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                    <text>Domingo 25 de Enero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

LL MUNDO ILUSTRADO
ANO X•••TOMO 1.--NUM. 5

Subscripción mensual foránea, SI 51&gt;
ldem. ldem. en la capital, Sl.2S

MEXICO, fIBIURO 1" DE 1903.

Gerente: LUI~ RtYf~ ~Pl ~ll0LA

Director: LIC. RAFAtL Rfl't~ ~PINDOLA.

Vista del exterior con parte de los carros para guardar las mieles

La industria en Sinaloa.
EL INGENIO AZUC ARERO DE "ELDORADO."
Los sefiores J oaquín Redo y sus hijos Joaquín, Diego y Alejandro han establecido en
el Distrito de Culiacán, en las
márgenes del río de San Lorenzo, un ingenio nzucarero
en su hacienda «Elclorado.»
En este Ingenio se hará la
primera zafra en los primeros
días del mes de Febrero pr6ximo. La maquinaria de esta fábrica de 11zúcar es la más grande de la República; con facilidad pueden molerse 600 toneladas de caña en 22 horas,
produciendo más 6 menos
4,000 arrobas de azúcar. Toda
la maquinaria es de lo más•
moderno que f:e conoce; el
motor es de 500 caballos y
cada uno de los seis rodillos
del doble molino pesa 20 toneladas.
La fábrica producirá azúcar granulada de euperior calidad y de aspecto llamntirn.
Cuando llegue á ser posible
la exportación de azúcar de
México para los Estados Unidos, ningún otro ingenio del
país podrá efectuarlo más ventajosamente que el de los sefiores Redo y Cía., porque el Ingenio está situado á 12 ki16metros del embarcadero.

Exterior del ingenio azucarero " Eldorado."-En construcción.

En este Ingenio se hará el acarreo de la caña con locomotora de vapor; la vía férrea tiene, en sus diferentes direcciones, 7 millas.
Las calderas son del sistema más moderno
conocido y tienen 1,500 caballos de vapor.

***

El Estado de Sinaloa, se ha considera-

den hacerse y se hacen hasta ci neo cortes deun plantío, siempre remunerativo, y porqueson sanos los lu¡rares en donde se produce la.
caña. Contra todas e8as ventajas hay un inconveniente de grandísima importancia: falta
de brazos para la agricultura, porque el Estado ele por sí mismo es despoblado y se trabajan en él numerosas minas,
ne~ocios que pueden reportar
jornales mucho más altos que
la agric-ultura.
No cube duda de que entre
nuestra prorl ucción agrícola.
susceptible de producir artículos ele exportación, después del tabaco, vendrá el azúcar.
El señor Don Joaquín Redo fué el pri111eru en explotar
la inJ ui-tria azucarera en Sin a loa, Estado que produce
ho.v máo &lt;le 600,000 arrobas de
azúcar y que probablemente
dentro rle algunos años producirá má,: del doble.
Una buena parte de s u producci6n se vende ya en Chihuahua y Durango.

***
Acarreo de uno de los rodillos del molino de caña.

do como el que reúne condiciones más favorables para el cultivo de la caña, porque pue-

lnduclablemente el ingenio
á c¡ue aludimo,; eHtíÍ llamadoá
ser, para la Industria en Sin a•
loa, un i mpulso tanto más
palusible cuanto que permitirá á innumerables operarios encontrar en él
ocupaci6n y gitnar!'.e la subsistencia.

Stñor 6tntral Don francisco f 1tñtdo
Jacal que ha servido de habitación
construyen el ingenie.

á los ingenieros que

Almacén para el azúcar del Ingenio.

6obernaaor '1d Estado at stnatoa.

'

�Domingo lo. de Febrero de 1903.

La Mujer yla Super-hembra
Jules Claretie el aplaudido director del Teatro Francés tie1~e un pensamiento cuya lectura arrastra ó, interesante:-; reflexiones : &lt;CEl hombre y la mujer, en el arte como_ !:'1_1 el amor,
efectúan un cambio de sus sentim1entos respectivos, y siempre hay un~ mujer en la obi:a
de un hombre, como hay siempn, un hombie
en la obra de una mujer.,&gt;
E l pensamiento es sugestivo y es h~rmos~;
¿será igualmen te cierto? .... .. Porque s1 la verdad es un factor poderosísimo de 13: b~lleza,
no puede decirse que le sea un factor 111d1spensablt:. El apotegma de Boileau e,; hermosC!,
pero no es cierto. «Rien n'est beau que le vrai,
le vrai seul est aimableJJ .. .. .... y hay much~s
quimeras, muchos ensueños, muchas mentiras que sun un portento de belle~a.
Tal vez bien visto el pensamiento de Claretie sea t;n hermoso'ensueño. Para acercarlo
á la verdad convendría, quizá, hacerle algunas
modificaciones tales, verbigracia, ~orno la de
suprimir los a;tículos indeterminados, á :fin de
obtener en la idea una representación «abstracta,&gt; de esa reprocidad de los E.exos que se supone. Es verdad que Claretie sólo la supone
en el amor y en el arte; pero el amor y el arte
son fue rzas tan poderosas y tan ubicuas, q~e
están y gobiernan en la vida t?da. Reconocido esto ¿será cierto el pensamiento'?
Con;iene examinarlo por partes. Creem~s
que la divinizaci?n de la muj~r es un sei:t.1miento que palpita t,n el corazon de la vieJa
h umanidad y constituye una potente palanc-a
para nuestras ambiciones, para nue:itros ensueñ os, para todos nuestros_ a~·dimi~ntos. Tal pa~
rece que Carl yle, al escribir su h bro «Los l:é
roes » que tanto se lee y tanto se medita, quiso
fort~lecer nuestro pensamiento en un_ fuerte
baño de individualismo. Pero ...... ¿quién escribirá «Las heroínasJJ?.. ... Debe hacerse; debe cantarse el triunfo de la juYentu&lt;l, ~e la
belleza, de la gracia, el triunfo todo de la idealidad femen ina alentadora del pecho humano,
engendradorll. ;n él de grandes y fecu ndas rebeliones, pobladora incansable de la mente que
crea y sostén perenne de la voluntad, que
triunfa! Vemos a l héroe, ya sea f:anto, apos,tol,
guerrero, legislaclor ó poeta, y ol\'idamos a la
heroína que vivf', palpita y pi~nsa dentro de
él. Podrá decirse que la Beatriz clel Dante_ Y
la Laura del Petra:rca pudieron no ha.1.Jer existido, sin que ~or ello clejasen de crea,1· el _uno
su «Divina Comedia)) y el otro sus langu1dos
y deliciosos sonetos; pero Beatriz y Laura son
símbolos del «eterno femenino)) que Goethe,
más :filósofo y menos exclusivista, supo p~·o•
clamar ante tos ho11,bres como una ver~ad mnegable. La Yenus I nspiradora es siempre
abstracta, aún cuando á las veces ap3:rez?a_encarnada. en crea.tura mortal y trans1tona, la
mujer, como musa inspira~l?r~, e~,eterna Y
abstracta., por virtud de la divm1za_c1_on femenina que palpita en el alma de la vieJa humanidad.
Tiene razón Claretie en una parte de su pensamiento. Es cierto que la mujer-no una rouje'l'-está siempre en la obra del hombre. La
mujer ejerce sobre el hombre, de mo?o con~tante y con fuerza ineludible,, Ulla v1r~ud dinámica y graduadora que no solo proviene de
-su profundidad sentimental, sino también.del
mayor equil!brio de la ni:turale~a femenina,
&lt;J.Ue es esencialmente altrmsta, a!:.'i en el º:den
moral como en las manifestaciones matenales
de la vida. Y el ejercicio de esa virtud so_bre
el hombre es la misión genuina de la muJer,
es el únic¿ concorde con sus aptitudes, es el
que sólo puede proporcionarle su verdad~r~
felicidad. Es cierto: siempre se encontrara a
la mujer en la obra del hombre.

***

La segunda parte del pensamiento de Cbretie es falsa, en nuestro sentir. En la ri:ra
ohm femenina que alcanza á ser concreta é_mdividual no se advierte ni á un hombre mal
hombre·' allí se pierde la noción del sexo Y
surge p¿derosamente el sentimiento de la es-

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
pecie; el amor se_t;ansforma e1;1 caridad, alcai:iza su manifestacion más sublime, se des~?Jª
de su envoltura de egoísmo, que está teJida
con hilos de placer en el pretexto de la procre~ción, y sin titubeos ni zozobras alca1_1za _el pináculo del sacrificio y del renuncia1mento.
Las heroínas-en la acción y en el arte,-las
llamadas varonas, porque la creaci?n _perdurable ha sido eminentemente varoml, siempre
se han distinguido por esas virtudes; para la
idealización completa de Juana de Arco, la
leyenda creyó indispensable conservarla p~c~la mientras á un Pela yo jamás SP. le ha exigid¿ la mancebía; la lira erótica pocas veces ha
sido tañida. por mano de mujer ( i:iue8 l_~s corte~anas se escapan ya í~ la clasificacion del
sexo como Safo no cupo en la estrechez del
gine~eo) y cuando lo ha sid~, ~u melodía no
ha acertado á alcanzar pecuhandad de sexo Y
se ha antojado una imitación ?-ª querella !11asculina. El heroísmo db la muJer, el hermsmo
propiamente femenino, ha estacl_o s~empre dentro del sacrificio; y en este sacrificio no ha habido casi nunca el irnpulso de un hombre, y
siempre se podría encontrar el impulso de la
Humanidad.
Hemos hablado de la mujer, tal cual es, tal
cual debe ser siempre; 119 _d el tipo hembra
creado mentalmente i)or la compacta humareda del feminismo propiamente dicho, porque
«esa» ya no es una mujer, cua~ Zarathustr_a ya
no es un hombre. Y nos refernnos al femuusmo porque nos parece que la re0iprocidad
ex¡cta que supone el pensamiento Claretie,
conque iniciamos esta charla, s?I? se finge
admisihle dentro de las teortas fem1111stas, que
no son las de conceder á la mujer el carácter de un «valor» en la vida económica y de
mejorar su condición social de acuerdo ~on
sus aptitucles :fisiológicas y psicológicas, , smo
la de equipararla al hombre en tod?s los ordenes de actividad y de vida. Este ideal de la
mujer «recíproca» del hombre, idfotic-a.~1hombre de esta «new style woman,» surg10 de la
pre~ipitación del feminismo: tan perfecto (?)
pero tan imposible, como el ideal de Zarathustra del cereuro de Nietgsche. E l «super-hombre,&gt; y la «super-hembra&gt;, habrí_an menester
una «su per- atmósfera,» que no existe, para ser
viables.
.
Pero hemos dicho que sólo «se finge» adnusible la reciprocidad exacta de los sexo~ en la
obra porque la «super-hem brai&gt; para 1p;ualar
a l h'om bre, para ejercer idéntica ~ctividad
que éste y para «vencerlo,», u_na vez 1gua.lado,
&amp;iquiera por la fuerza 1~umer1~a ?el se~o !emenino «new style » tendna que 1r identificando' en lo que más pued e estar a,
se con el hombre
su alcance, esto es, en lo m~ral é intelect;1al,
y entonces perdería sus cua.hdades femenmas
tan seguramente, cuanto la a~opción del talón oro en un sistema monetario supone restricciones de acuñación y hasta demonetización de la plata· y una vez idénticos espiritualmente el homb're y la mujer, la atracción de
los sexos vendría á descansar sobre bases por
demás groseras para que p'1diera seguir existiendo influencia moral alguna de un sexo sobre el otro. La «su rer-bembra&gt;, pierde, pues,
la virtud dinámica de la mujer sobre el hombre con el hecho de haberse igualado á él,
pu~s ya dijimos qu~ aquella virtu? proviene
de cualidades esencialmente femeninas y ahora agregaremos que no son a~enas á ella _las
condiciones actuales de la vida de la muJer,
que la preservan del incesante_ gasto de e!1ergía nerviosa. Y perdida esa v11tud femenma,
la «super-hembra,&gt; no se encontrará ya en la
obra dP,l hombre; y, además, también por gasto de aquella virtud femenina, en la obra de
la «super-hembra,&gt; se debilitará el sentimiento
de la especie, y la .obra femenina irá perdiendo su peculiaridad más preciosa.

?e

*
*'*
El hermoso pensamiento de Claretie, resulta, pues, falso en una de sus partes, ya se le
analice fuera ó dentro de los ideales del feminiRrno oficial.
Más precirn y verdadero quedará en esta
forma:
«El hombre y la mujer, en el amor como en

el arte se complementan; pero mientras en
la ohr~ de un hombre está siempre la mujer.
en la obra de una mujer está siempre la Especie.&gt;,
Se de~prendería entonres de esta fórmula el
hecho de que la mujer es moralmente superior al hombre. Pero ...... ¿r¡uién ha intentado
negar eso en buen terreno?
Sí, la mujer es siempre moralmente superior al hombre; la «super-heuibra," nunca; ésta, es lo que el italiano Ferrari llamó donosamente «el tercer sexo. i&gt;

Jlsaltos dt Esgrima.

@

omingo a nterior, por la mañana,
erificaron en la Escuela Nacional Preparatoria los asaltos de florete, sable y box organi zados por los señores ProfesoTes Rafael Dav icl, Manuel B. Carrillo y Rómu-

aplaudido!', entre los que formaban la primera parte del programa.
.
En cuanto á la segunda parte, fué cubierta
con algunos otro~ asaltoR, en que se distinguieron m ucho los señores Rómulo Timperi, Angel Escudero, Rafael David (jr. ), Manuel Carri llo, Felipe Lazo y Mauricio Cazessús. ~ara
terminar, los señores Fernando Colín y Silver io Santa María sostuvieron un reñido asalto
de box.

JUAN SÁNCHEZ- AZCONA.

El Señor 6obernador de Slnaloa.

E

N lugar preferente publicamos el retrato
del Sr. G,)bernador de Sinaloa, General
D. Francisco Cañedo, á quien debe Mazatlán en las aflictivas circunstancias por que
atraviesa, much os y muy importantes servicios.
La solicitud con que el referido funcionario
a.:udió en auxilio del puerto al iniciari,;e la
epidemia, y sus gestio_nes en bien d_el Yeci ndario amenazado, son digna!'! &lt;le elop:10, pues en
su empeñ o de ayudar á las autoridades sanitarias al mejor éxito de sus trabajos y de impartirá los habitantes de la ciudad infestada,
toda la protección de que era capaz, ha permanecido allí, aun á riesgo del contagio, para
vigilar más de cerca el cumpl imiento de las
medidas encaminadas á la extinción del mal,
y para promover, en favor de la clase menesterosa cuanto ha estado de su parte. La Leaislat~ra de Sinaloa acordó llamarlo á Culia~án, alegando que su presencia en aquel punto se creía indispensable, en los momentos en
que el número de inmigrantes y la miseria de
la gente del pueblo podía originar graves
trastornos, y el Sr. Gral. Cañedo, comprendiendo que su estancia en Mazatlán era más
importante toda\'ía. se excusó de cumplir tal
disposición rogando á la Cámara la revocara
en vista de'que no podía apartarse del puerto
sin grave peligro del ordei1 y de la salubridad
pública. Esta actitud del Sr. Gobernador le
ha conquistado muchas simpatías.
Nosotros, al publicar el retrato del distin·guido gobernante, no hacemos más que honrar á quien honor merece.

MARIO
Esclavo de insaciables amuiciones
que lo lanzaron contra el orbe en guerra,
de su bogar y su patria se destierra
el :fiero vencedor de los teutones.
Superando asechanzas y aquilones,
toca su nave en la africana tierra,
y el gran proscrito pensath-o yerra
á solas por las líbicas regiones.

LA "MURALLA."

lo Ti::nperi, con el laudable propósito de allegar
fondos para las víctimas de la epidemia rein ante en Mazatlán.
La fiesta, que fué presidida por el señor
S ubsecretario de Instrucción Pública, se verificó en el patio de «paf'a1ites» con\'enientemente arreglado para ello. y resultó en extremo
interesante. E n el cehtro del patio se levantó
la plataforma en que debían dar1&lt;e los asalto¡:,
colocándose á un lado, bajo un dosel de peluche rojo, la mei:;a destinada á la prei:;i&lt;lencia.
E l acto dió principio con la «muralla,» saludo correctamente hecho por los alumnos de
sPgun&lt;lo año, y con un asalto de florete que
ejt'cutaron, cou 1:otahle df'f:treza, los jóvenes
César Pedrazi y Juan Ruiz E¡.;parza. Los alumnos del Colf'gio Mili tar José Alf'si r y Francisco Montafio ocuparon def'pués la plataforma
entablando un asalto á ~n blf' que llamó mucho
la atención de la con('u rrencia. A éste, siguieron otros m:altos en que demo:;:traron sus habilidades, en el manejo del florete, los señores
F rancisco 'i'ilontaño y Mauricio Cazessús, y en
el del sable, los jóvenes Eduardo Prieto y Souza y Gustavo Garmendia, alumnos del Colegio
Militar. Este fué uno de los números más

En f'l intermedio de la primera á la segunda parte del programa, las niñas David y
Landgrave hicieron una colecta de fondos entre los conc-urrentes á la fiesta, reuniendo más
de cien perns que entregaron al señor Subsecretario de Instrucción Púolic-a y que se destinan á las víctimas de la peste negra.

Mu~oz LLOSA.

Cuaodo pasa, la tierra resplandece
Esparce claridad su blanca gasa:
'
Todo se alumbra en torno; y me parece
Que pasara la luz cuando ella pasa.
Cuando entra, un fragante cinamomo
Parece que en la estancia floreciera:
T?do se alegra y se perfuma, como
81 acabase de entrar la primavera.

***

***
En el gran teatro del mundo el apuntador
es el amor propio.

Asalto de f lorete ent re los Sres. Rafael
David (jr.) y Manuel B. Carri llo.

••••••••••••••••••••••

Blanca estrella que irradiara
su imágen en fuente clara
tal en ellos tu alma vi·J '

PARA UN ÁLBUM

La simpatía es la llave de oro que abre todos los corazones.

En los primel'os días del mes pasado, se ~eri:ficó en Querétaro la dist.r ibución de prem10s
á los ven..:edores en el Concurso Artístico abierto últimamente en aquella ciudad. á iniciativa del Sr. José Germán Patiño, Director de la
Academia de Pintura.
La exhibición de las distintas obras de arte d uró del 21 de Diciembre al 1~ de Enero,
ca'l culándose en más de 5,000 el número de
visitantes que en ese período, relatframen~e
corto, recorrieron los salones de la Exposición.
Entre las obras que en traron al cor,curRo,
había convenientemente clasificados, trabajos al'óleo, acuarelas, esculturas y dibujos,
que fueron muy elogiados. En el ramo de
composición original (al óleo) obtuvo el primer premio el Sr. José F. Frías, que presentó
el cuadro titulado «La Vocación de San Juan
y Santiago;,&gt; en el de Paisaje, la señorita Aurora GueYara, y en el de «Acuarela» la se?0·
rita Ofelia Montes de O(:a. De estos prem10s,
el primero fué ofrecido por el Sr. Gobernador,
el segundo por el Sr. Obispo, y el tercero por
el Ayuntamiento de Querétaro.
En cuanto al ramo de escultura, se otorgaron recompensas á los Sres. Diego Almaraz
Guillén, por un cristo en marfil; y Manuel
Muñoz Fuentes, por una «Dolorosa» en blanco; y menciones honorífic-as á los Sres. Federico Mosqueda y Braulio Rodríguez.
Además de las personas mencionadas, obtuvieron menciones honoríficas y «accesits~
las señoritas Ana y Guadalupe Balvanera,
Sofía Alvarez, Aurora y Consuelo Guevara,
Herminia Héfferan, Dolores Martínez, Dolo-

Qué profeta, ni qué Fabios!
llorosas entonces vilas
que hablaban como sibi1as
lo que callaban tus labios .. .... .

ANTONIO GóMEZ RESTREPO.

Más seguro es conducirse bien en la vida,
cuando se comprenden racionalmente la~ consecuencias buenas y malas de las acc10ne~,
que cuando sólo se creen según autoridad
ajena. .

QUERETANO.

1\Ie recuerdas sin reFabios
que en horas bien intranquilas
lloraron, ¡sí! tus pupilas
nuestros íntimos agravios.

CESAR .J.

«¡Anda, le dice al mensajero aciago,
y di le á tu señor que á l\lario viste
sentado entre las ruinas de Cartago!»

EL CERTAMEN ARTÍSTICO

mitntras Clorabas

Mas, como un cisne travieso
quiso mi alma darle un beso '
y tus lágrimas bebí!

Rudo lictor, en que piedad no existe,
partir le ordena con hostil amago;
y el héroe, alzando la mirada triste,

Domingo lo. &lt;le Febrero de 1903.

Todo el a z ul tlel cielo está en sus ojos
En sus trenzas, el oro de Tbolumes
'
Y entre sus labios húmedos y rojos
Toda la miel y todos los perfumes.
ALEJANDRO

P ARRA:M.

Asalto entre los j óvenes César Pedrazi y Juan Ruiz Esparza.

••••••••••••••••••••••

res Ruíz y María Gutiérrez y alaunos
otros
0
artistas y aficionados.
'
La :fi~sta de distribución de premios se vi6
concurrida por lo m!ts granado de la sociedad
queretana.
En el presente número damos á conocer algunas ~e las ?bras presentadas al concureo;
prometiendo a nuestros lectores publicar en
las próximas ediciones de «El Mundo Ilu;trado» l~s foto~r~ffos de otros de los princi¡,ales
trabaJos artist1cos.

�Domingo lo. de FebTcro de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Yd.? Pues de la manera más extraña.
Un día estaba en mi despacho, abrumado de
trabajo, porque aunque trabajaba de la mañana á la noche, nunca conseguí estar descansa-; do, cuando empezaron á venirme ~nos pensamientos, así, así.. .... como oscuros ...... ?omo
los que vienen en el sueño..... . Que me 1ba_á
convertir en mono de cristal; que ese cambio
-Deténgase, Feñor, deténga;:e; ¿no ve que
me quiebra'? gritó á mi lado una voz angustiosa.
Me volví apr1&gt;suradamente y me encontré
con un hombrl', alto, fornido, de mirada inteligente, que i:;e deshacía 1&gt;11 ceremoniosas cortesí:as. Pensé que no era un loco como los demás que acababa de visitar, y le tendí la mano que él e1&lt;trechó afertum;a.mente. Yo, ú mi
ve~, estreché la su_,·a; pero al sentir la presión
de mi:i declos, mi hombre gritó con el espanto
pintado en el semblante\
- No tan fuerte, señor, no tan fuerte, ¿.no
ve V d.?; y al mismo tiempo me mostraba una
tablilla que ll1&gt;vaba suspendida al cuello, en
donde sólo se l1&gt;ía esta palabra: «Frngile."
-¿.Qué significa eso? pregunté en inglés al
guardián q11e me acompaiiaba.
-Nada, 1111&gt; contPf'tÓ, que e., te pobre loco
cree ser de vidrio, y ve en cualquiera que se
le acerca un peligro para su integridad.
Me simpatizó aquel hombre, y de.:eando
trabar ron,·er.:aciún con él, formulé algunas
excusai:;, y le interrogué sobre la manera como
se había operado aquella extraña transformación de cuerpo humano en cuerpo de cristal.
-Eso, re:-ponclió mi entre,·ii:;taclo, es la cosa más sencilla ch·l mundo, y si Vd. tiene la
paciencia necei&lt;aria para oírme, se la contaré
punto por punto.
Acepté con gusto, y él continuó:
--Vd. quizíi no i-;epa que yo soy un abogado con bufete eFtal,lecido en la Villa de Ramos ...... Pues l,ien, allí vi\'Í con mi familia,
tranquilo y feliz, hm,ta
que comenzó á entrarme
esta enfermedad. ¿Cómo ■
fué eso, me pregunta ■

Domingo lo. de Febrero de 190J.

que aquella gota estaba incrnstaC:a en mi c:irne.
Creí volverme loco; corrí al lado de mi espoi,a y mis hijos, manifestándoles mi desgracia,
y no me ditron crédito; insistí, les mostré el
dedo en que temblaba aquella gota blanca, y
me dijeron que nada veían. Me creyeron atacarlo de enagenación mental, y á pesar de mis
protestas de que estaba cuerdo, perfectamente cuerdo, me obligaron
á encenarme en mi cuarto ....... .

•••
Allí noté la segunda
gota ele vidrio; era gruesa, como hueso de avellana, y estaba implanta da en la precisa base del
ta16n. Ya .:abfa yo que
allí la hallaría: la voz
que hablaba clentro de
mí me lo había dicho.
Llamé á mi familia para mostrarle esta nueva
prueba de que no e~;aba
engañado, y suced10 lo
que la vez prin:era: nadie vió aquel cnstal que
yo tenía delante de mis
ojos. Todas las personas
que me rodeaban me mi-

•••••••••••••••••••••-••••
•
••
•
••
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•••
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•
■
■

se iba á operar esa misma tarde; que en aquellos momentos empezaba la traneformaci6n ... Me vino clara la
idea de que allí, á la extremi&lt;lad del dedo mefiique de
la mano izquierda, el fenómeno hab{a aparecido ya, y
apena,; tuve valor para mirará donde mi conciencia me
indicaba.....¿y qué cree Vd., SEñor, que encontré? ¡Pues
una gota cristalina! La sacudí con espanto; y la gota no
cayó; quise arrancarla, y me apercibí r.on terror inmenso

■

■

••
···························~····················~········
•
••

•••••••••••••••••••••••

ALREDE DORES DE TLALPAM .-Chimalcoyoc.

Ch im alcoyoc.

·············•··••······································..............

raban de cierto modo, como se mira á un desequilibrado.
Pasaron algunos días sin novedad; pero la
noche del último tuve un sueño espantoso....
Sofié que aquellas gotas de cristal se extendían por todo mi cuerpo, creciendo, creciendo ...... ; que invadíafí. mis carnes, que transformaban mi naturaleza, que me convertían,
al fin en un mono de cristal. ... . .. Era de seguro Ía voz de mi conciencia la que hablaba
así esa voz que de todo me advertía y todo
adi'vinaba ... . .. Y adivinó en esto, como en lo
demás, porque al día siguiente el sueño. había empezado á realizarse: las gotas de cnstal
crecieron crecieron ...... ... ; y primero las manos y los' pies, y luego los brazos. Y. las pi~rnas, y después todo el cuerpo, se hicieron cristalinos; si Ee puede leer con ellos, como con
unos lentes .. . ..... .
Ahora ya siento el frío del vidrio aquí, cerca del ~oraz6ri .. ...... Y nadie quiere creerme,
señor nadie; todos me dicen que son preocnpacio~es. Al médico de V_i,lla de ~m~s f.ué al
primero que se Je ocurr10 ese drngnost1co y
después lo han seguido todos los d~más...... :
¡Los médicus! ¡qués ,ben los médicos de m1
enfermedad! Han llegado á decir que estoy loco y roe han traído á esta casa y entre personas extrañas para que cure.
-¿Y sufre Vd. mucho? pregunté compadecido de aquel hombre.
-¡Ah, lo indecible! me contestó. ¡~o puede Vd. imaginárselo! Eso de tener siempre
que andar cuidando esta caja de cristal.. ..... .
Que aquí un mal paso; que allá un golpecito
cualquiera; que acullá un descuido &lt;le algún
transeunte ...... Por esto último me he puesto
esta tablilla ... .... Y á pesar de tantas precauciones no siempresalgo bien librado: ¿ve Vd.
esta oreja sin su lóbulo? Pues fué un moscardón, señor, un simple mo!'&lt;cardón: pasó volando ta.n de recio y tan cerca de mí, que no
pude evitarlo: el animal chocó contra mi oreja y se llevó el lóbulo; como todo es puro cristal.. ...... .
No pude menos de sonreirme ele las ideas
de aquel hombre, y por decirle algo, le pregunté:
-¿Y no se alivia Vd.? ¿no tiene Vd. es:
paranzas de curar?
-¿Aliviarme? ¿Con qué? Los médicos me

recetan bromuros, ejercicios, baños....... .
¡tonterías! ¡algo han de hacer! ¿Curarme?
Ya no creo en mi curación. Poco á poco
me voy haciendo enteramente de vidrio
y eso no tiene remedio. Mis manos, mis
brazos, mis hombros, toda la cabeza, los
pies, las piernas, los muslos... ¿qué queda? Apenas el tronco, el pedacito donde
está el corazón; ese rinconcito querido es
lo único que está todavía sano; pero la ola
de cristal avanza y pronto no quedará nada; hasta esa islita de carne que todavía
hay en mi pecho desaparecerá, y entonces. ... entonces seré cadáver.
Sonó en aquellos momentos la campanilla llamando á los enajenados al refectorio, y el buen hombre se despidi6, diciéndome con triste sonrisa:
-Nos llaman; hasta que llegue la hora, es necesario alimentarse. Con permiso de Vd . ...
Y evitando los obstáculos y rodeando
los tropiezos, el pobre loco, serio, rígido , pesado , fuése
arrastrando penoi:amente su supuesto
cuerpo de cristal. FRANCISCO VEROU·
GO FALQUEZ.

Todo hombre &lt;l,·biera asir la idea de
que no es más que
un eslabón en la cadena de la creación,
y que á pesar de su
amor por la patria
tiene el rn u n d o
abierto ante sí para
la práctica de sus
hechos de abnegación y caridad.

*
Los autores muet~n pero sus obras
iñguen viviendo,

Jn~íaofán~~
0LLtJtR1'~

�Domingo lo. de Febrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo lo. de Febrero de 1903.

..

El cumpleaños de Guillermo II.
BRILLANTES FIESTAS.

A Colonia alemána residente en México, celebró el martes
último el cumpleaños del Emperador Guillermo II, con
diYersos juegos de sport que se efectuaron en el Hipódromo
de Peralvillo, por la mañana, y con un suntuoso baile dado la
noche de ese mismo día en los salones del Círculo alemán.
«El Imparcial» publicó la crónica pormenorizada, tanto del

[

Evoluciones en bicicleta.

Desfile de los miembros del Orfe6n Alemán, frente á las t ribunas.

baile como de los juegos, y, por lo mismo, sólo nos limitamos á consignar en nuestras columnas las notas más salientes de las fiestas.
Lo que más llamó la atención de la escogida concurrencia que llenaba las tribunas de Peralvillo, fué, á no dudarlo, la serie de ejercicios gimnásticos hechos por los miembros del orfeón alemán, y los
partidos de pelota, á mano limpia y con cuerda, en los cuales toma
ron parte caballeros pertenecientes al Cl~b de gimnasia, divicl_ido en
dos grupos: «blancos» y «negros.,, El pnmer torneo tardó cuarenta

.minutos y el segundo veinte, resul~ndo vencedores en uno. y otro_
«blancos.» Estos juegos, que por pnmera vez se ven en México, exm
· ron vivamente la curiosidad del público, que aplaudió entusias
aquel derroche de agiliqad.
Los juegos cíclicos cqnsistieron en vistosos ejercicios á paso len
y en una carrera á 1,600 metros, que resultó muy interesante. La
automóviles fué á tres millas inglesas, y la de caballos á 500 y 1,
metros. De las dos últimas, la primera fué ganada por los cab
«Toxca,» &lt;&lt;Ponciano" y «Perker» y fa · segunda por el «Rayo,» el «E
grant,» el «Sol» y «Old Bov.»
.
La señora baronesa de Flrecker, esposa del sefíor Secretario de
Legación de Alemania, distribuyó las recompensas otorgadas á los v
cedores, de la manera siguiente: Al señor Schmidt medalla de o
como director de las evoluciones en bicicleta.-Al Club A
tico, una ei.tatua de bisquit, por Jcis juegos de pelota.los que ganaron la carrera en bicicleta, un busto en bro
de Guillermo II, y una purera.-Al vencedor en la de au
móviles, una garrafa de plata y un bastón. -Finalmente,
corredores á caballo fueron premiados con· un estuche
viaje, úµa licorera, una ponchera y unos gemelos de oro.
A la una y media de la tarde terminó fa simpática fiesta,
jando' entre los concurrentes los más gratos recuerdos.

adornado con flores, banderas y ricas colgaduras. En uno de los muros, se destacaba el
busto del Emperador, y en el opuesto, un
buen retrato del señor General Díaz.
El señor Presidente de la República se presentó en el Casino á las diez de la noche, hora
en que comenzó el baile, y en que los salones
estaban ya ocupados por uno. concurrencia tan
numerosa como distinguida. Damas y caballeros de todas las colonias extrnnjeras y de la
mejor sociedad mexicana, se dieron cita ert el
aristocrático Casino.
·
Durante el baile, que se prolongó hasta el
amanecer, la animación y la cordialidad no
decayeron un solo momento. A la media noche se sirvi6 á los convidados una cena, pronunciando el señor bar6n Von Heyking un
entusiasta brindis, lleno de cariñosas frases
para el señor General Díaz. El Primer Magistrado correspondió á ellas con la galantería y la

Guillermo II, por la Colonia alemana y por
las damas alli reunidas.
Los organizadores de los festejos á que nos

Ejercicios gim.,5-•icos.

ELLA
;,Pero existe? Quizás. En ocasiones
me parece que sí, y en mi deseo
toma formas humanas, y la veo
con todas sus hermosas tentaciones.
¡Ensueño, así'en mi espíritu te impones!
Y al llevarme á la orilla del Lelieo,
callas de mi razón el clamoreo
y miro palpitar mis ilusiones!
¡Ficción·ó realid¡¡.d, qué importa! ¡Es ella!
La que á mi cuerpo miserable envfa,
algún vigor para el combate diario;
La carrera de automóviles,

sinceridad que son tn él características1 y terminó su alocución proponiendo un brin dis por

referimos, deben estar satisfechos del brillante
resultado obtenido.

***

.

1

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la que me inunda en luz como una estrella
me hará bendecir en mi agonía
'
al Cristo del perdón y del calvario!

y

El Casino ·alemán, donde debía
brarse el baile, estaba primorosa.me
,

-La limosna fio hace más que tapar la
boca á la miseria; el trabajo y la economía la
extirpan de todo el pueblo.

•
Los automóviles.

IFRANCISCO CHACÓN.

�Primtr

Etrtamen Jlrtistico
tutrttano.

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"e~s'(~!"..
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�Do:tnyigo lo. de Febrero de 1903.

Domingo lo. de Febrero de 1903.

'.Et MUNDO n,USTR¡\DO

EL MUNDO ILUSTRADO

violetas eran para ,cNini,» su vecina, una
muchacha fresca y rosada que tenía los ojos
muy azules.
Los versos eran para nosotros. Xosotros los
leíamos y 'aplaudíamos. Todos teníamos una
alabanza para Garcín. Era un ingenio que debía brillar. m tiempo vendría. Oh, el pájaro
azul volaría muy alto· Bravo ¡bien! Eh, mozo, más ajenjo!

MAZATLAN MODERNO.
En el presente número damos á conocer
un grabado que representa lo que era i\Iazatlún hace medio siglo: un grupo de jac..'lles, y
otros en que puede apreciarse su rápido progreso y su desarrollo. Actualmente hay en el
puerto multitud de edificios particulares que
lo hermosean, buenos templo~, y dos plazas
de toros; un merc..'ldo-el "Romero Rubio,&gt;que satisface ampliamente las necesidades de
la pob!aciúri, y una plaza i:ecientemente inaugurada que ocupa el sitio más céntrico.
Entre sus paseos principales, se cuentan el
ele las «Olas Altas» y el del jardín «~fachado»
que son los preferidos. Las fiestas del Carna~
val, que se celebran alli hace muchos años
y que ahora, por la epidemia, se han suspendido, son muy notables: á ellas concurren familias &lt;le Culiacán, ·lel
Rosario, Tepic y otras
poblaciones del occidente del país.

*"'*

Principios de Garcín:
De las flores, las lindas campánulas.
Entre las piedras preciosas, el 7x'tfiro. De
las inmensidades, el cielo y el amor, es decir,
la:-; pupilas de Nini .
Y repetía el poet'l: creo que siempre e:; preferible la neurosis á la imbecilidad.
A veces Garcín estaba más triste que de
costumbre.
Andaba por los boulevares, veía pasar indiferente los h::josos carruajes, los elegantes, las hermosas mujeres. Frente al escaparate de un joyero sonrPia: pero cuando pasaba cerca de un almacén ele libros, se llegaba. á las vidriera!'&lt;, husmeaba, y al ver las
lujosas ediciones, se declaraba decididamente envidioso, arrugaba la frente, para des,, ,
ahogarse vol vía el rostro hacia el cielo y suspiraba. Corría al café en busca de nosotros,
conmovido, exaltado, casi llorando, pedía. un
vaso de ajenjo y nos decía:-Sí, dentro de la
jaula de mi cerebro está preso un pájaro azul,
quiere su libertad ....... ..

Desde entonces Garcín cambi6 de carácter. Se volvi6 charlador, sedi6 un baño de alegría compr6 levita nueva, y comenz6 un poema en tercetos titulado,
pues es claro: «El Pájaro Azul.»
.
Cada noche se leía en nuestra tertulia
algo nuevo en la obra. Aquello era excelente, disparatado, sublime.
Allí habia un cielo muy hermoso, una
campiña muy fresca, países brotados como por la magia del pincel de Corot, rostros de niños asomados entre las flores;
los ojos de Nini, húmed?s y grandes; y
por añadidura, el buen Dios que envía vol d .. l d sobre todo aquello, un pájaro azul que sin saber
an o, vo an o,
.
d l
b d 1
ta en donde quec6mo ni cuándo, amela! dentro e cere ro e poe ,
,
da aprisionado. Cuando el pájaro canta, se hacen versos alegres }
rosados. Cuando el pájaro quiere volar y ~bre l~s alas y se da
contra las paredes del cráneo, se alzan los OJOS al cielo, s~ arruga la
frente y se bebe ajenjo con poca agua, fumando ademas por remate un cigarro de papel.
He aquí el poema.
.
,
Una noche lleg6 Garcín riendo mucho y sin embargo muy triste.

***

La bella vecina habíapsido conducida al cementerio.
,. .
- t:na noticia! una noticia! Canto ultimo de m1 poema .. ~1111
}1a muerto. Viene la primavera y Nini se va. Ahorro de_ v10ktas
para la campiña. Ahora falta el epílogo del poema. Los editores n_o
se digr.an siquiera leer mis versos. Yosotros muy pi:onto tend_rf1t1
que dispersaros. Ley del tiempo . .El epílo~o, debe titularse ns1:
,De cómo el pájaro azul alzn. el vuelo al e1elo azul.»

***
Plena primavera! Los árbol~s florecidos, las nubes ros:idas en el
alba y pálidas por la tarde: el aire sua,·e que mueve las hoJaS y hace

..

••

***

EIPáia=

ro Jtzut

París es un teatro
divertido y terrible.
Entre los concurrentes al c..'lfé Plombier,
buenos y decididos
muchachos pintores,
1:;scultores, escritores,
poetas-sí, todos ·buscando el viejo laurel
verde ;ninguno más
queridó que aque) pobre Garcín, triste casi
siempre, buen bebedor
de ajenjo, soñador que
nunca se emborrachaba, y, como bohemio
intachable, bravo, improvi~ador.
En el cuartucho destartalado de nuestras
alegresreuniones,guardaba el yeso de las paredes, (entre los] esboEn la Isl a de B elvedere
zos y rasgos de futuros Clays, versos, ~stro!as ent~ras escritas en la letra echada y gruesa de nuestro amado «Pájaro Azul.,, «El Pújaro Azul»
era. el pobre Gar?m. No sa~é1s por qué se llamaba así? Nosotros le bautizamos con ese nombre.
Ello no fué un simple capncho. Aquel excelente much?cho tenía ~l vino triste. _Cuando le preguntábamos por qué
cuan?-o todos reia_mos como msensatos 6 chicuelos, H arrugaba el ceño v miraba fiJamente el Cielo ~aso, nos respondía con cierta amargura:
-_Ca~aradas: habé1e de saber que tengo un pájaro azul en el cerebro, por
consiguiente.. ..

Hubo· algunos que llegaron á creer en un
descalabro de raz6n.
Un alienista á quien se le di6 noticia de lo
que pasaba, calificó el caso como una mono.nanía especial. Sus estudios patol6gicos no
dejaban lugar á duda. Decididamente, el desgraciado Garcín estaba loco.
Un día recibi6 de su padre, un viejo provinciano de Normandía, comerciante en trapos,
una carta que decía lo siguiente, poco más 6
menos:
«Sé tus locuras en París.-Miehtras permanezcas de ese modo, no tendrás de mí un solo SOU. Ven á llevar los libros de mi almacén,
y cuando hayas quemado, gandul, tus rnanuscristos de tonterías, tendrás mi dinero.»
Esta carta se ley6 en el café Plombier.
- Y te irás?
-No te irás?
-Aceptas?
-Desdeñas?
Bravo Garcín! Rompi6 la carta y soltando
el trapo á la vena, improvisó unas cuantas estrofas, que acababan si mal no recuerdo:
sí, seré siempre un gandul,
lo cual aplaudo y celebro,
mientras sea mi cerebro
jaula del pájaro azul!

El muel le y la Aduana.

--

T-

----

-------

f

· !;ai&amp;Nil-l;;-,w

1"

"""'"'--'

:nillll
MAZATLAN.-EI M ercado

***

Sucedia ta~bién que gustaba ele ir á las campifias nuevas, al entrar la primavera. El aue del bosque hacía bien á sus pulmones, según nos decía el
poeta.
sus ex&lt;:ursiones ª?lía traer ram~s de violetas y gruesos cuadernillos de maclngales, escritos al rmdo de las hoJas y bajo el ancho cielo sin nubes. Las

pe

Una corrida de toros en Maziltll n,

..

" Romero Rubio."

�Domi,ngo lo. de F ebrero ele 190:.l.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo lo. de Febrero de 1903.
aletear las cintas de los sombreros de paja,
con especial ruido! Garcín no ha ido al cam·
po.
Hele aquí, viene con traje nuevo, á nuestro
afamado caié Plombier, pálido, con una risita triste.
-Amigos míos, un abrazo! Abrazadme todos, así, fuerte: decidme adiós, con todo el
corazón, con toda el alma...... El pájaro azul
vuela........ .
Y el pobre Garcín lloró, nos estrechó, nos
apretó las manos con todas sus fuerzas y se
fué.
Todos dijimos: GarcÍn, el hijo pródigo, busca á su padre, el viejo normando.-Musaa,
adiós; adiós, ~racias. Nuestro poeta se decide
á medir trapos! ¡Eh! Una copa por Garcínl

Oficial« mtxtcanos tn ti Eltrdto JlltmAn
Con autorización de la Secretaría de Guerra
y Marina, salieron rumbo á Europa los Sres.
Capitán Gustavo A. Salas y Teniente Nicolás
Martínez, oficiales del Ejército que, por una
s~ñalada distinción del Emperador de Alemama para el Gobierno mexicano, van á incor-

Entre el silencio, y la. quietud, y el frío
De la. vieja. ciuda.d, como un fantasma.,
Bajo el ojo doliente de la. luna,
Algunas madrugadas
El músico bohemio, el que tocando
En sucio bodegón la vida gana,
Cruza. las calles cabi,zbajo, solo,
Llevando entre la.s manos su guitarra.

..

Del viejo y melancólico instrumento
Maquinalmente arranca.,
A veces notas ágiles y limpias,
A veces notas lúgubres y largas:
Salpican el silencio aquellas notas
Que por entre sus dedos se desgranan:
Unas ascienden por el éter húmedo ,
Otras ruedan al suelo como lágrimas,
Y otras van á esconderse temblorosas
Como en una caverna entre la caja.

..

***

Pálidos, asustados, entristecidos, al día siguiente todos los parroquianos del café Plombier, que metíamos tanta bulla en aquel cuartucho destartalado, nos hallamos en la habitación de Garcín. El estaba en su lecho, sobre
laR sábanas ensangrentadas, con el cráneo todo roto de un balazo. Sobre la almohada había fracmentado ele masa cerebral. Qué horrible!
Cuando repuestos de la primera impresión,
pudimos llorar ante el cadáver de nuestro amigo, encontramos que tenía consigo el famoso
poema. En la última página, había escritas
estas palabras: Hoy, en plena primavera, dejo abierta la puerta de la jaula al pobre pájaro azul.
Ay Garcín, cuántos llevan en el cerebro tu
misma enfermedad!
RUBEN

GUITARRISTA

La. guitarra. es su amante. Aquel bohemio
Por ella diera el alma,
Por ella vive, y morirá con ella.
Entre las yertas manos agarrada..
En esas ho1·as quietas
Que preceden al alba.,
Cua.ndo con dulce mano ca.riñosa
Acaricia sus formas tomeadas
Y contra el pecho aprieta.el alto y duro
Pecho de la guitarra,
Como presa de extraño calofrío
&lt;~lla,&gt; febr~l, convulsa, apasionada,
Tiembla. ba.¡o la. mano del a.rtista
Vibran sus carnes y sus nervios ~a.ltan
Los bordones azotan el silencio,
'
El cobre grita. y el acero canta.

*

Por los trastes, que fingen
Una tendida escala,
Los arpegios sonoros y las notas
Circulan, suben, bajan ....
Se agitan, se columpian,
.
. Corren, giran, se paran,
Y como mqmeta. tropa. de funámbulos
Alegres ríen y en las cuerdas bailan.

DARIO.
CapitAn Gustavo A, Sala,.

porarse á ~no d,e los regimientos del Imperio.
Los _oficiales a ~ue hacemos referencia son
demas.1ado. conoCidos en Jos círculos militares
como mtehgentes y est~diosos, y es seguro que
durante su permanencia en Alemanja realiza-

*

Y las clavijas-postes telegráficosP?r la corriente eléctrica. agita.das,

S~enten que por los trémulos alambres
Circ~lll-n amorosos telegramas
Escritos en la. clave misteriosa.
En que los dos enamorados hablan.

*

.
Testigos de la escena:
La luna triste, las estrellas blancas
Los perros que en las calles merode'an
Y los serenos que la villa guardan.

ROSAS
El alma de las niñas que se mueren
de amar sin esperanza
es el aroma delicado y puro '
que esconde el cáliz de las rosas blancas.

*

Fots. Valleto.

De la mujer ardiente, apasionada
. que mata el desengaño, . '
habita el alma rosas encendidas
su embriagadora esencia derram'ando.

Y cuando yo me muera, sé de cierto
que la pobre alma mía
á perfumar irá de entre las flores
la más roja de toda la campiña.
JULIA.

Tte. Nicolás Marttnez,

rán grandes y positivos progresos en el ramo
á que se dedican.
En cuanto á la deferencia con que el Kaiser honra, una vez más, á México, habla muy
alto en pro de las buenas relaciones que existen entre los dos países.

Por fin, cuando la aurora se presenta.,
Y los astros se apagan,
Y se despierta la ciudad, y asoman
Las gentes por las calles solitarias
Con el cl!-nsancio aquel que sigue siempre
Al éxtasis de amor, ya fatigadas
Las manos y la mente, suelta el músico
A su fiel compañera., que se agarra
De su cuello y solloza., y se estremece
Con un furor de loca enamorada ....

•€

PROPINA.

N la pared de mi alcoba duerme un reloj vit&gt;jo comprado por diez céntimos, un
día de nit&gt;ve á una pobre hembra demaerada que cruzó por
mi calle llevando en
los brazos el fruto de
un amor dei;leal.
Hace mucho su negro minutero señala
· eternamente una hoia,
una hora misma, y es
á mi antojo como una
mano desconocida que
mostrase allá lejos algo cabalístico y cruel.
El minutero señala
eternamente las nueve, y esa hora maligna parece haber sido
en mi existencia la
destinada á mirar sueederse la cadena de
mis infortunios.
Eran las nueve de
la mañana cuando dejé mis lares patrios ,
por ir tras los besos
eruelesquernatan mi·y
&lt;lulcemente.
Eran las nueve de
la noche cuando Beatriz me abandon6, en
tanto que yo, con unos
buenos camaradas que
hacían versos tristes
:y cantaban cantinelas
.alegres, hablaba ele la
fidelidad de las mujeres en una d e las puertas del «boulevard.,,
Eran las nueve de
la mañana cuando un
viejo enemigo me trató de burguéR.
Y eran las nueve de
la noche cuando cerré
los ojos moribundos á
h casera que los días
&lt;le fiesta me daba pe--chent limpia y cuellos

mente en su mano huesosa una moneda de
diez céntimos, sea ó no día de nieve.
Anoche, no os extrafie, hermosa niña, vendí mi gabán único, que tanto he amatlo, por
tener diez céntimos que depositar cuidadosamente en la mano huesosa de una pobre hem-

Lo que el hombre sabe es nada en comparaci6n de lo que ignora.

..**

La educación es el aprendizaje de la virtud;
la instrncción es el aprendizaje de la ciencia.

***
La liberalidad no consiste en dar
mucho, sino d~1r en ocasión oportuna.

MERCADOS DE

LA CAPITAL-La Merced.

nU!l\'OS.

Ahora, no os extrafie, hermo~a nifia, que
-eada vez que cruza por mi calle una pobre
hembra demacrada llevando en lo;; brazos el
iruto de un amor desleal, deposite cuidarlosa-

brn demacrada cine cruzó por mi c.alle llevando en los brnzo1 el fruto ne un amor desleal.
l'HARf,ES BAUDELAIRE.

*

Así concluye el misterioso idilio
Y aquella fugitiva. serenata.
'
Es el epitalamio de las bodas
Del músico bohemio y su guitarra!
CLIMACO

Soro

BORDA.

Ml BARQUILLA.
I

II

'~iene en la mano un arpa laureada
:Y cingulo de estrellas en la frente·
v~gll; en el éter, y su huella ardie~te
fiJa rnmortales formas en la nada.

~lll;.ª en el mar st~ fijo derrotero.
.Bo,,.t al ocaso el hn"uido

Tie1;de el «velo de .Maya)) y hechizada
la realidad trnnsfigm:ar se siente;
Hebe del alm·1, un vrno fervescente
le escancia que sus penas anonada.

Rienlto ~cncarse, ten13bro!'-a y fría
1•01
a. noc 1e sm ma 1-1
•
,
,
' ana Y sm lucero.
1 1, tu, la maga de mi·
.
b · á •
amor primero
ªJª ' m1 barca para ser sn auí
,
o ,al.

¡A?! Yuelve á mí tus ojos, Poesía,
Y. el Jugo suave de la flor del loto
vierte en el cáliz que me di~te un día,

R ,

'.4hora de acíbar rebosante y roto.
¡Sirena, ven! Y la barquilla mía
lleva cantando á su ancladero ignoto.

¡Barquera, ven! Tus notas pl -·c1
me lleven por escalas m 1 d' ani eras
l
·
'· e o 10sas
a concierto de amcr de, lases feras.

~erenamente la barqui lla mía

, ,
l
' ,.,
remero
) ) a 1e a umbra Véspero la YÍa.

Adiós, cielos sin sol
.
val cabo ad.; · •
'campos sm rosas,
F'
ios rn 6 eles compañeras
&amp;zon y e, lumbreras engañosas! ,

l!l03.
RICARDO DEL MoN'rE.

LA TEMPORADA EN ORRIN.-Miss Dounie

notable ecuestre.
Mazatlin en Semana Santa.

MAZATLAN.--Pll!A do la RepCibllca.

'

�Domingo lo. de Febrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo lo. de Febrero de 1903.

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.--ILUSTRACIONES DE SIMONT.
TRADUCCION DI: "U .iUNDO ILU!;TR.4D0."
(CONTINÚA. )

A medio día, antes de reanudar el trabajo, si hacía mal tiempo,
ayudaba á las discípulas en la clase misma, y sentía placer en dejar•
me rodear de su dulce simpatía, en permitir cierta familia ridad sana
y agradable entre su inteligencia y la mía.. ...... .
O bien, si hacía buen tiempo, salía invitada por el sol espléndido de eF&lt;as regioneF&lt;. Era para mí una fiesta!
Montones de nieve, en las colinas y en los campos, sin un pliegue, sin una arruga, me llenaban de encanto. Arrebujada en mi chaquetilla negra, con las manos hundidas en el manguito, los ojos llorando de frío, andaba con garbo, pisando fuerte para entrar en calor,
caminaba como euvuelta en la ligereza de la atm6sfera.
·
Mis ojos no se saciaban de tanta blanqueza y tanta calma. Sonreía al espacio, á las bandadas de cuervos que pasaban muy alto, en
un cielo tan limpio como la. nieve del campo ...... Sonreía á los pocos
campesinos que encontraba y que me interpelaban ir6nicamente á
prop6sito de la rubicundez de mi nariz.
-Ah! Ah! Señorita! Se diría que está V. probando nuestro
clima!
-Sí, amigos míos; estoy probándolo! Y me gusta mucho este
clima; muchísimo!
Con el aliento apresmado á causa de !a rapidez de mis pasos,
contestaba con esas solas palabras, sonriendo y saludando con una
inclinaci6n de cabeza. Y seguía adelante, con las mejillas encendidas, la sangre hirviente, el rostro deliciosamente azotado por el
cierzo.

XIII
Algunas veces encontraba yo á la vieja Victorina. Trataba de saludarla con afecto, pero ella me respondía, encogiéndose de hombros,
alguna frase profunda que me dejaba pensativa.
-Siga, siga V. su camino, señorita! Yo le responderé más tarde,
cuando haya visto lo que V. vale!
Un día, quise hacerla hablar más. La detuve.
-Le ruego, Yictorina, que me explique el significado de sus palabras.
Ella insisti6 en su frase, sigui6 su marcha y me dej6 plantada,
en el camino, llena de prei,entimientos vagos . .. .. .
Jamás veía ni encontraba yo á otra persona. Habría podido dedir los nombres de todos los que me saludaban al pasar. El Sr. Raibert también se me presentaba; pero raras veces: algunos domingos
cuando él a1&lt;istía á misa-lo cual, por otra parte, era muy raro-ó
bien en nuestro camino, sembrado de arbustos, que sólo á nosotros
pertenecía, puesto que iba de un lado á la casa del alcalde, y por el
otra á. la escuela. El se descubría rápidamente; yo le saludaba con
deferencia, puesto que era el alcalde: eso era todo.
La idea más remota de que yo pudiese interesarle en lo más mínimo, me habría dejado estupefacta. Jamás, desde el día siguiente
de mi llegada, me había dirigido la palabra.
En cuanto á la señora de Raibert, pregunté al señor cura si debería hacerla una visita; pero él me indicó desde luego que ella no
gustaba de trabar relación con nadie, que no sabría apreciar mi cortesía; en fin, que valía más desistir dP. la visita. Yo consentí fácil1,1ente en ello.
Sucedía también que al salir de mi1,a, alguna mamá se me acercaba para pedirme noticias de su bija. Más tímida que ésta, la mujer
h ablaba poco, y ruborizándose me decía que de buena gana me in vitaría á ir el jueves á su quinta; pero que 1&lt;SU hombre" era tan rudo,
que ella no se atrevía á invitarme. Muchas se encontraban en este
caso; otras vivían demasiado lejos.
-El pr6ximo verano había que venir á nuestra casa, señorita.
Nos daría mucho gusto verla allí.
Yo daba las gracias á unas y otras sin desdén, pero sin el menor
deseo de trabar amistad con nadie.

XIV
Sin embargo, se había formado una verdadera amistad entre el
señor y la señora Albert, los profesores de Pinet, y yo. Estaban casados: él atendía la escuela de varones del lugar, y ella la de niñas;
ese matrimonio joven no permanecía encerrado en su aldea, á pesar
del invierno, sino que hacía frecuentes expediciones en un trineo alquilado, que guiaba el esposo, haciendo sonar ruidosamente el látigo.
Un jueves los sorprendi6 una tempestad y se detuvieron en mi
casa, pidiéndome un vaso de vino caliente, por humanidad y por
compañerismo. Inteligentes, alegres, llenos de vida y de gracia, me

agradaron los dos jóvenes. Ella era de Gardamira, cerca de Marsella;:
él de los Bajos Alpes.
La primera vez su visita fué corta; pero algunos jueves más tarde volvieron á visitarme; trayéndome ella un pastel que había confe~cionado. Ella se hizo de confianza mientras el esposo i ba á recorrer el jardín y la bodega; ella me refiri6 su noviazgo, el empleo deambos en Pinet, donde vivían de amor y de trabajo, y me pintó la.
casita nueva de la escuela, que amaban tanto como si fuese de ellos.
Regres6 el joven trayendo un haz de ramas secas.
-He encontrado esto por alli, señorita. ¿Lo quiere usted para
su fogón?
-Lo que es la costumbre-exclam6 la joven riendo.-Como es.
él quien se ocupa de esto en nuestra casa, cree que aquí también será
lo mismo.
Me eché á reír con ellos, y recibí las ramas secas, diciendo, extrañamente imprE&gt;sionada:
-¡Deje usted! Es un verdadero servicio...... ¡Cuántas veces mefalta un poco de leña!
El quedó contento, y me preguntó si en algo más podía sermeútil. Y cuando su esposa me decía:
-¿Entonces no la veremos á ui;ted por allá hasta el p róximo verano, María Teresa?
El, sin saber el mal que podía hacerme, le dijo:
-¡Eh, hija! La señorita no tiene á nadie que la ponga como á
ti en el trineo y la lleve por dondequiera. ¿O quieres que vaya á piede Chavoux á Pinet?
-Es verdad. ¡Usted está sola, querida señorita!
La joven se puso en pie, me estrechó las manos al despedirme yme acarició con una mirada compasiva. Sentí vago rencor hacia aquel
que me había hecho recordar mi soledad absoluta.
El joven insta16 á su m ujercita en el trineo, la cubrió con un
abrigo, me dijo adiós é hizo chasquear su fuete. Parti6 el trineo, dejando tras sí una nube de polvillo de nieve.

s.- ·

***
Regresé á mi saloncito, que me pareci6 muy vacío; pero esto dur6 poco. Mi soledad no me pesaba aún; más bien me agradaba, 6 quizá ya no la sentía.
El cura, que me estrechaba la mano todos los domingos, y hundía sus ojos de confesor hasta el fondo de los míos, podía aún sondearme con su mirada terrihle.
Amaba yo mi apacible habitación, sin desear nada fuera de ella.
Mis amigos &lt;le Pin et no regresaron; s6lo me escribieron dos 6 tres veces, diciéndome que aguardaban mi visita al llegar la primavera. Era
todo. Estaba yo absolutamente sola!
Solo Phrasia me veía con frecuencia. La buena mujer parecí&amp;
tenerme gran cariño. Desde mi arribo, había ella tomado la costum·
bre de hacerme mis compras cuando bacía las suyas. Se detenía al
pie de la ventana de la clase y llamaba. Abría yo; le daba mi pequeña lista y el dinero.
Si las nifi.as, ocupadas en un trabajo ya señalado, me daban
tiempo, Phrllf;ia por fuera y yo por dentro teníamos una corta charla en voz baja.
'
Las golondrinas, en otros años habían anidado bajo el techo de
la escuela. ~hrasia me daba consejoA sobre lo que debía hacer para
que en la primavera próxima regresasen allí mismo las golondrinas.
Ella me hablaba todavía de la criada de .M. Broadel- el cura -su
rival en fe_licidad, á los ojos de la poblaci6n: la una, declarando que
esta ha meJ?r en casa del señor cura que en la del señor alcalde, y la
otra sostemendo lo contrario.
, . -~ sin embll;rgo, no hay comparaci6n! me decía Phrasia con
com1ca 1mportanc1a. -En casa de un cura se fastidia una mortalmen·
te.-Después ...... debe una recibirá gentes de poco más 6 menos á
q_uienes aloja el santo varón. Sé algo de eao, yo, que durante largo
tiempo estuve colocada en casa del Abate Chavard de San Román.
Ah! Aquello acabó por cargarme, se lo aseguro! N~ me hablaba dos
palabras semana!es. Siempre correteando por los caminos, cuando no
moilela!ldo ~gur1llas de barro. No digo yo que el trabajo sea feo: al
contrario! 81 hasta ha ganado medallas de oro en u11a exposición de
Gre1~oble; y yo, á fuer de ignorante, me quedaba pasmada de CJ?e
pudiese hacer tan bellas vírgenes y tan bellos Jesuses ....... Pero ¡d1a·
blo! prefiero la casa del señor Raibert. La señora tiene mal carácter,
no hay para qué ocultarlo, pero, con todo, es agradable. Y el señor
lo mismo. Y se carne bien. Y á veces reímos durante las veladas del
invierno, Mi6n, la otra criada y yo. La charlatana no hubiera acaba·
do nunca.

A veces me ocurría ~~terrumpirla, interesada por algú,1 detal le
que me llamaba la atenc1on.
-¿l\Iodela, pues, figuras en barro el Abate Chavard? Se podrán
ver?
-¿Por qué? Yo la llev~r~. si Ud. quiere. Le &lt;lará mucho gusto
al pobre AbaU;. ¡Parece fast1d1arse tanto el pobre, allá arnbnl
~lla quena contarme la soledad del Abate.. ..... Pero mis niñas
se ag1tabau en la clas!'.
.. -La dejo, mi buena Pbrasia, veo que ellas han acabado su ejer&lt;:1c10.
qE'rré la ventana. DH1icada á mis nifia¡a, se me olvidaron las golon~rrnas, los yesos del Abate Chavard, las historias de tantaR institutr!ces de,los alre?edores, que Phrasia comenzaba siempre. sin llegar pmás a concluirlas.
-Sus cuadernos de dictado, Feñoritasl
. L~s dulces cari_tas de líneas curvas, las buenas mejillas frescas,
se mclmaban estudiosamente sobre los cuadernos abiertos
Yo dictaba lentamente.
·
Las plumas rasgueaban. Daba el sol contra los vidrios. A veces
en ~l fo,ndo _de Jl!i jardín, precisamente en el momento en que hacia
él d1r1g1a mis miradas, los espesores de la nieve se fundían á los rayos del sol.
.
Yo amaba el prodigio que realizaba la luz, fundiendo los lechos
mm aculados.
;\fi C?razón, ~ fuerza .~e paz, n~e parecía fundirse también como
aquella meve, baJo la acc1on de un suave calor.

En tanto que las mnas rcpa~aban su trabajo mi cerebro se
oaupaba, de combitiar el orclt•n de las ocupacione::1 que venían después_:_((como hacer el almu~rzo; dar una puntada al crespón de mi
corp1i:io, que estaba descosido; las muestras que pondría en hermosa
l~tn~ mglesa, en los cuadernos de las niñas, para la lección del día
s1gu1ente; una carta _al señor y á la señora de Cairol; y esto, y aquello ......... tenía yo t1em po para todo'?
l\Ii frente se erguía, orgullosa de tanto trJ.bajo.
-Ya repasamoi:;, señorita.
-Comience lJ'd., pues, Rosalinda. A ver la primera frase.
La pe9ueña ob~der:ía. Su voz infantil, vacilante, me encantaba.
Lo_s dia_s demasiad~ cortos ~1? dejaban desconsolada por no ha~er tem_do ~1e1~1po ~ufic1ente. V1via en una especie de plenitud ó de
mconF&lt;c1cnc1a 1nfi111tamente agradable.
Un día, me pareció que despertaba ......... Lo noté un domingo,
al atardecer ........ .
(CONTINUARÁ.. )

�ªrcn1.1.~

. s~

clt;~1úc~.

Cf 41

)"'A,

..

· EL MUNDO ILUSTRADO
ANO X•••TOMO 1.--NUM. 6

MEXICO, UBRERO ¡ DE 1903.

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,¡.,.--.J...,

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estómago, la clorosis, la anemia y las convalecencias; este vino se r ecomienda á las personas de edad, á las mujeres, jóvenes y á los niños.

AVISO MUY IMPORT.a}¡TE.
El único VINO auténtico de S. RAPHAEL el solo que tiene el derecho
de llamarse así, el solo que es legítimo y de que se hace mención en el
furmulario del Profesor BOUCHARDAT, es el de Mrs. CLEMENT y Cta.,
de Valence (Drome, Francia).-Cada Botella lleva la marca de la Uni ón de
los Frabricantes y en el pescuezo un medallón anunciando el "CLETEAS,"
Los demás son groseras y peligrosas falsificaciones,

POR UNA PARTB

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de ''Cruz Roja" Tehuacán, y por otra la alción purgante de las misi.nas Aguas, mantienen al intestino en un estado poco á propósito para la formación de cálculos.
Solicitamos Agentes activos fn todas las poblaciones de
importancia del país_

.Negociación de ~ guas Minerales de
"Cruz Roja." Apartado 128--Tehuacán, Pue·
bla.

el Quijote.
Cuadro de Fabrés.

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 1, No 5, Febrero 1</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>ªrcn1.1.~

. s~

clt;~1úc~.

Cf 41

)"'A,

..

· EL MUNDO ILUSTRADO
ANO X•••TOMO 1.--NUM. 6

MEXICO, UBRERO ¡ DE 1903.

Subscripción mensual tor,nea, $1,S0
ldem. ldem. en la capital, $1,25
Cierente: LUI&amp; Rtl't&amp; &amp;PINDOLA

Director: LIC. RAfAU Rtl't&amp; &amp;PINDOLA•

,¡.,.--.J...,

.:;r.. -

.

----=-

e:.:.:~--

HlllQSlllATINA
1'AL.l.,,,-B""SH
A'
A'
A'
_¡;¡_ ~

es el !ilin.ento máR ¡z-rande y el más recomendado paulos n!fius
desde la edad de seis á siete meses, y particularmente en el mo
mento del dest&amp;te y durclnte el período del cr~lmiento. Facilita mucho la dentición; 1111egura la buena formación
de los huesos; previene y neutraliza los defectns que ~uelen orPsentarRe al crecer, é lmpirle la dlarreP, que es tan frP-cueate en los nlfios. -PARI~, 6 AVENOE VICTORIA, Y l&lt;]NTODARLASFARMAL'JA8.
l ff
.li.U1.

El cabello espeso y lustroso pertenece á la juventud, el
cabello claro y ajado á la vejez. El Vigor del Cabello del
Dr• ...4.yer devuelve el color juvenil y pondrá el cabello de
usted, suave, lustroso, rico y abundante. Mantendrá el
cuero cabelludo limpio de caspa é impedirá que su cabello
caiga.
El Vigor del Cabello del Dr. Ayer da al cabello aquella
apariencia sedosa y lustrosa tan natural en la primera
edad. Para la mujer es el adorno de la hermosura juvenil.
En ningún caso deja de restaurar el color natural del
cabello.
:r.

Preparado por el DR.

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eor m,1yor: 20,rue St Laure,Parla,
..,4/r •ura F,,ma ,ob~·

~-~ A Cl1arr1llo

SAINT-RAPHAEL,
Vino fortificante, digestivo, tónico, reconstituyente, de sabor excelente,
más eficaz para las personas debillta::tas que los ferrugir,osos y las quinas.
Conservado por el método de M. Pasteur. Prescríbese en las molestias del
estómago, la clorosis, la anemia y las convalecencias; este vino se r ecomienda á las personas de edad, á las mujeres, jóvenes y á los niños.

AVISO MUY IMPORT.a}¡TE.
El único VINO auténtico de S. RAPHAEL el solo que tiene el derecho
de llamarse así, el solo que es legítimo y de que se hace mención en el
furmulario del Profesor BOUCHARDAT, es el de Mrs. CLEMENT y Cta.,
de Valence (Drome, Francia).-Cada Botella lleva la marca de la Uni ón de
los Frabricantes y en el pescuezo un medallón anunciando el "CLETEAS,"
Los demás son groseras y peligrosas falsificaciones,

POR UNA PARTB

la acción imtiséptica de las soluciones alcalinasde las Aguas
de ''Cruz Roja" Tehuacán, y por otra la alción purgante de las misi.nas Aguas, mantienen al intestino en un estado poco á propósito para la formación de cálculos.
Solicitamos Agentes activos fn todas las poblaciones de
importancia del país_

.Negociación de ~ guas Minerales de
"Cruz Roja." Apartado 128--Tehuacán, Pue·
bla.

el Quijote.
Cuadro de Fabrés.

�Domingo 8 de Febrero de 1903.

tas D~lidas dd Domingo
Es domingo. En las casas de familias burguesas y cristianaR, que son _las ~ás en esta
:\Ietrópoli, reina un traqueteo inusitado en l_os
demás días de la semana, pero que se repite
durante la mañana de cadn domingo con una
precisión ql!e puect~ ~!amarse matemática.
El jefe de la fam1ha, que e~ ~I padre «g~neralmentei&gt; no va á su empleo o a sus negoCJos,
y utiliza 1~ mañana del domingo para proceder
á la expoliació'1 capilar de su rost~oi porque
tiene para él que los barberos &lt;le ofic10 le_ hacen daiio á su epidermiR, á más &lt;le no sat1sfa
cer f:US personales aspiraciones estética!". 1:uego de rasurado, pasa los botones dorad~¡¡ tt la
albeantc camii;a del día, endosa la levita ele
honor enciende un cigarro, y c6modamente
instal~do en una mecedora, Re entreg;; á la
lectura del «Imparcial» doble, dedicando igual
ate11ción al acontecimiento internado1_1al del
momento que al último crimen de bar~10. Entretanto la familia Re arregla para !-ahr.
Para ia mamú, la maii:111a del dc,mingo ~s
atrozmente pet&lt;ada. Ha mandado ít misa á la
criada y tal parece que ésta tiene gra~es pecados que purgar y que se echa tres nusas en
vez de una, á ju1.gar por el tiempo que emplea
en su "salida.)) Está, pueH, sola la mam(1; y
t·omo desde su señor esposo hast:i. el postrero
y más chiq~itín de sus retoiios him ~1enester
de su benevola ayuda, la pobre senora no
acierta .,{¡ dar::;e aha~to" para nada.
Locl muchachos, libres hoy &lt;le la escuela,
tienen tiempo y obligación &lt;le de&lt;licar~e á ~tna
«toilette" mús minuciosa que de ord111ano y
se inmolan, quieran ó no, al zacate, al jabón y
al peine· y van y vienen de un cuarto (1 otro,
arrastrai;do las toallas y pidien&lt;lo á gritos el
abrochaclor para cerrarse los zapatos. La nrn.má atiende á éste y á aquél, y no pocas veces
se ve constreili&lt;la á echar mano Íl una oreja
diminuta en vez rle hacerlo á un bracito torpe é inqu'¡eto. m varoncito mayor, el seiiotito de la casa, c¡ue ya acaba de entrará la Preparatoria y á quien empiezan á apuntar ya el
bozo y la presunción, Ke hace malus. lenguas
&lt;lel tmhajo que la planchadora. ha eJecuta&lt;lo
en el alto cuello ,,Chicago, 35, • y lo declara
una. «porquería." La resigna&lt;la mamá ofrece
cambiar de planchadora.
En cuanto ú las muchachas de la casa, casaderas ya y exigentes en el atavío, hace un
buen rato que se encuentran delante del espejo, arreglán&lt;lo,e }os rizos, en:ipolvándose las
mejillai-, estrechandoRe las cmtas del co!sé
con fraternal reciproci&lt;lad; y luego de bien
y;stas y revistas, endo~an el vestido de seda,
embarrnn los guantes gris perla sobre sus manecitas Jiliales, dan un toque poi,trero á las
plumas del sombrero y, como eu éstas y en
las otras han dt\do ya casi las once, eleclaran
á. la mamá que se afane y se apresure, porque
ya ..han llamaelo• dos veces y no van á alcanzar la. misa.
Pero la mamá, ¡pobre señora! aún está de~vestida y todavía tiene que despachar los siguientes chismes: una planchadita á su falda
negra una recosidita á la espiguilla de la misma, l~s polvos &lt;le nti~arbo para el papú, el
«alpiste» para los cananos, etc., etc .......... ¡y
todo eso tiene que hact&gt;rlo rodeada de las travesuras &lt;le sus impruelentes hijos y hostigada por las impaciencias de sus_ núbiles niñas!
¡~Ialelito día para ella, el dommgo!
.
La criada ha regresado de la eterna rmsa;
pero olvidó el jamón para el puchero y quién
sabe qué otras C0!&gt;aS, y tiene que !&gt;alir den uevo........ .
Por fin, el padre ha leído hasta la última
noticia del «Imparcial»; mira el reloj, toma el
sombrero de seda y con su grueso bastón de
cerezo da. un fuerte golpe-su llamada de atención-sobre el pavimento.
-Ea!. ..... ¿estamos listos?
Esta vot del padre produce indescriptible
regocijo en loR muchachos y pone de. humor
mohíno á. las niiias; pues esta voz -qmere decir que el jefe de la familia tiene el propósito
de acompailar í1 la. prole, y si ello sirve á. los
muchachos, porqu" i;iempre logran mayores

-

EL MUNDO ILUSTRADO
beneficios pa1a sus compras dominicales d~ l_a.
relatiYa esplendidez del padre que de l_a. J~lciosa economía de la madre, en cambio disgusta á las niñaR, porque «Papá» no se hace
el disimulado y no tolera &lt;1ue, durante el pnReo 1 se acerque á saludarlas Rodolfo N., el pollo más elegante de la :\Ietrópoli. .
.
El padre se impacienta y empieza á l&gt;aJar
Jns escaleras· la prole le sigue; pero uno de
los chicos \'~elve á subir la escalera porque ha
olvidado el pailuelo, y una de las niiias hace
Jo propio, porque dice que se le ha usolta.d_o»
una Jiga, pero en realidad para darse otro v1Ktazo en el espejo.
Finalmente, faltan&lt;lo un cuarto para las
doce la familia desfila por la banqueta, con
rumlJo al «centro,» marchando por parejas como una patrulla. Toela~, cxceptuan&lt;lo un poco quizá ú la mam(1, \'an compuestos, Ju'
.
1 í ncientes
y 'posesionados dP la excepciona.
dole dei día domingo, de esn. ín&lt;lole que se
trasluce por un rictus singular en el rostro,
que "ª pregonando la conciencia de los trapos de cristianar.
Al llrgar al templo, ~l padre se retir~ á «fl:~near» un rato por dos o treR calles, s1 es ohhre pen!"ador,11 ó penetrn con la prolt' en las
na Yes olientes á incienso, si es «obserrnnte."
Ln. misa. da. princi pi 0, y se escucha ese peeuJia.r susurro de mil labios que rezan mecánicamente, produciendo el zumbido de una gig:rntesca colmena, interrumpido i-Ólo por accrsus
de tos en todos los tonos, tos contngio!:'a hasta para el oficiante, - por los gritos ele tal ó
cual parroquiano de pocos n1est&gt;!&gt;, ¡,or el argt•ntino tintineo de la campanilla de! monago y, á las veces, no muy mras por cierto,
por las desapacibles quejas de algún can que
es víctima de pi!'otones y de golpes.
La mamá, en la premurl\ dP la marcha, olvidó el libro de oraciones y como no t&gt;stá i"Cgura ele acordarse de memoria de toda la misa, recita, una trae otra, innumerables avemarfos, sembradas de tal ó cual pa.drenuet&lt;tro; los chicos preguntan á cada momento si
In misa está ya para terminar, y uno de ellos
insiste en pedir explicaciones acerca de si las
voces del órgano «~alen» por las bocas de los
úngelt&gt;s pintados sobre el frontispicio de aquél,
mientras otro se entretiene en dar golpecitoH
con la ¡.;ombrilla de ~[amá sobre las suelas
de un caballero arrodillado &lt;lelante de (.1;
las niñas, en cambio, aparentan leer con toda

¿Quieres, bardo genial, que te describa
el baile hermoso que en mi patria. priva.·?
Si tu paleta. mágica. tuviera,
qué digno el cuadro de tus ojos fuera!
Perv, aunque débil mi pincel, lo pinta
y escoge para. tí su mejor tinta.
Es, poeta., el danzón, ritmo cubano
con aires de andaluz y de africano.
Tiene las indolencias tropicales
con el cimbrar de los caila.verales.
Es al extraño disonante ruido
y canto delicioso á nuestro oído;
Música emocional que, cuando vibra.,
es tósigo y estímulo en la. fibra.
Esguinces tiene de elegante rango
y sacudidas gráficas de tango;
De tiple y de bandurria suavidades,
y de congo tambor, sonoridades.
Fué el da.nzón tolerado esparcimiento
en años de dolor y de tormento;
Reproche, al par, de intransigencia. airada
contra. una sociedad atribulada
Que en él buscaba elíxir embriagante,
como alivio á. su pena torturante,
Y que, indolente y dócil cua.ndo esclava.,
para ser libre fué rebelde y brava!

devoción en sus libros de marfil, pero con toda maestría desparraman ojeadas por las naves, para Yer y ser vistas ... .. .
La misa ha concluido. La familia se pone
en marcha y «alcanza11 todada. dos ó tres piezas f'n la. Alame,la, pre,·ia compra de pasteles
y otras golosinas t&gt;n alguna dulcería del tránsito. Los muchachos quieren globos; las niñas sillas en la calzada principal; y satisfechos unos v otras, escuchan la danza postrera y tornan· al hogar, encontrúndose con que
la criada ha olvido comprar el pulque antes
de las doc&lt;&gt;, por ignorar la última disposición
gubernati,·a, y la familia toma el pan de c,ada
día ..... domingo-esto es, aumentado con un
plato-y lo rocía con agua pura. y criRtalina.
Por la tarde, ;;egún los gu"to,:, Chapultepec ó teatro en palco~ i,egundos. Y en la noche cornmmación de la comicia de la mañana plática acerca ele las impre;;iom'!-1 &lt;lel día
y de lo,; propósitos para el domingo próximo.
· Tale;; son las delicias dominicales ele una
familia burgue~a y honra.da de !'sta :\letrópoli. 1&lt;:1 fiel cronista no ¡,ueele afirmar de una
manera positiva. Ri esas delicias i:on inefahlea
ú no; eso lo juzgarú d lt.&gt;ctor lwnt\'olo. Pero
sí ptH:tle ase11urar qu&lt;&gt;, «mutatis mutandiK,•
Jo mii;mo pa;':'l. en todas las ciudades ele alguna categoría.
La afluencia ele familias co1110 la anterior,
en los sitios públiro", prt&gt;sla ú la ~l etrópoli
un aspt&gt;cto especial rn los clomingo". En este
día &lt;•fü&lt;i todos as&lt;·it•nd"n, en a parit·ncia, un
esc,~lún en la enorme &lt;&gt;scalern Rocial: la hija
el&lt;&gt; la co"turem parf&gt;C&lt;' la ef:po;;a ele un oficial
lC?; la esposa clrl oficial 1&lt;:' parece una arist6crnta de muchos ca.pi tales; y la. aristúcrnta de
wras........ ésa. es la única que se pit&gt;rde, en
db domingo, entre la multitud at:\\'iada de
lujo, porque ésa es enteramente igual t'n todoe
los días de la semana.
Para muchos [para este humil&lt;le croniKta,
entre otros] el domingo es un día inr;;oportablc, y el mejor partido que en_ (,1 pueel~ ~omar•
i,e es el &lt;le no asomar las nances por filtro con•
t•t;rrido; para. muchoi- m(u,, ~1~1pero, c•l clo1!1in•
rro es el gran &lt;lía, y las delicias del domingo
;mbalsaman y matizan el.aburrimiento de loe
otros seis días ele la semana. Por eso hay que
ceder á éHtos el domingo, en propiedad absoluta y exclusiYa.

y

SARDÍN.

Es el danzón, para. bomb1·es y mujeres,
el más fascinador de los placeres;
Va unido á. nuestt-a suerte y existencia.,
con él celebra. el rico su opulencia,
Y en él buscando goces á la vida.,
mi pobre pueblo su miseria olvida! ....
Ese es el baile que el cubano sabe,
como en México el clásico jarabe,
La. mazurka en Polonia, en Alemania.
el vals, y las cuadrillas en Rumania.;
Como la. jota. en tierra aragonesa
y el bullidor can-ca.u en la francesa..
Cual ésos tiene en la expresión artística,
su originalidad caracteHstica.
Ha.y que escucharlo en la criolla. orquesta.
y entre el tumulto de mestiza fiesta.
Da la seí'lal el jefe del jolgorio
con un largo bastón de Directo1·io.
La bailadora típica, que enlaza
en tez, sangre y pasión, la doble raza,
Imprime á la. tensión de su cadera
un rítmico temblor de bayadera.
Irguiendo el busto, digno de un Tanagra,
{t Terpsícore entera. se consa.gt•a,
Y haciendo de su cuerpo sierpe y lazo,
se ciñe al compai'lero en un abrazo.
Lleva desnuda la morena. espalda,
ct&gt;í'lido el ciúturón, corta la falda.,
Una cinta. en el !Jelo envedijado,
una flor, en que el múrice ha toca.do,
Del dombo seno en el macizo lecho,
)' un lazo, como gdmpola, en el pecho.

EL MUNDO I LUSTRADO

Domingo 8 de Febrero de 1903.

E-

Los labios muestra. por el centro hendidos
al desgaste de besos repetidos,
Y tras el belfo, en vívido resalte,
brilla. el oriente de perlado esmalte.
Más que ventanas, a.l placer abiertas,
ele la. nariz las palpitantes puertas.
Arrebola su faz transfigura.da.
dE&gt; sus ojos la. intensa. llamara.da.:
La. exhalación de su mirar acrece
entre el negt·o capuz que lo guarnece,
Y es su vista cual luz en la penumbra,
ruando está más obscura, más alumbra!
El compás con la lengua. paladea
y con el pie en el piso lo rasguea.
Entregada. a.l da.nzón, menos á él sorda,
con pespuutes de suela. el piso borda,
Y si pintar pudiera. el za.patea.do,
luciera. el suelo oria-inal dechado.
El timbal la. conduce en raudo giro,
ó se aduerme, ondulante, al son clel güiro;
Del metal á los ecos serpentea.,
6 a.l rumor de la cuerda se marea;
Sin sentir, aunque finge que tí.él se lanza,
el deleite sensual, sí el ele la danza.
Retiembla en su cadera rurvilínra
la morbidez elástica. virgínea,
Y hay t&gt;n su contorsión y pal'.oxismo,
rua.l en la nota., etiópico attivismo.
Quita {i su compañero el jipijapa
y la. zalea de sus rilios tapa,
Poniendo nueva. nota {1 su desgarro,
al clavar pn los dientes el cigarro.
A su a.lredor, con zumbo de arbolPda,
la desga.jada. muchedumbre rueda;
Baila. el sudor los rostros agitados,
por la elt'.-ctrica. luz abrillantados;
C..:ien olo1·es, en mezcla. sofocant.P,
un perfume combinan excitan te,
Y del salón se esparce en la. onda tibia,
como un vaho enervante ele lascivia. ....
Ese es el baile que el cubano sabe,
como en México el clásico jarabe.
Va unido á nuestra sue1·te y existencia,
con él celebra. el rico su opulencia,
Y en él buscando goces á. la. vida.,
mi pobre pueblo su misel'ia. olvida.! .. . .
MANUEL

***
El lunes último, afite
un público numeroso y
escogido, el General dió
en el Teatro Arheu rn
primera conferencia, con
el objeto de reunir fondos para las viudas y
huérfanos de sus compatriotas que murieron en
la campaiia. El Sr. Lic.
D. Justo Sierra presentó ú. la concurrencia al
jefe bóero, pronunciando, con este motivo, una
bellísima alocuci6h en
que puso de relieve los
rasgos más salientes de la
vida de Viljoen. A continuación, éste pronunciú su discurso en inglés
haciendo la rEsefla histórica del Transvaal y de
la última. guerra.
La narración, traduci&lt;la a.l castellano por el
Sr. Lic. D. Rafael Par·
do, interesó vivamente
ú la concurrencia. Después se exhibieron, con
linterna mágica, alguno:;
pasajes de la guerra Sudafricana.
Los jefes bóeros que
acompañan al (¾enera.l
Yiljoen son el Capitán
M. 0' bonell y los Comandantes M. Touche,
G. Joubert, P. Kritzinger y M. W alan.

S. PICHAR!)().

EL BARRANCO.

La antel'ior composición, que publicó "El
Fígaro" de la Haba.na., está dedicada al poeta
vE&gt;racruza.no D. Salvador Día.z Mirón.

·-·

BOEROS EN MÉXICO.
«El Imparcial,&gt; ha da&lt;lo cuenta de la llegada á :\léxico del General Benjamín Yiljoen,
y de un grupo de sus compaileros de armas
en la porfiada lucha que contra Inglaterra sostuvo la. República del Transvaal.
Viljoen es una de las figuras salientes de
aquel cuadro que asombró al mundo y que
constituye una. de las páginas más nota bles
de la historia contemporánea.
Su primer ataque sobre laf! posiciones británicas, lo dió el 16 de julio de 1900 en Olitantsfontein, siendo ase endido entonces ú. general. Antes había sido oficial de policía., periodista y Diputado, sucesivamente.

El Gral. b6ero Benjamín Vi ljoen, en t raje militar.

Xo era el inmenso barranco sino una de
tantas resquebrajaduras de la sierra que alargaba sus picos audaces hacia el espacio re~ado de sangre luminosa, como si estallara la
suave onelulación de las crestas ó se desesperara la. curva imperturbable de la montaña en
aquellas rocas altas y duras, fecundas de vegetación y de rumores, en aquellos pefiascos
empinados al cielo como torres de espontánea arquitectura.
En lo alto del abrupto cantil asomaban las
piedras de la cumbre sus cabezas enormes de
monstruo,y las matas floridas y trémulas sus
verdes flecos 6 sus penachos triunfales; la
exuberancia. de la primavera surgía de entre
los agrietados paredones, de las cuevas-bostezos del abismo-de los senos abiertos de las
rocas, entrañas de cuarzo, geológicos desga-

rramientos; el musgo tendía sus ri&lt;'.os tapices
de seda., y árboles corpulentos nacidos en la
peña infecunda afianzaban la roca con sus
raíces gruesas y fuertes como nervios robustos.
El río era cabellera trenzada eh grueso manojo, preso en sus ondas de líquida plata el
nenúfar desfallecido 6 suelta y libre, derramándose por encima de la arena como bucle
de mujn sobre senos blahdos, y por encima
de la roca bruñida por el sol como las melenas desordenadas sobre las frentes invadidas
por el ensueño; ó bien cristal prodigioso qGe
se quebraba en las aristas del cauce 6 reflejaba las palmas abriendo sobre ei crepúsculo su abanico de púas.
Entre el mezclado rumor del agua y de la
fronda bajaba la torada innumerable, segura
la doble pezufia que chapotea el río, colgante la papada grasosa, fatigado el pecho, el anca
estrecha, la mirada tranquila-casi mirada de
optimista filósofo, -alto el testuz, rectos los
pitones, y del hocico que siempre rumia, pendiente el belfo en busca de la linfa fresca y
clara. La agradable emanación dilata la nariz y llena de salvaje felicidad el ancho rostro que las bestias introducen en el agua y
levantan después gotean te y satisfecho ..... .
Y la tarde que declina va prendiendo en
cada filo del monte un jirón de su regio estandarte, el río.. solloza, y el vimto, entre las
ramas que brotan de los troncos como las
cuerdás de la. lira, solloza también.
EDUARDO COLTN.

La verdad es una y en la naturaleza todo
sr correRponde.

***
Creer todo descubierto es un error profunelo
e!! tom'l.r el horizonte por el fin del mundo. '

***
M. Touche.
G. Joubert,

LOS JEFES BO E ROS.
P. Kritzinger.
B. J. Vi ljoen.

M. O'Bonell.
M. W alam.

El rayo es la electricidad en estado salvaje; el sonido es la música en su estado natural.

�EL MUNDO ILUSTRAIJO

Domingo 8 de Febrero de l 903.

Ca fiesta de los Reporters
en el fiidalgo

E

ON el prop6sito de allegar fondos para las víctin?as_ de la epi~emia reinan~e en Mazatlán, los rep6rters de los prmc1pal~s pen6dicos orgamzaron una agradable velada que se efectuo en el
teatro de la calle de Corchero el 31 del pasado, ante una concurrencia tan numerosa como distinguida.
El empefio de los promotorefl de la fies_t3: de caridad á que n?s referimos, por una parte, y, por otra, la solicitud c~n qu~ _la sociedad
mexicana acude siempre al llamado de la filantroprn, h1c1eron que el
éxito del festival superara, y con mucho, al que era de espera~·se. El
teatro estaba primorosamente adornado y lleno, como suele decirse, de
bote en bote.
Tres partes comprendía el programa. La primera, se _cubri6 con
escogidas piezas ejtcutadas por la orquesta del Couservat~no, con n_ú meros de canto y piano, y con una poe1Sía, que reproducimos, escrita
expresamente por el Sr. Luis G. Urhina. La señorita Carmen Rangel en el «Solo de piano,, que ejecut6 con verdadero amor; la Feñora
l\f¡ría Vega de Cuevas, con el «Raconto» de «Andrea Chenier,» cantado con dulce sentimiento y el Sr. Roberto F . l\Iarín, en la ccRomanza» que cubría el VII nú~ero del programa, se conquistaron much?s
y muy merecidos aplausos. Urbina supo con~over á la_ concurrencia
con su exquisita obra de poeta, y fué también aplaudido con entusiasmo.
La i::egunda parte consisti6 en la representación de la ~ermo~a
6pera ccEl Maestro de Capilla,» cuidadosamente ensayada baJO la dirección del maestro Arag6n. Tomaron parte en rl desempeño la seño-

Por último, se pu~o en escena ,,Los Martes de las de Gómez,» sainete en cuyo desempeño tomaron parte los rep6rters y los artistas de
la Compañía Fábregas.
. ..
La concurrencia, como antes d1J1mos, era del~ ~Íls s~lecto. El Sr,
Presidente de la República, acompañado de su d1stmgu1da esposa, y

de gigantes airados que en combate bravío,
luchan, y se deslíen en el aire sombrío;
de enormes barcas aéreas en un fúnebre piélago;
de aquelarres diabólicos y de alas de murciélago.
y en la noche cerrada que cruza el peregrino,
solo, triste y callado, por el agrio camino
pasa, impalpable y hosca, la caravana nubia,
blandiendo los sutiles puñales de la lluvia.
Las mil bocas del viento grita.o y clamorean;
son voces inauditas, voces que silabean
palabras misteriosas de un lenguaje profundo
que se queja con todos los dolores del mundo:
árboles que hirió el rayo, rocas que se descuajan,
hojarascas que suben y torrentes que bajan;
y entre aquellos rumores espantosos, de cuando
en cuando se oye, tierno, dulce, indeciso y blando
el gemido angustioso ele las frá~iles cosas:
los nidos a1•rancados, las desho¡adas rosas
se duelen del Destino y en amantes querellas
unen sus ayes á los ayes de las estrellas,
que hasta los astros de oro que por el cielo vagan
se quejan de las sombras que sus luces apagan.
Y todas esas voces juntábanse en un coro
magnifico y doliente, y terl'ible y sonoro.
Y decían: Viajero qufl caminas perdido
en la noche cerrada, solitario y rendido,
no hallarás lo que ahora tu cansancio apetece,
pan, lumbre, lecho, nada; eres hombre; padece.
No hallarás lo que buscas: pan,lumbre, lecho, nada,
camina sin descanso por la noche cerrada.
Somos tus guías, ;,sabes? Y nosotros sufrimos
y es fuerza que tú sufras, y nosotros sentimos
el implacable estigma de un gran dolor profundo
que llena los espacios y es el alma del mundo.
¿Y quién eres tú para evadirte al castigo?
'!'orna tu parte, sufre, llora, sé nuestro amigo,
recibe tus dolores, y funde tu tristeza
en la tristeza augusta de la Naturaleza.
Y así por el fangoso v empinado sendero,
en medio de la noche cenada iba. el viajero,
y en tanto, entre la sombra, la caravana nubia
blandía los sutiles puñales de la lluvia.
De pronto, bruscamente, algo informe y obscuro
cortó la ruta; entonces palpó el viajero un muro,
buscó la puerta; al rudo golpe pesado y seco
del aldabón, y cuyo rumor repitió el eco,
una voz dulce y santa, una voz adorable,
una voz exquisita, una voz inefable,
preguntó:-¿Dí quién eres, qué buscas?-Un viajero
que ha perdido la ruta, contestó el caballero.
-¿Y no encontraste alberg-ue·t-1Ay,nol Lo busqué en
vengo t1•iste y rendido; soy el Dolor humano. (va.no,
La voz, música angélica.-¡Oh caminante!, pasa
~gl'itó,-vive, consuélate, alienta.; ésta es tu casa.
Y el Dolor, que en la senda que se tuerce y se empil'a
era una mancha que anda, camina que camina,
al cruzar la imp1·evista radiosa puerta franca,
mfró una imagen blanca, muy blanca, toda blanca.
Y oyó la voz angélica:-Ven,entra, eres mi hermano:
esperándote estaba; soy el Amor humano.
Recobrarás las fuerzas, sentil·ás la alegría,
reposa, pe1·egrino, mient1·as que vuelve el día.
Y la frente inclinada de la fatiga al peso,
se irguió al sentir el tibio soplo de amor de un beso.
Afuera, entre la. sombra, la. ca1·avana nubia
blandía los sutiles puñales de la lluvia.

OrEJ:TJI.

e

ANTAS veces surge ante mí la visión
de Ofelia en las lejanías del recuerdo,
llueven en mi pensamiento flores para ella: la digo palabras que la reina madre de
llamlet la decía deshojando rosafl sobre su féretro· suavidades para la suave; y siento que
el a~biente ideal de la meditaci6n trascien&lt;le,
cuando ella se acerca, á azahares en botón y á
las violetas que, colmando el voto de Laertes,
han crecido sobre la tumba de la blanca novia
infortunada.

***

SR. RAFAEL LOPEZ

***

de su hija la Sra. Amada Díaz de la Torre, asistió (. la fiesta perman
ciendo en el teatro hasta que terminó el último número del program.
Los repórters, indudablemente, deben estar satisfechos del b
llante éxito que obtuvieron.
En este número publicamos los retratos de los aficionados que
maron parte en el festival. Los de los profesionistas, los hemos d
ya á conocer en otras ocasiones.

DOLOR-AMOR
En medio de la noche cerrada., iba el viajero,
solo, callado, triste. La sombra. en el send ro,
la sombra que era negra, la. lluvia que era helada,
el viento que gemía con voz desespe1·ada.,
ésos eran los guías del caminante. A veces
a.bríase en el fondo de aquellas lobregueces,
al fin del horizonte, tras la brumosa cumbre,
rnjiza .Y deslumbrante una grieta de lumbre.
Bl'illaba entonces en la fatídica fi¡!'ura
que en las tinieblas era cu¡,,l otra mancha obscura,
la cruz ele una tizona, la pluma ele un sombrero ..... .
y en medio de la noche cerrada, iha el viajero.
P, r la fangosa ruta que se tuerce y se e1:npina,
como una mancha que anda, camina que camina,
iba. c,allado y triste; y sombra. y lluvia y viento
SPgu1anle como nn formidable acompafiam1cnto.
Pero la sombra tiene un alma, y se t·eviste
de fantiística.., formas que amedrentan al u'.iste:
la 1lt1~ia. tiene brazos que arma, con furia y dolo,
de sutiles puilales para matar al solo·
el viento tiene bocas que clama.o: desgraciado
del que cruza la noche solitario y callado.
He aquí que de pronto el espacio se puebla
de fantasmas con la1·gos ropajes de tiniebla;
de extravagantes monstruos que en muda caravana
corren basta perderse poi· la ext:rnsión lejana:
0

Sra. MARIA vEGA DE CUEVAS

rita Beatriz Franco, que hizo la Gertrudis; el Sr. José Ruiz B., que caracterizó el Benetto, y el Sr. Rafael López R., que cantó el Barnaba
La representación fué del agrado del público, y constituye, tanto para el maestro Director como para la Srita. Franco y los Sres. López y
Ruiz, un trit:nfo.

Domingo 8 de Febrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

e=-

Este es el viejo cuento, la fábula tontuna,
con que nos arrulla1·on al borde de la cuna,
llenos de cristalinas cadencias celestiales,
esos Perraults divinos, los labios maternales.
¿Quién volviera á escucharos, cristalinas cadencias
de las «Mil y Una Noches&gt; de nuestras inocencias!
Las madres son poetas; cuentan mejor, es claro,
que nosotros, que hacemos del artificio raro,
un oropel que oculte nuestras faltas seguras
de emociones sinceras y sencillas ternuras.
Yo aquí lo simbolizo, le pongo algunas gemas
retóricas, y adorno con mis estratagemas
de rimas y metáfo1·as, cual si bordara el viento,
la trama simple y pura del primoroso cuento.
Vosotros, los felices, ¿,habéis adivinado
la intención? Un viajero á, la pue1·ta ha tocado;
viene triste y rendido y lo siguen veloces,
su cortejo de sombras y su coro de voces.
Tiene mucha fatiga, tiene mucha tristeza,
y lo hiere implacable la cruel Naturaleza..
Vosotros, los felices, heraldos de concordia,
abrid las áureas puertas de la Miserico1·dia.
Abrid,que ese viajero que implora. es vuestro hermano;
lo esperaba.is, ¿no es cierto? Es el D0101· humano.
¡Oh felices y buenos! ¡Oh almas generosas!
Endulzad como abejas, reventad como rosas,
y sed como ellas siempre, que dan en abundancia
las unas sus panales, las otras su fragancia.
Sed pródigos, felices, de amor y de consuelo;
amar es como una santa misión del cielo,
y consolar es bella. forma. de a.mor sublime:
nos salva porque eleva; lo que eleva redime.
Allá lejos un grupo de hombres, por fatal suerte,
desesperado lucha con la sombra y la muerte.
Tocan, abrid, felices, tendedles vuestras manos,
que están tristes, y sufren, y son nuestros hermanos.
Abrid; entrn, viajero; la negra caravana
se perderá. por siempre tras la extensión lejana;
te volverán, en breve, la fuerza y la. alegría
descansa, pe1·egrino, mientras que viene el día.
No temas; venceremos, re~obra la confianza,
que al calor del consuelo reviva tu esperanza
por9-ue el amor es grande, porque el amor es 'ruerte
• Y triunfa de la. Sombra, del Mal y de la Muerte.
LUIS G. URBINA.

Ofelia, como todos los personajes de Shakespeare, respira naturalidad; pero entre todaf:
las creaciones &lt;le! poderoso vate, ella, que es
la más ideal, representa el candor, la inocencia, tal cual se presenta en la vida. Apellidnrla virtuosa es desconocerla. La virtud, justo
medio entre la pasión y el deber, excluye In
inocencia, que es privilegio virgin11l, frágil y
delicioso equilibrio de santas ignorancias y de
divinas curiosidades. La naturaleza, la apasionada por excelencia, gran romántica, ha
puesto lo más puro, lo más cálido, lo más
misterioso de su romanticismo, no en la juventud, que es su obra maestra, sino en la virginidad, su creación predilecta, antesala del
amor y de la primavera del ser. Las vfr~enes
no son virtuosas, sino puras: novias cándidas
que · presienten el altar é ignoran el tálamo
mientras juegan con sus rizos y hacen tembla~
sus velos, tibias auras acariciadoras que les
traen ecos de canciones de nidos y citéreos
rumores.
En Ofelia no hay artificio. Ama á Hamlet
y confiesa ciertamente que ama porque «á su~
juramentos iban unidos cuantos votos pueden
dirigirse-al cielo.,,
A ella es á quien Hamlet, al advertirla dice
t3:n quedo que ~lla misma no lo oiga: :&lt;¡Oh!
virgen, que mis faltas no sean olvidadas en
tus piadosas oraciones!» Al borde de su fosa
es donde él acepta el reto de Laertes y clama:
cc¡ Y o la amaba! La ternura sumada do mil
hermanos no iguala á mi amor." Su fe en Ofelia perdura y sobrenada en el deshecho temporal en que naufragan su fe en la humanidad
y el amor á la madre qt?e le dió el ser.

*"'*

SR. ROBERTO F. MARIN

SR. JOS~ RUIZ B.

En un teatro
todo lleno de crudezas' Ofelia
, .
aparece puns1ma,
guardada por el amor y el
respeto que sólo la inocencia 6 la alta virtud
inspiran. Loca, vestida de blanco en desorden la rubia cahellera, coronada d~ flores «el
infierno mismo y su horror cambian de n~turaleza expresados por ella, y se transforman
en encanto y gracia." Cuando c&lt;mantenida sobre las ondas como una náyade cantando
fragmentos de antiguas baladas,, l~s aguas se
entrea?ren par3: ,sep_ultarla, la muerte ccdeja su
melodiosa canc1on mterrumpida ...... » y, más
que m~ ser humano, lo que &lt;lesaparece es un
almo ritmo de amor, una santa ilusión que se
nos arranc__a del alma, una amada nuestra que
se va, sueno de ventura del que se nos despierta hruscamente..... .
En la eterna lucha de Atenas con Jerusalén
del Parnaso con Sión, de que nos habla Hei~
ne, esa vaporosa beldad que vive no más que
un día Eoñando amor, cáliz intocado que el
dolor rompe en la cerrazón de la locura es
santa en el cielo de la idea, igual que el ~ás
sagrado mármol de la Grecia. Habla y conmueve: anda, y la nube angélica la nube de
las celestes ascehsiones se for~a á su paso
)'. se condensa bajo sus plantas: sonríe, y el
Jim bo apunta en torno á sus sienes «·¡ gratia
plena!"
Y es eterna porque toda mujer es, un instan te al menos en su vida, Ofelia, y ese instante es el más humano, el más intenso y el má
pt~rf ?e su existencia: penumbra de au ror;s
?nsah?a de amor, de donde surge, al reclamii
~mpenoso de Eros, roja ó blanca, la mariposa
ide?-1, María, la de Efraím, 6 Julieta 6 Margarita.
CÉSAR Zm,mrA,

.

�EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 8 de F ebrero de 1903.

D ominp;o 8 de Febrero de UJU:l. ·

EL MUNDO ILUSTRADO

.. .,

($CULTURA EN MARFIL
PREMIO

•' MERCURtO" -...;
PREM•o

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,._._ , . ~

..

S~ Braolio Rodri uez Granada~

r

DIEGO ALMAQAt 'f G Vl l l EIII .

'

..

�KljTEl Puñal del Ca~inante
1
~-,-~ ,

Un Califa tenía una hiJa úmca á
quien adoraba porque era de una belleza perfecta, y la había llamado
--Nouronnihar, que quiere decir «luz
del día,» nombre admirablemente
pues lo, pues parecía hecha de _un rayo de sol. Pero sufr~a por ella u~ gra~
tormento, á causa de que ~n _mgromante le había an_unciado que,Nour~nmhar se prendaría de un cristiano, y que esta desgrae1a le su~edena el dia en
e tocase un puñal olvidado en el brocal de un pozo. Sab1en~o esto y deseoso
conjurar el destino, p~ohibió term~n_antemente qu~ se aproximara á todas las
fuentes cisternas, manantiales ú otros sitios donde hubiera agua fresca y clara. En
su; salidas hacía que la acompañaran esclavas que llevaban agua, _Y, para mayor precaución, su cinturón era de cristal, su collar, sus pend~ent~s,
sus pulseras eran de c_ristal hue~o y llenos de agua p_erfectamente hmp~a.
Así caminaba, precedida y segmda de un largo corteJ0 de hermúsas muJeres de brazos desnudos como una princesa deslumbradora delante de la
cual todo el pueblo se' prosternaba como delante de una diosa. Al principio Nouronnihar se mostraba admirada de su escolta y de su extraño .
ontinente· sus esclavas se limitaban á decirle que así lo había ordenado el Califa,
~ues no er~ necesario que supiera el peligro que la amenazaba.
~ _, - ' 1
""· · 1

d~

***
Cierto día la madre de Nouronnihar murió de una m~nera tan repen_tina, que
nadie pudo decir cómo ni de qué enfermedad. Y más b:1llantes que_las ¡oyas q_ue
ornaban su belleza lucieron las lágrimas sobre el puro cristal de los OJOS de la prmcesa. Grande fué ;u dolor, pero noble y silencioso como convenía á una persona de
su rango. Quiso ver por última vez el rostro de la muerta, y se fué sola a la cámara mortuoria.l
El espectáculo fúnebre la llenó &lt;le tristeza. Levantó ligeramente por el lado de
la cabeza el velo que la cubría. y lloró. Hizo un movimiento y el velo cayó hacia
un lado dejando ver el pecho desnudo. Bajo el seno izquierdo, tenía una profunda
herida que aún sangraba y que había manchado el velo.
.
Experimentó un gran espanto. Sin embargo, no llamó, comprendiendo que la
mano misteriosa que había matado, debía quedar oculta. Pero lavó con sus propias lágrimas la llaga, y para lavar 1:ll velo delator, rompió sus joyas.
Interiormente se lamentaba:
«¿Para este triste oficio me habéis sido confiadas, frágiles joyas de que estaba
orgullosa? Y esta agua lustral debía correr más abundante que mis lágrimas, sobre
este cuerpo traspasado, antes tan lleno de vida que me la dió á mí, y ahora tan
inerte que mi desesperación es incapaz de reanimarla?»
,
,
A pesar de todos sus esfuerzos, la mancha se extendia, pero no desaparecia.
Un vago temoi invadió el alma de Nouronnihar.
-¿Cómo hacer ahora para que nadie sepa este crimen?- pensaba.
-Iré por el campo hasta que encuentre una fuente solitaria en la que
hundiré el velo y lo sacaré después limpio como estaba antes.
Furtivamente, por una puerta secreta, abandonó el palacio y ganó
de prü;a la campiña. Mucho tiempo camii.ió guiada por el sol poniente.
Ya su sombra se alargaba por detras de sí, cuando en un recodo del
camino, en un cerco de plátanos, se ofreció á su vista la delicada arquitectura de un pozo. Sobre el brocal relucía la h0ja de un pufial. Lo
apartó su mano con indiferencia, y, fatigada por la jornada, se apoyó
contra el mármol de una columnilla.
Inclinándose sobre el borde, desenredó el largo velo, cuya blancura descendía sobre el agua tenebrosa semejante á un
rayo de luna. Y he aquí que de sus dedos cansados ó distraídos, se le escapó, y cayendo con lentitud, acabó por desaparecer de sus ojos bajo el inmóvil y negro espejo que no reflejaba ya más que un rostro lejano. En vano, para cogerle, se inclinó hasta donde más
pudo; desesperada y sabiendo la inutilidad
del esfuerzo, tendía hacia el abismo sus be-

llos brazos en actitud implorante.
Su garganta palpitaba de sollozos.
Invocaba á los genios invisibles del
agua y del aire, que á las veces suelen ser complacientes . .....
-«¿Qué buscas? dijo una voz grave á su lado.
-Ayúdame! imploró ella volviéndose. Y quetlóse confusa, porque tenía el rostro descubierto en presencia
de un hombre; éste era de alta estatura, vestido de blanco, con una coraza de plata. En los pliegues de su manto trazaba una cruz su signo sangriento.
Ocultó como al través de una gasa áurea la gracia luminosa de sus facciones y
repitió:
-Ayúdame! Tú has llegado hasta aquí porque el Profeta te ha enviado!
-El Profeta? Qué quieres decir? Tu fe no es la mía. Qué ayuda
reclamas de mí y qué te ha sucedido?
Ella lo contemplaba sin responder, como si de su memoria hubiesen
huido todos los recuerdos desde que apareció el extranjero.
-Quién eres? le preguntó.
-El caminante.
-Yo me llamo Luz del día. Pero tú eres el sol!
-El sol no tardará en ocultarse. Dí antes de que llegue la noche, en que no
se puede obrar, qué debo hacer? exclamó con voz imperiosa.
Desde que habló con autoridad, Nour.onnihar le amó. Obediente y turbada,
contóle su historia, sintiéndose feliz en confiarle un secreto. El drama desaparecía
bajo la ternura de sentimientos enteramente desconocidos.
Cuando terminó, lanzó sobre él una mirada húmeda:
- Me traerás el veio?
-Allí está bien, déjalo. Ven!
Y arrastrándola hasta el brocal del pozo, le dijo:
-Que mi puñal le haga compañía!
La hoja de acero fulguró, dió algunos botes sobre las paredes eonoras hasta
encontrar el metal del agua, y se hundió.
- Había, murmuró, sangre en el velo y sangre en la hoja del pufial. Olvida
el velo, olvida el puñal; así me olvidarás tú también, así te olvidaré yo al fin.
-Pero no se olvida al Sol!
-Tú serás siempre mi Luz!
-La luz del Sol!
.
El_ ne~ro espejo inmó:7il, reflejaba e~ el fondo del pozo dos imágenes muy lepnas, mchnadas una hacia la otra. Arriba las nubes se teñían de sangre roja que
derramaba el sol desde su ocaso ........ .
Nouronnihar despertó en su cámara cuando la luz penetraba por las altas almenas, cuyos marcos estaban labrados sobre las maderas más preciosas. y se
admiró de no estar á la sombra &lt;le los plátanos, cerca de la frescura
del pozo. ¿En dónde estaban el puñal y el velo el sol el gran sol con
cuyo manto de rayos la había envuelto?
·
'
Le respondió el silencio de las mujeres mas como ella era una
princesa de gran sentido, se calló.
'
. , Pero no pudiendo okidar al caminante, de su pena hizo una cane1on, que tQdavía se canta por aquellas regiones desconocidas cuando
bajan los caballos á beber á las fuentes:
«El extranjero que se sentó en el brocal tenía los rayos del sol sobre los dedos, su manto tenía el sol en los pliegues su pufial
tenía el sol sobre la hoja, y sus ojos tenían el amo; por sol.,,
Pero apenas se ocultó el sol, como un pufial que un guerrero negligente deja ::aer sobre la hierba el hombre que se
envolvía con el sol desapareció.
'
Y los leones, irritados, bajaron á la fuente para refrescar
sus fauces ardientes, preguntando por qué el
hombre ha huído como el sol.
ROBERT SCHEFFER.

�Domingo 8 &lt;le Febrero de 1903.

Residencias Diplomáticas.
ta Ctgadón dt 1tatta.

R

ECIENTEl\Il~NTE establecida. la. Legación de Italia en la calle del Elíseo, por
el señor conde de Yinci, Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario de Hu
l\Iaje~tad Yictor )fanuel, cerca del Gobierno
mexicano, nos apresuramos á dar á conocer á
nuestros lectores algunas fotografías de esa
elegante residencia diplomática.
La casa. ,¡ue ocupa la Legación es pequeña;
pero tanto las habitaciones como las oficinas,
están artí:,;licamente· amuebladas y decoradas
con el mejor gusto.
A la entrada hav un corredor en el cual se
ven muebles austriacos v cuadros italianos
antiguod, y que sin·e de· sala de espera . •\l
lado izquierdo, está el departamento P-n que
despacha el señor ~Iinistro; es un gabinete
decorado con cuadros de mérito, y provisto de
sofás, estilo árabe, y aparadorefl 1omanos. l~n
él se encuentran fotografías de los reyes de
I talia. y de a lgunos hombres ilustres.
Sigue después la sala de recepción, en la
que se hallan una. hermosa. chimenea de metal y madera con lunas venecianas en su parte

-

LEGACI ON DE ITALIA.-Sal a de r ecepción .

mi Primtra tomunión

-¡ Seto! ¡Beto!

□

-Tía. ..... .'!
-¡Arriba.! Son las cinco v media.; todos están
y a en pie. Lá va.te na.da más.las mano;; Y. los oj_os.
¡~lucho cuidado con tragar agua! 1 v10lent1to,
que ya es la. hora!
-Voy, tía, voy .
Resuelto, salté do la. cama. Era el día de mi
primera comunión. Mis padres se habían visto
precisados á transferirlo repetidas veces, no por
falta de espíritu religioso, que en ellos nunca. escaseó, sino porque su triste situación pecuniaria les prohibía distraer lo necesario para tos
gastos que la fiesta origiaaba: el trajecito y los
za.patos nuevo~, el almuerzo familia1· después de
1·ecibido el sacramento, todas esas minucias con
que ellos soñaban y que en un solo momento,
echaría. por tierra. ese castillo de naipes que se
llama. cp1·esupuesto&gt; en la casa de un pobre.
Ahora., una circunstancia. casual les permitía
,·er rPalizados sus deseos. Mi primo, otro chiquillo, dos años menor que yo, iba ácelebrarsu
primera comunión, y sabedora. mi tía de las poderosas cau~as por las cuales yo no lo había.
hecho, ofrecióse í~ sufragar parte de los gastos,
que no montaban, ui con mucho, á grandes sumas, ni podihll dejar la más ligera huella en el
bien saneado capital de mi buena pariente.
Abiertas las puertas y bien bañado de luz el
cuartucho que de alcoba me servía, ¡qué inmens,L
alegría, alegría de niño pobre , arrancada. pal
mo á palmo al infortu010, hizo latir mi corazón!

LEGACION DE ITALIA.-Et Sr. Ministro en su Despacho.

superior é inferior; un centro de mesa con flores; y aparadores y rinconeras de estilo antiguo, muy valioso~. Tanto en esta sala como
en el despacho, las cortinas son de seda, café
claro, y muy elegantes.
.Atr:wesando por un amplio patio se pa~a al
corredor, pequeño romo todas las dependencias de la Legación, pero arreglado con exquisito gusto. Hus rinconera1&lt;, aparadores, etc.,
etc., son artísticos y constituyen un bonito
conjunto.
En la parte alta, como hemos dicho, están
las oficinas de la Legación y las rec:1maras del
señor Mini~tro; las primeras no eRtán aún definitivamente instaladas.
En una de la¡:; fotografías que pul,Jicamo~,
aparece el señor conde de Yinci en RU mei;a de
acuerdos, y en olra, acompañado del Có11s11l,
señor .J. Pollano, que hace algún tiempo reside en ~léxico.
El señor 1Iinislro de Italia es muy estimado en los círculos diplomáticos y cuenta, en
la mejor sociedad mexicana, con innumerables simpatías.

Domingo 8 de Febrero de 1903.

E L MUND O ILUSTRADO

E"L MUNDO ILUSTRADO

_,_

o

o

El Sr tn lnlst ro y ol C6nsul do I talia.

Ahí, sobre la. silla, la camisa. albeank, colgando las mangas perpzosamente; la corbata.
blanca., prueba patente de las ba.bilidosa.s manos
de una. de mis hermanitas; y pendiente del respaldo, el trajecillo negro .. . . no muy negro, pues
procedía. de cierto casacón que mi padre vistiera.
en mejores tiempos, y que, sometido til suplicio
de las tijeras, la aguja v la plancha, maneja.do
todo ello por mi madre con la destreza de un Coblentz (era el sastre de moda entonces} había
sufrido una. completa mC'tamorfosis.
.\bajo, juntitos, como dos gemelos, los zapatos, de punta achatada, acorazada con puntera
de metal, y relucientes como si por arte de birlibirloque se hubiese conver.tido en charol finísimo
la tosca_picl de que estaban fabricados, gracias
al entusiasmo con que mi padre los limpiara la
noche anterior.
Sonaron las seis de la ma.ñaca.; la eampana de
la pa1·rnquia dió precipitada.mente la última Jla·
mada; atl'onaron el aire los silbatos de las m{Lquinas, de las f,ibricas, de los talleres. Se oían
charlas de mujeres que picoteaban en (•I mercado
ve&lt;:ino; cloquetlr de a.ves de corral, que. en manoJos, colgando las l!abezas cong(•stionadas,
presag-ia.ban el saeriticio. El l'Ojo de los periódicos, repicando scC'amente con su pata de palo
sob1·e las baldosas del l'tnbauquetado. voceaba.
hi prensa del día; las vacas de la 01·deña mugiendo como si les dolic,e alg'o, atravesaban la.
boc~calle; el jalctinero, á ful·r,m de pregonarla,
realizaba su mcl'cancía, una substancia gelatinosa., roja, amarilla ó blan ·a, .encerrada en vasos de cristal, opacado por el roce demillarescle
bocas, y li lo lejos, rompiendo {L intervalos la.
algarabía de la calle, una murga. wagneriana.
anunciaba 1ü vecinclal'io la apertura. de un nuevo
&lt;Expendio de carnes,&gt; con los acordes de un paso doble obligado á tamborn.

planchado, sin una. mota y oliendo á esencia., que
mareaba, no á bencina, como ol mío. ¿,Y la corbata de crespón tra.nspareote·t ;,y las ma.ncuernilla8 de oro'? ¿y los zapatos do un charol suavísimo? ¿y el 1·eloj, el reloj cuyo tic· tac precipitado marcaba el compás á los latidos de mi pecho? ..... .
Cerré los ojos, y á la orden de «¡Sube!&gt; dicte.da. por mi tía., subí al crche acompa.ilado de no
recuerdo quién, y partimos.
La ceremonia debía efectuarse en una de las
capillas laterales de la parroquia, con asistencia. únicamente de las personas invitadas. El sacristán, dispend1osa.mente remunerado por mi tía
que, en trntandose de cosas de iglesia., abría basta.
revl'ntarlos los cordones de la bolsa, había hecho
alarde e1.1 cpaoneaux,&gt; guirnaldas, cruces y estrellas florales, de su buen gusto artístico; las
luces de los cirios de todos tamaños, repartidos
en candelabros y candeleros, arrancaba.o chispas (1 los filamentos dora.dos de las cornisas, del
tabernáculo, dl• las columnas que sostenían la
cúpula, en cuyo inte1·ior se divisaba la. imagen
de una. virgen pequeñita.
Junto al presbiterio, en el centro de la única.
na,·c, estaban coloca.dos dos reclinatorios. Ahí
nos anodillamos, mi primo en el de la derecha;
yo en el de la izquierda.
El piano. herido poi· las no muy diestras
manos de umi de mis herma.nas, dejó oír una
cprcghiera&gt; antidiluvia.na, apareció el sacerdote
v comenzó la misa.
• Previamente, mi tía se me había acercado y con
esa voz misteriosa con que se babia en los templos, me ¡.,reguntó si qnería reconciliarme. ¿Reconciliarme'! .... ¿Por qué'? ¿para. qué .... '! ¿Qué
pecndo, ¡ infeliz de mí!, podría yo haber cometido en las últimas catorce ó di&lt;-&gt;ciséis horas'! . ....
Y ahora, 1·epa.sa.ndo sin leei-las las bojas del

te, diminuta., la hostia. que a.penas sus dedos parecían tocar.

·······
···················· ··· .. ····· ...... ······
lloy que mi espíritu ha roda.do despeñado y

dando tumbos poi· los abismos del desengaño;
hoy que de mi fo sólo quedan recuerdos empapa·
dos en lágrimas, como sólo quede.o del buque
tablones podridos, después del naufragio ...... .
hoy comprendo que me es imposible dar una
idee. del estremt&gt;cimieoto mezcla de alegría y de
pavor, de placer y de miedo, de su¡,remo, infinito anhelo y de irresistible JJánico que recorrió
todo mi ser cuando la hostia blanca c1uedó tem·
blando entre mis labios.

***

-¡Cier1·a la boca! dijo mi madi·e. Obedecí y
media hora después subíamos al coche que debel'Ía conducirnos á la. casa. de mi tía.
En el patio, festonado coquetamente, do¡¡ músicas de cuerda. a.legraban con sus sones; una. a.1fombr a. de pétalos de amapola cubría el tt·ayecto por escaleras y corredores; los chicos de la.
se1·vidumbre, desde le. azotea la.nze.han al airo
cobe~es y «palomitas;&gt;. un.a .lluvia. de cag-asa.jo&gt;
a.rro¡ado por me.nos 111v1sibles, nos cubrió de
pies á cabeza. 'l'odo e1·a gritos, voces de mando,
ruido de cacerolas y de v a.jilla, risas, palmadas.
¡La. sana alegría de la. gente buena desbordándose por todas partes!
Yo estaba triste. Quería. refr, y al verme en los
espejos me a.terrurizaba la·mueca hon·orosa. que
como un zig-ze.g, plegaba mi rost1·0.
La~ felicitaciones, los abrazos, los besos, los
es~ruJones q~e h.acen, daño, todo e1·a pare. mi
pruno. Gracms s1 alla, de rato en rato alguien
que yo no conocía se ace1·caba. {t mí y rde decía:
-También tú, no'! ¡:.luy bien! Así debes ser
siempre bueno.
'
Pasamos al comedor. ¡Era. una. maravilla! Las
pared~s desapa1-ecían bajo cuadrilon!{os Je tela
artísticamente plegada, sa.lpicanos de flores· del
techo pendía un enorme cauastón, de musgo y
llores, del que se desprendían guías de heno fresco {~lasque se ent1·ela.zaban otras do rosas marg,L_l'lt~s, claveles, violetas, gardenias, to'da 1e.
!uJur10sa llora do la estación. El &lt;chemin de tab_le&gt; era una .obra ?e a1·te, así como la colocac16n de la cnstalel'la., de la loza, de las servilletas y de los cubie1·tos de plata que se sosten~au como. 3:rm.as en pabellones, poi· un pi•odig10 de equ1hbno.
:\le sentaron, junto á mi primo, en la cabecera
de la mesa., y después de un c¡A almorzar!&gt; dicho. en tono de ma~do pot· el jefe do I a casa los
cubiet·tos pasa1·00 a las manos y cu1Ltro cri~dos
se p1·cs.entar?º. a1&gt;rontando en :scndo,, A"anafones
le. beb~da. claswa: los huevos espirituales.
N ad1c quedaba. por ser sei·v ido, l', sin ciuba.rg?, noté que n.ad10 com~nza.ba, J sí que todos los
OJO~ c~taban fiJos en m1 primo. Este, ageno á la
curios10ad de quo era objeto, llevó la mano al
,·aso, alzó.lo Y, un grito de alegría al que siguieron los ¡vivas. y los ¡b1·avos! de todos tos concu~rentes, se escapó do su ga1·ganta.: en el plato,
baJo el va&amp;o que acab,L de lovauta.1·, brillaba como un oJo do fuego, una moneda de oro.
_lnsti~tivamente, siu reflexionar, levanté tambieu mi vaso : en el plato, débil, tímidamente relucía.. una monedita. de plata, pcqut:üila, muy pe4. uet11ta.
Alcé la vista. y mis ojos tropezaron con los de
m1 padre. En ellos, irisada por un rayo de sol
b1·illaba. una. lágrima.
'
Salté d~ la. sil_ta, mo abracé ít mi padre y recogí en mis lab10,., con ansias de sediento esa
lágrima bendita., esa lágl'Íma que e1·a el p~ema
LEGAC ION DE IT A L IA,-EI comedor.
ele toda.~ nuest1·a.s pob1·ezas, esa lí1grima quo yo
no hu.br1a. _cambiado poi· todas las monedas de
oro del unive1·so.
nuevo d~~ociona1•io, deslumbrado por el ful or
MANUEL hl. PANES.
~.e l~s c1nos, aprisiona.do en el traje nuevo lnHabía concluído de vcstir,ue y abil'rlo el bal1~1~ o que el coutraoru, de un zapato me iasticón. para que la gloria riidiante de aquel día de
m.~ &gt;a el cal~añal Y que los guantes oprimían imma,·o me bat1ara de pies ,i cabeza.
P!amente nas manos, experimentaba. un desa.soEstaba. alegre. pero con una aleg-l'Ía ne1·viusu.
E l mundo e3 una coqueta que no exige rnás
SIC'!-\:º, un a 117ol(•sti a irritantes.
·
r.unzante, .com? debe de ser la aleg-l'Í,i del que:
que homenajes urn pasajeros cowo sus encanb,8 \;:"º.t~nia. calg-o&gt; adentro, caigo&gt; que me susiendo un rnfchz, se sae.a. la lot(•l'Ía. y comp1·ende
rn. a,ta ª garganta. provocándom&lt;&gt; ganas de
4ue cada moneda que dilapida, lo acerca nueva.tos, y pretende al mismo tiempo que l:ie le
salivar, cosa que se me babhL p1·oh i bido· y ese
mente á su antigut~ mberi11.
guarde
fidelidad á su perfidia.
~algo&gt; crc~ía, crecía mucho cuando ab'rieDlio
Llamaban de nu(•,·o {1 misa cu,rndo entl'ú ,Í. mi
1 t!voluntariamente las ventanas de la' nariz a•euarto toda ~a. familia .. ~li pad,e, sie1upre1·arit&gt;.11·aba por ellas el perfume 1&gt;enetrnnte qu{,'Jnj~ñoso, pero swmprc serio y pan·o en sus dc1110~La. incertidumbre de la fl'licida&lt;l es más
r10samenu• se. des¡n·endía. de las ropas de las
tra.l'iones de afecto; mis hermanas. la. uua co11 un
cruel que la certeza de la desgracia.
lazo bhLnco, perifollo que arrancó á al.,uuo de
II!ªnos. del a.liento de mi primo. Y cuan~to quesus \'estidos y prendió en mi bn1zo iz(jui;rdo, la.
ria. engo.Harme, para no pensar 1mis en ellu en
l~~ orncwnes del devocionario ó adivinai· t•l ~i"otra con una vela de cen~ ces1·amada:» mi tía,
Hay cosas muy á la vista que los sagace,;
con una. novedad. su re!{alo pa1·ticuhu·: unos
mhl'ado de los l~tinajos que el sacerdote trit~gua.ntes diminutos que me pusic1·011 en gn1vcs
~·aba entre sus laoios, sólo oía el tic tac tic· tac
no ven.
aprietos y un devocional'io.
11n.p!a.c.able d.e :iquel. su reloj que aun no ~onocía.
Se oyó el roda.1· de un coche 11ue se detuvo en
_r.~er1~ cnVJfüa, tristeza del bien agcno, como
La. voz de lo que duerme el Ycrbo de lo,;
1a. p ue1·ta.
cltn.a ~'.u co~fesor. :· ... ·! ¡Q_ué ho~ror, Dios mío,
-¡Ya. est¡Í.11 abí'.-dijo ;ilg-uipn.
envHha ...... X ese caigo&gt; mexphcable estuvo á
muerto!' ilustres, nos empuj'a al i:,acrificio por
E1·a un calcsón cno,·mt&gt;, de flwrtcs sopandas
punto de asfixiarme.
la felicidad del género humano.
fona_do de ¡mño colo1· cn·ma. (·011 un pe,cant~
Concluyó la. !'.°isa. El sacerdote, dei;pojado de
seme¡ante al de.um~ diligencia y tintdo poi· dos
hL ca~~•lla,_ ab1·16 el tabernácul&lt;?, hizo varias gcmulas obesas, de anchas y humeant.,s fosas nanutlex1?nes, y ante nuestros OJOS maravillados
sa. es y orejas gigantescas.
,Lpart:1•1ó un copón de oro luciendo un doble cínEn su interior, que podía dar cómoda cabida.
gulo de pied1·a.s preciosas.
baste. á ocho personas, venían únicamente mi tia
l\Ian0o solícitas encendieron nuestras velas·
y mi primo. Al vedos, mi sana, mi buena mi huvoces eariñosas y tt·émulas poi· la emoción mur:
milde ~legl'Ía., sufrió el p1·imer golpe.
'
muraro1;1 í1 nuestro .oído no sé qué consejos. Al¡Oh! Qué contraste entre mi t1·ajecillo verdinecé los OJOS, angustiado, y vi ante mí la figura
gro, me.~ pesp~teado, con!esando aquí y allá,
~el ~acerdote, blanca, gigantesca., eno~me, en le.
con sus 1~re~ed1a.bles zurcidos su primer origen,
izqu1e1·da. mano el copón que parecía un haz de
y el de m1 primo, de &lt;satín&gt; fino, admirablemente
llamas y en la. derecha, inmaculada., trasnparen .

)

J
) )

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�BL MUNl&gt;O ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 8 de Febrero de 1903.

Domingo 8 de Febrero de 1903.

por los afio!:' y la nieve, el viejo abuelo fuma,
rumiando recuerdos de ceúienterio .....
Y contra el seco barranco cuyos fantasmáticos cedros semejan inquietantes sudarios extendidos, me pierdo y desaparezco, cargado de
insultos del cielo aterido y maldiciones de la
tierra congelada ..... .

...

CONDE KOSTlA.

1903.

TU CABELLERA.
ROXDEL.

Lo que más de tí fascina,
y lo que más de tí adoro,
son los cabellos de oro
de tu melena leonina.
De tu carne alabastrina
el más p reciado tesoro,
es la cai::cada ele oro
ele tu melena leonina.
Cuando la muerte a!':esina
me hiera romo lo imploro,
ron crueldad y con inquina,
clame la. mortaja. de oro
ele tu melena leouina.
México.
JUAN

B.

DELGADO.

BESO DE ESCLAVA.

NUESTRO PAIS.-Una calle de San Cristóbal Las (;asas.

MINIATURAS,

La blanca. virgen que a.l tribuno adora,
La bella Eunice de Petronio esclava,
Absorta queda, coutemplando inmóvil,
Del clueilo amado la marmórea estatua.

.,,

La -sangre ardiente, palpitante el seno,
Alta la faz, en actitud gallarda,
Eunice piensa que mirando al mármol
La estatua adquiere sentimiento y almal

Al
r:T

..,

"'!"

Se acerca á ella y con afán que tienta
Un banco acerca y con amor la abraza,
Y loca de pasi6n estampa un beso
En la boca de mármol de la estatua!
México, 1903.

ALBA.

Cuando esparce su melanc6lica luz la luna
~lega: á mi alma el recuerdo de esa palide~
ideal, con que el amor ilumin6 tu faz!
Y llega taro bién después á mi alma triste
doliente, la negra remembranza de tu; mano;
yertas que yo aprisionaba con ardor entre las
mías, mustios lirios inm6viles entre la blancura de sus velos de desposada muerta!
¡Oh, mi adorada!
Cuando la luna esparce su melancólica luz
pienso en ti, porque así era esa palidez ideai
con que el amor borr6 las rosas de tus labios
porque así eran los últimos lívidos destello;
con que el ocaso tifi6 por siempre tu virginal
blancura........ .
FLOR DE TUMBA.

Tanto dafí.o le había hecho el perfume de
esa alma casta de mujer, era tan fuerte el escudo de virtud que se oponía á sus golpes ma-

lignos, que el vil hombre, no pudiendo mancillarla, la hundi6 un pufial en mitad del coraz6n!
Así, pensó, quedaba ya destruído por siem •
pre el polen de ese lirio de carne santa, blancura luminosa que sus ojos no podían resistir.
Pero después ........ .
Y cuando fué al cementerio, sorprendido
vió c6mo de la tumba que contenían sus despojos, brotaban rosas blancas, albas rosas cuya fragancia esparcían las mariposas en su
vuelo ........ .
Cór,ERA DIVINA,

¿Que ~o es subli_me la cólera? ¿Que no es
santa la ua que agita la roja flama del infierno? ¿Renegáis del poema que es revoluci6n y
exterminio?
Pues nada más hermoso ni gigantesco q11e
el océano embravecido rompiendo su cárcel de
rocas, convirtiendo !:'U rizada linfa en alborotada melena de espumas, haciendo ele su murmul_lo como hi~n_o atronador y escupiendo,
tern ble en su delmo, con el azul ele sus olas el
azul del firmamento!
RA F'A EL ANGEL '!'!to YO,

1

CANCIÓN DEL CAMINO.

S

OBRE la cima descarnada de los montes
que el cieno y la ráfaga han hecho ásperos é inaccesihles, pasea la obscura niebla matinal, al través de rígidos cipreses, sus
cendales de mauchado 6palo.
Un sol muerto parece burlar mi frialdad de
cripta; sus rayos sin fuerza, como implacables
espadas de escarcha, taladran los matorrales
que me bordan, y en los brazos secos de las
que fueron ramas de julio, penden como lacias cabelleras fibrosas los abandonados nidos,
sin plumas ni cantos.
Y bajo un tapiz de retamas y juncos descoloridos, trazo, caprichosamente, mi surco de

' #

plata que recorren tiritando, los glotones lobos de pelo gris y ojos como lámparas .....
En la inclinaci6n de las colinas, al pie de
los olivos espectrales, á lo largo de los muros
que el huracán agrieta y el granizo desmorona,
bajo el emparrado que la tormenta deshace
rudamente, entre las risas burlonas del cierzo
y las grietas satánicas del vendaval.
Sigo mi camino, elevando la blanca y fina
bruma-velo d e luz maldecida desgarrándose
á través de los cielos para espanto de vencejos que alocados huyen.....
Y atravieso las salvajes cercas donde en las
radiantes mañanas de mayo filtraba el sol inclinado sobre las ramas, haciendo temblar sobre claros corpiños la sombra de las cabelleras
destrenzadas ... ..
Y extiendo mi congelada cinta á la orilla del

hoy 16brego sendero, donde ayer sangraban,
cerca de los lirios, las amapola~, pr6ximo al
árbol donde reía, de pie sobre el columpio, la
más linda de las desposadas ...... ;
Donde el sol, como un broquel de oro se extendía dulcemente perezoso; donde, sobre las
parejas enlazadas por el baile, la tela de una
saya ciñéndose al cuerpo, dibujaba un terso
perfecto como el de una ninfa...... ;
En donde salían, de la yerba polvorienta y
cálida, gritos estridentes y acres perfumes,
mientras un lagarto, flexible esmeralda, huye
á perderse en la obscuridad tibia de los surcos ..... .
Hoy, desciendo, triste y solitario, hasta la
muerte, la llanura desesperadamente blanca;
costeo cerradas casucas donde desepcantado

ALREDEDORES

DE TLALPAM.-C himalcoyoc.

�Domingo 8 tde Febrero Id.e 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTE R DE SUZE.
ILU STRACIONES D E SIM ON T.
T RADUCCION Df "fL "1UNDO ILU!!ITRADO. "

ban el suelo y, con miradas llenas de luz veía el espacio, adorándole.
Luego, recogida, pensando en otros renuevos que presentía:
-Ansío ver que acabe de llegar la primavera á estas regiones alpinas. Será mny hermosa, ¿verdad, señor cura?
El sacerdote salió de su abstracción, como si viniese de muy lejos, del fondo de mi alma, donde se había hundido:
-¿Eh? ..... ¡Ah, sí! ¡1\Iuy hermoso!
Y sigui6 su camino, andando pesadamente.
Llegada á casa. me entristecí al entrar sola: hubiera querido qne
conmigo entrara toda la primavera.

(CONTINÚA,)

XVI

\

Habían transcurrido tres meses desde mi llr.gada á Chavoux.
Hasta entonces no había yo asistido jamás á las vísperas: lo incierto
del tiempo al obscurecer y mis ocupaciones, me lo habían impedido.
Aquel domingo comprendí que me fastidiaría en casa, no teniendo nada que resolver en las habitaciones ni trabajo alguno que preparar para el día siguiente. Me dirigí, pues, á la parroquia.
Hacía un tiempo encantador.
Transcurría abril con sus deshielos, con sus murmuradores arroyuelos cuya última capa de nieve se había roto al impulso de la estación primaveral. Hinchada ahora, la corriente saltaba cantando multitud de promesas, se derramaba en el canal, cubriéndose de copos de
espuma, formando cascadas llenas de murmurios; ae mezclaba á las
ondas de otros mil arroyuelos igualmente crecidos, que convergían de
todos lados del campo. Era el agua viviente, el agua reina, de la cual
surgiría todo el verdor de la campiña.
Ya en los lugares en que la nieve se había fundido más pronto,
se descubría la tierra morena, potente, pero mostrando apenas una
que otra hierba raqui:tica, de lejos en lejos-á los bordes del arroyo,
la hierba se acumulaba abundante, tomando la coqueta apariencia de
un listón verde.
Listones primaverales cortados á cada paso, á lo largo de las corrientes, por pequeños montones de nieve retenida aquí y allá en los
huecos de los peñascos, en las salientes del terreno. Listones que el
invierno hubiese sacado de algún estuche primoroso, como de una
canastilla, y 103 hubiera dejado esparcidos como deja un ladrón en
desorden el botín, al ser sorprendido y emprender la fuga. Me creía
estar Rofiando, al contemplar esas hierbas y esa agua, al mismo tiempo que aquellas montañas siempre inmutablemente blancas, y ciertos espacios cubiertos de nieve, endurecida aún ú lo largo de las salientes que la abrigaban de los rayos del sol.
De ese conjunto surgían misteriosas dulzuras, mia embriaguez
inexplicable. Algunas muchachas que, como yo, se dirigían á la iglesia, se me aparecían de pronto en lugares imprevistos. Recodos que
sin duda les eran familiares. Las muchachas correteaban y reían, y
sus pies ágiles saltahan hábilmente por las quebradas del terreno.
Al llegar al camino, me saludaban tímidamente, se replegaban
con sus compañeras, se erguían en el aire infinitamente puro, por el
cual pasaban poderosas ráfagas de vida.
Yo, menos lista para aventurarme en las cuestas empinadas, no
me mezclaba á las demás jóvenes; pero también me sentía embriagada, piadosamente embelesada. En la iglesia, hice remontar hacia Dios
la emoción ele que me había sobrecogido, en presencia de los primeros impulsos de la primavera. Rin embargo, tras de ese desbordamiento, esa abundancia de agua que acababa yo de ver, me pareció

Domingo 8 de Febrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

que el lago de mi alma, antes tan tranquilo, se hinchaba poco á poco,
lenta y poderosamente, como los riachuelos de los campos. También
parecieron sacudirme los graneles estremecimientos de vida que habían surcado el espacio, como si yo hubiese sido algún hermoso manojo de flores, adormecido hasta entonces, pero cuyos perfumes iban
á esparcirse al soplo de esa brisa.
Arrodillada, con la cabeza entre las manos, escuchaba las voces
vibrantes de los muchachos que salmodiaban, con impaciencias y languideces, la harmonía de las vísperas.
En esas voces parecía' estallar un gozo nuevo, el de los pájaros
que saludan la llegada del buen tiempo. Alcé la frente, turbada de
que las demás jóvenes pareciesen experimentar lo mismo que yo: una
espera de dicha inexplicable.. ...... .
A través de las vitrinas, el sol llegaba hasta mí, derramando fulgores azulosos sobre mis manos. Yo las levanté, como si esa luz azul
fuese tangible......... y cuando la vi desvanecerse, sentí que algo me
faltaba ........ .
Al mismo tiempo, sentí que la divina paz de mi alma r;e había
fundido como la nieve ........ .

La l)rimavera no me siguió; pero me invitó á seguirla. Fueron
estratagemas, llamadas; una fuerza cada vez más poderosa, contra la
cual luchaba con heroísmo. Me llamaba con las manos, en el rayo
de sol que me hacía sefias á través de la ventana. Asomaba en el extremo de las ramas verdes excitando en su misterio á la hoja encarcelada, como esos cartuchos de sorpresa que hacen palpitar de emoción
á los niños que con ellos juegan. Me sonreía en el extremo de las ramas: «Mira: no apartes los ojos; verás el lindo secreto que surja cuando alce yo estos millares de puntas verdes.&gt;&gt;
Sobre los tranquilos montes, armaba descomunal desorden; pasaba su escoba de rayos, que hacían fu ndirse la nieve, inundando
con ella la hierba. Chorros de esta nieve queclábase, de trecho en trecho, en los agujeros, desde la cima hasta la hase de la montaña, en
largas y delgadas hileras ondulantes, parecidas á t renzas brillantes
sobre los hombros de alguna jove11 .
La primavera me decía:
,,Espera: voy á deshacer esas trenzas; voy á esparcirlas en musgosas fuentes, en ocultos anoyuelos, en min úsculos torrentes, que habrán de admirarte. No vuelvas los ojos; vas á ver!,,
Yo esperaba, palpitante, con los ojos divagados, durante el trabajo de las niñas, con el alma fatigada por la inquietud de esta expectación.
Vino abril, después mayo. Se hicieron vacíos en los ba11cos de
mi clase.
-Bertita, l\Iaría y Catali na ya no vendrán, pues. ¿Verdad, Rosalin&lt;la?
-:Xo, señorita, hai-ta el invierno. No hay suficientes criados en
su casa para los trabajos que comienzan. Es p reciso que ellas ayuden.
Otras siguieron el ejemplo de las primeras. Por las abiertas ventanas, entraba el aire y flotaba, después, sobre los vacíos bancos.
A vece!'&gt;, cual si se les comunicase el turbulento trabajo de la natu raleza, las chiquillas se agitaban, charlaban, iban y venfan, sin motivo y á pesar de mis esfuerzos para contenerlas.
Otras veces, amodorradaR, con el brazo izquierdo bien redondeado, ~a mano sobre la página y la otra mano con un portaplumas que
escnbía las letras con lentitud cuidadosa, permanecían petrificadas
largas medias horas.
-¡Vamos, hijas mías, sacudámonos! ¿Yase concluyó la página?
Un ruido semejante al de una colmena que se conmoviese de repente .... .. y luego, otra vez el dulce y cálido silencio.
Yo me quedaba entonces divagando.
l\Ie asaltaban escrúpulos que me impedían perturbar el éxta~is
obscuro de aquellas niñas. Hasta las permitía que se durmiesen.
Sonaban las once.
¡Oh! El alegre movimiento de las niñas que lo guardaban todo
para poderse marchar pronto! Era una resurrección. Y yo también
despachaba mi almuerzo á toda prisa.

Afuera, no marchaba yo tan de prisa como e_n invierno. La nieve había desaparecido completamente de los cammos. La s?m?ra de
las menudas hojas oscilaba bajo mis pies como flotante enea.Je, impalpable alfombra preparada para plantas de hada.
Mis pasos eran lentos en medio ele esta sombra.
Yo no soñaba, pero mi corazón estnba henchido de la misma savia que desbordaba en aquel!os juveniles pechos.
La hora de la próxima clase me obligaba á regresar pronto; pero
¿qué fiesta y qué sufrimiento cuando en la tarde volvía. ú comenzar
mi carrera á través del eampo!
Porque yo sufría. H ubiera querido hablar, correr, jugar un poco
ó inclinarme sobre un lago; contar cosas profundas y pueriles, que
me lastimaban el alma.
¡Yo no sabía qué!
Mis pasos se hacían, sin motivo, mús lentos. Hubiera querido
no regresar nu nca, caminar así, durante imposibles horar.
Porque al menos por aquellos caminos y en aquel espacio, me
era más llevadero el dolor sin nombre que me agobiaba. l\Ii pensamiento fijo, mas sin objeto, encontraba en qué distraerse, con las fruslerías que me cautivaban.
Así, por ejemplo, gustábamc permanecer inclinada sobre la tierra, buscando pequeñas flores embalsamadas, con las cuales adornaba mi corpiño y mi cabellera. Cuando á lo lejos oía la sonaja de una
cabrilla, quedábame suspensa, sin ver el animal, escuchando con toda mi atención el tintineo del C.'\Scabel. Ese sonido, suave y desigual, me parecía expresar el llamado hecho por voz extraña, á lo íntimo de mi ser! Un día en que la cabrilla se me presentó de súbito,
destacándose en una altura, me impresionó vivamente . ..... Oh! Lanzar al espacio la tortura inexplicable de mi alma! l\Iis ojos ardían;
mas no hubiesen podido llorar. Eh! De qué, Dios mío? ...... Se podía
acaso, libre de toda congoja, errar oor sitios más bellos?
Ay! Era necesario regresar tari pronto! Las montañas, sonroRadas, después azules, después violadas, se desvanecían en la noche,
llena de tonos opacos. Apresuraba el paso, temerosa de los reptiles
que á esa hora se deslizan entre la hierba.
En cuanto llegaba ú casa, me metía en el lecho, cuyas ropas se
impregnaban del aroma de los tomillos y los bálsamos que traía en
la cabellera y en las manos.
Tal vez por esto, mi sueño era tan pesado.

XYII
Phrasia había convenido en venir á buscarme el jue\·es por la
maíiana, para llevarme á Saint Romain, Ít ver los trabajos del A bate
Chavartl.
-Al mismo tiempo nos detendremos en casa de la profesora. Es
tan bella; la verá Vd.! Es amable como \'d. y también está sola. Será bueno que se hagan amigas.
La buena mujer se había puesto su más lindo delantal acab&lt;t.do
de planchar, y su vestido pardo, de los días de fiesta.
. -No ~~ porque, el señor Abate haga caso de mi vestido. l\Iira
siempre qmen sabe a dónde, que es como si no viese nada. Pero es
por respeto. En cuanto á Vd ........ .
Miró mi vestido negro y mi sombrerito, del que pendía el velo.
. -Vd. _con esas «máquinas» [se refería á mis guantes] y su sombri~la tan hgera,. y sus cabellos como un encaje, no hay qué decir:
esta V d. muy bien.
(CONTINUARÁ.)

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-¿,Un acceso de piedad, señorita Romana?
El cura me había visto en las vísperas v me dirigi6 l:i palabra en
la plazoleta, haciendo alusi6n ú lo que había yo dicho un día respecto á mis fervores de piedad .... .. que me venían por accesos.
- Para ser franca, señor cura, le confesaré que m:1s bien es un
acceso de fastidio. No habría sabido qué hacer esta tarde en casa .. . .. .
El buen cura tosió, como si le hubiese subido un golpe de sangre á la garganta; irguió su talle, movió rápidamente el entrecejo, y
me miró con escrutadora é inquieta mirada.
-¿Qué hacía usted en los domingos anteriores?
-Me instalaba, sciior cura. 1\Ie familiarizaba con mis ocupaciones. Además, hacía demasiado frío para aventurarse afuera, cle~pués
de puesto el sol.. .... Mientras que ahora ......
Aspiré úvidamente la brisa.... Mis impresiones se desbordr.ron.
- ...... Ahora, señor cura...... , llega la primavera· la nieve se ha
fundido, entre el ramaje se estremecen los retoños. '
Mi rostro ha de haberse encendido, mis pies impacientes holla-

***

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>LA PRELLE SHOE CO., ST. LOUIS, MO., U. S. A.
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ANO X••.TOMO 1.--NUM. 7

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FEBRÍFUGO

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Pw "'•lna J "~"'" .., 11111■1 ••l1■111~
. . . . LIIIUILIIIANT'NAN . .FIIIIAII UTA ftaM
_ _ _ _ ., o

SAINT-RAPHAEL, ·

(

*• ., ......

·~

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más eficaz para las personas debilitadas que los ferrugir,osos y las quinas.
Conservado por el método de M, Pasteur. Prescríbese en las molestias del
estómago, la clorosis, la anemia y las convalecencias; este vino se reco.
mienda á las personas de edad, i las mujeres, jóvenes y á los niños.

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El único VINO auténtico de S. RAPHAEL el solo que tiene el derecho
de llamarse así, el solo que es legítimo y de que se hace mención en el
furmulario del Profesor BOUCHARDAT, es el de Mrs. CLEMENT y Cia.,
de Valence (Crome, Francia).-Cada Botella lleva la marca de la Unión de
los Frabricantes y en el pescuezo un medallón anunciando el "CLETEAS."
Los demás son groseras y peligrosas falsificaciones.

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�EL .MUNDO ILUSTRADO

Domingo 15 de Febrero de 1903.

tas dos Eiudades
Un buen teutón amigo me ha dicho con frecuencia:
-Para mí, México no es una ciudad: son
dos ciudades que por azar y por las exigencias de su desarrollo han llegado á tocarse, á
besarse, como dos hermanas diferentes eri edad
y en educación, moralmente alejadas la una
de la otra, pero que ante el mundo aparecen
unidas y se acarician sólo por el respeto al
apellido que las une... . .... .
Y tiene razón el teutón. Sobre la superficie
de la tierra, con sobrada frecuencia se ha dado
el caso de que dos villorrio!', fundados en tiempos primitivos no muy lejos el uno del otro,
para las distancias actuales, pero sí bastante
separados por las distancias de entonces, al
crecer, desarrollarse y convertirse en ciudades
populosas y extensas, agotan sus antiguos
campos circunstantes, los. «urbanizan» poco á
poco, hasta que llega el momento en que las
dos ciudades se funden entre sí y forman una
enorme m~trópoli. A las veceR, puede haber
habido diferencias de abolengo entre las dos
fundacio11e~ primitivas, y suele suceder que
al través del tiempo se traigan una huella característica de su origen, como los hombres
conservan, con frecuencia, tal ó cual rasgo fisionómico de la quinta generación ascendente· y entonces, cuando las dos ciudades se
u~en, muestran entre sí algunos rasgos de diferenciación que el tiempo va borrando paulatinamente. 'ral ha sucedido, por ejemplo,
con las dos ciudades magyares, Buda y Pesth,
antes de que del consorcio de ambas surgiera
espléndida y llena de vida la actual metrópoli y residencia real &lt;le Hungría, que al fundir
límites fundió nombres y llamóse Bu&lt;lapesth.
Todavía, empero, por seguir la tradición y
conservar esa cohorte de derechos honoríficos
que son tan caros á todas las instituciones del
viejo cuño; existe hoy una demarcación de límites c&lt;ltlornles,, entre Buda y Pesth, y cada
ciudad, cada cuartel diríamos hoy, tiene su
concejo municipal separado, por modo que el
viajero advierte muy á las claras que se encuentra en un sitio formado de dos sitios, como dice Lichtenberger.
Pero en :\léxico, ¿qué motivo hay para descubrir dos ciudadel::·? ...... Son muy distintos,
por cierto, esos moti rns que los que Budapesth alega.
Aquí no ha habido fusión de &lt;los ciudades:
a&lt;1ní ha habido una reproducción natural, una
maternidad de la vieja ciudad colonial que,
fecundada por el tiempo y por el progreso( en este orden de ideas está permitida la poligamia, sin pecado )-ha &lt;lado í~ luz una hija,
que todavía no se separa de sus faldas. Y como esta hija pertenece á otra generación, se
atavía de modo distinto que la madre, tiene
costumbres nuevas, ofrece aspecto muy distinto y sólo ha conservado de aquella la regularidad de las facciones-el trazo rectilíneo de
las calles-que ya en la madre fué señal distinguida de belleza, con que cautivó á muchos
de sus enamorados y trovadores, entre ellos al
dos veces noble Barón Alejandro de Humboldt.
La antigua ciudad colonial, la antigua l\Ietrópoli de la Nueva España, suntuo!'a como
convino á los fijosdalgo que la habitnron y rica
cual se lo permitían sus opulentas minas de
plata-metal no depreciado entonces,-se ha
conservado aún, señaladamente eu los cuarteles de oriente de la actual México; las pesadas
y resistentes construcciones que fuer&lt; n moradas palaciegas de condes y marqueses, dan
todavía albergue á linajudas familia!', y de
trecho en trecho se alzan los edificios levantados con esas piedraa rojas que para sus construcciones us6 la Inquisición, c ual si quisiera
acostumbrar á sus severos prosélitos y digna.tarios á la vista &lt;le la sangre.
Pero en el poniente de la ciudad, en ese poniente que, por misteriosa virtud es el lado fecundo de todas las ciudades modernas, ha
brotado la ciudad nueva, la coqueta, la elegante, la cosmopolita; la que no ostenta caracteres genuinos, la de calles asfaltadas y

EL MUNDO ILUSTRADO
bordadas de villas, que aquí y acullá recuerda un rinconcito cte París, ó de Viena, 6 de
Berlín, ó de cualquier sitio, porque la parte
nueva de las ciudades va asemejándoHe cada
dín más, e-orno si loR hombres quisieran fraternizar en el aspecto de sus residencias, ya que,
por desgracia, no han podido hacerlo en la índole de sus sentimientos y de sus aspiracioneA.

Pero no sólo es diferente el aspecto exterior
de las dos ciudades que hay en l\Ié:xico; las
costumbres que en ellas se observan son tan
distintas las &lt;le la una de las de la otra, que
pasando de un barrio á otro creyérase pasar _á
pol,lación situada en otro clima, en otra latitud, en otro h emisferio, y poblada con gefite
que, con la otra, no tiene un solo punto &lt;le
contacto.
Si el Barón ele Humboldt reviviese y diérase á visitar nuevamente su amada ciudad de
los palacios, habría que conducirle ele lamano para que reconociese sus antiguos sitios
predilectos y pi:ra que no creye!,e que aquellos
edificios que pudiera reconocer, no fueran sino una reproducción caprichosa de los que
mirara un día en la capital de la Nueva España, incrustados hoy en una ciudad desconoci&lt;la.
En l\Iéxico tenemos barrios que á la mirada de cualquier viajero experto parecerían
trasuntos de rincones argelinos; y á diez minutos de tramway, nos encontramos con explanadas y bulevares que-toute proportion
gardeé-pueden darnos la ilusión de vagar
ccbajo los tilos» espléndidos de Berlín ó por
las avenidas maravillosas que el Arco de Triunfo enda á todos los vientoi-, como los rayos
grises de un sol de piedra.
Ha.y muchos metropolitanos viejos que sienten un odio inextinguible para la ciudad nueva, porque dicen que e1f ella falta todo lo que
constituía la prez y el orgullo genuino y vetusto
Cuando por azar los conduce algún negocio
á las nuevas colonias de la nueva ciudad, les
parece hallarse en terreno extranjero. Y tienen
razón; de una ciudad á otra, hay un abismo
&lt;le por medio. Son otras calle!l. otras casas,
otras gentes, otro;; ruido1:1, otros silencio,:, otro3
oloree: y otros colores.
Ahora bien, ¿.gana. ó pierde la Metrópoli con
el auge admirable de la ciuda&lt;l nue,·a? Los
,,hijos del siglo,: decimos que gana. ¿Qué importa que se rindan tipos viejos que no sirven para nada? ¿Qué importa que «se cosmopolitice• nuestra ~Ietrópoli, si nosotros también hemos «cosmopolizádonos?"
¿Qué importa (Ric!) que gane la higiene y
la estética con la ciudad nueva? ...... Para recuerdos nos basta con esos ed ificios perdurables que son la Catedral, el Palacio de Minería, la Biblioteca Nacional; por lo demás, no
hay que cifrar el orgullo nacional en la conservación rlel tipo genuino del lépero, como
no hay que cifrarlo en la consen·ación ...... de
la inmutahilidad urbana. Para conservaciones, la mejor es la de la sal u&lt;l, y á ella contril,uye mucho nuestra ciudad nueva.
SARDIN.

MAGDALENA.

N

O son para narradas aquí las atrocidades

que aquel año originó la guerra, una de·Jas
mil y tantas guel't'as que por luengos años
formaron la característica de nuestro bien amado pafs. La que hace á mi propósito, fué la dispersión total de los e~tudiaotes del Seminario.
Cada quisque tomó para su casa ó para donde
pudo, y el palafoxiano quedó como me figuro al
Bolsón de Mapimí.
Entre esos emigran res se contaba Femando
Mo1·ales. cursante ya de cuarto año de Teología.
y que, siempre reconocieouo como cuartel general la casa de sus padres, fuése y corri ó tierras.
En esas correrías y en un villo1·rio del rico Estado de Mii;boacáu, le sorprendió el amor con
una de sus obligadas consecuencias. Así, como
de paso, mieot,·as desempeñaba algún empleillo
de los y ue se dau al pl'imno que se presenta,
arrulló en sus brazos y besó con indecible ternura á su hijita María, cierta cosa á manera de
querubín con que le obsequió una joven parecí-

da al pan por buena, con menos experiencia que
un pájaro que se cae del nido y cándida como las
palomas. A este entue1·to, ya malo de suyo, di6
el malvado de Fernando carácter de inícua felonía, engañando á la víctima basta. con su nom.
bre. Quiso apellidarse &lt;Valverde&gt; ante aquella
exigua. sociedad y María, siguiendo la costumbre, he1·edó el falso apellido.
Esta. posición de aventurero debía ser, y fué
en efecto, más fugaz que todas las posiciones•
porque Val verde, digo, Morales, aburrido de ea:
tarse quieto, una fresca. madruga.da ensilló un
rocina.ntillo cualquiera y tomó soleta en busca
de .... de lo que topara. Y en idas y vueltas
hastiado de no ver ni el esbozo de un porveni~
halagüeño, y en tanto que la imagen de su abandonada hijita iba borrándose en el horizonte del
tiempo, se bailó de repente con los t,·einta en el
cuerpo. Una oleada de juicio y reflexión le hizo
pensar que aquella no era vida de hombre útil·
y, obedeciendo á viejas inclinaciones que de s ú!
bito se alzaron imperiosas, estuvo en el bogar
de sus mayores á saludarlos é ingresó nuevamente al Seminario. A los pocos meses era sacerdote."

bajo la dirección del Regidor de Obras PúblicaE, Ingeniero Miguel A. de Quevedo.
Tal como ahora se encuentra, el mercado
satisface ampliamente las necesidades de aqurl
rumbo de la Capital; pues su distribución fu é
objeto de un detenido estudio, logrúndose hasta donde las dimensiones del terreno lo permitían, dará los departamentos la amplitud
necesaria y la luz y ventilación suficienl&lt;•~Cada un~ de esos departamentos, e~tá clr1-ti nado ú 1letenninadf clase de mercancíaR y dispuesto de manera que pueda asearse fácilnwnte sin deterioro de los materiales usados en la
construcción.
Publicamos en e!'te número una vista dPl
exterior &lt;lel nuevo mercado.

~

***

Diez y ocho años hacía ya que el señor cura
Morales, con beneplácito de sus feligreses y visible provecho para. las almas, llenaba derechamente su ministerio.
En el fondo de una pieza amplia de la casa cural, á medias enti biada por una raya del sol poniente que se atrevía por las cortmas de la vidriera, encuentra mi oal'l'ación a.l párroco y al
doctor, visita diaria, platicando mano á mano.
Sentados junto á la mesa. escritorio en que se
despachan los asuntos eclesiásticos, saborean
un chocolate de chuparse los labios, á lo que
creo, trns del que van, á guisa de epílogo, dos 6
tres cigarros coleados y una conversación plenamente fraternal. Eran los dos lo que llamamos
contemporáneos, frisando con los cuarenta 1
o~ho y cincuenta, de sobra edad competente para
filosofar acerca de la muerte, del consabido &lt;más
allá&gt; y otras amenidades por ese tenor. Cuando
habían hecho eso, daban pábulo á sus aficiones
literarias turnándose en la lectura de tal cual
trozo de clásicos españoles ó espigando en la literatura franc1,sa., de que el p1·esb1t3ro tenía UD
más que regular acopio. Y luego corría el palique de la política local á la nacional y aun á la
internacional, basta que, agotados esos recursos,
tomaban los periódicos del día.
El seilor cura pasó uno de tantos al doctor.
-A ver si usted encuentra algo notable, dijo.
El médico revisó de alto á bajo las columnu,
deteniéndose aquí, pasando acu.lá. Al fin hizo
observar:
-Pues, quitando esto del escándalo ... .
-Sí, lo leí..... Y ¿conoce usted á alguien de
los que allí figuran,'
-Uoicamente y de vista, á la dama que motivó la reyerta, mujer hermosísima, positivamen•
te hermosa. Cuando se la vé, con el aire de suprema distinción que guarda; aunque afiliada en
esa desdichada clase, se ye1·gueu tJn la imaginación aquellos tipos cte limpia y serena belleza
que sugieren ciertos pasajes de la Escritura: se
antoja. ver á Rebeca, á J udith, Estber .... ¿qué
sé yo"? Sin duda por esas reminiscencias la llaman &lt;Magdalena,&gt; descartando el an'epentimiento.
-¡Qué lástima! murmuró el párroco.-¡Cuánta felJCidad truncada, cuánto bien pt:rdidol
-Ya ve usted: una mujer que pa1·ece de fami·
Jia decente y educada. en un medio propicio .. ..
Estos casos así, hacen dudar á uno cte la virtud.
Tal pienso que esa es una palabreja que ... .
- Palabreja, no! replicó violenta1nente el cura.
-Ante todo, es del momento recordar que hay
mala lógica en inferir uua proposición general
de una particular. Estaría ustect pe1·dido rntelectualmente si, porque yo uso espeJuelos, vá contando por ahí que uo nay clérigo sin ellos. T~ngamos el entendimiento en su lugar, mi querido
doctor, y oiga usted dos palabras.
El presbíte1·0 se remov10 en su silla, cruzó la
pierna., arreglóse el solideo y continuó así: .
- No voy á hojea1· la Vida de los 8antos DI á
merodear por la Historia profana, ent1·esacando
la. variedad de ejemplos que poú1•1a, por no fatigar á usted y porque no lo necesito. Para. persuadirse de que hay virtud, «vis, vir,&gt; la f uerza
para obrar el bien, y de sus frutos en el tiempo
y en el espacio, basta abrir los OJOS y vet' en oenedor.
.Primeramente, fijemos un hecho, y es que la
humanidad respira aun, existe, y vuy á. oemo~tra1' que existe por la virtud. Desde que el anl·
mal racional pisó el haz de la tie1-ra, se Je ~1s·
p.utan á porfía dos elementos voue1·osos, el bien
y el mal. ¿Cuál es más Juerte·f Los millare;; de
años de nuestra peregrinación ¡,ateutizan por
modo evidente dos cosas: que la coutieuda entre
ambos priucipios ba sido y persiste oesatad a,
c1·uel; pero que elpnmeto, d t.&gt;ien, gana terr~uo;
despacio, pe1·0 Jo gana. Si ello nu fuera, s1 en
esta brega diaria y secula1· hubun·a el mal triunfado en mayoría, siglos nace que, pn,sa. oe una
ctegeuera&lt;:ion moustt·uosa., i[¡conceb1ble, nos habnamos desgal'l'ado unos á ott·os, como las fiÍ
ras se desgarran en la selva., y las ondas cte
viento llevarían en su seno el rugicto de los leo·
nes, el rebramar del océano ó el canto de las

Domingo 15 de Febrero de 1!)0'3.

LA TRILLA.
[CUADRO AGllÍCOT,A.)

aves, sin llevar ya voz humana: y la soledad de
la tierra, que yo imagino más pavorosa faltando
el hombre, que si faltan los demás animales que
la pueblan, habría reemplazado al ruido y mo·
vimiento que hoy la animan.
Por la noción del bien, llovida al espíritu como benéfico rocío, la especie pudo valer algo:
sin ella, sin la luminosa orientación á la virtud.
seríamos semovientes feroces y nada más; porque
nuestro intelecto, con ser una excelencia, haría
lo que la llama del incendio, destruir excelentemente. Y si este fuego no destruye; si en vez de
ser aniquilador levanta: si en lugar de abatirnos,
vemos al cielo; si, á rambio de que el mundo sea
egoísmo y maldad solos, hay sacrificios, desnudez vestida, llanto enjugado, perdón, pueblos
redimidos, heroísmo, libertad, todo lo que estremece las entrañas y aviv-a el entusiasmo y nos
enciende la sangre, lo debemos á aquella noción.
Alienta y se desenvuelve, segura y tranquila, al
amparo de nuestros dos más altos y nobles sentimientos, el estético y el afectivo, que son como
los puntos diacríticos del alma. Miremos.
Por tendencia irresistible vamos en pos de la
belleza., para anegarnos en las dulzuras de su
contemplación; y, ni la naturaleza física, pródiga, exuberante de formas bellas, ni la energía
creadora del entendimieqto y de la f_antasía, han
ostentado jamás nada que de lejos se acerque á.
la inefable, soberana belleza espiritual del orden moral. Que no se venga á decirme que es
más avasalladora, intensa ó grata la emoción
que despiertan el grandioso espectáculo qel mar
ó el grupo de Niobe, que la que nos hace llorar
cuando vemos que Vicente de Paúl riega con lágl'imas, calientes de caridad, las escuálidas mejillas de un niilo desvalido!
Nuestras facultades afectivas, errabundas en
la penumbra del paganismo, sin faro ni ruta,
consumiéndose en el orgiástico vivirá que incitaban las menguadas divinidades mitológicas,
vieron su rumbo cuando, al conjuro de aquellas
mágicas palabr!ls que resonaron en Judea:
&lt;Amaos los unos á los otros,&gt;
se abrieron las tinieblas, cual se abrieron las
aguas á Israel, poniéndonos en franquía hacia
los g1·andes ideales. Y el corazón de los hombres
palpitó con el ve1•dadero, el casto y santo amor
y ellos sintieron más virtud é hicieron más
bien ..... .
No puedo adivinar, ni lo adivina. ninguno,
cuáles serán las definitivas conquistas de la cultura universal; pero todo hace confiar en que su
eficacia educativa, reforzada minuto á minuto
concluya nivelándose por la bondad. A ese fin'
&lt;laboremus,&gt; sembrem0s por el consejo y el ejem~
plo, que no de otro modo se dignificará este frágil barro, crisol depurado1· de las ideas, y no
por eso menos miserable. Trabajemos, que el
trabajo en la. virtud justificará que somos el &lt;rey
de la creaci_ón.&gt; La realeza con que nos pavoneamos en la 01ma·de la escala zoológica, se asienta en el pode1· de obrar deliberadamente el bien·
Y, ó ser buenos ó abdicar...... ¡Ah!-exclamó ei
párroco poniéndose en pie y con el bt'illo de la

inspiración en los ojos. -que la humanidad entera sea virtuosa y el planeta, hoy opaco, irradiará luz propia! .....
Y el señor cura calló.
-Todo se1·á muy bueno, como salido de usted,
dijo el galeno a.provechando el silencio; - pero
nada hemos concluído del caso conc1·eto que nos
ocupa..
-Es lo de menos: unac¡¡.ídacomo hay muchas,
que sin ñuda tiene sencilla explicación. Falta de
moralidad, ele educación, acaso el abandono de
los padres, la orfandad ....
El presbítero tomó de repente un aire
triste y pensativo. Luego, agregó:
-Tantas causas pueden originar esos
desastres! .... Y, habré de repetirlo: no
una,ni veinte l!Olondrinas hacen vernno:
hechos aislaoos, nada significan contra
mi tesis.
Meneó el doctor la cabeza comu quien
aprueba, sacó cigarros y fumando y en
comentarios de poco más ó menos acabó
el día y se despidieron.

En el círculo e;,pacio30 &lt;le la era
está en parvas abundosa'! acervado,
una parte del tesoro que ha volcado
en las trojes la fecunda sementera.
Y en el círculo empren&lt;lien&lt;lo la carrera
potros brutos en tropel desenfrenado
dan al aire su relincho destemplado '
sacudiendo la gran crin como bandera.

***
Al otro, volvió el médico {~ la hora de
costumbre.
-¿Qué tenemos de nuevo? preguntó el
sacerdote.
-¡Pstl nada que lo valga.
La conversación revoloteó en torno d~
los temas habituales. Llegó el turno á
los periódicos; y el doctor, que registraba uno de la tarde, dijo de improviso:
-Mire usted: aquí está utra vez la
cMagd.alena.&gt; - Anoche, en un café céntrico, una mala mujer dió muerte á la conocida por el nombre que encabeza este
s:ielto y de quien hablamos ayer á lod
lectores. Nuestro repórter pullo saber por
alguien que acompañaba á la víctima,
que era de H., Estado de Micho11cán s
que se llamaba María Valvtrde·&gt;

Cuando en la. mañana siguiente se revestía el señor cura para decir su misa
de siete, el sacristán se fijó en que tenía
los párpados encendidos, muy encendidos.
·
P. TE.JEDA GUZMÁN.

€1 mtrca'1o '1t "d 2 '1t Jlbrtl."
El 5 del corriente por la mafiana '}Uedú
abierto al público en la plazuela de .Ju~n Carbonero, el edificio del mercado d el c,2 de Abril ,,
reconstruido por cuenta del Ayuntamient~,

DE LA COST A.-A la siesta.

Va el1 su pos bruno rapaz marchando al trote
azotándolos cruel con el chicote
'
-larga víbora de crótalo sonor~ · -

'

y al fu:gor ignirrojizo de la tarde
la era finge circo rústico que arde '
envolviendo todo el campo en humo de oro.
JUAN

México, 190:1.

B. DEWA DO.

�Domingo 15 de Febrero ,le 1903.

Ca [ucba
NO y otro había~
salido de un mis~ mo seno maternal: eran hermanos.
Juan, pálido, lánguido,
,
,. .
meditabundo, soflador ,
,. ~ 'tJ!f- ~
no pedí~ á la_ naturaleza
J !'
y á la vida smo l uz, es' · ·
pectáculos bellos ó sublimes, paz.. . , y tiempo ilimitado para prolongar
i ndefinidamente la contemplación y el placer.
Pedro era sombrío, inquieto, rudo y tenaz,
y el ceño de su frente revelaba que, debajo de
la alborotada cabellera roja, bullían pensamientos de ambición y odio.
Vivían el uno al lado del otro, en dos campos limítrofes, exactamente iguales, que poseían por herencia.
De la choza de Pedro, al nacer el alba, safo t'l homhrr, nnnarln dr ,c:u!'&lt;in!'&lt;trnmentosde

EL MUNDO ILUSTRA:)O

labor; y el sol, desde que surgía tras el monte
hasta que rodaba tras el mar, no ce,:aba de
quemar la faz del trabajador hercúleo. Así lucía su campo, corno taza florida rebosante de
riqueza.
Juan abrfa su chozn, alzado el día, y abríala para que entrasen á hacer fiesta la alegre
luz del cielo y el aire fresco de los bosques,
las mariposas y los pájaros, los perfumes silvestres y esos rumores indistintos, largos y solemnes, que son el concierto ininnlable de la
naturaleza en calma. Recostado á la sombra,
entre libros, vivía con el espíritu en mundos
:aeales, ya fuese á desentrañarlos de las abstrusas profundidades de la historia, resncitando lo que fué; ya los crease de un golpe y !os
lanzase á voltear, extrañamente luminosos,
por las regiones de la fantasía. Y cuando su
materia clamaba por sustento, salía á recoger
el don espontáneo de su abandonada tierra, ó
de no hallarlo, cruzaba el linde y tomaba del
bien de su hermano lo preciso.
Cuando Pedro vió que de cada pulgada de
su campo surgía al fin un tallo que le alargaba un fruto; cuando con mirada atónita y complacida hubo apreciado el valor del rico manto de verdura que vestía su heredad, empufió
el arado una mañana, atravesó tranquilamente la línea divisoria y se puso á labrar la tierra de su hermano.
Juan nada advirtió, (, de haber ad vertido,
selló los labios. Y mientras leía ó soñaba, todo en torno suyo iba como por prodigio trans•
formándose : los zarzales se desvanecfon en el
viento, vueltos humo; el endurecido suelo

abríase y se ablandaba al paso de la reja
arado; los surcos amanecían cuajados de
tes verdes, que crecían y se extendían y
lazaban, alfombrando el piso para los
bles huéspedes que acababan de liegar
Trabajo y la Riqueza. Pues ya en aquel
eón era esplendor y opulencia lo que antes
aspereza y esterilidad.
Una tarde vino Pedro y llamó
lante de su puerta.
-Juan, le dijo: necesito arrasar t u ch
sembrar su espacio de plantas que me den
fruto. Vete.
-Pedro, no me voy: ésta es m i casa.
-Tú nada tienes, Juan; todo es mío
lo he conquistado yo, que Roy el fuerte.'
-Pues emplea tu fuerza para echarme.
-Sea.
Y se traha la lucha ahominahle, Ira tri ·
esa 1ucha cien veces secular que parece
dición de vida en la naturaleza y á la
aporta el hombre una fuerza terrible por ·
ligente-la maldad. Pedrn pone rnbre los h
bros del hermano las manos Yi~orosas, y
puja. Juan extiende las crispadas suyas
tra el t-nemigo, enarca el lOJFO, clnrn el pie
tierra, y resist&lt;'. Nuevos empujei::, rnda
mús violentos; rómpen-,e ante una reRiste
inesperada. Pedro frunce el entrecejo, re
gase, acomete, y la embestida es formid
irresistible; cual tronco desarraigado, J unn
• cila, cedP, da un pn:;o atrás, da dm: .. .. ..
tá perdido? t\o: con brui;co quiebro esqui
y cambia el modo de combate. Ya en 1
de asirse, los hermanos i;:e abrazan .... .. ¡a
zo horren&lt;}o, abrazo del odio, más apre
más ardiente que nunca fuera el del amorl
Los pechos oprimidos jadean, y sus so
quemantes se confunden al escaparse de
resecas bocas. Forcejean los músculos i
mitos, y mientras las aceradas piernas se
redan y pugnan furiosamente por manten
firmes ó arrollar, los hermanos se miran,
miran con esa mirada de suprema avidez
el amor no tuvo nunca ..... Juan flaq uea al
bo, mas pide nuevo brío á la desesperaci
retrocede, pero brega. 3iente que lo exp
que lo arrastrah, paso á paso, á través del
putado patrimonio, hacia el hohdo ba

. ~ ... ,._.

__ ..

PASTORES ITALIANOS.-

que por aquel lado lo limita. Y cuanto más
se abrasa en i ra ante la consumación del vil
despojo, tanto menos encuentra vigor para
evitarla. Y en el llano desierto y á la l uz del
sol que cae, giran, giran la rga y confusamente, entre remolinos de polvo, aquellos cuerpos enlazados, que la fatiga rinde, mas el rencor sostiene, estallando en el silencio de la hora, con pavorosa resonancia, el ronco estertor
de los alientos anhelantes y el golpe seco de
las pisadas fu ribundas. Un esfuerzo máfl, y el
grupo infernal alcanza el borde del abi~rno.

(Cuadr o de Fabrés.)

Pedro soltó á su hermano y con voz sorda
v lenta le dijo:
-Juan, sigue la orilla del barranco, toma
el camino de la ciudad y aléjate.
-No por mis parns, Pedro; te lo he dicho.
Echame.
-Pues lo quieres, vete al diablo.
Y de un empellón fué Juan lanzado al precipicio.
Pedro se i rguió con toda la majestad del
triunfo; y mientras la dulce forma de su her'11ano se estiraba en el fondo de la sima y quedaba inanimada para siempre,
él, arriba, emprendía la vuelta á
sus dominios, tranquilo y satisfecho; los campos verdes le sonreían, henchidos de promesas; el
aire le llenaba de besos frescos
el fatigado rostro, y hasta el sol,
antes de hundirse, le encendió la
roja cabellera, pareciendo como
que le ceñía la codil'iosa frente
con corona de oro.
DIEGO VICENTE TEJERA.

Enero de 1903.
En todo el universo no hay fuerza exterior que no encuentre su
equi~ibrio en fuerzas interiores: si
la luz hace que la sombra huya,
la sombra hace que la l uz se turbe.

***
Siempre que la razón se nubla
y la mala pasión &lt;le,;pierta, la verdad se e,sconde, el sentimiento de
la justicia huye, las virtudes lloran, y todos lo&amp; sentimientos no\ bles quedan dormidos.

***

El mérito no está en conquiEtar, sino en mantener lo conquistado.

***

CHAPU L TEPl;C,
UN MI LLONARI O.-

(Cuadro de Fabrés.)

Domingo 15 de Febr ero ae 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

No hay rencor más profundo
que el de los humildes y tímidos.

ta Strtnata dt aon ]uan.

•

- P rincesa angelical de ojos rasgados
Y garganta de pétalos y aromas,
A t i vuelan mis versos, arrullados
Por las torcaces cálidas palomas.
De mis versos el límpido torrente
Refleja en su cristal tus formas bellas,
Como el Guadalquivir en su corriente
Retrata al ígneo sol y á las estrellas.
¡Seductora beldad, no seas esquiva
Con este corazón que por ti late,
Y. que enlaza á las rosas de tu ojiva
Los épicos laureles del combate.
Mis cantos, melanc.ó lica sirena,
Estamparán sus ósculos de mieles
En tu faz donde brilla la azucena,
Y en tu labio en que sangran los claveles.
Mis cantos rozarán con su plumaje
Tu frente y tu mejilla de escarlata
Y labrarán su nido en el encaje '
Que orla tu seno de marfil y plata.
Ondulan en mis cantos, precursores
De mi eterna ilusión fascinadora .
Los rojos Pstandartes triunfador~s
De robu!'&lt;ta pasión abrasadora.
Mis cantm: ciñen fúlgida cimera
Que orna florida r6stica guirnalda'
Y lucen regio arnés, do reverbera'
El rayo de tus ojos de esmeralda.
Son mis cantos, en :fin, bajel ligero
Que llena Amor de músicas y risas
Y boga en mar tle rutilante acero '
Al blando soplo de aromadas brisas.
«Princef:a angelical de ojos rasgados
Y garganta de pétalos y aromas
A t.i vuelan mis versos, arrullados
Por las torcaces cálidas palomas.,i
Masy1.yl si tu hermosura y tus amores
Me qmsieran robar locos rivales
Mis cantos, melodiosos ruiseñor~s
¡Se cambiará,n en tigres y chacale~l
~ANUEL REINA,

�Domingo J 5 de Febrero de lfl03.

EL MUNDO ILUSTRADO

do de sus profundos ojos negros brillaba una.
luz diabólica. Algo se estremeció en el fondo d~
mi coraz6n, y en aquel momento conprendt
que la amaba, que la amaba, que estaba :ita,
do á ella para. siempre con cadenas formidables.....
A. FERNANDEZ GARCIA.

POBll[.A.S ES PBOS.A.

mazatlán.
o

A M O R?

tas Barracas.

Ella era bella; adorablemente bella. Yo no
la amaba, pero no podía dejar de verla una
noche, una sola noche. Por qué? Pero sobre
todo, lo que más admiraba en ella eran sus
ojos, sus grandísimos ojos, negros, rasgados,
p rofundo!I.. ..
Una noche le dije,al azar, casi inconscientemente:
---En forma de cuál de esta.'! cosas aladasuna golondrina., una paloma ó una águila, desea.ria usted tener el alma?
-En forma de una águila - me contestó.
-¿Y para qué?
-Para saber cómo he de cazarla.
Pero yo DO deseaba su alma. ¿Por qué? Xo
lo sabía.

o

Destrucción
de las casas in•
Testadas.
o
MAZATLAN.- L as barracas vist as por el lado Poniente.

Con el propósito de no dejar incompleta
nuestra información relativa á la epidemia reinante en Mazatlán, ofrecemos á los lectores de
«El Mundo Ilustrado» fotografías de las barracas en que se hallan aisladas actualmente las
personas sospechoens de haber contraí,lo la.
enfermedad, y de algunas casas que, para evitar el contagio, fueron quemadas por orden de
las autoridades.
Las rigurosas disposiciones que dict6 el Consejo Superior de Salubridad para contener el
avan::e de la peste, están plenamente justifica.das, y, por lo mismo, la publicación que
ahora hacemos, no es máé que una prueba de
que se han puesto en práctica, eri las actuales
circunst.ancias, cuantos medios se han creído
indispensables para salvará la población de
los estragos que causa la epidemia.

PENSAMIENTOS.
El amor propio es el móvil más 6 menos
oculto de nuestras acciones; es el viento que
infla las velas sin el cual el buque no caminaría.

*

El ejemplo heroico de los triunfos pasados
es la principal fuente del valor de cada gen~raci6n: los hombres marchan con calma. hacia
las empresas más peligro!"as, impelidos nacia
adelante por las sombrns de los bravos que ya
no existen.

*

Oficinas de desinfección en Mazatlán.
L os miembros de la Junta.

MAZATLAN. -Ruinas de algunas ca&amp;as
destruídas por e l fuego.

INDÍGENA.
(LEYENDA).

I
Allá en las pampas que el Janeiro baña,
Aun hay chozas indígenes, que fueron
Refugio de los indios que murieron
Con estoico valor en la campaña.

MAZATLAN. - Bombas improvisadas
pa ra la desi nfecc ión

Cual Taped Amaruc, en lid extraña
El Cacique murió; los que pudieron
Del enemigo emanciparse, huyeron
En busca de quietud á una montaña.

Domingo J 5 de Febrero de 1001.

EL MUNDO ILUST RADO

- Y o veo-le dije- los ba.la.ústres de oro
de !as maravillosas puertas del jardín del Paraíso. Las calles del jardín e!"tán empedradas
de zafiros y rubíes. "Coa floresta de blancos
lirios gigantescos se balancea á lo lejos. La
luz que lo alumbra todo es color de perla. Será la luna? Sí. No puede ser sino la luz de la
luna lo que lo envuelve todo con su red de
plata. Se escucha la lírica, sollozante quejumbre de mil cítaras invisible!". Qué música tan
deliciosa! ¿Qué uñas de marfil tan fina!", pellizcarán tan sabiamente las cuerdas Yibradoras? Sin duda son los i,erafines, porque al compás de esa música, miro que van desfilando,
cada una con un lirio en la mano, las once
mil vírgenes. .Pero ya las vírgenes pasaron . ...
Ya no las veo.... Ahora vienen los apóstoles
con sus enormes barbas blancas....
-Como buen poeta es usted muy galanteme interrumpió riéndose- pero hoy no le
agradezco su galantería. No me halaga que

MAZATL AN.-Derrumbando

Sobre la huaca dfll Cacique, inclinan
Los mangles su dosel, y la iluminan
Los astros como trémulos ciriales.

La• ciencia
es una pirámide en la cual
todas las hiladas reposan
sobre laobservación.

"'

No maldigamos el
dolor; él sabe esculpir nUfistras almas,
dándoles su forma
más ideal, su más
perfecta. hermosura.

*

El amor, como el
sol se levanta sin diferencia sobre todas
las cosas, calent.'lndo
á la naturaleza entera.

*
Hay en cada nación la misma balanza del bien y del
mal; el desconocimiento de este equilibrio explica las
preocupaciones de
la mitad del mundo
contra la otra mitad.

*

Hay dos cosas que
en este mundo DO
encuentra el hombre
las más veces fuera
de su casa: la buena
sopa y el amor desinteresado.

Y cuando el cielo sus crespone(viste,
Entona el «urutí» su canción triste
Oculto en los frondosos saucedales.
II

*

Todo nuec;tro conocimiento humano
puede ser representa.do simbólicamente por una pequeíia
isla, muy breve, rodeada por un océano sin límites.

La heroína Diamora; la que fuera
De las comarcas índicas orgullo,
~Iurió también, efímero capullo
Que no llegó á entreabrir la primavera.
Y cuando en su agonía, la guerrera
Tribu, escuchó su postrimer arrullo,
Juró antes que su honor, vengar el suyo,
Beeando su carcaj y su bandera.

*

Cuando á los rayos de la luna inciertos,
Perfuman el recinto de los muertos
El cactus y la oliente zarza.mora;
Evocando las sombras de los Incas,
Uajos de floripondios y!pervincas
Lleva un indio á la tumba de Diamora.

,

JUAN DUZÁN.

Calle de Du rangulto, en Mazatlán.-Quemando una casa.

-.t

MAZATLAN.-Una casa infestada y quemada.

Otra noche mirando sus negras pupilas profundas le dije:
-Al través de tus pupilas veo yo muchas
cosas....
-¿Y qué ve usted? - me respondió,

usted vea el cielo en el fondo de mis
pupilas. )Ie han recomendado tan mal
el ci~lo! Me han asegura.do que es la
patria de los pobres de espíritu.
Miré de nuevo sus pupilas. En el fon-

El hom hre siempre descontento de
lo presente, atribuye á lo pasado una
perfección falsa que
no es más que la
máscara de su tristeza. Elogia á los
muertos en odio ele
los vivos, y golpea
á los hijos con los
huesos de los padres.

�Domin~ &gt; J 5 de Febrero de W03.

URANTE muchos a!ios, el señor Bellarmín, instalado enVenecia,en una casita
de la Vía,-Sancta, ejerció la, honrosa y
delicada carrera de la medicina; pero
á pesar de las maravillosas curas que llevó á.
cabo, el buen doctor había sufrido, vegetado y
renegado de su profesión, hasta el día en que
resolvió convertirse en nigromante.
Fué entonces cuando la fawa y la fortuna se
llegaron á él con la misma presteza con que lo
habían abandonado. Sus arcas se llenaban de
oro, su casa. de muebles preciosos, sus escapa.- ·
rates de va.liosas vajillas de plata. repujada..
Bellarmín llegó á ser el hombre más feliz de
la ciudad. A su la.do, veía crecer á su hija, á su
adorable Julieta, cuya. hermosura. hacía olvidar la de la amante de Romeo. Sabía que,

BL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

EL
da 1 charlando sentado á la mesa, en compañía.
de Bellarmín y de Julieta.
Y el buen Bellarmín, que adivinaba en los ojos
de un enfermo la más pequeña huella de fiebre,
no tenía ni la más remota sospecha del fuego
devorador que ardía en el pecho de ~iuseppe.
·Cuán cierto es que las cosas más senctllas, l a s
riiás naturales lai:; que tenemos á la vista, escapan á nuestra 'observación, á medida que somos
más perspicaces ó que creemos serlo.
Giuseppe amaba á Julieta, la amaba por la
bondad de su corazón, por la música deleitosa
de su voz, por la ternura de su mirada, por
suavidad aterciopelada de su~ mano~. Rabta
crecido cerca de ella, amándola m~onsc1entemente desde el primer momento, de~mendo, poco á
poco, ese sentimiento que expe~1mentaba, basta
llegará comprender que la unica alegría de s u
vida seda hacerla su esposa y pasar á su lado
las horas todas de su existencia.
Por la noche soñaba con ella, la envolvía en
la gasas de su 'pensam~ento, no existía m~s quJ.
por ella y para ella, sm atreverse á decirlo a
nadie, más convencido á cada momento de q ue
ella era su único ideal.
Julieta era mujer. Había adivina.do, sentido,
comprendido esa ternura, muy diferente de aquella con que su padre la rod~aba? y esto,. que en
un pt·incipio la agradó, la hsonJeó, la bizo1 más
tarde, sentirse orgullosa, y, finalmente, feliz. .
Ignoraba á dónde iría á parar por ese camino y sin embargo, lo seguía confiadamente,
entregada á la dulce languidez, al éxtasis deliGioso de un hermoso sueño.

!ª

*
**

llegado el caso, cuando Julieta cumpliese los
veinte años, podría. dotarla como á una princesa; esto sin contar con que el brillo de su nombre, reflejándose sobre su hija, daba á ésta el
derecho de esperar una. de las más nobles ali anzas de Italia..
Era feliz porque, á pesar de todo lo nigromante que fuese, sentía su conciencia tranquila. y
limpia su alma., cosa rara por aquellos tiempos
en Venecia, donde la. política enredaba diariamente á muchos hombres en las marañas de tenebrosas empresas.
Esto no impidió que la venganza, el odio, la
ambición, !la.masen á menudo á la puerta. del señor Bellarmín; pero él los recibía. con ese gesto
imperioso, con esa mira.da dura, ante los cuales
el Mal se inclina, retrocede y huye.
En cambio, esa misma puerta se abría ampliamente á los amantes tristes, decepcioaados, locos. Sus filtros amorosos, elogiados, recomendados de un extremo al otro de la península, se
compraban á peso de oro y no podía darse abasto para fabricar la cantidad que se le pedía.; ya
el brebaje que hace complaciente á la más cruel
amante, ya el que vuelve al redil a.! esposo infiel, ó el que reanima la ternura adormecida en
el corazón de la esposa, ó el que torna en desinteresada á la más avara cortesana: en una palabra, todos los bálsamos que había descubierto
pará curar las más espantosas llagas que en el
corazón humano causaba el señor Cupido con
las envenenadas flechas de su car&lt;,aj divino.
Ayudábale un aprendiz en la incesante faena,
no porque el doctor Bellarmín le hubiese confiado el secreto de su arte ni la fórmula de sus filtt·os, sino porque le encomendaba el trabajo lento
y monótono de los alambiques, el gotear desesperante de las clarificaciones.
Era el aprendiz ahijado de Bellarmín, un guapo muchacho de veinte años, al que había r ecogido huérfano hacía algún tiempo. Dedicado como un hijo, discreto como un mudo, paciente
como un ángel, deseoso de ser útil en todo, Bellarmín comprendía que, sin temor ninguno, podría confiar á su ahijado las más delicadas labores.
Nunca-aunque esto habría sido muy natural
en un joven de su edad-abandonaba. Giuseppe
la casa á la vuesta del sol, para concurril' á alguna francachela ó á alguna cita misteriosa;
nunca, en los días decarnaval, se mezclaba entre
la ruidosa multitud de las mascaradas; ni tenía,
siquiera, en su pupitre, esquelas perfumadas para eset·ibir un billete amoroso.
Sólo se encontraba á gusto en la casa de sn
patrón, por el día, en el laboratorio, entre vasijas y retortas; por la noche, después de la comi-

Giuseppe vienao caer gota á gota en el largo
cuello de l;s redomitas el &lt;elíxir del amor,&gt; á ureo y oloroso, soilaba. A través del cr~stal, adivinaba-¿qué digo?-veía, veí3: á Juheta, ~ s u
Julieta concluyendo con sus lmdas manec1tas
algún bordado fino y delicado.
.
y sentía impulso de lanzarse hacia ella, de
arrojarse á sus rodillas, de confesárselo todo y
preguntarle-¡angustioso enigma!-si ella, á su
vez, llega.ria á amarle algún día.
.
¿Cómo formular su pregunta?..... ¿Qué le diría'? Y su cerebro tll·abajaba rudamente, concibiendo brillantes discursos que á los pocos momentos olvidaba.
Y, luego... ¿qué con~staría ella? ,
.
Si "Ot· desgracia, Juheta se ofendia, si por
atre~:rse á tanto y pedir tanto, iba á perder irremediablemente ese dulce compañerismo con _e l
que mitigaba un poco su sed de a';llor . . . ? Julleta era rica y él pobre; et·a tan . l~nda qu~ todos
sus caprichos le estaban permitidos. Si se le
ocurría desterrarlo para siempre de su lado,
quejarse á su padre, hacer que lo despidiesen de
la casa....
á
y las lágrimas perlaban el borde de sus p rpados, como las gotas.del elíxir de amor el cuello brillante del alambique.
Una mañana despertó animado, envalentonado, resuelto.
¡Valiente bestia había sido hasta entonces!
¡Cómo! ¡Se pasaba el día cuan largo era preparando para otros el filtro amoroso, y no le ha-

bía pasado por las mientes que también á él podía servirle! Que Julieta bebiese unas gotas, sólo unas cuantas gotas de él, y ya no temería su
cólera, ni sus desdenes, ni el destierro, ni aun su
tibieza ó su indiferencia. También ella le amaba, escucharía de buen grado sus súplicas y juntos compartirían ese sueño de amor.
Había estado y estaba ante el Paraíso, tenía
l a llave de él y no había pensado en que podía
entreabrir esa puerta abierta, diada.mente, de
par en par, para los otros.
¿Qué significaban a l gunas gotas de menos en
l a redoma? ¡Nadie lo notaría.! Y para acallar
escrúpulos de conciencia y dejará salvo su honradez, resolvió invertir en la co1npra de un filtro todo el dinero que Bellat·mín le había dado
para sus divet·siones y que él había guardado
cuidadosamente, soñando en un regalo para Julieta. Pretextaría á su patrón, un día que éste
se ha.liase ausente, la llegada de un desconocido.
Así lo hizo.
Poseedor, al fin, del brebaje tan soñado, no
pensó más que en aprovecbat· la hora propicia
para hacer uso de él; no sin preguntarse-¡el
buen muchacho!-si no cometía. mayor pecado
al robarse un corazón, el más bello tesoro que
en el mundo existe.

Domin~o 15 de F ebrero de J9!):3.

los pájaros cantaban, y la brisa traía el hálito
embalsamado de las nuevas flores y de los brotes nuevos.
Los dos, sentados uno al lado de otro, hablaban ahora á media voz, de los esplendores de
ese día, de las dulzuras de esa hora, confes~ndose la dicha que sentían en esa casa tranqmla
y apacible en medio de la inquieta Venecia que
se agita y ruge.
Operado el encanto dulcemente, sus voces volviéronse más y más tiernas, más y más escasas
sus palab1·as; sus manos se habían unido y se
estrechaban con ternura: sus ojos se hundían en
sus ojos hasta llegar á sus almas, y .... cariñosa, zalamera.mente, Julieta, en éxtasis, dejó caer
su cabecita sobre el hombro de Giuseppe.
Hablaron entonces de sus antiguas charlas, de
los días pasados en lánguido silencio, de la vida.

*

* enamorados,
*
Hay un Dios para los
dice la leyenda, y este Dios quiso que Giuseppe no esperase mucho tiempo.
Una mañana -fué en los primeros días de la
primavera-el Sr. Bellarmín avisó á su ahijado
que se ausentaba, que regresaría hasta por la
tarde y que lo dejaba al cuidado de la casa y de
su hija, bajo la tutela de la anciana criada, única sirvienta que el mágico, modesto en sus gustos, tenía á su servicio.
Recomendó á Giuseppe que no permitiese á
nadie la entrada á su gabinete, que cuidase de
que no se apagase la llama del alambique, y se
alejó después de besar tiernamente la frente de
su hija.
Giuseppe quedó solo con Julieta; solo, porque
la sirvienta, poco amiga de andar entre chirimbolas de magia, no salía de su cocina.
Llegada la hora del almuerzo, ambos se encontraron frente á frente en la mesa común, ella
alegre, animada, como una chiquilla que juega
á. hacer de &lt;señora grande;&gt; él, turbado, vacilante, inquieto.
Tuvo, no obstante, el valor de ir á buscar el
filtro preciosamente oculto, y ofreció á Julieta
gustar de él como de una golosina inofensiva
¿Lo creyó ella? .... Adivinó, con su intuición
femenina, con su natural perspicacia, la tosca
superchería del pobre Giuseppel'... Nadie sab!.'á
decirlo; pero extendió espontáneamente su vaso, que parecía un tulipái;i sobre su largo tallo,
lo dejó llenar hasta su borde, y lo apuró.
- ¿Tú no bebes, Giuseppe?
Giuseppe iba. á contestar que no tenía necesi dad de ello; pero, temeroso de sorprenderla, llenó también su vaso y lo vació de un trago.
Por la abierta ventana el sol entraba claro y
alegre, avanzando poquito á poco sobre el suelo; en sus rayos de oro, se agitaba una infinidad
de polvillos luminosos; afuera, entre las ramas,

común, coC:u la de ellos, siempre en familia, dichosos y tranquilos.
Los labios de Giuseppe rozaron castamente,
aunque llenos de amor, la freLte de Julieta. Fué
su beso de bodas.
Nada oían, nada sabían, en nada pensaban
como no fuera en su amor .... Así, no pudieron
ver que la cortina se levantaba suavemente, y
que en la puerta aparecía, después de un momento, la figura sorprendida, pero sonriente del Sr.
Bellarmín, que escuchaba, enternecido, su casta plática.
Repentinamente, Giuseppe se puso en pie.
Ha escuchado un frotamiento del terciopelo.
Julieta murmura: &lt;¿Por qué me despiertas?&gt;
Giuseppe se arroja á los pies de su amo; ella,
enmudecida, roja como una cereza, se oculta la
cara entre las manos, no osando ni moverse.
-¡Señor! Os lo pido, os lo suplico! Golpeadme, despedazadme, matadme; pero no digáis una
palabra á vuestra hija. Que toda la culpa caiga
sobre mí! Os he robado un filtro, la be hecho
beber de él: es inocente, lo juro, es inocente!
Bellarmin lo dejó hablar. Después, toma lamano trémula de Julieta y la pone sobre la de su
ahijado.
-Os amáis, hijos; yo os amo también y os casaré. Tú, Giuseppe, llegarás á ser, por voluntad mía, mi sucesor. Ya es tiempo de que yo
descanse y de que vosotros hagáis por mí lo que
por vosotros he hecho yo. Te enseilaré el arte de
mi sortilegio; pero, desde ahora, quiero confiarte uno de mis secretos.
Ese filtro de amor que ambos habéis bebido¡glotonesl--basta la última gota, es un viejo vino de Chipre que be comprado, secretamente, en
Messina.
De &lt;elíxir de amor&gt; no tiene nada; m.-s no Jo
digáis á nadie, que éste es el secreto de mi riqueza. Ofreciéndolo á aquel que me Jo pide es
la confianza, la esperanza, la convicción, Jo que
le ofrezco; es el valor Jo que le doy; es la fe y
con la fe, ya lo sabéis, se remueven las montañas.
Querer es poder, y yo doy al que me compra
la voluntad, la fuerza de querer, la i l usión ~a'.
grada, la ilusión bendita que ha hecho á los héroes.
El &lt;elíxir de ,amor,&gt; el único, el verdadero el
que _vosotros habéis bebido, es la Primave'ra
mágica prodigiosa que lo elabora con la tibiez~
de su fiebre, con los olores de sus perfumes con
las gotas impalpables de su rocío.
'
L Lo que tú me has robado, Giuseppe, no ha hecho más que darte la audaci a que te faltaba.
Amaos, hijos míos, amaos, que yo también ( s
amo y os bendigo.-JEROME DOUCET.
,,.. Traducción de "El Mundo Ihistrac;lo,"

�Domingo 15 de Febrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

.EL MUNDO ILUSTRADO
está amueblada con ajuares austriacos y estilo
Luis JfVI; las cortinas son de seda verde, recogidas con finos crespones, y el decorado general es del mejor efecto. Sigue una pequeña
pieza de descanso, en la que se ven muebles
estilo antiguo muy valiosos, estantes con Ji.
bros y cuadros de hombres célebre~. Los cojines, cubremesas, etc., lucen artfoticos bordados y aplicaciones.
En cuanto al comedor, ei; uno de los departamentos más bien arreglados. Los aparadores son de maderas finas y están cubiertos con
hermosos cristales; en los muros se destacan
gobelinos muy vistosos y sobre unas mesas de
artístiqa hechura, se ve una vajilla de plata
primorosamente trabajada. Otra de las dependencias dignas de mencionarse, es la sala de
descanso de las señoritas Reyes: está dotada
de estantes muy costosos, tocadores blancos
con lunas de las mejores, y otros muebles de
valor. Esta sala, que sirve también de estudio,
está decorada con exquisito gusto.
El despacho del señor Ministro se encuentra en una pieza inmediata.
Tanto el señor General Reyes como su fa-

pasto á su rapiña, en donde cuelgan y ocultan
sus nidos el azulejo y el turpial; y en la cabaña, el gallo que recogió su t-ribu bajo el alar
de la enramada, anuncia con su monótono
cantar, cómo lentamente van pasando las si·lenciosas horas nocturnales.
En la cabaña, duermen sobre la troje los
;:hiquillos, sueño reparador é inocente, mientras la madre consume la velada, á los reflejos moribundos de una luz, que próxima á
extinguirse, oscila ó parpadea.
Llora la pobre campesina el abandono cruel
y la triste orfandad de sus chiquillos, y en la
comarca desolada, s1:i confunde el lamento de
sus penas cori el lánguido rumor de las quebradas; recoge sus congojas el soplo yerto de
las ráfagas que pasan quebrantando los sembrados; y sólo tiene resonancia el grazniC:o
aterrador del buho hambriento, que desde la
enhiesta copa de los árboles, tiende el vuelo en
retorno á su guarida, y se pierde en las profundas soledades de la noche ..... .
JOSÉ ANTONIO ESPINOZA.

LEGACION

LEGAC ION DE COLOM BI A .-Sala de recepción.

DE CO LOMBIA. - Comedor .

deros suficientes para el aseo personal de los
presos.
El costo de la construcción fué de .... .. .... ..
$45,363.16.

RESIDENCIAS DIPLOMATICAS.

Domingo 15 de Febrero de 1903.

querella; el viento sopla yerto en la comarca,

y vagan murmurios quejumbrosos, traídos por
las ráfagas que á su paso abatieron inclementes los sembrados.

Geométricamente considerado el hombre, es
un poliedro creado en el anch uroso espacio de
la existencia, y forma parte muy íntima de un
po~iforme infinito:· el destino.

LA LEGACIÓN DE COLOMBI!.

NUEVA CALLE.
Toca hoy su turno en nuestra galería de residencias diplomáticas, á la Legación de Colombia establecida en la esquina de las calles
de Viena y Fuentes Brotantes, por el señor
General don Rafael Reyes, Ministro Plenipotenciario de aquel país en México.
Una elegante escalera, estilo americano, da
acceso á. los salones de la Legación y á los departamentos que en la misma casa ocupa la
familia del señor Ministro. Al penetrar á la
suntuosa finca, se ve desde luego el buen gusto con que está decorada; multitud de acuarelas de artistas mexicanos y colombianos,
cuadros valiosos sobre diversos asuntos, retratos de hombrés célebres, y grabados, dispuestos con verdadero arte, adornan las distintas
dependencias formando el más hermoso conjunto.
La sala de recepción, contigua á la escalera,

En terrenos de la 11!- Comisaría, se i nauguró
el 5 del actual una calle que lleva el nombre
de «Landa y Escandón. i, El acto fué apadrinado por los señores Vidal Romero, José Vasavilvaso y Ramón Pérez Solis.
De las actas que se levantaron, una se colocó bajo la placa que indica el nombre de la
calle, remitiéndose otras al Ayuntamiento y
al Gobierno del Distrito.

NOCTURNO.

LEGACION D E COLOM BI A.- Biblioteca y Salón de desahogo.

milia, cuentan entre la mejor sociedad mexicana con innumerables simpatías.

La Cárcel Municipal de León.
Publicarnos un grabado que representa el
exterior de la Cárcel Municipal de León, Guanajuato, inaugurada hace poco con toda solemnidad. El nuevo edificio se comenzó á construir en 1899 y se terminó hace tres meses,
siendo JE&gt;fe Político del Distrito el señor Archibaldo Guedea. La planta general consta de
los siguientes departamentos: prevención, alcaidía, archivo, salohes para correccionales,
sentenciados, y de arresto menor; cárcel militar, escuela para niños, dormitorio, y sala para juntas. Lar; bartolinas son 37.
En el mismo edificio se e1,cuentran dos amplios locales para juzgados del Ramo Civil y
dos para los· de lo Criminal, con sus correspondientes dependencias para las secretaría!".
Los patios con que cuenta la cárcel son tres,
y en ellos están distribuidos los baños y lavaSalón particular de la familia Reyes,

P rofundas soledades de la noche..... .
Tienden las sombras su mortaja de tinieblas,
sobre colinas y arboledas, valles y sembrados,
mientras que lentamente van pasando las silenciosas horas nocturnales.
En medio como á quietud de los sepulcros,
se alzan las tétricas visiones, al delinearse en
el fondo de la densa obscuridad, el escueto
contorno de los sauces, que á la vera de los
caminos se yerguen alineados.
Baja de la montaña el lánguido rumor de
h.s quebradas, como el triste rumor de una

Fachada de la cárcel m unici pal de L eón.

Profundas soledades de la noche! ..... .
Rápidas, cruzan y serpentean por instantes,
las débiles fosforescencias del cocuyo;desde la
enhiesta copa ele los árboles dilata su graznido aterrador el buho hambriento, que buscll-

RJIYO DE i:un.11.
Ella, á la reja asomada,
Y él en la calle, do un rayo de luna
Parece que viene del cielo á mirarlos,
Rasgando las brumas.
Y el aura,
El aura errabunda,
Se lleva suspiros, se lleva secretos,
De dos corazones calladas ternura!:'.....
Sus labios se acercan,
Sus manos se juntan,
Y entonces,
El rayo de luna
Tras nubes sombrías
Discreto se oculta.
ISMAEL ENRIQUE ARCINIEGAS.

PARA CURAR UN RESFRIADO EN UN DIA
Tome _las _pastillas Lax'\Dtes ~e Bromo-Quinina.
El botica.no le devolvera su dinero-si no se cura.
La firma E . W. Grove se halla en cada caji~

�Domingo 15 de Febrero de l 9o3.

LUZ DE LO ALTO.
Entre las tinieblas
De la obscura noche
Reluce muy lejos, en una majada,
La hoguera que encienden algunos pastores,
Que brilla en las lindes
Del negro horizonte,
Y á ratos vacila
Y á ratos se esconde.
Ranas y alacranes
Lanzan en las sombras su chirrido torpe,
Al que s6lo la parda zumaya
Con su estúpido canto responde,
Perturbando la augusta armonía,
La calma, el silencio y quietud de la noche.
Las brillantes estrellas del Carro,
Las que marcan el rumbo del Norte,
Del cénit arrojan
Vivos resplandores,

L:

P!t MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO
Que al viandante nocturno conducen
Y en derecho camino le ponen.

··············································· ······· ··

***

Entre las tinieblas
De la obscura noche,
Con paso inseguro
Caminan los hombres,
Confiando en la luz de la hoguera,
Que lejos encienden algunos pastores,
Que brilla indecisa,
Y á ratos vacila y á ratos se esconde.
Por sendas y trochas,
Tropezando y cayendo, recorren
El campo anchuroso,
Y el silencio 1ompen
Tal vez con gemidos,
Tal vez con canciones
Que alacranes y ranas corean
Con chirrido torpe.
Tropezando y cayendo caminan,
La vista en los prietos y obscuros terrones,
Sin que un punto piensen
Sus mentes cerradas, rastreras y torpes
En alzar la cabeza hacia el cénit,
Donde lanzan sus vivos fulgores
Las siete brillantes estrellas del Carro,
Que_marcan, seguras, el rumbo del Norte...
F.

NAVARRO Y LEDESMA .

NVESTRO PAIS.-Un bosque michoacano.-Puente de Santa Teresa.

Domingo 8

LA CAUTIVA.

N

O sé por qué soberbio é inexplicable
pecado está cautiva la fría princesa en
la sala de los muros de cobre; inmóvil y como enorgullPcida por miradas de invisibles multitudes, sentada en un trono, entre
dos quimeras de oro, ha ln:nguideci&lt;lo y sin
duda contempla en el espeJo de las murallas
su insolente belleza.
Sin embargo,· se levanta, y con los ojos ardientes aún por los suefios que no ha borrado
la vigilia va hacia los muros metúlicos. En su
trayecto ~e, como en una bruma densa, venir
una forma vaga, una forma voluptuosa ?e mujer, con los cabellos sueltos; estremecida de
amor sobrenatural, murmurando palabras de
bienvenida, corre con los brazos abiertos hacia la real visi6n ......... Pero reconoce su propio esplendor, percibe en la sala el único per
fume: el de su carne......... Entonces, desfallecida y triste, desabrochado el traje de púrpura1 .viene á. sentarse
y á llorar en medio de
., .
las qmmeras rromcas:
«Yo-dice-todavía yoln y á su rededor la
sala eleva sus implacables muros pulidos: ni
flores amigas, ni viejas armas! dondequiera
reflejada por los mmo~, tan s6lo la cautiva
ado1:na su prisión.
¡Cuántas horas se fastidia y sufre la fría
princesa guardada por su imagen! Entretanto, ella se odia; querría cu~rir con Yelos los
grandes espejos que la convierten en su carcelera eterna.
Una ventana se abre:
si ella pudier&amp;. ver por esa
wmtana los vendimiadores errautes por las viñas
6 las ,egadorae metiendo
sus brazos en el toisón
de los trigos, 6 siquieray esto sería divino- los
grave:! bueyes ahondando
los surcos negros en las
llanuras crepusculares!
¡Cómo se inclinaría locamente en su ventanay c6mo mandaría á los campos en labor largos y fraternales besos!
Ah! el sendero que pasa allá, abajo, está para
siempre desierto; no tiene principio ni fin, y los
árboles negros que lo
adornan tienen un susurro solemne de aguas que
corren hacia el Océano.
En su dolor la princesa
desgarra sus vestidos; los
collares arrancados desgranan sus gemas con un
ruido do burla; bajo los
jirones de su púrpura
desgarrada, aparece todo
en los espejos que exaltan la inútil gloria de su
rica nubilidad.
Al fin, la. puerta va á
abrirse: ¡si fuera ésta la
hora del perd6n! ¡Si el
bello vencedor, vestido
de luz, fuera á entrar! ¡Si
alguna voz armoniosa
fnera {L gritarle: «Vengo
á li brnrte de ti !n
No. Es una esclava que
ofrece en copa de esmeralda, frutas raras y precioi::os vinofl¡ y esta esclava
lleva también traje de
púrpura, deja también
caer á tierra el pesado teF&lt;Oro de sus cabellos, y, de
cuerpo y faz, es- más
que una hermana-semejnnte á la princesa; es
ndemás buena y dulce,
v habla un rauco lengua~e de Oriente que hace

FIESTAS POPULARES.-Mazatlán en días de Carnaval.

parecer las palabras de amist~d como arrullos d~ paloma. 1:'ero en la
belleza de la enviada, la cautiva no encuentra smo su prop.1a belleza,
y las palabras consoladoras s6lo la hacen sofiar en su propia voz; por
eso la princesa dolorosa arroja;coléricamente á la amante, á la bella
esclava más cruel que los espejos.
·
'

EPHRA 1M ~TIKHAEL.

SOY CASTELLANO ... .... .
Soy castellano. Vivo aislado en mi "astillo,
Pntre11a&lt;lo á los sueños y á las meditaciones.
Soy ;¡l:1.nero y hosco, soy triste; ningún brillo
exterior rne seduce. Maté mis ilusiones
la noche en que por siP.mpre mandé alzar el rastrillo.
Amo paRar mi vida contemplando los cielos.
Desde el alto y obscuro torre6n del homenaje,
he visto á las mafürnas tender sus blancos velos
f:n los cielos; he visto enlutarse el paisaje
en las noches, las reinas de misteriosos duelos;
y en la gran lejanía, á la vaga ribera
de donde en nna tnrcle doliente y sonro,mda
znrpó la barca de oro &lt;le mi ilusión primera,
qne ,e lle,·ó ft. mi hermana, la dulce pasajera
qt,c pobló de armonías mi alma enamorada.
Cómo recuerdo aquello! ........ .
......... Y mi hermana gemela
nna tarde de otoño se fué muy triste y sola. ..... .... !
Snla, se fué muy lejos, lejos, lejos ......... ! La vela.
de su barca er,L blanca, y como ban,lerola
on leaba en el mústil mi sueño que la vela.
Oh, la \'igib ~ielllpre: la mira cuando huye
por las·call.ulas si rtes; cuando púliua llora
bu~cando la esperanza que (t su seno enamora;
euanuo tod,t tretnante á las sombras arguye
y ditlo_ga con ella,; su voz encantadora..
Paso las hornH muerLas contemplando el camino
dt&gt;sde el alto y oh~curo torreón del homenaje.
Mi corazón la agunrda que n1elv:i de su viaje!
K,pnando que vuelva de su viaje divino,
lic cansado mis ojos contemplando el paisaje.
MANUEL DE LA PARRA.

1903. - México.

.

de Febrero de 1903.

ALREDEDORES DE MEXICO.- Acueducto de los Leones.

�Domingo l5 de Febrero ele :!.!J03.

:mL MUNDO rtus'rRA!&gt;O

EL MUNDO ILUSTRADO

-Sí; llámela Vd. pobre. Ha faltado, pues. Y la gente de la
aldea se le fué encima, y la apedreó. Unos dicen que fué á tener
su hijo á Gap. Después no .se ha vuelto á Raher de ella.
Me detuve, sobrecogida.
-Desdichada! Desdichada!
Y en la obscuridad de lo que yo experimentaba, me atreví á
arrojar mi piedra contra esa desdichada.
; -¿Por qué faltó lit infeliz?
Entonces Phrasia se plantó delante de mL
-¿Por qué? Porque era como las demás! No hay que creer que
porque son institutrices, han de ser ángeles también. V d. es una excepción; Vd. está hecha así, no se fastidia jamás, siempre está alegre. Las otras, yo las bP conocido bien, son como todo el mundo!
Llega el día en que la vida hierve en ellas. Sólo que no les gustan
los idiotas de los caminos; y los otros no las quieren porque son ¡ obres y no saben hacer nada cori sus manos. Entonces, si alguno ronda en torno de eilas, acaba eso siempre por una desgracia, como la
de Greoux, que yo refería á Vd. Es necef'ario no condenarlas como
lo hacen los imbéciles, señorita! Hay que comprenderlo todo! Yo me
&lt;ligo eso. Y si hubiese estado en Greoux, contra quienes había arrojado las piedras sería contra las gent~s del lugar ........ .
En ademán soberbio, con el puño cerrado, Phrasia amenazaba ...
Luego siguió su marcha. Llegó la primera al fin de la cuesta
que seguíamos, y me tendió la mano en un momento en que me tropecé con unas piedras.
--Cuidado! Se necesitan pies firmes para andar por estos caminos!
Sonreía ligeramente. Pensaba en el otro camino, tan abrupto, de
lm, jóvenes institutrices. Mi mano oprimió un poco la de Phrasia, de
esa mujer tan buena, tan inteligente. Seguramente yo no era de su opinión, en cuanto á tamaña indulgencia, y, sin embargo, comprendía
tantas cosas!. ....... .
XVIII

I

¿
\

LA INSTITUTRIZ.

.-.

NOVELA POR ESTER DE SUZE.

ILUSTRACIONES DE SIMONT.

TRADUCCION Df "fL ~UNDO ILUSTRADO."
(CONTINÚA.)

La buena mujer estaba orgullosa de acompañarme.
La mañana estaba fresca. Ibamos de prisa: yo, soñando; Phrasia charlando. Me hablaba de todo, sin solución casi; algunos hechos
me interesaban más, me iban rectos al corazón, como si á mí me hubiesen acontecido.
Interrumpía esas historias con preguntas balbucientes.
-Hacía mucho tiempo que vivía allí esa institutriz?
-Oh, sí! La pobrecilla era tan linda como una imagen; y tan
inteligente...... Pero, quia! El le hacía la corte. En cuanto á casarse
con ella, eso era distinto: ella tenía las manos demasiado blancas ......

Vea Vd., señorita: las institutrices-·dicho sea sin ofenderá nadie no están bien sino en la escuela.
-Acaso no soy yo quien arregla mi casa Phrasia?
-Vaya! En cuanto á cocina, á juzgar p~r la compra que hago
para
debe estar hecho muy pronto el quehacer de la casa.
Rio, y no tuve valor para explicarle que eso era porque yo no
encontraba placer alip~no en cocinar para mí sola; mientras que si
• fuese para una fam1ha...... Mas ¿para qué contarla esos detalles?
¿Me casaría yo alguna vez, por ventura?
-Entonces, esa pobre institutriz ......

V.~-,

El abate me asombró. Un talle largo y esbelto, bajo la flotante
sotana; manos de artista; una cabeza ideal, joven, circuida de rizos
negros que parecían ir del círculo de la tonsun al cuello grácil. Vino
á nuestro encuentro cuando i,alíamos de la iglesia, y Phrasia le saludó,
pidió noticias de la criada y de algunas gentes á quienes yo no conocía. Luego, mirándome, dijo que iba yo con el fin dti ver las obras de
arte de su antiguo patrón. El abate salud(¡ muy i;,encillamente. Parecía distraído, y, como me había dicho Phrasia, apenas me miró.
-Me complace mucho la visita de usted, señorita; pero Phrasia
le ha dicho más de lo que es en verdad. Mis trabajillos son más bien
una destrucción; pues es en representará Dios, en lo que me emayo.
Sin embargo, si eso puede interesarla ........ .
Nos guió á través de una sala estrecha, en la cual hahía grandes
tablones cubiertos á lo largo de llls paredes. En medio una mesa, un
escabel, algunos instrumentos enteramente primitivos, una vasija con
agua, un montoncillo de b'l.lTO amarillento en el suelo, al lado de la
mesa.
-El taller, señor abate.
-Sí, si acaso. Es aquí donde trabajo. Estos son mis bocetos.
Alzó los lienzos que cubrían las paredes. Quedé sorprendida.
ccEcce-homo~" verdaderamente divinos, con la frente bañada en sangre, bajo la corona de espinas. Vírgeues de perfil extático y doloroso;
cruces trabajadísimas, con lianas ó volutas que se entrelazaban, se
asían al árbol cristiano, semejantes á almas que se elevan en plegarias
impremas: sus cálices sedientos tendidos hacia la sombra mística del
árbol.
Yo balbucía algunas palabras. Con un ademán imitaba la actitud de los tallos, seguía la línea suave de los perfiles, á medids. que el
abate me mostraba las figuras.
- Se diría que es usted conocedora, señorita.
-No conozco el arttl, señor; pero sí lo hermoso....... y esto, qué
hermoso es!. ....... .
Sus ojos, velados por la indiferencia, parecieron abrirse. Me miró orgulloso por un instante. Luego se calmó, como si se arrepintiera de ello.
- ¡No! Esto es cualquier cosa ...... ocupación de soltero ...... nada más.
Quiso acabar pronto. Le indiqué un último asunto que había
quedado cubierto. Se ~urbó un poco.
-No está terminado-dijo.
Mas yo me había a1.:ercado, y él hubo de quitar rápidamente el
lienzo. Era una Santa. Ana, sentada, con un libro sobre las rodillas
y ~a Virgen, niña, de pie, leyendo en e~ libro. La Virgen niña, eÍ
bnol, los detalles to_dos estaban aún mformes, excepto la figura de
Santa Ana. En camb10, esta me asombró por la expresión de vida
que tenía. La frente pensativa, la nariz pura de los santos de alas
móviles, como la de una jove11 que sueña; los labios suaves sin nada
de místico, el talle afinado como_ por un corset, bajo la drapería que
no llegaba á figurar nada arcaico en derredl)r de esa figura encantadora.
- ¡Qué extraña es esta santa!-exclamé.
-¿Por qué?-preguntó inquieto el abate.
-Quiero decir que expresa mucha vida. Generalmente los santos no son así.
-~s un error. ¿Por qué n? expresarla vida, aun en la santidad?
Resolví 1~1,te,ntarlo_ en este trabaJo. ~anto mejor si lo he logrado.
Volv10 ª. cubrir el gr~1po. Phras,a nos había dejado solos. El abate me conduJo á su humilde y estrecho comedor, y m~ ofreció una

bomingo 1ñ de Febrero de 1903.

nada de marrasquino. Me habló de su arte, que !e había v~nido sin
maestro; me refirió cuán feliz era entre el buen D10s, los feligreses y
el arte. Estaba sentado, y su mano, admirablemente destacada de la
sotana, me parecía, con sus dedos finísimos, estar modelando alguna
cosa.
-¿Entonces,-le pregunté-no se fastidia usted jamás?
Esta pregunta era atrt&gt;vida. ¿Acaso un padre debe Rentir fastidio? ¿Acaso yo misma me fastidiaba, puesto que hacía tal pregunta?
Iba á disculparme, cuando él me contestó lealmente, que no conocía
el fastidio.
-Los feligre;:es, el buen Dios, todo esto es el deber; como son el
mío mis discípulas y también Dios; pero cuando se es artista como
usted, me parece que podía desear tener algunos amigos íntimos, que
le comprendiesen su alma.
Se echó hacia atrás lll) poco para reír, con ese timbre de voz blanco propio de los padres jóvenes, y que no es ni &lt;le mujer, ni de hombre, ni de adolescente.
-¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Qué bien dice usted eso! ¡No soy su confesor, y sin embargo, acabo de oír su confesión! ¿Conque se fastidia
usted en Chavoux?
-No; no, señor cura. Yo Je pregunté si por aquí cerca no habría
un castillo donde tuviera usted amigos que supieran estimarle. Es
por usted por quien preguntaba. Yo no soy artista, 11i tendría qué
decir á mis amigos, caso que los tuviese.
- Bien, bien, la creo á nstecl.
Y como yo insistiese, neciamente, diciendo:
-EntonceR, nadie, ¿ni siquiera un viejo castellano arti~ta?
El palideció, se mordió los labios, movió los afilados dedos nerviosamente, como para hacerme callar, y respondió con sequedad:
-¡Nadie!
Phrasiavino á encontrarnos. Habló sin parar por algunos minutos;
aceptó una gota de vino añejo; &lt;lió de Chavoux noticias que el abate
no le pidió.
-No hemos acabado aún. Si queremos ver aún á la señorita
María, debemos marcharnos pronto, señorita.
¿Por qué me pareció que el abate quedaba contrariado?

***
La vi. Era la Santa Ana, la deliciosa Santa Ana del aba.te la de
perfil purísimo y labios sua.ves.
'
Pero-cosa extraña-si h Santa me había parecido moderna la
joven me pareció antigua, como una de las vfrgenes de la Paráb~ln.
l\Ie recibió afablemente, sin grandes demostraciones· me dijo que yo
bacía muy poco ruido en mi aldea; pero que, no ob~tante, ella había
oído hablar de mí.
-Usted también, señorita,-dijo Phrasia-parece ser piadosa
como un ángel y no hacer aquí ningún ruido. .
Miré lÍ. la jov¡m, con la curiosidad &lt;le sorprender algo en ella.
Volvió -á mí su apacible rostro.·
-Creo, sefiorita, que también usted ha de ser piadosa. En nuestra situación, ¿qué sería de nosotras, s.i no tuviésemos al buen Dios?
-Ciertamente-murmuré.
No podíamos tardar mucho. Phrasia nos separó. La señorita
María prometió irá visitarme.
-Será necesario que también usted venga señorita y sin etiqueta, cuando usted quiera... ... En estío los ca1~inos son 'agradables
y estamos tan cerca ......
Nos acompañó basta el camino, y me señaló Chavoux al fin de
la pendiente, á la derecha.
-¿Vendrá usted?
-Sí-le dije algo indecisa.
Nos besamos.. La joven pare~a leal y pura; habría yo debido
quererla mucho. Sm embargo, m1 corazón quedó aprisionado por un
sentimiento inexplicable.
XIX
Estábamos en junio. Los caminos, sembrados por los árboles y
perfumados por_ las flores, me atraían con todos sus encantos. Los
Jueves,. los domingos, en las tardes claras, después de las cuatro me
d~?ª t1emp? para dar paseos. La sefiorita _María vino _á verme; yo la
v1s1té también, yendo, para acortar el cammo por vencuetos que habíau llegado á serme familiares.
'
l\Iis amigos de Paut me invitaron á su casa. Conocí su escuela
nuev~, con techo rojo; el mismo e~i~c~o para niñas y niños, á guíe:
nes solo separaba un8: barda que d1v1&lt;l1a el patio. Llena de niños de
uno y otro ~exo, patnar_.?al_como un presbiterio inglés; más cómoda
que la mía. o la de (a s~?orita María, gracias al ingenio y habilidad
del esposo, esa hab1~c1?n _me encantaba. Fuí á verles con frecuencia
y llegué á ser la _:irmga mtrma del_ matrimonio. Uno y la otra me confiaban sus ensuenos y su~ contrariedades: un encanto punzante me
tenía suspensa de sus lab1os,..sobre todo los del joven esposo.
, -Cuando tengan~os h1Jos- decía la esposa-los instalaremos
a(J~n, en esta recamanta. Les educaremos con gran cuidado
les
adrestra,remos en todo lo,que se pueda. Luego les casaremos c~/ rofesores o profes~ras. Seran felices como nosotros.
p
Sonreía satir-fecba ...... pero él quedaba sombrío. Las palab
d
éste, cuau~o hacía sus confid,mcias, me parecía que abrían b:e:ta!
en muros impenetrables que descubriesen poco á poco luces · ¡
bles.
1mp aca-

•

(CONTINUARÁ. )

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Director: LIC. RAFAU RfU&amp; &amp;PINDOLA.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 1, No 7, Febrero 15</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Poemas en prosa</name>
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                    <text>A LA GRAN MUEBLERIA.

El
ANO X•••TOMO 1.--NUM. i

MUNDO ILUSTRADO
MfXICO, ffBRfRO 22 Df 1903.

6erente: LUI&amp; RtU&amp; &amp;PINDOLA

Director: LIC. RAFAU RfU&amp; &amp;PINDOLA.

1 3~Ricardo Padilla y Salcido.~
: .............
i
1 HERMOSO PEC
1 ~ Ca.lle de San Jaa.n de Letrán, núm 11. México.

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•

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••

EL MUNDO ILUSTRADO

sodios de eRa campafia de emancipación · reradas que sean; la ideas que concibe, por nuemontan á la Revolución Francesa y al triunvas y extrafias que parezcan, ha de expresa~·fo del romahticismo s:ibre el clasicismo. Pe
las con palabras ya hechas, en un lengua¡e
el modernismo ha heclio más y mejor. La li
cualquiera creado ya de antemano, usual y
bertad de pensar en arte como en política naaccesible á todos · lenguaje, en general, poco
O hay hombre que, al lado de las aptida
vale, ni nada significa sin su natural ~ommanejable, erizado de reglas de prosodia y de
tudes mayores ó menores de que lo ha
plemento, la libertad de expre1&lt;ar. El reinado
sintáxis, de principios de acentuación, de condotado la naturaleza y que, bien ó mal,
de la ideología tra&lt;licional habfa concluído·
cordancia y de régimen, de nimiedades fonoacaban por ser su vaca lechera, no tenga una
pero su_bsi..tía el d~spotismo de la Academi~
lógicas,
nada
flotante,
ni
ondulante
ni
plegatendencia, una aspiración colateral, digamos
y la pmnera conqmsta resultaba estéril sin
dizo como un rfianto, sino rígido, inflexible y
así, divergente, que acaba por convertirse en
realización de la segunda.
estrecho
como
un
ataúd.
sueño dorado, en «obsediosa» sugestión, en
Derribada en tierra la vieja ideología, y pulEn punto á sensibilidad y á concepción, me
manía, en idl3a fija. Conozco un matemático
veri~ados
la regla de las tres unidades y loa
creía
un
poco
poeta.
La
~atura.leza,
el
homcuyo anhelo es ser guitarrista; hay filósofos
rahcios preceptos de la escuela, todavía como
bre, la vida, el arte, despertaban ~n mí ~moque no piensañ más que en injerlar tulipanes;
los suizos a.r~te el sombrer~ de Geissler,' había
ciones profundas, imúger,es no desprovistas
Quevedo era, de toda preferencia, espadachín;
ql~e _descubnrse y qu~ pedir permiso á la gra.
de brillo, vibraciones misteriosas y sen~~cioGladstone, lefiador; Balzac aspiraba á las fi.
mntica para llegar al ideal, pagando peaje cones exquisitas; pero á la hora de convertH tonanzas, á los grandes negocios; Nerón, á tenqr
mo en las antiguas garitas y dejando el 1
do aquello en un soneto, en una octava real,
de grande ópera.
los
vellones más blancos y sedosos de su insen
una
oda,
en
una
letrilla
.........
imposible!
Cito ejemplos de hombres eminentes; pero
piración en los zarzales. de ese camino del Cal
El lenguaje me hacía un insufrible obstruccioel hecho se comprueba hasta en los seres más
vario.
nismo y me estorbaba prodigiosamente. Las
h umildes. Los jefes de sección son generalEl modernismo arrasó todo para construir
palabras que no me salían largas, me resultamente acuarelistas aficionados; los diplomátide nuevo. Se alzó sobre las ruinas amontona
ban cortas; ahí donde el metro me exigía una
cos sueñan con sabrosas combinaciones culidas del pasado, como sobre un pedestal y dipalabra aguda, no encontraba más que una
narias y más á menudo «calzann el gorro blanco
jo al poeta: «Eres libre! Libre de pensar á t
esdrújula; para las rimas en ,con» no encontraque el casacón bordado; los escribientes admiguisa, rle concebir ú tu antojo!»
ba más que terminaciones eh «íai&gt;, y una de
nistrativos son casi siempre poetas; los depen,,En estética no hay nada extravagante
dos: ó para conservar la integridad de mi idea
dientes del ramo de abarrotes, músicos, y así
ridículo, ni monstruoso. \'ierte todo en el 'pa
tenía que escribirla en prosa, ó ü me encapripor ese orden.
·
pel; no filtres ni destiles tu inspiración; no afi
chaba en aprensarla. en el molde de la rima y
Por lo común, y salvo contadas excepciones,
nes el impuro metal, déjalo hervir y chispeat
encuadrarla en los confines na.tui·ales ele! mela aspiración dominante, es contraria á la caReglas, no las observes; principios no los a
tro, tenía que &lt;lestigurarla, que deformarla y
pacidad preponderante.. E l qt.e tiene voz pre, no es f urgon
, sobre ' rieles sin
tes;
1a poesia
que
transformar
y
traicionar
mi
emoción
y
mi
fiere-, aunque cojo, el baile; el cegatón se incli.
1'
'
b
p l uma en oc on o arca en vórtice! ' No
pensamiento.
na. á la micrografía ó á la ·observación de los
detenga
en tu camino el escrúpulo gramati
La
estructura
y
las
condiciones
del
lengua.je
astros; el naturalista nato, pinta en seda ó mono tropieces, como no tropieza el elefante
hacían de mis ángeles monstruos, de mis jodela en barro; la mujer estéril se siente fundala piedrita de hormiguero de la sintaxis-'
yas pepitoria; de mis construcciones ruinas;
dora de hogares y madre de familia; la prolíte enciell'es en el diccionario, ui te clisequ
fica toma el velo; en la Escuela de Sordomude mis jardines, basureros. Paloma vestida de
corno pétalo, entre las páginas del léxi
dos impera el amor á la oratoria, y nadie,
armadura, mi poesía, lejos de volar, caía pePuesto que creas la idea, forja también el v
como los ciegos, para aficionarse á los experisadamente en tierra, y en vez de bogar en el
bo. Da nombre á las cosas, ¡qué importa quen
mentos de visión á distancia, con inte.rmedio
azul, se revolcaba en el polvo y en el fango.
sea el que llevan! Inventa verbos si. te pla
de segunda vista.
Lo deié por la paz; aquello era superior á
cre¡i. construcciones y regímenes, poda las
¿Será que la privación causa apetito? No lo
mis fuerzas, y decepcionado, me retiré por
labras si les sobran sílabas; injértales nuev
sé; pero no conozco tartamudo que no se conmuchos años á mis cuarteles de invierno. No
sagre más ó menos á la oratoria ó á la declasi les faltan! Conjuga nombres si te viene
salí de ellos sino para una corta y desastrosa
mente, lleclina verbos si así cuadra á tu
expedición. Uri día oí habl-ar del volapuk, la
mación.
No podía yo escapar, y no he escapado, á
nio; puntúa á tu gusto. De tus rugidos
lengua nueva, la lengua universal, que á las
esta ley general. Sin hacer mérito de las capaleón haz cadencias y rimas y de tu canto d
dificultades de todas adunaba las facilidades
cidades, bien modestas por cierto, de que la
alondra interjecciones. No te detenga el m
de ninguna. Lengua maravillol'a, creada, no
naturaleza ha podido dotarme, es el hecho que
tro, ni te estorbe la rima; si te importun
al capricho de la inventiva de las masas, de
mi bello ideal, mi aspiración s'uprema, «mi
las exigencias del uso, de las tradiciories de ]aj
cámbialos; en toda combinación de síla
no hay másallá,»hasidoser poeta. ¡Cómo enacademias, y de las contingencias de los éxohay un verso. No catastres tu pensamien
vidiaba en mi juventud, hoy los envidio medos, de las conquistas y de los cruzamientos
ni cuadricules tu inspiración. ¿Por qué cato
nos y ya se verá por qué, á Justo Sierra, á
de razas, sino hecha «ad hoc," con la laudable
ce versos el soneto y solo ocho la o~tarn? H
Man uel Acuña, á Juan de Dios Peza, á l\Iamira de allanar obstáculos, de superar dificullos tú dP. quin~e ó de siete ó de los que te pa
nuel M. Flores con cuyas vistosas plumas de
tades, de dar al 110mbre un· instrumento n u erezca. No te encastilles en los viejos lin&lt;leroe
pavo real un error de homonimia ha vestido
vo y flamante, flexible y dúctil, ligero y mahaz heptasílabos de cinco y endecasílabos d
en ocasiones á mi grajo! ¡Cuánto he envidianejable que le permitiera formular y propalar
trece sílabas. ¡Acentos, cesuras, hiatus! :íl
do después, en la edad madura, á Amado
el mundo. que lleva en su alma.
trañas y supersticiones! Tú eres acento y
Nervo, á Luis Urbina, á José Juan Tablada,
Ensayé el volapuk; me tentaba la idea de
eres cesura! hazlos y no sufras que nadie
á Jesús Valenzuela, á Manuel J. Othón, á tan·
ser el Homero de la lengua nueva; pero el volos imponga. Sé libre! Eres rey y no tien
tos otros, aspirando siempre á ser ellos y malapuk me resultó la carabina de Ambrosio.
más que súbditos. Rompe trabas, atropell
niatado por una incapacidad absoluta y una
No había podido evitarse en la lengua nueprincipios, derriba obstf,culos, atranca
impotencia radical!
v~,. el so°:1eterla á reglas, el Tegirla po¡- princaras, deRgarra vestiduras, quítate grillos, p6
Un poeta, en ¡fecto, es un ser complejo;
c~p~os, y Justamente eran las reglas y los printe nuevas a.las y así volarás mús alto y m
compuesto elementalmente de fondo y forma.
cip10s lo que más me estorbaba y me cohibía.
amplio como águila multialada! Y ante tod
Debe, desde luego, sentir, vibrar, aspirar, soqh! si hub!era ~odido encontrar una lengua
no olvides que la poesía y la lógica son inco
ñar; debe, simpático con las cosas y los homsm gramática, sm analogía, sin ijintaxis sin
ciliables. Nada de enlace ni de coheren ·
bres, saber llorar, como las propias, las lágriprosodia y sin ortografía; lengua libre c~mo
~i, sobre todo, de unidad; de todo eso haz l
mas ajenas, desgranar en perlas la misma
el cóndor sobre la cordillera; lengua democrána para tu fuego. El collar vale por las
carcajada de regocijo, exhalar los mismos sustica, republicana, _plebliscitaria movediza colas y no por el hilo; busca las pe;rlas y déja
piros, prorrumpir en los mismos sollozos que
mo la onda, cambiadiza tomo' el viento ó la
de hilos.»
el melancólico ó el desesperado; cantar todos
nube, a,daptable por sí misma y sin trabas co· «Te doy consejos; si alguno te parece regl
los triunfos, sufrir todas las derrotas; amar
°:1º la túnica_ de Crist?, á l~s tallas y pr~por- no lo sigas. La verdadera libertad consiste
con el amor de todQS, odiar con el ren~or de
ciones sucesivas y smrnltaneas de la idea·
eso y la poesía no es más que libertad. i&gt;
todos, sintetizar en forma de emociones intenmaillot verbal siempre ceñido á las forn~as;
sas todos los goces como todos los dolores
amoldado á las actitudes; ohr si hubiera eri'***
humanos y reflejar en sí mismo, agigantados
contrado eso, ¡qué gran poeta hubiera sido! y
Al oír aquella voz redentora que me habla
y poderosos todos los espectáculos rle la natusi llegara á encontrarlo, ¡qué gran poeta podría
por las' mil bocas de la juYentud modernis
raleza y todos los panoramas del alma hullegar á ser!
me sentí transfigurado y redimido. Rompí 1
mana.
Feli_zmente llegué á encontrarlo. El moviligriduras, me despojé del pesado casco y-d
Debe, asimismo, y éste es el elemento ,,formiento modernista, la revolución decadentisla rígida coraza; desistí de canalizar la cata
ma,» concebir y sentir todo ya ac9ñado, molta de la p,oesía vinieron á redi::nirme .}, á salta interior de mi pensamiento, de ali near
deado en formas precisas, simétricas, e11cuav3:nne; limaron los barro!es de mi jaula, dede marcar el paso al turbulento oleaje de O!
drado en lineamientos regúlares y prestablecirnbaron los muros de m1 calabozo hicieron
io~piración, de entubar el huracán de m
dos. Debe soñar y sentir, sin duda; pero debe
saltar la tapa de mi atáúd, me qt~itnron los
emociol'les desbordante,:, de poner chin1en
tam?ién medir y rimar. lla'de traducir un grito
grillos y las esposas, me pusieron en vez de
y ventiladores al volcán que ardía en ·mí,
precisamente dentro de cierta _combinación de
ellos un par de alas y el águila comenzó á ·vodesde entonces soy poeta!
acentos y cierta disposición de sílabas · ha de
lar y se cierne ya en las alturas.
No comprendido'? calumniado? arrastra
pintar la Naturaleza, el hombre, las p~siones
La rev?lución mod~rnista, en general, y la
en el fango por la crítica? inexplicable para
y los sucesos procurando que de tiempo en
decadentista, en particular, no consisten en
vulgo? exc9m ulgaclo de las academias?
tiempo y de dos en dos ó de tres en tres las
haber derribado las barreras que encerraoan
Tal vez; pero si nadie me comprende,
palabras rimen cadenciosamP.nte, y por ~ltiel pensamiento.La libertad de pensar en el
comprendo yo ...... y basta; y no será 1~ m
mo, las emociones que resiente, por' desmesuarte data de más lejos y los más recientes e¡,inor de las glorias de la eRcuela modenusta

tómo mt bict Potta.

N
1

t
l

1

;oe

haber llegado á crear esa poesía personal, refinada y sul.,lime que, huyendo del contacto
las masas y de la promiscuidad con el vulsólo hace gozar ó sehtir á quien la crea y
~ndo más á un limitado cenáculo de correligionarios exquisitos y de l\deptos íntimos y
refinados.
Acaso pronto, sin embargo, dé á este semanario una joya de mi anaquel, una flo~ perfumada de mi prado, una estrella de m1 firmamento.
Si así llegare á ser, pido no ser leído si~10
por modernistas «pur sangi&gt; y por decadentistas de la última hornada.
Estoy seguro de que mis lectores no se n egarán á complacerme.
DR. l\L FLORES.

EL MUNDO ILUSTRADO
jé una dosis de dicho artículo sobr~, la co~üda del loro, repitiendo la operac10n vanos
día1&lt; consecutivos.
Al levantarme, lo primero que hacía era co:
rrer á la ventana para ver el resultado de mi
combinación. Pero el maldito loro no torcía
n unca el pescuezo. No sólo estaba lleno de
vida, sino que su salud mejoraba de un modo
visible. Deshincháronse sus patas y la gota
desapareció por completo.
•
¡En vez de matarle, le estaba yo curando!
Entonces comprendí que había cometido
una insigne torpeza.
El arsénico, propinado en pequeñas dosis,

ministro de mtxito
tn ta Jtrgtntina.

En días pasados fué recibido
en audiencia solr11ine por el
• Presiden ti' cte lfl República Argentina, el Sr. Lic. D. Fra.nrisco L. de la Barra, Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario de México· en las
Repúblicns Sudamer icanas del
Atlántico.
Los discursos C'amhiados ron
este moti,·o entre el nuevo Ministro y el Jpfp de la Nación
Argentina - &lt;liscur!'los que &lt;lió
ú conocer íntegros «El Mundo,&gt;
-revelan las buenas relaciones
que existen entr~ los &lt;los paí~es
y los deseos que los anim;..n lle
fortalecerlas rada día más en
beneficio de los intereses que
les son comunes.
Como nuestro semanario diú
ya á conocer en otra ocai-iún,
los rasgos biográficos del Sr.
Lic. de la Barra, nos limitamos
ahora únicnmente á publicar
el retrato del distinguido diplomático.·

Historia de nn Crimen.
Eh aquella época estaba de
guarnición en Grenoble un escuadrón de dragones, en el que
figuraba yo como un yeterinario militar.
Vivía en tercer piso de la calle de Villars, desde donde disfrutaba de un panorama soberbio.
En el piso segundo moraba
un guantero retirado, que poseía un loro verdaderamente
antipático por su charla monótona y sempiterna. No había quien pudiera sufrirle en la
vecindad. Como el animal estaba muy bien alimentado, padecía de gota ? tenía las piern as hinchadas. Además, una
M in istro
enfermedad de la piel le había hecho perder gran parte de sus pluma,:.
¿Qué necesidacl impulsa á los comerciantes
retirados á provee.se de un loro?
¡Vayan ustede,, á averig~iar el misterio!
El corazón del hombre. tiene abismos insondablei;,.
:m loro de mi vecino era mi pesadilla; sus
chirridos me abrumaban de un modo horrible y me impedían consagr;rme á un trabajo
serio y formal.
Diariamente colocaba el guantero la jaula
en el balcón situado clebajo de mis ventanas,
y resuelto yo á poner término á aquella situación, pensé en los medios ele librarme para
siempre del odioso animalucho.
A grandes males grandes remedios.
Compré arsénico, y desde mi ventana arro-

SR, L1 C. DON F RANCISCO L . DE L A BARRA,
de México en l as Repúblicas Sud-americanas deJ

es un tónico, y, por tanto, producía en el loro el efecto de una medicina bienhe€hora.
Aquel incidente hubiera debido desarmarme; pero era tal la repugnancia que el animal
me inspiraba, que resolví aumentar la dosis.
Cogí el paquete de arsénico y vertí todo su
contenido en la jaula.
Al cabo de un cuarto de hora llamaron á la
puerta de mi habitación y corrí á abrir.
Una joven admirablemente hermosa entró
jadeante y me dijo:
-¡ Por Dios, caballero, baje usted en seguida! ¡El loro se está muriendo, y mamá va á
volverse loca ele pena!
Ante la desesperación de mi vecina sentí las
primeras punzadas del remoPdimiento.

Do,Iiingo 22,,de Febrero de 1903.
-¡Ya empieza el castigo!-dije yo para mis
adentros.
Seguí presuroso {i la joven, y encontré Íl la
familia del guantero en un estado de desolación indescriptible.
Al verme me preguntaron á uh tiempo varias voces:
-¿Le salvará usted?
El loro estaba agonizando y no había medio
humano de volverle á la vida.
Era ya demasiado tarde.
Traté de hacerle tomar un vomitivo, pero
todo fué in6tj], pues el animal murió á l!)S
pocos momentos.
Iba yo á retirarme cuanqo
el guantero me llamó aparte y
me dijo:
-¿Cuánto le debo á usted
por su visita-?
Confieso que me puse colorado. ¡No habría faltado más
sino que me hubiese hecho pagar!
-No me debe usted nada
-le contesté,-puesto que no
ejerzo mi carrera.
Y abandoné precipitadamente la habitación.
El guantero, para darme las
gracias, me hizo una visita,
que yo le devolví al.día siguiente.
Su hija t!lnía unos ojos negros que me fascinaban.
Al poco tiempo era íntimo
amigo de mis vecinos, en compañía de los cuales pasaba todas las veladas.
Yo toco muy mal el violín,
y Berta-así se llamaba la muchacha- toca medianamente
el piano.
Unimos nuestros talentos y
tocamos varios dúos, por cierto bastante mal interpretados.
Ocupado en contemplar á
m i compañera, me olvidaba de
mirar las notas y, naturalmente, el compás era la primera víctima de mis distracciones.
Una noche, como de costumbre, llegué con mi -caja de·
violín bajo el brazo, y de
pronto me detuve lleno de terror.
Sobre el piano se hallaba el
loro de marras.
Retrocedí anonadado.
Ni el mismo l\.Iacbeth, al ver
la sombra de Banco, pudo experimentar mayor espanto.
- Hemos hecho disecar al
animalito-nfe dijo el guantero-para regalárselo á usted.
Y no tuve más remedio que
aceptarlo.
Ya habrán comprendido mis
lectores que mi aventura terminó con un matrimonio.
Berta es una criatura admirable por su belleza y por su
bondad, y yo soy el más feliz
Atlántico.
de los maridos.
El loro, desde lo alto de su escaparate, contempla inmóvil nuestra dicha.
Un día, entre dos besos, me dijo Berta:
-¿No es verdad que era muy hermoso?
-¿A quién se lo cuentas?
- No s&lt;, cómo se puede morir de la gota.
-Pues e~ muy sencillo-le contesté -llega
al corazón y mata irremisibleme11te. '
¡Y luego dirán que el crimen recibe siempre el castigo que le corresponde!
¡No estoy conforme con semejante teoría!
E. FOURRIER.

�EL }.ftJ};'1)O ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 22 de Febrero de 1903.

.

Rubia estrell~ doliente,
soli tario testigo
de la fuga del pálido mendigo,
.fuiste su ninfa ausente?
eres su novia muerta,
á los al bores de otra luz despierta?
Rubia estrella, testigo
de la muerte del pálido mendigo,
cuéntame á solas su pasión secreta:
fué él acaso tu férvido pt&gt;eta?
¿en las noches doradas,
bajo el quieto follaje de algún tilo,
t us manos delicadas
le en tornarqn el párpado tranquilo,
mientras volaba por su faz, inquieta,
t u fér til cabellera de violeta?
"Rubia estreila doliente, ·
solitario testigo
de la fuga del pálido mendigo ...

•

Va cayendo la tarde. Soplo vago
de insólita pavura
mana del fondo de la sima oscura·
el cadáver, ya frío,
'
se ha llevado en·sus ímpetus el río.

..
'

~':":

..

,&lt;4~

----~--

~

....

AVENIDA DEL 5 DE MAYO. - L as calles recién abiertas.

LA AVENlDA DEL 5 DE MAYO.
Han quedado abiertas en toda su extensión
Jas nuevas calles dtl Cinco de Mayo, llevándose por fi n á la práctica uno de los proyectos cuya realización no puede menos que ser
beneficiosa. E l aumento constante del trúfico
en nuestras principales avenidas y la nece:::idad, más imperiosa cada vez, ele facilitarlo
hasta donde sea posible, reclamaban esa gran
111ejora de que la metrópoli debe, por todos
conceptoR, ufanar:&lt;e.
Es indudable que el "Cinco de 1Iayo," con
S'll prolongación hMta la plaza donde se levantará el Teatro Xacional, ha ganado mucho en
hermosura,y que una vez terminados los edificios que ahora se construyen, será, si 11\J la
principal y más transitada, si una de las
más bellas por su buena orientación, y por
su amplitud.
E n éste n úmero publicamos una fotografía
de la gran avenida, tomada desde Santa Isabel.

\
~

de perder la vida bajo los escombros de un
cobertizo.
El inoerdi) de la fundición de las Delicias
ha sido uno de los más notables en los ultimos meses.

CROQUIS.
Bajo el puente y al pie de la torcida
y ango,ta callejuela del suburbio,
como un reptil en busca de guarida,
pasa el arroyo turbio ..... .
Mansamente
bajo el arco de recia contextura
qm: el tiempo nfelpa de verdosa lama
sus ondas grises la corriente apura,
v en el borde los ásperos zarzales
prenden sus redes móviles
al canto de los yertos peñascales.
Al rayar de un crepúsculo,. el mendigo,

-~

.

.

.

e

-.-

•

--que era un loco tal vez, quizá. un poeta,
hnjo el caudil de amarillenta. lumbre
que iluminaba su guarida escueta,
elloró mucho ........ .
Con honda pesadumbre
corrió al abismo, se lanzó del puente,
cruzó como un relámpago Ja altura.
y entre las piedras de la sima o~cu ra
se ·rompió con estrépito la frente.
Era al amanecer. En el vacío
temblaba un astro de· cabeza rubia,
y con la vieja ráfaga de hastío
que despierta á los hombres en sus lechos
vagaba un viento desolado y frío;
se crispaban los frágiles helechos
de tallos cimbradoreó ¡ lluvia densa
azotaba los techos:
enmudecía la ciudad inmensa!
y me dije: quién sabe
si aquellas tenue'! gotas de rocío,
si aquella casta lluvia
eon lágrimas que vienen del vacío,
desde los ojos de la estrella rubia!

• tn una 'fundidón.
Ctrriblt inctndio
El 13 del corriente, por la noche, se declaró
un terrible inc;endio en la fundición que el seflor Tomás Philipps tiene establecida en la
calle de las Delicias. Las enormes columnas
de fuego que se levantaban sobre el nivel de
las azoteas vecinas, atrajo, al lugar del suceso,
un gran número de curiosos que invadieron
las calles promoviendo algunoi, desórdenes
que la policía, gracias á su actividad, pudo
reprimir oportunamente.
·
El departamento de moldes, cuyos útiles
estimaba el señor Philipps en cien mil pesos,
quedó completamente destruído: los techos de
lúmina se derrumbaron 00n estruen~ espantoso. y momentos de;.-pués no quedaba del
vnsto salón más que un montón de e~combros
que ardía como una inmensa hornazn.
Los bomberos, en la imposibilidad de extinguir el fuego, encaminaron todos sus esfuerzos á localizarlo y á apagar los «fucos&gt;&gt; que
i-e habían formado en las demás dependencias
yqueamenazaban invadir todo el edificio. Diez
minutos bastaron para esto, lográndose después, con gran trabnjo, combatir las llamas
que abrasaban otro de los departamentos. E 'n
esta faena, tres bomberos estuvieron á punto

Entre la zarza un can enflaquecido
lame con gesto de avidez imprema
el sílex negro que manchó el caído
con el raudal de sus a rterias rotas·
luego el áspero hocico relamido '
fru nc~ voraz, y l'trn
. mirnela aYiesa,
temeroso que surJa entre la gente
alguiel\ que an hele compartir su presa
clava los turbios ojos en el puente ...... '
GUU..LEIUIO V ALE:,/CIA.

CRISANTEMOS.
¡Loscrisúntemos! ...... Flores sin aroma, son
la postrer corona del aiio; i-us mórbidos colores se adaptan á la hora. •!1elancólica en que
nacen; flores de cementerio, hecha!! para los
sepulcros.
Exótica!", adoptadas y cultiYaclas por los horticultores como raras joya~, buriladas en ,m1ed mms» erizadns y ríspida~, estas extranjeras
h_an asumi&lt;lo el imperio de la moda, y sus aficionado~ son tantos c~mo lo_s ele las inquietantes orqmdeasrcde extenorsuttl» que d iJ·o Strind. p 1ac1, a compararlas con maripoberg, ,t(, qu•~n
sas funerarias.
Está pa~ión por las florei- ~.,ingulnres es un
signo de los t iempos, suerte ele abandono y de
desc: édito en el cual han caído las pohres flores sm rareza, las rosas y las dalias, que ahora
~on burguesas. Tales los poetas ingenuos, los
ignorantes que «no Raben sino su a lma )&gt; como
Lamarti ne, comparados con los orfebre~ sabio-;
y complicados de lo➔ versos nuevos.
Comprendo perfectamente el atractivo de
~ recocidacl ele las orquídea~, ele formas fantásticas, torturadas y curiosas, el encanto cuaii
doloroso d~ los cri,:{mtemo:t, de tenue obscuro,
de suave v10leta. E~as flores que ahora triunfan, respot~den á particulares estados de alma.
No es precisamente lo Rencillo lo que hoy sed~ce. ~,a rosa paree? tan vulgar corno·la humilde violeta, y ya solo las modistillns van á
coger, por la p rimavera, lilas y viburniaR.
Todo se sostiene en este mundo: las flores
extrañas_ son contemporáneas de los epíteto~
raros. Pierre Dupont, á quien placía cantar
con la viña, las margaritas y los aaavanzos'
r~n,unciaría hoy á celebrarla~, y sus ;stribill~;
d.itían, en neo-versos, las melancolías de los
e ántemos.
·
P~r desdicha, la~ antiguas flores, las flores
abolidas, las hmmlcles flores-marga.ritas de
los p rados, •á las cuales ya no &amp;e interroga ,:i
se es am~do, c:'tmpánulas y amapola~, con las
q ue Ofeha hacia coronas para su blonda cabellera-están _h~ tiem~~ abnn&lt;lonadas; y olvi~ada ya la vieJa canc10n, la canción del poeta
m mortal:

LA GUITARRA.
CUE~O BLANCO.

I

@

felices, porque tenían poca ambi, quizás ninguna; á lo menos, dP esa
ambición consciente &lt;!ne quita el
sueño y no deja saborear los goces inocentes y
fáciles de la vida, que son los mejores, solicita.Jo el pensamiento á toda hora y á cada instante por aquellos que ó no suelen alcanzarse
nunca, ó Ri se logran, es tan :sólo como engendro de otros y otros más, prole funesta, matadora por lo común de quien le da abrigo poniéndole un amor que no merece.
rn modesto pasar y mucho,; hábitos de orden y economía d~ puertas adentro, y del
umbral para fuera unacorta, pero selecta suma
de afectos sociales¡ la naturaleza que sonriente «mostraba en esperanza el fruto cierto» de
una unión pura y digna, como prome:::a de mayores \'enturas en el hogar, i-antificado por la
inocencia y el amor; la mutua confianza del
uno para el otro en aquellos dos seres, la que,
lPjos de entibian,e alguna vez, parecfo. robu8te&lt;·erse, ó mejor, por fuerza tenía que aYigorar,-e con las constantes prendas recí procns &lt;le
u na fidelidad intachable; la elhd y lo!' atractivoR físico,;, la identidad ele gui-tos, la ecuanimidncl encnntadora ele ambos caracteres, formando otras tantas cau!:'a'I eficienteR ele sosegada 1lulzura en la vida doméstica: todo ello
hacía de lns cuatro paredes de Emilio v Clara
algo más deleitable y hermo~o, si cabe que
a 1¡uel sitio sin puertas ni muros, per¿ con
plantaR y avef&lt;, y fo entes y flore!', en que
pingo á DioR colocar á la primera pareja
feliz que de El mi~mo recibió en la tierra
la be11didó11 nupcial.
f,;i alguna vez pudo la joven esposa ver
pa~ar una nubecilla ror delante del disco
raclioRo de su 1-ol de felicidad, no sería
porque la mirada ch l amoroso consorte
i&gt;P detuYiera demasi,.do insistente sobre
el ro!itro de otra
mujer en la. calle ó
en el paseo .... .. La
que :rndiera conceptuar en .cierto
modo por rival peli. gro!'a, estaba dentro
ele la propia casa,
en la alcoba misma
T

Domingo 22 de Febrero de 1903.
de Emilio ........ Y de hecho que Clnra llegó
á sentir al principio, si no la herida, al menos el escozor de los celos, cuando al volver
Emilio del diario trabajo, antes de buscar en
ella la dulce conjunción de los labios siempre
d ispuestos á l levar á los suyos la miel fortificante y embriagadora del beso que no sonroja, i;:e iba á tomar entre sus brazos á aquella
otra arn:ida, que le pagaha sus cnricias con sones regalados como arrullos de felicidad.
-~lás pien~as en tu guitarra que en mí, le
dijo ella en cierta ocasión de érns, con su poquillo de dejo de amargura en la voz.
-Anda, tonta, le contestó él. No tengns celos de la pobre, que su amor, con haber sido
an_tes que el tuyo, no vive sino por el tuyo
mismo. Créemelo: si tuviese la de~grncia de
perderte, la enlutaría para colgarla a la cabecera de mi cama y no volver á tocarla nuncn;
porque el alma que está dentro de ella es la
tuya Y_ contigo se iría al cielo, dejándome solo
para siempre. Y si soy yo quien he de irme
primero, desearía que tú ..... .
No pudo expre$arlo por completo: Clara le
tap6 la boca sin pronunciar palabra, con un
b~:::o todo amor, rociado con lágrimas de infinita ternura, y nnnca más volvió á darle celos
por aquella rival, con quien riguió viviendo en
la mns íntima armonía.
.
[l

¿.Por _qué llegó el invierno y aterió el nido
ele 1~ &lt;.l!cha? Porque hay por encima de toda
prens1on y de toda esperanza humana, una
voluntad que crea y def-truye sin darnos cuenta de sus designios ni dejarnos eaber con certidumbre si el dolor es nuestro lote ó es el cri-

Allez, allez, o jeunes fi lles
Cueillir des bleuets daos les blésJ
JULES:Cí,ARETIE.

INCEN DI O D E LA F U N DI CION D E LAS DELI CIAS.-Departamento consum i do
por el f uego,

•

NUESTRO PA i $.- Fierro del Toro (Camino de Cuernav aca.)

•

�Domingo 22 de Febrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO·

EL MUNDO ILUSTRADO

•

i:,ol con que pasamos á una felicidad más estable que cuantas podemos disfrutar en la tierra.
"'Cn enfermo que, ccn sufrir mucho, sufre
menos por sí que por los que le rodean: la escasez, precursora inmediata de la miseria,
de!.'pojando poco á poco las cuatro paredes &lt;le

todo cuanto hizo modestamente c6moda dentro de su recinto la existencia de dos seres felices; una esposa que vela y gime en silencioso sacrificio, fatigándose en la labor de_ día Y
noche, interrumpida apenas por los cmdados
que prodiga al padre que se consume le~tamente y al hijo que aún no puede medir la
magnitud del infortunio, que se mueve y se
agranda más y más al rede~or ele la.cuna ~n
que duerme el sueño tranqmlo de la mfancia:
he allí la mutación de la escena, el paso común y vulgar de esta dicha terrena, tan efímera y tan codiciada ~in embargo.
Pero la escasez no ha sido extrema aún. Al
menos, Clara no quiere que la advierta ~l desgraciado esposo, y aquella prenda quenda se
ve muchas veces en los brazos del dueño, remudados los lazos de colores con que la rival
antigua se complace ahora en a.taviarla, creyendo que así engaña el sufrimiento de Emilio y su propia pena, porque él sonríe con fingicla satisfacción de niño complacido en un
capricho, y pulsa aquellas cuerdas arrancándoles extrañas melodías que acompañan su
voz, debilitada por la enfermedad, sí, pero
siempre dulce, siempre armoniosa y dócil á
todas las modulaciones del sentimiento.
Y así por una de esas grandes ironías ele
la vida,' á los ayes que la dolencia física produce en el enfermo, suceden durante el pa,;ajero alivio las armonías de la canción lánguida. y voluptuosa de nuestros abuelos, el pintoresco y alegre corrido de los Llanos, el tango sensual de la Haba.na, los aires dulcemente tristeil del bambuco de Colombia.
¿Cuándo es mayor el ,;ufrimiento ele la pobre Clara: en aquellos momentos en que la
aiucleza del dolor parece anunciar la. proxi
mida.el ele la. hora suprema, ó en estos otros en
que se diría que el alma de Emili0 quiere
confiará la guitarra. sus más íntimas dulzuras para que al despedirse ella de este mundo
queden allí viviendo al lado de aquel Eer que
le ofrece con la sonrisa en los labios y la muerte en el pecho, todo el tesoro de su abnegación
y de su amor? ..... .

III
)!eses después del entierro, Clara dejó una
tarde al pequefiuelo confindo á una buena vecind, y voló al Monte de Piedari, provista de
la tan guardada papeleta y del dinero necesario. reunido céntimo á céntimo y á fuerza de
vi¡?;ilias y privaciones.
Todo lo vendido, perdido podía quedarse:
la cama ele matrimo!lio, la cuna de Emilín,
las mesitas ...... todo; pero aquella prenda empeñada no se podía dejar en la vorágine: rescntarla era salvar una memoria que ralía más
que la vida.
Y trayéndola luego á &lt;:W.sa, en efecto, envuelta eu un manto, le puso aquellas cintas
negras que de paso había comprado, y la colg6 en la pared, muy cerca de la cabecera del
pobre cati-e que ser\'Ía de lecho común á ella
y á su hijo.
Cuando Emilín entr6 en la rstancia, curioso como todo niño, viendo la enlutada guitarra, preguntó en la encantadora media lengua
en que ya comenzaba á explicarse:
-Qué es eso, mamá•? Qué tiene dentro?
Clara, mirándolo fijamente, como si quisiese grabarle con los ojos para siempre aquellas
palabras que el chiquitín no había de enten&lt;ler, le contestó con ahogada voz:
-Allí dentro, Emilín, están el alma ele tu
padre y la mía! ........ .

AGONIAS DE LUZ.

tas industrias d~ la callt

I
¡El oc1tso! ...... ardiente lienzo
De sublimes t intas nácar,
Se despliega como un regio
Abanico tornasol.
Abanico portentoso
De encendidos varillajei:,,
Que se agitan en un fondo
De purpúreo resplandor.
Atardece ...... ele los velos
Sepulcrales del Oriente,
De la noche el ángel negro
Se levanta asolador.
Al ocaso llega pronto,
Y de envidia despedaza
El olímpico y glorioso
Abanico tornasol!

II
Sobre el Nilo como un baño
De champaña auridiscente,
Sus cascadas de topacio
Lentamente vuelca el i,ol.
Cabrillean los desiertos,
Y en la frente de la ef-finge
El ocaso deja un beso
De ambari11a radiación.
Sobre el seno misterioso
De las aguas, marcha un ibis
Hacia el linde donde el oro
De la tarde clescencli6.
Abre el pico .... .. y parece
.\quel pájaro sagrado,
l"n bohemio que se bebe
Gota n gota el áureo sol!
LUIS ROSADO VIDA,

fl L\.XDO se contemplan las pequefias in1:., dm,trias «mnLmlantes," e:,;pecialmente

peculiares á aquellos paí ~e,;_ en que la
gran indut'tria 110 hll. pocli&lt;lo adquirir aún un
rnslo grnclo de desarrollo, se pienisa. en los primeros e,;fuerzos industriales de lot&lt; hombres y
no falta quien declare que en la «pequefüt iridustria» debe buscarse la f'olución del arduo
p~ohlema &lt;lel capital y &lt;lel trabajo, que en vano ha agotado los cerebros de muchos pensadores y las energías ele no pocos políticos. Esto es un error, á nuestro juicio, porque equivaldría á encerrar :t la industria dentro de una
órbita a:-lix1ante por su pc1¡ueñez; pero, sin
relacionarla mut:110 con los grandes problemas
económico:-:, la pequeíia industria aparece
~iempre interesante porque r:; la genuina reveladora, muchas ,·ccef', de las verdaderas tendencias y disposiciones naturales ele un 1rneblo.
Cuando se acercan los ca111bios ele año, los
houlernres de Parí:; se I ueblan de pequefias
barracas mercant:Ies, tal como entre nosotros
acontece en fiestas análogas, y la mereancía de
á dos sueldos se vende en cantidades marasillosas. La pequcfia. industria de París la industria ele la calle, es ante todo una re\:elación
de ingenio y está constituída por una feliz
combinación ó por un inter;sante invento; en
cambio, la ind\lstria callejera de )léxico revela más bien paciencia y suele engendrar profundas tristPzai:- e11 quien sabe analizarla pues
la remuneración del trabajo n•sulta en ella verdaderamente insignificante. ¡Eso sí los inclustriale~ de la calle no tienen amo 1ii' patrones,
s_on libres como la pi uma en el aire ( que no es
libre, porque tiene que sl'guir la dirección del

POSTRIMERIAS.
¡Buscando voy la calma! Es el deseo
~!timo de mi \·ida;
El solo bien que adoro y en que creo¡
Luz en la sombra; bálsamo en la heri
Quizá cuando los goces me embarga
Potencias y sentidos,
En el estruendo de la lucha hallaban
Deliciosos a&lt;!ordes mis oídos;
Y pretendí del héroe la victoria,
Y el lauro del poeta,
Y en la mujer adiviné la gloria,
Siendo el amor mi inspiración secreta:
Pues todo, porvenir, dicha, fortuna,
Cuanto era mi embeleso,
Por un beso á los rayos de la luna
Lo troqué veces mil; por sólo un beso.
No lo habéis olvidado todavía,
Yisiones seductoras
Que aún, á despecho ele la. edad imp{
Resucitáis para alegrar mis horas;
Y pasada la fiebre del combate,
·
Que yo tampoco olvi&lt;lo,
Algo consen·o en mí que vibra y )ate
Y que matar los afios no han podHlo.
Es el amor; pero el amor del alma,
Libre de ruin deseo;
El amor, compañero de la calma,
Unico bien que adoro y en que creo.
MANUEL DEL PALAC'IO,

ÜCTA VIO HERNÁNUEZ.

•
vi~nt~ q?e la ~os tiene), y prefieren su libre
m~se:1,a a un bienestar obtenido á costa de la
SUJeC10n!
Las pequeñas in.dustrias ~e los mexicanos
demue~trau á un t1e11:po. mismo la deRtreza,
la sobneclad ~' la paciencia que caracteriza á
nuestr.o pu~~lo: dest~·eza .de nu,nos, sobriedad
dr res1gnac10n y paciencia de indiferencia
Los vendedores ambul~ntes de nuestras· ca-

-.

--.IL..LL..J..----------~-

\., ¡f.

'

•

Domingo :!2 de .Jiebrnro de )!)03.

lles, que ofrecen el trabajo de muchas horas
por un puñ,1do de centavos, son hombres que
serfa muy difícil clasificar dentro de las tendencias demarca.das que animan á los grupos
obreros de otros países. En otros países los

ya el manufacturero de tejidos de alambre que
sirven para sostener fotografías : todos ellos
trabajan por su cuenta, todos ellos ganan una
miseria por su trabajo, pero á ninguno de
ellos lo haréis cambiar de modo de lucrar(?),

ir~&lt;lustrialcs de esa c)nf;e no pueden existir fác1lmen~e; y cuando, como decíamos antes, en
cleter111111adas épocas del aiio expenden sus
modcsias manufacturas, ello significa un
rcsnrplus)) en sus ganancias, pues por lo general i,on obreros de grandes fábricas que durar,te lodo el ·año consagran sus escasos mirnitos
de ocio á la manufactura de pequeños artefactos,. par~ vendnlos en los días de fiesta y subvemr as1, ~on t!nos cuantos francos máR, á las
burdas .ex1genc1as de la pit..,nza, de la indumentaria, ele la. habitación, del fuego en invierno y ....... ·. del tabaco en todas las estaciones.
En )léxico la pequeña industria no tiene
esos m.óviles. Po~-,io general constituye ella la
exclusiva ~cupac10,n de quienes la practican;
~lla sola alimenta a sus ~ulfü:adort:s; y como
e~tos n? ~uelen tener exigencias co::siderables
111 am b1c1ones mayores, les basta con los productos a.e Rus .manos para prolongar su mi,;erahle existencia.
. En las industrias callejeras el capital requen&lt;lo representa un monto mínimo; los «brazos"
reqt~endos son dos únic.'lmente; la. máquina
no figur3: e1_1 ella para nada y de esta suerte
quecl_:1- el!mma.do ese otro grave problema de
la !nlh.¡mna y el obrero. Los industriales calle~eros, son, pues, ~ un tiempo mismo capitalistas, obreros y c1rculadores en la manufactura de sus productos: e,; decir, van en pañales en lo que se refiere á evolución industrial.
_ A las ,veces no necesitan .capital, por pequeno 9ue este fuera.. Todos los habitantes de la
capital conocen á un individuo que desde hace aiws se gana la vida por el arte de imitar
'.'~ boca cerrada," como él clice, el canto del
Jl!~uero; recorre las calles y los sitioi, de re1,1mon un r9:paz vestido de harapos que, al encont~ar, &lt;:hen~es generosos, se despoja de su
humild1s1rna mdumentaria y aparece ataviado
de mallas. funambule,;cas, para ejecutar !!altos
y contorsiones; por último, hace pocos días
daba cuenta la prensa. de información de cierto "don:ador de p~1l~as)) que vivía de mostrar
al público las hah1h~fades de sus minúsculas
y P?Co pulcr~s "pupilas,)) y que fué consignad? a la autor~dad por denuncia de unos individuos á &lt;¡menes había estafado dinero !':O
prete_xto de enseñarles sus secretos de am~e~tram1ento.
- ~ero ésa~.son las fases cómicas de la pequena mdustna. Esta tiene mucho de serio porque revela disposiciones mal empleadas ó imperfectamente
explotadas
y que s6lo obt·1enen
,
.,
.
Una, rnmunerac1on
exigua.
Ya es el tejedor de sombreros de palma ya
el talabartero y artífice de acero ambula~te,

¡mes con el que cultirnn son "hombres libres
de posesión independiente.,,
'
A las veces, la pequeña industria tiene que
tolerar, empero, la tutela de los acaparadores
que reúnen &lt;CStocks" de determinados artefactos para venderl~&gt;s al por mayor, y en tales
casos las gananciai;: no !,On para los manufactureros, sino para los acaparadores. Siempre
sufren lm; pequefios industriales callejeros....
. De todos modos, forman un grupo simpático, que encontramos por calles y por plazas
y que merece se le consagre una mención siquiera porque, tarde ó temprano, está cl;stinado á desaparecer.
8ARDÍN.

•

�Domingo 22 de Febrero de 1903.

La muerte del Maestro Altamirano.
TIECDfO A~IVERSARIO.

El Liceo ccAltamiranoi, conmemoró el
10~ aniversario de la
muerte del eininente
tribuno y literato D.
Ignacio Manuel Altamirano I con una
Lrillante velada, que
se celebró la noche
del 13 del corriente
en la Cámara de Diputados.
Nada más justo que
ese homenaje á la
memoria de un hom.
.
bre que se ha hecho
molv1dable en los fastós de la literatura nacional y á quien unánimemente se concedió el
tratamiento de «~Iaestro.»
Altamirano murió en San Remo (Italia) 1
el 13 de Febrero de 1893 y obedeciendo á un
deseo por él manifestado se incineró su cadáver, siendo traído á México en donde se le
hicieron suntuosos funerale; de carácter nacional.
Creemos proporcionar una satisfacci6n á los
~umerosos admiradores del maestro, reproduciendo en estas columnas las fotografías del
túmulo levantado hace diez años en la Cámara d~ Diputados para sustentar la urna que
?ontien~ las cenizas; la de la «villa» en que el
Ilustre literato pasó sus últimos días en San
Remo; y de la recámara ele esa «villa,1, en la
cual murió:

EL liUNDO ILUSTRADO
brehumano, lo sobrenatural y lo ultraadmirable; puede embriagar como el vino, arrobar
como un éxtasis; puede á un mismo tiempo
poseer nuestra inteligencia, nuestro espíritu,
nuestro cuerpo; puede, en fin , llegará lo abso:uto.
Un verso perfecto y absoluto, inmutable,
inmortal, tiene en sí las palabras con la cohesión de un diamante; encima. el pensamiento,
como en un círculo preciso que ninguna fuerza conseguirá jamás romper; se hace independiente de toda conexión y de toda sugestión,
no pertenece ya al artífice, sino que es de todos
y de nadie, como el espacio, como la luz, como las cosas inmanentes y perpetuas. Un pensamiento fielmente expresado en un verso perfecto, es un pensamiento que existía ((reformado» en la obscma profundidad de la lengua.
Extraído por el poeta, «continúa» existiendo

EL MUNDO ILUSTRADO
en la conciencia de los hombres. El más grande poeta es, pues, aquel que sabi, describir
desenvolver, extraer el mayor núrnero de
ideales preformaciones. Cuando el poeta est4
próximo á descubrir uno de esos versos eternos, es advertido por un divino torrente de
alegría, que le invade todo su eer.

e-

GABRIEL D'ANNUNZIO.

LA CAMPANA SORDA
la primer campana de aquel pueblo:
J UE
una campana sorda, mal construída for_mada de ~etales ordinarios y gran~s de.

~

escoria por encima; una campana fea que ij
gente vi6 con admiración, porque
había

1;0

***
Así en las sociedades es frecuente encontrar
individuos cuya vida va acompañada de falaz
renombre, como el de la campana aquí descrita; hombres necios que pasan por lumbreras,
á causa de una fama primitiva, que se formó
en· la obscuridad de un pueblo y que dura aún
después de la conquista que de la luz brillante del progreso el mismo pueblo realizó; de
arcilla, ídolos contrahechos y ordinario!&lt;, que
la mayor presión no aguantarían, pero que no
hay quien á tocarlos llegue, aunque venga
ocasión que así lo exija, porque-toscos y llenos de miseria-son ídolos, al fin, que el n1lgo admira; gentecampa11a que jamás quisiera
estar de otra campana en compañía, que sonara mejor y que exhibiera aquella fama ruin
como ficticia!,
CARLOS A. lMENDIA.

EL VERSO.

Honduras

~ verso
es todo. En la imitación de la
L,
Naturaleza, ningún instrumento de
arte es más vivo, ágil aoudo vari0

1t

Se hizo de fama la campana sorda, á fuerza
de alabanzas y de citas, y muchos que no oyeron su tañido la tomaron al fin por m&lt;travilla.
Tan pausada sonaba en ocasiones, tan grave, tan formal, que parecía que los elogios de
la pobre gente los creyó merecidos ella misma.
i\Iucho tiempo después, otras camranas hicieron á la vieja compañía; unas campanas
fuertes y vibrantes, graciosa forma, voces argentinas, que, á través de los campos, á gran
trecho, el transeunte con placer oía.
Hubo comparaciones ......... ¡todo en vano!
8iempre triunfaba la campana antigua, porque fué la primera, de aquel pueblo, la única
en cien años; la que había impresiouado tanto á los vecinos en muchos de sus goces y desdichas; y, sobre todo, porque, aunque era falsa la fama de valiosa que tenía, en este mundo
es más, algunas VP.ces, que la gloria real la
que es ficticia, cuando el cariño ó la ignorancia insisten en que tiene e¡¡plendor lo que no
brilla.

PENSAMIENTOS:

Los panoramas.de
la ciencia y de la
erudición del hombre constituyen un
.ispectáculo inmenso, en que se ve revelarse toda el alma
de la humanidad,
con sus aspiraciones
y flaquezas, su incesante curiosidad y
sus angustias, y su
deseo supremo, nunca satisfecho, de con~cer, de saber y de
remar.

*

La ciencia ha
transformado el
mundo, aunque sea
r'lro que se le haga
la justicia y se le
rinda el agradecimiento que le son
debidos.

*

Las causas que
provienen de ~sotros valen más que
las que nacen de las
cosas.

"'

El amor de sí mis•
mo no sólo no es
contrario ú 11\ sociedad, sino que es su
apoyo más firme.

*

El que no está de
acuerdo comügomismo, no está de acuerdo con nadie.

ANIV ER SARIO DE LA MU E RTE DEALTAMIRANO.-Túmulo formado
en la Cámara en 1893, para sustentar la urna funeraria.

;,,;,r..,~.r..,~.'4-;'?-.1-C~....~.,_,,..,~-~-~-r..,.:,,..~.~-~-r.., "'1-.~-~-~-,._,,..-~_r..,:,¡.,~.r..,~.r..,~_r..,.,,...r..,,-'í'l,.~.~.r..,~ ~.r..,~,r..,"')-,r..,"'},r..,:;,i._r..,-'í'l,.~.r..,..:;¡.,r..,~.~-r..,!;'!,,r..,~,r..,&gt;;!J.,r..,_,,,

mt;1 lff
,
' sensible,
º
' fiel.'
1 orme, plastico,
obediente,
Mas compacto que el mármol, mús maleable
que la cera, más sutil que un fluido, más \'ibrante que una cuerda más luminoso que una
gema, más fragante qu'e una flor, más cortanJ,e 9ue una espada, más flexible que un junqmllo, más acariciador que un murmurio, más
r'\~'t
. , ...-_ . f/?:';-.-,•
~
terrible que un
\ :i\t
: :-Z;_,,1.-- · · trueno. Puede
~
expresar y repe~ .\
tir los más rníni1
mos movimientos del sentimien
to y los mús se•
cretos impulsos
de la sensación;
puelle definir lo
definible y ex pre
sar lo inefable;
puede abrazar lo
limitado y sondear el abismo;
puede abarcar dimensior.es de eternidad; puede
representar lo so-

. 1\.
~

Domingo 22 de Febrero de 1903.

/J.il

Recámara en que murió el Maestro Altamirano. (Fotografía tJmada momentos _después de retirado el cadáver.

olra en aqnel lugar que se prestara á establ
cer comparación precisa.
Sonaba sin cesar, sonido hueco, monúton
Y profundo, que Psparcía lo mismo en los placeres de aquel pueblo como cuando anuncia
ha sus desdichas.
'
- ¡Pobre de quien incauto se atreviera á
nerle defectos! Respondía en su favor el veci
dario todo, y se le echaba en cara que era e
vidia ........ .

MERCADOS DE LA t.,;APITAL.-lnterior de "La Merced."

•

�Domingo 22 de Febrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRA:&gt;O

Domi,ngo 2;1. de FPbrero de lf!03. ·

EL MUNDO ILUSTRADO

Nocturno.

~

...

. ~=

-

,,,;x~- - ---== ==== =

Corrida de aficionados en San Luis Potosí.-El tendido de sombra.

¿No ves que obscuro está? Su opaco velo
tiende la sombra en la extensión vacía,
y desciende la noche desde el cielo
como una maldición áspel'a y fría.
El mar entre las rocas que lo oprimen
su secreto furor calla y refrena.
y en el cercano ancón las ondas gimen
y se tienden cansadas en la arena.
De la llanura solitaria el viento
ruge con voz que sobrecoge y pasma
y hace ten~bla'r á un árbol macilento
y crujir su silueta de fantasma.
La densa obscuridad mi mente ofusca ......
¡es de mi ayer la triste remembranza!
¡.Mi ser ansioso en tus pupilas busca
la salvadora luz de la esp.eranza!
Yen más cerca de mí. Tuya es la mano
que estrecho con p·aRión mientras suspiras.
No temas ni á las sombras ni al océano.
¡Se harán de luz si con amo1{ me miras!
Aquí juntos los dos, donde no escucho
del hu mano festín el torpe ruido,
quiero decirte que te quiero mucho
y que me mata de pesar tu olvido.
Dime la frase que anhelante espero·
en ia ansiedad mi espíritu se abism~.
¡Hablas, al fin! ...... ¿qué dices?

EL TIRSO Y LA CRUZ.
. En P.l espeso bosque, á la luz del crepúsculo moribundo que
incendiaba las alta8 copas de los árboles; en la senda auchurosk v bordada de flores olorosaF, Cristo. y Baco se_ encontr~ron.
.- El rnl agonizaba semejando uua mmensa forJa y hác1endo
de la penumbra del Ocaso un apismo centelleante.
DionisoF el hermoso mancebo de cabellos de oro y faz desbordante de ¡legría, entregaba al viento las armonías de su risa
y descendía de la alta c.umbre donde se celebraba fastuosamente el holocausto del astro del fuego.
.
El mancebo, curtido en pugnas amorosas y en la_ embnaguez lenta del vino (]Ue s~ ferment~ en los lagares de Chipre, descendía, llevaH&lt;lo en la diestra el tuso de flores, y coronado de
hojas de higuera, entonaba con clamor bélico el ¡Evohé! de la
cmrera triunfadora.
Al llegar á la curva del camino, vió á un hombre que
marchaba con paso incierto, llevando Fobre el hombro la cruz
del aResino y que Rtibía hasta las cumbres del Ocaso.
El caminante era un hebreo de augui;to semblante, envuelto
en ancha túnica, y rendido al peso abrumador de la cruz, doblaba la frente don&lt;le se adivinaba la aurora del martirio.
El dio~ heleno detuvo ele !-Úhito su cantar alborozado, sintiendo hondn. emoción al ver al Nazareno coronado de espinas y
de lumbre.
.
·Sublime azar! En la yere&lt;la campestre que serpentea entre
rosas' y ]ameles, se bailaron frente á frente la intensidad de la
alegría y la tristeza eterna ele las almas.
Claváronse ambos la mirada de sus ojos de anhelo y E&lt;ip:uieron su camino lentamente: Dionisos sin su coro de bacantes, y Cri~to sin su escolta de sayones.
•

Para las oi«imas de la peste.
Es verdaderamente plausible el entusiasmo
con que en todo el país se organizan fiestas de
caridad, con el objeto de reunir fondos destinados al auxilio de las víctimas de la Peste
Negra.
En San Luis Potosí, el Centro Taurino arregló una corrida de aficionados, que alcanzó un
brillante éxito, y que fué pre8idida por las
señoritas Guadalupe del Hoyo, Guarlalu pe
Villalba, Ana María y Josefina Facha, Lidia
y Esther Robledo, Dolores Astegui, Refugio
Ortega, Esther Agüero; Josefina Diiiz, Leonor Unna, Carmen y .Matilde Landeta, Emilia Gómez, Dolores Llera, Victoria y Enrique·ta Jurado, Carmen Yelasco, Emilia Reyes y
Socorro é Isabel Palau. Se lidiaron toros ele
las ganaderías prin&lt;'ipales y la función fué
amenizada por las músicas de la Escuela Industrial y del 15 Batallón.
La cuadrilla estuvo formada por los siguien •
tes aficionados: Alfredo Torroella, Elías L. de
la Cerda y )Ianuel Fernánclez, matadores;
Cutberto Zaragoza, :\forcelino Ramírez, José
Sánchez, y Diego Ramírez, picadbref&lt;; Antonio García, Nicolr.s Romero, Manuel Esquive!, Alberto G. Igueravide y Luis Nieto, banderilleros.

◊

Cuántas veces las almas se cruzan en la vereda obscura de
la vida entre risas y dolores: Baco chorreando el embriagante vi. no, y Cristo empurpurado con la sangre de sus venas!

1903.
ALFONSO DUBLÁN.

C UÑO.

Grupo de socios del Centro Taurirfo de San Luis Potosí.

- «¡Yo te quiero
más que á mi sa,lvación, más que á mí misma!
Mi seno es como el mar: reposa en calma
mientras no soplan borrascosos vientos.....
¡tú coronas de e~c;pumas en mi alma
oleadas de agitados sentimientos!
X uestro es el porvenir. ..... no desesperes;
verás cómo se alumhra el mar sombrío;
tuyo es el corazón que tanto quieres:
b_o rra el pasado: ¡tu presente es mío!))
Es ese instante, del Cileste coro
se escuchan inefables barcarolas,
ábrese el cielo, y como flechas de oro
van los rayos de luz sobre las olas.
Vuelan los geniecillos y querubes,
la bruma en los espacios se dilata,
y sonríe la luna entre las nubes
como una reina en su sitial d1i plata.
FERNANDO DE ZAYAS.

Era un perfil austero de líneas de medalla,
Gestos y porte duros, indómita cabeza,
Y en su cruel pupila reflejos de batalla,
Y en sus altivos labios blasones de grandeza.
Su acento era como una vibrante melodía,
Su cabellera un casco bruñido y luminoso,
La lumbre de sus ojos, qué ardiente mediodía,
StB senos, qué suave cojín para el reposo.
Oh, juventud!· y entonces sonaron tus esquilas,
Y entonces las estrofas de brillos estelares
Bogaron en mi sueño de láminas tranquilas
Com~ en las quie.t..s fuentes los cisnes familiares.

:&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;oó&lt;X&gt;&lt;X&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;X&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt; &lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;&gt;&lt;
A los genios no se les compara, porque no hay unidad que sirva para
medirlos.

***

,J
El alma no se entrega á la desesperación sin haber agotauo
tod as l as
ilusiones.

***

La melancoha es el placer de estar triste.

Bramó mi sangre entonces como un turbión deshecho,
Corrió mi sangre hirviente como un alud que rueda,
Y golpeó la dura muralla de mi pecho
Como.un tenaz martillo que bate una moneda.
En mi éxtasis inmóvil forjaba su sonido
Afades de conquista y ardores de batalla,
Y el golpe de la sangre, fogoso y repetido,
Grab6 en mi pecho el busto de líneas de medalla.

:k

Nuestras. quimeras son los objeI~: que más se nos parecen. Cada cual
sueña lo desconocido y lo imposible con relación á su naturaleza.
NUESTRO PAIS.-Templo de Guadalupe de Zacatecas y Plaza Principal.

EFREX REBOLLEDO,

�Domingo 22 de F,1brer,J de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO
Domingo 22 de Fébrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

LA INSTITUTRIZ.
....

NOVEL.A POR ESTER DE SUZE.

ILUSTRACIONES DE SIMONT.

TRADUCCION DI: "l:L nUNDO ILU!;TRADO,"
(CONTINÚA.)

¿Hijos? ¿AcaRo habría para educarlos, con sueldos tan mezquinos?............. ~le hacía las cuentas, indicaba sus ganancias, por una
parte, y por otra los gastos indispensabltis ya, los que vendrían despu6s, más imperiosos á cada nuevo hijo.
Y estallando de indignación, decía:
-Vamos, ¿concibe usted tal cosa, ~eñorita? ¿Ochenta francos
mensuales para un profesor......... es bastante? ¿Cómo quiere usted
que se sea jefe de familia con tan poco? ¿Xo es en el hogar del preceptor donde debía florecer el niño con más ablmdanda'? ¡Qué ciudadanos haríamos de ellos! Xosotros sabemos cuáles son nuestros
ideales de honor, de mora!, de patriotismo! Sería el ejemplo, el que
nutriera á nuestros hijos, al mismo tiempo- que á todos los de la comarca, á quienes derramamos nuestras almas....... Nuestro papel es
precioso. Nosotros educamos á los hijos de Francia. El país no quiere entendf'rlo. N"os abandona sin una retribución ho11orable ...... Si
no fuese por la firme fe en la belleza de nuestra misión, que nos mantiene muy altos ¿hasta dónde caeríamos en la estima agena y en la
propia por la falta de f(1ndos, que en nuestro siglo constituye una
tara? ........ .
¡Oh! ¡Esta tara que trae consigo otras vergonwsas, indelebles!. ..

~le mostraba entre los monte?, como en otro tiempo lo hicirra
Victorina, aldeas que conocía yo ahora, y me nombraba á las preceptoras con quienes me habían hecho trabar relación.
. -Ahi tiene usted: la señorita Chauchat, de Greoux, y la señorita Agnel, de Bramafan, y la señorita Perrin, dé Frenes, todas, tocias ......... ¿No le parece á usted que son gentiles, inteligentes, sanas'?
¿No 1:ierían dado caso, excelentes madres de familia, esposas mo&lt;lelo,'
esas niña!' modestas é instruídas que adoran el bien y que no desean
nada .,extraordinario? ¿Pero, quién las querrá por esposas' con esa instrucc1on, que es tan estorbosa para un horubrn inferior y con e;;ta
pobreza que es tan horrible para los que ef&lt;tán un poco m{ts alto? ¿El
profesor? Este sería el ideal. Peto, ¿cómo podría casarse el profesor,
siendo tan pobre como ella? ¿No ha notado usted que todos loll profesores de las cercanías, y aún el de Charnux, donde usted está, sn
han casado con mujeres relativamente ricas? ¿Pero las institutrices,
entonces, para quién se quedan? ¿Quién se casará con esas criaturas
desdichadas,
condenadas á un solterismo ]Jerpetuo ' es decirJ ú la des.,
esperac10n, puesto que la soltería es forzada'?
. , Al hablar así, agitó e.nérgicamente el brazo en el aire, y luego le
deJo caer en la mesa. La Joven esposa alz6 los ojos y le mir6 llena de

temor. El sonrió y le habl6 con voz que me desgarró las entrañas.
-¿Y tú? ¿Y nosotros·? Sí, querida ......... Pero el nuestro es un
caso excepcional, un heroísmo de nuestro amor: nos~tros hemos aceptado ele antemano todos los sufrimientos que presentlamos ... ••• Aceptamos nuestra suerte, que para mí, ha sido buena porque te amo!
¡Pero para tí. ........ p0brecillal
.
La joven se alarmó, por bondad, creyéndome celo8a, y qmso con
una broma, impedirle que continuara.
. .
-¡Vaya si ere8 pretencioso! A ver, ven acá, señor mdispensable,
acompáñanos, vamos á cortar flores.
.
.
No me moví de mi asiento, seguía escuchando con los labios opnmidos. La joven volvió á sentarse cerca de nosotros. Su esposo prosigui6, ya calmado, pero más tristemente:
.
.
-¿Por qué no había yo ele ser .franco? Tú eres fehz, )'. la ~1cha
Hace á uno ignorante; pero la eeñonta María Tere.sa es más mtehgente que muchas. Quizú no se ha quejado por sí misma de su soled~d;
pero seguramente ha adivi.nado la de s~s ~ompañeras, cuando ha 1tlo
á visitarlas á ,;u, casm:. Diga usted, eenor1ta, ¿no ha pensado ust~d
que la soledad de esas jóvenes &lt;'Stá poblada. de locuras que acabaran
probablemente por una desgracia?
.
Pedía luces á mi clarividencia, y me nombraba á la señorita
Chat11.:hat, á quien un riro propietario de Greoux cortejaba e~c_:in~alosamente, aunque deciclido í1 no casarse nunca con .ella; la st•norita
Perrin en el mismo caso; la señorita Agnel, persegmda por un mo~o
de gra.:1ja, que el la no acPptaría jamás como esposo, y del cu~! n;d~e
podría defenderla. Agregó e11 voz alta el nombre de la seíionta I ehsier, ele Distroit, en quien ni siquiera podí~ yo pensar, porque su aldea estaba lejos de nuestro medio habitual.
•
-No es un c"riado de granja el que persigue á ésta; es ella _misma, cuyo corazón lucha, seg6J1 dicen, para re,-hazar .las seducciones
del joven Marcial de Breves, el muchacho guapo á qmen usted conoce, porque viene con frecuencia á cazar por estos co!1tornos.. Ella está
sola· él es atrevido; la considera como una pobrec1lla flor ignorada;
nadie se indignará si llega á cortarla. ¡ Pues bien! Si sucumbe, si sucumben las demás, esas hijas de padres virtuosos, e&lt;lu~adas en el_honor, profesoras de moral, puras; si sucumben, no sera dolorosís1_ma
la caída, cuando era tan sencillo, tan honrado, tan fructuoso evitar
esas desdichas?
No respondí. En mi pensamiento aturdido, añadía á esas historias las que me había referido Phrasia: la. antigua institutriz de
Greoux y mil otras, sabidas de~pués con detalles tan penosos! ..... .
En' la casa. de Pinet, á cada jueves en que los esposos me retenían á su lado palidecía ante tales recuerdos, que me enloquecían.
Y como si no' formasen .sino una cadena temible, las desdichadas
p;ofesoras caídas en el abismo-¡felizmente raras!-se confundían para mí con las otras, las que no habían caído aún, y que se encontraban al borde del abismo! Las que estaban al principio &lt;le! drama y
las que habían llegado al epílogo. Pero quizá nadie había llorado á
las primeras, y toda la ternura de mi alma iba hacia las segundas, al
mismo tiempo que la elocuencia del joven maestro de escu,ila. ¡Oh!
¡Quién conoce el remedio que él proponía!. ........ Y preguntaba. balbucientP., oprimida por una inmensa angustia:
-Diga usted, ¿cómo evitarlo, señor Albert?......... ¿Cree usted,
realmente,que hay alguno? ..... .
La joven esposa, entristecida por tantas cosas serias, no pensaba
ya en distraernos ...... y él, entonc~s cletallaba ~u grande1 h.ermoso y
sencillo sueíio: los profesores amplia.mente retribuidos, s1qu1era como
un juez de paz de cantón, y obligados á casarse con un.a profesora,
antes de obtener su puesto.
-Obligados, sí. ¿Por qué no? ¿Por qué no se puede obli.1mr al amor?
Porque los profesores á quienes se quisiera impulsar hacia las profesoras preferirían precisamente á)as hijas de los comerciantes, á. las
obre/as 6 á las campesinas. ¡Vaya! El amor no es tan ciego, puesto
que siempre va tras la dote ...... Irá también tras de las profesoras, al
mP.nos casi siempre, cuando se diga á los jóvenes: "Bueno: ya sois
hombres; por lo tanto, 11&lt;1 es preciso manteneros; vosotros sabréis irla
pasando......... Pero, á vuestro lado están las jóvenes á quienes enviamos á los campos y que se encuentran solas, abandonadas {i su
propia suerte, en tanto que vosotros sois los únicos maridos posibles
para. ellas...... ¡Ah! ¡ No tendréi'! de qué quejaros si escucháis nuestros consejos! Tan inteligentes y tan cultas como vosotros, se identificarán con vuestro ser, como la pluma y el pensamiento se unifican
en la página ........... Y para tentaros, así como para ayudaros en la
formación ele ese hogar, á cada uno de vosotros que haya escogido
esposa entre esas pobres muchachas, se os dará un sueldo digno de
vuestro valor y de vuestro hogar» ......... ¿,Eh? ¿Diga usted, señorita,
cuando hayan oído ese lenguaje, habrá muchos que resistan?
Me hablaba directamtmte, aguardando mi aprobación. Y yo sentía la frente más pesada. La joven, más alegre y menor que yo, interrumpi6 la @olemnidad del discurso.
-Bah! hijo mío, tú predicas y predicas ..... Pero no aumentarán el sueldo y te llevas el gran chasco: ya ves, ya tienes mujer.
Y enlazó con sus brazos el cudlo del esposo, como si tratara de
retenerlo. El la rechazó suavemente, pero con gravedad.
-Tú sabes muy bien que yo uo predico por tí, sino por los demás ..... .
Les sonreí, y con la voz un tanto temblorosa, murmuré:
-Deje usted predicará su esposo, señora. Quizás el viento lleve
sus sermones hasta la cámara, y se formule y apruebe una ley, y de
repente todas las profesoras quE:den provistas de marido, inclusive
yo.

Reí aunque me sentía demasiado turbada. El joven hizo un
ademún 'para significar que yo no quedaba incluid~ ~nd la cue~ta. r,
-Oh! señorita, usted es como la señorita Monn, ; 8an . om,rn.
La conversación cambió de pronto. ~[i voz recobro su firmeza,
y la del joven dejó de i,arecerme generosa y turb~dora.
-Ve ustecl con frecuencia á la señorita l\1orm?
-Sí algunas veces. Siempre tan dulce y tan piadosa!
.
-D; seguro! Rí; es. piadosa-dij?_ la señora de Albert, deJando
I
perderse i't 10 lejos su mirada-Esa .mna es un ángel.••••••
Y luecro dirigiéndose á su mando:
o '
.,
-Ya lo Yes, señor,que la señorita. Romaine no ;s una excepc~on
tan rara! Alli está la señorita Morin que puede pasarsela· muy bien
sin marido v no caerú jamás, te lo juro!
.
El jo,~11 torcía un cigarrillo, &lt;lió algunos pasos hacia afuera, para mirar el sol poniente.
-Ah qué hermoso está el tiempo! Qué hermosos EOn, ell verdad,
nuestros Alpe1l
Le seguimos en silencio por algunos ?1omento~. admirando el
horizonte limitado por las montañas. Del cielo parec1a caer algo como una lluvia de paz, en ondas de imponderabh• pú,rpura y de or~
fluido ruya corriente se apartaba ~le la !!anura, subia lentamente a
Jo largo de los cotos, ha,;ta llegar a las cunas, que resplandecían solas, en la gloria de e~úR últimos rayos de sol, en tanto que la somb~a
quedaba abajo, se extendía por los campos y ganaba las aldeas mus
altas.
En e~as aldeas se extinguieron uno á uno los reflejos de luz que
bañaban aún los campanarios ú se. quebraban sobre las v!dri~ra~, y
se cambiaron en griseR, como horrados del panorama, y dismmmclos
de tamaño.
(CONTINUARÁ.)

BRll,LflNTES 60PHIR
La imitación más perfeeta del mnndo
MANDENOS SU NO)IBRE

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DIREC-

CIOX pa1•a manclarle nuesti•o NUEVO Y
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fectas, que sus amigos no las distinguen de
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desc1•ibimos.

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con las llamadas pied1•as del Rhin, de Alaska, Brasileñas, de Sumaüa, de Bolivia y de
::\fontana, ú otras imitaciones cualquie1•a
que sea el nomb1•e que se les dé.

AVISO
Nuestra rasa no ti&lt;'ne A~entes viajeros: de manera que enalquier Jll'llido delJerá. h:u·erse directamente a 11osot1•0,-: no hacicndonos responsables lle
las Yl'ntas tttie se ha;.:;an por otro conduc·to.

Los brillantes GOPHIR
son las únieas imitaciones descul&gt;it•1•tas
l1~1sta el dia. 11111• consel'\'an su IJ1•illo ¡mm
s1e111¡we.
Dh•íjanst• á

GOPBIB OIRfflOND Go.
Departa,nento

o.

2.ª calle de Plateros, nítm. 11
MÉXICO, D. F.

•

�EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo 22 de Febrero de 1903.

•

Industrias que Progresan:.
•

Todos estos departamentos
Entre las industrias que duson amplios y están muy bien
rante lo~ últimos afios han lleventilados.
•
gado en el país á una era de
En los salones principales, se
prosperidad envidiable, ocupa
tuerce la magnífica hoja de Valugar preferente la del tabaco,
lle :N'acional y en ellos encuenque tanto contribuye al destran ocupación más de 450
arrollo de nuestro comercio y
operarios de obra fina, que
que está reputada hoy por h~y
transforman la valiosa planta
como uno ele los filones mas
en una variedad de vitolas qu1:
preciados de la riquezn nacioabastece después los mercados
nal.
acrecentando la fama de la imPocas, en efecto, son las que
portante negociación industrial
como estaindu.,tria, han realipor la irreprochable manufaczado en un período de tiempo
tma del producto.
relativa mente corto, adelantos
Para que nuestros lectores
tan notables; pues quien retengan una idea de la imporcuerde lo que era hace treinta
tancia ele la fabricación, direaños, no podrá menos de asomu1os que «La Pruel.m» dabora
brarse al ver el incremento que
diariamente sobre 60,000 pu•
cada día toma entre nosotros
ros. De éstos una buena parte
y el grado de prosperidad á
se dedica con especialidad á la
que alcanza en esta época de
marca «Flor ele Balsa,» que se
paz tan fecunda en bienes para
exporta para los Estados Unila República y tan propicia al
dos, Europa, y, en suma, para
establecimiento de las grandes
las naciones principales del
empresas.
mundo.
Factor muy importante de
la industria á que nos referiLos Sres. Balsa Hnos. han
mos, es «La Prueba,» de los sepuesto escrupulosa atención en
ñores Balsa Hnos., tan conoel despacho de sus productos
cida en el comercio y tan a prepara el extranjero, logrando á
ciada por la inmejorable califuerza de constancia y empeño,
dad ele sus productos. Esta caganarse los mejores mercados.
sa, cuyos propietarios son duePara efectuar este despacho, se
ños de las famosas plantacioda á los puros un peso especial
nes de tabaco de Valle Naciopara los diferentes países en
nal (~::stado de Oaxaca), fu~
que así se requiere, como
establecida en Veracruz el nfio
Inglaterra, donde en virtud de
ele 1869 por el Sr. D. ,José Ballos crecidos impuestos, exigen
sa y Río, padre ael actual Adlos tabacos ligeros de peso y
ministrador Gerente,Sr. D. ,Jomuy claros de color.
sé Balsa.
La fábrica, situada en la esquina ele las calles de Zamora
El brillante éxito obtenido
é Hidalgo, en \'eracruz, se exen su empresa por los sefioreA
tiende por la de l\Iiguel Lerdo,
Balsa Hnos., les obligó á estaSR. JOSE BA LSA, Administrador gerente de "La Prueba".
y es una maciza construcción
blecer en Puebla una sucursal,
de &lt;los pisos, que cubre una
montada como la casa matriz
superficie de 2í,j por 125 pies. La planta bago. En cuanto al segundo piso, que se destide Yeracruz, y que ofrece la ventaja de que,
ja está destinada para oficina, departamento
na á la elahoración, consta de dos grandes saen la estación ele verano, los operarios que
de empaque y almacenes para el tabaco en ralones llamados «galeias,,, donde trabajan 350
temen la inclemencia del cluna ele Vera.rruz,
ma. E::itos últimos, son suficientes para contabaqueros; un sal6n para el «rezagado i:
puedan transladarse á ella, pues allí se da
tener cinco mil tercios ele á 100 kilos, y comotro para el "despalillado,» otro para el &lt;;fi_
trabajo á los que lo solicitan.
prenden desde la calle primeramente citada
leleado» y por último, uno que sirve para la
**
hasta la ele Lerdo, fla.nq ueando :t la de Ilidal«escogida» de los puros.
Por lo que toca á •as* plantaciones
de Valle

\

Domingo 22 de Febrero de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

Nacional, diremos que cubre.1 una superficie
de 500 hectáras de terreno, actualmente en
cultivo, y que están consideradas como las
que producen en la República, los tabacos
más finos y más aromáticos. Prueba muy clara de esto es ~l hecho de.que, durante la guerra Ilispano americana, y cuando lns fabricantes de los Estados Cnidos estaban imposibilitados de adquirir tabaco en Cuba, enviaron sus representantes á México y compraron
· enormes cantidades que fueron empleadas en
sus fábricas. El material mexicano fué labrado y vendido como manufactura habanera,
sin que los consumidores se dieran cuenta de
ello. Es claro que el éxito obtenido se debe
exclusivamente :'t la buena calidad de la hoja
empleada y que aquélla fué una buena ocasión para que los fumadores de los Estados
t:'nidos se familia.rizaran, sin pensarlo, quizá,
con el uso del tabaco mejor que se cosecha en
~léxico.
Por otra parte, la superioridad de los productos de «La Prueba,» está plenamente demostrada con sus triunfos obtenidos en distintas exposiciones nacionales y extranjeras. En
todas ellas, los Sres. Balsa Hnos. se han hecho acreedores á las más nltas recompensas.
Las Exposiciones á que han concurrido, son
las siguientes : \rqrld's Columbian Exposition, Chicago, 189&amp;; Jnternational Exposition,
Philadelphia, 1876; Expm,ición• Naciunal de
México, 1876; Exposición Cniversal de París,
1889; Primera Exposición Veracruzana, 1881;
Exposici6n ~Iunici pal de ~léxico, 1875; Cotton Sta tes Jnternational Exposition, Atlanta,
1895; Exposición iiunicipal de Puebla, 1880;
Exposici6n Municipal de Tepic, 1883; Exposición Mexicana en París, 1889. En todos estos torneos de la actividad humana, «La Prueba» obtuvo honrosísimas recompensas.
c&lt;El favor que todos los fumadores inteligentes dispensan á los puros de c,La Prueba» dice una importante publicación que tenemos á

Edificio., de la Sucursal de "La Prueba," en Puebla.

la vista--se debe á la uniformidad de su torcido y al sabor siempre idéntico que los ha
caracteriza.do. Se puede asegurar que en el
mundo entero no hay fumador de competencia. reconocida, que no haya saboreado los puros de «La Prueba."
«El Sr. D. José Balsa y Río, fundador
de la firma Balsa y Hermano fué reputado
como el más incansable adalid en el comercio
de tabaco en rama y en el de su manufactura.
Consagró su vida entera al progreso de
la industria tabaquera, menospreciando
trabajos y desembolsos, á fin de ponerla
á la altura en que se
encuentra, y es la
más adelantada entre todas las de este
país. Fué el descubridor de los famosos
terrenos situados en
Valle Nacional que
son los más adaptables para la siembra
del tabaco. Fué un
hombre &lt;le energía,
de empresa y de habilidad que supo conquistar su fama s&amp;tisfaciendo con los puros de. su marca «La
Prueba" los g_ustos

más refinados de todos los fumadores del
mundo.,:

***

En la sucursal ele Puebla los Sres. Balsa
Hnos. tienen 180 operarios; y con motivo ele
la creciente demanda de todos sus artículos,
han abierto otra sucursal en Jalapa, donde por
el momento tien~n trabajando lüO tabaqueros.
•
Por una casualidad pudimos obtener ele uno
de sus amigos una fotografía del Sr. José Balsa, Administrador-gerente de la :Negociación,
la que con gusto reproducimos en nuestro periódico temerosos de que por su excestva modestia, no le sea agradable su publicación.
Este joven,que así lo podemos llamar,pues
solo cuenta 26 años, administrn y dirige tan
importante negociación con el acierto y prudencia. que el hombre más experimentnclo en
negocios tabaqueros. Caballeroso y serio en
sus tratos, caritativo y liberal como pocos
con sus numerosos empleados y obreros, ve
con
tanto al de
, el mismo
, cariño y atención
,
mas categona como al mas humilde.
Xo sería justo terminar en fSte semanario
la descripción ilustrada que hacemos de la importante Fúbrica ~Iexicana de Tabacos "La
Prueba," sin hacer también mención dio-na
y
0
honrosa de lo:. Sres. D. Román l\Iaciá y D.
Bernardo Casanueva, hermanos políticos del
Sr. D. J 011é Balsa, inteligentes financieros en
asuntos tabacaleros, y cooperadores infatigables de la magna industria.

.

•

VALLE NACIO,~A1...- Hondura de Nanche.

•

VALLE NACIONAL.- Hondura de Nanche.

VALLE NACIONAL.-San Juan del Rio.

VALLE NACIONAL,-San Juan del Río,

•

�La Zar zaparrllla

del,

~Banco Central Mexicano.~
H

Dr. Ayer es un tónico maravi-

lloso. Limpia depura y enriquece l a sangre, arroja del
siste ma todas l as impurezas y comunica v ig or á los nerv ios. La sang re es enriquecida-los mú sculos forta lecidoslos nervios v igorados y l a salud restablecida.
La Zarzap arrilla es sólo uno de una d ocen a de ing redientes de que est á compuesto este maravilloso re n:~dio,
cada uno de l os cuales está especia lmente calculado para
cooperar en la gran obra que ha de re alizar esta medicina .
Esto no puede decirse de otras Zarzapa rrillas. Pues sólo
es verdad de la Zarzaparrilla del Dr. Ayer. Pónganse e n
guardia contra las imitaciones.
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 1, No 8, Febrero 22</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Ignacio Manuel Altamirano</name>
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                    <text>La Zar zaparrllla

del,

~Banco Central Mexicano.~
H

Dr. Ayer es un tónico maravi-

lloso. Limpia depura y enriquece l a sangre, arroja del
siste ma todas l as impurezas y comunica v ig or á los nerv ios. La sang re es enriquecida-los mú sculos forta lecidoslos nervios v igorados y l a salud restablecida.
La Zarzap arrilla es sólo uno de una d ocen a de ing redientes de que est á compuesto este maravilloso re n:~dio,
cada uno de l os cuales está especia lmente calculado para
cooperar en la gran obra que ha de re alizar esta medicina .
Esto no puede decirse de otras Zarzapa rrillas. Pues sólo
es verdad de la Zarzaparrilla del Dr. Ayer. Pónganse e n
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...............
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�EL :il[UNDO ILUSTRADO

Domingo lo. de Marzo de 1903.

PÁGINAS DE VIAJE.

Un €nti~rro ~n flor~ntia..
(A PROPÓSITO DE LA PESTE BUBÓNICA.)

C

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A ciuda~l de los M.édicis ardía en un i n~~ndio estival. BaJo las frondas del Giardino Boboli, agostadas por un sol implacable, con la pe~adilla de la galería de retratos
de los viejos señores de Florencia--papas,
cardem.les, guerreros, una cohorte de rostros
osados, hipocondriacos, de grandes locos, .de
genios, de héroes, de malvados, caldeados por
la misma sangre,-aspiraba con delicia el aire
cálido que rizaba la obscura superficie del
Amo, en un ansia de luz y de horizonte.
A lo lejos, dPl otro lado del río, lns rígidas
masas de los palacios florentinos. ¡De los palacios florentinos, de cuya «gloria triunfal»1oh imperdonable ignorancia!-había yo hablado tres meses a11tes, en una crónica parisiens~! Enfrente de mí, el Palacio .Pitti, envuelto en un rojizo vaho de verano. Una muchacha pasó á mi lado canturreaudo 110 sé C]Ué
cosa. E inconscientemente me eché á andar
detrás de ella, con esa curiosidad inquieta que
ha llamado un humorista frnncés «la dicha
de seguir,» que consiste en ir forjando historias disparatadas acerca de una persona, que
á los veinte pasos desttparece y no volveréis á
ver mí1s en la vida.
Confieso que estaba yo en aquel momento
más cerca de Bocaccio que del Dante. ¡ Padre,
perdón! Y heme aquí desandando el camino
andado, y· h eme otra vez en las retorcidas callejas, camino de la Pinza de la Sefioría, el
salón al aire libre, en donde las multitudes se
codean democráticamente con el arte. Unos
pasos más y doy con el embaldosado lugar en
que flam1;Ó la h oguera de Savonarola.
1Y no llegué! De pronto, al volver una esquina, un espectáculo extraño hirió mi vist.i.,
dejándome por un momento absorto. Era
aquella una mascarada macabra, de la que no
pude darme, al principio, cuenta. Tras un hujier de enlutado tricornio y amplia capa negra,

seguían como una docena de peregrinos, fantasmas, trasgos, de túnica de raso y semblantes enmascarados.
Cuatro de estos aparecidos llevaban en hombros un féretro entreabierto que dejaba ver el
cuerpo reclinado de un muerto, cuyo rostro
amarillo ponía una nota clara en la sombría
mancha de aquel cortejo.
¿Soñaba? No; poco á poco, los ví avanzar y

EPINICIO DEL AMOR.
(CONFIDENCIAS POÉTICAS)

-Tú que lo sabes, oh poeta modernista, tú
que por intuición divina presientes las extrañas congojas de los espíritus enfermos, tú me
dirá&amp; lo qua pasa en nuestras almas enamorada:;¡ y dolientes.
Yo caminaba errante por los breñales de un
caro po baldío, perdida la orientación de los
senderos y"anhelan te por descubrir en el horizonte brumoso una estrella maga que enderezara mis pasos hacia la Bethelem de la Vida.
Y mis intei-rogaciones al cielo, mis quejas perdidaR entre• el rumor tranquilo del arroyo y el
misterioso silbar del viento entre las copas de
los árboles, quedaban sin respuesta en aquel
solitario páramo, testigo indiferente de misan-sia8.
De pronl.9, un pajarillo verdinegro, chirriando y saltando ante mí, fué subiendo poco á
poco de rama en rama, hasta la más alta cima
de un pino gigantesco, y daba trazas del mayor contento al enseñorearse de aquel sitio
donde la vista podía dilatarse por toda la extensión del bosc11je.
¿Me interrogaba acaso, me enseñaba el camino? Así me lo persuadió mi deseo, y no
emprendí tms él el vuelo porque no tengo alas;
pero apreté:el paso, corrí hacia la curo bre para abarcar con él mayor espacio, y subí, y rnbí, jadeante, fatigado, enfermo de fiebre intensa y enloquecedom que delirante me empujaba, me empujaba ayudando á mis destrozadas piernas y á mis debilitados pulmones
para no caer desmayado en medio de la selva.
¿Cómo llegué? Lo ignoro. El hecho es que
estuve en lo más alto; 1¡ue el paisaje esplenden-

aventura de galantería que juega con la muerte y que se llama el ccDecamerón.,,
Caían como espigas tronchadas por una hoz
invisible los miembros de las familias más
nobles, y también caían los plebeyos, envueltos en sus capas obscuras. Faltaba tierra para
sepultar tanto cadáver. Y faltaba también
quiénes los enterrasen.
Se huía de la peste á rápi.da carrera y á gran

ví arrodillarse á los transeuntes y persignarse
á las mujeres, mientras la comitiva seguía lentamente su marcha, y al rato la vía tomaba su
habitual aspecto, y la insubf'tancial vida florentina volvía á hacer sonar sui:¡ cascabeles,
enmudecidos inespP.radamente por un entierro.
Sí, un entierro, conservado {1 traYés de los
tiempos con sus lúgubres perfiles, una aparición medieval de simbolismo terrorífi co, que
encuadraba bien en aquel marco que tenía por
fondo los pesados muros de la Galería de los
Oficios.
Era el siglo XIV y la peste flajelaha la capital Toscana. La muerte había detenido el
alegre remoli1,o del amor y de la lucha, como
había detenido mi paso de incorregible &lt;cflaneun,. En aquel sepulcro sólo se hicieron oír,
como arrogante mofa, los frívolos acordes de un
trovador libertino. A los dobles de Santa María de las FlorPS, hacían coro el tintineo de copas y el estallido de besos escapados de esa

te apareció á mi vista deslumbrante de majestad y de pompa; que mi atónita mirada prendió en mi corazón el espejismo seductor de
una visión divina, convertida en realidad por
no sé qué maravillosa virtud; que esa visión y
r ealidad eran el alma angelical y el cuerpo albo y gentil de ella, de la mujerángel, toda espiritual y adorable, toda belleza y juventud,
con su forma esbelta y gallarda, su mirnd:1.
tierna y profunda, su expresión seductora de
bondad infinita.

***

La emoción sentida al contemplarla era tan
honda, que me embarg(, el uso de la palabra
cuando yo hubiera querido balbucir, hablar,
cantar, gritar el ardiente deseo de rendirle el
homenaje de mi admiracli()n y el culto que se
había despertado en mi alma.
Y Ella compartió conmigo el mismo sentitimiento; me lo decían sus divinos ojos, se
adivinaba en su actitud ruborosa y expectante, se sentía en las pal pitaciones de nuestros
pechos henchidos con el íuego engendrado por
cada latido de nuestros corazones amante~.
Entonces, en la plenitud de la vida y de la
dicha, duefios absolutos de los encanto'l de la
naturaleza que convirtióse en escenario magnífico y feérico de nuestra felicidad, nuestras
almas se entendieron y se acercaron á la mesa
nupcial del Amor para comulgar el pan eucarístico de nuestro cariño sin par.
. Oh, poeta modernisk-i que todo lo presientef', ¿por qué no morimos al gustn.r el goc... supremo, por qué, cumplido el destino final del
placer de amar, seguimos viviendo y padeciendo?

***

Domingo lo. de Marzo de 1903.

.EL MUNDO ILUSTRADO

En aquellas horas solemnes de pasión yehemente, cuando el sol, la luz, el calor, la tierra,

prisa se depositaba {t los moribundos en su
fosa, algunos de ellos ni aun sin eRperar que
rindieran el postrer suspiro. Un día se enterr6 á los enterradores, y Florencia qued6
entregada á los muertos.
Entonce¡,, la caridad hizo un n,ilagro: las
familias mfls nobles-las nobles familias democráticas florentinas-se c_ongregaron, acRS0
en alguna de aquellas amplias salas en donde
hoy la~ viejas armaduras han caído faltas de
cuerpos que sepan sostenerlae, y resolvieron
reemplazar á los enterradores.
Hicieron más los nobles florentinos : sublimaron la caridad encubriéndola, velaron sus
rostros, cubrieron sus cuerpos, y así la vida
fué más poderosa que la muerte.
Las costumbres se han conservado y los herma~os de la Misericordia son los que hoy entierran á sus hermanos.
Y he aquí lo que vi en la ciudad de los Médicis en una mañana de incendio estival.
CARLOS DIAZ DUFOO.

l~s plantas y las flores, cuando todo lo que
vibra entolia con nosotros sus himnos á la vida, el amor se inflama con el fuego sagrado de
11: naturaleza creadora y se expande en difu•
s1ones de fuerza germinativa que lleva polen
á todos los cálices amantes.
Pero Ella, en cuyos labios he libado la am•
brosía de su alma, Ella cuyos cabellos me em•
briagaron con el perfume que despiden, Ella,
la adorable, 1n nuble, la única mujer que ha
conmovido mis 1oentidos y se ha ensefiorE&gt;ado
ele mi espíritu, me encuentra humano, me halla torpe y grosero porque no me despojo de
la carne, porque soy hombre, en fin, terreno
y deleznable, como que es de arcilla el vaso en
que se deposita mi alma.
Poetas, filósofos, sabios: Yenid á mí, descifra&lt;lrne el secreto de mis torturas, decidme lo
que debo hacer para ahogar los impulrns del
corazón y hacer más luminosa é indeficiente
la llama del espíritu puro.

***

Y una voz lejana dej6 oír la respuesta del
Filósofo:
-:-:,El alma anima la materia, y á mayor ele•
vac10n ~e espíritu corresponde igual pureza en
los sentidos.
Y un canto delicioso como los salmos de
David, alegró á la mohtaña con la canci6n del
Poeta:
--El Amor es la génesis de la Yida: ama
con todas tus potencias y sentidos porque el
Amor es el a!rpa de la Eternidad.
ANTONIO ENRÍQUEZ,

EL C.&amp;B:tl.A.V AL.
to qut tra y lo qut ts.
¡También tú, oh Ca:naval, alegre y bulli·oso Carnaval, también perteneces clefinitiamente al beterogéueo y voluminoso lío de
eosas que se van! Nadie lo hubiera creído:
ya muy viejo, parecía que habías entrado
a vez por todas en las costumbres de esta
bre humanidad que, como la mariposa en
s de la luz, en pos va siempre de todas las
iones de reír, aun cuando á la postre quee sus alas en la risa y perezca sin galas ni
usiones; parecía que tú, viejo y simbólico
:naval, que ponías caretas sobre las másca'&lt;l! y máscaras sobre las en.retas, estabas desnado á sobrevivir á muchas otras cosas de
taño, porque tenías la fuerza de la alegría
1te arrullaban los armoniosos de!&gt;granes de la
1úsi~!. Pero n?, la humanid~d, que se cccos1opoht1za,» esta cansada de reu en las mismas
estas y de baila1: las D?ismas danzas; quiere
ír todavía y quiere bailar más aún pero con
ras risas y con otras danzas. Tú, 'venerable
~naval, ya no le !~astas, tus bromas le pacieron por demás rngenuas, el sonido de tus
scabeles lastim6 sus oídos, ávidos de nuevos
nes, y has muerto, Carnaval has muerto
rque el olvido y el desdén 'son muertes'
~ndo el olvido y el desdén empiezan á se;
1versales. Y hoy por hoy, hasta en los lu1res ~n que con mayor imperio reinaste, en
:necia, en Roma,, en Niza, sólo pasas como
1 recuerd.o c~da dia menos intenso; París te
le~ra art1~c1almente y rápidamente; por lo
m~s, !ª M1-careme y el Carnaval son dos cod1stmtas.... .. . . . . . . La ceniza del miércoles
c~uoso que abre el rosario de los cuarenta
de penitencia, ha caído sobre el Carnaval
mo cae la tiena sobre la tapa de un ataúd.
1Carnaval ha muerto; descanse en paz el
rnaval!

Cuando, pasados los días ruidosos la juventud que alegre danzara, recibía ;obre la
frente recordación crucial y negra de que el
hombre es polvo y en polvo ha de convertirse
á pesar del recogimiento cuaresmal á pesar d~
las severas exhortaciones de los sa~rdotes á
pesar de las purificadoras expiaciones impu'estas por el tribunal de la penitencia, los recuerdos del Carnaval quedaban ocupando las imaginaciones juveniles, y más de una honrada y
fecunda pareja que hoy peina canas y acaricia
biznietos, sintió por vez primera la recíproca
atracción al cruzarse sus miradas por sobre el
atrayente misterio de la careta ..... .
Preguntad á los ancianos de esa época acerca de los contentamientos carnavalescos de
antaño y escucharéis profundos suspiros ..... .
Si son sensibles, tal vez hasta se desprenda
una amarg,1, lágrima de sus cansadas pupilas ...
Pero el tiempo corre y con el tiempo, como

recorren la ciudad comparsas ni estudiantinas.
La reunión carnavalesca en el Paseo de la
Reforma no se distingue gran cosa de la de
otros días de fiesta; apenas si una que otra
máscara vergonzante y provocadora de la burla popular, se atreve á recorrer la aristocrática calzada, ya en un coche de alquiler, ya en
una bicicleta ...... de alquiler igualmente. En
la calle, quizá recuerden los restos de algún
cccascarón,,, roto por mano infantil, que estamos en tiempos de carnaYal. Por lo demás,
nada lo recuerda.
¡El Carnaval ha muerto: descanse en paz el
Carn aval!
SARDIN.
El mn.r es la única belleza, la única fuerza
natural que el hombre no ha podido deshonrar ni disminuir.

***
Cuéntanme que an.ta:ño, cuando eran jóve, Y alegres y bulhc10sos muchos viejecitos
e hoy toman el sol y arrastran sus rememnzas por las calles de esta Metrópoli el
aval de México era suntuoso. Los go~o
de !a cccremai&gt; social organizaban compary «¡uga~an 1~ caret~, con singular donaire;
.casas ma.s aristocráticas se·abrían para rebU: á los dis~razados, y en los tiempos del
idente Ari.sta y de la serenísima dictadura
/º.n Antomo López, hasta el presidencial
acio d~i-ramaba sus luces sobre las parejas
\ ataviad~s d~ ~il disfraces, se entregaban
Y cundo eJercic10 del pecado ino-enuo antes
~onsagrarse á los cuarenta días°de ar~epenit:º oficial. T L?ego, en los elegantes salo. e Teatro Nacional que ya no existe la
ciedad. , mexicana
·
'
· la ·ruidosa
'
coutemplaba
papnsion de la juventud dorada y el bastón
c,apáS,
. . ervurn-( ¡este eterno 'caballero ha
rev1V1do al Teatro Nacional! )-resonaba
re el pavimento con entusiasmos primavees ........ .

tlijo alguien, ,,tout passe, tout lasse, tout
casse"I

***
¿Qué ha quedado del Carnaval, en México?........ .
. La l:'~imera noticia que se tiene de la aprox1macion del Carnaval está constituida por la
aparición de algunas feas máscaras de brillantes y escandalosos colores en las puertas de los
eftanquillos y en los improvisados ccpuestos»
del portal...... He aquí la diferencia del Carnayal de antafio al Carnaval de hoy: la que
existe entre la perfumada careta de raso y la
mal oliente careta de cartón ..... .
Hoy ya no cese juega la careta,, como antaño se jugaba (tal vez porque hoy" se lleva careta durante todo el año); hoy, los bailes de
máscaras son orgías repugnantes; hoy ya no

l

DE "MISA NEGRA"
LLAMADA.

Ven, soy joven aún y puedo darte
l\lis savias confortantes y bravías
Que no sufren ni menguas ni atonías
Y podrán con sus bríos confortarte.
Nadie sentirá celos:-por el Arte
-Ese país de eternas gemonías Voy can tando funestas elegías '
Y á mí, sin peligrar, puedes llegarte.
.Dices 9ue no.soy joven, porque has visto
1\11 espíntu seml y macilento
Como el cuerpo lumínico de Cristo?
Rí! soy joven aún; más entró en mi alma
Un amor desastroso, tigre hambriento
Que devoró las dichas y la Calma.
'

TEMPLO.

¡Mi_remos 17uestro templo! ¿Qué hermosura!
¡Qué mmensidad ostenta y qué grandeza!
Es templo universal Naturaleza
Abierto á toda mundanal criatdra.
SuA gramas son alfombras de verdura,
La luna lampadario de tristeza,
Y el mar es un nostálgico que reza
Bajo el inmenso domo de la altura.
.Este es P~ templo. ¡Ríndete ele hinojo~,
Mientras vierten las aves sus cantares ..... .
Prende ya los fanales de tus ojos,
·
Desgrana de tus labios la sonrisa
Y de Naturaleza en los altares
'
Celebremos ¡oh virgen! nuestra Misa.
JOSÉ

1-f.

SrnRRA.

�EL MUNDO ILUSTRADO

(«Ni son todos los que
están ni están todos los
que son.&gt;)

[Súplica al lector: qu~ se fij~ en que en todos estos artículos es c:un el m_1smo asunto ~l
tratado, en todos es ca:-;i el mismo persorn~¡e
que se fotografía; pudiera creerse. que el m1,;mo autor de ellos estaba loco; sm e1~1!&gt;~r~o,
como ceno hay loco ......... » no se atre\'lo a firmarlos,y me.veo precisado, yo_9u~pue~lo asegurará ustedes c¡ue estoy en m1 ¡mc10, a poner
la firma á el'-ta colección que de entre mucho~
papeles revueltos he tenido que recomponer.]

I
«EL IDIOTA.&gt;

1

l

QlJEL día volvió más
triste que de costumbre
á,su casa; había asistído á una velada durante
la cual pudo obseHar,
cuando leía sus versos,
que se abrían bostezos
tras ele los abanicos y se
frnncían sonrisas baJ·o
las manos. Hasta sus
oídos llegó esta frase:
¡Pobre soñador!
· · «en t re las nu-¡Tieneh razón! esto de v1v1r
·bes&gt;&gt; es tonto·, er;tudiaré á la Humanidad.
Al d ' • • t ~ Ji, á la calle y enfr6 en
iad~1g~1en e .a o
'
cl~~I~&amp;

..

Cuando volvía ele sus excur:-;iones, lle,~aba
unas veces dolorosamente muchas cuartillas
y la~ guardaba;otras veces, cr~yente ele que no
debería ce haber hecho» lo er;cr1to, r~m pía con
clcs&lt;lén, para la har;ura, mt~ch_as hoJas cu_~borronadas;otras noches, enr0Jec1do de verguenza, encendía en la vela, porque creía que la
dest rucción debía ser com plcta, los papeles
manehaclos.
Una noche al llegar ú su rec[unara harto lle
callejear, mús que cansado fíEicamente, malt!·eeho moralmente lo esperaba agazapado el 111 •
somnio ¡mal&lt;lit~! que se rió del rnuchacho
cm111do él entraba con la esperanza. &lt;le un sueíio consolador.
Apenas cerraba. los ojos, Y un grito, un quejido, una increpación,, le pro~·ocaba.n el salto
en la cama, y le hacian almr clesnie?madamente los ojos en meclio &lt;le la obscuridad ele
su triste alcoba.
Yolvíii á plegar los pÍ\rpados, Y una mujer
horriblemente empalidecida, grit~b~: soy maJre, que me lo devueh·an; es cr111_1111 al, . pei;o
es mi hijo; y una señora muy sena le deci_a
desde una silla nlta y con brazos, como las 81 ·
llas en que colocan á lo;-; niños Ji&gt;ª:ª q~i~ alca~icen á la mesa: ,,no; sena una rn¡ust1cia.» Un
hombre bien fuerte, pnsaba ,,rezand o» que ne, v1e¡a
· · ar~·e bacesitaba limosna para vivir. ,Cna
· · ., l ol e: «mand o.,i
taba á un chiquillo, rn¡unnm
Una niíia blanca llevaba el veeti&lt;lo
' manchado
l' d
con sangre. l:n hombre que corna empa 1 ecido y sudoroso, llevarnlo en la mano sacos de
&lt;linei·o era detenido por un guardián que le
)

EL :\IUKDO ILUSTRADO

decía: seíior, no se canse; yo llevaré los
1!n anciano rodaba muerto sobre el cam
araba en unión de dos bueyes, r;us com
ros; y un borrico muy_ gordo que Yestía
seriamente, tomaba as1e11to en una ampl
taca hecha con pieles de hom bre,i, ante
luclos ceremoniosos de un grnpo de so
roR.
El suefio era tan horrible que abajo
cama dos hombrecitm,, cedas títeres,» d
tizaban una figura mezcla humana y
temblando por respeto ú su amo muy
que los azuzaba: ¡adelante, aclclanle!
Después ¡naturalmente! no dormía,
la cama: fué al bufete, y bur;có las cu
escritas. Las ley6 con avidez.
Cuando concluyó, descomponía.
una mueca extrnña.
Clavó Ja cabeza sobre las palmas tle 1
nos, y dejó qne se le cerraran los párJ!&amp;
Ante su vista pasaron muchas ro]
desfilaron muchas negruras; se miró
damente malo! ¡En su corazón había 1
Has de crimen!
y se larg6 con los borrones que
entre las manos.
-·¡Xo; decididamente no; es una
..
me voy á las nuues! ,
t
Llegó hast.n
., el zaguan, y e1 por ern,
liento, le saho a 1 paso:
el
-¿Esperan á Vd. si lo buscan? ¿vu
pronto?
d
&lt;l'
-Yuelrn dentro e unos tas, creo q
ja.ré pronto.
•

,_&gt;a,,-=,C-&gt;a,&lt;.A-""C-,_,&lt;.,o,a~c-=,&lt;..o=,LO~LO~~~~,..,...::,,.,~.~.~-~-~-~.~-~.&lt;.c~,~•~•~•~•~•'4-'i'!,_"C..;,¡.,,&lt;.c-'i'!-,~.,.~.~.
......~~~.--,.,.
.....-,.,. -,.,......-,,.,..-,.,.,....-.........-,.,.,....-,.,,.................... .. .. . .

\Jorrió hasta una tienda que abrían enfrente
de la casa y de ,!onde :,alía la tos del mozo
madrugador, ;: se ei,capaban l?s últimos bostezos de una lamparas de petro~eo.
,
El dependiente le gruñó un feo: ¿ccque va a
tomar?»
,
I
.
.,
1
-Dispense Yd., ¿conoce a la I umr..nH1ac.
¿A qué hora _sale el tren :P;'lra la'3 nubes;
El depend1e11te le volv10 las espaldas, bostezándole:
-¡Pobre idiota! ........
Desde e,.:a madrugada, Yaga por las calle~,
sin rumbo, ·nirando ú la~ 11ulie,.:.
Unos lo mimn con lástmta, otros lo ven t·on
burla; alguno,, le da11 un centaYo, y to&lt;los dicen:
¡Pobre idiota!

veía compasiva cuando yo la preguntaba tantas cosas· y las estrellas que se han guiñado el
ojo cuando me han visto; tenían r~zó!1 los
hombres que, como tocios los monos, 1m1tando á los que est:ín más alto, imitaban á las estrellas y con los ojos se reían de mí, cnmbián-

Domingo lo. de l\!arzo de 1903.

LOS COlV.UECIRNTES DH LA PESTE.
Publicamos hoy uua fotografía que representa el grupo de eonrnlecientes de la peste
bubó11ica aislados en la barraca cc31 de Marzo,» ·

II
;YO CUIL\!

L\TRO enorn1e:,;

l'I

rio., me :unarillah:111
el ro:-tro púlido, co11111
&lt;le 111uerto, v rasurado, como &lt;le· clérigo.
lTahía mucho ~ile11do· en la habitación.
v lllucho luto en los
cuerpos de los presentes.
Yo estaba muy serio
cumpliendo con mi
deber ele muerto; e,;taba bien muerto, y como
si vistiera lulo por la muerte mía, estaba bien
negramente ensotanado, porque yo habfa i;ido cura· todo lo que vestía yo era negro, des'
.
de los calcet1:1es-no
me hab'mn puesto zapatos porque pensaban que los muertos por más
dedentes que ~ean no necesitan llevar calzado,
porque ¡al fin no ~m&lt;ian!-hasta el listón que
me ataba las manos, para procurarme, aun
muerto, la actitud heaHfica, pues creían que
yo había sido cura bueno!
Todos sentían, según decían, que yo hubiera muerto· unos sollozaban, otro? suspira.han.
Las ca~panas de la Parroquia, de la que había sido mi Parroquia, dobla.han por mí. En
la calle no se hablaba de otro suceso más que
de mi muerte, y muchos me elogiaban entre
copa y copa.
En muchas cisas había ceras encendidas en
mi honor aunque yo no las necesitaba, porque cchabía sido taií bueno.» .........

Mazatlán.-Los convalecientes de la peste bubónica.

dose la idea de que estaba yo loco; lo estoy,
y para no fasticlinrlos mfü, ó para no hacerlos
reír mús gratuitnmente ele mí, y por mi parte,
para J10 exponerme á sus carcajadas, me voy.
¡Pobres ranas si llego todavía con palabras
en la boca! ¡Pobres sapos si aún puede11 cnmo
los hombres comprencler que estoy loco, y fastidiarRe con mis maniíestaciones aliénicas!
Y el loco que hablaba ya en pie sobre la barda del pozo, gritó despidiéndose con el ademán:
-¡Adiós; que sean felices, cuerdos; yo, el
loco, me voy. porque no puedo soportarlo,i! ...
y i;e anojó tranquilamente a! agua.
FRANCISCO ZÁRATE

RUiz.

en l\Iazatlán, conforme á las órdenes dictadas
por el Consejo Superior de Sal u bridacl, para
impedir el contagio. Las personas que forman
ese grupo, seg(rn una importante correspondencia. que tenemos á la vista, son las únicas,
que, del 18 de enero al 11 del pa!-ado, escaparon á la. muerte curándose en el lazareto.
A título ele información, damos también á
conocer la fotografía de uno ele los departamentos ele que constan las barracas. La familia que aparece en ei-a vista y que i;:e encuentra aislada, es la. de don Santiago León, persona muy cono-:ida en l\Iazatlán.
El mal que la inteligencia se complace en

-¡Yo Cura, ). yo bueno!
¡Cuánta mentira suefia uno! ¿ ,·enlad?

III
&lt;EL LOCO PACU'ICO.&gt;

L ccloco pacífico» estaba sentado sobre la
barda del pozo; la fa.
milia se había acostumbrado ya á sus
locuras inofensivas, y
lo dejaba que anduviese por toda la casa, y se olvidaba de

Mazatliin.-Una familia aislada en las barracas.

turloso tuaaro Histórico.

él.
¿Quién sabe si alguna vez llegarían á desearle que muriera para que dejase de sufrir,
para que descansara?
Allá aba.jo las aguas retrataban las negruras
de su espalda-el traje y la cabellera, -entre
las cuales blanqueaban dos renglones que se
llamaban cuello de la camisa, y en gradación
descendente de color blanco, cuello del cuerpo.
Repitió: cctenía.n razón; yo estaba equivocado ; se me ocurrió que la Humanidad estaba
loca; pero, ¡ Diablo! puesto que la Humanidad y yo no estamos ele acuerdo, puesto que
la numerosa Humanidad y yo tan solo no he~os podido ponernos á vivir juntos y á vivir
bien, y la Humanidad sigue tan acompañada
Y yo sigo tan triste. yo soy el loco; tenían raz6n los parientes que lo murmuraban tan hipócritamente; , tenían razón la Luna que me
LA CATEDRAL DE MEXICO EN CONSTRUCCION (Copia de un cuadro existente en el Casino Nacional.)

LA CATEDRAL DE MÉXICO EN CONSTRUCCIÓN.

En el Casino Nacional se conserva como
una reliquia de la época del Gobierno ~spañol
en México, un cuadro que representa la construcción de las torrPs ele Catedral v que aparece fechado en 1794.
' •
El cuadro referido contiene en una de las
esquinas inferiores, la explicación, numerada
que indica los edificios principales vecinos'
como el Sagrario, la Casa del Estado, la capi:
lla de los Alabarderos, r el templo ele Santo
Domingo. Una gran balaustrada de mampostería li1;1i~a el atrio de la Catedral y, fuera de
él, se d1stmgue, sobre una mesa, una imagen
del ((Señor del Cacao» y la cruz que se llamó
cc&lt;le los indios». Por último, y marcada con el
._!1Úmero 6, aparece la ,,estufa» del virrey, tirada por seis caballos y escoltada.
Ofrecemos en este número una copia fotográfica de tan curioso cuadro,

decir de las mujeres, es el desquite del bien
que el corazón se obstina en esperar de ellas
G. M. V ALTOUR.

LA ÚNICA Y F1EL. .. .,
Xo eres mujer sino rosa,
rosarreina inmaculada,
y yo, de tu corte a.lada,
la única y fiel mariposa.
¿Qué mucho que siendo hermosa
primaveral, delicada,
'
esté con tu corte ala.da
la única y fiel mariposa?
l\Ia.ñana, must_ia y rugosa,
aunque no estes rodeada
del enjambre que hoy te acof~
tendrás de tu corte a.lada
'
la única y fiel mariposa.
JUAN

B.

DELGADO,

�Domingo lo. de Marzo de 1903.

Ca primua escuda en d territorio
Quintana Roo.
Creado por el Congreso de la Uni6n el Territorio Federal de Quintana Roo, en la parte de la Península Yucateca quefué teatro de
los rebeldes mayaR, se ha establecido en el naciente puerto de «Xcalak» la primera escuela
de instrucci6n primaria. El ¡?rabado que publicamos representa el humildEl local que ocupa el plantel, y el grupo de nifios que concurren á las clases.
El Sr. Presidente de la República., al saber
que había quedado ya establecida esa escuela,
dispuso se dotara con todo el material necesario para la enseñanza, y al recibir la fotogra•
fía que reproducimos, mandó se obsequiara
con libros y juguetes á los alumnos como un
premio á su constancia y á sus afanes. Los
niños, instruídos en la lengua nacional lo suficiente para adquirir los primeros conocimientos científicos, sustentaron hace poco su primer examen.

LA CAMPAÑA CONTRAELALCOHOLISMO.
Existe en los Estados Unidos una respetable agrupación femenina que se dedica exclusivamente á combatir el alcoholismo y que ha
formado, con este objeto, numerosos centros
de propaganda en aquella República.
La acción de esa benéfica sociedad no se ha
circunscrito á las ciudades del Norte en que la
embriaguez causa incalculables males, sino
que, salvando sus límites, se manifieEta ya en
las más aventajadas naciones del globo, que
han recibido sus trabajos con beneplácito.
A México ha sido enviada, para emprender
la campaña antialcohólica, la Sra. Addie Nórtham Fields, una de las más entusiastas propagandistas de la temperancia.
La Sra. Fields ha tenido que aprender español, y para el poco tiempo que lleva

EL MUNDO ILUSTRADO

en esta Capital,
se puede decir
que ya ha hecho mucho. Su
buena obra ha
empezado por
dar conferencias
á los presos de
la Cárct:l General y "á los de la
Penitenciaría, y
por recorrer algunos Estad os
de la República
donde se le ha
recibido con todas las consideraciones que me
rece por su laudable empresa.
En esta Capital se fundó una
sociedadde temperancia que es
presidida por el
Sr. Dr. Roque
Macouzet, y cuyas sesione¡: semanarias se ven
muy concurrí das. La Sra. Fields va á dar conferencias en
las escuelas Primarias y Superiore'!, así como en la Preparatoria, antes de partir de esta
Capital.
La agrupación qutJ ha formado creará nuevos centros antialcohólicos, á fin de que la campaña emprendida dé los resultados apetecidos.

PENSAMIENTOS.

EL MUNDO ILUSTRADO

L a Escuela de Xcalak.

EL ENTIERRO DE OFELIA.
I
Es la mañana. De los rosales
Brotan alegres, cual de un salterio,
Vibrantes cantos, himnos triunfales
Que a.Izan jilgueros y alond ras reales,
¡Los trovadores del cementerio!

II
El arte debe ser un órgano moral de la vida humana.

*

El objeto de la educación femenina no ha
de consistir en transformar á la mujer en un
diccionario.

*

Al pie de un sauce verde y somb
Junto á marmórea. tumba labrada,
Hámlet. el príncipe pálido y frío,
Con otro joven, en desafio,
Cruza, bizarro, su recia. espada.

III

La intolerancia y la malicia son
hijas legítimas de la falta de entendimiento.

*

Construcción y destrucción: todo el progreso de las sociedades
modernas rueda sobre
estos dos términos.

*

El reconocimiento es
parecido á cierto licor
de Oriente que no se
guarda más que en vaso~ de oro: perfuma á
las grandes almas y en
las pequefias-se agria.

*

Nada es tan difícil
de comprender como
lo que se ignora; nada
más sencillo que lo
que se sabe.

*

El genio es una larga
paciencia; el carácter
es más todavía: el carácter es la voluntad
sostenida, el esfuerzo
de todos los momentos, en todas las situaciones.

Paran la lucha los dos rivales:
Que un blanco féretro busca. su fosa
Por la ancha senda de los rm:aleA,
Y en él, ceñida de albos cendaleP,
Des..:ansa Ofelia, la virgen diosa.

IV
Aquella clara noche de estío
Junto á reciente tumba entreabierta,
Hámlet, el príncipe pálido y frío,
Derrama, presa del desvarío,
Llanto de sangre por su hada mu
V

Vierten los astros lumbres radio
Entre cipreses níveos jazmines
Dan sus esencias más olorosas,
De los sepulcros se abren las losas,
Y suenan cítaras y bandolines.
MANUEL REIN

La muerte en la empeflada
Contienda contra el ser, está venci
¿D6nde existe el imperio de la N .
En cielo y tierra y mar, bulle la v1
F'ELIFE TEJ

*
Releer es descubrir un libro
nuevo en un texto que ya se ha
leído.

*
Los hombres más temibles son los prudentes.
Sra. Addie Northam Fields

1.-0rilla de una presa, en Gu~najuato.-2. El Pico de Orizaba.-3. Una calle de
Pátzcuaro.--4. Ruinas de San Francisco en Zacatecas,

Domingo lo. de Marzo de 1903.

�EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo lo. de Marzo de 1903.

-

Enstñanza dt los Sordomudos
notables Progresos.
\

1

Incalculables son los adelantos que en los
últimos años ha alcanzado la ensefianza de los
sordomudos. En Alemania se inici6 un movimiento sorprendente en ese sentido, y todas
las naciones se apresuran á seguirlo. Hace
veinte años parecía imposible, casi absurdo,
que un mudo llegase á hablar; hoy los pobres
niños desheredados de la naturaleza llegan á
articular palabras y emitirlas con relativa
claridad y precisión.
Creemos, por lo tanto, que será del agrado ele
nuestros lectores la información que publicamos en este número,con relación á la enseñanza que en la Escuela N. de Sordomudos se
imparte á los educandos. Los procedimientos
empleados para ello, se ajustan en todo á :os
más severos principios deuna pedagogía especial.
Es l111 fenómeno meramente fisiológico,
comprobado por In. ciencia, que la atrofia de
determinadas celdillas cerebrales trae como
consecuencia la hi perlrofüt &lt;le otras. Vulgarizando la explicación, diremos lo que todo el
mundo sabe: cuando los órganos de un i,enti&lt;lo no funcionan, se activa sobremanera el funcionamiento de los demás órganoR.
Aceptado este principio, agregaremos qne
casi todos los alumnos de la Escuela de Sordomudos, revelan desde luego una notable
inteligencia. De ello quedamos convencidos al
ver que los pequeños pensionados, en su mayor parte, tienen notabilísimas disposiciones

Leyendo "El Imparcial" en alta voz.

pa.ra el dibujo, especialmente la caricatura, así
como para las la.hores mamrn les 6 intelectnales qne constituyen las artes de litop:raffa. zincograha.&lt;lo, pintura al 61eo y Hcuarelas. caligraffa, costura, horda.do, etc. Lo~ tra.hajos rle
lo,o alumnos se exhiben en nn ~a.l6n espPcial.
En nueRtra visita al plantel, presenciamos
una clase ele «De~mutizaci6n», en la que ,:e
prepar:i. al sordomudo para la mecánica dE&gt;l
lenguaje articnlaclo. La prepa.raci6n consiFte
en hacer que el discípnlo se PjPrcite á respirar
ha.blando, á emitir la. voz y á adquirir una habilidad particular dPl tacto, de manera ele hacerle distinguir suficientemente entre sí las
vibraciones fuertes 6 débiles, extensas 6 localizadas quE produce la voz. Presenciamos
también un ejercicio de ccpalpeo de vibraciones» que se efectúa. de la manera siguiente:

mantel y sobre ella,la libreta reciente, el honÍ
do plato con el pan migado para la S?Pª Y e
puchero con el cocido humilde, pero b1_en condimentado, de ga1·banzos tiernos y amarillas patatas.
Algo muy grave había sucedido, no cabí a

~
'

\
'

"

.¡---•:

¡----;--;

o

ESCUELA DE SORDOMUDOS.- Salón de actos y de exposición.

mostr6 todos los departamentos del edificio, y
á la. galantería de este señor debemos las fotografías y datos que ofrecemos á nuestros lectores.

€1 Pucbero Roto.
I

Ejercicio de "desmutización."

El profesor toma la mano del hiño y la coloca en una regi6n especial de la garganta de
aquél; el alumno lleva su mano izquierda á sn
propia garganta y tsl profesor emite el sonido
de una letra q11e también es emitido por el
niño al sentir las vibraciones que produce la
laringe ele su maestro. Increíble parece el gran
desarrollo que adquiere el tacto en estos niños.
Pasamos de esa prueba á los ejercicios de la
pro&lt;lncci6n de la voz. Para éstos se enseña al
sordomurlo, además ele la emisi6n de la voz
natural, la'l posiciones bucales sirviéndose ele
espejos apropiados en los que el alumno ve sn
propia boca y puede- corregir la posici6n defectuosa de ésta. Estm, ejercicios son personales, lo que Yiene á conia;tituir una enseñanza
inrliviclual. Vimo~ también los ejercicios ele
gimnástica de la vista, que tienc;en á de,:arrollar este 6rgano y á facilitar la aclaptaci6n ele
las posiciones internas ele los 6rgirnos bucales.
J?e tal manera es extraorLlinaria esta gimnástica, (JUe los niños llegan á leer en los labios
y á_ aparentar que oyen perfectamente lo que
Ru 111terlocutor les comunica.
Por lo que respecta al estahlecimiento, está
&lt;lota.do de todos los aparatos modernos indispensables parn. su objeto.
El inteligente prof. don Luis Villa, á cuyo
cargo está la enseñanza &lt;le los sordomudos nos

Domingo lo. de Marzo de 1903.

J-OBRE la acera, en un cbarquito de cal. do poco grasiento, había esparcidos muchos garbanzos y patatas, un poco de
tocino,dos tajadas de carne y un hueso,
y entre todo esto,los pedazos desiguales
de un puchero roto, continente, antes de la catástrofe, de la comida de un jornalero.
Separábanse al pasar para no ensuciarse los
transeuntes, sin parar mientes la mayoría de
ellos en la desgracia que representaba aquel pucherillo deshecho en medio de la calle.
Bien pronto dos perros olfátearon el inesperado festín y dieron cuenta de las esparcidas viandas, disputándose luego entre gruñidos el hueso
que restaba, y que, como de costumbre, fué botín
del más fuerte. La acera quedó limpia.
II

No lejos de allí, junto á la valla de una casa
en construcción, un albañil, separado de sus
compañeros que dormían I a siesta tumbados en
el suelo, paseaba impaciente sin separar la mi-

duda.
y en estas cavilaciones, imaginando desgr~cias posibles el jomalero se separaba de la obt a
para llegará, la esquina de la otra calley_ver d_e
lejos si venía la muchacha; fumaba un c1gai:rillo y otro paraentt-etener el apetito, que ya iha
pareciéndose al hambre.
.
.
Por fin sonó la hora de traba¡o; los albañt
les, desperezándose, abandonaron su l~cbo . d_e
piedras, subie1·ou otr,t ,·ez á. los andam1os_y Ni;
ceto después de vacilar un momento, umóse a
ello~ y subió también.
Aquella mañana había tenido con el capataz
unas palabras sobre si esto 6 si lo otro, cosas
del oficio y de poca importancia; pe,:o podía suponer el hombre que s_i Nice~o se retirab~ ant;s
que los dem{1s,lo hacia e_no¡ado por 1~ ~ispu~~Resolvió, pues, no ped n· ~erm1so p,1,a m,~t:
cbarse, y continuar su traba¡o : pero en '.1quella:,
cuatro horas que pasaron basta las seis de la
tarde exponiéndose muchas veces ácaer porq~e
la debilidad le producía v,ihidos, no cesó de mirar á I a calle con la esperan~a siempre deque la
niña aparecería por allí aba¡o. La muc~acb~ no
vino y el jornalero se aferro entonces ,1 ht 1de;i,
de q~e en su familia había ocurrido algo gravisimo.
Por eso al terminar el trabajo, ecbándos~ al
hombro la chaqueta, eruprendio con tal rapidez

rada de la calle por
donde esperaba ver á
su bija con la comida
cotidiana.
Pero ~ranscurría el
tiempo y se acercaba ya
la hora de reanudar E&gt;l
trabajo, y la mucuacba
no parecía, y el pobre
Niceto, un hombrón de
treinta años, inquietábase más y más con el
est6mag-o vacío y la cabeza llena de pensamientos intranquilizadores.
Qué le habría ocurrido á la chica? Qué habría pasado en su casa?
Aquello no había sucedido nunca. Todos los
días de trabajo,sin faltA.r uno, al sonar las
doce en el próximo reloj
de la Trinidad, bajaba
el albañil del andamio
y encontraba á su bjita,
la cbatilla Rosa, que á
los nueve años de edad,
aún no cumplidos, tenía
el airedeunamujerformal, y que le aguardaba sentada en la acera,
á la sombra en verano
y al sol en inYierno,
con la blanca servilleta extendida á modo de

ESCUELA DE SORDOMUDOS.-Otro ejercicio de "desmutización."

la marcha hacia su casa, con tanto anhelo como
temor de llegar á ella.
III

Ejercicios gimnásticos.

ESCUELA DE SORDOMUDOS.-Una clase para niñas.

Vi vía muy lejos, en el camino de Cara.banchel,
y dudó si llegará la plaza Mayor para montar
allí en el tranvía: pero éste se retrasaba muchas
vE&gt;ces, y creyó preferible ir, como siempre, andando.
Por medio de la calle. para que no le estorbase la gente, iba casi corrie1:1do, cuando al Jleg-a1·
á la plaza del Progreso, v16 sentada en medio
del jardinillo á la muchacha. La vislumbró desde muy lejos y dudó. Al persuadirse de que era
ella,corrió en su busca.
Con su bracito apoyado en el respaldo del
banco rústico y el otro caído á lo largo del cuerpo, cabizbaja, inmóvil, estaba la cbatilla. Tenía
junto {t sí la cesta de la comida, y en ella los
ojos muy abiertos y encendidos por el llanto.
-Rosal-gritó Niceto.
La cbica,al oir la voz de su padre, como quien

�Domingo lo. de Marzo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

despierta de un letargo, le miró espantada y sin
moverse.
-Qué es esto? Qué haces aquí? Qué te ha pasao? Por qué no me has llevao la comida'? Vamos, di, responde pronto. Por qué has llorao?
Qué te han hecho':'
Todas estas preguntas salieron de su boca á
borbotones y dichas con la voz trémula de la inquietud y del temor, en un tono que tanto tenía
de reconvención como de cariño.
-Ay, padre, padre!- exclamó por fin la muchacha rompiendo á llorar ruidosamente. - No
me pegue usté.
- Pues qué has hecho para que te pegue?Cuándo te he pegado yo? Dilo, bribona.
-Nunca, nunca; pero hoy sí lo merezco.
-IIabla pronto si no quieres que te zurre de
veras; y basta de llanto, y no llames la atención
de los que pasan. Qué te ha sucedido?
Entonces la niña le contó. Balbuciente y entre
sollozos que no podía conténe1·, dijo que al notar que dentt-o de la cesta iba poco seguro el puchero de la comida, quiso col0earlo mejo1·, y al
sacarlo se le cayó al suelo y se hizo pedazos.
-Acabáramos!- exclamó al oírlo Niceto, respirando con libertad.- Y por qué demonios no
fuiste á decírmelo'!
- Porque temí que usté me pegara .... Como era
una cosa tan gorda!
- Vamos, vamos á casa, que tu madre estará
con la misma inquietud que yo be tenido.
-No, madre no me espera hasta el anochecer,
porque me dijo que iuern á casa de la tía Isidra
en cuanto comiéramos, y creerá que estoy allí.
En cuanto comiéramos! Esta frase hizo al pad1·e caer en la cuenta de que también la muchacha había sido víctima de la rotura del puchero
y que no habría comido tampoco. Levantó la tapa de la cesta que la niña llevaba colgada del
br11zo, y vió que la libreta estaba intacta.
-Oye tú, chiquilla, ¿y por qué no te has comido el pan':'
-¡Estada bueno!-exclamó Rosa.-¿Qué había
yo de hacer eso sabiendo que usté no había comido?
Niceto se inclinó hacia la pequeña, y cogiendo
entre las manos su cabecita rubia, se la comió á besos.

EL MUNDO ILUSTRADO

Domingo lo. de Marzo de 1903.

-No hay más remedio
- añadió el albañil - que
ocultarla lo que ha pasao,
para lo cual es preciso
comprar otro puchero.
-Eso es lo mejor, padre&gt;,
eso es lo mejor-dijo la muchacha con la alegría de
quien se ve libre de un
gran peligro.
Entraron en una cacharrería y por treinta céntimos, que Niceto guardaba
para tabaco, compraron un
puchero, el que hallaron
más parecido al otro en
forma, en colot· y entamaño.
Y cuando de nuevo emprendieron la caminata.,
pensaba el albañil para
sus adentros:
- Mi hijita, teniendo hamhambre, no ha comiqo por
que yo no comía, lo cual
prueba que este comino tiene un aJma muy g t·ande.
Y la muchacha iba diciendo para sí:
-Mi padre se ha. quedao sin una pena pa comprat· este pu~hero y evitar
así un berrinche á mi madre y á mí una cachetina,
lo cual prueba que mi pad1·e
es un bendito.
Y así, orgullosos el uno
del otro, cogidos de lamano, marchaban con talgozo en el pecho, que compensaba I a angustia del
estómago . ...
V

La ·señá Pepa, la esposa

ESCUELA DE SORDOMUDOS.Haciendo una caricatura.

IV
Cuando ya tranquilos y
alegres el padre y la bija
se encamil'.!aban á casa se
le ocurrió de pronto al' albañil algo que !Fi hizo frun
cir el entrecejo y detenet•se.
- ;.Sabes lo que pienso,
Rosita?
-¿,Qué piensa usté, padre?
-Que en cuanto tu madre sepa lo que te ha pasao, arma el gran zipizape
y nos da la noche. Ya sabes lo que es, una santa de
Dios ; pe1·0 con unos prontos, que sólo yo se los
aguanto. Ni tú te libras de
una azotina, ni yo de un
disgusto, si procuro evitarla.
Rosita contestó con una
mirada elocuentísima. Lo
que su padre decía. era indudable.

ESCUELA DE SORDOMUDOS.
Una lecci6n de aritm6tica.

Poco era callar entonces, cuando para
evitar un disgusto
acababan de hacer
mayores sacrificios.
La señá Pepa, gru•
ñendo todavía, fué á
desocupar la cesta de
la. comida, y al en•
contrarse con -Ja libreta entet·a no pudo
menos de exclamar
con sorpresa:
-;.Qué es est.o?
¡_Habéis comido bo1
sin pan?

***

Niceto y la cha\i•
lla se quedaron ató•
nitos:aquella impre•
visión lo descubría
todo; pero, como in&amp;•
ESCUELA DE SORDOMUDOS.-Otros ejercicios gim násticos.
pirado súbitamente,
contestó riendo el al•
baFJil:
de Niceto, g ruñía por todo y á todas ho-¡Quia, mujer! Si es que traemos tanta gazuras. Si no precisamente una santa, coza que digo, dije: pues compro una libreta más.
mo su marido asegurab~, era buena, muy
Y ahí la tienes pa. zampárnosla luego.
buena; pe1·0 con un ge010 de todos los
La niña sonrió admirando el ingenio de su padiablos.
dre para tramar embustes; pero a.sustóse de nue~u hombre !ª temía más que á un pevo al ver que su madre, sacando de la cesta el
drisco, y co~ este tenía gran semejanza,
puchet•o y mirando á su fondo, decía con acento
porque sus iras pasaban pronto.
irónico:
Cuando vió llegar aquella noche juntos
- Si traéis tanta hambre no será por haber coal _Padre y la. hija, los recibió diciendo á
mido sin gana, porque el puchero está tan r ebagritos:
fiao que paece nuevo.
-¡Vamos,
_Se ag ravaba el conflicto, y comprendiénd~!º
ahora me exN1ceto, arrebató el cacharro á su mujer y d1JO
plico la tarmir ándolo:
danza! El pa- Sí que es verdad: está limpio como una patepá y la niña se
na; pero basta de conversación-añadió poniénhabrán entredolo en el fregadero entre unas cazuelas- y á
tenido, como
cenar, que es muy tarde.
de costumbre,
Como echándolo á broma, cogió él mismo la
mirando lo s
g ran fuente en que humeaba el g uisado dispuesescaparates y
to p_ara la cena y la. puso sobre el mantel.
diciendo:si yo
N1ceto y Rosa, con no disimulada voracidad,
fuese rico, te
metieron á la vez la cuchara, sin esperar á que
compraría esla. madre se sentat·a á la mesa.
to y lo otro y
- ¡Válgame Dios-exclamó la señá Pepa al verlo demás allá.
los;~ualquiera diría que tenéis hambre atra¡Bobadas que
sá. 1N1 que no hubierais comido en tó el día!
entonces decía
- Ya. te lo dije antes-contestó el albañil con
á la chica!
la boca llena; - por eso traje la libreta pa posMás valiera
tre.
que hubierais
Ecbáronse á reir los tres, cruzóse entre el pavenido de pridre y la hija una maliciosa mirada. de inteligens aá poco más;
cia, y siguieron cenando con más deleite que
se me pega.la
nunca, no sólo porque era mayor el apetito de
cena.
ambos, sino porque el guisado aquella noche
t~nía p_ara ellos una salsa muy sabrosa: la saNicetoy Rot1sfacc1ón que nunca experimentan los malos 1
sa no se dieque es el premio más grande de los buenos.
ron por entendidos.
MIGUEL RAMOS CARRlÓN,

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.

ILUSTRACIONES DE SIMONT.

TRADUCCION DI: "(L ~UNDO ILUSTRADO."
(CONTINÚA. )

El paisaje era triste ..... . Mentalmente repasaba yo los nombres
de los pueblecillos: Gréoux y San Román; Bramafan del otro lado.
Por todas partes, cuánta paz! ¿_Qué harían las profesoras de todos esos
lugarejos, en esos mQmentos? Imaginaba verlas contemplar la somhra;adivinaba en aquellos corazones la misma tristeza que embargaba
el mio .. ... . Y mi alma desfalleció. Las palabras del preceptor se unieron en mi pensamiento á las de Victorina y á. las del Sr. Broardel el
digno cura de Chavoux. Me pareció que todo formaba una cad~na
continua: la predicci6n de la buena mujer, la inquietud del ministro
del Señor, la revindicaci6n del joven profesor.

No! Quizá las pobres culpables no lo eran tanto, puesto que en
su camino todo l o que estaba. en pie las rechazaba y luego se golpeaba el pecho con remordimientos, cuando no se había evitado la caída
al abismo. ¿Hay, pues, un abismo, que los demás conocen? Ah! J6venenes adorables de la calle Bergers, tan animosas y tan puras, y
que sofiabais una vida tan sana y tan feliz, caeríais también en el
abismo? ¿Sucumbiríais también?
Y yo, María Teresa, la altiva. pero amasada del mismo barro
.que las otras, y cuyo coraz6n pesaba tanto, tanto, de estar vacío,podría librarme de la caída?
·

�Domingo lo. de Marro de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

-Hola! El abate Chavard que baja por la cuesta ...... A dónde
irá?
El abate hermosísimo en los pliegues severos de su sotana, caminaba lentam~nte leyendo su br~viario.
.
.
-He allí u~ excelente hombre-dijo la joven- La institutnz y
él, son dos ángeles del Señor.
Esta semejanza con el recuerdo de la hermosa escultura de Santa Ana me rausó ci~rta turbación. A mis ojos asom6 la inquietud y
' pasó una muda pregunta..........
por ellos
.
-Oh! Son dos ángeles!-me dijo la joven en voz baJa, para no
mezclar á su marido en estas explicaciones.
Le creí al momento. Pero entonces - qué cosa más extraña!yo, que siempre había mirado con cariño á los es'?osos, _sin envidiarlos jamás, héme aquí celosa, al pensar en la apacible dicha de la señorita ~Iorín.
.
CPlosa! Esto era lo que no me había explica~o de~de el .Pnmer
día. Esa joven vivía amando, y sin que la maled1c~hcia pud1 ~se h_erirla. Ella vivía sola y relegada, como las otras, sm porve_n!r, sm
esperanza; y sin embargo, su frente pm:a respl~ndecía de felicidad ....
Vivía amando ......... Y yo soñaba con igual bien.·····:· ¿Por qué ~10
habría de probar jamás ese biPn divin.o, de que se ahment.aba la JOven profesora de San Román? De súbito, ante ese voto, mis celos se
purificaron, se convirtieron en nobld emulación..
.
En el camino lleno de sombra, cuando mis armgos se separaron de mí, y cua~do habían aparecido ya las estrell~s cintilantes,
mi alma se desprendió de su cuerpo y asom6 á los labios, temblorosa como las estrellas en el firmamento ........ .
-Amarte también, Dios mío, amarte con locura!. .....

XX
Si hubiese sido un poco psicóloga, cuánto me habría turbado e~e
voto ese afan de amor- aun del amor divino que había yo escogido! Pero nada de esto pensé. Iba hacia ese amor, como un labio sediento va hacia un manantial. Y al inundar mi alma de piedad, me
parecía sentir verdaderamente la calma refrescante que da el agua,
en tanto que realmente me bañaba en fuego ..... .
Fueron momentos inefables. Todas las tardes entraba á la iglesita, con paso presuroso, coh la D?-ente absorta. P~s~ba las horas arrodillada. Al exterior cantaba la primavera, los paJarillos rozaban con
el ala las vitrinas cerradas, entraban por las aberturas de la hóveda,
voltigeaban encima de los bancos de roble, se posaban por un momento en los ángulos del altar y después salían, dejándome en mi
recogimiento y rni embriaguez......
.
.
Para mí el universo estaba encerrado en el altarcito de esa iglesia silenciosa. l\Iis visitas á mis amigos los Arbert eran menos frecuentes, así como á la señorita Pelisier, de Distroit,que en otro tiempo me había causado interés, por su lucha de amor, tan reñida, contra las insinuaciones del joven noble, enamorado de ella .. ... .Hablaba
poco á Pherasia y la daba poca oportunidad de que me rPfiriera
aquellas terribles historias respecto á las intitutrices de las cercanías.
En cambio, mis relaciones con la señorita l\Iorín eran cada vez
más estrechas. Mi nuevo estado de alma me colocaba claramente en
la misma ruta, y la aproximación fué inevitable. La joven me daba
consejos, sostenía, mi fervor, me prestaba libros de santos y otros igualmente piadosos. En un solo punto no estábamos de acuerdo: ella se
confesaba con frecuencia, y me invitaba á seguir su ejemplo.
-Nada es mejor-me decía, mirándome con sus ojazos á la vez
ardientes y fríos, semejantes á los de la Santa Ana, que siendo de
piedra, parecían poseídos de la fe más viva!......
.
- ... Nada es mejor, señorita. Es un baño constante, que no deJa
la menor mancha en nuestra alma ..... Y los consejos del confesor son
como una flama en que sin cesar se caldea nuestro celo ..... JUse usted
de él! ¡Es tan bueno no ocultar nada de nuestros menores desfallecimientos, decirlo todo al padre, que representa á Dios!
Quise usar del mismo medio con igual entusiasmo; no lo pude
por mucho tiempo. Pronto no tuve ya qué decir al ladre Boardel, y
éste mismo ya no sabía qué repetirme.
-Muy bien, querida niña; podrá usted comulgar el domingo,
por ejemplo, y el viernes, que es el día del Sagrado Corazón, y es sábado, en honor de la Virgen ...... Todo va así muy bein ...... Tiene
usted la absolución para todos esos días. Vamos! Ahora es bueno salir un poco, distraerse como antes ...... Me gustan eEos paseos i::anos
que hacía usted. lla llegado usted á ser muy piadosa y eso es muy
bueno¡ pero no hay que caer en exageracionei;:. El vino de Dios es un
poco fuerte ...... Será usted capaz de absorber siempre las mismas
cantidades?
.
Yo inclinaba la frente, turbada por las palabras del buen cura,
conmovida hasta en el fondo de mí misma.
Al día siguiente, ó en la misma tarde, se me presentaba la señorita Morín. Radiante, aureolada, hablando poco, pero refiriéndome
sus recientes confesiones, me hacía ver su vida amplificada, surgida
como una corriente lustral, de ese confesionario en donde unía su
pensamiento de mística con el de aquel artista piadoso que era el
abate.
Entonces me vinieron revelaciones. Seguramente que aquellos
dos hijos de Dios eran puros como ángeles¡ pero q;.1é bien hechos,
qué adecuados estaban, la una para derramar su alma á los pies del
otro, que recogía las emanaciones que exhalaba ese espíritu, y de ellas
hacía estatuas de santos, destinadas á los altares sagrados ..... .
-¿No ama usted mucho ese sacramento, señorita María Teresa?

Dom¡ngo 10· de Marzo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

La profesora me miraba sonriendo co~ indulgencia, pe~o asombrada de que no pudiese yo adorar lo que a e~l~ la enloqu_ecia.
-No es eso-dije con vacilación ;-es qmza que el senor cura de
Chavoux no se presta para ello .... .. Usted tiene más suerte que yo, el
abate Chavard seguramente que puede comprender~~- .
-Pues bien, venga usted á verle-me respond10 la Joven con toda sencillez.
,
La miré y me causó admiración. ~ me s.e,ntl avergonzada del
fondo que había descubierto detrás de m1 devoc1on. . .
-¡No!-murmuré al fin-ni el abate ~hav~rd .m nm~ún otro.
¡Ya no quiero tanta pied.ad! Creo que _no esta alh un remedio.;···:
Los ojos de la señonta Morín me rnterrogaron en vano. No rei::pondí...... .. .
.
.
... Me separé de ella, dejándola en la glona del sol_ pomente y regresé paso á paso, mi san~'l. sacudi~a de los días anter10res tlesvanecida como el humo de un rncensano ........ .

XXI
Desde entonces noté que sufría un poco. _Fué algo co~o una fiebre que no se manifestaba ni en el calor de mis manos m en lo encendido de mis mejillas; pero que me consn11:1fa, _no o~stante. ,Y me
parecía que á cada hora se llevaba alg?
m1 ex1stenc~a. Hab1a rea:
nudado mis antiguos paseos. En las tibias tardes, me rnternaba alla
lejos, por los campos en don~e los trigales, se desborJaban, co~no ,una
copa llena. Los puntos culmrnantes parec1an atraerme. Subia a lo
más alto de las cuestas, y me sentaba sobre el 1:1-rn~go¡ cerraba la sm~brilla para no llamar la atención d_e ~os traba~adores, y permanec1.a
así horas enteras con el pecho oprimido, perdida entre las movedizas gramfoens, c¿mo una gran flor negra. Y me entregaba á mis ensueños.
No eran ya los deseos de antes que, por su Yaguedad, me eran
soportables. Era la cofi~iencia de ~i d?lorosa. sol~dad, que me desesperaba, que me persegu1a con obstmac1611. l\I1s mua.da~ vagaban por
el campo y se fijaban en todo lo que ~e ha~la~a de umones y ?On:fidencias en los campesinos que trabaJaban mclmados sobre la tierra.
-Estos -me decía yo-aman su tierra y trabajan para alim"lntar á sus pequeñuelos. Si están tristes, si se abaten, tienen parientes
pr6ximos que los consuelan y los animan ...... ¡Yo estoy sola!
No pensaba en el m~tri,monio. Pero h:i,brí~ des~ad~ que el señor
cura Brardel estuviese mas a la altura de mis exigencias rntelectuales;
ó que la señorita l\Iorín, menos ddvota, me atenJiese un pooo más; ó
que existiese siquiera mi antigua aya, para llevarla conmigo á aquel
destierro.
Pero estaba sola, sola hasta la muerte.

?e

XXII
Cual si hubiese sido una serpiente que mi paso despertara, el
hombre desde que me vió, apartó rápidamente la maleza, y de un
salto se me puso delante. No pude menos que gritar:
-¿Usted se orultaba? ¿Me espiaba'?
.
Se balanceó delante de mí, el guapo mozo borracho, con los ojos
brillantes y los labios húmedo:-.
-Sí, me ocultaba, respondió con voz ronca.-Perdóneme usted
eso, y el haberme embriagado. He bebido para poder hablará usted...
de otro modo, no habría podido.
No sé qué de sincero se exhalaba de ese hombre. ¿Dónde había
yo visto esa mirada, llena de admiración?
-¿Acaso para hablarme es necesario beber? ¿Es usted de aquí?
-Sí, soy Sil vio l\Ioutet. Soy quien primero vió á usted, á su llegada, una hermosa mañana. Eso ha sido demasiado para mí. ....... .
Después, he ido á misa todos los domingos, y nunca había bebido,
hasta ahora, y eso para hablará usted ...... Luego ya 110 volveré á
beber, y si es todo en vano, no me queda sino arrojarme desde esa
peña ........ .
Y me señaló una de las rocas más altas.
-Hable usted, Silvio Moutet.
---Vea usted, yo la amo con locura ...... Está usted oola y triste,
¿quiere usted ser mi esposa? Usted dará su clase, yo cultivaré mi campo. No beberé nunca. Soy hombre honrado. Pregunte usted y así se
lo dirán. ¡La adoro!. .....
Se exaltó, y torpemente se puso de rodillas.
-Vea usted : cuanto haya &lt;le más difícil, lo haré por usted. Seré su siervo, no su marido ...... ¡Será usted mi reina!. .... .
No parecía estar ebrio ya. Sus labios, secos por el fuego de su
pasión, pronunciaban claramente esas palabras, de poesía viril y cándida. Mientras hablaba, me fijé en su hermosa cabeza, en sus rasgos
puros, en s u talle erguido. Y mil detalles oh-idados me vinieron á la
memoria, recor&lt;lán&lt;lome al campesino á quien encontraba siempre en
mi camino á la iglesia y en cuyas miradas había leído lo que ahora
me decían sus labios. m seguía de rodillas.
-¡Se tiene necesidad de ser amado!-prosigui6-¿por qué no
aceptarme á mí, si no tier.e usted compromiso? ¿Acaso porque soy
campesino?
Se levantó, vacilante, pero ya tranquilo, tan resuelto que le detuve, porque se encaminaba á la roca.
'

LA "CIGARRERA MBX~CANA"
Siguiendo 11uestra costumbre de t r á e?~~;
cer en este semanario los datos re1a v~s
industrias que alcanzan en el pa¡~, !ftoa riJ~
ca de paz que atravesamos, el m sl t g f
f' b o.
de I)rogreso of recemos a, n uestros ec ores
'
'
·m
ortantec;
1
tografías de una de as. mas 1 P
· a ncas de tabacos establecidas ac~ualmente e1:i 1a
ca· )ital: nos referimofl á 1~ "Cigarrera Mex1~anal" cuyo soberbio eclifi?10 ocupa en_ la gifn
av~nida de Bucareli, el sitio donde por muc.10
tiempo se levantó la plaza ele toros tle Poncia-

é

no Díaz.
I ·
" t
Al hablar de la "Cigarrera 1 ex~cana:
a~1
conocida y apreciada en el comercio poi la excelente calidad de sus productos y] por ~l capital que representa [$ l._750,~00 ' ~~ ;ce:
mos más que rendir el debido tributo~ a on
rad.ez y á la perseverancia en el t~ab~JO, fac~s Principalísimos de engrandec1m_1~nto paia
re
toda empresa que se propone ~dquHn· la
' r&lt;&gt;s.
pet;bilidad y el crédit~ T?ecesanos para. elevarse rl la altura más env1d1able.
Si alguna negociación ha lograd~, en
tiempo, ensanche y provecho, es, s1,n du~a a
que hemos citado. ~uatro tle las mas
sas negociaciones c1garrerm, co_~ que cof
A. 1 un 1a cap1"tal-Ampudia y Compama,
S
Nozuri Compañía, Pesquera ucesores .Y .
;ieg/Sucesores-aportaron pa.ra const1tmrla,
no s6lo su capital, sino el crédito que st~s m~~
cas habían conquistado en los mercado,, y .
triunfo en triunfo, porque ha)'. que adve~tn
que la ''Cigarrera'' los ha obtemdo en los prmci ales torneos de la actividad hum~n3:, ha
ado á ser lo que muy p~cas negocrnc10nes
g an. un centro de trabaJo para las clases
a 1canz .
· l
do
donde se estimula al operario 10nra
o breraS
• ·
centro
se le remun era á conciencia, y un .
;roductor que apenas si basta para satisfacer
las exigencias del consumo: tanta es 1.a_demanda que tienen en el _público s?s exq msitas ma1.ufacturas, sus Yanadas .1~a1 cas.
O
Recordamos que en J?1c1en~IJre de 19 ], 1os
D e lega.&lt;l o S r,u, 1.,u, 2a· Conferencia Paname11cana
,
.
,
hicieron una vi~ita á la notable falmca: 1:nas
dP 1300 obreros sostenía entonces
C1ga•
rrera." La im¡,rei,ió1, cam;ada en el a111mo de
los Congresistas po r aquella colmena humana_~
no pudo ser n1ú:; grata: el orden, el aseo obse1_
v·tdo en todm; los departame11tos llamaban ve1tl~dent111t·nte la atención; en. li~s ~odegas, los
tercit,s de tabaco formandP pHam1de, tor.aban
la techu111l,re, y en el departamento &lt;}e elal,orac1ún u1,a lllUltillld de ourerns ren d1an CLilto
al trali'.1j11. Las rnú,¡uinas e1,g:trgolad~&gt;;·as «~m~~atk," las «Cu111a:,w para la fal,ncac1un de CI-

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--·

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Fachada principal del edificio d e la "Cigarrera Mexicana," en 6ucareli.

garro torcido y cabeceado, y las ccWis~one,1,
ro ias ara el de pegamento, fueron JUS-~aiiie~te a~miradas. En l~s dem~s dcpen~enci~l
de la ccCigarrera» se noto también el aseo y
orden más perfectoF-.
.
.
De entonces acá la Fábnca ha segmtlo a 1canzando los n1ás notables progresos, pues
·t de la fundaci6n de nuevos talleres, paapa1 e
,
• .,
S 1'·'"' 000
ralo cual la Compañia a&lt;l:1mn? en
.vv,
el edificio del Frontón .Jai-Ala1, es digna ele
comignarse la periecci6n que ha logra~::&gt; en
unto á manufactura, y el aspecto de retinada
~legancia &lt;¡ne da siempre {t sus productos con
Jns artístirns enYoltnras que emplea y la variedad de clases de parid que entran en la fa1Jricaci6n de los cigarrillos.
,.
Buena prueba. por lo d~mfo;, de q_ue 1n «Cigarrera Mexicana» ha sal)l(IO conqmF-larse los
mayores triunfos, PS la_r:~ompenFa qL'.e obtu'"º en ht última Il:xpos1cwn P3tnn.mencana de
Búf'falo y el premio que le fue otor¡.r~do en la.
rerient~ Expo:,ición NHcwnal del 11,s~aclo de
México. -¡_;- 110 de Jo~ grabado,-,_que ,ruhl1~amos,
representa. el Diploma confendo ll la Compa-

( CoNTINU ARÁ. )

Salón de elaboración de "La Cigarrera."

ñía en el Certamen de Búffalo, y que consistió en medalla &lt;le oro.
Tan honrosa distinción, h~bl~, m~iy aH~.~n
favor de la. importante negoc1nc10n,rndust11a.l.
También publicamos una fotograf,ia &lt;l~ 13: fachada de la fábrica, y otra del salon pnnc1pal
de elaboración.
El establPcimie11.to ele la «Cigarrera)) d:~ta
del mes de Noviembre de HlOO _y, por.~o lll!Smo es una emprei::a muy reciente._ 81 en el
podo tiempo que tiene de es~'l.blec1da, se ha
elevado tanto y est(, tan acreditada. ei~ el comercio, es indudable, de totlo punto mdndable que sus adelantos se.rán, dentro &lt;l.e po~o,
sorprendentes. Como Gerente de 13: ~egoc1ación ha figurado, clei:;de su estal..Jlec1m1ento, el
Sr. D. Ricardo del !lío. persona muy Yersada
en los negocios de !a ~ompnilía y muy apreciada por su bhonos1dad y hon~·adez.
Ifay que felicitar, pues, ú la «Cigarrera," con
tanto mayor raz6n, cuantc.. que es, para nuestros obreros, una casa donde encuentran el
pan y el amparo de sus familias.

Diploma concedido á "La Cigarrera" en el certamen de Búffalo.

�Domingo lo. de Marro de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

ANO X•••JOMO 1.--NUM. 10

MfXICO, MARZO ¡ Df 1903.

Ger ente: LUI&amp; Rn'f&amp; &amp;PINDOLA

Dir ector: LIC. RAl'A U Rfl'f&amp; &amp;Plf"!DOLA.

•·

Vista exterior de la Cervecería de Toluca.

LA INDUSTRIA CERVECERA EN EL PAÍS.
NOTABLES ADELANTOS.

.

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I

iü~:llÑiil

. &lt;Jnl11•1·11ad111•

1lflh~j

( '1111.,lilu1·1•1n:il
d1•l r~lddo J .ilif(• ,\ ~ohf'l•ano dt'

1

Subtcripción mensual forinea, SI.SO
ldem. ldem. en la capital, SI, 15

Al verificarse la apertura de la Segunda Exposici6n del Estado
de México, consagramos algunas líneas en nuestro semanario ÍL describir la magnífica exbibici6n que de sus productos hizo la Compañía
Cervecera Toluca y México, y á. patentizar los adelantos verdaderamente notables que ha alcanza.do en los ultimos años.
Esta importantísima negociación, en efecto, ha ido de progreso
en progreso: fué la primera que implantó en el país la elaboraci6n de
la cerveza «Lager» conservada, de incomparable buen gusto y calidad
suprema, y ha sido, igualmente, la primera en levantar una. fábrica
de botellas del más moderno estilo, abriendo así un nuevo campo á la
actividad de la. clase obrera.
Tanto la industria ele la elaboración de cerveza,como la de fabricaci6n de botellas, han merecido la recompensa más amplia y satisfactoria, no sólo en los eliversos países donde han figurado sus productos en fraternal competencia, sino también en la segunda Exposición del ~stado de México, que cerró sus puertas el 5 del pasado.
Testimonio muy elocuente de esta afirmación es el valioso
grupo ele medallas de todas clases que h:m sido concedidas á la Com•
pañía, y entre las que sobresalen, tanto por su número como por su hermosura, las de oro, de primera clase: precioso galardón acordado al
trabajo honrado é inteligente, á. ese titán de músculos de acero que
todo lo transforma y lo ennoblece.
Actualmente, según sabemos, esta importante negociación, que
no de~cansa en su labor, coronada por tantos y tan merecidos tri un•
fos, ultima el establecimiento ele uña planta de fuerza motriz eléctrica, en sus_ fábricas, para substituir la de vapor que ha empleado.
Es digna del más alto elogio la Compañía Cervecera tanto por
sus constantes esfuerzos en pro del adelanto de la industria nacional,
c?mo por su empeño de_corresponder siempre á la decidida protecc16n que el público le d1~p~nsa. Por lo demás, es de desearse que
tenga muchas empr~sa~ i,m1t~doras en sus afanes &lt;le engrandecimiento. Así, éstaR contribmran, como ella contribuye al desorrollo de
la riqueza nacional.
'

Corbtta "nautnus"
_.,,,

Grupo de Jefes, Oficiales y Guardias,

tomado en la Legación de España.

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>Domingo lo. de Marro de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO

ANO X•••JOMO 1.--NUM. 10

MfXICO, MARZO ¡ Df 1903.

Ger ente: LUI&amp; Rn'f&amp; &amp;PINDOLA

Dir ector: LIC. RAl'A U Rfl'f&amp; &amp;Plf"!DOLA.

•·

Vista exterior de la Cervecería de Toluca.

LA INDUSTRIA CERVECERA EN EL PAÍS.
NOTABLES ADELANTOS.

.

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I

iü~:llÑiil

. &lt;Jnl11•1·11ad111•

1lflh~j

( '1111.,lilu1·1•1n:il
d1•l r~lddo J .ilif(• ,\ ~ohf'l•ano dt'

1

Subtcripción mensual forinea, SI.SO
ldem. ldem. en la capital, SI, 15

Al verificarse la apertura de la Segunda Exposici6n del Estado
de México, consagramos algunas líneas en nuestro semanario ÍL describir la magnífica exbibici6n que de sus productos hizo la Compañía
Cervecera Toluca y México, y á. patentizar los adelantos verdaderamente notables que ha alcanza.do en los ultimos años.
Esta importantísima negociación, en efecto, ha ido de progreso
en progreso: fué la primera que implantó en el país la elaboraci6n de
la cerveza «Lager» conservada, de incomparable buen gusto y calidad
suprema, y ha sido, igualmente, la primera en levantar una. fábrica
de botellas del más moderno estilo, abriendo así un nuevo campo á la
actividad de la. clase obrera.
Tanto la industria ele la elaboración de cerveza,como la de fabricaci6n de botellas, han merecido la recompensa más amplia y satisfactoria, no sólo en los eliversos países donde han figurado sus productos en fraternal competencia, sino también en la segunda Exposición del ~stado de México, que cerró sus puertas el 5 del pasado.
Testimonio muy elocuente de esta afirmación es el valioso
grupo ele medallas de todas clases que h:m sido concedidas á la Com•
pañía, y entre las que sobresalen, tanto por su número como por su hermosura, las de oro, de primera clase: precioso galardón acordado al
trabajo honrado é inteligente, á. ese titán de músculos de acero que
todo lo transforma y lo ennoblece.
Actualmente, según sabemos, esta importante negociación, que
no de~cansa en su labor, coronada por tantos y tan merecidos tri un•
fos, ultima el establecimiento ele uña planta de fuerza motriz eléctrica, en sus_ fábricas, para substituir la de vapor que ha empleado.
Es digna del más alto elogio la Compañía Cervecera tanto por
sus constantes esfuerzos en pro del adelanto de la industria nacional,
c?mo por su empeño de_corresponder siempre á la decidida protecc16n que el público le d1~p~nsa. Por lo demás, es de desearse que
tenga muchas empr~sa~ i,m1t~doras en sus afanes &lt;le engrandecimiento. Así, éstaR contribmran, como ella contribuye al desorrollo de
la riqueza nacional.
'

Corbtta "nautnus"
_.,,,

Grupo de Jefes, Oficiales y Guardias,

tomado en la Legación de España.

�EL MUNDO ILUSTR~no

Domingo 8 de Marzo de 1903.

Eitrcitios tuartsmalts.

N

O voy á predicar: ni la sombría sotana
ni la blanca sobrepelliz envuelven mi
cuerpo pecador, y l'.l'li nrida palabra
no trae los místicos estremecimientos de una
inspiración celeste y santa. Y creo, señora
mía y amable lectora de estas profanas charlas, que vuestra Jiminuta oreja, sonrosada como un temprano y tierno pétalo primaveral, guarda celosamente las enseñanzas que durante esta primem semana de recogimiento
cuaresmal ha escuchado de lós elocuentes labios de vuestro predicador favorito, que, desde las alturas de la austera cátedra del Paráclito, ha vertido en vuestra conciencia la
abundosa cascada de su sabiduría mística; y así,nofuera yo,pohre pecador, quien
pudiera amenazaros con los fuegos sempiternos y crueles del Infierno, ni atraeros
al camino del bien con las inefables v misteriosas promesas de la Gloria.......:.
En estos tiempos de cuaresma-que suelen coincidir con los hermosos tiempos de
primavera, como si el recogimiento fuese
m&lt;i.yormente necesario ante las explosiones de la juventud y de la savia nueva,en estos tiempos de cuaresma, los profanos
cronistas cedemos de buen grado nuestro
puesto á los cronistas severos &lt;le la Religión, que durante cuarefita días pasan
revista á vuestros pecados, como nosotros la pasamos á vuestros encantos durante los restantes trescientos veinte días
del afio. Mas no fuera tampoco muy discreto de nuestra parte el hablaros de ªI?ºr
y de placer cuando os preparáis á acercaros al tribunal de la penitencia, y haciendo un duro calce á nuestro natural pagano
y adorador de. la eterna Belleza vi \!iente y
pal¡ itante, vémonos constreñidos á rozar con alf\S de mariposa las cosas herméticas del Espíritu, y en la tarea sólo
puede consolarnos la vaga esperanza ele
sembrar las grises monotonías del asunto
con algunos débiles toques de &lt;(policromía
verbal» ...... ¿Me entendéis, señora, ó acaso he caído ya en las, para vos incomprensibles sutilezas del modernismo andante·? ...... No temáis: habréis de entenderme; y luego vendrá la Pascua, y en
la Pascua-hossana, palmas, resurrección,
amor y vida-me entenderéis mucho mejor.

Así vos, d u lee señora mía, así vos, como la
rosa, sois polvo y en polvo habréis de convertiros. ¿No os atemoriza esta perspectiva? ¿No
tembláis ante el triste destino que se os tiene
reservado? ...... Vi viréis, 1nnaréis, y luego ..... .
la Muerte, siempre la Muerte, os convertirá en
polvo, os volverá á la miseria de que fuisteis
creada ........ y nacerán uuevas mujeres, para
morir también, porque detrás de la Vida viene
siempre la Muerte!. ....... .
-¡Qué estribillo tan insoportable! diréis.
Así es el estribillo de la realidad: es insoportable. Martillea sobre la conciencia, como mi
«policromía verbal» martillea sobre vuestro¡;
oídos. Lo mismo, siempre lo mismo; y «lo
mismo)) es la Muerte, la que ha de convertirnos en polvo, á vos, dulce lectora de estas

EL MUNDO ILUSTRADO
sobre la tierra reinaba el bien, en que no había partidos políticos, ni monederos falsos ni
peste bubónica, ni nada de esos azotes que hoy
nos torturan, un mozo abrazaba á una pucela
bajo las frondas floridas de un viñedo. Acert6
á pasar cierto apóswl que, en sus ensimismamientos míslico3 había adquirido el dón dela
doble vista y cuyos ojos disponían de rayoe
más catódicos y de mayores X X que los del
Dr. Roentgen, y al mirar al enardecido garz6n
que á la pucela abrazaba, díjole cof).los tonoe
más severos de su voz: ¿Qué haces, cuitado,
que con tus brazos abrazas á un montón de
polvo? ...... » El garzón hubo de recapacitarantes de entender las palabras del apóstol; pero
habiéndolas entendido, repuso: ccQue polvo seremos, no lo dudo; pero entretanto ......... • El
resto de su respuesta perdi6se entre los ru•
mores de la tarde moribunda. Y el ap6,.
tol, al escuchar esas palabras, arrancbun
racimo del viñedo y comió las uvas apresuradamente.»
Hasta aquí el piadoso evangelista de
quien transcribo la parábola. Yo, sefiora
mía, no puedo agregar nada á tan elocuente emblema, y cor.cluyo, otorgán•
&lt;loos la más. apostólica de mis bendiciones.
OSCAR UERZ.

NOTA MILITAR.
NUEVO SUBSECRETARIO DE GUERRA.

El señor Presidente de la República ha
nombrado al señor General de Brigada
Luis C. Curiel, Subsecretario de Guerra
y Marina, en substitución del señor General don Juan Villegas, que interina•
mente servía ese puesto y que pasa á hacerse cargo de la Dirección del Colegio
Militar.
Entre otros cargos de importancia, el
señor General Curiel ha desempeñado loe
de Gobernador del Distrito, Diputado al
Congreso de la Unión y Gobernador del
Estado de Jalisco. El nombramiento hecho últimamente en su favor, ha sido
muy bien recibido.
El miércoles por la mañana, ante el
señor Secretario de Gu-erra, prestó le. protesta de ley el nuevo Subsecretario, en•
trando desde luego en posesión de su alto
empleo.

Domingo 8 de Marzo de 1903.

Para las Victimas de la Peste.
tarrtras tn Ptralolllo.
El domingo ?-nJerior por la mañana, se efectuaron en el Hipodromo ele Peralvillo los juegos ele sport _que con el fin de allegar fondos
P?-ra las vfotimas de la peste bubónica, orgamzaron los 3:lum_nos de la Escuela de Agricultura y Vetermaria.
L~s ~uegos, que resultaron bastante lucidos,
consistieron en carreras en bicicleta y á caballo, estas últimas á campo raso y con obstáculos, y eh la «caza ~e la Zorra», ejercio muy en
moda, en la actuahdad, entre los aficionados á
esta clase de sports.
Pasada la primera carrera en bicicleta que
gan~ el señor Ramón Manzano, y los ,cj~egos
de crn~s11 ~n que, tomó parte el «Club México,» se Jugo una a caballo entl'e los alumnos
de la Escuela, David Sosa y Pedro Somera
Esta fué á 4,000 metros, y en ell:iresultó ven~
cedor el segun?º d_e dichos alumnos. Como
parte extr~ordmana del programa; se organizó en segmcla otra carrera, entre los señores J.
Blum, en buggy, Carlos Morales y Ramiro
Manzano, en bicicleta.
Los alumnos de la Escuela"'elton, corrieron despu_és caballos á 400 metros, distinguiéndose entre todos, el niño Salvador Pesquera
que montaba el «Si!eno» y que ganó la carrera'.
Al presenta~e el mño en el palco de las rein~s que,pres1dían la fiesta, t. recibir su prem10, fue _muy aplaudido por la concurrencia.
Los miem!)foS del Club Hípico Militar, tomaron también parte en los juegos así como
las ~eíioritas Haittii Welton, Jenetta Blum y

Sritas. Haittii Welton, Jenetta Blum y Lottii Lekeni.

Las !einas de la fiesta, que lucían primorosos traJes, fue~on las señoritas Elena González,
María y A?"leha Rodrípuez l\liramón, Elena y
Dolores l\favers y i\Iana Barreiro.

EL ESCULTOR.
La piedrn f~é la madre ele la esculturn
e1 helado gra111to fué su profeta
'
el blasonado br~nce su gran poe'ta.
y la arenosa. arcilla su vestidura.

Mi cincel es de hierro, pero fulgura
como ante el sol pasando veloz saeta
i ~oy el dios de las Artes!; ¡soy el atl~ta
cmcelador soberbio de la hermosura! '
El ti~mpo_no destruye mis obras santas·
del l\foisés gigantesco bajo las plant
'
el hombre se estremece, duda, palpi:'......
1Yo sor el,que, ele bloques hecho edazo~
hago surg!1: u fuerza de martillazos p
.'
las curvas impecables de la Afrodita!

PuLVIS ES ....... .

Sois polvo y en polvo habréis de convertiros........ Señora mía: ¿habéis pensado alguna vez, muy en serio y con la
intensidad de los pensamientos graves y
torturantes, en toda la tristeza, en tuda la
desesperanza, que se encierra en el hecho
de todos sabido, pero de todos olvidado,
de que tras de la vida está la muerte? ....
SR.
La rosa, la opulenta. rosa brillante de
rocío, que se aduerme dulcemente sobre
la suavidad de vuestro seno, será mañana un montón ·de hojarasca que, en alas del
viento, se convertirá en polvo y no dejará ni
nn recuerdo de su aroma ni huella alguna
de su belleza. Y sin embargo, la rosa ha
vivido: ha sido. casto botón, apretado dentro de su verde abrazamiento y .temeroso
de abrir su cáliz á la erótica avidez de las
mariposas; ha sido flor tímida, apenas entreabierta á la fresca humedad de la mañana y recatada ante las indiscretas caricias del
sol; ~a sido encanto de los hombres, cuando,
roto su broche, desparram6 á los cuatro vientos la lozanía de sus pétalos; hubo el epinicio
del beso y de la voluptuosidad cuando tocó
vuestros labios y cuando se adurmió suavemente al arrullo de vuestros suspiros ..... .
La rosa ha vivido y, no obstante, la rosa no
es sino polvo, vivificado por la omnipotencia
del Misterio, y fatalmente se tornará de nuevo
en polvo, desaparecerá sin dejar huella de su
aroma ni recuerdo de su belleza, y nacerán
nuevas rosas, para morir al fin ...... que siempre está la Muerte detrás de la Vida!

El HIio dt la tantintra.

RENÉ LoPEZ.

Carrera en buggy.

GENERAL LUIS C. CURIEL, Subsecretario de Guerra
y Marina.

charlas, y á mí, profano orador de estos ejercicios cuaresmales.
La ceniza que, en cruz admirablemente dibujada, puso :t1ó ha mucho sobre vuestra frente la mano pálida-¿no era pálida?-del sacerdote, es el símbolo de la muerte, el símbolo
de la nada, el símbolo del fin. Preparaos á esa
~uerte á e_se fin, á esa nada .. ·.; .. porque lo diJO no se1 quién y lo comprueba la práctica:
ccPulvis es, et in ......... reverteris!»

*
**
~li discurso está triste, tétrico; tétrico como
la oquedad de una tumba. Pero, ¿qué queréis?
estamos en cuaresma y estoy obligado á serviros un discurso cuaresmal.
Como final de mi sermón, pasaré á la parábola. Es de buen tono concluir un sermón con
una parábola. Así_ lo hacen los obispos modermstas, y así qmero hacerlo yo, que aliento
bríos de obispo y de modernista.
(cEn aquellos tiempos de santidad en que

Un hijo tuvo la cantinera
Bello y alegre como el amor·
De ojos dorados, rizo cabelld,
Faz de arrebol.
Bravo era el hijo como la madre:
Niño mimado del batallón
Y a. se abrigaba con la bandera,
Ya se dormía sobre el tambor.
En los furores de los combates
Acompafiada por el cañón
'
Daba á los vientos alegres 'cantos
Su tierna voz.
Entre las balas, luchando intrépido,
Herido el pobre niño cayó.
Para que olvide pena y dolores
Toca la músir.a del batallón. '
A los acordes, el pobre infante •
Lanza sonrisas-rayos de sol·1\Ias ¡ay! sus ojos tienen de dirios
El resplandor.
La cantinera, la triste madre
Siempre ocultando su corazón '
Atravesado por siete espadas '
Finge ante el hijo risueño h~mor.
Una mañana &lt;le primavera
El valeroso niño expiró
Y con la madre lo llora~ todos
Los nobles pechos del batallón.
M. R.

rttii Le~eni, que se presentaron vistiendo
pu¿osos t!aJes de seda. El señor l\Iayor Luis
bef ~igueroa, fué quien ganó la carrera á
a lo Jugada por ~l Cl~b1 y la señorita Blum
. que obtuvo la pr1mac1a en competencia con
sus compañeras.
. Además, como últimos números del programa, se efectuaron otras carreras: una á 500
~etros, po_r el Club Militar, que ganó el Ca~n Santiago Aduna, Y la de obstáculos, á
fi metros, en que resultaron vencedores los
8e Eres W. Richard y J. l\I. Gómez.
. d n cuanto á la «caza de la zorra.,,, el grupo
cazadores se formó por los jinetes que hato 1~1 ~&lt;lo parte en las principales carreras.
apitán l\Ianuel Vida) llevó la cczorra »
· :~;tanclo el caballo ccYenado,» y el que log;6
,,,. ncarle la deseada pieza fué el Doctor Dett ..11er.

Í:

bf
E¡8~

LA SIEGA.
DE &lt;AIRES OE LA MONTA~A.&gt;

Ved en los surcos la mies madura:
ya feculento revienta el grano
que con sus besos cuajó el Verano
-el rey fecundo de la Natura No bien el día surge y fulg~ra
rasgando el velo del Orto indiano
al trigal rubio, con hoz en mano '
la gente agrícola se apresura.
Del mar de oro sobre las olas
se carcajean las amapolas
-bocas de ardiente viva escarlata·mientra~ las hoces como enemigas
armas temibles, segando espigas
fulgen cual medias lunas de plata.
JUAN

B. DELC!ADO.

Niño Salvador Pesquera,

�Domingo 8 de Marzo de 1903.

TALIS VITA .....

l

.j
1

UANDO llegué jadeante, casi sin alientos, al caserón señorial que habitaba
ella qon diez criados ......... no sé lo que
sentí. Vila por de pronto tan postrada en la
p&lt;;&gt;ltrona contigua al balcón donde la hal,ían
sentado env~elta en mantas y mantones que
resb~laban de sus rodillas y de sn espalda á
mfd1da que todo su cuerpo iba inclinán&lt;lo,;e
cada vez más hacia el.costado izquierdo que
es decir, al de su pierna sana; ...... la e~contraba luego tan serena, escogiendo flores para
su tocador Pompadour;me recibía tan risueña
tan ajena á toda idea de muerte· abría aú~
tanto, tanto, aquellos ojazos que 1~ dieron fa~a de herm~sa . ..... devolvióme con tan apac1~le n~t~rahdad el beso que yo me· apresuré·
á 1mJ:&gt;nm1rle.~n la ften~e, ....... que, para salir
de m1 perpleJ1dad y meJor persuadirme de que
·sin duda hahían exagerado mucho los- que allí
me habían llamado ...... quise pulsarla. ¡Dios
mfo! Seguro estoy de que si me pinchan no
me brota siquiera una gota de sangre.
'
La muerte había helado ya su mano derecha, y el pulso de su ardiente izquierda se me
escurría bajo li.. presión del dedo como gota
de mercurio. Era que la vida se le estaba escapando no sé por dónde; iba reduciéndosele
como llama de luz que se apaga. ¡Y la que
por fin, seis meses atrás, había cmado de la
corrosiva hipocondría que la tuvo más de cuatro años en _espantoso potro, sugiriéndole día
1 noche, ?'1muto por minuto, el temor de que
iba á morirse,........ ahora escoaiendo flores!
¿Quién dijera que la que había vi~ido cincuenta años sin tocar la realidad ni en las jorna-..
das de adversida~ más cruel por que pasaron
sus padres y mando; la romántica incurable
que había consumido toda una existencia en
pos de ideales falsos y volviendo siempre la
esp~lda á las pocas venturas ciertas que la
realidad pudo ofrecerle; la que ef'tuvo temiendo la muerte cuando rebosaba salud por todos

-----

EL MUNDO ILUSTRADO

sus·poros ...... ahora, cuando tenía ya un pie
en el sepulcro, ahora, precisame11te se entretendría escogiendo flores de trapo?
dónde'?
¡Cabalmente ju~1to á aquel balcón por donde
el sol, que es n&lt;la, penetraba en oleadas de
luz para invadir la lujo¡;a estancia y aumentar
la 1~ota alegre ele aquellos muebTes y paredes
tap1z~~os de seda Pompadour,ni inventi.dos á
p1oposito para hacer notar más el contraste
tristísi~o de la situación, su efecto teatral, el
lado m~s punzante del drama! ¡Qué ironía v
qué candad á un mismo tiempo!
·
Una a~iga de la paciente y dos de sus camareras iban entretanto forma11do ramos con
las flores escogida~ y. co\ocándolas en los jarrones que su duena md1caba preauntándome luego si sus indica_ciones _fran a°e mi gusto. Aún recuerdo la 1mpres1on dolorosísima
9ue_me produjo e~ta pregunta tan preñada de
tlus10nes y de frivolidad formulada en un
momento tan terrible. Y sin embargo, no eran·
pocas las_ sorpresas que aún me estaban resi,rvadas. Sin hálito suficiente para hablar porque la fatiga a_g~ni~ i?a creciendo acom'pañacla ~e un ge~mdo r1tu11co que no dejaba á la
paciente articular las palabras de corrido oíala ~ictar órdenes sin descanso; sin fuerz~s siqmera para leva=:tar bien la cabeza ni µara
s,ostener la esponJ~ en,tre sue dedos, quiso larnr~e 1~ cara, y, bien o mal, llegó á lavársela.
Insmuo 1u ego el deseo de peinarse, y bien contra n~e1&gt;..tra voluntad hubimos de entregarle
el peme y colocarle un espejo enfrente. Temíamos todos que, ~l verse eh él tan ojerosa,
tan abotagatla y páhda, se nos muriese de espanto ......... y nada de eso; poquito á poco y
descansando á ratos, logró alisarse las trenzas
que las camareras le desataron y que tenía ya
empapadas de un sudor mortal.
-¡Basta, basta!-le decíamos nosotros, sua·
vemente, con el fin de ahorrarle aquellos es·
fuerzos que nos 1Iegaban al alma. Pero en vano; no paró hasta cambiarse el mantón por
una ele~ante manteleta adornada con volantes
de encaJe; hasta tocarse la cabeza con una her-

¿Y

EL :MUNDO ILUSTRADO

n:iosa cofia de inglaterras, prendida por gra,,;
c1osas lazadas de cinta rosa, que In asemejaba
á las damas del siglo XVIII.
Aquell t amiga y yo no salíamos &lt;le nuest
d~loroso asombro; no cesábamos &lt;le cAmb~
miradas de estupefacción en que se canden•
ban la compasión y la sorpresa que iba cau..
sándonos esa &lt;ttoilette macabre." Por fin des-pidió á las muchachnl:1, y aquella sefiord y y&amp;
nos sentamos enfrente ele la enferma contemplándola brgo rato con devotísimo silencio.
En mecli~ de ést~, el tic-tac &lt;le la dorada pén•
d_~la se h1zq sentir mejor y me asusté. Parec10me que tomaba un tono lúgubre, inusitado;
me temblaron las rodillas.
, Mi,e~tras tanto, á la pobre enferma se le p()ma hv1&lt;la Pº!' momentos la faz, se le amora·
t~ba~ los lab1,os y los pómulos, el brillo de los
OJOS iba apagandosele bajo la sombra &lt;le sus
grand~s párpados, cada vez 111ás colgantes y
ma~ch1to_s; s~ le desplomaba todo el cuerpo
hacia la 1zqmerda de un modo evidentísimo.
Temiendo que se nos moría íbamos á levantarnos automáticamente y 'casi sin 1espirar,
cuando notamos que abre otra vez los ojos, se
rebulle, _yergue un poco la frente, y con la
mano «v1 van me] lama á mí. Con el corazón como u!" g:a~o de anís acerquéme á ella, y vi
que, mcl1candome la silla más próxima, me
decía con voz aún bastante firme:
:-~iéntate ahí. ¿No dirías tú .... :. con quá
¡;onaba ahora? Con la despedida de Mario.
¡Qué tenor aquél!
El ahogo, aquel gemido rítmico el estertor
que iba pronunciándose, le oq~cur~cían la voz,
le desmenuzaban más y más las palabras.
-¿Ah, sí! Ya mecontarásesootrodía. Procura ahora descansar un poco.
-N?, «Chiquillo," no ( así me había apellid~do siempre) ......... Fué mag ... magnífico...
L1. .. ceo ... nunca... es .. .tuvo ... así.
-¡Figúrate! ...... Veamos veamos hiJ·a, si
l ogras d ormu
· un poco-interpuso
'
' suma
con
dulzura la amiga.
·
Pero la enferma continu6 en su empeño de

hablar para decirnos que aquel sueño podría,
por asociación de ideas, provenir de la sern,ación que le ·producían ciertas lucecitas y chispazos que estaba viendo.
Esto aument6 nuestro pavor. ¿Lucecitas,
chispazos, en medio del derroche de sol que
inundaba aquella estancia? Tiempo le faltó 1\
la amiga para levantarse y cerrar los postigos,
que era como cerrar los ojos á la realidad: lo
que se acostumbra hacer siempre que ésta
amarga.
-¡Ma ... ri ... o.... estaba.... so ... l&gt;er.... biol.
El pú ... bli ... co ... de pie ... agi ... tan ... do ...
pa ... ñuelos-iba aún ella diciendo. Pero aquí
el resplandor de algún incendio interno tiñó
su rostro, abriéronsele los ojos desmesuradamente, y allá en lo más hondo de sus hegrns
pupilas que en aquella ob;:curidatl crepm-cular veía'mos aún relucir, vi brillar algo parecido al chispor'roteo de un fósforo.
-Hija, por Dios, cállate; no te esfuerces
más- exclamamos nosotros, cada vez más alarmados por los extraños f'Íntomas que iban apareciendo. Su víctima, sin embargo, inerte ya
á todas las senE:aciones, nacla debía Eentir,
cuando ni por eso ni por la dificultad progreRiva de exprellión callar quería.
-Todo e~o lo recuerdo yo, hija mía-me
resolví á decir, por si lograba así mejor mi objeto.
Ni por ésas. La enferma ladeó un poco la
cabeza para mirarme, y con una sonrisilla. algo desdefiosa, apenas dibujada en su labio superior, exclamó entonces ron voz más entera:
-¿Tú? Si no habías nacido todavía.
Al oir estas palabras, que nos revelaban los
grados de juicio y de memoria que aún conservaba la paciente, un rayo de esperanza penetró en nuestras almas. ¿Quién sabe si veníamos siendo victimas de una falsa alarma?
¿Quién mejor que la enferma, de suyo tan
aprensiva, podía ser la primera en as·ustarse
de veras ante el peligro positivo de morirse?
l\las entonces un criado anu!'lció la. llegada
• del médico y del señorito. Era éste un sobrino, heredero proba.ble de la enferma, y única
persona, después de ella, de alguna autoritlad
allí. El médico examinó á la paciente, la anim6 mucho, y, una vez en el salón, nos d;jo á
nosotros ,,que sin pérdida de tiempo mandáramos por la extremaunción; que la gangrena.
gaseosa que la enferma padecía ganaba legua
por hora; que el esta&lt;lo de la paciente se agravaba por se¡rnnrlos, y que, evitar la muerte era
imposible.» Excuso decir cómo nos quedamrn,.
Más muerto que vi\'o, vol\'Íme al lado de la

pobre enferma que, en aquellos momentos, iba
cayendo en un soponcio tristísimo, sin por esto verse libre de aquel gemido rítmico que nos
llegaba al alma.
De entonces acá fueron llegando, una tras
otra, todas las primas y sobrinas de la enferma, á quienes se había man&lt;lado recado por
la mañana. Y todas entraban, corrían á besar
la mano de su desdichada parienta, que, como despertando cada vez de un sueño dulcísimo, abría un instante sus oja.zos para contestar al saludo, las invitaba á mirar las flores
que poco antes ella había escogido ..... , torcía
otra yez lapabeza y ... ¡ay! ... ¡ay! ... ¡ay) volvía á gemir.
Era de notar entonces Jo aturdidas que quedaban las recién llegadas de la tranquilidad
que mostraba aquella mujer antes tan aprenSi\'a y agitada siempre. Una tras otra iban
Fentúnclose sin tino, y la que no a.brnmaba á
preguntas susnrra&lt;las al oído á Ru vecina, se
entregaha á mil absurdris cavilriciones. Las
más malicioi-as llegaron á penRar si, con aquella trnnquiliclacl Rólo aparente, intentaría la
enferma. asustar la muerte. OtraR, aun conociendo sobrad11mente los Rentimientos católicos ele su parienta, llegaban á ,·eren ello propósitos ocultos ele una impenitencia que las
espeluznaba todris. N'o sé si alguien más que
yo tm·o, al contrario, por muy lógico, que
&lt;]Uien nunca supo ver la realidad en pleno uso
de sus facultades, menos pudiera verla en
aqllellos mom.entos de postración suprema.
Entró el sacerdote, aún sin reYestir por consejo del sobrino, que temía como yo mismo el
más leve movimien~o de espanto en la enferma;
y como á las dos palabras notara aquél la plenitud de potenciAs f!Ue todavía conservaba ésta,
hízonos disimuladamente Rigno de despejar.
Entonces todos abandonamos silenciosamente
la estancia, tras nosotros cerróse la. puerta, y
uno á uno fuimos cfü:persándonos todos por
las butacas y sillas del gran salón, que era inmenso y el mejor punto de aquel caserón señorial, para entregar$e, en aquellos mome11tos
ele expectación reverente, quién a! llanto, quién
á la alegría, quién á la adoración de DioR,
quién, en fin, á pensar en los misterios de la
vida y en los falsos juicios que fácilmente hacemos de aquéllos cuando mejor queremos escrutarlos.
Salió el sacer¡;lote guardando una actitud
muy reservada y prudente á pedirnos en nombre de la enferma que entrásemos á. verla su
sobrino y yo. Nos llamaba para preguntarnos
con un acento fan duro como inesperado en

El volcán de Colim¡i en erupci9n,

Domingo 8 de Marzo d€ 1903.

aquellos momentos, quién le había conducido
allí aquel padre para confesarla. cc¿No veíamos acaso que lo que ella tenía era tan sólo un
sueñ.o invencible, pero que se le pasaría dejándola dormir? ¿Quién podía dudar de que,
mafiana que se viera en peligro de muerte,
ella sería la primera en pedir aquel santo sacramento? ¿Había pe3r ventura quien pudiese
creerla á ella capaz de confesarse sih el examen meticuloso de conciencia que de ordinanario estaba a.costumbrada á hacer previamente?x
Ante capítulo de cargos que no podíam9s
rebatir sin descubrir desapiadadamente la verdad á quien nos los dirigía, su sobrino y yo
nos queda[jlQS mirándonos con estupefacción
y sin alcanzará d¿cir, más que muy tímidamente, que nosotros no éramos los culpables
de lo que acaso bid.era aquel bu.en señor por
un exceso ele celo. ,&lt;l,erfa el pobrete un ente
asustadizo, acaso poco práctico aún en el ejercicio de su ministerio, poco experto en conducirse con loR enfermos.» Y aRÍ nos salimos dt&gt;l
apuro, casi temblando ante el compromiFO que
c¡uedaba. pendiente, y que, por terrible que
fuese, nos pareció tanto más excusable, cuanto que ni uno ni otro de los dos teníamos en
la casa autoridad ni prestigios suficientes para
imponernos.
Rumiando estábamos aún estas disculpas,
cuando otra sorpresa cuidó de llenarnos de
f'obresalto. La enferma había inclinado lri cabeza de un modo horrible sobre su pecho. Procuramos levantársela, y vimos con espanto
que no se le aguantaba. Ignoro quién &lt;le los
dos llamó á los de afuera, quién i-e quedó allí.
Todos penetramos como una ole.ida en la cámara; una mano abrió los postigos del balcón.
La enferma tenía los brazos desplomados, los
ojos vueltos en blanco. Todas las mujeres presentes cayeron de rodillas llorando copimmmente, el sacerdote ministró rápidamente la
unción extrema ...... La eterna. soñadora había
caído por fin. sin advertirlo. en el más invencible y duradero de los sueños.
NARCISO ÜLLER.

EL VOLCAN DK COLUU.
A propósito de las erupciones del Yolcán
de Colima ol.,servadas últimamente, damos á
conocerá nuestros lectores una anti'gun vista
que representa el mencionado volcán 'durante
la terrible erupción del 16 de abril de 1872. Es-

�~¡, MUNDO ILUSTRADO

Domingo 8 de Marzo de 190::.

ta vista fué tomada á las 10 y 30 de la mañana
de ese día, desde ei primer cuerpo &lt;le la iglesia
pa:rroquial de Tonila, Jalisco.
La gran nube que corona el cráter, y la multitud de piedras volcánicas que éste arroja,
bastan para formarse idea de Jo extraordinario
del fenómeno.
Por lo que hace á las recientes erupciones,
las noticias que, hasta el día 4, ha publicado
«El Imparcia]i,, nada tienen de graves tratándose de desgracias personales; pero sí demues-

tran que revistieron mnyor importancia de la
que se suponía.

***

El 21 del pasado, á las 12 p. m., una fortísima detonación se dejó oír en los pueblos
cercanos á la montaña, y momentos después
una espe!:a nube cubría el horizonte. El pánico que se apoderó de los babi tan tes de aquellas
comarcas, fué indescriptible, y las autoridades tuvi eron que desplegar toda clase de esfuer-

Domingo 8 de :\larzo de 1903.

EL ~1UXDO ILUSTRA [i11
zos para restablecer la calma. Tres horas después sobrevino otra erupción, y, por· (1ltimo
á las cuatro de la tarde volvieron ú oírse fuer~
tPs ruidos que anunciaban la repetición del
fenómeno.
.
Las corrientes de lava que se derramaron
del cráter, invadieron los montes vecinos
p,oduciendo la ignición, y las cenizas fueron
á caer en forma de lluvia hasta poblaciones
muy distantes del volcán. El día tres se observaron nuevas erupciones.

ca torbtta "nautnus"
BRILLANTES FIESTAS
La Colonia Española residente en México,
celebra con todo entusiasmo la llegnda de la.
corbeta-escuela "Nautilus» á Yeracruz, y la
presencia, en nuestra capital, del comandnnte del barco y de un grupo de sus subord111ados.

EN EL COLEGIO MILITAR.-Grupos de cadetes y marinos.

r

VERACRUZ.-La "Nautilus''.
en el momento de saludar al puerto.

Grandes fueron los preparativos que drsde
un principio se em prendieron para recibir dig•
namente á los marinos; y, si hemos de juzgar
por los festejos que hasta la hora de poner en
prensa este semanario, se han efectuado, diremos que pocas veces se había visto, de par-

..

LOS MARI NOS

ESPANOLES.-La salida de la Legación para

te de la Colonia, desplegar major suma de esfuerzo en la organización de festivales que, como los que nos ocupan, hablan -tan alto en
·pro del patriotismo ibero.
La corbeta arrib6 á Veracruz el 25 del pasado, siendo allí recibidos sus tripulantes con
innumerables demostraciones de regocijo. En
la quinta de Buenavista se les obsequió con
un almuerzo familiar, por la .Junta organiza-

dora de las fiestas, dándose un baile en su honor, que se vi6 concurrido por l o más selecte
de la sociedad veracruznna, en los salones del
Casino, primoroi::amente adornado al efecto.
El lunes por la mafia.na, los marinos designados para venir á la Capital, dejaron el
puerto para tomar pasaje {, bordo del Ferrocarril de Veracruz. La belleza del camino
los impresion6 agradablemente, y en todo el
trayecto fueron agasajados tanto por sus com•
patriotas de Orizaba, Córdoba y otros puntos,
como por el pueblo, que no cesó de tributarles
sus demostraciones de simpatía. A las siete
de la nor.he entró el convoy en la estación de
Buenavista, siendo saludado por la multitud
que llenaba el andén con atronadores aplausos.
. La Comisión encargada de recibirá los viaJeros estaba compuesta por los Sres. Quintín
Gutiérrez, ,José SánchE&gt;z Ramos ,José de la
Orga, Luis Pastor, Valentín Elco~o ,José Ma•
ría. Bermejillo y Marcial del Pr;do, y tan
pronto como el tren se detuvo subió á los carros para dar la bienvenida {; los marino11 é
invjtarl_os á tomar los carruajes que debf~n
conducirlos al alojamiento que se _les tenía
preparado. La recepción en Buenavista fufde
lo más entuaiast.-i.
:
1

*
**

LOS

MARINOS

ESPANOLES.-Salida de Palacio.

Palacio

Comandante don Tomás Azcárate, TE&gt;niente
de Navío don Ignncio Cayetano, Alféreces
Emigdio Igle:-ias, Manuel ~Iendh•il y ,José
Dordá, y Comisario Contador de Fragata don
Felipe Franco.
Guardias marinos: Antonio Perrn, ,Joaquín
Bustamante, Félix (-h rcés ele los Fayos, Cándido Montero, Carlos Regalado, Francisco
Benavente, Luis L6pez :Xisulant, Pedro Pablo
Hernández, .fosé :María H Pra,:, Rnmón Agasino, Juan Antonio del Ri vero, J m,é Iglesias l\I.,
Pastor Jorge y Alvaro Espinosa de los Monteros, Rafael Estrada, .Juan Fernández y Manuel
Vela.
En cuanto á la corbeta y á su Comandante,
tenemos los i:-iguientes elatos: la "Nautilusi&gt;
p erteneci6 á la. ma1:¡nn. mercante de Inglnterra,
fué construídn. en Gla.,gow y, se destinaba al
transporte de mercancías entre loR puertos ingleses y China. El gobierno espn.ñcl adquirió
el harco. para conducir un fuerte pedido de
armamento y municiones que hizo á nquel
país, y en 1885 mandó que en los Astilleros
del Ferrol se reparara. convenientemente pnra.
convertirla en una corbeta destinada á la instrucción d e guardias marinns.
El 0omandante Azcárate comenzó su carrera en 1864 en la Escuela Nacional que por
aquel tiempo existía en San Fernando. Un
afio después ingresó como gunrdia al buque
"Navas de Tolosa,i, haciendo su práctica en la
Escuadra del Pacífico hasta 1869, en que pasó f.. las aguas de América del Sur y Cuba,
para servir allí cinco años. Al regresar á España, después de permanecerá bordo del barco «Pizarro,i, durante algún tiempo, se le confirió el grado de oficial, destinándosele primero al buque "Fernando el Cat6licoi, y después
al «Concordia». Terminada su carrera en la
Escuela Superior de ;\-Iarina, pasó á Filipinas
como agregado á la Comisión Hidrográfica, y
'"'lás tarde se le nom br6 profesor de las Escuelas de Torpedos y Xaval_de Aplicaci6n. F ué
también Director de esta última por espacio
de doce afios. Al frente de la «Nantilus" se encuentra desde agosto de rno1.

En su vinje de instrucción. la corbeta. hn.
tocado Cíidiz, Funclrnl, c+ra.n Canaria, San Vicente, Cabo Yerde, !Ria de Guadalupe y la.
Guayrn., puerto, este último, á donde arribó la
"Nautilus" E'll los díns en que el Presidente
Castro ordenaba el arresto de los alemnnes residentes en Caracas. De la Guayra siguió la
corbeta rumbo á Puerto Limón y Jamaica,
hasta llegará Vera.cruz.

'***

altamente su atenc-ión por el perfecto orden y
el asE&gt;O que en dios f'e observn. Por ln. noche
ee &lt;lió una funci6n et-pecial en Orrin, á la que
fueron convidados los jefes y oficiales de la.
corbeta.

En cuanto al jaripeo que se efectuó el jueves por la. tarde en la plaza "l\léxico,• y al
'.lnnquete con que ('l sE&gt;ñor l\Iinif'tro ele E;:1 :nia

El martes por la mañana,· el señor Prei::idente de la RE-pública. recibió en palacio á los distingui
dos viajeros, sién.dole presentad os
por el señor Ministro de Espafia., Marqués de Prat.
En este acto !:e
- cam biarnn cortof',
pero entusiastas dis
curi::os entre el señor Ministro y el
señor Presidente de
la República. De
los salones de la
presidencia, los marinos pasaron á saludar al señor Seer.etario de Guerra,
y después al señor
Secretario de Relaciones, Licenciado
don Jgnacio Mariscal.
Como se anunció,
El Comandante de la "Nautilus" y el Director del Colegio.
al día siguiente se
obsequió á los tripulantes de la «Na.utilus» con
obsequió á los distinguidos h~1éspedes el misÚn banquete en el Colegio Militar, efectuánmo .día por la noche, sólo diremos que la fiesdose, antes, en el mismo establecimiento, alta. taurina result6 muy animada y que los
gunaR maniobras y ejercicios de gimnasia y
Pl_egantes salone~ de la Legación española, i::e
esgrima en que tomaron parte los alumnos del
neron concurridos por miembros promiplantel. Lof distintos departamentos del Conentes del Cuerpo Diplomático y t~ la Colegio, que recorrieron los m·arinos, llamaron
lonia ibera.

í

1

El perrnnal ele la «Nnutilnsi&gt; conf'ta de•nn
p_rimer Co_mandante, un sE&gt;gundo; nueve -,fi.
c~ales, tremta y nueve guardias marinod y
ciento_ noventa y siete tripulantes. Entre )os
guardias, que son alumnos de marina y que
•
r. b
.
v1e~en
,i ordo, se encuentran algunos pettenec1entes á familias distinguidas ele España,
Y otros emparentados con eRpafioles promin~ntes que residen en México. , La lista completa
de. los 9ue componen la parte del personal
ha vemdo á México, es la siguiente:

que

Visita á la clase de Fislca

del Colegio.

En la torre del Observatorio de t.hapultepec.

�Domingo 8 de ~farzo de 1903.

EL MUNDO I LUSTRADO
EL MUNDO ILUSTRADO

EN LA ESCUELA DE TIRO DE SAN LÁZARO.

Sus carnes pálidas se hinchaban y se hacían
1ojas.
Sus mejillas se inflamaban, lentamente se
iba haciendo deforme.
Su vientre ya era obeso y bestial; u na panza de aldeano le impedía verse las piernas que
iban perdiendo su delgadez y su largura.
Las pantorrillas º ton.aban una forma extraña.
Empez6 á retorcerse en el lecho, y vió hacia
todas partes con una angustia de torturado.
Apretó los puños, y no sinti6 las manos
largas y entecas de antes¡ sinj.i6 que tenía
unas manos chatas, carnosas y pesadas.
Empezó {~ pensar en todas las cosas terribles
que le sucedían.
Pensó: que era ahora un cuerdo sin lirismos y sin quimeras.
Que era un hombrecito \'entrndo de carrillos rojos y reclondos--sintió deseos de reírse
con carcajadas estruendosas:
Y al iluminársele con un nuevo destello su
razón de cuerdo, lanzó u11 grito . de espanto
como el de un núufrago agonizan t€ pensando
en una cosa siniestra: Pensó que era Sancho
Panza.

NOTABLES PRUEBAS MILITARES
un cuadro negro en su cara anterior y un blanco en el centro de éste. Dentro del almacén
había 230 kilos de pólrnra negra y 11 de pólvora boratada, que debían hacerse conflagrar
con dos k ilos de ácido sulfúrico, contenidos
en seis frascos de cristal.
Dos cañones Bange, de batalla, colocados
á mil metros del blanco, eran los que con sus
proyectiles, debían producir la explosión. Loe
tenientes Guillermo ~Iartínez y Carlos Chávez apu ntaron las piezas, logrúndose la voladura ú los d iez tiros. Una enorme n ube negra
se levantó en el sitio donde i-e encontraba el
almacén, dejándose oir una fortísima detonación. Las paredes quedaron reducidas á polvo.
Tau to el Sr. Presidente de la República como s us acompañaiites se d ir igiero n desputs á
presenciar otra prueba: la de la voladura de
uua. fortificación l?ºr minas _disparadas por
medio de una cornente eléctnca. Terminada
esta última experiencia, el Sr. Gral. Díaz recorrió el campo para inspeccionar los efectos
caurndos por los explosivos.
El éxito alcanzado por el Sr. Teniente Coronel ~Iondragón, en las importantes exper iencias á que nos referimos, fué en extremo
satisfactorio. Ilustramos esta información con
'llgunas i ustantáneas tomadas por n uestro fofógrafo.
.
.
El Sr. Gral. Díaz y sus acompaña ntes, en el polígono de Sa n L ázaro.

En p resencia del Sr. General Díaz y del Sr.
Ministro de la Guerra, se efectuaron el 28 del
pasado, por la tarde, las pruebas prácticas de
fabricación y empleo de explosivos organizadas
por el Sr. Teniente Coronel Enrique l\fondragón, J efe en la actualidad, de la Escuela de
Tiro d e San Lázaro.
Después de un examen oral, en que los
al um nos del establecimiento demostraron notables adelantos en lo concierte á fabricación
de explosivos, pólvora sin humo, etc., etc.,
se ~ió la orden. para que, e11 el polígono, se
vev1ficara la pnmerf!. prueba, consistente en
ejercicios de tiro de 1,recisión. Estos se ejecutaron con pistola, carabina y fusil, sucesivamen te, obteniéndose en todos el mejor hito.
En seguida, se procedió á la destrucción de
una línea telegráfica, 1,onstruída exproft&gt;so para la experiencia. y á la de una vía férrea improvisada también con ese fin.
La voladura de aquélla dió por resu!tado
s u completa destrucción: los postes, hechos
p_edazos, fu_eron l_anzados por la cccarga,, á con
SlClerable d1stanc1a, y los alambres quedaron
red ucidos á pequPñísimos fragmentos.
Por lo que toca á la vía, compuesta de tram?s de 10 metros de longitud, fué volada con
seis cargas concentradas, de dos petardos cada

una, y no_ qued~ron sobre el terreno,dei;pués d 6
la explosión, m huellas de los materiales.
A esta voladura, siguió la de un muro ordinario, de tepetate, de noventa centí metros de espesor
por diez metros de
longitud, en la cual
se emplearon nueve
cargas, de cuatro
petardos, que fueron bastantes áarrasarlo totalmente.
La parte sensacional, por decirlo
así, de las pruebas,
fué una notable experiencia ideada por
el Sr. Brigadier Sa!amanea, Jefe del
Departamento de
Artillería de la Secretaría de Guerra,
consistente en la des
trucción de un almacén de pólvora. El a!'pecto que presentaba
este almacén era el de un espaldón de 14 metros de largo, 4 de eipescr y 6 de altura, con

La histori:t es testigo de los tiempos, luz de
la verdad, v1dade la memoria, señora de las
costum bres y mensajera de la antigüedad.

U n dispa ro.

JI s. m.

la Rtina dt los 1utgos 'floralu
dt fflértaa.

,JU.\N D'SOLA.

EN LA ESCUELA DE TI RO.
V oladura de un al m acén de pólvora.
V oladu r a de una v ía f ér rea.

J:a Jlgonía dt Don Quiiott.
Cuando Alonso Quijano el Bueno, ex-Don
Quijote de la ~lancha, estaba agonizando en
el tugurio de su aldea-en su delirio de febribricitante,-oyó una música lejana de zampoñas pastoriles que pregonaban sus hazañas.
Ya él no era el caballero de la triste figura,
añora era un buen burgués que moría en su
lecho de obrero rodeado de sus familiares que
le consolaban y le pedían bendiciones.
La adarga larga, camarada de sus glorias,
lloraba en un rincón polvoso la muerte del héroe andante. Rocinante, había huído á la
campiña avergonzado de la terrible apostasía.
Alonso Quijano el Bueno seguía oyendo el
quejido de las zampoñas.
De pronto, empezó á lanzar alaridos y blasfemias: había visto una cosa horrible que le
hizo estremecer de miedo.
P or su cerebro de débil calenturiento, empezaron á desfilar todas las visiones de sus pasadas aventuras.
Ya Dulcinea no era la dama ideal, e.eñora
de su alma por su r.obleza y su hermos1!ra;
ahora, era una muchacha vulgar y coloradota
que cuidaba cerdos y que Uamaban Aldonza
Lorenzo.
Toda la historia heroica de la andante caballería, habfa sido una farsa de leyenda para engañar á los cándido~.
Amadís de Gaula había sido un fantasma,
creaci6n de un novelista medioeval.

.

Los gigantes no habían existido nunca ..... .
Todo su añejo amor por la piedad y la justicia, todas sus fiebres de aventuras y combates, le avergonzaban en la hora suprema.
Ya él mismo se había reído y burlado de
sus pasadas locuras de Quijote.

EN LA ESCUELA DE TIRO.

Pero lo que le hacía lam.ar alaridos y blasfemias, era u na cosa extraña que le estaba
agigantando el vientre.
Empezaba á perder su larg.a delgadez de
manchego esqueletoso.

[P1·emio de la Colonia Española. J

(

T u mano de princesa fué tallada
para empuñar un cetro ...... 1Ya lo tienes!
;.Qué diadema más digna de tus sienPs
que una estrofa en diamante cincelada.? .. .
Cual de radioso Olimpo transporta.da,
con tu .Corte de Amor al mnnclo vienes;
Y el esfuerzo e11 la noble lid mantien(\s,
¡oh Reina, por el Arte coronad,d
Feliz el j_nsta&lt;lor c¡ue Pn la porfía
llega. el primero, al solio en qne tu 0,.Jori.1
con dulce majestad nos embelesa¡

y u_ngido por la sacra Poe1&gt;fo,
recibe el galard6n de la victoria
ele tus manos liliales &lt;le princesa!
JOSÉ

I.

CHOPÍN.
Se para el corazón. ) Ii alma despierta
Y e~ q ue parece el piano
que lo toca la mano
de alguna novia inolvidable, muerta.:".

V ien do el efect () de u n disparo.

En eLnegro ata(1d de alma de acero
vibra el ritmo sonoro
como un pnjaro de oro
que herido canta su cantar postrero.
Y es lánguido motivo en la sonata;
en la «berceu,;e» es llanto.
Mi propio desencanto
que no supo escribir mi pluma ingrata.
Al recordar el vals largo y sentido
6 el scherzo adorable,
'
6 la mazurca amable,
vibra y eueña mi pecho entristecido.
Son pétalos de ro~a ya marchita
las notas de la marcha,
que caen como u11'\J. escareha
en la. tumb~ de mi alma sibarita.
¡Oh polacas, mazurcas y bnladaf.
ele tri~!e 1110\'itniPnto,
·
que sois como el lamento
&lt;le mis eternas noches derolacla!':!
¡?h los cantos dolientes nocturnall"."'
hucrfanos de alegría,
que habláis Al alma mía
·
de las honda:s venturas sepulcralrs!

··························· ·················· ······

NOVELO.

, Se para el corazón. Mi alma dei&lt;pierta.
•
que le toca la mano
de alguna novia inolvidabl.e, muerta .....

l_ es que parece el piano

"'
Voladura de una f .;-tlficaclón

Domingo 8 d~ l\far zo de 1903.

EN LA ESC U ELA DE T IRO.
E l Sr. Presidente y .el Sr. Secretario
'-·
de Guerra, reconociendo la fortificación

RAFAEI, 0. GALVAN.

�Domingo 8 de Marzo ele 1903.

El ftrrocarril dt Ctbuanttptc
SALINA CRUZ.
En otras ocaiiiones nos hemos ocupado ele
las obras emprendidas en e1 puerto &lt;le Salina
Cruz, y de los trabajos de reparación del Ferr&lt;&gt;carril Nacional de Tehuantepec que lleva
ÍI rabo la Compaiiía Pearson t\'. 8on.

EL MUNDO ILUSTRADO

EL JtffiNDO ILUSTRAl&gt;O
-Los sacrificios dictados por la razbn tienen esta ventaja: que el esfuerzo que han costado llega á ser siempre la recompensa
-El amigo verdadero te dice tus defectos,
el falso te adula.
-Los aduladores son las avispas del mundo moral: ti,men miel en los labios y ponzoña en el corazón.
-Xo basta confesar una falta, es menester
repararla.
-La ignorancia se
pone siempre delante
para ser vista, la inteligencia se pone detrás
para ver.

RUI N A S.
Despojoi tristes de
críiel desolación! ·
Derribados de sus
troncos y por tierra el
ancha copa, yacen los
úrboles, donde ~e talaban los montes para los
próximos conucos del
invierno.
Zarzas y abrojos, rasando contra el suelo
sus hojas polvorientas,
se extienden en los
surcos que abrió el ara. do !Í los granos fecundos de simiente; y secos los tallos y sin vida las raíces, ruedan
de los collados, barridos por el viento, los
tristes despojos del yuca!.
Xi un gorjeo, ni un
trino, ni aun siquiera
de las vertientes se percibe el blando murmurnr; ........ . y cuando el
~ol declina, y apaga
susfulgoresen elmist~rioso recogimiento del
crepúsculo, entonces,
del fondo de la sabana,
Puente sobre el rí o de Tehuantepec, inaugu rad o en F ebrero último.
escá panse }entamen te
los lúgubres gemidos
Los anti~uo2 rieles de la vía férrea han side la tórtola, así, cual del pecho que sucumbe,
do substituídos por otros, de 80 libras por
esc!Í parn~e angustiosos los suspiros.......... los
yarda, á fin de que el camino sea mucho más
últimos suspiros, que exhalan en la vida las
sólido, y los puentes, que eran en su mayoría
almas que se Yan ......... Y nada m!Ís turba la
de madera y se encontraban en pésimas concal:na abrumadora del campo aniquilado.
diciones para el tráfico, se han substituído
también, construyendo en su lugar otros de
concreto, mampostería y fierro. Los de los
ríos de Tolosa, Saravia y Tehuantepec son notables. Este último está formado por tres tramos, sistema Pratt, de sesenta metros de claro.
Los edificios para estaciones de la línea han
sido objeto de particular atenci6n, y en algunos puntos, como en Salina Cruz, se han levantado hermosas construcciones de ladrillo.
Porlo que toca á la vía, ha sido modificada en
cuanto á su trazo en algunas parte,i, consiguiéndose de esta manera disminuir las fuertes curvas ó pendientes.
En cuanto á las obras de defensa del puerto, se trabaja con toda actividad en el rompeolas v en el dique seco, J1aci{11dose U&gt;'O de
grandes bloques fabricados rn :--alina Crn1..
La instalación está movida por eledriciclad,
y pronto, según sabemo-:, se tr 1nsladarún los
grandes tnlleres que la l'ompaiiía tiene establecidos en CoatzacoalcoR, á R ncún Antonio.
A los anteriores datos, agregaremos que la
nueva población de Salina Cruz ha renlizndo,
SALINA CRUZ.-Rompe-olas
últimamente, progresos muy notables. Sus
fincas, de e:-tilo enteramente moderno, satisfacen todas las exigencias de l!t higiene: son
amplias, bien ventiladas y de hermoso aspecto y forman calles enteramente rectas.
'En el presente número publicamos algunas
íotografías relacionadas con esta información.

Los pújaros volaron buscando otras regiones 't¡ue·les ofrezcan abrigo hospitalario; y con
los tiernos cantores de la que fué floresut amena, volaron también para. el campo abandonado, las rWntes horas de sus alegres días y
las plácidas noches de argentada luna.
Despojos tristes de criiel desolación!
Leños carbonizados, en medio á un cuadro
de cenizas, cubren el suelo, asiento de la tahona que relucía sobre la loma sn techumbre;
á trechos se rnirat1 restos desvencijados de la
antigua enlJ)ttlizada del corral, (!onde por la
noche, llevaban los muchachos al des"ªº~º
los animales de labranza; y rendidai. tam bien
á la inclemencia las plant!ls trepadoias, por
manojos penden las guíns que ~e encu111braron hasta las altas ramas de lns acacia~, (]lle
Jaban al patio abrigo generoso con rrn sombra;
y por manojos caen de las acacias las ~uías
trepadora;¡, sobre el montón Ja;timero de las
rüinas, como caen, tributo de la muerte, sobre las tumbas queridas los crespones ......
Una tarde de cielo brumoso y negroe nubarrones, vióse en el camino que se abre paso
por la garganta de los valles, un pobre viejecito, que {i paso lento subía la cuesta, encorvado bajo el peso de un morral de guerra.
Cuando llegó á la cumbre, y buscó por la
vereda qne le guiara hasta la loma, donde estaba la tahona, apartado nidal de sus amores
y legado bendito de sus tempranos días.... ... ¡
la noche había echado ya ef negro capuz de
sus tinieblas, sobre aquellos tristes despojos
de crüel desolación ...... !
JOSfJ

.ANTomo ESPINOZA.

PAX.

Las dos hijas del rey, que eran rivales, •
quisieron, por salir de su quebranto,
probar la fuerza de su mutuo encanto
en el cubil de los leones reales.

Domingo 8 de Marzo de 1903.

SUEÑO DE NOVIA.
Nada turba ol silencio; nada roba
la quietud imperante de la alcoba
clomle duerme la novia casta y pura;
y arrebujada en :-:ibanas ele armiño,
s~ faz refleja la expresión de un niiio
que sueña con un beso de ternura.
Entrecerrado el párpado sedeño

y en su boca ele púrpura el risueñó ·
dulce candor de Yirginal capullo, •
tibio el aliento y perfuma,lo exhala
cual el roce ~uavísimo de un ala,
cual la nota muriente de un arrullo.

:E11 los hombros de mármol, destrenzada,
como un írnreo jirón de la alborada,
su e~pesa blonda cabellera, esplende;
y apoyando una mano en la mejilla,
breve mano de rosa, donde brilla
el anillo nupcial, amor trasciende.
Belleza i1lcalizadn, en .la poi.tur.l.
Ht cuerpo gentil, la ,·irgen purn
mfü, sen1ej:~ la estatua del ensm•iio
quc un ~cr que duerme sobre lecho hland,, ....
¡ Es porque en ese instante estú ~oiiando
con sus ansias de novia. y con su &lt;lueiiol

de

SAL INA CRUZ.-Trabajos en el rompe-olas del Este.

:-:-ueña que hacia el paí~ de la c¡uinwrn,
1lo11tle ríe la eterna primavera,
do11de una eterna ju,·enlml i;e alcanza,
entre cojirw~ de fragantes flores,
Ya con su amado bien cantando amores
en b góndola azul de la esperanza!
Y mientras ella sueiia, de sn boc:i,
ú11fora diminuta, el he~o invoea
la oculta llama que dos almas quema:
y es i;u sueiio tan dulce, que en la e,;tancia
¡,!'lrere que ;;e rima en la fragancia
de ,;11,; nítidas cunas mi poema!
L. Tollln:S An.\NDERO.

Gloria llegó. Trompetas y timba1es
repitieron su nombre sacrosa,1to¡
los leones del rey rugieron tanto
que á lo lejos temblaban los sauzales.
Sonrióse la gente cortesana
al presentarse la prirtcesa hermana,
mas el asombro entró en los corazones,
Cuando afrontando la ironía aviesa,
atravesó la pálida princesa
entre un vasto silencio de leones!
LEOPOLDO LUGONES.

ELLLA~TO DEL GRAN CAPITÁN.
Finge el ronco torrente him_no guertero;
La nacarada luna
Semeja casco de bruñido acero,
Y argentado pavés la azul laguna.
FERROCARRIL DE TEHUANTEP EC.-Desviaciones en el canal de Malatengo.

Bajo el claror de fúlgidas estrellas,
A la margen del lago,
Piensa el Gran Capitún en sus querellas
Y de la patria en el reciente estrago......
De castillos ciñendo áurea corona,
Y entre zarzas caida,
Ve el heroico adalid una matrona
Deshecho el corazón por ancha he~ida.

Y en torno de la bella, ~esolados,
A nobles paladtnes
Rompiendo, sin combate derrotados,
Sus armas, sus broqueles y clarines.
Sangre simulan en la orilla amena
Las encendidas flores;
El a1¡uilón desátase, y resuena
Como el tr:,nar de. bélicos tambores.

-

--

del Oeste, en construcción.

□ riPiein

Y en céspedes de grana v amaranto
Vierte el Gran Capitán abrasadoras
Lágrimas ele furor ..... ¡a.rdiente llanto
Que ha de forjar ~spadas vengadoras!
~L\NUt:r. HEIXA.

e

SALINA CRUZ.-Aspecto general del rompe-olas del Oeste.

FERROCARRIL DE TEHUANTEPEC.-Obras de desviación de la linea,

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Domingo 8 de Marzo de 1903.

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•

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR E STE R D E S UZE.

ILU STRACIONE S D E S IMONT.

TRADUCCION Dt "U ~UNDO ILUlHRADO."
(CONTINÚA.)

•

-¡Sefior! ¡Señor!
-¿Qué? M~ acerco allí, para que sea más pronto. Si es sólo porque soy c'lm¡~esmo, no hay más, re~edio....... no hay más que saltar ...... Respondame usted: ¿sera m1 esposa'?
-Pero usted bebe, Silvio.
- ¿Y si no bebiera? ........ .
-¡Oh! ¡Veríamos, veríamos!
Huí, sollozante! agobiada por la emoción.

XXIII

•

BL MUNDO !LUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

. El amor, a&lt;¡t~ello era_ re~lmente amor, había llegado por fin. De
rJ&lt;hllas, en ade!unn de i;uphca, me h•tbía dicho sus palabras ideales:
«,Ust~&lt;! ~ara :-.us ~lascs; yo ~ultivaré mis campos. Cuanto haya
d e m:rn d1ftcil en la v1tla, lo han.: por usted. Sea usted mi esJlosa ..
,
1
,
d .
, ES
t a us t ~d soª:
esta uste tns~e, y es necesario ser amada ...... »
. . ¿_~ ~r q~te. u_egarm~? _¿Porque er~ un .campesino, como él había
d1~ho. ,Oh. ,:;-;o, y mil \~C~~ no! DeJé de sollozar. Sonreí, en pensamiento, ante el heril?º~~ 1d1ho que habría podido anudarse entre la
maestra de escuela,,.Jwc1os~ .Y ~esb~rdante de poesía, y el campt.sino
enamorado ..... ... S1~ fannha a qmen agradar; con una historia tan
fuera d~ lo vulgar; sm preocupa?iones que me detuvieran, me habría
c~sado_mdu!1ablemente con Silv10, no obstante ser campesino, si hubiese sido d1gn? de mí. ¿Acaso no, en otro tiempo, había yo admirad~ á una amiga tnía. que se casó con un obrero? Pero aquel oLrer
era mstruído, no tenía ningún vicio y se encontraba á Ja altura mo~

ral de mi amiga. Socialmente, un campesino y una maestra de e~cuela, así como un obrero, vnlen lo mismo. Hon los mismos dUs trabajos,
no se ven, pasan inadvertidos; pero son de una omndiosa moralidad.
Es, sin embargo, pr1&gt;ciso que ambos sepan has~ dónde llega este valor ~oral.de sus ]~~ores. La institutriz siempre lo sabe. El marido
de m1 amiga tamb1en lo ~abe. Mil vece,-: altivo1 aunque modesto,
habí~ afirmado su valer anttJ los &lt;lemás. l\Üentras que Sil vio, al per~uadirse de que yo ne le quería por marido, había pensado en a rroJars.e de la roca. Y .no era todo. Silvio bebía, ,ne hal,b mentido al
decirme qne en _vanos meses no lo había hecho. l\Iis rcct1er&lt;lo,;, en
este 1_nomento !nen claros, me mostraban al borracho pt·rseguido por
los pilluelos dé h población.
~fe estremecí al pensarlo.
Y después, en el silencio de la. noche, el:itallé en un\ risa nerv iosa que daba compasión.

amada», había dicho aquel hombre. Y estas voces que surgían ahoia d e mi pecho y de la naturaleza entera, hacían sangrar abundantemente mi corazón ....... ¡Se siente la necesidad de ser amada, y ll. mí
nadie me amaba! ...... El, el hermoso Sil vio, encontraría alguna vez
una campesina que no le rechazaría ...... ¿Pero yo? ..... .
Era la distribución de premios. El patio estaba lleno de mamás
en domi ngadas, sumamente conmovidas; de niños adorables, vestidos
dP. gala con trajes extravagantes de incultos campesinos. De la iglesia
y de la prefectura me habían enviado grah número de sillas y una
alfo mbra que se extendía al frente y en la cual se veían dos sillones:
uno para el cura y el otro para el alcalde. Las nifias estaban al frente, en h ileras, en los bancos de la clase.
A u n lado estaba mi sillón. Allí me acomodé, detrás de un montón de libros de pasta roja y dorada. El traje negro dábame aspecto
se\·ero. H acía año y medio que había quedado huérfana y ni un momento h abía abandonado el riguroso luto, sobre el cual, mis cabellos
castañ os lucíah como una aureola.
¡Oh ironía! ¿Quién, de toda la.concurrencia, podríaapreciarme,
si en realidad valgo? A todos les miraba con sus caras bonachonas,
pero sin luz, é incapaces de comprenderme. E1~tristecida, busqu~ rostros amigos; la f:eñorita ~!orín no pudo concurrir; otros han acudido á
mi in vi tación: las f:eñoritas Perrín, Chauchat, Agnel.
Los preparati\·os últimoi::, me impidieron ver si habían asistido los
Albert. ~fas después les cfütinguí juntos, platicando con otras persotias que trntf\ban con gran distinción.
.
Detrú,: de la señorita Perrín estnba Arnoux, el arrogante Joven
r¡ue la f'Cr:--igue, y que, aprovechando la circunstancia de ser primo
de una ele mis di 0 cí pulas, vi110 á estar c~rca ele su pretensa. ¡Insolente! ¡Cobarde! ¿,Si es rico, ¿por qué no se casa con la joven á quien
persigue·? ¡Quién sahe si ella, viéndose sola, acabe po.r ceder!. ..... Y
miré á la j&lt;H'en, y su expre~ión de trif:teza me conmovió hondam~nte.
De pronto, v i á la señorita Agnel, que estaba detrás, ruborizarse \·irnmente. Pemé en el mozo de granja que la perseguía, y que,
sin duda, era quien la había turbado con su presencia. Entre aquel
mar de cabezas, busqué la que pudiera ser del campesinoenamorado,
v me 1-enti turbada á mi vez, al tropezar mis ojos con la mirarla briilante de Sil vio, que me veía fijamente .....: ... Enamorado y ebrio, ¿de
qué no sería capaz ese hombre? ¿Y quién me defendería de sus
asechanzas?
Yolví á mi~ar vagamente en torno mío: fos Albert-el matrimon io modelo-eran los únicos libres de todo mal. Pero aquellas otras
jóvenes, aisladas y abandonadas como yo, ¿no estaban al borde del ·
abismo?
Repentinamente se apo¿eró de mí un sentimiento de orgullo y
de altivez. Cuando la voluntad es firme, ¿q'Ué coea p"Gede ha&lt;:er caer?
¿Si esas jóvenes no amaban á sus perseguidores, por qué incurrían en
faltas?
Me entregué á mis habituales divagaciones, detrás del montón
de libros, dip!omas y coronas, oyendo el rumor del público y de los
alumnos que, impacientes, agua:daban la llegada del alcalde y el cura,
para que comenzara la ceremonia.
l\Ii pensamiento vuela hasta fijar~e en la señorita Pelisier, dr
Destroi, á quien no invité á causa de la distancia. _Só}o ella ~s di~n.a
d e lástima, puesto que ·ama a su galanteador, al anstocrata ures1sb •
ble .. .... ¡Cuán rudo debe ser luchar con el amor! Pensé en mí, que
estaba li hre, y ninguna fuerza, super!or á m i conciencia, puede arrastrarme al mal al que. temo más que a la muerte.
•
¡Xo ama; nunca! He allí la fuerza invencible, la salvación en la
que no pensó el ehtusiasta profesor cuando se empeñaba.en impedir
las miserias inevitables ...... ¡No amar nunca! ¡Qué medio más sencillo!
Las alumnas se pusieron en pie, y yo las imité. Acababan de entrar el alcalde y el señor cura.
E l buen cura me envió al pasar, una sonrisa, y, al llegar ante su
sillón, permaneci6 de pie. 'yo había vuelto á s~ntarme, al mismo
tiempo que m is discípulas. El cura habló. ¿Su discurso f~é cor~o ó
largo, elocuente ó sencillo? De él nó entendí más que la 111tenc16n.
El digno sacerdote me felicitaba públicamente por los progresos de
los niños, por las corteses maneras q~e, según d~cía,, á mí me debían;
por mi conducta privada, toda humildad r_ sab1duna, y
lo cual
pedía las bendiciones del Jielo pA.ra esta h1Ja que el buen D ios había
q uerido enviarle.
Yo estaba profundamente turbada, y ~o estuve más cuando, deja ndo al auditorio, pareció interpelarme directamente, en estos tér- 1
m inos:
«Así, pues, no os pido, en nombre de .1a muni.cipalidad que me
ha cedido la palabra, y en el nomb.re de Dios {1 q~ien repres~nto; no
os pido más que continuar en la misma vía. Y s1 la declaración que
os h ago puede ser una recompensa pára vos, oídla: .Amáis nuestras
montañ as, amáis á nuestros niños: toda la población os ama también.»

Pº:

.,¿,Yo, ,mujer de
d Sil, vio? ¿Yo tan delicada•, tan altiva, con una ilus-

t rac1on 111as gran e aun que lo que marcaba mi pequ1&gt;ño título"? Pero
entonces, ¿qué hombre había que pudiem convenirme? ·Quifn t,m·
dría el valor suficiente?
"

, Y buscaba nerviosamente entre las gentes del lugar; solamente
veia al alcalde y al abate Chavard. A uno de ellos le conocía muv
poco Y sabía qu~ _tJra ~sado, aunque me lo imaginaba perfecto; el
otr? era un exqms1to art1sta, pero muy lejos de interesirn;e por cual qutera otra muchacha de la población, excepto por la señorita i\Iorín.
Luego ¿qué me quedaba? ¿No era en situaciones semejantes, como habían caído otras profesoras?......... ,,Se tiene necesidad de ser

•

Domingo

b

de Marzo d~ 1903.

Estallaron los aplausos. Era demasiado. )fe había puesto en pie:
De mis ojos brotaron dos lágrimas; los ¡bravos! aumentaron; .fué casi
un tumulto. El cura que se había sentado después de su última palabra, y se a~itaba e1~ ·su sillón inquieto por la impresión que había
causado, pareció dispuesto á levantarse, para suplicar que se calmasen los ánimos.
Entonces, en un instante rápido, pero fecundo, pensé cuán árida
debe ser la vía de las institutrices, para que al seguirla sin desviación,
suscitara la admiración de todos.
Quise mostrarme altiva y no pude. Ese pueblo que aclamaba mi
firmeza, ¿sabía cuáles eran mis de;;fallecimientos? Pero en ese momento me avergoncé de mis debilidades y renegué de ellas; y como
me invadió también la exaltación del medio, me juré que jamús había de hacerme indigna de tal muestra de estimación ...... Pero quedé triste, agobiada, como si esos honores pesaran inmensamente sobre
mis hombros....... ..
•
Cuando se calmó el ruido, dí las gracias, brevemente, al señor
cura y á todos los presentes ...... Las alumnas hicieron desfilar todas
las recitaciones y los cantos que tenían preparados; luego leí el informe y el señor Raibert se puso en pie. Dijo -en pocas palabras que se
asociaba de todo corazón á las frases del señor cura. Agregó algunas
palabras dirigidas á las alumnas. Así terminó la ceremonia.
En srguida las mamús vinieron á darme las gracias. Las niñas
se dieron á juguetear y saltar en el patio, y los niños, que antes habían quedado fuera, entraron á tomar parte en los juegos. Los criado;;
de la iglesia y de la prefectura :!omenzaron á llevarse las f'illa~. Poco
á poco se retiraron todos, hasta las 1,rofegora1&gt;, que tardaron algo más,
y mis amigos lO'l Albert. ;~1 señór cura se hahía ido el primero, después de haberme estrechado la mano, seguido del señor Raibert, que
me saludó al pasar.
-Por fin-me dijo desde el portón la señorita Albe1\-¿no quiere usted venir á almorzar con nosotros?
• ·
-No, amigos míos; lo que apetezco en este. momento es un poco
de deEcamo.
Fueron los últimos en retirarse y me dejaron Rola. Entonces f:Hrgió Yictorina. ¿De dónde salía? ¿Había estado en la fiesta·? )fe miró
fijamente; me examin6; su mirada penetró hasta lo mfts íntimo de
mi alma.
-¿Qué desea usted?-h1. pregunté.
Su bord6n se levantó lentamente y sefialó al castillo del alcalde.
-¿No ha venido aún?-me dijo con voz hueca.
-No-contesté, comprendiendo el sentido ele su pregunta.
-Pues bien, va á venir.
Bajó su bordón y se marchó; desapareció casi, como una bruja.

XXV

4Y~nd.ría, como_ lo _anun?ió la vieja? ¿Por qué pensaba yo en ello
y que s1g~1ficaba la ms1stenc1~ de esa mujer para soñar ú ese hombre, 1~ ~ 1smo ahora q.ue ~l pnm~r ,l.ía d~ mi estancia en el pueblo?
En ,a tar.d~ q1~e s!gmo al~ d1str1buc1ún el~ 1~remios, meditaba yo,
sentada en m1 Jardmc1llo, meciéndome en m1 sJlla, con los pies apoyados en otra. Durante todo el día me había sentido impresionada
por las pa~abras de Victo~ina; y, sin quererlo, había estado acechando el cammo que conducia á la casa del sefior Raibert. Nadie se habí~ presentado, y al caer la noche, me encontraba nuevamente tranqmla.
. La _noch,e .era hermosa. Los rosales· en flor se mecían· ú impulsos
de la brisa calida. Hr bía concluído mi temporada de trabajo y he
ae¡uí qu~, du.ran.te d~s me&amp;e,s no iba ú tener nada que hacer. ¿En qué
emplea.na m1~. silenc10s?s d\as? Mis amigos de i\Iarsella acababan de
p~~der á su h1Jo, y hab1an recibido en su casa á la nuera con los dos
metos. No era, pues, de acep~rse, la invitación que hacían para ir á
verles, y me encontraba reducida a seguir allí sin alegrías y sin tristezas.
'
¡Sin tri?stE;_z~s n.i alegrfií~sb! ¿~ue&lt;le. ha?er mayor desdicha para un
ser h umano J.•11s OJOS se Jª an con rnd1ferencia en el cielo E tab
cansada
,
l
, tde m is
· días anteriores y. de los que ven&lt;li·'ia, 11 • ¿·C6mo· h a"1s&gt;nan
&lt;te S_:r es os!. s1?noyen~eramhenbteí 1guales á los anteriores, y esto durane anos y anos ¿ , como a an de ser disLintos? ........ .
Pensaba en mis muertos amados en mis amigos h erid
. l
desgracia, en mis condiscí puhs de la ~scuela ele' la cal ie R
os poi ª
llas niñas cuya juventud se anunciaba tan' trist" ' Uiiner&lt;lgers, aque· b.
·,
'
· ~.
• e e11as me
acaba ba de escn .l,ir · anunc1nndome
la, muerte de 1\Ii·rella, una n111a
·,
.
pob re y agra &lt;la b1 1s1ma, a qmen hab1an matado las pr·
·
1
trabajo.... . ... .
,
1vac1ones y e

ª

•
(CONTINUARÁ. )

�Domingo 8 de .,,arzo de 1903.

'EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

''LA NUEVA INDUSTRIA''

AN8 X•••TOMO 1.••NUM. 11

MEXICO, MARZO 15 DI: 1903.

Subscripcl6n mensual rorlnea, SI.SO
ldtm. ldem. en la capital, $1,25
Gerente: U JI&amp; Rtl't&amp; &amp;PINDOLA

Director: LIC. RAl'AI L Rtn&amp; &amp;PINDOLA.

UN TRIUNFO LEGÍTIMO.
Dado el interés con que las clases productoras del país vieron la
celebración del Certamen industrial efectuado últimamente en Toluca,
hemos creído oportuno ocuparnos en «El Mundo Ilustrado» de todas
aquellas negociaciones que contribuyeron con su contingente á darle
mayor importancia y significación.
Desde luego, citaremos como una de las prin cipales, á la gran
fábrica de camas de latón «La Nueva Industria», de los Sres. Anastasio ~!estas y Compañía; ubicada en el número 8 de la calle de la l\fonterilla, en esta capital.
Basta ver el catálogo que los Sres. Mestas han distrib uido profusamente, para cerciorarse de los adelantos sórprendentes que han alcanzado en la fabricación · de los productos de su industria: allí, con,·enientemente clasificado!!, se encuentran desde el catre puesto al al-

d,·1 E:--111d11 l .ib1·1· &gt; ~11 ! 1f' ~ill}O di'

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edÚl-

ékÁufr?,/40J.,t'#~Bj:L;,,u, -1av

,.fen'f;a-/ü?fa ~~.ar

a(¡,re✓1i«~~✓t¿¿;

Ed ifici o de la esqu i na de l a Monteri lla y San Agustí n, donde se ex hiben loa
productos de " La Nueva Industria:'

tos que salen al mercado,y á esto se debe, indudablemente, la bondad
del articulo y su extraordinaria demanda.
Sin temor de equivocarnos, podemos decir que «La Nueva In,
d~stria,&gt; fabrica y vende mensualmente'de mil trescientas á mil qui;
mentas camas. Este dato prueba, hasta la evidencia, el crédito de que
goza la casa y e~ ensanche, siempre creciente, de sus operaciones.
. Es de_ cons1gnar&amp;e, por lo demás, que &lt;(La Nueva Industria» es la
úmca fábrica en su género, que sigue el sistema inglés. consistente en
fundir las esquinas de hierro en las columnas de latón de las camas,
dando á éstas inmejorables condieiones de durabilidad y solidez.

***

Diploma e,x ped ido á los Sres Mestas.

canee de los más pobres, por su extremada baratura, hasta la soberbia cama de latón sin igual en el comercio, tanto por su artística hechura como por la riqueza de sus materiales, que sólo es dado adquirir á las personas de sobrados recursos.
Colchones, aguamaniles, almohadas, sobrecamas de los estilos
más hermosos, todo se encuentra en los almacenes de «La Nueva Industriai&gt; considerados en la actualidad como los primeros del país por
su magnífico surtido. Qtúen ha,a visto la exhibición que en su elegante almacén &lt;le la Monterilla y San Agustín, tienen constantemente abierta al público los honrados y laboriosos propietarios de la Fábrica, se convencerán de que no hay exageración de nuestra parte.
Las camas que produce la «Nueva Industria" son de estilos inglés
y americano, reputados como los mejores en el mundo. En la fábrica funcionan cincuenta máquinas movidas unas por electricidad y
otras con vapor, y el número de operários que trabajan en los talleres
pasan de trescientos entre hómbres y mujeres.
Inteligentes empleados que por su conocimiento absoluto del ramo, poseen la confianza de los Sres. A. Mestas y Cía., vigilan personalmente los trabajos, para cerciorarse de la buena calidad de los obje-

Por último, diremos que los· Sres. Mestas obtuvieron en el Certame~ de Toluc~ la más alta recompensa que se haya otorgado á los
e~p?SI~orr.s: el pri mer premio, consistente en medalla de oro. Esta
d1stmc16n debe ufa~ar á los incansables industriales, porque signifi•
ca para ellos, un triunfo tan legítimo como merecido.

SRITA. JOSEFINA SOMELLERA.
REINA DE LA CORRIDA DF. TOROS Á BF.NEFICIO DE LA~ VÍCTDiAS DE MAZATLÁN,
EFECTUADA EN GU ADALAJ ARA EL 15 DE BEFRERO,

(Fot. Luperdo.)
Med alla de 1a. Clase otorgada á losSrs. A. Mest as y Comp.,
en l a Exposi ción de Toluca.

•

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 8 de .,,arzo de 1903.

'EL MUNDO ILUSTRADO

EL MUNDO ILUSTRADO

''LA NUEVA INDUSTRIA''

AN8 X•••TOMO 1.••NUM. 11

MEXICO, MARZO 15 DI: 1903.

Subscripcl6n mensual rorlnea, SI.SO
ldtm. ldem. en la capital, $1,25
Gerente: U JI&amp; Rtl't&amp; &amp;PINDOLA

Director: LIC. RAl'AI L Rtn&amp; &amp;PINDOLA.

UN TRIUNFO LEGÍTIMO.
Dado el interés con que las clases productoras del país vieron la
celebración del Certamen industrial efectuado últimamente en Toluca,
hemos creído oportuno ocuparnos en «El Mundo Ilustrado» de todas
aquellas negociaciones que contribuyeron con su contingente á darle
mayor importancia y significación.
Desde luego, citaremos como una de las prin cipales, á la gran
fábrica de camas de latón «La Nueva Industria», de los Sres. Anastasio ~!estas y Compañía; ubicada en el número 8 de la calle de la l\fonterilla, en esta capital.
Basta ver el catálogo que los Sres. Mestas han distrib uido profusamente, para cerciorarse de los adelantos sórprendentes que han alcanzado en la fabricación · de los productos de su industria: allí, con,·enientemente clasificado!!, se encuentran desde el catre puesto al al-

d,·1 E:--111d11 l .ib1·1· &gt; ~11 ! 1f' ~ill}O di'

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,.fen'f;a-/ü?fa ~~.ar

a(¡,re✓1i«~~✓t¿¿;

Ed ifici o de la esqu i na de l a Monteri lla y San Agustí n, donde se ex hiben loa
productos de " La Nueva Industria:'

tos que salen al mercado,y á esto se debe, indudablemente, la bondad
del articulo y su extraordinaria demanda.
Sin temor de equivocarnos, podemos decir que «La Nueva In,
d~stria,&gt; fabrica y vende mensualmente'de mil trescientas á mil qui;
mentas camas. Este dato prueba, hasta la evidencia, el crédito de que
goza la casa y e~ ensanche, siempre creciente, de sus operaciones.
. Es de_ cons1gnar&amp;e, por lo demás, que &lt;(La Nueva Industria» es la
úmca fábrica en su género, que sigue el sistema inglés. consistente en
fundir las esquinas de hierro en las columnas de latón de las camas,
dando á éstas inmejorables condieiones de durabilidad y solidez.

***

Diploma e,x ped ido á los Sres Mestas.

canee de los más pobres, por su extremada baratura, hasta la soberbia cama de latón sin igual en el comercio, tanto por su artística hechura como por la riqueza de sus materiales, que sólo es dado adquirir á las personas de sobrados recursos.
Colchones, aguamaniles, almohadas, sobrecamas de los estilos
más hermosos, todo se encuentra en los almacenes de «La Nueva Industriai&gt; considerados en la actualidad como los primeros del país por
su magnífico surtido. Qtúen ha,a visto la exhibición que en su elegante almacén &lt;le la Monterilla y San Agustín, tienen constantemente abierta al público los honrados y laboriosos propietarios de la Fábrica, se convencerán de que no hay exageración de nuestra parte.
Las camas que produce la «Nueva Industria" son de estilos inglés
y americano, reputados como los mejores en el mundo. En la fábrica funcionan cincuenta máquinas movidas unas por electricidad y
otras con vapor, y el número de operários que trabajan en los talleres
pasan de trescientos entre hómbres y mujeres.
Inteligentes empleados que por su conocimiento absoluto del ramo, poseen la confianza de los Sres. A. Mestas y Cía., vigilan personalmente los trabajos, para cerciorarse de la buena calidad de los obje-

Por último, diremos que los· Sres. Mestas obtuvieron en el Certame~ de Toluc~ la más alta recompensa que se haya otorgado á los
e~p?SI~orr.s: el pri mer premio, consistente en medalla de oro. Esta
d1stmc16n debe ufa~ar á los incansables industriales, porque signifi•
ca para ellos, un triunfo tan legítimo como merecido.

SRITA. JOSEFINA SOMELLERA.
REINA DE LA CORRIDA DF. TOROS Á BF.NEFICIO DE LA~ VÍCTDiAS DE MAZATLÁN,
EFECTUADA EN GU ADALAJ ARA EL 15 DE BEFRERO,

(Fot. Luperdo.)
Med alla de 1a. Clase otorgada á losSrs. A. Mest as y Comp.,
en l a Exposi ción de Toluca.

•

�Domingo 15

de

Marro de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 15

Los altares se visten de lnto .....

E

L templo está t riste, señora mía, muy triste. No es que yo pretenda inundar las sacras naves de una alegría ruidosa y desbordante, que sólo en muy contadas ocasiones
puede compadecerse con la plegaria y con el
amor de Dios; pero la iglesia normal, la de todos los días, t iene silenciosas é inefables alegrías: el oro de los altares, 1os rayos rutilantes de la custodia, la policromía de las flores,
la dulce y plácida rnnrisa de los santos, el !:&gt;eso de sol que se posa sobre las alburas de los
manteles santos, son factores intensos y eficaces de esa tranquila y reposada alegría de los
templos .... . .
Ahora. en estos tiempos de cuaresma, esa
dulce alegría ha h uído del tem plo, arrojada
de él por la amitera. rememoración de aquella
enorme tragedia que, hace cerca de veinte siglos se desarrolló desde las calles floridas de
J erusalén hasta las ensangrentadas colinas
del Calvario.
Los altares se visten de luto, señora mía, y
el gran pafio morado que cubre los reflejos aurinos del ara, cubre también, con su honda
tristeza, el alma de los discípulos del Nazaren o, que todavía lo veneran y lo siguen en el
r,egundo milenario de su encarnación h umana.
El luto de los altares es una sabia providencia de la liturgia eclesiástica; ninguno que en
estos días atraviese las frescas naves de una
catedral, dejará de sentir la impresión intensa de un luto profundo, pesado y poderoso
con el peso y el poder de su universalidad.
La dulce figura del Nazareno, como él lo
quiso, está en la sangre y en la carne de los
hombres, y lo.i morados paños no sólo cu bren
los retablos pla teres&lt;'os, sino también las emociones íntimas. Todos los altares se visten de
luto ..... .

***
Y se olvida el mundo, siquiera. séa por unos
días, por unas horas, por unos minutos, pues
no á todo mortal es dado desprenderse por
luengos plazos, de las cosas de la vida diaria
y tra nsitoria, pues éstas llaman á la brega con
u na tenacidad incesante é ir resistible.
Pero á todo mortal es dado «flotar por un
instante en la atmósfera diáfana del I deal,» y
durante ese instantáneo desprendimiento de
«lo que es,,, du rante esa fugitiva contemplación de «lo que se quisiera que fuese,~ el espíritu descansa del cruel acicate con que lo
castiga la materia y se siente, por un día, por
una hora, por un minuto, omnipotente como
divinidad y libre como una nube que recorriese á su antojo todas las rutas azules del
firmamento.
E l luto morado de los altares es el mismo
luto del espíritu; no es negro, es morado, discreto, suave y dulce. No es ese luto que incuba indignaciones y engendra protestas y
desata llantos; es la «alegre melancolía» del
poeta, que en las almas selectas vierte un óleo
más bienhechor que el contentamiento más
concreto y desenfrenado.
¿No es cierto, sefiora, que también vos celebráis de tiempo en tiempo las moradas cuaresmas de vuestro espíritu, y que vuestro es•
píritu se viste entonces del luto morado de los
altares?

***
Pero esos lutos y esas melancolías no son
eternas, no pueden serlo; tras de toda muerte
hay una resurrección, como tras de toda lágrima hay una sonrisa. Ese es el eterno dest ino de la humanidad: fluctuar eternamente
entre la risa y el llanto, entre la vida y la
muerte. A las veces triunfa la una, á las veces la otra, y, como en todos los triunfos, hay
siempre alguna víctima, algún humano botín que se unce al carro del vencedor .. .... pero la humanidad sobrevive, el vencido se rehace y nuevamente reanuda la lucha entre la
láp;rima y la carcajada, entre la muerte y la
vid a.

renta días los altares de vuestra alma; imitad
á la Catedral majestuosa que envuelve en austeros mantos sus dorados altares y sus tesoros; hacedlo de buen grado para que las misteriosas deidades no se_!rriten, y creed que, ¡
la hora de la resurrecc1on, los paños morados
se rasgarán por sí solos y esplenderá con toda
su pompa la gloria incomparable del amor.
SARDÍN.

iEXCELSIOR!
( DE UN POEMA INÉDITO.)

Ascender! Ascender!
¿Qué á mí el picacho
cuyo vértice agudo rasga el vientre
de la nul)e que canta en las alturas
el himno de las roncas tempestades!
Más alta es la montañ¡¡. del ensueño,
y yo subí á la cúspide imposible
sin que el ave del vértigo azotara
con sus alas mis sienes.
¿.Qué amedrenta,
desde la cumbre que el ardor pregona
del águila caudal, ver el abismo,
el abismo insondable donde hierve
la negrura genésica del caos?
Como la mar de lá ciudad maldita
es el abismo de la infamia: cculta
debajo de su negra superficie
vorágines y vórtices de cieno;
y yo, de1;de la altura luminosa
de mis aspiraciones ideales,
empujado á traición rodé hasta el fondo
sin que enlodara un átomo siquiera
el generoso esfuerzo de mi vida!
Ascender! Ascender!
Hasta la cumb1·e
donde la idea se transforma en astro,
y el astro radia sobre el fango infecto
su piedad infinita; su limosna
de compasiva luz.
I

Dejé el angosto
camino que á la cúspide conduce
y trepé, sudoroso y jadeante,
por el agt•io cantil donde se estrella
la cólera del mar. ¡Nunca el peligro
amenazó tan cerca á la esperanza,
á la esperanza de vencer! Tampoco
mayor empeño comprobó la ingente
fuerza que el alma, cuanto más herida,
en sus dominios misteriosos crea!
Debajo la nerviosa erispatura
de mis débiles manos, cada roca
era un peldaño menos en la escala
de la ruda ascensión. Mi frente ardía
como la llama de implacable incendio;
mis pies sang1·aban purpurando el monte,
y con indócil, turbulento ritmo,
romper quería el corazón su cárcel,
mientras cob1·aba. singular impulso
mi noble empeño en coronar la altura.
II

¡Feliz quien fortalece y dignifica
su combatido espíritu en la recia
batalla de la vida! ¡Venturoso
quien herido y cansado en el palenque,
su voluntad incorruptible exalta
con el vino del triunfo! La impoluta,
la de roble inmortal, ardua corona,
para quien :firme en la pujante liza,
roto el escudo, se desnuda el pecho!
III

Con ósculos de paz, el aire puro
que se respira en la empinada cresta
dulcificó la fiebre de mis ansias
rebeldes al pesar.
Del sol muriente
sobre la espuma de la mar caían,
á manera de pétalos de oro,
sus lágrimas de fuego.-¡También sufre
el padre de la luz! ¡También solloza
como la pobre humanidad! ¿Acaso
no delatan las sombras la amargura
de su arcano dolor? Triste y medroso
arrópase en la túnica intangible
de su enfermera pálida, la tarde,
cuando p1·esiente en la penumbra occidua
los informes fantasmas que la noche,
hermana del silencio y de la muerte,
en la siniestra soledad propaga.

IV
Sobre el negro canal, ancho y profundo
por donde- el mar á la ciudad penetra,
'
la. postrimera claridad del día.
parpadeaba al morir.

Era la hora
de las místicas nupcias del misterio
con la meditación. Era el instante
de la grave quietud del infinito,
donde se juntan como dos plegarias
el callado silencio de las tumbas
y la enorme tristeza de la vid al
V

Ruinoso dolmen, secular remate
del áspera eminencia, altar ó fosa,
en cuyas negras y profundas grietas
la sangre de remotos holocaustos
purpura la leyenda de los siglos,
benigno amparo prometió á mi angustia
y blando apoyo concedió á mi frente.
Pensé? Dormí? Soñé•?
Cándida, intáctil,
piadosa y bella, fulgurante y noble,
envuelta en áureo, vaporoso peplo,
virgínea aparición con lento paso
basta mí descendió, como desciende
poi· esca! a de 1irios milagrosos
al anti-o de los negros infortunios,
coronada de estrellas, la esperanza.
Posó, ligera y suave, en mi cabeza
su mano luminosa cual un prisma,
y regaló mi oído con la dulce
cadencia de su voz:
-Poeta, duerme,
en tanto que la noche taciturna
mantiene suspendido en el espacio
su negro cortinaje; aquí la noche
sublima el sufrimiento de las almas
mordidas por el mal.
Duerme, poeta;
duerme y sueña á la vez basta que brille
la aurora sobre el monte: aquí la aurora
ilumina la ruta del futuro
y despierta en el alma el sentimiento
del amor y del bien. Cuando reposes,
cantarás tu dolor: aquí en la cima
jamás el rayo desgarró la nube,
sin que la nube, al estallar el 1·ayo,
se coronase con la luz del it-is!
Contémplame!
Recuérdame!
Fuí tuy a,
Y tuya soy y lo seré! No importa
que ayer sufriera tu desdén: soy siempre
la amada que perdona tu desvío.
Mírame! Que tus ojos en mis ojos
jamás tropezarán con la perfidia:
~samel Qu_e tus labios en mis labios
Jamás tropezarán con el perjurio;
Y {1mamel Y verás cómo en tu pecho,
~l contacto del mío, el ave muda
ae tu primer amor repite el himno
que celebró con cláusula himenea
la excelsa conjunción de nuestras almas!
Amémonos, poeta!
Soy la misma
que su corona de fragantes rosas
deshojó, como ofrenda, en el camino
de tu naciente juventud.
¿Te acuerdas?
Era un tapiz de pétalos tu ruta,
! Y?, ?úbil ductriz, en el lejano
10dist1nto confín del horizonte,
señalaba á tu espíritu radiante
una ciudad incógnita, una patria
de s1;1eños y de luz .... ¿Era, poeta,
la Crndad de la Gloria?

Embalador dt Ptrsia tn mfxico.
Celebrado entre nuestrq Gobierno y el de
Persia un tratado de amistad y de comercio,
llegó á la Capital, días pasados, el stñor General Isaac Khan, Ministro del Shah en los
Estados Unidos y primer Embajador de este
soberano en México.
El señor Gen eral K han, aparte de la misión
que viene á cumplir y que se relaciona con la
ratificación del tratado referido, trajo el encargo de poner en manos del señ or Presidente de
la República y del señ or Secretario de Relaciones, la condecoración que el Shah les ha
conferido y que consiste en una cruz de oro
esmaltado en cuyo centro se ve la figura de un
león y un sol.
Como el señor General Khan es el primer
Embajador persa en l\Iéxico, nos parece oportuno dar á conocer sus rasgos biográficos más
salienteR. Comenzó su carrera en el cuerpo
militar, y terminados sus estudios en la Academia de Persia, fué n ombrado ayudante del
actual Shah, enton ces príncipe h eredero. En
1883 pasó como «attaché)) militar á San Petersburgo, y al afio siguiente se le designó para
servir como Secretario de la Legación. Durante algún tiempo, fué E ncargado de Negocios:
Más tarde, en 1893, se le confió un importante cargo en Egipto, y al regresar á su país,
entr6 á formar parte de una misión diplomática en Bélgica. Por último, el señor General
Khan ha sido Ayudante de Campo del Shah
y Jefe de la Cancillería persa. Su nom~ramiento de Ministro en los Estados Unidos data del afio de 1900.
Cumplida la honrosa misión que lo ha traído á!México, el nuevo Embajador regresará á.
Wásbington, nombrándose después al repre-

VI
Alcé la frente
clavé la mirada en el espacio.
Era el espacio transparente velo
y la luna, surgiendo, parecía '
un nelumbio gigante que se abría
en la turquesa diáfana del cielo.
.Y

ANDRÉS A. MATA.

SR. GENERAL ISAAC KHAN ,
Embajador de Per sia en M éxico.

Bentante del Shah que deba establecer en nuestro país la correspondiente Legación.
El distinguido diplomático fué recibido por
el Seiior Presidente de la República, con el
ceremonial acostumbrado, el jueves último.

Marro de 1903

S R. GENERA L DE D IVIS ION DO N PEDRO HI NOJOSA,
t el d ía 5 del presente.

-------------------------------

mutrtt 4tl 6mtrat Don Pt4ro ljino1osa.

Ya para entrar en prensa nuestro número
anterior, circuló en la Capital la noticia de que
el jueves 5 del presente, en las primeras horas
de la mañana, había dejado de existir el señor
General de División Pedro Hinojosa, que fué
Secretario de Guerra y Marina durante algún
tiempo y uno de los soldados á quienes la
República debe servicios eminentes.
La dolorosa nueva causó, como era de esperarse, profundo sentimiento en México y se
divulgó por toda la ciudad con rapidez extraordinaria. Era el General Hinojosa uno de los
jefes más antiguos del Ejército, nació el 31 de
enero de 1820; empezó su carrera como soldado voluntario en una expedición exploradora á la margen del Río Bravo; y asistiendo
después á las batallas de Corpus Christi, San
Antoñito, Matamoros, Villas del Norte, Ciudad Guerrero y Camargo, contra la invasión
norteamericana, obtuvo el grado de Comandante, que le fué conferido por el General don
Juan José de la Garza.
Al eRtallar la tremenda lucha de la Reforma, Hinojosa puso su espada al servicio de la
causa nacional, y entonces comenzó :a etapa
más notable de su vida. Concurrió á las acciones de Santa Clara, Monterrey y Ciudad Guer rero, á la toma de Zacatecas (1858) á la batalla de Ahualulco, y á la toma de Guadalajara, conquistándose en esa época, por su bri-

liante comportamiento, el grado de General de
Brigada. En 1860, tomó parte en las acciones
de Venegas y el Pasaje, en el Nazas--en una.
de las cuales recibió una herida en la mano
derP.cha-y en 1861 el Presidente Juárez le
confió la cartera de Guerra. En 1862 se separó de su puesto, para militar á las órdenes de
González Ortega, asistiendo al sitio de Puebla.
Una de las notas má.5 gloriosas de su carrera,
que siempre recordaba enternecido el veterano,
fué-dice una de sus biografías-la confianza
que depositó en él el Presidente J uárez, confiándole la custodia de su familia, á quien pre.tendía plagiar el reaccionario Quiroga, para
que la condujera de Monterrey á Matamoros.
Cumplida esta misión, el General Hinojosa se
encargó del Gobierno de Nuevo León. Su ascenso á Divisionario lo obtuvo en 1884, fecha
en que entró á desempeñar nuevamente la Secretaría de Guerra, que dejó en 1895.

***
El cadáver del veterano fué transladado con
todos los honores de ordenanza de la casa que
habita su familia en las calles de la Mosqueta,
al salón que en Palacio ocupa el departamento de infantería. Este quedó convertido en
capilla ardiente, y fué incontable el número
de personas que desfilaron frente al túmulo.
Los funerales, presididos por el señor General Díaz, se efectuaron el día 6 á las nueve
de la mañana, dándose sepultura al cadáver
en el panteón del Tepeyac.

~
,

El castigo de un imprudente deseo es el de
verlo realizado.

de

--------

EL MUNDO ILUSTRADO.

Hay más todavía: esas dos deidades que
comparten entre sí el imperio sobre el todo,
son deidades que, como las de todas.las. mitologías habidas, exigen cultos y sacrificios; su
ira se aplaca cuando los mortales les ofrecen
hostias en rns santuarios y la Vida quiere ser
amada y temida la m uerte, glorificado el Llanto, &lt;livinizado el Amor.... .. .. . .
Señora mía: no rehuséis enlutar por cua-

-

-

•

I

A.

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 15 de Marzo de 1903

ET, MUNDO ILUSTRADO.

safigre de sus venas. Y la gitana, que era ahora otra fiera, se abalanzó sobre Azís para e&amp;trangularlo, para pisotearlo, para. pulverizarlo.
Y a los brazos extendidos como garras le habían asido por la melena; el león ni siquiera
intentó defenderse; tan sólo alzó los ojos y los
fijó en Gilda. ¡Qué mirada aquélla! Qué mirada. tan llena de sumi!,ión y dulzura.; ta n llena de algo muy raro, de algo nunca visto; algo que era lumino:-o como el amor, y más triste que la queja, más triste que el lamento, más
triste que el ~ollozo, más triBte, mucho más
triste que el reproche.........
La Domadora alzó lentamente su cabeza
hasta tocar con ella la frente del león, y así
estuvieron confundidos un breYe rato. Cuando Gilda alzó el rostro, dos lágrimas corrían le
por las mejillas, mientras una fresca mancha
de sangre lucía sobre la extraña sonrisa de eu
boca como una orgullosa enseña de amor.

Domingo 15 de Marzo de 1903

"

FADL\N FIOLLO.

Habana, febrero l!l03.

MAZATLÁN.
Ampliamos nuestra información gráfica relativa á l\Iazatlán con tres grabados que aparecen hoy en este semanario.
Uno de ellos rcpre~enta lo~ trabajos de desYiación de las aguas que entraban al cafio de

MAZATLAN.- Obras de desviación de las aguas en el Astillero.

y las flores la perfuma.han con su dulce aliento, y_E-onreían las paredes rosadas, y el cielo

-,.

FEl\ilINA
(Para E:L 11UNDO ILUS'l'RADO.)

Derrochados que fueron en empeiio inútil
de seducción, las ovaciones et:ltruendosas, Jos
regalos costosísimos, las súplicas, las promesas y los juramentos, el noble mancebo hubo
de rendirse á la tiranía de su pasión, y un día,
como trompetazo de escándalo, resonaron en
la corte los esponsales del joven marqués de
Valle Alegre con Gilda la Domadora.
Y corno su cufiado, el grave senador, pretendiera hacerle algunas reflexiones respecto
al origen de la novia, contestóle así, al principio, con tono alegre el apasionado doncel:
-Sí, ya sé que la misma Gilda ignora quién
fuera su progenitor; mas yo, que he estudiado
el caso, por lo que me atafie, puedo afirmaros
con orgullo que la estirpe de mi amada es muy
superior á mi rancia estirpe.
-¿Os burláis?
-De ningún modo.
-¿Y en dónde podría yo beber el agua encantada de esa preciosa fuente de información?
-En el mismísimo museo del Lou vre. Después, venid conmigo, y á poco de reparar en
mi novia con ojos de artista observador, fuerza os será confesar que sólo una descendiente
legítima de la Suprema Belleza ostentaría tan
exquisita semejanza con la Venus de Milo.
-Cuidado, marqués, no sea esa peligrosa
hermosura la única dote atávica que de Af,odita os aporte vuestra esposa.
- Ba!:-ta, senador; que cualquiera que no
fuerais vos, pagara bien caro la osadía del pronóstico.
Y se separaron, adusto el uno, torvo el cefio el otro.
Por alegre acuerdo dispusieron los dos enamorados que la boda se efectuara en la barraca. Y alli fué la brillante ocasión del arte
decorativo para lucir talento y ganar dinero en
el embellecimiento de aquel raro nido de amor.
Mas, si la economía fué proscrita como igno-

miniosa pordiosera, en cambio, la discreción
más absoluta fué exigida por el marqués como
cláusula primordial de su contrato con los artistas.
En tanto, la anhelante curiosidad de las
damas de la corte, irritada por el misterioso
silencio que envolvía á la barre.ca, inventaba
los despropósitos más absurdos. La una sabía,
por información que no admitía posibilidad de
error, que cada mañana el marqués, vestido de
,cclown», gastaba largas horas en hacer peligroso aprendizaje sobre un elevado trapecio; la
otra hablaba cavernosamente de alquimia,
hechicerías y nigromancia; y una tercera, bajo la fe de su juramento, afirmaba tener sobornado á alguien de «adentro» que la contaba
cómo el noble amante luchaba pecho á pecho
con el oso, tiraba de las orejas á la pantera y
consentía que Azís recostara la cabeza en sus
hombros y se durmiera; Azfa, el león númida,
el celoso favorito de Gilda.
Un día, por fin, repartiéronse las invitaciones para la boda. Excepción hecha del grave
senador, todas las relaciones del marqués se
apresuraron á concurrir á la ceremonia, con
la evidente seguridad de que a.llí se les serviría
plato muy sabroso en que saciar su voraz murmuración. Mas al entrar en la barro.ca, atónitas se quedaron, y la breve boca que traía un
sarcástico mohín de ii1terrogación en la punta
de los labios, si desplegó su púrpura, fué para un acento circunflejo, en homenaje de admiración y sorpresa: la barraca era. el poema
realizado ele una. fantástica leyenda oriental
un cuento maravilloso de las mil y una noches:
la gruta encantada. del país de los Gnomos.
Y la heroína de aquel poe'Ilo, el hada ele aquel
cuento, la maga de aquella gruta era Gilda.
De las orgullosas patricias que habían acu&lt;lido
allí como á un torneo para ostentarse, justar
en la lid de coquetería, triunfar y sonrefr, no
hubo quien no empalideciera de rabia ó envi-

dia ante la Domadora, que Ít todas
si por su hermosura, si por su arro
pm la des] umbradora riqueza 1le f!U
La ceremonia terminó sin ni11gún o
dente que el susto que causó en la re
concurrencia un poderoso rugido &lt;le
favorito, quien, por empeño de su du
bín alcanzado que su jau la fuera ins
una pieza coutigua á la alcoba. nupcial.
mo no se halló otro motivo que si •
pasto á tanto diente menudo y blanco
á tanta lengua afilada y roja, fué el e
ráneo rugido la comidi lla. de los com
-¡ Qué ocurrencia ele gitanilla, po
novio, allí, como un ayuda de cámara,
e'lpantoso león!
Por la mañana, al dejar su mitad de
do lecho, Gilda hizo resonar en la
canción como un clarín de alegrías.
tres, cuatro, muchas veces la hermosa
que aún descansaba sobre la. almohadat
tanto que él volvía á dormirse, corri6
dar á sus amados compañeros de boh
de gloria.
- Azís, mi buen Azíi-, ¿qué tienes?¿
estás triste? ¿por qué estás bravo? Y le
ba el anca, y le peinaba la guedeja
dedos cargs,,dos de sortijas, y le abr
cuello. Después, fué á los otros. Al ..,
mono hizo mil cabriola!', el oso gruii6
mente, la pantera le lamió las manoí,
pájaros rompieron en una orquesta
como un concierto de alabanzas huju
y á su hermosura.
De súbito algo se e~cuchó que hizo
cer de espanto á la Domadora. Fué
pavoroso rugido que ahogara entre sua
tes vibraciones las notas tristísimas de
mento.
En un salto llegó Gilda á su alcoba.
rror! ...... El pecho del adorado era una
te de la cual corriera á borbotones

MAZATLAN.-Casas Infestada • destruidas por el fuego.

la calle del Astillero, considerado como un foco de infección constante; otro, la esquina de
una calle donde se han quemado algunas casas pertenecientes á los pesto~os, y el último,
al pers~nal del departamento de desinfección,
presenciando las experiencias comparati\·as
que Re efectuaron hace poco con las bombas desinfectantes de que se h~hía hecho U!'.O,
Y las. pulveri~adoras que env;ó al puerto el
ConseJo Superior de Salubridad.

fuera, límpido y puro como los ojos:de la
m uertecita.

-((¡Hossana.!n-parecía cantar la Naturaleza.-«¡hos!'ana!n ¡Dichosa tú, oh niña, que conociste la Muerte sin haber conocido la. vida!
¡dicho::;o tu corazoncito inocente que dejó de
latir Rin que hubiera apresurado nunca un segundo RUft palpitaciones ninguna de las míseras pasiones de la tierra! ¡dichoso tú pensan:ien_to que permaneció en su santa ignorancia i:m penetrar los viles secretos ele este mundo! ¡dichosos tuR ojos que no vieron jamás lo
f~o ,Y lo malo! ¡feliz tu ser todo, que ignoró
siempre lorepugnnnte, y no tuvo tiempo de ser
sal picado por la salpicadma atroz del cieno de
la exi~tencia ...... "¡hossana!»
Sólo los hombres lloraban la ida del ángel.
Las co~aA, en cii,lo y tierra, se regocijaban,
reían, exhalaban su ventura como el aroma
capitoso de sus pétalos las flores recién corta.das.
...... Y la hechicera muertecita, tendida corno un gran copo de nieve humana sobre su
último lecho, cruzadas las manecitas liliales
sobre el pecho impúber, sonreía también con
sonrisa extática y misteriosa al alto techo azul
-azul como el espacio inmenso incomensurable, infinito......
'
LUIS RODRÍGUEZ-EMBIL.

Febrero. 1903.

.-.

FLOR DEL CIELO.
Estaba muerta la niiia. Tendida '!omo un
gran copo de nieve h umana sobre f'U último
lecho de raso, cruzadas las manecitas lilinles
e?~re el seno impúber, sonreía con Ronrisa. extat1ca y mii&lt;teriosa al al to techo azu 1-azu I con~o el espacio inmenso, inconiensurable infinito.
'
Todo era cándido, puro vir~inal y lindo en
"'
• y gracioaque11 a muerte: la. 111uerta,' inocente
sa como un querube; lm, velm, blanquccina.s
que ar?ían lánguidamente erectas, corno doncellas rndo_lente,;: el cuartito satura.do por el
~~orna cap!tc!so &lt;le las florei-l recién cortadns.
• olo se afüg1a el c•goísmo ele los seres hnma.contrastando con la a.legría purísima é in~nt1l de la. gra.n alma univer:-al, gozosa por la
'?:l~ á su seno de aquella virgínea alma de
lllna mmaculada.
ta Lab brisa,entrando por la ventana entreabier' e@aba las guedejas rubias de la durmiente

1os,.

MA:ZATLAN.- El personal de la Oficina de desinfección.

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 15 de l\J.arw de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

«
-"~:

~

...,;

•

r

--."d,.

.....:....e;¡_.,Jli,li

'

caía como una lluvia vaporosa dere
cías tristes: las hojas amarillas paree
jarse de tu ingratitud!
Sólo estaba encendida aquella rosa
que tú besaste emocionada cuando por
ra vez confesaste que me amabas. El
tu traición la había tornado roja, mu
Y esa flor es la única que te envío:
El remordimiento debe tener color
grel
Y la sangre de los poetas heridos
amor cruel, se condensa en estrofaa
mas, impregnadas de ajenjo, estrofas q
dolorosamente sobre el alma de las
perjuras, de las mujeres ingratas! Es
te inagotable de venganza, de tortura,
El Dolor es inmortal!!

MAÑANA DE MA.YO.
I
Al sonreír del cielo
-Que sus purpurinas nubes se des
Recoge del Oriente el pardo velo
Con sus dedos de rosa la mañana.
Empiezan los rumores
Del aura leve que apresaba el frío,
Y exhíbense en sus cálices las flores
Coronadas de perlas de rocío.
FERROCARRIL

DE

HEHU A NTEPEC.-

El Jtrrocarril dt Ctbuanttptc.
En la edición ali.terior de "El Mundo Ilustrado'' dimos á conocer algunas fotografías referentes á las obras que se llevan á cabo en Salina Cruz, y á los trabajos de reparación del
Ferrocarril de Tehuantepec. Completamos
ahora nueetra información con un grabado que
representa una de las curvas principales del
camino, y con una vista del gran puente tendido sobre el río de Tehuantepec.

ESTELA.
Todo es frágil y vano!
Como la niebla pálida que se alza lentamente en las tardes azules, y viaja hacia el Infinito insondable, así pasan los sueños de felicidad, suenos confusos que dejan sólo un recuerdo adormecido, vago, que se esfuma luego
en la noche profunda del olvido.
Verdes como la Primavera son las esperanzas vivas, y la miel de su savia es filtro de
consuelo, de energía, de piedad; amarillas y
mustias son las esperanzas muertas, y la esencia que despide el polvo marchito de sus hojas, es fruto de amargura, de tristeza, de hastío!. .....
Como las ondas de un manantial purísimo,
huyen las ilusiones diáfanas y corren á perderse tumultuosas en el obscuro lago del Ensueño; las ilusiones iban como bandada perseguida de gaviotas, levantan el vuelo fugiti-

U na curva.

vo en la brumosa tarde de la vida, cuando la
canción que los álamos cantan: ya viene sobre el alma la noche del Dolor, noche sombría, que antecede á la aurora ciel sepulcro!
Las cenizas de las cartas amadas se disipan
al soplo de los vientos, y vuelan como pétalos de flores negras, embriagando el ambiente
con la magia seductora que guardan; y lamagia se extingue también!. .... ... .
Hoy ...... ¡después de que supe tu perjurio
...... he quemado las tuyas!. .....
Cuando iba á levantarse llama que habría
de consumir todas las ternuras escritas que tu
pluma liviana quiso trazar para mí, intenté
extinguir la hoguera, y salvar mi tesoro maldito: pero ...... mi mano culpable se abrasó en
las llamas del incendio, como se habría abrasado mi corazón en el fuego de tu perfidia.
Como una tenue ala gris voló mucho tiempo en pedazo de papel quemado, que vino luego á caer supersticiosamente sobre la cantera
que guarda tu retrato; en el fragmento de la
ceniza mustia se veían grabadas con signos
rojos, estas palabras turbadoras: «un beso de
la que siempre será tuya.
-Estela.»

***

Todo llega y pasa!
Todo pasa y muere!
Después ......... extraje del fondo del cofre
donde ocultaba tus prendas queridas, las flores marchitas que iba á devolverte, aquellas
flores fragantes que vivieron una tarde sobre
tu pecho, como vivió un día mi cariño sobre
tu alma ingrata; el polvo seco de los pétalos

Todo es hechizo y gala:
El árbol verde su ramaje inclina:
Srídeas ondas el raudal resbala,
Y de las selvas el olor se exhala
Del monte Gazirim en Palestina.
Da el buitre al aire su graznido ron
Del sol los rayos la laguna quiebra,
Y sobre el viejo tronco
Se sube á calentarse la culebra.
El pichonzuelo chilla
Mostrando el pico en su nidal de 1am
Con volteretas mil la astuta ardilla
El fruto busca de la endeble rama;
La abeja liba el jugo
Que el tierno ovario de la acacia vierte,
Y el águila, el verango
Del tardigrado inerte,
Rásgale el pecho con profunda herida,
Y comienza la lucha por la virla
Entre los brazos mismos de la muerte.
En tanto, cofi su diana
-Si de alegre expresión-salvaje y ru
El pájaro saluda
La aparición feliz de la mañana.

II
Bajo el rama.je de copado pino
Que se alza al pie de cultivada era,
Gallardo campesino
Con la pala en la mano está en espera.
Nadie viene.
A distancia, en la llanu
Emerge el humo de la antigua choza;
A ordeñar la lechera se apresura;
La alegre cabra en el redil retoza;
Bala la oveja en el lejano cerro,
Y tras el toro que el maíz arrasa,
Mandado por el dueño de la casa,
Ladrando corre y jadeante el perro.
Por fin, un ruido suena:
Una extraña inquietud al mozo llena;
Y del ramaje que el favonio mece,
Bella, graciosa, espiritual, morena,
Una púdica virgen se aparece.
Y como en pos de miel la. abeja toca
El rojo botoncillo del frambueso,
Al punto, éle su amante va á la boca
Y estalla -en gozo la explosión de un b
Ella sigue tranquila su)amino
En alas del placer y la esperanza; .
Y con la pala al hombro, el campesino
También torna feliz á su labranza.

Un pu.ente en la linea del Ferrocarril de Tehuantepec.

EMn..ro CoNST~N'l'INO GUERRJm&lt;llf,

CENTINELA,

Domingo 15 de M11rzo de 1903

�Domingo 15 de Marzo de 1903

Domingo 15 de Marzo -0e 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL :\IUNDO ILUSTRADO.

Fiestas de @fidad en Guadalajara.

P
•

OCAS seguramente son las ciudades de la
República que, como Guadalajara, han
acudido de manera tan espontánea al reclamo de la filantropía, en ocasión de socorrer
á las víctimas de la epidemia reinante en Mazatlán.
La crónica de las fiestas de caridad efectuadas en aquella población así lo demuestra, y es de
aplaudirse, por lo tanto, no ~ólo
el empeño con que los orgamzadores las llevaron á cabo, sino
también la buena voluntad con
que los jaliscienses correspondieron á los afanes de la Junta.
Las simpatías que unen á los
dos Estados-Sinaloa y Jaliscoson, sin duda, motivo muy poderoso para que todos, en la esfera
de su posibilidad, contribuyan al
laudable fin de auxiliar á las víctimas de la peste; pues, según
nuestros info1mes, pasa ya de....
$~2, 000 la suma recaudada y remitida al pue1 to, y se tienen fundadas e;;peranzas de reunir aún
fondos que hagan más cuan toso el
contingente. Como un ra~go de
desprendimiento, merecedor del
más eutusi:u,ta. elogio, citaremos
el hecho de (JUe el Sr. Arzobispo
Ortiz envió á la Junta mil pesos,
si mal no recordamos, como donativo particular, remitiendo, además, el producto de la colecta que
por orden suya. se hizo entre los
fieles.

tas y una niña de las que atendían á la concurrencia en el puesto de atole y tamales.
En los puestos de «Banca,» «Juegos de azar,n
«Cerveza,» «Restaurant,» «Confetti y Flores,»
etc., las más hermosas señoritas de Gu~dalajara desplegaban el encanto de su gracia, lu-

***

Volviendo á las fiestas de caridad efectuadas, es digna de mencionarse en primer término, la
kermesse que se &lt;lió en Palacio y
en la cual tomaron parte las familias más distinguidas.
El hermoso patio del edificio
"Chinas Poblanas".-Luz Cortina Virginia Gallardo y María
ofrecía. un aspecto encantador:
iluminado por multitud de focos
ciendo primorosos trajes, y en el «Teatro,&gt; y en
incandescentes y de arco, con ese derroche
el
«Salón de Conciertos» una estucliantina y
que sólo se acostumbra en la capital de Jaun ¡rrupo de artistas regalaban á los convidalisco, llamaba desde luego la atención por la
dos con selectas audiciones.
elegancia de su adorno y el buen gusto despleLo más granado de la sociedad tapatía cougado en el arreglo de los puestos.
curri6 á la simpática fiesta, cuyo éxito se deImposible sería, para nosotro~, dar la inbe, en gran parte, á. los Sres. Francisco Izáformación gráfica, completa, del suntuoso fesbal, secretario de la .Junta, que trabajó en su
tival; nos falta espacio para ello, y únicamenorganización con verdadero empeño, y Luis
te nos limitamos á. publicar las fotografías que
de la Torre, artista encargado del adorno, que
representan dos de los puestos más notables,
supo cumplirá maravilla su comisión.
y un grupo de «chinas poblanas»: dos señori-

***
Al día siguiente-15 de Febrero-se di6 la
corrida de toros dispuesta por la 1unta y qu'.l
presidieron las Sritas. Fany Cañedo (hija del
Sr. Gobernador de Sinaloa), Josefina. Somellera, Anita Bárcena, Concepción Corcuera y
Elena G. de Quevedo, pertenecientes á la alta sociedad tapatía.
Las «reinas» vestían primorosos
trajes de «manolas» y en carruajes
abiertos, acompañadas de sus
chambelanes, hicieron su paseo
por el redondel antes de ocupar
el palco que se les tenía cle¡:tinado.
Este acto rer-ultó muy lucido: al
paso de los carruaje;; la co1,currmcia aplaudía entusiasmacla, y las
serpentinas y el confetti cubrieron
la arena.
Jóvenes pertenecienteR también
á familias distinguidaR, eapitaneados por Lorenzo Yilla-eiior, for,
maron la cuadrilla de aficion11dos, conquil,tándo 0 e en laR l&lt;Urrtes
del toreo mucho,- aplau¡:n;;. Pam
el adorno de In. Plaza, los ~M•.
Biizio y Gusmeri ob~eq11iaron mu,
estatua. de la Caridad, lwcha ron
c:se objeto.
Los estudiantes del Liceo de YaroneR, organizaron por Reparado
otra corrida: ésta se efectuó el día
8 y fué preRidida por )aR Srita~.
Leocadia Gallardo, Paz Oremlain
y Rosa Gudiño.
En este número encontrarán
nuestros lectores instantúneaH de
las dos funciones taurinae.
Por último, es de consignar:-e la
nota referente á la ,,velada d~ hnnor» arreglada por la prPnsa de
Guadalajara y que se Yerificó en el
Teatro Degollado. El adorno del
edificio fué magnífico, y tnnto 108
números de música, como la parte
Luisa Vidrio.
literaria y los cuadros plá,-ticos
que se presentaron, hicieron de aquella fieeta
una ele las más hermo!:las y mejor organizadas
que se hayan visto en la Perla de Ocridente.
El éxito extraordinario de esta fiesta., se debe
al empeño del inteli~ente periodista y anti~uo
compañero nuestro Lic. Luis l\Ianuel Ro¡as,
que fué quien la promovió.

&gt;1&lt;**
Es de justicia, ya que la Junta de C~i:idad
de Guadalajara ha demostrado tanta d1hgen-

Instantáneas de la corrida organizad3 por los Estudiantes del Liceo de Varones.

AZUR.
(DE GRAF.)

¡Oh formi&lt;lable Azur! Te miro y pienso:
Cual hoy y ayer, así serás mañana.
¿,Qué siglos hace que á la estirpe humana
Cubres callado con tu dombo inmenso?
Cayeron, del olvido bajo el denso
Polrn, los dioses de la edad pagana,
Y aun los hombrefl, en triste caravana,
Te envían preces, cánticos é incienso.
Cna.nto vi ve en el orbe, á una inmutable
Ley rnmetido está, ley implacable,
Y todo es fuerza que á esa ley sucumba.
Sólo, tú sólo, incólume, profundo,
Frío, inmortal, sigues cubriendo el mundo
Cual tapa enorme de anchurosa tumba.
Corrida organizada por la Junta de Caridad de Guadalajara.

ISMAEL ENRIQ'CE ARClNIFX.AS.

Llegada de las reinas.

La Caridad.

cia en cumplir con el deber que se
ha impue8to, dar á conocer los nombrPR de los estimables caballeros que
la forman: La Junta está constituída así: Prei-idente honorario, Sr. Dr.
.Juan R. Zavala; Presidente activo, •
Sr. Juan Somellera; Yir.epresidente,
Lic. Andrés Arroyo de Anda; Secretario, Sr. Francil-'CO Izábal Iriarte;
Tesorero, Sr. Eduardo Collignon; y
Vocales, Sres. Manuel Cufsta Gallar•
do, Francisco Bianchi, Coronel Ignacio L. Montenegro y Lic. .Jesús
Bringas.
El Sr. Gobernador ele Sinaloa ha
dirigido al Sr. Izábal una. e*presiva
carta, significándole su profundo
agradecimiento por la actividad desplegada por la Junta en favor ele las
víctimas de la pe;;te.
De buen grado quit-iéramos dar
á conocer todas las fotografías que
hemos recibido con relación l\. las
fiestas que nos ocupan, y que son
obra del inteligente y húbil fotógrafo José María Lupercio; pero en la
imposibilidad de hacerlo en este seLa cuadrilla.
manario, "El Imparcial,» aprovechando loK elementos ele que ahora dispone, se ha propuesto publicar las
m~~ notables y lo ha.rá así próximamente.

SOUVENIR.
Gala antaño de trianones
El vejete currutaco
'
Vaga. torvo, hipocondriaco
Del castillo en los salones.'
Rendidor de corazones
En espasmo demoniaco '
Reme~ora, enclenque y flaco,
Los mmués y las canciones.
Hosco y triste, ve esfumados
Los mirajes encantados
De la dicha evanescente,
Y en_ su i:_eca faz rugosa
Se desliza silenciosa
Una láisrima candente........ .
JOSÉ

*

l!:1 error es una de las rarezas ele
la humanidad; viene rúpidamente y
se va lentamente.

*

Los grande~ trabajos se Pjecut:rn
110 por_ la fuerza, sino por la per$everanc1a.

*

Es neceFario talento y habiliclacl
parn ser apóstol de una idea; con In
fe ~ola mente se es verdugo ó mártir.

*

Don Tancredo.
Puesto de ponches calientes.

Puesto de Nevería.

VELASCO.

En el corazón humano hay dos medidas, una para el dolor y otra para el
pln~er, qlle i:e Yacían y se llenan alternat1vamen te.

Sucede con la felicidad lo que ron
el horizonte, siempre se halla á
nuestra vista, pero nunca á nuestro
alcance.

El carácter es la fisonomía del
alma.

B.

Una vara,

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 15 de Marro de 1903

DE "RIMAS"

HOY.........
Ya no vive sino en el nostálgico país de los
dolientes recuerdos ..... .
Su nombre la envolvía como un manto formado por exhalaciones de su ser. Blanca, sencilla
como un lirio campesino rimador de aromas a1
la orilla. de las dormidas lagunas; su voz, aomo
los sones de un arpa. antigua en cuyas cuerdas
durmiesen las tradiciones ya imposibles de una
edad caballeresca; dulcemente lánguida, tierna

-

SR. DR. JUAN R. Z.A.VALA, Presiden
te honorario de da Junta de Oa:rldad de GuadaJlajara.

mente triste, como rosas que se abaten todavía
jóvenes bajo los crepúsculos, llamábase Inocencia, y era. pura., ingenua. y leal.

.,

***

Sir. Juan. Som'8lllem,

Presidente activo.

Domingo 15 de Marzo de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

~

Viajera. en mis ensueños, murmuraba
)
inspiraciones de rec~
titud, de sinceridad y
de nobleza. Enamo......
ra.da. de su égida la
•
Victoria., venía ésta
á deponer sus laut•eles tdunfales sobre
las sienes del lidiador; hasta. que un
día, la fa.lacia, el dolo, la ingratitud y la
villanía, en concierto
mendaz y vil, nutrieron sus huestes miseSRITAS. ROSA GUDINO, LEOCADIA GALLARDO Y PAZ ORENOAIN. Reinas de la corrida
rables con todos los
organizad;t por los estudiantes de Guadalajara.
conscriptos de la
ruindad, asalta.~on á
la Inspiratriz sacrosanta. y celebraron
como de hoy para siempre jamás, en remoto exilio, el Honor y la _Hiapoteosis infame sobre el 'cadáver de la
dalguía., que han huído estupefactos de que ya, sobre el polvo de los hses
virgen, enseñando que en estos bajos fandifuntos, extintos los sones de las viejas trovas caballerescas, no pueden
gales !ª no pu~~en descogerse pétalos eupronunciarse, sin rubor y sin peligros, las bellas palabras de orgullo, glo•
carísticos de hr1os intactos ....
ria y altivez, que son entre otras gentes blasón de la. huma.na estirpe!

***
Habría si_do hermoso y noble que cuan·
do ella hubiese senoreado las cimas de la
Vida, sus hermanas que también son hijas de un ensu~ilo a'.1guna. vez en estos
mundos eatrevtsto, hubiesen venido á poblar el du~o país de Realidad; y á cubrir
con rosas mmortales su aridez, y ~ ~huyen~ar ~on cantos de amor el silencio de
su cielo ...... .
Robusta progenie fiera. de todas sus
integrida.~es, habríi:. derivado de aquellas nupcrns de la rectitud implacable
Lic. Andrés Arroyo de Anda. y del candor sereno; y no vivirían,

l\Ie he asomado por la verja
del viejo parque desierto:
todo parece sumido
en un nos~úlgico sueño.
Sobre la obscura arboleda,
en el transparente cielo
de la tarde, tiembla y brilla
un diamantino lucero.
Y del fondo de la umbría
llega acompasado el eco
de algún lago que se queja
al darle una gota un beso.
~lis ojos pierdo, soñando
en la bruma del sendero;
una flor que se moría
ya se ha quedado sin pétalos.
De una. rama amarillenta,
al temblar el aire fresco,
una pálida hoja mustia
dando vueltas cae al suelo.
Ramas y hojas se han movido,
un algo turba el misterio;
de lo espeso de la umbría,
como una nube de incienso,
surge una virgen fantástica
cuyo suavísimo cuerpo
se adivina vagamente
tras blanco y flotante velo;
sus ojos clava en los míos
y entre las sombras huyendo,
se pierde callada y triste
en el fondo del sendero.
Desde el profundo boscaje
llega mon6tono el eco
de algún lago que suspira
al darle una gota un beso.
Y allá sobre las magnolias,
en el transparente cielo
de la tarde, tiembla y brilla
una lágrima-lucero.
El jardín vuelve á sumirse
en melancólico sueño,
y un ruiseñor dulcemente
gime en el hondo silencio.
JUAN

R.

JilúENEZ,

Ecos dt las Jitstas Españolas.
Satisfechos en grado sumo, deben estar los
organizadores de las fiestas con que la Colonia
Española celebró, días pasados, la permanencia de los tripulantes de la «Nautilus» en la

metrópoli, pues tanto los números del programa que alcanzamos á reseñar en nuestra edición anterior, como
los que se efectuaron posteriormente, tuvieron un lucimiento extraordinario.
La rece_eción dada ~l yiernes 6 por el señor Mm1stro
de España en los elegantes
salones de la calle de Sadí
Carnot, en honor de los marinos, superó en brillantez á
lo que era de esperarse, y lo
mismo puede decirse con respecto al banquete y á la gran
romería efectuados en el Elíseo. El local dispuesto para
esta última, estaba primorosamente adornado y durante toda la tarde del sábado
se vió concurrido por innumerables personas. En cuanto al banquete, se sirvió en
el salón principal del Tívoli,
que lucía un artístico adorno, sentándose á la mesa,
entre otras personal" distinguidas, los señores Ministro
de España, Tomás ele Azcárate (Comandante de la
,,Nautilus"), Lic. Justo Sierra, Lic. Pablo Macedo, José l\IarÍI\ Bermejillo, Valentín Elcoro, Gral. Lauro Carrillo, Lic. Indalecio Sánchez Gavito y Quintín Gutiérrez. A los postres, tomaD. TOMAS
ron la palabra, primero el
Sr. Marqués de Prat, y en
seguida el Sr. Lic. D. Justo
Sierra, que asistió en representación del Sr.
Secretario de Relaciones. Hubo, además,
otros brindis en que se puso de manifiesto la
amista.el existente entre los dos países: México y España.
El Sr. Presidente de la República visitó el
Tívoli por la tarde, siendo recibido, tanto por
los españoles allí congregados, como por los
mexicanos, con marcadas muestras de simpatía. Al penetrar al salón el Primer Magistrado, el Sr. :Ministro de España volvió á brindar para darle gracias por haber concurrido á aquella fiesta. En su contestación, el Sr.
Presidente hizo votos por la prosperidad del
Rey de España y por la ele las damas reunidas en aquel sitio, y terminó aludiendo á la
caballerosa conducta observada por el Conde
de Reus para con México, al iniciarse la intervención extranjera.
Completamos nuestra información relativa

***
¡Viajera. de mis ensueños, Egeria. de mis luchas, mártir de un ideal ya
imposible! puesto que hoy ya. no vives sino en el país doliente de los recuer•
dos, en cuya portada sólo quedan las siluetas de cómo eras melancólica.co•
mo los sones de un arpa cantora del a.mor antiguo, sencilla. y blanca c_omo
u~ lis campesino, y dulcemente lánguida como rosas jóvenes caídas baJ? la
tristeza. de los crepúsculos; puesto que también has muerto con este último
año de agonías, y del escudo del gladiador, aún en pie, ha sido borr:1.d_o tu
nombre por el asalto de las vilezas en contubernio, es permitido escnb1r en
su lugar- para rescatar tu vida -la divisa inmisericorde del Breno venga•
dor:
¡VCE VICTIS!. ... . •

DE AZCARATE, Comandante de la "Nautllus."
(Fot. de Felipe Torres.)

á las fiestas que acaban de pasar, con un grupo;que representa al Comandante y á los oficiales de la «N"autilus» y con fotografías del Tívoli.

LA CANCIÓN.
El viejo marino
con trémula voz,
cantaba á menudo
la breve canción:
«Al morir la primavera,
se juraron fiel amor
la garrida costanera
y el gallardo pescador.
Y al volver la primavera
habian puesto ya su amor,
él en otra costanera,
y ella en otro pescador.,,

¡Cuántas veces perdiendo su encanto
la sencilla y alegre canción,
de los labios del viejo marino
como un hondo lamento salió!

"Gna madrugada,
sin querer, le oí
con distinta letra
la canción gemir:

ELOY G. GONZALEZ.

«En la aurora de la vida
prosternado junto á ti,
'
una noche ¡fementida!
adorarte prometí.
Y acabando ya la. \'ida
que arrastré lejos de ti,
aun conservo ¡fementida!
el amor que prometí.,,

Extinguióse la voz del marino
como un eco en lejano confín ..... .
¡La canción que á menudo cantaba.
nunca más la volvimos á oír!
FRANCISCO

Sr. Francisco Izá.ba.l Iri~. Sr. MaJlíUel Cuesta Galllardo.

EN EL TIVOLl,-EI banquete á lo,; marin9s españoleo,

~. Francisco Blanchi.

S. Eduardo Col~ignon,

6-r. Lic. Jeis~ Bring&amp;B•

Febrero,)903.

DtAZISILVEIRA.

�Domingo 15 de Marzo de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

hienas y serpientes
que se paraban so•
bre la cola.
Y tanto fué así,
que muy poco después ib8:n los , animaleR mismos a suplicarle que les tocase, sucediéndole
con frecuencia que
un oso llegara solo
junto á él, y con
tres acordes maravillosos se marchara
contento. En cambio de sus complacencias, las fieras Ie
proporcionaban alim ento y le protegían &lt;le los hombres.
Pt-ro le fatig6 su
fastidiosa Yida. Tan
convencido fügó á
estar de su genio y
del placer que daba.
á las bestias, que ya
no Re esforzó en tocar bien, y Jas fieraR, con tal que él lo
hiciera, quedaban
F&lt;iempre Aatisfechas.
)fo tardó en nega.rse
aun á concederles
este gusto, y dejó de
tocar por indolencia. Tocla la selva
quedó triste, mas no
por ello escasearon
á la puerta del músico los trozos de
carne ni las frutas
f'abro::&lt;as. Continuaron alimentándole
y le amaron mfü,,
porque el corazón
Grupo de Jefes y Oficíales de la corbeta "Nautilus."
- de los animales es
así.
Un &lt;lía, sin embargo, que npoyado en RU
puerta miraba cómo descendía el sol tras de
los árboles inmó•.,iles, pasó cerca una leona.
Dió él m~~stras de entrar, cual si temiese moro tiempo habitaban la Tracia animalestas solicitudes; pero la leona, Ein cuidarse
salvajes y algunos hombres ameclrende él, pasó tranquilamente.
tados.
Entonces le preguntó sorprendido:
Los animales eran muy hermosos: había
-¿_Por qué no me ruegas que toque?
leones rojos como el sol, tigres rayados como
Ella le contestó que no lo deseaba.
Díjole él:
la tarde, y osos negros como la noche.
-¿No me couoces?
Los hombres, enanos y chatos, mal cubiertos de viPjas pieles, armados de lanzas toscas
Y ella le respondió:
-Tú eres Orfeo.
y arcos grm,eros, se encerraban en las cavidades de las montafias tras monstruorns bloques
que ellos rodaban trabajosamente. Pasaban la
vida cazando y corría la sangre en los bosques.
Era tan lúgubre el país, que los dioses lo
habían abandonado. Cuando f'alía Artemisa
del Olimpo al clarear la mañana, jamás seguía
camino.que _llevara ~l Norte_. Las guerras de
allí no mqmeta_ban a Ares; 1a falta de flautas
y de cítaras aleJaba á A polo, y solamente brillaba la tiple Hécate como una cara de Medusa sobre un paisaje petrificado.
Entonces fué á habitar allí un hombre &lt;le
una raza má~ feliz, quien no vestía pieles como los salrnJCS de la montaña.
Usaba la~ga. !única blauca. que le arra!&lt;traha
un poco. C,ui:;tabale _errar de noche á la luz de
la luna por los mullidos claros de los boi:que¡:
llevando en la mano un pequeño carapaclio d~
tortuga, en el que había clavados dos cuernos
&lt;le oro, entre !os que i:e teudían tres Clierda:;
de plata.
Ct_iando ~o~aba con sus ~ledos las cuerda~,
música dehc10sa la_s recorna, mucho más &lt;lulre que el D?-urmurw de las fuentes, qlie las
frases_ del viento entre los á_rbolcs ó que la 1110 _
dula.c1ón de las av(•~- La pr1111era \"Cz que tocú.
despertaron tres t_igreR, tan prodigio::::unente
encantados! que leJos d; causarle ningún lllal,
se le aproximaron lo mus que les fuú posible
y se retir~ron cuando _ces_ó. Fueron mis lo~
que acudieron al día siguiente, así como lobos

ca Cira Encantada

'

Domingo 15 de Marzo de 1903

Agregó éste:

-¿,Y no quieres oirme?
-No quiero-repuso ella.
-¡Oh-exclamó el músico-cuán digno soy
de lástima! . Tú eres por quien yo hubiera tocarlo. Eres mucho más bella que las demás y
debes de comprender mejor. Porque me escuche¡. una hora solamente, yo te daré cuanto
soñares.
Ella le respondió:
- Te pido que robes las carnes frescas que
tienen los hombres de la llanura. Te pido que
asesines al primero que enc•1entres. Te pido
que te apoderes de las víctimas ofrecidas á tus
dioses y que toclo lo depoi-ites á miR pieR.
El le agradeció que no pidiera más, é hizo
lo que le había exigido.
Durante una hora tocó delante de ella; pero
des pué~ rompió su lira y vivió como si estuviera muerto.
PIERRE U&gt;UYS.

EL BESO.
Oh, juventud! Oh amor! Con qué embele~o
r ec neruo de la suerte E&gt;n los agravioi-,
fa, divina imprE&gt;sión del primer beso
que une dos almas, al juntnr dos labios!
No hay, en la vida, ni en el mundo, nada
que wa.he en nuestro Rer más honoa huella,
que el beso con que el alma enamorada
pactos d e amor sobre los labios sella.
Al delicioso choque, estremecido
el coraz6n, la sangre bulle, quema;
y es música al f'Onar á nuestro oído,
himno triunfal de adoración suprema!
Y á la sola memoria de ese i nstantfl
en que todo en nosotros canta y Yibra,
responde, voluptuosa, palpitante,
de llamas una. onda en cada fibra.

Es un ardiente rayo que nos toca.

Y el alma y la materia al par enciende;
conjunción de la luz y de la roca,
el alma que del barro se d esprende!
Oh juventud! Oh amor! Siempre os bendigo
aun de la edad entre las nieves preso,
que, con dulce tristeza, va conmigo
la divina impresión del primer beso!
HERACLIO 1\1. DE LA GUARDIA.

En el Elfseo.-Ballando una Jota,

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.

ILUSTRACIONES DE SIMONT.

TRADUCCION Df "fL .-aUNDO ILU~TRADO."
(CoNTINÚA.)

¡Cuán desolador es el vivir! ¡Qué de suspiros parec~n ~ubir de
la campifíal Y las estrellas, en la altura, ¿no parecen ser lagrimas en
el rostro sombrío de la noche? Y por mi rostro, lentamente, también
corren lágrimas. No suFro, y m~ tristeza es infin_ita. como ~l espacio:
Mis manos queman. Si llegara a enfermar, ¿q_mén me cm~aría? Si
llegara á morir, ¿quién me acompafiaría en m1s po~treros m stanteb?
¿Morir?
.
.
Me invade un terror sagrado y mis dedos se crispan.
¡Oh! No; no. ¡Dios mío! ¡Todavía no! La muerte es lo profundo lo remoto lo negro ..... .. Me aterra. ¡Y la vida es tan buena!
' Mas ¿en qué es buena, por qué es buena?
¡No me lo explico, pero asilo siento!
. .
.
,
Las lágrimas que acabo de derramar han al_JViado mi corazon y
relajado mis nervios. Mis ojos, habituados á la BOJ.?bra de la n?che,
distinguen la. hierba, que me parece sonreír al dormirse. Los páJaros,
también adormecidos, murmuran entre las ramas. Uno de ellos lanza
á plena garganta, un grito de belleza &lt;les~arradora. El es gol pe de arco
de un director &lt;le orquesta, que despierta todas las armonías_ que
duermen en mi alma. Las siento, silenciosas, pero llenas de v1gor,
balancearse dentro de mí, arrastrarme fuera. de este «yo», llenar todo
el espacio de vibraciones angustiosas y suaves, como el cant? de este
ruisefior sube, se desgrana y luego cae de nuevo en una lluvia de sonidos que cantan y lloran á la vez.
¿Estoy mal? ¿Estoy bien?

Ni una ni otra cosa: es un arranque de mi ser, una recrudescenc!a de vida, porque en la noche silenciosa y bajo la. misteriosa cadencia d e los astros, todas las voces &lt;le la naturaleza se alzan sin obstáculo
y llevan consigo mi voz.
Y otra vez mis ojos acarician la sombra en la que se agitan simpatías. De pronto, cerca de mí, en lo más tupido del follaje escucho
un roce, el crujir &lt;le una rama bajo un pie.
'
¿He oído bien?
. .Ten~o ~l valor de levantar~e y acercarme al follaje. Detrás está
S1lv10, Silv10 en persona, encogido, listo para saltar. Me ve y se endereza; sus ojos brillan.
Lanzo un grito terrible que le hace huir. Pero mi grito atrajo á
otros pasos que se acercan, en tanto que los de Silvio se alejan.
Es el sefior Raibert.
Ha, tirn.do su puro, cuya luz roja he visto desgranarse en el suelo.
¿Donde estaba?
Ha llegado hasta la verja de mi jardín y me pregunta con voz
tembloroRa, P?ro cuya distinció1;1 me asombra, me es dulce:
-¿Ha gntado usted, sefionta Romane?

xxn
Estoy nerviosa, irritada, trémula.
El hombre que respondió á mi llamada, es el alcalde del pueblo,

�EL MUNDO ILUSTRADO.

bomlngo 16 de Mnrw de 1903

Todavía hay que temer de Silvio, y el alcalde me librará de cualquier
ataque. Debe haber una ley, un medio cualquiera que permita á un
alcalde evitar las tentativas criminales de un borracho.
Tales son mis ideas.
Estoy cerca del enverjado.
-Sí; yo he llamado: tengo miedo. Un hombre estaba en la espesura, en el otro extremo del jardín. ¡Ahl sefior, yo se lo ruego, que
ese hombre no vuelva. ¡No voy á poder vivir!
Mis ojos buscan al acaso, hacia el sitio donde pudiera encontrnse el señor Raibert. No hay luna.
-¿Es la primera vez-me pregunta-que ese hombre ...... la espía ...... de tal modo?
No sé lo que hago. El hombre que me habla así, no tiene ningún derecho á que yo le haga tales confidencias. Pero mi alma es demasiado cándida: todos los seres que tienen apariencia tan distinguida,
me parecen hermanos míos, en lo que esa palabra expresa de intimidad purísima.
-¿La primera vez? No; ya un día, en el camino de San Roque,
se me presentó, pidiéndome que fuera su esposa.
-¡Ahl ¿Y quién es?
--Silvio Moutet, uno del lugar.
-Sí, sí.. . .. . ¡Un muchacho encantador, en efecto! Bien, y ¿por
qué no lo acepta usted por marido?
-¡Oh! Sefior alcalde ........ .
Toda mi distinción, que parece inadvertida, todo mi deseo de
una uni6n espiritual con alguien que fuese igual á mí, surgió de mis
labios con ese solo grito, provocado por la pregunta del alcalde.
¡Yol ¡Yo esposa de Silvio Moutet, el borracho! Y quien me dice eso tan tranquilamente, es ese hombre inteligente y fino, que debería comprender mejor que cualquiera otro cuán cruel es mi soledad
moral de ahora l. ....... .
¡En qué abandono estoy, Dios mío, para que nadie pueda comprenderme!
Y mis labios temblaron, intentando sonreír, para no contraerse
en un sollozo.
-¡Oh! ¡Sefior alcalde, oh! ......

***

¿DP dónde surge el destino del hombre, para caer sobre él en el
momento preciso en que estaba escrito que cayese? ¿Cómo llegan
cuando no hay para ellos, á lo que parezca, ningún camino preparado?
Y, sobre todo, ¿cómo hay gentes que r, uedan predecir su advenimiento,
como lo había hecho Victorina?
·
El señor Raibert pos6 su mano en la mía, que temblaba. Y sin
transición, su voz at;ariciadora se llenó de ternura infinita, y murmuró:
-Perdón, perdón, perdón .......... ¿Usted esposa de Silvio, ó de
otro, no importa quién, de los de aquí? ...... Mil veces perdón por esa
injuria ..... .
&lt;&lt; ••• Era una prueba l. ...
«... Uited es mujer; él la ha confesado su amor; usted podía amarle ...... Esto era lo que yo temía cuando supe que usted había llorado
tanto en la tarde misma en que Sil vio se Je presentó en el camino....
«... ¿Por qué ha llorado usted tanto, dígame? ¿Y tantas otras veces después? ¿Y esta noche, todavía, cuando soñaba usted, tan pálida, con el rostro hacia el firmamento ...... ?
«.•. ¿Por qué, María Teresa?»
Pensó, más bien que dijo, esa última palabra: mi nombre; pero
mi cerebro le oyó, á fuerza de estar alucinado. Porque estaba yo fuera de mí. Toda esa ternura me ahogaba, no dejándome en pie sino
una idea fija: la predicción de Victorina.
Por mucho tiempo mi garganta contraída no dejó pasar ningún
sonido; por fin murmuré:
-Cuando usted me espiaba de este modo, Victorina le seguía.
le espiaba también, ¿no es verdad? ¿Estaba en alguna parte? ¿La veí~
usted surgir á su paso? ¡ Dígamelo usted, se lo suplico!. .....
Mi estado le alarmó.
-Pero no sé nada de eso, señorita. ¿Por qué?
Entonces volví en mí.
¿Qué _me importaba fuera en verdad una hechicera ó que hubiese presentido el desenlace, á fuerza de inteligencia ó de espionaje?...
El hecho estaba allí, irrecusable: el sefior Raibert había venido y me
hablaba de amor, y á la luz débil de la luna en creciente, vi su rostro
turbarse súbitamente, sus ojos resplandecer de ternura y de respeto
en ta11to que los de Silvio habían brillado como dos brazas.
'
¡Oh, sí; qué dulce sería la unión fraternal con ese hombre!
¡Qué simpáticamente resouaba en mi alma su voz!
¡El me amaba, puesto que sabía también mi vida, casi minuto
á minuto! ¡Pero qué delicadeza, qué respeto en ese amor, puesto que
yo no lo había sabido!
¿Y yo, le amaba?
¡No; sin duda, todavía; pero podía amarle! Sentía que en él había la ternura á que mi alma aspiraba. ¿Qué fuerza me impediría ir
en busca de esa ternura ......... prohibida, puesto que ese hombre era
casado?
1La prudencial El valor de roro per desde ahora con ese atractivo
fatal que me obligaba á permanecer allí, de pie, junto á la barda,
cuando debía haber huido ya.
Y valerosamente, di un paso brusco para cumplir mi resolución
heroica; mis manos se desasieron de la barrera; mi voz era tan blanca como mis manos, baiiadas por la luz de la luna, y como el rostro
angustiado de Raibert. Todo era blanco; era de plata vaporosa que

nos bafiaba pálidamente, que recibía mi'tristeza infinita y pura, blanca también, como todo en ese momento, en derredor de mis ojos, que
se turbaban mientras yo hablaba.
-¡Conque usted me espiaba! ¡Y cuando Victorina casi me lo
anunciaba, yo no podía comprenderla, ni creerla! ¡Oh! ¡Quf mal estaba eso, señor!
Mi voz seguía siendo dulce, á pesar de la ligera rudeza de mis
palabras. Proseguí:
--¿Qué quiere usted de mí? ¿Por quién me toma? ¿Qué espera
usted?
Murmuró:
-¡Nada; se lo juro!
-¡Pues bien-dije exaltándome,-déjeme usted, señor, entonces! ¿Qué viene usted á rondar, por la noche, en rededor de mi jardín, como Silvio el borracho? ¡Ah ironía! es usted quien ha ocurrido
á librarme de él...... ¿Me ve usted sola, en el jardín? ¿Sabe usted que
va á ser media noche? ¡Ah Dios mío! ¡Dios mfol ¿Es así como han
comenzado á desviarRe las otras?
Gritaba casi, exasperada, con las manos juntas, con las mejillas
bañadas de lágrimas que no me ocupaba de enjugar.
Retirado á tres pasos de la verja, el sefior Raibert murmuró, con
la frente descubierta:
-Cálmese usted, sefiorita, se lo ruego. Cálmese usted; voy á retirarme. Pero antes, permítame una palabra, una sola, la última.....
¿Llora usted, no es verdad? Y hace una hora, también lloraba. ¿Cuáles lágrimas eran más amargas: las' de ahora ó las otras? Reflexione.
Es todo lo que pido. Me retiro.
Hizo una reverencia hasta barrer casi el suelo con su sombrero
gris, y desapareció.
Quedé petrificada, con la última frase del alcalde clavada en pleno corazón, como un cuchillo.

ILUSlRADO
ANO X•••TOMO 1.-.,NUM. 12

MEXICO, MARZO 22 DI 1903.

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ldem. ldem. en l1 capo1al, S1,25

6erente: LUII', RrY~ &amp;PINDOLA

Director: LIC. RAl"AlL RtU&amp; &amp;PINDOLA.

XXVII
El alcalde tenía razón. Mi vida cambió; pude por fin el substraerme á la t9mida tentación. Primero permanecí varios días sin salir,
meditando un plan de conducta. Fué una preocupaci6n no libre de
encanto; luego, cuando hube tomado la resolución de no cambiar en
nada mi conducta, y solamente acorazarme contra mí misma, quedar
digna ante el alcalde si llegaba á encontrarle, y, sobre todo, evitar
encontrarle, entonces volví á hacer mis habituales salidas, con el paso más vivo, la mirada más alerta.
No se trataba ya de vagar al acaso y arrastrar uu pensamiento
sin objeto; sino escoger los caminos más cortos, más directos á mi casa, y pensar en evitar un encuentro con el señor Raibert. Así lo hice.
Y Jebe haber ocurrido que esto me fm,se sumamente agradable, porque desde entonces los días pasaban con una rapidez increíble.
Y como el alcalde no se presentaba jamás, y yo pensaba constantemente en él, para evitarle, sucedió que mis paseos fueron más
bien excursiones en busca de ese hombre.
El día que pude convencerme de ello, me detuve llena de confusión, con los ojos rasados en lágrimas de despecho ... ¿Cuál es, pues,
la complexidad de lo que se experimenta? .. . ¿Sentía yo despecho por
no encontrar al sefior Raibert, ó contra mí misma, por el descubrimiento que acaba~a de hacer?_ l!.:sta última debía ser la verdad, porque me
decía, al caminar despacio por la vereda sembrada de margaritas:
«¡Es así como han empezado las otras! ¡Es así, absolutamente! Porque ó yo soy la última de las últimas, puesto que siento que
busco á ese hombre-y no lo creo, porque 110 pienso nada malo puesto que es mi ser el que inconsciente, instintivamente va hacia 'él como el labio sediento hacia el manantial-ó las otras han sido domo
yo, tan puras y tan instintivas, y entonces la vida es una abominación.»
Y me senté, agitada por un mundo de pensamientos.
¿Por qué la sociedad prohibe el amor si la naturaleza ha querido que el amor exista?
'
_¡Oh! ¡Esas piedras que me había referido Phrasia! ¡Esas piedras
arroJa~as á la profesora caída! ¡Esta no había matado á su hijo! ¡Se
había ido, llevando en las entrañas el fruto sagrado y se habían atrevido á lanzar piedras contra ese seno!
'
¿Qué había. hecho esa infeliz joven, sino la obra augusta de perpetuar la vida?
.. Así pe!1sé durante mucho tiempo, con la mano apoyada en la
meJilla .i.rdiente.
Cayó la tarde, violeta y rosa, semejante á un ramillete de viole•
tas, cuyos racimos pendían sobre las cimas de los montes· racimos
malva, salpicados de oro, justamente como la fl()recilla e~balsamadora que los enamorados cortan en los bosques ......... Y soñaba en
todo esto: en los enamorados, en los prometidos, en los esposos ..... .
¿Tales goc~s no me, s~rían permitidos jamás?
¡Habían sido tan rap1das las frases de ternura oídas aquella noche!
. ¡Qué dulce fue_ra que, durante los días en que me creía sola, hubiese sabídome espiada por tal mirada de amor!
¿Dónde estaba hoy esa mirada?
¿Mi rig?r la habría alejado para siempre?
¿No e~1stía en alguna parte, en el misterio de las hojas, y no se
me acercana ya nunca, nunca?
Me incliné para buscarla. De pronto resonó la voz del señor Raibert, haciéndome latir tumultuosamente el corazón:
-¡María Teresa!
( CONTINUARÁ. )

7

ABSTRAÍDA.
( COLECCIÓN P ELLANDDi'J.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL MUNDO ILUSTRADO.

bomlngo 16 de Mnrw de 1903

Todavía hay que temer de Silvio, y el alcalde me librará de cualquier
ataque. Debe haber una ley, un medio cualquiera que permita á un
alcalde evitar las tentativas criminales de un borracho.
Tales son mis ideas.
Estoy cerca del enverjado.
-Sí; yo he llamado: tengo miedo. Un hombre estaba en la espesura, en el otro extremo del jardín. ¡Ahl sefior, yo se lo ruego, que
ese hombre no vuelva. ¡No voy á poder vivir!
Mis ojos buscan al acaso, hacia el sitio donde pudiera encontrnse el señor Raibert. No hay luna.
-¿Es la primera vez-me pregunta-que ese hombre ...... la espía ...... de tal modo?
No sé lo que hago. El hombre que me habla así, no tiene ningún derecho á que yo le haga tales confidencias. Pero mi alma es demasiado cándida: todos los seres que tienen apariencia tan distinguida,
me parecen hermanos míos, en lo que esa palabra expresa de intimidad purísima.
-¿La primera vez? No; ya un día, en el camino de San Roque,
se me presentó, pidiéndome que fuera su esposa.
-¡Ahl ¿Y quién es?
--Silvio Moutet, uno del lugar.
-Sí, sí.. . .. . ¡Un muchacho encantador, en efecto! Bien, y ¿por
qué no lo acepta usted por marido?
-¡Oh! Sefior alcalde ........ .
Toda mi distinción, que parece inadvertida, todo mi deseo de
una uni6n espiritual con alguien que fuese igual á mí, surgió de mis
labios con ese solo grito, provocado por la pregunta del alcalde.
¡Yol ¡Yo esposa de Silvio Moutet, el borracho! Y quien me dice eso tan tranquilamente, es ese hombre inteligente y fino, que debería comprender mejor que cualquiera otro cuán cruel es mi soledad
moral de ahora l. ....... .
¡En qué abandono estoy, Dios mío, para que nadie pueda comprenderme!
Y mis labios temblaron, intentando sonreír, para no contraerse
en un sollozo.
-¡Oh! ¡Sefior alcalde, oh! ......

***

¿DP dónde surge el destino del hombre, para caer sobre él en el
momento preciso en que estaba escrito que cayese? ¿Cómo llegan
cuando no hay para ellos, á lo que parezca, ningún camino preparado?
Y, sobre todo, ¿cómo hay gentes que r, uedan predecir su advenimiento,
como lo había hecho Victorina?
·
El señor Raibert pos6 su mano en la mía, que temblaba. Y sin
transición, su voz at;ariciadora se llenó de ternura infinita, y murmuró:
-Perdón, perdón, perdón .......... ¿Usted esposa de Silvio, ó de
otro, no importa quién, de los de aquí? ...... Mil veces perdón por esa
injuria ..... .
&lt;&lt; ••• Era una prueba l. ...
«... Uited es mujer; él la ha confesado su amor; usted podía amarle ...... Esto era lo que yo temía cuando supe que usted había llorado
tanto en la tarde misma en que Sil vio se Je presentó en el camino....
«... ¿Por qué ha llorado usted tanto, dígame? ¿Y tantas otras veces después? ¿Y esta noche, todavía, cuando soñaba usted, tan pálida, con el rostro hacia el firmamento ...... ?
«.•. ¿Por qué, María Teresa?»
Pensó, más bien que dijo, esa última palabra: mi nombre; pero
mi cerebro le oyó, á fuerza de estar alucinado. Porque estaba yo fuera de mí. Toda esa ternura me ahogaba, no dejándome en pie sino
una idea fija: la predicción de Victorina.
Por mucho tiempo mi garganta contraída no dejó pasar ningún
sonido; por fin murmuré:
-Cuando usted me espiaba de este modo, Victorina le seguía.
le espiaba también, ¿no es verdad? ¿Estaba en alguna parte? ¿La veí~
usted surgir á su paso? ¡ Dígamelo usted, se lo suplico!. .....
Mi estado le alarmó.
-Pero no sé nada de eso, señorita. ¿Por qué?
Entonces volví en mí.
¿Qué _me importaba fuera en verdad una hechicera ó que hubiese presentido el desenlace, á fuerza de inteligencia ó de espionaje?...
El hecho estaba allí, irrecusable: el sefior Raibert había venido y me
hablaba de amor, y á la luz débil de la luna en creciente, vi su rostro
turbarse súbitamente, sus ojos resplandecer de ternura y de respeto
en ta11to que los de Silvio habían brillado como dos brazas.
'
¡Oh, sí; qué dulce sería la unión fraternal con ese hombre!
¡Qué simpáticamente resouaba en mi alma su voz!
¡El me amaba, puesto que sabía también mi vida, casi minuto
á minuto! ¡Pero qué delicadeza, qué respeto en ese amor, puesto que
yo no lo había sabido!
¿Y yo, le amaba?
¡No; sin duda, todavía; pero podía amarle! Sentía que en él había la ternura á que mi alma aspiraba. ¿Qué fuerza me impediría ir
en busca de esa ternura ......... prohibida, puesto que ese hombre era
casado?
1La prudencial El valor de roro per desde ahora con ese atractivo
fatal que me obligaba á permanecer allí, de pie, junto á la barda,
cuando debía haber huido ya.
Y valerosamente, di un paso brusco para cumplir mi resolución
heroica; mis manos se desasieron de la barrera; mi voz era tan blanca como mis manos, baiiadas por la luz de la luna, y como el rostro
angustiado de Raibert. Todo era blanco; era de plata vaporosa que

nos bafiaba pálidamente, que recibía mi'tristeza infinita y pura, blanca también, como todo en ese momento, en derredor de mis ojos, que
se turbaban mientras yo hablaba.
-¡Conque usted me espiaba! ¡Y cuando Victorina casi me lo
anunciaba, yo no podía comprenderla, ni creerla! ¡Oh! ¡Quf mal estaba eso, señor!
Mi voz seguía siendo dulce, á pesar de la ligera rudeza de mis
palabras. Proseguí:
--¿Qué quiere usted de mí? ¿Por quién me toma? ¿Qué espera
usted?
Murmuró:
-¡Nada; se lo juro!
-¡Pues bien-dije exaltándome,-déjeme usted, señor, entonces! ¿Qué viene usted á rondar, por la noche, en rededor de mi jardín, como Silvio el borracho? ¡Ah ironía! es usted quien ha ocurrido
á librarme de él...... ¿Me ve usted sola, en el jardín? ¿Sabe usted que
va á ser media noche? ¡Ah Dios mío! ¡Dios mfol ¿Es así como han
comenzado á desviarRe las otras?
Gritaba casi, exasperada, con las manos juntas, con las mejillas
bañadas de lágrimas que no me ocupaba de enjugar.
Retirado á tres pasos de la verja, el sefior Raibert murmuró, con
la frente descubierta:
-Cálmese usted, sefiorita, se lo ruego. Cálmese usted; voy á retirarme. Pero antes, permítame una palabra, una sola, la última.....
¿Llora usted, no es verdad? Y hace una hora, también lloraba. ¿Cuáles lágrimas eran más amargas: las' de ahora ó las otras? Reflexione.
Es todo lo que pido. Me retiro.
Hizo una reverencia hasta barrer casi el suelo con su sombrero
gris, y desapareció.
Quedé petrificada, con la última frase del alcalde clavada en pleno corazón, como un cuchillo.

ILUSlRADO
ANO X•••TOMO 1.-.,NUM. 12

MEXICO, MARZO 22 DI 1903.

Subscripci6n mensual for•nea, $1.!0
ldem. ldem. en l1 capo1al, S1,25

6erente: LUII', RrY~ &amp;PINDOLA

Director: LIC. RAl"AlL RtU&amp; &amp;PINDOLA.

XXVII
El alcalde tenía razón. Mi vida cambió; pude por fin el substraerme á la t9mida tentación. Primero permanecí varios días sin salir,
meditando un plan de conducta. Fué una preocupaci6n no libre de
encanto; luego, cuando hube tomado la resolución de no cambiar en
nada mi conducta, y solamente acorazarme contra mí misma, quedar
digna ante el alcalde si llegaba á encontrarle, y, sobre todo, evitar
encontrarle, entonces volví á hacer mis habituales salidas, con el paso más vivo, la mirada más alerta.
No se trataba ya de vagar al acaso y arrastrar uu pensamiento
sin objeto; sino escoger los caminos más cortos, más directos á mi casa, y pensar en evitar un encuentro con el señor Raibert. Así lo hice.
Y Jebe haber ocurrido que esto me fm,se sumamente agradable, porque desde entonces los días pasaban con una rapidez increíble.
Y como el alcalde no se presentaba jamás, y yo pensaba constantemente en él, para evitarle, sucedió que mis paseos fueron más
bien excursiones en busca de ese hombre.
El día que pude convencerme de ello, me detuve llena de confusión, con los ojos rasados en lágrimas de despecho ... ¿Cuál es, pues,
la complexidad de lo que se experimenta? .. . ¿Sentía yo despecho por
no encontrar al sefior Raibert, ó contra mí misma, por el descubrimiento que acaba~a de hacer?_ l!.:sta última debía ser la verdad, porque me
decía, al caminar despacio por la vereda sembrada de margaritas:
«¡Es así como han empezado las otras! ¡Es así, absolutamente! Porque ó yo soy la última de las últimas, puesto que siento que
busco á ese hombre-y no lo creo, porque 110 pienso nada malo puesto que es mi ser el que inconsciente, instintivamente va hacia 'él como el labio sediento hacia el manantial-ó las otras han sido domo
yo, tan puras y tan instintivas, y entonces la vida es una abominación.»
Y me senté, agitada por un mundo de pensamientos.
¿Por qué la sociedad prohibe el amor si la naturaleza ha querido que el amor exista?
'
_¡Oh! ¡Esas piedras que me había referido Phrasia! ¡Esas piedras
arroJa~as á la profesora caída! ¡Esta no había matado á su hijo! ¡Se
había ido, llevando en las entrañas el fruto sagrado y se habían atrevido á lanzar piedras contra ese seno!
'
¿Qué había. hecho esa infeliz joven, sino la obra augusta de perpetuar la vida?
.. Así pe!1sé durante mucho tiempo, con la mano apoyada en la
meJilla .i.rdiente.
Cayó la tarde, violeta y rosa, semejante á un ramillete de viole•
tas, cuyos racimos pendían sobre las cimas de los montes· racimos
malva, salpicados de oro, justamente como la fl()recilla e~balsamadora que los enamorados cortan en los bosques ......... Y soñaba en
todo esto: en los enamorados, en los prometidos, en los esposos ..... .
¿Tales goc~s no me, s~rían permitidos jamás?
¡Habían sido tan rap1das las frases de ternura oídas aquella noche!
. ¡Qué dulce fue_ra que, durante los días en que me creía sola, hubiese sabídome espiada por tal mirada de amor!
¿Dónde estaba hoy esa mirada?
¿Mi rig?r la habría alejado para siempre?
¿No e~1stía en alguna parte, en el misterio de las hojas, y no se
me acercana ya nunca, nunca?
Me incliné para buscarla. De pronto resonó la voz del señor Raibert, haciéndome latir tumultuosamente el corazón:
-¡María Teresa!
( CONTINUARÁ. )

7

ABSTRAÍDA.
( COLECCIÓN P ELLANDDi'J.)

�Domlngo 22 de' Marzo de 1903.

no tngañtis á los niñost

'

Hemos nacido para la verdad: toda educación que disturbe, retarde ó impida este objeto nobilísimo, es falsa, dañosa, reprobable.
Cuando se dice educación, no debe entenderse
só\o un arte determinado y estrecho que ejercitan los maestros, los pedagogos, los padres
ilustrados, para con los, niños. Tiende á educar á éstos, y tal vez mas qm, lo otro_. toda esa
serie de acciones, de palabras, de obJetos, que
los rodean desde el momento en que sus tier•
nos cerebros empiezan á alumbrarse con los
rayos nacientes ele la razón. -Las primeras ideas
ó sensaciones que llegan al niño, dejan en su
memoria ó en su fantasía huellas profundas,
de las que indefectiblem~i:it~ ~e. valdrá m.ás
tarde para formarse y emitir JUICIO~, para eJ~cutar acciones, para corregir ó alentar, seguir
ó rechazar instintos buenos ó malos. Por eso
es de suma importancia saber escoger las personas que deben rodear á los ni~os en sus
primeros años, pues ellas, como dice el poeta, los acompañar.ín por toda la vida. Por de~gracia muy pocas personas toman para su~ hijos una precauci6n de tanta trascendencia, y
muy á menudo loj abandonan en manos de
domésticos ó de parieutes que, por ligereza ó
por ignorancia engañan constantemente á. hs
inteligencias infantiles, crean en ellas arraigados errores y prejuicios fatales, vici~n sus
tiernas fanta~ías sembrando en ellas miedos y
terrores, falsifican sus corazoncitos haciéndolos dobles para siempre, disimuladores, sospechosos........ .
Esa bendita edad de la inocencia y de la
sencillez, inexperta en todo y ávida de saberlo
todo fácilmente escucha los conceptos de los
may~res y casi siempre les presta una fe ciega. Por eso sería obra abyecta y nociva el valerse de tal superioridad para cultivar lo falso· es cierto que con frecuencia se hace por
br~ma y sólo con objeto de divertirse y de observar los efectos curiosos de la infantil credulidad· pero, de todos modos, ese proceder produce ~esultados lamentables. Por ejemplo, un
adulto dice á una chicuela que del mismo modo como se siembran semillas para producir
arbustos y flores, sembrando muñecas se obtendrán árboles, que á guisa de frutos, ¡,roducirán abundantes muñecas. La niña lo creerá
é irá á enterrar sus muñecas en el jardín, con
la esperanza de hallarlas propagadas al día siguiente; entonces, ó bien se defraudan sus esperanzas y no vuelve á creer en nada de lo
que en lo sucesivo le diga el adulto; ó si éste,
para sostenE'r la superchería, ha cuidado de
colocar en el jardín nuevas muñecas, la chicuela creerá firmemente en la propagación de
la materia inerte y esa creencia, aunque más
tarde sea desechada por la razón, no habrá dejado de marcar su huella en la fantasía de la
niña.
Recorriendo nuestros hermosos parques á la
hora en que bajo sus opnlentas arboledas se
congrega la bulliciosa y pequefia muchedumbre que ha de ser la sociedad del mañan.a, .con
frecueucia pueden observarse los procedimientos vioiosos que siguen las niñeras, ignorantes
de la trascendencia de sus engafios. Un niño
cae por tierra y la niñera, para consolar su
llanto le dice: «¡Pégale al suelo, él te tiró.»
El nifio azota el suelo hasta desahogar su ira,
y de esa superchería aparentemente inocente,
quedan dos huellas en su espíritu: la idea de
que el suelo lo tiró, cuando sólo fué causa de
la caída la falta de precaución al correr 6 la
debilidad de sus piernezuelas; el fomento del
instinto de la venganza!
Podrá objetarse que no siempre es posible
dejar de engañ.ar á los nifios y que muchas
veces el torrente de sus «¿por qué?u ..... pone
en aprieto basta á los más avisado~, pues hay
muchas preguntas que no pueden ni deben
contestárseles, dada su índole delicada. Pero
en tales casos es muy posible darles á entender que tales cuestiones no están al alcance de
su comprensión, sin necesidad de engafiarlos.
De muy especial trascendencia son los pre.:
juicios acerca de lo sobrenatural y los miedos
con que las nifieras se complacen en rellenar

EL MUNDO ILUSTRADO.

las imaginaciones de los nifios, y que en no
pocas ocasiones duran en ellas toda la vida sin
que alcaucen á arrancarlas ni los conocimientos ni las convicciones que después puedan
adquirir. Hay personas ilustradas que de noche, cuando están solas y sin luz, sienten invencibles terrores de cosas sobre11aturales, de
aparecidos, de muertos, no obstante que su razón y su ilustración les grita que esos terrores
son absurdos. ¿Qué significa eso? ..... Que los
miedos de la niñez, engendrados por los cuentos
y las amenazas de las nifieras, prendieron tan
fuertemente sus garras en las imaginaciones
tiernas, que más tarde ha sido ya imposible
arrancarlos.
Téngase en cuenta la influencia que esos
malos principios ejercen en el carácter, en la
moralidad y en la felicidad de los hombres, y
repítase sin cesar á los padres de familia y á
los educado res en general: ¡No engañéis á los
niños!
SARDIN.

CUENTOS FON AMBULESCOS.
EL BENEFICIO.
-¡Fuera abajo!
-¡Con permiso, señores; necesitamos quitar esas sillas.
-¡No se olviden esas macetas á la izquierda. Esa puerta del fondo!
Todos esos gritos se oían en el foro.
A la puerta del camarín de la beneficiada
se arremolinaban todos los admiradores, y
procuraban estar cerca de ella, para que los
ruidos de los preparativos de la escena, no les
impidieran conversar.
El camarín era muy pequeño y entre aquellas paredes de tablas mal unidas apenas cabían las canastillas y coronas obsequiadas esa
noche por los amigos de la tiple.
-1\Iis felicitaciones muy sinceras por su
triunfo.
-Lucrecia, voy á tener el gusto de presentar con Vd. á mi amigo Román, que está deseoso de estrechar su mano; es poeta distinguido.
-Señorita ........ .
-Amigo Gómez, recibí su hermoso ramo;
estas flores que saco en este acto son de las
de Vd.
-¡ Ya puede tocarse la primera!
-¿Dónde están las ollas?-preguntaba una
corista.
-¡Luz, mándamP, el sombrero hongo, pero
acepíllalo antes-gritaba á su mujer el barítono.
-¡Que no se olvide el cambio de luz en la
primera mutación-recomendaba el Director
de escena.
Todas esas frases aisladas, unidas al ruido
de los trastos que caían, al chirriar de los telones, arrastrar de muebles, etc., etc., formaban una enorme confusión.
Un vejete de luciente pechera y de monóculo-un imbécil-dijo á la beneficiada:
-Por supuesto que está. Vd. invitada á cenar con nosotros; ya sabe Vd., unos cuantos,
todos de confianza.
-Gracias, D. Paco, pero no puedo! acabo
tan cansada! y me siento enferma; otro día será; me voy directamente á casa.
-¡Oh! y yo que había mandado preparar
una cena compuesta de los platillos favoritos
de Vd.
-No, Vd. no desairará á D. Paco; hará Vd.
un sacrificio.
-Seguramente que Lucrecia no llevaría su
crueldad hasta el punto de dejarnos sin cenll.r
porque sin ella claro está que no cenaríamos'
¿verdad?
'
-¡Cuánto lo siento! pero no puede ser.
-Es verdad-suspiró D. Paco;-como ya recibió Vd. otras tres invitaciones, quién sabe
cuál será el preferido.
-Está Vd. muy bien enterado; es Vd. atroz
D. Paco, pero ninguna he admitido.
'

-Señorita Lucrecia, preparada. ¿Lleva Vd.
ya la pandereta?
-Sí; aquí está..
-1 La tercera! Coro de mujeres á la escena.
-Entonces hasta el otro entreacto; al menos aceptará Vd. una copa de «champagne,•
aquí está en su camarín.
-Con todo gusto.
-A los pies de Vd.
-Voy á seguir aplaudiéndola.
-Hasta luego.
-Sefiorita, tanto gusto ..... .
--¡Por fin, sefueron; quéfastidiol-casigimi6 la beneficiada, sacudiendo de su cabellera rubia-es decir, suya no, la suya, natural,
era negra, muy negra,-de su cabellera de utilería, el confetti que se le había prendido y
dejándose caer sobre una silla.
'
La orquesta preludió el último acto.
Las mujeres con las ollas apoyadas en la
cadera, se alinearon por voces.
-¡Fuera de escena! ¡Arriba!
Y el telón subió.
Desde el salón llegaron los ruidos de asientos que desplegaban, de los pasos de los retardados y de los «Shit» de !os que protestaban por los ruidos.
La voz del coro se alz6 uniforme y sonora.
Lucrecia seguía sentada indolentemente¡ya solal-junto al bastidor segundo de lade-,
recha.
Enfrente, entre los bastidores opuestos apareció un hombre que llevaba cubierta la cabeza con una gorrilla azul. Bajo ella asoma
un mech6n de pelo, brillaban dos ojos y•
movía impacientemente un bigote hirsuto-negro el cabello, negros los ojos y negro el bi•
gote.
Iba en pechos de camisa, una cami.ia azul
cruzada por tirantes negros que sostenían el
pantalón también azul, y á la cintura llevabl
un martillo y una bolsa con clavos.
Fingió, apoyándose con una mano sobre el
bastidor, revisar si estaba bien puesta la escena, y resbal6 su mirada sobre Lucrecia.
Ella entonces levantó la mano blanqueada,
y le chasqueó «Pst,, con la boca, y le mand6
«Ven» con la mirada.
Fué el hombrazo.
Ella resueltamente, sin decirle palabra, le
tomó con la pequeña mano suave y firme la
manota encallecida y temblona, y lo arrastr6
al centro del camarín.
Se le puso enfrente, se cruzó de brazos, le
miró con fijeza, á lo hondo, y como con UD
gran convencimiento, le afirmó, no le preguntó:
-¡Tú me quieres mucho!
-¡Yo?........ .
-No lo niegues, tonto, ¿por
has dicho?
-Pero ..... .
-Esta noche me invitas á cenar.
-Pues ...... -y se llevó la mano significativamente al lugar en que hubiera llevado 101
bolsillos si hubiese vestido chaleco.
-Yo te presto; tú me pagarás bien.
-¡ ......... !
--Shit.
El traspunte llegó con el libro abierto y
farolillo al brazo.
-Señorita Lucrecia, entra Vd.-y le sopl6
al oído la primera frase.
-Vete, tonto, y espérame en la esquina;
envuélvete en tu capa.
-Pero ........ .
-Que te calles.
Sali6 la beneficiada: aplausos; después cien
gemelos se levantaron, y todas las miradal
fueron á prenderse al cuerpo de la mujer.
Algun?s tosían por lo bajo, otros se movíf:D
en los asientos, buscando que viese ella baCJ6
ellos.
Y el hombrazo, pálido, sudoroso, trémulo,
con las manos á la espalda y la mirada al suelo, se preguntaba si estaría despierto como en
las otras noches, 6 si estaría soñando en aquella noche de beneficio.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 22 de' Marzo de 1903.

J:aboratorto Bacttriológico.
IMPORTANTES EXPERIENCIAS.
Como una dependencia del Instituto Patológico ha quedado establecido en el número
12 de ln. 71.1 calle de Carpio, un laborator;o
bacteriológico provisto parn. el servicio de los
útiles y aparatos más modernos.
El lunes de la semana pasada fué visitado
oficialmente por el Sr. Subsecretario de Instrucción Don Justo Sierra y, con estr. motivo,
se dispusieron para ese día algunas experiencias que resultaron muy importantes. En re•
sumen, vamo!', á dar cuenta á nuestros lectoTes de los departamentos en que se di vide el
Laboratorio y de los ensayos efectuados.
El departamento que visitó primero el Sr.
Sierra fué el de comprobaci6n de bacterias.
Allí, en varios microscopios,se le mostró el
bacilo de la peste bubónica, clúndosele á conocer en seguida una interesante serie de microfotografías de bacterias patógenas. En el departamente de preparación de medios de cultivo, que recorrió después el Sr. Subsecretario,
se propagan 103 gérmenes para las ,·acunas de
Haffkine .Y Bedreska y, en otro se hace la
selección de los animales (cultos,'ratas, etc.,)
que deben i,ervir para la experimentación.
El laboratorio técnico especial consta de una
sola pieza, escrupulosamente protegida contra
la invasión ó salida de los insectos y roedores.
Hay en él, u11 ingenioso aparato en el cual se
hacen las inoculaciones, siembras de gérmenes y repartición de vacunas, dispuesto de
manera que sea imposible todo peligro de contagio. Un mecanismo especial permite abrir y
cerrar automáticamente el aparato, y, una vez
terminada'! las experiencias que en él se efectúan, se le desinfecta con vapores de formalina mediante un generador especial y con otros
antisépticos.
En este laLoratorio se inoculó una rata con
virus, se hizo la autopsía de otra, muerta, y
se sembraron medios de cultivo con los productos ele ésta. Las experiencias estuvieron á
cargo del Sr. Dr. Angel Gaviño Jefe del Establecimiento, y del Dr. D. Jos'é Gayón.

El Sr. Subsecretario de lnstrucci6n Pública y el personal del Laboratorio.

Hechas estas pruebas, se visitó el departamento de estufas, donde se hace el cultivo
de los microbios y se preparan las vacunas.
Las estufas se calientan unas por electricidad
y otras con gasolina carburada, á fin de mantenerlas á una temperatura constante. La rata que había s~rvido para la experiencia á que
antes nos referimos, fué cremada reduciéndosela en pocos minutos á un carbón parecido á
la antracita.
Actualmente se prncede al arreglo de un local para los caballos que han de proporcionar
el suero curativo, y que deben ser vacunados.
Como una medida precautoria, se ha construído. un estanque en el cual 1 llegado el caso, los
ammales que mueran por moculación, podrán
ser destruidos empleando para ello substancias químicas especiales.
Además del Sr. Subsecretario de Instruci6n
visitaron el L!i.boratorio los Sres. Dres. Don
Eduardo Licéaga, Toussaint, Altamirano y
algunos otros. La visita duró más de dos horas.

altaneros, llenando los cafés, los puestos de
guardia, las estaciones, las plazas pública!',
las iglesias y los paseos, en los que flota 1~
sombra perfumada de los viejos olmos loreneses!
Sí, ahí están, bajo el gesto severo de Ney
bajo la mirada pensativa de Flaubert frent~
á la catedral inmensa y florecida com~ un inv~rnadero, cerca de este Mosela trasparente y
v1Yo como una alma!

EL IUSEO DK :IETZ.
:_:.-:-:- ffllcbtltt.

FRANCISCO ZAR.A.TE RUJZ.

Un ángulo de la sala de comprobaci6n.

En el museo de Metz
hay, obra de Couture,
un retrato de Michelet.
Extraña é ineludible
figura, toda ella pen&amp;amiento y pasión! Encuadrado, de espesos y
largos cabellos grises,
aquel rostro parece todavía joven. Es seco,
fino, vibrante. La nariz, un poco prolongada, se dilata en venu:nillas palpitantes. La
boca, grande, arqueada, roja, ha sido trazada de una sola pincelada. Respira como
una mezcla de voluptuosidad y de ascetismo, de fe y de inquietud. Pero el rasgo más
notable es el de los
párpados oscuros que
caen sobre la mirada
límpida con una dulzura cuasi femenina ...
Y, sin embargo, aquí
están estos hombres,
los bárbaros azules, los
wurtembergueses verdes, los negros prusianos, todos ellos igualmente mugrientos y

Aparato donde se hacen las inyecciones.

En medio de esta invasión que fuma grita
bebe, c.ome y bulle, haciendo gala de ~na ig~
norancia absoluta de la justicia, cuando se sale ,del rn.useo de Metz, se lleva la imagen del
mas .ardiente francés, del poeta tierno, febril
Y p1~1toresco,. cuyo corazón desbordaba de
amo1 y de odio, pero que no am6 sino el amor
Y no execró sino la iniquidad, y se interroga
ento1:ces con e~tera confianza aquella límpida mITada de vidente, aquellos ojos de párpados sombríos que parecen haber llorado.
EMlLEIIEUZIN.

�Domingo 22 dP' i\farzo d

F.L Ml':'\DO II L'STRADO.

una pequefia pieza que sirve de an
oficinas, comunicn.da con el jardín por
calera. de mampostería., cubierta en
por enredaderas tropicales. En el d
esta e,;calera, se ve el Escudo Real d11
El clespa.cho del Sr. ~linistro, es
mu,v elegante, sus muebles son de lo
tístico y está adornado con vistosos
piezas florales.

s•

***

Fot. Xapoleún.

Pero lo que m6.s llama la atención de
vi~itan el edificio es la Yariedad de pi
grabados y fotografías que posee el
qué:,; &lt;le Prat y que con,-tituye, sin
mejor adorno de su residencia. Hay
dro;; debidos á los maestros antiguos y
no~ mús célebres, distinguiénrlose en 1
ción, como los más valioso$, un «SRn
y un «San Bartolomé,» del Espaiioleto
esce11a en l\ladrid» \" un retrnto del
Baltnzar, ele \'elásqi1ez; una «Santa
de ZurbarÍln, y una «Adoraciún de 108
lle \'an cler Werden.
Entre las foto~rafíns, cuenta el Sr.
los retrato,; &lt;le la Reina Alejandra y de
na de Rusia, con los autúgrafos de las
nas, y los de los miembros de la fam'
española. En RU despncho, y ence
un elegante marco que remata una
real, se ve el &lt;le 8. ~I. Alfonso XIII,

Rtsidtncias Diplomáticas.
ta ttgadón dt España.
Entre las re;:idencias diplom:llicas establecid as en la actualidacl en la )letrópoli, ocupa
lugar preferente, no Hólo por la hermosma de
su construcción, sino también por el buen
gusto que domina en el decorado de Rus i,alones, el edificio de la calle de ~adí Carnot en
que se encuentra instalada la Legación de
España.
La suntuosa residencia, que se levanta enmedio de un jardín, con!-ta de Yarios departamento:&gt;. En la planta baja estún las oficinn¡.; y
el despacho del ~r. ".\lini!-tro, y la !"ala de espera y la de recepción, ú las cuales da accern
una bonü:i escalinata de cantera. T:wto una
como otra 1&gt;stán arregladas con yerdadero arte: en la primera se ven algunos cuadros de
mtrito y muebles de e."tilo morii-co, y en la
seguncla, un lujoso ajuar «Luis XYln y otro
del estilo dominante en la época de lrnbel la
Católica. Ricos cortinajes de se&lt;ln', biombos,
etc. , etc., completan el decorado de la sala,
y los colon a azul y crema dominan en las obras
de tn.picería.
Frente á estos departamento!", se encuentra

Yo le he Yii-to, aunque en sueJ101-,, le he Yisto. J;~ ncon·ado sobre la complicada múqninn,
t em os los múltiples h ilos y con los husos en
la mnno, el YiC'jtl tl'jedor fabrieaba sn tela.
Era larg:i. y Pra :lllchn: todo cahía en t-lla.
E ra fuerte por un 1•xtremo, por el ot10 se d1&gt;shi lnehaha. Ern t:1111hién caprieho:-a: todrn, los
colores se re1111hn nllí. ¡C11ú11tos hilos!
Yicjo \t&gt;jedor, ¡,&lt;¡UÓ hilos .,on l':-rn,;?
-Son los hilo:,; de hi Px isll'llt'ia.
El tehr er:1 lllU)' grande. l1111úmeros crnn
l os que t1ahajaha11 t•n í·l. U nos reían, otro::;
lloraban al :-011 r.colllpn:-ado 1le las lanzaderas:
pe ro todo,; reu nía n los hi los preciosos que más
tarde debían desunir:-e: todos tejían su propia
t ela.
- Yiejo tejedor, ¿11uú fahriea ese jo\·en tan
afanosamente·?
-Ilusione:-:, i-uciíoi:;, e,-pernnzn;: .....
- Yiejo tejedor, ¿,&lt;¡né hilos son los qne emplea. aqnel recPlo:-o·?
- Lus de la enYidia, b mentira y la calumn ia.
--Yic•jo urdidor, ¿,qui- teje aquel anciano"?
De,-;engaflos, infortunio", ingratitudes.
Un os reían, otros lloraban al son ncompasado &lt;le las lanzaderas; pero to&lt;los reunían Jo,hilos que mús tarde delnan dc:,;unin,e: todo!;
fabricaban su propia tela.
A veces la tela era un manto tle púrpura;
otras,. pañoletas y venda~, y ú yeces era un
suda rio.
Mientras unos reían y otros lloraban al son
acompasado de las lanzaderas, el viejo urdidor
me dijo:
- ¡Todos tejen su propia de¡;gracia!

-----

FRA:-.CISCO

Conos.

APOLI\EA
Yo quiero el ,·erso fiícil: que teuga, cual la ~Pda
6 cua l In p iel de un niño, la suavidad que anima
la mano cuvo tacto lo tlelicado estima;
yo quiero
verso, tierno, cual ramo de rewda.

el

Que finja los contornos del iris que se enr('(la
sobre las verdes frondas 6 sobro la alta cima;
que surja níveo y terso y txpire en dulce dma,
como el dilecto cis~e junto a los pies de Leda.
Yo quiero e l verso dócil al labio y al oído,
con vib1•acit'ln que exprese la. mag-ia del sonido
y arranque de las almas esencias misteriosas:
el verso que se nutre de cosas ignorada,;;
que emerge en los capullos al beso de las Hadas
lleva do áureo carro las rienda,,, victoriosas'.

L.

TORRES AB.\:-;D!illO.

LAS FIESTAS L,E CARI DAD DE GUADA L AJ ARA.

(Fot. Lupcrcio.)

Srita. Ana BArcena., reina. de una corrida. de toros

ESTIGMA
( larn en mi pecho tu wrfi&lt;lia'. Clarn
!"obre mi pecho tu puiial! Ahonda!
Hasta que el hi(•rro sin pitda1l n-&lt;ponda
á tu conciencia clelincuentr. y pr:wa.

El Sr. Ministro en su D espacho.

&lt;ledica.toria puesta por él mismo: «Al
de Prat de Nantuillet, Alfonso, 1002·•
Alfonso XII, conserva el Sr. Ministro
retratos, entre los cuales hay uno
líneas que demuestran la estinrnci6n
fianza que le dispensaba aquel Hey:
co Prat, Recuerdo de .Alfon!lo, 1881.•
.\demás, Yimos en la Legación mu
fotografías de otros de los principales
nos de Europa, 1le hombres célebres
tistas notables.

Y no te ocultes! Como iütPrn&lt;a laYa
salrlríl del pecho la sangri1&gt;nla onda,
antes quP prei;a ele terror se esconda
tu mano un tiempo de mi mano e~claY,L
Horrendo estigma que al perdón resi!-h•
~erá en tu vida miserable y triste
la marca impre~a por mi sangre nrdient&lt;'.
Y de extinguirla lratarÍls C'll vano,
porque al borrar~e en tu rebelde mano
mucho más negra. infamará tu frenll'!

***

Para concluir, diremos que tanto el
qués como su distinguida espo"a, ha
captarse por eu exquisito trato, las si
de nuestra buena socicclacl.
La Ara. :Marc¡ues:i perten ece
principales fami:ins de &lt;3recia;
honor de la reina, y por s11 posición en
te, tuvo oportunidad de conocer ni!(
tual 8oberana de J nglater1 a, de 1¡u1en
íntima amiga.

ANDRÉS :\lAT.\,

~EGACI ON DE ESPANA.- Interior del Despacho.

S.\L.\ DJ-; ESPt:R.\.

l!lO~.

EL TELAR DE LA. VIDA.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo '.!2 M )larzo de 1903

Fachada de la L egación de España.

0

Fot. Napoleón.

l•'ot. X apoleón.

�Domingo 22 dé Marzo de 1903.
EL MUNDO ILUSTRADO.

mo de yez en cuando: «-i Burna mano para lo~
- )lira, «niña», mira ....... ¿,Quién lo habrá
lazo,!» K¡Salió :1 su padre este muchacho!» o
Ella le brindó un va,;o de refrei;co.
hecho? Te a~eguro que, si quisiern, de un soexpresiones semej:inte!'. La abuela, _como una
-¡La mitad, no más que lamitad!-obserlo golpe con esta penca le romperín la cri,ma!
momia sin dnr m:1s Aeña.les de vida que el
vú él, al recibirlo.
Y en !&lt;U~ mano~ el flexible rebenque se domovimiento de las r.ianos al e~cardar, parecín
-¿,Y la otra?
bla.ha y batín el i&lt;uelo, como una l'Ulebra cutambién un ,·ellón de lana &lt;'011 sus trapos des-Ya lo Rabes ......
ya cabeza fuera la enorme y pesadii nuez de
hechos y sus cabellos muy blancos .....
El mozo bebiú con an~ia. Aquel día había
plomo
.....
sido de gran labor. Un sol rabioso les había
«La niña» guardó !'i lencio. .Juan vol viú á
escaldado las espaldas; y luego, el viento. un
Y .Juan, el nodo, agriado ya su triunfo p_or
enrollar el chicote á la cintura, y á encerrar
viento secn y revuelto que alborotaba el polel
incidente, ~e empecinaba, YOlvía á la misen !'-U corazón el odio hacia aquel )Iarco~ que
ma murmurando sordamente:
vo ......
bahía sido su amigo y que, su rival ahora,_ se
«¡Ah, si no fuera por «eso•! pensaba Juan,
..'.._¡Qué no¡.(: hacer mús que lazos! Ya le
em 1wñaba. en estorbarle el pa~o, y con &lt;¡\nen
mientras el líquido agridulce le refrescaba. las
proharé que también sé fabricar buenos rebenhabía tenido ya sus encontrones en las tnllas
faucei-.
ques para los bribones!
y los rodeos.
-Toma, el trato es trato ......
· El huaso Antonio seguía examinando la
YfCTOR DO!lllNGO SIL\-" A.
Ella lo vació de un sorbo. Era un comproobm recién concluída, y hablaba para si mismiso que habían celebra.do de¡:&lt;le que el viejo
Antonio les dijera, aquella inolvidable tarde,
al regreso del trabajo, por el camino asoleado:
«Sí, yo les doy mi comentimiento. Se ca~arán
ustedes después de la coRecha, con el favor de
Dios......... » Y nunca habían faltado, nunca
Juan bebió sin compartir con «la niña» la bebida.
Antonio seguía fumando tranquilamente,
sonriendo siempre ante la encantadora perspectiva de los campos verdeguean tes ...... «Oh,
las eras repleL'\s, el re~ollar de las yeguas fatigadas, el trigo vendido en la ciudad, los compradores peleándose su alfalfa.. .. Y, por otra
parte, la fruL'\ que sazonaba en la arboleda!»
La abuela seguía también escardando lana,
siempre callada en su rincón. Un último rayito de sol se coló por una rendija y bañó el
cuadro idílico con la alegría de su luz.
-¡Ya está! exclamó Juan con un suspiro,
apretando el último nudo de su lazo «de á
ocho.»
-¿A ver? dijo el padre.
Y se puso á examinar con mano y ojo de
perito en la materia, la obra maestra de su
hijo.
-¡No está malo! murmuró. Llegarás á ser
un rico trenzador ..... . De tal palo ..... .
Y á la verdad, el guaso Antonio era famoso
en la comarca. por su innegable destreza en la
talabartería campesina. Ninguna mano como
la suya para sobar un cuero ó improvisar una
montura, para. moldear una cabeza. ó trenzar
un lazo. En cuanto á peguale8, cinchas, maneas ó muchachos, ¡bah! en un minuto se hacía una docena, y con dibujos!
Así, .T uan escuchaba con intima satisfacción
los elogios del viejo, y las dulces fruiciones del
estimulo acariciaban su ánimo. Xo acertó á
dar gracias, turbado. Eso si, mientras su padre manoseaba, doblaba y estiraba la elá:;tica
cuerda del lazo, dirigió sus ojos á «la. niña.i:
con la esperanza de ver en los de ella un aplauso mudo, un reflejo de su propia complacencia ...... Pero «la niña» había bajado la vista,
entristecida, turbada también, y trataba de
disimular el temblor de sus labios.
El pobre muchacho se sorprendió súbitamente. Realmente, era cosa que no comprendía ...... Y de la expresión de franca y candorosa alegría que animaba su semblante, fué
pasando al gesto amargo de la decepción más
cruel.
-¿Qué fué, querida? pudo decir al fin.
-Nada, ¿sabes? replicó ella.
LAS FIESTAS DE CARIDAO EN GUADALAJARA
-Pero algo tienes....
Srita. Fany Cañedo, reina de una corrida de toros.
-Sí, sí... voy á contártelo. El otro dfa, ¿recuerdas? cuando fui á acompañarte hasta el
Destroza.das
Pieles negras que ele.va.das
camino, me encontré con Marcos, que nos haEn el campo, de los aires al resuello se curtía.o.
bía aguaitado .. .
Un saúz de secas bojas y caída.
- :Marco!' ..... siempre Marcos.. ... , interrumGreña indócil, antojábaseme una
pi6 el muchacho haciendo un áspero mohín
Hosca.y trémula.tarántula dormitando suspendida.
De los hilos invisibles de la luna.
de desprecio.
Garza. insomne recorría. los azures tranparentes
-Sí, pues ...... Y me dijo: ((tu novio, el baY su sombrase arrastraba en la. llanura florecida ·
bieca, no sabe más que hacer lazos ..... Si yo le
Tal sin lig-as ap11,rentes
'
viera, le enseñaría á hacer rebenques.... ¡Qué
Nuestras almas iban solas por laNubia. de la. vida.
('o.minamos, y de pronto sombra. espesa
lástima, «niña•, que le tengas por novio!» Yo
De alto fresno te cubrió con sus crespones:
me reí de él, á carcajadas, y !e dejé plantado
Mi cuchillo deslustró sus brillazones
en el medio del camino ......
En tu cuer po: mi cuchillo como tiesa.
Xuhes grises como fardos agrupábo.nse o.1 acaso,
-¿Con que eso dijo el bellaco? ¡Ah bribón!
Lengua aguda. de lebrel, que insolaciones
De la. luna. el haz entraba.
Refresca.ro. en las heridas de su presa.
Pero ¿por qué te habías callado?
Por la enorme claraboya. de la iglesia.,y semejaba
Me engañ~ste y engaí'l.a.ste mis congojas.
Su fisonomfa de ordinario apacible y risueAncha. brecha de tremendo metrallazo.
Yo no olvido el arma. aquella. que tiflóse de esña, tomó una expresión de ira que dió miedo
De tu abrigo a.brilla.ntóse el terciopelo,
(carla.ta.!. .. .
Tus
mejillas
sin
carmines
eran
flores
de
alabastro
á «la niña.»
E o l os á rboles la noche preludiaba. su sonata.! .. .
Y el ebúrneo crisantemo que tenías en el pelo
Luengos rayos de la. luna. se filtra.bao por I as bojas
-¡Que no sé hacer más que lazos! Ya le
-Xube negra-fulguraba. como un astro.
Como tubos cri$ta.linos de un gran órgano de pi a probaré que no......
:Multiformes sombras de álamos copudos
(ta.! ....
Y con un ademán rápido, desenrolló de su
De ca.léndulas y montes melenudos,
ABEL C, SALAZAR,
Parecía~
cintura un grueso látigo.

***

"Cadena de rosas."

ta Rtrmtsst dt Santa maría
Como un recuerdo de la animada Kermesse
que 1;e efectuó en i:;anta ::\Iaría de la Ribera en
días pasados, publicamos una fotografía. que
representa al grupo de señoritas que formaron
la «Cadena de rosas», y otra en que pueden
verse algunos puestos y parte de la numerosísima concurrencia que llenaba la Alameda.
La «Cadena» fué la encarga.da de recibir á
los Sres. Secretarios de Gobernación y de Guerra, que pre:sidieron la fiesta, así como á otros
funcionarios, y !t los miembros de la Junta
Directiva de la Kermeese.
Lo&amp; Sres. Corral y Gral. :Mena recorrieron
las distintas callecillas del parque, acompafia.dos de aquel grupo de hermosas señoritas y
presos en un saloncito elegantemente decora:
do, donde otras señoritas hacían veces de autoridades, se les «obligó» á firmar una acta y
pagar una multa, antes de retirarse de allí.
La «CadenaJt estaba formada por las señoritas siguientes:
~Iaría del Car:ien Margáin, ::\Iercedes y J oa.qmna de la Portilla, Guadalupe Pérez, Luisa
de la Jlora, Clotilde l\Iassieu, Ascensión C'ovarrubias, Josefina Novoa, María Pradillo
1\Iatilde Blázquez, Rosa Bonieur, )Iaría Luí~~
Massieu, Celina de la Mora; 1\Ia.ría 1\Iargáin
Victoria. Ducloig, Concepción Sánchez Díaz'
María, Matilde y Ernestina del Castillo An~
Jlaría Novoa, Enriqueta Ducloig, Efüa Carrillo, Dolores, A.melia. y Enriqueta Arroyo Sofía de la Garza,. l\Iaría Escalante, Joaquina
Al.faro, Ema Pomer, .Angela :Monasterio Nina y María Catafio y Lolita Escalante. '

mirando por la puerta las sementeras de alfalfa olean~s como un lago de aguas muy verdes,

y los trigales olorosos que ya empezaban á
labrar el oro de sus ricas espigas. ¡Oh, qué
cosecha la de aquel año!
Juan, su hijo, un gallardo mozo de veinte
~ños, de pie junto á la pared, concluía en ese
instante de trenzar un lazo; y de vez en cuand_o levantaba la vista haciendo un gesto malicioso cad_a vez que_ «la niña,; sorprendía sus
dulces miradas furtivas. «La niña,• una pobre
h~1érfana acogi~a en el hogar por el tío Antomo, era su novrn., su hermosa prometida y el
b_uen mucha.cho sentía una honda compl~cenc1a al -..:erla. así descuidada, ingenua, los brazos casi e_l ~escubierto, preparando el refresco
para el v1eJo labrador. l\[ás lejos, en un rincón, la abuela, una anciana de cabe11o com-

pletamente blanco, escardaba lana, sil
perdida entre las hebras ele cleshech08
nes.
- -¿Con el uiste? preguntó de pronto el
Juan, que por vigésima vez se había
do embelesado mirando á «la niña,» se
bruscamente, rojo por el bochorno.
-¡Ah! ya. luego ......
Y se hunclió &lt;le nuevo en hi tarea in
pida, con un tesón extraño, ca!,i feb ·
quitar la. vista de su obra. «La niña• ·
refresco á su tío. El guaso lió un cigarro,
peó el yesquero, y una bocanada de hu
cendió en el aire.
-¿También á ti? preguntó á su
niña. »
-Como quierai-....... ..

***

La Kermesse, que se repitió el domingo último, resultó lucidísima.

EL LÁTIGO
¡Hermosa tarde aquella de día sábado! Había terminado temprano la faena en los bolsi~los sonaban algunas monedas y la: alegría
remaba en el rancho. Antonio el honrado
campesino, sonreía lejana.mente, 'en silencio,

Grupo de concurrentes ¡ la Kermesse

�Domingo 22 dl; 1Iarzo de 1ll03.

EL MU~DO ILUSTRADO.

EL 111,;¡'\DO ILUSTRADO.

Progresos de la 'fotografia.
Mara villosoi,;, ciertamente, HOn loR adelantos
que la fotografía ha nlcm1zado en los últimos
aiios, é inco1,tahle el número de vcrdndE&gt;rna
obras de :-11-te que producen en la actualidad
los graneles tallNeF.
Xo es y:t el rl'lrato de parecido 111ús ú lllE'•
nos perfecto, ni la .. ,•i-.tan de taló cual edilicio
ó paisaje, lo que 1!1[1s preocupa :l la fotografía
moderna. Perfeec10n:ulos los aparatos ,. )011
procedimientos, el fotógrafo de lllll'l&lt;tra (.pot·a
encuentra á cada pa!-o «n1oti,·o,., que en otros
tiempos i,;ólo ern dacio aproved1ar :í los g•ancle.~ artistas y ai-í \'l'lllOS que, poco ;t poco, la
cámara oh~cura ,·a cn~nuchando Ht do111i11io
para abarcar un calllpo de acciún cada vez m{u1
extenso y mús rieo 1·n a:;11nto".
Ante&lt; los «m odelof'n esta ltan l'xcl llf'i ,·amente elc-stinndo,; ni "' stuclio» de lo,; dernto,; riel
color ú del cim·c•l. 1\horn, inrnclen el tall1•r fo.
to6 r:1fico, y son tan hellas y tan ,·nrins las
ohras en que intervienen, qu&lt;• se le,; coni-i&lt;lera colllo uno ele los n1ús precio:-os rccursoio.
En este número puhlicamos primorosos trabajos íoto~rúficos, sali&lt;los de un taller parisiense, á reserva de ciar ú conocer [1 nue!&lt;tros
lPctoreR, en las p1óximas e&lt;licioncs &lt;le «El
~[undo llustrndon otras fotografías tan bellas
corno úms.

EL TRIUNFO
.\ lherto dejó la pluma !'obre In. me:-a con el
nnvio~o ge:-to del que logra rompt&gt;r l'l grillete que &lt;le,-garrn sus cnn1t•1-, .,· pnr i-u,; linos labios sombreado!-&gt; por vnrnnil 111ost:1tho, aquellos labios denunciadon·s del iugenio a~tulo y
falaz que entre sus amigos le di1•ra fama de
polemi¡.;t:l invencihh•, Yagó, contrayí-ndolos
a¡wnas, un ho:-qucjo dP i-onrisa que de1111nciah:t muy á lai- clara~. por la pri,-a c¡nc ~e dió
pn &lt;k-;apareccr, la docilidad de unos múseulo:,; acostumbrados por la ~evrra dil&lt;ciplina á
reprimir toda manifrstación Pxterior del pt'n!-,Ulli&lt;•nto que se reserva si~temúti('n ment&lt;&gt;,
con el maligno cleseo de permanecer de1-conocido para todo!-.
-Ya está! -dijo-y de f.US ojos adorn1ilados dr penf'ador, brotó una ch iRpa de amoroso f1wg;o, la tierna mirnda que el e~critor diriµ:e al mo1,tún de garrapateadas cuarti llas, mí1R
rxprl':-irn, mú:- intensamente paternal por el
. afecto á las coi-as que no Yi ven ni sienten,
afecto apa!-ionado y sincero muy e"pecial en
él y que i:om,tituía una nueva y curio~a faz &lt;le
su l':trúctcr.
.\largó el brazo para recoger las cuartilll\8;
y arrnstrndo por el mismo sentimü•nto que
impnba al labrador á recontar y examinar
con &lt;'nidaclo,&lt;&gt; y ti&lt;'rno escrúpulo las íre,cas
ga,·illas de la ('Osecha c,-;pcrada por largo tit'lll·
¡,o, clió lr&lt;:tura. fr la obr:1, deleitúnclose al t'S·
('llchar f'U propia yoz, rnai can1lo con exagera.¡., énfasis los períodos culminante,, Ja5 fra•ws pomposamente H ricns que (·l sahía ele l'Í• eto dt•t·isi ro &lt;'n la tri huna, haeicndo pa 11sas intt&gt;nl'ionalt·l-i, como para esperar los aplausos
'llli) l&lt;'ltÍa :-Pguro;-.
.\quello era, como toc1o lo que salía de l-11S
mnnos, un derroche de artificio,-, h{d,il111('11tc
tl1:-i111ulado,- tras el brillo dl';;lnmbrador de lat1
111etúfura;:. El pesimi;:mo de moda, &lt;'l l'nÍt-r·
1110 ¡,c,;imi,:mo eleYado ít la categoría de una
('Ualidad del n1Pjor tono que en t'iertm, hmu1,res d~bile,: pn•tencl&lt;'n encontrar el ai re de tilÓ,:ofm.;, &lt;le sabio':! rlueiios el!' la nnla cl l't1pre111a que &lt;'Xperimcntan por los otro'I el m:iR
(Olllpleto d&lt;•sdc'.:n, rc,-altalia en tcl disl'\lrl'O de
1111 111odo o!-'tensiltlr. ~P hahlaha allí del hom·
lire l'll perpetua lucha con el medio, con la
tierra ingrnta. gastada ya por el paso de mil
generacio1ws, l'tn pohrecida hasta el extremo,
«esa madrastra chocha-decía-que súlo tiene
fuerzas para ahrir sus mandíbulas ele bestia
l'arnicera para dernrar ú lo,; homhrei', si n sa·
1·inr nunca su apetito brutal.» Xo rn:is fe Pll
.i ciencia; no míu; fe en el trabajo; :i ,·i,·ir el
m inuto presente: cerrando los ojos para el porCOLE&lt;.THi:,, PHI.LA:i!H:il.

Domlngo 22 de' 11arzo de 190:1.

venir fatal escrito ya en el «libro ele los &lt;lest~nos.» Puesto que la tierra es a,·ara y es preciso arrancarle á Yiva fuerza lo que en su seno
ll!'\'n. ¡,ara el umor, para la felicida&lt;l, par:1 la
vida, &lt;•astig11Pmos su cit•ga eruel&lt;lad, arroJando sobre su i11rno\'ibl&lt;' faz de idiota el amargo
esputo de nuestro odio inti11it? y justo; caigamos en el poh·o que 110:; ¡,rud1g:i porque losa•
he cargado ele eh•mc11tos cle!-tr~tdor~i-, hiriendo co11 nuestra planta t•l hc11ch1&lt;lo ncntrc que
ja mú,- da {1 111z para 11 \ll'stro bien.
All1l'rto pcrmaneciíi t•n éxta:-is, dejando t¡ll&lt;'
la fresca brba qul' Yenía del jardín, penetran•
do di,-;cretamente por la abierta ventaun, lh·•
gara ha,-ta {·l para r&lt;'frescar su cnarclcciLla
frente con In caricia tle sus leYcs alas.
· Acabó por doblar l:i tahcza lentamente, como arrullado por el rumor tic los aplnu,-;o,presentido~, cerrando los ojos parn oirlos llll'·
jor; pero el augusto i-;ilern:io &lt;¡~ie _lo ru1leaba,
t!P,-pu(.~, aquel Yago e!-'tremec1m1cnt~&gt; ele la
,·ida disper:&lt;a por todas partes, aquel rnresantc trabajo del Uni,·cr~o entero en camino hacia la suma pcrfocción que se iba haciendo cad:1. ,·ez más perceptible, 1,arrió con !-U potent•·
soplo &lt;·l rabioso l'gobmo del escritor para el
que un triunfo literario es todo en la ,·ida, y
y:t no pudo c:-;cuchar m{ls que el canto infinito ele la tierra, la.buem1. madre que vela el sueño de sus hijos:
«Quiero tu amor por l'ntero y sin rei:;ervaalguna; ú cambio de é l, yo te prodigaré los &lt;lom·s !JUe mi :-cno guare la para los buenos. La
llumanida&lt;l sufre por falta de fe; su amar¡!a
duda la &lt;lchilita y no tiene ya fuerza para
amar tanto como es preciso. El amor labra
los &lt;lestinos¡ el tmbajo los fortalece; la fatalidad no existe. Yo niego todo al que me
dci-;precia y me insulta. \'en á mis brazos, pu·
Ha tus labios sobre mis labios y bebe en ellos
l:i. Yida á torrente;;."
Alberto se lcrnntó bruscamente como ohedt•ciendo á una orden YPnida de muy lc·jos, y
llorando lúgrimas de Yergücnza, lle clisgu::-to
ele si rni:,m10, hizo mil pedazos el monstruo~o
artículo oratorio, y los ulancol-i papelitos, como bandad:t tle n1:niposas, fueron volando t•n
todas direi:cione¡.;, eayen1lo sobre las hojas de&gt;
lo:- rmmles en flor, en el va,-to jard ín en donde millares tle botones e"tal !aban hajo la. caricia de un d elicioso a111a11ecer.

DE VERANO
Es la ta.1·de. Lo» rayos del sol se alargan
y hacen llamear el oro de las espigas
y á los pies de los á lamos verde obscuros

arrojan largas sombras que se deslizan
por l1i ext~nsa. llanura, suben y bajan,
se quiebran en las tapias, y reto1'Cidas
culcb1·can, bundiéndoso en las acequias
para corr~r ele nuevo por la campiila.
A un dentecillo fresl'O del sur, las bojas;
de los álamos verdes a.legres brincan,
mientras un calofrío de luz recorre
la on,lea.nte supel'ficie del nun· de espigas.

Fncrten,eutc encorvados los rucios torso,,
los hraZO'i á lo largo de las rodillas,
de frente al sol que so hunclP. los -.eg-adurc,
semPjan, :í. lo lejos, extraña lila.
de adorndores indios qm, se prosternan
;mte el sol, 1·uyo cno1·mc dis1·0 rebrilla.
como la fa7, ~loriosa. do un dios a.legre,
dP un hnen dios muy all'gre, cuya. sonrisa
hat·c surgir océanos do rubio trigo,
hace nacer las flores do la. campiila,
hael' tejer los nidos entre las ramas,
y hace unir'-C los labios, cual rosas vivas
que confunden sus mieles .....
.... El sol -.e ha itlo.
Y por las alamedas "emisomhdas
se a1ejan ll'11tam,•11tc los seg,udores
cantando zamacnvl'as y seguidillas •...
COLEl:ClÓ!'i" PELLANDlNl,

�Domingo 22 de Marzo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 22 de Marzo de 1903.

.

'

·.

la Escuela, de la más escrupulosa atenci6n,
y están dotadas con todos los materiales y útiles necesarios para la enseñanza. }J;n la clase
de Geografía, y en la de piano, pudimos observar el grado de instrucci6n á que alcanzan
los alumnos, y la excelencia de los métodos
err1pleados por los profesores: con el simple
tacto, und. alumna nos señaló en la esfera las
principales naciones del globo, y 1.,n joven
tocó al piano una de las más difíciles lecciones, con firmeza verdaderamente notable.

-~

. . ·: ::l

Y no hay en mi obscura choza
ni un solo rayo ele sol,
ni el que baja hasta la tierra,
ni el que-en la fe sube á Dios .
Loco, fiero y arma al brazo,
dispuesto al arroyo voy
á trocar mi blusa honrada
por el sayo del ladr6n.
Rico albergue, RU portada
abre á mi paso veloz,
cual portillo que brindase
al crimen la tentación.
Y allí penetro convulso
y ciego, con tal pavor,
que jamás delito humano
tuvo más dura expiaci6n.
¡Pero me esperan con hambre
las tres vicias de mi amor!
¡y robo, y huyo y comienzo
mi carrera de pasi6n 1

Tejidos de bejuco.

Orquesta de la Escuela Nacional de Ciegos.

Mientras corría, la turba
tras mis pasos iba en po~,
y aún sus gritos me resuenan
á tempestad y á fragor!
Hace pocos días hablábamos en este semario del~ e1_1señanza de los sordomudos y del
establecimiento con que para impartirla, cuenta nuestro país. Ahora, vamos á referirnos á
la Escuela Nacional de Ciegos que es, sin duda, uno de los planteles educativos más dignos de ser visitados.

Una lección de piano.

. La ~scuela fué f~ndada por el Sr. D. Ignac10 Trigueros, Presidente del Ayuntamiento
d_e México en 1866, y como todas las instituciones que no cuentan para sostenerse con
una a1uda constante y eficaz. estuvo sujeta en
los primeros afios de su establecimiento á un
sinnú11;1ero de dificultades que s6lo la persevera!lcia de su fundador logró vencu.

En 1871, la Secretaría de Gobernaci6n decret6 un impuesto á las loterías públicas, y
con el laudable prop6sito de contribuir al sostenimiento de la Escuela, destin6 parte del
producto á cubrir los gastos más urgentes que
demandaba la instituci6n.
Con este auxilio, el Sr. Trigueros pudo implantar ya algunas
mejoras en el edificio, atender á la
creaci6n de un a
planta de empleados competentes y
activar el ingreso de
alumnos, haciendo
de esta manera que
en un período de
tiempo relativamente corto, el plantel
realizara grandes
progresos.
Concretándonos á
las condiciones en
que actualmente se
encuentra la Escuela, diremos que sus
adelantos son muy
notables y que el
Gobierno ha puesto
cuanto ha estado de
su parte, tanto para mejorar los mátod_os de enseñanza,adaptándolos á las prescripciones de la pedagogía moderna, como para introducir en el edificio todas aquellas reformas
que reclaman la_co_m odidad de los educandosy
el ornato. Los d1stmtos departamentos han sido convenientemente reparados, y la fachada,
que antes presentaba un aspecto conventual
ofrece ahora á la vista, una eerie de amplia;

¡Qué tortura! En mi carrera
un fiel amigo me vi6,
más que un amigo, un hermano
en otro tiempo mejor!. ....

ventanas que la hermosean sobremanera.

***
Por lo que toca al régimen escolar la :Eacuela tiene est&lt;i.blecidas clases de in;trucci6n
primaria y secundaria y clases de música y
el número suficiente de talleres para que loe
alumnos, una vez concluída la enseñanza elemental, puedan dedicarse al aprendizaje de un
oficio que les proporcione los medios de ganarse honradamente la subsistencia al salir
del Establecimiento.
Estos talleres están bajo la direcci6n de
«maestros» competentes y muy familiarizadoe
con la enseñanza de los ciegos. En el de imprenta, vimos ejecutar algunos trabajos con
verda?era habilidad, así como en el de tejidoe
de beJUCO y otros ramos. De la tipografía han
s~li~o casi todos los v~lúmenes que forman la
b1bhoteca del Establecimiento. Los caracteres
impresos son de relieve y la lectura se haca
por los ciegos, por el tacto.
Pe.ro no son únicamente los beneficios dela
ensefianza los que los alumnos reciben; pues
á fin de que terminada su carrera cuenten con
un pequefio capital, se ha formado un «fondOJ
con el producto de los talleres y se lleva á ca•
da uno de los educandos su «cuenta de alcances,» por decirlo así; cuenta que se compone
de los yremios que obtengan, de la parte que,
deducido el costo de los materiales, quede de
la suma en que se vendan los artefactos, y de
l?s donativos que en numerario bagan los par·
t~culares á su favor, ya sea individual ó colee•
tivamente.

***

Las clases correspondientes á lainstrucci6n
primaria y secundaria así como las de músi·
ca, son objeto de part~ del señor Director de

II
Evaclirme pude al cabo
de aquella persecución,
y llevar á mis amores
p::m, alegría y calor.. ...

Clase de Geogr:ifía.

La orquesta formada por un grupo de a lum nos, aunque poco numerosa, cuenta con un
buen instrumental y se distingue por lo correcto de su ejecuci6n.
Por último, diremos que en el Establecimiento se encuentra una exposici6n permanente de
los trabajos que se ejecutan en los talleres y
que se destinan á la venta. Labores manuales,
como bordados, tejidos de gancho, pasamanerías, bolsas para viaje, cajas de carl6n, cepillos, tejidos de bejuco, se encuentran en los
aparadores, distinguiéndose por su magnífica
hechura.

Mas ¡ay! que á presidio fuí;
que un polizonte avizor
al preguntar á las gentes
por el nombre del ladr6n,
A la turba, que es piadosa
porque olvida al que pec6, '
ninguno me conocía,
nadie levantó la voz;
¡Pero mi amigo, mi hermano
en otro tiempo mejor,
compadeciendo mi suerte,
afligido, me vendió!
MANUEL S. PlCHARDO.

El manantial.
Penetrando del bosque en la ei:pesura
donde á escondidas te da á luz la. fuente,
me deleita escuchar el baibuciente
rumor primero de tu linfa pura.
Cuanto berns aquí, se transfigura:
la piedra se hace joya refulgente,
y hasta el lodo que baña tu corriente
se hermosea también, también fulgura.
Al verse en tu crif,tal, las mariposas
te toman por un cielo, y cocliciosas
de lo inefable que en tu seno anida,
se lanzan á beber...... como alma al vuelo
que persigue, en las fuentes de la vida
algo que sepa á manantial del cielo. '

El río.
Dej~ste el bosque allá, y echando afuera
tus ahentos en brazos del destino
al abrirte entre rocas un camino '
tu caudal se embravece á la car{.era.
LYa eres fuert,el ¡A luchar! Tu afán espera
banarse_ más alla de lo mezquino,
despreciando la rueda del molino
y el amor que florece en la ribera.
¡Te tiemblan romó á un dios! Tu altivo em(puje,
besando tala y fecundando ruge·
pero así que, endiosado en tu b!avura

'

llegas al mar y su amargor te toca,
te sepulta una onda de amargura..... .
Y ya no encuentra más que hiel tu boca.

Purificación.
Al pálido lucir del firmamento
que indeciso alborea por Oriente,
cantan las olas la canción doliente
donde todo dolor encuentra acento.
Su amargura se expande en un lamento
tan ~ondo como el mar, que eternamente
persigue en vano ¡aquel dulzor de fuente!
cuya sola memoria es su tormento.
¡Pero ya brilla el sol! Rompe la espuma
sus cristales de hiel, y en tenue bruma
cada cresta espumante se revuelve ..... .

El amigo.

la nube la recoge, toma vuelo
la purifica en el azul del cielo '
y otra vez dulce al manantial 'la vuelve.

I
¡Qué día! Mis pobres hijos
faltos de pan y calor,
se agrupan junto á su madre
que agoniza de aflicción.

Pontons, Septiembre 1902.
M. MORERA

y

GALICIA.

LAMILPA

f
1

De «Aires de la Montaña. ,,
Cuando tierna, es un mar verde cuyas aguas son las hojas
-cintas trfmulas de raso finamente lanceoladas,quP, se agitan como crines 6 se cruzan como espadas
defendiendo los «jilotes» ele ambarinas crenchas flojas.
Ya en i,az6n, :vergue sus frutos; el rumor de las panojas
crepitantf', imita el ruido de las onclas encrE"spadas,
y famélicos la invaden negros tordos en bandadas
-militares orgullosos de ostentar presillas rojas.y ya Reca, por el fuego del buen sol de meclioclía,
es la milpa haz de fusiles, batall6n de infantería
que al redoble acompasado del marcial tambor rnnoro,
vuelve intrépido y triunfante de los campos de la guerra
pregonando que los surcos-las matrices de la tierradan por una sola gota de sudor mil granos de oro.
JUAN

Taller de imprenta.

13. DELGADO.

:México, 1903.

I

ESCVELA DE CIEGOS,-Un ángulo
Clase de labore:; man 11 a1eij,

de la sal¡¡ de Exposición,

�Domingo 22 de' Marzo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

mis ojrn- daban vuelta~ no sé qué fulgores. C!lrca de mí ~o habí~ flo~
res, y sin embargo, me parecía que en alguna parte surg1an punados
de rosas tan llenas de perfume, que por un momento me sentí desfallecer y que mi frente, al reclinarse sin fuerzas, tropezaba con un apoyo rnave y tibio.
Y la ,·oz, llena de amor, proseguía:
-Bien amarln! Oh bien amndal Yo, que durar,te largos meses
me he contentano con ~ecruir la huella de sus pasos, la tengo ahora
cerca de mi pecho......
I Si usted supiera (lUé embriaguez causan
sus rizos sus párpados de seda, sus lahios púlielos! ......
A pdyó su boca en mis labios, como si quisiera aspirarlos....
l\1e aparté con un esfuerzo supremo.
- Xo!- murmuré- Yo no quiero faltar! Compa&lt;lézcase usted de
mí.. .... en nombre ele f'U hermana, si la tiene usted!
Palideció y acercó su rostro al mío, que se apartaba.
No; yo no 111110 ú usted! Amo al amor! Quisiera ele él la flor, el
ensueño nnda már,:, se lo juro! "Cn corazón, una ma110, un cerebro
cultivado toclo esto en un ser ele hombreó ele mujer, 110 importa! Xo
quiero si1~0 un ser an1igo, porque estoy trist.ísimamenle Hola.... .Aquí
110 hay nadie sino ustl·&lt;l. Sea usted eRe amigo, pero respétem e! Leeremos junto!&lt;, platicaremos, pensaremos el uno en el otro ..... Será todo ...... Júrelo tbted!
Y e;ta vez ern yo 'luien le suplicaba qn e m e amal':i. a.;.í! Y era
tan ;.in cero mi deseo de c{rndi&lt;lo amor, que lhibert :-e lernntó i111pre:-iona&lt;lo y n o me rctu,·o la mano sino parn ayudarme ú poner e n
pie ........ .
Cuando estu\'imoF de ¡,ie, el uno junto al otro, s u actitud se cambió en re;;petuo"a y sus ojos me env oh·ieron en una ca ri cia de infinita pieclnd.
:......Pobl'el Pobre n iña! Cuánto elebe usted haber sufrido!
Evocaba mi soledad tan completa, mis silencios ¡.:in fi}1, mi pureza sin pasión y mi deseo de amor. El amor! La fusión de las almas
una en otrn, sin In necesidad de los Fentidos, como en un paraíso en
que se sueña.
Y esto debió parecerle muy hermoso, porque en sus ojos, que se
llenaron de admiración, germinó el deseo fugaz de imitarme, de ascender conmigo á esa cúspide desde la c ual le hablara ele amor con
una iaerenidad tan profunda.
Repitió:
- Pobre pobre niiia. Ni siquiera un hermano en el mund o! Y
q uisiera uste~l r¡ue ese herman o fuese yo! Pues bien, lo seré! Pero escúcheme, :María Teresa ........ .
Poseído de una pasión súbita, volvió á atraerme hacia sí.
-Escuche usted bien ...... seré su h ermano.. .. ..... Pero entonces,
no me perfume usted con su prtsencia demasiado cerca; uo me d é
nnnca la mano, cuando yo le tienda la mía, 4uítese de la nuca esos
rizos que brillan como flamas ......... Oh! .María. Teresa........ . Y rns
ojos ........ .¿Cómo velaría usted sus ojos lánguidos, sus ojos de amor'?
Esta. vez traté en vano rle desasirme.
-Y sus labios, María Teresa: esos labios que he probaJo ya.....
}las se calmó al fin. Golpeó el suelo con el pie, :;e apartó nerYiosamente de mí, fogoso como un león que sacude su melena.
-No! No! Estoy loco. Quiero ser su hermano. Yuelva usted en sí,
seño;ita Romane! Abra usted los ojos! Podría yo ser hasta su padre ...... Qué teme usted de rní•? H a visto usted mis cabellos grises? Y
mi m ujer'? 8abe nsted que ella me espera en casa para dar un paseíto
juntos? Tengo un libro que enviaré á usted ...... Yuelva usted en sí.. ..
Yo huiré, ...... yo, que la causo miedo! Quiere usted que me vaya?....
Volví á la vida, poco á poco.
-Sí-murmuré con v0z débil-váyase usted! .. ...... .
-No; no, mientras usted sufra....... . Compad ézcase de mí. Acaso
le pido algo ahora? Serú tan dulce la amistad que usted ha deseado!
Bien! Ya me voy. No tiene usted necesidad de mí para llegará su casa.
Vea usted que me arranco de aquí fácilmente. Los enamorados no
tienen esta fuerza! Yo soy sólo amigo, nada más, ya. lo verá usteel ....
y pronto le enviaré el lioro ...... ..
Estaba lejos ya, l igero como un fauno ........ E sta semejanza me
atravesó por la imaginación como una hoja de acero. Lle\'aba un vestido de lana color de ladrillo, como el de las hojas de otoño, y cuando corría por el sendero rocalloso, sus pasos resonaban,como las pezufias de los semidioses griegos ..... ..
Por la tarde Phrasia, al llegar como d e costumbre, para que yo
la enviase á buscar mis provisioneci, sacó de s u canasto un cuaderno
de revista.
-Es el seiior alcalde quien envía esto. Estú allá el seíior cura,
y entre amhos lo eligieron para usted. Parece que esto la quitará el
fastielio durante las vacaciones.
El alcalde no se ocultaba. Hasta mezclaba al cura en el asunto.

Ah

LA INSTITUTRIZ.
N OVELA POR E STE R D E S U ZE.

ILUSTRA CIONES DE SIMONT.

TRADUCCION Df "l:L ~ UNDO ILUSTRADO."
(CONTINÚA.)

- ¡Oh! ¡Qué! ¡Qué! ¡Es uoted! ¿Ha regrc-Eado? ¿Por qué, Dio:;
mío, por quf?
Tendí mis manos h acia él, para rechazarle una vez más, en tanto que mi grito era un grito de derrota. ...... .
El n;e tomó de las manoi::.
Permanecía de pie y yo sentada, y para hablarme se i11clinó ít mi
la.do hasta que me hi zo sentir en el rostro la ca.ricia. de su al iento.
'-Sí; ~•o soy ; hr obedecido á usted por mucho tiempo. ¿H asta
cuándo i::ería preciso'?
-¡Siempre! ¡Siempre! Xo está bien ...... Usted es carndo ......
Sus ojos se cubrieron de un velo de tristeza infini ta, y sus dedos
se crisparon entre los m.íof'. .
.
.
- Detesto ese matrunomo ...... Sufro mucho ...... ¡S1 usted sup1€'!ra! ¿Me rlrjará u,:ted amarla, María Teresa'?
-¿Y yo le amaría acaso?
Se puso rodilla en ti erra, para acercarse á mí.
- l~stá usteJ sola, está usted triste... permítame que la ame. ¿.Quién
puede encontrar grato que uRterl desperdicie su vida? Oh! Su casa es•
tá vacía y ohscura! Por sus sueños no hay imagen que cruce! Su porvenir no tiene desenlace! Oh! Hi usted quisiera, l\Iaría Teresa! Quién
lo sabría? Yo sé ocultarme, sé aguardar las horas propicias. En mi
corazón derramará usted todas las tristezas del suyo .. .. .. Y yo también verteré mis angustias en el suyo. En la noche,á la luz de l as estrellas. iremos á em hriagarnos con los perfumes del prado. Y en el
inderno, usted rrie recibirá cerca de su hogar. Pondremos cerrojos en
sus venjanas. ~adie verá proyectadas en el muro nuestras siluetas en-

lazadas. Será usted más que la espoi;a, será usted la amante! Es usted joven, h ermosa y de alma ardiente ...... l\Ii alma es igual á la suyn. Qué pareja, María T eresa! Qué unión será la nuestra! Yo estoy
i::olo; u~ted e!'tá igualmente sola, y nuestros seres se llaman uno á otro.
Consienta usted, se lo imploro!
Ah !11Ti pi urn a tiembla de vergüenza, ahora! U asta qué gmdo de la
escala moral había yo de~cendiclo, para que tales palabas me p udiesen haber sido dirigidas ,;in r¡ue yo me rebelase'? .........
Estabayosinfuerzas,Raibert me retenía aún !as manos y seguía
ai:ro~lillado. Arrodillado, sí, como Sil vio, pero en tanto que delan te de
S1lv10 bahía permanecido de pie, y firme v orgullosa, ahora esta ba
(lUieta, bnjo la presión acariciadora de esas ·manos v el abandono de
mi actitud, me pareció ya una decadencia.
' ·
S1lvio me hnhía dicho:
«Sea usted mi esposa. Será mi Virgen Santa. Yo trabajaré mis
campos mientras usted cuida su escuela. ,&gt;
El otro me de~ía:
«Sea usted mi amnnte! Iremos á ocultarnos entre las sombras de
la noche, y cerraremos herméticamente las ventanas de la cai;a.»
Y había yo rechazado al uno, porque era ebrio y porque 1,ocialmente estaba muy abajo de mí.
¿,Tendría valor para rechazar al otro?
. ¿El vértigo que se apoderaba de mí, no era precusor del naufragio en que sucumbiría mi conciencia?
No estaba yo ciega! Sabía lo que hacía al dejar mis manos en contacto con aquellas que me quemaban&gt; y sin embargo, las dejaba. Ante
0

XXVIII
Qué tlehiera yo haber hecho?
No habría siclo suficiente rechnzar el lihro.
¿Marcharme del pueblo; encontrar ...... 6 n o encontrar trabajo e11
otra pa rte; morir, si era preciso, pero ¿seguir tentando más á ese
hombre y á mí misma?
Tales resoluciones i::on las salvadoras; pero no se las toma sino
cuando ya todo está perdido ...... .. .
Recibí el libro ......... ~Ie encaminaba al abismo ........ .
Unos cuantos artículos serios y hermosos; un estudio acerca d e

Domingo 22 de Marzo de 1903.

los pintores de la época, el principio de una novela muy sencilla.
Esa revista-el alcalde había escogido una ele fecha atr~!'ada, pr?bablemente para que yo leyera toda la novela,-esa revista. me inte· á
f
Al día siguiente se la entregué á Phrasia, que me tra¡o
con 1nuación el cuaderno siguiente.
.
-Bien seíiorita-me decía poco después el señor Ra1bert acercarse al jardín, en el momento preciso en que Phrasia ~e entregaba u~
cuaderno. -Está usted contenta con esa lectura? Qmere usted continuar en ella, 6 desea leer otra cosa?
.
Tenía aspecto bonachón y sencillo, y se mostraha r~Rp~tuoso s111
exageración fingida. Me puse contenta, porque me .ofrecia libros Y Jo,.
libros me encantan. Me dijo que tenía yo ya el último núm~ro _de la
revi:;ta y n ecesitaría esp,era1: al.gún ~i~:up~ á que llegase el s1gU11enle;
pero si quería, estaban a m1 d1spmnc10n libros &lt;le Balzac, de "alter
Scott, Daudet y otros..... .
-En fin-me clijo,-elija usted.
.
::\Ie decielí por Balzac, pero no supe qué elec1r cuando él me pidió el título del libro r¡ue más me agraciase.
-Elíjalo usted, Reñor alcalde.
-Oh .l No, no, no- di¡'o con vehemencia.-Xunca!
.,
. "l
Comprendí la razón de su negntiva. Seguramente tenna que s1 e
escocría eleterminada obra del autor de la "Comedia Humana" y yo
enco~üraba allí alguna semejanza de f-ituacione~, podría i-entirme
lastimada. Ilabía cambiáelose en el Yenlaelero an11go, en el buen hermano. Murmuré:
-No; elíjalo usted. ::\Ie agradMi el &lt;1ue usted me ende. Confío
en usted.
Confíaba en él! Decía yo tal cosa sencillamente; pero lo pensaba
con solemnidad, y él aceptó esto, co mo había aceptado el papel de
hermano mío.
·
l\Ie envió los libros, siempre por conducto de Phrasia. Xu~stra
intimidad no fué más adelante. Algunas veceR, en el cur!'o de nn lectura tropezaba con algún pasaje marcado; pero podía haber sido seíial¡do mucho tiempo antes, y no me fijaba en la señal sino para leer
con mayor detenimiento esas líneas. Xo &lt;ligo que mi pensamiento no
fuese más lejos. Colocaba á Raibert en frente de esas líneas. Si se trataba de soledad, de unión desdichada, de vagas aspiraciones á un
amor lejano, se me aparecía la imagen de ese hombre. ~fe entern~cían sus ca.bellos prematuramente grises, su a~pecto de tm,teza. Cúntlnua. Me representaba su caAa, coronada de torrecillas, d onde vi vía
solo, entre Phrasia y su mujer vieja., enferma y malvada .......
Y me parecía adivinar en él una serie d e desgracias parecidas á
las que yo hube de sufrir; tan semejantes, que una tarde me pareció
que las lágrimas que lloraba sobre mis recuerdos, las derramaba sobre
nuestras cabPzas juntas. Fué extraño. Lloraba d e que el desti110 nos
hubiese h echo tan semejantes y tan separados uno de otro. Xo sé qué
me faltaba aún, á pesar de la amistad surgida en mi existencia. A
veces me imaginaba verme en la casa d e las torrecillas, yendo y viniendo en torno de Raibert, hecho mi espoRo ..... i E:-to no sería nunca! ...... Y cuando salí de ese ensueño, me sentí llena ele vergüenza.
No me daba cuenta de que caminnba ú grandes pasos por el send el'O del amor. En otro tiempo había podido decir á Raibert": ccNo
amo á usted. » Ahora. esto n o habría sido verdad. Ese homb1e tomaba posesión &lt;le mi vida.. Pensaba en él por la n oche, y en el día, al
leer los libros, al hacer las faenas ele mi casa, al tratar de no encontrarlo.
Un día encontré una cartita entre las páginas del libro que me
envió. En ella me ampliaba el tema d el libro, me hacía notar algunas de sus bellezas que, ele otro modo, habrían pasado inadvertidas.
E :1cribía bien. Me pareció elegante s u manera ele trasmitirme sus impresiones i'i propósito del libro, sin tratar de verme, y en un lenguaje
que estaba lleno de ternura, a un cuando en todo el pliego no hubiese
una frase d irigida á mí, directamente. También mi corazón se desbordaba y mi pluma estaba fácil, así es que respondí de la misma
manera, y este juego continuó por algún ti empo. Pero suceelió que
en una ocasión, Raibert firmó su carta: ccPedro.,1 E ste nombre parecía allí estampado como un beso. Estando á solas, me ruboricé, y ese
día no contesté. Aquella debía ser la última de nuestras comunicaciones á distancia: en esa misma noche, Raibert llamaba á mi
puerta.

resó.

XXIX
Tan ajena me era la ielea de que él puJiese irá mi casa, que fuí
á abrir cuando llamó. De un salto se coló hast,1, mi recámara.
-¿Por qué no respondió usted hoy, iia1fa Teresa?
Quise prohibi rl e pronunciar así mi nombre; reprocharle el suyo,
el que se había atrevido á poner al pie de 1-u página eRcri ta; obligarle
á salir como un ladrón contra quien se pide socorro; y todas esta~
ideas se confttndieron en mí. Estaba enl oqueric.la por su presencia.
La firma de la carta, que había sido la causa de todo, me obcecó, m e
martilleó en el cerebro con una idea fija. Y e!'a idea, que quería desp edir á ese hombre, gritar, explicar la indignación causada por tal
sorpresa; ef'a idea estalló en un grito ... el nombre de Raibert.. el nombre de la firma:
·
-¡Pedro! ¡Pedro!
El creyó que era un grito de amor, y trató de atraerme á sí cuando m e vió vacilar desfalleciela.
'
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Un buen apetito-una buena digestión-un hígado sanoun cerebro activo y fuertes nervios, mejores son que las
mayores riquezas, y podrá u sted recib"ir este beneficio por
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o. F.

ARTE CLÁSICO.

( COLECCI6N PELLA'.\' lJüI. )

�Domingo 29 de Marzo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 29 de Marzo de 1903.

DIAS DE ROMA.
CREPÚSCULO.
Un buen día de febrero en Roma es una
ganga; hay que a-provecharla, es fuerza no perder un minuto; he aquí un programa: á las
ocho de la mañana despertar á Manuel Mercado (jr. ), despertarlo, obligarlo á vestirse, á
desayunarse, á aceptar de buen humor el sacrificio, á bajar, á salir; conjugar esta obra
titánica con la no menor de abreviar las largas etapas de la toilette del doctor Deffis, y,
en fin, reunirnos todos, después de las nueve,
en la puerta de nuestro magnífico hotel ( Gra.nd
Hotel, plaza de las Termas, el mejor de Roma);
subir en nuestros carruajes abiertos bajo un
sol que hacía meritorios esfuerzos por calentarnos, y partir rumbo al Panthe6n, al Gesú,
á la Cancillería, s. la Galería Doria; luego
«louchari, rápidamente en el café Colonna
(buen servicio, excelente chianti, clientela
«scelta» de oficiales, diputados y cocotas), y en
seguida, reembarcarse, ir á Santa María del
Pópolo, subirá la villa Borghese...... ¿Queréis
que paremos aquí, lectores míos? Son las dos
de la tarde, siento un poco de fatiga, el sol
calienta ya, el cielo de un azul de raso de palio viejo se digna sonreír, la atm6sfera dulcemente diáfana, permite ver y detallar las cosas,
el alma se espereza y revolotea contenta en
aquella jaula de oro vivo ¡y aquí nos paramos!
Voy á decir una especie de heregía psicol6gica probablemente, pero juro haberme dado
cuenta en Italia algunas veces, de una sensaci6n particular que me atrevo á llamar «sensación de la inmaterialidad del alma.»; indefinible sensaci6n, por supuesto, pero real, equivalente á la de algo sutil, luminoso, etéreo,
ligero y puro. ¿Efecto de la atm6sfera cargada por el sol en todas sus moléculas de electricidad vital; efecto de tanta reliquia del arte
que satura el ambiente de átomos de juventud
y poesía; efecto de los recuerdos que surgen
en derredor nuestro y corean todos nuestros
pensamientos con el canto sin notas de un
pasado que nos parece divino, porque jamás
volverá? No sé: pero creo que aquí en esta
colina de los huertos ( collis hortorum) fué
donde compuso ese gran vividor fino, desencantado y noble que se llam6 el emperador
Hadriano, aquellos sus tenues versos:
c,Anímula, vágula, blándula .....»
Las arboledas altas, escuetas, levemente
vestidas de frondas verde pálido ú oro viejo,
que hacía pocos días había cuajado de cristal
la nieve; las esplanadai: de felpa amarillenta
bordadas de hojas caídas que iban y venían
con las ráfagas del céfiro (si aquí en este paisaje clásico no se dice c,céfiroi, ¿para cuándo se
guarda?), las fuentes grandes, colmadas de
agua que también parecía un poco vieja, un
poco verde y transparente, sin embargo, pero
con una transparencia aquí y allá interrumpida por archipiélagos de hojas secas y de
musgos negros, las imitaciones de templos
egipcios, las estatuas, los vasos, todo tenía ese
indefinible encanto de una tapicería de Gobelinos, blonda, clara, marchita, regia.....

***

Visitar el museo, es necesidad imperiosísima en aquel momento, hay allí estatuas y vasos antiguos de primer orden, hay allí estatuas
modernas. Con deciros, lectores, que allí está
la famosa Paulina Borgbese de Canoval Desnuda, soberbia, serena con el impudor soberano de una hetaira imperial, parece sonrojar
levemente la fría castidad del mármol. ¡Ah!
Paulette, delicioso «bibeloti, humano, tu papel
de heroína en Santo Domingo, acompañando
á tu primer marido á matar negros, era insostenible, era una &lt;epose» y aquí veniste ya transformada en princesa, y fuiste una italiana (lo
que eras) de la corte de los papas Borgias 6

de los papas Médicis, cruel, impúdica, adorable- sí lo que eras, así habías nacido, así te
enco~tr6 Canova, así te inmortaliz6 en mármol que era el único modo de tornarte pura...
Mientras tu hermano hacía una gran mancha
obscura sobre el mundo con la Rombra del
águila, tú, Paulette Bonaparte, dabas vuelo á
tu &lt;eanímula, vágula, blándula;,, esa almita
era un ave, era una paloma del carro de Ve•
nus... l
Mas no, no entraremos al Muse&lt;, lectores,
la tarde avanza, sigamos nuestro programa,
vamos al Pincio. Ya no se ven desde aquí los
bellos panoramas que antafio no ocultaban las
inexpresivas construcciones nuevas. Se ve bajo los grandes árboles, hoy fríos y medio desnudoi&lt;, á la aristocracia romana 6 á la rica y
plácida burguesía, 6 al &lt;emundo» de los turistas más 6 menos salpicado de rojo, discurrir
en carruajes abiertos, lentamente, por las altas
avenidas ó apiñarse en las grandes glorietns,
donde las resonancias metálicas de la múEica
militar, apoyan el cuchicheo de las corn·ersaciones y el rumor de roces de sedas de la,s hojas caídas, voluptuosamente.asendereadas por
las ráfagas frías.
Ya iba á trasmontar el limpio sol de aquel
día limpio, cuando nuestros cocheros, que nos
querían conducirá la Escuela de Francia (Villa Médici, la antigua mansi6n de Lúculo) allí
mismo situada, se vieron obligados por nuestra fiera energía, á. dejar el Pin&lt;Jio. Bajamos
al Corso, lo seguimos algunos minutos y salimos del corazón de la ciudad, por el puente
Garibaldi, bajo el cual corría manso hoy el
Tíber que hace unos días hizo serias fechorías
por estos contornos, y cinco minutos después
subíamos de..pacio la blanda pendiente del
Gianicolo, el lanículo, como decimos más en
latín nosotros. Visitamos en «S. Pietro in
Montorio» el cctempietto» del Bramante, con
su cupulilla esférica, que luego quiso e.l artífice trasplantar agigantándola á San Pedro, vimos, allá abajo, el agujero en ql!e fué sembrada la cruz donde sufri6 el ap6stol cede cabeza»
su transverberaci6n y continuamos de prisa
nuestra ascensi6n; ya dejamos á nuestra espalda un gran panorama, el de Zolá, pero íbamos en pos de otro mejor. Pasamos frente á. la
fuente del &lt;cAcqua Paola,» hecha de mármoles
y granitos arrancados á los monumentos imperiales y por cuyas tres altas bocas corre
abundante, suntuoso y puro, un triple río que
viene de un lago de las montañas vecinas; dejando para otro día ( día que no lleg6) nuestra visita á la Academia española, seguimos
subiendo: estábamos en la ccparseghiatta Margherita.Jl

te sublime don Quijote de la Revoluci
pedestal altísimo, rodeado de colosales
guerreros y de alegorías suntuosas, 808
estatua ecuestre del General ;el caballot
lo que plantado sobre sus cuatro patas h
el viento que viene de Roma, como
relinchar y salta1 á la primera caricia
espuela, es bello de verdad y de vida·
te no mira á Roma, vuelve la vista '
profunda hacia el Vaticano, cuyas v
relampaguean en este instante de refl.
sol poniente; á quien primero ve el Papa,
do se asoma á contemplar el cielo, es á
baldi; Pío IX lo tenía por un Lucifer,
seguros que León XIII no. Dirá : «Di
perd6llalo, porque era un gran since
que crey6 y am6." Esto, al menos, d'
fuera el Papa.
La silueta del bronce en aquel cielo
pezaba á palidecer, pero infinitamente
diáfafio, era de un efecto incomparab
tamente volvíamos la vista hacia Ro
níamos á nuestros pies.

p

***

Esperábamos más, ei.perábamos otro
to, otra emoci6n, otro grito de las
cago, New-York, París, son panora
nos gigantescos en comparación cor.
mo pintorescos, Toledo, Granada, Mé"
cen más. Era natural; el panorama de
en el tiempo es inmeneo y nuestro
tendía á apropiar el tiempo al espacio,
jetivo á lo objetivo, Roma en nuestra
nación debi6 desbordar aquella línea
ondulada de montañas que la circuía
derse en los límites del mundo antiguo
jurídicamente fué una ciudad del tam
mundo, creíamos que debía la sensaci
terializar, digámoslo así, la noción; y
imagen que llevábamos en el alma y la
reproducía en nuestra retina, no conj
no coincidían, no podíamos afocar bi
Teníamos delante una línea de alt
parda, compacta, obscura, sin ondas
sin picos de gran relieve; el anteojo n
traba los pueblecillos que hacían man
ras en aquella zona de penumbra, t
cual el sol iba á desaparecer en la in
bruma que no lo imprecisaba, pero lo en
y lo atenuaba como un cristal sin
terpuesto entre nuestros ojos y la inm
tena de oro.
Más allá de las verduras deliciosas de
da del Gianícolo en cuya meseta
las eses del Tíber blanquizco y más.
apiñamiento indefinidamente multipli
casas vetustas, de tejados rojizos fo
abiertos ángulos 6 declives lentos sobre
viejos clareados de ventanas que par
Garibaldi, es en Italia, lo que fué en la hisvencijadas, y aquellas horizontalidades
Has angulosidades se agrupaban ó se
toria, un caballero andante, el caballero andante de la libertad de los pueblos; todavía deshan en todas direcciones dispersando
pués de muerto, S!J nombre anda mezclado en
y desuniendo el paisaje. Tratábam~
cretar con cierta angustia aquel haCID
todas las empresas emancipadoras de naciomanchado de árboles esféricos 6 pi
nalidades en formación. A este andante cabasobre cuyas cimas pasaban vibrantes loe
llero se le ve en todas las ciudades de Italia
poco á pie, mucho á caballo, con su birret~
oblicuos, seguidos de sombras largas,
húngaro, su blusa, su ccponcho» argentino y su
del sol poniente.
Las torres redondas, cuadradas, las
gran cara simpática de ap6stol armado. Un
inmenso niño, un arcángel épico, crédulo
6 solas y esbeltas ó pareadas, las puntas
obstinadamente soñador y tenaz realizador d~
obeliscos, t:)do ello tocado, manchado .
lores distintos por un pincel seguro, q
ensueños; la libertad era su Dulcinea y á fuerza de sangre y lágrimas y voluntad, la hizo
la monotonía á aquel mont6n de casas
venir de lo ideal á lo real y esta amada sules; banales á pesar de las sartas pollero
ropas y harapos puestos al sol en las
ya, muestra su efigie en todas partes, como un
talismán colgado del cuello.
y vericuetos de junto al río.
Buscábamos puntos de c,reper,i». [no
-Aquí está y no sé si habrá algo mejor enne á la memoria, indigno académico q
tre los monumentos garibaldinos, pero este de
Gallori, pomposo y teatral como es, me paré-• la palabra es{)afiola exacta; diremos «
de referencia,i, no me satisface &lt;ede
ci6 soberbio, aun rodeado de este panorama
buscábamos el modo de distribuir ea
único, que parece como una decoración hecha
dios topográficos 6 monumentales, aqu
de toda la historia humana en derredor de es-

***

Vista ge neral de Roma.

dro inconexo. Este es el "Aventino'', aquí,
abajo, á la derecha, precifo, mezquino aún,
pobre, negro; aquí estuvo á pique de nacer
otra Roma, la Roma de la &lt;eplebe,,, allá cuando esta Roma que no fund6. R6mulo, sino
que probablemente venci6 y sujet6, era una
agrupaci6n de aldehuelas sometidas á esa fortaleza que estaba allí frente por frente en el
Palatino aliada y unimü•mada c0n la otra que
estaba más allá en el Quirinal y señora ele la
colina sagrada del Capitolio ¿pero d6nde están esas colinas? Apenas se notan en las ondulaciones de la masa urbana, por la altura
de los edificios. Ya entonces empieza el enjambre de abejas de los recuerdos á zumbar en
el espíritu; para el espíritu nada vive tanto
como la muerte; esta muerte que se llama Roma está hecha de infinitas moléculas de \'ida;
los trozos de muros altísimos del Palatino, la
enhiesta torre cuadrada del Capitolio,el Coliseo
más allá con su cráter roto, trágico, eterno como
el Cristianismo, de cuyo nacimiento y grandeza
es el sombrío testigo, y allá las siluetas formidables de las Termas de Caracalla, osamenta de una catedral del placer, dentro de la
cual habría podido caber el domo de San Pedro. Y por todas partes las iglesias: ésas recuerdan los primeros siglos, son las vetustísimas
basílicas reformadas; éstas la Edad Media, la
época del continuo batallar y del constante rezar en que los papas eran santos 6 bandidos,
y en que los "1obles romanos hacían de los
monumentos sus guaridas de gerifaltes y neblíes, y de los templos, teatros de sus orgías
pintorescas y feroces de codicia y de crimen;
y el Renacimiento, fastuoso, severo, armonioso, grande, envuelto en su espléndida nube de
paganismo artístico, sensual y grave; aquí está, andando unos pasos á la izquierda, casi
detrás del Gianícolo, se le ve triunfar en la
corona cupular de San Pedro. &lt;eEsa torre cuadrada, amarillenta que ve V. allí, me decía en
la plazoleta de "S. Pietro in montorio" un fo.
t6grafo, ésa es la torre en que Ner6n cant6 sobre el incendio de Roma. i,
Es un cuento, la torre de Ner6n es del siglo
XII 6 XIII no sé; pero lo que no debe de ser
cuento es que Ner6n cantó; y, por cierto, que

no le veo nada de malo á esto; ¿por qué al ver
aquella sima prodigiosa de humo y de fuego
e~ que se calcinaba como Dido en la pira, la
rema del mundo, no se le había de ocurrir expresar su horror como lo expresan los literatos
en frases hechas, en versos, si los sabía, y en
versos cantados, si era cantante?
. Lo encuentro todo perfectamente natural y
chcho se está que los literatos puros, tienen en
vez de alma uha ánfora de retórica y por sola
pasi6n el anhelo dél aplauso.
Y entonces el paisaje entero vivió á mis
ojos, poblado de héroe~, de mftrtires de criminales, de multitudes 6 sublimes 6 ~iles pero hermosamente decorativas y teatrales: aquellas piedras que habían temblado con· todos
los huracanes de la historia humana; aquellas
arboledas ~egras que habían vibrad0 con to~os los huracanes de las pasiones excelsas 6
mfernales; aquellos trozos de muros que habían azotado las procesiones interminables de
los Céeares, de los Emperadores bárbaros de
l~s .~ontífices dE: guerra y de sangre, 6 de bend1c1on y de lágnmas; de las soberbias cortes'.'-nas cuyo_s pies ,besaban el mundo y la iglesia; y allá ¡unto a la estupenda tumba de Hadriano [Santángelo] la Roma nueva, la cuarta
Roma, la de hoy, lujosa, grandiosa, vacía .....
Por aquel fin de paisaje huye la Vía Appia
el caµiino de la otra Roma, de la su hterránea'
de las Catacumbas, de la muerte !entamen~
transformada en.vida por la sangre mezclada
al J?Olvo de los c!rcos, por las lágrimas que
mo¡aban las cemzas de los mártires, por las
esperanzas, por la fe que tomaba la forma inc~santemente renovada entonces de la plegana ..... .
U~ gran silencio subía de la ciudad, el silenc10 que sucede al tumulto en una asamblea
cuando un orador esperado hondamente se
p_one de pie ..... ~ Apenas un poco de murmuno de frondas, o de agua lejana que caía eh
la taza monumental del "Acqua Paola" subray':1-?ª1:1 aqJel silencio; ¿quién iba á hablar?
¿quien 1b'.'- a ,pron~nciar las palabras supremas? ¿qmén a descifrar el enigma de la esfinge? ¿Este pontífice á caballo de la idea nueva
de donde Italia ha nacido á la unidad 6 aquel

hombre blanco escondido detrás de los crista·
les del Vaticano, verbo encarnado de la historia de Roma la grande, la de los recuerdos,
la que pasó?
No sé, un silencio subía de las cosas y ganaba. como una gran sombra el alma; la luz
que el s?l, que había desaparecido y que yo
había visto desaparecer, no sé en d6nde ni c6rno, la luz que el sol había dejado difundida
en la atmósfera caía como polvo de oro sobre
los perfiles de algunas cimas, sobre las aristas
de algunos edilicios, en las linternillas de algunas cúpulas...... Pero no, todo era sombra
Roma era un silencio, era una catacumba, so:
bre ella había otra Roma vagamente percibida, allá arriba, en las bn~mas de la noche en
las lejanías adivinadas de lo ideal la R~ma
de los latino:1 del porvenir.
'
Fantasías ¡qué! Roma era, un silencio ......

_Me encuentro en una carta escrita veinte
mmutos después estas líneas: "Oh! Roma
Roma, poesía encantada del Pasado y de l~
~fuerte, ciudad de sombras, de esqueletos ves't~&lt;lo!&gt;, de grandezas pulverizadas, de tristezas
sm fin, de melancolías de abismo! Sí, allá del
o~ro lado del mundo, casi del otro lado de la
vida, están la patria, d hogar, la amada, todo, el f~ro, la estrella: pero esta lámpara de
santuano, pero esta antorcha volteada vfoda
de, su flama y de su vida; pero este trozo de
marmo~ de la tumba de los siglos, me atrae,
~e obliga á pe~ar ft él mis labios, y el corazon se me expm~e e11 _añoranzas y en lágrimas y la nostalg1a, la rnmensa, la irremediable, 1~ nostalgi~, de lo que no volverá á i,er
me die~ un ad10s desesperado. Adiós, pues:
l?: de mis ensueños de tantos años, de tantos
horos, ?e tantas almas; nobleza de nuestro
pensamiento y de nuestra raza a&lt;li6s Rom
t~n grande,. tan ~e~igual, tan ~ucia, . tan am:~
nlla, ~n anstocratica, tan destrozada, tan bella. ¡D10s mío, Dios mío, pues qué ya no sé
hacer versos?
JUSTO SIERRA.

'

�Domingo 29 de Marzo de 1903.

EL REGRESO.

Por el aire del cuarto, saturado
De un olor á vejeces peregrino,
Del crepúsculo el rayo vespertino
Va á destefiir los muebles de brocado.
El piano está del caballete al lado
Y de un busto del Dante el perfil fino
Del ar'l.besco azul de un jarr6n chino
Medio oculta el dibujo complicado.
Junto al rojizo orín de una armadura
Hay un viejo retablo, donde inquieta
Brilla la luz del marco en la moldura;
Y parecen clamar por un poeta
Que improvise del cuarto la pintura,
Las manchas de color de la paleta.
JOSÉ A . SILVA.

LOS ESPEJOS.
Testigos siempre mudos, en épocas remotas
Copiaron los virreyes y oidore!:I de Castilla,
De rojizos jubones y de blanca golilla,
Y escucharon las frases de pasiones ignotas;
Más tarde, á los acordes de las rítmicas notaR,
He visto por delante de su luna que brilla,
Cruzando las parejas del valse 6 la cuadrilla
Cual trazan en el agua su vaivén las gaviotas;
Esa noche ellos dieron los alf•gres reflejos
De abanicos inquietos é irirndos diamantes;
Y hace poco miraron lós antiguos espejos
(En la hora solemne, majestuosa y tranquila)
Apagarse la llama de sus ojos brillantes
Y temblar de los cirios la llorosa pupila.
GUILLERMO POSADA.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

En el alma de Luis, de regreso á su pueblo
natal, se operaba lento trabajo de meditaci6n
porque las viejas memorias de la infancia acudían á su encuentro á través de los años en
cada paraje, en cada fronda, en cada vericueto del villorrio.
Era primero la escuela parroquial y el sucio d6mine de luengas barbas, las carreras en
pos de mariposas en los campos llenos de luz
y la página blanca de su primera comuni6n
nublada por el incienso; la muerte de su madre en la alcoba sombría, el cura con sus gruesas gafas, el médico llegando á caballo con su
bufanda roja y entre doble hilera de cirios que
dejaban en todas partes sus lágrimas de cera,
un ataúd con las flores del lugar que se perdía en el horizonte; el abandono del huérfano
después y la argumentaci6n de los tíos: «el
muchacho está grande, es preciso darle una
carrera;» su partida con la maleta en el anca
del rocín, tras la falda del monte desapareciendo el reguero de casas y la torre vieja y enhiesta, y, por último, su llegada á la gran ciudad,
donde se desbordan, como los ríos en los mares, todas las quimeras de provincia. Después
la vida de "barrio latino» y de corte en busca
del saber, la gloria y el amor, y ahora el regreso ......

***

Larga ausencia y notables transformaciones
en su ser, no habían sido bastantes para que
el pueblo dejara su vida siempre igual. Todos
los afios los botones reventaban como los corpiños de las vírgenes, y la primavera tendía
por montes y sabanas sus verdes alfombras
que salpicaba la aurora de rocío; todos los
años, bajo sus múltiples cabecillas de oro y
sus crines hechas con rayos de luz, se doblegaban los trigales y las ramazones de la huerta al peso de los frutos que destilaban miel;
todos los años, diciembre preludiaba su canci6n mon6tona entre los árboles silenciosos y
escuetos-legiones de osamentas con grandes
brazos que imploran-y en el filo de la mon-

taña deshilaba la bruma sus crespones q
flotaban después como blancas cimeras.
¡Cuántos desengaños más, cuántas ilu ·
menos en el alma de Luis, y el paisaje
volvía á contemp!ar, envuelto siempre ~n
paz profunda y pmtoresca! A lo lejos se
tacaba la tapia del camposanto coronada
cruces, la carretera alargaba su mismo
ondulante, las mismas flores ensangren
bordaban los senderos que se perdían con·
certid uro bre de il usi6n; los mismos cactus
polvados surgían de entre los tecorralea
donde asomaban al sol, inm6viles las 1
jas; las mismas casucas de adobe c~n sus
chos de humo anunciaban la proximidad
poblado, y una vez en la aldea, la ca,a del a
tamiento elevaba su misma construcci6n
nosa, en la plaza los mismos arbolillos d
drados, el mismo enmalezamiento de
en los cercanos montes y en los d istan
misma transparencia azul. La casa Jugare
la cai:a señorial del pueblo con sus
portones monásticos-al fondo de la calle
tuosa, invadida de yerba, parecía diri ·
proscrito, con sus balcones abiertos una
ternal mirada de bienvenida· las c:i.
los viejos tíos, que vivían entre un rosa
un acceso de tos, brillaban á través de 1
rejados más blancas que los rosales que
ban los muros.
Adentro, en las amplias salas pene
por el 9lo~ res}noso é iluminadas por el
verd_e uel Jard1~,. los muebles, de tiempo i
~or1al, en el s1t1? de costumbre, las pia
imágenes domésticas, los enladrillados
de ios corredor.is donde pendía, en cu
carne puesta á secar como racimos de a
ciados; sobre el mantel de nieve los man
de tradici6n, las parras lujuriosas, el e
de la fuef1:te, la fiel servidumbre y ha
mulo uncido á su carreta y el viejo
refregando el hocico con la tranca, ¡todos
daban al cruzado que volvía!

mármoles de Leconte amnron en el poeta el d6n
de una impat"ibilidad que resguardara á las líneas del cincel impecable del peligro de un estremecimiento.
Menos paganos, nosotros gustamos de recordarle nuevamente el:mito del pelícano, porque
sin dejar de tener la idolatría de la forma, necesitamos nl mismo tiempo un arrullo para
nuestro corazón y un bálsamo para nuestras
tristezas.
__

***

¡Oh co~tumbres de los pueblos escob
en el terciopelo de los valles cual floraci
manchas verdes y tejados, e~ las costas de

n a cual petrificada espuma del mar, en el abismo de los barrancos como blancas ovejas que se han prendido á su feroz maraña, 6 en los duros cantiles de
cuarzo sobre la frente de la roca, como nidos salvajPs! ¡Oh costumbres que os
afianzáis como raíces al terruño, que se1:rnís, como la corriente que besa los
pies de las encinas, el mismo cauce! ¡Oh iiñejas costumbres sanas y religiosas!
¡Oh perfume de huerto y de selva, olor de dejos muebles y de mAnjares de
la infancia, campana que llamáis á la grey hacia el humilde templo, ritmo
del trabajo campeEtre que te elevas como una oraci6n, canto regional que te
pierdes en la moutaña! ¡Oh inmoYilidad de la vida, oh eterna quietud de las
cosas y lo seres! ......
Y~en el alma de Luis se operaba lento trabajo de meditaci6n .......
EDUARDO COW:N.

EN UN ALBUM DE ARTISTA.

"Dl&gt;AIS D E ROMA."-11 Popolo.

Domingo 29 de Marzo de 1903.

Alaben otros ¡oh poeta! la perfecci6n de tus ánforas cinceladas. Yo prefiero decirte que tu poesía sabe hacer pensar
y hacer sentir; que tu verso tiene un ala que se llama emoci6n y otra ala que se llama pensamiento.
Siendo igualmente justo, te habré dicho sin duda mucho
más.
Los que en tiempos cercanos recorrieron la senda que va
de l!\s esta.tu!\1:1 esbelta.a y delicadas de Gautier á los grandes

Ellos le hablaban para decirle:
-Haznos, estatuario, una estatua. Que llore 6 ría; que
muestre el ge~to del amor, 6 de la meditacióh,
6 del desprecio. Pero que sea perfecta y que
sea pura.
Nosotros le decimos:
-Escúlpenos una elegía en mármol negro,
y hnz de modo que bajo los pliegues armoniosos de la túnica parezca latir un coraz6n.
Llenos de estremecimientos íntimos, al mismo tiempo que de sueños ambiciosos de arte
nosdros quisiéramos infiltrar las almas de lo~
héroes de Shakespeare en el mármol de los
dioses antiguos; quisiéramos cincelar, con el
cincel de Heredia, la carne viva de Musset.
JOSÉ ENRIQUE RODÓ.

�Domingo 29 de Marzo de 1903.

El Uolcán d~ tolima.
A nuestro corresponsal en Colima, debemos
las fotografías que aparecen en esta plana y
que representan una de las erupciones del volcán de aquel nombre, ocurridas últimamente.
Las dos vistas fueron tomadas desde Tonila
una á las 5.10 p. m. del día 7, y otra cinc~
minutos después, por el fotógrafo don Francisco López, y juntamente con ellas recibimos
cenizas volcánicas recogidas, tanto ~n la plaza
del pueblo mencionado, como en las cercanías
de la montaña.
Las vistas á que hacemos referencia, pueden
dar á nuestros lectores una idea, aunque sea
aproximada, de la importancia del fenómeno.

EL MUNDO ILUSTRADO.

liaría que les anuncia el acercamiento de la
tumba, y muy alegres, no obstante, porque la
luz, los pájaros, las flores, las tibias brisas de
la Maga, el germinar de la savia nueva, todo,
en fin entona un canto de amor, y esta música, por ser eterna y perdurable, es la que más
agrada á los oídos de los hombres transitorios.........

EL MUNDO ILUSTRADO.

puede ser fecun~o ó funesto, es signo de puJanza ó de deshielo...... Con la Primavera
hay una reno~ación de brotes ,en las frond!'I,
una resurrección de ensueños o de recuerdoa
ale~rgados e~ ~l alma. Los jóvenes aman
7
suenan, los VIeJOS rememoran, y unos y otroa
sonríen á la luz y á las flores. ·
¡Ha llegado _la Primavera! Es preciso ir al
campo, es preciso bafiarse en la luz es preclec,
tene~ fe, esperanza y c~tridad ante Ía magnificencia de la nueva savia que asciende.
STRINDBERG.

¿Habrá quién pueda sustraerse á los encantos de la primavera?
En el viejo poema indio
se dice que los hombres
malos huyen de la luz;
que los hombres crueles
son enemigos de las flores; que el vuelo de los
pájaros asusta á las conciencias intranquilas..... .
¿Será cierto? Si lo es, tal
vez hay quien pueda susLa primavera ha llegado. Dicen que el veintraerse á los encantos de
tiuno de marzo, á las 12 de la noche, se desla Primavera: los malos,
parrama en el ambiente la juvenil y eterna
los crueles, los de conviajera y hace su entrada triunfal al mundo
ciencia intranquila.
en que año por año aparece á cumplir sus ofiPero, en nuestros días,
cios de «tejedora de guirnaldas de azahar.»
ante el complicado funNo debe creerse, empero, que la Maga cumcionamiento de los senpla los programas como los cumpliría un metimientos, ante la cada
cánico emperador teutón; la Primavera tiene
día creciente esfuma.tura
ciertamente, un día oficial para su aparición'
de lo que fué línea divipero se atrasa ó se adelanta según quelas regio~
soria entre el bien y el
nes en que va á preeentarse le placen ó le dismal, ante el misterio más
gustan.
profundo mientras más
En México la Primavera suele presentarse
explorado
del dinamo
desde el mes de febrero y, á las veces ha sido
psíquico, ¿quiénes son los
vista de incógnito hacia fines de ener~ esconmalos, quiénes son los
dida en un recodo del bosque de Chap~Itepec
crueles, quiénes son los
en alguna mañana luminosa ó durante algú¿
de conciencia intranquicrepúsculo multicolor; y hay quien afirme que
la? Yo creo que, á punto
es tanto lo que ella adora á este pedacito de
fijo,
ni la Primavera lo
tierra, que de él no llega á alejarse durante
sabe; y cuenta que la Pritodo el año, y en él se refugia cuando los heOTRA VISTA DE L VOLCAN.-7 de Marzo, á las 5.15 p. m.
mavera es tan vieja colados cierzos ó las abrasantes canículas de
mo el mundo y que los
otras comarcas la arrojan entristecida con su
viejos saben muchas cosas que ignoran los
séquito de flores y de perfumes.
jóvenes; y cuenta que la Primavera es eternaLa verdad es que, aun cuando por determimente joven y que los jóvenes conocen munadas y breves temporadas se aleja la 1faga de
chas cosas que ya olvidaron los viejos!
El sol y el viento discutían cuál de los
entre nosotros, siempre deja «puesta la casa »
era más fuerte.
por si se le ocurre regresar repentinament~
Es difícil, muy difícil que alguien se susLa discusión fué larga, porque ninguno
c?mo s~ele hacerlo; siempre quedan en algú¿
traiga por completo á los encantos de la Prilos dos quería ceder.
rmconc1to el lecho de flores que la so3tiene y
mavera. El tiempo, ese domador implacable
Viendo que por el camino avanzaba un
la enramada que la cobija; pero la Maga, por
de impulsos y ele impaciencias, ese demoledor
hallero, acordaron probar sus fuerzas desa
respeto siempre á la tradición v á los usos oficonstante de ilusiones y de anhelos, el que
llándose contra él.
c~ales, sólo se atreve á ostentar toda su presenmarchita la tersura de las frentes y de las me-Vas á ver-dijo el vfonto-cómo con
cia y todo su esplendor y todo su imperio dujillas y rocía escarchas sobre las cabelleras
echarme
sobre él, desgarro sus vestidos.
rante los ~eses en que su nombre figura en
triunfantes, no alcanza t, endurecer los coraY comenzó á soplar cuanto podía.
el calendar10, con todos los honores de Reina
zones cuanto lo quisiera ni cuanto lo desearan
Pero cuantos más esfuerzos hacía el vien
por la gracia de Dios y por derecho propio.
muchos de los que albergan corazones. ¡No es
más
oprimía el hombre su abrigo, gruñen
Y los hombres la saludan entonces y le rinden
cierto que haya corazones duros! La corteza
C?ntra aquél, mas caminando, caminand
pleito homenaje, un poco entristecidos porque
acumula capas por afios y cada capa y cada
siempre.
cada vuelta de la Primawra es una pie&lt;lra miaño traen un endurecimiento relativo; pero no
. ~l vient?, encolerizado, descarg6 sobre
hay corteza que resista á
v1aJero
lluvia y nieve; pero el hom bre no
los golpes de un leñador
detuvo.
experto y no conozco leComprendió el viento que no era cosa poei
ñador má.'! experto ni más
bl? arrancarle el abrigo. Sonrió el sol, m
recio que la Vida. Cuantrose entre dos nubes, recalentó la tierra,
do la Vida se recoge y
el pobre caballero, que se regocijaba con aqu
templa todos sus músdulce calor, quitóselo y se lo echó al homb
culos para descargar el
-Ya ves-dijo el sol al viento,-con el bi
golpe, y cuando para ello
se obtiene más que con el mal.
se sirve de sus hachas
máf; filosas, del amor, del
LEoN TOLSTOY.
dolor, de la miseria, de la
belleza ó del odio, el coraz6n más duro sangra.
PENSAMIENTOS.
Y la Primavera, sin ser
un pesado menester de tajo ni de fuerza, es uno de
El espíritu del hombre es tan particular.
esos instruinentos sutiles
que con algo que ve, y á pesar de lo mism
y acerados que la Vida
que ve, se forja un motivo de pesar: nuestró
guarda para taladrar laa
cerebro hace recordar aquellos calat&gt;ozos de la
resistencias postreras ... .. .
inquisición, en los que se amontonaban tan-'
tos y tan extraños instrumentos de suplicio 1
en tal_ confusión, que se hacía incomprensibl.
su ohJeto y su forma. Con igual facilidad diPorque la Primavera,·
ce uno á su amada: «Todas las mujeres me
sin ruidos ni asperezas,
engañan," como le dice: «Me habéis enga·
penetra hasta lo más refiado.J&gt;-A. DE MussET.
cóndito de las almas y
acelera· el curso de la sangre, ese curso que, coEl amor generalmente nace de la
EL "COLIMA" EN ERUPCION.-7 de Marzo, á las t.10 p. m.
mo el de los grandes ríos,
neidad, esto es, de la improvisación.

n;a lltgado la Primaotra,

EL SOL Y EL VIENTO.

Domingo 29 de Marw de 1903.

mazatlán
tasas dtstruidas...•EI stroido tn d taiartto.
tos conoaltdtnt«.
Para los que observan con interés el curso que sigue la epidemia de peste bubónica en Mazatlán, y el valor y eficacia de los elementos que las autoridades han puesto en juego, no s6lo para impedir la propagación de la enfermedad á otros puntos del país, sino también para atender Íl la asistencia y cuidado de los pestosos, son de
impor tancia, á no dudarlo, las ilustraciones que publicamos en el
presente número y que se rP.lacionan en su mayor parte con el
servicio sanitario del puerto.
Sabido es q~10 gracias á ,a energía desplegada en esta ocasi6n por el
Consejo Superior de Salubridad, se ha logrado localizar la epidemia
hasta donde ha sido posible, y, lo que es más, hacer que mediante e¡
concurso de médicos aptos f inteligentes, disminuya el número de defunciones causadas por la peste, al extremo de que en varios días, no
se haya registrado ninguna. Esto bastaría, si no hubiera otras con.
sideraciones igualmente dignas de tomarse en cuenta, para justificar
el celo con que, tanto el Gobierno general, como el de Sinaloa, h¡m
procedido en las actuales circunstancias haciéndose acreedores al
aplauso de la gente sensata.

Contrayéndonos á nuestra información gráfica, que demuestra
hasta cierto punto, ese laudable celo, creemos necesario dar una li~
gera explicación de los grabados que la forman. Uno de ellos representa la serie de barracas provisionales instaladas en la playa sur,
con el objeto de alojar á los que, por haber sido quemadas sus habitaciones, no tiene6 donde dormir; y otro, las ruinas de una manzana que fué destruída por encontrarse infestadas las casas. La calle
de la Constitución, donde se observó mayor número de casos de peste, quedó reducida en un largo tramo, á montones de escombros por
orden de las autoridades, y así aparece en la ilustración correspondiente. Por ¡;eparado, verán nuestros lectores la fotografía de uno de
los sitios habitados en Mazatlán por la gente pobre, y la de un grupo de convalecientes aislados en !ns barracas del 31 de Marzo.
En cuanto al Lazareto, publicamos seis grabados distintos que representan : la «Sala de graves y de pronósticos reservados», la «Sala
de m uy graves», el «Departamento de administraci6n)) y el de :ccon.
valec1entes», el «personal del Lazareto» y dos de los pabellones en que
se aloja á los pestosos. En uno de éstos, hacia el fondo, aparecen los
practicantes de 1Dedicina A. Hernández Mexía ( de México) y .Tesús
Ledesma ~ de Mazatlán) vendando los bubones á una enferma, después de haber sido operada; y en el otro, los sefiores Martínez López y
J. de Avila, practicantes también, curando á un hombre atacado de

Barracas instaladas en la playa su r.

,

Ruinas de una manzana.

En la calle de la Constitución

***

*

Uno de loa sitios habitados por la gente pobre,

1-99 convaleciente, c.~ la peste,

�¡--

Personal del Lazareto.

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"

ffo&lt;Juf\RE

Administrac1on
. • Y d epartamento de convalecientes.

Un pestoso e n la mesa de operaciones.

�Domingo 29 de Marzo &lt;de 1903.

peste. El personal del Lazareto, por el orden
en que aparecen n umeradas las figuras en la fotografía correspondiente, es como sigue: sefi.ores J osé Arroyo, Administrador; Juan Vázquez,
Subadministrador; Modesto Alvarez, J. de
Avila y Martínez López, practicantes; doctoJ
Francisco Lavín, Director; presbítero Cornelio de Aspuro; A. Hernández Mexía, practicante; Rosendo Gómez, practicante; JesúsLedesma, practicante, y señorita Refugio Castelo. Las mujeres que completan el grupo essuvieron atacadas de peste, y prestan hoy sus
ter vicios como enfermeras. Es de justicia, por
10 que toca á la señorita Castelo, hacer constar qu e con el noble y filantrópico objeto de
acudir á la desgracia ajena, solicitó le fuera
permitido atender á los pestosos, sin preocuparse del riesgo á que pudiera estar expuesta

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

desinfección, que ha cedido
sus honorarios á la Junta de
Caridad; unas vistas de las
calles de Benito Juárez y el
Vigía, inundadas á consecuencia de una fuerte lluvia,
y otras de la instalación que
en Siqueros sirve para abastecer de agua á Mazatlán. La
inundación de las calles
obedeció {t que, con motivo
de los trabajos de azolve del
caño que servía para el desagüe y que estaba considerado como un foco constante
de infección, las corrientes
se derramaran invadiendo,
en algunos puntos, hasta las
habitaciones.

,1,1)

' .. . ½~ v.'!/

&lt;-·'J
I
'/,

***

Dada la importancia que
para el país tiene el conociLa
miento de todo lo que se relaciona con la epidemia, esperamos que nuestros lectores vean con interés la informaci ón
que les ofrecemos.

ocfff\ r-10
Sra. Emilla Extensor y su hija.

..

Sr. Lic. J oaquín M . Escoto.
(De una. litograffa wE~ año :d,e 1867,)

,,,.,.:,:,-

Comp f'11RM,O~E S

C,Omf de l'fo'CO M •6UEL

~

/
\,

nutvo Dlrtctor fimtrat dt eorrtos.

La calle del V i gí a, después de la lluvi a.

Por ú ltimo, figura entre nuestras ilustracion es, la fotografía de la sefi.ora Emilia Extensor, quien perdió á su madre y tres hijos, que
murieron de la peste, antes de que se declarara la existencia de la enfermedad en el puerto,
y que en compañía de una joven h ija suya
fué la primera que ingresó al Lazareto. Ade más, publicamos el retrato del señor Ingeniero Natividad González, jefe de la Oficina de

Para substituir al Sr. D. Manuel Zamacona
é Inclán, que renunció el cargo de Director
General de Correos, ha sido nombrado el Sr.
Ingeniero Norberto Domínguez.
El nombramiento hecho á favor del Sr. Domínguez se considera muy acertado, en vista
de los antecedentes que abonan su conducta
como servidor laborioso y honrado del Gobierno. El nuevo Director pertenece á una de las
familias principales de Hidalgo del Parral; comenzó sus estudios en Chihuahua. para continuarlos en la Escuela Preparatoria, y obtuvo
el título de Topógrafo é Hidrógrafo en esta capital, tras una serie de brillantes exámenes.
El Gobierno de Durango le confió, poco
después de recibido, el cargo de interventor
del Estado en la Casa de Moneda, y el de Profesor de algunas aPignaturas en el Instituto
Juárez. De allí pasó á Monterrey como Jefe
de la Oficina de Ensaye y, por último, á Si11aloa,donde ha desempefi.ado la Dirección de
la Casa de Moneda.

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ll&lt;AVAOO POR l• Co~"' Ofl( 111PI

hc~11Aoo PoRL• ll'CoMP- OE i',,-,11,.;.

BFALTII COf? íA R ., ,

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1ft

Sr. lng. Norbert o Domlnguez.

El Sr. tic. ]oaquin m. Escoto.

SI QUEROS,- l nstalaci6n para su rtir de agua á Mazatlán .

I

En la vecina población de Tacubaya murió
el lunes último, á las 12. 30 p. m., el Sr. Lic.
D. Joaquín M. Escoto, Diputado al Congreso
de la Unión por uno de los Distritos electorales de Guadalajara.
El Sr. Escoto era originario de Jalisco; comenzó su carrera en la ciudad referida, como
alumno del seminario, y poco después de recibirse de abogado, vino á México, encargá~dose de la defensa del guerrillero Dou J uho
García, sentenciado á muerte por Maximiliano.
•
Obtenido el indulto del jefe liberal, Escoto
se unió á las fuerzas republicanas y durante
algún tiempo desempefi.ó los cargos de Coronel Auditor de Guerra del Ejército del Norte
y de Secretario del Sr. General Mariano Escobedo. Al lado de este insigne patriota estuvo
en San Jacinto y en Querétaro, población, esta última,donde sirvió como Asesor del Consejo de Guerra que condenó á muerte al Ar·
chiduque y á los generales Mi ramón y Mejía.
Más tarde fué nombrado Subsecretario de
Gobernación, Juez 1'? de lo Criminal y Fiscal
de la Suprema Corte, sucesivamente.
Liberal por convicción y de talento, el Sr.
Escoto prestó á la República buenos servicios
y su muerte ha sido muy sentida.

Parece por fin que SP,rá wi hecho la obra colosal de la apertura del Istmo Americano, que
permita á las aguas del Pacífico confundir~e
con las del Atlántico, realizando asi uno de
los pensamientos más colosales de la edad contemporánea.
La idea de buscar esa comunicación, ha estado latente, por decirlo así, desde los días
del descubrimiento de Améri-:a.
Cristóbal Colón, que no podía imaginar la
existencia del Nuevo Mundo, buscaba, al realizar el descubrimiento, no un vasto imperio
que añadir á la corona de Castilla, si_no un camino recto para ir de la Europa Occidental al
Asia Oriental: su pensamiento era profun?amente científico y verdadero; pero América
surgió inopinadamente en ese camino, consumándose así uno de los acontecimientos más

MJlLAS

o(So~ col ~

grandes y transcendentales
de la Historia moderna.
Después de Colón, muchos
descubridores, muchos exploradorel!, buscaban con
empefio el canal que comunicase los dos Océanos imaginando que éste debía de
existir por obra de la naturaleza.
Descubriólo al fin Hernando de Magallanes; pero
tan al Sur, tan remoto, que
su utilidad práctica vino á
ser mu y escasa.
Surgió más tarde el atrevido pensamiento de corn,·
gir la obra de la naturaleza;
de abolir la barrera panameña, y de, ya que
el canal no existe, abrirlo á fuerza de pico, de
lal.,or y de dinero.
Después del desastre de la Compañía france,a y de la abrogación del tratado ClaytonBuhrer, ha quedado á los americanos expedito
el camino para romper el istmo. Arregladas
las dificultades con Francia, con Inglaterra y
con Colombia, todo parece indicar que, á vuelta de pocos años, nuestras costas meridion1iles, así como las costas de Centro y Sudamérica sobre el Pacífico, podrpn comunicarse directamente con Europa, sin necesidad de transbordes, ni de dar la vuelta por el estrecho de
Magallanes.
El grabado que publicamos encierra los
principales detalles del grandioso proyecto,

Desempefiando un humilde empleo en la
Escuela Normal de Profesores, vive el anciano
Juan Idueta, cochero que por mucho tiempo
estuvo al servicio del Benemérito D. Benito
Juárez y que lo acompañó en su peregrinación
á Paso del Norte.
Id u eta recuerda todavía emocionado los episodios de que fué testigo durante la gloriosa
retirada de Juárez, y conserva, hacia su ilustre amo, un cariño que raya en veneración.
En la actualidad, el leal sirviente padece
una afección cardíaca que más de una vez lo
ha puesto al borde del sepulcro. Hace poco sus
males se exacerbaron al extremo de que se con·
siderara inútil todo esfuP,rzo por salvarlo, Y
aunque entró después en un período de rela·
tiva mejoría, el peligro no ha desaparecido por
completo.
El Sr. D. Benito Juárez, hijo del Benemérito, ha estado á visitar al enfermo, á quien
distingue con su estimación, y el Director de la
Escuela, Sr. Rébsamen, ha hecho cuanto ha
estado de su parte para que el paciente no carezca de los auxilios y atenciones indispenrnbles.

Sr. J uan I duetc1.

�Domingo !l9 de Marzo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 29 de Marw de 1903.

!VCE VICTISi
Ni Aníbai, ni Yugurta, ni Mitrídates
se pierden en la sombra del pasado,
ni manchan con la púrpura enconada
el cielo esplendoroso de sus fastos ;
que An(hal, qne Yugurta y que Mitrí&lt;lales
esculpen en los múrmoles de Paros
el verl.Jo &lt;le epopeyas imposibles
que guardan en sus almas burilado,
y aceptnn el combate del perjurio,
y lanzan á los pérfidos el dardo,
y ruedan en la li7.a como buenos
y mueren en la arena como bravos! .......
¿Qué importa que después los Decenviros
los graben Pn las Tablas como bárbaros'?
¡Al tin ha de surgir con la Justicia
el «In rin merecido á los tirano~!

***
Las trombas del simoun en su inclemenci
po&lt;lrún 1.Jarrer los ídolos sagrados
y devastar las fértiles campiñas
con Ciros y Scipiones y Alejandros;
mas siempre habrá conciencias que
el hálito maldito de los amos,
Xenofontes que crucen los desiertos,
Púnicos que sucumban en Cartagos,
Pelópidas que hostiguen á traidores,
Numancias que deshonre11 Emilianos,
Daríos que perezcari en Arbelas,
Demóstenes que azoten á comprados ......
y pueblos prepotentes que levanten
el «Inri» merecido á los tiranos.
ADALBERTO C ARRIEDO.

-1903.

ASTRONOMÍA.
Catorce sabios de la vieja Europa
estudian con afán,
desde la lente que á los cielos mira,
un carn singular.
Son dos estrellas, negras, tan brillantes
como iguales no viéronse jamás.
¿Su proyección'? Ignota: nadie supo
de dónde vienen ni hacia dónde van.

SIMBOLO.
Desaparecía el sol en occidente, arropado
en su manto de oro con la regia pompa de gran
monarca moribundo.
En la abrupta cumbre, una cruz levantada
en alto, y en ella, enclavado y muerto, el Divino Redentor de los humanos.
María y Juan eran los testigos mudos de
aquella trágica escena: velaban al pie del madero santo, como ángeles custodios del Mártir inocente.
Tras la agonía de la tarde, tendió la noche
sus alas medrosas y sombrías; y el pueblo deicida -ebrio de vino y de impudor, -ovacionaba á Barrabás, cantando el himno maeábrico de su infame abyecci6n.
Roncos de vocear y extintos de fuerzas para continuar bullendo y cantando en la bacanal estúpida, unos caminaban dando traspiés,
y otros quedaron tendidos por los suelos, como soldados muertos en sombrio campo de
batalla.
Rasg6 la luna las densas brumas que encapotaban el firmamento, y desde el zenit de la
estrellada comba, radió -como hostia de luz,
-bañando la pálida frente del Cordero.
La Madre y el discípulo amado, llenos de
duelo infinito, velaban al pie de la cruz; y en
medio de aquella escena de recogimiento, de
aquel silencio augusto, santificado por la gracia de la oración, estalló frente á Jesús, turbando la triste, sagrada paz, una carcajada
sacrílega ........ .
Cayó Juan de rodillas, como fulminado por
el rayo; y la Madre mártir-que vió cruzar
ante sus ojos, con la instantaneidad del relámpago, la silueta espantosamente horrible del
insultador,-abrazó en el paroxismo de su
dolor inmenso lotpies ensangrentados de su
Hijo muerto, bañándolos de lágrimas ..... !
El que había reído era Judas ..... !
Pero al tercero día de haber reído el sacrflegio, resonaron con maravilloso estruendo todas las músicas del Empíreo; y las legiones
angélicas, agitando sus alas resplandecientes
en la inmensidad etérea, cantaron, como hermosa salutación al cielo y á la tierra:
-¡ Resurréxit! ...... ¡Resurréxit!..... .

***
¡Y Satanáf' rugi6 de oaio!. .....
J esús h abía triunfado por el amor, y comenzaba el reinado de la Misericordia!
RAFAEL DE LOS

Ríos.

Con los últimos tintes de la tarde
en el espacio se las ve brotar,
y breve tiempo en el espacio radian
su intensa claridad.
Ese es el caso que catorce sabios
inquieren con espíritu tenaz,
desde la lente que á los cielos mira
con su ojo de cristal.
Oh! profesores de la vieja Europa,
cuánta pena me causa contemplar
vuestras blancas melenas agrupadas
sobre el largo instrumento con afún!
Mas, m i secreto descubrir no puedo;
y no sabréis jamás
de quién son las pu pilas que en la noche
per~igue vuestro ~nte de cristal.
FABIO

Marzo, 1903.

Fuu.o.

RAPSODIA.
Alzando airoso la blanca testa,
La frente blanca llena de arrugas,
Guía atrevido la gran orquesta
Que desarrolla temas y :fugas.
Ora se escuchan himnos marciales,
Ya quejas hondas de 1.,s violine,:,
Golpes sonoros de los timbales
Y ecos vibrantes de los clarines.
Es nn conjunto genial, soberbio,
Que alegra á veces y otras contrista,
Es un conjunto que mueve el ne,vio
De la batutc-,, del gran artista.

. . .Se extingue el ritmo, la orquesta calla,
Mueren sonido$, mueren rumores,
Y el auditorio, súbito f'stalla
En mil aplausos atro1,adores.
De pie, sublime, se yergue el viejo,
Inclina un poco la cana testa,
~ Y en sus pupilas brilla un reflejo:
El de las lágrimas de su orquesta ..... . l
ESTUDIO FOTOGR.\.FICO. -(COLECCIÓN PELLAXDlNI. ).

1903.

ENRIQUE T ORRES TORIJA.

ESTUDIO FOTOGRAFICO. - ( COLECCIÓN PELLANDINJ. )

�Domingo 29 de Marzo de 1903.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

!estar que me invadía el cerebro y el ~oraz6n, como una embriaguez,
me quitaba la noci6n de las cosas habituales, tan estrechas, tan sofocantes en tanto que otras infinitas divinas, hechas de bondad Y de
aband~no, me penetraban, me inu~daban de luz y d.e _ens~eño..
Estaba en el paraíso, bogando en 1:1n mar de delicias silenciosas,
con el coraz6n tan lleno con la realizaci6n de todo, que en él no quedaba un átomo de deseo .. ... Y lloraba, como Pedro, lágrimas dulces
de satisfacci6n. El no decía una palabra, pero había ~asado su brazo
en derredor de mi cintura, y seguía atrayénd?me bac1_a sí.
Por la ventana abierta,entraba la luz límpida de~ cielo,cor:istelado
de estrellas que brillaban con fulgor indeciso. Hubiera, querido que
ese instante no se acabara nunca. Pedro me estrechó mas aún, hasta
tocar mi mejilla con sus labios... ...
.
.
Al pie de la ventana, estall6 una carcaJada estridente ..... •
l\le desprendí de esos brazos, sofocada, con los cab~llo~ sueltos,
loca de terror, pero también de dicha, porque había salido intacta de
la terrible prueba.
Me lancé á la ventana gritando como loca:
.
.
.
-No Victorina1 no! No lo crea usted ...... Se lo Juro, V1ctorma.
No ría usted así. Me va á matar .... ..Y usted, miserable, salga, salga
pronto, vaya á éi.ecir á esa mujer que no es verdad 1~ que SUJ?One!
.Me volví hacia aquel hombre, que permanec1a aturdido, trémulo.
-Pero salga usted pronto!-le grité,recbazánd&lt;;&gt;le ruda;mente.Cobarde, cobarde, que vino á sorprenderme en med10 de mi llanto.. •
Salga, salga prontoi
Estaba loca, en verdad. Corrí tras él, por la e~calera, recha,zándole siempre. Llegando á la puerta de la calle, echo á correr. Sah para buscar á Victorina. La llamé llorando, sollozando dolorosamente.
Eso era absurdo: los transeuntes podían oírme.
-Oírme, qué importa-decía yo. - Cuando les diga que no es
cierto eso, me creerán ...... Victorinal Victorinal
Pero la mujer no respondi6 y volví á subirá mi cuarto, llorando
siempre á gritos.
XXX.

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.

•

ILUSTRACIONES DE SIMONT.

TR4DUCCION Df "fl ~UNDO ILU&amp;TR4D0,"
(CoNTINÚA.)

Y le vi llorar.
-Oh! María Teresa, cuánto hemos luchado, cunnto hemos sufrido! No es bastante aún?
_Me suplicaba, y yo veía ~u ~ostro, hermosísimo, expresando angustia,por el cual corrían las lagrimas lentamente como si se asombrasen de baiíar esos carrillos viriles.
'
Y me dejé atraer hacia él; mi coraz6n se fundía. La sociedad,

1
. . .
. .
os prmcip1~s recibid.os, el honor, tal como se -le entiende por regla ge·
ne~al, Y el cielo Y el mfierno ...... todo se borr6. ..... Estaha sola en el
Nmverso, al !a&lt;lo. de Pedro! Mi espíritu se ensanchaba infinitamente.
0 sé qué mister~os se .me explicaron. Me sentí poseída de una in· ·
men~ mdulgenc1a hacia mí y hacia todo lo que existe.
ra amada .... . . amaba ..... .
Oh desfallecimiento adorable! La excesiva dulzura ele ese ma·

Sí Phrasia tuvo razón cuando me dijo, en los primeros días,que
Victorina era temible! La malvada vieja parecía no vivir desde entonces, sino para aquello que había descubierto.
De un extremo al otro del pueblo, en los lugares cercanos, y de
allí hasta la población en que residía el inspector,la vieja hizo circular la historieta en que mi nombre figuraba.
El cura roe mand6 llamar desde luego. Me recibi6 llorando. Me
arrojé á sus pies. Le juré ante el Cristo que era inocente ...... El movi6 la cabeza, en ademán desesperado.
-¡Ay, pobre nifia, no basta ser inocente, es necesario parecerlo!
Han visto salir al sefior Raibert por la noche de la casa de ustPd. Se
le ha visto, sin que sea posible dudar. Todo el mundo está de acuerdo en afirmar ese hecho que la deshonra á usted: Phrasia, que sabía
que esa noche el sefior Raibert estaba ausente; Sil vio Moutet, queparece espiaba á usted á toda hora; por último, Victorina ..... .
Me sentí desfallecer, palidecer mortalmente.
-Quisie.ra morir, sefior cura ..... .
Se apiad6 de mí.
-Levántese usted. No tengo de qué absolverla, puesto que á los
ojos de los ángeles nada .malo ha cometido usted; pero ha.y que tener
también en cuenta los OJOS de los hombres. Usted no ha sido prudente· cuando menos, ha sido débil. Usted, tan inteligente, tan juiciosa'. ...... ¡Ah señorita Romane, qué desgracia! Levántese usted, le digo.
¿Qué implora usted? ¿Qué puedo hacer yo, si no es lamentar también
lo ocurrido?
Y se lamentaba, en efecto, como un niñ.o, echado en un sill6n,
en tanto que yo me había puesto de pie y le miraba, más enloquecida
por ese dolor por ese reproche tan amargo, en su dulzura misma, en
su mesura, efi su verdad, que si algún castigo terrible me aguardara.
Entonces me puse á hablar de corrido, tumultuosamente, como si
quisiera con mis palabras ahogar mi dolor ..... .
-¡Si usted supiera, señ.or cura, qué cosa tan insignificante fuél
El me prestaba libros; yo no le veía nunca; de repente se presentó en
mi casa. ¡Un segundo nada más, un segundo señor cural Era de noche es cierto; no había lámpara en mi cuarto; pero entraba la luz de
las ~strellas ...... Me pareci6 que no había mal..... . ¡Fué tan rápido!
Iba á deepedirle, cuando ri6 Victorilla. ¡Oh! ¡Esa risa, señor cura!. ..
Esa mujer yo la maldigo ....... . .
Lloraba; y mi aspecto debía ser conmovedor. El cura me estrech6
la mano.
-No maldiga usted á nadie...... Más bien Victorina satv6 á usted. Era de noche, á la alcoba entraba el fulgor de las estrellas; usted
no creía hacer mal.. .... ¿Qué habría sido de usted?
-Nada peor que lo sucedido, puesto que estoy deshonrada por
la maledicencia.
-¡Ah! ¡Si hubiese un remedio! ¡Si ese desdichado no fuese casado!
Me atreví á murmurar:
-Phrasia me ha dicho que su mujer está muy enferma ..... .
Era una esperanza loca, á la cual me había acogido, desde que
me refiri6 Phrasia la enfermedad de la esposa.
-¡Ay!-dijo el cura. - ¿Qué importa eso? Ella no le dejará sus
bienes sino á condición de que no vuelva á casarse......... y él, porla
herencia, aceptará la condición ..... .
-¡Oh! ¡No; no, imposible!

•

Domingo 29 de Marzo de 1903•

-¡A.!í será, hija mía!
-Pero si me ama..... .
-¡Se consolará, créame usted!. . ....
Y mirándome fijamente, el cura me pregunt6:
-¿Y usted, le ama?
¡Si le amaba! ¡A ese hombre que me había estrechado contra su
corazón! A ese hombre, el único que podría lavar mi oprobio, amándome aún, si la buena suerte bacía que su mujer se muriera..... ¡Ah!
Sí le amaba.
Respondí con la mirada. La frente del cura pareció cubrirse con
la sombra de una inquietud terrible.
-¡Cuánto debe usted haber sufrido!-murmur6.
Y apoy6 en mi frente su mano. durante algún tiempo, como si
quisiera hacer penetrar á mi cerebro alguna fuerza, para los momeo•
tos en que más habría de sufrir ... .. .

xxxr ·
¡Ay! Fué, en efecto, tan terrible .. ... . Más aún que mi viaje á la
ciudad, que se refirió únicamente á mi honor, cuando el inspector me
llam6 para que le refiriera mi historia. ¡Y debí referirla con mis altivos labios, con mis labios puros! ·
De pie, con el corazón rebosante de amargura, hi;_blé; referí mi
soledad sofocante; hablé de aquel señor que me prestaba libros,
y que del'pués, una noche, llegó basta mi cuarto, sin que nada de mi
parte le autorizara á hacerl&lt;1. ¿Qué debía yo hacer? ¿Cuál era mi falta?
Erguí orgullosamente la cabeza, y me atreví á ir más lejos.
¿Era yo acaso la única víctima de aquella soledad que hacía brotar almas rapaces en derredor de las jóvenes? Si la sociedad se preocupaba tan poco de sus misioneras-porque nosotras lo somos, y de
las más veuerables,-¿nos abandonaría, tan jóvenes y tan débiles, en
medio de todos los peligros que amenazan á una mujer?
¿Si el hombre á quien se refería, asalt6 mi alcoba, con el plausible pretexto de un libro, no habría yo sucumbido, una ú otra vez, y
sin ningún pretexto, á la fuerza bruta de un ebrio, de Silvio Moutet,
que también me perseguía? Porque, suponiendo, como parecía indicarlo el inspector, que hubiese yo cometido alguna coquetería respecto al seductor Raibert, ¿la habría cometido acaso, respecto del ebrio
Silvio Moutet? ¿Y quién me habría defendido contra éste? ¿Quién
protegía á todas las demás institutrices, en camino de perderse, y de
las cuales él, lo mismo que yo, debía conocer la historia?
Nadie tenía que cuidar á la señora Albert, la espo~a del profesor
de Pinet, ¿no es verdad"? ¡Pero las otras! Las otras pobres, de las que
yo era una, ¿quién nos defendería?
El inspector, un tanto turbado, se alisaba el bigote, movía la
cabeza, me miraba, ora con asombro, ora expresando, á pesar suyo,
que mis razones le habían convencido. Por fin me interrumpi6 y me
dijo sonriendo finamente:
--En suma, scfiorita, ;.es un marido lo que reclama uste&lt;l?
Era brutal. Sufrí muchísimo durante un segundo, preguntándome si me atreYería á responder. Por fin me atreví:
- ¡Pues bien, sí!
Y añadí, demasiado herida en mi pudor, para detenerme en lo
dicho:
-¡No para mí, ya no sería tiempo! ¡Pero para las otras para
mis compañeras, de quienes sería la salvaguardia!
'
Debo haber estado convincente. El inspector tosió, me miró cada vez más asombrado, revolvi6 distraídamente los papeles que había
sobre eu escritorio, y murmur6:
-No digo que no. Sería, en efecto, la salvaguardia, como usted
dice.
Y añadió, poniéndose en pie:
-En fin, querida señorita, no es tal la cuestión, por el momento. Veo que usted no es una persona vulgar, y ciertamente las cosas
deben haber pasado como usted las refiere. Pero el hecho de la presencia del señor Raibert en la casa de usted, no ha dejado de causar
escándalo . Mi deber sería suspender á usted temporalmente, ó por lo
menos, amonestarla severamente. Haga usted cuenta que ya está hecho. Sea usted más reservada que nunca. Es evidente que la situación de las institutrices está llena de peligros, sobre todo cuando la¡¡
jóvenes son tan perfectas, tan ...... hermosas ..... .
Yaciló pa~~ pronunciar es~ palabra, c¡u~ yo e~cuché sin pestafiear. Me tend10 la mano, y trato de tomarse cierta libertad oprimiendo mis dedos más de lo debido.
'
-¡Qué solitaria ha de ser, en verdad, á la e&lt;lad de usted esa casita de la escuela! ¿Qué, en sus paseos, no llega usted nun~ hasta
aquí? El bosquecillo de los Bálsamos, que está en el camino es encantador. Con frecuencia voy allá. No habría mal en encont;arse allí
y platicar un poco ..... .
Me retenía la mano, se acercaba á mí, y en sus ojos brillaban no
sé qué fulgores ..... .
Alcé los ojos, que debían arder como dos cirios.
-Señor-)~ dije con voz grave, - suponga usted que no me ha
absuelto, refl.ex~one en l.o que acaba de decirme, y juzgue si las muchachas que estan en m1 caso no son muy dignas de lástima.
Soltó mi, mano como si le hubiese quemado, palideci6 hondamente y murmuro:
- Perd6n, perd6n ..... .
Sa}í, llevando la cabeza inclinada, en ademán &lt;le indulgencia,
per~on.rndole, como él lo deseaba, en tanto que era yo quien había
vemdo á que me perdonase....... .
( CONTINUARÁ. )

�Et

"La Fuerza del Hombre y la Hermosura de la Mujer."
Antes y desde los tiempos de Sans6.n esto es lo que se ha
dicho de todo cabello exhuberante.
El Viuor del Cabello del D1·. Ayer conserva y embellece el cabello haciéndole crecer y dándole fuerza y lustre.
Restablece el éolor natural del cabello, limpia el cuero

CALZ ADA DECHAPULTEPEC.

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cabelludo de caspa-con lo cual queda eliminada una gran
causa de la calvicie. Además mejora la circulaci6n en e!
cuero craneal , atajando por este medio la caída del cabello.
Si apeteciese usted un cabello largo y espeso, suave y
nutrido, cabello que tenga todo el rico color de la juventud,
entonces acuda usted al Vigor del Cabello del Dr. Ayer.

MUNDO ·tLUSTRADO
llfXICO, ABRIL 5 Df 1903.

Sabscripdd• mcuaal rorlnca.'Sl,St
ldcm. ldcm. ca la capital, Sl,J5

•1rccton LIC. RA.rA.tL R(l't&amp; &amp;PINDOU.

Gerentes Llll6 Rtl't6 &amp;PINDOL

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afios para liquidar el noventa por ciento restante, arreglados en veinte
pagos semestrales [ al 6 por ciento interéR anual] ;10 por ciento descuento en todo pago adelantado fuera del primer pago.

1 .

Prepare.do por el DR. J . C. AYER &amp; CO., Lowell, Mass., E. U . A.

TÓNICO

EL MISMO

RECONSTITUYENTE
FEBRÍFUGO

"'"'º

So

F.BRUGINOSO : SIETE M~AS,,ORO FOSFATADO:
h1■ia,

~

Cl1n1i1, Comlecmiu, ,te.

20, lut des Fouk-St,Jacques
1 1n lu !;.rm,1c1u.

~

Litfatiamo, Escr6fola, Me
Infartos de los Ganglios, etc

~

'

i

PETROL~

1

DEL DR. TORREL, DE PARÍS
Unica preparación que evita la caída prematura del pelo, lo
aumenta, suavizi. y hercn'&gt;sea, á la vez que le comunica un aroma agradable.

.

F.L USO DKL PKTROL DRL DR. TORRRI, DRPARIS.

evita la calvicie prematura, qt1~ tanto afea y comunica al hom.
bre el repulsivo aspecto de un joven viejo y gastado.
""&gt;¡,,

Para informes, dirigirse á la Oficina de la Compañia ~n
los terrenos ó á la de Xa.rl B. Cook, Agente vendedor,
Gante, núm. 8.
G:lJ c::J

EL TEST AMENTO.

f¡-·

~~

,

Dtl Tllmo. sr. Jfrzoblspo rttba11.

'}

L os bienes fueron valuados
en $ 125,000
La mayor parte de lo testado consistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mútua"
Compañía de Seguros
sobre l a vida, de Nueva York.
Hace pocos dfas que se practicó la
apertnra del testamento del llustrfslmo
Sr. Arzobispo Don Patricio A. Feeb•n
en la cludaó: de Cblcago. Illlnols. La
,ort nna di distinguido prelado aseen·
dlll íl eerca de $125.000 oro americano :
y segtln el Inventarlo que se ba pub 1cado, los bienes que dejó fueron con.o
Jlgue:

'

Dos p(11lzas de • 'La Mu•
tna.' ' Compatlfa de Seguros sobre la Vida, de Nueva York. por $25,000 -0ro
cada nna. 11 sean. . . .$50,000
Dividendos acumulados SO·
bre nna «re las pólizas. . 9.82!1
Otra póliza de seguro . • . 14,000
Acciones en efectivo y en
Bancos. . . . . . . . . 37,000

1
i

oro
.,
oro
oro
. ""' o

SI

e'\

oro

F:ntre las disposiciones del setlor Ar1.nhlspo, en su testamento, se hicieron

htas:

.

.:,...,_ ,,._ _,J_;.;.·

--

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&lt;l

~~-

es el alimento más grande y el más recomendado para los n1i1o!I
desde la edad de seis li siete meses, y particularmente en el momen t,o del destete y dur.tnte el periodo del crecimiento. Faclllta mucho la dentición; asegura la buena formación
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A su hermnnn. señorita Kate Feebfln.
que estuvo siempre con él hasta su
muerte. $40.00() oro en bonos y $25.000
oro de una de las pllllzas de seguro :
A la seilora Annn A. Feeban, viuda del
seí\or doctor Eduardo L. Feeban. berma no del seilor Arzobispo, $25,000 oro
de otra de las pólizas, y $5,000 oro en
efectivo: A. lfl Academia de San Pntri•
cio de Chlcago, de la que es prec~pto·
ra su hermana, Madre M:arln Catallon.
$10,000 oro de la tlltlma póll•a; ll la
escuela • 'Santa Maria' ' de ensel\nnzn
Prllctlca para varones, de Feebanvillt.
Illlnois. que era la institución por In
que mlls se Interesaba el sellor Arzo·
hispo, se entregaron los $4,000 restan•
tes de la tlltlma póliza.

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12 ·

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CRISTO ATADO A LA COLUMNA.
CUADRO DE FABRÉ.s.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 1, No 13, Marzo 29</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>firaa Joyería y Relojería

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 29 de Marzo de 1903.

la. Dlatero~ 12 y 14 &lt;;,

La. Fosfatina. Falieres
es el alimento más agradable y el mAa
recomendado para los niños Jesde la
edad de seis A siete meses sobre todo
en el momento del destele y dura:ile
el periodo del c reclmient'&gt;. "Facilita
la dentición, asegura la buena forma·
ción de los bue.sos."
PARIS, 6, Avenue Victoria, y en todas
las farmacias.

~~

Enrique 6. Schafer.

t:lÍtEl
11
I

AVISO IMPORTANTE.
ARTIC'ULOS

El fosfato de cflll que entra eJ: Is
composlt.!1:0n ele :ia Fosfatina "1&lt;,allE&gt;·
rl'll." PStA prE&gt;paraclo r,or uu pro,...,_¡¡1
n•\rnto especial con aparato A propósito. y no se encuentra en el comercio.
Desconf!en de las Imitaciones y falslflcaclones.

º'AHT

"li~++H-++....+ffff++..++M..ff ..+++ff#

:-.'OVl':,\P. º

AGENCIA DEL RELOJ OMEGA
l'ldase C&amp;tllogo,

~ ·- :!

Aparta•lo t7 L

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Id·

CARTA A LAS DAMAS

"Señoras: el mayor realce de la be•
lleza es un crtis fresco y limpio:
Cullndo una dama conserva el cutis
suave, n!tido y lozano, cautiva siempre, y, sus encantos son imperclura·
bles, sea cual fuere su edad.
Con el uso de la " AGUA TROPI•
CAL" oblendréis una belleza imborrable y disminuiréis la edad, que es
todo lo que puede des'.'arse. Un par
de frascos bastan para convencerse de
esa verdad." Jeany \V. Groshs.
De venta en la calle del Coliseo Nue•
vo, 5, y en la Droguerla de Uihlein.
Los pedidos á A. E. Betancourt.

I

'

TOMEN

Vino San Qarmsn.

1.-Trajes de paseo Y para automóvil. Este, con vuelos de pélerina.

�EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 29 de Marzo de 1903.

EL VESTIDO.
LA MODISTA, NUESTRA PESADILLA.
Si en «Para ser amada.&gt; be tratado esta grave y capital cuestión del
vestido para las mujeres cuyo presupuesto es ilimitado y que tienen

lidad el vestido es el punto capital
del t¿cado femenino. El peinado, el
sombrero, á. pesar de su influencia
más directa, más estrecha sobre la
belleza del rostro, sólo se considera, sin embargo, como un accesorio
del tocado, puesto que sólo se lleva durante algunas horas, mientras
que el vestido es de todos los momentos, y algunas mujeres hay que
se ponen varios vestidos al día. En

sei'las de un modisto ó modista
quienes no tenían inconveniente en
pagar un prec_io _exorbit_ant~ con tal
de que las v1strnran s1qmera una
vez de manera elegante!
Hay en París un número incalculable de modistas. Todas dicen que
proceden de una casa acreditada,
pero no hay que hacerles caso.
Unas se dan corno cortadoras, y
basta como primeras oficialas ó di-

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banca abierta, aquí, por el contrario, voy á. ocuparme del tocado de
las mujeres que tienen que calcular
lo que pueden gastar, y tengo la
pretensión de bacel'ies ver que gastando poco1 es posible, sin embargo, llegar a ser elegante, con menos riqueza sin duda, como primeras materias, pero con la misma
perfección.
El vestido, ¡preocupación y pesadilla de todas las mujeres! En rea-

fin, el sombrero es el que se debe
armonizar con el vestido, su color
y su carácter.
Para hacer un vestido, generalmente se llama á una modista; ¿y
quién es laque no ha conocido las
impacienci&amp;.s, los sinsabores, y diré basta las angustias y tormentos
físicos y morales que nos hacen pa•
decer las modistas? Cuántos cargos
be oído hacer sobre ese particula1·I
Cuántas veces me han pedido las

rectoras. Pero qué desencanw cuando al ve1·las trabajar, se descub1 e
que la mayor parte no conocen siquiera los principios elementales de
la línea y del bu~n gust&lt;,! 'J_'opas sin
duda, han hecho un aprendizaje; re·
ro qué aprendizaje!
En una palabra, la pesadilla de
la mujer elegante hoy día es lamodista.
En,re el número incalculable de
costureras que hacen nuestra deses-

peración, cuán pocas saben verda
deramente componer, ejecutar ese
verdadero objeto de arte, el vestido. pedazo de tela que arregl~do
con habilidad, sirve para embellecernos! ;.Dónde ballar esa perlarara, ese fénix, esa artista, que á primera vista, conozca el carácter de
nuestra persona, vea los defectos
que hay que disimular y las gracias
que hay que hacer resaltar?
Otra de las dificultades para la
modista es saber probar los trajes,
y sobre todo cortar bien los cuerpos.
Tengo amigas que tienen accesos
ele fiebre y ataques de bilis debidos
á las impaciencias que les causa la
modista, tardt\ndo en ensay at•, ó al
mal humor que muestra cuando
se le hace una pequeila observacion, ó á la indiferencia que pone
en la obra, y sobre todo á los malos resultados obtenidos.
Todas las modistas tienen defectos. Las hay que cuidan y hacen
bien las gua1·niciones, saben a rmoniza1· los colores, pero no saben
componer un conjuuto de modo sa·
tisfactorio. Efectivamente, la mayor parte de las veces el conjunto
carece ó de aplomo, ó ele gracia ó
de armonía.
Se ve, por ejemplo, un ves\ido
que al primer golpe de vista parece
muy bonito, pero que en cuanto se
mirh con detenimiento,empieza una
á descubrir defect-Os, porque los detalles no han sido ejecutados con
cuidado ó esmero: una costura que
biice un pliegue en la espalda ó un
lado del cuerpo que forma nr1 ugas
en la cadera, ó á vec~s los repulgos
mal disimulados, ó demasiado tirantes, ó demasiado flojos.
Oh el cuerpo! be aquí el gran escollo paro. la. modista! Se ve á menudo que las más hábiles cometen
faltas garrafales; no es de extrailar que las otras, con menos experiencia. en el arte de la costura,
agobiadas de trabajo, mal secundadas por obreras, ver~aderas_ ca.':'8·
zas de chorlito que siguen sm mnguna aplicación las indi&lt;;aciones recibidas cometan faltas 1mperdona·
bles qu~ echen á perder por completo el cuerpo de un traje.
Así es que un vestido que parecía bonito al probarlo, cuando está concluído no sienta bien, pues
el cuerpo entonces está Jadead?, ó
demasiado estrecho, ó demasiado
ancho, ó el recogido no prod~1c~ el
efecto deseado. Y traen el traJe Justo en el momento en que hace falta
para salir, cuando no llega demasiado tarde, comb también aconte·
ce algunas veces.
Quería una tener el traje en cues·
tión para tal baile ó tal comida, se
ha estado esperando á la modista
con verdadera impaciencia Jlena de
ira, y cuando al tia llega, imposi·
ble de ponerlo: está mal. La im·
paciencia ha hecho subir la sangre
á la cabeza, está. una roja como un
pimiento, fea, enervada.
He conocido sei'loras que por una
contral"iedad, pat·ecida, lloraban
de rabia y renunciaban á salir ao•
tes que ponerse un vestido que se
ha llevado otras veces y que todo
el mundo conoce.
Hay seiloras que se ponen enfermas cada vez que tienen que ir ~
probarse un vestido, pue~ hoy ca~1
todas las modistas se megan á ir
á probarlo á domicilio.
llay-que esperar durante mucho
tiempo por regla general en las sa·
las de espera de las modistas de
quinto ó sexto orden, y antes de ha·
cer la entrega definitiva le hacen á
una volver para hacer la última
pmeba; segundo suplicio, pues casi siempre hay que hacer algún
arreglo.
Si después de sufrir todos es~s
sinsabores tuviera una la seguridad de ir bien vestida, menos ma};
pe1·0 generalmente hay qu~ d~vo •
ver el vestido, y por cons1gu1ente
tercera espera: y se puede u~a dar
por contenta si no hay que 1r por
cua1·ta vez á probarlo, á no ser que
cansada se resuelva una á retocar
el traje con la ayuda de su don·
cella .
Oh las modistas! oh los cría·
dos! éstas son las exclamaciones é
improperios que sin ces11,1• es~
oyendo constantemente. Compren

Domingo 29 de Marzo de 1903.

perfectamente, por todo lo que veo
que es muy difícil ser bien servid~
ó vestirse á su gusto.
Pero por lo que á mí me toca1 be
bailado el remedio contra esas dos
plagas de la existencia femenina· y
quiero, queridas lectoras, que ap;o.
vechen ustedes mi experiencia.
)

......

-¡O este ailo la apruebo, ó pierdo el nombre que tengo!
Y el pobre l&lt;'ernaodo arrojó la infamante papeletn sobre la desvencijada mesi,., único mueble que con
la cama y dos sillas, formaba el
ajua1· de su habitación de siete reales con principio.
Lo que á él le pasaba ya iba picando en histol'ia. Alumno aventajado en toda la carrera, se había
«plantado&gt; en la última asignatura
de la licenciatura, y no había forma de salir adelante. ¿Era porque
no la estudiaba:&gt; Ya se la sabía de
coro, pe1•0 el p1•ofesor le había tomado «tirria.&gt;
. Esta, oor lo general, suele ser la
disculpa de todo mal estudiante pero en la. presente ocasión era 'verdad; y era ve_rclad por lo siguiente:
El catedrático de la asignatura
D. Francisco de la Roca., era un se~
llor de esos chapados á la. antigua
solterón empedernido; gran levitón~
carrik; '.lhistera de tres pisos con entresu~lo y sotabanco y gruesas gafas
de cristales perfectamente circulares,q ue cuando.recibían luz directa
daban á su amo el aspecto ele la cara de un buho. De carácter agrio y
rudo, más parecía que gruñía cuando hablaba, y esto lo hizo siempre
mezclando dicterios ignominiosos
para el pobre alumno que, ó largo
de vagancia, no se sabía lo. lección
ó corto de genio, se aturrulla.b~
siemp1·e que oía aquellas preo-untas
hechas con tono agresivo. "
Tales condiciones le valieron el
sobrenombre que, por su desgracia
le aplicó un día Fernando: D. Fran'
cisco se convirtió en &lt;Don Ruqucsco,&gt; y desde entonces no so le conoció en la Uní versidad por &lt;'tro nombre que, naturalmente, llegó en brevísimo tiempo á oídos del interesado, el cual, según se decía, juró vengarse-con el único medio deque disponía: los exámenes.
En efecto, tres veces consecutivas
halló pretexto el bilioso catedrático
para suspenderá Fernando, s iendo
la última la en que presentamos á
éste en escena.
Comunicar á. sus padres el nuevo
descalabro era terrible, pero no había más remedio, y si mucho lo sen·
tía. el joven por ellos, no lo era menos por su Rosa., por su lindísima
prima Rosa., que le esperaba aquel
año con la carrera concluída, para

arrojarse inmediatamente en brazos
de Ilimeneo.
Los padres de Fernando eran unos
labradores acomodados, que viendo en su hijo, según el sei'lor
Cura, disposición bastante para el
estudio, p1·efirieron gastar se unas
cuantas onzas y verle con la borla
encarnada, á mandarle al campo en
compañía de un arado, á destripar
tet•rones, en «dulce&gt; contacto con
mulas, vacas y gañanes.
Desde pequeilos se notó cierta inclinación entre Rosa y Ferni.ndo:
los progenitores de a.q uélla, también
en buena posición, no vieron inconveniente en favorecer la mutua simpatía: primero, por tratarsa de parientes cerca.nos: segundo, por la felicidad de los muchachos: y tercero,
porque tal alianza aumentaba las
tierras, ganados y capital. Me par ece que he invertido el orden de
importancia de las razones, pero
allá el lector malicioso, si es que lo
es, las colocará. coo arreglo á sus
conocimientos psicológico-metalúrgico-sociales.
Estas mismas causas fueron las
que motivaron que los padres de
Fernando estuviesen en un todo
conformes con los de Rosa. En consejo de familia se acordó que el muchacho viniese á estudiar á la corte, y en la misma sesión quedó aprobada la boda de los chicos para cinco ó seis ailos después, es decir, para cuando el Licurgo novel r egr esase á sus lares con la cédula personal
en que, después del nombre y naturaleza, se leyese «edad,&gt; veinticinco años, y «profesión&gt; AHOGADO.
No hay para qué decir que no hubo un solo voto en contra.
El ai'lo ante1·ior, como ya dijimos,
debió haber terminado, si el atribilario «Don Ruquesco&gt; no lo hubiese dispuesto de ot1·a manera.
Todas estas cosas que apuntadas
quedan, y otras muchas más, pasaban y repasaban por la imagina-

ción del mísero estudiante, cuando,
harto de darle vueltas al caletre 1
debió de concebir alguna salvadora
idea, porque se levantó de un salto,
exclamando:
-¡ Sí, diablo, buena idea; superior, archisuperior! ... Total, unos
~u~n~os malos ratos...... , quizá la
1rr1s1ón ele los compañero!f .... , de
la vecindad .... , del mundo entero
..... ; pe1·0 ¡bah! ¿qué impo1·ta? El
grado, primero, y mi Rosa, después. Soy un Séneca, un Licurgo,
un Cbámberlain, un ....
-¡Animal!-gritó una voz por la
parte exterior de la puerta.-¡.Qué
nueva. locura. te ha entrado, que
parece que estás en las Cortes?
-Entra, Felipe, entra.
-¡Vaya unas voces!
Y entró Felipe, un muchacho poco más joven que Fernando, estudianteno muy aprovechado de cuarto ai'lo de Derecho.
- ¡Poco alegre que estás! ¿.Qné te
pasa?
-Que me han suspendido ....
-¿Y por eso estás alegre? Pues
no lo entiendo.
- Pero no me volverán á suspender, porque be ideado un medio ....
-No sigas ya lo he adivinado;
no V&lt;'l verte a1 presentar.
•
- Hombre .... no es eso!
-Sí, hombre, sí; es probado. Gedeón te mirará con envidia, Calínez te estrechará la mano, y Pía.ve
se honrará con tu compañía.
- Si no me dejas hablar .... He
baila.do un medio para presentarme y salir aprobado. Perdona que
no te lo diga, porque es un secreto.
- Pues mira, yo no estoy para secretos, porque la alegría me rebosa
por todo al cuerpo.
-¿Por .... ?
-Me han suspendido.
-&gt;Tu quoquel&gt;
-Pero Luisa me ha dicho que sí.
-Vamos la ley de las compensaciones. Te felicito.

3.-V~etidos do pa11eo y traJo lnf.-ntil do cuello an¡¡ul~r.

-No tiene nada de particular;
ya me lo espe1·a.ba: me lo habían
predicho.
-A ti, ¿quién?
-1\lad. Esc:-oc, la adivinadora
de moda.
-¡.Has ido á verla?
-:-Claro, hace una semana. Verás:
la mterrogué, me miró la cabeza
me reconoció la mano, escribió e~
un papelito, lo metió bajo un sobre
q~e pegó, y me lo dió, d iciéndome:
&lt;::So lo abra usted hasta dentro de
ocho días,&gt; y me marché .. .. es decir, me marché después de abonar
dos duros por su trabajo.
-¿,Y ~briste el sobre hoy?
.
-¡Ca. En cuanto salí de ali{·
cualquiera. tenía paciencia. para es~
perar.
-;.Y qué decía?
-Sí y no: no y sí: narla más.
-¡Ilombre, te ha tomado el pelo!
-¿Qoe me ha tomado el pelo? No
seas idiota,hombre; si está más claro que el agua. l\Iira: yo le pregunté si aprobaría, y si me querría
Luisa. l\Ie presentó ayer á examen,
y á la segunda. pregunta. me dice el
tribunal: «Puede usted retirarse;&gt;
total, calabazas: veo hoy á Luisa,
y, naturalmente, me dice que sí.
Corresponde, pues, el resultado á.
la segunda contesta&lt;'ión. ¡Oh, es
una mujer muy hábil!
-Chico, ¿sabes que me estáu dando ganas de irá verla?
-Pues mira, para luego es tarde:
te acompai'lo.
Y, en efecto, media hora después
estaban ambos en el doruicilio de
la émula de Mad. Thebes. No sabemos lo que allí pasó, pero sí que á
las nueve de la noche, abierto el
misterioso pliego ante una taza de
café, una botella de agua y una. copa con gotas, como testigos, en
Fornos1 leyeron los dos amigos esta 9rofetica frase :
-;CAI.ABAZAS HAN D~ SE&amp;l

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 29 de Marzo de 1903.

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EL MUNDO ILUSTR ADO.

cartas. ¡Bien conocía las letras!
De sus padres y de Rosa.
¡No sé qué tienen las cart~s de la
novia, que se suelen abrir an~s
que las de los padres! Esto hizo
Fernando. Sabía que sus padres se
habían de alegrar; quería ver qué
decía Rosa.
Y esto era lo que decía:
«Querido primo Fernando: Te fe.
licito poi· tu triunfo, aunque algo
tardío, y te felicito doble~ente porque sin perder tus estud10s, sé que
~stás muy distraído por ahí. Conserva la proporción, porque ere?
que es muy buena, según me escribe Nati, que vive muy cerca de tu
«adorado tormento&gt; y te ve muy á
menudo, aunque tú no' la veas á
ella. Antonio ha regresado con el
empleo de capitán; me ba pedido á
mis padres, y éstos, enterados de
tu proceder, le ba.n dicho que sí. Al
buen entendedor, salud.-Tu prima, Rosa.&gt;
No ha.y para qué decir cómo se
quedaría Fernando. Entre maldiciones á Nati, &lt;Don Ruquesco&gt; y
Gorgonia, se le oía t·epetir:
.
-¡ Y yo que me burlaba de la sibila! ¡Qué rnzón tenía!
.
¡¡CALABAZAS HABÍAN DE SER!!
MANUEL J. GARCÍA.

ADIOS!
Noche serena y plácida
En cuyo hermoso cielo
Viajera sola y lánguida
La luna triste va;
IIacia l a bella patria
Do se meció mi cuna
Haz que tu brisa llévese

***
&lt;Don Ruquesco&gt; vivía en un entresuelo de la calle de la Flor, con
una sobrina llamada. Gorgonia,
cuyas faldas fueron las únicas q_ue
vieron aquellas paredes desde tremta. y cinco años, Jo menos, basta la
fecha.
Justo es que la presentemos.
De esta.tura, más baja que alta;
de cuerpo, más grueso que delgado; de pelo, más rojo que rubio;
cutis emblanquecido á fuerza de albayalde y otras materias «ejúsdem .
fúrfuris;&gt; ojos ribete.a.dos como los
conejos, y un sí es no es agobiada
de espaldas, era la pobre Gorgonia
'.ln vi viente mentís á la frase vulgar de que todo lo creado por Dios
es perfecto. Malas lenguas afirmaban que ni todos los dientes ni todo el pelo que lucía eran suyos,
más que por
·
Haberle costa.do su dinero,
y aún no faltaba quien atribuyese
su incierto y vacilante paso á alguna pequeña. desviación de la recta
en la tibia, el peroné y el fémur.
Sea de ello que quiera, que no
nos b~mos de meter en interioridades el ca.so es que la doncella esti.b~ hambrienta de novio, que su
tío estaba harto de ella, y que por
la. reja. . . . . no pasaba una. alma, ni
aun por ganas de «matar el tiempo.&gt;
Pero un día (muy pocos después
del comienzo de esta historia.) PASÓ.
Pasó y repasó y 1·etepa.só un alma., encerrada en un cuerpo cubier-

Mi triste suspirar.
De esta ciudad espléndida
Me agobia la grandeza.;
Y las memorias férvidas
De mi niñez fugaz,
Hacen brotar las lágrimas
De mis opacos ojos
Y entre ellas aún diviso
Mi humilde y dulce bogar.
Allá todo inocencia,
Dichas y a.mores cándidos;
Aquí todo mentira,
Dolor y deslealtad.
Durango, pueblo humilde,
La tierra de mis padr es,
¿Cuándo tus campos fé rtiles
Podré ot1·a vez pisar ?
Allá mis dulces risas,
Aquí mi eterno llanto;
Allá un amor del a lma,
Aquí un mentido a.mor.
Allá la paz bendita,
Aquí los desencantos;
Allá las flores cándidas,
Aquí las del dolor .. .. . .
Presto veré tus campos;
¡Mas que cambiada torna
A su paterno nido
El ave que voló!
Torna con la alma h erida,
Las alas destrozadas ,
Las ilusiones muertas,
Y a sin arrullo y voz.
Prepárele tu suelo
Lugar para el reposo,
Para el postrero s ueño
Que anhela mi dolor.
Mas ¡ay! ¿por qué llor osa
Dejo y con pena mísera
La ciudad que bul'! a.ra
Mi pobre corazón?
¿Por qué?... calla, mi labio,
«Su nombre&gt; te quemara . . ..
Actiós, suelo del a lma ,
Ingrato suelo, adiós .. ..

***

Al día siguiente le despertó de la
siesta la patt·ona., entregándole dos .

MATINÉES.
He aquí ahora algunas ideas que
pueden servir para hacer las matinées, que podrán ustedes modificar
según sus gustos y sus recursos:
19 Matinée muy elegante: el cuerpo es de terciopelo capuchi no, con
faldones dentados cayendo sobre un
volante de encajes blancos. Un encaje igual, formando ropaje, acom•
paña el delantero de seda amarilla
ó azul pálido; los manguitos, for mando pelerina, también dentados,
caen sobre la, mangas de seda amarilla ó azul pálido, muy rizadas.
Puños de terciopelo capuchino. En
la garganta, por bajo del cuello de
terciopelo capuchino, la chorrera
de abad.
29 Cuerpo de crespón rosa amarilla de una sola pieza, cellido al
talle por medio de un ancho cintur ón de galón dorado bordado con
turquesas. Pequeña taleguilla torera de te1·ciopelo ó satín azul marino.
Este mismo cuerpo, muy fácil de
ejecutar,puede componerse de cualquier color que case bien con otro,
ó con cualquier tela que siente bien,
según el rostro de cada cual.
39 Espalda sencilla, fruncida en
el talle, con delanteros rectos de
bengalina azul Labrador; Jos delanteros abiertos sobre una camiseta de muselina blanca, fruncida en
el cuello,y un cinturón muy ceñido;
volante de encajes fruncido en el
h ombro, y por detrás en el cuello, cayendo en for ma de abertura.
Mangas anchas de bengalina con
un alto volante de encaje, abullonado á l a altura del codo. Adorno
de plumas negras.
49 Cuino mucho más sencillo para levantarse de la cama, el Perezoso de surá rojo, guarnecido con
franela. Adorno de encajes negros.
Es muy caliente y elegante. Se puede hacer de cualquíer otro color,
por ejemplo, de surá heliotropo,
botón de oro, quisquilia, azul pálido, guarnecido con encajes negros
ó blancos.

DOLORES GUERRERO.

to por un terno gris, coronado por
un simpático rostro, de negro bigote y lánguida mirada. No hay
para qué decir que era Fernando
el que se lanzaba á tal empresa, ni
que el corazón de la. ardiente doncellita de cuarenta abriles se encontrara. preso á las primeras de
cambio en la trama de aquel terno.
A escondites primero, y más á las
claras después, siguieron aquellos
amores, hasta el punto de que se
enterara «Don Ruquesco,&gt; quien,
al principio, cogió el cielo con las
manos (sobre todo al conocer el
pretendiente), y después cogió.....
la. ocasión por los cabellos, no ignorando que la. fortuna del estudiante no era mala, y que la me1·cancía era de difícil salida.
Ello es que «Don Requesco&gt; depuso su ira al ver el sesgo que las
cosas tomaban; que Fernando persuadió á Gorgonia, y ésta dominó
á su tío hasta el extremo de que en
Septiembre pudo el joven leer, con
la natural satisfa::ción, un &lt;notable&gt; como una casa, en su papeleta
de examen.
¡ Se ha «cbicbado&gt; la sibila!-decía Fernando, corriendo hacia el
telégrafo, para comunicar lo más
pronto la alegría que 16 dominaba
á su familia, y sob1·e todc, á su Rc;&gt;sa.- ¡Cómo que me iba á mí á fa.llar la combinación! Mañana ó pasado tomo el tren, y . .... ¡que averigüen!

Domingo 29 de Marzo de 1903.

VESTIDOS

PARA

RECEPCIONES

Y FIVE O'CLOCK.

J

4.-Trajes de. ciclista y de paseo. El primero de falda corta Y
chaqueta "sport'."

19 Falda de terciopelo verde de
mimbre, con un gran delantal de
seda blanca ó rosa y aplicaciones de
terciopelo. El cuerpo de terciopelo
verde se abre sobre una camiseta de
muselina de seda blanca. Mangas
iguales con puntillas de rosas, Sólo hacen falt.i. para este vestido muy
sencillo, de cola regular, seis metros de terciopelo y seis de satín de
seda lustrada.
29 Vestido de tafetán de la India
color de cáscara de almendra, adorn ado con un galón de cabujones
multicolores, abierto sobre una camiseta de s.eda blanca. Galones
iguales en los puños, en el cuello y
en la cintura.
39Vestido de lana amapola guarnecido con terciopeJo negro, muy
bien para una mujer que sea rubia;
su precio es módico.
49 Vestido de paño ó lana verde
Nito, falda guarnecida con terciopelo del mismo color, cuerpo con
faldones largos, de lana 6 terciopelo.
59 Vestido de la.na gris y terciopelo gobelino. Falda de lana, cuerpo de terciopelo abierto sobre una
camiseta de seda del mismo color
que la lana, cinturón de seda con
un lazo muy ancho de lado.
69 Vestido muy elegante de pallo
bl anco muy fino,guarnecido con terciopelo tornasol, cinturón de plata,

5. -Vestidos de visita Y de casa. El primero de blusa ajustada y mangas japonesas.

jockey de terciopelo negro con galones de oro y volante de encajes.
79 De lana mordoré, ó sea castaño dorado y terciopelo igual.
SQ Vestido ligero de bengalina
amatista guarnecido con encajes
finos. Cuello, puños y cinturón de
terciopelo blanco.
Estos trajes de recepción pueden
servir, por lo menos los oscuros,
como trajes de visita v matinées.
He aquí, para visitas solamente,
unos cuantos vestidos más oscuros:
VESTIDOS PARA VISITAS.
l. 9 Fay a parisiense, verde tallo,
guarnecida con galones de azabache negro, abiertos en el cuello, puños y bajo de la falda.
2º Vestido de lana verde guarne-

cido con terciopelo más oscuro.
Gran visita con chaleco de terciopelo abierto sobre un delantero de
piqué blanco. Puños altos de terciopelo formando solapa en la bocamanga.
31,&gt; Vestido de siciliana verde marino, adornos de crespón recogidos
con lazos de satín blanco de plata.
49 Vestido de piel de seda vino
de Burdeos y terciopelo igual color,
un poco más oscuro. Cuerpo de terciopelo con solapas de seda blanca
y cinturón ancho de la misma seda.
59 Vestido de terciopelo de lana
verde almendra, y terciopelo negro,
guarniciones de pasamanería crema y oro y botones negros.
6&lt;.l Un vestido de gran estilo:
cuerpo princesa de piel de seda, ó
terciopelo, ó pafio, ó lana fina, pan

tostado, con solapas de pafio blanco, abiertas sobre una camiseta de
seda gruesa azul celeste, recogida
en la cintura con un fruncido de
terciopelo con cascabeles dorados.
El azul y el blanco tal vez parezcan
algo fríos pero revelan una alta
distinción.
79 De mucha etiqueta: vestido de
piel de seda gris, con galones de
acero en el chaleco y en la falda.
Cuerpo abierto sobre fruncido fino
· de seda rosa pálido.
89 Vestido vellón claro y corse. lete de terciopelo azul, abierto sobre una camiseta azufre.
99 Brocado malva y terciopelo
color &lt;le pensamiento.
109 Gasa negra, guarnecida con
encajes, adornada con lazos de satín oro pálido, cinturón de crespón
de seda del mismo color,

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, De las Damas, 1903, Año 10, Tomo 1, No 13, Marzo 29</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 29 de Marzo de 1903.

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EL MUNDO ILUSTR ADO.

cartas. ¡Bien conocía las letras!
De sus padres y de Rosa.
¡No sé qué tienen las cart~s de la
novia, que se suelen abrir an~s
que las de los padres! Esto hizo
Fernando. Sabía que sus padres se
habían de alegrar; quería ver qué
decía Rosa.
Y esto era lo que decía:
«Querido primo Fernando: Te fe.
licito poi· tu triunfo, aunque algo
tardío, y te felicito doble~ente porque sin perder tus estud10s, sé que
~stás muy distraído por ahí. Conserva la proporción, porque ere?
que es muy buena, según me escribe Nati, que vive muy cerca de tu
«adorado tormento&gt; y te ve muy á
menudo, aunque tú no' la veas á
ella. Antonio ha regresado con el
empleo de capitán; me ba pedido á
mis padres, y éstos, enterados de
tu proceder, le ba.n dicho que sí. Al
buen entendedor, salud.-Tu prima, Rosa.&gt;
No ha.y para qué decir cómo se
quedaría Fernando. Entre maldiciones á Nati, &lt;Don Ruquesco&gt; y
Gorgonia, se le oía t·epetir:
.
-¡ Y yo que me burlaba de la sibila! ¡Qué rnzón tenía!
.
¡¡CALABAZAS HABÍAN DE SER!!
MANUEL J. GARCÍA.

ADIOS!
Noche serena y plácida
En cuyo hermoso cielo
Viajera sola y lánguida
La luna triste va;
IIacia l a bella patria
Do se meció mi cuna
Haz que tu brisa llévese

***
&lt;Don Ruquesco&gt; vivía en un entresuelo de la calle de la Flor, con
una sobrina llamada. Gorgonia,
cuyas faldas fueron las únicas q_ue
vieron aquellas paredes desde tremta. y cinco años, Jo menos, basta la
fecha.
Justo es que la presentemos.
De esta.tura, más baja que alta;
de cuerpo, más grueso que delgado; de pelo, más rojo que rubio;
cutis emblanquecido á fuerza de albayalde y otras materias «ejúsdem .
fúrfuris;&gt; ojos ribete.a.dos como los
conejos, y un sí es no es agobiada
de espaldas, era la pobre Gorgonia
'.ln vi viente mentís á la frase vulgar de que todo lo creado por Dios
es perfecto. Malas lenguas afirmaban que ni todos los dientes ni todo el pelo que lucía eran suyos,
más que por
·
Haberle costa.do su dinero,
y aún no faltaba quien atribuyese
su incierto y vacilante paso á alguna pequeña. desviación de la recta
en la tibia, el peroné y el fémur.
Sea de ello que quiera, que no
nos b~mos de meter en interioridades el ca.so es que la doncella esti.b~ hambrienta de novio, que su
tío estaba harto de ella, y que por
la. reja. . . . . no pasaba una. alma, ni
aun por ganas de «matar el tiempo.&gt;
Pero un día (muy pocos después
del comienzo de esta historia.) PASÓ.
Pasó y repasó y 1·etepa.só un alma., encerrada en un cuerpo cubier-

Mi triste suspirar.
De esta ciudad espléndida
Me agobia la grandeza.;
Y las memorias férvidas
De mi niñez fugaz,
Hacen brotar las lágrimas
De mis opacos ojos
Y entre ellas aún diviso
Mi humilde y dulce bogar.
Allá todo inocencia,
Dichas y a.mores cándidos;
Aquí todo mentira,
Dolor y deslealtad.
Durango, pueblo humilde,
La tierra de mis padr es,
¿Cuándo tus campos fé rtiles
Podré ot1·a vez pisar ?
Allá mis dulces risas,
Aquí mi eterno llanto;
Allá un amor del a lma,
Aquí un mentido a.mor.
Allá la paz bendita,
Aquí los desencantos;
Allá las flores cándidas,
Aquí las del dolor .. .. . .
Presto veré tus campos;
¡Mas que cambiada torna
A su paterno nido
El ave que voló!
Torna con la alma h erida,
Las alas destrozadas ,
Las ilusiones muertas,
Y a sin arrullo y voz.
Prepárele tu suelo
Lugar para el reposo,
Para el postrero s ueño
Que anhela mi dolor.
Mas ¡ay! ¿por qué llor osa
Dejo y con pena mísera
La ciudad que bul'! a.ra
Mi pobre corazón?
¿Por qué?... calla, mi labio,
«Su nombre&gt; te quemara . . ..
Actiós, suelo del a lma ,
Ingrato suelo, adiós .. ..

***

Al día siguiente le despertó de la
siesta la patt·ona., entregándole dos .

MATINÉES.
He aquí ahora algunas ideas que
pueden servir para hacer las matinées, que podrán ustedes modificar
según sus gustos y sus recursos:
19 Matinée muy elegante: el cuerpo es de terciopelo capuchi no, con
faldones dentados cayendo sobre un
volante de encajes blancos. Un encaje igual, formando ropaje, acom•
paña el delantero de seda amarilla
ó azul pálido; los manguitos, for mando pelerina, también dentados,
caen sobre la, mangas de seda amarilla ó azul pálido, muy rizadas.
Puños de terciopelo capuchino. En
la garganta, por bajo del cuello de
terciopelo capuchino, la chorrera
de abad.
29 Cuerpo de crespón rosa amarilla de una sola pieza, cellido al
talle por medio de un ancho cintur ón de galón dorado bordado con
turquesas. Pequeña taleguilla torera de te1·ciopelo ó satín azul marino.
Este mismo cuerpo, muy fácil de
ejecutar,puede componerse de cualquier color que case bien con otro,
ó con cualquier tela que siente bien,
según el rostro de cada cual.
39 Espalda sencilla, fruncida en
el talle, con delanteros rectos de
bengalina azul Labrador; Jos delanteros abiertos sobre una camiseta de muselina blanca, fruncida en
el cuello,y un cinturón muy ceñido;
volante de encajes fruncido en el
h ombro, y por detrás en el cuello, cayendo en for ma de abertura.
Mangas anchas de bengalina con
un alto volante de encaje, abullonado á l a altura del codo. Adorno
de plumas negras.
49 Cuino mucho más sencillo para levantarse de la cama, el Perezoso de surá rojo, guarnecido con
franela. Adorno de encajes negros.
Es muy caliente y elegante. Se puede hacer de cualquíer otro color,
por ejemplo, de surá heliotropo,
botón de oro, quisquilia, azul pálido, guarnecido con encajes negros
ó blancos.

DOLORES GUERRERO.

to por un terno gris, coronado por
un simpático rostro, de negro bigote y lánguida mirada. No hay
para qué decir que era Fernando
el que se lanzaba á tal empresa, ni
que el corazón de la. ardiente doncellita de cuarenta abriles se encontrara. preso á las primeras de
cambio en la trama de aquel terno.
A escondites primero, y más á las
claras después, siguieron aquellos
amores, hasta el punto de que se
enterara «Don Ruquesco,&gt; quien,
al principio, cogió el cielo con las
manos (sobre todo al conocer el
pretendiente), y después cogió.....
la. ocasión por los cabellos, no ignorando que la. fortuna del estudiante no era mala, y que la me1·cancía era de difícil salida.
Ello es que «Don Requesco&gt; depuso su ira al ver el sesgo que las
cosas tomaban; que Fernando persuadió á Gorgonia, y ésta dominó
á su tío hasta el extremo de que en
Septiembre pudo el joven leer, con
la natural satisfa::ción, un &lt;notable&gt; como una casa, en su papeleta
de examen.
¡ Se ha «cbicbado&gt; la sibila!-decía Fernando, corriendo hacia el
telégrafo, para comunicar lo más
pronto la alegría que 16 dominaba
á su familia, y sob1·e todc, á su Rc;&gt;sa.- ¡Cómo que me iba á mí á fa.llar la combinación! Mañana ó pasado tomo el tren, y . .... ¡que averigüen!

Domingo 29 de Marzo de 1903.

VESTIDOS

PARA

RECEPCIONES

Y FIVE O'CLOCK.

J

4.-Trajes de. ciclista y de paseo. El primero de falda corta Y
chaqueta "sport'."

19 Falda de terciopelo verde de
mimbre, con un gran delantal de
seda blanca ó rosa y aplicaciones de
terciopelo. El cuerpo de terciopelo
verde se abre sobre una camiseta de
muselina de seda blanca. Mangas
iguales con puntillas de rosas, Sólo hacen falt.i. para este vestido muy
sencillo, de cola regular, seis metros de terciopelo y seis de satín de
seda lustrada.
29 Vestido de tafetán de la India
color de cáscara de almendra, adorn ado con un galón de cabujones
multicolores, abierto sobre una camiseta de s.eda blanca. Galones
iguales en los puños, en el cuello y
en la cintura.
39Vestido de lana amapola guarnecido con terciopeJo negro, muy
bien para una mujer que sea rubia;
su precio es módico.
49 Vestido de paño ó lana verde
Nito, falda guarnecida con terciopelo del mismo color, cuerpo con
faldones largos, de lana 6 terciopelo.
59 Vestido de la.na gris y terciopelo gobelino. Falda de lana, cuerpo de terciopelo abierto sobre una
camiseta de seda del mismo color
que la lana, cinturón de seda con
un lazo muy ancho de lado.
69 Vestido muy elegante de pallo
bl anco muy fino,guarnecido con terciopelo tornasol, cinturón de plata,

5. -Vestidos de visita Y de casa. El primero de blusa ajustada y mangas japonesas.

jockey de terciopelo negro con galones de oro y volante de encajes.
79 De lana mordoré, ó sea castaño dorado y terciopelo igual.
SQ Vestido ligero de bengalina
amatista guarnecido con encajes
finos. Cuello, puños y cinturón de
terciopelo blanco.
Estos trajes de recepción pueden
servir, por lo menos los oscuros,
como trajes de visita v matinées.
He aquí, para visitas solamente,
unos cuantos vestidos más oscuros:
VESTIDOS PARA VISITAS.
l. 9 Fay a parisiense, verde tallo,
guarnecida con galones de azabache negro, abiertos en el cuello, puños y bajo de la falda.
2º Vestido de lana verde guarne-

cido con terciopelo más oscuro.
Gran visita con chaleco de terciopelo abierto sobre un delantero de
piqué blanco. Puños altos de terciopelo formando solapa en la bocamanga.
31,&gt; Vestido de siciliana verde marino, adornos de crespón recogidos
con lazos de satín blanco de plata.
49 Vestido de piel de seda vino
de Burdeos y terciopelo igual color,
un poco más oscuro. Cuerpo de terciopelo con solapas de seda blanca
y cinturón ancho de la misma seda.
59 Vestido de terciopelo de lana
verde almendra, y terciopelo negro,
guarniciones de pasamanería crema y oro y botones negros.
6&lt;.l Un vestido de gran estilo:
cuerpo princesa de piel de seda, ó
terciopelo, ó pafio, ó lana fina, pan

tostado, con solapas de pafio blanco, abiertas sobre una camiseta de
seda gruesa azul celeste, recogida
en la cintura con un fruncido de
terciopelo con cascabeles dorados.
El azul y el blanco tal vez parezcan
algo fríos pero revelan una alta
distinción.
79 De mucha etiqueta: vestido de
piel de seda gris, con galones de
acero en el chaleco y en la falda.
Cuerpo abierto sobre fruncido fino
· de seda rosa pálido.
89 Vestido vellón claro y corse. lete de terciopelo azul, abierto sobre una camiseta azufre.
99 Brocado malva y terciopelo
color &lt;le pensamiento.
109 Gasa negra, guarnecida con
encajes, adornada con lazos de satín oro pálido, cinturón de crespón
de seda del mismo color,

�Domingo 29 de Marzo de 1903.

./

6.-Dos elegantes. trajes

119Falda depaiio ó lana azul ola.ro. Ca.saca de tei·ciopelo satinado
sobre peto azul 1 con encajes antiguos. Mangas de terciopelo con
adornos azules.
12. 9 Por último, un vestido de peq uín de seda rosa con rayas crema.
Mangas Enrique II y pliegue Watteau.
No hay nada miÍ.s lindo, y no te·
nemos nada que envidiará nuestras
abuelas, que pagaban tao ca.ro estos deliciosos tocados, mientras
que nosotras en este siglo del va.por, los podemos adquirir con poco
estipendio.
TRAJES DE BAILE.

El traje de baile debe estar siempre hecho en colores claros. Los
vestidos negros ú obscuros no son
de etiqueta: son tristes; en todo caso, como la luz no los refleja, producen una. nota desagradable, si se
me permite la. expresión.El rosa pálido, el verde a.gua, el
malva rosa, el amarillo claro, con
la luz de las bujías, producen un
efecto dulce y encantador. La luz
ficticia de los bailes, como ninguna..
de mis hermosas lectoras dejará de
reconocerlo, no pi•oduce en los colores el mismo efecto que la. luz del
día. Muchas ha.o tenido que sufrir
por ignorancia. ó por descuido. En
todos los almacenes de sedas hay
gabinetes alumbrados con luz artiticia.1 para escoger las telas; pero
esta. luz generalmente es mucho más
viva que la. de los salones de baile,
y hay que tener cuidado para. no

EL MUNDO ILUSTRADO.

separa. ambos tonos.
Gran cinturón de
muselina. de sedablan
ca, terminando en be·
Ilotas de perlas.
39 Muaré rojo legión de honor, con
guarniciones Chantilly, ó rojo completa·
mente, sin adornos.
49 Terciopelo aurora. satinado. Mangas afaroladas con
las puntas de encaje y delantal de lampas ,quisq uilia claro
y plata. En el bajo
de la falda y a•rede·
dor del cuerpo, guarniciones de plumas;
rosa quisquilia ó encajes.
59 Terciopelo negro y muaré ó crespón de China maíz
subido, el terciopelo
1·ealzado con lazos
maíz. Plumas negras
ó amarillas con motivos de diamantes:
el bajo de la falda,
guarnecido con plumas negras.
69 Vestido de tul
ó gasa negros con
transparentes de seda amarilla, rosa ó
verde. Adornos del
cuerpo combioadqs.
79 Pequín verde
agua, fa.ya ó satín y
muaré,adornado con
lazos malva y rosa,
con graciosos tontillos de encaje verdadero.
89 Vestido de encaje de Venecia sobre transpa,·eote rosa ó azul pálido.
Cuerpo de terciopelo
tui q uesa bordado en
oro.
En fin, todos los
trajes blancos son
muy bonitos y sientan siempre bien. El
blanco es el color de
las muchachas y de
las mujeres jóvenes.
Y tambéin los vestidos rosas. Es tao
suave, t1m dulce á la
1uz el color rosa!
En cuanto al azul
y al verde, no se deben emplear sin haber estudiado antes
el efecto que producen cou las luces.
Cuando se tienen
de paseo campestre, propios para señor,.as
hermosos encajes ó
bonitas joyas.se pueexponerse á sufrir amargas decepden ejecutar verdaderas obras de
ciones.
a1·te con pocos recursos.
Cuando se va con frecuencia á
No se deben gastar las colas larlos bailes, no me ca.asaré de repegas en los salones en que cuesta
tir que se deben escoger siempre tegran trabajo poder andar. No colas hermosas y fuertes, que no se
nozco nada más feo é impropio paarruguen fácilmente, pues hay que
ra una grao seiiora como tener que
prever que es necesario ir en coche,
recoger la cola en el salón.
y -generalmente no sola: ademas,Ios
Cuando los bailes se dan en hotesalones son generalmentepequeiios;
les espaciosos, en donde se pueden
donde sólo caben cincuenta persodejar arrastrar las grandes colas,
nas holgada.meote,á veces hay más
eutonces se deben usar; es muy elede trescien ta.s.
gante y distinguido, pero como lo
Como trajes de estilo y resistenque abunda son las casas pequecia recomiendo las bellas fayas, los
!'ia.s, resulta.n incómodas para el ve·
terciopelos de seda los hermosos
cino, y hay . que meterlas bajo las
satenes, los terciopelos de Génova,
sillas. Se deben usar las grandes
con los cuales más tarde se pueden
colas majestuosas solamente en las
ta.pi zar los muebles, pues no se usan
comidas, recepciones ó grandes cer,unca. Es muy costoso en verdad,
remonias.
pero hace muy rico.
Existen una multitud de telas de
Se pueden llevar estas telas ducapricho poco costosas para trajes
rante muchos años seguidos sin que
ligeros: gasa tul, surá.
pasen de moda ó parezcan ridícuCon unos cien francos pt·óxima.las; y como lo he indica.do antes,
mente se ¡,ueden ejecutar deliciosos
al siguiente pueden servir para.havestidos, sobre todo si se sabeo
cerse trajes de casa.. En vista de escombinar con arte los colores seta transformación, al comprar esas
gún el color del rostro ó el matiz
telas ricas ha.y que comprar siemdel pelo.
pre un poco más de lo necesario.
He a.quí algunas combinaciones
CUERPOS PARA TEATRO.
para estos trajes:
19 Terciopelo rubí y azul muy páEn el teatro, en donde generallido tirando hacia. gris perla. Punmente está una apretada en los palto de Venecia aplicado en el borde
cos demasiado estrechos, y mal sendel terciopelo y atenuando la dure·
tada por a.ñadidt:ra., se arruga.o las
za del contraste. En el cuerpo, gran
faldas, y, por consiguiente, los vesberta. ó gorguera de punto de Vetidos con cola estarían fuera de
necia.
propósito.
Puesto que no se ve la falda,
29 Peluche fino, a.zul antiguo, tirando hacia. verde y satín botón de
aconsejo que se lleve una. muy
sencilla, usada, de color obscuro, y
oro: exquisito con una. Malinas que

con preferencia negra, que case
bien con los cuerpos elegantes.
He aquí algunos modelos:
19 Cuerpo de terciopelo fucsia y
encajes negros: ora que el cuerpo
sea de encaje negro fruncido á la.
virgen, con cinturón de terciopelo,
la punta hacia abajo y tirantes de
terciopelo, y en el codo puiios de
terciopelo fucsia, de donde se escapa. un volante de encaje; ora. que el
cuerpo se haga de terciopelo fucsia
muy abierto sobre una camiseta de
encaje. Cuello ancho de encaje cayendo sobre los hombros .
29 De terciopelo verde esmeralda.
claro y blonda blanca.
39 Cuerpo flotante de encaje blanco, recoa-ido por un cintui·óo liso
de terciopelo color de pensamiento.
49 De terciopelo azul zafiro y encajes negros ó blancos.
59 Chaqueta. Luis XV, de buena
seda negra ó azul marino, adornada con un galón bordado, abierta
sobre un plegado de muselina azufre. Mangas con puños altos bordados. Cuello recto, bordado.
Me es imposible dar para las formas de los trajes ó de los cuerpos
otra cosa que vagas indicaciones, pues las formas ó adornosdependeo de los caprichos de I amoda. Sólo indico los colores y las telas que se armonizan entre sí y producen siempre efectos seductores.

EL COB.DEB.ILLO.
Oye al pobre corderillo
Cómo bala. tristemente;
Ven á acariciar su frente
Con tus labios de coral.
Ven á hacerle un tierno halago...
,:.Sabes, bijo, por qué llora?
Le arrancó mano traidora
Del regazo maternal.
Mira, sus lánguidos ojos
Te contemplan con tristeza,
Cuando tu rubia cabeza
Tierno apoyas sobre mí;
Es, tal vez, que el inocente
Recuei•da el dichoso día
En que una madre tenía,
Que le amaba cual yo á ti.
Toma. el pan en tu manita
Y dáselo sin recelo;
Míralo, es tan pequeñuelo ....
Acércate sin temor.
Parece que te lo pide
Su suplicante ruirada . . . .
No temas, no temas nada,
Querubín encantador.
¿Imaginas un instante
Que tu madre permitiera.,
Si hacerte algún mal pudiera,
Que te acercaras á él?
Hijo, tal vez algún día
Te enseiie el destino fiero
Que puede ser un cordero
¡Ay! el amigo más fiel.
Este pobre animalillo,
Que hoy temeroso te mira,
Cual por su madre suspira
Por ti suspira tal vez;
Y más que de un ser humano
Puedes fiar ciegamente
En su cariño inocente
Sin engaño y sin doblez.
Ven, a.lisa con tu mano
Su suave lana sedosa,
Y un lazo color de rosa
En sn blanco cuello pon;
Llévalo á jugar contigo
Sobre la yerba del prado,
Pa.ra que olvide á tu lado
Que sufre su corazón.
Llámalo, que de tu acento
La deliciosa armonía
Es más dulce, vida mía,
Que el canto de un serafín;
Y á tu madre le parece
Que esa voz de encanto llena,
Puede, en su magia, á la pena.
Más amarga poner fin.
¿No quiere ir? ~s que ~me
Que en tu indolencia de milo,
Pagues su tierno cariño
Con desdén ó crueldad,
Teme que un día llevado
De la humana ligereza,
Con desdeñosa esquiveza
Respondas á su amistad.

W. MuNDO ILUSTRADO.

¿Quieres hallai· la manera
De hacer su llanto cesai•?
Ven conmigo y buscaremos
A su madre .. . . ¡Qué! ¿No quieres?
¿No quieres, hijo; prefieres
Verle sufrir y llorar;&gt;
¿Qué hicieras, ángel querido,
S1 á. tu madre te arrancaran,
Si de ella te separaran
Para. no vol vel'la á ver?
;,Qué hicieras sin sus ca.ricias,
Sin su armonioso cuidado,
Sin su ca-riiio acendrado,
Dulce parte de mi ser"?
¿Qué hicieras si al despertarte,
Cual las aves, con la aurora,
A tu madre que te adora
No hallaras cerca de ti?
¿Si no sintieras sus labios,
Con maternal embeleso,
Deslizar un casto beso
En tus labios de rubíi'
;.Quién tu pacífico sueño
Arrullara con su canto?
¿Quién secaría tu llanto
Con sus sonrisas de amor?
¿Quién en tus juegos de niño
Tomara parte gozosa,
Volviendo á esa edad dichosa
De inocencia y de candor?
¿Quién te diría esa historia
Del niiio obediente y bueno,
Que de la ira el veneno
No encierra en su corazón;
Para quién su ángel custodio,
Que entre sus sueños divisa,
Tiene siempre una sonrisa
Y una tierna bendición?
¿Comprendes ya cuán amarga.
Fuera. para ti la. vida,
Si de tu madre querida
Te alejaran por tu mal"?
Hijo, la. dicha más pura.
E infinita de la tierra,
Tanta dulzura no encierra
Como un beso maternal.
Lleva, pues, el corderillo
A su madre, que lo espera ..... .
¡Cuál corre por la pradera!
Ya mira 4 su madre allí.

Ella le llama gozosa
Con balidos cariiiosos ...
Míralos ¡son tan dichosos!
¿No es mejor verlos así?
No es mejor darle esa. dicha
Que le aleja de tu lado,
Que haciéndole desgraciado,
De su presencia gozar?
El placer más delicioso
No es placer, hijo querido,
Si puede un solo gemido
A otro corazón costar.
Ven ... ¿No responcles?r,Qué tienes?
¿Estás llorando, mi vida? ....
¡Es ya una ilusión perdida
Y aún no empiezas á vivir!
¡Prenda del alma adorada,
Plegue á Dios que siempre ignores
Que del mundo en los dolores
Van los sueños á. morir!
Seca tu llanto, inocente;
Me está el alma lastimando .. .
Si sigues así llorando,
Voy á llorar yo también ....
¡Te sondes y rodeas
Tus bracitos á mi cuello! ....
¡Hijo, es á veces más bello
Este mundo que el Edén!

EL PEINADO
El célebre peluquero Lefebvre Ji.
terato por añadidura, decía en Ú75
en un discurso pronunciado ante
numerosa concurrencia:
&lt;El peinado es un arte.... Modificai· por medio de formas agradables los largos cabellos, con los
cuales la naturaleza ha querido hacer un velo más bien que un adorno
da.r á esl;'S formas una consistenci¿
de que no parece susceptible lamateria que se sujeta, dar á la abundancia una. disposición regular que
haga desaparecer la. confusión y
suplir la carencia con una abund~ocia que engaiie á la vista, combinar
los accesorios con la frente que de-

ben dulcificar 6 entonar, sostener
un rostro delicado con trenzas ligeras, acompañar uno majestuoso con
rizos elegantes, salvar la rudeza de
los rasgos de la cara. ó de los ojos
por medio del contraste, y á veces
por medio de una armonía. reflexiva, operar todos estos prodigios sin
más recursos que un peine y algunos polvos de color, esto constituye sin duda y caracteriza esencialmente un arte.
&lt;Es preciso que el peluquero, al
ver una fisonomía., adivine instantáneamente el género de peinado
que le conviene.
Es nece~ario que una mujer, al
parecer pe10ada como las demás, lo
esté según el carácter de su rostro·
por consiguiente. no hay tocado e~
que el artista no renueve el más difícil de los prodigios de la naturaleza, el de ser, en su producción
siempre uniforme y siemp1·e varia'.
do .. . . &gt;
Este peluquero hablaba. taa,ez
mejor que peinaba; pero en tod'lrcaso, es imposible comprender mejor
el arte del peluquero, y aiiadiré, el
arte de la modista: pues la modista
que al primer golpe de vista comprende I a forma y el color del sombrero que conviene á cada fisonomía, como á cada tez, que sabe adelgazar las figuras demasiado redondas, y por el contrario dar importancia á los rostros dema&amp;iado ovalados; que por la oposición de los
colores blanquea los cutis morenos,
da. realce á teces ingratas, palidece
las mejillas demasiado coloradas,
ésa es un artista., tanto por su sentimiento exacto de las relaciones de
las líneas entre sí y de la armonía
de los colores, como por la. elegancia, el estilo, la distinción y la gracia que sabrá imprimirá sus composiciones.
He hablado incidentalmente en
&lt;Para ser amada.e de nuestras modistas, y aconsejaba á mis bellas
coquetas, á. las que aspiran á la
grande y suprema elegancia, que
confiesan á uni,, de esas artistas el
cuidado de hallar el peinado que
siente perfectamente á cada género
de belleza, pues la mujer que asp~ra á tener un puesto entre las reinas de la elegancia, debe ser engalanada con arte profundo.
No hay na.da ta.n difícil como hacer un sombrero bonito y según es·
te axioma muy conocido:
«Construir con sus cabellos el edificio elegante.&gt;
Sin embargo, existen excepciones. Muchas seiioras consiguen peinarse por sí mismas mucho mejor
que si lo hiciera un neluque1·0 afamado. Si quieren ustedes figurar
entre estas excepciones, permítaome, quel'idas lectoras,que les dé algunos consejos, fruto de mis estudios sobi·e este particular.
Lo que hay que examinar ante todo, son la.s proporciones generales
de la cabeza, con respecto á. las
propvrciones del cuerpo.
Si se tiene la cabeza i·elati va.mente pequeiia y corta-siempre es corta cuando el rostro no es ovalado,
-se debe dai· importancia. al peinado, haciéndolo a lto.
No hay nada más feo ni más vul

¡Pobrecillol ¿No consigues
Mitigar ~u pena fiera?
7,-Coleccón de blusas, vestiditos, sacos abrigos y camisas de día.

Domingo 29 de Marzo de 1903.
gar como ver una mujer algo gruesa con poco cuello y con la cabeza
aplastada por añadidura.
El arte consiste en restablecer la
ar!llo.nía de las proporcionfls é imp1•i~1r un sello de distinción á este
C0DJunto vulgar.
Si se quiere obtener este resultado, no hay que preocuparse de la
moda. Por consiguiente, á. pesar de
la moda actual, una mujer hecha de
ese modo debe tratar de levantar la
cabeza, y por lo tanto alargar y
adelgazar toda su persona. Dejará
la frente al descubierto con sólo algunos ligeros rizos á. l~s lados.
Si los peinados altos por delante
Y. algo adelantados no le sientan
bien -hay muchos rostros á. quienes
estos peinados afean de modo singular, ~será preciso echar el peinado hacia ~trás, h'.1ciendo un gra.n
moño, ó hgeros risos si hay poco
pelo.
Para los peinados de noche si
hace_ falta, hay que. usar algu'nos
p_ostizos suplementarios, sin ti-atar,
s~o embargo, de aparentar que se
tiene más pelo que el que la naturaleza. puede conceder, exagerando
su volumen. No hay nada tao feo
como las profundidades de perfil y
la nuca demasiado anchas.

Entendiendo así el peinado no solamente modifica una fisoaor::iía sino también el aspecto del cuerp~.
Si, por el contrario, la. cabeza es
demasiado ovalada, todas las líneas
horizontales la achicarán· los cabellos rizados deben avanzar sobre la
frente y llenarán las sienes· el moño debe llevarse muy bajo, ;obre el
cuello.
Croisat, maestro en su arte, hace
observar con razón que casi todos
los peinados convienen á los rostros cuyo óvalo es perfecto.
Estos son, á no dudar, principios
elementales, pero la mayor parte de
las señoras lo!! ignoran. Lo que no
desconocen nuestras hermosas co- ·
q_uetas, es lo que les sienta bien; y
s10 e~bargo, ¡cuántas mujeres, poi·
seguir la moda, adoptan peinados
completamente en desacuerdo con su
génei·o de belleza!
Un poet~ latino, muy amoroso y
g!·an admirador de la belleza femenrna, que ha escrito el &lt;Arte de

�EL MUNDO ILUSTRADO.
La garbosa,
La galana,
La sultana
del verjel,

Huyó, y el surco de la luz querida
Se perdió de la noche en el ciapuz:
Palpé la.s sombras, la alma atormentada
Huérfana, busca la fuga.ce luz.
'

La. que brinda
En copa de oro
El tesoro
Del placer,

Al descender fosfórica alumbrando
Mi ser to1•nóse de delicias mar:
'
Al postrarme, ay demíl se fué borrando
Y en mí dejó tristeza y soledad!
'
Su talle ví como flotando al viento,
Y en su contorno estrellas y zafit·:
Llanto sentí cuando vibró su acento:
En ella, de ella, y con su ser viví.
Fugaz placer, encantadora estrella
Que en nube tempestuosa se envolvió,
Ten tumba en mi recuerdo, ilusión bella,
Mi última luz, misterio de dolor!

Abre á mi alma
Tu ternm·a,
Visión pura
Del Edén;
Que mi acento
Ser te aclama
De la llama
De mi ser ....
a.mar,&gt; Ovidio, no se ha desdeña.do
de consagrar a.l peinado unos versos encantadores, y sobre todo muy
juiciosos; lo cual prueba. que, desde
los tiempos más remot.os, la. forma
del peim,do era uno de los medios
más poderosos de seducción para la
mujer.
&lt;Que vuestros cabellos no estén
nunca desordenados, la limpieza es
lo que más nos agrada. Vuestras
gracias dependen de vuestras manos; pero existen varias maneras de
variar la disposición de vuestra cabellera; que ca.da cual consulte 11,nte todo su espejo!
«Un rostro alargado exige que se
separen los cabellos sencillamente
sobre la frente: tal era. el peinado
de La.oda.mía.. Un moño ligero enlo
alto de la cabeza, que deje las orejas al descubierto, sienta muy bien
á lascaras redondas. Esta dejará
caer sus cabellos sebre ambos hombros, como Apolo cuando lleva. su
lira; esta. otra recogerá las trenzas
á la. manera de Diana cuando persigue los anima.les salvajes. La una
encanta por los bucles flotantes de
su cabellera.; la otra, poi· el peinado apretado y liso en las sienes. La
una sé complace en adornar sus cabellos con una cohcha brillante; la
otra., en dar á las sienes las ondulaciones de las olas.
«Mejor se contarían las bellotas
de una encina gigante, las abejas
del Hibla ó las fieras que habitan
en los Alpes, que los adornos ó las
modas nuevas que cada día aparecen.
«Hay muchas mujeres á quienes
sienta muy bien un peinado poco
cuidado en apariencia: parece hecho de la víspera, y sin embargo,
hace un rato que está concluido.
&lt;El arte debe imitar lo imprevisto
ó espontáneo. Este era el amable
dtisorden de Eola cuando Hércules
la vió por primera vez en una ciudad tomada por asalto, y exclamó:
&lt;¡La quiero!&gt;
&lt;Así era la princesa que fué abandona.da sobre las orillas de Naxos,
cuando Baco la raptó enmedio de las
aclamaciones de los sátiros, que
gritaban: c¡Evohé! .... &gt;
Esta cita es curiosa por la íntima
relación que establece entre lascoquetas romanas de aquel tiempo y
nuestras coquetas de hoy. Ovidio
sabía tanto sobre este particular,
como hoy los Lefevre y los Croisat.
La moda siempre es igual en su
eterna renovación.
Aun menos que los t1·ajes, el peinado debe acatar servilmente los decretos de la moda. Ante todo, debe
una peinarse según el carácter de 3u
fisonomía,y sobre wdo, de su perfil.
Repetiré aquí, por lo tanto, casi
exactamente lo que he dicho respecto al traje.
El perfil recto, tranquilo, severo,
exige necesariamente un peina.do serio, simétrico. Los conti:astes, los
rizos, el capricho, serían una nota
discordante.
Por el contrario, un perfil decidido, cuya bonita nariz es movible y
sensual, no estaría bien con un peinado grave y majestuoso.
La nariz chata, á la. Roxelana,
exige todavía más imprevisión: un
lazo de cinta muy alto, unas plumas
ó una flor puesta de lado, unos rizos caprichosos, darán á ese rostro
un aspecto encantador y delicioso.
Existen fisonomías que se salen
or completo de lo vulgar y que llaa.n la atención: fisonomías dtl ra-

za, cabezas caracterizadas. A esas
cabezas convienen preferentemente
los a;.n~dos algo serios, majestuosos, ""l'5' peinados completamente peculiares. Hay que ser realmente artista, improvisador, para descubrir
el peinado que conviene en absoluto á esos tipos de bellezas.
Claro está que para hallar y ejecutar tales obras de arte, mucho
más importantes para nosotras que
un cuadro de mérito, hace falta recurrir, como ya lo he aconsejado
tratándose del cuerpo, á una artista afamado, indicándole lo que se
desea, es decir, un peinado original, si puede ser, que no se a.parte
demasiado de la moda, que oculte
los defectos del rostro y que haga
resaltar sus bellezas.
Después, sólo habrá que copiar.
Será preciso algún tiempo de práctica para llegar á la perfección; pero con la ayuda de la doncella, si
es mañosa é inteligente, se puede
conseguir fácilmente.
Además, resulta de gran economía si se frecuenta la socibdad, pues
esos grandes artistas piden por lo
menos veinte francos ó á veces más
por cada sesión.
Los grandes peluqueros tienen
oficiales que peinen su numerosa
clientela.
Conozco uno que á las cinco de la
tarde próximamente manda enganchar- tiene coche propio-y pasa
revista de cinco á once á unas cuantos señoras que no consentirían jamás presentarse ante gente sin que
el maestro haya dado el último toque, echado la ultima ojeada, impreso su sello en la fugitiva obra
edificada para unas cuantas horas.

GUILLERMO PRIETO.

8.-Tejidos para áplicaciones.

·······••·······················
"SANTA •FE,"
LA MEJOR RUTA
ADenver, lusas Cíty, St. Loais, Chicago, New York,
San Francisco y Los Angeles

~----:----'!"'!!"'--·

ILUSÍÓN FUGAZ.
La que arruya
Cuando canta,
La que encanta
Con mfrar,
En la tierra,
La azucena,
La sirena
De la mar,
PARA CURAR UN RESFRIADO EN UN DIA

Tome las pastillas Laxante■ de Brom~IDL
BI botiC1Ario le devolver, 1u dinero 111 no se cura.
La firma B. W. Gro,re " halla an cada cajita.

Silao, Guanajuato, Mayo 25. Así se expresa el ilustrado Dr. D.
Juan Villaseñor:
"Haciendo justicia al mérito
verdadero y para bien universal,
tengo satisfacción en decir que la
preparación eminentemente reparadora, denomiuada la Emulsión
de Scott, compuesta de aceite de
hígado de bacalao con hipofosfitos de cal y de sosa, me ha proporcionado excelentes resultados
clínicos en las distintas afecciones de origen desnutritivo y en
las que hay elementos discrásicos, dominando los glóbulos blan_gos de la sangre, como escrofulosis, leucocitemia, tuberculosis,
etc., etc."

Se reservan camas en Carro Pullman para todos los puntoa
en los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Comedores de
Harvey en la Línea de Santa Fe,soñ renombrados en el mundo
entero. Para precios, itinerarios y otros informes, dirigirse á

w. s. FARNSWORTH.- Agente General.
ta. San Franol•oo,, lliím. 8 11 1166:,c/ao,, a. F.

•••••••••••••••••••••••••••••••••
t+t-+++M+J•t•+·M++++++++H-of++M·l+H•ft+-H+++H++++++++++++++H
Vestido Princesa guarnecido con rico bordado de seda,

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, Para el hogar, 1903, Año 10, Tomo 1, No 13, Marzo 29</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Et

"La Fuerza del Hombre y la Hermosura de la Mujer."
Antes y desde los tiempos de Sans6.n esto es lo que se ha
dicho de todo cabello exhuberante.
El Viuor del Cabello del D1·. Ayer conserva y embellece el cabello haciéndole crecer y dándole fuerza y lustre.
Restablece el éolor natural del cabello, limpia el cuero

CALZ ADA DECHAPULTEPEC.

AN8 X.--10110 1.--Nlll. 14

tompañia at ttrrtnos dt la calzada dt tbapulttptc. s. Jt.

cabelludo de caspa-con lo cual queda eliminada una gran
causa de la calvicie. Además mejora la circulaci6n en e!
cuero craneal , atajando por este medio la caída del cabello.
Si apeteciese usted un cabello largo y espeso, suave y
nutrido, cabello que tenga todo el rico color de la juventud,
entonces acuda usted al Vigor del Cabello del Dr. Ayer.

MUNDO ·tLUSTRADO
llfXICO, ABRIL 5 Df 1903.

Sabscripdd• mcuaal rorlnca.'Sl,St
ldcm. ldcm. ca la capital, Sl,J5

•1rccton LIC. RA.rA.tL R(l't&amp; &amp;PINDOU.

Gerentes Llll6 Rtl't6 &amp;PINDOL

CONDICIONES.
Diez por ciento al contado al comprar el terreno. Concesi6n de 10
afios para liquidar el noventa por ciento restante, arreglados en veinte
pagos semestrales [ al 6 por ciento interéR anual] ;10 por ciento descuento en todo pago adelantado fuera del primer pago.

1 .

Prepare.do por el DR. J . C. AYER &amp; CO., Lowell, Mass., E. U . A.

TÓNICO

EL MISMO

RECONSTITUYENTE
FEBRÍFUGO

"'"'º

So

F.BRUGINOSO : SIETE M~AS,,ORO FOSFATADO:
h1■ia,

~

Cl1n1i1, Comlecmiu, ,te.

20, lut des Fouk-St,Jacques
1 1n lu !;.rm,1c1u.

~

Litfatiamo, Escr6fola, Me
Infartos de los Ganglios, etc

~

'

i

PETROL~

1

DEL DR. TORREL, DE PARÍS
Unica preparación que evita la caída prematura del pelo, lo
aumenta, suavizi. y hercn'&gt;sea, á la vez que le comunica un aroma agradable.

.

F.L USO DKL PKTROL DRL DR. TORRRI, DRPARIS.

evita la calvicie prematura, qt1~ tanto afea y comunica al hom.
bre el repulsivo aspecto de un joven viejo y gastado.
""&gt;¡,,

Para informes, dirigirse á la Oficina de la Compañia ~n
los terrenos ó á la de Xa.rl B. Cook, Agente vendedor,
Gante, núm. 8.
G:lJ c::J

EL TEST AMENTO.

f¡-·

~~

,

Dtl Tllmo. sr. Jfrzoblspo rttba11.

'}

L os bienes fueron valuados
en $ 125,000
La mayor parte de lo testado consistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mútua"
Compañía de Seguros
sobre l a vida, de Nueva York.
Hace pocos dfas que se practicó la
apertnra del testamento del llustrfslmo
Sr. Arzobispo Don Patricio A. Feeb•n
en la cludaó: de Cblcago. Illlnols. La
,ort nna di distinguido prelado aseen·
dlll íl eerca de $125.000 oro americano :
y segtln el Inventarlo que se ba pub 1cado, los bienes que dejó fueron con.o
Jlgue:

'

Dos p(11lzas de • 'La Mu•
tna.' ' Compatlfa de Seguros sobre la Vida, de Nueva York. por $25,000 -0ro
cada nna. 11 sean. . . .$50,000
Dividendos acumulados SO·
bre nna «re las pólizas. . 9.82!1
Otra póliza de seguro . • . 14,000
Acciones en efectivo y en
Bancos. . . . . . . . . 37,000

1
i

oro
.,
oro
oro
. ""' o

SI

e'\

oro

F:ntre las disposiciones del setlor Ar1.nhlspo, en su testamento, se hicieron

htas:

.

.:,...,_ ,,._ _,J_;.;.·

--

LA ''FQ.S'FATINA FALIRBB.SH

&lt;l

~~-

es el alimento más grande y el más recomendado para los n1i1o!I
desde la edad de seis li siete meses, y particularmente en el momen t,o del destete y dur.tnte el periodo del crecimiento. Faclllta mucho la dentición; asegura la buena formación
de tos huesos; previene y neutraliza los defectns que suelen presentarse al crecer, é impide la diarrea, que es tan frP.cueate en los nlfios. -PARIS, 6 AVENUE VICTORIA, Y EN TODAS LAS FARMACIAS.

A su hermnnn. señorita Kate Feebfln.
que estuvo siempre con él hasta su
muerte. $40.00() oro en bonos y $25.000
oro de una de las pllllzas de seguro :
A la seilora Annn A. Feeban, viuda del
seí\or doctor Eduardo L. Feeban. berma no del seilor Arzobispo, $25,000 oro
de otra de las pólizas, y $5,000 oro en
efectivo: A. lfl Academia de San Pntri•
cio de Chlcago, de la que es prec~pto·
ra su hermana, Madre M:arln Catallon.
$10,000 oro de la tlltlma póll•a; ll la
escuela • 'Santa Maria' ' de ensel\nnzn
Prllctlca para varones, de Feebanvillt.
Illlnois. que era la institución por In
que mlls se Interesaba el sellor Arzo·
hispo, se entregaron los $4,000 restan•
tes de la tlltlma póliza.

~

~

~~

12 ·

g

~-

"-

CRISTO ATADO A LA COLUMNA.
CUADRO DE FABRÉ.s.

�Domingo 5 dJa Abrtl de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

e febrero fuí á ver al Papa á la SixtiHubiera•querido verle á solas, hablar
con él, pero estaba muy fatigado en
esos días, las inmensas peregrinaciones del jubileo secular Je habían dejado exánime.i aoaso
dentro de un mes ¿pero á quién recibiría\' ¿á un
magistrado de la Suprema Corte federal mexicana, ó á don Justo Sierra, que es uno de tantos
apreciables señores que escriben y que en Roma
se cuentan por doce ó quince mil al año? .... Me
fuí á verlo á la Sixtina.
¡Qué mañana! Llovía á mares;
ráfagas de humedad glacial que
mojaba los huesos á través de la
carne, soplaban de continuo; la
tempera.tura había caído de cabeza
al fondo del pozo de los «bajo-ceros&gt;. Y á las nueve de la mañana,
de frac, corb&amp;.ta y guantes blancos,
emprenderla desde las termas de
Diocleciano al Circo de Nerón, digo, desde el Grand Hotel al Vaticano, una legua! Así Jo hice;
llegué, me empapé bien los pies al
bajar del coche, tomé la escalerarampa que conduce á la Capilla, en
mitad de ella dejé abrigos y paraguas, sea por Dios, y fresco como
un carámbano, llegué al vestíbulo,
en donde y a se apiñaba I a gente,
presenté mi carta y entré; en la
primera mitad de la Sixtina había
dos tribunas, de dos cuerpos cada
una, vestidas de sendos paños rojos;
tomé lugar en la de la izquierda,
en la de la derecha están las señoras en «toilette&gt; rigorosa. de recepción, seda negra y sin sombreros. ..
Allí encontré, con gran placer, á
Manuel y Alejandro Escandón, á
Luis Torne!; nós agrupamos, era
natural; un fraile, entre muchos
otros, un frailazo carmelita, que
me estorbaba por su volumen y me
apabullaba el sombrero de copa, me
iba á impedir ver; me hacía el
efecto de una institución, de un gremio, de un partido, era el partido
clerical; yo creo que al fin cedió á
una muda sugestión mía y me abrió
paso, y me prestó sus gemelos.......
¡Qué bueuo ! He aquí lo que vi:
En la mitad de la capilla contigua al altar, fueron colocándose
los diplomáticos, de gran uniforme
y de gran frío; los cardenales se
sentaron en semicírculo,en derredor
del altar; sus trajes, sus solideos
rojos de sangre eran la nota caliente de aquel glacial conjunto: al ver
los plastrones blanco!&gt; de las camisas, yo tiritaba.'Los suiz_os, manequíes mofletudos que se movían
y reían á compás, todos forrados
de seda roja, amarilla y negra,con
las garzotas blancas de los penachos cayendo en torno del casco
negro, me divertían; estaba incomodísimo y divertidísimo. Rojo dosel de damasco cubría casi toda.la
parte inferior del «Juicio final&gt; sólo
se columbraba sobre él el cuerpo
hercúleo del Yahvé del«dies ira.e&gt;
que Miguel Angel atribuyó al Cristo de las Bienaventuranzas, y racimos de condenados que«degringolaban&gt;por los lados del altar.
Bajo el dosel una «madonna&gt; murillesca, bella
mujer de mirada tiernamente maternal y aterciopelada. Se me pasaba decir que aquélla era.una
misa funeral en honor de Pío IX.
Cuando todos los individuos del cuerpo diplo-·
mático (sudamericanos, entre ellos mis respetables amigos los señores Calvo y Vél~z, los ministros de Austria, Francia, Bélgica) ocuparon
sus lugares y sus casacones obscuros bordados
de oro y constelados de placas y cruees chispeantes, hicieron una mancha vívida,len el hacinamiento humano, comenzó en torz¡o (lel alta.r (un11,

mesa con los paramentos rituales) el ir y venir
de clérigos entre luces y tapices. Una puertecilla se abrió á la derecha del altar, toda la concurrencia se volvió mirada, se suspendieron los
mcvimientos, las oraciones, las respiraciones ...
Camareros vestidos de terciopelo negro y alamares de oro, el médico de Su Santidad también
vestido á la antigua usanza, un golpe de frailes
y clérigos, de roquetes albísimos, de pluviales,
de infantiles trajes multicolores .... Surgió de
entre ellos una forma blanca, vestida de blanco,
mitrada de blanco, un triángulo de oro blanco,
en el que había un esmalte bli.nco que se movía,

LEON XI 11.-(U)timo retrato.)

que venía.... Era el Papa; apoyaba los brazos
en los de dos clérigos y resbaló con rapidez hasta su trono. Los rezos y los cantos de la misa
comenzaron. · Mis anteojos me ·acercaron al
rostro exangüe de León XIII; una palidez que
tu viera otras cien palideces detrás, la boca, un
gran pligue cóncavo á donde la sangre moría.en
una línea levemente rosada: eso era el hombre.
Era una lámpara, la luz salía por los ojillos hú~edos y destellantes de bondad, de inteligen•
c1a ... . . .
Unas voces decían en las tribunas altas, salmos y preces litúrgicas; aquellas voces de nií!.os
infinitamente puras, ee eleva.bao y &lt;lesoe1ld!1u~

por la escala de oro del p entágrama como una
barca de cristal sube y baja en las olas; las palabras de la liturgia seguían claras, precisas
aquel ritmo divino. Despu~s de algunos compases, surgió una voz, una extra.h um ana voz, no
del cielo, sino lentamente aspirada por el cielo,
cada vez más fina, más alta, más ideal. .... No
una voz de mujer, no una voz de hombre, no una
voz de ángel, algo así como un s ollozo que se
amplificara en himno y se detuviera apenas vibrante, apenas modulado, en l a. flor del é s:tasis...
No, no era un antig•JO sopranista, no er a un viejo eunuco quien cantaba así. .. era un alma, era
el canto de un alma que tuviese por
escala melódica la escala de Jacob .. . . Las otras voces se yuxtaponían á la principal, afluían á ella,
se confundían con ella en unísonos
sorprendentes que dEcrecían por
«morendos&gt; de un «pianíss imo&gt; inefablemente tenue ; el silencio que
bajaba hasta el fondo del abismo
los asemejaba á un lamento que
fuera un suspiro ...... E sa música
es para enfermar del corazón.
Oí muy buena música en E uropa,
infinitamen,e b uena á veces ; dos cosas no olvidaré jamá s, porque me
abolieron, me r edujeron á la nada
la inteligencia y la voluntad y me
convirtieron en un simple objeto
vibrante: el coro de la Sixtina y la
marcha final del «Cr epúsculo el.e
los dioses&gt; de Wágner.
El Papa r ezaba, se oía el susurro
del viejo río convertido en un hilo
en el fondo de los años : noventa.
León XIII nació con México, meses
antes; nació en F ebr ero de 1810.
Con la garganta adolorida de sollozos comprimidos, veía tomar forma en torno de aquel anciano todo
lo invisible q ue nos rodea y nos
grita repentinamente nuestro nombre al oído ó pone de improviso la
mano en nuestro corazón; sentía que
«el otro» que llevamos dentro y que
es viejísimo, que apareció con la
humanidad, era dueño demí, estaba
en mi lugar. - Llegó la elevación,
la voz que cantaba se hizo lenta y
baja y leve, como una espiración ....
¿Llegó á callar'?¿lo que yo oía, era
el silencio que cantaba? E l Papa
se puso de pie entre los densos pliegues de su pluvial roja; su cabeza
ligeramente nimbada de cabellos
blancos se adelantó primero, luego
todo el cuerpo arrastrando la capa
con esfuerzo ; anduvo dus p&lt;1,sos y
cayó de rodillas comn una gt·an a ve
blanca que se abate con las al as
ensangrentadas;una p a usa, en cuyo
fondo no h abía ni vidas. ni alíen•
tos , hecha de emoción ptira .... La
hostia apareció en las manos del
cardenal oficiante.
Y todo era para mí una sola
ascensión, una sola cosa, la hostia
blanca continuaba en dirección del
cielo á aquel viejecito blanco también, también hostia. En aquellos
instantes todos mis muertos estaban
conmigo, era la comunión de los
muertos , sentía mi alma centuplicada por otras almas antiguas, nuev as, por venir,. eternas, apasionadas de fe y
amor. Y gritaba yo en silencio, como en las
horas de mayor emoción de mi vida. Cuánto desmoronamiento interior, cuántas forta l~zas de pensamiento y de razón y de estudio _se_ desvanecían en mí; cómo triunfa.bale!
s~nt1m1ento sobre la inteligencia, sobre la Jóg10a, cómo comprendía entonces, sin recordarla, por cierto, porque no me era dado analizar
nada, la frase de Pascal: &lt;el corazón tiene razon_e~ que.la razón no alcanza.&gt; Comprender la religión ¡imposible! Penetrar sus misterios ¡impo•
siblel Y s111 embargo, en aquel instante en que
el a.1lnainiell~O d~l es¡&gt;íritu tr!µnfa.ba. de la. ma.te•

ria y me aproximaba al éxtasis, adiós filósofo y
libre-pensador; y en el fondo del viejo arrodillado no quedaba más que el pobre muchacho creyente que se cogía del hábito blanco de la virgen de las Mercedes para pedirle que le devolviese. al padre enfermo y á la madre ausente.
Pude rezar ¡por fin! tuve fe en la plegaria,
creí que Dios la oía y entonces la esposa, los hijos, los amigos, la Patria, todo, todo venía como una espuma de infinitos llantos contenidos,
de oleadas de amargura súbitamente saneadas
y endulzadas por un rayo de sol, á mis labios,
que no sé qué murmuraban, que no sé qué decían:
decían una oración del tamaño de un mundo.
•
Cuando volví en mí, el Papa estaba en pie
delante de su trono, leía en un gran libro abierto que sostenían dos sacerdotes ante él; alzaba
y bajaba la cabeza con movimientos de pájaro
herido; escuchabáse un indefinible rumor, como
de alguno que hablase en voz alta frecuentemente derrumbada en el silencio; era que cantaba
las ora,ciones del &lt;requiem&gt;. Algunas notas opacas, pero gruesas, que no parecían salir de aquella caña endeble, se esparcieron por el aire.
Luego apoyado en sus acólitos se fué; nos fuimos todos.
Me alcé el cuello del frac, único resguardo posible contra la aspérrima atmósfera que nos
mordía con sus dientes de hielo y salí corriendo.
Quería guardar mi emoción entera como un perfume sutilísimo en un frasco herméticamente cerrado, para saturar con él la hoja de papel que,
dirigida á la que más quiero, debía cruzar como
una ave blanca todo el océano. En la escalera
un grupo de damas y caballeros que hablaban español, como lo hablamos los mejicanos. Eran
las señoras de la familia Ese ........ En mi cordial y respetuoso saludo no sabían ellas todo lo
que había de envidia profunda; esta emoción que
había yo sentido, aquellas piadosas mujeres la.
habían sentido, pero no como un delirio, sino
como una dulzura normal, que les dejaba entrever de lejos el Paraíso. Yo volvería de golpe á
lo negro, á la protesta, á la lucha, á la razón,
al análisis, al ¡quién sabe! al gran 1tal vez!
Ellas tenían la fe que no se pierde; la fe, ¿cual
es el secreto para mantenerla viva? Ellas no son
filósofos, pero sin saber el secreto, lo practican;
son buenas, dan mucho, socorren muchas miserias, alivian sin ruido muchos dolores, enjugan
muchas lágrimas; la caridad, el amor, ésa es la
clave del misterio.
Cuando así pensaba, corría en mi cerrada «vettura&gt; por las calles de Roma en medio del diluvio. Me divertía, y esto solía b.acerlo desde que
recorrí por vez primera «la ciudad eterna&gt; compuesta de las ruinas de una serie de oiudades
temporales, me divertía, digo, en verla los pies.
Es muy curioso: los pies indefiniblemente calzados, lodosos, encharcados de los peregrinos,

los deformados y rotos zapatos de los obreros,
los insignificantes y húmedos ~ incoloros d~ los
estudiantes de todos los colegios píos, vestidos
de todos los colores que van y vienen en bandadas risueñas por todas las calles de Roma, las
abarcas convencionales de los modelos en la
plaza de España, uno que otro calzado fino de
muchachos camaristas, dependientes de tie1:1das
de lujo ¿qué sé yo? Y la serie de bases de iglesias, de templos, de palacios, de casas vetustas,
raquíticas, leprosas ó plintos de columnas, zócalos de estatuas, bases de obeliscos, de fuentes
inmensas, de tierra amontonada, de tapiales
anónimos y vulgares, sobre los que asoman árboles desnudos sin frondas, sin pájaros, sin !I.Ol,
grises como el cielo, como las cosas, como el
alma.
...

......

Mi amigo Ara.luce me esperaba en el restaurant de Roma; yo tenía mucha hambre y poco
apetito; cuando salimos á la calle, no llovía;
una gran brocha pálidamente azul barría el cielo y para matar la nostalgia del golfo de oro en
donde hace tres días nos balancéabamos eatre
Al Vesubio y el Posilipo, nos fui.mas á la iglesia
de los Capuchinos, por un camino que nos era
ya habitual y en donde nos servía de «repare&gt; la
negra y grandiosa fuente del Tritón de Bernini.
Subimos á la iglesia por un lado de la doble escalinata que la levanta sobre la plaza; entramos,
no vimos los frescos del Dominiquino (si en Roma tuviese uno obligación de verlo todo, queda·
ría lucido); sí admiramos con circunspección el
célebre S. Miguel de Güido Reni y, precedidos
de un monjecillo, bajamos á los subterráneos.
Hay unas cuantas capillas debajo de la iglesia á lo largo de un pasadizo que recibe luz de
fuera. Esas seis ó siete capillas están fabricadas
de muerte; piso, muros, bóvedas, altar, adornos, candelabros, todo es la muerte. Cadáveres
medio momificados de frailes en sus ataúdes descubiertos, otros ya convertidos en esqueletos
puros mal envueltos en los sayales grises, por
todas partes una tapicería de huesos, de calaveras que lo llena todo; los lustros están hechos
de tibias y peronés siniestramente combinados,
los candelabros son brazos y fémures ¿qué sé
yo? Todo regado, repultado á medias en una
tierra que parece también hecha de polvo de esqueletos, que parece también muerta, la tierra de
los Santos Lugares.
El primer mo~imiento no es de terror, es de
horror; las ideas macábricas invaden en tropel
el cerebro después y se figura uno las noches de
aquellas capillas iluminadas con cirios amarillos, que parecen huesos con flama fosfórica, y
los diálogos, los crujidos, los rechinidos, los
lamentos y las carcajadas huecai. de aquellos señores y sus danzas y rondas y farandolas. Aca-

ROMA.-Castillo de San IAngelo.

Domingo 5 &lt;fu Abrill die 1903
ba uno por sentirse-divertido, el horror se va Y
queda á la vista lo ridículo y pueril de aquellos
recursos para causar miedo y que provocan el
epigrama y las reflexiones chuscas.
Nuestro guía observaba en nuestras caras lívidas como la suya, por la luz especial de aquelles antros teatralmente lúgubres, el efecto de
aquellos horrores. Nos salimos estomacalmente
mal impresionados, pero sin meditación, sin recogimient.o, sin pavor, sin un solo calofrío de
infinito, de eternidad. .. ..
,,. •
Y a en el «hall&gt; del Gran Hotel entre palmas
melancólicas, y divanes, almohadones y tapices
ricos, tomando el té en un rinconcillo que por
casualidad habían dejado libre las «ladys&gt; inglesas ó las &lt;misses&gt; americanas, elegantísimas,
bulliciosas, rodeadas de principillos y &lt;monsignori,&gt; y a en mi rincón fué cuando pude condensar todas mis impresiones del día en este solo
pensamiento: no hay muertos.
JUSTO SIERRA.

EL SONETO.
Es un castillo de cristal. Levanta
sus catorce baluartes que colora
el sol del arte con su luz de aurora,
y asienta en alto fara116n su planta.
Mansión augusta y señorial. La santa
princesa Poesía dentro mora;
hermosura que al vulgo no enamora
y al exquisito pensador encanta.
La noble castellana con su brillo
á un bardo soñador cautiva y ciega
que en pos de la beldad ronda el castillo.

Y cuando el trovador amante llega,
cala el puente y, abriéndole el rastrillo
sumisa en brazos del doncel se entrega'.
EDUARDO GóMEz'HARO.
ir,-: ,..

Puebla, marzo de 1903.

•

...-~y -· .,,~
_.,.~

�..
Domingo 5 die Abril die 1903

EL MUNDO ILUSTRA.DO.

I

EL MUNDO ILUSTRADO.

N d'a, el Buen Tiempo dijo: Hágase la Primaveral Y la primavern fué

En el templo silencioso, frío, inmenso del espacio
La enlutada noche reza su rosario de diamantes:
Por su manto de tienieblas, negro, lúgubre, viudal,
Se deslizan lentamente las estrellas tremulantes
Doloridae, vacilantes,
Como lágrimas piadosas por un paño funeral.
¡Oh las pálidas estrellas! ¿Son los ojos de los ángeles, .
O las almas de los muertos que nos miran, tristes gentes
Desterrados en aqueste fosco valle del dolor?
¿Las aureo:as de los santos, 6 las lámparas ardientes
De las vírgenes prudentes
Aguardando sofiolientas la venida del Señor?

II
En el templo majestuoso, claro, inmenso del espacio
La radiante noche teje su guirnalda de áureas flores
Qull al altar del firmamento inefable aroma dan:
Y se entreabren dulcemente con suavísimos fulgores
Los I u ceros tembladores,
Y es un lirio blanco Sirio, una rosa Aldeba1án.
¡Oh las pálidas estrellas! ¿Son las perlas de esos mares
Infinitos? ¿Son las joyas de la virgen esparcidas?
¿O las místicas antorchas del banquete celestial?
¿Son las luces de la Patria suspirada? ¿Las ya idas
Esperanzas tan queridaR
Que murieron en las cruces donde esplende el ideal?

III
En la calma misteriosa de las noches estrelladas
La eternal magnificencia á la mente maravilla,
Al espíritu amedrenta con tremenda majestad.
Más que el brillo de los soles amo yo tu lucecilla,
Primorosa lamparilla
Que iluminas de la Hostia la profunda soledad.
Siempreviva del santuario, amorosa Sulamita
Que rompartes las tristezas del Amado que te cela,
Y ..:alientas con tus rayos su albo lecho virginal.
;.C6mo envidio tu ventura, vigilante centinela,
Tú que cuentas, siempre en vela,
Los latidos inefables de su pecho paternal!

IV
¡Oh Je~6s! enamorado, tinno E,;poso de mi alma,
No me ba,;ta ser el cirio que en la&lt;; horas de alegría
Se consume en tus altares en ardiente adoraci6n:
En tus horas de abandono quiero hacerte compañía,
Haz que tenga noche y día
·
Como lámpara eucarística encendido el coraz6n.
No me apartes, J esú¡; mío, de la estrella del sagrario:
Vayan otros poseídos de piadoso, noble anhelo,
La grandeza de tuR obras en el orbe á contemplar,
Y á buscar para adorarte con fervit:nte, santo celo
El i11rnenso altar del cielo;
¡Tú me bastas, Amor mío, en el Cielo del altar!
CARLOS BORGEs.

ha, repentinamente, sin una graclaci6n, sin un compás de espera.
salir, {'11 la mañana, creí que se trataba de una "blague" del honlcvard. ¡Había visto improvisarse tantos cuadros, que ptnsé por un
momento: Esta es una Primavera falsificada! La han inventado loi- buenos parisienses "pour épater les bourgeois." Muchas gracias, Señor Prefecto del Sena, es usted muy amable.
Y me lancé, e3céptico, por la Avenida de los Campos Elíseos. Al IIPgar al
Rond-Point, estaba com·encido que para ser de "guarda-ropfo,'.' no estaba tan
mal aquella Primavera. Unas muchachas pasaron á mi lado y me arrojn.ron
un puñado ele lilas. · Pesqué las flores al vuelo y me convencí que no había
mistificaci(m. Decididamente era una Primavera real, positiva, auténtica. Una
noche había bastado para ponn brotes en todos los árboles y miradas lucientes
en todas las pupilas. Y arriba, un sol alegre y franco dejaba caer su lluvia de
oro sobre la ci udaLl rejuvenecida.
Sohrt los pradillos de césped se en treabrían discretamente las ro,:,1~, y un
aliento de perfumes soplaba entre domos de verdura. Y sanamente, bullicio~amente resonaban las fanfarrias de tropeles humanos, ansios9s de saturarse de aquella
renovaci6n de vida, sur¡¡;ida de pronto, trm, una tarde gris y opaca, una tarde de suave
luz cenicienta. que habían envuelto los encajes de Nuestra Señora en un crepúsculo
acariciador y suave.
Hacia el "Bois de Boulogne'' iba la triunfal pan•ada á reclinarse en la húmeda
yerba recién nacida, á llenar,;e los pulmones de aquel aire vivificante, dejando muy lejos el honlevard con el frufrú de las sedas, el tintineo de las copas .v el grito del
vendedor de la última extravagancia en boga: "Le dernier soupir u'un cochon!"
Se salía del infierno del hambre y del frío, para penetrar en nna existencia nueva
ele salud y de amor. En el Invierno parisien se agitan todas las miserias; el vicio mismo es un antifaz del dolor. Sobre las aceras de los grandes bonlevares pasan muchas
tristezas con mirada provocativa.
Parece que os piden un trozo de carne, una luz, un
,
poco de fuego. ¡Hace tanto f no!
Pero llega la Primavera, y huyen esaR sombras. Han florecirlo las lilas y renace el
jardín de Cossette. ¿Os acordáis del buen viejo de la barba florida·? Para é l siempre tuvo flores cada Primavera, porque las aprisionaba con los hilos de oro ele sus estrofas.
Y la juventud, la juventud eterna, porque es el eterno amor, no olvida á ¡:u Poeta.
Para enfocar este espectáculo de luz y de frescura, hay que tomar un sitio en la
imperial de un ómnibuR, y dejarse acariciar por las ramas de laP acaciaF&lt;. Descle la alto
se abarca la poblaci6n en masa, desparramándose por paseos y avenidas. Desfilan á
vuestros. pies la_s ~lewes comitivas: estucliante_s, obrero,:, modist(llas, grandes dam~
personalidacle,:, 111s1g111ficante1&gt;. Todos llevan una flor y una sonrisa, una esperanza y
una promesa.
Y el ómnibus sigue entre aére?s bosqu~cillos, á unos metros &lt;lel ,;uelo, por el que
pasa cantando sus alegrías la multitud, ebria ele plr,cer, abandonada á la dicha de vivir
gozando de aquella hora, qu; acaso_ no vuelva_ más, y que por eFo es necesario apura~
&lt;leleito,:amentfl, entregarse a ella, sm un puntito negro que la obscurt•zca, sin un solo
pensamiento que la conturbe.
Tienen los hijos de Pnríi-, como ningunoR otros de capital del mundo, el secreto de
este abandono á la sen~ación del momento. El "después'' no existe en ei,:e minuto en
esa hora, en e~a mañana vívida. La existencia se forma de ininterrum¡.,idos cuadros
disímbol?s; la dicha está en sabor~ar por completo de ese instante. Es una sana y t6riica filoF&lt;oña que no solemos practicar los que llevamos las mús de las veces nuestras
amnrguras y nuestros desencantos á todas partes.
Por eso,la Primavera parisiense es una fiesta que no anuncia el amargor de un despertar de hastío. Florecen los esµí rirus como las frondas, y sonríen Jo,; labios como se
entreabren los capullos. La Naturaleza es la que manda y ordena:
Artículo primero. Germinarán las plantas y se buscarún los ojos.
y ojos que se buscan, acaban por encontrarse. Y si no ..... .

***

Aquella noche, al_ retirarm~ á mi cuarte;&gt; de e~tudiante, del otm la.do del río, en un barrio tranqmlo y apart.,do, baJo un foco elfctrico.
al pie de una acacia, oí estallar el ~hasquido de un beso. Era una pareJ~ feliz que saludaba la llegada de la Primavera.

Domingo 5 die Abril -de 1903

�Dcmii::go 5 d¡3 Abril! de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

Ca Sra. Jlmparo ]ordan dt Plmtnttl.

/

Al ruido de los cuernos y los venablos
parecen una tropa de negros diablos
desatando sus furias contra la roca.

A consecuencia de una repentina
enfP,rmedad, murió en Oaxaca el 24
de marzo último, la Sra. Amparo
Jordan, esposa del Sr. Gobernador
del Estado, Lic. Emilio Pimentel, y
una de las damas más dbtinguidas y
apreciadas en aquella población.
La muerte de la Sra. de Pimentel,
ocurrida en los primeros meses de
su matrimonio, c,mmovió hondamente ú la sociedad oaxaqueña, que
la contaba en su seno como á una
de sus galas inestimables: joven y
llena de ilusiones, supo captarse
muchas simpatías, y su desaparición, que constituye una pérdida
irreparable, ha despertado un senti-

tristo=Dios y tristo=ffombrt

II

(JI

VERANO

Naturaleza hierve: la vida en,;ancha
el inmenso escenario de sus accione:-;
los gérmenes realizan sus producciones,
y hay de larvas y orugas una avalancha.

Y allá entre la penumbra de nn gabinete,
env uelta en su ve~tuario de tafil&lt;&gt;te,
siente una novia dulce las vagued::Lles

De un ambienteimpre~nado dPamor y fuego,
y es la llama de Agosto, que infiltra, ciego,
su corazón &lt;le anhelos y de ansiedadeF ..... .
111
O'1'0ÑO

El verano ha pasado: la henno~a fie~ta
que apagó mis nostalgias .v 111i.~ de,-vt:ilos,
pasó, como pasaron bajo los &lt;·ielos
las nubes que surgieron tras de la c uesta.
La joya que Natura llevaba. puesta
1&gt;e ha perdido entre opacos, brumoso¡;: velos;
emigraron las aves en raudos vuelos
Jlevándose su alegre, múgica orquesta,

.,,...._._

- .

----- ✓

Las hojas, de los troncos donde germinan
ya vuelan, y en el aire se diseminan.
Y aparece de un monte tras de la falda
Un viejo de cabellos cual blanca nie,·e,
que á llevar, invencible y audaz, se atreve
la carga de diez meses sobre la espalda.

-------

IV
Sra. •Amparo Jordan de P imentel.
INVIERNO

mi1-nto de profundo pei::ar en todo!" los oaxaqueño~,que veían en la j&lt;)\·en esposa un modele de virtudei".
Numerosas son las &lt;lemostrnciones de condolencia de que, por tan lamentable &lt;lef'gracia, ha sido objeto el Sr. Lic. Pimen tel.
Nosotros no~ unimos á ellas de todo cora-•
zón, en viúndole nuestro i.1uy SPntido pé:'ame.

No es la fe la que ha formado el corazón'
sino el corazón el 1¡ue ha dado vida á la fe.

*
Muy á menudo es la palabra á la Ye1tla&lt;l lo
hue la careta ú la cara.

ESTACIONES.
I
PRIMAVERA

Abril con sus perfuml's y sus colores
aroma. y armoniza, brilla y esmalta,
de la montaña agreste, verdeada y alta
al huerto donde crecen pintadas flores.
El 1-'0l nos vivifica con sus calores
mientras el arroyuelo plateado salta,
los fuegos amenguando con que se exalta
la gran Naturaleza llena de ardores.
Traíllas que se escapan de la perrera
corriendo {, las partidas de Primavera.
Y aprisa, J'lll'!I la. noch e FU~ hul'lla!I toca,

Pasaron las auroras primaverales
co n sus campos aiegres y matizados;
los cierzos de la selva que, perfumados,
rimaban sus rondeles y madrigales.
Pasaron los crepúsculos otoñales
con sus tristes murmullos entrecortados
que brotan &lt;le los árliole~, azotados
por los recios brisotes septentrionales.

Ya no vibra. en los ho¡;:ques el ronco cuen1C',
pues vino con sus fríos el viejo in viemo
y pasa sacudiendo su nívea palma.
Después de haber dejado lánguidamente
un invisible pliegue sobre mi frente
Y un témpano de hielo dentro del alma ....
HAMmo HERN Á Xl'E7. l ' OR'f~~LA.

SANTA ANITA.

T
FUNERALES DE LA SRA. DE PIMENTEL EN OAXACA.-EI cortejo y

la carroza fúr.ebre.

prop6slto dt un trfsto dt D. Jlntonlo 'fabrts)

Entre los numerosos cua&lt;lros que
Don Antonio Fahrés acaba de exponer
en la Escuela de Bellas Arte11, para que
el público mexicano pudiera fundar
su11 esperanzas relativas á las labores
del maestro ante las obras del artista,
sólo hubo uno de índole mística, y,
francamente, no contribuyó poco esta
circunstancia para fortalecer- aquellas buenas
esperanzas, pues el dominio místico de la pintura ha siclo sobrada y c-asi exclusivamente
recorrido en la men()ionada escuela por varias
generaciones de maestros y de alumnos, hasta
el gra&lt;lo de que la monotonía esencial de los
asuntos amenazaba ahogar todo impulso nuevo, sano y verdadero en la figura mexicana.
Pero el único cuadro de índole mística presentado por el maestro Fabrés no pertenece
por modo alguno al montón &lt;le los de :m clase; es al¡w personal y hermoso, algo muy humano que tiene el poder de transmitir una. intenea emoción, de la que no es parte ese fetichismo religioso que muchas veces coloca sobre dorados altares á íconos artísticamente
abomina.blef:.
El cuadro místico del maestro Fabrés es un
Cristo atado á la columna. Colocáronle aparte, sólo eu una estancia, cual convenía á la
excepción que represeutaba en una colección
de pinturas en que esplendían la vida y la
realidad. Y, destacándose en rico anaquel sobre un fondo ele tela morado, igual á la que
cubre los altares durante la cuaresma, con la.
mirada dirigida al cielo, con la expresión de
un sufrimiento supremo y virilmente Roportado, hincado de una rodilla sobre el duro
suelo y con las manos apretadas dentro de los
nudos infamantes de la soga, con una mu¡,culatura de hombre cubierta por una epiderm is
de hom hre, el Nazareno aparecía en medio de
toda. la magnificencia del martirio, pregonando la gloria del espíritu por sobre todas las
miserias, todas las infamias, todas las trabas
de la carne débil y todos los intentos de befa
y de escarnio que la maldad y la soberbia de
los hombres han tratado de clavar en las almas sublimet1 ........ .
En frente del cuadro los visitantes se detenían. Todas las manifestaciones &lt;le vida que
se desprendían de los otros cuadro!'! no alcanzaban ú irn presionar á nuestras mujeres como
la exquisita verdad de la figura del Nazareno
que llegaba á sus corazones y á sus cerl'bros
:filtrada á través de ese sentimiento religioso
que las domina y que es más fuerte. mucho
rnúe fuerte que su sentimiento estético. De
muchos labios hermosos escuché muchas exclamaciones entusiastas. El ambiente de adoración que rodea al Nazareno parecía alcanzar
a!' cuadro. El cuadro gustó mucho y el artista quedaba reconocido y proclamado.
Los hombres contemplaban también los sufrimientos del múrtir y externahan sus impre-

.H;n la vasta pradera, desierta y ancha
se oye el gozoso trino &lt;le ]os gorri?nes,
y en su cárcel de rocas y far,dlones
dibuja el oceano su enorme mancha.

j

Domingo 5 die, Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

Cad~ vel\ que se renuevan las amapolas sobre
las gayas chinampas y á Jo largo del canal de la
Viga, en el anhelo d~I puebl? surge como.una
ilusión irresistible la idea de 1r á Santa Amta.
y apenas recoge el obre~o. el importe de .S!I. raya en compañía d~ su familia ó de. su amada ó
de 'sus amigos reallza su anhelo y_ fle~a una canoa florida y coqueta.que al enérgico impulso de
un remador bronceado, resbala sobre l_as turbi&lt;ts aguas del canal y l)ega á Santa Amta, ese
pueblo pintoresco y miserable á la vez, cuyo
único tesoro son las flores que cubren su ~uelo
que convierten en grandt!S manchas pohcru~as á Jas chinampas que.surgen de las agyas.
En el fondo, la excursión á Santa Amta es
bella y c~nstituye una de las costumbres más
nacionales que aún nos quedan. El sol esplende

siones de &lt;li,·ersos modos. Los nrtistas
alababan y censuraban y más de una
discusión, larga y nutrida, turn sus com.ienzos frente al cuadro; yo oí muchas
impresiones; he aquí las mías:
Después &lt;le los pintores místicos del
cuntrocientos, que i;e a partaron tanto de
la vida y que desdeñaron la forma en
aras de una pintura psicológica que murió de
impotencia, cuando lo~ divinos atletas del Renacimiento volvieron Ít inyectarde las vírgenni
venas exhaui;tas &lt;le los ~nntos y sangre de laiy revistieron &lt;le car11e sana y Yiviente los hueEOS de los apóstole8 y de los profeta!", la figura
sublime clt•l Nazareno ntrajo frecuentl'mente
sus simpatías artísticas, pero la atm6sfera de
religio,;i&lt;lad en que ,;e movían, no pudo permitirles contemplará Crif'to como á un hombre
ni interpretarlo como á un hombre. Era preciso que el tiempo corriese, y al correr el tiempo, apareció en Ja pintura el Cristo hombre.
Falta mucho para que los asuntos cristianos
se agoten para la pintura; ma~, ahora, el" preciso humnnizarlos para que penetren en el alma Qe los honi brefl, (]lle sólo se conmueven ya
ante la verdad Pn &lt;·1 arte, y esn tendencia. de
humanización pictórica del Nuevo Testamento, es la única que cla derecho ele existencia,
en la pintura contempornnea, á los asuntos
míF&lt;ticos. Ningún mneFtro contemporáneo ha
podido escapará ern tendencia, ni FabréF&lt;....
--Pero-me observa alguien-¿l'sa inscripción que Fabrés puso como «leitmotiv,, ele i,u
'!uadro? ... .... .. «Los hombres han podido manchar de sangre r, Cristo-hombre, pero á Cristoclios, jamás!» ¿No revl'la eso un alejnmiento
de esa ,,humanización,, de Cristo en pintura? ...
-Tal vez rl'vel e un propósito de alejamiento, pero es un propósito mnlogra&lt;lo. El Cristo
de Fabrés es un homhre; ese cuerpo es humano, completamente humano; un cuerpo que
sufre, un hombre que gime ...... y una alma
que se asoma por los ojos, en esa mirada de
bondad, de resignación, de fuerza intema; pero una alma humana, esencialmente humana!
A Fabrés puede haber sucedido á. la inversn
lo que á Renán aconteciera; propúsose f¡,.t~
humaniza'r
á Cristo en un libro , .v su venera., .
c1on mte11sa y su maravillorn expreRión no
hicieron más que cleificarlv; quiso el otro ;ubrayar en uh cuadro la naturaleza divina de
Cristo, y la realiuad de rn pincel y de su concepción gráfica no han hecho más que glorificar la naturall'za humana de Cristo. Es cierto que los hombres no pudieron manchar de
1-a~gre á ese Cri!'to, porque la sangre de un
Cns~o no mancha nunca. Creo que el eminente pmtor se ha engañado á sí miF&lt;mo no en el
cuadro, sino en la «expresión verbal del asunt~· '' P~ro, también, ¿para qué obligará un
pmcel a que trace palauras?
Í JUAN SÁNCHEZ AZCONA.

c:on toda_ su fue1:za y bruñe las aguas obscuras
con refle¡os lummosos, y la canoa, ancha y plana, avanz~ lentamente y lleva risas, cantos,
desbordar:rnento~ de alegría y de amor á la vida.
Las mu¡eres ciñen coronas floridas en torno de
sus crenchas de ébano, y Ja canción nacionals~empre triste y desgarr¡¡dora y amorosa corno
s~ el amor fuera un sufrimiento- alterna' en los
aires con el arrebatado ritmo del «jarabe&gt; que
rasguean las guitarras y que acompaña ~¡ nutrido taconeo de los bailadores sobre la madera
de ia canoa.
. Pero- siempre hay un pero en nuestras divers1ooes populares y ese pero es casi siempre el
pulque-no toda la excursión conserva ese carácter de inocente diversión; en cuanto el «blanco&gt;
y el &lt;curad~» enardecen la sangre de los pasean~s y se encie!1den_ las heredadas tendencias agresivas con la·mqu1etante vecindad de la hembra
no pocas veces Jas coronas de ama.poi as truécan~

se e!1 coronas de sangre, no pocas veces empieza
el d1~gn~to con filosas lenguas y aci..ba con filosos cucb1llos, no pocas veces se encierra el epílogo de esos paseos entre las seis tablas de un
a.ta?d Y. en_tre las cuatro paredes de una celda
)emtenciar1a.
Si no fuera por_ los peligros del pulque un
paseo ~ Santa Amta sería delicioso; y a.un 'con
l&lt;?s peligros ~i,l pulque, lo es desde el punto de
vista de lo prntoresco y genuinamente nacional
Y por eso sin duda alternan COIJstaotemente e~
las canoas los tranquilos turistas con la gente
de trueno.
. Dicenál?s viejos que los paseos de hoy no son
m un P hdo remedo-de los paseos de antailo
~odrá ser así, pero aún conservan grandes atrar:
tivdos,í Y las verbenas de Santa Anita tendriÍn
to av a muchos años de vida.
TURISTA.

��Domlngo 5 die Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

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EL MUNDO ILUSTRADO .

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Domingo 5 dia Abril de 1903

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EDIFICIOS ESCOLARES.

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E~ oc_tubre de 1902, la Secretaría d e Comumcac1ones y Obras P(1blicas determinó
c~mstruir tres edificios para Escuelas Primarias con capacidad para alojará 250 alumnos
en cada uno, y situados: el primero, en la ca,

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estaban pintados y cuyos pies estaban calzados
de perlas, y detrás de ella marchaba un hombre cuyo traje era de dos colores y cuyo.3 ojos
estnban cargados de deseos.
Y el Cristo se aproximó al hombre, le tocó
en el hombro y le dijo:
- Por qué Rigues á esa mujer y por qué la
miras MÍ?

\

un joven que estnba sentado al borde de los
fosos y que !loral&gt;&lt;J.. El Cristo se aproximó á
él y tocándole los rizos de sus cabellos, le
dijo:
-Amigo mío, por qué lloras?
El jo,·en lernntó los ojos, le reconoció y respondió:
-Yo había muerto .r tú me resucitaste.
Qué otra cosa puedo hacer de mi vida?
ÜSCAR WILm:.

SURSUM

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Cuando mi duro corazón ,·illaho
a l ver su pequefiez ¡ay! desespera
uel piado~o perdón, y nada ei-pera,
me acuerdo de Za4ueo el publicano.

~

~

~--~
~

,,..

.

Palla .Jesúe por Jericó, y en vano
el pequeño hombrecillo ver quisiera
la color de su Ycste tan siquiera ......
¡no alcanza!. . .... mas á un úr hol trepa ufano,

::1-F-~.t•r;.~-.,,- ..;

,

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Proyecto para el edificio de la plazuela del Carmen.

rnros flores de mimosas como gusanos velludos como trozos de redondos cepillos con los
cuales limpiaba el cañón de su escopeta diminuta. Leal jadeaba escudriñando los agujeros
de las peñas vestidas de timpánulas.
La mañana era rosada y fresca como los
brazos -recién lavados de una mozuela. En la
selva había una solemna majestad, acrecentada por confidenciaR de frondas y trinos incompletos de pájaros. Las nubes de moscos flotaban en el a ire como tules vaporosos, y dulcemente movían sus plumas verdes las palmas
que crecen en las partes húmedas de las montafins. Súbitamente atravesó un cuervo crascitantlo y se detuvo en un ocote viejo y erizado.
Nuestro morral de malla albergaba algunas
a ves; ni una pieza grande.
Pedrín soplaba su balitadera teuazmente, y
á ratos callaba creyendo oír los gañidos de las
ciervas. ¡Nada!
Del barranco profundísimo subía un aliento
perfumado y frío. Nos sentamoR. Pedrín reuni ó hojarasca, hizo lumbre y colgaba pajarracos que plácidamente embroquetaba. Mientras
se asaban se pusoájugarcon Leal, que, escandecido, ladraba no pudiendo atrapar el pan que
le ofrecían y retiraban.
Mi espíritu giraba en el hilo de un sueño,
como una pajilla en la h t-bra de una araña.
Nos eacudi6 el ruido de una rama que al
quebrarse imitó el bramar de un ciervo.
Leal de pronto puso las manos en Ped rín,
que, descuidado, hizo un movimiento tan brusco para esconder el pan, que resbaló en las
hojas de ocote y rápido descendió al fondo, como atraído por una mano im·isible y fortísima.
Leal corrió tras él,. y cuando á ellos llegué, el
crascitar de un cuervo que pasaba muy bajo
me bañó en escalofrío.
Pedrín, con los ojos agonizantes y apoyado
en el brazo izquierdo, ¡quién sabe qué de inmensamente cariñoso y doloroso decía á su
perro, que lúgubremente aullaba, mientras el
fulgor de sus ojos se apagaba lentamente; y,
haciendo un supremo esfuerzo, alz6 su brazo
y le tendió su pan!
'
11Ob, nunca, nunca he llorado corno entonces!!

6

ALMAS INFANTILES.
¡Oh! qué ene,'l nto, qué dulzura, qué inefable
atractivo tienen para mí los campos cuando la
vida errumpe por doquiera!
Las copas florecidas de los manzanos y almendros como chi nescas mantillas que sobre
escuetas ramazones orearan los céfiros; el ocaso como estadio trai- juegos circences; loa ra- yos del sol que, al hundirse tras la calva serranía, clavan sus venablos en las nubes~con •
creciones en la concha enormP. de los cielos,
todo todo esto infiltra rn juventud en mi ser,
y su' soplo saludable pone temblores en el lago adormilado de mi espíritu!
Desde el herrumbroi:o halcón de esta vieja
hacienda hospitalaria, miro barcinar la paja;
las eras donde acriban el trigo que va formando montones &lt;le inquietos gusanillos de 010;
los bueyes acoyundados, con loR ojos ho~dadosos bendiciendo la llanura; las gallinas
aclocadas rascando hoyahcos, rodeadas de
polluelos que por pequeñines aún llevan sus
felpudos abrigos invernales; el pozo con su
glauco terciopelo de m ui:go, donde charlan !as
.:ampesinas &lt;le ojos negros, cuellos kertes q_ue
ensangrientan menudas sartas de corales y pies
morenos de uñas lustroi-as, como empapadas
en rocío· el monte negro que en neblina envuelto p~rece humear, y el loco salpique ,de
casas de tejavanes obscuros! entre largo~ or~nos que S'3 yerguen cual gigantescas espmas
vertebrales.
En el lago que custodian esparrancados tepozanes cuyas bojns nievan céspedes, como
un cruel desplume d e palomae hecho por azore.'!, paso las horat! contemplando los reflejos
de frondajes en el agua, en cuyo _fondo fingen
vegetaciones raras, y los de poi ,cromos ce!ajes semejantes los blancos{\ témpanos de hielo que se mueven, y los negros á reptiles qu e
silenciosamente nadan.
.
Aquí las r;nu)a¡,, acollaradas aún, al medio
día descansan breve rato, y el sol, que rompe
frondas, riega en sus lomos las áureas onzas
de su escarcela.
Pedr(n me acompafiaba siempre. No puedo
olvidarlo; llevo su imagen en el alma como
una cicatriz.
En las maflanas agrisadas aún, cuand o las
nieblas, arrastrándose, iban dejand_o en las
ramas sus diamantes, llamaba á m1 puerta.

Era pequeñín, aduendac.lo, con ojos vagos
que recorda ban quizás un suefio, cejas negras
y curva~, como las plumas caudales. de una
golondrinn. No tenía padres. La hacienda lo
acrianzó noblemente, y él tenía por ella una
gratitud triste y enorme como una nube preñada de liígrimai-.
Aun cuando el cielo achubascado le mostrara su amenaza, él bnjaba á adestrarse en
las ordeñas y en los trabajos de uncir yuntas
y ~uarnecer caballo!'.
Su único amor era Leal, perrnzo de color
de lumbre, &lt;le párpados cacarañados y de pupilas amarillas como las al mendras de los
huesos de durnzno, hocico dentado fieramente y con ribetes de hule nt-g ro.
'Dormía al pie &lt;le la &lt;'nma de Pedrín, comía
con él, jamfis Reparábanse y juntos correteaban en los carrilPR arenoso~, buscaban sombra
bajo los ngavan7.0S en flor, y se internaban entre los bejucos de agraceñas zarzamoras,{1 riesgo de em puyarse.
De sus correrías volvían, el perro acezando
y el muchacho con los znpatos desueladmi y
su eterna melancolía en las pupilas. Cuando
por un m omento desparecía Leal, sus ojos
ernn, no como pÁjaros que entre rejas buscan
salida, sino como pájaros que libres no encuentrnn donde posarse.
¿Qué platicaba el mocozuelo al perro aquel
en los ratos que se acostaban en las quebrajas
del terreno? ¿Qué panteísmo inconsciente hacia salir en frasei, el infortunio de aquella
alma?
El quería los besos de amor y las caricias
que son bendicione~. y encontrHba besos y caricias compasivas. Se vió solo y clavó su afecto en su perro como un pufial en un árbol,
que al ensanchar su tronco más le oprime.
Labró la miel virgen de su cariño en él, como
las abejas en las gavillas resecas.
¡Oh, las bellotas que pudieron ser encinas
y abonaron la esterilid ad de los cascajos ardid os por el e.oll ¡Oh niños buenos, ávidos de
caricias, sin regazo ni amor, moríos! ¡Sois las
nébulas errantes que g uardan los llantos de la
vida!
l\li última excu ri:ión al bosque fu é en agosto.
Pedrín, endechador y alegre, marchaba ágilmente con su cantimplora d e agua acidulada
con naranjas que él mismo dei,jugó¡ brillaba
al ahdar su pantalón bombacho de al paca, y
pringaban su sombrero, á guisa de adornos

ABEL C. SALAZAR.

lle del Ciprés; el segundo en la de Necatitlán,
y el tercero en la Plazuela d el Carmen.
Para elegir los proye&lt;'tos que d ebieran ejecutarse, dicha Secretaría invitó á en trar en
concurso á cuatro arquitectos, que aceptaron
a invitación, presentando el 1&lt;? de enero del
-0 rriente año los dibujos y presupuestos coreR poncl ien tes.

El hombre, rnlviéndose, le reconoció y respondió:
-Yo era eiego; tú me curaste. Qué otra cosa he d e hacer de mi vii-ta?
Y el Cristo se n.proximó 11 In. mujer:
-Este camino que sigues, le dijo, es el camino del pe&lt;'ado. l'or qué seguirlo?
Ln mujer J,, rt-1·onn1•ií, .,· lr rlijn riPndo:

y mientras ,·e á Je¡:ús co11 la mira.di.
con que la miga tierna ve el mendigo,
alza el Señor hacia él su faz amada
y así le dice &lt;'on la voz d e amigo:
-«Baja presto, y camina á tu morada,
que hoy en tu mesa comeré contigo!»
MAR1A ENRIQUETA.

LOS TROFEOS.
]Gn el ancho salón, yerto y desnudo
que de oro y de marfil cubrió un infante,
sobre el muro vetusto y vacilante,
en trofeo gentil ~e alza el escudo.
Aun se agita del noble linajudo
so el e~paldar el tor:eo palpitante
y aun protege la mano el férreo guante
del fiero jw,tn&lt;lor, osado y rudo.
¡ Decade11cia fatal que el alma hiela!
¿Quién tocar oi-ar:'1 las férreas mazas?
¿.Quién esgrimir la espada con RU mano?
Recordar solamente nos consuela
que hun&lt;li6se el ideal de a&lt;] uellas razas
s61o a l gemir del pensamiento humano.
AN'l'ONIO ZOZAYA.

Proyecto para el edificio de la calle de Necatltlán.

Heunido el Jurado calificador, compuesto
&lt;le los Refiores arquitectos Antonio Rivas Mercado, José Ramón &lt;le Ibarroln., Guillermo d e
Heredin, Ingeniero I sidro Díaz Lombardo y
Dr. Luis E. Ruiz, dieron RU aprobación, mt!dia:1te algunas ligeras modificacio1,es, ú los
tres proyectos que presentó el Sr. Arquitecto
Enrique Fernández Castelló, los cuales damos
íí conocer hoy {1 11uestros lectores.

-El camino que i-i~o es agradable y tú me
has perdonarlo todos mis ¡,ecados.
~ntonces el Cristo sintió su comzón lleno
de tristeza y quiso abandonar aquella ci udad.
Pero cuando Pnlín ele &lt;'lla, viú, po r fi n, á

Para establecer la unic.lad de opinión, es
preciso establecer de antemano la certidumbre, asegurari,e perfectn1uente de que los cuadros que pi ntn el espíritu sean idénticos á sus
modelos y que reflejen los objeto~ &lt;'orrectamente y s g(111 i-011.
0

.
.
ta vuelta de lesús nazaret.
á

Cuando J esás quiso volverá Nazareth, Nazareth estaba tan cambiada que no In reconoció. La Nazareth donde él hubía vivido estaba llena de lamentaciones y d e lágrimM, y
aquella ciudad que ahora veía, llena e3taba
de gritos, de risas y de cantos. Y el Cristo, al
entrará la ciudad, vió unos esclavos cargados
de flores, que iban diligentes hacia la escalera de mármol de una casa de mármol blanco.
El Cristo entró á la casa .V en el fondo de una
sala de jaspe, acostado sobre un lecho de púrpura vió á un hombre entre cuyos cabelloR
desh~chos había mezcladas rosas rojas y cu!OS labios estaban rojos de vino. El Cristo se
aproximó á él, le twó en el hombro y le dijo:
-Por qué llevas esta vida'l
m hombre volvió el rostro, le reconoció y
respondi6:
- Yo era leproso; tú me curaste. Por qué
he de llevar otra vida?
Salió el Cri~to d e aquella casa y en la calle
vió á una mujer cuyo rostro y cuyos ve.o;tidos

Proyecto de edificio escolar para la calle del Ciprh.

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Domingo 5 d,~ Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

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•
euadro dt la vida araucana.
AS cordilleras iban tornándose suavemente azules bajo el crepúsculo muriente. Sus cimas. á trechos veladas
[
de bruma, huían hacia el cielo, agu&lt;la'S y erectas algunas, otras redondas
y graciosas, semejando guirnaldas de rosas
blancas.
A lo lejos, el azur se impregnaba de ligera
sombra. Al pie de las yertientes, cuyos pliegues monstrnof'os aparecían erizados de follaje poderoso y silvestre, extendíase el campamento de! cacique Sakamata.
El silencio gravitaha sobre la llanura, y los
indios, en el umbral de sus toldos, esperaban
con cierta extraña superstición mezclada de
éxtaRis la veni&lt;la de la noche.
Las tiendas estaban diseminadas en la pradei·a envueltas en aromas sutiles y violentos.
Más a llá la pampa tomaba matices violáceos
y su inmovilidad hacía pensar en la calma infinita·&lt;le un lago.
Al oriente se erguía la tienda de Sakamata.
Era la más rica y la más amplia. El cacique
se hallaba . sentado dentro de ella, grave y
melancólicf inclinaba la frente levantada y
ancha y sus ojos parecían Pxplorar su propia
alma, tan profundos y fijos estaban.
Muy cerqa corría el arroyo de Tomen-W11011,
&lt;lesgrana.ndo sus aguas á Jo largo de las sinuo·sas orillar;, á compás del canto in&lt;lolente de la.
onda capriJhoi,a. Arriba, las a las &lt;le un cóndor remaba;n lentamente por el tranquilo espacio.
Un largoirelincho atravesó de pronto la soledad: era un "guanaco" que corría a l viento
&lt;le la tarde.
El cacique exhaló un sordo gemido; hizo un
geste\ y recayó en su inmovilidad.
¿Qué amargos pensamientos llenaban su espíritu?
Antes lrn.bía sido hernico y temible; infinifo¡:: trofeo~ habían exornado sus años juveniles y robustos; guerre1os de nombre se habían
arrodillado~ ia:u paso; en el fondo de la imaginacióR de las muchedumbres había quedado impresa su fisonomía, como una medalla
inmortal y $1oriosa. Había vencido pueblos y
razas; habí~ pillado, saqueado, matado. incendiado ciq11po::;, aldeas, regiones enteras; había pasáclo, !como un lampo infernal, por sobre las fértiles llanuras, á lo largo de los ríos
lujuriosos de caudales, {t- lo largo de las montañas y por el dorso de sus pendientes.
Sakamata! Los índicos poemas lo celebra-

ban. Sakamata! Su nombre rimaba canciones
guerreras.
ias mujeres más bellas habían sido sus amores, y á menudo, en la alta noche, habían rondado su tienda.
¿Deploraba Sakam·ata la ausencia de aquellos tiempos de epopeya y de amor, en los que
la gracia y e! esplendor &lt;le las cabelleras de las
indígenas beldades se habían confundid.o con
los rápidos fulgores ele los más sangrientos
combates? Cuán triste debía parecerle la vejez, desolada y triste después de tanta gloria!
Levantó la cabeza.
Rouna, su caríi-ima hija, la más pura de las
vírgenes, estaba delante de él. V~stía una tela ligera y blanca, que portaba a la manera
de las vestales. Era bella h~sta el misterio; tenía chispeantes espejo¡;; en sus ojos, y cuando
destrenzaba con ¡;;us dedos finos y ágiles su
cabellera de cambiantes reflejos, pasaban por
los ai:-es estremecimientos brillantes y radiaciones de oro. No era el levante tan espléndido como los cahellos de Rouna. Cada mañana
los enjugaba ú la orilla del arroyo; y la onda
amorosa y acaricindora reflej~ba aquella maravilla, á la cual hacían corteJo todas las gracins del cielo matutino.
Todo su cuerpo era grácil y 'terso, .tal un tallo de Ji~; y su alma era tan límpida cómo las
fuentes de las Cordillerns.
La tribu la adoraba como á una qiosa.
Rouna miraba al anciano con sus ojos perlados de estrellas.
-Padre, se dice que Djamké estará de vuelta antes del crepúsculo.
-Djaneké! Djaneké! murmuró suavemente
el cacique.
..:...Los araucanos alaban sus proezas que,
gritan, atravesarán los si~~os futuros.
,
El anciano se estremec10 y no contesto.
-¿.Qué dices, Padre? ;.Por qué estás triste?
-Invoco, oh Rouna, hij1t querida, la Divinidad de la tarde!
Rouna se alejó un poco. Se dirigió hacia un
arbusto que abría espléndidas flores, y todos
sus cálices parecieron tributarles su perfume á
los encantos de la india.
Los contemplaba fijamente; luego les habló:
-Flores amadas, frágiles flores en las cua.
les he depositado mis ensueños de amor, pronto el amado estará entre nosotros. Le diréis,
corolas llenas de las delicias de mi corazón,
que noche y día he cantado cerca de vosotras
su nombre: Djaneké! Djaneké!

ríos se han enrojecido con la ¡::angre de la tribu indómita....... Todo lo he hecho por amor
á Rouna. Por ella, domaría y exterminaría á
~odos los pu¡blos. ¿Soy ahora digno de tu hiJª, oh Sakamata?
El cacique permaneció silencioso. Todos esperaban las palabras del anciano. Rouna se
adelantó suplicante.
-Respóndeme, oh Sakamata. .
-Responde, padre querido.
El cacique, adusto, dijo por fin:
-Djaneké, eres valeroso. Amo tus hazañas.
Sin duda otros fueron más célebres. Recibe mi
abrazo.
Y aquellos dos hombres se estrecharon solemnemPnte.
Los indios lanzaron exclam11ciones de alegría.
. -Rouna, continuó el cacique, honra mi veJez. "La quiero por mi esposa," me has dicho; pero ¿,hallará ella la dicha bajo tu tienda? Los labios de mi hija y su corazón merecen más dura prueba ........ .
-Para conquiotllr á tu hija, oh Sakamata,
iré por el mundo destruyendo todo á mi paso;
si Jo' exiges, te traeré las hnzas de todos los
jefes de las tribus vecinas. Ordénalo, oh jefe
venerado.
-Toma á -Rouna sobre tus espaldas, Djaneké, antes de que el sol se levante; y, en un
solo aliento, trepa con ella á la cima de las
Cordilleras. Si realizas esta hazaña, Rouna será tuya.
-Acepto ........ .
Y ni una emoción turbó la faz de Djaneké.

***
Y como para responder á la tierna virgen
de pronto, á lo lejos, resonaron gritos de en~
tusiasmo:
-Djanekél Djaneké!
Aquel tumulto de fiesta cre:::ía. Era un prodigioso clamor. Las tiendas se agitaron.
Rouna había palidecido de gozo. Corrió hacia el cacique.
-Padre, padre, helo aquí!
El anciano no se movió. Pasó un inc;tante ·
el ruido se acentuaba; ya se oía distintament¿
el galopi, de los caballos.
El cacique se levantó y salió con una lanza
sobre la cual se apoyó. Aquella arma eetaba
colorada con manchas de sangre: era la lanza
de sus victorias.
-Yo también, exclamó muy bajo, fuí aclamado por las turbas delirantes; yo también
he vuelto cuoierto de heridas victoriosas. Y
ahora .. ....
''Djaneké con su gloria eclipsa la mía..... .
Los pueblos son ingratos!
"Ni una voz que cante mi nombre!
''Sakamata es el sol que se hunde. Djaneké es la resplandeciente aurora que se levanta."
Y un vahído nubló sus ojos.
. Apareció un jinete.. Rouna F&lt;e abrazaba palpitante al arbusto hacia el cual había vuelto.
El cacique temblaba ligeramente.
Djmeké echó pie á tierra. Era grande; mm,cuhJ.&lt;!lo como un tigre; iaal vaje y hello. Porta~ª un -ancho. cinturón de cuero; plumas de
nandú se a¡ntaban en una especie de casco
que le ceñía la frente corno una diadema.
Vió á Rou11a. Un instante se contemplaron.
¿Se be¡::aron ~us almas?
-Te saluclo, divinidad de mi corazón la
dijo. Recibe en eterna oblación mi amor y' mi
culto.
Ella ref'pondió:
-Te esperaba. Mi alma estaba desolada i;in
tus.miradas. Estas flores te repetirán mi plegana de amor.
Djaneké se volvió hacia el cacique:
-Oye, oh veneradísimo jefe. Tu hija Rouna acaba de pronunciar los votos de mi corazón .. De ~a prue~a que me impusi~te he salido v1ctor10so, mas allá de toda esperanza. He
destruí&lt;lo la tribu &lt;le los Mapuches· todos han
su.cumbido, mujeres, niños, todos; ~us bestias
m.1smas ya .no existen. El aliento ele n~is guerreros ha d1sperl"ado hasta las cenizas de sus
can;pamentos. No queda nada de ellos. Los

Los tenues vapores del alba no se habían
desvanecido aún, cuando los indios, adornados con .sus más bellos "wuaralkas" esperaban en silencio y angustiados al pie de las
Cordilleras.
Aparecieron Djaneké y Rouna; sonreían melancólicamente. Una voz se levantó co.1tra el
cacique; el joven héroe hizo callar con una mirada al imprudente.
De todas partes gritaban:
Sé fuerte, Djaneké! Sé fuerte!
El ·cacique, que esperaba impasible ante la
multitud, al verá los dos j6venes exclamó:
. -Apresuraos! Va á salir el sol.
Luego, los abrazó.
Djaneké se volvió hacia los indios, hacia la
pampa, hacia el horizonte. ¿Temía?
De pronto, tomó á Rouna, la levantó, la colocó sobre sus espa.ldas reteniendo con sus
brazos nervudos el cuerpo de la muy amada,
y emprendió la marcha hacia las Cordilleras,
hacia el calvario!
Hubo un movimiento entre los indios, como un vaivén de oleaje.
Y nuevas voces se oyeron:
-Djaneké! Djaneké!
Después, reinó el silencio .. ...... .
Djaneké y Rouna, como soldados el uno á
la otra, habían desaparecido detrás de una roca gigantesca semeja1,te á una silueta de ictiosauro. Se les cli\'isó entre los árboles inmó\'iles por entre los cuales marchaba ya fatigado
el ~anceho. El sol, entre tanto, incPndiaba
las vertientes y las cimas. La tri bu estaba deslumbrada: los indios, trémulos de agonía y de
ansiedad, de admiración y de temor, veían la
pareja que parecía ascenderá un nuevo cielo
de amor.
Djaneké subía.
Sus fuerzas parecían centuplicadas. ¿Su
carga no era acaso una delicia, toda su vida?
Una grandiosa esperanza le sostenía.
Y dijo en alta voz:
-Rouna, te llevaría así hasta las nubes. No
temas. Tu amante ha vencido tribus y tribus

1
'----./·- L.

de los más temibles guerreros: también venceré la montaña.
·
-Descan!'a, Djaneké, no oigas .á ~i padre.
Huyamos. Viviremos juntos, sohtanos y en
una paz infinita. Temo que sucumbas.
-No pronuncies tales palabras, Rouna. Yo
no puedo ser perjuro. He jurado trepar las
Cordilleras.
Volvió á callar.
De la pampa subía un ruido débil, débil.
Diríase el murmullo de un arroyo.
La montaña se hacía áspera y negra. Cavernas por toda¡:: partes. A la derech1;l- mu~·allas de granito. Djaneké se iha hacia la izquierda. Cerca negreaba un precipicio. Retrocedía, volvía á intentar el paso, tomaba un
sendero de bestias.
Hubo un momento en que sinti6 flaquear
las piernas. Le palpitaba fuertemente el corazón. Sin embargo, á Rouna que le interrogaba ansiosa, contestaba:
-Mis fuerzas no me abandonan; pronto habrá concluído la prueba.
Ya no se oía nada de la pampa. H:1.bría
querido volverae á ver; debía estar muy alto.
No osó, empero, levantar los ojos hacia las
cumhres.
Subía, subía sin cesar C()n una energía brutal.
La garganta se le estrechaba. Oh! la sed!
nueva tortura! ·
Ahora reinaba la absoluta rnledad: el sol
estaba, sin embargo, en todo su esplendor y
el desdichado Djaneké no veía sino la noche.
Sus dedos se crispahan en el cuerpo de Rouna. La sed le torturaba.
De pronto vaciló ...... iba á caer.
Un deseo iumenso de tenderse con su carga se apoderó de él.. ..... Se detuvo....... pero
una voz severa le gritó: perjuro! perjuro!
Y continuó su mortal ascensión.
Ya se arrastraba; la cima estaba _próxima:
empero ¿llegaría á ella? Las sienes le palpitaban. Ante sus ojos, mariposas rojas revolaban
entre llamas ardientes, ya erectas, ya esparcidas en círculos infinitos. Sus pies, sus rodillas sangraban. Un copo de espuma salía -de
su boca .
¿Qué garras registraban su pecho? Ah!. .....
sus dedos, ó más bien, sus garras le buscaban
el corazón? Las sentía rasgándole el seno, las
fibras ...... Quiso llamar ...... Rouna! Rounal
Ella, horriblemente p(tlida, había comprendido que su amante Sb moría. Y pensó: "moriré también; nos unirá la muerte." Bruscamente, Djaneké sintió que se aproximaba su
fin.
Cayó y permaneció con. la frente contra la
tierra.

Domingo 5 clla Abrtl c1e 1903

Sin embargo, allí cerca resplandecía de 11ieve la cima!
Rouna tomó la cabeza del Amado. La volvió á abandonar inerte. Sus ojos permanecían
inmensamente abiertos y tenían una dulzura
infinita ........ .
Djaneké no existía ya!
Rouna exhaló un grito espantoso.
Ahora la india, apretados los labios contra la bo~a helada de Djaneké, respiraba en
ella la muerte.
Y sonreía con una bella serenidad.
La muerte era la unión suprema, indisoluble, en un más allá de amor infinito.

***

Y vino la muerte, y la joven india, la dulce virgen, Rouna, la más bella y la más pura
de las desposadas, inclinó sn cabeza doblt gada por un peso mortal y la dejó caer sobre el
cuerpo de Djaneké, el más noble y el más heroico de los amantes.
Entonces, al pie de las Cordill?ras los indios oyeron súbitamttJte que en la montañ'l.
resonaba como una lamentación sobrehumana, que se prolongaba lúgubre por el espacio.
Y comprendieron por un misterioso presentimiento, que allá arriba Djaneké y Rouna
habían muerto; y, como la montaña, también
lloraron, mucho tiempo ...... mucho tiempo.
HENRY DE LA V A ULX.

1

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 5- die! Al}ri!1 de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

.1

LA INSTITUTRIZ.
NOVELA ~OR ESTER DE SUZE.

ILUSTRACIONES DE SIMONT.

------

TRADUCCION Dt "tL "1UNDO ILUSTRADO."
(CONTINÚA.)

XXXII
A I Como lo había dicho el inspector, quedaba en•pie la pre1 señor Raibert y con ella el escándalo en el pueblo. ·El día
s~nc~
sigment ee al de mi visita'
..al inspector, y que fué domingo, se convirt'10, ara mí en un martirio atroz.
pL
hachas hablaban en secreto al verme pasar cerca de ellas,
n la f~e~~cinclinada, rumbo á la iglesia. Silvio me detuvo.en el
co
.
camino,
para deci·rme que, «á pesar de todo» se casaría conmigo y

.1

J

aceptaría todo, aun el. nifio, en caso de que viniera. Una ~esgraci~da
muchacha, seducida, conocidísima en el pueblo, se atrevió á v~nir á
mi lado, al salir de misa, mirándome con confianza, y me hablo. Su
actitud parecía decir á las demás: «No estoy sola ya. Insul!,adnos
juntas, si queréis, á la-institutriz y á mí. ... , . .Ya no soy la úmca..... &gt;,
- Jesús, al subir el calvario, no pasó, seguramente, por tormento
más terrible.
.
Y o había querido asistir al oficio divino, -para tratar de dar un
mentís á la opinión, para mostrar á todos mi frente pura........ • ¡Ay!

Domingo 5 die Abrlil de 1903

¡La pureza no ha de transparentarse. .... .. para todos estaba yo man-Pero la pobreza, María Teresa, los vestidos que se gastan, las
chada ya!
deudas que se amontonan, las tardes de fiebre, en que se desear~ moMe parecía increíble. Caminaba primero lentamente, entre los
rir, ó marcharse muy lejos, ó intentar otros mediol:', que son pesadillas.
grupos, dirigiendo á todas partes míradas de súplica, buscando en
¡Yo he conocido eso! He conocido ese mal, y por esto me casé con
vano algt,na mirada amiga: todos me volvían la espalda .
una mujer que ahora está sin vida, y qúe-nunca fué nada para mí.
Lo peor era que la muchacha aé que he hablado, no se apartaba
Se exaltaba. Y yo, que me había desprendido de sus. manos, pade mí, y yo no me atrevía á despedirla, y su pres"er1cia y su tenacira
huir,
quedaba ahora clavada en el suelo, tan conmovida, que oldad en perseguirme, eran como una mancha infamante que me señavidaba lo vergonzoso de sus proposiciones.
laba á los ojos de quienes no hubiesen aún tenido noticias de lo acon-He aguardado pacientemente durante diez años. He perdido
tecido ..... . Y seguía caminando, saludando á las conocidas á quienes
casi mi vida, por este momento, en que el oro de esa mujer me va á
encontraba:
pertenecer por fin ... -.. Y quisiera usted que renunciara á él? Ah! Por
-Señora Arna ud ...... Señora Catherine ...... Querida Rosalía... .
usted daría un mundo! Porque jamás he conocido el amor....... El
Tímidamente ensayaba tender los brazos, como para suplicar
amor de un espíritu virgen y que me ama!. ...... . usted, María Tereque me escuchasen aquellas gentes, que se acercaran á mí... . . . Las
sa ...... ! Ah!
madres oprimían á sus hijas como para resguardarlas. Los hombres
reían ruidosamente. L.as muchachas cuchicheaban y sonreían con
Oprimía mis manos contra su pecho,como para ocultarme la tamalignidad. El cura, al ealir de la iglesia, me divisó y pasó rápidara de ese corazón de hombre que no había conocido nunca el amor,
mente de la puerta del templo á la de su habitación.
y sus cabellos grises me parecían más blancos.......... Luego me dijo
bruscamente:
Aquello era demasiado. Ya ni siquiera me cuidé de contener mis
sollozos. Eché á correr y los sollozos estallaron, desgarradores. La
-Pero pobre, qué hará usted de mí.
pobre muchacha que me seguía se detuvo, dominada sin duda,
Y de nuevo nos envolvió la sombra de esa pobreza tan temida
también ella, por la gran compasión que debió haberse apoderado de
que él había invocado antes .. ... .
todos, y que yo advertí en el silencio que se produjo cuando me ale-Mientras que siendo ricol-añadió abriendo los brazos, en un
jaba..... Después, no me di cuenta de nada..... . Seguí corriendo. En
ademán amplio como si quisiera abarcar el mundo. -Siendo rico,
mitad del camino, se me presentó Phrasia, sudorosa, corriendo en
María Teresa, la llevaré á usted lejos, la cubriré de flores y de ensuedirección al pueblo. La mujer no reparó en el estado en que me enños. Venga usted! No quería decirle esto sino más tarde, poco á pocontraba, y solamente me gritó al pasar:
co, para no turbarla ...... Pero hoy su actitud me ha arrancado mi se-Voy en busca del señor cura ..... La señora ha muerto.
creto. Recójale usted. No vacile, Le ofrezco una vida de amor, y
¿Muerta la ¡¡eñora Raibert? ¡Oh! ¡Entonces, entonces!
esto no es posible sin un poco de oro...... Déjeme ese oro y acepte!
Y sin reflexionar otra cosa, con el pecho aliviado por un rayo
Se había arrodillado y se arrastraba, ele rodillas para seguirme,
de esperanza, tomé el camino que conducía á la casa del alcalde. La
porque yo retrocedía poco á poco. Retrocedía, trastornada, casi venreja estaba abierta: penetré. Penetré también á las habitaciones que
cida, enmudecida por una sorpresa inefable: él me amaba!
apenas conocía. Me fuí directamente al gabinete del señor Raibert.
Ah! ¿Por qué no le amé. á él ni á nadie, hasta el punto de que
El alcalde estaba allí, sentado ante su bufete, meditabundo. Me
mi amo~ ahogara la voz de mi conciencia? Por qué no t ransigía, tedirigí á él. Mis ojos brillaban de alegría, de esperan za: todo un honaz, vahen te? ¿El oro? ¿El amor? ¿Una vida de reposo y de ensueño?
nor reconquistado.... y al mismo tiempo de horror: la muerte estaba
allí, á dos pasos... .
¿Qué era esto si no había de poder estar ya orgullosa de mí misma
al menos á mis propios ojos.:.... Ah! sentía ese sufrimieni;o de no po~
-Pedro-dije con voz ahogada.-Es Dios quien ha querido la
der ser altiva á los ojos de los demás. Y murmuré mi última súplimuerte de esa pobre mujer; Dios, que sabe mi inocen cia y mi desesca, desesperada:
peración. ¡Porque estoy deshonrada! Si la esposa de usted no hubiese muerto, regresaría yo á mi casa hoy, á escribir al inspector que mi
-No, no! Nada tengo qué reflexionar.. ... . ... Es inútil? Pero usted, por última vez ...... Oh! Es vergonzoso insistir...... Pero sufro
situación no era sostenible aquí y que me marchaba ........ ¡Y habría
t~nto ...... En el pueblo ya nadie quiere mirarme, todos me desprepartido, créame usted, al acaso, falta de todo, á morir muy pronto!
Quería decir: soy yo, tan joven y tan bella, y á quien usted ha
cian. Las muchachas se reían de mí esta mañana....... Cásese usted
conmigo, Pedro! Le ofrezco una vida de sacrificio, de abnegación.
dicho amar tanto, y á quien sólo el amor, el nombre que va usted á
ofrecerme, pueden salvar de la muerto y de la deshonra.
Nos serán dulces los días, aun sin lujo ...... Casémonos Pedro!
-Yo, Pedro .....
Movió la cabeza repetidas veces: no, no, no! Y c~mo á fuerza
Me ofrecía, conmovedora, con el pecho palpitante de tantas emode retroceder yo y él de seguirme, nos encontramos ante ~na puerta
ciones y de tantos dolores.
·
e11treabierta, vi de pronto que los ojos de ..Pedro se llenaban de sombra, y comprendí.
El alcalde retiró un poco su silla, luego se levantó, se retiró más
aún, densamente pálido, y murmuró:
Se secaron mis lágrimas, y se apoderó de mí una exasperación
increíble.
,,
-Vuelva usted en sí. Hay aquí una 'llUerta: es mi mujer; esto
no es conveniente... Vea us~ed, María Teresa.. . Veremos, más tarde,
-Ah! El vivo no quería escucharme, y allí estaba la m:.crta.
si es posible.:.... Sí;tengo que hablar á usted, á propósito de lo que
:f'.~es bien! sería á la muerta á quie?- iría yo á.. decir mi des.esp.eradice; pero será después, después ..... .
c1on: esta muerta, ClJya mano de hierro, aun más allá de la tumba
-¿Qué no sería posible? ¿Nuestro matrimonio?
estorbaba
á mi vida. Abrí la puerta. Tendidá en su lecho estaba 1~
Bajó la cabeza, y me vinieron á la memoria las palabras del
muerta, vestida de seda negra. Las ventan.as estaban cerradas .
cura.
El Sr. Raibert se había puesto en pie, trastornado, tendiendo
- ¡Oh! ¡No es verdad! ¡No es verdad! -exclarné, como cuando
los brazos.
me lo dijo el cura.-¡Pedro, será por la herencia por lo que me aban- Ahí vienen; María Teresa, se lo ruego, salga usted!
donará usted! ¡Ante Dios, soy la mujer de usted.... usted me ha heVenían, en efecto. Reconocí la voz del cura la de Phrasia y la
cho que le ame, Pedro!
de otras mujeres.
'
•
Muero de vergüenza hoy, al pensar que hice lo que voy á referir ;
-1\Iaría
Teresa!
articuló
Raibert
con
desesperaéi6n.
pero es preciso que mi relato se ajuste á la verdad. Me había arrodi-No!-grité, enloquecida por completo, en momentos en que la
llado, y tendía hacia ese hombre las manos juntas ... Yo, inocente y
gente desembocaba del corredor y se detenía estupefacta al verme. -pura, le rogaba....
•
No! no saldré de aquí. Preguntaré á la müerta, con qué derecho si
-¡Trabajaré para usted, Pedro! Entre mis horas de clase enconsabía que usted es cobarde, le legó en su testamento.
traré manera de que nada nos falte. ¿Dónde quiere usted que vaya?
Llegué hasta el cuerpo, me incliné á ver el rostro flaco de la
¿Qué quiere usted que sea de mí, si no se casa coumigo?
campesina muerta, con las narices fruncidas y la boca estirada· como
Alzó los hombros, y luego, cuando me acerqué á él y le abracé
en una mueca de supremo desafío.
'
las rodillas, me rechazó, diciendo:
-¿Con
qué
derecho,
señora,
con
qué
derecho?
-Es demasiado, es una locura, en este instante, cuando van á
Repetía, locamente, esa palabra. Y al inclinarme mis cabellos
venir las gentes.
sostenidos p~r só~o una horquilla, acabaron de despre~derse y cay~~
Caí por tierra. Me crey6 desvanecida, tuvo miedo de verme sin
ron, como ~m latigazo, sobre el rostro de la muerta. Entonces retrosentido, en el momento en que iban á venir gentes, y se dulcificó, se
cedí horrorizada y los presentes se indignaron.
inclinó hacia mí, trató de poner en orden mis cabellos. Mis ojos
-Salga usted, hija mía!-me dijo el cura tomándome del
abiertos lo tranquilizaron.
brazo.
'
- Cálmese usted-murmuró,-levántese usted. Sí; yo la amo;
-Salga! Salga!-dijeron los demás.
pero ¿acaso se puede hablar de amor en este momento?
Todos me miraban indignados.
-Pedro-murmuré,--no le hablo de amor; le hablo de honra.
Se hubiera dicho que mi aliento le embriagaba; me oprimió conAlgunas mujeres me amenazaban con el puño. Un hombre caítra su pecho al ayudarme á ponerme en pie.
do al mar, no queda envuelto por tamañas ondas de amargura como
-Sí-me suspiró, anhelante;-yo sé que usted no me ama. Si
yo en esos momentos. Vacilante, miré á todos, y luego á Raibert,
me amara, no pensaría en otra cosa que en dejarme de amar. Osted
que permanecía callado, en el fondo de la estancia con los brazos
cruzados.
'
lo ha dicho: la herencia me encadena. ¡Pues bien! Yo haré á usted
más feliz sin el matrimonio. Abandonará su empleo; yo la cubriré
Y comprendí que estaba perdida, que ese hombre no me haría
de oro....
su esp~sa nunca, que la muerta no me respondería, que el cura, que
Prosiguió medio loco, como había estádolo en cierta ocasión, en
las mu¡er~s, &lt;!ue todas esas gept{ls no ¡:ne creían inocente ni me perla colina.
donarían ¡amas.
'
-¡Sí; la amo, la amo!. .. ¡Más d e lo que usted puede comprender, oh niña, cuya(miradas me enloquecen!
Y su voz enronquecía más y más, á cada palabra, á cada sUaba,

I

(

�·Seguras y eficaces son las Pild&lt;&gt;ras del Dr. Ayer, Seguras, porque están exentas de minerales. Eficaces,
porque obran ayudando á la naturaleza.
El estreñimiento causa biliosidad, jaqueca, mal gusto
en la boca, lengua saburrosa, dolores sordos en l a cabeza
y una multitud de otras dolencias. Las Píldoras del Dr.
Ayer son una cura positiva para la constipación y pereza
del hígado . Estas píldoras tomadas en dosis laxativas
todas las noches, obran s uavemente y sin dificultad al día
siguiente. Curan efectivamente los dolores de cabeza y la
dispepsia. Están azucaradas. Son fácil es de tomar.
No hay otras píldoras tan buenas como las Píldoras del
Dr. Ayer.

tolonia·Roma.

ILUSTRADO

OALZADA DECHAPULTEPEC.

eompafita dt ttrrtnos dt la calzada dt ebapulttptc.

s. JI.

CO~DICIONKS.
Diez por ciento al contado al comprar el terreno. Concesi6n de_ 10
afíos para liquidar el noventa por ciento restante, arregla~os en vemte
pagos semestrales [al 6 por ciento interés anual] ;10 por ciento descuento en todo pago adelantado fuera del primer pago.

MfXICO, A6Rll 12 DI: 1903.

ANO X.--TOMO 1.--NUM. 15

Gerente:

Director: LIC. RArAlL Rtl'l&amp; &amp;PINDOLA.

ROMA.-CAPILLA SIXTINA.

Prepr.radaa por el DR. J. C. AYER &amp; OO., Lowell, Maas., E. U. A..

TÓNICO - RECONSTITUYENTE
FEBRÍFUGO

EL MISMO

"'"'º

So

F~llRUGINOSO: SIETE M~AS,,ORO FOSFATADO:
11,■ia;

Cl1ro1il, Coanlecmiaa, ,te.

PARÍS

20, lut des Foués-St,Jacquea
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�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, 1903, Año 10, Tomo 1, No 14, Abril 5</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Almas infantiles</name>
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        <name>Santa Anita</name>
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                    <text>·Seguras y eficaces son las Pild&lt;&gt;ras del Dr. Ayer, Seguras, porque están exentas de minerales. Eficaces,
porque obran ayudando á la naturaleza.
El estreñimiento causa biliosidad, jaqueca, mal gusto
en la boca, lengua saburrosa, dolores sordos en l a cabeza
y una multitud de otras dolencias. Las Píldoras del Dr.
Ayer son una cura positiva para la constipación y pereza
del hígado . Estas píldoras tomadas en dosis laxativas
todas las noches, obran s uavemente y sin dificultad al día
siguiente. Curan efectivamente los dolores de cabeza y la
dispepsia. Están azucaradas. Son fácil es de tomar.
No hay otras píldoras tan buenas como las Píldoras del
Dr. Ayer.

tolonia·Roma.

ILUSTRADO

OALZADA DECHAPULTEPEC.

eompafita dt ttrrtnos dt la calzada dt ebapulttptc.

s. JI.

CO~DICIONKS.
Diez por ciento al contado al comprar el terreno. Concesi6n de_ 10
afíos para liquidar el noventa por ciento restante, arregla~os en vemte
pagos semestrales [al 6 por ciento interés anual] ;10 por ciento descuento en todo pago adelantado fuera del primer pago.

MfXICO, A6Rll 12 DI: 1903.

ANO X.--TOMO 1.--NUM. 15

Gerente:

Director: LIC. RArAlL Rtl'l&amp; &amp;PINDOLA.

ROMA.-CAPILLA SIXTINA.

Prepr.radaa por el DR. J. C. AYER &amp; OO., Lowell, Maas., E. U. A..

TÓNICO - RECONSTITUYENTE
FEBRÍFUGO

EL MISMO

"'"'º

So

F~llRUGINOSO: SIETE M~AS,,ORO FOSFATADO:
11,■ia;

Cl1ro1il, Coanlecmiaa, ,te.

PARÍS

20, lut des Foués-St,Jacquea
1 •n /11 f;¡,rmaci11.

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Infartos de los Ganglios, etc.

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casos en q_ue 1~ d1gest1ón es torpe y la nutrición imperfecta, ó cuando hay inflamación ó infección del
Aparato d1gest1vo 6 de los órganos anexos. De venta: en todas las Droguerías y Boticas-.

Ahnalnlco, Jal.

~

EL JUICIO :b1INAL, por Miguel Angel.

lll5 Rtl't&amp; &amp;PINDOL

�Domingo 12 !de Abril de 1903

PAGINAS DE VIAJE.
Stmana Santa tn Stvllla.

...,

Todos los años aquel heroico valle reverdece y se asoma á .las aguas del Guadalquivir.
El río serpentea entre bosquecillos de naranjos en flor, y el sol tiende su franja escarlata
sobre aquella tierra que comienza á agitarse en
germinación fecunda.
En la ciudad, las calles estrechas se retuercen, culebrean, se pierden, en la alta noche,
en la tiniebla, rasgada á trechos por la luz vacilante que recuerda una tradición ó un milagro. La guitarra vibra tristemente, y en la
entreabierta ventana se adivina el suspiro, el
alado suspiro del amor que vela.
Así aparece Sevilla, la ciudad que se asoma
á las aguas del Guadalquivir.
Por encima del balconcillo y dominando el
minarete, se alza la «Giralda," elevando sus
esbelteces de granito, avanzando en encaje de
piedra, coloso que á poco andar desgastará el
tiempo en trágico desmoronamiento. En la
Catedral, estatuas de Reyes, sepulcros, crucifijos, banderas, estandartes, retablos, lienzos,
la luz penetrando por las ojivas, y el «Monumento&gt;i cuajado de pedrería. Muchos si&amp;los
puestos al servicio de la Religión.
Las ccprocesioneRJ&gt; en Sevilla tienen algo del
sombrío ceremonial de la Edad Media, pasando á través de la raza árabe. Cuando el paganismo se hizo católico, confnndía la escultura
de Venus con la imagen de María. Murillo.
sevillano, ha dado á la religión el color azul
de aquel cielo.
Por eso cuando una sombra viene á opacar
la deslumbrante claridad del cuadro, hay la
certeza de que la nube pasará en breve. Ved,
si no: el «Nazareno,)) oculto tras su birrete
puntiagudo, de amplia túnica, los pies descalzos, semeja un personaje arrancado de un
«Auto de Fe.)) Pero detrás de él, el «paso,»
i nundado de luz, cubierto de flores, despidiendo destellos, hace olvidar al triste encapuchado.
La «saeta» gime una estrofa dolorosa, lenta,
rítmica, punzante. La «saeta)) es un pequeño
poema místico que se encuentra en el corazón
del pueblo y que saben modular todos los labios. Al acercarse el «paso,» en el silencio de
un recogimiento supremo, una voz se alza,
plañidera, t riste, acompasada: es la «saeta.))
De lo¡¡ balcones se desprenden ramos de azahar y guirnaldas de jazmines, cada vez que el
«paso» se aproxima. Cada casa tiene su imagen en veneración. La escultura ostenta la pedrería de las damas de la aristocracia. El pueblo deja hacer á sus próceres y se contenta
con admirar, entona sus «saetas» y arroja un
puñado de rosas á los pies de las imágenes.
Hace algunos años, aquel pueblo religioso,
dudó. De la «saeta" pasó á la blasfemia el pueblo de Sevilla. Eran días de tonmociones sociales, días en que la «bestia humana,, rompe
su envoltura·de hombre: entonces se incendiaron iglesias y las imágenes fueron derribadas de los altares. La Catedral pudo resistir á
los rayos del pueblo, pero no á los del cielo.
Cuando la tormenta revolucionaria pasó, vino de lo alto el fuego hiriendo á la conversa
torre, para purificarla, sin duda.
Pero la Religión no se desquicia en Sevilla,
n i como la mole seculai- de la arquitectura árabe se abate á impulsos de los años. 'En la Semana Santa, no es la Catedral el único templo en donde la sublime tragedia se conmemora y solemniza: un centenar de iglesias irradia; la solemne, la amplia iglesia-madre no
basta para aprisionar á los fieles. Las 'procesiones se suceden el Jueves y el Viernes Santo sin tregua, de hora en hora. Comienzan al
amanecer y terminan entrada. la noche.
Es un desfile santo; La Pasión se desarrolla en todas sus fases: el Grieto emprende este
lento camino que hay desde el Monte de los
Olivos al Monte Calvario. El «paso» lo hace·
avanzar, ora tierno, ya adolorido, pero siempre sereno, y en aquella evocación luminosa
del celeste drama, los espíritus se alzan· y las
rodillas se postran,

EL MUNDO ILUSTRADO.

Ya entonces el contumaz paganismo de la
ciudad nazarita se desvanece; ya sus palpitaciones de tradición mundana ee calman, y solo queda un grupo de almas que se eleva en
oración al Cielo.
Y en la alta noche, á la hora e11 que la guitarra vibra, tristemente, y en· la entreabierta
ventana se adivina el suspiro alado del amor
que vela, Sevilla olvida que es una bella desconocida «que ha dejado al pasar un beso y
una flor,» para convertirse en una virgen cristiana que ciñe en su frente el nimbo del martirio.

SWET HANDES.
¡Oh, las pálidas manos
hermosas! esas manos que son hechas
para tejer guirnaldas
y coronar la sien de los poetas;
esas manos suaves
que al posarse en las cuerdas,
les arrancan un canto que parece
más que un canto, una queja;
esas que en los floreros de la Virgen
ponen, por las mañanas, azucenas;
que piden á las blancas margaritas
una dulce respuesta,
que guardan en las hojas de los libros
otras hojas ya secas......
y que hunden sus dedos
en la ola de rubia cabellera......
¡oh! esas, esas manos
tan pálidas, tan bellas,
¡que se alcen hacia el cielo suplicantes,
cuando al fin yo me muera!
y así, juntas ..... ¡que pidan para mi alma
la dicha que no tuve aquí en la tierra! ......
MARÍA ENRIQUETA.

·-·

ENTRE FLORES.
I
-¿Vive aquí la señorita Delor?
-Sí, señorita; pase usted.
Jualla Lenoir exclamó al entrar en la habitación.
-¡Qué hermoso es esto!
La sala, llena de flores, formaba un raro
contraste con la estrecha y obscura escalera.
-Cuando se vive en un quinto piso- dijo
Matilde Delor, - hay derecho á tener una luz
espléndida.
-¡Cuántas flores!-repuso Juana.
- Es el trabajo de toda una semana. Mañana mismo tengo que llevarlas á la tienda.
-Pues he hecho bien en venir hoy. Una
amiga mía me ha dado las señas de esta casa
y me ha dicho que aquí encontraría muy barato lo que necesito para el día de mi boda.
Matilde Delor, que era una soltero~a entrada ya en años, contemplaba con envidia á la
hermosa Juana.
- Siéntese usted-dijo Matilde,-y yo le iré
enseña1ido lo mejor de mis trabajos.
i. Pero Juana no obedeció y se puso á recorrer la sala, examinando las flores que allí
h~bía, cuando de pronto vió bajo un globo de
cristal una corona. y un ramo, amarillentos
como cosa vieja é inservible.
'
-¿Fueron esos objetos para la boda de su
madre?-preguntó Juana.
-No; para la mía. Pero no han servido
nunca.
Juana interrogó con la mirada á la solterona.

II
-La historia es muy sencilla y no tiene na-

EL MUNDO ILUSTRADO.

da de interesante. Usted es dichosa y tal vez
no la comprendería.
Juana no se atrevió á insistir, lo cual no fué
obstáculo para que Matilde prosiguiera en estos términos:
-No be sido nunca hermosa; sin embargo
tuve la audacia de creer que, como las demá~
mujeres, tenía yo derecho á la felicidad. Suponía, estúpida de mí, que á fuerza. de abnegación y de cariño, podría hacerme amar por
mis prendas morales.
En aquella época pensaba en el día en que
podría ponerme la. corona de desposada, y me
atreví á confecciona.ria, así como el correspondiente ramo de flores. Ahí tiene usted mi obra.
0uando murieron mis ilusiones, la guardé como el recuerdo de una muerta. Hubo, sin embargo, un momento en que creí que iba á. ser
dichosa..
Tenía yo por vecino un dependiente de comercio, al que encontraba con frecuencia. en
la escalera y con el que trabé franca y sincera
amistad.
Creí que no me hallaba fea y que le merecía
todo género de simpatías.
Mi :vecino cayó enfermo y le cui?é noche y
día, sm hacer caso de lo que pudieran decir
de mí las gentes.
Hablábame de sus planes para el porvenir
y me decía que estaba resuelto á casarse.
Concebí grandes esperanzas y sospech é que
iba á ser su esposa.
Cuando mi vecino estuvo curado vino á visitarme y me trajo su fotografía, c~locada en
un hermoso marco.
Al cabo de algunos días volvió á visitarme
y al verme me dijo:
-Tengo que darle á usted una noticia muy
importante.
El corazón me latía con extraordinaria violencia.
- No olvidaré jamás los cuidados y atenciones que usted me ha prodigado y la quiero á
usted como se quiere á una hermana. Por consiguiente, ileseo que sea usted la primera en
conocer la dicha que me espera. Voy á casarme dentro de pocos días con una joven á la
que amo desde hace mucho tiempo.
. Me q1;1edé helada de espanto y caí en tierra
sm sentido.
.

mente conmovida. - Mi felicidad le hace
dafio.. ....
y no sabiendo cómo hacerse perdonar su
ventura y cómo dar las gracias á la florista, exclamó en uh arranque de entusiasmo:
-¡Déme usted un beso!
Y Matilde selló con sus labios aquel rostro
radiante de amor y de alegría, sin que la joven
sospechara lo que en aquel instante 1&gt;.torm1&gt;ntaba el corazón de la infeliz obrera.
V
Cuando l\fatilde estuvo sola, sacó de un caj6n una fotografía firmada por Juan Lenoir, y
se echó á llorar como una niña.
l\IARÍA THlER.Y.

mutrtt dt un [ibtral distinguido.
Publicamos en esta página el retrato del Sr.
Eleazar Loaeza, honrado y laborioso servidor
oel Gobierno, que murió en la capital el 2 del
corriente.

IV
Juana cogió la caja donde habían sido colocadas las flores, y entregó á l\Iatilde el importe de la mercancía.
-No, no; no quiero nada-contestó la otra
rechazando el dinero.
-Pero, mujer .........
- Le regalo á usted esas flores como recuer•
do de la historia que le he referido. ¡Quiera
Dios qu.e tengan mejor suerte que las que había
yo destmado para mi boda!
-¡Pobre criatura!-pensó Juana hoü:la-

I
Es cierto que trabaja, que labora,
Bebiendo, sí, rlesde que su ígneo broche
Abre en los cielos la radiante aurora
Hasta que el sueño llega con la noche.
Y es cierto que al beber va trabajando,
Pues bebiendo y cantando
Es como carpintero que se afana
Y sin cesar martilla,
Fabricando inconsciente la camilla
Que ha de. llevarle al hospital mañana.
Lo infecundo es un tormento;
Cuando una vida es inútil
Se trueca en remordimiento.

III
Son mundos los corazones,
Y si, al perder ilusiones,
Un corazón se querella
Y es mundo que se derrumba,
Brota el recuerdo en su tumba
Y del recuerdo una estrella!

V
El alma del que goza degradado
Viviendo vida obscena,
Se asemeja á un penado
Que disfruta arrastrando su cadena.
M. R. BLANCO · BELMONTE.

NOTA SOCIAL

El Señor Loaeza era uno el de los inmaculados que ªcompafiaron al Benemérito Juár~z en su peregrinación á Paso del Norte, y se
~IStinguió siempre como miembro del partido
liberal mexicano, ..por la firmeza de su carácter y su amor á los principios democráticos.
. 9&lt;&gt;mo empleado, prestó al país buenoa servicios: comenzó su carrera desempeñando un
humilde empleo en el ramo de Hacienda, y,
merced á su constancia y á su conducta irreprochable, llegó á desempeñar más tarde cargos tan honrosos como los de Admini.,trador
d,e la Aduana de Ciudad Juárez y Director
General del Timbre. Hace próximamente dos
aflos fué nombrado Tesorero General ele la Nat6n, Y .c~n tal .~arácter, estuvo al servicio de
a Admimstrac1on Pública hasta su muerte.
Los funerales del Sr. Loaeza se efectuaron
e1día 3 por la mañana en el Panteón Francés, _coucurriendo á ellos el Sr. Secretario ele
Hacienda, los empleados de la Tesorería General y de otras oficinas, y multitud de amigos del tinado.

.....

JUDAS.

El Viernee de Dolores, se efectuó en el oratorio particular del Sr. Dr. Manuel O1'tE&gt;gn Reyes, la primera comunión &lt;le los niñc s José Ignacio y María de
la Luz Pérez Gallardo,
hijos del Sr. Lic. Rafael Pérez Gallardo y
de la Sra. Marfa Vi·
llaseñor de Pérez Gallardo.
Fueron padrinos del
acto, el Sr. Dr. Manuel
OrlegaReyes y la Sri ta.
Trinidad Ortega Reyes, asistiendo á él las
familias Núñez, Velasco, Velasco Russ, Rabaza, Romero, Mur¡,hy, y Martínez de
Castro. Durante la misa, las Sri tas. Martínez
de Castro y l\Ioguel tocaron al piano escogiilas piezas, y terminada la ceremonia, los niños recibieron diverso;;
obsequios de las nume•
rosas amistades ele su
familia.

Venció la ingratitud: la inicua fiera
de Ti, manso cordero, fué el azote;
y besando tu púrpura, vendióte
aquel monstruo de roja cabellera.
Quisiera tu Bondad, tu Amor quisiera
ver la ¡,lanta de Judas sin un brote,
y yue el germen ele! pérfido Iscariote
pal'a siempre infecundo se perdiera.
Más no es así: tus duelos sacrosantos
los ca.man nuevos Judal'!, que te ofenden
y que olvidan tu cruz y tu11 quebrantos.
¡Cuántos viles traidores te sorprenden .... !
Y acercándose hip6critas, ¡ay cuántos·
con un beso sacrílego te venden ..... !
RAlliON A. URBANO.

RONDEL
Como un hervor de perlas musicales, la risa.
cantó en la fina lira de tus labios de grana,
y un desmayo de aromas celebró Ja mañana
que ardió de las montañas tras la curva indecisa.
Y tus sueños de amores balanceó la brisa
como un beso de otoño sobre una flor temprana
cuando en la fina lira de tus labios de grana
puso su hervor de perlas musicales la risa.
Y así como un ensueño musical que desliza
su encanto, mis amores te dije en la mañana
que ardió de las montañas tras la curva indecisa;
y entonces. .... en la lira de tus labios de grana
puso su bervor de perlas mnsicales la risa! .....
R.M. RUBIO.

ESCLAVA.

De todos nuestros sentimientos, la piedad es
1a que n os engaña menos.

*
La vnda&lt;l es todo, porq t1e á la verclaJ no se
le puede quitar ni añadir nada.

*
d La lucha de las almas se hace ron luz· la
e los hombres con sangre y con fuego.
'

*

pies en cruz ...... Y, cuando cantaba, su voz de
cristal hacía sangrar. en su corazón sus heridas natales. En su puño delgado brillaba siem ·
pre un brazalete de hierro donde la blancura
de su nombre estaba grabado: «Slephane,» y
era como el anillo nupcial de su destierro
amargo.
En un perfump diáfano de heliotropo· ella
moría, con loe ojos fijos sobre el mar........ Y
moría en el otoño, hacia el invierno ......... Y
moría como una música se muere ........ .

II

IV
A pesar del misterio y de los velos
Que circundan el ~rono en que se asienta,
La grandeza de D10s se transparenta
En el dosel gigante de los cielos.

III
. Mi veci~o no ha vuelto á verme, compadecido de m1 desventura y comprendiendo que
le amaba.
Al día siguiente se mudó de casa é ignoro
lo que ha sido de él. Francamente, no sé por
~µé le cuen~ á usted esta historia, que nada
tiene de particular. Es posible que se ría usted de mí.
-¿Reírme de usted? Al contrario la compadezco á usted y comprendo lo m~cho que
habrá sufrido.
-Pero nos hemos desviado mucho del objeto .que la ha. traído á usted á esta casa-dijo
.Matilde.-¿Le gusta á usted esta corona?
-Sí, y ese ramo para la falda y ese otro
para el pecho. Vamos 1Í. ver cuánto vale todo
eso.
Juana sacó de su cartera uña tarjeta y se
P.uso á escri~ir las cifras referentes á los precios que le dictaba la florista.
De pronto, los ojos de Matilde se fijaron en
la tarjeta, que la joven había dejado sobre una
mesa. Y con temblorosos labios la obrera leyó: «Juan Lenoir.»
'
-~s el nombre de mi padre-exclamó J uana, sm notar la turbación que se reflejaba en
el rostro de Matilde.

DE VICT OR HUGO.

Domingo 12 de Abril de 1903

- -

. Cuando el deseo está en el ánimo y el silencito en el espacio, el ruido está dentro de noso ros.

Su traje era de tul,
con rosas pálida:-; y
rosas pálidas sus labios. Y sus ojns, fríos.
fríos y azule11, como ei
agua que duerme en el
fondo de los bm,ques...
La mar tinena, co11
languideces amigables
mecía su vida espar
cida en suaves pétalos. ~
Muy d'ulce, ella moría,'~con. sus pequeños

NOTA SOC.IAL.-Primera comun ión de los niños José Ignacio
'1 M. de laLuz Pérez Gallardo,

��EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 12 1de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

LA VENGANZA.

I,
fi

ll
G

·n

La puerta de la alcoba giró silenciosamente y
:\somando por ella el licenciado González del
Castillo, dijo:
- Hasta que quiso Dios. Son las once y cuarto: telefona á la litografía.
~ ¡.Qué fué?
-Mujercita. Es preciosa.
-Entonces, María de la Esperanza, ¿no?
- Sí, sf; María de la Esperanza. Que bagan las
esquelas de una vez y las distribuyan ~in pérdida ele tiempo. Cien ejemplares. Ya tie nen el los
la lista para la distribución.
-¿,Puedo verá la niila?
- Dentro de un momento: ahora la va{~ bañar
la partera. Yo te avisaré.
Volvióse el licenciado á la alcoba cerrando
tras sí la puer ta y ,en un peri ,uete, Rafael, plantado en la a~istencia ,que era donde estaba el teléfono, cumplió con las órdenes de su he1·mano.
¡Qué largo se le hizo. el tiempo de espera: media
hora cabal , pero él bubierii jurado que eru. media vida. Estaba impacieute por conocer al angelito á quien todos los de la familia habían
a.prendido á amar desde antes que bajara del
cielo.
Esperando, se había aplicado Rafael á retener
en la memoria las combinaciones de líneas que
componían grecas en el cielo raso; á tenet' lápiz
y papel á mano, las hubiera reproducido con
maes'tría. Del techo pasó á exami na r l a pared,y
en menos que canta un gallo,se aprendió de cuerito á cuer ito la labor del tapiz: mangos dorados sobre fondo rosa y guirnaldas entrelazadas
formii,ndo arcos. Ya empezaba el impaciente mozo á pstudiar los arabescos de terciopelo negro
apl1cados en el cortinaje azul de felpa q ua escondía una puerta, cuando el cortinaje ondeó y
abri~ndose en dos gajos, dió paso á una seíiora
de edad , bien plantada y bastante guapa..
- Rafaelito-dijo la dama,-ya puede usted pasar á ver á la nifta. Es el retrato de su papá: los
miSIJlOS ojos azules, el cabello como hebras de
oro y la naricita larga. De Julia sólo tiene el color apiñonado.
-Conque remendada, ¿eh?
-Ya verá usted: güera y trigueñita.
Entraron en la alcoba Rafaelito y la abuela
materna de la recién nacida, en t anto que el licenciado González del Castillo acompañaba al
doctór Lavista para despedirlo en la eEcalera. A
alguna pregunta del jurisconsulto, el facultativo
respondió sonriendo:
-En cuanto á eso, no ; confórmese usted con lo
que Dios Je ha dado y cuídelo como á l as niñas de
sus ojos. Las funciones matemalc s de Julia aquí
empiezan y aquí acaban: la esposa cte usted no
es probable que vuelva á tener hijos, salvo un
milagro.
-¿Corre algún peligro, doctor?
- Poi· ahora no. Está delicada, naturalmente,
pero fuera de riesgo. Lo que sí creo indispensable es que á la niíia se le ponga nodriza; Julia
no puede criarla, porque sería en perjuicio de
las dos. Y si la niña se nos muriese .. ..
- ¡Oh , no, no!
-Fu era terrible.
- Sí, sí, terrible- agregó el licenciado,sintiendo que le daba vuelcos el corazón.
La euna, ornada de finísimos encajes, a lboreaba cómo l a concha cubierta de espuma en que
Venqs surgió del mar; pero la cuna ordinariamente estaba vacía mientras su dueña, estregándose- los ojos con los puños de nácar apretados
como capullos, pasábase las horas de regazo á
rega.1,0, impávida á los mimos é indiferente á los
cumpiimientos y adulaciones de que era objeto
venerado.
Re~a, princesa, pedacito de cielo ...... Y la.
rein~ respondía con beri-idos desentonados y
mohi~es indignos de persona bien mirada, que
toda la familia, sin embargo, admiraba como
gracias precoces.
A los pocos días vino la nodriza, una india
prietá con cara de ídolo. Se llamaba Hipólita
y era madre de una. tarasca á la que el cura de
San Seba.stián había puesto por nombre de pila
María Antonia, no encontrando en el santoral
cristiano ningún otro sinónimo de changa ó
monstruo que le viniera de perilla á la horrible
criatura.
Luego que Hipólita encontró acomodo, puso á
María. Antonia en Atzcapotzalco con una comadre s1]ya que ofreció cuidar del monstruo y lactarlo á expensas de una burra parda llena de
mataduras. Como privilegio exclusivo obtuvo la
nodri:za, de sus amos, el permiso de recibir de
visitai á su bija dos veces al mes, sucediendo así
con regularidad los dos años que María de la
Esperanza tardó en aprender á comer de todo.
Al segundo invierno, la niña e1·a un querubín
por lo hermosa y por lo buena, lo dulce y lo amable, un terr ón de amores. Lo que en ella formaba el principa l encanto era sin duda la humildad: respondía con sonrisas y á besos las reconvenciones de la mamá,lo ruismo que á los regaiios de la nodriza.

·-·

María de la Esperanza era para sus padres el
colmo de la vanidad: se sentían orgullosos de
haber dado l a vida á una criatura tan bella y
adorable. Tenía el rostro ovalado, los cabellos
riza dos y rubios, los ojos azules como los ópalos de Australia, la boquita sonrosada y la pequeíia barba adornada de hoyuelos.
Para destetar á la &lt;reina&gt; se desveló la nodriza once noches; valióse de mil argucias para hacerla aborrecer el pecho, pero nada, ella se había aferrado en no soltarlo basta que untado de
hiel se lo pusieron en la boca, causándole la primera pesadumbre gorda de la vida. Cua ndo ya se
dió á comerá. gusto panecitos tostados y cántaros
de leche, la separa.roo de Hipó lita, pero bien p ronto echaron de ver que la niña se ponía triste y había per dido los colores, así es que consultado el
médico de cabecera, la nodriza fué llamada otra
vez al lado de la niña. Hipólita amaba entreiiablemente á María de la Esperanza, pero al mismo tiempo no quería vivir por más tiempo apartada de María Antonia,á quien amaba más,y para volver al destino, impuso condiciones y en
ellas se mantuvo firme. El licenciado en persona
aci&gt;ptó que le pusieran las peras á cua.1·~0 1 por
el bien de María de la Esperanza, porque Hipólita fu é inexorable.

-Vuelvo con la condición de que mi muchachita ha de v i vir conmigo y de andar por donde yo ande.
Y volvió. No se paró á considerar en la rebaja del sueldo, la disminución de alimentos ni
el descenso de categoría social; de nodriza á
criada hay mu::iho que decir en una casa de ricos. Mientras que para Toña fué progreso pasar
del jacal de Atzcapotzalco á la c asa de veintitrés
cuartos en la calle de Santo Domingo, para Hipó lita fué gloria dejar la cama caliente en la elegante alcoba por el petate en el cuarto de la azotea al lado de su criatura. En vez de la &lt;princesa&gt; contra su pecho, la &lt;tarasca&gt; era como quien
dice la alegría, la felicidad, el premio gordo.
Julia amaba á su hija con locura: pensando
e n su porvenir y haciendo mil jardines acerca
del destino de la niña, entretenía la mayor parte·
de los días; y cosiendo primorosos vestidos y
gorras muy monas, le daban las tantas de I a noche sin acordarse dé que existían en el mundo
parientes y amigos á quienes visitar y que en los
teatros se daban bonitos espect iculos.
Cuando María de l a Esperanza, de la mano
de su niñera francesa, causaba, en la Alameda, la admiración de l as madres pobres y la
envi Jia de lás ricas, no se daba cuenta de ello:
inconsciente, como las rosas q ue brotan de una
planta injertada, ignoraba los afanes desu amorosa madre por prenderla y vestirla bien, igual
que las efímeras flores los cuidados del jardinero.
Era nula, en el concepto de la nii'la, la distancia que media entre nodriza y madre: su mente
infantil r eproducía con fidelidad los rostros amigos, ya fuesen bellos ó monstruosos. Así, sin
d€sligurarlos, retrata el arroyuelo á la lun a que
lo platea, el árbol que le p1·esta sombra y á la
bestia que ensucia su raudal cristalino.
Quizá por lo que el amor tiene de egoísta, es
más precoz que la conciencia. En María de la
Esperanza tuvo una revelación prematura cuando la primavera trajo á. las golondrinas á anidar en el techo del corredor. A ellas les platicaba todas las aventuras ocurridas á sus mufiecas
desde que cayeron en manos de 'l'ofia; les enseñaba las canciones que sabía, aprendidas de los
cenzontles de las jaulas colgadas en el balcón, ó
las que atesoraba en ese repertorio íntimo que
traen en su corazón, desde el otro mundo, los artistas-genios.
Enredar de un hilo y repartir besos entre
Hipólita, Toña y el gato1 consumían la existen·
cia de la niña. ¿Para que era más?

El gato e ra el más querido, porque se dejaba
morder la punta de la cola; la tarasca venía deapués é Hipólita ocupaba el tercero y último lugar en el corazón de María de la Esperanza; Julia, el licenciado, la parentela de ambos y la niñera francesa eran objetos secundarios que no
componían mucho.
Desde que á la nodriza le fué permitido tener
consigo á su tarasca, se limó mucho mostrándose más conforme con la civilización. Empleaba
indistintamente el vocabulario aprendido de au
ama, c9n las dos niñas : &lt;hermosa., vida mía, mi
gloria, mi estrella,&gt; todo eso er an María de la
Esper anza y Toña: dos a.Imitas buenas, encarnada la una en un amorcillo de Wateau,y la otra
e n un ídolo azteca.
Si las dos niñas se besaban en presencia de Julia, sentía ella que los celos le mordían el corazón. Perdonaba al gato las caricias de la nifta;
á. Toña la aborrecía de muerte. Verla constantemente al lado de su hija era un sacrificio de gladiador para la madre injusta y esclava de míseras pasiones. Sugirió á la niíiera francesa el
proyecto de apartar de la niña el afecto que sentía p,.Jr la hermana de leche, entreteniéndola con
cuentos que divagaran su imaginación.
- Quiero que pronto hable en francés--decíay que ocupe el puesto que le corresponde, porque
ella es la nifta de la casa y esa neg1·a horrorosa
no es más que la muchacha de la c1•iada. Cuan•
do crezcan las dos un año más, es menester separarlas para siempre.
Pero el gran distribuidor de cetros de oro y de
cetros de cai!.a.; el que, cuando le place, substitu•
ye las coronas de oro por otras de espinas, 1
vicever sa, una mañanita de marzo, mand6
que una ráfaga dorada llevara entre sus átomoa
uno ú un millón de microbios-que para.el cuento es lo mismo-y les ordenó á los aoimalitoa
anidar en la sangre fértil, nueva y rica de la rel•
na, de la estrella, del pedacito de cielo ....
Al primer asomo del mal, La.vista acudió á ver
á la enferma, no obstante ser de noche, sentirse
él quebrantado y tener en casa huéspedes que
atender, muy respetables. Para el facultativo
María de la. Esperanza no era una cliente, sino _
una.espina qi:e entraba.hondo en su corazón á la
vez que las epidemi as periódicas que se ceban
en los niños, aparecía por las garitas de México. La.vista era el viejo médico de las dos familias de l a niíia; h abía aplicado la vacuna al 11•
cenciado cuando estaba en pañales, y á Julia la
primera azotai na en el mundo por haber llegado
á él renegrida de asfixia. Así, la vida de María
de la Esperanza no era cualquier cosa para el
venerable facul tativo.
Desde el primer instante, la catástrofe se pre• nt6 deme.rada 1 cruel; no lo ocultó el doctor
y ases~ó la puña1ada. del diagnóstico á pecho
descubierto para que el dolor de la herida lo
curtiera é hiciera insensible al recioir el golpe
de remate.
-Es un caso de escarlatina maligna con su
difteria y todo- dijo algunos días después. - Con
su difteria y &lt;todo.&gt;
&lt;Todo&gt; quería decir ataúd, flores y tumba.
-¿Tiene remedio, doctor?
- Veremos. Se hará lo que se pueda.
Lo que se pudo tué promover dos juntas de á
cuatro diferentes lumbreras; unos seíiores enlu•
ta.dos muy tiesos y muy preguntones que á todaa
las respuestas hacían: ¡hum! ¡hum! Uomo quien
magulla un za.pote para probar su madurez, ma•
gullar on ellos el cuerpecito delicado· en la bo·
quita, que parecía estuche de perlas,' ajustaron
un tosco tapón de cor cho y se pusieron suceal·
va.mente á espiar como en el lente del cosmora·
ma. Para ver qué? Un h ervidero de flemas in·

-~

~1

-~

•

ron más efecto que el que les hacen á las estre~las
los versos de los poetas. La.vista lo sabía bien:
después de los menjurges de la botica, vendría
áodo:&gt; acostarla en el sepulcro dentro de cuatro ó cinco días.
Antes de ese plazo, muy de mañanita fué lla•
mado el doctor á toda prisa. Encor:itró _á la.enfermita sentada, muy pálida; los OJOS s10 brillo
parecían zafiros revolcados. Al rededor de la
boca se le paseaba un tinte sombrío y m_antenía
el cuello tieso y er guido como las actrices que
hacen en el teatro los papeles de reinas.
La.vista le dijo con dulzura:
-¿Cómo te sientes, chula, qué te duele?
- Quelo agua.
-Que te den agua. Vamos á ver: bebe.
El doctor en persona le acercó el vaso á
los labios; bebió con ansiedad un par de trago~, arrojando inmediatamente el agua por la
nariz; hizo esfuerzos pa1·a dar un respir.gordo y
de su garganta estrecha y reseca partió un chillido mitad aflautado y mitad ronco. Crispó los
puños con desesperación, y arrebatando de manos del doctor el vaso del agua,lo arrojó con furia á la cara de la nodriza. Al mismo instante el
gato brincó á la cama y María de la Esperanza,
precipitándose sobre él, le mascó con rabia las
orejas. El animalito huyó despavorido resoplando, más á. poco volvió á rebujarse en la colcha
á los pies de su verdugo.
González del Castillo nada dijo: los pliegues
de su entrecejo y lo escaldado de sus ojos hablaron por él con la precisión del fonógrafo. Julia
lloraba á mares.
-Los mismos toques, los mismos papeles y que
le den gusto en todo. ¡Pobrecita!
Volveré al o'!Jscurecer.
El &lt;gusto en todo&gt; que formaba pat'te de la receta era más que el tiro de gracia: era el golpe
en la nuca, del cachetero.
Pasada la fatiga del acceso ocasionado por el
trago de agua, el angelito entró en descan so y se
sentó de nuevo.
-Quelo que venga Toña.
-Toña se fué á la calle, mi vida; pero va á
venir mañana- respondió la nodriza vivamente.
-Quelo Toña.
- Mira, mi reina, no quieres mejor al gatito?
Anda, coge al gato chulo.
- No quelo gato, quelo Toi'ia.
-Si, alma mía, que traigan á Toña. ¿Por qué
no te hemos de dar gusto. Hipólita, sube á tu
muchachita.
-Ay nifia! válgame Dios! y si se le pega el mal
á mi criatura.
-Adiós! y por qué se le ha de pegar, tú? Más
bien te puede castigar Dios con que se te enferme y se te muera si eres díscola.-Esta fué para
Hipólita la razón contundente: para que Dios no
la castigara, bajó al cuarto de l a portera en busca de la niíia.
Luego que el doctor diagnosticó escarlatina,
la portera se ofreció de buena gana á hacerse
cargo de Toña de todo en todo. Para que no corrie,·a riesgo alguno, su madre renunció á verla
durante la enfermedad, así es que cuando la portera vió entrar á la nodriza, sin r e parar en que
traía los ojos llorosos, la reprendió agriamente.
Explir.adas las circunstancias, las dos mujeres
comentaron á su sabor la orden de la seíiora.

-Me ha echado una maldición doña Severita,
dice que Dios me puede castigar por díscola. Ya
verá usted.
Persignaron ambas á. la criatura llena de
bendiciones y ave marías Hipólita, m s muerta
que viva, la presentó en la alcoba.
Con qué inefable alegl'Ía la recibió en sus brazos María de la Esper anza! Ambas se abrazaron
y se besaron mucho sin que Julia sintiera en el
corazón aquella rata que se llama celos.
Las dos boquitas se juntaron una vez más en
un beso largo, largo, que interrumpió un acceso
de tos tras el cual v ino otro e.e asfixia. Cuando
el dogal apretó mucho, l a enfermita se cansó de
Toiia y la abofeteó sin piedad.
En la noche el doctor ordenó un vejigatorio
en la garganta. La agitación iba en aumento, el
malestar no tenía fin; pero después de levantado
el cáustico,desapa1·eció la sombra. aquella y algo del tinte de la rosa coloreó las mejillas de l a
niíia.
-Está muy aliviada, doctor, y tiene mucha
hambre.
- Tiene mejor cara hoy. ¿Cómo te va, chula?
-Quelo pan, quelo leühita.
-Que te den pan y lechita, primorosa.
-¿No cree usted, doctor, que está mi hijita
muy aliviada?
-Pai·ece-respondió examinando el floreo de
la colcha con ahinco de artista. Que le den gusto
en todo-agregó levantándose para salir.
-Ah! doctor, se me olvidaba pedirle á. usted
un favor - suplicó Julia:- la muchachita de la
criada ha caído mala y deseo que le recete usted.
Dicen que ardió en calentura. toda la noche.
-Malo. La ver,,:.
-Voy á mandar que la traigan.
- No; si tiene calentura, que no la saquen.
¿ Dónde está? Iré á verla donde esté.
-Pero cómo se va usted á molestar,doctor? El
cuarto de la portera es tan feo y tan obscuro; y
luego que no tiene ni sillas. Diré que la arropen
bien ....
-Un enfriamiento mata lo mismo que un puna! Julia, y no debemos esgrimir el uno ni ocasionar el otro.
-Cabal, doctor, pues á la salida hágame usted favor de entrar en el cua1·to de la portera.
Al bajar La vista, se encontró con que el licenciado y su mamá subían la escalera.
-A qué horas vuelve usted, doctor?-inquirió
con ansiedad el licenciado.
-Para qué? - repuso el facultativo mirando
las macetas que adornaban el rellano. - Yo no
quiero ver eso.
-Para consuelo de Julia- añailió el jurisconsulto, traaando gordo.
-Estaré aquí al obscurecer.
A Hipólita, por orden de la señora, le habían
ocultado la enfermedad de la tarasca. Apenas
la vió el doctor pintada de erupción y honorosa por lo hinchado de los ojos,se hizo cuenta del
enemigo con que tenía que habérselas. Empezó
el c uestionario de rigor.
Era el cuarto muy obscuro, de modo que el reconocimiento de :a piel y la garganta de la enferma tuvo que hacerlo el doctor con ayuda de
su caja de cerillos:aplicó el termómetro, y mieatl'as éste desempei'iaba su oficio, Lavista se puso
á revisar la habitación cual si tratara ó decompra1· la finca ó de remata1· los muebles.

l

Domingo 12 kle Ab'l'il de 1903

El cuarto era frío,además de lóbrego: con puerta al norte y techo no muy alto.Ocupaba uno de los
ángulos el banco de cama, al cual U!3- petate. resguardaba del viento, colocado á guisa de biombo; mientras que otro le servía de colchón y sobre él estaba la tarasca arropada con enaguas
viejas. Un baúl y tres ó cu~tro trebejos _de esos
que no tienen nombre espec1al,por se_r mitades~
terceras partes de algún mueble aphcadas á difer entes objetos muy ajenos al que debieron ser
destinados cuando fueron muebles cabales, completaban el mobiliario. Ln. temperatura, con ser
tan fría, e!ttaba templada y bastante, merced al
brasero donde en ese instante mismo se cocían
las tortillas.
El humo y el olor ácochambrenoentraban en la
terapéutica del doctor, pero no estando en sumano evitarlos, Lavista se aventuró á protestar haciendo ¡hum! que es la. protesta de los doctores.
El te1·mómetro no presentó un número desconsolador.
-¿,Qué come esta niila, sei'lora?
-Lo que Dios me da.
- Necesito saber qué le da á usted Dios.
- Pos, siñor, mole, frijoles, tortilla!' ..... .
-¡Hum! Pues es menester que Dios le dé á usted por ahora leche pura y espesa, y que con ella
alimente usted á esta niíia, porque si come torti11 as, frijoles y mole, se muere. Tiene escarlatina,
pero no está de peligro. Aquí voy á recetar una
friega para todo el cuerpo y cucharadas cada
hora; que no le dé el aire ni se moje, y que el
cuarto se conserve c11,Jiente.
Antes de que el doctor terminara la receta en
una boja de su propia cartera, Julia gritó angustiada desde el extremo de la escalera:
-Doctor, doctor, suba.usted: laniñasemuere.
Era el último acceso, el que iba á fijarle definitiva.mente, en la g arganta, una flauta rota en
la cual la muerte soplaría la nota final.

***
Con los ojos encarnizados de llorar, la garganta enronquecida de dar alaridos y la fe vacilante, hallaban los días y las noches á Julia
sentada, hundida en una butaca junto al balcón
de la alcoba de la niña; inmóvil á ratos, como
estatua sedente, cuestionaba desde el fondo de
su alma al cielo. Especulaba en esa filosofía
brutal a¡iarejada á los grandes dolores, que enciende la idea eu el sabio y obscurece aun más
el cerebro del bruto. Formulaba &lt;in mente&gt; los
&lt;porqués&gt; aterradores c uya única solución es el
perplej ismo.
-Po r qué se fué mi hijita, tan amable, tan inteligente, tan dulce; u n querubín po~ lo hermosa,
una promesa, una alegría. La hubiéramos educado tan bien, teniendo recu rsos de sobra para
ello. ¡Qué dicha. la de verla llegar á la juventud
y set' amada; qué consuelo el deque ella hubiera
cerrado nuestros ojos, estos ojos que ya no la
ve"án jaqiás !
Un sollozo, y otro y mil más rompieron el soliloquio con que había terminado la meditación
de la desolada madre. El mismo tema inspiraba
sus razonamientos y bajaba á los labios exhaustos de tanto deprecar. La ola de llanto acudió
engrosada por el dolor latente y corrió, corrió
basta agotar l as fuentes de los ojos.
En el patio, bebiendo á pulmón lleno un magnífico haz de sol primaveral, saturado de olor á
amapolas y chícharo silvestre, en un petate, echadas á la bartola, estaban la changa y la nodriza. Hipólit&amp;. había puesto á su hija á caleotat·se
fuera del cuarto, por la primera vez después de
la enfe1·medad. Débil aún la pequeíiuela, con
poco_ aliento tendía sus manecitas flacas y despelleJadas al gato fiel, al amigo carifioso de
Mada de la Esperanza, á la cual había acompaña~o hasta el fin. Hipólita era ese día el ser más
fehz de la creación; pensaba en el riesgo pasado
con la alegría victoriosa de los que escapan de
lo_s grandes peligros, mas en su obtuso entendim1ento se deformaban los sucesos terribles que
había presenciado, apareciendo aun más culpabl!3 Jt~lia de lo que er a realmente. La alegría de
B1~óhta e1·a la del lobo que desgarra al tigre
herid~, el principio vital de bestia que activa el
organismo humano.
Oyendo sollozar á la madre afligida, la nodriZl_l, compr~n~ió su in~enso dolor; pero en vez de
piedad, s10t1ó deseos innobles de venganza odio
Y todas las pasiones del infierno. Antes d~ pensar .en lo q_ue iba á hacer, luego que observó que
Juha la miraba, estrechó á la tarasca una y muchas veces contra su corazón, diciéndole con dulzura:
-:-¿Quién es la reina, quién es la princesita
quién es el pedazo de cielo?
'
lulia &lt;?ªYÓ de bruces y con la cara hizo pedazos un tiesto de flores que había en el balcón. La
cuenta estaba saldada.
LAURA MÉNDEZ DE C'UENCA.

muudas que manaban de un telar de placas gri·
ses. Y hum! bum! hum! La madre, abogada en
lágrimas,no se atrevió á despegar los labios, de
miedo de oír la respuesta.
No hay para qué decir que al angelito le e'lha•
ron la botica encima: el abominable corcho fun·
cionaba r egularmente cada ho1·a, haciendo afli•
cos la boquita de rosa; pero los bodoques de hi•
las empapados en ácidos corrosivo¡¡ no le hiele•

1.
1
1

�EL MUNDO ILUSTRADO.
Domingo 12 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

deros defensores el homenaje de vuestra gratitud, os asegura. la roía para toda la vida.»

En t,onor dd S~ñor 6~n~ral Diaz.
Entusiasta manif~stación.

Un grupo de manifestantes en el Paseo de la Reforma.

«El Imparcial» dió cuenta pormenorizada á
sus lectores de la solemne manifestnci6n que
en honor del señor Presidente de la República
se efectuó el día 2 del que cursa, y en la cual
tomaron parte, además del Círculo Nacional
Porfirista, que la organizó, las escuelas pnmarias y las profesionales, los comerciantes, los
agricultores, las &lt;liversas fábricas ei::ta.hlecidas
en el Distrito y las sociedades mutualitas radicadas en la ~Ietrópoli.
La manifestación, dispuesta con - motivo de
celebrarse ese día el aniversario del ai::a.lto y
toma de Puebla por el ilustre jefe del Ejército
de Oriente, fué muy entusiasta. Desde antes
de las nueve de la mañana comenzaron á reunirse en el Paseo de la Reforma los distintos
grupos que debfan integrar la comitiva, siendo incontable el número de persoMs que, deseosas de ver el desfile, ocupaban las aceras y
los balcones de las calles comprendidas entre
las de Patoni v Plateros.
Separados
secciones que indicaba una
banderola especial, los manifestantes se dirigieron á Palacio, &lt;londe los espera.ha el señor
Preaidente. A su paso por San Francisco y
Plateros, el público aplaut.li6 aquella demostración de cariño y respeto al Primer Magistrado y, al llegar al Zócalo, las campanas de
Catedral se echaron á vuelo. Los edificios pertenecientes á las principales negociaciones

mercantiles estaban viRtosamente adornados
con banderas, festones y escudos, así como las
casas de algunas familias.
Una vez frente á Palacio, se desprendió de
la comitiva ei grupo de oradores encargados
de ofrecer al seiior General Díaz la manifestación, penetrando al salón de embajadoret1,
donde se encontraba el héroe del 2 de Abril.
El señor Coronel Antonio Tovar, Presidt.mte
del Círculo Nacional Porfirista, fué el primero
que usó de la palabra. En términos breves y
precisos felicitó por aquella gloriosa jornada
al señor Presidente, y, en Reguida, habló el
sE&gt;ñor don José de Lan&lt;lero y Cos, pronuncian&lt;lo una ligera alocución.
El Primer Magistrado correspondió á las expresivns fraFe.:1 de los Sres. Coronel Tovar y
Landero y Cos, con las siguientes palabrasTt'.Cogidns por taquígrafo-que escucharon todos con profundo interés y que no podemos
menos que reproducir:
«Señores:
«El patriótico entusiasmo con que acabáis de
honrarme al recordar el día 2 de abril de 186i,

***

•

A continuación hicieron uso de la palabra
los Sres. Dr. Gregario Mendizábal, en nombrE'
del grupo de profesionistas; el Sr. Adolfo Valles, representante de las Escuelas Profesionales y de la Preparatoria, y el Sr. Tiburcio Casco, delegado de las Sociedades Mut11alistns.
El Sr. Gral. Díaz contestó á los oradores
::nencionados con otro di.cursb lleno de honrosas frases para el pueblo. Nutridos aplausos
interrumpieron al Sr. Gral. Díaz, siendo objeto, al terminar, de una verdadera.ovación.
Después,el Primer l\Ingistrado salió al balcón
central de Palacio, y en ese momento ios manifestantes y los grupo.:1 ele las distintas cla~es
sociales que ee hallaban reunidos frente al
edificio, prorrumpieron en vi vas y aplausos
al .Jefe del Ejecutivo. Acompañado de los
Sres. Secretarios de Estado que habían concurrido al Salón de Embajadores, presenció
desde allí e\ desfile, manifestan&lt;lo, visiblemente emocionado, á los que le ro&lt;leaban, cuán
grata era para él y cuímto le enorgullecía aquella manifestaci611.
En este número encontrarán nuestros lectores fotografías &lt;lel desfile de los manifestantes
y del aspecto que presentaba la calle del frente del Palacio, durante la ceremonia.

LA VEDA.
Ya empiezan á estremecerse los nidos, á palpitar los escondrijos de los surcos, á temblar
los tallos delicados de la hierba.
Parece que un secreto terror se extiende por
el monte, que un itwencible espanto ha llena-

LA MANIFESTACION DEL DIA 2.-Aspecto de las calles de San Francísco, al paso de la comitiva.

do tle luto los ramajes, las madrigueras y las
lagunas.
A lo lejos se esc ucha. un estampido sordo;
una nubecilla tenue se eleva y caen surcando
el ai1e dos ligeras plumas.
La alegria !"e extingue en aquel dulce oasis,
ayer tan animado por el t rino del pájaro, el
amoroso y acompasado canto &lt;lel ave y el zumbido monótono del insecto.
La calma ya ha cesado; el dolor comienza.
Ha llegado el hombre.
A. ZozAYA.

Llegada de los manifestantes á las calles de San Francisco,

DOS SONETOS.
Et:mtdlodla tn ti Tstmo.
Como placa bruñida por la ola
fulge la arena; el agua se retira;
miasma sutil la. ciénaga respira:
y en ese hálito el sol pinta su aureola,
En la pizarra de la playa sola,
una tortuga. aletargada expira;
y, al redor de un lagarto &lt;1ue !-e estira
. peces su encorvada cola .....' .
baten men
El aire quieto e1-tá: ni una a.ve pasa·
sólo óyens~ en el mar, que el sol abras'a,
murmuraciones con temblor de rezo;
y en la reverberante lejanía,
en medio del sopor del mediodía
se abre la inmensidad como un bostezo ...

tos tonqulstadorts.
Es Pizarra: la barba. encanecida.
Es Cortés: el cabello ensortijado.
Jine~e ~n su corcel, pasa Alvarado;
Valv1dia lleva al suyo de la brida.
¿Y ése?¿Y aquél? En púrpura encendicln
en vueltos van, soldado tras soldado
en marcha a~ Porvenir, desde el Pa;ado,
como conquistadores de la Vida.
Chispeante de oro, el puño del cuchillo·
la coraza, cubierta de fulgores;
'
pleno de sol, el reluciente casco:
pasando van con el temblor de un brillo
cual si fuesen bordados en colores
•
sobre grandes tapices de Damasco ..... .

en

J

Domingo 12 id~ Abril de 1903

El desfile por Patoni.

JOSÉ

es muestra ele vuestro ilustrado c1v1smo y
ofrenda que tributáis por mi conducto al bffl•
vo puehlo mexicano, cuya sangre señala en
los anales de la patria aquella gloriorn fecha.
«Yo la recojo para ese pueblo varonil á cuyr.s
filas pertenezco; circunstancia que me permitió contemplarlo de cerca, cuando alevosamente sorprendido por un!l. guerra sin previa declaración, se transformó de improviso en Ejército más ó menos defectuoso como todo lo que
i:;e improvi!m; pero que fuerte en la conciencia _
de su deber y Au derecho, y justamente indignado por agravio tan inmerecido, hizo Pnten·
cler al in va.sor en PuPbla de Zaragoza, en Santa Gertrudis, en San Pedro de Roimles, en Que·
rétaro, en la Carbonera, en Miahuatlún y Oa•
xaca y una vez más en Puebla, que no somos
ma~as de salvajes á propósito para ensayar
impt•rios sucursales, eino nación constituida;
una República que respeta y f:abe hacer respetar su autonomía, capaz de cumplir, como ha
cumplido, sus compromisos y deberes internacionales, y de merecer, como hn merecido,
la estimación y respeto del mundo civilizado,
aun de aquellos que en mala hora intentaron
suprimir su bandera. en la heráldica de los
pueblos libres.
«En fin, sefiores: el honor que me prodigáis
al tributar por mi conducto á vuestros verda-

S. CHOCANO.

MINAS
En las fragosas cumbres, los metales
Tienen sus yacimientos; el mar cuaja
Promon!orios de perlas y corale:,,
Y hundiéndose del mar en los cristales
El buzo en pos de esos tesoros baja.
'
De ese tu noble corazón que adoro
Ponderar las riquezas no sabría:
'
.Junto á su efecto, nada. vale el oro
Porque tu corazón es un tesoro
'
Que permanece virgen todavía.
JUAN DUZÁN.

L A MANIFESTACION DEL DIA 2.-Los manifestantes frente á Palacio.

�E'L MUNDO ILUSTRADO.

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Eb MUNDO ILUSTRADO.

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Domingo 12 de Abril de 1903

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 12 ~e Abril de 1903

Ptna dt Uida.
A las diez y seis horas de encapillado el reo,
estaba que no podía con sus huesos. ¡Y vaya
Fi tenía hígados el hombre! ,c¡Ya se vería si
temblaba al subir las escaleras del patíbulo!n
Charlaba por los codos y no cesaba de fumar.
Cuando le sirvieron la cena, compuesta de
platos que no había probado nunca, tuvo «felices noc:urrencias, que los «rep6rtersn encargados de informar al público de las últimas
horas del condenado, se apresuraron á transmitirá sus respectivos periódicos. A las doce
de la noche s~ retiró á descansar; en el cuarto
en que se le h abía preparado la cama, no había espectadores; de modo que el miserable
pudo quitarse la careta de cínico valor que
había tenido puesta durante todo el día. Porque la verdad era que sentía congojas terribles, angustia infinita al pensar en que cada
minuto era un paso más hacia la muerte afrentosa. Si al través de la mueca de fingida serenidad que afectaba el rostro del reo se hubiera
podido ver su alma, hasta el juez más severo

lloró rezó y blasfemó; pero blasfemias, rezos
y lágrimas, no eran más que formas. d~ una
oración al que todo lo puede, reconocimiento
íntimo y convencido de la Voluntad Suprema
é infinita.
¡Oh, y con qué atractivos, ha~ta e~ton~,es
icrnorados, se presentaban ante su 1roagmac10n
l~s encantos de la vida! Hasta los mismos dolores y trabajos le parecían deleitosos. Su pasado, surgiendo ante la fantasía del criminal,
no conservaba más que lo agradable.
Al fin se quedó dormido .. ...... .
La puerta se abrió silenciosamente, y entró
un hombre de grave y _severo aspecto; llevaba.
un papel en la mano.
-Toma y lee-dijo el recién llegado.
- No sé leer.
-Es tu indulto.
-¡Cómo!. . . ¡El indulto!. . . ¿Ese papel es el
indulto?....
Las palabras salían á pedazos de sus labios.
A punto estuvo de morir de alegría. ¡Quéfrío
tan grande en el corazón; en el cerebro qué Iuz
tan deslumbradora! ....... ¡El indulto, la vida!

rás si aceptas las condiciones con que se te
concede la vida .. .
El condenado soltó una carcajada.
-¡Condiciones! Todas ... Lo que yo quiero
es vivir. ¡Vivirl. .... -repetfa saboreando con
inefable deleite la dulce palabra.
-Oyeme. Cerca de ti está la muerte. Un
momento horrible, es verdad; pero sólo un
momento.... Luego el descanso, el sueño sin
ensuefios. Dentro de uhas cuantas horas, si
tu quieres, todos tus dolores habrán cesado:
no más tormentos ni deseos irrealizables, ni
desengaños, ni iniquidades, ni traiciones, ni
injusticias.... El reposo absoluto, la paz....
-¡Quiero vivir!
-En cambio-repitió el otro sin hacer caso
de la interrupción,-oye lo que será tu vida.
Al salir de esta cárcel comenzarán para ti
torm,mtos tan horribles que, én comparación
de ellos, los que en la infancia te contaron del
infierno te parecerán insignificantes y como
cosa de juego. Cuantas ignominias existen
caerán sobre ti. ¡ Ladrón, asesino!, serán las
palabras que de continuo habrás de oír. Pedirás trabajo y te contestarán con golpes; tendrás hambre, y nadie te socorrerá; morirás de
sed, y nadie te dará una gota de agua... Y no
creas que te servirán disfraces ni mentiras;
llevarás en la frente la marca con que Dios sefialó á Caín, marca imborrable que te d1munciará á todos los hombres.
-No importa, quiero vivir.
-¿Confías, sin duda, en que la mujer de
tus amores te abrirá los brazos y enjugará tus
lágrimas? Te engañas ... ¿Recuerdas con cuánta dulzura te miraban sus ojos y con qué pasión te besaban sus labios? Ahora está más
hermosa que antes. ¡Si la vieras! Y no te aborrece ... pero te desprecia. Náuseas le causará
el mirarte.... En cambio, quiere con toda su
alma...... ¿á quién dirás? A tu más enconado
rival, á tu más encarnizado enemigo: al hombre que te denunció. No, no creas que podrás
vengarte de él; es más fuerte que tú, y te es•
cupirá á la cara, y la gente se reirá de ti.. .. y
ella, ella también se reirá, y tú, desesperado,
desahogarás en sollozos tu rabia impotente.
-¡Quiero vivir!
-Y aun más que te desprecien los otros, te
despreciarás tú á ti mismo. Y tratarás de dormir, y tu sueño será pesadilla· te emborracharás para olvidar, y tu borra~hera será lúgubre, y siempre, siempre oirás dentro de ti la
voz implacable que te gritará: «¡Asesinoln
-¡La vida, la vida, á pesar de todo!
-Acaso pienses: ,ctengo una hija, y ella me
amará cuando todos me odien y cuando todos me llamen asesino, ella :Ue llamará padre&gt;&gt; ... No lo creas. Cuando te acerques á ella,
correrá á ocultarse. Tendrá miedo de ti. Conform~.vaya creciendo, será mayor su repulsión:
ser h1Ja tuya, ¡qué martirio! Más de una vez
lee;ás en s~ mirada este negro pensamiento:
,c¡s1 se muriera!» El ser más bajo y más vil
será para ella mejor que tú. Y cuando agonices derribado en medio del arroyo escarnecido por la canalla, pasará tu hija, 'y tú la llamarás, y ella, dándote con el pie y encubriend? el rubor del rostro, balbuceará: «¿Pues no
dice que es mi padre? ¡Está borracho, sin duda!. ..... »
-¡Calle ~sted, calle uste&lt;l! -gritó el reo.
-La realidad será más terrible que mi relato. Ahora, elige.
-¡Vivir, vivir, vivir!. ..
--Toma entonces...... -dijo el desconocido
entregando el indulto al condenado.-Mereces
la ptma de vida.
FRANc1sco F.

Yn,LEGAS.

(Zeda.)

ESTUDIO FOTOGRAFICO.

habría sentido hacia el deFgraciado honda conmiseración. Lo que en él pensaba y sentía se
agarraba con frenética desesperación á la vida.
Y en medio del espanto de esta prolongada
agonía, por encima de las sombras de muerte
que le rodeaban, la esperanza, "ese sol que no
se ponen, aparecía y se ocultaba entre las nubes de su pensamiento.
Cuando el homb1e se encontró solo, se echó
de bruces sobre la almohada de su lecho, y

(Manuel Torres.)

Que le vieran llorar ahora, ¿qué le importaba?
-Que vengan todos, todos-decía entre risas y sollozos.-¡Se me ha indultado! .... Que
amanezca cuando qltiera .... Deje usted, sefior,
que le bese las manos .... Qué bueno es usted
y el Rey qué bueno, y qué buenos los minis~
tros, y los jueces y todos los hombres!
-Se te indulta, no sólo de la muerte sino
de la prisión. Saldrás libre de aquí... .. 'A no
ser que tú mismo prefieras la muerte. .. Tú ve-

PENSAMIENTOS.
Cuando se destruye una preocupaci6n antigua, es necesario fundar una virtud nueva.

*

Se puede juzgar del mérito de las gentes por
las críticas de que son objeto· y de sus defectos por los elogios que pe;sonalroente reciben.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 12 de Abril ele 190~

•
LA INSTITUTRIZ.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.

ILUSTRACIONES DE SIMONT.

TRADUCCION O( "U ~UNDO ILU!;TRADO."
(CONTINÚA.)

Entonces, en un relámpago de lucidez, recordé mi vida de i nstitutriz: mis horas tan tranquilas, al principio; la multitud que me
aplaudía por ser juiciosa, en la distribución de premios; luego mis
horas de turbación, mi deseo de un poco de amor; la capilla á donde llevaba yo ese deseo, transfigurando su amor divino.
Que, no haya yo detenídome allí! ¿Por qué había surgido el señor Raibert? ¿Qué hay mejor que el amor de Dios? ¿No tendría yo
que volver á él, necesariamente, si contaba haciéndose el vocío en derredor de roí?
Y pregunté á aquellas gentes, que entonces me creyeron seriamente fuera de mi raz6n.
--¿No es verdad que la señorita l\Iorín es la más feliz?
Luego, tranquilamente, como el actor cuando le llega el momento de desaparecer de la escena, hace con la mano una vaga señal
de adiós, ó un ademán intraducible: el ,,¿y qué?n del h ombre que se
alza, desdeñoso y desesperado, para rechazar a l universo ... .. ... .
......... Y caí, blandamente, sin estrépito, sin causarme daño. Se
habría podido creer en un desvanecimiento de comedia. Sin embargo, no fué así: la vida no se me escapaba, era. yo quien la depositaba .. ....
No comprendo cómo volvió á roí después.

XXXIII
Se me transportó á m i casa, apenas recobré el sentido, me coloqué ante mi mesita, en mi recámarn, cerca de la ventana.
En unos cuantos plumazos, escribí al inspector, dimitiendo mi
empleo.
·
Otra cartitr á mis amigos los Albert, para notificarles lo ocurrido y mi resolución. Tres palabras de adiós y d e admiración, destinadas á la sefiorita l\Iorín, á quien felicitaba «in extremis,n por su
piedad, protectora contra todo mal. Le decía, al mismo tiempo, que
siendo absolutamente inocente, pero estando abrumada por el dolor,
le encargaba, como á la más pura y la más perfecta de las institutrices, de presentar mis respetos al Sr. Broardel, el cura, que tan mal
había querido defenderme.
Cerré las tres cartas y yo misma las fuí á depositar en el buzón.
Fuí tan rápi&lt;lame-nte, y se e,;peraba tan poco verme en la población,
que nadie advirtió mi presencia. No i:;é cómo dormí en esa noche;
creo más bien que no dormí hada absolutamente: no conservo memoria clara de eso.
Al día siguiente, á lns nueYe de la mañana, pasó bajo mis ventanas el entierro de la señora Raibert. A través de las persianas, ví
al alcalde. No sé si él estaba cambiado; por mi parte, ese mismo día,
cuando traté de poner en orden mis trenzas en desorden, ví entre los
rizos de cobre de las sienes, algunos hilos de plata: no cumplía yo
aún los veinte años.
En seguida que hubo pasado el entierro, arreglé mi maleta y

conté mis economías, que sumaban 112 francos. Tomé un carnet y
escribí: de aquí á l\Iursella, en tercera, tanto; esto, tanto¡ lo otro
tanto; el pequeño reducto que alquilar.é para morir, tanto; un fiacr¿
para ir al cementerio, que será mi último gasto, tanto¡ ........ cuando
regrese, si me quedan todavía algunos céntimos, cómpraré rosas, rosas blancas, que esparciré cerca de mi lecho, en el suelo caprichosamente. Escribiré dos palabras en un. papel: «muy poco 'iugar habría
yo necesitado en· el mundo; más ese poco no existe, parto, pues.n
Esto, ó cualquiera otra cosa; después, me moriré sin suicidarme seguramente! .Moriré de hambre, puesto que no tendré para comer'.
Vamos, ahora, Yalorl Todavía hay que colocar esto, para dejarlo en buen estado, y hay que doblar lo otro, para llevármelo en la
maleta, ¿Está hecho todo? ¿Estoy enteramente lista'?. ...... Lo estaba.
l\fe senté cerca de la ventana.
La pobrP.za de~ cielo, en aquella noche limpia, reposada y sin
e~trellas, me agra~lo. •~Yo también-le murmuraba el cielo-yo también las tengo extmgmdas .todas, las estrellas de mis sueños ...... Qué
bueno es ha.liarme en med10 de la noche, envolverse en la sombra
en el ol vido, en la nada .... . . Oh! Cómo me pesa el corazón! Qué fa~
tigadas están mis manos, qué fácil me será morir!»
Y me le~•anté, dí todavía una vuelta por mi cuarto, para ver si
todo e~taba hsto. Marchaba como fantasma ó como máquina: todo estaba bien. Volví á la ventana, me recliné en ella parada esta vez con
el ~rnsto indinad? por completo hacia las ramas' de la enredader~ que
baJO de mí fl.orecia y exhalaba un perfume tan suave que hacía desfallecir.
Flores! Hojas! Basta!. ..... Basta! ......
¿S~is otr~ cosa más que !lores y hojas? ¿Qué tenéis que parecéis
cr~cer, rnvad1r la pared, sub1l' hasta mí? ¿No se diría que roe buscáis con vuestros brazos entrelazados, que van á cogerme, á sofocarme á fuerza de perfume~, y á formarme un. ataúcl &lt;le lianas? ¿Y esas
voces que parecen surgu- de entre los cálices ......... ? ¿Acaso hablan
las flo.res? ¿Y por qué hablan tan c~nfusaroente? L? siento y no lo
comprnndo ......... ,Hablad más al~?, flores. ¿O querén; acaso que mi
cereb;o se rompa a fuerza de tens1on, para recoger al vuelo vuestras
voces.
,
-María Teresa! Señorita l\Iaría Teresa! En el nombre de Dios y
e~ el nombre de las estrellas, y en el nombre del dolor de usted escucheme!
'
-Ya escucho.
-:-Pero .baje usted, !1iña......... yo no me '.ürevo á suplicarle que
me deJ.e S\lb1r..; ...... BaJe basta la yerba bendita. Besaré sus pies pa•
~~d~~dirle perdon ...... Y luego le contaré mi historia y le ofreceré 111i
¿Eran acaso las flores las que hablaban?
(CONCLUIRÁ.)

�Domingo 12 de Abril de 1903

Cárlos Manuel Durán.:

EL MUNDO ILUSTRADO.

ta Escutla Eomtrcial f ranctsa dt mtxico.
H abíamos oído hablat· de la reorgaza nición del
Liceo F rancés, con el nombr e de «Escuela Comermercial Ft·ancesa de México,&gt; y bajo bases que
darían á la enseiíanza que en él establecimiento
se empleat·a, un carácter esencialmente comercial,
r acional y práctico.
Acabamos de hacer una visita al nuevo estableci miento y ella nos ha permitido quedar convencidos de que las reformas implantadas en el
antiguo plantel, responden á una exigencia social , tod a vez que la carrera comercial precisa
estudios tan serios como para cualquiera p1·ofesión liberal, teniendo sobre éstas l a ventaja de
ser más lucrativa.
El local de la escuela ha sufrido modificaciones de tal importancia, que ponen el establecimiento, en punto á «confort&gt; y comodidad, al nivel de los más renombrados del extranjer o. Como es b ien s ..bido, la Escuela ocupa el local que
llevó en otro tiempo el nombre de érívoli de San
Cosme. &gt; Más de dos terceras partes del terreno
q ueocupa-13,000 metros cuadrados- forman
jardines y callecillas sembradas de árboles secula r es.
En tan vasto espacio los niiíos difrutan de su
r ecreo, r espiran un ambiente puro, gozan de sana libertad y sienten por la escuela el mismo car iiío que experiment a el visitante,desde que pone
el pie en la puerta del establecimiento.
L as clases, los estudios y los dormitorios están
i nstalados de acuerdo con los más exigentes
princi pios de la higiene moderna. El refectorio,
dividido en mesas pequeiías, tiene todo el aspecto de una sala de restaurant; y en cuanto á la
cocina, el almuerzo improvisado que se si rvió
ofrecer nos el Director de la Escuela, Sr. André
Sallet , nos demostró que el bienestar material
de los alumnos es objeto de los mismos cuidados
que su cultura intelectual.
L a escuela, además, está dotada ele un magní-

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ello se ocupan; escritura en máquina, estenografía, conforme á un método que permite recibi r a l
dictado en los tres idiomas precitados con un
solo alfabeto de signos y un ingenioso sistema
de abreviaciones; la aplicación de ciencias na turales y experimentales á la industria; la historia
de la geografía económica del mundo civilizado;
las relaciones comerciales de México con todas
las naciones, los nuevos mercados, los asuntos
referentes á los cambios, etc., etc.
Pero es, sobretodo, R la enseiíanza de las le nguas extranjeras, base de toda educación comercial, en lo que la Dirección ha puesto todo s u
empeiío. A este respecto, viendo la bond ad del
método Berlitz, hemos quedado verdaderamente
sorprendidos.
La enseñanza religiosa e5tá á car-go de uno d9
los más disting-uiclos é i nteligentes presbíteros
mexicanos. Una capilla tan hermosa como sencilla, se inaugurará el 19 del corriente, s iendo
apadrinado el acto por varias damas de la col onia francesa. Eo ella se celebrará todos los domingos y días festivos un servicio religioso.

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ha entrado en un franco período de prosperidad, debida
á los sacrificios que se ha i m1rnesto la Colonia
francesa. El programa de reorganización ba sido
elaborado por la Junta Directiva de la Escuela
y el Director, señor Sallet, lo aplica con toda la
experiencia y la autoridad adquiridas durante
doce años de ejercer el profesorado en el extranjero.

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La Escuela Comercial Francesa recibe niños
desde cinco años de edad. Estos forman una clase especial, enteramente separada de las demás,
teniendo su jardín particular y estando dirigida
por una institutriz que enseña á los niños á leer,
escribir y contar, y nociones de los idiomas francés, inglés y español,clases que les son dadas en
esos idiomas.
Los otros alumnos 1·eciben la enseñanza primaria elemental de acuerdo con los programas
oficiales, así r.omo la parte de enseiíanza supe1·ior exigida para ser admitido en la Escuela
Prepat·atoria y en todos los establecimientos de
instrucción secundaria. Mas, corno el objeto de
la Escuela Comercial es especialmente formar industr iales, comerciantes, empleados de banco y
de escr itorio, todos los cursos que se siguen tienden á este fin.
Los tres idiomas que se enseñan están ií cargo
de profesores de la Escuela Berlitz, contrntados
1rnra ello, y bien sabido es que el sistema de enseiíanza Berlitz está adoptado en todas las principales escuelas del mundo.
E l idioma francés es obligatorio en todos los
actos de la escuel a.
En cuanto á la &lt;enseiíanza comercial~, propiamente dicha, se compone, entre ot1·as materias,
de la teneduría de libros por partida doble, la )
correspondencia mercantil en los tres idiomas
enseñados en la escuela, nociones del derecho
mercantil y civil, estudio de asuntos financieros
y lectura frecuente de las publicaciones que de

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La prueba de que la preparación drl
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fines que persegula su autor, se puede
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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      <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Eleazar Loaeza</name>
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        <name>Entre flores</name>
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        <name>Semana Santa en Sevilla</name>
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                    <text>EL MUNDO ILUSTRADO.
La garbosa,
La galana,
La sultana
del verjel,

Huyó, y el surco de la luz querida
Se perdió de la noche en el ciapuz:
Palpé la.s sombras, la alma atormentada
Huérfana, busca la fuga.ce luz.
'

La. que brinda
En copa de oro
El tesoro
Del placer,

Al descender fosfórica alumbrando
Mi ser to1•nóse de delicias mar:
'
Al postrarme, ay demíl se fué borrando
Y en mí dejó tristeza y soledad!
'
Su talle ví como flotando al viento,
Y en su contorno estrellas y zafit·:
Llanto sentí cuando vibró su acento:
En ella, de ella, y con su ser viví.
Fugaz placer, encantadora estrella
Que en nube tempestuosa se envolvió,
Ten tumba en mi recuerdo, ilusión bella,
Mi última luz, misterio de dolor!

Abre á mi alma
Tu ternm·a,
Visión pura
Del Edén;
Que mi acento
Ser te aclama
De la llama
De mi ser ....
a.mar,&gt; Ovidio, no se ha desdeña.do
de consagrar a.l peinado unos versos encantadores, y sobre todo muy
juiciosos; lo cual prueba. que, desde
los tiempos más remot.os, la. forma
del peim,do era uno de los medios
más poderosos de seducción para la
mujer.
&lt;Que vuestros cabellos no estén
nunca desordenados, la limpieza es
lo que más nos agrada. Vuestras
gracias dependen de vuestras manos; pero existen varias maneras de
variar la disposición de vuestra cabellera; que ca.da cual consulte 11,nte todo su espejo!
«Un rostro alargado exige que se
separen los cabellos sencillamente
sobre la frente: tal era. el peinado
de La.oda.mía.. Un moño ligero enlo
alto de la cabeza, que deje las orejas al descubierto, sienta muy bien
á lascaras redondas. Esta dejará
caer sus cabellos sebre ambos hombros, como Apolo cuando lleva. su
lira; esta. otra recogerá las trenzas
á la. manera de Diana cuando persigue los anima.les salvajes. La una
encanta por los bucles flotantes de
su cabellera.; la otra, poi· el peinado apretado y liso en las sienes. La
una sé complace en adornar sus cabellos con una cohcha brillante; la
otra., en dar á las sienes las ondulaciones de las olas.
«Mejor se contarían las bellotas
de una encina gigante, las abejas
del Hibla ó las fieras que habitan
en los Alpes, que los adornos ó las
modas nuevas que cada día aparecen.
«Hay muchas mujeres á quienes
sienta muy bien un peinado poco
cuidado en apariencia: parece hecho de la víspera, y sin embargo,
hace un rato que está concluido.
&lt;El arte debe imitar lo imprevisto
ó espontáneo. Este era el amable
dtisorden de Eola cuando Hércules
la vió por primera vez en una ciudad tomada por asalto, y exclamó:
&lt;¡La quiero!&gt;
&lt;Así era la princesa que fué abandona.da sobre las orillas de Naxos,
cuando Baco la raptó enmedio de las
aclamaciones de los sátiros, que
gritaban: c¡Evohé! .... &gt;
Esta cita es curiosa por la íntima
relación que establece entre lascoquetas romanas de aquel tiempo y
nuestras coquetas de hoy. Ovidio
sabía tanto sobre este particular,
como hoy los Lefevre y los Croisat.
La moda siempre es igual en su
eterna renovación.
Aun menos que los t1·ajes, el peinado debe acatar servilmente los decretos de la moda. Ante todo, debe
una peinarse según el carácter de 3u
fisonomía,y sobre wdo, de su perfil.
Repetiré aquí, por lo tanto, casi
exactamente lo que he dicho respecto al traje.
El perfil recto, tranquilo, severo,
exige necesariamente un peina.do serio, simétrico. Los conti:astes, los
rizos, el capricho, serían una nota
discordante.
Por el contrario, un perfil decidido, cuya bonita nariz es movible y
sensual, no estaría bien con un peinado grave y majestuoso.
La nariz chata, á la. Roxelana,
exige todavía más imprevisión: un
lazo de cinta muy alto, unas plumas
ó una flor puesta de lado, unos rizos caprichosos, darán á ese rostro
un aspecto encantador y delicioso.
Existen fisonomías que se salen
or completo de lo vulgar y que llaa.n la atención: fisonomías dtl ra-

za, cabezas caracterizadas. A esas
cabezas convienen preferentemente
los a;.n~dos algo serios, majestuosos, ""l'5' peinados completamente peculiares. Hay que ser realmente artista, improvisador, para descubrir
el peinado que conviene en absoluto á esos tipos de bellezas.
Claro está que para hallar y ejecutar tales obras de arte, mucho
más importantes para nosotras que
un cuadro de mérito, hace falta recurrir, como ya lo he aconsejado
tratándose del cuerpo, á una artista afamado, indicándole lo que se
desea, es decir, un peinado original, si puede ser, que no se a.parte
demasiado de la moda, que oculte
los defectos del rostro y que haga
resaltar sus bellezas.
Después, sólo habrá que copiar.
Será preciso algún tiempo de práctica para llegar á la perfección; pero con la ayuda de la doncella, si
es mañosa é inteligente, se puede
conseguir fácilmente.
Además, resulta de gran economía si se frecuenta la socibdad, pues
esos grandes artistas piden por lo
menos veinte francos ó á veces más
por cada sesión.
Los grandes peluqueros tienen
oficiales que peinen su numerosa
clientela.
Conozco uno que á las cinco de la
tarde próximamente manda enganchar- tiene coche propio-y pasa
revista de cinco á once á unas cuantos señoras que no consentirían jamás presentarse ante gente sin que
el maestro haya dado el último toque, echado la ultima ojeada, impreso su sello en la fugitiva obra
edificada para unas cuantas horas.

GUILLERMO PRIETO.

8.-Tejidos para áplicaciones.

·······••·······················
"SANTA •FE,"
LA MEJOR RUTA
ADenver, lusas Cíty, St. Loais, Chicago, New York,
San Francisco y Los Angeles

~----:----'!"'!!"'--·

ILUSÍÓN FUGAZ.
La que arruya
Cuando canta,
La que encanta
Con mfrar,
En la tierra,
La azucena,
La sirena
De la mar,
PARA CURAR UN RESFRIADO EN UN DIA

Tome las pastillas Laxante■ de Brom~IDL
BI botiC1Ario le devolver, 1u dinero 111 no se cura.
La firma B. W. Gro,re " halla an cada cajita.

Silao, Guanajuato, Mayo 25. Así se expresa el ilustrado Dr. D.
Juan Villaseñor:
"Haciendo justicia al mérito
verdadero y para bien universal,
tengo satisfacción en decir que la
preparación eminentemente reparadora, denomiuada la Emulsión
de Scott, compuesta de aceite de
hígado de bacalao con hipofosfitos de cal y de sosa, me ha proporcionado excelentes resultados
clínicos en las distintas afecciones de origen desnutritivo y en
las que hay elementos discrásicos, dominando los glóbulos blan_gos de la sangre, como escrofulosis, leucocitemia, tuberculosis,
etc., etc."

Se reservan camas en Carro Pullman para todos los puntoa
en los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Comedores de
Harvey en la Línea de Santa Fe,soñ renombrados en el mundo
entero. Para precios, itinerarios y otros informes, dirigirse á

w. s. FARNSWORTH.- Agente General.
ta. San Franol•oo,, lliím. 8 11 1166:,c/ao,, a. F.

•••••••••••••••••••••••••••••••••
t+t-+++M+J•t•+·M++++++++H-of++M·l+H•ft+-H+++H++++++++++++++H
Vestido Princesa guarnecido con rico bordado de seda,

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 12 Id~ Al:mil de 1903

Jldornos 'floralu.
De los grandes secretos de la mujer, uno de los más importantes es
saber adornarse. Cuando la moda
exige que los adornos consistan en
flot·es, muchas señoras están sujetas al gusto ó al capricho de lamodista, poi· ignorar ellas mismas lo
que necesitan.
Casar los colores, he aquí el gran
sec1·eto, el que pocas damas conocen, y, s in embargo, no constituye
-,en sí ninguna ciencia.

Ciertos matices se llevan y otros
parece que se arañan cuando se les
acerca el uno al otro.
Con un vestido blanco, van bien
las violetas y las rosas de varias
clases; á una tela color de lila., la
acompañan las violetas y las rosas
blancas; para el negro, l as rosas
encarnadas; con el vet·de nilo, flores blancas cuya corola tire á verde, y para las telas de colores obscuros, las rosas amarillas.
Las telas amarillas requieren flores amarillas de diferente tono ó de
color blanco aperlado. Para el pá-

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 12 de Ab-r:il de 1903

li~o sale bien e) color de rosa, y los
cnsántemos ro¡os a rmonizan con el
color ~astaño. E l color de púrpura.
~rmo_mza con el bl aneo, pero el roJO chillante le cae muy mal.
Par':'- adornos de mesa, ¡ 0 más
a_propiado es escoger de las flores
silvestres l as de tallo largo y arreg)arlas en_ fuentes y vasos grandes
bien provistos de follaj,i.
Los ~ardos sil ves tres constituyen
un bomto adorno.
CRISÁNTEMOS

Estam_os en la estación en queestas prec10sas flores despliegan toda

dot·a do, blanco, violado
lila, morado obscuro fre~
sa, castaño y color de vino. Las flores, una vez cortadas, pueden durar basta
tres semanas sin marcbitarsP, con tal que se les
cambie el agua diariamente. Córtense los tallos á
media vara distante de la
flor, y colocados sueltos y
con a1·te en una vasija honda, se tend1·á un adorno
floral de muy .buen gusto.

La conciencia.

Vestido para compañera de des.
posada, guarnecido con entredosell,

Vestido de desposada, guarnecido con
dobladillos y bulloncitos.

Traje para boda, con cuerpo drapeado
para señora,

Era el µadre Jerónimo
na hombre alto, fornido
ne mira? a penetrante y fría:
&lt;le facciones proporcionarla~: anaque joven. tenía
completamente blancos sus
c•ahellos y su luenga barba;
f'n su rostro, demacrado y
1»í.lido, se advertían las
hnellas de horribles sufrimientos.
Haría más rlP cinco años
0 11P habfa profesado. y
d&lt;'sde Pn tonces los frailes
PO hablahannadamiís que
a... su carácter retraído y
silencioso : también solían
hablar de los sollozos que
ea su celda se oían du rante
la noche y cuando los demás dPscaasaban en las suVestido con cuello doble y cinturón
Vestido para paseo con cuerpo torera
Paletó de tafetán guarnecido
yas. Varias vPces le habían preguntado cuál era
con labor de encaje inglés,
la causa desuhabitual silencio y de las lágrimas
la gala de su bell eza; y, aunque
Los matices de los crisántemos
de c_alor artificial; basta uaa pieza
que
solía
de1·ramar cuando por las
e~casas entre nosotros, y a se notf,
son variadísimos, y múltiples los
ª?r1gada para resgua~darlas del
noches á su celda se retiraba. El
cierta predi!Pccióa por su cultivo.
tonos de cada color. Algunos ejemhielo: y cuando los aci,dos 6 &lt;piPs&gt;
contestaba con evasivas, y solaplares presentan ua conjunto siméEl c)i~a de México es apropiado al
se pl antan, Po necesario también
mente decía que algún tlía lo sacrectmteato de los preciosos critrico, semejando la flor uaa cabeza
proteg¡,rlos del viento basta que
brían, quizás aquel en que se viera
sáatemos, y proporcionaría su cuiperfectamente peinada; pero en
echan la raíz, nara. lo cual se ená las puertas dPl sepulcro el cual
otros, los pétalos son desiguales en
da.do una ocupación muy ª"radable
bren con un vaso /le vidrio. El teno veía muy lejano, pues ~on tanpara las señoritas, cuya "refinada
longitud, representand0 el conjunto
rreno propicio para los crisántetos sufrimientos como le torturaeducación y exquisito gusto las
una cabeza de Medusa.
mos, debe ser rico en barro v aboban no podría durar mucho su
acercaná sus poéticás hermanas las
n_ado con estiércol, en la J)roporAl género &lt;cbrysántbemum&gt; perexistencia.
flores.
c1ón de una tercera parte de éste
tenecen las margaritas de París muy
Como de costumbre, un día al
por dos de aquél. Los acodos ó
estimadas por durar el período de
Largo tiempo antes que l as planamanecer, la campana del vetusto
&lt;pies&gt;
se
siemb1·an
durante
los
mesu
floración
todo
el
otoño
y
parte
tas del género «chr ysánthemum&gt;
convento tocó á maitines y tonos
ses de noviembre, diciembre y enedi'! invierno;producea, además. mufuesel! conocidas en Europa y en
los monjes se reunieron e~ la capiro.
debietido
permanecer
encerrachos
capullos
y
requiere
poca
labor
América, los jardine1·os de China y
lla. Entre todos se notó una falta
dos,
como
hemos
indicado
arriba
su
cu
lt
ivo.
Las
hay
de
numerosas
el Japón se dedica1·on con tal entu la del padre Jerónimo. Unavezqu~
basta
!IlªYº,
época
en
que
ya
no
co'.
variedades,
bastantes
á
formar
un
siasmo á las ya mencionadas planhubieron terminado sus rezos, el
rren riesgo las plantas afuera y
dep_a rtameato atractivo en una extas, que lograron añadir renombre
p~dre prior y otros monjes se diripor
el
contrario,
la
luz
y
el
c¡lo;.
posición.
á. sus respectivos países, dándolos
gieron á su celda, la cual estaba en
solar les son benéficos.
El corte de los crisántemos coá conocer del resto del mundo por
el lugar más apartado. Al llegará
mienza en noviembrt, y dura hasta
el nombre ideal de &lt;Tierra de las
Los colores más hermosos y geella y después de abrir la puerta
Flores&gt;.
enero. Las plantas no han menester
nerales de los crisántemos, son:
un horrible cuadro, imposible d~

�Domingo 12 de .i}bril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

describir en todos sus detalles, se
descubrió á sus ojos.
Estaba el padre Jerónimo acostado en el duro jergón, con la vista
clavada en el t,echo y rezando;contra su pecho y con las dos manos
fuertemente apretaba un Crucifijo;
por sus amoratadas mejillas á raudales las lágrimas se deslizaba.o;
en su rostro, cadavérico, fácilmente se advertían las huellas de titánica lucha con la. conciencia.
Cuando oyó abrir la puerta, volvió á ella su tétrica mirada, y viendo á sus visitantes, separó del Crucifijo una de sus descarnad as manos,
v con ella les indicó que se acercasen; ellos le obedecieron, y una vez
que los tuvo junto á él, con una voz
entrecortada por los sollozos y apenas perceptible, comenzó diciendo:
&lt;Hermanos: siento que mi vida
por momentos se extingue, y creo
no me quedan los suficientes para.
contaros un secreto que no quiero
llevarme á la tumba, y el cual es la
causa de mi muerte; la conciencia.
me mata; oíd, pues:
&lt;Hoy hace cinco años conocí en la
aldea á una. hermosa campesina, de
la que mi corazón se quedó prendado; desde que la vi la amé, pero no
con amor vulgar, sino con una pasión ciega, avasalladora. Varias
veces la ofrecí mi amor, que ella
nunca quiso aceptar, mostrándose
conmigo esquiva y desdeñosa. Así
transcurrió algún tiempo. Como yo
no podía contener en mi pecho aquel
amor que me devoraba y la inmensa tristeza proporcionada por los
desdenes de la mujer á quien con
loco frenesí quería, buscaba en la
hermosa soledad del campo algún
alivio para mi citiga desesperación.
&lt;Al caer de una de esas tardes
estivales, en que el sol, al ocultarse
en su oca.so, tiñe el cielo con rojos
matices, volvía yo á mi aldea, después de haber dado en el bosque
expansión á mi amargura. Por una
senda que .blanca serpentea entre
los verdes prados, vi hacia mí venir una enamorada pareja; ella era
la mujer á quien yo adoraba; él era
uno de mis hermanos, al que yo más
quería .... ¡pobrecillo! .... &gt;

~; i

··E. .•:....;;·.

Al llegar aquí no pudo continuar;
rompió á llorar como un niño. El
padre Prior, viendo que el fiaa.l de
su existencia se aproximaba con
pasos agigantados, procurócalmarlo con dulces palabras de caritativo
consuelo y le mandó siguiese. El padre Jerónimo continuó diciendo:
&lt;Al pronto vi que era mi hermano; mas después, los rugientes celos
que en mi pecho se agitaban n1;1blaron mi vista, y sólo sentí una rnsa-

ciable sed de sangre y de venganza
Saqué de mi faja un ancho y agud¿
puñal; me abalancé sobre él.. .. , y
en su pecho lo clavé hasta el mango .... ; cayó herido en tierra .... ; y
al caer, pronunció estas palabras
que no be olvidado y que en toda~
partes escucho: «¡Miserable!. ..... ,
&lt;¡Caín!. ..... : me has matado..... ;
&lt; pero te perdono.&gt; Entonces, en el
momento de verle caer, volví mi
vista hacia ella y la vi con sus ojazos penetrantes clavados en mí·
aquella mirada me dió miedo y eché
á correr á través de los campos
creyéndome siempre perseguido po;
la sombra de mi hermano, que incesantemente me gritaba: «¡Misera&lt;ble! .... , ¡Caín! .... : me has mata&lt; do .... ; pero te perdono.&gt; Más que
de estas palabras, que ya empezaban á morderme la conciencia, huía
de aquella penetrante mirada que
tanto miedo me causó.
«Largo tiempo corrí, siempre huyendo, siempre creyéndome perseguido. Y a de noche JI egué aquí;
llegué á esta sagrada mansión; y
no atreviéndome á llamar, creyéndome que la profanaría si entrase
en ella para ocultar mi crimen, caí
rendido en la puerta, y escondien•
do mi cabeza.entre mis manos, lloré;
sí, largo tiempo lloré; mas escuché
lejano el galopar de unos caballos
que hacia aquí venían; supuse que
era la justicia que me buscaba como al asesino, y poseído uel terrible miedo que invade el alma de
todo criminal después de babel' saciado sus instintos de hambrienta
fiera, llamé, me a.bristeis, y como
un nuevo fraile profesé.
«Desde entonces, desde que ma\é
á mi hermano, no he tenido un momento de 1·eposo; desde entonces mi
conciencia cruelmente muerde mis
entrañas, y poco á poco ha ido minando mi vida, hasta que ya hoy se
terminará y con ella los sufrimientos que la torturaban ...... &gt;
Terminadas estas palabras, con
efusión y entusiasmo besó el C1·ucifijo · dió un tenue suspiro, y después
dti pronunciar dos nombres, expiró.
Et padre Prior, vol viéndose á los
demás monjes, les dijo: &lt;Ha comeliido un horrible crimen, mas no era
un criminal; tenía un alma hermosa. y un corazón muy noble; s_u conciencia bastante le ha castigado;
Dios le acogerá en su seno.
«Marchemos todos á la capilla á
rezal' por un mártir del amor y de
su propia conciencia.»
La campana del convento _lanzaba al aire los tl'istes y agomzantes
tañidos que á los muertos se dedican, y al mismo tiempo,_ tod?s los
monjes pensativos y s1lene1osos,
como s¿mbras que del mundo huían,
se encaminaban al templo por un
largo y obscu1·O claustro .... . .

• 1

De su agujero, muy obscuro. sa.
lió un día la Muerte.-¿A dónde irá
la implacable?, dijo, al verla pasar frente á su mansión de luz, la
noble Piedad.-Y con la inquietud
que se apodera del bueno ante el
presentimiento de que algo malo se
va á realizar. la Piedad se fué detrás de la siniestra aparición.¡Qué contraste ofrecían la vieja negra, envuelta en sombras, y la dulce deidad, cruzada de brillantes
rayos!
Cuando la hubo alcanzado, díjole:-Muerte, ¿á quién vas á matar
ahora? - Todavía no lo sé. Voy
en busca de mis predilectos. Si quieres, acompáñame, y verás que no
destruyo vidas al capricho, sino
que elijo cuidadosamente gente buena.
La Piedad se estremeció.-¿Qué
entendería. la Muerte por gente
buena·~
Dicho esto, continuaron las dos
su marcha invisible pol' el mundo.
A cada momento la muerte dirigía
miradas oblicuas á la Piedad, como
burlándose de ella y de su impotencia para consolar á los homb1·es en
su miseria irreparable.
De súbito, un vasto edificio surgió ante las dos. Era un manicomio.
-Muerte-dijo la Piedad.- ahí
tienes centenares de infelices, en
plena inconciencia.. Y a no s?n racionales. De esta triste mansión no
salen sonidos articulados, sino gritos espantosos. Los unos son locos
de atar, los otros idiotas incurables.
La Muerte meneó la cabeza:
-Esta gente no es buena, exclamó. Sigamos.
Llegaron á un hospital de leprosos.
-¡Desventurados!- dijo la Piedad. ¡Qué ho1Tible situación la de
estos enfermos! Se van pudriendo
en vida. No están muertos y, para
ellos ha empezado ya la descomposició; orgánica, la putrefacción.
Están infestados y envenenan el aire que los demás respiran.
-Esa gente no es buena-repitió
la muerte.- Continuemos nuestra.
marcha.
Llegaron á un edificio, construido
todo de piedra y hierro. Era un presidio.
-Ahí tienes-exclamó la Piedad
-todas las variantes del crimen,
hecho carne y hueso. En esos presos se ha encarnado la maldad humana. No hay infracción que no
tenga representante~ dentro de esa
penitenciaría:- Ase~10C?s, ladr?nes,
violadores mcendiar1os, falsificadores. Esa' es la escoria social. Si
se desbordara, todo lo ahogaría
bajo su ola de cien?:
Por te1·ce1·a vez d1Jo la Muerte:
--Esta gente no es buena. Yo nv
gozo matando locos, leprosos ni
bandidos.
'
-¿A quién quieres matar, pu~s?
-preguntó ansiosamente la P1e-

ALBERTO DE MARTOS.

Madrid.

FUNERARIA.
Cava, buen sepulturero,
al golpe del azad?n,
una fosa. Anda ligero,
.
porque en ella enterrar quiero
una pálida ilusión.
·Te asombra que se haya muerto,
. te'.1
si c.ayer hermosa 1.ª vis
Pues ve su despoJo yerto . . ••
·Ay! sólo el dolor es cier~o
torque la vida. es muy triste.
El llanto de mis pesares
cubra ese negro cajón;
lluevan rosas á millares
y gardenias y_ ~za11:ares .. • •
¡era virgen mi 1lus1ón!

Vestido con blusa de debajo cambiable para niñas de 5 á 7 años
Traje marinero para niños de 8 á 10
años,

Vestidito casacón, para niños ele 1 á
2 años.
Vstidito campana aplegadillado, para
niñas de 2 á 4 años.

SALVADOR GUTIERREZ

NÁ.TERA·

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'~'(,,·+
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.--:.

dae1.

Y a se fué mi bOñadora,
tendió el ala mi quimera,
y hoy en la tierra que mora
echa, 'amigo, en buena hora
la paletada p0strera.
Mas oye, sepulturero,
toma otra vez tu azadón,
abl'e la fosa ligero,
.
poi·que en ella también quiero
sepultar mi col'a.zón.

Domingo 12 de Abril de 1903

t

-Yo quiero matar á gente que
ame y sea amada, por_que so0: los
únicos dichosos. ¿No dlJO el Ci:1sto,
en el más admfrable de sus sermo·
nes que son bienavénturados los
que' aman? ¡Adelante!
La Piedad se estremeció por segunda vez.
Siguieron I a ruta y en un punto
se detuvo la Muerte. Puso su mano
l'Ígida sobre la Piedad, y le se~aló
una casita que había en el cammo.
Era un albergue muy modesto. _La
embellecían dos criaturas; una mña
muy blanca, de ojos colo1· de cielo,
de cabellos de color de oro. Ella
estaba sentada en las piernas de

Vestido con pliegues cosidos y cuello de encaje.

una joven, casi niña, morena, de
ojos brillantes, de cabellos negros.
¡Qué contentas estaban las dos!
La niña reía á carcajadas. La
joven no cesaba de sonreír. Las dos
vestían siempre del mismo ~olor.

Preferían el blanco y el rosado.
Su::. trajes eran sencillos y bonitos.
La familia de ambas niñas se recreaba en ellas, y las cuidaba y
contemplaba con tel'nul'a indecible.
Ellas eran el encanto de los 541yos.

Vestido con cuello-hombreras.

Ellas embellecían todo aquel lugar.
Regaban sus arbolitos. Echaban
agua y alpiste á Jos dos pajal'itos
qu~ tenían: un m1r~o, regalo de una
am!ga., y un cana.r10, regalo de un
amigo.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 12 de .i}bril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

describir en todos sus detalles, se
descubrió á sus ojos.
Estaba el padre Jerónimo acostado en el duro jergón, con la vista
clavada en el t,echo y rezando;contra su pecho y con las dos manos
fuertemente apretaba un Crucifijo;
por sus amoratadas mejillas á raudales las lágrimas se deslizaba.o;
en su rostro, cadavérico, fácilmente se advertían las huellas de titánica lucha con la. conciencia.
Cuando oyó abrir la puerta, volvió á ella su tétrica mirada, y viendo á sus visitantes, separó del Crucifijo una de sus descarnad as manos,
v con ella les indicó que se acercasen; ellos le obedecieron, y una vez
que los tuvo junto á él, con una voz
entrecortada por los sollozos y apenas perceptible, comenzó diciendo:
&lt;Hermanos: siento que mi vida
por momentos se extingue, y creo
no me quedan los suficientes para.
contaros un secreto que no quiero
llevarme á la tumba, y el cual es la
causa de mi muerte; la conciencia.
me mata; oíd, pues:
&lt;Hoy hace cinco años conocí en la
aldea á una. hermosa campesina, de
la que mi corazón se quedó prendado; desde que la vi la amé, pero no
con amor vulgar, sino con una pasión ciega, avasalladora. Varias
veces la ofrecí mi amor, que ella
nunca quiso aceptar, mostrándose
conmigo esquiva y desdeñosa. Así
transcurrió algún tiempo. Como yo
no podía contener en mi pecho aquel
amor que me devoraba y la inmensa tristeza proporcionada por los
desdenes de la mujer á quien con
loco frenesí quería, buscaba en la
hermosa soledad del campo algún
alivio para mi citiga desesperación.
&lt;Al caer de una de esas tardes
estivales, en que el sol, al ocultarse
en su oca.so, tiñe el cielo con rojos
matices, volvía yo á mi aldea, después de haber dado en el bosque
expansión á mi amargura. Por una
senda que .blanca serpentea entre
los verdes prados, vi hacia mí venir una enamorada pareja; ella era
la mujer á quien yo adoraba; él era
uno de mis hermanos, al que yo más
quería .... ¡pobrecillo! .... &gt;

~; i

··E. .•:....;;·.

Al llegar aquí no pudo continuar;
rompió á llorar como un niño. El
padre Prior, viendo que el fiaa.l de
su existencia se aproximaba con
pasos agigantados, procurócalmarlo con dulces palabras de caritativo
consuelo y le mandó siguiese. El padre Jerónimo continuó diciendo:
&lt;Al pronto vi que era mi hermano; mas después, los rugientes celos
que en mi pecho se agitaban n1;1blaron mi vista, y sólo sentí una rnsa-

ciable sed de sangre y de venganza
Saqué de mi faja un ancho y agud¿
puñal; me abalancé sobre él.. .. , y
en su pecho lo clavé hasta el mango .... ; cayó herido en tierra .... ; y
al caer, pronunció estas palabras
que no be olvidado y que en toda~
partes escucho: «¡Miserable!. ..... ,
&lt;¡Caín!. ..... : me has matado..... ;
&lt; pero te perdono.&gt; Entonces, en el
momento de verle caer, volví mi
vista hacia ella y la vi con sus ojazos penetrantes clavados en mí·
aquella mirada me dió miedo y eché
á correr á través de los campos
creyéndome siempre perseguido po;
la sombra de mi hermano, que incesantemente me gritaba: «¡Misera&lt;ble! .... , ¡Caín! .... : me has mata&lt; do .... ; pero te perdono.&gt; Más que
de estas palabras, que ya empezaban á morderme la conciencia, huía
de aquella penetrante mirada que
tanto miedo me causó.
«Largo tiempo corrí, siempre huyendo, siempre creyéndome perseguido. Y a de noche JI egué aquí;
llegué á esta sagrada mansión; y
no atreviéndome á llamar, creyéndome que la profanaría si entrase
en ella para ocultar mi crimen, caí
rendido en la puerta, y escondien•
do mi cabeza.entre mis manos, lloré;
sí, largo tiempo lloré; mas escuché
lejano el galopar de unos caballos
que hacia aquí venían; supuse que
era la justicia que me buscaba como al asesino, y poseído uel terrible miedo que invade el alma de
todo criminal después de babel' saciado sus instintos de hambrienta
fiera, llamé, me a.bristeis, y como
un nuevo fraile profesé.
«Desde entonces, desde que ma\é
á mi hermano, no he tenido un momento de 1·eposo; desde entonces mi
conciencia cruelmente muerde mis
entrañas, y poco á poco ha ido minando mi vida, hasta que ya hoy se
terminará y con ella los sufrimientos que la torturaban ...... &gt;
Terminadas estas palabras, con
efusión y entusiasmo besó el C1·ucifijo · dió un tenue suspiro, y después
dti pronunciar dos nombres, expiró.
Et padre Prior, vol viéndose á los
demás monjes, les dijo: &lt;Ha comeliido un horrible crimen, mas no era
un criminal; tenía un alma hermosa. y un corazón muy noble; s_u conciencia bastante le ha castigado;
Dios le acogerá en su seno.
«Marchemos todos á la capilla á
rezal' por un mártir del amor y de
su propia conciencia.»
La campana del convento _lanzaba al aire los tl'istes y agomzantes
tañidos que á los muertos se dedican, y al mismo tiempo,_ tod?s los
monjes pensativos y s1lene1osos,
como s¿mbras que del mundo huían,
se encaminaban al templo por un
largo y obscu1·O claustro .... . .

• 1

De su agujero, muy obscuro. sa.
lió un día la Muerte.-¿A dónde irá
la implacable?, dijo, al verla pasar frente á su mansión de luz, la
noble Piedad.-Y con la inquietud
que se apodera del bueno ante el
presentimiento de que algo malo se
va á realizar. la Piedad se fué detrás de la siniestra aparición.¡Qué contraste ofrecían la vieja negra, envuelta en sombras, y la dulce deidad, cruzada de brillantes
rayos!
Cuando la hubo alcanzado, díjole:-Muerte, ¿á quién vas á matar
ahora? - Todavía no lo sé. Voy
en busca de mis predilectos. Si quieres, acompáñame, y verás que no
destruyo vidas al capricho, sino
que elijo cuidadosamente gente buena.
La Piedad se estremeció.-¿Qué
entendería. la Muerte por gente
buena·~
Dicho esto, continuaron las dos
su marcha invisible pol' el mundo.
A cada momento la muerte dirigía
miradas oblicuas á la Piedad, como
burlándose de ella y de su impotencia para consolar á los homb1·es en
su miseria irreparable.
De súbito, un vasto edificio surgió ante las dos. Era un manicomio.
-Muerte-dijo la Piedad.- ahí
tienes centenares de infelices, en
plena inconciencia.. Y a no s?n racionales. De esta triste mansión no
salen sonidos articulados, sino gritos espantosos. Los unos son locos
de atar, los otros idiotas incurables.
La Muerte meneó la cabeza:
-Esta gente no es buena, exclamó. Sigamos.
Llegaron á un hospital de leprosos.
-¡Desventurados!- dijo la Piedad. ¡Qué ho1Tible situación la de
estos enfermos! Se van pudriendo
en vida. No están muertos y, para
ellos ha empezado ya la descomposició; orgánica, la putrefacción.
Están infestados y envenenan el aire que los demás respiran.
-Esa gente no es buena-repitió
la muerte.- Continuemos nuestra.
marcha.
Llegaron á un edificio, construido
todo de piedra y hierro. Era un presidio.
-Ahí tienes-exclamó la Piedad
-todas las variantes del crimen,
hecho carne y hueso. En esos presos se ha encarnado la maldad humana. No hay infracción que no
tenga representante~ dentro de esa
penitenciaría:- Ase~10C?s, ladr?nes,
violadores mcendiar1os, falsificadores. Esa' es la escoria social. Si
se desbordara, todo lo ahogaría
bajo su ola de cien?:
Por te1·ce1·a vez d1Jo la Muerte:
--Esta gente no es buena. Yo nv
gozo matando locos, leprosos ni
bandidos.
'
-¿A quién quieres matar, pu~s?
-preguntó ansiosamente la P1e-

ALBERTO DE MARTOS.

Madrid.

FUNERARIA.
Cava, buen sepulturero,
al golpe del azad?n,
una fosa. Anda ligero,
.
porque en ella enterrar quiero
una pálida ilusión.
·Te asombra que se haya muerto,
. te'.1
si c.ayer hermosa 1.ª vis
Pues ve su despoJo yerto . . ••
·Ay! sólo el dolor es cier~o
torque la vida. es muy triste.
El llanto de mis pesares
cubra ese negro cajón;
lluevan rosas á millares
y gardenias y_ ~za11:ares .. • •
¡era virgen mi 1lus1ón!

Vestido con blusa de debajo cambiable para niñas de 5 á 7 años
Traje marinero para niños de 8 á 10
años,

Vestidito casacón, para niños ele 1 á
2 años.
Vstidito campana aplegadillado, para
niñas de 2 á 4 años.

SALVADOR GUTIERREZ

NÁ.TERA·

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'~'(,,·+
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.--:.

dae1.

Y a se fué mi bOñadora,
tendió el ala mi quimera,
y hoy en la tierra que mora
echa, 'amigo, en buena hora
la paletada p0strera.
Mas oye, sepulturero,
toma otra vez tu azadón,
abl'e la fosa ligero,
.
poi·que en ella también quiero
sepultar mi col'a.zón.

Domingo 12 de Abril de 1903

t

-Yo quiero matar á gente que
ame y sea amada, por_que so0: los
únicos dichosos. ¿No dlJO el Ci:1sto,
en el más admfrable de sus sermo·
nes que son bienavénturados los
que' aman? ¡Adelante!
La Piedad se estremeció por segunda vez.
Siguieron I a ruta y en un punto
se detuvo la Muerte. Puso su mano
l'Ígida sobre la Piedad, y le se~aló
una casita que había en el cammo.
Era un albergue muy modesto. _La
embellecían dos criaturas; una mña
muy blanca, de ojos colo1· de cielo,
de cabellos de color de oro. Ella
estaba sentada en las piernas de

Vestido con pliegues cosidos y cuello de encaje.

una joven, casi niña, morena, de
ojos brillantes, de cabellos negros.
¡Qué contentas estaban las dos!
La niña reía á carcajadas. La
joven no cesaba de sonreír. Las dos
vestían siempre del mismo ~olor.

Preferían el blanco y el rosado.
Su::. trajes eran sencillos y bonitos.
La familia de ambas niñas se recreaba en ellas, y las cuidaba y
contemplaba con tel'nul'a indecible.
Ellas eran el encanto de los 541yos.

Vestido con cuello-hombreras.

Ellas embellecían todo aquel lugar.
Regaban sus arbolitos. Echaban
agua y alpiste á Jos dos pajal'itos
qu~ tenían: un m1r~o, regalo de una
am!ga., y un cana.r10, regalo de un
amigo.

�Domingo 12 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

im..,

es de este mundo! He destruido la
casita alegre. He desolado corazones que amaban y que siempre recordarán con;dolor, con melancolía
profunda, á la niña blanca de cabellos de oro y á. la joven morena
de cabellos negros.

de ando á salto .. . . de mata. ¡Ah!
confiese usted que mi suerte es mucho más triste. Yo no sé dónde nacen ustedes l~s mariposas; he oído
á u_n naturahsta muy sabio y muy
ma¡adero, que viene aquí todas las
tardes á. estudiar la naturaleza no
sé qué cuentos de larvas y cri~álidas; pero á mí nadie me quita de la
cabeza que ustedes no nacen en la
tierra, sino que bajan del cielo ... .
iY por eso son tan felices! He notado que después de las tormentas de
verano apare_cen ustedes muy numerosas en el aire azul. ..... y es sin
duda, que el arco iris se desha¿een
mariposas ..... .
-Veo que tiene usted una imaginación de poeta.
-¡Como que ando en cueros!
¡Iba á pre&gt;seguir el sapo lamentando su triste suerte y ponderando
la felicidad de los seres que nacen

ARTURO MORA.

LA LLUVIA.
Rompe sus collares
De aceradas cuentas
La lluvia tediosa,
Y en tristes cantares
Y baladas lentas
Mi fastidio glosa.
Sus finos cabellos
Cuelgan en manojos
De a.tambres sutiles,
Y el dolor tras ellos,
Húmedos los ojos,
Muestra sus perfiles.
Lúgubre, doliente,
Mi fastidio lloras,
Lluvia, lluvia vana,
Y tediosamente
Las triviales horas
Tu rueca devana.
Finges con tus notas
Querellas extrañas,
Rezos conventuales,
Y corren tus gotas
Cual grises arañas
Sobre los cristales.
Echado en la alfombra
De obscuros florones
El lebrel bosteza,
Y su larga sombra
En los corazones
Tiende 1a tristeza.
Porfiado, porfiado,
En la calle suena
Tu repique lento,
Y su son cansado
Traduce mi pena
Y mi aburrimiento.
EFREN REBOLLEDO.

Vestido con alto cinturón y guarnic ón de sesgos.

¡Qué tranquila, cuán apacible la
casita aquella! ¡Qué atmósfera de
oaz y de contento se respiraba allí!
Ni ambición de honores, ni ambición de riquezas, ni ambición de
placeres. ¡Cuán alegre la casita!
La Muerte miró fijamente aquel
cuadro pacífico y bello. De p1·onto
se volvió hacia la Piedad, que lo
contemplaba con amor, y le dijo:
-¡Voy á conclui1· coa tanta felicidad! Aquí encuentro lo que buscaba. Esta es la gente buena.queme
gusta.
En vano suplicó la Piedad, en
vano lloró, en vano deploró su impotencia para desarmar el odio de
la incansable destructora. Como el
rayo cayó la Muerte sobre la casita al~gre, y se llevó á la. niña, desolando á los que la amaban. La
ausencia de la niña entristeció la
casita, pero todavía había en el~a
sonrisas placenteras. Pasó algun
tiempo, muy poco. Un día apareció
inesperadamente la Muerte y se llevó á la joven, acabando con la casita alegre.
Y como la Piedad tuviese la visión de más serenas regiones do
moraban contentas, muy unidas y
abrazadas, el alma de la niña Y. !'ll
alma de la joven, la Muerte le d1Jo
con su palabra de hielo:
-Buenó, que sean felice_s a.llá
arriba, ¡qué me importa! ¡M1 remo

;

Paletó-saco, m~io largo,

Cuando en nuestro amor soñando
Tras tus placeres corremo's
'
Siempre,. corazón, tenemos'
Que retroceder llorando
Un bien que pronto perdemos.

Yo apRgo las antorchas
De la brillante orgía.
Yo en sus licores vierto
Mi emponzoñada hiel;
Y o los tiernos amores,
Llego á romper un día;
Yo descanso en el fondo
Del cáliz del placer.
El rayo dela luna
Que sobre el mar ,·iela,
Alumbra suavemente
Mi blanca aparilJióa;
Y o velo en los sepu le ros
Donde ninguno vela,
Y lloro, donde nadie
Para llorar llegó.
Descanso junto al lecho
Del pobre desterrado;
Junto á la humilde cuna
Del huérfano infeliz;
Después de una derrota
Contémplame el soldado
Entre escombros y muertos
Errante discurrir.

stradivarius ...... ¡Y todo para que
dancen ustedes en giros caprichosos por el aire ó para ar1·ullar s_u
sueño! No, lo que es para mf y mis
congéneres, no se tornarían á bue_a
se"uro este trabajo. ¡Ah! ¡qué íehce; son ustedes las mariposas!
¡siempre de jolgorio! ¡Y cuidado si
se reiralan con mieles y perfumes!
-Y usted, ¿no es dichoso'?
- ¿Cree usted que puede ser dic~oso un sapo? ¡El ser más desgrama·
do de toda la fauna! Para nosotros
no hay más conciertos que los ch_arcos, ni más diversión que los eJercicio's acrobáticos de las ranas.
Mientras ustedes lucen brilla.ates
trajes de raso, nosotros andamos ..¡
¡ya lo ve usted! ¡en cueros vivos.
En el banquete de la vida no tenemos cubierto; ¿ni cómo habían de
admitirnos en un i.stado tan poco.••
presentable·! ¡Ay! en nuestro «me·
nú&gt; ao figura.u las rosas . . ..
- Pues al alcance de ustedes están......
.
-i.Y qué sacamos con .eso, s1 carecemos del arte oecesarlú para extraer su dulce néctar? ¿Quiere uste~
desdicha mayo1· que la D?estra? Si
yo hubiese nacido mariposa, sus
nectarios no tendrían secretos Pª!'ª
mí, y después de una orgía de m1e·
les en el cáliz de una rosa, me bañaría en las ondas lumino,as del espacio, lejos de este negro lodo don-

bellos, como las mariposas, cuando
vió acercarse cautelosamente un
niño al brillante insecto ..... .
Quiso advertirle del peligro que
corría; pe,·o aquel pequeño verdugo no le dió tiempo, y, rápido como
el pensamiento, asió de las blancas
alas á la mariposa y la clavó con
uo alfiler en el arbusto en flor.
CA SIMIRO PRIETO.

Buenos Aires.

EC Jfn6EC DE CJf tJUStEZJf.

Constante compal'íero
Del hombre que padece,
Del que se aturde y goza
Tenaz perseguidor,
Ante mi frío rostro
Su rostro palidece,
Lo mismo en el palacio
Que en lóbrega prisión.
Cuando el vuelo levanto,
¡Qué negro es mi cortejo!
Formado de memorias
E imágenes de amor,
Helados corazones,
Miradas sin reflejo,
Risueñas esperanzas
Que la verdad mató.

Yo be visto entre los sauces
Del negro bosque umbrío,
Cruzar como ligera
Y blanca aparición,
Un ángel que humedece
Sus alas en el río,
Y al compás de las ondas
Levanta su canción.

Delirios que encantaron
Del hombre la existencia,
Proyectos que mostraban
Hermoso el porvenir;
Labios do se aspiraba
De amor la grata esencia,
Y hoy se contempla negra
La huella del sufrir.
Cuando-en las tardes vago,
Todo esto me acompaña,
Todo esto asedia al hombre
Que me encontró al pasar.
En lágrimas ardientes
Mi corazón se baña,
Y el ser que me dé abrigo
Debe ta.mbien llorar!. ...
Y pasa .... y á su paso
Las flores se estremecen,
Las tórtolas suspiran
Y llora el manantial:
En sus ligeros tallos
Las rosas palidecen,
Temiendo de su seno
E l hálito glacial.
Y pasa .... Ay! á mi frente
Sus labios han tocado,
Su voz á mis entra.ñas
Cual dardo penetró.
Las noches y los días
Ligeros ba.n pasado;
Mas la tristeza horrible
Dentro de mí quedó.
El hielo de sus al as
Por siempre heló mi frente,
Lo amargo de su acento
Impregna mi canción.
Si entre brindis y risas
Me aturdo loca.mente,
La tristeza me avisa
Que yo su esclavo soy.
Pór eso entre la arena,
Sin brillo y sin esencia
Mis versos van cual flores
Que el huracán tronchó,
Creciendo en los abrojos
De una árida existencia,
Brotando de una frente
Que la tristeza heló.
LUIS PONCE·

DECEPCIONES.
Llora, pobre corazón,
La inclemencia de tu suerte;
Llora al ver que se convierte
El cielo de tu ilusión
En un abismo de muerte.

Pequeño biombo con bordado al punto
plano.

Pues no a.di vino tu anhelo,
Que en el realismo del mundo
Un herror convierte el cielo
De la dicha, en un profundo
Abismo de desconsuelo.
Llora ese error,pero aprende
Al sentir sangrar tu herida,
Que ea el fango de esta vida
Nunca el amor se comprende.... .
Por eso pronto se olvida.
MANUEL M. DE CASTRO.

Llora tu er-ror, pero aprende,
Al cicatl'izar tu herida,
Que entre el fango de la vida,
Lo que el alma no comprende,
Pronto.... . muy pronto se olvida.
Fuiste torpe al esperar,
Forjándote una quimera,
Que quien nunca supo amar,
Ni comprenderte, pudiera
Morir antes que olvidar.
En tus locos devaneos
'un paraíso forjabas
De amor: más ¿por qué olvidabas
Corazón, que tus deseos
sobre el agua dibujabas?

Iaclínaose á su paso
Las tímidas violetas,
Los nardos y los lirios
Su blando aroma da.n;
Detiénense las brisas
Balsámicas é inquietas,
Detiénese en las rocas
La voz del huracán.
Y ó la hora en que enmudecen
Los ecos de la selva,
Cuando en ocaso vierte
Su luz postrera el sol,

Si nada de esto pensaste
Cuando en el Edén florido
De tus amores sol'íaste
Llora tu tiempo perdido
Llora el bien que no alc~maste.

Vestidos de paseo, vista posterior.

Yo be visto hermosas niñas
De frentes virginales,
De lánguidas miradas,
De voz angelical,
Doblarse al soplo mío
Cual pálidos rosales
&lt;.:uyo verdor secara
Siniestro vendaval.

Vestido con blusa de distinto color.

bomingp 12 lde Abrll. de 1903

¿,Por qué tu sueño, que fuera
La causa dA tu contento
Toraóse luego en torme~to?
Porque tu ideal sólo era
Sombra de tu pensamiento.

- ¿Sabéis mi nombre? dice:
Llamároome .... tristeza!
l\li frente coronaron
De flores sin olor:
Cuanto hay ea este mundo
De gracia y de belleza,
Se abate, se marchita
Cuándo lo toco yo!

Chaqueta-saco sin cuello, guarnecida
con soutache.

ILUSTRAí&gt;ó.

Que el alma guarda entre abrojos,
Trocando nuestros amores
En un siglo de dolores
Por un momento de antojos?

Antes que en neg-ro llanto
La noche al mundo envuelva,
Del ángel misterioso
Se oye vibrar la voz.

Sapos v mariposas.
-Hija, ¿ va usted al baile'.'- dijo
un sapo á una mariposa blanca, de
alas de raso, que se había detenido
un instante, como fatigada de su
vuelo, en un arbusto en flor.
-¿Por qaé lo dice usted?-preguntó la mariposa, juntando las
,das y dejándose m€Cer por el céfiro
en una de las más flexibles ramas
úel arbusto.
-Pues lo digo por ese traje het·moso que luce usted y que le habrá
costado -un dineral.
-¡Bah! así he venido al mundo...
-¿Vienen ustedes las mariposas
al mundo en traje de baile~ ¡es claro! su vida es una perpetua fiesta.
En cuanto amanece Dios, empiezan
las músicas en los nidos; y ea cuanto abren sus párpados las estrellas,
comienzan los grillos á afinar si.s

MUNDO

¿No pensaste que en la vida
Se recibe año tras al'ío,
Por cada ilusión perdida,
Un amargo desengaño
Que abre en el alma una herid&amp;?
Pañuelos de bolsillo.

¿Ignorabas cómo hay flores

Bordado al punto de talla

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 12 Id.e Abril de 1903

ELECCIÓN DE CASA.
Uno de los factores más impoctantes para la salud, cuando se escoge habitación, es la atinada elección de sitio en que aquélla está
colocada.
El clima el rumbo á que cae su
fachada, 1~ altura de los pisos_, la
altitud en que está colocada (si en
valle, ladera ó cima),las porciones
de agua que existen á sus alredeaores, y su calidad de lagos, ríos,
pantanos,charcas ó estanques, etc. ,
y la naturaleza de su suelo, todo
debe ser considerado.
Sabido es que varían en las localidades la severidad de los rayos
del sol la dirección del viento, la
temper~tura y la humedad atmosférica, y de ahí dependen las cualidades ó inconvenientes de una residencia.
Conviene saber que los cuartos
con vista al sur son más calientes
que los que caen al norte, pero que
mientras en éstos la temperatura es
constante, en aquéllos varía sin cesar.
Las casas situadas en los bosques ó rodeadas de arbolados espesos y altos son mal sanas á causa de la humedad; mas si el bosque
está situado á un lado y á corta
distancia de la finca, aquél le proporciona abundante oxígeno, la
defiende de los vientos fuertes, sin
privarla del beneficio de los rayos
solares.
Debe evitarse cuidadosamente escoger habitación junto de fábricas,
hospitales, minas y grandes almacenes, pues en ellos se desarrollan
gases y partículas muy pequeñas
de polvo, muy nocivas para lasalud.
Los pantanos, charcas y e3tanques de aguas mue1;'tas son mal~s
vecinos porque el aire húmedo, y1ciado á menudo por las emanaciones de materias vegetales y animales en descomposición, acarrean
consigo el paludismo, la malaria y
toda suerte de fiebres por lo general mortíferas. En las tierras tropicales y subtropic~les, d_onde los
vientos reinantes m provienen del
norte ni son fríos, tales depósitos
de aguas estancadas pueden llegar
á hacer inofensivos los pantanos,
plantando en su vecindad árboles
de eucaliptos; y en las zonas templadas se puede obtener el mismo
resultado, basta cierto punto, por
medio de las plantas llamadas vulgarmente &lt;flores del sol.&gt;
El aire húmedo, cuando es frío al
mismo tiempo, es más dañoso que
el húmedo caliente; y el aire ~uy
seco en las babitaciones,es también
nocivo. Esta circunstancia se nota
claramente en los cuartos de la:s
casas de clima frío, que por el rigor del tiempo es necesario ~alentar, bien á vapor, por medio de
agua caliente ó por estufas calorí:feras ú hornillos.
El aire calentado por medio de
hornillos de~ pasar por un depósito de agua antes de entrl!-r en la~
habitaciones, siendo lo meJor tener
en cada una de éstas una gran vasija con agua. Lo mejor de todo es
mantener las habitaciones frías y
bien aireadas, pero en los climas
rigorosos eso es imposible. El que
abrigándose puede resguadarrse ~el
frío sin necesidad de calor artificial' goza de excelente salud.

1
1

•
•
Bordado para aplicaciones.

J:ttrilla
No siempre amor prepara
De rosas sus cadenas,
Ni están de fruto llenas
Las ramas del placer.
De ti ya me separa
Crudo deber tirano;
Tu rostro soberano
No be visto desde ayer.
En vigilancia activa,
Junto al arnés y espada,
Sólo el pensar me agrada
Que atiendo al común pro;
Y mientras que festiva
Pasas la noche ufana,
Velando po1· Rosa.na
Paso la noche yo.
Mi pecho apesadumbra.
Del sitio la aspereza
Si alivian mi tristeza
Los brazos de esa cruz.
La negra. estancia alumbra,
Del que rendido te ama,
La vacilante llama
De moribunda luz.
Sitial de tablas duras
Y capas protectoras
Con:fot·tan pocas horas
Del día que ayer vi;
Y entre armas y. armaduras,
Caballos y guerreros,·

A ti vuela, señora,
Mi amante corazón.

Dos fieles compañeros
Descansan junto á mí.
¡Descansan!.. ¡Ah! Su pecho
Está de amor vacío,
Y yo siento en el mío
Abrasador volcán.
¡Descansan, y en mi lecho
Yo agito mi quebranto,
Y turbo con mi llanto
Los sueños que tendrán!
Si cedo al sueño, un eco
De pronto me despierta
Y del cansado ¡alerta!. ...
Escucho el largo son;
O el relinchido hueco
Del alazán brioso,
Que aumenta estrepitoso
El cóncavo artesón.
Al que apartado gime
De tus divinos ojos.
La vida es toda enoJOS
y á aborrecerla voy,
•
Si tu ,beldad no imprime
En mi ánimo la calma;
Si como teme el alma,
N~ vuelvo á verte hoy.
Mas ya á mi lecho dnro
Su rayo el sol envía;
Ya dora el nuevo día
Mi lóbrega prisión:
Y del recinto obscuro,
Donde penando mora,

i

•

JUAN DE LA PEZUELA.

(Cona.e de Cheste.)

RECETA DE COCINA.
BUDIN EMPLUMADO.

•••••••••••••••••••••••••••••••••

"SANTA FE," LA MEJOR RUTA
ADenver,:Kansas Cíty, St. Louis, Chicago, New York,
San Franci11co y Los Anueles

Para hacer este rico budín, que es
uno de los mejores postres en las
mesas europeas, se mezclan una taza de mantequilla derretida y dos
de polvos de azúcar, tamizados.
Después de bien batidos, se agregan á una taza, no muy llena, de
almidón de trigo, otra de leche y
dos de harina flor, á la cual se hayan echado con anticipación ~os
cucharaditas cafeteras de &lt;Bákmg
Pówder.&gt; Incorpórese todo y añádase una cucharadita de extracto
de naranja; acomódese la mezcla
en una tortera honda untada de
mantequilla, y déjese cocer por media hora en el horno templado.
Una vez cocido el budín, se le hace una corona con siete claras de
huevo batidas y polvo de azúcar al
gusto; volviendo . á ponerse en el
horno por diez mmutos.
SOPA Á LA JULIANA
Se toma igual cantidad de zanahorias, apio, lech?ga, acederas,
guisantes y habas tiernas, se reI:i-ogan en manteca con unas roda¡as
de cebolla, se echa después caldo
del puchero y se cuece á fuego lento, y después viértase sobre rebanadas de pan muy delgadas.

EL TESTAMENTO.

Dtl Tllmo. Sr. JlrZObispo 'f«ban.
Los bienes fueron valuados
en$ 125,000
La mayor parte de lo testado consistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mútua"
Compañía de Seguros
sobre la vida, de Nueva York,
Ha.ce pocos dia.s que se pra.ctlc6 la
apertura. del testa.mento del Ilustrlslmo
Sr. Arzobispo Don Pa.trlclo A. Feeban
en la. eluda.el! de Chlcago, Illlnols. La
,ortuna. di dlstlDKUldo prelado ascendió a, cerca de $125,000 oro americano;
y segdn el Inventarlo que se ha pub-lea.do, los bienes que dejó fueron como
Jlgue:
Dos p6llzaa de ' 'La Mutua,' • Compal!la de Seguros sobre la. Vida, de Nueva York, por $25,000 oro
cada. una, ó sean. . • •$50,000
Dividendos acu~ulados SO·
bre una d'e las póllzas. . 9,829
Otra p0llza de seguro. · • • 14,0~
Acciones en efectivo Y en
Bancos. . , . . . . . . 37,000

PARA CURAR UN RESFRIADO tN UN DIA
Tome las pastillas Launtea de Bromo-Qnlnlna.
Bl boticurio le devolverA 10 dinero II n'! se cnra.
La firma B, W. GrOTe ■o baila en cada ca¡lta.

!

I'

t•

oro
ro
0

oro
or0

Entre la.s dlsposlclones del se!lor Arzobispo, en au testamento, se hicieron

México D. F., marzo 3.-Siempre he he~ho y sigo haciendo ID: uy
buena apreciaci6n de la Emulsi6n
de Scott de aceite de hígado de
bacalao prescribiéndola constantement~ en mi cli~ntela, por el
buen resultado que siempre he
obtenido con su administraci?n,
desde hace quince años_ que ~Jerzo mi profesi6n de médico y cirujano.
Las anteriores palabras fueron
escritas y firmadas por el doctor
Manuel S. Izaguirre.

,,t'

1'

"

l!stas:

A su hermana, sellorlta Ka.te Feeh•:~
que estuvo siempre con l!I basta
muerte, $40,000 oro en bonos Y $25,0~
oro de una de las póllza.s de seguro
a, la se!lora Anna A . Feeba.n, viuda de
se!lor doctor Eduardo L • Feehan, hermano del se!lor Arzobispo, $25,000 oro
de otra. de las póllzas, Y $5,000 ºp
r o/~
efectivo· a, la Academia de San a r •
clo de éhlcago, de la que es precepto·
ra su hermana, Madre Maria Catallna,
$10 000 oro de la tlltlma póllza; a, la
esc~ela • 'Santa Maria' ' de ensel!anza
prli.ctlca para va.rones, de Feehanvlll:;
Illlnole, que era la Institución por
que mlls se interesaba. el sel!or Arsoblspo, se entregaron los $4,000 reatan·
tes lle la 111tlma pólls&amp;.

¡

Se reservan camaR en Carro Pullman para todos los punto::;
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entero. Para precios, itinerarios y otros informes, dirigirse á
w. s. FARNSWORTH.-Agente General.
ta. San Francisca, llilm. 8 11 Wláxlca,

l

a. F.

•••••••••••••••••••••••••••••••••

1.-Elegantísimos vestidos de paseo, propios para señoritas.

Explicación dt
nutstros grabaaos.
Número l. De verdadero buen
gusto y airosísimos poi· su modernista y elegante confección, son los
cuatro vestidos que representa este
grabado. Todos son apropiados
para séñoritas de talle esbelto 1
deben llevarse en paseos vespertinos. Aunque á primera vista parece complicad a la confección de estos

trajes, no lo es en realidad, pues
para ella sólo se requiere un buen
gusto en la elección de_la~ aplicaciones, que son de enea.Je irlandés,
seda rameada, gasa vaporosa y
cintas de terciopelo. También contribuye en gran manera la. elección
de la tela, que debe_rá ser ~util, propia para la estación primaveral.
De preferencia deben anq uirfrse colores claros, que son los más apropiados para rostros agraciados y
talles gentiles.
Nuestras simpáticas lectoras de-

ben también fijarse muy detenidamente en los g1·aciosos y elegantes
sombreros de estos figurines. La
moda actual es muy estricta en lo
que se refiere á los sombreros femeninos, pues éstos no deben cubrir el
peinado, sino antes bien, ayudar al
lucimiento de éste. En la mayor
parte de los tocados femeninos, y
sobre todo, cuando el cabello no es
muy abundante, es preciso llevar
&lt;crepés&gt; que abulten el peinado y
contribuyan á hacerlo de gran vista. El cabello debe llevarse lo más

suelto posible, excepto en tocados
especiales en que es preciso sujetarlo y restringirlo. Esto último
viene á constituir una estética especial adecuada solamente para
cierta clase de rostros.
,8
Número 2. Para paseos campestres son apropiados los vestidos
que representa este grabado: Los
laterales son de paño color claro,
encubridores del polvo y de sencilla y vistosa confección. El del
centro es para amazonas y se confecciona con cheviot color obscuro.

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                    <text>.ENGLISH

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A ORILLAS DEL LAGO.

�Domingo 19 de Abril de 1903

J:a mtntira ·y los mtntirosós.
La mentira es vieja como el mundo, y el
mentiroso, tan antiguo como la humanidad.
La Naturaleza ha enseñado al hombre á mentir, y el interés, la imaginación, la ignorancia,
han sido cómplfoes de la Naturaleza en el deloto á engañar, de adulterar la ve~dad, de mutilar los hechos, de suponerles atributos y propiedades de que carecen. La Naturaleza ha
sugerido y facilitado la creaci6n ele ese mundo
de lo falso de lo ma;oavilloso y de lo imposihle que 11:va los nombres de mitología, de superstición y de poesía.
La Naturaleza es la gran mentirosa. Miente
con su b6veda de zafir tachonada de estrellas;
miente con su arcoiris multic&lt; loro, con los
arreboles de sus crepúsculos, con los espejismos de sus desiertos de agua y de sus desiertos de arena. Las espumas de las ondas fingen
sirenas y ninfas; las siluetas de las nu?es como los contornos de las montañas simulan
monstruos y dioses; en las nieblas y en los
crepúsculos sombríos se mueven fantasmas
mentidos, y de las tinieblas surgen falsos espectros y apariciones ficticias. Los ecos remedan voces venidas no se sabe ele dónde; las
fosforescencias luces emanadas no se sabe de
qué. Las gota; de rocío imitan piedras preciosas; los zo6fitos, plantas; los insectos, yerbas,
copos y aristas. Los grandes mamíferos parecen construcciones, y los grandes anfibios,
escollos. Los árboles simulan lanzas ó venablos 6 quitasoles ele titanes; el roble y la encina se retuercen en contracciones im1tad11s del
tétanos 6 de la epilepsia, y los enhiestos pinos
se yerguen majestuosos y simétricos como
granaderos pomeranios, haciendo centinf'la.
Ante esta gran escuela de la ficci6n, del engaño de la ilusi6n, de la mentira en fin, el
hombre se ha hecho mentiroso también; salvo
que la Naturaleza miente inocentemente, sin
conciencia, sin mala intenci6n, en tanto que
el hombre suele mentir deliberadamente. con
fines determinados, con premeditación, alevosía y ventaja.
Hay, en efecto, dos grandes categorías de
mentirorns. Los imaginativos, los exuberantes, los soñadores, como Manolito Gázquez, el
bar6n de la Castaña 6 el bar6n de Mün haussen,
y los mentirosos solapados, calculadores, mal
intencionados, como Yago 6 Tartufo.
Los primeros, como pasa con los portugueses, los andaluces y los orientales, mienten
por exceso de imagil_;laci6n y por exceso de
sensibilidad. Son, en el fondo, poetas que encuentrart mezquino el mundo y raquítica la
Naturaleza. Las cosas y los hombres, tales como ellos son,•no bastan á su fantasía, les parecen raquítico!' ·y mezquinos, peque:íios de
talla y exiguos de proporciones, y con el artificio de la mentira, agregándoles atributos de
que carecen, suponiéndoles tallas y escuadrías
que no tienen, pintándolos, coloreándolos,
vistiéndolos. con mentida!'! galas y adornándolos con joyas ricas y deslumbrantes, los forjan
á la medida de su propia fantasía y los ofrecen como un regalo á la que nos suponen.
Son mentirosos de buena fe, buenos chicos
á carta cabal, amenos, agradables en sociedad,
y grandiosos á veces é inmortales en el arte.
¿Puede darse algo más delicioso ni menos admisible que «Las mil y una noches» 6 «El Cantar de los Cantares» ni nada más grandioso
que «La Iliad.a» 6 el «Ramayana»? ¡Qué epítetos1 qué metáforas, qué pomposas descripciones! Luchas épicas entre seres des-mesurados
y ejércitos innumerables; bellezas inauditas
de mujeres inimaginables; tesoros fabulosos;
glorias sobrehumanas; tormentos inenarrables! La Naturaleza, el hombre, la materia,
la fuerza, el arte, todo es estupendo en esas
candentes imaginaciones, en esos sedientos de
grandeza, en esos insaciables de emociones, en
esos mentirosos sublimes, en esos espíritus
descontentos del raquitismo de lo real y creadores de un mundo más grande y más bello.
Estos son los mentirosos por carta de más.
¡Cuidado con los mentirosos por carla oe menos!
Estos no son poetas, son ca1culadores. No

1lIE. MUNDO ILUSTRADO.
EL MUNDO ILUSTRADO.

ensanchan el mundo, ni embellecen la Natu-.
raleza. Al contrario, todo lo mutilan, todo lo
comprimen, todo lo velan y lo esfum.an. De
lo bello hacen lo feo y hasta lo monstr~10s0.
Como los chinos, deforman y afean el pie de
las mujeres. Ahí donde sorprenden un encanto, lo velan; una virtud, In. tlesnaturalizan; un
heroísmo, lo atenúan 6 desfiguran. No son corazones expansivos, almas sedientas de ideal
que adulteran lo verdadero para ha~er_lo más
grande 6 más bello; son almas env1d10sas y
mezquinas que todo lo mutilan para darle la
medida de su propia talla; son labios impre~nados de hiel que comunican su amargor al
néctar y á la ambrosía que todos gustamos y
á todos deleita.
Son, en el fondo, seres perversos é i mpotenteR, que incapaces de alcanzar lo bueüo, lo
verdadero 6 lo bello, los desfiguran y los torturan porque nó pueden ni saben crearlo ni
disfrutarlo.
El mentiroso expansivo,exuberante, ardiente, es, en general, un buen hombre y un gran
coraz6n. Díganlo Tartarín y Cyrano de Bergerac, y suele tambifn ser un gran poeta. El
mentiroso concentrado, hip6crita y mezquino
suele ser un alma vil y un coraz6n ele cieno.
Tendamos la mano y los brazos á Manolito
Gázquez, y guardémonos de Harpagon como
de la peste bub6nica.
DR. l\f. FLORES.

BRISAS DE ABRIL
NORTE Y SUR
Si hubiera de creerse siempre á los poeta~,
no habría brisas más refrescantes que las brisas de abril. El mes de abril aparece en el
convencionalismo lírico como Al mes de las
flores tiernas, de las brisas primaverales, de
los erotismos castos. Y resulta, á las veces,
tan bien rimada la. palabra ccAbril,» cuya breve agudeza tiene eufonías cristalinas, que el
lector queda seriamente convencido de que
cuanto le dice el poeta es cierto; y si el lector,
á más de lector es poeta-pues, aunque parezca extraño, hay poetas que leen, - entonces
surge inminente el peligro de que la milagrosa fama del mes de abril siga perpetuándose
en nuevos versos de «ritmos nuevos y de nuevas sensaciones."
Sin embargo, en nuestras latitudes, no es el .
mes de abril el que más se presta para arrancar los melodiosos himnos de la lira. No es
pqsible cantar con coraz6n sincero una primavera caliginosa, y nuestro abril es caliginoso,
asfixiante, polvoroso y seco, y mata con sus
enervantes calores todos los impulsos poéticos
que puedan temblar en las cuerdas de la lira,
por manera que esos entusiasmos en favor del
afamado mes, más deben buscarse en los archivos de la tradici6n que en las observaciones de la realidad.

***

¿De d6ncle viene esa tradici6n?....... Viene
del Norte, como la maquinaria moderna y como la nueva actividad humana. Y nuestros
poetas se bañan en ella con la más ingenua de
las despreocupaciones y llegan á creer firmemente que dicen la verdad cuando dicen que
en el curso del año no hay mes comparable al
c&lt;incomparable abril.»
¿Acaso, saliendo de las ciudades, trasponiendo los lindes abrasados del asfalto urbano y adelantándose por surcos proficuos de
los campos se encontrarán las inenarrables
bellezas que la tradici6n atribuye al príncipe
Abril?
No, entre nosotros. Actualmente nuestros
campos, grises y mustios en esta sequía de la
mesa central, ostentan una mon6tona tristeza·
las flores se marchitan sin ser arrancadas d~
sus tallos, como esas niñas pálidas que mueren antes de probar loS" besos bienhechores del
amor; los ganados mugen soñolientos y cada
uno de sus individuos recuerda al paciente

buey de Carclucci que con hastío byroniano
espa~ta las moscas qu~ tenazmente crispan la
nerviosa seda de su piel; los campesinos
11
contagian de la trist~za de los ganados y, bajo
un ~ol de plomo, cleJan ~agar su mirada de
terciopelo por sobre la triste extensi6n ele 101!
campos grises, cuyos resecos terrones se abren
de trecho en trecho para dar paso á un ngn
sediento y áspero. Si sohre el azu l diáfanod~
cielo se amontonasen las nubes prefiadns de
frescura y reventasen luego en una lluvia re,
confortante y vi ~ificador~, entonces tal vrz el
despertar de la tierra &lt;lana razón á los ilusi
naclos trovadores del mes de abri l. Pero o, que un triste v' l'ft•
tretanto, a lm·1 no es mas
pei::a?o paréntesis entre las tiernas galas· de la
pruna.vera y las opulentas Iloraciohes del
estío.

€1tcdones dt 6obtrnaaor tn tblbulbua.

La_ tradici6n viene del Korte. All:í, donde
los ~1elos apenas han roto sus invernales abra.
za.m1entos, donde las últimas ráfagas nevada,
todavía suelen barrer las calles y los campoa
á la entrada de la noche, doncle la reina pri•
u:ia.vera atrasa. la fecha de su arribo oficial, es
cierto que abril es el mes de las primeras tj.
bie~ns y de las primer~s galas ~orales; all~
alml es un efebo que siente las primeras mordeduras del ~mor; allá, ~bril cobija con 811
t~n:iperatura inefable las liras huérfanas y en•
tibia sus cuerdas en la proporci6n precisa
ra que el canto brote con modulaciones rít
cas y aladas.
Pero la tradición muere en el Sur. Es. una
de la_s mayore~ «insinceridades» de los poeta,
mexicanos-tienen muchas -la de cantar al
mes de abril, como al mes ·ae los medios tonos ?el sentimiento, como al mes de los gran•
des impulsos de la adolescencia, como al mes
de la~ ro~as más bellas y de las más impalpables ~lus10nes. Nuestro abril se trae muchu
asfixias y m_uchos polvos- y la mayor de sus
bellezas radica en la eufonfa de su nombre.
Cántese, en buena hora, al mes de abril como al símbolo de_ esa triste transici6n que ee
c?loca _ent~e la pnmavi:ira y el estío, entre 111
Ciegas ilus!ones de la adolescencia y las
duras realidades de la edad viril. Entonces se
dirá la verdad. P ero no es cuerdo que las li•
ras nuestras encorden i,us canciones sobre 1011
tonos de una poesía_ septentrional; porque la
poesía es . como la vida, como el amor' como
la ra~a: tiene
cualidades comunes y universa,,
les ciertamente, pero en su conjunto es una
para el Norte y otra para el Sur.

1

Salí avergonzado. A1 día siguiente llegué
jugando con otros niños hasta la puerta de la
escuela. Había allí un gran grupo de gente
que hablaba en voz baja. Del balcón entreabierto salía una siniestra claridad que me
asust6.
-Retírate, niño- me dijo tristemente un
anciano; ha.muerto don Jacinto.
Quedé sobrecogido un instante; al fin entré
resueltamente en la. escuela.
Allí estaba el cadáver, imponente, severo,
con la faz dulcemente contraída. Estaba entre
sus libros y sus mapas. ~obre los pies del féretro y al lado de sus negros paños, se extendía
la handera de la patria.
En aquel punto, recordé la. pobreza. del pedagogo, sus virtudes, su labor incansable, su
perd6n hacia mí.
Y eubie11do al tablado, me incliné sobre
aquel coraz6n que tanto había amado, sobre
aquella cabeza, un tiempo pensadora, siempre
ofendida; hice en ella estallar un beso ...... y
huí.

Con motivo de la renuncia que, para encargarse del Gobierno de Jalisco, present6 el señor
Coronel don Miguel Ahumada, del cargo de
Gobernador de Chihuahua, fueron convocado3 los habitantes del Estado de este nombre,
á la elecci6n de la persona que, con arreglo á
la Constituci6n local, debía substituir al funcionario saliente.
Las elecciones se efectuaron el domingo último, y como resultado de ellas, por haber
obtenido unanimidad de votos, fué proclama. do Gobernador el señor General don Luis Terrazas, hombre dotado de una energía á toda
prueba, y que tanto en la época aciaga d!' la
Reforma: y de la Intervenci6n, como en los
tiempos de paz que disfrutamos, ha prestado
al país muy buenos servicios. El señor General Terrazas cuenta con innumerables simpatías en el Estado que va á gobernar y ha sido
objeto de parte de sus con:::i u dada nos, al verse
favorecido por el voto del pueblo, de manifestac.iones de adhesión y de respeto que revelan la
confianza con que los chihuahuenses esperan
el buen resultado de su gestión administrativa.

***

VENUS.

LA ÚLTIMA LECCIÓN.
e

Ello es que hice una barrabasada al maestro. En el momento mismo en que inclinaba
sobre el pupitre la cabeza calva y reluciente,
escupí en ella.
Pon Jacinto quedó desconcertado; en sus
ojos brill6 un relámpago de c6lera.
-¿Q,uién ha siclo el autor de esta infamia?
inter1·og6 balbuciente,
-Dudé un momento; pero .después, temiendo que pagase mi culpa algún compañero, dije:
-Yo he sido.

[DE SAFO]

SR. GRAL. D. LUIS TERRAZAS, electo Gobernador
del Estado de Chihuahua.

Entonces levant6se el anciano, desapareció
de sus ojos 1a·c6lera, y acariciando mis rubias
guedejas, me dijo dulcemente:
-:-·Te perdono porque no has comprendido
el alcance de tu ofensa. Edúcate; s6lo así serás digno de sufrir con paciencia las ofensas
de los niños.

m•

STRINDBERG.

Oía, ~tritas, ~ita.
Errante, solitario peregrino,
Cuántas V&lt;Jces miré con desconsuelo,
Apagadas las luces de mi cielo
Perderse entre las sombras el d.-imino.
Cuántas veces el recio torbellino
Me ~rrebat6 con poderoso vuelo,
Y v1 ofuscado por impuro velo
De la verdad el resplandor divino. ·
Y supe con horror que hay almas muertas
A la_ mía sintiendo, helada y triste,

Por rnmenso dolor de muerte herida.
Hoy, Sefior, que á mi espíritu clespiertas,
Comprendo, con amor, por qué dijiste:
&lt;cSoy el camino.. la verdad , la vida.»
Tepic, 1903·.

Domingo 19 de Abril de 1903

ANTONIO ZARAGOZA,

SITIOS PINTORESCOS.-Xochimilco.

Oh Venus, reina del amor, oh diosa,
reina de las sonrisas, deja el cielo,
desciende presurosa
y al llegar á mi alcoba pára el vuelo;
en el festín alegre y soberano
escancia el vino; y que la copa de oro
pase de mano en mano
rebosa11do del néctar que yo adoro:
ve que 9610 mi techo presta abrigo
al que de Venus es constante amigo.
LAURA

M. DE CUENCA.

�Domingo 19 de Abril de 1903

..

-: -=~-

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

_,.

instantes de la chusma callejera, cuyas
cabezas solía. él pasar á cercén, sólo sabía abrir ojos y oídos á los relatos de
historia del niilo de la casa. El narrador
á su vez daba de mano los juguetes primor osos conque sus padres lo agasajaban, mientras él ocupaba la cátedra e1J !a
portería.

l~ntre los chicos endiablados del barrio de la
:-rerced, Toma.sito se llevaba la palma. No había.
que preguntar cúyas eran las pedradas que hacían llover vidrios de los balcones, ni quién ataba por la cola al gato de la carnicería contra la
perra del tendajón; todos los vecinos hubieran
respondido ácoro:
-El bribón de Tomás, el bl'ibón de Tomás.
Para sus seis años, no se encontraba en los
contornos pillo más redomado; hervía.le Ia sangre como pa.ila. de jabón; así que no era. po~ible
tenerle quieto, porque pa.ra él una silla era la
mismísima corroa.
Sus padres no hacían siquiera. la intentona de
poner á raya á Toma.sito, sabedores de que al
ama le disgustaba mirar!~ retozar en el patio;
ellos, cuyo afecto por el niño era extremado basta rayar en idolatría, Je echaban á la calle á hacer torerías.
-Es cierto que la criatura. es tra.viesa.--decían,
-pero ¡pobrecito! Es nuestro hijo, y ni lo bemos de regala.r ni de comérnbslo, que no somos
verdugos ó bárbaros. Que va.ya el alma mía á
dar guerra á la plazuela, la calle es de todo el
mundo y al que no le guste ....
El muy bribón no veía con malos ojos la debilidad paternal y se apuraba á aturdir con incesante gritería á todo el vecindario. Precisamente en el zaguán de las moradas pacíficas,
convocaba al ejército de pillastrines callejeros,
batiendo diana en una lata vieja de petróleo; allí
er11, el cuartel maestre de donde. partían las órdenes, siempre severas, desde un banco de palos
hasta la ley fuga..
.
El ideal de Tomasín era el generala.to, ya no
por los honores de las batallas bien libradas,
,,ino pot• el relumbrón de los galones y el garbo
del sombrero· de gallina..
Los relumbrones á los ojos del nifio, eran la.
expresión de la. fama y del glorioso prez militar,
servían de punto de mira. á. su arrojo de desea.misa.do, y, por lograt·los, en el campo de batalla.
de la imaginación, más de una. vez había derrota.do á supuestos enemigos. Los instintos bélicos
de Toma.sito, con ser poderosos, se a.batían en la
presencia de León, el hijo de los amos de la. casa
en que ambos vivían, el uno rico, mimado de la
fortuna, el otro de corta suerte, vástago único
de los porteros de la finca, quienes le amaban
como á santo milagroso.
Cuando León bajaba á la portería., libro en
mano el bravo militar tornábase grandísimo
gallin'.a. Su amigo le explicaba. el significado de
las estampas de sus libros de escuela, permitiendo, ademas, que Toma.sito pasara sus dedos mugrosos por la cara ~e _los muilecos.
-¿Quién es este vieJO de los tres cuernos?-Je
preguntó una noche el pillo, aumentando con una
nube de grasa de su dedito índice la tempestad
del Monte Sinaí en un libro de Historia Sagrada.·
-Es Moisés, el t,.ue libró al pueblo judío dela
esclavitud dé Egipto, sacándolo para la tierra
prometida.
.
-¡Ah!-respondió 'l'omasito con la sufici~~cia
de quien recuerda un cuento que le es fa.millar.
-¡.Y estos tres viejos tan feos:&gt;
.
-No seas descomedido, ¡qué tú! Qméne.s ban
de ¡¡er sino los Reyes Magos, los tres santos reyes!
- ¡Cómo! ¿también el negro es rey?
-¿Y qué le hace, tonto·¿
-Yo quiero saber en dónde pueden ser los feyes tan feos. ¿Lo sabes tú'!
-Todavía. no, pero luego que el maestl'o me
explique esa lección, yo te la e nseilo á. ti.
.,-Bueno, bueno. Yo quiero aprenderá rey ó
á. general como tu papá,. digo, como el señor
amo.
Diálogos de esta guisa eran el pan de cada día
en el cuarto de los porteros; ante los razonamientos de León, se aba.tía el ardor bélico del
néroe de plazuela, quien, olvidado por unos

Si el placer de maestro y discípulo no
hubiera tenido el pet•o de rigor, qué diferente marcha habrían seguida los sucesos; mas para colmo de desdichas, el general Ballesteros y su seilora ponían cara de
vina.,.re cuando los chicos se reunían.
-Que no se me roce con el hijo de los porteros-decía el gener al, y su Qigna seílora aumentaba.:
.
-Ese Tomás es un iguala.do, no mira que cada cual tiene su lugar aparte.
Generala á los veintiocho afios, no cualquie'
ra Jo es y la seilora de Ballesteros, á. decir verd a.d había sabido hacer los honores á las charre~ras y al sombrero de gallina. Llenaba el
generalato con dignidad que consistía en tiesura, orgullo y arrogante E;goísmo.
Para vigilar la educación del pequeño León,
le faltaba siempre tiempo á la señora de Balles teros· la modista y las amistades consumían sus
días, 'y el teatro y los bailes, sus noches; p~wo,
en no miraudo á su retofio, corno ella supiera
que no estaba el niilo en el cuarto de los porte,
ros poco se la daba en qué lugar se hallaría y
qué' cosas estaría oyendo y pl1nicanrlo.
Por fortuna para los dos amigos, la memoria.
de la señora de Ballesteros solía do1·mir siestas
prolongadas.
Melchor, el zapatero, no era en rea.lid_ad padre
de Toma.sito 1 eso lo sabía él muy bien, pues
cuando conoció {~ Lorenza, el niilo tenía tres meses de edad. El quiso á la muchacha &lt;porque sí;&gt;
y cuando supo que el padr? de Toma.sito_ babia
muerto, propuso el casorio Y la adopción del
nene: ambas cosas le fueron aceptadas. En el
transcurso del tiempo, Melcbor, á quien Dios no
había concedido desc~ndientes, aprendió á amar
al entenado, en lo que ~ubiera muy bien podido
ganarse el primer premio.
Cuando le pasaba por la ~maginación la idea
de que Toma.sito podía morir, claveteaba con furia. sobre el tirapié, como
quien es\uviera seguro de que
entre las dos tapas de un tacón se hallase agazapada. la
muerte.
.
La madre de Lorenza había
sido por veinticinco a.ilos por. tera de la casa de los Ballesteros. En ella había nacido
y crecido Lc&gt;renza y allí vi. vió hasta que le pasó la desgracia ...... Después se puso
á servir de criada, y más tarde contrajo matrimonio con
el zapatero Melchor, á quien
rro amaba, pero sí sentía por
él grande y respetuo sa. estimación.
Muerta la vieja portera, á
Melchor le fué ofrecido el empleo, y marido y mujer, con
el pequeilo tunante, fueron á
vivir en la casa del militar.
Lorenza encontró en ella
mucbos cambios: el niilo Juanito era ya general y se había casado. La zapatera no
se atrevía á mirar cara á cara á su amo por miedo de que
Melchor pescara el secreto,
en una. mira.da á hurtadillas.
El secreto sí, el secreto del
delito del cual le correspondía la mitad de la culpa, aunque ella, valientemente, se la
había. ecbado toda á las espaldas. ¿ Y qué era el secreto
sino una repetición más de la
travesura del Paraíso: Adán,
Eva y la tradicional serpiente haciendo de las suyas? A
su debido tiempo vino al mundo el pillo redoma.do; para
la madre fué un consuelo,
. para el cómplice una contrariedad.
·

En cel secreto&gt; estaban tres: la mad r e de Lorenza y los dos pecadores; muerta aquélla, el
niilo Juanito con el matrimonio y los r epetidos
ascensos militares, había logrado olvidar; Lorenza se puso á querer al hijo y á mentir al 81•
poso para el bienestar de la familia. Melcbor
engañado por su mujer, era feliz.
'
El general sólo deploraba del pecado las consecuencias; la existencia de ese Toma.sito incorregible que era un peligro para la buena crianza del primogénito. IA&gt;ón era muy mi r ado y pultdo, mientras que el hijo de los porteros sepasaba. de ordinario y grotesco. Veía en la inofensiva criatura. una amenaza de males futuroa.
Creía á todo creer en la inferioridad social de
los hijos de maldición, mientras consideraba A
los legítimos como dones del cielo.
-El hijo de la. portera- decía- no debe allernar con gente decente, sino girar en la esfera de
la madre. ¡Pobre criatura! es su sino, su craylta¡&gt; no debe la vida al a.mor, pues es produc&amp;o
de un accidente.
De 11hí que el general apoyara en todo y por
todo á su cara mitad en lo relativo á poner ook&gt;
á los lazos amistosos de los dos niílos; ell a, animada por la i ncondicional aprobación de todoa
sus actos hostiles contra los porteros, se atrevió
á proponer á su consorte que, para corta r el mal
de raíz, Melcbor y Lorenza fueran su bsti tuido■,
pero al niño Juanito Je entró el rrcelo de que su
víctima, sin la cortapisa de perder la colocación,
hablara de indiscreta, y desbechó el plan, lisonjeándose de generoso.
- Debemos ser buenos con esta pobre gented ijo. -Lorenza es bija de una antil{ua criada de
mi madre y él es un artesano trabaj a dor. Bas\a
atarle á Leoncito el cabo corto, cuidando de que
no se trate con Tomás.
Avergonzada la seilora ante los nobles sentl•
mientos de su marido, de una vez par a siempre
dobló la hoja.
El niño Juanito para sus adent,ros no se juzgaba con tal optimismo y él sabía por q ué. SI Lo·
renza me pierde de vista y lejos de mi i nfluencia,
habla, lo natural es que lo haga jactándose de
baber dado á luz al hijo de un general; las noticias suelen cundir andando, pero los chismes
tienen alas; y si mi es.Josa supiera.... . . Luego,
cerrando los ojos, completaba el razonamie1,to;
apretándolos aún más, veía en Jo más recóndito
de la mente á. Melchor y sentía un horripilante
calosfrío en la espina al esc1Jcbar, con el poder

de la imaginación, el roce de la chaira contra
la chabe,a.
U na tarde de enero, á esa hora en que el cansancio del día tiende al sueílo y el cansancio del
alma hacia Dios, echando medio cuerpo fuera
de la ventana por la portezuela. de la berlina,
León contemplaba con delectación el cielo tachona.do. Encarándose de pronto con la generala, le preguntó resuelto:
-Mamá, ¿cuáles son los ojos de Santa Lucía?
-Déjame, niño, no seas impertinente. Que te
los e nseñe tu nana.
Ocupadísima en discernir cuáles de sus amigas
lleva ban vestidos ricos y de moda, y cuáles iban
ata.viadas con faralaes de la pelea pasada, la
seílor a qe Ballesteros pasó inadvertida. la mueca de desabrimiento de L : oo, al oírse llamar impe rt inente porque deseaba saber. Volviéndose
el chiquitSn á. su noáriza, le dijó:
-Enséñamelos tú, nanita.
- S í, mi alma.. ¿Ves aquellas dos estrellas juntita s en el cielo? Aquellas que parece que te está n mir ando.
-Sí, sí; y luego, veo otras tres muy juntitas
también en medio de cuatro grandotas tan brillantes que forman un marco como el de mi pizarl"a.. ¿Las ves tú, nanita?
-Esos son los tres reyes, los tres santos reyes que a.doraron al Niño Dios en el portal· de
Belem, y por eso después de muertos se los llevó Dios y los cambió en estrellas.
- De modo es que ya no son gentes, ·nanita?
-Sí, también, pero son santos. Mañana es el
dí a. de los Santos Reyes, y su Divina Majestad
les per mite veni r al mundo..
-Y á. qué vienen, nanita~ ¿no les gusta. más
estar en el cielo y ser estrellas?
-Vienen á. premiará los niños buenos. Todos
los que han sido aplicados y obedientes, si ponen esta nocbe un plato. en el balcón, cuando
pasen los Santos Reyes ponen en él dulces; pero
siendo los niilos malos, sus majestades no hacen más caso de los platos que del cajón de la
bas ura..
-¿Y de dónde cogen los Reyes los dulces,
na n ita?
-Los traen del cielo, mi alma.
-Pero ¿cómo saben si los niilos han sido buenos ó no'!
-Desde el cielo, niño, se sabe muy bien lo que
pasa en el mundo; lo que es cierto y lo que no.
-¿He sido yo bueno, nanita?
-Sí, mi alma.
- De modo que si pongo esta noche mi plato
en el balcón, me trnerán los Reyes dulces y juguetes?
-¡Qué duda cabe! Pero tienes que pedirle á tu
papá permiso esta noche, para poner el plato.
-Lo pediré, lo pediré- dijo Leoncito batiendo palmas.
La. sombr&amp;. de la noche había.envuelto la. ciudad por completo; no siendo ya posible disting uirá. las personas que pasaba.nen coche, la señ &lt;?ra de Ballesteros cedió á un ataque de sentimiento maternal, hallando de perlas lo del plato y los dulces de los Santos Reyes. Aplaudien0:º par3: su ca.pote el ingenio de la nana, prome•
tió al niño obtener del general la solicitada licencia.

Durante la cena, el general y su señora t rataron de la venida de los Santos Reyes, y cuando
una hora después, montaron- en la berlina para
ir al teatt·o, Ballesteros dijv al lacayo:
-Vamos antes &lt;Al Paraíso Terrestre,&gt; calle
del Coliseo.
Apenas se perdió á distancia. el ruido del carruaje, León, de escabullida., se bajó al cuarto
del portero. Halló á su a.migo pesaroso y compungido, pues los dos monstruos le habían propinado la azotaina. del siglo.
Habíasele antojado al pfcai,o proclamar la independencia, esa tarde, ap1·ovechando la ausencia. de Melcbor y un ruto de distracción de Lo·
renza. Mientras el uno se marchó á entreg\\r la
obra al taller y remendaba la mujer una. cobija.
echándose cuentas alegres, el bribón arrancó
del marco la estampa de la Virgen de Guadalupe, y pegoteá.ndola muy bien en un paliacate,
que luego ató e'n la cafia. del plumero, se improvisó con la imagen la bandera de la insurrección. De un pedazo de cuero inglés con destino
á un par de botas, se frangolló un bonete de tres
picos, untándose para complemento de abominaciones, toda una caja de betún en 11.mbos carrillos para figurarse unas patillas de torero andaluz de antaño. Tal e1·a la concepción ridícula.
que la imaginacién de Toma.sito se había forma.do del padre de la. Patria..
Barbón y de bonete, el Cura Hidalgo capitaneó esa tarde al más grueso ejército del barrio¡
la batalla fué reñidísima y sangrienta: las piedras llevaban alas, las interjecciones callejeras
se desgranaban de las bocas de los mocosines y
caían como cerezas maduras.
En el campo de batalla cayó Melchor como
una bomba luego que echó de menos él pedazo
de cuero inglés. Con banderas descogidas iba el
heroe, ;ya victorioso y festejado de li. multitud,
cuando el zapatero le alcanzó por una oreja.
Sacado tan vergonzosamente de las filas insurgentes, quien con galán desenfado iba media hora antes á libertar al pueblo del yugo español,
los vecinos del barrio se desbordaron en aclamaciones de júbilo, que en vez de aumentar en
Melchor el anhelo de castigar al culpable, desarmaron su cólera y le recordaron la indulgencia
paternal. Ya no tenía para el hijo ni siquiera
mirada torva; le preguntaba si le dolía mucho
la orejita, y se la acariciaba con tierno afán.
-Es un consentidor-murmuraban las viejas;
los muchachos chiflaban y los hombres se reían
en las barbas de Melchor. En casa, Lorenza
completó la corrección paternal, dando á Toma.sito, con el. paliaca.te, una zurribanda de primera. Jamás se había visto el chico en tal empeño,
y por eso cuando León bajó á verle, le encontró
sollozando muy afligido.
Para consolarle, .en un santiamén le enteró de
la visita que debían hacer esa noche los Santos
Reyes, explicándole las circunstancias y persuadiéndolo á. poner un plato para sí.
--Yo no -tengo balcón- repuso el lloroso niño
con tristeza.
~No le hace. Puedes poner el plato en el pretil: dice mi nana que es lo mismo.
.
-¿En el pretil de la fuente?
-Sí, sí¡ tú pones el tuyo en la fuente, y yo el
mío en el balcón que da para ~l patio. De ese·

Doanlngo 19 de Abril de 1903
modo los Santos Reyes, si ven el uno, no pueden
pasar inadvertido el otro.
En eso quedaron ;y cuando don Morfeo empezó
á colgar de los párpados de los dos amigos, ambos se fueron prestos á dormir.
De vuelta los esposos Ballesteros, nota.ron el
plato del pretil de la fuente: en él babia algunos
confites y cuatro caramelos verdes y brillantes
como el cristal.
-Mira-dijo la se!'iora á su marido-ya poi·
aquí pasaron los Santos Reyes.
-¡Pobres! - respondió el general sonriendo
con lástima. al ver el morroiloso dón de los Reyes Magos.
_
De puntillas,el general y la seilora llegaron al
balcón y en el plat-0 de filetes dorados acomodaron una libra de dulces franceses, una c aja de
soldados y un libro de cuentos de hadas. Retiráronse á su habitación; él se durmió en breve,
gozando anticipadamente de la sorpresa agradable del niño al siguiente día; pero ella estaba
tan nerviosa. y tan impresionada por la abomina.ble y cruel Norma, que había sacrificado á
sus hijos en la ópera que acababa de oír por la
primera vez, que no pudo pegar los ojos en un
par de horas.
'L eón fué el primero en recibir á. la mailana siguiente la grata sorpresa de la visita. ¡Habían
venido los Santos RPyes !
Desde el corredor espió el plato de la. fuente,
y comparando con el propio el regalo de Toma.sito, León pensó que los Reyes J\1agos eran aduladores de ricos y no muy generosos con los pobres.
-Que no se me baje León las·escaleras, Angela-con v0z de trueno dijo el genei·al al salir de
su alcoba en traje dominguero.
-Pierda usted cuida.do, señor-contestó la doméstica temblando.
Confina.do en la asistencia tuvo al pequeílo
hasta las diez, hora en que plantándole en el coche, salie1·on de casa todos para fr de paseo.
León hubiera querido compartiL· su alegría con
la de Tomás y convidarla de los dulces finos, pero la nodriza se mostró inflexible. El coche rodaba. y rodaba mientras el niño ba~a.llaba. &lt;'OD
una idea.
¿Eran tontos los Santos Reyes? ¿no entendían
que el pobre necesita má$ que el rico:-' y si lo entendían, ¿por qué no eran jllstosi' A él á quitm
todo le abundaba en juguetes y golosinas, le habían traído ricos presentes; á Toma.sito, por ca·
r ecer de lo esencial, le salían con cuat1·O dulces
insignificantes, cuatl'O po1·querías que eran la
vergüenza del cielo.
El bríbón de Tomás no esperó á desayunarse,
ni se anduvo con melindres; uno t1·as otrn seeugulló los dulces verdes y los confites, echándose
luego á la. garganta un buen jarro de agua. Reclutando gente para la batalla del día, se anduvo por las cuatro esquinas más de media hora;
feliz, porque los Reyes no habían tornado á mil.!
las escaramuzas de la plazuela. Al primer retortijón, se retorció como un arco; al segundo soltó
la bandera y apretó á. corret• para su casa.
Lorenza echaba en ese instante un tizón soplado de la ceniza, en la olla del café, cuaudo vió
entrar al hijo hecho un-cadáver.
-Mira que pareces un desenterrado: es de hambre. Ven á beber tu café.
Apeteciendo algo caliente, Toma.sito dió algunos tragos, más no hallando consuelo, apartó de
sí la taza y se echó en el petate para busca1· descanso. Pócima tras pócima le dieron los desola.dos padres: hierbabuena, manzanilla, cedrón,
la botica entera.
Por fin, Melchor, envolviendo á la criatura en
un jorongo, cargó con ella a.l consultorio de la
farmacia vecina.
La gente había cargado aquella mailana., así
es que Melchor, recibiendo la ficha 23, tuvo que
esperar largo tiempo su turno. El 15 tenía un
absceso en el cuello y tardó siete m\nutos en salir; del 16 al 20 los casos no debieron set· serios
pues los pacientes de esos n~e1·os pronto se vie'.
ron en la calle; pero el 21, un viejo que padecía
de varices y estaba vendado de piernas, y el 22
un herido ae la cara, se tardaron una barba.1·i'.
dad. Antes de que llamaran al 23, hubo un entreacto: el médico se lavó las manos con que había curado llagas y heridas, para torcer un cigarrito, fumaao el cual, se asomó á la puuta
diciendo:
'

�EL hiúNDO ILUSTRADO.

Domingo 19 de Abril de 1903
-Entre el 23.
-¿Qué ha comido-preguntó frunciendo el ceño el matasanos, después de reconocer minuciosamente al niño.
-Nada, señor, nada, porque ni siquiera bebió el café.
-Pues está envenenado y temo que sea demasiado tarde. Veremos.
En la botica, sin que el farmacéutico cobrara
un centavo al paciente, recibió todus los remedios aconsejados por la ciencia,.pero inútilmen;
te. Era tarde, muy tarde y Tomasito expiró en
brizos del doctor.
¡Y pensar que la muerte, la cruel é inevitable,
roba tintas á las mejillas de las vírgenes, sueños
al adolescente, ilusiones al mozo y promesas al
pequeñuelo! En cambio. con qué tardo y penoso
andar acude al reclamo del decrépito, del caduco y del afligido. Viene, viene siempre, pero es
inoportuna..
León, en presencia del cadáver de Toma.sito,
se quedó perplejo. Se le anudaba. la. garganta. y
no osó articular palabra. No de los ojos, de los
poros todos de su cuerpo sentía él que le brotaban lágrimas como de los poros del arbol resinoso brotan las gotas de la goma. Sus ojos, sin
embargo, se mant~nían secos y torvos bajo el
do~el de la. frente encapotada.
La señora de Ballesteros se conmovió de veras y el general consoló lo mejor que supo á los
padres del niño muerto. A León Je aseguró la
generala que Toma.sito estaba. ya en el cielo.
Ni entusiasmo ni simpatía despertaba al niño
la vide. celestial, eterna tertulia de.holgazanes
repantigados y ebrios de música angélica. De
la orquesta del cielo podía formarse idea por el
concierto religioso de la sagrada catedral, y recordando el zumbido de moscones de los señores
canónigos en el coro, y Je. canturria. monótona
en falsete de los éoloraditos al pie del facistol
pensaba que en materia de música, Dios no de~
bía de ser persona de gusto.
.
Costeó el general el entierro; León y su nodriza asistieron á él en el coche de la casa.
A medida que el sepulturero excavaba la tierra, León hacía esfuerzos mentales por excavar
el cielo. Había oído decir que los dulces verdes
teñidos de fuchina, habían envenenado á. Toma.sito, á su compañero, á su amigo querido: luego ¿eran los Santos Reyes estúpidos ó asesinos?
Sobre la tumba se formó un montecillo de flores, que todos los presentes humedecieron con
sus lágrimas. De regreso á la ciudad, a.tarde-

Domingo 19 de Abril de l!J03

EL MUNDO ILUST RADO.
cía; el cementerio quedó allá a.bajo, metido en
la sombra de los árboles y de la noche;pero con
serlo tanto, era más densa la sombra del espíritu. León, desde el fondo de su alma, interrogó
á la muerte:
-¿Me devolverás á Toma.sito? ¿le volveré á
ver alguna vez?
La luna empezaba. á inundar de claridad el espacio mudo, y la apacible luz aumentaba la melancolía del almaj ninguna voz se oyó, pet·o el
pequeño, en lo mas hnndo de !&gt;U pensamiento,
vió graba.da con letras de fuego la sombría y
le.cónica respuesta del cuervo posa.do en el busto de Palas.

Don 'francisco Diaz dt J:tón.
El lúnes último, en las primeras horas de
la mañana, ~ejó de existir e:n ~sta capital el
Sr. D. Francisco Díaz de Leoi:i,, mteligente tipógrafo á quien la imprenta debe en ~l éxico
muchos y muy 11otables adelantos.
'

Gostumbres Populares.
lOSJUDAS
Es todavía una de las costumbres favoritas
de nuestro pueblo... .. . y no sólo de lo que hemos dado en llamar nuestro pueblo, sino también de muchos á quienes la fortuna y la educación han colocado muy por cima de las úl-

de pertenecer á tal ó cual partido, pagaban
necesariamente tributo. á la costumbre. Para
el pueblo, que se guía casi siempre por la
impresión del momento, aquellos eran los
"Judas'' y él era el Cristo ...... un Cristo que
gozaba con las "volteretas" de un muñeco
colgado á un cordel y lleno, por dentro y por
fu'\lra de "bombas'» destinadas á convertirlo
. en pedazos.
en un' instante
E~to, poco á poco, fué d9sapareciendo, y
los "Judas" de ahora ni lastiman b. reputa-

DESDE .EL PABAlllO.
Ideal! Ideal I Como el viajero
en desiertas regiones extraviado,
abandona el ca.mino verdadero
por seguir el sendero
que lo aleja del punto desea.do,
cuántas veces las almas que te ansían
con tu cerca.na claridad se ofuscan,
de tu región serena se desvían,
por fatua luz se guían
y más te pierden cuando más te buscan 1
FRANCISCO DIAZ SILYEIRA.

RIMA AMARGA .
- Mancebo pansa.ti vo, esperas algo'?
-Aguardo una mujer dtisconocida
que ha de surgir como Je. luz del re.yo
á darme con su a.mot• la fe perdida.
-¿.La fe perdida tú, que gloria sueñas
y e.un no has cumplido veinte y dos eneros?
-Y ya la duda en mí clavó su presa
como el puñal en las entrañas de Eros.
-¿,Pero quién eres tú que tanto sufres
sin doblegarte al peso de los años?
-Que quién soy yo? Je.más me lo preguntes,
heraldo de mis propios desengaños.. ...
-Y á quién esperas, di, siniestra. esfinge
que ca.usas mi dolor sin compreooerte'?
-A una mujer muy pálida y muy triste,
enamorada. de mi a.mor: la l\Iuerte!.'. ...
JOSÉ M. CARBO~ELL.

El Sr. Díaz de León, generalmente estim
do en nuestra sociedad por sus ideas filantrópicas y su espíritu de iniciativa en bien ele los
pobres, fué el fundador del Abilo de l\Iendigos, establecimiento que dirigió hasta su muerte, y que tan buenos servicios ha prestado i
la clase menesterosa.
A sus funerales concurrieron numerorns tipógrafos y algunas personas de nuestra sociedad. Al morir el Sr. Díaz de León, desempenaba el empleo üe Jefe de la Imprenta del
Timbre.

ti mas clases sociales... Quemar en "estatua"
al que ha sido, á través de lo~ tiempos. la personificación más perfecta de la maldad y la
perfidia, al que vendió, por un puñado de monedas, al Divino Maestro, €-S cosa que ni los
años han hecho olvidar, 11i los alcances de
nuestra cultura han podido impedir.
Tras la recordación det sublime drama
del Calvario, con s11s pasajes impregnados de
profunda tristeza, surge siempre como una
nota cómica, el estruendo del sábado de gloria. En figuras imposible~, )a figura del traidor se reproduce año por año; aquí afecta el
cuerpo de una mujer ridfoulamente vestida
con ropas multicolores; allá, el de un "lagartijo" que llern al cuello, á guisa de corbata,
el nudo descomunal de una franja de papel
de china; y más allá, el de uno de tantos "tipos'' grabados en la conciencia popular con
líneas imborrables ..... .
Apenas enmudecen las campanas, comienza en las calles la gritería•que aturde; el rumrnm &lt;le los vendedores; la ensordecedora algarada &lt;le las "matracas" con que los niños
' 'se divierten" ...... en espera de que las campanas desaten su lengua de bronce, para echarse por esos mundos de Dios, ansiosos de ver
que se retuerzan, pendientes de una soga, los
mil y mil muñecos en que la muchedumbre
tiene ¡mestas las miraclaci. Dan las torres la
señal; llena el aire de improviso el repique
á vuelo, y las deto:1nciones se suceden en una
confusi6n espantosa y los gritos de la multitud rompen el silencio, mezclúndose al ruido
insoportable de las murgas callejeras...... . Del
" .Judas," llevado momentos antes en alto y
en son de triunfo, por las populosas avenidas,
no queda más que un miAerable esqueleto de
carrizo y cartón, símbolo de las vanidades humanas.•....... .

C H A PALA.-A la hora del crepúsculo.

Antiguamente, los ".Ju das" solían "representar" á personajes sobre quienes el pueblo
claYaba los ojos, como un puñal. El asesino,
el infidente, el tirano, y hasta los que no debían, para ser quemados, otra "falta" que la

ción de nadie, ni son para la multitud indicio
de venganzas personales. El pueblo ríe, goza, se divierte, y por más que esa diversión no
encaje en el estado de cultura en que se encuentra el país, persiste él en su empeño y por
complacerlo está y estará quién sabe hasta
cuando, pronto á quemar el último cohete.

***
Ent:etanto, la vida ordinaria abre un paréntesis; vuelven los _moradores de la capital
á sus trabajos habituales, y de la balaµstrada
de un balcón queda colgando el último "Judas'' ........ . ..... .
Es tener demasiada buena opinión de nossotros, al reducir todas las cosas á los estrechos límites de nuestra ~pacidad y afirmar
que todo lo que traspasa nuestra comprensión
es imposible.

*

La verdad es la
realización, es la
elegancia que supera á todos los
suefios de la·gloria del hombre.

*

Las grandes palabras representan los grandes
sentimientos, y
del disgu~to éte
unas se cae fácilmente eri el disgusto de los otros

*

Decir: «JamÍ\R
he cambiado»
equiYale Íl decir:
«He nacido infn1 i ble y no he
aprendido las
lecciones de la
vida.&gt;&gt;

PALABRAS.
El poeta se levant6 ante el concurso.
Y dijo:
.
-«Artistas: ¿por qué buscáis hojas de malva para ceñir vuestras cabezas desvanecidas de
gloria? ¿Por qué cogéis las florecillas inodoras? ¿Acaso no hay laureles? Pues bien, yo os
digo: despre(}iad el ,·ano aparato de esa falsas
coronas, que parecen líos de alfalfa con que
son coronados los bueyes por el humilde labriego, ó gajos de vid que cubren las ruborizantes caras de las doncellas en la fiesta de
Pan. Si amáis de veras coronas y no encontráis la simbólica de laurel, coged zarzas espinosas, que remeden en vuestras cabezas círculos sangrientos de dolor.
«Artistas: arrancaos esas piltrafas que denigran. Entendedme. Detesto la. soberbia, que
es la hinchazón del escuerzo, la pompa de jabón, el átomo que zumba delante del infinito.
Quiero que os despojéis de tanta vanidad para que entréis ror las sendas de las violetas y
defendáis vuestros ideales con más amor que
la gloria. La zarza sólo espera nna chispa do
vuestro numen para que fulmine sus 1ojizas
lenguas que hablarán sobre la multitud.
,,Artistas: os hablo con mi al~a sencilla y
casta. El humo marea. ¿Amáis al humo?
¡Ofuscaciones de verdad, bajezas escondidas y
haladroneantes, tinieblas de perversi6nl !No!
Vosot10~ amáis la aurora en que todo canta y
réfleja sin esperar el parabién de las estrellas.
Toda alma llena de luz se contempla y se hasta. La aurora está gloriosa de FÍ misma. Vosotros no alcanzáis á. comprender cómo vue~tra alma se parece á las auroras. Siempre allí
está levantándose el ideal, cada vez más puro
y más luminoso. Está, puei&lt;, en encarnar este
ideal lo más inmensamente posible. Apenas
se anuncie, cantarán los poet&lt;is como loe pájaros en la tierra. Y doquiera brotarán flores.
Yo os digo, pues, que os sobra vuestro espíritu para que bajéis á la Naturaleza y cantéis
sin soberbia en los principios de sus verdadei&lt;.
Y cantad sin esperar las lisonjeras flores de
las amables fier:is humanas, que al fin vuestra alma de artista está llena de todas ellas.
¿Y trocaríais vuestras místicas rosas ideales
por ex~ravagantes claveles confeccionados por
las floristas? Pero me alegraría que ni osarais
pensarlo, antes, cubriéndoos con vuestras manos la cabeza, oíros exclamar: ¡llevamos nuestra corona d.e espinas! Y que esas espinas puedan convertirse en coronas ígneas.
«Artistas: ... .. . yo amo todo lo que no ennoblece la frente de los imbéciles...... ... !,,
. Estallaron los_ bravos en el paraíso. Las rubias damas cubrían el carmín de sus labios
con las plumas de los abanicos. Los caballeros sin alma dirigían sus anteojos á los palcos: Pero un tono de _luz esparcía un reflejo
de ideas, que era como una sonrisa divina entre los tules, los «aigrettes» y las cabelleras.
JOSÉ l&gt;IARÍA VÉLEZ.

�~

Lesnard jugó; al principio gan6 poco; luego
mucho, muchísimo dinero. Aquello era una
fortuna!
La riqueza, ese bendito fantasma, que siempre lo había perseguido en sus largas horas de
infortunio, lo veía ahora muy de cerca; casi
lÓ palpaba. Luego de la ilusión pasaba á la
realidad. Vamos! sería conde, y sus cartas
serían dirigidas al ((Hotel Lesnard.»
Pero ¿qué diablos estoy pensando? exclamaba Lesnard, dominado completamente por la
excitación nerviosa del·juego: apenas si tendré en todo esto cuatrocientos mil francos¡ i
la verdad que es una riqueza, pero .... .. ¿Y mia
millones?. Y de nuevo la cabeza de Lesnard
vuelta un infierno, se inclinaba pesadamen~
sobre su pecho.

CUENTOS DEL MANICOMIO
LOS QUE NOLLEGAN AS. BIPÓLlTO
(&lt;Ni son todos los que
están, ni están todos los
que son.&gt;]

IV
EL MOSCARDÓN,

El muchacho, que no había consPguido pasar de escribiente-ya porque no tuviera ap-

··· á¡· ~~~¡a_·¿.~~-¡-~·¿~;. ·1·1~~~ü~- -~¡¡¡¿~·ii~~~-k
Banca! EL señor vizconde Ruán la dobla,
caso de que haya mejores puestas.
-Pero, cubrid al menos mi·fondo, contestó Lesnard.
-¿Cuánto tenéis, caballero? repuso el visconde.
-Setecientos treinta y cinco·mil francoe,
una miseria, dijo Lesnard.
El vizconde se desabrochó su gabán, y eacanelo del bolsillo de su levita una finísima
cartera, la puso negligentemente 6obre la m
sa, diciendo:
-La banca tiene un millón.
Re dieron las cartas.
Lesnard, con la mirada ü1cierta, las maaot,
'Jris1mdas, sostenida la respiración, esper6.
Apenas si oyó cuando le anunciaron : Ha ·
perdido, señor ele Lésnard.
Cayó de espaldas sin proferir una palabra..
El dueño de la casa dió las señas de su ca..
sa, y lo hizo subir á un carruaje.
····························· ·············· ················
Cuamlo llegó, había recobrado por completo el sentido. Sus manos nerviosas recorrieron
en un instante todas las cavidades de sus bolsillos. ¡Nada! ¡Nada! ¡Completamente arruinado!
La dueña de la casa le salió al encuentro.
-¿Sabéis, caballero, á cuánto asciende vues•
tra cuenta?
- Descuidaos, señora, seré millonario, bal•
buceó Lesnard.
-Pero, ¿qué diablo de millones son esos á
que os referís, y con los cuales pretendéis paJ
garme veinte semanas?
-Señora: el conde Lesnard demora 8118
cuentas, pero vos no quedaréis descontenta
cuando lo hayáis cobrado todo.
Aquella misma noche se ahorcó el pobre
·Lesnard.
·
HE~Y DUVEROY.

·-·

ACUARELA.
Luce, colgada en fúlgida tachuela,
De su esmalte ya opaco la hermosura,
Cubierta por el polvo la pintura
De una antigua y exótica acuarela.
De nácar y carey~es la cañuela;

Y casi_amortiguada, la figura
Destácase de un ibis, que en la obscura ·
Comba de un cielo nebuloso vuela.

•

ESTUD I O f-OT OGRAFICO
COLECCIÓN PELLANDL.\'I.

SUEÑOS FATALES.
Aquel pobre diablo de Lesnard, estaba verdaderamente loco.
Hijo del pueblo, soñando con hacerse noble,
la vida de Lesnard ·fué una larga serié de alternativas. Una spla idea desgraciada lo había dominado siempre: la riqueza, y esta sola idea tentadora, se le presentaba bajo diver-

sos modos, pero no se apartába un solo instante
de su cerebro enfermo.
·
Ora bajo montones de oro; ora en viajes fabulosos, á lejanas tierras, de donde pensaba
regresar cargado de millones; ora bAjo cualquiera otra forma enloquecedora, la idea de
hacerse rico predominaba siempre en· Lesnard.
Recurrió como último medio decisivo al
juego. Hizo almoneda todo cuanto poseía, y

Dooningo 19 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

. EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 19 de Abril d-e 1903

De un lago entre los húmedos zarznle~,
Del ocaso á las luces vesperales
Corre tras de las liebres un podenco.

Y mientras el crepúsculo agonizn,
Sobre el trémulo lago se desliza
Como rosada góndola un flamenco.
JUAN DrzÁ:s.

•

titudes como todo el que lo favorecía con hablar d¡ él, gritaba muy alto, ó bien, como él
m urmuraba temerosamente muy bajo, porque
tenía vergüenza,- también hacía literatura,
también era borracho, y también iba, como el
J efe de la Sección, camino de la muerte por
alcohofümo.
Aquella mañana tomó asiento ante el bufete toelo-¡así, todo!-tembloroso, y aún oliente' al alcohol que le había taro baleado, que lo
h abía peleado, que lo había llorado, que lo
bahía ridiculizAdo en fin, la noche anterior,
y empuñó la pluma, que de seguro le bailaría
entre los dedos, dP,dos maltrntados, dedos de
u ñas rotas y falanges adoloridas.
Llegó el moscardón, un moscardón verde
b asta el l ustre, como el viejo traje del muchacho y regordete y grande, hembra antigua y t'uerte que habría sorbielo al consorte.
Fué primero la mano la elegida para el cosquilleo burlante; se le clavaba, le caminaba
por sohre t~elo el enrojec~&lt;lo dorso, y detpués
se alejaba riendo á c1ircaJadas-no era r1Sa de
burla ruidosa, aquel zumbido que levantaba
al empi narse rumbo al cielo raso azul?-de
las injurias que el agredido elevaba con rapidez para ver si la alcanzaban.
J uan, como era natu ral que se llamase un
escribiente, buscaba que ella que lo veía enormemente agrandado, como ven todos los moscardones á los hombres, según proclama naturalista, oyese también agrandadas sus protestas por la agresión.
Ft,é de!'pués la nariz la que tomó para lugar de sus burlescos paseos y efímeras anidadas y todavía inconforme, en su as.!endiente
bef~ á un hombre, fué á prenelerse á. la cabeza
que-¡también eso hace el alcohol!-empezaba á encalvPcer.
La desesperación escribientil aumentó, como en mañana d~ sed de agua,.entonces dafiosa y de odio á sí mismo, también peligroso,
aumentan las impresiones, cualesquiera que
se rPciuan.
Pe_ro temió al, ridículo, si pe1seguía a! moscardon, y er::pero.
Otras veces siguió el verdeanimalilo, con la
idea del contacto rieliculiza&lt;lor y molesto para
la cara, víctima &lt;le un enrojecimiento febril,
y para la empobrecida cabeza calva.
Entonces el muchacho sosegó sus nervios,
ordenóles una quietud harto difícil, y ¡á. pesar de su alcohol, consi~uió la tranquilidad!
Vol vía el mo~car&lt;lón, y lo cosquilleaba, lo
pinchaba, lo calofría ba m~s y más, para volar
despué;,, siempre con la risa zumban te-como
de censor bal buenesco-en la trompilla agresora.
El e~cribiente--Juitn, ¿.no? -seguía quieto,
y cuando el moscarelón llegaba, él le soplaba
suavemente.
Sólo en un momento en que se le alacranizó en frente el limpiaplumas, limpiaplumas
cortado y cosido por una prima de segundo
orden, arrojó la mano sobre el bufete.
Y siguió quieto, con nervios extraordinariamente tranquilizados.
El moscardón, probablemente cahsado de su
burla, porque muchas veces se fastidiaba antes q ne el burlado, vol vía m~s &lt;le tarde en tarde á la inmóvil cabeza, y sentía cierto entorpecimiento, ciertos vértigos, pero volvía raramente atraído por aquella cabeza, y recordando á sus parientas las falenas por el entorpecimit:mto y la atracción que al mismo tiempo
sienten ante las flamas, pero pensando en que
en aquella cabeza no había flama alguna ni
podía haberla en la cabeza de uno que era
¡er::cribiente y borracho!. .....
Su de::!vanecimiento y su torpeza progresaban, y seguía llegando menos alto y rodando

EST UDIO F OT OGRAFICO.
COLECCIÓN PELLANDIXI.

más bajo cuando tropezaba con la cabeza que
ya no quería perseguir, pero que la atraía.
El escribiente siguió soplándole con suavidad, cada vez que se le prendía el obstinado
moscardón .
. El ~uchacho a.penas parpadeaba, con res1stenc1a tenaz á moverse ........ .
De repente rodó el moscardón sobre la mesa, y quedó tendido con el vientre hacia arriba, agitando locamente las patitas.

. Juan s~ puso en pie de un salto, y gritó
ne~?º ruidosamente, entre la silenciosa admirac10n &lt;le sns compañeros que tenían qui etos
en las manos lo~ portaplumas é inquietas en
las manos las muadas: «se l_o dí á gustar, por
vengarme en alguno, de m1 desgracia; e! alcohol mata, ¡ya lo creo!!»
FRANCISCO Z ÁRA'l'E

Rm z.

�EL MUNDO ILUSTRADO.

b:L MUNDO ILUSTRADO.

Dcxmingo 1!I de At&gt;ril de 1903

ca telegrafia sin HHo~
en mtxico.

E

coucéntricos cuyo centro es el puhto donde cayó la gota y que van aumentando
progresivamente hasta terminar en los extremos del estanque.
Pues bien, el estanque en la telegrafía
sin alambres lo representa la atmósfera·
la gota de agua, la corriente eléctrica qu~
está en estado latente en la antena, y loe
círculos concéntricos lae ondas eléctricas
que van á impresionar el aparato de la oficina opuesta.
Publicamos unos grabados de las oficinas que la Dirección de Telégrafos ha
establecido por vía de ensayo en Cabo
Haro, del Estado de Sonora, y Santa &amp;salia, de la Baja California, así como las
vistas de la bahía de Guaymas, de la. estación del ferrocarril y de la Penitenciaria
del puerto.
Las pruebas se han llevado á cabo con
todo éxito. El costo de las torres es de
quince mil pesos.

L mundo entero ha proclamado los
triunfos obtenidos por Marconi con
su maravillosa inveni::ión de la
telegrafía sin alambres, y en las
distintas naciones se han hecho experi •
mentos de su sistema; justo era, por lo
mismo, que en México, que es tal vez donde más se nece~ita por tener extensas comarcas de su territorio desprovistas de
comuniC'aciones rápidas, se procediera á
efectuar ensayos que encaminaran ú algún
resultado práctico.
Al Director de Telégrafos, señor Ingeniero don Camilo A. González, le ha tocado tomar la iniciativa en un asunto tan
trascendental.
Una casa alemana que es competidora
de Marconi y que ha reformado sus aparatos, es la que contrató la instalación de
dos oficinas, situada una en Cabo Haro,
á siete kilómetros de Guaymas, y la otra
en Santa Rosalía, del Territorio de la Baja California.
SA NT'A ROSALIA.-Exterior de la Oficina.

***
Para el efecto, se construyeron unas casas de madera que tienen tres departamentos, uno destinado á la oficina, propiamente dicha, otro para la instalación
de acumuladores eléctricos, y el último
para almacenes y bodega.
Los aparatos que constituyen el sistema de transmisión, so11 los siguientes: la
llave ó manipulador, que está dotado &lt;le
un contacto de platino, haciendo el otro
contacto en un depósito de mercurio, que
tiene encima una capa de petróleo &lt;le un
centímetro de espesor. El objeto del petróleo es evitar la chispa que se produciría al haber falta de continuidad de la
corriente eléctrica que se utiliza y que es
de gran intensidad.
Un carrete de inducción Ristema Rumkorff, que produce una chispa de 35 á 40
centímetros. Eete carrete está «actuado»
con acumuladores. A continuación hay
un vibrador de mercurio, :&lt;actuado» por
un peque:ño dinamo movido también por
acumuladores. Hay un reostalo que sirve
pam graduar la intensidad de la chispa
eléctrica.
Conectados todos estos aparatos, queda
uno de los terminales del carrete de Rumkorff en comunicación, por medio de un
hilo conductor, con la antena que está colocada en la extremidad posterior de las
torres construídas al efecto.

UN RECUERDO.
Ella miraba fijamente el suelo.
En el hondo silencio los instantes
abismos eran de dolor y duelo.
Oh, si por siempre juntos, anhelantes,
un imprevisto golpe nos hiriera!
Lentamente clavóme sus brillantes
ojos. Aun miro con convulsa boca
hablándome palabras y evocando
una rojiza llaga, que sangrando,
parece que suplica á quien la toca.
GABRIEL D' ANNUNZIO.

TENTACIÓN.
·SANTA ROSALIA.-La caseta y las torres.

Llevabas con donaire la sombrilla.
de seda azul con rosas escarlata,
y hollaba la negruzca escalinata
el tacón de tu arqueada zapatilla.
Envolviste tu cuello en la mantilla,
y al suspender el ruedo de tu bata,
dejastes ver el ce~idor &lt;le plata
que aprisiona tu ~órbida rodilla.
Entonces en tu faz llena de enojos,
hubo un florecimiento de sonrojos
y pudorosa aligeraste el paso.
Mientras que yo, mirándote de hinojos,
sentí que se agitó sobre mis ojos
tu fina enagua de crujiente raso.
LEOPOLDO LUGONF_.g.

El aparato receptor se compone de un
tubo lleno de limadura de níquel, plata
y hierro, que es el que recibe las señales
directamente de la antena. El tubo tiene
un 1vibrador parecido al de las campanas
El Rin estaba poblado de ondinas. E neléctricas, cuyo martillo lo golpea constre éstas había una de maravilloea hertantemente, con objeto de hacer deeaparemosura, llamada Loreley, que en las no
cer la cohesión en la limadura. El mismo
ches de luna abandonaba su palacio de
tubo tiene en sus extremidades unos hilos
líquido cristal y se reclinaba con indolende platino conectados con un registro Morcia seductora en la cima de una roca, bruSANTA ROSALIA.-lnterior de la Ofi,cina.
. se que marca las se:ñales en uña tira, que
ñida por las olas, que se destacaba en el
está movida por un mecanismo de reloj.
centro del río.
Un conmutador especial comunica, segúfl las necesidades del caso,
El conde Palatino Bruno, sefior de aqm1lla comarca, acostumbraba
la antena con el aparato trasmisor ó con el raptor.
á pasearse por las márgenes del Rin en las noches claras. En uno de
esos paseos vió á Loreley y quedó profundamente enamorado de ella.
Y así, en lo Rucesivo, ni una sola noche de luna dejó el conde de ir _á
Hay una explicación muy clara sobre la teoría de la teleo-rafía
sin
contemplar aquella encantadora divinidad, que á veces le sonreía av1•
0
hilos y al alcance de todo el mundo.
vando las llam11s de su pasión. Y como era poeta y pulsaba el arpa, le
En _un estanque lleno d~ agua, se nota que al dejar caer una gota
compuso una canción amorosa, cuya estrofa final decía así: ·«P?r &lt;p~é
del mismo líquido desde cierta altura, se forma una serie de círculos
no has de ser mía? Por qué no he de ser todo tuyo? Llévame a, v1v1r

***

contigo en tu morada, allá en el fondo de las aguas!» Una noche, en
vez de pasearse por las márgenes del Rin, el conde entró en una I reciosa barca, y mecido por las ondas tranquilas y plateadaR del río, se
puso á cantar su canción amorosa. Loreley no tardó en aparecer, más
radian te, más bella y seductora que nunca. El enamorado se fué acercando á la roca magnéticamente atraído por las miradas y las sonrisas
de la ondina. Mas cuando estuvo bastante cerca, Loreley hizo una señal ca balística, y
acto continuo las
ondas del Rin,
que se deslizaban en mansfaimas ondulaciones, se encresparon en tumultuoso oleaje y formando un remolino vertiginoso
absorbieron en
.,u seno á la barca y al trúvador.

*

CABO H A RO.-Exterior &lt;-e la Oficina.

Desde entonces, cuentan los
habitantes de aquellaregión, que
entlas altas ho-

ras de las noche1:1
de luna surgen
de las aguas del
río las not11s ardientes y dulcísimas de un canto amoroso. Son
las voces del
himno n upcial
que el conde Palatino Bruno y la
ondina Loreley
entonan u nidos
para siempre en
el fondo del Rin 1
C.

1903.

R OMAGOSA.

GUAYM A S.-Vista de la Bahía.

lEN QUE PENSARÉ?

Doll:ningo 19 de Abril de 1903

Veía yo allí una flor postergada á ~tra de -~enos mérit~ y ~t~lidad
y mi imaginación exaltada por aquella mfracc1on de los prmc1p10s ~e
justicia, inventó el siguiente diálogo, no amoroso 0omo ella supuso, sino de celos y envidias.
Hablaba la rosa natural y decía:
-Por más esfuerzos que hagas, por más palabras que emplees,
nunci me convencerás de tu superioridad sobre mí. Eres inferior, muy
inferior á todas las de nuestra familia.
¿Quién te educó y quién cuidó de que crecieras gallarda y esbelta?
¿Quién limpió de gusanillos y caracoles tus cabellos? ¿Quién regó tu
tallo? ¿Qué abejas libaron en tu corola y qué mariposas mancharon el
terciopelo de tus hojas con el oro de sus alas? ¿Qué pechos has adornado, sobre qué senos te has mecido y quién de ti hizo símbolo 4e
amor que llevara la alegría á un corazón apasionado?
Responde, di: ¿Quién te hizo, quién te creó, quién te trajo aquí,
sin otra misión que insultar á los que debías respetar?
-Cierto-dijo la rosa de porcelana-que ninguno de esos placeres
be disfrutado. Pero si nadie me educó, si nadie se preocupó de migallardía y esbeltez, fué porque nunca he necesitado de ello; si de gusanos y cirracoles no limpiaron mi capullo, fué porque esos bichos no
han llegado hasta mí. No regaron mi tallo porque supe conservar eterna mi lozanía, y si abejas no libaron en mi corola y mariposas no se
posaron en mí, fué porque á ello no me expusieron, que de haberlo
hecho, sPgura hubiera sido la preferencia, aunque desde ahora te digo
que por feas á las unas y por variables á las otras las desprecio.
Ni he adornado pechos ni expresado pasiones, porque tales cosas
más que honrar denigran y envilecen. Por lo mismo no me he visto
frecuentemente expuesta -al desdén con que se trata á la infeliz que entrega como prenda de amor una mano enamorada á otra que no le corresponde, y que se complace en arrancar sus hojas para arrojarlas en
el lodo de la calle.
Con afán y solicitud me creó un artífice que supo dar á mi delicada belleza perdurable existencia, y esto no podrá reconocer como causa un mieterio indescifrable, cual es el de tu existencia, pero tiene mérito indiscutible, puesto que de mano de hombre es y casi se confunde
con lo que la Naturaleza ha creado. Además, tu poder es efímero tu
reinado es de un día, mientras que el mío no tiene límite· contra 'esto
~é~~es~~~
'
-¡Gran error, nada hay eterno!
-¿OpinaR que todas somos de vida tan fugaz como la tuya? La
mía es más duradera ......
-Sí, tanto como el tallo que adorna tus hojas.
-¿Tiene~ tú acaso un brillo parecido al mío de que te mofas?
--¡Igno;ante! Todas l~s alborad_as, los primeros rayos del sol arrancan al roc10 que cubre mis carnosidades reflejos de plata y azul que
deslumbran y embellecen.
Pero no discutamos más; por mucho que á mí te parezcas no dejarás nunca de ser una imitación un remedo mío.
'
Y las imitaciones son siem p;e fals:is.

··························· ·········· ·············

. Al hacer la limpieza diaria, un criado
Juntó en un mismo montoncillo debasu~a unos J?edazos de porcelana y unas
hoJas mustias arrancadas de una hoja
marchita.
Eran restos de las flores, despojos
que al volverse á encontrar hablaron
así:
-¿No te ha servido tu sólida construc&lt;·ión de que presumías para librarte del destrozo que te hicieron?
-Sí, es verdad que la mutilación ha
sido horrib:e, ptlro tampoco tú has logrado escapar de ella.
-Ciertamente, pero yo dejé un recuerdo de mi vida, algo que recordará
mi ~xistencia rápida, pero útil, algo que
hara pensar en mí; dejé perfumes y aro-

¿En q_ué p~nsaré cuando me halle á punto
de moru·, s1 es que estoy aún en estado de
pensar?
li'¿Pensaré en mi mal aprovechada vida, que
pasé como en un suefío, adormecido, sin saber paladear sus frutos? ¡Cómo! ¿Es ya la
muerte? ¿Tan pronto? Imposible! Aún no he
t~nido tiempo de hacer nada! Sólo que yo me
disponía á hacer algo!
_¿Recordaré mi pasado? ¿Fijaré mi p&amp;nsam1ento en aquellos instantes radiosos que tuve en la vida, en las fisonomías é imágenes para mí caras?
O bien ¿volverán á trazarse en mi memoria
mis malas acciones é invadirá mi alma la ardorosa angustia de un remordimiento tardío?
GUAYMAS.-La estación del Ferrocarril.
¿Pensaré en lo que me espera más allá de
ma que embalsala tumba y si me espera en efecto cosa alguna?
. ~ o...... Paréceme que trataré de no pensar, que me esforzaré por _ maron el cálido
ambientedeaquel
idear alguna pequeñez para distraer la atención de las amenazado«boudoirn donde
ras ti°:ieblas que se ennegrecen ante mí.
vivimos.
En m1 presencia cierto moribundo no cesaba &lt;le condolerse porque no
le querían dar avellanas tostadas. Y sólo allá en lo más recóndito
Y al llegar aquí,
de sus ojos ya sin lustre, mientras tartamudeaba sus quejas, bregaba
u na ráfaga de
Y se estremecía un no sé qué, como el ala rota de un pájaro mortalviento que penemente herido.
tró por el balcón
IVAN TURGUENEFF.
• se apl'esuró á séparar á las dos rivales; proclamando la ley de selección
. tan deseada,
mientras yo pensaba que si «ella,»
. En artístico tocador de elegante «boudoir,» confundidas con mulaquella m u j e r,
tit_~d de porcelanas, miniaturas, barros, búcaros, frascos de esencia y
prefería la flor de
mi chucherías más, estaban aquellas dos flores cuyos tallos descansap o r c e 1ana, era
ban en dos jarrones japoneses de cuello alto y cuerpo ventrudo.
mu y difícil :dejar
GUIA,Y MAS.-La. Penitenciaría.
~ozábanse los pétalos de la una con las hojas de la otra, y tan
tras de sí la fra~proximadas se hallaban, que mirándolas así juntas, me dijo «ella," la
gancia, el aroma y el perfume que habían servido de consuelo en la
uefia Y señora de aquel misterioso santuario lleno de encantos:
muerte á _la rosa, Y que sób ellas, las flores naturales, pueden procla-Deben ser muy amigas; ves, parece que se murmuran al oído
mar Y deJar como recuerdo de una existencia tan breve como hermosa.
secretos amorosos. Me gusta más la de porcelana.
A. MOMPEÓN MOTOS.

LAS DOS ROSAS

�Domingo 19 de Abril de 1903

NÓMADA.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Ah I porque la desgracia peregrina sola!
Bohemia, fuiste mi hermana sin saberlo ....
JUSTO

p ASTOR Rros.

Domingo 19 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

la, en donde dejan á sus hijos las mujeres que
concurren á los lavaderos y a l taller &lt;le planchado allí establecidos; y con otras dependen-

QUO VADIS?

Vivió siempre sola.
Al pie de los portales la sorprendieron los
crudos inviernos.
Supo ele todos los climas, cruz6 todas las
playas. Se detuvo en todas partes y conoció
todas las sociedades. - Sin abri~o, sin pan
y .sin lecho,fué una triunfadora de la bohe-

l!:l dolor os fecundo; de sus entrañas surge la bum anidad como un bosario;
Jesucristo es un símbolo, un poeta, que sube con la cruz basta el Calvario;

*
**

No h!l,y virtu_d sin dolor; del sufrimiento emergen las ideas como cimas;
El sabio cuenta su tristeza en máximas, y el trovadot· en rimas;

mrn... . .. .

***

Errante, sola, sin saber en d6nde había nacido, recorri6 el mundo.
Jamás una sonrisa extraña aromó su alma.
Nadie le tendió la mano en su vía dolorosa.
No supo del placer ni de la amistad.
Se detuvo en la Grecia y contempl6 sus
ruinas.
En Persia, en las calles de 'l'eherán, durmió muchas veces á la intemperie.
Un día fué al palacio del Sha, pero un
grupo de mujPres negras le impidió entrar.
Años despué:i era en la ciudad de Tiro la
«Krisís» de un grupo de navegantes bohemios
de Fenicia.

Cada reouei·do del placer pasado, es un puñal en la memoria hundido;
Y evocamos el nombre de un fantasma; no existe la esperanza del olvido;

***

Somos en los desiertos de la vida como una caravana de camellos;
La ruta es ardua; cede la jornada, cuando ya el sol declina sus destellos;

***

La noche como un manto de frescura, viene sobre los oamic.antes y las cosas·
~s la muerte con todas sus quietudes, y to.das sus crueldades silenciosas;

***

Y luego ... allá._.. donde el dolor se ';!Oaba, con un gl'ito amarguísimo, final,
¿Qué ballamos!-La eterna e1·olución de la matel'ia, 6 el supremo Ideal:'

Grupo de obreras reunidas en el Tlvoll de Toluca.
Oh Nómada! oh bohemia!
En dónde naciste, cuál fué tu nombre, y
cuál tu amado?
Ahl un viejo amigo mío, un «taleb», me
dijo:
-Salíamo~ del H oreb. Ella, la N6mada,
iba junto á mí. Al comienzo del viaje me hablaba solamente de cosas triviales. Después
cuando vió que yo le comprendía, ella me
mostró su alma, me contó mur.has de sus
a,·enturas y lloró conmigo....... . yo también
era un n6made, un bohemio ...... .
Fué ni «novia» durante la peregrinación.
Guardó muchas cosas
y en vano quiso abrirme del todo su corazón ... su corazón que
era como una madrépora, su corazón que
era un jardín de sensitivas que se vieron azotadas por el simoun
de todas laR contrariedades... Después de
aquel viaje ella continuó sus peregrinaciones.. ....
El misterio de su
nacimiento, y de su
nombre, y de su vida,
nadie ha podido saberlo ...
¿Por qué habrá tantos enigmas en la bohemia?
Pobre mujer!
Un día, cuando el
taleb me refirió algunos detalles d~ su vida, ya habías muerto.
Era el invierno.
u Yo tiritaba de frío,
me acordé de tus noches en Teherán y lloré mucho.
Fuiste mi hermana
sin saberlo.
Pat·ias de una misma raza, nos engendró
el Dolor ...
Por qué no nos encontramos en el Camino?

€1

ttooll at Obreros 4t toluca.

J. l. VARGAS VILA.

cias igualmente importantes para la educaci6n de la clase trabajadora.

*

Corresponde al Gobierno del Estado de México la satisfacci6n de haber sido el primero
en el país que emprendió la campaña contra
el alcoholismo.

* * motivo del cumpleDías pasados, y con
años del Sr. Gobernador del Estado, Gral. José Vicente Villada, á quien se debe la fundación del Tívoli, los obreros organizaron una
serie de festejos en honor del progresista go•

J UEVES SANTO.-EI monumento

de

San Hipólito.

i:cos ae la Semana mayor.

Alumnos concurrentes á la escuela del

En la capital del Estado se estableció con
este objeto un Tívoli que se destina únicamente á. los obreros, á fin de que allí encuentren
entretenimientos Fanos y agradables que los
alejen del vicio. El Tívoli está situado en la
calle de E8quipulas, en una extensa huerta
llamada del Carmen, que es uno de los sitios
más pintorescos.
Ningún esfuerzo que tienda al buen servicio del benéfico centro de recreo, ha sido omitido: en él hay una terraza para bailes populares, teatro, boliche, maroma, aparatos gimnásticos, columpios y volantines de los cuales
pueden hacer uso gratuitamente los obreros,
los domingos y días festivos.
Para el servicio diario, también gratuito,
hay un baño de estanque y regadera para varones, y una biblic..teca, dotada con obras de
instrucción en su mayoría, siendo notable la
colección de li bros que tratan de las diversas
artes é industrias á que se dedican los artesanos. Además, el TíYoli cuentacon una escue-

Tívoli.

bernante. Estos festejos, de que dió cr6nica
completa &lt;&lt;El Imparcial » resultaron m uy lucidos.
'

.-- .

AMOR SIN NOMBRE.
¿Quién levanta la estatua entre el escombro?
¿Quién Pnciende la llama entre la nieve·?
¿Quién ama entre la tumba? Y ¿quién se atreve
A provocar las burlas y el asombro·?

Como un recuerdo de las festividades reli~iosas que acaban de pasar, publicamo¡:; una
fotografía del ")Ionumento" de San Hipólito, que tanto llamó la atención de los concurrentes á- los templos, el jueves de la Semana
Mayor.
El "monumento" estaba prok.samente iluminado con focos de luz incatldtscente provistos de pantallas de colores pálidos que ofrecían un hermoso golpe de vista.
Un gran dosel, blanco, con artísticas apliC'lciones, servía de fondo al ''monumento."

MAZATLAN.
Las últimas noticias recibidas de l\Iazatlán,
nos dan cuenta de que la epidemia de peste
bubónica, oportuna y enérgicamente com batida por las autoridades sanitarias, ha de~apar ecido de aque-l puerto. El Lazareto, dice utl.
despacho, ha sido entregado á la nutoridad

política, pasando f&lt; ,¡.,
últimos enfermo i.;
()lle allí se curaban
y que escaparon ft
la muerte, á las ba1-rac.'ls del «31 de
Marzo,» donde pasarán el período de
la convalecen&lt;:ia.
Como complrmentarias de la serie de ilustraciones
que «El Mundo IlusM AZATLAN.- Una "Jota'· en las barra
d 1
· 1d
trado» ha venido
cas e os a,s a os.
publicando, con · relaci6n" á la epidemia, damos hoy á conocer dos fotografías: una que
representa la quemaz6n de casas infestadas,
Charco donde hallo el sol reproducido:
por la noche; y otra, un grupo de aislados en
Tanto las aguas turbias en!lobleces
las barracas, en que aparece un hombre del
Con la imagen prestada, que pareces
pueblo tocando la guitarra y una mujer que
Fragmento de los cielos desprendido.
baila la jota.

REVERBERACIÓN.

La razón y las leyes naturales, son más antiguas que las leyes humanas que ha consagrado el tiempo.

Oh mepte humana! charco de agua obscura:
Cuando tus olas la impiedad altera
Muestra por fondo el vicio la locur~·l
Y, bajo el hueco de la azul esfera
Sólo parec~s bella, y clara y· pura '
Cuando Dios en tu seno reverbera.

Al hablar del amor, nunca te nombro,
Aunque tu amor me inflama y me conmueve.
¡Pobre del Atlas que luciendo lleve
El corazón dormido soore el hombro!

F.

¿Tan tarde para qué? ¿,Para qué hablarte
En alta voz, si mi pasión granuiosa
Se esuapa de los límites del arte?
Si después de morir nadie hablar pudo,
Cómo podré hablar yo, que estoy,oh hermosa,
Muerto &lt;le amor y por lo mismo mudo!
JOSÉ SANTOS CHOCANO.

Mas si á impulso del viento sacudido
Tus linfas tehebrosas estremeces
'
A los ojos at6nitos ofreces
'
El cieno en tus entrañas
. escondido.

M AZATLAN,-Casas infestadas destruidas

por

el f uego ( Fot. tomada de noche.)

BALART.

�•
EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 19 de Abril de 1903

Domingo 19 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

.LA. INST.I TUTRIZ.
.
.
ILUSTRACIONES DE SIMONT.
NOVELA POR ESTER DE SUZE.
TRADUCCION DI: "(L rlUNDO ILU~TRADO."

LEYENDO Á HORACIO.
I
El lento y monótono
tin-ta.n que en el claustro
se escucha, congrega
para los Oficios solemnes del año,
á los graves monjes del viejo Convento
de Benedictinos. En fila. cruza.ron
al templo sombrío,
rostros demacrados,
almas humilladas,
espectros humanos
bajo capuchones
grises y casullas de estameña.. Al paso
de tantas sandalias, huyeron en grupos
al bosque cercano,
roncos estorniaos, ruidosos jilgueros,
huéspedes a.la.dos
de las arboledas
del Convento. Mayo
en aquella hermosa tarde, como Venus
desceñida. en báquica fiesta de Pafos,
profa.naba. impúdica.
la tie1·ra, en derroches ~e hervorosos ramos
de aromas picantes,
abriendo y violando
botones y hojuelas,
á los besos tibios del sol, inflamádo
con solturas lánguidas,
en medio de suaves secretos desmayos ....
Amor afrodita.
satura. los campos
con primaverales efluvios ardientes;
y en el cenotafio
que tras un boscaje se oculta. reposa
en yacente estatua el bueno San Plácido,
bajo un doselete
prendido de rosas, de mirtos y nardos,
y ultrajado aquella
tarde por los pájaros,
que forman sus nidos en el duro y hondo
pliegue de la mitra marmórea del Santo.

un sol de forna.Ha despide en el aire,
en la. biblioteca sus luces dejando,
como de una hoguera.
fulgores leja.nos ....

III
Y vino la noche. Los Benedictinos,
por la extra.lla. ausencia del fraile alarma.dos,
á la. biblioteca fueron silencio-.os,
y allí le encontraron:
tendido en el suelo, la carne rendida.,
la. boca entreabierta., los ojos cerrados,
los dedos convulsos,
todavía. marcando
la fascina.dora
página. de Horacio.
Y leyeron: .. . . «Cuando
Glicera. a.parece,
ante ella me inflamo,
más blanca. y pulida
que el mármol de Paros.
Su desdén me atrae
y enloquece. Pámpanos,

jóvenes, traedme, y h:i,ré una corona;
incienso, verbena y v100 de dos años .... &gt;
Los Benedictinos,
escanda.liza.dos,
resolvieron presto quti desde aquel día
no se tradujeran los libros profanos
en los tibios meses de la primavera,
para ahorrarse afanes sordos é insensatos,
mudas tentaciones y absurdos deseos,
todos tan contrarios
á los abstinentes consejos unciosos
.
del dios de la. Orden, del bueno Si:.n PllicHlo,
que duerme su sueilo
de piedra. deba.jo
de aquel doselete prendido de rosas,
de mirtos y nardos,
mientras sus nidales
con vuelo a.moroso fabrican los pájaros
en el duro y hondo
pliegue de la. mitra marmórea. del Santo.
MANUEL

:Marzo, 1903.

'.

II
Detrás del movible
telón de damasco
de l a. biblioteca, se ve sobre un libro
· un rostro excava.do,
cuyas dilatadas pupilas flamean
con fulgor extraño,
cual respiraderos de brasa. encendida.
en horno cerra.do.
Ante la fastuosa bacanal de Flora,
consúmenle afanes sordos é insensatos
y pecaminosas
intenciones. -e¡ Casto!
¡Sé casto!&gt;-repite-Y eleva sus rezos .
al dios de la Orden, al bueno San Plác1do,
contra. tentaciones
de su cuerpo flaco;
pero Amor se filtra
por su piel sudosa con fiero reclamo;
v prosigue el fraile la. provocadora
lectura de Horacio,
en un pergamino
vendido al Convento,
con citas y escolios, yor Jusuf el Sabio.

... .. ..... ......... ·············· ·· ···············
cOh Venus, la reina
de Guida y de Pafos,
abandona Chip1·e, y ve á la mora.da
donde está Glicera, que ella., pi·odigando
su incienso, te.invoca. Tráeme á tu hijo,
tan enamorado,
y á N infas y á g racias
sin cintura .... &gt; (1)
«Cuando
Glice1·a aparece,
ante ella me inflamo,
más blanca y pulida
que el mármol de Parus.
Su desdén me atrae
y enloquece. Pámpanos,
jóvenes, traedme, y h~ré una corona;
incienso, verbena y vino de dos años .. .. &gt; (2)
Languidece el fraile. Las campanas tocan
el Augelus. Dardos,
(1) Oda X2C{.

(2) Oda. XIX.

CHAPALA,-En la playa.

•

(CONCLUYE)

S. PICHARDO.

•

•

Tenía la cabeza pesada; los oídos me zumbaban; la ventana parecía baja, muy baja, y las lianas subían sus millares de brazos frágiles, llenos de hojas, invasores y yo me inclinaba, me inclinaba ..... .
Entonces., mi cabellera, pesadamente, se deslizó por completo
en el vacío y los millares de brazos se apoderaron de ella. Yo era la
cautiva de las flores, yo estaba. muerta!
Ah! Qué vértigo el de est.'\. muerte! Durante la noche pura, durante la noche reposada, mi cabeza habíase ahogado en mi cabellera
y en las Uores ....... .
Luego, un desgarramiento; una separación, fibra por fibra, de
cada bucle y de cada flor; dos brazos dulces que recogieron mi talle
encorvado, y un aliento que me decía mil cariñosas palabras suplicantes, cerca, muy cerca de mi rostro ......... E:;¡taba vi val Me había
salvado del abrazo de las flores traidoras!......... Pero ¿.quién?..... .. .
ah! ¿quién me hablaba tan tiernamente? .... .. ¿)li madre·? Lo pensé.
La sombra era una mujer de ojos dulces, de cabellos blancos.
Aunque más baja que yo, su fuerza nerviosa la hacía capaz de sostenerme entre sus brazos ...... Y murmuraba:
-¿Por qué se habría usted arrojado, medio muerta, por esa ventana·? ...... Oh! qué inmenso es su dolor, niñal Cómo la compadezco
y cuánto la amo!
El oír esa voz tan cerca, me llenó &lt;le estupefacción.
)fe eché para atrás, rechacé á la. mujer y la miré con espanto.
-Victorina-murmuré, vuelta por completo á mis sentidos.Csted?
Ella cayó á mis plantas.
-Sí; yo ........ .
Y sin abandonar esa postura, en tanto que yo permanecía erguida., y estremeciéndome de indignación, habló en frases entrecortadas.
Había sido institutriz. Había gustado la miel de la soledad,
miel silvestre, dulce al principio y después irritante hasta la locura.
Había sido bella en su juventud; su camino estaba · cubierto de lazos
y cayó en ellos. Cuando se levantó, después de la embriaguez, era
madre... ...
•
-Si supie~a usted, rníioríta María TP.resa, cuánto honor y cuánto de¡¡eo de hacer el bien, 'habfa en roí! En lugar de maldecirle bendije al fruto ele mí falta! Iba á lavarme en él! Le haría puro, le haría noble, le haría grande! Sería mi estrella, el incesaute impulso
ele mi rehabilitación. Y cuando fuera hombre, lo mostraría al mundo, diciendo: «l\Ie habéis anatematizado porque éste.es mi hijo; pero
estabais locos, ¿no es cierto?" Pero se murió, hija mía. Apenas nacido, se murió .... .. Entonces los azares de una increíble miseria me
condujeron hasta esta población. Ocupada en oficios cada vez más
groseros, me convertí en Victorina, la vieja, con cara &lt;le bruja, que
usted conoció. Y vivi todavía mi vida miserable; pero con mis ojos
ariscos y lastimero1:, observé, tan de cerca como me íué posible, el
destino de todas las institutrices. Hay muchas aquí! Esparcidos,
colgados de cada pendiente de las rt&gt;cas, se yerguen los pueblecillos
con su iglesia y su institutriz. Las conozco á todas. Las vigilo á todas. Algunas son débiles y carecen de grandeza: las menos, es cierto! OLras son admirables: yo las acecho, trato de evitarles el mal que
las tienta. Yo la. he sal vado á usted una noche, señorita :M aría Teresa!
Y levantaba hacia mí su pobre rostro, donde brillaba con reflejos de ternura, la inquiétud de que yo no pudiese comprender la belleza de su acto.
-Aquella terrible risa, sabe usted?
Si lo sabía yo! Y era para salvarme, que se había reídp de ese
modo!. ..... Pero entonces ella era un ángel guardián, con todo y su
cara de bruja, como decía.
Pero entonces, entonces, por qué no se había limitarlo á esa risa? Por qué había propagado por todas partes lo que llamaban mí
falta? ..... .
Le dije todo esto, tendiéndole la mano, para que se levantara,
porque la perdoné. inmediatamente,_á carn,a de su triste historia; pero la perdoné sin ímpetu, sin ardor, sin fuerza ..... ... Quedé afligida
porque mi existencia estaba truncada, de todos modo¡,, no obstante
los esfncrzos que esta mujer creía haber realizado. Ella no aceptó mi
in vitnción; permaneció de rodillas y sólo oprimió mi mano con sus
h\bios.
-Xo; yo uo he Rido! Ha siclo Sil vio, ha sido. Phrm,ia: es nece~ario tan poco en un pueblo! Pero no he siclo yo; se lo juro, scíiorita
~Iarfa Te re~a !
-Qué importa! qué importa!-dije clolorosa1úente ........ .
Y lloré. JWa no se alrevi(1 á decirme nada mfü,; dirigió una mirada en derredor y vió mi baúl cerrado, mi petaquilla sobre un asiento, mi !-ombrero, mis guantes sobre la cama intacta.
--Re marcha usted'?-rnurmuró.
-Sí. ..... para morir ..... .
Re puso en pie, fijó en mí su mirada, que se había hecho grave.
-A suicidarse?
-No! oh, no!......... No lance usted su risa, por segunda vez
Victorina! No voy á hacer nada malo......
•
'

Y le referí, en unas cuantas palabras, lo de mis ciento doce francos; el retiro que alquilaría, mi ida al cementerio, las rosas blancas
del último día, cuando no me quedase un céntimo. Me escuchó primero asombrada, después ansiosa.
-Ah! No voy á reír, no! l\Iás bien voy á salvar t,. usted una vez
más, pobrecilla! Porque usted es noble y buena, yo lo sé ...... Dígame, desde luego, cuál es más triste: mi historia, que acabo de referir,
ó la de usted, que va á terminar de un modo tan cobarde? No quiere •
usted intentar nada para volver á empezar, y apenas tiene usted veinte años? Va usted á partir, está bien; es lo justo y lo debido. · Pero
donde vaya usted no será posilile instalar un nuevo hogar, pequeño.
pero en el cual pueda anidar la felicidad?
·
l\Ii pecho se estremeció, mis ojos se abrieron de par en par para
seguir la visión lanzada al aire: ese hogar en que pudiese anidar la
dicha ..... .
-No es posible-dije suspirando.
Y reí, en tanto que un sollozo de confusión me oprimía la garganta.
-Tengo ciento doce francos, Victorina, y soy enteramente sola
en el mundo. .....
·
Se aproximó á mí, y me dijo en voz baja, muy baja:
-Permita usted que la acompafie, María Teresa! Tengo algunas
~conomías: soy animosa; le serviré de criada, mi,mtras usted da sus
lecciones ... ...... Y por las noches, cuando usted regrese á casa la rodearé de tanto amor, que seré para psted casi una madre ...... Acepte
U'lted, María Teresa! ..... .
XXXIV
Acepté casi inconscientemente, como entre sueños como se reza
como se llora, con cierta incredulidad de que tal gota de miel pudi/
se encontrarse en el fondo de mi copa; rebosante de amargura. J a
anciana no se tomó más tiempo que el indispensable para hacer ;u
maleta y recoger sus economías. Partimos momentos después por el
tren de las cinco ..... .
...... Esta mañana de domingo, en que trazo estas últimas líneas,
me llega carta de ~a sefiora Albert, en que me anuncia que el abate
~havard ha cambiado de curato y 9ue la institutriz-oh! yo creo que
siempre pura, pero no menos.des?1ch~da, po~·que el abate está ligagado por sus votos,- que la rnst1tutr1z Eeñonta l\Iorín, ha renunciado su puesto, para seguir al abate. Y ahora que estoy salvada me llena de confusión esta nueva perspectiva de desgracia. Porqu~ efectivamente estoy salvada.
'
Hace siete meses que estamos en l\Iarsella viviendo en una buh.ardilla de la calle X . .. , dos piezas, un pequefio gabinete, una cocina......
•
. Victori~a es quien ha a~ueblado todo y arregládolo. No he sa- •
b1do nunca a cuánto a1:1cend1an sus economías· pero debe haber tenid? una minal Porque. mi recámara es una ob~ maestra, &lt;!on su lecho
comodo, su. gran espeJo y sus fl~res. Ella duerme en el gabinete, á
pesar de m1~ ruegos, y la ~tra pieza es una especie de coJJ)edor alegre, en medio de su pobreza, y libio como un boudoir.
'
l\Ias qué de?ir de la cocina?: las golosinas que prepara Victorina!
Los plftos cond~mentados. con las sobras de la víspera, pero tan sabrosos. La admirable muJer se ocupa de todo con carifio y por la
noch~, cuando regreso
mis lecciones ( al fin he hallado di;cípulas)
1:1e s;ento t~n conmovida, ~n, llena de reconocimiento, que á mí ve~
, oy •\arrodillarme ante el sillon en que descansa }a anciana ..... .
. E11tonces ella ;111e ac'.1-ricia los cabellos con su mano marchita;
mira al fon?o de mis pupilas, y me dice con dulzura:
-Aqm s~ puede aguardar, no es cierto, hija mía?
l\íe rubonzo, p~rque quiere hablatme de amor, de casamiento
de l~~ numero1&lt;as muadas de hombres que han debido fijarse en
atre, idas y dulces, en tanto 9ue voy de un lado para otro en medio
de la buena, de la sana multitud.
- Se pu~de esperar, no e~ cierto? Se acabó la mala soledad ....
-Oh. S1 1 amiga mía!. .... .
Dig? esto coi: t11nta fe, que ella sonlÍe y se hunde conmigo en
el ~ensuei10; m-3 dice q~e. es verdaderam~nte impo~ible que yo no me
ca. e, p~es no soy amb1c1osa, y ~e predice que m1 vida Rerá dulce
tranqmla, 9ue tendré muchos h1Jos, de los cuales el primero h {
ll~m~rse y1ctor, en memoria d~ Victorina, y también en recuerd: ~~
m1 v!ctona ...... Porque he salido victoriosa de la ~oled d d 1
ducc1ones, del desaliento......
~
ª , e as sey tiene raz6n,
así
sucederú
·
ya
siento
en
derredor
de m1,
, mu1t1·
. , ·• ¡
.'
tlld- de Cos. ~s ar p1.opos1c~
e e un Joven ..... .. Pero, chut!. ..... Oh companeras mrns, mis desdichadas comrañerasl Cómo
t
, ,
f r r.
t
l
·
¡
d
'
me a reveria asir
e .1z, ,i es ar a a 1mgo e e to o, cuando vosotras estúis al borde del
abismo ........ .
Oh!
Si .alguha·1 que lea estas líneas puede salvarse
.
(,
' ' . aún 'yo Ja COllJUro a que sm vaci ar se arme de valor y luche....... el triunf0
. _
ro, pero es tan dulce al final!
es ca

?e

mí'.

FIN

•

�Domingo 19 de Abril de 1908

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 19 de Abril de 1903

los cuales vimos de seguridad contra incendio
y contra robo. Estas últimas son una verdadera maravilla: hechas de acero de Chrome,
tienen una palanca que sirve para ajustar
perfectamente la puerta, que cierra por meqio
de una «chapa de Banco» que se presta á millones de ~ombinaciones. Estas cajas de ,,l\Iosler,i sbn de reputación universal, no tienen
rival; buena prueba de ello tuvimos cuando el
formidable incendio de «La Valenciana," donde en una de ellas se. salv6 má-s de un mil16n
ele pesos. Por eso In caja "Mosler" es en los
Estados Unidos, acá y en todas partes donde
se la conoce, sin6nirno de «Eeguridad absoluta.»

l:Jn Gran Establedmiento N}er,antil.
VISITA Á LA CASA MOSLER, BOWEN &amp; COOK, SUCR.
Pero la sabia administraci6n del señor General Porfirio Díaz, puso una
infranqueable barrera á tales desmanes, y al amparo de la tranquilidad y
de la paz q\Je hoy reinan del uno al otro confín del país, han veniqo en
imponentes masas á aprovecharse de sus incalculables riquezas y á darle
una vida de positivo progreso y prosperidad, inteligencias creadoras, brazos
que ejecutan, capitales que impulsan y fecundan.
l'or eso, en un período de tiempo cortísimo, se ha efectuado en el país
una sorprendente metamorfosis y hemos visto surgir, como por obra de
encantamiento, grandes casas de comercio é industriales, que, ·como la de
Mosler, Bowen &amp; Cook, Sucr., no solamente prestigian el talento y habilidad del hombre que ha sabido crearla y desarrollarla (el Sr. Geo. W.
Cook), i,ino que hablan muy alto en favor de la Naci6n, cuyo bonancible
estado pregonan de manera bien elocuente.
Esta casa, de muy reciente fundaci6n, es hoy, gracias á la labori0 8¡.
dad de su propietario, la primera en su género en toda la República, y se. guramente un establecimiento digno de todo respeto y consideraci6n, porque

Entramos al sal6n donde se exhiben las alforn bras, y nuestra sorpresa, creciente cada vez,
ray6 en positiva admiración. ¡Qué derroche
de buen gusto! ¡qué variedad infinita de estilos y clases! ¡qué de grandes novedades! Desde las alfombras, tapetes 6 telas más sencillos
Plant a baj a.-Oepartament o de cajas.

el um bral, ante la contemplaci6n de un rico y
variado surtido de artículos para escritorio que
se exhiben en un lujoso mostrador todo de
cristal : allí se encuentra desde el lápiz más
corriente, &lt;le!'de el papel más barato, hasta el
artículo &lt;l., lujo y de irreprochable buen gu~to.
Eu seguida está el tlepartn111ento de múquinas
de escribir y conta&lt;lores de dinero. Aqní fe
ven agrupadas sobre una mei;a multitu&lt;l &lt;le
máquinas &lt;le escribir, recibi&lt;lus en cambio de
que han i&lt;lo á pagar i,u tributo, á ren&lt;lir su
homenaje,. ante la superioridad indiscutible
de la gran «Smith Premirr,i- declarada por los
expertos la primera entre las mejores. Y á su
lado, están los contadores ,,National,» impert érritos vigías, dependientes insobornableR, de
honradez acrisolada, que economizan dinero
de un modo prodigioso, y que hoy, conocido
su mérito, tienen demanda de todas partes.
Después, admirando uno á uno los muebles
que hay en los aparadores que dan á la calle
de Vergar3:, llegamos al departamento de cajas
fuertes. Bondadosamente nos fueron mostrados los diversos modelos en existencia, entre

Vist a ext e rior de la casa Mos ler, Bowen y Cook, S uc r.

No ha mucho füimpo, los inmensos recursos con que cuenta
el país pisaban desapercibidos para la mayoría, y ni propios ni extraños, aun cuando supieran apreciarlos, intentaban obtener de
ellos algún provecho, porque el estado de perpetua revuelta en que
estábamos, ponía en peligro todo género de empresas y amedrentaba á los más animosos, que justamen~ temfah ser víctimas de
imprevistos y fatales acontecimientos.

P lanta baj a.- Oeparta ment o de a lfombras y telas.
Entrada principal.-Oepartamento de papelería.

á él deben su i,ubsistencia un gran número de
personas que allí han encontrado trabajo y

porvenir.
Negociaciones como la en que nos ocupamos,
m3recen ciertamente la protecci6n del público,
al que (aunque ya demasiado conocida) vamos á tratar de d~scribir algunas vistas de ella
tomadas para ilustrar este cort~ artículo.

Departamento de máquinas de escribir y contadores.
•

•

El gran almacén de muebles y talleres de
tapicería de :Mosler, Bowen &amp; Cook, Sucr., ocupa, como es sabido, un lugar prominente en
el coraz6n de la ciudad, pues se extiende ·aes•
de la esquina de la 2~ calle de San Francisco
y V ergara hasta la otra esquina de esta calle
con la del 5 de Mayo. Su edificio hacia el lado de San Franciijco, es de notable esbeltez Y
elegancia, y sus grandes y numerosos apa·
radores, profusamente iluminados y artísticamente decorados, constituyen un verdadero
ornato de la ciudad. La entrada principal da
á la calle de San Francisco y se siente uno
gratamente impresionado, desde que traspone

Planta baja.--Sal6n princi pal,

hasta los~más delicados·y costosos, allí se encuentran á precios relativamente bajos, si se
atiende á la buena calidad, y en facilísimas
condiciones de pago.
Continuamos nuestra agradable visita, y llevados en un magnífico ascensor, subimos al
segundo piso. Lo primero que vimos fué un
corredor bonitamente dispuesto con un Yariado surtido de bastoneros de todos tamaños
estilos y maderas, y en los cuales no se sab~
qué estimar más, si lo «decora.ti vos» 6 lo útiles
que son. De aquí, pasamos á un gran sal6n
do~de están expuestos muebles de caoba, á
decir verdad, maravillas de arte algunos de
ellos. Entre otros, recordamos mesas de centro, gabinetes para música, escritorios para señoras, costureros, bahuts·y vitrinas. Entre loR
&lt;los últimos artículos, debemos hacer especii; J
mención de unos de rosa con bronces cincelados, de notable belleza y fino acabado.
Pero donde nos extasiamos contempland,1
con detenimiento cada objeto. fué en el i-alú 11
que p~dríamos llamar «dorado, » porque no hay
u_na pieza que no lo sea. Deslumbradora es )a
riqueza que allí se ostenta, y, si hemos de ser

•

�.

Domingo 19 'de Abril de 1903

EL MUNDO ILUST~O.

EL. MUNDO ILUSTRADO.

Domingo l9 de Abril d,e 1903

muy buscados entre nosotros y ciertamente
de positiva utilidad: mecedores y mesas de
centro. Nunca habíarn.os visto un surtido tan
c¿mpleto: de los primeros ha'y como cien modelos, y de las segnndas como doscientos.
Subimos al 3er. piso y desde luego llamó
nuestra atención el gran número ele cristaleros de encino y de nogal que cubren las paredes del corredor. Teníamos, pues, la indicación clara de que íbamos á visitar el departamento de muebles de comedor.
Efectivamente, aparadores y trinchadores
de encino y de nogal, de todos tamafios, estilos y precios, se presentaron ante nuestra vista, dispuestos convenientemente en un amplio salón, de donde pasarnos á otro en que
están agrupados los ajuares completos. Los
hay de nogal, europeos, ricamente tallados en
los estilos Luis X V, Renacimiento y Enrique
II, y americanos, de construcción inimitable
y buen acabado.
A su lado, queda el departamento de loza
inglesa, donde vimos vajillas completas desde
S 40.00 en adelante, finas y de buen gusto,
así como juegos para lavamano~, de precios

para los escritorios que en seguida se pueden
admirar en otros tres salones, donde los hay
planos, altos·y de cortina. Estos, son de g~an
conYeniencia para los hombres de negoCios,
porque les ahorran tiempo expeditándoles· la
disposición de sus papeles, que con facilidad
encuentran en caso dado. El surtido es riquísimo, y estamos seguros de que·quien desee
un mueble semejante allí lo encontrará mejor
que en cualquiera otra parte.
Dábamos por terminada nuestra visita, pero supimos que en ese mismo piso estaban los
talleres de tapicería y rogamos nos fueran
mostrados. Entrarnos á ellos y admirarnos el
buen orden, y más que nada el grupo de mujeres, casi todas jóvenes, que estaban entregadas á su trabajo, ganándose la vida de una
manera decorosa. Nada falta en aquel sitio: la
herramienta, los aparatos, todo de primera:
artesanos hábiles y cumplidos, maestro inte.
ligente en:su ramo. De ahí, que'.todos digañ
que la mejor casa decora-dbra en M:éxico, es la
Mosler, Bowen &amp; Cook, Sucr.
Pero si lo descrito habla muy alto de l(ca-

•

•

Tercer piso.-Salón de Muebles para Recámara.

Segundo piso,-Muebles para sala,

francos, no im~ginábamos que mueblería algÚna en esta capital reuniera tantos muebles
de fantasía, ni por su número ni por su variedad ni por su clase ni por sus precios. desde
los más bajos imaginables hasta algunos eleV'adísimos que corresponden perfectamente á
su valor artístico. Allí hay ajuares para sala,
sillas, sillones, vis-a-vis, vitrinas, espejos,
jardineras, juegos de consolas, repisas, biombos, devaJ'.lts-chiminées, mesas, taburetes; en
fin, una diversidad infinita de artículos decorativos.
Después fuímos al salón donde están exhibidos los ajuares para sala en maderas de nogal y de caob3:. La inmensa variedad que hay
en existencia, hace pensar por qué todo el que
allá va en busca de ellos, sale siempre satisfecho y nunca sin haber comprado. Los estilos,
hoy tan en boga, Luis XIII, Luis XIV, Luis
XV y Luis XVI, están fan puramente representados, tan pei;fectamente acabados, que no
hay quien [por exigente que s~a] pueda dejar de reconocerlo y de proclamarlo.
Cerca, está otro salón henchido materialmente de dos diferentes clases · de ~uebl~s,

Te~r piso.-Salón de Muebles de Comedor.

Hasta aquí lo de muebles para casa,· en te.
sis general considerados;nos faltaba por ver el
departamento de muebles para despacho: así
lo manifestamos y fuimos conducidos á él. La
fama de que goza la casa Mosler por esta clase de muebles, es mucha ya, y todos reconocernos que es una especialidad de ella; pero,
ciertamente, si se examinan con detención, si
se observan cuidadosamente y se estiman la
calidad, la variedad y la ~antidad que permiten escoger á satisfacción, cualquiera alabanza que se haga es pálida ante la certidumbre
de la realidad. En un solo rincón del 4? piso,
hay aglomerados más de 35 distintos modelos
de chaise-longues de cuero y tela y más de 40
de sillones para cstudio,íorrados de cuero y con
armazones de encino ó de nogal. Después, ocupando la parle principal del salón, cuyas paredes están cubiertas de archiveros de diferentes
clases y de todos tamaíi.os, se encuentran como
60 modelos ó más, de ajuares de cuero de búfalo, perfectamente resorta&lt;los, cómodos y debonita apariencia. Enfrente, se ven muy cerca ele
100 distintos sillones giratorios, propios
Cuarto piso.-Salón Principal.
Segundo piso.- Salón de Muebles Dorados.

sorprendentes por lo bajos, si se tiene en cuenta su buena calidad.
Tocó su turno á los muebles para recámara.
Ajuares completos de madera de encino, finos
y corrientes, llenan dos salones, y por lo tanto, se puede hacer una selección entre una_infinidad de juegos lfütintos. Otra pieza la ocu·
pan los ajuares de nogal americano y otra los
ele ojo de pájaro, corre&amp;pondiéndoles un surtido idéntico de roperos y guardarropas, sin
lunas y con ellas. Pero do,1de tuvimos que
detenernos largo tiempo para examinarlos cuicladosamenteJné en el amplio salón donde están los ajuares europeos de nogal tallado.
Representan los estilos mús conocidos y, ¡{°unque todos y cada uno en lo particular, son dignos ele admiración, hay dos, uno llamado
«Iris» y el otro «Du Barr,r». que ~on verdaderas
obras de arte escultórico.
En el mismo salón está un riquísimo surti~
do de camas de latón de lo mejor que se fabrica en Estados Unidos, y, sin hipérbole, en
el mundo; pues sabido es el aprecio de qtUl
hoy disfrutan en todas partes, por su solidez,
su ·material ·extrafino y su perfecta manufactura.

sa de que tratamos, hay algo más que la hace
mucho más recomendable: su personal e!!tá
formado de individuos aptos y de finas
maneras, que hablan varios idiomas, y que
tratan á todo el mundo, compre ó no, con
cortesía. Todos ellos tienetr, por lo que vimos
y oímos, un lems: KTrabajo y progreso.&gt;,

Satisfechos y agradecidos, por las atenciones que se nos prodigaron, clejam·os la casa .
Mosler, Bowen &amp; Cook, Sucr., cuyo mayor
progreso con sinceridad desearnos; y, cordialmente, felicitamos por el gran éxito que ya
ha alcanzado, á su digno propietario el señor
Geo. W. Couk.
•

Cuarto piso.-Salón de Escritorios de Cortina.

•

�Cárlos Manuel Durán.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Cuentos del manicomio</name>
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                    <text>EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 12 Id.e Abril de 1903

ELECCIÓN DE CASA.
Uno de los factores más impoctantes para la salud, cuando se escoge habitación, es la atinada elección de sitio en que aquélla está
colocada.
El clima el rumbo á que cae su
fachada, 1~ altura de los pisos_, la
altitud en que está colocada (si en
valle, ladera ó cima),las porciones
de agua que existen á sus alredeaores, y su calidad de lagos, ríos,
pantanos,charcas ó estanques, etc. ,
y la naturaleza de su suelo, todo
debe ser considerado.
Sabido es que varían en las localidades la severidad de los rayos
del sol la dirección del viento, la
temper~tura y la humedad atmosférica, y de ahí dependen las cualidades ó inconvenientes de una residencia.
Conviene saber que los cuartos
con vista al sur son más calientes
que los que caen al norte, pero que
mientras en éstos la temperatura es
constante, en aquéllos varía sin cesar.
Las casas situadas en los bosques ó rodeadas de arbolados espesos y altos son mal sanas á causa de la humedad; mas si el bosque
está situado á un lado y á corta
distancia de la finca, aquél le proporciona abundante oxígeno, la
defiende de los vientos fuertes, sin
privarla del beneficio de los rayos
solares.
Debe evitarse cuidadosamente escoger habitación junto de fábricas,
hospitales, minas y grandes almacenes, pues en ellos se desarrollan
gases y partículas muy pequeñas
de polvo, muy nocivas para lasalud.
Los pantanos, charcas y e3tanques de aguas mue1;'tas son mal~s
vecinos porque el aire húmedo, y1ciado á menudo por las emanaciones de materias vegetales y animales en descomposición, acarrean
consigo el paludismo, la malaria y
toda suerte de fiebres por lo general mortíferas. En las tierras tropicales y subtropic~les, d_onde los
vientos reinantes m provienen del
norte ni son fríos, tales depósitos
de aguas estancadas pueden llegar
á hacer inofensivos los pantanos,
plantando en su vecindad árboles
de eucaliptos; y en las zonas templadas se puede obtener el mismo
resultado, basta cierto punto, por
medio de las plantas llamadas vulgarmente &lt;flores del sol.&gt;
El aire húmedo, cuando es frío al
mismo tiempo, es más dañoso que
el húmedo caliente; y el aire ~uy
seco en las babitaciones,es también
nocivo. Esta circunstancia se nota
claramente en los cuartos de la:s
casas de clima frío, que por el rigor del tiempo es necesario ~alentar, bien á vapor, por medio de
agua caliente ó por estufas calorí:feras ú hornillos.
El aire calentado por medio de
hornillos de~ pasar por un depósito de agua antes de entrl!-r en la~
habitaciones, siendo lo meJor tener
en cada una de éstas una gran vasija con agua. Lo mejor de todo es
mantener las habitaciones frías y
bien aireadas, pero en los climas
rigorosos eso es imposible. El que
abrigándose puede resguadarrse ~el
frío sin necesidad de calor artificial' goza de excelente salud.

1
1

•
•
Bordado para aplicaciones.

J:ttrilla
No siempre amor prepara
De rosas sus cadenas,
Ni están de fruto llenas
Las ramas del placer.
De ti ya me separa
Crudo deber tirano;
Tu rostro soberano
No be visto desde ayer.
En vigilancia activa,
Junto al arnés y espada,
Sólo el pensar me agrada
Que atiendo al común pro;
Y mientras que festiva
Pasas la noche ufana,
Velando po1· Rosa.na
Paso la noche yo.
Mi pecho apesadumbra.
Del sitio la aspereza
Si alivian mi tristeza
Los brazos de esa cruz.
La negra. estancia alumbra,
Del que rendido te ama,
La vacilante llama
De moribunda luz.
Sitial de tablas duras
Y capas protectoras
Con:fot·tan pocas horas
Del día que ayer vi;
Y entre armas y. armaduras,
Caballos y guerreros,·

A ti vuela, señora,
Mi amante corazón.

Dos fieles compañeros
Descansan junto á mí.
¡Descansan!.. ¡Ah! Su pecho
Está de amor vacío,
Y yo siento en el mío
Abrasador volcán.
¡Descansan, y en mi lecho
Yo agito mi quebranto,
Y turbo con mi llanto
Los sueños que tendrán!
Si cedo al sueño, un eco
De pronto me despierta
Y del cansado ¡alerta!. ...
Escucho el largo son;
O el relinchido hueco
Del alazán brioso,
Que aumenta estrepitoso
El cóncavo artesón.
Al que apartado gime
De tus divinos ojos.
La vida es toda enoJOS
y á aborrecerla voy,
•
Si tu ,beldad no imprime
En mi ánimo la calma;
Si como teme el alma,
N~ vuelvo á verte hoy.
Mas ya á mi lecho dnro
Su rayo el sol envía;
Ya dora el nuevo día
Mi lóbrega prisión:
Y del recinto obscuro,
Donde penando mora,

i

•

JUAN DE LA PEZUELA.

(Cona.e de Cheste.)

RECETA DE COCINA.
BUDIN EMPLUMADO.

•••••••••••••••••••••••••••••••••

"SANTA FE," LA MEJOR RUTA
ADenver,:Kansas Cíty, St. Louis, Chicago, New York,
San Franci11co y Los Anueles

Para hacer este rico budín, que es
uno de los mejores postres en las
mesas europeas, se mezclan una taza de mantequilla derretida y dos
de polvos de azúcar, tamizados.
Después de bien batidos, se agregan á una taza, no muy llena, de
almidón de trigo, otra de leche y
dos de harina flor, á la cual se hayan echado con anticipación ~os
cucharaditas cafeteras de &lt;Bákmg
Pówder.&gt; Incorpórese todo y añádase una cucharadita de extracto
de naranja; acomódese la mezcla
en una tortera honda untada de
mantequilla, y déjese cocer por media hora en el horno templado.
Una vez cocido el budín, se le hace una corona con siete claras de
huevo batidas y polvo de azúcar al
gusto; volviendo . á ponerse en el
horno por diez mmutos.
SOPA Á LA JULIANA
Se toma igual cantidad de zanahorias, apio, lech?ga, acederas,
guisantes y habas tiernas, se reI:i-ogan en manteca con unas roda¡as
de cebolla, se echa después caldo
del puchero y se cuece á fuego lento, y después viértase sobre rebanadas de pan muy delgadas.

EL TESTAMENTO.

Dtl Tllmo. Sr. JlrZObispo 'f«ban.
Los bienes fueron valuados
en$ 125,000
La mayor parte de lo testado consistía en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en "La Mútua"
Compañía de Seguros
sobre la vida, de Nueva York,
Ha.ce pocos dia.s que se pra.ctlc6 la
apertura. del testa.mento del Ilustrlslmo
Sr. Arzobispo Don Pa.trlclo A. Feeban
en la. eluda.el! de Chlcago, Illlnols. La
,ortuna. di dlstlDKUldo prelado ascendió a, cerca de $125,000 oro americano;
y segdn el Inventarlo que se ha pub-lea.do, los bienes que dejó fueron como
Jlgue:
Dos p6llzaa de ' 'La Mutua,' • Compal!la de Seguros sobre la. Vida, de Nueva York, por $25,000 oro
cada. una, ó sean. . • •$50,000
Dividendos acu~ulados SO·
bre una d'e las póllzas. . 9,829
Otra p0llza de seguro. · • • 14,0~
Acciones en efectivo Y en
Bancos. . , . . . . . . 37,000

PARA CURAR UN RESFRIADO tN UN DIA
Tome las pastillas Launtea de Bromo-Qnlnlna.
Bl boticurio le devolverA 10 dinero II n'! se cnra.
La firma B, W. GrOTe ■o baila en cada ca¡lta.

!

I'

t•

oro
ro
0

oro
or0

Entre la.s dlsposlclones del se!lor Arzobispo, en au testamento, se hicieron

México D. F., marzo 3.-Siempre he he~ho y sigo haciendo ID: uy
buena apreciaci6n de la Emulsi6n
de Scott de aceite de hígado de
bacalao prescribiéndola constantement~ en mi cli~ntela, por el
buen resultado que siempre he
obtenido con su administraci?n,
desde hace quince años_ que ~Jerzo mi profesi6n de médico y cirujano.
Las anteriores palabras fueron
escritas y firmadas por el doctor
Manuel S. Izaguirre.

,,t'

1'

"

l!stas:

A su hermana, sellorlta Ka.te Feeh•:~
que estuvo siempre con l!I basta
muerte, $40,000 oro en bonos Y $25,0~
oro de una de las póllza.s de seguro
a, la se!lora Anna A . Feeba.n, viuda de
se!lor doctor Eduardo L • Feehan, hermano del se!lor Arzobispo, $25,000 oro
de otra. de las póllzas, Y $5,000 ºp
r o/~
efectivo· a, la Academia de San a r •
clo de éhlcago, de la que es precepto·
ra su hermana, Madre Maria Catallna,
$10 000 oro de la tlltlma póllza; a, la
esc~ela • 'Santa Maria' ' de ensel!anza
prli.ctlca para va.rones, de Feehanvlll:;
Illlnole, que era la Institución por
que mlls se interesaba. el sel!or Arsoblspo, se entregaron los $4,000 reatan·
tes lle la 111tlma pólls&amp;.

¡

Se reservan camaR en Carro Pullman para todos los punto::;
en los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Comedores de
Harvey en la Linea de Santá Fe,soñ renombrados en el mundo
entero. Para precios, itinerarios y otros informes, dirigirse á
w. s. FARNSWORTH.-Agente General.
ta. San Francisca, llilm. 8 11 Wláxlca,

l

a. F.

•••••••••••••••••••••••••••••••••

1.-Elegantísimos vestidos de paseo, propios para señoritas.

Explicación dt
nutstros grabaaos.
Número l. De verdadero buen
gusto y airosísimos poi· su modernista y elegante confección, son los
cuatro vestidos que representa este
grabado. Todos son apropiados
para séñoritas de talle esbelto 1
deben llevarse en paseos vespertinos. Aunque á primera vista parece complicad a la confección de estos

trajes, no lo es en realidad, pues
para ella sólo se requiere un buen
gusto en la elección de_la~ aplicaciones, que son de enea.Je irlandés,
seda rameada, gasa vaporosa y
cintas de terciopelo. También contribuye en gran manera la. elección
de la tela, que debe_rá ser ~util, propia para la estación primaveral.
De preferencia deben anq uirfrse colores claros, que son los más apropiados para rostros agraciados y
talles gentiles.
Nuestras simpáticas lectoras de-

ben también fijarse muy detenidamente en los g1·aciosos y elegantes
sombreros de estos figurines. La
moda actual es muy estricta en lo
que se refiere á los sombreros femeninos, pues éstos no deben cubrir el
peinado, sino antes bien, ayudar al
lucimiento de éste. En la mayor
parte de los tocados femeninos, y
sobre todo, cuando el cabello no es
muy abundante, es preciso llevar
&lt;crepés&gt; que abulten el peinado y
contribuyan á hacerlo de gran vista. El cabello debe llevarse lo más

suelto posible, excepto en tocados
especiales en que es preciso sujetarlo y restringirlo. Esto último
viene á constituir una estética especial adecuada solamente para
cierta clase de rostros.
,8
Número 2. Para paseos campestres son apropiados los vestidos
que representa este grabado: Los
laterales son de paño color claro,
encubridores del polvo y de sencilla y vistosa confección. El del
centro es para amazonas y se confecciona con cheviot color obscuro.

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 19 de Abril de 1903
La falda de este vestido es enteramente lisa, y el talle, después de
ajustar perfectamente en la cintura,
lo cual es indispensable para dar
una vista airosa al cuerpo de la
amazona, cuelga algunos centímetros bajo el ajuste. Al sombrero de
copa, se le pliega graciosamente
una ancha cinta de gasa, ribeteada
en la parte superior, con adornos

más 6 menos vistosos y elegantes.
El cuello y la corbata de este traje,
enteramente varoniles, son de todo
punto indispensables para una perfecta amazona.
Número 3. Este .,legante vestido,
de estilo ente1·amente moderno y cuy a confección se ajusta á los más
estrictos principios de la moda,
puede construirse con cheviot, paño cebellina ó paño
de damas, de colores claros. El de
estilo «Princesa&gt; y
cuello esclavina.do,
,,
debe ser de paño
('"·2-,:
obscuro, y propio
para señoras de
1 '
'. •J
edad. El her. ,,i::.
.-i~ cierta
moso vestido taque se halla
¡ .. ~
{J, •..o•,_ bleado
en primer término,
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lleva en parte de
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1~1.~:'1 ~ --

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•

.~

la espalda y sobre los hombros,
graciosas aplicaciones de encaje
il'landés, que hacen sumamente original la confección de este traje.
Un cinturón de seda, tableado, ajusta el talle y por la espalda se pliega en dos grandes rosas y se hace
terminar por vistosas y flotantes
bandas. Las aplicaciones de cinta
del traje «Princesa,&gt; le dan á éste
un elegante aspecto. Los otros dos
vestidos, de estilo sastre, son también sumamente originales y vistosos por lo modernísimo de su con·
fecci6n.
Número 4. La colección de sim·
páticos y graciosos trajes infantiles que hoy presentamos en este
grabado á las madres de familia,
debe dejarlas complacidas en extre•
mo, pues en ella podrán encontrar
diversidad de estilos y de gustos.
Todos estos trajecitos, de confec-

EL MUNDO ILUSTRADO.

ci6n enteramentemoderna,como los
dem~s que hemos presentado, son
prop10s para ~aseo y de telas no
muy pesadas, srno propias para la
ª&lt;?tual estación de calores. Las fa.
lhtas y sombreros que llevan estos
bebés, son de paja unos y otros d
ai·mazón ~e alambre cubierto co~
gasas y m_ntas. Las aplicaciones de
estos tra¡es infantiles dPben ser

~uy sencillas y vistosas, pues prec1sai:nente la elegancia de los trajes
de nulos, debe consistir en una cuidadosa sencillez.
Rec_omendamos á Jas madi·es de
fa.mil~~ que todos los trajes para
sus hi¡os, deben ser confeccionados
con teJas y adornos poco exagerad?s, pues nada cuadra mejor en un
mño que 1~ sencillez de su traje en
consonancia con la inocencia de su
alma.
Como en la hechura de todos es-

14.-Vista posterior del grabado número 2.

•

\

'

~os trnjes infantiles juega un papel
i1;0portante el gusto y ta.lento especial de las madres, sólo nos limitamos _á presentar modelos para que
en v_ista de eJ los se ejecuten las confecc1ones, ma~ ó menos alteradas,
segun la estética especial. De antem1mo debe~os_ manifestar que todos los tra¡ec1 tos de nuestro grabado son sencillos y elegantes.
Número 5.-Habiendo dado ya en
nuestros números pasados detallada explicación de labo1·es semejantes á la que representa este grabado
nos limitamos poi'.
hoy á decir que esta clase de bordado,; es de suma utilidad para aplicaciones de forros y
oubiertas de co jines, almobado nes,etc. Deben combinarse los colo-

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-~lV1 ;t;/
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-~

traje

2.-Trajes de paseo y de Amazona.

de paseo,

estilo Renacimiento y Princesa.

Do,mlrngo 19 de Abril de 1903
res del tejido de tal manera
que_se aproximen lo más que se~
posible á la realidad. Los colores
t&lt;?rna:;olados Y una artística combrnaci6n de claro obscuro deben ser
la base ce esta clase de labores.
N~mero 6.-:Muy seria es la confec~ión de ,este sencillo traje. Debe
huu·se e~ 8 \ de toda clase de adornos _y hm1tarse ÚQicamente á un
senc1l!o tableado y un cuello de enea.Je nbeteado con cinta mai·avillosa. Además de este cuello, debe llevarse ot1·0 doblado de lino, corbata de_ plastrón de una tela igual ó
semeJante á ~a ctel vestido. El sombrero, de pa¡a Y flores, debe estar
en consonancia, por la sencillez de
su confección, con el vestido. Por
10 demás, S?lo d_ebemos añadir que
en la parte mfer10r y posterior de
la fa\da se coloca una doble cenefa
de cmtas, que constituye todo el
adorno en esa parte del traje.
Número 7.-El tarjetero de seda

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 19 de Abril d{;l 1903

EL l'IHJNDO ILUSTRADO.

que;representa este grabado, es de
suma elegancia y buen gusto. El raso deberá ser de color verde Nilo y
las pinturas han de ostentar una
policromía verdaderamente artística. Restírase primeramente la tela
sobre el bastidor y se traza en seguida el dibujo con lápiz suave y
líneas muy delgadas. Puede emplear se también la tinta de china,
la cual pod r ía s¡¡t•, ir pat·a dar una
ligerísima sombt·a á los contornos
del dibujo. La pintura, hechas ya
estas operaciones preliminares, se
ejecuta de la manera que ya hemos
indicado varias veces.
0

EL CUAB TO QE TOCAD8B.

•

1

''

4.-Colecc ión de trajes infantil es para
niños y niñas de 3 á 10 a ños.

PÁGINAS DE UN LIBRO.
LAS ENCANTADORAS,

.

Número 9. -(Ver la explicación
del número 5.)
Número 12.-La pintura y confección de esta cubierta para cojines
.ó almohadones se ajusta en todo á
la explicación que hemos dado para.el grabado del núm. 1. Con excepción de la forma un poco más alargada de esta funda y de los motivos del dibujo, el procedimiento es
igual. Las tintas debeu ser un poco
más obscuras para. el almohadón.

La belleza moderna es s~peri&lt;?r fi,
la belleza antigua, qu~ resid~a umcamente en la perfección de ,a forma, en la armonía de las proporciones, en la pureza de la línea, en
la amplitud de los modelados y en
la nobleza del porte.
Hoy día, la bell_eza reside ~obre
todo en la exprl;sión1 la ¡¡:rama,. el
sentimiento, la mtehgencia, la mtensidad de vida.
Además hay la belleza natural
y la belle~a adquirida. &lt;Hay dos
clases de belleza, &lt;escribió Mme.
Girardín:&gt;la que se recibe y la que
se adquiere.&gt;
La belleza natural consiste en ese
conjunto de líneas que solicita, encanta y cautiva la mirada.
La belleza adquirida es la que
proviene del arte de peinar~e, de
vestirse, de reformar ó modificar
los defectos de la naturaleza. Esa
belleza, cualquier mujer de gusto
puede adquirirla.
Diremos más: la que sabe vestirse, calzarse, amueblarse, la 9-~e
tiene el gusto de las cosas exquisitas, la que imprime á su manera de
ser, á sus gestos, á su_ a~d~r, á su
interior un sello de d1stmc1ón y de
elegancia, será reputada como mujer hermosa mejor que la que, siendo realmente bella, no sabe ballar
el marco á propósito para su belleza, dándole relieve, ó no cuida

•
su persona y comete faltas de gusto. En una palabra, la que no tiene conciencia de su poder y de su
valor.
Por consiguiente, para ser hermosa basta con querer, y toda
mujer que comprenda su verdadera
misión debe querer.
Pero existen aún otras distintas
maneras de ser bonita ó hermosa.
Gracias á los recursos del tocado
y de la coquetería, se pueden modificar y amoldar á voluntad el carácter y la expresión de la belleza.
Una encantadora, la que hace del
a_rte de agra~ar la primera ocupa'
ción de su vida, el fin de su existencia, sabrá hallar, sin que se lo
enseñen, ciertas_ modificaciones y
modulaciones. A esas mujeres de
genio nada hay que enseñ11,r; pero
hay otras que necesitan tener un
guía.
Así es que la mujer encantadora
podrá ser embriagadora ó melancólica, sugestiva ó sentimental, interesante ó sencillamente arrebatadora.
Para llegar á esos efectos múltiples y complicados, la expresión de
la mirada, de la sonrisa, de los
modales, no es suficiente; tiene que
sa.ber preparar su marco y modificar, según el fin que quiere alcanzar, su peinado ó su vestido. El color ambiente y los efectos de luz
desempeñan un papel importantísimo en estas transformaciones.

MINIATURA.
Estancia angosta y sombría
donde un débil nimbo vaga,~
entre un candil que se apaga
y un primer albor del día.
En un lecho un moribundo;
junto al lecho una mujer,
y allí, entre set· y no ser,
todo el abismo de un mundo.
De criaturas un enjambre
cet·ca á un hoo-ar
no encendido,
0
y allí, entre h at·apos tendido,
1
mudo el fantasma del hambre. •••• •
MIGUEL ULLOA,

Las buenas intenciones de una al·
ma honrada pero débil, hace pensar
en esos arbustos siempre en flo r que
no dan fruto.

*

Hay una cosa más triste que cesar.
de vivir, y es la de sentir que no se
ha sabido vivir.

*

La &lt;toillette&gt; es el prefacio de una
mujer y á veces el libro entero ; pero
un ·llbro puede estar bien encu adernado, dorado por los cantos Y perfectamente insignificante.

•••
I

Hay tocadores de todos géneros
muy elegantes, suntuosos; alguno~
son verdaderos saloncillos, en los
cuales las señoras pertenecientes á
la más alta sociedad reciben constantemente á sus amigas íntimas.
En el siglo XVIII, el cuarto de
tocador, pintado por los más afama.dos artistas de la. época, Watteau, Boucher, Fra.gonar d era una
habitación abierta. hasta' para los
&lt;amigos,&gt; mientras peinaban, empolvaban y mosqueaban á lascoquetas marquesas.
Es verdad que entonces se lavaban muy someramente, un poco
más sin embargo que durante el siglo anterior, en el cual ignoraban
aun entre la clase más elevada ei
uso de los baños. c¡Mil años ~in
baño 1&gt; exclama 8Jl no sé qué escrito Michelet.
Por consiguiente, como se lavab an muy poco, los tocadores eran
más bien gabinetes, en los cuales
se oían galantes conversaciones.
Pero hoy día, en que las modas
inglesas se han introducido entre
nosot1·os, ese lavatorio se hace con
mucha agua: se usa cada día el
&lt;tub&gt; para el baño con esponja,
cu ando no se puede tomar un b año
completo.
Nuestro siglo es realmente el siglo del agua.
El lavado ocupa un lugar preeminente en el tocado de las mujeres, y generalmente se reemplaza el
tocador duquesa por una ancha
mesa de mármol, muy larga, donde
están colocados todos los bonitos
instrumentos de acero, los frascos
de cristal, las cajas de polvos de
porcelana de China antigua y las
finas esponjas, todo lo cual es indispensable para una señora.
Los jarros, cubos, etc., se esconden en un armario á propósito, ó
se llevan á un gabinetecontiguo de
menos importancia. A pesar de todo, en la clase media, á la cual me
dirijo, es muy raro que se tengan
dos cuartos tocadores; gracias si
se tiene uno solo. Sin embargo, en
todas las casas nuevamente construídas, se encuentra un cuarto tocador.
¿De qué manera hay que decorar
ese cuat·to? Cuando sirve al mismo
tiempo de cuarto de baño, las paredes están generalmente cubiertas
de azulejos; los hay encantadores.
Sin duda algun a, no hay nada más
bonito, más apropiado para el uso,
y sobre todo más limpio y tal vez
rnás barato; pues si el tocador está
tapizado, por ejemplo, con tela de
Jouy ó con andrinopla, será necesario de cuando en cuando descolgar las telas para limpiarlas, y la
limpieza, así como la.mano de obra,
serán necesariamente muy costosas
á no ser que se haga pet·sonalmente con la doncella.
L as que no puedan procurarse
un tocador elegante ó una de esas
grandes mesas de mármol, tan de
moda hoy día, podrán fácilmente
confeccionarse un tocador. Una mesa cualquiera, de tamaño apropiado á la extensión del cuarto, de roble ó de pino en último caso, será
bastante si se sabe cubrir y adornat· con grandes volantes de tela
igual á la de los cortinones. Sobre
esta mesa se coloca un paño fino de
hilo gual'llecido de encajes. En un
marcu de pino se coloca un espejo,
Y se cubre el marco con un plegado de tela y muselina transparente.
Sin duda es una cosa sencilla, pero
suficientemente elegante, sobre todo
si no se permite la entt·ada á nadie
para visitar.
En este cuarto de tocador es donde se debe colocar, si _es ¡bastante

Domingo 19 de Abrhl de 1903

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 19 de Abril d{;l 1903

EL l'IHJNDO ILUSTRADO.

que;representa este grabado, es de
suma elegancia y buen gusto. El raso deberá ser de color verde Nilo y
las pinturas han de ostentar una
policromía verdaderamente artística. Restírase primeramente la tela
sobre el bastidor y se traza en seguida el dibujo con lápiz suave y
líneas muy delgadas. Puede emplear se también la tinta de china,
la cual pod r ía s¡¡t•, ir pat·a dar una
ligerísima sombt·a á los contornos
del dibujo. La pintura, hechas ya
estas operaciones preliminares, se
ejecuta de la manera que ya hemos
indicado varias veces.
0

EL CUAB TO QE TOCAD8B.

•

1

''

4.-Colecc ión de trajes infantil es para
niños y niñas de 3 á 10 a ños.

PÁGINAS DE UN LIBRO.
LAS ENCANTADORAS,

.

Número 9. -(Ver la explicación
del número 5.)
Número 12.-La pintura y confección de esta cubierta para cojines
.ó almohadones se ajusta en todo á
la explicación que hemos dado para.el grabado del núm. 1. Con excepción de la forma un poco más alargada de esta funda y de los motivos del dibujo, el procedimiento es
igual. Las tintas debeu ser un poco
más obscuras para. el almohadón.

La belleza moderna es s~peri&lt;?r fi,
la belleza antigua, qu~ resid~a umcamente en la perfección de ,a forma, en la armonía de las proporciones, en la pureza de la línea, en
la amplitud de los modelados y en
la nobleza del porte.
Hoy día, la bell_eza reside ~obre
todo en la exprl;sión1 la ¡¡:rama,. el
sentimiento, la mtehgencia, la mtensidad de vida.
Además hay la belleza natural
y la belle~a adquirida. &lt;Hay dos
clases de belleza, &lt;escribió Mme.
Girardín:&gt;la que se recibe y la que
se adquiere.&gt;
La belleza natural consiste en ese
conjunto de líneas que solicita, encanta y cautiva la mirada.
La belleza adquirida es la que
proviene del arte de peinar~e, de
vestirse, de reformar ó modificar
los defectos de la naturaleza. Esa
belleza, cualquier mujer de gusto
puede adquirirla.
Diremos más: la que sabe vestirse, calzarse, amueblarse, la 9-~e
tiene el gusto de las cosas exquisitas, la que imprime á su manera de
ser, á sus gestos, á su_ a~d~r, á su
interior un sello de d1stmc1ón y de
elegancia, será reputada como mujer hermosa mejor que la que, siendo realmente bella, no sabe ballar
el marco á propósito para su belleza, dándole relieve, ó no cuida

•
su persona y comete faltas de gusto. En una palabra, la que no tiene conciencia de su poder y de su
valor.
Por consiguiente, para ser hermosa basta con querer, y toda
mujer que comprenda su verdadera
misión debe querer.
Pero existen aún otras distintas
maneras de ser bonita ó hermosa.
Gracias á los recursos del tocado
y de la coquetería, se pueden modificar y amoldar á voluntad el carácter y la expresión de la belleza.
Una encantadora, la que hace del
a_rte de agra~ar la primera ocupa'
ción de su vida, el fin de su existencia, sabrá hallar, sin que se lo
enseñen, ciertas_ modificaciones y
modulaciones. A esas mujeres de
genio nada hay que enseñ11,r; pero
hay otras que necesitan tener un
guía.
Así es que la mujer encantadora
podrá ser embriagadora ó melancólica, sugestiva ó sentimental, interesante ó sencillamente arrebatadora.
Para llegar á esos efectos múltiples y complicados, la expresión de
la mirada, de la sonrisa, de los
modales, no es suficiente; tiene que
sa.ber preparar su marco y modificar, según el fin que quiere alcanzar, su peinado ó su vestido. El color ambiente y los efectos de luz
desempeñan un papel importantísimo en estas transformaciones.

MINIATURA.
Estancia angosta y sombría
donde un débil nimbo vaga,~
entre un candil que se apaga
y un primer albor del día.
En un lecho un moribundo;
junto al lecho una mujer,
y allí, entre set· y no ser,
todo el abismo de un mundo.
De criaturas un enjambre
cet·ca á un hoo-ar
no encendido,
0
y allí, entre h at·apos tendido,
1
mudo el fantasma del hambre. •••• •
MIGUEL ULLOA,

Las buenas intenciones de una al·
ma honrada pero débil, hace pensar
en esos arbustos siempre en flo r que
no dan fruto.

*

Hay una cosa más triste que cesar.
de vivir, y es la de sentir que no se
ha sabido vivir.

*

La &lt;toillette&gt; es el prefacio de una
mujer y á veces el libro entero ; pero
un ·llbro puede estar bien encu adernado, dorado por los cantos Y perfectamente insignificante.

•••
I

Hay tocadores de todos géneros
muy elegantes, suntuosos; alguno~
son verdaderos saloncillos, en los
cuales las señoras pertenecientes á
la más alta sociedad reciben constantemente á sus amigas íntimas.
En el siglo XVIII, el cuarto de
tocador, pintado por los más afama.dos artistas de la. época, Watteau, Boucher, Fra.gonar d era una
habitación abierta. hasta' para los
&lt;amigos,&gt; mientras peinaban, empolvaban y mosqueaban á lascoquetas marquesas.
Es verdad que entonces se lavaban muy someramente, un poco
más sin embargo que durante el siglo anterior, en el cual ignoraban
aun entre la clase más elevada ei
uso de los baños. c¡Mil años ~in
baño 1&gt; exclama 8Jl no sé qué escrito Michelet.
Por consiguiente, como se lavab an muy poco, los tocadores eran
más bien gabinetes, en los cuales
se oían galantes conversaciones.
Pero hoy día, en que las modas
inglesas se han introducido entre
nosot1·os, ese lavatorio se hace con
mucha agua: se usa cada día el
&lt;tub&gt; para el baño con esponja,
cu ando no se puede tomar un b año
completo.
Nuestro siglo es realmente el siglo del agua.
El lavado ocupa un lugar preeminente en el tocado de las mujeres, y generalmente se reemplaza el
tocador duquesa por una ancha
mesa de mármol, muy larga, donde
están colocados todos los bonitos
instrumentos de acero, los frascos
de cristal, las cajas de polvos de
porcelana de China antigua y las
finas esponjas, todo lo cual es indispensable para una señora.
Los jarros, cubos, etc., se esconden en un armario á propósito, ó
se llevan á un gabinetecontiguo de
menos importancia. A pesar de todo, en la clase media, á la cual me
dirijo, es muy raro que se tengan
dos cuartos tocadores; gracias si
se tiene uno solo. Sin embargo, en
todas las casas nuevamente construídas, se encuentra un cuarto tocador.
¿De qué manera hay que decorar
ese cuat·to? Cuando sirve al mismo
tiempo de cuarto de baño, las paredes están generalmente cubiertas
de azulejos; los hay encantadores.
Sin duda algun a, no hay nada más
bonito, más apropiado para el uso,
y sobre todo más limpio y tal vez
rnás barato; pues si el tocador está
tapizado, por ejemplo, con tela de
Jouy ó con andrinopla, será necesario de cuando en cuando descolgar las telas para limpiarlas, y la
limpieza, así como la.mano de obra,
serán necesariamente muy costosas
á no ser que se haga pet·sonalmente con la doncella.
L as que no puedan procurarse
un tocador elegante ó una de esas
grandes mesas de mármol, tan de
moda hoy día, podrán fácilmente
confeccionarse un tocador. Una mesa cualquiera, de tamaño apropiado á la extensión del cuarto, de roble ó de pino en último caso, será
bastante si se sabe cubrir y adornat· con grandes volantes de tela
igual á la de los cortinones. Sobre
esta mesa se coloca un paño fino de
hilo gual'llecido de encajes. En un
marcu de pino se coloca un espejo,
Y se cubre el marco con un plegado de tela y muselina transparente.
Sin duda es una cosa sencilla, pero
suficientemente elegante, sobre todo
si no se permite la entt·ada á nadie
para visitar.
En este cuarto de tocador es donde se debe colocar, si _es ¡bastante

Domingo 19 de Abrhl de 1903

�capaz, el armario de la ropa blanca, mejor que en el cuarto de dormir, y también el armario ropero,
para guardar los vestidos.
En el caso en que no haya sitio
para estos armarios, se colocan,
á una altura conveniente, unas
planchas de madera, y debajo se
clavan varias perchas. Se hacen
largas cortinas que lleguen al suelo, y sobre una barra de hierro colocada debajo de la plancha se las

s.-Colección de cuellos y corbatas de
encajes.

:mL

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 19 de Abril de 1903

sí sola una coquetería, una elegancia y una distinción.
La piel humana es un verdade1·O
apara.to respiratorio y espiratorio.
Por los mil agujeros de esa fina red
tan complicada es por donde nuestro cuerpo elimina las impurezas,
de las cuales debe deshacerse diariamente, á cada minuto, bajo pena de reabsorción malsana sobre
nuestros órganos interiores. ¡Cuántas fiebres, cuantas enfermedades
contagiosas
puede conjurar
una limpieza
exquisita! Si
no se pueden tomar grandes
baños, por lo
menos se debe
usar siempre
el «tub,&gt;imnensa pal angana
de zinc, en medio de la
cual se coloca una para eeharse agua por todo el cuerpo por medio
de una esponja.
Algunas personas hacen este l avatorio general y cotidiano con agua
fría. Seguramente esta hidroterapia, para los que pueden
soportarla, es excesivamente
higiénica y tónica; fortifica el
sistema nervioso y nreserva
de los constipados, en invierno tan temibles. Pero precisamente durante el invierno es
cuando esas lociones frías se hacen más penosas. Algunos organismos son completamente refractarios á estos lavatorios helados: se
corta la respiración y el corazón
deja de latir. En este caso son no
civos y basta peligrosos. Se les
reemplaza con agua tibia, de veinte
á veinticinco grados: el efecto es
igualmente tónico y bienhechor.
Hay que secarse inmediatamente
después con toallas rusas muy secas,y si se quiere,se puede hacer una
fricción con agua de Colonia.
En todo caso, el cuarto de tocador, durante el invierno, en el momento en que se hace el lavatorio,
debe estar templado. Para las epidermis impre&amp;iooables, es mejo1·
volverse áacostar durante nnos instantes hasta que sobrevenga la reacción.

..
••••, ••

ACEITUNAS CONFITADAS

9.-0tra labor para aplicac iones.-

por el asado y frito. Preparadas
así, se van colocando en buen orden en un puchero nuevo ú orza de
barro, ó bien en un bote de vidrio.
A medida que el vaso se va llenando, se compri.nen un poco las tajadas y se echa el aceite de buena
calidad hasta que el líquido las supere á lo menos dos dedos. Se tapan
después los vasos herméticamente
con tapones de corcho y betún, y se
colocan en lugar fresco y al abrigo del aire.
El quedar los vasos bien cerrados es una circunstancia esencial
para el buen éxito de la operación,
en particu lar si las substanci as deben conservarse por algún tiempo.
Cuando se quiere emplear una
substancia conservada por este medio, se pone en agua fría, se lava.y

El orgullo dt las flortt.
l\lieotras reclinaba mi cabeza en
el áspero trnnco de una encina, cerré mis ojos para hundirme en el
regio marasmo del ensueño.
Y soñé mucho! En el carro vaporoso de mi fantasía vi ajé desde el
horizonte del futuro basta las viejas fronteras del recuerdo.
De pronto una voz tenue, suspirada apenas, desgranó en mi oído
su blanda melodía.
Era una gardenia, cuya blancura inmaculada se había teñido de
un sonrosado leve.
-Oye, me dijo, yo soy orgullosa y cifro mi orgullo en mi blancura regia. Fíjate en mi corola y en
ella encontrarás el matiz escarlata

7.-Tarjetero de seda, con pinturas.

13.~Pequeña mesa-estante para niños.

6.-Vestido de iglesia, para señoras j óvenes.

de la vergüenza. ¿Sabes tú la causa? ..... .
Es que aquí, muy cerca, casi rozándome, he visto pasar algo más
blanco que yo. Y sintiéndome humillada, maldigo esa blancura superior á la mía!
-Y tienes razón! Interrumpió un
mirto, que inclinado en su tallo,
cerraba sus pétalos al peso de la
vergüenza.
Tier.es razón de expresarte así!
porque aquí entre el follaje que me
envuelve, ha venido á hacer gala
de su triunfante superioridad algo
más rojo que mi corola avergonzada, y al verme humillado, siento
que la envidia despierta en lo más
hondo de mis estambres.
-Sólo yo, murmuró una pasionaria, estoy acostumbrada á padecer.
Vosotras sabéis mi nombre, me
llaman Pasionaria y basta él solo
para expresar el inmenso martirio
de mi vida.
Yo he ascendido al calvario doloroso de la humillación y mis hojas, amoratadas por el dolor, hao
sidu enclavadas en la cruz odiosa
de un seno exuberante! Y allí he sufrido la humillación, la vergüenza
y el escarnio.
Ah! Pero á pesar de mi dolor ete1·no, de mi hábito al martirio, nunca
me había atormentado la herida
.punzadora de los celos.

Y hoy siento abrasada mi corola
por la lumbre de esa pasión, más
cruel que todas las que he sufrido.
Y es que aquí, en mi domi ni~,
usm·pando mi reinado, he visto brillar algo más negro que mi negrura, resaltando entre sombras más
moradas que mi color violáceo.
Y también, como vosotras, maldigo á mi rival!
Pobrecitas! las dije, con razón os
sentís avergonzadas. Mi sultana ha
pasado por aquí y el color de sus
mejillas es más blanco que lagar·
deoia, sus labios más rojos que el
mirto, y sus ojos más negros que
un cáliz funeral de pasionaria .
JOSÉ F. ELIZONDO.

Domingo 19 de Abril de 1903
3:ntes para r~ducirla. á polvo; se
tie_nen las aceitunas por espacio de
vemte y cuatro horas, revolviéndolas tres ó cuatro veces; se prueb"an
y se dejan aún en ella, ~i no hao
perdido el amargo; si lo han perdido, se l avan y se dejan en agua el a ra por tres ó cuatro días; entonces
se ponen en el adobo compuesto de
agua, bastante sal, unas hojas de
laurel, cilantro, corteza de limón ó
naranja, hinojo, ajedrea ó tomillo
salsero, que se hace hervir todo junto, y se echa frío sobre las aceitunas hasta cubrirlas bien del todo
en la vasija, que se tapa lo mejor
que se pueda y se guarda en lugar
fresco.
Esta es l a mejor preparación para las aceitunas verdes.

DUQUESA LAUREAN A.

ata con anillas para poder correrlas y descorrerlas á voluntad, cuidando que no haya intersticios por
donde el polvo pueda penetrar.
Pero á pesar de esto, los buenos
vestidos deben encerrarse en sacos
grandes y largos para preservarlos
mejor del polvo. Más adelante enseñaré á mis bellas lectoras la manera de servirse de ellos.
En estos tocadores, menos lujosos todo será menos rico, pero, sin
embargo, hay quecuidarestén muy
limpios.
La aljofaina, en vez de ser de plata ó de porcelana de Sajonia ó de
Sevres, será de porcelana clara,
con dibujos originales.
Antes de abandonar el cuarto de
tocador, no dejaré de insistir sobre
la necesidad de entretener vuestra
graciosa person~ en_ la más minuciosa limpieza, limpieza que es por

MUNDO ILUS'rRA.l)O.

se exprime bien para separar todo
el aceite de que se halla impregnada y luego se adereza. El aceite
empleado para este medi o de conservación no se a ltera por el contacto con las ca.mes; así, después
de haber servido para conservarlas,
puede emplearse para condimentar
las mismas substancias conservadas, ó cualesquiera otras.
ADOBO PARA CARNES

Cocidas las carnes, ó mejor asadas, se las frota con sal y un poco
de pimienta, yerbas aromáticas,
como orégano, laurel y otras, y si
gustasen, ajos machacados; se ponen en orzas, bañándolas bien con
vinagre y vino blanco licoroso,_ por
mitad, 6 poniendo mayor cantidad

de vinag-re, si no es m~y fuerte; se
tapan bien y se col ocan •en lugar
fresco, y para emplearlas, se condimentan con el guiso que les es propio.
·
Cuando se quiera una conservación más prolongada como de sei s
meses ó más, el adobo de vinagre y
aceite es el más seguro.
PERDICES EN ESCABECHE

Se da á estas aves un principio de
acción por el asado en cazuel a; se
colocan en orzas vidriadas entre
algunas hojas de laurel , de modo
que queden bien ajustadas, con algunos pedacitos de sarmiento; se
procura que no toquen al fondo ni
1as paredes del vaso. Se ponen al
fuego en una cazuela dos partes de
aceite y una de vinagr e con su correspondiente sal , un poco de pimentón dulce, sisequiere, ópimienta negra ú otra especie, unas hojas
de laurel orégano y algunas cabezas de ajos enteras; se da un hervor
á la salsa, y aún caliente se echa en
la orza en que están las perdices,
de modo que queden bien cubier tas;
se cierra el vaso y se guarda en l ugar fresco; este escabeche sirve también para otras aves, como codornices, becadas, etc.
Cuando se quier a comer, se preparan con el guiso ó salsa que acomode, ó frías como la misma salsa
de adobo. Y si su conservaci 6o no
ha de ser por mucho tiempo, puede
substitufr vino blanco cocido al
aceite.
ACEITUNAS QUEBRANTADAS

Las aceitunas son la única fruta
que se conserva por la sal; para
poderla comer, aun por este medio,
es preciso quitarles el g_usto acre y
amargo que les es propio; el agua
sola basta para ello; pero no se
consigue sino al cabo de mucho
tiempo, particularmente si se adoban enteras.
Los mejores modos de preparación son los siguientes:
Se escogen verdes, y al punto que
van á madurar, se las quebranta
sobre una piedra y se las va echando en un barreño lhmo de agua
clara, que se muda cada día, hasta
que no sale amarga; estando en este punto. se ponen en orzas ele tierr_a
barnizarla, ó me¡or E:º botes de vidrio, con agua suficiente para cu-

b r irlas; se les echa bastante sal,
p i mentón, orégano, hinojo, ajos machacados y unas rodajas de naranjas agrias; á los dos ó tres días de
estar en el adobo, pueden principiarse á comer.
Así preparadas, duran poco tiempo; lo más un mes.
Si se quiere que des amarguen más
pronto, se escaldan luego de partidas, pero pierden un tanto su buen
gusto.
ACEITUNAS RAJADAS

Para esta preparación se emplean
las aceitunas ya adobadas por el
método anterior; se cortan como á
orejones, quitándoles el hueso y
metiendo en su lugar una alcaparra
ó un pedacito de anchoa, ó ambas
cosas; así compuestas, se ponen en
botellas, que se llenan de buen aceite; para esta preparación deben ser
l as aceitunas gordales ó sevillanas.
ACEITUNAS SECAS

Se escogen bien maduras y del
todo negras, se secan al aire ó al
sol ó se escaldan como las ciruelas,
y se guardan en lugar seco.
Cuando quieran prepararse para
comerlas, se pone una porción de
ellas en una olla, se les echa sal
algunas rodajas de naranja agri¡

Se cogen en el mismo estado que
las antei:iores; se les hacen á cada
una dos ó tres rajadm·as de arriba
abajo con la punta de un cuchillo
y se ejecuta lo mismo que uara las
a nteriores; pero el adobo se hace
sólo con sal y plantas aromáticas,
como tomillo salsero, ajedrea, hinojo, hojas de laurel y orégano;
adviértase que estas dos últimas
plantas las ponen de un verde desagradable y por ello algunos las
omiten, aunque las den buen gusto.
Estas aceitunas se conservan por
t r es ó cuatro meses, seJes pone naranja agria y ajos, y se pasan más
pronto.
ACEITUNAS ENTERAS

Como éstas se guardan todo el
año, se cogen en e! mismo estado
que las anteriores, pero se eligen
las mejores y más sanas; se tienen
en agua nueve días, mudándola dos
veces cada día; puestas en una salmuera á prueba, esto es, que se mantenga flotante en ella un huevo, se
adoban con las yerbas aromáticas
que se bao dicho para el antecedente método: preparadas de este modo, no pueden comerse hasta después de seis 6 siete meses; pero se
conservan de un año para otro y
son mejores.
Para adobar las aceitunas enteras de modo que puedan comerse
luego de su preparación, el único
medio es el de desmargarlas en lejía, siendo buenas para esta preparación todas las especies de aceituna$; pe1·O las mejores son las peque•
ñitas ó de cornezuelo.
Para un celemín de aceitunas, se
emplea un celemín de ceniza de sarmientos y un terrón de cal viva del
tamaño de un3: manzana regular;
se pone todo ¡unto en una tinaja
con agua suficiente y que lo cubra
todo, la cual se habrá apagado

16.-Fald a de 7 cuchillas.
para " S kati ng".
Y una porción dti aceite, se sacude
nuevamente la olla para que el aceite se extienda igualmente y unte
todas )as aceitunas; por ocho días
se 1·ep1te, cada uno lo mismo, y entonces estarán adobadas y podrán
comerse; esta preparación no dura
mucho tiempo; así, conviene guardar las aceitunas secas para irlas
preparando á medida que se consuman las adobadas.
FRUTAS ROJAS Y DE HUESO

Las primeras, como son grose•

Economia.Domtstica.
CONSERVACIÓN DE LAS SUBSTANCIAS ANIMALES POR EL ACEITE,

Las carnes, aves y pescados se
conservan por largo tiempo s umergidas en aceite, aunque no se_hayan
cocido· pero si reúnen estas cireuostaocia~, el buen éxito es seguro. De
cualquier modo que sea, se procede
como sigue: se preparan las carnes,
aves ó pescados en cuartos ó en tajadas regulares; si son crudas, se
enjugan bien· si se les ha dado una
tercera parte'de su cocimiento, ser á

11.-Sombreritos de encaje
y listón.

12.- Cubierta e n seda, para a lmohadones.

�..
Domingo 19 de Abril de 1903

Ef:,

MUNDO ILUSTRAOO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

llas, cerezas, guindas, fresas, frambuesas, y las segundas, como albaricoques y melocotones, se escogen
maduras, pero que no lo estén demasiado; se desgranan las grosellas, se quitan los palitos á las cerezas y los huesos á los albaricoques y melocotones; puestas con
separación estas frutas en las botellas, se las deja. dar un hervor en el
baño de María.
Para las frutas rojas no deben
emplearse vasos de hojalata, porque el hierro y el estaño las altera
el color.
Las fresas pierden un tanto su
perfume; pero esto no sucede, si
estrujándolas se las mezcla como
la mitad de su peso de azúcar y un
poco de ácido de limón.

.
•

DoIOlingo 26 de Abril die 1903

'

•

15.-Valioso y elegante cuello de encaje de la India para sobreponerse sobre fondos obscuros.

RECETAS DE COCINA.
SOPA DE PAN

Á

LA .JARDINERA

Se coloca sobre el fuego una cazuela con aceite ó manteca y se fríen
en él tqmate cortado en pequeños
pedazos, cebolla menuda, ajos, perejil y un poco de pimiento; cuando
esté todo á medio freir, se echa el
pan cortado en pedazos muy delgados, y se fríe todo junto hasta que
esté dorado; luego se echa el caldo
del cocido, dejándolo reposar un
poco, y se sirve.
OTRA SOPA DE PAN
En una sopera proporcionada se
cortan cortezas de pan secas ó tos-

dos se mezclan un11. cucharada copeteada de mantequilla, una cucharadita cafetera rasada de sal, y la
mitad de esta cantidad de pimienta.
Fórmese con la pasta unos cilindros
de las dimensiones de un chorizo;
envuélvanse en huevo cortado y pan
rallado después, y finalmente, fríanse en bastante manteca hirviendo
como para buí'juelos.

EL ABANICO.
«¡Qué gracia da el abanico á una
mujel' que sabe manejarlo! escribía
madame de Stael. ¡Serpentea, vuela, se cierra, se abre, se levanta, se
baja, según las circunstancias! ¡Oh!
apuesto que en todo el toci.do de la
mgjer más coqueta y mejor engalanada no hay ningún adorno del cual
pueda sacar más partido.&gt;
En. España, principalmente, el
aba.meo desempeña un papel importante en cuestión de amores. ¡Cuántas citas se dan, cuántas confesio-

nes se hacen, según la manera de
abrir ó cerrar el abanico! ¡Cuántas
cosas tapa este velo elegante y caprichoso: las miradas apasionadas,
los besos tímidos, los hipócl'itas
pudores!
Nuestras abuelas poseían uno ú
dos abanicos. Hoy día, el tono de
la moda exige que se tenga un abanico para cada vestido. No encuentro en esto ningún inconveniente,
si la fortuna permite tener tantos
abanicos preciosos como trajes.
Pero á no ser así, aconsejo, como
en todo, que se tenga poco, pero
bueno y bello.
Bello,no en el sentido que generalmente se da á esta palabra, quepara la. mayoría significa riqueza; yo
entiendo por bello lo que es artístico y distinguido. Dos ó tres abanicos, y si no, uno solo que vaya con
todos los trajes; pero entonces una
verdadera obra de arte, un abanico antiguo, por ejemplo, ó un asunto moderno hecho por un pintor de
fama, ó también un hermoso abanico de plumas de avestruz montado

sobre varillas de concha ó carey.
Se hacen ahot·a, en estos distintos
géneros, cosas muy bonitas; pero
hay que saber encontrarlas, y noes
recorriendo los almacenes ó bazares como se encuentra la obra maestra que conviene á la fina belleza
de cada cual.
PARA CURAR UN RIESFRIADO EN UN DIA
Tome las pastillas Laxantea de Brom~lu.
Bl botie11rlo lo devolver, 111 dinero al no ae cma.
t. lirma B. W. GrOTe ao baila ancada cajita.

...."SANTA
.............................
FE," LA!MEJOR RUTA

,

~

ADenver.~lansas Cíty, St. Lonis, Chicago, New York,
San Francisco y Los Angeles

La falta de nutrición es la causa primordial de las enfermedades extenuantes.
Véase lo que dice el muy prominente Dr. D. Pablo Córdova y
Valois, de la Ciudad de México:
«Tengo el gusto de manifestarles que el uso de la Emulsión de
Scott en mi práctica de muchos
años ha sido siempre satisfactorio, pues ((supera á toda otra preparación» cuando se trata de enfermedades de ,clos órganos respiratorios&gt;&gt; ó de afecciones por falta
de nutrición. Reúne, además&gt; la
ventaja de tener un gusto agradable, pues los enfermos en general no la rehusan.»

EL TEST AMENTO.

Dtl Tllmo. sr. Jlriobispo Jttban.
17.-Detalle de labor para
ap licaciones.

ta.das, pero no quemadas, y se les
echa pot· encima el caldo que baste
para remojarlas, y al tiempo de
servirla se les echa otro poco de
caldo bien caliente, cubriéndola de
algunas legumbt·es. Observad que
nunca se debe hacer cocer el pan en
el caldo, pues esta mala costumbre
le quita el gusto.
SOPA DE CEBOLLA CON LECHE
Se prepara y rehoga como la precedente, y cuando haya tomadocolor la cebolla, se añade la leche y
un poco de sal; hágase cocer un
cuarto de hora y mójese el pan.
SOPA DE CEBOLLAS,
Se limpian unas cebollas; después de bien lavadas, se rebanan y
fríen en manteca basta que estén
bien escaldadas, sin llegará dorarse; échese después un poco de harina en la misma cazuela hasta que
dore, y añádR.nse unas cucharadas
de ca.Ido desgrasado, ó agua, si no
se tiene á mano aquél. Se deja hervir por media hora, y cuando vaya
á servirse en la mesa, se le añaden
unos coscorroncitos de pan fritos
en mantequilla.. El resultado es una
sopa sabt·osísima y muy alimenticia.
GAZNATES DE CAMOTE,
Se ponen á asa!' en el horno los
camotes hasta que estén tiernos; entonces se sacan de la cáscara, á
punta de cuchara, y se muelen. A
dos tazas llenas de camotes moli-

♦

i

i

I♦

•

1

i

Se reservan camas en Carro Pullman para todos los puntos
en los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Comedores de
Harvey en la Línea de Santa Fe,soñ renombrados en el mundo
entero. Para precios, itinerarios y otros informes, dirigirse á

w. s.

i

FARNSWORTH.-Agente Genel

ta. San Frano/•001 Nilm. 81 Má:r/001 a.-F.

································~

Los bienes fueron valuados
en $ 125,000
La mayor parte de lo testado consistí a en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en " La Mútua"
Compañia de Seguros
sobre la vida, de Nue,va York,
Hace pocos d1aa que se practicó la
apertura del testamento del Ilustrlslmo
Sr. Arzobispo Don Patricio A- FeebllD
en la eluda~ de Cbicago, Illlnols. La
lortuna di dlstlni\lldo prelado aecendló A cerca de f125,000 oro americano;
y segün el inventarlo que se ha pub!lcado, los bienes que dejó fueron como
sigue:
Dos pOllzas de ' 'La Mutua,' ' Compallfa de Seguros sobre la Vida, de Nueva York, por $25,000 oro
cada una, O sean. . . . $50,000
Dividendos acu~ulados sobre una ere las p6llzas. • 9,829
Otra pOllza de seguro. . . 14,000
Acciones en efectivo y en
Bancoa. . . • . . • . . 37,000

oro
oro
oro
oro

Entre las dlsposlclones del sellor Ar•
zoblspo, en eu testamento, se hicieron

éstas :

A su hermana, seilorlta Kate FeebaD,
que estuvo siempre con él basta su
muerte, $40,000 oro en bonos y $25,000
oro de una de las pólizas de aegqro ;
A la sellora Anna A. Feeban, viuda del
seilor doctor Eduardo L. Feeban, hermano del sellor Arzobispo, $25,000 oro
de otra de las pólizas, y $5,000 oro en
efectivo ; A la Academia de San Patricio de Cblcago, de la que es preceptora su hermana, Madre Marta Catalina,
$10,000 oro de la 11Jtlma póliza ; l la
escuela ' 'Santa Marta' • de ensellan za
practica para varones, de Feebanvllle,
Illlnols, que era la IDstltoclón por la
que mAs se interesaba el seilor ArlOblspo, se entregaron los $4,000 restan·
tes de la O.ltlma p6llaa.

J

J

__ ~.: ~ft~: .

·4:/Jft

..

•

l

..:-f

Explicadón dt

nuestros grabados.

Número l. Traje de paseo,•con
cuello de esclavina y aplicaciones
de cintas, de elegantísima confección y graciosa vista. El cuello,
que como ven nuestras lectoras es
de mucho efecto por las airosas y
abultadas hombreras, encaja perfectamente con la índole general del
traje y lo complementa. El pequeño
y cuadrado escote, cubierto con fina gasa 1 va rodeado de encaje inglés igual al que lleva.o los puños.
Las aplicaciones de abalorio en las
dos cenefas del peto, cuelgan junto
á la cintura, que va. rodeada de un
listón no muy ancho y terminado
por la parte posterior en vistosa
moña. Por lo que respecta á los
sombreros del grabado, debemos
manifestar que cons tituyen los últimos modelos de pi:imavera, y que
su elegante y airosa forma será ,
i ndudablemente, del agrado de nnestras lectoras. Los principales adornos de estos somb,·et·os son fl.01·ales
y uno de ellos lleva una pequeña.
guarnición ó cuerpo de terciopelo.
Número ~- Completamos en el
presente número la colección de
trajes infantiles que dimos á cono·
cer en el número pasado. Como se
puede ver, la di. versidacl de estilos
y formas de estos trajecitos, cons·
tituy e una verdade1·a °:oveclad, pu~s
la evol ución de la 10dumental'1a
infantil ha sido verdaderamente .
notable en estos últimos tiempos. Las madres de familia podrán, á su
aot, jo, alterar los detalles_ de estos
trajecitos, pero les iicooseJamos no
los alte1·en con reformas de mal
gusto., _

Número 3. Elegantísimo por su
c~rte y tle ID:Ucha vista por su artística confección, es el traje que representa este /frabado y que única.mente caerá bien á sefforitas que
tenlfªº ~n talle airoso y gentil. Las
aphcac1ooes de abalorios en las
solapas del talle, se combinan de
manera que armonicen con el resto
de los adornos, especialmente de
los puños. El escote angular se cubt·e _con fino punto de Inglaterra y
el cmturón se une en la parte del antera con un juego triple de broches.
Número 9. Como las explicaciones de estos trajes se amoldan perfectamente á la ~e trajes análogos
que h~mos 1,ubhcado en números
anteriores, sólo manifestaremos á
nuestras lectoras que el que se encuentra_ en primer término es deconfecc~ón que pudiéramos llamar
mo~erm sta. El ta lle, en su pat'te infet·10r, l leva un pequeño y elegante
blusa.do de gasa, que es lo que constL_tuye la nota verdaderamente orig10al de este vestido. A pequeila
a~tura_ del hombro y siguiendo esa.
dlrecctón hasta. la mitad anterior
del cor~iño, se lleva un tejido de
ancha c:iota, rematado con pequeños b~tones metá licos. Este adorno
se reptte en la parte inferior y Jateral d_e la falda, en cuyo centro y
á la mtsma altura se colocan tres
grupos de cordonciJlos triples. El
cuello se _hace rematar por· tres pequeños picos de encaje.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, Para el hogar, 1903, Año 10, Tomo 1, No 16, Abril 19</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Cárlos Manuel Durán.

-~L l"\UNDO ILUSTRADO

FARNI AOEUTIOO.

Fabricante del
excelente y

ANO X•..TOMO I.... NUM. ~7

MfXICO,A61Ul 26 Df 1903,

Gerente: LUI~ Rtl't&amp; &amp;PINDOl A

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EL DR. LATOUR BAUMETS,

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DE VENTA

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y Droguar1as.

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que por los principios e&lt;minentemente
curativos que contiene: Estricnina,
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de Bacalao, combinados en dosis estudiadas en multitud de casos prácticos.
es á. la vez qur! un licor de gusto agradable, el remedio administrado con
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tlcas, de ancianos debilitados, de mujeres cloróticas 6 extenuadas por be•

~

-.~

morraglas 6 por partos laboriosos, de
Individuos gastados por fiebres de
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tan común en nuestros patses, de en·
!ermos de la méd-.ila 6 atac&amp;.dos de
parálisis 6 reblandecimiento senil.
La prueba de q_ue la preparación dt'I
Dr. Latour Baumets ha realizado los
fines que persegufa su autor, se puede
teDJer en la multitud de enfermos curados.

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PRIIVIAVtRA,

�Domingo 26 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRAOO.

Domingo 26 de Abril de 1901

El último libro dtJlmado ntr~o
"€1 exodo y tas 'florts dtl eamtno."
Al terminar la lectura, volví á las dos líneas, escritas en el p6rtico del ejemplar que
me envi6 el poeta: «Para Carlos, que vivi6
mur.has páginas de este libro. Fraternalmente, Amado. 1,
Es verdad, ¡oh buen camarada de mi postrera renovaci6n de vida! son mías algunas de
esas páginas, las más espontáneamente tuyas- porque en ellas no se ha mezclado ese
pérfido amigo que se llama el Arte;-las que·
se evadían de nuestros espíritus como aves de
una nueva primavera; las sinceras, las que no

EL MUNDO ILUSTRADO.

ces salen capítulos como ,,Deutschland)) y
ccMunich-V{agner», en los que el artista resulta un maravilloso instrumentador de una sofiada 1,infonía.
Son gallardas estrofas, pero- ya sabéis mi
opini6n- prefiero al poeta sin colaborador,
por más que ese colaborador se llame el Arte,
la Historia ó la Naturaleza.
-Yo me sabía todo esto de memoria- me
decía una tarde frente al perfil entenebrecido·
de Sainte Chapelle. Lo había visto antes.
Y sí lo vió, y en buena prueba ahí están
sus «Místicas.»
¿Para qué contemplar lo que se ha adivinado? ¿Para qué?
Hay espectáculos que no conocemos todavía y que interesan más acaso: los que todos
llevamos dentro. ¿ Y sabe usted, amigo mí.o,
lo que guarda su monótona y persistente individualidad?
Viajar sin alma, es como pensar sin conciencia. Las cosas inertes pasan, pasan, pasan dejando tras de sí una estela fugitiva. Son
también trazos en el aire. El secreto está en
apoderarse de esos trazos, eñ fijarlos bien, allá
hondo, muy hondo, en donde no se desvanezcan nunca. Hay astros muertos cuya luz nos
llega todavía y que,sin embargo, han desaparecido del firmamento hace millares de
años.
Y así son esas impresiones del poeta: la
imagen se habrá borrado, la línea se habrá
perdido, el color esfumado. Pero siempre vi virá la perdurable, la imperecedera visión de la
sensación sen~ida que nos hablará del recuerdo «como de una patria lejana. 1,

Amado Nervo.

habían rozado sus frágiles alitas blancas con
este lago inmenso de la Idea, de la Idea, que
purifica y amarga, que fustiga y que enaltece.
En todo poeta, como en todo hombre-¿y
qué hombre no es poeta? á ocasiones, al descuido,á retazos,-hay dos personalidades distintas: el ingenuo, el buen niño que duerme,
y el otro: el que se vigila, se lee ( 6 lee á los
demás, es lo mismo) y se discute. Yo amo
más al primero que á éste.
Y he aquí lo que me sorprende y me enamora de eata escapatoria de colegial en vacaciones: la individualidád del poeta en independencia con la infinita variedad del medio:
ora que lo rodee esa blanca luz de Lucerna¿Lucerna, no es Elsa?-- 6 ya que se ciña al
cuerpo ese rojo manto d~ Montmartre. El paisaje lo divaga por un momento 1 se deja arrebatar por este 6 aquel incidente del camino;
pero muy pronto el pensamiento se evade de
aquellas envolturas y surge personal é incisivo, como una flcr exótica.
Nervo ha viajado por Europa; Europa ha
viajado por nosotros, sus compañeros. Es la
diferencia.
Para enlazar la sucesión de cuadros que desfilan por este libro, he menester pensar un
poco más en el voeta y un poco menos en el
camino. Las flores son más interesantes que
el sendero. Parece que este hombre no ve, sino que se ve. Se ve, encuadrado en una amplia decoración por la que cruzan brillantes
comitivas, cortejo de 1u ces, procesión de colores, y esbeltas catedrales y viejas ciudades y
torres, ni,inaretes, castillos, obra:;, de arte, cosas vetustas y flamantes cosas, mezquindades
y grandezas, lo infinitamente pequefio y lo
infinitamente inmenso.... . y el vértigo no se
apodera de esta conciencia, serenamente inmóvil, que marca cada. etapa con su visión
eterna.
El lo dice en el peristilo:
Mi mente es un espejo, rebelde á toda. huella:
mi anhelo es una. pluma. funámbula, donaire
del viento; el aerolito que cae, ésa es mi estrella.;
mis goces y mis penas son plumas en el aire.

A veces,el mundo exterior se mezcla extrafiamente con el alma del visionario, y enton-

EL HOMBRE DEL AZADÓN.
(PARÁFRASIS DE EDwIN MARKHAM.)

Dios hizo a.l hombre á
su imagen y semejanza.
GÉNESIS.

Al peso de los sigloe, encorvado,
la mirada en el suelo, prisionera,
sobre el tosco azad6n el cuerpo inclina;
de las edades el vacío, muestra
en la faz; y la carga de la vida
sus espaldas doblega.
¿Quién lo ha formado así? ¿quién lo ha•creado
para el éxtasis, piedra,
muerto para el arrobo y el delirio,
para el coraje olímpico, materia?
¡Ente que ni padece ni se afana,
indiferente ser que nunca espera,
estólido, é idiota, é insensible,
compañero del buey, del buey pareja!
¿Quién deprimió la curva de su frente
y aflojó su mandíbula de bestia?
¿de quién es el aliento cuyo soplo
de su cerebro arrebató la idea?
¿Es éste el ser del Hacedor imagen
á quien dominio dió de mar y tierra?
¿éste el que robe su poder al cielo
y persiga en su curso á las estrellas?
¿el que sienta las ausias palpitantes
de la existencia eterna?
¿Es éste el suefio que naci6 en la mente
de «Quien» fijó á los astros su carrera
«Quien» sostiene la b6veda azulada ' .
y abrió el Averno en lo hondo de la Tierra?
¡No ha existido figura más terrible,
que más denuncie la codicia ciega,
más llena de señales portentosas
ante el alma soberbia;
más amenazadora y agobiada,
y al mundo, más siniestra!
~ ¡Quéabismoapartaáesehombredel qu~rube!
Esclavo de la yunta y de la rueda
¿qué le importan Platón y sus en~ueños
la órbita de las Híadas y las Pléyadas? '

PHRINE.

¿qué_ le importan los trinos de los pnjaros,
el alJófar de la alba y Au luz bella,
el matiz irisado de las rosas
y el delicado olor de la azucena.

Mirad allí esa mujer cabizbaja delante de ese colegio de ancianos
graves, que están oyendo y deliberando. Una larga túnica de riquísimo
ostro la cubre toda, desde la garganta hasta los pies, ceñida á la
cintura con una gorda trenza de hilo de oro. Un corchete en forma
d_e mariposa, de oro asimismo, salpicado de diamantes diminutos, le
cierra debajo de la barba el doble vestido.
La una mano en el seno, la otra á lo largo del muslo, silenciosa y
afligida, allí está la celestial hermosura esperando la sentencia.
Ni el habla persuasiva de los jurisperitos de Atenas,ni las lágrimas
de sus propios ojos, ni las sonrisas de sus labios preñados en promesas,
han podido con los jueces; han oído éstoti, han juzgado en su ánimo,
van á resolver en pública votaci6n: la frente severa, la mirada adus•
ta, _el desabrimiento del rostro, son presagios funestos para el reo, ese
dehncuentefemenino que ahora sem1:,ja á Psiquis, no indignada contra
el amor travieso, sino humillada ante Juno inflexible. Muerte 6
vergüenza, tal reo no la puede sufrir; vuela la mariposa que figura el
corchete de la garganta, ábrese en un pronto el cordón de la cintura
cae á sus pies la túfiica......
_
'
Friflé es absuelta, -y un aplauso inmenso retumba en el Areópago.

Por la terrible humanidad vendido,
profanado, esquilmado y sin herencia,
del mundo ante lo3 juects, profecía
su grito es: ¡no protesta!

***
¡Oh señores, oh dueños soberanos
que gobernáis la tierra,
es, este ser de vuestras manos, la obra
que devolvéis á Dios como presea?
este monstruoso ente invalidado,
sin ambici6n, sin ánimo ni fuerza!
¿Qué haréis para tornarle á la esperanza,
para erguir su figura cual la vuestra?
De la vida inmortal dadle el deseo;
haced que al Cielo su mirar convierta;
reconstruid en el fondo de su mente
la nidada de sueños del poeta;
la música del alma
y la luz de la idea.
Que la maldad infame el puesto rinda
á la verdad sincera;
y que el error, el dolo y los pesares
se tornen en visiones y quimeras.
Amos, dueños, señores, po&lt;lerorns
legisladores de la vasta esfera,
cuando tle la revuelta el torbellino
sacuda el mundo con potente fuerza,
de este hombre, de este ser, á lo futuro
daréis estrecha cuenta:
á su pregunta inevitable y ruda,
¿cuál será la respuesta?
¿qué eerá de los reinos y los reyes
que moldearon la bestia,
cuando el mudo terror de lo presente
á Dios responda al fin de la carrera,
cuando de las edades, las centurias,
en el silencio, duerman?
LAURA MÉNDEZ DE CUENCA.

·-·

,

JUAN MONTALVO.

PLUVIOSILLA.C*)
Incrustada en una enorme herradura de montañas
-herradura que un Pega.so desprendió en su raudo vuelocomo esbelta y nívea garza en la margen del riachuelo.
sacudiendo alas de niebla, en la luz del Sol te bañas. ·

*

SR. MANUEL ZAMACON•A. E INCLAN.

-

!

:• . : 1

IL:j .;.,::e:alll'i....:.....

--~

-

.,..""

---

=rJ

-

~Ctsortro 6tntral dt la nación.

Con la blanca y adorante floraci6n de tus campafias
y las gasas vaporosas de las nubes de tu cielo
armoniosa y gentil surges-nueva Sara hecha' de hielocon la faz vuelta al idilio de las rústicas cabañas.

*

.....-

• El señor don Manuel Za.macona é Inclán, que por algún tiempo
desempe:fió el cargo de Director General de Correos1 fué nombrado
últimam.ente por el Ejecutivo, Tesorero General de la Na.ci6n.
Conocidos los honrosos antecedentes del señor Zamacona como empleado de la Administración Pública, el nombramiento hecho en su
favor, se considera muy acertado y ha sido recibido con aplauso.
El nuevo Tesorero tomó ya posesión de su cargo.

Eres símbolo de_ Ofeli~, _Beatriz .Y Margarita;
te presentas al curioso viaJador ccb1anco vestita ·»
de Gauthier en la «Sinfonía» eres nota y sensa~ión;

*

y desnuda é incitante, cual marm6rea Galatea
es tu erguido_ Citlaltépetl, seno cándido que albe~
Y que en un rntenso espa$mo desflorara Pigmalión.
(* )

Orizaba.

JUAN B. DELGADO.

EL DANZON.
Gimnasia del amor, la danza agita
su cabellera al aire; el cuerpo mueve
con intenso vaivén y paso breve;
y en un giro veloz se precipita.... .. .. .
El contorneado seno que palpita;
el muslo que al contacto se conmueve;
el amplio vuelo de la falda leve;
todo á la fiebre y al desborde in_cita.
El cubano danz6n, que en sus rodeos
desenvuelve lujurias tropicales,
al son del canto la cintura quit:bra;
y dibuja, r.l girar, sus contorneos,.
cual si se retorciese en espirales
á lo largo de un junco una culebra ......
JosÉ S.

.-.

CrrocANO.

ANTES DEL OCASO.
Si la implacable augusta segadora
mañana en el camino me sorprende,
como al errante pájaro, que enciende
la desgracia mortífera y traidora;
no me lloréis, reíd; que en regia aurora
mi alma sucumba cuando rauda asciende
y &lt;le la cumbre de la gloria tiende
el YUelo, á la colina soñadora ........ .
Yo no quiero morir ya emponzoñada
la rosa de mi vida y deshojada;
morir quiero al romper la primave:e.!
Antes que llegue el vacilante ocaso,
hoy que rebosa de licor mi vaso
y una mujer en el jar&lt;lín me espera! .... •· ···
J osÉ M. CARBO.:SELL.

SITIOS fllNTORESCOS.-Chapala.

(Fot. Rawel.)

�EL MUNDO ILUSTRADO.

DomJngo 26 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

Con los remos abiertos y queriendo dernlvel'8e ó lanzarse al_ boi;que la bestia se revelaba contra todos mis esfuerzos por encammarla
)Ii ca.balgadura seguía al paso, ya hundiendo los cascos en el
ele frente. Entonces, y de improviso, el miedo_, el ~Hiedo horrible me
i1wadió. Sentí culC'brear el terror por todos 1ms m1em hros, P\tes una
polvo &lt;le la senda, ya aferr!tnclose sobre las duras piedras del cantil.
La m ula crn mansa y obediente al m(ts ligero estímulo &lt;)c la rienda ó
itlea terrorífica arnltó mi pen!'amiento, y la angustia indefimble me
de la espuela. Caminaba, zaminaba sin reparo y i;in tropiezo, con el
apretó el corazón como una tenaza férrea. Sí, era indudable; no
podía ser otra. cosa: ¡El tigre! el sanguinario huésped de las selvas d e
cuello flácido y ln cabeza inclinada. Prolongábase el &amp;endero más y
más, bln1H1ueando á lo lejos y torci&lt;':ndose, plegándo~e á las ondulacctierra caliente» me ncechaba sin duda, y yo estaba solo, completaciones clel bosque y los cantiles y á las quebraduras del terreno. Yo
mente solo en el desierto ele los campo,;, pues el ausente no dabn: sem e había abstraído tan hondamente en el pasmo contemplativo de la
íial alguna 'cte su regreso. Gri tP á grito herido, por una, dos, vem te
nwditación, que c!'taha ya en ese punto en que á fuerza de pemar, en
yecef'. ~i tan siquiera el eco contestaba á mi voz. En aquel conflic:t ·&gt;
nada pen~amos. Poco ú poco una dulce tristeza me envolvía, porque
pensé instantáneamente que debía domina:i-me, que. importaba r~~-oel campo es triste, au n en Jac; horas en que mayor \'ida rebosa.
brnr mi sangre fría para encontrar un medro cualqmera de salvac1on.
De repente lenu1tó mi caballería la cabeCon un supremo e!&lt;ÍUerzo logré ¡iqmetar mi
za, irguió las orejns, arqueó el cuello, y reespíritu y calmar la tensión de mis nervio!'.
soplando por la nariz, dilatado el belfo y los
No llevaba conmigo más armas que un revól ojos fij m~ en un punto frontero, intentó detcver y un cuchillo ele monte, i nútiles en u n
ner~e. R.ípidamente vol\'Í sobre mí, inquicom't1ate con el pod&lt; r .&gt;so felino. Las apercibí,
riendo la. causa. tle aquel accidente. Con la
sin embargo, para tmtr de ellas rápi d '.lmente,
vista recorrí toda la extensión que me rodeay procuré orientarme á fin de seguir el meba. Estoy acostumbrado á Yer larguísimas
jor cami no, en caso de poder emprender la
distancias y la noche no es un obstáetf'º para
fuga. Pero de pronto, ya con calma, eché ele
que pueda distinguir un ohjeto lejano sin más
Y&lt;'r que la mula pugnaba por internarse en
claridad que la ele las e~trellas. Nada extrael bos:pe y ei:;to me devolvi6 comp letamen te
ño d escubrieron mis ojos. Castigué á la ac&lt;:el valor perdido, pues en caso d e que la fiera
mila con el látigo y la espuela, y el animal,
me acechara, debía estar preci~arnente en el
resentid o a l castigo, continuó al instante su
bosque, oculta e1,tre las malezas, y en tal cacamino. I maginé que habría ad,·ertido la preso, t'l i nstinto de mi cabalgadura le habría
sencia ele algmia víbora que atravesara el seni ndicaelo tomar otro sendero. Ademíis, en el
dero y no &lt;li la menor importancia ú aquel
camino que $8 extendía ante mí, Íl una distropiezo.
tancia muy larga y que se descubría del todo, no había cosa alguna que !&lt;emejara jaguar
Seguí sin detenerme; pero, á medida que
ó rantera, que son los dos animales fe r1,ces á
avanzaba, el animal 111ostr[i base inquieto y
quienes los naturales de aquellas comarcas
receloso. Pocos minutos transcurrieron, cuandan el nombr11 de tigre.
do, por segu.1da vez, pero de una manera
más acentuada, parósc la mula olfateando
Entre tanto, la mula se había calmado tamel aire con la nariz hinchada y erectas hacia
bifo
un pC1co, más bien agotaela por el mieMANUEL J. OTHON, Eximio Literato..
adelante las desmesuradas orejas. Empezé á
do y el terrible castigo que yo le seguía impoinquietarme. pero sin llegar á la alarma.
niendo si n misericordia, que; porque h ubiera
Fustigué vigorosamente á la bestia y obfiguéla á tomar de nuepresentido la ausencia del peligro. Este continuaba, pues ni por un movo su andadura. Con más detenimiento y cuidado examiné la Ren mento dejó mi pobre bef'tia• de olfatear el aire, lanzanelo entrecortados
da, el bosque, hasta donde la m irada podía penetrar, y el fondo del
resoplidos. Luego de allí,de la prolongada vereda venía el peligro. ¿Qu&lt;:
barranco por donde el río se deslizaba. Inútil fué tam hién aquella sepodría ser·? La proximidad del hombre no espanta á ninguna clase de
gunda i nquisición. Afianzado ya en los estribo!:', enderecé la marcha,
andaduras, por mús que la presienta desde muy lejos. m movimiento
confiado y resuelto, hacia el punto que era el objeto &lt;le mi viaje.
que hacen en presencia de la serpiente, no tiene nada de común con
aquellas muestras de terror sumo que aún duraban en mi Espantado aniH asta entonces había logrado que la mula obedeciera; mas sobremal, rebelde todavía á continuar la marcha. Confuso y pasmado, buscavino u na tercera detención, y entonces, el espanto que se apoderó de
ba yo cuál podría ser el objeto que en tan penoso trance me pusiera;
la cabalgadura, empezó á transmitirse á mis nervios. Ya el azote, la
cuando á lo lejos .. .
rienda y las es[Juelas hincadas despiadamente en los ijares, fueron
inútiles.
[I

Euentos de Espantos(")
I
Encuentro Pavoroso.
I
De esto hace ya bastantes años. Encontrábameen una aldea muy
an tigua de la zona litoral del Golfo. Tenía que regresará la cindncl de
mi residencia y em prender una jor hada de muchas leguas. Abril tocaba á su fin y el calor era insoportable, por lo que decidí hacer la
caminata de noche, pues de otra manera me &lt;'Xponía á un espasmo ó
á una insolaci6n. Ocup&lt;': la tarde en los preparativos consigui&lt;'nte!'I, y
llegadas las n ueve de la noche, monté sobre una poderosa mula baya
y, acom pafiado de un mozo de estribo, atravesé las calles de la villa'
encontrándonos, á pocn andar, en pleno campo.
'
La noche era espléndida. Acababa ele salir la luna llena, pura y
t ranquila, envuelta en un azul diáfano, como si estuviera empapada
en las olas del Atlántico, de donde surgía. Los bnjos de las montañas envolvianse en el caliginoso vapor del 1,calmazo,» que así llaman á la calina por aquellas tierras. El cielo estaba resplandeciente como si una
bQveda de cristal y plata fuera. Desde la salida del pueblo el camino
se marcaba vigorosamtnte al borde pedregoso y áspero de un acantilado, lÍ cuyo pie, por el lado izquierdo, rodaba el río entre guijas y
pefinscales, con u n rumor á veces como el de un rezo á veces
como el de una carcajada. A la derecha se extendía la muraÍia movible y verdinegra d~ un in1;1enso bosque. De manera que la senda,
muy angosta, corrrn, corna y se p rolongaba entre el acantilado del
río y la tortina del follaje.
(*) Al frente de esta serie de cuentos, el auto1· puso la ded icatoria
que aigue:
SR. LIC. DON Jos~ Ló~EZ- PORTJ.1;,LO y ROJAS.-A usted, mi querido
Pepe, consagro la senc1llís1ma narra.ctón de estos tres sucedidos en público testimonio de lo qu_e admiro su elev:i,uo talento y su gran 'corazón, y
como una prenda del imperecedero cariño y la profunda simpatía que á
usted me ligan.

Domingo 26 de Abril de 1903

Buen trecho del camino habíamos recorrido, cuando mi acompañan te me advi r li6 haber olvidado un tubo &lt;le hojalata que contenía
papelefl, para mí de la mayor importancia. Le obligué á regre$ar, lo
cual hizo Yolviendo grupas, y, disparado á carrera tendida, bien pronto se perdió su figura en tre la claridad. de la noche, y el ruido de los
cascos entre el murmurio del río y el rumor de los árboles.
Seguí hacia adelante, paso 1Í. paso, con objeto de que el mozo me
alcanzara en breve tiempo. La brisa que so1 laba desde el mar, llegó
á refrescar la caliente atmósfera, barriendo los sutiles vapores del cal·
mazo y drjando contemplar el paisaje hasta las más profundas lejanía!\ toclo en \'uelto en la inmensa ola de aquella noche tropical Y
divina.
Yo estoy habituado á la soledad de los campos, en la~ montañnii,
.en los bosques y en las llanuras. He pasado muchas noches en una
choza, debajo de un árhol, de un oeñasco 6 á la intemperie absolutamente, sin mlÍ.s compañía que la ele mis pensamientos. Así es que
aquella soledad era para mí muy grata, pues estaba plehamente inundado en la augusta y serena majestad de la naturaleza. Xada. de medroso había en torno mío y ningún temor por consiguiente, me asaltaba. El gozo, el gozo inefable é inmen'so de la contemplaci6n iba
penetrando en mi espíritu á la vez que el aire fresco y perfumado de
la selva hinchaba mis pulmones. Aun olvidé por completo los asuntos, arduo3 y graves por demás, que ocasionaban aquellos viajes por
comarcas Cfsi deshabitadas y salvajes, y hasta olvidé también al ~ozo que eleb1a regresar y darme alcance. Com) caminaba tan d espacio,
no había recorrido cuatro leguas á pesar de tres horas transcurridas.
l\Iedia noche era por filo y el l ucero brotaba ci ntilante y radit&gt;so tras
el vago perfil de la lejana cordillera, blanco, enorme y derail umbrador
como otra luna.
Todo era luz y blancura en aquella noche del trópico. Los pe·
fiascos aparecían semejantes á bloques de plata, y las frondas, lo~ rna·
torra.les y la maleza misma, temblaban como nervios de cristal_ vibrantes y sonoros. El río era un chorro de claridad y sus espumas relam·
pagueaban como uñ lampo, herielas por la mirada luminosa que el
firmamento incrustaba en ellas, desde su alcázar &lt;le diamante.

.,.

�Domingo 26 de Abril de 1903

III
Allá, de un recodo del camino, surgió de pronto una figura que,
aunque avivó de súbito el terror de mi acémila, vino á infundirme
un rayo de consuelo, devolviendo del todo la tranquilidad á mi ya
fatigado espíritu. Era un animal, al parecer asno ó caballo, de color
negro, que la blancura de la noche hacía más negro aún. Sobre él, á
horcajadas, sosteníase un hombre vestido de pardo. Estaba el grupo
todavía muy lejos para poder apreciar otros detalles; mas desde luego aquello era un hombre y yo no estaba ya sólo en el monte. l\Ie
ayudaría, sin duda, á salir de aquel conflicto y ambos inve3tigaríamos la causa de tan grande susto.
Pero lo extrafio, lo inaudito y que para mí no tenía explicación,
era que, á medida que se acercaba aquel á quien yo veía como un
salvador, mi malhadada cabalgadura más se estremecía é impacientaba por huir. Sin embargo, transcurrido ya el período álgido, yo po-

día refrenar aquellos desaforados ímpetus. Soy un jinete medianamente diestro y me impuse al animal casi gobernándolo por completo.
En tanto, el otro jinete iba acercándose, acercándose paso á paso
muy lentamente, como quien no tiene prisa de llegar á parte alguna'.
Por la andadura conocí que venía montado sobre un asno, al que no
estia 1,1laba para que avivara el paso, dejándolo caminará toda su voluntaq y talante.
El lugar donde me encontraba detenido era un sitio más amplio
que el resto de la vereda, pues allí precisamente empezaba á ensanchar el camino, en virtud de qQe los acantilados se iban deprimiendo
paulat_inamente, formando sobre el río un macizo talud &lt;le piedra.
Ya m1 nocturno compañero estaba cerca y pude distinguir que.. no traía
sombrero y sí solamente un «paliacate" ceñido á la cabeza. Quise adelantarm_e su encuentro; espoleé; herí las ancas de la cabalgadura,
que res1stiase de todo punto, y solo conseguí acercarla á la vera de la
espesura, donde los árboles formr..ban un claro. En esa posición esperé, siempre con el revóiver apercibido, pues no me parecía por demás
precaverme.
Cierto malestar, empero, una especie de ansiedad aguda me oprimían el_ ~echo, pues, ~ pesar de todo, aun de la pr6xima compañía de
aquel v1aJero, encontrabame en presencia de algo desconocido, de algo raro, y yo presentía que un acontecimiento extraordinario estaba
pronto á sacudir mi ánimo hasta en lo más profundo.
,
Ya sól~ un.os Ct!~ntos _pasos nos separa.han. Ansioso por dar fin
a ta~ extrana_s1tuac1on, hice un supremo y vigoroso esfuer-w, liwanté
las riendas, hmqué la espuela y sacudí el azote todo á un tiempo y
la mula _se lanz? desesperadam~te hacia el per~zoso grupo, deteniéndose de improviso á unos tres o cuatro metros de distancia. El negro
animal, con esa particularidad de los de su ralea, se acerc6 afanosamente al mío, ha~ta quedar fr~nte á frente los dos y yo con el jinete.
Brusco, terrible, hondís1mo fué el sacudimiento que estuvo á
pu~to de reventar los más vigorosos resortes de mi organismo. Un solo mstante, pero tan rápido como la puñalada ó la fulminación del
rayo que destrozan y aniquilan; un solo instante clavé los ojos en
aquella faz que ante mí relievaba sus contornos de ün plasticismo
brutal y espantable hasta el espasmo del horr0r. Y en ese instante
lúgubre no hubo línea, detalle ni sombra que no ~e incrustaran
profundamente en lo más escabroso y recóndito de mi ser.
Era ufi rostro lívido, cárdeno, al que la inmensa luz lunar prestaba matices azules y verdes, casi fosforescentes. Eran unos ojos abiertos y fijos, fijos, fijos, sobre un solo punto invariable, y aquel punto
en tal instante eran los míos, más abiertos aún, tan abiertos como el
a~ismo, que traga tinieblas y tinieblas sin llenarse jamás. Eran unos
OJOS que fosforescían opacos y brillantes á un tiempo mismo, como un

?

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

vidrio verde. Era una nariz rígida y afilada, semejante al filo de un
cuchillo. De sus poros colgaban coágulos s~ngrientos, ~etenidos sobre
escaso é hirsuto bigote, que sombreaba. labios d~lgadís1mos y apretados. Eran unas mandíbulas donde la piel se rest1raba tensa y manchada de pelos ásperos y tiesos; y del lienzo que ceí?a la frente se escapaba hacia arriba un penacho de greñas que el viento de la noche
azotaba macabramente.
Debajo de aquel rostro 16brego y trágico á la_ vez, un tronco enhiesto y duro dejaba caer los brazos como d?s látigos, sobre las piernas dislocadas. Del extremo de aquellos látigos, envueltos en manta
gris, surgían dos manos, que se encogían desesperadamente, cual si
apretaran asida alguna invisible sombra. Y todo aquel conjunto era
un espectro un espectro palpable y real, con cuerpo y forma, destacado inmensa~ente sobre la divina cla.idad del horizonte.
¿Cómo pude resistir tal aparición? ¿Cómo logré sobreponerme á
mis terrores y dominar la debilidad de mis nervios tan trabajados por
las repetidas y tremendas emociones de aquella noche?
¿Cómo alcancé, por último, á conservar un
punto de lucidez y desviarme de tan horrenda larva, lanzando mi cabalgadura, como
quien se Janza hacia el vértigo, por entre las
intrincadas sendas del bosque, para ir después á tomar de nuevo el camino que mi
instinto solamente me sefialaba? Lo ignoro
todavfa. Sólo sé que al cabo de algú n tiempo
pude orientarme hacia el sendero antes seguido, y ya sobre él proseguí la marcha, como
á través de un sueño.
Como á través de un sueño proseguía, que
todo en derredor tomaba los tintes y el ai,pecto
&lt;le las co!'as entrevistas cuando soñamos. Pero la realidad se imponía tiránicamente á mis
Rentidos, y en vano me figuraba estar bajo
el aterrador influjo de una pesadilla.
Galopaba, corría frenético por el blanco
sendero que otra vez tomara al salir de la selva. El viento me azotaba el rostro, mis
oídos zumbaban y una especie de vértigo me
impelía. Pero la misma frescura de la noche
y aquel furioso galopar fueron parte á calmar
mi excitación. El perfume acre y resinoso
que venía arropado en el -aliento de la montaña, al penetrar en mi pecho, ensanchó mi
ánimo á la par que mis pulmones. Ya la apa•
rici6n iba separándose de mí, no la distancia
ni el espacio transcurridos: veíala. en mi mente como á través de muchas leguas y de muchos años.
Al cabo de algunos momentos fuese aflojando la carrera y yo no
procuraba ya excitarla. Atrevíme primero una, luego dos, por último
repetidas ocasiones á volver atrás la cabeza y hundir la mirada en el
espacio luminoso. Nada.. La soledad que se extendía, que se dilataba
en mi derredor por todas partes. Aquel volver atrás los ojos lleg6 á ser
una obsesi6n dolorosa que habría continuado distendiendo mis nen·ios
de nueva cuenta, á no haber percibido de lejos voces humanas, cuyo
rumor mágico acarició mis oídos como una celeste música, pues había
llegado casi á perder la. noci6n de la humanidad, y pienso quAsentí lo
que el náufrago confinado á. una isla desierta que después de mucho
tiempo logra volver á ver á sus semejantes.
Las voces se acercaban y distinguí luego un grupo de hombres
que venía por el camino platicando y riendo en amigable compañía.
Llegaron hasta. mí, saludándome corteses y sencillos. Eran cinco y todos marchaban á pie. A la pregunta que les dirigí sobre la causa que
les obligaba á caminar á deshora, pues no veía en ellos ningún apero
de labranza ni señal que indicara trabajo alguno, contesláronme, dándome desde luego la explicacíón de lo que me había ocurrido, aunque
yo me guardé bien de hacerles conocer el horror pasado que ellos, seguramente, adivinaron en mi descompuesto semblante. '
En un rancho de la vecina sierra, la tarde anterior había ocurrido ·
una riña á mano armada, en la que sucumbi6 uno de los rijosos. El
!13atador e":1prendió ~a fuga y el cadáver, consignado á la a utoridad,
iba conducido á la villa de la extraña manera que yo le había. encontrado. P:,.ra ahorrarse molestias y evitar que el ramaje se enganchara
en las ropas del muerto, colocáronle los conductores á horcajadas sobre un paciente pollino, sosteniéndole con dos estacas convenientemente aderezadas en el aparejo.
Al c;aber semejante cosa, encontradas sensaciones repentiname~te
de mí se apoderaban: ya era un anhelo brusco de abrazar de agasaJar
á aquellos bárbaros, ya un furioso deseo de acometerlos. Contuve, sin
~mbargo, ~le~ ímpetus, y despidiéndome de la patrulla, proseguí la
interrumpida Jornada.

La del alba se venía á toda prisa cuando el repetido ladrar de ~rros y el alegre canto de los gallos me anunció la cercanía de un ranc~o que se recuesta ~n los estribos de la montaña. Llegado que hube,
hice pa!ada ~n el primer solar cuyos jaca.les á humear empezaban.
Eché pie á tierra y me propuse esperar á mi rezagado mozo mientras
dab~n ~n pienso á mi caballería y á mí frugal, aunque c~nfortante
refnger10.
El sol salía apenas, cuando despavorido, trastornado, casi loco,

Domingo 26 de Abril de 1903

mezquino y desorganizado cerebro. L&amp; embriaguez huy6 c?m~ p~r encanto; y, habilísimo jinete_. se arrojó por el acantilado abaJO siguiendo
toda la. margen del río, hasta encontrarse conmigo en el rancho de la
montafia. Por esa raz6n no topó con los conductores del cadáver, Y le
tuvo, desde el espantable encuentro, por cosa del otro mundo, á pesar
de todos los empeños que puse en arrancar de su ánimo la tremenda
impresión.
.
Cuando rendimos, al día siguiente, la jornada, cayó el desgraciado mancebo presa de mortal paludismo, que degeneró en una terrible
fiebre cerebral.
Pocas semanas después estaba muerto.
Y yo, á pesar de lo bien librado que salí, no las tuve todas conmigo.

llegó por apartado sendero el infeliz sirviente. Detenido en la villa
mientras le entregaban los papeles, Je pareci6 necesario refocilarse con
buena ración de aguardiente. Un tanto ebrio emprendi6 á todo escape
la carrera para darme alcance, pero á poco la dipsomanía le obligó á
detenerse en las últimas casas del poblado, donde repiti6 las dosis del
de caña y trabó plática con los amigos y conocidos.
Ya bastante excitado prosiguió la marcha y en un lugar del cami no t uvo el mismo pavoroso encuentro que yo. Llevaba un ehorme
cigarro de hoja de maíz y había gastado todos los fósforos en encenderlo. Al divisar al macabro noctimbulo, dirigiói::e resueltamente á él
para que le proveyera de fuego, y su sorpresa y espaIIto fueron mayores mil veces que los que yo pasara, pues, montando un caballo que
no se asustaba, y siendo supersticioso en extremo, como toda la gente
campesina, fué brusquísimo y terrible el golpe moral que ncibi6 su

MANUEL

HEROINA CUBANA.

Gobierno Es,&gt;añol, en que fué puesta, como
t?dos .los presos políticos, en libertad.

Publicamos hoy el retrato de la Sra. Magdalena. Peñarredon&lt;la, distinguida heroína cu•
bana que actualmente visita nuestra capital.
L:i. Sra. Pefiarredontla fué encausada el año
de 1887, siendo Gobernador de la Isla el General Fajardo, por un artículo publicado en

L'\ ol,jeción, el desquite, la alegre desconfianza, la ironía, son signos de salud; todo lo
que es absoluto es del dominio &lt;le la patología.

·-·
*

En la frecuentación de sabios y artistas, es
fácil engañarse en sentido inverso: detrás de
un sabio notable se e~cuentra á menudo un
hombre mediocre, y detrás de un artista mediocre, un hombre muy notable.

J. ÜTHÓN.

ESTATUA DE BARREDA.
Próximamente seriS descubierta en Puel,la
la estatua de don Gabino Barreda, que el Gobierno del E¡;útdo mandó hacer á los talleres
de la Fundición ArtíatiCl.t. establecida en la
Capital. El bronce representa al ilustre fundador de la Escuela Preparatoria puesto en
pie, y tanto por la fidelidad que se advierte en
los rasgos fisonómicos, como por la maestría
con que están tratados los detalles de Sf'gundo
orden, constituye una verdadna. obra de arte.
Esta estatua fué la última que modeló el
malogrado escultor Jesús F. Contreras.

*
El que no sabe encontrar el camino que
conduce á. «su.. ideal, vive de una manera más
frívola, más ind ,lente, que el ser sin ideal.
FEDERICO NIETZSCHE.

marina tropical.

De Víctor Hugo.
Hay en la santidad sublime encanto
Emanado del cielo;
Y si sufro al pe11sar quo no soy santo
Procurando ser justo me consuelo.
'

El remero apoy6 la abierta mano
contra el casco del buque; y lentamente
SP, alej6 el postrer bote. Enorm11 lente
bajo el ojo del sol, era el océano.

Puesta la proa hacia el confín lejano,
el buque de las Indias de Occidente
zarpó, llevando á la. europea gente
las riquezas del suelo americano ... ...

Y allá, en las playas, entre espumas rotae,
cuando el buque, virando en sus anhelos,
volvió la espalda con brutal deEaire,

«El Criollo,» contra el Gobierno. Fué acusada de incitará la rebelión, y tuvo que huirá
los Estados Unidos.
Cuando estalló la última guerra, se puso al
servicio de la revolución, siendo nombrada
delegada revolucionaria de la provincia de Pinar del Río por la Junta. de Nueva York. Desde entonces estuvo en continua comunicación
con el Cuartel General &lt;le Pinar del Río, enviando correspondencias, armas y municiones. Cuando el General Weyler creía tener
incomunicado al General Maceo por medio de
la famosa cctrocha militar,» que iba de la costa
Norte á la costa Sur de la Isla, ó sea desde
Mariel á l\Iajana, jamás quedó interrumpido
el servicio de la correspondencia y el envío de
auxilios al campo. cubano. La Sra. Peñarredonda mantenía ese importante servicio valiéndose para ello de los medios más ingeniosos.
Fué presa en Febrero de 1898; y puesta en
libertad por no haberse encontrado prueba alguna en su contra, se le prohibió salir de la
Habana al interior de la Isla, quedando bajo
]a vigilancia de la policía.
A pesar de esto, continuó en su obra revolucionaria, y aprehendida de nuevo el primero de abril de 1898, fué sometida al Tribunal 1\lilitar y encarcelada en la prisión de las
Recogidas basta la evacuación de Cuba por el

se levant6 una banda de gaviotas,
cual si fuese el adiós de cien pañuelos
suspensos y agitados en el aire..... .
JOSÉ S. CHOCANO.

Dl: llllI DIABIO.
La vibración del reloj es la. voz del tiempo.
El carnaval es la risa del afio.
El amor es el deseo infinito de un beso
eterno.
Un beso es el mayor de los placeres, porque
es el único que,siendo infinito, no sacia.
Más fácil es ser heroico que sensato.
Más lejos de la. poesía está la afectaci6n
que la vulgaridad.
NIEVES XENES.

Estatua de Don Oabino Barreda.

�Domingo 26 de Abril de 1003

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 26 de Abril de 1903

LA XEBllttESSE DE llttlXCOAC.
El Ayuntamiento de Mixcoac, con el fin de
allegar fondos para las mejoras materiales de
la población, acostumbra celebrar, año por
año, una kermrsse en que toman parte las
principales familias allí avecindadas.
En esta ora.sión, la fiesta se efectuó en la
Castañeda, una &lt;le las fincas de caro po más
pintorescas de los alrededores, resultando en
extremo lucida, no s6lo por el buen gusto
con que estaba adornado el local, sino también
por la numerosísima concurrencia que, particularmente por la tarde, asistió á ella. Los
puestos, entre los que llamaban mucho la
atención por ¡,u artístico decorado los de refrescos, confetti, y pantallas chinas, estuvieron
á cargo de señoras y señoritas que atendían á
los invitados con verdadera c0rtesía.
En estu número encontrarán nuestros lectores los retratos de algunas de las damas que
más se distinguieron en la simpática fiesta.

FLORES DESHOJADAS....

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Cuando pasé calle arriba
por el «Chalet de !ns rosaF,»
cortaban frescas mimosas,
claveles y siempreviva.
Los unos con podaderas
y los otros con las manos,
de prisa cortaban ramos
de lirios y enredaderas.
Lluvia de hojas y botones
sobre la arena caía ......
-Oh! me dije, qué porfía
por adornar los salones! ..... .
Y mientras fuí caminando
por calles y encrucijadas,
en salas iluminadas
me fuí pensando, pensando ..... .
Q11izá la hermosa doncella
que allí en el «Chalet" vivía
algún festival tenía ..... .
quizá se casaba ella .... ..
Y recordando su frente
y el óvalo peregrino
de su rostro, mi camino
seguí cruzando indolente.
1Dichosos los limoneros
que en esa aurora florearon!
sus blancas flores pasaron
de la rama á los fl.vreros ..... .
Y tristes hojillas muertas
que e11 el viento revolaban!. .....
sólo para ellas cerraban
los festivales sus puertas ......
- Mas no, en seguida pensé;
con las hojas arrugadas
yo también tengo cerradas
las puertas,y no entraré ......
Y así pensando y pensando
en lo vario del destino,
poco á poco mi camino
se fué acortando, acortando ......
. .. .. .Y en un pensar y pensar
en tristes y nlegres cosas,
por el «Chalet de las rosas•
volví de nuevo á pasar ......
Todo estaba tapizado
ele pétalos y botones ..... .
quizá para los salones
ni una flor hubo quedado ..... .
Ya no cortaban violetas;
un hondo ~ilencio hnbía. ......
110 niús el rocln r i::e oía
de las hojillas inquietas ......
Miré tras de la persiana
por contemplar el salón ......
en él no vi ni un bot6n
de rosa muerta ó temprana ......
Los que antes cortaban lirio~,
los que antes cortaban ramos,
llevaban entre sus manos,
en vez de floreros, cirios ......

NUESTRO PAIS.-Una calle de Gua najuato.

Entonce~,ay! cuando vi
de la cnlle en las baldosas
tantaF- hojillas de rosas,
ya todo lo comprendí.. ....
Con larga y triste mirada
contemplé por un momento
el suave aletear del viento
entre la flor deshojada ......
Luego ele allí me alejé
llevando en mi alma una espina ......
y antes de voltear la esquina
hacia la casa miré ......
Nadie corlaba violetas;
un hondo silencio había ......
no más el rodar se oía
de las hojillns inquietas ......
MARÍA ENRIQUETA.

(Fot. Rawel.)

No toquéis á esa puerta! Ko despertéis lo
que allí duerme ...... La inefable tranquilidad
de un amor que sueña adora.das primicia~ ú
el santo reposo de ur,a fatiga que ennoble~iú
el trabajo!
Ah! no toquéis esa puerta, no despertéis lo
que allí duerme, hasta que el sol a ome y se
escuche la agreste sinfonía del alba!
0

PABLO HERNANDEZ.

SOBBEMESA. ALEGBE.
La viPjecita ríe como una muchachuela
c~nt:í.ndo_n?s )a hi~toria de ~us días más bellos.
Dice la vie¡ectta: Oh qué tiempos aquello•
cuando yo enamoraba 1í ocultas de la abu~l'a!"
La viejecita ríe como una picaruela

NOCTURNO.
Es la hora del coticinio eñ un plenilunio
delicioso.
fü espacio límpido y sereno semeja. un lngo
ele estreilaE'.
En las lejanías de la llanura, las copas de
las ceibas seculares se confunden con la. uruma
gris del horizonte.
Mueven el aire tibio ráfngas del ama, que
llegan con frescura y olor de primavera.
En medio del valle, bajo el dosel de palmas, cerca ele un arroyuelo que brilla como
estela de nácar, se levanta una casita obscura
y silenciosa ..... .

y en su_s ojillos brincan maliciosos destellos.

¡Qué bien luce la plata de sus oí veos cabellos
sobre su tez rugosa de color de cauela!
La viejecita olvida todo cuanto la agobia,
y ríen las arrugas de su car:\ bendita

y corren por su cuerpo deliciosos temqlorfs.
Y mi novia me mira y yo miro ÍL mi no,·ia
y reím?s, reím~s ... ;tnientrns la YiPjeci1a
'
nos refiere la h1sto1·1a blanca de sus uuwi·es.
M. MAGALLANES MOURE.

��Domingo 26 de Abril de 1903

Domingo 26 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL ARTE DE ENVEJECER.

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,,

De la cercana iglesia llegaban los sohes de
«la última llamada;» ibah á sonar las doce del
día.
A la puerta amplia y sucia del «mesón» se
agrupaba la gente, y entre ella se abrían paso
con dificultad para entrar, los músicos que llegaban.
De repente, se veía cruzar por el patio, de
un cuarto á otro, á los artistas vestidos con los
ligeros trajes de colores marchitos, y puestos
los sombreros «fieltros.)&gt;
El trapecista, á medio desnudarse, en vuelto
en un sarape rojo, gritó desde la puerta de su
cuarto:
-Oye,Antonio, Antonio, préstame una banda;.al fin quP, tú tienes dos; no encuentro la.
mía.
-¡No encuentras la tuya; bueno era que la
tuvieras! pero, ¿crees tú que yo gano para
vestirte? Es la última vez que te la presto.
-Bueno, hermanito; gracias.
El director y el empresario llegaron de prisa; iban jadeantes; habían ido al rayo del sol
hasta el circo.
-¿Ya estamos?
--Sólo falta c,Toto,» no ha venido.
-¡Diablo ese! estará de seguro en la cantina.
-¡Mira, Román! vete á la cantina dela esquina, y di á «Toto» que venga inmediata~
mente.
Román salió á escape.
En verdad, en la taberna, en medio de un
grupo de hombres que hablaban de lo gracioso que c,Toto» era, el payaso clavaba la cabeza
sobre los brazos cruzados, el sombrero puesto
ele través, y dejando destacarse las enrojecidas orejas del blanco del saco, dormía ebriamente.
-Señor «Toto», señor "Toto». Dice el señor
Rodríguez que vaya usted inmediatamente;
11ue ya va á salir el paseo.
,/foto» rechazó la mano que lo movía, y
murmuró una obscenidad.
El muchacho, sin inmutarse, lo movió nuevamente:
-Señor «Toto,» señor «Toto,» ande usted.
-¡Caramba! que ya voy.
Al fin se esperezó y levantó tambaleándose,
para acercarse al mostrador:
-¿Cuánto se debe?
Y el ibero contestó amigablemente:
-Nada ccToto,» nada; todo está pagado; vá·' a,e porque va á salir el paseo.
¡ Qué horrible veía el sol, y cómo le c01,taba
t·:il,·,jo levantar el pantalón que se le caía!
El empresario y el director lo llevaron has-

-No, no, fuera, fuera; el payaso, el payaso!
El escándalo creció.
El Empresario fué hasta la silla del Regidor que presidía, y algo habló y algo accionó
con él.
El murmullo aumentaba grandemente, y
cayeron algunas naranjas y tres tablas en el
redondel.
Algunas familias empezaban á clisponerse
para salir.
Parecía aquélla. una plaza de toros.
Por fin un artista envalentonado, pero empalidecido, llegó hasta la. mitarl de la pista, é
hizo seña. para que callasen y lo oyeran.
En efecto,se hizo el silencio.
-Respetable y benévolo público: el payaso
no puede salir, porque se ha muerto.
La gritería estalló ensordecedora.
Unos aplaudían y vociferaban: ubravo, bravo;» otros: umentira; estará borracho;» otros
más: «que se devuelvan las entradas», y «á la
cárcel el em presarion.
El artista, en mitad del redondel, esperó
unos momentos, y consiguió hablar de nuevo:
-Las personas que lo duden, pueden pasar al vestuario á ver á «Toto».
Las familias huyeron. El pueblo no; aquello era ya otra cosa; eso formaba parte de la
diversión. Muchos salieron protestando, y los
más se a valancharon hacia el vestuario.
La policía apenas podía contener aquella
horda. Sobre una mesa blanca, la que servía
para las pantomimas, estaba el cadáver de
«Toto» vestido de payaso.
Una mueca dolorosa y repugnante contraía
el enharinado rostro; tenía «Toton las manos
Por la tarde:
cerra.das oprimiéndose el pulgar con los deEl calor se hacía insoportable.
más dedos.
Ya el c{fragaespadas» babia asombrado á la
Allí dentro la gente acallaba sus protestas;
concurrencia, el caballo del «Indio apache»
hasta se entristecían algunos.
había salpicado de estiércol á las familias que
Un ebrio que dudaba de la verdad del caso
ocupaban las sillas próximas al redondel; el
se
aproximó y le tocó una mejilla; de repenequilibrista había rodado cuatro veces de cela
te
resbaló y cayó cara con cara sobre el cadácuerda floja,» y .él malabarista había arrojado
ver.
contra la nariz de u na. señora obesa u r.a de las
La concurrencia rió;ccToto,» aun de!'pués de
naranjas con que jugaba.
muerto,
seguía divirtiendo al público.
El público empezó á protestar:
...... Y á la mañana siguiente, mientras el
- Que salga el payaso! que salga el payaso!
Empresario se felicitaba de su idea, que lo
Qué no te pagan,uToto»?
había salvado de la devolución de la~ entrnLa mnltitu&lt;l se contagió bien pronto, y fué
dns
y de la ru plnra de algunas graderías )"
el grito general: ccEl payaso! El payarn!»
sillas, los artistas se quejal1an de rubos de ~us
Entre los artistas se notaba un mo\·imiento
prendas,()ue habían dei::npancido del YeR~unextraño; entraban y salían; procuraban afecrio cuando el público entró (i ver el cad:l\·er
tar indiferencia., pero algo pasaba al!í.
del infortunaclo «Toto».
Salió ,,la mujer fuerte que levantaría un
hombre con los diente!',,&gt; pero el público no la
FRA~CISCO ZÁRATE nuiz.
dt&gt;jó trabnja.r:

ta el cuarto y lo ayudaron á desnudarse de la
ropa de la calle y vestirse el "clownesco&gt;&gt; traje bombacho. Le rociaron alcohol en la cara,
y él, guaseando, abrió la boca para recibirlo.
Cuando le pintarrajeaban el rostro, elijo el
empresario, en tono de empresario:
-¡Que sea la última, ccToto¡i&gt; esto no puede
seguir así!
El contestó:
-Será la última, y estropeó con la. lengua
pegajosa alguna frase que hizo volver la cara
al empresario, para que «Toto,, no viese la risa que le jugueteaba. entre los labios.
Lo subieron al caballo; montaron en los suyos los demás; la. música preludió la marcha,
y salió el paseo entre la gritería .infantil.
-Esta tarde, sefiore~, gran función; todo
nuevo, todo variado; al circo todo el mundo.
El "Circo Orientab, et! lo mejor que se ha visto en esta ciudad, ¿verdad muchachos que sí?
-¡Síiii!
A los balcones habfa a.sornadas familias, y
en las aceras se detenía la gente.
El ((clown» arrojaba á diestra y siniestra los
anuncios de colores, y los muchachos, en mitad del arroyo, se estrujaban por cogerlos.
Tras el payaso seguían todos los demás ,cartistas": seis hombres, dos mujeres, una niña,
cuatro caballos, un burro y un oso; las personas á caballo, y del freno los cuatrapeados.
Los desafinamientos de la orquesta se oían
más y más suavemente; y allá va, jaca.rúndoso y borracho, el payaso; serios, muy serios,
los melenudos y morenos artistas.
Se alejó el payaso.

I
Los pesimistas han contribuído á hncerme
optimista. Su rasgo caract,:rístico consiste en
c¡ue su descontento de todo se traduce por un
inmenso contento ele sí mismos.
·
¡Qué sentimiento de su propia su perioriJad I
¡que desdén por nosotros, pobre~gente t1ue tenemos el culto de la
Esperanza! ¡Quéabruma&lt;lores f'obre11()m hre1&lt;! ¡Simples, tonto!',
cándidos!
No tanto como Yosotro!-, caros a111igo.•.
A lo meno~, no sufrimos de de!-giacia E&lt;ino
cuando la experimentamos. Vo¡:otros la
sentís cuando llega,
autes de llegar, después que llega, y aun
despué1 que ha cesado! Su r&lt;:cuerdo os sirve para prever otras ...
que acaso no sucedan
jamás.
Esto es lo más admirable en ello!-: ocho
veces por cada diez, Hl
orgullosa presciencia
los engaña, y si por
casualidad acontece algo de lo que han pronosticado, su primer
palabra es: "Yº siempre lo he dichon ... ... Y
helos ahí, contentos de
una desdicha ajena
porque les da la razón . .. ..
Dios mío, detesto {i
todos esos grandes y
pequeños Schopen -hauer, que no ven el
fru to sino el trabajo de
germinación, en la flor
sii,o el veneno, en el
cielo sino la nube, en
el corazón sólo el vicio, en el hombre
únicamente á la bestia, en la lucha por b
vida, el crimen.

-Me aburro.
Su fisonomía y su acento me abismarofi.
En boca de ios ricos y de los holgazanes, esa
frase ".\le aburro," tiene tal acento de desesperanza que espeluzna. Aquel honrado sujeto
lo decía riéndose. Acepta el fastidio como
acepta la lluvia, el frío, la escacez, la fatiga,
la muerte. Pertenece á esa razn rústica cuya

jido tenue, de un suave perfume. He ahí la
imagen de la educación y de la naturalezn.
Esta nos da las flores sencillas; nosotros hacemos las dobles. Recibimos dones: nos corresponde formar cualidades: la obra del hombre
completa la obra de Dios. Sólo que, los dones
naturales tienen tal gracia, que no sé si prefiera. la eglantina á la «Reina»....... Para no ser
injusto:,, amémoslas
por igual.
ERNEST LEGOUVÉ.

***

Como un homenaje
á la memoria de Er-

nesto Legouvé, decano
de los escritores fran cE:ses, fallecido recientemente, publicamos
los párrafos anteriores.
Legouvé estaba proximo á cumplir el cen tenario, pues nació el
15 &lt;le Febrero 1807, y
hacía cerca de medio
siglo que Re contaba.
entre los miembros de
la Academia Francesa.

CBEPUSOULO.

.Muere el día. Las
purpúreas nubes se
tornan de un color
:ímbar franjeado de
palideces estelares. El
Nilo se desliza mansamente. Se llenan de
rumores los juncales
de la margen. Abre el
loto sus pétalos azules,
con la emoción de una
nostalgia. Desde el
río, los cocodrilos pro•
longan su hocico armado de cortantes sierras en dirección al
cielo y resuellan á la
manera de una fragua.
8obre el césped que tapiza la opuesta orilla
cruza. de huída una
banda ro~acla de flamencos. Una garza se
]l
peina con el pico su
plumaje y un ibis solitario se queja en el
Al regresar de un
silencio. Pero el cielo,
paseo por el bosque,
vi sentado delante de
por momentos "ª toERNESTO LEGO.UVE, célebre esc•·itor f:anc.és, falle: ido re~ientemente.
mando un azul má¡,
una casita retirada de
la aldea-y cuyo proprofundo; la. noche gozoga enciende las estrella:=:.
existencia se resume en &lt;los infinitivos: "Pª·
pietario está casi ausentc-á un buen hombre
decer y esperar» .. ... .
á quien conocí de jardinero eH casa de uno de
Y las aguas en la sombra se estremecen y
l\Iuy bueno es enviar los campesinos á la
mis amigos.
~·etuerc~n, como una larga serpiente que de
escuela; pero también sería bueno que se nos
-¡Hola! tío Anto,1io, le dije: ¿sois el guar1mprov1s0 baña. de resplandor encarnado la
enviase á la escuela de los campesinos.
luna que surge de los desiertos ..... .
dia de esta casa?
--Sí, señor, desde el otofio.
JOSÉ MARÍA VÉLEZ.
-Lo que no debe seros nada alegre. Ni \·eIII
*
cinos, ni amos.
La demencia, en los individuos, es en cierUn magnífico rosal híbrido, la «Reina" tan
-¡Oh! pero tengo bastante en qué ocuparto modo rara; en los grupos, los partidos, los
doble de pétalos, tan rico de coloref'., florecía
me con el jardín.
pueblos, las épocas, es la regla.
este verano cerca á la verja de mi jardín al
--Sí, en el verano. Pero en el invierno, dulado de una eglantina que abría modesta~enHablar mucho de sí mismo es tal vez un
:.1·~nte las largas veladas, ¿qué hacéis?
te sus cuatro pétalos de rosa pálido, de un temodo de ocultarse.
Me miró y me dijo risueño:

*

�EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 26 de Abril de 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domingo 26 de Abril de 1903

LOS FUNERALES DEL SOL.
El crepúsculo. Honda melancolía acongoja álos cielos : ha muerto el Sol. No paró miente!! en la proximidad del mar y de pronto se vió que caía en él sin poderse contener. ¡Ha muerto el Sol!
¡El rey de la luz se ha ahogadol Las naves levantan al cielo sus
antenas, en actitud de viudas dolientes que oran por el alma del
esposo difunto. Corporaciones de nubes acuden al entierro del Rey
Sol. Esas blancas son coros de vírgenes que van á poner albas ro!WI
en su tumba: la línea brillante que la perfila es el oro de sus rubios
cabellos. Aquellas pardas que avanzan lentamer,te, son caducos ermitaños que van á recitar ante la fosa gangosas preces. Esa nube
de brillos acerados está formada por la mesnada de un caballero
de Malta, que va á formar la guardia de honor: por eso ha bruñido las alabardas y cotas. Aquella nube que avanza mostrando un
extraño barajo.miento de combas, estrías y colores, el rojo y el gualda, el verde y la púrpura, es una corte medioeval, con sus damas, meninas y pajes, sus bufones, juglares y trovadores, sus doseleR, penachos y oriflamas, que se traslada en confusa banda
para asistirá los funerales del Sol.
Empieza la fúnebre ceremonia. El mar, con enronquecida voz
canta el «Miserere.&gt;• De las naves de guerra disparan el cañonazo
del crepúsculo. Lns cigarras entonan su monótona elegía; tocan á
oraci6n los templos, y las gentes se descubren. Un incógnito seSAN JUAN BAUTISTA.-La manifestación del 2 de Abril.

r·

manlftstadón Popular tn San ]uan Bautista.
El dos del corriente se verificó en Snn Juan Bautista una entu ·
Riaeta manifestación organizada por el «Club Porfirista de Tabas·
co,» con el objeto de proclama1 la candidatura del señor General
Díaz para Presidente de la República en el próximo cun.trenio, y
de celebrar el glorioso aniversario de la toma de Puebla por el Ejército de Oriente.
Los manifestantes recorrieron las principales calles de la ciudad,
seguidos de un numeroso grupo de personas pertenecientes á toda~
las clases sociales, para desfilar después frente á la cai;a del señor
Gobernador del Estado, General Abrnham Bandala, que presenció
el paso de la c;:imitiva desde uno de los balcones del edificio que
habita.
La manifestación, según nuestros informes, resultó muy lucida.

PAISAJE.

pnlturero arroja grandes paletadas de sombra en la regia tumba, y
cuando la tiniebla lo envuelve todo, surge la lun11.. Es la lápida que
una larga caravana de estrellas conduce á la tumba del Sol. Sólo
los poetas pueden descifrar el cabalístico epitafio escrito en su marfilina superficie.

La muerte es la renovación, es la imagen del invierno; todo
lo que muere en esa melancólica estación, renace en la primavera.

*
En sentido abstracto y geométrico podemos decir que la forma del sonido en la naturaleza es regular, por el triple aspecto que
nos ofrece.

CLEMENTE PALMA.

INAUGURACIÓN DE UNA CAPILLA.
Con una solemne función religiosa se efectuó el domingo anterior por la mafíana, la inauguración de la capilla de la Escuela Comercial Francesa, establecimiento á que nos hemos referido ya en este semanario.
El local está. decorado con buen gusto y su capacidad es más que
suficiente para el objeto á que se le destina. En el altar mayor, dentro de una urna de cristales, se encuentra una escultura de San Luis
Rey de Francia, bajo cuya .advocación se puso la capilla, y, al lado
opuesto, un magnífico órgano para el servicio religioso. En los muros se ven algunos gobelinos de mérito, y las ventanas están cubiertas con elegantes vitrinas de coloree.
A la ceremonia inaugural asistieron, como madrinas, las señoras de Blondel, de Tron, de Jacques y de Signoret, contándose entre
las personas invitadas, distinguidas damas y caballeros de la Colonin.
francesa.

NEURÓTICA.
Del huerto en la penumbra misteriosa
Enhebrando un suefio te consumes;
Y enamorad:~ del »no ser,» ansiosa
Cual una visionaria voluptuosa,
Te matas lentamente con perfumes.
Tus nervios extenuados desfallecen
Como al sutil rumor de arpas eolias;
Y en tnnto que tus ojos se adormecen,
En tu redor abriéndose, parecen
Incensarios de nieve las magnolias.
Tu sensibilidad no agonizante,
De tu neurosis la tensión injuria;
Y del hue1to en la atmósfera odorante,
Se asimila tu pálido -semblante
A una hermosa camelia de Liguria.
JUAN DUZAN.

Caída de la tarde.

(Fot. Rawel.)

Capilla de la Escuela Comercial Francesa.

Lo que una época encuenti:a malo, es por lo regular un re~to in
?portuno ~el.o que antes fue encontrado bueno, el atavismo de un
ideal en veJec1do.

�ILUSTRADO
• 1-NUM. I~
ANt X•••JOMO

MfXICO, MUO 3 Df 1903.

•rector: LIC. RAf'At L Rtl't &amp;PINDOLA.

SAN

Cier ente: LUI&amp; Rt~ &amp;PINDOI A

MAN

St. GEBM:AIN

1-1--

Del Dr. LATOUR BAUMETS. París.

TONICO

RECONSTITUYENTE

Con extracto ue aceite de bacalao "Mori'bnol"-Ictiol-kola y estricnina.
Cura Anemia, Clorosis, Escrofula, Raquitismo, Beumatis~o,
Enfe1 medades de la, piel, etc.
Tónica Poderoso ParaCoavalescicntes. Tnbercmosos y Enfürmos del Corazon.
11

'l'o11ificar el sistema nervioso y recon stituir la sangre es volver á la vida y recuperar el uso de 1ollaR su s facultad es. EL VIXO DE RAN GERJ\{AN por su s atractivos y poderosos compo11entcs, por sus asombrosas curaciones, es el Vino 'T6nico
reco11 stit11ycntc má-, rccomcnda&lt;lo por to(las las celebri&lt;ladcsmé&lt;licas del mundo; lo
C&lt;'rlifica11 los prufesores &lt;le la U niYersicla&lt;l de París y de la Escuela Nacional de J\Io&lt;liei11a, de :\léxico.
2&gt;r. lfafae/ .Cavisfa.
" ll:1hll'n1l o f'XpPrimf'ntn1lo pn nl~ 111u,-&lt; l'll l°l'r111os l'I \"I XO ) )!,; S.\ ;\
(; 1-: ID I.\ :'&lt;. lo recnmit•u ,10 1·01110 IIU
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:lJr. ]Jandera.
" lle 11Rn&lt;lo ron l'X&lt;'&lt;'lf'ntr,; r&lt;&gt;snlt n ,l os l'I n xo 1rn S.\:'\ &lt;a:rnL\ N

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l:1 1&gt;:el."

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~11l,dl1·1•1·tor r l 'rof,,i,or ele Clínira
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oe .)'irel.':rno.

Ln &lt;'f'J\&lt;'&lt;'1:i l Po111 po-&lt;idr,n &lt;11'1 \ "I
CE lt.\1.\X &lt;'11 PI c¡n,, se
"TA\
composición &lt;lrl Yl:\"O DE EL \"IXO DE $.\IXT C:E:-!:\I.\T N
0 111111:111 los rN·o nstítn_reu ll's. In!! tó
SAN
C:Y.;1::\l.\i\', ;:::irnntiza sns une• es una feli;,; (•omllinarión :w1•pt.1•
ni,·o~ nPu1·0~ t l•11ic•os Jl rnrclin eos.
ni ic·th,l"nl. 11:H•f'll dP estn ¡11·,.10:1rn- nos ('Í('Ctos Y llí)IIÍ. &lt;lon,le t:into ble ])01' :Sil ;?IISIO (t to1los IM l'll[erC'ión 11 11:1 11(• l:is 111ás ad1•1·11:1d:1-&lt; ni nhnn,l nn Jns t&gt;nft&gt;rmr,1:1,IP'&lt; 1ior demos y t i1•ne ))l"O)):C'tl:ldf's t:111":1 tiYIIS
t r:1l:1mil•11to 1lt&gt; l:1s 1•11í1•n11Pcln,l,.s. 1•11 hilid:111 en In nntric·iírn. &lt;'&gt;&lt;pt&gt;ro que
ln &gt;' qtlt' p rerlo111i11a la )lol11·1•z:1 d,~ SN:l 111• )l0s.·11·n utilit!a, I fl:11":l el exr&lt;&gt;l&lt;'ntcs 11:1ra lo,; din•1·sos l'st:1cJos
p::t t ol6¡;il'OS.
i::a11 !!r&lt;' y e l rl l.'I.JilHnmleuto &lt;l t•l i11di)1( 1111Íl"O.''
,·ltl 110.
A HF.T.T..\:'\O.
D R. R..
'rofesor d i' Ohstrtr ic·in rn In Eiwne.
• .
11 N. ,Je• :\IC'&lt;lil·l n n ele .\!(•xko. ;\! iem- Prof esor n&lt;lJunlo de Cl1111,•n &lt;•xtl&gt;r- E"c•upln N . &lt;le :'11t,1li1·in:1 &lt;le :\léxico
ro ele 111 Aca,1t•111ln el e .\Iediclna .. na de la Eseuel::t :\ncional de :\l l'di- ;\Ji('ml.Jro 1lel Con~ejo l:-uperior (]¡,
édlco del H ospital lle Sa n Andrés.¡ eina de México.
Snlul.Jrillad.

:-:o n,~ ~.\ :'\

j)r. C!arlos J"ejeoa.

P.ecomiendo &lt;&gt;I YT:\"O DE SAN
EL
DEJ S .-\N GEIUIAN, es G EID I AK. como íitil y 1•ficn;,; e n las
una h11eun preparación , túnico y re- enfr1·111etl:1cJes que c:111sa11 profuucJ\
eonstit11ye11te, lo lle empll'atlo siem- deliili1la(l en In eco110111f:1: 11,;f como
pre eou I.Jueu éxito.
e n las anemi:1s, tuhen·ulosi:;, atre psins, l'tc.

nn.

111:. C.\ n LO!- TEJED.\ .
Proí&lt;'sor fil, Clínil·n infantil e n In
B~u1 ..111 X. tle Me1liciua de .\l é xi co.

2&gt;r. fi de t;;aray.
Tlt• 11sn1lo rn ,·nrio~ &lt;lf' mil' en fe rmos PI \"l:'\ODE $.\:'\ n1.;1t.\l.\ N .1"
lo (·011sitl&lt;•ro nna 11n•d iei na l'X&lt;·l'le nte: P" 1111 t(,nito pod,•roso, tic ;;:1ho r
11;::rndahlp .,· 11111_1" l'fi&lt;-:1;,; p:1ra los :lllt' ·
mic·os. linf:iticos. tulil'l'eulosos. conYnh•s1·lc11 tes y cufen110s &lt;lel &lt;:ora
ZÚLI l'U gpnernl.

¡·

A. DE GAR.\ Y.
Pror1"&lt;or de .Anatomía en la r-:sl'll&lt;'la Nncionnl ele .\1,•cli&lt;-i nn, Cil"ll·
j:1110 de los Ilospitnles .J11:lrez J" E~
pniiol. Presille ute de In Sociedad
:'llé&lt;llca "Pedro Escol.Jedo,'' e t c.

~=1=1~§~ i~~~~~~~
~~1~~1=¡=~~1~¡1
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§1~¡=~~1~m=¡=~=1=~~

Subscripción mensual forinea $1.50
ldem,
ldem. ea la capllal $1.25

MONUMENTO
Erigido en O r izaba á la memor ia de las víct imas de Veracruz. (1847.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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Domingo 19 de Abril de 1903

Ef:,

MUNDO ILUSTRAOO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

llas, cerezas, guindas, fresas, frambuesas, y las segundas, como albaricoques y melocotones, se escogen
maduras, pero que no lo estén demasiado; se desgranan las grosellas, se quitan los palitos á las cerezas y los huesos á los albaricoques y melocotones; puestas con
separación estas frutas en las botellas, se las deja. dar un hervor en el
baño de María.
Para las frutas rojas no deben
emplearse vasos de hojalata, porque el hierro y el estaño las altera
el color.
Las fresas pierden un tanto su
perfume; pero esto no sucede, si
estrujándolas se las mezcla como
la mitad de su peso de azúcar y un
poco de ácido de limón.

.
•

DoIOlingo 26 de Abril die 1903

'

•

15.-Valioso y elegante cuello de encaje de la India para sobreponerse sobre fondos obscuros.

RECETAS DE COCINA.
SOPA DE PAN

Á

LA .JARDINERA

Se coloca sobre el fuego una cazuela con aceite ó manteca y se fríen
en él tqmate cortado en pequeños
pedazos, cebolla menuda, ajos, perejil y un poco de pimiento; cuando
esté todo á medio freir, se echa el
pan cortado en pedazos muy delgados, y se fríe todo junto hasta que
esté dorado; luego se echa el caldo
del cocido, dejándolo reposar un
poco, y se sirve.
OTRA SOPA DE PAN
En una sopera proporcionada se
cortan cortezas de pan secas ó tos-

dos se mezclan un11. cucharada copeteada de mantequilla, una cucharadita cafetera rasada de sal, y la
mitad de esta cantidad de pimienta.
Fórmese con la pasta unos cilindros
de las dimensiones de un chorizo;
envuélvanse en huevo cortado y pan
rallado después, y finalmente, fríanse en bastante manteca hirviendo
como para buí'juelos.

EL ABANICO.
«¡Qué gracia da el abanico á una
mujel' que sabe manejarlo! escribía
madame de Stael. ¡Serpentea, vuela, se cierra, se abre, se levanta, se
baja, según las circunstancias! ¡Oh!
apuesto que en todo el toci.do de la
mgjer más coqueta y mejor engalanada no hay ningún adorno del cual
pueda sacar más partido.&gt;
En. España, principalmente, el
aba.meo desempeña un papel importante en cuestión de amores. ¡Cuántas citas se dan, cuántas confesio-

nes se hacen, según la manera de
abrir ó cerrar el abanico! ¡Cuántas
cosas tapa este velo elegante y caprichoso: las miradas apasionadas,
los besos tímidos, los hipócl'itas
pudores!
Nuestras abuelas poseían uno ú
dos abanicos. Hoy día, el tono de
la moda exige que se tenga un abanico para cada vestido. No encuentro en esto ningún inconveniente,
si la fortuna permite tener tantos
abanicos preciosos como trajes.
Pero á no ser así, aconsejo, como
en todo, que se tenga poco, pero
bueno y bello.
Bello,no en el sentido que generalmente se da á esta palabra, quepara la. mayoría significa riqueza; yo
entiendo por bello lo que es artístico y distinguido. Dos ó tres abanicos, y si no, uno solo que vaya con
todos los trajes; pero entonces una
verdadera obra de arte, un abanico antiguo, por ejemplo, ó un asunto moderno hecho por un pintor de
fama, ó también un hermoso abanico de plumas de avestruz montado

sobre varillas de concha ó carey.
Se hacen ahot·a, en estos distintos
géneros, cosas muy bonitas; pero
hay que saber encontrarlas, y noes
recorriendo los almacenes ó bazares como se encuentra la obra maestra que conviene á la fina belleza
de cada cual.
PARA CURAR UN RIESFRIADO EN UN DIA
Tome las pastillas Laxantea de Brom~lu.
Bl botie11rlo lo devolver, 111 dinero al no ae cma.
t. lirma B. W. GrOTe ao baila ancada cajita.

...."SANTA
.............................
FE," LA!MEJOR RUTA

,

~

ADenver.~lansas Cíty, St. Lonis, Chicago, New York,
San Francisco y Los Angeles

La falta de nutrición es la causa primordial de las enfermedades extenuantes.
Véase lo que dice el muy prominente Dr. D. Pablo Córdova y
Valois, de la Ciudad de México:
«Tengo el gusto de manifestarles que el uso de la Emulsión de
Scott en mi práctica de muchos
años ha sido siempre satisfactorio, pues ((supera á toda otra preparación» cuando se trata de enfermedades de ,clos órganos respiratorios&gt;&gt; ó de afecciones por falta
de nutrición. Reúne, además&gt; la
ventaja de tener un gusto agradable, pues los enfermos en general no la rehusan.»

EL TEST AMENTO.

Dtl Tllmo. sr. Jlriobispo Jttban.
17.-Detalle de labor para
ap licaciones.

ta.das, pero no quemadas, y se les
echa pot· encima el caldo que baste
para remojarlas, y al tiempo de
servirla se les echa otro poco de
caldo bien caliente, cubriéndola de
algunas legumbt·es. Observad que
nunca se debe hacer cocer el pan en
el caldo, pues esta mala costumbre
le quita el gusto.
SOPA DE CEBOLLA CON LECHE
Se prepara y rehoga como la precedente, y cuando haya tomadocolor la cebolla, se añade la leche y
un poco de sal; hágase cocer un
cuarto de hora y mójese el pan.
SOPA DE CEBOLLAS,
Se limpian unas cebollas; después de bien lavadas, se rebanan y
fríen en manteca basta que estén
bien escaldadas, sin llegará dorarse; échese después un poco de harina en la misma cazuela hasta que
dore, y añádR.nse unas cucharadas
de ca.Ido desgrasado, ó agua, si no
se tiene á mano aquél. Se deja hervir por media hora, y cuando vaya
á servirse en la mesa, se le añaden
unos coscorroncitos de pan fritos
en mantequilla.. El resultado es una
sopa sabt·osísima y muy alimenticia.
GAZNATES DE CAMOTE,
Se ponen á asa!' en el horno los
camotes hasta que estén tiernos; entonces se sacan de la cáscara, á
punta de cuchara, y se muelen. A
dos tazas llenas de camotes moli-

♦

i

i

I♦

•

1

i

Se reservan camas en Carro Pullman para todos los puntos
en los Estados Unidos. Los Restaurants y Carros Comedores de
Harvey en la Línea de Santa Fe,soñ renombrados en el mundo
entero. Para precios, itinerarios y otros informes, dirigirse á

w. s.

i

FARNSWORTH.-Agente Genel

ta. San Frano/•001 Nilm. 81 Má:r/001 a.-F.

································~

Los bienes fueron valuados
en $ 125,000
La mayor parte de lo testado consistí a en dos pólizas de $25,000
cada una, tomadas en " La Mútua"
Compañia de Seguros
sobre la vida, de Nue,va York,
Hace pocos d1aa que se practicó la
apertura del testamento del Ilustrlslmo
Sr. Arzobispo Don Patricio A- FeebllD
en la eluda~ de Cbicago, Illlnols. La
lortuna di dlstlni\lldo prelado aecendló A cerca de f125,000 oro americano;
y segün el inventarlo que se ha pub!lcado, los bienes que dejó fueron como
sigue:
Dos pOllzas de ' 'La Mutua,' ' Compallfa de Seguros sobre la Vida, de Nueva York, por $25,000 oro
cada una, O sean. . . . $50,000
Dividendos acu~ulados sobre una ere las p6llzas. • 9,829
Otra pOllza de seguro. . . 14,000
Acciones en efectivo y en
Bancoa. . . • . . • . . 37,000

oro
oro
oro
oro

Entre las dlsposlclones del sellor Ar•
zoblspo, en eu testamento, se hicieron

éstas :

A su hermana, seilorlta Kate FeebaD,
que estuvo siempre con él basta su
muerte, $40,000 oro en bonos y $25,000
oro de una de las pólizas de aegqro ;
A la sellora Anna A. Feeban, viuda del
seilor doctor Eduardo L. Feeban, hermano del sellor Arzobispo, $25,000 oro
de otra de las pólizas, y $5,000 oro en
efectivo ; A la Academia de San Patricio de Cblcago, de la que es preceptora su hermana, Madre Marta Catalina,
$10,000 oro de la 11Jtlma póliza ; l la
escuela ' 'Santa Marta' • de ensellan za
practica para varones, de Feebanvllle,
Illlnols, que era la IDstltoclón por la
que mAs se interesaba el seilor ArlOblspo, se entregaron los $4,000 restan·
tes de la O.ltlma p6llaa.

J

J

__ ~.: ~ft~: .

·4:/Jft

..

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l

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Explicadón dt

nuestros grabados.

Número l. Traje de paseo,•con
cuello de esclavina y aplicaciones
de cintas, de elegantísima confección y graciosa vista. El cuello,
que como ven nuestras lectoras es
de mucho efecto por las airosas y
abultadas hombreras, encaja perfectamente con la índole general del
traje y lo complementa. El pequeño
y cuadrado escote, cubierto con fina gasa 1 va rodeado de encaje inglés igual al que lleva.o los puños.
Las aplicaciones de abalorio en las
dos cenefas del peto, cuelgan junto
á la cintura, que va. rodeada de un
listón no muy ancho y terminado
por la parte posterior en vistosa
moña. Por lo que respecta á los
sombreros del grabado, debemos
manifestar que cons tituyen los últimos modelos de pi:imavera, y que
su elegante y airosa forma será ,
i ndudablemente, del agrado de nnestras lectoras. Los principales adornos de estos somb,·et·os son fl.01·ales
y uno de ellos lleva una pequeña.
guarnición ó cuerpo de terciopelo.
Número ~- Completamos en el
presente número la colección de
trajes infantiles que dimos á cono·
cer en el número pasado. Como se
puede ver, la di. versidacl de estilos
y formas de estos trajecitos, cons·
tituy e una verdade1·a °:oveclad, pu~s
la evol ución de la 10dumental'1a
infantil ha sido verdaderamente .
notable en estos últimos tiempos. Las madres de familia podrán, á su
aot, jo, alterar los detalles_ de estos
trajecitos, pero les iicooseJamos no
los alte1·en con reformas de mal
gusto., _

Número 3. Elegantísimo por su
c~rte y tle ID:Ucha vista por su artística confección, es el traje que representa este /frabado y que única.mente caerá bien á sefforitas que
tenlfªº ~n talle airoso y gentil. Las
aphcac1ooes de abalorios en las
solapas del talle, se combinan de
manera que armonicen con el resto
de los adornos, especialmente de
los puños. El escote angular se cubt·e _con fino punto de Inglaterra y
el cmturón se une en la parte del antera con un juego triple de broches.
Número 9. Como las explicaciones de estos trajes se amoldan perfectamente á la ~e trajes análogos
que h~mos 1,ubhcado en números
anteriores, sólo manifestaremos á
nuestras lectoras que el que se encuentra_ en primer término es deconfecc~ón que pudiéramos llamar
mo~erm sta. El ta lle, en su pat'te infet·10r, l leva un pequeño y elegante
blusa.do de gasa, que es lo que constL_tuye la nota verdaderamente orig10al de este vestido. A pequeila
a~tura_ del hombro y siguiendo esa.
dlrecctón hasta. la mitad anterior
del cor~iño, se lleva un tejido de
ancha c:iota, rematado con pequeños b~tones metá licos. Este adorno
se reptte en la parte inferior y Jateral d_e la falda, en cuyo centro y
á la mtsma altura se colocan tres
grupos de cordonciJlos triples. El
cuello se _hace rematar por· tres pequeños picos de encaje.

�•
Domd,ngo 26 de Abril de 1903

Eh MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

PÁGINAS DE UN LIBRO.
LA POÉTICA.-Es un capricho de
la naturaleza, generalmente sin saberlo. pues es muy raro hoy día ver
una mujer poética. Es un género
completamente pasado de moda.
Nuestras abuelas, amantes de la literatura de su juventud, eran mu•
jeres poéticas.
.
El lirismo se revelaba en sus miradas, en sus ademanes, en sus_ trajes: mangas afaroladas, especie de
a.las que parecían modelarse sobre
el énfasis del romanticismo, moño
alto y cinturones con las puntas
caídas, que se balan.::eaban con los
movimientos ondulosos del andar.
Sin embargo, existen todavía algunas señoras y algunas muchachas que, sin querer entrar por el
aro que hoy priva, desean conservar la gracia poética que la naturaleza les ha dispensado.
La mujer ó muchacha poética
tendrá una manera sencilla, graciosa de vestirse, de hablar, de andar, de mirar.
Claro está que estamos lejos del
traje de muselina blanca de nuestras abuelas; pero hay vestidos muy
sencillos, poco costosos, de lana,
velo ó cachemira de las Indias, sedas blancas, ligeras, surá, satín
maravilloso de color blanco dorado, rubio, que permiten hacer trajes
á la vez deliciosos y baratos.
Faldas completamente plegadas,
cu.vos pliegues ondulan y producen
reflejos deliciosos á cada movimiento; un cinturón con un lazo flojo, de color pálido; una berta ó pelerina de encaje, una flor en el pelo
ó en el pecho, componen un conjunto joven, gracioso, esenci:i.lmente
poético, y, sobre todo, al alcance
de todas las fortunas.
Su habitación tiene la misma sencillez exquisita; pero gracias al
encanto radiante de su belleza, de

~-

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s~gún el capricho _del momento,
sin que puedan explicar el motivo.
Se las ve pasar de los trajes obscuros á los más claros, de los más
serios á los más provocativos, según su humor, cambiadizo cual las
ondas.
La encantadora y arrebatadora,
ó la que quiere serlo, varía también
de peinado á cada instante. Como
es coqueta, sabe darle una gracia, un &lt;chic,&gt; que la hace picante,
original. Hay que confesarlo, esos
cambios, para ciertos espíritus
masculinos que aman la variedad,
bastan para atraerlos y subyugarlos.
Lo mismo debe ser para el mobiliario. Debe variar á ~a.da paso su
instalación, cambiar los muebles
de sitio y cambiar el plegado de los
cortinones. Debe ser muy aficionada á los bibelots; debe haber en su
casa una multitud de bibelots raros, disparatados, pues su espíritu,
su gusto caprichoso se complace
con las originalidades, llegando á
veces hasta la excentricidad.
La despreocupación es el fondo
de esa naturaleza movediza, fácil
de distraer. Pero si, á pesar de todo,
quiere conquistar el afecto duradero de su marido, importa en extt·emo que consiga, haciendo un esfuerzo, recogerse de cuando en cuando;
que la muier, por momentos, pueda
más que el niño; que sepa mostrarse seria y cuide de su casa, de donde depende el bienestar de los suyos; que sepa también hacer el sacrificio de all,l'unos caprichos demasiado costosos, que podrían desequilibrar el presupuesto del matri-

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3.-Traje "Renacimiento" para paseo campestre.

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2.-Variada colección de trajes infantiles.

su mirada bañada de un fluido luminoso, alumbra y embellece todo
lo que la rodea: no es su tocado,
no es su marco la que le da realce;
ella es la que embellece su toci.do,
es su distinción verdadera la que
da valc.r á todo lo que la rodea.
LA SENTIMENTAL,-La mujer naturalmente sentimental es seria y
algo indolente. Su mirada se reconcentra habitualmente, como la de
las personas que tienen la cos_tumbre de mirar con más frecuencia en
su corazón que en la vida. Tiene la
actitud algo lánguida de la melancólica y la indolencia graciosa de
la poética, pues tiene mucho de
ambas; es una reconcentrada, y no
una exuberante.
Su infinita necesidad de cariño se
lee en su sonrisa enternecida, en su
mirada profunda, de órbitas bien
seííaladas, la pupila cambiante, c~si siempre azul ó de un color gris
parecido á la amatista.
Sus delicados párpados tienen
una manera especial para abrirse y
cerrarse indicando las ternuras
descono¿idas que le oprimen el corazón. Adorables rayas azuladas
obscurecen y marcan las sienes y
forman ojeras.
Para sus trajes de casa usará un
abandono gracioso. Su_s_ faldas
tendrán ondulaciones fug1t1vas; se
vestirá de preferenci_a de azul muy
pálido, tirando á gris, con una_ nota restrinaida de encarnado vivo:
sea un ch"'aleco muy estrecho, sea

una flor, sea un rubí en el dedo, ese
rojo dejará, por decirlo así, transparentar la llama interior y profunda que la devora: el azul, símbolo de amor puro; el encarnado,
de pasión ardiente.
Hay en los azules y enea.roa.dos,
matices que se armonizan admirablemente y producen no efecto muy
atractivo; el blanco igualmente, si
se le ai'iade un lazo que vaya bien
con el color del pelo y del rostro.
El malva, el heliotropo, todas esas
medias tintas, le convendrán mucho mejor que los tonos bruscos ó
chillones.
Su interior estará decora.do de
manera sobria y elegante; las colgaduras serán de colores obscuros,
y aquí y allá algunos toques vivos
de color, indicando, como en el tocado, el fuego que cubren las cenizas.
Su perfume será penetrante y
dulce personal; no Jo cambiará.
Su n~turaleza, en la. que predominan el ca.riño y la constancia, rechaza todos los movimientos caprichosos ó fantásticos.
LA ARREBATADORA. -La mujer
alegre, movible, es también una encantadora, á veces muy tentadora
á causa de la multiplicidad de sus
aspectos y de sus expresiones. Verdadero calidoscopio viviente, divierte á lo primero, luego interesa
y por último cautiva.
Sus t1·ajes deslumbradores están
en armonía con su carácter: varían

Domlingo

2~~ de

Abril de 1903

monio, pues de este equilibrio bien
entendido depende, no solamente la.
propia felicidad, sino también la
de los seres que nos son más queridos: nuestro esposo y nuestros hijos; nuestros hijos, sobre todo, cuyo porvenir entero podría verse
comprometido por la frivolidad ó
la imprevisión.
Tengan, pues, la seguridad las
caprichosas, las más arrebatadoras de todas, que entre las variedades de humor, la que mejor atraerá
á su marido será la que sepa mostrarse seria algunas veces y económica cuando haga falta.
LA VERDADERA ENCANTADORA.
-Hay algunas mujeres, más de las
que se figuran algunos, mujeres de
talento y de buen sentido, que saben ordenar su vida con juicio,
conservando á la par la apariencia
de elegantes fútiles enteramente
preocupadas de sus placeres y de su
coquetería.
A éstas nada hay que enseñarles,
pero se trata de convertirá los principios de orden y de economía las
cabezas jóvenes mal equilibradas,
que entran en el mundo con todo
género de aspiraciones más ó menos
vanidosas, que creen que todo les es
debido, que no admiten que se resista á uno de sus deseos, que para
obtenet· una alhaja deseada ó para
igualar á sus rivales en elegancia,
se condenan á sufrir verdaderas
privaciones que comparten con sus
hijos.
La coquetería, llevada basta tal
punto, es un vicio verdadero, con
tra el cual toda mujer debe protestar, si no quiere exponerse á mil

�Dom!Lngo 26 de Alxri.l d~ 1903

EL MUNDO ILUSTRADO.

EL MUNDO ILUSTRADO.

Domil.ngo 26 de Aba.il dA! 1901

El toco dt los ltlOjts.

7.-Trajecito bata con cuello
esclavl na para niñas de 3 i 4 años,.

11insabores, que podrían alterar, no
sólo la paz de su interior, sinotam
bién su belleza.
Efectivamente, para conservar la
belleza hace falta, ante todo, la paz
del alma, la serenidad d.e l corazón,
una vida exenta de cuidados, que
producen el insomnio, arrugan la
frente, contraen la boca y adelantan por tanto la edad de las arru¡¡-as.

A la frívolá, graciosa, en'oquecedora y encantadora va dirigido
especialmente este sermón, pues con
su graciosa cabeza de chorlito, que
gira cual las veletas, se puede temer
que, loca de su cuerpo encantador,
mimada por su marido, mimada
por todo el mundo, riendo, baih.ndo y jugando, se deje, sin embargo, arrastrar hacia una catástrofe
irremediable.
Son muy numerosas estas divinas
seductoras, á quienes no se puede
rehusar nada.
Sin embargo, á propósito de esas
catástrofes, tan frecuentes hoy día,
¡cuántos maridos hay tan culpables
ó más que sus esposas! Soberanos,
dueños de la fortuna, por ministerio de la ley, á veces no quieren
revelar á sus esposas, eternos menores de edad, la situación exacta
de sus negocios. ¡Hablar seriamente con una niña! es preferible que
desconozca una verdad que la inquietaría tal vez.
-¿Pero vamos á ver-decía un
día una mujer á su marido, que
veía á veces preocupado,-cuáles
son nuestros r ecursos verdaderos?
-¡Qué te importa!-le contestó
con impaciencia;-haz cuantas economías puedas, lo demás es cuenta
mía.
La mujer no hizo caso de esta vaga contestación y continuó gastando sin ton ni son, viendo además
que su marido no se privaba de satisfacer sus propios caprichos. Pocos años después sobrevino la ruina completa. Hoy día han desaparecido y expían en la miseria su
falta de orden, de previsión, y, sobre todo, de unidad en la administración de su fortuna, que en el
momento de casarse ascendía á algunos millones.
Cuando un marido hace conocer
á su mujer el estado de sus negocios,
da pruebas de que no la ti-ata como
á una niña irresponsable. La mujer
entonces, sintiéndose elevada por
esta confianz11,, querrá mostra rse
digna de ella y pondrá atención,
cuidando de la administración de
su casa.
La verdadera enc11,ntadora, la
que quiere serlo á cada instante de
su vida en sus mil qetalles, es la

5,-Trajeeito para niñas de 7 i 8 años.

mujer que al mismo tiempo cuida su
belleza y su reputación de alta elegancia, ocupando en el mundo la
posición que le dan su fortuna y su
el ase, y sabe dirigir y llevar su casa con sabia economía. Ahí es donde se despliegan los recursos del
genio femenmo: el orden, un orden
elegante en su interior, en su &lt;home&gt;
como dicen los ingleses.
Empleamos esta palabra á propósito, porque el &lt;home&gt; en Inglaterra es verdaderamente el santuario de la mujer.
Todo está ordenado y coordinado
en armonía con la felicidad del esposo, del porvenir de los hijos, del
confort de todos.
Esta encantadora tiene casi la seguridad de adquirir un gran ascendiente sobre el espíritu de su marido y de conservar su cariño.

~

.--Otro trajo infantil para niñas de
11, 7 añ08.

del manto real que cobije
desde el pie hasta la caben.

¡cuántos claveles de púrpur&amp;
en torno del pecho juega.ni

Tijeras de oro y de plat&amp;
los sabios dedos manejan
en el obrador luciente
del palacio de la reina,
hasta que al cabo del día,
sobre el blancor de la piedr&amp;,
terminada y primorosa
da la vestidura. espléndida.

De claveles &lt;de corona&gt;
está la corona hecha
y de grandes el a velo~es
el manto que arrastra y cuelga.
Está en capullos el traje
Y no en corolas abiertas
que abiertas se desharí¡n
solamente con tejerlas.

¡Qué orla de claveles blancos
forma la linda gorguera!
¡qué de claveles de oro
en los .vo;antes se mezcla.ni
¡cuántos claveles de sangre
enke la falda se enredan!

A~ dar la siguiente auror&amp;
al cielo su lnz primera,
p~ra entretener su hastío
viste su traje la reina
Y por que el día entr~abra
su vestidura soberbia
~n su jardín se reclin~
Junto á una fuente de perlas·
Y á medida que la luz
'
va dorando cielo y tierra,
los capullos de su traje
se hacen corolas risueñas.

DUQUESA LAUREANA.

EL HASTIO.

Pero la reina suspira
entre tanta pompa bella,
Y e~ porque la flor del alma
la tiene cerrada y muerta.

De este país que ve en suei:ioB
todo el que los ojos cierra,
dicen que muere de hastío
&lt;Mari- posa,&gt; que es la reina.

¡Reina infeliz que te vistes
de frescas flores por fuera:
abre por d_entro esas flores
= Y serás feliz, oh reina!
SALVADOR RUEDA ~~

Es su constante manía
tener en lindas macetas
cuantas flores delicadas
contiene la primavera,
porque quiere á cada aurora
estrenar, hecho por ella, ·
un vestido de claveles
que cubra su estatua regia.

MANERA DE LIMPIAR GUANTES

El método más sencillo y más barato, consiste en calzarse el guante
que se va á limpia1· y frotarlo suavemente con un pedazo de franela
hume.decido con agua de jab6n. Una
vez limpio, se frota con otro pedazo
de franela seco hasta que toda la
humedad haya desaparecido.
Téngase cuidado de no descalzarse el guante hasta que haya secado
perfectamente para que no se frunza ó encoja.

Apenas despunta el día,
va recorriendo ligera
con sus damas los jardines
del palacio que la encierra,
y hasta él regresan trayendo,
sobre sus trajes de seda,
llenas las faldas de flo1·es
de tinta y forma diversas.

ALCACHOFAS RELLENAS.

En salón de fresco mármol,
de una blancura que ciega,
dan los cálices brilla ntes
como una lluvia risueña,
y así el mármol salpicado,
dirige la mi'sma reina
los tejidos de su traje
hechos en mágicas ruecas.
Pone á una dama á que rice
volantes color de crema,
á otra encajes de escarlata,
á otra tules de violeta.
Otras damas se entretienen
en labrar la fina tela

6.--.Trajecito con saco palet6 para
niñas de 8 i 9 afíos.

se despojan de las hojas exteriores Y se les hace dar un hervor en
agua y sal, se ponen en un tablero
á. que escurran bien, se tiene manteca en una cazuela, y después ~e
rellenar las alcachofas con up picado de ajo crudo, perejil, a.cei~
y pan ralli.do ó con carne muy p1cadita, se les pone en ellas á fuego
dulce, cubriendo la cazuela con una
tapadera de hierro con rescoldo
hasta que se tuesten. Si se quiere
con salsa, se pasan por un batido
de yemas y se echa una salsa de
avella nas.

1

Con este nombre designaban en
uno cde nuestros primeros manicomios&gt; á un pobre demente, que antes de serlo se llamaba D. Isidoro
V alterra.
r Fué hombre de talento, sin duda
para que no fallase el refrán que
dice que &lt;ningún tonto se vuelve loco.&gt;
Era rico, y gozó de la vida ampliamente: la moral no me permite
el uso de otro adverbio.
Pero á los cuarenta y cinco años
empezó á tener manías; fueron creciendo, fueron acentuándose y llegaron á ser peligrosas.
Al fin y al cabo, hubo necesidad
de encerrará D. Isidoro.
En sus últimos días de libertad le
dió por los relojes, y los paraba
todos. Cuando veía un reloj andando (naturalmente, en la forma que
andan los relojes), se ponía furioso. Quiso matar á su criado porque había dado cuerda al reloj del
gabinete, llamando a l fámulo á voz
en grito asesino, traidor, endemoniado. Intervino el juez; intervinieron los médicos; le formaron causa
por heridas; se dieron inf?rm1;s J?ericiales, y, es claro, la c1enc1a Jurídica y la medicina legal llevaron
á D. Isidoro al manicomio. No podía resultar otra cosa de tal conjunción.
En tal estado vivió muchos aíios,
no muchos, y sus únicas ocupaciones en este período final de su existencia consistían en escribir esu historia,&gt; según luego se vió, y en
romper las cuerdas de cuantos relojes encontraba ó se hacía llevar;
porque, como era rico, los parientes que habían de heredarle satisfacían de cuando en cuando los caprichos de D. Isidoro sin excesiva.
tacai'lería: no se pue&lt;le hacer menos
por quien nos va á dejar unos cuantos millones. Pe1·0 en fin, á fuerza
de romper las cuerdas de todos los
relojes que caían en su P?der, ro~pió la cuerda de su p1·op1a máquina.
Después de morir el pobre señor,
se recogieron muchos papelotes que
contenían «sus recuerdos,&gt; y entresacando los menos desatinados, y
dándoles forma semirracional, se
han escrito los siguientes apuntes.
Claro es que en ellos se habla de
cuenta de D. Isidoro, ·y que se escriben las cosas, no como fueron,
sino como él, en sn imaginación calenturienta, creyó verlas.
Y aquí empieza la vida de,nuestro héroe.

***

Hasta los cuarenta años, D. Isidoro gozó de perfecta salud. Pero al
cumplir da cuarentena&gt; le asaltaron como por sorpresa varias enfermedades, todas ellas provistas
de nombres formidables. D. Isidoro empeñóseen que semoría, y, sobre todo, se le metió en la cabeza
que había de morir en el mes de enero ó en el mes de diciembre.
&lt;Al acabar un año, azabaré yo,&gt;
decía con profundo convencimiento. Así es que el 31 de diciembre era
en estos últimos tiempos para el pobre señor un día tr.-istísimo, un día
de crisis y de angustia.
¡Morir en un Sao Silvestre! ¡Qué
crueldad del destino y qué falta de
respeto para con una pe1·sona de
tan altas cualidades!
En uno de estos días nefastos volvía D. Isidoro en su coche de ver
al médico, y había adquirido en
aquella consulta la evidencia de
que no le quedaban ni veinticuatro
horas de vida.

9.-Trajes de paseo. Uno de chaquetacorta y el otro de tela escocesa.

Subió, ó lo subieron, la escalera.
Entró en su gabinete. Echó á todo
el mundo fuera, y se entregó á la
más negra desesperación.
¡Morir! ¿Por qué? ¿Para qué? ¿A
quién estorbaba en el universo?
¿Qué mal bacía á nadie? ¿Qué iba
ganando el Cosmos con que él muriese?
El no era una mala persona, ni
era un imbécil. Admiraba la naturaleza, admiraba las artes. Así es
que por awor á la naturaleza viajaba mucho, visitaba los Alpes, los
Pirineos, Sniza y Andalucía. Así
es, repetimos, que, á .fin de proteger las artes, compraba cuadros y
asistía á los conciertos y á los estrenos de los dramas.

¡Qué más se le puede pedir á un
hombre honrado!
El daba limosnas, muchas limosnas; siempre llevaba los bolsillos
llenos de perros chicos y grandes y
volvía á casa con los bolsillos vacíos.
Luego amaba al prójimo. ¿Qué
más se le puede pedir al ser humano?
No era muy seguro que creyese
en Dios; pero, por si acaso, procu. rii.ba. no ofenderle, y de todas maneras casi creía en el diablo. Y esto
es ya un principio de religiosidad.
Digámoslo de una vez, aunque D.
Isidoro no lo confiesa: siempre fué
&lt;supersticioso,&gt; muy supersticioso.
Dados estos antecedentes, se com-

prende que el hombre se diera á todos los diablos.
Y, en efecto, resolvió darse al
diablo.
D. Isidoro había llamado al cielo, como Don Juan Tenorio; pero
el cielo no le había oído, sin duda
porque no lo merecía. Se había hecJ:io. devoto, h_abía rezado, siempre
pidiendo á Dios que le devolviese
la salud, p~ro en vano; le parecía,
en sus dehr1os, que bajaba de lo alto una voz, diciéndole en tono burlón: c¡La salud! ¿Conque la salud?
Ya sé para lo q1Je quieres tú lasalud; espera un poco.&gt;
Acaso era la propia conciencia de
D. Isidoro la que así hablaba.
¡Darse al diablo! Esto ei·a su úni-

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado, De las Damas, 1903, Año 10, Tomo 1, No 17, Abril 26</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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