba la bacina al golpe repetido de las monedas de cobre; las
pequeñas flamas aleteantes de
las lá1Dparas v(&gt;tivas parecían mariposas de luz
que se ahogaban, y Flntt·e el abigarrado tropel
de gente devota, salimos del templo apretujados,
juntos, muy juntos y alegres, quizá porque fui mos á rngar por nuestro amor, que presentía metamorfosis en la auseocia. Cerca de la última
hornacioa. nerviosa.mente me santiguó, y tembloroso y mudo, ¡con qué uoción besé la. cruz que
formaba su manecita. blanca como un lirio, como
una ala pequeña de paloma, ó como uoa marmórea. benditera. l!":u el ábside sonoro los postreros
cantares resonaban aún!
¡Oh, cmío cierto es que los recuerdos son las
rugosidades del alma, que semejantes á las de los
peñascos, oecesitau, p1tra borrarse, años de estar
en pugna coa las aguas del tiempo!
Yaen la.calle, seguimos la.calzada que conduce á las afueras de la ciudad. Por el cielo escampado pasó un vuelo fugaz de golondrinas. ¿A
dónde irán, me preguntó dulcemente, mientras
yo contemplaba sus diminutas orejas como conchuelas de nácar; su boca, que me recordaba las
fresas que la madurez empurpuró, y su rostro,
tatuado por el sol r esplandeciente, que d ibujaba
sobre él las móviles ramas de los sauces, tatuaje fantástico en forma de plumas, palmas é insectos.
Sin respondet· á su pregunta, susun é á su oído
esta estrofa de una antigua canción: «Ea silencio se mezclaban cual perfumes, -y en silencio se
mezclaban como soplos,-y en silencio se fundían
como lágrimas-nuestras almas en un beso silencioso.&gt;
El anoyo gorgoriteaba en el hueco labrado
por sus ímpetus, semejante á un eoorme hocico
que hacía gárgaras imposibles. Un hombt·e canoso sonrió al vet·nos, y con voz hiposa é intermitente, coa secuencia del paso tot·pe de su cabalgadura, nos dió los buenos oías.
-Oye, dijo Taide, mi corazón ha sido tuyo,
pero temo que este año al terminat· tus estudios
de pintor, el triunfo, la lisonja, la frecuencia de
círculos elegantes, todo haga que te olvides de
mí. .. ¡recuerda he crecido á tu sombra para ti!...
Su voz se fué extinguiendo como el trino del
ave que se interna en un bosque; cubri6seelrosko con las manos, y sus lágrimas corrían como
cristalinas arañas á esconde1·s.: entre los encajes
de su gola.
El a1·royo seguía locamente carcajeácdose;
he1·vía, salpicaba las flores de la orilla, y en sus
pequeñas caídas agitaba su espuma como una
erunarañada madeja de hilo; algunas raíce:s redondas, como miembros anquilosado::s, fingían
lavarse eu la co1·riente pura, en titnto que á nuestro paso los álamos de co1·teza manchada cual si
estuvieran envueltos en pieles de peces pintos,
movían sus hojas como monedas de plata.
-Calla, dije á Taide ; si obtengo triunfos, será
por tu amor. Inocula1· en mi espíritu un cariño
y poder sentir sus liebres, sus dolores íntimos,
sus estremecimientos, sus dudas; tener mi pensamiento clavado en ot1·a alma, como la ma1·iposa
en el cáliz de la ilor; eso queda: ¿no se han cumplido mis deseos·! Guardaba temuras infinitas,
multiplicándose apiñaaas, esperando como la
mazo1 ca de maíz heredad fecunda para de:.gra-

narse y florecer. ;.No be aumentado mis sinsabores con el único fin de que seas mía? Too ta! ....
Anduvimos en silencio. Nuestros corazones, al
hablar así, se consolaban momentáneamente, pero temblaban por algo lejano, vago é impreciso
que llegaría; temblaban como las alondras en
sus nidos, adivinando que á la madrugada el
rocío ele la aurora bordaría. con chaquiras su
plumaje esponjado. Teníamos la seguridad de
que el porvenir- si nos hubiéramos equivocado!
-escondía. para nosotros un precipicio un obstáculo -á cuyos bo1·des áridos tenddamo; que despedirnos.
Y era \"erdad lo que decía á Taide. Antes de
conocerla me atara;rnba el fastidio, y en mis fu.
gaces momentos de nerviosidad, ansiaba, no un
amor sosegado, sino impetuoso, turbulento que
rasgara el velo de mi tristeza, que me cubrü~ como polvorosa telaraña; que luchara por quebrantar mi voluntad, me hiciera caer de capricho en capricho, y ser, en fio, igual {t la flor que
el torrente buode, sostiene 1'L .flote, y despedaza
besándola siempre. l\Ie sentía capaz de amar con
la vehemencia de un león, y podía también pasar
horas eoteras junto á mi amada, con la delicadeza y curiosidad de un niño que observa sucederse con rapidez los colores fugitivos en las
burbujas de jabóu. En ella eucoatré todo.
La úuica familia de Taide se componía de una
vieja tía, propietaria de una finca contigua á la
de mi madre. La tía Paz, así la decíamos, á pesar de su 1·ostro ma1·chito, trnscendía á elegancia y hermosura, tal cual las flores guardadas
durante mucho tiempo ea un libro exhalan un
iwoma muy leve. fogenuamente devota, empleaba sus ocios en la confección de afiligranados
sobrepellices, que r egalaba {t los curas humildes
de las pai·roquias cercanas, y en devanar con
sus maravillosas manos débiles, seda pa1·a síngulos que tenían el mismo destino. Para estas
uos mujeres buenas, mi madre y la tia Paz, la
alegría estaba en nosotros y la tomaban de nuestros semblantes. BaJo su custodia y á su calor
nació nuestro cal'iño, sencillo como las tapice~
l'Ías que el musgo tiende en las calladas, a1·1·0Jla
á los árboles y teje enlascicatrices &lt;lelas rocas.
-Deotro de una hora frás muy lejos, dijo Taide apoyaodo eu mi bomb1·0 su cabeza. ¿Pensarás en mí":' De pronto, deteniéndose, exclamó con
su som·isa luminosa: -¡Qué tontas somos nosotras! ¿Sabes en qué venia pensando:'¡ Figúr..te
una. bobería! Pensaba: &lt;Hubén no de be frse, m¿
quedo sola, puedo morirme quizá y no le volveré á ver!&gt; ....
Se calló brnscamente, como si su pensamiento
hubiera hallado en su camino un obstáculo, como las tórtolas que refrena.u el vuelo cuando el
azor apenas se dibuja en el hol'izonte.
-¿En qué miís pensabas':' insistí yo.
-En muchas cosas que no quiero ni debo decirte, me contestó lloraucto; ¡soy una loca.! ....
::;us palabras llegaban á rn1 01do vagas y confusas como el susu1T0 lle una selva. ::;u vestido
ondulaba movido por el iü1·e; oprimía su busto
un corpil1o ligern, y entre las vapornsas blondas negras de las mangas, sus manos semejaban
copos ue nieve pendientes de ramas de ciprés.
- No llores! exclamé con los ojos erupañu.dos
tamoién poi· el llanto; óyeme. i Ah, uo sabré nunca qué augustias clestlorai·on e n ese momento los
cristales ue su alma! Sabes, continue, que nunca
he siuoce!Oso, y uo lo he sido, porque teugo absoluta fe y conlianzu. absolutu. en tu bondu.d. Así
no atribuyas u. celos lo que voy á supltcarte : es~

--:

--

tás obligada·á asistir al paseo que anualment
hacen en honor de la tía Paz, y el cual tendrá
verificativo dentro de dos días en la falda de
puente que dista de aquí seis leguas. Asistirá
Gustavo, lo sé por él mismo, y no extra11es que
siendo mi mejor amigo, te ruegue sea la última
vez que lo trates.
¿,Fué que una nube opacó instantáneamente la
luz del día ensombreciendo todo, ó, en efecto, veló su semblante un torvo presentimiento? ¡No lo
supe entooces: ....
Anduvimos largo trecho distraídos. En las
brumas de mi memoria aparecía Gustavo, cuya
estúpida sensualidad, propia desu temperamento,
ardía en sus fras&lt;-s aliñadas y flexibles como
víboras;en su5 miradas lánguidas é intensas, pe1·clidas én una vaga lontananza, donde el ensueño,
la febricitl111te abstineucia y la h .. juria, desbandan sus visiones frescas de vida, que sobre muelles edredones revuelcan sus fastidios ó adormecen voluptul)samente sus cansancios. Sus lecturas, su exquisita sensibilidad y fervoroso cu lto
á la belleza, afinaron su lujul'ia, que plegaba, sin
que él St&gt; diera cuenta, sus labios húmedos y carnosos. En sus ojos claros se adivinaban á ratos
profundidades atl'ayeutes; se me antojaban límpidos rema.usos en los que el sol, filtrándose á
través del follaje de uo sauce, comunica t1·anspareocias á la masa de agua sin iluminar el fondo.
¡Oh Dios, qué inmensamente dolorosos son los
recuerdos &lt;le mi juventud!
Hepeotinamente, como invisibles tórtolas ai·rulladoras, salieron escapados ele la tol'l·e de la
aldea los sonidos de la campana.
- ¡Las nueve, excli.iné apesadumbrado, es preciso volvernos! Deben de esperarme ya con los
caballos que han de conducfrme á la estación.
Agregué en tono muy bajo: - Sé fuerte al despedirme; nos ahorra1·ás un sufrimiento.
s...,uozaba y no pudo responderme.
-¿Por qué te afliges·:' le preguoté. Cuando vuelva, serás mía, no nos sepa1·aremos, te contaré los
encantos y amarguras de estudiante, te most1·aré
mi vida ctía poi· ella como las hojas de álbum; tú,
en cambio, me arrulla1·as con tu charla armoniosa, en la que br1llarán como curiosidades sacadas de un cofre pet'fumado, tus travesurns ioocentes, tus sueños, en 10s que viviré escondido,
y tal vez alguoos dolores ieves colados de ronuón en tu espíritu.
La hice apl'esui·a1· el paso. El sol bañaba los
arbustos de la. avenida, que al dibujar sus frondas en el t,uelo, fingían cnarcos caprichosos úe
tinta; en la plaza principal una turba de vendedores ambulantes voceaoa sus mercancías, y la
pequeña esquila ct.: la iglesia, poseída de un gran
regocijo, seguía pirnete ando.
.Gn el portón éncontn1,mos á la tía Paz, á mi
madre y á un criauo. Por sus eoca1·gos, y súplicas y consejos, s.:ntia m1 corazón ues1allec1do.
Ap1·tlsm·é la ue~pell1da; besé tí Ta1&lt;1e, y en ese
beso no sé poi· qué c1·eí que nuesti·as aunas se
desprendían pai·a siemp re.
Rápidamente desauuaé el cabi·esto de la escarpia; el caballo, al se ntir el peso de mi cue1·po,
partió al galope.
.l!:l aii·e uel campo quién sabe qué cosas susurró á mi oiuo, rerrescó mi frente, agitó mis cabellos ¡ay!, pe.ro no pudo evapo1·ai· m1s lágrimas!
.l!:l pano1·ama e¡_ ue se desarrollaba. ante mí, adormiló mt pumante melancolía. Los montes verdinegros ue ocotes uesllecados y silbantes, cuya
so1emne ma¡.:stad ac1·ecentaban los gorjeos rncomptetos de los pájaros; las nubes rozando los

'

árboles, como si éstos humearan incendiados· el
río que culebreaba en el profundísimo barran~o
negro como nu hilillo de betún ; el sol chorrean:
do fueg&lt;? Y abrasand_o la campiña, por cuyo calor la berra, en varias partes cubierta de musgo
verdoso, con reflejos metál~cos color de hiel, parecía que_ sudaba; las cemzas nopalel'as como
mu_est:ar10~ de extraños fetos; cada color, cada.
paisa¡e de¡a.ba su gota de miel sobre mis dolores.
":nocbecía cuando clistinguf las luces de la estación ferroviaria. El silencio aguzaba mi oído,
y clara1;1ente oía el roce de una hoja seca de mafa
q~e el viento ~octurno venía empujando. A pocos
mrnutos dormitaba en el t ren, arrullado por su jadeo, y á la mañana siguiente instalado en mi cuarto de estudiante, recordaba los rosales florecidos
de las casas de mi pueblo, las cercas de piedra
doode se posan al mediodía los lagartos verdiobscuros como puilales pavonados, la hacienda
de mi madre, silenciosa y blanca, v sobre mis recuerdos tod?s, Taide pura y bella.'
1\Iis estud10s y trabajos diarios hicieron recobrar su buen humor á mi espfritu. El quinto día
de mi estancia en la Capital, á mi vu&lt;-lt:, de la
Academia de Bellas Artes, ent•ontrésobremimesita de trabajo la anhelada carta de mi hogar.
Nadie trazará .í rasgos finísimos la urdimbre de
impresiones que sa&lt;!uden el será la vista de una
carta amada. Cuando rompí el sobre. sentía apretada la garganta por una alegría ó angustia que
no sabré explicar.
l\Ie decía mi madre que en el paseo verificad O
en honor de la tía Paz, Taide había caído del
caballo )' había muerto.
¡Ab! morir cuando en nuestl'os corazones rayaba el día; morir cuando ella sintetizaba mis anh elos y esperanzas! ¡ Ah! morir cuando el prime1•
amor salpicaba las concieucias de perfume; morir cuando todas las ideas, todos los pe11samientos, todas las bondades, convergían en un punto; mori r cuando .... ! ¡Oh Dios mío, tú que eres
eternamente bueno, que regaste la semilla del
consuelo en las alma~ inconsolables, que abriste
los veneros del amor en los pechos sin arrullos,
y regaste tus resphtndo1·es en los corazones que
eran noches . ... ! ¿por qué me quitaste á ella, que
e r a mi porvenir, que e1·a mi juventud, que era mi
vida? ..... .

***
Ignoro el tiempoqueestuveenfermo, pero cuando comencé ií pasear mi convalecencia por los
j a rdines y arboledas, tenía en los labios y en la
mirada una amarga dulzura de un bien perdido
y lejano, muy lejano.
Un año hacía que había cambiado mi domicilio á una alegre barriada del poniente de la ciudad. A llí soñaba pensando en Taicle, al can,ado fulgor mortecino de los crepúsculos clolieotes.
F1·ente á mi habitacióo estaba un balcón cerrado
siempre, y festonado caprichosamente por yedras
y madreselvas frondosas . De tarde en tarde llegaba á mis oídos, conmoviéndome profuodamente por los recue1·dos que despertaba en mi memoria, una voz trémula, dulce y sollozante que cantaba con infinita vagnedad y tristeza:

«Volverá mi recuerdo cuando muera,
A traerte, mi biPn, melancolía:
C'omo vuelve, alejándose el invierno,
A su nido de ayer la golond1·ina.
No me olvides, yo te amo, está seiruro
Que volveré á tuc; hl'azos al¡rún día.
Como vuelve, alejándose el invierno,
A su nido de ayer la golondrina.&gt;
¡CuiÍntas ternezas &lt;lespertaha en mí la vocecita ele mi clescouocicht cantadora!
Así las risas de los címbalos lejanos encuentran en al,rún polvoso piano un eco que les
responda, y que acurrucado dormitaba como un
niilo abandonado por sus padres.
Rentía {L veces el imperioso deseo ele ir á su
deparmento, preguntar quién era, hablarle. decirle que le estaba infinitamente agradecido, porque su voz y sus canciones me hacían pensar en
oh'a voz y otras canciones que había oído ele
unos labios amados que callaban entonces porque estaban aprendiendo nuevos ritmos en un
pafs de misterio y de silencio donde las almas se
convierten en cantos inefables.
¡En cadr1 hígrima que me arrancaban esas estrofas, rodaba una bendición!
Uoa tarde• de crepúsculo sang-riento, esperaba
la llegada de mi madre y la visita de la, tía Paz;
¿,qué conversación nuestra no tendría por trama
la bondad de la inolvidable muerta'?
:\Iientras lleg-aban, distraje mi impaciencia
observando el desbanclamiento ele nube, escarlata, anaranjadas y violetas; oyendo los vagos
susurros de los árbolM poseídos ele súbitos estremecimientos. la bulliciosa algazara ele par•
lanchines go1Tiones empeñados en meliflua contienda p01· logl'ar un camarín en la em·amada, y
vieoelo al gato, sobre la silltL esparrancada, en
quieta somuolencia, con su eterno hervo1· en el
cogote.
Todos los detalles de aquella época de mi vida, dolorosos y alegres, los conservo de tal manei'a grabados en mi mente, quec1·eo que niagúu
sacudimiento trágico vivirá en mí con mayor inteusidad de precisión.
H,.bía dejado de ver á la tía Paz mucho tiempo; y cuando la vi en el dintel ele la pue1·ta tendiéndome los brazos, con el rostro c1·uelmente
ajado y los cabellos canos, débil y encorva.da,
parecía. que mi pasado esti, btL frente á mi porvenir.
Respetuosawente besé sus manos y la senté en
mi lecho.
-¡Qué viejo estás! me dijo en tono simpático y
burlón. Dentro de dos años se te verá la cabeza
como si la tu vieras envuelta en un pañuelo
blanco.
-No es difícil, contesté soarieud.o.
Agregó:-Tengo que decirte algo muy grave
antes que llegue tu madre, que supongo no tarda.
La vida te ha vuelto reflexivo, prudente y sobre
todo l'azonable. E,·es ya un homb1·e capaz de soportai· con calma. cualquier hecho, cualquie1·
acontecimiento, por intensamente abrnmador que
sea. Eres algo más que un homb1·e; como te dije
al principio, er es un viejo á quien yo quiero como á un niño, y para el que todas las alegdas
me pai·ecen pequeñas si poi· un momento se las

Domingo i &lt;le Dicirmbro de 1902.
pudierlL dar todas. ;),le entiendes·~ agregó conmovida. Ahora escúchame, y sé fuerte.
Tal solemnidad había en la tí11 Paz al expresarse, que instintivamentP incliné el cue1·po como euando SP &lt;-spera 110 ¡ olpe rucio.
-T11ide no ha muerto, exclamó más blanca
que la cera y con los ojos fijos~- brillantes.
-;.No ha muPrto:' elije non voz 1·onca ahandon;inclo mi asiento y tomándole con brusquedad
las manos.
-No ha muerto, contest6 iÍspPt•amente, y aun
cuando comprendo qu&lt;' serás capa1 ele estrang-ularme por saberlo todo de un g-olpe. e~ preciso
que me oigas portándote como un hombre y no
como un niño: siéutMr.
l'recipitaclau1ente continuó: -En el paseo del
año pasado. que debes recordar, iba como invitado de una dr mis amigas Gu,ta\·o Hartmana.
-Gustavo IIartmann, grité desl'sperndo.
-Calla, contestó jadeante, es&lt;·tíchame.
'.rodos íbamos á ca hallo, y it la entrada. del
monte, en el lugar preci~o en que el boscaje• se espesa, el animal que Taicle montaba se enc,Lbl'itó
por el ruido ele alguna hoja seca y em2,rendió la
carrera. Nos parnlizó el espanto y el pensamiento de que en la falda resbaladiza el golpe era seguro y la caída mortal. Todos quisieron marchar tr~sella,p?ro Gustavo,como un relámpago,
se teud1ó sobre el caballo,que azuzado,brincaba
como un gamo, perdiéndose bien pronto entre la
obscura malt&gt;za y las quebradas de la montaña.
Inútilmente esperamos su regreso, v entonces
nos diseminamos en el bosque con ei fin ele encontrada. Todos teníamos el alma cuajada de
preseotimientos.
Xuestro p1·ime1· hallazgo fué espantoso. Ea el
fondo ele un barranco estaba Gustavo con el cráneo despedazado. ¡ Ay I e!1 ese momento comprendí que en una hora se puede en vejecer. M1ís adelante encontramos desmayada {L Taide, pero viva aún.
Ahora escúchame y sé más fue1'te aún. Voy á
concluir.
Cuando Gu~tavo corrió eu busca de Taide,
¿sabes lo que hizo'! :No detuvo el caballo; poi· el
contrario, lo fu:stigó brutalmente para que se
desbocara y caye1·a. ¡Oh Dios! ¿po r qué los árboles no vol viet·on hacia él sus brazos y lo desmenuza1·on en el aire! Cuando la vió tendida sobre la yerba .. ¡ah Rubén, Rubén, todas las azucenas deben de habei· ceri·ado á esa hora sus cálices!
-¡Maldito! exclamé como un loco. No haz
muerto y debes morir despedazado por mis dientes, magullado por mis manos, pisoteado por mis
plantas! ¡Taide, Taide! sollozaba. Como á un
conjuro, abrióse la pue1·ta y apareció ella vestida
de negro y con una palidez ult1·ate1·reste.
-Gustavo ha muerto, dijo, yo soy la desconocida cantadora; te amo, y he vivido con mi amargu1·a incomparable sólo por ti.
-Retírate, exclamé con voz abogada.
-Calla, gritó mi madre, entl·aado en ese momento; nadie sabe nada, y yo, que soy tu madre
y que para ti quenía lo más saeto, te ruego que
la quie1·as: quiérela, dijo juntando nuestras cabezas, que bañaba con su llanto.

--~
-~

- ..=:-;:

~:~

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~.... ~-

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..,~·-. .::;.S..~~.
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---~_;;

�EL 2'1UNDO ILUSTRADO

Domingo 7 de Diciembre de 1902.

~L t\l UNUU lLU::,'J'l{AlJI/

Domingo 7 die Diiciemhre de 1902.

. -Te pido que robes ]as carnes frescas quetien~n los ho1;1bres de la llanura. Te pido que
asesines al primero que encuentres. Te pido
que te apoderes de ]as víctimas ofrecidas á tus
,dioses y que todo lo deposites á mis pies.
El le agradeció que no pidiera más é hizo
lo que le había exigido.
'
Durante una hora tocó delante de ella; pero
después rompió su lira y vivió como si estuviera muerto.-PIERRE LOUYS.

E

La ■uerte de las murallas.

medio de un universal encogimiento de
· hombros, único comentario hecho á su
n:iemoria,sola y muda oración fúnebre pronunciada sobre sus esrombros, van cayendo las

ra ¡uíticos y escuálidos,
los niños se acurrucan
ante el rescoldo cárdeno;
y allí tiritan .... lloran
al escuchar los ásperos
y lúgubres chillidos
de los siniestros cárabos.

sus alas el relámpago,
despréndense las hojas,
despiértanse los pájaros,
azota las vidrieras
cor: recio impulso el ábrego
y el rayo cruza y hiel'e
como celeste lc'ttigo!

mis delit·antes súplicas:
bien sé que estíts muy lejos,
¡oh blanca estrella fúlgida!
Por eso, de mis labios
se disipó la púrpura ..... .
y están mis ojos trist,,s
y mis pestañas húmedas!

Ya lh:1,ra !'l rudo invierno
-con sus 11101·dieutes 1·áfagas,
&lt;'On sus tupidas nieblas
como flotantes sábanas:
ya rueuan de los troncos
enfermas las parásitas ...
y están I as flores mustias
l' las mujeres pálidas!

Por las obscuras grietas
de las mortuorias lápidas,
las gotas de la lluvia
descienden frías, lánguidas·
¡ob trágico destino!...... '
Tal vez únicas htgrimas
que en su mansión de sombras
1·eciben los cadáveres!

Refúgiate en mis brazos
en estit noche tétrica
Y esconde eut1·e mis manos
tus manC'citus tl'émulas!
Calor y luz ansío
de tu mirada angélica,
mientras la bri,m cbarla
con la llovizna gélida.

Tal vez mn.íiana mismo,
cuando estos melancólicos
cantares á ti vuelen
con su vibrar monótono,
yo duerma solitario
bajo el sepulcro lóbrego,
soñando que me estrechas
contra tu seno mól'bido!

La dl·nsa llu\'ia cae
&lt;ion ei;pantoso estrépito;
sus membranosas alas
agitan los 111u1·ciélagos,
y en las inmensas playas
el mar undoso y pérfido
.queb1-ántase en las r@cas
con ímpeUl colérico.

Doliente y ojerosa
la luna avanza tímida,
y escóndese en las nubes,
ya inmóviles, ~-a undívagas;
en 1as desiertas calles,
sobre las losas frígidas,
mellio desnudas tosen
las pordioseras tísicas!

llesuene en nuestras bocas
el beso como un dntico;
y en t,into que apuremos
nuestra ventura extáticos,
que azote las vidrieras
con r~t:io impulso el ábrego
y el rayo cruce y biera
como cdeste látigo!

Pues yo sé que este invierno,
con lento p,tso rítmico,
se irá con sus tristezas
y su ropaje lívido!
pero este que yo guardo ..... .
tal vez el más fatídico
de todos los iu\"iernos ..... .
eterno es en mi espfritu!

En las pajizas chozas,

Allá lejos sacude

volver, todo lo negro y trágico; quedaba únicamente lo hermoso, lo inofensivo: los monumentos, la tradición, la leyenda bizarra y hermosa nimbada y consagrada por el beso amoroso del Tiempo.
Y la prisa febril y loca por destruir esos
restos menospreciados y entregados al olvido,
habla con voz doliente de nuestra desnudez
de espíritu, con la voz misma con que hablan,
en derredor de las murallas que se vienen abajo, los rostros atormentados por el afán insaciable de ccl'argent,,, y los antiestéticos trajes
modernos de los transeuntes.
Muy cerca también, l os carros eléctricos pasan apresuradamente lanzando al aire la canción triunfal del repiqueteo de sus timbres.
Edificios utilitarios y feos, ceñudos, sin ale-

JULIO FLÓREZ.

Mas ¡ay! bien sé que no oyes

Nuestro pats.-Parroqula. de Taxco (Gue)

(Fot. Waite.)
I

LA FLAUTA ENCANTADA.
otro tiempo habitaban ]a Tracia ani•
mn]es salv:ijes y algunos hombres ame- - - - drentaclol".
Los animales ernn muy hermosos: había
leones rojos como el sol, tigres rayados como
la tarde, y osos negros como la noche.
Los hombrei::, enanos y chatos, mal cubiertos de viejas piele,:, armados de lanzas toscas
y arcos grosero,:, i::e e1,cerraban en las cavidades de las montañas tras monstruo·sos bloques
que ellos rodaban trabajosamente. Pasaban la
vida cazando, y corría la sangre en los bosques.
Era tan lúgubre el paíf', que los dioses lo
habían abandonado. Cuando salía Artemisa
del Olimpo, al clarear la mañana, jamhs seguia ca mino que llevara al nQrte. Las guerras
de allí no inquietaban á Aree; la fªlta de flautas y de cítaras alejaba á Apolo, y solamente
brillaba la triple Hécate como una cara de
medusa sobre un paisaje petrificado.
Entonces fué ú habitar allí un hombre de
una raza más feliz, quien no vestía pieles como los salvajes de la montaña.
Usaba larga túnica blanca que ]e arrastraba
un poco. Gustábale errar de noche á la luz
de la luna por los mullidos claros de los bosques, llevando en la mano un pequeño carapacho de tortuga, en el que habfa clavados
dos cuernos de uro, entre los que se tendían
tres cuerdas de plata.
Cuando tocaba con sus dedos las cuerdas
música delicioi"a las recorría, mucho más dul~
ce que el murmullo de las fuentes, que las
frases del viento entre los árboles ó que lamodulación de las aves. La primera vez que tocó, despertaron tres tigres, tan prodigiosamente encantados, que lejos de causarle ningún mal, se le aproximaron lomásquelesfué
posible, y se retiraron cuando cesó. Fueron
más los que acudieron al día siguiente, así como lobos, hienas y serpientes que se paraban
sobre la cola.
Y tanto fué así, que muy poco después iban

los animales mismos á suplicarle que l es tocase, sucediénclole con frecuenria que u11 oso
llegara solo junto á él, y con tres acordes maravillosos se marchara contento. En cambio
de sus complacencias, las fieras le proporcionaban alimento y le protegían de los hombres.
Pero le fatigó su fastidiosa Yidn. Tan convencido llegó ri. estar &lt;le su genio y del placer
que daba á las bestias, que ya no se esforzó en
tocar bien, y las fieras, con tal que él lo hiciera, quedaban siempre satisfechas. Notardó en negarse aun á concederles este gusto, y
dejó de tocar por indolencia. Toda la selva
quedó triste, mas no
por ello escasearon á
]a puerta del músico
les trozos de carne ni
las frutas sabrosas.
Continuaron alimentándole y le amaron
más, porque el corazón de los animales
es ar:;í.
Un día, sin embargo, en que, apoyado
en su puerta, miraba
cómo de:::cendía el sol
tras ele los árboles inmóviles, pasó cerca
una leona. Dió él
muestras de entrar,
cual si temiese mole!&lt;tas solicitudes; rero
la leona, sin cuidarse
de él, pasó tranquilamente.
Entonces le preguntó sorprendido:
-Por qué no m e
ruegas que toque?
Ella le contestó que
no lo deseaba.
Díjole él:
-:So me conoce,;?
Y ella le respondió:
-Tú eres Orfeo.
Agregó éste:
Nuestro

-Y no quieres oírme?
-Xo quiero-repuso ella.
-Oh !-exclamó el músico-cuán digno sov
de lástima! Tú eres ¡ior quien yo hubiera tocado. Eres mucho más bella que las demás v
debes de comprender L1ejor. Por que me escuches una hora solamente, yo te dar é cuanto
soñares.
Ella le respondió:

murallas t errón á terrón-dijérase más bien
que van derramando gota á gota sui, lágrimas
de piedra.
Lloran acaso los viejos murallones, doblegándose y desapareciendo bajo la piqueta indiferente é impasible del ,cprogrei,o,» la poesía
del pasado que con ellos muere; todo lo que
&lt;¡ueda de un mundo cruel y hérpico desaparecido para siempre, impulsado por un mundo
nuevo, más justo, pero más prosaico.
Yo las miro caer, entre la indiferencia estulta ó ciega de la multitud, y siento sobrecogida el alma; porque veo en su caída y la in•diferen::ia de hielo con que la miramos, un

gría como nuestra época, muestran sus freutes
grises de piedra en los alrededores.
El progreso triunfa. ¿Pero sómos más felices?
Siempre apresurados, sin parar jamás, Judíos
Errantes de un ideal sin grandeza, hostigados
por la neurosis del oro que nos ciega
la vista con á ureo velo, y sin tiempo
para admirar, ni para comprender ni
para realizar la belleza, vamos perdiendo á la carrera la alegría, la salud del
espíritu y del cuerpo, la serenidad, la
risa juvenil que un tiempo tonificara
y confortara y llenara de gozo con su
argentino tintineo los orbes.

ESTCIJIU FOTOGRA!i'I CO.-(M.

Torres. -Profesa, 2

la uniformidad e~túpi&lt;la del sombrero de r,opa y de los absurdos pa n ta.Iones de la mesocracia.
La n1lgaridad triunfa. Triunfa Sanrho. Don
Quijote sigu e siendo apalrado y silbado á cad,a arranque heroico de su brava y generosa
a1ma.
Todo el mundo llegará á tener, según ansiaba Enrique IV, una gallina en su puchero. Y
cuando haga un alto el hornbre en esta furiosa
c~rrera en pos &lt;le .la l'iatisfacción del cuerpo
tuano, y el alma tienda los brazos en busca
&lt;le lo suyo.. , . .. tal vez lo bu~que en vano an guRtiada y mortalmente an~iosn.
'
Hallará un mundo de gentes rollizas uniformadas, viajando en ferrocarrileR, vi ,;iendo
en hoteles lujosos, l eyendo periódicos exclusivamente, embrutecidas por el trabajo y las
comodidades.
Y el ~lma se encontrarñ, estupefacta, con
que ya, a aquellos hombres gordos y sibaritas, no les puede ella servir más que de estorbo ..... .
Kovbre., 1902.
LUIS RODRIGUEZ-EMBIL.
Nuestro pals.-Suburbios de Córdoba.

símbolo de esta época de8provista del Arte
•consolatlor y sagrado, que embellece y perfuma la vida como una flor del cielo.
Con las murallas rugosas y venerables como
un abuelo, se ya quizás el último vestigio de
1a exquisita poesía del recuerdo. De la era que
-ellas representaban, pasó por suerte, para 110
pats.-Tina

calle de Tecalpulco ( Gue).

( l!'ot. Wal te.)

Acaso esté destinada á concluir la civilización contemporánea apoplética &lt;le riquezas,
&lt;le comodidades, de lujo burgués y chabacano, pero consumida por inmensa é irremediable murria, sintiendo al cabo el tedio infinito
de lo vulgar, y aplastada por la "{)erfección suprema y mecánica del &lt;ccomfort» moderno, por

�-

1

1

DISrErSifl
úflSTRfl~úlfl
GflTflRRO
INTESTINfll,

:m orgullo de la mujer.

Es su cabello. Y por qué no?
Aun una cara hermosa pierde su atractivo si el cabello es
claro, corto, basto y descolorido.
Un cabello hermoso, rico, un cabello sedoso siempre
atrae. Puede usted poseer ese cabello con sólo emplear el
riuo1· del Cabello del Dr. Ayer. Quedará usted encant ada
con él. Cura la caspa, hace crecer el cabello é im:;:iide que

HERMOSO
PECHO
por medio de PUulea Orienta.les

"'

hue~osu de 101 hombros y daa al Busto
una¡zracioaa loianfa.A¡lrC'lbattas por laa
eminencias médii.:.1s.,on benltfca,pa.,i l •
salud y coo"iencu á. loa más delicado,

temperamento!I. - Tratamiento f6...:il.
Rr,~ul lado duradero. - El rra~co con,

noLicia ft'. 6.35.J. RATd:1 Ph1P,5, Pau.Verdeau,Parl■,11'.
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~ d o por ol m6toclo el.o M. Putour. Pre11cribo■o en la■ mole■tla■ do
la oloro■ia, la anemia 7 lu oonTal■cenolaa 1 -■to vino •
naa • 1aa peraonu do o4ad., 6 las mujeru, JtwoR• '1' • loa JliAoi
.111..UI 1■ pol:TANTI,. - El tln/CI VINO .utdntlCI
._Í~F:.ti:AR, 11Í1/o ültíín, ,, t1r1cho Jtamars, a,t, 11 ,.,

lac,

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OUOBAJWAT IJ ,, di 11,. CLEMB~T y c1a, di Yat,nc, (Drlm,,

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Musa antigua</name>
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        <name>Voladura de un puente</name>
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1

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�EL MUNDO ILUSTRADO

11:L MUNDO ILUSTRADO

Domingo 14 de Diciembre de 1902.

Domingo H de Diciembre de 1902.

MARGARITA.
~,A}IÁBASE l\fargarita y se_ la espernha en el Paraíso, pues Dios había
dicho de ella: «Es una alma excelente· y como puede ser víctima de la_s desgraci~s terrenales, piem,o llamarl_a hacin_ ~í u~10
de estos días.» Era una hum1lcle y tierna JO·
ven: la llamabarí el án~el del lnlga\b
t das
Madruoadora
Y fresca como e a a,
o
0
las mananas
a1· d espei•tar¡;;e
•~ ' murmuraba la
lE' aria que 'ae los labios ele su mac1re apren~ie~a- luecro se vestía E'n su ~]coba, y c_onto n1
poseí~ ric~s adornos, ni siqmera se mira a a
espejo.
,
y
Después como lo había hec110 1a v1spera,
'í a ,~~l d1'a siguiente' SP. consagraba
como·1 o 11ar
al trabaJ·o para vivir con decoro.
d t
.
Y, cigarra
a1 l)ar que a beJ·a• cantan o rabajaba.
•,
· ón de
Cantando una vieja canc1on,_ canc1
glo1~ia Y de amor, canción pecammo$a, c~yos
versos; ¡,ropero, poclían_atr~vesar un alma mocente sin empañar su hmp1dez.

ello y un aíi.o después, saliendo de la iglesia . Margarita advirtió á un joven que le ofreció' el agua bendita.
.
Su corazón era de niño; su espíritu, secu1ar.
y se llamaba Fausto.

t::J,,i

***

Una tarde de estío, sentada delante de su
ca¡;;a hilaba para el hogar.
t 11
E~a la hora en que, una á una, las es r~ as
:
· l o J, .,c 1·rven de guía
tl los
de'-plertan
en e1 c1e
.
.
a~antes quiene1,, con sus ímpetus _J~v;nd11es,
'
'
r la cita ant1c1pan ose
corren presuro¡;;os el '
' ,
d l t
siempre, pues siempre el corazo11 se a e an a
al cuadrante.
.,
iran~lo la
l\faro-arita cantalJa su canc1on g
•
rueca ºcuando pasó delante de ella una de,s~s
vecin~s que se dirigía á la fiesta &lt;le la l~~ox\
ma aldea. Yestía un traje nuevo '! co1_1 ,ª a
llamado de los tamboriles, cuyo ruido tiaia el
viento ele los alrededores.
d 1 t d
Pero se detuvo un momento e a_n .e e
l\Iargarita para que la viese con su traJe nue;
vo su collar y sus pendientes.
le prese!1¡º
su'mano para que pudiera admirar el am o
de oro ue brillaba en uno de sus_ dedos. _De~;
q
·chó rie11do y l\Iarganta la s1gmo
pués se mai
' • , 1.
r,
el tu
con una mirada que inqmeto a su ang
-

Y

telar.
l h"l
t
Corrió entonces menos rápido e l o e~ re
los dedos de Margarita; cesó el ru~or monotono de la rueca, y el huso se le cay,o de hls n:a•
nos. El golpe del huso la de~pert~ _!le su _arrobamiento y al levantar los OJOS, v10 en pie del~nte de ~lla - en la diestra el SOJ:?brero, don;
de ondulaba una pluma con vív~da lla~a-a
un caballero magníficamente vestido, qmen le
dirige un saludo respetuoso, y c~n voz dulc~
y galante le pregunta por el cammo que con
duce á la ciudad.
Margarita le contestó extendiendo la ma?o
para indicarle mejor la ruta qu~ de?í~ segmr.
Entonces el desconocido se rnclmo; Y, en
recompensa del servicio que acababa de reci bir se despojó de su aiullo de oro, donde
fulgí~ un brillante como un_a estr~lla, y ado~;
nó con él la mano de l\larganta., qmen encontrn
el brillante más bello que el de_ su coD?pafi~ra,
mientras el rostro del desconocido se üi:_mmaba con una sonrisa intensamente extrana.
Presentóse á poco' inesperadamente, un
mendigo cubierto de harapos. Detúvose delante de Margarita, y con voz entrecortada le
pidió una limosna. ,
.
,
Margarita se quito el anillo y se lo dio a1

e

Hijo del Cielo trabaja una vez en el
Un día, parn llenar este H"
deber
ano.
en la fecha ordena.da, Khan- i, e1
ENRIQUE l\1ÜRGUER.
sabio emperador, doblaba ~u cuerpo sobre la
re·a de un arado, del cual tnaban blanc~s bueJ d 1 '"-=bet Rin ve::- la muchedumbie que
ve&lt;&gt; e .1 1 • •H" · b
de~de lejos acudía, el ilust~e Kha1_1- 1 gma ª
su arado y miraba pensativo abnrse delante
de sus pasos la tierra húmeda Y fecu nd ~- -~',
ahondando el surco,murmuraba:-«Oh tie11_a.
la vida es un enigma, y l_a muerte es un nusterio; pero tú, que la esp1~a abonas con cadáveres para nutrirá los vivos; tú, madre del
cedro y de la grama, ~ú debes de conocer el ~ecreto de nuestro de_stmo. Acei:ca de este prnTus veleidades han cavado en lo hondo
blema sobre el cual he reflexionad? en .:'ano,
De las frialdades en que yo me escondo
respó~deme p~es. Yo soy -~(han-~1, h1J~ de
Una cruel tumba de implacable fondo.
Chun-Tchi. m1 brazo Vf'nc10 al T1bet y ,, la
y el amor santo, santo como un culto,
Fonnosa; ;oy grande entre los más grand~s;
Que ante tus gracias siempre tuve oculto,
nadie se atreve á elevar ,-u voz aote mí, sm
En la cruel tumba con dolor sepulto.
antes haber tocado nueve v_eces el ,;uelo co!1
la frente; soy el señor, á qmen todo es_ perm1:
y para siempi·e ...... ! y era, cual los míos,
tido· sin em.bargo, mi corazón es humilde, ll_ll
E se amor grande .... Mas de los desvíos
alm~ es sumisa y carezco del orgullo que _mis
'
,
Tú le clavaste
los puñales f r10s.
antepasados tuvieron. Para crecer en sab1d11ría y en virtud, hice grabar ;n los n~~1:os de
y quedó muerto .... Charca ensan~rentada
mi palacio, rindiendo culto a la tra&lt;l1?10n, la_s
Son mis ensueños .... Negra es tu mirada...
sentencias de los sabios,. t~l como un JO Ven siSobre mí es negra noche desplomada .... !
gue los consejos de un v1e¡o._
.... ······ ..... .............. ·······
Odio á los cortesanos, y s1 fuera menos buey lloro á solas .... ! Oh salobres gotas
no ordenaría. que se les cortase la le11gua. Soy
De las cortezas por las hachas rotas,
tie;·no: prohibo con la, pena de la argolla_ la
En los sabinos de arrugadas cotas!
extinción de la prole femenina. Toco varios
instrumentos e.le música, leo. correctamente Y
¡Oh luengos llantos de torrentes furns
h9.go yersos de amor. Soy vahen te, no com_o el
En precipicios trágicos Y obscm·os
horrible Tunur, por .''ano deseo de gloria Y
De enotmes pasmos de agl'ietados muros!
sanguinario instinto, smo para caer ~oro~ el
·Oh dolorosas lágl'imas de brillos
1-ayo sobre el chato mongol y el ruso sm Dios,
L~s más siniestros, t'ojos y amarillos,
si osaran atacar el. Imperio ~el_ Centro. S?Y
De las canter~s bajo los martillos!
sabio: conozco los ntos y los cod1gos. Soy,piadoso: rindo homenaje en sus pagodas a los
Lloros de rocas silenciosas, tiernas,
bonzos de K.en-Tsen como á los sac~rdotes de
Vertidos dentro de hórridas cavernas
Fo, y protejo tamb)én á Jesús, e! Dios nuevo,
En formas raras, múltiples y eternas!
que nació de un~ virgen y predica el amor.
Soy justo, y aspiro á qu~ sea del, labrador, al
¡Oh llantos todos .. . . Fieras cata1·atas!
llegar la siega, todo el trigo por el ~em br~do.
Turbios rocíos sobre flores gratas!
Soy en fin, un soberano buen~, sabio y granChispas purpúreas bajo férreas patas!
de y mi nombre es bendecido por cuantos
Entre los cierzos miel de las corolas!
vi~en, del levante al poniente, en el Celeste
Imperio. Háblame, pues, ¡oh tú ?uya fecun~
Bajo las quillas copos de las olas!
didad nos concede el arroz, el tri~o y el té.
Hoy os comprendo .... ! Tanto lloré á solas! .. .
.. ······· ........... ····· · · ........ ······ .... . ¡Oh Tierra maternal, do?de cada cnatura busca su vida y encuentra finalmente su tumba,
y á los despojos de mis esperanzas,
Ante la sombra que sobre ellos lanzas
tú que &lt;le todo en el mundo ~res la caus~ y
Ven, como torvos cuervos, las venganzas.
el efecto, di ¿qué restará de m1 _obra? ~espondeme. ¡Para ello sería necesario t~n milagro!n
Pero es en vano... Mi desgracia ahuyenta
Su arado tropezó con un obstáculo. Y ?-1
Todo vil vuelo de pasión violenta. • ••
hundir entonces con más fuerza la aguda re¡a
y el pie en mis celos un placer asienta.
para ahondar el surco, saltó una calavera de la
tierra.
Como el que tuvo tal vez el desierto

pobre.
. d
b. l d
Lanzó al instante un grito e ~a ia _e esconocido y extendió la mano hac1~ la JO~en.
Pero el pobre, que no era oti:~ s1110 el angel
guardián de l\largarita, la c~1bno con sus alas.
y Satán, que había _veme.lo para tentarla,
retrocedió ante el espíntu celeste.

***

La Respuesta de la Tierra,

Esa misma tarde el á~gel guar~ián refirió
lo acontecido al buen D10s y le d1Jo: .
-Señor sería bueno que la llamaseis.
'
.J:,
.Y Dios responwo:
_ En f.fecto, pienso eh ello.
Pero, al día siguiente, ya no pensó más en

LLANTO

FRANCISCO COPÉE.

Cuando sacat·a del peñasco abierto
Vara increíble manantial incierto.

l_gs f?remio3 en el ~olegio Nlilitar
.-.

.} OX la solemnidiscurso, qne la concurrencia el'cuchó con indad acostumbraterés. Tul'o, para el plantel del cual es hijo,
da, se verificó el
sentidas frase;; &lt;le ngrndecimiento, y en forma
domingo pasatlo
galana y amena analizó, punto por punto,
la distribución
los progresos realizado¡;; durante los últimos
de premios á los
alios por la Escuela. 1Iilitar. Para concluir,
alumnos del Copuso de relieve la solicitml con que el Gobierlegio Militar que
no acutle á todo lo que directmnente se relamás se distinciona con el nclelanto &lt;le! ColE&gt;gio.
guieron por su
El Sr. Presidente de la República entregó
conducta y aprodespués á los alumnos los premios con que el
vechamiento en
Gobierno recompPnsa su amor al estudio y su
los cursos de 902.
buena conducta. Los primeros premios fueEl acto, que resultó en extremo lucido no
ron los siguientes: Primer aíio, A bel Dú \"ila;
i,ólo por lo bien combinado del progra~a á
Segundo alio, Vidal Enl'íquez; Tercer año,
que estU\'O sujeto, sino también por la nuLuis Robles Gil; Cuarto año, Eduardo Prieto
merosa concurrencia que llenaba el local, se
y Saui:a; Sexto alio, Jesús Tavera; Séptimo
efectuó en la. hermosa tribuna &lt;le piedra manafio, Carlos Rojas.
dada construir en el Bosque por la asociación
Para terminar, el Sr. Lic. Rafael de Zayas
del Colegio, ~• fué presid i&lt;lo por el Primer )fa.
Enríquez ocupó la tribuna, pronunciando una
gistrado de la Nación. Acompañaban
al Sr.Gral. Díaz, que
se presentó en Chapultepec á las diez y
media de la mañana,
los señores Secretarios &lt;le Hacienda, de
Fomento y de Guerra. En el lugar clf'
honor tomaron asiento, atlemás: los seriores )Iinistro de Cuba,
Geneial D. Car! os
García Yélez; Conde
Stadricke; el Encargado de Negoeios de
Chile, y los Generales D. Alejandro Pezo y D. Agustín Pradillo.
Pasado el primer
número del vrograma, que cuLrió la
banda &lt;le Zapadores
con una fantasía de
«Tosca,&gt;&gt; el señor Director del Cole¡óo ,
Coronel J uaq uí n BelEl Sr Gral. Dtaz. preslcilendo el acto.
trán, leyó un impor/
tante informe en que
hermosa pieza oratoria que fué muy elose detall&amp;-, con suma escrupulosidad y métogiada.
do, la historia del plantel correspondiente al
año escolar que finalizaba. De los datos que
contiene ese informe, todos muy importantes,
Siguiendo la costumbre establecida, termitomamos sólo el que se refiere á los últimos ,
nado el acto ele distribución de premios, el
exámenes: se efectuaron, en junto, dos mil,
Sr. Presidente ele la República y sus honoraperdié!ldose únicamente dos cuatro décimos
bles acompañantes se dirigieron al comedor
por ciento. Los resultados no podían ser más
tlel Colegio, donde debía celebrarse el bansatisfactorios.
quete.
En seguida, e1 señor Teniente Coronel y
El amplio salón estaba primorosamente
Lic. Enrique Beltrán pronunció un entusiasta

***

Como el que tiene la hora desolada
De la victoria .... Negra es tu mirada ... .
Sobre mí es negra noche desplomada .... 1
ROBERTO ARGUELLES BRINGAS.

México, noviembre de 1902.

El progreso es, por ~ecirlo así, ~o qu_e sellama el abarídono sucesivo de las trad1c1ones.

***

El que duda y no bl_lsca, es á la vez muy
injusto y muy desgraciado.

*** haber sufrido.
Para perdonar es menester

EL MANANTIAL
Bajo el dosel de musgo de la roca
Un chorro bullidor, desde la alta
Piedra agrietada, se desprende y salta
Y en un lecho de guijas hierve y choca....
Cuanto el agua, al caer, salpica y toca,
De césped blando y florecido esmalta;
Es un sitio de amor y nada falta:
¡Todo al tleleite embriagador provoca!
Encantada en las glorias del paisaje,
Llega la moza; al recoger el traje,
Descubre á trechos desnudez divina,
Y cuimdo al agua su hermosura ofrece,
Toda su carne tiembla y se estremece
Al beso de la onda cristalina.
ENRIQUE GONZÁLEZ MARTÍNEZ.

La concurrencia.

aclornaclo con haces de banderas, guías de laurel y trofeo~. En :.,l centro 1,:e colocó la mesa
de honor, y á lo largo las de,:tinadas á los
profesores y á los alumnos. El Sr. Gral. Díaz
ocupó el lugar preferente, tomando asiento á
su derecha los Sres. Secretario &lt;lr Hacienda,
Ministro de Cuba y Gral. Practillo. A la izquierda se sentaron el Secretario de la Legaci6n de Austria, loe; Sres. )Iinistro de la Guerra y &lt;le Fomento y el Gral. D. Juan Yillegas.
Del brindis que a la hora ele los postres
pronunció el Sr. Presidente de la República,
impresionando á toe.los sus oyentes por la elevación e.le los conceptos que lo informan y la
sobriedad &lt;lel estilo, tomamos los párrafos que
siguen:
.¡¡
«Amis nuevos compañeros que han mPrecido el ascenso á caballeros oficiales del Ejército y de la Armada, les doy mi cordial bienvenida, no para cumplir un deber de '!ortesía militar, sino impulsado por la sim patía que inspira esta
juventud estudiosa y
ambicio,:a de gloria,
en cuyos tiernos corazones germinan vi rtudes militares que
son fundamento (le
la confianza con que
la patria espera el
porvenir. Ojalá que
diafanizadas las pupilas de su criterio
por la ciencia, que
todo": lo sublima, y
poseídos Jel sentimiento moral que el
mando requiere é imprime la educación
militar, acierten á
tonificar los rigores
de la Ordenanza, haciendo efectivas para
nuestra briosa carne
de cañón las consideraciones, la probidad
y estricta justicia con
que debemos tratar á
héroes anónimos, cuya sangre, al derramarse en
servicio de la patria, sirve también para fundar nuestras reputaciones y magnificar nuestro mérito y honra militar; consideraciones
que caben en la más estrecha severidad disciplinaria, y sin relajarle la dulcifican, porque
engendran en el corazón del soldado agradecido y bien educado, el generoso anhelo de corresponderlas con diligente, rápida é inteligente subordinación; anhelo que fanatizán&lt;lole en el tema de su deber, le induce por hip-

�,

i -

el l.ado derech_o, y arra~!ró á los demñs, que

!

ca) e~on por tierra hac1t.-ndo:-e pedazos. Los
pas:i¡eros que resultaron ile~os ó levemente
heridos, ~reRas &lt;le un ¡,:'rnico terribl~, procuraban abnrse paso entre el hacinamiento de
tabla~, fierros y cristales rotos que cubría el
campo en ai¡uel punto.
Tan luego como la Ernpresii tuvo noticia
del ~t!ceso, se dispuso el em·ío &lt;le un tren &lt;le
auxilio llernn&lt;lo á bordo Íl un médico a)ounos
ayudantes y dos ingenieros. Cuand~
tren

el

t·na aclam:wií,a tan e.,pontúnea como r11i-

&lt;lo,-,1, --:iludí, el import,rntbimo brindi!&lt; Llrl Sr.
Pn·sid1•ntl•.•\1 abandonar el i-alón el Uml.
Díaz, fué u\'acionado.

UN INCENDIO FORMIDABLE
OT.\ sensacional de la última sPmana,
ha sido r1 incendio registrado el domingo por la noche en la fabrica de
mueble:- que los s¡,fiores -\mhro
siu:; ,- Blacke tenían e:-tahlecidn en Xonoalco.
Toda la üoche de ese día e411,·o ardiendo el
&lt;·&lt;lificio, sin que los bomberos se dieran punto
de repo,;o en sus trabajo:-. El fuego inmLlió
con una rapi&lt;lez cxtraordinari:t los &lt;listintos
d1:partnmcnto,; de la fáhric,,. eonsumiendo ca-

llegó, los heridos habían sido transladados ya
en tamillas improvi!-'adas, á Zempoala población poco distante de 'l'epa. Dos m~jeres
resultaron muertas, y entre los numerosos heridos &lt;¡ne se levantaron del campo, bahía algunos q,.e presentaban lesiones muy graves.
Tanto los cadáveres como los heridos fueron
llevados después {~ Pachuca, dándo~e parte
&lt;lel accidente al Juez de Distrito del Estado
&lt;le Hidalgo.
l'an•ce que h1. causa del accide,,te fné la

imprudPncia de un c•mplen1lo de la Empresa,
que ordenó entrara el tren en uno de lo~ brazos de la ,, Y,» que por su exceRh·a inclinación
no permite el movimiento de grandes tn•nes.
Adcmús, y como el brazo no tiene l:i l'X tensión suficiente. el último carro quedó sol,re el
vértice de la• Y, haciendo im·ertir el eambio
de tal manern, que el de~carrilamiento fué inevitable.
El número total de pasajeros heridos pasa
de tn:inta.

El C:~pnrtamento de maqulnarlu.

L:i Carpinterfa.

notismo {1 &lt;le,dl'fülr todo pc·ligro por la gloria
&lt;le su 1,amlera, por la honra de la patriii y por
Jade sus .Jd&lt;•,:, quP l'll l:ill heruic.i ah1wgaciún
estima romo propia.
! ~
"El Ejérrito que nwjor llegnl' á nutrir_\' ú
&lt;len si fiea r In Ira II ia q UL' tPj«'n eH,s genero,n,.; spnt i m ien tos n·eÍpl"CIL'O", ÚlllL'O faelor dt&gt; h ,·enla&lt;lera fuerza. serú sin duda el m{1s podero-.&lt;1 i'i
:-us ofirialp, pt&gt;rl'il1L'll eo11 darida«i y determi11a11 con l'X:1c-tit1ul el lí111itP dL· tan hunrnnitario trat:1111iP11lo, ~- a¡,rP11d1·n ú dis)&gt;L'lls:trlo evn
alt&lt;•za de digni1lad jerá n¡llil'n. par.1 que no del,!Pl1l'l"C &lt;'11 tol .. ranl'Ía, &lt;¡UL' es la gangrL•na de los
Ej ~r .. ito-..
,, :--i vnsotro,, 111i-. jíi\'l-'llC~ eompafier11s, cultiYúi,, l'll \"Ut&gt;stm-. filas t'ste :-ist1•11rn liiPn enten1li1lo y prudPntL•mente aplit'ado, ~-oº" a..:eguro que contan:i,; con :-ol1l:1do:; innwjorahlL•s,
que :\l'ost11111lirad11s hien pronto {1 n•11cer, os
condu&lt;'irún :1 ]a,-. m:1s elPrndas 1·ima; de la jeran¡11ía militar por la \'Ía m(1s honro,.;a. con el
aplau,:o de ,·11e;.tras propias co111.:iencias y acla111:1&lt;10, por b gratitnLI 11acion:1l. "

Domingo 1 ~ d&lt;' Dieiembre de 1902.

EL :MUXDO ILUSTRADO

Domingo 14 d., Di&lt;"iC'rnbrC' clC' l !l02.

Catástrofe Ferrocarrilera.

"i en su totali1l:Hl la,-; existt&gt;ncias que bahía en
los almacpm•:-. y la ma¡.(nífiea instalnciún con
que contaba p] estnl,IPcimiento.
Cl'r&lt;'ll de dos mil pnpitn·s f111•ron clP~truí1\os
D \ imprc:-iún ha rau,;ado la terrible
por las llamas, perdiénclo,-e, a1\em;1s, una cst:1,-trol'e ft.rro&lt;'n rri lera ocurri&lt;la el
1ufa para secar madera, que i111¡,ortaha una
artes por la tarde, c'n la estariún de
fuerte Ruma, y las n1úc¡uinas dP lahr:ir, pulir y
Tepa, del fnrocarril de lli&lt;lalgo y
a,-errar.
del
Xorde~l&lt;&gt;.
:--,•¡rún todas 13s prohahilidad&lt;·s, (') i11ecn&lt;lio
Re ini ·ió l'll el dPpartatnento dt&gt; calcl.-ras , comuni ·:'u1dose de-;¡&gt;ue:-. ú la.;
nt ras d p•·nilt&gt;1wias
&lt;le la negociaci 'm.
Las 11ér&lt;lid is, se_.!;Ú n
lo declarado t•Ot" los
señorei:i .\111hro:-it1s
y B\al'kt', montan,
a¡Hoxima&lt;la111cn1e,
ú 8'-0,000 OO.
El tral,ajo de lo" liomhcrn,; se ¡,rnlongÍ&gt; l1asta las d i1-z de
l:\ m 'lflana d •I l111ws, horn en que la
fúhriea hahía queda&lt;lo red neida á
1110n tones de ese unhros. L• s tt-ch,&gt;s de
1:'unina ylascolumnaR que !'o4enía n
Los duei.os de lu Fúbrle:i r el ¡ier,onal ,1~ ¡iolll"fa.
los coherti zo¡.;, i-e
derrumbaron ,-epul•
Cerca de mil JV' regrinoc; que hahí:m Yeniclo
tando las múquinac; y laR hcrramienlaR.
en romería ú la Basílic:i &lt;le (:;.u:ulalupe, rrgreLos tnllerc,, que se !'ncontrahan e..:tahleci&lt;los
sah:1.n e.-:e día ú la..: pohlncione,; &lt;le su rt&gt;sidenen la fábrica, eran: carpintería, ehanistería.
cia, ocup'1·1&lt;lo once carro&lt;; cntrP de segunda y
tallado, y t]p &lt;lucia,; y mol1lur:1-.. La negociatercera clase. El Yiaje se hizo ..in nin~ún conción daba allí trahajo á multitud d e operatratiempo hasta J]pgar ú la e;;taciún mC'nciorios.
na la, don le. par.1 dej:n el paio ú un tren de
p11lqueR, entró el dl' pa~ajeroc; :'1 la uY,» ocupando uno &lt;1&lt;&gt; los escapes. Lihre ~·a la línen,
el con ,·oy ,·oh·iú ú poner,;;e en marcha, y Pll
e--e n11imento uno 1le los carro'- ~e n1lcó ,;obre

Exterior de In Fílbrlca, después del siniestro.

D epartam ento d e est ufas y ca ldera ~.

La Estación de Tl'pn.

SAN CRISTÓBAL LAS CASAS.

~
~

~

,UIOS en este número una v isbi
panorámica de la ciudad de Sa.n
Cristóbal Las Casas, una de las
más perjudicndas con motivo de
)
t,11
la lhn·ia de cenizas ocac;iona1la
~ por el Yolcán de Santa ~In.ría, de
la República de Guatemala.
:--an Cristóbal es una de las pohlacione,, más anti~uas del país.
1
1
En 1~ ele marzo de 1.528, el cnpitún D. Diego de )Iazariegos salió
del pueblo de Chiapa en busca de
'·
J
un lugar conveniente parn fun'./
dar una villa que fuera como el
centro de operaciones de las autoridades espafiolaf'l, para reprimir
los alzamientos de los indios en aquellos rumbos. Se construyeron á corta &lt;lic;tancia del
· pueblo referido algunas caiaaR, y púsosele por
nombre á la naciente I oblación Yillarreal.
Poco despué.s se escogió otro ~itio para la
fundación, por carecer el que antes se había
elegido de algunas condiciones indispensables
á su objeto, y se trazaron ralles, templos, etc.,
etc. nombrándose los regidores correspondientes.' L'I igle:;ia se dE&gt;&lt;licó á la Anunciación,
primero, y á San Cr istóbal clespm~1-&lt;, y tal era
el &lt;·elo que por el emhellecimiento de la nueva
villa de1-&lt;plegaron SUR autoridades, que se ordenó1 entre otras cosa&lt;\, que el que trajera yeguas ó potros por las cn.llrs, los ¡wrcl iec;e ó pagase un pe~o de oro !'ara la falricación de la
iglesia, lo mi~mo que el que
dejara salir los puercoi:; tic los
corrales.
L:i primera Audiencia de
)léxico ordenó que \'illamal
f-e llamara en lo sucesi\'o \'illavil"iosa, penando con una multa ele cincuenta castellanos de
oro al que In llamara como
desde su fundación se había
llamado. Andando el tiempo,
se olvidó el nomhre de \'illariciosa, y se le &lt;lesign ó con el de
¡;an Cristóbal de los Llanos,
hashi que la Reina ({oberna&lt;lora en 1536, le puso el ele
Ciudad Real. En 1535 se le

t( \

'

r

concedieron armas, consir-tentes en «do!,; sier:as por medio de las cuales pasa un río, y enc·1~na «le_ una el~ e}las U11 castillo &lt;le oro y un
lcon ~rnmarlo a el, y en la otra una palma y
un leon, tocio en ca111po rojo."
El obii-pado de Chiapas fué erigido en 1:;;3t,;
y el pri1~1,er ~l,isp? quG se nombró para gober~
nar la choces1:; fue D. ,Juan &lt;le Arteaga. E~te
no llegó Ít ejercer sus funciones, pues murió
antes de hacerse cargo del obispado, y entonces se designó parn cubrir la vacante á Fray
Bartolomé de Las Casas, enemigo acérrimo de
los conquistadores y defensor insigne de los
indio~. Fray Bartolomé sufrió penas y contrariedades indecibles, captándose por su elevado eRpíritu evangélico y su caridad inagotable el amor ele todos los ,·eja&lt;los y de los oprimido!4. :--an Cristóbal lleva ahora su ilu,;tre
nombre.

Por último, San Cristóbal fué por mucho
tiempo la rc,;idehcia del Poder Ejecutivo de
Chiapas.

•

PENSAMIENTOS .
Xo hay nada tan fácil como lo que se ha
descubierto la víspera, y nada tan difícil como lo &lt;¡ue se debe descubrir al día siguiente.

***

Se persuade mejor muchas Yeces por las razones que ha hallado uno mismo, 111e por las
11ue proceden &lt;le! entendi miento &lt;le otros.

***

S in las pasiones nada hay sublime ni en ·
las co,-.tumhres ni en las obras; las bellas artes Yuelven Í\ su infancia y la virtud se ,·uel,·e minuciosa.
•I

/~ ../
LoR edificios tle Kan Cristóbal, en
su mayoría, tienen los techos de teja, con aleros volados, debido á que
las constantes lluvias destruyen las
azoteas e11 término de unos cuanto3
meses.
Entre sus fincas notables se cuenta el templo de Santo Domingo, uno
de los rnús antiguois de.\ mérica. En
cuanto al comercio, en su mayor
parte es con las poblaciones de G'uatemala.

:,,c.;ESTRO PAIS.-R!o de Coatzacoalcos.

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(Fot. Waite.)

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�EL MUNDO ILUSTRADO

EL :\nIXDO ILUSTRADO

Domingo H de Dioicmbre &lt;le 1902.

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--- --&amp;-

LA FIESTA ESCOLAR.

Á UNA ARTISTA.

Como lo ofrecimos en nuestra edid6n anterior, publicamos en estaR p(Lginas algunaR fotografíns relativas á la gran fiesta escolar efectuada hace poco en Arbeu.
Damos también á conocer el retrato del ~eñ~r Dirf'ctor de lnf'trucci6n Primaria, Ing. D.
Miguel F. l\fartínez, n quien se debe principalmente el éxito logrntlo, y los grupoH de las
profesoras y profesores &lt;JUe con él intervinieron en la organización del festiYal.

Te admiro por tu ¡i:Pnin, ¡oh ,obe:·nnn!
i11térpr1&gt;tc fiel &lt;l(' las l'ª"io11es
qne dt-ntro, ('11 ]o,- nn·anos corazo1w",
han co11111ol'ido {L la exi~tl"IH.:ia l1uu1n11n.
QnC' te cante la lira americana,
Uniendo su canción á las canciones
con que ]:is li1as próceres tus dones
.
h'1spana.
a 11 a, cantaron en tu• tierra
Augusta rmperatriz del sentimiento:
yo rindo mi homenaje ú tu talento,
que es el regio y magnífico estandarte

El hien deja de ser útil cuando la opim6n
pública.Jo rechaza.

•

**

i1

Domingo 14 de Diciembre de 1902.

con qne pa~as en triunfo por la eseena,
eneendienclo en las almas la Rerrna
y misteriorn lúmpant &lt;lf'l arte!
FHAl\Cisco IzÁBAL IRI.\RTE.

*
Frecuentemente las pretensiones
ele la librrtad se asocian con las costnm bres &lt;le la esclaYitud.

***

..

Es inhumano reprochará las gentes los defectos y flaquezas, cuando son las primnas en
rercibi rlas y las primetas en sufrir las conf'1•c111&gt;n&lt;·ia ;:,

-

Sr. Ingeniero ::111¡."uel l·'. ~la1·tlnPz. Director
de Tnstrncclón l'l'lmaria.

.Jamíis ~e han visto amant1&gt;s que marchen
1an unido,-, corno son en el mnnJo la ausencia _v el ol\'ido.
·

Vista panorámica de San Cristóbal las Casas.-(Tomada dos días después de la lluvia de cenizas).

EL BIENHECHOR.

E

RA "ª de noche. El estaba solo.
y¡'ó (1 lo lejos los muros de una cin&lt;lacl circular, y march6 hacia la ciudad.
Como se aproximase :1 la ciudacl, oyó rnmor cll:' fiesta, risas Je
a]ecrría y h:i rmoni osos
so1~e,; 1lc laúd. Golpeó
la pu&lt;&gt;rta. que ahriG uno
de los guanlM.
De1ú1·ose ante una
casa tle múrmol, co11
bellos pilares en la fnch::v \:1. Col¡raban ¡tuirnalllas en el lo~. v adentro v fuera hahía antorc.'has de cetlro. Entr6 en la casa.
Cua.n&lt;lo hubo atravesado la. sala d e calcedonia ,- la sala de
jaspe, l11&gt;~ó ú la de festines. Extendido sobre
un ledrn de púrpura,
viú i't un jo\'en coronado de rosas rojns y cuyos labios estaban rojos de 1•ino.
Y El, todntk,le en
la espalda, díjole:
-¿Por qu~ Yives &lt;le
este modo?
El jo1·rn Re l'Olvió r,
reconociénclole, respondió:
-Era leproso antes y Tú me has curado.
¿C6mo podría vivir &lt;le otra manera?
El sali6 de la casa y de nuevo fuése por las
calles.

A poco vi6 á una mujer cuyo rostro y vestidos estaban pintados y cuyos pies estaban
calzados de perlas. Y detrás de ella venía lentamente, como alguien que persigue, un joven
que llevaba un traje de dos colores. Y el rostro de la mujer era tan bello como la faz de un
ídolo, y en los ojos del joven brillaba el deseo.

-Era ciego antes y Tú me has devuelto la
vista: ¿de qué otra manera podría yo mirarla?
La mujer se volvi6 :,·, reconociéndole, se sonri6 y le dijo:
-Tú rne has perdonado, y la vía por donde
ando es una vía encantadora.
El sali6 fuera de la ciudad.
Y cuando hubo salido fuera de la ciudad,
vió sentado en la orilla del camino á un
joven que lloraba.
Y El se acerc6 al joven y, tocándole los
bucles de sus cabellos,
le dijo:
-¿Por qué lloras?
El joven a\:1.6 los
ojos y, reconociéndole, respondió:
-Estuve muerto ·y
Tú me hiciste levantar de entre los muertos. ¿,Qué podría hacer yo sino llorar?
ÜSCAR

LA FlE~TA ESt'OLAR.-Ilimno á la Escuela.

0

El los sigL1ió rápidamente, tocó la mano del
joven v le dijo:
-¿Por qué mirnR &lt;le tal modo á e~a mujer?
El joven (-e volvió y, reconociéndole entre
risa!', respondió:

WILDE.

Nada puede matar
el amor propio y todo
lo hiere.-Mme. de
Ségur.
Vengarse de aquellos que nos han hecho mal, obligándolos
al reconocimie11to, es
un placer de los dioses.
La fuerza v el valor nunca mienteu.-Reina Cristina. ·
Aquel que hace nn servicio debe olvidarlo;
el que lo recibe debe acordarse.-Mme. Aissé.

Grupos de Profesoras y Profesores que tlmaron parte en la organización de la Fiesta Escolar

I

�Domingo 14 de DicicmbTe de 1902.

EL MUNDO IT,USTRADO

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Domingo 14 de Diciembre de l!W2.

�EL :.\IUXDO ILUSTRADO

Domingo 14 de Di-ciembr.e de 190-2.

AMAS se hubiera imaginado Jorge que la dicha completa, transitoria tal vez, pero completa, estuviese tan al
alcance de una mano mortal.
Nunca hubiera creído, después de largos años ele correr
en pos del placer y del contento, que la felicidad había
de venir baciaél precisamente cnandó él ya desesperaba
de alcanzarla nunca, á. pesar
de sus locas carreras y de sus
tenaces persecuciones. Pero
hubo al fin de convencerse:
la felicidad estaba ahí, transitoria tal vez, pero completa.
Si Jorge hubiera leído alguna vez al poeta alemán que
dijo queen la mayor parte de
los casos no encontriimos la
felicidad, sólo porque tendemos la mano demasiado lejos
para aprehenderla, tal vez no se hubiera maravillado mucho de que al 1·etirar el brazo fatigado
y desfalleciente, tras de titánicos', pe1·0 inútiles
esfuerzos, y al doblar desencantado y furioso
los dedos de su mano, casi inertes por la tensión,
hubiese encontrado en su diestra á la felicidact,
aprisionada como una mosca.
Pero Jorge no había leído al poeta alemán;en
general, no había leído á ningún poeta: que no
es leer á. poetas el pasar la vista ociosa, en la
biblioteca del club, po1' sobre las líneas equidistantes y equimedidas &lt;le alguna 1·evista dominical! Las lecturas de Jorge, las únicas que lograban apasionarlo, eran las crónicas del &lt;turf&gt; Y
las crónicas de bastidores; en unas y otras encontraba revelaciones interesanks para sus gustos hípicos y cortesanos, que informaba.a la médula de su ser y que le hacían pasar la vida oscilando entl'e las panto1Tillas de las tiples de
sangre mezclada y los lomos de los corceles de
sangre pura. Y de tal vida y de tales aficiones
llevaba ya doce buenos años, p1:1es cont~ba ~e
edad treinta y dos, y desde los vemte babia disfrutado de la libertad y del poder que prestan
una doble orfandad y una pingüe hacienda.
Aparte de dos paréntesis, de á quince meses cada uno que había abierto en su vida mexicana
para
á ponerse inyecciones de «parisina&gt; en
los corredores del Folies-Bergere y á darse barnices de cosmopolitbmo en las deliciosas explanadas de Niza, para él todos los días de esos doce años babíanse asemejado los unos á los ot1·os
como se asemejan entre sí las cuentas iguales de
una camándula, y apenas podía designa1· c?mo
acontecimientos turbadores de esa monoto01a á
los cambios de nomb1·e de la suripanta prefel'ida ó del caballo favorito. En suma, Jorge había
llevado la vida que estrictamente corresponde á
nuestros aristócratas de nacimiento.
Pero un día, mejor dicho una noche, vino á él
la felicidad; una noche en que malhumorado, h~rido por la inexplicable virtud que para él quiso desplegar y desplegó una tiple que no era virtuosa, tuvo la ocurrencia, rara para un caballerete de su alcurnia, de buscar con tesón hasta
por los sitios más escabrosos y de peor at·oma
moral á cierto gañancillo andaluz, bajo de cue1·po y alto de lengua, de quienhabíanle dicho que
era el íntimo favorecido de la desdeñosa y la
causa, tal vez, de los desdenes que lo torturaban.
Y le halló en b1·eve, engastado en una corona de
toreros que ceñía á una mesa cargada d~ &lt;cañas&gt; y de botellas; le halló, trabó pendencia, y
tras de un sopor que no se explicaba y de una
singular pesadilla du1·ante la cual desfilaron ante su retina faroles de gendarme y actas de comisaría, volvió en sí de sus furores y se encontró acostado en su propio lecho y con un navajazo en el vientre ... .
Ese gran acontecimiento de su vida, provocado
con instrumento punzocortante, obligándole á
guarda1· cama y soledad durante treinta ó cuart!nta días, facilitó á Jot·ge la ocasión de pensar
un poco con pensamientos serios, cosa que jamás
se le había ocurrido y que le produjo esa extraña y atrayente sensación que algo muy nuevo y
nunca sospechado nos produce. 'Í poi· el hilo de
sus reverdecidos pensamientos fué llegando hasta el ovillo ae su informulado anhelo, y con asombro advirtió que el ovillo no encenaba otra cosa más que el trilladísimo incidente del matrimonio, llamado por algunos ilusión y esperanza, mientl'as que otros recurso y epílogo lo apellidán.
Jorge no hubiera podido decir áciencia cierta
si la primt:lra intención de aquel acto tan discutido por los demás se le apareció á él en forma. de
remefilo' inevitable ó de cúspide apetecida; pero

si podía jurar sin el menor peligro para su alma
de pecador creyente y arrepPntido á medias, que
al pensar en el matrimonio, simultáneamente
pensó en Amelia.
.
Más tarde, efectuada la boda, solía decu:le á
su dulce mujercita, para demostrarle su fidehdad
y su ternura:
- Mira, hijita, para divertirme pensé en muchas mujeres, cortejé á muchas, amé á m~cb~s,
pero nunca para casarme .... Para esto, tu fmste la primera ..... .
Y no mentía.
.
Pensó 1 pues 1 luego en Amelia, una cbiqmlla
llena de encan tos y de seducciones, eleg~nte, hermosa é instruída basta donde lo permitía también su calidad de aristócrata educada en el Sagrado Corazón: es decir, que tenía todas las cua-

EL MUNDO ILUSTRAD"-

la dulce coyunda ruatrimonial, sobraríanle la
buena crianza y los dineros necesarios para envolver su empecatado libertinaje. en un cendal
decoroso que defendiese á la niña de lesiones envenenadas y detuviese las h_abli_llas sociales d~ntro de la órbita de esa ad1mrat1va murmuración
que no menoscaba las reputaciones exteriores de
las o-entes ni empece los goces exteriores de la
vid:; pue~ parece convicción arraigada en sujetos mecidos en cunas de marfil y de orn, la. de
que los descarríos realizados con buen modo y
paliados con dinero, no alcanzan á mayores, dela propia suerte que los duelos con pan son menos
De ese modo, mny en breve vi6se iidornada de
azahares y de blancas rosas la capilla ele Nuestra Señora de Lo urdes- de turno temporal para.
los enlaces aristocráticos,-y Amelia y Jorge,
arrodillados ante el ara sagrada y á la vista del
&lt;todo México&gt; selecto, jur,fronse amor ete1·no
ambos con una since1·idad conmovedora y con el
firmísimo propósito de constitui1· un hogar de
cristiano ejemplo y mundana felicidad.
Sólo turbaron la unánime aprobación de aquel
enlace algunas tímidas insinuaciones de antiguos camaradas de Jorge, que pretendían que
mucho habría de arrepentir-se éste del sacramento, en cuanto se sintiese coyunda.do. l\las esos.
malévolos augurios se abogaron en las armonías del órgano que, con sonoridades de día defiesta, entonaba la marcha de Méndelssobn ... . .

t1:anquila marcha del autómovil, merced á un jubiloso estremecimiento que Jorge transmitió á la
manija directora del vehículo.
-¿Qué te pasa·?-dijo Amelia al advertir el singular fenómeno.
-Nada, amor mío, no me pasa nada .. . Es sólo que me ha venido una idea, ¡ah!. una idea ext1·aordrnadid Voy á prepa1·arte una sorpresa colosal. ...
Y la mii·aba con aire regocijado y riéndose
con toda su alma, como quien pr·eviene un acontecimiento de inusitada satisfacción. No pudo
a.nanear Amelía ninguna revelación ace1·ca de
la sorpresa proyectada; únicamente advirtió que
apenas llegados á la casa, Jorge entt-egóse á la
esc1·itu1·a de uua larguísima epístola, y que ordenó fuese certificada esa misma noche en la estafeta postal. El sobrescrito de la carta contenía
el nombre de Arturo Ancira, viejo compai'iero de
los desórdenes de Jorge y residente á la sazón
en Londres . .l!'ué cuanto Amelía pudo soi-prender
ele los preparativos de la sorpresa.
Pasó el tiempo y aquélla no venía. Mejor di-

***

Y cátate casado á Jo1·ge y
con la felicidad en I a. mano.
Porque era feliz, real y positivamente feliz: Amelia le adoraba con una gracia llena de encantos, y cuando en las tardes
otoñales que siguieron á la época del matrimonio, recorrían
la calzada de la Reforma y se
internaban en las somb1·eadas
avenidas del Bosque, bubiérase dicho que el automóvil que
los conducía fuera una renovación eléctrica del mitológico
carro de la Dicha. .-_ ,, _,
Jorge dividía todas sus aten-

it:

·

lidades de una perfecta cultura exterior
aun cuando en las intimidades de su intelecto predominara
más el talento natural que la escolar
cultura. Pero esto no
importaba á Jorge,
ni lo advertía siquiera; Amelia había sido la única muchacha de su clase que
en tal ó cual ocasión
le atrajera. un poco;
...
la única á cuyo lado
,,
había sido capaz de sacrificar una velada de teatro y de club sin grandes_sacrificios, y ~un recordaba que en cierta ocasión había olvidado por
completo una cita erótica, trabaj~samente o_btenida, por encontrars~ ?ºn Ameba en pláticas
amenas acerca de las ultimas carreras de caballos en el hipódromo de P eral villo.
Luego que pasada su convalecencia, el elegante Jorge trocó por uno más interesa_do el tono basta entonces inocente de sus entrevistas con
Amelía y la requirió de amores, entró la chica
franca y lealmente á las primeras de capa, Y. e¡
noviazo-o fué tema favorito de los comentarios
metrop'olitanos y se desarrolló en medio de una
atmósfera de simpatía, pues todos enconkaban
que los contrayentes eran como mandados bace1·
el uno para el otro ambos bien criados, ambos
ricos, ambos jóven~s, constituyendo, en fin, una
pareja de lo más brillante y adecuado, cepa segura de fut~1·as elegancias para el esplendor de
la metrópoh.
Los pal'ientes de Amelia fácilmente echaron al
olvido los ligeros pecadillos y la mala fama que
á Jorge se le reconocían, porque, tratándose de
un buen mozo nacido ent1·e talegas de duros, es
claro que esas cosas no son dignas de ser tomadas en severa cuenta, ni mucho menos pueden s~r
motivo de estorbo para futura paz y concordia
en el hogar. En último 1·esultado-y e~to lo sabían quizá experimentalmente los parientes ~e
Amelía, -si el garzón no sentaba la cabeza baJO

ciones y sus
cuidados todos
entre su mujer
y sus caballos;
las suripantas
de afeitados
rostros y de
cascadas voces
habían caído
en los más profundos ant~os de su olyido, y la
regia mansión de los azule¡osapenas s1 le arrancaba un saludo casi furtivo, dirigido á los_ aburridos elegantes que en el soportal se est~c10nan
á la hora vespertina, rememorando r es1gn~dos
la famosa terraza de la plaza de la Concordia..•
Una tarde, al regresar del Bosque, como encontraran en su camino á dos gallardas amazonas que, al trote corto de sendos palafr~nes_ Y
seguidas de un lacayo de muy pulcra apariencia,
asimismo tornaban á la ciudad, vínose á: las
mientes de Jorge un propósito que lo emocionó
de manera t:a.l, que por un instante alteróse la

cho, ¡valiente sorpresa fué la que Acnelia tuvo
en el transcurso de ese tiempo! La s01·presa de
ve1· preocupado á Jorge, pei-o tan precupado,
que con frecuencia desoía sus conversaciones y
las dejaba sin respuesta alguna; hasta que enfadada Amelía, clejóse llevar de su irritación y lle- ·
gó á abandonar el comedor y á encerrarse en su
alcoba por toda una noche, 1a primera que pasaron separados desde la fecha de su matrimonio.
Al día siguiente, cuando ella esperaba que su
esposo, arrepentido ele sus distracciones y malos
modos, buscase la reconciliación conyugal-que,
según dicen los sabios en la materia, recuer:da
las delicias del primer beso,-Jorge preguntó sunplemente:
-¿No han traído un cablegrama para mí!
Desde ese día, por mañana, tarde y noche repetía Jorge la misma pregunta, por modo tan
insistente, que en el espfritu ele Amelia b1·otó un
virroroso o-ermen de curiosidad con 1·especto al
misterios; cablegrama, ge1·men que en el b_ieu
pre"arado terreno femenino se desanolló con 1mpet~osa vitalidad l' fructi,ficó en _l~ firme resolución de violar la cablegrafica m1s1v.t tan luego
como llegase, para satisfacer prontamente tamaña expectación.
,
. .
Y así lo hizo. Una mañana-Jorge babia sahdo á efectuat· su cuot1diano paseo bípico-Amelia tuvo en sus manos la azulosa y COLlici~da cu;
bierta, y haciendo un poderoso llamaunen.to a
toda la 1ue1·za de su voluntad, que 1:1.aqueab~anle
el segut·o enojo de Jorge, rompió la débil envoltura del secreto y de ella extrajo un papel que
decía:
«Encontrada. Sald1·á pronto. Espera carta.Arturo.&gt;
¿Encontrada .... qué'? ¿,Qué había encontrado
Arturo y qué debía salir pronto·? .IJ:n vano se devanaba los sesos la encantadora cur10?ª• pero
no acertaua á colegir lo que Arturo hab1 a encontrado. Por&lt;.¡ut: en materia de hallazgos, llano es
el campo y vasto como el ci~l,o, y á _fe que en el
&lt;Jeloso cere brillo de una 1·ec1en casada put:lden
tomar muchos aspectos 3ospechosos las cosas
susceptibles tle ser halladas. Luego que _pudo
Amelia quebrantnt· el emba_rgo á que la su¡etarn
su nue\·a curiosidad y se d16 cu~nta ?~l momento en qno se encontraba, de l:J- v10lac1on que h~bía cometido y del muy p1·óx11110 regreso ~1e_Jo1 ·
ge al domicilio, asustose de su a~to y de?1d1ó no
mostrar á Jorge el cablegrama violado srno basta que su caletre, aguzaao por el descanso Y la

tranquilidad, le revelase algunas razones más ó
meaos aceptables para di~culpar su falta. A la
hora ele comer miraba á Jorge, que, como de sólito, había preguntado por el esperado cablegrama recibiendo respuesta ne¡rativa; le miraba y
hubiera deseado taladrar el hueso de su frente
para espiar en su pensamiento y descubrir la incógnita que la torturaba. De pronto, siempre
aguijoneada por la curiosidad, ocurriósele un
expediente azás fácil y aparentemente eficaz, sin
saber que es empleado con mucha frecuencia por
los jueces del crimen para arrancar nna confesión, y de repente, en el tono más nMural del
mundo y á quema ropa, preguntó á su mal"ido:
-Dime, Jorge, ¿qué es lo que te va á mandar
de Londres Artu1·0 Ancira:!
Si algún bicho dañoso y mal intencionado hubiese bnndido su órgano ofensivo en las carnes
de Jorge, ele seguro que éste no hubiera brincado de su asiento con tanta precipitación, ni mos•
tracio en sus mejillas con tanto vigor de tono la
riqueza de su sangre, ni puesto en su rostro mueca reveladora de tanta extrañeza, como lo hizo
al escuchar la tranquila pregunta de su mujer.
Y como quien no ba eutendido bien ó no quiere
haber entendido, con voz vi b1·ante por la emoción y por el asombt·o, pudo apenas p1·eguntar á
su vez:
-iQué dices ...... ?
-Te preguntaba qué es lo que va á enviarte
de Londres Arturo Ancira ..... .
Repuesto Jorge de su estupor, había tenido
tiempo de adivinar lo sucedido, y estallando en
cólera hirviente é impetuosa,
por vez primera usó del grito
-del grito frl:nco r completo,
-para increpar á Amelia,
que, asustada por 1a expresión de su marido, pe1•clió iuego su fingida tranquilidad y
empezó á comprender las
trascendencias de su·--. ndiscreción.
-Has abierto un cableg1·ama que ha llegado para mí...
¿_no es cierto:-&gt; ¿,Sabes que eso
es una indignidad, una infamia, un delito:' ¿Eso te ense~a1;~n tus padres y tus mon¡as .....
Y como ella pt·esentase bumillacla y llorosa el malaventurado cuerpo del
delito, mientras trataba de encontrar una frase
ele disculpa, el frenético consorte se lo arrebató
de las manos y se pu~o á leerlo ávidamente.
Muy luego pareció calmarse su ira., y la atribulada Amelia le vió abandonar el comedor y
encerrarse en su alcoba. Mas, desde el siguiente
día,di6 principio un período de enojoso silencio
en aquel hogar, y desde la siguiente noche, dentro de la (·asaca tle sus buenos tiempos de célibe,
,olvió Jorge á marcharse al club, regresando solo á las altas horns nocturt1as.
Amelía entretanto, cavilaba.; y el airado demonio de la sospecha, ofreciéndole las más descabelladas suposiciones y las deducciones más
temerariamente colegidas, no cesaba de verter
nuevas y constantes gotas de aceite en la inextinguible hornaza de su curiosidad ... .

***

Días después del enojoso suceso, vemos á Amelía con u,.¡a carta en la mano, luchando nuevamente contra la tentación. Mejor dicho, no luchaba; retardaba únicamente el momento de una
nueva violación, sobrecogida por los temores de
irritar otra vez el ánimo de Jorge, pero con la
resolución ya en pecho tomada de perpet1·ar un
nuevo desll.bogo de sus ansias de saber. Hizolo al fin y se encontró con una epístola á. vuela pluma, que decía:
«Dear» Jorge: No sin gran ti-abajo he podido
cumplir tu delicadísimo encargo, 1,1ero doy poe
bien empleados mis afanes en vista del éxito obtenido. En el próximo vapor saldrá Elsa- ése
es su nombre,-y estoy seguro de que habrás de
enamo1·arte de ella, poi· exigente que seas. No sé
cuánto podrá costarte en total el caprichillo; pero, chico, todo lo bueno cuesta y tú no te a1·ruinarás despegándote de un pufiaaito de miles. Eisa
fr,i acompanada de Tom Buwen, ¿te acuerdas·!incli viuuo de confianza y muy
idóneo para estos encargos,
quien es,oy seguro te entregará á Eisa sana. y sal va. Es tan
hermosa, que si no hubiera
tenido en cuenta tu desbo1·dacla impaciencia, de buena gana huoiera retardado el envío
para disfrutarla durante algu
nosctías y pavonearmeconella
por estas calles de Londres.
Se ha retratado y por este mismo cor1·eo recibit-ás el retrato; he recomendado al fotógrafo te lo dirija al Ulub, pues
supongo tendrás gran satifacción en enseñarlo á los amigos, quienes sin duda hab1·{m
ue envidiarte. ¡Figúrate: basta el pl"Íuc1pe cte Gales hab;,i
perdicto los sesos poi· Eisa!
Gózala en paz y no olvides .'L
tu viejo amigo-AR'l.'URO ANCIRA.&gt;

Domingo 1-1 de D'ioicmbrc de 1902.
Amelía quedó inmóvil y sintióse helada,cual si
su joven carne bubiérase ti-oca.do en pentélico
mármol. ¡Qué desvergüenza, qué cinismo! ¡Oh,
ella sabía ya que el libertinaje actual de los hombres alcanza puntos inauditos:pe1·0 nunca hubiérase im:i.ginado que entre cabal !eros del linaje de
Jorge y de Arturo, se diesen y recibiesen encargos ele naturaleza tan baja y rufianesca! Pero
bien casti¡rndo iba á verse Jorge, ah, eso sí! .... le
despreciaría ella, volvería al lado de sus padres
y le dejaría que se solazase en el fango con esa
Eisa de todos los demonios que, por hermosa
que fuese, no pasaría de ser una de esas inglesas
rígidas como un leño, rubias como un haz de
paja y frías como un sorbete de limón! ¡Qué gustos tan singulares tienen los bombr8s!
Aquella nocbe, al regresar del club un poco
más tarde que de costumbre, sorprendióse Jorge
al encontrar en la antesala cara á cara con su
amada esposa,que, erguida y arrogante entre los
amplios pliegues de su «deshabillé,&gt; le esperaba
en la actitud ele una furia humanizada. Antes
que pudiera interrogarla, ella, frunciendo el ceño como un manojo dé encantos, dominó el couvulsi vo wmblor de sus purpurinos labios, para
increparle duramente:
-¡Infame, cínico, miserable, lo sé todo; sé que
indigno de que yo te quiera; sé que me engañas: sé que nunca serás un hombre honrad~;
sé que tú y los de tu calaña, como Artu1·0 Anct·
ra y todos ésos, no sois más que unos canallas,
sé que ..... .
-Pero bija, ¡yo ignoraba que fueses tal portento de 'sabiduría!-la interrumpió Jorge con
muy sincera calma.-Sosiégate y dime quién te
ba traído :ibismes y cuentos, y verás cómo todo
resulta un embuste de marca mayor...... .
- ;.Serás capaz de negarlo todavía? ¡Hip ócrita! A ver, dime quién es esa Eisa cuyo 1·etrato
debes de traer en el bolsillo ..... .
Por el asombrado rostro de Jorge pasó un relámpago, de risa primero, que se deshizo en una
lluvia de ira después.
-;.Has vuelto á violar mi correspondencia?
Pues bien, sí, aqu{ traigo el retrato de Eisa y
voy á enseñártelo para que veas lo tonta que
eres, pa1·a que tu curiosidad se satisfaga, para
que no me tortures ya con tus sospechas y tus
extravíos ...... Míralo ... . . .
Y extrajo Jorge de los bolsillos de la_ casaca
una. cubierta sellada con azules y exóticas estampillas de coneo,y de ella un retrato. l\.melia
se acercó á verlo con una precipitación que tanto tenía de coraje cuanto de curiosidad,y su delicioso entrecejo fué desarrugándose, hasta que
sus hermosos ojos negros mil-aron á Jorge con
una mirada de interrogación,de eluda y de extrañeza ... . .. ¡ ¡La fotografía era el ret1·ato de un caballo!
Jorge, con voz temblorosa aún por el desag-r~do explicó que Eisa era una yegua, una magn1fic~ yegua que para su Amelia había encargado
á todo costo, porque quería ver en un solo cuer·po lo que más amaba en el mundo: su mu¡er y
un caballo perfecto.
Entonces se oyó un beso, dos besos, t1·es besos y ..... .
Víctor Hugo ha dicho que,e_n la noche de bodas
y en los umbrales de la nupcial alcoba,se yergue
un ángel, con un dedo puesto sobre los labios,
que ordena el silencio y la discreción; yo crto
que ese ángel permanece oculto en algún recodo
del hogar para cumplir nuevamente su cometido
en las reconciliaciones conyugales, y .... con dt:l
voción acato su mandamiento.
JUAN SÁNCHEZ-AZCONA.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 14 de Diciembre de 1902.

EL :MUNDO ILUSTRADO

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Cuando salí de C6rboba, la aurora,
con m{tgicos pinceles, dibujaba
el camino del sol. Era la hora
en que la vida universal empieza
y en que la sombra de la noche acaba.
La inspiradora fuente de belleza,
radiante de esplendor, me sonreía
desplegando sus galas en un canto
de luces y gorjeos. Parecía
que la diosa, rendida á mi cariño,
me revelaba el misterioso encanto
con que soñ6 mi espíritu de niño.
La fiebre del amor, las ilusiones,
la dulce fantasía
que inspira las canciones
allá, en la primavera de los años
-primavera fugaz como la espuma,alentaban mi fe con la harmonía
de su raudal sonoro,
cuyos giros extraños
internan el espíritu en la bruma
de los ensueños de oro.

***

Tras larga ausencia, contemplar quería
sus gracias seductoras, y el arrullo
de RU voz encantaba mis oídos
como flauL'l. sonora que gemía,
levantando mi orgullo
hasta el excelso trono de h gloria,
porque labré los nidos
donde naci6 su amor ..... .
De mi memoria
no se ha borrado aún aquella escena,
que os contaré otro día, si la vena
fuente de inspiraci6n, no se agotara.
D6cil el noble hoYero á mi albedrío,
secundaba mis ansias con su brío
como si fuerza oculta le animara;
en su veloz carrera,
dejaba atrás los valles y colinas
que, como banda de florido encaje
tejido por lozana primavera,
donde rnn á jugar las golondrinas,
circunda la ciudad.
Aquel paisaje,
grabado para siempre en el obscuro
rinc6n de la memoria,
disipa la amargura del presente
y los trisu,s presagios del futuro.
Sentía el dulce beso de la gloria
acariciar mi frente,
y, entusiasmado, sobre el lomo inquieto

de aquel pegaso que mi buena estrella
&lt;li6me, como si fuese un amuleto
para escalar del Helic6n la cima
donde, amorosa, me aguardaba ella
--la solitaria musa que hoy anima
y engalana mi hogar .. . .. .
-tan abstraído
iba, rimando estrofas, que el hovero,
libre á su voluntad, por un sendero
extrafio me llev6. Desconocido
era el camino aquel, y mi alegría
troc6se en amargura
al ver el horizonte,
donde quebraba el sol que se escondía
sus últimos reflejos,
limitando la plácida llanura;
sin divisar un :::nonte
á que subir para mirar más lejos ..... .
y en el aire flotando esa tristew.
que inspira la agonía de la tarde
á la naturaleza..... .

***

Me detuve. Mi espíritu cobarde,
en tan amarga hora,
alej6se, dejándome abatido;
implorando algún alma protectora
para llegar, con su feliz ayuda,
al templo de mi amor; algún sonido
que me brindara el eco para guía ..... .
¡Oh, qué miedo sentí! La pampa muda,
muy perezosamente se envolvía
entre los tenues velos del ocaso
que desplegaba el sol en su carrera;
y mi pobre pegaso,
con la pupila ag6nica, miraba
In. inmensa soledad, cual si temiera
el deber de llegar al horizonte
que tai1 lejos estaba ..... .

***

Juventud, que, en la vida,
buscando vais el monte,
palacio de esa diosa fementida
que llamáis Ilusión, os aconsejo
que no dobléis la frrnte si el camino
os interrumpe la canción ingrata
de un dolor juvenil. Como aquel viejo
de la leyenda, eterno peregr;no,
no vaciléis, porgue la duda mata
los entusiasmos de la fe más ciega.
El dolor engrandece
al que vive con él y con él juega;
él concede del genio el atributo,

y en sus grandes dominios brota y creceel árbol de la gloria.
Y si del árbol os incita el fruto,
emprended el camino
y perseguid, tenaces, la victoria,
que si e~ tortuoso el mágico sendero,
para esquivar los golpes del destino
debéis tener un coraz6n de acero.
,!:

*'*se llega
Llegué ...... como
ú conquistar la cumbre apetecida
cuando no se doblega
el coraz6n al miedo; cuando el alm!l,
Yibiando en la cadencia de la vida,
va navegando, con la mar en calma,
en el bajel del sueño, viento en popa
con rumbo ·al ideal; cuando la copa,
que alzamos de la vida en el banquete
no tiembla al acercarse á nuestros labios
porque no se yll'ejuzga el contenido .....
Edad feliz que pasa como ariete,
dejándonos recuerdos y resabio&gt;&lt;,
y q 11e despierta el coraz6n dormido
trayendo á la memoria
las valientes proezas
y las maravillosas aventura,,
que cubrieron de gloria
los pfchos juveniles. ¡Oh grandezas
que os trocáis amarguras!. .....
Bajo el cielo estrellado,
ante la «flor silvestre,i&gt; condolida,
caí, cual ave con el ala herida,
doblemente postrado
de fatiga y amor ........ .
E. MENr':NDEZ BARRIOLA.

=

Gerineldos, el Paje.

go una violeta ruyos pétalos, del
más hermoso azul,
s6lo pueden compaDel color del lirio tiene Gerineldos
rarse con el matiz
dos grandes ojeras;
ele sus ojos 6 el
del color del lirio, que dicen locurai,
manto del firmade amor de la Reina.
mento. :;\las la dulce florecita parece
tan triste que Lidia, conmovida, la
Al llegar la t:rnle,
contempla con afecpobre pajecillo,
tuo¡:a compasión.
con labios de ro&gt;&lt;a,
-Querida florecon ojos de idilio;
cita, le dice, ¿por
al llegar la noche,
()né estás tan triste?
j_unto á los macizos
¿.TieneR algún pef'ar
ue arrayanes \'aga
secreto? Dímelo, te
cerra del castillo.
lo rnego.
Pero la flor, temblando, responde:
Cerca del castillo
-Xo, no tengo naYagar Yngamente
da.
la Reina lo ha visto.
Lidia pregunta á
De i,edas cubierto,
la rof'a:-¿.Qué tiesin armas al cinto,
ne tu hermana?
con alma de nardo,
-No lo sC-.
con talle de lirio ..... .
Se vuelve hacia
la az 11cena: - ¿Co1'°1ANUEL l\J ACHADO.
noces tú el ser:reto
de l a violeta?
-Tampoco á mí
Más pueden adelantar los que lentamenha que,·i&lt;lo comute caminan, si siempre siguen el camino re&lt;"n ic[mnelo.
to, que los que corriendo velozmente se alejan
--¿Y ú ti, margade él.
rita?
-En Yano le he
La costumbre y el ejemplo pueden miís en
preguntado; la viouosotros que ningún conocimirnto exacto.
leta es la rnús ref':erEl ocio es miís temible que la muerte ffair:,,
yada de todas nosporque mata el ::ilma á la vez que el cuerpo.
otras.
Lidia se aleja
Entre hacer el mal y ser injusto, no hay disuspirando, porque
ferencia alguna.
no se atreve á auESCl ELA X. DE BELLAS AR'l'ES.- El Buen Samaritano
(Cuadro de l. A. Rosas.)
mentar el dolor de
la violeta separándola de su retiro, y admiranclo su discreCuamlo partir te viera
ci6n, sin pensar que ella es también discreta
Para ser el encanto
De otro sol, de otro cielo y de otras tierras,
con sus amigas.
Al penetrar en el sendero, so e:-icuentra rPTan triste como sola
pentinamente con Frank, el gallardo cazador,
Llor6 tu eterna ausencia.
á quien ama ocultamente hace mucho tiempo,
pero á quien su pudor le ha impedido siempre
*
**
manifestar su sentimiento.
1\Ias, no-me dice mi amoroso anhelo,
-¿.Qué haces por el campo tan de mañana,
Tu ausencia no ha de ser. no sen, eterna.;
querida mía"?-le pregunta él.
Tú has de voh·er; tras el iiwierno rudo
- He Yenido á buscar flores; por cierto que
Torna siempre otra vez la Primavera.
he encontrado en el bosquecillo una violeta
Y así te veré entonces,
t..1-n dulce y tan triste!, parece que tiene algún
Así como lo es ella;
secreto que la atormenta, pero no ha querido
Dando luz á las almas
decírmelo.
Y flores y perfumes Íl la tierra;
-¿Quieres que yo
Eternamente joven,
te ayude á descuEternamente bella.
brirlo?
~léxico, marzo 15 de 190'2.
-Oh! me alegraJOAQUÍK D. CASASC:-;.
ría mucho.
Frank, sonriendo,
fija sus ojos llenos
ele amor en los de
Lidia, que por primera vez se atreYe,
aunque sólo un mom ento, á devolverle
IA la blonda, la niña de ojos tan
les corno un cielo &lt;le verano, sale
la tierna mirada; pero en seguida baja
mu)· temprano al rampo con el ob·
los suyos tímidajeto de llenar de flores un cestillo que quiere
mente, mientras un
ofrecerá la Yirgeu :\faría, ú quien arna y veruborprecioso y una
nera profundamente, porque es el emblema
suave melancolía se
santo del candor Y la. modestia.
extienden por su
Lidia está triste algunas veces, sin que ella
~em blante encantamisma pueda comprender l:l razón de su trisdor. Entonces Frank
teza· pero en esa mafiana. cantando alegrese arrodilla ante ella
rne1{te recorre los prados y las colina"; ha~e
y besando su lindescedder de su verde trono á la rosa, alti ,·a
da mano, exclama
-emperatriz de los valles¡ seduce con dulces betransportado de gosos á las tiernas azucenas, y cotwierte en cauzo; - Ah queri~a
tivas á las margaritas, qu~ Re rinden humikles
nna! yo soy mas
á la presi6n de su mano, y cuando ha conseafortunado, porque
guido ya el rico botín &lt;]Ue desea ¡,ara la Yirhe descubierto en
gen, recuerda que exi,.;te una flor encantadora,
tus pupilas azules el
muy difícil ele encontrar, y que ha de ser el
secreto ele la Yiolemejor adorno de su cestillo. Penetra en un
ta ...... !
bosgue perfumado, y d espués de registrarlo
NUESTRO PAIS.-Cailún de la ll!ano en Iguala.
(?ot. Waite.)
M. ~IAT.-DIOROS.
por todas parteR, descubre al fin entre el mus-

***

***

EL SECRETO DE LA VIOLETA.

EN EL ÁLBUM DE LA SEÑORITA

Adelina. Alvarez dé Calderón.
Joven como lo es siempre la esperanza,
Tierna como el ensueño de un poeta,
])nlce como las almas de los niños,
Belhi cual flor sobre la rama abierta,
Así te vi yo un día
Cuando por ve✓, primern
A México llegaste
Para ser el encanto de esta tierra;
Tan tierna como joven,
Tan dulce como bella.

***
Triste como las noches invernales,
Llorosa cual las ánimas en pena,
Y sola cual la tumba de los muertos
Que un amor siempre vivo no calienta~
Así quedó mi patria
VIAS DE COMUNICACION.- Puente de hierro cer ca de Cuautla.

Domingo 14 de Diciembre de 1902.

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LOS MEJORES ELEMENTOS DE LUCHA

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1u 1u
1u 1u1u 1u1u u1u 1u1u 1u~
u u 1~1u1u1u1u

AÑO IX.--TOMO II.-NÚM. 25.

MÉXICO, DICIEMBRE 21 DE 1902.

•trccter, LIC. RArAu. Rtn&amp; &amp;PINDOU.

EL DOLOR YLA ENFERMEDAD •••-

Subscripción mensual foMnea, $1.50
Idem ldem. en la capilal, ., t.23

tlerentct UJt&amp; Rnm &amp;PINDOLA•

-

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IS

u
U

¿Cuáles son las dos arme.s principales con que el bombre
!! puede combatir ventajosamente contra la multitud de enemiU gos que le cercan y que se resuelven en dolor, enfermedad y
U muerte? LA SANGRE Y LOS NERVIOS.
U
Una sangre pura y unos nervios sanos son la garantía más
u segura de una larga vida. Con ellos, el organismo cumple norii malmente sus interesantes funciones fisielógicas¡ el estómago,
u los intestinos, el hígado, el cora1ón, los pulmones, etc., no es·
ii tán expuestos á sufrir las mil afecciones que padecen en las na•

u

turalez.as débiles; se aleja de todo temor de esos terribles malee cerebrales que matan ó agotan al Individuo basta el extremo de convertirlo en idiota y en loco, y lo mismo el hombre
que la mujer, lo mismo el anciano que el niilo, concurren con
alegría y con vigor al trabajo universal de la naturaleza en su
constante obra de reproducción de las especies.
También mata, es cierto; pero mata cebándose sobre todo
en los seres euenuados por el abuso, por la enfermedad ó por
la indiferencia, porque

LA INDIFERENCIA PARA CONSIGO MISMO

; ES EL PEOR ENEMIGO DE LA VIDA

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El bombre que entregado al trabajo, ó después de abusos te y que camina á grandes pasos á la escrofulosis, al raqulti•u
!! femeniles ó de enfermedades agudas, siente decaer sus fuenas mo; todc;&gt;s en una palabra, los que pagan tributo al mal de la

I

U la mujer que se siente debilitada por la siempre dulce pero á época llamado
''ANEMIA"
!! veces peligrosa labor de la maternidad y la lactancia¡ la joven
!! que al mirarse en el espejo -ve palidecer y amarillear su antes
!! rosado cutis, y sufre jaquecas frecuentes y perturbaciones en su y que son víctimas de sus m-6ltiplesy dolorosas manitestactoU menstruación; el niilo cuyo crecimiento se efectúa difícilmen- nes, recurran al uso del

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VINO

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DE sa■ GERIIIAN

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DEL DR. LATOUR BAUMETS

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une la de su sabor agradable, circunstancia que no hay en otros
Preparado que por su composición, en la que figuran tóni·
medicamentos cuya eficacia se ve casi siempre entorpecida por
ii cos, reconstituyentes y purificantes tan poderosos como el
la repugnancia que inspiran á las personas que deben tomarlos.
Se recomienda muy especialmente á todos aquellos padres
u
u
que nl'ten que sus hijos están anémicos, que las jóvenes se po- u
u
nen cloróticas y sufren padecimientos nerviosos, cat~rros y u
u
bronquitis frecuentes, trastornos intestinales, palpit11elones -u
u
u
de corazón, insomnios, vértigos, dolores neutálgicos, etc., de- u
U es la más recomendada para
bidos á la pobreza de nutrición y á la deb111dad progresiva, re- u
!!
Aliviar los Dolores, Purifioar la sangre,
sultado fatal de la falta de pureza y energía de la sangre y del u
u
-u
Vlgorizar los nervios
agotamiento del sistema nervioso.
u
-u
Entre los muchos males que cura radicalmente el
u
y B.obustecer el organismo.

ACEITE DE HÍGADO DE BACALAO, LA COCA,
LA KOLA, EL ICTHIOL
Y LA ESTRICNINA,

u
A estas cualidades reconocidas por los eminentes médicJS
u que ban becho uso de él, aplicándolo en multitud de enfermos,
ii
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!!

11 '11 lNO DR SAN ClllBM AN,

VINO DE SAN GERMAN

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su uso es de resultados eficaces en

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Abcesos escrofulosos, Afecciones nerviosas, Anemia, Falta de apetito, Clorosis, Convalescencia'
Depleuresías, Pulmoníaa, Tifo ó fiebre tifoidea Dabilidad constitucional, E3crófula, Flores bh.ncas, Gan- u
-u
grena senil, Enfermedades de la cintura, Neuralgías, etc., etc.
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DE VENTA en TODAS las DBOGUEBÍAS y BOTICAS.

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1ª\

1~ 1

€1 tonflido Europto=-Utntzolano•
Crucero alemán que tom6 parte en el bombardeo de Puerto Cabello el 14 del corriente.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>u

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LOS MEJORES ELEMENTOS DE LUCHA

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Mu No o ILU STRÁDO

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1u 1u1u 1u1u u1u 1u1u 1u~
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AÑO IX.--TOMO II.-NÚM. 25.

MÉXICO, DICIEMBRE 21 DE 1902.

•trccter, LIC. RArAu. Rtn&amp; &amp;PINDOU.

EL DOLOR YLA ENFERMEDAD •••-

Subscripción mensual foMnea, $1.50
Idem ldem. en la capilal, ., t.23

tlerentct UJt&amp; Rnm &amp;PINDOLA•

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¿Cuáles son las dos arme.s principales con que el bombre
!! puede combatir ventajosamente contra la multitud de enemiU gos que le cercan y que se resuelven en dolor, enfermedad y
U muerte? LA SANGRE Y LOS NERVIOS.
U
Una sangre pura y unos nervios sanos son la garantía más
u segura de una larga vida. Con ellos, el organismo cumple norii malmente sus interesantes funciones fisielógicas¡ el estómago,
u los intestinos, el hígado, el cora1ón, los pulmones, etc., no es·
ii tán expuestos á sufrir las mil afecciones que padecen en las na•

u

turalez.as débiles; se aleja de todo temor de esos terribles malee cerebrales que matan ó agotan al Individuo basta el extremo de convertirlo en idiota y en loco, y lo mismo el hombre
que la mujer, lo mismo el anciano que el niilo, concurren con
alegría y con vigor al trabajo universal de la naturaleza en su
constante obra de reproducción de las especies.
También mata, es cierto; pero mata cebándose sobre todo
en los seres euenuados por el abuso, por la enfermedad ó por
la indiferencia, porque

LA INDIFERENCIA PARA CONSIGO MISMO

; ES EL PEOR ENEMIGO DE LA VIDA

u
u
El bombre que entregado al trabajo, ó después de abusos te y que camina á grandes pasos á la escrofulosis, al raqulti•u
!! femeniles ó de enfermedades agudas, siente decaer sus fuenas mo; todc;&gt;s en una palabra, los que pagan tributo al mal de la

I

U la mujer que se siente debilitada por la siempre dulce pero á época llamado
''ANEMIA"
!! veces peligrosa labor de la maternidad y la lactancia¡ la joven
!! que al mirarse en el espejo -ve palidecer y amarillear su antes
!! rosado cutis, y sufre jaquecas frecuentes y perturbaciones en su y que son víctimas de sus m-6ltiplesy dolorosas manitestactoU menstruación; el niilo cuyo crecimiento se efectúa difícilmen- nes, recurran al uso del

•--u
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VINO

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DE sa■ GERIIIAN

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DEL DR. LATOUR BAUMETS

u

~

-uu
-u
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-

une la de su sabor agradable, circunstancia que no hay en otros
Preparado que por su composición, en la que figuran tóni·
medicamentos cuya eficacia se ve casi siempre entorpecida por
ii cos, reconstituyentes y purificantes tan poderosos como el
la repugnancia que inspiran á las personas que deben tomarlos.
Se recomienda muy especialmente á todos aquellos padres
u
u
que nl'ten que sus hijos están anémicos, que las jóvenes se po- u
u
nen cloróticas y sufren padecimientos nerviosos, cat~rros y u
u
bronquitis frecuentes, trastornos intestinales, palpit11elones -u
u
u
de corazón, insomnios, vértigos, dolores neutálgicos, etc., de- u
U es la más recomendada para
bidos á la pobreza de nutrición y á la deb111dad progresiva, re- u
!!
Aliviar los Dolores, Purifioar la sangre,
sultado fatal de la falta de pureza y energía de la sangre y del u
u
-u
Vlgorizar los nervios
agotamiento del sistema nervioso.
u
-u
Entre los muchos males que cura radicalmente el
u
y B.obustecer el organismo.

ACEITE DE HÍGADO DE BACALAO, LA COCA,
LA KOLA, EL ICTHIOL
Y LA ESTRICNINA,

u
A estas cualidades reconocidas por los eminentes médicJS
u que ban becho uso de él, aplicándolo en multitud de enfermos,
ii
u

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!!

ii
u
u
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!!

11 '11 lNO DR SAN ClllBM AN,

VINO DE SAN GERMAN

'

su uso es de resultados eficaces en

-uti
::r.

u
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Abcesos escrofulosos, Afecciones nerviosas, Anemia, Falta de apetito, Clorosis, Convalescencia'
Depleuresías, Pulmoníaa, Tifo ó fiebre tifoidea Dabilidad constitucional, E3crófula, Flores bh.ncas, Gan- u
-u
grena senil, Enfermedades de la cintura, Neuralgías, etc., etc.
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DE VENTA en TODAS las DBOGUEBÍAS y BOTICAS.

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• ,u1u1u1u 1u1ututU IUIUIUIUIUIUIUIU IUIUIU IUIUIUIUIUIUIUIUIU l~IUIUIUIU IUIUIUIUIU IUIUIU IUIUIUIUIU IUIUIUIUlnla

1ª\

1~ 1

€1 tonflido Europto=-Utntzolano•
Crucero alemán que tom6 parte en el bombardeo de Puerto Cabello el 14 del corriente.

�Domingo 21 de Diciembre de 1902.

tolor~s y tolorin~s.
AXDO en una exhibici6n de cuadros
público se encuentra con una tela
en la que impera11 el rojo vivo, el
verde perico, el amarillo canario, todo lo que
de chi llante y de abigarrado ha con tenido lapaleta del autor; cuando para admirar la obra
hay que cnlar¡:e lentes ahumados 6 gafas azules; cuando los paños brillan como esmaltes y
las lontananzas relucen como azulejos, cuando
el cuadro parece hecho con los vidrios policromos de un calidoscopio, inmediatamente
los espectadores dan al pintor el cnlificativo de
colorista, y aun de gran colorista, en proporci6n de los colores que emplea y del deslumbramiento que producen.
Para la generalidad de las gentes, tal parece
que para ser pintor colorista, basta y sobra
pintar con puk1ue de apio, sangre de toro y
salsa mayonesa. Si así fuera, no habría mejores coloristas qne esas niñas que bordan en canevá con los colores 11acionales y que hacen
guacamayas ,¡y las dedican á sus amados padres."
A e:lta clase de personas y aun lÍ muchas
otras menos vulgares, les sorprenderú saber, y
así es la verd11d, que se puede ser colorista sin
usar de relumbrones y que coloristas hay, y
de prilnera magnitud, que pintan con colores
obscuros, y otros que suelen en sus telas no
usar más que matices de un solo color.
Muchas personas han podido admirar en l_a
galería de pinturas de D. Ciro de Acevedo, ministro que fué del Brasil en México, un monje de Velásquez, verdadera maravilla y obra
magistral de pintura colorista. El monje, sentado en un escabel y junto á una mesa, con:
templaba, en mística y profunda abstracción,
un crá.n eo, símbolo de la muerte. Ahora bien,
todo el cuadro estaba pintado con simples matices de color café, desde el hábito del monje
basta lae carnes del asceta y los amarillentos
huesos de la calavera.
Al análisis, aquello era una sepia qué iba
del café negruzco en los pliegues del hábito,
hasta el café claro y amarillento en las carnes;
pero á la vista, jugaban, aunque en tonos graves y severos, todas las coloraciones.
.
Los 'pintores flamencos, grandes coloristas,
pintan admirables paislljes en los que jamás se
ve azul el cielo, que en F landes se ve poco y
nunca azul; el follaje de sus árboles es generalmente verdeoscuro y profundo, sus nubes
grises sus aguas turbias, sus montañas violadas, hacen con esa~ tintas opacas prodigios
de verdad y de colorido.
Los venecianos y los españoles suelen usar
las tintas vivas y brillantes; pero no sou coloristas porque d e ellas se sirven, sino por la
manera magistral é inagotablemente rica con
que saben matizarlas.
El colorista, en suma, no es quien posee colores vivos, ni menos aún muchos colores, sino
el que percibe, interpreta y domina .los matices variados de cada color. Estos son innumerable~, casi diríamos infinitos. Una tela plegada, violada, roja, azul, de cualquier color,
según la acaricia la luz 6 la mancha la sombra, ofrece á la vista una gama inagotable de
matices diversos, todos del mismo origen, pero todos diferentes. Lo mismo las nubes, las
montañas, la naturaleza toda. Para interpretarla con el pincel, hay que percibir todos los
tonos, todas las intensidades, todos los esfumamientos, todos los resaltos del color fundamental.
Ahora bien, la gama musical es limitada,
en tanto que es iudefinida é inagotable la del
colorido. En S. Pedro de Roma hay, copiado
en mosaico, entre otros muchos, un cuadro de
la escuela española que representa el martirio
de una santa. Para poder reproducirlo en color, hubo que fundir en vidrio ocho mil matices diferentes de los colores de la pintura, y
cuenta que en el mosaico más perfecto se salta siempre de un tono á otro, omitiendo algunos i11termedios; cosa imperdonable en pintura.
En ver toda esa gradaci6n, en percibir to-

y

EL MUNDO ILUSTRADO
das las tonalidades y en interpretarlas con
maestría, estriba el talC'nto del colorista. Fabrés, el gran pintor que hoy contamos e~tre
nosotros entre muchas obras maestras, tiene
una que' pronto pod_remos admirar, un cuadr?
que se llama «¡Centrn~la, alerta!» y que está
pintado todo con matices d~l blanco. .
Este modo de considerar a los coloristas, se
corrobora con el hecho de que todos 6 casi todos los más renombrados viven en países húmedos, cerca de mares, lagos 6 pantanos, en
climas lluviosos 6 impregnados de vapores. La
humedad, según su grado, según la densidad
de las nieblas que produce 6, de l~~ br?mas
que forma,según se acumula o se d1s1pa,mterpone entre las cosas y el observador, ya gasas
tenues, ya velos densos, d~ penetra~ilidad_ ú
opacidad infinitamente van_ables; baJO su mfluencia los colores se matizan, se esfuman,
se ensombrecen 6, por el contrario, brillan_ 6
chispean, y ésta es la escuela y ésta la. magotable colecci6n de modelos en que se forman los grandes coloristas.
En los países secos, por el c~ntrario, la atmósfera es transparente y límpida; los c?lores
destacan y se sobreponen bruscamente sm casi matizarse· los contornos ele las casas resaltan el line¡miento predomina sobre la mancha',y en estas condicione~ surgen l_os mejores
dibujanws pero muy débiles coloristas.
Por eso ~uestros pintores, especialmente en
la Mesa Central, dejan tanto q~~ desear como
coloristas. Si les fuera dable v1s1tar Holanda,
Inglaterra 6 estudiar un poco en ciertos lugares de nu~stras costas, no tardarían en dominar el color, tanto 6 mejor de lo que dominan
la línea.

uidosa fiesta de la «Noche Buena,&gt;,
conmueve y regocija á toda la humanidad cristiana, tiene orígenes
que se pierden en los tiempos primeros de la
religi6n que la motiva y, á punto fijo, no ha
sido posible á los historiadores precisar la época exacta en que dicha fiesta empezó á celebraree.
Lo único que puede asegurarse de una manera positiva, es que la fiesta de Navidad es
una de las más antiguas del Cristianismo, como acabamos de decir, y que ya se encuentran
vestigios de ella en las prácticas de la primitiva Iglesia de Occidente, que fué la que empez6 á dar liturgia propiamente dicha al culto
nazareno y á fijar las costumbres cristianas.
El primer prelado de quien á ciencia cierta
se sabe que celebraba ya la fiesta de Navidad,
es el obispo Telesforo, que vivió en el segundo
siglo de la era cristiana; pero en esos tiempos
la fiesta de referencia no era una conmemoraci6n que correspondiese á un día fijo, sino que
celebraba en abstracto el nacimiento de Cristo
una vez al año, cuando el obispo lo disponía,
siendo en consecuencia una fiesta movible que,
al decir de los cronistas, celebrábase de preferencia en el mes de enero 6 en el de mayo.
La costumbre de la celebraci6n y la movilidad de la misma, indujo al obispo Cirilo de
Jerusalén, en el siglo IV de la era cristiana,
á solicitar del Papa Julio II el ordenamiento
de una investigación minuciosa para precisar
el día. del año en que Cristo había. nacido; y
el pontífice romano acogió las indicaciones
del obispo y orden6 esa investigaci6n, encomendándola á los doctores más eminentes de
Oriente y de Occidente, quienes después de
muchas labores y de largas discusiones, convinieron por mayoría en que la fecha más probable del na.cimiento de Jesús era la de 25 de
diciembre. Esa decisión fué impugnada durante largo tiempo por teólogos y doctores, y

EL l\fUXDO ILUSTRADO
es un hecho que en los evangelios no se encuentra ningún indicio que á ella se refiera.;.
pero con el transcurFo del tiempo llegaron á
agotarse las discusi~mes, y toda la CI'i~t!andad
ha venido reconoc1endo el 2-5 de d1c1embre
como la fech i~ del nacimiento de J ~sús.
Según parece, las celebraciones primitivas
de la fiesta de Navidad, tenían un carácter ·
exclusivamente religioso y no ha ll&lt;'gado hasta.
nosotros el ritual de ellas. Pero ya en la Edad
.Media, la iglesia ele Occidente empezó á dar á
la festividad cierta amplitud, consistente en
celebrarla por medio de juegos escénicos, en
los cuales aparecía el nif10 Jesús en el humilde pesebre de Bethlem, rodeado de San J osé,
de la Virgen y de los pastores, representados.
todos por in&lt;lividuos de carne y hueso. Recitábanse composiciones y entonábanse cantos
en loor del divino infante, y ése fué prohablemente el origen de los «nacimientos,&gt;• que aún.
se conservan en nuestros días. Con el t iempo,
merced á los disfraces y á los cantos, esa clase de fiestas degener6 de tal man&lt;'ra, que fueron prohibidas en los dom~nios de la iglesia.
de Occidente.
Sin embargo, como en todos tiempos y en
todo lugar, las prohibiciones han encontrado desobediencias, dícese que en algunos l ugares
persisti6 la costumbre de la representaci6n viva del nacimiento de Jesús, señaladamente en
Valladolid de España, cuya fiesta de Navidad
tenía fama extensa y asumía un carácter verdaderamente popular. Empezaba al caer la
tarde del 24 de diciembre y concluía al despuntar la aurora del 25; y como en el transcurso de más de doce horas no pudiesen los
asistentes mantenerse sin refrigerio y alimen,
to para sus cuerpos, adopt6se la costumbre de
llevar consigo colaciones á la iglesia y de consumirlas allí mismo, siendo éste el origen de
nuestras cenas de Navidad y del &lt;(réveillon»
francés. Si la fiesta caía en viernes, los obispos permitían quebrantar el precepto de la
abstinencia y consentían el consumo de carne,
fundándose en que en tal fecha el Verbo Divinose bahía hecho carne, al tomar apariencia h umana, y por ende no podía prohibirse el consumo de viandas.
Es un hecho que en las primitivas celebraciones de la Navidad de Jesucristo, se verificaban ceremonias que todavía recordaban en
mucho los usos de la idolatría y que, modificadas en el transcurso de los tiempos, todavía suelen haberse conservado hasta nuestros
días. Así, por ejemplo, el legendario árbol de
la Navidad tiene su origen en la costumbre de
los primeros celebrantes de la fiesta-costum•
breque sin duda arra.nea de la idolatría- de
bendecir dura11te la festividad una rama de
árbol, que simbolizaba á la Naturaleza, para
implorar del cielo que los productoa de la tierra no falta.sen en el año nuevo, pues hay que
advertir que en la época de Carlomagno el año
empezaba en Navidad. La bendici6n de la rama se verificaba rociando ésta d e vino y diciendo: uEn el nombre del Padre, del Hijo y
del Espíritu Santo!»

***
En los tiempos actuales, las ceremonias conque se celebra la fiesta de la Navidad varían
en sus detalles en di versas partes del globo, ·
según las modificaciones que en cada lugar ha
venido sufriendo la celebración primitiva.
En donde más ha conservado todavía ese
carácter idólatra á que hemos hecho referencia,
es en el mediodía de Francia, en donde se b1mdice el fuego nuevo en la noche &lt;le Navidad y
se le coni:;agran poéticas cantilenas, rogándole
que en lo sucesiYo siga, como hasta ahora, calentando y alegrando los hogares y prestando
vida á los niños y á los viejos.
En las otras regiones de Francia, ~a fiesta
de Navidad tiene carácter ruid9so y pierdemucho de su distintivo religioso. En París el
«réveillon» consiste en magníficos saraos que
se interrumpen para ir á oír la misa de ·medianoche, y que en seguida se reanudan.
En los barrios alegres de la ca pita! de Francia, como lo son el latino y el de X uestra Señora de Loreto, el &lt;(réveillon» se convierte en
fiesta callejera de índole carnavalesca, y los.

estudiantes y las grisetas recorren alegremente los cafés y las cervecerías, en grupos numerosos .Y entonando canciones báquicas.
Algo parecido sucC'cle con el uXatale» italiano, aun cuando éste tiene muchas ceremonias
religiosas e,:peciales, como el serm6n de Xochebuena en Roma, en que la cátedra sagrada es
ocupada. por niños vestidos de sacerdotes.
En Inglaterra es el «ChristmaR» la fiesta íntima el~ la familia, del hogar, de los 1.iños. En
el «Clmstmas» hasta las faniilias más humil·des tie1,en en su mesa. el nacional ((pucldingn
y el gráfico ganso a,:ado.
Pero c1uizás en ninguna otra parte del mundo se celebra. la noche de NaYidad con tanto

entusiasmo ni con tan íntima veneración como en Alemania. Allí el c¡"'eihnacht» es una
fiesta univerrnl; toda tarea se suspende, las calles cobran un aspecto eRpecial de fiesta, único en esa noche; .v lo mismo e1t el palacio del
prócer que en la humilde esta:icia del proletario, centellea y resplandece el adornado árbol
de Navidad, en cu.vo torno se reúnen todos los
miembros ele la familia y ft cuyo pie se encuentran los regalos que se hacen mutuamente
amigos y deudof&lt;. En esa. noche y solemnemente, debajo de las extendidas ramas del
simbólico pino luminoso, se verifica la publicación de casi toda!l las promesas de matrimonio.

Domingo 21 de Diciembre de 1902.
En Espafia, en fin, la celebraci6n de la fiesta
tiene muchos puntos de contacto con la que en
:México se celebra, y el episodio capital de ella
es la iluminación del clásico é ingenuo ,,nacimiento,» tan admirablemente descrito por el
P. Coloma en r(La almohadita del niiio .Jesús.»
Sería prolijo enumerar las incontables pP.·
queñas industrias á que por doquiera da vida·
la celebraci6n de la Navidad; la fabricaci6n de
golosinas y ele juguetes acrece notablemente
sus rendimientos en ese día.
Y en el Norte y en el Sur, en Oriente y en
Poniente, las sonoras campanas de los templos
ensalzan la gran fiesta cristiana ..... .
SARDÍ~.

«Y eran una sola sombra larga .... »
JOSÉ A . SILVA.

I
... Recuerdo ... Es un recuerdo triste ... Sentado
en nspera roca, muy cer&lt;:a del agua,
veía las olas hervir con reflejos
de limpias escamas.
Las nubes espesas
en lo alto y compactas,
sus copos cuajados de tul y de armiüo
del ma.r el movible cristal reflejaba.

..

**
Llegaban las ondas tranquilas y lentas
besando la arena sutil de la playa..... .
La luz de la luna
la espuma irisaba;
y trajo eri sus alas la brisa apacible
lejanos murmullos y suaves fragancias.
¡Qué noche tan bella,
tan suave, tan fresca, tan linda, tan blanca!

..
**
Hendían el aire veloces gaviotas
en rondas lejanas,
así como flechas
por arco invisible lanzadas;
y también á lo lejos, borrando la línea
brumosa y opaca
del vago horizonte, con ritmo batía
su vela una barca.

..
**
Hermosos recuerdos de viejos amores,
de dichas pasadas,
en rondas volubles, cual humo de incienso,
llenaron mi alma.
¡Cuán dulces las horas de vagos ensueños!
¡Cuán dulcel:l las horas de tristes nostalgias!
Aquel prestigioso paisaje de sombras
inciertas y diáfanas,
hiri6 mi cerebro cual hiere la lumbre
tan plácida y triste del astro de nácar;
soñaba despierto gozando en mi sueño,
profunda tristeza mi pecho llenaba,
y sentí la caricia de un 6sculo ignoto
y lluvia de lágrimas.

II
Veían m is ojos
- los ojos del almaun misterioso desfile de ef'pectros,
de blancos fantasmas,
envueltos en tules,
cubiertos de escarchas,
y una sombra inmensa,

una sombra taciturna, extensa y Yaga,
sus mu das si Iuetas
en la arena de la playa proyectaban.

......
Pasaron tan cerca,
que vi reflejarse á la lumbre fantástica
los púli&lt;los rostros
de bellas mujeres un tiempo adoradas.
Una en la frente
marmórea lle,,aba
las huellas ele un beso,
de un beso arrancaclo del fondo del alma.
Aquélla lucía
como un manto de oro en la mórbida espalda,
los rubios cabellos que en horas remotas
me dieron sus suaves fragancias.
Y un poco más cerca,
muda y tri¡:,te, estaba
la que tanto he amado en la vida,
la imagen que nunca de mi alma se aparta,
aquella que ha escrito en mi libro
la más dulce página
de amores, de dichas, de suefios, de anhelos,
de olvido y de lágrimas.

..

* ..
Aquellas visiones,
con voces confusas-un tiempo escucbadas,con voces distintas-que ya no recuerdo,me hablaban ..... .
me hablaban de cosas que tengo en olvido,
de dichas lejanas,
de viejos ensueños,
de mis esperanzas,
ya mustias y secas cual hojas caídas
de las muertas ramas.

································ ···························
Pas6 el misterioso desfile de espectros
y blancos fantasmas
de aquella noche triste,
de aquella noche trágica,
tan suave, tan fresca,
tan linda, tan blanca.

..

**
Mas ay! que de pronto
en la húmeda arena sutil de la playa,
alz6se una sombra
enn1elta en crei:;pones y fúnebres sábanas.
¡Cuún lívida era!
A mí se acercaba

con paRo angustioso
In muerte, la Pálida,
trayendo en los hombros su signo de espanto,
su negra guadaña.

......

. .... . La luna entre tanto
la espuma irisaba . .... .
y lentas, tranquilas, llegaban las ondas
besando la arena sutil ele la playa ......
FERNANDO

E. BAENA.

Barranquilla-C0lom bia.

DÓNDE?.... ...
Frentes cubiertas de albas tocas.
por las vigilia¡¡ au reoladas;
marfiles tersos de las bocas
de las vírgenes supliciadas.
Frágiles manos que los rudos
rosarios llenan de dolores,
y finos pies casi desnudos
que se marchitan como flores.
Rubios cabellos olvidados
que en las recónditas gavetas,
soñáis r.on líricos tocados
y con románticas peinetas.
Novia dollente del suicida,
que cuando triste profesaste,
como un recuerdo de la vida,
s6lo el anillo te llevaste.
Decidme, en d6nde hallaré el fino
verso que diga vuestro duelo,
de albura cándida de lino
y suavidatl de terciopelo?
ALEJANDRO CARIAS.

�Domingo 21 de Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUS'l'RADO

La "~aza de la Zorra"
impátíca «ententen á que han llegaos clubs Hípico Militar é Hípico
Alemán, originaron ya un vivo entusiasmo de parte de todos los miembros de
estas dos agrupaciont&gt;s, entusiasmo manifestado en ocasiones diversas y con plausibles resultados.
Entre nosotros, la afición á los ejercicios hípicos supera á la de cualquier otro «Eport,,,y el

dos meses, y preparado en sus detalles por el
señor capitán Gustavo A. Salas, uno de los
miemuros más entusiastas de aquel círculo.
La «caza de la zorran ofrece á los aficionados á la equitación una grata oportunidad rle
poner en juego las facultades de que son poseedores. En México,el relacionado «sportn ha sufrido, á su «im portaci6n», dgunas modificaciones. De los ingleses, para quienes la caza verdadera ofrecía mil dificultades , bien
por la distancia, bien por la carencia de piezas importantes, nació la invenci6n de este
juego, que consiste en que el jinete designado
como «zorra» tome la delantera de los «cazadores»,llevando coneigo una bolsa de «confetti,»
cuyo contenido deberá ir dejando caer sobre
el camino que recorra. A continuaci6n los «perros», vistiendo caeaca verde, parten en seguimiento del "rastro», y, en pos de ellos los ~cazadores»,dirigidos por el «master», emprenden
la marcha. Transcurrido el tiempo fijado de
antemano, el «mai-ten, da la voz de «caza libre!», y los «cazadores» entréganse á la persecución de la «piezan, obligados, sin embargo,
(1 pasar por todos los oustáculos que la "zorra.&gt;&gt;

de orgulloso ostentar el disputado gallo, que
no siempre queda dueño de todos sus miembros.
Otro juego hay que se denomina el "enterradon, en el cual el gallo es también la víctima; pero en este caso el animal es colocado
en el suelo, en un agujero de donde no asoma.
más que la cabeza; el jinete, pasando á escape,
deberá «balonearsen hasta el suelo, para apoderarse del animal; y éste, á su vez, se defiende moviendo de uno á otro lado la cabeza,
6 recogiér.dola cuanto le es posible.
En estas dos diversiones netamente naciona1es, la agilidad, la fuerza, el tino, la maestría en el manejo del caballo, p6nense á prueba á un tiempo mismo, y, excusado es decirlo, los peligros son infinitamente super_iores á
los de la primera; pero no por tal motivo deja de ofrecer ésta un gran atractivo, tanto para el público espectador cuanto para las personas que en ella toman parte.
A la última fiesta verificada en Anzures,
concurrieron activamente veintisiete súbditos
alemanes y más de cuarenta oficiales de nuestro ejército; por ser jmposible asistir á ella al

Subteniente Manuel Carrillo.-(La "La Zorra.''

atractivo de aquéllos no aminora la gran parte
útil y educatiYa que entrañan. Para una importante mayoría, el ejercicio á caballo es, y
con mucho, Leneficioso, ora corporal, ora cspiritualme11te; pues, cabe decirlo, el individuo
que aprende á dominar un brioso alazán, ad-

Domingo 21 de Diciembre de 1902.

€1 f0nflict0 Utntz01an0.
STROS lectores conocen ya, por la
undante información cahle¡náfica
que acerca del asunto ha dado á
conocer «El Imparcial», el giro verdaderamente lamentable que han tomado las cuestiones
surgidas entre Inglaterra y Alemania por nna
parte, y la República de Venezuela por la
otra.

El conflicto embarga en estos momentos la
atenci6n de todo el continente y ha parecido
alejarse cada día más del terreno de las negociaciones pacíficas. Algunos buquei- venezolanos fueron capturados por la acción combinada de la flota anglogermana, y otros echados
á pique, precisamente cuando el Gral. Castro
había ordenado la prisión de los súbditos de
ambas naciones, que residían en Caracas. y el
Ministro de los Estados Unidos, l\Ir. Bowen,
se disponía á nego.:iar la liberaci6n de los
prisioneros. El buque insignia de los venezolanos-el «Bolívar,,-fué también apresado,
sin que presentara resistencia alguna al enemigo.
Posteriormente. el cable transmiti6 la noticia de que una división del ejército venezolano compuesta de 2,100 hombres y al mando
del Ministro ele la Guerra, había llegado á la
Guayra-punto bloqueado por la flota extranjera, -y de que una partida de marinos ingleses y alemanes desembarcó allí para llevará
bordo de su&lt;; buques á algunos súbditos de las
dos potencias aliadas.
Los buques «Charybdis»,«Vineta» y «Schloss»
entraron á la Guayra el día 13, tomando posiciones para dominar el fuerte y la costa, :-·
al día siguiente se presentaron los dos primeros en Puerto Cabello rompiendo sobre la
aduana y las fortalezas un nutrido cañoneo
que apagó las baterías enemigas en cuarenta
y cinco minutos. El gobernador del fuerte
fué hecho prisionero y los marinos se apoderaron de las trincheras.
Fuera de otro'l incidentes que se han presentado en el curso del conflicto, éste es hasta hoy el más notable y el que más ha contri-

LA CAZA DE LA ZORRA.- Los cazadores.

buído á recrudecer los ánimos y á levantar,
tanto de una como &lt;le otra parte, protestas y
recriminaciones. La prensa sudamericana, que
se había abstenido, dentro de una prudente
reserva, tle aventurar opiniones y comentarios,

Parecía, por lo demás-esto no es 1rnís que
una información cablegráfica,-que tanto en la
Argentina como en Chile, la opinión de los gobiernos estaba del lado del presidente Castro.
«Argentina ha instruÍ.do á eu rrpresentante en

LA CAZA DE LA ZORRA.- Un salto á lo largo.

comienza ya á ocuparse del asunto en términos en que se echan de ver, muy á las claras,
la importancia que ;;e concede á la actual contienda en las repúblicas del Sur, y sue simpatías hacia Venezuela.

Caracas-dijo un despacho-para que le informe de lo que cuentan hacer los Estados
Unidos, y ele la manera como traten de aplicar la doctrina Momoe ante la actitud agresiva de Inglaterra y &lt;le Alemania. :::ii los Esta-

Un salto de altura.

haya salvado. En los últimos ejercicios de este género realizados en México, debido á las
condiciones del terreno en que han tenido lugar, se opt6 por la supresi6n de los ccperros»,
cuyo objeto era nulo.
El juego, en sí, no es Huevo entre nosotros.
En algunos Estados del interior, la ceca za de la
zorra» tiene su similar en la «carrera del gallo»,
con la diferencia de que, para este último

señor teniente Bartels, fungió como «masteri,
el señor teniente coronel Rafael Eguía Lis, y
fué la «zorra» el señor subteniente de caballería Manuel Carrillo, á quien logr6 vencerel señor D. Manuel Chavaud, uno de los «cazadores" pertenecientes al grupo alemán.
A los llanos de Anzures concurri6 oportunamente el Sr. Secretario ele Guerra, invitadopor los organizadores de la diversi6n, y ésta.

Sr. Manuel Chavaud, vencedor.

quiere insensiblemente mayores energías que
oponer ante los peligros; en el cuerpo la sangre se apresura, eclúcase la vista, y la facilidad
de recorrer las distancias y renovar los paisajes, contribuye al buen humor y al esparcimiento del ánimo. Si al simple acto de montar á caballo, se añaden todas las peripecias y
variaciones á que se presta en sus diferentes
ejercicios, el atractivo se acrecienta; y la certeza de su bondad es indiscutible cuando á
ellos se entregan los miembros de nuestro ejér·cito, llamados, como nadie, á semejantes prácticas.
El pasatiempo que tuvo lugar el domingo
último en los llanos de A.nzures, y que di6
margen á las instantáneas que hoy publicamos, fué ofrecido por el Club Hípico Militar
al Club Hípico Alemán, en correspondencia
al que éste tuvo la atenci6n de ofrecerle hace

Teniente Coronel Rafael Eguía Lis, "Master."

«sporb&gt;, se requiere, ademÉ.s ele la ligereza del
caballo, la vivacidad en sus movimientos;
pues si en el primero de estos pasatiempos, al
«cazador" le basta acercarse á la «zorra,, para
desprender de su hombro la cola que lleva ligeramente prendida, no pasa lo mismo al tratarse de la «carrera del gallo», en la cual el jinete, que lleva en alto un gallo auténtico, se
defiende con energía, y la lucha se entabla
hasta que, pasado el tiempo, el vencedor pue-

termin6 con un banquete con que el Club Hípico Militar obsequió al Alemán, y asistieron
casi todos los que en los ejercicios hípicos tomaron parte.

CAPITOLIO DE CARACAS.-Edificio en que celebra sus sesiones el Congreso de Venezuela.

�Domingo 21 de Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

1.

·:t2:~;;:i~=k,f:;~~:~;~:,-

numeroso público que concurrió al festival,
n~ s?lo por lo bien escogido de ellos, sino
prmc1palmente por el derroche de gracia con
que, tahto las niñas como los niños desempP.ñaron la parte que
'
les correspondía.
El coro de los Organillero,; y «La Cafete-

Domingo 21 de Diciembre de 1902.

En cuanto á los demás números del programa llamaron mucho la atención «El Asalto á
Ch~pultepec,» cuadro histórico en que tom6
parte un grupo de niños, y el coro «Gato~ y
Ratones," cantado por vemticuatro niñas.
Tanto el Sr. Ministro de
Justicia, como el Subsecre_

.,

ra,» juguete, este ú lti-

Palacio Federal de Caracas.

dos Unidos permanecen impasibles, Argent ina, considerando que
la autonomía de las
repúblicas americanas
está ,·iolada, asumirá
una actitud simpática
hacia Venezuela, y
ofrecerá su apoyo al
p re,;idente Castro. Chile abriga intenciones
parecidas á las de Argentina.»
A hacer mas grave
aún la dificilísima
situación en que está
colocada Venezuela,
han venido, por último, las reclamaciones
que al Gobierno de
Castro hace el de Ita1ia, y las que presentaron, según las noticias
más recientes, al ::.:iis1110 Gobierno España
)' Bélgica. No obstante la tirantez del conflicto, prevalece la opinión de que llegará
á resolverse de una
manera satisfactoria.

***

EL GRAL, CASTRO,
Presidente de la República de Venezuela,

«El l\Iundo Ilustrado» da hoy á conocer
fotografías del «Vineta», buque que, como
antes decimos, tomó
parte en el bombardeo
de Puerto Cabello, así
como las vistas de la
Guayra y del Capitolio
y el Palacio Federal de
Caracas.

Publicamos ademas, los retratos del presidente Castro de Mr. BowPn, ministro de los
Estados Unidos en Venezuela.

y

MR. BOWEN,
Ministro de Estados Unidos en, Ca,racas.

La Fiesta Escolar en Tacubaya.
Muy !ucida resultó _la fiesta con que las escuelas uficiales primarias de Tacubaya clausuraron sus clases en días pasados. Los distintos números de que se componía el programa, dejaron agradablemente impresionado al

mo, en que tanto se luce Frégoli, fueron muy
aplaudido s, disti Rguiéndose en el desempeño, entre otras, las
niñas Leonor, Carlo
ta, Margarita y Elena
Murphy. La primera,
caracterizando al notable transformista,
estuvo graciosísima.

lario de Instruccióa
Pública, concurrfaro:i.
á la simpática fiesta.

Carlota, Leonor, Margarita y Elena Murphy.

-

.¿.

---

-:-__~
~
-

..

~

-- = ·

...

-

Vista de la Guayra ( Venezuel a.)

Leonor Murphy, en " La
-

Cafetera.

$✓

-El h ombre mirn10 es un prob1m1a, y un
ser de mediana inteligencia, tiene en sí ! mismo un volumen cuyas páginas nunca acabará de leer.
-El mayor de los tormentos y el último
•de los crímenes que se perdonan. es el~ de
anunciar las verdades nuevas.
-El hombre de genio es siempref.:deEpreclado cuando avanza más que su 8iglo en
cualquier cuestión.

�Domingo 21 de Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

]utgosJltltticos tn ti aub "Rtforma."
cudero y Dr. Gaines, que la ganaron en el orden citado.
Hubo, además, otras carreras á pie y de
,cponies)) y saltos con garrocha, suspendiéndose los juegos para reanudarlos en la tarde.
Los soci_os &lt;lel Club imitaron á las damas y
caballeros concurrentes á la fiesta á un ,el unch))
que se sirvi6 al medio día en el pabellón del
hip6drorno. Entre los juegos más notables de
la tarde, son ¡&lt;le mencionarse una carrera á
880 yardas, ajustada entre los del Club Americano y los del ce Reforma», uno de ,ccrickeb&gt; con
18 enti:adas, y el de carreras de animales dirigidos por señoritas. Borregos, guajolotes, gallos, conejos, palomas y un gato se «disput::ron)) el triunfo, resultando victoriosos un borrego y un conejo. Los saltos á lo largo estuvieron, asimismo, muy lucidos.

Carreras

fi

***
Los vencedores en la simpática fiesta recibieron sus premios de manos de la Sra. F. R.
Philips, disolviéndose la reuni6n al caer la
tarde.

de jóve;nes menores de quince años.

ACE pocos días se verificaron en el hip6dromo que el Clu? «Refon~ia» tiene e~tahlecido en la Capital, los Juegos atle.
ticos que año por año organiza la agrupaci6n
como una fiesta dedicada á las familias pertenecientes (t las colonias extranjeras y á algt1nas de la sociedad mexicana.
Los juegos, como era de esperarse del entusiasmo reinante entre los miembros del Club,
resultaron verdaderamente lucidos. Multitud
de personas se dieron cita en el hipódromo,
ansiosas de presenciar, tanto las carreras á pie
y á caballo, como los saltos de altura y con
garrocha. ajustados para los ejercicios de eRe
día.
Ei1 el primer !'alto «handicap» triunfaron
los señores M. S. Turner, H. H. Branch y H.
J. Holt, jugándose después una carrera á pie
por jó\'enes menores de 15 años y á cien yardas, que ganaron James Perkiiis, Donald Allíson y Fred. Paterson. La carrera cchandicapi,
fué también á cien yardas y tan reñida, que
se repitió dos mees. Los señores Turner y C.
M. Butlen, contrn O. M. Bennett r G. D. Gibon, la hicieron en once segundos dos quintos; y los señores R. J. Blackindre y W. J.
Honey, en once únicamente. En la última
partida triunfaron Turner y Honey.

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l'I

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µ, ,&lt;...
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~~i
11.
·.,¡t,

Domingo 21 de Diciembre de 1902.

taibs sobre bs peñas, empezamos á desgranar
la silen&lt;'io,;a cadena de uro de las horas dulces.
Y la hora del misterio llegaba ......... !
CRISÓFORO lBAREz.

l\Iéxico, noviembre 2! de 1902.

Rl sacrificio, alegría de las grandes almas,
j tm 'ts ha sido, ni será, la alegría de la~ sociedades.

***

Car, eras de "ponies" mexicanos

JI

TARDECIA ...... El mago sol encantó
las cosas: la silenciosa. barranca. las cercanas peñas y los azules monte·s. Todo
lo cubrió de colores suaves, tiernos y calientes, y de la tierra se alzaba una infinita dulzura. Las quietas aguas dormían; me acerqué á
-ellas, las agité, y un color tras otro color iban
surgiendo como si vinieran presurosos desde
países ignorados con aviclez de ver el mundo
-exterior, y luego se hundían para no volver jamás. El verde obscuro fingía un profundo pensador que rneditH.ba tenaz en la palabra «Mu-dez. i, El color de vino tinto era un triste viajero que iba r[ipido al país de la muerte. El
violeta, medroso, se envolvía en su alargado
manto y pensaha. aterrado en el no ser de las
cosas. E( úmbar era un taciturno poeta orien-

á

440

yardas.

tal que sabía adormecer con el poema del esplendor. Yol \'Í el rostro y Je dije á la dulce
amada mía: Así son tus hermosos ojos ........
Cuando la,; manos de la impresión Jo,: a¡!itan,
surgen en ellos los sentirnie11 tos de nosé dónde.
El Amor, con su:, alas abiertas y su sonrisa
lumin,)sa y buena, se inclina cándidamente y
llena de unción las dese,,peraciones de mi alma. El Deseo, atado de pies, devora con sus
febricientes ojos el camino que conduce á la
Tierrn Prometida. La ciega Tristeza llega silenciosa, se sien ta inm6vil y empieza á contarte el hondo desconsuelo de la vida y de las
cosas, l lena tn corazón de amargura y del asco
de vivir. l\Iira cÍ&gt;mo me reflPjo en estas aguas;
así también me retrato en el fondo de tu alma
sincera. J&lt;:lla sonrió, llena de una vida interior exquisita y vaga, y me besó ......... Así
quPdamos ...... Así qnedamo~ ......... Después
enlazamos tiernnmente nuestras manos, y sen-

Lo que jamús se ha puesto en duda, nunca
se ha probado. El escepticismo es, pues, el primer paso hacia la verdad.

***

L,s democracias comprenden dos especies
de grande, hombres: aquello;; que la'3 fundan
y aquello;; q •1e las ren nevan.

-----

-

Un buen salto del Sr. Branch.

El "lunch."

La carrera de ,cponies)) mexicanos fué de
-iOO yaroas, corriéndose los caballos «1\Ielado»,

AMIMUSA

«8ileno,i y ccBeani, por los st-ñorl'S Honey, EsDivino panorama, hermosa mía,
Ante mis ojos en el sueño extiende
mientras tu amor mi corazón enciende
al desmayar en el ocaso el día.
En tus carmíneos labios la ambrosía
le brindas á mi afán. En tanto prende
su luz el firmamento, y veloz tiende
su vuelo por el mar mi fantasía.
Así los dos, con nuestro amor sin penas,
iremos juntos al Edén del Arte,
uniendo, mientras cantan las sirenas
el misterio del lago, al adorarte,
tu frente, coronada de azucenas,
á mis labios, ansiosos de besarte!
li'RANCISCO lZÁBAL lRIARTE.

Saltos "handicap," con sarrocha.

Frente al 1ago de Chapala, octubre 1902.

CHAPULTEPEC.-La fuente.

�Domingo 21 de Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
Pues yo, pobre cuadrúped

,1

°g~~~

:~a~t ;~1:r~~oe:~!ªs.ratas ya° b,~~:1~~e
iba á' ad
n!no 9ue esta aquí y que
la cue~da e~~:· mCont ~1s viejos dientes rompí
~l camino de Be~h~e~~ y corrí muy lejos por
-¿Por qué muy lejos?
b' --Porque, como tú comprendes, si me huiera quedado cerca ' no habrían
uerid
ice¡;.tarme, les parecería en robo y J ¿sé o
u iera devuelto; mientras que mu l . me
~si un deber conservarme, á fin
re;t1::i:~

a/

~• .!l..C RAGIL y delicado, yace
]l~.ai-,~
el niño en su cuna, cuna
~
de pobres, cuna de paria,

JJ

,J

hecha en un pesebre relleno de paja.
Para otros el lino, para
otros los vellones y las finas lanas de Sid6n. Envueltos en malas ropas, sus miembros se estremecen; su carne,
apenas nacida, conoce el sufrimiento, y los frágiles pies y las
manitas delicadas, se lastiman
con las agudas aristas.
¡Qué mal acostado y qué mal
vestido está el pobre niño!
Para otros, también, la suave
luz de las lámparas cuyas flamils están perfumadas; para otros las claridades ardientes y
cromáticas que se escapan de la chimenea,
cuando sobre las brasas chispeantes se arroja
un puñado Je granos de enebro.
Aquí todo está helado, aquí todo está negro.
Ningún fuego en este triste establo, ninguna
claridad en estas tinieblas; s6lo-mirad ¡oh
milagrol-la luz rubia que circuye la frente
del recién nacido, que nimba la cabecita de
ese hijo de pobre, como si fuera el hijo de un
monarca; pero si irradia, no calienta. ¡Oh
cuánto frío tiene ese niiiol A través de las desgarraduras de los andrajos que le envuelven,se
ve su cuerpo de querubín, enrojecido por el
cierzo, que entra por todas las hendiduras del
techo, de la puerta y de las paredes; por todas
las heridas de aquel edificio desmantelado.
Afuera, la nieve alfombra el suelo; una sola
estrella brilla en el zenit, precisamente arriba
del establo, como si la almita de aquel niño,
al caer en tierra, hubiera agujereado el firmamento, desgarrado el velo de terciopelo azul
que oculta á los ojos humanos los esplendores
celestes.

Detrás de las ventanas de las casas del lado
de Bethlem, cintilan también luces ........... .
Allí viven ricos que han venido para someterse á la ley del censo y que se ahitan de pasteles de miel y beben, con las bailarinas y con
los mimos traídos por los romanos, vino de
higos. Son opulentos mercaderes, jueces, sacerdotes, soldados. Sus túnicas, teñidas de
púrpura, son de un tejido más ligero que la
ondulaci6n de las serpientes, y más blando y
más tibio que el pelaje de las cabras del Tibet. Lucen las antorchas en los anillos de las
paredes, arden los braseros, y ráfagas de música pasan volando á través de la campiña entenebrecida.
No hay fuego, ni abrigo ni salvaguardia.
Ese niño morirá, seguramente, de frío y de miseria. ¿Nadie vendrá á socorrerle?

***
En la mano derecha, en la mano izquierda,
una sensaci6n de calor, de buen calor penetrante que descrispa los dedos; como un beso
tierno y humilde, como una caricia llena de
adoraci6n y de piedad.
¿Qué es eso?
Sube hasta el surco sonrosado del codo, llega al hombro, se extiende por sobre el pecho,
el vientre y las rodillas.
El nifio renace, y aun sonríe, porque aquel
soplo tibio le cosquillea. Toma sus pies entre
las manos. con el movimiento familiar á todo
nifio; se inclina, ve moverse en la penumbra
altas siluetas fantásticas, y como es muy valiente, puesto que nada sabe, extiende sus puños al azar y trae ú sí, para mirarlas á la luz

de su aureola, dos gruesas masas velludas que
tienen cada una un par de ojos, un par de
orejas y un hocico.
-¿Quién eres?-pregunta á la derecha.
-Soy el asno.
-¿Quién eres?-pregunta á la izquierda.
--Soy el buey.
El niño Jesús les besa y se duerme, en tanto que el asno, con su lengua rugosa, le mantiene calientes los pies, y el buey le envuelve
con su hálito humeante.
Y conversan, conversan á su manera; pero
conversan.
El asno dice:
-¿Crees qne hemos hecho bien en acercarnos de puntillas á mirar si necesitaba algo?
-Sí; pero pon más cuidado, que vas á ensuciar las ropas de la Virgen. Además, no olvides esas orejas tan grandes que nunca acaban, y que por poco le metes una en un ojo.
El asno, mortificado, se calla.
-Mejor cuéntame-prosigue el buey-¿c6mo llegaron aquí, por qué entraron juntos?
-Te lo diré. José es carpintero y venía
á hacer algunas composturas en la casa demi amo, que es pretor en ~azaretb. José y su esposa son gentes sencillas, nada felices, pero que siempre tenían para mí, al paso, una caricia 6 uil repollo de verdura. Oí á
María llorar la víspera de su partida. Se quejaba: «Se acerca el momento del parto, y nunra, por más fuerzas que Dios me preste, podré
llegar á pie hasta Bethlf:m. » Y José contest6: «¡Ay! ¡qué hacer! El empleado de Cyrinus vendrá á decomiFar mis cepillos y mis
garlopas. ¡Qué sería entonces de nosotros!»
-¿,Y tú qué hiciste?

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tfiol aglomza. Todo lo que hizo en la tierr:; (;~:~
a enta.mente ante El.
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_Co': tod?s llenó su m·¡"~¡"¿~; con todos fué
m1f'er1cord10so, abnegado J. usto La . 1 l
huérfat1
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VIUl a e
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'i .º• e eF&lt;c1avo; aquel ft quien el im puei:;o ago .na; aquel á quien la carne excita· ia
adúltera, el ladr6n arrepentido y hasta la ~ortes~na, ~odos-halla~·on gracia en el tribunal de
su rnfimta clemencia.
sav1a
. ro· Siente¡ El con embriaguez, co1·rer la, ..
Jª tqt1 ~ e sus venas cae, gota á gota para res
ca. e. e mund?. ¡Que no pueda suf;ir más su:
phc1os para aligerar el fardo de la 1
.
dad!
rnmam1

~

mema
despuésp á u1i• .1•ropielano. &lt;c·Tomal
El asno
&lt;le
,
• ese ro¡;1trn~ corriendo por el campo y
-e:xpuesto á qu~ cualquiera se lo robe. Es prefenble que lo cmdemos.»
-Veo que eres juicioso.
-Es~. dicen. Sea como fuere, logré mi intento. S1 hubieras visto á María ¡qué lástima
-dab~! Apenas, po:lía arrastrars.,,' y mi coraz6n
-salto de ~legna cuando sentí que se sent6 sobre
comodamente, aliviada, consolada.
--Si, i pero qué paliza te ao-uarda cuando
,1:egreses!
º
-Me lo tengo sabido; pero ya e,,tá hecho
Desde luego comenz6 José, que me atizó do~
buenos palos, para que aprenda á no huir
¡Ah! Si no h'.1biera sido por l\Iaría, y sobr~
tado por este mocente..... .
sabes quién es? Es el Mesías.
. - ::ii, lo sé, Y por eso doblado sobre mis rod l 11as estoy ante El.
- Y o-dijo el buey-lo esperaba. Los corde.ros, al volver, contaban que un astro nuevo
brillaba en el horizonte. Los pastores sabei
Cuando h~blan d~ sus penas, aquí, por la;;~:
che, les 01go, decir siempre: cc¡Ah! Cuando
venga e~ Mesias ...... !i&gt; Ya vino, ya no habr[t
desgraciados.
-¿Lo crees?
· -:¿Por qué no? Si nuestra pobre existencia
pud1e1;a ~er I?~nos dura ......... si pudiera haher mas JUst1c1a para nosotros, hermanos menores del hombre, y por él tan cruelmente explotad?s, torturados, mutilados ..... .
-Mira, antes de pensar en nosotros, sería
bueno que los hombres fuesen menos malva•dos, que la fraternidad reinara ..... .
. -Sí, pero ya está aquí el Redentor el que
"
1ene
'1
3: sa var a'toelos,'a rescatar á todos
' ....
-¿S1 le pidiéramos que pensara en nosotros ...... ?

m!

***

~

me~, joyas, ricas telas. El niño Jesús no «o]
vera a tene1• f no.
'
I legada la noche se va ' Ene1 momento en que María va á mo'ntar e~ el
asno
un ibcuya flaca grupa est'a cu b.ierta ahora con
a ornoz constelado, presente de un re
neg'.od, el buey? muy trifite, se acerca á su cfmara a y le dice:
-Tú _eres más feliz que yo, puesto ue le
acompanas. Procura q·:e no olvide ,
d
nuestra raza.
a os e
Jesús, que ha escuchado hace una señal de
prom~"ª, y el bueno del buey contento se
~rrodtlla, le lame la mano, le m'ira alejars~.....
) vuelve al pesebre á rumiar su esperanza
~ En Nazar~th, frente á la puerta del taller. el
asno se detiene.
'
./.-dGrlacins, buen asno-dice María acarici,m o e el cuello.
'
y e~-asno, arrodillado, lame el pie desnudo
el el nmo Jesú::i.
tro-;~arad_or del mundo, no desprecies nues, St'. 11m1entos...... ¡Acuérdate de nosotros!
1-responde Jesús.
-

***
En el. Calvario, en la cima clel Gól"ota C .

-(rJº

~

Domingo 21 de Diciembre de 1902.

Y la uocI1~ trai:scurre lenta y serena; nada
apartli la v1gilanc1a de aquellos buenos animales, nada interrumpe su piadosa labor. Jesús duerme com? en un nido, como durmi6
antes que él el mfio San Juan.
Al día siguiente, las recepciones. La víspera fueron los pastores, ahora son los magos,
los hermosos monarcas del Oriente, deslumbrantes como el arca de David. Traen perfu-

Pero ...... ¿quién canta en el camino que f;ale d~ Jernsalén?. c¡uiéu Yiene á injuriar •;u
fgºft?: ..... su~ OJOS enturbiados, velados por
a~ , gr_imas, ensangrrntados, apenas pued
mirar a travé; de lns indecisiones del . en
púsculo.
ereLa vo_z es jU\·e!1il, fresra, como si la
acompa~ara un trntinear de medallas.
Un gnto de mujer:
-¡Oh! ¡El Nazareno!
En Heguid,i, la que habla se acerca {t la

cruz,, y le
l p_1e
· en l a si·¡¡ a de su cab::i.lgadura,
besa las heridas de .Jesús, la-, rocía con l[Pri11:as amargas y se hiere lo~ dedos con la,"e1p111as de la corona.
, El la reconoce. Es una muchacha á quien
dias. ante,s maltrataba la multitud y á quten
~l ltb~rto con ~na parábola y una bendición.
on tuste sonn:,a le da las gracias.
Mas abajo, su mirada tropieza con otra mirada llena de reproche·y de dolor. ¿D6nd . ,
El• e'a'
á d.d
.
e vio
.,, 8 c· n i as pupilas, tan ardientemente
fiJas en las suyas?
¡Ah, rec~;rda .... ..... ¡el asno de Betblem!
Aquel mn.i:10 desde h~ce mucho tiempo; pero
éste, su lHJO acaso, tiene en lo, ojos el mismo refiejo de tristeza y ele bondad.
A lo lejos ladra un perro, muge un buey ...
y de _los cuatro rumbos del horizonte, en alas
del viento, llegan ~oces que suben de lo;; surcos, caen de las cunas, brotan de entre l
aguas.
a3
Dicen esas voces:
_-Niíio Jesús,. niño, Jesús, ¡olvidaste tu
prom~s,~! ~os deJaste victimas de la barbarie
~le la m1qu1dad; nada hiciste por no,otros; n~
1as pa~a&lt;lo tu deuda. Somos tus acreedores
¡oh Cnsto!
,

y .J.esús siente que un gran remordimiento
1e oprime el corazón.

.... ...... ....... ................

Des~e enton.ces, en el can~~~:·~~-~~·~¡~·1~~;~
llevar a los an11nales á la misa de Noche Buena. ~!los, 'lue todav~a esperan ú su Mesías
van a recoi:darle al mño Je_;ús el compromis~
que contra.Jo y que no cumplió.
Alguien,que pertenece á la Iglesia v que sabe que yo creo tanto en el alma animal como
en,el alma humana,me ha asegurado que tendran su reco111 pensa ...... en el l'araíso.
SEVERINE.

T1·aducción de «El Mundo Ilustrado&gt;

�EL ~lU~""DO ILUSTHADU
lJ•Jmingo 21 de Diciembre de 1!)0~.

ha bufar rencores ante mí " I
pronta al daño.
. a argar la garra
• ~~ vano
tía procuró que hiciese en elefi11ltl\ a l_as amistades con la negra gata.
~amas pudo lograr la realización ele su empeno.
~¡ Su precl~caci~n de paz se perdía, en el ele. erto ele mi,; odios, como se perdieron en los
c:u:r_ipos del Trarn,vanl Y del t)range las preclimciones ele fraternidad ~- de concordia que
e:&lt;pet6 el Emperador de Rusia á las ¡)otencias
del mundo.
. La Yíspera ele ausentarme de mi ciu1lad nativa, ~ara.empre.nder estudios superiorc.-., quise d~sped1r.me dignamente de mi adversaria.
.A dicho obJeto, até del rabo de aquel animal
-;tan bueno _11egún mi tía-una carretilla de
poh·ora, previamente enceudida.
El susto de «Favorita)) y sus lamentos dcse~perados ni i,entir In chamusquina, nw rego~IJa~on t~nto &lt;JUe apenas si me impresionó \'er
a nu ª!1ciana parienta enjugarse las lú¡:i:rimas
&lt;J~e 1111 crueldad hizo subi r á sus cansadas pup1 1a!l.
111.i

El puente antes de la voladura.

La segunda, no meno,- apetecida, aunque
menoR suculenta que la merienda, era lit con¡,eja fantústica, el cuento peregrino con que
me obsequiaba mi buena pari1rnta mientras
Dimos ú cono~er, díns pasados, algunas fohacía !'U intnminahle calceta., al amor de la.
tografín11 relativas (1 ln voladura de un puenlumbre en el invierno, y á la sombra. &lt;le un ro***
te-construído en Anzures por los cadetes del
mero del jardín en Jo,- mese» estirnle--. El
Col egio Militar-con petardos provisionales
El dinero es vapor &lt;le la inmensa máquina
euento no ha.,· para qué decir que cm manjar
preparnclos por Jo._ alumnos de la Escuela de
predilecto ele mi imaginación apenas despierele la vida.
Tiro ele Hn n Utr.11 ro.
ta. Oyendo á la i;eñora ,le C[mlenas, el hlancl&gt;
potro de mis sueño!, galopaba desbrida1lo
por los janlines deslumbrantes que mostraba.
«.\ladino,» merced ú su lámpara maravillol"a;
p:v,eaba. por los estérile,; campos que rodean
el castillo de «Irús y no volverás;)) corría por
la umbrosa selva con "Caperucita encarnada;»
saltaba lle\·anclo ú la grupa (1 la triste "Cenicienta,» .v se detenía á escuchar las quejumbres ele ,d'ulgareito» y el e~pa.nta.hlc fragoroso
resuello de "Soplín :-\oplón, hijo del buen ::,oplaclor.»
Y, en fin, la tercera. de las cosas que iba :vo
á bu~l'ar en el recinto del vetusto palacio, queblasonaban &lt;los lobos cúrdenos en campo rojo.
ern...... ocasión para hacer alguna diablura
con h\ mansurrona gata, siempre tendida ú
los pies de mi tía.
LA VOLAD U RA.-(De fotografía instantánea).
Odiaba yo al inofensivo animalejo del mismo modo que Nerón odiaba al pueblo romaEn Chihuahua se efectuaron últimamente
no; con la diferencia de que el feroz Enobarl,o
unas pruebas análogas, que resultaron intedeseaba que su Imperio tuviese una 1-,o)a caresantes en extremo. El puente, que represenbeza para. poderla cortar ele un solo golpe, l'n
ta. uno de nuc~tro,; grabados, afectaba. ln. fortanto que yo hubiera querido que :e Favorita,,
ma de un:i. fortnlezn y fué construí,lo con matuviese cien colas, parn tener cincuenta sitios
ODAS las tardes, al salir &lt;le la escuela,
teriales de l.llam¡,ostería.
ele que colgar petlazo!I ele hoja de lata, y cinantes de volver {1 la casa de mis padres,
A uno y otro lado ele la construcción se ve
cuenta agarraderas de que asirme con fuerza
me iba derechamente á la sola.riega manformado el 1~ Batallón, que co11currió Íl las
brutal.
siím
de
Doña
,\ntonia
de
Cárdenas,
en
busca
experiencia;;. Los oficiales del Cuerpo referiSin razón alguna)' sin cau;:a que lo explicase, yo guardaba para el n.ohlote "Canelo» !ns
sobras de mi merienda, y reservaba para ,,Favorita» los pellizcos y la,; punteras.
Del blanquirrubio lebrel me gustaba todo:
desde su adhesión muda, hasta las manchas
de oro que lucían sobre la nieve de sus lornoH.
De la inocente gata toclo me em antipático:
su piel negrísima, con negrura azuleante, me
recordaba el traje del preceptor, mús amigo de
d:u-me pnlmetazos que &lt;le concederme premios;
sus uiias me hablaban, con dolorosa elocuencia, de arañazos aún frescos en mis mano~, y
ha¡,;ta ~u nombre de ,e Favorita)) se me antojaba
un insulto para mis indiscutibles é indiscutidos derechos á la predilección y al cariño de
Doña Antonia.
Lo que m:ís me desesperaba C'ra que tan
pronto como rompía las hostilidades contra
, el maullador animalucho, su señora ama 1-e
DESPUES DE LA VOLAOURA.-Restos del puente.
ponía re,meltamente al lado de mi enemiga. y
me tonminaba ("On la supresión del cuento ó
do fueron los que prepararon los petardos,
de tres cosas que tenía la seauri&lt;lad
compleui
0
con la privación de la merienda si no deponía
obteniendo en las pruebas un éxito completo.
de encontrar.
mi actitud belicosa.
La primera y--¿por qué nega.rlo"?-la más imTales conminaciones resultaban ~iempre
portante, era la merienda, compue¡.;ta, según
eficacísimas.
PENSAMIENTOS
la estación, de naranjas, peras, uva:;, melocoLa idea de perder mi refacción vespertina
tones, granadas, queso, miel ó almíbares,
De todos los teatros, el alma es uno en donó de no disfrutar del relato de las estupendas
amén de tal cual trozo de embuchado de lomo
de se ponen en escena los únicos drama? cuaventuras de «Tragabuches» ó de .-)1ed1opollió de chorizo curado al humo, acompañado
yo interés jamás Re debilita.
to,» era llave que sin tardanza cerrnba las
todo ello ele un blanco y sabroso "minguito,»
***
puertas del templo &lt;le .fano; templo edificado
cocido c11 el horno de la casona al mismo
Cada pueblo debe tener el culto de Pu hisen
el reino de mis sentimientos antipáticos
ti•:mpo
que
las
enormes
hogazas
destinadas
á
toria, porque el patriotismo está hecho de tohacia.
la raza felina en general, y muy señalalos gañanes del cortijo y á los guar&lt;las del lados los duelos y t odas las glorias de los antedamente hacia el ejemplaraborrecido que Oba·
gar
y
ele
los
olivares.
pasados.

PRUEBAS DE PETARDOS.

l&gt;omingo 21 de Dicicmbr(' de 1!102.

EL )IUXDO ILUSTRADO

La crítica, para. combatir á los vi,·os, gusta
de resu citará los muertos,que Ron poco morosos para irá cualquier parte sin tomar el lugar de nadie.

FAVORITA.

su hijo. 8e. hizo re,·olto~a, porque el gatito era
revoltofio; Jugaba J&gt;flr que "Lucero)) jugase, Y,
para no cansarte, su celo rnaternal y !"us cuida1los confirma~on plenamente la opinión ele
que tu a&lt;lvcr,-ana era, como siempre creí, un
modelo de honcl111l.
~hora bien: cuando llegó la época del esqmleo, ~·a ~abes, la ca~a l"e llenó de 1rente· con
la«· OYeJ·
· ·
" y 'pas. :a ~ , ·1111eron
ra ¡1a&lt;¡ane!', zagales
tore..., ~ c0 n lo,; pastores los ma8tines encargado11 ?e, la guarderfa dt·l rebaño.
¿F ne. un mal iutencionndo el que hurtó á
1cLucero?»..... .
¿,Ft~~ un. mastín el &lt;)lle cli6 cuenta, ú dentellad_a rnnprn, del .lindísimo gato'? ........ .
~o he const·gmclo aYeriguarlo. Cuando notamos la falta del hijo, notamos el cnmbio que
!le opera ha en la madre. ,,Favorita» se oh·itlaba.
de comer y de dormir; corría de!'esperada111ente por la'&gt;. salas; llenaba de maullido;, lastimeros el paho;.husmeaba en los alfolíes; exploraha 1.0 s teJado,;, Y no dejaba mueble en la
casll: m espemra en el huerto i:;in registro minucioso. Su dolor nos con moda. Era en terne-

ce~ora la angustia de la gata. no queriendo
resignarse con la pérdida de su.hijo.
Por último, «Favorita» ~e convenció de quesu mal no tenía remedio. A partir de e~a fecha, '.10 .,·~h-ió ú quej~r,-e, ni í1 recorrer los graneros 111 a bus&lt;'ar baJO loc:i mtl('ble~.
Do11 Franci~co, toma11clo chocolate una mafü\lla después de celehrar la )lisa, ohsen·ó que
)¡~ ~ala -;-.rn recor&lt;larús 11 uc ern 1wgra-princ1piaha a encanecer.
Ocho días ~le~pués ele la obserrnción, la
gata c,;taba casi blanca.
Aho.ra, ahora ...... juzga tú-dijo ~eñalando
á un r111có11. .
_, Y.oh:í la Yis~a, y, s!n rubor lo cleclaro, una.
l.1gnm.~ temblo en 1111s pe~taíia,; al contemplar
un .gato flaco, C!"pe!uznat)o,, .c&lt;'nicicnto, que,
lnn~ando un maullido tn,..tis1mo, :m¡ueaba. el
espma;-o y se clejaha. caer t:n el rincón mús
som bno ele la e:,tancia.
• ~C'.1 ~.i11cón ,neg.ro, ,como la primitirn piel de
«I a,011ta.» Un nncon negro, como !apena de
una madre amorosa ..... .
M. R. BLANCO·BEL:\IONTE.

***

Al cabo de algunos año... de nusr.ncia.-cuando ya había pen~trndo todos los secretos ele la
carambola. por tabla, del «picado" y del recodo, y cuando, mal que bien habí:i obtenido
l a apro b~c1on
·' en aquellas ramas
'
de la ciencia
ennohlec,clas ~or Bcrthelot, por Amo y ::\Iora,
1,or Henry Bu,gnet, por Orio y otros perspicuos Yaro,~cs-regresé á mi hogar, en el que
la pref'e1~c1a del futuro próximo "pucherólogo•
fue festepda con arroz y gallo muerto.
, ~ocas horas después ele mi llegn&lt;la me clirig1 la. casa solariega de los Cárdenas, con el
obJet~ ele dar un apretado abrazo á la ~eptuagenar1a heredera de las glorias de aquella casi
extinta estirpe.
Al poner el pie en el amplio zaguán ele la
cas~ma, salt6 «Canelo» ladran,lo alegremente
~· nno presuroso á frotar::-e contra mis piernas
a lamer mis manos y á imprimir sobre mi ro:
pn las huellas de sus manazas sucias.
:'ili excelente tía me dispew,ó un recibimiento más efusiYo y mí1s limpio que el lebrel. La anciana señora lloraba de puro gozo
y no se hartaba de mirarme, encontrándome
más alto, más paliducho y mús hombre. ¡Cómo no, si hasta en mi labio superior había. ya
asomos de bigote!
Doña Antonia, rindiendo culto á la tradicional costumbre de otros tiempos, me hizo
sentar á su lado, y de la alacena del comedor
fué sacando, y poniendo ante mí, un medio
jamón, unos bizcochos de canela y una bote•
Hita de oloroso Montilla.
-¡ Buena. merienda!-exclamé.
-Pues á despacharla, y veamos si aún conRervas el apetito de la niñez-me contestó la
amable señora.
-Ahora Yeremos-repliqué;- pero, para
ser fieles cumplidores del antiguo ritual, es
preciso que empiece usted á referirme uno ele
aquellos deliciosos cuentos, más sabrosos para
mí que este jamón de Trfvelez y más dulces
que estos bizcochos, que, ó mucho me engaño,
6 proceden por línea recta de la cocina de las
monjas de Santa Ana.
Sonrió melancólicamente la dama, inclinó
la cabeza, llena de pensamientos generosos y
de ideas cristianas, y en fin, como respondiendo á invisible llamamiento, me preguntó:
-¿.Tan flaco de memoria andas, que no me
pide!i noticias de tu aborrecida é irreconciliable enemiga·? ...... ¿Xo te acuerdas ya ele «Favorita.?)) ..... .
Callé, avergonzado por la vergüenza de la
jugarreta que á modo de despedida hice á la
mansurrona gata.
-Pues ya tenemos el cuento-prosiguió mi
tía,-que, por esta vez, no es cuento y sí verídico ,csucedido. »
Un año después de salir tú para la Facultad de Farmacia, tu ri'rnl nos sorprtndió dándonos un huésped: un gatito negro con una
mancha en la frente; un animalejo tan gracioso y tan mono, que al poco tiempo de nacer
era objeto &lt;le nuestros mimos y de nuestras
má11 Pxquisitas predilecciones.
,cFavorita» no se apartaba un punto de «Lucero. » )faelre amante, velaba día y noche por

:t

No )&gt;ic-n el aire trajo ele la huerta.

1!ª p~nnera cnnci&lt;Ín-ave canora:-

~º bien. por las rendijas ele la puerta

Co~10 &lt;".lllta Je luz. bri:16 la aurora: '
r ~o bu·n se iluminaron los cristalPs
1 en la fronda tan verde como espesa
IJesonaron los himnos matinales,
Sacudí de mi mente la triste;rn.
, De~pués ele aqu~lla noche larga y muda
CuJ as ,hora,, coutc de,cle mi lecho
J?~sJ?utos del negro insomnio en qt{e la duela
Cl,n ab.~ sus arpones en el pecho,
::'11~ d1¡0 aquella voz tranquila. y buena:
del a buscar el alma, de las cosas
L~,, co~as tienen alma &lt;¡ue las lle~a:
¡El iierfnme es el alma ele las !"Osas'
&lt;hl alma de la tarde, los colores;
~a dureza es el alma tlel granito;
l~l alma de la estrella., los fulgores;
1 ~¡ alma dl'l espacio, lo iDfinito!&gt;
El eco ele la vida p1·oviDciana
Lleg:aba como un don, como una ofrenda•
Abr1 ,ele. par en pa1· la gran ventana
'
La/'usllca ventaua ele la hacienda. '
\ 1 doblarse.las ramas bajo el peso
De los frutos.Jugosos, y en un nido
~a.rece que vibraba como un beso,
En los troncos y yemas. un latido
• Y un renuevo _ti-iunfol en cada t~l1o.
Y la raíz, rompiendo los terruños
Como al e;.fuerzo germinal de mayo
Levant~ba sus brazos y sus puilo;,. '
J::'rod1g~ba_n su olor Jos azahares
Ahe1;1to vu·gmal ele los pensiles· '
La s1e1·ra, coronada de palmarc's
Recortaba en el cielo sus pe, files'
1-'or encima del bosque y de la Íoma,

ALR EDEDORES

DE

f'.or encima del triste ca;;erío,
c. orno J?h1m1Ls albean tes de paloma
Se cua¡ahan la lluvia y el rocío.
Del borde de los cerro-; ~- las cumbres
-;;-Espalda ele mon&lt;;truoso dromedario!•~! humo se elevaba ele las lumbres,
'i: la cansada. voz, del campanario.
. Arrugaban sus pliegues las alturas
S~•bre el mar ond~tlaute de las caña~,
D¡-,Joca~a1, sus petreas coyunturas
Y ~u., m1en~bros robustos la-; mont,iñas.
C.ual de;file de grue;.os batallones
13a¡aban a través ele las laderas
Los sembi:aclos, en alto los pendones
De s~s bo¡~s flotante;; cual 1.rnn!lerns
Y ,i lo le¡os los árboles del clima.
~ordaban de relieve,, la sabana,
•
1' en el dorso quebrado de Jii cima
He;entab.a. la flor ele la mañana!
1 me .~1¡0 la voz de los jardines,
Y me dtJO la. voz ele la enramada
Y me dijo la voz de lo:s confines '
Y 1~1e ~iJO la voz de. la alborncla:
. &lt;,.LeJos la august1a. y el pesar que a.bate!
iLe¡o~ la peo~ que en_ la mente anida!
1Le¡o;s los othos! ¡LeJos el combate
Y e(.10 menso cansancio ele la viclal
&lt;~• el alma de los seres os atlige
J d a busca1· el alma de las cosas '
co:sa;, tienen alma qu1o las rige:
~,erfume es el alma de las i·osa.s!
, LI alma de la tarde, los colore ..
~a, dureza es el alma del ai•anito· ~,
~I alma de la estrella, Jo; fulgor~s·
x el alma del espacio, ¡ 0 infinito!&gt;'

!--,~.,
1E;.

EDUARDO COLÍN.

MEXICO.-EL CONTADERO

�..
TÓNICO - RECONSTITUYENTE
FEBRÍFUGO

De todas partes del país nos informan los médicos haber
devuelto la salud á un número considerable de enfermos
de tisis con la administración del Pectoral de Cereza del
Dr. Aye1•. En muchos casos la curación ha sido completa,
en otros ha proporcionado notable alivio.
Y nada hay tan excelente para la tos como el Pectora1
de Cereza del Dr. Ayer. Esta eximia medicina ha curado
toses por espacio de casi sesenta años. Téngase siempre
á mano. Cuando no se tiene cómprese t:na botella á la
primera oportunidad, y si algún miembro de la familia
padece de un resfriado, convendrá procurarse una botella
sin demora.

EL MISMO

EL MuNo·o

"'"'ºSo

_AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 26.

FERRUGINOSO : SIETE M~AS•eORO FOSFATADO:
be11ia,
Cloro1i1, Counlecenciu, ,te.

PARÍS

ZO, lut des Fot1'1•Sl•Jacques
1 en tu F~rm,ciu.

ILUSTRADO

MÉXICO, DICIEMBRE 28 DE 1902.

Director: LIC. RAl'Al:L RtYf~ ~PINDOLA.

Oerente: LUtl; Rtlt~ ~PINDOLA.

Linfatismo, Em6fola, 846
Infartos de los Ganglios, etc.

Ele:,cesoóetrahaJomentalprodure el agotamiento óe fuerzas

LA LUCHA POR LA VIDA NEURASTENIAy

Preparado por el DR. J. C. AYER &amp; CO., Lowell, Masa., E. U. A.

de,gastP rlt&gt;I s,s,pma 11~n·1oqo. r1·eando una cleb1hdad tal
~"" ara ha ron l,l"- n1wnnas \'ttales . en una palabra, la

LA KOLA FOSFATADA BOTTA &amp; BALTA
nhnrnrln r,~·no alimento de primer orden, da vigor a la celula nerviosa. normaliza.

las secreciones del jugo gastrico regularizando las funciones digestivas.

Breve: DI:VUELVE LAS FUERZAS, DEVUELVE LA VIDA
De venta en las principales larmacias.-Representante en México: D. L. Pigout, Ortega. 27.

Vlao t.rtlfloante, digutiv•, t6nloo, reoon■Utuyente, ele nl&gt;or esoeleate
.... etiou para 1aa penonaa debWtadaa que loa ferrugino■oay la■ qubaaa.
0.uerYaclo por el m•todo de llll. Puteur. Preacrü,e■- 911 la■ moleatla■ ••
~ • • la oloro■ia, la anemia 'T 1u oonvalecenolu 1
vine a
11~,-19aue;DD-4a • lu per■onu el• eclecl, • las mujerea, j6'NDea 'T • loa suAoa.

SUPERIORES COMO AGUAS DE MESA

••te

1

ª"· ,, ,,,

Ql80 .MUY lfflPQP:UNTI,. - El l1nlc1 VINO •utdntlct
i A F ~ . ,,
eüítíín, ,, lllflChO di /11m,rs,
11 ,,.tt/f!IIY di fUI 81 hac, m,nctdn ,n ,, ftl'fmull/'IO di/ ProfHOII
OUOBAIU&gt;AT 11 ,, da 14" OLEMENT y c1a, di Ya/1nc1 (Dr,m,,
r•nol~, - C•'• lot111a 1110a ta marca di ta UD16n de loa i'abricuttl
,n llPIICUlll un m1dal"n ,nunc/ando ,, " CLETEAS ...
LII di/MI 11n 111ru y p1111rosas falslltcacton11.

"'º

-ÍI.

ª'

ESPJCJ&amp;\J,~.~ft1!~~r~CJ.~~J'º•~I~.I NE ·1

1
1
:J
.....................................................

BAÑO
JEANNE
o•ARC aromahcas.
á las.~ales
"LA REMP1A~ANTE"
Agua para
.
_
. .. .
L V
hermosear la
Í',_sle ban,, _muy h1g_1en1_co, refresca Ysuav1za la piel, la hmprn perfectamente,
dejándole un agradable perfume. Está
particularmente recomendado como
locion cotidiana para los niños. Durante
los grandes calores es un tónico excelente de la piel y los músculos.

cara á las plantas 111isleriosas de Orieute
'
.
.
•
conserva el t111t_e. ev1la las arruga&lt;, y
reíuerza los teg1dos de la cara f.1t1gada.
..

Depo11toGeoml:B.vG.GCETSCHEL,

MARCA DE FABRICA.

/YIEX 1CO. A P"rtado 468.

,~~.,,,,..--';,-.,,,__.,,_...,,,__.,,,._.,,,._~.~-~-~~?,!!..--';,.,,,,._,,,,._,,,,._~..-,¡.•...,,,._...,,,._.;¡,¡....:;,_,,,,._.,, ;l-.--'.'!-..,,.,..--'.'!-.--&gt;,!J..--'.'!-.--'.'!-..,,.,.•...,,,._-'i'l-....,,,.. ,,._.,.,,,__,,.,._...,,,._...,,,._--'.'!-•.,,,,.•...,,,._.,,,,._.,,,._...,,,.•...,,,._.,,.,.__,.,,__.,,_.,,,,._..:;,,._...,,,__.,,,._~_..:;,,._;,,._-:,._.:;,_..:;,_~.--';,•

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DEL DR. TORREL1 DE PARÍS.
U nica preparaci6n que evita la caida prematura del pelo, lo aumenta, suaviza y hermosea, á la vez que le comunica un aroma agradable.
Su acci6n antiparasitaria y antiséptica, unida á un no·
table poder excitante del folículo piloso, hace nacer el
pelo en las afecciones decalvantes del cuero cabelludo y
evita la caspa.
Una cabellera abundante y bien cuidada, es, sin duda
alguna, el ornato mejor de la mujer; el PETROL proporciona el medio más eficaz para conservar este bellísimo
atributo.
El uso del

}
~

T□RRB.1, DE. PABIS,

evita la calvicie prematura, que tanto afea y comunica al
hombre el repulsivo aspecto de un joven viejo y gastado.

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PR'l'R01 DR1 Dr.

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PETROL

E--~V...l.,!~~;..-~

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DE VE.NTA EN LAB DROGUERIAS Y FARII/IAO/AS.

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0

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Subscripción mensual foránea, $1.50
ldem ldem. en la capital,,. 1.25

MAZATLAN.
VISTA GENERAL DEL PUERTO.-EL PASEO DE LAS "OLAS ALTAS."

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>..
TÓNICO - RECONSTITUYENTE
FEBRÍFUGO

De todas partes del país nos informan los médicos haber
devuelto la salud á un número considerable de enfermos
de tisis con la administración del Pectoral de Cereza del
Dr. Aye1•. En muchos casos la curación ha sido completa,
en otros ha proporcionado notable alivio.
Y nada hay tan excelente para la tos como el Pectora1
de Cereza del Dr. Ayer. Esta eximia medicina ha curado
toses por espacio de casi sesenta años. Téngase siempre
á mano. Cuando no se tiene cómprese t:na botella á la
primera oportunidad, y si algún miembro de la familia
padece de un resfriado, convendrá procurarse una botella
sin demora.

EL MISMO

EL MuNo·o

"'"'ºSo

_AÑO IX.--TOMO II.--NÚM. 26.

FERRUGINOSO : SIETE M~AS•eORO FOSFATADO:
be11ia,
Cloro1i1, Counlecenciu, ,te.

PARÍS

ZO, lut des Fot1'1•Sl•Jacques
1 en tu F~rm,ciu.

ILUSTRADO

MÉXICO, DICIEMBRE 28 DE 1902.

Director: LIC. RAl'Al:L RtYf~ ~PINDOLA.

Oerente: LUtl; Rtlt~ ~PINDOLA.

Linfatismo, Em6fola, 846
Infartos de los Ganglios, etc.

Ele:,cesoóetrahaJomentalprodure el agotamiento óe fuerzas

LA LUCHA POR LA VIDA NEURASTENIAy

Preparado por el DR. J. C. AYER &amp; CO., Lowell, Masa., E. U. A.

de,gastP rlt&gt;I s,s,pma 11~n·1oqo. r1·eando una cleb1hdad tal
~"" ara ha ron l,l"- n1wnnas \'ttales . en una palabra, la

LA KOLA FOSFATADA BOTTA &amp; BALTA
nhnrnrln r,~·no alimento de primer orden, da vigor a la celula nerviosa. normaliza.

las secreciones del jugo gastrico regularizando las funciones digestivas.

Breve: DI:VUELVE LAS FUERZAS, DEVUELVE LA VIDA
De venta en las principales larmacias.-Representante en México: D. L. Pigout, Ortega. 27.

Vlao t.rtlfloante, digutiv•, t6nloo, reoon■Utuyente, ele nl&gt;or esoeleate
.... etiou para 1aa penonaa debWtadaa que loa ferrugino■oay la■ qubaaa.
0.uerYaclo por el m•todo de llll. Puteur. Preacrü,e■- 911 la■ moleatla■ ••
~ • • la oloro■ia, la anemia 'T 1u oonvalecenolu 1
vine a
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SUPERIORES COMO AGUAS DE MESA

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hermosear la
Í',_sle ban,, _muy h1g_1en1_co, refresca Ysuav1za la piel, la hmprn perfectamente,
dejándole un agradable perfume. Está
particularmente recomendado como
locion cotidiana para los niños. Durante
los grandes calores es un tónico excelente de la piel y los músculos.

cara á las plantas 111isleriosas de Orieute
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•
conserva el t111t_e. ev1la las arruga&lt;, y
reíuerza los teg1dos de la cara f.1t1gada.
..

Depo11toGeoml:B.vG.GCETSCHEL,

MARCA DE FABRICA.

/YIEX 1CO. A P"rtado 468.

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DEL DR. TORREL1 DE PARÍS.
U nica preparaci6n que evita la caida prematura del pelo, lo aumenta, suaviza y hermosea, á la vez que le comunica un aroma agradable.
Su acci6n antiparasitaria y antiséptica, unida á un no·
table poder excitante del folículo piloso, hace nacer el
pelo en las afecciones decalvantes del cuero cabelludo y
evita la caspa.
Una cabellera abundante y bien cuidada, es, sin duda
alguna, el ornato mejor de la mujer; el PETROL proporciona el medio más eficaz para conservar este bellísimo
atributo.
El uso del

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T□RRB.1, DE. PABIS,

evita la calvicie prematura, que tanto afea y comunica al
hombre el repulsivo aspecto de un joven viejo y gastado.

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DE VE.NTA EN LAB DROGUERIAS Y FARII/IAO/AS.

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ldem ldem. en la capital,,. 1.25

MAZATLAN.
VISTA GENERAL DEL PUERTO.-EL PASEO DE LAS "OLAS ALTAS."

�Domingo 28 de Diciembre de 1902.

EL )1U.NTIO ILUSTRADO
Domingo 28 de Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

ministro de mtxico en 6uatemala.

LOS SENTIMENTEROS
No hay que confunclirlos con los sentirnentaleR.
Los sentimentales F&lt;on harp:1s eólicas, &lt;le
cuer&lt;lai- de&gt; oro y de dobles peclales, que vibran al menor contacto. que resuenan al menor soplo y que reprrcuten loi- más fugitiYos
eco!':. Ph;cas de gelatinobromuro, los sentimentales, todo io reproducen y todo lo refüjan; én su espíritu &lt;lejan huella8, aunque ~ugitivas, todos los sucesos y todas las emociones.
Ven llorar y lloran, oyen reír y ríen. la indio-nación loi; contagia, b cólera los contamin:. Son patriotas, fil{:ntropos, apóstoles, justicirros, ven.l ugos y re&lt;lentorrs, srgún las circu11--tancias del momento ~• la. variepad &lt;le los
suce~os. Son cap:ices de ape&lt;lrear obispos en
Yeracrnz y de llorar la exclaustración de las
monjas. Jtl día del crimen fulminan al asesino y el día de la expiación lo lloran y piden
su'indulto. No pue&lt;le.1 soportar el espectáculo
de la iniquidad, &lt;le la injusticia, de la miseria · pero si se ofrece, son ca paces de ,:aquear el
Pa;.iún. El tre~ de Ocluhre odian á Maximiliano, y el diecinueve de Junio 8e arrojan ú los
pies de Juúrez é imploran para él su misericordia.
En suma, son camaleone8, bnt&gt;ncs chicos y
locos de atar; ateos cuando pierden un hijo, y
creyentes ruando 1&lt;e sacan la lotc•l"Ía.
El sentimenlero C'S otrn co!'n v mucho ctwnto. E,-te tipo parece creer que s u pen,onali&lt;lad
es el centro de todo y la con nirgencia necesaria del resto. No puede concebir que se le olvide ó que se le posponga; reclnma con imperio ó lamenta con amargura que i=:c le haga esperar, que no i:.e le ;;alude, que no se le dé la
acera ó no se le ceda el paso. A_y de aquel que
olvida felicitarlo el año nuevo, enviarle tarjeta
el día de su santo, festejar sus triunfos ó participar de su~ clolore!-!
El protocolo, sobre toclo, le preocupa terriblemente. En la me:a:a ha de ocupar la cabecera, ha de apadri nar el conyungo, presidir el
duelo, y como decía Cánorns de Caf'telar, en
el entierro quisiera ser el muerto y en el casamiento la novia.
Si cae en cama, no nos perdona qur lo lrnyamos ignorado,como tampoco que no lo hayamos im·itado á velarnos en nuestras enfermedades. Suele descuidar el pago de sus visitas;
pero exige se le paguen las i:.uyas. Llega á la
hidrofobia ó á la postración melancólica,cuando sabe que, urgidos de dinero, hemos recurrido á otro que á él, sin perjuicio de estar
s iempre exhausto de fondos cuando á él recurrimos.
Qurere ser siempre él quien nos presente á
los magnates y nos recomiende á los potentado,, y suele padecer, á la vez que el delirio
de las grandezas, la manía de la perFecución.
Cuando viene á menos, es cosa de echar á
coner. Le parece que todo el m1111do lo esquiva, le huye, lo menosprecia ó le escarnece.
Con la espuma en los labios ó las lágrimas en
los ojos, s_e gún su temperamento, ya desafiando con la vista, ya sonriendo á la vez irónica
y melancólicamente, distribuye á todas sus
amistades y conocimientos impertinencias,
saetas, reproches amargos, jesuíticas reconvenciones.
-Adiós, tú; ¿qué ya no me saludas desde
que dejé el avalúo de empeíios?
-¡Qué quieres, hermano! ya ni amigos tengo desde que salí de la Comisaría del 5'? J\lenor. Los que comían en mi mesa,se hacen disimulados; los que se disputaban las invitaciones á mi;; posadas, se hacen patos y me dejan con el saludo. ¿Y tú por qué no has vuelto por nllá? ¿Nos has echado tierra porque nos
ves t!e capa caída? Ya Yolveremos á subir y
entonces contaremos contigo; no es verdad?...,
-¡Uomlire! ni una palabra me has dicho
de mis ver~os. Está bueno ... así son los amigos. J\Iientras más se vive, más se ve.
Y así por ese orden.
Si en vez de ser él quien va ámenos, somos
no'!otros los que vamos á más, es peor todavía.

Todo se vueke chifletas, sátiras y reproches.
-Cuando éramos capenses en San Juan
de Letrári, n o me dabas antesalas; y ahora que
eres ministro, me pe~as cada plantón ..... !
-Oye: vrocura que conmigo no se te suba
l o coronel; yo te conocí ciruelo. ¡ A otro perro
con e~e hueso!
- Nunca esperé ele ti que porque me ves sucio y arrancado y despu~s de lo de )a supue~ta
estafa ya no me lleves a tu casa m me qmeras re~omendar en el Banco Hipotecario. Bien
dicen que en la cárcel y en la cama se conoce
á los amigos! y tú ni fuiste p'.lra irme á ver
á Belén, y cuando lo del navajazo, ni preguntaste por mi salud.
A yeces, de pronto y sin saber por _qué, un
antiguo a migo nos niega el saludo, nos pone
mala cara y nos barre con los ojos.
-¿Qué rnosc:1. le ha picado á Antonio, que
ya ni me saluda·?
_
.
-Pues dice que eres un mgrato, un cochino y un indecente. Que el día del temblor
echaste á correr y le dejaste con la palabra e n
la boca; q ue una vez que subió al tren, hiciste como que leías, para no saluclarle; que no le
diste parte de casa, y que un día que esté de
mal humor, te ha de romper el alma.
Y I u ego hay quien se sorprenda de que en
:México no haya vida social po~ible!

h oras ele duelo, nos van olvidando. Apenas el
dolor empieza Ít atenuarse, cuando ya no somos, en el espíritu de to&lt;los los que amamos
y que nos amaron, sino_ un:i- n1ga_sombra melancólica, que la banal mcl1feren_cia del mundo no tar&lt;lal'Ú en horrar. A medida que nuestra memoria se extingue en su corazón, surgen en él otras ternuras, y otras imúgcnes ocupan nuestro lugH. El amante ó esposo muerto
ve cómo otl'o ho111bre llena l uego e l alma de
su am tela · ve cómo la acaricia y la hace suya,
mient1a, él sufre un tormento ::atánico en el
fondo del sepulcro. El hijo, el hrnuano ó el
amigo, aherrojados en la trrmen&lt;fa. cú rcel_, se
estremecen continuamente de dolor, hendes
por la fragiliclad de los sentimiento,, humanos.
Y esa espantosa pena se a larga indefinidan~ente seo-ún la magnitud de las faltai:. cometidas
e1~ la tierra· h asta que al fi n, terminado el negro castigo,' nos envuelven las plúciclas sombras del nirl'ana.
-Pero ¿no crees que pueda existir un ser
superior que haga ele su corazón el santuario
religioso de un recuerdo? Yo 1'é amar hasta la
muerte, hasta más n llú de la lll nertr. J\Iafürna
mirn10, si tú m urie:-;es, querido IIéctor, mi
boca dejaría ele sonreír y ninguna alegría humana hallaría eco en mi e,;píritu. Por lo demá,; vo creo en la vidn eterna. l::ii yo muero
unt:s "que tú, mi alma ,;e manifesta1:ú á la tuya de u1;a manera profunda.

Para cubri r el puesto de J\Iinistro Plenipotenciario de México en Centro-Amé1ica ha sido
n ombrado ú ltimamente por el Ejecutivo el Sr.
Lic. D. José F. Godoy.
Nació el Sr. Godoy en 1851; fué por algún tiempo Oficial 2'?de la Secrf'taría de Relaciones Ex te, iores y, tlespué~, Vicecónsul de
J\Iéxico en San Francisco Californin. En 1893

LA MESTIZA.
Es de la tierra yucateca, gala,

v hermosa flor de nítida blancura.
Radiante de belleza y donosura,
con el perfume que su cuerpo exhala,
con su terno tan blanco como el ala
de vaporoso cisne, y con la pura
y clásica es bel tez ele su escultura,
nada en donaire y juventud le iguala.
En sus jugosos labios encendidos
la palabra es arrullo dulce y tierno
que despierta amorosas sensaciones;
por eso cuando pasa, van prendidos
á los bordados de su limpio temo
muchos enamorados corazones!

III

0

ROMANZA DE ULTRATUMBA.
I
Cuando ella vivía sobre la tierra, nuestras
almas unidas soñnron en este fúnebre aniversario muchos sueños profundos.
Tras los cristales opacos cae la lluvia, tenuemente. Grises neblinas cubren las montañai=:, en el horizonte; y todas lM cosas, en el
pálido crepúsculo, parecen quejarse de su dol or inconsolable.
Cuando ella vivía sobre la tierra, nuestras
almas unidas soíiaron en este fúnebre aniversario muchos sueflos profundos.

II
El año último vagamos por la necrópolis
desierta, como dos sombras errantes.
-Héctor -me dijo la amiga inolvidable,¿crees en la vida futura? ¿A dónde van los sueíios del espíritu y el amor de las almas cuando la losa del sepulcro se cierra sobre los cuerpos inanimados? Yo no tern o la muerte; más
bien la considero como una piadosa libertadora; pero á veces me conturba su terrible misterio.
Yo le expuse mis dudas y meditaciones sob re el ccmús allá;» y mis extrañas teorías la dejaron pensativa.
-La vida material se extingue-concluí.Pero en la forma fría, en el cerebro inmóvil, y
después en los huesos amarillos, queda aún
una fuerza prodigiosa. El recuerdo persiste y
hace ver, como en la alucinación ele un sueño,
todo lo que pasa en el mundo. Una clarividencia singular, una sutilidad en los detalles,
nos rnue,tran los actos y los sentimientos de
las personns á quienes estuvimos unidos. La
expiación de nuestros crímenes ó errores está
en esa trágica persistencia del recuerdo. Desde el inst.ante en que concluye el vigor vital,
todas las muertas energías se resumen poderosamente en esa única fuerza. de visión. Ya
en la tumba, nosotros ccvemos, oímos,» todo lo
que hacen ó dicen y aun piensan, los seres
que en la tierra estuvieron ligados ú nosotros
por la sangre ó por el afecto. Escuchamos sus
voces, sentimos su presencia; y sufrimos horriblemente al ver cómo, pasadas las primeras.

Hace ya much os aíi.os que la dulce cría.tura
reposa bajo la tierra, que cc,·i ve» bajo la tirrra;
y h e nquí de qué modo su t•~píritu Yino á besar mi espíritu:
... Ella amaba la mú,.ica hond1i é intensa,
que h·ice soíiar nobles cosas y embriaga el alma con un vino de ilusión. 8abía hacer llorar
al piano, de amor ó de pena. Era su fa\"Orita
una romanza impregnada de lúgrima!-; una romanza delicio~a y pura, cristalina y triste.
Gui:túbale tocarla en la hora del crepú~ctilo,
cuando el Rol ngoniza, cuando el sol se llena
de som b~as surca&lt;las por fugaceR resplandores
de oro. Hundido en un sofú, t'n un ángulo
ob~curo, yo recogía, en lo mús recóndito de
mi ser, la:- nota,- dolorosas.
Hallábarne a.l anochecer de un día de otoño
en nna tiPrra extraña, muy lejos del 1ugar en
que ella duermr. Era e11 el ea111po y reinaba
el silencio. La lu na se alzaba, en la misteriosa
l ejanía, como un enorme pájaro de p lata. Pensaba, como siempre, en la muerta adorada,
viva como nunca en mi f"Spfritu .
De improviso llega á mí, del brnmoso horizonte, ele no sé qué úmbito lejano, una melodía sobrehurnanamente triste, ()lle me habla.
de cosas profunclnR _v nie hace sufrir una pena
mortal. ..... Cerré lo, ojo,i, estrrmceidos de dolor; y sentí durante un segundo, mientras se
extinguía la rnmanza d e ultratumba en el aire
inmóvil, sobre mi hoca 6 solire mi corazón, el
sabor, i,ólo por mí conocido, de sus besos ... .. .
de sus besos deliciosos _y crneles, que enseñaron {¡ mi alma una nuM·a tristeza)' dejaron
m is labios pálido!-, pálidos ha~ta la muerte.

pai:.ó á Centro Am éri ca á desernpeíiar el puesto de Primer Secretario de la Legación &lt;JUe,en
calidad de Encargado de Negocios «ad ínterim»
tuvo á su cargo durante un período de tres
años.
Más tarde fué removitlo á la Legación ele
J\Iéxico en \ráshington, con el mismo carácter de Primer Secretario; en dos ocasiones distintas estuvo encomendada á su tacto y laboriosidad, por falta del 11i nif-tro, la Legación.
Por último, al reunirse en México la 21~ Conferencia Internacional Americana, el Sr. Li c.
Godoy recibió el nombramiento d e Secretario
de la Delegación ele J\Iéxico, prestando al Congreso importantes servicios.
El nuevo l\linistro Plenipotenciario es muy
estimado en los círculos dipl omáticos y su
nombramiento se ha recibido con aplauso.

***

SR. LIC. D, JOSE F. GODOY

Vedla; de su cabello, que es tesoro
de gracia y opulencia, baja el leve
rebozo, en tanto que el fustán de nieve
el raso besa del chapín sonoro.
Con la &lt;lulce esbeltez del sicomoro
su talle cimbrador airoso mueve,
y en su garganta escultural y breve
cuelga el rosario de corales y oro.

En el baile es manojo de primores;
y es mús bella, y gentil y deslumbrante
si al compás &lt;le! rima&lt;lo taconeo,
dan&lt;lo al aire los brazos seductores,
se desliza, gallarda y ondulante,
girando en el rumboso zapateo!

~·
LUIS ROSADO VEGA.

ARTEMIS.

Un acre olor de bosques surgiendo en todas partes,
¡oh Cazadora!, en ondas ardientes envolvía
tu castidad de virgen, tu indómita energía;
y h acia la espalda echando tu cabellera, partes.
De los leopardos roncos los ásperos gruñidos
se escuchan en la calma de las nocturnas hora!',
y quedan, en la senda que ~-ápida devoras, .
tus perros, sobre el rojo tapiz del bosqu e, heridos.
Así te place, 10h diosa!, que la espina te hiera,
que en tus gloriosos brazos las garras de la fiera,
dejen los anchos surcos de su furor marcados;
Y gozar con la bárbara dulzura sin !gual
de unir, en tus combates, la púrpura rnmortal
con la sangre que vierten los monstruos degollados.
JOSÉ MARÍA DE

HEREDIA.

FROILÁN TURCIOS.

Noviembre de 1902.

UH DOCUl!llENTO CUBIOSO.
En l os archivos del Colegio de la~ Vizcaína~ ~e guarda, com'? positi·oso el pliego que contiene la s:.h c1tud que, para mgresar
van1en t e cnn
· · ,to como alumna pn:sento, á l a .J un ta D"Hect·1va D ona
al E stablecimien
'
d 1C
"d d Q
María Josefa Crescencia Ortiz, despu és e~po,:a e orreg1 or e ueéta Y heroína de nuestra Independencia.
.
,
r EÍo liego á que nos referimos y del cual damos copia fotog1 afica, aparece f~chado en 1789 y se conserva perfectamente.

"

"EL MUNDO ILUSTRADO"
PARTICIPA)IOS Á XUESTROS LECTORES QUE EN
EL CORSO DEL AÑO E:'.'&lt;TRANTE L\IPLAJ\'"TAREMOS
EN "EL MUNDO ILUSTRADO" 1!EJORAS DE GRAN
IMPORTANCIA.

rt· á la Junta Directiva del Colegio
Solicitud presentada por Doña Josefa O ,:z,
de las Vizcaínas.

que el temor á la muerte;
El amor a, 1a v i"da no es en el fondo más
:-,
, l
· d d ·
así el instinto eocial no descansa sobre ei amor a a socie a , smo sobre el~temor á la soledad.

�Domingo 28 de Diciembre de 1!)02.

19~ c_liamantes, 342 e~meralclas, 26 rubíes,
4 J_acmtos y !_!&gt;47 perl,as. Parece, por otra
p:ute,gue la\ 1rgen fue despojada alguna vez
de vanas ele sus joya~.

'

mtxico en San touis m1ssour1.
I?,esde q~te nuestro Uobierno acrptó l:t invitac1~n oficrnl del de Estados Cnidos pam concurr~r al próximo certamen de San Luis )liRsoun? se han h_echo todos lo" preparativos nec~sa_r10~,encnmmad_os al mayor lucimiento y
d1s~mc10n del contmgente mexicano.
En nue~tros diario'? nos _h~mos ocupado frccue~ltemcnJE&gt; de las d1spos1c10nes dictadas por
la Secretaria de Fomento, y hemos dado cuen~ ,Je los nombra_mientos Je comisiones etc.
~n este semanano puhlican1os hoy la fotografrn. que representn el proyecto conforme al
c~tal se construirá el Pabellón de l\Irxico en el
~crtamen, y otra de uno &lt;le los detalles intenores.. El autor de ebte proyecto es el seíior
lngemero BonC't.
J_~l edifici_o,, c,11.v~ estilo es renacimiento espanol, mJ&lt;lm~ liO pres de longitud por ,jQ ele anchura. F,btara corn-trnído &lt;IE&gt; madera y "staff,,,
y en sus alrededores Re plantarán numerosos ejemplareR
omamentale!l de la llora me-

o

MAZATLAN.-Edificio de la Aduana Marltima.

ta tpidtmia d~ mazatlán.

r
L

AS clesconsoladoraE- .,oticias que se han

recibido con J'l•lación á la epidemia declarada últimanwnte en )lazatl:111, embargnn, con ju;.ticia, la atención de todo t-1
país. Diariamente !&lt;e tienf'n nue,·os informes
de los e1-tragos que ha cansado el mal en aquel
puerto, y aunque no llega á definirse todavía
si se trata ó no 1le la peste bubónica, sí se reconoce, en d ca!-o, la exi1,,tencia de una enfermedad qne por 1:1us caracteres especiales se considera !'umamente gran•.
Como sucede Pn l\Jazatlán, sobre todo durante las epidemias de fiebre amarilla, la enfermedad reinante ha invadido la parte de la
población que se encuentra en peores coHdiciones higiénica!l y que compren&lt;le desde el
punto llamado «La Colorada» hasta el Astillero. Las casaR, en ese barrio, f:011 de madera y
muy bajas en su mayoría, y están habitadas
por la gente pobre del puerto y por gran número de chinos que viven en el más completo
abandono. Ademá!'l, por todo el trayecto de
«La Colorada» al A1-tillero, pasa el cafio, en un
largo tramo de¡.;cubierto, que conduce los desechos de la población hasta la playa donde
desemboca. Ilay también allí una curtiduría
que arroja sus desperdicios á la orilla del mar
y que constituye una amenaza. constante para
la higiene.

Digna de encomio, por lo demás, es la actitud que, tanto ~I Consejo Superior de Salubridad comQ l~~ autoridades de Sinaloa, han
asumido en ésfa ócasión pa.ra evitar el contagio y pteveilit 'rtlayore!&lt; males. El ayuntamiento de Mazatlún prohibió que los habitantes de la ciudad salieran huyendo de la epidemia. rumbo á otr~ poblaciones, sin el correspondiente certifiúlj.dti ,fanitario,
y las casas in restadas. sex!m destruídas por el fuego. éabe aquí
consignar t~n ~~cjf, !i)l'.'ljtropía: los pnnc1pii1es comerciantes
se han reunido pa.ra arbitrarse
fondos con qu~ . indemnizar(\ las
fa oiilias. cu'yai 111\\;iüacionés sean,'

9uém,afü1.~r

J'

' For Sl\ parte, ~l bonsej9 ha librado las 6rdenes necesarias pant
que el aislamiErntQ de lo&amp; enfermos sea riguroso, sin d,ístinción
de edades, nacionali&lt;lacl y condición social, y para que --úrrieam~nte se wm~tar l~ ¡;aljda del
puerto {1 las personas 5;1.nas. En
los caminos que conducen de
Durango, Sonora y Tepic á Mazatlán, van á establecerse estaciones sanitarias con el objeto de que

Domingo 2!-i

EL MUNDO IL1:'STR.\DO

EL ~IU~DO ILPSTRADO

Una imag~~~aliosa.

la epidemia no se propague por la vía terrestre
Las &lt;lefunciont&gt;b causadas por la epidemia
d1 un solo día, fueron 12.

tos que )léxico ha obtenido en
los últimos aíios respecto ÍL comercio é industria.
m edificio comenzarÍt á construin,e en los primeros días dE&gt;l
entrn:nte enero y deberá quedar
te~·mmado PI día 30 de junio del
nnsmo aiio. .\demáR dt este edili_~io, en terrenos ele la Exposic1on se
destinado un lote para la m11~1&lt;·a y tropa mexicana-;
que concmrirún al certamrn.

~ª-

)

a~ llil·icmbre

sm, se1 pi1&gt;ntes flamígeras fulmina
la monta»a sinit•st1•a sustentabtL '
m,a hogm·ra divina.
H6lo Moisés.que&gt; lel{isló á la tierra
¡ llClo, inhpirado y rudo
'
al mi~mo tiempo que c¿n vasto au[belo
grababa sus &lt;lo-, pie&lt;lras, sólo él
(pudo
t-star ahí en mc&gt;dio del contacto
de la 'fiena ~· el Cielo.
Y pasmados de hor1·or, mientras
[oían
truenos, voces ingenti s
de pie ante el sacro Hin~í, veían
de las nubes salit· los israelit11s
lo~ clarines corno. ascuas refu)&lt;reu-

-"'

•

Je 1902.

,

(tes.

FR.\XCISl"O GA \'IDI~

xicana.

La pla!lt.'\ baja se dedica para recepciones y banquete!&lt;.] Iabrít t.'1mbién en ella dos oficinas destinadas para el público
y en las cuales podrán encontrar los mexicano!&lt; toda clasP
de pub!icaciones periódicas
que vean la luz en nuestra
República. En la planta baja
1&lt;e mstalará una oficina de eorreos, telrfono~, telégrafos, tocadorE&gt;s para señora, etc.
De la parte superior se destinarún dos corredore." con
.
n:ies~s, asientos
y útiles 'de escritorio, á los pe·
nodistas ,mexicano~, y en es.ta planta se
en~ontraran las oficmas del Jefe ydel Secretano de . la Comisión.
El Jefe es el seíior
don Albmo R. Nuncio.
Tft.ln,bién habrá en ella dos bodegas destinada~ a guardar las numerosas publicaciones
q~e. nnpreRa~ en inglés, piensa nuestro Gobierno repartir, para dará conocer los adelan-

C.

X E&gt;I co10 aito de la iglesia del cole¡do dela Paz, se conservnba--expuesta al culto -- una imagen de la Yirgen que,
rnmlestmnente vestida y colocada en nn eRcaparate de madera y cristales, d ejaba únieamente itl desru bierto el rostro y la,; 111:rnM.
Las celadoras de la enfermería del t•~tahlecimiento solicitaron, no hnrt- mucho, 1:-e les
permitiera cambiar las vestidura~ de la ima!(en con otras nue,•a,;, y, con este motivo se
abrió el escaparate, descubrifnclose ento,;ce!l
que lo que se creía u11a escultura común v corriente, era una hermosa obra de arte
un
hallazgo, por todos conceptos, valioRísimo.
Según el informe rendido por el Sr. D. Enrique de Olavarría y Ferrari á la Junta Directiva del Colegio, la. imagen mencionada estÍl
revestida de plata y se fü,ienta sobre una peana cubierta con una lámina del mismo metal
en que se ven primorosas labores doradas{\
fuego. La peana con!'ta &lt;le dos cuerpos; tiene
en su mayor base 72 por 64 centímetros su altura es de medio metro, y estí1 so~ten¡'da. por
cinco $erafineR, también tle plata, macizo!&lt;.
La imagen, que mide un metro y quince
centímetros, apoya los pies sobre un grupo de
cabezai- de úngeles, que en un tiempo fueron
siete,ahora se reducen á cuatro. 'Gna de las cabezas aparece cortada, con sierra á la altura de
los ojos, y una media luna, {~accionada en
dos partes, está clavada sobre dos de las otras
Posible es ,que, andando el tiempo, se hay~
agregado .ª la escultura la media luna, y se
haya mutilado el grupo de ángeles, queriendo
tran~~ormar la eEcultura en Yirgen de la Concepc10n.
•Sobr~ la talla de ln. imagen, not~ble por la
corrección de sus detalles, se extiende la lámina de plata sujeta á la madera con clavos del
mismo metal en su mayoría. El pecho de la
Virgen luce un anagrama formado con cientoonce esmeraldns engarzadas en oro, y la túnica cuatro m~dallones y una mariposa
del mismo metal y con las mismas piedras. "Cn collar de 42
perlas adorna el cuello de la Virgen, y una cadena de filigrana de
oro, limitada por dos hilos1 también de perlas , forma el cinturl,n, del cual pende un bejuco de
oro vrimorosl\mente trabajado.
Las pulscrns, los aretes y los anillos, son joyas valioRísimas así
como también el manto y 1~ corona.
Para dar, en suma, y ya que
no nos es posible hacer una descripción completa de la imagen
una idea de su riqueza, diremo~
Imagen que se f?Onserva en el Colegio de la Paz.
que los adornos se componen dt&gt;

C

y

Proyecto de

Edificio Mexicano en el certamen de S. Luis Missouri.

EL SINAÍ.
La mon~afla era negra,
po1·que Dios y su cohorte de querubes
se velaba.o tremendos ea la cima.
eon los pliegues flotantes de la.s nubes.
L_a montafla era. negra.; pero encima.,
ntmbada. de la blanca
luz del rayo potente, que al espacio

;

Un ángulo interior del

Edificio.

...

EL ADIOS DE " SAFO!'
J?ues bien, no te acompa.i1o, más no puedo~
d~JO rota por siempre la jornada; ·
m1 sen~a está de abrojos erizada
y segun' adelante me da miedo.
Pasión espiritual 6 tentadora.
d~1do al dejarte solo en la partida.
s1 la que sufre es mi alma conve1·tida.
6 es acaso mi carne pecadora.
Que !}evo por igual, con sangre impresos.
absorbiendo de un todo mi existencia.
tu cariño ideal en la co,,ciencia.
'
y tu amor voluptuoso hasta. en los buesos.
, A?sent~, no estoy sola: viva llama
a ~1 J)as16n enardecida presta
tu mc1tante recuerdo .... ¡Aún me resta
el olor de tus rizos eu tu cama!
i 1~1. rayo_ de tus ojos centellea
en m1 pup1I a azul, y siento el goce
que d~;aba en !1li ser tu at·diente roce,
qui' a:un por mis venas fíltrase y serpea!
Y cuando el !(cho mi cabeza toca
dulce rumor se fingen mis deseos '
rumores semejantes á, gorjeos '
qu~ b1·ota1·a11 del nido de tu boca!
. :No acuses de traidor á mi cariño
~1 cua11to mús vehemente, más se aleja ....
c.~? ves qu!: ya me voy poniendo vieja
Y tu eres, m1 :dorado, casi un niño\'
~!e rebelo á pasar por la amargura
mas que la muerte, despiadada y fría'1
de ver que, ';lº muy lejos, vendr:i el d ía,
q~e no te ?rinde nada mi hermosura.
,ru 1_&gt;e~s1stente afán es mi consuelo·
aun v1 vué algún tiempo en tu memoria:
cunn~o en amor se trunca alguna histoda.
se av1 van los rescoldos del anhelo
'
Jam{ts olvides cuimdo en o-rata r.ifia
en tus locas ca.ricias desmaybada
'
á la. gl'is claridad de la alborad~
1·odábamos los dos por la campifla..
Y etE'mamente tu memoria guarde
aquellas horas íntimas, secretas
en que rubor sentían las violetas'
al vemos tan unidos por la. tarde.
Y no te desespere mi desvío
nuestro amo1· no conviertas e~ t1·agedia·
aguarda tu final en la comedia
,
corno Y? espero,. resignada, el •~ío.
Por tl he sufrido
. mucho·, al fin , me canso·
es la. escaIera f at1gosa y larga
,
Y quiero 1·elevarte de la carga'
antes que llegue el último descanso
Al pensar_ que te dejo, desvarío ·
Y corro hacia tus brazos, lo confi .
pero ya es imposible .. ¡Adiós' u~"º··'. ,
c¡El último, en el cuello, due.i~"mío!~so .....
'.\lAXCEr, S. PICHARDO.

�Domingo 28 de Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO
-Para qué? Dímelo, y te llevaré en mi nube ha~ta él.
-Oberón, querido enano, hermano mío por
el infortunio, me inspiras confianza y puedo
decirte que amo, he aquí todo ..... .
-Todos los hombres lo dicen.
-Amo ií una mujer de aleumia; joven y
hermosa.
- La ves á menudo?
--Todos los días. Yo soy quien va por la
mañana á buscar en el cofre de ébano sus pequeñas zapatillas; yo soy quien aparta, desde
que la aurora aparece, las cortinas de su vasto
lecho; mis manos son las que colocan el lino
en su rueca; son mis ojos, mis ojos los que. ...
- No hablemos tan alto, que hay alguien
que puede escucharnoe. Oigo como un aliento, como una respiración anhelante, contenida, y algo como el latido de un corazóiJ..
-También oigo yo el suyo, por la noche,
cuando encorvado junto á su pt:erta, heso la
huella de sus pasos en la tierra removida sobre la cual ha puesto sus pequeños pies. También oigo el suyo cuando ..... .
-Pero, hermoso paje, si tanto la amas,
¿por qué no decírselo?
--Decírselo? El rayo descendería al instante sobre mi cabeza; las murallas más altas me
sepultarían bajo su peso. Decírselo no· tan
· y ..... .
' '
so'1o pensar, sonar,
suf nr,
-Puesto q ue, ha&lt;:e un instante, habfo,bas de
magia, por qué no ensayar ... ... ?
-Sí, he visto á Georgina, la célebre hechicera.

EL fondo de la sel rn elevóse ungran ruido;un clamor e¡¡parci6se desde los
olmos musgosos hasta los
alti\·os robles; una voz
grave, profunda, misteriosa, surgió de las cavernas
en que dormían los gamos y los siervos; los arroyos tornáronse murmuradores, los prados florecieron, y los pájaros dejaron
escapar el torrente de sus
trinos, celebra ndo así el
lento despertar de laR poderosas hadas del valle de
Orfont.
Sobre el fino plumón robado á los polluelos
por los céfiros juguetones; entre las flores recién abiertas; bajo la sombra ligera de los sau ces llorones y los abedules, Na, Men y To, las
tres hadas, elevábanse extendiendo caprichosamente sus cuerpos propicios á todas las metamorfosis. Na era blonda y de ojos negros; la
seguuda, morena y de ojos verdes; To era á
la vez, y según RU capricho, semejante á. sus
dos hermanas. Un rayo de sol, entibiado por
las frondas, descendía furtivamente sobre las
hadas, y, en el agua de una fuent~ cercana,
al capricho del viento que besaba las bojas,
la luz mostraba sus cambiantes rt-flejos policromos.
En medio de esta deliciosa calma, las tres
misteriosas compañeras sentíanse profundamente tristes. De pronto, el cuerpo de To se
agitó nerviosamente y el sol ocultóse por un
momento._ To había desaparecido; mas en los

ojos redondos y fijos de un buho aferrado á
las ramas de un roble del bosque, Men y Na
reconocieron bien pronto al hada fugitiva. Entonces ellas también desaparecieron, y el bosque volvió á hundirse en su misteriosa calma:
las aves emprendieron el Yuelo, los riachuelos
ocultáronse bajo la tierra, se agostaron las flores, y los erguidos r.rbole8 extendiero11 sus ramas como muertos brazos. Poco á poco, el invierno deecendió sobre el silvestre palacio de
las hadas. Llegó la r.oche, y, á la luz de la luna, ante los vallados de boj, los robles del
valle de Orfont vieron detenerse á uno de esos
seres insignificantes que no tienen ningún poder sobre las cosas, uno de esos cuerpos sie111pre esclavos de la tierra y á los cuales puede
destruir el menor choque. Era un joven ; llevaba sobre los hombros un a corta capa cuyo
capuchón le cubría la cabezfl, y por debajo de
la capa, bordeada de anchas franjas cortadas
en forma de trébol, brillaba al rayo de la luna
la limpia cubierta de un estoque que golpeaba sobre las calzas de cuero.
La minúscula silueta de este paseante solitario, se detuvo de improviso ante las inmensas eombras que proyectaban en el s uelo los
gigantescos árboles. Aquellos mil amplificados arabescos, aquellas curvas agrandadas,
aquellos troncos cuyo tamaño exageraba la
mirada de Diana, intimidaron al joven. Un
estremecimiento le agitó como á los á rboles·
pero, después de haber mirado de arriba aba~
jo el roble más alto del valle de Orfont, el joverí arrojó su capa y ensayó trepar por el enorme tronco. E l espesor del tronco era tal que
no podía alcanzarlo con los brazos, y las rnm~s más altas del roble se perdían lejos de sus
miradas.
Sin embargo, á medida que crecía su deseo
y sus esfuerzos se repetían, ascendía el joven
co~o si dos brazos le sostuvieran por el talle'.
Miraba á veces d&amp;trás de sí. Nadie; estaba solo con su sombra, entre la de las ramas. Extenuado, logró llegar á la prinwra corona nudosa del roble. Asegu róse allí y cerró los ojos;
pero el s usurro de alas de un pájaro nocturno
le despertó: en la copa del árbol, To el hada
bajo la apari~ncia de un buho, le miraba fija~
mente. E l nuedo se apoderó de él; miró hacia
el pie del roble, y no distinguió más que una
bruma, uua nube que se elevaba y le envolvía rápidamente. De ella surgió un hombrecillo cubierto por un jubón verde y amarillo,
tocada la cabeza por un bonete blanco de pierrot, ornada de cascabeles.

-Yo soy-pronunció el hijo de la nube
-Oberón, el enano verde; y tú, quién eres tú
hermoso viajero?
'
-Soy-dijo el paseante solitario- Roo-er
0
de Vignemont, paje del rey.
A estas palabras, elevó8e de la selva un
gran ruido confuso, la luz de Dia.1a reapareció, iluminando la cima del roble, y el buho
después de cantar tres veces, alejóse voland~
á la izquierda.
-Por qué te encuentro aquí, verde enano
de que habla11 l_os li bros de magia?-interrogó,
después de un rnstante e.le miedo, el paje del
rey.
-Yo amaba !as florer;-dijo el enano·-- he
cortado las más hermosas, cuyos cálices ~ncerraban el alma de las hadas de estos lugares,
y más tarde fuí condenado á vivir entre nubes, es decir, á marchar sobre las flores á
hollar con mis pies esas somisas de las pl~ntas, que yo amaba: los tímidos narcisos las
resedas olorosas, las prima veras y laf' mdr¡raritas, siendo así la burla de las hadas de Orfont. Y tú, que paseas en este bosque te trae
aquí la pena ó la alt&gt;gría?
'
- La una y la otra - dijo Roger,-puesque
no es el amor de las flon,s sino el de una mujer, bl que me arrastra á ~stos sitios encantados.
~Cuéntame tu pena, amigo mío, y si puedo, te consolaré, te ayudaré, te prestaré mi
nube para que desciendas del árbol.
-He venido para subir á él..... para cortar ese muérdago que, allá arriba, en la cumbre del roble, florece cada año desde que desapareció el último druida de la sel va no teniendo como visitantes más que lo~ pájaros
nocturnos.
- Y qué harás tú de ese mué1·dago? Morgana repo!!a á la orilla del océano en su tumba
de gr:1 nito; los druidas se han tr~nsformado en
menl,ires, dolmens y cromleehs, y el poder
del parásito acabó, murió con los sacerdotes
de Tcutaes.
- No. yo deseo e~e ramo de f-lor&lt;'~-

-Y bien?
- Y bien, ha practicado el sortilegio contra
aquel que la ama; ha buscado entre las piedras simpáticas la que podría atraerla hacia
mí; ha compuesto brebajes, n·eitado conmigo
las letanías del Gran Alberto, y trazado sobre
un muro blanco. coi, un tizón á medias apagado, el cuadrado mágico:
S

A

T

O R

A
T
O
R

R
E
P
O

E
N
E
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R A
A S

p

o

- Y bien?
-Y jamás la dama que adoro ha vuelto siquiera los ojos á mí.
-Quién es, pues, esa mujer.
-Es ...... -la amante del.. .... Rey Carlos; la
hermosa mujer del blanco cuello de cisne.
-Ah! Ah! Oh! Pero no has vuelto á casa
de Georgina?
-Sí.

-Y'?
-Y me hadicho: «Xo tengomásqueun último, pero diabólico consejo que darte : roba
del cofrecillo de oro macizo en que se conser\'a el tesoro de Saint Ours, el cinturón de la
Santa Virgen, y ve á cortar al valle de Orfont
el muérdago sagrado, en la copa del más alto
roble. Pero para que triunfes, para que mi
encanto ~ea eficaz, en tanto que cumples estos
dos actos, deberán tus mi-,
radas no detenerse sobre
el sem hiante de mujer alguna.»
'
-Y tienes el cinturón?
-Profané el santo lu\
gar, he robado el cofrecillo, pero el muérdago...
~Lo tendrás. Y el enano, envolvü~ndole en su
nube, elev6 á Roger. Pero antes de alcanzar la
copa del árbol, la nube
iluminóse de pronto, tiñéndose de rosa, y el efiano desapareció. Na, Men
y To, las tres hadas de
brillantes ojos, sueltos los
largos cabellos sobre las
espaldas, sin más que un
cinturón de iris tejido de
rosas, sonriéronle y le dijeron:
-Ven, hermoso paje,
bello doncel, ven á nosotras. Te conocemos, tú
eres Roger, el bello Roger de Vignemont.
Na dijo: &lt;eAyer estaba
yo sobre la almohada de
Agnés, cuando el Rey la
besó sobre la dulce frente.»
:Men añadió: «Yo estaba ayer cerca de su blanco cuello, cuando el Rey
Carlos posó en él su mano temblorosa. &gt;,
To dijo á su vez: «Yo
estaba allí cuando los bucles de marfil y oro cayeron sobre la cintura de
Agnés."
Y las; tres agregaron :
«Ven con nosotras, ven,
ven con nosotras. . ... »
Roger sintióse arrebatado muy alto, muy alto;
deshojó entre sus dedos
la parásita, sus ojos contemplaban á las hadas, y
pos6 sus labios en los labios de ellas, candentes
y pérfidos.
Aquel beso fué una
mordida más terrible que
la del áspid, más dolorosa que la de las salvajes
fieras; pues al siguiente

T&gt;om'ingo 'ZS de Diciembre de 1902.
día,euando a 1gunos hombres de armas enviados por 1;;] Rey, para recobrar el tesoro robado, llegaron al pie del roble, bailaron el pequeño cofre de oro, y, cerca de él, sobre una
rama del árbol, recientemente arrancada, eomo si acusara un supremo esfuerzo, el cuerP&lt;? mutilado, sangriento, inerte, de Roger de
V1gnemont.
Oh! Vosotros á quienes seduce Cupido y
Venus atrae, jóvenes, pajes y donceles, guerreros ó clérigos, jamás adoréis á una dama de
alcurnia; pues iréis, sí, iréis á perderos en el
valle de Orfont, cerca de los riachuelos ignora-.
dos, en el misterio de los bosques, á la sombra de los robles en donde se hallan Na, Men
y To, las tres hadas mentirosas.
J A COBO ROUGÉ.

[a tandón '1d último Jauno.
Sov el fauno de Yida cansada
que de la Reh•a umbría nl través
rapto ninfas tle carne rosada
hollando la hierba con trémulos pies;
el qt.:e apura en el cúliz de un lirio
el purpúreo elíxir del placer,
aún sintiendo el ardor del delirio
por entre sus venas exhaustas correr.
El que tiene un palacio á la orilla,
tapizada de eterno verdor,
de un rayo de plata que brilla
con ampos de nieve de senos en flor·
. en marmorea
,
'
y mira
ter raza
una regia caída de sol,
y girar columnillas de brasa
de las glaucas ondas en el caracol.
El que viene en las noches de luna
con el dulce misterio á soñar,
la extensión de dormida laguna
en su negro esquife cruzando al azar;
y ve, ¡oh raro capricho de amores!,
reflejarse en el mismo cristal,
con las sombras de todas las flores,
las estrellas todas de un cielo estival.
El que aspira divino perfume
en el beso impalpable de luz,
cuando el sol del ideal desentume
sus prístinas alas abiertas en crl1z;
y escuchando la etérea armonía
que preludia invisible laúd,
siente á su alma volver la alegría
dichosa y sencilla de la juventud_
El q ue sufre de triste neurosis
difundida en la bóveda gris,
y en el cuerpo minar la clorosis
que fuera nostalgia de un vago país;
y mirando caer las deidades
abrumadas del mal de vivir,
como sola verdad de verdades
abriga el consuelo de joven morir.
JOSÉ FIANSÓN.

ELOGIO.
:Mis versos no dirán la aristocracia
Que en tu belleza pálida culmina,
Ni tu armónica voz, ni la divina
Sonrisa de tu boca ebria de gracia.
Yo quisiera los pétalos de acacia:.
Para zahumar tu cabellera fina;
Del insigne Leonardo la retina.
Para pintar tu lánguida eficacia.
Para ofrendarte milagrosos lirios,
Y o a.pagaré los dolorosos cirios
Que conocen mi grande desventura,
Y diré cuál es bella tu mirada,
¡Oh extraña flor de América, adorada
Por el que vió su lírica blancura!
EUGENIO DíAZ ROMERO.

�Domingo 28 de Diciembre de 1902.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUS'l'RADO
j·,rán al cementerio de las cosas que no se pudren, que es la «viña,ii los guiñapos marchitos,
los cacharr?s desmenuzados, todo lo que que.da de la almibarada piñata, de la gloria de
ayer, del despojo de ahora.
Y las piñatas, al regocijar á los niños, dan
-de comerá los pobres. Muchas manos proletarias se ocupan en confeccionar esas glorü,s
de un día y tal vez se encuentre uno de e~o;
polichinelas rid1culos que se bambolean junto
á alguna de las barracas, que escondaen su ridiculez el ignorado heroísmo de haber salvado
del hambre á una
familia. ¡Así pasa
también en la vida!
\..

@

arque está triste; no llcga.n, en nuesclima!'l, á despojarse los árboles de
todo su ropaje ele verdura, porque
nuestro invierno, cruel con una crueldad dantesca, parece que se reserva el placer de conservar en torno de la.s rama'l heladas algun a 8
hojas negras y mustias para estar torturnndo_
las co1i sus besos de muerte y conservarse nna
di\'ersión durante su reir,ado fugaz.

Otras, llevadas en hombros ele los vendedores :ambulantes, recorren el costado del parque, van y vienen colgantes ele altos palos, y
con oscilaciones de ahorcado, muestran á la
crítica mercantil de los paseantes sus bellezas
y sus fealdades, engendrando por aquí una
sonrisa y acullá un gran deseo infantil, uno
de esos grandes deseos infantilei-, tan grandes
y tnn inten!&lt;os como quizá no nrnlvan á tener-

:;e ya en la Yida, aun cuando el objeto de ellos
sea tan inulticolor como una piñata....... .

** *
Y el parque estft tri::-te porque sus obscuros
y escuálidos nimajes. destinacfos al martirio
temporal, no albergan ya nidos ni son pentagramas que marcan las notas aladas del buenDios, ~- cuando el a(Juilón los atraviesa y los
11ace estremecerse, no se escucha ese m urmu110 seh·ático que en tiempos de primavera es
el deleite supremo de la umbría, mas se oye
un crujir de ramazones moribundas que es
parecido al tétrico crujir de huesos con que
los cuentos fantústicos atemorizan la imaginación de· los nifios-niiios y los niiios-hombref:.....
Entonces, en el costado m:u; triste del parf]Ue, brota una pululación de hongos enormes,
de barracas de l01ia blanca, (JUC encierran golosinas y juguetes, pinos mutilados y cargamentos de heno, y en cu.'·os extremos se bambolean tristemente las «piñatas» de Yientres enorm es, ya coquetas y multicolores en la reprtsentación de alguna flor apolíptica enorme é
imposible, ya cómicas y pintarrajeadas cuando fingen el cuerpo deforme de un payaso ó
la cari0átura ,le algún tipo socinl.

Es alegre y es triste, al propio tiempo, la
fiesta anual de las piñatas. Es alegre porque
la muchedumbre que
Ya á mirarlas ó á adquirirlas, discurrccompacta por el sombrío
,·

costado del viejo parque, y con sus risas,sus gritos y sus comentarios, anima esa calzada otras
veces callada y triste.

PENSAMIENTO S.
La casunlidad no existe; todo ef' prueba ó
castigo, recompensa ó previsión.

***

Las pasiones son las velas del barco; algunas veces le sumergen, pero sin ellas no podría bogar.
La bilis hace al hombre colérico y eufermo,
pero sin la bilis no podría vivir.

Al día siguiente, en el carro de In. ba~nra,

Siempre que oigo la voz de las campanas
·· ya cuando el sol en el ocaso arde,
y se extinguen sus notas cristalinas
en el hondo silencio de la tarde,
memorias dolorosas y lejanas
-cual bandadas de errantes golondrinas
cansadas de ltevar el ala rota
y de vivir en las desifrtas ruinas-llegan á mi alma de una tierra ignota.

***

La raz6n y las leye8 naturales, son más an-

***

"l\Iemorias dolorosas y lejanas
despierta en mí la voz ele las cam panas.ii

Hoy en día,la pi-

En esa muchedumbre domina, además, el
elemento infantil ó, cuando menos, la idea de
la infancia, pues para ésta es la fiesta de las
piñatas; y dondequiera que por los labios
purpurinos de un niño se escapa una de esas
risas sonoras, más cristalinas (]lle el cristal y
más estremecidas que un derrumbe ele campanillas, la alegría halla su sitio, y hasta los recodos más sombríos del alma adulta penetra
un gayo toque de luz para alumbrar dormidos
recuerdos ó aletargadas esperanzas.
Si la fiesta de las piñatas es para los niños,
es ta.mbién para los padres. Y he ahí por qué
la fiesta de las piñatas es un acontecimiento· he
,
'
a h 1 por qué apenas habrá un metropolitano que
deje de ir en estos días, siquiera sea en cortos
minutos, al costado del viejo parque en que
se yergue actualmente ese pequeño mundo de
barracas, como una extraña pululación de
hongos enormes.
La fiesta de las piñatas es también triste,
porque rememora los tiempos idos para siemp,e, porque se celebra cuando el año muere y
el frío impera; porque, en fin, la piñata es un
símbolo de lo que son las glorias humanas
es una representación objetiva del "vánitas va'.
nitátumn ...... pues vedla allí, llena de dorados y de colorines, alta, erguida, flamante, codiciada, disputada, adquirida, llevada á domicilio con infinitos cuidados, alimentada con
las m/ís exquisitas golosinas ...... ¿y todo para
qué? ...... Para que la mano delicada de un
chicuelo, armada de un garrote por previsión
paterna, desgarre los oropeles, aje los brill:rntes encarrujadm,, desmenuce el vientre y ee
regale con la muerte de la piñata!

Domingo 28 de Diciembre de 1902.

l

Ese débil acento plañidero
se extingue sollozando en el obscuro
confín del horizonte. Y su gemido
me habla de los secretos del futuro
y de seres amados que se han ido
á dormir á la sombra del misterio
el sueño sin ensue11os,junto al muro
del triste y olvidado cementerio.
«~Iemorias dolorosas y lejanas
de::.pierta en mí la voz de las campanas.»
El trágico silencio de las cosas,
cuancto sus alas tiende la tiniebla,
canta en mi alma canciones angustiosas
de hondo mi:;terio y fúnebre harmonía;
y creo ver entonces en la niebla
que surge en la borrosa lejanía
ó en las nubes que pafan, los inciertos
contornos de los seres ya perdidos
en la sima profunda; y semejantes
la luz de la-, luciérnagas errantes
y el alma misterio!'a de los muertos.

tigua~ que las leyes humanas que ha consagrado el tiempo.

,.

iiata ya, perdiendo terreno. Hay ya muchas
,,posadas» de las que se la ha proscrito por
rnmpleto. Ha perdido también en significación actual, pues antaño las piñatas eran casi siempre una caricatura: caricatura de una
acrrupación
"'
, de un acontecimiento ó de un
personaje. Esto se ha perdido y nosot\·os
agregaremos que ...... afo!'tunadamente.
En otros puntos la piñata ha sido conservadora. Así,por ejemplos, 1af' hermanas de la
caridad y los monjes ya hoy Rólo se ven en piñata,y según parece, no tienen ya la demanda
de antaño.
Hoy privan los toreros, las "mariposas del
amor» y otros personajes anónimos de actualidad.
Cuando llega la última noche de posadas,
las postreras piñatas son objeto de grandes
preocupaciones ?ara sus autores. Una pifrnta
que «se quedan, es como una solterona: no encontró aplicación en su vida ..... .
Y cuando el servicio de limpia recoge las
bas;ras dd mundo de barracas que ha desaparecido, suelen encontrarse en esos cleRpojos fragmentos de papel dorado, pe&lt;lazos de
piñata, confites y frutas perdidas, restos, en
fin, de toda una vida, de todo un 111omento
que pasó.
::\Iientras tanto, las piñatas siguen bamboleándose y el viejo parque disimula por unos
días su honda tristeza invernal.
SARDÍN.

"l\Iemorias doloror,,as y lejanas
despierta en mí la Yoz de las campanas.,,

***

FROILÁN

Tuneros.

El individuo que sólo teme el juicio de los
demás sin temer el suyo propio, ni se aprecia
ni se respeta á sí mismo.

***

Si queremos establecer algo duradero, no
soiiemos en hn&lt;'rrlo etPrno.

Hay veces en que sumadas todas las excepciones, producen una regla.

.

***

Las buenas leyes haceñ otras mejores;
J.i-, malas las hacen peores.

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�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 28 de Diciembre de 1902

Dom!ingo 28 de Diciembre de 1902.

En fionor dt mordos.

;

..'

LA PRIMERA PIEDRA DF. UN MONUMENTO

ON el entuHiasmo ele siempre, se efectuó
en San Cristóbal Ecatepec la ceremonia
que año por año organizan el Ayunta. miento de aquella población y alguna:-;
s~c1~dadcs mutualistas de la capital, pararendir Justo homenaje á Jn memoria del Cura D.
José ~forfa 1Iorelos y Pavón héroe de ln. Indep~mlencia de ~léxico, f:acrificado allí por los
realistas el 22 de diciembre de 1815.
~a _fiesta cívica, en esta oca~ión, tuvo un
lucmuento extraordinario, debido, vor una
parte, al e¡1:1peiio que tanto el cabildo corno
las agrupaciones mencionadas. desplegaron en
la organización, y por otra, á la circunstancia
de haberse colocado, ese día, la primera piedra del monume11to que se erigirá en honor
del héroe, en el sitio miRmo donde recibió sepult~n~ .su.cadáver, después de la ejecución.
La 1mcrntiva de perpetuar el recuerdo del
grande hombre, levantando -un monumento
conmemorativo, partió del señor Cura de Ecatepec, Presb. Francisco Escartín y ha sido
recibida con general aplauso. 'fa1;to el señor
Jefe Político de Tlalnepantln, como el señor

'

Desfile de la Brigada frente á la "Casa de Moretos:"

HuerLa, en representación del Ministro de la
Guerra, colocó la lof:a que cubrió la urna. En
esos momentos se e&amp;cuchó una salva de veintiún cañonazos.

De los sentidos que se atribuyen al.hombre,
el más escaso, sin duda alguna, es el sentido
común.

** *

Todo nuestro mal viene de no poder esta1~
solos.

Como do&lt;'urnento curioso, reproducimos en
seguida el acta de defunción de Morelos que
se conserva en el curato de Ecatepec.
«En esta Santa Iglesia Parroquial de San
Cristóbal Ecatepec, el día 22 de Diciembre de
1815, se le dió sepultura eclesiástica al cuerpo
del Bachiller Don .José lllaría Morelos, Presbítero domicilia.río y excura que fué del pueblo de Carácuaro, del Obispado de Valladolid. Recibió los Sacramentos de Penitencia y
l~ucaristía; y para constancia de todo, lo firmo. -Bachiller José Miguel de Ayala, interino.

Sr. Cura Francisco Escarttn.

La vida se nos da á conocer por la poesía
antes de revelarse por la realidad.

***

MELANCOLÍA.
Me siento á veces triste
como una tarde del Otofio viejo,
de saudades sin nombre,
de penas melancóli~s tan lleno ..... .
Mi pensamiento entonces
vaga junto á las tumbas &lt;le los muertos
y en torno á los cipreses, y á los sauces
que abatidos se inclinan .... Y me acuerdo
&lt;le historias tristes sin poesía..... Historias.
que tienen casi blancos mis cabellos.
]\f.

,r.

Vista del muelle de Progreso.

PROGRESO.
Damos en ef&lt;ta plana una fotografía del muelle de Progreso, y otra que representa «un día
-de carga» en el puerto mencionado.
Como se Rabe, Progreso es en 111. actualidad
un centro mercantil de suma importancia, debirlo á las grandes partidas de henequén que
-de allí se exportan á los mercados extranjeros,
y que provienen de las fincas yucatecas que
explotan esa fuente de riqueza nacional. El
puerto está unido á los principales centros
productores de In. preciada fibra por ferrocarril, y es uno de los que, en un período de
tiempo r':llativamente corto, han logrado elevarse á grande altura.
Antes de que los ojos puedan ver, es necesario que se hayan vuelto incapaces de llorar.

El loco corre tr.is los pfacrres de la vida y
halla una decepción; el prudente evita los males.

*

*
En la soledad toda*compañía
es buena, aun
la mala.
*

* *significa arrojar por la
Perdonar y olvidar,
ventana experiencias caramente adquiridas.
FIGULINAS.
¡Qué bonita es la princesa!
¡qué travi~sa!
¡qué bonita
la princesa pequeñita
de los cuadros de Watteau!
Yo la miro, ¡yo la admiro,

Gobernador del Estado de México han ayudado al iniciador con cuantos ei'ementos les
h~,s~do posible, para el mejor logro de tan patr1ohco pensamiento.

***
El tren que condujo á los invitados 6. San
Cristóbal, salió de Peralvillo á las 8 a. m.,
lle~ando á borc!o á los representantes de lm;
sociedade~ «~món y Concordia," «Obreros Libres,» «X1cotencatl,» ccFe, Espemnza y Caridad" y algunas otras á varias familias v la
Banda de Artillería. '
' ·
cer~m&lt;?nia &lt;lió principio á las diez y conª!stio, pnnc1palmente, en un discurso pronunciado por el Sr. Heriberto Frías y en una
composición en verso recitada por ei Sr. Fernando Luna y Drusina. En los intermedios,
la música_ de Artillería y la del 8er. Batallón
to~aro~ piezas escogidas, rlesfilando después
fren.t,e 1~ la ,«Casa de Morelos,, la J;rigada que
envio a . Ecatepec1 para dar rnavor realce al
acto, la Secretaría de Guerra.
·
Los invitados se dirigieron en seguida al
pun~ ~onde va á erigirse el monumento, para as1st1r á la colocación de la primera piedra.
A_ la entrada ~e la capilla se levantó un arco
tnunfal, con inscripciones alusivas y vistosan:ie~te adornado. La urna depositada en los
cmuentos, contiene el acta firmada por los señores G.eneral Díaz y Gobernador del Estado
de México, una colección de monedas mexicanas Y periódicos del día. El señor General

_½

Un "dla do carga" en Progreso.
Sitio en que se erigirá et monumento á Morelos.

yo la adoro!
Si suspira, yo su¡:piro:
si ella llorn, tmnbién lloro;
si ella ríe, río yo!
Cuando alegre la contt-m1,lo,
como ahora, me sonríe,
. .. y otras veces su mirada
en los aires se deslíe
pensativa ..... .
¡Si parece que está viva
la princesa de Watteaul
Al pnsar la \"ista hiere,
elegante,
y ha de amnrla quien la viere.
... Yo adivino en su ~emblante
que ella goza, goza y quiere,
vive y ama, sufre y muere ..... .
¡como yo!
)f.\ \TEL '.\f.~CITADO.

�•

Domingo 28 de Diciembre de 1!)02.

UA.N'DO el alférez Zúñiga
fué alta en el regimiento,
no maliciaba de seguro, ni
remotamente, el noviciado
que le aguardaba allí. El
día en que se present6 al
cuartel, vistiendo flamante
uniforme de caballería y
seguido por una criada que
llevaba un ~acode viaje,cuyo contenido era las pn,ntlas de Zúñiga, dirigióse atentamente al oficial ele guardia pre&lt;runtando po1· el jefe clE:l regimien0
to,
á quien d eb'1a presentarse a' su
ingreso al cuerpo.
El coronel, que tenía ya noticias del ñuevo
oficial recibi6 á éste sin grandes muestras de
amahÜidad, aunque sin descortesía, diciéndole :
- Preséntese usted al capitán Gordillo, del
segundo escuadr6n, al cual pertenece usted
desde hoy.
El capitán Don Sabino Gordillo hacía un
verdadero contraste con el subteniente que iba
á ser alta y á quedar bajo sus órdenes. Rudo
en el físico y en las maneras, de hablar estent6reo cultivado en las voces de mando, imperioso'en sus gestos y en su mirar, que trataba
de hacer inquisidor, distinguíase enormemente y á primera vista del oficial Zúñiga, un joven de bigote incipiente, un tanto cuanto tímido cuidadoso en el vestir y en cada uno de
'
. .
sus palabras
y movimientos.
El capitán hallábase en-el patio de macheros ocupado en la instrucci6n de los reclutas,
cu¡ndo Zúñiga se presentó á cumplir las órdenes recibidas. Gordillo miróle acercarse, y en
seguida, cual si no se hubiera dado cuenta de
la presencia d,•l recién llegado, prosiguió diri&lt;riendo
la palabra á los neófitos:
0
-El caballo se considera dividido en tres
partes, á saber: cuarto delantero, cuarto de
en medio y cuarto trasero. El cuarto delantero
se compone......... ( dirigiéndoseá un recluta)
De qué se compone el cuarto delantero?
El recluta. - La cabeza comprende: las
orejas, la frente, los ojos, la quijada, los ollares ........... .
El capit-án. -Señale usted los ollares.
El recluta ( señalando los labios del caballo). -Estos, mi capitán.
El capitán.--Esos? Animal! Parece increíble que no conozcas á tus Se:,mejantes!
Mientras tanto, el subteniente le miraba á
respetuosa distancia, sin atreverse á interrumpirle,' aguardando á que el capitán terminase,
hasti que éste, volviéndose de pronto al recién
llegado, miróle con ademán del que interroga.
Zúfiiga acercóse, seguido de la criada que
llevaba el equipaje y no exento de cierta emoción: ;
- El señor coronel me ha dicho que debo
venir: á ponerme á las 6rdenes de usted.
-Amiguito, no se dice «el señor coronel",
cuando uno habla de sus jefes, sino «mi coronel,,. No lo eche usté al olvido.
-Está bien, mi capitán.
- Con que usté viene á cubrir la vacante?
-~J, mi capitán.
- f esa mujer, qué hace ahí? :Xo querrá
usté que sea su asisten te ..... ,

EL MUNDO ILUSTRADO

_:_No, mi capitán, sino que ......
-Retírela usté. Vivo y á la vez! Ah! Y no
olvide usté tampoco (seflalando los zapatos
de charol del subteniente) qµe un cuartel no
es un sa16n de baile. Quítese eso antes de que
Jo den á usté á reconocer. Vivo y á la vez!
Bajo tales auspicios, la permanencia del pobre oficial, durante algún tiempo, no podía
tener nada de grato. Para el capitán Gordillo,
el buen soldado era aquel que jamás se preocupaba por la buena forma del calzado 6 por
el buen corte de las diferentes piezas del uniforme. Un hombre de voz ronca y de movimientos bruscos; un individuo de bigote y cabello "alebrP.stados», con la «visera» caída hasta ocultar casi uno de los ojos, de piernas en
paréntesis y de pesado andar, siempre afect-ando tm reconcentrado mal humor al hablar
con los inferiore~, era el tipo ideal para aquel
hombre ya de edad madura, «tajado á punta
de hacha,,, según frase propia, y que adoraba
al regimiento antes que todo, y, después del
regimiento, á las mujeres.
A su rudimentaria educación había suplido
su constancia en la carrera, en la cual alcanzara el grado de capitán á fuerza de inque-

EL :MUNDO ILUSTRADO

á su víctima con dos ó tres:frases que él esti-maba ele intenso colorido: -·~
-De esa misma alzada ern,"a.l poco más ó
menos; bien amarrada, ojo de.:;.venado y con
una fibra ...... !
-y proclamaba en seguida sus teoría~, muy
suyas, acerca de la mujer, de su carácter y de
los procedimientos que él conceptuaba infalibles en toda empresa amorosa.
Sin embargo, alguien del regimiento, que se
decía bien enterado, aseguraba que las conquistas del capitán Gordillo no valían la pena.
Conocido, pues, el carácter de aquel Yiejo
soldadón, fácil nos fué prever que nuestro nuevo compañero de armas no iba á pasar muy
bien el noviciado, y así sucedió. Diisde los
primeros días, el nombre del alférez Zúñiga] legó á ser una especie de obsesión para el capitán:
&lt;&lt;Subteniente Zúñiga, cuántos hombres tenemos en el hospital?J&gt; «Subteniente Zúñiga,
vigíleme usté muy pnfectamente bien ese forraj1::». «Subteniente Zúñiga, ese parte de novedades. Vivo y á la vez!,,
Y si por la noche entraba á las cuadras de
tropa y percibía el olor de la marihuana, 6 si

-De mi esposa y mía. Es día de su santo, y ........ .
-¿Hombre, es usté casado? La primera noticia ...... Puei,, ~í, sel1or, con mucho gusto.
Al día siguiente, después del toque de llamada, el capitán y el alférez abandonaron el
cuartel y dirigiéronse á la casa del segundo.
Algunas personas amigas encontrábanse ya en
la sala, y Zúñiga dijo al entrar, dirigiéndose á
su esposa:
-Conchita, tengo el gusto de presentarte á
mi capitán Gordillo, el jefe de mi escuadrón.
El capitán ensayó una de sus muecas más
expresivas para con aquella morenita de veintiséis años, bajita de cuerpo y de pupilas intensamente negras y brillantes.
Durante el almuerzo, la amabilidad de Conchita, esa atractiva amabilidad que es tan peculiar y sugestiva en la mujer mexicana, rayó á
gran altura tratándose del capitán Gordillo.
Sentada cer_ca de éste, la joven colmábale de
atenciones, mirándole á menudo con todo el
fulgor de sus hermosos ojos; y el capitán, á su

ciando casi en voz alta su exclamación favorita: «¡Vivo y á la vez!"
Y, llegada la oportunidad, el capitán Gordillo no falt6 una sola noche á la casa del alférez. Había que entrar «con fibra," como él
decía también habitualmente. Para colmo de
su fortuna, el mismo día de Noche Buena el
alférez lamentóse con el capitán de no poder
acompañarle á casa, como las noches anteriores: el oficial de guardia había sufrido un accidente que, aunque ligero, le impediría durante quién sabe cuánto tiempo llenar su cometido, y Zúñiga era el llamado· á «sostenerlo."
El corazón de Gordillo latió apresuradamente.
-Hombre,- lo siento, lo siento mucho.
-Pero usted irá, mi capitán.
-Sin usté ..... En fin, iré á dar la mala noticia.
En la casa del alférez, la cena de Noche
Buena fué de lo más animado y cordial, y pasados los brindis de la medianoche, los invi-

Domingo 28 de Diciembre de 1902.
se efusivament1i á su marido;-siempre llegas
á tiempo para que yo pueda repetirte cuánto
te amo ........ .
Y el capitán, desde su escondrijo, pudo
aquella noche asegurarse del cariño sin límites
que Conchita abrigaba hada su esposo.
**
Pasado el tiempo, y* cuando
preguntaban al
capitán Gordillo: «¿Cómo pasó usted la Noche
Buena?", respondía en una explosión de su Mrácter:
-¡Canario! ¿Pues cómo había de pasarla'.'
¡Divertidísimo!. ...... . .
Y giraba en seguida sobre s1.1s talones.
Tacubaya.
AURELIO GONZÁLEZ CARRASCO.

Es más fácil conquistar que reinar.

***

Los pueblos, como lof, hombres, sólo son d6ciles en su juventud.

'

t.

El amor propio es un globo hinchaq.o de
viento, del que salen tempestades cua::ido se
le hace una picadura.

brantable tenacidad. Había cruzado el territorio en todas direcciones, sufrido el rigor de
todos los climas, tomado parte en algunas acciones, y, cuando el buen humor rebosaba en
él, las anécdotas y los episodios borbotaban
en sus labios, mezclados con la realidad los
chispazos ele la imaginación:
-Hoy hace veintinueve afios-clecía en su
lenguaje desaliñado.-Cómo me acuerdo de
mi general Herná1,dez y de aquella. noche que
nos sorprendieron los traidores. Serían como
estas horas ..... .
O bien, despiertos sus recuerdos ante una
mujer que cruzaLa la calle, hallábala parecida
á alguna de sus viejas conquistas, y delineaba

un dragón extraviaba alguna• correa de su
montura, 6 si un caballo resultaba «picado de
asoleo," el subteniente Zúñiga tenía que soportar la andanada de interjecciones en que el capitán estallaba á cada momento.
De pronto, su conducta cambió de un modo ?Usi radical. El pobre subteniente, que
abngaba un vivo temor á la disciplina concibió cierta vez una idea que le pareci6 'acertada, y al instante la puso en ejecución:
- 1\li capitán.
-¿Qué novedades?
-Mañana estamos francos, y quísiera yo
que usted comiese en nuestra compaliía.
-En compañía de quiénes?

..
•.

vez, sentíase gratamei:i-te hala~ado e!1 lo II_:ás
vivo de su amor propio, y quizá, quizá, sonaba ya en una nueva víctima que afiad.ir á. la
interminable serie que formaba su meJor timbre de gloria.
.
Se charló animadamefite de mil asuntos;
concedióse la palabra al capitán, para que. relatase algunos de sus más interesante~ epis~dios y cuando una de las hemhras al.i reumdas habló de la proximidad de las «posadas,"
Gordillo suspiró expresivamente.
-¿Le agradan á usted?- pregunt6 la esposa
de Zúfiiga.
- Ya lo creo, ya lo creo, tengo tantos recuerdos ....... .
- Pues vamos á organizarlas, ¿verdad, Zúfiiga? y queda usted invitado á ellas desde
hoy.
h
El capitán &lt;lió las gracias. La cosa marc aba perfectamente.
.,
A la salida de la casa, junto&gt;' el capitán Y el
alférez marchaban el uno al lado del otro,
pensativos de muy distinta manera. El subalterno soñaba en que los días de rigor ~caso
vendrían ámenos, en t:a,nto que el.superior se
abstraía en 1a preparación del asedio, pronun-

ta dos se despidieron, después de haberlo hecho
el capitán, uno de los primeros en salir.
Cuando el último abandonó la sala, Conchita quedó algunos instantes meditabunda, sentada en una mecedora. De pronto sus miradas tropezaron con una espada de puño negro,
apoyada en uno de los rincones, una espada
que no era la de Zúñiga.
,
- Es mía-dijo una voz á espaldas de Conchita;-vengo por ella ......... y por usté.
El capitán avanzaba hacia ella, cega~o por
los impulsos más vehementes; y Conch1ta había retrocedido hasta la puerta que comunicaba con la alcoba, rehuyendo los brazos de él,
ansiosos de apresarla. Sin arredrarse ante los
obstáculos el capitán Gordil1o penetró en la
alcoba en'pos de Conchita; pero, de improviso el ;uido de unos pies que arrastraban acicates hízose oír en el corredor, y hasta la habitación llegó la voz de Zúfiiga, que llamaba
á su esposa.
Conchita tuvo un momento de estupor; mas,
en seguida, como quien adopta una resoluci~n
suprema, corrió hasta e~ ,guard~1-rop.a, lo abri.6
violentamente, y empuJo á su mter10r al capitán, que había permaneci~o indeciso también,
de pie en el centro de la pieza.
- Creí llegar todavía á tiempo-dijo el alférez.
--Pues sí que llegas-respondió Conchita,
apagando las luces de la sala y estrechándo-

***

Nada se hace sin causa, asi bajo la ley de la
raz6n como de la naturaleza.

***

El acuerdo de todos los intereses se forma
con la oposici6n del de cada uno.

Cuando el carro de Dios se bambolea
Y el látigo del viento al bosque azota;
Cuando en la entraña de la nube brota
El rayo, todo luz como la idea;
Cuando el trueno iracundo tabletea
Y el ronco mar se encrespa y alborota,
Sobre la tempestad vibra la nota
Que lanza un ave ansiosa de pelea.
El paladín alado lucha y sube,
Toca en las cimas de la negra nube
Y canta sin temor y sin desmayo.
Que es el alci6n, en su triunfante vuelo,
Como el genio creador que halla en el cielo
Trono en la tempestad, cetro en el rayo!
M. R. BLANCO-BELMONTE.

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dicina, de }léxico.
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"He usado con excelentes resul" Hablendo experimenta do en al• tados el VI NO DE SAN GERMA.N
EL VI NO DE SAN GER:\IAN, es
gunos enfermos el YD,O DE S.A.~ en casos de Usis pulmonar, de a ne- una buena prep:ua.cl6n, tónico Y reGERMAN, lo recomiendo como un rula y de enfermedades cr6nicas de constituyente, lo he emplea.do siembuen t6nlco y reconstituyente."
la piel."
pre con buen éxito.
DR. RAFAEL LAVI STA,

DR. BANDERA.

Subdirector y Profesor de Cl1nlca
Profesor de Flslolo:t!a de la EsE xterna en la Escuela Nacional de cuela Nacional de )le&lt;licioa de Mé·
México.
xico.

:l&gt;r. 1{. JY{acias.

~r. )danuel qufiérez

JliJj
~~

11:..ro

La especial composición del VI·
NO DE S.\.~ GEIDIAN en el que se
a d unan los reconstituyentes, los tónicos neuros ténicos y cardiacos,
a l lctbyol, hacen de esta preparación una. de lns ruÍlS adecuadas al
tratamiento lle las enferrui-dades, en
las que predomina la pobreza de
sangre y el debilitamiento del lndi•
v!duo.

"La. composición rlrl YI~O DE
SAN GER:\I.\N, ~arantizn sus buenos efectoa y aquí. ,lon,le tanto
abundan las enfl'rmt'clntle!; por de•
bill&lt;lad en la. uutricl6n. e!&lt;pero que
i&lt;erl\ de pos.'l':a utilidad para el
público."
DR. R. :\UCL\.S.

DR. R OQUE MA.COUZET.
Catedril.dlco de la Escuela. Naclo
nnl de Medicina de México.

j)r.

~

Recomiendo el Vl¡\O DE SAN
GER) lAN, como útil y eficaz en las
enfermetla&lt;les que causan profunda
debilidad en la economla; as! como
en las anemias, tuberculosis, atrepslas, etc.
DR. CARLOS TEJED.\..
Profe~or de Cllnica. infantil en la
Escuela ~- de Medicina ele México.

if. JI. oe firel/ano.

:l&gt;r. fi de qaray.

..

He t1!'nclo en ,·arios de mis enfer·
mos rl \"1:-.ODE S.\~ GER){A); y
lo corn;idcro una nw&lt;litlna excclen•
te: es un tónico po1leroso. de s:1 bor
a::-radahle Y muy etkaz para los ané·
mico!'. linfí1ticos. tuberculosos. con•
exC'elentes para los di,ersos e:statlos nilest·lentcs y enfermos del cora·
patológicos.
, zón en gen&lt;&gt;ral.

EL YI:-SO DE S.\.INT GEil)!AI~
es una feliz comb\naoión acepta•
ble por su gusto 6. todos los enfermos y tiene propiedades curativas

r
DR. MANUEL GUTIERR EZ.
E.'
Profesor de Oustetricia en la Escue•
la N. de :\[ecllcina de :\léxico, l\Ilem- Profesor adjunto de Cllnlca. exterhro de In Academia. de :\Iedlclna., na. de la Escuela ).aclonal de :\ledl·
~Iédl&lt;-'O ele! Hospital de San Andrés. cina de México.
)

~ i=~t]I~

j)r. Carlos 7ejf!oa.

..

.AA,.~~
fOt!:"-Mei!JWl,ltll,

~~e~eii~e

_ FONDO

Rl~AADO COVAHRUB1AS

A.. DE GARAY.

Proft'sor ele Anatomfn en la E!&lt;·
cnc&gt;la ::--nt'ionnl de :\le1llclna, Clru•
jnno de los Hos¡iitnlt•s .luárcz y Es•
p:1 iiol. Prc•i-;ltleote de la Societlad
:\l&amp;lica "Pedro Escobedo," etc.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1902, Año 9, Tomo 2, No 26, Diciembre 28</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>El Valle de Orfont</name>
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        <name>Epidemia de Mazatlán</name>
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        <name>Romanza de ultratumba</name>
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''ALFONSO REYES' •

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ILUSTRAD
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RICARDO

COVÁRR~~IA

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MEXICO, INERO 4 DE 1903.

Subscripcl dn mensual for4n••• $1-50
ld~m. lde11. ta la capital. $1.ZS

Cier ente: LUl6 R?Yf&amp; &amp;PINIIOU

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FONDO
RICARDO COVARAU81AS

�Domingo 4 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 4 de Enero de 1903.

EL :.\IUNDO ILUSTRADO

Por d Jlño nutoo....

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y futuros de arrebol? ....... ..
¿Y entretienes los dolores
con tus vidrios ele colores
relucientes como el sol?
N afio nuevo ha roto el capullo misteBienvenidas sean tus mafia!':!
rioso del futuro. Esta vez se llama
Pero.... viejo, no me engañas
1003. Es el segundón del siglo XX,
con tus dichas de oropel,
....___.,._ _ pero como el primogénito ha
y bien f;é que tus prome!"as
muerto, he ahí &lt;1ue el segundón hereda el
son fingida11, como esas
mayorazgo de nuestras esperanzas y de nuesmariposas de papel. .....
tras i lusiones, que más tarde pasarán al terEf'ta es la manera de tratar á los vieJ0S
ciogénito y ...... así sucesivamente!
eternamente jóvenes. A veces, se les estimula
Pero, por lo pronto, el 1903 ha llegado;
el amor propio y suelen cumplir.)
apresurémonos á prrsentarle las armas, porSf, pues, bien venido. oh misterioso 1903!
que es merecedor de todo nuestro respeto: es
¿Qué nos traes, qué nos prometes? Ah sí
un año nuevo.
dices que todo lo deseado, todo lo soñado: to~
¡Un afio nuevo! ¡Qué palabra, qt1é concepdo lo grande y todo lo bueno ... Eso decían tus
to! Ciertamente, eso es sólo un convencionahermanos, y no cumplieron .. .
lismo, una cifra y nada más; sin embargo,
(rna vieja voz que mucho conocemos, pero
¡cuán ta influencia tiene sobre el alma humaque no sabemos en dónde la hemos escuchana, que tanto suele nutrirse de fantasías!
inte.rrumpe nuestra salut~ción y dice:
¿El afio n uevo? ... . ..... Ay!, como siempre,
·4Qué decís.. .. que no cumpheron? ¿Cononos parecerá tardío para traernos el bien que
céis acaso tocias las esperanzas que se realizaambicionamos, y nos parecerá el veloz )Iercuron, todos lo,; anhelos que se cumplieron torio pedialado cuando nos imparta contrariedos los deseos que trocáronse en hedhos
dades; vendrá salpicado ele la maldad de los
durante el reinado de los predecesores? ¿Es~
hombres y de los cataclismos de la naturaletáis, acaso, en todos los corazones y en todas
za; será lleno de tragedias y de lúgrimas, colas conciencias?,, -La voz calla, y nosotros
mo sus mil novecientoR &lt;los antecesores cononos vemos obligados á enmudecer y á pensar...
cidos y sus incontables desconocidos ...... EsPe1;? luego continúa nuestra salutación :)
to lo sabemos bien, estamos bien seguros de
Sm embargo, flamante año ele 1903, debes
ello: nos lo h'I. enseñado la dolorosa experienconfesar que no traes muy buena catadura·
cia de muchos siglos y de muchas generaciotus cifras suman trece, y ése es un númer~
nes....... ..
que, al decir ?e los, Nigromantes (¡que no
Y no obstante-¡cuán cándidos y cuán
fueran Ignacio RamHez, el de México!) eseternamente niiios somos los hombres!-no
tá henchido siempre de malos augurios!.'..
podemos menos de poner buena cara al afio
(La voz interrumpe: ¿ "Queréis que recon uevo, -01 recién nacido que aún no ha abierrr~mos la hist~ria ele los hombres y que exato bien los ojos, y de cuya mirada esperamos
mrnemos los b10nes que trajeron los afios que
la revelación de todos sus propósitos.
sumaron trece?" - Pero la pereza nos da vaParece ( es una ilusión, pero parece) que
lor, y no damos oídos á la interrupción.)
cada año nuevo deba ser un poquillo meSí, año de 1903, tienes razón, por doquiejor que los otros, que deba traer más sol y
ra se encuentra lo bueno y lo malo y muchas
menos tempestades; pal'ece que ha de traerveces las calamidacles que los hom'bres achanos algún regalo, alguna agradable sorpresa
c~n á los tiempos no son fruto de los tiempos,
que nuestra mente no acierta á adivinar, y
smo de los hombres. ¿Qué es lo que cambia
en el deRpertar del 1 ° de Enero, quién sabe
después de todo: los tiempos ó los hombres?
qué grata curiosidad nos invade.
He aq1;1í un problema curioso que la lírica no
Se aguarda, se desea, se espera ... ...... pero
ha sabido aún resolver, pues mientras Goe¿qué cosa?
the decía: "El tiempo es uno; la humanidad
Lo ignorado, ese ignorado que es la raz6n
varia", Lena~, el delicioso húngaro--wurtem~
secreta de la humana vida, la explicación de
tantas paciencias largas y penosas, de tantos , berguéf', pretendía que los hombres siempre
han _sido iguales y que no han hecho más que
espasmos morales soportados con resignaci6n.
refleJar el transcurso de los tiempos. ¿Quién
Se aguarda, se desea, se espera lo ignorado
.
'
de los dos habrá tenido razón? ...
que esta, en el porvemr.
.
Si eres tú filósofo, flamante 1903, tal vez
Esta ilusión es tonta sin eluda alguna y
puedas resolver el asunto. Pero no eres filóhará sonreír á los espíritus fuertes, á esos que
sof?, eres industrial por e_xcelencia, y un poquieren que el hot.i bre viva sólo de pan á
qmllo g~errero _por atav1$mo; mejor dicho,
esos que desprecian á las rosas porque no ;on
eres
un mdui:;trrnl-guerrero una especie de
útiles, cual solía decir el divino Theo GauFrif'derich Krupp ..,
'
tier ; pero los que ,,todavía,, soñamos un poco,
¿Qué
vas
á
traer
y
qué
,·as
á llevarte? Xo esá pesar de las duras reprimendas de la vida,
peraJ?l0S de ti mucho de trascendencia. Bajo
debemos amar, debemos adorar esa ilusi6n
tu remado no se derrumbará ningún sistema
como tantas otras que con el frufrú de sus
Rocial ni surgirá ningún sistema safvador· los
alas han rozado Jos ensueños de nuestra jufermentos seguirán canturreando durante' tus
ventud; debemos adorarla, como á las flores
doce meses, _como cantunea el agua h·irvienque se destacan ele la eterna verdura, como á
te en la barnga de la tetera; pero no serás tú
la nota que la alondra abandona ai aire inexel que entr~ espumas y humos hagas derrapresivo, como á todo aquello que es sencillo,
mar el líquido .... ..
suave, sereno y fragante.
¿O quién sabe? .... ..
Sé, pues, bienvenido, oh misterioso 19031
Sea lo que fuere. 1903, traigas lo que traje(Recibámosle con carifio, que tal vez de esa
res, puesto que hemos ele vivir en ti (y esS';1e_rte se anime {; cumplirnos alguna de las
ta esperanza sí creo que es universal!), te
vieJas promesas a que faltaron sus preclecesosaludamos y nos saludamos los unos álos
re~, que tal vez así se apiade de nosotros y nos
otros-los hombres deleznables y transitorios
br:nde con. un~ de las realidades que por cada
1 1
-Y. empunan(..o
,ª copa de champagne, nos'
rmllón de ilus10nes trae en su bagaje. Y si no
decimos
los
unos
a los otros, cual si fueras tú
queremos fingirle fe, cligámosle á su nuncio
un haz de esperanzas:
que somos ya gente corrida, que ya no no¡¡_
--¡Por el año nuevo!. .....
p~d;á sorprend~r pasándonos una gota de
m1et por l_~s labios, pero siempre saludémosOSC.\R HERZ.
le con carmo, q~1e, al fin y al cabo, es preciso querer á los tiempos en que se vive. Digámosle por ejemplo:

?.º•

Salve, salve, viejo Enero
que en· tu--alforja de embustero
traes juguetes á grane):
yo celebro tus engaños,
porque son para mis años
mariposas de papel. ... ... ..
¿Para tristes añoranzas
traes risueñas esperanzas

Palimpststos.
.,. __
F ebea.

f

EBEA es la pantera ele Xerón. Suavemente doméstica, como un enorn1e gato
real, se echa cerca del César neurótico
que la acarjc(a con su mnno delicada y vicio'•
sa &lt;le androgmo corrompido.
Bosteza y muestra flexible y húmeda lengua, entre la doble fila de sus· clientes finos y
blancos. Come came humana, y eRtá acostumbrada á ver á cada instante en la mansi6n del
siniestro semidiós de la Roma decadente tres
cosas rojas: la sangre, la púrpura y las ;osas.
Un día lleYa á su presencia Xerón á Leticia
rub~a. y joven virgen de una familia cristiana'.
Leticia tenía el más lindo rostro de quince
año~, las i:nás adorable~ !llanos_ rosadas y pequenas; OJOS de una divrna mll'ada azul· el
cuerpo de un ef~bo q_ue estuvi!)se para tr~nsformarse en muJer, digno de un triunfante coro de exámetros, en una metamorfosis del poeta Ovidio.
Nerón tuvo un capricho por aquella mujer:
d_eseó poseerla por medio de su arte, de su música y de su poesía. l\luda inconmoYible serena en su casta blancura, la doncella ;scuchó el canto de su formidable «impf:ráto1 ,,
qu~ se acompañaba con la lira, y cuando él
artista del trono, hubo concluido sus ,·ersos eróticos y bien rimados, según las reglas _de su ~aestro Séneca, advirtió que su
cautiv~,la vugen d~ s~ deseo caprichoso, permanecia muda y eandida como un lirio como una púdica vestal de 'mármol.
'
Entonces el César, lleno de despecho IJamó á Febea y le señaló la víctima de f:!~ venganza. La fuerte y 1,oberbia pantem llegó, esperezándos~, mostrando las uñas brillantes y
filosas, abnendo en un bostezo despacioso sus
ª1!chas fauces, moviendo la cola sedosa y rápida.
Y sucedió que dijo la bestia fiera:
-Oh Emperador admirable y potente! Tu
volun~ad es la d? un inmortal; tu aspecto se
asemeJa. al de Jupiter; tu frente está ceñida
con el laurel glorioso; pero permite que hoy
te baga s~ber dos cosas: qu_e nunca mis zarpas
se moveran contra una muJer que, como f;;ta,
derrama sus resplandores de estrella y que
tus versos, dáctilos y pirriquios, te h~u resultado detestables.

El Arbol del Rey David.

~ día-apenas había el viento del cielo
mflado en el mar infinitC, las velas de
oro del bajel de la aurora-David anciano, descendió por las gradas de su al~ázar
entre leones de mármol, sonriente, augusto'.
apoyado en el hombro de rosa de la sunamita, la rnbia Abisag, que,desde hacía tres noches, con su ciíndida y suprema virginidad
calentaba el lecho real del soberano poeta.
Sedoc, e~ sacer~ote q~ie se dirigía al templor
se pregunto: ¿á donde uá el amado señor?
~donía!-1, el ambicioso _arrogante, de lejos,
tras una arboleda, frunció el cefio al ver al
re-:r y á la niña,al frescor de la maliana, encarrnnarse á un campo cercano donde abundaban los lirios y las azucenas.
. Natán, profeta, que también los dí visó, inclmóse_ profundamente y bendijo á Jehová
exten_diendo los brazos de manera sacei:dotal.
Re1hí, Sem~í. y Banáis, hijo de Joiada. se
postraron y di¡eron: ¡Luz y paz al sagrado
pastor!
D~vid y A?isag penetraron á un soto que
hubiera podido $er un jardín, y en donde
se oían arrullos de palomas bajo los boscajes.

Ü

** *
Er3: la vic~oria de la primavera, y la tierra
y el c~~lo i;e J~ntaban en una dulce y luminosa umon. Arnba, el sol espléndido y triunfal·
ª?ajo, el despertamiento del mundo, la melo~
diosa fronda, el perfume, los himnos del bosq~1e, las ~lgaradas jocundas de los pájaros, la
diana universal, la gloriosa armonía de la naturaleza.
Abisag tenía la mirada fija en los ojos de su

señor. ¿~Ieditaba, quizá, en algún salmo el
omnipotente príncipe del arpa'?
Se detuvieron.
Luego, fuése David al fondo de una trémula gruta de verclores celegógicos, no lejana, y
retorn6 con una rama en la diestra. Y poseído
de temblor profético:
-Oh mi tierna sunamita! exclamó. Plantemos hoy, ha.jo la mirada del eterno Dios el
árbol del infinito bien 1 cuya flor será la 1'.osa
mística dol amol' inm ortai, al par que el lirio
de la pureza Yencedora y sublime. Nosotros
le sembramos; tú, la in rnaculada esposa del
profeta viejo; yo, el que triunfé de Goliat
con mi honda, de Saúl con mi melodía y de
la:muerle con tu juventud.
• Abisag le escuchaba como en un ensueño
como en un éxtasis amorosamente místico· )'
el resplandor del día naciente confundía' el
oro _de la cabellera de la virgen con la plata
copiosa y luenga de la barba blanca.

NOTA MILITAR.

JI

causa de la renuncia hecha por el seiior
General Bernardo Reyes, de la cartera
de G~1erra y Marina, se hizo cargo de
esa Secretana ele Estado, con el carácter de
Oficial :Mayor interir,o, el seiior General de
Brigada don Juan Villegmi, quien por algún

dades legales,· tom6, en días pasados, posesi6n
de su puesto.
Además, el señor Licenciado don Francisco
Pérez, que fungía como Magistrado del Tribuna_! Superi?r del Distrito, fué nombrado por el
seno!' Presidente de la República, Procurador
General del Ejército, en substituci6n del señor
Lice1;1ciado_don Eduardo Zárate, que pasa al
l'efendo Tnbunal con el mismo carácter que
en él tenía su substituto.

***
Por último, debemos hacer mención del ascenso del señor General de Brigada don Jesús
Alonso J.:'lores á General de División, ascenso
t!ue ha sido muy celebrado en los círculos milrtares.
La hoja de servicios del señor General Flores, está_ l~ena de notas brillantes por los bueno, servic1?s que ha prestado á la Rllpública.
El amentado jefe es oriundo de Guanajua-

SR. L IC. F RANCI S CO PE REZ, P rocu rador
General de l E jército.

SR. GRAL. JUAN VILLOOAS,

Sr·bsecretario de Guerra, interino.

Plantaron aquella rama, que había de ser un árbol frondoso y centenario.

tie~ po ;5irvió como Jefe del Depai t:tm1Jnto de
~rt1ll,ena del l\Iinisterio mencionarlo. El seno: General don Alejandro Pezo, que desempenaba .el emple~ que hoy ocupa el señor Yillegas, tu~ removido al ele Presidente del Tribunal Superior Militar, y previas las formali-

SR. GRAL. ALEJANDRO PEZO

r=-::=::::=~~-~11~~~~:=-:=-.._=-_-_-_
-_
-:._-_
-_-:.;..,. ,.-:-.,.
._-_-_-_-;_=-_-_- _--::-.;:-.:-.:::-.:-::-::=:-=:-P-re....,sidente
del Tribunal Superior 1\filitar.
t?, donde comenz6 su carrera miliJar_ como Subteniente de la Guardia
~acio1;1al de aquel Estado. Por orcl~n. ng~roso obtuvo sus ascensos
c~istin~méndose siempre por su inte'..
hgencia y valor á toda prueba
Concurrió á innumerables bata])
y en una de ellas fué hecho prüion:~
r? por el Ejército francés. Su bautrz~. de sangre_ ~o obtuvo con una.
lie1~l
ida que
en el pie d erech o.
_ recibió
G
, senor eneral Flores, por lo
dernas, ha desempefiado importante:; car~os y recibido honrosas condecoraciones que le han sido otorgaclas, tanto por el Gobierno Federal
como por los ele los Estados.

***
Tiempos desp~és, en días del Rey
He1odes,..el carpmtero José, hijo de
Jacob, htJO de Matán, hijo de Eleazar, hijo de Eliud, hijo de Akim
yendo un día al campo, cortó deÍ
árbol del santo rev lírico la vara que
floreció en el templo, cuando los desposorios con l\faría1 lu estrella la
perla de Dios, la m adre de Jesós el
Cristo.
RUBÉN DARÍ0,

UN CANTAR PERSA.
Fuí de mafianita al monte
mi rebaño á apacentar,
y hallé en él una muchacha
como yo no vi jamás.

Uhta y Jlmor.
De un bardo la voz dorada
dulce y doliente sonó:
«¿qué vale la triste vida?
¿qué vale un sueño de amor?»
¡~y! Así bajé al abismo
sm fondo del corazón
llevando vi vas mis a~sias
lle,:3ndo muerto mi amor~
Y ~olo l~nos negros seres
mi pupila sorprendió
escondidos en las gri~tas
d!: ese abismo de dolor.
N_1 una gota de dulzura,
u_na estrella ni una flor,
solo esos seres horribles
que cantaban á una voz·
"El amor, _vana quimera;
.
~l mundo, mmeñso crisol;
,qué poco vale la vida!
¡qué poco vale el amor!"

-Un beso dame, lucero
la dije lleno ele afán.
'
-Si con.,oro me lo paaas
o '
respond10, venle á buscar.
-El oro que tengo, niña
guardado en mi alforja e~tá:
mi alforja está en mi camello
y mi camello en Kermán ·
'
y ella replicó con risa
'
mirándome faz á faz:'
-En mis labios está el beso
mis dientes están detrás
&gt;
la boca donde los guard~
cerrada con llave está:
tiene la llave mi madre
y mi madre está en Ke;mán.

n;

MANUEL DEL PALACIO.

S R. GRAL. JESUS A L~NSO FLORES.

�Domi,ngo 4 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRs\DO

Domi,ngo 4 de Enero de 1903.

BL MUNDO ILUSTRADO

nutVo Obispo de t:ebuantepet

la población, la aduana marítima estahlecid,1
A propúr::ito de 1n com:ngrnción &lt;le! P. ,:\fejín
rn Presidio. Sus construcciones son por lo
se reliere que cuando ocurrió el falleci111i&lt;,11t~
mismo modernas, y cuenta con algunas not.c1.del virtuorn Obispo &lt;le Ym:atún-en 1888hles, como el cuartel federal y el mercado "Roclon L~andro Rodríguez ele la Gala, al tiempo
111ero Rubio,,. El cuartel está edificado sobre
lJBLlCAMOS hoy el retrato del ~eiior
de ser rnhuu1ado su caclúver, su sueesor &lt;•1 i-a1111a eminencia que domina los fonuea&lt;leros y
don Carlos ue .Jes(1s l\Icjía, actual !lector
bio prelado yucateco don Crescenc:io c'an-il lo
e_l camino ó única entrada que co11cl11ce por
dt&gt;I Seminario Conciliar de YucatÍln y
y_Ancona, quitó al cadáver el pectoral, y dirit1erm_á In. ciudad. La iglesia parroqmal es
electo Obispo de Tehuantepec.
giéndose al Redor Mejía, le dijo !ns siguientes
tHmh1én notablo, tanto por su belleza arc¡uiEl P. Mejía nac:iú en la ciudad dr .fa lapa y
frne:es:
te 1t6nica, como por su
«Conserva este pecelegante decorado intoral de nuestro lloraterior, y el teatro, que
do prelado y guárdalo,
lleva el nombre de11Ruporque no está lejano
bioii, un edificio sóliel día en que, elevado
do y de hermoso aspecá la dignidad, podrás
to.
usarlo.»
En dos ocasiones
diFtintas, ~[azatlánha
INAUGURAGION DE UN PUENTE
sido bloriueado: en
1847 por los invasores
Cerca ele Zinapécuanorte americanos , y
ro, Michoadrn, y en teen 1864 por los franrrenos ele San Joaquín
ceses. Durante este úlJaripro, se acaba de
timo bloqueo, la fragaconstruir un puente
ta "Cordeliere&gt;i fué baque es sin diRputa uno
MAZATLAN.-Una
huerta
en
Belvedere.
tida desde tierrn con
de los más importanuna pequeña boca de
tes ele aquel Estado.
fuego, cuyas punterías dirigió el oficial Gamhnce veinfüéis años que re8ide en :Mérida 1 sienEst~ constrníclo sobre una barranca profunhoa. En este episodio, uno de los más sado_ Rector d~l Se!~inario ele aquella ci udacl,
da y tiene noventa y tres metros de longitud
lientes en la historia de Sinaloa, tomaron parbnJo cuya d1rerc1on este establecimiento ha
por treinta de profundidad. Con motivo de la
te, en defensa de Mazatl{m, Sánchez Ochoa y
1;,rogresado notablemente en los últimos años.
conclusión del puentr, se organizó una pequeMarcial Benítez.
El nuevo prelado goza de generales simpatías
ña fiesta, apadrinando el acto el Sr. Aguado,
El desarrullo comercial de Ma.
r
ain-::;;~---,------- - -~ Jefe Político ele Zinnpécuaro.
1~1tlán comenzó con el dt&gt;ecubri- 1 ·
El costo total del puente, que
m iento de los placeres auríferos
es de mampostería y fierro as&lt;l~ la Califo_rnia2 época en que teciende á ocho mil pesos.
'
ma comerC10 directo con China y
el Japón. Actualmente el comercio extranjero lo hac¡ con San
El misantropo tiene todos los
Francisco California.
vicios de los hombres y ninguna
de sus virtudei:, y cuando i;,e ve
contrariado en sus negras delibeEl mundo es, en todas sus parraC'iones, pone fin á su vida con el
tes, una aritmética viviente en su
v~neno 6 el puñal, creyendo
~esarrollo, y una geometría reatrnmfar de los arcanos de Dios.
lizada en su reposo.
MAZATLAN.-EI Desembarcadero en Belvedere.

P

--------------------

~~

P~st~ Bubónica ~n mazatlán.
clel examen microscópico practicado por el D~ A&lt;lemús, como las casas ocupadas por los
en exatacados se están drFinfectando 6 de,:truyenFabela, resultó comprolmcla en los atacados
tn mo rnn lns notic·im;
' do, según sus condicioneR, para hacer que desla presencia del bacilo de la peste. Parece, por
que con relnción {i la
aparezcan los focos de infección, el Gobierno
lo 111irn10, fuera de toda eluda, que la naturat&gt;pidemia reinnnte en
ha comprado treinta gnmcleR tiendas &lt;le camleza de la enfermedad está ya definida y que
Mnzatlún :-el1nn recipaña para dar abri~o á las personas que no
nue~tros temores no cian infunclaclof',como albido en los últimos
tengan donde alojarse.
gunos p~riGclico&lt;i lo !&lt;uponían.
elfo~: la f'xi~t encia ele
Por Fil parte, la Srcretaría de Gobernación
O1..&gt;mndo con la eficacia que reclaman las
la 1,e1,te buLGnica se
se
dirigió á los Gobernadores ele los Estados
nece,;idaclei;
del
momento,
el
Corn;1,jo
orden(&gt;
coJ1firn1ó ya ofü:iallimítrofes ele Sinaloa, encareciéndo]e¡; la neceque ee ampliara y mejoiara el local f&gt;n que los
me11te, y el púnico
sidad ele poner en juego todas aquellas n,ediatacados por la pe!&gt;te rnn ahora atendidos, y
de los hal,itantes del pne r to 110 tiene límites
uas que directanwnte se
en las actuales circunsencaminen
á impedir
tancias.
la propagación del mal.
Por informes anterioEl Coneejo, y esto eleres, se sal..&gt;ía que la enbe consignarse ron en
fermedad iha poco á pocomio,
anduvo, pues
co cediendo y (]lle la.
acertado al dictar, elesconfianza clel público
ele un princi]JiO . dispoera cada vez mnyor; pesiciones sanitarias conro por de;:gracia, el retra la peste, por más
crudecimiento repC'n ti no
que la exii;tencia no hade la epidemia y la deya estado entonces comclaración de los dele~aprobada..
dos del Consejo Superior de Salubrid&amp;d f.'O ·
breque en el caso se trata
***
efectivamente, de la pesMAZATLAN.-Uno de los pabellones en que se encuentran aislados los en fel"mc~.
Por ser de oportunite negra, vinieron desdad,
damos en ~eguida
pués á echar por tierra
al~unos datos referentes a l puerto infestado.
que se construyeran en la isla de Belvedere,
aquella confianza y á hacer mús aflictiva la siMazatlán (,,Tierra de Venadosi,) fué fundado
donde se encuentra hoy el lazareto, las batuación de los moradores de l\1azatlán.
hace setenta años aproximadamente; época en
rracas suficientes para aislar á las personas
Los médicos enviados por 1•\ Consej') hicieque
se transladó, al lugar en que se halla ahora
que
hayan
tenido
contacto
con
los
enfermos.
ron su primna vi:-ita al lazareto el día 30, y
LAHlllANTES

***
T~marse trabajos y luchar contra las resistencia_s, es una necesidad para el hombre, como mrnar para el topo.

en el ERtaclo ele Yucatán, y su fama ele bomb_re de talento y notable orador, es bien conocHla en los círculos sociales:
La co11~agración del nuevo Obi,;po ele Teh_uantepec se _efectnnrá en la Catedral de ,:\féncla, el domrngo 11 uel corriente me,;, con
g_ra11 pompa y ~olemnidad, oficiando de, ObiRpo consagrante el
ue Yucatan, Monseñor Trítsch!~1-, Y de asistentes los obispos de
1abns&lt;'o y ele Belice.

* *

Para la mayor parle de Ja"s mujeres no es
necesario más que lo supertluo y lo positivo
más que lo ideal.
,

***

El discernimiento vale mús que el precepto, pues lo auivina y aplica oportunamente.

MAZATLAN.-La Plaza de Armas
Puente de 93 metros de longitud construido en

*

* *
Para la ignorancia
existe un
remedio, q_ue es la ciencia; para el fanatismo eso mismo será
su muerte.

S. Joaquín Jaripeo.

�Domi.ngo 4 ae Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

earreras ae eaballos en Pera1vmo.

C:
~

asistencia del señor Presidente &lt;le la
República, se efectuaron, el domingo
en la tarde, en el Hipódromo &lt;le Peralvillo,
las carreras de caballos organizadas por el
Club Hípico Militar y en las cuales tomaron

~ en un pueblo pequeño de mi patria.

__rl :;:!í
la naturaleza, fecunda y pródiga,
derrama sus tesoros con c,;plendidez que

se creería soi1nda. Allí he gozado de las más
perfumadas_\' melancólicas noches de luna, de
los más luminosos crepúsculos y de las más
blancas y sonrm,adas mañanas. Allí vi todo
est.o e::.1belleci&lt;lo y envuelto en un ropaje de
visión intensa, porque P.l amor, como un ave
sin mancha, batía sus alas silenciosamente,
dulcemente en mi corazón.
Cuando la conocí, tenía ella diez y seis años,
traje de luto, un gmn sueño en sus grandes
ojos negros y era delicada como nna azucena.
También como las azucenas, tenía porte aristócr:üa y gentil. Su voz era suave é insinuante, como una serenata lejana, de un hermoso
tiempo pasado, y la recuerdo con un estremecimiento de pasión muy doloroHO.
Yo hubiera querido que su modo de ser fuera enteramente extrnño {I ciertas vulgari&lt;lades
del mundo exterior. i'lli;; lecturas &lt;le raros poetas ideólogos; mi amor á sueños y á meditaciones &lt;le un mundo encantador, &lt;le orden enteramente metafísico, y un estremecimiento
de vaguísinrns visione~, que ocaso habían nacido con mi alma, puesto que recorilalia yue me
poseían desde los más lt&gt;janos días ele mi infancia, todo esto me había hecho cobrar desprecio profundo por las diarias preocupaciones
humanas y me había creado una orgullosa ri~a interior, llena &lt;le escepticismo y que sólo
respetaba á las cosas que traían ensuefio.
Como después de la caída &lt;le mis primeros
nmores, al encontrarme por primera vez en la
1lesolacla aldea del Desencanto, no volviera á
creer ya en la realidad de la amada sofiada,
cuando apareció ella en mi camino, hube de
i;ostener tremenda lucha entre mi doloroso escepticismo arraigado en mi sn y la imagen
blanca ele ella, que me atraía C'0n su encanto
ultraterrestre. Algunas veces yo sufría infinitos desconsuelos: un gesto, una frase, una inflexión de su voz que desarmonizaran y empeq ueíieciemn la idE'a i¡ue de mi novia me ha1,ía formado, de;;truían en un momento todo
el esfuerzo que hubiera hecho para creerla superior. Algunas \·rces comprendía Pila que algo suyo me clii;g11staha, ~· bastaba entonces una
mirada que me dirigiera húmeda ele pena y
ele melancolía, para cambiar mis sentimientos v llenar mi corazón de par. conmoretlora.
Pero el Amor, como una primavern, invadió pronto los campos &lt;le mi alma y llegaron
los días felice,.:, muchos días muy felices que
no olvidaré jamúF&lt;. !:;ólo una nube ele poética
nostalgia, doliente á veces, desde el primer día,
acompañó siempre nuestros pa!&gt;os por el luminoso camino.
Una tarde, á la hora de un bello crep6sculo que di[undía rosadas claridades en la es-

=-

tancia, estábamos ella y yo, solos, en alto balcón, de cara al horizonte del poniente. Acabábamos de abandonar la lectura de una de las
maravillosas historias de Edgard A llan Poe.
Yo comprendía que el alma de ella, lo mismo
que mi alma, agobiadas por el poder ele ensueño de aquel misterioso poeta, se colmaban de
las mismas tristezas; de ese melancólico biene$tar del espíritu, atrayente y conmovedor,
que &lt;leja, como h[tlito divino, como revelaci6n
&lt;le mundos más oellos, el alma de los poetas
seculares. En nuestro interior glo$áhamos la
historia. E'Xtraordinaria de Edgard Allan. Y la.
hora, y la va¡rneda&lt;l del crepúi,culo y la pasión contemplativa de nuestras almas, hacían
de nuestros corazones una plegaria al Dios de
los infinitos ideales.
·
Y así fué que esa tarde. á la hora de un be~
llo crepúsculo, extendió el la la eni$fmáticn noche de sus ojos sobre el dilatado desierto de
mi espíritu; porque cuando sus ojos 1,e encontraron con los míos, ella vió el secreto de· mi
cornzón y yo vi el secreto del corazón &lt;le ella,
y el Amol' tendió la música tle sus alas sobre
nuestras almas.

el Ma ror Luis Pérez Figueroa, y el tercero el
Teniente Manuel García Lugo.
Pasada la última carrera, con obstáculos y
en que vencieron los SE'ñores Raabe y Bóker,
del Club Alemán, siguió un desfile al galope,
por fracciones, ejecutado por g}ndarn:es_ del
Ejército y Foldados del 3?, 4? y 1? Regimiento. El desfile fué con obstáculos &lt;le 2 metros
de altu1:a.

L as tribunas del Hipódromo de Peralvillo.

}&gt;arte, además &lt;le algunos miembros de la citada agrupación, los socios del Club liípico
Alemán y algunos cadetes del Colegio Militar.
La presidencia del Jurado fué integrada por
los señores Generales Francisco M. Ramfrez y
Gregorio Ruiz, sirviendo como jueces de campo los señores )layor Alfonr-o Pra&lt;lillo, Capi-

El sefior General Dfaz hizo la entrega &lt;le
recompensas á los vencedores, que eran saludados por la concunencia con aplausos. Más
&lt;le cinco mil personas concurrieron á la simpática fiesta.

MANUEL DE LA PARRA.

tCa exposición c1a6rés.
La Exposición Fabré!', tan ansiosamente tsperndn. por los devotos &lt;le la Belleza, abrió
ya sus i:alones al público.
Es ésta una nota que debemos Ealudar con
aplauso. Las obras mÍl'l celebradas del notable
pintor, traído por nue$tro Gobierno para que
sirva como maestro rn la Escuela Nacional de
Bellas Artes, se encuentran ahora en las galerías de la vieja Academia de San Carlos, despertando el interés y la admiración de una
multitud de visitantes.
Las salas en que Fabrés exhibe sus trabajos
de eximio artista, son cuatro. En la primera
se ve lo que pudiera llamarse su "obra menuda,,: estudios y bocetos, dibujos á pluma y á
lápiz, y acuarela;:; en la segunda, una serie &lt;le
cuadros en los que llaman poderosamente la
atención "La Ladrona,» 11Por Orden del Sultún, ,, "Bonita y ::\lala» y "La Cantadora,» obras
primoroFas que atraen y convencen.
La tercera sala encierra, como joyas de valor
iner-timahle, 11El Abanderado Flamenco,» "La
Lectura del Quijote,» "Almuerzo en el Campo,1,
"Centinela muerto en la Nieve,1, ccLos Borrachos» y "El Regalo del Sultán». ,cLos Borrachos,1, ó"Bacanal,» es una ef&lt;cena báquica en
que ~e ven quince figuras de tamaño natural}
admirablemente ejecutadas.
En cuanto á la cuarta sala, sólo se ve en ella.
11El Cristo en la Columrra,1&gt; un solo cuadro, que
acusa, en Fabrés, si no la más pura inspiración religio$a, sí las excepcionales facultades
de artista que lo distinguen.
"El )J un&lt;lo Ilustra&lt;loi, da hoy á conocer dos
bellísimas acuarelas del maestro : ,cLimpiando
la Lámpara" y ,cLeyendo el Corán.1, En nues. tras ediciones próximas pu l,licaremos algunas
otras obras del señor Fabré~, que nue!'&lt;tros lectores, estamos seguros, verún con gusto.
El ·matrimonio es una enredadera que la
esperanza embellece, que la dicha conserva y
la dei::gracia fortifica.

*

* * Ít los nifios, que
Los h"rnbres se parecen
adoptan malas maneras en cuanto se lPs mima.

***

Una noche íbamos juntos, bajo los árboles
de avenida solitaria, bajo la luz &lt;le la luna, y
un perfume sutil ~e esparcía. en nuestras almas, porque un ramo de rosas frescas estaba
en el fonrlo de nuestro;; cornzones.
Yo hablé el primero. Le dije estrechando
su mano:
-Hermana, hel'mana, hermana, tengo celos de las e~trellas que te quieren llevar. ¿Ves
cómo parpadean allá lejos? Parecen ojos que
te llaman ....... .
Y un obscuro presentimiento me estreme, ........ .'
cm
Entonces ella, eon ternura inolvidable (¡oh,
eFa noche cómo era doliente su ternura! ), acarició mi frente con su mano y me habló dei,n
alma, de mi alma visionaria, y de mis sueños,
y de los sueños de ella, y de nuestras miRteriorns Yoces interiores y del estupor de ~11 espíritu cuando penetró toda i:u alma en los países
encnntados de mis jardines.
Yo, que nunca la había oído hablnr así,
fasrinatloramente, que la veía aparE&gt;cer por
primna Yez en los campos _de mi alma, con
la bellE&gt;za encnntndora de una heroína de ShakPspenre, sentí estremecer~e mi ser como si
Dios lo poseyera, y una corriente de ensueño,
la más podero~a que haya jamás llegado á nii
corazón, me 1117.0 llorar por vez primna en mi
vida, be~ando l~s cabellos de ella, bajo los negros árooles, baJo la claridad misteriosa de la
luna. Llol'é interiormente sin que ella Yiera
mis lágrimas.... .. ...
'
Y seguimos en silencio por la vía florecidn,
eon nuestro gran suefio en el corazór,.

Domingo -1 de Enero de 1903.

Una carrera.

tán Abraham Plata, Teniente Nicolás Martínez y Subteniente Pablo Zayas Jarero· como
jueces de salida y llegada., los señores Capitán
E!rén Batis _Y Teniente Coronel Rafael Eguía
Lis, respectivamente; y como totalizador el
señor l\fayC&gt;r l\figuel Ruela~.
'

***

Las carreras efectuadas fueron cinco, y el
resultado tl siguiente:
La primera á aoo metros y plana, se jugó
por_ los alumnos del Colegio Militar Roberto
Albises, )lanuel Amezcua, José Alessio Miguel Barrios y Rodolfo Casillas resul¿-indo
premiados los tres primeros. La' segunda carrera, á ;;~ ,metro_~, entre oficiales, fué ganada
por ~l Capitan ~u1s G. Pradillo, á quien tocó
el pr1mer premio! y por el Capitán Santiago
~duna y el Teniente Alberto Salas, que recibieron el segun&lt;l? y el tercero, respectivamente. La tercera, Jugada por los miembros del
Club Hípico :\.lemán, fné á 800 metros: la ganaron los Fenores A. Chatand, que llevaba
traje &lt;le seda a.zu I y blanco, y W. Tenss, que
vestía de blanco y rojo. En cuanto á la enarta
carreri_i., á 800 metros también, fué plana y ú
paso hbre, y tomaron parte en ella los militares que se disputaban los premios ofrecidos
por el Club Alemán. El primer premio lo obtuvo el Capitán Gustavo A . Salas, el segundo

EXCURSION A P IE.
Los periódicos del Salvador dan la noticia
de h~ber lle~a&lt;lo á la capital de esa República
el se?o~ Ennque )f. Crouffort, uno de los excurs10mstas catalanes que emprendieron en
n~osto, ú~timo, el viaje de México á Bu~nos
1
Aires a pie.
El señor Crouffort es el único que ha llevado adelante la proyE'ctada excursión, pues de
sus compafier~s, algunos se quedaron en Oa;aca., arrepenti~os d~ la empresa, y otros en
fehua1~tepe&lt;', srn ah~ntos para proseguir en
su cammo. El excursionista ha recogido una
buena . suma de datos- importantes acerca &lt;le
las regiones que ha visitado.

Sr Enrique M. Crouftort.

�EL ~I UN DO ILUSTRADO

Domi.ngo .J Je Enero de 1903.

EL UUNDO ILUSTRA DO

Domingo 4 de Enero Je 1903.

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"Leyendo el Corán." ( Acuarela de Fabrés.)
"Limpiando la lámpara." (Acuarela de Fabr6s,)

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EL UUXDO ILUSTR.&lt;\.:,O

Domingo 4 de EneTo fie 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Rdlqulas Históricas.

yecto al Virrey el 29 de agosto de 1781, abriéndose sus clase,; en la casa de Moneda el 4 de
noviembre de 1781.

NTRE las reliquias hist6ricas que se lutllan en poder de particulares, se encuentran las que en reproducciones fotográficas damos á conocer hoy á nuestros
abonados.
La carta de H idalgo es un documento im-

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Más tarde, aprobada y dotada con trece
mil pesos anuales por Carlos III, se abrió de..,
un modo solemne el 4 de noviembre de 1785,
y por último, en vista del aumento de alumnos, se tra.nsla,d6 la Academia al local que
ahora tiene, instalándose definitivamente eh él en septiembre de 1791.

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MADRIGAL .
Rosa que mustia y ajada
miras á tierra, apenada,
vuélvete á. alzar orgullosa.,
pues no hay una Hor, ¡oh rosa!,
que junto ÍL ti valga nada.
Porque tú, que te has erguido
entre la mata de pelo
de mi dulce bien querido,
puedes decir que has tenido
un trono encima de un cielo.
Cielo incomparablemente
más hermoso y esplendente
que el de Dios, pues el de Dios
tiene un sol únicamente
y en el tuyo ¡brillan dos!
JOSÉ GoNZÁLEZ GALÉ.

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Cf1'1n-ó

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1 ¡uaJGIA.0.- lf',:-r

DIA DE MUDANZA.

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N mi casa, hace ya varios lui;tros, era para nosotros un gran
{JU .JIMl'J&lt; d,,t,_/_,.,._ "'- ,In ¡J"uk,~&lt;/
día el «día de mudanza.-» Ni ha~ l., ~ j, f,m~/o (J. /)Un. t!J/&gt;"7'&lt;"•-'
bía que penFar en la escuela-«amiga»
se llamaba entonces, -ni en abluciones
inútiles, ni en ninguna de esas zarandaja¡, que amargaban nuestra cuotidiana vida de chiquillos.
portante por todos conceptos, pues vino á es¡Xada de eso! Ese día era de holgorio, de
clarecer un punto largamente debatido y cojuerga, de libertad absoluta, pues los padres,
mentado: ¿por qué motivo el inmortal Cura
tíos, nanas y demás tiranos del hogar, no pode Dolores, encontrándose á dos pasos de la
dían repicar y andar en la procesión.
metrópoli, y victorioso en el Monte de las
Tanto como nosotros gozábamos sufrían
Cruces, no tom6 la ciudad dando fin dti esta
ellos. El natural trajín de una casa puesta remanera al gobierno de virreyes?
pentinamente en movimiento; la torpeza de
Según parece, la carta que publicamos fué una especie de circular
enviada á. distintas partes, con el fin
de acallar los gritos de desconfianza
, / ( ~ J.
c,;.Ü.1t ~ ¡.i.
a Jt. ft~:J.&amp;n ,~,...
que se levantaron á raíz de la retirada del sefior Hidalgo, del ~fo11te
lo..
de las Cruces.
/'""1,,J. /&gt;. J t1f ,.-., Ul#T•I r, • 1 M lt..' l'\
Esto explica por qué la carta no
{~,,1rir, ,,,., Jt. 1t 'b•" lv l1c-..u1tft4..,.,.._,.
tiene dirección expresa, y por qué
está escrita por Don Ignacfo Rayón
':7f!. ,~Jri,U,llt&gt;r
, a.'1 i'Jtd , .. 'l',J "" hhP-x..
,
I ,!
/
y firmada s6lo por Hidalgo el 13 de
/t.ntd·,~
u. ¡: ,. )""( C'•I , , w .. ~rl.,. ~,,r,..JJ.dltJ.noviembre de l 810, 6 sea pocos días
después de la retirada.
Al final de la carta, y fechada rl
día 5 de octubre de 1827, se encuentra una anotaci6n del puño y letra
&lt;le Rayón, en la que declara que la
letra de la carta es de su puño, _y
la firma que.aparece al calce, la que
us6 siempre el Cura Hidalgo.

----------------------"=

''" ,:. . ~ ,.,,. , , ,., .,; ..... /. , , ,. _ /

cía derrames biliosos en «la gente grande," integrada por mis padres y dos tías.
La menuda la formaba yo en unión de dos
primos, mayor uno y menor el otro; todos llevábamos el miFmo nombre de pila, y como los
regafios, amenazas de encierro y zafacocas ó
zapa.tazo limpio, nos eran repartidos por partes iguales, llegamos á constituir una alianza
tripartita, para cometer todo género de infantiles tropelíaF, dividiéndonos hermanablemente las consecuencias.
Las niñas, que eran tres, mayorcitas que
nosot.r os y con humos ya de pollas, quedaban
en «la casa vieja,» guardando la ropa en los
baúles, empaCRn&lt;lo la loza y el cristal en sendos canastones, dei1colgando cuadros, retratos
y repiFaF, procurando, escobeta en ristre, que
las camas llevasen al nuevo hogar el m111or
número de incómodos vecinoF¡ desarmando
guardarropas, y, á plumerazo limpio, quitándoles las telarañas y no pocas arañas que, erguidas en sus múltiples patas, corrían ágran&lt;les pasoF, azoradas de que aFÍ, sin previo a viso, i:-e las pusiese en dispersión.
Pero los tres Manueles, la pilletería de la
familia, ésos ¡á la casa nueva! á fisgonearla
bien por arriba y por abajo, con el pretexto
de "recibir los muebles.)) ¡Buenos estábamos
nosotroF pará recibir algo que no fueran palizas 6 filípicas paternas!·
Ya e1,tábamos allí, desde muy de mañanita, vacío el est6mago, pero el espíritu alegre
como una esquila.
Por más que la fortuna, nunca abundante,
de mi padre iba en mengua, y al cambiar de
casa sufríamos un sensible descenso en comodidades y en condiciones higiénicas, nosotroF,
mocosillos de cinco á siete afios, nos entusiasm{tbamos, nos atraía la novedad; el desorden
que originaba la mudanza estaba de acuerdo
con nuestro temperamento inquieto, bullicioso; gozábamos.
-¿Ya viste?-decfa mi primo-la escalera
es muy bonita; de palo.
-Y en el comedor hay una alacena queparece puerta.
-Yo ya fuí á la azotehuela, es muy grande y tiene dos...... uno para los criaqos, y otro
para nosotros.
-¡Ahí están ya loe; cargadores!
Y bajábamos y subíamos escaleras á mÍts y

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IJ.
ue,,,,6.Slr) ~ u.n.r/

C 1 A~ ..•.,. /hr.W; h • , l,1 /t:.,,; '""' . . ¡_, CEn la inaugurad6n de la Academia de Bellas Artes efectuada á fines
,.,,._...,b,3, t'tJ,•At•,,../. /¡, 4¡..,, /' ert fqnJ"tJ
del siglo XVIII, se repartieron como un recuerdo, entre los que concu2 ,i; .,,.. '- """"'J w /,,_-.(J.1r. , ,
turt1f ~,.,. ''"
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rrieron á la festividad, unos plati/t ..,.;
,,.,•1.'f'.4"""::).
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tos de porcelana, primorosamente
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'( ../{, 1..,~ ).,, , " / . ' t.l¿.., f ,.,..·ron..~
grabados, como puede verse por la
fotografía que de uno de ellos-pron1tr.,/''f
~, ,.,.,.,., 4 ,.....,.,.,¡z..
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ba b) emente el Ú1nico que exi.;tepudimos tomar, debido á la deferen,
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F
~, &lt;-•T, ~·-·
4i .... ,
.'{. ¡.., c...r»-'1'.,,;;.
cia e señor rancisco Garay y Jus- .. .,,..=--~~---- - ~ - - -- - - - - - - - -....:.:=--=-.:.:..;:.. . . ;::..====::....;:.:.:......:..~;__:_----=- - -----•
tiniani, su actual poseedor.
Sobre la fecha de la inauguraci6n de la
los mozos de cordel, que hacía menguar en -no
mejor; «ayudábamos» á los criados á poner los
Academia, no están de acuerdo los cronistas.
pocas piezas el menaje; la irrevérencia de alcopetes á los guardarropas, á clavar alcayatas,
La idea de su fundaci6n nació de Don Ferguno de ellos; que cogía el nicho de la Virgen
para colgar de ellas, ya el retrato del abuelo,
nando José :i\fangino, Superintendente de la
6 la capilla del Sagrado •Coraz6n como si toque parecía miramos con miedo y decirnos:
Real Casa de :Moneda, quien present6 el promara una silla y un bast6n, todo esto produ"iA ver si me matan! », ya un espejo poco se&lt;,i;

1 ,... ..

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4.

&lt;. ,., . ,.,

guro en su marco y menos en nuestras manos, ya la cazuela del mole, que era un cacharro como de una vara de diámetro.
Comíamos mal y de prisa al cuidado de las
criadas, olvidando hasta los más nimios rudimentos de educación que nos habían enseñado. Y con el bocado en la boca, como vulgarmente se dice, volvíamos t1 la tarea; &lt;lesempa-cábamos la vajilla, causando en ella considerables bajas; nos mecíamos, tirados boca arriba, en los cctambores» de las camas; subíamos
ú la azotea por una escalerilla de mano, provistos de un jarró lleno &lt;le agua 6 del líquido
que 1¡,e pudiese i;acur, y lo vaciábamos por las chimeneas de
la cocina vecina; nos apersonábamos con el chico de la
portera y le soltábamos algunas groserías de las finas.,
acompafiadas, á veces, de algún soplamocos, para entablar
amistad con él, hasta que, al
anochecer, agobiados, rendidos, llenos de polvo, caíamos
en postura ele fusilados sobre
el primer lecho, :-:i!l6n 6 silla
con que tropezábamos, para
esperar el malditíFimo día siguiente, en cuyo rosado amanecer se esfumaba la grisácea
figura del :-:eñur Argüelles, el
maestro de e:-cuela..

.

la familia, á los conflictos pecuniarios del jefe
de ella.
La hnllé triste; ni una ventana abierta, ni
un tiesto de flores en los balconei,,, ni un canario piando contento y saludando al sol.
Pregunté al portero; no me conocía y se
concretó á decirme:
-¿Quiénes, los del seis? Se están mudando.
Efectivamente, fm el patio se veían las parihuelas cargadas con muebles, para mí muy
conocidos; los mozos de cordel, sudorosos, jadeantes, mal olientes, bajaban las escaleras
cargados como bestial".

Domingo 4. de Enero de 1903.
má y mi tía eAtán en la casa nueva ...... yo me
he quedado aquí para ayudar en lo que pueda ..... . y la abuelita ...... la abuelita se mud6
hace ocho días ...... no sé d6nde!
¡Qué dulces sus palabras! ¡qué ternura en
su vor.! con qué delicadeza clav6 en mi alma,
suanimente, ¡.ioco á poco, el puñal que me
del"garró el alma!
l\Ji madre había muerto, como mueren las
madres, todas, ¡para siempre!

***
Y como era cedía de mudanza,» fué esta señora de diez
años, de cabellos rubios, de
clientes menudos como granitos de arroz, de ojos azules, lle
abundosa y fácil verba, de hoca de roFa, la que dirigía la
e&lt;mudanza. &gt;&gt;
Porque la otra, la viejecita
de cabellos grises, de piel ¡irrugada, de secos y delgadós labios, enclenque el cuerpo y el
habla trémula, és:1, que debió
hacerlo, ccl"e hahía muda&lt;lo antes» ..... Y no ~a\:Jíamos ni sabemos d6nde.
MANUEL l\l. PANES.

Hay en el abismo de la conciencia humana un deseo innato: la posesi6n &lt;le la felicidad. Este es el único pen!-amiento que subordina todas las
voluntades.

** *
Pas6 el tiempo; crecí, me hi-ce ó me hiciPron hombre, por
mitad los años y las miserias de
la vida; tuve hambre y apren&lt;lí á ganarme el pan; tuve an helos de querer mucho y aprendí á leer de corrido en el libro
&lt;lel amor; me enamoró la vida
aventurera. y fuí y vine, camhiando á mtinudo de paisaje,
-despreciando hoy lo que envi&lt;liaba ayer, viendo muchas carns hermosas y muchas almas
P lato conmemorativo de l a inauguración de la Academia de San
feas, gozando una hora para
sufrir un día.
Al fin, el hastío, un hastío estúpido, vul-¡Vaya!-exclamé.-¡Día de muclan· a!
gar, que no podía llevarme al suicidio ni al
Recordaré mis buenos tiempos. Y entré.
idiotismo, se apocler6 de mí.
La casa olía mal: olía ccá botica;» gente!':'exUn residuo de energía me alent6; quise comtrañas i,alieron á recibirme. Daban 6rdenes
1,atir ese hastío y busqué en mi ayuda el tibio
disponiendo de lo que era mío, de lo que er~
re,-coldo de mi hog:n. ¿,Por qué no había d~
nuestro, romo si sobre sus propiedades manencontrar bajo el yugo de mi madre-lo únidasen. Sólo una sobrinita. mía, chiquilla de
-co que me quedaba,-sometido á la esclavitud
diez años, vino á mí con los brazos abiertos.
&lt;le la familia, lo que la libertad, la indepen -¡Nené!. ..... ¿Y tu mamá, y tu tía?....... .
&lt;iencia, el "judaísmo erranten me negaban?
¿dónde están?..... .
Hay cadenas de hierro que se antojan guirnalCa116, bajando la rubia cabecita.
&lt;l11s de flores ; hay 111anoH rngosas que oprimen
-¿Y mi madre, tu abuelita? .. ... .. .
y que gustoso besa el opri111ido.
Entonces la niña, con esa perspicaz comMe resolví y volví t1 mi rasa.
·prensiór. de los muchachos, tartajeando y sin
Era aquella misma donde mis primos v yo
alzar la vii;ta, dijo:
i-etozábamos alegres, ajenos á las miserias tle
-Tío: hoy es día de mudanza ...... mima-

***

La vejez es la edad de oro
de las Yirtudes negativas.

***

Carlos.

La alegría íntima que nos
enajena, va siempre mezclada
de un deseo ardiente que nos
atormenta.

VOT O.
Destaparé mis ánfora3 de esencia.
Y prenderé mis candelabros de oro,
Cuando la diosa pálida que adoro
Llene mi soledad con su presencia.
En su pelo de blonda refulgencia

Y en su labio odorífico y sonoro

Hay el fulgor de un candelabro de oro
Y el perfume de un ánfora de esencia.
Vendrá con su ropaje de inocencia

Y hostigando mi amor con su decore•,

Pero al fin gozaré de su oµulencia
En medio de mis ánforns de esencia
Y mis ardientes candelabros de oro.

EFRÉN REBOLLEDO.

�Domingo -1 de Enero tk 190:3.

EL MUÑDO ILUS'l'RADO

EL 11TXDO ILl~STRADO

los días rstrechamente juntas, como luchando con una fuerza que intentara. apartarnos! ..... .
Ay! Pero ni siquiera había de quedarme esta compañía que endulzaba los sufrimientos de mi corazón.
Quince &lt;lías después salíamos de la iglesia ele San \'icente y tratábamos de atrave~ar la calzada frecuentadísima que desemboca en
la Avenida &lt;le Meilhán, por la que pasaban multitud de carruajes. 1\fi
madre, no repuesta aún de la emoción durante la misa, y con los ojos
nublados todavía por las lágrimas que corrían bajo su velo, tenía prisa de regresará casa. Vi bajo el crespón el brillo de sus dientes que
mordían los l:i bios sollozantes. Llena de impaciencia, quería llevarme muy de prisa hacia el hogar abandonado, d.on&lt;le pu.diéramos llorar sin descanso.
Se lanzó á la mitad de la calle y la seguí; pero al mismo tirmpo
me detuve y dejé escapar un grito. Un carruaje amenazalia pa~ar sobre ella: le ve, se aparta, pero se aparta demasiado y otro la clerriua:
una pesadt.. carreta que parecfo. inofensiva, que caminaba paso á paso. En mi dolor no he tenido la satisfacción ele decirme q ne si esto
ó aquello no hubiera ocurrido, se hubiera evitado el irreparable accidente.
Madre adorada, tú sola te arrojaste á la muerte corno llevada &lt;le
tu firme voluntad! Y en el último momento, en medio ele la nonvulsión postrera, tu mano tuvo un ademán que comprendí súbitamente.
Me decía:
-No avances! Yo muero ...... tú vive! ........ .
Y quedé aturdida. Y no arnncé. Y moriste sola. El timón te
hirió e11 el pecho. Tengo en el corazón el grito sordo, ronco, arrancado
de tu pecho sorprendido. El caballo, bajo la mano del carrero que
&lt;JUería detenerlo, se encabritó y dejó caer su cal'co sobre tu pobre cabeza, caída en tierra. Este golpe fué mortal. Se ha dicho que no habrías muerto del primero. La multitud gritaba y se aglomeraba. ::\Ie
desYanecí.

II

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.--ILUSTRACIONES DE SIMONT.
TRADUCCION Dt "tl JrlUNDO ILUSTRADO."

Hay almas que son tal vez como las semillas de c-iertas plantas,
que no pueden germinar sino en determinado suelo. En los centros
mundanos, en los cursos ele educación á la moda, donde las muchachas llegaban cuhiertas de seclas y encajes, empolvadas y perfumadas,
acompañadas de una institutriz de adorno, a!lí mi alma no Ee encontraba en su medio vital.
lfoé preci!'O que una rúfaga ele viento arrebatase á los míos, á los
que me proporcionahc1n el bienestar, para que yo fuese llevada, como
una semilla, al terreno que me destinaba la Providencia. l~ntonces
creí: mi alma se ensanchó y se ahondó; conoció los sufrimientos y se
llenó Je piedad.
Más aún: mi maho torpe, tomará la pluma para pedir socorro;
no para mí-que, á Dios gracias, no lo necesito, -sino para las otrils,
para, mis compañeras las maestras de escuela. Y escribiré este libro.

¿,Cómo llegué á maestra ele escuela·?
Fuí la hija única de un doctor de l\Iarsella, y de una mujer muy
cuidadosa del bien parecer ele la casa. Este bien parecer estaba asegurado por la fortuna que nos dejó mi abuelo. Pasaban los días en
medio del lujo y la tranquilidad. Sabía yo que era rica; pero quería
ignorar cuál es la magia de la dote. Em muy bien recibida en sociedad. Debía el éxito á mis ojazos azules, franjeados por la línea obscura de las pestañas; á mi talle redondo y fino; á la hermosa trenza
castaña cobriza que me caía sobre la espalda. Era feliz; siempre alegre, siempre haciendo ruido en casa.
Mas,
desde esa época, el fondo ele mi carácter era más bien si•
,J
.

lencioso y lleno de sensaciones «obscuramente luminosas». Por ejem
plo: me sentfa vagamente turbada siempre que ante mi dicha se Hlzaba una miseria ajena. Papá y mamá parecfan hacer de n;i dicha
todas las leyes del uniYerso. Jamás medité acerca de mi egoírn10 deamor; tocábnme sólo dejarme amar, y asi lo hacía.
Pn día la de~gracia cayó súbitamente sobre nosotros, como Rúlntamente se arnontonan las nubes en el cielo y se desata la tempestad.
He dicho que éramos ricos; mas esto no bastaba á un bnen pnclre que tenía locas ambiciones para mí y me quería rica entre las
ricas. Oyó hablar de una empresa de minas, se alucinó y arriesgó nlgunos fondos, que no tardaron en desaparecer; y tras de éstos .:iguieron otro!'. Luego mi padre se ,·ió }lOseído de nna especie de fiebre:
enloquecido, siguió arriesgando lo que le quetiaba, y no tardó en
arruinarse. Entonces se le declaró una enfermedad del coraz6n, antes.
anunciada vagamente. Le vi mortalmente enfermo y no supe la cnnsa, porque él, por un supremo pudor, por lo que llamaba «su culpa,,,
quiso que yo la ignorase. Cuando, al morir él, quedé como petrificada á la cabecera de su lecho, vi á mi madre que gritaba:
-¡Ha muerto porque estamos arrninados!
:No comprendí nada. ¿Qué significaba eso de "arruinadoR»? Sólo.
me laceraba las entrañas la muerte ele aquel ser queriJo. ¿l~ra posible que hubiese muerto?....... Veía, como en un suelio, su hermoso
rostro lívido y descompuesto, sus manos enclavijada~ en el pecho, y
un desfile de personas que acudían silenciosamente á la cámara mortuoria ........ .
No volvió á ser la misma la querida y alegre casa. Por todas partes
pe1iclían grandes corti nnjes. Mamá y yo, vestidas ele In to, pasá hamo~

Los periódicos refirieron el acC'idente mortal de mi madre, recordaron la muerte de mi patlre y dedicaron algunas frases discretas á la
hija que que&lt;laha huérfana y sin fortuna. Porque no se había olvidado la historia de la ruina ele mi pobre padre, y eso ba:;t6 para hacer
el vacío desde luego en derredor de mi recuerdo.
Sólo,dos amigos me quedaron: el Dr. Cairol ysuesposa, que me
llevaron a su casa desde el día de la desgracia. De nada me acuerdo,
hasta un momento en que me encontré junto á los dos ancianof. Fué una maüana; estaba yo acostada en una recámara elegante·
!~asta mi lecho llegaban ;ayos ?e sol. Mis ojos distinguían aquel!¿
sm comprenderlo. Loca, o med10 muerta, murmuraba frases sin sentido. A cada palabra movía lentamente la cabeza en las almohadas.
No tenía fiebre; pero sí algo como un aturdimiento y parece que de
ello llevaba ya algunos día!'.
'
A mi cabecera meditaba el Dr. Cairol. Era él q11ien había cuidado mis achaques de niña, para los que mi padre no se fiaba en su
propia ciencia. Ahora no tengo padre; y el viejo amigo no ha abandonado sn puest?. Mira ,:on ?esespe.ración á la huérfana que no quiere consuelo. Hamtentaclo mil reactivos y su mujer me ha arrnllado
como se hace con los pequeñitos que gimen; pero de mis labios seco~
no se aparta la queja. El doctor está perplejo ....... intentará un Cilti1~0 supremo medio'? Consulta á su mujer y eila pilidece al oírlo. Yac1la por algún tiempo. Por fin, me pulsa, sacude la cabeza y se resuelve.
Pide á su mujer que le ayude, pero ella se aleja y se niega..... .
. Después he recordado to~os esos detalles. En aquel instante, casi
e:i:,:tmto, .nada comp~·endo: nu cabeza se mueve lentamente y mis labios repiten su gemido loco; el doctor desliza su brazo bajo esa pobre
cabeza; habla:
-Escuche usted, hija mía, está usted enferwa y consiento en cuidarla; pero ¿dónde ponerla? Esta es la recámara de mi hijo. 'Usted
eabe, mi hijo Gastón, que acaba de casarse.
La~ p~labras me llegan como ele muy lejos; las oigo mal; el doc tor contmua:
-Escuche usted, María Teresa, es necesario salir de esta recámara para dejársela á mi hijo. Ahora ya no tiene usted casa!
Murmuro:
-Por qué?
--.P~rque es usted P?bre como los pobre.s de las calles. Su padre
l~ arrumo antes de morir. La he~1.os recog~do por compasión, pero
1esulta que nos molesta un poco, l11Ja mfa. Es neceisario que Jo comprenda usted y que tenga en~rgía para que pueda trabajar.
-:Basta! exclama ~uphcante la esposa del doctor, y nos dirige
una mll'ada cuya a11gustia acaba de curarme.
-P~rque .mi pensamiento apenas flota ya; debo sanar. Sentada,
con los OJOS bnllantes, con YOZ tranquila, interrogo:
, -¿Nada tengo ya, nada? Sabía que estaba arruinada, pero no
hacia caso de ello! Antes de la muerte de mamá nada había cambiado en la casa,. aunque ya,p~pá hubiese muerto ...... ¿Por qué?
Por las sumes del medico corrían gotas de sudor.
.
-~orque los acree~ore~ re.spe!aro1~ el luto de su mamá. Pero eso
no t;-rdo mucho, y l~ ~1sena v1i:i~ meYitablemente ...... Sí, la miseria,
Mana Te~esa! La evito su ex.qmsita madre. Pero ahora usted vive,
pob;e amiga mía; sabe usted que no somos ricos ...... su presencia
aqm .....
--Ba~ta ya! repite la señora, torciéndose las manos.
-DéJele usted, señora! El ~octor tiene razón. Es necesario que
me levante, que tome algún partido. ¿Dónde están mis ropas, sefio-

Domingo 4- de Enero de 1903.

ra? No las veo. Sírvase usted dármelas. Sin. duda t,fltedes no pnetlrn
tenerme siempre consigo. Estoy arruinada ...... Es una dicha que
mamá haya muerto.
Me desmayé ror la segunda vez en mi vida.
Cuando Yoll"Í en mí, el llanto surcaba la~ mejillas del doctor.
1\1i corazó:1 estalla en Follozos hienhechoref' . ..... Estoy !'al\'ada.
Ah! las súplicns del buen hombre! Lns exolicnciones &lt;le la .:eñora. Amb.~s están junto á mi lecho, con el rostro radiante ele ternura
y confus10n ....... .
-•-Era para curarla ...... Es usted altiva ...... Sólo eso podía sr.carla de aquel e~tado. No nos vuelva usted á hablar de ello. Nosotros
la querernos mucho, mucho!
Me abrazan, estrechan mis manos; son momentos indecibles dedolor y de afecto. Les &lt;levuelvo rns cariño~. les consuelo ...... Ahora
soy yo la fuerte y ellos los que están abatidos, porque no desisto demi propósito de partir.
-¿.Dónde iría usted, después de todo? pregunta colérico el doctor.
-¿,Dónde? Buscaré y encontraré...... Tengo dieciocho a Ji os, soy
instruída; mi deber es trabajar. Concédame algunos días para reflexionar, para buscar mi ruta.. .. ... .
-Algunos días! Ingrata!
Están aturdidos y vacilantes. Por fin, el doctor inclina su blanca cabeza.
-Tiene usted razón, es el deber. Que nuestro cariño no la estorbe ........ .
Salen ele la pie-za. 1Ie le,·anto, me baño el rostro en agua fre¡.:ca,
y cuando me veo al espejo, me asombro de la seriedad que habían
tomado mis rasgos .... .. hay en ellos algo mús de nohlrza; se ha calmado el temblor de mis labios; mis ojos brillan con fulgor tranquilo.
Nada de lo que busco se ha niostrado aún en mí; pero siento que estoy en la \'Ín. recta: el ambiente moral que respiro place á mi ~ano
pensamiento, que las mas abruptas cimas del deber no espantah.
l\Ie presento ni comedor. Mis amigos me rodean tle las mayores
ntencione~. Xn se habla una sílaba de lo que á todos nos prt&gt;ocupa.
En la noc-he siguie11te, con el codo apoyado en la almohada, paso
las horae soñando despierta. Lo dije ya: soy instruída y quiero trabajar; rero ¿.cómo? Soñaré en una casita modtstísima donde virn !'lula
sin ser una carga para nadie. ¿.Qué trabajo me ¡.ermitirá loararlo·?
me pongo á dnr leccionef:', ¿me bastarán para los gastos ir~dispensables·? Ignoro la totalidad de las exigencias de la vida pero tengo el
instinto de tantas necesicladEs, que me espantan.
'
En mi espíritu surge la Yisión de una institutriz que conozco.
No pue~o rec~rclar su nombre; pero lo~ detalles que se me agolpan,
cubren a e,;ta JO\'en fisonornfa de humildad y ele tristeza que me oprimen el corazón . Seguramente que esa muchacha de veinte nño;:: ha
de tPner alegría, ingenio, esperanzas! Pero nada asoma á su pá'lido
rostro .
. ~s el re~ejo rngo de la ~eñori ta mayor de la casa, y á los ojos de
la nma, .¡.:u d~~cípuln, .es un Juguete de la señora de la casa. ¿,Aceptaré una situac1on semeJante? En la sombra de la noche mi frente se
contrae ...... Xo! no! Nunca! ..... .
l\Iejor estar i-ola y libre! Construir una casita no sé dónde· reinar en ella. Dónde? Cómo? Jamás había oído hablnr de la vida de
la in~titutriz municipal ;mas he aquí que la casita de mi imaginación se
convierte en casa de escuela; hay una clase llena de niños· uua. recámara doncle me ~·etiro ?e~pués de mi trabajo; por todas pa'rtes flores,
ventanas de co1:rnas rusticas, que dan sobre un campo apacible ... . . .
Cosa extra!ia! A mí ll~gan los .perfumes de esa campiña! l\Ie
duer!no tranqu1!?11lf&gt;nte.. ~I1 pensam1~nto ha resbalado de la inquietud a la r;soluc1on clefin1tn-a, como si una fuerza mágica acabase de
llevarm~, a esa vía y_ ~firmarme ~n la dicha de ella. Sin esta previa.
persuas1on &lt;le la fel1c1dad. habna fatalidades.
Seré maestra de escuela!

Si

III
Al día siguiente doy cuenta de mi hallazgo. La señora de Cair?l .escu~l1a; el c!~ctor trata de disuadirme ...... He dado desde el princ1 pio m1 res~lu?10n final; por fin, el doctor aprueba, á medida que
desarrollo mis ideas de la víspera.
, -Uste,d institutriz en mi familia? Vamos! ..... .Ha tenido usted
r~zon •••·••No era e~o lo que se necesitaba . ..... ni dar lecciones en la
cmdad: es~o es peligroso. Allá en mi lugarejo, es distinto: el campo,
la verde_ hierba, el .canto de loR gallos, el balido de las ovejas ... ..
La senora, lo mismo que yo, mira al buen hombre que al fin no
puede contenerse: .
'
. -Con~·enido, nifia! Usted es muy instruída. Xo nos será difíCJl consegt~1rle en:ipleo en una población corta. Falta el diploma .... . .
gsted no tiene diploma; y, en verdad, á pesar de su ciencia necesita
ste1 ese papeh~cho. Así ee que permanecerá usted aquí. Sabe que
Gaston no _necesita de su rccá~ara, pues hace el viaje de bodas, que
du~ará meses. Por consecuencia, será usted nuestra hija, quiera óno
qmern, en tanto que consigue sus papeles. Magnífico!
Quedo estupefacta. El doctor se frota las manos. La señora encantada, me besa. Pero es cierto lo que dicen : tengo que perma~ecer
allí.
-Pero, amigos míos, ustedes no son ricos.
-Y~m~s, niña, hasta por hoy!
, ~fe _mclmo ante su decisión, llena el alma de gratitud. Desde el
d1~ s1gt~1ente entro en campaña. Quiero gastar lo menos posible r.
n:11s amigos; así e~ que no seguiré estudiando en mi antigua escuel/
srno en una gr~tu1ta, puesto que soy pobre y aspiro á emplearme e~
una escuela as1.

�Domingo 4 de Enero de 1903.

EL :MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO
M:e echo á buscar. Entro en la escuela que encuentro mfts_cerca.
-Aquí-me dicen- no es más que una escuela primaria. Usted
habla de diploma, y necesita dirigirse á una escuela superior, por
ejemplo la de la calle de Bergers .... .... .
l\Ie dirijo allí, pero mi estoicismo se detiene ante esa resoluci6n.
Un :fondo de orgullo en rebeli6n, uua altivez de mala ley que me decidía á mezclarme lo mehos posible con las niñas e.le la escuela. Fuí
introducida al despacho de la di rectora. Jamás olvidaré ese instante.
Mi voz vacil6:
-El diploma elemental, señora, y también el superior. Quisiera ambos en este acto. Podré alcanzarlos trabajando día y n-oche, si
es necesario. Quiero saber solamente si este establecimiento está á la
altura de tales estudios; si aquí se siguen todos los programas.
Que adivin6? ...... Sus ojos grandes me miraron.
-Quiere absolutamente concluir este año? Por qué no, si está
Usted resuelta á trabajar? Sí, la escuela está á la altura. . .. D6nde ha
hecho antes usted sus estudios?
Sentí un impulso rebelde; no quería recordar nada de mi pasado. Iba, no obstante, á responder; pero la directora me interrumpi6
con su voz dulce.
- En fin, no es necesario saberlo. Voy á inscribi r el nombre de
usted, y le quedarán abiertas las puertas de la escuela.
Acerc6 un gran libro de registro; buscó una página; luego, cor,
la pluma ya lista, alz6 h::i.cia mí su hermosa frente. l\Ie atemorizaba
tener que decirle mi nombre, que podía hacerle conocer mi historia.
En ese momento llamaron á la puerta' y e; ,tr6 una niña.
-Ah! mi pequeña Cecilia-dijo bondadosamente la directora,falt6 usted esta mañana; lo noté en la clase de aritmética .......... Por
qué?
Muy rubia, intimidada,no de mí, á quien ni siquiera había visto, sino probablemente de la directora, respondi6 la niña:
-Mi padre se hiri6 con una. herramienta al estar trabajando,
señora. :Mamá, para cuidarlo, dej61a ropa que debía entregar y que
no estaba acabada de lavar, y he tenido yo que terminarla.
-Es grave la herida de su papá, Cecilia?
-No,sbñora. Un día de reposo, según parece. Lo principal era
esa ropa.
-Bien, bien ...... Prncure usted ahora ponerse al corriente con su
clase.
- Lo haré, rnñora.
-Una palabra, Cecilia. Ruegue usted á la señorita Vernet que
venga un momento.-Ya la mandé llamar con una niña que ha de
haber olvidado el encargo.
Y, volviéndose á mí, iba á hablar, cuando llamaron de nuevo.
Era la Señorita Vernet,que se disculpaba de haber tardado.
-El profesor de dibujo me retenía, señora...... . .. .
-Bien, querida señorita. No es sino una palabra acerca de la
clase de geografía. Habrá que arreglarse de manera que las niñas
puedan estudiar de día ese libro. La mayoría de ellas tienen en casa muy poca luz, y los nombres de los mapas son tan finos que sus
ojos se fati~an pro~lto. Más 0rde hablaremos del asunto; por ahora
vea usted s1 es posible cambiar la hora de estudio.
Sonreía dulcemente para acompañar con su sonrisa la retirada
de la joven profesora. Y luego, volviéndose á mí, me dijo resueltamente:
-Señorita.
Yo debo de haber estado muy pálida. Refugiada en un extremo
de la pieza, había asistido á esas escenas. La colada de la niña Cecilia•
esos hogares entrevistos, en los que la luz no baetaba para alumbrar la~
páginas del atlas; esa bondad de la directora; esa tranquilidad en el
deber........ . Qué era aquella pobreza cuya revelaci6n, en lugar de
ocasionarme disgusto, me causaba una emoci6n extraña, una emoci6n
de asombro?
-Bien, señorita, es necesario decir su nombre; es un requisito.
Me agité para volver en mí.
-1laría Teresa Romane-murmuré.
-La hija del Dr. Romane, de quien han hablado los peri6dicos?
Sí-dije con brusquedad.
Ah !-exclam6 dejando la pluma. y viniendo hacia mí.-Pobre
pobrecilla! Cómo adiviné que sufría usted!
'
l\Ie hizo sentar, y quedó de pie, mientras yo me ocultaba con
las manos el rostro, inundado de lágrimas..... .. ..
.
-Llore usted. ... .... .Conozco su historia! un padre y una madre
muertos ambvs en tan poco tiempo.
A poy6 su mano en mi hombro.
-Y no es eso todo. Ha ve!1ido usted aquí tan pronto, porque
no tiene nada ni á nadie, ¿no es verdad?
Quiere usted sus diplomas para hacerse un porvenir? ¿Qué
porvenir?
-No tengo hogar, señora, y pediré un empleo al gobierno.
- D6nde, en una poblaci6n corta?
-Sí, seüora.
. Después h~ recordado que, en aquellos momentos, sus ojos se
pusieron sombnos, y su frente se contrajo al pronunciar las palabras
siguientes:
-Por qué no mejor ser institutriz en una familia?
Y después de una corta vacilaci6n:
- .... .. . .. O empleada. en un al macén, 6 en un puesto cualquiera
en el teléfono ó en el telégrafo!. ...... .. Por qué preferir la soledad de
un 1ugarejo?
.
-Así lo quiero-ineistí, s~jeta aún á la magia de la palabra ccsoledad, J&gt; que acababa de pronunciar la maestra. Así lo quiero!

Domingo -! t1c Enero de 1903.

Retir6 su mano de mi hombro. ·Ahora tengo la impresi6n de que
desde ese instante qued6 resuelto mi dP-stino. Su ade~án significaba
((La compadezco, pero adela.nte ...... debe de estar escr1to)).·:· ··
El rostro expresivo de la. directora, sus maneras delica.d.as,, su
bondad las escenas que había yo presencia.do, todo me conquisto.....
Hice a1;te ella reflexiones' acerca de mi es:.Udo de ánimo,
que no. ha.
bía hecho ante mis amigos los Cairol. La hab~é de m1 permanencia. e.n
casa del doc~r, de la posibilidad que me br~ndahan yar~ hacer mis
estudios en donde quisiera; pero que yo hab1a preferido 11" á una .escuela gratuita: Hasta. me atreví á decir que bendecía esa resol uc16n
que me había llevado á elfo..
. .
-Es usted complaciente, sefi.ora.. Los sufmmentos no la arredran; es que debe usted de h~ber visto tantos.
,
.
.
J\le miró como p1·eguntántlome lo que yo habia quendo decH, y
pareci6 haberlo comprendido luego.
-Sí,esa tarea de lavado, esa herida del padre de Cecilia, esa historia de las lámparas .. . ... todo eso asombra á usted sefi.orita ......... Lo
comprendo: ha vivido usted siempre tan lejos de las miserias!. ....... .
si usted supiera qué poemas hay en estas miserias! ....... .
8u rostto se había transfigura.do.
.
Después afiadi6, con sonrisa tranquila, en tanto que su voz vibraba aúu por el entusiasmo con que pronunciaba las palabras:
-Este pueblo, .sefi.orita, es el hermoso pueblo de Francia. Usted mer~ce pertenecer á él, puesto que ha venido á nosotros y quiere
trabajar valero.samente.
Se puso en pie. Salí de allí deslumbrada por no sé qué visiones
adivinadas. He leído en alguna. parte que las almas, aun aquí en la
tierra, antes de haber franqueado la muerte, que es una elevación,
suben algunas veces un grado en la escala misterio&lt;:1a del conocimiento.
Creo que yo acababa de subir un grado.
IV
Fueron horas únicas en mi vida. Ignoraba lo que es el pueblo:
le conocí y le admiré. Todo el Marsella obrero, pero que piensa. y
que no se cree inferior por ser pobre, envía allí á sus hijos. Belleza,
inteligencia, valor, deberes formidables y cumplidos con amor; trabajo admirablemente arreglado en la eseuela y seguido con fiebre noble y sana; el porvenir meditado con calma y aceptado de antemano
en todo lo que tendrá de riguroso: tal fué la impresi6n que me causaron las j6venes de la escuela.
Aceptaban su situaci6n en calma, aun con cierto gozo tranquilo
que prendía en sus hermosos ojos fulgores de juventud y de fe. Por
qué no haría yo lo mismo? Qué más era yo que ellas?
Oh! sus pesadas trenzas, sus talles esculturales de marsellesas
su tiute sonrosado, sus pupilas azules como el mar, 6 negras, de u~
negro aterciopelado. Y su lenguaje, á la vez entusiasta y puro! Y su
gusto por tudo lo que es poesía, arte!. .....
Adorables criaturas, tan modestas y tan llenas de perfecciones
cuyos ensueños todos se resumían en ese diploma que debería hace~
ros independientes de vuestras familias...... Sin duda que esa situación, tan soñada, se os aparecía con probabilidades .de dicha ..... . Yo
veía estremecerse la esperanza en la sonrisa de vuestros labios entreabiertos, cuando alguien relataba ante vosotras la historia de alumnas que os precedieron.
Armanda, la institutriz de los niños de una. gran familia en Rusia, y que s.e cas6 con.el intendente del castillo. Luisa, la s~bprofesora de un mternado importante, y que acababa de ser solicitada en
matritl]oni? por el profesor d~ historia. Rosa, la bella é inteligente
Rosa, a qmen había yo conocido y que iba á casarse con el hermano
de uno de sus discípulos. Seguían los detalles menudos: la casita de
Rusia, que Armanda había descrito en una carta· la instalaci6n de
Luisa en una babitaci6n modesta, que todos habí~n ido á visitar·
por fin, y sob1:e todo, Rosa: había pedido un puesto de institutriz e~
un pueb!o, y sólo esperaba su no.mbr~mien~o} para casarse; después
~archana al pueblo con su mando: el abrma un taller; ella trabaJaría. en la escuela.
Y al fin sucedió ........ ..
Lo supimos inmediatamente...... La carta pas6 de mano en mano. Las j6veues la leyeron conmovidas y soñadoras, y por sus frent~~ puras surcaron, como nubecillas, muchas esperanzas........ Tamb1en ellas serían felices. -¿Por qué no?
·'
-Te confieso que yo preferiría un profesor, un maestro de escuela c?mo yo, decía una4 cándida como si en su mano estuviese el
porvemr.
-En e~ecto, decía otrn, pero Ger6nimo es un excelente obrero.
. -No digo que no .. .... Y, además, se amaban mucho desde ha?e tiempo. l\Ias p3:ra nosot~as, que no pensamos en nadie, sería meJor UJ: profesor. M~ra: la misma cultura de espíritu, las mismas ideas,
las mismas ocupaciones, lo misma casita de escuela.
. L~s hermosos ojos de todas aprobaban en silencio, con esa ligera
d1l¡tta~6n de pupila en que parece que el alma, para entregarse al
ensueno, abre la ventana. y se pone de codos á ella. Y esos silencios
~dora?les se prolongaban y hacían asomar el carmíh á las mejillas
JUvemles.
(CONTINUARÁ.)

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--

EL

\aJ . '

,ANO X•••TOMO l..,,.NUM. 2

MUNDO ILUSTRADO
MIXICO, fNfRO II Df 1903.

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Conservado por el método de M. Pasteur. Pre scríbese e n las molestias del
estómago, la clorosis, la anemia y las convalecencias; este vino se r ecomienda á fas personas de edad, á fas mujeres, jóvenes y á los niños.

Es el secretl) de la buena salud.

No dejamos, pues, de r ecordar á
las víctimas de su est6mago recurra á las

Píldoras del Dr. Huchard,
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TÓNICO - RECONSTITUYENTE
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.tia Grinde lia R o bus t a .Ese Jarabe tiene

Ele1&lt;cesodetraha1omentalproduce
agotamiento
fuerzas y

i

El único VINO auténtico de S. RAPHAEL e l solo que t iene el derecho
de llamarse así, el solo que es legítimo y de que se hace mención en el
furmulario del Profeso r BOUCHARDAT, es el de Mrs. CLE MENT y Cía.,
de Valence ( Drome, Francia).-Cada Botella lleva la marca de la Un ión de
los Frabricantes y en el pescuezo un medallón anunciando el " CLETEAS,"
Los dem ás son groseras y pelig rosas falsifica ciones.

ripida de I&amp;

LA LUCHA POR LA VIDA el
de
NEURASTENIA

Dirigirse al Apartado 123, Tehuacán, Pu~-

SAINT-RAPHAEL,

■uy

DE V E N T A

Racahout de los Arabes Delangrenier
l!l mejor alimento para los oióos

i!N TODAS LAS
DROGUE.RÍAS.

PETROL. . . . . -. . .
DEL DR. TORREL, DE PARÍS.

EL MISMO

1111io

So

FERRUGINOSO : SIETE M~AS ..ORO FOSFATADO:
b1ai1,

Cl1naia, C11nlecmi11, ,te.

l"ÁAÍ8

ZO, lff d• F-'t-St (111Cq111
1 en /u Farmu/u .
0

Lilfatiamo, Em6fnla, 846
Infartos de los Ganglios, etc.

Unica pre paración que evita la caída prematura del pelo, lo
aumenta, s uaviz t y hermosea, á la vez que le.cvmunica un aroma agradable.

EL USO DRL PBTROL DEL DR. TORRBL, DE PABIS.
evita la calvicie prematura, que tanto a fea y comunica al hombre el r e pulsivo aspecto d e un joven viejo y gastado.

Excmo. Sr. D. Práxtdts matto Sagasta,
Notable Político Español.

t

EN MADRID EL 5 DEL CORRIENTE.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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de Valence ( Drome, Francia).-Cada Botella lleva la marca de la Un ión de
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Los dem ás son groseras y pelig rosas falsifica ciones.

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1 en /u Farmu/u .
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Lilfatiamo, Em6fnla, 846
Infartos de los Ganglios, etc.

Unica pre paración que evita la caída prematura del pelo, lo
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evita la calvicie prematura, que tanto a fea y comunica al hombre el r e pulsivo aspecto d e un joven viejo y gastado.

Excmo. Sr. D. Práxtdts matto Sagasta,
Notable Político Español.

t

EN MADRID EL 5 DEL CORRIENTE.

�Domingo 11 de En-ero de' 1903.

tos Santos Reyes.

m

ELCHOR, Gaspar, Baltasar ......... .
reyes sin corona h eredada por generaciones nuevas, Eoberanos de &lt;1uién
sabe qué reinos cuyos faustos precisos no han
pasado á lns páginas de la hi!'toria, jE&gt;fes de
Estado anónimos y al propio tiempo eternos
••. .. . ¿os disteis cuenta, al sE&gt;guir los argentinos destellos de la le¡¡:endnria ('Strella que os
condujo á Betblfm, de que con eFa ¡iereg1inaci6n que efectuasteis por montes y por Yalles
y por desiertos ibais á conquiFünos hi imnorta)idad por los siglos de los sigloi,? ..... .
La caravana avanzaba lentamente. la estrella, alumbrando la ruta con las fulguraciones de su cauda enorme, marcaba el rumbo
de la verdad, hecha carne en los frágiles y
tiernos miem br..,cillos de un infnnte que ronreía en la pobreza de un-pesebre. Los más útiles y pacientes cuadrúpedos conducían á los
reyes, á sus séquitos y á las ofrendas que llevaban para el divino recién nacido. El camello,plácido símbolo de la fllstinencia, caminaba á paso tardo, dejando sobre las arenas del
desierto la recia huella de su planta; el elefante, venerable en su burguern contextura, avanzaba absorto en sus eternas y mistniorns meditaciones; el ágil potro númida, con su pezufia nerviosa, iba ganando gloria y renombre
para su regio amo.....
Cuando la estrella se detuvo y sus fulgores
bañaron el mif'E&gt;rableportal hajo cuya techumbre había venido al mundo el ef'perado Mesías, los reyes detuvieron el paso de sui-; caravanas y alabaron á Dios. Luego def:ce11dieron
del paciente camello, del elefante corpulento
y del inquieto corcel, y se postraron ante el
pesebre en que yacía el rey ele reyes ....
No estaba sol o. En torno suyo agrupábanee
los humildes, los pobres pastores de la comarca que antes que nadie reconocieron el poderío del niño Jesús y que fueron los primeros
en cantar sus alabanzai;,. Por eso Cristo, es ante todo, una deidad de los pobres y de los humildes; por eso Cristo, despojado de las pompas litúrgicas que los siglos han amontonado
sobre su carne de redención, fué el primer
hermano de los hombres y el primer proclamador del reinado de los humildee ..... .
La mula y el buey calentaban con su vaho
los delicados miembros del recifn nacido, y
para esta expresión de miseria que significaba
en la tierra el nacimiento de Jesús, cuentan
los sabios intérpretes ele lo nunca visto, que
en los cielos se efectuaba la gloria del Padre,
y que innúmeras legiones de coros angélicos
pregonaban en inefables cánticos la gloria del
Hijo.
Entonces llegaron los reyes y, olvidando sus
orgullos, sus pompas vanas, sus omnipotencias terrestres, cou toda humildad se inclinaron ante el pesebre y reconocieron el dominio
ilimitado del Hijo de Dios.
Después del homenaje de los humildes, fué
el homenaje de los poderosos. Cristo está sobre los más grandes de la tierra, y el símbolo
había menester tres reyes magos que, significando la grandeza de la tierra, se humillaron
ante lo sublime del espíritu.
Los tres reyes ofrendaron sus presentes y
luego, fortificados por sus santas intenciones,
volvieron á sus reinos, :¡,l paso tardo de sus
caravanas.
¿A qué reinos marcharon los reyes magos
Melchor, Gaspar y Baltasar?....... A todos los
reinos de la tierra; porque erns reyes fueron
un símbolo y el símbolo es ubicuo y perenne
por la fuerza de su gracia.

Tal dice la leyenda cristiana. Pero los hombres, que nunca están satisfechos de las sencilleces reveladas, han forjado otra leyenda en
torno de los reyes magos. Esta leyenda es permanente; como un fen6meno físico, se efectúa cada año, por la fecha en que se conmemora el homenaje de los tres reyes magos y
consiste en que, al decir de quién sabe qué

EL MUNDO ILUSTRAD0

EL MUNDO ILUSTRADO
poetas desconocidos y populares, los tres reyes magos, que han Eeguido viviendo en es•
píritu y que en espíritu vivirán basta la conS\1mación de los siglos, no pueden olvidar los
inefablfs gozos que experimentaron al agaioajar al divi,10 infante y, «eficazmente)&gt; secundados por todos los padres ele familia de todas
las generaciones, han resuelto agasajar anualmente á la infancia humana, para revivir
constantemente aquel placer inolvidable que
en Bethlem inundara sus almas.
¿Quién descubrió y di6 á conocerá los mortalrn E',e loable propósito de los tres ri&gt;yes magos? No es fácil p1eciEarlo; pero la. costumbre
es vieja y según parece se manifest6 primero
en Francia, tal vez porque atraídos los reyes
magos por la infinita variedad de compañeros
suyos que aquella tierra ha producido, quisieron en ella reanudar sus relaciones con la gente tramitoria. Despuée, el aguinaldo de los
reyes pas6 á todas las comarcas cristianas, y
á nuestra América ha venido algo tardíamente, como suelen venir tantas cosas á las regiones nueYas que a{m no han tenido mucha
oportunidad de vivir en la tradición y en el
parndo. l\1ae:, como la manifestación anual
que de su e:xistencia hacen los reyes magos es
poética, es hermorn y se yergue sobre el indestructible zócalo del amor á los niños, es
cla1 o que perdurará y que se ampliará cada
día mús.
¡_A qué niños protejen los reyes magos? A
todos los niños buenos y que teñgan zapatos.
La primera condición suele dispensarse por
influencias y perdones de los padres; la segunda no ~é diispensa casi nunca. Los reyes
mago,:, para obsequiar á los niños, exigen que
éstos pongan sus zapatitos en la chimenea 6
en cualquier11 otra parte. Pero si no hay zapatos, no hay juguetes........ á menos que la
caridad intervenga y proporcione los zapatos
y los juguetes.
Sin embargo, ningún evangelista afirma que
el niño .Je::ús baya tenido sandalias...... .

***
También los grandes han tomado como pretexto á los tres reyes magos, para regalarse.
El regalo de los grandes es una torta que esconde una haba; á todos les corresponde un
pedazo de torta, p ero s6lo á \mo de cada grupo corresponde el haba. Pero el feliz conquistador del haba, por el hecho de conquistarla, adquiere determinadas obligaciones que
forzosamente tend1á que cumplir. Por modo
y manera, que también la torta de reyes es un
símbolo: el símbolo de la lucha por la vida.
En •la vida, es más 6 menos fácil á todo el
mundo adquirir una rebanada de torta. Es
difí&lt;!il morirse, más difícil de lo que generalmente se cree. Pero la torta no basta; es preciso conquistar el haba, pues sólo de esta
suerte hay preponderancia sobre los demás y,
dígase lo que se quiera, la esencia del triunfo
es la preponderancia. En cambio, el que en la
vida triunfa se echa á cuestas un fardo de obligaciones, como el que obtiene el haba de la
torta se ve precisado á obsequiar á los otros.
Por desgracia, no todos cumplen en la vida
como suelen cumplir en la torta, porque siempre ha sido más fál)il dar un baile que hacer
un beneficio.
Hacer beneficios es arte eximio que no está
a.l alcance de manos villanas. Ya hemos visto que hasta á los santos reyes magos se les
puede reprochar algo en los beneficios que
procuran: esa exigen9ia del zapato...... .. ¿Cómo no disculpar las imperfecciones de los
simples mortales?
Cuando ha pasado la noche de reyes y la
~en~e menuda se ~egocija de los juguetes que
~l cielo le ha env1ado-(mandados fabricará
_&gt;arís ó á Berlín )-y la gente grande sueña ante las migajas de la torta, es fama que Melchor, Gaspar y Baltasar, arrellanados allá en
sus tronos del empíreo, mandan alzar una esquina de la gran cortina azul de los cielos y
asomándose á nuestra vida y mirando á la
gente menuda y á la gente grande se ríen se
ríen paternal y compasivamente..'....
'
¿Será cierto?
ÜSCARHERZ.

Don Práxtdes matto Sagasta.

S

A GASTA, el viE&gt;jo jefe del partido }ibera!
l'f']'añol, ha pngado el ineludible tributoá la naturaleza. La muerte lo sorprendi6
cuando parecía alejar$C á la vida privad;., después de una lucha de cincuenta años que fué
minando, poco á poco, sus energías.
:Mucho podría escribi rse acerca del notable
estadista español; pero contrayéndonos á los&lt;latos más isalientE-s &lt;le ou carrera ele hombre
púulico, encontramos que desde 1842 estuvoafiliado al partido pr0gresista de España. Al
eF.tallar en la península la guerra de 1854, en
la cual tom6 parte muy activa, fué nombradoPresidente de la Junta Revolucionaria, y poco después pas6 Ct l\fadri&lt;l como Diputa.do por
Zamorn. Siendf Comandante de las milicias
nacionales, cuando el Gral. O'Donell disoh·ió
las Cortes á cañonazos, Sagasta dió una eloC\1ente prueba de ·su valor •.r sangre fría, re cogiendo un casco de grnnada que cayó á sus
pies y que conservó para inspirnr:-:e y pronunciar un elocnente discurso !'Obre los acontecimientos de 1856, que aumentó su popularidad
y su prestigio.
A raíz d e eFtos sucesos emigró á Francia·
,
l
,
r
pero no tarel o en ,·o ver a su patria, y de acuerdo con sus partidarios, publicó un rnanifiestoá la Sación en 1863, anunciando su retraimiento en política. Dos años después se declar6 en foyor de la revolución; estuvo con el General Prim en Yillan,jo, y viéndose obligado
n uernmente á salir del territorio espaJiol, se
dirigi6 á Londres, para preparar, desde allá,
la sublevación de las fuerzas de artillería,
acuarteladas en San Gil. El infatigable luchador, con riesgo de,f'u vida, Yolvió ú .Madrid, y
en la madrugada del 22 ele junio de 66, hizo
que los cuerpos mencionados lanzaran el grito
de insurrección. Sagasta fué perseguido y
sentenciado á muerte_; r ero logró evadirse y
marchar ocultamente á Francia, donde lo esperaba el General Prim.
La enumeración de los sucesos en que tomó
parte el ilustre español, exigiría en nuestrnscolumnas un espacio ele que no disponemos.
Baste decir, por lo mirn10, que Sagasta contribuyó en gran manera á d erribará IRabel II
y que, establecido el nuevo orden de cosas'
fué, sucesivamente, encargado del gobierno ci~
vil, diputado á Cortes, y ministro ele Hacienda y Fo1:11en~o. Formó, por último, el partido co11st1tuc10mdi:3ta, llegando á la Presidencia del ::\Iinisterio; y á la sublevación de llartínez Campos, en Sagnnto, que proclamaba á
Alfonso XII, dejó el poder á Cúnovas del Castillo. El señor Saf!:asta volvió á ser Presidente
d el Consejo de 1881 á 83, de 1885 á 90, 1892
á 96, y á Ja muerte de Cánovas empuñ6 de
nuevo las riendas del gobierno. En diciembre
último, una crisis lo obligó á retirarse del Gabinete.

Sra. Dol ores F lores de Michel.

NUPCIAL.

@

templo de Lourdes se efectu6 el jueúltjmo el enlace canónico de la señ~nta Dolores Flores con el señor L1cenci_ado don Ignacio l\Iichel y Parra, siendo
padnnos de manos el señor Dr. :M anuel F lor es, padre de la desposada, y su esposa la señora Dolores Urrntia, y de velaci6n el señor
don Sinforiano Sisniega y laseñoraJosefaParra viuda de l\Iichel.
El mismo día, en Santa Brígida, celebraron
su enlace el señor Licenciado don Francisco
Fernández Castelló, hijo del señor Secretario
de Justicia é Instrucción Pública, y la. seíiori. ta Dolores Rubio y Obreg6n, sobrina del señor
Gobernador ele Guanajuato. Los señores Licenciados don Justino Fernández y don Joaquín Obregón González apadrinaron el matrinio acompañado8 de la señorita Ana Rubio y
de la señora Adela Fcrnández de 1Iorphy.
Tanto en Lourdes como en Santa. Brígida,
la. concurrencia fué de lo más distinguido, y
los novios recibieron de sus numerosas amistade~, entusiastas felicitaciones y valiosos obseqmos.

•

Sra. Dolores Rubio y Obregón cie Fernández

Domingo 11 de En.ero de 1903.

�· Domingo 11 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 11 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

ca P~st~ Bubónica ~n mazatlán
que se propone acudir en auxilio de los necesitados, arbitrándose recursos por subscripvez son más desconsoladoras las
ción popular, y traer del extranjero desinfecnoticias que se reciben de Mazatlán
tantes y suero antipestoso para distribuirlos.
con respecto á la peste bubónica. Un
gratis.
telegrama fechado el día 5, nos da cuenta de
Pot último, y para que nuestros lectores
que casi la mitad de la población ha emigratengan
una idea del pánico que reina en Mado, temerosa del terrible azote, rumbo á diszatlán, diremos que en un solo día se presentintos puntos del Interior, y de que durante
taron á pedir certificado médico 526 personas
las setenta y dos horas anteüores, el recrudeansiosas de abandonar la poblaci6n. En el campo, al pie de un árcimiento de la epidemia fué verdaderamente alarmante. Treinta y
bol, fué encontrado el cadáver de una joven atacada de la peste, que
cuatro atacados por la peste murieron en ese período, y los que han
iba huyendo por temor de ser descubierta en su casa y aislada por oringresado al lazareto de Belvedere, últimamente, se encuentran en
den de las autoridades.
estado de suma gravedad.
Por todas partes, agrega el telegrama referido, hay cuarentenas establecidas.
Por informes posteriores se supo en México que en algunos ranLos $20,000 que envió el Gobierno Federal á la Junta de Sanidad
chos poco distantes de l\fazatlán se habían observado ya, casos de pesp&lt;tra que atienda á las necesidades más ur~entes del puerto, relaciote bubónica y que en
nadas con la asistencia
la Ensenada de Todos.
de los atacados y la
Santos, había tamextinción de la epidebién aparecido la epimia, se emplearán en
demia. En cuanto á
la construcción de balo primero, no está ofirracas y lazaretos procialmente confirmada
visionales, y en la limla noticia, y i)Or lo quepia de los caños del de
hace á lo segundo, si
sagüe,que se considera
bien se prer,entaron cade la mayor im portansos
de la terrible enfercia. El Sr. Gobernamedad, en la E nsena•
dor de Sinaloa, por su
da, el mal no llegó á
parte,ha ofrecido conspropagarse ni á reveitruir una barraca en
tir
el recrudecimientoBelvedere y otra en la
que se suponía.;;::)~
calle de Benito JuáComo una medida
rez, para aislar á las
encaminada á que: nopersonas que hayan
llegue !a epidemia á
1::stado en contacto con
invadir otros puertos,
los enfermos; poniense
ha ordenado quedo, además, veintilos buques que salgan
cin co policías y doce
de l\Iazatlán no to•
agentes especialmenquen sino en puertos.
te encargados de redodonde haya delegado
blar la vigilancia que
sanitario y útiles para
ejerce la Junta, para
la desinfección. Esto,
impedir la ocultación
indudablemente, conde los pestosos,' en q-ce
tribuirá á calmar el pátan empefiada está la
nico que se ha despergente pobre.
Bahía de Mazatlán.
tado en diversos punComo era de supotos de la costa del Panerse, la presencia de
cífico y á que los esla peste en el puerto,
fuerzos
que han despleha traído consigo el
gado las autoridadesalza de los artículos de
para contener el avanprimera necesidad, y
ce del mal sean más.
la miseria de las clases
fructuosos.
desheredadas. Algunas familias pobres á
quienes en beneficio
El orgullo de la cien·
de1la mayoría, se les
cia es humilde, com
han quemado sus haparado con el de la
bitaciones, atraviesan
ignorancia. -HERBERT
en estos momentos por
SPENCER.
una situación dificilísima.
La risa no es á meAfortunadamente, se
nudo en las mujeres
ha constituído, consino el pudor de las
vocada por los prinlágrimas .--EDUARDO•
cipales comerciantes,
Barrio del Astillero, donde más estragos causa la Peste.
PAILLERON.
una Junta de Caridad,

fl ADA

l:J

:Ps.z
Otro barrio invadido por la Peste.
,

. VIOLETA.
VIOLETA .

.

�Domingo 11 de Enero de 1903.

"EL MUNDO !LUSTRADO

EL l\fUXDO ILUSTR.\"'.JO

Domi,ngo 11 ele EneTo ele 1903.

Nunca levanta el vuelo
en pos del sol que con su luz calcina;
jamás batió sus alas
desafiando, atrevida,
las torvas tempestades
qne lÓs troncos desgajan y derriban ..... .
. Tú no puedes saber cómo es mi Musa;
-crisálida muy tímidase asusta con el rayo;
los profundos abismos la intimidan,
las tormentas del cielo
le hacen ple,gar las alas conmovida
la mucha luz la ciega,
'
y teme al grito de la mar bravía ....
Sabe que no has de hallarla
revolando en alturas infinitas:
la verás en los campos,
absorta ante las suaves lejanías.
De los lagos tranquilos
estará en I as orillas,
mirando en los cristales
movibles de la linfa,
cómo se desvanece
poco á poco tras la alta serranía,
él último destello
de la tarde que expira
la última oleada de o;o
con que el cielo se pinta
cuando el sol moribundo
se sumerge á lo lejos con el día .. . .
:b:n los bellos jardines
esmaltados de flores peregrinas,
no la busques: dirige
hacia el parque tu vista:
¿no la ves? .... anda errante
por aquellas sombrías
alamedas de sauces,
por aquellas oscuras avenidas
donde el viento solloza
sus tristes elegías .. . .
allá va .... é,qué la lleva?
¿_qué busca entre la arena removida?
No preguntes, muy quedo
voy á decírtelo, mas .... no te rías ....
anda cavando tumbas,
con mano compasiva,
para. las hojas muertas,
ptu•a las tt·istes hojas amarillas
que los vientos de otoño
arrastran, despiadados, en sus iras ....
Ya lo ves: ella busca
las opacas neblinas,

labra rota: «Amor,i, al mismo tiempo que exclamaba por lo bajo: ¡Pobre Arturo!
Entonces reconstruy6 en su memoria la escena de la noche pasada; él, sofocado, tierno é
i mpaeiente, le repiti6 en aquel día una vez
más la palabra amor. Pero ¿no sabía ella lo
que era? No. Y riendo le pidió un lápiz para
apuntar la palabra y buscar al día siguiente
su significado.
-¡Pobre Arturo! dijo, y un bostezo largo, le
separ6 los labios rojos.
El gato jugaba con el pie breve de la joven,

DAMAS MEX ICANAS.-Sr itas. Jcsef i na A r m ería, C lem entina Arteaga, Emma M eana, María Refug io Azco, A ngela ~rteaga, María Azco.
Carmen García y D elfina Azco.-De Ag uascalient es.
Fot. A. Cháv.,.~.

AMOR?
L piano abierto, mudo
y fatigado. Retrátanse
en el fondo negro las flamas de las velas moribundas-ojos parpadeantes, prontos á dormirse.
Las sillas en desorden;
m grupo unas, otras aisladas ; hay una frente
.
á otra, conversando con
la mirada-pareja ele enamorados. Sobre ellas mueren
unas flores olvidadas que no tuvieron la fortuna de pertenecerá
una hermosa; entonces algún galán las habría pedido para guar•
darlas.
Infortunadas flores; cuando la mano cruel
1as arranc6 de su tallo, cuando el verdugo cort6 despiadado sus venas, y, exangües, lanzando sus últimos dolorosos suspiros, las llevó á
aqtJ.ella fiesta, ellas abrigaron una última es•
l)eranza-- la esperanza del qne muere, de no
sufrir en el último instante de vida--de mor ir en el pecho de alguna mujer que las acari.ciase en sus momentos postreros, que en un

.
r

beso recibiera el único resto de perfume que
abrigara su coroÍa, y ......... ¡nada! morían solaf:l, marchitas inútilmente, envejecidas prematuramente, caldeadas por una atmósfera
'Viciada, asfixiadas entre el prosllico calor humano y el vulgar humo del tabaco.'
Sobre un sillón, un pobre pequeño abanico
ele papel pintado duerme en la postura en que
l'ay6, semiabierto, soñando con la declaración
que á su través oyó la dueña, dueña ingrata
.que lo ha olvidado en pago á su discreción.

Por encima ele unas rosas, en un hueco blanco del papel, hay trazadas femenilmente unas
letras: «amor», y después un signo de interrogaci6n.
Sobre las consolas y mesas hay copas ol vidadas y un pañuelito manchado de vino.
En l a. alfombra, contrastan las florei- tristes,
pisoteadas, decoloradas, con las flores siempre completas á pesar de las pisadas, y de polen siempre dorado.
De trecho en trecho brillan algunas «horquillasii y alfileres desprendidos de los tocados.
En los candela.~ros las bujías lanzan los ultimos suspiros de luz, y allá abajo, el gallo
grita tenazmente su canción monor rítmica.
El sol se burla de los que velaron é ilumina.
groseramPnte las caras ·de los últimos bailadores que se alejan &lt;le prisa, abrigándose contra
el frío para las carnes, y contra las risas para
la cara descompuesta por el placer.
En la recámara contigua á In sala, el robusto gato blanco de ojos casi azules, ojos más de
mujer que de gato, despert6, y tras el indispensable arqueo del ancho lomo, -saltó fuera
de la cama, en donde, por falta de su compañera, había dormido solo esa noche.
Sali6 á la sala y subi6 al sofá; retoz6 un
momento con el tigre del almohadón de raso.
Luego descendió y fué á afilar las garras
contra el taburete del piano. Se alejó; de paso
hizo presa en un listón negro abandonado, y
tras una silenciosa carrera fué á caer sobre el
sillón,en el cual el abanico,semi-abierto,como
había caído, mostraba por enci ma de unas rosas, en un hueco blanco del papel, unas letras trazadas femenilmente: &lt;&lt;Amor,» y después el signo ele interrogación.
Creyó oportuno hacer moscardones de aquellas letras, como antes había hecho ratón de
la cinta negra, y empezó 1iu fingido ataque en
recuerdo de los verdaderos,en los cuales tanto
gozaba criminalmente.
Se replegaba contra el brazo del sillón y
acechaba, fija. la vista en los plomizos cara-::teres; después daba en derredor de la presa, cautelosamente, algunos pasos cortos y sin ruido,
y caía de un salto, como si Yiniera de muy
lejos, sobre el abanico; todo para volver la espalda á los moscardones, ya harto maltratados, dejarlos caminar dificultosament., unos
pasitos, y vol ver á. hincarles la garra.
Se descolgaba del sillón; tendido en la alfombra, vuelto el vientre hacia arriba, dirigía
manazos al asiento de bejuco; se levantaba;
fingía que, olvidado ya de su pieza ele caza,
se alejc1ba, culebreando la cola, y repentinamente se volvía y recomenzaba el ataque.

El abanico sufría ajaduras nuevas á cada
acometida.
Por fin le pareció fatigosa la caza de los
plomizos moscardones, y se lanzó velozmenmente sobre ellos para, darles el último zarpazo, el que hacía saltar del cuerpo de sus prisioneros roedores el aperitivo chorrillo de &lt;;angre.
Prendió con furia fingida las uñas al pobre
abanico, y desgarró el papel en la parte mis-

mientras ella trataba, por mera curiosidad, de
recomponer la palabra rota por el felino.
Al fin, dej6 caer perezosamente el abanico·
se inclinó para recoger al gato, y acariciándo~
lo mientras sonreía á las travesuras del animalillo y repetía casi cantando: «Pobre.Arturo, pobre Arturo,» entró en la alcoba para reparar las horas de la prolongada vigilia.
Acurrucó al gato ladino en la cama, y sonriendo y tarareando el último vals oído en
aquella madrugada, de pie, ante el espejo
dejó caer en espesa lluvia negra sobre los re~
dondos hombros los lustrosos hilos de la undosa cabellera.
GUY D' AUDIFFRED.

PORCJIDJI.
[PARA MI LIBRO DE VERSOS «LUCIÉRNAGAS.&gt;]

ma en que los caracteres trazados femenilmente, decían «Amor,i, con un signo de interroga.,.
ci6n al final.
Algo apareció bajo el abanico, algo que llamó la atenci6n del felino; entoncE:s el cazador
espió; era algo rojo, como la sangre que teñía
apetitosamente los cuerpos de los roedoros cazados: ¿sería sangre? ..... .
Era un clavel rojo que aplastaba á un pensamiento negro, sombrío, triste ........ Quiw el
gato separar la mano de la ilusoria presa, y no
pudo; había introducido por el agujero toda
la mano y no podía sacarla; asustado realmente ó también en broma, echó á correr haciendo ruido sobre las consolas, hasta ir á
caer sobre el piano. Al pasar rápidamente sobre el teclado, arrancó notas que hicieron una
música extraña.
La joven, que daba la despedida á los últimos convidados, llegó corriendo y se echó a
reír fuertemente, llamando: «Mamá, mamá,
ven á ver el gato, y después: bichito, bichito,
Yen, ven.»
Y con cariño quit6 clti la mano del gato el
abanico de papel pintado.
El felino, cuando se sintió libre del estorbo,
se relami6 la mano con satisfacción y estor·
nudó.
:,a joven, que no cesaba de reír, revisaba el
abanico, y por curiosidad recomponía la pa-

No busques en mis versos
las frescas rosas y las siemprevivas
con que orlan los poetas
sus melodiosas liras.
No has de ballar en sus rAdes
topacios ni amatistas,
ni los bellos colores
que lanzan las facetas de los prismas.
Preso, no está en sus mallas
lo que deslumbra y brilla..
No hallarás en su fondo
esas radiosas tintas
que inundan todo el cielo
en pleno mediodía ..... .
Tú no p~edes saber cómo es mi musa.
De muy le¡os venida,
busca los tintes suaves,
arna I as cosas id as,
lo que entre el pol vo yace amortajado,
lo que se esconde en la pared derruída. ....
Tú no puedes saber. cómo es mi Musa..
No arriesga su barquilla
por los altivos mares:
desde la. playa mira
cómo al besar el cielo
á la extensión mal'ina,
se forma en lontananza
una azulada línea,
y cómo van rodando
las olas al impulso de la brisa.
Ya lo ves, no conoces ámi Musa.
Jamás ha osado ni escalar la cima
de las altas montañas
para ver desde arriba
cuál á sus pies se extienden
el bosque espeso y la gentil campiña
ni trepar por las rocas
'
que al abismo se inclinan,
para cazar el águila
que duerme entre las peñas escondida.

E

L primero de mano pr6ximo tomará posesión de su cargo, como Gobernador Constitucional de Jafüco, el Sr. Coronel D. Mi.
guel Ahumada, jefe en
la actualidad del Poder Ejecutivo de Chihuahua.
Las elecciones que
lo han llamf.do á la
Primera "i\fagistratura
de Jalisco, se verificaron el 28 de diciembre
último, y el voto en
favor del candidato
fué unánime. El Sr.
Ahumada estuvo en
Lagos ei día de la elección y fué objeto, durante sn permanencia
en esa ciudad, de entui;iastas demostraciones
de adhesión y de cariño. En Guadalajara,
población que visit6
después, sus amigos y
partidarios organizaron, asimismo, algunas manifestaciones en
honor del futuro gobernante.
Como Insaculados á
la administraci6n del
Sr. Ahumada, figurarán los Sres. he. l\fa.nuel Gómez y Luna,
Dr. Juan R. Za va.la y
Cor~mel Carlos Villegas, entre quienes, con.
forme á la C&lt;&gt;nstituci6n particular del Estado, elegirá la Legislatura al que debe
substituir al Gobernador en sus faltas absolutas 6 temporales.

la sombra de las cosas,
ó las cosas sin vida ....
Por eso aquí cn mis versos
no has de balla1· Jo que brilla:
que mi Musa no ha osado
engarzar deslumbrantes pedrerías!
¡Oh poetas! ¡oh bardos
que al cruzar por la vida,
vais dejando una estela
de sonoras y gratas a1•rnonías,
¡dajad para mis cantos
las notas indecisas
que en el pedal Jel eco
se quedaron dormidas!
¡Dejadme lo incoloro,
lo que apenas se mira,
lo que se desvanece
y presto en lontananza se disipa.
Dejad que a-quí en mis cantos,
con ternm·a infinita,
yo les diga en voz baja
á las mal'iposillas
sin alas, que los vientos
azotan : «¡pobrecitas!
venid! que son mis versos
urna de todas las tristezas mías ..
-sabed que nunca en ellos
guardo yo mi alegríavenid ! que son el nido
en que tengo escondidas
muchas cosas ya muertas,
y okas ¡ay! que agonizan .... l&gt;
¡Oh poetas sublimes
que pulsáis vuestra lira
corno di vinos magos,
con sin igual maestría:
¡cortad frescas guirnaldas
de rosas, y laurel y siempreviva,
y después que con ellas
coronéis vuestras frentes pensativas,
y después que embriagados
recojáis su perfume con delicia
para vaciarlo luego
en la copa del verso, cristalina,
¡dejad que yo recoja
de la floral orgía,
los pétalos caídos
y las flores holladas y marchitas! ..... .
MARIA ENRIQ:rJETA.

Tanto la elección del Sr. Coronel Ahumada
como la de !os Insaculados han sido recibidas
con aplausos por los'jalicienses.

SR. CO R ON EL M I GUEL A HUMA DA.

�Domingo 11 de Enero de 1903.

€

RA una mufieca preciosa. ¡Como que
se la había mandado á la futura marquesita de X, el día que tomó su primera comunión, su padrino el príncipe de"""*! ...
IJn príncipe ruso auténtico, quiero decir
con dinero, á quien después de haber pasado
en Biarritz su acostumbrada temporada veranie¡ta, tan próspera por cierto en las lides del
juego como en las de la galantería, se le ocu-

rrió venir ccá Yer Españan
y se detuvo cerca' de
";f ,
un año en la corte, donde bien pronto conquistó el campeonato de los salones por su figura arrogante y sus actos principescos, entre
101?-cuales no fué el paclrinazgo de la futura
marquesita ni el menos ostentoso ni e~ menos
comentado .. ... .
Cuando Rosita, que así se )Jamaba ésta,
cumplió con el precepto pascual, apresuróse á
manifestárselo á su padrino en cariñosa carta,
cuyo sobre costóle á la pobre reclamar el auxilio de la institutriíl, y hasta el de sus papás y
el del capellán de la casa, para que le ayudasen á distribuir todas las ccka:1» y las «efes)) correspondientes á un príncipe ruso; y aun así
y todo, resultó equivocado.
Lo cual no fué obstáculo para. que llegase á
su destino y recibiese como contestación la pequefia comunicante una muñeca digna de la
esplendidez y de la categoría del mandatario.
Era, según asegurab¡i, la tapa del estuche,
un modelo de los premiados en la última Exposición de París; un prodigio de juguetería
mecánica que cerraba los ojos, que lloraba, y
que reía, y decía «papá» y «mamá» y oha porción de cosas; que tenía, en fin, hasta un resorte para andar sola, llevímdola de la mano;
una verdadera nifia á la que no le faltaba más
que elalma ..... .
Casi tan alta como Rosita, de pelo rubio y
d~ ojos azules como ella, hasta en las facciones tenía cierta semejanza, por lo cual más
parecía su hermana que su muñeca.
En el palacio &lt;le la marquesa de X vino á
llenar el vacío de ccMimi», la hermanita de
Rosá, muerta recientemente, cuyo nombre y
-vestidos heredó, lo mismo que la cunita en
-que aquélla volara al cielo, y su asiento en la
mesa y en el carruaje, y la atención de todos,
incluso de los criados, algunos de los cuales
renegaban de ella vor «lo que daba que hacer»,
y hasta le tenían tirria.
Entre éstos figuraba, en primer término, el
lacayo, quien siempre que la subía al carruaje, tenía la mala suerte de oprimirla el resorte
del llanto, lo cual le costaba sendos regaños,

EL MUNDO ILUSTRA DO

pues el llanto mccúnico de la muñeca recordaba á los marqueses el de «su Mimii,, que lloraba también, indefectiblemente, en tales ocasionei::.
-Pero Juan, Je decía la marquesa, ¡cuidado que es usted brusco con las criaturas!
Y el buen Juan subía al rescante y Re consolaba con el cochero, á quien tampoco era
muy simpático el juguete.

con el rabillo del ojo hacia adentro y murmuraba: «¡Tú morirás 6 mis manos!i,
Pero Jo que más acrecentaba el odio de
Juan hacia la muñeca, era el ridículo que por
ella corría en todos los paseos.
Apenas se apeaban los señores en el Retiro
ó en la Castellana, le hacían llevarla de la mano como llevaba á la pobre «Mimi», que tampoco le era muy simpática por lo rabiosa y
antoja&lt;liza, y los chiquillos y las niñeras, y
hasta Ja¡¡ graves amas de cría, tan pronto se
apercibían del engaño, comenzaban á hacerle
burla y á decirle chirigotas ultrajantes para su
dignidarl de lacayo de easa grande.
Ya era célebre en el Retiro, donde ~e esperaban para diverlirRe como á los gigantones de
su tierra, y esto le ponía fuera de tino.
¡Cu{rnuis veceR apretaba frenético de ira la
mano de la muñeca, pretendiendo pulverizarla los huesos! Y como en ellas tenía, precisamente, el resorte del llanto, comenzaba á llorar con tal perfección, que el mismo Juan se
gozaba de su martirio creyéndole verdadero.
- Juan, no ser 1 bruto, le decía Rosita, que
la ha.ces daño.
Y la marquesa, por una extraña adaptación
psicológica, también se ponía hecha una furia y lanzaba sobre él todo el poderío de su
,eñorial estirpe. ¡Maldita muñeca! ¡Va á ser
mi perdición I murmuraba Juan para eu librea.

***

-¡Mira qué llamar criatura á ese trastajo!
murmuraba Juan. El mejor día le estrello
contra las piedras.
-Ten cuidado, le contestaba el cochero,
porque bien puede s'.lr que los tribunalrs de
justicia le consideren como tal, y vas á presidio por «infanticidia».
-¿A prisidio por una mufieca?
- Por m:1.tar á otras mu:ñecas con la c&lt;1.beza
y el corazón tan huecos como los de ésa, hay
muchos hombres perdidos para toda su vida.
Y Juan cerraba colérico los puños, miral,a

1

EL MUNDO ILUSTRADO

Aquel día se celebraba el santo de ccMimi,» y
como es natural, era la reina de la fiesta la
muñeca.
Los marqueses, buscando en esta mecánica
suplantación un consuelo, derramaban sobre
ella todas las graci::is de su paternal cariño,
hasta el punto de excitar la envidia de Rosita,
que ya participaba un poco de la mal!i. voluntad que el juguete causaba á la servidumbre.
Porque la primera doncella eRtaba hllrta de

rizarle los bucles, y el ayuda de cámara de
lustrarle los za patitos, y la segunda doncella
de repasarle los calcetines, que los rompía en
fuerza de andar como una persona, y especialmente el del pie izquierdo, y el mozo de comedor estaba harto de sentarla á la mesa y de
hacer que la servía, siempre que á Rosita ó á
los marqueses se les antojaba, porque también
se les antojaba á los marqueseP, sobre todo de
aquellos plato&amp; que más gustaban á la pobre
«Mimji,; y al ama que crió á ésta se la llevaban los demonios, porque veía en la suplantaci6n de la muñeca una profanación intolerable.
Y acaso estaba en lo cierto.
Ello es que se celebraba banquete familiar
en honor &lt;le la muñeca, y que los marqueses
llevaron su ridículo consuelo hasta vestirla de
primera comunión, porque aquel día la hubiese tomado ccMimi» si viviera, y á comprarle la cama grande que á ésta le habían prometido para dicha fecha, lo cual ya llegó á
colmar la envidia de Rosita, que hizo poco
menos que cuestión de confianza, después de
comer, la de acostarse eu ella.
Tal se puso, que la propia marquesa la
acompañó á la alcoba de la muñeca ó sea
la que C&lt;Mimi» ocupara en vida, y la dejó en
la cama nueva y reluciente, dándole un par
tle be3os y prometiendo coro prarle otra. igual
para acabar de contentarla.
Cuando la doncella subió para ccacostar á los
niños,1, frase con que se presentaba todas las
noches, la marquesa la ordenó que se retirara
porque ya estaban en la cama.

"

Ya era media noche, y todavía duraba abajo, en la cocina, la reunión de los criados, á
--q nieoes había llegado parte del familiar bauquete.
Juan había bebido un poco más de lo
111ucho que acostumbraba y estaba delicioso.
-Esta noche mato á la muñeca- exclamó
blandiendo el hacha de la cocina, con que se
partía la leña.
La idea fué recibida con · una salva de
.aplausos, prueba inequívoca de las pocas simvatías con que contaba el juguete.
En aquel momento ofrecía la cocina de los
marqueses de X el pintoresco cuadro de la
«Conjura» de ccHugonotes».
Hasta el ama de cría de «Mimi» blandía su
•cuchillo, pidiendo venganza ...
-¡Buen estreno de cama va á tener! -rugió Juan, desapareciendo con el hacha de la
cocina.
Los demás criados se quedaron mudos é
inmóviles, como deben ele qut:Llarse los cómplices de un crimen mientras éste se perpetra.
Al poco rato regresaba Juan, tambaleándo-se y con el semblante inundado de estúpida
alegría.
- Bebamos, compañeros - balbuceó llenando su vaso. -- Le he metido un hachazo
-en la cabeza, que de fijo le he hecho añicos
todos los resortes.
-Sangre! Sangrel-exclamó el cochero fijándose en el hacha.
Todos se sobrecogi.eron espantados.
-No hagáis caso- replicó Juan apurando
~u copa.- Hasta eangre tenía dentro? Lo que
inventan estos C&lt;franchutes!i,

'!,

A la mañana siguiente, una pareja de la
guardia civil se llevabaá Juan á la cárcel.
-Ya clecia yo que la muñeca iba á ser .mi
perdición!- ~e mía el lacayo con los ojos arrasados en lágrimas.
-Cuando yo te a~eguraba- repuso el co~~ero- que hay muchos hombrns en presi&lt;lto por matar á una muñeca!
EL SASTRE DEL CAMPILLO,

EXPOSICION

FABRE~

LADRONA.

Domingo 11 de En-ero de Ul01.

�EL ~1UNDO ILUSTRADO

Domingo 11 de Enero de 1903.

El'.; :MUNDO ILUS'l'RADO

toncurso

para Edificios
Escolarts.

l

1·
~ -:¡

.

.

-

...

cretaría de Justicia é Irnitrucci6n pública. la
que á su vez los aprobó, indicando á su autor
algunas ligeras modificaciones de detalle.
Ambas Secretarías comisionaron al señor
arquitecto Mariscal para que procediera á hacer los dibujos de ejecución. E: señor Mariscal los ha terminado, y próximamente comenzará á dirigir la construcción de los edificios
mencionados.
Damos en esta plann las
fotografias de los cuatro
proyertos á que antes nos
referimos.

~~

7j ~
.
.
r
11
. . . ,. . . ...~~..,,...~- ---_- --

MINI ATURAS

1

l-

"GUADALUPE."
El domingo pasado fué puesto en escena
por la compaí?-ía del Teat~o !-Ii~lalgo el dra?1a
escrito por el Joven autor Jalisciense Marcelmo
Dávalos con el nombrede «Guadalupe.»
La obra ha sido objeto de elogios y censu. ras, pues mientras unos ven en ella un trabaio defectuoso en la forma y en el fondo, otros·

R. :M. RUBIO.

Escuela de niñas.

En septiembre del año de 1901,la Secretaría
de Comunicaciones y Obras Públicas invit6
á ocho arquitectos mexicanos á entrará un
concurso para la composici6n de edificios destinados á escuelas primarias, sujetándose á
un conjunto de bases pedag6gicas y arquitectónicas estudiadas previamente por una comisi6n técnica nombrada por el Supremo Gobierno, á fin de tener edificios modelos de todas las condiciones apetecibles en la presente
época, para la enseñanza de la juventud, de
los que se carecía en absoluto, pues las escuelas se han establecido en casas de alquiler en
las que se hacinaban niños en las peores condiciones higiénicas.
A cada arquitecto se encomendó la composición de cuatro edificios, y se procuró que
los terrenos en los que se debía
proyectar, fuesen también es-

D E COLORES.
Ilu!&lt;ión color de cielo
Que &lt;le mi alma á la puerta
Has detenido tu vuelo,
Entra, para ti está abierta,
llusión color de cielo.
Esperanza blanca, blanca,
Que desde tan lejos vienes,

nistas contemporáneos estén en contradicci6n.
Di()'o esto porque quizá habrá quien juzgue
"' la narración
'
falsn.
que se l eera' en ~egu!'d a, 1a
cüal tradujo un sabio sacerdote, _m1 amigo, de
un pergamino hallado ~n Palestma, y en el
que el caso estaba escnto en caracteres de la
lengua de Caldea.

***
Salomé, la perla del palacio de Herodes,
después de un paso lascivo, en el festín famoso donde bailó una danza al modo romano,
con música de harpas y crótalos, llenó de entusiasmo, de regocijo, &lt;le locura, al gran rey
y á la soberbia concurrencia. Un mai:cebo
principal arrojó á los pies de la serpentma y
fascinadora mujer una guirnalda de rosas frescas. Cayo Meni po, magistrado obeso, borracho y glotón, alzó su copa dorada y cincelada,
llena &lt;le vino, y la apuró de un solo sorbo.
Era una explosión de asombro y de alegría.
Entonces fné cuando el monarca concedió á
Salomé en premio de su triunfo, y á su ruego, la c~beza de Juan el Bautista. Y Jehová
soltó un relámpago de su cólera divina.
,
Una tradición asegura que la muerte de Salomé acaeció en un lago helado, donde los
hielos le cortaron el cuello.
No fué así, fué de esta manera:

***

Sr. Lic. Marce lino Dávalos .

Escuela de n iño::.

::;¡

geno. Para hacer que tal pexsona ejecute tal
acto, es suficiente hacerle
concebir tal opinión.
-La recompensa de haber
hecho un bien,
es el deseo de
hacer más. - DEMOGE0T.

*
La civilización
no ha de consistir en conocer las leyes de
la naturaleza y
violar las de la
justicia. ESTEBAN LAMY.

Escuela de niñas.

t udiados por otros concurrentes, y así obtener vari'os proyectos de distintos autores pa•
ra cada localidad.
En enero se reuni6 el jurado calificador para examinar los proyectos pre'!entados, y fué
compuesto por los señores arquitectos Don
Antonio Rivas l\Iercado, Don Ramón Ibarrola
y Don Guillermo de Heredia, ·el señor Ingeniero Don Isidro Díaz Lombardo como representante de la Secreta!i'a de Hacienda, y el
seño'l: Dr. Don Luis E. Rufa como director
general, entonces,.. de ~a in~trucción primaria.
.
·
Después de un laborioso estudio, acord6 por
unanímida&lt;l se premiase en primer término
los cuatro proyectos del señor arquitecto Don
Nicolás Mariscal.
Los proyectos premiados pasaron á lá Se- -

Tu esplendorosa veste Cte jacinto
puso en el bosque su temblor de aurora,.
y fuistes, oh mi virgen soñadora!,
¡Sacerdotisa del misterio exti,,tol. ....
Fuimos por el boscoso laberinto
unidos por los labios, á la hora
del amor, y tu veste de jacinto
nos envol\'iÓ con su temblor de aurora.
¡Y llegas tes á mí. corno una aurora!
¡Sacerdotisa del misterio extinto! ....
i Del infinito amor era la hora!. ...
¡Y tu e¡;p]énd ida vefite d e jacinto
Nos envolvió con su temblor de auroral..

Para teñir de rojo los
bue.sos de uu animal vivo
no s.e necesita arrancárselos violentamente¡ hasta
alimentar al animal con
ciertas sustancias coloradas, como la rubia. Para
elevar un aerostato, no es
preciso echarlo hacia arriba por medio de
un cable¡ basta
llenarlo de hidró-

••
l 11

*
La vii tud, como el cuervo, anida gustosa
en las ruinas. -ANATOLIO FRANCE. ·

Domingo 11 de EMro de 19Q3.

BOBI):fJL

Pasa, la entrada está franca.
¿Por qué, por qué te detienes
Esperanza blanca, blanca?
Ensueño color de rosa
Que mil besos has dejado
Sobre mi frente ardorosa,
No te apartes de mi lado,
Ensueño color de rosa.
Amor-crepúsculo rojo
De mis tardes estivalesMi alma descorrió el cerrrojo;
Dale de tu luz raudales,
Amor-crepúsculo rojo.
Nube negra, nube negra
Que anuncias la tempestad
Si mi corazón se alegra,
'
No tiendas tu obscuridad
En mi cielo, nube negra.

la consideran como una producción digna de
a plauso y abundante en pasajes y galas que le
dan importancia y la embellecen.
.
El sefior Dávalos, que ya en otra ocasi6n
&lt;lió pruebas de talento ofreciendo al público,
como primicias, su drama« El Ultimo Cuadro,"
fué ovacion ado durante la representación y
recibió algunas felicitaciones.

PALIMPSESTOS.
LA

MUERTE DE SALOMÉ

La historia á veces no está. en lo cierto. La
leyenda, en ocasiones, es v.erdadera, y las hadas mismas confiesan, en sus intimidades con
algunos poetas, que mucho hay .falseado en
todo lo q!le se refiere á l\lah, á Titania, á Brocelianda, á las sobrenaturales y avasalladoras
beldades. En cuanto á las cosas y sucesos de
antiguos tiempos, acontece que dos ó más ero-

· Después que hubo pasado el festín, sintió
cansancio la princesa encantadora y cruel. Dirigióse á sn al coba donde estaba su lecho, un
gran lecho de marfil, que sostenían sobre sus
lomos cuatro leones de p lata. Dos negras de
Etiopía, jóvenes y risueñas, le desciñeron su
ropaje, y, toda desnuda, saltó Salomé al lugar
del reposo y quedó, blanca y mágicamente
esplendorosa, sobre una tela de púrpura, que
hacfa resaltar la cándida v rosada a rmonía de
sus formas.
·
Sonriente, y mientras sentía un blando soplo de fiabeles, contemplaba, no lejos de ella,
la cabeza pálida ele Juan, que en un plato áureo estaba colocada sobre un trípode. De pronto, sufriendo extraña sofocacifo,, ordenó que
se le quitaran las ajorcas y brazaletes de los
tobillo;; y de los brazos. Fué obed~cida. Llevaba al cuello, {t guisa &lt;le collar, una serpiente de oro, símbolo del tiempo, y cuyos ojos
eran dos rubíes sangrientos y brillantes, Era
su joya fayorita, regalo de un pr~tor, que la
había adquirido de un artífice romano.
Al querérsela arrancar, experimentó Salomé un súbito terror; la víbora se agitaba, co?1º si estuviera vfra, sobre la piel, y, á cada
rnstante apretaba más y más su fino anillo
construído de escamas de metal. Las esclavas
espantadas, inmóviles, semejaban estatuas d~
· piedra. Repentinamente lanzaron ur. grito: la
cabeza trágica de Salomé, la regia danzarina
rodó del lecho hasta los pies del t rípode, don:

Obstsión.
Y Benjamín, el escultor, me dijo:
«No, no tocaré más estos cinceles,
Porque una idea. un pensamiento fijo,
Persigui éndome va con dudas crueles.»
«He visto á mi adorada en el instante
De abandonar el baño presurosa,
Luciendo la blancura deslumbrante
Del frágil cuerpo en desnudez gloriosa;"
,,y desde entonces ¡ay! en honda cuita.
Se pregunta mi mente obsesio!iada,
Si la carne es un mármol que palpita,
O si el mármol es carne congelada!»

Plañidtro.
No sé qué bella melancolía
Tiene la tarde con sus nublados¡
Menuda lluvia p.or los tejados
Baja entonando triste alEgría.
El viento silba y entre los prados
Gotitas cuelga la 11 ·: via fría .... ,
No sé qué· bella melancolía
Tiene la tarde con sus nublados.
Besan mi rostro soplos helados,

Y contemplando morir el día,
Recuerdo dichas, goces pasados,

Y siente mi alma con los nublados
No sé qué bella melancolía.
LUIS CASTILW.

Cog ida de "Segurita" en la Plaza México.
Fot . lnst. de "El Imparcial."

ta música.
·Dulce como la voz de la Serpiente,
Se eleva. entre el follaje rumoroso
De la Gama, y el beso voluptuoso
Despierta y la acaricia delincuente.

Iris &lt;le vivos colores
Que presagias la bonanza,
Luce siempre en mis- amores,
En mi sueño y mi esperanza
Iris de vi vos colores.
'
l\IARÍA. C.

de estaba, triste y lívida, la del precursor de
Jesús· y al lado del cuerpo, desnudo, en el
lecho 'de marfil, sobre la púrpura, qued'o enroscada la serpiente de oro.
RUBÉN DARÍ0.

Los restirados nervios, suavemente
Excita con su ritmovagaroso,
Y gime femen!! como el lloroso
Oboe cristalino de la fuente.

DE KATTENGELL.

t

Arrnlla en las cadencias sugestivas
El reclamo sensual de las lascivas
Tórtolas de cabezas tomasoles,

Y escucha sus murmullos el oído
Vagos y misteriosos, como el ruido'
Del mar en los rosados caracoles.
EFREN REBOLLEDO.
Escuela d€ niiios.
E L A RT E C RI ST IAN O E N MEXl ,:;O.-Altar mayor del temp lo de T axco (Gue.)

�Domingo 11 de Enero d~ 1903.
AN vuelto ya, con la primavera, las hermosas fresas rojas¡ aparecían primero tímidamente en los pequeño¡; tiestos, recostadas sobre las verdes hojas; pero hoy llegan,
apretadas las unas contra
las otras¡ en las canastillas de los vendedores nos aguardan, á nosotros los rimadores,
más ricos de alejandrinos que de monedas de
oro, á aquellos que ¡,refieren las sonrisas de
las muj~ffes á todos los
billetes del Banco de
Francia.

11

Yo iba á cumplirlos
dieciocho años; mRs
corno había crecido de
manera tan rápida, fuí
enviado al campo, á la
casa de mi tía Micaela, que contaba pocos
años más que yo. Hermosa y mucho era mí
tía, y de ello me di
cuenta en el momento¡
mas como se encontrara casada con un
hermano de mi madre,
no osaba yo ni siquiera
mir11rla de frente. y me
hubiera dejado hacer aí11cos antes-que confesar la delicia que experimentaba al contemplar sus pequeños dientes blancos, su sonrisa,
que profundizaba los hoyuelos de sus mejillas;
sus ojos obfcuros y aterciopelados, y,sobre todo, sus labios, labios apetitosos, rojos, inci
tantes como las fresas ~ ue bordaban las extensas avenidas.
Cuando digo que los labios de mi tía Micae-

la eran rojos como las fresas de su jardín, no
hago más que servirme de una metáfora, pues
que apenas las fresas asomaban á flor de tierra, pálidas y friolentas aún, cuando nosotros
íbamos, sin faltar un solo día, á tomar nota
de su desarrollo, sin que hubiese habido todavía manera de cortar una sola. Sin embargo, Dios sabe cuánto deseaba yo ofrecer una á
mi tía l\Iicaela.

EL MUNDO ILUSTRADO

Huía el invierno; la primavera asomaba
_ya, exhalando su amoroso aliento, hac\endo
asomar los retoños en los árboles, cubiertos
aún de ese moho que prece&lt;le á la verdura, y
los caracoles, también ellos, toma han parte en
los preparati vos, dejando grandes surcos de
plata en las avenidas, húmedas todavía del
hielo y de las lloviznas.

***

Una mañana una radiosa mañana, había yo

aban&lt;lonado el lecho desde el alba; el sol era
ardiente como en el mes de junio; en ~l polvo
luminoso, los dorados insectos revoloteabart
zumbando inc~antemente; en los troncos estallaban los renuevos; el amhiente hallábase
impregnado del perfume de la tierra, próxima á dar á luz sus maravillosas concepciones;
el cielo, de un azul pálido, dejaba ver, á través de los árboles, ligeras brumas que seme•
jaban los pliegues de un velo de
desposada.
Mi corazón palpitaba fuertemente, cual si hubiera hallado
ocasión de contemplar un raro espectáculo, y permanecía yo inmóvil. absorto en una deliciosa contemplación.
De pronto, mis ojos se abrieron cuan grandes eran, y apenas
pude contener un grito de alegrín:
acabaha de descubrir en medio
de los sembrados una gran fresa
completamente madura, que resplandecía como un rubí entre el
follaje.
-Qué felicidad! -exclamé,)' cuán ale-gre se va á poner mi
tía Micaelal
En aquel momenio escuché,no
lejos de mí, una voz que cantaba
una vieja canción de amor; la
voz era límpida y brillante, y al
sitio &lt;le donde partía encaminérrie al pnnto.
En aquel sitio un riachuelo
deslizábase tranquilamente¡ el
sol fingía mil ondas de plata
¡:;obre sus cristale&gt;&lt;; Ít la orilla
un sauce humedecía sus ramas
adormecidas, y bajo él, mi tía
Micaela cantaba, sumergien&lt;lo los
pies desnudos en el arroyuelo.
Sus medias y sus pequeñas zapatillas &lt;lescansaban sobre la yerba húmeda; estaba vestida con
un peinador verde pálido, y cantaba distraída, siguiendo el movimiento del agua, que semejaba pugnar por llevarse consigo
aquellos maravillosos pie~ blanco¡:;.
-Tía!-exclamé lleno de gozo,-tía, una fresa madura!
-Muy bien; ven á dármela-contestó ella
riendo.
Y como yo permaneciera indeciso, añadió:
-Cógela con los dientes, bobo, y levántate el pantalón.
Seguí el consejo, atravesé el arroyuelo, llegvé cerca de ella, y adelantando mis labios,
la ofrecí el fruto recién cortado.
Ella reía aún, mirándome con sus hermo-

Domingo 11 de Enero de 1903.

EL .MUNDO I LUSTRADO

sos ojos color de avellana; yo veía aquellns
largas pestnñas, aquellos rizos obscuros esparci&lt;lus sobre su frente, sus mejillas te1 sa,,
y sobre todo, ~.us dos labios rojos, entre los
c~iales brillaban los dientes como húmedas
perlae.
Tomó delicadamente la fresa de rni boca,
con el delicioso gesto de una cabra que ramonea en el prado, y entonces nuestros labios seencontraron, permaneciendo unidos no sé
cu:into tiempo ........ .
Algunos gritos de
llamada resonaron no
lejos de nof:otros; era el
marido &lt;le Micaela, el
mismo hermano de mi
madre, que llamaba
á su esposa.
Como nos hallábamos ocultos por _una
revuelta del camrno,
me dijo ella t:11 voz baja, ríípidamente.
-Calla¡ es preciso
que no nos enc·uentre.
Me precipité en pos
de mi tía, que había.
corrido á . ponerse lns
medias rápidamente;
pero como lo hizo con
demasiado apresuramiento, una de las medias desgarróse; entonces, impaciente, calzada á medias y siempre
seguida por su sobrino, que había perdido la
cabeza, huyó hacia una barraca destinada á
encerrar los útiles de jardinería.
Empuj6 la puerta. y penetró. volviéndose
hacía mí y dejándome ver sus mejillas encendidas y sus ojos, en los que brillaba. un fulg01·
extraño. .Tan bella y provocativa.estaba, que
me detuve en el dintel, tendiendo á. ella mis
brazos. ·
-Cierra en seguida-díjome en voz baja;aquí nadie podrá encontrarnos.
Pero, de pronto, pasó por mi cabeza y pormi corazón una cosa extraña: oía yo á lo lejos una amable voz que pronunciaba mi nombre; un s,mtimiento de horror conmovió todo
mi ser, y, como un buen muchacho que era
yo, huí i,in vol ver el rostro y fuí á encerrarme tn mi cuarto, en donde me puse á llorar
copiosamente.
He aqui por qué, hoy que he envejecido,
la llegada de las fresas hace palpitar acelerndamente mi corazón; he aquí por qué las.
amo cuando aparecen en las plantaciones,
recostadas sobre el verde follaje, y, más tarde,
en las cmmstillas de los vende&lt;lores. Y las.
compro ce.ando llegan hasta mí, yo, un rimador más rico de ah•janclrinos que de monedas.
de oro, y que prefiere la sonrii,a de una mujer i. todos los billetes del Banco ele Francia.
JUANA 1'H1LDA.

mmonartos tbinos en mé~tco.
Hace algunos días se encuentran de pa!'-O•
en la Capital dos acaudalados capitalistas chinos que, como jefes de una Compañía domiciliada en Hongkong, se 1,roponen establecer·
un ~ervicio directo &lt;le vapores entre el puerto
referido y las costas mexicanas del Pacífico.
Eng Hok Tong, Presidente de la Empresa,)"
~ung, Kam 'Ming, Vicepresidente, han recogido a este respecto importantes dat~s relatiYos al comercio y la industria del paí~,
y pronto establecerán el servicio de navegación mencionado. Según parece, los capitalil-'tas tratan, también, de organizar una compañía para la inmigración.
Es muy probable que el puerto escogido como terminal del servicio de vapores sea el &lt;le
l\1anzanillo, pues aparte ele que las 'obras queactualmente se llevan ácabo 011 él favorecerán
grandemente el tráfico, no está re~oto el día
en que su comunicación con los mercados del
interior sea uh hecho, debido á la rapidez:
con que el Central mexicano prolonga sus Jí-.
neas. rumbo á la costa

-Crees que hago también el
amor á las rosas?
-Vaya! yá cuantas flores rn
usted; yo creo que toda~ nacen
blancas, pero usted es qmen pone
ú la mayor parte de ellas ...... de
mil colores.
-Celosilla!
-Celosa yo?
-Entonces no me amas.
-Que no le amo á usted? Ingrato! Para qué habré pedido á la,
Aurora que me trajera esta mañana las más hermosas perlas deOriente, sino para engalanarme y
aparecer más bella á los ojos de
usted? Para qué habré pedido á la
lluvia de anoche que llenara. ese
hoyito de líquido criRtal, sino para ver en tal espejillo si mi hermosura era digna del amor del
Sol?
-Y para qué pides al Céfiro
que apart6 constantemente tu
brillante corola de mis labios, sino para probarme que es falRo
tu cariño?
-Todas las cosas cread.as le
aman á usted, oh Sol!
-Pero una más que todas .....
- Cuá1?
-LaXieve.
-La Nieve enamorada del sol?
Ella, que es la misma frialdad!
·-Sí, la Nieve, que es la primera en «derretirse» por mí.

ESPADA HISTÓRICA.
Publicamos hoy · un grabado
que repr~enta la espada que como un ol'&gt;Requio del primer Ministro de Inglaterra en México,
Mr. Ríchard, recibió D. Guadalupe Victoria, Primer Presidente ele
la República.
La espada, que conserva en su
poder el Sr. Francisco ·de Garay
y J ustiniani, es una primorosa
obra de arte.

LAS ENAMORADAS DEL SOL.

g

N rayo de sol deslizóse como una culebra de luz
entre las verdes frondas del
parque y fué á acariciar la coro-·
la de una Azucena, en cuyos
blancos pétalos brillaba aún la pedrería del rocío.
-Buenos días, hermosa- dijo el rayo, intentando depositar
un áureo beso en el seno inmacula&lt;lo de la flor.
-No Eca usted loco- exclamó ésta-, haciéndose vivamente
á un lado y tratando de esquivar
el beso, con ayuda del Cefirillo
que está siempre alerta y dispues~
to á volar en defensa de las virtudes atropelladas.
-Loco porque te amo?
-Porque así no se dan los buenos días á las flores honradas, y
ya debe usted saber que á mí me han tomado
por símbolo de la pureza.
-Perdona, hija¡ no pude resistirá los impulsos del amor que me abrasa.
---Pues está
muy mal hecho ... oh! vaya!
muy mal hecho! Que besara usted así á
esas locas de
Campanillas azules, que se dejan cortejar por
cuan to bicho
viviente anda
por esos trigos
de Dios, santo
y bueno; pero
atreverse á una flor delicada y pura como
yo!. ..... Ah! por qué no habré nacido rosa?

Leung

Kam Ming.-Eng Hok Tong.

-Rosa?
-Sí; porque mis pétalos de nieve no pueden encenderse jamás á los besos del Sol, como las rosas; y m,a flor que recibe tales:cari0

CASIMIRO PRIETO.

El poeta oye los susurros de la semilla q;e
trabaja debajo ele la tierra; el filósofo oye los.
de la germinación de las ideas en el pueblo. A.

GREARD.

*

**
La gratitud
es:
como aquel licor
de Oriente que
sólo se conserva
en jarros de oro;.
perfuma las almas grandes y
se agria en las.
pequeñas. ....._ JuLIO SANDEAU.

*

Espada de D. Guadalu¡::e Victoria.

cias sin ruborizarse, da una idea muy mala de
su pudor é inocencia.

*
La *desgracia
puede debilitar
.
la confianza, pero no debe quebrantar la convicción. CARLos-·
DE REMUSAT.

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADn

Domingo 11 de Enero de 1903.

Domingo 11 de Enero de 1903.

e

LA INSTITUTRIZ.
Novela por Ester de Suze.-llustración de Simont.
Traducció n de ··Et Mundo llu5 trado•·

(CoNTINÚA, )

V
Llegó la época de los exáme11es, y después mis comparíeras empezaron (\ marcharse una tras otra, á medida que llegaban sus noffibramientos. Sólo el mío tardaba, á pesar de los esfuerzos del Sr.
Cairol.
Entonces los días me parecían larguísimos. El dolor r.ausado por
la muerte de mis padres, había acabado por calm::i,rse un ,poco; y de
ya no llorar ni desear-porque nad3: deseaba!-m~ c~razon. se cansaba de vivir. Habría yo deseado morir, como por mstmto cierra uno
los ojos cuando está en medio de las tiniebla~. , .
.
.
Este deseo me asaltaba por las noches, sm lagnmas, sm sufrimientos. Mi cerebro pensaba, pensaba. como. a~tes del sue~o; des-pués en lugar de sueño me venia un entorpec1m1ento extra.no. ....... .
A él'me abandonaba, y habría deseado morir... .. .
.
Sin embargo, durante el día estaba Y? tranqmla_y reco~raba m1
actividad siguiendo d6cilmente los conseJOS de la senora Ca1rol, que
me iniciaba en los secretos de la vida doméstica y me enseñaba algo
de cocina, de costura, y me daba consejos útiles I?ara mil y mil ca~os.
Era yo bastante hábil, excepto en costura. Un día, la señora Cauol
me dijo:
-Bah! Usted es mujer ya, y el arte de la costura le vendrá por
sí solo.
· h b.
·d
Estas palabras me hicieron estremecer, como s1 u 1esen s1 o un
resplandor de vida que viniera á disipar mis enfermizas tristezas de
antes. Era yo mujer! Es decir, capaz de llegar-~ ser esposa, madre;
aguardar algo, por fh~ .. .... Ah!, un bogar, un h1Jo, un esposo.. .... toda una vida que surgiera de m1, rorleáh&lt;lome de amor, a mí que me
creía ligada s6lo á dos sepulcros ..... Ah! el momento en que eso sucediera en que un ser humilde, pero noble, viniese á tom:\rme de la
mano á decirme: &lt;&lt;Heme aquí. Yo soy el que te estaba destinado ti&gt; .••
.. .... ¿Aceptaría yo? ¿La huérfana de la víspera se atrevería. á despojarse del luto, para lanzarse entre gasas blancas y flores,. hacia el porvenir? ¿O tendría yo el valor~ de rehusar? ¿!&gt;-e:1so la vida no es tan
imperio~a como la muerte? No se puede res1st1r á la muerte cuando

y

llama; ¿se podría resistir á la corriente, cuando pasa el torbellino de
la vida?
Y esa corriente, ese deslizamiento en el río de la vida, debe de se1
inefablemente bueno, puesto que en la naturale~a nada hay detestable. Y sonreía, inundada de ensueños y de lágrimas dulces, al abrazar por úitima vez las tumbas de mis amados padres ......... al fin había llegado mi nombramiento. Iba yo á partir y estaba bien arm1i.da.
de valor; bendecía á mis muertos queri&lt;los, les pedía perd6n por mis
vacilaciones de la víspera......... Sí, por fin aceptaba la vida, y ahora estaba convencida de que la vida me sería buena.
En ese momento, el crepúsculo caía suavemente sobre las tumbas erizadas de cruces. Me pareció que papá y mamá me tomaban de
la mano y me impulsaban sua\·emente, y me levanté, como siguiendo sus sombras, que murmuraron ú mi oído:
-Ve, amada nuestra; no ha llegado la hora de que vengas á
quedar entre estas tumbas. Ye, juiciosa y confiada, y vive...... IIas
acertado: la vida es tan imperiosa como la muerte!. .. . ..
Y salí de allí. Y en los momentos de la partida., tuve más energía que mis buenos amigos, que parecían agobiados. Cuando me arrodillé para bendecirlos en el dintel de su hospitalaria casa, vinieron á
levantarme y me miraron al fondo de los ojos. Mi rostro debe de haber estado radiante.
-Tiene usted algo, :María Teresa. ¿Es una tristeza? ¿Es una esperanza? ¿Qué es, niña?
Era el deseo de vivir una vida juiciosa y sencilla, pero ((plena» ...
Era la. confianza de que esa plenitud, ~iendo una deuda para conmigo, me sería otorgada.

El cielo densamente nublado; copos de nieve caían sin prisa,
seguros de seguir cayendo durante muchos días aún, sobre esa región
inclemente. A la derecha., saliendo de la estaci6n, la ciudad, que se
adivinaba pequeña, y sin embargo, amplia, silenciosa como una catedral, en esa hora. de bruma y de nieve. A la izquierda, un camino
que se diría muy corto, limitado por la. masa de las abruptas monta-

fias que le cerraran el paso; y que, no obstante, corre y se prolonga co ·
mo un laberinto entre esas montañas: tal se me present6 Embrún, la
an tigua ciudad de los arzobispos.
Era una tarde de los comienzos de enero; apenas habían dado las
seis, y ya era de 11oche. Mi nombra.miento era para Chavoux, que
está Í\ media hora de la ciuda,l. Habría podido llegar hasta allí en
ferrocarril· pero por equivocaci6n me bajé del tren una estaci6n
antes. No'habfa que pensar en aguardar por cinco 6 seis horas la llegada de otro tren; tampoco había coche ú 6mnibus en que hacer el
camino.
-¿Ye usted este camino? me dijo el jefe de estaci6n. Pu~s no
hay más que seguirlo: va á Chavoux; pero está largo, sobre touo en
este tiempo ...... A menos que encuentre usted una carreta que la lleve ...... En fin, no sé qué consejo darla.
En efecto, el buen hombre parecía estar perplejo.
Los empleados que pasaban, alzaban su linterna para verme el
rostro, sin miramiento alguno.
-La nueva institutriz de Chavoux? Respondí afirm'\tivamente,
y todos me mostraron cierto respeto vulgar. Por fin, alguien me dijo:
-Trate usted de comenzar el camino. Quizá encuentre usted
u na carreta.
:Xo vacilé ya. ~Ii corazón e,-taba oprimido ante tamaña indiferencia. Salí de la estaci(m, para estar sola, para sentir la brisa ........ .
Oh! ese camino! no ~é cúmo devoré una parte de él. No me detuve
hasta llegar á un pequeño puente bajo el cual dormía un riachuelo
congelado. Y me puse de codos sobre el pasamano y me eché (i llorar...... .
Me sentía mal ; mis piernas se negaban á sostenerme. Con l o 11
últimos copos de nieve, e~casos ya, se había desatado un frío seco,
sin ruido, sin la palpitación de ninguna rMag¡i.; un frío hecho de silencio y &lt;le espacio vacío como mi alma. Lloré. Oh mis locas esperanzas ele una hora de lo,)ura! Qué sola, qué abandonada estaba! ¿A
dónde iba yo·? ¿.Qué habría al término del camino'? ¿Quién me recibiría. allí? ¿Qué país era é,;e, de hielo y de tinieblas, que no tenía ni
una sola dulzura para la pobre institutriz venida de tan lejos para
traer á las niñas su cerebro y su corazón?
¡Qué soledad! Jí~n la estación na&lt;lie había tenido para mí· una
sonrisa; nadie se había ofrecido ú buscarme una carreta que me llevase á mi destino! Se me había deja&lt;lo sin compasi6n marchar por
ese camino frío y negro, entre las espantosas escabrosidades de las
montañas .... .... .
Y, salida de esa preocupación, pensé de nuevo en seguir mi marcha y alcé el rostro para mirar esas montañas que me causaban miedo ...... Y quedé maravillada y hube de retroceder algunos pasos,
para abarcar todo el panorama que aparecía ante mis ojos..... Era el
paisaje feérico de los Alpes, cubiertos de nieve, en una noche estrellada. En el cielo, casi enteramente despejado, brillaban rnillareR,
millones de astros. 1Ie sentía encantada por la limpidez de la nieve
á la luz sideral; por la majestad de las montañas bajo el prodigio de
esa nieve, en la que las aristas bruscas, dei:;nudas por el escurrimiento de la nieYe, resaltaban de trecho en trecho. No eran montañas;
eran reyes de armiño, silencioso~, contemplando sus:dominios, 4ue se
extendían á sus pies.
A ?lis pies se extendía la. campiña, como la gigantesca página
de un hbro, hecha de blancuras apacibles y de negruras rebeldes. Se
erguían en ella las rnmas sin hojas, todo el ejército de un bosque en
lucha con las tempestades recientes· las ramas torcidas)' tan secas
, .d
,
'
tan ng1 as, que no habían conservado un solo copo de nieve.
, La.temp~stad había pasado y, entre la nieve, las ramas perman~cian ~nmov1les. Aquello era hermosísimo. )li a.liento, al salir de
mis labios, se convertía en un va.por visible y tenue, como el humillo de un pebetero. l\Ii corazón se tranquilizó. La luna acababa de sali~ y a~cendía lentamente al infinito, encima de un campanario prendido entre la nieve. Y mi alma se elevó también á las altmas.
, Continué mi camino, como sostenida por nuevos impulsos. No
habian dado las once, cuando llegué á la hostería de la aldea, que
reposaba:"
VII
Al día siguiente muy temprano, bajé de mi recámara hasta la
puerta de la hostería.
. Una c_alle larga, .limitada por casuchas bajas, como acurrucadas
baJo los teJados; mugidos de vacaR; puertas cha.parras, entrecubiertas, de donde salían emanaciones de estercolero· el piar de las aves
de corral, que caúlinaban á sal titos entre los sur~os de nieve· en los
pu~nt~R, uno que otro campesino, ron traje grueso, me mü'.aba con
cunos1da.d ...A~í se me present6 la. aldea, dulce como una imagen-como un merl.10 para alcanzar la dicha, y no como un fin-incapaz de
respo~der &lt;:~n un ~olo, latido á la simpatía que yo pudiese mostrarle.
.
Una. chicuela alma una barrera, llamaba á las gallinas y les arroJaba pufiados ,de grano.
Poco mús leJ·os ' saltaba un chorro de la bo,
ca d e un d ragon a una fuente tosca de piedra, en torno de la cual, un
grupo de muchachos murmuraban y me veían de reojo.
En el fondo, las montañas que la vfapera me habían maravillado, me cautivaban aún, blancas de nieve coronadas de nubes en actitud de guardias colosos, protectores del 'nido, que era la alde~.
Aquí era donde iba ro :í. viYir. ¿Por qué no había de ser dichosa? ¿Qué era lo que me faltaba, que mis ojos buscaban en los ojos de

los muchachos, en el hueco de las puertas que se entreabrí:u1, 6 entre
los pliegues de las montañas?.... .. Todo lo que me rodeaba e,ra hermoso y bueno y tranquilo y puro. Así pensaba yo; pero haurrn querido ~lgo más que pensarlo: ()e~irlo! A quit:n'? Esos muchachos, a~n
cuando llegasen á serm.e familiares, me compre1,~;rfan?. Los aman~
si ellos sabían consegmrlo; pero ¿acaso habría umon poinble entre mi
alma y la de ellos?
"Pas6 un hombre ebrio, y unas mujeres le dirigieron bromas de
un lado á otro de la calle. Yo le miré. Lleg6 junto á mí, se detuvo,
me miró con los ojos soñolientoi;:, se pui-o la mano en el coraz6n ~• me
contó, con voz pastosa, que era yo hermosa y que me amaba. Después siguió su camino, tropezando ú. cada paso. Yo también estu\"e á
punto de caer, desconcertada por la vergüenza. El ebrio se alejó ..... .
pero las mujeres rieron y pensé que reían de mí, y esto me ca.usó
pena. Impresionable, como se es siempn, en situaciones difíciles,
exageré la intención de aquella ri!:'a, como la víi:pera había exagerado la indiferencia de los empleados de la estación.
En ese momento i::entí odio para todo el mundo, y de!'eé estar
sola cuanto antei-; en la casita que debía. ocupar...... P_isó una mujer.
-Señora, sírvase usted decirme: ¿dónde vive el alcalde?
-El señor Ra.ibert?
Con el extremo de su bordón, la vieja me señal6 una calle estrecha que subía.
-Allú, en una casa nueva. Voy allá á dar ·un encargo ú Phracia,
la sirvienta; si usted quiere, la acompafiaré.
-Es usted muy amable, señora!
La mujer era morena, de rostro pequeño, con ojos feroces de Yieja que ha visto mucho. CrE:Í oportuno trabar conversaci6n con ella.
- Usted es de aquí, ¿verdad, señora? Yo soy la nueva institutriz
y voy :í. presentúrmele al alcalde. No tiene usted alguna hijilla que
vaya á ser mi discípula?
-No!--respondió secamente-Yo no tengo hija; pero tendrá usted muchos discípulos. Por cierto que las mamás no saben que hacer
desde hace cinco 6 ,;eis días que se cerr6 la escuela, á causa de la.
muerte de la otra. Ah! aquélla era una. buena mujer! Era casi tan
vieja como yo; pero ésas son !'iempre mejores que las j6venes........ .
-Y al decir esto, la mujer parecía gruñir. Casi me di6 miedo
mirarla con su aspecto de encina derribada y sus pasos bruscos. Siguió hablando:
- Yea usted: las institutric'3s debían servir de ejemplo á las demás mucha~has. Pero son demasiado jóvenes y están muy ¡¡olas; no
saben lo que hacen ...... Decirme que era usted institutriz ......... Qué
bien! .. . ...... Yo lo había adivinado cuando la vi tan joven y tan bonita .... ..... Toda&amp; son iguales, la de San Andrés, la de Greoux, la de
Frene!' ... ..... .
Y me mostraba entre los montes las aldeas que se destacaban
de entre l:! bruma.
-Yen usted! Hay otras como usted allá, y más allá y más lejos.... ..... Todas son dignas de lástima.
pijo esto con firmeza.;_luego se d1;tuvo de~afiándome como pare.
ver s1 la contradecía ...... :t-;o me habna atrevido á ello. Esa mujer
me parecía loca ó inocente; pero me atemorizaba. Murmuré:
-Yo, señora, no deseo más que hacer lo mejor que pueda. En
verdad, no seré digna de lástima.
La vieja se calm6; me mir6 lentamente de pies á cabeza. y comprendí que en eRe examen sus miradas habían encontrado mi mano
muy blanca, m1 busto exuberante, y mis ojos de un azul sombrío en
que parecían fundidas todas las languideces del ensuefio.
Sin ser de belleza n~tabl~, al menos era yo joven, es decir, llena
de encanto. Era la flo.r, mev1tabl1;mente abierta á mis veinte años, y
que a.guardaba al elegido que debia cortarla ..... .Si no se presentaba
ese elegid~, ¿bajo qué ráfaga de decep&lt;'iones se deshojaría la flor?
¿A qué abismo me arrastraría el soplo implacable de la. soledad?
Leí en la frente plegada de la vieja esos pensamientos· pero creí
que no habría l}ega,do á ~xpresar,10. Permanecí serena b¡jo sus miradas. Se calmo mas y mas. ¿Que fuentes de pureza encontr6 en el
torrente tumultuoso que temía hallar en mí, como había hallado en
las otras?
Sus mi¡·adas s~ llenaron de piedad que me pareci6 grandiosa. Se
°:e ade!anto y ~ué a buscar E:n sus cabañas á las niñas á quienes babia, casi maldecido momentos antes, cuando su mano levantada parecia querer descorrer el velo de bruma que cubría los puntos que
me nombraba.
Murmur6 al fin:
-:Es. seguro que usted t~atar{\ de hacer lo mejor que pueda, pobre senonta. Las otras también querían lo mismo. .. ... No toda e8
culpa vuestra, no toda......
(CONTINUARÁ.)

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AVISO MUY IMPORTANTE.
El único VI NO auténtico de S. RAP HAEL el solo que tiene el derecho
de llamarse así, el solo que es legítimo y de que se hace mención en el
furmulario del Profesor BOUCHARDAT, es el de Mrs. CLEMENT y Cía.,
de Valence (Drome, Francia).-Cada Botella lleva la marca de la Unión de
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Los demás son groseras y peligrosas falsificaciones.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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de llamarse así, el solo que es legítimo y de que se hace mención en el
furmulario del Profesor BOUCHARDAT, es el de Mrs. CLEMENT y Cía.,
de Valence (Drome, Francia).-Cada Botella lleva la marca de la Unión de
los Frabricantes y en el pescuezo un medallón anunciando el "CLETEAS."
Los demás son groseras y peligrosas falsificaciones.

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LA CANTADORA.
CUADRO DE

F ABRÉS.

�Domingo 18 de Enero de 1903.

fantasías dt Tnoitrno.
El frío mttropolitano.

B

enojo del cielo no quiere pasar. Ceudo y malhumorado amanece día con
día, y su capote gris envuelve los rayos
del sol que, bienhechores, pretenden llegar
hasta nosotros para traernos una poca de tibieza, que desentuma nuestros pobres miembros ateridos por el frío.
El frío es intenso, y como eu :México hemos
creído muy al pie de la letra la hermosa fábula de nuestra «primavera eterna,» no nos hallamos muy bien provistos de armas contra el
frío y por eso éste se da aires de sorprendernos cada año, fingiéndose siempre más severo
y despiadado que otras veces. En cada invierno solemos decirnos: nunca hubo frío tan duro como en este año!. ..... Y no es eso: es que
el frío corr:o el dolor, siempre aparece más
intens~ en su manifestación actual, y con facilidad lo olvidamos en la tregua que nos concede el cambio de estación ó la época de felicidad ... .. .
Si diésemos fe absoluta á las indicaciones
del termómetro, para juzgar nuestro invierno
metropolitano, lo encor,trai-íamos dulce en exct'so, parangonado con el de otras regiones.
Nunca tendremos aquí el extremo descenso
«bajo cero» que se observa en Berlín, Londres
ú París; y, sin embargo, el frí? de ~léxico es
cruel se hace sentir con una rntens1dad tortura~te, molesta y entume los miembros y las
energías. Es un frío seco, un frío desnudo,
que ni siquiera se trae la envoltura consoladora de una sábana de nieve, que ho trae di ver·
siones de invierno, que hiere sin piedad y no
permite que las aguas se congelen para que
sobre la tersura del hielo tracen los patines sus
caprichosas parábolas.
No tenemos ni diversiones invernales ni defensas contra el frío, porque nuestras habitaciones están hechas para la legendaria primavera perpetua y no tenemos el recurso de acercarnos á la chimenea y escuchar, al amor de
la lumbre los cuentos fantásticos de la abuela
ó los mur~ullos inefables de una canción de
amor ........ .
En México hace frío, pero no hay invierno ...
Porque el invierno no significa sólo el descenso de la temperatura, no es solamente la sensación de hielo que flota en la atmósfera; el
invierno es la nieve que cae, la leña que crepita, el vaho que d.ise~a fantasías sobr~ las v~drieras. Eso es el mv1erno; no estos dias grises que como enormes capeloe, vienen á posarse s¿bre nuestra Mesa Central y entristece11
la vida de la metrópoli.

***
Sin embargo, el frío es eminentemente voluptuoso. No en sí mismo tal vez, sino en las
sensaciones que la defensa procura.
Cuando transitamos por las euHes, envueltos en abrigos y paletós, y sentimos sobre el
rostro las mil aguzadas agujas del cierzo, nos
invade una egoísta satisfacci6n al considerarnos defendidos contra esos embates.
Sobre las baldosas helad!-1,S los tacones producen un ruido más seco y más sonoro que en
otros tiempos, y es un deleite marchar por calles y por plazas, bien abri~ados contra las
burlas del frío.
Las mujeres en invierno tienen mil recursos
para aumentar sus encantos y su misterio. El
frío les permite enmascararse á medias con
esos mil inventos de la moda que, confeccionados de telas, de pieles ó de plumas, arropan
cariñosamente los cuerpos friolentos y esfuman las características de las siluetas conocidas y encubren coquet.amente los rostros banales á fuerza de vistos, para sólo dejar adivinar una cabecita fina que se asoma entre las
fantasías del abrigo.
La mujer metropolitana, fina y nerviosa, es
adorable cuando se atavía de invierfio; tan
adorable, que fuera merecedora de fríos más
intensos y más largos. ¡Pobrecilla! Es lásti-

EL MUNDO ILUSTRADO
ma que no lleguen á nosotros los placeres invernales, porque ellos ofrecerían á la mtltropo•
litana un cam¡.,o vasto para lucir sus gracias.
Esos pequeños pies, cuya fisonomía ( véase
el texto del Dr. Flores) va haciéndose cada
día más sonriente, merced al cuidado nimio
que las m ujeres de México van poniendo en
su calzado, piden á gritos las emociones del
«patinage»; y al verlos trotar sobre el asfalto,
se experimenta un deseo loco &lt;le que, por un
arte de maravilla, se congelase el romántico
lago de Chapultepec, para que aquellos piececitos pudieHen lucir su agilidad y su finura,
armados de minúsculos patines, y conduciendo á sus poseedoras como en una fuga 1le ensueño y de placer.
Deci&lt;lidamente, ya que el frío es tan intenso, tenemos derecho para pedir que el invierno sea completo, y que no se limite á cubrirnos con ese capelo gris que entristece nuestra
vida.

EL MUNDO ILUS'l'RADO
y un volcán de purísimos antojos
bajo la curva trémula de un seno!

III
Una noche muy fría. Llueve.... llueve:
el trágico fantasma de la tisis
pasa sobre la nieve!
Es la salida del teatro. Hueca
resuena entre el tumulto
ruidoso, una tos seca!
IV
Unos ojos abiertos, exaltados
como los de una liebre
y algunos rizos luengos y dorados
por el sudor pegados
á una sien escavada por la fiebre!
V

Pisadas silenciosas!
Relampaguear de cirios!
Olor de frescas rosas,
de azucenas y lirios....

***

En México no se conocen los verdaderos
placeres del invierno. La poesía invernal nos
es incomprensible y por eso, . al recorrer las literaturas del Norte, muchas veces nos encontramos con símbolos inexplicables y con sensim1entos que se escapan á nuestro análisis.
Ibsen, Sudermann, Dickens, están llenos de
la gloria invernal; Goethe ha cantado los placerPS del hielo con un entusiasmo que á nosotros podría parecer .... .. pueril. Y sin embargo, todos los genios del Norte han hecho bien
en glorificar el invierno, porque en los países
del Norte el invierno es la estación de la poesía nacional.
En la calle y en la casa, el invierno ofrece
maravillas. El deleite de sentarse cabe el fuego, la familia toda, grandes y chicos, debatiendo los asuntos más tiernos, rememorando
añoranzas en los viejos y sembrando imperecederos recuerdos en los jóvenes; cuando el
frío de afuera, franco y completo. parece que
aprieta á los miembros de la familia unos contra otros, obligándolos á la unión y congregándolos-sin símbolo-en torno del hogar;
ese deleite es algo que á nosotros nos falta, algo que con nada podríamos sustituir, y que
es engendrador de ternuras, de anhelos y de
saudades especiales.
Por eso hemos dicho que nuestro invierno
es malévolo; porque nos ofrece las crudezas
del frío, sin compensaciones ni encantos; porque no permite que encendamos fuego en las
estancias ni tolera que discurramos bajo el cielo estrellado. Nuestro i nvierno es hipócrita,
indeciso, falso y despiadado. Mata de frío y no
ofrenda las delicias de la chimenea. Es como
un traidor que ataca sin dar lugar á la defensa. Es un monstruo.
Porque si nuestra prensa de información
rara vPz da cuenta con fallecimientos por congelación, no es porque nuestro invierno no
mate, sino porque es un asesino «cerebral,»
cauto, precavido, que no se atreve á dar un
golpe de una vez, sino que atormenta lentamente á su víotima, la envenena paulatinamente, debilita sus pulmones, infiltra en ellos
el germen de la tuberculosis ........ .
Y luego, cuando llega la primavera y la estadística de la mortalidad arroja cifras enormes, la gente llama asesina á la primavera.
¡Pero cuántas de las víctimas son .hostias rezagadas del invierno!
S'l'RINDBERG.

MICROPOEMA
I
Una cuna rosada que la luna
tras de un cristal con níveo rayo armiña
y en el mullido fondo de la cuna
'
un ángel... ... .. una niña!

II
Unos ojos ardientes, unos ojos
en que el azul del cielo es más sereno·
tersa piel, blancos dientes, Jabios roj~s

Domingo 18 de Eoei.'O de 1!903. _

.-.

JULIO FLORES.

NuevoMinistro de Gobernación.
tambios en d 6abinete.

E

L viernes á las doce del día, prestó la,
protesta de ley ante el señor Presidentede la Repúblic¡i., el señor don Ramón Corral, nombrado últimamente por el .l!;jecutivo
Secretario de Estado y del Despacho de Gobernación. El señor General don Manuel González Cosío, que desempeñaba ese alto puesto, pasó á encargarse de la cartera de Fomento, en substitución del señor Ingeniero don
Leandro Fernán&lt;lez, que se hizo cargo de la de
Comunicaciones y Obras Públicas. Para Secretario de Guerra y Marina, fué designado,
por último, el señor General don Francisco Z.
Mena.
Tanto el nuevo Ministro de la Guerra, como
los sefiores Ingeniero Fernández y General
González Cosío, rindieron también la protesta
el viernes pasado.

SR. O. RAM O N CORRAL, Secretario de Gobernación.

SR. G RA L. O. FRA N CI SCO Z. M E NA, Secretario de Guerra.

(Fot. Valleto..)

***
El señor Corral, que por primera vez forma
parte del Gabinete, nació en Alamos, Honora,
el 10 de enero de 1854, dándose á conocer primeramente como periodista en «El Fantasma,&gt;
y ccLa Voz de Alamos," publicaciones de combate que fundó y sostuvo.
El año de 1875 tom6 las armas contra el jefe revolucionario Gral. Pesqueiro, y muerto
éste, desde las columnas dela ccRevista Histórica del Estado" hizo un estudio desapasionado y justiciero de aquel jefe, reconociendo los
importantes servicios que prestó á la Reforma.
Después, y sucesivamente, fué electo Diputado á la Legislatura de Sonora; desempeñó
por algún tiempo el cargo de Secretario de
Gobierno; tomó parte en la formación de algunas leyes, hoy vigentes, relacionadas con
el Ramo de Hacienda, y colaboró con el actual Magistrado á Ja Suprema Corte, Don
Eduardo Castañeda, en la revisión del Código
Penal del Distrito, para su adopción en Sonora.
El fü. Corral ha sido también Diputado al
Congreso de la Unión, y Gobernador de su
Estado natal en dos ocasiones. Durante su administración se llevaron á cabo en Sonora mejoras de mu.cha importancia.
Por último, estuvo al frente del Gobierno del Distrito desde el 18 de Diciembre de
1900, captánd·ose en el desempeño de su cargo, los elogios de la prensa y de la gente sensata.

***

En cuanto á las demás personalidades que
integran el Gabinete del Sr. Gral. Díaz, hemos dado ya/\, conocer en nuestro semanario
sus datos biográficos. Sus servicios como colaboradores del Sr. Presidente, los hacen, sin
duda, dignos de la confianza que en ellos
deposita el Primer Magistrado.

SR. GRAL. D. M A NUEL GONZALEZ COSI O,
Sec retari o de Fomento.

(Fot. Va.neto.)

SR. ING. D. LE AND RO FERNA NDEZ, Secretario
de Comunicacionea,
(Fol Schlattman.)

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 18 de Enero de 1903.

NOCTURNO.

-ro~
,~ ..

Al llegar á su alcoba,
obscura y solitaria,
la engañosa careta.
á pedazos arranca,
y queda al descubierto
aquella faz tan pálida
que entre los muertos mismos
honda im presi6n causara.

rr~--·•••·.,"'"''"'••·•"•·

'

Elévanse en tumulto
aquellas notas raras
que las nocturnas aves
escuchan espantadas.
Y crecen, siempre crecen ...
Hasta que al fin el arpa
prorrumpiendo en un grito
de odio y amor, estalla!
FABIO FLALLO

PINTORESCOS.-La Venta de Cuaji'malpa .

Brillan de bélico deseo
sns pupilas de halc6n en la espesura
y hay heroicas barbaries de trofeo
en la furia triunfal de su escultura.

CINEGÉTICA.
Duerme la loba.
Cual colérica ceja
está encorvado el arco de raoba.
El dardo va, como una enorme abeja
zumbando al viento,
y del ijar á las nerviosas patas
cae un ch orro sangriento
cual racimos de abejas escarlatas.
Alza un nemrod coloso
el gran bronce del busto entre las ramas.
Crispa un soplo febril su vello de oro,
su tím ida nariz resuella flamas.

_)

.. - ~ - ~~--=

tos "J:itbuani."
¿Eran de Lithuania?
¿Quién sabe?
El mayor de los aplaudidos acróbatas, el
director de la familia de «los caballeros acrobáticos», decía que eran franceses, y así lo repetían el hermano siguiente, más fuerte, más
brusco, más hombre en apariencia (y más borracho) que Félix, y así lo aseguraban los dos

Si después de haber veetido al desnudo, le
echas en cara tu favor, es lo mismo que si lo
desnudaras ele irnevo.-FILEM6N.

....._...-

..-.

--Un Filósofo.-=(Cuadro de Fabrés.)

E l pensamiento es un poder; y el talento,.
una libertad.-VICTOR Hrno.

***

Los insolentes en la prosperidad, son siem•
pre viles eñ la desgracia.-.ANóNJMO.

i:_iiños que completaban la fam ilia de «Los Lithuani», como se anunciaban ante aquel público. ¿Quién sabía cuál era su apellido en
verdad, y de d6nde eran verdacleramente nativos? ¿Acaso no lo habían olvidado ellos m ismos?
Su patria era el circo, dondequiera que estuviese: en el circo vivían: vivían por el circo
y por tanto alentaban para el circo.
'
Nada les importaba ese mundo que se agitaba allá afuera de aquel recinto y que venía
á aplaudirlos alegremente cada ~oche.
Lo q ~e ~ ~llos importaba era estar seguros
en los eJerc1c1os que presentaban: "saltar siempre con limpieza, no errar los saltos sobre los
h ombros, no necesitar la repetición de las
suertes que pare_cínn m{~s difíciles al público;
en caso necesano repetir contentos la suerte
fracasada; y sobre todo, sonreir, sonreir siempre, aun cuando hubiesen sufrido una torcedura", era el semidecálogo que Félix repetía
á sus hermanos.
Y ¿serían en verdad sus hermanos?
Raramente y desgraciaclarnente eran en verdad hermanos los que formaban la familia de
los acr6batas que habían llegado á ser los artistas prefe~·!dos del público en aquel circo que
daba «func1on todas las noches, jueves tarde
y noche, y domingo y días festivos mañana
tarde y noche,&gt;.
'
'

-

-

,,

Es un ocaso:
incendiado del sol el bosque arde,
y un águila gigante va de paso
reinando en los azures de la tarde!
LEOPOLDO LUGONES.

.,¡- n"

~-

Vibra al principio trémula
en sus manos el arpa,
con un preludio lento
de notas apagadas;
después surge el '·motivo",
y es su armonía extrafia
inaudito concierto
de risas y de lágrimas.

SITIOS

Domingo 18 de Enero de 1903.

EL MUNDO I LUSTRADO

En efecto, había entre ellos un parecido
aceptable, como el parecido de familia; todos
cuatro eran rubios, de frentes amplias, de ojos
verdes, de cuerpos bajos y robustos; hasta llevaban todos, para completar el parecido, anchas huellas de viruelas en el rostro.
Era el de «Los Lithuani» un o de los actos
que á mí, como á la mayoría del público, más
agradaba, y que esperábamos con ansia.
Siempre era el acto
7?--Acr6batas .................. «Los Lithuani»
y después seguía:
«Intermedio.-10 minutos.,&gt;
A cada suerte, á cada trabajo, el público
rompía la mon6tona pieza musical americana,
con salvas de aplausos, y aún con gritos entusiastas. ,
Era de verse &lt;tla limpieza. y precisi6n» con
q.ue ejecutaban sus trabajos y el cariño que se
demostraban los artistas, como se ha dado en
llamar (i todos los trabajadores de circo, á semejanza, y acaso con la misma razón que á
muc:hos trabajadores en mármol ó en «terracotta,&gt; y á muchos majaderos en palabras 6 en
notas musicales.
Antes de comenzar una nueva suerte, cuand_o se embreaban pies y manos los acr6batas,
siempre el di rector acariciaba la carilla pálida
de la niña 9ue iba rápidamente, por el desarrollo de piernas y brazos, camino de la pubertad, la besaba en la frente y la empujaba
C?~1 suavi_d~d al centro de la pista, y así tamb1en acanc1aba la cabellera rizada del muchacho que siempre serio y casi mal humorado,
cumplía cronométricamente con sus ejercicios
y s?lo plega1?a al público la boca grande, d~
· labios promrnentes, en un gesto más de amargura y odio, que de satisfacción y gratitud
cuando daba las gracias por los aplausos que
le regalaban después de sus trabajos.
Ese día:
Ya los programas lo gritaban en letras muy
g!andes y muy rojas, como buenas norteamencanas: «Beneficio de «Los Lithuani,&gt; .-Actos nuevos.-Gran sensaci6n.-La escalera de
«Los Caballeros Acrobáticos. i&gt;

,11~

. .: :

/.

~

'

Y todavía el acto no resultaba bien; todavía el chiquillo de boca plegada por gesto extraño, no podía sostenerse con seguridad, de
cabeza sobre la cabeza fraternal.
F élix se adaptaba á la redonda y dura cabeza, cabeza que dijérase escapada de un boliche, cabeza de acróbata, la r uedecilla acolchonada que sujetaba un barboquejo, y colocaba
encima, cabeza sobre cabeza, al pequeño Luis
provisto de la mandolina, la vieja por supuesto, que la vistm,a que tenía incrustaciones de
concha, era sólo para ia funci6n, para lucirla
y cuando no tuviera gran peligro, porque y~
Ja suerte resultara.
Entonces al compás de la música del niño
bocabajeado, empezaba Félix á ascender la es:
calera oblicua que conducía al pedestalillo,
para descender después por la otra igual escalera, siempre F élix con la vista clavada en
su carga, y balancP.ando cabeza y brazos para
conservar el equilibrio. «!l'fignón»- así llamaba el redactor de programas á la pequeña
acróbata de piernas y brazos gruesos y cortos
y carilla pálida- seguía por abajo la marcha
del grupo, pronta á prestar su ayuda al muchacho, si caía de la cabeza fraternn l.
Félix, sudoroso, chasqueaba el pulgar contra el medio, mientras el niño rubio, todo en
temores, rasgueaba el instrnmento y encogía.
6 alargaba las ¡Jiernas para buscar ~l salvador
equilibrio.
Los labios prominentes de su boca ancha
iban resecos y los ojos tijo3 siempre con la
mirada tendida hacia su frente, tom'a:ban decuando en cuando nublazones lacrimo~as.
Llegaban hasta el peldaño sexto 6 séptimo.
de I~_escale.ra azul ~ tendida oblicuamente, y
el mno vacilaba ......... y caía salvando siempre en la izquierda la mandolina, mientras
con la derecha desesperadamente abierta buscaba el apoyo que siempre le ofrecía oportunamente la «l\1ignon».

�Domingo 18 de Enero de 1903.
Entonces era cuando al propio tiempo que
se arrancaba el barboqu&lt;'jo y la ruedecilla
acolchonada, prorrumpía Félix en sus denuesios y en sus amenazas que iban in\'ariablemente perseguidos por los estrujones que imprimía al chico para adaptarlo nuevamente ú
la cabeza.
Y el niño protestaba primero.
-¡Oh! yo no puedo; no es tan fácil; tenga
paciencia.
(Aquí seguía la injuria: imbécil, estúpido
... ...... podía irse á robar; el trabajo no era
para él.)
-Vamos otra vez; cuidado, much.o cuidado.
Subió el acróbata que ante el público acariciaba antes de cada suerte la carilla pálida
de la niña y pasaba la manota sobre la cabellera rizada del niño.
Sólo se oía en el circo, á la 1-30 de la tarde, el sonillo de las cuerdas de la mandolina.
El gran circo estaba ya vacío; sólo en el
centro de la pista ensay:iban ellos, «los beneficiad os. &gt;1
Ya los acomodadores habían acabado de
arreglar por numeración las lunetas que los
concurrentes desaneglaran la noche anterior,
en su salida pre,rnrosa que no respetaba el alineamiento de los pasillos, y ya habían dejado
los mismos azules acomodadores limpios de
programas ajados el suelo y de polvo negruzco las barandillas de los palcos.
Ya los maquinistas habían preparado en el
foro la casa pobre para «Los Reyes del patín»
y habían corrido á medias el telón de anuncios.
Sólo se oía el sonido de las cuerdas de la
mandolina, la respiración agitnda de Luisillo,
y á inter\'alos irregulares el 11am golpeado de
Félix sobre las tablas de la escalera, y aquel
cha.,quido del pulgar contra el medio, ruido
con el cual el director de la familia de cccaballeros acrobáticos» quería mantener provechosa la 'ltención del muchacho, á fin de que no
rodara nuevame:1te al suelo.
No se oían los pasos de «Mignón», porque
pisaba sobre el serrín, y porque calzaba las
alpargatas de ensayo.
Llegaron los hermanos hasta la plataforma
que separaba las escaleras opuestas oblicuamente.
Félix respiró con fuerza, y dejó salir un
«vaya,, de descauso; pero al t.mpezar el descenso por la otra escalera, el niño perdió el
equilibrio y cayó hasta el suelo de la pista.
Apenas pudo ccMignón» detenerlo para que
el golpe no fuese muy fuerte, y por encima de
los brazos de ella salieron las manos de él: la
derecha abierta buscando el punto de apoyo,
y cerrada la izquierda apretando el brazo &lt;.le
la mandolina.
De un salto cayó Félix al lado de los niños
que, conocedoras de su suerte, ya temblaban.
Efectivamente: el director de la «familia de
acróbataS&gt;J rugió tres injurias, y descargó con
fuerza sobre la carilla pálida del niño, la manota ennegrecida y llena de cicatrices.
(No deben ustedes asombrarse: aquello en
el ensayo era siempre igual, á diario, porque
á diario ensayaban. Sólo en las funciones,
¡qué fraternal y qué hermoso era el cariño que
&lt;lemostraba á los hermanos Félix el director;
acariciaba la carilla pálida de la niña, la besaba en la frente, y pasaba la mano por sobre la
caballera rizada del muchacho que, siempre
serio, mal humorado, cumplía cronométricamente con sus ejercicios; solamente plegaba
al público los labios en un gesto más de amargura y de odio que de Ratisfacción y agradecimiento cnanclo le aplaudían sus trabajos. Desde las primeras suertes que el muchacho había ensayado, recibía como castigo la bofetada, y como premio un jadeante: ya está
bueno.)
La sangre saltó de la boca y la nariz de
aquella carilla ac.-obática, y «Mignón» sacó
de entre la banda del vestido viejo-el vestido de ensayo que en algunas partes dejaba
asomar la rosada carne-un pañuelo grande y
floreado.
Félix, gruñendo otra injuria para la criatura, se fué hacia la puerta para gritar á la can-

EL MUNDO ILUSTRADO
tina que le mandaran una cerveza, y volver á
trabajar.
Luis le repitió cuando ya estaba lejos, como siempre:
-Cuando yo sea grande,. me largaré.
Félix volvió la cara, y rió con provocativa
burla:
-Bien, bien: lo veremos ..... .
Sentado ~obre el redondel, apoyando los codos sobre las rodillas y la cabeza en las palmas ele las manos, quedó cubierto por la penumbra del circo, Luis, que sollozaba fuertemente y agitadamente. Se le mezclabaH en la
cara sudorosa, las lágrimas y la sangre tibias.
Entretanto crl\Iignón», apoyándole sobre la
espalda una mano, con la otra le ofrecía silenciosamente el pañuelo, sin acertar á consolarlo con palabra.«,y acercaba á la cara sangrienta
el contraste de su carilla púlida.

Domingo J 8 de Enero ele 1903".

EL MUNDO ILUSTRADO

Como es sabido, anualmente Ee celebra en
la pintoresca población de CoyQacán, un certamen de pájaros, peces y flores de ornato.
Luciclísimos son estos co11cursos y á su mayor
realce contribuye la presencia de damas dis•
tinguidas de nuestra sociedad, quienes se encargan de repartir los premios, alenta.ndo con
ello á los expositores.
Dentro de poco se efectuará el certamen correspondiente al año actual, y con ese motivo
publicamos el anverso y reverso de las medallas que se otorgarán como prernios. Por los
grabados se puede ver que dichas medallas serán verdaderamente artísticas, pues los bajosrelieves están trabajados con exquü,ito gusto.
La Junta Directiva de la Exposición publi-

á 1!éxico, y cumpliendo con la ley de lamateria, sustentó examen en la Academia de San
Carlos, siendo aprobado en él por unanimidad. A partir de aquella época, comenzó á tomar parte en distinto,, concursos artísticos y
á dirigir la ejecución ele importantes obras arquitel)tónicas, figurando entre éstas como unas
de las principale,:, el teatro J uárez' de Guanaj uato, y la Aduana de Santiago. El primero

corregir, en la parte interior algunos inconve-·
nientes que presenta en la distribución de los
salones, escaleras, etc., etc.
Las dos casas que tienen vista á la 31!' calle
de Colón, serán derribadas, según el proyecto,
para substituirlas por una serie de salas queocuparán las secciones, en la planta alta, y el
archivo en la baja. La fachada principal se
elevará convenientemente , construyéndose

EXP0SICI0N DE FLORES EN C0Y0ACAN.
Anverso y reverso de las medallas que se otorgarán á los vencedores.

El muchacho, ele pronto arr~bató el pañuelo y rugió más y dijo:
-)Ie largaré cuando sea hombre, sí; me
largaré ó lo mato!
,c:\Iignón&gt;, casi lloró:
-No digas eso...... .
(Yo, que era empleado de la empresa, desde mi escondite, tras la cortin3 roja que en la
última grada servía para disimular en unas
noches la ausencia del público que algunas
vfces llegaba á demostrar su hastío por la monotonía del espectáculo, comprendí por qué
motivo la misma empresa nos prohibía la entrada á los ensayos. )
Y por la noche, cuando ante el público se
presentaran los cccaballeros acrobáticos,&gt;, 1ujosos, sonrientes, y Félix acariciara y besara á
los niños, ¡cómo estaría gustoso el público,
cuánto simpatizaría con los artistas y hasta
qué ruido los aplaudiría!. .... .

***

cará en estos &lt;lías las convocatorias para el
certamen mencionado.

Dirtctor dt ta Escutla dt Btllas .Rrtts.
Para cubrir la vacante &lt;¡ue como Director de
la Escuela Nacional de Bellas Artes dejó el
Sr. D. Román S. de Lascurain, por renuncia
que hizo de su puesto, fué designado por la
Secretaría de Justicia é Instrucción Pública
el Sr. D. Antonio Ri\'as Mercado, notable arquitecto que cuenta en su abono con facultades muy poco comunes.
La personalidad del nuevo Director de Bellas Artes es suficientemente conocida y, por
lo mismo, nos limitaremos á consignar aquí
sus rasgos más salientes. El Sr. Rivas Mercado hizo sus estudios en París, donde recibió
el título de arquitectico y obtuvo seis medalJas de oro como premio á sus obras. Al venir

Reformas al edificio de la Secretaria de

de estos edificios, sobre todo le ha valido
muchos elogios.
'
En la actualidad, el Sr. Rivas .Mercado tiene á su cargo la construcción del monumento
á la Independer.cia que se levantará en la
cuarta glorieta de la calzada de la Reforma.

Lt\ SACUDIDA.
Es dolor ó placer, golpe 6 halago;
en l?s dulces espíritus, consuelo,
lluvia reparadora que del cielo
devuelve en gotas el ~apor del Íago.

En un periódico de una ciudad de la República, he leido que en cierto restaurant, mientras
comían varios artistas de la compañía de circo qne acababa de llegar, un jo\'en se arrojó
sobre otro hombre, y con el tenedor que usaba en la mesa, lo hirió varias veces ferozmente. Se agregaba que el heridor y el herido eran
hermanos, y que éste estaba muy grave. ,,.Parece que antes, durante un ensayo, el mayor
de los dos golpeó con crueldad al otro.»
......... Y yo be pensado en «Los Lithuani&gt;i
y en el público que tanto simpatizaba con
aquel cariñoso hermano que siempre suavizaba caricias sobre la carilla pá,lida de «Mignón»,
y por sobre la cabellera rizada ele Luis .. .
A pesar de todo, ¿se acuerdan ustedes dela
cara mal humorada, y del gesto más de amargura que ele satisfacción y gratitud que plegaba aquella bor:a grande de labios prominentes?........ .
FRANCISCO ZÁRATE Rurz.

Relaciones.-Fachada principal.

Et Edlfdo dt ta Stcrttaria dt Rttadonts.
Por encai:go de la Secretaría de Relaciones,
el Sr. Arqmtecto D. Nicolás Mariscal, ha proyectado algunas reformas al edificio que en la
calle de Patoni ocupa la Secretaría mencionada.
_La~ reformas á que nos referimos tienden
prmc1palmente á dar á la construcci6n que
ahora se confunde por su estilo y prop'orciones con las casas particulares, una apariencia
más adecuada al objeto á que se destina, y á

otro piso rematado por un ático de hermosoaspecto.
Como puede verse en los grabados que ofrec~mos en esta plana, el Sr. Mariscal se ha
aJu.stado e? la !ºi:mación de su proyecto, al
estilo arqu1tectomco del actual edificio.
Mejor es que venga l~ virtud acompaíiada
c~m la pobre~a, que la riqueza con la violencia;, la frugalidad con la salud, que la glotonena con las enfermedades.

Es en el pecho mi&amp;erable estrago
co!ltra toda virtud maldad' y duelo
Sacuden á la vez, ~elos á Otelo,
·
á Desdémona amor, envidia á Yago.
Va acompaña1,clo á cada sacudida
un germen propulsor de muerte ó vida
Es delito en la mente depravada.
·
nuevo ser en el seno fecundado
rede.nción en el pueblo subyugddo,
Y crimen en la tumba despeñada!
j\JA~UEL

Sr. Arquitecto O. Anton:o Rivas
Mercado.

S.

PICITARDO.

Reformas al edificio de la Secretaria de

Relaciones.-Fachada posterior.

�Domingo 18 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUS'l'ltADO
mi paseo, luego me detuve; cuando me cansaba de ver en el espejo, enarbolaba mis «gemelos» y veía furiosamente haf'ta que el tortico\i me rendía y tornaba á mi espejo y así
hice las tres \'eces que estuve allí, pues aunque estuve cuatro, la última no la cuento, porque solo vi al Papa.

***

' «Michel piú che terreno, angel divino", como dijo el Ariosto, era, ya se sabe, ei emperador sin bP.rederos de la escultura cincocentista. Así lo creía Julio U cuando le encargó
su sepulcro; ya estaba listo el ángel para desbastar los dos mil quintales de mármol que
en bloques formidables había hecho arrancu
á las canteras de Carrara, cuando el Papa varió de idea y quiso hacer del escultor un pintor. Furioso de horror y de ira, Miguel Angel
se evadió del pontífice, que no ce3Ó de rechmarlo á la sefioría de Florencia; hasta q 11e
por influjo de lo'I jefes de la República, del
gran bonachón Soderini, sobre todo, el artista tornó á ponerse en contacto con su iracundo Mecenas: el Papa acababa de aplastar á la
republiquilla de Bolonia y á sus jefes ·ó tirnnos que pretendían emanciparla del yugo romano. El escultor levantó al guerrero triunfante más bien que al Papa, un monumento
coronado por la estatua pontifical, digna de
un emperador de los tiempos altos (de esa estatua derribada por los boloñeses c·n un día
de exaltación republicana, no queda un· solo
fragmento). Y luego, ya sereno y resignado
á ser pintor, volvió á Roma, subió al departamento del Vaticano en que estaba la vasta Hala cuyos muros laterales estaban decorados
por frescos de Sandro BottiJelli, de Pinturri-

chio, de Ghirlandaio, de Signorelli, curiosos,
interesantes, bellos, apagados hoy por los destellos del estupendo reflector encendido en la
bóveda; vió, levantó su enorme andamio, hizo venir de Florencia unos cuantos artífices
que le enseñasen los secretos de la pintura al
fresco, se acostó eir su antro oculto junto al
techo y pintó, pintó, pint6 cuatro años largos. Ya su barba y su vientre se habían unido por un hof'io deforme, su rostro estaba sin
cesar maculado y convertido en mosaico por
el gotear de los pinceles y aquel hombre no se
sentía pintor, «ne io pittore». Bajó un día,
quitó sus andamios y vió todo lo que había
hecho. Tenía razón; aquello era una escultura ó una pintura esculpida. Roma entera. desfiló bajo la bóveda, desconcertada, estupefacta, atónita; la admiración vino al fin, dura.
todavía, durará cuando la :marteada bóYeda y
los frescos gigantescos hayan muerto.
Y allí fuí un &lt;lía, después de visitar largamente la basílica pontificia; pasé cuatro horas, sentí una fatiga infiñita, una trepidación
psicológica inexpresable, un deseo inmenso
&lt;le dar un grito que resonara corno un trueno
durantE; un &amp;iglo, un deseo inmenso de callarme para siempre. Dorm~ diez 6 doce horas
seguidas, si no me habría muerto.

***
¿Qué ·hay, pues, allí? No sé. Es como si un
Hirnala.ya ó un Ande le pusiera á uno la mano
sobre la cabeza. Es ésta una de esas obras
huma.nas que son, para nuestro limitado espíritu, superiores á las obras de la naturaleza;
éstas producen una sen!'ación envuelta en el
misterio, que es una emoción; las obras del,
genio complican la sensación y la emoción
con un mundo nuevo: el pensamiento. La bóveda de la Sixtina piensa.
Es un poema. plástico ¿hay otro igual? ¡Y
qué mal prevenido iba yo! Varias personas
me habían dicho en México, en París, en Madrid: ¡la Sixtina es una disilusión, es un «camelo»! El Juicio final, una rapa bituminosa.
en donde se amontonan hércules de feria en
convulsión; la bóveda, una placa de cuadros
apagados entre un laberinto de figuras desnudas y figurones vestidos; los desnudos, obscenos no por desnudos, sino por fuertes.
Entré, arreglé mis anteojos y vi durante
una hora C&lt;el Juicio final»; Iu ego tomé u no de
esos espejillos muy bien plateados que alquilan los guardianes de la capilla al entrar y fuí
viniendo paso á paso desde el lado contrario
al «Juicio», que fué por donde comenzó l\Iiguel Angel; luPgo rehice en sentido contrario

Sí, señores, permítanme ustedes ante todo
rezar por los que Yen un «camelo» en la Sixtina. ,,Perdónalos, Señor, no saben lo que diCP.n. Y si lo saben, Señor, por qué no has
permitido que yo fuese en su lugar, ruantns
veces han idu ellos? RehazleR, Señor, la mollera y líbranos de mal. Amén.,,
-Lo que sucede, me decía uno de pi;os aniigos míos, es que ibas "suge"tionado» por todo
cuanto has leído, clesde ·wíncktlman, &lt;le,&lt;le
Goethe, desde Michelet, ( no, esto no lo decía
él, lo digo yo) y Montegut, y Taine, y .Burckardt, y Klaczko, y Castelar (y fa mar) y
naturalmente no es uno hombre &lt;le talento, si
no le gusta la Sixtina y tú quieres pasar {1 todo trance por homlire &lt;le talento, sobre todo
á tus propios ojos.
-¿De modo que no me ha causado una
impresión inmensa la Sixtina·? ¿De suerte que
&lt;"S pura «pose" la mía?
-Lo juro.
Yo os juro, lectoref', que ésta es una calumnia infame. Os juro ...... Pero en fin, vayan
ustedes á ver...... ¡Y llévenme!

**"
Ojos, anteojos y espejo me mostraron esto
sucintamente; una ilustraciún de la :Biblia.,
una Biblia plástica ¿lo he dicho ya? Pues lo
repito: un poema plástico, austero, titánico,
hecho con puro material humano que á fuer za de sencillez y de idea se vuelve di vino. Cou
puro material humano; allí no hay más que
piedra y músculo vestido ó desnudo; más bien
desnudo. Todo es pintado, piedra y músculo:

el limpio cañón de la b6veda se volvió un_a
arquitectura: entablamentos, tímpanos, p1la.strai:, ménsulas, cariátides, cornisas suben
del muro al centro, en donde, entre fuertes
marcos arquitectónicos, se desarrollan en trípticos conjugados cuatro grandes cuadros ( iba
á d ecir tapicerías) y cinco pequefi.os que rep re.-;entan los primeros momentos del Génesis: una teogonía, una cosmogonía: un surgimiento de la divinidad, un surgimiento del
uniYerso, un surgimiento del hombre, un surgimiento de la humanidad. Dios naciendo
del caos; Dios distribuyendo el cosmos, es
decir creándolo; Dios recorriendo su imperio
(« l~I «Pneuma&gt;: de lah,·é era llevado sobre las
agua;;»); D io,; com unicando al hombre lacentella psíquica, «animándolo».
Luego el drama humano: el idilio preliminar: Eva; el primer acto &lt;le la. tragedia: la necesidad de conocer, la Ciencia y su satánica
epifanía en el E&lt;lén; la expulsión del Paraíso
á este valle de lágrimas. (La mirada de Eva
es un mundo de dolor. de espanto y de esperanza. Parece decir: ya sé lo que es la desventura; no importa! l\Ie llevo unos momentos de
paraírn conmigo, me llevó el amor). Def:¡rnés,
ó poco después, aparece la humanidad en el
Dilu\·io (siniestro, sublime cuadro en su ho. rror y en su color) en fin, los hijos &lt;le Noé,
las razas, el .insulto al P_adre, el origen de la
raza maldita......... La redención por el agua·
que se llamó el Diluvio no había bastado;
reaparecía el pecado al otro día del castigo,
era preci;:a la redención por la f'angre .... . . Y
comenzó la preparación: eso es lo que anuncian esos profet:1s, esas sibilas, todos pensando, todos meditando, todos escudriñando la
ciencia humana para vislumbrar la ver¿ad divina: héla aquí: el olesías vendrá. Ved estas
familias pobres, sin historia ó con la misma
monútona historia de labor y esperanza infi nita&gt;&lt;, estos grupos de los tímpanos: pues allí
se elabora la buena nueva, de esas entrañas sociales nacerá el Cri~to. ¿Y será vencido el pe-

Domingo 18 de Enero de 1903.
cado? ¡Oh! no, el mal es eterno, el mal renacerá perpttuamente.... Y entonces habrá que
extinguir la humanidad, habrá que reincorporará Dios lo; buenoR y al mal los malos.
¿.Y cuúl será entonces el objeto de_ l_a lucha'?
Misterio, abismo. Eso cuenta "el Ju1c10 finaJ,,_

***
Y no hay más, como pensamiento; no hay
más en la bóveda de la Sixtina, á pesar &lt;le
que no ha habido visionario, soñador, .filósofo ó teólogo que no haya leído estas pí1ginas
maravillosas como los intérpretes las pictografías, descifrando símbolos y desatando enigmas. No, la interpretación vuelve estos episodios á su genuino sentido y de esta version
plástica del libro '!anto, sólo puede extraerse
lo que allí puso el arcángel-poeta del pincel y
del cincel: el libro santo.
Sí, pero si Miguel Angel no puso allí una
metafísica esotérica, de esas que solo pueden
comprender los iniciados, sí pu~o una alma,
su alma, su alma inmensa. Esa alma, ya se ha
copiosamente dicho, y no podía menos, y es
cierto, era la de un di~cípulo de Dante y del
dominico quemado por orden de Alejandro
VI, de Savonarola. Estos dos profetas, ardientes, batalladores de la verdad y del bien, descomponían la luz del mundo en un espectro
de tristeza, de dolm- y de ira santa. Era el de
ellos un pesimismo que no resultaba de esa
especie de fe en la nada como el de Schoperíhauer .v el de Leopardi ( 4ue es en la poesía
un Miguel Angel sin antorcha), sino el que resulta de la confrontación perenne de la realidad con el Ideal; confrontación dolorosa, más
amarga que la muerte. De este pesimismo estaba impregnado Miguel Angel. No hay una
sola sonrisa en aquel inmenso e&lt;lificio en &lt;¡ue
el material supremo y único casi es la figura
humana; hasta en las más dulces de estas figuras, la del padre Adán en su "animación", la
de Eva brotando de Adán dormido, la de la
Sibila délfica, que es una maravilla de pensa-

�Domingo J 8 de Enero de 1903.
miento y de forma, l:t de esa divina mujer
que ~e viRlumbra más que se Ye en el tímpan,o coloc.:l;o entre Daniel y la Líbica, os dirnn ~l m!smo sentimiento; en ninguna enco:-!trar~1e m. un solo anuncio de alegría; al contrano, mientras más clulcel', más tristes.
Así es como aquel hombre que sufría físi~mente por !a ~ootura en que pint6 cuatro
anos ( él lo dice a maravilla en su famoso soneto.á Juan de Pistoia) izado en su tablado
altísimo; que sufría moralmentP. con las desgracias de su patria; que sufría intelectualmente por su inconformidad con lo existente
que le parecía todo onentado hacia el mal·
as1, es como aquel hombre feo (la fealdad sin-'
gular hace á los hombres 6 misántropos 6 bufos 6 ambas cosas) á quien un compailero de
taller, cansa.do de sus sarcasmos, había aplastado las nances de una puilada; aquel hombre ca&amp;to que nunca se vi6 -nel diletto della
carne involto,» que nunca tuvo más que una
gran p~si6n de espíritu, la &lt;le la pura y luminosa é mefable Yictoria Colonna; así fué como con su ~lma, más que con su pincel, pintó 6 esculp10, porque todo allí lo repito es
~cultu.r;1, la b6veda de la Sixti:1a: por es~ la
imprts1on total es supremamente melancólica. ¡Cómo! Hasta Dios es triste? Oh! maestro
si J?ios fuera capaz de tristeza se resumiría eÍ
Umverso en una lágrima!
Pero esa alma era una complicación no
una simplificación; cada alma es un agregado de almas; por eso la psicología, con
perdón del maestro Ezequiel Chávez, es todavía una especie de alquimia; para llegar en
estas almas compuestas al elemento irreductible y simple, á la ((faculté maitresse» de Taine, ¡qué trabajo! y cuán vano, casi siempre!
El alma de Miguel Angel se distingue por
el don formidable y doloroso de concebir la
forma, pero no la forma escueta macerada y
nimfa de los primitivos 6 de los ~ísticos, sino
plena, rotunda, enorme, lujuriante como solí~n concebirla los paganos, como la concibieron el autor del H ércules Farnesio 6 el autor del Laocoonte; solo un pa&lt;&gt;ano podía entender así ~a plástica, s6Io un pagano, sUo uno
de esos artistas que podían decir: la forma es
~do, en la ~orma está el alma, era capaz de
pi!:~r el Cnsto Heraklés del Juicio final y el
ceJiJunto Júpiter olímpico del fresco de la
Creaci6n de la Sixtina ( todas las figuras de
Jehovah pintadas en la bóveda llevan en la
frente el pliegue clásico del rost~o famoso del
Júpite~ de ~tricoli) son hechuras paganas y
lo son mfimtamente esos pares de mancebos
mara~illosos que decoran en posturas que
co~sbtuyen un reto á todas las leyes de la estát1~, los .ángulos de los frescos superiores,
l~s .«1gnudL». Plásticamente esas figuras son
d1vmas; pero la divibidad les viene de que son
soberanamente humanas· es la misma explicaci6n del antropomoríis:Uo helénico· á fuerza
de embeber
de serenidad de belleza 'de pen.
samien.~, una figura humana, la daban una
-9xpres1on, un verbo divino.
Pero ad~más de ser pagano, era este hombre, lo repito, profundo, intensamente cristiano en su obra. ¿Cómo esta antítesis? Pues sí,
Y ~n pr.ofunda que puede inferirse de ella, al
ex1Stenc1a de otra alma. Veía como un pagano, sentía como cristiano ambas cosas hondísi';Il~n_iente. Porque veí~ como un pagano,
la drnmdad adquiría bajo sus pinceles el aspecto colosal; los super-hombres de Nietzche
~o son más que dioses paganos, en el sentid~
mtelec~ual; así los comprendían los paganos
e~ su aspecto físico; los dioses en comparac1on .de los hombres eran titanes; Miguel Angel ~ie.m_pre pint6 6 esculpió titánicamente á
la divinidad. Sentía como un cristiano: nun.
ca fué de la secta orgullosa y selecta encarnada en aquel gran Farinata de gli Uberti, que,
según el Dante, veía eón tan soberbio desdén
al_in.fierno (como que no creía enél)· fué un
cnstiano de corazón; el ideal del cristi~no según el maestro que acabo de citar es ten~r el
coraz6n religioso, eoo basta Dios no exije
más. (Con vito.)
'
Pero, en honor de la verdad Miguel Angel
era un v~rdad~ro díscípul.o de Savonarola, que
hab~a de¡~do imbotirwble impresi6n en su ánimo J.uveml; quién sa~e si pertenecía al grupo
de discípulos del ardiente ~ominico, al grupo
)

)

EL MUNDO ILUSTRADO
que celebraba en secreto su culto y adoraha
sus reliquias: el fierro en que había sido ahorcado, el cilicio que el fuego no había consumido, el vino que habfa bendecido antes &lt;le
morir, sus cenizas quizás........ Así como el
fraile temerario que, sintiéndose un Elías ó un
Jeremías, había gritado á la faz de la iniquidad del mundo: «el Papa Alejandro YI no
c~ee en Dios",. así .l\Iiguel Angel empapaba su
pmcel en las iras, en las negras venganzas que
relamp~guean sin cel'ar en la sombra trágica
del antiguo testamento. El ceño de Dios cont:aí&lt;lo desde que el primer hombre aparece,
s1~u~ a~í al través de toda la preparación del
cr~st1~msm? durante la ley mosaica. ¡ La Biblia t~e.ne sm emb~rgo sonrisas y escampado3
de Id1ho! Esto lo ignora Miguel Angel, lo ignoró Savonarola; su cielo fué relampa&lt;&gt;ueante
y ne¡zro; s6lo el cielo del Paraíso tien~ el co.
lor del zafiro líquido que el profeta veía en los
frescos del Beato Angélico en las celdas de Sa11
Marcos; pero era este un cielo ideal el de ultra-tumba.........
'

*

.
* después de conT rernta
afios, según *creo,
cluída la bóveda en cuyos ángulos, como soportes &lt;le ~u. obra, Miguel Angel resumi6 la
moral del vieJ0 testamento en castigos terribles
(el de la plaga de las serpiente~ sobre todo
que es un prodigio de pintura c;uel) treint~
años después, digo, acab6 ele pintar s~ .Tuicio
fi.nal. ~l. es tll mismo, es la misma interpretac16n trag1ca y negra ¿Que es el cielo Dios mío
con un amo t~n fuerte, tan terrible,' tan poco'
capaz de sonrisa ~ de misericordia•? El «pauci
rerum sum .e!ecti» es la regla sin excepción,
allí, en el J ~1cio final; puede haber premiados
por sus méritos, porque conformaron su vida
á un ideal d~ austera virtud, porque vivieron
como Fra Girolamo quería que los florentinos
viviesen cuando fundó la república de Cristo·
pero no hay perdonados, no hay pecadores'
solo hay justo.s; pecadores sí hay, llenan eÍ
cuadro de lágrimas, de lamentos de actitudes
pavorosas, de contorsiones fr~néticamente
exasperadas, pero todos caen hacia el infierno
como caen los objetos hacia el centro de la tierra en virtud de la gravedad.
T?do ello no era más que la traducción de
la vida por un alma dolorosísimamente inconforme ?~n la vida, por un alma que había sido espmtualmente bautizada por Savonarola
é iluminada con luz ~obrenatural por el Dan:
te. Los que se creen mamados, los que se juzga~ por. algún defecto físico capital incapaces
de mspirar amor ( amor de mujer se entiende
que es. el a~or), los artistas que ~e sienten an:
tiestét1cos, o retan á Dios ó retan al mundo·
la obra entera de Miguel Angel el inmens~
poeta de la nariz aplastada, es u~ desafío, es
un anatema al inundo.
Pero es un himno perenne á la naturaleza
que P,ara él es.la fuer za, ya que no la gracia;
¡oh! a la gracia llega tan pocas veces! Cuando
representa al ser humano en la plenitud de la

Domingo 18 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
vida, llega á algo que llamaríamos la gracia
d~ la fuerza, la lu~ del poder, como e11 esa divma figur~ de J o!'!a~, que anima el Juicio final
desde la boveda. No me cansaba de verla •fué
un efecto pasmo8o el que me causó; reduc~ibnes ~u.ras son todos los mancebos desnudos
q~1e decoran los trípticos del plrif6n. Ese Jon&lt;1s, es, e1~ su el'culturnl belleza, la villa inmortal, In Juventud .eterna; es la eterna juventud ~e la ohra de M~gu.el Angel sintetizada en
1~ mas r~~I, en la mas 1deaJ de las representaciones vmles ele] a.rte huma~o. Xo, ni el A polo del Belvedere, m el «A pox1omenos" de Lisipo ( que er,;tcfo. p~r allí á diez minutos de distancia de la S1xtma ) me hicieron el efecto de
esta estatua de J onás, que es una pintura.

***

PP.ro todo est?. es repensado, es hecho
luego, es el análisis, pluma en mano de un
bloque &lt;le sensación, de sentimiento &lt;le emoción,. todo jun~o. Por consi.guiente &lt;&lt;~o es.» La
renl 1mpork'lncia de la crítica para crear se infiere rlara de estos de8menuzamientos del ser
El crítico explica y cuando ha explicado un~
personal.idad humana hasta en sus elementos
1rredu~hble~, preten&lt;le rehacerla, se empeña
en la srntes1s y no resulta la vida, cuando más
resulta un «homunculus.,, Quien crea es el
po~ta, n~ e~ el crítico; es Miguel Angel, no
Tame . .Nadie ha llevado el análisis de un 1,].
ma humana más allá de lo que lleva Taine el
de Napoleón, y al rehacerlo le resulta un precipitado psicológico en el fondo de su retorta
dialéctica, un Napoleón &lt;le laboratorio.
Yo salí de mi~, visitas á la capilla arcangélic.1. con la sensac10n de que pesaba sobre mi ce1;eb.ro una humanidad entera, materia prima y
ultima de la bóveda. Era una Babel de cuerpos humanos que sentía yo pesar materialmente sobre el alma (¿puede decirse esto?),
derrumhars.e en el!a como aquella gente que
llovía del cielo al infierno de Alighieri. Mas
hay un modo de serenarse, de al igerar la carga de _pena que todos aqu~llos dioses y hombres tristes y aquellas muJeres dolorosas dejan
en el espíritu: tornará ver la cabeza de Jonásdivinamente escorzada en la misteriosa sombra, ó ver reflejarse en la tersa superficie del
espejo á Jahvé, el Dios animador comunicando al primer padre la electricida¡l vital que le
circula por las venas y lo hace pensar ya. y lo
prepara á .amar_, Una gra1~ onda de paz y de
serena resignación á la existencia viene de la
sublime figura y circunda el alma nuestra isla sin nombre, con el océano siu horiz¿nte
del alma del artista.
¡Pero qué fatiga, Dios de todos los cielos!
Vol~i':°os al hote).sin ver ú la Roma de hoy,
bulhc1osa y regoc1Ja&lt;la, que nos hace señas para arrastrarnos al fondo ele su fosa de historia
de pasado, de sepulcro; se encierra uno en s~
cuarto y cae sobre el lecho, «come corpo morto cade.»

Justo Sierra.

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.--ILUSTRACIONES DE SIMONT.
TRADUCCION Df "fL ~UNDO ILUSTRADO."
( CONTINÚA. )

, Y yo escuc~aba á 13: anciana, subyugada por sus palabras, cuyo
mas ho?dº. sentido traui:oa de comprender, cuando de súbito apareció
ante mis OJOS una especie de castillo de fachada blanca techo de tejas y á los lados unas torrecillas elecr~ntes
en tigura de palomar.
0
-Allí es-dijo la anciana.
-¿La casa del alcalcle?-pregunté--¡qué bonita es!. .....
La mujer exclamó con rudeza:
-¡Vaya usted! ¡Corra! ¡Es bonita! ¡Usted también es bonita!
¡El a.lcalde la e~pern !
escuela no está lejos: allí abajo, junto á esa
esquma ...... y el ¡msara por esa e1,quina! ¡ por allí pasará!. .... .
Y se alejó rápidamente, no obstante que tenía algún encargo para la casa. ;,Qué la sucedi6•? ¿Era realmente una loca? Se alejó golpeando el suelo con su bordón. l\fe causaba interés su figura encor:ada, su cabeza envuelta en un pañuelo, que le daba aspecto de bruJª· Creí estremecerme &lt;le espanto; de mí salió una simpatía que fué
tras aquella mujer.

1:ª

VIII
Llamé á la reja de la casa. La sirvienta vino á abrir, me hizo
atravesar el jardín y me introdujo al despacho del alcalde. ~Iuebles
elegantes. una revista sobre una mesa, libros en un estante, cuyos títulos, vistos de u ria ojeada, me asombraron ...... Me aturdí un poco.
Este conjunto y las palabras de la vieja, me turbaron. ¿Qué clase de
persona sería este alcalde, eq__quien yo creía encontrar un rudo campesino?
Phrasia, la sirviente, regres6 luego. Sus ojuelos bondadosos expresaban una satisfacción que yo no me explicaba.
-Es muy molesto para la señorita; pero el sefior alcalde no está
en casa. Creo que salió sin que yo le viese. ¿Ko querrá usted regresar
cuando esté él aquí?
-Vengo, buena señora, á hacer una visita al señor alcalde; pero,
sobre todo, á recojer las llaves de la escuela-dije sin contener mi impaciencia.-¿A d6nde quiere usted que vaya mientras·? ...... Soy la
institutriz.
-Lo sé, lo sé. Tanto que el señor esperaba ayer á usted. Ji~n
cuanto á las llaves, yo creo que las necesita usted ...... Si yo pudiera
encontrar á monsieur Durand, el ayudante.
Se asom6 á la ventana entreabierta, y llam6 á alguien que pasaba:
-Eh, Victorina, mira si el tío Durand está en su campo.
Me acerqué á la venk1.na, y vi que la llamada Victorina era precisamente la vieja que me había acompañado. Así lo dije á Phrasia.
-¿Entonces notaría usted que está un poco chiflada?
-Así lo creería yo; pero no es mala, ¿verdad?
-Eso, según ...... hay aquí gentes buenas que la iemen.
La vieja regresó diciendo que allí estaba el señor Durand, y Phrasia la envió nuevamente á decirle que Yiniese para un asunto del al•
calde. :Minutos después, un excelente campesino se presentó á saludarme con cortedad. Le presenté mis papeles de ideñticlad, mi nombramiento, etc.; él los examinó cuidadosamente, y luego, atendiendo
á lo que le explicaba la 1,in·iente, ofreció ir á la oficina á buscar las
llaves. Quedé sola con Phrasia, que cerró la ventana, corri6 las cortinas para que entrara el sol, y atizó la chimenea.
-No tiene usted más que sentarse y aguardar. El tío Durand no
tardará mucho. Pronto estará usted en la escuela, que desde aquí
se ve.
Me mostr6, á través de los vidrios, una construcción cuadrangular, amplia, rodeada de un jardín. Me pareció que aquella casita, soña&lt;la tanto, estaba bien aislada, no obstante su cercanía. á la del alcalde. No po&lt;lía apartar de ella mis ojos. Figuráballle ya que había
de sentarme en «aquella» ventana, que desde allí divisaba; que me
pasearía en «aquel» jardín, que tendría sólo, como vecino, al alcalde
y su sirvienta.
-¿Está usted triste, señorita?
-¡Oh! no, Phrasia. Estoy mirando mi futura casa.
La pobre mujer se ruborizó &lt;le placer al oír que la llamaba por
su nombre.
-Victorina ha:)rá dicho á usted mi nombre de seguro ...... Por
mi p!l.rte, me parece usted muy amable. Pero la señora no gusta de
que se haga nada en su ausencia, y, por esto, le había dicho á usted
que regresara.
-Bien comprendí que tendría usted alguna razón para ello, Phrasia. ¿,Es casado el sefior Raibert?
Dije esto con indiferencia. La buena mujer parecía tener gran

afecto á sus señores; el poquísimo interca r¡ue yo daba á mis preguntas pareció excusar su indiscreci6n. Comenz6 á hablar:
-¡ Por supuesto que son casados! No se podría decir lo contra-.
rio. Desde luego, yo respeto tanto al sefrnr como á la señora, y jamás
diré mal de ninguno. Pero la Reñora es mucho mayor que él. Y luego, él es de un carácter tan distinto al de la señora que, á fe mía, es
muy cierto que el pobre hombre sufre. Pero es culpa &lt;le él. ¿Por qué
se casó con ella? Era ella una pobre vieja, la «tía» Zoar&lt;l, como yo ó
como Victorina, vea usted! T1:mía muchos parientes ricos, que no la
ciaban ni una sola migaja, porque e,itaba refiida con todos. Un día,
no sé cómo se las arreglaron, pero ello es que los parientes murieron
uno tras otro, y qued6 ella como única heredera. Entonces le dijeron
riendo: «Ahora que es usted rica, señora Zoard, debería usted casarse. Tal vez haya galanes que la cortejen, el señor Pierce, por ejemplo.» Como á los dos meses la señora Zoarcl se casaba con el señor
Raibert.
-Pero-le pregnnté-¿quién lo oblig6 á c.'tsar e?
-Eh! Fueron los dineros de la señora Zoarcl, buena señorita!
En los días de abon1, todo se hace por dinero; véalo usted.
Y se echó á reír.
-Creo que hasta usted misma, si hubiera encontrado facilidacl
de esos dineros ....... .
-Oh! Phrasia ..... . .
Su rostro candoroso pareció turbarse porque yo hubiera encontrado algo malo en sus palabras.
Por otro parte, yo no estaba dispuesta á seguir oyendo esa charla. La historia del Sr. Raibert acababa de provocar todo mi desdén y
con él toda mi indiferencia.
Allí viene el Sr. Durand-dije, poniéndome en pie, porque adiviné su llegada al oír el ruido de la llave.
Y volviéndome á la mujer, que había quedado confundida:
-Si usted viniese con nosotros, señora Phrasia•?
Le encantó la proposici6n.
-Seguro que sí! Y vaya que la pobre difunta era mi amiga, y
yo conozco la casa mejor que nadie.

IX
Partimos en pequeña caravana.
El sol, briilante ya, fundía la nieve á or~llas del sendero, y bañaba de luz montañas deslumbrantes. Impaciente y conmovida marchaba á toda prisa, devorando con la mirada «mfo sendero la empalizada de «mi" jardín, la fachada de «mi» casa.
'
-Ve u~te&lt;l que no está lejos la casa-dijo Phrasiaen el momen~ en que el Sr. Durand abría la reja.
En seguida el pobre hombre, muy mortificado, con voz balbuciente; pero ayudado de Phrasia, me explic6 c6mo funcionaba cada
una de las cerraduras y me hizo Yisitar escrupulosamente cada uno
de los departamentos Je la casa.
Una hora después llegaba al salón de clases: una pieza con dos
grande~ ventanas, seguida de una salita d.e desahogo; con sus gises
y sus lienzos sobre una plancha; sus hanqmllos, un mapa-muncli en
un ángulo; escobas, gamuzas, todos los útiles de aseo.
En el lado opuesto un corredor, una pieza rntrecha. con las paredes y el piso muy bien cuidados: amueblada con un diván alaunas sillas y en el centro una mesa de caoba cubierta con una 'carp~ta
verde.
-Esta es para las recepciones, como si ·dijéramos el sa16n -me
dijo Phrasia. Cuando el inspector, ó el alcalde ó el señor cura' vengan á verá usted, aquí será donde los reciba..... .
Sub~ó por la escalera interior: abrió las alacenas, me mostr6 todos los uncones.
-~~lí pon.rlrá usted sus proY~siones; allá su ropa; por aquí las
cosas v1eJas. Tiene usted una cocma pequeiia, pero cómoda. Junto
hay una piececita; la pobre señorita Bellot no la empleaba para nada; usted Yerá en qué la utiliza. Por último, aquí está la recámara.
Vea usted, todo está muy bien, la cama, los muebles: nada falta.
No permanecía un momento quieta: todo lo registraba mostrándome los útiles de loza.
'
El bueno del ayudante la dejaba hablar, y también pronunciaba
alguna que otra frase, completando las de Phrasia. Abajo estaba la
ra.rbonera, en el fondo del corredor. Y estaba bien provista lo mismo que el bote del petróleo. Yo debería gastarlo á medida que lo n 6 cesitara, por supuesto, siu despilfarro.

�Domingo 18 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 18 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
Por último, me llevaron lí recorrer el
jardín, rodeado de unaempal!znda, y con
un rincón retirado y circuido por un
alambrado.
-En estío esto se cubre de verdura.
Ya lo verá usted. Las alumnas ho deben entrar aquí: esto es sólo para usted.
Todavía me llevaron á un pasadizo
chaparro, cubierto porun cobertizo, y en
cuyo fondo una puerta daba acceso á a l
go que debe haber sido en otro tiempo
una caballeriza; pero que ahora estaba
atestado de muebles viejos, libros no menos deteriorados, una ó dos cubas, una
escale1a de mano ...... qué sé yo cuántas
cosas más.
-Esto no es de usted, señorita,-me
dijo el ayudante-por más que usted guarde la llave. Todo esto pertenece á la oficina municipal: son corns viejas que no
hay doude guardar Y. que no es posible
echar~á la basura.
Al hablar así me mostraba aquel
montón de muebles viejos y f polilla dos.
Salimos.
-Ahorn,-me dijo Phrasia-ya conoce ust(d i::u casa. ¿Quiere usted que
en algo la ayude hoy?
(CONTI.:SUARÁ.)

INAUGURACIONDE LA ,JOYERÍA "LA PERLA"
NOTABLES PROGRESOS
Prneoa mu.v clara de lo que i-ignificnn en la época ele paz quP, atravesamos, el espíritu de empresa
prudentemente dirigido y la perseverancia en el trabajo, fué la inauguración del nuevo edificio &lt;le la
Joyería ccLa Perla,» efectuada el sábado 10 del corriente, y de la cual
han dado cuenta las principales publiraciones periódicas.
El auge, verdaderamente notable,
adquirido en los últimos años por
la importante negociación mercantil á que nos referimos, demandaba ya la construcción de un local apropósito para 1:iU objeto, provisto de amplios y vistosos escaparates, de bien arreglados departamentos para atender al públicu, y, en
suma, de tocias aquellas dependencias que hacen &lt;le los establecimientos de este
género, casas dignas de ser visitadas y favorecidas por los consumidores rnás exigentes
y &lt;le más refinado gusto artístico.

El edificio, s egún el proyecto.

tran doce esbeltos aparadores que rematah en
óvalo. Su entrada principal, de correctas proporciones y vistoso aspecto, cae á la calle de la
Profesa y está destinada al público que visite

Los Srs. Diener, prop ietarios de "La Perla."

Los Sres. Diener Hermanos, laborioso:,; y
emprendedores propietarios de c,La Perlan han
comprendido el"to, y en su afán &lt;le corresponder á su clientela la decidida. protección que
les dispensa, mandaron construir en la esquina oriental de la P rofesa y callejón de Santa
Clara, el hermoso edificio que acaba de inaugurarse y que en nuestro c,boulevard» figura como una de las más preciadas joyas de ornato.
La suntuosa finca tiene 35 metros de frente
por 16 de fondo, y en su fachada se encuen-

La ent rada á la Joyería.

puede exigir el gw;to m¡'1s delicado_
Hay allí, taml,i(.n, multitud de ohjetos indispensa.bles á toda clafle depersonai:; y puestos al alcance de todas las fortunas; pues desde la joya de más alto precio que sólo puedé adquirir el capitalista, hasta el
reloj que, sin i-acrificio alguno, es
&lt;lado obtener al olirero, se encuentran en lo~ aparadores colocado,. de
tal manera, con tal arte, que llaman desde luego la atención. Tocl&lt;&gt;
lo que allí ge exhibe, es de lo mejor
que se conoce y de calidad reconocida.
En el interior, al lado derecho, se
ve una st&gt;rie de primorosas vitrinas
de cristal, donde i;e expone á la vista de los visitantei,, una variedad
de objetos de arte verdaderamente
dign&lt;J. de ser admirada: collares ele perlas
y brillantes, braceletes, anillos, etc., etc., entre
los cualPs se encuentran jo_vaR c¡ue valen S25, 000
y aun S 30,000. Amplios pasillos, conveniente-

Exterior de " La Perla" el día de la inauguración.

el establecimiento. La otra, que ve al callejón
de Santa Clara, se destina al servicio del escritorio, de los empleados y de las habitaciones.
Los t:-ahajos arquitectónicos son obra de los
Sre&amp;. Ingenieros Dorner y Bacmeister.
La puerta principal da acceso á un salón oval
y tapizado con mosaicos de granito, en cuyas
paredes descansan lujosos aparadores. En estos puede verse, admirablemente dispuesto
todo lo que en materia de joyería y relojerí~

mente dispuestos, sirven para recorrer esta.
parte del edificio, notable por mil títulos.
A la izquierda, se ve una multitud de estatuas de alabastro, de bronce, de oro, de plata,
que forman un conjunto deslumbrador. La
variedad de formas y de clases, y el primor
con que están trabajadas, son para dejar y
con mucho, campo abierto á todos los gust~s.

***

Por último, baremos menci6n del departa-

Un detalle de la planta baja

�Domin*o 18 de Enero de 1903.

EL 1fUXDO ILUSTRADO

[L
ANI X•••JOMO 1.--NUM. 4

Mu No·o

ILUSTRAD o

MfXICO, fNfRO 25 Df 1903.

91rccten uc. RAl'A(L Rtn&amp; &amp;PINDOLA.

Los em ple ados de " La Perla."

mento central. En él Fe halla la mús completa colección de bastones y rt&gt;lojes de pared,
de bolsillo, de escritorio y de pie.
... Entre los de pie, se distinguen los llamados
«Boule," que son especialidad de la easa. En
el segundo piso hay más salo1ws que se deFtinarán á la exhibición de novedades y ú los
que se tendrá acce!:lo por una hermosa escalera que se está acabando de construir.

Dada esta incompleta idea de. la distribución del nuevo edificio de ,e La Perla,¡• y de las
valiosas exhihiciones que tanto han admirado
sus visitantes, agregaremos alii;unas palabras
relativas á la inauguración. Más de 2,000 invitaciones repartieron los señores Diener entre
las fam ilias de la alta sociedacl mexicana, el
{;ue1 po Diplomático, la Banca, el Comercio,
la Prensa, etc. A las diez de la mañana, los
invitados comenzaron á recorrer el edificio,
:siendo galantemente obsequiados por los dueños de la casa con finas carteras, calendaril's
artísticos, y u n «lunch champagne.» Entre los
concurrentes ee repartió el vals «La Perh1,»
compuesto expreRaniente para la inaugurnción
por el señ or Lerdo de 'l'ejada, director de la
orquesta ~ue amenizó el acto.
Entre las familias y í'aballeros qne visitaron la joyería, vimos al Sf'ñor Ministro alemán
y su Secretario, y á los de Bélgica, Italia y
Austria; al seüor General Rinc6n Gallardo y
-su espo¡,¡a¡ y á las familias Fernández Castelló,
!caza, Barrón, Escand6n, Algara, Iturhe
y otia~. La seiiora esposa del señor Presidente de la República, que concurrió también á
la fiesta, fué oh~eqniada con una primorosa
Lombonera por los señores Diener, quienes en-

Ger ente: LUI&amp; Rtl'~ &amp;PI NDOLA

Cent ro de mesa .- Reproducción de uno existe nte e n el P alacio de Versalles.

viaron al señor Presidente de la República,
una. rica cartera.
Durante todo el día, en suma, la casa Diener se vió concurridísima. Los visitantes, de
sospresa en sorpresa, recori-ían los amplios
departamentos admirando, hasta en los más
in~ignificantes detalles, el derroche de gusto
a, tístico desplegado por los propietarios de la
rica joyería, en la exhibición de los distintos
objetos que alli se encuentran y que forman
sin duda, el surtido más bien dispuesto qu e
pueda hallarse en la metr6poli. Los escaparates estaban arreglados de tal manera y con tal
conocimiento del «efecto», que á primera vista cl~~pertaba~ la _c"?-riosidad del público, que
elogto y con Justicia, su magnífica disposición.
El triunfo obtenido en esta vez por los honrados y laboriosos joyeros, no puede ser ni
míis completo ni más significativo; pues, por
una parte, la impresi6n que causó en la culta
sociedad mexicana, fué muy o-rata )' por otra
.
• o
'
'
pone de mamfiesto lo que pueden la constancia en la empresa y la honradez.
La fiesta se prolong6 hasta las primeras horas de la noche. El hermoso edificio de «La
Perla« estaba iluminado con verdadero arte.

En el presente número publicamos fotog'rafías del exterior de! edificio de ,eLa Perla» y de
algunos de sus departamentos, así como los
retratos de los señores Diener_ La sola Yista
de esas fotografías basta para que nuestros lectores se formen una idea. &lt;le la importancia del
establecimiento mercantil inaugurado y de la.
suntuosidad que se observa en todos sus departamentos.

C~mplo d~ Santo Domingot ~n~Oaxaca.-Tnttrior.
Vis itando :os saloner.

Grupo de objetos de arte.

Subscripcídn mensual foránea. $1.~U
ldem. ldem. en la capital, $1.25

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 1, No 3, Enero 18</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domin*o 18 de Enero de 1903.

EL 1fUXDO ILUSTRADO

[L
ANI X•••JOMO 1.--NUM. 4

Mu No·o

ILUSTRAD o

MfXICO, fNfRO 25 Df 1903.

91rccten uc. RAl'A(L Rtn&amp; &amp;PINDOLA.

Los em ple ados de " La Perla."

mento central. En él Fe halla la mús completa colección de bastones y rt&gt;lojes de pared,
de bolsillo, de escritorio y de pie.
... Entre los de pie, se distinguen los llamados
«Boule," que son especialidad de la easa. En
el segundo piso hay más salo1ws que se deFtinarán á la exhibición de novedades y ú los
que se tendrá acce!:lo por una hermosa escalera que se está acabando de construir.

Dada esta incompleta idea de. la distribución del nuevo edificio de ,e La Perla,¡• y de las
valiosas exhihiciones que tanto han admirado
sus visitantes, agregaremos alii;unas palabras
relativas á la inauguración. Más de 2,000 invitaciones repartieron los señores Diener entre
las fam ilias de la alta sociedacl mexicana, el
{;ue1 po Diplomático, la Banca, el Comercio,
la Prensa, etc. A las diez de la mañana, los
invitados comenzaron á recorrer el edificio,
:siendo galantemente obsequiados por los dueños de la casa con finas carteras, calendaril's
artísticos, y u n «lunch champagne.» Entre los
concurrentes ee repartió el vals «La Perh1,»
compuesto expreRaniente para la inaugurnción
por el señ or Lerdo de 'l'ejada, director de la
orquesta ~ue amenizó el acto.
Entre las familias y í'aballeros qne visitaron la joyería, vimos al Sf'ñor Ministro alemán
y su Secretario, y á los de Bélgica, Italia y
Austria; al seüor General Rinc6n Gallardo y
-su espo¡,¡a¡ y á las familias Fernández Castelló,
!caza, Barrón, Escand6n, Algara, Iturhe
y otia~. La seiiora esposa del señor Presidente de la República, que concurrió también á
la fiesta, fué oh~eqniada con una primorosa
Lombonera por los señores Diener, quienes en-

Ger ente: LUI&amp; Rtl'~ &amp;PI NDOLA

Cent ro de mesa .- Reproducción de uno existe nte e n el P alacio de Versalles.

viaron al señor Presidente de la República,
una. rica cartera.
Durante todo el día, en suma, la casa Diener se vió concurridísima. Los visitantes, de
sospresa en sorpresa, recori-ían los amplios
departamentos admirando, hasta en los más
in~ignificantes detalles, el derroche de gusto
a, tístico desplegado por los propietarios de la
rica joyería, en la exhibición de los distintos
objetos que alli se encuentran y que forman
sin duda, el surtido más bien dispuesto qu e
pueda hallarse en la metr6poli. Los escaparates estaban arreglados de tal manera y con tal
conocimiento del «efecto», que á primera vista cl~~pertaba~ la _c"?-riosidad del público, que
elogto y con Justicia, su magnífica disposición.
El triunfo obtenido en esta vez por los honrados y laboriosos joyeros, no puede ser ni
míis completo ni más significativo; pues, por
una parte, la impresi6n que causó en la culta
sociedad mexicana, fué muy o-rata )' por otra
.
• o
'
'
pone de mamfiesto lo que pueden la constancia en la empresa y la honradez.
La fiesta se prolong6 hasta las primeras horas de la noche. El hermoso edificio de «La
Perla« estaba iluminado con verdadero arte.

En el presente número publicamos fotog'rafías del exterior de! edificio de ,eLa Perla» y de
algunos de sus departamentos, así como los
retratos de los señores Diener_ La sola Yista
de esas fotografías basta para que nuestros lectores se formen una idea. &lt;le la importancia del
establecimiento mercantil inaugurado y de la.
suntuosidad que se observa en todos sus departamentos.

C~mplo d~ Santo Domingot ~n~Oaxaca.-Tnttrior.
Vis itando :os saloner.

Grupo de objetos de arte.

Subscripcídn mensual foránea. $1.~U
ldem. ldem. en la capital, $1.25

�EL MUNDO ILUST RADO

Domingo 25 de Enero de 1903.

ANTB EL PBLIGRO.

S

pueblo mexicano es sincera, es sólida, es permanente; el rictus sombrío que pueda ostenta r en su rostro es In máRcara heredada de la.
raza de bronce que-dígase lo que se quiera,
-no es ya el pueblo mexicano; pero en la
amalgama producida por el bronce indiano y
la carne ibera, aquél fi jó la apal"iencia del
metal nuevo, y éRta fijó su ley. Una ley sonriente, plácidamente sonriente, que es la a\egrfa. inexpu,znable, la que no la deja abatirse,
la que le defiende del dolor y del pánico.
Así, cuando el peligro le amenaza, el puPblo se da cutlnta del peligro y se deja guiar de
buena gana por los paternales consejos de sus
autor idades; pero encuentra siempre, en el
arroyo inacabable de sn alegría, la fuerza indispenRable para no abati rse, y esta entereza
que nutre en su sangre caliente, le da aires &lt;le
indiferente ó de fatalista. Pero no es ni una
cosa ni otra: es alegre1 plácida y permanentemente alegre ... .. .
Hasta para defenderse del peligro, necesita
que la sonr isa-su eterna sonrisa -esté con él.
Sabe que la defensa contra In peste ha menester ele mucho dinero, y desembolRa desde luego la mitad de lo que puede &lt;lar para auxiliar
á sus hermanos; más In otra mitad la reserva
..... para darla también, pero mediante una
corrida cl1: toros, un concierto, una función
teatral, mediante algo, en fin, que tenga una
base de alegría. Y en la corrida ele toros, en
el concierto, en la función tea.trnl, su gozo no
se desborda, su carcajada no estalla, su rostro
no pierde su fingido rictus doloroso; pero su
alegría fisiológica corre, corre como un riachuelo inacabable......... .

E ha dicho que la sangre latina, corriend o siempre con precipitación extraordinaria, tiene los ardimientos de la lava y
se p resta á todas las exageraciones y á todas
las explosiones, sin que nunca pueda guardar
esa temperatura próxima á Ogrados Réaumur,
que se conceptúa indispensable para obrar con
p recaución y seguridad. Cintamente, no somos los latinos bichos de sangre fría; el líquido q ue por nuestras venas co rre es muy rojo
y muy caliente, y es exacto también que con
sobrada frecuencia nos impele á adelantarnos
á los acontecimientos y á tergiversar el mundo. Pero debe tenerse en cuenta que esa «preci pitación» latina ha precipitado tambifo la
conquü,ta de muchos derechos y de muchas
emancipaciones, y siquiera sea por esto, los
h ombres fríos deben perdonarnos el calor de
n u ~,,tra sangre.
Y asevéraee q ue la sangre fría es indispen•
sable en las grandes empresas y en los momentos &lt;le grandes pruebas, porque el cereb ro humano es como el vino &lt;le Clrnmpagne:
mejor, mientras más helado :;e sirve. Un cerebro «frappé» vale más, dicen, que dos cerebros
"ªl tiempo»; pero es menester acordari!e de
qu e el propio vino de Champa~~e, aband?mi.do indt'fini&lt;lamente á las caricias del hielo,
tórnase á la postre en una mezcla de cristalizaciones y de alcohol, que hace daño al estómago, señala&lt;lament; _s i se consume en países
en que el clima es cahdo y el sol no encuentra b rumas que detengan su enardecido y fecundo beso de amor á la tierra. En consec uencia hay que graduar el enfriami ento de
la sang:e según los tiempos y segun los climas tanto m'is cuanto que, á las veces, la
calu'mniarl.a sangre caliente es mfü, sabia y
más prudente que la decantada sangre fria.
La sangre latina conserva mucho de su calor au n cuando el terror y el pánico pugnen
po~ helarla. Los ¡_&gt;ueblos latin_os han tenido
siempre una sonnsa en los labios aun ante los
peligros más inminentes; y el chiste,-esa
flor de fuego de lo3 trópicos, que nada tiene
que ver con (•l Mhumour», que es flor alpina,
-ha tenido siempre, entre los latinos, marnvillosos florecimientos delante de la boca de
un cañón y enfrente de las amenazas de una
epidemia........ .
¿gs li~ereza? ¿Es fal la de pre\'isión? ¿Es
«étour&lt;lerie,,?............. Yo no lo creo; creánlo
asi, si les place, los deturpa.dores sistemáticos del alma latina; pero aquellos que saben
que el peligro no Ae detienf' con miedos, sino
con decisiones, hallarán fuerte la inexpugnable alegría latina. Hay que defenderse, es
cierto; pero las lágrimas no defienden. Empúñe:;e la e8pacla, y una vez empuñada, ¿qué
más da que en los labios brote una sonrisa? ... •

***
En cambio, la alegría. es y ha Aido siempre
una fuerza; no la. alegría arti~cial, producida
por agentes externos y que se de,barata como
una pompa de jabón; no la alegría que se manifiesta en carcajadas sin motivo y en estrofas sin música y sin ritmo; ésa no es alegría,
es embriaguez; embriaguez &lt;le vino, de aire,
de sol, de amor, de t1 r rnra . ........ pero embriaguez al fin, que muy á menudo hace presa en los hombres de sangre fría. En último
resultado, es é:-x'l. una alegría patológica; y la
alegría fuerte, la que defiende y ampara, es la.
a\e,rría fisiológica, la normal, la permanente,
la que no ha menester explosiones ruidosas,
porque está. en la carne y corre mansamente
por las venas como un arroyo inacabable.
Se ha dicho hast&lt;:1. el cansancio que el pueblo mexicano es un pueblo triste. Debe decirse, empero, que «parece» un pueblo triste.
No ríe con grandes carcajadas, porque sonrie siempre. No pa8a bruscamente de una
carcajada á una líigrima, cual sucede en otros
pueblos de sangre muy fría. A las wces, los
fenómenos y las manifestaciones aparecen
gmndes sólo por la fuerza del contraste. Esas
son grandezas negativas. Pero la alegría del

***

NO ES ALLÁ!. .....
Afü1, me dijeron, rnÚ!• alh'1 de la torcida carretera, mús alltL del pueblo, en lo alto d e la
colina i;ilencio!:'a, bajo la so111hra ele aquel grupo de úrboles mui,;tios que Re inclinan tristemente sohre In tierra, ¡ullá e1;tú!
¿Allá? No, no era posible, no era ése el risuefio rincontito de v(•rdurn. que me pintahaa
en tus cartas, el pedazo &lt;le la huerta murciana, lleno &lt;le sol, lleno &lt;le flore:;:, lleno de pijaros que gorjeando la ale~ría de vivir en tu
ventana, parecía que te !!amaban para que
bajaKes ni jartlín Íl coger ro~ns. Y no eran de
allí las rosas que impregnadas de btlsos me
mandabas para que l,eso;; y rosas te llevara
cuando fuera por ti.
No, no era ése el frondoso h uertecito, refugio de tus últimas ternma-., donde tú me esperabas, no era ése. 'fe habías ido; te habías ido
para siempre del huerto, le habías ido por
aquel cam ino tan tri,.,te, Hquella lhi1la tarde
de otoñ(I tan hosca, aqudLt tarde tan fría ; t.e
habías ido y estab;1s all(1 "ola i,:in follaje, sin
luz, sin pájaro~, sin rosa~. 111ús allá de la polvorienta carreLera, mú~ all.'1 dt'l pueblo, en la
colina silenciosa, bajo los úrboles ayuellos de
m ustia!I desmayadas cabelleras.
Y allá subí á buscarte, 1,llú. El cielo estaba gris, el día también e,t Lha negro, la campiña estaba triste. Yo subí dese~perado y loco; subí dando tumbos, deseando caerme por
el barranco abajo. Subí yo no sé cómo por el
camino horrible, por el ca.mino lóbrego, siniestro, espantoso camino que recorriste tú la
víspera balanceándote entre flores, balanceándole en los brazos &lt;le la muerte.
Subí y c11í anonadado de rodillas para llorarte mejor; de rolillas para darte tus rosas y
tus besos mezclados con los mios, con todoe
los besos que yo pude darte, con todo.'! loe
que yo debía darte cuando fuera al huerto
por ti.
.
Ya ves! fuí á buscarte y te he traído; y aqm
estoy solo contigo, solo con tu recuerüo, solo
con tu imagen, con tu memoria intacta y pu•
ra en el fondo de mi alma. En el único sitio
hermoso que hay en ella he levantado yo tu
verdadero sepulcro.
Ya no volverán á decirme: ¡allá, más all4
del pueblo, en lo alto de la colina s ilenciosa,
bajo la sombra de los árholes de mustias deemayadas cabelleras ...... allí1 está!
¿Allá? No: no me lo vol\'erán á decir; porque no es allá donde tú estús ..... .... !

Por eso en los actuales momentos en que
estamos nmer.azados por la peste, aunque la
preocupación exi1-1te en todas las clases sociales y aunque todos nos damos cuenta exacta
del peligro y enérgicamente nos esforzamos
por conjurarlo, el pánico está muy lejos de
manifestarse en el público.
.
Eso es una fuerza y una enorme fuerza. A
pesar de nuestra sangre caliente y &lt;le n11ei&gt;tras
exageraciones ya le~endarinR, los mexicanos
estamos man ifestando ya una cordura digna
de envidia, mayor cordura que la que manifest6 la sangre fdn de los californianos al ocultar la existencia de la peste, poniendo así en
peligro á todo un continente ..... .
La caridarl., ese ángel blanco cuyas enormes y pt:rísimas alas siempre han amado las
diafanidade;; &lt;le nuestro cielo, ha venido ya,
como Riempre suele, trayendo ráfagas de consuelo y auras de esperanza. Ante el peligro
todas las clases sociales de toda la Repúhlica
han aprontado sus auxilios; y si la existencia
diari&lt;1. no se ha modificado, si las apariencias
de nuestra vida son las rnismaq, no debe significar que el peliµ;ro 110 nos al irme. Nos alarma, m1\s no nos abate. He aqui un e;itado de .
cosas que debemo:1 conservar; es preciso cerrar las puertas al pánico. A ello nos ayudará
poderosamente la i&lt;lio!;incracia de nuestro
puebl0, y ÍI ello deben tender los esfuerzos de
las clases dirigentes.
¿.Serán vanas las precauci1mes de la ciencia?
¿VemlrÍ\ 1,iempre la peste negra á devastar
n uestrns florecientes ciudades, como lo ha hecho ya Cún l\fazatl{m? .... ¡Quién :;:abe!. ...
Esperemo~, sea lo que fuere; esperemos serenamente; a.prestémonos á la defensa, pero
sin que nue-tra i::angre latina abandone sus vip;ores ni deje su alegría inacabable, que es
fuerza de prevención, de resistencia y-si el
caso llega,-de reconstitución!
◊SCARHERZ.

Domingo 25 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUS1'HADO

MIGUEL EDUARDO PARDO,

LA VIDA.
Leo en mi libro. Es y a la media noche.
El pelo de mi amada
es uo chorro de libras esterlinas.
Y surge sn cabeza de las blancas
coberturas del lecho
como el dibujo rle un pintor de bada~.
Me dicen: &lt;es un perro&gt; ó bien: &lt;le a.dora&gt;.
Hoy nos hemos 1·eído tí carcajadas.
Los amigos me envidian
mi casita, mi ocio, la muchacha,
mi juventud y la sonrisa et&gt;t•oa. ..... .
Mi ~onrisa es mi fuer1.a. y es mi máscara.
Yo soy feliz. Y bien! Esto es horl'ible.
Suspiro por mis uoches angustiadas,
por mi vida haraposa de bohemio,
por mis noches sin cama.,
por mi cruel desolación de huérfano,
por mi vida tle huérfano y de paria.
A qué vencí'! Poi· qué libru.1· las ruda s,
las tremeotlas batallas,
poL· la vida., el éxito y el nomb1·e?
Para qué la. a.sccns16n de las montañas?
Si esta noche, de súbito,
á mí viniera uoa. hada
y me dijese:
-Escúchame, poeta:
traigo para tus sienes esta 1·a.ma.
de florido laurel; traigo esta púrpura.
para cubrir de púrpm·a tu espalda;
para tu bolsa. un vellocino de oro,
y esta rubia. gentil para. tu cama.,a.l bada. bienhechora
le daría las gracias,
y á trueque de esos dones
la pediría.:
-Hada.,
pnnme en el brazo músculos,
y ambición en el alma.

R.

ministro de tolombia•en méxtco.1
El Gobierno de ln RepúhliC'a•de Colomhia
ha desi¡mndo al f&lt;eñor Genrral don Rafael Reyes para qne, con el carácter de Rnvinclo Extraordinario y :\linii&gt;tro Plenipotenciario, re-

mo Delegado á la Segunda Conferencia PanAmericana, á la cual prest6 importantes servicios, y reside aquí desde entonces.
La designadón hecha en su favor, ha sido
recibida con aplauso, pues en el corto tiempo
que el señor General lleva de vi\'ir entre nosotros, se ha captado francas y numerosas simpatía!-!.
El 11uevo ministro fué recibido solemnemente por el Primer Magistrado el martes de la semana pasada.

.Cos cambios eq el qabinefe
En nuestra edición anterior publicamos l os
retratos ele los nuevos Secretarios de Gobernación, Fomento, Guerra y Comunicaciones
que integran el Gabinete del Sr. Gral. Díaz. '
Para completar nuestra nota referente á este importante asunto, damos hoy á conocer
unas fotografías que
representan el aspecto
de los corredores de
Palacio, antes de la ceremonia, y la salida de
los Jefes y Oficiales
que concurrieron al acto.

volotean, y ruedan sobre la arena de oro las
ondas del arroyo; corriendo de un lado á otro,
ven á la pobre enferma, una de ellas se nrrrca y, mirándola con dulzura, la dice:
--EstÍls tri!,te, vuelve á tu alegrfo ...... ¿.No
tienes aqui todo lo necei::ario para dii&gt;frutar
de una npacible &lt;licita? ¿No te regocija \'er
esas verdes ramas que te protegen contra
el ardor del 1&lt;01? ¿.No te gusta reE&lt;pirar por la
tarde, Robre el floreciente mus¡zo y junto al
agua? Aquí hallarás el frei;co rocío de las flores; las zarzas de las selvns te darán alimento
delicado y este brillante manantial mitigará
tu Red. ¡Oh amiga mía! La verdadera dicha
consiste en saber contentarse con poco, y ese
poco se encuentra en todas partes.
¡Oh sabia filosofía, dijo el á1n1ila bajando
la cabeza. ¡Oh sabia filosofía! ¡Ilablas como
una. paloma!
GOETBE.

-Cuando el infortunio se generaliza en'un
país, se hace univE-rsnl el f'goíi,mo.

El Anila J la Paloma.

SR. GRAL. RAFAEL REY ES, M inistr o
de Colombia.

p resente {i aquel país cerca del Gobierno me"'{icano.
E l señor General Reyes vino á México co-

Un águila muy joven acababa de remontar su vuelo lanzándose con su presn
hacia las regiones del
aire. La flecha del cazador la hiere y la corta en el ala derecbn.
Cae en un bosque de
mirtos. Durante tres
días eternos devora su
dolor; durante t res largas noches sufre la tremenda herida, hasta L---------::,- - - - - - - - - - - - - - - - - - -...1
que por fin el bálsamo DESPUES DE L A PROTESTA.-Salida de los Jefes y oficiales del Ej6rclto
de la naturaleza la
cura. Entonces se arrastra hacia afuera del bosFRAGMENTO.
que, agita el ala ..... pero ¡ay! el nervio estaba
cortado, apen~s puede levantarla para coger
una presa indigna de su rango. Se posa trit,teNo hablaré de mi amor en las orillas
mente sobre una roca á la orilla de un arroyo.
donde el agua, al pasar flores arranque
contempla la copa de las encinas y la bóveda
azules ó amarill~.
d~l cielo, y una lágrima se desprende de sus
Yo hablara de mi amor junto al estanque
OJOS.
allí, donde la onda sosegada
'
En este momento llegan por entre las rano se estremece nunc&amp;., ni despierta
mas de los mirtos un par de palomas que rede su suefio-pupiln siempre abierta
ele ~arga y melanc61ica mirada. Alh, bajo la cúpula sombría
que le forman los chopos enlazados,
donde tienen cerrada celosía
los pájaros callados . .... ... .
y donde por las tardes dulcemente
va á morir un reflejo del poniente
l\lis frases de ternura. volarían
hac~a los tristes y temblantes chopos
cub1erl?s ya con _los primeros copos
de la meve; y mis lágrimas... caerían ...
caerían al estanque se hundirían
en el silencio de la~ verdes ondas
que al golpe &lt;le mis lágrimas despiertas
temblaran cual las fro~das
'
y quedaran después por siempre muertne...
MARÍA ENRIQUETA.

'!oda pasión sincera es egoísta, lo mismo
la rntelectua.l que otra cualquiera -P
IlOURGET.

·

AUL

***

_E_l extremo dolor tiene su miRterio de, u
bltc1dad como el extremo amor ALF
P •

BLANCO FOMBON A.

L os corredores de Palacio, a ntes de rendir la protesta los nuevos Secretarlos de E stado.

LAliARTINE.

.-

ONSO DE

�EL MUNDO ILUSTRADO

[JI PES(E
BUBOnTeJI En
fflJIZJltCJln
~~
Et SERUTtTO SJlnTtJIRTO

.

'

de Enero de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO

Domiingo 25 de Enero de 1903.

-

Dorruingo 25

........

·--

~r+3.\

FafQa de la Delegación Sanitaria.

***
Lo que anteriormente hemos expuesto con referencia á la~ dis_¡ o,iciones sanitarias puestas en vigor, hace suponer que la ep1dem1a no
tra;;pasarn los límites de la ciudad que ha invadido y que, por lo t~nto, el riesgo que corren las demás ciudades de la República, de ser diezmadas por la. peste, es muy remoto.
Urge, sí, en las circunstancias actuales, que los vecinos de l\fazatl~n
ayuden á la policía sanitaria en sus trabajos, á fin d e que pn nto se
Yean libres de la plaga que pesa sobre ello.s.

El Cerro de los Espantos
Hacía un frío horrible. Ko obstante mi
grueso abrigo de lana que me cubría de la cabeza á los pies, sentía que me helaba.
La caminata había sido lnrga, y llegué~ pensar que una vez en la po:mda, el cansanc10 cerraría mis ojos y podría r&lt;'ponerme c01_1 ~na
buena noche, de las fatigas de la exped1;1on.
Por desgracia el sueño se me a~u~e~to por
completo, y v~endo que. lucha~a ,rnutilme~t~
con el insommo y la fatiga, dec1d1 atemperar
el frío que me hostigaba, hnciendo compañía al rn:-1-rordo:no del
rancho y á su familia, Hentados
en el mero suelo, al re 1edor d e
una ho.,.uera cuyas llamas crepitantes ~ubían y bajaban en fantá.stica danza.
La ranchería entera ee entregaba al descanso, y en las chozas
esparcidas en el llano, sólo se percibía la lumbre continuamente
alimentada de las hogueras, al calor de las cuales dormían los huenos campesinos el sueño plácido
del hombre honrado.
Debía ser ya bastante tarde,
porque, al decir del mayordomo,
«e'. carro estaba ya muy cargado» y los gallos habían lanzado
al viento su tercer canto.
Arrellanado en un pequeño
banco y fijos los ojos en el fuego
que bailaba su interminable dan za me puse á escuchar la con ver'
' ,\
r, .m1
•
sación
del viejo mayordomo que d ecrn
m ozo sentado también al amor de la lumbre:
-¿El ceno grande, decía «Usté?. » Pues le
dicen el Cerro de los Espantos.
-¿Pues qué espantan allí•?
.
- ¡Ah sí señor desde hace mucho tiempo ...... ,;Naiden» p~sa de noche por esos lugares porque «segurito» que le dan su susto!
:.._¿Y no más de noche hay eqJantos?
-No más de noche, porque de día eso es
muy transitado y los espantos sólo ,:alen cuando no hav un alma.
-¿Y usted cree en eso? no pude menos de pregun tar al ver la
seriedad con que el campesino
trataba el asunto.
-Cómo 110, señor, si esto es
muy cierto; por esta cruz que es
cierto.
-¿Pero ha visto Ud. los espantos alguna vez?
-Sí, señor, con estos «mesmos» ojos, una vez que me anocheció en el «Ranchito)) y tuve
que pasar por el pie del cerro ya
&lt;cescurecido. ,, Por cierto que ya
no me pasará otra en mi vida. .. .
-¿Y c5mo fué eso? pregunté yo
movido por la curiosidad; cuénteme cómo estuvo eso.
-Pues le contaré el caso por
darle gusto, ,cmi amo;» aunque
«Ust~, no me lo crea, como otros
señores á quienes se lo he contado.
Hizo el aldeano una leve pausa para remover los tizones de la hoguera que languid ecía,
y luego continuó:
- Pues verá ((Usté» que, como le dije, tuve
que ir al «Ranchito» á un ,,encargue del patrón».
Salí de aquí poquito después de medio día
para estar de vuelta temprano; pero como ahí
tengo algunas amistades, por aquí un trago,
por allá otro, se me fué pasando el tiempo,
hasta que cuando menos pensé, ya estaba casi ,,pardeando.» Luego me acordé de los espantos: tomé mis providencias para venirme,
y después de acompañará mis amigos la última copa, salí- de priesa, pensando pasar el cerro antes de que anocheciera. Pero por más
que anduve no pude llegar á tiempo; porque
apenas había llegado á ((Las Vaquitas,» un
punto que·está como á media legua del callejón del cern,, cuando ya estaba «de á tiro»
anochecido. Me vino entonces á la cabeza

quedarme allí á pasar la noche; pe;.o rec~r,lé
que otro día tenía que coger nn toro ret1_nto
que bá]aba al aguaje «~uy de madru~a~1ta»
con el ganado, y no qmse &lt;~etenerme m,ts que
para tomar una ó dos cop1t~s de mezcal 3ue
me «brim1ó" tío Roque. ¡Ymll"e«Usté,,,senor,
lo que es la mala suerte!: Don. R( que me decía que me quedara, que qué iba~ hacer tan
tarde hasta mi casa; pero el mahhto toro «~e
me metió en la cabeza» y ya estaban los OJltos de Santa Lucía co~o por allí [y señalaba
un punto del cielo], cuan~o salí del rancho.
Caminé recio, con ((el pendiente» de pasar de
priei-a por donde salían los esl?~ntos, y pronto estuve á la entraaa del rallf&gt;Jon.

ACAPULCO.-EJ

Lazareto.

-¿Ve «Ustén aquel cerro que está allá, con
la figura de una campana? pues entre ese cerro y el de los Espantos está el callejón que
tenía que atravesar y que le dicen el Cañón
del Diablo. ¡Y del di..:hlo es, señor, para pasarlo de noche! Figúrese n.omás: un cerro
aquí y otro acá, y por el medio el cañón ..... .
No hay más que una veredita por donde a1~dar, porque por lln lado y otro rnn un&lt;_&gt;s rel1ces, ¡que válgame el Padre Eterno! 81 basta

ulululú ya más cerca, como ,ai viniera á «in' » Ya casi· lile (1evo1via;
' pero tem1'
contrarme.
que me fuesen. á burln r J&gt;?r eso, y ~rnciendo,
como dice el dicho, de tripas corazo~i.. .. segu(
adelante. Unos cuirntos pasos . hab,a Jdad?J
cuando otro ull!lulú¡ lí. este gnto respond10
otro, y se oía así como un «respon~o" de \ºOCt•i-;
luego se oyeron tres ~roces que c_o1:testaba~1, y
en segui tla, cuatro, eme~, u.n m,1llo.n degnto:&lt;;
1,Pro ya no delante de m 1, s1110 a 1111s P.Sp~ldas,
por donde yo había pasado. Por lo reCio &lt;1ue
se oían los aullidos, conocí que se acercaban,
gan{mJome t&lt;:lrreno;. entonces emp1·endí u na
carrera con todas mis fuerza¡;, como un loco,
por aquella veredita qne no se acababa nunca.
Pero de s1-guro que lo,: el'pfritus
rna.iciaron &lt;JUe yo coní.1, y corrieron también, ganá ndome siempre distancia; porque llega ron
más claros á n1is oídos los gritos
ele ulululú. Corrí un trecho largo, pero al fin 110 pude más; me
e.-taba ahogando; me faltal,n. el
«resuello;» ya casi me tiraba en
el suelo para que los demonios
hicieran de mí lo que qni~ieran.
Desesperado, echo entonces manos á la «media), y me la empino toda; apenas podía yo sostenerme..... Y aquellos g,istos ulululú, cerca, más cerca; ya los oía
á la distancia de unos c·uantos
pasos ..... .
De pronto sien~o un «ro1.ón,, en
este brazo y veo un bulto quepasa como una flecha. Doy entonces un grito horrible; pero con,o
si ese grito fuera una señal, en el
momento me «rodearon un montón de hultos negros,» que brotaban de los árboles, de las ¡,iedras, de cada rama, de todo ...... ; y en un instante se llenó aquel carnpo de puros el'píritus, señor, d e puros espíritus; gritando todos, haciendo ge~tos borribleia;,
bailando y dándome aquellos gol pes ¡qué válgame Cristo-Padre!-M:e pareció que me volvía loco; que todo el mundo se movía ai-:í,
como por todos lados; quise correr, y sentí que
mis pies habían echado raíces; entonces dí
gritos espantosos pidiendo auxilio; las cccorvas» se me doblaron,
y caí al suelo sin saber más &lt;le
mí ........ .
Los ojos del aldeano brillaban
ií la luz de la lumbre, como los de
un gato; el espanto se pintaba ele
tal modo en su semblan te, que
rnás de una vez, durante el relato, sentí que un escalofrío sacudía
mi cuerpo y que mis pelos se ponían de punta. Ante la verdad
del sentimiento ele aquel campesino, yo, hombre de mundo y
con mis ribet~s de filósofo, llegué
á fingirme la realidad de aquellos hechos tan pintorescamente
narrados, y temblé, como temblaba el labriego á la vista de los
espíritus agresores.

Depar1:amento de desinfección.

de día da horror pasar por allí, «contimás,, de
noche .. ... .
-Bueno ¿y pasó Ud. siempre?
-Pues, sí, señor, por mi mala suerte. ..... .
Yo nunca he tenido miedo, pero quién sabe
por qué aquella noche me entró un miedo muy
grande. Veía delante de mí aquel cañón «escuro," como la boca del infierno. Me«persiné»
tres veces, me saqué el rosario fuera de la camisa, y sin quererlo pensar más, entré al callejón. ¿Ah, señor, qué fué aquello!
Apenas habra andado unos cuantos pasos,
cuando empecé á oír unos como gritos lejanos
que hacían: ulululú. Al principio creí que
eran perros; pero después pensé que no, porque las casas estaban muy lejanas y los aullidos eran muy extraños, así como de una cosa
del otro mundo. Para crear valor me eché un
trago de una «media» de mezcal que me había
dado el tío Roque. Seguí andando y oí otro

-¿Y qué más pasó?-me decidí á preguntar viendo que el campesino suspendía su narraci6n.
-Nada, señor, ya no pasó nada; es decir,
ya no supe nada; quién sabe qué harían conm igo los ((malinos." Otro día, ya amaneciendo, me·«incontraron" unos lecheros que iban
«pá la ciudá;,, me dijeron que estaba tirado
como ccá la mitá,, del cañón, con muchos golpes en todo el cuerpo y «rasguñosn hechos así,
como por uñas de diablo ....... . . Un mes «enterito» estuve en cama entre la vida y la muerte; porque, á consecuencia del susto y de los
golpes, me entró ccun fiebre" que por poco me
lleva al otro mundo.

¡
1·

1

***
El fuego empezaba á languidecer; los tres
hijos del mayordomo ~e habían quedado dormidos al amor de la lumbre, y siendo ya ]?a8-.
tante tarde, nos retiramos á descansar. En toda la noche, sin embargo, no pude coger el

¡

'

! '

�Domingo 25 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL :\1 u~ 1)() J l.l"!::;TIIA

sueño: me sentía molesto y como sobresaltado; delante de mi vista se levantaba el Cerro
de los Espantos, como una inm,ensa m~ncha
negra; y como saliendo del Cafion del Diablo,
mis oídos creían percibir, lejano, muy lejano,
aquel ulululú lanzado por los fantasmas desde el fondo de sus guaridas.

•

FRANCISCO VERDUGO F ALQUEZ.

El Jlrt~ tristiano
~n mtxtco.
?:err¡plo de Santo Jomi17go de~óaxaca.

P

Dom,ingo 2,; ele g,ero ele 1903.

n1a Gage, las carretns cargadas con materiales
de constrncci6n, pa&amp;aban por encima de ellas.
Durante la época de la inclependencin estuvieron acantonadas en el convento las tropas
de l\Iorelos ( 1812) y después las del general
D. Antonio León, cuando derrot6 en Etht á
las ú ltimas tropas reali,:tas. Allí estuvo preso
el héroe suriano D. Yic,:mte Guerrero, víctima ele la infame traición &lt;le Picaluya, y por
último, en la capilla del Rosario fueron s~pultados sus restos. Exclaustrados los religiosos, el edificio se convirti6 en cuartel, y el
templo qued6 abandonado. El actual arzobiRpo de Oaxaca, Sr. Gillow,gestion6 la devo1uci ón de la iglesia al clero y la obtuvo en
Abril de 1895, dando comienzo á su reparad6n sin demora alguna.
Terminadas las obras resptctivas, el tem·
plo c¡ued6 abierto al culto nuevamente eri los
primeros días de noviembre último.

Mazatlán.

UBLICAMOS hoy en nuestro semanario algunas fotografías del templo de
Santo Domingo, de Oaxaca, reputado
como uno de los primeros del país.
Acerca de la construcci6n &lt;le este edificio,
verdaderamente notable, creemos oportuno
dar á conocer los siguientes da~os. La obra,
llevada á cabo por los frailes dominicos, secomenz6 el año de 1570, aprovechándose para
ello un solar que cedi6 el ayuntamiento. Los
religiosos, nl poner manos á la obra, contaban únicamente con veinte reales; el rey les
di6 más tarde, como ayuda,setecientos pesos,
y con éstos y el producto de las limosnas que
lograron reunir, compraron otros solares para
agregHlos al que ya tenían, obteniendo del
Cabildo la merced de otras fajas de terreno y
del agua suficiente para la edificaci6n de la
iglesia y del convento respectivo. Púsoles el
Cabildo á los frailes como condici6n precisa
para gozar de aquella merced, la de que en
un plazo de veinte años quedara terminado
el edificio; pero como esto no se logr6 por las
dificultades con que tropezaron los religioso8,
el ayuntamiefito quiso más tarde recobrar los
terrenos que les había donado, arrastrándolos
á un pleito que vino al fin á resolvt:lrse de manera pacífica entre ambas partes. Se señal6 á
los frailes nuevamente la canti&lt;Li.d de agua
que podíi,.n tomar para la obra, á cambio de
su ayuda pecuniaria para la introducci6n del
líquido á la ciudad; y les fueron cedidos los
solares en disputa, bajo promeea de que la
mayor parte del convento quedaría terminada,
á más tardar. dentro &lt;le treinta años.
Los dorni~iros cumplieron las obligaciones

nn

1
REPOSO
Como errante viajera fatigada,
quiero olvidar del t iempo en que he vivido
la punzadora espina que me ha herido
y la copa de néctar rebosada.
Ni nun sie.n to ahandonar la bien amada
tierra hermosa del sol en que he nacido;
¡tanto mi corazón ha padecido
&lt;le f&lt;u triste existencia en la jornada!
QLfédense aquí la gloria. lo;; amores,
l os (liamantef&lt;, los páj,u·os, las flores,
,cu:into á gozar y sonreír convi,b;
111i único anhelo es Yerme SPpnltada
en el seno del «'l'odon 6 de la 11:Nacla,,,
y no tornar á conocerle, ¡oh vida!
MERCEDES 11IATAMOROS.

ESCUEL \ DE FARMACIA

Fachada del templo.

que se habían impuesto y estuvieron en posesi6n del edificio hasta 1633, en que se mandaron reconocer y revisar los títulos. Estos

Las bóvedas del templo de Sto. Domingo,

se encontraron legítimos y en debida forma,y
no volvi6 á removerse la cue~tión.

***
«El convento dice el P. Gay, ensu «H istoria de Oaxaca,, ' fué destruído tres veces por
terremotos y r~construído con ventaja basta
quedar en su estado actual. Es un vasto edificio cuyo costo total, incluso el templo, pae6 de dos millones.,, Las torres del templo,
miden desde el suelo á las cruces, ciento treinta,vnras.
Hablando del interior del edificio, el cronista citado, dice que era un verdadero relicario par.a la religión y las artes: los _muros Y
las bóvedas estaban cuajados de primorosos
adornos de oro· á uno y otro lado babí'l. riquísimas capiu'as de las que, la destinada á
la virgen del Rosario, podía considerarse como un templo en toda forma; y un árbol, el
que representa uno de nuestros giaba&lt;los precis!j,mente, extendía por todas partes sus rarnaR y sus hojas doradas, entre las cuales sobresalían, en bajo relieve, bustos de &lt;;autos
que á proporci6n de la altura disminuían en
tamaño para formar un conjunto verdaderamente artístico. Las pinturas eran obra de
Concha.
En cuanto al conYento, el P. Gay, agrega
que sus inmensos dormitorios, sus galerías,
sus jardines, etc., etc., eran orgullo de los
frailes y admiraci6n de los viajeros, y 9-ue su
construcci6n era tan s6lida, que &lt;cla artillería,
funcionando sobre sus bóvedas y á veces disparando contra ellasn, ninguna mella les hizo.
La construcci6n ha resistido á los más fuertes
terremotos, y para que esto ni remotamente
parezca exagerado, agregaremos que las paredes de piedra son tan gruesas, que según afir·

Al emprenderse la construcción del Hospital General que se lleva á cabo en la Indianilla, se pensó en la conveniencia &lt;le formar,
para el mejor servicio del ramo de botica, un
personal apto é instruído, especialmente encargado de auxiliar á los profesores en el despacho de fórmulas y en las distintas pre¡,araciones farmacéuticae.
A esto se debe la creación de una escuela
teórico-práctica de farmacia, tornándose por
modelo la Botica del Hospital Militar, en donde, bajo la dirección del capitán primero Francisco Jiménez Learte, ha estado cursando las
materias priucipalei!, un grupo de señoritas.
Actualmente af&lt;isten ft las clases dieciocho

B6veda del coro alto.

alumnas que reciben una lección práctica de
ocho á doce de la maíiana, que es la hora del
despacho del hospital, y otra te6rica de doce
á una de la tarde.
A semejanza de las enfermeras que se emplearán en el ho,pit,al, la.s farmacéuticas usa-

Gru¡30 de alumnas

de la Escuela de Farmacia.

rán un uniforme consistente en falda y blu_
sa de holanda cruda con r ul6s blancos, delan _
tales de bramante blanco y cofias del mismo
~olor; además, llevarán distintivo en el brazo
izquierdo con la cruz roja y las iniciales del
Hospital referido.

�DoilllÍngo 25 de Enero de l no:l.

EL MUNDO 11,USTRADO

E L MUKDO ILUSTRADO

Domingo 25 de Enero de 1903:.,,

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EL MUNDO ILUS'TRADO

Domingo 25 &lt;le En€ro d&lt;&gt; 1V03.

EL :\fUKDO ILUSTRADO

Un "Dadmitnto" notablt.

DEL.A.. PAMPA

Como un recuerdo de las fiestas de Navidad
celebradas entre nosotros, publicamos fotografías del "nacimienton quP. la familia Pérez
Gallardo pu.so en su casa habitación de ]as calles del Pino, y que, á no dudarlo, fué uno de
los más notables.
· Las figuras, de cera primorosamente ,trab~jada, fueron hechas por la señora Mana V1llaseñor de Pércz Gallardo, quien, desde hace
tiempo, venía modelándolas.
.
El conjunto del «nacimiento&gt;&gt; á que nos referimos era del mejor efecto: los grupos estaban repartidos con arte, y hasta en los más
pequeños detalles se echaba de ver el primor
y la paciencia con que había sido arreglada la
composición.

Del vientre de la sier,·a descendieron,
:y con ramas de robles y de encina

sus músculos ciiiel'on.
Mugieron como toros atrevidos,
-corno yeguas otearon la colina,
:y como el mar lanzaron sus rugic'os.
Agitaron sus zarpas de colosos,
y sus crines hil'sutas
-sacudieron altivos y furiosos.
El rayo sus puñales le clavaba
al dorso de las grutas,
y á su:estruendo el ganado se agrupaba.
Huyó la tempestad; la noche entera.
se deleitó en Ia orgía
donde agotó sus fue1·zas de pantera.

IN PACE.

Y cuando el sol con fecundan tes rayos
sobre inmensos cadáveres hervía,
-el gaucho persiguiendo los caballos,
del pajonal surgía . .... .
JUS'l'O p ASTOR Ríos.

A la nave del tiempo indiferente,
no he de seguir la estela que ha dejado;
que grandes son los duelos del presente
para sufrir con el dolor pasado.

~• Sr .tanónigo D. .Rngtl .R. Uasconctlos

No ambiciono la gloria
de recordar las cosas fenecidas,
si vieue la memoria
á dejar más abiertas mis heridas.

Damos á conocerá nuestros lectores el retrato del señor Canónigo don Angel A. Vas-concelos, de la Catedral de Oaxaca, á cuya actividad se dehe, en gran parte, la reparación
del magnífico templo de Santo Domingo á
-que hemos hecho referencia en las páginas ~nteriores.

El recuerdo de sombras se reviste
y en sorda pena al corazón envuelve,

el que tl'iste pasó, porque fué triste,
y el del tiempo feliz, p01·que no vuelve!
¡Dejadme descansar! Nunca á mi oído
venga de ayer un eco ya lejano
á atormentarme con su ingrato ruido;
porque prefiero entre el tumulto vano
del festín en que pie1·do
á cada nuevo sol un bien querido,
á la vida punzante del recuerdo,
la muerte generosa del olvido! .....
MANUEL

S. PlCHARDO,

***

Se comprende mil veces mejor ]o infinito
por el corazón que por la inteligencia.

***

Para poder es preciso creer que se puede, y
esta fe debe traducirse inmediatamente por
los actos.
La "Adoración.''

Fingían trazos de un pincel tenue, mojado en besos,
Reviviendo sueños pasados y glorias idas ....

Bóveda del Coro Bajo del Templo de Santo Domingo.

Ida es la gloria de sus encantos;
Pasado el sueño de su sonrisa,
Yo lentamente sigo la ruta de mis quebrantos;
Ella .... ha jugado como un ¡,el'fume sob1·e una brisa!

El sabio practica el bien como respira: constituye su Yida.

***

La experiencia no es más que una mezcla
de hechos y de interpretaciones. La ciencia
deja de merecer este nombre, desde el momento en que se limita á coleccionar y á mencionar hechos puros.

***

El señor Canónigo Vasconcelos es uno de
los sacerdotes más estimados de la sociedad
o~aqueña, 110 sólo por su talento, sino también:por las virtudes evangélicas que loadornan.
MINIATURAS
No permitas que el sol ardiente seque una
lágrima de dolor antes que tú mismo la hayas
enjugado.

***
No hay enemigos más encubiertos que un
lisonjero, un ambicioso y un envidioso.

El trabajo, tn una palabra, no es otra cosa
que el restablecimiento parcial de equilibrio,
y toda fuente de trabajo se agotará el día en
que el equilibrio uní versal se alcance. Entonces la inmovilidad reinará en el mundo silenciosa y triste.

***

La educación puede considerarse como una
segunda existencia dada al hombre.

***
Las cualidades vienen de la naturaleza pero las virtudes son el fruto de nuestra educaci6n.

*"'*

Aquel que no ha comido su pan con lágrimas, y que no ha pasado noches de dolor llorando en su lecho, no conoce aúñ una fuerza
divina.

El viejo sol; Osiris,
que las arenas del desierto dora,
después que enciende con la luz del iris
las transparentes gasas &lt;le la aurora,
esplende en el zenit.
Su roja hoguera,
que finge el brillo de purpúreas clámides,
los átomos inflama, y reverbera
al pi':'l de l_as pirámides.
Mudas las aguas del sagrado Nilo,
sueñan con inundar pueblos remotos;
y moviendo las ondas con sigilo,
sobre azulados cálices &lt;le lotos
asoma la cabeza un cocodrilo.
Entre el follaje verde,
que la ribera esmalta,
pareja de ibis jugueteando salta,
y otra en el seno del marjal se pierde.
El viejo sol: Osirls,
que colorea con la luz del iris
las gasas de la aurora y de la tarde,
en lo más alto de los cielos arde;
y á través del desierto solitario
se divisa á lo lejos del camino'
la silueta borrosa del bedurno'
en la giba dorsal de un dro111edario.
ANDRÉS A. MATA, '

Quizás ya nunca nos encontrarémos;
Quizás ya nunca veré á mi errante desconocida:
Quizás la misma barca de amores empujaremos,
El uno á un lado y el otro al otro, como dos remos,
ToJa la vida bogando juntos y separados toda. la vida.
JOSÉ SANTOS

Los Reya. m.!gos.

DE VIAJE
Ave de paso,
Fugaz viajera. desconocida:
Fué sólo un sueño, sólo un capricho, sólo un acaso;
Duró un instante, pero un instante de los que llenan toda una vida.
No era la gloria del paganismo,
No era el encanto de la hermosura. plástica. y recia:
Era algo vago, nube de incienso, luz de idealismo ....
No era la Grecia,
Era. la Roma del Cristianismo.
Al rededor de sus dos ojos-¡oh qué ojos esoslQue las facciones de su semblante desvanecidas

Un grupo de pastores.

CHOCANO.

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domñngo 25 de Einero de 1903.

....

·-

Domingo 25 de JDnero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

;:;~;·:
.,

...,:~- ..... ' ~·

X

-¿La Aeñorita Romane, no es esto? Tengo mucho gGsto en saludarla, seÍ1orita. ¿Cree usted que va _á estar contenta en nuestra al-

--1'.:.:-,,.¡ ___

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··.·.·:

LA INSTI.T UTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.--ILUSTRACIONES DE SIMONT.
.,
TRADUCCION Df "fL ~UNDO llU~TRADO,"
(CONTINÚA.)

Acepté, y me ayud6 á instalarme; á poner en orden las cosas de
uso corriente. Cuando se retir6, tomé mi desayuno en un rincón
de la sala del tapiz verde. Las ventanas daban á la llanura silenciosa y blanca, sembrada de arbustos cuyas ramas tenue,; y sin hojas se destacaban airosamente sobre la limpidez del cielo.
Nada se movía en torno mío; el espacio no me enviaba el más
leve soplo.

Pensé que se había realizado mi sueño de otros días, cuahdo ansiaba encontrarme lejos del mundo.
Ahora iba yo á estarlo.
Sólo me acompañarían los pequeñuelos y el campo cubierto &lt;le
nieve. Pues bien: si Dios Re dignaba permitir que esto bastara para
llenar mi corazón, ¿por qué habría de quejarme?

•dea? Alto; llevando con soltura un elegante vestido. de tela p~rda;
-descubierta la frente amplia, coronada de cabellos grises¡ ,el conJ.~mto
•del rostro exce"ivamente distinguido y en él ?na expres1on d:, t11ste¡
za que conmovfo. no obstante la plácida sonrisa que a~ompadabad
-esas palahras: tal era el hombre, e!l a¡,ariencia. muy bien .e U?ª o,
-que me salu1!aba á 1~ f!lañana sigmente en el dintel de la 1gles1a, al
salir de la misa dom1111cal.
.
.
.
Alcé la vista, y él pareci6 sorprenders~ de ll_lIS miradas. Se rn-clin6 como si hasta ese momento me hubiese vist?. .,
~Soy el Sr. Raibert, ~eñorí~; el alcalde á quien se s1rv10 usted
hacer una visita ayer. ¡Cuanto siento no haber estado en casal ¿Ha
encontrado usted todo conforme á sus dese?s?
-Ab1&lt;olutamente, sefior, muchas gracias. Phrasia y el Sr. Durand no podían haberlo h~cho mejor _p~ra mí.
-Tanto mejor. señorita. Les felicitaré de nuevo P.ºr. ello. Un al-calde necesim ser algo corno el padre de todos sus ~dmm1.strados ..... .
Y sí encuentra usted algo que la desagrade, y está en mis manos el
remedio..... . ...
d
'
Le di nueni.ment.e las gracias, asegurándole que n~ a tema .que
-&lt;lesear, si no era á mis p 3queñas discípulas, entre quienes ansiaba
mucho encontrarme.
-¿No necesitaría ~1sted un día de rep,oso?
.
-~o, señor, no! ..ulegué ayer, y el dui. de hoy, con ser dommgo, me ha caído muy bien para descansar¡ con esto creo que me bas1ta y aún me sobra.
.
.
__ Bien veo que es usted ammosa! Nuestra anterior P:ofesora era
muy amada aquí; pero más bie?, rnn~rada. Usted, señorita, esté segura de conquistarse todas las !llmpat1as,-........
.
Al pronunciar estas palabras, hablo más quedo. M:1 rostro debe
baberse nublado hasta el punto de hacer que mi interlocutor-s~ arrepintiera de su última frase. Vi que se tu~bó. Trat6 de exphcarn;e
&lt;¡ue !'e refería á mi juventud, la cual consideraba como una garantia
-de éxito para con las alumnas.
Ltieao como en derredor de nosotros !'e formaban grupos de
personas°q~e salían. de mis:1, el alcalde, se dirigió á uno de esos grupos; con cierta grac10sa alt1".ez ~e, acerco t. las m~c~achas que lo for'lllahan y á ellas y á mí nos rnv1to á trab~r conoc1m~ento. El cm:a salía de la iglesia en esos momentos: también le llamo y me le traJo.
-La nueva pastora de este rebaño, señor cura.
.
-Ah! Ah! Bien, muy bien! Somos pastores de almas, señorita!
Yo he visto á usted durante la mi,;a. Por cierto que mostraba ustect
mucho recogimient:.! Ya lo quisieran para sí muchos de mis feli;gresesl
Se volvi6 á mirará la,; j6venes, encantadoras, inteligentes, aun-que campesinas (en el mús agreste sentido de esta expresión), ele
-franco reir, de robusto talle, de rostro fresco, encuadrado en la cofia
-ribeteada de encajes... . ......
-La piedad, querida hija, es la primera g~rantíal
--¿Garantía de qué, señor cura?-¡:;regu.1to una muchachii. n~uefia.
.
-Vea usted! Vea usted!-dijo el buen cura, desconcertado.Delfina mucho cuidado! Usted ríe de todo. ¿Qué pensará de uste&lt;l
~sta sefiorita? Ella parece muy seria, y así debe de ser. Le prohibiré
á. usted que la mire, si no ha de ser usted juiciosa.
La muchacha no rliú importancia á la reprimenda.. Sigui6 rien-do, y lueg) entabló con sus compafierns una charla en «patois» que
no pu&lt;le yo entender.
Esa alegría y ese lenguaje que no comprandí, me entristecieron.
El cura me hizo algunas preguntas acerca de mis antecedentes, de
mi o.igen, etc.
-Volveré á verla, hija mía. Vaya ahora entre esa juventud..... .
no es indigna de usted ....... . .
-Oh! ciertamente, señor cura. ¿Por qué había de serlo?
Murmuré esto con temblorosa voz, que contrastaba con la firmeza de mis palabras. Las muchachas nada entendieron. Se agolpaban
cerca de nosotros, mujeres y nifia!s, mis futuras &lt;liscípulwi, c¡ue no ,;e
~ansaban de mirarme. Los chicuelos, menos interesados en verme,
se dispersaron al momento, correteando y arrojándose bolas de nieve.
El alcalde había desaparecido; pero e11tre el grupo ele hombre1;:, no se
por qué me llamó la atención el rostro de un joven como de veinte
años, á quien miré como si fuese un antiguo conocido, y que se ruboriz6 cuando nuestras miradas se encontraron.
Toda la gente de la aldea se enJontrabn. á la salida &lt;le misa. A
poco anrlar se dispersó en familias que tomaron cada cual el camino
de m casa, y pronto me encontré i:ola, en lo alto de la vereda que
conducía á la escuela.
¡Sola! Un suspiro de ali vio escap6 de mis labios, y me caus6 alar"' ma. ¡Ohl Quién sabe si iría yo á estar siempre descontenta aquí. Durante tocia la misa, mi alma se había reconcentrado en una súplica
que reunia mis resoluciones y mis deseos de poder ,;orortar la vida
fácilmente; es decir, con amor, puesto que el amor es el secreto de la
posibilidad de vivir.
¡Dios mío!--murmuraba-permitid que les ame. Referíame á
todos los habitantes de la aldea... .. . El señor Raibert surgi6 ante mí,
en la misma vereda, que era también la d&amp; su casa. ¿Aparecía ante
mí como un alivio, como un contrapeso que me permitiese soportar

la vulgaridad y lo insípido que acababa de arrancarme un suspiro tan
dolornso? ...... ¡Lo ignoro!
. .
., Ol 'dé
Ese hombre me bahía saludado con exqmsita correcc10n. v1
el poquillo dei,precio que me causara su ~is~oria. Y luego, 1~ ema~ación moral debe tener una forma que se d1st111gue entre ma.mfestac10nes del mismogrado ...... Elegante y fina-¡de alma, por supuesto!acababa de reconocer los mismos matices en el alcalde. Hubo algo ele
dulzura en el saludo que dirigí á esa alma gemela de la mía!

XI
En esa misma tarde hice uha visita il sefior cura. Se mostró bondadoso aunque un tanto solemne, no dejando de prevenirme contra
ciertos'peligros que, segú!l él, debían abundar en mi soledad.
-Será tan penoso vivir sola á la edad de usted, sin que una esperanza legítima venga á sostenerla!
Y bajaba la cabeza, sin mirarme ya, pensando sin duda en otras
jóvenes solas y abandonadas como yo, á quienes había visto perderse en yo no sé qué rutas! También yo guardaba silencio, dejando á.
mi pensamiento hacia esos caminos qu&amp; adivinaba, con terror, bordeados de tristezas..... El cura había hablado de ,,esperanzas legítimas.»
Luego las hay ilegítimas, en el horizonte de una institutriz! ¡ Ah!
Que yo siga aµartada de ellas... .... Y, como á la vieja de la víspera,
murmuré:
-Quiero guardarme ele todo. Quiero no hacer siempre sino el
bien. ¿U61110 lograrlo, señor cura?
El murmuró, vacilante, como si hubiese expresado un medio imposible:
- Permanecer sin ningún deseo, pobre hija mía! Encontrarse
fe~iz en su soledad, no poblarla con ningún deseo ...... Ninguna esperanza ........ .
Esta última palabra me turbó. ¿Qué ciencia del corazón poseía
ese hombre que á cada momento insistía sin piedad, en prohibir las
esperanzas que llenan por sí solas la vida &lt;le una joven?...... Y me
miraba, ansioso de oír mi respuesta.
Un día, á una palabra de mi antigua protectora, y otra vez entre
las tumbas, me había yo sentido subyugada por las inefables promesas que un impulso de mi sangre joven había llevado hasta mi corazón. Pero, si para la realización de esas promesas era preciso desviarse un milímetro de la vía iiifiexible ...... ¡Ah! ¡Cuán poco me conocía el señor cura, si dudaba de mí!. ..... Me puse en pie, para dar fin
á la visita, con la frente erguida, y los labios sonrientes en su tácito
voto de austeridad.
-¿Jamás desear otra cosa que la soledad, señor cura? ¡Me será
muy fácil, yo lo aseguro!
Sacudí la cabeza, levemente, sin darme cuenta del peso que para ella alguna vez sería mi soledad. Repetí:
-¡Será fácil, muy fácil!

XII
Así lo fué .. Me agradaron mis discípulas; instalé mi pequeño hogar, y me apas10né pronto por el estudio y por el cuidado de rui casita. Así el tiempo me parecía breve. Ya era el arreglo de mi recá11;1ara, que me ?(~gustaba y qu.e cambiaba yo al momento; ya era un
sistema de rev1s1on de las lecciones, que me parecía preferible y en
cuyo desarrollo me ocupaba en las horas libres. El cuiuado de niii:!
útiles también me o~upaba mucho, porque era yo muy torpe.
También ~i cocinita me había ocupado¡ .pero me agradaba muy
poco. No ~abna yo encontrado pla0er en condimentar cuidado~am ~nte un platJIJo que después comiera yo ,;ola. Día tras día tomaba rnis
alimentos de prisa, casi siempre &lt;le pie, al lado de la estufa que humeaba aún.
Lo extraño e, que en aquella época, en que nada deseaba yo
me embarga.La la tri:steza á la hora de la comida. Comía, :siempre po:
seíd~ de vaga ansi_eda&lt;l, como si algo me falta:;e. Creo que habría yo
querido una me:;Ha con su mantel deslumbrante de l,lancura· una
flor en un vaso; al~uien .... :. una anciana madre, un chiquillo, ;lguno, ~n fiu, para quien hubiese preparado platillos. l\Ie imaoinaba la
m_eslta en 1~ pieza inmediata á la cocina¡ á mí, con un delabntal, inclrnada ans10samente ante la estufo, y después llevando la torta humeante, apetito~a, con una sonrisa de orgullo ...... EsiL vi¡;ión Rt: bonaba con ~l último bocado .. . ... Si era de noche, me retiraba rápidamente á m1 cuarto, donde me esperaban lo;i cuadernos de mis uisdpulas ........ .
( COXTINUARÁ. )

iCUIDADO, SEÑORA!

Vd. emp,ezaá engrosar, y engrosar es
envsJecer. Tomepues,todas fa, mauanas
en ayunas dos graJeas de THYROiDINA
ROUTY y su talle se conservará esodco
6 volverá á serlo.- El frasco de 60gra,Jeu 10•.
P.A.RIS, Laboratorio. 1, Ruo do CbO.teaudun.

IEDICAIENTG CIERTO t IROFENSITO El ABSOLUTO.
Téngase cuidado de eligir: Thyro1dlna Bouty.

o

a

a

e

�Domingo 25 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

LL MUNDO ILUSTRADO
ANO X•••TOMO 1.--NUM. 5

Subscripción mensual foránea, SI 51&gt;
ldem. ldem. en la capital, Sl.2S

MEXICO, fIBIURO 1" DE 1903.

Gerente: LUI~ RtYf~ ~Pl ~ll0LA

Director: LIC. RAFAtL Rfl't~ ~PINDOLA.

Vista del exterior con parte de los carros para guardar las mieles

La industria en Sinaloa.
EL INGENIO AZUC ARERO DE "ELDORADO."
Los sefiores J oaquín Redo y sus hijos Joaquín, Diego y Alejandro han establecido en
el Distrito de Culiacán, en las
márgenes del río de San Lorenzo, un ingenio nzucarero
en su hacienda «Elclorado.»
En este Ingenio se hará la
primera zafra en los primeros
días del mes de Febrero pr6ximo. La maquinaria de esta fábrica de 11zúcar es la más grande de la República; con facilidad pueden molerse 600 toneladas de caña en 22 horas,
produciendo más 6 menos
4,000 arrobas de azúcar. Toda
la maquinaria es de lo más•
moderno que f:e conoce; el
motor es de 500 caballos y
cada uno de los seis rodillos
del doble molino pesa 20 toneladas.
La fábrica producirá azúcar granulada de euperior calidad y de aspecto llamntirn.
Cuando llegue á ser posible
la exportación de azúcar de
México para los Estados Unidos, ningún otro ingenio del
país podrá efectuarlo más ventajosamente que el de los sefiores Redo y Cía., porque el Ingenio está situado á 12 ki16metros del embarcadero.

Exterior del ingenio azucarero " Eldorado."-En construcción.

En este Ingenio se hará el acarreo de la caña con locomotora de vapor; la vía férrea tiene, en sus diferentes direcciones, 7 millas.
Las calderas son del sistema más moderno
conocido y tienen 1,500 caballos de vapor.

***

El Estado de Sinaloa, se ha considera-

den hacerse y se hacen hasta ci neo cortes deun plantío, siempre remunerativo, y porqueson sanos los lu¡rares en donde se produce la.
caña. Contra todas e8as ventajas hay un inconveniente de grandísima importancia: falta
de brazos para la agricultura, porque el Estado ele por sí mismo es despoblado y se trabajan en él numerosas minas,
ne~ocios que pueden reportar
jornales mucho más altos que
la agric-ultura.
No cube duda de que entre
nuestra prorl ucción agrícola.
susceptible de producir artículos ele exportación, después del tabaco, vendrá el azúcar.
El señor Don Joaquín Redo fué el pri111eru en explotar
la inJ ui-tria azucarera en Sin a loa, Estado que produce
ho.v máo &lt;le 600,000 arrobas de
azúcar y que probablemente
dentro rle algunos años producirá má,: del doble.
Una buena parte de s u producci6n se vende ya en Chihuahua y Durango.

***
Acarreo de uno de los rodillos del molino de caña.

do como el que reúne condiciones más favorables para el cultivo de la caña, porque pue-

lnduclablemente el ingenio
á c¡ue aludimo,; eHtíÍ llamadoá
ser, para la Industria en Sin a•
loa, un i mpulso tanto más
palusible cuanto que permitirá á innumerables operarios encontrar en él
ocupaci6n y gitnar!'.e la subsistencia.

Stñor 6tntral Don francisco f 1tñtdo
Jacal que ha servido de habitación
construyen el ingenie.

á los ingenieros que

Almacén para el azúcar del Ingenio.

6obernaaor '1d Estado at stnatoa.

'

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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